>///■-/ f¿¿- PROTECTO WAI SANEAMIENTO DI ü CIUDAD DEL VALLE DE MÉXICO POK L. de BELINA Doctor en Medicina de las facultades de Paris, Heidelberg y México; Laureado de la Academia de Medicina de París (Premio Barbier); Antiguo jefe de Clínica de Obstetricia; Antiguo Catedrático de partos y enfermedades de la cintura en la Univercidad de Heidelberg; Antiguo cirujano del ejército francés; Miembro de la Sociedad Meteorológica de Francia; de la Sociedad Magnética de Italia; de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; de la Asociación Médica " Pedro Escobedo," etc., etc. Memoria publicada por acuerdo de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. MÉXICO IMPRENTA DE FRANCISCO DÍAZ DE LEÓN Oallk dk Lerdo Xümkbo S. - -'■ y*^ ^.'mEl NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE Bethesda, Maryland PROYECTO DEL Y DEL VALLE DE MÉXICO POR L. de BELINA Doctor en Medicina de las facultades de París, Heidelberg y México; Laureado de la Academia de Medicina de París (Premio Barbier); Antiguo jefe de Clínica de Obstetricia; Antiguo Catedrático de partos y enfermedades de la cintura en la ünivercidad de Heidelberg; Antiguo cirujano del ejército francés; Miembro de la Sociedad Meteorológica de Francia; de la Sociedad Magnética de Italia; de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; de la Asociación Médica '' Pedro Escobedo," etc , etc. Memoria publicada por acuerdo de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. MÉXICO IMPRENTA DE FRANCISCO DÍAZ DE LEÓN Callk db Lbbdo Numkbo 3. 1882 69996641 14 ni T> Wftft l'43ff l Valle de México esta situado en el centro de la cordi- llera de Anáhuac, rodeado de montañas de formación vol- cánica. Su parte más baja está á la altura de 2,277 metros sobre el nivel del mar. La forma del Valle es elíptica y tiene 18 leguas y media de ancho. Su extensión es, según Ilion- boldt, de 244 leguas y media cuadradas; pero contando con todas las vertientes, su superficie total pasa, según los cálculos del Sr. F. de Garay, de 400 leguas cuadradas. La llanura del Valle representa una cuenca, cuya parte más baja corresponde al fondo del lago de Texcoco; en la parte Sur y Suroeste se eleva en lomas extensas, y toda está cerrada por una cadena de montañas gigantescas, que forman una cresta de cerca de G3 leguas de circunferencia. Entre las montañas que rodean así el Aralle, se encuentra un número considerable de vol- canes, de los cuales el Ixtacihuatl y el Popocatepetl son los más considerables. Este iiltimo tiene 5,400 metros de altura y está si- tuado á 50 kilómetros al Sureste de la ciudad. Su cima está cu- bierta eternamente de nieve, cuyo límite inferior se halla á 4,500 metros de altitud. Las montañas del Valle se componen, en su mayor parte, de pórfido desquebrajado, de amigdaloide poroso y de basalto. El terreno es en lo general detrítico y de aluvión moderno; en la ciudad, hasta 36 metros de profundidad, no se encuentra sino un lodazal desecado en su superficie y que reposa sobre capas de tepetate, arcilla fina ó arenosa, tierra vegetal, lodo, arena sola ó SI G'1 4 con matatenas y piedras pómez, alternando de diversos modos. El nivel del agua ambiente en la ciudad se encuentra en lo ge- neral de 80 centímetros á 1 metro 20 centímetros de profundidad. En muy pocos lugares está á medio metro y en algunos no se en- cuentra sino á más de 1 metro y medio. Todo el suelo del Valle es, con excepción de algunos lugares cultivados, completamente desnudo y árido á causa del desmonte. El aire es, por varias causas, sumamente seco. La humedad, una parte se infiltra en el suelo descubierto y la roca esponjosa, y la otra se evapora rápidamente en un aire enrarecido por la altura, y el suelo, bajo la influencia directa del sol, se calienta de un modo extraordinario. La proximidad de nieves eternas, cuya dis- tancia vertical es de 2,223 metros, causa un enfriamiento del aire en contacto con estas regiones; los vapores de agua se conden- san en nubes que cubren comunmente la cima de las montañas y producen así la sequedad de la atmósfera. La evaporación de la superficie de los lagos no tiene gran influencia sobre el grado de humedad del aire, y particularmente en la ciudad, que no se encuentra bajo el soplo de los vientos dominantes del K. O. Ade- más, la corriente del aire cálido que se levanta de las llanuras, se pone todavía más ardiente por la reverberación de los rayos solares en las montañas deslavadas, é impidiendo que las nubes se disuelvan en lluvia, contribuye también á la sequedad del aire ambiente. Las lluvias tropicales sólo duran 4 meses: Junio, Julio, Agosto y Setiembre, y son muy raras en las tres cuartas partes restan- tes del año. La altura udométrica media máxima anual estaba, eu el año 1880, según los datos recogidos en el Observatorio Me- teorológico Central de México, de 0.385. Durante la estación de lluvias, el grado de humedad es rela- tivamente elevado, sobre todo en las tardes y por las noches. El higrómetro de Sausure marca entonces G7 á 75. En los meses de Octubre, Noviembre y Diciembre señala 02 á G8, y los otros meses son muy secos, no marcando el higrómetro más de 43 á 51, y en Abril y Mayo desciende aún hasta 33. La temperatura media es de 16° c. En todas las estaciones es de una uniformidad notable: en estío su promedio no es más de 19°, en invierno de 13°; pero durante el dia y la noche, la tem- 5 peratura de México presenta oscilaciones desconocidas en otros países. Al sol,la temperatura se eleva muchas veces á 48° y 49°, y su mínimum es de 32° 8 c. La diferencia de temperatura entre el sol de las calles y la sombra de los domicilios, pasa á veces de 30° á 40°. A consecuencia de la evaporación rápida resultante de la rarefacción y sequedad de la atmósfera, el abatimiento de la temperatura es brusco. Las mañanas son siempre muy frescas. En las noches, que de ordinario son claras y despejadas de nu- bes, la irradiación del calor hacia los espacios planetarios es muy rápida y ocasiona un enfriamiento considerable que llega aun á producir el hielo. La ciudad de México está construida en el lugar más bajo que la mayor parte de los alrededores, sobre un terreno poroso y pan- tanoso, que puede considerarse como continuación del lecho del lago de Texcoco. Este lago dista de la ciudad sólo cuatro kilómetros al Este y al Noreste, y cubre una extensión de 10. 395 leguas cuadradas; en el mes de Mayo de 1881, su profundidad máxima en la cruz del centro era de 45 centímetros, y la profundidad media no pa- saba de 20 á 25 centímetros. Recibiendo continuamente las inmun- dicias de la ciudad y los atierres arrastrados por las corrientes, su fondo se eleva constantemente, y, según las observaciones del Sr. F. de Gara y, sube cuatro centímetros por año. Según la opi- nión del mismo señor, el lago de Texcoco estaría desde mucho tiempo seco, si no se hubieran introducido en él, y siempre en mayores cantidades, las aguas de Chalco y Xochimilco. El piso de México es sólo un metro y 90 centímetros más alto que el nivel del lago de Texcoco; pero muchas veces, en tiempo de lluvias, el nivel de éste viene á ser muy superior al de ciertos lugares bajos del perímetro urbano, y las aguas invaden la ciudad. Los lagos Xaltocan y San Cristóbal se hallan á cuatro leguas de distancia al N. de la capital; ocupan una superficie de 3. 71 leguas cuadradas y se encuentran 3 metros 49 centímetros y 3 metros G4 centímetros más altos que el nivel del lago de Texcoco. En los últimos años, casi en todas las estaciones, estos lagos se quedaban secos, ocupando sus fondos unos charcos de 10 á 15 centímetros de profundidad. Al Sureste, á una distancia de G leguas, se hallan los lagos G de Chalco y Xochimilco, ocupando una superficie de 8.66 leguas cuadradas, y están 3 metros y un centímetro más elevados que el nivel medio del lago de Texcoco. Estos lagos tienen manan- tiales abundantes y reciben anualmente un caudal de muchos millones de metros cúbicos de agua, que les viene de los deshie- los del Popocatepetl é Ixtacihuatl. En los últimos años, la su- perficie de estos lagos ha disminuido mucho, la vegetación flo- tante que cubría una parte de ellos se ha unido en muchos lugares con el fondo, tanto por los azolves que lo elevan constantemente, como por la diminución de las aguas, y se han convertido en cié- nagas. La profundidad media de estos lagos es aproximadamente de 1 metro 60 centímetros. Al Norte, á distancia de 8 leguas, se encuentra el lago de Zum- pango, con 0. 98 de legua cuadrada de superficie, y está 6 metros 8 centímetros más elevado que el nivel medio del lago de Texcoco. Desde hace varios años este lago está^eco, y tiene solamente en algunos lugares del fondo unos charcos de agua estancada. En el año 1877, mes de Setiembre, la Dirección del desagüe ha di- rigido á este lago las aguas del rio de Cuautitlan, hasta que se agotaron, quedándose dicho lago y también Xaltocan y San Cris- tóbal casi totalmente secos. Los lagos de Chalco y Xochimilco, que tienen alguna corriente, son de agua dulce: el de Texcoco, que no tiene ningún desagüe, es salobre. El régimen actual de las corrientes de agua en el Valle, es el siguiente: Las aguas del Norte y una parte de las del Oeste las recoge en su mayor parte el rio de Cuautitlan y las extrae, por el tajo de Nochistongo, fuera del Valle; una pequeña parte se derrama á los lagos Zumpango, Xaltocan y San Cristóbal, ó se dirige al lago de Texcoco por los rios de Tlalnepantla y del Consulado. En la parte Sur, el Canal nacional trae á México las aguas de Xochimilco, recoge en su trayecto las de los rios de Churubusco, de la Piedad y algunos otros de menor importancia, y entra en la ciudad por el Puente del Molino, dividiéndose en dos canales, que recorren algunas calles y se reúnen de nuevo cerca de la ga- rita de San Lázaro, dirigiendo sus aguas por el canal del mismo nombre al lago de Texcoco. Las aguas de Xochimilco son déte- 7 nidas por bordes y el dique de Más-arriba, donde se ha practi- cado una abertura para hacer bajar las aguas al Canal nacional. Todas las aguas de los alrededores de la ciudad y las inmundi- cias de todas las atarjeas, acuden á la zanja cuadrada que rodea la ciudad, y se derraman también por el canal de San Lázaro en el lago de Texcoco. La capital de México, á pesar de su clima benigno, se puede considerar como una de las ciudades más insalubres. La morta- lidad es enorme y la vida media sumamente corta. Muchas son las causas que contribuyen á esta mala constitu- ción médica. La cuenca del Valle, en cuyo fondo está situada la capital, cerrada por todas partes y sin salida, recibiendo todas sus aguas, todos los atierres y todos los derrames de la ciudad, mantiene en estancamiento grandes cantidades de líquidos sobre un ter- reno poroso, saturado de materias orgánicas en putrefacción y que reposa sobre capas arcillosas que impiden las infiltraciones de agua en el interior del suelo. Todas estas condiciones son en extremo propicias para la fermentación pútrida y el desarrollo consecutivo de los miasmas nocivos; el clima caliente y la rare- facción del aire facilitan la evaporación, y con ella el esparcimien- to de estas emanaciones en el aire ambiente. Por la falta de cultivo y la tala continua de los bosques, la ciudad está rodeada de un verdadero desierto. Las montañas se encuentran desnudas y deslavadas, y el llano en su mayor parte árido y estéril, lo que favorece de un lado las inundaciones, la invasión extraordinaria de atierres en el fondo del Valle y la for- mación de terrenos pantanosos é insalubres, y por otro lado causa la diminución de las lluvias, de las corrientes de agua, el empo- brecimiento y aun la pérdida de los manantiales, y el aumento del calor, de la sequedad del aire y de los cambios bruscos déla temperatura, tan nocivos y funestos para la salud. Además, los pastos son malos, escasos, y faltan una gran parte del año, y el cultivo del ganado es imposible. Los animales destinados para la alimentación de la población son traídos de fuera del Valle, y llegan aquí extenuados, sin poder reponerse por falta de pastos y de buena agua, y bajando todos los dias, son matados lo más pronto posible, por temor de que se enfermen y mueran, y pro- 8 ducen así una carne de muy mala clase. Lo mismo las vacas, alimentadas en su mayor parte con yerbas acuáticas y pasto seco, dan en lo general una leche aguada y aun nociva. La mala ca- lidad de estos alimentos principales contribuye indudablemente á la constitución endeble de los habitantes, y á su gran morta- lidad, sobre todo en los niños. No menos perjudicial á la salubridad es la falta de una buena canalización y limpia de la ciudad. Las atarjeas que reciben las aguas sucias y los excrementos de casi todas las casas, se encuen- tran en pésimo estado; su estructura es defectuosa, las dimen- siones pequeñas, la profundidad é inclinación variables, según la época de su construcción; falta completa de ventilación, y al mismo tiempo de una corriente continua de agua, lo que origina que su obstrucción sea permanente. Siendo mal construidas, el cieno inmundo que contienen se infiltra en el suelo poroso. Se han levantado muchas calles sin levantar los patios, y los alba- ñales, en lugar de desaguar, reciben de los caños las aguas in- mundas, que saturan y mantienen en estado pantanoso el sub- suelo de las casas. Hay aún muchas calles que no tienen atarjeas, sino caños descubiertos. Además, faltan las atarjeas recogedoras ó colectoras, y todas las inmundicias se escurren en la zanja cuadrada, el canal de la Viga y algunas otras zanjas menores, que todas, en su mayor parte, están azolvadas, y contienen en su estancamiento aguas putrefactas. La zanja cuadrada no tiene más que un solo desem- boque para el canal de San Lázaro, y en tiempo de lluvias, las grandes cantidades de agua que rebosan sobre sus bordes pe- netran con violencia en las atarjeas, removiendo los azolves, y mezcladas con ellas hacen su irrupción en los patios, las plazas y las calles más bajas. Por mucho tiempo se ven entonces, en di- ferentes lugares de la ciudad, unos charcos de agua nauseabunda que, evaporándose, vicia y corrompe la atmósfera. El azolve del fondo del lago de Texcoco y casi de todos los rios, la falta de canales y del cultivo del suelo, impiden una distribu- ción adecuada de las aguas, y en tiempo de lluvias facilitan las inundaciones en todos los terrenos bajos del Valle. En tiempo de sequías se trasforman aquellos al principio en ciénagas y des- pués en terrenos pantanosos, y entonces los residuos vegetales, 9 los peces y una infinidad de insectos que mueren, entran en des- composición y producen miasmas mefíticos, que los vientos arras- tran por todo el Valle. Así toda la superficie de los alrededores de la capital y en una gran extensión del perímetro urbano está alternativamente sumergida y descubierta, y constituye terre- nos pantanosos; todas las casas de la ciudad