SEGUNDO CONGRESO SUDAMERICANO de DERMATOLOGÍA y SIFILOGRAFÍA celebrado en MONTEVIDEO DEL 9 AL 16 DE OCTUBRE DE 1921 BAJO EL PATRONATO DEL Excmo. SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DOCTOR BALTASAR BRUM Y DE LOS Excmos. SEÑORES MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DOCTOR JUAN A. BUERO Y MINISTRO DE INSTRUCCION PUBLICA DOCTOR RODOLFO MEZZERA Publicación oficial del Comité Organizador del Congreso TOMO I * GENERALIDADES Y SESIONES DEL CONGRESO El primer Congreso Sudamericano de Dermatología y Sifilo- grafía se celebró en Río de Janeiro, del 13 al 20 de Octubre de 1918. El Tercer Congreso se celebrará en Buenos Aires en 1924. MONTEVIDEO IMPRENTA «EL SIGLO ILUSTRADO», DE GREGORIO V. MARINO 938 — San José — 938 1922 SEGUNDO CONGRESO SUDAMERICANO DE DERMATOLOGÍA Y SIFILOGRAFÍA CELEBRADO EN MONTEVIDEO DEL 9 AL l6 DE OCTUBRE DE I92-I SEGUNDa ONGRESO SUDAMERICANO de DERMATOLOGÍA y SIF1L0GRAFÍA CELEBRADO EN MONTEVIDEO DEL 9 AL 16 DE OCTUBRE DE 1921 BAJO EL PATRONATO DEL Excmo. SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DOCTOR BALTASAR BRUM Y DE LOS Excmos. SEÑORES MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DOCTOR JUAN A. BUERO Y MINISTRO DE INSTRUCCION PUBLICA DOCTOR RODOLFO MEZZERA Publicación oficial del Comité Organizador del Congreso TOMO I GENERALIDADES Y SESIONES DEL CONGRESO El primer Congreso Sudamericano de Dermatología y Sifilo- grafía se celebró en Río de Janeiro, del 13 al 20 de Octubre de 1918. El Tercer Congreso se celebrará en Buenos Aires en 1924. MONTEVIDEO IMPRENTA «EL SIGLO ILUSTRADO», DE GREGORIO V. MARINO 938 — San José — 938 1922 DIVISIÓN DE ESTA PUBLICACIÓN: TOMO I. Primera Parte: Generalidades. I. Antecedentes. II. Organización. III. Sesiones generales. IV. Visitas, fiestas y conferencias. V. Votos del Congreso. SEGUNDA Parte: Sesiones ordinarias del Congreso. TOMO II. TERCERA Parte: Trabajos enviados al Congreso, que no han sido leídos en el curso de sus sesiones. Indices. ■Segundo Congreso Sudamericano de Dermatologia y Sifilografía PRIMERA PARTE GENERALIDADES I. Antecedentes. II. Organización. III. Sesiones generales. IY. Visitas, fiestas y conferencias. V. Votos del Congreso. I. ANTECEDENTES Durante la celebración del Primer Congreso Médico Na- cional Argentino, que tuvo lugar en Buenos Aires del 17 al 24 de setiembre de 1916, y al que habían sido invitados gentilmente a participar de ese torneo científico varios mé- dicos extranjeros, surgió la idea, en la Sección Dermato- Sifilográfica de ese Congreso, de celebrar un Congreso Sud- americano de Dermatología y Sifilografía. En la sesión del Jueves 21 de setiembre de 1916 de la Sección Dermato-Siti- lográfica del Primer Congreso Médico Nacional Argentino, el doctor Juan A. Rodríguez (de Montevideo) fundó, en una brillante exposición, la necesidad de un Congreso Sud- americano de Dermatología y Sifilografía (1). La proposi- ción del doctor Juan A. Rodríguez, apoyada por el doctor Oscar D’Utra e Silva (de Río de Janeiro) y por los docto- res José Brito Foresti y Julián Rosende (de Montevideo) fué aprobada por unanimidad. De acuerdo con esta aprobación y haciendo suya esta idea, el Brasil provocó la Primera reunión del Congreso Sudamericano de Dermatología y Sifilografía, que se cele- (1) Véase: República Argentina—Primer Congreso Nacional de Medicina: Actas y Trabajos, Tomo IT, pág. 764. Buenos Aires, Antonio Flaiban, editor, 1917. 8 bró en Río de Janeiro, del 13 al 20 de Octubre de 1918, conjuntamente con el Octavo Congreso Módico Nacional Brasileño y la Segunda Conferencia de Higiene, Microbio- logía y Patología. Enviamos al lector a las publicaciones que el Comité Or- ganizador del Primer Congreso Sudamericano de Dermato- logía y Sifilografía lia hecho de las actas y trabajos le dicho Congreso para ilustrarse sobre la importancia de los trabajos presentados a esa Reunión, cuyo desarrollo nor- mal fue desgraciadamente perturbado por la intensísima epidemia de gripe que reinó entonces en toda la América. En la Sesión plenaria de clausura del Congreso de Río, fué designada la ciudad de Montevideo y el año 1921 para sede y fecha del Segundo Congreso Sudamericano de Der- matología y Sifilografía. El Presidente de la Delegación uruguaya al Congreso de Río, Prof. Dr. Américo Ricaldoni, entonces Decano de la Facultad de Medicina de Montevi- deo, quedó encargado de provocar la celebración del Con- greso de Montevideo, y, previas reuniones en el Salón del Decanato de la Facultad de Medicina de los delegados uruguayos al Congreso de Río, quedó constituido el Comité Organizador Central del Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Sifilografía de la manera siguiente: Presidente: Dr. José Brito Foresti, Profesor de Clínica Dermatoló- gica de la Facultad de Medicina. Vicepresidente: Dr. Juan A. Rodríguez, Director Técnico del Ins- tituto Profiláctico de la Sífilis, Médico-Director del Sifilicomio Nacional, Médico-Jefe del Servicio de las enfermedades de la piel y sífilis del Hospital Militar Central. Tesorero: Dr. Alberto M. Penco, Jefe del Laboratorio de la Clínica Dermatológica de la Facultad de Medicina, Médico del Servi- cio de piel y sífilis del Hospital Militar Central. Secretarios: Dr. Bartolomé Vignale, Jefe de Clínica Dermatológica de la Facultad de Medicina, Médico del Servicio de piel y sí- filis del Hospital Militar Central. Dr. José May, Médico-Jefe de la Clínica Dermatológica del Hos- pital Maciel, Miembro del Consejo Directivo de la Facultad de Medicina, Asistente de la Clínica Dermatológica de la Facultad de Medicina, Médico del Instituto Profiláctico de la Sífilis. Dr. Máximo Halty, Asistente del Laboratorio de la Clínica Der- matológica de la Facultad de Medicina, Médico del Sifilicomio Nacional, Médico del Instituto Profiláctico de la Siíilis. Dr. Héctor del Campo, Subdirector técnico del Instituto Profilác- tico de la Sífilis, Jefe de Trabajos del Instituto Profiláctico de la Sífilis de París. 9 Dr. Pedro Raúl Alonso, Jefe de la Clínica Dermatológica del Hos- pital Pasteur, Médico del Instituto Profiláctico de la Sífilis. Pocos días antes de la celebración del Congreso, sucumbía a los progresos de una larga y cruel enfermedad su Vice- presidente el doctor Juan A. Rodríguez. Fue nombrado pa- ra ese cargo el doctor Héctor del Campo. Inmediatamente de constituido, el Comité Organizador Central se dirigió a los Poderes Públicos solicitando su apo- yo moral y material, apoyo que le fué entusiastamente concedido. S. E. el señor Presidente de la República, SS. EE. los señores Ministros de Relaciones Exteriores e Instruc- ción Pública colocaron al Congreso bajo su alto patronato y los dos Ministerios acordaron conceder una subvención de $ 4,000 para la celebración del Congreso. Se acordó con el Comité Organizador del Segundo Con- greso Médico Nacional Uruguayo que los dos Congresos se celebrarían simultáneamente. El Comité Organizador Central se dirigió luego al Minis- terio de Relaciones Exteriores rogándole que nuestro Go- bierno invitara oficialmente a los Gobiernos Americanos a adherirse al Congreso y se dirigió privadamente a persona- lidades de los países americanos invitándolas a formar sus Comités Nacionales. El Comité creyó útil comprender a toda la América en sus invitaciones, y, por consiguiente, envió notas de invitación a los países siguientes: Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, Panamá, Guatemala, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Costarrica, Méjico, Cuba, EE. UU. de Norte Amé- rica y Canadá. En el Capítulo siguiente se encontrarán los resultados de esas invitaciones. Una invitación especial fué dirigida a uno de los inicia- dores de estos Congresos y uno de los más activos organi- zadores del Primer Congreso Sudamericano de Dermatolo- gía y Sifilografía, el doctor Oscar D’Utra e Silva (de Río de Janeiro), quien contestó con la carta siguiente: São Paulo, 5 de outubro de 1921. Meu* eminente amigo Prof. Brito Foresti. Saudações. Lamentando immensamente não poder estar com os caros amigos nas reuniões do Congresso de Dermatologia, venho trazer o meu 10 maior agradecimento a gentileza e para mim muito honrosa prova «le consideração que encerra o seu convite em nome do “ Comité’-* orga- nisador do referido Congresso Mais do que aos meus insignificantes méritos seientifieos, attribuo esta alta distinção a um elevado espirito de justiça, do raeu emi- nente amigo e dos caros companheiros que ahi tenho, aos esforços e í\ dedicação, por mim despendidos, na realisação do 1» Congresso, no Rio de Janeiro. Não poderia proceder de outro modo, por muito me merecerem os meus companheiros de idea: os Drs. Sommer e Rosendo, mas prin- cipalmente depois que ahi em Montevideo, fui enormemente esti- mulado pelas ideas trocadas com os caros amigos: o Prof. Brito Poresti, J. A. Rodríguez, Rosende, etc. De volta ao meu paiz, fiz portanto, o que era de meu dever, tornando realidade o que havia- mos de commum accordo combinado. Lamento que circumstancias extranhas a minha vontade me tenha imperiosamente impedido ser testemunha do mais completo éxito desejável do 2» Congresso Sul-Americano de Dermatologia. Ao eminente amigo pois, com os mais intimos e sinceros protes- tos de agradecimento, e de consideração, envia um affeetnoso abra- ço o seu sempre admirador e amigo. Oscar d'Utra e Silva. II. ORGANIZACION a) Reglamento del Congreso. b) Temas propuestos por el Comité Organizador Central. c) Gobiernos extranjeros oficialmente adheridos y sus dele- gados. d) Comités Nacionales Extranjeros. e) Delegaciones extranjeras presentes en el Congreso. f) Corporaciones Nacionales y Extranjeras oficialmente adhe- ridas y sus delegados. g) Nómina de los adherentes Nacionales y Extranjeros. a) Reglamento Silva Julio Pouey Enrique Pon Orfila Juan Payssé Camilo Pintos Salvador M. Penco Alberto M. Pérez Eoberto S. Pérsico Alfredo Férez Pastorini Pereyra Eoberto Princivalle José Quiniela Manuel Eodríguez Castromán Manuel Eodríguez Juan A. Eicci Ernesto Eodríguez Gómez Francisco 25 Rossi Fernando Rivas Costa Gustavo Servetti Larraya Juan Scaltritti Alberto Simeto Mario C. Stajano Carlos Solari Felipe San Juan Alfredo Sembla! Carlos Salterain Joaquín do Travieso Joaquín E. Tarigo Ernesto Terán Manuel G. Prioste José Pedro Vidal y Fuentes Alfredo Vignale Bartolomé Viana Antonio S. Zamora Abel Parteras: Laviano María Pirovano María Rabone Agustina Particulares: Añón Ruperto M. Estudiantes de Medicina: Aguerre Aristegui Miguel Acosta Ricardo J. Alvarez Silva Ramón Benja Conrado Estrade Fermín Franco Servando Lagomarsino N. Linares José M. Lucas Alcides Malmierca Lucio Rodríguez Esteban Carlos Rago Miguel Rodella Mario Ríos Francisco D. Rivero Luis A. Simón Julio Saizar Albérico Sbárbaro Orestes Sheppard Rubén ARGENTINA Médicos: Aberastury Alberto F. Aberastury Maximiliano Alurralde Mariano Alsina Fidel R. Araoz Alfaro Gregorio Baliña Pedro L. Beatti Manuel Bonorino Cuenca Joaquín Bergés Pedro Baliña Roberto Behr Oscar Castex Mariano R. Cervera Joaquín Cortelezzi Emilio D. Calcagno Orestes Correa Juan M. Chabroux Enrique Chiappori Rómulo Díaz Pacífico Elizalde Pedro J. Etchevarne Cosme L. Fidanza Enrique P. Fació Ludovico Fernández Verano A. Giménez Angel M. Greco Nicolás V. Gandía Teodoro P. Garino Julio A. Ghiso Pedro Jonquiéres Eduardo Lanari Alfredo Muschietti Adolfo H. Montanaro Juan C. Nin Posadas Joaquín Oyenard Adolfo Oral Arias Ceferino 26 Oyuela Fernando M. Peralta Ramos Alberto Roa Aníbal O. de Rapoport Nicolás Ragusin Neocle Rojas Pedro Recabarren Eduardo Serantes Arturo •Solari Emilio F. Tello Domingo A. Torello Daniel Torres Zárate José Uriburu Julio V. Vitón Juan J. Wernicke Roberto F. Waldorp Carlos P. Widakowid Víctor BRASIL Médiccs: Agrícola Hernani Aleixo Antonio Arêas Leão Antonio E. de Aguiar Pupo João de Antunes Alair Barros de Azevedo Sergio Borges da Costa Eduardo Barros Filho José Glementino Francisco Costa Júnior A F. da Castro Aloysio de Dias de Moraes J. D’Utra e Silva Oscar Fontenelle J. P. Ferreira J. G. Goulart Zopyro -Gonçalves Arthur Gonçalves Botafogo Nicanor Josetti Rodolpho Kehl Renato Kraeff Mario Lutz Adolpho Lindenberg Adolpho Leite Pereyra da Silva Carlos Moncorvo Filho Moura Costa Gilberto Motta Joaquín Moses Arthur Nonohay Ulysses de Oliveira Chaves Olympio de Orsini da Costa Olintho Portugal Oswaldo Pereira Caldas Thornaz Ribeiro Leonidio Eabello Eduardo Ribas Emilio Silva Araújo Oscar Sattamini Eduardo Terra Fernando Torres Octavio Torres L. Felicio Teixeira Mendes R. S, Teive V. de Werneck Machado MEXICO i ~ Médicos: w Arroyo Jesús Brioso Vasconcelos Angel Cicero Ricardo E. Cervera Emesto González Joaquín González TTrueña Jesús Gracieux Philippe Perrin Tomás G. Rojas Valentín Y'iramontes Luis S. PARAGUAY Médicos: Alvarez Bruguez Rogelio Arrióla Moreno M. Barboza. Pedro S. Decoud Julio T. Lávalos J. Alejandro 27 D’Atri Antonio B. Laguardia Gerardo Insfrán José Y. Idoyaga Víctor Migone Luis E. ¡Silva Carlos Zanotti Cavazzoni Luis III. SESIONES GENERALES a) Sesión preparatoria de apertura. b) Sesión inaugural. c) Sesión preparatoria de clausura. d) Sesión de clausura. a) Sesión preparatoria «le apertura Domingo 9 de octubre de 1921, a las 11. Salón A del Ateneo de Montevideo Presidencia del doctor José Brito Poresti (Montevideo) Secretario de Sesiones doctor Máximo TTalty (Montevideo) Reunidos los adherentes extranjeros y nacionales del Con- greso, y presentados los documentos de las varias delega- ciones, el Dr. Brito Foresti abre la Sesión agradeciendo a los señores Delegados Extranjeros su asistencia al Congreso y propone que todos los Delegados Extranjeros sean nom- brados Presidentes de Honor del Congreso. Esta proposición se acepta por unanimidad, quedando, por consiguiente, nom- brados Presidentes de Honor los Delegados cuya nómina se bailará en el capítulo anterior, bajo el título de “Dele- gaciones Extranjeras presentes en el Congreso”, v. pág. 20. La .Mesa pide al Dr. Oscar da Silva Araujo quiera dar lectura a la carta siguiente del Dr. Oscar D’Utra e Silva: Carta del Dr. Oscar d’XJtra e Silva (de San Paulo-Brasil) Ao iniciar as sessões deste Congresso, na terra hospitaleira do Uruguay, não podemos deixar de commemorar, com um preito de saudade, a dois companheiros desapparecidos na voragem de morte e que, com o obscuro medico que formula este voto, foram os crea- dores dos Congressos Sul-Americanos de Dermatologia. 29 Refiro-me aos illustres medien:; o Prof. Baldomero Somraer, de Buenos Aires, e Julián Resende, filhos desta terra que elle tanto dignificou pele seu talento. O Prof. Sommer é uma gloria imperecivel da sciencia argentina o sul americana. Professor e medico, não sabemos qual é maior se o evangelisador pregando o seu apostolado da Cathedra, si o clinico com o seu tino profissional alliviando a multidão de soffredores, dignificando com o seu saber e a sua observação o ramo de sciencia que foi sua especialidade. Ao Prof. Sommer a classe medica argentina tem prestado as maio- res e mais justas homenagens, no que sempre é acompanhada pelos «cientistas do continente. O Dr. Julián Rosende foi um batalhador modesto e recatado, pois# que o seu temperamento melancólico e sensivel faziam-no evitar a notoriedade, tornavam-no esquivo sem contudo fugir ao convivio social. Mas, os que, eomo eu, tiveram a felicidade de o conhecer na in- timidade, sabem que elle era um grande coração. Alliava ao seu crite- rio profissional uma dedicação absoluta no exercicio de sua profissão. A caridade nunca foi para elle uma palavra vã. Praticou-a sem ostentação, com alma, um sacerdocio permanente de bondade, e não só os alivios e conselhos da sciencia que prodigalisava, também a sua bolsa se abria, e não poucas vezes, para os clientes necessitados. Nasceu nesta cidade em 1867, completou seus estudos em Madrid, revelando-se no estudiante, o brilhante espirito que elle foi em vida. Dedicou-se a dermatologia e syphiligraphia em Madrid, demoran- do-se depois muito tempo em Paris e Berlim aperfeiçoando-se em sua especialidade, revalidando seu titulo nesta cidade em 1906. Tomou parte em varios congressos internacionaes, onde apresentou travalhos originaes. O eminente Prof. Brito Foresti, pode dar testemunho do valor moral e scientifico de Rosende, que foi varios anuos seu Chefe de Clinica, em sua ausencia o substituía na Cathedra, e últimamente era seu Chefe de Laboratorio. No Pavilhão Ricord (annexo ao Hospital Macijel) seu exercicio ■chegara ao sacrificio pelo carinho e attenção com que attendia aos enfermos, ao mesmo tempo que colhia cuidadosamente dados de ob- servação, nunca suficientes ao seu espirito eminentemente investi- gador. Fazia parte do corpo clinico de varias instituições: C. P. da Fraternidad, Ass. de Soc. Mutuos, Bom Pastor, Soc. Française de Sec. Mutueis, etc. Morreu aos 53 annos, em 3 de dezembro do anno passado, quando mais util e proveitosa era a sua existencia. Creio ter interpretado o pensamento dos que aqui se acham, pro- pondo esta homenagem. “Os vivos são cada vez mais governados pelos mortos”. E sob o auspicio dessa evocação, celebrando a gloria dos que se foram, faço votos para que este Congresso attinja os altos fins scientificos e humanitarios almejados pelos seus ideadores. 30 Proposição. — Proponho que seja lançado na acta inau- gural um voto de saudade ao Prof. Baldomero Sommer e ao Dr. Julián Rosende Vallvé. Puesta a consideración esta proposición, fué aceptada por aclamación. El Dr. Fernando Terra (Rio de Janeiro) se adhiere cl homenaje a los caídos en nombre de la Delegación Brasile- ña, añadiendo a los nombres de los doctores Sommer y Ro- sende el del doctor Juan A. Rodríguez. El Dr. Gregorio Aracz Alfaro (Buenos Aires) agradece en nombre de la Delegación Argentina el homenaje hecho por la Delegación Brasileña al Prof. Baldomero Sommer (de Buenos Aires) y se adhiere al homenaje a los doctores Julián Rosende y Juan A. Rodríguez, haciendo el elogio de la actuación de este último colega en la ludia antivenérea en el Uruguay. El Di\ Víctor Idoyaga (Asunción) se adhiere a estos ho- menajes en nombre de la Delegación paraguaya. El Dr. Joaquín González (México) se adhiere en nombre de México. El Sr. Enriqu? M Martín (por Guatemala) se adhiere en nombre de Guatemala. El Presidente agradece en nombre del Comité Organiza- dor Central el homenaje a sus compatriotas. El Dr. Pedro L. Barbera (Asunción) propone que sean nombrados Presidentes Honorarios del Congreso los Presi- dentes de las Repúblicas de las naciones oficialmente re- presentadas en el Congreso. Pista proposición fué aceptada por unanimidad, quedando por consiguiente nombrados Presidentes de Honor del Congreso: El Excmo. Sr. Dr. Hipólito Irigoyen, Presidente de la Re- pública Argentina. El Excmo. Sr. Bautista Saavedra, Presidente de Bolivia. El Excmo. Sr. Dr. Epitacio da Silva Pessoa, Presidente de los Estados Unidos del Brasil. El Excmo. Sr. Arturo Alessandri, Presidente de Chile. 31 El Excmo. Sr. Carlos Herrera, Presidente de la República de Guatemala. El Excmo. Sr. General Alvaro Obregón, Presidente de la República Mexicana. El Excmo. Sr. Dr Manuel Gondra, Presidente de la Repú- blica dél Paraguay. I») Sesión inaugural Domingo 9! de octubre de 1921, a las 15, en el Teatro Solís Presidencia del señor Ministro de Instrucción Pública, doctor Podolfo Mezzera El acto inaugural del Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Sifilografía fué realizado en el Teatro Solís, el 9 de octubre de 1921, a las lo, simultáneamente con <■] del Segundo Congreso Médico Nacional Uruguayo. Ocupaban el escenario el Excmo. Sr. Ministro de Instruc- ción Pública, doctor Rodolfo Mezzera, quien presidió el acto, el Presidente del Segundo Congreso Médico Nacional, doctor Bernardo Etehepare, el Presidente del Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología, doctor José Brito Foresti, la totalidad de las Delegaciones extranjeras y un gran número de personalidades- científicas uruguayas, Profesores de la Facultad de Medicina, Delegados de las Corporaciones adheridas,, etc. S. E. el señor Presidente de la República, doctor Baltasar Brum, honró esta fiesta con su presencia. La sala estaba llena de distinguida concurrencia, entre las que se notaba todo lo que más alto relieve tiene en el mundo científico, social y administrativo uruguayo. La parte musical de la fiesta estuvo a cargo de la Banda Municipal, gentilmente cedida por el Consejo de Adminis- tración Departamental, y dirigida por el Maestro Aquiles Gubitosi. El acto se desarrolló en esta forma: I. Himno Nacional Uruguayo. II. Discurso del Exano Sr. Ministro de Instrucción Pública, Dr. Rodolfo Mezzera E] doctor Rodolfo Mezzera pronunció un conceptuoso dis- curso que sentimos no poder publicar in extenso por faltar- 32 nos los originales. Elogió la obra de los Congresos y la em- peñosa tarea que éstos persiguen en bien de la humanidad. Envió un saludo cordial a los Delegados Extranjeros y a los Miembros Extranjeros y Nacionales de los dos Congresos y terminó haciendo un elogio de la obra del doctor Juan A. Rodríguez, en estos términos: “Señores: Los que estáis vinculados a la obra de defensa y de profilaxis social de que es una manifestación este Se- gundo Congreso de Sifilografía ‘debéis haber pensado ya cómo se siente, como se lamenta, diré sin hipérbole, cómo se llora esta tarde el eco de un vacío, el rumor de una ausen- cia, el perfume de un recuerdo; el vacío, la ausencia y el recuerdo de quien fué entre nosotros, pensamiento y acción, nervio y empuje, bondad y belleza, amor y esperanza. Todos sabéis de quién os hablo. Vedlo pasar de nuevo ante nosotros, con su frente amplia y descubierta, para ser bañada por la luz; con sus ojos, grandes, suaves y soñado- res; con su sonrisa dulce y apacible; con su ademán, cari- ñoso y paternal, siempre preocupado de la suerte de los demás, jamás de la suya; siempre en guardia para descu- brir todos los dolores humanos, todas las tempestades del alma y las miserias del cuerpo para prodigarles en seguida el oro puro de su corazón y el bálsamo aterciopelado de sus manos, permanentemente caritativas. Juan Antonio Rodríguez, de recia contextura moral, bri liante de inteligencia y exhuberante de bondad, tuvo como nadie la preocupación, constante y exclusiva, de nuestra profilaxis social, y sería injusto no decir que hizo de los últimos años de su vida un verdadero apostolado en la lu- cha porfiada contra el flagelo, y lo hizo sin subordinaciones subalternas, por el solo afán de hacer el bien y de satisfa- cer las ansias infinitas de su gran corazón. Este Congreso debe iniciarse bajo la advocación del nom- bre de Juan Antonio Rodríguez, que es promisor de etapas fecundas en la noble tarea constructiva de ir abriendo ho- rizontes y modelando factores, capaces de sustituirnos y de superarnos en el desplazamiento de las leyes inmutables del progreso y de la vida”. III. Discurso del Dr. Bernardo Etchspare, Presidente del Segundo Congreso Médico Nacional Enviamos al lector a las publicaciones del Segundo Con- greso Médico Nacional Uruguayo para conocer los términos del brillante discurso del doctor Bernardo Etchepare. 33 IV. Discurso del doctor José Brito Foresti, Presidente del Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Sifilografía Señor Presidente de la República, Señor Ministro, Se- ñores Delegados Extranjeros, Señores Congresistas, Señoras y Señores: Es con la más intensa emoción que tomo la palabra en este acto, para dirigiros a vosotros, los que habéis dejado vuestras patrias para asistir a esta fiesta científica, la más cordial bienvenida en nombre del Comité Organizador del Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Sifi- lografía. No es la primera vez que las jóvenes Repúblicas america- nas celebran Congresos, y a Montevideo le ha cabido ya varias veces el honor de ser la sede de algunos de ellos. En todos ellos, la fraternidad y la ciencia americanas, unidas en íntimo connubio, nos han demostrado una vez más las in- tensas ambiciones de paz y de progreso comunes a toda la América. De esa fraternidad ha nacido este Congreso. Cuando, en 1916, la República Argentina celebraba su Primer Congreso Nacional, sus organizadores tuvieron la delicada atención de invitar a un núcleo de colegas extranjeros a participar de esa fiesta nacional. En la Sección de Dermatología sur- gió la idea de fundar un Congreso Sudamericano de Der- matología, y el Brasil, haciendo suya esa idea, celebró en Río de Janeiro, en 1918, nuestra Primera Reunión conjun- tamente con su Octavo Congreso Médico Nacional. Hoy nos toca a nosotros celebrar la Segunda Reunión conjunta- mente con nuestro Segundo Congreso Médico Nacional, honrado él también con la presencia de colegas extranjeros. Hay algo de profundamente consolador en los sentimien- tos de los hombres, cuando éstos se elevan del círculo de la nacionalidad para alcanzar los intereses superiores de la humanidad. El sentimiento patrio, mezcla de una comunidad de ideales, de tradiciones, de idioma y de mil otros factores, ha sido y es la fuente de tantas nobles emulaciones y de tantas nobles acciones, que su ocaso debilitaría tal vez la rápida marcha de la humanidad hacia fines mejores de bienestar moral y material. Cada Nación, con su genio particular, mira y resuelve los múltiples problemas que en 34 todas las esferas de la actividad se presentan diariamen- te a la investigación inquieta del espíritu humano y cada una le imprime a la solución de estos problemas su sello propio. En el dominio de las ciencias filosóficas y polí- ticas, como en el dominio del arte, la diversidad de ten- dencias nacionales nos muestra que estas ciencias y que el arte, creados por el hombre y para el hombre, son susceptibles de aspectos diversos y de modalidades a veces, diametralmente opuestas. Pero en el dominio de las cien- cias físicas y naturales, la verdad está más arriba del hom- bre; y los hombres de ciencia, al comprenderlo así, han sentido que el círculo querido, pero limitado, de sus patrias, debía ensancharse ilimitadamente en busca de la verdad suprema. Es particularmente para nosotros los médicos que este hecho toma un relieve singular; la lucha contra el mal común, la enfermedad, nos ha reunido en un haz compacto- y esta reunión de buenas voluntades y de esfuerzos es uno de los más bellos gestos de la civilización. Es por esto, señores Congresistas, que la sala de nuestro viejo Teatro Solís se adorna una vez más con la presencia de vuestras intelectualidades y que desde mañana, en nues- tro viejo Ateneo, las elevadas y calmas especulaciones cien- tíficas llenarán el ambiente con el eco simpático de vues- tras palabras. Es a vosotros especialmente, señores Delega- dos extranjeros, que nuestro Congreso deberá el brillo que para él apetecíamos. Habéis venido de vuestras patrias para enseñarnos y para comunicarnos vuestro saber, y por ellos, nosotros los uruguayos, os estamos profundamente agradecidos. Vuestra misión es de paz y de ciencia, y por este doble título. Montevideo se siente orgulloso de recibi- ros. Aceptad, pues, el saludo y la bienvenida que por mi intermedio os dirige el Uruguay, y estad seguros de que este saludo y esta bienvenida tienen su mejor adorno en la sinceridad que los envuelve. Señores Delegados Extranjeros: Pasaréis unos cuantos días entre nosotros y dejaréis le vuestra corta presencia en esta ciudad el más exquisito re- cuerdo. Vuestra preciosa ciencia y vuestra preciosa amis- tad no escaparán nunca de nuestra memoria. Crearéis en el espíritu de vuestros colegas de mi paísi sentimientos de- admiración y de profunda simpatía hacia vosotros. Haremos todo lo posible por hacernos dignos de esos sentimientos,. 35 y para ello pondremos todo nuestro corazón de uruguayos. He dicho. V. Himno Nacional Argentino. VI. Discurso del doctor Neocle Ragusin, Delegado del S. Gobierno Argentino Señores El Gobierno Argentino al aceptar la gentil invitación del Gobierno Uruguayo, al asociarse a esta fiesta de confrater- nidad científica sudamericana y al nombrarnos delegados al doctor Fació y a mí, lia querido que seamos intérpretes del hondo sentimiento de amistad que profesa para todos los americanos, hijos de patrias enteramente hermanas, nacidas de una misma cuna, y mecidas por la sincera hidalguía y la alta estimación mutua que posee el latino. Vosotros que os reunís en este momento en el cónclave inicial del tra- bajo científico, sabréis valorar todo el sentimiento de sim- patía con que mira el Gobierno Argentino y en especial su clase médica, a estas fiestas del trabajo intelectual; y nos- otros somos los portadores de ese álito, que con toda se- guridad flota en el ambiente y os susurrará al oído: chaos en un abrazo fraternal,, abrazo de hermanos en la ciencia, pero más que esto, abrazo del sentimiento de la gran familia americana. Reunidos aquí en la hidalga, tierra de Artigas y de los Treinta y Tres, en esta tierra donde perduran todos los al- tos sentimientos que honran a la estirpe hermana, patria de grandes hombres y de héroes inmortales, vuelvo a decirlo, reunidos aquí, en esta hidalga tierra, te saludamos hermana nuestra, y glosando nuestro himno os decimos: “¡Al gran pueblo uruguayo, salud ! ’ ’ Señores: Los excelsos manes de tantos héroes y sabios hijos de este suelo, velarán por el éxito de vuestro trabajo para que él sea grande y fecundo, para bien del Uruguay, de la América y de toda la humanidad. 36 VII. Discurso del Prof. Dr. Pedro L. Baliña, Delegado de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires y de la Sociedad Dermatológica Argentina Exorno. Señor Presidente de la República, Señor Mi- nistro de Instrucción Pública, Señor Presidente del Comité Organizador Central del Congreso, Señor De- cano de la Facultad de Medicina. Señoras. Señores: Traigo el honroso mandato de la Facultad de Ciencias Medicas de Buenos Aires y de la Sociedad Dermatológica Argentina, de presentaros en este acto inaugural, con su ■cordial saludo, los más auspiciosos votos por el éxito del Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Sifilo- grafía; votos que me es también gratísimo hacer extensi- vos a vuestro Segundo Congreso Nacional de Medicina, que conjuntamente iniciará sus sesiones. Cuando al principio del año en curso, recibimos los der- matólogos argentinos la invitación del Comité Central de este Congreso para concurrir a él, fácil fué nuestra tarea para organizamos, pues a poco de constituirse nuestro Co- mité Nacional y de enunciar sus propósitos, numerosos co- legas se apresuraron a prestarle espontáneo concurso, ad- hiriéndose y aportando sus colaboraciones personales. No sólo nuestra Facultad de Medicina y nuestra Sociedad de Dermatología prestigian con decisión estos actos en que representantes de países hermanos se reúnen para hacer intercambio de sus conocimientos científicos y en que al afrontar el estudio de problemas que aisladamente o en conjunto puedan interesarles, se intensifican al mismo tiem- po los vínculos de confraternidad, sino que todo el Cuerpo Médico Argentino está animado de idénticos propósitos, y aprovecha cada ocasión para evidenciarlo. Siempre hemos recordado con sentimiento, los dermató- logos argentinos, las circunstancias imprevistas que, con- trariando nuestros deseos, nos impidieron asistir en la mis- ma forma decidida con que lo hacemos a este certamen., cuando en octubre de 1918 se celebró en Río de Janeiro el Primer Congreso Sudamericano de Dermatología y Sifilo- grafía. Meses antes de esa fecha, en los precisos momentos en que en nuestro país se iba a iniciar con entusiasmo La constitución del Comité local correspondiente, aconteció de manera tan imprevista como sensible, una desgracia irre- parable para la familia dermatológica argentina: la desapa- rición del prestigioso maestro de todos los dérmato-sifiló- 37 grafos argentinos, el profesor Baldomero Sommer. El des- consuelo y el desaliento cundieron en nuestras filas, desbara- tando los propósitos que teníamos de organizamos para concurrir a ese primer certamen sudamericano de nuestra especialidad. Pisa circunstancia, si cabe, ha redoblado ahora nuestro empeño por concurrir con la mayor decisión y aportar nuestro mejor concurso a las deliberaciones que en este se- gundo certamen tendremos el honor de compartir con nues- tros colegas sudamericanos de la especialidad. El señor Profesor titular de clínica dérmato-sifilográfica de nuestra Facultad de Medicina, doctor Maximiliano Abe- rastury, que ha puesto toda su voluntad y dedicación para el mayor éxito de la contribución argentina, por causas que contrarían sus mejores intenciones, se lia visto imposibili- tado para venir en persona a participar de estos actos. Diversas cuestiones de interés general absorberán nues- tra atención en las sesiones de este Congreso. De más de un problema, entre los oue preocupan universalmente la atención de los hombres de ciencia, los médicos que aquí venimos de fuera, tendremos ocasión de ocuparnos con jus- ticiero elogio para este país, y de alguno que en forma efi- ciente y ejemplar, ha sido encarado por los médicos y auto- ridades uruguayos, nos hemos de ocupar con preferente atención. Títulos honrosos tiene acreditados este país, dentro y fuera de él, en el siempre palpitante problema de la profi- laxis sífilo-venérea con tanto entusiasmo, tesón y eficacia perseguida por los médicos uruguayos, de consuno con sus autoridades. Lleguen, desde ya, a los trabajadores uruguayos que en esta meritísima empresa han puesto sus afanes, con las felicitaciones cordiales de los colegas argentinos, sus palabras de franco y leal estímulo para la prosecución y perfeccionamiento de la obra en que se hallan empeñados y que con tanto brillo ya han heefho efectiva. Notamos con singular pena, en este momento, un gran claro entre el núcleo de los trabajadores empeñosos de esta obra patriótica y generosa. El que fuera mi selectísimo ami- go y distinguido colega, Juan Antonio Rodríguez, acaba de ser arrebatado a la vida y al profundo afecto de cuantos le conocían. Esforzado campeón de esta benéfica cruzada, nervio y brazo infatigable de esta campaña a la que ha nutrido en todo momento con el vigor de su empuje y con- sagración sin medida, inspirado y sostenido siempre por altos ideales, su desaparición es una pérdida invalorable. 38 Su corazón altruista dio para los demás, envuelto en su bondad ilimitada, el tesoro de su energía, agotándola para sí mismo. Proseguir su obra, imitarla en su tesón y altura, es la manera de honrar su memoria. Señores: los médicos argentinos que asistimos a este Con- greso, hemos venido a esta tierra hermana, grata y atra- yente, a vivir unos días en comunión de tareas y propósitos con nuestros apreciados compañeros uruguayos. Y esta sa- tisfacción se amplía al encontrar, además, a nuestro lado, a otros numerosos colegas, caracterizados representantes de diversos países, también hermanos, con quienes, fraternal- mente, tendremos ocasión de alternar horas de labor y des- canso, afianzando así nuestra vinculación entre estudiosos americanos, aspiración a cuya realización propenderemos siempre. Señores: mis mejores votos y augurios por el éxito de las tareas que iniciamos. VIII. Himno Nacional Boliviano, IX. El Secretario doctor Bartolomé Vignale anuncia que, por enfermedad de un miembro de su familia, el señor De- legado de Bolivia, doctor León Velasco Blanco, no ha podi- do concurrir al Congreso. X. Himno Nacional Brasileño. XI. Discurso del Prof. Dr. Fernando Terra, Delegado del S. Gobierno Brasileño y Presidente de la Delegación Brasileña Ninguém diria, entre os esplendores que nos cercam, aos requintes da arte, e amavios da civilisação, que nos reuni- mos aqui para entender e curar tao repulsivas contingen- cias da natureza humana. A caridade, em todos os tem- pos, procurou suavisar as molestias, guiada pelo coração: incumbe a sciencia aprofundar-lihes o estudo, na mesma di- rectriz bemfazeja. A nossa reunião de hoje, segunda que se realisa, para o estudo da Dermatologia e Syphilographia sul-americanas, dá-nos a fortuna d’este ambiente de fra- ternidade e de cultura, onde por todos os lados nos enla- çam e captivam os mais doces filtros da sociabilidade. Os Congressos médicos representam em sua esseneia um movi- 39 mento eollectivo da acção social, trabalhados na genese pelo esforço singular das associações e academias de cada aggre- miação ou cada põvo. Cada uma das unidades, pois, d’esta Assemblea, onde se congregam os estudiosos e as sumidades de nossa especialidade, traz sugestões definidas em benefi- cio de medidas geraes sobre as doenças que nos preoccu- pam. Representam assim as reuniões d’esta natureza, alem das simples elocubrações da arte de curar, medidas legis- lativas mais amplas a impressionarem os parlamentos politicos. A molestia social, por excedencia, que desde o fundo da Historia vem deprimindo a humanidade, a lues, importa menos pela therapeutica do individuo, que é muito, do que pela prophylaxia da especie, pois nenhuma outra projecta-se, mais larga e mais longa, na lethalidade da herança. Parece por una ironia da adversidade, que ella realisa o paradoxo de poupar o individuo para lhe ferir a descendencia, — multiforme, prodigiosa em effeitos maléficos, ou estancando a vida desde os primordios de seu alvorecer, do embryão, até as gerações successivas, — ou matando, deformando, attingindo o physico, desiquili- brando e desregrando a moral. No dia em que a seiencia lhe detiver os estragos, outro será o homem, mais forte, mais bello, mais efficiente no esplendor de sua inteligen- cia, mais altruista em seus pendores naturaes. A prophyla- xia da syphilis constitue por si o mais fecundo programma para uma reunião d’esta ordem, e será com certeza um dos fiirilhantes eapitulos de seus annaes. A natureza, que nos enlaça, porem, com «a doçura de tamanhas sympathias punge-nos, pelo opposto, com a aggressao dos mesmos ma- les, e a dermatologia, em sua feição característica dos tro- picos, não se extrema em aspectos differentes ñas diversas regiões d’onde provimos. Para tal programma, tão amplo no desdobrar de nossos trabalhos, escassos diante de vós serão os tributos de meus patricios, mas unidos aos vossos, e aos dos confrades de outras regiões de nosso continente, estou certo que o 2o Congresso Americano de Dermatologia e Svphilographia não desmerecerá de seu escopo. Alem de uma pagina de fraternidade social, que fortalecerá ainda mais os vínculos de nossa tradicional e profunda amizade, será uma nota de fraternidade humana, em beneficio dos cpie soffrem, cujos gemidos e cujas lagrimas se trocam aqui pelos effluvios e pelas graças d’este ambiente magnifico da civilisação sul-americana. Em nome do meu paiz, especial- mente da medicina brasileira eu vos trago a reverencia de nossas homenagens e a mais grata effusão do nosso mais alto e mais intimo reconhecimento. 40 XII. Himno Nacional Guatemalteco. XIII. Discurso del señor Enrique M. Martín, Delegado oficial del Gobierno de Guatemala Excmo. Señor Presidente de la República, Exorno. Se- ñor Ministro de Instrucción Pública, Honorables De- legados, Señoras. Señores: El Gobierno de Guatemala, una vez más me lia honrado .confiándome su representación oficial ante esta Honorable Asamblea, respondiendo a fina invitación de la Cancillería del Uruguay. El Gobierno, compenetrado del alto significado y utilidad que tiene esta reunión de sabios del Continente Americano que han de dictaminar medidas preventivas contra un mal que invade cada día más la sociedad, no ha querido dejar en silencio esta amable invitación y si bien la honrosa de- signación no ha recaído en un científico por motivos muy ajenos a su buena voluntad, mi Gobierno sabe que será mi- nuciosamente informado de todo lo que se trate y resuelva en este Congreso y se hará honra en suscribir y poner en práctica las conclusiones que se adopten. Al presentaros el saludo del Gobierno y pueblo guatemal- tecos a quienes el Uruguay está ligado por lazos fraternos indisolubles, no bago más que renovar el sentimiento de admiración y respeto que mi país tiene por esta privilegia- da región, tierra de promisión que nos ha dado tantas emi- nencias en todas las ramas sociales y un admirable hombre: vuestro Procer Artigas, que es también nuestro porque so- mos americanos. A las damas uruguayas que con su presencia perfuman y transforman la severidad de este acto, presento mi respe- tuoso homenaje. A la juventud estudiosa un abrazo fraternal de sus cole- gas guatemaltecos que lamentan no haber podido hacerles vivir nuestra vida durante los festejos de nuestro Primer Centenario de Independencia. Al retribuir el saludo del Excmo. Señor Ministro de Ins-» tracción Pública, saludo también a los Honorables Delega- dos de las Naciones hermanas tan dignamente representa- das aquí y formulo un voto de éxito para este Congreso de gran resonancia para nuestro continente. XIV. Himno Nacional Mexicano. 41 Discurso del doctor Joaquín González, Delegado del Gobierno Mexicano y de la Universidad Nacional de México Excmo. Señor Presidente, Señor Ministro de Instruc- ción Pública, Señoras y Señores: Es con íntima satisfacción, señores congresistas, que os traigo el saludo de los médicos de mi patria y de la Uni- versidad Nacional de México. Los honorables colegas que me lian antecedido en el uso de la palabra, han hablado ya de la significación y trascen- dencia de este Congreso, que se reúne hoy bajo el amparo de la bandera uruguaya y que ha sido convocado generosa- mente por los más eminentes médicos de la República Oriental. Han mostrado también, cómo esta reunión hará nacer sentimientos de, amistad y solidaridad verdadera,, entre los hombres que en los vastos confines de la América Latina se dedican a las investigaciones científicas, infundiéndoles un nuevo vigor, una nueva esperanza a todos los que de este modo luchan por el progreso y bienestar de la humanidad. Otros han manifestado cómo en esta ocasión en que se reúnen hombres de tan distantes países, resultarán amista- des y vínculos inalterables por los acontecimientos o la fortuna. Pues bien, señores: yo os traigo algunos trabajos que de- muestran el aprecio que en mi patria se tiene por esta clase de investigaciones que hoy nos reúne. Seguramente algunos habrá que no merezcan distraer vuestra atención, pues tal es la ley que inflexiblemente dispone en todos los órdenes, que muchos sean los intentos de los hombres para que exis- ta uno pujante y de verdadera utilidad. Si uno solo de ellos representa un aporte a la Ciencia y es de verdadera utili- dad, no se habrá perdido el viaje que desde mi lejana patria emprendí con el fin de saludarlos y demostrarles los afectos y esperanzas que ciframos en vuestros nobles pueblos. . Por último, para terminar, diré como el gran Rodó: ‘‘que sea esta reunión como el sello estampado en un convenio de sentimientos y de ideas”. XVI. Himno Nacional Paraguayo. 42 XVII. Discurso del doctor Víctor Idoyaga, Delegado del B# Gobierno Paraguayo y Presidente de la Delegación Paraguaya Excmo. Señor Presidente, Excmos. Señores Ministros, Señor Presidente del Honorable Congreso, Señoras, Señores: El Superior Gobierno de la República del Paraguay nos lia encomendado la gratísima misión de representarle en es- ta docta y sabia Asamblea, y ser portadores de su saludo fraternal al Excmo. Gobierno del Uruguay, a este Honora- ble Congreso y a sus nobles hermanos, los uruguayos, tan dignamente representados en este torneo científico, por el exponente más alto de su preclara intelectualidad. No es la primera vez que los paraguayos acuden a invi- tación de sus hermanos, los uruguayos, a Congresos de esta índole, en donde siempre hemos sentido y vivido el calor de su amistad sincera, y gozado de los beneficios de su alta cultura científica, la cual hemos transportado siempre in- tacta a nuestra patria, donde el nombre de uruguayo es sinónimo de paraguayo. Tenemos la firme convicción de que la honrosa misión que nos ha encomendado nuestro Gobierno, nos será fácil de cumplirla, no por el bagaje científico que aporta la Dele- gación Médica del Paraguay, sino por la forma leal y cari- ñosa que será acogida y estudiada la modesta colaboración que traemos, para contribuir a las deliberaciones de este Honorable Congreso, de la cual forman también parte nuestros hermanos de la América Latina. Invitado el Cuerpo Médico Nacional del Paraguay, por el Comité Central Organizador del Segundo Congreso Sud- americano de Dermatología y Sifilografía, se constituyó en Asunción un Comité Paraguayo, que nos cupo el honor de presidir, para la preparación de los trabajos preliminares, pues entre los temas de preferencia del Congreso, figuran tópicos, por demás interesantes, que se relacionan estrecha- mente con enfermedades y afecciones que en nuestra patria tienen modalidades características, y que afectan muy de cerca, no solamente la salud de nuestra raza, sino de varias naciones americanas, que fraternizan con nosotros en este momento, por la representación autorizada de sus médicos eminentes. Y no podía ser mejor elegida la sede de nuestras delibe- raciones, la noble y hospitalaria ciudad.de Montevideo, que 43 en materia sanitaria marcha en vanguardia de sus herma- nas de América, y que en cuestiones de medicina social constituye el exponente más avanzado de la ciencia médica americana, siendo la primera ciudad de la América del Sur que ha instalado Dispensarios para la profilaxis y el tra- tamiento moderno de las afecciones venéreas. Las grandes etapas de la sifilografía moderna han reci- bido un impulso notable en estas dos últimas décadas, gra- cias a los nuevos procedimientos de diagnóstico y trata- miento que la ciencia médica ha puesto a su disposición, por los genios de Schaudinn-Hoffman, Wassermann, Er- lich, Jeanselme, Ravaut y otros no menos ilustres de la plé- yade científica contemporánea, que tan dignos colaborado- res tienen en el cuerpo médico uruguayo. Los Congresos de Venereología se van sucediendo igual- mente a muy cortos intervalos, como estimulados por estos factores, llegando a conclusiones cada día más eficaces y beneficiosas para los desheredados enfermos de estas afec- ciones. Y la lucha social se intensifica igualmente como corolario de estas conclusiones, pues los certámenes médicos actuales no constituyen hoy día meros pretextos de acer- camientos protocolares entre médicos de diferentes nacio- nalidades, sino finalidades más prácticas y utilitarias para la sociedad y para la humanidad. Tenemos en nuestra América, especialmente en los países del Centro y del Sud, afecciones peculiares a la raza, afec- ciones que por su rareza en los otros continentes, no han llamado hasta hoy a la investigación y al estudio detenido de sus médicos y de sus sabios. A nosotros, pues, nos corresponde, y especialmente a esta Honorable Asamblea, el abordar y encarar de una vez estos grandes problemas y llegar a conclusiones definitivas para bien de nuestros países y de la Humanidad. Y al forrmüar nuestros votos muy sinceros por el éxito de las deliberaciones de este Congreso, reiteramos el saludo del 8. Gobierno, de la Facultad de Ciencias Médicas de Asun- ción y de la Sanidad del Ejército del Paraguay, a este no- ble país, demasiado caro a todos los corazones de nuestra patria. — ITe terminado. 44 XVIII. Discurso del Dr. Carlos Silva, Delegado de la Sociedad Médica del Paraguay Señor Presidente, Señores Congresales La Sociedad Médica del Paraguay, cuya representación traigo a esta Honorable Asamblea de sabios, renueva por mí intermedio los invariables sentimientos de amistad y cariño que nos unen. Hemos venido a esta hospitalaria tierra del Uruguay, tra- yendo de nuestra patria, el Paraguay, un mensaje de inmen- sa simpatía y un voto de alto ideal americano. Este Congreso que hoy se reúne en la Capital de la Re- pública marca el punto alto en la ascensión constante hacia las colaboraciones nobles y representa el titánico esfuerzo de esta Nación que no descansa en su empeño de mejorar la condición humana. Científicos en la acepción amplia del vocablo, modernos en todas las manifestaciones de la actividad humana, justo es reconocer que vuestras instituciones sociales están im- pregnadas del nuevo y elevado espíritu de solidaridad hu- mana, y constituyen modelos de estudio, de ejemplo y de estímulo. Ningún país americano ha realizado en tan corto tiempo los progresos sociales y políticos resueltos por el Uruguay, ninguno ha abierto sus puertas generosa y espontánea a los soplos vivificantes de las ideas modernas, ninguno, en fin, ha consagrado conquistas alcanzadas con las disciplinas de las ciencias naturales y biológicas, conquistas a las que seguirán, sin duda, muchas igualmente nobles e igualmente sabias basadas en el más elevado sentimiento de justicia. Y nada más placentero al alma del Paraguay que la nobi- lísima idea de contribuir en esta hermosa tierra a la solu- ción de problemas que afectan el porvenir de la Humanidad. Al aseguraros que mi patria acepta sin reservas vuestra orientación científica, yo quisiera saludar en su nombre a esta tierra generosa y manifestarles toda la admiración, el cariño y el respeto que mi patria siente por la vuestra, cuya pujanza y espíritu de justicia y progreso constituyen el más alto, el más hermoso timbre de gloria. Señor Presidente, Señores Delegados: En nombre de mis compañeros de Delegación, saludo a los señores representantes de los Poderes Públicos, a los 45 señores del Comité Organizador de este Congreso, a los señores Delegados de las otras Naciones y formulo cordia- les votos por el éxito de este Congreso, por la creciente felicidad y progreso de este país y por que de las delibera- ciones de aquí surja fortalecido el espíritu de solidaridad americana. — He dicho. XIX. Massenet, “Phédre”, Sinfonía, por la Banda Muni- cipal. XX. Discurso del Delegado de los Médicos Veterinarios, doctor Dionisio Mendy. XXI. Discurso del Delegado de los Farmacéuticos, señor Héctor Fontana. Enviamos al lector a las publicaciones del Segundo Con- greso Médico Nacional Uruguayo para conocer los bellos términos de los dos discursos que cerraron el acto. e) Sesión preparatoria «le clausura Domingo 16 de octubre de 1921, a las 10 —Salón A del Ateneo de Montevideo Presidencia del doctor José Brito Foresti (Montevideo) Secretario de Sesiones doctor Máximo Halty (Montevideo) Votos Abierta la sesión, fueron leídos los votos presentados en las distintas sesiones. El lector encontrará estos votos más adelante, en el párrafo V de la Primera Parte de este vo- lumen. El Dr. Bartolomé Vignale pide que se deje constancia de que estos votos lian sido aprobados por unanimidad. Homenaje al doctor Juan A. Rodríguez El Secretario lee la siguiente comunicación del Dr. Joa- quín González, de México: 46 Al señor Presidente del Congreso de Dermatología y Sifilografía, Presente. , Atentamente suplico, señor Presidente, que si para ello no hay inconveniente, se le dé el trámite debido a la siguiente proposición: Señores: Habiendo considerado detenidamente la obra del doctor don Juan Antonio Rodríguez, en su labor en favor de la depuración social,, que de una manera tan manifiesta y trascendente redunda en pro de la dicha del pueblo uruguayo, nosotros, tan vinculados a él, que consideramos como un bien propio cuanto contribuya a su dicha, "''Jffoponemos que se rinda un homenaje a su memoria, y que de un modo perdurable atestigüe a través de las generaciones, la gratitud que en América se rinde a los hombres que desinteresadamente po- nen a su servicio sus cualidades de inteligencia, de bondad y de carácter. Ha sido costumbre hasta hoy entre nuestros pueblos, que se de- diquen monumentos de mármoles y bronces a hombres o acciones de dudosa virtud y dudosa conveniencia para la dicha de la huma- nidad. Hoy queremos que se rinda un homenaje de amor, de admiración y de gratitud, al hombre que con desinterés puso toda su alma en contribución a la dicha de su Patria, Por eso propongo que se le dedique una placa de bronce o de mármol, con esta inscripción: “Al doctor don Juan Antonio Rodríguez, en testimonio de gra- titud, de admiración y de cariño, por haber consagrado las dotes de su inteligencia, de su bondad y de su carácter, a la dicha de su Patria. Los Delegados al Segando Congreso de Dermatología y Si- filografía. ” Montevideo, a 14 de octubre de 1921 El Delegado por México, Joaquín González. Este homenaje se vota por unanimidad de todas las De- legaciones Extranjeras y de los Adherentes Uruguayos. 47 Sede y fecha del Tercer Congrego Sudamericano de Der- matología y Sifilografía La Delegación Brasileña presenta lina propuesta firmada por los Dres. Aloydo de Castro, Fernando Terra, Adolpho ■Lutz y Oscar da Silva Araujo, así redactada: “Propomos que o 3o Congresso Sul-Americano de Der- matologia e Syphiligraphia se realise, em epocha opportu- namente determinada, na cidade de Buenos Aires, ficando en- carregadas de sua organisação os Prof. Maximiliano Abe- rastury e demas membros da Delegação Argentina neste Congresso”. El Dr. Bartolomé Vignale (Montevideo) propone que, aceptada la ciudad de Buenos Aires como sede del Tercer Congreso de Dermatología y Sifilografía, éste se realice dentro de tres años. El Sr. Eínrique M. Martín, Delegado Gobierno de Guatemala, ofrece en nombre de su Gobierno la ciudad de Guatemala para sede del próximo Congreso. Las Delegaciones Mexicana y Paraguaya se adhieren a la proposición de la Delegación Brasileña y a la proposición del Dr. Vignale, las que son votadas por unanimidad. El Sr. Enrique M. Martín se adhiere al voto aprobado en el sentido de que la sede del Tercer Congreso Sudamericano de Dermatología y Sifilografía sea Buenos Aires, tanto más que comprende las dificultades que existirían para que las delegaciones fueran hasta Guatemala; pero quiere que que- de constancia de que su Gobierno ha ofrecido sincera y des- interesadamente la ciudad de Guatemala. En consecuencia, el Tercer Congreso Sudamericano de Dermatología y Sifilografía se realizará en la ciudad de Buenos Aires, en 1924. El Dr. Neocle Ragusin, Presidente de la Delegación Ar- gentina, agradece la designación de Buenos Aires para sede del próximo Congreso, en nombre del Gobierno y de la De- legación Argentina, y declara que recibirán gustosos las delegaciones de las naciones hermanas. 48 El Dr. José Brito Foresti, Presidente del Comité Central Organizador, propone un voto de aplauso y de agradeci- miento por la gentil oferta del Gobierno de Guatemala. Este voto es aceptado por aclamación; la Mesa ruega en- tonces al Sr. Martín quiera comunicar este voto a su Go- bierno . Telegramas de Guatemala El Sr. Enrique M. Martín, Cónsul General de Guatemala y Delegado del Gobierno de Guatemala al Congreso comu- nica haber recibido de su Gobierno los dos telegramas si- guientes : “13 octubre 1921. — Martín, Cónsul Guatemala. — Mon- tevideo. — Suplicóle agradecer honrosa distinción a Gua- temala. Formulo votos éxito deliberaciones Congreso Der- matología y Sifilografía. — Carlos Herrera, Presidente Re- pública”. “19 octubre 1921. — Congreso Dermatológico. — Mon- tevideo. — Gobierno Guatemalteco estima altamente distin- ción otorgada Jefe Estado Guatemala Herrera y Cónsul Martín. — Aguirre”. Conferencia Sudamericana de la Lepra La Mesa comunica haber recibido la siguiente carta del Prof. Adolpho Lindenberg (de San Pablo): Excellentissimo senhor Presidente do II Congresso Sul-American o de Dermatologia e Syphiligraphia, Prof. Dr. José Brito Foresti. Pela leitura que fiz do segundo boletim desse Congresso, vejo que a questão da lepra vae occupar a distincta attenção dos meus illus- trados collegas, de um modo especial. É hoje na nossa especialidade o assumpto que m.ais me preocupa, e creio que o mesmo se dá com a maior parte dos médicos que exer- cem a dermatologia na America do Sul. Não tendo podido comparecer pessoalmente a esse certamen, por motivos alheios a minha vontade, venho, entretanto, trazer o meu contingente embóra modesto, sob a forma de urna proposta rela- tiva ao problema da lepra na America do Sul, e para a qual tenho a honra de chamar a attenção de Y. Excia., pedindo-lhe que a recommende a consideração dos senhores Congressistas. Como sabe Y. Excia., era a Conferencia da Lepra, que se reunia de dez em dez annos, em varios paizes europeos, sendo a ultima vez 49 em Bergen, na Noruega, em 1907, o centro para onde convergiam todas as contribuições scientificas para a solução do magno proble- ma, e donde emanavam sob a forma de sabias conclusões, conceitos de grande valor, porquanto representavam a synthese das opiniões dos mais abalisados leprologos do mundo. É assim que justamente dessa ultima conferencia de Bergen re- sultou o conceito da não incurabilidade da lepra, que foi sem du- vida o ponto de partida para as muitas tentativas de tratamento seientifieo da molestia, das quaes algumas com éxito actualmente comprovado. A conferencia de 1917 deveria reunir-se em Sarajevo, na então Austria-Hungria, o que não se fez em virtude da grande guerra, da en suerte representar a mi país en un Congreso Financiero en Washington y nunca olvidaré las palabras que pronun- ció el Presidente Wilson al recibimos en la Casa Blanca,, dominado en ese momento por las preocupaciones que de- bían darle una figuración saliente en los grandiosos aconte- cimientos que han conmovido a la humanidad. “Me sorprende y me mortifica que un acto como este haya tardado tanto en celebrarse siendo necesaria una crisis del mundo para enseñar a las Américas cuán real y positiva- mente son vecinas las naciones que las componen. Si existe un hecho afortunado, agregó, producido por la presente an- gustiosa situación, es de que ella nos ha revelado los unos a los otros, nos ha enseñado lo que significa ser vecinos, y no puedo sino abrigar la esperanza de que por medio de este comercio de espíritus, no menos que por el intercambio de mercaderías, podamos enseñar al mundo el sendero de la paz. Sería algo grandioso el que los americanos pudieran agregar a los méritos que ya poseen, esto de enseñar al mundo el camino de la paz perdurable”. Las dolorosas alternativas de la guerra, su duración nun- ca imaginada, el sacrificio de millones de hombres, la des- trucción de ciudades enteras, convertidas en escombros, la enorme falange de mutilados, testimonio triste de una bar- barie reciente, demuestran que está lejos todavía el triunfo definitivo del pacifismo, y que el personaje de la democra- cia que fué el primer hombre de su tiempo, predicando los principios de derecho al través del océano en sus notas me- morables, aclamado por los pueblos y Gobiernos europeos- ai final de la contienda, si ha contribuido con su concepción, generosa y todavía incoherente de la Liga de las Naciones, a un progreso en la conciencia universal, no pudo obtener de inmediato que una vez más los pueblos conspirando contra 67 sus propios intereses y destinos escribieran una nueva tra- gedia, sin duda la más horrible de la historia. Pero la América debe continuar enseñando el camino de la paz, con estas reuniones científicas, con Congresos artís- ticos, económicos, industriales, acercando a los hombres, ha- ciendo conocer los méritos recíprocos, por el respeto que inspira el trabajo en sus grandes concepciones en favor de la patria que es la familia engrandecida por el afecto, por el pensamiento y la tradición, y de la humanidad cuyo bien- estar definitivo es el ensueño que persiguen los pueblos ele- gidos como los nuestros, que no se sienten separados por los prejuicios históricos, por las viejas violencias del despotis- mo que han generado odios mantenidos por las diferencias de razas y las intolerancias religiosas, que, felizmente, ig- noramos. Familia, patria, humanidad, son postulados que se con- fundirán en el porvenir cuando el hombre perfeccione su moral, y alcance, elevando su espíritu a la región serena del desinterés y del amor, la amplitud de sus aspiraciones en la realización de los sublimes idealismos. Pero la familia, la patria y la humanidad deben confun- dirse desde ahora, en la lucha contra las! enfermedades, contra los microorganismos que traicionan con sus misterios crueles a veces insondables y en forma irreparable a todas las sociedades en la extensión inmensa del planeta, hacien- do sus víctimas predilectas en los que empiezan la existen- cia, dándonos motivos de desesperación a los optimistas, a los que creemos que la vida vale la pena de ser vivida por más sacrificios que imponga y que por eso mismo debería- mos tener el derecho de prolongarla en condiciones de igualdad y de justicia. El hombre aislado, cuidando su salud, persiguiendo su propia felicidad, cumple con el primordial de los deberes, y la sociedad haciendo la higiene colectiva, cumple tam- bién con su primordial misión y con la más sagrada de las obligaciones internacionales, y vosotros que sois profesores de medicina, defensores de la vida, armados caballeros para combatir el dolor, factores de la felicidad humana, podréis sintetizar vuestra misión altruista, con las palabras del teólogo medioeval incitado a explicar en un insfianfie la esencia do la religión que profesaba: “Amad a vuestro prójimo como a vos mismo”. Cultivando este noble amor que pasa las fronteras, os convertiréis en apóstoles de la religión del bien por el bien mismo, en elaboradores de la nueva ciencia americana, que 68 no tiene por qué ser menos fecunda y gloriosa que la que avanza en otros continentes. En nombre del señor Presidente de la República, mani- fiesto el deseo de que los ilustres Delegados de la Argenti- na, del Brasil, Paraguay, Guatemala y Méjico, lleven a sus hogares un amable recuerdo del Uruguay, que cree en la solidaridad y en la fraternidad de los pueblos de América. La fiesta terminó con un baile improvisado en el Salón de Fiestas del Parque Hotel, baile que se prolongó hasta muy avanzada la noche. V. VOTOS DEL CONGRESO Homenaje al doctor Juan A. Rodríguez. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía se pone de pie para honrar la memoria del ilustre organizador de la campaña antivenérea en el Uruguay, doc- tor Juan Antonio Rodríguez. El Congreso decide colocar una placa conmemorativa en la tumba del doctor Juan A. Rodríguez. Profilaxis de las afecciones venéreas. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- fitografía decide que, previa intensa propaganda por todos los medios posibles sobre los males venéreos, debe aconsejarse el uso del paquete sanitario en el Ejército y en la Armada, haciéndolo extensivo a toda la población. El Segunde Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía da un voto de aplauso al Gobierno del Brasil, por el esfuerzo desarrollado en la lucha contra las enfermedades venéreas. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía felicita al Cuerpo Médico y al Gobierno del Uru- guay, por la forma ejemplar y decidida con que ha llevado a la práctica el tratamiento público y la profilaxis de la sí- filis, y aconseja con el mayor empeño a los gobiernos de los demás países latinoamericanos que aún no lo han hecho, que organicen la campaña antivenérea. O 2.° Congresso Sul-Americano de Dermatologia e Syphi- ligrapihia lembra aos Governos dos países do Novo Conti- nente a convenencia de serem estabelecidas o mais breve possivel nos seus principaes portos marítimos e fiuviaes, cli- nicas gratuitas onde os marinheiros, de qualquer naeionali- 70 dade, possam receber asistencia medica antivenera, piden- do seja feito um accordo internacional nesse sentido. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía hace votos por que se establezca la profilaxis y el tratamiento de las enfermedades venéreas sobre la base de los métodos llamados liberales, fundado sobre el principio de: tratamiento libre a enfermos libres. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- biografía hace votos por que se establezca en todos los paí- ses un Cuerpo de enfermeras visitadoras de sahid pública, con una rama dedicada a ocuparse especialmente de las en- fermedades venéreo-sifilíticas. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía felicita efusivamente al Gobierno del Brasil por la brillante acción con que ha organizado la lucha antivenérea, tanto desde el punto de vista de la propaganda, como de las facilidades dadas a los enfermos para que puedan hacer su debido tratamiento. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía recomienda a los Gobiernos sudamericanos el si- guiente programa de acción a desarrollarse en la lucha con- tra las enfermedades venéreas. Asistencia sociai: 1. Coordinación de los servicios de asistencia social na- cionales, provinciales, departamentales y particulares, hacia una acción para la lucha contra las enfermeda- des venéreas. 2. Extensión e intensificación de la enseñanza de la vene- reología en las escuelas de Medicina y ramas afines. Creación de cursos de perfeccionamiento de la especia- lidad para médicos prácticos. 3. Asistencia gratuita (médico, medicamentos, hospitaliza- ción, etc.), de todo enfermo venéreo sin distinción de sexo, edad, nacionalidad, ni condiciones económicas. 4. Creación de dispensario® .antivenéreos extrahospitala- rios a horas adecuadas y distribuidos de acuerdo con las necesidades de las poblaciones. 71 o. Acción de las mutualidades: a) Las sociedades de socorros mutuos deberán prestar asistencia médica a los enfermos venéreos, dándo- les los mismos beneficios que a los atacados por en- fermedades comunes. b) A las sociedades que excluyeran de los beneficios a esta clase de enfermos, se les deberá retirar la per-' sonería jurídica, prohibiendo su funcionamiento y quitándoles los beneficios que se les hubieran conce- dido por leyes especiales. c) Las sociedades deberán hacer una activa propagan- da por medio de sus boletines, hojas volantes o al dorso de los formularios para recetas, en forma de instrucciones claras y precisas, sobre los peligros de las enfermedades venéreas y su profilaxis. 6. Laboratorios y reacción de 'Wassermann: a) Creación de laboratorios especiales destinados al diagnóstico e investigación de las enfermedades ve- néreas. b) Prohibición de establecer laboratorios de análisis biológicos en las farmacias, debiendo estar autori- zados los que se establezcan, previa comprobación de la idoneidad de quienes los regenteen. 7. Ejercicio de la Medicina: a) Sanción de leyes que reglamenten el ejercicio de la Medicina y ramas afines, persiguiendo con todo ri- gor el curanderismo, el charlatanismo profesional y el libre expendio de drogas y específicos. b) Contralor de los avisos de profesionales y de medi- camentos en la prensa en general. c) Llamar la atención de los farmacéuticos sobre el cumplimiento de sus deberes profesionales, a fin de que se abstengan de tratar enfermos venéreos y de expender medicamentos para estas enfermedades, sin la previa prescripción médica. Medidas de orden legal: 1. Certificado de buena salud para el matrimonio. 2. Represión de la trata de blancas y del proxenetismo. 3. Penalidades por el delito de contaminación intersexual. 72 Medidas de orden administrativo. Prostitución: a) Activa acción administrativa y policial contra la por- nografía, especialmente del libro y del teatro. b) Creación de hogares de refugios para amparo y regene- ración de las mujeres. Parte educativa: 1. Educación sexual. 2. Divulgación de los conocimientos de higiene sexual (dis- ciplina sexual, continencia, profilaxis individual, etc.). Publicaciones, affiches, museos de figuras plásticas, con- ferencias, etc. 3. Educación física de la juventud. Creación de centros de cultura popular. Parte documentaria: La dirección sanitaria de cada país reunirá documentos y estadísticas sobre la morbilidad y mortalidad venérea, unificando los cuadros nosológicos e investigando la par- te que corresponde a estas enfermedades en la etiología de las enfermedades en general. Reacción de Bordet-Wassermann. J31 Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filograíía aconseja que las autoridades directivas de la lucha antivenérea en los países adherentes al Congreso, convenien- temente asesoradas por los organismos técnicos oficiales, se aboquen al estudio de la normalización de la reacción de Was- sermann y las otras reacciones serológicas en la sífilis, y que los Consejos de Higiene o instituciones similares dicten en oportunidad la ordenanza respectiva. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía aconseja, a ejemplo de los sifilógrafos franceses, que los gobiernos se aboquen al estudio de la reglamentación y de la técnica de las reacciones biológicas de la sífilis, realizando el contralor de la reacción de Wassermann y de las demás reacciones y el contralor y uniformidad de las escalas colo- rimétricas. 73 Accidentes de las inyecciones endovenosas. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía declara que pueden ocurrir casos de muerte im- prevista a raíz de inyecciones endovenosas de cualquier re- medio, hechas en condiciones irreprochables de técnica, en nada imputables al medicamento en sí mismo ni a las cir- cunstancias en que se le administra. Irresponsabilidad sexual de la menor. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía solicita del H. Cuerpo Legislativo la modificación de los artículos 276, 284 y 297 del Código Penal uruguayo, con objeto de que la edad de doce años señalada como límite para la irresponsabilidad sexual de la menor en los delitos llamados contra las buenas costumbres, sea elevada a diez y seis años cumplidos. Solicita de los Altos Cuerpos Legislativos de los países americanos adheridos, igual modificación en el Código Penal de cada uno, en los artículos correspondientes a los mencio- nados del Código Penal uruguayo. Profilaxis y tratamiento de la lepra. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía. de Montevideo, aconseja la organización de la Liga Panamericana antileprosa, con los siguientes artículos: 1. Créase la “Liga Panamericana antileprosa”, con el fin de combatir la lepra y completar los conocimientos científi- cos a su respecto, desde todos sus puntos de vista, tanto pa- togénico como terapéutico y profiláctico. 2. Créase a ese efecto, como órgano de dicha Liga, un gran Instituto Central Americano antileproso, con un Hos- pital anexo, cuya sede y capacidad se determinarán por una Comisión Internacional. 3. Créanse igualmente “diez Hospitales Internacionales Americanos antileprosos”, dependientes del Instituto Cen- tral, distribuidos en el continente, en localidades que puedan facilitar la admisión de leprosos de la nación colindante. 4. Tanto en el Instituto Central como en los Hospitales Internacionales, se deberá disponer de locales apropiados para pensionistas. 5. En dichos Hospitales se aplicarán la cura y el trata- miento de conformidad a los estudios y experimentos prae- 74 1 icados en el Instituto Central, o a los dictámenes emanados de las autoridades científicas del mismo, así como se practi- carán las investigaciones solicitadas y recomendadas por «lias. 6. El Instituto, una vez resuelto el problema de la lepra, se ocupará del estudio y curación de otras enfermedades tro- picales y subtropicales, etc., etc. 7. Las naciones signatarias intervendrán en el nombra- miento de la Comisión Administrativa Central y Regional y el personal científico del Instituto y de los Hospitales se nombrará por concurso o designación de las autoridades sa- nitarias de cada país. 8. La Suprema Autoridad Sanitaria de cada país será considerada como miembro del Directorio científico de la Liga. 9. Los respectivos Gobiernos harán cumplir las resolucio- nes y dictámenes que la Comisión Científica Central juzgara conveniente dictar sobre profilaxis e higiene. Cada Gobierno tiene derecho a la hospitalización gratuita de los leprosos po- bres que la Dirección Científica Central y Seccionales (Di- rectores de los Hospitales), juzguen curables. Los incurables quedarán a cargo de los respectivos países de residencia. 10. Queda a cargo de la Comisión Internacional dictar las reglamentaciones internas del Instituto y de los Hospitales. 11. Para sufragar los gastos que demande la construcción y manutención de los establecimientos y de sus anexos, cada nación contribuirá con una suma de dinero en relación a los habitantes, cuyo máximo se fija para el primer año en $ 0.10 oro sellado por cada habitante y en los siguientes en 0.04 •oro sellado, pudiendo variar la última, según las necesidades. 12. Los Gobiernos, cuyos países son designados para la ubicación del Instituto y de los Hospitales, se obligan a ce- der gratuitamente el área de tierra necesaria, librando a la Liga de todo impuesto, siendo a su cargo las medidas de se- guridad que fueren necesarias. 13. La Liga tiene derecho de franqueo libre y libre paso para sus delegados en todo el territorio de la Liga. 14. La Comisión Internacional someterá este proyecto a la aprobación de las partes contratantes dentro del plazo de... y queda a su cargo hacerlo efectivo. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía reclama de los Gobiernos de los países latinoame- ricanos, con la mayor decisión y como medida urgente, que organicen activamente la campaña antileprosa; que para ello se inspiren en las medidas aconsejadas en las Conferencias Internacionales de la Lepra, las que, puestas en práctica con 75 óptimos resultados por diversos países, han sido adoptadas por Colombia, Paraguay y Brasil en Sud América. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- fílografía aconseja la realización de una Conferencia Inter- nacional de Lepra entre los países latinoamericanos, señalan- do la ciudad de Río de Janeiro y el año próximo para su reunión, y debiendo constituir el Comité Organizador la De- legación Brasileña, el Departamento de Salud Pública Bra- sileño y el profesor Lindenberg. Realización del III Congrego Sudamericano de Dermatología y Sifilografía. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía decide que el Tercer Congreso se realice dentro de tres años en la ciudad de Buenos Aires, quedando encargados de su organización el profesor Aberastury y demás miembros de la Delegación Argentina. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía otorga un voto de aplauso y agradecimiento por la gentil oferta del Gobierno de Guatemala respecto a la reunión del Tercer Congreso. Institutos de Radioterapia. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía decide que: Considerando: Que são cada vez mais numerosas as indicações therapeuticas do radio propomos que o Congresso manifeste um voto em que se appelle para os go- vernos sul-americanos no sentido de ser facilitada pelos mes- mos governos a fundação de Institutos de Radiumtherapia em todas a capitaes de America e ñas principaes cidades de nosso continente. Tratado de Patología Sudamericana. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía hace votos para que el Tratado de Patología Sud- americana, que debe ser publicado bajo la dirección de las Facultades de la Medicina, de Montevideo, Río de Janeiro y Buenos Aires, se convierta en realidad en el plazo más breve, dada la importancia de la iniciativa y las nuevas bases que puede sugerir para la lucha eficaz contra las infecciones en general y entre las cuales está incluida la sífilis. 76 Realización de los votos emitidos por los Congresos. El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía aconseja: 1. Que en la asamblea plenaria de cada Congreso se de- signe una Comisión encargada de llevar a la práctica sus re- soluciones gestionándolo ante quien corresponda y haciendo la propaganda que crea conveniente con ese fin. 2. Las Comisiones serán tantas como países haya compren- dido el Congreso y tendrán, además del cometido a que se re- fiere el artículo l.°, el de informar al Congreso siguiente de la misma materia sobre el resultado de sus gestiones y cuáles han sido los obstáculos que han encontrado en su gestión, con el fin de que el nuevo Congreso pueda salvarlas o hacer las gestiones necesarias para ello. 3. El cometido de estas Comisiones cesará o terminará, según lo resuelva la asamblea plenaria del Congreso que ha considerado su gestión. Nota.-—Ya en prensa esta publicación, se ha recibido una comuni- cación del Ministerio de Relaciones Exteriores, explicando que el Gobierno de Estados Unidos de Norte América, a pesar de su buena voluntad, no ha podido enviar Delegados al Congreso, pues para ello era necesaria una expresa autorización legislativa, y el Congreso de los EE. UTT. estaba, en el momento de la invitación, en receso. Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Sifilografía SEGUNDA PARTE SESIONES ORDINARIAS DEL CONGRESO Las sesiones ordinarias d un lugar importante ocupa en esta reseña el grupo de mani- festaciones de la heredo-sífilis, tanto en la infancia como en la edad adulta. Con sitomatología muy variada de distrofia y de estigmas de los diversos aparatos, se sigue diagnosticando y tratando los diferentes casos con resultados muy halagüe- ños. A pesar de que la Sección tiene un campo muy solamente para el tratamiento de las enfermedades venéreo- sifilíticas, muchas otras afecciones y, sobre todo, las de la piel, lian sido atendidas y tratadas convenientemente en el Consultorio, principalmente casos de lepra, leishmaniosis, ec- zemas, afecciones parasitarias de la piel, trieoficia, sarna, pe- diculosis, etc. En el rubro de enfermedades venéreas, figuran en su mayoría: blenorragia aguda y crónica y sus complica- ciones, orquitis, prostatitis, chancro simple y adenitis con- secutivas. Falta material de tiempo de parte de los ayudan- tes de la Sección, que ha obstaculizado el atender ma- yor número y en mejores condiciones esta importante cate- goría de enfermos, pues el tratamiento por el método clásico de los grandes^lavajes, instilaciones, masajes, y mismo endos- eopia, requiere mucho más tiempo que las tres horas semana- les fijadas en nuestro horario, haciendo notar principalmente a esa Dirección que el Instituto Profiláctico de Venéreo-Sífi- lis es el único que existe en la capital para el tratamiento de estas enfermedades. Más de las dos terceras partes de los en- fermos atendidos han sido catalogados en la tercera categoría de la tarifa establecida por esa Dirección. Es por este moti- vo que las entradas por Wassermann, 914, etc., no han sido mayores y el suscripto es de parecer que la primera y se- gunda categoría deben desaparecer, pues los enfermos algo pudientes desean evitar la larga espera de los consultorios y no estar en contacto íntimo con la gente pobre. La gente me- nesterosa de la campaña se ha visto obligada a privarse de los beneficios de esta Sección a causa del horario nocturno, que funciona los lunes y miércoles de cada semana, habién- dose dedicado exclusivamente los días viernes de mañana pa- ra la aplicación del 914, toma de sangre para el Wassermann y punción lumbar. Y otros enfermos, encontrando más cómo- do acudir a los consultorios de noche, no perteneciendo a esta Sección, han sido atendidos igualmente, y otros enviados a los Consultorios de la Asistencia. Ciertos exámenes microscó- picos y biológicos que deben hacerse inmediatamente, como la ultramicroscopia, por ejemplo, para el diagnóstico precoz del chancro sifilítico: el examen de la gota uretral para el 90 gonococo, la punción lumbar y el examen del líquido céfalo- raquídeo, no ha podido practicarse convenientemente por fal- ta de un pequeño laboratorio anexo a la 'Sección. Y como medio mismo de aprendizaje de los estudiantes que prestan servicios en la Sección de reacción AYassermann de la san- gre, y sus diferentes modificaciones, podrán practicarse en este mismo laboratorio. Como corolario de esta ligera reseña y visto los resultados sumamente beneficiosos de un ensayo de Instituto Profiláctico de Venéreo-Sífilis, me es grato pro- poner a esa Dirección, para el transcurso del año en curso, las siguientes mejoras y ampliaciones: “1.° Apertura de otro consultorio análogo en un barrio poblado e importante de la ciudad, con su personal de mé- dicos y ayudantes respectivos. 2.° Ampliar el servicio exis- tente con la habilitación de nuevas horas de consultorio y aumento del personal médico y de practicantes, especialmen- te para el tratamiento de enfermedades venéreas (mujeres y hombres). 3.° Subsistencia del horario nocturno exclusivo pa- ra el examen de enfermos los lunes y miércoles, habilitando los días martes y jueves horario de mañana exclusivamente para el tratamiento de la blenorragia y sus complicaciones. El horario del viernes de mañana dehe igualmente subsistir para el 914, el AYassermann y la punción lumbar. 4.° Esta- blecer un pequeño laboratorio anexo a la Sección, con poco . Totales Uretritis .... 1 1 Hemiplegia — — 1 — 1 Uretritis crónica . — — 1 2 — 3 Dismenorrea . — — — 1 — 1 Ciática — — — 1 1 La afluencia de enfermos en los consultorios era cada vez mayor; y en los comienzos del siguiente año (1920), ya se imponía ensanchar el servicio. Y sin menoscabar en lo más mínimo la reputación y peri- cia profesional del médico que desde hacía un par de años hacía el servicio de inspección de las pupilas de las cuatro casas de tolerancia que existían en la ciudad, se propició la idea de acoplar al Instituto Profiláctico el dicho servicio, consultando mayores beneficios para la comuna y las mismas pupilas. La H. Junta Municipal de la Asunción, de acuerdo con la Dirección de la Asistencia Pública, cuyo Director, el doctor Manuel Peña, secundaba personalmente con todas sus fuerzas la idea, resolvió, en una de sus sesiones, la expresada unificación, según la resolución que copiamos: “Resolución N.° 23. — Asunción, 31 de mayo de 1920: Vistos: La nota de la Intendencia Municipal de fecha 8 del corriente, acompañando el decreto de la II. Junta Munici- pal, N.