OPUSCULO SOBRE HIGIENE DE LOS NflOS POR áQ)@LF@ BMÜL TICE - PRESIDENTE DE LA JUNTA DE HIGIENE, MÉDICO DEL HOSPITAL DE CARIDAD , CABALLERO DE LA LEGION DE HONOR. DOCTOR EN MEDICINA, Imprenta tipográfica á vapor, «alte de las Cámaras número 41. MONTEVIDEO. 1865. AL SEÑOR D. JUAN RAMON GOMEZ MINISTRO BE HACIENDA Usted que ha socorrido la infancia siendo Presidente de la Comisión del Hospital, que estableció un asilo para los Huérfanos desamparados durante la epidemia que en 1857 diezmó nuestra población: Reciba este homcnage. BRÜNEL, D. M. La Comisión Extraordinaria Administrativa de la Capi- tal, considerando de suma utilidad para las familias, las instrucciones higiénicas del Dr Brunel, publicadas en va- rios números de la Tribuna, ha dispuesto su reimpresión con las agregaciones hechas por el autor. PRÓLOGO. Después de haber publicado mis Consideraciones sobre higiene en general, he creído importante el ocuparme de la higiene de los niños cuya mortalidad es tan considerable en este pais. Nuestro objeto en este trabajo, es indicar el modo mas conveniente que debe seguirse para la educación física de la infancia, manifestando las verdades prácticas que consti- tuyen la verdadera regla de conducta ignorada por las per- sonas á que son esencialmente destinadas, es decir, á las madres de familia que tanto necesitan conocerlas. Alejar los curanderos de la cuna de los niños, y facilitar á los médicos el estudio difícil de las enfermedades de esos seres delicados, designando las enfermedades en todos los periodos de la infancia, ha sido mi principal fin. Disponiendo los materiales en cierto orden, he podido deducir las consideraciones prácticas que de ellos se des- prenden, y talvez conseguiré interesar á las nodrizas y á las buenas madres de familia, á punto de hacerles com- prender concienzudamente los deberes de su condición, aumentando su amor á las cargas que les ha impuesto la naturaleza. JUICIO DE LA TRIBUNA. Higiene tle los niños. Es indudable que el clima de los distintos países, influye poderosamente en el desarrollo de la organización humana. Y también es innegable que raros son los pueblos que po- seen climas mejores que los nuestros. En aquellos la ciencia tiene que suplir lo que la naturale- za les niega. En estos, la ciencia no hace sino ayudar á la naturaleza escasamente. No obstante; la falta de educación intelectual en las ma- dres de familia de estos países; la escasa instrucción que la mujer recibe en nuestros pueblos, les hace tropezar con un escollo en el hogar doméstico. Ese escollo es la primera lamentación del hijo que se en- ferma en sus brazos y para quien no tiene sino amor que darle, pero ninguna ciencia para arrebatarlo á la enferme- dad. ¿Quién, pues, podrá interesarse mas en la conservación de los niños que aquellas que se denominan madres? ¿A quién puede interesar mas la salud del hogar domés- tico que á aquella que con su amor lo llena? ¿A quién le conmueven mas las lágrimas del hijo que anuncian un padecimiento, sino á aquellas que se apropian ese dolor y luchan moralmente con la triste alternativa de amarlo y de salvarlo? 8 ¿Cuantas madres de familia, es decir, fuera del alcance de los facultativos, ven morir á sus hijos, sin que estos para, su salvación tuvieran mas necesidad que de una leve instruc- ción en quienes les dieron el ser? Ademas, laclase menesterosa de la población; la que está en la imposibilidad absoluta de recurrir á la ciencia de un facultativo para librar ásus hijos del yugo de las enferme- dades; ¿es justo que deje perecer sus hijos por no tener la grata tarea de tomar esas cartillas que les dan reglas y les prescriben un método para la conservación de la familia? Culpa de la negligencia, mas bien que de las enferme- dades, es la muerte de tantas criaturas en nuestros climas inmejorables. Las madres de familia deben, pues, leer lo que prescribe la ciencia para la higiene del hogar doméstico. Economizarán lágrimas y no verán con tanta frecuencia estrellarse su amor en la falta absoluta de conocimientos higiénicos. El Dr. Brunel se ha impuesto la tarea de ilustrar á las ma- dres de familia, publicando, bajo el epígrafe que encabeza estas lineas, un método fácil y á la altura de todos, en el que prescribe un cierto número de reglas, cuya observancia podrá evitar infinitas enfermedades. El Dr. Brunel ha querido con esto introducir una mejora positiva en beneficio de nuestra población. Ha atendido á una exigencia que se hacia necesaria y que su trabajo ha venido á poner de relieve. Esta tarea tiene un doble prestigio; el que le dá la ciencia, y la autoridad de quien la hace, garantida por una larga esperíencia. Recomendamos, pues, á las madres de familia, la lectura y aprendizage de este sencillo método publicado en la 7n- buna por el Dr. Brunel. OPUSCULO SOBRE HIGIENE DE LOS NIÑOS La ciencia es la que contribuye á mejo- rar á la humanidad; ella eleva al hombre, y lo pone en estado de producir cosas estraordinarias; es así, que una sola planta descubierta por el naturalista, pue- de cambiar la faz económica de un pue- blo, dando nacimiento á una industria que vá á alimentar una porción notable de la humanidad. Si el hombre trae al nacer una organización que las mas veces decide de su temperamento y de su constitución, ese ser es por otra parte susceptible de recibir numerosas modificaciones por la acción de causas esteriores, de las cuales le ofrece mil ejemplos necesarios é inevitables, la misma naturaleza en que ejerce sus órganos. En la prime- ra edad de la vida es cuando puede adquirirlas, pues en- tonces son nuevas todas las impresiones, la organización posee toda su flexibilidad, y el alma reéibe el primer mol- de, profundamente conmovida por la novedad de los ob- jetos. Las impresiones de la infancia no se olvidan jamás;— cambian hasta las inclinaciones naturales de los ani- males. La fuerza de la primera educación se sobrepone á las instituciones de un país. iNTo es el clima lo que forma los hombres, ni tampoco son las leyes; el cambio que mira- mos en los pueblos de la tierra, sus costumbres y opinio- nes tan opuestas, solo provienen de la dirección que se imprime á la primera edad. La semejanza de carácter que se observa á veces entre el padre y el hijo, débese no á una disposición nativa, sino al resultado de las primeras impresiones recibidas. El amor á la patria no nace del sis- tema republicano ni del brillo de los puestos elevados, pero sí de la localidad donde hemos nacido, donde hemos amado, balbuceado las primeras palabras y recibido las primeras caricias ; así pues aquello que ha inspirado nues- tro primer afecto será digno también de nuestros últimos homenages, y las inclinaciones de la infancia exigen una buena dirección, tanto para la salud como para el desarro- llo de la inteligencia. La debilidad de la infancia, los peligros que rodean su cuna, los cuidados constantes y prolongados que exigen, las gracias naturales que la acompañan, la inocencia de su lenguage, y todas las esperanzas que le son peculiares, son otras tantas circunstancias, propias para motivar el interés que inspira esta edad de la vida. También, desde mucho tiempo nuestra atención se ha fijado sobre todas las cuestiones que se relacionan con la educación dfc la edad primitiva. Y liemos buscado hasta reunir en este artículo, todos los documentos que una observación esclarecida ha podido procuramos; recorriendo la estadística de la mor- tandad de la población de Montevideo, hemos visto que sucumben muchos niños desde el nacimiento hasta la edad de siete años, y que de esta mortalidad igualada casi á la de la edad adulta y de la vejez son causa los especí- ficos preparados en Norte-América, los que nos vienen de Europa y que los niños toman en grandes cantidades. Los curanderos,, ó el charlatanismo, este monstruo que se echa con preferencia sobre los niños, nos devora todos los años la mayor parte de ellos; cada uno que nos lleva es una familia destruida, es la esperanza de generaciones fu- turas. Los profesores del arte médico están confundidos con los que no tienen la menor nocion de él; los necios é ig- norantes juegan con Ja vida délos hombres; el empirismo mas peligroso, el charlatanismo mas desvergonzado, abu- san por todas partes de la credulidad y de la buena fé. Pululan en la campaña estúpidos curanderos, y las ciuda- des están infestadas de charlatanes que prodigan el vene- no y la muerte con una audacia que no se puede reprimir. Los hombres que ejercen ilegalmente la medicina se en- cuentran en todas las clases de la sociedad; los unos hacen creer á una madre desolada que su hijo ha recibido el mal de ojo; si és un herrero, si ec un zapatero viene con las manos callosas á fregar los miembros del cnfermito y á administrarle remedios de su preparación. Otros elojian al Le Roy y administran en gran cantidad este remedio violento á niños débiles y dicen que cuanto mas se toma mas se limpia; otros compran frasquitos á seis vintenes y los venden á madres infelices á patacón.—¡Cuántos padres de familia no tienen una farmacia homeopática en su casa déla que disponen, ellos mismos, para sus hijos! Los hi- drópatas emplean el agua fria, y la aplican á los niños de tierna edad, como á los septuagenarios. ¡Cuántas pulmo- nias producen sin saberlo! Irigoyen es una de sus víctimas recientes. Lo peor es, que hay al frente de estos curande- ros, un monstruoso Janus ó cabeza de zorro y de lobo que con los ojos vendados lleva la bandera muy alta y abre por todas partes las puertas al charlatanismo, burlándo- se de las leyes del pais, prostituyendo públicamente la medicina. Todos estos hombres á quienes la profesión no les dalo bastante para mantenerse, aplican la codicia y la especulación al nombre de caridad (1). ¡Cuándo llegará el dia en que la importancia de la vida física y moral del pueblo no será una quimera, merecien- do la atención de las autoridades, las garantías de segu- ridad y de porvenir de los ciudadanos! El estado moral de la soci dad no modifica por sí solo la salud pública. El legislador, el moralista, el filósofo, el médico deben concurrir todos en su esfera á corregir los defectos de la especie, ála represión de los vicios, á la curación de los males de cada miembro de la sociedad Es preciso no olvidar que la sabiduría, en la desmoralización délos pueblos, influye poderosamente sobre las produc- ciones de bis condiciones físicas en medio de las cuales viven. Sin embargo, les toca mas al legislador que á los otros constituir el equilibrio social entre lo justo y equitativo y lo inmoral y recriminativo. Si la sagrada misión de los que están llamados á ser los fieles intérpretes de esas mis- mas leyes, no fuese otra cosa que un vano é ilusorio nom- bre, bien poco tendría que esperar la sociedad de sus go- bernantes, que aparecerían lanzando á la humanidad el mayor ultrage que podida hacérsele. Todas las sociedades, aun las menos cuitas del globo, conservan sus leyes que las garantizan mas ó menos, se- gún el grado de civilización que las distingue y garantiza. ¡Qué misión mas grande y sublime puede igualarse á la de (1) Yeanse las penas severas decretadas por el Rey de España el 21 de Noviembre de 1737, considerancomo muy grave el delito de inclusión en el arte de curar, y de muy funestas consecuencias: « Los que ejerzan sin títulos legítimos las profesiones de médico y cirujano iucurren por Ja primera vez en 500 ducados de multa y el estrañamienlo del lugar de su lesideucia á diez leguas en con- torno; por la segunda, en destierro de la provincia y 2000 ducados de multa, por la tercera en 2000 ducados y seis años de presidio. un gobierno ilustrado que vela constantemente por la se- guridad y porvenir de sus súbditos, por la rectitud de su administración de justicia! ¿De qué valdrían las mayo- res riquezas de los pueblos ni su incalculable grandeza constituida por su posición geográfica, por la fertilidad de su suelo, por la abundancia de sus producciones, por sus estensos y seguros puertos, por su apacible y salubre cli- ma, si la sociedad se encontrase entregada á sus propias fuerzas y abandonada á la triste eventualidad de la sor- presa de toda suerte de atropellos? En este país, su sistema gubernativo, su. legislación, su administración de justicia, etc., parecen llenar sus nece- sidades; sin embargo, dejan aun un gran vacio si se es- tiende al punto importante que hemos tocado (1). (1) El año pasado un ministro de gobierno, pisoteando las leyes del país, di ó un decreto en favor de los charlatanes apreciando mal la dignidad de la medicina y teniendo poca consideración hacia los in- tereses de la moral. Hoy todavia no ha sido derogado ese decreto, y no obstante hace cuatro meses que tenemos por gefe del Estado á un hombre ilus- trado, un doctor en medicina, que ha empleado mas de 12 años en estudios para obtener ese título. ¿Por qué marchar al retroceso cuando el país pide progreso? ¿Por qué rebajar al médico que abraza en sus estudios al hombre físico y al hombre moral, como todo lo que le modifica sano ó enfermo, que son las condiciones de la medicina mas nobles y mas necesarias al género humano ? El Emperador délos Franceses, comprendiendo los beneficios que la medicina puede prestar aun en las corporaciones del Estado, ha llamado hombres distinguidos al Cuerpo Legislativo que se forma de todos los ciudadanos indistintamente, y el sabio Senador, el ilustre Humas, acaba de prestar á la Francia y al mundo entero un impor- tante servicio con un discurso pronunciado en el Senado, en el cual anonada con toda su elocuencia á la homeopatía, con motivo de una solicitud hecha por los médicos homeópatas para introducirse en los hospitales de Paris, sin concurso. Hé aquí un extracto del discurso que pronunció el ilustre Humas en el Senado el Io de Junio de 1865. I><- las madre» de familia. Es á las sensibles y previsoras madres que vamos á ha- blar,—son ellas las que deben cultivar las tiernas plantas, y formar tempranamente un círculo al redor de sus hi- jos contra la ignorancia y la codicia. La primera educa- ción desde la mas tierna infancia es la que importa mas, y «No quisiera fatigar al Senado con detalles. Algunas citaciones, sin embargo me son indispensables para mostrar, que nada he avanzado, que no sea la perfecta verdad. El informe del honorable Sr. Thayer, habla por ejemplo, de los progresos de la homeopatía en los establecimientos hospitalarios de Londres. Eh bien! he aquí una nota que es el resultado muy auten- tico del examen hecho en Lóndres por dos personas que la Asistencia pública de Paris ha enviado allí. Resulta de esta neta, que no hay en Lóndres sinó un solo hospital homeopático, como también hay uno solo para el magnetismo. Hace diez y ocho meses aquel hospital contenia cincuenta camas; cierto número de ellas estaban vacias y otras estaban ocupadas por enfer- mos destinados á sufrir operaciones quirúrjicas. En fin el hospital homeopático, ha parecido á los enviados de la Asistencia pública, no presentar nada serio. Se ha citado también la Alemania y especialmente la ciudad de Viena, como remarcable por sus establecimientos homeopáticos, y se ha agregado que nada era mas natural siendo Ja Alemania la cu- na de la homeopatia. Eh bien! lie obtenido de un módico Alemán muy distinguido, que actualmente se encuentra en Paris, que en Yiena no existe sino un solo servicio homeopático, y que este servicio, no es oficial. Ninguna otra ciudad de Alemania, comprendiendo á Leipzick donde la homeopatia ha tenido origen, ha establecido servicio homeopático oficial. La nueva medicina no es practicada, sino en algunos establecimien- tos privados, especialmente en los religiosos, y en ellos sus adeptos son módicos que viviendo mal de la medicina ordinaria, esplotan las tendencias del hombre á amar lo misterioso. Estos son los datos que nos han suministrado respecto á la Alema- nia. esta primera educación pertenece incontestablemente á la mujer. Desde que son madres, salen del dominio ordinario de la vida, no se pertenecen, se deben en cuerpo y alma al tierno ser cuyo desenvolvimiento físico y moral van á pre- parar. Se ha citado