descansan sobre un suelo húmedo, saturado de materias orgánicas descompues- tas, y toda ella está convertida en un gran foco de infección, adonde se verifica la fermentación pútrida, engendrando las ema- naciones más mortíferas. Como consecuencia de este estado de cosas, viene la manifes- tación continua de fiebres palúdicas de lo más rebeldes, de las epidemias del tifo, además de su estado endémico, y de las afec- ciones intestinales, cada dia más frecuentes; lo que junto con las pulmonías y tantas otras enfermedades, produce la mortalidad tan desastrosa de la capital. Mayores todavía son los peligros que el porvenir reserva á México, si no se aplican todos nuestros esfuerzos á resolver bien y pronto las medidas adecuadas para el saneamiento. El fondo del lago de Texcoco sigue azolvándose con los atierres que en tiempo de lluvias lo invaden, y sube, como lo hemos indicado, al año 4 centímetros ó sea 1 metro en 25 años; y subiendo así, dentro de poco tiempo el desnivel entre el lago y la ciudad des- aparecería completamente; las aguas inmundas refluirán sobre las calles, y para no verlas cubiertas de lodo, habría que levan- tarlas cada vez más hasta que la mitad de las casas y edificios queden enterrados. El régimen de las corrientes de agua se hará imposible, la mayor parte de los manantiales desaparecerá, la falta de agua potable será siempre mayor, y la superficie de los pantanos tendrá que extenderse más y más. El estado climatológico anómalo no podrá menos que agra- varse; la sequedad del aire y la evaporación aumentarán; las fiebres y epidemias se harán más frecuentes y mortíferas, y la población tendrá que sucumbir á estas influencias tremendas ó abandonar el país inhabitable, y antes de que trascurra un siglo, de la capital de esta gran República, de la ciudad de los palacios, no quedarán sino ruinas en medio de un desierto. No es posible poner en duda hoy la influencia saludable que 2 10 pueden ejercer sobre la climatología y la salubridad pública las buenas medidas higiénicas. En donde quiera, y sobre todo en los países calientes, se ha observado una relación de lo más intima entre el estado del suelo y la atmósfera. Varios países muy sanos se han convertido en estériles é inhabitables por el abandono de trabajos agrícolas y falta de medidas higiénicas; y al contrario, muchísimas comarcas incultas ó insalubres se han trasformado en fértiles y sanas, por la cultura adecuada del suelo y la aplicación de los numerosos medios sanitarios. El desarrollo de una vegetación vigorosa se ha demostrado como necesario é indispensable para la vida del hombre, y su destrucción le ha sido siempre nociva y funesta. El cultivo apro- piado de los vegetales ha cambiado en todas partes el clima ar- diente y seco en benigno y soportable, ha desecado los pantanos, hecho desaparecer los torrentes devastadores, y su influencia benéfica é inapreciable se ha manifestado siempre por la dimi- nución de la mortalidad y el aumento de la población. No menos importante es el buen desagüe de los centros de po- blación y la distribución adecuada de las aguas. Gracias á estas medidas, ciudades antes insalubres, infestadas por las fiebres y epidemias, fueron saneadas completamente. Pero debemos tener bien presente, que el desagüe y el sanea- miento de la ciudad y del Valle de México es un problema muy difícil y de lo más complicado. Para que sea conforme á las exi- gencias científicas de la época y á las necesidades de la pobla- ción, y ventajoso para los intereses de la Compañía que lo em- prenda, debe estar basado sobre el estudio comparado de los medios sanitarios aplicados en otros países, adaptados á las cir- cunstancias topográficas y climatéricas del Valle, y además so- bre un estudio perfecto de la mejor explotación agrícola é indus- trial de los terrenos desecados y de las aguas conservadas; así, el plan que haya de adoptarse debe llenar condiciones múltiples y satisfacer al mismo tiempo todas las exigencias absolutas é irrecusables de la Climatología, de la Higiene y de la Agricul- tura. Los conocimientos técnicos del ingeniero no son suficientes para su resolución; ellos deben forzosamente sujetarse á los pre- 11 ceptos del higienista, y ser secundados convenientemente por la ciencia práctica del agricultor. Para facilitar el estudio del desagüe y del saneamiento del Va- lle, trataremos separadamente de la vegetación, de la canaliza- ción y de la limpia de la ciudad y distribución de las aguas. l.-LA VEGETACIÓN. En todos los países se ha reconocido y señalado la influencia desastrosa del desmonte sobre la climatología, la higiene y la agricultura. También en México se han levantado voces de alar- ma, clamando en contra de ese proceder descabellado y devas- tador, y hace poco el Sr. Secretario de Fomento dirigió á los go- bernadores de los Estados una circular notable, en que resume todos los funestos males que trae consigo la destrucción desaten- tada de los bosques. Y sin embargo, cuando se ve la lentitud de- plorable con que se procede, y lo poco que se hace para remediar este desastre, uno llega á creer que las opiniones no están todavía muy fijas y generalizadas, y que no se da todavía la importancia debida al desarrollo de la vegetación, este modificador poderoso, en provecho de nuestra decaída salubridad. Las grandes plantaciones de árboles hechas en diferentes paí- ses, y su influencia maravillosa sobre el clima y la constitución médica, siempre igual é incontestable, y la convicción que tene- mos de que el cultivo de los vegetales debe servir como principal base al saneamiento del Valle, nos obligan á ocuparnos deteni- damente de esta gran cuestión, reuniendo todos los datos á nues- tro alcance, que puedan dar luz y servir de guía, no solamente para llegar á una apreciación justa y verdadera de su magnitud, sino al mismo tiempo para facilitar y animar su realización prác- tica. La influencia benéfica de la vegetación es muy complexa y se puede analizar según los diferentes modos de acción, que es al mismo tiempo mecánica, físico-química y fisiológica. La acción mecánica consiste en la barrera que opone el vegetal al movimiento atmosférico, y las propiedades de las raíces de dar fijeza al terreno aglomerando y manteniendo las tierras; de im- 12 pedir su deslave y la formación de barrancas, y de facilitar la infiltración de las aguas en el subsuelo. La acción física se manifiesta por el aumento de la higrosco- piedad de la tierra, producida por la acción de las raíces, aná- loga á un drainage, por las propiedades del detritus vegetal, de absorber el agua, y de las hojas y copas de impedir su evapo- ración. La acción química consiste principalmente en la absorción del ácido carbónico por las hojas, y su descomposición en carbono que se fija en el tejido vegetal, cediendo al aire ambiente volú- menes proporcionados de oxígeno. La acción fisiológica dirige el crecimiento, la formación del te- jido vegetal y la respiración de las hojas, que esparcen en la at- mósfera la humedad recogida del suelo por las raíces. La acción mecánica y física de los bosques, tiene una influen- cia muy favorable en la regularizacion de las corrientes de agua, principalmente en las vertientes fáciles de excavar. El agua de- tenida en todas partes en su caida, por el aumento de permea- bilidad y consecutivamente la fácil infiltración en las capas in- feriores del suelo, se precipita en menor cantidad y con menos violencia y rapidez; las cimas de los árboles sirven de abrigo á los terrenos, disminuyendo y atenuando la tempestuosidad y violencia de los turbiones; la tierra es fijada por las raíces, todas las sustancias arrastradas con la corriente son detenidas por las selvas, y de ese modo se previenen los atierres y las inundaciones. Surell,1 en su hermoso trabajo sobre los torrentes, ha probado que este desastre es provocado por el desmonte. En donde quiera que se han destruido las selvas, se han formado torrentes turbu- lentos é inundaciones, y al contrario, tan luego como se les ha establecido de nuevo han desaparecido aquellos graves peligros. Las espantosas inundaciones del Valle del Ródano en 1840, del Valle del Loira en 1856 y 1857, y los recientes desastres de Sze- gedin en Hungría, y de la provincia española en Murcia, así como el de Monterey en esta República, no reconocen otra causa que la tala inconsiderada de los bosques. Además, por el obstáculo que las copas oponen á los vientos, 1 Etude sur les torrents des Hautes-Alpes, por Alexandre Surell, 2me. édition. 13 disminuyendo la evaporación y facilitando las raíces las infiltra- ciones, los bosques ayudan al régimen conveniente de las aguas subterráneas; influyen benéficamente en el producto y la creación de fuentes y manantiales perennes, y ai mismo tiempo en el sur- timiento de las corrientes de agua.1 En donde quiera que se han hecho grandes plantaciones como en Australia, Egipto, Argel y varios países europeos, se han llegado á crear manantiales aun en mesetas desnudas; y al contrario, muchos ojos de agua muy abundantes han desaparecido completamente desde el desmonte. De Colomb1 en su exploración del Sahara, ha hecho varias ob- servaciones que comprueban este hecho,2 y Cantégril cita muchos casos análogos verificados en Francia.3 Los bosques ejercen una influencia muy benéfica sobre la tem- peratura ambiente. Los vapores que continuamente se levantan de las selvas y las cubren, y el follaje, forman un abrigo que, in- terceptando los rayos solares, impide el calentamiento del suelo, y unido á la acción química que se verifica continuamente en el vegetal, produce una diminución del calórico y refresca la at- • mósfera. Según los experimentos que se han hecho últimamente en Europa, el árbol mantiene casi en todas las estaciones una temperatura uniforme y constante de 12.4 c. Ya teóricamente, el solo hecho de que quemando la madera producimos calor, in- dica con arreglo á la ley de la trasformacion de las fuerzas según equivalentes fijos, que para la formación de la madera el árbol absorbe el calórico, y todas las observaciones confirman esa in- ducción teórica. Por otra parte, los bosques se oponen á la irra- diación del calórico hacia los espacios celestes en la noche, y á una evaporación rápida, é impiden un abatimiento brusco y fuerte de la temperatura, preservando estas regiones por la misma causa de las granizadas y heladas tardías tan desastrosas para el cul- tivo. De todas estas circunstancias resulta que los lugares cu- biertos de selvas tienen siempre una temperatura más benigna 1 J Maistre, De l'iufluence des foréts sur le climat et le régime des sources, 1874. Belgrand. La Seine, étude liydrologique sur le régime de la pluie, des sources et des eaux courantes. Paris 1872. 2 De Colonib. Exploration des Ksours et du Sahara, 1858. 3 Bapport de la Comiasion météorologique du departement de l'Oise, pour l'an- née 1873-74. 14 y uniforme, y sin las oscilaciones violentas en la temperatura, tan frecuentes y perjudiciales en las regiones desnudas.1 Según Mathieu y Bousignolt, la temperatura media de los bosques está siempre 2 grados más baja que en los campos.2 Los experimentos de Bivoli, hechos en las selvas del Gran Ducado de Posen (Polo- nia), lían demostrado también que los bosques suavizan la tem- peratura de los vientos frios y refrescan la de los vientos calientes. Por otro lado, Trottier cita que, en el departamento d'Ardéche (Francia), aparecieron después de la tala completa de arbolados, unas heladas funestas, antes desconocidas en este .país.3 Los bosques, á causa de la temperatura más baja que mantie- nen, de la condensación de los vapores que continuamente de ellos se levantan y del obstáculo que oponen al movimiento at- mosférico, favorecen la formación de las nubes y producen lluvias frecuentes. Rompiendo mecánicamente la corriente del aire, las selvas la obligan á elevarse, ponerse en contacto con los vapores acuosos que constantemente las cubren, y condensándolas de- terminan las lluvias. En México podemos ver frecuentemente sobre las cimas de las- montañas, nubes grandes y amenazadoras que se forman y des- aparecen sin producir aguas. Estas nubes se encuentran á me- nudo en su punto de saturación, y si un aire fresco hubiera cam- biado la dirección primitiva de aquellas y las hubiese compri- mido contra las capas atmosféricas superiores, se habrían sin duda disuelto en lluvia. Pero en lugar de esto, el suelo del llano, árido y raso, se calienta rápidamente, lo mismo que las vertientes de montañas desnudas y^deslavadas, reflectando un aire caliente que sube, se dilata y absorbe rápidamente la humedad de estas nubes haciéndolas desaparecer. Si una gran parte del Valle es- tuviera cubierta de bosques, el aire no se calentaría tanto, y el vapor de agua tenido en suspensión por la atmósfera se conden- saría frecuentemente y caería en forma de lluvia. Según las observaciones de Mathieu y Cantégril, la cantidad de las aguas llovedizas es en los bosques de 6 por 100 superior 1 Des climats et de l'influence qu'exercen les sois boisés et non boisés, par M. Beckerel, 1853. 2 Rapports annuels de météorologie foré'stiere, par M. Mathieu, 3 Trottier, Boisement dans le désert et colonisation. 15 á la que se observa en regiones desnudas, adonde las prolonga- das sequías alternan con una temporada relativamente corta de lluvias torrenciales. La evaporación es en las selvas cinco veces menos considerable que en los campos. J. Maistre ha reconocido además, que mientras en las regiones desnudas los grandes agua- ceros caen en el verano, en las grandes regiones cubiertas de bosques caen en el otoño é invierno, y siempre con menos fuerza é intensidad. En Egipto, adonde se ha hecho el plantío de veinte millones de árboles, el número de dias de lluvia, que antigua- mente«no excedía por año de cuatro á cinco, ascendió á cuarenta y cinco ó cuarenta y seis dias, y las aguas aparecieron aun en algunos desiertos adonde antes fueron desconocidas. No menos importancia tiene el desarrollo de la vegetación para la higiene. Ya todas las modificaciones climatológicas, como la uniformidad de temperatura, la humedad constante y moderada del aire, la regularidad de las lluvias, son muy favorables para una buena constitución médica; pero además, por su acción fisio- lógica los vegetales pueden ser considerados como agentes im- portantísimos para la purificación del suelo y de la atmósfera.1 Las raíces de las plantas sanifican el suelo, oxidando las ma- terias orgánicas en putrefacción, facilitando la infiltración del agua en las capas profundas del suelo, y manteniendo su circu- lación continua; y las hojas, fijando por su traspiración el car- bono,2 absorben gases deletéreos, y además dismuyen la inten- sidad de la luz y esparcen en el aire el vapor de agua necesario para regularizar las temperaturas, y grandes cantidades de oxí- geno indispensables para la purificación permanente de la at- mósfera. Esta doble influencia de las raíces y délas hojas es tan pode- rosa, que puede modificar ventajosamente el clima. Según obser- vaciones hechas en diferentes países, muchas comarcas panta- nosas, desoladas por las fiebres, se han convertido en pocos años, por el plantío de los bosques, en mansiones sanas; y al contrario, el desmonte ha causado la aparición de pantanos en países antes 1 Climats et endemies, esquisses de climatologie comparée, par M. le Dr. A. Pauly. Paris, 1874. 