Sanatorio Carit para tuberculosos CARTAOO COSTA RICA Junta del Sanatorio: Presidente, Dr. Carlos Durán Vocales: Dr. Teodoro Picado Ing. Lucas Fernández Lie. Claudio González Rucavado Secretarle, Dr. Luis P. Jiménez 1918 Presented to thc Statistical División, Surgeon-General’s Library, United States Army Washington, D. C. BY The Prudential Insurance Co. of America Newark, New Jersey Vista üeneral del Sanatorio Carit y de sus alrededores Cartano, Costa Ftioa, América Central. Pabellón de Enfermos, — Planta, Sanatorio Nacional de Tuberculosos en Cartago República de Costa Rica, América Central Sanatorio Carit San José, 30 de Junio de 1918 AA INICIATIVA del ex-Diputado Licdo. don . Manuel Coto Fernández, el Congreso Cons- titucional de Costa Rica, por Ley de diez y seis de Agosto de 1915, creó un sanatorio destina- do a albergar, aislar y procurar la curación de los tuberculosos; y mandó que la adquisición del terre- no, construcción del edificio, dirección, administra- ción y equipo del Asilo estuvieran a cargo de una Junta compuesta de cinco personas cuyas funciones debían ser siempre gratuitas, menos las del Presi- dente en tanto durasen los trabajos de erección y equipo. La Ley es la siguiente: No. 58 EL CONGRESO CONSTITUCIONAL de la República de Costa Rica, DECRETA: Aitículo lo.—Créase con el carácter de nacio- nal un Sanatorio de Tuberculosos destinado a alber- gar, aislar y procurar la curación de los tuberculosos de la República. El establecimiento se llamará SANATORIO CARIT. Artículo 2o.-—La adquisición del terreno, cons- trucción del edificio y dirección y administración y equipo del Sanatorio estarán a cargo de una Junta, compuesta de cinco miembros, tres de los cuales serán médicos, uno abogado y el otro ingeniero. Dicha Junta se llamará «Junta del Sanatorio». 5 Articulo 3o. — Los miembros de la Junta serán nombrados por la Facultad de Medicina en sesión de Junta General y uno de los miembros médicos se eligirá con el carácter de Presidente de la Junta del Sanatorio. Artículo 4o.—Para el desempeño de las funcio- nes que la presente ley le encomienda, la Junta dictará el correspondiente Reglamento, el cual será sometido a la aprobación del Poder Ejecutivo. Artículo 5o.-—El cargo de miembro de la Junta será gratuito y honorífico, excepto el de Presidente que tendrá la remuneración que el Reglamento le señale y mientras dure la construcción del edificio y la instalación del Sanatorio. Artículo tío.—Los miembros de la Junta serán nombrados por un período de dos años pudiendo ser reelectos. A la Junta corresponderá el nombramiento y remoción del personal subalterno. Artículo 7o.—La Suprema inspección de los tra- bemos de la Junta corresponderá a la Facultad de Medicina de la República. Articulo 8o.—Establécense en favor de la insti- tución a que esta ley se refiere, los siguientes im- puestos: a) Uno por ciento sobre las utilidades netas que queden anualmente a las instituciones bancadas o sucursales de bancos extranjeros, establecidos en el país y a las casas de préstamo. Este impuesto regirá desde el 1 9 de Enero de 191tí; (Ref. en 1918) y b) cinco céntimos de colón por cada litro de cerveza que se fabrique en el país. Además se mantendrá la institución con los donativos que en beneficio del Sanatorio de Tuber- culosos se hagan. Y las pensiones que los enfermos que puedan pagar reconozcan, y con las demás entradas que a su favor se acuerden en lo futuro. Artículo 9o. — El establecimiento será el here- dero obligado y universal de todos los tuberculosos que mueran en el Sanatorio, abintestato y sin parien- tes sucesores. Artículo 10.—El Poder Ejecutivo determinará lo conducente para hacer efectivos estos impuestos y ex- pedirá al efecto la reglamentación respectiva. Artículo 11.—Los fondos procedentes de los an- teriores impuestos una vez percibidos por el Poder Ejecutivo, se pondrán a la disposición de la .Junta del Sanatorio. Transitorio.—Con el objeto de que la Junta, una vez instalada, pueda proceder a la adquisición del terreno y construcción de los edificios para el Sana- torio, autorízasele para contratar un empréstito con cualquiera de los bancos establecidos, hasta por doscientos mil colones ((£ 200.000-00) afectando en garantía las rentas que por esta ley se conceden a la institución. Para los efectos de la expropiación necesaria, se declara de utilidad pública la obra que ha da construirse. Comuniqúese AL PODER EJECUTIVO Dado en el Salón de Sesiones del Congreso.— Palacio Nacional.—San José, a los dieciséis días del mes de Agosto de mil novecientos quince. LEONIDAS PACHECO, Presidente. AD. ACOSTA, LEON CORTES, Secretrrio. Secretario. San José, dieciséis de Agosto de mil novecientos quince. Ejecútese ALFREDO GONZALEZ El Secretario de Estado en el Despacho de Beneficencia, JULIO ACOSTA El Reglamento el Decreto trascrito, la Facultad de I 1 Medicina de la República, en la segunda se- sión ordinaria de la Junta General, celebrada el miércoles ocho de setiembre de 1915, con asis- tencia de los doctores: Emilio Echeverría, Presi- dente; Mariano Rodríguez, Primer Vocal; Federico Carlos Alvarado, Segundo Vocal; Francisco Cordero, Tercer Vocal; Teodoro Picado, Fiscal; Roberto Fon- seca Calvo, Tesorero; Carlos Durán, José María Soto Alfaro, Jenaro Rucavado, Elias Rojas, Eduardo J. Pinto, Juan Arrea y Cosp, José María Castro Fer- nández, Carlos Pupo, Francisco A. Segreda S., Aman- do Sáenz, David Quiros, Roberto Chacón, José To- más y Masbou, Jorge Sáenz, José Corvetti, Antonio A. Fació y José María Barrionuevo, Secretario, pro- cedió a elegir las personas que debían integrar la Junta del Sanatorio Carit. Fué aclamado Presidente de esa Junta, el Doctor don Carlos Durán, después de pronunciados discursos encomiásticos para él. Luégo se procedió a practicar las elecciones corres- pondientes para completar la Junta, y resultaron electos los Doctores don Luis Paulino Jiménez y don Teodoro Picado, Ingeniero don Lucas Fernández y Licenciado don Claudio González Rucavado, quienes aceptaron los cargos y agradecieron debidamente la confianza y distinción tan honrosa por la calidad de las personas que hicieron la elección y por el objeto que todos se proponían realizar. El 21 de setiembre de 1915, a las tres de la tarde, en el Salón de la Facultad de Medicina se instaló la .Junta del Sanatorio y celebró su primera sesión con asistencia de todos sus miembros. En ella fué nombrado Secretario de la Junta el Doctor don Luis Paulino Jiménez; fué leído el Decreto No. 58 que crea el Sanatorio; se comisionó al Licencie do González Rucavado para que redactase un Regla- mento; se autorizó al Doctor Durán para que solici- tara proyectos de empréstito, de los bancos estable- cidos en esta capital; se encargó al Ingeniero don Lucas Fernández la consecución de planos para es- tudiar la construcción más conveniente; y se seña- laron los días, hora y lugar para celebrar las se- siones ordinarias. Así, pues, los miembros de la Junta del Sanatorio Carit se dieron a su labor gratuita y filantrópica. Y cada cual fué dando lleno a su co- misión. Muy pronto fué elevado al Suprumo Gobierno de la República, y aprobado por éste el siguiente Reglamento: Cartera de Beneficencia No. fifi San José, fi de octubre de mil novecientos quince.