° 1019, por el que se resuelve incorporar al Departa- mento Nacional de Higiene y Asistencia Pública el Dispen- sario de Salubridad Municipal; la resolución del II. Consejo de la repartición, de fecha 17 del mismo mes, solicitando una aclaración leí alcance de la disposición del artículo 3.° del referido decreto; la nota aclaratoria de la Intendencia Mu- nicipal, de fecha 26 del mismo, y la resolución del H. Con- sejo, de fecha 27 del mismo mes de mayo en curso, autori- zando a la Dirección General a incorporar a la repartición los servicios del Dispensario de Salubridad, el Director Ge- neral resuelve: l.° Declárase incorporado al Instituto Pro- filáctico de Venéreo-Sífilis del' Departamento Nacional de Hi- giene el Dispensario de Salubridad, bajo las condiciones es- tipuladas en el Decreto N.° 1019 de la H. Junta Municipal de la Capital, de fecha 29 de abril último, y teniendo en cuenta la aclaración hecha por la Intendencia Municipal en nota N.° 84, de fecha 26 del corriente. 2.° Hasta tanto la Ley de Presupuesto General de la Nación organice esta Sec- ción, asígnasele el siguiente personal: a) 1 Director, con 93 $ 1,000 c¡ 1 mensuales de sueldo; b) 1 Subdirector, con $ 900 cjl mensuales de sueldo; c) 1 Inspector, con $ 1,000 c|l de sueldo, mensuales. 3." Nómbrase Director de esta nueva de- pendencia al doctor Víctor Idoyaga, Subdirector al doctor Rogelio Alvarez Bruguez, e Inspector al señor Sebastián Ibarra Legal. 4.' Los sueldos mencionados en el artículo 2.° serán cargados a la partida de $ 3,000 c|l establecida en el artículo 2.° del mencionado decreto N.° 1019. 5.° Comuniqúe- se y notifíquese a quienes corresponda. — ( Firmados) : M. Peña, Director General. — Plutarco Recalde, ¡Secretario. — Carlos Bordas, Contador”. De acuerdo con esta unificación, los horarios se ensancha- ron; el número de enfermos se .duplicó, y en la memoria que corresponde al año citado se nota un verdadero progreso en la lucha iniciada hacía apenas un año. La expresada Memoria decía: “Asunción, 14 de enero de 1921. — Señor Director Gene- ral del Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pú- blica. — E. S. 1). — Tengo el honor de elevar a S. S. la me- moria anual correspondiente al año 1920 de la Sección del Departamento que funciona en carácter de Instituto Profi- láctico de Venéreo-Sífilis. En el segundo año de su apertura, su movimiento se ha intensificado por la circunstancia de ha- bérsele incorporado el Dispensario de ¡Salubridad, que de- pendía antes de ahora de la Municipalidad de la Capital, y, por otra parte, por los beneficios cada día más conocidos que dispensa a la clase de enfermos (pie acuden a sus consulto- rios. Con la incorporación del doctor Rogelio Alvarez Bru- guez, como Subdirector, de un Inspector y de los servicios que prestan los estudiantes de la Facultad de Medicina en el Instituto, el recargo de trabajo por exceso de enfermos se ha aligerado un tanto; pues, como la Dirección debe estar al corriente, los consultorios funcionan actualmente todos los días de la semana, en la forma siguiente: Lunes, ele 8 a 9 p. m. Inspección y tratamiento de enfermos. — Martes, de JO 1/2 a 12 m. Inspección y tratamiento de las pupilas de las casas de prostitución reglamentadas. — Miércoles, de 8 a 9 p. m. Inspección y tratamiento de enfermos. — Jueves, de 10 1/2 a 12. Inspección y tratamiento de las pupilas de las casas de prostitución reglamentadas. — Viernes, de 8 a 10 a. m. Aplicación de 914; Reacción de Wassermann de la san- gre, punción lumbar, etc., etc. — Sábado, de 9 11 a. ni. Vi- sitas domiciliarias de inspección de las casas de prostitución reglamentadas. Como se nota, el servicio se ha duplicado. En 94 el año pasado no funcionaba sino tres días de la semana y aún con la aplicación de los horarios que rigen actualmen- te se deja de atender y tratar a los enfermos por falta material de tiempo. Así, por ejemplo, la cura y el tratamien- to de ios enfermos que padecen de uretritis gonoeóccicas (agu- da y crónica), con todas sus complicaciones, no se pueden prac- ticar en la debida forma, pues sería necesario habilitar todas las horas de la mañana (martes, jueves y sábados), para ha- cer un tratamiento mucho más eficaz. Todo esto porque es el único consultorio externo que funciona en la capital para esta clase de enfermos. Lo propio puede decirse de la cura y tratamiento de la vulvo-vaginitis y metritis blenorrágica de las pupilas de las casas de prostitución reglamentadas. Cree- mos, sin embargo, que con la apertura, en el año próximo ve- nidero, del 5.° año de la Facultad de Medicina, en donde figu- ra la asignatura “Sífilis y enfermedades de la piel” y la ha- bilitación de la Sección Hospitalización, esta última ya soli- citada por el suscripto, se podría transformar el Instituto Profiláctico en una verdadera Clínica de Dermatosifilografía, y el tratamiento de los citados enfermos se practicaría de la manera más eficiente posible. Como simple opinión del sus- cripto, y con el objeto de beneficiar el mayor número de en- fermos posible, y teniendo en cuenta la ubicación algo lejana del local que ocupa el Instituto, el cual se halla en un extre- mo de la ciudad, se podría aprovechar la instalación ya exis- tente de la 1.a Zona Sanitaria (lucha'contra la anquilostomia- sis), para instalar un consultorio anexo de Venéreo-Sífilis, a cargo del Médico de Zona, doctor Antonio D’Atri, especialista distinguido en estas afecciones, con el concurso de dos estu- diantes de medicina (4.° año). Con el objeto de facilitar y distribuir el trabajo, se ha encargado al Médico Subjefe la Sección Ginecológica (tratamiento, inspección, visitas domi- ciliarias, etc., de las pupilas de las casas de prostitución re- glamentadas), consultorio de día; y el suscripto se ha en- cargado de la Sección Venéreo-Sífilis (sección hombres, en los consultorios de noche). Los estudiantes de medicina concu- rren indistintamente a los consultorios de las dos secciones. En el transcurso del año en curso va a regularizarse igual- mente la Sección Estadística, historias clínicas de los enfer- mos, libro de inscripción de las pupilas, correspondencia de la Dirección, inventario general del Instituto, etc., de ma- nera de servir esta Sección a una verdadera fuente de infor- mación para todos los informes que se soliciten en este carác- ter de la Dirección General del Departamento Nacional de 95 Higiene y Asistencia Pública. Se ha iniciado un ensayo de- campaba contra la prostitución clandestina, pero ha tenido que abandonarse temporalmente, hasta que la Dirección del Departamento habilite una Sección de Hospitalización, anexa al Instituto o a los servicios de clínica del Hospital Nacional. Por la misma razón, el contralor y la cura de las pupilas de- las casas reglamentadas no se practican como debe hacerse, pues, en las libretas de las mismas, donde se anota la consigna de “enferma”, por ejemplo, están obligadas a volver a asi- larse en las casas de donde provienen y en donde ellas ejer- cen, obligadas a trabajar, ya sea por voluntad propia o con- trariadas por los gerentes de las respectivas casas. Es, pues, urgente e impostergable, para seguir la lucha antivenérea re- glamentada, sino aún más de la clandestina, que parece mu- cho más peligrosa y extendida de lo que se podría suponer. El suscrito ha elevado a la Dirección el plan de la referida campaña, que debe hacerse de acuerdo y con la ayuda de la Jefatura de Policía de la Capital. En la memoria del año próximo pasado .se había hecho notar la frecuencia de las manifestaciones más comunes observadas en el rubro de afec- ciones venéreo-sifilíticas. Hoy, por vía de ampliación, debo agregar la frecuencia extrema de las manifestaciones heredo- sifilíticas de la edad adnlta, como he tenido oportunidad de demostrar en una conferencia pública dada bajo el patrocinio del “Centro de E. de Medicina”. Igualmente los enfermos afectados de lepra han aumentado en cantidad apreciable en los Consultorios, donde son debidamente tratados y observa- dos, y mientras no se cuente con un leprocomio, el consulto- rio anexo a la 1.a Zona Sanitaria, como se ha propuesto más arriba, podría ocuparse casi exclusivamente de esta clase de enfermedad. El reglamento sobre casas de prostitución que rige actualmente (1913), debe sufrir modificaciones esencia- les, en donde faltan, sobre todo, las disposiciones punitivas a aplicar a las que ejercen la prostitución clandestina, lo mis- mo en lo que se refiere a las multas e impuestos sanitarios. En el transcurso del año tendré el honor de elevar a la Dirección el referido proyecto de reglamentación. Adjunto igualmente la lista de los instrumentos y útiles para la instalación de un Laboratorio anexo al Instituto, de cuya necesidad e impor- tancia se ha hablado e insistido en la memoria del año próxi- mo pasado. En tres hojas anexas van especificadas: 1.'° esta- dística de las enfermedades. 2.° estadística de los trabajos de la Sección: 3.° rendición de cuenta de los impuestos sanita- rios cobrados en el año. Según el Proyecto de Presupuesto 96 •elevado a la Dirección y que se espera haya de regir desde el corriente año, el Instituto Profiláctico de Venéreo-Sífilis podrá dar mejor cumplimiento a la misión encomendada a él por la Dirección General desde su apertura. Al terminar esta ligera reseña, me es grato repetir lo ya dicho en la memoria precedente: “La voluntad y el trabajo asiduo del personal bajo mi dirección”. 4,785 enfermos han sido atendidos y tra- tados en el Instituto Profiláctico de Venéreo-iSí filis en el trans- curso del año fenecido. Sin más, saludo al señor Director con mi consideración más distinguida. — (Firmado) : Víctor Ido- yaga”. En la misma época, presentábamos a,la consideración de la Dirección General de la Asistencia Pública, el Proyecto de Reglamento Interno del Instituto, consultando el mejor ser- vicio de la Sección a nuestro cargo :• PROYECTO DE REGLAMENTO INTERNO DEL INSTITUTO PROFILACTICO DE YENEREO-SIFILIS OBJETO El Instituto Profiláctico ha sido fundado con el propósito exclu- sivo del tratamiento y profilaxis de enfermedades venéreo-sifilíticas y piel. Se divide en cuatro secciones: l.o Sección Yenéreo-Sifilis (hombres). 2.o Sección Ginecología (mujeres). 3’.° Sección Hospitalización. 4.o Sección Laboratorio. PERSONAL E1 personal del Instituto se compondrá de: Un Médico Director. Un Médico Subdirector. Tres Ayudantes (estudiantes de Medicina). Un Secretario Perceptor. Un Preparador de Laboratorio (estudiante de Medicina'' Un Mozo de Laboratorio. Un Ordenanza. EL DIRECTOR Son deberes del Director: 1. Ejercer la Dirección del Instituto. 2. Encargarse de la vigilancia del Servicio, para lo cual se pon- 97 «Irá en comunicación directa con el Director de la Asistencia Pú- blica, para todas las cuestiones del servicio, que crea necesario tras- mitir o consultar. 3.° Proponer a la Dirección General todas las medidas concer- nientes a la lucha antivenérea, de la prostitución reglamentada y de la clandestina. 4.o Atender personalmente los diversos consultorios de la Sección, como Médico de consulta y con especialidad la Sección Venéreo- Sífilis (hombres). 5.° Contralorear personalmente los diversos trabajos encomenda- dos a los otros médicos y ayudantes del Instituto. 6'.° Proponer a la Dirección General todas las modificaciones y mejoras de la reglamentación existente, referente a las casas de prostitución reglamentadas, de acuerdo con los adelantos de la cien- cia moderna. 7.o Sér responsable del orden del mobiliario y, de la existencia total del Instituto. 8.° Distribuir el servicio médico del personal a sus órdenes. 9.o Ejercer el contralor de todas las disposiciones dadas por él mismo. 10. Practicar, por lo menos, una visita domiciliaria semanal en las diferentes casas de prostitución, acompañado del Médico Sub- jefe o ayudantes. 11. Proponer a los gerentes de las casas de prostitución todas las medidas para mejorar en el servicio de las pupilas y otras de ca- rácter de higiene general. 12. Eepresentar al Instituto en los actos públicos. 13. Confeccionar la memoria anual de la S'ección. 14. Organizar el Archivo y Estadística. 15. Firmar y proveer vistobuenos a todas las comunicaciones di- rigidas a la Dirección General, a los diferentes talonarios de re- cibos por impuestos, pedidos de aparatos, útiles, instrumentos, etc. 16. Firmar las libretas de inspección de las pupilas. 17. Amonestar y separar, con cargo de dar cuenta a la Dirección ■'General, a los empleados bajo su dependencia, por faltas graves en el desempeño de sus funciones. 18. El Médico Director no puede por causa alguna abandonar su servicio o faltar sin aviso de la Dirección General. 19. Proponer a la Dirección General el nombramiento de los em- pleados de su dependencia. 20. Dar trámite a las solicitudes de licencia del personal a sus órdenes. 21. Poner el vistobueno al libro de asistencia diaria. 22. Dirigirse a los jefes de reparticiones públicas sobre asuntos «de la Sección, con autorización de la Dirección General. 23. Dar conferencias públicas de vulgarización sobre profilaxis de 98 enfermedades venéreo-sifilítieas, en el local del Instituto o donde la Dirección General indique. 24. Intervenir en la entrega de fondos provenientes de los im- puestos, en la Tesorería de la Asistencia Pública. 25. Encargarse de la dirección inmediata de la Sección Labora- torio. 26. Será Jefe de Clínica de la Sección Hospitalización (hombrea).. SUBDIRECTOR Son sus deberes y atribuciones: I. Keemplazar al Director en caso de enfermedad o licencia. 2.° Encargarse exclusivamente de la Sección Ginecología, inspec- ción de pupilas y visitas domiciliarias. 3.o Firmar las libretas o tarjetas respectivas. 4.o Proponer al Director todas las medidas pertinentes al mejor servicio de la Sección a su cargo. 5.° Encargarse de la cura y tratamiento personal de las pupilas en los consultorios respectivos. 6.o Dar instrucciones individuales a las pupilas sobre el peligro y profilaxis de las enfermedades venéreo-sifilítieas. 7. Organizar el Archivo de la Sección Ginecología t 8. Firmar los vales para los trabajos destinados a la Sección La- boratorio. 9.o Dar conferencias públicas sobre temas de profilaxis de enfer- medades venéreo-sifilítieas. 10. Proponer a los gerentes de las casas de prostitución regla- mentadas todas las medidas sobre higiene y profilaxis venérea. II. Será Jefe de servicio de la Sección Hospitalización (mujeres). l.° Encargarse de la cura y tratamiento personal de los enfermos que le indique el Médico Director o Subdirector. 2.o Practicar personalmente las inyecciones. 3.° Extracción de sangre para reacción de Wassermann. 4.0 Extracción de pus y secreciones para exámenes microscópicos. 5. Curas vaginales y uretrales 6. Inspección de las pupilas con la presencia del Médico Jefe o Subjefe. 7.o El examen médico de cada prostituta se referirá a los órganos sexuales, externos e internos, con el uso del speculum, hasta el cue- llo del útero, al meato urinario, a la margen del ano, a la boca y la mano. 8.o Ser responsable de la conservación y limpieza de las instrumentos, de su colocación en las vitrinas respectivas, ete. DE LOS AYUDANTES 99 9. Preparar las soluciones medicamentosas, hacer hervir el agua en los recipientes, etc. 10. Acompañar al Médico Jefe o Subjefe en las visitas domicilia- rias respectivas. 11. Confeccionará la historia clínica. 12. Ayudar personalmente a las intervenciones que se practiquen. 13. Presentarse media hora antes de las horas indicadas en los consultorios externos. 14. Evitar toda conversación fuera del servicio médico con las pupilas que acudan a los consultorios. AYUDANTE DE LABORATORIO Son sus obligaciones: l.o Confección del inventario de los útiles e instrumentos a su cargo. 2.o Encargarse de todos los trabajos de laboratorio ordenados por el Director o Subdirector. 3.o Tener bajo su cuidado y contralor los animales def laboratorio. 4.o Redactar los informes de los trabajos encomendádoles. 5.° Llevar la estadística del movimiento de la S'ección. 0.0 Preparar los reactivos y colorantes. 7.o Presentar a la Dirección la lista de pedidos de la Sección a su cargo. SECRETARIO PERCEPTOR Será encargado: I. De la confección del inventario general del Instituto. 2.® Del libro de anotaciones diarias. 3.o Del libro de registro de las pupilas de las casas reglamentadas. 4.o Del libro de inscripción de prostitutas clandestinas. 5.° Del libro copiador de notas. 6.o Del libro de asistencia diaria de los empleados. 7.o Del libro de anotaciones de historia clínica, registro de exá- menes de sangre, etc., etc. 8.o Del libro álbum fotográfico de las pupilas de las casas de pros- titución reglamentadas. 9.o Del Archivo y Estadística. 10. De los talonarios, tarjetas y formularios de la Sección. II. De la redacción de las comunicaciones diversas. 12. De la confección de los partes diarios y mensuales. 13. De la percepción de los impuestos y multas. 14. De la contabilidad de la misma. 15. De la entrega a la Tesorería de la Asistencia de los mismos fondos_ 16. De la confección de las planillas. 17. De la entrega de las tarjetas de curas y tratamientos. 100 18. De la confección de las hojas de identidad de las pupilas. 19. Del pedido de útiles de escritorio de la Dirección, LOS ORDENANZAS Tendrán a su cargo: l.° La limpieza, el orden y. arreglo del mobiliario de la Institu- ción. 2.o Cuidado de la ropa blanca de la Sección. 3.o Limpieza, barrido y baldeo del piso de los consultorios. 4.° Llenar los depósitos de agua de los laboratorios y depósitos ■de agua hervida, antes de la apertura de los consultorios. 5.o Encargarse de la limpieza de todos los instrumentos, jeringas, sondas, cubetas, etc., etc. 6. De hacer entrar por orden los enfermos en los consultorios. 7. Despachos de las prescripciones medicamentosas en la Far- macia central. 8.o Presentarse una hora antes de la fijada en los consultorios* para su limpieza y ventilación. 9.° Encargarse de todas las ocupaciones y trabajos ordenados por los médicos o ayudantes. DISPOSICIONES TRANSITORIAS l.o En los consultorios externos no podrá ser recibido ningún en- fermo fuera de los días y horas designados. 2.o No se podrá llevar de la Sección ningún medicamento ni ins- trumento, sin consentimiento del Médico Jefe. 3. Los empleados del Instituto se presentarán a la Sección me- dia hora antes de los horarios respectivos. 4. No podrán ser nombrados ayudantes rentados de la S*ección, sino los estudiantes que cursen quinto año en la Facultad de Me- dicina. 5.o Los ayudantes actuales permanecerán en sus cargos hasta lle- nar los requisitos del artículo anterior. 6.° Los estudiantes de Medicina que deseen trabajar y asistir en los consultorios del Instituto, en carácter “ad honorem”, además de las disposiciones 4.a y 5.a, deben someterse en todo a las dispo- siciones del presente Eeglamento. 7.o Tanto los ayudantes rentados como los de carácter “ad hono- rem” deberán ser responsables personalmente de toda pérdida o deterioro de los instrumentos que el Instituto pone a su disposición para los trabajos del consultorio externo. 8.o Los pedidos de permiso deben hacerse directamente al Médi- co Jefe, quien los elevará a la Dirección General, para concederse de acuerdo a las disposiciones en vigencia en el Departamento Na- cional de Higiene y. Asistencia Pública. 9.° Los fondos provenientes de impuestos sanitarios y multas de- 101 berán ser entregados por el Inspector los sábados de cada semana, a la Tesorería General de la Asistencia Pública. 10. Un libro de asistencia diaria de empleados deberá ser firma- do todos los días por los empleados de la institución. 11. Todas las cuestiones no previstas en el presente Reglamento serán resueltas de acuerdo con la Dirección General. 12. Queda terminantemente prohibido a los enfermos del Consul- torio esperar turno en el despacho de la Dirección. 13. Los ayudantes serán designados por tierno practicantes inter- nos de la Sección Hospitalización. Llegamos al año 3.° de fundación de nuestro Instituto Pro- filáctico. La Memoria correspondiente aún no ha sido con- feccionada. Sin embargo, me es grato presentar a la consi- deración de esta docta Asamblea la Estadística de enferme- dades y trabajos realizados en los seis primeros meses del año, para bordar en seguida los comentarios que fluyen en los tres años de su fundación. Las estadísticas de este se- mestre se resumen en los siguientes cuadros: 102 Estadística de enfermedades. — Año 1920 Enfermedades E F. M. A. M. j. J. A. s. 0. N. D. Total 1 Uretritis crónica . . . 1 Balano-prostatitis . . — — - 1 1 Amigdalitis crónica . . 1 -- 2 Ulcera en el cuello del útero - - - 3 - - - 5 1 9 - - - - 3 - - 1 - - 4 Blenorragia aguda - 2 2 3 1 4 2 17 29 9 8 11 88 Idem crónica .... - - - 1 1 - - 11 12 10 0 7 48 Sífilis 52 48 14 7 12 15 12 8 15 10 9 24 262 Chancro sifilítico . . - 4 2 4 1 7 - 3 Ô 27 Idem simple .... 2 1 4 1 3 5 5 4 7 3 7 2 44 Idem mixto .... - -- - 1 2 3 1 3 3 3 ,0 Adenitis inguinal . . 1 - - — 1 - -- - 4 1 10 Prostatitis 2 - - - 1 — - - 3 - - - 6 Reumatismo articular . • 5 - 2 1 - 1 1 - 1 - 11 - 1 - 2 - t 1 — - 2 — - 2 - 6 Observación .... - 9 27 13 13 12 27 19 23 16 13 18 212 Metritis - - 2 - 2 - 19 8 6 21 6 - 61 Bartholinitis .... - - 2 - - - 4 3 5 _ - 1 15 Lepra 2 - 3 - 7 - 5 7 7 2 - G 40 Piodermitis .... 1 - 1 - 3 - - i - - 6 Leishmaniosis . . . - 1 _ - - X - - - - - 2 Defeientitis .... 1 - - - 2 - - i - - - - 4 Bacilosis - 1 1 Heredo-sífilis .... 1 - - - - - - i 5 1 10 Urticaria - - - - 1 3 - - 2 - - 6 Estomatitis mercurial - - - 4 _ - 1 - - - - 2 7 Histeria - - - - 2 - 1 - - i 2 1 7 Artritis sifilítica . . . - - 3 - i - 2 i - i 3 - 11 Sarna - I i 2 3 4 - 11 Anemia (causas diversas) - 1 _I 1 i - - - 1 - 2 - 6 Eczema 1 1 1 ~\ - 1 2 - 1 - - - 6 103 Enfermedades E. F. M. j A. ! M. 1 J. j J. A. 1 S. 0. 1 N. 1 D. J Total Dismenorrea .... 1 1 — 8 5 Buba - 1 1 - 1 - 2 - 1 - - 2 H ■Calculosis renal . . . 1 - - - - - 2 - ~ 1 - - 4 Sífilis gomosa - - - - 1 - 1 - - - - 6 8 Neuralgia intercostal 1 - 1 - 1 - - - - 2 - 1 6 Artritis blenorrágiea - - - - - - 3 1 - - - 3 7 Placa mucosa . . . 2 2 - - - - - 1 1 - - - 6 Ulcera de la pierna . 4 - - - L - - 1 - - - 6 Anquilostomiasis . 3 - O - - - 10 1 1 - 9 - 20 Orquitis blenorrágiea - - 1 - - 1 - - - - 3 1 6 Roséola sifilítica . . 1 1 2 Hemiplegia .... 1 - - - - - - - - - 1 - 2 Dispepsia 1 - - - - 1 - 2 Neuritis alcohólica . . - i - - 2 - - - - 1 - - 4 Reumatismo sifilítico - 3 - - - 2 - - 1 - - - 6 Adenitis inguinal . . - 1 - - 1 1 - - 2 - - - 5 Uretritis simple . . . 1 - - - - - - 1 - - - -- 2 Prostatitis blenorrágiea . — — ' — — 1 — 1 — — 1 — 3 Estadística de trabajo. — Año 1920 Enfermedades E. r F. M. A. M. J. , A. S. 0. N. D' Total Enfermos aténdidos en el Con- sultorio 241 212 236 198 443 734 381 381 477 396 520 640 4,785 Visitas domiciliarias (casas de prostitución) 16 17 16 16 16 17 17 108 Inyecciones mercuriales solubles 40 73 109 100 90 76 30 34 69 122 89 109 951 Idem Idem insolubies 8 24 30 21 10 9 16 25 45 24 12 28 215 Idem de 914 17 33 31 34 24 43 100 75 61 54 40 94 608 Reacciones de Wassermann . 19 21 9 23 10 11 5 20 22 20 10 18 188 Lavajes uretrales 2 ~ - 5 - 5 7 2 27 17 9 11 83 Punción lumbar 3 - 1 1 - - 1 - 2 ~ -4 8 Examen de la gota uretral . - -- - - - 16 11 15 26j 8 14 16 106 104 Estadística de enfermedades. — Primer semestre. Año 1921 Enfermedades j E' F'l M. A. | M. J. 1 Total Sífilis 35 22 28 19 16 12 132 Blenorragia 15 9 3 14 4 2 47 Idem crónica 11 8 22 9 9 1 60 Ulcera en la región interglútea 1 ~ - 1 - 2 Lepra 4 Õ - 1 1 - 11 Metritis 2 1 1 2 — 6 Estomatitis 2 - 1 - 2 -- 5 Metritis gonocóccicas 9 ~ - 1 Id Chancro sifilítico ......... 5 4 5 3 2 - 19- Tdem simple 2 2 - 1 1 6 Idem mixto 3 - i -- 1 5- Reumatismo articular 1 - - - 1 - 2 Eczema 1 - 2 1 1 - 5- Estomatitis mercurial 3 i 3 — — 7 Eoruneulosis 2 i - — - 3- Artritis gonocóccicas 1 - - — 2 - 3- Prostatitls crónica 1 - - - — 1 Embarazo gástrico 2 - — 1 - 3- Dispepsia i * - — — 2 Anemia (causas diversas) 2 - 1 - 1 2 6 Epididimitis crónica i - — — — 1 Neuritis j - i - - - 1 Heredo-sífilis 3 3 2 2 i 11 Observación 14 2 8 14 4 6 48 Paludismo 1 2 2 — — 5 Artritis 1 2 - 1 2 6 Adenitis 1 - — — — 1 Dismenorrea 1 3 — 1 — C Orquitis blenorrágica - 3 2 - - — 5 Incontinencia urinaria - 1 — — — i Acné hipertrófico - 2 - — 2- Prostatitis - 1 - - - 1 Leishmaniosis - 1 - ~ - £ 105 Estadística de enfermedades. — Primer semestre. Año 1921 Enfermedades E. F. M. A. "■ J. Total Constipación intestinal _ 3 3 1 — _ 7 Ulcera en el cuello 1 - - - i - 2 Acné específico - 1 — - - - 1 Epididimitis blenorrágica - - 1 - - - 1 Traqueítis crónica - - l - - - 1 Leucorrea - - 1 - i - 2 Adenitis inguinal - 1 3 1 i - 6 Herpes cireinad o - - 1 - - - 1 Escrofulosis .... 1 - 1 - - — 2* Foliculitis 2 - 1 — - - 31 Sarna i - — 7 4 2 14 Orquitis .. . i - - 2 -■ — 3 Uretritis — 2 - - 1 — 3 Piodemitis - i - - 1 Estadística de trabajo. — Primer semestre. Año 1921 Enfermedades E' r'¡ M. | A. M. 1 J. | Total Enfermos atendidos en el consultorio . . . 732 608 689 536 458 522 3,545 ’ Inyecciones mercuriales solubles 111 107 112 191 122 83 726 Idem* Idem insolubles 17 25 19 12 16 7 96 Idem de 914 112 86 68 73 64 55 458 R. de Wassermann (toma de sangre) . , . 33 15 17 16 23 14 118 Lavajes uretrales 25 48 103 67 72 67 382 Examen de la gota uretral 23 5 8 19 21 17 93 Visitas domiciliarias 6 15 - - 2 - 23 106 Según se desprende del cóntenido de la reglamentación de ■este importante Servicio de la Asistencia Pública, el Insti- tuto Profiláctico, actualmente, funciona dividido en cuatro secciones: 1. a Sección Venéreo-Sífilis. — (Consultorio nocturno). Pa- ra hombres y mujeres. Inspección y tratamiento de enfermos. 3 Consultorios semanales. Aplicación de sales solubles e in- solubles mercuriales. Tratamiento de la uretritis gonocóccica y sus complicaciones: grandes lavajes uretrales, masajes de la próstata, dilataciones, instilaciones, pequeña cirugía uri- naria, etc., etc., en el consultorio diurno; toma de sangre para Wassermann, aplicación de 014. 2. a Sección Generológica y Venérea (mujeres exclusivamen- te). — Dos consultas semanales. Inspección de las pupilas de las casas reglamentadas. Firma y revisión de las libretas. Tratamiento y cura de afecciones generológicas y venéreas de las mismas. Y el último día de la semana (sábado), con- travisita a ias mismas casas y nuevas firmas y revisión de sus libretas. 3. a Sección Laboratorio. — Para Wassermann de la sangre. IJltramicroscopia. Examen del líquido céfalo-raquídeo. Exa- men de las secreciones. Autoseroterapia, etc., etc. 4. a Sección Hospitalización. — Sifilicomio Nacional, cuya instalación y habilitación se encuentra en proyecto actual- mente. El Instituto Profiláctico funciona con 2 médicos y 6 prac- ticantes de Medicina, de curso superior. La estadística se lleva en forma casi completa: de enfer- mos con sus diagnósticos respectivos; y de trabajo. A cada enfermo se le entrega, después de cada consulta, una ficha de -cartón, donde van anotados sus nombres respectivos, el me- dicamento, la dosis y la fecha de las inyecciones, anotacio- nes que se efectúan en cada curación. Para enfermos, para otras investigaciones, como el Wassermann de la sangre, por ejemplo: el género del examen, fecha y hora en que debe pre- sentarse. El cómputo parcial es pasado,. después de cada consulta, a los libros correspondientes, y el total, en forma de parte diario, a la Dirección de la Asistencia Pública, y mensual- mente lo que corresponde a la misma Institución. Y una memoria detallada, con todas las observaciones re- ferentes a las modalidades clínicas más frecuentemente ob- servadas, resultado del tratamiento arsenical, e?iseña?izas de- ducidas del Wassermann de la sangre, estadística de trabajo 107 y de trabajo completo, es pasada al finalizar el año a la Di- rección del Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública. Por ser la institución que, en su género, es la primera es tablecida en la Capital, a sus beneficios se han acogido per- sonas pudientes y no pudientes, y con el objeto de cortar abusos posibles, la Dirección del Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública ha dispuesto, a propuesta del Médico-Jefe del Instituto, como tarifa reducida, cuja copia es la siguiente: ARANCEL DEL INSTITUTO PROFILACTICO DE VENEREO- STFTLTS Acta número 121. Sesión de fecha 2 de julio de 1920 Por último se trata el proyecto de arancel de los servicios del Instituto Profiláctico de Venéreo-Sífílis, elevado por el Director del mismo, doctor Víctor Idoyaga, sometido al dictamen del doctor Mar si, siendo aprobado como sigue: Reacción de Wassermann $ 200 Idem db Widal ” 200 Idem de Widal paratifica AyB ’ ’ 200 Otras reacciones (o’ftalmo, cuti, etc.) ” 200 Análisis de sangre completo (hemoglobina, fórmula leuco- citaria, contage globular, parasitología) ” 200 Ultramicroscopia, espiroquetas, etc ” 100 Punción lumbar y examen del líquido céfalo-raquídeo . . ” 200 Análisis de pus, esputos, secreciones, etc ” 100 Análisis de orina, completo ” 125 Idem de albúmina y azúcar ” 125 Biopsias y estudios anatomopatológicos . . . . . . ” 200 Análisis de leche, completo ” 125 Idem de ídem, parcial ” 75 Idem químico del agua . . . ” 750 Idem bacteriológico ” 1,500 Examen del jugo gástrico ” 350 Examen de heces fecales ’ ’ 75 Aislamientos, cultivos de microbios, experiencia sobre ani- males, etc ’ ’ 200 Aplicaciones de 606 o 914 por cada vez ” 60 Inyecciones endovenosas de sales mercuriales u otras ” 60 Inyecciones hipodérmicas e intramusculares en general ” 30 Lavajes uretrales ” 10 Lavajes y curaciones vaginales ” 15 Aplicación de vacunas ” 50 108 El Paraguay,. por circunstancias .especiales de orden eco- nómico, ,110 puede aún hacer la profilaxis de las enfermedades venéreas en forma completamente gratuita y obligatoria,, como ya lo practican algunos países americanos, a cuya ca- beza se encuentra la República Oriental del Uruguay, que es la primera en iSud América que ha instalado Institutos modelos. Tal es la forma actual del servicio del Instituto Profiláctico de Venéreo-Sífilis de Asunción. De las consideraciones precedentes deducimos que se ha esbozado en nuestro país la lucha antivenérea, pero aún hay mucho que hacer. Hoy por hoy, los enfermos que- acuden a los consultorios del Instituto son tratados de una manera metódica, sistemá- tica y de acuerdo con los adelantos de la Sifilografía moderna; estos enfermos, antes de ahora, si bien eran atendidos en los otros Consultorios de la Asistencia Pública, lo eran de una manera irregular y sin método. El contralor de las pupilas reglamentadas se hace con más eficacia. La sífilis, en su forma virulenta y contagiosa,, ha, casi, desaparecido entre las mismas, gracias a la medicación arsenical; queda aún siempre en pie la curabilidad de esta afección tenaz. Las pupilas se interesan cada día más sobre las medidas profilácticas, para preservarse del contagio. Pero una cosa es aún esencial y necesaria: disponer del Sifilicomio, donde pue- dan hospitalizarse los enfermos. Los reglamentos ■ sobre prostitución dictados en el país son, por su orden cronológico, los siguientes: Reglamentación del ejercicio de la prostitución Asunción, 12 de agosto de 1910. Reconociendo la imperiosa necesidad de reglamentar la pros- titución, adoptando medidas eficaces de vigilancia bajo se- vero contralor médico-policial para desterrar la forma clan- destina de su ejercicio, con el fin de atenuar los efectos de ese mal social, en uso de la facultad .acordada por el artículo 6.°. inciso 6.° de la Ley de agosto de 1889, 109 El Departamento Nacional de Higiene RESUELVE : Artículo l.° Consentir el ejercicio de la prostitución en lo- cales del municipio no comprendidos en el radio determina- do en el artículo siguiente. No podrá haber más de uno en cada dos cuadras, comprendidas ambas aceras, siempre que donde se instalen no hayan templos ni establecimientos de educación reconocidos como tales por las autoridades com- petentes. Art. 2.° Dentro de la zona comprendida por las calles Co- lón, Manduvirá, Río Apa, Brasil, Asunción y Buenos Aires, abarcando las dos aceras, queda prohibida la instalación de prostíbulos. Estos no podrán tener signo exterior ni interior alguno que denuncie su carácter, ni servidumbre de vistas sobre las propiedades vecinas, ni paredes divisorias con los patios cuya altura sea menor de 3 metros 50 centímetros. Prohíbese en dichos locales el expendio de 'comestibles y bebidas. Art. 3.° Se consideran como un mismo local los diversos pisos que forman un solo cuerpo de edificio, aún cuando las entradas sean distintas, como también cuando dos o más ca- sas o pisos se comuniquen entre sí. Art. 4.° El número de mujeres en los prostíbulos estará siempre en relación con la capacidad de los edificios que ocu- pen, fijada a juicio del Jefe del Dispensario. Art. 5.° Los prostíbulos no podrán funcionar sin permiso y éste se otorgará a nombre de una de las mujeres que ha- bite la casa, lo cual no obsta para que cada una de ellas sea responsable de las infracciones que cometa. El permiso será semestral e intransferible, pudiéndose re- tirar cuando las infracciones a los reglamentos y ordenanzas por desórdenes o delitos producidos en los locales lo recla- men. La rehabilitación del prostíbulo se acordará previo pago de los impuestos o multas adeudadas por cualquier concepto. Art. fi.10 Las prostitutas deberán inscribirse en un registro especial, que llevará la Municipalidad, a cuyo efecto se le proveerá de una libreta de sanidad que deberá llevar siem- pre consigo, donde conste su retrato y filiación. Será rechazada y puesta a disposición del Ministerio de Menores toda mujer que no justifique, con los respectivos do- 110 cumentos o pruebas testimoniales suficientes, ser mayor de 18 años. (Artículo 331 del Código Penal). . Art. 7.° Estarán sometidas a la inspección y visita médica que se determinen, las cuales serán gratuitas en el Dispensa- rio y pagas a domicilio, debiendo la Intendencia Municipal prestar preferente atención al tratamiento de las enfermeda- des venéreas y de la piel, con la instalación de consultorios especiales, donde no será necesario exigir el certificado de pobreza. Art. 8.° Las mujeres enfermas que, a juicio de los Médicos Municipales o de Dispensarios, no deban ejercer la prostitu- ción, serán recluidas obligatoriamente en el local del Dispen- sario por el tiempo exigido para su completa curación o des- aparición de las manifestaciones susceptibles de transmitirse por contagio. La asistencia que se les preste en tales casos será gratuita. Art. 9.° Las mujeres que padezcan de cualquier enferme- dad infeeto-contagiosa no podrán ser atendidas en los pros- tíbulos, y, en caso de no hospitalizarse voluntariamente, que- darán obligadas a manifestar a la Dirección del Dispensario el local en que se alojen. Art. 10. Las prostitutas que deseen obtener su eliminación del Registro, deberán justificar su retiro de la profesión con el testimonio de dos personas honestas y un certificado de la Policía del abandono de la prostitución, quedando, sin em- bargo, la mujer durante cierto tiempo bajo la vigilancia del Dispensario. Art. 11. Cuando, por intermedio de la Inspección General Municipal o de la Policía, se compruebe la existencia de un prostíbulo clandestino, el respectivo local será inmediatamen- te desalojado, sin perjuicio de la imposición de las penas a que se hayan hecho acreedores los ejecutores y encubridores. Art. 12. Toda incitación al libertinaje, entendiéndose por tal la que se traduzca en palabras, gestos o acciones notoria- mente a ello dirigidos, cometida en la vía pública, será en el acto reprimida con ayuda de la Policía. Art. 13. La infracción de cualquiera disposición de este reglamento será penada con multa, con la clausura temporal o definitiva del local o con una y otra adjuntamente. Art. 14. Mediando motivos especiales o circunstancias ex- cepcionales, la Intendencia Municipal podrá negar el permi- so para establecer prostíbulos, aún cuando se satisfagan las condiciones expresadas, previa consulta al Departamento Na- cional de Higiene. Art. 15. La Intendencia Municipal impondrá las multas 111 y adoptará las demás medidas autorizadas por esta reglamen- tación. Art. 16. Las disposiciones que anteceden no derogan ni modifican las resoluciones de la Policía destinadas a los mis- mos fines denunciados. Art. 17. En esta reglamentación se atenderán con preferen- cia las prescripciones de higiene y moralidad, como también todas aquellas tendientes a hacer conocer a las prostitutas los derechos que les amparan. Art. 18. El presente reglamento regirá, desde su aproba- ción por el Poder Ejecutivo de la Nación, quedando sin efec- to las disposiciones reglamentarias que se hubiesen dictado sobre el ejercicio de la prostitución. Art. 19. Publíquese en el ‘‘Boletín Oficial”. (Fdos.) : Juan B. Benza. — R. Alvarez Brúguez. Asunción, 3 de noviembre de 1910. Visto el reglamento dictado por el Departamento Nacional de Higiene sobre el ejercicio de la prostitución, sometido a la consideración del Poder Ejecutivo, de conformidad con lo dispuesto por el artículo 6.°, inciso d), de la Ley de agosta 16 de 1899; El Vicepresidente de la República, en ejercicio del Poder Ejecutivo, RESUELVE: 1. Aprobar la referida reglamentación, que consta de 19 artículos. 2. Comuniqúese, publíquese y dése al Registro Oficial. (Fdos.) : González Navero. — Adolfo Riquelme. REGLAMENTO SOBRE CASAS DE PROSTITUCION La Junta Municipal de Asunción, reunida en Consejo, ORDENA : Artículo 1." Toda persona que desee establecer una casa de prostitución, deberá solicitarlo de la Intendencia Munici- 112 pal, resolviéndose el pedido de acuerdo con las leyes y dispo- siciones vigentes sobre la materia, previo informe de la Asis- tencia Pública Municipal. De los permisos concedidos y una vez abonados los dere- chos correspondientes, dejarán constancias en sus registros la Inspección General y la Asistencia Pública, dándose cuen- ta también a la Policía, para que ésta pueda conocer en for- ma los locales contenidos y habilitarla así para prestar la cooperación que esta Ordenanza le concede respecto a las denuncias de los clandestinos. Art. 2.'* El permiso se dará con la condición de sujetarse ■estrictamente a todas las disposiciones vigentes o que en ade- lante se dictaren y caducarán el 31 de diciembre de cada año. Art. 3.° Por razones de higiene y moralidad, los prostíbulos reunirán las siguientes condiciones: a) Sólo se consentirá una puerta de acceso, tapiándose con muro de manipostería las otras de que antes se dispusiese, no permitiéndose tampoco, cuando la pro- piedad forme esquina o su extensión llegue a la cua- dra paralela, aberturas o vistas sobre otras calles. En toda la extensión del zaguán, no habrá otra puerta que la cancel con vidrios opacos y colocados en el límite con el patio. b) El uso de las azoteas sólo será permitido cuando así lo exijan las necesidades de reparación u obra, y, pe- riódicamente, al personal del servicio para fines de limpieza, retirando o clausurando’ los medios de ac- ceso, cuando estos casos no.se produzcan. c) Los frentes, zaguanes, puertas, ventanas, y, en gene- ral, toda parte del edificio visible desde la vía públi- ca, no podrán pintarse con colores llamativos. curados con una buena serie de 914. Diversos trastornos menstruales (meno- rragias y metrorragias), tratados antes con los medicamen- tos usuales, y mejorados y curados con la medicina arseni- cal; mujeres con antecedentes de abortos que, en algunos ca- sos, llegan hasta 8 y que vuelven a tener hijos a término des- pués de la medicina específica, etc., etc. En el Paraguay y en los consultorios públicos y privados hemos observado un porcentaje mínimo de las afecciones es- pecíficas del sistema cerebro-espinal y, entre los raros casos, el tabes dorsal en primer término; después las hemiplegias y paraplegias (en individuos jóvenes, militares). Algunos ca- sos de parálisis general que han reaccionado bien con el 914; entre las neurosis específicas: la neurastenia y la epilepsia, esta última de origen hereditario; muy a menudo casos de meningitis crónicas terciarias, con síntomas de cefalea, re- beldes a todo tratamiento. Pero una mención especial debemos bacer de una forma, que hemos observado muy frecuentemente, y que constituye nuestra pesadilla de consultorio: los fóbicos, enfermos dignos de ser estudiados y tratados; pues los libros poco o nada ha- blan de esta manifestación. No nos referimos a la fobia vul- gar de muchos enfermos tímidos; hemos observado infinidad de enfermos con sólo este síntoma. Algunos de los cuales los hemos seguido y tratado, y que, a nuestro parecer, constituye, diríamos, una forma nueva de sífilis hereditaria tardía. Las modalidades clínicas de sífilis más frecuentemente ob- servadas en nuestro ejército, se resumen, en su mayoría, en manifestaciones primarias y secundarias. Pues la conscrip- ción militar en nuestro país empieza a los 18 años; de ahí el motivo de la uniformidad de aspecto de la afección. Y mu- chos casos de heredo-sífilis tardía, y principalmente mani- festaciones óseas, articulares y oculares. Al igual que el Instituto Profiláctico, hemos organizado un Centro Venereológico para el servicio exclusivo del ejército en el Hospital Militar Central, con arreglo al siguiente ho- rario : Día lunes. — De 8 a 10 a. m. Inspección de enfermos en el Consultorio. Inyecciones mercuriales solubles. Tratamiento de 122 las uretritis gonocóccicas y sus complicaciones. Grandes lava- jes, dilataciones, instilaciones, masajes de ja próstata, etc., etc. Día martes. — De 8 a 10 a. m. Uretroscopia. Cistoscopia. Día miércoles. — De 8 a 10 a. m. Como el día lunes. Díía jueves. — De 8 a 10 a. m. Cateterismo uretral. Sepa- ración de orina. Día viernes. — De 8 a 10 a. m. Aplicaciones de 914. In- yecciones de sales mercuriales insolubles. Toma de sangre por AVassermann. Día sábado. — Trabajos de Laboratorio. El Centro de Venereología del Ejército atiende todos los •enfermos del Ejército y Armada de guarnición, de la Capi- tal, Policía de la Capital y sus dependencias (Cárcel publi- ca y de mujeres inclusive). Igualmente los enfermos de las cinco Zonas Militares, cuya hospitalización, sobre todo, es re- querida, para lo cual existe una sala destinada exclusivamen- te para los enfermos de venéreo-sífilis. La estadística de enfermos y de trabajos se transcribe desde su constitución: Estadística de trabajos. Año 1919 Inyecciones Novar- senobenzol ... 34 35 53 22 17 12 18 56 43 51 23 31 401 Idem Bicianuro .. — 5 9 7— 6 1 1— 4 — — 33 Idem Biyoduro .. 2251 — — 24615 — 28 Idem Quinina . . — — — 3 11 4 2 13 7 5 8 12 65 Idem Aceite Chaul- moogra .... — — — 1 — — — 2 — — — — 3 Idem Glíc. sodio . 5 1— 32 7 5 — 4 — — — 27 Idem Cacod. sodio . 9 11 15 3 — 5 3 — 12 7 13 8 86 Idem Aceite gris. .1 — — — — — 2 - 11 — — 5 Lavajes Neiserinos . 104 112 93 114 107 8G 114 110 123 118 71 131 1 291 Idem Permanganato 15 18 21 25 14 24 31 47 13 8 12 26 254 Idem Acido bórico . — — — — 4 2 1 — — 1 2 2 12 Idem Antisépticos. . — — — — 1 1 — 2 — 1 1 — 6 Dilatación del canal. 1 5 — 2 1 — — 3 5 — — — 17 Explor. del Idem . — — 1 — — — — 1 2 1 3 — 8 Masaje de la próstata 1 1-- — 3 — 1 — 1562 20 Sondaje ....13 1 3 — — 5 1 — — 7 1 3 34 Otros trabajos . . 15 8 11 21 17 3 18 8 10 2 26 19 58 Estadística de trabajos. Año 1920 Inyeccc. bician. . . 3 25 29 17 3 6 8 10 7 14 9 4 135 Idem Novarzen. . . 54 55 73 42 37 23 34 50 69 71 43 51 308 Idem Biyoduro . . 16 13 18 13 4 1 7 12 G 9 15 4 135 Idem Quinina. . . — — 7 4 30 G 28 18 10 7 14 6 130 Idem Aceite ehaul- moogra. — — — — — —' 2 — — — — — 2 Idem Glícer. sodio . 10 — 8 — — — 6 4 6 — 4 2 40 123 Iny. Aceite gris ..1 1 4 2 3 — — 2-- — — — 13 Idem Caeod. sodio . 13 36 45 7 6 li 8 6 '.) 7 5 8 15g Lavajes Neiserinos . 116 244 285 250 111 118 188 225 198 176 2*>1 194 2,336 Idem Permanganato. 30 54 45 39 42 37 46 . 09 42 36 53 65 561 Idem Acido bórico. . — — — 12 2 30 7 15 — 6 18 9 91 Idem Anitsépticos. . — — — — — 58 36 18 15 11 22 8 168 Dilat. del canal . . 1 11 9 2 1 5 2 4 — 362 46 Kxplor. del ídem. . _ — — _ 1— 2 — — 3 1 — 7 Masajes de la próst. 3 9 16 2 3 6 9 6 4 1 2 — 61 Sondajes 23 10 12 18 2 24 16 21 26 15 12 7 196 Otros trabajos. . . 17 46 87 79 19 22 41 46 49 54 72 61 593 Y al hablar de la sífilis en el ejército hemos manifestado de paso las formas más frecuentes que hemos observado de sífilis hereditaria tardía, y que por el interés en nosotros despertado hicimos objeto de ello, de una disertación en el Centro de Estudiantes de Medicina. Creemos firmemente que la sífilis hereditaria es una de las nuevas fases con que se nos presenta el problema social de la avariosis. Y habíamos dicho que: Como se sabe actualmente la afección sifilítica se trasmite a los herederos en las tres formas siguientes: 1. La trasmisión casi total in natura, como dicen ciertos autores, que es la sífilis hereditaria propiamente dicha. 2. La intoxicación por el treponema y sus toxinas, que producen lo que llamamos las distrofias. 3. Y, por último, la predisposición de la aparición de los accidentes tardíos en la edad adulta. La primera forma, que constituye la sífilis hereditaria precoz y cuyos síntomas se manifiestan desde los primeros meses de la vida, tan brillantemente estudiados por Hutchinson, quien ha establecido la triada inmortal que lleva su nombre, cons- tituye un gran capítulo de Medicina Infantil, con sus reglas y sus leyes, hoy magistralmente establecidas e indiscutibles. La segunda, la forma tóxica, la que produce las “distro- fias” y la que llamamos igualmente “estigmas” y en cuyo establecimiento y estudio tan notablemente ha contribuido el profesor francés Gastou, en su célebre comunicación al Con- greso Internacional de Medicina de Lisboa en 1906, y en cuyo laboratorio y bajo su dirección yo he tenido el honor de apren- der a practicar el AVassermann de la sangre. Su obra o sus conclusiones constituyen otra de las conquistas más grandes ele la sífilis hereditaria. Y, por último, la tercera forma, la predisposición a las manifestaciones tardías, objeto de nuestra disertación, es al eminente Fournier, el gran sifilógrafo francés, a quien debe- mos todo, en el estado actual de nuestro conocimiento. 124 Es en su célebre libro Sífilis hereditaria de la edad adullar que todos los autores modernos se han inspirado para prose- guir sus investigaciones, y edificar la gran obra del concepta actual y moderno de la herencia específica y tardía. No hay sino hojear los libros clásicos de Gaucher, Castaing, Gougerot, Balzer, .Sabouraud, Josuet, Jeanselme y otra pléyade ilustre de sabios franceses, para ver su nombre cita- do en cada página, en cada línea. Es este notable sabio el primero que ha catalogado en sus observaciones clínicas per- sonales sus diferentes modalidades. Y es en su libro precio- so que yo he aprendido igualmente a controlar y comprobar los casos un tanto obscuros que yo he observado para mis co- nocimientos de principiante; para ver y juzgar con toda cla- ridad después. Y escritas ya algunas líneas de esta disertación, un colega y amigo acaba de proporcionarme una obra que acaba de aparecer en estos días, del profesor titular de Clínica Médica de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, doctor Castex, a quien yo ya he tenido el honor de conocer en algunos ar- tículos que sobre el mismo tema había leído en la Prensa Mé- dica Argentina. Su hermoso libro se titula igualmente Sífilis hereditaria tardía, obra que, en mi modesta opinión, es digna de figurar al lado de las más notables que se han escrito en su género, por su exposición brillante y concento modernísi- mo, aún más moderno que las ideas de Fournier y sus discí- pulos. Las nuevas entidades patológicas, sus numerosas ob- servaciones clínicas personales, hace que en América sea el primer libro que aparezca y trate con fama tan completa un capítulo que hasta ayer tenía puntos oscuros. Y diciendo esto, ya lejos nos encontramos, muy lejos por decir hoy, de lo que en 1906, uno de los sifilógrafos de aquelhi época decía: ‘En cuestiones de herencia se ha cargado todo a cuenta de la sífilis; se ha exagerado”; y a renglón seguido: “El alcance de la concepción de la distrofia de la sífilis he- reditaria, establecida por mi maestro Fournier, es considera- ble. Pero la obra potente del maestro tiende más y más a transformarse en una torre de Babel indescriptible, gracias a los materiales de consolidación que se le agrega diariamente sin espíritu de dirección metódica”. Lejos estamos de esta concepción, volvemos a repetir nosotros. ¿Por qué? Porque diez años más tarde, ya en 1916, otro eminente profesor contemporáneo dice: “Desde que la sífilis ha en- trado en el grupo de las enfermedades experimentales, con el descubrimiento del treponema, y la seroreacción, la pato- 125 losría general no se puede defender más así como lo hacía ha- ce mucho contra la intromisión de la sífilis. (Se había acusa- do a Fournier de querer hacer de la patología general un anexo de la sifílografía; desde ahora todo lo que hacía Four- nier fué encontrado verídico, y hasta la misma extensión que él había dado al dominio de la sífilis, parece muy insuficiente hoy ’ Ahora, en 1920, nosotros decimos que después de habernos inspirado en la obra de Fournier y todos sus discípulos, hojea- do el notable libro del profesor Castex, y con los nuevos mé- todos de investigación actual: el descubrimiento del trepone- ma, la sero-reaeeión de Wassermann, la punción lumbar y el examen del líquido céfalo-raquídeo (albúmino-linfocitosis', y 1a. incorporación a la terapéutica médica actual de los mara- villosos y nunca bien ponderados 606 y 914, la gran batalla empeñada y comenzada allá por 1906, en el famoso Congreso de Lisboa, ha sido ganada por la sífilis; sus tenaces enemigos huyen en precipitada derrota, y la sifílografía moderna domi- na, con sus nuevos métodos de investigación y tratamiento, todo el campo de batalla de la patología médica; porque en- tre las cuatro grandes plagas que azotan la humanidad : el cáncer, la lepra, la tuberculosis y la sífilis, la sífilis ha sido vencida. Paradoja: Sífilis triunfante y sífilis vencida. Sífilis triunfante, porque domina todo el campo de la pa- tología moderna médica. Sífilis vencida, porque se conocen hoy todos los medios de despistar, tratar y prevenirla, sobre todo en sus accidentes y consecuencias mortales. Y volviendo a nuestro tema, la sífilis hereditaria tardía es, como su nombre lo dice, la aparición de los síntomas de esta afección en la edad adulta, llegando, en ocasiones, hasta la vejez, desde los 15 hasta los 60 años, según Fournier. Es la sífilis que se remonta hasta la cuarta y quinta generación, se- gún algunos autores. Su máximo de aparición es, sin embar- go, entre los 20 y 40 años. Y así como la sífilis hereditaria precoz ataca con predilec- ción órganos especiales como la vista, el oído y los dientes; la sífilis hereditaria tardía se especializa en ciertos y deter- minados sistemas y con predilección: el sistema cutáneo, óseo, reticular, circulatorio (corazón y vasos arteriales), pulmonar y, sobre todo, los órganos del mediastino, aparato digestivo, cuya forma más frecuente es la úlcera del estómago, hígado, riñones, bazo, sistema nervioso, cerebro, médula espinal y sus envolturas, nervios periféricos, dando lugar a las diferentes 126 afecciones conocidas con el nombre de parálisis general, tabes dorsal, histeria, neurastenia, etc., etc., según concepción de Fournier. Hoy, con los nuevos autores contemporáneos, entre los cua- les citaremos los nombres de Sabouraud, Jeanselme, Babon- neix, Gcugerot, íSicard, Ravaut, Castex y otros, tendremos nuevas sistematizaciones. Entre las manifestaciones “cutá- neas”: el vitÍligo y las cicatrices acrómicas; entre las mani- festaciones “articulares”: las artropatías solitarias, cuya for- ma clínica es la hidrartrosis; la espondilosis anquilosante y deformante; entre las “adenopatías”: la falsa escrófula gan- glionar, que no constituye sino el escrofulato de vérole de Ricord; entre las “esplenopatías”: la enfermedad de Banti y la linfadenosis; entre las “hemopatías”: la anemia perni- ciosa y la hemoglobinuria paroxístiea. En el grupo de las “broncopatías”: el asma tenaz y la bronquitis crónica y el gran capítulo de la sífilis hereditaria pulmonar. La mediasti- nitis crónica. Entre las afecciones del tubo digestivo, la úl- cera gástrica y duodenal; gastroenteropatías diversas, las pe- ritonitis y apendieitis crónicas. Eero un lugar preferente es asignado por Babonneix a los enfermos del sistema cerebro-espinal, en su reciente trabajo “Papel de la heredo-sífilis en Neuropatología”, entre los que citaremos, siguiendo el orden por él establecido: “Afecciones oculares”: parálisis de musculatura extrínseca e interna; estrabismo, neuritis óptica, conformaciones vicio- sas cráneofaciales, microcefalia, meningocele, enfermedad de Friedrieh. “Encefalopatías infantiles”: meningitis, encefalitis subagu- das o crónicas; convulsiones, epilepsia esencial o asociada con trastornos, espasmos paralíticos o intelectuales, hemiplegia in- fantil o enfermedad de Little; idiotismo e imbecilidad, debi- lidad mental, la hidrocefalia y la parálisis general juvenil. Entre las “mielopatías”: los tabes atípicos, amiotrofias agudas de la primera infancia, paraplegia espasmódica de los niños mayores, meningomielitis. Entre los síntomas de origen “único o pluriglandular”: acromegalia, a veces localizada en los órganos genitales, gi- gantismo, infantilismo, enfermedad de, Basedow, enanismo, obesidad. Entre los “sindromas diversos”: acorea, esclerosis en pla- cas, tetania, tics, priapismo, demencia precoz, histerismo, etc. etc., etc. Como se sabe, en la etiología de las afecciones del sistema 127 nervioso y mentales, la sífilis ya formaba triada con el aleo- holismo y la herencia atávica familiar. Y hoy la sífilis here- ditaria tardía es causa de la mayor parte de las afecciones an- tes atribuidas a la herencia atávica familiar. De manera que la triada pierde un pie y se transforma en un compás de dos que se apoya por uno en la sífilis (adquirida o hereditaria) y por el otro en el alcoholismo, para marear el círculo del dominio de estas dos graves afecciones de la neuropatología. Muy cierto es, a pesar de Carie, uno de los adversarios más tenaces de la sífilis hereditaria tardía, quien dice entre otras cosas: “Que un caso de heredo-sífilis tardía es simplemente un caso de sífilis hereditaria tardíamente diagnosticado”, y a renglón seguido: ‘ ‘ Que en la sífilis hereditaria tardía no hay de tardío más que el diagnóstico del médico”, afirmación tan brillantemente refutada por los autores que acabamos de citar y reafirmada rotundamente por la clínica. La razón de los errores de afirmación de Carie es bien sen- cilla, pues al hablar de casos de sífilis hereditaria tardía, queremos siempre encontrar, ya sea antecedentes específicos en los parientes inmediatos, sea uno o varios estigmas de in- fección. Los hechos clínicos que se observan hoy muy a me- nudo revelan en muchos casos una ausencia total de presun- ción en los antecedente(s paternos y ni siquiera distrofias o estigmas en el momento de la observación clínica y, sin em- bargo, las reacciones serológicas de la sangre y del líquida céfalo-raquídeo y, sobre todo, la medicación de prueba nos dan casi siempre la razón. Por otra parte, el capricho de la herencia biológica que salta algunas veces sobre dos o tres generaciones, es aún más acentuado y manifiesto en la herencia patológica y, sobre to- do, específica hereditaria, donde algunas veces el gran salto llega, hasta la quinta generación. Ya hemos citado con Castex esta obra, nueva serie de afec- ciones que hoy catalogamos como pertenecientes al grupo y que el citado autor tan magistralmente registra en su libro, igualmente famoso que el de Fournier. Sin embargo, lo que más llama nuestra atención en su li- bro, es el grupo que se refiere a la insuficiencia endocrínicas- pluriglandulares por sífilis hereditaria tardía, a la cual todo le atribuye. “Toda distrofia maxilodentaria, por una parte, y la vulnerabilidad dentaria, por otro lado, vulnerabilidad que a menudo lleva a una dentición precocísima, haciendo por demás probable el origen simpático trófico de esas lesio- nes por alteraciones toxi-infecciosas heredo-sifilítieas de las 128 glándulas endocrímcas que presiden la odontegénesis y su nutrición; las glándulas tiroideas, paratiroideas, etc., y el desarrollo y morfogénesis del sistema óseo-bueal, facial y del resto del esqueleto”, concepción magistral de las tendencias actuales de la sífilis hereditaria tardía. Esas alteraciones son, según el mismo y nosotros lo cree- mos firmemente, el substractum de las nuevas afecciones que hoy tratamos y curamos como secuelas de herencia sifilítica, origen de todas las distrofias.y estigmas y, para no citar sino una de las más importantes y ya muy conocida, la triada in- mortal de Hutehinson, cuyas alteraciones son tan científi- camente explicadas por el eminente médico argentino. Según estas ideas, ya empezamos por no operar las úlceras gástri- cas y duodenales antes de la prueba innocua e inofensiva del tratamiento mercurial y arsenieal. Ya no trataremos las dia- betes atormentando al enfermo con régimen tan largo y ri- guroso dietético. El asma tenaz será curable; las operaciones cruentas sobre el tumor blanco de la rodilla, los complicados aparatos enyesados, que abisman al enfermo atacado de mal de Pott y lo llevan por tantos años, lo iremos evitando y su- primiendo, reemplazándolo por procedimientos menos costo- sos y más eficaces, recurriendo siempre al mercurio y al ar- sénico. Y los paralíticos irán desapareciendo poco a poco de las calles y de los hospicios, donde encumbran como seres anu- lados por toda la vida. Veremos menos enajenados mentales y locos y los manico- mios no serán sino lugares de pasaje, donde no irían sino a ser sometidos a curas eficaces. ¡Sin embargo, en lo único en que no estamos del todo con- formes con las ideas de Castex, es en la poca o ninguna importancia que atribuye él a los procedimientos modernos de diagnóstico y tratamiento de la sífilis en la herencia tar- día. En las pocas historias clínicas y observaciones persona- les que yo he comenzado a leer en su gran libro, muy pocas líneas dedica al Wassermann, a' la punción lumbar y a la medicación arsenieal. El bace el diagnóstico de los casos por los antecedentes de familia, las distrofias y la medicación mercurial de prueba. Yo insistiré, sin embargo, sobre este capítulo, un poco ol- vidado por el eminente maestro, de acuerdo con las observa- ciones personales mías y de muchos sifilógrafos franceses, 129 quienes, todos sin excepción, dan lugar preferente a estos preciosos medios de diagnóstico. Pues, si bien es cierto, como dice Sabouraud, que “el sifilítico hereditario a medida que envejece perdería poco a poco su seroreacción positiva y muchos hereditarios a la treintena lle- garían a la seroreacción negativa, enteramente negativa”, es igualmente cierto, como dice Babonneix, que muy a menudo se encuentra una disociación en los datos serológicos con Was- sermann negativo, por ejemplo, y albúmino-linfocitosis del lí- quido céfalo-raquídeo o al revés. En cuanto a la punción lum- bar, Leredde, en 28 enfermos heredo-sifilíticos, encontró 20 veces (albúmino-linfocitosis) del líquido céfalo-raquídeo. Y dejando de lado la albúmino-linfocitosis del líquido cé- falo-raquídeo, que hoy se sabe no es exclusiva de la sífilis, nos concretaremos a la reacción de fijación de los dos humores (líquido céfalo-raquídeo y sangre). El Wassermann positivo en el primero, es signo seguro de afección sifilítica; cuando ella es negativa, esta negatividad no debe ser absoluta como para la sangre, por las mismas ra- zones de envejecimiento que dicen Sabouraud, 'Sieard y Ba- bonneix. Y, sobre todo, las aseveraciones y conclusiones del doctor Babonneix, con quien yo me honro de estar ligado en lazos ele una amistad íntima, por haber sido mi compañero en una ambulancia, y, más tarde, con motivo de ser el Médico Jefe de un Centro Neuro-Psiquiátrieo, yo le he visitado muchas veces en sus servicios, donde él comenzaba con las observa* dones que publica ahora, y casos muy interesantes yo he te- nido el honor de observar con él personalmente. Con una inteligencia y talento incomparables, que yo no he visto sino en dos de mis antiguos profesores: el doctor ítalo O. dd Einis, en la Facultad de Medicina, y el doctor Manuel Domínguez en el Colegio Nacional, yo leo desde lejos sus trabajos y sus conclusiones en este asunto de reacción de fijación. Con el mismo sabio francés y algunas observaciones perso- nales al respecto y desde cuyo punto de vista he prose- guido algunos estudios, las conclusiones se resumen en lo que sigue: “Observar (la reacción) en individuos jóvenes, puesto que la reacción es tanto menos precisa cuanto mayor es la edad y permanece casi siempre negativa en los hereditarios más confirmados, después de los 16 años”. 130 “ Extender los recursos serológicos a los demás individuos de la familia, hermanos”. “Hacerlos preceder de una seroreactivación”. “Operar a la vez sobre el líquido céfalo-raquídeo y sobre la sangre, o, por lo menos, sobre el primero, que hasta la fe- cha ha sido excepcionalmente examinado”. Y agregar para terminar: 1. Investigar sistemáticamente la reacción Bordet-Gengou en todo niño que ingrese en la Maternidad, con el objeto de poder instituir siempre que sea preciso el tratamiento especí- fico. 2. Cada vez que la encuesta familiar, que prescribe ya el profesor Fournier, nos dé resultado positivo, somter sin pér- dida de tiempo a los padres al único tratamiento que les per- mite concebir ulteriormente hijos física e intelectualmente sanos. Esta es la última etapa a estudiar y resolver en este gran capítulo de la herencia sifilítica tardía. Y, referente a la medicación arsénica!, que tanto servicio ya ha prestado a la terapéutica desde su incorporación a la práctica corriente, basta oír a Ravaut que, con una estadís- tica de 92,000 inyecciones de novarsenobenzol, no ha tenido ningún fracaso, sino éxitos incontestables y sin un solo acci- dente mortal. Por eso no tenemos por qué recurrir solamente a la medicación de prueba mercurial, según Castex, teniendo a nuestra disposición el medicamento más heroico del siglo, el medicamento de ataque por excelencia, para apoderarnos de las primeras posiciones enemigas, hablando en lenguaje de guerra, como lo hace tan pintorescamente Jeanselme, pero no descuidando, sin embargo, el mercurio, el medicamento de nuestra reserva, que nos ayudará a guardar perennemente las posiciones conquistadas. Esta es mi modesta concepción sobre las ideas actuales que tenemos de las sífilis hereditaria tardía en la edad adulta. 1,000 reacciones de Wassermann de la sangre tenemos ob- servadas hasta la fecha. Las practicadas en el Instituto Pro- filáctico se han hecho de acuerdo al procedimiento Wasser- mann, modificado por Levaditi. Las practicadas personalmen- te en nuestro Laboratorio y Centro Venereológico del Ejér- cito, son por el procedimiento Bauer (suero no calentado). De los resultados de nuestra práctica personal muy satis- 131 fechos estamos. La mayoría de las reacciones positivas siem- pre han coincidido con los síntomas clínicos del enfermo que presentaba en su pasado un chancro (algunos de naturaleza problemática), siempre han dado Wassermann positivo. En la sífilis hereditaria, sobre todo tardía, en su mayoría nega- tiva, razón por la cual los especialistas americanos practi- can el Wassermann del líquido céfalo-raquídeo en aquéllos, con un porcentaje mucho más elevado, de resultados posi- tivos. Hemos practicado igualmente la seroreactivaeión del com- plemento, con resultados no muy precisos, pues parece, se- gún los autores aludidos, que esto sería también debido exclu- sivamente a la acción misma de las inyecciones de prueba, sobre todo (formación de líquidos). Nunca hemos dado importancia a los resultados de un Wassermann que algunas veces practicamos y que nosotros denominamos Wassermann por sport. Es el caso de aquellos enfermos que por saber cómo está la sangre, sin presentar ningún síntoma clínico de la afección, piden un Wassermann de la sangre y que algunas veces dan resultados positivos. También siempre hemos practicado la cura específica a aque- llos enfermos que, al revés de aquéllos, presentaban síntomas sospechosos de avariosis, con reacción de Wassermann, algu- nas veces negativas. Todos los días aparecen nuevos trabajos y observaciones sobre el valor de la reacción de Wasseripann de la sangre en el diagnóstico de la sífilis y algunos especialistas llegan hasta negarle en absoluto este valor. Como resultado de nuestra práctica diaria no estamos de acuerdo con ninguno de los extremos. Y creo que con nosotros estarán todos los médicos que se dedican a la especialidad, al aceptar in totum las conclusio- nes actuales del último 'Congreso de Venereología Panameri- cano, que ha dedicado varias sesiones al estudio y conclusio- nes de asunto tan interesante de sifilografía. Estas conclusio- nes las transcribimos: “Sífilis. — Diagnosis y tratamiento. — 1.” ¿Cómo deber usarse la reacción de Wassermann en los casos de sífilis y hasta qué punto debe uno fiarse de sus resultados como prue- ba de la existencia de la enfermedad, si no existen los sínto- mas clínicos? “Por unanimidad se resolvió dividir la cuestión en dos partes: 132 “a) ¿Cómo debe usarse la reacción de Wassermann en los sifilíticos? “b) ¿Hasta qué punto debe uno fiarse de sus resultados en la ausencia de los síntomas clínicos? “.Se llegó unánimemente a las siguientes conclusiones: “l.° Que una reacción positiva, franca y segura de Was- sermann, sea considerada como síntoma de sífilis. 11 Observaciones. — a) Si faltan otros síntomas que acusen la existencia de la enfermedad, la diagnosis basada nada más que en una reacción positiva de Wassermann ha de hacerse con cuidado y discreción. líb) En ausencia de otros síntomas de la existencia de la enfermedad, el resultado de una reacción de Wassermann debe ser repetida varias veces y por diferentes observadores, si es posible. Debe excluirse en lo posible la concurrencia de otros factores que causen una reacción positiva de Wasser- mann. “c) Debe buscarse prolijamente otras pruebas de la exis- tencia de la sífilis, incluyendo exámenes clínicos, serológicos y patológicos y otras más. “ Conclusión. — l.° Después de haber dado cumplimiento a todas las condiciones arriba enumeradas, no se puede dudar que una reacción positiva de Wassermann es prueba de la existencia de la sífilis. “2.° Se debe aplicar la reacción de Wassermann en todos aquellos casos que inspiren sospechas de la existencia de la sífilis, pero el resultado positivo o negativo de la prueba de- be ser interpretado en los términos de las manifestaciones clí- nicas que el caso presenta. “La así llamada reacción de Wassermann, aunque consti- tuye un poderoso auxiliar de la diagnosis de la enfermedad, no debe nunca sustituir a un examen clínico general. 11 a) ¿Existen algunas profesiones en las cuales debe ha- berse uso de la reacción de Wassermann de una manera ruti- naria para los obreros? “Se resolvió unánimemente lo siguiente: “En toda profesión que requiera un examen médico como medida de garantía para el obrero y para el público, la reac- ción de Wassermann debe entrar como parte de ese examen. “La reacción de Wassermann no debe aplicarse de tal manera que produzca la impresión de que una persona con resultado positivo está infectada y otra con resultado nega- tivo no lo está. “Es importante recalcar la importancia de someterse a la 133 prueba de Wassermann en los primeros años de la vida adul- ta, cuando los resultados tienden a ser más significativos, y no aplicar la prueba solamente sobre la base de las profesio- nes. “b) ¿Se debe establecer la reacción de Wassermann como complemento necesario en los exámenes médicos de las mu- jeres que esperan ser pronto madres? ¿En. los consultorios particulares? ¿En las casas de Maternidad? “La reacción de Wassermann, sujeta a las interpretaciones más arriba indicadas, debe ser el complemento necesario del examen médico de todas aquellas mujeres que esperan ser pronto madres. “Se .resolvió no establecer ninguna distinción entre los en- fermos que concurren a los consultorios particulares y aque- llos que se asisten en las casas de Maternidad. “c) ¿Qué significación tiene una reacción débil de Wasser- mann en una. criatura? “La reacción débil no tiene más significación en una cria- tura que en un adulto. “Pregunta. — d) l.° ¿.Se podría encerrar en un hospital a una prostituta, fundándose nada más que en el testimonio de una reacción de Wasserman? Si no es así, ¿a qué se reduce exactamente la técnica del fallo definitivo? ¿S’e puede llegar a un acuerdo para establecer un mínimum reglamentario? “l.° Nadie debe ser encerrado en un hospital fundándose nada más (pie en los resultados de una reacción de Wasser- mann, tanto más, cuanto ella no constituye la prueba evi- dente de la existencia de la infección. “2.° Debe hacerse un examen completo, teniendo en cuenta muy especialmente las otras señales y síntomas. “3.° El mínimum reglamentario debe ser la demostración de la presencia de una sífilis activa. Esta demostración pue- de requerir una constante observación del enfermo y las au- toridades deberían tener la facultad de detener al enferma para ese propósito. Cualquiera prueba de la existencia de la sífilis que haya existido por menos de dos años es suficiente para detener a la prostituta. En casos excepcionales este tiem- po puede estar sujeto a interpretaciones, pero no se le puede aplicar de una manera arbitraria. “Pregunta.—-e) 2.° ¿ Cómo debe aplicarse el suero de la reac- ción de AVassermann en el tratamiento de la sífilis? “l.° El suero de la reacción de Wassermann no debe ser usado como el único guía para la duración de la sífilis. “2.° El suero de la reacción de Wassermann no debe ser 134 usado como la única prueba de la eficacia de un medicamento especial o de un tratamiento. “3.” El suero de la reacción de Wassermann no debe ser usado como única prueba de una “cura”. “Se debe hacer notar, sin embargo, que una reacción po- sitiva de Wassermann es prueba de la existencia de la sífilis y que su desaparición de otros síntomas de la enfermedad”. Y en lo que se refiere a la punción lumbar y examen del líquido céfalo-raquídeo (albúmina, linfocitosis, etc., etc.), tam- bién la hemos practicado muy a íqenudo como precioso me- dio de diagnóstico en las afecciones cerebro-espinales de la sífilis. En muchas ocasiones nos ha dado ayuda preciosa, en los casos sobre todo dudosos, frustros e incipientes de las formas nerviosas. Para la albúmina hemos empleado siempre el procedimiento del doctor Sicard. Para la linfocitosis, la célula de Nageotte, siempre con resultados muy satisfacto- rios. No hemos sido muy partidarios del examen sistemático del líquido céfalo-raquídeo, que habíamos aprendido a practicar en las clínicas de Jeanselme y en el Instituto Profiláctico de la ciudad de París, bajo la dirección de Vernes. En primer término por la resistencia de los enfermos a punciones repe- tidas, y actualmente por el descrédito,en que ha caído el mé- todo como medio de contralor en el tratamiento y curación definitiva, do la sífilis. Lo propio ocurre con la reacción de Wassermann de la sangre con el mismo fin. Por este motivo, seguimos el método de Ravant, que se practica en su oportunidad; según trabajo hecho a conocer últimamente. También empezamos a practicar el Wassermann del líqui- do céfalo-raquídeo en la sífilis hereditaria tardía, según el método americano. No tenemos aún suficiente número de ca- sos para deducir conclusiones. Más de 3,000 inyecciones de 914 hemos practicado, y a notar principalmente, sin ningún accidente serio qne fuese fatal. Las precauciones que siempre hemos tomado para su apli- cación son las siguientes: práctica de la inyección siempre de mañana y con el estómago vacío (mate o café antes). Exa- men sistemático de orina, buscando azúcar y albúmina; po- sición acostada para la inyección; librar al enfermo de todo lo que pueda comprimirlo, sobre todo en la región del cuello. 135 Aplicación de la inyección siempre en las venas del pliegue del codo. Inyecciones practicadas en otras regiones del cuer- po, como en las venas de la muñeca y región poplítea y pe- dia, nos han dado resultados deplorables (una úlcera perfo- rante de la región del puño). Hemos dejado siempre acostado ni enfermo durante 15 o 20 minutos después de la inyección. Dieta líquida el día de la aplicación. Y recomendar siempre al enfermo reposo físico e intelectual, el mismo día. Como accidentes inmediatos a la aplicación, hemos podido observar apenas cuatro casos de verdadera crisis nitritoide (uno en la clínica de Venereología del Val de Gráce de París), por haber, el enfermo, cargado en demasía el estómago antes de la inyección y, sobre todo, haber sido intolerante al medica- mento. Los otros tres, en.el Hospital Militar Central y en nues- tro Gabinete privado. Uno de ellos por haber estado con fie- bre (39°) en el momento de la aplicación y haber pasado sin dormir la noche anterior. Hemos intervenido a tiempo en es- tos casos con inyecciones de adrenalina, sangrías e inyecciones endovenosas de suero fisiológico, oxígeno, etc., etc. Cefalea y fiebre en 20 o|o de los casos. Xeurorecidivas (1 solo caso, parálisis facial, que ha mejorado y casi curado después con el tratamiento mercurial, aceite gris). Uno de los últimos casos que hasta ahora seguimos obser- vando, es el de un adolescente que con síntomas de quera- titis intersticial se presenta en los Consultorios del Instituto Profiláctico y ordeno el tratamiento por el 914 de esta lesión y otras que presentaba. Dió el caso que a las 48 horas de la inyección, el niño quedó completamente ciego, al decir de sus padres. El oculista que intervino para examinar la vista del niño, comprobó una intensa conjuntivitis y una poussée aguda de la lesión de la córnea, sin lesiones del fondo del ojo. Ins- tituido un tratamiento local, el enfermito vuelve a recobrar la vista. De acuerdo con el mismo especialista, catalogamos este accidente a la reacción Ilerxheimer, reagravación de los síntomas de queratitis, y a conjuntivitis muy aguda. Es el primer caso de este género observado por nosotros. Y ahora que hablamos de reacción de Ilerxheimer, no lo he- mos observado más que en los síntomas de la sífilis del sistema cerebro-espinal, principalmente en el tabes, en donde las pri- meras inyecciones han reagravado los síntomas de inconti- nencia de la orina, dolores fulgurantes, etc. Esto es lo que se refiere al 914, cuya eficaz acción terapéu- tica ha dado siempre satisfacción al enfermo y al médico! Entre las otras preparaciones arsenicales, la hectina, el 136 hectargirio, el galil, sin resultados apreciables y ahora últi- mamente el cacodilato de sodio en inyecciones endovenosas y a grandes dosis, con resultados espléndidos y tolerancia per- fecta en las formas neurasténicas de la avariosis. Entre las mercuriales, todas las sales: el aceite gris, el ca- lomel, el bieianuro de mercurio (endovenoso), el biioduro y el enesol, este último, cuyo empleo es de nuestra predilección, ya sea en inyecciones intramusculares o endovenosas. Lo he- mos empleado en todos los casos en que ni el 914 ni el mer- curio eran imperfectamente tolerados. Para nosotros consth tuye un gran recurso terapéutico. En cuanto al yodo y a los yoduros, hemos abandonado la vía bucal para el yoduro de potasio. O empleamos el yodo en forma de preparación orgánica, sobre todo en la clientela pri- vada, vía bucal, o por vía, intramuscular, aceites yodados. En los Consultorios Públicos empleamos como tratamiento de entretenimiento el licor Dono'van Ferrari, por su composi- ción yodo-mercurio-arsenical, si bien en dosis pequeñas en es- tos elementos. Y, en resumen, en el tratamiento de la sífilis no sistemati- zamos con ningún preparado, pero damos un lugar preferen- te al tratamiento por los arsenicales(novarsenobenzol y neo- salvarsán), en* cuyo empleo casi no encontramos ninguna con- traindicación, salvo la edad del enfermo; aplicamos con pru- dencia a enfermos que han pasado los 50 años, los tímidos su- gestivos y los intolerantes. Creemos que debido a esto no tenemos sino satisfacciones en el empleo de la maravillosa sal de Erlich. Pero empleamos igualmente el mercurio como tratamiento complementario en todas sus formas, sin olvidar el yodo y los yoduros en sus in- dicaciones oportunas. La blenorragia y sus complicaciones la. hemos tratado siem- pre por los procedimientos clásicos, sin olvidar los muy mo- dernos métodos de cura. Es la uretritis gonocóeoica la forma más común de la afec- ción; el método abortivo lo hemos empleado con poca fre- cuencia, y si la practicábamos, siempre hemos empleado el procedimiento de Motz (protargol) con espléndidos resulta- dos. El método de Janet para los grandes lavajes, empleamos casi sistemáticamente, pero hemos reemplazado el permanga- nato con una solución que habíamos bautizado con el nombre 137 de Neisserina, en homenaje a Neisser, el gran venereologista alemán. Empleamos una solución madre de oxicianuro de mercurio (1 cucharada de sopa) o 20 ce. y un litro de agua hervida. Cada cucharada contiene: 0 grrns. cloruro de sodio; c. s. áci- do pícrico para colorear. Como se ve, en su composición entran el oxicianuro de mercurio, antiséptico ideal y eficaz, poco tóxico, no irritante, no mancha la ropa; cloruro de sodio para hacer la solución isotónica y ácido pícrico suficientemente para colorear la so- lución, que, además de influir sobre el ánimo del enfermo por su bella coloración amarillo de oro, es queratoplástica de primer orden, además de su acción sedante suave sobre una uretra inflamada. Lo empleamos sobre todo en las dos prime- ras semanas de la uretritis, mientras subsistan los fenómenos inflamatorios agudos, con más ventaja que el permanganato de potasio, que aún empleado en soluciones muy diluidas agre- ga a la congestión del canal (3.a y 4.a semanas), reemplaza- mos por el permanganato, con aplicaciones de protargo! (so- lución al 2 o 3 ojo, en pansement à demewre, con el compre- sor uretral de Strauss. Pocas veces hemos fallado en este mé- todo y siempre hemos curado la blenorragia aguda simple, en el transcurso de un mes, salvo en las formas complicadas. En las uretritis crónicas, después del examen de los tres- vasos, previo examen de gota, recomendamos al enfermo (con gonococos o sin él), práctica de una semana de grandes lava- jes (Neisserina). Después exploración del canal, sonda de Motz, para despistar las foliculitis: sonda olivar para las es- trecheces; exploración de la próstata y vesículas seminales para las prostatitis, las foliculitis; masajes de la uretra so- bre sonda metálica y pansement à demeure, protargol 2 o|o de 5 minutos hasta dos horas de permanencia en el canal. Este procedimiento lo empleamos, casi sistemáticamente, y con resultados muy halagadores. En los otros casos: estrechez del canal; procedimiento clá- sico del Penique; en las prostatitis, tratamiento habitual por masajes. Empleamos igualmente el Kollmann cuando, después de ha- ber llegado al 60, hay aún secreción y filamentos. Nos han dado buenos resultados. La uretroscopia nos ha prestado señalados servicios en las infiltraciones blandas del canal, para cauterizar con nitrato de plata y tintura de yodo. Igualmente que en las infiltracio- nes duras por foliculitis; destrucción y cauterización, ya sea 138 por sustancia?? químicas o cauterio eléctrico, con resultados moderados. A agregar que los enfermos con complicaciones de las glándulas uretrales constituyen las formas más temibles y te- naces de la uretritis gonocóceica crónica. En la gonococcia femenina y principalmente en su locali- zación uretral y vaginal, los grandes lavajes, ya sea el per- manganato o la Neisserina. En las metritis gonocóceicas, ini- ciamos ahora el uso de los lavajes intrauterinos (solución Tarnier), teniendo siempre presente sus contraindicaciones {versiones de la matriz), por producir cólicos uterinos muy dolorosos. Agregamos a esta cura, los tapones vaginales de solución de glicerina y protargol. Empleamos como coadyuvante de la cura en ambos sexos y sobre todo en las complicaciones en el hombre: jírostatitis, íolieulitis, etc., y en la mujer, bartolinitis, metritis, salpingitis, etc., etc., el tratamiento por la vacunoterapia, que es objeto de una otra comunicación a esta docta Asamblea. Y así como hemos podido llegar a asegurar muchas veces la cura de la uretritis y sus complicaciones en el hombre, muy raramente hemos podido llegar a asegurar igual cosa en las afecciones gonocóceicas de la mujer. Y a propósito de esto, transcribimos otras conclusiones, que las creemos muy inte- resantes : “Como la diagnosis y el tratamiento de la gonorrea en la mujer no ha progresado como los que se refieren al hombre, este Comité llama la atención de los médicos y en particular de los especialistas, sobre la necesidad de concentrar mayor esfuerzo y atención en la diagnosis, tratamiento y cura de tales casos. “Se resuelve, por lo tanto, la fundación de centros (clíni- cos), destinados al estudio de la diagnosis y del tratamiento de la gonorrea en la mujer, haciéndose conocer los resultados de estos estudios a todos los médicos, en general. “Se resuelve, además, que se dediquen estudios especiales a los métodos que se usan actualmente para el tratamiento de la vulvo-vaginitis en las criaturas y niños de corta edad, en- viándose un cuestionario a los hospitales y médicos especialis- tas que se dedican a estos casos y examinando los resultados así obtenidos para llegar a obtener el medio más eficaz de tratar tales casos. “¡Se resuelve, además, que se ensanche el Manual Rojo con •el objeto de regularizar en lo posible el tratamiento de la go- norrea en la mujer. 