2 Según Heyei-, catedrático de agricultura en la escuela de Gierssen, la hec- tara de bosques fija anualmente, por término medio, 3,014 kilógs. de carbón. 16 muy salubres. El Sr. Gilberto Torres citó, en el Congreso Médico, una observación análoga hecha en México. En Huatulco, puerto del Pacífico, los empleados hicieron una gran tala de árboles, para situar la aduana, y á muy poco tiempo perecieron de fiebres to- dos, menos uno que abandonó este lugar. Algún tiempo después, cuando la vegetación habia repuesto todos los árboles cortados, se fijó por allá una compañía americana, y ninguno de sus miem- bros sufrió la más ligera enfermedad, gozando todos de una sa- lud perfecta. En donde quiera que se han podido efectuar grandes planta- ciones, han resultado los más felices efectos para la salubridad, y todas las observaciones están unánimes en que los lugares próxi- mos á los bosques tienen un aire muy puro y rico en oxígeno, y que sus habitantes disfrutan de mejor salud y de una vida más larga, que en comarcas desnudas. Los árboles que con más ventaja se pueden utilizar para el saneamiento de terrenos pantanosos, son el pino y el eucaliptus. Principalmente el último es inapreciable para ese objeto y ha llegado ya á una muy merecida celebridad. Tenemos, pues, que ocuparnos de este árbol notable con una atención particular, tanto más cuanto que por su acción fisiológica especial y la interven- ción prodigiosa en la salubridad, está llamado á desempeñar un papel importantísimo en el saneamiento de nuestro Valle. El eucaliptus * pertenece á la familia de los Myrtos y tiene una multitud de especies diferentes, que actualmente llegan ya al número de 150. Prospera en los climas suaves que le permiten vegetar sin interrupción en todas las estaciones, resiste muy bien á la sequedad, y aprovecha admirablemente las lluvias. Los ter- renos que más favorecen su crecimiento son las tierras bajas, pantanosas y calientes; pero según las indicaciones de Trottier, Muller y Certeujc, hay especies que crecen muy bien en terrenos secos y poco fértiles, y otros que se acomodan á todo terreno. Las propiedades extraordinarias que tiene el eucaliptus para 1 A. Certeux. Guide du planteur d'eucalyptus. Paris, 1877. L'Eucalyptus globulus au point du vue botanique, économique et medical, par M. ,1. E. Planchón, dans la Revue de Deux-Mondes, 1875. Janvier. Iidva-t-Wattel. L'Eucalyptus, son introduction, sa culture, ses proprietés, usages. 2me. édition. 17 desecar los terrenos húmedos, las debe, principalmente, á sus raí- ces largas y fuertes que absorben en un grado superior el agua y perforan profundamente el suelo, facilitando las infiltraciones, y á la calidad prodigiosa é incomparable de las hojas de esparcir en la atmósfera cantidades enormes de vapores acuosos. Nume- rosos experimentos hechos por sabios ilustres han demostrado de un modo decisivo estas calidades notables. Según el Dr. Ber- therand, este árbol absorbe diariamente una cantidad de agua que corresponde á una décima parte de su peso. Trottier ha ob- servado que poniendo un ramo de eucaliptus en un vaso lleno de agua, y cubierto con una tapita perforada, el vaso se queda completamente vacío en 5 dias, y que en verano, el mismo ramo puede en 24 horas absorber y esparcir en el aire ambiente una cantidad doble de su peso. Según otras observaciones, este hecho se verifica en dias muy calientes, aun en 12 horas. Además de la humedad, las hojas esparcen en el aire grandes cantidades de oxí- geno y efluvios balsámicos, que tienen por base la esencia de trementina en una composición volátil, particular, que los hace muy vivificantes y saludables. Según Gubler y Fremy, estos eflu- vios tienen, por sus calidades antisépticas, una influencia directa en la destrucción de los miasmas palúdicos. Estas propiedades especiales del eucaliptus vienen á ser toda- vía más apreciables, por la continuidad no interrumpida de ve- getación y la rapidez de su desarrollo. Principalmente en los primeros años su crecimiento es extraordinario, y según todos los autores, puede valuarse por término medio en cerca de un metro por mes. Según Cosson, un eucaliptus de 7 años, plantado en condiciones favorables, puede llegar á 20 metros de altura y tener más de un metro de diámetro. Un eucaliptus centenario tiene 60 á 70 metros de altura, y mide 9 á 10 metros de diámetro. En muchísimos lugares se ha observado que el eucaliptus hace desaparecer rápidamente el agua en los manantiales cercanos á las plantaciones, y puede por esta calidad constituir un desagüe inmediato de comarcas bajas y húmedas, particularmente de ter- renos de barro que mantienen en su superficie charcos de agua muerta. Según los estudios hechos sobre esta materia última- mente por Beckerel, Mathieu, Planchón y Fautrat, es ya un hecho comprobado que este árbol tiene además el prodigioso poder de 3 18 desecar en poco tiempo los pantanos, destruyendo al mismo tiem- po los miasmas palúdicos. Así, en el Cabo de Buena Esperanza los plantíos de eucaliptus han hecho desaparecer los pantanos en el espacio de tres años, y han sanificado completamente el país; lo mismo se ha observado en la isla de la Reunión, en Córcega, en los alrededores de Cádiz, de Sevilla, Valencia, Barcelona y muchos otros lugares. De igual modo los bosques de pino culti- vados en Francia han desecado todos los pantanos en el bosque de Saint-Amand, (Nord), y aun en las dunas de Gascuña han hecho desaparecer el agua estancada en el fondo de los valles. Según las observaciones de médicos respetables, en todas par- tes adonde crece ó se ha propagado el eucaliptus, el clima es muy sano. Así la salubridad de Australia no reconoce otra causa, y todos los viajeros están unánimes en atribuirla á los efluvios vi- vificantes de este árbol gigantesco. En todo el litoral del Medi- terráneo, desde Niza hasta Tolón, en muchísimos lugares de Es- paña, de Portugal, de Italia, donde desde muchos años atrás está aclimatado el eucaliptus, el clima es hoy muy sano, habiendo sido anteriormente de lo más mortífero. En muchos lugares panta- nosos ha sido suficiente rodear las casas de plantaciones de este árbol, para preservar á sus habitantes de las fiebres. Así en el Convento de las Tres Fuentes, en los alrededores de Roma, los trapenses pueden hoy, gracias al establecimiento de grandes plan- taciones de eucaliptus, quedarse allí todo el año sin enfermarse, mientras anteriormente se vieron obligados á abandonar en cier- tas épocas del año su residencia, para evitar el peligro de las fie- bres perniciosas, muy á menudo mortales.1 En Andalucía, en ciertas estaciones de ferrocarriles, adonde la permanencia de algunas horas bastaba para que los empleados fuesen atacados de las fiebres, lo que obligaba á la administración á cambiarlos cada ocho dias, la actividad prodigiosa de la myrtácea austra- liana ha neutralizado en pocos años la influencia desastrosa del impaludismo. También en Argel el eucaliptus se ha aclimatado perfecta- mente, y sus plantaciones hechas en grande escala han efectuado un cambio verdaderamente mágico del país. Las costas, áridas 1 Bulletin mensucl de la Société d'Aclimatation. 3me Serie, 1874. V. 1. 19 y desnudas, se han cubierto con un hermoso follaje; los valles desiertos, infestados con aguas pestilentes, se han trasformado en bosques risueños y praderas encantadoras, con pasto abun- dante y de buena calidad, y los moscos, tan molestos para los ha- bitantes y dañosos al ganado, se han desterrado completamente; en todas partes el eucaliptus ha sanificado las comarcas panta- nosas, ha preparado la desecación de los lagos, ha dado valor á los terrenos y facilitado la vida al colono. El lago de Fezzara, e» la provincia de Constantina, cuyas ori- llas cenagosas fueron el espanto de los viajeros, después de haber sido rodeado de una cortina de cerca de 200,000 eucaliptus, ya dejó de ejercer su triste influencia. Las minas de fierro de Mokta el Hadid, situadas en la proximidad de este lago, que antes perma- necían inexplotadas una parte del año, por las calenturas perni- ciosas que herían de muerte á los obreros, hoy pueden ser traba- jadas todo el año.1 En la aldea de la Maison Carree, adonde desde su instalación en 1847, la insalubridad ha sido tal que cada nacimiento era se- guido de una defunción, y un solo niño pudo criarse 19 años há, hoy el estado sanitario se ha mejorado notablemente y la mor- talidad ha bajado más de la mitad. Del mismo modo en el Con- vento y Orfanatorio agrícola de la Maison Carree, y en la Peni- tenciaría del Arrach, rodeadas de árboles de eucaliptus, las fie- bres han desaparecido completamente y las intermitentes son muy raras.2 La Sociedad de Climatología de Argel, para poder apreciar con precisión la influencia sobre la salubridad de las grandes plan- taciones de eucaliptus hechas en este país, ha emprendido un largo estudio pidiendo informes á todos los propietarios y médi- cos de las localidades cercanas á las arboledas, y reuniendo todos los datos que se relacionan con este asunto, el resultado ha de- mostrado que el eucaliptus tiene un poder higiénico incontesta- ble; que en donde quiera que fué cultivado, las fiebres han des- aparecido completamente, ó á lo menos han disminuido en fre- cuencia y gravedad, y que los terrenos pantanosos é incultos se 1 Bulletin de la Société d'Agriculture d'Algei: N? 62, p. 254. 2 Bulletin de la Sociéié d'Aclimataüon. 1875. 20 han saneado y trasformado, con gran beneficio de los intereses particulares y de toda la población. Hoy Argel tiene ya quince millones de eucaliptus, y todos los dias se establecen nuevas plantaciones. Según Certeu.v, se nece- sita llegar á 50 millones de árboles para sanear completamente esta hermosa colonia francesa. El plantío de los bosques tiene además una gran importancia por su valor industrial, y el provecho sin número que de él saca el hombre en la agricultura y en la vida privada. Aquí de nuevo ocupa el primer lugar el eucaliptus. Comparándolo con el encino, un eucaliptus de 5 años produce, según Pasquier de Chateau- Gontier, tanta madera como un encino de 40 años; y de 15 años tanta madera como un encino secular. El mismo autor compara el producto de este árbol como utilidad, con el de los cereales, del modo siguiente: una hectara sembrada de trigo, puede dar un beneficio anual neto de 300 fr., ó por 26 años 7,800 fr.; el árbol de eucaliptus, en el mismo tiempo, puede producir 7 veces más, es decir, 53,254 fr. Según Certeux, la evaluación del producto de una hectara de eucaliptus de 5 años, utilizada para postes tele- gráficos, representa una utilidad anual de 2,800 fr. Su madera es muy compacta y debe á la presencia de mate- rias resinosas una incorruptibilidad que le permite resistir á la influencia del agua y de la humedad del suelo, y por esto ser utilizada con mucha ventaja para toda clase de construcciones. No menos digno de atención es el plantío de arbolados para la economía agrícola; ellos abrigan los campos cultivados contra los vientos desecantes, al ganado contra los rayos del sol, y las hojas caídas forman el mejor abono para la tierra é impregnan las aguas que se derraman de las vertientes, con sales solubles que favorecen tanto á los pastos y campos cultivados. Agregando á todas estas ventajas la producción ya mencionada de madera, no solamente para los diversos usos de la industria y de la vida privada, sino aun para la venta, y tomando en consideración que su precio aumenta en todos los países con una rapidez siempre creciente,1 la cultura de los bosques constituye, en un porvenir 1 En Francia, según Certeux, el encino que valia, en 1814, 32 fr. el metro cúbico, se vendía en 60 fr. en 1860, y ahora llega á 105 fr. En Alemania, el va- lor se ha aumentado cuatro veces desde 1830. En los Estados-Unidos se ha más que duplicado de 1861 á 1867. La situación es análoga en otros países. 21 cercano, una fuente preciosa de riqueza, y contribuye de un modo inapreciable á la prosperidad y al aumento de la población. El Dr. Bertherand ha reasumido elocuentemente el interés que va unido á las plantaciones, diciendo con justicia: plantar es sanear, poblar y colonizar. El establecimiento de los bosques en el Valle de México, con su llano árido y las vertientes desnudas, es no solamente de ne- cesidad, sino casi una condición de existencia; su intervención seria poderosa para la reconstitución del estado climatológico anómalo y para el desarrollo de la salud y del bienestar de los habitantes. Pero no es suficiente plantar unos miles de árboles y esparcirlos en diferentes lugares del Valle; para sanear los ter- renos pantanosos é insalubres, moderar la sequedad y calor del clima, evitar las temperaturas extremas y las heladas tardías, regularizar el régimen de las lluvias y suministrar la madera su- ficiente para una población menesterosa, se necesita que la ex- tensión de las selvas sea proporcionada á la superficie del país. Si en la Europa central, según la opinión de hombres compe- tentes, una quinta ó sexta parte del suelo debe estar cubierta por arboledas, para favorecer la salud, la vida larga y el máximum de población, es evidente que en un país tan seco y caliente como México, se debe trasformar lo menos una cuarta parte de su su- perficie en bosques. Calculando solamente 60 leguas cuadradas ó sea 105,300 hectaras, que debían ser convertidas en selvas, y pudiendo plantar por término medio 500 árboles en una hectara, resultará que las plantaciones adecuadas á la extensión del Valle representarían 52.650,000 árboles. Para favorecer lo más posible los intereses de la higiene y de la agricultura, se deberían convertir en bosques todas las ver- tientes de montañas y todos los terrenos pantanosos é insalubres. Los árboles más á propósito para el plantío en las vertientes son, junto con algunas especies de eucaliptus, como Alpina, Stuar- tiana, Gigantea y Gumini, el cedro, el ciprés, el troeno, el álamo y el fresno, y para los terrenos pantanosos el eucaliptus glóbulus y el pino. La repoblación de las montañas es de la mayor importancia para retener la mayor cantidad posible de agua en las vertientes, aumentar y regularizar el producto de los manantiales y cor- 22 rientes de agua, é impedir en los terrenos bajos los atierres y las inundaciones, y por estas razones debia preceder á las obras hi- dráulicas. Las grandes plantaciones hechas últimamente en Francia, para el revestimiento de las montañas, se han demostrado realizables y han dado el mejor resultado. Demontzey expone en una memo- ria voluminosa, la teoría completa de los procedimientos para ejecutar las obras y vencer todas las dificultades que se presen- tan en su realización.1 Para dar la prueba más elocuente del cambio feliz que resulta de la repoblación de las montañas, citamos aquí un pasaje del informe que el Sr. Gentil, ingeniero en jefe, rindió al Ministro de obras públicas de la República francesa.2 « El aspecto de la montaña, dice, ha cambiado del todo; el suelo ha adqmrido una estabilidad tal, que las violentas tempestades de 1868, que tantos desastres causaron en los Altos-Alpes, han sido inofensivas en los perímetros regenerados. «En poco tiempo se ha hecho productora la montaña; allí, donde apenas podían vivir algunos carneros, destruyéndolo todo, se ven ahora abundantes yerbas susceptibles de ser cortadas. Este modo de dar valor es notable en el sentido de que en corto tiempo suministra recursos para el alimento de los rebaños. «Por el solo hecho de la consolidación del terreno y de la ve- getación han desaparecido los caracteres torrenciales de las mon- tañas desnudas, tan bien descritos por Mr. Surell. Las aguas es- tán menos turbias en tiempo de lluvias y son mejores para el riego.» Junto con el cultivo de bosques, seria muy ventajoso convertir la mayor parte de los terrenos estériles, á la proximidad de la ciudad, en praderas y tierras de labor, tanto por los beneficios agrícolas, como por la facilidad y conveniencia de aprovechar las aguas resultantes de la limpia de la ciudad. Ya en los alrededores de muchas ciudades de Europa se hacen irrigaciones con estas aguas con el mejor resultado, absorbiendo 1 Demontgey. Etude sur les travaux de reboisement et de gazonnement dea montagnes. 