también á la América, y especialmente al Brasil. Eh bien! En el Brasil existia en 1855, en Rio Janeiro, un establecimiento homeopático que tenia una gran yoga; la nueva doctrina gozaba de gran confianza en el Imperio del Brasil—Hoy aquel establecimiento de Rio Janeiro lia dejado de existir. Podría continuar este estudio de los hechos, pero un mayor exa- men creo que seria sin utilidad—Eo que be dicho basta para mos- trar, que aceptando Jos hechos consignados en el anuario homeopá- tico, se han de tomar por verdaderos y actuales ios hechos que han desaparecido. Refiriéndome álo que sucede en Francia—En Lion la doctrina ho- meopática ha perdido mucho terreno. No existe sino un solo médico homeopático ortodoxo;—los otros siguen la medicina eclictica, ó si- guen alternativamente el uno ó el otro sistema, según place á los en- fermos. Loque digo de Lion podría decirlo de otras localidades y princi- palmente de París.» El honorable Senador cita las conclusiones de este informe, que prueban en resúmen, que la homeopatía está fondada en errores palpables que chocan al buen sentido y que no podrían resistir al examen. Agrega, que la farmacopea homeopática no merece confian- za, y que en definitiva, no podrían decidirse á declarar que las nue- vas doctrinas médicas son una ironía ó la invención de un cerebro delirante. La Junta Económico Administrativa admite certificados de defun- ción dados por hombres que la Junta de Higiene ha rechazado como médicos y que la moral debe reprobar. Si se quiere saber porque esta última corporación ha tomado esa medida respecto de los certi- ficados, bastará decir que ha sido con el objeto de evitar que los curanderos espida papeletas de sepultura para que se cntierren vivos. Hace como cuatro meses que un gefe político de departamento de la campaña ha, destituido un médico de policía de sus funciones, sin avisar á la autoridad competente. Si la naturaleza al ponernos en la tierra tan débiles é indefensos no nos ha dado en la época de la infancia el ins- tinto que hallamos tan desenvuelto en ciertas clases de se- res muy inferiores al hombre, es porque ha dotado á la muger de esos sentimientos especiales que la ligan á lo que tan dolorosamente ha dado á luz, y por otra parte ha sido provista de los órganos que deben preparar el ali- mento que en nuestra debilidad é impotencia seriamos in- capaces de procurárnoslo. ¡Madres y nodrizas de nuestra infancia que poseéis vuestros encantos, no los abandonéis, haced valer vuestras virtudes! La primera fundación de una sociedad humana fué una madre de familia. Fué alderredor de ella que desde el principio los hombres errantes se reunieron y se fijaron. Es en sus brazos que hacen gustar á los hombres la felici- dad de ser en el curso de la vida hijos felices, amantes fie- les, esposos constantes y padres virtuosos. Ellas pertene- cen al género humano, lo recuerdan siempre á la huma- nidad en sus sentimientos naturales y también en sus pa- siones. La muger debe ser considerada como el alma de la re- producción, como la propagación indefinida de las genera- ciones y de las sociedades futuras. Fuente fecunda y sa- grada de la vida, la muger es la criatura mas preciosa de la naturaleza; de ella surgen Jas generaciones que se «u- --ceden y se sucederán en la continuación de los siglos ; en una palabra, es un ser vivo que nos abriga en su seno, que nos amamanta con sus pechos, que nos adormece entre sus brazos cariñosos, protegiendo nuestra infancia con sus esquísitos cuidados, con su sublime ternura. Muger, ma- dre, honor de la creación, esperanza constante de la pa- tria ¡qué eterno homenage os debe todo el universo, á vo- sotras que sois la mas bella, la mas interesante yla mas preciosa mitad de nosotros mismos! Sin vosotras, los dos estremos de nuestra existencia carecerían de apoyo y la mitad no tendría ningún encanto. Hablar á los hombres de artes, de ciencias, de gloria, de libertad, no es mas que interesar á un pequeño nú- mero; pero hablarles de ese sexo que comparto con ellos las necesidades de la vida y soporta solo el poso de la ni- ñez; de ese sexo que merecería designarse con el nombre de industrioso, de consolador y de nodriza, sino se le hu- biese dado por exelencia el de bello, y que naciendo en número igual á ellos por todo el universo, parece el solo bien que la naturaleza ha repartido á cada uno en particu- lar, hablarles así es dirigirse á todo el género humano. Aunque los pueblos modernos hayan acordado la glo- ria para la virtud de los hombres y la oscuridad para la de las mugeres, por la injusticia misma de esa desigualdad han hecho resaltar que estas estaban mas naturalmente dispuestas que aquellos. Educad la rauger en la práctica de los deberes sociales; dadle en la sociedad el verdadero puesto que le corres- ponde, y veréis si no desempeñará noblemente su mi- sión, si frecuentemente no sobrepujará al hombre en con- cepciones intelectuales, en prodigios do abnegación, de desinterés maternal, conyugal y social. ¿No la vemos so- portar con heroicidad los padecimientos mas grandes de la vida, la calumnia, el dolor y la muerte, con mas corage y resignación que los hombres? No solamente la mayor parte de los crímenes públicos no son su obra, no sola- mente son mas humanas yr mas dulces, sino que hay en todos sus actos una gracia y un atractivo que les es pe- culiar. Mucho* hijos han alimentado á sus padres en la in- digencia, pero ¿hay algo mas admirable que aquella joven que imaginó alimentar con su propia leche á su madre condenada á morir de hambre? Earo privilegio de la muger rodeada del prestigio de la maternidad; predominio que lejos de debilitarse con los progresos de la civilización toma mayor incremento con el impulso que de aquellos recibe el sentimiento filial, como si la sumisión á esta autoridad que dispone de la voluntad del hijo, fuese divinizándose á medida que el entendimien- to humano vá profundizando ios arcanos de la naturaleza y procura con ardoroso afan emanciparse de toda otra de- pendencia! El hombre, sea cual fuere su rango y posición, debe á la madre el gérmen del sentimiento y de su primer desarro- llo. ¡Feliz aquel que ha podido elevarse en alas de una sabia y fecunda inspiración adquirida bajo la dirección de una madre prudente y virtuosa! Ese debe estar orgulloso del Mentor que le ha señalado la naturaleza. Es pues incontestable el irresitible influjo de la madre sobre el corazón de sus hijos, y no hay duda de que los hombres serán siempre lo que ellas quieren que sean. Esta verdad, mil veces repetida, encierra todo un criterio para esplicar la mayor parte de los fenómenos sociales que tan- tas veces hicieron estremecer á los pueblos. la infancia. Hemos querido hablar primero del molde del género hu- mano, demostrando lo que es la muger, lo que es la ma- dre de familia. Tamos ahora á ocuparnos de la infancia, á observar su organización y desenvolvimiento desde el momento de salir á luz hasta el instante en que puede vivir por sí mismo y dirigirse en los actos exteriores de la vida. No hay cuestión alguna de económia política, de inte- reses generales y privados, que ofrezca mas importancia que la que atañe á la educación física y moral del hombre. Los estudios que he hecho me han conducido á pensar que 19 la deterioración de los facultades físicas depende esclusi- vamente de la manera especial con que se dirijen los cui- dados de su primera infancia. La educación del hombre desde su nacimiento hasta la adolescencia es casi esclusi- yamente abandonada al instinto de las madres, al coma- drazgo y preocupaciones de las nodrizas mercenarias. Es preciso convenir en que el hombre puede ser asimi- lado á los domas animales; pero no debe olvidarse el per- feccionamiento á que son llamadas sus facultades intelec- tuales y morales, si se cuida con solicitud de la propaga- ción y del desenvolvimiento físico de la especie, no per- diendo de vista la perfectibilidad de las facultades inte- lectuales que pertenecenesclusivamente al hombre. Se pueden considerar los límites de la primera infancia el tiempo que se pasa al principio de la vida extra uterina al fin del trabajo de la primera dentición, es decir, á la edad de dos años; es entonces que si no hay retardo en su desarrollo, el niño espresa ya su pensamiento en un lenguaje mas ó menos imperfecto. En el niño salido del seno de su madre, la superficie del cutis y los órganos de las sensaciones, lejos de estar en las aguas del amnios, están en contacto con un nuevo agente atmosférico que puede ser en cierta circunstancia un agen- te irritante. Dorante la infancia, el desenvolvimiento de los órganos presenta importantes fenómenos: he aquí los principales El niño en el momento de su nacimiento tiene de cuarenta y seis á cincuenta centímetros de largo; el cútis es de un rosado que oscurece algunas horas después del nacimien- to; está todo cubierto de una sustancia sebácea. El cuerpo está mas ó menos encogido, los miembros están medio do- blados La constitución general está débil, el cuerpo blan- do, en todos los tejidos predominan los fluidos blancos só- brela sangre, lo que le dá una constitución eminentemen- te linfática, los aparatos mas desarrollados son los de la nutrición y del sistema nervioso; el encéfalo aunque volu- minoso está todavia en un estado de inperfeccion notable. Esta desproporción en las diversas regiones de los di- versos órganos del cuerpo, tiene una tendencia á desapa- recer diaá dia á medida que el niño avanza en edad; en- tonces pierde su susceptibilidad, la flogedad de las carnes se endurece, el calor se distribuye con mas regularidad en las estremidades, y el frió no le impide buscar el movimiento que. es el remedio de esta desagradable impre- sión. Desde que el niño sale á luz, conviene proceder inme- diatamente á limpiar su cuerpo, lo cual se consigue con aceite ó con manteca estendiéndola por suaves fricciones de la cabeza á los pie's, y principalmente en los pliegues del cuello, en los intersticios de la piel de los sobacos y á lo largo de la columna vertebral. Tomando al niño así trotado, se le sumerge en un baño de 28 á 30 grados cen- tígrados, y con una esponja suave se le quitan siempre con grandes cuidados las sustancias que lo cubren. Sacado el niño del baño debe ser colocado en las faldas de una muger que, munida de una servilleta ó lienzo lo mas fino posible y calentado de antemano, le enjugará y desembarazará de algunas manchas que ni el. aceite ni el agua hubiera podido quitar. Una vez bien seco el recicn nacido, importa proceder al prolijo y minucioso examen de sus condiciones físicas, asegurándose de que no tiene ningún vicio de conforma- ción que pueda oponerse al cumplimiento de alguna fun- ción . El hombre produce tanto menos calórico cuanto mas joven. Es pues necesario cubrir en vista de esto, y abri- gar á un niño recien nacido. Para taparlo se debe emplear abrigo suave, vestidos de tejidos poco conductores de caló- rico. Al niño recien nacido se le deben dejar sueltas las piernas y los brazos, y no como hacen algunas familias que tienen á los niños apretados; los inconvenientes que tiene es mantener los brazos y las piernas en un estado de estension continua sin permitirle ningún movimiento. En- tonces los niños hacen esfuerzos inútiles que cansan las fuerzas, comprimen el pecho y el vientre, é impiden la circulación de la sangre y el desarrollo del cuerpo, á una edad que es indispensable que se haga con completa li- bertad. Desde que las fuerzas le permitan al niño levantar la ca- beza, se sienta, se levanta, debe moverse sobre una alfom- bra rodeada de almohadas que le guarden de algún golpe. Cuando se para y comienza á caminar, es necesario prote- jer su cabeza con una vincha elástica y lijcra que deje la circulación libre. Es preciso prevenir á la madre contra la increible y es- túpida práctica rutinera de las parteras y de ciertas ma- tronas que quieren pretender remediar las imperfecciones de la naturaleza, estrujando la cabeza de los reden naci- dos con el vano } ridículo pretesto de volver á esa parte el aspecto y la armonia que el trabajo del parto parece haber ligera y momentáneamente comprometido. Madres inteligentes, y previsoras, guardaos de prestar vuestro asentimiento á tales proposiciones y velad porque esas maniobras no se efectúen sin saberlo vosotras, por- que tendréis muy frecuentemente el dolor de destruir im- prudentemente lo que tanto os ha costado formar y con- servar. Hay un punto importante sobre el cual es útil insistir; cuando una habitación es demasiado estrecha, es preciso no dejar á la criatura al lado de la recien parida, y si es posi- ble,cambiarla de hospedaje y con mas razón se debe evitar colocarla en el mismo lecho. Estas precauciones serán 22 entendidas, si se reflexiona sobre el estadopurpural de la madre, las exalaciones que le es peculiar á su estado, y el olor que resulta de las logias y de la secreción de la leche. El calor bastante del ambiente, su renovación fácil, sin corriente de aire, son igualmente los cuidados higiénicos importantes que se deben observar. Evitar la acumulación de los niños ú otras personas en la alcoba ; la demasiada cantidad de individuos en un mismo cuarto, presenta numerosos inconvenientes ; es ne- cesario evitarlos ó hacerlos desaparecer cuando existen. En los primeros meses que siguen al nacimiento, el uso de los baños es útil, ¿Pero qué especie de baños se debe preferir? Hay un gran número de médicos que aconsejan el habituar a los niños al baño frió, á fin de entonar su constitución y de prepararle una salud buena para el por- venir : ello no es de mi opinión. En los niños el baño frió hace bien algunas veces, es cierto, pero es verdad también que su uso es seguido de resultados opuestos á lo que se espera. Mi opinión es de no emplear el frió á medida que una alimentación mas sustancial y de movimientos mas fuertes no se lo permitan. Desenvuelve el calórico en mas gran cantidad y aparece menos sensible al frió que á medi- da que tiene fuerza para soportarlo. La grande susceptibilidad de los niños por el frió, debe hacer preferir para ellos el agua caliente ó templada. La calorificación, función nueva, es todavia poco enér- gica, no dá al niño una fuerza bastante grande para re- sistir á un frió considerable. Y no es raro el ver bajo esta temperatura el calor natural del niño disminuir la vida, apagarse, sin que la autopsia revele ninguna lesión en los órganos. El enfriamiento es fácil, y si no se tiene cuidado de mantener sobre todas las partes del cuerpo un calor sufi- ciente, Jas estremidades toman un color violeta, se en- frían, se hinchan, los labios toman un color azul, la cara palidece, y el niño queda casi sin vida en su cuna. El frió es tanto mas pernicioso en los recien nacidos que son de una constitución mas débil, mas delicada, sobre todo si ha nacido antes de los nueve meses. Se sabe en efecto que calor artificial es preciso emplear para que los niños puedan franquear felizmente los primeros tiempos de su existencia y cuando el enfriamiento les es perjudi- cial. La primera circunstancia que debe merecer la solicitud del médico y de la partera llamados á asistir al recien nacido, es la impresión mas ó menos súbita, mas ó menos directa del frió. Todo el mundo está en posición de apre- ciar que, según la estación, según la disposición de la ha- bitación, el niño al salir á luz sufre de una manera mas ó menos inmediata la acción del aire, que según la estación y la elevación ó el descenso de la temperatura puede serle benéfico ó dañoso; en razón de la temperatura elevada á que el niño ha estado espuesto durante los nueve meses de la gestación, debe ser necesariamente mas impresio- nable á las alteraciones de la atmósfera, á pesar de todas las precauciones que se puedan tomar para moderarla todo lo posible. Es muy comunmente a esta falta de cuidados especia- les que se debe atribuir el desarrollo de esas oftalmías mas ó menos agudas, tan terribles, tan difíciles de curar entre las tiernas criaturas. A la impresión súbita de una temperatura muy fria y húmeda, débense también atri- buir las pleuro-pneumonias que no dejan de comprometer seriamente la vida de aquellos desgraciados, y es sobre todo en esos puntos donde el tétano espontáneo es fre- cuente y proviene de las mismas causas. Sobre el cútis, la acción del aire frió y húmedo ocasiona la lotera, la Edema del tegido celular, y accidentes nervio- sos que vienen caii siempre á presentarse y con facilidad ocasionan la muerte. Es lo que vemos en estos parages cuando reinan los vientos sud y sud-oeste. Resguardar al niño del frió • hé aquí las precaucio- nes que son necesarias : una cama conveniente y un abrigo bastante para oponerlo á la acción del aire, sin que sin embargo la cama y la ropa en la cual se tiene al niño, sea demasiado pesada y no impida que el aire se renueve. Un cuarto caliente y de una capacidad reconocida, á fin que sea puro el ambiente que se respire. En Montevideo, donde se construyen tantas casas nue- vas, débese recomendar que se coloquen estufas en ellas. Las creo indispensables para disminuir el frió y la hume- dad, haciendo notar que si la humedad de las casas es contraria á la salud de las personas en general, ¿con cuán- ta mas razón no lo será para los recien nacidos? Por esto es que si á pesar de todas las precauciones la casa es hú- meda, se debe tener con el debido abrigo al recien-nacido, porque cada impresión de frió afecta dolorosamente á un cutis que consiste apenas en la epidermis y que sale de un líquido que tiene una temperatura de 30 á 32 grados. Los experimentos fisiológicos y la estadística están conformes sobre este punto y comprueban la necesidad de no desa- tender este precepto. Los esperimentos fisiológicos establecen en efecto; Io Que la facultad productora del calor está en el grado mas ínfimo en el recien-nacido, siendo la temperatura to- mada en el sobaco, término medio, de 35° 75', tempera- tura que se aumenta gradualmente basta la edad adulta en la que es de 36° 12'. Re consiguiente, la necesidad de calor ha de ser mas grande, cuando el frió interior no tiene la misma actividad. 