139 “Pregunta. — ¿Es posible demostrar de una manera cien- tífica que un caso de gonorrea está curado? 11 Respuesta. — No; no es todavía posible determinar cien- tíficamente que un caso de gonorrea está curado. No debe in- terpretarse, sin embargo, esta respuesta como una negación de la aptitud que tiene un especialista de declarar a una mu- jer que ya no está infectada después de haber tenido go- norrea ’ ’. En cuanto a lo que se refiere al chancro simple, poco tenemos que agregar a su tratamiento habitual y local. Sólo repeti- mos que su frecuencia va siendo más y más rara, desde el descubrimiento de los nuevos métodos de diagnóstico, ultra- microseopia y examen directo. Pues ya no hacemos actual- mente este diagnóstico de acuerdo a nuestros viejos libros de Facultad, que un chancro es simple por su aspecto morfoló- gico, o por su carácter blando al tacto, o por su uni o plura- lidad, etc. Muchos de estos chancros que diagnosticábamos son por el examen ultra o examen directo, ya sea mixtos o específicos. En su tratamiento damos preferencia al cloruro de zinc o aire caliente, este último muy útil en el fagedenismo. Si fácil y sencilla es la cura del chancro simple, es bien difícil y tenaz, la de su complicación muy frecuente: la ade- nitis consecutiva al mismo tiempo. A propósito, un caso hemos observado. Habiendo sido largo tiempo médico en varias formaciones y centros venereoló- gicos del Ejército Francés, muy pocos casos he observado de esta complicación en aquellos centros; muy al contrario de la frecuencia en nuestro país. No sabemos si igual cosa pasa en los otros países de América. La frecuencia de esta complicación y su tratamiento, de- bían de ser objeto de una tercera comunicación a esta Asam- blea, pero la falta material de tiempo nos lo ha impedido. Sin embargo, dos palabras agregaremos al respecto. Como causa de adenitis se sabe que es su propagación por vía linfática, a los ganglios de la ingle. Pero su frecuencia en nuestros enfermos, aún no podemos explicarla. ¿ Será el tem- peramento escrofuloso con ganglios predispuestos a la afec- ción (locus miroris resistentiae) o los pocos cuidados de la toilette íntima de nuestra gente? No sabemos y lo vamos a se- guir estudiando. El tratamiento de estas adenitis, si bien es fácil, no es menos costoso y largo. 140 Hemos empleado antes de ahora los métodos antiflogísti- cos, inclusive el método Bier, hasta la incisión y raspados‘muy dolorosos con fístulizaciones largas y eternas, muchas veces. Hemos preferido de un tiempo a esta parte las inyecciones intersticiales en el mismo ganglio afectado: la inyección xilol- yodo vaselina, la de benzoato de mercurio, las soluciones yodo- formadas, etc., etc. El siguiente método, entre todos, nos ha dado el 80 ojo de éxitos. La solución Billrotch (glicerina yodoformada, al 10 por 100), es decir, suspensión saturada, que se obtiene por es- terilización discontinua (3 días consecutivos en bañomaríaj 3 horas cada día el medicamento en frascos Erlenmayer). Cuando la solución está lista para la inyección, debe tener una coloración amarillo oscuro. La inyección debe practicarse previa asepsia de la región con tintura de yodo, con la aguja larga y gruesa, 1 o 2 ce. en plena glándula cada 2 o 3 días. Con tres inyecciones basta. Las ventajas de este método son las siguientes: l.° Abortar la adenitis; 2.° Evitar la incisión y formación de la fístula: 3.a Mismo si no hay lugar a la formación de pus, éste se eliminará perfecta y fácilmente, por el mismo trayecto que ha dejado la aguja, si ésta ha sido bien larga y gruesa. Recomendamos su empleo. El Instituto Profiláctico, fundado exclusivamente para el tratamiento y cura de los enfermos venéreo-sifilíticos, ha atendido igualmente enfermos de afecciones de la piel. En nuestro país muchas afecciones dermatológicas tienen una modalidad clínica especial. Afecciones (pie muy a menu- do hemos visto pulular en los consultorios de los hospi- tales de París, no existen o si existen son muy raras en el Paraguay. Tal sucede con el lupus y todas las afecciones ex- ternas de las tuberculosis, mismo quirúrgicas, al igual que el liquen, la psoriasis, las micosis, las tiñas, etc., etc. Sin embargo, tenemos el eczema en todos sus formas y ma- nifestaciones, y quizás con modalidades clínicas especiales a nuestra raza, igual que las seborreas en todas sus localizacio- nes. Vienen’ después las erupciones parasitarias: la sarna, las pediculosis en general y las piodermitis diversas, como el im- pétigo y el eetima, forunculosis y folieulitis, en formas muy extendidas y frecuentes. El clima del Paraguay, el régimen alimenticio muy azoado 141 y los hábitos, son causas, a nuest’c r „cer, de h gran fre- cuencia de las enfermedades cutáneas aludidas en nuestro país. Tenemos, igualmente, la lepra, que es objeto de comunica- ciones especiales de dos de nuestros colegas paraguayos a esta docta. Asamblea, a cuya competencia nosotros confiamos de informaros de su frecuencia y hasta de su tratamiento y cura en el Paraguay. Y esto es el resumen de nuestra labor en la iniciación de la lucha contra las enfermedades venéreas en el Paraguay. Nuestra satisfacción sería colmada plenamente si algunos de los datos y conclusiones aportados en esta modesta exposi- ción, pueden servir de alguna utilidad práctica, en el resu- men final de las deliberaciones de este II. Congreso. Estado actual de la lucha antivenérea en América el dr. emilio r. coni (Buenos Aires) El trabajo del doctor Coni fué presentado por el doctor Pedro L. Baliña, quien expuso el plan de ese trabajo y leyó las conclusiones siguientes: Una legislación destinada a defender la sociedad contra el ¡peligro venéreo, debe establecerse sobre principios sólidos, que constituyan un plan general armónico. Dichos principios deben ser: 1. Represión de la prostitución y prohibirla en absoluto a las menores de 18 años de edad. 2. Educar debidamente a la mujer en las actividades pro- pias de su sexo por escuelas profesionales y de economía do- méstica, facilitándole el ejercicio de ciertas profesiones en las que no son admitidas hoy. 3. Fundar asociaciones de señoras con idénticos propósi- que VCEuvre libératrice en Francia, tendientes a la re- habilitación y regeneración de las prostitutas por el trabajo, el ejemplo, la moral, etc. 4. Procurar la curación de todos los venéreos — hombres 142 y mujeres — estableciendo el tratamiento obligatorio y gra- tuito de sus males. 5." Crear en los centros de población dos dispensarios- tipo para la sífilis, (1) uno de los cuales afectado especial- mente a mujeres y niños y anexado a una maternidad. '6.° Crear un dispensario-tipo para enseñanza del trata- miento y profilaxis de la blenorragia, organizando al comien- zo, dispensarios de este tipo en los hospitales especializados y después en los centros hospitalarios. 7.“ Establecer la educación sexual en los establecimientos secundarios y superiores, base indispensable para alcanzar buenos resultados en la lucha antivenérea. Para ejercer una influencia saludable, sería menester que los médicos pudieran denunciar las enfermedades venéreas. La mayoría de ellos considera que esta declaración constituye violación del secreto médico. No lo lian comprendido así los Estados Unidos de América, puesto que en 45 estados sobre 49, se considera obligatoria dicha denuncia para Jos médicos, etc. En efecto: no es admisible, que sea precisamente la higie- ne, la que sacrifique los intereses colectivos, los intereses de la raza, a un privilegio concedido al individuo, en nombre de una moral inverosímil, que sacrifica al inocente para prote- ger al culpable. La obligación del secreto ha sufrido en estos últimos tiem- pos muchas restricciones y actualmente no es posible estable- cer el juramento de Hipócrates como dogma deontológico. Tratándose de la defensa de la sociedad contra la propagación de las enfermedades venéreas, la denuncia ante la autoridad sanitaria de los casos de sífilis y blenorragia, no puede consi- derarse como violación del secreto médico. En ciertos países se hace obligatoria la declaración de los casos de oftalmía blenorrágica; pero hay colegas que se es- candalizan ante la proposición de que se denuncien las en- fermedades venéreas, como si la oftalmía blenorrágica no fue- ra tal. La declaración obligatoria podría efectuarse de dos mane- ras, a saber: l.° Que el médico declarara tener un cliente so- metido a tratamiento racional por él dirigido; entonces de- nunciaría el caso sin designar el nombre del enfermo, aña- diendo que está sometido a tratamiento racional y prolonga- do; 2.° Que el médico declarara que tiene un cliente que, a pesar de sus consejos, rehuye someterse a tratamiento racio- (1) A ejemplo de los institutos profilácticos de la sífilis de París y Montevideo. 143 nal y prolongado; en este caso denunciaría el caso con nom- bre, apellido y domicilio, porque ese sujeto es peligroso para la comunidad y porque su rebeldía lo bace indigno de todo género de consideraciones. A los enfermos rebeldes, las auto- ridades sanitarias los obligarían a someterse a tratamiento conveniente. Precisamente en este caso está una buena parte de las prostitutas, que por interés de seguir ganando la vida con el comercio carnal, no se someten a tratamiento prolon- gado; y los perversos, principales transmisores de las enfer- medades venéreas, que a sabiendas de que son portadores de una enfermedad transmisible, no tienen escrúpulos de conta- giar a tuna desgraciada mujer. Opino que nuestro medio social no está todavía preparado para recibir el alto beneficio de la declaración obligatoria de las enfermedades venéreas, que también, por otra parte, en- contraría gran resistencia e indudable oposición en el cuerpo médico residente, que en su mayor parte no da cumplimiento a la declaración obligatoria de las enfermedades infeeto-con- tagiosas comunes, que, en verdad, no son ni vergonzosas, ni secretas. En resumen, para penetrar abiertamente en el ca- mino señalado por la ciencia moderna, podría, por lo pronto, obligarse a los médicos a declarar a la autoridad sanitaria, con la discreción debida, únicamente a los portadores de en- fermedades venéreas (hombres y mujeres), que se negaran obstinadamente a seguir un tratamiento racional y suficien- temente prolongado. Al reglamentarse esta disposición se adoptarían, como es natural, las medidas para poner a salvo la responsabilidad del médico y para no divulgar el secreto de su enfermedad. Nota. — El lector hallará in extenso, en el IT Tomo de es- ■*hs publicaciones, el trabajo del doctor Coni. 144 Acción desarrollada por la Liga Argentina de Profilaxis Social en sus cuatro meses de exis- tencia. por el. dr. a. Fernández verano (Buenos Aires) Presidente y Delegado de la Liga Argentina de Profilaxis Social Señor Presidente: Señores: No es sin alguna emoción, debemos confesarlo, que deci- dimos concurrir a este brillante certamen, donde se lian dado cita eminentes maestros de todo el Continente, cuya autori- zada palabra y vasta experiencia, más mueven a concentrarse en la atención y la reflexión, propias del que recibe grandes enseñanzas, que a exponer las modestas opiniones propias, por caras que nos sean. Pero la misma seguridad de adquirir nuevos conocimientos, que esta ocasión nos brinda, y, por otra parte, el explicable deseo de conocer el juicio que esta docta asamblea emita sobre la obra que hemos iniciado y que vamos a describir, lian pesado más en nuestro ánimo. Al pre- sentarnos ante ellos, ilustres hombres de ciencia, distinguidos maestros, hasta ayer profesores nuestros algunos, desearía- mos (pie sólo viesen en nosotros al discípulo que llega a dar cuenta de cómo ha aprovechado sus lecciones, de qué modo las aplica para lograr el triunfo de ideales que ellos han per- seguido y que, si no fué dado alcanzar hasta ahora, por falta de ambiente propicio, hoy, debido a los progresos realizados y, sobre todo, después de la brusca conmoción que ha sacu- dido a la humanidad, estamos en disposición de lograr. Mo refiero a la obra de preservación social contra las en- fermedades venéreas que hemos emprendido, fundando la Liga Argentina de Profilaxis Social, recientemente creada en la vecina República, por iniciativa de un núcleo de jóvenes médicos y bajo los auspicios del Círculo Médico Argentino y Centro de Estudiantes de Medicina, la que se propone em- plear los medios de todo género, conducentes a disminuir, en la medida de lo posible, la frecuencia de las enfermedades venéreas y de la sífilis en particular. Ahora bien: ¿cuáles son los móviles, las convicciones, por fuerza profundas, que nos han decidido a emprender esta 145 obra? Creemos oportuno explicarlas, por referirse a asuntos de palpitante actualidad.- Debemos comenzar por declarar que, al menos los que he- mos emprendido el estudio de la noble profesión de la Me- dicina, no persiguiendo un fin especulativo, sino impulsados por el anhelo de llegar a, ser útiles a nuestros semejantes, liemos visto en buena parte defraudadas nuestras esperanzas y hemos llegado a la terminación de nuestra carrera presa de un mayor o menor escepticismo, respecto a la eficacia del arte de curar, liemos llegado a comprobar, por lo poco que sabemos, el cúmulo de lo que ignoramos. No nos han satisfe- cho los escasos recursos que la ciencia actual nos ofrece para devolver la salud al organismo enfermo. Vemos cada día nue- vos casos en los que el médico, por llegar tarde, nada puede hacer. Y recordamos el dicho de que la Medicina “pocas ve- ces cura, algunas veces alivia, casi siempre no hace más que consolar”. Estamos convencidos de que, a poco que se des- cuide, lo más fácil es que el médico con su terapéutica puede dañar al enfermo. Esto lo comprueba plenamente el lema “-priman non nocere”, lema que es el primer mandamiento que debemos observar en la práctica profesional. Por otra parte, cuanto más penetramos en el estudio de la clínica, más reconocemos la importancia del factor herencia, terreno, predisposición, resistencia orgánica o como quiera llamársele, lo que nos inlina a prestar cada día mayor aten- ción al estudio de la eugénica y de las ciencias con ella re- lacionadas. Por fin, nos vemos forzados a reconocer que la mayoría de las enfermedades, se alimentan de un fondo co- mún, donde existen dos agentes etiológicos de primordial im- portancia, más difundidos que el mismo bacilo de Koch o el treponema de Schaudinn, pues constituyen una permanente pandemia, y que no son otros que la miseria y la ignorancia. La miseria económica, con su secuela de lacras y calamida- des, y la ignorancia, con su corte de prejuicios y rutinas, cons- tituyen los más grandes males que afligen a la humanidad, pues de ellos derivan la mayoría de los otros. Ahora bien: la formidable conmoción que ha sacudido úl- timamente a la humanidad, ha dejado en todos los espíritus la convicción de que es menester afianzar la solidaridad so- cial, como condición sine qua non de todo progreso; sabe- mos, por otra parte, que la salud pública constituye la base ■de la prosperidad económica y del bienestar individual y na- cional y, estando la medicina, como otra cualquiera ciencia 146 o arte, sujeta a la ley de la evolución, creemos lia llegado el momento en que deba orientarse hacia la medicina colectivar es decir, aquella que, concibiendo el conglomerado social co- mo un solo organismo, aplica a las enfermedades sociales re- medios exclusivamente sociales; ciencia nacida recientemente,, que adquiere cada vez mayor importancia y a la que se ha dado el nombre de Medicina Social. Pero si la Medicina ¡Social, idéntica en esto a la individual, actúa, para el logro de sual fines, ya por el tratamiento, ya por la profilaxis de las enfermedades, no hay duda que debe- mos dedicar mayor atención a esta última. Todos estamos de acuerdo en que la Medicina preventiva constituye el ideal realizable. Desde el punto de vista colectivo, ella significa una obra de profilaxis social, y es deber de todo médico ejer- citarla en lo posible, pues con razón dice Ingegni: “El mé- dico que no se interesa en el movimiento social moderno, y que no interviene sino en casos de enfermedad y cuando es llamado, que no hace ningún esfuerzo de iniciativa propia para prevenir la enfermedad, no se da cuenta de la impor- tancia de su misión”. La institución de la medicina preven- tiva hará del médico el verdadero director de la sociedad fu- tura y permitirá trocar nuestra profesión, que, tal cual hoy la ejercemos, ha permitido que en todo tiempo haya sido ob- jeto de sátiras violentas, desde Juvenal hasta Bernard Shaw, pasando por Moliere, en otra profesión mejor y más honesta, más conforme con los intereses sociales. Se ha dicho que el ob- jeto de la medicina debe ser una higiene perfecta. Pero no la higiene de laboratorio, tal como se enseña actualmente en nuestras Facultades, sino una higiene de amplias proyeccio- nes sociales, compenetrada y hermanada con la vida, tal como no ha mucho lo ha sostenido el distinguido médico sociólogo peruano, doctor Paz Soldán, en la 3.a Conferencia Sanitaria Internacional, celebrada en esta ciudad hace pocos meses. En este sentido, grato es comprobar la creación, en muchas Fa- cultades europeas, de cátedras de medicina social y medicina preventiva. No se nos ocultan los obstáculos que necesariamente debe- rán ser vencidos para la implantación de la medicina pre- ventiva: la ignorancia de las masas, en primer término; la indiferencia de los poderes públicos, empeñados en contien- das políticas, y, por último, aunque no es lo menos importan- te, la falta de dedicación de los médicos hacia el estudio de los problemas que ofrece, pues actualmente resulta más lucrati- vo el ejercicio de la otra medicina, a la que, por oposición. 147 puede denominarse, a posteriori. Hasta se ha señalado como un peligro el advenimiento de la medicina preventiva, la que implicaría, al decir de algunos, la desaparición de la profe- sión médica, a lo cual ha respondido atinadamente el doctor Ensch, en su obra sobre la Socialización de la Medicina, di- ciendo que “no se necesita menos ciencia para pronosticar y alejar las causas posibles de una enfermedad evitable, que para diagnosticar y curar una enfermedad. La orientación de la medicina hacia la investigación de los primeros sínto- mas, — o sea hacia el diagnóstico precoz y el ultra-precoz, que podría denominarse anticipado (añadimos nosotros), — lio exigirá menos perspicacia, que la descripción de los sínto- mas visibles”. Pero existen, en cambio, importantes elementos favorables para el advenimiento de la medicina preventiva. Entre otros, pueden señalarse los evidentes progresos de la higiene pú- blica e ingeniería sanitaria; la orientación de la medicina ha- cia el diagnóstico precoz de las enfermedades, y, sobre todo, el desarrollo, cada vez mayor, del mutualismo, ya privado, ya principalmente el impuesto por el Estado. Puede afirmarse «pie la implantación del seguro obligatorio es el más podero- so agente en favor de la medicina preventiva. Conocido es el famoso método chino de ejercer la profesión médica: el mé- dico recibe honorarios mientras el futuro paciente está sano y los deja de percibir cuando aquél se enferma, estando obli- gado a curarlo, en lo que, además, se halla sumamente inte- resado para volver a percibir su renta. Este método, que pa- rece tan lejano y tan risueño, no es otro que el que rige en toda Alemania, desde hace cuarenta y dos años, época en que fué implantado por Bismark. La mayoría del pueblo alemán, obreros y patrones, pagan, estando en salud, una contribu- ción a las grandes cajas que bajo el contralor del Estado, atienden el seguro contra la enfermedad, los accidentes del trabajo, la invalidez, la vejez, la maternidad, y hasta la viu- dez, la orfandad y la desocupación. Las cajas de seguros es- tán, pues, sumamente interesadas en cuidar de que no peli- gre la salud de sus asegurados, y, en este caso, en oponerse cuanto antes al mal. Por ejemplo: en el caso de una tuber- culosis que comienza, los médicos, que realizan el examen sis- temático y frecuente de los obreros, hacen la llamada “cura económica”, es decir, envían al enfermo en su fase inicial al sanatorio, donde permanece tres o cuatro meses, mienti’as que, en un grado avanzado de su enfermedad, hubiera produ- cido cuantiosas erogaciones, con la probabilidad de no vol- 148 ver a ser útil y terminar por sucumbir. Puede decirse, pues, que las cajas de seguros de una nación, son verdaderas fábri- cas de salud, fortalezas de la higiene y propulsoras eficacísi- mas de la profilaxis social. Encaminadas nuestras ideas en esta forma, hubimos de dirigir naturalmente nuestros esfuerzos hacia las enferme- dades que la clínica y la estadística demuestran ser las que más peligros ofrecen, por los estragos que producen en el in- dividuo, para el porvenir de la familia y de la raza. El doc- tor Arthur Vernes, Director del Instituto Profiláctico de Pa- rís, en un artículo titulado “La Defensa Social contra la Sí- files”, decía últimamente lo siguiente: “De todas las enfer- medades llamadas sociales, porque el estado social las man- tiene y porque corroen a la sociedad, la más frecuente es la sífilis. De los 25,633 casos de enfermedades infecciosas decla- rados en Nueva York, durante el trimestre transcurrido del 4 de julio al 3 de octubre de 1914, la sífilis venía a la cabeza con 6,432 casos, o sea el 25 ojo; después, la tuberculosis, con 5,525 casos, o sea el 21 ojo; a continuación seguía la difteria, el sarampión, la escarlatina, etc. Dichos números son tanto más sorprendentes cuanto que la sífilis es la enfermedad más frecuentemente desconocida o disimulada, aquélla cuyos ca- sos no declarados son más numerosos. La referida proporción no tiene nada de especial en los Estados Unidos: según mis encuestas personales, me parece que, para París y sus alre- dedores se puede en la actualidad evaluar en la cuarta par- te de la población el número total de los sifilíticos. En cier- tos países, toma el aspecto de una endemia generalizada. En algunas regiones de tíkrania y de la Rusia dol Sur, el nú- mero de ochenta sifilíticos por 100 habitantes ha sido esta- blecido por un delegado de la. Cruz Roja Helvética, confirma- do por el doctor Semarko y referido en “The Lancet”, en el mes de septiembre de 1920, por el doctor Hadán Guest, Se- cretario y Médico de la Legación Británica del Trabajo. Por otra parte, en Francia, se ha señalado que cada año mueren por término medio 100,000 tuberculosos, mientras que la sífilis produce 150,000 defunciones. Durante la pasada guerra, el médico militar del Ejército de los Estados Unidos, general Gorgas, el ilustre higienista, sostuvo que las enfermedades venéreas son la causa más fun- damental de impotencia militar, después de los desastres en la línea de fuego. Todo esto ha permitido afirmar a un gran sifilógrafo fran- cés. Leredde, que “es ya seguro y será pronto posible demos- 149 trarlo por medio de documentos precisos, que la sífilis repre- senta, desde el punto de vista social, el mas grave de los azo- tes humanos, más grave que la tuberculosis misma, en razón de sus consecuencias directas e indirectas”. Pero hay más: si el problema social de la sífilis es indiscu- tiblemente el más grave, en cambio, y debemos felicitarnos grandemente por ello, la lucha contra las enfermedades ve- néreas es la más económica y la más fácil relativamente, frente a las demás enfermedades sociales. En efecto: la tuberculosis, que se consideraba hasta el pre- sente como la enfermedad social por excelencia, tiene raíces tan profundas en la contextura de las sociedades modernas, que sólo en un provenir muy alejado podemos aspirar a lo- grar una disminución en la morbimortalidad por ella produ- cida. Para obtenerlo, es imprescindible resolver el problema de la vivienda, proporcionando a las clases menesterosas la casa higiénica y barata, con abundancia de aire, agua y sol; es menester suministrarles una alimentación sana y abundan- te; lograr que los obreros beneficien del reposo suficiente, etc.; cosas todas que dependen de la elevación de los salarios, pa- ra lo que habría que comenzar por implantar el seguro obre- ro obligatorio, etc., etc. Fácilmente se comprende la comple- jidad de los reformas necesarias y la lentitud con que forzo- samente habrán de realizarse. Otro de los grandes problemas médicos sociales es el pa- ludismo. La lucha contra el paludismo no es otra cosa que una obra de ingeniería sanitaria: la desecación de los pantanos, petrolización de las aguas estancadas, alcantarillado de las ciudades, etc. Ahora bien: para realizar toda esta obra y ha- cer que el paludismo desaparezca, es necesario invertir mu- chos millones, que, desgraciadamente, no poseemos. En cuanto al otro gran problema a considerar, el alcoholis- mo, ya los Estados Unidos han indicado cuál es su única so- lución. Es necesario imponer una legislación prohibitiva, pero para esto hay que considerar la débacle a que pueden expo- nerse la industria y las finanzas nacionales; por esta causa, las restricciones tienen que progresar muy lentamente. Es, de cualquier modo, una obra esencialmente de Estado, que le corresponde iniciar y desarrollar a los gobiernos. En cambio, la lucha contra las enfermedades venéreas, re- quiere simplemente esta condición: la educación higiénica popular. Cuando todos se encuentren informados de la fre- cuencia del mal, de las formas, tan variadas, en que se veri- fican las contaminaciones y de la manera de evitarlas, no hay 150 duda que disminuirá grandemente el número de los infecta- dos. Es la ignorancia del público, aumentada por los prejui- cios y falsos pudores, la causa principal de que estas enferme- dades se mantengan en las proporciones actuales. Debemos, pues, comenzar por crear la conciencia sanitaria popular res- pecto a los males venéreos. Considerando que esta obra nos correspondía a los jóvenes y frente a la desidia oficial, hemos acudido a la iniciativa privada, dando creación a la Liga Argentina de Profilaxis Social, la que desde su fundación expuso el programa de lu- cha siguiente: Iniciar la educación popular, utilizando todos los medios (carteles, 'volantes, opúsculos, conferencias en las escuelas, fábricas y talleres, en el ejército y en la armada, ilustradas con proyecciones luminosas y films cinematográfi- cos apropiados) ; hacer ante todo la educación de los educa- dores; combatir sin tregua por la prensa, el prejuicio de en- fermedades secretas y vergonzosas, dando a conocer los es- tragos que se deben a la sífilis hereditaria ; obtener de los Poderes públicos la legislación pertinente, de acuerdo con la jurisprudencia aceptada ya en los países más adelantados; instalar dispensarios antivenéreos, gratuitos o a tarifas re- ducidas; estimular la profilaxis personal, abaratando y di- vulgando el uso de medios profilácticos; combatir el curan- derismo y el charlatanismo antivenéreos; combatir la porno- grafía, ya sea, escrita, hablada o figurada; propiciar y esti- mular entre los profesionales las investigaciones referentes a estos puntos; insistir ante la necesidad de reglamentar la pros- titución (reglamentación perfeccionada, de acuerdo con las ideas actuales) ; crear un museo antivenéreo y llegar, si fuera posible, a instituir el seguro popular contra las enfermedades venéreas. Pasaré a dar cuenta a esta honorable asamblea de la ac- ción de la Liga Argentina de Profilaxis Social, en su bien corta existencia, pues fué fundada el 19 de mayoi de 1921, habiéndome correspondido el honor de dar una conferencia inaugural previa en el local del Círculo Médico Argentino y Centro de Estudiantes de Medicina. Haré, igualmente, un esbozo de lo que se propone realizar en lo sucesivo si llega a contar con el decidido concurso público y de las autoridades nacionales y municipales. El nacimiento de la nueva asociación fué anunciado al pú- blico por cinco carteles que, conteniendo diversas leyendas y consejos de profilaxis, fueron fijados con profusión sobre los muros en las calles de la metrópoli argentina, por orden de 151 la Intendencia Municipal, conforme lo hace en Montevideo el Instituto Profiláctico de la Sífilis. La prensa diaria del país se ha ocupado y aplaudido en va- rias ocasiones los propósitos del nuevo organismo y de sus rápidos progresos, mereciendo artículos editoriales en varios de sus principales órganos. En comunicación de fecha 4 de junio, dirigida al señor In- tendente Municipal, se le dió a conocer los fines de la Liga, exponiendo, al mismo tiempo, su programa de acción y los medios de desarrollarlo. iCon fecha 10 de junio dirigió la Liga al Congreso Nacio- nal una comunicación, que aparece publicada en el mismo folleto N.° 1 que los señores adherentes encontrarán dentro del sobre conteniendo las diversas publicaciones de la Liga, obsequio de ésta. En ella se solicitan importantes medidas le- gislativas y, para no citar sino las más importantes: certifica- do de sanidad para el matrimonio; protección amplia de la mujer y del niño en primera infancia; iguales; derechos del hijo ilegítimo que el legítimo; medidas sobre promesas ma- trimoniales ; penas severas para reprimir el aborto criminal; etc., etc. Con igual fecha remitió al Ministerio de Instrucción Pú- blica una comunicación solicitando que en los programas de estudio de los Colegios Nacionales, escuelas normales y de- más institutos de enseñanza secundaria, los profesores res- pectivos de higiene, incluyeran en sus programas nociones cla- ras y precisas sobre el peligro venéreo. Sometió igualmente a la consideración del señor Ministro la conveniencia de esta- blecer la educación sexual en ciertos establecimientos, a tí- tulo de ensayo, permitiéndose indicar para iniciarla los tra- bajos del señor Burlureaux y de Mme. Jeanne Leroy-Aliáis. Dicho Ministerio tuvo a bien acceder al primer pedido for- mulado por la Liga, manifestando que en el momento de la revisación de los programas, se procedería en consecuencia, pero ninguna alusión se dignó hacer con respecto a la educa- ción sexual, que continúa siendo una especie de noli me tan- gere para los educadores modernos. Del Ministerio de la Guerra la Liga solicitó la impresión de tres volantes con instrucciones antivenéreas, a fin de ser distribuidos profusamente a los conscriptos, por el estilo de los repartidos en Francia por orden de los Ministerios de Guerra y Marina, El Ministro resolvió de conformidad el pe- dido, ordenando la impresión de los tres volantes a la Direc- ción de Sanidad, pero esta repartición no pudo dar cumpli- 152 miento a la orden ministerial por carecer de fondos para el efecto, dificultad que pronto va a ser subsanada, por interme- dio de una casa comercial que tomará a su cargo dicha im- presión. En la misma comunicación se solicitaba también que en las libretas de enrolamiento se hicieran figurar instruccio- nes generales antituberculosas, antialcohólicas y antivenéreas. El Ministerio del Interior, requerido en el sentido de que acordara a la Liga un subsidio mensual, nada ha resuelte aún y ha guardado silencio hasta el presente. Los señores Congresistas podrán valorar la acción de la Liga, leyendo el apéndice que figura en sus folletos. Ella se propone dar a luz 12 volantes, de los que hasta ahora han aparecido seis, y once folletos, de los que¡ han visto la luz? cuatro, todos ellos en cantidades que oscilan entre 10,000 y 30,000 ejemplares. En efecto: si las autoridades no se han dignado hasta el presente cooperar materialmente en los pro- pósitos de la Liga, en cambio, todas las publicaciones apare- cidas han sido costeadas por diversas empresas comerciales, a título gratuito, habiéndose invertido en ellas, hasta el pre- sente, más de seis mil pesos nacionales. Para intensificar la propaganda antivenérea, la Liga viene realizando un ciclo de conferencias públicas con proyecciones luminosas y films cinematográficos en los colegios nacionales, escuelas normales, sociedades diversas, fábricas, centros obre- ros, etc., y, al efecto, utilizan una colección de diapositivos de acuerdo con los del profesor Gougerot, de París. Se han en- cargado a los Estados Unidos los once films que figuran en el apéndice de los folletos, los que indudablemente permitirán realizar una acción eficaz. También se propone dar- piezas teatrales, disponiendo de tres, a saber: “Los averiados”, de Brieux; “La estatua del delirio”, del doctor Alberto Nast, y “Lo adquirido”, de En- rique Ríus, de Montevideo. En breve aparecerá el Boletín mensual de la Liga, donde se propone publicar los últimos adelantos sobre la profilaxis social de las enfermedades venéreas. La Liga ha dirigido al Cuerpo Médico de la República Ar- gentina unas encuestas médico-sociales, para conocer las re- laciones de la sífilis y la tuberculosis, sífilis y cáncer, y, final- mente, sífilis, mortinatalidad y mortalidad infantiles. Actualmente la Liga realiza activas gestiones ante las au- toridades nacionales y municipales para obtener su concurso financiero; para establecer lo más pronto posible dos dispen- sarios venereológicos “tipos”, uno para hombres y otro para 153 mujeres, y para que sean convenientemente organizados y dotados los dispensarios antivenéreos municipales, que repre- sentan, por así decir, una obra apenas bosquejada; para que los medicamentos antivenéreos sean declarados por ley del Congreso exentos de derechos de aduana y puedan ser ven- didos a precio de costo; para que el Congreso Nacional san- cione una ley análoga a la votada por el Senado uruguayo, presentada por el doctor Alejandro Gallinal, que permita combatir eficaizmente el charlatanismo y el curanderismo; para establecer, tan pronto como sus recursos lo permitan, un museo venereológico público, con moulages por el estilo del del Hospital San Luis, de París; para que las damas argenti- nas constituyan una asociación para realizar la rehabilitación y regeneración de la mujer caída, análoga a “La Obra Libera- triz”, iniciada en París por Mme. Aivril de Sainte Croix. La Liga de Profilaxis estudia en estos momentos un memo- rial, que debe ser presentado a la Intendencia Municipal pa- ra hacerle conocer sus ideas sobre prostitución y su repre- sión. En él se propondrá la reglamentación perfeccionada sos- tenida por el doctor Gougerot, en la que el sistema coercitivo se ve reducido a su mínima expresión y no subsiste sino para las rebeldes, puesto que toda meretriz dócil, es decir, que con- sienta en conducirse bien y en someterse a la curación debida, puede verse alejada de la reglamentación por el sistema del convencimiento y la dulzura. No puede haber consideración alguna, en cambio, contra esas mujeres deshonestas, que sa- biéndose enfermas y contagiosas, no se deciden a cuidarse, y el Estado tiene derecho de tratarlas con rigor. Así, pues, la reglamentación propuesta por la Liga es un término medio entre la antigua reglamentación y el, abolicionismo, un sis- tema de transición, de acuerdo con las necesidades actuales. La Liga Argentina piensa que, dada la mentalidad de estos países latino-americanos y las ideas reinantes de sus cuerpos médicos, no hay que pensar por ahora en la declaración obli- gatoria de las enfermedades venéreas, ni tampoco pretender instituir el delito civil y penal de contaminación venérea, propuesto por varios tratadistas, pero que vendrán, cierta- mente, más adelante, cuando el público esté instruido al res- pecto. El ideal, como bien lo dice el doctor Gougerot, consiste en procurar a los venéreos y venéreas facilidades de todo género para asistirse en forma ambulatoria o disponer de una cama en un hospital durante el período de accidentes, a fin de re- ducir al mínimum la duración y frecuencia de aquéllos, para 154 proseguir el “tratamiento de conservación”, evitar recidivas y, en fin, educarlos, para que no diseminen el contagio y pue- dan así acumular probabilidades de curación. Añadiré que la Liga Argentina lia extendido su acción al interior de la República y que la obra de educación popular ae desarrolla activamente fuera de la capital, en Bahía Blan- ea, Concordia, Dolores, Córdoba, Mendoza y otras ciudades, habiendo últimamente la Municipalidad de Bahía Blanca in- \itado a la institución a dar en aquella ciudad un ciclo de conferencias públicas, el que se verificará en breve. Antes de terminar, deseo dejar constancia del inestimable concurso prestado a esta obra por el viejo veterano y apóstol de la higiene pública y la medicina social en América, el que, a raíz del tercer Congreso Médico Latino Americano, cele- brado en esta Capital en .1907, fuera nombrado Presidente de la Liga Latino-Americana contra la avariosis, cuya secretaría desempeñó el Presidente de la Comisión Organizadora de este Congreso, doctor José Brito Forestó; aquél que por esa época, fundara en Buenos Aires una Liga con los mismos fines que la actual, la que, por desgracia, desapareció prematuramente: habréis adivinado que me refiero al doctor Emilio R. Coni. Su consejo experimentado nos lia permitido salvar muchos contratiempos y su labor infatigable ha contribuido a facili- tarnos buena parte de las tareas realizadas. Señores: Conocemos bien la obra ejemplar de profilaxis an- tivenérea desarrollada desde años atrás en el que figura en este sentido al frente de las naciones de Sud Amé- rica y a quien correspondía, en justicia, por este motivo, la celebración de este Segundo 'Congreso Sudamericano de Der- matología y Sifilografía. Al presentar esta comunicación, sa- bíamos que la obra que nosotros iniciamos lia sido llevada en gran parte a la práctica en esta república hermana, que, para dicha suya, ha contado con hombres de la talla de Ga- llinal, Scaltritti, Brito Eoresti y aquel infatigable campeón, cuyo nombre podrá figurar honrosamente al lado de los Ver- iles, Gougerot y Gauducheau en Francia, y los Snow, Sto- kes y Clarke, en Estados Unidos, el doctor Juan Antonio Ro- dríguez, por cuya sensible pérdida debo presentar a esta asamblea, en mi carácter de Presidente y Delegado de la Liga Argentina de Profilaxis Social, mis respetuosos sentimientos de condolencia. Sólo nos ha inducido, repetimos, al llegar aquí, el deseo de presentar al elevado juicio de esta docta asamblea, la obra emprendida en nuestro país y la esperanza de obtener su 155 aprobación, lo que para nosotros significaria una hermosa compensación de la labor efectuada hasta la fecha. Modelos de carteles murales de propaganda de la Liga Argentina de Profilaxis Social De cada 1,000 niños ciegos 800 lo son debido a la conjuntivi- tis purulenta, por culpa de sus padres. Evite las enfermedades venéreas! Si Vd. ha contraído una enfermedad venérea, no dehe avergonzarse por ello. Es simplemente un jugador que ha perdido. Su revancha consiste en cu- rarse. Su deber de hombre digno es no propagar su enfermedad. La sífilis se trasmite por herencia hasta la tercera y cuarta generación. Atacando a los hijos, destruye la fa- milia y degenera la raza. Por interés propio, de los suyos y de sus semejantes, debe Vd. preser- varse. EN EL HOSPICIO DE LAS MERCEDES el 50 °/o de los asilados son sifilí- ticos. Presérvese Vd.! UN CASTIGO BIBLICO lo constituye la sífilis hereditaria, porque condena a los hijos a pagar las faltas de sus padres hasta la ter- cera y cuarta generación. Cuídese Vd. 156 La lucha antivenérea en la República Argentina Un programa de acción Jeíe de Clínica de la Cátedra de Dermato-Sifilografía de la Facultad de Medicina de Bueno Aires (Hospital Hamos Mejía) Ex diputado nacional.—Ex Vicepresidente del Concejo Deliberante Municipal de la ciudad de Buenos Aires Secretario del Comité Argentino-Uruguayo de la Federación Abolicionista Internacional por el dr. Ángel m. giménez (Buenos Aires) Señores: Cuando hace tres años, una empresa cinematográfiea, en una exhibición privada, dedicada al Cuerpo Médico de Buenos Aires, presentó el interesante film “Padres, cuidad vuestros hijos”, cuyo argumento estaba tomado del drama “Les ava- riés”, de Brieux, uno de los letreros explicativos decía que en algunos de los países de Sud América, el 90 por ciento de la población se encontraba enferma de sífilis. Un murmullo, mezcla de sorpresa y de indignación, se sintió en medio de la oscuridad de la sala, y los comentarios a la improvisada estadística se siguieron, considerada como el reflejo de la vox populi. Y bien: tomando como base esta hipotética proporción, que podríamos completarla con otro concepto popular, de que es una excepción eL que un hombre en el período de vida de ac- tividad sexual, no tenga o haya tenido una enfermedad ve- nérea, veremos si analizando las estadísticas demográficas, de- ficientes e incompletas, podemos dar una idea de la magni- tud del gran problema de la difusión de las 'enfermedades ve- néreas en la República Argentina. El “Anuario Demográfico de la República Argentina”, publicado por el Departamento Nacional de Higiene, consti- tuye la única publicación que trae cifras de todo el país, sien- do el último tomo publicado el correspondiente al año 1912. ¡Sobre 120,836 defunciones producidas en toda la nación durante ese año, aparecen sólo 542 muertes por sífilis, cifra, por cierto, muy insignificante. Pero si analizamos otros grupos nosológicos y buscamos la parte que puede tener la sífilis en la etiología de la enferme- dad que ha producido la muerte, encontraremos cifras pavo- rosas. Así tenemos bajo el rubro de raquitismo 90 casos, en el 157 de los cánceres y tumores malignos 8,433, las afecciones nerviosas 10,213, entre las que se cuentan la encefalitis con 121, la meningitis 5,016, el tabes y otras afecciones medula- res 273, la parálisis general 186, la epilepsia 191, las hemorra- gias cerebrales 2,927. Las afecciones del aparato circulatorio suman 12,171, de las que 1,243 corresponden a alteraciones arteriales; la tu- berculosis suma 8,645 y las neumonías, broneoneumonías y gangrenas pulmonares 12,971. ¿Qué parte corresponde a la sífilis, estando su diagnóstico fuera del alcance del médico práctico ? Las úlceras del estómago suman 76 y las afecciones del aparato génito-urinario 2,825, enfermedades en las que la ble- norragia tiene su influencia preponderante. Por último, el mismo Anuario nos da 2,825 fallecidos por vicios de conformación congénitos, 1,482 por debilidad con- génita y 9,241 nacidos muertos! Podríamos afirmar ante estas cifras, que los señores médi- cos con su autorizada competencia pueden interpretar, que la sífilis mata en la República Argentina más de 30,000 per- sonas al año, el doble que la tuberculosis y más que cualquier epidemia o cualquier guerra! Respecto a las estadísticas de morbilidad, algunas cifras tomadas de publicaciones diversas, podrán, igualmente, dar- nos una idea sobre la magnitud del problema. El ejército argentino, organizado bajo el sistema del ser- vicio militar obligatorio, nos ilustra al respecto. Los doctores Pacífico Díaz y Neocle Ragusin. de la Sani- dad Militar,, en un trabajo presentado a la Sección de Me- dicina e Higiene del Congreso Americano de Ciencias Socia- les, reunido en Tucumán el 5 de julio de 1916, nos dicen: “Para damos cuenta de la intensidad con que las enfer- medades venéreas afectan a nuestro país, sólo tenemos un medio, que es recurrir a las estadísticas del ejército, que nos dará la morbilidad media de la juventud masculina a la edad de la conscripción, y luego compararla con la de las otras na- ciones. “La estadística de nuestro ejército, según los datos que posee la Dirección General de Sanidad Militar, da para los cinco años 1889-1903 inclusive, un promedio de 192.92 en- fermos de venéreo por mil de efectivo, y para los cinco años 1911-1915 inclusive, da 124.90 por mil, como puede verse en el cuadro número 1. 158 “Estas cifras, que pueden figurar entre las más elevadas que la estadística de otras naciones nos ofrece, dista mucho de ser la exacta, según lia podido comprobarlo uno de nos- otros (Díaz), en una inspección personal en el mes de febre- ro de 1903. AÑOS 1899 1900 1901 1902 1903 1911 1912 1913 1914 1915 Blenorragia y sus complica- ciones 1,112 834 597 978 2,213 1,630 1,685 1,531 963 1,366 Chancro simple .... 510 260 173 285 532 820 828 721 414 436 Sífilis 578 446 245 296 413 197 200 288 148 109 Total de venéreos. . . . 2,200 1,540 1,015 1,559 3,158 2,647 2,713 2,540 1,525 1,911 Fuerza media efectiva . 9,865 9,307 7,359 10,369 11,715 18,830 155,893 19,852 19,075 16,948 Promedio por mil. . . . 233.01 165.46 137.92 150.35 269.56 140.57 171.52 127.93 79.92 113.68 CUADRO NÜMKRO i Morbilidad venérea en el Ejército Argentino "Comisionado por el Excmo. Señor Ministro de la Guerra para estudiar el desarrollo del mal venéreo en el ejército, so- licitó, para llenar más fácilmente su cometido, a la vez que para dar a sus investigaciones el carácter de un documento fehaciente, que le acompañaran en la tarea los señores ciru- janos adseriptos a los cuerpos que componen la división de la Gapital, y, junto con ellos, reconoció, uno por uno, los 159 soldados de las fuerzas acampadas en la Capital, Liniers y Campo de Mayo. Anotando con su diagnóstico los enfermos que encontraban y sumándolos con los que ese día ocupaban una cama en la enfermería y los hospitales, se obtuvo la mor- bilidad general diaria de cada cuerpo, de la cual ha sido sen- cillo extraer la venérea y formar el cuadro estadístico nú- mero 2, y que vamos a extractar en algunas palabras. CUADRO NÚMERO 2 Ejército Argentino. Morbilidad venérea por batallón en las fuer- zas acampadas en la Capital, Campo de Mayo y Liniers en el día 12 de Febre? o de 1903. ! Número de plazas examinadas i Total de enfermos de todas clases Blenorragia Chancro simple Sífilis Total de enfermos | venéreos Promedio de vené- ; reos por mil de efectivo. Capital: Regimiento 10 de Infantería. 113 15 6 _ 6 53.09 Regimiento 1 ° de Infantería 150 31 9 l 4 14 93.33 Regimiento 8.° de Infantería . 279 52 10 2 4 10 57.34 Palomares militares 10 3 1 — — 1 100.00 Regimiento 9.° de Caballería 107 37 10 2 3 15 89. 82 Campo de Mayo: Regimiento 4.° de Caballería . 153 24 3 3 5 11 71.89 Regimiento 7.° de Infantería . 155 24 7 4 i 12 77.41 Regimiento 5." de Infantería . 131 37 8 2 4 14 106.87 Regimiento 8.° de Caballería . 206 13 5 2 7 33.98 Zapadores 79 12 3 —* 1 4 50.68 Escuela de aplicación de clases de Caballería. . • 86 19 8 — — 8 93.02 Liniers: Granaderos a caballo 122 32 4 — 1 5 40.98 Batallón del tren 50 16 4 — 1 5 100.00 Regimiento 2.° de Artillería. . . 204 47 9 3 1 13 65.72 Totales 1,905 362 87 19 t\D OI 131 “ Promedio por mil según enfermeda- 1 ¡ des 190.02 ¡45.66 9.97 13.12 68.76 160 “Entre los 1,905 hombres que se presentaron a la observa- ción, se encontraron 362 enfermos de todas clases, de los que 131 (más del tercio) eran de venéreo, lo que nos da un pro- medio diario de 68.24 de estas enfermedades por mil de efec- tivo. Suponiendo que cada enfermo necesitara dos meses para su curación, el doble del tiempo designado por los higienistas como necesario para los ejércitos de otros países, tendríamos que este número de 68.24, que hemos encontrado en un día, enfermos por mil de efectivo, se renovaría seis veces en el año, lo que daría 409 como promedio anual, que comparado con 192.92 de la estadística oficial nos ofrecería una diferen- cia exorbitante. Esta diferencia, dice ese informe, demuestra que un número muy grande de venéreos escapa a la observa- ción médica y a sus beneficios, y se elevaría al doble, si en vez de calcular a razón de sesenta días por enfermo, lo hi- ciéramos por número clásico de 30, que nos daría un pro- medio anual de 818.8 (el doble de los anteriormente encon- trados). Así, pues, manteniéndome en el cálculo anterior, afir- mo que en nuestro ejército la morbilidad anual por venéreo, es superior a 409 por mil; creo que nadie podrá tacharme de exagerado”. Algunas estadísticas de servicios hospitalarios aportan da- tos interesantes. En el Hospital Bivadavia, destinado a mu- jeres, en el año 1919 fueron internadas 6,864 enfermas, de las que corresponden a: Salpingitis 211 Pelviperitonitis 84 Metritis 367 Bartolinitis y vaginitis . . . . 29 Blenorragias 98 Papilomas 19 Sífilis 216 Total 2,024 Lo que daría un 29.48 por ciento. Cifra pasible de error, en más, por ser posible alguna otra etiología en estas enfer- medades; y en menos, porque faltan los que se refieren a los casos de clínica general, disimulados con otros diagnósticos. En la maternidad del mismo hospital, durante ese año, sobre 1,266 parturientas internadas, 148 tenían sífilis, es de- cir, el 11.7 por ciento. El doctor Mauricio Helman, en una publicación aparecida 161 «1 afio pasado, trae datos de la Sala IX, Servicio del doctor Araoz Alfaro, en el Hospital de Clínicas, donde sobre 24 en- fermos hospitalizados, había, el día del examen, 15 sifilíticos; el 60 por ciento. En el Hospital Italiano de Buenos Aires, en el período del l.° de abril de 1918 al 31 de marzo de 1919, en la Sección Médica, de la que es primario el doctor Francisco L. Gra- piolo, sobre 1,566 enfermos hospitalizados, 182 eran por sífi- lis ; el 11.62 por ciento. En la Clínica Dermato-Sífilográfica del Hospital Ramos Miejía, de enero a agosto del año en curso, se han atendido en el consultorio 358 enfermos nuevos de sífilis y 114 de otras enfermedades venéreas, menos blenorragia. En el Instituto de Ciegos de Buenos Aires, sobre 77 cie- gos internados en el año 1912, se encontró que 47 lo eran a causa de conjuntivitis purulenta de los recién nacidos, es decir, el 61 por ciento. Planteado el problema, demostrado con estas cifras su mag- nitud y el mal social que representa, que, bastardeando la raza, degradando a los individuos, incapacitándolos para ac- tividades útiles, y haciéndolos pesar como aplastante carga sobre toda la sociedad, sobre los presupuestos de asistencia, llenando de desvalidos y enfermos los hospitales, asilos y inanicomíos, corresponde a todos, y, más que todo, a los mé- dicos, entrar de lleno, no sólo a dar consejos y propiciar me- didas, sino poner de su parte todas sus energías y abnegacio- nes, en esta moderna cruzada contra tan terrible flagelo. En este sentido, presento a la consideración del Congreso un proyecto de medidas a recomendarse a los Gobiernos sud- americanos, esperando que le daréis aprobación. Encuadrados dentro de las ideas corrientes de los países más adelantados, no creo necesario entrar a analizar los di- versos puntos, lo que me obligaría a dar una extensión ma- yor a esta comunicación, por lo que me concretaré a hacer al- gunas anotaciones. I ASISTENC'IA SOCIAL 1." En las naciones organizadas bajo nn résrimen federal, y, más que todo, como la nuestra, se comprueba un defectuo- so régimen de servicios de asistencia social, sea por la super- 162 posición de organizaciones, sea por la sustitución de activi- dades, con que se recarga los centros urbanos. Es el caso de la ciudad de Buenos Aires, con su Asistencia Pública Municipal, su Sociedad de Beneficencia, sus Asilos, y Hospitales Regionales, su Hospital de Clínicas de la Uni- versidad, los hospitales particulares, etc. Una concentración de energías es necesaria, sea nacionalizando o municipalizan- do los servicios de asistencia, tanto más necesario para una acción conjunta en la lucha contra las enfermedades vené- reas. 2. Una buena preparación del personal médico de estos establecimientos debe complementarla, así como la de los médicos prácticos. Pero, desgraciadamente, un concepto equivocado parece primar en algunas Universidades, quitando importancia a las- especialidades, como la de Buenos Aires, que lia reducido a cursos de seis meses, que en la práctica se reducen a tres, la cátedra de Dermato-Sifilografía. A la sifilografía debe dársele toda la importancia necesa- ria; se le encuentra en toda la medicina, en todas las clíni- cas, y debe, por tanto, difundirse y profundizarse su conoci- miento, dándole, no sólo la extensión suficiente a su ense- ñanza en general y en especial, sino, también, creando cur- sos de perfeccionamiento para médicos, en los que podrían, periódicamente, concurrir los de la campaña y los prácticos de las ciudades a refrescar y renovar sus conocimieiitos. 3. La denuncia obligatoria de las enfermedades infecto- contagiosas, establecida en todos los países, debe ser extendi- da a las enfermedades venéreas, obligando así a realizar la única y verdadera profilaxis médica por el tratamiento obli- gatorio de los enfermos, debiendo penarse a los que así na lo hicieran. 4. Esta asistencia debe ser gratuita, ofreciendo, para que sea eficaz, todas las seguridades de discreción y seriedad. 5. La creación de dispensarios antivenéreos es una de sus formas más prácticas de realización, habiendo proyectado y obtenido la sanción de la siguiente ordenanza, que. desgra- ciadamente, no se aplica como fué nuestro deseo al propi- ciarla, debiendo reconocer que el Uruguay' y el Brasil nos han dado el ejemplo progresista al respecto, con sus admira- bles organizaciones. Artículo l.° Toda persona que esté atacada de una afección ve- nérea, será asistida gratuitamente (médico, medicamentos, curaeio- 163 nes, hospitalización, etc.), a su simple presentación a un hospital o consultorio que dependa de la Municipalidad de la Capital. Art. 2.0 Créase en la Asistencia Pública una sección denominada “Profilaxis de las enfermedades venéreas’’, la que estará a cargo de una Comisión compuesta por los actuales jefes de servicio y de los servicios a crearse, destinados al tratamiento y, profilaxis de estas enfermedades, la que tendrá por misión: a) La dirección de las salas, consultorios, dispensarios y cura- torios municipales, destinados al tratamiento de los enfer- mos venéreo-sifilíticos. b) La divulgación en la forma más amplia posible, por medio de. folletos, carteles, volantes, conferencias y demás medios que la experiencia aconseje, tendientes a combatir la difu- sión de estas enfermedades. c) Asesorar a las autoridades sanitarias sobre las medidas de profilaxis antivenérea a tomarse. d) Estimular las iniciativas privadas de las sociedades de be- neficencia, socorros mutuos, etc., para la profilaxis de estas enfermedades. e) Obtener de las autoridades nacionales, la institución de ser- vicios especiales para el tratamiento de las enfermedades venéreas en el Ejército y Armada, Consejo Nacional de Edu- cación, Arsenales, Policía y Bomberos, y demás dependen- cias del Estado, que ocupen gran número de obreros y em- pleados f) Todos los médicos de la dependencia de la Asistencia Pú- blica estarán obligados a dar una conferencia mensual, por lo menos, en los sitios donde los destine la Dirección de la misma Asistencia Pública, sobre enfermedades venéreas y la profilaxis correspondiente. g) Los médicos de los dispensarios estarán obligados a semanalmente una conferencia sobre el mismo tema que se enuncia en el inciso anterior. h) Las sociedades culturales, sociedades obreras y bibliotecas públicas, podrán solicitar de la Dirección de la Asistencia Pública un conferenciante, sobre esas cuestiones. Art. 3.o La Dirección de la sección “ Profilaxis de las enferme- dades venéreas”, estará a cargo de un médico designado por ma- yoría de votos de los componentes de la Comisión, debiendo desem- peñar su cargo durante un año. El cargo de Director no da derecho a retribución extraordinaria alguna, ni a eludir la dirección del ser- vicio a su cargo. Puede ser reelegido. Art. 4.° La Comisión se reunirá, por lo menos, una vez al mes y en todos aquellos casos en que la Dirección de la Asistencia Pú- blica creyese necesario. En las sesiones ordinarias sólo podrá tra- tarse de la elección del Director, cuando estuviese vacante el cargo 164 o el electo hubiese cesado en su mandato, del estudio de las me- didas profilácticas a tomarse, de los métodos de diagnóstico, de las estadísticas y de toda consulta que al respecto se le hiciese. Las resoluciones de esta reunión sólo tendrán un carácter consultivo. Art. 5.o Fuera de los consultorios y demás servicios hospitalarios existentes destinados al tratamiento de las afecciones venéreo-si- filíticas, se establecerán en parajes adecuados diez dispensarios com- pletamente independientes de aquéllos, destinados a: l.o La asistencia de los enfermos venéreo-sifilíticos que no ne- cesiten ser hospitalizados, para los que habrá consultas mé- dicas todos los días, incluso los domingos y feriados, de 8 a. m. a 10 a. m., y de 8 a 10 p. m. 2.° Su tratamiento y curación profiláctica por medio de lava- jes, inyecciones, etc., todos los días desde las 8 hasta las IT a. m. y de la 1 hasta las 10 p. m., en las horas com- prendidas entre las 8 a. m. y 11 a. m. y desde las 6 p. m. a 10 p. m., serán para la asistencia de hombres y de la 1 a las 6 p. m. para mujeres. Art. 6.o Cada dispensario estará bajo la dirección de un Médico- Director rentado, cuyas funciones serán: a) Atender personalmente el consultorio durante las horas des- tinadas al efecto. b) Proponer a la Dirección General de la Asistencia Pública, el nombramiento de los médicos agregados que crea nece- sarios. c) Aconsejar a la Comisión de Profilaxis Antivenérea, las me- didas que crea necesarias para la mejor atención de estas enfermedades. d) La vigilancia del personal empleado en el dispensario y de todo lo que se refiere a su administración. Art. 7.° Cada dispensario contará con un número de médicos agre- gados, quienes desempeñarán sus cargos “ ad honorem”, y a los que se computará su antigüedad y asiduidad en el desempeño de su puesto para la provisión de las vacantes de Director a producirse. Art. 8.0 Cada dispensario deberá disponer: l.° De una sala de espera. 2.0 Una sala para consultorio. 3.o Una sala con las suficientes divisiones para la separación y reserva de los enfermos. 4.° Una sala con seis camas por lo menos para los enfermos que deban permanecer en reposo u observación durante algunas horas, cuando hubieran recibido tratamientos especiales. 5.o Un laboratorio para análisis clínicos inmediatos. 165 Art. 9.° En el Laboratorio central de la Asistencia Pública se establecerá una sección especial para los análisis clínicos de los servicios de enfermedades venéreas. Los laboratorios actualmente existentes en los hospitales municipales efectuarán dichos análisis a la simple presentación de la orden expedida en los dispensarios a crearse. Art. 10. En cada consultorio, sala y dispensario, se llevará uü registro detallado con las observaciones, evolución de las enferme- dades, tratamiento hecho a los enfermos, origen de su contamina- ción y demás antecedentes necesarios, debiendo uniformarse dichos registros a objeto de una estadística regular. Art. 11. En la Farmacia central de la Asistencia Pública y en las de los hospitales de su dependencia, habrá una sección especial para la provisión de instrumentos y medicamentos necesarios para la profilaxis y tratamiento de estas enfermedades. Art. 12. Todo estudiante de Medicina que desee ingresar como practicante en un hospital o estación sanitaria municipal, deberá justificar haber prestado servicio, cuando menos, durante seis me- ses, en uno de los servicios de enfermedades venéreas. Art. 13. Todo médico que en su Servicio aconsejara el abandono del tratamiento a un enfermo o lo diera de alta contra su volun- tad, cuando presentara manifestaciones contagiosas, será suspendi- do en su cargo por el término de un mes por primera vez, y exo- nerado en caso de reincidencia, salvo que se tratara de un caso de fuerza mayor. Art. 14. La Asistencia Pública tratará, a la brevedad posible, de la habilitación de salas en los hospitales de su' dependencia, para la hospitalización de los enfermos venéreo-sifilíticos que la necesi- taren. Art. 15. El D. E. gestionará que en los hospitales pertenecientes a instituciones privadas se establezcan consultorios y dispensarios destinados a la asistencia en la forma más amplia de estos en- fermos. Art. 16. Las instituciones particulares de asistencia médica (mutualidades, empresas de asistencia, hospitales, sanatorios, etc.), que excluyan de sus servicios a los enfermos venéreos, no podrán ser exoneradas del pago de los impuestos municipales y el D. E. gestionará de los Poderes públicos que no se les otorgue personería jurídica y les sea retirada a las que la tuvieran. Art. 17. El gasto que demande el cumplimiento de la presente ordenanza será imputado al inciso 33, partida 27, del presupuesto en vigencia. Art. 18. Comuniqúese, etc. 6.° Acción óte las mutualidades. Las sociedades de socorros mutuos, en el concepto corrien- te de organizaciones de asistencia médica, no deben concre- 166 tar su misión a dar médico, medicamentos, subsidios, etc., a sus asociados, sino que deben perseguir un propósito más ele- vado y educador, de verdadera asistencia social. Concretarlas a cuidar enfermos, es llegar tarde, cuando el mal es irreparable y se debe sufrir las consecuencias, que se manifiestan luego, en forma económica, con los recargos en los gastos sociales. Aún pesa en muchas sociedades de socorros mutuos el con- cepto de que las enfermedades venéreas son vergonzosas e inmorales, y se niegan a prestarles asistencia. Pocas mutualidades auténticas en su organización y fina- lidad han comprendido su verdadera misión, y podría citar al respecto la Tipográfica Bonaerense, la Obrera de Socorros Mutuos, La Fraternidad Internacional, todas establecidas en la ciudad de Buenos Aires, las que tienen establecida una asistencia regular para enfermos venéreos, dándoles todas las prescripciones necesarias, equiparándolos a enfermedades co- munes, y difundiendo por medio de sus boletines, instruccio- nes profilácticas. Las mutualidades que no prestaran estos servicios, no de- ben, desde ningún punto de vista, merecer el amparo y la protección del Estado y debe retirárseles la personería jurí- dica. 7.° Laboratorios y reacción de Wassermann. Otra de las bases para una buena profilaxis, es la preci- sión y exactitud, en los diagnósticos, para el mejor tratamien- to y rápida esterilización de los focos contagiosos. En venereología, el laboratorio nos ofrece en este sentido grandes ventajas, conocidos los microorganismos productores de las enfermedades, lo que se complementa con las reaccio- nes serológicas. Simplificada la técnica con los procedimientos que acercan o alejan de los métodos primitivos, particularmente la reac- ción de Wassermann, al entrar en la práctica, ha caído en abusos y exageraciones por su erróneo empleo y exageradas interpretaciones. Numerosos laboratorios, o titulados tales, han aparecido en estos últimos tiempos, algunos a cargo de distinguidos profe- sionales, cuya firma, puesta al pie de las reacciones, consti- tuye una sólida garantía, pero abundan los regenteados por particulares, por farmacéuticos de barrio, por estudiantes, o 167 por simples particulares, resultando, en la práctica, informes contradictorios, o de un resultado inseguro o dudoso. A esto se agrega la diversidad de métodos y la defectuosa técnica, dejada su realización a los sirvientes o titulados ayu- dantes de laboratorio. En estas condiciones el desprestigio de la reacción de Wassermann tiene lógicamente que ser grande, y mientras algunos se ven obligados a tenerla como medio de excepción, otros, la gran legión de charlatanes, la usan para inventar enfermos. Su buen empleo en otros países, sirve no sólo para el diag- nóstico, sino también para el contralor de tratamiento, como lo ha demostrado la excelente organización de los Institutos Profilácticos contra la Sífilis, fundados en París por Vernes, en 1816. En Alemania, donde se ha podido comprobar las mismas fallas que entre nosotros, se llegó a tantos abusos, que el Mi- nistro del Interior de esa república, con fecha 27 de marzo de 1920, en cumplimiento de lo resuelto por el Reichgesun- dheitsrat, en la reunión de 11 de julio de 1919, envió una cir- cular a los gobiernos de los Estados Federales, estableciendo disposiciones sobre la práctica de la reacción de Wassermann: sólo podrá realizarse en laboratorios debidamente autoriza- dos por el Estado y médicos reconocidos por su preparación, con exclusión de toda otra clase de personas; para la prác- tica de la reacción de Wassermann no debe emplearse más que extractos y amboceptores contraloreados por el Estado; otra clase de preparados no podrán ser autorizados. Medidas semejantes se impone establecer entre nosotros y la creación de laboratorios oficiales, que realicen estas in- vestigaciones, poniéndolas al alcance del público. 8.° Ejercicio de la medicina. Múltiples factores intervienen en la difusión del curande- rismo, el charlatanismo profesional y el comercio de drogas y -específicos. A los prejuicios e ignorancia popular, colaboran, en buena parte, médicos faltos de todo deber, sin conciencia, amorales, ■que en unos casos se asocian a curanderos y en otros contri- buyen a encubrir' delitos o a ser directamente delincuentes (abortos provocados, etc.). Por otra parte, el mal tiene quienes lo alienta, y vemos en la prensa diaria, la de los grandes rotativos, de las grandes revistas ilustradas, que orientan a la opinión pública con edi- 168 toriaíes de profunda filosofía, que no pueden usar la palabra sífilis ni la de prostitución, y alquilan a buen precio las pá- ginas de avisos a médicos charlatanes, a curanderos, para específicos maravillosos o para parteras que provocan abor- tos ! Eficaces colaboradores en todo esto son los farmacéuticos, con el descarado curanderismo que realizan, con la impuni- dad y la audacia basada en la ignorancia, para luego aban- donar los enfermos en pésimas condiciones en los hospitales o en las clínicas particulares. Y si todo esto no fuera suficiente, tenemos el colosal des- arrollo del comercio de específicos autorizados por el Depar- tamento Nacional de Higiene, que con sus prospectos llenos de informaciones sobre la eficacia rápida y segura de la cura radical, son adquiridos por los enfermos inexpertos: el elixir Nogueira, Radiosol vegetal, Robur Vegetal, la serie intermi- nable de balsámicos para la blenorragia, el X 2 para la sí- filis, etc. II MEDIDAS DE ORDEN LEGAL l.° Aún cuando las medidas de orden legal que se refieren a reformas del Código Penal y más que todo al Código Civil, nos alejarían un poco del terreno médico en que debemos co- locarnos, no podemos dejar de referirnos a ellas, siendo las enfermedades venéreas un verdadero problema social. Debemos tratar, en lo que se refiere a las relaciones sexua- les, que se regularicen dentro de la mayor libertad, pero al mismo tiempo constituyan una seguridad dentro del matri- monio, para bien de la familia y de la sociedad. Una de las medidas primordiales a establecerse, y ya exis- te en la legislación norteamericana., es el certificado de salud previo al matrimonio, como medida de profilaxis, de morali- dad y de bienestar para el porvenir de la familia y de la raza. No es necesario entrar en consideraciones sobre los hechos que se comprueban a diario, las blenorragias y sífilis conyu- gales, el porcentaje de abortos, y la multitud de heredos que pululan, todo ello perfectamente evitable por un tratamiento y una sabia e inteligente legislación previsora. La ley de divorcio, el derecho a la investigación de la pa- ternidad, el igualamiento de los hijos legítimos con los ilegí- 169 timos, evitará muchos crímenes, moralizará las costumbres, y traerá más orden a la sociedad. 2.u Represión ele la trata de blancas y del proxenetismo. Constituye esto una cuestión estrechamente vinculada a la profilaxis de las enfermedades venéreas, por ser la que contribuye a fomentar y mantener el vicio. En 1917, siendo diputado nacional, presenté un proyecto de ley al respecto, cuyo texto transcribo, y algunos de sus fundamentos, habiéndose incorporado sus puntos principales al nuevo Código Penal, que acaba de ser promulgado. En cuanto al delito de contaminación intersexual, ha sido incorporado al nuevo Código Penal Argentino. Artículo l.° La persona que en cualquier forma se ocupe del trá- fico de mujeres, promueva o facilite su corrupción y prostitución, con objeto de lucro, aunque mediara el consentimiento de la víc- tima, será castigada con tres a seis años de penitenciaría si la mu- jer es mayor de edad, con seis a diez años de la misma pena si la víctima es mayor de doce años y menor de veintidós, y si es menor de doce años la pena podrá extenderse hasta quince años. Esta úl- tima pena será aplicable, prescindiendo del número de años de la víctima, si mediara violencia, amenaza, abuso de autoridad o cual- quier otro medio de intimidación, como también si el autor fuera ascendiente, marido, hermano o hermana, tutor o persona encarga- da de su educación o guarda, en cuyo caso traerá aparejada la pér- dida de la patria potestad, del poder marital, de la tutela o guarda y de los derechos civiles o ciudadanía legal en su caso. Art. 2.o El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida del territo- rio de la Nación, a todo extranjero, miando se compruebe, por in- forme de la autoridad superior de la Policía, estar sindicado como traficante de mujeres, debiendo ordenarse su' detención hasta el mo- mento del embarco. Art. 3.o El Poder Ejecutivo dispondrá lo necesario para impedir la entrada al país, a toda persona sindicada, dentro o fuera de él, del tráfico de mujeres. El capitán de un buque que conduzca en su pasaje a personas que caigan dentro de las disposiciones del artículo l.° y a sabien- das no haya hecho las denuncias correspondientes ante las autori- dades policialés y marítimas a la llegada a un puerto de la Kepú- blica, será penado con una multa de mil pesos por cada persona que transporte en las condiciones indicadas, y en caso de reinci- dencia le será retirado al buque o empresa naviera que lo repre- sente, los privilegios y derechos que le acuerden las leyes y orde- nanzas marítimas. 170 Art. 4.o Los delitos calificados en la presente ley podrán ser de- nunciados por cualquier persona del pueblo y también perseguidos •de oficio, por denuncia de cualquier sociedad reconocida por el Go- bierno. Las autoridades marítimas, policiales, municipales y judiciales, deberán prestar su auxilio cuando lo requiera la existencia del de- lito o para sustraer inmediatamente a la víctima de los efectos del mismo, o aprehender a los delincuentes. Art. o.» Las autoridades o funcionarios nacionales, provinciales o municipales que toleraran alguno de los delitos penados en la presente ley, o dejaran de cumplir sus disposiciones, incurrirán en la pena establecida en el Código Penal para los encubridores. Art. 6.° Los artículos de la presente ley serán incorporados al Código Penal. Art. 7.o Deróganse las disposiciones del Código Penal y de las leyes que se opongan a la presente. Art. 8.° Comuniqúese al Poder Ejecutivo. Nuestra nación, que no vive como un islote perdido e ignorado en un lejano mar, sino la vida activa de los países que van a- la -cabeza de la civilización, en ese constante intercambio de hombres, -de cosas y de ideas, no puede menos que tener las mismas nobles actividades, como también todas las taras y fallas del orden ca- pitalista actual. ILa prostitución, en todas sus múltiples y, proteiformes manifes- taciones, es un hecho social que no puede ocultarse, y menos ne- garse, pese a los pudibundos y a los hipócritas, que nos pretenden -colocar en un nivel superior de moralidad. La prostitución es, según un sociólogo, tributo impuesto a la belleza plebeya por el poder del dinero, para que las mujeres de las clases altas puedan conservar su calculada castidad. No hemos de buscar definirla, ni hemos de aceptar calificativos arcaicos, de una parte la legítima reconocida por la ley, y por otra la clandestina, cuyos límites serían difíciles de precisar, puesto que iría desde las uniones por dinero en ciertas esferas sociales, hasta la modesta obrera que busca completar su salario miserable, arras- trándose en las penurias de esta vida. No la hemos de considerar un delito, puesto que es un hecho que pertenece al fuero interno de cada una, sobre la que no pueden gravitar códigos ni leyes. Mientras en el orden social existente se considere como un pe- cado las relaciones sexuales; mientras subsistan las trabas econó- micas y sociales que dificultan las uniones y el industrialismo mo- derno desorganice la familia; mientras el proletariado viva la vida 171 de miseria (1) y opresión en sus tugurios, contrastando con el lujo provocador; mientras la sociedad y los códigos no dignifiquen a la mujer, subsistirá la prostitución. Y es en este concepto, con estas ideas, que los Gobiernos lian le- galizado, han reglamentado la prostitución y, la han fomentado, amparando con sus ordenanzas el parasitismo que de ella vive, la innoble e infame trata de blancas. La han convertido en noble y útil profesión, en industria licita, en comercio legal. Y de estas víctimas colocadas al margen de la vida y del mundo, sería el caso de hacerse aquella pregunta de Balzae: “¿No deberán las leyes erigir en corporación esos Decios femeninos que se sacrifican por la república, y con su cuerpo for- mar una muralla para proteger a las familias honradas?” Pese a los patriotas, a la pureza de los sentimientos nacionales que quiere ocultar nuestras vergüenzas, hay un hecho real: ¡Sud América! ¡Buenos Aires!, son nombres que en Europa se repiten en los libros, en los diarios y periódicos, cuando se ocupan del tráfico internacional de mujeres, “la trata de blancas”. La prensa periódica de Austria, Rusia, Inglaterra, denuncian fre- cuentemente hechos delictuosos de mujeres engañadas, de menores llevadas a América, y sigue el comentario picante, y luego... el olvido echa tierra sobre el asunto. Los Congresos internacionales que se han venido realizando en las principales ciudades europeas, desde el de París de 1895, de- nuncian a nuestro país como uno de los centros de este comercio. «Tules Lenoble, en su tesis de París de 1900, “La traite de Man- ches et le congrés de Londres de 1899”, dice: “En último análi- sis, abstracción de su tráfico interno de blancas, la Europa en su conjunto exporta mucho más que importa. ¿Qué se hace de toda esa (l) Profesión anterior de las 511 mujeres inscriptas en 1915 en el dispensario de salu- bridad de Buenos Aires: Aparadoras, 4; artistas, 24; bordadoras, 6; camareras, 1; comerciantes, 4; cigarreras, 2. costureras, 43; cocineras, 14; empleadas, 8; enfermeras, 1; floristas, 1; labradoras, 7; lavan- deras, 11; mucamas, 49; modistas, 42; peinadoras, 3; peleteras, 2; planchadoras, 38; sastres, 28; sombrereras, 9; sin profesión, 198; telefonistas, 4; tejedoras, 1; zapateras, 1. Las causales dadas fueron: Propósito de lucro, 431; falta de recursos, 31; falta de oficio, 6; seducción y abandono, 6; para poder criar los hijos, 21; para regentear prostíbulos, 3; por placer, 13. De estas 511 mujeres, 238 no habían ejercido la prostitución anteriormente; 275 la habían ejercido. Si respecto a la prostitución reglamentada podemos aportar estos datos, sobre la llamada clandestino podríamos citar hechos que conminarían nuestras afirmaciones. Como miembro de la Comisión interparlamentaria de trabajo a domicilio, hemos podido constatar los salarios por pieza que se pagan, especialmente en los trabajos de costura, de 40 a 70 centavos diarios, datos que serán publicados en el informe que hará la Comisión próximamente aconsejándola sanción de una lev. 172 mercancía humana? La América del Sud, el Brasil y Buenos Airesr notablemente, constituyen maravillosos mercados.” El sacerdote jesuíta Antonio Pavissieh, en su interesante libro "Un cáncer de la civilización”, cita datos concretos de este trá- fico: “El cuadro es todavía más negro en la América del Sud. La baronesa de Montenach habla de 2,200 criaturas envilecidas, víc- timas de los traficantes, y en su may.or parte italianas, que viven hacinadas en una sola calle de la capital de la República Argentina. Tales calles son llamadas vulgarmente en Buenos Aires y en Río de Janeiro, “calles de sangre y de lágrimas”. Más adelante agre- ga: “El famoso Mochek, jefe de una banda dedicada al tráfico de mujeres polacas con Buenos Aires, celebraba todos los años una ex- posición a la que asistían los viajantes americanos y que acababan en orgías infernales. ’ ’ Podría hacer al respecto, numerosas transcripciones de diversos autores, con datos igualmente molestos para nuestro país, desgra- ciadamente muy reales, pero con lo citado basta. Cada vapor que llega a nuestro puerto, nos trae de Europa un cierto número de mujeres para las casas de lenocinio. Las acompa- ñan los “ souteneurs”, las reciben los proxenetas o los dueños de las easas; la Municipalidad las patentiza y autoriza, y la Policía cierra los ojos a ese mundo de infamia que entra al país, libre- mente, sin dificultades ni contralor. El cuadro que acompaño, con el número y nacionalidad de las mujeres inscriptas en el Dispensa- rio de Salubridad de Buenos Aires, de 1889 a 1915, viene a confir- mar completamente el tráfico internacional de blancas, amparado por la ley. En 1908, el Presidente de la Sociedad Argentina contra la Trata de Blancas, doctor Arturo Condomi, se presentaba a la Comisión Municipal de Buenos Aires, pidiendo el mantenimiento de la orde- nanza de 1904, agregando: “Si un diario de esta ciudad anuncia- ra que a nuestro puerto debía llegar un buque trayendo cuatro o cinco negros en condiciones de esclavos, este pueblo, que da tan- tas pruebas de sus sentimientos humanitarios, acudiría en masa a las dársenas para manifestar su reprobación contra los negreros y contribuir a la aprehensión y castigo de los culpables. Pues debe saberse que muchas veces llegan en esas condiciones jovencitas blancas, las que ignorando nuestro idioma, a dos mil leguas de su patria, y sin relaciones de amistad ni de familia, están completa- mente libradas a la codicia y maldad de sus victimarios. ’ ’ Se ha patentado, protegido con reglamentaciones, pretendiendo encauzar, ya que no es posible suprimir la prostitución, y se ha aceptado como mercancía de buena ley, este tráfico infame. Todo un mundo turbio y miserable prospera parasitariamente al- rededor de esto: los proxenetas, los “souteneurs”, que el pueblo indica con el sello del desprecio, y que la ley y la autoridad se consideran desarmados para luchar contra ellos, o los ampara al darles personería y protección a la “regenta”. 173 En su mimetismo simulan nobles profesiones, trabajos honestos, comercios respetables, y su oro corre en abundancia, ante el que se rinden ciudadanos que el concepto público considera respetables, pero que se prestan para serles sus defensores, para abrirles las puertas de las cárceles, amparados en las minucias y chicanas a que se prestan nuestros Códigos. Un ilustrado médico y galano escritor, Francisco Sicardi, en su 11 Libro Extraño”, pinta en pinceladas magistrales la mala vida de la ciudad, describiendo a estos tipos de la hez social. ‘ ‘ Aman a las rameras, se alimentan con sus prostituciones, ro- bándoles a bofetadas los dineros de la deshonra. Forman aquí un gremio. Usan sombrero claro y blando de anchas alas, botín de cha- rol, saco negro y pantalón ancho, a veces la flor en el ojal y pren- dedor de oro en la corbata. Viven de lo que ellas trabajan, estas cazadoras nocturnas, que pasan entre las penumbras de las calles, revolcándose entro las posadas de la vecindad con los incautos clientes. A la salida, ellos las esperan para arrebatarles el dinero ganado, y las empujan de nuevo en pos de otros hombres. Si lo niegan, la bofetada les ensangrienta la boca y las coces les llenan los cuartos de equimosis. Viven aterrorizadas. Esos proxenetas son asesinos vulgares y siniestros ladrones. Más te voy a decir. La ciudad está llena de lupanares. Hay mujeres que se pasan los años en la esclavitud deshonesta. ‘ ‘ Caen en manos de los mercaderes. Tienen un preeio distinto. En los clubs que éstos poseen en ha ciudad, se rematan sus cuerpos y se transforman en moradoras de las casas obscenas, para servir de ludibrio libidinoso entre las bofetadas y el escarnio. Vendidas co- mo esclavas, ya son cosas. Instrumentos del vil negocio, valen por lo que pueden producir, mientras que el club prospera y se enri- quece con esas que poco a poco van muriendo, mordidas por todos los cuervos, los que sacian sus lubricidades y los que sacian sus avaricias, blancas osamentas arrojadas en inmunda sentina y dila- ceradas en vida. Ellas pagan los anillos que los leones llevan en los dedos; el alfiler de brillante que adorna su corbata y el cham- paña de las orgías bulliciosas. Por otra parte,, mientras tengan ellas vestidura juvenil y lozana, serán esclavas. No pueden huir, ni amar, ni arrepentirse. El terror las tiene encerradas y el des- precio de todos y el abandono las hace vivir en un inmenso de- sierto, sin oasis y sin aguas cristalinas Jesús perdería aquí su tiempo. Las Magdalenas qice pudiera encontrar serían las que ellos arrojarían a la calle, con la piel lívida y el cuerpo encorvado en las decrepitudes prematuras. ¡Ay de la que busque independencia! Los leones reunidos decretan su ruina. Las acosan, las ultrajan, las corrompen en todas sus formas. ¿Hay, acaso, alguna ley que los moleste? Si la hay, no se cum- ple. Entonces ellos siguen vendiendo y comprando esclavas, y éstas 174 derrumbándose de burdel en burdel, hasta que llegan, al fin, a las sucias zahúrdas, a los pisos sin ladrillos, transformándose en un miserable andrajo, para los soldados, noctámbulos y borrachos.” En la Conferencia Internacional de Policía, celebrada en esta ciudad el 11 de octubre de 1905, el delegado argentino señor Eossi, del personal de la Comisaría de Investigaciones, corrobora estos he- chos. “La contaminación se ha producido y hoy existe ya un nú- mero 'apreciable de sujetos malevos, cuyos medios de vida son los recursos obtenidos con la prostitución de sus concubinas, de las que se provee seduciendo, engañando jóvenes obreras, y en algún caso, a miembros de las familias con que se hallan relacionados.” El cuadro ya citado nos ofrece la comprobación de estos hechos, con las 3,212 mujeres inscriptas, argentinas, de 1889 a 1915, a las que se podría agregar 1,507 uruguayas. Al tráfico europeo debe agregarse el intercambio con el interior y el Uruguay, traídas a las casas de esta ciudad y viceversa, a las localidades del interior, don- de encontrarán autoridades y médicos más complacientes. Este tráfico parece que no ha sido una novedad. Encontramos citadas las casas de lenocinio por el padre Castañeda y sus contrarios, acu- sándose mutuamente de tener vinculaciones con ellas. Los buenos propósitos que se persiguieron con la ley 9143 no han dado en la práctica los resultados que’ se esperaban; de una parte, las dificultades de la prueba, y de la otra, lo fundamental, la insubordinación de la ley a las ordenanzas municipales, que re- conocen al “traficante de blancas”, la regenta, y hacen la división de prostitución patentada y prostitución clandestina. En “La Vanguardia” del 22 de mayo de 1916, uno de sus re- dactores, José Kouco Oliva, estudiando los resultados obtenidos con la ley 9143, escribía: “Es sabido que los sujetos entregados al co- mercio de mujeres proceden con todas las precauciones inherentes al peligroso tráfico, y que están asociados entre sí y, defendidos por sus propias mujeres explotadas. Difícilmente éstas se atreven a sa- cudir el ignominioso yugo y a denunciar a su explotador. Pero, aun así, en el caso improbable de que tal ocurriera, faltaría la prueba del delito, que la justicia exige: el documento, el comprobante, el testimonio de la verdad de la acusación. En cambio, tendrá el ru- fián la defensa de su numeroso gremio, disfrazado por lo común en actividades honestas, comercio de muebles, de cigarrillos, de café, de corretajes. Obran, pues, impunemente los tenebrosos, sin temor a la ley, o, como ya hemos dicho, a su amparo, pues no existiendo otro motivo para perseguirlos, la Policía los deja actuar. Ellos no pueden ser molestados en tanto no se les acuse de in- fringir la ley 9143. Y si no sucede así, si a veces se les persigue y se les detiene, es porque el Jefe de Policía lo quiere,—como lo ha hecho recientemente—y al solo objeto de ser multados por in- fracción a la ley de juego o por cargar armas. Otra cosa no puede 175 La trata de blancas en la ciudad de Buenos Aires — Nacionalidad de las mujeres inscriptas en el Dispensario de Salubridad Municipal. 