—Examinado el Reglamento de la Junta del «Sanatorio Carit» emitido por la misma, el cual ha sido presentado para la aprobación del Poder Eje- cutivo, y dice así: REGLAMENTO DE LA JUNTA DEL «SANATORIO CARIT» Artículo I 5 . , ■ J La Junta del Sanatorio se compone de cinco miembros que cada dos años elegirá la Facultad de 10 Medicina en sesión de la Junta General convocada al efecto. En esa sesión uno de los miembros de la Junta del Sanatorio será electo Presidente. Artículo II Los miembros cuya renuncia fuere aceptada o que por cualquier causa se separaren de su cargo, serán repuestos por la Junta General de la Facul- tad de Medicina. Cuando accidentalmente faltare el Presidente la Junta nombrará el miembro que debe sustituirlo. Artículo III La Junta se instalará dentro de los primeros quince días posteriores a su elección y dará cuenta de ello al Poder Ejecutivo y a la Facultad de Me- dicina. Artículo IV La Junta del Sanatorio al instalarse, nombrará un Secretario que podrá ser persona extraña a la Junta. Artículo V El Presidente de la Junta del Sanatorio, en tanto dure la construcción e instalación del Sanatorio, ganará mensualmente de doscientos a cuatrocientos colones, según sea el trabajo que tenga a su cargo, a juicio de la Junta. Artículo VI La Junta celebrará sesión ordinaria cada quince días, y todas las extraordinarias a que por escrito convoque el Presidente. Por escrito o por otro medio efectivo se excu- sará de asistir el miembro que para ello tuviere motivo justiñcado. Artículo VII La Junta señalará los días, horas y local en que habrá de celebrar sus sesiones. 11 Artículo VIII Los miembros de la Junta del Sanatorio están obligados a asistir a las sesiones ordinarias y extra- ordinarias a que fueren llamados. Cuatro miembros forman quorum. Artículo IX Toda sesión comenzará por la lectura del acta anterior, la cual después de discutida, rectificada o aprobada será firmada por el Presidente y Secretario. Todo miembro que se halle en minoría al resol- ver un asunto tendrá derecho a que se inserte en el acta su voto razonado, siempre que lo entregue escrito al Secretario, dentro de las cuarenta y ocho horas siguientes a la sesión. Artículo X Los acuerdos se tomarán por mayoría de votos y’podrán ejecutarse en seguida si así lo dispone la Junta. De lo contrario serán firmes las resoluciones cuando el acta en que constan esté aprobada y fir- mada. Cuando hubiere empate se repetirá la vota- ción; si por segunda vez resultare empate, se decidirá en la próxima sesión y si en ésta hubiere empate el Presidente decide. Artículo XI El Secretario comunicará a la Facultad de Me- dicina, mensual y sucesivamente, copia exacta de todos los acuerdos tomados por la Junta del Sana- torio. Artículo XII El Presidente, o el miembro de la Junta indica- do por ésta en algún caso, será el ejecutor de los acuerdos de la Junta del Sanatorio. Anualmente presentará al Poder Ejecutivo y a la Facultad de 12 Medicina un informe de las labores de la Junta y del movimiento de la Tesorería. Articulo XIII Los fondos de que puede disponer la Junta serán depositados a su orden en el Banco que el Poder Ejecutivo indique. Artículo XIV Para retirar fondos es necesario un acuerdo de la Junta del Sanatorio y un giro (que cite este acuerdo y haga mención general del gasto autori- zado) que firmarán conjuntamente el Presidente y el Secretario de la Junta. Artículo XV La Junta llevará una contabilidad minuciosa, copiador de correspondencia, comprobantes de sus gastos y los demás libros que creyere necesarios. Artículo XVI Los trabajos que hayan de emprenderse se eje- cutarán por dirección o contrato según convenga a los intereses que la Junta representa. Artículo XVII La Junta pagará los empleados necesarios y todos los gastos que demande el desempeño de su cometido en la forma que crea más conveniente, con los fondos que la ley de su creación le ha asignado. Artículo XVIII Tanto la Facultad de Medicina como los miem- bros de la Junta del Sanatorio tienen derecho y deber de examinar y fiscalizar las cuentas, las in- versiones de dinero, la ejecución de las obras, y de hacer las observaciones que estimen del caso. 13 Artículo XIX Cuando el Sanatorio Carit se ponga al servicio público, la Junta emitirá un reglamento interior pa- ra el régimen y administración del Sanatorio. Artículo XX Lo que aquí no estuviere previsto, lo resolverá el Poder Ejecutivo previa instancia de la Junta. El Presidente de la República ACUERDA: Darle su aprobación. Publíquese.—GONZALEZ. El Secretario de. Estado en el Despacho de Beneficencia, ACOSTA Empréstito. Planos gestión del empréstito fue eficaz: el Banco yf Anglo Costarricense ha proporcionado a la Junta del Sanatorio ciento cincuenta mil colo- nes, al principio al diez por ciento anual de intereses; pero el primero de Enero de mil novecientos diez y ocho subió el interés al doce por ciento anual. La obligación se contrajo en pagarés: el 16 de Marzo de 1916 firmó la Junta el primer pagaré, que fue renovado el 17 de Marzo del año siguiente, por la cantidad de cincuenta mil colones; el 23 de Enero de 1917 firmó otro de cincuenta mil colones, el 28 de Agosto de 1917 firmó uno de veinticinco mil co- lones y el 18 de Octubre de ese mismo año el otro de veinticinco mil colones. También el Dr. Durán obtuvo de doña Elena viuda de López Callejas, pre- via autorización del Poder Ejecutivo, dada en oficio de 21 de Marzo de 1917, un empréstito de cincuenta mil colones, al nueve por ciento anual, que firmó la Junta el 29 de Marzo de 1917. Estos empréstitos se deben y han sido totalmente invertidos en la obra. Con la suma de ambos o sean doscientos mil colo- nes y con los impuestos a que se refiere el artículo octavo del decreto de creación del Sanatorio que a esta fecha, 30 de Junio del presente año, montan a C 78,631.84, la Junta del Sanatorio adquirió en Tie- rra Blanca de Cartago, en «Los Horcones», un terre- Kdifioio ele Administración.--Fachatla principal. no que mide diez y nueve hectáreas, nueve mil ochocientos veintisiete metros cuadrados, equivalente a veintiocho manzanas cinco mil novecientas diez y siete varas cuadradas y noventa décimos de vara cuadrada, construyó allí los edificios, los equipó como es debido, y ha venido pagando regularmente todos los intereses de los empréstitos y aun amorti- zando pequeña parte de la deuda. El ingeniero don Lucas Fernández, preparó pla- nos del Sanatorio, del terreno en que había de situarse éste y del camino que conduce a «Los Hor- cones», con el mismo acierto con que ha trabajado en otras obras públicas a las que ha vinculado hon- rosamente su nombre. Estos planos, dibujados por don Guillermo Gargollo, fueron estudiados con dete- nimiento por la Junta que deseaba adecuar el Sa- natorio a nuestras necesidades y condiciones, sin perjuicio de lo aconsejado por la ciencia para la curación de los enfermos en los hospitales de tuber- culosos, y que deseaba obtener cuantos materiales fuera posible en el país para que así el dinero del público que se aprovechaba para la obra volviese a las gentes del país y las estimulase, aun cuando sólo fuese en mínima parte, a trabajar y