2o Que los niños de tierna edad son los que se enfrian con mas facilidad, y que de esa disposición á enfriarse de- pende la mortandad, lo cual fortalece mi opinión de pre- servarlos del frió. Las investigaciones estadísticas que se han hecho en Montevideo para descubrir si existe alguna relación entre la mortandad délos niños en la primera edad de la vida y el estado termométrico de la atmósfera, demuestran que la mortandad de losrecien-nacidos se relaciona con el frió. No solo dá el espasmo, que casi siempre es mortal, sino también otros accidentes no menos graves, como oftalmías interminables que pueden ocacionar la pérdida de la vista- Un sabio sacerdote, compadecido del estado en que veia á los niños que se llevaban á la iglesia para administrar- les el bautismo, aconseja que se les dé el agua de socorro á los recien- nacidos, sin llevarles allí hasta que pasen 30 ó 40 dias. Según este escritor, la traslación al templo será la causa de la considerable mortalidad de los niños cris- tianos que en la marca trevisiana forma mas de las dos quintas partes del total de los fallecidos, comparada con la de los judíos que en Padua y Ye ron a, á pesar de la dolo- rosa operación de la circuncisión, llega apenas á una quin- ta parte del total de los fallecidos. Varios autores se oponen con fundamento á toda tras- lación, ya sea á la iglesia, ya á casa de la autoridad civil. Por mi parte desearía que en Montevideo se adoptase una disposición por la que el encargado de llevar el registro de los nacimientos, pasase á las casas donde estos tuviesen lugar, á tomar la debida razón, lo mismo que los médicos dan el certificado de los que fallecen. Fundones de relación y de nutrición. Vamos á ocuparnos de las funciones de relación y de la nutrición, pues las de la reproducción quedan inactivas. Este primer periodo de la infancia empieza por un gran cambio, que consiste en el restablecimiento de la respira- ción. Apenas ha nacido el niño, sus gritos anuncian el princi- pio do Ja vida de relación; ellos son útiles para poner en juego la respiración y la inspiración; efectuándose hacen penetrar el aire en el pulmón, y entonces la respiración empieza para no interrumpirse hasta la muerte. Los pulmo- nes se hinchan por la penetración del aire ; este último se encuentra en contacto con la membrana mucosa pulmo- nar; esta mucosa se halla entonces con un nue\o agente, el aire atmosférico, y de consiguiente con los diferentes gases y sustancias cstrañas que contiene. Los pulmones, que eran de un color rojo oscuro y den- sos, se vuelven rosados, blandos y crepilantes; puestos en el agua antes, se precipitan al fondo, mientras que sobre- nadan á consecuencia, del aire que ha penetrado en los tejidos, y que también los ha hecho aumentar de volumen y de peso. Comenzada así la respiración, sobrevienen grandes cambios en la naturaleza de la sangre yen su manera de cir- cular. Desde luego, penetrando el aire en el pulmón, ar- teriza la sangre y desde ese momento puédese hacer cla- ramente en ese fluido la distinción de dos especies de san- gre; la sangre arterial y la venosa, como en el adulto. En segundo lugar, siendo arterial la sangre que es enviada á los órganos es mucho mas evitante, y por consecuencia im- prime como una vida nueva. En fin, la circulación cesa de hacerse como en los fetos. Al mismo instante empieza igualmente una nueva fun- ción, la calorificación, la cual está íntimamente ligada á la absorción del oxigeno por la parte pulmonar. Las absorciones están en razón del gran desenvolvimien- to del sistema linfático en esta época. Las nutriciones son muy activas puesto que todos los órganos crecen; pero obran mas sobre el sistema nervioso que sobre las otras partes. Las calorificaciones adquieren mayor energía gra- dualmente, porque el niño, á medida que adelanta en la vida, desenvuelve un calor específico mas grande. Las se- creciones excrementales participan de la gran actividad que tiene el movimiento nutritivo. Los sentidos En los primeros dias, el niño no manifiesta todavía nin- guna facultad intelectual y afectiva; satisfacer el hambre y el sueño, no sufrir, á eso parece reducirse toda su exis- tencia sensorial. Pero bien pronto llega el fin de este pe- riodo; primero entran en juego las facultades del corazón y de la inteligencia del niño; solicitado por las impresio- nes de los sentidos, comienza á conocer los cuerpos exte- riores, á balbucear alguna palabra, distingue á su madre, á su nodriza, á las personas que lo cuidan y con las cuales vive, y manifiesta el deseo de la voluntad. Ya puede te- ner algunas afecciones, algunas pasiones, dolores y ale- grías. Sin duda es bien débil todavía, pero entretanto re- conoce la fisionomía del hombre. A medida que la sensi- bilidad del niño se desenvuelve, aparece su semblante mas espresivo, sus ojos adquieren vivacidad y empieza á ensayarse en el lenguage convencional de la palabra. Aunque las funciones de relación hagan en este perio- do algunos progresos, están muy lejos de llegar á su com- plemento. El tacto en los primeros dias de la vida es to- davía poco marcado, y sin embargo está en ejercicio, pues el niño es sensible al frió del aire exterior, A medida que el cutis se desenvuelve, los sentidos se hacen mas activos, y al fin del séptimo mes el niño comienza á ejer- cer el tacto. El gusto entra probablemente en ejercicio desde el primer dia para probar el licor que el niño mama ó bebe. Posee también el olfato que es menos delicado porque es siempre mas tardío el desenvolvimiento de su órgano. El sentido del oido y de la vista, al contrario, no entra en acción sino hasta la quinta ó sesta semana, pero bien pronto adelantan como en edad mas avanzada; las sensaciones internas se presentan desde los primeros dias, sirviéndoles de guia para establecer sus relaciones con los cuerpos estertores. Con el mismo carácter que estas sensaciones orgánicas entran en juego los órganos some- tidos á la voluntad, manifestándose el hambre, la sed y la necesidad de respirar. Los llantos repetidos del niño son la prueba evidente de que esperimenta sensaciones móviles, sintiendo con frecuencia dolores y cólicos, por ejemplo. A medida que el niño crece, sus sensaciones son mas vivas, sus percepciones mas prontas y mas fáciles, su me- moria mas estensa, pero poco fiel, su atención vaga. Se encuentra en la infancia: la comparación que reúne las ideas, la reflexión que las modera, la razón que delibera, y el juicio que decide y pronuncia, está todavia sin desar- rollarse, el cerebro adquiere mas consistencia y aunque sigue aumentándose con rapidez, se deja adelantar por las otras partes del cuerpo de modo que su volumen va en menos proporción. El desarrollo de la inteligencia cami- na ála par con el del encéfalo, y cada dia alcanza un pro- greso en la inteligencia y en la corrección de las sensacio- nes por el razonamiento. En efecto, los mas grandes cam- bios que caracterizan los diversos periodos de la infancia, están ligados á los progresos sucesivos de las funciones de la vida de relación. El mundo esterior, se abre poco á po- co para el niño; los sentidos por los cuales la educación es lenta, pero continua; enseguida empiezaá conocer lo que le rodea. La organización de su cerebro camina á la per- fección, viene á ser el principio de sus facultades y coinci- de con el desarrollo mas ó menos sensible y gradual de sus ideas y de sus sentidos. Es con interés que se sigue toda- via, el engrandecimiento de las ideas del niño y el desar- rollo progresivo de su modo de espresarse. Tal es el primer periodo de la infancia; los aparatos que se muestran mas activos y que alcanzan el mayor desen- volvimiento, son los aparatos digestivos y nerviosos. Alimentación. Hasta el nacimiento, el niño encuentra preparados todos los elementos de su alimentación y por consecuencia de su desarrollo; pero al salir áluz, es decir, al dejar el seno ma- ternal, las cosas sufren un gran cambio. En adelante los materiales no llegan ya sanguiíicados, las vias digestivas empiezan á recibir sustancias nuevas a las cuales no esta- ban acostumbradas, y á la absorción vascular que basta entonces habia bastado para efectuar la nutrición, debe forzosamente añadirse una digestión; el niño tiene nece- sidad de alimento y este es la leche que le prepara una secreción de la madre ó una bebida análoga. El amamantamiento es una función que no solo cor- responde á las necesidades del reden-nacido, sino que en- tra también en las condiciones del equilibrio fisiológico de la madre. La naturaleza ha dispuesto la delicadeza de este alimento como para el poco poder que tiene el apa- rato digestivo de las criaturas. La leche, muy serosa des- de los primeros dias, se vuelve mas y mas consistente á medida que el estómago se desarrolla y adquiere mas fuerza; es tomada por succión, y este movimiento por algo complicado que sea, lo ejecuta el niño desde el primer momento, gracias al instinto. Entonces la boca posee la organización mas favorable para la ejecución de esc acto. Esa clase de alimento y la manera como se toma, hacen concebir porque en esta época los aparatos masticatorio y salival tienen todavía poco desarrollo. Durante las doce y aun las veinte y cuatro primeras horas del nacimiento, el niño no necesita mas por alimento que un poco de agua azucarada; los órganos digestivos no preparados al trabajo entran en acción y encuentran en la leche de la nodriza un licor amiláceo propio á debilitar su organización. El niño toma inmediatamente este licor en el pecho de la madre á la cual se encuentra unido por una especie de incubación prolongada; su digestión se hace con rapidez, fácilmente. Las necesidades se hacen sentir á menudo;—la leche de la madre, si le da el pecho, le es entonces útil por sus pro- piedades purgantes, pero es necesario observar que en la maravillosa atención de la naturaleza, no sea, prolongán- dose una causa de enfermedad. Si el meconium no está evacuado en las diez primeras horas, con un poco de ja- rabe de chicoria mezclado al aceite de ricino, se facilita la evacuación. La cuestión de la alimentación ofrece un gran interés, y debe siempre tratarse, antes del parto, del modo que será preferido para la alimentación del nuevo ser. Esta precaución saca su importancia del precepto de Hipócrates que dice así: « Pero como los tejidos del cuer- po varian con la edad y por el hecho del régimen que se sigue, )> débese comprender el interés que merece la elec- ción de una buena nodriza, y el cuidado que se debe tener para inculcarle las mejores reglas para alcanzar el cumpli- miento del deber que acepta. Esta cuestión es en efecto bastante complexa y debe ser decidida en general antes que toda otra. Ia ¿La madre alimentará ásu hijo? 2a ¿Será criado por una nodriza estraña? 3a ¿Será preferible, en fin, por una causa cualquiera, darle la mamadera? Lactación por la madre. Este modo de amamantamiento es el mas natural, el mas legítimo y á la vez el mas provechoso para los niños, puesto que les dá un alimento que la naturaleza les ha destinado. Todos los tratados de higiene aplicados á la educación de los recien nacidos, todos los autores que so han ocu- pado de la educación física y moral del hombre, han de- mostrado suficientemente la utilidad de la alimentación por la leche de la madre. En efecto, ningún alimento pue- de estar mas en armonía con el desenvolvimiento y con la idiosincrasia del niño, que la leche preparada por los pe- chos de quien le ha dado á luz, por aquella que lo ha lle- vado en su seno durante nueve meses a lo menos, sacado los elementos de su desarrollo embrionario y fetal; en- cuentra entonces los mismos elementos primordiales de los fluidos mas homogéneos, mas propios á la vitalidad del estómago. Hay mugcres en quienes las secreciones, y particular- mente la de la leche, son pobres y por lo tanto insuficien- tes para la alimentación de los niños. Estas raugercs no pueden dar el pecho á sus niños, y es mejor entonces la leche de una nodriza á falta de la de una madre enferma; sin embargo, mugeres de buenos sentimientos llenan con una virtuosa intrepidez el deber tan dulce que la naturaleza les impone, no queriendo di- vidir el derecho de madre, y rehusando consejos de la me- dicina, son victimas de su ternura; entonces la madre se debilita, ella lo siente; pero no tiene el valor para des- prenderse de su hijo; ella dice : Bebe mi hijo,—bebe, es mi placer, es mi vida, y muere por no dejarlo llorar. I¥odrÍ7-aB. Una vez admitida la cuestión de confiar un niño á una nodriza, es necesario buscarla, debiendo ser las condicio- nes de la elección á la persona y á la leche que dá, para dejar bien establecido el régimen de la vida. Las condiciones importantes para la elección de esta persona, para corregir la constitución de un niño, son que el temperamento y la constitución de la nodriza sean di- rectamente opuestos á los de la madre. Principalmente debe requerirse que consagre todos sus cuidados al niño que cria y no á varios á la vez (1); que no se entregue á un trabajo penoso ni á ocupaciones mal sanas; exijir que se alimente convenientemente, sin exe- so, y que en nada cambie su género de vida habitual; (lj Yarios facultativos de Francia lian tenido la idea de fundar una Sociedad protectora de la infancia, observando que jamas lia sido mas necesario prestarle protección, que en les liempos actuales. Hé aquí lo que dicen bajo el titulo de Falsificación de las nodrizas: « Hé aquí el mas reciente y por cierto el mas odioso de los mil frau- des que lia visto nacer nuestro siglo y que en París presenta cada dia una nueva variedad. Sale'de cuidadovuestra mujeryenel mismo dia se presenta bajo el nombre de nodriza una campesina con todos los atri- butos esenciales de la profesión. La patrocina y Ja acompaña un in- dividuo bien vestido; hecho el exámen y arregladas las condiciones, se lleva á vuestro hijo. Todová bien; pero ¡ay! [mientras que aplaudís vuestra elección, tres ó cuatro padres de familia hacen lo mismo con iguales motivos. La afable campesina ha conseguido media docena de niños para criarlos ¡nó! de pobres