1878. 2 J. Clavé. Le reboisement des Alpes dans la Bevue des Deux Mondes, Fevrier, 1831. 23 y purificándolas completamente, en proporción de 45 á 50,000 me- tros cúbicos por hectara y por año. Últimamente Marié-Davy, director del Observatorio Meteorológico de Montsouris (Paris), ha hecho experimentos notables sobre este asunto, y ha encon- trado que las plantas de gran cultura, utilizando los principios fertilizadores de las aguas de los caños, toman un desarrollo con- siderable en los terrenos irrigados, y además tienen la cualidad de extraer del suelo y esparcirla en la atmósfera en forma de va- pores, la mayor parte del agua empleada en el riego, y en pro- porción de 40 á 45,000 metros cúbicos por hectara y por año.1 Los experimentos hechos por espacio de dos años, en 1879 y 1880, sobre 8 aras de tierra contenida en 8 recipientes, bien re- vestidos, puestos á la disposición de Marié-Davy por la muni- cipalidad de Paris, han demostrado que todas las plantas de gran cultura y aun los cereales, pueden prosperar en las tierras más áridas, regadas con el agua de los caños, y que el agua que se derrama de los recipientes, por un drainage particular de que están provistos, representa cantidades muy pequeñas, y es orgá- nicamente muy pura. Sobre el suelo cultivado, el agua del riego que penetra en las capas ambientes es, en lo general, todavía más escasa que la que escurre de los recipientes en los experimentos mencionados, y muchas veces el desarrollo y la evaporación de algunas plantas, como alfalfa y ciertas especies de coles, son tan poderosos, que hasta hacen bajar el nivel de las aguas subterráneas. En México, tanto por la menor densidad del aire, como por la continuidad de vegetación, la evaporación de las plantas debe ser mucho más grande que en Europa; pero aun admitiendo que sea solamente igual, la exhalación acuosa de los vegetales en los campos irrigados, ya no sólo sustituye sino aun sobrepújala eva- poración y las infiltraciones en los lagos, que pueden valuarse en cerca de 27,000 m. c. por hectara y por año. El establecimiento de bosques y campos cultivados, bien diri- gido, aplicando en las vertientes los árboles á propósito para re- tener las mayores cantidades posibles de agua en el suelo, tra- tando de desecar los terrenos pantanosos por los eucaliptus, y 1 Annuaire de VObservatoire de Montsottrís pour l'année li-Wl. 24 aprovechando todas las aguas disponibles en irrigaciones, puede constituir un desagüe perfecto del Valle. Sin contar que este sis- tema es muchísimo más fácil y más barato que todas las medi- das propuestas por los ingenieros, es además superior por las modificaciones climatológicas favorables, las grandes ventajas agrícolas y la influencia directa que tienen los efluvios vivifican- tes del eucaliptus en destruir los miasmas palúdicos. Así, rodean- do los pantanos y los lagos de una cortina espesa del gigantesco eucaliptus, su desaparición y saneamiento se verifica en poco tiempo, sin ningún peligro para la salubridad, lo que no es po- sible con los otros medios sanitarios. Varias ocasiones se han concebido temores de que los terrenos impregnados por las sales no pueden ser aprovechados para el cultivo. Hemos estudiado detenidamente este punto, consultando varios autores de agricultura y hombres competentes, y hemos llegado á poder contestar satisfactoriamente á esta objeción. Es cierto que los terrenos compactos é impermeables, que han sido por mucho tiempo oprimidos por las aguas, y que encierran más de un centesimo de sales solubles, son completamente estériles si se les deja abandonados; pero tan luego como por un cultivo adecuado se consigue que el aire penetre en el suelo, y la pro- porción de sales disminuya hasta un milésimo, ya pueden consi- derarse como ventajosos para la vegetación. Las labores profun- das que devuelven la permeabilidad al suelo, el encalamiento que absorbe en provecho de la cultura los elementos de insalubridad, y las irrigaciones bien dirigidas, que impiden la concentración de las soluciones, pueden trasformar en poco tiempo los terrenos más estériles en buenos pastos y campos fértiles, susceptibles de una gran cultura. L. Molí cita como prueba la hermosa vegeta- ción que eubre en Argel la orilla de varias corrientes de agua salobre, é indica que aun el agua de los lagos puede servir para el riego en la primavera y el otoño, cuando está turbia y las sales están muy diluidas.1 Según la opinión de varios arboricultores que se han ocupado ya prácticamente en cultivar el eucaliptus en el Valle de México, en el terreno más tequezquitoso se pueden establecer buenas ar- l L. Molí. Colonisation et Agriculture de l'Algérie. Paris, 1845. V. I. p. 139. 25 boléelas, si dos ó tres meses antes de plantar se abren cepas y zanjas y aun excavaciones aparte para cada árbol, de dimensio- nes convenientes. El sol, el aire, las lluvias, destruyen ó dismi- nuyen tanto las sales, que ya no presentan ningún obstáculo á la vegetación, y al contrario, pueden considerarse como uno de los elementos que la favorecen. Es preciso solamente asegurar á las plantaciones un riego seguido y el escurrimiento del exce- dente de agua, cuidando que no se formen charcos de aguas muer- tas, que permaneciendo sólo cuatro ó cinco dias ya podrían com- prometer la vida de los árboles. Así á la orilla del lago de Texcoco, asegurando sus bordes con pequeños diques para evitar las inun- daciones, se podia ya en pocos meses comenzar el plantío de los eucaliptus. Para realizar convenientemente y en poco tiempo el estable- cimiento de los bosques, tan urgente bajo tantos puntos de vista para el Valle de México, no debemos contar con la buena volun- tad y entendimiento de los propietarios, sino con la intervención legítima de las leyes y autoridades. Nos parece lo más á propósito seguir en esta cuestión el ejemplo y los procedimientos ya san- cionados en otras naciones. Así en Francia, una vez demostrada la necesidad del revestimiento de las montañas con arboledas, se procedió luego, en 1860, á la promulgación de una ley que fija los procedimientos para su realización. Sus principales disposiciones son las siguientes: los trabajos de plantaciones son facultativos y obligatorios; en el primer ca- so, el Estado subvenciona á las comunidades ó á los particulares, sea con cantidades de dinero, sea por la distribución de semillas y de plantas; en el segundo caso, cuando el interés público lo exige, el Estado determina el perímetro de terrenos que deben ser cubiertos de bosques, por un decreto del Consejo del Estado, y lo comunica para su ejecución á los propietarios, y en caso de que éstos se nieguen, ejecuta él mismo las obras. Cuando los ter- renos pertenecen á particulares, el Estado puede adquirirlos por un convenio amistoso ó por la expropiación.1 1 Varias personas nos han hecho observar que, según la Constitución de esta República, no se puedo obligar á los propietarios á plantar árboles en sus terrenos: no podemos de ningún modo admitir esa objeción, porque desde el momento en que se reconoce el establecimiento de bosques como asunto de uti- 4 26 En la práctica se ha demostrrado que todos los trabajos con- fiados para su ejecución á los propietarios, han dejado muoho que desear y cierto número de veces fueron impracticables, y que sólo la adquisición de los terrenos comprendidos en el perímetro de plantaciones y el establecimiento de ellas por el Estado ó una com- pañía particular encargada por él, puede dar buenos resultados y vencer todas las dificultades. Los trabajos dejados á la iniciativa y buen juicio de los parti- culares no pueden considerarse sino como medios de escasos re- sultados. Se puede con ellos obtener ventajas parciales, y tras- formar algunos terrenos, pero no se podrá nunca obtener una obra sólida, uniforme y perfecta, que proporcione un saneamien- to general y completo del país. 2.-LA CANALIZACIÓN Y LIMPIA DE LA CIUDAD. Velar por la limpieza del suelo, conservar el aire puro y tener en cantidades suficientes el agua también pura, son las tres con- diciones indispensables para la higiene de una ciudad. Un buen sistema de canalización y de limpia debe, por consiguiente, antes de todo, procurar que el suelo no venga á ser el filtro y recep- táculo de las inmundicias, que el aire sea preservado de todas las emanaciones nocivas, y el agua destinada á usos domésticos, de todo contacto con las materias putrefactas. Para que esto sea po- sible se debe evitar con el mayor cuidado la formación de todo foco de infección y alejar rápidamente los residuos orgánicos que puedan constituirlo. Numerosos estudios y observaciones han demostrado que los más peligrosos productos de la fermentación pútrida de materias orgánicas, que particularmente favorecen la aparición del tifo, se desarrollan cuando estas materias se encuentran concentradas lidad pública, la misma Constitución autoriza al Poder legislativo á que mo- difique oportunamente las leyes, según las necesidades urgentes. Además, ha- bría aún otro modo de lograr el objeto deseado: imponiendo contribuciones fuertes sobre los terrenos incultos, lo que obligaría á los propietarios á cultivar sus tierras ó á venderlas á bajo precio, y la Compañía del desagüe podría así adquirirlas en condiciones ventajosas, y realizarlas plantaciones por su cuen- ta, según el plan adoptado. 27 en infiltraciones en un suelo compacto y no aereado, ó aglomera- das en letrinas. Como es casi imposible cerrar estas últimas her- méticamente, y evitar el escape de miasmas deletéreos en el inte- rior de las casas, y como su limpia, sea de dia ó de noche, á pesar del perfeccionamiento que se ha conseguido, no deja de ser una causa de molestia é infección, la mayoría de los ingenieros é higie- nistas juzga necesario suprimir todas las fosas fijas, y considera que el solo modo eficaz para desembarazarse de los productos infectos es impedir que nazcan, haciendo escurrir rápidamente todas las materias susceptibles de putrefacción en las atarjeas, y de aquí al campo de su purificación, antes que la fermentación haya tenido tiempo de apoderarse de ellos. Así, en el sistema de canalización modelo, puesto últimamente en práctica en diferentes ciudades de Europa, las aguas domés- ticas, las materias de los albañales, las aguas provenidas de in- filtraciones del suelo, del riego de las calles ó de diferentes indus- trias, todas ellas tienen una salida amplia y rápida fuera de la ciudad. Los excrementos, arrastrados con el agua de los water- closets, después de haber atravesado un sifón provisto de tapas hidráulicas, se dirigen por un ramal al caño, y ahogados en gran- des cantidades de agua, sin estancamiento ninguno, llegan á los recipientes, adonde grandes máquinas de vapor los suben y es- parcen para irrigaciones en los campos cultivados. La limpia de las casas se ha simplificado mucho de esa suerte y se ha suprimido del todo vaciar las letrinas; pero las ventajas de tal sistema no es posible obtenerlas sino á costa de trabajos considerabilísimos, que proporcionan á las atarjeas una construc- ción irreprochable, y á la ciudad una cantidad de agua suficiente para su limpia. Es preciso no perder de vista que el establecimiento de atar- jeas es uno de los problemas más delicados y de mayor compli- cación; pues deben llenar condiciones múltiples y adaptarse á todas las circunstancias peculiares de cada ciudad, y su cons- trucción y mantenimiento exigen gastos considerables, perseve- rancia y esfuerzos continuos. Creemos poder precisar mejor las condiciones esenciales que deben satisfacer las atarjeas, exponiendo rápidamente las dis- posiciones generales de los mejores sistemas de algunas ciudades 28 de Europa, y principalmente las de Paris y Londres.1 Son de forma ovalada, impermeables, de sólido cal y canto, bien unido con mezcla y cubierto por una capa de argamasa bruñida. A fin de facilitar cuanto sea posible su limpieza, sus dimensiones son en los ramales á lo menos 1 metro 75 centímetros de alto y 1 metro de ancho, y mucho mayor en las cañerías principales. Su inclinación varia en Paris entre tres y cinco diezmilímetros, y en Londres de quince á diez y ocho milímetros por metro. Están colocadas bajo la superficie del terreno, á una profundidad tal, que el nivel de los sótanos de las casas es más elevado que la parte baja de su circunferencia. En la vecindad del rio están más arriba del nivel medio del agua, para evitar su reflujo hacia los derrames. Los detritus y el agua de las calles entran directamente á las atarjeas por orificios con rejas que desembocan libremente en la superficie de las calles, á fin de limpiarlas con mayor economía y obstruir lo menos posible el tránsito. Casi todas las letrinas de Londres derraman las inmundicias di- rectamente en las atarjeas; en París, una gran parte de las casas tienen aún fosas fijas, cerradas lo mejor posible, adonde se aglo- meran los excrementos; la limpia se practica por medio de bombas, y las materias son llevadas en toneles fuera de la ciudad, á los establecimientos á propósito para ser desinfectadas y prepara- das para los usos agrícolas é industriales. Sin embargo, la mu- nicipalidad de Paris ya se declaró en favor del nuevo sistema, y en la mayor parte de casas nuevamente construidas, todas las inmundicias se derraman en las atarjeas. La limpia de los ramales la hacen hombres que penetran en el interior de los caños; mientras que en las atarjeas principales se obtiene por medio del agua que corre continuamente de de- pósitos situados en diversos lugares, y arrastra las impurezas que los ramales llevan hacia las desembocaduras. Las cañerías principales de Paris reciben todas las aguas de los albañales y desembocan libremente en el Sena, lejos de la ciudad, en el Puen- 1 Dr. Foussagrives. Higiene et assainissement des villes. Paris. 