producir. Es claro que también se pensó en tal cosa por lo elevado que estaba ya el cambio, y eso sin sospe- char entonces la altura a que ascendió después cuando hubo la Junta de pagar letras de cambio a tipo mayor del 425 %• El cambio legal de Costa Rica sobre oro americano es el de (¡1 2,15. Aprovechando el Dr. Durán su viaje último a los Estados Unidos de Norte América, visitó saaato- rios de tuberculosos y trajo interesantes datos cien- tíficos que han sido atendidos no sólo al escoger el lugar para erigir los edificios, en relación con la altura de los montes, con los vientos imperantes, 17 con la humedad del aire, la temperatura, las horas de sol, etc., sino en cuanto al plano, al mobiliario y a la construcción del Sanatorio de la cual ha sido honrado y fiel intérprete el constructor don Fran- cisco Zúñiga. Lugares visitados para escoger el asiento del Sanatorio miembros de la Junta, vecinos como son de V San José, sólo con volver los ojos a los cuatro puntos cardinales podían divisar altas y verdes montañas con estribaciones que forman bellas colinas y mesetas, como al Sur de Escasú, como al Este de San Isidro de Coronado, al Norte de Heredia en las alturas del Barba; o al Oeste en las del Poás. Y yendo a Cartago, la Vieja Metrópoli, también ofre- cía al Norte, en el Irazú, entre neblinas y frío saludable, primorosos lugares para asiento del Sa- natorio. Por eso la Junta no quiso hacer precipita- damente la elección, sino que optó por visitar algunas regiones para hacerse cargo délas, ven- tajas y desventajas de éstas. El 27 de Sep- tiembre de 1915 se hizo el primer viaje. Fueron visitados algunos lugares situados al Norte de Car- tago: se llegó hasta «Los Horcones» por un camino en mal estado, sobre todo en el trayecto de la po- blación de Tierra Blanca a «Los Horcones». Luégo se tomó rumbo a Llano Grande, examinando al paso los parajes que parecían reunir las mejores condi- ciones. Se tomaron algunas alturas con un aneroide que llevaba el ingeniero Fernández, las cuales fueron: 19 Edificio ele Administración.—Fachada^lateral F*£i1>ellón. de Enfermos,-Fachada, San José (la capital) 1135 metros Tres Ríos (parte alta al N. E.);... 1498 » Tres Ríos (Ferro-Carril) 1370 » Tierra Blanca . 2120 » El Alto .. 1510 Cartago ,...._ 1480 » Molina 1680 » LOS HORCONES .... 2330 Potrero Cerrado 2100 > Avance (El Alto)... ... 1880 » Se comisionó entonces al Lie. don Elias Leiva para que tomara las observaciones diarias de la humedad del aire, temperatura, horas de sol, horas de lluvia, dirección y velocidad de los vientos. Estas observaciones se conservan en el archivo del Sanatorio. Cuando se discutió acerca de la conveniencia de los lugares visitados se expuso también lo útil que sería construir sanatorios, uno a la orilla del mar y otro en la altura mayor que la ciencia acon- sejara, con el objeto de clasificar a los enfermos para su mejor tratamiento. ’ Lo costoso del proyecto y lo insalubre de nuestras costas hizo que se dese- chara. En nota del nueve de Octubre del mismo año, la Municipalidad del Cantón Central de Alajuela instó a la Junta para que visitara las faldas del Volcán Poás y ofreció donar al Sanatorio el terreno necesario, de su propiedad, en aquella zona. Exci- tativa semejante dirigió la Municipalidad del Cantón de Poás. La Junta aceptó las invitaciones, y por estar ausente del país el Dr. Durán, el Dr. don Teo- doro Picado y el Lie. González Rucavado hicieron el reconocimiento de las faldas del Poás e informa- ron. El Dr. Picado, bajo cuya inteligente dirección estaba la sección de tuberculosos del Hospital de 21 San Juan de Dios y cuyos conocimientos podían ser muy útiles en esa excursión, presidía la Junta inte- rinamente, y aceptó gustoso la comisión. El Dr. don Luis Paulino Jiménez y el ingeniero Fernández, fueron al Alto de Ochomogo con el objeto de reco- nocer aquella zona y parte de la de Tres Ríos. Ambas comisiones cumplieron su cometido: la última informó que no se podía elegir el Alto de Ochomogo, o Tres Ríos, no obstante la cercanía al ferrocarril y otras buenas condiciones, pues las aguas potables de Cartago, San José, Tres Ríos y Curridabat, se toman de allí y podría ser peligroso para la salubridad. El Doctor Picado informó, que el primero de Enero del año de 1910 se constituyó en Alajuela, en donde fue recibido por los delegados municipales, Doctor don Manuel Cabezas e Ingeniero don Eusebio Rodríguez, caballeros poseídos de la importancia de la obra. Que a las nueve y media a. m. salieron para San Pedro de Poás, por el camino real, a don- de llegaron a las once y media de la mañana. Aquí los señores don Timoleón Galindo, don Ignacio Guz- mán y don Domingo Chávez se agregaron a la co- mitiva representando a la Municipalidad del Cantón de Poás. Todos recorrieron las faldas del Volcán, que miran hacia el Valle Central, región fresca en su par- te alta, azotada por los vientos y sin camino ade- cuado. A las seis y media p. m. llegó la comisión al punto denominado «Hotel del Volcán», en donde pasó la noche. A la mañana siguiente descendió un poco al Este por la falda de la montaña hasta llegar a la «Lechería», y siempre hacia el Este, ascendien- do a veces, bajando otras, llegaron los excursionistas a Fraijanes. Aquí, a una altura de 1700 metros, aproximadamente, hay una extensión de tierra, de propiedad de doña María Bolaños de Soto, bastante a cubierto de los vientos por la cordillera, regada de agua potable por el Río Poás, cuyo nacimiente está cercano, y que puede proporcionar fuerza mo- triz; el ambiente de la región es parecido al de Tierra Blanca en Cartago. De este punto a la ciu- dad de Alajuela hay, a caballo, unas tres horas. El camino tiene cuestas de muy pronunciada pen- diente y no está lastrado. Por su parte la Municipalidad del Cantón Cen- tral de Cartago prometió formalmente donar a la Junta del Sanatorio, el terreno necesario para el establecimiento, y contribuir al arreglo del camino que va a Tierra Blanca. El Cantón de Alfaro Ruiz, Alajuela, ofreció a la consideración de la Junta los terrenos del distrito de Palmira, pero desde luego se desechó el ofreci- miento no sin antes agradecerlo, por la mucha dis- tancia a que quedan de un centro principal cualquiera del país, y las dificultades que habría para el tras- lado de los enfermos. Lugar en que está el Sanatorio L 27 de Eneróle 1916 la Junta se reunió pa- ra resolver en definitiva, en qué lugar estable- ceria el Sanatorio Carit; y después de amplia discusión, acordó, «que el mejor, para instalar el Sanatorio es uno situado al Nor-Este de Tierra Blanca, denominado «Los Horcones»: lo. porque los estudios hechos por el profesor don Elias Leiva, en ese lu- gar, demuestran que las condiciones climatológicas son buenas; 2o. porque tiene agua potable; 3o. por la facilidad que existe para desarrollar fuerza de agua; 4o. porque el lugar está protegido por una colina que impide los vientos del Norte; 5o. porque la exposición del terreno al lado Sur es conveniente para obtener mayor número de horas de sol: 6o. porque entre los lugares que tienen una altura de dos mil ciento veir.te metros o sea siete mil pies, el indicado es el más próximo al ferro carril; 7o. por- que