victimas condenadas al régimen ma- tador de la mamadera, y hé ahí la faz comercial de esa combinación y sus beneficios netos. Todo el tiempo que sobrevive uno de esos desgraciados niños, se recibe el sueldo de nodriza sin ningún traba- jo, ysi llega ¿fallecer, son el croup, déla disenteria ó la fiebre ce- rebral, los responsables de todo. No os asombréis pues de que la po- blación vaya en decadencia. » Recomiendo á las damas de la Sociedad de Beneficencia de Monte- video, el visitar ¿menudo d las nodrizas en su casa, porque un gran número de niños que se les confia tienen solamente pretendidas no- drizas que en vez de alimentarlos con sus pechos lesdan la mamade- ra y no reciben siquiera los cuidados que reclama ese género de ali- mentación. Igualmente por ese medio puede descubrirse si en efecto crian solamente al niño que se les ha confiado. evitar que use una alimentación mas abundante y fuerte, pues sábese la influencia que ejerce el alimento sobre la composición de la leche, á punto de comunicarle las cuali- dades deletéreas ó aromáticas especiales que permiten re- conocer la presencia de los principios. A mas de las cualidades físicas indispensables á las no- drizas, debe procurarse en ellas que sean sosegadas, de sangre fria, ó sin aquellos movimientos de impaciencia que suelen tener muchas; porque sino tienen estas cua- lidades, es imposible que desempeñen bien aquella tarea. El estado moral modifica la leche, y obra sobre el sistema nervioso de la criatura. Cuantas convulsiones, cuantas epilepsias infantiles pro- vienen de las emociones de la nodriza ! Una nodriza mercenaria debe ser registrada antes de ser admitida por el médico, quien debe examinar con detención toda la persona y completar el examen con el empleo del spe- culum;Á ese precio solo, los padres confiarán la seguridad de la salud de sus hijos; ningún escrúpulo, ninguna resis- tencia deberá detener al médico, sobre todo en las muge- res de color, casadas ó no; pero se preferirán las que sean casadas por ofrecer mas garantías de orden, de buena con- ducta y de tranquilidad moral. Sin esa averiguación mi- nuciosa, las enfermedades contagiosas penetrarán en el seno de las familias mas sanas por conducto de las nodri- zas. Es preciso no olvidar que las nodrizas mercenarias dán con la vida el principio de las pasiones, la fuente de todas las enfermedades. En general deben tomarse nodrizas de 4 á 6 meses de leche; entonces han alimentado sin peligro á su propio hijo y se han restablecido de las fatigas d< 1 parto; pero no deben tomarse nodrizas cuya leche tenga diez ó mas meses, porque ella carece ya de las propiedades de que necesitan los recien nacidos. El análisis químico puede dar el conocimiento de las proporciones de la manteca, de materia quesosa, de azú- car, etc., pero es mejor que el médico se valga del micros- copio por ser un procedimiento de esploracion pronto, fá- cil y seguro para convencerse de la buena calidad de la le- chc; observar las alteraciones mórbidas que hubiese sufri- do y su continuación por las substancias mucosas, puru- lentas y sanguinolentas. Si el niño estuviese en buen estado, es inútil entrar en averiguaciones; porque si la leche fuere (laca, no le seria alimento suficiente y le causarla diarrea, vómitos, algunas veces el muguet y siempre enflaquecimiento; y sí por el contrario la leche no conservase las proporciones conve- nientes en cuanto á las necesidades de las fuerzas dijesti- vas de la criatura, se notaria en esta, penosa dijestion, aji" tacion, entorpecimiento, cólicos, cu una palabra, toda vez que tomase el pecho, tendría una indigestión. Se comprende pues, cuanto importa distinguir estos dos estados enfermizos y opuestos á que puede estar sujeto un niño de pecho. Si la leche que toma el niño es suficientemente nutriti- va, no debe mamar mas que de tres en tres horas. Poco después que ha dejado el pecho, debe estar satisfecho, y si llora, es que tiene sed, necesita entonces darle un poco de agua azucarada y no volverle á dar el pecho. No se puede especificar matemáticamente la cantidad de leche que conviene dar al niño cada vez, porque es preci- so reconocer que la proporción puede y debe necesaria- mente variar según la calidad de la leche y según la edad, la fuerza ó debilidad del niño. La cantidad de alimento muy copiosa ó muy pequeña, en la infancia, ofrece graves inconvenientes y es por esa práctica perjudicial y rutinera que se desarrollan las ente- rites muy pronto mortales. Cuando por casualidad los ni- ños pueden resistir, es generalmente el punto de partida de todas esas enfermedades de carácter mas ó menos cró- nicas é intermitentes que vician la constitución de los niños y señalan su paso con alteraciones orgánicas mas ó menos indelebles, contra las cuales se procuran en vano todos los recursos que puede emplear la medicina. La leche debe ser tomada en suficiente cantidad y ser su- ficiente reparadora; estas dos condiciones son de la mayor importancia, pues su ausencia es casi siempre, en las cla- ses inferiores de la sociedad, el principio de las enferme- dades que atacan al organismo. El vómito es muy fácil en los niños, y se observa desde el nacimiento, que el niño vomita una parte de la leche que ha acabado de tomar; y si el vómito se repite, es evidente el signo de una dolencia en las vias dijestivas. Es importante habituar al niño á no mamar durante seis horas consecutivas cada noche, co mo de las diez á las cuatro de la mañana; si se despierta se le dá leche con agua de cebada, toma entonces la ma- madera, y deja de este modo el descanso necesario á la ma - dre para recuperar sus fuerzas. Es necesario acostumbrar desde temprano al niño á la mamadera; con el uso de es- te instrumento puede tener un recurso único; y desde los primeros dias de la vida del niño se debe pensar en preve- nir, por la costumbre, las dificultades que pueden presen- tar tal ó cual medio probados por la primera vez. A medida que un niño avanza en edad, lo que se debe calcular por meses ó por semanas, habrá que disminuirle el alimento que le proporciona el seno de la nodriza, bas- ta no dárselo, sino cada tres horas, si es que cada vez pue- de tomar una dosis suficiente de leche. Hasta los seis meses, el único alimento del niño, será la leche de la nodriza; otro alimento es prematuro y le causa incomodidades y un sin número de enfermedades; por- que como no guarda proporción con las facultades dijesti- vas de la criatura, le ocasionan diarreas, indijestiones, empachos aldominaJes, erupciones diversas, y de ahí lo conduce al raquitismo, desde que el organismo no puede elaborar convenientemente los materiales que recibe ni proveer á su nutrición en el estado íisiolójico de esa edad. Cuando la nodriza es robusta y tiene en abundancia una leche sustanciosa, esta leche puede satifacer al niño como su solo alimento durante seis meses ó mas tiempo. Sin embargo, para que el niño se mantenga robusto, es necesario, desde el cuarto ó quinto mes, añadir á la leche otro alimento, y es necesario así, porque querer que una muger se aniquile y se mate para alimentar á un niño al cual su leche no le es suficiente, es una culpable absurdi- dad. Sin embargo, se encuentra gente en la alta sociedad que se obstinan en ese error. Por otra parte, llenarle el estómago de sopa á los quince dias de nacido, es conde- narlo irrevocablemente á perecer antes de la edad de la adolescencia. En tésis general, el pecho debe sacarse á la criatura á los diez meses; sin embargo, hay niños en que la denti- ción es lenta y penosa, y se le puede prolongar con ven- taja. Será lo mismo si el niño es de constitución débil. En fin, aquel sobre el cual se puede temer el raquitismo. Bmamadera. La lactación artificial está proscripta por la mayor parte de los médicos y condenada por los resultados de la estadística. Sin embargo, practicada con cuidado, con tino y esmero, ausiliada por el concurso de buenas condicio- nes hijiénicas, puede dar buenos resultados. El éxito sería mas seguro, si se diera préviamente el pecho á la criatura, al menos durante algunas semanas En ciertos casos ofrece una yentaja sobre la alimenta- ción natural, y es que se puede no solo elegir el princi- pio alimenticio, sino también que á veces se presta mas fácilmente á la introducción de alimentos de que se puede tener necesidad por la naturaleza de esas alteraciones originales ó adquiridas, que es necesario combatir. Cuando se puede dar de beber al niño por medio do la mamadera, se empieza por llenarla del líquido destinado á la alimentación ; las cualidades y la proporción de ese ve- hículo deben ocuparnos: es cu la manera de componerlo, de mantenerlo á igual temperatura, de darle constante- mente ó aproximadamente siempre los mismos elementos proporcionales de intensidad, en lo que reposan todas Jas dificultades de la alimentación artificial. Para llenar todas las indicaciones, débese en cuanto sea posible, procurarse leche del mismo animal, de la misma yaca, por ejemplo; dedicar la mayor atención á que sea ordeñada en las mismas horas y siempre en las mismas condiciones; cuidar con la mayor severidad de que la le- che no sea falsificada con mezclas heterogéneas, etc. En tales condiciones, la leche de vaca constituiría en la mayor parte de los casos, para el niño á quien es des- tinada, un alimento muy pesado y abundante y tal vez in- digesto. Para aproximarle á las condiciones de alimenta- ción necesaria á la debilidad del órgano digestivo, se tiene comunmente la habitud de mezclarlo desde el princi- pio. Una circunstancia de la mas alta importancia reside en la adición de decocciones, y ésta es una cues ion que me- rece la atención de las nodrizas y de los médicos. Debe dársele la leche recien ordeñada, sin hervirla, y calentarla únicamente en el baño María, para ponerla ála temperatura de la leche de una muger, y rebajada con co- cimiento de cebada ó de migas de pan, porque la fermen- 38 tacion ha combinado intimamente los principios de la ha- rina. Cuando el momento ha llegado para añadir un alimento sólido al primer alimento de la infancia, se deben admitir sustancias livianas,. La salida de los dientes es el desarro- llo masó menos activo del aparato salivaría, indica al fin del primer año un alimento mas sustancioso que la leche. Se debe adelantar con prudencia en esta via, y contentarse hasta el momento que empieza á caminar con darle sola- mente sopas ó sustancias harinosas. El ilustre Liebig propone la receta siguiente, destinada á proporcionar á los niños muy tiernos un alimento apro- ximado lo mas posible á la leche de una nodriza, por su lijera alcalización y la proporción de sus principios plásti- cos y caloríficos. Se hace una mezcla de 15 gramos de ha- rina de trigo, 15 gramos de harina de Malt (cebada prepa- rada de los cerveceros), y 3 gramos de una disolución de carbonato de potasa al 8o; añúdense 30 gramos de agua y 150 gramos de leche de vaca; caliéntase revolviendo conti- nuamente hasta que la mezcla empieza á espesar; enton- ces se retira la vasija del fuego, sin cesar de agitarla; des- pués de 5 minutos se calienta nuevamente hasta la ebulli- ción y se pasa á través de un tamiz fino. Esla preparación parece ser empleada con buen resultado en Europa. Guando el niño comienza á caminar solo, el ejercicio que toma le permite un alimento mas sustancial que aquel que tomaba hasta entonces; se le dá un poco de asado á chupar, y muy pronto su dentadura es bastante numerosa para poder mascar toda clase de alimento; es necesario acostumbrar al niño á una alimentación variada y confor- me á las leyes higiénicas. Por este régimen variado, el estómago adquirirá mas fuerza, y estará mas apto á una digestión mas fácil y completa. Las comidas del niño des- de este momento no deben ser mas de cuatro, dos livia- nas y dos mas sustanciosas. Sueño. Para la infancia el sueño es muy imperioso; en efecto llena todos los primeros meses de la vida; todos los mo- mentos que el niño no mama. Es así que cuanto mas jó- venes tanto mas la necesidad del sueño es imperiosa, y su privación es peligrosa.—Las personas encargadas de la educación de los niños deben saber que es necesario dejarlos dormir cuando tienen necesidad,—La duración total del sueño disminuye á medida que los niños se ale- jan de la época del nacimiento. ?ío es necesario provocar artificialmente el sueño de los niños, moviéndolos ó girándolos.—Los niños duermen mas bien solos, pero las sirvientas ó las nodrizas están siempre con el deseo de verlos dormir, á fin de estar li- bres de vij¡Jarlo—Cuando el niño grita y no duerme, es que sufre,—es necesario entonces buscar cual es la causa; puede ser que sea el vestido que lo incomode, una posi- ción inconveniente, un alfiler que lo punce, un cólico, ú otras incomodidades que le impidan el descanso. Durante el sueño, el niño está acostado en una cuna in- móvil, las cortinas de esa cuna no deben servir mas que para guardar al niño de la corriente del aire y dejar las cortinas siempre medio abiertas.—La paja de avena ó de crin para las almohadas es lo soto que debe emplearse. Se necesita colocar la cuna del niño de modo que la luz no le llegue ni por delante, ni al costado;—Se deben acostum- brar á dormir coa los brazos fuera de los cobertores y des- cubierta la cabeza, cuando el pelo es bastante abundante. Dentición. Del sesto al octavo raes, rara vez después del año, se ven aparecer los primeros dientes que siguen hasta veinte entre un año y dos y ofrecen de este modo uno de los fe- nómenos mas constantes de la primera edad;—estos pri- meros dientes se llaman generalmente los dientes de leche. Desde luego aparecen les incisivos medianos de la man- díbula inferior, después los de la superior; en seguida los incisivos laterales inferiores y los incisivos laterales su- periores. En tercer orden se muestran los primeros mo- lares inferiores, después los superiores; en cuarto lugar los caninos inferiores y superiores y en fin los segundos molares. Siempre el trabajo empieza en la mandíbula in- ferior antes que en la superior, los incisivos salen del oc- tavo al dozavo mes; los primeros molares á los 18 meses y 2 años, y los caninos y segundos molares, hacia los 2 % años. El tejido de las encías es poco exilado y estendido, pero se adelgaza y se agujerea en varios puntos, entonces la corona aparece y sale hasta el cuello. Después de esta erupción es cuando la raíz de los dien- tes acaba de formarse. Esta primera dentición, sin duda no es una enfermedad, como no lo seria en otra edad, y ciertamente se exagera atribuyéndole la mayor parte de las dolencias de la infancia. El gran trabajo que se efectúa entonces en la boca aumenta la tendencia que ya tiene la sangre de ascender á la cabeza, y el dolor que frecuente- mente acompaña á ese trabajo, se añade á la susceptibili- dad nerviosa que es ya propia de los niños. Guando empieza la primera dentición, ni la estación ni la progresión son todavía posibles; sin embargo, ya el niño procura pararse, y se han producido muchos movimientos parciales. En el mismo orden que se desenvuelve la inte- ligencia del niño, vése á ése pequeño ser, mover sus labios, sus manos, su cabeza, sus miembros etc., manifestando todos esos lijeros movimientos, la actividad que posée ya su cerebro. Desde el momento que el niño empieza á caminar y lia pronunciado algunas palabras, hasta la edad de siete anos, sus órganos se desarrollan, y se modifican tanto, que en pocos años no se conocen mas;— no solamente el cuerpo ha tomado proporciones nuevas, sino la espresion de la cara, no es la misma, y el carácter es mas marcado. En esta época, habiendo adquirido el niño alguna fuer- za, son algo mas sólidos los alimentos que recibe su estó- mago. Esfa transición de una alimentación esencialmente líquida á otra que debe serle de menos en menos todavía, se llama des'ete. No puede ni debe jamás hacerse brusca- mente, tanto cuanto sea posible, pues el estómago sufriría por ese cambio muy precipitado, una digresión, una fati- ga que no dejaría de ocasionarle algunos accidentes. En cuanto á los medios que es necesario emplear para operar el