1874.—Du- cuing. Des eaux des égouts et des vidanges. Paris, 1875.—Máxime Ducamp. Paris et ses organes.—Ch. Freycinet. Assainissement industriel et municipal en France, 1866. 29 te de Asniéres y en Saint-Ouen, y solamente una parte de estas aguas es dirigida por tubos y con máquinas de vapor para el riego de unos terrenos cultivados. Sin embargo, la infección de las aguas del Sena, tan perjudicial para las poblaciones vecinas, y el azolve de su lecho, que obliga al dragado continuo muy cos- toso, son las causas de que continuamente se aumente la canti- dad de agua dirigida á los campos cultivados y de que los inge- nieros se inclinen á utilizar todas las inmundicias para la agri- cultura. En Londres, tres grandes cañerías principales en cada orilla del Táinesis reúnen las aguas de todos los ramales y las tras- portan á la distancia de 30 kilómetros del puerto; en los puntos adonde falta la inclinación, están instaladas unas potentes má- quinas de vapor; con ayuda de las cuales se llevan las inmun- dicias lejos de todo centro de habitación, y se las utiliza con gran provecho para irrigaciones de praderas y campos cultivados. La ventilación se consigue en Londres con la aplicación de aparatos más ó menos complicados: en el centro, donde el terreno es alto, se hace por orificios cerrados con rejas y colocados á dis- tancia de 40 á 50 metros; adonde las emanaciones son más de- letéreas, se les hace pasar por filtros de carbón vegetal; en los barrios bajos se han colocado tubos ventiladores que desembo- can más arriba de las casas más altas, y en varios tubos desti- nados á hacer correr el agua pluvial de los techos de las casas. En Paris, la ventilación está resuelta por la limpia y por bocas de albañales abiertas de distancia en distancia, y cubiertas con rejas. La comunicación que se establece por estas bocas entre la atmósfera del albañal y la de la ciudad, no presenta ningún in- conveniente, á causa de la gran cantidad de agua empleada, que mantiene los albañales en un estado de perfecta limpieza. El ingeniero Vescocali estableció últimamente en Roma un des- • agüe análogo, utilizando y modificando las antiguas atarjeas. Ha dispuesto la canalización en dos pisos; debajo de la red de atarjeas antiguas colocó unos canales colectores en que mantiene una corriente continua de agua para arrastrar las inmundicias. Solamente la basura es recogida y llevada todas las mañanas en carros fuera de la ciudad; un drainage lateral permite el de- secamiento del suelo, recogiendo todas las infiltraciones en ca- 30 nales colocados arriba de los colectores, y en los cuales desem- bocan al mismo tiempo todos los albañales de las casas. Unos tubos provistos de tapas hidráulicas ponen las atarjeas supe- riores en comunicación con los canales colectores. Respecto del agua, la ciudad de Roma recibe la cantidad de 500 litros por cada habitante en 24 horas, y la municipalidad se propone, después de la expropiación de varios palacios, que re- ciben diariamente muchos miles de metros cúbicos de agua, sin provecho ninguno para la ciudad, hacer subir esa cantidad hasta 1000 litros por habitante, lo que le permitirá lavar abundante- mente las calles en tiempo de sequía. En la ciudad de Francfort, sobre el Main, el célebre ingeniero Lindley terminó, hace cinco años, el establecimiento de un nuevo sistema de atarjeas construidas á grandes profundidades, para desaguar el terreno y aprovechar las aguas subterráneas en man- tener una corriente continua. Trescientos depósitos de agua es- tán establecidos en diversas demarcaciones de la ciudad, cerra- dos por compuertas, que al abrirse precipitadamente, producen una corriente impetuosísima, que limpia las cañerías y se lleva las inmundicias hacia las desembocaduras que caen en el medio del rio, debajo del agua y un poco más abajo del nivel de la ciudad. Los orificios de las atarjeas que salen á las calles están cerra- dos con válvulas, de suerte que ni la basura ni el polvo de las calles penetran en ellas. La ventilación se efectúa por medio de tubos ventiladores, que sobrepasan los techos de las casas, por los canales de las aguas llovedizas y por torres ventiladoras. Los datos estadísticos y observaciones concienzudas, han pro- bado que entre los diferentes sistemas de canalización y limpia, el sistema inglés, con la proyección de «todo al caño» y la utili- zación de las inmundicias para el riego de los campos, es el más ventajoso para la salubridad pública. Entre las ciudades que lo • han adoptado, podemos citar, aparte de las ya mencionadas: Bru- selas, Amsterdam, Milán, Odessa, Berlín, Viena, Munich, Bres- lau, Dantzig, Strasbourg, Metz, Edimburg, Leicester, Glasgow y varias otras ciudades inglesas. En todos estos centros de población, el establecimiento del nuevo sistema ha disminuido la mortalidad general, y especial- 31 mente la que es debida á la fiebre tifoidea; y en todos ellos se ha demostrado la relación evidente que existe entre la frecuencia é intensidad de esta enfermedad y las disposiciones defectuosas de los caños. Así, en Londres, según la estadística de Durand- Claye, basada en documentos oficiales, el número de muertos por la fiebre tifoidea, que en 1869 era de 33 por 100,000 habitantes, ba bajado notablemente desde que todas las inmundicias escur- ren al caño, y en 1879 no representaba sino 23 por 100,000. En Paris al contrario, adonde las fosas fijas existen todavía, en la mayor parte de la ciudad, la mortalidad por la fiebre tifoidea se eleva á 56 por 100,000 habitantes, y en relación la mortalidad general es de 25,15 por 1000, mientras en Londres no representa sino 23 por 1000. En la epidemia de fiebre tifoidea en Forest-Hill, en 1869, se ha observado también, que en los cuarteles adonde las inmun- dicias escurrían en el caño, el número de los casos de fiebre ti- foidea era muy reducido, mientras en aquellos adonde se han con- servado las fosas fijas, ó adonde las letrinas comunicaban con caños mal construidos y sin corriente, la fiebre ha alcanzado su máximum. Lo mismo en Hamburgo, en las demarcaciones adonde las fo- sas están suprimidas, la mortandad por fiebre tifoidea es de 26.8 por 100,000; en las demarcaciones adonde la trasformacion es parcial, representa 32, y en aquellas adonde las fosas han sido conservadas, 46 por 100,000. La mortalidad general ha bajado de 39 á 25,7 por 1000. En Dantzig, según el Dr. Lewin, la mortalidad general, que en 1869 era de 35.69 por 1000, después del escurrimiento de «todo al caño,» ha bajado notablemente, representando en los años de 1872 hasta 1879, sólo 28.59 por 1000. En Leicester, después del establecimiento del nuevo sistema de canalización y limpia, la mortandad anual bajó de 1680 á 1360, lo que representa una diminución de 19 por 100. De igual modo en Bruselas, según la estadística de Jansens, y en Francfort, sobre el Main, según la de Warentrapp, la morta- lidad ha disminuido á medida que aumentaban los icaterclosets con el escurrimiento al caño. El mismo hecho se observó en Berlín, adonde la canalización 32 está acabada y funciona en las f partes de la ciudad, y adonde proporcionalmente ha bajado también la mortalidad general y la debida á la fiebre tifoidea. Para aplicar ese sistema en México, en las circunstancias ac- tuales de la ciudad, se necesita levantar los patios en relación con el nivel de las calles, proporcionar á los comunes y los alba- ñales de las casas una construcción irreprochable, y proveerlas de agua en abundancia para arrastrar las materias á la red de los caños: una parte de las atarjeas de las calles, que se encuen- tran en buen estado, se podía conservar, dándoles la inclinación á propósito, y las otras deben abandonarse y reconstruirse con- venientemente. Respecto de la inclinación, dos diezmilímetros es el mínimun necesario á una buena canalización. Esta inclina- ción se puede adquirir artificialmente por medio de un recipiente que se abra de dos á tres kilómetros al Oriente de la ciudad con su revestimiento impermeable y la capacidad necesaria para re- cibir las inmundicias y las aguas pluviales. Si á la red actual de atarjeas reconstruidas y perfeccionadas se agregan varios cana- les colectores de P. á O. con una inclinación cuatro veces mayor que el mínimun indicado, y si estos colectores reciben una cor- riente continua de agua y desembocan libremente en el vaso re- cipiente, cuya capacidad se mantendrá libre por medio de bom- bas, la canalización podrá quedar perfecta. Para desecar los numerosos terrenos pantanosos de la ciudad, se puede combinar ventajosamente con ese sistema el drainage permeable que recogerá las infiltraciones del suelo por medio de tubos porosos. De agua se puede proveer á la ciudad, utilizando la de los la- gos del Sur y además estableciendo por Mixcoac un gran reci- piente que recogerá en tiempo de lluvias grandes cantidades de agua. Tanto los lagos como el recipiente, serán provistos de com- puertas á propósito, y se comunicarán, por medio de canales, con las atarjeas de la ciudad, y así se procuraráel agua suficiente para mantener una corriente continua en los caños y para lavar periódicamente las calles de la capital. Cuestión no menos importante es la utilización de las inmun- dicias para usos agrícolas. Desde los tiempos más remotos, el abono humano ha servido 33 y sirve para el cultivo de los campos; en el Japón y en China se utilizan estas materias desde hace siglos; lo mismo en España, Italia y Escocia, pero no siempre sin inconvenientes. En los gran- des centros de población ha sido muy difícil trasladar á los cam- pos rápidamente grandes cantidades de inmundicias, evitando los peligros de su putrefacción. Se procuraba desinfectar estas sustancias por todos los modos químicos y mecánicos que la cien- cia ha podido indicar, pero todos los ensayos han sido por mucho tiempo reconocidos como demasiado costosos é ineficaces. En Londres, hasta el último tiempo, se abandonaba toda idea de sacar provecho de las inmundicias y se trataba únicamente de evitar su influencia deletérea, colocando los desemboques muy lejos de la ciudad y ahogando todas las materias en la masa de agua del Támesis marítimo. Igualmente en el nuevo sistema de atarjeas de Francfort, sobre el Main, no se utiliza el lodo; los desembo- ques están situados en medio del rio y más abajo que el nivel del agua, y las inmundicias son arrastradas por la corriente. Sin embargo, esta cuestión ha hecho progresos considerables en los últimos años; los numerosos experimentos de Frankland en Inglaterra, Schlosing y Durand-Claye en Francia, han demos- trado la posibilidad de utilizar dichas sustancias para la pro- ducción agrícola, y han probado que precisamente sometiéndolas á la acción combinada del terreno y de la vegetación, se logra mejor hacerlas sanas.1 Se ha descubierto que el agua totalmente corrompida, si se la hace pasar por sobre terrenos cultivados, se despoja délas sustancias infectantes: ella sufre en los intersticios de la tierra una oxidación que se facilita mucho por las raice- cillas de las plantas que la despojan de las materias putrefacti- vas, cambiándolas en tejido vegetal, y además exhalando oxí- geno.2 Schlosing atribuye esta purificación en gran parte á la acción de un microbio especial que ha descubierto en el humus y en el agua de los caños, y que oxidando las materias orgánicas disueltas, trasforma los elementos fermentativos en azotatos mi- l A. Durand-Claye. Situation de la question des eaux d'égout et de leur omploi agricole en France et on Angleterre. (Anuales des Ponts et chausst'es. Février, 1873.) 2 Complcs-rcmlus de VAcadémle des sciences. Mars, 1*05. Comuuications de M. Icannel. 5 34 nerales. En terrenos cultivados con plantas de vegetación rápida y vivaz, la desinfección se verifica de una manera tan perfecta y tan pronta, que el agua de los caños, después de haber servido para la nutrición de las plantas, sale limpia y de la mayor pureza bajo el punto de vista orgánico, pudiendo escurrir en los canales ó rios, sin riesgo ninguno parala salubridad de los campos vecinos. Numerosas observaciones hechas en Inglaterra, recogidas por el eminente químico Frarikland, han demostrado que las aguas de los caños, aun infectadas por los excrementos de enfermos de cólera y tifo, y utilizadas en irrigaciones, no han trasmitido estas enfermedades, ni á los habitantes de esos terrenos, ni á las per- sonas que se han alimentado con sus productos, y iiltimamente en el Congreso Médico Internacional reunido en Londres el año pasado, el Dr. Carpenter ha comunicado el hecho análogo obser- vado en Beddington. Desde hace 20 años que se hacen allí irri- gaciones; á pesar de que se ha arrojado sobre los campos las de- yecciones de más de 2000 enfermos de tifo, no sobrevino ni un solo caso de la enfermedad mencionada, ni entre los empleados ni entre las personas que visitaban diariamente esta hacienda. Lo mismo en las extensas llanuras délos alrededores de Milán, el abono líquido de los caños está empleado, desde muchísimo tiempo, sin perjuicio ninguno para la salubridad, para el riego de las praderas que producen una cantidad fabulosa de forraje de ex- celente calidad. También en Francia, hace años, se ha acreditado este sistema y se aplica con grande ventaja en Montpellier, Carcasonne, Aix, Cambray, y sobre todo en los alrededores de Paris, en la penín- sula de Gennevilliers y en el bosque de Saint Germain, adonde los líquidos son llevados en tubos cerrados, por tres máquinas de vapor, que juntas tienen la fuerza de 1000 caballos. Hasta ahora so han hecho irrigaciones sobre una superficie de 6,300 hectaras, utilizando 45,000 á 50,000 metros cúbicos de agua de caños por hectara y por año, y la experiencia ha demostrado que aun en terrenos más áridos se desarrollan de un modo exuberante la mayor parte de las plantas de gran cultura. Sin embargo, la dificultad de utilizar todos sus lodos para una ciudad tan grande como Paris, y de encontrar para este objeto una superficie suficiente de terreno, que según los ingenieros no 35 debia ser menos de 60,000 hectaras, y la imposibilidad de regar de modo igual todo el año, cuando la intermitencia y la aplica- ción en diferentes cantidades, según la estación, son las condi- ciones naturales de la irrigación agrícola, y además, la dificultad de almacenar y conservar tan colosales cantidades de líquido para utilizarlo en tiempo propicio, han hecho buscar el modo de separar el agua y conservar en seco todos los principios fertili- zadores. Se ha conseguido resolver este problema por la decantación, agregando á las aguas sucias una cantidad á propósito de agua de cal (en proporción de 200 á 250 gramos de cal por metro cúbico de agua),que precipita todas las materias disueltas y suspendi- das en ellas, las hace perder casi completamente todo el mal olor é impide el desprendimiento de todas las emanaciones nocivas. Este sistema se practica con el mejor éxito desde hace tres años en la fábrica de papel de Essonnes, adonde diariamente, con el gasto de 20 francos ($4) en mano de obra, se purifican 10,000 metros cúbicos de agua sucia, haciéndola escurrir clarificada al rio y retirando el abono en estado sólido para la agricultura. El sistema material empleado en la fábrica de Essonnes se com- pone * de un recipiente con revestimiento impermeable, destinado á la decantación de las aguas sucias, y de una serie de recipientes con fondo permeable, construido con herrumbre (máchefer), co- locados paralelamente al del primero, en un plano inferior y que sirven de filtro al lodo producido por la decantación. Dentro de ocho dias, este lodo adquiere ya una consistencia suficiente para ser extraído de los recipientes con la pala y trasportado á un cor- ral para su desecamiento definitivo. Un metro cúbico de agua de caños de Paris, con la adición de 250 gramos de cal, da un precipitado aproximadamente de 8 li- tros de volumen, que en estado seco pesa 1000 á 1500 gramos, de los cuales 11 á 15 gramos son de nitrógeno y 20 á 25 gramos de fosfato de cal, y constituye así un abono excelente. Otro sistema de decantación, debido á los trabajos de Durand- Claye y Le Chatelier, consiste en la precipitación de las materias 1 L'épuration et l'utilisation des eaux d'jégouts par M. Aúbry-ntvt en la Bevue des Deux Mondes. Octubre, 1880. 