recibe aires puros del Océano Atlántico; 8o. por- que su altura representa precisamente la altitud me- dia que es indispensable adoptar en Costa Rica para situar una institución de este género; 9o. porque si bien es cierto que la opinión de algunos especialis- tas extranjeros en el estudio de la tuberculosis acon- seja una altitud menor de siete mil pies, ellos toman en cuenta que sus enfermos viven generalmente al 25 nivel o cerca del nivel del mar, en tanto que el mayor número de nuestras poblaciones está mucho más alto, y por esta razón el argumento de que los tuberculosos no pueden soportar grandes alturas no debe tomarse aquí en todo su rigor; 10. porque el terreno es arenoso y seco y presenta gran facilidad para drenajes; 11. porque el aire seco y la tempe- ratura son indicados para la curación de la tubercu- losis; 12. por su situación céntrica con respecto a las poblaciones del país; 13. porque la experiencia de muchos años ha demostrado que una gran propor- ción de entermos que van a Tierra Blanca en busca de salud, y cuentan con ciertos medios para su sos- tenimiento se curan rápidamente. Los Horcones están a hora y media, subiendo a caballo, sea a diez kilómetros, de la ciudad de Cartago. Altura del Sanatorio sobre el nivel del mar COMO la altura sobre el nivel del mar a que se sitúe un sanatorio de tuberculoso* es factor importante para la curación de los enfermos, conviene recordar la de los siguientes, en Francia: Le Revard, 1200 metros; Chamonix, 1050 metros; y Torrench 1250 metros; en Suiza: Davos, 1559; Saint Luc, 1643, y Montana 1520 metros. En los Estados Unidos de Norte América, según una comunicación de “The National Association for the study and prevention of Tuberculosis” dirigida a la Junta del Sanatorio Carit, se admite que bastan cuatro mil pies. En el Este de los Estados Unidos consideran suficiente una altura de dos mil pies. En un clima caliente, dice la misma Asociación, una al- tura de cuatro mil noventa pies es suficiente y no es bueno someter a los pacientes a una altura muy elevada por la-frecuencia de enfisemas y por el inconveniente de que no se acostumbran después, salvo con algún peligro, a vivir en meno- res alturas. Atendiendo, como es debido, la citada comuni- cación, y dado que las alturas a que se hallan nues- tros principales centros de población—menos Alajuela 27 que está a 956 metros sobre el nivel del mar—pa- san de los cuatro mil pies determinados, necesario se hizo buscar un término medio entre las diferentes alturas de nuestras ciudades, porque tomando en cuenta los cuatro rail pies dichos, que equivalen a 1112 metros, tendríamos que subir a 2563 metros del lado de Cartago, o a 2068 metros del lado de Ala- juela, o a 2280 del lado de San José, o a 2275 del lado de Heredia; si no, habría que admitir que todos los alrededores de esas ciudades, que se hallan a mayor altura de cuatro mil pies podían responder, por su altura sobre el nivel del mar, al fin que se busca, cual es el de curar a los tuberculosos, y eso, considerando que las alturas de dos mil o cuatro mil pies son aplicables a enfermos acostumbrados a vivir a pocos metros sobre el nivel del mar o al nivel de éste. La Junta creyó, que tratándose de nuestro país, la conveniencia respecto de altitud tiene que ser el término medio, tomando en cuenta la altura de la mayoría de nuestras poblaciones, y eligió la de Tie- rra Blanca en el punto llamado «Los Horcones». «Los Horcones» están a 2330 metros sobre el nivel del mar. Los Horcones €L plano del terreno en que está ubicado el Sa- natorio y la zona para cultivos y la cría de animales, que lo rodea, fué levantado por el Ingeniero don Ramón Picado. La .Tunta, aunque deseaba obtener treinta hectá- reas allí, no adquirió sino diez y nueve hectárea y nueve mil ochocientos veintisiete metros cuadrados, en terrenos de don Juan Monge y de la Sucesión de don Nicolás Jiménez Sáenz, supliendo la Junta el precio, en tanto la Municipalidad de Cartago satis- face la obligación que patrióticamente contrajo, de pagarlo ella al Sanatorio. El Informe del Laboratorio Químico Nacional sobre las muestras de agua tomadas de la fuente de «Los Horcones», hace constar que el agua es pota- ble, de muy buena calidad. Y porque vale la pena se consigna, que don Aquileo Coto autorizó a la Juuta del Sanatorio para canalizar y aprovechar las aguas del terreno de propiedad de él, contiguo al del Sanatorio. En la sesión de la Junta, celebrada el 2 de Ma- yo de 1916, se dió cuenta de que había sido firmada la escritura de compraventa del terreno do don Juan Monge; que el Doctor Durán y el Ingeniero Fernán- dez indicaron a don Francisco Zúñiga, ejecutor de las obras, el sitio para los edificios; que se compra- B'aclxada principal de la ‘Vdtxiinistración. — Vestíbulo. ron ios fierros necesarios para áar principio ai arre- glo del suelo, y las basas de roble a razón de un colón el metro, y cien fanegas de cal a dos colones noventa céntimos cada una. Saliendo a caballo de la pequeña población de Tierra Blanca, hacia el Noreste, subiendo, se llega, en unos veinte minutos, a una planicie situada al pie de unas lomas del Irazú, que se juntan en án- gulo y por el Norte y por el Este defienden al Sa- natorio, de los vientos impetuosos que en aquellas alturas se desatan. Por la loma del Este asciende un camino, y frente al terreno plano pasa otro, que es el del Sanatorio. Aunque se dice plano, hay que ad- vertir que no lo es tanto, pues tiene hacia el medio una depresión formando como una enorme grada, en cuya parte más baja, para abrigarlos más se cons- truyeron los edificios. La perspectiva es pintoresca. IJtil>e 1lón de Enfermos en construcción Los trabajos L plano de los edificios lo inspiró el de un Sa- \ natorio Norteamericano, famoso, el Eudowood Sanatorium Towson Md., que presenta muchas comodidades y tiene magnífica disposición. El Inge- niero don Lucas Fernández hizo los estudios y cálcu- los, y, aprobados por la Junta, se entregaron al prác- tico constructor los planos, se solicitaron peones, y se comenzaron las obras. El ejecutor de éstas cons- truyó un pequeño galerón tapado lateralmente y ahí se alojó con su familia. El Doctor Durán como Presidente de la Junta, iba a menudo a inspeccionar los trabajos, y el. Ingeniero Fernández a dar sus instrucciones generales. Semanalmente se pagaron las listas de gastos y las planillas de los trabajadores chequeadas y revisadas por la Junta. Loá materiales se sacaron a licitación por la Gaceta Oficial, tanto los del país como los que irremisiblemente debie- ron pedirse al extranjero. El contrato de trans- porte, de Cartago a Los Horcones, previa licitación pública, lo obtuvo don Guillermo Tinoco, quien Jo llenó cumplidamente. Don Ramón Jacinto Rivera1 es- pontánea y gratifuamente se constituyó en el repre- sentante de la Junta en Cartago, para recibir los materiales, pagarlos cuando era del caso, aun anti- cipando el dinero, embodegarlos allá y entregarlos a los transportadores para que los acarreasen a Los 33 Horcones. Sus importantes servicios la Junta los ha agradecido mucho. Don Roberto Smyth prestó también gratuitamente los de su acreditada casa de agencias, en cuanto a los materiales