destete absoluto, son mucho menos d'fíciles de lo que se supone, pues por lo general un niño que ha llega- do bien á los 16 ó 18 meses, teniendo ya el mayor nú- mero de dientes, y habituado desde algún tiempo á tomar potages, sopas y bebidas lácteas, no se resentirá de ese cambio alimenticio. Juzgo oportuno recomendar á las ma- dres de familia la importancia que merece el tener siem- pre á igual temperatura ese líquido complementario de la alimentación de los niños. A los 3 años el desenvolvimiento intelectual y moral de los niños es mas marcado, y diremos que entonces es ver- daderamente cuando el hombre adquiere mas conocimien- tos. La locomoción está en pleno ejercicio; los huesos se fortifican mas y mas; los músculos se señalan, la mayor actividad se descubre en la doble función de las sensacio- nes. de los movimientos y de las espresiones. El niño po- see entonces una locuacidad inagotable; el sueño está en razón de una vigilia tan continua y fatigante; sin embar- go, como el sistema nervioso, mas desarrollado, posee mas fuerza, ese fenómeno no acontece sino una vez cada 24 horas; pero el sueño es profundo y se prolonga de 10 á 12 horas. En cuanto á la vida orgánica, todas las fun- ciones están en adelante en actividad, con los mismos sig- nos que en la edad adulta. Solamente se diferencian en que adquieren cada dia mayor fuerza y consistencia; así, gran actividad de los sentidos é intelectual, moral, muscu- lar, gran apetito,—tales son los caracteres principales de esta época. Enfermedades. Vamos á esponer las ideas generales sobre las diversas enfermedades ü que está espuesta la infancia. Durante el periodo que se estiende del nacimiento á la pubertad, es cuando la educación física y moral presenta el mayor desenvolvimiento y sufre mas modificaciones. El niño reden-nacido es tan diferente del que ha llegado álos 10 ó 12 años, que nada hay de comparable entre am- bos, en nada se asemeja á sí mismo; son dos seres com- pletamente distintos bajo el punto de vista de la organiza- ción física y del desarrollo de las facultades intelectuales. Concíbese desde luego los esfuerzos considerables que la naturaleza debe hacer durante la infancia y porque el hombre durante este periodo está mucho mas espuesto á las enfermedades que en otra época de su existencia. En efecto, el niño es aílijido no solo por las dolencias inhe- rentes ásu edad, sino también por casi todas las que se observan en el transcurso de la vida. Así pues, ¡cuán- tos cuidados, cuánta consagración requiere la infancia para su conservación! Durante largo tiempo se han observado mal las afeccio- nes de la primera edad, y en vez de procurar vencer la dificultad de su diagnóstico, se ha empezado por suponer causas á las cuales se pretendía deber referirse todas ellas; a dentición, el crecimiento etc., han sido durante siglos considerados como principales causas de las enfermedades de la niñez, y aun hoy algunos médicos se inclinan bas- tante á exajerar la influencia perjudicial de esas condicio- nes diversas. Esas causas no son por lo común sino muy secundarias ó simplemente ocasionales: es natural que los niños que son organizados á la manera de los adultos, que sobre todo están sometidos á las mismas influencias físicas y cuya debilidad misma los hace todavía mas impresiona- bles, estén sujetos lá las mismas enfermedades, Pero sus afecciones tienen quizá bajo diversos aspectos, mas analo- gía con las de la vejez que con la de la edad adulta. El niño parece muy diferente del viejo bajo el punto de vista fisiológico;—en el uno, todos los órganos son flexibles, móviles y tendentes al desenvolvimiento;—en el otro, hay al contrario sequedad, rigidez, dificultad para moverse y todos los órganos tienden á retrogradar ó anularse; el ni- ño empieza y se ensaya en el vivir mientras que el viejo so debilita y se extingue por grados. Sin embargo, á pe- sar de esas grandes diferencias, las enfermedades de los estrenaos de la vida ofrecen varios puntos de semejanza muy resaltantes: la debilidad que es el carácter distintivo de la vejez y de la infancia, aunque dependiente de causas distintas, imprime á diversas desús enfermedades formas comunes y una marcha análoga; las alteraciones del encé- falo son mas frecuentes entre ambos que en la edad adulta, y casi todas las enfermedades graves en la infancia y la vejez, comienzan por sintomas cerebrales que con frecuen- cia señalan desde luego las lesiones principales. La delica- deza de los órganos en los niños, su debilidad en los vie- jos, dan al curso de sus enfermedades un carácter común, ya una terminación pronta y funesta, ya al contrario una marcha larga y crónica. Bajo esta última forma el enfla- quecimiento alcanza entonces entre ambos al último gra- do; las facciones se alteran del mismo modo y los niños parecen diminutos viejos; pero la diferencia notable que existe entre las afecciones graves de ios niños y de los viejos, es que si los unos y los otros caen con frecuencia rápidamente en una gran postración de fuerzas, los pri- meros se fortifican mas pronto y generalmente que los se- gundos, porque los órganos del niño no estando sino me- diocramente consumidos pueden recuperarse con facili- dad, en tanto que en los viejos la sensibilidad se halla ago- tada y apenas es susceptible de reacción. Los periodos que se pueden establecer en la duración de la infancia, no pueden ser perfectos, no se pueden di- vidir bien; pues el cambio que se opera en el organismo es lento y gradual, y aunque existan diferencias capitales en los puntos estremos de la infancia, se debe reconocer que se establecen por graduaciones insensibles de un año al otro. En la división fundada sobre la época de las dos denti- ciones se deben estudiar las enfermedades de los niños; parece lo mas natural, desde el momento del nacimiento hasta la primera dentición, que entre la primera erupción dentaria y la segunda dentición. Desde el principio del nacimiento hasta el de la segunda dentición, los niños están sujetos á las enfermedades, cuyos caractéres de gravedad ofrecen diferencias, que de- penden siempre de la evolución fisiológica. Las enfermedades mas activas y también las mas inevi- tables, son las que se manüiestan con la revolución den- tal. Es muy raro y difícil que un niño eche los dientes sin esperimentar algunos trastornos intestinales ó funcionales, que con frecuencia comprometen la vida del mas robusto. Generalmente, durante esta série de períodos, necesaria á la aparición de los dientes, los niños está exilados é irri- tados; pierden el apetito, y es precisamente durante estos momentos los mas críticos, cuando el estómago requeriría mas cuidados, una comida mas completa, mientras que las nodrizas y las desgraciadas madres se esfuerzan todo lo po- sible por cargar el estómago del niño con tisanas ú otras sustancias nutritivas, con el objeto de calmar los sufri- mientos inseparables de la dentición, ó al menos por dis- traerlos. Esta alimentación intempestiva, contraria á las exigen- cias de la naturaleza, aumenta los peligros de la evolución dentaria, suscitando en el tubo digestivo una irritación mayor todavía, cuya iníluencia sobre los demás órganos importantes contribuye á desenvolver nuevas manifesta- ciones de enfermedades, tales como las congestiones cere- brales y las convulsiones. Los accidentes mas graves y mas tenaces son los que tienen por sitio el conducto alimentario. Entre casi todos los niños el trabajo de la dentición es acompañado de diar- rea, algunas veces intensa, de color verdoso, de leche cuajada, conteniendo materias gredosas y aun sanguino- lentas. En ciertos casos se manifiestan piojos, y alguna vez oca- siona la caida del rectum. Esos accidentes que preceden algunos dias á la aparL cion de los dientes, persisten frecuentemente y duran entonces hasta la aparición del grupo entero. Esto es lo que agrava el peligro, cuando la salida de los dientes se sucede muy precipitadamente. Alguna vez tales acciden- tes se prolongan por una alimentación tanto mas dañosa cuanto que el tubo digestivo está mas irritado y menos dispuesto á la función de la digestión; en dicha circuns- tancia, los alimentos mal digeridos provocan una estimu- lación peligrosa y á las vias de absorción producen ele- mentos de reparación. Durante toda la serie de esos accidentes, se guardará bien de aconsejar el destete, á menos, sin embargo, que se haya positivamente reconocido que la leche de la nodriza contribuye á mantenerlos. El uso do los baños durante la dentición, favorece sobre todo la regularidad de todas las funciones y la piel en par- ticular. Los baños tibios se emplean muy frecuentemente y con tanta mas razón cuando la estación es menos dura. Esta práctica es ventajosa; facilita la circulación general y capilar, calma la exitacioná que los niños están tan espues- tos, y los predispone á un buen sueño. La acción de diversos agentes sobre el cútis, la mucosa pulmonar, la mucosa digestiva, pueden explicarnos los acci- dentes y las enfermedades numerosas y especiales que se desarrollan en el niño recien nacido. La mucosa pulmonar a n contacto con el aire atmosférico y todavía poco acostumbrada á este contacto, es vivamente impresionada por un aire frió y húmedo, sobre todo, si este es al mismo tiempo alterado por la acumulación de un gran número de niños en una localidad estrecha: bajo es- ta influencia combinada se ven bronquitis, pulmonias: que se desarrollan con la mayor facilidad y ocasionan cada año la muerte de un número considerable de niños. La mas frecuente de todas las enfermedades toráxicas es sin comparación la pneumonía, que entre los viejos y los niños es por lo común doble y se manifiesta bajo la forma lobular. También en esas dos edades es cuando son laten- tes las flegmasías del parenquima pulmonar; empiezan casi siempre por simples bronquitis que desde luego pare- cen muy ligeras; poco á poco se comunica la inflamación al tejido vesicular del pulmón sin manifestarse ninguna especie de dolor, ni aun alguna vez con estorbo notable en la respiración. Esta enfermedad es en consecuencia mas incidiosa en los niños que no escupen, mientras que la ex- pectoración, alguna vez sanguinolenta, puede al menos llamar la atención entre los viejos. Esta especie de pneu- monia es la que causa el mayor número de víctimas en la infancia. Las membranas mucosas de la boca, de la garganta, de las broncas, á las cuales las mismas observaciones deben ser aplicadas, son igualmente atacadas, sea en algunas de las exentemas que precede, sea en los aftos, en las anginas taxilares; traqueales y en el croup\ este último es uno de los escollos mas peligrosos que la infancia puede encontrar. La mucosis de las-vias dijestivas llamada á una nueva función, á dijerir la leche tragada por el niño, muchas ve- ces recibe de esta impresión una influencia deletérea y es claro ver entonces reproducirse enfermedades en esta par- íc, y la particular el muguet, los vómitos y la diarrea. Para los ojos la acción del aire, sobre todo si es frió y húmedo, determina frecuentemente oftalmía y particular- mente la oftalmía purulenta que presenta un alto grado de gravedad que ocasiona muchas veces la pérdida de la vista. Casi todas las enfozoaires del cuerpo humano han sido halladas entre los niños; pero hay una clase de esos anima- les, las lombrices intestinales, que no se hallan sino muy raramente en el niño algún tiempo después del nacimien- to. Se desenvuelven alguna vez desde la edad de un arlo y se multiplican en cieñas circunstancias de una manera extraordinaria. Se encuentran en los niños las diferentes especies de lombrices intestinales descritas por los helmintologistas, pero su frecuencia proporcional es muy diversa. Asi se observa la ascáride lombricoide, el oxiure vermicular, mas comunmente en la infancia que en cualquier otra edad. Algunos autores admiten que los helmintos ó lombrices intestinales tienen por causa remota una asimilación com- pleta de materiales nutritivos sobreabundantes. Aunque sean hipótesis, se puede reconocer la influencia de las causas siguientes: Herencia ;Es incuestionable que cierto número de niños reciben de sus padres la predisposición á las enfermeda- des verminosas. Edades : Las ascárides son sobre todo frecuentes de los 3 á ios 10 años. Constitución : Supónesc que los gusanos ó lombrices son mas comunes entre los niños rubios cuya piel es lina; en una palabra, entre los que poseen los atributos del temperamento linfático. Atribuyese á los alimentos la producción de las ascári- des, y algunos médicos dicen que predisponen de una manera evidente el uso de la lecne, un régimen exclusi- vamente vegetal, los dulces y el abuso de las frutas. La existencia de las es arides no la juzgamos peligrosa sino en los casos en que su número es muy considerable, ocasionando entonces accidentes bastante graves para pro- ducir la muerte. Las eró fulas que es lo que ataca mas á la infancia, se ve desarrollar sobre todo, en condiciones de acreacion insufi- ciente y da indigestiones. Cuando la alimentación es de mala calidad, siendo la de un animal demasiado fuerte para un niño mcien naci- do, se produce una surexitacion funcional en el tubo di- gestivo, causando diarreas serosas; ellas son la señal del estado enfermizo especial del niño; la porción de esos ali- mentos de asimilación de mala calidad que absorven los vasos chiliferos es inmediamente puesta en contacto con los gangliones entero mesantéricos, encargados de concurir á la elaboración de esos productos, destinados á hacerle realizar una primera ó mas bien segunda digestión; le im- primen nuevas transformaciones y los purifican antes que penetren en el torrente circulatorio para dar nacimiento á la sangre. Compuestos así esos productos de la digestiva estomacal, en Tez de poner en juego las funciones fisiológicas, producen una verdadera irritación específica que acarrea cierto estado congestional bien legítimo. Las exitaciones mantenidas y aumentadas de dia en dia durante algún tiempo, no dejan de tener esos aparatos en cierto estado de orgasmo patogénico. Sus propiedades íi- siogénicas se transforman; los productos que debian de al- gún modo destilar, no lo son en el mismo sentido; su vita- lidad acrece pervirtiéndose el obstruimiento que resulta dañoso ulteriormente á la función, y adquiere bien pronto un desenvolvimiento sobrenatural que los autores han lla- mado carrean ú obstruimiento ganglionario entero-mesenté- rico. Tal es para todos los prácticos esperimentados el punto de partida de la escrófula y de la raquitis. La asociación que existe entre la energía, la rapidez y la frecuencia de los movimientos del corazón, la grande actividad de la circulación general, la sensibilidad del cu- tis, el gran número de vasos capilares, nos parece en fin, suficiente para concebir la disposición tan marcada del niño á todas las enfermedades eruptivas agudas. Parecen en- contrar condiciones favorables para su desarrollo como el sarampión, la viruela, la escarlatina, y varias orupcioues anormales que el mas mínimo movimiento febril produce en la infancia. Si el niño posee una constitución eminentemente linfá- tica, no es susceptible de una vitalidad tan grande; su re- gularidad funcional muy persistente facilita el desenvol- vimiento de todas las producciones parasitarias y de to- das las vegetiones criptogámicas mas variadas. Los temperamentos linfáticos escrofulosos son lo mas ordinariamente la fuente de los tubérculos, de las cloro- anemias, de todas esas formas de enfermedades de la piel, favus, impetigo, ichthyosis, de todas las variedades de eczi- ma. También entre ellos se desenvuelven mas común y rápidamente esas formas especiales de enfermedades dif- téricas, las anginas cuenosas (croup) que desde hace algu- nos años aparecen en estos países cansando la desespera- ción de la terapéutica y de los médicos. En cuanto á las enfermedades que llamaré generales, porque parecen apoderarse á la vez de todos los sistemas de órganos sin que uno sea mas especialmente afectado que el otro, y sin que después de la muerte pueda ha- llarse señal alguna de alteraciones locales, son en estremo raras entre los niños. Sin embargo, obsérvanse entre ellos adinamias y caquexias, sin ninguna lesión orgánica, y esto es aun uu nuevo punto de contacto entre la patología de los viejos y de los niños. Todas las funciones se debili- tan alguna vez gradualmente y acaban por estinguirse como en un estado de decrepitud, aunque el examen mas atento de sus órganos no parezca presentar ninguna alte- ración, ni se puedan esplicar las causas de esa languidez que muchas veces no lo evita medio alguno. Acabamos de recorrer el cuadro de las afecciones que mas ordinariamente afectan á la infancia, y esas conside- raciones preliminares son muy importantes, puesto que el conocimiento de las enfermedades de esa edad es en defi- nitiva el elemento mas precioso para constatar, cuando se trata de establecer el diagnóstico. Las dificultades de ese diagnóstico son, como se sabe, muy numerosas y muy grandes; en los primeros años no pueden los niños espre- sar sus sufrimientos por el lenguage ni dar cuenta de las sensaciones que esperimentau; cuando mas, por la espre- ion de su fisonomía y por algunos movimientos particu- lares guian al médico en sus investigaciones sobre la fuente del mal. Esta oscuridad que envuelve sus enfermedades, importa no solo la falta de medios de espresion, sino que también hace que las mismas enfermedades se presenten bajo formas 51 mas complexas y mas incidiosas; en efecto, tan pronto en la primera edad las indisposiciones, mas ligeras, una fiebre efímera, una indigestión, se anuncian por los fenó- menos mas graves, por una fiebre intensa, por convulsio- nes, ora al contrario las desorganizaciones mas profundas se operan de una manera latente, sin reacción, y por in- cidencia alguna vez sin síntomas. o Las circunstancias propias que ejerce una acción noci- va sobre los niños recien nacidos, no obran siempre del mismo modo. La facilidad del desarrollo de las enferme- dades, su gravedad mas ó menos grande y su fin, malo ó próspero están subordinados á las circunstancias siguientes: 10.Io. La acumulación de los niños en un cuarto relativa- mente pequeño, en localidades donde la ventilación y el cambio de aire son insuficientes. 