1889-1915 (I) Nacionalidad Totales 1889 1890 1891 1892 1893 1894 1895 1896 1897 1898 1899 1900 1901 1902 1903 1904 1905 1906 1907 1908 O) O 05 vt O tH a> rri 1911; 1912 co tH o> 1914 iO tH Argentinas 3,212 390 135'112 108 120 86 97 89 72 70 93 81 99 118 121 144 1 213 265 299 102 122 160 45 41 24 28 8 Alemanas 435 155 55 44 30 10 2 11 9 5 9 5 7 8 3 5 2 2 2 5 9 7 10 9 12 5 9 2 Austro-Húngaras 1,066 218 9 26 17 16 21 37 38 30 67 29 53 47 28 21 9 20 18 33 24 35 40 17 11 8 8 6 Australianas 1 1 Belgas . . 117 16 5 1 l 3 2 2 2 — — -- — — — 1 3 l 2 2 3 14 17 17 8 8 6 Bolivianas. 1 1 — Brasileñas. . ... 35 2 — 1 1 2 3 — 2 — — — 2 1 4 3 5 3 — 1 — — 2 1 2 Búlgaras 3 - — 1 - — — - — — -- — — — — - - — — ... 1 - - 1 — — Chilenas . 39 4 1 3 2 1 1 1 2 1 1 2 2 2 2 2 3 1 4 2 2 Dinamarquesas . 4 — 1 — 1 -- - -- -- 1 — í Egipcianas . . . . . 11 5 3 — — 2 1 — — -- — - — — — — — — - -- — — — — — Españolas. 1,454 130 42 27 12 19 16 15 6 7 10 10 17 14 18 17 34 32 52 86 87 83 91 111 155 126 116 121 Francesas. . . .... 2,484 228 134 62 29 16 21 17 12 23 19 8 20 17 23 22 15 24 30 30 61 138 226 321 341 216 160 61 Griegas . . . . 18 5 — 1 — 1 — — 1 — — — — — — — — — 2 — — 3 1 — 3 1 Holandesas . . .... 10 4 — 1 — 1 — — -- 1 1 — — — — — — — — — — — — . 2 Indias . .... 2 2 Inglesas 126 8 18 7 1 3 3 5 1 3 4 — 1 1 2 2 — 10 8 12 1 3 9 4 4 4 2 Italianas . 1,765 377 115 67 40 43 31 22 17 21 21 22 25 26 18 22 40 43 45 49 69 51 76 114 116 155 43 67 Mejicanas 1 Marroquíes . 2 — — — — — — — — — — — — — — - • — — 2 — — — — — Montenegrinas 2 1 Norteamericanas 35 2 — 1 2 1 i 3 2 — — 2 — — • 1 3 3 1 1 — 3 4 1 1 3 Paraguayas 87, 24 4 1 2 2 4 2 2 2 — 2 — — 1 — 3 l 3 4 3 3 o 3 5 — 8 6 Persas ... 2 — — — — — — ■ — — — — — — — 1 — — 1 — — — Peruanas - . 7 1 1 — 1 — — — — - — — 1 — — — 1 — — — 2 — — — Portuguesas 13 1 — — — — — — — — — — — _ 1 1 — 1 2 — 3 2 2 Rumanas 175 8 8 2 2 3 1 5 7 6 5 2 11 6 4 3 4 5 9 7 8 8 10 — 15 11 14 1 Rusas ... ... 3,687 205 159 48 90 101 48 99 117 62 53 72 85 70 54 62 59 159 165 256 244 240 253 277 262 327 216 73 Suecas 1 - 1 Suizas • . . 105 63 14 3 2 — 4 1 2 1 5 — 1 — — 2 — 2 2 1 — — 1 1 Turcas 87 11 5 — 1 i 1 1 1 1 — — 2 — 2 — — 2 2 5 2 3 6 — 11 23 6 1 Uruguayas 1,507 7S 27 23 27 28 21 24 19 21 19 34 33 26 39 44 67 134 151 47 49^04 230 125 60 59 18 20 (1) Eia este cuadro se da la cifra de mujeres que han sido inscriptas por primera vez. El término de mujeres en las casas de tolerancia patentadas no pasa de 2,000 al año, término medio, habiendo una tendencia a su disminución, hecho que se observa igualmente en las grandes ciudades europeas que tienen el régimen de la reglamentación, 176 hacer la Policía, porque la ley 9143 tiene para los rufianes las con- sideraciones que guarda para la gente honesta toda la legislación, salvo cuando se trata de obreros, porque existen para eso las leyes fie residencia y, de orden social. ” Y la comprobación de que es exacto, agrega, que desde el 30 de septiembre de 1913, al 21 de diciembre de 1915, se iniciaron en esta Capital 116 procesos, con 153 autores probables, siendo sólo 14 los condenados, es decir, el 9 o|o. Las fallas de la ley 9143, agravadas con las ordenanzas munici- pales sobre prostitución, han dado lugar a interpretaciones diver- sas. En uno de estos casos, ventilados en los tribunales, en que se acusaba a una mujer de infracción a esta ley, por tener una casa fie pensión a donde concurrían mujeres que ejercían la prostitución, el Juez de Instrucción, en un auto interesante, sobreseyó provisio- nalmente el proceso, haciendo algunas consideraciones, de las que me permito transcribir los siguientes párrafos: “Que el régimen de la ley 9143 pena a todos aquellos que pro- muevan o faciliten la prostitución, debiendo entenderse implícita- mente que estas circunstancias de facilitar o promover, traigan aparejado lucro al agente activo del delito, y que ese lucro derive directamente del tráfico carnal de las mujeres con los hombres. Nuestro régimen de prostíbulo admitido, aun más, reglamentado por la Municipalidad, está organizado a base de una sociedad de hecho, por decirlo así, entre la prostituta y la dueña del lenocinio, en que la pupila entrega a la patrona el cincuenta por ciento del producto de la cohabitación con cada hombre, recibiendo, en cam- bio, alimento y albergue, que responde a un cincuenta por ciento ■que recibe la patrona; este régimen permitido, tolerado y regla- mentado por las instituciones competentes, no ha caído bajo la sanción de la ley 9143 que, según la opinión del suscripto, lo prohí- be expresamente. Que en el caso “sub judice”, no puede hablarse sino de prostitución clandestina, no como delito, sino como simple in- fracción a las ordenanzas municipales, que sólo permiten la pros- titución en casas patentadas y debidamente autorizadas...” Una cuestión estrechamente vinculada con todo esto, es la que se refiere a las infracciones a las leyes y ordenanzas vi- gentes sobre moralidad, que son castigadas, sin juicio previo, por las autoridades policiales, que al respecto no constituyen una garantía ni de seriedad ni de moralidad. Se impone la creación de tribunales especiales para que juzguen estas cuestiones con un criterio humano, y no sir- van, como basta ahora, para hundir más en el fango del vicio a las mujeres que caen bajo sus garras. El industrialismo, que va envolviendo a la mujer, arran- cándola de su hogar, necesita ser contraloreado y a la legisla- ción corriente del trabajo de las mujeres y de los niños debe 177 ■dársele una mayor extensión, abarcando todas las activida- des en que se las ocupe y particularmente el servicio domés- tico, foco donde se pervierte, en la mayoría de los casos, a las mujeres y es el primer paso hacia la prostitución. i III MEDIDAS DE ORDEN ADMINISTRATIVO 1." Represión del alcoholismo. El alcoholismo, la prostitución y las enfermedades vené- reas constituyen una trilogía constituida en el mundo entero para la obra de destrucción. El alcohol, que deja hondas huellas de su acción en el or- ganismo, que perturba [a voluntad, haciendo perder los fre- nos morales, la educación, el hogar, y conduciendo a los ba- jos más miserables de la abyección, desempeña un papel pre- ponderante en la vida social. Y, en otro terreno, es el alcohol, el que en el cabaret, mala imitación de los europeos, y más que todo transplantación del prostíbulo de lias campañas, en que a los acordes de un tango compadrón, prostitutas contratadas a vil precio por el ru- fián dueño del establecimiento, bailan con la misión de ha- cer consumir alcohol, luego, el botellazo, el escándalo, el ca- labozo, o... la enfermedad venérea. En 1920, siendo concejal, obtuve la sanción de un impuesto a estos’ establecimientos de 20,000 pesos anuales, en la espe- ranza de que se cerrarían, pero debe ser una industria muy lucrativa cuando ellos subsisten. Según el censo de 1914, había en la República Argentina 42,930 locales en que se expendían bebidas alcohólicas; si eliminamos a las mujeres y los menores que, en general, an- tes de los 14 años no toman alcohol, tendríamos que habría un local para cada 18.8 habitantes! El ejemplo sobre la mejor forma de luchar contra el al- coholismo nos viene de Norte América, con su envidiable pro- hibicionismo. ¡ Hay que evitar todas las circunstancias que puedan esti- mular el uso del alcohol, aún más, hay que matar el terrible veneno en su fuente misma, hay que prohibir el consumo del alcohol! A los que nos hablen de intereses creados, de capitales en juego, les hemos de contestar: es preferible la ruina de dos provincias argentinas, antes que la ruina de toda la Nación. 178 Bien venido sea el prohibicionismo norteamericano, el que esperamos llegue pronto a estas regiones, como una esperanza de salvación para el pueblo. Es cuestión de energía, de voluntad. 2.° Prostitución. No he de ocuparme de la prostitución, ya en sí, ya que al respecto me he referido al ocuparme de la trata de blancas. Sólo trataré la parte administrativa, a lo que ha dado en llamarse ordenanzas de moralidad o reglamentación de la prostitución, involucrando medidas de orden policial o de orden público con medidas de una pretendida profilaxis, el contralor sanitario de las mujeres. En el trabajo a que hecho referencia, sobre trata de blan- cas, decíamos al respecto, trayendo algunas referencias y ci- tas de otros países e historia, lo hecho en Buenos Aires: No entra dentro del cuadro de estos fundamentos historiar la lucha contra los reglamentos y contra la trata de blancas, iniciada por los filántropos y moralistas, y completada con el aporte que le han llevado numerosos médicos, de indiscutible valía. Existe al respecto valiosa y nutrida bibliografía que la justifica plenamente. En las conferencias celebradas en Bruselas, en 1899 y 1902, para estudiar la profilaxis de las enfermedades venéreas, fueron presen- tados documentos y estadísticas, e hicieron oir su> opinión los so- ciólogos, los moralistas y los profesores de Dermatología y Sifilogra- fía, de diversas universidades. Los médicos ingleses presentaron interesantes gráficas, demos- trando en forma irrefutable los beneficios del abolicionismo, el sis- tema inglés, haciendo reducir el número de enfermos en los hospi- tales, ejército y en la población civil. El profesor de Dermatología y Sífilis de la Facultad de Medicina de París, doctor Ernesto Gaucher, el sabio clínico Landouzy y Quey- rat, médico de los hospitales, condenaron la reglamentación en nom- bre de la higiene, y al sistema de las casas de tolerancia, que con- sideraban insuficiente desde el punto de vista higiénico, corruptor desde el punto de vista moral, y arbitrario desde el punto de vista legal, Augagneur sostuvo iguales ideas, fundadas en su larga experien- cia como médico y profesor de enfermedades venéreas de la Facul- tad de Lyon y Maire de la ciudad. En el Congreso del 99, todos coinciden en que la reglamentación de la prostitución trae como lógico corolario la legalización de la trata de blancas. Wyslouch, de Varsóvia, combatiendo el sistema de las casas de- lenocinio, decía: “¿Qué decir de la cuestión de la moral y del orden social, en nombre de lo que Parent Duchatelet quería protegerlos y multipli- 179 Carlos? No entro a discutir esta cuestión, pero las casas de toleran- cia, ¿no son las principales compradoras de carne humana? ¿Cómo el Estado puede oponerse eficazmente a la trata de blancas, si al mismo tiempo mantiene, protege o, por lo menos, tolera los lupa- nares? lTna verdadera rebelión del populacho contra las . casas de tolerancia se ha producido en el mes de julio último en Riga, donde todas estas casas fueron en algunas horas, con un furor increíble, totalmente destruidas por la clase obrera de la ciudad ”. Hirsch, de París, manifestó: “En la reglamentación el ejemplo parte de arriba. Es el Estado que da la lección de las cosas, el Estado que representa la moral, la justicia, y que se hace proxe- neta, que provoca al desorden o, por lo menos, lo consagra con su sello. La repercusión se hace sentir por todas partes y bien pronto produce una depresión moral general. Todos los apetitos entran en juego y es necesario a toda costa el material. Seréis desbordados por todas partes y arrastrados por la corriente. Sea lo que penséis, no puede hacerse higiene sin preocuparse de la moral. No se trata de una mujer caída, sino una mujer como vosotros lo entendéis, bestia de carga. En cuanto a nosotros, abolicionistas, quedamos de pie, irreducti- bles, porque somos hombres de principios y no empíricos, o, por lo menos, si esta palabra os molesta, aunque a mi modo de ver nada de incorrecto encierra contra vosotros, que respeto profundamente, no somos hombres de miras estrechas. Vosotros nos oiréis arrojar sin cesar nuestra “¡Delenda, Cartago!”, a la obra reglamentarista, que es inicua en derecho e ineficaz en el hecho.’’ El doctor Pouehhine, de Varsóvia, reconoce que “en el prostíbulo, la trata de blancas constituye una escuela práctica en que las proxe- netas futuras adquieren la experiencia del oficio. Las mujeres que han pasado un tiempo más o menos largo en estas casas, aportan a la sociedad en que entran, un elemento pernicioso en alto grado.” Yourieviteh, de Rusia: “Puedo decir que la casa de prostitución es la causa principal de la trata de blancas. *1 Junto con la casa, bajo su tutela, existe toda una administra- ción, cuyos agentes son enviados a las ciudades pequeñas, a las aldeas para reclutar la mercancía humana. Todos los medios son buenos. Recurren al fraude, a la seducción, a las palabras insinuan- tes, a veces a la violencia y aún al crimen, para guardar a esas po- bres víctimas entre sus manos. “Es por el terror de la prisión y delación que las retienen en el desorden. Es necesario hacer la casa de tolerancia atrayente. Es por el vino, que se llega a un libertinaje tan grosero como refinado. Me diréis que se pueden suprimir sus atracciones, os responderé que no, porque éstas son las consecuencias inseparables de un siste- ma basado sobre la inmoralidad, sobre el comercio patentado de la carne humana.” Schmolder, miembro del Superior Tribunal de Ham (Westphalia), considera la reglamentación “ineficaz, inmoral, anticristiana”. Tommasoli, ilustrado médico de Palermo (Italia), admitiendo 180 ciertas reglamentaciones, en lo que se refiere a la asistencia de en- fermos venéreos, hace estas afirmaciones: “ Volviendo a la turbia figura jurídica de la prostituta patentada, de la prostituta legal- mente reconocida como prostituta, se ha puesto al servicio del pú- blico, como si se tratara de un servicio jurídicamente sistematizado, un ejército de personas oficialmente organizado y que hacen le- galmente un oficio infame. ’ ’ Schrank, de Viena, sostuvo idénticas ideas: “Para el proxeneta, la mujer es una mercancía que se vende y se compra y se convierte en una esclava. Sin comercio de mujeres no hay burdel. Y este comercio no tiene sólo por objeto prostituirlas; jóvenes muy mora- les y perfectamente inocentes, son atraídas al burdel por ellos, y se pierden más o menos pronto. Como acabo de decirlo, el comer- cio de mujeres está estrechamente ligado a la institución de las ca- sas de lenocinio, y no se puede hacer cesar este escándalo interna- cional más que suprimiendo los burdeles. ” Charles Gide, ilustrado economista francés, ha sostenido las si- guientes ideas: “Mi opinión es que todo establecimiento de este género debe ser prohibido, o el hecho de abrir uno debe ser calificado de delito. Comprendo bifen que se dice que no hay en eso más que un acto de libertad comercial: la mujer tiene el derecho de vender el uso de su cuerpo y el hombre de comprarlo. Lo admito. Pero sería ne- cesario, por lo menos, que en este vergonzoso mercado, la libertad de los dos contratantes fuese igual, lo que no lo es. El hombre es libre de no entrar en la casa; la mujer, en general, no es libre de salir. En todo caso, uno de los dos puede elegir; el otso no. Por otra parte, si admito que una mujer puede venderse para ga- nar dinero," no admito que un tercero pueda vender mujeres y sus caricias para sacar provecho. Si la venta de fotografías obscenas (que no son generalmente más que reproducciones de escenas de lupanares), es calificada de delito por nuestras leyes y castigada como tal, es extraordinario que la venta de los originales pueda constituir un comercio legal y patentado.” Luis Fiaux, cuyos luminosos estudios han prestado valiosa con- tribución a la solución de estos problemas, dice en uno de sus li- bros: “La prostitución de las mujeres está íntimamente ligada a un doble fenómeno social, cuya universalidad no es una de las ca- racterísticas menos notables; por donde el moralista y el hombre publico dirija la mirada, ve extenderse el proxenetismo, y en los países donde existe una policía de costumbres, el proxenetismo afec- ta un carácter oficial, mal velado bajo el nombre de tolerancia.” Por último, cerrando esta larga serie dé citas, debemos traer la autorizada opinión de un ilustrado jurisconsulto argentino, y pro- fesor de “derecho administrativo”, el doctor Lucio López, que en sus lecciones sostiene las siguientes ideas: “¿El ejercicio de la prostitución es una industria? Algunos han sostenido que sí; sin embargo, puede afirmarse que no; porque si lo fuera, figuraría como tal en los libros de economía política y por- 181 que * ‘ vicio ” e “ industria ’ ’ son dos cosas que se repelen, como “crimen” y “trabajo”. La mujer que se entrega a la prostitu- ción, y la persona de cualquier sexo, que lucra con ella, no ejer- ce una industria, sino que saca provecho de un vicio antisocial y secreto. “No obstante, los defensores de los “rufianes”, han sostenido que es una industria, pero un Asesor Municipal bastante inteligen- te demostró en una memoria, célebre por cierto, que en eso no hay tal industria, porque las iudustrias se constituyen y se ejercen por el trabajo “inteligente” del hombre, mientras que faltando en la prostitución el elemento industrial, de ahí viene que la industria “asocia” el trabajador con la sociedad, mientras que la prostitu- ción la repele como una inmoralidad. ‘ ‘ El mayor inconveniente que la acción moralizadora administra- tiva encuentra en estas materias, es la forma o manera subrepticia con que se oculta este tráfico infame. Sin determinar procedencias, aparece, sin embargo, algo que no sería difícil comprobar en algu- nos consulados y legaciones, en donde un 35 ojo de los asientos con- tienen o revelan hechos más o menos relacionados con la prostitu- ción importada; trafico infame, repetimos, que explota las miserias en las ciudades populosas, o de la campaña de dura labor y exiguo provecho. Se establece este tráfico infame, explotando y engañando jóvenes desgraciadas o privadas de equilibrio moral o desesperadas que se echan en brazos del azar y que admiten cualquier recurso, por inmoral que sea, para tener medios de subsistencia.” En este mismo trabajo, historió la reglamentación en la República Argentina. Rosas, y más tarde Alsina, pretenden poner un freno a la inmo- ralidad, haciendo deportaciones de mujeres al Sur. Un viajero, Gunningham Graham, nos describe el Buenos Aires del año 70, haciendo un recuerdo de este comercio: “Ninguna pintura del Buenos Aires de esos días, estaría comple- ta sin una ojeada de soslayo a los templos de aquella diosa Nelena, que surgió de la espuma del mar, según los griegos, pero que según la iglesia cristiana tuvo su origen en el fango. ¿Quién podrá fallar entre los dos conceptos? “Seguramente pocas ciudades habría mejor surtidas de materia prima, que aquella ciudad de los aires buenos. Los transatlánticos traían húngaras por docenas en cada viaje, y las demás naciones europeas no andaban a la zaga en esta labor de pacífica penetra- ción de las ideas. A aquellas ventanas de la gran casa amueblada de la calle 25 de Mayo, se asomaban españolas, griegas, italianas, francesas, inglesas, mulatas (con su...), judías, argelinas y mucha- chas del Paraguay.” En 1874, la prédica de los diarios, las tesis de algunos médicos imbuidos de las ideas reglamentaristas de Francia, propiciaron una ordenanza de la prostitución, a la que se recibió con cierta resis- tencia. 182 Consultado al respecto el Consejo de Higiene Pública, informó dictaminando al respecto el Presidente, doctor Luis M. Drago: “Ellos (los proyectos), señor Presidente, son flanqueables por su base, hablo de su parte fundamental, pues se proponen establecer reglamentos sobre la prostitución, descansando sobre el impuesto municipal, representado por patentes, por visitas de sanidad pagadas por las mismas prostitutas, y por las visitas verificadas en las mis- mas casas de prostitución, a lo que no puede prestarse ningún mé- dico que tenga conciencia de la noble profesión que desempeña, ade- más de no ser estas visitas suficiente garantía del primordial ob- jeto que se proponen. “Hay algo más grave en alguno de los reglamentos y es la in- tervención de la autoridad municipal o médica en el inmundo lodo de sus “aranceles” internos; llevando la aberración moral hasta el extremo de exigir el permiso de los padres de las mujeres me- nores de edad o de los maridos de las mujeres extraviadas, para formar el contingente de tan infame como degradante vicio. “Esto, señor Presidente, revela los sentimientos naturales del co- razón humano, .porque sólo un refinado grado de perversidad puede aceptar la ideq, de que un padre o un marido autorice la perdición de sus hijas, o de su esposa. Estas breves observaciones y que na- turalmente se desprenden de la simple lectura de esos reglamentos, alcanzables para el hombre menos avezado a raciocinar, pero que conserve un átomo de moral en su alma, son la condenación más flagrante de los reglamentos en discusión, porque es preciso no per- der de vista que no se trata de una industria, ni oficio lícito, sino de un vicio degradante, que si es verdad que no puede extirparse, la sociedad tiene desgraciadamente que tolerar. ’ ’ A pesar de las críticas, el 5 de enero de 1875 la ordenanza fué sancionada _ El doctor Benjamín Dupont, en un estudio aparecido el mismo año, pretendía se aumentaran las medidas de rigor y denunciaba los traficantes y casas de corrupción, contra los que la Policía no ha- bía querido proceder. Culmina la herejía que encerraba la ordenanza, legalizando las •“gerentas o regentas”, con la actitud de las Cámaras de la Pro- vincia de Buenos Aires, (1) que al dictar las leyes de patentes para 1879, gravaba con una patente de 15,000 pesos anuales a las casas ■de lenocinio! Se volvía a aquella época célebre del papado, en que Sixto IY cobraba todos los años veinte mil ducados, como ganan- cias que le producía una sola casa de lenocinio que él mismo había mandado construir. Y debemos agregar que la reglamentación de la prostitución ha (1) Las casas de lenocinio patentadas de 1892-1914 se refieren a las circunscripciones 2, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 18, 19, 20 y las corresi endientes a 1915 comprenden a todo el municipio. 183 ;sido y es para la Municipalidad una fuente regular de recursos, ■«orno lo comprueba el cuadro siguiente, aunque incompleto: La trata de blancas como fuente de recursos municipales en la ciudad de Buenos Aires Número de casas de lenocinio. Patentes percibidas y derechos co- brados por inspección de mujeres: Año Casas de lenociiro Producido por patentes y por inspec. de mujeres 1889-1891 (no hay datos) (no hay datos) 195,206.50 1892 . . 132 39,600 66,738 — 1893 . . 94 28,200 67,662 — 1894 . . 86 25,800 63,826.— 1895 . . 143 42,900 55,348.— 1896 . . 140 42,000 55,000.— 1897 . . 142 42,600 60,000.— 1898 . . 113 30,600 65,000.— 1899 . . 145 57,700 49,474.80 1900 . . 155 56,200 104,062.— 1901 . . 135 48,950 98,622.— 1902 . . 143 60,900 91,918.— 1903 . . 133 60,600 80,132 — 1904 . . 108 39,600 1,350.— 1905 . . 116 43,000 1,720.— 1906 . . 133 50,000 1,835.— 1907 . . 96 38,800 1,280.— 1908 . . 176 78,800 1,645.— 1909 . . 153 80,400 1,970.— 1910 . . 172 81,400 3,485.— 1911 . . 175 80,400 7,000.— 1912 . . 177 117,600 22,216.— 1913 . . 182 123,300 21,158.— 1914 . . 185 140,550 8,008.— 1915 . . 197 134,900 — $ 1,466,750 $ 1.085,606.30 1.a ordenanza del 5 de enero de 1875, sancionaba de hecho la tra- ta de blancas como institución legal, al disponer en su artículo 4.o que: “cualquiera que regentee una casa de prostitución, que ac- tualmente existen en la ciudad, deberá presentar antes de los quin- ce días siguientes de la sanción de esta ordenanza, una solicitud ante el Secretario de la Municipalidad, en la cual se exprese el nú- mero de la casa que ocupan, el número de prostitutas que tengan a su cargo...”; por el artículo 13 se establecía: “la gerenta de una casa de prostitución deberá llevar un libro en el cual se ins- cribirán las prostitutas bajo su AÚgilancia y responsabilidad, según 184 el modelo que se les pasará; este libro será inspeccionado por orden, de la Municipalidad, siempre que lo crea conveniente’’, y en el artículo 15 se estudia: “Las obligaciones recíprocas entre, las ge- rentes de las casas de prostitución y las prostitutas serán las que entre sí acordaren, pero estas últimas serán bien tratadas.” Contra esta ordenanza, las justas protestas de los vecinos se con- cretaron más tarde, y un grupo de ellos, se presentó ante la Su- prema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, soste- niendo la inconstitucionalidad. El miembro de la Corte, doctor Sabiniano Kier, en el fallo de l.° de diciembre de 1881, fundó su voto, al que adhirieron los de- más miembros, en contra de lo solicitado. Stas preocupaciones cons- titucionales y morales se salvaron con los siguientes argumentos: “Basta que el alejamiento del templo, del teatro y de la escuela, propenda a la conservación de la moral, o de la educación y de la higiene, en los lugares en que es más esencialmente requerida,, basta con esa prescripción para que no se arrebate ni menoscabe, la propiedad de los vecinos, para que la ordenanza no pueda ta- charse de atentatoria contra las garantías constitucionales consa- gradas en los artículos 17 y 28 de la Constitución nacional y pro- vincial . Los resultados de la ordenanza comprueban mis afirmaciones. En la Memoria del Presidente de la Comisión Municipal correspondien- te al año 1878, señor José P de Guerrico, se encuentra un cuadro con la dirección de las casas de tolerancia, los nombres de las proxe- netas y el de los médicos que eran costeados por estas casas. A través de este catálogo infame, se comprueba el tráfico inter- nacional de mujeres. En las 40 casas anotadas, había 202 mujeres, cuya nacionalidad era la siguiente: Argentinas 88, italianas 14, alemanas 10, francesas 18, españolas 22, orientales 9, polacas 5, paraguayas 4, rusas 4, belgas 1, valacas 1, húngaras 2, servias 3. ¡Cuarenta y dos años que venimos pisoteando la Constitución, en nombre de la moral y de la higiene! Hemos hecho letra muerta del artículo 15: “En la Nación Argen- tina no hay esclavos”. Los pocos que hoy existen quedan libres desde la jura de esta Constitución; y una ley especial reglará las indemnizaciones a que dé lugar esta declaración. “Todo contrato de compra y venta, de personas es un crimen”, del que serán res- ponsables los que lo celebrasen y el escribano o funcionario que lo autorice. Y los esclavos que de cualquier modo se introduzcan, que- dan libres por el solo hecho de pisar el territorio de la República.”" ¿Qué resultado hemos obtenido en este largo período? ¿Se han mejorado las costumbres? ¿Han disminuido las enfermedades néreas, último pretexto con que se quiere encubrir y justificar la reglamentación ? Lejos de esto, el mal se ha agravado, con todas sus consecuen- cias desastrosas. Hemos sostenido siempre lo funesto del sistema reglamentarista 185 para la moral y la salud, y la casa de lenocinio patentada, donde se corrompe y se enferma a la juventud. Nuestra condición de mé- dico nos ha permitido corroborar estas afirmaciones. Corno médico agregado de la Clínica Dermatológica del Hospital San Boque, que dirige el doctor Baldomero Sommer, hace varios años hemos com- probado en ixna estadística cuidadosamente llevada, que el 75 o]o de los enfermos eran contagiados en casas de lenocinio contralorea- das y patentadas con el sello oficial. Y en una comunicación a la Sociedad de Higiene en 1913, decíamos: “¡Cuánta víctima de la garantía oficial! Es el caso de preguntarse si no ha llegado el mo- mento de proclamar la bancarrota de la reglamentación. ’7 El doctor Telémaco Susini, académico de la Facultad de Medi- cina, es el que inició la reforma de las ordenanzas, preparando el terreno a medidas radicales, convencido, como médico e higienista, de la ineficacia de ellas. Se suprimió el hospital-cárcel en que se encerraba a las mujeres enfermas, dignificándolas y facilitando su entrada y asistencia como enfermas comunes en los hospitales generales; suprimió el barrio tenebroso, autorizando sólo las casas de dos mujeres libres sin re- gentas, radiando por completo el tráfico legalizado, y dispuso la gratuidad del contralor sanitario. En un estudio interesante al respecto, este distinguido médico decía: ‘ ‘ Toda reforma en este sentido, tendrá que vencer esta oposición tan poderosa de las sentencias del pasado y que constituyen la muralla en que se defienden todos los intereses más o menos ilegíti- mos y hasta los despreciables, de los traficantes directos e indirectos de la prostitución, de todos los que de ella benefician y que apare, cen ante el público como los defensores de los intereses sociales, de la profilaxis y de la moral. La existencia de las casas de pros- titución en nuestro país, es una vergüenza que podemos hacer des- aparecer; sostenidas en su mayor parte, grandes y pequeñas, por rufianes extranjeros, habitadas por mujeres esclavas, adquiridas en tratas especiales, regenteadas igualmente por extranjeras, socias y víctimas de los rufianes, importan una ofensa pública a la moral, porque son una escuela de degradación y libertinaje y un mercado de esclavas sostenido y amparado por las ordenanzas municipales, que dan derechos reales a los amos e ilusorios a las víctimas, que no tienen más perspectiva que las persecuciones de una policía sin garantía y la cárcel llamada sifilicomio, para el caso de una enfer- medad. La mujer que por tantas causas de que a menudo es vícti- ma, cae en la prostitución, se degrada más fácilmente cuando vive en una casa de tolerancia; la mujer libre, que aislada temporaria- mente ejerce la prostitución, se mantiene en un estado de morali- dad bien superior y más fácilmente puede ‘convertirse en un ele- mento útil a la sociedad. He demostrado ya, y estoy provisto de datos minuciosos que lo prueban, que las casas de prostitución, lejos de ser una salvaguardia para la salud pública, son, por el contrario, el 186 .sitio donde se adquieren más fácilmente las enfermedades venéreas.” Las autoridades sanitarias reconocen en parte los hechos, y a la •citada opinión del doctor Susini, podría agregarse, entre otras, la •del ex Director de la Asistencia Pública, doctor Pevilla, la del ex Inspector General de la Municipalidad, señor Capdevila, y la del mismo Director del Dispensario de Salubridad, que en un informe •de hace varios años decía que 1 ‘ el resultado obtenido no era de fe. licitarse”. Citando en la sesión del 17 de septiembre de 1913, se discutía en esta Cámara la ley 9143, el diputado socialista, doctor Nicolás Re- petto, reclamaba la supresión de todas aquellas cláusulas del pro- yecto en que se daba personería a los proxenetas, y adujo atinadas observaciones sobre la ineficacia de la reglamentación. Decía: “Yo estoy en condiciones, como está todo médico, de afirmar de una manera categórica, que la reglamentación higiénica de la pros- titución es una ilusión, y es una ilusión criminal, porque infunde en la juventud una confianza absoluta en la eficacia de esa regla- mentación; eficacia que en el fondo no existe. La juventud, fun- dada en la existencia de esa reglamentación higiénica, concurre cie- gamente a esas casas, sin preocupación alguna, y es allí donde ad- quiere las infecciones más graves. Y ningún médico puede sostener honradamente que la reglamentación de la prostitución pueda evi- tar en lo más mínimo la difusión de las enfermedades venéreas. Este es un asunto liquidado, definitivamente resuelto.” El doctor Muschietti, en su tesis, que aporta sólida y documen- tada argumentación en contra de este sistema, dice en uno de los ■capítulos: “La ciencia médica, llamada a velar por el bienestar físico de la nación, tiene derecho y está en el deber de denunciar estas panto- mimas de pseudohigiene, gestionando de los Poderes Públicos, por todos los medios a su alcance, la abolición absoluta de los anacró- nicos reglamentos de esa ficción social que se llama prostitución, la que conseguida, aventajaría a muchas naciones que se dicen pro- gresistas, señalándose como modelos, aunque sus ejemplos, por lo visto, no sean siempre imitables, porque acusan en este caso, pro- funda decadencia de su organización social. ’ ’ Respecto a la reglamentación en el interior, decíamos: El doctor Adolfo Muschietti, en su interesante tesis nos dice: “La •concesión para abrir prostíbulos responde en muchísimos casos a una inconfesable conveniencia personal de las autoridades que los autorizan, y que sólo ven en ella una fuente abundosa—poco im- porta si nauseabunda,—de recursos. Es lo que ya hemos clasificado ■en otro momento con el sugestivo epígrafe de “proxenetismo de los Poderes Públicos”. Por supuesto que no es esa una novedad, lo •.saben cuantos conocen el ambiente de nuestra campaña y las malas 187 mañas de sus autoridades, producto frecuente de una baja politi- quería; y esto sea dicho sin desconocer las excepciones muy hon_ rosas a las que no aluden nuestras palabras. Bien puede generali- zarse respecto a la forma cómo se efectúan las vergonzosas tran- sacciones de la referencia, porque es un hecho desgraciadamente co- mún, el contubernio de las autoridades con los rufianes en la ex- plotación concorde de un burdel. Cuando un pueblo adquiere cierta importancia, no escapa al ojo siempre avizor del proxenetismo el momento oportuno para tentar el lucrativo y seguro negocio de una ■casa de tolerancia.’’ Debo hacer particular excepción con el Municipio de Avellaneda, el que desde años atrás, siguiendo el ejemplo de la Municipalidad de la Capital, había tolerado esas vergonzosas casas de lenocinio; pero reaccionando sobre estos hechos del pasado, y quebrando con los convencionalismos corrientes, ha dictado una ordenanza morali- zadora que debería ser tomada como ejemplo por todas las autori- dades comunales de la República. En esta ordenanza se dispone que desde el l.° de enero de 1917, queda absolutamente prohibido el funcionamiento de las casas de prostitución en todo el perímetro del partido. “Las casas de tole- rancia existentes deberán quedar definitivamente clausuradas el 31 de diciembre de 1916 (del año actual), a las 12 de la noche.” La ordenanza de Buenos Aires fué imitada por los centros ur- banos del interior, extendiéndose las casas de lenocinio hasta los pueblos más pequeños. La Municipalidad de La Plata sanciona una ordenanza semejante, el 9 de octubre de 1884 La del Rosario, en mayo de 1S88, en cuyo artículo l.° dispone: “Para el establecimiento de una casa de tolerancia el gerente o directora elevará una solicitud a la Intendencia, enumerando la calle y número, con una nómina de las prostitutas a su cargo...” La de la ciudad de Tucumán, de 30 de octubre de 1890, establece que las casas de tolerancia, a los efectos de las ordenanzas sobre higiene y seguridad, serán consideradas como casas de inquilina- to... que sólo podrán ser regenteadas por mujeres de más de trein- ta y cinco años, y por el artículo l.° “toda prostituta tiene dere- cho a exigir a la gerente el trato más cumplido...” La católica Córdoba, en su reglamentación del 3 de octubre de 1883 admite prostitutas patentadas desde quince años y habla de encargados de casas de prostitución. Por último, cada Municipio ha hecho de la reglamentación de la prostitución, una fuente de recursos, encubierto con la etiqueta de la higiene y la moralidad; los médicos han tenido con ella pingües honorarios, y el pueblo las seguridades de encontrar su mejor ma- nantial de vicios y de enfermedades: la sala de baile, la taberna, el club social, la “Maison Tellier” criolla, cuyos proxenetas en el derecho que les asiste por las patentes que pagan y las coimas que 188 distribuyen, tratan de igual a igual a las autoridades comunales y policiales, quienes las rodean de todas las seguridades legales. Consecuentes con estas ideas, que son las de la Federación Abolicionista Internacional, presenté en el Concejo Delibe- rante de Buenos Aires en 1919, el siguiente proyecto de or- denanza : Artículo l.° Deróganse las ordenanzas vigentes sobre prostitu- ción. Art. 2.° El D. E. creará diez dispensarios nocturnos extrahospi- talarios, para la asistencia y tratamiento de los enfermos venéreos y la educación profiláctica del pueblo. El Dispensario de Salubri- dad será suprimido y su personal médico puesto al frente de los dispensarios a crearse. Art. 3.° Toda persona, sea indigente o no, que esté atacada de una afección venérea, será asistida gratuitamente (médico, medica- mentos, curaciones, hospitalización, etc.), a su simple presentación a un hospital o consultorio que dependa de la Municipalidad de la Capital. Por su parte, el Intendente Municipal, doctor Joaquín Llantinas, presentaba otro, modificando la ordenanza vigen- te, en el que se perseguía el propósito de hacer desaparecer el prostíbulo, pero conservando el erróneo fundamento de la reglamentación y el pretendido contralor sanitario. En la extensa exposición que hice, sostuve como conclusio- nes las siguientes, combatiendo el proyecto del Intendente: Primero: La ordenanza vigente o el proyecto del D. E. regla- mentando la prostitución, no castiga el libertinaje, sino que lo ampara. Segundo: Establece dos morales distintas para cada sexo y dos morales para cada barrio, uno de la calle Callao para el centro y otro para afuera, o una moral para cada cuadra. Si malo es el pros- tíbulo de quince mujeres, no menos malo es el de dos, atentando,, uno y otro, a la tranquilidad de los vecinos al imponerles vecin- • dades molestas y desagradables, contra las que no podrán defen- derse. Tercero: La reglamentación de los prostíbulos es la causa prin- cipal de la trata de blancas, la degeneración del hombre y, con ella, la esclavitud de la mujer. Cuarto: El prostíbulo es la escuela del vicio y del proxenetismo y la causa principal de la difusión de las enfermedades venéreas. Considerando la organización administrativa de la prostitución como una injusticia social, una monstruosidad moral y un crimen jurídi- 189 co, y al establecer fórmulas nuevas de acción hago mías las pa- labras de Luis Fiaux, al estudiar el proyecto de la Comisión fran- cesa extraparlamentaria de costumbres: “En lugar de un sistema que crea la anarquía intersexual, que organiza la libertad de con- tagio contra las mujeres, en beneficio de los hombres y de las mu- jeres libertadas de todo escrúpulo, después de las formalidades le- gales, frente a los hombres; ha instituido el único sistema racional posible; este sistema es el de la verdadera libertad efectiva, ba- sada en la responsabilidad encuadrada en una organización médica y en las normas del derecho común.” Triunfante mi proyecto, el Intendente anunció que veta- ría la ordenanza, y es así cómo, no contándose con dos ter- cios de votos para una insistencia, fué votado, con algunas modificaciones, el proyecto del doctor Llambías, que, sustan- cialmente malo, por lo menos constituye una mejora sobre el sistema que regía, haciendo desaparecer el prostíbulo de quin- ce mujeres con todas sus consecuencias. El texto de la ordenanza promulgada es el siguiente: Artículo l.° La Intendencia Municipal establecerá la vigilancia médica indispensable para realizar la profilaxis de enfermedades en todas aquellas mujeres que ejerzan la prostitución. Art, 2.o Las mujeres mayores de 22 años, deberán inscribirse en ©1 registro respectivo, como único requisito para ejercer su comer- cio, pudiendo alojarse en casas independentes, con excepción de las denominadas “departamentos, vecindad, conventillos, etc.”, y a razón de una casa por cuadra. No deberán tener servidumbre de vis- ta con las propiedades vecinas, no podrán vivir en éstas más de una mujer, ni concurrir a ellas mujeres de otras partes y el servicio doméstico deberán desempeñarlo mujeres de más de 45 años Art. 3.o Las casas habitadas por las mujeres a que se refiere el artículo anterior, no tendrán signo alguno exterior que denuncie la ocupación de sus habitantes. Art. 4.o Para obtener su eliminación del registro, bastará la sim- ple solicitud que a tal efecto formule la interesada. AtL 5.» La Intendencia Municipal impedirá el ejercicio de la prostitución a toda mujer que no esté inscripta o contraloreada, procediendo al desalojo de la casa en que se ejerciera, comprobado detenidamente el hecho por la Inspección General y el Dispensario de Salubridad, y si el dueño o inquilino principal encubriera o am- parara a los contraventores, incurrirá en una multa de $ 500 m|n, o en su defecto un mes de arresto. Art. 6.° Toda incitación al libertinaje, entendiendo por tal lo que se traduzca por palabras, gestos o acciones notoriamente a ello dirigidas, cometidas en la vía pública, será inmediatamente repri- mido incitándose a tal fin el celo de la policía. 190 Art. 7.o Los que infrinjan esta ordenanza y su reglamentación respectiva, serán penados con multa de $ 50 a $ 100, o con la clau- sura temporal o definitiva del local, o con una y otra conjuntamente. ■ Art. 8.o La Intendencia Municipal vigilará a las mujeres enfer- mas, dándoles gratuitamente su asistencia. Art. 9.o El D. E. reglamentará la presente ordenanza. Art. 10. Quedan derogadas todas las disposiciones que se opongan al cumplimiento de la presente ordenanza. Disposición transitoria Artículo 11. Las casas de prostitución existentes serán clausura- das el 31 de diciembre de 1919. Alt. 12. Comuniqúese, etc. o." La pornografía. Una ola inmensa de lodo parece «quisiera invadir todo, ahogando nobles sentimientos, virtudes; una literatura mal- sana corroe, estimulando las formaciones sociales, la mala curiosidad, con revistas burdamente escritas, con láminas re- pugnantes, a título de arte, de realismo. El teatro, el cinematógrafo, no encuentran otros temas so- ciales que la prostitución, el delito, las tabernas, el adulterio. El comercio de libros es grandé y si bien es difícil señalar lí- mites precisos entre lo noble y lo bueno, entre las magistrales obras de un Zola o las elucubraciones pornográficas de una teología moral, destinada a combatir el pecado, puede hacer- se mucho, con un contralor discreto, y con una abierta y franca persecución de todo lo malo, que a carradas puede eliminarse sin inconveniente alguno. 4.° Regeneración 'de las mujeres. Hemos hablado de que la reglamentación favorece la tra- ta de blancas, y la mujer caída en este comercio, difícil es- desligarla de sus garras. 'Carecemos de instituciones que amparen y protejan a la mujer, o, por los menos, a aquellas que quieren modificarse en su conducta. Los asilos del Buen Pastor, los Juzgados de Menores, las cárceles, contribuyen a corromper más, lejos de ser centros de regeneración. Con motivo de la aplicación de la nueva ordenanza de prostitución, se planteó en el Concejo Deliberante, qué me- 191 elidas se tomarían para recoger a las mujeres que quedarían, desalojadas. Al respecto, redacté un proyecto, que fué sancionado sin observación, aún cuando no se le haya llevado a la práctica. Su texto es el siguiente: Artículo l.o El Departamento Ejecutivo tomará las medidas para que las mujeres inscriptas en el Dispensario de Salubridad, que soliciten el amparo de las autoridades municipales manifestando el deseo de volver a una vida regular, les sea prestada la protección- necesaria. Art. 2.o A los fines del artículo anterior, el Departamento Ejecu- tivo tomará las siguientes medidas: a) La Asistencia Pública habilitará en los establecimientos de su dependencia el número suficiente de camas, y si éstas no bastaran, se crearán refugios-hogares en alguno de los edi- ficios de propiedad de la comuna, los que no podrán ser en- tregados para su dirección y administración a instituciones privadas. b) Eecabará la cooperación de los Ministros extranjeros acre- ditados ante nuestro Gobierno, a fin de que amparen y fa- ciliten el regreso a sus respectivos países a las mujeres que así lo deseen. c) De acuerdo con el Departamento del Trabajo y de las au- toridades de provincias, se buscará darles colocación hones- ta, de preferencia en trabajos de la campaña, en familias; que ofrezcan garantías de moralidad y se comprometan a tomarlas a su cuidado. Art. 3.o Créase una Comisión encargada de asesorar y cooperar en la gestión del Departamento Ejecutivo para el mejor cumpli- miento de la ordenanza, la que estará formada por el Jefe de la Oficina de Colocaciones del Departamento Nacional de Trabajo y los representantes de la Asociación Argentina contra la Trata de Blancas, la Sección Argentina de la National Vigilance Association, el Ejército de Salvación y de la Asociación para la protección de las mujeres y niños israelitas. Art. 4.° El Dispensario de S'alubridad entregará a cada una de las mujeres inscriptas un ejemplar de la ordenanza, debiendo ser precedida de una exhortación invitándolas a acogerse a sus bene-^ ficios. Art. 5.o Los gastos que exija el cumplimiento de la presente or- denanza, se imputarán a la partida de ordenanzas especiales. Art. 0.0 Publíquese, etc. 192 IV PARTE EDUCATIVA l.° Educación sexual Este importante punto de la pedagogía encuentra aún gran resistencia, confundiéndolo y desvirtuándolo una parte con la enseñanza de la profilaxis individual y de otra, con la simple educación de las ciencias biológicas. Ella debe en- trar en los programas de la escuela primaria, progresivamen- te establecida, hasta en los cursos universitarios e institutos superiores. Hay que arrancar la venda de hipocresía social, con la que se oculta todo lo que furtivamente aprenden los niños, para caer más tarde en los vicios corrientes. Es cuestión de discreción, de seriedad, de competencia de los educadores, para lo que no puede improvisarse. 2.° Divulgación 'de los conocimientos de Higiene, Educación Física, Cultura Popular. En medio de la atmósfera sofocante de las ciudades, y de los prejuicios corrientes, lian de ser de gran utilidad para orientar a una vida higiénica estas medidas. No creo mayormente en la bondad profiláctica de los lla- mados medios individuales, para los civiles. Sólo pueden ser muy relativos, y hasta podría decir, lo mismo que sostengo respecto a la reglamentación de la pros- titución, que favorecen el vicio, con la aparente seguridad que promete, para defenderse de las enfermedades venéreas. Busquemos otras cosas mejores a nuestra juventud. Orientémosla a los juegos sanos, a los deportes, en los que, a pesar de su difusión, hay todavía muchas cosas que hacer y mejorar. Esta es la obra que realiza el doctor Romero Brest con su Instituto Superior de Educación Física, en donde se forman los profesores para las escuelas primarias. Está la Asociación Cristiana de Jóvenes, con su interesan- te Departamento de Educación Física, en los que tratan tam- bién de inculcarles principios morales. Es con esta educación física, con la práctica de los depor- tes, que los americanos pudieron hacer el gigantesco esfuerzo de colaboración en la reciente guerra. Por último, hay que difundir los centros de cultura po- 193 pular, las bibliotecas, como la Sociedad Luz, que presido, y otras, donde hemos difundido conocimientos de higiene sexual, sobre el peligro venéreo, utilizando proyecciones luminosas y cintas cinematográficas, como “¿Dónde están 'mis hijos?”, “¡Padre, cuidad vuestros hijos!”, “Abra los ojos”, y hemos publicado el drama de Rrieux “Los Averiados”. Hemos de insistir, también, sobre lo hecho en la Asocia- ción Cristiana de Jóvenes, en donde, igualmente, hemos dado conferencias y difundido libros muy recomendables para nuestra juventud, como el de Wegener, “Nosotros ios jóve- nes”, del que se ha hecho una edición, y la cartilla de moral de Franklin. Es necesario arrancar al pueblo del error en que está de lo del mal necesario, de la necesidad de la prostituta y de las relaciones sexuales extramatrimoniales. Hay que ennoblecer las funciones sexuales, difundiendo y llevando la convicción de la utilidad de la continencia, de la disciplina sexual, para la mejor salud física, mental y moral. V PARTE DOCUMENTARIA LTna de las causas de que el grave problema de las enferme- dades no se haya encarado debidamente, ocultando su im- portancia, es la falta de estadísticas, como lo he hecho notar al principio, presentando informaciones fragmentarias. Cada Nación, por medio de sus Direcciones Sanitarias, de- be reunir las documentaciones que tenga, estableciendo- una revisación de los términos nosológicos, y de los materiales que actualmente, por múltiples causas, no se aprovechan: estadísticas de hospitales, de instituciones privadas, de mu- tualidades, del ejército y de la marina, etc. Señores: Al presentar este trabajo fragmentario, como habéis po- dido observar, sólo me ha guiado, sin aportar nuevas ideas, poner sobre el tapete de la discusión en este acto de frater- nidad americana, un grave problema que interesa a todos por igual. Pongamos nuestras energías en resolverlo, no dejemos que 194 sea considerada nuestra profesión, como simple tarea de acu- mular riquezas, como los caranchos sobre los desperdicios del matadero, inclín émosnos respetuosos sobre el dolor humano, buscando hacerlo desaparecer, y lo podemos realizar, en esta tarea de luchar contra un flagelo perfectamente evitable, como lo es el de las enfermedades venéreas. conclusiones El Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía, reunido en Montevideo los días 9 a 16 de octubre de 1921, recomienda a los Gobiernos sudamericanos el si- guiente programa de acción a desarrollarse en la lucha con- tra las enfermedades venéreas. I Asistencia social: 1. Coordinación de los servicios de asistencia social na- cionales, provinciales, departamentales y particulares, hacia una acción armónica para la lucha contra las en- fermedades 'venéreas. 2. Extensión e intensificación de la enseñanza de la vene- reología en las escuelas de Medicina y ramas afines. Creación de cursos de perfeccionamiento de la especia- lidad para médicos prácticos. 2. (bis). Denuncia obligatoria de las enfermedades' vené- reas y obligación de tratarse todo enfermo. 3. Asistencia gratuita (médico, medicamentos, hospitaliza- ción, etc.), de todo enfermo venéreo sin distinción de sexo, edad, nacionalidad, ni condiciones económicas. 4. Creación de dispensarios ,antivenéreos extrahospitala- rios a horas adecuadas y distribuidos de acuerdo con las. necesidades de las poblaciones. 5. Acción de las mutualidades: a) Las sociedades de socorros mutuos deberán prestar asistencia médica a los enfermos venéreos, dándo- les los mismos beneficios que a los atacados por en- fermedades comunes. b) A las sociedades que excluyeran de los beneficios a esta, clase de enfermos, se les deberá retirar la per- sonería jurídica,, prohibiendo su funcionamiento y quitándoles los beneficios que se les hubieran eonce- [ dido por leyes especiales. 195 c) Las sociedades deberán hacer una activa propagan- da por medio de sus boletines, hojas volantes o al dorso de los formularios para recetas, en forma de instrucciones claras y precisas, sobre los peligros de las enfermedades venéreas y su profilaxis. 6. Laboratorios y reacción de Wassermann: a) Creación de laboratorios especiales destinados al diagnóstico e investigación de las enfermedades ve- néreas. b) Unificación de los métodos de reacción de Wiasser- mann. Contralor por ¡el Estado de los extractos y sueros empleados en esta reacción. c) Prohibición de establecer laboratorios de análisis- biológicos en las farmacias, debiendo estar autori- zados los que se establezcan, previa comprobación de la idoneidad de quienes los regenteen. 7. Ejercicio de la Medicina: a) Sanción de leyes que reglamenten el ejercicio de la Medicina y ramas afines, persiguiendo con todo ri- gor el curanderismo, el charlatanismo profesional y el libre expendio de drogas y específicos, b) Contralor de los avisos de profesionales y de medi- camentos en la prensa en general. c) Llamar la atención de los farmacéuticos sobre el cumplimiento de sus deberes profesionales, a fin de que se abstengan de tratar enfermos venéreos y de expender medicamentos para estas enfermedades,, sin la previa prescripción médica. II Medidas de orden legal: 1. Certificado obligatorio de buena salud para el matri- monio. Ley de divorcio absoluto. Investigación de la pater- nidad. Igualdad civil para ambos sexos y para los hijos le- gítimos e ilegítimos. 2. Represión de la trata de blancas y del proxenetismo. Penalidades por el delito de contaminación inter¡sexual. Supresión de las atribuciones judiciales a la policía para las infracciones a las leyes y ordenanzas sobre moralidad y creación de tribunales especiales. 196 3." Legislación protectora del trabajo de las mujeres y de los niños. III Medidas de orden administrativo. 1. Alcoholismo. a) Represión del alcoholismo. Intensa y activa propagan- da educacional. b) Sanción de impuestos-licencias prohibitivos a los lo- cales en que se expendan bebidas alcohólicas. c) Prohibición de los cabarets y establecimientos afines. di) Prohibición del empleo y de la entrada de mujeres y menores a los locales en que se expendan bebidas al- cohólicas. e) Prohibición de la introducción, tráfico, elaboración y expendio de bebidas alcohólicas, cualquiera sea su graduación. 2. Prostitución. a) Siendo la reglamentación de la prostitución un error higiénico, una injusticia social, una monstruosidad moral y un crimen jurídico, se tratará de provocar la reprobación general contra ese régimen, aboliendo las ordenanzas respectivas. b) Activa acción administrativa y policial contra la por- nografía, especialmente del libro y del teatro. c) Creación de hogares refugios para amparo y regene- ración de las mujeres. IV Parte educativa: 1. Educación sexual en todos los establecimientos de ense- ñanza. 2. Divulgación de los conocimientos de higiene sexual (dis- ciplina sexual, continencia, profilaxis individual, etc.). Publicaciones, affiches, museos de figuras plásticas, con- ferencias, etc. .3. Educación física de la juventud. Creación de bibliote- cas y centros de cultura popular. 197 y Parte documentaria: La dirección sanitaria de cada país reunirá documentos y estadísticas sobre la morbilidad y mortalidad venérea, unificando los cuadros nosológicos e investigando la par- te que corresponde a estas enfermedades en la etiología de las enfermedades en general. Instrucciones y consejos para los enfermos de sífilis por el dr. pedro l. baliña (Buenos Aires) Profesor suplente de enfermedades de la piel en la Facultad de Medicina de Buenos Aires La sífilis es una Enfermedad curable y tanto más curable cuanto más temprano y más vigorosamente se haya empezado su tratamiento. Existen enfermos que, gracias a un tratamiento opor- tuno y enérgico, se han librado tan completamente de su in- fección sifilítica que, expuestos a nuevo contagio, han vuelto a contraer la sífilis por segunda vez. Si usted se abandona o no sigue puntualmente las indica- ciones que para su tratamiento se le darán, malogrará su cu- ración. ISi usted tiene que ausentarse al campo o, por la clase de sus ocupaciones, tiene dificultades para concurrir al consul- torio cuando se le ordene, adviértalo al médico, y él le indicará lo que debe hacer, pero, bajo ningún pretexto, descuide usted su cura. Si a usted se le ordena tratamiento por inyecciones de neosalvarsán (014), tenga buen cuidado de no interrumpir la serie de ellas, pues pueden sobrevenirle accidentes por una 198 suspensión inoportuna. (Se hace habitualmente no menos de 6 a 8 inyecciones de niápsalvarsán en una serie; a menudo se ordena una serie de 10, 12 o más inyecciones; y, en general, estas series se repiten una o muchas veces). Si usted prevé que sólo podrá hacerse 2 o 3 inyecciones de neosalvarsán, adviértalo al médico; acaso sea mejor que no haga ninguna, pues un tratamiento insuficiente por “neosal- varsán” es peligroso (1) (meningitis, neuritis óptica, neuri- tis del acústico, etc.), sobre todo si su infección sifilítica es reciente. Cualquiera que haya sido la intensidad de la cura por neo- salvar san, habitual mente se la refuerza con el empleo simul- táneo o sucesivo del mercurio y del yoduro, cuando el médico lo estima oportuno, pues estos remedios, lejos de excluirse, suman sus efectos benéficos. (2) La émica garantía de curación para su futuro, depende de ,jla energía, regularidad, g constancia en el tratamiento du- rante los primeros años de sm infección sifilítica. Si usted se atiende debidamente, asegura su salud futura y la de su po- sible descendencia. El hecho de que usted después de un tratamiento escaso se sienta aparentemente bien, sin signos exteriores de la enfer- (1) Es, en cierta manera, como podar una planta en lugar de destruirla: retoña con más vigor. (21 Personalmente, el médico que escribe estos consejos, por in- tenso que sea el tratamiento a qi'.e somete a sus enfermos, no con- cede descansos de tratamiento mayores de un mes, en el primer año de la cura. Habitualmente, el descanso llega a 1 y 1|2 meses en el curso del segundo año, a dos meses en el tercero, etc. (Se entien- de por descanso de tratamiento la interrupción del mismo con su- presión completa de los neoarsenicales, del mercurio o del yoduro, bajo cualquiera de sus formas). 199 inedad; de que usted tenga favorable la “reacción” en la sangre (reacción de Wassermann negativa), no es absoluta- mente una razón para que se considere curado y, por consi- guiente, a cubierto de las peores consecuencias de su infec- ción. Más aún: en semejante estado usted puede contagiar la sífilis a otras personas (contacto sexual). Acaso usted mismo se ha contagiado de una persona que ignoraba esto y se creía sana. En que, desoyendo esta advertencia, hiciera correr ese peligro de contagio a otras personas, comete un delito. Lo que hace de la sífilis una enfermedad grave es que, cuan- do no ha mediado un tratamiento severo, hecho a conciencia (y un tratamiento semejante es absolutamente la única gccr rantía para estar tranquilo), se está seriamente expuesto a que después de pocos o muchos años (1, 2, 3 años; 5, 10, 15, ‘20 y más años), cuando menos pensaba el enfermo en ello, •cuando acaso hasta el recuerdo de su enfermedad estaba borra- do, empiece a sufrir las consecuencias de su abandono. Este abandono en el casado, puede igualmente repercutir en su mu- jer e hijos, corriendo todos los mismos riesgos. Estos riesgos, que el enfermo insuficientemente tratado (y que goza, sin embargo, de buena salud aparente), corre y hace correr a su mujer e hijos, los comprueba a diario el médico en su prác- tica, batjo forma de diversas localizaciones de la enferme- dad en el organismo, variadísimas por sus síntomas e impor- tancia. Son comunes las localizaciones de la sífilis en el sis- tema nervioso (afectando las meninges, cerebro, médula, etc., bajo la forma de parálisis general, ataxia, ceguera, etc.) ; en el sistema circulatorio de la sangre (aorta, corazón, etc.; aneurismas, muerte repentina, etc.); en fin, en cual- quier órgano humano: riñones, hígado, estómago, intestinos, huesos, etc. La sífilis que se adquiere por contagio y la que se trasmite por herencia a los descendientes, llega a ser, por abandono culpable o por ignorancia de los que la sufren, una de las causas más frecuentes de enfermedad y muerte en la especie humana. 200 La sífilis de los padres es la causa más constante de los abortos a repetición, o de que nazcan niños muertos, o de que sobreviviendo sean seres mal desarrollados, enfermizos, des- tinados a sucumbir o a aumentar el número de los anormales, idiotas, dementes, etc., que llenan los hospicios; o de delin- cuentes, de generados, etc. Todos estos desastres se irán aminorando considerablemen- te en el futuro, cuando todos los enfermos de sífilis se atien- dan adecuadamente, si no por su voluntad, por obligación le- gal (la viruela no existe más en Buenos Aires desde que la vacunación es obligatoria por ley) ; cuando al delito ele pro- pagar la sífilis se aplique por la ley el castigo correspondiente, y los médicos tengan la obligación de denunciar a la autori- dad los que cometen ese delito (como ocurre actualmente en algunos países). Siendo la sífilis una enfermedad totalmente curable, sólo existe por culpa de los que no se atienden debidamente. Todo enfermo de sífilis tiene la obligación de tratarse en. forma, desde el principio de su mal; librará así de sus consecuencias, no sólo a su persona, sino a los que están en su contacto, a sus descendientes y a la sociedad. Las dermatosis y la sífilis en el Ejército Uruguayo Estado actual de la campaña antisifilitica y lo que debe ha- cerse para poder hacer una buena campaña contra la si- filis. por el dr. Bartolomé vignale (Montevideo) Jefe de Clínica Dermatológica de la Facultad de Medicina de Montevideo Médico del Servicio de Piel y Sífilis del Hospital Militar Central El objeto de presentar este trabajo al II Congreso de Der- matología y Sifilografía es hacer conocer el estado actual del problema de las enfermedades cutáneas y de la sífilis en el ejército y el plan que propongo para poder hacer factible una buena campaña antisifilítica. Los problemas de las afecciones cutáneas y de la sífilis ab- sorben nuestra atención de muy distinta manera, predomi- nando, indiscutiblemente, este ultimo. Por eso, trataré someramente en este trabajo a las prime- 201 ras, para detenerme más en lo referente a la avariosis, de preferencia en la parte referente a profilaxis y los métodos de que nos podemos valer para combatirla lo más eficazmente posible, dentro de la acción de la Sanidad Militar. El problema de las enfermedades de la piel, propiamente ta- les, no es grave ni mucho menos, en lo que respecta al ejér- cito uruguayo, porque, si es cierto que el número de estas afecciones es muy grande, no es menos cierto que en nuestro país son completamente benignas, con poca tendencia a la cronicidad, y que, en general, requieren, cuando toman un carácter serio, poco tiempo de hospitalización. Según mi opinión, esta benignidad de las afecciones cutá- neas depende de la raza que compone la mayoría de los miem- bros de nuestro ejército. En nuestro país el ejército está compuesto de enganchados, que casi todos ellos son de una raza producto de una mezcla de indios y de europeos, que ha dado un tipo poco predispuesto a las afecciones cutáneas gra- ves. Por otra parte, la poca difusión de otras afecciones cutá- neas, como la lepra, que está muy desarrollada en países ve- cinos al nuestro, contribuye a quitar importancia al proble- ma de las afecciones cutáneas, en cuanto a medidas de ca- rácter urgente a tomar. El estudio que someteré a la consideración de los señores congresistas no está basado en datos estadísticos precisos, pues, el escaso contralor que hasta hace poco se llevaba en el estudio y clasificación de estas afecciones, hace imposible una exposición meticulosa basada en la estadística. Esta comunicación, si tiene algún mérito, es que es obra de la observación de cuatro años de asistencia diaria en la Sala de Piel y Sífilis y su policlínica. Me basaré, para dar los datos que voy a enunciar, en el movimiento de la iSala del Servicio de Piel y Sífilis de la Sa- nidad Militar, en el año 1919, que es en el que más enfermos se han asilado. DERMATOSIS Ese año se hospitalizaron en dicha Sala 1,518 enfermos, cifra elevadísima, si pensamos qne nuestro ejército, armada y policía se componen de alrededor de 15,000 hombres, lo que nos da un porcentaje del 10 o|o, que han tenido que hospita- lizarse por afecciones cutáneas. Y digo que se han tenido qué 202 hospitalizar, porque no cuento en este número a los que se lian asistido en la policlínica anexa a la Sala y en las enfermerías de los cuarteles, que forman, indiscutiblemente, un número elevado. Parecerá, a primera vista, un contrasentido el decir que el problema de las enfermedades de la piel no constituye un problema grave y enumerar en seguida datos que nos mues- tran que el 10 ojo del ejército ha tenido que hospitalizarse por estas afecciones; pero si esto afirmo es porque estos asilados no han contribuido a constituir un problema por el corto tiempo de la hospitalización y por el carácter de benignidad de la gran mayoría de las afecciones. La sarna ocupa dentro de este número un alto porcentaje. En ese año se asilaron por esta causa 366 enfermos. Si tene- mos en cuenta que en este número sólo contamos a los ataca- dos de la Capital, ya que es raro que vengan a la Sala en- fermos de campaña por esta afección, porque son asistidos por los médicos de los cuerpos en las enfermerías respectivas, vemos que el número es elevadísimo. Suponiendo que en las unidades de campaña haya habido tantos como en las de la Capital, que se hospitalizaron, cosa muy posible, nos daría un número de alrededor de 700, vale decir, que el 5 ojo del ejército ha estado ese año atacado de sarna. El estado actual del soldado, haciendo vida en comunidad, y en las condicio- nes especiales, tanto del punto de vista material como del mo- ral, de las poblaciones sui generis que rodean a nuestros cuar- teles y que es donde el soldado contrae sus males, nos explican el incremento rápido y grande de esta dermatosis, que afortu- nadamente no es de resultados funestos y de fácil curabilidad, presentando la ventaja de una rápida hospitalización. El promedio de hospitalización de un enfermo de esta na- turaleza. en el Hospital Militar Central, es de dos días, desde •que se sigue el procedimiento de tener al enfermo en cama, con imposición de no levantarse, en un relativo aislamiento, bien vigilado y a régimen alimenticio muy sobrio. Es un régimen severo, que nos ha dado grandes resulta- dos desde que lo empleamos. Antes al soldado enfermo se le trataba así: Hecho el diag- nóstico de sarna en el servicio de puerta, era enviado a la repartición de aislamiento. Aquí se le hacía el tratamiento de su sarna, pero el enfermo comía de todo, se levantaba en la Sala, fumaba y se pasaba el día conversando con enfermos si- milares atacados de la misma dolencia. Si se comparaba esto con la vida ruda y de trabajo que llevan en los cuarteles, es 203 natural que ésta era deliciosa y que el que llegaba a esta Sala trataba de permanecer en ella el mayor tiempo posible y no volver al cuartel, para lo cual simulaban que el prurito les continuaba, se provocaban lesiones de grattage para mos- trar que su mal continuaba y otras mil artimañas. El procedimiento que seguimos hoy ofrece muy pocos ha- lagos, de modo que en cuanto el soldado está curado no de- mora su estada. Esto en lo referente a la sarna, nada más de importancia debo decir. En cuanto al eczema, la más común de las afecciones cu- táneas en nuestro medio, después del acné, diré que en el ejército no constituye un problema importante el que pueda presentarse con respecto a esta dermatosis. En efecto: aun- que se trata de una afección de larga duración, es, por lo general, lo bastante benigna como para no impedir a las personas desempeñar sus habituales quehaceres. El año 1919, sin embargo, se asilaron en la Sala V (la de Piel)), 67 per- sonas, cifra elevada, si se tiene en cuenta que en la población civil la cantidad de asilados por eczema es ínfima, como lo pueden atestiguar los libros de nuestra Sala Ricord B, de don- de tengo el honor de ser -Tefe de Clínica, sala que honra con su profesorado el insigne maestro de la Dermatología urugua- ya, el profesor don José Brito Foresti, única (Sala de la Asis- tencia Pública Nacional para asilar enfermos de la piel. Debe- mos decir que no todos los que se asilaron con eczema lo hi- cieron sólo por esta dolencia, sino por tener muchas veces otras afecciones cutáneas que hicieron obligatoria la perma- nencia en el Servicio de Dermatología. De 1)0 decir que los eczemas generalizados han sido rarísi- mos, y que de todos ellos ninguno llevó mucho tiempo de re- clusión en la Sala, lo que prueba la benignidad de ellos. Por piodermitis se asilaron ese año 76 enfermos, todas ellas bastante intensas, habiendo justificado, en la mayoría de los casos, la hospitalización. Todas Mías curaron rápidamente. Se me ocurre una digresión y es la siguiente: El hecho de ser fácilmente curable en su comienzo denota (para tener que llegar a asilarse tantos enfermos) mucho abandono por par- te de los soldados, pues si hubieran dado cuenta al médico inmediatamente de. su comienzo, se hubieran curado fácil- mente, sin tener que llegar a ocupar una plaza en la Sala. Esto trae como consecuencia algo que más adelante detalla- ré, cuando estudie el problema de la sífilis, y es la necesidad de una visita semanal obligatoria y completa desde el punto 204 de vista cutáneo y mucoso a todo el personal de Jas unidades por parte del personal técnico, cosa bien fácil, por lo rápido que puede hacerse un examen general de la piel de los miem- bros de las unidades. En cuanto al granuloma venéreo, es digno de destacarse su frecuencia relativa, y digo así, si se compara con la pobla- ción civil, en donde es relativamente poco frecuente. En el notable trabajo que el malogrado y querido doctor Juan Antonio Rodríguez presentó al Primer Congreso de Dermatología y Sifilografía, celebrado en Río de Janeiro en 1918, exponía una gran cantidad de casos observados en su clínica del Hospital Militar. Explicaba el doctor Rodríguez la frecuencia del granuloma en el ejército, por la gran can- tidad de soldados que en nuestra frontera están en contacto con focos situados entre la población ríograndense, donde abunda este mal. En cuanto a la lepra, haré notar (pie es una afección que en el medio que estudio está muy poco expandida, tanto que puede decirse que la lepra es una afección casi desconocida en el ejército uruguayo. En cinco años de asistencia a la Po- liclínica de Piel y a la iSala de estas afecciones de la Sanidad Militar, sólo he observado un caso. Felicitémosnos que así sea, ya que hemos tenido la suerte de que esta afección no se haya expandido en nuestro ejér cito, donde tan fácil hubiera sido su propagación, por la mis- ma idiosincrasia del soldado, por la ignorancia que tiene de las medidas de profilaxis, y por la vida de promiscuidad que hace en el cuartel y en su vivienda, situada en esa población sui fjeneris que rodea a los cuarteles en nuestro país y donde están tan poco divulgados los más elementales conocimientos de higiene individual y colectiva. El psoriasis es una afección poco común en el ejército y adopta, por lo general, formas benignas, de poca difusión. La artropatía psoriásica es desconocida en el ejército. Las otras dermatosis: acné, urticaria, etc., etc., ni las descri- biré por no tener ninguna importancia y por ser afecciones que no revisten en el ejército carácter especial ninguno que las haga dignas de mención especial. ¡Sólo en lo referente a la dishidrosis plantar, haré notar la rareza de esta afección en nuestra policlínica y en nuestra Sala de Piel, lo que nos hace ver que en el ejército no existen, a lo menos, formas intensas de dishidrosos que obliguen la hospitalización. Señalo este dato por lo interesante, porque el soldado en 205 nuestro ejército está sujeto a reglamentos que le imponen marchas prolongadas, varias horas de ejercicios físicos diarios, etc., condiciones que favorecen el desarrollo del mal, y, sin embargo, es él casi desconocido. Hecho este breve análisis de las afecciones cutáneas, po- demos llegar a la conclusión de que no constituyen en nues- tro medio militar un problema de urgente solución, ni que precise medidas radicales, no así el que pasaré a tratar aho- ra, el de la sífilis, que requiere tanto nuestra atención y nues- tra mejor buena voluntad, y si digo que el problema de las afecciones cutáneas no es grave, no lo digo porque no sea de necesidad hacer mucho por ellas, sino porque no es un pro- blema fundamental como el de la sífilis. SÍFILIS La campaña contra la sífilis es general en el Uruguay. En las distintas reparticiones de la Asistencia Pública Nacional, en el Instituto Profiláctico de la (Sífilis, etc., se fia hecho y se hace una campaña intensa y racional contra el terrible mal. En cambio, en el Servicio de Sanidad del Ejército y la Ar- mada falta mucho por hacer todavía, aunque actualmente hay una tendencia a hacer las cosas mejor y a organizar bien, como veremos más adelante, de modo que dentro de muy poco es- tará a la altura de los mejores, ocupando el sitio que con honor le corresponde. Diremos que un impulso renovador y de organización’ se ha notado en estos últimos tiempos. En el interesante estu- dio que el malogrado doctor Juan Antonio Rodríguez hizo en 1919, sobre la Profilaxis de la Sífilis en el ejército, dejó esbozsdo el plan de lucha, y, últimamente, el profesor Au- gusto Turenne, en el informe presentado hace pocos meses a la Sanidad Militar, completó y delineó la lucha contra el mal venéreo. Mucho de lo que diré ha sido, pues, ya expuesto, pues es muy difícil en este tema introducir ideas originales; sólo trataré de hacer un estudio de conjunto sobre lo que se ha hecho y agregar algunas ideas nropias, haciendo un trabajo que englobe todo lo referente al interesante tema oue trato. La sífilis tiende a aumentar todos los años; en 1908, 88; en 1909, 98; en 1910. 181; en 1911, 144; en 1912, 266; en 1918. 378; en 1914, 277; en 1915. 360; en 1916, 430; en 1917, 470; en 1918, 447; en 1919, 508. Ante todo, diré que si la sífilis en el ejército uruguayo es 206 numerosa, no lo es tanto como se cree, como todos se lo ima- ginan. Mucho se ha exagerado a este respecto. Para muchas personas, aún para aquellas que están en con- diciones de conocer el medio militar, hablar de sífilis dentro del ejército, es decir algo que parece que le atañe, a tal nu" o oue es creencia general que un 80 a un 90 o|o de la población mi- litar es sifilítica. Yo creo que se está, en un profundo error, y que, cuando más, un 40 o|o del ejército uruguayo está atacado de sífilis. ¿Por qué afirmo esto? ¿En qué me baso? Querer demos- trarlo con datos estadísticos precisos es imposible actualmen- te, de la manera como se lleva el contralor en todo. Sólo se hace contralor en los sifilíticos de la Sala V, servi- cio interno; y en la policlínica anexa a esta Sala sólo desde hace muy poco tiempo se lleva en forma, y es muy difícil, por el poco tiempo que hace, poder sacar conclusiones. Para poder hacer estadística eficaz, habría que descentra- lizar más, establecer contralor hasta en las mismas enferme- rías de los cuarteles, donde se podría estudiar a los sifilíticos de cada unidad y la de los individuos que viven en esa zona pericuartelera, en esa población sui gemfiris que rodea a los cuarteles, y sin cuyo conocimiento exacto es imposible hacer profilaxis. Por todo esto es que los datos que doy no pueden basarse en estadísticas, y si afirmo que sólo un 30 o a lo más un 40 o|o de la población militar es sifilítica, es por lo que he podido ob- servar en cuatro años dó estada en el Servicio de Piel y Sífilis de la Sanidad Militar, que ahora me honfo en dirigir interi- llámente, y por los datos que he podido sacar de los libros de la ISala V, que me muestran que de 1,516 enfermos asilados en la Sala de Piel y Sífilis en 1919, que fué el año en que más en- fermos se hospitalizaron, sólo la tercera parte eran sifilíticos. Hecho este introito, destinado a establecer el grado de des- arrollo del mal en el ejército, vayamos al estudio de su profi- laxis, que es el objeto de este trabajo. Ante todo, diré que creo que debe ser, sobre todo, racional, educando ante todo al soldado sobre los males que puede aca- rrear este mal venéreo y la manera como puede evitarlo. El soldado no conoce la sífilis. Sabe que existe pero ignora los terribles estragos que causa sobre sí y sobre los descen- dientes; ignora que muchas enfermedades que le pueden pro- vocar la muerte, son obra de esta afección. La mayoría ig- 207 nora que la parálisis, la ceguera, la locura, etc., pueden ser provocadas por esta dolencia. Y tiene que ignorarlo desde el momento que al soldado no se le enseña más que lo que tiene atingencia con su carrera militar, haciéndolo un hombre que desconoce todo lo que ata- ñe a su propia salud. Ignora más, y es que todos estos males son evitables. Y par-a que sepa todo esto, aunque sea superficialmente hay que instruirlo, como decía yo, por medio de una enérgica propaganda. Cómo debemos hacer esta propaganda? 1. Por conferencias, hojas volantes, folletos. Distintos medios se pueden emplear y, ante todo, creo que la instrucción que parta directamente del personal técnico debe ser la que más eficacia puede tener, por la autoridad misma que tiene. Se puede hacer por medio de conferencias en cada cuar- tel a los soldados, sus hijos y sus chinas, sobre el mal vené- reo y sus consecuencias y la posibilidad de evitarlo, confe- rencias que, para ser más ilustrativas, se pueden hacer con proyecciones luminosas, siendo este un modo de poder llegar de una manera más directa a qne el soldado compren- da con facilidad. Estas conferencias se pueden hacer, como decía, para ilus- trar directamente el soldado, en las enfermerías de los cuer- pos. Pero esto no basta; se deberá tratar de hacer, también por el lalto personal científico, conferencias en los altos centros militares de las capitales, en el mismo Servicio de Piel del Hospital Militar, para que los jefes puedan comprender en todas sus fases el problema y queden en condición de hacer obra práctica en sus dependencias. Se deberían dar también, y esto es capital, en nuestra Academia Militar y en nuestra Es- cuela Naval, para que, instruidas los alumnos, que después se- rán oficiales del ejército, puedan llevar las ideas a los cuarteles y barcos que les tocará dirigir, haciendo así obra nacional. 2. Otro medio de instruir es hacer hojas volantes, en donde se indique todo lo relativo a la sífilis y a su profilaxis. Estas hojas se deberán hacer en cantidad inmensa, para ser distribuidas a todos los soldados y a esa población sui -- — — — — — — — [ e cardio vasculares. 2 2 2 3 1 2 3 2 1 f) hígado — — — — 1 — 44 — ( C) Sin manifestaciones R. W. positiva . 23 27 50 26 7 12 13 / Aspecto — — — 1 — — — — V I -s * i Cutáneas mucosas 2.as . 6) Con manifesta- 1 Cu|á„eas mucosas 3.. . . 1 — I 2 1 1 1 2 Hereditaria | aoneS • ) Cerebrales 1 — 1 — — — — — I Oculares — 1 2 — — — 2 — D) Sin manifestaciones con R. W. H0 (positiva) — — >— — — 1 3 1 YI ( A) Con R. W. H8 en d suero sanguíneo 13 1 6 8 5 — 2 — 2 Diagnostica- B) Con R. W. y P. L. negativos 1 6 13 9 — 1 — — dos Y TRATADOS 1 O ConR. W.yP.L.neg.yãntomaM.r^rf — — — — — — — — 260 'Consideraciones. — lian desfilado por la Clínica Dermo- sifilopática, desde agosto de 1900 hasta septiembre de 1917, 14,072 enfermos, de los cuales 2,771 sifilíticos y de éstos 2,182 sifilíticos secundarios; dejo de lado los otros enfermos sifi- líticos para sólo tener en cuenta aquéllos que recién adqui- rían su sífilis. El porcentaje que arroja por año es el siguiente: 1900. . 11.83 1906. . 12.41 1912. . 12.80 1901. . 18.25 1907. . 10.45 1913. . 11.55 1902. . 25.41 1908. . 7.11 1914. . 13.00 1903. . 30.30 1909. . 6.26 1915. . 14.56 1904. . 16.67 1910. . 8.48 1916. . 17.98 1905. . 15.37 1911. . 12.65 1917. . 15.52 Llama sobre manera la atención el porcentaje extraordi- nario correspondiente a los años 1901, 1902 y 1903, basta, un 30 o|o que va cayendo lentamente para tener un ascenso que no decae a partir del año 1911, a pesar que desde ese momento contábamos con un nuevo y poderoso medicamento para combatirla, el arsenobenzol. La estadística global de los enfermos vistos en las Clínicas Dermosifilopátiea y Dermatológica (ésta desde el l.