pedidos al ex- terior. Y Mr. Cutter, Ex-Administrador General de la Northern Railway Company en Costa Rica, expidió tarifa especial concediendo una rebaja del cincuenta por ciento sobre los fletes de Limón a Cartago, de la mayor parte de las mercaderías importadas para el Sanatorio, las cuales casi todas se pidieron por medio de la casa de Montealegre y Bonilla de Nue- va York, que sirvió satisfactoriamente. Don Manuel J. Fournier Q., nombrado auxiliar de la Junta, ha prestado y presta su concurso útil. La Junta no pue- de menos de agradecer a todas esas personas su buena voluntad para la obra. Para facilitar a los trabajadores la obtención de los víveres, se estableció en Los Horcones un pe- queño comisariato a cargo del señor Zúñiga, pues lo malo de los caminos, y las lluvias hacían perder tiempo a los peones cuando iban a conseguirlos. Es- tos víveres se vendieron a precio de costó. La planicie del terreno del Sanatorio, en verdad es relativa; en aquellas alturas el terreno es muy quebrado, y hubo de hacerse labor de importancia en la nivelación y luégo se abrieron grandes huecos para plantar basas, algunas de aún más de cuatro metros de largo. Como era indispensable tener cuan- to antes abrigo para los peones, albañiles y carpin- teros se construyeron unos ranchos adecuados. Se comenzó el edificio de la Administración con preste- za, y los operarios demandaban materiales. El aca- rreo de éstos no era fácil a pesar de que el contra- tista, Tinoco, puso bueyes y carretas adecuados y de que aprovechaba la época seca para transpor- tarlos de Cartago a Los Horcones; pero las cosas marcharon bien. Los miembros de la Junta del Sanatorio visita- ron con frecuencia las obras e hicieron indicaciones convenientes. Todas las maderas empleadas son, del país, as1 como la caña de Castilla; también son de madera y fábrica del país, los armarios, sillas, mesas, estantes, camas y roperos para uso de los médicos. La rope- ría se trajo de los Estados Unidos de Norte América, así como la loza, cristalería, clavos para la techum- bre, tubería, cerraduras, bisagras, lavabos, calefacto- res, excusados fijos y portátiles, aparatos higiénicos para recoger la ropa sucia, mesitas de noche, pintura, camas de hierro para enfermos, perlina, escobas, aparato de succión del polvo, depósitos portátiles para basuras, hilo, agujas, botones, hiladillas, imper- dibles, tohallas, papel de toilet, etc. Aquí se hicieron las sábanas, almohadas, colchones, y batas. Hay un magnífico microscopio y todo lo necesario para mon- tar un laboratorio. En la Administración, a la entrada, están coloca- das sillas y escaños que fabricó don Francisco Zúñi- ga. En la Oficina del médico hay una librería con un escritorio, un archivo, un sofá, seis sillas, una roma- na para pesar enfermos, y una mesita. El Cuarto de Operaciones contiene una mesa de operaciones, un armario para instrumentos de Cirugía y otros del Médico, un esterilizador eléctrico, un aparato de irrigación completo, dos mesas adyacentes con table- ro de cristal para colocar instrumentos, una silla de especialistas, un banco de anestesia y cuanto es ne- cesario para exámenes laringóscópicos. El comedor del Médico consta de un aparador, una mesa, seis sillas y una trinchantera. La sala de recibo está amueblada con una mesa en el centro y varios jue- gos sencillos pero elegantes, de sillas. El cuarto de recreo de los enfermos tiene cincuenta sillas y me- cedoras y algunas mesitas. Hay tres cocinas eléctri- cas y una hermosa cocina de leña; los enseres ne- cesarios de la cocina son de cobre, y hay, además* una máquina para pelar papas, otra para cortar bis- teques, otra para moler café, otra para moler maíz* y está para llegar al país la maquinaria de la pana- dería El comedor de enfermos, con capacidad para unos doscientos, tiene mesas, sillas, cubiertos, y la vajilla necesaria para cien o más enfermos. La Junta hizo esfuerzos por comprar en el país todos aquellos productos nacionales útiles para el Sanatorio, y sólo pidió al extranjero lo que aquí no hay. Las dificultades creadas por la Guerra no per- mitieron obtener todo exactamente como se deseaba,, y la inestabilidad de los precios así como el alza creciente del tipo de cambio obligó a la Junta a pa- gar precios muy altos por cosas que calculó y pidió porque del cálculo resultaban precios módicos. Pe- ro no por eso e. equipo del Sanatorio deja de ser excelente y muy valioso, sobre todo, considerando la carestía de la lana, del algodón, de las telas, de la loza, que actualmente alarma, y los precios de todas estas cosas en plaza. Los muebles del Sanato- rio representan quizá en este momento, un valor en colones igual al de costo de los edificios con el te- rreno en que está ubicado, o poco menos. El mue- blaje, desempacado y chequeado por el Doctor don Vicente Lachner Sandoval, elegido yá para Director del Sanatorio, y quien prestará el servicio cuando sea llamado a ello por la Junta, y desempacado' también por los Doctores Durán y Jiménez está én orden, guardado convenientemente en el Sanatorio.. Los Edificios AY construidos tres edificios principales y un ; 1 galerón cerrado, pintados con pintura de aceite l de color verde tierno: la administración en el centro; a un lado y a otro de ésta, como a veinti- cinco metros de distancia, están los pabellones de enfermos: uno para hombres y otro para mujeres; y entre éste y la Administración, el galerón cerrado en donde fue instalada la lavandería. Existe campo para construir algunos pabellones más de enfermos, a medida de las necesidades y de los recursos con que se cuente. Las construcciones se han hecho sobre basas de madera de roble negro de la mejor calidad, a medio metro de altura del suelo cuando menos. Los edificios son de madera de cedro y pochote, cubiertos los techos con buenas tejas de hierro galbanizado, pintados con pintura negra que donó la Botica Francesa, establecimiento comercial que quiso hacer sentir también en el Sanatorio Ca- rit su benéfico influjo. La cocina es de bahareque de mezcla y caña de Castilla. Esta clase de mate- riales los aconsejó la prudencia, pues ya se sabe cuánto tiembla en Costa Rica. En pocas obras se utilizaron la arena, la cal y los ladrillos. La Administración está tan levantada del suelo, que debajo queda campo para construir todo de ce- mento armado o de ladrillo cementado, no sólo bo- \ri«ta lateral,£deltfrente ele la Administración degas, sino habitaciones para algunos usos, pero no para alojar enfermos. Tiene un piso primero, un pi- so segundo, y una cómoda bohardilla. El estilo es muy sencillo, no puede quizá serlo más. El primer piso comprende: un atrio al nivel de la tierra, que da acceso por unas cuantas gradas, al corredor del frente. En el centro hay un zaguán de tres metros de ancho por 11,60 mts. de largo, que de- semboca en el arranque de la escalera, y va a parar al comedor de los enfermos, que tiene atrás la cocina, el comedor de sirvientes y los cuartos de la loza; hay además dos despensas. A la izquierda del zaguán dicho, están, por este orden, la oficina o sala de ;recibo, la biblioteca y un zaguán de dos metros de ancho, que conduce a un salón dé recreo, que es el ala izquierda de