20. La temperatura baja ejerce igualmente una influen- cia nociva en los niños recién nacidos en razón de la ac- ción directa sobre la calorificación hasta el punto de oca- sionar una muerte instantánea. Los resultados estadísti- cos demuestran que en estaciones frías la mortalidad de los niños es mas considerable. 30. Los defectos del celo higiénico, sea resultado de la miseria, sea del abandono do los niños, los precipita fácil- mente á la influencia de estos agentes diversos, resultan- do de esto un aumento en la frecuencia, en la gravedad de las enfermedades, de lo que proviene una mortandad mas considerable. IS'o entra cu nuestro plan indicar aquí la indicación do los medios terapéuticos aplicables á las dolencias de la in- fancia; nos concretamos con dar una indicación de la higiene que conviene á esa edad, donde mas que nunca se debe buscar sobre todo para provenir el mal. Las causas de las enfermedades de la infancia son casi siempre difíciles de conocer, y frecuentemente están reducidas á simples congeturas. Otras al contrario, se pueden precisar con bastante exactitud las causas que las predisponen y que las ocasionan. Si le es necesario al médico conocer el estado fisiológi- co para llegar con exactitud al diagnóstico de las enferme- dades, es sobre todo en la infancia que este conocimiento es indispensable. En efecto, si el médico no lo ha adquirido, está siem- pre espuesto á cometer graves errores al lado del enfer- mo. Una vez quedará indeciso, otra no sabrá si el pulso está débil ó nó, otra sorprendido por la rapidez do los movi- mientos respiratorios y de la fuerza del murmurio ve icular-, podrá creer una lesión grave en los órganos de la res- piración, ó bien todavia el desenvolvimiento y la hincha- zón del abdomen unidos á una ligera diarrea, fijarán es- clusivamente su atención cuando fenómenos mas ocultos escapan á sus investigaciones. El examen clínico de los niños presenta á los médicos dificultades que resultan, sea de la edad de los enfermos, sea del carácter de las enfermedades; de ahí viene que el médico tiene frecuentemente dificultades para llegar á un diagnóstico exacto y tiene que formular un tratamiento sin tener idea precisa de la afección que tiene en vista- Esta ignorancia puede tener consecuencias graves, sea porque la terapéutica es inútilmente activa ó mal aplicada, sea porque es especiante en casos que reclaman pronto socorro y una medicación enérgica. Llamamos mucho la atención sobre este punto; Jos médicos que curan á los ni- ños, no solamente no deben tener la culpable negligencia de hacer con ligereza el examen de los niños enfermos, sino que deben todavia prevenirse contra todos los erro- res, por una atención particular. Si referimos la poca di- ferencia que separa el cronp de la laringüa espasmódica, el triste resultado que puede ser la consecuencia de una muy grande seguridad al principio de la primera de estas afecciones, podemos hablar también de esas pul- monías que están ocultas por síntomas cerebrales y que dejan llegará un periodo, donde son incurables, no por practicada la ocultación. La interrogación de los padres no ofrece dificultades, y sin embargo, su importancia es tanto mayor puesto que el niño responde con menos facilidad á las preguntas que se le hacen. Se necesita para recoger datos, emplear un tiempo con- siderable, y sobre todo, usar mucha habilidad para entre- ver la verdad en medio de los esfuerzos casi siempre contradictorios de los padres. La dificultad en general es menos, cuando tienen una cierta instrucción y buena vo- luntad, que en las clases inferiores de la sociedad que no hacen ninguna atención del detalle de la enfermedad que tienen. El médico debe reconocer el grado de la inteli- gencia de los padres, su instrucción, su veracidad. Debe comenzar su pregunta por el punto sobre el cual le im- porta mas el ser esclarecido. Debe volver muchas veces sobre ciertos detalles á fin de ver si las respuestas con- cuerdan siempre. Antes de concluir quiero recordaros todavia, madres y nodrizas, que debeis estar en guardia contra todas las pa- naceas ofrecidas á vuestra credulidad por los empíricos de todas clases disfrazados con diversos plumages, que igno- rando las mas simples nociones de la medicina ó de la terapéutica, se preocupan frecuentemente mas de los bene- ficios pecunarios que obtienen, que de las ventajas tera- péuticas que puedan conseguir. No echeis en olvido que las especiosas fórmulas medicamentosas que la avidez de los charlatanes se complace en multiplicar diariamente y de las cuales muchas nos vienen de Europa, engañan vuestra lejítima y sincera solicitud. Remedios de una uti- lidad incontestable en medicina y cuyas propiedades son bien conocidos, se convierten así en una fuente de peli- gros entre las manos imprudentes que de ellos abusan. ¿No es en efecto bastante frecuente el veros alarmadas por la manifestación de ciertas indisposiciones sobreveni- das súbitamente á vuestros hijos, no hallar nada mejor que conducir al débil paciente á un farmacéutico, pidién- dole una medicina que cure ó al menos alivie sus sufri- mientos? ¿En conciencia podrá un farmacéutico hacer el diagnósiico serio sobre las mas ligera indisposición de un niño recien nacido? Así, lo que sucede casi siempre, es que juzgan insignificante el principio de una indisposición para ellos mismos sin valor, porque son incapaces de apre • ciar las causas. ¡Cuántos niños han sucumbido á conse- cuencia de una pneumonía mal definida, con el uso de me- dicamentos irritantes intempestivos! Confites y juguetes. Difícilmente puede hacerse una idea de la incuria é ig- norancia de los industriales al emplear sustancias tóxicas. Uno de los principales cuidados que deben tener pre- sente las madres de familia y que reclaman las fiscaliza- ción de las autoridades, es el colorido que comunmente se dá á los confites, masas, decoraciones y juguetes de natu- raleza sumamente perjudicial á la salud, sobre los cuales he hecho mención en mi obra titulada Obsrvaciones sobre higiene. Esos objetos comprometen la existencia de la in- fancia y en la campaña es donde á menudo los confiteros echan mano de tales ingredientes para dar color á sus productos. Quiero referirme á la preparación de plomo vulgarmen- te llamada amarillo de cromo (cromato de plomo) que po- see las propiedades venenosas comunes á todas las prepa- raciones de plomo, y de la cual se sirven los confiteros para teñir de amarillo. Señalarémos también la preparación de mercurio llama- da cinabro (sulfuro de mercurio) que es peligrosísima co- mo todas las de mercurio insoluble y que no obstante se usa algunas veces por los confiteros en reemplazo del car- mín. Igualmente es dañoso el cobre metálico en finísimas lá- minas, que bajo el nombre de oropel se emplea para dorar dulces y varios objetos. En ese estado el cobre es fácil- mente disuelto por los ácidos gástricos, con grave peligro de la salud. Igual cuidado merece el cardenillo (sub-acetato de co- bre), el verde de Schcell (arseniato de cobre) y otras subs- tancias que muy á menudo son empleadas en la confección de chiches ó juguetes, y lo que es mas peligroso aun, con barniz de gelatina el cual siendo soluble en el agua, es di- suelto por Jos niños que tienen la natural propensión de llevarlo todoá la boca. A este respecto, el Correo de la Gironde del año 1861 cita el hecho siguiente ; « Un niño de tres años acaba de sucumbir después de 75 dias de padecimientos, por un envenenamiento sobre- venido en circunstancias de que habiéndosele dado un ju- guete llamado barco chino, lo llevó varias veces á la boca. Al cabo de 24 horas se manifestaron en él síntomas de en- venenamiento cuyas consecuencias no pudieron evitarse á pesar de los cuidados que durante dos meses y medio se le prodigaron. Un médico de esta ciudad ha encontrado arsé- nico y cardenillo en los colores del juguete. » Jamas será demasiado la insistencia en convencer á las madres del grave peligro que desgraciadamente se presen- ta con harta frecuencia, cuando someten sus hijos á la asis- tencia de curanderos para curarlos de lo que vulgarmente se llama empacho y que no es sino una gastro-enleritis. Menos mal seria si esos charlatanes ó las madres se sujetasen al tratamiento por medio de emplastos gorao-re- sinosos aplicados debajo del estómago, (en el epigast.ro) y llamados polvos de empacho que se amasan con caña reba- jada y cuya composición es una mezcla de incienso, mirra tusia preparada; pero por desgracia Ja audacia yla igno- rancia son inseparables, y esos curanderos, con la mayor franqueza no vacilan en administrar ad visum mas ó menos, como si fuera azúcar, un veneno cual lo es el carbonato de plomo (albayalde) que suelen dar en suspensión en emu- Icion de nueces. Ademas, conviene observar que la gran cantidad de nue- ces, avellanas y almendras que los niños acostumbran co- mer y que nos vienen del estrangero, llegan casi siem- pre alteradas por la travesía del mar, haciéndose rancio el aceite que contienen y que puede ocasionar irritación en el estómago, en la garganta y llagas en la boca. El té, el café y el mate, este último tan general en estos paises, tomado por los niños, suelen producir aumento en los movimientos del corazón. En vista de esto no seria exa- gerado creer que las enfermedades de 1 corazón tan frecuen- tes entre nosotros, provienen en parte del uso exagerado del mate desde la infancia. Mantegazza, en 30 esperiencias practicadas por él, re- presenta con las siguientes cifras el aumento de los movi- mientos del corazón verificado en la misma unidad de tiempo por diversas bebidas calientes tomadas todas ála temperatura de 40° Réaumur. Agua , , 39.8 Té 46.6 Café 70.0 Cacao 87.4 Mate 106.2 Respecto de la coca en dósis elevadas (de 30 á 60 Coca 159.2 gramos), he aquí lo que dice el referido autor: «Ocasiona una liebre intensa, alucinaciones y un verdadero delirio ; su acción exitante sobre el corazón es mas poderosa que la del té y del café. La sustancia que mas se aproxima á la coca bajo este punto de vista, es el mate (infusión de ilex paraguayensis. » Hospital tle los niños. Hay dos cuestiones que resolver sobre los hospitales de los niños ; si es preciso en cada hospital consagrar una ó dos salas para los niños, ó bien establecer paia ellos un hospital especial. En nuestra opinión, débense establecer casas especiales de ese género para los niños, y aun destinar secciones particulares para ciertas enfermedades. Sobre esta materia he aquí algunos principios que es importante no perder de vista ; En primer lugar, un hospital de niños debe establecerse en un vasto espacio, en medio de patios y jardines que separen los diversos cuerpos del edificio que lo componen. En segundo lugar, es preciso establecer divisiones par- ticulares para cierto número de enfermedades, tales como las escrófulas, oftalmías, enfermedades del cutis y agudas. En tercer lugar, es indispensable que las salas sean numerosas y de poca estension ; que cada una no contenga sino un pequeño número de niños, diez ó doce á lo mas; que sean suficientemente ventiladas y calentadas. La acu- mulación en las salas dá una fisonomía particular á las enfermedades que se curan, toman un carácter de grave- dad insólito, los niños caen en un decaimiento estremo y la muerte cansa en ellos mayores estragos. En cuarto lugar, es preciso poner enfermeras en número mas considerable, como no sucede en los hospitales para adultos. No se deben colocar en las salas estufas de fierro, por- que producen intoxicaciones, principalmente en los niños, por el gas óxido de carbono, causando los síntomas que generalmente se designan con el nombre de meningite cerebral. Aunque las salas de los niños sean numerosas, es tam- bién necesario que sean bastante grandes y que las camas estén separadas para que el aire pueda circular y reno- varse fácilmente. En efecto, una influencia higiénica muy poderosa para la terapéutica de los niños, es la del aire. No hay edad en que el aire puro sea mas preciso que en la infancia; desde luego, porque se absorve prontamente mas aire en esa edad que en ninguna otra época de la "vida, en un tiempo dado, y en seguida porque las causas particulares dependientes de la debilidad misma de la in- fancia tienden á viciar con prontitud el aire que respira; las excreciones bastante abundantes y fétidas, y entre las cuales se halla no pocas veces el niño, alteran necesaria- mente la atmósfera que le rodea, y esta influencia de las emanaciones estercólales y urinarias es todavía mas dañosa que en el estado de enfermedad en que adquieren ordi- nariamente un olor mas fuerte. Si la atmósfera en que están los niños no es muy pura, y sobre todo si está car- gada de miasmas que se desprenden continuamente de los cuerpos vivos enfermos, bien pronto su constitución se altera, languidecen y contraen entonces muy fácilmente todas las enfermedades contagiosas á las cuales están es- puestos con tanta frecuencia. Obsérvase entonces que las enfermedades, especialmente las eruptivas, son muy gra- ves y la mayor parte de las veces mortales. En Montevideo, la creación de una sala particular para los niños, seria un gran beneficio ; en general están colo- cados en los mismos departamentos délos enfermos, al lado de hombres y mugeres, á menudo corrompidos por el desarreglo perjudicial y espuestos á las enfermedades que son su consecuencia. Si su constitución física puede sufrir seguramente sufren mas sus costumbres. Los niños en- fermos hallarian en una sala que les perteneciese esclusi- vamente, los cuidados particulares que no pueden recibir de ninguna manera en las locales ocupados por los dolientes de mayor edad. Educación Intelectual. En los niños es necesario evitar con cuidado todo tra- bajo intelectual demasiado fuerte, y las emociones dema- siado vivas. Estas causas diversas determinan algunas ve- ces accidentes nerviosos, ó cuando vuelven á repe- tirse, dan