° de julio de 1918), arroja un conjunto de 8,000 enfermos, sobre los cuales hay un total de un 9 o|o de sífilis iniciales, lo que es aún una suma demasiado elevada, ya que, en efecto, éste es uno de los seis dispensarios que funcionan en la Capital y antes dé esa fecha sólo existían dos clínicas especiales, una a cargo del doctor Brito Foresti, la otra a cargo del extinto doctor Joaquín Canabal. En lo que se refiere a lo que va del año 1921, tenemos 238 casos de sífilis iniciales sobre un total de 1,750 enfermos, lo que da un 13 o|o de sifilíticos iniciales, porcentaje también elevado. ¿A qué atribuir ese enorme porcentaje? Nuestro país cuen- ta con una Inspección Sanitaria de Prostitución, cuyos mé- dicos someten a una prolija revisación a las mujeres vende- doras de caricias, pero, como ya hemos' tenido oportunidad de manifestarlo, en nota elevada a la Comisión del Instituto Profiláctico contra la (Sífilis, no basta esa medida, que evita, es cierto, a miucha gente adquirir la sífilis. Actualmente, des- de 1920, se ha extendido ese examen a las mujeres que habi- tan en las llamadas casas de “pensión”, pero no se ha re suelto el problema capital de la lucha contra las enfermeda- des venéreas. En efecto: en esas casas concurrían o habitaban lo que 261 podría llamarse la creme de las hetairas, que ante la perspec- tiva de verse, por una afección contagiosa, confinadas por tiem- po más o menos largo en el Pabellón “Germán Segura”, han optado por retirarse, no del ejercicio de la prostitución, sino a hoteles, a pequeños homes, donde continúan ejerciendo su rol, libres de temor y trabas. No por eso han cerrado su puerta esas pensiones; continúan ellas mismas abiertas, otras mujeres han sustituido a las anteriores. Quiere decir, pues, que no se ha resuelto el problema, sólo lia habido un desplazamiento de personas. En esa nota exponía un esbozo que podía servir de base para una campaña en forma, que quizás chocará aún a los que mantienen a la sífilis en la categoría de enfermedad ver- gonzante, por falta de enseñanza de nociones de orden mé- dico. Eran ellos la sistematización del AVassermann en los inqui- linatos, al igual de la vacunación obligatoria, tanto más jus- tificable cuanto la sífilis endémica no da muchas veces sino muy poca sintomatologia, su extensión al ejército y a la po- licía, ya propuestas por el doctor J. A. Rodríguez, y esbozá- bamos la extensión a las fábricas, talleres, empleados de aso- daciones que gozan de los beneficios de la jubilación, aún de los empleados públicos, escuelas, etc. Sabemos bien que esto no es sino un solo punto de vista del problema. En nuestro Parlamento, nuestro colega el doctor Mateo Legnani, ha presentado un proyecto sobre educación sexual desde la infancia. He aquí, evidentemente, la solución ideal del problema de la lucha contra las enfermedades venéreas. Es enseñando desde niño los más elementales e imprescin- dibles conocimientos que el hombre de mañana sabrá encarar la conservación de su salud. Esa enseñanza, completada con nociones del, rol de la hi- giene como preventiva de las enfermedades en general, pon- drá a los ciudadanos del futuro en mejores condiciones de defensa que a la mayor parte de los actuales, no sólo contra las enfermedades venéreas, sino también contra sí mismo, ya que muchas personas por ignorancia caen infinidad de veces en mano del curanderismo, con evidente perjuicio de la sa- lud pública, sin que la sanción legal alcance a quienes lo ejer- cen. 262 Discusión general de los trabajos anteriores Francisco Cortabarría (Montevideo). — Quiero decir algunas pa- labras como Subdirector del Pabellón “ Dr. Germán Segura”, con respecto a lo que acaba de manifestar mi distinguida colega doc- tora Paulina Luisi. Parece que en sus investigaciones le han su- ministrado sólo datos que pintan la parte terrorífica del citado Pa- bellón. Es cierto que en alguna época se le temía mucho a aquella casa, pero también es cierto que de varios años a esta parte van enfermas voluntarias a las que les tenemos consideraciones espe- ciales como, por ejemplo, dejarlas salir cuando nos piden permiso para ello, como me ha sucedido esta mañana, que una de ellas me ha pedido para salir y le he concedido. El número de voluntarias va en aumento. También es cierto que van de afuera a que las examinemos, cuando sospechan tener algo, y aunque compruebe que está enferma, no la detengo. De modo que .no es aquello tan cárcel como se dice. Paulina Luisi (Montevideo).—Me felicito de las declaraciones del doctor Cortabarría, que vienen en apoyo de mi tesis. El doctor Cortabarría corrobora mi afirmación de que las prostitutas que se asisten en el Pabellón “Dr. Germán Segura”, enviadas allí por la Inspección Médica de la Prostitución, están en calidad de presas. Afirma, además, que otras mujeres van voluntariamente a curar- se y se retiran libremente después de curadas; lo que no contradice mi afirmación respecto a la condición de cárcel que tiene el Pabe- llón “Dr. Germán Segura” para las prostitutas reconocidas enfer- mas por la Inspección Médica de la Prostitución. Además, el hecho notado por el doctor Cortabarría, de que hay mujeres que concurren voluntariamente, y el otro hecho que otras mujeres se resisten a ir porque saben que están presas, prueba muy a las claras que el régimen de coerción es una causa importantísi- ma de la ocultación de las mujeres enfermas, del consiguiente clan- destinismo y, por lo tanto, de la difusión de las enfermedades ve- néreas. Quiero asimismo dejar constancia de qice no he tenido la inten- ción de atacar a la Dirección del Pabellón “Dr. Germán Segura”, sino simplemente he querido poner de relieve las consecuencias forzosas en que se producen los hechos, lo que está necesariamente en la lógica natural del sistema de coerción que combato. En cuanto a los datos que me ha suministrado la Policía, los obtuve primero hace dos años en una encuesta que hice sobre pros- titución en el Uruguay, y fueron ratificados, no hace aún quince días, en una entrevista que tuve con el propio Jefe de la Policía de Investigaciones. No pueden, por lo tanto, ser más recientes. Es de desear que el criterio hacia el tratamiento libre prevalez- ca. Me alegro de la protesta del doctor Cortabarría, que indica 263 ¿>or lo menos una intención hacia la libertad del tratamiento, cuya tesis be sostenido en mi trabajo. Silva Araujo (Pío de Janeiro). — Se manifiesta partidario del método de persuasión en general, tanto en lo que se refiere a la prostitución como del resto de la población. Angel M. Giménez (Buenos Aires). — Pespecto a la denuncia obligatoria de las enfermedades venéreas, comparto en parte la critica hecha; conozco las dificultades con la tuberculosis, que da lugar a fraudes para ocultarla. Pero al proponer la declaración, lo ne hecho siguiendo la legislación moderna de todos los países. Arturo Serantes (Buenos Aires).—Elogia el sistema preventivo individual para la profilaxis de las enfermedades venéreas, y re- lata los resultados excelentes obtenidos en experiencias hechas en la Armada argentina. E¡r. Vignale (Montevideo). — Cree en la profilaxis de la pobla- •cion a base de un tratamiento preventivo con un paquete sanita- rio con pomada de Metchnikoff timolada, jabón de bicloruro y una bujía de protargol. Entiende que debe hacerse una enérgica propaganda a la pobla- ción, haciéndole ver las ventajas de este sistema curativo. Pedro L. Balifia (Buenos Aires). — Dice que merece recordarse -otro procedimiento muy simple y muy útil, que es la vaselina pura. Pregunta a los doctores Silva Araujo y Luisi, qué conducta se debe seguir con los infectantes que no se preocupan de evitar la propa- gación de su mal. Salvador Pintos (Montevideo). — Manifiesta su acuerdo con lo expuesto por el doctor Serantes, pero advierte que todos los pre- ventivos, sea la pomada al calomel al 40 o|o, sea el estuche pro- filáctico con protargol, etc., todos son buenos, aunque no absolutos; pero observa que las estadísticas tan favorables, publicadas sobre estos preventivos, han sido hechas sobre el Ejército y Armada, donde el soldado y el marino son penados si no cumplen con su reglamentación. En la marina norteamericana se, obliga al marino a que se presente ante el Dispensario dentro de las 3 horas que siguen al coito, y por la pena él concurre, creando así una estadís- tica preventiva muy favorable. Pero el pueblo ignora todo esto, y los que no lo ignoran, no lo usan por oneroso. Buego, creo que la verdadera profilaxis sólo se conseguirá con la educación del pueblo sobre estas enfermedades. Silva Araujo (Pío de Janeiro).—Manifiesta que si la legislación condenara el delito de contaminación, se evitaría esa conducta de- lictuosa. Paulina Luisi (Montevideo).—Se me pregunta qué haríamos con los portadores de gonococos y treponemas que, por más que se in- sista con ellos para que se curen, se abandonan completamente y no se ocupan de atenderse, yendo después a propagar su enfermedad. Yo contestaré con otra pregunta: fQué harían los demás? En mi trabajo he sostenido la libertad del tratamiento, llamando la aten- 264 -ción sobre la indiferencia que se observa respecto al factor vehículo,, esto es, a los diseminadores de la enfermedad, los hombres que frecuentan la prostitución; y he comparado este abandono absolu- to que se observa para coq el hombre, con los procedimientos dra- conianos empleados con la mujer prostituta. He dicho que los métodos liberales van a la vez en busca del foco de contagio (prostituta) y del vehículo de diseminación (cliente). He leído las consideraciones del Bureau International d’Hygié- ne, al respecto. Me he ocupado, sobre todo, de combatir el régimen de coerción al que, lo menos que se le puede acusar, es su inuti- lidad, y que, se sabe, es aplicado solamente a la mujer, dejando al hombre en completa libertad de diseminar sus microbios. He pro- puesto para todos el sistema de las enfermeras visitadoras y he hablado del decreto belga. Pero hay muchos procedimientos más, de que no me he ocupado porque no entran en el punto especiali- zado encarado en mi trabajo. Ante la pregunta que formula el doctor Baliña, nos encontramos como ante esta situación: ¿Qué se hace para que los tuberculosos, esos tuberculosos abiertos que siembran sus esputos con millares de microbios virulentos, no los anden echando un poco por todas partes? Hago notar todavía que en el caso de la tuberculosis puede ad- quirir el contagio involuntariamente una persona cualquiera, por el solo hecho de respirar un ambiente infectado, mientras que con las enfermedades venéreas, en la inmensa mayoría de los casos el con- tagio se adquiere por acto voluntario, en cuya comisión se podríamos decir hasta cierto punto, que se va a buscarlo. Para este último caso se emplea todo un sistema médico-policial, mientras que contra la tuberculosis no se hace nada. Se trata, sin embargo, de enfermedades contagiosas, y del mismo modo, una como otra, debilitadoras y corruptoras de la raza. Hay en la cuestión de las enfermedades venéreas toda la cuestión de la enseñanza sexual; de la responsabilidad sexual y de la pro- filaxis. Hay el delito de contaminación que nosotros admitimos, siempre que se establezca al igual para los dos actores, y que te- nemos establecido en nuestro programa de la Federación Abolicio- nista, y. que admitimos, como lo establece la legislación reciente de Suecia, cuyo texto puede leerse en el número del “Boletín del Of- fice Internacional d’Hygiéne”, de enero de 1920, pág. 8; ley sobre modificación del Código Penal sueco, capítulo 14, párrafo 21. Alejandro Gallinal (Montevideo^.—Manifiesta que aún con el ré- gimen de asistencia libre no se conseguiría el “desiderátum’-* de que habla la doctora Luisi, porque hay toda una categoría de pros- titutas que no irían al Pabellón “Dr. Germán Segura”, aún con aquel régimen. Cree que lo conveniente sería propiciar la creación de otro dispensarlo en un lugar de los alrededores de Montevideo;, 265 eu donde se pudiera hacer el tratamiento, rodeando a las enfermas de cierto confort, que no existe en aquel pabellón hospi:alario. Fernández Verano (Buenos Aires).—Se adhiere en nombre de la Liga Argentina de Profilaxis Social a las conclusiones de la doctora Luisi, y en el sentido de completarlas, propone la creación de obras de rehabilitación de prostitutas. Paulina Luisi (Montevideo). — Al doctor Gallinal le contestaré que siempre que se trate del régimen de coerción, las enfermas no irán voluntariamente a tratarse, porque estarán presas. Además, lo que él propone, un pabellón especial para las prostitutas aristJcrá- tieas,—pues es a ellas a las que se refiere—no altera para nada el problema, sino estableciendo una mayor injusticia por el hecho de dar a las aristócratas mejores tratos que a las demás, sin que por eso se encuentren eximidas de la odiosidad de la inscripción y de la prisión, porque están enfermas. Y que la inscripción, además de odiosa es inútil, lo comprueba el hecho de que nadie cree en ella. Yo les pregunto a todos los hombres médicos aquí presentes si por acaso, cuando quieren echar una cana al aire, van a una de las mil inscriptas (cifra que da la Policía). De ninguna manera. Por lo demás, la mejor prueba de la inutilidad del sistema, que no queda mejorado ni beneficiado para nada con lo que propone el doctor Gallinal, está en el hecho siguiente: Montevideo tiene unos cuatrocientos mil habitantes más o menos, lo que da, según los méto- dos corrientes de cálculo, unos ciento cuarenta mil adultos. Te- niendo presente que un 30 a 40 o[o de hombres casados frecuentan la prostitución, además de la cantidad de chiquillos y menores de 13 años en adelante que también lo hacen, yo pregunto si creen us- tedes buenamente que la cifra de mil mujeres inscriptas es sufi- ciente para esa clientela. Esta observación prueba que todo el andamiaje hecho para la reglamentación es inútil. No quiero entrar en consideraciones mo- rales ni insistir, sobre todo, en lo que hay de infame en este pro- ceder social. Está en el convencimiento de todos, que no hay en los registros policiales sino una mínima parte de las prostitutas inscriptas, y que por más que se haga es imposible alcanzar- las a todas con los sistemas actuales. Todo el andamiaje esta- blecido es inútil desde este punto de vista. Y que lo es igualmente del punto de vista de la profilaxis de esas mil inscriptas, se lo de- muestra a ustedes mismos la respuesta que estarían obligados a darme, aunque fuera in pectore, si yo les pregunto: ¿Quién de us- tedes confía en una libreta con el vistobueno de salud cuando fre- cuenta una de esas personas? ¿Quién de ustedes cree en ella y le confía la salvaguardia de su salud sin más trámites? Ninguno. Alejandro Gallinal (Montevideo).—Manifiesta que en el trabajo del doctor Ricci nota un vacío: el referente a la acción profiláctica sobre el elemento sui generis que rodea los cuarteles. Tengo la ín- 266 tima convicción do que hasta ose elemento no podemos llegar, sino por intermedio del cuartel y de la Sanidad Militar. Después de un viaje hecho a algunos de los centros de población del interior, he adquirido el conocimiento exacto de que la pros- titución clandestina la ejercen las servidoras del servicio domésti- co y las chinas cuarteleras, pero a éstas no podemos llegar sino por medio del propio soldado y de la Sanidad Militar. Para esto pro- pongo se acepte una conclusión que propuse en el seno de la Sa- nidad Militar y es el de la creación de un dispensario especial en cada cuartel; donde no sólo se trate al soldado sino también a su china. Ernesto Kicci (S'an José, Uruguay).—Manifiesta que no ha estu- diado la sífilis en los cuarteles, porque en realidad consideró a és- tos como un dominio aparte. Que la población que rodea a las unidades militares vive como encerrada dentro del cuartel, y para hacer obra de profilaxis es me- nester llegar a ella dentro del cuartel mismo, como lo propone el doctor Gallinal. Pero que en ciertas unidades no hay médico, por lo cual la obra de profilaxis se resentirá por la falta de idoneidad del que desem- peña las funciones de tal. Por este hecho cree que en tales casos el Dispensario Departamental del Instituto Profiláctico podría ins- talar un servicio anexado al cuartel, servicio que estaría bajo la dirección de la Sanidad Militar. Paulina Luisi (Montevideo). — Sobre reglamentación del traba- jo de las mujeres, dejo mi voto en contra de esta proposición en lo que se refiere a la prohibición del trabajo nocturno de las mu- jeres, mientras no se establezca también para los hombres. Guando se verificó la Convención del Trabajo en 'Wáshington, en 1919, envié al Congreso Internacional de Mujeres Trabajadoras, va- rias observaciones que fueron repetidas ahora al Ministerio de Re- laciones Exteriores. Hacía observar que la prohibición establecida en esa forma produciría mayores dificultades para el enganche de las mujeres, y, consecuentemente una mayor desocupación y su re- sultado conocido, aumento de la prostitución. Los hechos posterio- res han confirmado mis temores; Grecia y Austria fueron los pri- meros países que pusieron en vigencia la Convención de Wáshing- ton, a principios de 1920. Los datos que he recibido de Asociaciones Internacionales a que pertenezco denuncian el aumento de la prostitución en) aquellos países en una proporción abrumadora y relacionado íntimamente con el hecho de que se ha puesto en la calle a todas las mujeres empleadas en trabajos nocturnos: un enorme porcentaje de ellas ha ido a engrosar las filas de la prostitución. Las noticias en cuestión son de junio de este año. En cuanto al otro punto, propongo que se diga simplemente Edu- cación Sexual, sin entrar en mayores detalles. Me extraña la declaración del doctor Gallinal, puesto que, hace 267 dos años, a propósito de una conferencia sobre Educación Sexual que organizó el Comité Abolicionista presidida por nuestro querido amigo el doctor Brito Foresti, recuerdo que el doctor Glallinal vino con el doctor Juan A. Rodríguez a felicitarme, y creo que no mien- to al decir que me felicitó efusivamente y se manifestó absoluta- mente de acuerdo conmigo “en todo,—dijo—menos en la cuestión del abolicionismo Alejandro Gallinal.—iEn la forma como se explicó la doctora Lui- si, basándola en la educación de la voluntad, estoy de acuerda. Paulina Luisi.—Yo creo que el grave error cometido por una gran parte de los médicos, es que encaran solamente la Educación Sexual como una simple cuestión de profilaxis venérea. Esto es para mí un error profundo, que desnaturaliza todo el valor educativo y altamente moral de la Educación Sexual. El tema es demasiado vasto para tratarlo aquí; lo trataré en el Congreso Médico Nacional, en el cual se leerá y discutirá un informe especial sobre ese tema y para el cual be sido honrada con la desig- nación de relator. (1) Propongo que se deje simplemente en el programa del doctor Gi- ménez el término Educación Sexual, para dejar sentado la acepta- ción del Congreso en este sentido, sin entrar en mayores detalles. (1) Véanse las pub'icacioues del Segundo Congreso Médico Nacional Uruguayo. SEGUNDA SESIÓN MARTES 11 DE OCTUBRE DE 1921, A LAS 15 Presidencias de los doctores Aníbal O. de Roa (Buenos Aires) > Ixoberto F. Wernicke (Buenos Aires), Arturo Serantes (Buenos Aires), Oreste Calcagno (Buenos Aires), Fernan- do Terra (Río de Janeiro) y Oscar da Silva Araujo (Río de Janeiro). Secretario: Doctor Máximo Hálty (Montevideo) SUMARIO Oreste Calcagno. Acidos grasos totales saturados y no saturados de los aceites de ohaulmoogra y bacalao y sus sales inyectables para el tratamiento de la lepra y tuberculosis. Discusión por el doctor Silva Araujo. Neocle Ragusin. Frecuencia de la sífilis nerviosa en la sífilis inicial. Pedro I«. Baliña. Tratamiento de las néuritis sifilíticas del óptico y del acústico. Pedro L. Baliña. Concepto de la infección sifilítica y su tratamiento. TJlysses de Nonchay. Syphilis e glándulas endocrínicas. Salvador M. Pintos. Estado actual del tratamiento intraraquícbeo en ciertas formas de sífilis nerviosa. 269 Acidos grasos lolales saturados y no saturados de los aceites de bacalao y chaulmoogra y sus sales inyectables para los tratamientos de la lepra y tuberculosis. rOR el dr. oreste calcagno» (Buenos Aires) Doctor en Farmacia ♦ Estas pocas líneas, que tengo el mayor gusto en leer en este Honorable Congreso, no son más que el resultado de pa- cientes estudios practicados sobre los aceites de chaulmoogra y bacalao. Su interes es puramente químico, pero no deja por eso de interesar a la Medicina, porque los productos obtenidos sir- ven para el tratamiento de nos enfermedades que azotan al mundo. Muchos experimentadores se han dedicado y siguen tra- bajando con inimitable empeño en este interesante asunto, figurando en primera línea Rogers, Dean, Me. Dónale!, etc., los que aíslan los principios constitutivos de los aceites y es- tudian los mismos en su doble faz química y terapéutica. Mi trabajo es el siguiente: he saponificado convenientemen- te los aceites de chaulmoogra y bacalao para separar luego sus ácidos grasos. He ensayado todos los métodos de saponi- ficación y el que mejores resultados me ha dado ha sido prac- ticar dicha operación con soda cáustica y bajo presión (5 a 6 atmósferas), durante 3 a 4 horas. Obtenida la saponifica- ción, separé sus ácidos grasos por un ácido mineral y des- pués de lavados y secados los destilé en el vacío. Ahora bien: he de hacer notar que las constantes físicas y químicas siempre me han variado, debido, sin duda al- guna, al aceite que se ha usado en la operación. Aún usando aceites- de marcas que merecen toda confianza, he obtenido con los mismos constantes variables. Por consiguiente, estos ensayos, por así decirlo, no reúnen la eficacidad del resulta- do, porque no estamos seguros de la proveniencia del aceite y, aún más, del método de obtención del mismo, punto de ca- pital importancia en estos trabajos.. Ya sabemos la diferencia en la cantidad de ácidos grasos de cualquier aceite, cuando éste ha sido obtenido, en frío o en caliente, por presión o por disolventes; y si a esto uni- mos las diferentes especies de ginoeardias, hydnocarpus, tarak- 270 togenus, etc., ¿podríamos dejar bien establecidos los resultados finales de nuestros trabajos? Yo digo que no. En este sentido y a los efectos de poder hacer trabajos en beneficio de la lepra y de la tuberculosis, deseo pedir a. este Honorable Congreso que se solicite a los Poderes Públi- cos la provisión de estos elementos con el grado de autenti- cidad comprobado y trabajar, así, en bien de la humanidad. Es lastimoso decirlo, no tener los elementos necesarios, cuan- do nos sobran los experimentadores y pacientes firmemente decididos. En América del Norte los estudiosos obtienen triunfos so- bre triunfos, porque les sobra el material de trabajo y todo tienen a su disposición. Pasando a otro orden de cosas, haré notar que los autores ya mencionados nos hablan de aceite de chaulmoogra, pero no nos dicen en forma precisa cuál es, de qué planta, cómo ha sido obtenido, etc., etc. Esto sería, indiscutiblemente, muy importante para poder dirigir nuestras investigaciones en ese mismo sentido. Iguales consideraciones pueden hacerse para el aceite de bacalao, que tan mezclado se encuentra con otros aceites, cuando no es puramente de sardina! Obtenidos, entonces, los ácidos grasos, se preparan las siguientes sales: sodio, po- tasio, amonio, magnesia, manganeso, cobre, níquel, cobalto, mercurio, uranio, zinc, hierro, estroncio, quinina, estricnina, esteres etílicos y esteres etílicos yodados. Las sales sódicas, potásicas y amónicas,, son solubles en agua, las otras son solubles en aceite. Las primeras se obtie- nen por simple salificación, las segundas por doble descom- posición; los esteres etílicos, esterificando los ácidos grasos con alcohol etílico en presencia de ácido sulfúrico o clorhí- drico. Todas estas sales tengo el mayor agrado en presentarlas. Con las sales sódicas de los ácidos grasos del aceite de chaulmoogra en solución al 5 ojo y puesto en contacto con cultivos de bacilos de Koeh en caldo glicerinado en estufa a 37° durante 30 días en diluciones de 1 en 10 hasta 1 en 1,000, he obtenido la destrucción de la ácido resistencia de dichos bacilos. La película transplantada en nuevo caldo de cultivo no desarrolló. Practicado el ensayo con la sal sódica de los ácidos gra- sos del aceite de bacalao, no he conseguido la destrucción de la ácido resistencia. De ahí, entonces, que no ofrecen interés al- guno los trabajos con este aceite. 271 Las sales sódicas de los ácidos grasos del aceite de chaul- moogra, lo mismo que las potásicas y amónicas, pueden pre- pararse en soluciones del 1 al 5 o|o en agua destilada eitra- tada para uso hipodérmico. La vía endovenosa es la más hos- pitalaria, pero al cabo de un tiempo, corto o largo, aparece un esclerosamiento de las venas (parcial). En forma intra- muscular, estas inyecciones son dolorosas y no pueden so- portarse. Las otras sales: uranio, magnesia, cobre, hierro, etc., son solubles en aceite y pueden inyectarse en forma intramuscu- lar; las dosis son de 0.01 a 0.04 gramos por cc. de aceite de olivas o almendras, que mejor será guayacolarlo, para que la inyección resulte menos dolorosa. Estas inyecciones son soportables y no producen induraciones. Los esteres etílicos pueden inyectarse en proporciones de 1 a 50 o|o, y hasta puros; son perfectamente tolerables, no producen induraciones y sus inyecciones son indoloras. Las dosis son progresivas, comenzándose con 1 cc. y aumentando de 1 ¡ 2 cc. por inyección hasta llegar a 5 cc. Estas dosis no son rigurosas; pueden practicarse inyeccio- nes con dosis diferentes, las que escapan a nuestro dominio y pasan de lleno al cuerpo médico. En vista o en presencia de estas nuevas sales, conviene ha- cer un estudio prolijo sobre pacientes, tratándolos con sales sódicas o esteres etílicos puramente, o haciendo las inyec ciones alternadas. Con los ácidos grasos del aceite de bacalao he preparado las mismas sales que he indicado para el aceite de chaulmoo gra; tienen la misma solubilidad y las dosis inyectables son las mismas. Desgraciadamente no tienen una acción terapéu- tica que pueda interesar. Adjunto las sales, que tengo el mayor gusto en presentar a este Honorable Congreso. CONCLUSIONES 1. Variando la calidad de los aceites, varían las constantes físico-químicas. 2. Los ácidos grasos del aceite de chaulmoogra destruyen la ácido resistencia del bacilo de Koch in nitro. 3. Los ácidos grasos del aceite de bacalao no tienen acción sobre la ácido resistencia de los bacilos de Koch in vitro. 4. La actuación de estos ácidos grasos sobre los bacilos ácido-resistentes, es de acción química y catalítica. 272 5.° La acción de los ácidos grasos del aceite de chaulmoo- gra sobre los bacilos de Koch, se manifiesta, además, en for- ma lipásica, ((¿específica?) haeteriolizante de la envoltura adipocerea. Esta quinta conclusión sigo estudiándola detenidamente. Oscar da Silva Araujo (Río de Janeiro). — Presenta al Congreso preparaciones de aceite de chaulmoogra inyectable, fabricadas en Río de Janeiro, y que son utilizadas en el Brasil con muy buen éxito en el tratamiento de la lepra. Frecuencia de los síntomas nerviosos en la sífilis comenzante Algunas consideraciones por el dr. neocle ragusin (Buenos Aires) Jefe del Servicio Dermato-Sifilogrílfico del Hospital Militar Central iBuenos Aires) Señores: Hace tiempo que se estudia la época probable de la locali zación de la espiroqueta en la sustancia nerviosa, pero es realmente en estos últimos años que se han proseguido con ahinco estas investigaciones. Antes del descubrimiento de la espiroqueta y de la reac ción de Wassermann, sólo por datos clínicos se llegaba a al canzar la época más o menos cierta del comienzo de las ma- nifestaciones nerviosas, y su observación no ha escapado a sagaces investigadores, como lo prueba una serie de traba- jos dispersos en la literatura médica. Alas, recientemente, con la reacción de Wassermann. he- cha en los líquidos del organismo y especialmente en el lí quido céfalo-raquídeo, un ancho campo se ha presentado a los sifilógrafos, llegándose a confirmar hechos apenas sospe- chados. La alteración del líquido céfalo-raquídeo, tanto humoral como citológica, ha venido a confirmar las sospechas de que la localización de la sífilis en el sistema nervioso, se hace desde el comienzo de la infección, como, ’con mucha probabi- lidad, se hace también en las paredes de los grandes y peque- ños vasos, y como se ha de hacer en todas y cada una de las 273 partes del organismo; puesto que la sífilis es una septicemia •que no respeta órgano ni región; es una septicemia general, y su mayor o menor influencia sobre tal o cual órgano de la economía, será tanto mayor, cuanto menor sea su resistencia frente a la enfermedad. Esta forma de impregnarse la enfermedad en el organismo le da a la sífilis un carácter particular, distinto al de otras dolencias, el que se manifiesta por una serie infinita de sín- tomas o lesiones, que aparecen por brotes más o menos aleja- dos, los que caracterizan a los distintos períodos de la en- fermedad. Cada órgano o sistema de la economía reacciona frente a la enfermedad a su manera y exterioriza su dolencia por sín- tomas más o menos apreciables. Pero, el síntoma es una consecuencia, es el resultado de le- siones preexistentes, él revela alteraciones o destrucciones hechas o en vías de hacerse, que si bien pueden agravarse más y más, no por eso han dejado de preexistir. De aquí re- salta la. conveniencia para todas las enfermedades, y en es- pecial para la sífilis, tan polimorfa en sus manifestaciones, de investigar su posible existencia; en una palabra, adelantarse a la aparición del síntoma, si esto fuera posible. Además, en la sífilis, la presencia de un síntoma cualquie- ra impone la obligación de investigar todos los demás cuya existencia sea presumible, y en especial cuando ellos perte- necen a la esfera del sistema nervioso. Es una particularidad especial de este sistema, el mani- festar sus lesiones por síntomas que por mucho tiempo rasan en forma silenciosa, sin causar mayores trastornos al enfer- mo. Un examen escrupuloso permite, en la mayoría de las veces, descubrir estos síntomas en sifilíticos aparentemente sanos, y si bien su conjunto no llega a hacer el diagnóstico de una enfermedad, por lo menos nos ponen en la situación de preservar al individuo contra mayores males. En la sífilis inicial hay algunos de estos síntomas nerviosos que se presentan muy precozmente, casi podríamos decir, con la iniciación de la enfermedad, y es el estudio de ellos el que ha de ocupar un momento vuestra atención, en razón de la extrema importancia que tiene para el porvenir de los sifi- líticos. Desde hace varios años sigo con especial interés la obser- vación de estos síntomas, y el presente trabajo está basado 274 en el examen de ciento treinta y dos casos de sífilis inicial, de los cuales, treinta y uno de ellos han presentado una sin- tomatologia nerviosa que he de describir e interpretar. La aparición de algunos síntomas nerviosos en la >líilis inicial y la suposición de que el sistema nervioso es atacado desde el comienzo de la enfermedad, hace tiempo fué descrip- to por algunos investigadores y merece especial mención el* trabajo de Lang, quien, en 1880 (en la “ Wiener medizinis- che Wochensehrift”), entre sus varios trabajos sobre la sífi- lis, describía la temprana aparición de las afecciones del sis- tema nervioso central en algunos casos de sífilis grave y en especial describía la meníngea en la sífilis comen- zante. En ese trabajo, Lang entiende por irritación menín- gea a un grupo de síntomas, los cuales acompañan al exan- tema sifilítico y algunas veces hasta lo preceden. General- mente son síntomas de corta duración, pero algunas veces, son mucho más persistentes y parecerían el comienzo de una afección sifilítica del sistema nervioso. Caracterizaban a esta irritación, las cefaleas, el decaimien- to general, vértigos, zumbidos de oído, pequeño ascenso de la temperatura, aumento de la frecuencia del pulso, o, por el contrario, bradicardia, y por último desigualdad pupilar. Aún más: él separa de la anterior la irritación meníngea espinal, representada por dolores y parestesias en las piernas, en unión con una debilidad y cansancio de ellas. Más o menos al mismo tiempo, Jarisch (‘‘Wiener Medizi- nische Blátter”, 1881) y Finger (“Uber eine konstante ner- vose storung bei florider Syphilis, Vierte!jabresschrift für Dermatologie und Sypbilis”, 1881). comprobaban un intere- sante síntoma, el cual, según ellos, indicaba un proceso irritati- vo de la médula o de sus envolturas. Este síntoma, que con fre- cuencia se observa, está representado por un aumento en inten- sidad de los reflejos tendinosos, hay hiper-reflexia, que des- pués de varios días va disminuyendo hasta establecerse una verdadera hipo-reílexia, la cual paulatinamente desaparece hasta hacerse normales todos los reflejos. Magnus Moller (“Archiv für Dermatologie”, 1891), es- tudia cinco casos de lesiones medulares en el comienzo de la infección sifilítica, en los cuales, al mismo tiempo o muy po- co tiempo después de la aparición de los síntomas secundarios de la piel y mucosas, se presentaron en todos ellos dolores en 275 la columna vertebral, uno con paresia vesical, los otros con moderadas paraplegias; enfermos que al principio mostra- ban en sus reflejos el síntoma de Jariscli y Finger. Nonne, en su trabajo “Sypliilis und Nervensystem”, des- pués de hacer consideraciones sobre la exaltación de los re- flejos en algunos casos de sífilis inicial, se expresa en la si- guiente forma: ‘4 desde Rumpfs y Naunyns sabemos nosotros,, que dentro de los primeros años y no muy raramente dentro de los primeros meses de la infección sifilítica, puede produ- cirse una verdadera afección orgánica del sistema nervioso”. En la literatura francesa existen algunas menciones al res- pecto, pero, sin duda alguna, es Ravaut con sus numerosos trabajos sobre el líquido céfalo-raquídeo, desde 1901, quien pone en el tapete esta cuestión de la infección del sistema nervioso por la espiroqueta, desde el comienzo de la enfer- medad. Numerosos trabajos han seguido a éstos y puede decirse que es el estudio del líquido céfalo-raquídeo el que permite despistar en la mayor parte de los casos esta faz nerviosa de ia sífilis inicial. El ha venido a completar el estudio clínico y a dar fuerza sintomática a las alteraciones del sistema ner- vioso y sus envolturas, que se comprueban en el comienzo de la infección. Casos observados: De 132 enfermos con sífilis inicial observados en mi Servi- cio del Hospital Militar Central de Buenos Aires, referiré la historia clínica de 31 de ellos, que presentaban síntomas clí- nicos y alteraciones del líquido céfalo-raquídeo. De este to- tal de enfermos, algunos más presentaban también síntomas nerviosos, pero no he podido obtener de ellos el permiso, para hacerles la punción lumbar, por eso no los incluyo en las historias que presento; sin embargo, estoy seguro que, por la sintomatologia que presentaban, deben haber tenido alte- raciones del líquido céfalo-raquídeo. El número de ellos fue de ocho, que sumados a los treinta y uno que describo, hacen un porcentaje de 29.55 o|o de manifiesta afección sifilítica del sistema nervioso central desde el comienzo de la infec- ción. (Debo agradecer la especial dedicación que tomaron liara los estudios de laboratorio los doctores F. Justo y S. Mazza. sucesivos Jefes del Laboratorio del Hospital Militar). Num. 1.—Edgardo B., subteniente, 25 años, 3-1-917, 52 días de la infee.—Sifílides papulosas abundantes, fuertes cefaleas, grandes dolo- 276 res en las piernas, pulso normal, 88 por minuto. Reflejos: en los brazos, .normales; abdominales, exagerados; patelares, exagerados; aquilia- nos, exagerados. Babinski, no existe; Oppenheim, aparente; Rom- berg, bien marcado. Anisocoria, PJD PI, ligera miosis. Intenso nervosismo general. Wassermann de la sangre + + + con 32 ojo de linfocitosis. Líquido céfalo-raquídeo: Presión, normal; Wasser mann, + -}-+; Nonne Apelt, +; Reacción meníngea, moderada linfocitosis. Núm. 2.—Nicolás P., 29 años, sargento, 1-3-17, 65 días de la infee. —Chancro duro cieatricial, poliadenitis generalizada, sifílides pá- pulo-pustulosas, gran cefalea, pulso 114 per minuto, poco tenso. T- 37° por la mañana y 38<>2 por la noche. Dolores lumbares. Reflejos: de los brazos, normales; patelares, exagerados; aquiliano, exagera- do; abdominal y cremastérico, normal; clonus del pie. Babinski, existe; Romberg, bien manifiesto. Pupilas normales, reaccionan bien. Wassermann de la sangre, +, con 42 ojo de liufocitosis. Li- quido céfalo-raquídeo: Presión, normal; Wassermann, -4- -f; Nonne Apelt, + +; Reacción meníngea, 5 a 6 linfoeitos por campo. (En la semana que ha precedido a la erupción ha tenido dos ataques epileptoides, sin antecedentes de ningún género). - Núm. 3.—Lusgardo Z., 32 años, teniente, 17-1-16, 40 días de la infeec.—Chancro duro de la región deltoidea I. Poliadenitis gene- ralizada, roséola, placas mucosas bucales y anales, cefalalgias, vér- tigos, anemia. Pulso regular, 128 por minuto. Gran irritabilidad del carácter. Anisocoria P. D. > P. I. con midriasis. Reflejos: de los brazos, exagerados; exagerados; cremastéricos, nor- males; patelares y aquilianos, exagerados. Babinski y Oppenheim, manifiestos; Romberg, muy manifiesto. Wassermann de la sangre, + +, con 36 o|o de linfoc. Líquido céfalo-raquídeo: Presión, nor- mal; Wassermann, + +; Nonne Apelt, +; Reacción meníngea, 8 linfocit. por campo. (Este enfermo sufre a los tres meses una in- tensa mielitis transversa, causándole la muerte uno y medio meses más tarde). Núm. 4.—Eraneisco M. de, 30 años, empleado, 9-9-17, 52 días de la infecc.—Chancro cicatrizado, sifílides papulosas, poliadenitis ge- neralizada, placas mucosas de la boca, cefaleas continuas, dolores osteóscopos, gran decaimiento, vértigos, zumbidos de oídos, somno- lencia. Todos los reflejos cutáneos y tendinosos muy exagerados. Romberg, bien manifiesto. Pupilas midriáticas, iguales. Pulso 102 por minuto, buena tensión. Wassermann de la sangre. 4- -f-, con 57 o[o de linfoc. Líquido céfalo-raquídeo: Presión, normal; Wasser- mann: + ; Nonne Apelt, + +; Reacción meníngea, 15 a 18 linfo- citos por campo. (L. C. R. algo turbio). Núm. 5.—(Miguel R., 21 años, soldado, 2-5-916, 58 días de la infee. —'Cicatriz del chancro, adenopatía generalizada, fuertes cefaleas y dolores osteóscopos, decaimiento general. Pulso 104 por minuto. Temp. matinal 37°2 y la nocturna 38<>5. Sueños terroríficos. Todos 277 los reflejos exagerados, Romberg, bien manifiesto. Wasermann de la sangre, — — —, con 28 o|o de linfocit. Liquido eéfalo-raquídeo: Presión, aument.; Wassermann, + + +; Nonne Apelt, + —; Reac- ción - meníngea, 12 linfocitos por campo. (Este enfermo sufre una queratitis a los cinco meses de la enfermedad, y un año después una hemiparesia derecha). Núm. 6.—Bernardo P., 32 años, ofieial de la Armada, 51 días de la enfermedad.—Sifílides maculosas, poliadenitis universal, intensa cefalea, vértigos, mareos, zumbidos de oído, estado nauseoso. Pulso igual y tenso, 118 por minuto. Reflejos: de los brazos, normales;, abdominales, normales; cremastérico, algo exagerados; patelares, muy exagerados; aquiliano, exagerado; Oppenh'eim, marcado. Rom- berg, muy manifiesto. Parestesias en ambas piernas. Anisocoria, P. I. P. D., con conservación de los reflejos. Wassermann de la sangre, -j- +, con 27 ojo de linfocit. Líquido eéfalo-raquídeo: Pre- sión, normal; Wassermann, + + +; Nonne Apelt, + +; Reacción meníngea, escasos linfocitos. (A los dos meses, a pesar de un enérgi- co tratamiento, se produce una parálisis facial derecha, que cura bien. Ocho meses más tarde, nueva parálisis facial del mismo lado y que. no llegó a restituirse íntegramente). Núm. 7.—'Mario G., sargento, 34 años, 46 días de la infecc., 17- 5-17.—Chancro duro escrotal, adenopatía inguinal y cervical, roséo- la moderada, gran cefalea nocturna, insomnio, zumbido de oídos. Dolores lumbares. Albúmina 3 gr. ojo. Pulso 92 por minuto. Pu- pilas normales Reflejos cutáneos y, tendinosos normales. Ligera Romberg. Wassermann de la sangre, + + +, con 47 ojo de linfoc.;. Líquido eéfalo-raquídeo: Presión, algo aumentada; Wassermann, + + ; Nonne Apelt, +. R. meníngea, tres linfocitos por campo. Núm. 8.—Elvira G., esposa del número 7, 26 años, 50 días de la infecc. por el esposo, 21-9-18. — Chancro gigante del gran labio> adenopatía leñosa en ambas ingles, micropoliadenitis, roséola abun- dante, grandes cefaleas y dolores osteóscopos. Anisocoria con con- servación de los reflejos, P. D. > P. 1. Ligera sordera 1). Los refle- jos cutáneos y tendinosos son normales. Romberg, manifiesto. Was- sermann de la sangre, + + con 27 ojo de linfoc. Líquido eéfalo- raquídeo: Presión, normal; Wassermann, -f- +; Nonne Apelt, + + ;. Reacción meníngea, no se observan elementos. (Tres meses más tar- de, fuertes dolores oculares y cefaleas, terminando a los pocos días con una parálisis del motor ocular común). Núm. 9.—Nicolás de la P., 20 años, empleado, 6-10-16, tres meses de la infecc. No tratado.—Poliadenitis generalizada, leucoderma del cuello y frente. Alopecia en claros. Placas mucosas en la boca. Vér- tigos, insomnio, gran cefalea, gran cansancio muscular. Exageración de todos los reflejos cutáneos y tendinosos. Irritabilidad muy ma- nifiesta. Ligera anisocoria, con conservación de los reflejos pupila- res, iris muy inestable. Pulso regular, poco tenso, 128 pulsaciones. Wassermann de la sangre, + + +, con 39 ojo de linfoc. Líquida 278 céfalo-raquídeo: Presión, exagerada; Wassermann, -)- + Nonne Apelt, + + +; Reacción meníngea, 80 linfoc. por campo. (Curado, abandona todo tratamiento, y ocho meses más tarde, grandes ce- faleas, hemiparesia izquierda. Una nueva punción da salida a un L. C. R. de aspecto lechoso, con innumerables leucocitos). Núm. 10.—Francisco R., 27 años, zapatero, 22-6-917, 69 días de la infecc.—Restos de chancro del meato, escasas pápulas gigantes, condilomas planos del ano. Ligeras cefaleas y dolores osteóscopos. Raquialgias nocturnas. Pulso 96. Exageración de todos los reflejos cutáneos y tendinosos de las piernas. Clonus de los pies. Romberg, moderado. Pupilas midriáticas, iguales y reaccionan bien. Wasser- maun de la sangre, -f- + +> con 38 o|o de linfoc. Líquido céfalo- raquídeo: Presión, normal; Wassermann, + -f- +; Nonne Apelt, -f- + + ; Reacción meníngea, escasos linfocitos. (Curado con acei- te gris y yoduro, presenta a los 13 meses una paraplegia completa, acompañada de un sarcocele izquierdo). Núm. 11.—Ricardo B., 35 años, capitán, 51 días de la infecc., 6- 5-918.—Cicatriz del chancro, poliadenitis, escasa roséola, intensa cefalea, vértigos, zumbido de oídos. Reflejos tendinosos, en general muy aumentados. Anisocoria, P. J). >■ P. I Wassermann de la sangre, -f +, con 22 o|o de linfoc. Líquido céfalo-raquídeo: Pre- sión, normal; Wassermann, + + +; Nonne Apelt, 4 -p; Reacción meníngea, 7 a 8 linf. por campo. Núm. 12.—'Pedro I., subteniente, 22 años, 37 días de la infec. 2- 7-919.—Discreta roséola, poliadenitis general, cefaleas intensas, sen- sación de vértigo. Exageración de todos los reflejos tendinosos y -cutáneos. Irritabilidad del carácter. Romberg, bien manifiesto. Pul- so 108 por minuto, regular y de buena tensión. Wassermann de la -sangre, —, con 35 o|o de linfoc. Líquido céfalo-raquídeo: Presión, normal; Wassermann, + +; Nonne Apelt, +; Reacción meníngea, -escasos linfocitos. (Se presenta al mes y medio con cefaleas D y una neuToretinitis hemorrágica en el ojo D.). Núm. 13.—Ignacio L, 32 años, 25-5-919, 60 días de Infecc.—Mi- cropoliadenitis generalizada, alopecia en claros, cefaleas, vértigos, temblor generalizado. Exageración de todos los reflejos cutáneos y tendinosos. Temp. de 37o5 a 39°. Pulso 11.4 por minuto. Romberg, bien manifiesto. Wassermann de la sangre, + -f- -f, con 32 o¡o de linfoc. Líquido céfalo-raquídeo: Presión, normal; Wassermann, -f -f- + ; Nonne Apelt, — +; Reacción meníngea, escasos linfocitos. Núm. 14.—Samuel G., 22 años, soldado, 30 días de ’a infecc. 9- 2-917.—'Roséola moderada, poliadenitis, cefaleas. Reflejos normales. Anisocoria, P. P. I. Pulso, 98 por minuto. Wassermann de la sangre, — —, con 31 o¡o de linfoc. Líquido céfalo-raquídeo: Pre- sión, normal; Wassermann, + +; None Apelt, —; Reacción menín- gea. ningún elemento. Núm. 15.—Alfredo M., 21 años, soldado, 40 días de la infecc. 22- 2-19. Chancro labial, gran adenopatía del cuello, microadenitis ge- 279 ncralizada. Fuertes cefaleas, temblor, zumbido de oídos. Reflejos normales. Romberg, npreciable. Pupilas, midriáticas. Wassermann ae la sangre, + —, con 37 o[o de linfoc. Líquido célalo-raquídeo: Presión, normal; Wassermann, + + ; iNonne Apelt, —; Reacción meníngea, 7 a 8 linfoeitos por campo. Núm. Ifl.—Santiago F., 22 años, soldado, 35 días de la ínfeec. 13- 7-19. Erupción papulosa muy abundante, escasa reacción ganglionar. Gran cefalea. Reflejos: de los brazos, aumentados; abdominales, ídem; cremastérieos, ídem; patelares, ídem; aquilianos, ídem. Ani- soeoria, P. 1. P. L. Miosis. Wassermann de la sangre, —, con 31 ojo de linfoc. Líquido eéfalo-raquídeo: Presión, normal; Wasser- mann, + +; Nonne Apelt, +; Reacción meníngea, algunos linfoeitos por campo. Núm. 17.—Juan P., 22 años, cabo, 74 días de enfer. 5-6-919.—Roséo- la recidivante moderada, poliadenitis, cefaleas, sensación de hormi- gueo en ambas piernas. Pulso, 109 por minuto. Pupilas en miosis, iguales. Reflejos, algo aumentados. Wassermann, + + +. con 19 olo de linfoc. Líquido eéfalo-raquídeo: Presión, normal; Wassermann. -r + +; Nonne Apelt, +; Reacción meníngea, 10 a 12 linfoeitos por campo. Núm. 18.—Francisco B., mayor, 41 años, 1-10-917, 39 días de enf. —Discreta roséola, poliadenitis generalizada. Intensa cefalea, \ ér- tigos, decaimiento general. Exageración de todos los reflejos. Rom- berg y Babinski, bien apreciables. Sensación de embotamiento de la sensibilidad, en ambas piernas. Gran ardor en la planta de los pies. Ligera anisoeoria, con conservación de los reflejos_ Wasser- mann de la sangre, + +, con 42 o|o de linfoc. Líquido céfalo-ra- quídeo: Presión, normal; Wassermann, + +; Nonne. Apelt, -f- -)-; Reacción meníngea, 6 a 7 linfoeitos por campo. (Un año más tarde se presenta con una neuritis óptica del ojo D.). Núm. 19.-—Vicente Y., 31 años, empleado, 29 días de la infeec., 7-12-18.—Roséola a grandes elementos, cefalalgias nocturnas, insom- nio, vértigos. Reflejos, normales. Pupilas, midriáticas. Romberg, bien visible. Wassermann de la sangre, —, con 27 ojo de linfoc. Líquido eéfalo-raquídeo: Presión, normal; Wassermann, —; Nonne Apelt, + ; Reacción meníngea, 10 a 12 linfoeitos por campo. Núm. 20.—Julián D. C., 22 años, soldado, 31 días de enferm., 7- 6-919.—Chancro duro, dorso del surco balano-prepucial, adenitis múl- tiple, gigante en ambas ingles. No hay elementos cutáneos ni mu- cosos. Cefaleas, vértigos, insomnio, malestar, sueños terroríficos. Reflejos, algo exagerados. Romberg, bien manifiesto. Wassermann de la sangre, —■ —, con 37 o|o de linfoc. Líquido eéfalo-raquídeo: Presión, normal; Wassermann, —; Nonne Apelt, +; Reacción me- níngea, ningún elemento. Núm. 21.—Eduardo C., 17 años, estudiante, 36 días le enferm., 14-2-19.—Chancro del labio inferior. Adenopatía cérvieo-inguinal, moderada roséola, cefalalgias, insomnio. Pulso, 104 por minuto. Re- 280 flojos, normales. .No hay Romberg. Anisocoria, P. I. P. D. Was- sermann de la sangre, +, con 42 o[o de linfoc. Líquido eéfalo-ra- quídeo: Presión, normal; Wassermann, — + ; Nonne Apelt, —; Reac- eión meníngea, escasos leucocitos. Núm. 22.—Pedro P., 29 años, sargento, 48 días de enferm., 15-11- 19.—Cicatriz del chancro, poliadenitis generalizada. Siíílides pápu- lo-pustulosas, angina. Cefaleas. Pulso, 118 por minuto. Anisocoria, P. I>. )> P. I. Reflejos: de los brazos, normales; abdominales, uor- males; cremastéricos, normales; patelares, muy exagerados; aqui- lianos, muy exagerados. Romberg, bien manifiesto. Clonus de los pies, moderado. Wassermann de la sangre, + +, con 39 ojo de lin- foc. Líquido céfalo-raquídeo: Presión, normal; Wassermann, +; Non- ne Apelt, -f- +; Reacción meníngea, 10 a 12 linfocitos por campo. ,Núm. 23.—Joaquín E., 26 años, teniente, 16-2-920, 37 días de en- ferm.—Cicatriz del chancro, micropoliadenitis, una que otra pápula dispersa, cefalea, vértigos, zumbidos de oídos, insomnio. Anisocoria muy marcada, P. D. P. I. Pulso, 127 por minuto. Excitabilidad re- fleja muy marcada. Romberg, moderado. Wassermann de la sangre, -f- +, con 29 o|o de linfoc. Líquido céfalo-raquídeo: Presión, nor- mal; Wassermann, + +; Nonne Apelt, + +; Reacción meníngea, 20 linfocitos por campo. Algunos polinucleares. (Tres meses más tar- de, nuevamente cefalea y a continuación ataques epileptiforines). Núm. 24.—José E., subteniente, 51 días de enfer., 7-1-920.—Ro- séola moderada, poliadenitis inguinal y cervical. Grandes dolores osteóscopos, cefaleas, vértigos, estado nauseoso. Pulso, 102 por mi- nuto. Anisocoria, P. D. > P. I. Hiperreflexia, generalizada. Romberg, apenas apreciable. Wasserman de la sangre, + + +, con 33 ojo de linfoc. Líquido céfalo-raquídeo: Presión, normal; Wassermann, + + ; N onne Apelt, + +; Reacción meníngea, escasos linfocitos. (Tres meses más tarde, cefaleas del lado D. y. pocos días después hemi- plegia izquierda). Núm. 25.—-Ramiro G., estudiante, 51 días de enferm. 5-6-920.—S'e presenta por grandes cefaleas, vértigos, zumbidos de oídos, náuseas, insomnio. Al examen poliadenitis generalizada, moderada roséola, placas mucosas bucales. Hiperreflexia general. Romberg. muy ma- nifiesto. Wassermann de la sangre, -f- + -f-, con 29 ojo de linfoc. Líquido céfalo-raquídeo: Presión, algo aumentada; Wassermann, + +; Nonne Apelt, +; Reacción meníngea, algunos linfocitos y polinucleares. Núm. 26.—José A., empleado, 31 años, 47 días de enferm., 7-2- 920.—Roséola abundante, placas, mucosas anales, faringitis, cefalal- gia, vértigos, insomnio, sueño muy intranquilo. Taquicardia, 127 pul- saciones. Decaimiento general. Moderado aumento de los reflejos. Romberg, moderado. Pupilas iguales, midriátieas. Wassermann de la sangre, + + +, con 37 o|o de linfoc. Líquido céfalo-raquídeo: Presión, normal; Wassermann, + +; None Apelt, + +; Reacción 281 meníngea, algunos liníocitos. (Dos meses más tarde, cefaleas, ideas de persecución, taquicardia, de 128 a 140. Exoftalmia). Núm. 27.—Víctor L., 24 años, teniente, 47 días de enfer., 3-6-919. —Bifílides papulosas muy abundantes, ganglios gigantes en las in- gles, poliadenitis generalizada. Cefalea moderada. Pulso, 98 por minuto. Reflejos cutáneos y tendinosos, aumentados. Romberg, ma- nifiesto. Ligera anisocoria, hay miosis. Parestesias dolorosas en ambas piernas. Wassermann de la sangre, -f- +, con 37 o|o de lint*. Líquido céíalo-raquideo: Presión, normal; Wassermann, -j- -j- +•. Nonne Apelt, + ; Reacción meníngea, escasos liníocitos. (Cuatro me- ses más tarde muy fuertes cefaleas, exageración de los ‘reflejos, enorme taquicardia, 130 a 135. A pesar de un nuevo tratamiento, un mes más tarde hemiplegia derecha). Núm. 28.—'Horacio S., 22 años, soldado, 43 días de enfer., 7-3- 920.—Roséola abundante, placas mucosas bucales, cefaleas, irritabi- lidad del carácter, insomnio, zumbidos de oídos. Raqui algia muy marcada. Bradicardia, 58 pnls. por minuto, buena tensión. Aniso- coria, P. I. Hiperreflexia, especialmente en las piernas. Pa- restesias dolorosas, sensación de quemadura en los pies. Wasser- mann de la sangre, + —, con 37 ojo de linfoc. Líquido céfalo-ra- quídeo: Presión, normal; Wassermann, + +; Nonne Apelt, + +; • Reacción meníngea, 20 linfoc. por campo. (Cinco meses más tarde meningomielitis y p>arálisis de la vejiga). Núm. 29.—Manuel A., soldado, 22 años, 67 días de enferm, 5-10- 19.—Roséola abundante, poliadenitis universal. Puerte cefalea. Refle- jos, algo aumentados. Romberg, moderado. Pupilas, midriáticas. Was- sermann de la sangre, -j- + +,eon 39 ojo de linfoc. Líquido céfalo- raquídeo: Presión, aumentada; Wassermann, + —; Nonne Apelt, + +; Reacción meníngea, escasos leueoc. (Seis meses más tarde, ce- faleas, ataques epileptoides, pérdida de la memoria, ideas de perse- cución. Está recluido). Núm. 30.—Antonio José G., guardián de cárcel, 36 años, 40 días de enfer., 8-11-20. —• Roséola máculo-papulosa, múltiples ganglios. Gran cefalea, estado neurasténico. Pupilas miósicas, reaccionan bien. Hiporeflexia. Ideas de suicidio_ Romberg, muy marcado. Ori- na, con 8 por mil de albúmina. Wassermann de la sangre, + + +, ■ con 25 o¡o de linfoc. Líquido céfalo-raquídeo: Presión, aumentada; Wassermann, + + ; Nonne Apelt, +; Reacción meníngea, tres lin- focitos por campo. (Un mes más tarde, grandes cefaleas, vértigos, náuseas y luego hemiplegia izquierda). Núin. 31.—José I., teniente, 24 años, 49 días de enf., 7-6-920. — Sifílides pápulo-pustulosas poco abundantes, cefaleas moderadas, zumbidos de oídos. Reflejos, normales. Romberg, moderado. Wasser- mann de la sangre, + +, con 47 ojo de linfoc. Líquido céfalo-ra- quídeo: Presión, normal; Wassermann, -f- —; Nonne Apelt, +; R. meníngea, ocho liníocitos por campo. (Ocho meses más tarde, dolor en el fondo del ojo derecho y pérdida de la visión por atrofia del nervio óptico). 282 He creído necesario hacer estas historias resumidas de los ■enfermos y al mismo tiempo hacer resaltar las principales reacciones de la sangre y del L. C. R.; porque en esta forma .se puede hacer un rápido juicio sobre cada una de ellas. No todos los enfermos de sífilis inicial presentan síntomas nerviosos, pero una buena cantidad de ellos tienen, como puede verse en las historias clínicas, una sintomatologia que encuadra dentro de las alteraciones del sistema nervioso cen- tral. La cefalea, los vértigos, los zumbidos de oído, la irritabili- dad del carácter, etc., hablan en favor de una neta afección del S. N., ya sea en toda su extensión, como también en par- tes de él. Esta sintomatologia puede variar al infinito y pre- sentar tantas modalidades como combinaciones pueden hacer- le con las partes nobles del cerebro y médula. La anisocoria, la miosis, la midriasis, la exageración o dis- minución de los reflejos, el clonus y tantos otros síntomas, nos hablan de alteraciones del sistema conductivo. La taquicardia, algunas veces tan acentuada, y eso espe- cialmente cuando hay una acumulación de síntomas cerebra- les, es de origen central indiscutible. En varios de los casos descriptos, veréis taquicardias hasta de 140 pulsaciones, no habiéndose encontrado ninguna sintomatologia que hubiera hecho sospechar lesiones del corazón. Más aún. el porvenir de algunos de esos enfermos nos ha venido a mostrar cuál era la lesión que se estaba incubando, y así veréis en el caso nú- mero 27, por ejemplo, (pie tuvo durante más de dos meses una intensa cefalea, (pie se acompañaba de una taquicardia de 130 a 135 pulsaciones; y que al cabo de ese tiempo se pre- senta una hemiplegia por endarteritis sifilítica. Esto, bien vi- sible en este enfermo, se observa en forma frustra en otros casos, y más de una vez hemos visto taquicardias en sífilis recientes, sin otra sintomatologia. Hoy, conociendo su exis- tencia y su concomitancia con las lesiones del S. N. C., sa- bemos el valor que debemos darle. Las alteraciones pupilares, que pocas veces las buscamos en la sífilis inicial, no es una exageración, son más frecuentes de lo que uno puede creer, y a estas alteraciones, tanto en la forma como en la reacción pupilar, debemos darle el valor de un síntoma, de un síntoma de certidumbre, y, más aún, de un síntoma grave. Es cierto que muchas veces este síntoma retrocede por efec- 283 to del tratamiento, pero no pocas queda estable y definitiva- mente, como indicando la existencia de la enfermedad. La acentuada exageración de los reflejos patelares, y del tendón de Aquiles, el elonus del pie, el Romberg, ete., esta- blecen claramente la existencia de alteraciones medulares, y veremos que en la generalidad de los casos ellos desaparecen por efecto del tratamiento, cuando éste es bien llevado; pe- ro, cuando no se los busca, cuando el enfermo no acusa por alguna causa su existencia, entonces, por debilidad del tra- tamiento o por demasiada confianza en el éxito de él, estas lesiones medulares siguen paulatinamente su curso progresi- vo, hasta que estallan en forma impresionante y quizás algu- nas veces fatal para el enfermo. Esta breve reseña sobre las manifestaciones nerviosas en la sífilis inicial, nos liará recapacitar cada vez más y más, so- bre la necesidad de un tratamiento apropiado a cada caso clínico. La punción lumbar en muchos casos de sífilis comenzante, nos muestra una serie de alteraciones más o menos frecuen- tes del L. C. E. Estas alteraciones se refieren tanto a la presión, a la exis- tencia del fenómeno de AYassermann, a su tenor en albúmi- nas y especialmente de las globulinas (Keacción de Nonne y Apelt), como, finalmente, en lo que se refiere a la denominada reacción meníngea; es decir, a la presencia de elementos cer lulares anormales, en calidad y cantidad. La presión del L. C. K., que algunas veces he visto aumen- tada, es, por lo general, normal, en estos casos de sífilis inicial. La frecuencia del AYassermann es muy constante, en las sospechadas lesiones del neuro-eje, y su intensidad, puede de- cirse, está en relación con la intensidad de los fenómenos me- ningo-cerehro-medulares. La reacción de Nonne-Apelt es también muy constante; ella corre pareja con la reacción de AYassermann, y si bien su sola existencia no afirma la presencia de lesiones del S. N., su asociación con el AYassermann o con la reacción menín- gea, da mayor valor a éstas. La reacción meníngea está representada por una serie de elementos celulares, cuyo número tiene importancia, pero ma- yor la tiene la calidad de esos elementos. En efecto: la lin- focitqsis raquídea es lo más constante que se puede pedir como signo biológico de sífilis meningo-cerebro-medular. La presen- cia de otros elementos, que algunas veces se observan, nada 284 dice, sólo su mayor abundancia puede hacer pensar en otras alteraciones de ese sistema. Estudiando simultáneamente estas tres reacciones, nos per- mitirá comprobar la existencia de reacciones meningo-cerebro- medulares, apreciar el grado de estas alteraciones, y, espe- cialmente, si las seguimos en serie, observar su estabilidad o su retroceso por efecto del tratamiento. Si son constantes las alteraciones del L. C. K. en la sífilis comenzante, y si su sola presencia tiene el valor de un sín- toma, la ausencia de ellas pío es suficiente para que podamos eliminar la hipótesis de que el S. X. se encuentra atacado. En realidad, cuando las tres reacciones del L. C. R. son am- biguas o están ausentes, no es suficiente para desechar la idea de sífilis del S. N.; en este caso, los hechos podrían hablar en favor de una inmunidad especial del S. N., o de una falta de reacción frente al treponema, y, aún más, por razones de to- pografía nerviosa, como veremos más adelante. El primer ca- so puede suceder, ya sea por falta de afinidad de la raza de treponemas bacia el tejido nervioso (si admitimos esta ra- za), o por una mayor resistencia de éste contra la infección. En el segundo caso, un sistema nervioso debilitado, en plena surmenage, podría, en determinadas circunstancias, no reac- cionar o reaccionar escasamente frente al treponema; y mu- flios estudios anátomo-patológicos así lo (pruejban, pues se han encontrado grandes infiltraciones linfocitarias alrededor de nervios cuya integridad había sido clínicamente compro- bada durante la vida de los enfermos. Pero, esta ausencia de alteración del L. C. R. es lo menos frecuente, casi podría decirse que es la excepción; sin embar- go, hay que tenerla presente para evitar posibles males. Hablar de formas clínicas sintomáticas de la sífilis nervio- sa inicial, no me parece posible; toda la sintomatologia que he mencionado depende de las modalidades posibles del apor- te de treponemas ¡al neuro-eje. El treponema puede provocar lesiones de las más variadas, presto que él puede atacar a las meninges, las raíces nerviosas, la médula, el cerebro y los nervios periféricos. Ahora bien: la llegada del treponema al neuro-eje se hace* por la vía vascular, y en llegando a estos tejidos, él puede lo- calizarse tanto en la pared vascular, como atravesarla y pe- 285 netrar en el seno del tejido nervioso. De aquí la gran división de sífilis arterial y de sífilis parenquimatosa. La arteritis sifilítica de los centros nerviosos, gracias al medio ambiente en la cual ella evoluciona, se acompañará fatalmente de reacciones meníngeas, si sobre ellas o en su vecindad se baya localizado. Ella constituirá la meningo vas- Cidaritis del período secundario de la sífilis, si ella ocupa una gran extensión de las meninges; o, por el contrario, habrá arteritis localizada, cuando ocupe solamente una porción de un vaso. Pero, si el treponema es llevado al tejido parenquimatoso, entonces, por el hecho de encontrarse en un terreno poco apropiado para su vitalidad, parece sufrir un retardo en su evolución, habría una especie de letargia y mucho más tarde vendría, por mayor hábito, a manifestarse en forma- de la denominada sífilis cuaternaria o parasífilis. Sin embargo, no se puede hacer una división tan neta, o mejor, tan ‘esquemática. Ni clínicamente ni etiológicamente pasa así; lia sido casi fatalmente necesaria la existencia de una vascnlaritis, para que el treponema pueda pasar al pa- rénquima nervioso, y si esto ha sucedido, esa vascnlaritis ha- brá impreso sus caracteres al medio ambiente en la cual se desarrolla. Es frecuente observar en sifilíticos secundarios, reacciones del L. C. R., a pesar de no encontrarse en el individuo nin- gún signo clínico de alteración del S. N., y, sin embargo, más tarde, se ha observado en algunos de ellos graves alteraciones cerebrales o medulares. Quizás esas alteraciones sin signos -clínicos, correspondan a la denominada sífilis parenquimato- sa; por escasa o moderada reacción meningo vascular. La presencia de estas alteraciones clínicas y biológicas jus- tifican un período preclínico en la sífilis nerviosa, y cuales- quiera que sean las opiniones en contra, no dejará de tener una importancia vital su investigación. Es justamente inves- tigándolas que se hará profilaxis de la sífilis nerviosa, pues se aplicarán, cuando ellas están presentes, los medios terapéu- ticos capaces de hacerlas desaparecer antes* que se estabili- cen y constituyan el síntoma, es decir, la destrucción o la ' desviación irreparable. 286 Tratamiento de las neuritissiillílicas del óptico y del acústico. Exitos extraordinarioseinnocuidad ab- soluta de la salvarsanoterapia metódica, progre- siva y sostenida, combinada con el cianuro de mercurio por vía endovenosa. Obligación de tra- tar a fondo la atrofia papilar de los tabéticos. por el dr. pedro l. BALiÑ.v (Buenos Aires) Profesor suplente de clínica dérinatosiíilogiáfica en la Facultad de Medicina de Buenos Aires .Tefe del Servicio dérmatosifilográfico del Hospital Español Desde hace unos seis años, nuestro apreciado amigo el doc- tor Federico Yribarren, distinguido oculista, Jefe del Servi- cio Oftalmológico del Hospital Español, ha tenido la aten- ción de enviarnos al Servicio Dermatosifilográfieo, a nuestro cargo en el mencionado hospital, a sus enfermos de sífilis del ojo, para que los sometiéramos al tratamiento general co- rrespondiente. Recibimos así a dichos pacientes con el diag- nóstico que el oculista nos remite, y durante todo el curso del tratamiento, prosiguen bajo su directa vigilancia en cuanto a la lesión local. A los pacientes vistos en estas condiciones se suman, para aumentar nuestra expeiiencia, los que liemos tenido ocasión de observar en nuestra práctica privada. Nos ocuparemos en el presente trabajo de algunos casos de neuritis óptica sifilítica, entre varios tratados siempre con éxito mayor o menor; de los tres únicos casos de atrofia pa- pilar que hasta ahora hemos atendido y de un caso, único, asistido también, de neuritis acústica sifilítica. Para todos estos enfermos hemos recurrido al siguiente tra- tamiento, que consideramos el más eficaz en la sífilis del siste- ma nervioso en general. Previo examen clínico general del enfermo y análisis de la orina, iniciamos una serie de inyecciones endovenosas de cianuro de mercurio (en nuestro país decimos bicianuro en lugar de cianuro), comenzando con medio centigramo y lle- gando a dos centigramos. Inyecciones diarias, si¡ es po- sible, si no, en días alternos. Número de inyecciones, una veintena, y más. Hacia la décima inyección, por ejem- plo, intercalamos en la serie de cianuro, las primeras inyec- 287 clones de la cura neosalvarsánica. Para ello se necesita mé- todo. Y éste consiste en aliar a la prudencia, la energía, so- bre la base de una disciplina rigurosa, a la que el paciente debe someterse, no interrumpiendo la cura, falta que puede costarle muy cara. Prácticamente procedemos, aproximadamente, así: 1. a inyee. endov. de neosalv., 0 gr. 075 (media ampolla de’ 0 gr. 15). 2. a invecc. endov. de neosalv., 48 horas después, 0 gr. 1Ò 3. ” ” ” ” 48 ” ” 0 gr. 15 4. a ” ” ” ” 3 días ” • 0 gr. 20 5. a ” ” ” ” 3-4 ” ” 0 gr. 25 6. a ” ” ” 3-4 ” ” 0 gr. 30' 7. a ” ” ” ” 3-4 ” ” 0 gr. 30' fe.a ” ” ” ” 3-4 ” ” 0 gr. 40' 9. a ” ” ” ” 4 ” 0 gr. 45 10. ” ” ” ” 4-5 ” ” 0 gr. 45 11. ” ' ” ” ” 4-5 ” ” 0 gr. 60 Y cada 5 días repetimos esta dosis de 0.60 o la de 0.75 cada 6 días, tratando — antes de dar una tregua — de llegar a 8, 10, 12 gr. y más, en total para la serie, siempre que la rancia general del enfermo para el remedio lo permita. Debemos insistir diciendo que con el cianuro de ITg. se continúa, sobre todo, al principio de la cura arsenical, inter- calándolo entre las inyecciones de neosalvarsán. Después de 3 o 4 semanas de terminar la serie de neosal- varsán, renovamos la cura si lo juzgamos necesario. Esta vez sin necesidad ya de las dosis iniciales muy reducidas; por ejemplo, así: 0.15, 0.30, 0.45, 0.60, .... basta 6, 8, 10, 12 o más gramos. Y estas series se repiten cuantas veces sea ne- cesario o posible, pues a veces el enfermo necesita del reme- dio y pierde la tolerancia general para el mismo. Asociamos a menudo a este tratamiento el yoduro de po- tasio por boca, con preferencia a cualquier otro compuesto yódico; damos 2 a 4 gramos diarios durante meses, interrum- piendo su uso una semana cada dos. Diversas razones nos han llevado a preferir y adoptar esta forma de tratamiento. Elegimos la ¡vía endovenosa porque, indiscutiblemente, es por ella que la medicación despliega su mayor eficacia: en un instante la dosis medicamentosa total entra a actuar globalmente, impregnando de golpe, al máximo posible, toda la economía. Esta especie de impreg-. 288 nación orgánica en masa, tiene una eficacia terapéutica muy distinta a una penetración fraccionaria, diluida, lenta, he- •cha por otras vías de administración, sobre todo en casos de sífilis nerviosa. Iniciamos el tratamiento de estos casos con mercurio, bajo forma de cianuro. ¡Preferimos proceder así y asociar después el neosalvarsán. El cianuro de TIg., por vía endovenosa, es una medicación óptima, de acción evidentemente eficaz en toda la sífilis ner- viosa. Tiene sobre los arsenicales, para estos casos, la ventaja de que actúa activamente sobre los focos treponémicos del nervio enfermo, sin despertar en ellos (o en el tejido nervio- so y sus envolturas), reacciones congestivas, medicamentosas, desfavorables, que cuidadosamente se trata de evitar: reac- ción de Herxheimer que, inofensiva en la piel o mucosas, puede acarrear un desastre en el nervio enfermo. El cianuro de TIg. lleva, decíamos, a los focos treponémi- cos del nervio enfermo su ataque enérgico, efectivo; la reite- ración a diario del medicamento opera progresiva y conti- nuadamente su beneficio: desinfiltración de los focos que son asiento de la enfermedad en el nervio, y con esto mejoría clí- nica. Cuando, hacia la 10.a o 12.a inyección, entra a actuar el neosalvarsán — medicamento temible por las reacciones fo- cales que, usado sin criterio, a dosis elevadas, puede provocar — ya no ejerce su acción sobre focos treponémicos vírgenes, susceptibles de reacción violenta: el cianuro de Hg. ha pre- parado el camino, quitando obstáculos de en medio, desinfil- trando ; el neosalvarsán llega, por otra parte, en dosis ínfima, casi inactiva, pero destinada precisamente a habituar a la lesión. Y, para no perder tiempo, dadas las pequeñas dosis iniciales de neosalvarsán, los intervalos entre las inyecciones son reducidos en proporción. Muchos prácticos, procediendo en forma prudente, seme- jante, sólo usan el neosalvarsán. Nosotros creemos que no sólo la seguridad es mayor, sino que el tratamiento gana en efi- cacia usando sucesiva y con,juntamente dos remedios distin- tos y activos por separado. Cada uno, permítasenos la expre- sión, golpea por su lado, debilitando al enemigo común, y haciéndolo recíprocamente más vulnerable. La suma así am- pliada de efectos útiles resulta prácticamente preciosa. Con los intervalos cortos entre cada inyección de neosal- varsán y el cianuro de los días intercalares, se llega pronto, sin haber dejado de hacer obra eficaz, a las dosis activas de 30 y más centigramos de neosalvarsán. Be puede entonces 289 dar un descanso para el cianuro, que tan valiosa ayuda ha prestado, y libre va el campo y despejado de obstáculos, ha llegado el momento de insistir con mano firme y atacar re- sueltamente eon el neosalvarsán. Este deberá actuar dejan- do que los gramos se sumen a los gramos, para que opere con amplitud, a fondo, su obra provechosa. En efecto: ahora el peligro está en quedarse a mitad de camino; en mezquinar remedio y dejar que, no sofocado el fuego, las brasas vuelvan a provocar nuevo incendio. Incen- dio que con las dosis insuficientes de 2, 3 gramos de neosal- varsán ha implicado en algunos casos la destrucción total, definitiva, del nervio, del conductor nervioso oprimido en su vaina o dentro del túnel óseo (facial-petroso), como si se seccionara en dos partes el manojo de sus fibras. Así ocurrie- ron al principio de la salvarsanoterapia desastres que pueden repetirse manejando brutalmente el neosalvarsán al empe- zar la cura, o no usándolo después a dosis suficientes y pro- longadas. Se temía, antes, la producción de neuritis arsenicales con el uso, sobre todo prolongado, de los arsenobenzoles. Este te- mor tenía su base en los desastres, entonces recientes, del atoxil y la arsacetina, compuestos que precedieron a los neo- arsenicales ahora en ¡uso. Ehrlich, por otra parte, con su “therapia sterilisans magna”, nos hablaba de 3-4 inyeccio- nes de arsenobenzol y a dosis altas. Se nos entregó así un ar- ma poderosa. La experiencia en su manejo demandaría tiem- po, El día que oímos desolados la historia de tal o cual pa- ciente sordo o ciego a raíz de una cura salvarsánica, ocurrien- do esto en pleno período secundario, a los 3 o 4 meses del chancro, y con insólita frecuencia, quedamos todos, natural- mente, impresionados y cohibidos: ya está la neuritis arse- nical, nos dijimos. Pero cuando médicos expertos fueron pe- netrando el mecanismo real de estos fenómenos desconcertan- tes y se atrevieron a insistir con el salvarsán más allá de las dosis entonces clásicas y lograron así dominar accidentes que empezaban a tomar cuerpo, quedó desde entonces demostra- do que las neuritis que así intempestivamente sobrevenían (neuroreeidivas), eran de auténtica naturaleza sifilítica, pues que las curaba el salvarsán. y, en manera alguna, neuritis tóxicas arsenicales. Debemos confesar que si no fuimos de los primeros que descartamos la posibilidad de una neu- ritis arsenical en tales casos, hoy declaramos que no he- mos visto en nuestra práctica un caso de neuritis arsenical 290 provocado por los neoarsenicales por vía endovenosa. Por eso no las tememos, en absoluto. Lo que lia ocurrido ha sido, pues, como decíamos, que ma- nejábamos un arma nueva, poderosa, de un alcance y efec- tos no conocidos. Ella engendró modalidades reaccionales im- previstas, no calculadas. Hoy estos hechos están prácticamen- te aclarados. A evitar su reproducción tienden las precaucio- nes que tomamos. Y podemos asegurar que las garantías de innocuidad que rodean al tratamiento prescripto en la forma prudente que hemos consignado, son completas y absolutas. Nuestra experiencia personal nos capacita para hacer esta afirmación concordante, por otra parte, con la de todos los prácticos que se han ocupado de estas cuestiones. Es así como desde hace años no hemos trepidado en afrontar consciente- mente las más graves responsabilidades frente a casos tan serios como algunos que este trabajo consignará al final. Esa determinación ha procurado a nuestros pacientes beneficios tan preciosos y admirables que, colmándonos de satisfacción, sobrepasaron nuestras esperanzas, confirmando, una vez más, la hasta ahora no superada bondad del procedimiento que pusimos en acción. Aún hay médicos sin suficiente experiencia personal e in- fluenciados todavía por conceptos anticuados y temores ya desvanecidos — los del principio de la era salvarsánica — que consideran con temor el empleo larga mana, metódico, cons- ciente, de la salvarsanoterapia. Y el daño lo infieren a sus pacientes, pues los privan de una medicación insustituible e indispensable, dejándolos llegar al desastre o a sus fronte- ras, perdiendo el precioso momento en que el éxito franco de- biera haberse logrado. Nuestra experiencia nos permite afirmar que es hoy una obligación para el médico que trate esta índole de enfermos, tener pleno conocimiento de las indicaciones formales e irreemplazables de la salvarsanoterapia racional. Que, lejos de alejar de ella a los pacientes, deben, dando crédito a quie- nes tienen autoridad y experiencia para afirmar cuanto afir- man, dirigir a ellos esos enfermos si no se sienten capacita- dos para afrontar responsabilidades. Y esto también porque ios que así pensamos, sabemos que la verdadera responsabi- lidad en que incurren talesi colegas — y es grave — es la de postergar o privar a esos pacientes de beneficios que en el momento actual de la ciencia, el médico tiene la obliga- ción de procurarles. Descartada la objeción de provocar neuritis arsenicales, de- 291 mostrada la innocuidad de la salvarsanoterapia, intensiva, por reiteración de dosis — procedimiento necesario para el éxito, — prevemos un nuevo reproche: el temor de una in- toxicación orgánica, por la masa global de arsénico que así se llega a administrar. A esto venimos contestando con un razonamiento tan lógico como eficaz, creemos. Los arsenobenzo- les son remedios relativamente nuevos? Al dilatarse nuestra experiencia con el tiempo, vamos ampliando el mejor cono- cimiento de sus propiedades, oportunidad, acción útil o no- civa, tolerancia, dosificación, etc. Otros arsenieales, como ios cacodilatos, conocidos y utili- zados desde muchos años atrás antes que los arsenobenzo- les por los prácticos de todo el mundo, y sobre cuya dosifi- cación había un consenso universal, han venido a ser emplea- dos en los últimos tiempos a dosis y por vía que han consti- tuido una revolución al respecto. ¿Qué significan hoy las do- sis de 10 y 20 centigramos de cacodilato de soda administra- do por vía hipodérmica durante tantos años, frente a las do- sis de 2, 4, 6, 8 gramos, inyectados ahora en una sola vez y en pleno torrente circulatorio?. (1) Con los arsenobenzoles ha pasado otro tanto. Fracasada la therapia sterilisans magna de Ehrlich, la necesidad de prose- guir el tratamiento para curar al paciente, de evitar fracasos y recidivas por insuficiencia de medicación, han ido obligando paulatinamente a la reiteración de las inyecciones y llegar así, por tanteos, a conocer mejor el margen de tolerancia pa- ra el remedio. Así hemos debido ir perdiendo el temor al arsénico de los arsenobenzoles, como lia ocurrido después con el arsénico de los cacodilatos: obligados por la necesidad. Y contra los he- chos, nada pueden las prevenciones. ¿Y cuál es la dosis curativa de los arsenobenzoles para la sífilis?, preguntará todavía uno de sus adversarios sistemáti- cos, batiéndose en retirada. No podemos hablar de la dosis curativa de ios arsenoben- zoles en las neuritis ni en la sífilis en general. Escasos gra- mos parecen haber sido suficientes para la curación radical (1) Es justicia dejar constancia que nuestro distinguido colega y amigo doctor Pacífico Díaz ha sido, en este sentido, desde vario» años atrás, un precursor del tratamiento hoy en boga, por altas dosis de cacodilato de soda, a las que recurría corrientemente en su prác- tica diaria, privada y hospitalaria. 292 «Le algún caso de sífilis. Centenares de gramos lian sido, des- graciadamente, insuficientes para tener éxito en otros. ¿Quién ha establecido la dosis curativa o la dosis total que del mer- curio y yoduro deba darse para un accidente determinado o para la infección general? La tolerancia orgánica del paciente para el remedio acti- vo, y la necesidad de medicación, son los extremos en que nos vemos obligados a actuar y desenvolvernos. Y lo que en la práctica vemos es que hay pacientes que llevan 30, 40, 50 y más gramos de neosalvarsán, — aparte del mercurio y yodu- ro — que no están curados, que, por consiguiente, necesitan proseguir su medicación, y que sus organismos siguen tole- rando el remedio. ¿Quién, basado en prejuicios, y frente al problema práctico, se cruzará de brazos? Xos es grato dejar constancia que desde el punto de vista de la prolongación del tratamiento por los neoarsenicales, los médicos uruguayos han demostrado hace ya años que era po- sible llegar a suministrar dosis totales insospechadas. Vimos, hará unos dos años, un enfermo radicado en .Mercedes (R. O.), y pariente de un médico, que seguía desde 5 años atrás un tratamiento por neosalvarsán. Una de las series compren- día 50 inyecciones de 90 centigramos cada una, hechas sin tregua, semana a semana. Llevaba recibidos, por entonces, ciento cincuenta gramos (150 grms.) de neosalvarsán, sin fenómenos de intoxicación y con perfecta integridad de sus nervios óptico, acústico, etc. En cambio, toda esta medica- ción había sido impotente para dominar sus cefaleas y mo- dificar las reacciones positivas de su líquido céfalo-raquídeo. observaciones Obs. número 1. Neuritis óptica. Coroiditis.—Alfredo O.. 16 años, ar- gentino. En agosto de 1919, chancros sifilíticos. Kefiere que recibió dos serios de cinco inyecciones de novarsenobenzol, cada una. No precisa bien la dosis. Además, en la misma época unas XII inyeccio- nes de cianuro Hg endovenoso. En febrero de 1920, dos meses des- pués de la última inyección de neosalvarsán nota disminución en la visión del ojo izquierdo. En octubre 5 de 1920, el doctor Francisco Belgeri, apreciado ocu- lista, comprueba “neuritis óptica del ojo izquierdo, con bordes bo- rrosos de la papila, más en su mitad izquierda. Yisión=l¡Í0.’9 Acon- seja tratamiento intensivo por cianuro de Hg. Eecibe algunas in- yecciones, la visión mejora a 1 [8. Unos médicos le desaconsejan el tratamiento activo porque en unos análisis de orina hay vestigios de 293 albúmina y cilindros hialinos. Por estas u otras razones, es lo cier- to que el enfermo hasta el 21 de julio de 1921, en que nos visita por primera vez, además del tratamiento consignado, sólo recibió- por su neuritis óptica una inyección aislada de neosalvarsán, X in- vecciones de biyoduro Hg de 1 cent., 2 cajas de supositorios Hg, y unos fraseos de jarabe Gibert. Como era de prever, con una medicación tan deficiente, la lesión ocular no hizo sino empeorarse. Al dirigirnos el paciente el 21 de julio, el doctor Belgeri nos co- munica: “Ojo izquierdo: neuritis óptica, coroiditis con copos flo- tantes en el vitreo; visión = 1|30”. El doctor Beatti analiza la orina: vestigios de albúmina, sin importancia; algunos hematíes; D.=1034; Cl. 12.63; urea 36. Hace un mes que el enfermo tiene cefaleas vesperales Pupilas, reflejos tendinosos, etc., normales. Muy buen estado general; sujeto robusto, atleta. Iniciamos inmediatamente (22 de julio) una serie de inyecciones endovenosas de cianuro Hg, de 1 y 1|2 a 2 centig. (XVI inyecciones en total). Dos gramos diarios de yoduro. El 30 de julio, neosalv. endov. Ó gr. 075. Agosto l.°.—Neosalv. endov. 0 gr. 10. Agosto 4.—Neosalv. endov. 0 gr. 15. Agosto 6—Neosalv. endov. 0 gr. 20. Agosto 9 y 12.—Neosalv. endov. 0 gr. 30 y 2. Agosto 17.—Neosalv. endov. 0 gr. 45. Agosto 22 y 27 y 1.® de septiembre.—Neosalv. endov. 0 gr. 60)x(3. Septiembre 6.—Neosalv. endov. 0 gr. 30. Septiembre 14, 21 y 28 y octubre l.° y 8.—Neosalv. endov. 0 gr. 60 ><( 5. La tolerancia, perfecta; los análisis - de orina posteriores, sin no- vedad. Las cefaleas desaparecen en seguida. El enfermo no veía los dedos de la mano al empezar la cura; diez días después, los podía contar con rapidez y precisión. Unos días después leía el encabezamiento de los diarios, y un poco más tarde letras de cuerpo menor. Al empezar la cura tropezaba con las per- sonas que pasaban a su izquierda; ahora las ve y reconoce fácil- mente con su ojo izquierdo. El segundo informe del doctor Belgeri, del día 5 de agosto, dice: “La visión ha mejorado de 1|30 a 1|8. Los copos del vitreo en menor proporción y. más tenues. La papila mucho menos borrosa, ya» dejando ver sus contornos. En una palabra, hay una verdadera re- surrección en el estado físico y fnncional de su ojo izquierdo.” Agosto 29.—Tercer informe del doctor Belgeri: “Visión = Si bien su visión a las escalas se mantiene igual, en cambio, ¡rara la nitidez de la forma de los objetos, es mayor. Los copos del vi- treo han desaparecido completamente y la papila con tendencia a. normalizarse. Vale decir, que aunque aparentemente no hay gran 294 diferencia en lo que a visión a distancia se refiere, es fuera de duda real y sensible la mejoría objetiva. ’ ’ Octubre l.