la Administración, con 16 metros de largo por ocho de ancho, provisto el salón de dos inodoros. A la derecha del zaguán de la entrada, por su orden, están: el consultorio médico con su cuarto atrás para exámenes de en- termos; el comedor del médico, independiente del consultorio, y un pasadizo hacia el ala derecha de la Administración, que comprende: las salas de de pacientes en observación, de hombres una, de mujeres otra, divididos en el centro por cuatro pe- queñas habitaciones, dos de ropería, dos baños y dos inodoros. Esta ala tiene, al frente, un corredor igual al de la otra. El segundo piso cuenta con el patio de la esca- lera, seis habitaciones hermosas, dos roperías, dos baños y dos inodoros. En este apartamento están los dormitorios del personal superior del Sanatorio, y cuatro aposentos para almacén de ropa u otros objetos. Luégo está la bohardilla, amplia, con cuatro co- Corredor de la entrada modos miradores a los cuatro vientos y espacio suficiente y disposición interior adecuada para dor- mitorio de sirvientes. Hay construidos, por ahora, dos pabellones de pacientes, uno para, mujeres y otro para hombres: son iguales, descrito el uno se conocerá el otro. En cada uno hay campo para cuarenta enfermos. Cada pabellón consta de un pequeño cuerpo central y dos alas. El cuerpo central es una sala cubierta, con am- plias ventanas y puertas, en donde, si el tiempo está muy ventoso o frío, los enfermos pueden guardarse y pasar ratos de conversoción, lectura o de juegos permitidos, pues todo está convenientemente alhajado. Detrás de esta sala está otra parte del edificio, ce- rrada, que tiene once W. C., seis baños de tina, de porcelana, dos cuartos de ropería o para otros usos necesarios y cuarenta cuartitos para mudarse la ro- pa los enfermos. La construcción general es de ma- dera con ventanas numerosas, y está levantada del suelo, sobre basas también de madera. El aspecto es el de un corredor abierto por el frente; para defenderlo del agua y del viento hay unas persianas muy pesa- das, grandes. Los enfermos, en estos pabellones duer- men, se puede decir, al aire libre. Todos los edificios tienen luz eléctrica, calorífe- ros y timbres de comunicación; más tarde se insta- larán teléfonos de sección a sección para dar facili- dades al servicio, y, sobre todo, prestar comodidades a los enfermos. También hay instaladas cajas conec- tadas con la cañería, con buena presión, para adap- tar rápidamente mangueras en el caso de incendio, y dos aparatos pequeños, contra incendio, que están en el edificio de la Administración. La Junta del Sanatorio encontró indispensable la energía eléctrica para el Sanatorio de Tuberculo- sos, no sólo por las facilidades que presta, por el 41 Interior del Vestíbulo aseo, por la belleza, sino para emplearla como me- dio terepéutico, y por la dificultad de obtener las grandes cantidades de leña que requiere un hospital de las proporciones del Sanatorio Carit. No obstante en el Sanatorio hay una cocina de leña y otros ele- mentos para cuando transitoriamente falte por cual- quier accidente la energía eléctrica. La Junta pensó en construir una planta generadora de electricidad para lo cual fué a ver una caida de agua aprovecha- ble, que está, casi en la cumbre del Irazú, en el nacimiento del rio Reventado; pero los cálculos de los Ingenieros valoraron la obra en más de cincuenta mil colones, y comprendió la Junta, con razón, que invertir tal suma, equivalía a tener que hacer un em- préstito y pagar por él, en el caso de que no fueran necesarios más de los cincuenta mil colones, quinien- tos colones mensuales de sólo intereses; dos emplea- dos para el servicio de la planta, que representarían baratos, unos doscientos colones mensuales, a lo cual habría que sumar los gastos de aceite, mechas de algodón, reparaciones, etc., viniendo de esta mane- ra a salir muy alto el precio de la energía eléctrica; y esto, sin contar el caso de una creciente del río; de un temporal, de un temblor que dieran el traste con las obras de manipostería ejecutadas para insta- lar la planta generadora de electricidad, lo cual im- plicaría un pérdida considerable para el Sanatorio. Por eso prefirió la Junta solicitar de las empresas establecidas en el país, el precio por cincuenta ca- ballos de fuerza, día y noche, constantemente, para aplicarlos a los distintos usos, luz, cocina, lavandería, panadería, máquina de aplanchar, calentadoras de agua, etc.; y quien se puso en las mejores condicio- nes para prestar el servicio que la Junta deseaba, fue el señor don Ramón Ulloa, que ofreció el caba- llo de fuerza, día y noche, perennemente, en el Sa- 43 La Lavandería natorio, por doce colones mensuales. La Junta cele- bró, pues, con él un contrato, cuya duración será de veinticinco años, y en el cual, caso de renovoción, el contratista tendrá la preferencia en igualdad de condiciones ofrecidas por otro, para proveer de ener- gía eléctrica con 37,300 watts, o sean cincuenta ca- ballos de fuerza, al Sanatorio, por seiscientos colones mensuales. La Junta solicitó cincuenta caballos por- que eso fue lo que los ingenieros creyeron necesario como minimun. El señor Ulloa formó una compañía para obtener el dinero con qué construir una planta eléctrica que tiene Casi lista en las alturas del Irazú y con la cual cumplirá su compromiso. La lavandería se le compró a don Alfredo Esqui- vel Carazo y fué montada por don Gerardo Matamo- ros en el galerón de que antes se habló, y aunque la maquinaria no es nueva, está en buen estado y podrá ser utilizada durante muchos años. El sistema de cloacas establecido es de lo más moderno y está provisto de una planta pequeña de depuración bacterial. El agua es excelente y se distribuye por una buena cañería. Los edificios están situados hacia el extremo Sur del lote formando como una cruz incompleta. El terre- no que lo rodea es fértil y está listo para que los en- fermos y los empleados lo cultiven de hortalizas, cereales y papas. En la parte del terreno que más de cerca rodea los edificios está formándose un par- que que alegrará y embellecerá el Sanatorio con sus caminillos enarenados, sus eucaliptos, cipreces, du- razneros y rosales, y pronto se verán las cien sillas extensoras de lona y otras tantas de hierro, coloca- das entre los bosquecillos o mejor en las sendas más soleadas. Después que los edificios se concluyeron no han 45 quedado más que dos empleados: el tenedor de li- bros y escribiente de la Junta que gana hoy cin- cuenta colones mensuales, y que apenas ha percibido desde su nombramiento, veintiocho de Septiembre de mil novecientos quince, a esta fecha, (| 1.440, y don Francisco Zúñiga, honrado guardador y conservador de los edificios y sus muebles, que vive allá, y que, además, en provecho del Sanatorio, sembró tres man- zanas de papas, tres de maíz y una pequeña huerta: lo que esto produzca acrecentará las entradas del Sanatorio. Detrás de los edificios, allá en la ladera de la colina, al pie, han sido sembrados filas de pinos, eucaliptos, acacias y otros] árboles que una vez de- sarrollados purificarán el ambiente con la fragancia de sus reciñas y la respiración de sus hojas, y serán tapa vientos. Por entre estas hileras de árboles corre un arroyuelo de frías y cristalinas aguas que rega- rá el jardin y los huertos. La decoración es majes- tuosa, porque los montes empinan sus corcobas montañosas o cuadriculadas de potreros, o de triga- les o maizales que el viento peina con porfiada in- sistencia, casi se puede decir, para confortar el ánimo de los pacientes, correrles el fastidio, encantarles el espíritu con la contemplación de románticos paisajes y despertarles vivas esperanzas de una pronta cu- ración. 