al sistema nervioso i/na sensibilidad tan grande, que puede durar toda la vida, de los cuales resultan ner- vrosas de diversa naturaleza. En fin una regla muy importante que se debe observar en los niños, es evitar que no contraigan hábitos viciosos, pues en la edad joven, estos hábitos se toman con la mayor facilidad, y después no se pueden quitar. Si el niño es convenientemente educado en la casa pa- terna, si es alimentado con los pechos de la madre, se constituye el lazo mas indisoluble de la familia, impone á la que le dió á luz el cumplimiento de sus deberes é im- pulsa al autor de sus dias á practicar las virtudes conyu- gales. En tales condiciones, el niño no conoce ni profesa mas afecciones que hacia quienes todos los dias le acarician y le dan nuevas pruebas de amistad y de tierno afecto. Sus deseos, su voluntad son para él una ley a que se somete sin murmurar una sola palabra; obedece contento y con confianza. Desarrollándose con ellos, se asemeja á su modo de ser, adquiere sus gustos y sus hábitos, y contribuye continua- mente á modificar sus caractéres por los rigores que en- gendra su propia educación. Esclusivamente con este pro- ceder es que puede llegar á desenvolverse entre el padre y la madre, entre el hermano y la hermana, esos senti- mientos recíprocos que vinculan los unos á los otros, que hacen del padre y de la madre unas autoridades suaves y duraderas, Ja cuna de la familia, de las sociedades y de las naciones. Al contrario, cuando de la casa paterna son transpor- tados los niños al campo ó á otras familias, esta trasplan- tación que se efectúa casi siempre desde el nacimiento, ese hecho es una de las mayores desgracias que pueden afligir á la sociedad. Entonces le faltan al niño las prime- ras caricias, los primeros é inocentes placeres, los amoro- sos besos de sus padres y la mano querida que enjuga sus tiernas lágrimas. Forzados á buscar consuelo en una amis- tad que les es estraña, acaban de romper la cadena natu- ral cuyos eslabones arrancaron primero sus propios pa- dres. Entonces débese temer esa justicia eterna que espera en silencio, la ejecución de sus leyes inalterables que castigan la indiferencia de los padres con la de sus hijos, y la de los gobiernos con la de Jas familias, pues únicamente el amor paternal es el que hace nacer el amor de la patria. Vacuna (j). Considerando el número de niños no vacunados que se encuentran en Montevideo durante las epidemias de vi- (1) La estatua de Jenner, el inventor de la vacuna, fue inaugurada el 11 de Setiembre del presente año en Boulogne-sur-mer (Francia) en presencia de las autoridades de la ciudad y del comité del monu- mento debido al cincel del estatuario M Eugéne Paul. ¿Cómo se levantaría en Francia al cabo de mas de medio siglo, la estatua del inventor de la vacuna, sino se hubiesen reconocido los beneficios de esa invención realizada por un inglés? niela, dá pena el ver cuan pocos son los que disfrutan de los trabajos del médico que se encarga de la propagación de la vacuna. Es necesario aumentar el celo y emplear todos los medios que pueden vencer la repugnancia que impide á la concurrencia aprovecharse de la beneficencia de la vacuna. La propagación de la vacuna debe ser uno de los objetos primordiales de la Junta de Saludridad Pública. Su acción preservativa es un hecho ya admitido, una verdad vulgar- mente reconocida ; la epidemia se detiene ante la vacuna. Se sabe que la preservación vacunal no es absoluta; ella se debilita con el tiempo para desaparecer al fin de un cierto número de años, y es por esto que debe apreciarse la revacunación, tanto mas cuanto que con ella se ha cstin- guido la epidemia de toda una ciudad, de toda una pro- vincia. La vacunación puede ser aplicada á todo individuo, puede ser empleada en todas las épocas de la vida, pero, es de observación constante que da mejor resultado y causa menos trastornos en la salud de los niños que en los adultos y en los viejos. También se presta siempre con los niños que tienen Ja ocasión de vacunarse; es de dos ó tres meses después del nacimiento que se debe someter á los niños á la vacunación. Todas las estaciones son fa- vorables á la acción de la vacuna. Es preciso sin embargo evitar lo mas que se pueda el vacunar durante los grandes frios y los grandes calores. Es siempre preferido el vacunar a las personas de buena salud y fuertes; sin embargo, se debe evitar el someter á esta operación á los niños atormentados por la dentición ó atacados de costras escematosas. La debilidad de la cons- titución no debe ser un obstáculo á la operación. El lugar de elección para la inoculación, es la parte es- terna y superior del brazo. El virus vacuno es tanto mas enérgico, cuanto que se recoge en una época mas cercana á su formación, como también cuando la corrupción ha comenzado. Regular- mente se puede tomar la vacuna á todas las personas de cualquiera edad : sin embargo, se busca con preferencia la vacuna de los niños por haber demostrado la esperien- cia ser mas activa y de un efecto mas cierto. Se debe bus- car lo mas posible un niño de salud robusta. La vacuna tiene como todas las enfermedades eruptivas periodos distintos; nosotros admitimos tres: el primero de incubación, el segundo de inflamación ó de erupción, y el tercero de disecación. El primer periodo empieza en el instante mismo en que se hace la picadura ; se forma casi instantáneamente un círculo rosado superficial del diámetro de 20 á 30 milímetros, que desaparece después de algunos minutos, dejando una tumefacción ligera que persiste algo mas. Desde esta época hasta el tercero ó cuarto dia, no se ven sino las señales de una ligera picadura, sin la menor apariencia de trabajo inflamatorio. Hacia el fin del tercer dia ó Ja mi tad del cuarto, comienza el segundo periodo. El dedo sigue perfectamente una pequeña dureza en los puntos donde se han hecho las picaduras, y bien pronto se vé aparecer una pequeña elevación de color rojo claro. El quinto dia dicha elevación se deprime ligeramente en punta y causa un poco de comezón. En el sesto se estiende, se deprime mas en el centro y so rodea con un círculo rojo de 1 á i milímetros de ancho. El séptimo dia el boton tiene enteramente el aspecto de una pústula; el rodete circular se aplana y adquiere un tinte plateado ; la aureola se ensancha. El octavo dia la pústula se hincha, se umbilica mas profundamente y toma un tinte mas subido; el círculo rojo que hasta esta época ha circunscrito la pús- tula, palidece un poco y se propaga como por irradiación en el tejido celular inmediato. El noveno dia es mas ani- mado el trabajo local, la pústula aparece cercada de una areola bermeja. El décimo dia se observa una ligera modi- ficación ; el redondel circular se ensancha, la aureola aumenta de estension, ocupa ordinariamente un círculo de 3 á 4 centésimos en derredor y se vuelve de un rojo mas vivo ; desaparece también menos fácilmente á la presión de los dedos. En esta época de la erupción, el sujeto vacunado esperimenta alguna vez un dolor en las glándulas axilares, y casi siempre un movimiento febril poco intenso, indicado por bostezos, la largura de la cara y la aceleración del pulso. El onzavo dia la pústula ofrece un color perla ó aljofarado, su diámetro es de 8 á 10 milímetros, es dura al tacto y ofrece la resistencia de un cuerpo estrechamente unido á la piel ; el líquido que contiene es algo menos transparente y ha perdido también sn viscosidad. El dozavo dia empieza el periodo de disecación ; la depresión central toma la apariencia de una costra ; el humor encerrado en el rodete ó círculo se esturbia y se hace del color de la leche, la aureola palidece, el tumor vacunal se hunde y la epidermis se descascara. El décimo tercero dia continúa la disecación procediendo del centro á la circunferencia ; el rodete circular amarillea, se encoje á medida que la dise- cación hace progresos, y la materia que contiene es ama- rilla y puriforme. El dia décimo cuarto se endurece la costra y adquiere un color amarillo subido. Del décimo cuarto al vigésimo, la costra se solidifica, conservando la forma umbilicada ; cae del dia 24 al 29, dejando una cica- triz desde luego azulada y que so convierte en blanca después de algunos dias. En una ciudad de 60,009 habitantes, como la de Mon- tevideo, son muy pocos los niños que se lian vacunado en los 6 primeros meses del año. Hé aquí dos estadísticas dadas por la administración de vacuna á la junta de hi- giene. La primera de los 6 primeros meses del año 1865 , La segunda de los tres meses del año 1839. Relación de los vacunados en el prim,er semestre del año de 1865. Varones 41 Mujeres 43 Total 87 Montevideo, Agosto 31 de 1865. Isidoro Muñoz y Perez. Copia. ESTADO DE LAS PERSONAS TACENADAS EN LA ADMINISTRACION DE MI CARGO EN LOS MESES DE JULIO Y SETIEMBRE DEL PRESENTE AÑO (1839.) MESES i i — s AMOS Edad Varones Mugeres Total i i. Edad Varones Mugeres Total 1 C( (C 1 « 1 30 26 56 2 4 4 8 1 2 14 21 35 3 2 7 9 i 3 9 7 16 4 11 4 15 | 4 2 6 8 5 5 3 8 i 5 4 5 9 6 4 14 18 i 6 5 2 7 7 6 6 12 i 7 (( 1 1 8 5 7 12 1 8 4 (C 4 9 1 3 1 9 2 3 5 10 1 3 4 r| 10 « 4 4 11 1 2 3 i 11 4 10 14 40 53 93 | 74 85 159 Personas vacunadas: 252.—Montevideo, octubre 10 de 1839. Firmado Dr. Juan Gutiérrez Moreno. G5 Si comparamos las dos épocas veremos la inmensa dife- rencia en favor del año 1839, á pesar de que en el trans- curso de 25 años se ha duplicado la población de Montevi- deo. Este fenómeno proviene de que entonces el público era sordo para con los curanderos, prestando atención sola- mente á los consejos de la ciencia. Sabia que la misión del médico es no solamente curar las enfermedades sino tam- bién prevenirlas, pues humanitaria en sumo gradólo es sin duda la tarea de dictar reglas y consejos higiénicos en pró déla salud y del bienestar dél pueblo. Hoy que el charlatanismo crece como un gigante, los con- sejos de los médicos no alcanzan á la mayor parte de las fa- milias, la mortandad en la epidemia de viruela es espanto- sa, y si la vacunación sigue decreciendo, de aquí á 6 años no se vacunará mas en Montevideo, ni se revacunará co- mo se practica en Inglaterra, en Francia yen Alemania. La vacuna, esta medida tan benéfica como previsora, seria de desear que se hiciera ostensiva á todas las escue- las municipales del Departamento. Para llevarse á efecto seria necesario cometer á uno ó á mas facultativos el en- cargo de constituirse personalmente en las escuelas y pro- ceder ala vacunación de los niños no vacunados, previ- niéndose con anticipación á los padres de familia. De otro modo no es posible llenar el objeto, por la dificultad que tienen los padres de familia que residen distante de la ciudad, para traer sus hijos á la Administración Central de la Yacuna, único punto donde se administra. No es posible rehusar la vacunación entre nosotros, cuando todos los gobiernos, sobre todo en Europa, cono- ciendo las ventajas de ese precioso descubrimiento, se em- peñan en hacer gozar á los pueblos de ese beneficio inmen- so. Han propagado la vacunación con tanto celo, que en ciertos puntos casi no se observa la viruela, y en Monte- video, para obtener igual resultado no habría mas que poner en ejecución el decreto del 8 de febrero de 1860. Por ese decreto se estableció en esta capital una casa central de vacuna bajo la dirección de un facultativo nombrado por el gobierno, ordenándose ademas lo siguiente: « Todos los padres tienen el deber de vacunar á los hi- jos antes de haber cumplido un año; los que faltando á esta disposición, no justifiquen enfermedad que lo haya mpedido, ó ausencia de la capital, incurren en una multa de cuatro pesos, que deben entregarla á la caja de policia. cc Los tenientes alcaldes deben anotar los niños de mas de un año que no esten vacunados, al tiempo de hacer el empadronamiento anual, y la junta de higiene debe recojer de la oficina en donde se depositen aquellos padro- nes, las notas que considere convenientes. «Los maestros de artes y oficios, los gefes de cualquiera empresa industrial, y los preceptores y directores de escue- las no deben admitir en los establecimientos, aquellos que no presenten certificación del médico respectivo, de haber sido vacunados. « Los facultativos deben dar parte á la Junta de higiene de cualquiera caso de viruela que ocurra y de su carácter y en el mismo caso se hallan los padres de familia quienes deben pasar inmediatamente aviso al teniente alcalde del distrito. » Huérfanos y expósitos. En Montevideo, los niños que están cuidados por la ca- ridad pública, provienen de dos categorías : Io los huér- fanos son los que provienen de padres casados según ley ; 2o los expósitos son aquellos que han nacido de padres desconocidos. Sucede que éstos son depositados en el torno y los otros son abandonados por las calles. Los huérfanos están bajo la Comisión del hospital y son educados por las hermanas de caridad en el mismo 67 establecimiento, donde reciben la educación debida á cada sexo. Esta institución que ha tenido nacimiento en Mon- tevideo en estos últimos años, 1857, época en la cual fué desolada por la fiebre amarilla, que dejó un gran número de huérfanos desamparados; esta institución, completa la obra filantrópica que empezó por el torno de los expó- sitos. En Europa la estadística de la mortandad de los expó- sitos, es siempre mas considerable. En Francia mueren diez niños sobre cien legítimos, y mueren veinte sobre cien ilegítimos; en Montevideo, la mortandad es mas con- siderable, por lo que se vé en la estadística que sigue : EXPÓSITOS ENTRADOS POR EL TORNO DESDE Io DE ENERO HASTA FIN DE DICIEMBRE DEL AÑO 1864. Varones 35 Mugeres 44 Total 79 FALLECIERON EN EL MISMO AÑO. Varones 14 Mugeres 11 25 Existencia 54 En Francia, la acumulación de los expósitos en un hos- pital presenta numerosos inconvenientes, y es también una causa muy grande de mortandad. Se hacen sentir es- tos inconvenientes principalmente durante las epidémias oftalmías virulentas. Estos inconvenientes no se presen- tan en Montevideo, donde la mayor parte de los expósi- tos están entregados á nodrizas que habitan el campo al derredor de la ciudad, y que tienen en su casa leche en abundancia, carne fresca, aire puro y habitaciones bien ventiladas. Sin embargo, para preservar á la primera edad de los peligros que resultan del abandono de los expósitos a las nodrizas que los llevan al campo, sin que la Sociedad de Beneficencia pueda ejercer sobre ellos suficiente vigilan- cia, propongo fundar en las cercanías de la ciudad, Colo- nias maternales en las cuales se emplearían nodrizas ele- gidas para cuidar los niños, instituyendo premios en favor de las que mejor cumpliesen su tarea, propagando los mé- todos de educación mas á proposito para fortificar á la vez el cuerpo y el espíritu-, en fin, poniendo en práctica los recursos de que dispone la higiene para el desarrollo físico de los niños antes de emprender el cultivo de su inteli- gencia, y de legar al porvenir hombres sanos y vigorosos. Después de haber pasado tres años con la nodriza, el expósito es depositado en la casa Vidal del Cordon, donde se queda algunos años; aquí recibe un principio de educación y de instrucción, y colocado bajo la vijilancia de una directora, sale de este establecimiento para ser co- locado en casa de la familia que lo pida : éstos son los es- posos generalmente que no tienen hijos, y que los legiti- man como si fueran sus hijos propios. La tutela de los expósitos está confiada á una sociedad de damas de Beneficencia que provee á sus necesidades, y ejerce sobre ellos una \ijilancia activa y perseverante. Un médico reglamenta lo que es relativo á la higiene y á la medicina de los niños; éstos están mantenidos por la cari- dad pública, pues que la Comisión está autorizada á pedir á las personas pudientes y está siempre asegurada de una protección adquirida honorablemente, y cuando la canti- dad recogida no alcanza á los gastos, ella la saca de las cajas de los hospitales. Hé aquí la circular de la señora de Flores, presidenta de la Comisión : Sociedad de Beneficencia pública'. Montevideo, Junio de 1865. Eecurrir