°—Cuarto informe del doctor Belgeri. “Estado estacio- nario; situación igual a la consignada en el informe anterior.’’ Noviembre 9. — Quinto informe del doctor Belgeri: “Saleo un pequeño copo flotante del vitreo que he alcanzado a s er, la mejo- ría se mantiene estacionaria.” La última inyección de neosalvarsán aquí anotada, es del S de octubre. Posteriormente ha seguido recibiendo una inyección sema- nal de 0.60 gramos y tiene prescripta la continuación en igual for- ma y dosis hasta fines de diciembre próximo. Resultado del tratamiento: de visión 1 ¡30 ha mejorado a V 1¡8. Obs. núm. 2. Doble neuritis óptica, con enturbiamiento del vitreo.— .Francisco M., 29 años, español, casado, fogonero del F. C. al Pací- fico; después chauffeur en Buenos Aires. En jumo de 1918, escaso flujo uretral; adenopatía inguinal gran- de y dura. Un médico le habla de chancro sifilítico de la uretra. En noviembre de 1918, se presenta a nuestro Consultorio del Hospital Español (número 1521, año 1918); tiene entonces sifílides erosivas bucales y sifílides de las fosas nasales; restos de una roséola. Orina sin albúmina. Se le ordena fricciones Hg (hizo XX, de 5 gr.) y no- varsenobenzol endovenoso, que recibe así: Año 1918, noviembre 27.—Novars. endov. 0 gr. 30. Diciembre 2.—Novars. endov. 0 gr. 45. Diciembre 9, 16 y 30.—Novars. endov. 0 gr. 60 3.—Total: 2 gr. 55. A esta altura del tratamiento, contra nuestros consejos y adver- tencias, el enfermo, que se siente bien y sin síntomas, se ausenta a Mackenna. A mediados de febrero de 1919, nota que la vista “se ponía tur- bia”, pero sigue trabajando hasta principios de marzo, en que tie- ne que retirarse porque no veía casi nada. Consulta en Pío IV (Cór- doba), a un oculista. Recibe XXIII inyecciones de cianuro Hg en- dovenoso, de 2 cgr. y VII de 3 egr. Termina el 13 de junio este tra- tamiento y sintiéndose mejorado, vuelve de nuevo a sus tareas; pero pronto las abandona otra vez. A principios de julio de 1919 regresa a nuestro Servicio y el día 7 nos informan del Servicio Oftalmológico del Hospital (doctor Héctor U. Fernández), que el -enfermo tiene “doble neuritis óptica con enturbiamiento del vi- treo, más marcado en el ojo derecho. Ojo derecho: visión = 1¡10. Ojo izquierdo: visión == 1¡6. ” S'e le somete al siguiente tratamiento: 1919. Julio 7, 10, 11, 14. 16, 18, 23, 25 y 30.—Cianuro Hg endov. Agosto l.o y 4 (reetitis) y septiembre 11.—Cianuro Hg endov. 1919. Julio 12.—Novarsenob. endov. 0 gr. 10. Julio 19.—-Novarsenob. endov. 0 gr. 20. 295 Julio 24.—Novarsenob. endov. ü gr. 30. .Julio 29.—Novarsenob. endov. 0 gr. 30. Agosto 3, 5, 9 y 12.—'Novarsenob. endov. 0 gr. 45 4. Agosto 16, 2d y, 28.—Novarsenob. endov. 0 gr. 60 3. Septiembre 3, 6, 13, 20 y 30.—Novarsenob. endov. 0 gr. 60 5. Octubre 14.—Novarsenob. endov. 0 gr. 60. Total: 8 gr. 25 de novarsenobenzol. Después de la primera inyección de 0 gr. 10 de nov., el enfermo pretende ver mejor. Los días subsiguientes la mejoría se hace evi- dente. Septiembre 15.—Aparecen varios focos de pelada en el cuero ca- belludo . 1919. Agosto 22.—Segundo informe del SeTvicio Oftalmológico (doctor H. LT. Fernández): “El vitreo sé' ha hecho transparente por haber desaparecido toda clase de exudados. Se pueden ver con •claridad las papilas con bordes ligeramente deflecados y blanqueci- nos. Algo hiperémicas las hemipapilas temporales... Neuritis en franca regresión. Pupilas normales. En cada ojo visión—2[3.” Al empezar el tratamiento, ojo der. Y=l|10, ojo izq. Y—1¡6. Desaparece del Consultorio el enfermo y el 11 de septiembre de 1920, un médico (doctor Bonora), nos informa que le ha seguido haciendo inyecciones de cianuro de Hg; que no ha vuelto a vernos porque se cree con la vista igual a antes de enfermarse. Trabaja como chauffeur en la ciudad de Buenos Aires. El 14 de enero de 1921 conseguimos que el enfermo nos visite y el Jefe del Servicio Oftalmológico, doctor Yribarren. lo examina. He aquí su informe: “En ambos ojos, intactos todos los reflejos pu- pilares. Normalidad en la forma de ambas pupilas e igualdad entre sí. En ambos fondos se manifiesta un poco de irregularidad en el borde papilar (signo de antigua neuritis), sin ninguna señal de inflamación; papilas un poco blancas pero con venas y arterias nor- males, sin estrechamiento visible de su calibre. Los campos visuales no están estrechados en ningún sector, ni hay escotoma visible. Di- ferencia bien los colores Yisión, ojo derecho: ve la unidad. Ojo izq. 2|3 de la normal. Campo visual: O. D. N. 85°. T. 55°. S. 70o. y. 60o. — O. I. N. 85°. T. 65°. S. 750. y. 55.0” Resultado del tratamiento.—Ojo izq. de visión 1[6 ha mejorado a visión 2|3. Ojo derecho de visión 1|10 ha mejorado a visión — a la unidad. Obs. número 3. Doble neuritis óptica; retinitis.—Longh..., argen- tino. de unos 45 años, soltero. Sífilis adquirida hace más de 10 años; se ha tratado bastante. El 16 de junio de 1920 nos consulta parti- cularmente, porque desde varias semanas atrás tiene cefaleas y disminución de la agudeza visual. Pupilas normales. "Reflejos ro~ Julianos, exagerados Análisis de orina, normal. "Reacción de Was- 296 germana de la sangre, negativa. Comunicación verbal del oculista, doctor Belgeri, que lo examina: “Edema muy acentuado en ambas papilas.'' Inicia inmediatamente, el mismo día de su primera visita, una serie de invecciones diarias de cianuro de Hg endovenoso, hasta IX; después XVII inyecciones más, pero por vía muscular, por al- gunos inconvenientes. Por no tolerar yoduro puro, cápsulas de un sucedáneo, riodine. Y de neosalvarsán, las siguientes inyecciones: 1920. Junio 26.—Xeosalv. endov. 0 gr. 15. Julio l.o.—Xeosalv .endov. 0 gr. 20.— Julio 6.—Neosalv. endov. 0 gr. 30. Julio 12.—Neosalv. endov. 0 gr. 45. Julio 17.—Neosalv. endov. 0 gr. 60. Julio 22 y 29.—Neosalv. endov. 0 gr. 75 2. Agosto 5. Neosalv. endov. 0 gr. 75. Agosto 21.—Neosalv. endov. 0 gr. 45. Agosto 28.—Neosalv. endov. 0 gr. 75. Septiembre 4. 11, 18 y 25.—'Neosalv. endov. 0 gr. 75 4. Total de neosalvarsán: 8 gr. 15. Y pasa en seguida al silversalvarsán, del que recibe en varias inyecciones, desde 0.05 a 0.30, unos 3 gr. en total. Informes del doctor Belgeri (el l.o, verbal, el 16 de junio de 1920). Segundo informe, l.° de julio de 1920. Los síntomas de fon do de ojo están más marcados. “Hay una verdadera neuritis óptica. En el ojo derecho aparece una mancha hemorrágica por dentro de la papila”. Homatropina para dilatar la pupila. Tercer informe, 2 de julio de 1920: “La neuritis es bastante in- tensa, a pesar de conservar visión de 2|3.” Cuarto informe, 14 julio 1920: “Las lesiones están muy mejora- das. La neuritis ha retrocedido evidentemente y el foco hemorrá- gico apenas perceptible. La visión es normal.” Quinto informe, 21 de agosto de 1920: “En el sitio en que antes había la hemorragia, una cantidad de puntos blancos indicando re- tinitis sifilítica ya en vías de reabsorción. Sin embargo, ha queda- do un escotoma parcial central consecutivo a su lesión retiniana.,r Sexto informe, noviembre de 1921, es decir, un año y cuatro me- ses después del anterior: “Casi podría decirse que el fondo de ojo' es normal. Apenas si en una mácula se ven unos puntitos casi im- perceptibles y. los bordes de la papila como velados. Lo demás, incluso la visión, que es igual a la unidad en ambos ojos, está per- fectamente bien. Creo que como evolución, ha obtenido el máximo de beneficio que era dable esperar.” 6 de noviembre.—El enfermo sigue muy bien. Piensa casarse.. Reflejos patelares, exagerados; parestesia faríngea. Seroreacción Wassermann, negativa. Punción lumbar: linfocitosis, normal; Non- ne-Apelt y Wassermann, negativos (doctor Antonio Podestá). Ra- dioscopia del tórax, normal (doctor Moner). 297 Ordenamos inyecciones de calomel y el compuesto yodado que tomaba. Para más adelante, silversalvarsán> Mientras el paciente efectuaba la cura consignada, sin advertír- noslo consulta a un afamado especialista de oídos, porque cree ha- ber perdido algo su audición. En el momento de ser examinado co- munica al especialista que está en pleno tratamiento por neosalvar- sán, del que lleva sin interrupción 8 gramos y aún otros más de silversarvarsán. No oculta el colega su asombro ante lo que oye y se hace repetir. Y cree oportuno y adecuado decirle al paciente: “diga a su médico de mi parte que con tanto salvarsán tenga cui- dado con el acústico”. Dos cateterismos de la trompa, restablecen la audición normal y que siguió siendo perfecta. Cuando el paciente vuelve a consultarnos y nos cuenta la inci- dencia, tranquilo y con entera confianza en nosotros, por su parte, no podemos menos que prometernos mostrar al colega, en su opor- tunidad, ‘‘un ejemplo” de las neuritis arsenieales del acústico que con el neosalvarsán provocamos en la práctica. Y la casualidad quiere que esto ocurra, precisamente, con una niña que por una neuritis sifilítica del acústico le han llevado al especialista en cues- tión, en euyas manos casi llegó a la sordera definitiva y que des- pués nos trajeron y continúa bajo nuestra dirección. Y eise caso es justamente el que corresponde a la observación que va en seguida# Ots. número 4. Neuritis acústica, doble, por ) heredosífilis. — Anatilde M. G., argentina, 11 años, colegiala. Hace unos 10 años que venimos atendiendo a una hermana mayor de esta niña, por- que a los 5 años de edad—tiene ahora 15—tuvo, a causa de un go- ma, una perforación lenticular de velo palatino, debida a sífilis con- génita. Ningún otro síntoma visible, ulteriormente. Al padre también lo atendemos, actualmente, por un tabes recientemente diagnostícalo (sífilis ignorada en él). En noviembre de 1920 los padres de Anatilde nos la traen para consultar nuestra opinión respecto a novedades que le ocurren. Tres meses atrás, en agosto, la niña ha tenido que dejar de concurrir al colegio, porque paulatinamente se ha ido quedando sorda, sin expe- rimentar ninguna molestia local ni general. Esta niña, bien desarrollada, de buen facies, no había presenta- do ninguna novedad hasta entonces. El padre la creía indemne de sífilis. Cuando sobrevino la sordera no pensó ni remotamente—de- cía—en tal enfermedad. De ahí que concurriera a un clínico (Prof. doctor Mariano E. Castex), y en seguida, por consejo de éste, con diagnóstico ya de neuritis sifilítica del acústico, al especialista de oídos. Concordando éste con el diagnóstico, le administra una vein- tena de inyecciones hipodérmicas en los brazos y, además, tiroidina. Con este tratamiento, lejos de mejorar, la niña sigue empeorando, 298 y cuando a fines de noviembre de 1920, recibimos su visita, de un oído no oye absolutamente nada, y del otro, haciendo bocina con las manos y hablándole muy alto, alcanza a entender con dificultad las palabras. Como suponemos mercuriales las inyecciones que acaba de reci- bir, prescribimos yodo, y previo análisis de orina, que es normal, instituimos una cura por neosalvarsán. La primera inyección, de ■O gr. 075, después 0.10, 0.15, 0.20, 0.30 3, 0.45 ye 4, 0.50 reac- ción febril, 0,25. 0.40, 0.35 2. Total de neosalvarsán, 5 gr. 15, administrados en 3 meses; la última inyección el 26 de febrero ■de 1921. A poco de iniciado el tratamiento salvarsánieo, la niña empezó, con gran contento de todos, a notar que su audición retornaba. A medida que se insistía con el tratamiento, los progresos se hacían más evidentes. Llegó así la apertura de los cursos escolares en mar- zo de este año y la niña reingresó a la escuela que en agosto paisa- do abandonara. No necesitó volver a las primeras bancas del aula, para seguir las clases, que continuó con regularidad durante el año. Continúo con mercurio y yodo en abril y mayo. Desde el 10 de junio al l.° de septiembre de 1921, volvió a. reci- bir en una segunda serie de neosalvarsán, 3 gr. 10, que sumados a los 5 gr. 15 anteriores, dan en total, 8 gr. 25. ÍEra la dosis tan temida por el otologista cuando aquel adulto le hablara de sus 8 gr. de neo y algunos más de silversarvarsán. Y esta vez se trataba de una niña de sólo 11 años. Pero ya ante.'» de llegar a los 7 gramos de neosalvarsán se nos presentó la ocasión de demostrar al colega los “deterioros’’ que tal dosis de arsenieal habían producido en este nervio acústico, que no había beneficiado ciertamente de la medicación que él antes le propinara. Llevamos la niña al otologista. Con la consiguiente extrañeza, notó al ha- blarle, que no era preciso gritar con artificios—cosa nueva para él— para poder ser oído. Consideró entonces con respeto la obra del salvarsán difamado y ordenó a un colega de su Servicio que prac- ticara un examen prolijo para medir la audición reparada. Tene- mos en nuestro poder un informe practicado en ese momento y di- ce así: Oído derecho Audición, nula. Pinne, negativo. Oído izquierdo Alta voz, audición normal. Audición del reloj, a 2 metros. Binne, + Weber, lateralizado en O. I. Voz cuchicheada, la oye a 3 metros. Fecha del examen, 22 de julio de 1921 (hay un sello del Servicio y la firma del médico que practicó el examen). 299 En noviembre de 1921 esta niña seguia en las mismas excelentes condiciones. El único lamento, explicable, de sus padres, era no haber recurrido antes al sifilógrafo, que verosímilmente hubiera sal- vado también del desastre al acústico derecho total e irremisible- mente perdido. Obs. número 5. Doble neuritis óptica por heredosífilis.—-Josefa M., argentina, 21 años, soltera, costurera, residente en Azul (Provin- cia B. A.), ingresa a nuestro Servicio del Hospital Español en ma- yo de 1918. (Historia 126). Tiene cinco hermanos más, vivos y otros nueve han muerto, la mayor, parte en temprana edad. Diversas distrofias dentarias. Lengua despapilada a trechos y con surcos, como tendiendo al tipo escro- tal. Leuconiquia. Proceso inflamatorio e infiltrativo, crónico, en ambas piernas, ¿flebitis crónica? Sífilis congénita. Viene al Hospital porque desde hace varios meses su visión ha disminuido considerablemente. Górnea y pupilas normales. El doc- tor Iribarren nos comunica: ‘‘Visión turbia y considerablemente disminuida, apenas alcanza a 1[10 en cada ojo. En ambas papi- las, bordes muy borrados, viéndose como a través de un velo.” Análisis de orina, normal. El 13 de mayo de 1918 inicia una serie de inyecciones de cianuro Hg endov. El 12 de junio lleva XIV (XII, son de 2 cgr.). A partir del día 17 se intercala el novarsenobenzol. 1918. Junio 17.—Novars. endov. 0 gr. 10. Junio 26.—Novars. endov. 0 gr. 15. pero interrumpe el tratamiento hasta 1918. Julio 17.—Novars. endov. 0 gr. 30 (dosis alta dada por equivocación). Julio 24.—Novars, endov. 0 gr. 30. Julio 31.—Novars. endov. 0 gr. 30. Agosto 7. Novars. endov. 0 gr. 45 (intolerancia). Agosto 14 y 21.—Novars. endov. 0 gr. 30 )x( 2. Agosto 28.—Novars. endov. 0 gr. 45 (intolerancia). A esta, altura del tratamiento, la enferma ha mejorado tanto, que lee caracteres pequeños, pero tiene que ausentarse e interrumpe la •cura hasta 1918. Sep. 4, 11, 20 y 27.—Novars. endov. 0 gr. 30 4. Octubre 7, 11, 21 y 30.—Novars. endov. 0 gr. 30 x 4. Noviembre 6.—Novars, endov. 0 gr. 45 (reacción). Noviembre 13, 22 y 29.—Novars, endov. 0 gr. 30 3. Diciembre 6 y 16.—Novars. endov. 0 gr. 30 2. Total de novarsenob. 7 gr. 15. De cianuro TTg endovenoso ha llegado en total a 54 inyecciones. Terminada esta cura, la enferma se encuentra muy bien de su estado general, muy mejorada de sus piernas y contenta por el cambio operado en su vista. El oftalmólogo (doctor Yribarren) nos 300 comunica que la visión actual es de 1|5 para cada ojo. Antes del tratamiento era de ljlO para cada ojo. Vuelve a ausentarse la enfermo al Azul. Toma allí biyoduro Hg y yoduro K en bebida. Regresa al Consultorio en mayo de 1919. Inicia nueva cura por novarsenobenzol, pero la tolera mal y sólo alcanza a recibir 0 gr. 85, esta vez. En 18 de junio de 1919 el doctor Iribarren nos comunica: “Pu- pilas, reflejos y medios transparentes, normales. Papilas un poco blancas, con bordes no bien precisos. Vasos normales. Se notan restos de una antigua neuritis # La visión actual es O. D. 1¡3 y O. I. 1|4. El 11 de octubre de este año (1921), contestando a preguntas for*- muladas, dice la enferma en una carta por ella escrita desde Azul: “Mi salud es buena; la vista ha mejorado, creo que está casi del todo normal; conozco a las personas de mi familia más o menos a cien varas; puedo leer cualquier clase de letra sin esfuerzo: puedo co- ser.” Dice que ha recibido durante estos dos últimos años en que no la hemos visto, unas 40 inyecciones de aceite gris de 10 centgr. y 10 frascos de bebida con biyoduro Hg y IKI. Pasaremos a ocuparnos ahora de tres observaciones corres- pondientes a tres enfermos con atrofia papilar, esencial, sifi- lítica, y con síntomas, simultáneamente, de tabes dorsal, que tueron sometidos al tratamiento que preconizamos. Obs. 6. Doble atrofia papilar tabética.—Alberto N., 39 años, ar- gentino, educacionista, nos consulta en junio de 1921. Ha tenido cuando joven dos blenorragias; nunca advirtió chancro. En varias ocasiones, desde años atrás, cefaleas vesperales y nocturnas, que duran una semana y se repiten a intervalos de 6 a 12 meses. Be- bedor muy moderado; muy fumador. Hace seis años notó que se debilitaba su vista. Un oculista com- petente le da lentes. Hace tres años el mismo oculista los, cambia porque ve menos y dice no observar nada especial fuera del vicio de refracción. En julio de 1918 se casa. En agosto de 1919 otro oculista le receta lipiodol en inyecciones, pero no le habla de sífilis. Le inducen a hacer una Wassermann, que resulta positivo. Reci- be, además de inyecciones de lipiodol, XL de cianuro Hg endov., XXX de biyoduro intramuscular; unas XX de aceite gris y XXX de mercurio coleolo. Además, en septiembre de 1920 un médico poco práctico le hace una serie de inyecciones de neosalv. de 0.15, 0.30, 0.45, 0.60, y como sus venas no son fáciles de abordar, veía escu- rrir el líquido fuera; cree, así, que sólo recibió una mitad de las dosis consignadas. Pocos días después, la visión del ojo derecho se debilitó, dice, notablemente, por lo que teme ahora al tratamiento por neosal- varsán. 301 Hace seis meses que sufre dolores fulgurantes en las piernas. Ira- potencia genital. Algunas veces tiene que hacer esfuerzos para ori- nar; otras se interrumpe la micción, iosfatina. Orina con vestigios de albúmina. Ha señora no tuvo abortos. Tiene una hija de dos años, aparen- temente sana. Estado ?ie sus ojos: el enfermo nos entrega un informe suscrito por el distinguido oculista doctor Argañaraz, en enero de 1921; to- mamos de él estos datos: “Ligera ptosis palpebral, más marcada en O. I. Anisocoria. Argyll-Robertson. Atrofia gris (medular) de am- bas papilas ópticas, en estado avanzado, sobre todo en O. D. Estre- chamiento del campo visual en ambos ojos. Escotoma central. Am- bliopia intensa. Sífilis’-’. Encontramos los reflejos rotulianos y aquilianos, conservados. Diagnosticamos doble atrofia papilar tabética. A este mismo diag- nóstico de tabes dorsal arriba el profesor doctor Mariano K. Cas- tex, en un informe sobre este enfermo, que obra en nuestro poder, ‘ ‘ a pesar—dice—de la existencia de los reflejos patelares y aqui- lianos. El diagnóstico se basa—agrega—en los caracteres de los trastornos oculares y en las perturbaciones sensitivas existentes en la región lumbar y extremidades inferiores (hipercriestesia, hiperal- gesia lumbar, hipoalgesia testicular, batihipoalgesia, etc.)” En junio 8 de 1921, desde su Servicio Oftalmológico del Hospital Español el doctor Yribarren nos comunica: “en ambos ojos atrofia papilar, blanca, nacarada, con disminución notable del calibre vas- cular. O. D. no hay visión. O. I. visión = 1¡3. Deducción conside- rable del campo visual. Iniciamos el tratamiento con dos inyecciones intramusculares de cianuro Hg. Las venas son poco accesibles y debemos conservarlas para el neosalvarsán. Como ha recibido en los últimos tiempos al- gunas inyecciones mercuriales solubles iniciamos rápidamente el .neosalvarsán intercalando el cianuro los días intermedios, aunque tiene marcada tendencia a gingivitis con él. 1921. Junio 7. Neosalv. endov. 0.075. Junio 9.—Neosalv. endov. 0.10. Junio 11.—Neosalv. endov. 0.15. Junio 14.—Neoslav, endov. 0.15. Junio 10.—Neosalv. endov. 0.20. Junio 18.—Neosalv. enodv. 0.25. Junio 21.—Neosalv. endov. 0.30. Junio 25 y 30.—Neosalv. endov. 0.45 2. Julio 5.—Neosalv, endov. 0.45. Julio 9, 14, 19 y 23.—Neosalv. endov. 060 4. Julio 30.—Neosalv. endov. 0.75. Agosto 6, 12, 20 y 27,—Neosalv. endov. 0.75 4. Septiembre 3, 10 y 17.—Neosalv. endov. 0.75 3. Total de neosalvarsán:' 11 gr. 02. 302 Además, durante esta cura hasta XVII inyecciones de cianuro- Hg de 2 egr., intramusculares. Por boca 50 gr. K1. El 13 de agosto de 1921 nos informa el doctor Yribarren que el aspecto oftalmoscópico del O.I. sigue sin variación y la visión lo mismo, = 1|3. El 27 de agosto de 1921, en presencia de los doctores Yribarren y Uamel, preguntado por su estado, el enfermo concreta así sus respuestas: “He aumentado 5 kilos de peso desde que se inició la cura; tengo buen apetito, duermo bien. No tengo más mareos; la es- tabilidad ha mejorado; no tengo más dolores fulgurantes; la poten- cia genital ha reaparecido, es ahora normal; no tengo que esforzar- me más para orinar, no se interumpe la micción, no tengo más sensaciones de afdor en la uretra, orino de manera enteramente normal ’ Respecto a su vista, si bien el examen oftalmológico hecho dos semanas atrás, no acusa modificación objetiva apreciable, el pa- ciente (persona inteligente, reposada, profesor de dibujo y mate- máticas desde hace 15 años), nota un cambio alentador. Por ejem- plo, dando clase tenía que aproximarse a los carteles con figuras para leer sus leyendas, ahora lo hace desde el fondo del aula. No veía la numeración de las casas desde el tranvía; ahora sí. No dis- tinguía los detalles de una moneda, ahora los percibe. En septiembre 7 de 1921, una determinación de campo visual acusa una ligera ampliación, comparado con el levantado 3 meses atrás. Un informe del 17 de septiembre de 1921, suscrito por el doctor Yribarren dice: “la visión del O. I. ha mejorado algo. Antes era 1¡3, alcanza hoy a 1|2? con un poco de dificultad”. En la segunda quincena de octubre hemos presentado este enfer- mo a una serie de oculistas con motivo de unas conferencias que sobre estos tópicos dimos en el Hospital Oftalmológico de Buenos Aires. Aspira el paciente a no perder su empleo para conseguir su ju- bilación, lamentando no haberse sometido con más oportunidad a la única medicación que le ha, no sólo detenido su proceso, antes en progresivo avance, sino reportado un beneficio tan precioso para su ojo izquierdo, ya que para el otro, desgraciadamente, llegó tarde el sifilógrafo. Ofcs. 7. Doble atrofia papilar tabética.—El doctor N. X., aboga- do, personalidad destacada en nuestro país, llega a consultarnos el 16 de abril de 1918. Le acompaña el profesor doctor Pascual Pal- ma. Y este distinguido colega, junto con el profesor doctor Grego- rio Araoz Alfaro, que tienen con el paciente estrecha vinculación amistosa, nos expresan todo su interés por él, haciéndonos el honor de confiarlo a nuestras manos. Tiene el enfermo 45 años. Adquirió la sífilis en 1890. Su padre 303 también la contrajo antes del matrimonio. El paciente ha tenido» paludismo y ha tomado mucha quinina. No bebe, no fuma. No ha hecho tratamiento específico hasta 1903, y desde entonces acá, éste ha sido muy deficiente. El serio problema que le absorbe, es su vista, que desde más de un año atrás, se viene debilitando y está en la actualidad suma* mente desmejorada. Cuatro años hace, ha tenido visión doble con ptosis del párpado superior, incompleta. Según informes que vemos, el profesor doctor Adolfo Noceti, re- putado oculista, en 16 de abril de 1917, ya encontró la papila blanca en el O. D., traduciendo una atrofia de la misma. En esa fecha la papila del O. I. estaba indemne. En febrero de 1918, la visión desmejora más: ve borroso; com- pruébase que está casi abolida la visión del ojo derecho y que en el O. I. también se ha iniciado la atrofia papilar. He aquí el estado actual de este enfermo, al examen oftalmoló- gico practicado por el doctor Federico Yribarren, el 23 de abril de 1918: “Presenta miosis, anisocoria e irregularidad pupilar; la pu- pila derecha está algo contraída, de contorno libre pero irregular,, es la mitad menor en diámetro que la izquierda; falta en ambas pupilas el reflejo directo y el consensual, conservando el de aco- modación convergencia. Por lo tanto, hay en ambos ojos signo positivo Argvll-Kobertson. Las papilas son blancas, algo gríseas, sin anormalidad a su nivel ni en sus vasos. El campo visual está es- trechado concéntricamente. Hay, pues, triada ocular tabética, cons- tituida por la antigua diplopia (parálisis muscular), rigidez pupilai a la luz, y atrofia del nervio óptico. Visión ( con Esfco. + 1.50, visión = l|50. ( O. I. con Esfco. + 1.50, visión == 2|3? Para cerca Esf. + 3.00, visión — número 2. Fuera de los trastornos oculares, el paciente tiene estos otros sín- tomas: placas de hiperestesia en los muslos y costados del tórax. Disestesias uretrales. Dolores fulgurantes en piernas y brazos. No hay Eomberg. Orina, composición normal. Practicamos al enfermo 29 inyecciones endovenosas de cianuro de Hg de 1 y 1 ¡2 a 2 centig. Inyecciones de lipiodol y de estricnina. Este tratamiento se realiza entre el 17 de abril y el 9 de julio de 1918. Un examen practicado por el doctor Yribarren el 23 de mayo, un mes después del primero ya consignado, nos informa que la visión del O. D. ha mejorado a l|40 y la del ojo izquierdo 2|3 (antes con dificultad). Iniciase el tratamiento por novarsenobenzol, remedio que le han desaconsejado al enfermo, refiriéndole desastres y citándole hasta los nombres propios de personas que deberían su ceguera a él y que 304 están en boca de pacientes y de médicos. Ante nuestra categórica afirmación de innocuidad absoluta, se entrega a nosotros el enfer- mo, modelo siempre de obediencia y disciplina. Año 1918. Junio 22.—Novarsenob. endov. 0 gr. 10. Junio 27.—Novarsenob. endov. 0 gr. 15, Julio 2.—Novarsenob. endov. 0 gr. 20. Julio 6.—Novarsenob. endov. 0 gr. 30. Julio 7.—Examen practicado por el doctor Yribarren: O. D. vi- sión = 1|40. O. I. Esfco. + 1.50. Visión — 2!3. De cerca lee nú- mero 1 con Esfco. + 3.00 D. Año 1918. Julio 11.—Novarsenob. endov, 0 gr. 30. Julio 16.—'Novarsenob. endov. 0 gr. 40. Julio 20.—Novarsenob. endov. 0 gr. 40. Julio 25.—Novarsenob. endov. 0 gr. 45. Agosto 1, 8, 15, 22 y 29.—Novarsenob. endov. 0 gr. 60 ys 5. Septiembre 5.—Novarsenob. endov, 0 gr. 60. Total de novarsenobenzol: 5 gr. 90. Un mes de intervalo, XX inyecciones de 2 miligr. sulf. estricnina y 10 eentig. glícerofosfato de soda. Año 1918. Octubre 5.—Novarsenob. endov. 0 gr. 30. Octubre 9.—Novarsenob. endov. 0 gr. 45. Octubre 17, 24 y 81.—Novarsenob. endov. 0 gr. 60 4, Total de esta serie: 3 gr. 15. Un mes de intervalo. Estricnina y glícerofosfato como en el des- canso anterior. (Digamos, de paso, que actualmente prescindimos de estos descan- sos hasta no pasar de 10 o 12 gr. continuos de neosalvarsán). Año 1918. Diciembre 6.—Novarsenob. endov. 0 gr. 30. Diciembre 12.—Novarsenob. endov. 0 gr. 45. Diciembre 19.—Novarsenob. endov, 0 gr. 60 (reacción). Diciembre 26.—Novarsenob. endov. 0 gr. 45. Añot 1919. Enero 2 y 9.—Novarsenob, endov. 0 gr. 45 2. Total de esta serie: 2 gr. 70. Total de novarsenobenzol en 3 series (26 inyecciones) 11 gr. 75, administrados del 22 de junio de 1918 al 9 de enero de 1919. El oculista doctor Yribarren, que sigue de cerca al enfermo, me anuncia siempre que la medicación sólo provoca efectos favorables. Año 1919. Enero-febrero.—Inyecciones semanales de 5 cc. lipio- dol. Estricnina y glícerofosfato. Marzo-abril.—Calomel: 6 inyecciones do 4 centigr. Mayo.—Estricnina y glícerof. Junio 3.:—Novarsenob. endov. 0 gr. 10. Junio 9, 16, 23 y 30.—Novarsenob. endov. 0 gr. 45 \<( 4. Total do la serie: 1 gr. 90. Total de novarsenobenzol hasta la fecha: 13 gr. 65. El doctor Yribarren levanta este estado actual el 21 de junio de 1919: Pedro L. Baliña. — Tratamiento de las neuritis ópticas sifilíticas.—Pl. I Obs. VI. Junio 8 de 1921 Obs. VI. Setiembre 7 de 1921 Obs. VII. 2L Junio 1919 Obs. VII 17 Maya 1021 Pedro L. Baliña.— Tratamiento de las neuritis ópticas sifilíticas.—Pl. II Obs. VII. 23 de Abril de 1918 Obs. VIII. 305 ■O. L>. + 1.50. Visión = 1 ¡30. O. I. + 1.50.* Visión — 1 para lejos. Es decir, que en esta fecha el ojo derecho de de visión, ha mejorado a 1¡30. El ojo izquierdo con visión de 2]3? ha llegado a la unidad. Año 1919. Julio.—Estricnina, lipiodol. Agosto-septiembre.—5 inyec. calomel de 4 centgr. Alternando yodolipol, estricnina y calomel, llegamos a 1920. Junio 21.—Neosalv. endov. 0 gr. 20. Julio 28.—Neosalv. endov. 0 gr. 30. Julio 12.—Neosalv. endov. 0 gr. 35 (reacción). Julio 19 y 26.—-Neosalv. endov. 0 gr. 30 2. Agosto 2 y 9.—Neosalv. endov. 0 gr. 30 2. Agosto 16 y 23.—Neosalv. endov. 0 gr. 45 2 (reacción). Agosto 30. Neosalv. endov. 0 gr. 30 (intolerancia). Total de esta quinta serie: 3 gr. 55. Total de novarsenob. y neosalvarsán hasta la fecha: 17 gr. 20. .Dice el enfermo que hacía muchos años que no sentía la sensa- ción de bienestar que ahora, desde hace un par de años, experi- menta; que desconoce a su intestino, perezoso antes, ahora perfec- tamente regularizado. Ha aumentado algunos kilos de peso; su buen aspecto llama la atención de los que le conocen. Sus dolores fulgurantes sólo reaparecen en los cambios de tiempo o al reanudar el tratamiento de neosalv. Con un sello analgésico los domina. 1920. Septiembre.—Yodolipol. Octubre-diciembre.—Calomel, estricnina, glíeerof. 1921. —Enero-febrero.—Yodolipol, estrie., glíeerof. Mayo.—Calomel. 1921.—Agosto 8 y 16.—Neosalv. endov. 0 gr. 15 >/ 2. Agosto 22.—Neosalv. endov. 0 gr. 20. Agosto 29.—Neosalv. endov. 0 gr. 30. Septiembre 5.—Neosalv. endov. 0 gr. 30 (intolerancia). Total de la sexta serie: 1 gr. 10 Total de neosalvarsán hasta la fecha: 18 gr. 30. En 26 de agosto de 1921, el profesor doctor Adolfo Noceti revisó prolijamente al enfermo, en cuya compañía fuimos a verle. Ade- más de los datos que anteriormente anotara en su registro, lo tenía bien presente. Terminado el examen, el profesor Noceti no nos ocultó su sorpresa al comprobar que en este paciente, para quien la ceguera a corto plazo había parecido un destino ineludible, se hubiera conseguido, no ya detener el proceso—lo que es un éxito considerable—sino más aún, hacerlo retroceder, obteniendo una me- joría extraordinaria, lograda y consolidada desde dos años atrás. No sólo es admirable—nos decía,—la mejoría de la visión, sino la ampliación considerable de su campo visual. Y" todo esto, agre- 306 gaba, contrastando con el aspecto blanco, siempre imponente de sus papilas, blancas, objetivamente inmodificadas. El doctor Yribarren resume así su juicio sobre este paciente, al que ha seguido siempre de cerca. “El tratamiento prolongado e intensivo, en este enfermo, ha modificado el campo visual y la vi- sión para lejos y cerca, mejorándolos notablemente; pudiendo leer sin fatiga y dedicarse a sus tareas importantes. La mejoría puede considerarse definitiva, por el tiempo (más de dos años) transcurri- do, sin que pierda su visión y se estrechen sus campos visuales. ’1 En noviembre de 1921, el paciente seguía en óptimas condieiones.- Necesito—nos decía—hacer un esfuerzo, para recordar que soy en- fermo. Y este paciente, que debe al maravilloso tratamiento por neosalvarsán, su bienestar, su dicha, la de los suyos y la de cuantos, le respetan y aprecian, por sus relevantes condiciones de hombro y ciudadano ejemplar, es el mismo enfermo que con una entereza y serenidad superiores, en abril de 1918, consciente de su situación, que veía tan sombría como sus médicos, iba acomodando su vida y su espíritu para entrar en la noche permanente. Obs. 8. Doble atrofia papilar tabética.—Francisco T., 52 años, ar- gentino, casado, carpintero. Hace seis años que nuestro apreciado- amigo el profesor J. C. Montanaro, del Servicio de Clínica Neuro- lógica del Hospital Ramos Mejía, observa de cerca a este enfermo y lo tiene en asistencia. A pesar de un tratamiento de Hg y. I, per>- severante, el enfermo ba seguido empeorando progresivamente, y en los últimos tiempos la agravación se ha intensificado, como se verá después. Sabedor el doctor Montanaro del sistema de tratamiento que apli- cábamos a esta clase de enfermos, nos propuso que dirigiéramos su cura, temperamento que junto con el paciente aceptamos. Concurre el enfermo a nuestro Servicio del Hospital Español, en agosto de 1921. Lo conduce del brazo la esposa del paciente _ Desde hacía años su visión venía debilitándose progresivamente, pero en los dos últimos meses la disminución ha sido tan considerable, que desde entonces ya no puede guiarse sólo. Con el ojo derecho, ape- nas ve bultos por visión periférica. Visión central, nula. Con el ojo izquierdo, distingue inconstantemente los dedos a 50 centím.;. gran escotoma central; campo visual anular, muy reducido. Argyll- Robertson, positivo. Su proceso debutó hace unos 10 años, con dolores fulgurantes. Sueño muy deficiente. Retiene mal la orina; tiene que hacer es- fuerzos, a veces, para vaciar la vejiga; otras, la micción se entre- corta. Impotencia genital completa. Desde hace dos meses, cefaleas nocturnas. En el Hospital Ramos Mejía, en agosto de 1921, la sangre dió Wassermann positiva, y el liquido raquídeo, linfocitosis; Nonne Apelt y Wassermann, positivos. 307 En los seis años de tratamiento ha recibido 20 inyecciones de cia.- nuro, endovenoso; tí inyecc. de calomel de 10 centgr. y 104 de acei- te gris de 12 centgr. Además, yoduro y lipiodol en cantidad. Reflejos rotulianos: disminuido el derecho, abolido el izquierdo- Los aquilianos, muy disminuidos, de uno y otro lado. Reflejos paL mares y cubitales, muy disminuidos. La Wassermann de la sangra sigue siendo positiva# Orina, análisis normal. Lo sometemos al siguiente tratamiento: 1921. Agosto 11, 13 y 16.—Cianuro Hg endovenoso. Agosto 18.—Neosalvarsán endov. 0 gr. 05 y ese mismo día (úni- ca vez que hacemos esto), con tres horas de intervalo, cianuro de Hg endov. Agosto 20.—Neosalv. endov. 0.10 y cianuro Hg. end. 0.02. Agosto 22.—Cianuro Hg. Agosto 23.—Neosalv. endov. 0.10. Agosto 24.—Cianuro Hg endov. Agosto 25.—Neosalv. endov. 0.15. Agosto 27.—Neosalv. endov, 0.15. Agosto 29.—Cianuro Hg endov. Agosto 30.—Neosalv. endov. 0.20. Septiembre l.°—Neosalv. endov. 0.20. Septiembre 2.—Cianuro Hg endov. Septiembre 3.—Neosalv. endov. 0.20. Septiembre 5.—'Cianuro Hg endov. Septiembre 6.—Neosalv. endov. 0.30. Septiembre 7 y 9.—Cianuro Hg endov. (intolerancia;. Septiembre 10 y 15.—Neosalv, endov. 0.30. Septiembre 20, 24 y 29.—Neosalv. endov. 0.45 3. Octubre 4, 8 y 13.—Neosalv. endov. 0.45 3 (reacción con la¡ última). Resumen: de 11 de agosto a 13 de oetubre, 12 inyecc. de cianuro Hg endov., en total 16 centgr. (No se pudo dar más por intoleran- cia). Neosalvarsán endov., en 16 inyec. 4 gr. 60. El doctor Yribarren, nuestro apreciado y competente Jefe del Servicio Oftalmológico en el Hospital Español, el día. que lo examinó por primera vez, antes de todo este tratamiento, impresionado por la gravedad y el estado tan avanzado de sus lesiones de fondo de ojo,, optó por desaconsejarnos el someter al tratamiento especial a este enfermo. Se encaminaba tan ligero a la ceguera: le faltaba tan¡ poco para llegar a ella; era tan reducido el margen de acción útil que. le quedaba a la medicación, por activa que fuera, que nuestro- oculista, un entusiasta reflexivo del sistema de tratamiento que pre- conizamos, no deseaba—cosa posible—que los vestigios de visión: de este hombre se esfumaran, coincidiendo con la iniciación de la cura a que deseábamos someterlo. De la innocuidad de ésta, aún para tan extremo caso, no había qué hablar; de la posibilidad de? hacer obra útil, sí, y con razón. 308 Habría sido el primer paciente ante quien desistiríamos. Aunque la esperanza de beneficio para él, fuera remota, no había otra fue- ra de este tratamiento. Y lo decidimos. En todo caso, nos decía- mos, aprovechará de la cura, su enfermedad orgánica, general. A los 20 días de iniciada, el l.° de septiembre de 1921, conduji- mos al paciente al Hospital Hamos Mejía, Servicio de Neurología del profesor Estévez, donde el enfermo era un viejo conocido, y allí los doctores Chiappori y Montanaro pudieron oir de sus labios y de los de su esposa, lo siguiente: el enfermo puede caminar con ,un poco más de seguridad; se tambalea menos; entra y sale de las habitaciones y se sienta, solo, lo que antes no podía hacer. Duer- me mejor. Los dolores son menores Retiene más la orina, la emite con más facilidad. Tiene fe en la cura, poique después de seis años de asistencia, repite, es la primera vez que haya observado un be- neficio apreciable a raíz de una cura. Presentamos este paciente en las conferencias del Hospital Of- talmológico (junto con el de la observación 6), que dimos de no- che. El paciente pudo ir y venir solo, con facilidad, por la sala, mientras exponíamos la mejoría conseguida: hace más de un mes que concurre solo al Hospital, del que habita lejos; camina solo 7 cuadras para tomar el tranvía, cruza calles, sube y baja escaleras, reconoce a médicos y practicantes y distingue con la vista objetos que antes sólo reconocía con el tacto. Su estado general ha bene- ficiado grandemente.; duerme muy bien, orina casi normalmente. En fin, ha renacido la potencia genital, asegurando ante varios colegas, que ha vuelto a tener contactos sexuales en forma normal. No hemos tratado, consignamos ya, sino estos tres casos de atrofia de la papila, esencial, tabética. Empezamos recién a tratar un cuarto caso, sumamente serio. Ignoramos qué nos reserve el porvenir para otros enfermos semejantes; no nos ilusionamos, descontando éxitos futuros. Pero, sí, tenemos cer- teza de dos cosas: l.° que no liaremos ningún daño a cual- quier paciente nuevo, por grave que sea su proceso; 2.° que tenemos la obligación moral de no privar a ningún enfermo con sífilis del nervio óptico, sea a forma neurítica, sea a for- ma de atrofia tabética, del inmenso beneficio curativo de los arsen obenzoles. Auguramos que este tratamiento — a cuya difusión pro- pende este trabajo — puesto en obra preventivamente o en casos de lesiones incipientes, se hará la mejor profilaxis de estos y otros accidentes serios y se rescatará a no pocos, si no muchos enfermos, cuyo sombrío porvenir sería inevitable, co- mo lo era antes con los métodos rutinarios y los medios in- suficientes de la vieja sifiloterapia. 309 Deseamos, aún saliéndonos del mareo de este trabajo, no darle fin sin exponer, con satisfacción, otros méritos insospe- chados de la salvarsanoterapia metódica, progresiva, nida. La niña de la Observación número IV, que salvó su oído gracias a esa forma de medicación, tenía, dijimos, una her- mana de quince años, heredosifilítica como ella, que a los cinco años de edad presentó un goma del velo palatino cau- sante de una perforación lenticular del mismo. Esta niña, en los diez años posteriores, no volvió a presentar objetivamente ninguna novedad. A ello contribuyó, es presumible, la medi- cación mercurio-yódica, crónica, intermitente, a que estuvo sometida durante todo el decenio. ¿ Pero podría decirse, con todo, que su estado fuera el normal, para una niña de su edad? Xo. Esta niña motivaba una preocupación constante de sus padres: carácter un poco retraído, muy sensible, con indiferencia para ciertas cosas, impropia de su edad, y que jándose a menudo de sensaciones anormales, de malestares indefinidos. A menudo, también, de perturbaciones vagas de su estómago e intestino; de indiferencia para la comida. Siem- pre en demanda, la madre, de un buen tónico para su hija. Al examen somático, nada. Todo, aparentemente, en orden. Confesamos que, a no mediar la circunstancia de tener que tratar a su hermanita por la grave lesión del acústico, no habríamos pensado en someter a aquella niña al tratamiento neosalvarsánico. Pero, presente la ocasión, la aprovechamos, para ponerla así a cubierto de posibles sorpresas en el futu- ro. Fue, pues, con un criterio preventivo que dispusimos la medicación. Sus cosas subjetivas no se nos imponían como de las habitualmente abordables con el tratamiento específico. Le hicimos una cura semejante a la de su hermana, con neosalvarsán. Durante este tratamiento, varios indicios, en los que no- nos deteníamos, absorbidos por cuestiones que son, o parecen, de más monto, revelaron ya beneficios imputables a la medi- cación nueva, puesta en acción. Cuando el ciclo de tratamien- to hubo llegado a su fin, la madre, que de cerca y con un in- terés harto explicable no perdía detalle respecto al estado de salud de sus hijas, nos hacía también partícipes de su con- tento en las renovadas confidencias a que daba pretexto la rei- teración de sus visitas. Porque, no sólo, nos decía, una salva su oído, ya casi perdido, es que la otra está también experi- mentando un cambio favorable en su. estado general y, so- bre todo, en su carácter, en su manera de ser. Ya no se que- 310 ja más del estómago, ni del intestino; ni de una sensación de opresión; come con inusitado apetito, ha aumentado de pe- :so. En fin, un cambio físico favorable y una repercusión ven- tajosa sobre el carácter. Meses después, nos decía la madre: mi hija ha crecido de golpe; los vestidos le quedan chicos, lia sido un inconveniente del tratamiento, decía risueñamen- te la madre, al que se agrega este otro: la preocupación de ir ahora todos los días al cinematógrafo, pues esta niña, an- tes reacia para salir de casa, está ahora siempre animada pa- ra arreglarse y no quedarse en ella. Y por nuestra memoria desfilaban, al oír esas palabras, una serie de pacientes, legión ya, que, veteranos de los vie- jos tratamientos, nos habían llegado a convencer que este precioso remedio, el salvarsán, era árbitro, a ¿veces, no sólo de la salud física de los pacientes, sino de la no menos apreciable sensación de bienestar espiritual que — alejados o anulados ios factores patológicos — deriva, precisamente, de restituir a los órganos su juego funcional libre y armónico, es decir, fisiológico. Y en esos casos donde el mercurio y el yoduro ha- bían agotado su acción, fracasando, ese éxito lo alcanzaron los arsenobenzoles. Concepto de la infección sifilítica y de su tratamiento por el dr. PEDRd l. baliña (Buenos Aires) Profesor suplente de dérrnato-sifilografía en la Facultad de Medicina de Buenos Aires Establecer la naturaleza sifilítica de un chancro, por pre- coz que sea el diagnóstico, implica, actualmente, el reconoci- miento de una infección sifilítica generalizada, constitucio- nal, en evolución ya desde días y semanas atrás. Este concepto importantísimo de la precocidad de la in- fección sifilítica generalizada, fundamental en sifilología, no se ha difundido suficientemente, a pesar de que hace varios años que es un hecho adquirido. Sin embargo, puede decirse con toda seguridad, que al hacer diagnóstico de chancro si- filítico frente a un chancro enteramente reciente, por ejem- plo, dentro de las 24 horas de su aparición, se ha hecho el 311 diagnóstico de una infección sifilítica generalizada, constitu- cional. Esta infección generalizada es tan precoz que se opera aún antes de la aparición clínica del chancro, durante los 20 o 30 días que dura el período de su incubación. En 1908, Neisser, consignando los resultados de inocula- ciones de la sífilis en animales de experiencia, declaraba que la destrucción del punto de inoculación 14 y aún 8 horas después de efectuada la experiencia, no impedía la eclosión ulterior de la sífilis. La sangre de un animal inoculado, de- cía el mismo autor, puede transmitir la sífilis a otro animal desde el quinto día de operada la contaminación. Se explica así de sobra el fracaso de la extirpación del chancro a que antes se recurrió con el inteqto de hacer abortar la infección. Pero la infección sifilítica clínicamente reciente tiene pe- culiaridades muy importantes y especiales. Es posible inocular con éxito positivo las espiroquetes de su mismo chancro u otros extraños al portador de un chancro sifilítico que data de menos de 10 a 12 días. En este caso la incubación de este chancro experimental será más corta y la lesión clínica menos típica que la inicial. La reacción de 'VVassermann se hará positiva en la sangre solamente a partir, próximamente, de los 20 días, contados desde la aparición del chancro. Son estos hechos muy importantes, pues si bien la disemi- nación de la infección es extraordinariamente precoz, según al principio recordábamos, el grado o intensidad de está in- fección sólo llega a su máximo hacia la primera quincena de la exteriorización del chancro. Las modificaciones humorales determinadas por la infec- ción sifilítica en pleno desarrollo (estado refractario a nue- vas contaminaciones, reacción de Wassermann positiva), ne- cesitan, pues, un tiempo para producirse después que el chan- cro ha hecho su aparición. Eiste tiempo, durante el cual se opera progresivamente una impregnación mayor de la eco- nomía por el virus sifilítico, que se multiplica activamente, constituye el momento más propicio para que una medica- ción enérgica intervenga y, tratando de contrarrestar su in- cremento, intente su extinción. Necesidad imperiosa, por consiguiente, de instituir un tra- tamiento enérgico lo más precozmente posible, y para ello necesidad de establecer el diagnóstico de chancro sifilítico, igualmente, de la manera más precoz posible. A los 45 días de la aparición del chancro se hacen ostensi- 312 bles las manifestaciones secundarias. La constatación de éstas implica una infección profusa, intensa, con incon- tables colonizaciones clínicamente activas en los diferen- tes órganos • y tejidos de la economía. Las condiciones pa- ra afrontar su destrucción son manifiestamente menos fa- vorables en este pues si bien la gran masa de los treponemas es accesible al remedio, una parte, al menos, se- gún la práctica lo demuestra, está como secuestrada e impo- ne la prosecución perseverante de la medicación para no asis- tir a recidivas o accidentes del tipo neuro-recidivas por ac- ción insuficiente de la medicación. Es hoy un hecho bien destacado el rol inmenso del espiro- quetes pálido de Schaudinn en patología humana como fac- tor de enfermedad en todos los sistemas, aparatos y órganos de lo mismo que la complejidad de las lesiones anátomo-patológicas que engendra y el polimorfismo clínico y sintomatológico, tanto para la infección sifilítica adquiri- da, como para la llamada heredada. Apreciamos la trascen- dencia de la sífilis, no sólo desde el punto de vista del indi- viduo, sino social y de la especie. El criterio con que instituimos tratamiento frente a un recién contaminado con sífilis, que nos exhibe su chancro, debe tener en seria cuenta los hechos y razones enunciados. El accidente inicial y su adenopatía satélite por los que el enfermo nos consulta y absorben toda su atención, son mani- festaciones espontáneamente resolutivas, como lo son, en ge- neral, todas las del período secundario. La obligación del médico, respecto a ese enfermo con sífi- lis recién exteriorizada, es ver mucho más lejos que él, en- carar su futuro tratando de resolver, no el insignificante pro- blema de las lesiones actuales en sí mismas, sino la trascen- dental cuestión, infección sifilítica generalizada, que ellas sig- nifican. * El médico debe tener conciencia de esto y ajustar a esta situación, con mano firme, decidida, con autoridad per- suasiva, el tratamiento correspondiente. El médico es, hoy día, en gran parte, árbitro del futuro de tal paciente. De lo- que él haga o deje de hacer desde ese momento propicio, pue- de depender la curación o la cronicidad del mal. Hay que luchar contra el concepto rutinario, miope, que- aún sigue viendo en estos casos una infección local, cuando precisamente el virus infectante ya difundido en la econo- mía, empieza a engendrar los focos mórbidos, que, no aniqui- lados en esa ocasión propicia, van, acaso, sin solución de con- tinuidad, a ser los puntos de partida de las lesiones irrepa- 313 rabies que en un porvenir no lejano o remoto — una enga fiadora lateneia por medio — motivarán el infortunio dei paciente y la impotencia del médico. Se impone, pues, en tales circunstancias, la ejecución in- mediata del tratamiento, adecuado, suficientemente intenso y prolongado. Los llamados tratamientos abortivos a base, por ejemplo, de un reducido número de inyecciones de neosalvarsán, si bien “limpian”1 de manifestaciones al enfermo, son de evi- dente corto alcance y fracasan en la práctica. La eficacia y' celeridad con que obran los arsenobenzoles sobre las manifestaciones de la sífilis, resistentes a veces al mercurio, ejerció una sugestión al principio de la era sal- varsániea, que aún deslumbra a algunos prácticos. Desgra- ciadamente, la acción de esos remedios, con ser grande y preciosa, no opera sobre la infección sifilítica general, cons- titucional, una acción, rápida y decisiva como la que ©jerce sobre los síntomas externos visibles. De ahí la necesidad de prolongar los tratamientos. La difusión de la salvarsanoterapia lia determinado un cambio en el cuadro de conjunto con que se nos presentan abora los enfermos de sífilis en relación al que ofrecían antes del advenimiento de aquella medicación. Eran antes frecuen- tes las formas floridas de sífilis a manifestaciones de los más variados tipos. Ahora escasean. Todo el período secundario, antes pródigo en manifestaciones denunciadoras, es ahora co- rrientemente franqueado sin que brote una lesión, con gran ventaja para la profilaxis. Pero, a la par de estas ventajas, se han presentado algu- nos inconvenientes, después de la generalización de la sal- varsanoterapia, tal, por ejemplo, la frecuencia de las mani- festaciones clínicas precoces de lesiones del sistema nervioso, raras en el período secundario de la sífilis durante la era mercurial. Hoy sabemos que tales manifestaciones, denomi- nadas neurorecidivas, no son, en absoluto, síntomas de le- siones tóxicas, arsenicales, sino reviviscencias, recidivas anor- malmente exuberantes de focos treponémicos no destruidos por insuficiencia de acción medicamentosa. Prueba irrefuta- ble: la salvarsanoterapia metódica, insistente, evita la apa- rición de las neurorecidivas y las cura cuando llegan a pro- ducirse. Pe manera que el escollo de las neurorrecidivas, aclarada 314 .su mecanismo y significación, ha perdido la importancia den- tro de un tratamiento salvarsánico correcto. lia servido pa- ra justificar la necesidad de la medicación intensa y perse- verante, a despecho de apariencias engañadoras de bienestar. Otro tanto ocurre con la recidiva de manifestaciones se- cundarias después de tratamientos insuficientes o interrum- pidos prematuramente, y las recidivas serológicas que reve- lan sífilis latentes, mudas, que se encaminan a un tereiaris- mo latente para, acaso, a la sordina elaborar el terrible des- pertar tardío (parálisis general, tabes, etc.). Todos estos hechos justifican la necesidad de una medica- ción activa y perseverante, decíamos. Hasta cuando deberá ser ésta proseguida, es cuestión difícil de establecer en la práctica. Apresurémonos a decir que no hay signos que per- mitan establecer la curación absoluta de la infección sifilíti- ca. (Pues aún la reinfección es pasible de objeciones). Los elementos de juicio que el laboratorio nos facilita, son, indu- dablemente, ayudas valiosas para ilustrarnos al respecto, pe- ro insuficientes para resolver la grave cuestión. Más aún: cabe preguntarse, ¿es la sífilis curable? En prin- cipio creemos que puede contestarse afirmativamente a esta pregunta. La sífilis no debe hacer excepción dentro de las enfermedades infecciosas, pues aún las más virulentas y mor- tíferas no matan a todos los que llegan a sufrirlas, y aún abortan y no prosperan en algunos organismos que decimos refractarios. Creo que esta consideración: sujetos que con in- fecciones auténticas 40, 50 años atrás, y( que por todos los indicios están curados, son razones que abonan en favor de la curación total, aún espontáneamente, para algunos suje- tos. De otra parte, hay pacientes en quienes la infección si- filítica es irreductible, aún tratada desde sus comienzos, y a pesar de los adelantos modernos. Entre estos dos extremos, los que pueden llegar a la cura- ción espontánea y aquellos en quienes toda terapéutica fra- casa, aún precozmente iniciada, — extremos ambos que de- bemos considerar raros en la práctica, — está toda la inmen- sa gama intermedia, que comprende a la casi totalidad de los hechos ele observación corriente: es decir, los pacientes de la práctica diaria, sobre la generalidad de los cuales la medica- ción opera sus beneficios preciosos. Estos beneficios, desde la era salvarsánica, se han tradu- cido para algunos pacientes, sobre todo los tratados precoz- mente, por curaciones que han ofrecido todos los indicios de , ser completas, pues han presentado el cuadro de una rein- 315 feccióii sifilítica, llenando los requisitos exigidos para consi- derarse como tales. Y aunque fuera objetable la reinfección o algunas reinfecciones, es indudable que hechos semejantes eran extraordinariamente más raros antes de la entrada en acción del salvarsán. El tratamiento actual de la sífilis por los arsenobenzoles, mercurio y yoduro, manejados con prudencia, energía y cons- tancia, ha demostrado tener en la práctica de profesionales experimentados un alcance insospechado, aún en casos de lo- calizaciones tenaces y por completo rebeldes antes del adve- nimiento del salvarsán. Por nuestra parte, suministraremos una prueba de ello en un trabajo sobre los resultados obteni- dos tratando la atrofia papilar de los tabéticos. Estos resul- tados consisten en detención del proceso y mejoría extraor- dinaria. Y estas pruebas del notable alcance de la medica- ción antisifilítica actual, puesta a prueba en casos serios con lesiones constituidas, tienen un valor práctico considerable en sí, y por lo que significan. En efecto: si la medicación opera tales beneficios sobre lesiones serias, avanzadas, de an- tigua data, ¿no nos está indicando que puesta en acción más oportunamente esa misma medicación habría impedido el desarrollo de esos accidentes inconmovibles ante los viejos re- medios ? Sacamos, en consecuencia, esta deducción, como' producto de estos razonamientos y de nuestra experiencia personal: tratando oportuna, intensa y sostenidamente a los enfermos de sífilis con los recursos actuales se llega prácticamente a la anulación de la enfermedad. Y a este éxito contribuyen en primero e indiscutible lugar los neoarsenicales. Para la consolidación de los buenos resultados obtenidos, creemos, sin embargo, que hay necesidad de prolongar más allá de ellos y de las pruebas serológicas negativas la medi- cación activa; que la marcha clínica de un caso dado, la oportunidad, calidad, intensidad, regularidad y perseveran- cia en la medicación puesta en obra, a lo que se agrega los datos del laboratorio, son, junto con el factor tiempo de ob- servación, los grandes elementos en que basamos nuestro jui- cio pronóstico frente a dicho caso. Y, para terminar y como demostración de la insuficiencia a veces de los datos negativos suministrados por el laborato- rio, referiremos la historia llena de enseñanza de un pacien- te que hemos tenido ocasión de observar este mismo año. 316 El señor G., de 32 años, hace 11 que adquirió sífilis. Tra- tamiento mediocre a continuación. El año 1919 nos consulta por precaución, pues no siente nada anormal; su estado ge- neral es muy bueno, no tiene ningún signo de proceso en ac- tividad y su Wassermann es negativa. A fines de 1920, se inicia, en este paciente, un malestar de estómago con vómitos incesantes que le impiden toda alimen- tación. Se piensa en Rosario, donde habita, en crisis gástricas tabéticas y hacen 3 o 4 neosatvarsanes y varias inyecciones mercuriales, sin resultado. La Wassermann de la sangre si- gue negativa. Le practican, allí mismo, dos punciones lum- bares y los análisis respectivos, efectuados por persona com- petente, con los líquidos extraídos, dan resultados negativos en cuanto a linfocitosis, Wassermann e hiperalbuminosis. Un cirujano cree encontrar algo anormal en la radioscopia de es- tómago, sospecha una úlcera y propone una intervención qui- rúrgica, que el enfermo rehúsa. El doctor Schleisinger, de Rosario, me dirige al paciente, quien me consulta en Buenos Aires (8 de marzo de 1921), y da los datos consignados. El enfermo está muy demacrado, ha perdido más de 20 kilogra- mos de peso, vomita día y noche. Ya van cuatro meses que el proceso se inició. Durante ese tiempo ha habido algunas cor- tas remisiones de uno o pocos días, que le permitían alimen- tarse. El enfermo, muy deprimido en el momento del examen, no llama la atención sobre ningún otro síntoma, pero reque- rido con insistencia, comprobamos que tiene pereza vesical, pasa más de medio día sin sentir ganas de orinar, tiene que acordarse de su vejiga y no nota la sensación de haberla evacuado al terminar la micción. Además, dolores e hiperes- tesias en la región sacrolumbar, y en las piernas unas pun- tadas de tipo dolor fulgurante. Y con todo esto, sus reflejos tendinosos aquilianos y rotulianos son normales. No hay Rom- berg. En el ojo derecho la pupila no funciona, pero esto se debe a una catarata traumática, antigua, con pérdida total de la visión. La pupila izquierda reacciona bien y existe re- flejo consensual. Todos los fenómenos ofrecidos por el paciente, nos llevan a pensar en un tabes frustro. Hacemos internar al enfermo en el pensionado del Hospital Español, donde ingresa en se- guida. El análisis de orina, es normal. Se inician inmediata- mente inyecciones endovenosas de cianuro de mercurio. Ha- cia la cuarta se intercala 5 centigramos de neosalvarsán en- dovenoso. Dos días después 10 centigramos, y a iguales in- tervalos 0.15, 0.20, 0.30 gramos del mismo arsenical (cia- 317 miro de Hg. en los días intercalares) a intervalos de 4 a 5 días, o mayores, el enfermo signe recibiendo después de una inyección de 0.45, VII inyecciones de 0.60 y 1 de 0.75, de neosalvarsán. Además, en total, unas XII de cianuro Hg. en- dovenoso (fines de mayo de 1921). Antes de terminar el primer mes de este tratamiento, el enfermo había experimentado un alivio muy apreciable, au- sentándose del hospital. El 30 de mayo nos refiere que en los últimos 40 días sólo ha tenido dos crisis de vómitos de dos días de duración cada una. Ha aumentado 8 kilogramos de peso. Ea pereza vesical y el dolor saerolumbar persisten. El 26 de julio de 1921 torna a vernos el paciente. Desde su anterior visita ha recibido 6 inyecciones más de 0.60 gra- mos de neosalvarsán. Hace más de dos meses que está abso- lutamente restablecido de su estómago, come de todo; no ha tenido ni un vómito, ni una náusea. De 51 kilogramos ha au- mentado a 73. Los dolores de tipo fulgurante y los de la re- gión sacrolumhar han desaparecido por completo. Orina 4 o 5 veces en el día y ha recuperado las sensaciones normales que había perdido. Está ahora, dice, como en sus mejores tiempos; ha recuperado el sueño, y, en fin, todas las carac- terísticas de su salud restablecida. El día que registramos este estado actual, el doctor Rómulo Chiappori, distinguido profesor de neurología de nuestra escuela, tuvo la gentileza de ver a este paciente y oír de sus propios labios la historia de su proceso y curación. En marzo de 1921, estando en su apogeo la dolencia, el profesor doctor Mariano R. Oastex, examinó a este enfermo, que fue a consultarle por nuestro consejo. Durante la internación en el Hospital Español, com- partimos la asistencia con el doctor Vicente Subiza, clínico de dicha institución. Al hacernos la última visita, llevaba recibidos el paciente bajo nuestra dirección, 9 gramos 80 de neosalvarsán. Acon- sejamos que siga con el mismo remedio, alternando con mer- curio y yoduro. En octubre de 1921, el enfermo, según noticias, seguía en las mismas condiciones. Este caso excepcional, demuestra que la infección sifilítica puede subsistir activa en un sujeto sin exteriorizarse por Irastornes objetivos ni subjetivos, ni por modificaciones hu- morales. Además, que un tratamiento enérgico, rne+ódico y 318 perseverante, es capaz de dominar completamente una sin- tomatologia tan seria como la presentada por el enfermo. El tratamiento que, sin ese criterio y disciplina, hiciera antes de su ingreso al hospital, fue, en cambio, impotente, con el agra- vante de inducir en error, haciendo descartar la sífilis como factor causal de sus trastornos y abocando al paciente a una intervención quirúrgica seria e inútil. Si este paciente, que tenía el antecedente de una sífil's de- ficientemente tratada, hubiera efectuado la medicad'n que le impusimos después, antes que su proceso se exteriorizase según toda verosimilitud, habría estado a cubierto de las no- vedades que presentó. Luego, la mejor garantía de bienestar para ¡un enfermo de sífilis, en última instancia, es, además de todos los datos y signos favorables, el contar en su haber con un tratamiento adaptado a su caso personal, intenso, metódico, crónico, in- termitente. Syphilis e glándulas endocrinicas PELO DR. ULYSSES DE NONOHAY (Porto Alegre) Professor da.Faculdade de Medicina de Porto Alegree (Kío Grande do Sul—Brasil) O que é a syphilis? Até hoje não ha quem saiba respon- der o que seja realmente esta .molestia. Emquanto se aperfeçôa a sua clinica, o diagnostico se pre- cisa, a therapeutica adquire maior efficacia, a sua pathoge- nia continúa o>u se faz mais- obscura. Parece que todos os autores, mesmo após a descoberta do agente causal d’aquella molestia, temem abordar o assumpto, que continúa aberto... Então se acredita que é urna Scepticemia especial chroni- ca ou com Ravaut que é infecção do systhema nervoso, prin- cipalmente meningéa. (1) (1) Estudos, últimamente feitos, mostram a influencia das altera- ções suprarenaes em varios estados meníngeos, podendo a sua apla- sta ser causa da hydrocephalia congénita (Lévy, citado por Mara- fión). Não estará neste facto também a explicação fácil das reac- ções meningéas da Syphilis? 319 A primeira hypothese respondem todas as tentativas de inoculação no sangue, seguidas de insuccesso, salva a clássi- ca dos tres médicos; respondem todas as pesquisas de trepo- nemas que só por excepção rarissima foram encontrados- n’aquelle tecido, ao emvez das spirochetas da febre recorren- te, que formigam n’elles, durante os accessos febris. Para a theoria meningéa ficar de aecorclo com a observação clínica, foi necessário forçar a physiologia normal humana, ao mesmo tempo que desprezar a microbiología da syphilis. E assim a meninge passou a ser o ninho dos treponemas,. porque não póde ser attingida pela medicação específica, que só atravessa o systhema nervoso, quando injertada no canal medullar. E, emquanto o sangue deve ser o líquido que banha todas as cellulas do organismo, que vae nutrir para a vida e para o desenvolvimento, admittida aquella hypothese, temos de crer que ha em qualquer parte do systhema nervoso um fil- tro que retém alguns medicamentos que nelle circulam, mer- cê da intervenção therapeutica. Onde está, onde se esconde? Ninguém o sabe nem a elle se refere o autor da theoria. É desprezada a microbiología, porque nunca foram encon- trados. nos centros nervosos, os treponemas, fóra dos casos da syphilis se ter extendido até lá e em que aquelle micro- organismo, como nas diversas manifestações deste mal, exis- tia nos vasos que servem á região attingida. Xo emtanto estas idéas ainda circulam e são geralmente ae- ceitas. Ídolos de pés de barro, poderá a seiencia, ao serviço da razão, derrubar-vos sem estrepito? Á microbiología. — Com a descoberta de Schaudinn e Hoffmann, têm-se multiplicado os estudos e as pesquizas dos treponemas, de sorte que toda a tentativa séria de pathoge- nia da syphilis. debe começar por apprehender os hábitos e a evolução daquelle.microbio no organismo infectado, ao mes- mo tempo que pôr isto em parallelo com a marcha da moles- tia, sua consequência próxima. Pois bem ! Depois de um periodo de incubação de duas a tres semanas, que parece reservado pelos treponemas á sua multiplicação, surge o cancro, o syphiloma inicial. No cancro. — A primeira impressão, que se tem nas pes- quizas dos treponemas no cancro, é de que estes parásitos se- guem uma via de penetração. Assim, emquanto raros ou nullos na superfície, elles abur.- 320 dam no derma, nas partes profundas da lesão, ao ‘‘redor” dos vasos sanguíneos, “dentro” dos lymphatieos, sobre a bainha dos nervos. A este proposito escreve Levy-Bing: “No centro, profunda- mente abaixo do meio da erosão, é o conjuneto mesmo dos te- cidos antes de tudo, no emtanto, os feixes de fibras conjunc- tivas que os treponemas oocupam em numero considerável. Ahi, ainda, a sua distribuição é irregular, e, si em algu- mas partes existem em numero moderado, em outras são em numero tão prodigiosamente grande que os feixes de tecido conjunctivo parecem exclusivamente constituidos por elles. JÊ interessante notar, a este proposito, com que fidelidade os treponemas esposam a direeção das fibrilhas: rectas quan- do são rectas, ondulosos quando são ondulosas, seccionados obliquamente ou transversalmente e apparecendo como bas- tonetos ou pontos negros, quando foram interessados por uma secção obliqua ou transversa. Sem duvida, isso ó devido a que elles se accumulam ahi, onde encontram maior resistencia a progressão, isto é, nas fendas do tecido conjunctivo, que são parallelas ás fibras e a origem, como se sabe, das vias lympbaticas. Também ha uma outra hypothese que explica esta prefe- rencia : a progressão dos parásitos em busca dos vasos lympha- tieos. As pesquizas do Blaschko provaram que só por excepção, como empurrados, é que os treponemas penetram nos vasos sanguíneos. Ao contrario, sempre abundam nos vasos lymphatieos e são ás vezes encontrados na bainha conjunctiva dos nervos, no interior mesmo, isto é, entre as fibrilhas. De toda a sorte dá-se a migração do parasito, que em breve vamos acompanhar no periodo secundario da molestia. Adenite sateeeite. — Ao lado do cancro, surgindo com elle e com elle constituindo o periodo primário, está a ade- nite. Quantas vezes é aquelle tão insignificante, que só se torna possível o diagnostico pela palpação do ganglio próximo? Emtanto, clínicamente, esta adenite, salvas as infeeções se- cundárias, não tem o carácter inflammatorio, de reacçào á infeccão. É urna hypertrophia ganglionar, dura, fria, indolente. Será porque o treponema é protozoário? Porém, isto é uma questão discutível e vejamos, pois, so- mente como se concentram os treponemas no ganglio. 321 Hoffmann e Beer, no seu trabalho resumido por Levy-Bing, dizem que estes parasitos, pelo seu maior numero, eram si- tuados ao nivel da zona cortical, não longe do seio marginal, formando verdadeiros enxames, em redor das paredes vascu- lares e nas trabéculas. Por fím, depois de assignalarem a grande riqueza dos gan- glios em treponemas, affirmam que alguns dos numerosos pa- rásitos, “contidos nas paredes vasculares, são dirigidos nor- malmente para a luz do vaso e penetram manifestamente na corrente circulatória”. Amigraçao. — Das duas primeiras manifestações da syphi- lis o treponema emigra para o interior do organismo, atravéz da corrente circulatória. É provável, como bem assignála Levy-Bing, que os pará- sitos multiplicando-se, sejam arrastrados pelo vis a tergo para dentro dos vasos sanguíneos, ou então,, em busca de habitat propicio, penetrem no interior dos mesmos. Este facto é provado, não só pelas pesquizas, de Hoffmann e Beer, como pela cireumstancia notável de que só neste periodo da syphilis, os treponemas, ao inverso dos outros, seguem es- ta marcha de fóra para dentro d’aquelles vasos. Porém, o sangue, parece ser um meio desfavorável para o treponema (Levy-Bing), a ponto que este só se serve delle, como um meio de transporte. Assim, quando nos capillares, diminúe a corrente sanguí- nea, aquelles parasitos, de maneira activa, emigram de den- tro para fóra, atravéz da parede de vaso, indo assim dar lo- gar ás manifestações secundárias. Outras vezes se engancham nas paredes vasculares, as quaes reagindo pela fórma commum a os demais tecidos, dão logar a outros processos pathologicos da syphilis. Polyadenite. — Porém, ainda ha um facto clínico a assig- nalar na transição do periodo primário para o periodo secun- dário da syphilis; a polyadenite, constante, fatal, inevitável. Só vejo uma explicação para este phenomeno; a preferen- cia dos treponemas pelo tecido ganglionar e a sua multipli- cação dentre elles, verdadeiras estações, d’onde elles partem para levar a infecção ao organismo. Órgãos da defeza, elles retêm o parasito, poderão objectar •os idólatras da theoria pathogeniea sanguínea da syphilis. Porém, como é sómente nesta molestia que a natureza mu- da os seus processos de reacção antixenica? A polyadenite não é a consequência de infecções da proximi- dade: é dura, indolor, aphlegmasica. . . 322 B facto mais notável ainda, num caso de Lues, latente ha mais de dois anuos e que clínicamente era reconhecida pelos antecedentes e pela persistencia da polyadenite, a puncoão ganglionar foi positiva, revelando um numero avultado de treponemas. (1) Duas conclusões. — Duas conclusões já resaltam neste pe- riodo; o ganglio satellite não é uma infecção local, que é in- significante ou apparece concomitantemente com elle; na mi- gração de parasita, antes de quaesquer outros tecidos e ás vezes, fóra mesmo de outra manifestação especifica, a poly- adenite é constante e inevitável. Nestas condições, parece que o parasito, em sua migração, se detém de preferencia nos ganglios lymphaticos. onde en- contra o “habitat’’ favoravel á sua multiplicação. A não ser assim, não se explicaria como nestes orgãos, ha, ás vezes, lesões histológicas insignificantes, con verdadeiros enxames de treponemas, bem como serem nelles observados, ao contrario das outras manifestações, salvo o cancro inicial, aquella disposição dos parasitos, normalmente dirigidos para a luz dos vasos, em que penetram de fóra para dentro. Que sao os ganglios? — Os ganglios são glándulas de se- creção interna. •Veremos, a seguir, que a exemplo delles, outras participam do processo mórbido da syphilis, soffrendo ás vezes pertur- bações na sua funcção, outras supportando os treponemas, co- mo saprophytos, até que circumstancias, ainda desconhecidas, os façam novamente multiplicar e se tornar pathogenieos. São os ganglios lymphaticos, são as mais superficiaes das glándulas endocrinicas, os ninhos em que dormem os trepo- nemas, durante os primeiros periodos da latencia da syphilis. A glándula THYROiDE. — Mez e meio a dois mezes após a eclosão do cancro, començam os accidentes geraes da syphilis. Si alguns destes, como as syphilides cutáneas e mucosas são expressão do ataque local do treponema, que chegado nos cepillares, se aproveita da demora da circulação, atravessa a parede do vaso, e vae provocar aquella manifestação, outros indicam no emtanto que novas glándulas são invadidas pelo parasito. (1) Burnier, numa Revista Geral dos “ Annales des Maladies Vé- nériennes”, março de 1921, diz o seguinte:' “Os ganglios conser- vam, pois, as spiroehetas durante muito tempo, até o terceiro anno da syphilis. Destes focos infecciosos elles podem partir por via sanguinea e occasionar as recidivas.” 323 Tal é o caso, por exemplo, da alopecia, que tão commumen- te appareee ueste periodo. Mais do que eu pudera dizer neste sentido está a tradue- ção de que sobre a alopecia thyroidéa escreveram child, uns dos que mais se especialisaram no estudo desta; iglandula, e a descripção da alopecia syplrilitica, feita, ha mui- tos anuos, pelo profundo observador que era Alfredo Four- nier. Depois de descreverem as formas adquiridas o.u congénitas da alopecia thyroidéa e que tão bem condizem com a syphili- tica, Levy-Rotschild descrevem assim a queda dos pellos su- perciliares: “Por causa das nossas pesquizas, Apert e Goett propuzeram chamar de signal de Levy-Rotschild as pertur- bações que tínhamos resumido sob o nome de signal de super- cilios. Os differentes pontos, que estabelecemos, foram confirma- dos, além disto, ulteriormente por Minoret, Caries, Collard- líuard, etc., e Miehel consagrou sua thése ao supercilio nas suas relações com o corpo thyroide. A perturbação superciliar que se encontra na hypothyroi- dia se traduz commumente pela ausencia ou rarefacção dos supercilios, em sua parte externa, coincidindo com um fraco desenvolvimento geral de supercilio. Quando a hypotrichose superciliar é máxima, ha ausencia geral de supercilio. Em gráo, menos adiantado, falta o terço externo do super- cilio, com supercilios desenvolvidos d’outra parte”. Falla o Mestre: “a alopecia superciliar, muito commum, se apresenta sob duas fôrmas: diffusa, constituida pela ra- refacção do supercilio em toda ou em parte da sua extensão, ou em clareiras, em que o supercilio se desguarnece por ilho- tes, que, completamente desnudados, rompem a continuidade da arcada superciliar. Algumas vezes uma só parte do supercilio, seu terço on metade externa, fica completamente despilado”. E mais abaixo, a prqposito desses supercilios, quebrados, diz o seguinte (textual) : “... Sob o ponto de vista diagnostico, constitúe um sig- nal importante e quasi revelador da syphilis, ás vezes revela- do por si só e fóra de qualquer outro symptoma. Eu muitas vezes contei aos meus alumnos que me tinha, acontecido mais de uma vez fazer, graças só a elle, o diagnos- tico de syphilis sobre individuos que eu não conhecia, por exemplo, sobre um vis-a-vis de ómnibus ou carro publico. 324 Tambera este signal se vulgarizou desde então sob o nome de signal de ómnibus para o uso do diagnostico da syphilis, denominação um pouco fim de século, do que eu sou culpado, porém, não me importa. < O essencial é eonliecer e utilisar este signal com qualquer nome que se llie dé. Ora, eu repito, é um bom signal. .. ” Si a insuMciencia thyroidéa, por qualquer causa que se ja, dá logar a um signal, fiélmente reproduzido pela syphilis em um grande numero de casos, não é motivo ¡rara crermos que -esta molestia procéde assim por intermedio das alterações que provoca naquella glándula? A sUprarenal. — Esta glándula é também precocemente invadida. Assim o typo asthenico do estado geral, na classificação de Fournier, e que é, sem contestação, niais eommum, se faz á eusta das alterações desse orgão. Sería ocioso mostrar as relações de causa e effeito entre os accidentes arsenicaes e a insufficiencia suprarenal. Porém, mais do que pudera dizer, aquella invasão põe em re- levo esta observação de Jaequet e Sezary: Trata-se de um homem de 66 annos, tuberculoso, e na qual se verifica a 22 de setembro de 1905 uma erupção de syphilis papulosas genera- lisadas ao mesmo tempo que signaes manifestos de insufficien- eia suprarenal. Tratamento mercurial por injecções, depois ingestão, e alta muito melhorado em fins de novembro. A 14 de janeiro de 1906 entra no hospital por novas pápu- las escrotaes: a 15 de janeiro hemiplegia direita sem ictus e morte algumas horas depois. Tuberculose de ápice direito, em via de transformação clerosa e calcárea. As capsulas supra-renaes são volumosas e duras e*os úni- cos orgãos em que se poude verificar o treponema. Toda a pesquiza do bacillo de Koch foi negativa. (1) As outras glândulas. — Não posso, nesta communicação preliminar e geral, referir, uma a uma, as glándulas endocri- (1) Queyrat fez notar na secção da Sociedade de Dermatología de París (22 de janeiro de 1920), que “a insufficiencia suprarenal é de regra em todo o syphilitico não tratado, se ja no periodo jirimario, seja no secundario. Lacapère attribMe a malignidade da syphilis á insufficiencia suprarenal, que julga ser em Marrocos de • origem palúdica. 325 nicas, cujas perturbações attestam a sua invasão, quando se generalisa a syphilis. De passagem, porém, sejam assignalados o diabetes, iríais eommum do que geralmente se pensa, insípido ou com glyco- suria, talvez o pseudo rheumatismo especifico, a magreza e a obesidade. Não faz muito, eu vi um caso destes n’uma mulher que por ter tido uma manifestação syphilitica, foi sujeita ao trata- mentó mercurial. Este ataque da molestia, foi seguido de uma obesidade, tão pronunciada e intensa, que a obrigou ao abandono da sua profissão de artista. O peor, porém, é que ella attribuía este mal ao medicamen- to, a que não se quiz sujeitar mais de forma alguma. As glándulas genitaes revelam frequentemente o progresso da syphilis até ellas. São phenomenos locaes, como as metrorraghias, as dysme- norrhéas, etc., nas mulheres, são phenomenos geraes, como a neurasthenia, o nervosismo, as pertubações mentaes de toda a especie. A este proposito citemos, de passagem, estas phrases de Yirchow e Haeckel: “A mulher é tal, unicamente por suas glándulas geradoras. Todas as particularidades do seu corpo e espirito, sua vida nutritiva, sua aetividade nervosa, a de- licadeza, a forma arrendodacla dos membros, a fidelidade, em sumtna todos os caracteres essencialmente femininos (pie ad- miramos e veneramos na verdadeira mulher, tudo depende do ovario”. (Yirchow). “Não e o homem completamente homem de corpo e alma senão por suas glándulas geradoras”. (Haeckel). E é ou não a syphilis que, desprezadas mesmo as manifes- tações sem substractum anatómico, revolve, deprime, fére ás vezes de morte, todas as funcções cerebraes humanas? Microbiología. — Poderia o facto clínico da predileccao da syphilis pelas glándulas endocrinicas ser súmente a ex- pressão de urna face interessante na marcha daquella mo- lestia. Porém, a microbiología nos revéla dois factos que carecem ser postos em relevo; em primeiro logar as reacções desses orgãos nunca estão, em relação com a sua riqueza em trepone- mas; em segundo estes parásitos affectam disposições que attestam a sua preferencia pelas céllulas do parenchyma glan- dular, bem como a continuidade da sua orientação normal 326 'para a luz dos vasos, como em caminho de serem lançados na -corrente circulatoria para propagarem a syphilis. Na placenta. — A placenta, como se sabe, é urna glándula que Grley colloca, na sua classificação, como reguladora e ex- citante de funcçiões. Sobre a su a riqueza em treponemas, diz Levy-Bing que es- tes parasitos foram encontrados, quer na placenta materna, quer na placenta fetal. Wallicb e Levaditi, por sua vez, affirmam, nestas palavras ■o resultado de suas pesquizas histopathologicas: “Em summa não se acbaram até aqui na placenta lesões manifestamente syphiliticas, se bem que a postura em eviden- cia dos treponemas, neste orgão, adquire por este facto uma utilidade diagnostica tanto maior”. Estes parasitos foram vistos em todas as porções, desde o eixo da villosidade até a peripheria. Mucha e Scherber assignalam a sua disposição normal pa- ra a luz dos vasos, e Nattan e Larrier, estudando a local isa- cao do treponema na caduca, chegam á conclusão que só lia dois processos de emigração daquelle micro-organismo para os tecidos maternos: a) alteração do plasmodio da villosidade e passagem por intermedio dos infartus perivillositarios, com ou sem intervenção dos leueocytos processo pathologico; b) transmissão pelas céllulas de Langbans proliferadas na cadu- ca, processo physiologico tanto mais importante quanto a céllula de Langbans pode penetrar até o systbema vascular materno. Nas outras glándulas. — Para evitar repetições, direi que os treponemas foram vistos no fígado, nas capsulas supra- renaes, na thyroide, no tbymus, no páncreas, no baço, nas glándulas da mucosa intestinal, no ovulo, etc. Sobre o fígado, cuja riqueza em treponemas é clássica em Iheredoqsyphilis, é necessário archivar que nas observações ora a reacção era apenas indicada, sem que a céllula hepáti- ca manifestasse a menor alteração, ou ao contrario, era in- tensa, invasora, deslocando as trabéculas, comprimindo, dis- sociando, atrophiando as céllulas do parenehyma. Entz fez um estudo muito preciso da distribução dos tre- ponemas no páncreas, pelo cual se concibe que aquelles pa- rásitos penétram no protoplasma das céllulas secretoras, pa- ralelamente a cujo eixo se dirigem para as céllulas dos ilho- tes de Langerhans e para as dos tubos excretores; pode-se achal-os na luz mesmo desses últimos, misturados ao líquido secretado pela glándula. 