46 Organización General del Servicio o %11'N médico de libre nombramiento y remoción II de la Junta del Sanatorio Carit, con oficina abierta en San José, señalará al público el lugar, los días y horas en que recibe las solicitudes de los enfermos qué desean ingresar en el Sanatorio. Ha sido nombrado para desempeñar este cargo el Dr. don Teodoro Picado, quien desde que se iniciaron las labores de la Junta, presta sus servicios como miembro de ella. (1) Un día en cada semana irá a la ciudad de Cartago y atenderá allí igualmente en el lugar y a las horas que previamente indique al público, las solicitudes de ingreso que allá le presenten. El Sanatorio recibirá los enfermos pobres exis- tentes en el país hasta donde le sea posible. Sólo pacientes declarados tuberculosos de pro- bable curación por los médicos del Sanatorio podrán ser tratados en este Asilo. El médico encargado de examinar a los solici- tantes, llevará un libro para anotar los nombres, calidades, vecindario de los enfermos, así como los datos de cada uno, v. gr.: qué clase de tuberculosis tiene o si es otra la enfermedad y si debe ser o no admitido en el Sanatorio. En caso de ser rechazado el solicitante se expresará la causa. (1) Se dictará un reglamento de ingreso de enfermos al Sanatorio 47 Lavandería y aplanchado Del contenido de este libro el Médico enviará copia cada mes a la Junta del Sanatorio. Cuando el solicitante fuere admitido, el médico examinador le entregará, de un libro talonario, una boleta cuyo talón contendrá iguales número, nom- bres y otros datos que el médico estime necesarios, que la boleta entregada. Ésta, firmada por el Médico Examinador servirá de entrada al Sanatorio. El Médico atenderá las recomendaciones de sus colegas a favor de tuberculosos pobres, siempre que haya lugar en el Sanatorio. Facilitará — si le fuere posible — el traslado de los enfermos de San José o Cartago a Los Horco- nes, y dictará las medidas profilácticas y precauto- rias para el traslado del enfermo. A los que no re- cibe les aconsejará lo conveniente para el recobro de la salud. El Médico Examinador ocupará transitoriamente el puesto de Superintendente del Sanatorio cuando la Junta se lo ordene. El Médico Examinador debe acatar todas las órdenes que emanen de la Junta del Sanatorio, y será responsable ante ella de su servicio. El Superintendente del Sanatorio Carit es libre- mente nombrado y removido por la Jnnta, perma- necerá en el puesto mientras lo desempeñe a satis- facción de la Junta; es el Administrador del Sana- torio y el ejecutor de las disposiciones que con respecto a la marcha interior del establecimiento, dicte la Junta. Son facultades del Superintendente: nombrar y remover libremente los empleados del Sanatorio que están directamente bajo su dependencia; recibir por inventario los muebles y semovientes del Sanatorio y entregarlos en la misma forma — cuando lo dis- ponga la Juuta del Sanatorio,— a ella misma, o a 49 Dormitorio ele Enfermos quien ella ordeno: disponer lo conveniente a su buen juicio en los edificios, jardines, huertos o campos y muebles del Sanatorio. Si cree necesarias reformas serias, antes de ejecutarlas deberá obtener, la venia de la Junta: presentará cada seis meses, a la Junta un presupuesto de gastos del Sanatorio, para el se- mestre siguiente, el cual aprobará o reformará, la Junta. Una vez que ésta apruebe el presupuesto y lo comunique al'Superintendente, éste tendrá que suje- tarse a él; llevar municiosamente las cuentas del Sanatorio junto con los comprobantes de los gastos, debidamente ordenadas y claras. Cada trimestre pre- sentará a la Junta las cuentas del trimestre último, y a cualquiera de los miembros de la Junta cuando lo solicite. La forma de llevar las cuentas, las entre- gas de dinero, la distribución del pago de cuentas para saber lo que se-paga en el Sanatorio y lo que se paga en San .losé, será de acuerdo con el Presi- dente de la Junta; llevar una historia clínica de cada enfermo con anotaciones semanales acerca del peso, del estado de los pulmones y de la laringe y demás órganos que están afectados, todo lo más completo posible: llevar y conservar en el mayor orden en el archivo del Sanatorio, las historias clínicas, los datos de la Administración, informes, observacio- nes personales, tratamientos y cuantos datos estime de utilidad; conservar la biblioteca del establecimien- to; residir permanentemente en el Sanatorio; puede alejarse de él un día natural cada ocho días; más tiempo sólo con permiso de la Junta y si deja un médico a satisfacción de ésta que lo reemplace. Des- pués de un mes de permiso la Junta nombrará, si lo estima conveniente, nuevo Superintendente Si el Superintendente tuviere esposa, hijos u otros parientes con él no residirán éstos en el Sanatorio. Una vez construido el pabellón independiente para el Superintendente, éste podrá ocuparlo con su fami- lia si mantiene su servicio separado del servicio del Sanatorio. Animar a los enfermos con palabras de esperanza y consuelo, usando para ello de dulzura y sagacidad, sobre todo a la entrada. Entonces también el Supe- rintendente o los primeros enfermeros darán a cada enfermo una cartilla del orden interior de la casa o las instrucciones verbales del caso, a fin de que sepa y conozca lo que de él se exige, debiendo explicarles con benevolencia todos aquellos puntos que no compren- dan o que crean que no pueden practicar; hacer a la entrada de cada enfermo inventario en un libro de lo que éste entrega, que lo firmarán el enfermo y el Supe- rintendente. Cuando el enfermo no supiere firmar lo harán otro enfermo y un enfermero por él. Ni el Superintendente, ni la Junta del Sanatorio serán res- ponsables de los objetos que a los enfermos se les desaparezcan, de los cuales no dieron cuenta al Superintendente y se los entregaron para su custo- dia; estar siempre al tanto de lo que hacen sus en- fermos para poderlos aconsejar respecto de su salud, y para conservar la más perfecta disciplina. No des- mayará su actividad humanitaria en la atención de los pormenores, aunque al parecer sean insignifican- tes; dar las altas a los enfermos cuando lo estimare del caso; disponer como mejor le plazca en cuanto a las visitas al establecimiento, o de los enfermos o del servicio; implantar una disciplina severa y orden es- tricto tanto del servicio como de los enfermos; procu- rar que sanen los enfermos usando los medios adecua- dos, en general un tratamiento higiénico, dietético, hidroterápico, helioterápico, terapéutico o eléc- trico; procurar el buen manejo de la casa y el buen crédito del Sanatorio. El Superinten- dente será responsable de todo a la Junta del Sana- tori, quien exigirá las