36 sólidas, mantenidas en suspensión en las inmundicias, agregando á ellas una solución concentrada de sulfato de alumina, y en pro- porción de un litro para 2000 litros de agua de caños. Recientemente Schlosing ha comunicado á la Academia de cien- cias en Paris un nuevo procedimiento de extracción de princi- pios fertilizadores del agua de caños, tratando éstas por el ácido fosfórico y la magnesia, y precipitando el amoniaco en estado de fosfatos de amoniaco y de magnesia, que directamente pueden ser utilizados en la agricultura. Es difícil todavía juzgar el valor práctico de este procedimiento, mientras no lo prueba la expe- riencia. Por el gran costo del establecimiento de los recipientes men- cionados y la carencia de los productos químicos empleados, seria hoy poco ventajoso realizar en México el sistema de decantación de las inmundicias, y además en las circunstancias actuales no hay ninguna necesidad de ello. En las inmediaciones de la ciudad se puede irrigar con agua limpia y en los alrededores no faltan grandes terrenos totalmente inhabitados, que sin perjuicio nin- guno para la salubridad, pueden ser fertilizados con las aguas de los caños, dirigiéndolas á alguna distancia en tubos cerrados y cubriendo, tanto el recipiente como los campos irrigados, con cortinas de árboles. La aplicación de semejante sistema seria una conquista pre- ciosa para la higiene de México. Ya no habría necesidad de der- ramar las inmundicias en el lago de Texcoco, sino que se repar- tiría el producto de las aguas de caños en plantíos creados con profusión en todo el Valle. Así podríase fácilmente cubrir todos los estériles alrededores de México con una vegetación frondosa, que esparciría en la at- mósfera humedad y oxígeno, y las inmundicias urbanas, que aban- donadas hoy á una fermentación pútrida, á dos pasos de las ha- bitaciones, infestan el aire y originan en toda la población la desolación y el terror, serian mañana para la comunidad fuente inagotable ele riqueza y salud. 37 3.-LA DISTRIBUCIÓN DE LAS AGUAS. Desde siglos atrás, los habitantes de México han considerado el agua como el mayor peligro de que es forzoso defenderse á toda costa y por todos los medios posibles. Arrojarla fuera del Valle por un desagüe general, fué visto como el único remedio eficaz en que se fijaron en seguida muchas generaciones, tanto para evitar las inundaciones, como para mejorar el estado sanitario de la ciudad. Todas las otras providencias, como impedir el desmonte y establecer arboledas, detener el agua de los lagos y rios con calzadas y diques, concentrarla y distribuirla en canales á pro- pósito para usos agrícolas, no fueron nunca vistas sino como pa- liativos muy insuficientes. Pero á pesar de esfuerzos materiales considerabilísimos, he- chos por espacio de tres siglos, la diferencia y fluctuación per- manente de opiniones, la irresolución continua de adoptar y se- guir el mismo plan, y la escasez de fondos públicos, han hecho que no se haya podido nunca resolver satisfactoriamente esta cuestión pendiente. La sola obra grandiosa que se ha llevado á cabo, el canal de Huehuetoca, que costó seis millones de pesos y que ha exigido 150 años de trabajo, ha alejado el peligro de las inundaciones, dando salida á las aguas del rio de Cuautitlan fuera del Valle, pero su influencia fué desastrosa por haber de- secado y hecho estéril una gran parte del Valle. En vano .1. de Humboldt ha demostrado que el sistema europeo de un desagüe artificial no es á propósito para el Valle de Tenoxtitlan, que per- judica al cultivo y la salubridad, y que debia ser sustituido por una canalización adecuada; el temor de la inundación con que fué amenazada la ciudad en 186G, ha hecho adoptar un nuevo proyecto de desagüe directo que consistía en conservar el lago de Zumpango, desecar los lagos del Sur, reducir á estrechos lí- mites los lagos de Texcoco, San Cristóbal y Xaltocan, y arrojar las aguas fuera del Valle por un canal de desagüe que, partiendo de la ciudad de Texcoco, se dirija al extremo Norte del lago de 38 Zumpango y se tennine en un túnel que atraviese las lomas de Te- quisquiac. Ese proyecto, acogido favorablemente y con grandes esperanzas, tanto por el gobierno imperial como por el público, terminó con un desengaño completo. Se ha gastado millón y medio de pesos, y ni la vigésima parte de la obra se ha terminado; se han suspendido los trabajos hace algunos años, y lo construido está casi en ruina. De este modo todo el dinero disponible se ha gastado en obras estériles, mientras las calzadas y diques de los lagos y rios descuidados se reventaban frecuentemente, y el agua, no pudiendo ser reabsorbida en el terreno por falta de bosques, ni repartirse y ser contenida en los pocos canales, inundaba pe- riódicamente el terreno más bajo del Valle y amenazaba cada año la capital. Y solamente en momentos de peligro se ha pen- sado en aprisionar el agua en los lagos y rios, y reparar apresu- radamente las compuertas, las calzadas y los diques, para domi- nar las inundaciones. De algunos años acá la situación ha cambiado completamente, la mayor parte de los lagos se han desecado por sí solos ó con- vertido en ciénagas; en todo el Valle, con excepción de algunos lugares, el suelo está árido y sin cultivo por falta de agua; en la ciudad misma las aguas ambientes han bajado notablemente, no sólo para la limpia de la ciudad, sino aun para los usos domés- ticos; el agua falta de un modo muy sensible, y á pesar de esto hay todavía hoy, tanto entre los ingenieros y médicos, como entre el público ilustrado, una creencia general de que para la higiene de la capital el desagüe directo es indispensable, y que sin él, todos los otros medios no serán sino paliativos. La concesión otorgada últimamente por el Gobierno al Sr. D. A. Mier y Celis, para organizar una Compañía del desagüe y canalización de la ciudad y del Valle de México, aunque no pre- cisa ningún proyecto concreto, está también basada en el des- agüe directo, y todos los oradores, tanto en el Congreso como en el Senado, lo declararon como indispensable. Y sin embargo, esta idea está tan desprovista de una base exacta, y es tan calamitosa para los intereses, no sólo de la po- blación sino también de los concesionarios, que tenemos que de- tenernos en ella y exponer todas las consideraciones necesarias para poder apreciarla en su justo valor. 39 Es un hecho confirmado por observaciones numerosas que, des- de siglos atrás, la cantidad de agua en el Valle de México dismi- nuye continuamente, y eso por falta de equilibrio eutrelamasa de agua que entra y la pérdida por la evaporación. Ya antes de la conquista se experimentaba esta diminución de agua en el Valle, aunque de un modo muy lento. La destruc- ción completa de bosques por los españoles y el desagüe real de Huehuetoca, han precipitado las cosas y disminuido en un grado extraordinario la humedad del suelo y de la atmósfera, y al mis- mo tiempo las profundidades de los lagos y la cantidad de las aguas llovedizas. Así la profundidad del lago de Texcoco, que en 1804, según Humboldt, era de 3 á 5 metros, no presentaba en 1865, sino en promedio 1 metro y 80 centímetros, y la altura udo- métrica media anual, que entonces era de dos metros, marcaba en 1865, 0.62. En relación, la fertilidad del Valle ha disminuido progresivamente; las magníficas praderas se han cambiado en llanuras arenosas; un terreno antes cubierto de rica y risueña vegetación se ha convertido en una superficie triste y estéril. De igual modo la comparación de los datos que han servido hace 16 años como base al proyecto del desagüe con el estado ac- tual de cosas, probará de un modo elocuente, que esta diminu- ción de aguas en el Valle sigue sin interrupción y de un modo alarmante. Según la Memoria del Sr. Iglesias sobre el desagüe del Valle, publicada en 1866, la cantidad de agua que había entonces en los lagos está evaluada en 858.120,630 metros cúbicos. La cantidad que producen anualmente las lluvias en el Valle, está calculada en 2,661.329,600 me. Deduciendo de esta cifra una tercera parte como pérdida en infiltraciones y evaporación, y de la cantidad que queda una cuarta parte para las aguas que re- coge el rio de Cuautitlan, resultará que el agua que se deposita anualmente en los lagos está representada por 1,330.604,600 me. La evaporación anual de los lagos está fijada, según los cálcu- los del Sr. Orozco y Berra, en 1,295.253,600, y según las observa- ciones del Sr. D. Guillermo Hay, en 1,280.238,200. Como resultado final, el Sr. Iglesias evalúa la cantidad de las aguas que debe vaciar el túnei en un año, y que está constituida por el agua de los caños y un décimo de las llovedizas, en 961 mi- 40 llones 756,970 me, lo que representaría 31 á 32 me. por segundo. Hoy la situación está completamente cambiada: las lluvias han disminuido casi á la mitad; la altura udométríca media era en el año 1880 de 0.38 y las cantidades de aguas llovedizas fue- ron en el trascurso de los últimos 16 años, no solamente equili- bradas por la evaporación, sino aun superadas en tal grado, que en los últimos años la laguna de Zumpango estaba casi seca, á pesar que en Setiembre de 1877 la Dirección del desagüe ha co- menzado á introducir en este lago el agua del rio de Cuautitlan; los lagos de San Cristóbal y Xaltocan se han convertido en cié- nagas; el lago de Texcoco en el mes de Mayo de 1881 no ha tenido más que 45 centímetros de profundidad máxima, con 20 á 25 cen- tímetros de profundidad media, y esto gracias á la introducción, siempre en aumento, de las aguas de los lagos del Sur, sin cuya precaución estaría desde hace mucho tiempo casi totalmente seco; los lagos de Chalco y Xochimilco han disminuido también nota- blemente, tanto de superficie como de profundidad. En todo el Valle la abundancia y circulación de las aguas ha disminuido y disminuye continuamente de un modo visible. Los acueductos de la Tlaxpana y de Belem, que en 1862 conducían á la ciudad por segundo 343 litros, hoy no traen en el mismo tiempo más que 200 litros. Las aguas ambientes han bajado notablemente, lo mis- mo que en las albercas, y á tal grado, que en el ojo de agua de Chapultepec fué necesario recurrir á una máquina de vapor para subirla al canal del acueducto. Además, varios manantiales se han agotado ya, otros no reciben sino muy poca agua, y en los últimos años, apenas terminadas las lluvias, la falta de agua se ha notado y se nota de un modo muy sensible en varias partes de la ciudad. En conjunto se puede decir que la cantidad de agua deposi- tada en los lagos hoy representa menos que la mitad de la que había hace 16 años, y queriendo arrojarla, según los preceptos de los ingenieros, fuera del Valle en un año, podría dar, junto con el excedente de las aguas llovedizas, á lo más 15 á 16 me. por se- gundo. Pero ¿es necesario ó conveniente, sea para la higiene, la cli- matología, la agricultura ó intereses de la Compañía, el desagüe directo? De ningún modo. El descubrimiento rápido de grandes 41 superficies de terreno, que no pueden ser explotadas inmedia- tamente y que por mucho tiempo se quedarían en estado panta- noso, no podría sino empeorar las condiciones higiénicas y clima- tológicas del Valle, tanto por la diminución de los manantiales, de las corrientes de agua y la humedad del aire, como por el au- mento notable de los miasmas palúdicos. Un desagüe precipitado no dejaría también de ser peligroso para la ciudad. El subsuelo de las casas debe su consistencia á una gran cantidad de aguas cenagosas; si ellas bajan rápida- mente, las casas y edificios que carecen de buenos cimientos po- drían desnivelarse y cuartearse. La supresión de los lagos no seria posible sin exponer en tiempo de lluvias los terrenos que hoy ocupan, á inundaciones; las llu- vias en el Valle vienen tan precipitadamente y en tal abundancia, que por el momento no podrían ser recogidas en los canales é inevitablemente rebosarían sobre sus bordes, invadiendo y de- vastando todos los alrededores. Además, se necesitan grandes cantidades de agua para la lim- pia constante de la ciudad, para el cultivo de los campos y para mantener en los canales en tiempo de sequía, el nivel necesario para la navegación; y para poder disponer de esas cantidades, se necesita recogerlas en tiempo de lluvias en los recipientes na- turales ó artificiales. Por estas razones creemos que es indispensable conservar los * lagos del Sur y lo mismo el lago de Zumpango. Los lagos de San Cristóbal, de Xalcotan y de Texcoco se pueden reducir á una ter- cera ó cuarta parte, pero de ningún modo conviene desecarlos completamente: los primeros para conservar unos recipientes que recojan las aguas llovedizas, y el de Texcoco, además de las mis- mas razones, para poder explotar las sales. Las personas que se han ocupado últimamente de la cuestión del desagüe comienzan ya á convencerse