327 Aqui, como em outras glándulas, os treponemas foram vis- tos, acompanhados de lesões do pancreatite intersticial, inais ou menos intensa ou, ao contrario, como no caso de Gierke, onde havia grande abundancia d’aquelles parasitos, sem a menor alteração histológica do orgão. Localisaçáo endocellular. — Ha um facto notável a as- signalar sobre as relações dos treponemas com as glándulas -endocrinicas a sua existencia, muito commum dentro das cél- lulas secretoras. A este respeito escreve Levy-Bing: “a realidade desta ul- tima localisaçáo não poderia mais ser posta em dúvida e, si se discute ainda para saber como se effectúa a penetração do microorganismo na céllula e de que maneira estes dois ele- mentos reagem, um sobre o outro, o facto brutal da existencia intracellular do treponema é boje bem adquirido”. (Levaditi, °ritz, Gierke, Nicolás, Fabre e Feuillé). É preciso, porém, aceentuar que esta localisaçáo foi vista única e exclusivamente nas cédulas glandulares; no fígado, nas capsulas suprarenaes, no páncreas, na mucosa intestinal, etc. ¿Não é bem eloquente este pbenoineno para que acredite- mos que os treponemas como os hematozoarios de Laveran no sangue, são parasitos das cédulas glandulares? Não é justo que se interpréte, ao lado da manifesta prefe- rencia d’aquelle microrganismo por estes orgãos que, na sua lucta pela vida, os treponemas os elegeram para os ninhos, em que se acoitam e em que se multiplicam. Si, apezar das manifestações diversas a que dão logar, o pa- ludismo, a pyroplasmóse, etc., são sempre consideradas infec- ções hematieas, pelo modo de vida do seu agente causal, ¿por- que a syphilis pelas mesmas razões não deve ser considerada, antes de tudo, uma molestia glandular? As dystrophias. — Seria affastar-nos da natureza desse trabalho querer provar que todo o desenvolvimento orgánico está intimamente ligado e regido pelas diversas secreções das glándulas endocrinicas. Nenhuma, molestia, como a syphilis, conhecemos culpada das dytrophias humanas. Qual é o acérvo da hereditariedade especifica? Monstros, myxcedematosos, debeis mentaes, anões, debis vitaes, emfim, toda a classe de dystrophiados, ner- vosos ou outros, em varios gráos de intensidade, que enver- gonham e matam a espécie humana. 328 E, si a syphilis assim proeéde, (pial ou quaes os orgãos fez claudicar nas suas funcções ou ferio de morte? As glándulas endocrinicas. Não lia, muitas e muitas vezes, uestes casos de syphilis he- reditaria outra manifestação que a revelada pela dystrophia. Nestas condições, só as glándulas participam da lues; por- que pois não consideral-a uma endocrinopathia, tanto ínais que mesmo, quando surgem outras manifestações especificas, a diystrophia existe sempre em concomitancia? A syphilis terciária. — A syphilis terciária apresenta duas circumstancias que é necessário pôr em relevo: As gommas cutáneas, osseaf>. etc., são em geral desprovidas de treponemas, emquanto as que attingem o fígado ou outra glándula endo- crinica são ricas de parásitos. Assim é que parece que aquellas manifestações são de or- dem trophica exclusivamente, emquanto os parásitos destas, são apenas expressão de que em todos os periodos da syphilis as glándulas conservam o seu privilegio de ninho dos trepo- nemas. Nesta questão de glándulas de secreção interna ha muita coisa, demandando pesquizas e precisão. De sorte que são permittidas todas as hypotlieses. TTa, por exemplo, já um facto bem adquirido em endocri- nología: es relações intimas que conservam as glándulas com o systhema nervoso central e sympathico. Nestas condições póde-se crer que, mercê das suas altera- ções, aquelles orgãos possam dar logar a. manifestações de ordem trophica, como sejam as gommas. (1) As glândulas e a vida. — ‘Sendo as glândulas, por suas secreções internas, os grandes reguladores do meio interior, e, portanto, a fonte efe toda a vida, poder-se-ia extranhar que não fossem notadas as suas alterações em todos os casos de syphilis, dada a preferencia exclusiva que merecem dos tre- ponemas. Este facto é devido para mim a duas circumstancias: to- lerancia dos orgãos para com os parásitos, supplemento das secreções pelo systhema para-glandular. (]) Bordet no seu tratado de Immunidade, a respeito da syphilis terciária, diz o seguinte: “As lesões terciárias são muitas vezes po- bres em spirochetas, mas a inoculação destes productos no animal demonstra que estes germens são dotados de actividade normal. Não lia logar de cre um enfraquecimento de virulencia no curso da doença, mas que é o organismo que muda.” 329 Com effeito, como vimos, lia muitas vezes nas glándulas le- sões insignificantes ou reacções, mesmo millas, diante do pa- rasito. Quanto ao systhema para-glandular, eis a synthese feita pelos professores Oscar de Souza e Aloysio de Castro: 1. As glándulas endoerinicas são acompanhadas, na econo- mia humana, de formações derivadas da mesma origem em- bryologiea, que attingem geralmente um certo gráo de cliffe- reneiação; 2. Estas formações descriptas pelos autores como glându- las aecessórias, supranumerárias', ou nodulos glandulares abe- rrantes, integram o que podemos chamar orgãos para-glandu- iares; o." Os orgãos para-glandulares constitúen formações regu- lares, não sendo meramente curiosidades anatómicas, anoma- lias ou orgãos rudimentares; 4. O conjuncto dos orgãos para-glandulares fórma um sys- thema annexo ao systhema endocrinico; 5. O systhema dos orgãos para-glandulares constitúe uma formação orgánica em pierna evolução; 6. A concepção dos orgãos para-glandulares permitte in- terpretar numerosos factos contradictorios e observações clí- nicas ; 7. A concepção dos orgãos para-glandulares dá explicação de certos phenomenos de acção suppletiva, observados na ana- tomia humana. É por este meio que se explica o contraste entre a syphilis hereditária e a adquirida. D’um lado, em um organismo em formação, sem haver lo- gar para os supplementos orgánicos, a morte ou a dystrophia são consequência fatal da syphilis. D’outro, pelo supplemento, pela possibilidade de defeza, a lucta se faz muitas vezes victoriosa para o organismo, si se intervem com uma therapeutiea contínua, enérgica e apro- priada. Na própria heredo-syphilis, quando não ferida de morte, a glándula, pela destruição dos parásitos, mercê da acção me- dicamentosa, ou por sua reducção a saprophyta, retoma o seu trabalho e pouco a pouco ha aquella transformação que so- mos costumados a assistir em tantos casos de clínica. Immunidade. — Uma das consequências mais notáveis da nova theoría pathogenica da syphilis será a reforma das nos- sas concepções aetuaes sobre a immunidade absoluta, após um ataque anterior da molestia. 330 Cora effeito: até agora se acredita que o syphilitico só readquire a molestia, si curado completamente do seu mal. Assim mesmo, apezar de se terem multiplicado os casos de reinfecção, como sóem ainda chamar-se, sempre costumamos receber com incredulidade, ou pelo menos consideral-os sus- _ peitos de erros. Como muitos médicos, eu tenho em minha clínica casos que, sem duvido, catalogaria coco cancro hunteriano, si não. fôra . a certeza, de que o doente já era um syphilitico antes do con- tagio. Pois a prova mais frisante de que a syphilis não é uma infecção de sangue, como geralmente se crê ainda, é que aque- lles casos são effectivamente de cancro hunteriano. Pelo aspecto clinico, pela evolução, etc., não se lhes podia negar essa qualidade, só se fazendo, agarrados como ostras ao rochedo de uma theoria pathogênica, errada e absurda. Em meiados de fevereiro do corrente anno appareceu-me um doente com uma lesão da glande que considerei específica. Feito o exame bacteriológico no Instituto “Oswaldo Cruz”, deu resultado positivo. Desde ahi este doente foi sujeito ao tratamento específico, tendo feito semanalmente uma injecção de neosalvarsan de 0.15, outra de 0.30 e outra de 0.45', afora injecções mereu- riaes no intervallo. As manifestações secundarias, salvo a polyadenite, não sur- giram, o que aliás é commum nas syphilis tratadas. O cancro desappareceu uns 15 dias depois, logo em seguida : a segunda injecção de neosalvarsan. Ila uns tres dias (19 de abril), elle me mostrou uma ulce- ração surgida em outra porção de glande, com todos os ca- racteres de syphiloma inicial vinte dias', mais ou menos, após o ultimo coito. Levei-o então ao Laboratorio do Dr. Pereira Filho, que se prestou a fazer o exame bacteriológico, cujo resultado foi tam- bém positivo. Quantos casos de infecçião de syphiliticos em actividade poderia citar? Basta, porém, este como o mais recente. Dirão os idolatras da theoria hematíe a que é uma reinfec- ção de um curado da moléstia com aquelle tratamento insig- nificante. Não expliquem a polyadenite: a casca dos clássicos escon- derá todo o sophisma. A nova theoría. — Penso já serem sufficientes os argu- 331 mentos em que se estriba a minha nova theoría patbogénica da syphilis. Verdadeira, ella terá de evolucionar todas as nossas idéas actuaes sobre a syphiligraphia, maximé em relação á prophy- laxia que se deve estender aos infectados, tão energicamente como aquel les que estão livres da molestia. Só isto era bastante, si não fóra abrir um capitulo da en- docrinología, que tanto ainda promette a sciencia humana. Transmittindo a minha convicção ao mundo médico, arriscó- me a affirmar que a syphilis é essencialmente uma moléstia das glándulas de secreção interna, uma endocrinopatbia chrô- nica. Lida esta comunicação á Sociedade de Medicina de Porto Alegre, entendi precisar e completar esta memória com estu- dos novos da immunidade antisyphilitica e da clínica syphi- ligraphica, que reforçam a actual pathogenia do mal de Hun- ter. Idéa feita. — Como vimos do estudo da microbiología da syphilis, ainda não se procurou calcar a sua pathogenia sobre o modo por que se comporta e distribúe o treponema no orga- nismo. Estudo sério neste sentido só conheço uma memória de Ha- llopeau, publicada ha muitos anuos, antes mesmo da desco- berta de Schaudinn e Hoffmann. For isso a sua theoría patbogénica encarava sómente a toxi- na e parallelamente a reacção dos tecidos nos diversos perio- dos da moléstia. Fóra d’ahi, até boje se conservam em syphiligraphia as idéas de Hunter, esposadas com pequenas alterações por Ri- cord e Fournier. Assim, si não vae a sciencia até acreditar em diatbese ou também na conjuncção de Marte com Venus, no contágio por animaes jnormosos, ou ingestão de carne humana', como du- rante séculos piamente acreditou, ainda considéra a syphilis uma scepticemia, uma infecção, tal qual concebia, quando des- conhecendo seu agente, apenas concluía pelo parallelo com ou- tras moléstias microbianas. E, embora o exaggero que se em- presta ainda á immunidade anti-especifica, não venha em nada abalar a theoria do endocrinismo daquella molestia, que me aventurei a affirmar, vou de raspão salientar os absurdos, com que ella inça toda a syphiligraphia. Effectivamente, nem por ser de inicio, de fundo e de es- 332 sencia uma infecção do tubo digestivo, a dothienenteria é nie- nos uma infecção geral. As cachumbas são uma parotidite e uma scepticeinia; a pneumonia, a tuberculose uma infecção pulmonar e uma in- fecção geral. Nestas condições, a syphilis poderia ser uma endoerinopa- thia, e, também generalisada a todos os orgãos ou tecidos, arrastrar em consequência uma immunidade igual á da vac- cina, ou outra qualquer scepticemia, como ainda entendem aquel les que preferem o com modismo do dogma, da idéa fei- ta, á indagação, á observação e ás illações. Também é justo, tanto mais quanto o criador dessa immu- nidade é o genio de Fournier. A duvida. — Porém, emquanto o grande mestre duvida, elles a entendem pelo mais fácil carinho, e a tornam o dogma de crê ou morre. Por outro lado, quando Fournier escreveu aquelle monu- mento que é uma das maiores glórias da Medicina, o seu tra- tado da syphilis, ainda não se conhecia o agente pathogénico deste moléstia e também se entendia, naquelles exaggeros da bacteriologia nascente, que sendo infecção, ella era seguida de immunidade. A pagina 69 do seu livro, escreve o grande mestre francez: “l.° Está absolutamente demostrado que o cancro syphili- tico bem constituido, cancro adulto, não é suceptivel de sei inoculado ao portador (como se diz em linguagem technica) isso é, de reproduzir um cancro syphilitico por auto-inocula- ção ; 2.° Resulta de um certo grupo de factos que o cancro syphi- litico, quando novo, ponde algumas vezes produzir, por auto- inoculação, lesões analogas ao que é o cancro syphilitico, le- sões ás quaes parece diffic-il contestar-se o carácter de can- cros de reinoculação'’. O treponema foi descoberto e é hoje acceito geralmente co- mo o agente da syphilis. Sua historia natural o collóca sem contestação entre os pro- tozoários, isto é, parasitos animaes, totalmente diversos, por- tanto, das bacterias. Emtanto, acceita-se em absoluto a idéa. antigamente feita, de que a syphilis concede desde o primeiro periodo uma immu- nidade absoluta, e por outro lado que ella é infecção ainda, em vez de uma simple infestação parasitaria. Sabe-se iio.je. — Pelos exames bacteriológicos ou melhor mi- crobiologico, sabe-se hoje que o treponema á medida que o can- 333 tro envelhece, é encontrado mais profundamente incluido nos tecidos, e alguns autores querem mesmo que só raramente se consiga ver aquelle microorganismo. Nestas condições, ao tempo de Fournier, as auto-inoculações de syphiloma velho, feitas sem o conhecimento daquelle facto, poderiam sem grande admiração ficar infructiferas. Por outro lado, o grande mestre não nega em absoluto a pos- sibilidade do facto, quanto ao cancro novo, embora nunca tenha conseguido uma inoculação positiva. É que em aquella época apenas passava a phase ardente en- tre dualistas e unicistas e tudo quanto fóra para estabelecer uma separação dos cancros molles e duros era positivado ao extremo. Os períodos de paixão seientifica ou outra são os menos pró- prios para a experimentação, e a prova absoluta está em que actualmente aquelle conceito de immunidade absoluta vae sen- do abalado em todos os seus fundamentos. Xem por isso se empana a gloria de Fournier, que, se foi grande como mestre, tinha de sel-o como apostolo, pois, passem os séculos e a sua obra ficará immortal, como a systhematisação clinica da. syphiligraphia e um dos maiores monumentos da Medicina. Actualmente. — Já em minha primeira communieação á Sociedade de Medicina, eu citei a observação de um doente, re- infectado dois mezes após o primeiro cancro. Agora, uma busca muito ligeira em jornaes technicos, en- contro esta vasta seára, que não será máu resumir: Bonnet e GourJon citam, no “Lyão Medico”, o caso de um doente que teve dez cancros successivos de accordo com as da- tas em que tivera relações com a mesma mulher infestada. Fromant. — No mesmo jornal, o de um cancro svphilitico no nariz em um hemiplegico alterno do typo Gubler. Schomberg. — Individuo syphilitico, tratado regularmente um anno de syphilides papulosas, desegualdade pupillar, symp- tomias meníngeos. Ficou outro anno sem mais medicação. Em seguida novo cancro, nova erupção varioliforme. Borie cita um caso de cancro no sulco baiano prepucial e outro em seguida da pálpebra. Plezy, na “ Gazeta Hebdomadaria”, de Bordeaux, refere o caso de um individuo que tivera o cancro e uma erupção secun- dária que desappareceram com o tratamento. Depois esse doente teve W. negativo. Nova apparição do cancro, novo exanthema nos mesmos si- tios algum tempo depois. 334 Queyrat, no “ Boletim da Sociedade Medica dos Hospitaes ’ *y apresenta uma estatística de cancros múltiplos, chegando a con- clusão de que appareeem em, 26, 2 ojo de casos de syphilis. Leon Perin, no 5.° 'Congresso de Dermatologia, cita um liere- do-syphilitico, que suas dystrophias daquella fonte não priva- ram de um ataque da syphilis. Molle (de OráN'), no “Lyão Medico”, cita um caso de sy- philis secundária e diabetes especifico, que também se rein- festou. Fernet, na sessão de 2 de julho da sociedade de Derma- tologia e Syphiligraphia, cita o caso de um em Janeiro, tra- tado por extirpação, duas injecções de oleo cinzento e tres de salvarsan. Nova infecção em maio, diagnosticada ao ultra e seguida de roséola. Gaucher e IIallopeaU, na sessão de 2 de dezembro de 1909, apresentam um caso de uma mulher que tivera o can- cro syphilitico ha cerca de 40 annos. Durante esse tempo varias manifestações secundárias. Tratamento pelo oleo cinzento. Tendo relações com um syphilitico, novas manifestações. Lacapere. — Caso de um syphilitico de 20 annos, com leu- coplasia lingual. Cancro: navas manifestações secundárias. H ai,Lope AU. —. Cancro e erupção papullosa em um syphi- litico que tivera as mesmas manifestações pouco tempo antes. São todas observações colhidas rapidamente ao acaso das anályses de jornaes. Bastam para evitar repetições. Porém, poderiam parecer simples acasos, talvez infestações de individuos curados. Syphilis experimental. — Tal não se dá no emtanto co- mo nos prova a syphilis experimental, cujos dados vamos colher do interessante livro de Levy-Bing e Laffont. Durante a incubação do cancro, “É de noção antiga a possibilidade de provocar a apparição de cancros successivos por inoculações, o que prova bem que a immunidade não ap- parece nesse periodo. “B o que resalta das interessantes observações de Belhom- me, Wallace, Lindwon e de Puche, referidas na these de Sa— bareanu. Belhomme. — Doente inoculado de 5, 6, 11 e 13 de outubro,, cancro nos pontos a 10 e 14 de novembro, 10 e 21 de janeiro.. 335 LindwON. — Prostituta inoculada 11a coxa em tres pontos differentes: dias depois nova inoculação no braço. Ao cabo de 19 dias para as primeiras e 24 para a ultima, surgiu o cancro duro. Puche. — Inoculação na linha alva; 22 dias depois se- gunda inoculação na proximidade. Cancros locaes respecti- vamente 17 e 19 dias após, seguidos de manifestações secun- dárias. Wallace. — Duas inoculações com 7 dias de intervallo. Apparição de dois cancros em seu tempo. Estas experiencias foram confirmadas por outras em ani- maes, parecendo que o cancro da segunda inoculação tem um, periodo de incubação menor, quasi de metade do primeiro. Periodo primario. — Levy-Bing e Laffont, en cuja fonte vamos beber estas observações, são absolutamente insuspeitos, pois emquanto as referem, affirmam ainda que as experiencias de Hunter, confirmadas por Fournier, estabeleceram de mo- do certo a immunidade consecutiva á apparição do cancro. Restava saber-se em que momento esta immunidade attin- ge o seu apogêo, em que momento se insinúa e qual o meca- nismo productor. Em seguida diz Levy-Bing: “Ninguém ac- tualmente pensa em contestar a possibilidade de uma reino- culação n’tim individuo portador de um accidente primiti- vo, com a condição todavia de que seja. feita a uma data bas- tante approximada do primeiro syphiloma. Não acontece sempre assim: o professor Gaucher apresen- tou em 1902 á Sociedade de Dermatologia um primeiro caso que levantou uma discussão muito viva, sob o ponto clinico pathogenico. Desde então a these do seu alumno iS'abareanu, ap,pareci- da em 1905, reuniu 75 observações, a que é preciso accreseen- tar os casos ulteriores de Taylor (4), Vedei e os mais recen- tes de Gaucher e Nathan, Gaucher e Milian, Pawloff, Hutchin- son, etc.” A quantos absurdos dá logar a auto e hetero suggestão scientifiea ? Depois que a experimentação próva que a immunidade' não existe no período primário, logo após surgir o cancro e lambem passado muito tempo, ainda se affirma de começo que a immunidade deve existir porque magister dixit ha tantos annos atraz! Não sabe o momento em que attinge o apogêo, mas ha de- haver... O proprio Gaucher, que disse uma vez nunca ter visto tam- 336 bem reinfecção, é quem inspira uma tliese com 75 observa- ções, provando que a immunidade sypbilitiea é um mytlio no periodo primário. Observações. — Caso de Gaucher e Nathan, mulber de 18 anuos, apresentando, a partir de janeiro, un cancro syphi- litico do labio inferior. Um mez depois outro accidente primário, oecupando a par- te superior do sulco nympho-labial. Casos de Hutchinson : l.° mulher de 25 annos, cancro do labio inferior; tres semanas mais tarde, cancro do labio su- perior; 2." homem, um mez depois de apresentar um cancro duro do penis, novo cancro na phalange do pollex direito; S." e 4.°, dois casos de reinfecção dois mezes depois do pri- meiro cancro. Queyrat fez uma série de observações, chegando ás se- guintes conclusões: “A duração do periodo, no qual o indi- viduo sypbilisado é já portador de um cancro, é receptivo para a inoculação, é de pelo menos 10 a 12 dias, a partir do primeiro syphiloma, isto é, a immunidade do revestimento cutaneo-mueoso contra a svphilis não se manifesta nitidamen- te desta data: porque depois toda a reinoculação ao porta- dor fica sem effeito. ” O modo de reagir do organismo para com a segunda ino- culação différe sensivelmente do seu modo de reaccão para com a primeira (incubação mais curta, aspecto clinico dif- ferente, sob a forma de papaias e ulceração menor). Período secundário. — Diz Levy-Bing: “A immunidade permanente do sypbilitico nunca foi admittida sem contes- tação”. O recente trabalho de Finger e Lundsteiner sobre a supe¡r- infecção sypbilitiea, veio trazer na questão da immunidade, durante o periodo secundário o terciário, uma série de iute- ressantissimas 'verificações. Para elles a immunidade do sypbilitico é sujeita á revi- são, assim como resulta das suas pesquizas e das Neisser; e parece extranho aos dois sabios viennenses que o sypbilitico, cajo virus pessoal provoca reincidencias sobre reinciden- cias, pudesse ser inr.nunisado de um modo tão absoluto contra' o virus sypbilitico exogeno. E elles pretendem, em apoio desta opinião, que a reinfecção da sypbilis secundária e terciária está demonstrada pelas observações concludentes de syphilitieos que, tres a quatro 337 annos após o seu cancro, foram contaminados de novo, apre- sentando accidentes innegavelmente especificos Presas da idéa feita, Neisser, Levy-Bing, etc., procuraram forçar a explicação desses factos, pondo-a de aceordo com a .sua theoria. Immunidade ou evolução? — Porém, lia uma questão nesse assumpto que ainda não vi posta em foco: O accordo entre aquillo que temos de certo, com aquillo que muita vez •é incerto. A primeira é a evolução da moléstia: a segunda, a immu- ii idade. Ninguém contesta que a syphilis tenha uma evolução cons- tituida de: primeiro, incubação-cancro; segundo, incubação- manifestações secundárias; latencia-manifestaições terciárias. Pelo tratamento se póde retardar, alterar mesmo um pouco esta evolução. Si, por inoculações accidentaes provocadas, conseguissemos sempre o mesmo, tínhamos que chegar' a esse absurdo: fazer um syphilitieo secundário ou terciário, por exemplo, retro- gradar ao periodo primário! Nestas condições, esta immunidade do syphilitieo, quando existe, forçosamente é contra a lesão objectiva, que conhe- cemos por syphiloma primário, e nunca contra a infecção em si porque, como bem aeeentúam Finger e Lundsteiner, não se comprehende como um organismo sensivel ao treponema en- dógeno, fosse menos ou nada ao treponema exogeno. Por outro lado, a syphilis tem, como é sabido, largos pe- riodos de lateneia, cuja pathogenia é obscura na theoria he- matiea, mas que devem ser eguaes aquelles, em que vivem co- mo saprophytos, no nosso organismo, una multidão de ger- mens pathogenicos. Nestas condições, una inoculação em tal occasião póde ser •seguida de insuccesso. O parasito, a exemplo dos que dormem nos tecidos do in- fectado, não assúme carácter virulento e é eliminado pelos meios naturaes de defeza orgánica. Ora, isso é tudo, menos uma reacção antixenica geral de immunidade, como somos habituados a ver em outras infee- •ções de que participa o sangue. Na vaccina, por exemplo, tentae inoculações após alguns -dias da primeira, quando foi positiva. Nada obtereis, ainda que tenhaes destruído com causti- -cos physicos ou chimieos as primitivas pústulas. 338 Na syphilis, em todos os periodos, como vimos, conseguireis resultados francos, com as limitações sómente impostas pela evolução da molestia. Lá é a immunidade, como deve e precisa ser' entendida; na syphilis é infestação, de posse do organismo, comman- dando as suas reacções e impondo-lhe a sua marcha! A leí de Colles-Baumes. — Ha, emtanto, ainda a res- peito da immunidade, esta lei de Colles, que parece eonfir- mal-a na prática. Com effeito: uma mulher grávida de um filho syphilitico pode não apresentar a mínimo symptoma desta molestia, du- rante a gestação e amamental-o sem perigo, após o nascimen- to, mesmo que elle apresente lesões contagiosas. Porém, sabe-se hoje que, como aliás também pensava Four- nier, que se trata no caso de urna syphilis latente, pela reacção de W. Si não apresenta habitual mente manifestações, deve-se at- tribuir-se, como entendía Hutchinson, a que a infestação pa- rasitaria se faz em pequenas dózes, incapazes de provocarem uma reacção orgánica que chegue á lesão. De toda a sorte, tratando-se de um caso de syphilis latente, entra na reciproca de Finger, isto é, de que, si o organismo é inepto a reagir par ao treponema endógeno, tambem está es- terillado para o treponema exogeno, que lhe é levado das manifestações do filho, de que é nutriz. A immunidade. — Assim é que a immunidade absoluta, de que ha ainda partidários em syphiligraphia, se reduz, mui- tas vezes, a uma simple resultante da evolução da molestia, como é aliás commum nas manifestações parasitárias. Assim, no paludismo, tambem se vêm os ataques cessar, mercê do quinino ou da simples mudança de clima. ¿ Está, por isso, sempre o organismo inteiramente livre do mal? ¡Nao! E a próva a cessação do medicamento, uma doença qualquer, a volta dos logares infectados, a Dossibilidade de nova inoculação, desperta a actividade do parasito, que se multiplica, invade a corrente sanguínea e produz os accessos, mais ou menos regulares, do mal. Assim é a syphilis. Reduzida á lateneia pela medicação ou pelos esforços do organismo, qualquer claudicação de um ou outro desses pro- cessos dá logar a novas manifestações. N’um e n’outro caso, porém, si o parasito que dorme no baço, na medidla óssea para o paludismo, ñas glándulas en- 339 dominicas para a syphilis, é capaz de reaccender a moléstiai porque não será tarabem aquelle que é novamente inoculado? Porque si tal se der, dirão que os doentes estavam curados e não que a affeeção passava do periodo latente para o de actividade e bem assim, na syphilis, que fóra o traumatismo, e nunca inoculação que produzira papula, ou syphiloma ter- ciario, reaeções commums desse periodo da molestia, tanto para o treponema endógeno como para o exogeno. (1) Assim, cada vez mais se vem firmando o conceito da iminu- nidade absoluta da syphilis, contra as observações mais for- maes e as régras mais elementares de physio-pathología. Com effeito .. . — Com effeito, a crêr-se nesta immunida- de absoluta, a conclusão forçada é de que a syphilis é urna seeptieemía, como a febre typhoide, a vaccina, a varióla, to- das as febres eruptivas, etc., em que um primeiro ataque, du- rante muito tempo, torna o organismo esterilisado para nova infecção. O treponema agiria assim como uma bactéria provocando a formação de anti-córpos, antitoxinas, etc., o que é radi- calmente contrario a tudo quanto é de communi observação'' na syphilis. Por outro lado, haveria de acreditar-se na passibilida- de de parasitos animaes serem agentes de infecção e' de repellir-se como inútil e absurdo tudo quanto conhecemos so- bre infestações parasitarias quaesquer. Cresce de vulto este absurdo na syphilis que como vere- mos a seguir, nunca é urna scepticemia. Quando é infecção hematica? — As experiencias de Hunter, confirmadas por Ricord e Fournier sobre a immu- nidacle que se ségue a um primeiro ataque da syphilis, galva- nisaram a theoria hematica dessa moléstia. No emtanto, a syphilis é de principio uma moléstia pura- mente bacal e não desperta a mínima reacção antixenica co- mo sóe suceder com outras infecções que assaltam o orga- nismo. Confirman este facto as experiencias de Metchnikoff sobre o effeito da pomada de calomeanos, applieada horas depois do contacto infectante, as de Hallopeau sobre o da hectina, (1) No seu tratado de Immunidade, que só agora vim a conheeer, Bordet, examinando este problema, chega á conclusão seguinte: "Póde-se admittir que em todos os periodos da doença (syphilis) o organismo guarda a aptidão de reagir específicamente á introducção do virus, porém a reacção muda de aspecto.” 340 injeetada nas proximidades do cancro, atora as do aborto da syphilis, mercê da ablação da lesão inicial e do ganglio satel- lite, de (pie ha incontestáveis e rigorosas verificações. Durante o periodo de incubação de uma infecção que as- salte o organismo todo, as reacções sanguíneas são promptas, ora se manifestando por symptomas apparentes, como suc- cede na febre typhoide e algumas febres eruptivas, ora si- lenciosas, mas capazes de produzirem immunidade, tal a ri- queza de anti-córpos, antitoxinas que se começam a formar. No emtanto, os partidarios mais enraisados da theoria he- matica em a syphilis não negam que durante o periodo de incubação aquella molestia não créa a immunidade. Apparece o cancro, primeira manifestação da lues. O organismo continúa indifferente. Não ha a mais insignificante alteração para o estado ge- ral, emquanto e qualquer infecção de outra especie, por mais leve que seja, excita todas as faculdades antixenieas do sangue. Pois então o treponema se multiplica, infesta, destrúe te- cidos, invade o ganglio e não provoca a minima reacção ge- ral? Moléstia capaz das mais terriveis consequências, lança os seus parasitos na circulação e nem por isso o organismo, que ñas simples cachumbas tinha o poder de limitar a sua exten- são, faz a menor tentativa de resistencia... Nova incubação, nova multiplicação dos treponemas, que pouco a pouco vão ganhando os ganglios e o sangue continúa indifferente. A syphilis invadiu todo o organismo. Manifestações diver- sas surgem em todas as regiões, e como se comporta o san- gue? Faz de meio de transporte. Como se exprimem as reacções geraes antixenieas? Febre, calafrios, estados saburral gástrico, commandando diminuição da ração alimentar e paralelamente de auto-in- rtoxicação, abatimento, impondo repouso, etc. -Que se observa na syphilis? Nada, absolutamente nada. Por excepção e raríssima, repercussão geral nulla, poden- do-se contar pelos dedos os casos citados de febre syphilitica, mu mesmo de qualquer outra manifestação destas. Emtanto, aprofundando-se as pesquizas ainda se chega á 341 conclusão de que são reacções, não da infecção geral, mas partidas do soífrimento d’algum orgão por ella invadido. (1) Quando, pois, a syphilis se torna uma infecção sanguínea! Dir-se-á que se trata de uma molestia chroniea “ab ini- tium” e portanto as reacções não existem. Por Deus, a tuberculose e a lepra estão em igualdade de condições. Emtanto, a cada poussée destas infecções, a reaeção geral é inevitável. Gaucher creou a theoria de que a syphilis é uma infecção local, que invade aos poucos, provocando num momento reac- ções tambem locaes, nos territorios servidos pela circulação lymphatica invadida. B'obre não resistir esta concepção á menor analyse, pois é desmentida pelos factos, porque a roséola, as* pápulas, etc., cobrem quasi todo o tegumento, não explica ainda porque aquelle infecção sanguínea não reage nunca como tal. A syphilis não é uma moléstia bacteridiana, é uma infes- tação parasitaria, e, portanto, o antixenismo é differente. Porém, o paludismo, a pyroplasmose, etc., não estão nas mesmas condições? Retirae, pois, um pouco de sangue de um doente dessas moléstias. Está coalhado de parásitos. De duas uma: ou é certo que as manifestações .geraes são presentes de forma violenta, ou então nunca aquelle soffrerá as consequências do mal. Retirae o mesmo sangue de syphilitico. Eneontraes raros treponemas, ou não encantraes nenhum. Neste e n’aquelle caso, o doente está. em plena posse da syphilis, ou mais tarde sujeito ás mais terriveis manifestações deste mal. Dizem que a prova hematica da infecção está na immuni- clade do portador no periodo secundario. Já vimos que em primeiro logar ha casos de syphilis, nes- (1) Leopoldo Lévy fez uma communicação á Sociedade de Me- dicina de Paris, a 9 de maio do anno passado, mostrando que a per- turbação das glándulas endocrinicas produzem febre de auto-intoxi- cação. Por outro lado, Blind na mesma sessão refere haver observado diversos casos de hyperthermia simulando a typhoide e que eram de origem thyrodéea. Quantas vezes a febre syphilitica não assume tambem este carácter? 342 te periodo, em que o contacto infectante produziu o cancro, :se,ja por inoculação experimental ou accidental. Em segundo (que é o rnais importante) a fallencia de ou- tras tentativas nesse sentido nao prova a immunidade, mas .atiesta que a syphilis tem a sua evolução própria dos perio- dos latentes e de explosão, sobre a qual só dispomos de acção, mercê do tratamento especifico. Quanto a reacção de Wassermann, boje simples processo biochimico, falha de 15 a 20 o|o nesse proprio periodo secun- dario, existe na urina na mesma proporção do sangue, e, o que é mais notável, produz inhibição de hemolyse em muitas nutras infestações, totalmente independentes da sypliilis e á frente das quaes está a lepra. No periodo terciario, ou quaternário, seja na para-syphi- lis, a impregnação treponemica é profunda, immensa. Fóra das lesões 1 ocaes, o organismo continúa indifferente, a reacção de Wassermann é positiea, as reinfecções cada vez mais frequentes. Quando, pois, a syphilis é uma infecção hematica? Distingo... — Pelo que precede, parece deprehemder-se que eu não creio de forma alguma na immunidade anti-syphi- litica. Não é bem assim. Mostro apenas como a theoría, que quer fazer daquella mo- léstia urna scepticemía, tem conduzido a sciencia aos maiores -exaggeros, aos absurdos mais evidentes. E, dominando sobre todos está esta questão de immunida- de, levada a os seus últimos limites. Na syphilis, ao contrario, como mostrei, é onde menos evi- dente se mostra a reacção sanguínea, a reacção geral, como se o meio interior de Claude Bernard fosse um indifferente e simples meio de transporte. Disto se não concilia que o organismo por suas céllulas e por suas secreções, não procure limitar, circumscrever o mal. É o que se dá naquella syphilis concepcional latente do professor Fournier, onde a molestia, partida da placenta, des- perta provavelmente reacção capaz de annullar os seus ef- feitos. O proprio professor Fournier, ao que mé recorre, cita o caso de um sujeito que tomou para o seu mal 9 pilulas mer- -curiaes, o qual mais tarde nem por isso se manifestou mais. Nós mesmos, constantemente, na clinica, topamos com ve- lhos incontestados syphilitieos, que não tiveram e não têm 343 ataque algum da doença, muito embora ficassem sem trata- mento. Porém, para que tal sueeedesse, era preciso que a syphilis fosse uma scepticemia e, o que é mais, scepticemia, differen- te de todas, onde o tempo, poderoso destruidor das mais abso- lutas incontestadas immunidades, fosse jamais capaz de an- nullar a sua ? Absurdo. — É um absurdo e dos mais evidentes, contra o qual se revolta a observação clínica, a experimentação, a mi- crobiología da syphilis, toda a concepção de immunidade, que a pliysiopathologia creou e a medicina conserva, como uma das suas acquisições fecundas e definitivas. Infecção, algumas dezenas de annos, simplesmente porque era contagiosa, moléstia parasitaria depois de descoberto o seu agente causal, conservar-lhe aquelle carácter, ainda hoje, e demais com uma immunidade sem exemplo no seu absolutis- mo, e só uma questão de hábito, ou a abolição completa e irremediável de todo o espirito de critica, vencido, dominado, esmagado pelo dogma da idéa feita. Céllula e microbio. —- Observando-se as relações da cel- lula com o treponema, ha um facto que nos choca de prompto, forçando a crítica: o seu parasitropismo. Com effeito: emquanto um coccus, como de Neisser, posto em presença do spermatozoide o ataca, mata, digere, o micro- organismo de Schaudinn geralmente conserva aquella céllula toda a vitalidade. # Transportado com o semen para o ovulo nelle penetra, sem que este deixe de se desenvolver, mercê da fecundação. Chega, porém, um momento em que pelo desenvolvimento biológico já o féto se está formando. De súbito, como em combustão rápida, os treponemas se multiplicam, tornam-se pathogenieos, o aborto sobrevem. Que se passou? Procurae na anatomia pathologica: Os orgãos rudimenta- res, que seriam as glándulas de secreção interna, formigan daquelles microbios. E o treponema, que, no semen, como simples parasito, não despertara a minima reacção antixenica, que no ovulo vivera, como urupê, abraçado a céllula e deixando-a desenvolver-se [ara que lhe fornecesse a seiva necessária, mediante a for- mação das céllulas glandulares, depois, encontrando os ele- mentos necessários, de vida, se multiplicou e provocou a morte mu aborto... 344 B, emquanto se desenvolve o féto syphilitico, todas as gra- dações são possíveis, de aeeordo com a violencia da moléstia. É a morte, logo ao segundo mez, em qualquer outro da gestação. É ao nascer, em plena insufficiencia vital; é nos primeiros mezes ou anuos da vida, e, sempre dominando toda a patho- logia, a perturbação, mais ou menos profunda, das glándulas endocrinicas.. . Si o treponema é um parasito hematico, como querem os que vêm na syphilis uma scepticemia, porque não desperta neste liluido, de chofre, a reacção para a vida e para a morte ? Féto que morra no útero por infecção scepticemica, como vimos tantas vezes na epidemia de grippe, infecta immedia- tamente o organismo materno, cujo estado, por leve que seja no momento, se aggrava em uma reacção geral de evolução, muitas vezes fatal. Na syphilis, muito ao contrario, calie e é expulso como um fructo maduro. É como fulminado pela moléstia. Anatomia pathologica. — Olhae-o, observae-o, criticae, con- cluí. É um féto mumificado, macerado. Si a sua gestação foi maior, todos os phenomenos teratolo- gicos podem ser vistos. Pois bem: ¿ será ao sangue que devemos a morphogenese T ¿ Será neste liquido que o organismo ivae buscar a orientação- para a sua fôrma, para a sua constituição? Podem negar tudo as glándulas endocrinicas: nunca que lhes seja reservado o centro, a alma de toda a formação ani- mal. E. si alguma duvida restasse, a anatomia pathologica, mos- trando-lhe as alterações profundas, como formigam ellas em trepcnemas, daria resposta cabal. Depois da gestaçao. — O féto nasce: as mesmas dystro- phias e quantas vezes uma completa sideração de todas as funções orgánicas, tornando-o inepto para a vida. Procurae a causa do phenomeno: sempre a mesma, segun- do a vossa autopsia. É ainda assim para outros, uma scepticemia especial, chro- niea, completa, absoluta . .. Admittindo-o nesse carácter, que importa? Por verdes um rio cheio, a transbordar, quando não cho- veu, não direis nunca que elle creou agua do leito.. . 345 Tendes certeza que das suas cabeceiras, dos seus af fluentes desceu a inundação. Ora, que são as glándulas de secreção interna, senão os or- gãos donde vêm para o sangue os elementos que o armam para a sua defeza, que mantém o seu equilibrio e a sua com- posição chimica? Porém, olhae o féto: as suas dystrophias vão desde a sim- ples tríade de Hutchinson até a monstrousidade. Descrevamos uma destas; veremos após as outras. Paul Belard leva á Sociedade Anatomo-Clinica de P>orL deaux estas observações: X, tercipara, entra en trabalho a 17 de decembro do anno passado. A suas dos primeiras gravidezes terminaram aos dois me- zes e meio por abortos; nenhum outro signal de especificidade poude ser notado. Grávida de sete mezes, rompimento prematuro na bolsa que, diz, tinha muito líquido. O parto se realisa, sem incidente, ás 5 da manhã. Expulsão de um féto anencephalo. pesando 790 grammas. A placenta avermelhada, espessa, é de um peso despropor- cional (230 grammas). A criança não fez inspiração; o coração bateu dois minu- tos, mais ou menos. Criança. — O pequeno monstruo que vos apresentamos tem toda a attitude e todo o fácies característico de Budha. Falta a parte superior da abobada craneana, substituida por urna delgada pellicula. Além disso, toda a columna vertebral até a região lombar é largamente aberta, e communica directamente com a região craneana. Trata-se, pois, de urna falta de desenvolvimento de toda a parte superior das vértebras dorsaes, cervicaes e craneanas.. B. W. — materna — francamente positiva. Novo caso de anencephalia, sem fissura espinhal, em crian- ça que não respirou e pezava. certamente mais de 4 kilos. Eis, pois, de momento, dois casos de teratología, infelizmen- te desacompanhados de autopsia. Duas parturientes com syphilis incontestável; dois mons- tros como resultantes. Não apresentavam as crianças outra manifestação que at- testasse a sua syphilis. Poder-setiam considerar como portadores de uma scepti- cemía, essa scepticemía chronica que, segundo os clássicos, todos vêm no mal de Hunter? 346 ¿Como uma infeeção sanguínea chega a monstruosidade? ¿ Qual a physiologia normal ou pathologica que admitte tal absurdo? Emtanto, mesmo sem autopsia, ¿quem não affirmaria que -estes aneneephalos estavam privados da córtex suprarenal? A sypliilis poupára o sangue que continuava a circular e a permittir que os monstros vivessem; siderara as glándulas adrenalieas. E é uma seepticemia; nunca uma infeeção endocrinica. .. Dystrophia. — Não cabe aqui a descripção de tudas as dystrophias que sóem apparecer na heredo sypliilis. Esta não apresentará, ás tvezes, manifestação virulenta. Emtanto, sempre a alteração morphogenetica existe. E, para próva, ha a sypliilis de segunda geração, raramen- te seguida de manifestações do mal. Tanto é isto commum, que muitos querem negar a existen- cia desta prorogação de hereditariedade. É, porém, simplesmente eloquente o quadro da communi- cação de Edmundo Fournier á Sociedade de Dermatologia e Syphiligraphia de Paris, na sessão de 7 de julho de 1904. Diante da sciencia, seria insania negar as glándulas endo- crinicas a culpa das dystrophias de toda a ordem, ou querel- as attribuir a uma seepticemia. Porém, olhae na ultima columna do quadro em que appa- recem algumas manifestações commums, ao lado da iehtyose, do bico de lebre, adenopathias, mãos suadas e frias, livper- trophias de baço, alopecias, etc., e tantas outras que gritam a sua origem, profunda, essencialmente endocrinica. E dizei-me os partidarios da origem hematica da sypliilis, como a seepticemia, pode causar taes dystrophias? ¿Por sua localisação nas glándulas, mas onde fica o carác- ter geral, sem o que não se póde admittir? E, si a moléstia toma o nome do orgão que de preferencia affeeta, ¿não temos direito de chamar a sypliilis uma endo- crinopathia, agarrados eternamente ás concepções daquelles, que não conheciam estes orgãos, meditando, qual fetiche in- diano, sobre a immobilidade infinita, plurisecular, do umbigo? Prisão de ventre. — Deixemos, porém, as dystrophias que são um caso liquido, e continuemos a analysar o quadro cli- nico da herero-sypliilis. Eis, pois, o primeiro symptoma — a prisão de ventre — tão commum, que muitas vezes permitte o disgnostico d’a- quelle estado mórbido. O leite é em colostrum e já ella se instada. 347 A criança, mal nascida, grita eoin cólicas. Todos os dias, lavagens seguidas, a custo, despertam uma reacção daquelle intestino paresiado. Ora, é elementar em endocrinología que este estado mórbido é ligado a perturbações da thyroide, da pituitaria e de outras glándulas. Não precisaes, porém, da organotherapia, porque por sua vez a sypliilis é a causa da perturbação glandular. Um pouco de mercurio e tudo entra em ordem. Eis, pois, uma syphilis que, afóra as dystropliias, só apre- senta manifestação subjeetiva, dependente do apparelho en- docrinico. Como explica a theoria hematica esta lessão puramente physiologica ? Pharyngite. — Quem não está habituado a ver na liere- do-syphilis estas pharvngites rebeldes, hypertropliia de amyg- dalas que muitas vezes carecem cirurgia ? Nenhuma outra manifestação interna ou externa da syphi- lis. Emtanto hoje não se discutem mais as relações desses or- gãos como a hypophise. Estuda não só as de ordem physiologica, como também a histológica, pois contém tecido hypophisario, nelles incluídos. Diabetes. — Eis uma observação de diabetes da clinica do professor Annes Dias: O. M., dez annos: Nenhuma moléstia grave em criança. Pae morto de syphilis pulmonar; mãe teve varios accidentes de syphilis. Aos 8 annos a menina começou a urinar muito; após polydipsia, bebendo urina, agua servida, agua de banhos, •etc. Durante a noite bébe mais de tres litros d’agua. Na sua alimentação prefere os alimentos liquidos. Ha mezes teve ce- phatea frontal, dores oculares, sem prejuizo da visão. Chora muito; ás ivezes acorda-se chorando. Não urina na cama. No começo da moléstia tinha calofríos depois que bebia agua. No inverno sente muito frio, conservando os pés e mãos geladas. As urinas, diversas vezes examinadas, não tinham assuear. No começo urinava sete litros, diariamente, agora onze. Tinha a principio muito fastio, agora appetite, principalmente para doces. W. positivo. Prisão de ventre a principio, agora não. Teve manchas escuras no rosto, as quaes duraram muitos me- zes; depois sobreveio descamação e hoje não as tem. Ha 8 mezes pesava 23 kilos, seis depois 32; agora 33 kilogrammos e 900 granimos. Altura, 1 m. 26. Cabeça pequena ; eircumfe- rencií) total 0,50; semi-cireumferencia biauricular. 0,28; 348 íronto-occipital, 0,235; thorax, 0,89; abdomen, 0,62; abun- dancia de pellos na cabeça e superei lios. Dentes incisivos su- periores, chatos e largos, alguns cariados. Pelle lisa, mãos cheias, unhas lisas, brilhantes, finas. A parte do thorax é li- sa, sem relevo clavicular. Linha alba pigmentada. Systhema- venoso superficial, accentuado no thorax; ventre abahulado no epigastro. Tensão mx, 11, mn. 8, dif. 3. Indice oscillometrico 1 1 [4. Mastoidite. Urea no sangue, 0,38, assucar 0 gr. 145, aci- do úrico, 0 gr. 622, cholesterina, 0 gr. 253. Fez o tratamento pela pituitaria e enesol, com o qual a uri- na baixou de 11 a 7 litros, e a mastoidite começou a ceder fran- camente. Trata-se, pois, no caso de diabetes insipido e mastoidite, de origem innegavelmente especifica, e em que são nítidos os phe- nomenos endocrinicos, desde as perturbações nutritivas áqne- lle fácies e corpo hypophisario. Ver n’essa syphilis urna scepticemia é levar al ultimo limite esta concepção. .. Molestia de Cruveiliiier.— Não cabe aquí mostrar quanto- syphilis entra como factor da ulcera de estomago. ÍPorém, forçoso é lembrar que a pathogenia daquelle mal muitas vezes, sinão todas, se explica pela insufficieneia supra- renal. Entre outros Mann (de Rochester), expõe no tomo 23 do “Journal of Experimental Medicine’’ de l.° de fevereiro de 1916, as experiencias que fez em cães e gatos. O autor mostrou que as ulceras de estomago appareciam em 90 o ¡o dos animaes privados das duas capsulas, mais ra- ramente nos privados de urna. As ulceras eram arrendodadas, ovalares de 2 mm. a 2 cm., situadas sobretudo na região prepylorica, ás vezes, no duode- no e pódem apparecer 20 horas após ablação. Outras manifestações. — E ha a asthma infantil, o en- fraquecimento geral, obrigando as creanças a viverem sob ás vistas medicas e se manifestando em todos os orgãos da eco- nomia. com excedencia no apparelho digestivo atonico e su- jeito a todas as infecções. Já tive occasião de tratar de uma criança de 3 mezes, que, embora ammamentada ao seio, tinha vómitos, diarrhéa verde, tympanismo abdominal, ás vezes acompanhados de hyperter- mia. Sendo uma heredo-syphilitica incontestável, de grande, in- menso fígado, o tratamento mercurial rapidamente jugulou aquelle estado, sem dieta hvdrica e sem acido láctico... 349 Quem quer que tenha pratica de pediatria, sabe qúe as dyspepsias de toda a ordem nas crianças são mais comuiuns, de cerca de 80 o|o, nos heredo-syphiliticas. Agora é a sceptieemia que traz esta asthenia digestiva, ou é hypothiroidia, a baixa pressão do folie de Starling, a glân- dula que por excedencia é exitante, de todas as funções or- gânicas ? Reacçao antixenica. — O terreno syphilitico é como es- trumado para todas as infecções que sóem attingir o homem. ¿Quantas vezes a tuberculose não se vêm enxertar nos ade- noideanos específicos ? ¿Não são outras tantas os treponemas, (vivendo e hyperíro- phiando os ganglios que abrem a porta á peste branca, seja na pelle, seja nos pulmões, mercê da adenopathia traeheo- bronchica? Quem não sabe que no passado de todos os rheumatisman- tes agudos e chronicos, os grandes factores das cardiopathias está a hyperthiroidia, geralmente ligada á syphilis? Glánditlas supr yrenaes. — Todos, mesmo aquelles que mal sabem elementos de endocrinología, sabem que esta fra- queza diante, da infecção, está na sua maior parte ligada á insuffieieneia suprarenal. ¡Por isso, para que me não tomem por exaggerado, trans- crevo a seguinte analyse da pagina 673 do “ Annaes de Der- matologia e Syphiligraphia” de dezembro de 1915: “Syphi- lis e Glándulas suprarenaes”, por A. Sézary, “Gazette des Hopitaux”, 14 a 16 de julho de 1914. As lesões das suprarenaes são muito frequentes nos rapa- zes heredo-syphiliticos e contribuem a determinar nelles as perturbações do estado geral que podem conduzir a cachexia. Si o individuo sobrevive estas lesões podem deixar con- sequências, como uma debilidade suprarenal, que se revelará mais tarde por oeeasião de uma infecção ou intoxicação. À syphilis adquirida é menos nociva para as glândulas. Ella provocou emtanto alguns casos de syndroma addiso- niano. Ella pode também determinar suprarenalite selerosa, fac- tor de debilidade suprarenal. O clinico deverá, pois, esforçar-se por procurar a syphilis nos insuffieientes suprarenaes, e a insuffieieneia suprarenal nos syphiliticos. Nos casos positivos elle deverá associar a opotherapia su- prarenal ao tratamento mercurial, que não é nocivo para os 350 orgãòs attingidos; o tratamento arsenical deve ser emprega- do com prudencia em taes casos. Barthélemy. — Na sessão da Sociedade de Dermatologia e Syphiligraphia de Paris, a 7 de julho de 1904, Barthélemy, uma das maiores autoridades em o assumpto, tem sobre a he- redo-syphilis as seguintes expressões: “O que me impressiona mais nos accidentes da syphilis de segunda geração é a frequência das affecções visceraes, as asymetrias, as dystrophias, as faltas de equilibrio do systhe- ma nervoso, as nevroses; esses individuos são detraqués, como se diz vulgarmente. A mãe tem abortos repetidos e sem causa apreciável; aca- ba pondo ao mondo um filho vivo, resistente, posto que nas- cido aos sete mezes; esse terá uma infancia difficil, delicada, um desenvolvimento retardado, tics, e sobretudo epilepsia. Muitas destas crianças (heredo de segunda), são nevrosa- dos e alguns, des todos incuráveis, constituem inutilidades, cargas mesmo para o corpo social”. Mais tarde, em 1911, escreve um artigo no “Bulletin Medi- cai” e que infelizmente só conheço a pequeña analyse dos Annaes de Dermatologia (n. 2 do corrente anno) : “Para Barthélemy a maior parte das tystrophias heredo- syphiliticas tiram uma parte dos seus caracteres, estigmas es- queléticos e dentarios em particular, ao ataque das glândulas de secreção interna pelo treponema. A concepção de heredo-syphilis toxinica, que era sómente um esboço á precisão de alguns factos inexplicáveis, acha es- clarecimento na aeção omnipotente dos productos glandula- res sobre o equilibrio nutritivo do organismo. A toxina, longe de ser treponemica, é habitualmente só uma secreção endocrinica, viciada, ou defficiente. Todas essas observações são valiosas para a heredo-syphilis de segunda geração. Porém, parece bem que o desvio funccional endocrinieo se- ja no netto uma herença da lesão, opinião das mais acatadas, que também vê na syphilis uma afecção por excedencia das glándulas de secreção interna”. Endocrinopathias. — Intoxicações, infecções podem reper- cutir sobre as glándulas, tornando-as enfermas, em maior ou menor intensidade. Porém, não negam aquelles que se dedicam ao estudo des- tas moléstias, que não querem isolar estes interessantes ap- 351 parelhos da economia, julgando-os inutilidades, como na la- mentava! ignorancia dos que os não estudam, que duas gran- des causas dominam a etiologia das endoerinopathias: A syphilis e a hereditariedade. Nestas condições, não ha um limite preciso para os malefi- cios daquella infestação parasitária. Moléstia, de preferencia, sinão exclusiva das glándulas, ella pode, com o tempo, ver extinta a sua aeção virulenta; po- rém, ficará attestando-a, ficará como sello, a invalidez, maior ou menor do homem, atravez daquella heredo-debilidade glan- dular, de que falia Rarthélemy. Syphilis adquirida. — Poder-se-ia crer que as perturba- ções endocrinieas da syphilis hereditaria fossem producto ex- clusivo da alteração geral da economia, muito embora pro- testassem contra este ponto de vista innúmeras autopsias, at- t estando a sua invasão directa. Já em o primeiro capitulo desta memória mostramos que os ganglios lymphaticos são as primeiras estações em que se acoitam os treponemas. Para Pende, a secreção desses apparelhos seja a lymplio- ganglina, pertence ao typo dos hormonas inhibidores das fun- ções, isto é, dos, que poupam energias. Por outro lado, o professor Marfori, em notável trabalho experimental, publicado nos “Archivos Italianos de Biolo- gia”, a 10 de agosto de 1918, corta a questão do endocrinis- mo dos ganglios, que possuem uma secreção especial, que é também encontrada na lympha dos conductos efferentes e do canal thoraxico, e que e antagónica da adrenalina, quer como séde, quer como natureza. Vejamos agora si elinicamente são observados symptomas dependentes da adenopathia especifica, isto é, da primeirai etapa da invasão do organismo. G-anglios e circulação. — iSSo do trabalho do professor Marfori as seguintes conclusões, que resumo: a) Os ganglios lymphaticos contêm um ou diversos princi- pios activos, solúveis a frio e a quente em solução physiolo- gica; b) Sobre o coração a lympho-ganglina actúa, deprimindo o tonos do sympathico; c) Sobre os vasos sanguineos (grande circulação), actúa, abaixando o tonos do sympathico e determinando vaso-dilata- cão com hypotensão; d) Sobre as coronarias a aeção é vaso-constrictora para a lympho-ganglina; vaso-dilatadora para a adrenalina; 352 e) Paralysando as extremidades do sympathico a lympho- ganglina impede a glycosuria de origem adrenalinica. Syndroma circulatorio especifico. — Por outro lado, Du Castel, em recente artigo dos Annaes de moléstias venéreas, chega á conclusão, pelos methodos actuaes de cardiologia, de que a tensão no syphilitico é inferior á normal, especialmente quanto á tensão maxiina, observando-se quasi sempre nelles a tachycardia. Também Martinet, no seu syndroma hyposphyxieo, sempre acompanhado de insuficiencia pluri-glandular, crea um tvpo que denomina especifico por ser observado nos syphiliticos. Oabe aqui ainda, salientar a frequência da angor pectoris nos infestados de treponemas, seja por aortite, aneurisma ou coronante. Ninguém esqueceu os trabalhos memoráveis de Huchard sobre a pathogenia deste terrível syndroma e, portanto, e de prevêr que a acção vaso-constrictora da lympho-ganglina sobre as coronarias possa nelle ter a sua culpa. Todas essas cousas são simples hypotheses que demandam ser precisadas, que será mais fácil desde que sejam procura- das. Eu poderia, antes de formulabas, repetir as palavras de Fournier: “Sêde advertidos de que, ao tratar neste momento, nós deixamos as regiões das 'verdades adquiridas e demonstradas. Sêde advertidos de que em tudo, que vae seguir, eu terei menos vezes que formular soluções do que a propor proble- mas. Não importa. Ha muitas vezes vantagem em fazer um inventario dos nossos conhecimentos para se tomar conta do que não se sa- be; ha muitas vezes vantagem em levantar questões as quaes é impossível responder de momento, quando mais não sejam para traçar um plano de estudos e para indicar aos pesquiza- dores a direcção, o sulco, em que convirá que abram a trin- ■cheira”. Correlações glandulares. — Si em medicina é difficil encarar um orgão isolado, cresce essa difficuldade quanto as glándulas de secreção interna. Realisandoj o equilibrio do sangue, estes apparelhas têm secreções antagónicas e synergieas, de forma que a insuffi- tciencia de uma só altera, arrastra, créa a dysfuncção de todas. 353 Assim é que, nessa questão da syphilis, não se pode isolar uma ou outra, de forma a salientar o syndroma correspon- dente. Basta, pois, que se próve pela anatomia e physiologia pa- thologieas, pela microbiología e pela clinica que são possíveis as alterações de algumas para que todo o apparelho seja in- teressado no syndroma. Foi o que já fizemos anteriormente. Lembrança. — Permitta-se-nos, porém, lembrar que a sy- philis se revéia por symptomas de ordem anatómica ou func- cional. Aquelles são os commums á infestação, porém estes são sempre attestados de que o ataque endocrinico, seja sob a forma de pequena ou grande dysfuncção, existe sempre. Já mostramos a hypothyroidía, creando alopecia especifica, provocando a pseudo-rheumatismo, como seria fácil mostrar a byper no basedowismo especifico, cujas observações se vêm multiplicando na tachyeardia paroxistica, ao lado da prová- vel insufficiencia thymica. Já mostramos a insufficiencia suprarenal, indo desde o typo asthenico ao desnutritivo da classificação de Fournier, chegando até a cachexia; mostraremos sem difficuldade a creação de moléstias de Addison. E as perturbações da liypophyse pelas quaes deve correr, pelo menos em parte, a frequência das anginas; ao diabete, cada vez mais se tornando uma moléstia especifica e aos te- rríveis syndromas nervosos e mentaes, tão commums na mo- léstia. Na syphilis terciária é profunda a alteração geral, che- gando quica a perturbações de ordem trophica. Na para-syphilis ha estas interessantes melanodermias, a syphilis do pescoço, o vitÍligo, etc., cujas relações com per- turbações glandulares podem bem ser suspeitas... Dirào. . . — Dirão aquelles, que não queiram na syphilis uma moléstia parazitaria das glándulas endocrinicas, que, por ■outro lado ha muitos casos em que não se póde salientar o ataque a estes orgãos da economia. (Porém, a anatomia pathologica da própria moléstia não nos mostra como as glándulas são ás vezes, tolerantes para com o treponema que conservam no seu seio sem a menor re- aéção ? Outra não ha a lesão de outros orgãos que provocam a at-> 354 tenção medica, o que de certa forma evita que elle procúre <> que julga não existir? Não ha tambera supplementos de funcções, que agora co- meçam estudados e que aliás devem ser como os de outros or- gãos da economia? Não lia tambera que pequenas lesões das glándulas, com fraca, insignificante repercussão geral, possam passar des- percebidas tanto mais que não são precisadas? Conclusões. — l.° A anatomia pathologica e a microbiolo- igia ensinam que de todos os orgãos da economia a syphilis e seu parasito preferem as glándulas endocrinicas, pois que, emquanto o sangre é pobre ou desprovido de treponemas, estes formigam naquelles orgãos, mesmo nos periodos laten- tes da infecção. 2. A syphilis, diathesé dos antigos autores', infecção du- rante o periodo bacteriológico, ainda conserva erradamente este nome, pois ninguém discute a especificidade do trepone- ma e a sua natureza de protozoário. 3. Este erro tem concorrido para manter a noção da im- munidade absoluta, bacteriana, a qual deve manter-se nos termos assignalados por Finger e Lundstener: reinfecção pos- sível no periodo de actividade, porque si o organismo é su- jeito a acção do treponema endógeno, não se comprehende não o seja para o treponema exogeno; immunidade pelas mes- mas razoes no periodo de latencia, de que são exemplos a lei de Colles e Profeta. 4. A syphilis hereditaria com as suas distrophias, mons- truosidades e letalidade, a syphilis adquirida, com seus syn- dromas endocrinicos, etc., demonstram que, antes de tudo, aquella moléstia é uma infestação glandular. Esta concepção de syphilis-endocrinopathia parasitaria, so- luciona, entre outros, dois grandes problemas de ¡Sipliiligra- pliia, o da evolu/eão, de que me occuparei em dia, e o de here- ditariedade, cujo assumpto pela rama embora, dada a pres- são do tempo, vou abordar, como uma homenagem a este Congresso que tão alto eleva a sciencia e fraternidade ameri- canas. V Si em um momento nos detemos sobre este assumpto, duas observações resaltara ao espirito: a impossibilidade de negar 355 a sua hereditariedade, o silencio com que se encara o seu me- canismo. É este que nós vamos audaciosamente romper, justamente porque a concepção de syphilis-endocrinopathia parasitaria, estabelecendo uma pathogenia, real e lógica, daquella molés- tia, permitte que possamos desvendar aquelle segredo. Toda a theoria, embora alicerçada nos fundamentos mais práticos, póde morrer, porque é limitado o poder de visão e de analyse humanas. Porém, maior será o seu! fracasso, si não se poder adap- taba a todos os casos em que se deve servir. É o que suceede actualmente em Syphiligraphia. Vejamos entretanto si a, que venho expondo, justifica na- quelle problema o meu enthusiasmo e a minha convicção. hereditariedade sypiiilitica Hereditariedade em geral. — Uma das questões mais de- batidas e mais misteriosas da Pathologia Geral é a da here- ditariedade. Desde a concepção genial de Weissmann sobre a immorta- liclade das cellulas geradoras, ao lado do desapparecimento fatal ¿le todas as outras cellulas, até a de Koger de que a he- reditariedade é a transmissão, não de modificações anatómi- cas, mas de modificações physiologicas, aquelle problema ain- da desafía toda a sagacidade e toda a philosophia medicas. Porém, já ha, a este respeito, dados definitivamente adqui- ridos. Assim, quanto ás molestias microbianas, com excepção úni- ca da syphilis, crê-se que se adquire por hereditariedade só- mente a predisposição e nunca a moléstia. E este facto mesmo se realisa com muito poucas infecçÕes chronicas, como a lepra, a tuberculose, etc., que sóem, por assim dizer, abalar toda a defeza orgánica. predisposição Geralmente a predisposição é definida com a faculdade maior do organismo em adquirir determinadas molestias. Esta definição pecca mortalmente por encerrar em si o pro- prio phenomeno (pie se quer definir. Nestas condições, sabendo nós que o organismo se defende de todas as molestias, mercê de determinados apparelhos, ou 356 orgãos, seria mais logieo admittir que a predisposição fosse definida como a insufficiencia transitoria ou definitiva, dos orgãos de reacção antixenica. Effectiivamente o filho de tuberculoso, por exemplo, não fica sujeito a adquirir sómente a tuberculose: qualquer outra in- fecção o póde assaltar e até ser o i>onto de partida desta. Nestas condições, aquella definição se torna geral, e mais conforme com os factos de observação clinica. Tanto assim é que o mesmo raciocinio poderia ser appli- cado a outras molestias ehronicas não infecciosas, e cuja pre- disposição é hereditaria. GLANDULAS É DEFEZA ORGANICA Ninguém ignora que as glándulas de secreção interna têm primazia incontestável na defeza orgánica contra as infecçÕes e intoxicações. Não é preciso pôr ém relevo todas as verificações, feitas neste sentido, principalmente com as mais conhecidas das se- creções : a. da thyroide e suprarenal >Sd mesmo a physiologia endocrinica conseguiu explicar uma série de factos da pathologia geral, como sejam a fragilidade maior ou menor do organismo ás infecçÕes, conforme a edade, o sexo, o estado de prenhez, a emoção, etc., e diversas outras condições, tidas até aqui como causas predisponentes ou ef- ficientes e que têm explicação fácil no desenvolvimento pro- gressivo ou na regressão, ou mesmo nas alterações daquelles orgãos. Tal entre outros, o papel de emoção, menos conhecido e cuja reacção é uma reacção endocrinica conforme os memorá- veis trabalhos de Marañen, São delle estes periodos: “Los fenómenos vegetativos de la emoción intensa son de abolengo netamente tiroideo: el su- dor, el temblor, la diarrea, la abertura exagerada de los ojos, — en los sujetos que son presa de una emoción súbita y vio- lenta, — son precisamente los síntomas de hipertiroidismo. El mismo exoftalmos, que es tan característico de esta enfer- medad y que da muchas veces a los basedowianos la expresión de estar permanentemente aterrados, puede verse en casos ex- traordinarios de terror”. Ao lado de thyroide estão as reaccoes de suprarenal ñas glycosurias emotivas, nos symptomas de vagotonia, de sympa- thicotonia, etc., que tantas vezes seguem aos choques moraes. 357 PREDISPOSIÇÃO E GLANDULAS Nestas condições, é logico suppor que a predisposição here- ditaria nada mais seja que uma debilidade glandular heredi- taria. Portanto estas infecções que cream predisposições, como geralmente se consideram a lepra, a tuberculose, etc., não o fa- zem pela qualidade especial dos agentes. Infecções geraes, e das mais graves, ao seu ataque não es- capam orgãos, como o systhema endocrinico, cujas modifica- ções physiologicas} por elles observadas, se transmittem aos descendentes. Isto mesmo é o que se verifica com as doenças, chamadas constitucionaes, do velho grupo do arthritismo que dependem do metabolismo que, como se sabe, está subordinado a este systhema. Assim é, que, ou indirectamente, sob a forma de predispo- sição mórbida, ou directamente, sob a forma de molestia cons- tituida, a debilidade glandular ou a endocrinopathia se trans- mittem aos descendentes. SYSTHEMA NERVOSO Outras doenças em que pesa grandemente o facto here- ditariedade, sao as do sysfhema nervoso. A este proposito convém citar as palabras de Mlarañon: “Entre el sistema nervioso y el sistema endocrínieo hay una estrecha relación resultante de su significación en la eco- nomía. Uno y otro tienen por objeto establecer una conexión a distancia entre los diversos órganos para coordinar las accio- nes aisladas de cada uno a los fines comunes de la vida: el sistema nervioso completa esta misma misión mediante los nervios extendidos como una red entre los centros y los luga- res más apartados del cuerpo (correlación nerviosa) ; el sis- tema endocrínieo, gracias a los hormonas, que, como mensa- jeros químicos, como decía Starling, corren de unos órganos para otros, transmitiendo noticias de las distintas fases de su actividad (correlación química).. . La correlación química se ejercita principalmente en la re- gulación de las funciones puramente vegetativas, mientras que el sistema nervioso ejerce su influencia sobre la esfera animal y la psíquica, es decir, en aquellos actos mediante los 358 cuales el ser se relaciona con el medio externo. Pero, aunque siempre se conserva esta distinción fundamental, el sistema nervioso y el endoerínico se conexionan estrechamente en- tre sí”. Estas relações do systhema nervoso, sympathico, autonomo, e central com o apparelho endocrinico são de tal modo inti- mas que por ninguém podem ser hoje postas em duvida. Não só e embryologia mostra que cellulas glandulares pro- vêm de uma mesma origem que a cellulas sympathicas, a phy- siologia que as secreções regulam toda a actividade nervosa, como a clinica que não fallecem ñas endocrinopathias symp-; tomas e lesões nervosas, nem ñas molestias nervosas e men- taes symptomas e lesões endocrinicas. Nestas condições, queiram fazer-se dos systhemas nervoso e indocrinico um só, de regulador supremo da vida vegetati- va e de relação, ou ao contrario, se os mantenhan separados na coordenação funccional, uma verdade resalta, nitidamente adquirida: é que as molestias de ambos as modificações phv- siologicas, na phrase de Roger, se transmittem hereditaria- mente, seja porque incidam em ambos ou em um dos dois sys- themas. conclusão Assim é que, na questão da hereditariedade em pathologia geral, resalta nitida a verdade, definitivamente adquirida, de que são as modificações physiologicas dos systhemas nervoso e endocrinico que se transmittem de ascendentes a descen- dentes. hereditariedade syphilitica Nestas condições resalta logicamente que o treponema não póde constituir uma excepçao única entre todos os microbios pathogenieos. A respeito da própria syphilis, quando estuda a heredita- riedade nervosa, Roger tem esta phrase: “nos dois últimos casos (paralysia geral e tabes), o papel de syphilis que é ine- gável, deve ser completado pela influencia de uma causa adju- vante, hereditaria ou adquirida, que explica a localisação”. Eis, lógica e clara, como resalta a verdade de que a syphi- lis é hereditaria porque é uma molestia das glándulas de se- creção interna. É a localisaçao, é a sede, é a sua qualidade de endocrino- 359 pathia que faz a fatalidade de sua transmissão hereditaria, não só á primeira geração, mas tambern ás que lhe succedem. Si não bastasse esta lei geral, reguladora de hereditarieda- de mórbida e que viemos summariamente expondo, havia a verificação clinica e anatomo-pathologica mesmo que grita- riam a origem, puramente endoeriniea do mal de Hunter. A clinica. — Sob este ponto, citemos verificações de Mestre em Syphiligraphia, o professor Fournier. A influencia hereditaria de syphilis se traduz por manifes- tações que elle divide em cinco grupos: 1. Accidentes de syphilis propriamente ditos; 2. Cachexia fetal, chegando de urna forma ou outra ao que -elle chama inaptidão á vida; 3. Perturbações dystrophicas, geraes ou parciaes; 4. Deformações congénitas; 5. Predisposições mórbidas. O Genio. —O genio não se restringe á observaçÕo mas faz a previsão que assombra. Por isso, seja-me licito citar como Four- nier descreve a sua impressão da hereditariedade especifica, ao tempo em que as glándulas de secreção interna eram apenas conhecidas dos que estudavam Physiologia e ninguém suspei- tava da sua pathologia. “Crê-se muito que a syphilis, molestia especifica, se res- tringe a manifestações e a lesões de ordem especificas. Erro profundo, erro de anatomo-pathologista de vista cur- ta e ao qual a observação inflige um desmentido diario. Não, certamente, a syphilis não faz sómente a syphilis co- mo erradamente se diz. Ella faz outra coisa. Ella não reage sómente sobre as suas victimas, tanto como doença especifica e por seu veneno, sua toxina propria; ella reage tambem sobre ellas tanto como doença geral e isto pela perturbação profunda que ella im- porta no organismo, pela erase humoral, pelo temperamento que ella modifica, pela saude que ella altera, etc. {os gíriph'os são meus). Grupos. — Dos cinco grupos, em que o Mestre divide as manifestações da lieredo-syphilis, ha um de accidentes espe- cíficos propriamente ditos, e quatro que hoje sabemos de so- bejo correrem pelas alterações ou molestias do aparelho endo- crinico. Por outro lado, a existencia dos primeiros não exclúe a de um ou outro ou todos os demais, emquanto que se contam por milhares os casos em que a hereditariedade especifica se ex- pressa exclusivamente dentro dos últimos, isto é dos que co- 360 rrem pelas glándulas de secreção interna. Que falta, pois, pa- ra que não continuemos a considerar a syphilis uma endoeri- nopathia? barthélemy, hutinel, castex Eis tres grandes nom.es da Medicina e aos quaes não esca- pou a alteração glandular no cortejo syphilitico hereditario. Outros provavelmente já fiàeram esta verificação e dos quaes- sinto ignorar os nomes e os trabalhos. Barthélemy, na sua these, Castex, na sua notável “Syphilis hereditaria tardia”, um dos maiores livros que conheço la sciencia americana, Iíutinel, em uma memoria que impres- sionou fundamente os meios médicos, e de quem para evitar repetição, e sómente, como uma homenagem, gravo nesta mo- nographia as conclusões: 1. A heredo-syphilis attinge precocemente as glándulas de secreção interna, como mostram os exames praticados na crean- ça dê peito, nos recem-nascidos e nos fétos. 2. Este ataque em os individuos, que não succumbem, pô- de se traduzir pelos syndromas clássicos e mesmo por todos os syndromas pluriglandulares menos distinctos. 3. Em particular nota-se com frequência o infantilismo e as dystrophias geraes ou parciaes no esqueleto do cráneo, dos dentes, perturbações do crescimento e da nutrição, etc., que forman o fundo do quadro da heredo-syphilis dystrophiea. 4. A heredo-syphilis, dita toxinica, não é a maior parte do tempo de que uma heredo-syphilis endoerinica. õ.° Os estigmas dystrophicos, quando não são devidos á ac- ção directa do treponema, são produzidos por perturbações funccionaes das glándulas endocrinicas no curso da vida in- tra-uterina. A perturbação humoral, assim adquirida, pode se transmit- tir com suas consequências dystrophicas. São as modificações endocrinicas definitivas, que trazem uma parte da responsabilidade na hereditariedade especifica”. syphilis hereditaria ou syphilis post-concepcional ? Poder-se-á ainda objectar que ha uma corrente de autores- que nega á syphilis a sua qualidade hereditaria, propriamente dita, isto é, de poder se transmittir directamente do pae ao filho. Não cabe anaiysar aqui todos os argumentos pró e contra 361 esta transmisão. Basta que se ponha em relevo que, segundo os adversarios da hereditariedade, a syphilis se transmitte aos descendentes de um casal syphilitico, mediante a infecção materna letente ou explosiva. Assim o que geralmente chamamos de syphilis hereditaria nada mais 4 que a syphilis post-coneepcional. Entre os argumentos mais poderosos a favor desta conclu- são está o de Fordyce, que diz ser impossível que o treponema que mede duas vezes o tamanho da cabeça do spermatozoide possa com esta penetrar no ovulo. Como, por outro lado, não se poderá negar as consequências evidentes de Syphilis sobre as gerações, vejamos como diante de duas opiniões, que re- gem o assumpto, resalta nítida a concepção de que aquella molestia 4 urna endocrinopathia. Já examinamos com ella se deve transmittir na qualidade de endocrinopathia parasitaria; vejamos agora como a syphi- lis post-concepeional a ser admittida, tambem appoia o meu ponto de vista. SYPHILIS MATERNA LETENTE Em primeiro logar resalta que 4 verdade adquirida o facto de que o sperma do svpliilitico carrega o treponema. Nestas condições, si se trata de um primeiro contacto infec- tante, seguido de gravidez e sabendo-se demais que a syphilis tem um período de incubação de tres semanas, 4 logico suppor que treponemas ficados na vagina, no útero, etc., ahi se mul- tipliquem durante este prazo, e pouco e pouco comecem a in- vadir o ovulo, produzindo ou não um cancro duro nas proxi- midades e que passa clínicamente despercebido. Isto vem appoiar o que eu antes dissera quanto á invasão dos ganglios na syphilis adquirida, isto é de que aquella se dá porque o parasito procura o habitat propicio, isto é as glân- dulas de secreção interna, o qual tanto póde ser o óvulo fe- cundado como o ganalio. Não ha o cancro duro e nem porisso deixa de haver a inva- são daquelle, porque não é nenhuma novidade a existencia da syphilis, chamada Cryptocarcinica, da syphilis d’emblée. Sobre estes casos diz Fournier que verificou diversos, de um modo bem positivo, embora se colloque mais tarde ao lado da doutrina absoluta de Kicord. Doutra parte, em recente artigo, Oh. Audry e Le Chate- lier dizem o seguinte: “Todo o mundo sabe que muitos sypbiliticos ignoram o seu 362 cancro. A maior parte do tempo admitte-se que não foi per- cebido. A questão se levanta, pois, de saber si ha syphilis sem cancro. A isto se póde responder afirmativamente. .. ” LOCI MINORIS RESISTENTIAE Realize-se o infestação, seja por este meio, seja pelo proces- so admittido para a syphilis post-concepeional, de qualquer fôrma a hereditariedade se revela pela predominancia abso- luta dos syndromas endocrinicos), como jiá vimos anterior- mente. Óra ninguém ignora o valor dos loci minoris resistentiae co- mo ponto de appelle para todas as molestias e com especiali- dade para a syphilis. Nestas condições, si a lógica não mente, o pae syphilitico transmittio pelo menos a seu filho a debilidade glandular que explica aquella preponderancia. É7 como a hereditariedade se dá, conforme a Pathologia Ge- ral, pela prorogacão no descendente das modificações physio- logicas do ascendente, é que o lues as produzira e com tal inten- sidade que, embora houvessem clinieamente passado desper- cebidas, puderam ser heredadas. 'Assim a syphilis não deixa de ter o carácter geral, de ser uma molestia unica, quer tenha sido adquirida por contagio, quer o tenha por hereditariedade. iSempre é uma endocrinopathia parasitaria, cujos syndro- mas são menos intensos, quando adquirida do que quando congénita. As razoes deste facto já fóram de sobejo explicadas e ca- bem dentro da regra geral de supplemento de funcçÕes. CONCLUSÕES 1. Como excepção unica, a syphilis é a molestia cuja trans- missão hereditaria não pode ser posta em duvida. 2. Si o treponema pallidum constitúe aquella excepção en- tre todos ou outros micróbios, não deve ser por sua natureza especial, porém por sua séde, por sua localisação. 3. A Pathologia Geral e a Clinica ensinam que a heredita- riedade mórbida é possível e indiscutida, quando a molestia pertence a um dos dois grandes systhemas de Economia: o EystJiema nervoso e o Systhema endocrinico. 4. Revelando-se a hereditariedade syphilitica principalmen- 363 te, senão exclusivamente, por syndromas ou dystrophias, de- pendentes do systhema endoerinico é logico suppor que a sy- philis é unía endocrinopathia. 5. As manifestações nervosas da syphilis hereditaria, têm a sua explicação nas estreitas relações dos dois grandes systhe- mas de Economia. 