responsabilidades en la forma y por los medios que crea convenientes. Habrá en el Sanatorio, mientras la Junta no acordare aumen- tarlo o disminuirlo, el siguiente personal, a las ór- denes inmediatas del Superintendente: Una matrona costurera y subjefe del servicio de mujeres. Una boticaria, Una panadera, . Una cocinera, Una costurera y camarera, Dos ayudantes de cocina, Cuatro enfermeras, Un mecánico electricista y lavandero, Dos sirvientes hombres, Cuatro enfermeros. Las remuneraciones de estos empleados se indi- carán cada vez en el Presupuesto semestral. Los servidores del Sanatorio deben obedecer al Superin- tendente y guardar la compostura y el orden más estricto; son colaboradores en la humanitaria obra de curar a los enfermos y deben poner cuanto esté de su parte para que ello sea una realidad. Son responsables para ante el Superintendente, de su conducta. Los servidores vivirán en el Sanatorio, en donde a más de su sueldo mensual se les dará cuarto, comida y lavado de ropa, como el Superitendente disponga. Las horas de servicio les serán señaladas por el Superintendente, pero todos los empleados acudirán a ayudarse mutuamente siempre que ten- gan tiempo disponible y cuando no dé a basto el servicio de uno o más. 53 Comedor de Enfermos Informe General de Cuentas al 30 de Junio de 1918 Junta del San itorio dispuso p ra la obra que V hoy presenta concluida y lista a prestar sus servicios, de las cantidades siguientes, en efectivo: Por empréstitos tomados en distintas fechas: Al Banco Anglo Costarricense C 150.000.00 A doña Elena Duran v. de López Callejas... 50 000.0; Efectivo recibido por Impuesto de Cerveza desde el 9 de octubre de 1915 al 30 de Junio de 1918 : 60.374.55 Efectivo recibido por impuesto de Bancos des- de el 25 de Julio de 1916 a 30 de Junio de 1918... 18.257.29 Efectivo recibido como parte de la Subven- ción del Supremo Gobierno, dinero pro- veniente del Impuesto de la Loteria Nacional, desde el 18 de Marzo de 1918. 4.16S.95 Saldo que al 30 de Junio de 1918 se debe al Banco Anglo Costarricense por resto (*) de intereses del mes de Junio de 1918... 1.141.06 Suma (¡t 283.941.85 En efectivo, pues, la Junta ha manejado del 9 de Octubre de 1915 al 30 de Junio de 1918, y por partes, a medida que entraban impuestos o que se hacían empréstitos (£ 283.941.85. Además, la Junta guarda como documentos a cobrar para amortizar en su oportunidad parte de (*) 18 días después, el 18 de Julio de 1918 se pagaron esos C 1.141.06 de intereses y se amortizó la deuda en (£ 3.362.19. la deuda, (Jp 7.220.70 en giros expedidos por el Su- premo Gobierno. Desde el Jo. de Mayo de 1916 el Doctor don Carlos Durán, por ser Presidente de la Junta del Sanatorio y Director de las obras, ganó, de acuerdo con la Ley Orgánica, (Jp 400.00 mensuales hasta el 31 de Diciembre de 1917, exceptúese el mes de Octu- bre de 1916 en que, debido a enfermedad del Dr. Durán, desempeñó el cargo de Presidente interi- no el Doctor don Teodoro Picado, lo cual dá una suma de (Jp 7.600.00; pero esta cantidad no mermó el haber porque el Doctor Durán donó esa suma a la Institución. Los (JP 283.941 85 se redujeron a (¡p 261.386-98 porque hubo que substraer (JP 22.554-87 para pagar intereses al Banco Anglo Costarricense y a Doña Elena Durán v. de López Callejas. La Junta tiene actualmente en caja, a su dispo- sición (JP 200.00 y $ 2.237,12 que calculados a los tipos a que se compraron representan un valor en colones de (JP 9.852-42 y quedan en el Banco de Costa Rica a la orden de la Junta (JP 1.816-35 que no se han in- vertido en las obras ni abonado todavía a la deuda. Por consiguiente estas tres cantidades serán restadas de los (JP 26J.386-98, quedando (JP 249.518-21. Además debemos restar a éstos (JP 249.518 21,1o pagado por las pólizas de seguro contra incendio del edificio, suma que monta a (JP 1.052-08, y asi tendre- mos que la cantidad invertida por la Junta del Sa- natorio Carit en la compra del terreno, los materia- les, el equipo y el pago de la obra de construcción del Sanatorio Carit es de (JP 248.466-13. Veamos ahora cómo se invirtieron esos.... (JP 248.466-13: La Cuenta de Gastos Generales de que al final se encuentra un cuadro detallado, comprende una 56 cantidad de colones relativamente pequeña si se con- sidera el total efectivo de que ha dispuesto la Junta. Esta partida de Gastos Generales monta a (J 8.088.25 El terreno que compró la Junta para edificar los edificios costó la suma de 10.716.20 En maderas la Junta ha gastado las siguientes sumas: A don Juan Freer (| 1.586.14 » » Roberto Tinoco 5.754.73 » » Alfredo Volio 1.989.06 » » Jorge Wilson Dagon... 737.32 » » Antonio Giustiniani 4.024.97 » » Carlos Sancho 5.496.63 » » Abraham Madriz 2.103.05 » » Francisco Céspedes 209.00 » » E. Bonilla 488.20 » » Jacinto Xirinach 287.54 » » Juan Gómez 31.25 » » A. Alvarado (vecino de Los Horcones) 237.37 » » Antonio Coto 17.10 « The San José and Puntarenas Lumber 20.730.11 43.692.47 En basas para los edificios, compradas a razón de un colón el metro lineal a las siguientes personas: Antonio Coto, Ananías Garita, Juan Rafael Gómez, Roberto Coto, Ale- jandro Alvarado, (vecino de Los Horcones), Cayetano Granados, Alfredo Volio 2.309.65 En materiales se ha gastado lo siguiente: Materiales manufactura extran- jera importados por medio de Montealegre y Bonilla.. (J) 33.473.19 Materiales comprados en plaza a las siguientes personas, consistentes en hierro gal- vanizado, clavos, tornillos, canoas, pintura, barillas de hierro, vidrios, cemento etc. A Fortich Espriella y C° 2.460.45 A Koberg y Echandi - 56.65 » Carlos Aragón 36.27 » Rivera y Co 2.663.40 » Gerardo Coma 452.45 » Clemente Rodríguez e hijos. 393.00 » Ferro-Carril al Pacifico 644.95 > R. Pacheco C 250.00 Pasan $ 40.430.36 65.806.57 57 Vienen $ 40.430.36 (jf 65.806.57 AJ. J. Aguilar 89.50 » P. Falsimag'ue 80.00 » varias personas... t 693.25 41.293.11 Cal comprada a don Indalecio Fallas 296.96 Caña de Castilla comprada a don Patrocinio Arrieta 320.00 Material para la instalación eléctrica dentro del Edificio 14.432.35 La lavandería, su maquinaria puesta en Los Horcones costó • 4.805.00 En la mano de obra se ha gastado lo siguiente: Sueldo del Dr. Teodoro Picado ‘como Presidente de la Jun- ta interino durante el mes de Octubre de 1916 (J 400.00 Sueldo del encargado de los trabajos desde el mes de Mayo de 1916 4.500.00 Jornales de peones, carpinte- ros, albañiles, pintores, etc. 25.682.20 Varios trabajos hechos por con- trato 741.60 Instalación de la Lavandería hecha por don Gerardo Ma- tamoros 780.00 Instalación de la cañería 1.588.65 33.692.45 En el acarreo de materiales se ha gastado lo siguiente: Acarreo a la estación de San José C 35.85 » de San José a Cartago (Ferro-Carril)-. 119.20 » de la estación de Cartago a la Bodega del Sanato- rio, hecho por Kicardo Alvarez 492.85 » de Limón a Cartago (Fe- rro-Carril) 5.508,74 » de Cartago al Sanatorio hecho principalmente por don Guillermo Tinoco... 13.421.76 19.578.40 En materiales y mano de obra de la construc- ción de un galerón para guardar materia- les y alojar a los trabajadores en el Sanato- rio, se gastaron 440.09 En herramientas 328.45 Valor de un caballo y una yunta de bueyes Pasan