de la necesidad de con- servar los lagos. Así el Sr. F. Diaz de Co rarrubias, en el proyecto de obras hidráulicas, aunque su medida técnica, la del dragado del lago de Texcoco, no es práctica y aceptable, ha demostrado, sin embargo, la necesidad de conservar y utilizar las aguas de los lagos, en lugar de arrojarlas. El Sr. Lobato, en su estudio so- bre la meteorología del Valle, opina que es indispensable conser- 6 42 var los lagos de Chalco y Xochimilco, para poder procurarse el agua necesaria para la limpia de la ciudad. El Sr. F. de Garay modificó también su proyecto en ese sentido, y además propone introducir el rio de Cuautitlan de nuevo al Valle. El Sr. Orozco va todavía más lejos y propone, no solamente conservar los lagos del Sur y aprovechar las aguas del rio de Cuautitlan, sino aun quiere conservar el lago de Texcoco, reduciéndolo á ocho leguas cuadradas y asegurando sus bordes por calzadas formadas con la excavación de un canal de circunvalación. Además, los pro- fesores de la Escuela de Agricultura, en la Memoria sobre el des- agüe presentada en el Congreso Médico, lamentan que la mayor parte de las fincas rústicas del Valle se quedan sin el beneficio del riego, y que aun las aguas de los lagos del Sur son insuficien- tes, por su régimen actual, para llenar ese objeto. Pero conservando los lagos del Sur y Zumpango, y reduciendo los otros á una tercera parte, vamos á ver qué cantidades nos quedan para un desagüe directo. Aparte de las dos terceras partes de las aguas de San Cris- tóbal, de Xalcotan y de Texcoco, se podría calificar como exce- dentes, únicamente las cantidades que hoy recibe el lago de Tex- coco y que están constituidas por los derrames de la ciudad y los de Chalco y Xochimilco. No contamos las aguas de algunos pe- queños rios, porque estas aguas ya serán recogidas por los lagos reducidos y por los canales. Según la carta hidrográfica, los derrames de la ciudad que el canal de San Lázaro dirige á Texcoco, representaban en el año 1862, 127.mc740 por minuto y los derrames de Chalco y Xochi- milco 444.mc269, lo que en totalidad forma 572.mc009 por minuto, ó sea cerca de 10 me. por segundo. Hoy I03 derrames de Chalco y Xochimilco han disminuido mu- chísimo por la baja notable de las aguas ambientes y por el au- mento de las infiltraciones en el suelo de las acequias, y lo menos se han reducido á la mitad, que seria de 222.mc134 por minuto; y aun suponiendo que la población y sus derrames han aumentado en los últimos 20 años en una cuarta parte, y calculándolas en rela- cionhoy en 159.mc675 por minuto, tendremos en conjunto 381.mc809 por minuto, ó sea 6.mc363 por segundo. Hoy la ciudad recibe por los acueductos una cantidad iusig- 43 nificante de 200 litros por segundo, y por el canal de la Viga, aproximadamente 70 litros por segundo. Después de haber arre- glado la canalización de la ciudad, si se le proporciona el agua necesaria para su limpia, contando aún 500 litros por habitante en 24 horas, y la población de México en 350,000, las aguas que recibirá la capital no representarán más de 2.mc16 por segundo. Además, mientras más agua reciba la ciudad por un canal directo bien construido, los derrames de las acequias disminuirán en pro- porción, de modo que la introducción del agua necesaria para la limpia de la ciudad podrá apenas aumentar la totalidad de agua que hoy recibe el lago de Texcoco, aproximativamente en un me- tro por segundo. En el primer año, las dos terceras partes de las aguas de los lagos de Xaltocan, San Cristóbal y Texcoco, contando el volu- men actual de sus aguas en la mitad de lo que contenían hace 15 años, ó sea 238.306,215 me, representarán 148.910,910 me. ó cerca de 5 me. por segundo. En conjunto, en el primer año, el canal de desagüe podrá arrojar 12 á 13 me. y en los años suce- sivos 7 á 8 me. por segundo, lo que apenas podría alcanzar para el cultivo de unas cuantas leguas cuadradas. Y no debe uno caer en error por el aflujo de aguas, en tiempo de lluvias, en la cuenca del Valle, ó por algunas inundaciones parciales de la ciudad, porque ellas provienen más bien del aban- dono completo, falta de bosques, falta de canales, que de la abun- dancia de aguas. En efecto, el suelo, que impregnado de sales eflorescentes y desprovisto de bosques y aun de toda vegetación, causa una evaporación rápida y la sequedad de la atmósfera en la mayor parte del año, en tiempo de aguas facilita el descenso de los atierres y contribuye á la violencia de los torrentes. La falta de una buena canalización en el Valle, y el mal estado de las calzadas y diques para aprisionar los lagos y rios, aumentan esta situación calamitosa, y el agua, no pudiendo ser reabsorbida por el suelo seco y desnudo, ni ser detenida suficientemente en los lagos, rios y canales, se precipita rápida y superficialmente hasta los lugares más bajos del Valle. De este modo las inunda- ciones provienen de falta de una buena distribución de aguas y del culpable descuido en tomar providencias adecuadas, y de nin- gún modo de un excedente de agua. 44 Aun introduciendo en el Valle el rio de Cuautitlan, sus aguas no pueden aumentar en mucho las cantidades indicadas. El Se- ñor Iglesias fijaba hace quince años la cantidad de agua que anualmente pasa por Nochistongo, en 443.554,933 me, lo que hace 10.mc9 por segundo: calculando como hemos hecho para los lagos, que las cantidades en relación con la diminución de las lluvias han bajado á la mitad, quedan 5.mc45, y de éstos más de la mitad se agota sólo en las irrigaciones hechas en algunas haciendas vecinas, y las cantidades que son arrojadas fuera del Valle no pasan actualmente, según las evaluaciones de personas compe- tentes, por término medio, de 2 á 3 me por segundo. Agregando esta cantidad á la que hemos fijado anteriormente, el canal del desagüe podia aún, con la introducción de las aguas del rio de Cuautitlan, extraer á lo más 10 á 11 me por segundo. Esta cantidad podría considerarse como excedente y ser arro- jada por el tajo, dejando el Valle en su actual estado de desierto; pero desde el momento en que se reconoce el cultivo, no sólo bajo el punto de vista de climatología y de higiene sino aun de eco- nomía política, como necesidad y una condición de existencia, y de que la Compañía encuentra en la explotación de los terrenos cedidos y el aumento consecutivo de su valor, la indemnización principal del capital invertido, la situación cambia completa- mente. Según la experiencia hecha en los alrededores de Paris, sobre las irrigaciones de los campos con el agua de los caños, en la cultu- ra de una hectara se puede absorber anualmente 45,000 á 50,000 metros cúbicos. En México, por el clima más caliente, la conti- nuidad de la vegetación, la naturaleza de los terrenos, que por ser salitrosos, necesitan más riego, y por las plantaciones en gran parte de eucaliptus, se puede absorber mucho más, pero aun con- tando sólo 50,000 me por hectara, una legua cuadrada ó 1755 hectaras ya absorberán 87.750,000 me ó sea cerca de 3 me por segundo. De este modo el total de las aguas que se considera como ex- cedentes, apenas puede alcanzar al cultivo de 3 á 4 leguas cua- dradas, y este solo hecho ya hace el desagüe directo totalmente inútil. El Sr. G. Baigosa, en el discurso que pronunció en el Senado 45 sobre el desagüe, en que considera el cultivo como indispensable para el saneamiento del Valle, ha llegado á un resultado análogo, respecto de la evaluación de las aguas excedentes, indicando que pueden alcanzar para el riego de unas 10,000 hectaras ó sea cerca de 6 leguas cuadradas, y á pesar de esto, declara que es al mismo tiempo indispensable arrojar las mismas aguas fuera del Valle por el desagüe directo. Nosotros no podemos explicarnos esta contradicción en que in- currió el Sr. Raigosa sino porque, siguiendo las opiniones exclu- sivamente de ingenieros, sin consultar á los agricultores, ha creído (pie el agua, después de haber servido al cultivo, escurre en su totalidad á los canales del desagüe. Según las experiencias hechas en los campos irrigados, de los 50,000 me de agua que se arrojan anualmente sobre una hectara, 45,000 se evaporan y 5,000 son utilizados para la formación del tejido vegetal, y las aguas ambientes del suelo casi nada recogen de estas cantidades, y al contrario, como hemos indicado ante- riormente, con el cultivo de ciertas plantas bajan notablemente. Es pues totalmente errónea la idea de que las aguas utilizadas para el riego pueden ser recogidas en el canal del desagüe y ser- vir como fuerza motriz fuera del Valle y después otra vez para el riego en el valle de Tula. Desde el momento que el cultivo ab- sorbe toda la cantidad de aguas excedentes, ya no queda nada para el canal del desagüe, que se quedaría á secas sin provecho ninguno, ó en caso que se quisiera arrojar el agua por el canal, no quedaría nada para la agricultura. Es preciso escoger una ú otra cosa, y nos parece más racional, más provechoso para la sa- lubridad y más barato, aplicar las aguas excedentes para el cul- tivo de los alrededores de la ciudad, que sacarlas á gran costo por un desagüe directo fuera del Valle, dejando la capital rodeada en su mayor parte de un verdadero desierto. En las circunstancias actuales, lejos de buscar la manera de arrojar el agua fuera delValle, se debe adoptar, al contrario, como principio imperioso, economizar y conservar este líquido precioso, evitando con el mayor cuidado todos sus desperdicios. Una atenta y prudente distribución de las aguas debe ser el objeto de las obras hidráulicas, y puede conseguirse perfectamente agregando al cultivo de arboledas y campos, su corolario indispensable, el 46 establecimiento de un sistema de canalización adecuado á las condiciones topográficas del Valle. Ese sistema, ya aconsejado por A. de Humboldt, y últimamente propuesto por el Congreso Médico, está destinado á establecer un equilibrio entre la falta de agua en muchas altas regiones en tiempo de sequía, y el excedente de agua en los bajos en la tem- porada de las lluvias, y aprovecharla debidamente para la limpia de las atarjeas, y después, junto con las inmundicias, para el riego de los terrenos cultivados. Este equilibrio se puede conseguir uniendo los lagos entre sí por canales, y distribuyendo las aguas por ramificaciones de estos últimos para el riego de los campos. Para mantener siempre el nivel necesario de agua en los canales, es preciso, además de aprovechar las aguas del rio de Cuautitlan y conservar lo mejor posible las aguas de los lagos de Zumpango, Chalco y Xochimilco, aprisionándolos con diques, establecer por Mixcoac un gran recipiente, que comunicará, tanto como los la- gos, con el sistema de canalización. El terreno de los alrededores de esta población se presta admirablemente para arreglar con poco costo un pequeño lago, y su altura es muy á propósito para que sus aguas, junto con las de Chalco y Xochimilco, sean utili- zadas para mantener en las atarjeas de la ciudad una corriente continua de agua destinada á su limpieza; también se podrá evi- tar de este modo, no sólo las inundaciones anuales de los terrenos de la Piedad y de la Condesa, sino aun de una parte de la capital. Además, se podrá, según la necesidad, establecer al rededor de la ciudad algunos otros depósitos para conservar el agua. Todos los lagos, recipientes, depósitos y canales deberían estar provis- tos de compuertas, para poder subir y bajar en ellos el nivel del agua y mantenerlo según la voluntad. Naturalmente en este sistema se necesita la aplicación de má- quinas de vapor para extraer las aguas resultantes de la limpia de la ciudad del vaso recipiente y dirigirlas á los campos culti- vados. Como hemos visto, las cantidades no son muy grandes, y dos y media á tres leguas cuadradas absorberán ya los 7 á 8 me de agua por segundo que podrían arrojar los caños de México. Esta superficie se encuentra fácilmente en los alrededores de la capital, sin necesidad de subir el agua á gran altura y por con- siguiente sin necesidad de máquinas de una fuerza exorbitante. 47 Según la opinión de hombres competentes, la fuerza de 300 á 400 caballos será suficientísima para este objeto. 1 lay muchas personas que creen que la aplicación de máquinas de vapor no es conveniente en México. Uno de los respetables miembros del Congreso Médico citaba, en prueba de esta opinión, que las locomotivas fueron ventajosamente sustituidas por la tracción animal en algunos ferrocarriles de México. Esta apre- ciación no es exacta, porque si en los ferrocarriles aludidos, los de Tlalpam y Tacubaya, se han suprimido las locomotivas, es porque estas líneas no podían prosperar sino haciendo, para la conveniencia de los pasajeros, viajes muy seguidos, y siendo así en cada uno el número de viajeros reducido, la fuerza de algunas muías podía ser suficiente para el trabajo, y el precio de éstas y su manutención, no podia de ningún modo entrar en comparación con el gasto de la compra y del mantenimiento de muchísimas máquinas de 16 caballos de fuerza cada una. Otra objeccion que se hace es, que la mano de obra es muy barata en México y que las máquinas no pueden competir con ella. Es cierto que hoy el pago de los jornaleros es muy redu- cido, pero éste se cambiará muy pronto, cuando las grandes em- presas ferrocarrileras é industriales absorban los brazos dispo- nibles, y cuando éstos comiencen á faltar para el cultivo de la tierra, entonces el valor de la mano de obra aumentará inevita- blemente y se pondrá tan caro como en otra parte. Ya hoy en algunas compañías de ferrocarriles se paga el jornal de un peso. Por otra parte, el costo del mantenimiento de máquinas puede cambiarse notablemente cuando comience á explotarse una de las minas de carbón de inedia que últimamente fueron denun- ciadas. Además, el gran beneficio compensará 100 veces el gasto, ya por las ventajas incalculables para la higiene de los 350,000 habitantes, ya por el aumento enorme del valor de las fincas y de los terrenos, ya por el fácil aprovechamiento de estas máqui- nas para la distribución del agua y su subida en todos los pisos de las casas, y lo mismo para varios trabajos agrícolas é indus- triales. El notable agricultor L. Molí, catedrático del Conserva- torio de artes y oficios en Paris, en su obra sobre la Colonización y Agricultura en Argel, opina que precisamente el establecimien- to de grandes máquinas de vapor está indicado, y presenta ven- 48 tajas inmensas, cuando son utilizadas para el riego de vastos ter- renos adyacentes á un gran centro de población, adonde los pro- ductos del cultivo se pueden realizar inmediatamente y en con- diciones muy favorables. En muchos países las máquinas de vapor se han ya acreditado por la práctica de suma utilidad para el mismo objeto, y sirven con mucha ventaja para las irrigaciones, y no conocemos ninguna razón plausible para que no se puedan esperar los mismos re- sultados en nuestro