anualmente á la caridad de la población para sosten de los expósitos y huérfanos, y de los que propor- cionan educación gratuita á los niños pobres, y limitarse á dar buena inversión á esos recursos eventuales, tiene que ser por algún tiempo la misión de la Sociedad de Benefi- cencia de las Señoras. Sin rentas fijas de ningún género y con necesidas cre- cientes cada dia en razón directa del aumento de pobla- ción, la Sociedad que ha empleado yd algunos miles de pesos en la adquisición del terreno destinado á un Asilo de Huérfanos y Expósitos, tiene necesidad para continuar sus trabajos, de recurrir de nuevo a las almas piadosas, soli- citando el concurso universal en donativos de objetos de labor y de arte para el bazar que debe abrirse en octubre próximo. La manera generosa y digna con que se ha concurrido otras veces á depositar las ofrendas de caridad en los ba- zares anteriores, hace esperar esta vez también á la Socie- dad de Beneficencia que será atendida su súplica en favor de los tiernos y desvalidos seres á quienes ampara y pro- tejo. Sin poder dirijir su invitación individual á todos, hace un llamamiento general á la población estrangera y nacio- nal, á fin de que se consiga el objeto deseado. Los donativos se recibirán hasta el 15 de Setiembre en las casas calle del Cerro, n° 31, é Ituzaingó, 181. María G. de Flores—Directora. Rosalía A. de Ferreira—Secretaria. Este reglamento dá los detalles de la administración de los expósitos. REGLAMENTO DE LA CASA DE EXPOSITOS EN MONTEVIDEO I»oi- I». JIJJMI UAJIO.V GOMEZ, ACTUAL. MINISTRO DE HACIENDA. ADMINISTRACION DE LA CASA. Art. 10.Io. La Sociedad de Beneficencia encarga la admi- nistración de la Casa de Expósitos á tres señoras de su seno, que ella designará inmediatamente después de su elección, cuyas señoras investirán el título de Comisión de Expósitos y desempeñarán su cometido hasta la renovación de la Sociedad. Art. T. A dicha Comisión corresponde percibir y dis- tribuir los fondos que á la Casa de Expósitos pertenecen, dando mensuaimente cuenta justificada á la Sociedad, de su inversión. Art. 30. Pertenece también á la Comisión el arreglo interno de la Casa de Expósitos, é inspeccionar la conducta de todos sus empleados; metodizar el gobierno del esta- blecimiento; reunirse cuando lo exija la necesidad, y de- liberar sobre cualquier asunto de importancia, proponien- do á la Sociedad las mejoras que se pueden introducir. Art. 4o Procurarán inspeccionar también, yá por -sí mismas, ó yá por medio de otras personas, la conducta de las amas externas y el tratamiento que dán á los niños, presentándose al efecto de cuando en cuando en los domi- cilios de ellas. Art. 50. El archivo yla contabilidad de esta casa, estarán al cargo del agente de la Sociedad de Beneficencia. DEBERES DE LAS SÓGIAS. Art. 60. Asistirán ála cuna las que estén de semana, siempre que la ayudanta le avise que su presencia es ne- cesaria para bautizar los niños, recojiendo de la encar- gada del torno las señales y papeles con que hayan entrado; debiendo hacer anotar en la oficina correspondiente, la fecha, color, edad y sexo del nuevo expósito, como tam- bién cualquier señal que se le note en el cuerpo y pudiera servir en todo tiempo para constatar su identidad. EMPLEADAS. Art. 7°. Habrá en la Casa de Expósitos, una ecónoma. Las asistentas que la Comisien juzgue necesarias. Un co- cinero y un portero. Art. 80. Los sueldos de estas empleadas será con ar- reglo á lo que la Sociedad disponga. LA ECÓNOMA. Art. 90. La ecónoma de la Casa de los Expósitos será nombrada por la Sociedad de Beneficencia á propuesta de la Comisión de expósitos. Art. 10. Pertenece ála ecónoma el gobierno interno, económico y administrativo de la Casa de Expósitos bajo la dirección de la Comisión. Las demás empleadas la re- conocerán por su superiora y cumplirán sus determinacio- nes; ella dará parte á las señoras de la Comisión á fin de que tomen providencia, siempre que las que le son su- bordinadas faltasen á sus deberes. Art. 11. Hará que todas las empleadas en el servicio de la Casa se porten con regular conducta y exactitud en el cumplimiento de sus obligaciones; obligándolas á que estén siempre ocupadas, y si algún tiempo les sobra- se, lo hará emplear en la costura: sobre todo, se reco- mienda á la ecónoma con especialidad, que las sirvientas no hagan uso jamás para con los niños de palabras ó mo- dales groseros. No es permitido entretenerse en las ven- tanas, aunque sea con el pretesto de divertir las criaturas. Art. 12. Será exacta en solicitar délas señoras de la Co- misión todo cuanto pueda hacer falta en la Gasa, con la de- biela anticipación para que nunca se carezca de lo necesario. Art. 13. Guardará en su poder las llaves de la despen- sa y de los armarios de las ropas-, asistirá personalmente á la distribución diaria de la comida, haciendo que haya la mayor economía, sin que por eso falte lo necesario. Art. 14. Hará que la Gasa se conserve siempre en el mayor aseo; que se mantengan con limpieza todos los mue- bles del establecimiento, y con especialidad las camitas de los niños. La ecónoraa cuidará que las criaturas sean ba- ñadas oportunamente, que se conserven siempre limpias, que sus ropas jamás estén húmedas lo mismo que las ca- mas, haciendo que se saquen al sol con frecuencia. Art. 15. Yigilará que los alimentos de los niños sean sanos y bien preparados, consultando cuando haya duda al facultativo de la Casa, Art. 16. Si ocurriese aparecer en la Gasa alguna perso" na ó criatura con enfermedad contajiosa, inmediatamente la pondrá en la enfermería destinada para eso, y dará par- te á las Señoras de la Comisión y al facultativo. Art. 17. Hará la Ecónoma que la puerta de la calle permanezca cerrada desde las oraciones hasta salir el sol. ASISTENTAS. Art. 18. Estas empleadas serán nombradas por la Co- misión y desempeñarán toda ciase de servicio que se les ordene por la Ecónoraa. Art. 19. Obedecerán á la Ecónoma y no saldrán del Establecimiento sin especial permiso de ella. Art. 20. Habrá un especial cuidado en la elección de estas asistentas, debiendo ser examinadas por el facultati- vo de la Casa antes de ser admitidas. EMPLEADAS DE LA CUNA. Art. 21. Habrá una encargada del torno, cuyas obliga - dones son tener su cama al lado del torno, recibir el niño asi que lo echen y prodigarle los cuidados correspondien- tes á su estado y tenerlo hasta que sea entregado al ama, recoger todas las señales que traiga el niño, para entregar- lo ála socia que esté de semana y emplear su demas tiem- po cu lo que determine la comisión. Art. 22. Habrá una ayudanta de cuna cuyas obliga- ciones serán ir todas las mañanas á la cuna, informarse de lo ocurrido y si ha entrado niño dar parte á la comisión y á las señoras sodas que estén de semana, buscar el ama y no separarse de allí basta que éste no le sea entregad o, tomarle el nombre y el paraje donde vive; después de bau- tizar el niño, acompañará ála socia basta la oficina para poner el asiento correspondiente:—Presentarse diaria- mente á recibir órdenes de la señora Directora. Art. 23. Yisitará la ayudanta en su domicilio á las amas, observando el estado en que tienen á los niños y dando cuenta á la comisión de cualquier incidente que baya. Art. 24, Toda ama que se presenteá pedir algún niño, deberá declarar la fecha de la muerte del hijo, á quien corresponde, la leche que quiere suministrar, ó la edad que tiene el niño, si está vivo, para ver si puede despe- charse, siendo esta circunstancia indispensable para con- fiarles la crianza de la criatura y prévio reconocimiento del facultativo. AMAS EXTERNAS. Art. 25. Guando se entregue un niño, se entregará también á la ama la ropa siguiente: Una docena de pañales. Cuatro batas. Seis mantillas. Seis camisas. Cuatro gorras. Dos pares botines de algodón ó lana. Dos fajas. Art. 26. Al terminar los seis meses, se le hará igual entrega de ropa correspondiente á la edad del niño. Art. 27. No se abonará el sueldo á ninguna ama, sin que presente el niño el día del pagamento mensual en que concurrirán las señoras de la comisión, agente y facultativo. Art. 28. El ama que despeche el niño sin permiso de la comisión y fuere sorprendida en algún fraude con res- pecto á su encargo, perderá lo que se le adeude; y en caso- de ser de consideración, será remitida al juzgado ordinario. Art. 29. Los despechos sellarán precisamente al cum- plimiento del año, aunque el médico se oponga por no con- siderarlo oportuno. Art. 30. La mujer que cometiese el delito de arrojar un hijo al torno para conchavarse en la misma casa, será remitida al juez competente. Art. 31. Toda ama perteneciente á la cuna no podrá ausentarse á la distancia de dos leguas, sin permiso de la comisión. Art. 32. Encaso de fallecer algún niño, no se podrá sepultar sin avisar ála casa para que inmediatamente re- conozca el médico si ha sido de muerte natural. Art. 33. Las personas á cuyo cargo estuviesen los ni- ños de la cuna, darán parte á la Ecónoma de cualquiera novedad de consideración que ocurra. Art. 34. Siempre que se enferme un niño, tiene obli- gación el ama de dar parte al médico de la casa, no po- diendo alegar ignorar la habitación de este, pues al en- tregarles el niño se les hará saber su domicilio. COCINERO. Art. 35. Hará las veces de portero y de peón y cum- plirá cuanto le imponga la Ecónoma. DEVOLUCION DE EXPÓSITOS. Art. 37. Hasta los tres años contados desde el dia en que una criatura entra á la Casa de Expósitos, podrán sus padres pedir á la Sociedad su devolución, con los requi- sitos y condiciones que en los artículos siguientes se con- tienen, pero pasado aquel plazo, la devolución será ne- gada absolutamente y en todos casos por la Sociedad. la cual podrá desde entonces disponer libremente de la criatura. Art. 38. Toda vez que se solicite la devolución de un niño por sus padres, la Comisión lo hará presente á la So- ciedad, la cual después de oir el informe de ésta, otorgará ó negará la devolución. Su resolución, sea cual sea, no admitirá reclamo por el momento, y si ella fuese negativa, podrá repetirse cuando no existan los motivos que tuvo la Sociedad para resolver negativamente, siempre dentro de los tres años. Art. 39. Si la resolución fuese otorgando la devolu- ción, la Sociedad acto continuo hará prudentemente la de- signación según las personas y las circunstancias del caso, de la cantidad de dinero, con que el padre ó madre soli- citante, deba contribuir, en recompensa por el gran ser- vicio que se le ha hecho. No se admitará reclamo contra dicha designación. Al mismo tiempo la sociedad acordará la forma ó plazo para la entrega de la cantidad designada. Art. 40. Esta cantidad y la del artículo siguiente ser- virá para formar en la caja de depósitos un fondo con el cual se procurará después un oficio para los varones, ó una dote para las mujeres. Art. 41. Además de dicha cantidad, el padre ó madre solicitante, abonará el importe de los gastos que la crianza de la criatura haya ocasionado. El mencionado importe será fijado por la Comisión, arreglándolo en lo posible á las constancias ó libros de la casa, y esta fijación también será irreclamable. Art. 42. Para verificarse la devolución de la criatura que haya sido otorgada por la Sociedad, se procederá después que esté cumplido lo dispuesto en los artículos 40 y 41, á exigir del solicitante que presente la contraseña que la criatura haya llevado á la Casa de Expósitos; y en el caso de no haber llevado, se averiguará la legitimidad de la reclamación, se confrontará con la relación tomada en el libro de filiaciones, exigiendo, si la Sociedad lo or- dena, un fiador que se obligue á responder á cualquier reclamo que pueda haber en lo sucesivo. Aiit. 43. A las personas que soliciten niños huérfanos, podrá la Comisión entregarlos, presentando un certificado de persona competente á su satisfacción, de buena conducta y medios de cumplir las obligaciones siguientes : enseñar- les la doctrina cristiana, áleer, escribir y contar y un oficio ó profesión para que puedan con el tiempo ser útiles al país y sí mismos; á no sacarlos á países estrangeros sin conocimiento de la señora directora; y á dar noticia de la existencia y estado de los niños, siempre que la Sociedad lo exija. Aiit. 44. Las visitas para las empleadas de la casa ten- drán lugar en donde designare la Ecónoma solamente los jueves y dias de fiesta de cada semana, desde las doce del dia hasta ponerse el sol. Art. 45. Podrá cualquiera persona, ya sea residente en el pais ó viajero, visitar la Casa de Expósitos desde las once de la mañana hasta las cinco de la tarde y prévia li- cencia de las sócias de la Beneficencia. Art. 46. No comerá ni permitirá en la casa persona al- guna estraña á ella. Art. 47. Todas las noches se rezará el rosario á la hora que se juzgue conveniente, é irán á misa los dias de fiesta. Art. 48. No se admitirán niños ocultos para ser cria- dos en la casa por cuenta de sus padres ó interesados; pero queda autorizada la Sociedad para admitirlos, según la prudencia en casos especiales, y mediante contrato escrito. Art. 49. Pertenece al facultativo no solo lo relativo á la curación de los expósitos enfermos, sino también la di- rección de su tratamiento ordinario en el estado de su salud. DEL FACULTATIVO. Art. 50. Llevará un libro donde escribirá los nom- bres de los niños enfermos, con designación de sus mo- lestias y de la que fué causa de su muerte : debiendo á mas esplicar todo do que crea conveniente y que pueda servir para la estadística higiénica de las enfermedades dominantes en la casa de expósitos. Art. 51, Vacunará á los expósitos criándolos encuen- tre en disposición de recibir la vacuna,. Art. 52. Atenderá á los expósitos estemos cuando fuere llamado, y tendrá á su cargo el botiquín de la casa, ha- ciendo los reconocimientos mencionados en los artículos 19 y 32. Art. 53, Visitará diariamente y á mas asistirá á la casa el dia del pagamento para examinar el estado de salud en que se encuentren las amas. DISPOSICIONES GENERALES. Art. 54. La Sociedad de Beneficencia visitará una vez al mes el establecimiento el dia que designare la Directora, dando cuenta a la Comisión de lo ocurrido durante el mes. Art. 55. Las sócias de la Beneficencia tendrán entrada en la casa todos los dias y á cualquiera hora que estimen conveniente. Art. 56. La Sociedad queda autorizada para proveer y determinar lo que mejor estime á cerca de objetos de de- talle, como- á cerca de puntos ó casos de menor importan- cia, que no se hallen previstos en el presente reglamento. Lo queda igualmente para proponer á la Junta E. Admi- nistrativa cualquiera reforma, adición ó supresión en él, que la experiencia aconsejase. 78 Art. 57. Siendo referentes al público en general, ó alguna parte de él varias de las disposiciones de este re- glamento y siendo además indispensable que las personas que quieran entrar de amas conozcan de antemano las obligaciones que contraen, la Sociedad procurará por todos los medios á su alcance dar la mayor publicidad á lo que corresponda á esta. Art. 58. La Comisión pasará á la Sociedad de Bene- ficencia para que ésta lo eleve á la Junta E. Administra- tiva á principio de cada ano, un informe detallado sobre el establecimiento, sus necesidades, movimiento ocurrido durante el año anterior, ingresos estraordinarios que la casa haya tenido, importe á que hayan ascendido los suel- dos y gastos de ella, ocurrencias especiales que hayan habido, y en fin, cuanto juzgue conveniente observar. Hemos terminado nuestro trabajo, y tenemos la convic- ción que contiene algunas mejoras necesarias y unas pre- cauciones y conocimientos higiénicos al alcance de las madres de familia. Deseamos que el público considere esta obra como una tentativa hecha para mejorar la con- dición física de la infancia por la práctica de las prescrip- ciones mas útiles de la higiene. Este opúsculo que se entrega hoy al público, si es acojido con algún favor, podrá recibir mas tarde otros desenvolvimientos ; la cien- cia que hemos esplotado es bastante vasta para que haya todavía en ella abundantes observaciones que recoger.