Valle. Realizando los medios indicados de desagüe inmediato, el de las irrigaciones para el cultivo y la canalización adecuada, cree- mos que ya un desagüe directo es por demás. En efecto, • cuáles son los argumentos invocados en favor del desagüe general ? Dar salida al agua excedente y arrastrar con ella los detritus orgánicos, las* sales y los atierres. Pues cuando los bosques absorban una parte de agua con su follaje y detengan otra no menos importante con sus raíces en las capas profundas del suelo; cuando las aguas de los caños de la ciudad encuentren su aplicación y desagüe racional en los campos cultivados; cuando el sobrante de las aguas llovedizas tenga en todas las regiones su desagüe inmediato en un amplio sistema de canalización, dé una construcción buena y dimensio- nes suficientes, con toda la seguridad, ya no habrá excedente de agua. Anteriormente hemos demostrado que las aguas de los caños de la ciudad ya pueden ser absorbidas con el cultivo de algunas leguas cuadradas, y como en el Valle disponemos de una superficie de más de 200 leguas cuadradas, y se podría absorber para el cultivo 50 veces mayores cantidades que las que actual- mente tenemos ó podríamos atraer al Valle, no nos queda duda alguna de que aun utilizando toda el agua disponible para las irrigaciones, la mayor parte del Valle quedará todavía seca y estéril por falta de agua, y de que puede suceder fácilmente que en ciertas temporadas de la sequía faltara en muchos canales el agua necesaria para la navegación. Los temores de que sin el desagüe directo sobrevendrán en los años lluviosos inundaciones, no tienen fundamento ninguno, por- que utilizando en tiempo de sequía el agua de los lagos para las irrigaciones, al acercarse la estación de las lluvias, el nivel del 49 agua de los lagos estará muy bajo, y estos últimos, estando casi vacíos, podrán recoger mucha más agua que hoy, y además el es- tablecimiento del gran recipiente por Mixcoac y del sistema de canalización propuesto, facilitarán una distribución adecuada de aguas, impidiendo las inundaciones. Respecto á los detritus orgánicos que los defensores del des- agüe directo quieren arrastrar fuera del Valle, seria una impru- dencia desperdiciarlos cuando se les puede y debe utilizar para la agricultura; y en cuanto á los atierres, que también estos se- ñores desean que acompañen en su salida el agua, tenemos aquí que desvanecer esta idea que, á pesar de ser por muchísimas per- sonas admitida, no deja de ser ilusoria. Cuando en el Sena, que tiene una corriente rápida, las materias sólidas de las aguas de los caños de Paris, que desembocan en ella, no son arrastradas sino forman bancos de 80 centímetros hasta un metro de altura y á pesar de los grandes y continuos trabajos de dragado han invadido una cuarta parte del lecho del rio, desde Asniéres hasta Chatou, nos parece más que probable que en los primeros años ya el canal de desagüe seria azolvado, tanto por las inmundicias como por las materias sólidas traídas por las aguas de las cor- dilleras, que invaden continuamente el fondo de los lagos y que, según el cálculo de los ingenieros, representan más de 4 millo- nes de m.c. por año. Si se quiere conservar el canal, se necesita recurrir, para quitar los azolves, al dragado muy costoso, lo que hará el desagüe directo muy ruinoso, y tanto más, cuando hemos demostrado su inutilidad é indicado un remedio eficacísimo para evitar los atierres: el plantío de bosques en grande escala. Los inconvenientes de la impregnación del suelo por las sales no son tan grandes como se cree generalmente; ya hemos indi- cado el modo de evitarlos á fin de establecer buenas plantacio- nes, y éstas, una vez arregladas, harán el suelo permeable para aire y agua, facilitarán su deslave con las lluvias é irrigaciones, y las sales serán en parte destruidas bajo la influencia del sol y del aire, y en otra arrastradas por el drainage á los canales y de- pósitos, y repartidas en la cantidad inmensa de agua, lejos de ser nocivas serán ventajosas para el cultivo. El Sr. de Garay hace valer, como uno de los argumentos en fa- vor del desagüe general, que sin él no se puede establecer un 7 50 desagüe á propósito para la ciudad, por falta de una inclinación suficiente del terreno. Ya hemos demostrado que si ahora la ca- nalización de la ciudad deja mucho que desear, es por un deplo- rable descuido, por falta de agua, por una nivelación defectuo- sísima, por la mala construcción, por dimensiones insuficientes, por el azolve perpetuo de las zanjas y atarjeas, y por falta de un número suficiente de canales desaguadores; pero realizando como hemos indicado una canalización irreprochable, según uno de los mejores sistemas de atarjeas usados en Europa, adaptado á las circunstancias topográficas de la ciudad, y utilizando las aguas resultantes de la limpia de los caños para irrigaciones, el desagüe llegará á ser perfecto. En las circunstancias actuales estamos, pues, en lo cierto diciendo que, tanto para el desagüe y limpia de la ciudad como para el cultivo, no hay bastante agua, pero de ninguna manera es indispensable el desagüe general. Algunos otros ingenieros nos han hecho observar que, aunque las plantaciones de árboles y el cultivo de los terrenos estériles son muy útiles y su eficacia indudable, no pueden dar resultados satisfactorios sino al cabo de un tiempo muy dilatado; que para su establecimiento se necesitan muchísimos brazos que faltan; que es difícil que la Compañía haga sus cálculos sobre la pro- ducción agrícola, tan variable y difícil de precisar, y que lo mejor seria dejar la realización de estas medidas á la iniciativa priva- da; que además, para terminar en pocos años la canalización de la ciudad y poder trabajar cómodamente en terreno seco, es pre- ciso hacer bajar las aguas ambientes de 4 á 5 metros de profun- didad, lo que sólo puede conseguirse con el desagüe directo. Ya anteriormente hemos demostrado que el desarrollo de una profusa y vigorosa vegetación es una de las condiciones indis- pensables para el saneamiento del Valle, y que tanto para evitar los torrentes devastadores y los atierres, como la influencia no- civa de los terrenos descubiertos por las aguas, su establecimien- to debe preceder á las obras hidráulicas; y que por estas ra- zones tiene que entrar en el plan del desagüe y saneamiento, y de ningún modo ser dejado á la inteligencia, buena voluntad é iniciativa de los propietarios. 51 El arreglo de plantaciones y de tierras cultivadas no es una obra más dilatada que el desagüe general: porque con sólo la construcción de canales de riego, ya la mayor parte de los ter- renos, hoy totalmente estériles, se trasformarán en praderas na- turales, con pasto abundante, y las plantaciones de árboles he- chas convenientemente, y comenzando por rodear con ellos la ciudad y los lagos, en pocos anos ya podrían cambiar visible- mente las condiciones sanitarias del Valle. Naturalmente, pa- ra terminarlas en la extensión adecuada, se necesitan muchos brazos y mucho tiempo; pero lo propio sucede con el desagüe directo. Así, para establecer un canal terminado, sea con un tajo abierto ó con un túnel, se necesitan también muchísimos brazos, y es difícil terminarlo antes de 1£ á 2 años á lo menos. El mismo tiempo se uecesita después para que escurra el agua de los lagos y las aguas subterráneas hasta que éstas bajen á la profundidad indicada por los ingenieros, y así no se podría comenzar el esta- blecimiento de la canalización de la ciudad antes de 3 á 4 años. Además, para empezar el plantío de arboledas y el cultivo de las tierras, no hay necesidad sino de un capital relativamente moderado, y se puede contar con un beneficio y ventajas inme- diatas; mientras que para la obra del desagüe directo se nece- sita tener asegurado un capital muchísimo mayor, lo que en las circunstancias actuales, no teniendo una garantía suficiente, es, si no imposible, á lo menos de lo más dilatado, como lo prueban los esfuerzos hasta ahora vanos de los señores concesionarios. Pespecto de la inseguridad de la explotación agrícola, consi- deramos que el establecimiento de praderas naturales ó artifi- ciales, cuyo producto se puede realizar de un modo seguro y en condiciones favorables, estando situadas en derredor de una gran ciudad, y la producción de madera, cuyo valor aumenta conti- nuamente, hecha por personas competentes y cuidadosas, calcu- lado en un conjunto de anos, es una empresa de las más seguras, y siempre menos aventurada que la construcción del canal del desagüe directo, que azolvándose inevitablemente en los prime- ros años, y trayendo la insalubridad á todos los campos vecinos, obligará á la Empresa al dragado continuo y á la decantación de las inmundicias, y sólo su mantención absorbería ya total- mente los $ 300,000 de subvención anual ofrecida por el Gobierno. 52 Al misino tiempo, los concesionarios tienen que sacar partido de la explotación de los terrenos cedidos, y á la vez se proponen exigir délos propietarios que les indemnicen por las obras del des- agüe; deben, pues, escoger un proyecto que favorezca el cultivo y que realmente aumente el valor de las tierras. Un desagüe que quita al terreno el agua en lugar de distribuirla conveniente- mente en canales de riego, lo hace estéril y disminuye su valor, y la Compañía, que se propone utilizar y vender esta agua fuera del Valle, no puede ya, según es de justicia, pedir una retribu- ción por una obra antiagrícola, y al contrario, debería indemni- zar á los propietarios de las pérdidas que les ocasiona. Además, el desagüe directo, como lo proponen los ingenieros, presenta peligros muy graves para el Valle y para la ciudad. Si se quiere hacer bajar el agua ambiente de 4 á 5 metros de pro- fundidad, se necesita por fuerza vaciar primero los lagos, y con esto la poca vegetación que existe en el Valle desaparecerá; todo el cultivo será imposible, los canales y rios se quedarán secos, los manantiales se extinguirán, el mismo canal de desagüe no ten- drá sino muy poca agua en tiempo de la sequía, y el Valle se tras- formará en poco tiempo en un desierto totalmente inhabitable. No menos peligro corre la propiedad urbana: toda la ciudad reposa sobre un terreno pantanoso de más de 30 metros de es- pesor, y que debe una parte de su consistencia al agua que lo infiltra; si ésta escurre, la pérdida de estabilidad de los cimien- tos es inevitable. Basta fijarse con atención en los grandes edi- ficios y las casas para ver que hoy casi todas ellas están ya más ó menos desplomadas. La iglesia de Loreto, la de la Concepción, la Escuela de Minas, la Escuela Preparatoria, el Hospital de Ter- ceros, el Hospicio de pobres, tienen un desnivel de 40 á 60 cen- tímetros. En muchas calles, como por ejemplo, en la de la Buena Muerte, la de San Ildefonso, en el callejón de la Condesa y tan- tas otras, se puede observar fácilmente qué cambios sucesivos ha sufrido el terreno hundiéndose en diferentes lugares. Si se baja el agua ambiente de 4 á 5 metros, y se quita la con- sistencia al suelo, formado de un lodazal infiltrado por el agua, secándose éste, se hundirá inevitablemente el terreno; y como las calles se han subido mucho y su piso ha sido comprimido por el tráfico incesante, esta presión ha hecho más fijos los cimientos 53 de las fachadas, que estando más aseguradas, guardan así más estabilidad que las otras paredes, y por tanto las casas no pue- den menos que hundirse en lo general para atrás. De este modo, todas las construcciones perderán totalmente la estabilidad y la armonía arquitectónica; todas las torres de las iglesias vendrán á quedar como la torre de Piza, todos los grandes edificios se des- nivelarán muchísimo, las casas perderán la seguridad y se cuar- tearán, y una gran parte de los techos se hundirá por fuerza, y si además, para colmo de desgracia, sobreviene algún temblor de tierra, la catástrofe será general y completa. Por todas las razones expuestas, tenemos plena convicción de que el desagüe directo, junto con el cultivo adecuado, es totalmen- te inútil; y sin el cultivo á propósito seria, bajo el punto de vista de la Higiene, Climatología, Agricultura y Economía política, no sólo un despropósito, sino hasta un verdadero desastre, que precipitaría en pocos años la ruina total del Valle y de la ciudad. Reasumiendo nuestro estudio, el desagüe y el saneamiento de la ciudad y del Valle de México pueden conseguirse por las me- didas siguientes: Ia Revestimiento de las vertientes de las montañas, de los ter- renos pantanosos y de una parte del llano con arboledas ade- cuadas, hasta cubrir una cuarta parte de la superficie del Valle, y la trasformacion en tierra de labor de la mayor parte posible de terrenos estériles y principalmente de los alrededores de la ciudad. 2a Establecimiento de una canalización perfecta de la ciudad, según el sistema inglés, procurando el agua necesaria para la limpia, y asegurando su desagüe por la construcción de un reci- piente que recoja las inmundicias, y una máquina de vapor que dirija las aguas para las irrigaciones á los campos cultivados. 3a Distribución de las aguas en el Valle por un sistema de ca- nales adecuado para asegurar el riego de las plantaciones y ter- renos cultivados, hacer la limpia de la ciudad y facilitar las co- municaciones. Aparte del aprovechamiento de las aguas del rio de Cuautitlan, y la conservación de los lagos de Zumpango, Chai- 51 co y Xochimilco, se establecerá un gran recipiente por Mixcoac, y, según la necesidad, unos depósitos al rededor de la ciudad. Los lagos de San Cristóbal, Xalcotan y Texcoco se desecarían en gran parte, manteniéndolos en los límites necesarios para el equilibrio y distribución de las aguas y para explotar las sales. En nuestro estudio no hemos propuesto ninguna teoría aven- turada; todas las indicaciones están deducidas de los hechos sancionados por la experiencia; los medios sanitarios propuestos ya se han demostrado eficaces en otros países, y tienen en su apoyo numerosísimas observaciones comprobadas é incontesta- bles; podemos, pues, tener plena esperanza de que, aplicadas convenientemente, darán el mismo resultado en el Valle de Mé- xico, donde el cielo es de lo más generoso, donde la tierra abun- da y sólo falta el brazo del hombre que la modifique y utilice en su provecho. Así, cubriendo todas las vertientes de montañas y la mayor parte del llano con bosques y plantas de gran cultura, dotando la ciudad con un buen sistema de canalización y limpia, regularizando el régimen de las corrientes de agua y multipli- cando las irrigaciones, se podrá sin duda alguna atraer al clima de México las más felices modificaciones, y asegurar á este suelo, hasta ahora tan abandonado, el conjunto de circunstancias apro- piadas, no solamente para tranformarlo en un país salubre, rico y agradable, sino aun para constituirlo en una de las mejores estaciones sanitarias del mundo. Dr. de Belina.