6. Seja por transmissão directa paterna, seja por propa- gação local, placentaria ou sanguínea, a syphilis hereditaria põe em relevo a sua qualidade de endocrinopathia, porque de- monstra a preferencia do treponema pelas glándulas de secre- ção interna, na verificação da lei geral dos loci minoris resis- tentiae, ou na invasão rapida e fatal daquelles orgãos. Tratamiento intraraquírieo en ciertas formas de sífilis nerviosa el dr. salvador pintos (Montevideo) En ciertas formas de sífilis nerviosa], principalmente en aquellas que se muestran rebeldes al tratamiento intensivo general, se lia tratado de efectuar un tratamiento local, ya por el cianuro de mercurio, ya por el novoarsenobenzol en inyecciones intra-raquídeas. (Este nuevo método, defendido por unos, atacado por otros, está realmente en pañales, pues mientras muchos sifilógrafos, con pruebas en la mano, las con- sideran inútiles, perjudiciales y muy peligrosas, otros, tam- bién con pruebas, las creen necesarias en todos los casos¿ don- de el tratamiento general no demuestra acción alguna sobre las lesiones cerebrales. Entre estos últimos se encuentra el doctor Marcel Bloc, del Hospital San Luis, quien, en su contestación a la en- cuesta de 1920, entre otras cosas, manifiesta: “Que en los casos de reacciones meníngeas sifilíticas persistentes, a pe- sar de continuar el tratamiento general, debe recurrirse al tratamiento local”. Y sostiene su opinión, basándose en que, cuando se habla de meningitis sifilítica, sólo se trata de me- ningo-eneefalitis, de meningo-mielitis, y de meningo-radicu- litis, y que, por consecuencia, no hay que hacer distinciones entre las lesiones meníngeas y las lesiones meníngeas asocia- das a las lesiones de los centros nerviosos; admitiéndose que 364 si bien el treponema no está localizado sobre la propia me- níngea, se encuentra sobre el tejido nervioso subyacente. Para él, la exclusiva indicación del tratamiento local se basaría en las dificultades de penetración de los medicamen- tos en las regiones submeníngeas. Para íSieard y Bloc, el arsenobenzol introducido en la cir- culación general sólo penetraría en ínfima cantidad en los espacios subaracnoideanos, y que el mercurio no llegaría si- no en cantidades inapreciables. Bloc prefiere como medica- mento el neoarsenobenzol; su procedimiento es el siguiente: Ilace primero una solución madre, que contiene un centigra- mo de medicamento por un centímetro cúbico de agua desti- lada, por ejemplo, 0.15 centigramos de neosalvarsán en 15 centímetros cúbicos de agua destilada. Segundo: toma 1 centímetro cúbico de la solución madre, y la diluye en 9 cc, o 4 ce. y 1 cc. de agua destilada, formando así, soluciones in- yectables, conteniendo respectivamente 1 miligramo, 2 mili- gramos, 5 miligramos por centímetro cúbico. Recomienda co- menzar inyectando 1|4, 112 y 1 miligramo de 8 en 8 días, siempre a dosis crecientes, sin llegar a pasar la de 5 mili- gramos. Swift y Ellis, partiendo del hecho comprobado que el sue- ro de los enfermos tratados por el salvarsán presentaba poco tiempo después de la inyección su máximo poder de acción tóxica sobre el treponema, dedujeron su método de inyección intra-raquídea, por medio del suero salvarsanizado, y pro- ceden de la siguiente manera: 1 hora después de la inyec- ción intravenosa de 0.60, 0.70, 0.90 centigramos de novo- arsenobenzol, o de 0.40, 0.60 centigramos de salvarsán, sa- can 50 gramos de sangre en dos tubos a centrifugar, previa- mente esterilizados; después de la coagulación, se centrifuga y se deja reposar durante 24 horas; pasadas éstas, toman 12 centímetros cúbicos del suero, al que agregan 18 centímetros cúbicos de suero fisiológico, obteniendo así un suero al 40 por ciento. Se deposita a la estufa a 56° durante una media hora. Previa todas las medidas necesarias para una buena punción, sacan 40 cc. de líquido céfalo-raquídeo, e inyectan 80 cc. del suero salvarsanizado, recomendando a cada inyec- ción, que se repite cada 8 días, ir aumentando la concentración del suero, 50, 60, 80 ojo. Ogilvie modificó esta técnica. Cen- trifuga el suero hasta su transparencia, y agrega al suero su dosis de medicamento a inyectar. El suero debe ser fresco y la dosis no pasar de un miligramo. Ravaut disuelve 0.045 grs. de neosalvarsán en 10 centí- 365 metros cúbicos de solución fisiológica, de manera que 0.1 ce. corresponde a 0.45 miligramos; retira, por lo menos, 50 cc. de líquido céfalo-raquídeo, y le agrega, de la solución ante- rior, el número de décimos de centímetros cúbicos que co- rresponden a la dosis a inyectar (0.2 cc., 0.9 miligramos, 0.3 cc., 1.35 miligramos, 0.4 cc., 1.8 miligramos), etc., y lo vuelve a introducir; esta operación se repite cada tres se- manas. Otro de sus procedimientos es el de las soluciones hiper- tónicas, inyectando, por medio de una jeringa especial, gra- duada en gotas, 1, 2, 3 gotas de una solución de 914 al 6 ojo en el agua destilada, siendo una gota igual a 3 miligramos del medicamento. Mac Caskey y Levinson manifiestan haber obtenido brillan- tes resultados, agregando que los casos negativos de otros, son sólp debidos a no prolongarse el tratamiento el tiempo necesario para demostrar sus bondades. Otros emplean de preferencia el suero mercnrializado, ya del mismo enfermo, ya, como Mulford, con su solución, con- teniendo 0.0013 de bicloruro de mercurio disuelto en 30 gra- mos de suero de caballo, diluido con la solución de suero fi- siológico. El doctor Siearcl emplea cada semana una inyección de 2 miligramos de cianuro de mercurio disuelto en 2 centímetros cúbicos de agua salada isotónica y mezclada en el interior de la jeringa a 6 u 8 centímetros cúbicos de líquido céfalo- raquídeo, en el curso mismo de la inyección. Trata, al mismo tiempo, de provocar una sacudida a la permeabilidad menín- gea, creando una meningitis aséptica, que permitiría a la me- dicación intensiva de la vía sanguínea penetrar en el inte- rior del saco aracnoideano, y tomar contacto más íntimo con el proceso sifilítico meningo-radicular. Para conseguir esto, recurre a las inyecciones glúteas de nueleinato de soda a la dosis de 10 centigramos del producto, las que provocarían un choque humoral sanguíneo y mismo raquideano, que pueda permitir la permeabilidad meníngea y con ella la mayor actividad de la medicación general sobre los centros nerviosos. El profesor Jeanselme opina que, a pesar de lo dolorosas y no exentas de peligro de estas inyecciones intra-raquídeas, dé- bese. en caso de meningo-encefalitis graves, recurrirse a ella, siempre a las dosis de 1 miligramo del neosalvarsán. Al lado de todos estos sifilógrafos, que, a pesar de lo de- licado y peligroso de este tratamiento local, lo aconsejan en 366 ciertos casos bien determinados, sobre todo en la meningo-radi- euiitis, meningo-eneefalitis, v en los tabéticos con dolores ful- gurantes vivos y tenaces, se levanta una pléyade de otros no menos competentes, que clasifican este tratamiento intra-raquí- deo como perjudicial e inútil. Divid de Lausana, Ilúdelo, Sezary, de París, Dujardin, de Bruselas; este último, certi- fica que no ha observado ningún efecto favorable ni con el método de iS'wift y Ellis, ni con el de Ravaut. Opina que es falso el punto de vista teórico sostenido por los partidarios del tratamiento local, (pie sería la persistencia de la reacción Bordet-Wassermann en el líquido céfalo-raquídeo después de su desaparición en la sangre. Para él, esto no probaría la existencia de focos meníngeos puros sin comunicación vas- cular, y sí la dificultad con la cual se pone en evidencia las pequeñas cantidades de anticuerpos en la sangre, mientras que estas pequeñas cantidades pueden todavía hacer positi- va la reacción de Wassermann en el líquido céfalo-raquídeo. M. Sezary ha demostrado, últimamente, que no existe real- mente base sólida en apoyo de la teoría que considera la me- ningitis sifilítica como una acción aislada y primordial de donde dependerían las afecciones nerviosas ulteriores; y prue- ba que las lesiones histológicas son banales, que el estudio del líquido céfalo-raquídeo no resulta instructivo, para los que opinan que la meningitis es la autora de las afecciones ner- viosas sifilíticas, pues la leucocitosis no muestra ningún ca- irácter patognomónieo, el treponema siempre ausente, y la reacción Bordet-Wassermann se comporta de una manera di- ferente según los casos. La Insto-microbiología de las afec- ciones nerviosas sifilíticas da datos positivos, que ninguno apoya aquella concepción. Para Sézary, ningún carácter pro- baría actualmente la naturaleza sifilítica real de las meningi- tis latentes de los sifilíticos. Ni en el transcurso siquiera del período secundario, más que en los tabéticos y paralíticos generales, no parece ser causada por el treponema. Y el treponema se localiza no en las meníngeas, pero sí en los cen- tros nerviosos, adonde es llevado por la circulación general. Luego, la meningitis, revelada por la punción lumbar en los sifilíticos, sería un testimonio y no la causa de las lesiones nerviosas parenquimatosas que las. meningitis acompañan, de donde la inutilidad del tratamiento intra-raquídeo. Según Godom pueden producir alteraciones tróficas gra- ves. Para Mareorelles y Tzan¡k este tratamiento local sólo de- be emplearse en las meningitis sifilíticas secundarias, donde 367 no provocaría las reacciones intensas y los accidentes gra- ves que producen en las sífilis nerviosas tardías, desde los accidentes inmediatos, dolores intensos, contracturas, hasta los que se presentan tres o cuatro días después de la inyección, incontinencia de orina, paraplegia flácida completa, incon- tinencia vesical y rectal, anestesia de los miembros inferio- res, infección general y muerte. Jeanselme presenta casos donde en estas sífilis tardías, prin- cipalmente en los tabéticos, la inyección ha sido seguida de dolores fulgurantes y de crisis gástricas agudas. Todas estas inyecciones, preparadas con las diferentes cla- ses de suero, sean la del tipo Swift-Ellis, la Olgivie, Mari- nesco, sea la mercurializada tipo Byres, requieren delicadas y difíciles manipulaciones, que a la menor omisión en sus detalles, las convierten en peligrosísimas; además, se ha que- rido señalar ventajas e inconvenientes de unas a otras; al tipo Byres, que da la preferencia al sublimado, se le ha in- culpado ser más tóxico que el benzoato y de producir un albuminato insoluble; los del suero neosalvarsanizado le han atribuido la ventaja de poseer anticuerpos específicos, cosa aún no probada, y la de no producir procesos de defensa con- tra proteínas séricas extrañas, pero todas ellas, sean con sue- ros autógenos, homólogos, sea con suero de caballo, sean con la introducción de soluciones arsenicales o mercuriales, to- das producen intensa reacción dolorosa, acompañada mu- chas veces de síntomas de alarma, todas requieren la estada de más de cuarenta y ocho horas en el lecho, dieta y morfi- na para calmar al inyectado. conclusión Resumiendo lo que antecede, vemos una contradicción teó- rica entre los sifilógrafos partidarios y no del tratamiento local intra-raquídeo; luego una cuestión a estudio. Observa- mos, también, que los partidarios, hasta este momento, no nos lian podido presentar una estadística que abone de sus bondades, y si bien la aconsejan continuarla con perseveran- cia, advierten sus peligros, peligros estos proclamados como fundamento por los opositores. Por todo lo •cual?, creemos que débase abstener de dicho tratamiento, hasta tanto los progresos de la ciencia nos puedan proporcionar un medio menos peligroso; y mientras, no recurrir a él, sino en aque- llos casos desesperadamente graves, en que, fracasada la te- rapéutica general, toda tentativa está permitida y deba ha- cerse para salvar una vida. TERCERA SESION MARTES 11 DE OCTUBRE DE 1921, A LAS 21 Presidencia del doctor Fernando Terra (Río de Janeiro) Secretario: doctor Máximo Halty (Montevideo) SUMARIO José May y Enrique Claveaux. Diagnóstico precoz de la sífilis. Reac- ción de Wassermann durante el tratamiento. José May.—Reinfección sifilítica. José May.—-¿¡Se cura el tabes? José May.—Las alteraciones en el líquido céfalo-raquídeo. Importan- cia de las pequeñas linfocitosis. Nicolás V. Greco (Trabajo leído por el doctor Neocle Ragusin).— fe'ifilipsiquismo. Máximo Halty.—Reacciones meníngeas en las diferentes edades de la sífilis. Pedro Raúl Alonso y Alberto Penco.—Relaciones de la reacción de Wassermann y la clínica. Fernando Abente Haedo.—‘Parálisis facial y sífilis: nuevo reflejo: la bofetada mímica. Discusión general de los trabajos anteriores. Diagnóstico precoz de la Sífilis Reacción de Wassermann durante el tratamiento LOS DOCTORES José May (Montevideo) Jefe adjunto del Dispensario N.° 1 del Instituto Profiláctico de la Sífilis Y Enrique Claveaux (Montevideo) Profesor de Patología General, Subdirector del Instituto de Higiene Es uiia verdad que cuesta trabajo abrirse paso, de que la sífilis es una enfermedad capaz de ser curada radicalmente y que las probabilidades son tanto mayores cuanto más precoz, es hecho el diagnóstico del accidente inicial, actualmente fa- cilitado por el ultramicroscopio que en casi todos los casos da 369 por resultado encontrar el treponema, escapándose sólo un porcentaje relativamente pequeño, como lo demuestra una corta estadística tomada sobre 45 casos, que nos da 5 casos en los que no se bailó el treponema, a pesar de la técnica usa- da, siempre idéntica, por uno de nosotros, el doctor Claveaux. Las probabilidades de cura radical son tanto mayores cuan- to más cerca de su iniciación se bace el diagnóstico. Es sa- bido que el treponema invade el organismo por dos vías de desigual valor: la sanguínea y la linfática. La experimentación en los monos ha permitido ver cómo puede invadir por la vía sanguínea, a pesar de lo cual es sólo desipués del período clásico de incubación que aparecen los síntomas de infección generalizada. En cambio la marcha más común de la infección sifilítica es la vía linfática, que da primero la adenopatía regional típica, luego la repercusión ganglionar general y, por último, llega al torrente circula- torio. Antes de que aparezcan las manifestaciones secundarias, como ha sido señalado y lo hemos comprobado muchas veces en la clínica, hay una alteración en el organismo que se tra- duce por la reacción de Wassermann, a la cual damos un gran valor diagnóstico. Gouin y Leblanc hicieron en 1920 una comunicación a la Sociedad Francesa de Dermatología, en la cual exponían los resultados obtenidos en la observación del Wassermann en las sífilis iniciales, bajo la influencia del neosalvarsán, lle- gando a la conclusión de que una vez solamente sobre quince casos, se mantuvo la reacción negativa, haciéndose positiva en todos los demás. En nuestro medio todavía no se ha ilustrado lo bastante el público de Hospital, para que concurra a la consulta antes de que aparezcan las manifestaciones secundarias; de ahí que sean muy pocos los casos en los ouales hayamos podido hacer el diagnóstico de sífilis antes de su generalización: un amigo inconsciente, los boticarios y farmacéuticos, indican trata- mientos locales y, mientras los días pasan, la infección avan- za, recorre las etapas una a una, para luego, ya en plena ma- nifestación secundaria, terminar por donde debían empezar, esto es, concurrir de inmediato a consultar al médico. En las observaciones que publicamos en este trabajo no he- mos hecho reacciones de Wassermann intercaladas durante el tratamiento en todos los casos, de ahí que debemos clasificar esas observaciones en dos grupos. 370 I. Casos sin reacción de Wassermann intercalada durante el trata- miento Observación I.— (Enfermo del doctor May). M. T. N., 23 años, oriental, estudiante. Mayo 25 de 1913. Ohancro del surco, datando de 8 días, del tamaño de una lenteja, base ligeramente indurada. Treponema positivo. Tratamiento: 4 inyecciones de (606), de 0.30, 0.45, 0.60, 0.60 cada quince días. Tratamiento mercurial intermiten- te en 1913 y 1914. Reacción Wassermann en el suero sanguíneo ne- gativo. Punción lumbar en 1917 y 1919, completamente negativas. Casado en 1917, teniendo dos bijas sin ningún estigmato. Observación II.—Enfermo 468. M. G-., oriental, estudiante, 26jXlI[ 1918_ Chancro del surco, datando de tres días. Treponema positi- vo. Ocho inyecciones de neosalvarsán a dosis creciente, hasta 0.70 (en total 5 grs. 80). La reacción de Wassermann observada durante el año 1919 y co- mienzos del año 1920, ha dado siempre negativa. Observación III.—Enfermo número 480. B. L., 23 años, oriental, estudiante. Chancro sifilítico del surco, de 8 días. Treponema po- sitivo, reacción Wassermann negativa. Tratamiento: 10 inyecciones de neosalvarsán, a dosis progresivamente creciente, en total fi grs. 50. La observación del Wassermann posterior persiste siempre nega- tiva, última hecha en agosto de 1921. Observación IV.—Enfermo número 524. Enero 30 de 1919. H., 21 años, oriental, jornalero. Dos chancros del surco, datando de 19 días. Treponema positivo, reacción de Wassermann H8. Se hacen 3 inyecciones de neosalvarsán y desaparece, volviendo con placas mucosas cutáneas en el escroto. Observación V.—'(Enfermo del doctor May). Mayo de 1918. E, M., 24 años. Chancro sifilítico, datando de 20 días. Treponema po- sitivo. Reacción de Wassermann negativa, 20 inyecciones de neo- salvarsán seguidas, en total 13 grs. 95. Reacción de Wassermann posterior durante el año 1919, H8. Observación VI.—'(Enfermo del doctor May). Mayo de 1919. T). A., 25 años, oriental, soltero, empleado. Chancro del meato, datando de 20 días. Treponema positivo. Reacción de Wassermann nega- tiva, 15 neosalvarsán, en total 7 grs. 65. Una segunda serie al mes y medio, de 5 inyecciones, en total 3 grs. 10. Observación del Wassermann durante un año, y punción lumbar al año, completamente negativa. Observación VII.—Enfermo número 1062. Mayo 13 de 1920. H., SO años, oriental, jornalero. Chancro del frenillo, datando de 13 días. Treponema positivo, reacción de Wassermann negativa. Tra- tamiento: 8 inyecciones de neosalvarsán. Observación del Wasser- mann durante ese año, negativa. El enfermo no ha vuelto más a la Clínica. 371 Observación VIII—Enfermo número 1065. Mayo 13 de 1920. IR, 23 años, oriental, jornalero. Chancro del surco, de 18 días. Trepo- nema positivo, reacción de Wassermann negativa. Tratamiento: 101 inyecciones de neosalvarsán. Observación del Wassermann durante el año, negativa. El enfermo no ha vuelto más a la Policlínica. Observación IX.—Enfermo número 1077. Mayo 20 de 1920. H. D., 24 años, oriental, soltero, jornalero. Chancro del surco, de 13 días, reacción de Wassermann H8. Treponeina positivo, 1 neosal- varsán. El enfermo vuelve en agosto con roséola, cefalea intensa, Wassermann en el suero sanguíneo positivo, punción lumbar, linfo- citosis. Observación X.—Enfermo número 1142. Julio 9 de 1920. C. H.r 23 años, oriental, estudiante. Chancro sifilítico del prepucio, de tres días. Treponema positivo, reacción de Wassermann negativa, 7 neo- salvarsán, 3 grs. 55, a los 13 días reacción de Wassermann H8. Se hace un tratamiento de 5 inyecciones más. Observación del Was- sermann hasta agosto de 1921 negativo. Observación X bis.—G. A. (Enfermo doctor May). 23 años, orien- tal, soltero, empleado. Chancro sifilítico de 8 días. Treponema po- sitivo, 11 de abril de 1920 reacción de Wassermann H8. Trata- miento neosalvarsán. Reacción de Wassermann negativa. Punción lumbar negativa. Observación XI.—Enfermo número 1542. Abril 18 de 1921. V. E., 19 años, oriental, soltero, jornalero. Chancro, datando desde un mes. Treponema positivo, el 18 de abril. Abril 1 H8. Abril 15 H8. Abril 18 H8. Se le dan ll inyecciones de neosalvarsán, en total 5 grs. y 1|2, en agosto 11 de reacción Was- sermann H8. Observación XII.—Enfermo número 1491. Abril 12 de 1921. H. J., 24 años, oriental, jornalero. Chancro sifilítico del surco, datando de 10 días. Treponema positivo. Reacción de Wassermann H8, 18 neosalvarsán, total 10 grs. 90. Setiembre 2, Wassermann H8. Observación XIII.—Enfermo número 1499. Abril 16 de 1921. G. P., 17 años, oriental, soltero, jornalero. Chancro sifilítico de 4 días. Treponema positivo, reacción de Wassermann el 15 de mayo H8, 20 neosalvarsán, en total 11 grs. 20. En agosto reacción Wasser- mann H8. Observación XIV.—Enfermo número 1591. Mayo 31 de 1921. D. A., 19 años, oriental, soltero, jornalero. Chancro sifilítico del surco, datando de 8 días. Treponema positivo, reacción de Wassermann H8, 12 neosalvarsán, en total 8 grs. 10, reacción de Wassermann l.o setiembre H8. Observación XV. — (Enfermo del doctor May). Agosto 20 de 1920. J. X. A., 20 años, oriental, soltero, estudiante. Chancro sifi- lítico de 5 días. Treponema positivo, 19 inyecciones de 0.30 en mayo y junio de este año reacción de Wassermann H8. 372 II. Observaciones con Wassermann intercalado durante el tratar miento Observación XVI.—Julio 28 de 1920. S. J., 22 años, español, sol- tero, jornalero. Chancro del forro, de 15 días. Treponema positivo, reacción de Wassermann H8. Reacciones Julio 27 118 Agosto 3 FO Tratamiento Julio 28 1 0.40 Agosto 1 2.a 0.50 ” 9 3.a 0.50 El enfermo deja de concurrir a la Clínica. Observación XVII.—Enfermo número 1188. Agosto 6 de 1920. M. F., 19 años, brasileño, soltero, marinero. Chancro del surco, de 15 días. Treponema positivo. Reacciones Agosto 6 II8 ” 10 II8 ” 17 IIO Tratamiento Agosto 7 1.a 0.40 ” 12 2.a 0.40 ” 17 3.a 0.60 y 9 inyecciones más, hechas irregularmente, desde setiembre 3 al 18 de diciembre, pasando 15 y 20 días sin tratamiento, en total 6 grs. 70 de neosalvarsán. Al mes de la última inyección H0, 13 neosal- varsáu más, 7 grs. 30 reacción de Wassermann IIO. Observación XVIEL—Enfermo 1203, Agosto 21 de 1920. C. E., 23 años, oriental, soltero, jornalero. Chancro del surco, de 16 días. Treponema positivo. Reacciones Agosto 20 II7 ” 23 H7 ” 27 H7 Tratamiento Agosto 21 1.a 0.30 ” 16 2.a 0.50 Setiembre 2 3.a 0.60 sin que concurra "después a la Clínica hasta abril de este año, con placas mucosas. Observación XIX.—(Enfermo del doctor May). Julio 29 de 1920. M. F., 22 años, oriental, estudiante. Chancro sifilítico del surco de 10 días. Treponema positivo. Reacciones Julio 29 H8 Agosto 3 H8 ” 6 H8 Tratamiento Julio 29 1.a 0.30 Agosto 2 2.a 0.30 373 y 9 inyecciones más, en total 4 grs. 10 neosalvarsán. Observación del Wassermann negativo hasta agosto de 1921. Punción lumbar completamente negativa. Observación XX.—Enfermo número 1221. Setiembre 3 de 1921. S., M., oriental, 19 años, jornalero. Chancro del frenillo, datando de 3 semanas. Treponema positivo. Reacciones Agosto 31 H8 Setiembre 3 418 ” 7 H8 Tratamiento Setiembre 3 1.a 0.30 ” 7 2.a 0.45 y 10 inyecciones más de 0.60, en total 6 grs. 75 de neosalvarsán. Reacción de Wassermann hasta julio de este año, negativa Observación XXI.—(Enfermo del doctor May). Diciembre de 1920. A. R., oriental, empleado. Chancro sifilítico del surco, datando de 7 días. Reacciones Setiembre 28 H8 Octubre 1 H8 ” 5 H8 ” 26 H8 Tratamiento Setiembre 29 1.a 0.30 ” 29 2.a 0.45 ” 29 3.a 0.50 Octubre 21 4.a 0.50 El enfermo hace una serie de seis inyecciones más. El último aná- lisis de sangre es negativo. Observación XXII.—Enfermo númerew1273. Octubre l.° de 1920. G. C., 19 años, oriental, soltero, jornalero. Chancro del meato, de 13 días. Treponema positivo. Reacciones Octubre 1 H8 »» 5 1Í8 ” 14 H8 ” 21 H8 Tratamiento Octubre 1 1.a 0.30 ” 8 2.a 0.30 ” 14 3.a 0.40 ” - 21 4.a 0.50 y tres inyecciones más, de 0.60, en total 3 grs. 30 de neosalvarsán. El Wassermann observado hasta la fecha persiste negativo. Observación XXIII.—Enfermo número 1283. Octubre 9 de 1920. E. N., 30 años, oriental, empleado, soltero. Chancro sifilítico del sur- co, datando de 15 días. Treponema positivo. Reacciones Octubre 15 H8 ” 23 H7 Tratamiento Octubre 9 1.a 0.30 ” 15 2.a 0.50 374 y 7 inyecciones más, en total 2 grs 30 de neosalvarsán. Observa- ción en el suero sanguíneo hasta agosto de 1921, negativo. "Observación XXIV.—Enfermo número 1288. Octubre 9 de 1920. S. N., 23 años, oriental, jornalero, soltero. Chancro del surco, da- tando de 10 días. Treponema positivo. Reacciones Octubre 8 118 ” 15 H8 ” 22 H8 Tratamiento Octubre 11 1.a 0.30 ” 15 2.a 0.30 ” 21 3.a 0.50 ” 29 4.a 0.60 Noviembre 4 5.a 0.60 ” 11 6.a 0.70 ” 18 7.a 0.70 Observación XXV.—Enfermo número 1322. I. C. Noviembre 4 de 1920. 17 años, oriental, jornalero. Chancro del surco, datando de un mes. Treponema positivo. Reacciones Octubre 29 II8 Noviembre 5 H8 ” 16 HO ” 19 H0 Tratamiento Noviembre 8 1.a 0.30 ” 15 2.a 0.50 ” 19 3.a 0.50 ” 24 4.a 0.50 ” 29 5.a 0.60 El enfermo no vuelve hasta abril de 1921, que da 118. Observación XXVI.—Enfermo número 1365. Diciembre 2 de 1920. V. J., 26 años, oriental, soltero, estudiante. Chancro sifilítico del surco, datando de 10 días. Treponema positivo. Reacciones Noviembre 30 H8 Diciembre 6 118 Tratamiento Diciembre 2 1.» 0.30 ” 6 2.a 0.45 ” 11 3.a 0.45 ” 16 4.a 0.45 ” 22 5.a 0.50 ” 30 6.a 0.60 Enero 24 de 1921 H8, 3 inyecciones de neosalvarsán 1 g. 70* Reac- ción de Wassermann negativa, hasta agosto de este año. Observación XXVII.—Enfermo número 1390. Diciembre 18 de 1920. M. J., 23 años, español, soltero, jornalero. Chancro del surco, íidtando de 6 días. Treponema positivo 375 Reacciones Diciembre 17 H8 ” 28 H8 Tratamiento Diciembre 14 1.a 0.30 ” 18 2.a 0.45 ” 24 3.a 0.60 y siete inyecciones más de neosalvarsán (3 grs. 90). Observación del Wassermann hasta agosto de 1921, completamente negativo. Observación XXVIII. — (Enfermo del doctor May). Febrero de 1921. L. $. V., 30 años, oriental, soltero, empleado. Chancro del surco, datando de 7 días. Treponema positivo. Reacciones Febrero l.o H8 Marzo 18 H8 Tratamiento Febrero l.o 1.a 0.30 l.o 2.a 0.45 ” I.» 3.a 0.45 Marzo 19 4.a 0.45 24 5.a 0.45 ” 31 6.a 0.45 Abril 7 7.a 0.45 ” 14 8.a 0.45 ” 21 9.a 0.45 ” 28 10.a 0.60 Examen de sangre en julio 8 de 1921 y agosto 2 dió negativo. Enfermo en observación. Observación XXIX.—Enfermo número 1429. Enero 17 de 1921. Mujer, 28 años, española, casada, esposa de E., contagioso. Chancro sifilítico del muslo izquierdo, datando de 12 días. Treponema posi- tivo. Reacciones Enero 11 H8 ” 21 H0 Marzo 25 H8 Tratamiento Enero 17 1.a 0.30 ” 31 2.a 0.50 y 20 inyecciones más, en total 12 gramos. Enferma en observación. Observación XXX.—Enfermo número 1478. Marzo 3 de 1921. I. R., 45 años, español, soltero, jornalero. Chancro sifilítico del surco, datando de 8 días. Treponema negativo. A pesar de este resultado se le hace el tratamiento. 376 Reacciones Febrero 25 E8 Marzo l.° H8 ” l.o H8 Abril 18 H8 Tratamiento Marzo 3 1.a 0.30 ” 8 2.a 0.45 ” 12 3.a 0.30 ” 17 4.a 0.30 Abril 18 5.a 0.30 Mayo 5 6.a 0.30 Junio 22. — Vuelve roséola confluente, cubriendo totalmente la piel. R. W. H0. Observación XXXI.—Enfermo número 1490. Marzo 11 de 1921. H., 25 años, oriental, jornalero. Chancro sifilítico del surco, datando de 10 días. Treponema positivo. Reacciones Marzo 8 H8 ” 11 H8 ” 15 H8 Tratamiento Marzo 11 1.a 0.40 Abril 2 3.a 0.50 ” 9 4.a 0.60 ” 16 5.a 0.60 ” 23 6.a 0.60 en- ferino que no ha vuelto. Observación XXXII.—Enfermo número 1548. Abril 23 de 1921. A. M., 30 años, oriental, soltero. Chancro sifilítico del surco, datan- do de 20 días. Treponema positivo. Reacciones Abril 18 H8 ” 28 TT0 Mayo 5 110 ” 19 IT Tratamiento Abril 20 1.a 0.30 ” 23 2.a 0.30 ” 28 3.a 0.50 Mayo 5 4.a 0.60 ” 12 5.a 0.60 ”• 10 6.a 0.70 y trece (13) inyecciones más, que suman 9 grs. 40, en total 12 grs. 40. Observación XXXIII.—(Enfermo del doctor May). Mayo 9 de 1921. A. M. J., 30 años, oriental, casado. Dos chancros sifilíticos del surco; datando de 8 días. Treponema positivo. 377 Reacciones Mayo 10 118 23 H8 Junio 3 U8 ” 10 H8 Julio 12 R8 enferni o en observación. Tratamiento Mayo 10 1.’ 0.30 (606) ” 17 2.«- 0.55 (6C6) 25 3.a 0.55 (606) Junio 3 4.a (J.45 (606) ” 10 5.a 0.60 (606) Observación XXXIV. — (Enfermo del doctor May). Mayo 7 de 1921. J. O. M., 27 años, oriental, soltero, empleado. Chancro sifilí- tico de 8 días. Treponema positivo. Reacciones Mayo 10 ti 8 ” 16 H8 ” 23 H8 ” 30 ES Junio 6 118 Tratamiento Mayo 7 l.< 0.30 (606) ” 14 2.o 0.50 (606) ” 23 3.a 0.55 (606) ” 30 4.a 0.55 (606) Junio 6 5.a 0.60 (606) En julio l.o y agosto reacción de Wassermann H8. Observación XXXV.—Enfermo número 1625. Junio 27 de 1921. S. S., 30 años, oriental, soltero, jornalero. Chancro sifilítico del sur- co, datando de 20 días. Treponema positivo. Reacciones Junio 24 H8 ’» 28 H8 Julio 5 H8 ” 12 H8 Tratamiento Junio 23 1.a 0.30 ” 27 2.a 0.50 Julio 2 3.a 0.60 ” 7 4.a 0.60 Observación XXXVI.—(Enfermo del doctor May). Junio 21 de 1921. F. Y., 24 años, español, soltero, empleado. Chancro sifilítico del surco, muy duro, datando de 12 días. Treponema positivo. Reacciones Junio 30 H8 Julio l.° 118 ” 12 H6 ” 22 H7 Tratamiento Junio 30 1.a C.30 Julio 6 2.a 0.45 ” 11 3.a 0.60 ” 11 3.a 0.60 Enfermo en tratamiento, lleva 12 inyecciones de neosalvarsán. Observación XXXVII.—Enfermo número 1633. Julio 2 de 1921. F. C., 30 años, oriental, soltero, empleado. Chancro sifilítico del sut- co, datando de 15 días. Treponema positivo. 378 Reacciones Julio l.° 118 ” 5 H8 Tratamiento Julio 2 1.a 5.30 ” 5 2.a 0.40 ” 9 3.a 0.50 Observación XXXVIII.—Julio 16 de 1921. Ch. J., 21 años, orien- tal, soltero, empleado. Chancro sifilítico del surco, datando de 15 días. Treponema positivo. Reacciones Julio 12 118 ” 15 H8 ” 19 H8 Tratamiento Julio 12 1.a 0.30 ” 15 2.a 0.45 ” 19 3.a 0.45 Observación XXXIX.—Enfermo número 1656. Julio 30 de 1921. P. N., 32 años, oriental, soltero, jornalero. Chancro sifilítico del la- bio superior, datando de 8 días. Treponema positivo. Reacciones Julio R. W. H8 Agosto 2 118 ” H8 Tratamiento Julio 30 1.a 0.30 Agosto 2 2.a 0.30 ” 6 3.a 0.50 ” 12 4.a 0.50 ” 12 4.a 0.50 en- fermo en tratamiento. Observación XL.—Enfermo número 1660. Agosto 2 de 1921. M. B., 18 años, español, soltero, jornalero. Chancro sifilítico del surco, datando de 20 días. Treponema positivo. Reacciones Agosto 2 118 ” 5 H0 ” 11 H0 Tratamiento Agosto 2 I.» 0.45 ” 6 2.a 0.60 ” 11 3.a 0.60 (en- formo en tratamiento). Observación XLI.—(Enfermo del doctor May). Setiembre 6. S. M., 33 años. Chancro del labio superior, datando de 20 días. Tre- ponema positivo. Adenopatía submaxilar. Eeaeciones Setiembre 6 H7 ’ ’ 13 H0 Tratamiento Setiembre 6 l,.a 0.30 ” 12 2.a 0.45 en- ferino en tratamiento. \ Observación XLII.—(Enfermo del doctor May). Aposto 24 de 1921. P. R., 22 años, oriental, estudiante. Chancro sifilítico del sur- co, datando de 20 días. Treponema positivo. Adenopatía epitro- cleana. 379 Reacciones Agosto 23 H8 ” 26 H8 Setiembre 2 H8 Tratamiento Agosto 24 I.» 0.30 ” 28 2.a 0.30 Setiembre 2 3.a 0.45 ” 6 4.a 0.45 ” 11 5.a 0.60 Nota. Las reacciones de Wassermann fueron hechas, en su casi to- talidad, en el Laboratorio Central del Instituto Profiláctico, a cuyo frente se haya el señor Alberto Sealtritti. DISCUSIÓN DE LOS HECHOS 'En la 1.a serie tenemos que sobre quince enfermos, dos (obs. 1Y y IX), después de 4 y 1 inyección de neo, desaparecen y al cabo de un mes vuelven en pleno período secundario, uno de ellos con punción lumbar con 11 linfocitos. Los 13 restantes han sido observados, clínicamente y sero- lógicamente; tres de ellos con punción lumbar negativa, y no hemos encontrado ningún estigmato de sífilis en los más antiguos. Uno de'éstos, Obs. I, casado, tiene hijos sanos. Casi todos ellos son casos de sífilis tomados en su iniciación, con muy pocos días de desarrollo del accidente inicial, inferior a diez días. En las 27 observaciones restantes, tenemos 16 casos en los que la reacción se mantiene negativa durante el tratamien- to; uno, Obs. XVII, se hace positiva al mes de cesado el tra- tamiento. En otra, Obs. XXX, enfermo N.° 147S, que pasa un mes entre la 4.a y 5.a inyección, da, sin embargo, negati- va, y es sólo después de 17 días más sin tratamiento que ha- cen su aparición las manifestaciones secundarias confluentes, lo que se explica bien por la insuficiencia de la medicación empleada, 1 gr. 80 de neosalvarsán en los primeros 17 días, transcurriendo después 48 días sin más remedio que una do- sis de 0 gr. 30; en uno de ellos, Obs. XVTII, se mantiene TU, pero continúa poco su tratamiento. El enfermo no concurre a la policlínica hasta abril de 1921, con manifestaciones mu- cosas. En las observaciones restantes, se hace positivo, en la Obs. XVI, chancro de 18 días (a los 23 días R. AY. II4), que no concurre a la policlínica; Obs. XXV, chancro de 1 mes (H° a los 46 días), y que sólo hace 5 inyecciones, concurre recién en abril de este año, dando II8; Obs. XXIX, en que hace el tratamiento irregular, 14 días entre la 1.a y 2.a inyec- ción; a los 20 días del chancro IIo, casada con un sifilítico, 380 que hoy mismo, después de 34 inyecciones de neo, tiene pla- cas mucosas que ceden a los toques de nitrato ácido de mer- curio; Obs. XXXII, chancro de 20 días (IIo al mes), que se hace positiva a la 2.a inyección, dosis de 0.30 en tres días de intervalo; Obs. XXXY, chancro de 15 días, y que a los 27 se hace positivo atenuado, H6 después de 2 inyecciones de 0.30 y 0.45, con seis días de intervalo; Obs. XL, que se hace positiva a los 3 días de la 1.a inyección de 0.45, y Obs. XLI, chancro del labio, de 20 días, que al comenzar el tratamiento era II7 y a los 7 días después de dos neo de 0.30 y 0.45, IIo. De este análisis resulta que en los casos que se hace positi- va son en su totalidad chancros que tienen más de diez días de evolución- Obs. XXVIII, 16 días; Obs. XXV, un mes; Obs. XXXII, 20 días; Obs. XXXVI, 15 días; Obs. XL, 20 días; Obs. XLI, 20 días y a localización labial, en los (pie la reacción es siempre positiva a más breve plazo que en los ca- sos de accidente inicial localizado en los órganos genitales. En resumen, pues, la reacción en estos casos se ha hecho po- sitiva en plazos variables de veinte días a un mes, o sea den- tro del plazo en que se presenta habitualmente positiva en los demás enfermos. Consideramos este resultado positivo, activo, como la con- secuencia de un proceso demasiado avanzado, en el que la medicación a dosis progresivas no ha dominado el foco ini- cial, la destrucción de los treponemas no ha sido completa. En cambio las observaciones restantes, en su gran mayo- ría, son datando de muy pocos días, a tal punto que casi to- das ellas son de diez días (dos de esas observaciones, la de Pal y P. R., las liemos estudiado desde otro punto de vista en la experimentación del trabajo que uno de nosotros pre- senta con el químico A. Prunell) ; lejos todavía el plazo en que el treponema rompe las barreras linfáticas antes de in- vadir el organismo para manifestarse serológicamente. De ahí, pues, que sin haber podido prolongar por largo tiempo la observación de los enfermos en los que la reacción se ha hecho positiva, nosotros los consideramos desde el pun- to de vista del tratamiento como si fueran en período de ge- neralización. En cambio, aquellos casos en que la reacción intercalar se mantiene negativa, los consideramos como los más adecuados para realizar con ellos la cura radical. Uno solo, sobre 42 observaciones, escapa a esta regla (caso XVII), y la interpretación de este resultado debemos atribuiría a la irregularidad del tratamiento, por ser un marinero, y a la 381 extrema dureza del accidente inicial, que son, indiscutible- mente, los que más resisten a la medicación arsenical, tal como ocurrió en dos casos, para no recordar otros, uno de ios diales Rez. Héctor tuvo, después de 20 inyecciones, una hemiplejía izquierda, y el otro, T. Y., presenta una sífilis de papulopsoriasiforme del dorso, a pesar de 38 inyecciones de neosalvarsán de 0.60 a 0.70 centigramos, 4 de aceite gris. El análisis de los casos presentados por Gouin y Leblanc demuestra que en el enfermo en que se mantiene negativa el diagnóstico es precoz, 8 días después de la consulta, la reac- ción a los 12 días; en cambio, en los otros casos, el diagnósti- co es más tardío, exactamente como lo hemos hecho resaltar en el análisis de nuestras observaciones. Además, en los casos de Gouin y Leblanc, el tratamiento ha sido hecho con intervalos de una semana, generalmente, entre cada inyección. Nosotros hemos acortado en lo posible desde hace algún tiempo el plazo de siete días, y hemos dado las dos o tres primeras dosis no mayores de 0 gr. 30, para que, de esa manera, teniendo en cuenta el tiempo de eliminación de los arsenicales, esté el organismo impregnado por medica- ción, cuidando, claro está, la tolerancia de cada enfermo, rea- lizando así, como lo proponen Queyrat y Pinard, una terapia sterilisans progrediens, en lugar de la terapia steplisans magna. De este modo eremos poder llegar a realizar la cura ra- dical de la sífilis, concepto que aún entre los mismos médicos no está lo suficientemente arraigado, y que muchas veces no recurren con la presteza debida al concurso del laboratorio, tan imprescindible en una afección de esta naturaleza. Sin ser muy afirmativos por ahora, en algunas de nues- tras conclusiones, pues nos falta la observación prolongada de estos enfermos a través del tiempo, creemos poder llegar a las siguientes CONCLUSIONES 1. Toda ulceración genital debe ser objeto de cuidadosa e inmediata investigación bacteriológica, única manera de diag- nosticar precozmente la sífilis. 2. El diagnóstico precoz de la sífilis y su tratamiento con los arsenicales, pone en condiciones de cura radical. 3. La seroreacción se mantiene negativa durante el trata- miento en los casos diagnosticados dentro de los primeros quince días de su iniciación, salvo muy raras excepciones. 4. La activación se produce en aquellos casos en que el 382 diagnóstico se hace estando próximo el plazo de invasión del organismo (alrededor de 20 días). 5. La activación de la reacción debe buscarse sistemática- mente en el curso del tratamiento de las sífilis iniciales, por- que una activación serológica comprobada debe hacer consi- derar al sifilítico primario como un secundario desde el pun- to de vista del tratamiento. 6. El plazo entre cada inyección en el tratamiento de las sífilis iniciales debe aproximarse lo más posible dentro de la tolerancia de los enfermos, siendo preferible las primeras do- sis pequeñas repetidas, que mantengan el organismo con re- serva medicamentosa, actuando sobre el treponema (terapia sterilisans progrediens de Qu-eyrdt y Pinard). Reinfección sifilítica por el dr. josé may (Montevideo) Medico-Jefe de la Policlínica Dermatológica del Hospital Maciel Jefe adjunto del Dispensario N.° 1 del Instituto Profiláctico de la Sífilis Con la incorporación de los arsenicales a la medicación an- tisifilítica, y con los progresos de laboratorio, ultramicrosco- pio y Wassermann, muchos autores sostienen que la sífilis puede curar, basándose ipara esa afirmación en la desapari- ción de los síntomas clínicos y serológicos de la enfermedad. No hay aún la experiencia prolongada a través del tiempo en forma que permita establecer de un modo definitivo el con- cepto de cura radical, ,pero no puede desconocerse que día a día se van incorporando nuevos casos que hablan a favor de la idea de curación, sin que pueda aún establecerse bien cuá- les son las condiciones requeridas para considerar como real y absoluta esa cura. tPor nuestra parte, tenemos observaciones de enfermos en plaxo hasta de 8 años, sin que después de seis años sin trata- miento hayan tenido el menor accidente, conservándose se- rológicamente negativos a través de ese período, si bien es cier- to que fueron tomados en el comienzo de su sífilis, antes del período de generalización. Pero, no es sólo en estos casos en que es posible hablar de cura radical de la sífilis: es también en aquellos casos en que han existido fenómenos manifiestos de generalización, tradu- cidos no sólo por un Wassermann positivo, sino también por 383 manifestaciones clínicas del período secundario, llegando a publicarse, aunque no con mucha frecuencia, casos de rein- fección sifilítica. Algunos autores, con Vernes, sostienen que los enfermos cuyas reacciones serológicas se mantienen negativas por un plazo de ocho meses y cuya punción lumbar es normal, pue- den considerarse como definitivamente curados, opinión que no es compartida por otros autores. Jeanselme ha publicado ya casos de enfermos cuyo Wassermann se ha hecho positivo fuera del plazo marcado, lo que vendría a sembrar nuevas dudas sobre el porvenir de los sifilíticos tratados cuando ya se ha generalizado la infección. Por nuestra parte, tenemos dos observaciones que vienen a corroborar las expuestas por Jeanselme. El l.° es el enfermo N.° 20 de nuestro Dispensario, José Gar, que había adquirido su sífilis en 1916, diagnosticado por el doctor José Brito Foresti, habiendo hecho tratamiento de fricciones, Jarabe de Gibert, yoduro de potasio y, posterior- mente, diez inyecciones de neosalvarsán. Durante los años 1918 y 1919 concurrió 7 veces a la con- sulta, haciéndose reacciones AYassermann, que dieron negati- vas, no aceptando la idea de hacerse una punción lumbar. En marzo de 1920 íe da H°, pero no viene nuevamente hasta agos- to, con placas mucosas. Se hizo 10 inyecciones de neosalvar- sán, en total 4 grs. 50. Actualmente, desde octubre próximo pasado no se hace ninguna inyección, con reacción AYasser- mann negativas. No hicimos la punción lumbar en el momento que vino a la consulta, con AVassermann positivo y sus lesiones mucosas la segunda vez, de modo que no podemos establecer si tenía en aquel entonces una sífilis nerviosa en actividad que en ese momento se generalizara, como ya ha sido señalado. Le hicimos hace pocos días una punción lumbar, dando sólo seis linfocitos (octubre de 1921). El 2.° enfermo es el N.° 96, José M. 01., quien había ad- quirido sífilis en 1914, diagnosticada por el profesor Brito Foresti y tratada con mercurio, fricciones, y luego se hizo una serie de inyecciones de neosalvarsán. Este enfermo fué observado serológieamente desde 1918 hasta 1921, siempre negativa, sin aceptar la punción lum- bar. En 1921 el AVassermann se hace positivo, contraloreado debidamente, siendo su punción lumbar negativa; sólo tiene 2.2 linfocitos por mm. ce. Quiere decir, pues, que aún no estamos suficientemente do- 384 cumentados para ser afirmativos en lo que se refiere a la cura absoluta de sífilis, pero, a pesar de estas anotaciones, es in- negable, que se han observado ya muchos casos de reinfección sifilítica, que vendrían a probar que esa cura se puede alcanzar indudablemente. Numerosas publicaciones se hicieron desde la introducción de los arsenicales en la terapéutica, y suscitóse discusiones en lodas las sociedades sifilográficas, sobre si debían conside- rarse como reinfecciones o recidivas. En efecto: a menudo sólo se trataba de chancro redux con manifestaciones secun- darias de retour, por tratamiento insuficiente, de los que he- mos tenido oportunidad de ver hace ya algunos años un enfer- mo asistido en el Hospital Italiano, pero esa misma discusión y análisis de los hechos permitió llegar a establecer de un modo definitivo la idea de reinfección sifilítica. El concepto clásico de que no se volvía a adquirir nueva sí- filis quedaba abatido. Queyrat, Milian, Brooq, Jeanselme, Kreifting, Sabouraud, 'Selenew, Stuhmer, Beaing, Guttmann, Schreib, Hutchinson, Yosuma, Klausmer, han publicado ca- sos de reinfección sifilítica, que no vamos a reproducir, pero al lado de casos innegables, los hay que no resisten a una crí- tica severa, y John, en una revisión de la literatura, sobre 355 casos tenidos como reinfección, sólo p-udo clasificar como tales 100 casos. Por nuestra parte, liemos tenido oportunidad de observar dos casos de reinfección, cuyas historias clínicas constituyen la base de este capítulo. Ya antes de estos dos casos, mi colega el doctor Salvador Burghi, de Mercedes, me había enviado para su tratamiento un caso observado por él, pero diagnosticado antes de la ge- neralización. Transcribo las anotaciones que me remitió con- juntamente con el enfermo. Carlos D. l.er chancro l.° de marzo de 1917. Empezó el trata- miento el 17 del mismo mes, 4 neo de marzo 17 a abril 9, 20 inyec- ciones de 2 centigr. de bicianuro de hidrargirio, de abril 10 a mayo l.°; 4 neo de mayo 2 a mayo 26, en julio nueva serie de 8 neo Bil- lón. Segundo chancro 15 de enero de 1918, empieza el tratamiento el 19 de enero, 16 inyecciones de neo arsenobenzol; 20 inyecciones de 2 centigr. de bicianuro. En ambos chancros se constató el espiroquete. No ha tenido ma- nifestaciones secundarias. Posteriormente me fué dado ver en mi clientela privada el caso de la Obs. I. Dr. José May.—Reinfección sifilítica. Fotograbado mostrando la distinta lcoalización del accidente inicial 385 Observación I. — T. C., 26 años, oriental, soltero. Antecedentes he- reditarios. Padre, antiguo específico, curado por el tratamiento clá- sico, mercurial 7 ¡KI a forma crónico intermitente. Ha estado bajo mi asistencia durante el año 1919, de una bleno- rragia, o mejor dicho, de una serie de complicaciones blenorrágieas, uretritis posterior, prostatitis, orquiepididimitis a repetición 7 de- íerentitis, así como algunos estados gripales ligeros con fenómenos bronquíticos 7 trastornos de la funcionalidad hepática. Desde el punto de vista de la sífilis, tiene en sus antecedentes: Un chancro en octubre de 1918, aparecido en el frenillo, diagnos- ticado sifilítico 7 seguido del cortejo sintomatológico que no per- mitían duda alguna, entre los que se hallaban roséola 7 cefalea. Una reacción de Wassermann< hecha el día 18 de octubre, dió por resultado HO, de la escala de Yernes, positivo total. El médico doctor Delger, que lo trató, le hace una serie de 8 neo- salvarsán, empezandó por dosis de 0 gr. 40, hasta llegar a la do- sis de 0.90 7 después de breve intervalo, le hace una segunda serie de 10 neo, 7 tras breve descanso otra nueva serie de 9 neo, que le fué terminada en el mes de enero de 1919. En el mes de marzo de 1919, concurre por primera vez a mi Con- sultorio, a fin de que lo trate de una complicación de su blenorra- gia crónica, 7 me expone la historia de su sífilis 7 el tratamiento hecho, pidiéndome que le indique la norma de conducta a seguir. De acuerdo con las ideas 7 la orientación que seguimos habitual- mente frente a un enfermo en estas condiciones, le proponemos una reacción de Wassermann en el suero sanguíneo, 7 en caso de que fuera negativa, un examen del líquido céfalo-raquídeo 7 radioscópico -del tórax, a fin de despistar alguna localización en el aparato car- dio-vascular o en el sistema nervioso, 7, en caso de que todos estos exámenes fueran negativos, continuar en observación. Acepta el enfermo nuestra indicación parcialmente, se hace una reacción Wassermann en el suero sanguíneo, que da negativa H8, y se resiste a continuar los otros exámenes, invocando sus ocupa- ciones, por lo que desea una pequeña serie de inyecciones, que por -cierto no las hace regularmente, 7 que se distribuyen así: 1.a el día 16 Y 0.30, 23 V 0.45, YI 3 0.50 7 la 4.a 21 X 0.45. El día 4 de noviembre de 1919 viene a mi Consultorio por un lumbago 7 luego me dice que desde hace unos ocho días tiene una en el surco balano-prepucial en el dorso, que viene cu- rando con sulfato de cobre y peróxido de zinc, sin que haya cica- trizado. La ulceración que presentaba no tenía ningún carácter que lla- mara la atención, desde el punto de vista de la especificidad, los datos personales, por otra parte, inclinaban hacia la hipótesis de una ulceración a Ducrey, y le indiqué continuara el mismo trata- miento. 386 Cae en cama a mediados de diciembre con un ligero estado febril* gripal y me muestra después del examen unas ligeras manchas eri- tematosas, 3 o 4 en la pared anterior del vientre, que me llaman la, atención; sin que me hubiera inclinado a diagnóstico alguno, le expreso al enfermo que si no fuera por los antecedentes y el tra- tamiento hecho, llegarla al diagnóstico de sífilis secundaria. Tal cosa ocurría el 15 de diciembre, lo vi nuevamente los días 17, 19, 20 y 22, y mientras mejoraba su estado febril a tal punto que desaparecían todos los trastornos, las manchas que aparecieron en. el abdomen se fueron generalizando, invadiendo los miembros supe- riores y el dorso, de manera que le invité a que esa misma semana concurriera a mi Consultorio para un nuevo examen, pues los ca- racteres de la erupción me inclinaban francamente al diagnóstico' de una sífilis secundaria. El 26 de diciembre viene a mi casa y tras minucioso examen, lle- go al diagnóstico de sífilis secundaria, y con unas líneas mías va a con- sultar a mi profesor el doctor Brito Eoresti, quien confirma el diag- nóstico. Una reacción de Wassermann hecha por Scaltritti da H0 positiva total de la escala de Vernes. A las 9 inyecciones de neosalvarsán, 4 grs. 75 en total, da reac- ción Wassermann H8, se hace 4 neo más y. tras un mes de descanso una reacción Wassermann da H8, continuando irr'egularmente el tratamiento. Tal es la historia del primer caso. En este enfermo falta el análisis microscópico de la ulceración,, que hubiera puesto de manifiesto el treponema, pero no puede des- conocerse que estamos frente a un caso de reinfección sifilítica, ya que sus manifestaciones aparecen dentro del plazo clásico de apa- rición de las manifestaciones secundarias. Me consulta en noviem- bre 4 por un chancro, datando de unos 10 días, y luego, a mediados- de diciembre, o sean pasados más de cincuenta días de la iniciación, hace su aparición una erupción confluente, generalizada, con todas- las características de una sífilis secundaria. Observación II.—El otro enfermo es el inscripto número 670 del- Dispensario; su historia clínica es sumamente demostrativa, pues algunas de las observaciones han sido hechas en el Dispensario Cen- tral, a cargo del doctor Del Campo. En julio 8 de 1919 P. S. va al Dispensario Central con un chancro* del frenillo, para hacerse una reacción Wassermann que da H8 comple- tamente negativo. El enfermo deja pasar los días, hasta que a fines de agosto, concurre a la Clínica Dermosifilopática, donde lo ve el profesor Brito Foresti, quien diagnostica chancro mixto del frenillo, roséola discreta, haciéndose una reacción de Wassermann en agosto- 26 que da H0. Comienza su tratamiento un tanto irregular. Agosto 30, 1.» 0.30, setiembre 8, 2.a 0.30, setiembre 15, fricciones, setiem- bre 20, 3.a 0.45, setiembre 22, fricciones, setiembre 29, 4.a 0.60, oc- tubre 6, 5.a 0.60, octubre 27, 6.a 0.75. En noviembre 18, o sea. des- 387 pues de haber hecho 6 inyecciones, en total 3 grs. de neo arseno- benzol y 15 fricciones de pomada mercurial de 4 grs., va al Dis- pensario Central, donde se le hace un nuevo análisis de sangre que da H8, a los 22 días del último tratamiento. Hácese luego una nueva inyección el 22 de noviembre, de 0.75, y el enfermo desaparece de nuestro Dispensario. En abril de 1920, mientras dictábamos el curso de Clínica Der- mosifilopática por licencia del titular doctor José Brito Eoresti, vuelve a la consulta con una ulceración del tamaño de una moneda de cinco centésimos, en el forro, cuyos caracteres clínicos eran los de un chancro sifilítico. Sabiendo los antecedentes del enfermo, hago el diagnóstico de reinfección sifilítica probable, y para establecerlo de un modo definitivo, lo enviamos al doctor Enrique Claveaux, quien informa que hay treponema en abundancia. El enfermo, que había excusado su inasistencia por no haber re- sidido en la Capital, ante nuestro diagnóstico confirmado microscó- picamente, nos dice que había concurrido en ese tiempo al Dispen- sario Central y nos exhibe las tarjetas, que tienen las siguientes anotaciones: febrero 2 de 1919, reacción de Wassermann, H8, abril 16, con chancro, datando de 20 días, H8, abril 27, H2. Por los Wassermann intercalares negativos, la constatación del treponema, el Wassermann que se hace positivo dentro del plazo ha- bitual, nos confirmaba el diagnóstico de reinfección sifilítica. Tales son los dos casos que hemos observado debidamente. Tenemos un 3.°, estudiante de medicina, pero que no fue de- bidamente contraloreado. Chancro del surco, en octubre de 1918, de 10 días, diagnosticado por el doctor Del Campo, tre- ponema positivo por Scaltritti, 14 inyecciones de neosalvar- sán, luego dos series más de 6 cada una en 1919. En marzo de 1920 se comprueba una exulceración del meato, con dificul- tad a la micción, reposando sobre base dura, y sin más demo- ra se hace inyectar inmediatamente. Bien que sospechamos una reinoculación, no podemos afirmarlo. En cambio los otros dos llevan bien las condiciones exigi- das actualmente según Balzer para ser consideradas como ta- les: desde luego, primera sífilis reconocida, con su chancro inicial debidamente contraloreado y accidentes secundarios característicos; después intervalo, más o menos largo, duran- te el cual la cura aparente es comprobada por la clínica y los métodos biológicos. El nuevo accidente de inoculación de- be ser comprobado en las condiciones siguientes: topografía del chancro nuevo, diferente de la del primero, caracteres del chancro netos, del punto de vista clínico y bacteriológico, de la incubación, de la amannesis, adenopatía de vecindad, etc.: 388 además, sero-reacción negativa francamente primero, reem- plazada por una reacción ¡positiva al fin del plazo habitual. Más tarde, desarrollo de accidentes secundarios, si el trata- miento no interviene para impedirlos. La Obs. I tiene el chancro inicial seguido de roséola, ce- falea y Wassermann positivo. Después Wassermann negati- vo. El chancro después en otra localización y apareciendo en los plazos habituales las manifestaciones secundarias: el en- fermo no fué visto durante el desarrollo de ese período, des- de el 4 de noviembre hasta el 15 de diciembre. La Obs. II tiene todas las características exigidas por Bal- zer para ser considerada como una reinfección sifilítica. CONCLUSIONES 1. a La reinfección sifilítica es posible y su frecuencia se hará mayor por estar dotados actualmente de medios de diag- nóstico precoz y de un poderoso medicamento. 2. a Las dos observaciones publicadas llenan las condiciones de una reinfección sifilítica. ¿Se cura el tabes? roR el dr. José May (Montevideo) Médico Jefe de la Policlínica Dermatológica del Hospital Maciel Jefe adjunto del Dispensario núm. 1 del Instituto Profiláctico de la Sífilis Leredde, en su obra sobre “La syphilis”, considera la ac- ción terapéutica sobre el tabes y sintetiza sus resultados di- ciendo que el tratamiento por el arsenobenzol o el neoarseno- benzol, ejerce en los tabéticos una acción curativa manifies- ta, tanto del punto de vista serológico, como de las lesiones del líquido céfalo-raquídeo. Del punto de vista clínico, los síntomas, exceptuados los trastornos reflejos, se atenúan re- gularmente, en particular los trastornos sensitivos y motores, los más importantes de todos. Los fracasos, los resultados in- completos, se explican, en general, por un tratamiento dema- siado corto; raramente en casos antiguos se puede hacer in- tervenir un estado de esclerosis demasiado avanzado, llegado a la faz atrófica. Balzer dice que bien que la terapéutica del tabes no haya 389 dado siempre los resultados esperados, cuando es perseguida en series de curas repetidas, mejora mucho el estado de algu- nos enfermos, disminuye o hace cesar los dolores, restituye la sensibilidad y hace los movimientos coordinados. En algunos enfermos se ha visto reaparecer los reflejos tendinosos y pu- pilares, la seroreaceión queda negativa, lo que traduce ordi- nariamente la mejoría general. Otros autores, Nicolás entre ellos, han hecho publicacio- nes en la que exponen resultados extraordinarios en series de enfermos que han vuelto a marchar, sin reeducación, después de estar postrados en el lecho, y, en cambio, otros han expues- to francamente resultados malos o nulos. Gougerot desacon- seja el tratamiento, porque, casi siempre, si no siempre, es ineficaz. La observación de los enfermos que tenemos en el Dispen- sario nos lleva muy cerca de la opinión de Gougerot, sin ser tan radicales en su afirmación. Debemos empezar por exponer que no todos los enfermos han concurrido regularmente a la clínica. En dos grupos podemos dividir los tabéticos que hemos asistido: en el l.° figuran los que se presentan con ataxia o síntomas gastrálgicos; en el 2.° los que vienen con atrofia óptica. l.er grupo Observación I.—Gr. J., 42 años, oriental, soltero. Lo vemos por primera vez en marzo de 1919. Viene a consultarnos porque su mar- cha se hace dificultosa. Clínicamente se presenta como un tabes avanzado. Ataxia mar- cada. Romberg acentuado, al punto de no poder tenerse de pie. Abolición de reflejos. Hipotonía marcada. Argyll Robertson. ,E1 médico le ha hecho ya 30 inyecciones de neosalvarsán a dosis pequeñas, de 0.20 centigramos semanalmente. El estado general ha ido agravándose, y como su incoordinación se hace cada vez mayor, se decide a cambiar de médico. Su sífilis data de unos diez y ocho años atrás, habiéndose hecho tratamiento mercurial bastante regular, durante unos tres años. Des- pués nada, hasta que hace unos dos años empezó a sentir dolores en las piernas, luego éstas se hicieron torpes para la marcha. Al prin- cipio fué tratado con mercurio, yoduro, potasio. No mejora; por el contrario, desde algún tiempo empiezan crisis gastrálgicas. El examen clínico lleva al diagnóstico de tabes con dilatación aórtica, ligera hipertrofia del ventrículo izquierdo. Desconozco el resultado de la primera punción, pero considerando el tratamiento insuficiente, empiezo a tratarlo con neosalvarsán y cianuro de mer- 390 curio intercalado, intermitentemente, pues se desarrolla esioma.itis con facilidad. Lia dosis inicial es de 0.30, llegando a la 6.a inyección a 0.60. Como ha sido ya señalado, las primeras inyecciones, sobre todo al aumentar la dosis, produjeron exacerbación de dolores. El estado general empezó a mejorar. Las gastralgias fueron haciéndose más raras, sin abandonarlo. La marcha pudo hacerse mejor, hasta el mes de agosto de ese año. A partir de este mes, aparecen nuevos fenó- menos clínicos: recrudescencia de crisis gástricas, que lo tenían pos- trado en cama durante dos, tres días; la marcha se hace nuevamen- te con dificultad; el corazón da, por insuficiencia, trastornos funcio- nales que obligan a recurrir a la digitalina. El tratamiento se hace intermitente, neo a dosis de 0.30, alter- nando con cianuro y bibromuro de mercurio. Al comienzo del año 1920, aparece un nuevo síntoma: incontinencia urinaria. Se le hace una punción lumbar, cuyo resultado es completamente negativo. Sin embargo, el estado general no mejora. Clínicamente progresa el tabes: las crisis gástricas se hacen más frecuentes, la marcha se hace imposible, los trastornos esfinterianos se agravan, el enfermo fallece en estado de caquexia en el mes de mayo. Resumen.—Tabes, con ataxia y. crisis gástrica, que mejora al co- mienzo del tratamiento, para luego ir viendo aparecer nuevos sín- tomas, y terminar en plena caquexia tabética. Observación II.—Enfermo número 460. Diciembre 1917. T. A., 32 años, oriental: Sífilis hace 10 años, chancro del frenillo. Unico tra- tamiento: 30 píldoras Rieord. R. Wassermann H8 Punción lumbar: H0. 95 linfocitos, albúmi- na positiva. Clínicamente Romberg, disminución de los reflejos aqui- lianos. Desigualdad pupilar. Reacción a la luz, perezosa. Empieza a tratarse con neosalvarsán, haciéndose las primeras in- yecciones regularmente. Después de 35 inyecciones, el enfermo de- ja de concurrir a la Clínica. Observación III.—Enfermo número 602. S. D., 48 años, oriental. Tuvo un chancro sifilítico hace 18 o 20 años. Fué tratado con mer- curio, durante poco tiempo. Hace dos años empezó a quejarse de dolores en las piernas y sordera. En 1917, el doctor Manuel Ferrería, de Mercedes, lo exa- mina y diagnostica tabes, por lo que le hace un tratamiento a base de neosalvarsán y de mercurio. Cuando viene a la consulta, en marzo de 1918, se presenta con signos típicos de tabes. Romberg, abolición reflejos, hipotonía mar- cada, miosis, sufre de dolores fulgurantes en las piernas, que le despiertan durante la noche. Reacción Wassermann H8. Punción lumbar, reacción Wassermann H8. Linfocitos 1 mm3, None negati- vo. Este resultado fué contraloreado, dando otra vez lo mismo. Como clínicamente se trataba de un tabes en evolución, con sinto- matologia dolorosa, se le hace tratamiento de inyecciones de neo- 391 «alvarsán, que le exacerban sus dolores al principio. Se hacen unas treinta inyecciones, a dosis 0.50, 0.60 . Desaparece de la consulta durante cuatro meses; vuelve con sus -dolores, haciéndose nueva serie de neosalvarsán de 15 inyecciones. Reaparece a la consulta en julio de este año. No hay diferencia en el cuadro general, pero localmente tenemos un nuevo síntoma: mal perforante en el dedo grueso del pie derecho. Se le hace una inyección. El enfermo no ha vuelto. En resumen: un tabes clínicamente, serológicamente todo nega- tivo y que, sin embargo, está en actividad con dolores fulgurantes, «que ceden con el tratamiento, que reaparecen cuando éste se inte- rrumpe y que, en etapa más avanzada, nos da un mal perforante. Observación IV.—Enfermo número 595. D. A., 34 años, oriental, •casado. Tuvo una sífilis hace 14 años, tratándose con fricciones mercuriales durante un año. Viene a la consulta en junio de 1919,—con el diagnóstico de ta- bes, punción lumbar positiva,—con pase del Dispensario número 3. Al examen presenta el cuadro de un tabes: Komberg marcado, ataxia en la marcha, reflejos abolidos, hipotonía muscular acentua- da, Argyll Eobertson. Dolores fulgurantes. Empieza su tratamiento a base de inyecciones de neosalvarsán, a dosis de 0.50 a 0.60 semanales, hasta llegar a la 53 inyección en enero de 1921, en que se le hace una nueva punción lumbar, cuyo resultado es reacción Wassermann H0, linfocitos y Nonne Apelt po- sitiva. Se lo hace una nueva serie de 20 inyecciones y la punción lumbar da reacción Wassermann H7, 2 linfocitos, albúmina ligera- mente positiva. Actualmente está en tratamiento. Hay mejoría en su estado general, pero persisten los signos clí- nicos que lo trajeron, menos los dolores. En resumen: un tabes que serológicamente va mejorando, así co- mo en su estado general. De la sintomatologia han desaparecido los dolores fulgurantes. Observación V.—R. R., 27 años, oriental. Accidente inicial hace 6 años Tratado por el doctor Legnani con neosalvarsán y mercurio. Actualmente se queja de dolores en el epigastrio. Al examen, pu- pilas desiguales, irregulares. Signo de Romberg positivo, hay dis- minución de reflejos aquilianos. Reacción Wassermann, punción lumbar H0, 10 linfocitos, albúmi- na positiva. Comienza su tratamiento, pero al cabo de dos meses desaparece, no habiendo vuelto a la consulta. Observación VI.—Enero 31. L. E., 32 años, oriental. Tuvo un chancro en el frenillo, hace 8 años, diagnosticado por el doctor Bor- •doni Posse, tratado con mercurio "y neosalvarsán; a los dos años tuvo un ataque de hemiplegia que regresó completamente al trata- miento. En 1917 empezó a tener incontinencia de orinas, consultando al floctor Nogueira, quien hace el diagnóstico de tabes vesical. La pun- 392 ción lumbar da reacción Wassermann 110, Nonne opalescente, 12". linfocitos. Se hace 5 inyecciones y no vuelve a consultar hasta abril de 1920, en que una nueva punción da reacción Wassermann 110, 14 linfocitos, albúmina positiva. Se le hace una serie de 65 in- yecciones de neosalvarsán, y en este mes una nueva punción da reacción Wassermann 110, 4.2 linfocitos, Nonne negativo. Serológicamente hay una pequeña mejoría. Clínicamente hay me- joría de su estado general, pero presenta los mismos fenómenos de- incontinencia de orina. 2.o grupo. Enfermos con atrofia de los nervios ópticos Observación I.—Enfermo número 113. Q. R. E., 35 años, oriental, casado. Sífilis hace 16 años, tratamiento mercurial. Actualmente, abril 1918, presenta un tabes, atrofia de los nervios ópticos. Radicado en campaña, sólo estuvo dos semanas bajo nuestra ob- servación # Observación II.—Enfermo número 1080. D. J., 39 años, orientalr casado. Chancro sifilítico hace 16 años. Doctor Brito Foresti. Tra- tamiento píldoras de mercurio y protoioduro durante pocos meses. Viene en mayo de 1920, con atrofia papilar doble. Comienza el tratamiento con neo, a dosis progresivamente crecientes, tolerando semanalmentc la dosis de 0.70 hasta la 30 inyección. I.a disminu- ción de la visión se ha ido acentuando, no distinguiendo nada. Por intolerancia del arsénico a dosis altas, se le ha*ce en peque- ña cantidad y se le agrega tratamiento mercurial, cianuro intra- venoso . El estado general ha mejorado. Localmente no hay mejoría nin- guna . Observación III.—Número 1148. P. C., 36 años, oriental, casado.. Tuvo un chancro hace 11 años, curado con tratamiento local. Con atrofia papilar doble. Punción lumbar H0, 115 linfocitos, al- búmina positiva. Empieza su tratamiento a base de neo, a dosis progresivamente creciente, a la 23 inyección tiene un empuje de ec- zema de origen arsenical, que obliga a suspender el tratamiento por más de dos meses. Lo reemprende a dosis pequeñas, intercaladas de cianuro de mercurio. Persiste la ceguera. Observación IV.—Enfermo número 1149. Julio 1920 G. M., 42' años, oriental. Chancro hace 20 años, sin tratamiento general. Actual- mente atrofia papular doble. El enfermo empieza su tratamiento, no volviendo a la Clínica. Observación V. — Enfermo número 1150. Julio 1920.. A. E., 21 años, oriental. Sífilis hereditaria, atrofia de ambas papilas. Sólo ha- ce 4 inyecciones de neosalvarsán, yéndose a campaña. Observación VI. — Enfermo número 1151. Julio 1920. B. T., 18 años, oriental, casada. Sífilis hereditaria tardía, atrofia de ambas 393 papilas, no muy acentuada, que le permite visión confusa. Empieza el tratamiento con neosalvarsán, y lo sigue con regularidad. La vi- sión se hace más distinta. La enferma ha recibido ya unas cuarenta inyecciones de neosal- varsán. manteniéndose la mejoría, la visión es más clara. Una punción lumbar hecha a sis ingreso dió reacción Wassermann H8, 1 linfocito, Nonne negativo. De las 6 observaciones del 1er. grupo, dejo de lado las de este año por no tener tiempo prolongado de observación; los de la I y Y no concurren a la clínica. El de la Obs. I, a ,pesar de que serológicamente podía con- siderarse curado clínicamente, persistió durante toda su vida la sintomatologia del tabes a forma gástrica, y unos cinco meses antes de su fallecimiento hicieron su aparición nuevos síntomas, trastornos esfinterianos. A aproximar de esta observación es la Obs. III, con un cua- dro de algias que se exacerban cuando se le inyecta las pri- meras veces, que mejora después de un largo tratamiento, para reagravarse cuando lo suspende, y que actualmente tie- ne un mal perforante plantar. No son estos los únicos tabéticos que he visto en estas con- diciones. Mi colega el doctor Manuel Albo me envió hace po- cos meses un enfermo, Adolfo T., cuya historia clínica puede resumirse así: ‘‘chancro en 1915, tratamiento bastante in- tenso con neosalvarsán. En 1919, crisis dolorosas intestinales, obedeciendo a un cuadro de tabes frustro. Punción lumbar IIo, 5 linfocitos, Nonne negativo. Se le trata intensamente con mercurio y neosalvarsán. En 1921, nueva punción, que es comoletamente negativa. Sin embargo, las crisis enterálgicas persisten. La influen- cia del tratamiento es poco notable. Hay de inmediato una exacerbación de la crisis, pero el enfermo no acusa mejoría, bien es verdad que se trata de un modo irregular. Otro enfermo, Esp. Juan, me fue enviado por pii colega el doctor José Iraola, en junio de este año. Tuvo un chancro en 1898, que fué tratado con mercurio durante un mes, hacién- dose 8 inyecciones de calomel. Actualmente y desde hace un par de años, siente intensas gastralgias, seguidas de vómitos. Hay esbozo de Romberg, hipotonía marcada. Sindrome clí- nico de tabes frustro. Reacción Wassermann en el suero san- guíneo, negativa. Punción lumbar, da reacción Wassermann II8, 4 linfocitos, Nonne negativo. El enfermo empieza su tratamiento; la 1.a inyección le pro- duce un intenso dolor epigástrico; las siguientes, siempre de 394 dosis pequeñas, las tolera mejor y su sintomatologia dolorosa es menos intensa que antes del tratamiento. Quiere decir, pues, que no siempre la cura serológica del tabes va ligada a la mejoría de su estado general. Sabemos bien que las lesiones de esclerosis, ya definitivas, no retro- gradarán, pero lo interesante de estas observaciones es que obtenida una mejoría evidente, desde el punto de vista del laboratorio, clínicamente se mantienen igual; casos: Tur. Esp., o se agravan, como los enfermos de las Obs. II y IV. Gong, y Doming., el primero de los cuales fallece en plena, caquexia tabética y el segundo ve agravarse su mal. Los otros dos casos, 595 y 1031, lian mejorado su estado general; el 595 está casi serológicamente negativo, pero el segundo mantiene su punción lumbar positiva y clínicamen- te tiene toda la sintomatologia del tabes vesical, que fue diag- nosticado por el doctor Alejandro Nogueira en 1917. Y en estos casos no puede atribuirse el fracaso al trata- miento demasiado corto; por el contrario, ha sido mantenido y prolongado, en una forma que casi no ha pasado semana sin recibir medicación. Nuestra observación, aunque en limi- tados números de casos, nos aleja del optimismo de Leredde, de Nicolás, de Balzer; estamos más cerca de Gougerot, del cual no aceptamos la indicación de no hacer tratamiento, pues- to que con él se obtiene mejoría en algunos casos sintomato- lógicamente y en otros del punto de vista general. Y tan útil lo consideramos, que enfermos serológicamente curados, como Esp. Tur., los continuamos tratando, con mejoría de su es- tado. En el tabes a localización ocular, nuestra experiencia es completamente desalentadora. No hemos podido ni siquiera detener una atrofia papilar comenzante, como en los enfer- mos 1080 y 1148. 'Sólo una Obs., N.° 1151, ha mejorado indiscutiblemente. Nuestra conducta, pues, se ajusta en estos casos a lo que otros observadores aconsejan y que González Lafora sinteti- za diciendo que en la terapéutica del sistema nervioso no debe- mos considerar como verdadera remisión, que permita un al- to en el tratamiento, más que aquellas en que tanto los sín- tomas clínicos como los de laboratorio han desaparecido. CONCLUSIONES l.° El tratamiento del tabes lleva en algunos casos a la des- aparición de los signos serológicos. 395 2. La cura serológica no implica desaparición de la sinto- matologia tabética. 3. La suspensión del tratamiento en los tabéticos seroló- gicamente negativos puede dar lugar a aparición de nuevos síntomas. Las alteraciones en el líquido célalo - raquídeo Importancia de las pequeñas linfocitosis por el dr. José may (Montevideo) Médico Jefe de la Policlínica Dermatológica Jefe adjunto del Dispensario núm. 1 del Instituto Profiláctico de la Sífilis Casi todos los autores, hasta hace muy poco tiempo, con- sideraban, de acuerdo con el resultado de sus investigaciones, que el número de linfocitos en el líquido céfalo-raquídeo de un adulto normal es variable de O1 ¡a 4, 5 y, según algunos, hasta 7. Todavía en la última edición del libro de Balzer, “Maladies Vénériennes”, del año 1920, se lee lo siguiente, pág. 268: “se considera como normal la presencia de 5 a 7 linfocitos. a lo sumo, por milímetro cúbico, más de diez es pa- tológico”, y en la pág. 452: “si se comprueba una reacción positiva en estos dos líquidos — sangre y líquido céfalo-ra- quídeo— si hay aumento de globulina del líquido cerebro- espinal, si esta globulina reduce el licor de Fehling, si el nú- mero de células pasa la cifra de 4 por milímetro cúbico (pleo- citosis), el diagnóstico de afección sifilítica del sistema ner- vioso está asegurado”. El análisis que comúnmente se realiza en el Laboratorio Central, sólo se limita a la investigación de esos tres elemen- tos: reacción Wasserman, linfocitosis y albúmina, — no prac- ticándose, sino de un modo excepcional, la reacción de Nogu- chi, y no haciéndose la reacción del oro coloidal, a la que tan grande importancia dan los autores americanos, y cuya prác- tica sistemática nos hubiera, probablemente, dado mayor va- lor a las pequeñas linfocitosis, motivo de este capítulo. A esos tres elementos se les llama entre nosotros triada de Vernes, bien que antes que este autor, Ravaait, ’Widal, Sieard, hayan llamado la atención sobre la hiperalbuminosis y la linfocito- sis que traducen los procesos sifilíticos nerviosos, y Nonne 396 haya tenido el mérito de agrupar a éstas, la reacción de la. sangre, haciendo el estudio sistemático de las cuatro reaccio- nes. Nuestra observación sobre un número limitado de casos, nnas doscientas punciones lumbares, nos ha llevado a consi- derar como el máximo normal, menos dos por mm. cc., alre- dedor de 1 a 1.5, única cifra con la que no hay alteración clínica alguna; criterio .que tuve oportunidad de exponer du- rante el interinato del primer semestre escolar de 1920, en que, por licencia del profesor doctor Brito Foresti, tocóme dictar la -cátedra dermosifilopática. * Ese crite'rio es concordante con el de otros autores: Laca- pere sostiene que el número de linfocitos no debe exceder en un individuo normal, de 1 a 1.5 linfocitos por mm. cc. Ha- biendo más de tres, hay reacción meníngea cierta. Gougerot, en su libro “La Syphilis en clientéle”, de 1921, sostiene que normalmente un milímetro cúbico contiene 1 a 1 1|2 leucocitos, raramente dos; más de dos el líquido es anormal. Jeanselme y Chevallier describen una leucocitosis de alarma, 2-4, sin modificación química, Long, de Ginebra, va aún más allá, y considera que no debe aceptarse más de 0 y fracción como normal. Véase el resultado de nuestras investigaciones. En este haremos en diversos grupos: a) enfermos sin antecedentes; ~b) enfermos con chancros no diagnosticados sifilíticos; e) en- fermos sifilíticos tratados con mercurio; c) sífilis secundarias; d) sífilis terciarias; f) enfermos sifilíticos tratados con mer- curio y arsenicales; g) enfermos tratados con arsenicales; h) enfermos con localización clínica: tabes, paraplegias, etc. A) Enfermos sin antecedentes Enfermos R. W. sangre P.L. R. W. Linfocitosis Albúmina Am. Isabel, crisis lacrimales H8 H8 0.1 negativa Eam. Asunción .... H8 H8 0.5 ? > Mat. Isabel H8 H8 0.8 > J Dup. Raúl, neuritis cubital . H8 H8 0.8 y y Log. Isaías, ectima H8 H8 1.1 y * Del. Enrique H8 H8 1.2 y y Lop. Alfredo, neurastenia II8 H8 0.4 y y Sant. Antonio Barb. Gabriel, trombosis ve- H8 H8 1 y y na retina IT 8 II8 3.2 >> Vis. Rom., impotencia 118 H8 7 y y 397 Enfermos 11. W. sangre P. L. tí. W. Linfóeitosis Albúmina Ñor., algias H8 H8 8 negativa G. Laur., impotencia blenorr. H8 H8 1 y y Del R. Juan, cefalalgia . H8 H8 2.6 y y Rom. Matilde, epilepsia . H8 H8 2.2 y y Sobre estos 14 casos sólo hay 5 que tienen un aumento de linfocitos, leucocitosis de alarma en 3 casos, uno con epilepsia, otro con cefalalgia, éste que sigue su tratamiento bajo nues- tra dirección, con evidente mejoría. Dos con linfocitosis ma- yor, 7 y 8, a los cuales he sometido al tratamiento con gran resultado, en el de las algias y con mejoría para el enfermo de impotencia. B) Chancros no diagnosticados sifilíticos Enfermos R. W. sangre P. L. R.W. Linfocitosis Albúmina Besp. Benigno .... H8 H8 1.1 — Pen. Isaac, cefalalgia. H8 H8 4 — Mart. Juan Peo. . H8 H8 0.8 — Castro José .... H8 HS 1.6 — Bev. Antonio .... H8 H8 1.6 —• Ter. Laureano .... H8 II8 1 — Etch. Manuel, cefalalgia . H5 H8 2.1 — Sil. Juan H8 H8 0.8 — Ant. Carlos H8 H8 0.8 — De A. Feo., algias . H8 H8 3 — Cor. Gregorio .... H8 H8 0.8 — Mont. Antonio .... H8 H8 1 — En los enfermos que registran chancros en sus anteceden- tes patológicos, el análisis da, sobre 12 casos, 3 con una lin- focitosis de las llamadas atenuadas, y esos tres enfermos su- fren de trastornos, generalmente cefalalgias, que ceden al tratamiento antisifilítico. C) Enfermos en período secundario Enfermos Diagnóstico R. W. sangre P. L. R.W. Dinfoci- tosis Albú- mina Eodr. Flavio Sífil. sec. disc. HO — H8 0.8 Dot. Angel. ” conf. HO — H8 11.2 — Mat. Pablo. ” disc. HO — H8 4 — El. Manuel. ” disc. HO — H8 1 — 398 Enfermos Diagnóstico R.W. sangre P.L. R. W. Linfoci- tosis Albú- mina Ar. Feo. Sífil. sec. couf. HO — H8 3 Ma. Juan . 7 7 disc. HO — H8 1.6 — Kim. William . 7 7 conf. HO — H8 0.8 —. De L. Juan. 7 7 conf. HO — HO 302 + Per. Maximiliano . 7 7 disc. HO — H8 0.8 — Etch. Francisco 7 7 disc. HO — H8 0.8 — 01. Miguel . 7 7 disc. HO — H8 0.8 — Pis. Ernesto 7 7 disc. HO — H8 9 — Card. Félix 7 7 conf. HO — II1 52 — Nic. José . 7 7 HO — H8 40 — En total, sobre 14 casos, hay 2 con reacción AVassermann positiva total, IIo, II1, linfoeitosis 302 y 52, y sólo uno con albúmina ligeramente positiva, 5 con reacción linfocitaria. De esos enfermos sólo concurren actualmente El. Manuel quien, después de 20 inyecciones de neosalvarsán, se presentó con una cefalalgia intensa, dando a la punción lumbar 720 lin- focitos, H° y albúmina positiva; Kim. William, que ha se- guido su tratamiento, 20 inyecciones de neo, reacción Was- sermann durante 9 meses negativa, que acaba de repetir su punción lumbar dando II8, 2 linfoeitos; 01. Miguel, que pre- senta alternativas en su reacción serológica, IIo, 20 neo. Reac- ción Wassermann H8, para hacerse H° a los pocos meses, y Pis. Ernesto, que aún hoy, después de 47 neo, presenta un H°. Esta pequeña estadística de casos en período secundario, — concordante con la de otros autores, — demuestra que un cincuenta por ciento de los sifilíticos tienen ya su líquido cé- falo-raquídeo con alteraciones, que traducen una invasión del sistema nervioso por el traponema, localizándose en el paren- quima para dar tardíamente tabes, P. G., o bien, fijándose en las paredes del vaso, dan reacción linfocitaria, como lo sostuvo Sicard en la Sociedad Francesa de Neurología en ju- lio de 1920. Y esta comprobación tiene una importancia ex- traordinaria en lo que se refiere a la dirección y orientación del tratamiento desde su iniciación. En efecto: dos de los enfermos, que tenían una discreta linfoeitosis, se presentan sumamente rebeldes al tratamiento, y uno de ellos con AYasserman H8 en el suero sanguíneo, tie- ne una reacción meníngea formidable. En cambio, uno de ellos, después de diez meses sin tratamiento, tiene su Wasser- mann II8 y la punción lumbar nos da sólo 2 linfoeitos por mm. cc. 399 Biglaud aconseja el empleo inmediato de la punción lum- bar en todos los casos en que existan síntomas nerviosos. La punción es aconsejada por muchos sifilógrafos como diag- nóstico de la sífilis precoz. Stuart cita casos de complicación cerebral 9 semanas des- pués del tratamiento, y 11 semanas después de la aparición del chancro. Scott y Pearson creen que el treponema invade el sistema nervioso desde los primeros momentos y que puede ser reco- nocido por medio del líquido céfalo-raquídeo. Morrison cree que el sistema nervioso puede ser compro- metido desde los primeros momentos sin encontrar signos y síntomas definidos. Me. Iver encuentra una discreta linfocitosis. Fildes, Parnell en 624 casos de sífilis, la mayoría en los co- mienzos, encuentra solamente una linfocitosis en 18 o|o (li- gera de 6 a 9 células), en un 12 ojo. En 168 de sus casos con sífilis primaria, 15 mostraron linfocitosis moderada, y 17 ca- sos de linfocitosis dudosa. Ravaut sostiene la necesidad de hacer una punción lumbar dentro de los primeros cuatro años de enfermedad, de acuer- do con los resultados de su estadística. Nosotros, que tratamos intensamente en su comienzo la sífilis con los arsenicales, ha- ciendo series no menores de 15 inyecciones, hemos podido com- probar, en una cantidad de enfermos, un resultado positivo en la punción lumbar, en enfermos que, resistiéndose a la punción, llevan durante meses, tras un resultado negativo en el suero sanguíneo, un líquido positivo, sin que se convenzan, por los argumentos que se le hacen, de la importancia y de la necesidad de la punción. Sii se piensa en ese porcentaje tan elevado de reacciones en el período secundario y se tiene en cuenta que la medica- ción llega difícilmente al canal raquídeo, se comprenderá que para poder establecer de un modo más exacto el porvenir de un sifilítico, deberá hacerse en el momento del diagnóstico los exámenes necesarios, sangre y punción lumbar, y en los casos en que ésta traduzca lesión nerviosa, deberá tratársele intensamente y por largo tiempo. De lo contrario, con Was- sermann negativo sólo en la sangre, no puede decirse cuán- do ni por qué deberá empezarse el tratamiento, ni por cuánto tiempo deberá prolongársele, ni si deberá ser más o menos intenso, sin que, por otra parte, como lo sostiene Ravaut, pue- da dejarse a un enfermo en esas condiciones y sin trata- miento. 400 Existe el temor de abrir paso con más facilidad al trepo- nema al hacer la punción, lesionando los vasos con la aguja, y de ahí que muchos autores sostengan que es peligrosa y aún mismo perjudicial una punción en pleno período secun- dario. Pues bien; aceptando como real esa suposición, nosotros consideramos que es necesario practicar la punción lumbar cuando, a raíz de una o dos series de medicación, se obtenga un análisis de sangre negativo. De este modo se evita el pe- ligro real o supuesto de sembrar de espiroquetes el líquido céfalo-raquídeo, y se consigue establecer si hay o no alteración en el líquido y, por tanto, regular el tratamiento aún para aquellos que, a pesar del empleo de los arsenicales, conside- ran necesario tratar durante tres o cuatro años todo sifilítico. ü) Sífilis terciaria R. W. sangre P. L. R. W. L|3f?ci- Albúmina tosis Silv. Fea. . . HO HO 5 ligeramente posit. Un solo caso con lesiones cutáneas cicatrizadas, con reac- ción Wassermann y punción lumbar positivas. E) Sífilis tratadas con mercurio R.W. sangre P.L. R.W. Linfocitosis Albúmina Heb. Juan, impotencia . H8 HS 3 ligt. opal. Bad. Pedro, cefalalgia . H8 H8 3 — Art. Enrique H8 H8 0.8 — Sane. Andrés, cefalalgia H8 H8 2.4 ligt. opal. Caraf. Ulises, dilat. aórt. . H8 H8 0.8 — Pet. Sebastián .... H8 H8 1 — Ons. Jacinto H8 H8 1.2 — Al. Domingo, dil. aórt. . H8 H8 0.8 — Etc. Fernando .... H8 H8 0.8 — Canep. Paula H8 H8 0.8 — Bl. Santiago H8 H8 0.8 — Carnes Adolfo, impotencia . H8 H8 5.2 — Pomp. Tomás H8 H8 1.6 — S'il. Emilio H8 H8 1.3 — Vill. Pedro H8 H8 Son 15 casos, de los cuales sólo 4 tienen discreta alteración linfocitaria; dos con aumento de albúmina y los cuatro tie- nen trastornos o síntomas, consistentes en cefalalgia o impo* tencia, qne mejoran bajo la influencia del tratamiento. 401 E) Sífilis tratadas con mercurio y neo R.W. sangre P.L. R.W. Linfocitosis Albúmina Bale. José M. H8 H8 1.1 «loa. Sebastián H8 H8 1.1 — Abrah. Chus . H8 H8 1 — Mont. José H8 H8 0.8 — Rod. Antonio . H8 H8 1 — R. Hernando . H8 H8 1 — Kl. Carlos . H8 H8 0.8 — Ariz. Edmundo H8 H8 0.8 — Pard. Serafín . H8 H8 0.8 — Alv. Joaquín . H8 H8 1 — Alb. Arturo H8 H8 1 — Kucien. Isaac . H8 H8 1 — Mont. Juan P. H8 H8 1 — Per. Demetrio H8 HO 40 + Piu. Carmelo . H8 H8 0.8 — Buo. Lorenzo . H8 H8 1.2 — Dom. Bernardino H8 H8 1.6 — Dar. Antonio . H8 H8 1 — Sem. Héctor . H8 H8 0.6 — Pomp. Isabelino H8 H8 1 — Mont. Raúl H8 H8 2.5 — Vac. Eifin . H8 H8 1 — Bouz. Alfredo H8 H8 0.6 — Mend. Miguel HO H8 1 — Gon. Felipe H8 H8 1 — íKob. Pedro H8 H8 1.2 — Nay. Enrique . H8 H3 0.8 — Mor. Feliciano H8 H8 0.8 — Fig. Selims, ene. letárg. . H8 H8 3 — Ber. Pedro H5 H8 1 — P. Alberto H8 H8 1.1 — Yier. Francisco H8 H8 0.6 — Bar Alejo, mareos H8 H8 3 — Gar. Venancio II8 118 0.1 — Ros. Juan, algias. H8 H8 4 + Mar. Belisario H8 H8 1.2 — Olí. Mario . H8 118 0.8 — Far. José . H8 H8 S — Cam. Avelino . H8 H8 1 — Ferr. Pedro H8 H8 1.2 — Al. Heriberto . H8 H8 0.8 — 402 R. W. sangre P. L. R.W. Linfocitosis Albúmina Perd. Juan .... H8 H8 0.2 — Ben. Silverio .... H8 H8 1 — Pas. Angel .... h-1 HH 00 H8 1 — Lert. José H8 H8 0.8 — Glap. José HO H8 2.2 — Ort. Kafael, cefalalgia . H8 H8 2.4 En total 48 casos, sobre los cuales hay dos que tienen reac- ción positiva, y 15 presentan reacción leucocitaria pequeña, y todos ellos con sintomatologia clínica muy discreta, menos Clap. Este enfermo desde 1918 ha concurrido intermitente- mente a la clínica para el contralor de su reacción serológica, la que después de más de 2 años de sero-reacciones negativas, se hace positiva total, debidamente contraloreada. G) Enfermos tratados con arsenicales K.W. sangre P.L. R.W. Linfocitosis Albúmina Bocl. Avelino . H4 HO 1.0 + Quir. Fea. . HO H8 Gronz. Isidro . H8 H8 0.8 — Mart. Josefa . H8 H8 0.4 — M. Alfredo (c) . H8 H8 2.1 — M. Alfredo (c) . H8 H8 2.1 — Saneh. José H8 H8 1 — Cast. Fdco. H8 H8 1 — Cog. Pedro H4 H8 1 — Más Ignacio . HO H8 1.2 — Fu. Sebastián . H8 H8 1 — Marcos Pir. H8 H8 0.8 — Cob. Aníbal II8 H8 0.8 — Ven. Bosa . H8 H8 0.8 — Gom. Samuel . H8 H8 0.4 — Bach. Melchor H8 H8 4 — Mend. Margarita H8 H8 3.2 — Gar. Josefa II8 H8 6.9 _1_ Maur. Maria . H8 H8 1.0 — Gom. Alej. H8 HS 1.2 —■ Fie. Alfredo . H8 H8 1 — Igar. Pablo H8 II8 1.6 — Nic. Francisco H8 H8 3.2 — Vil. Felipe H8 H8 0.8 — Bar. Domingo . H8 H8 0.8 — M. Emilio . . H8 H8 1.2 — Kim. William II8 H8 2 — Lar. Gregorio . H8 HO 30 — 403 De los 27 enfermos tratados exclusivamente con arsenica- les, 2 (Gom. Alej. y Fl. Alfredo), tenían sólo accidente ini- cial con reacción Wassermann II8, 2 con sífilis terciaria (Quir. Feo. y Mas. Ignacio), los dos a comienzo ignorado y con Was- sermann H° en el suero sanguíneo, sin alteración raquídea. Dos tienen Wassermann intermediario, H4, II5, como liemos visto en casos en qué hay reacción raquídea, pero aquí sólo uno tiene punción lumbar positiva. En total 2 tienen Wassermann IIo y linfocitos, y 6 pre- sentan una discreta linfocitosis. De entre estos, dos lian teni- do su accidente inicial labial (Rod. Avelino y Mau. María), y uno de ellos, Gar. Josefa, tenía una iritis, cuya reacción Wassermann en la sangre es II8; y en el líquido da II8, 6.9 linfocitos y albúmina ligeramente positiva. H) Enfermos con localización cerebro-medular R. W. sangre P.L. R.W. Linfocitosis Albúmina Mar. Feo. P. G. . HO — 24 Doming. Santiago, tabes . H8 — l.l Capea. Demetrio . H8 — 1 Fort. Félix H8 — 0.8 Turp. Adolfo, tabes . HO — 5 Dagom. Emilio, tabes HO — 1.2 Tag. Antonio, tabes . HO — 95 Bal. Teodoro, a. papilar . H8 1 Des. Dante, hemipl. . H8 — 1.2 — Bod. Juan A H8 — 4 lig. positir Bodr. Bufino, tabes . HO — 10 lig. positiv Giamp. Domingo . HO — 3 — Urn. Julián, P. G. . . HO — 5 Di. Con. Bafael, II. . H8 — 1 Juan Gonz., tabes . HS — 1.2 Di. Antonio, tabes HO — 5 Colg. Cayetano, tabes HO — 6 Bis. Margarita, tabes H8 — 0.6 Dor. José, tabes . HO — 72 Per. Amancio, P. G. . HO — 0.6 Cast. Domingo, paraplegia H3 — 2 Paol. Cósimo, tabes . HO — 115 Gin. Félix, tabes . HO — 1.0 Cazz. José H0 Mart. Mario, P. G. . H0 — 144 404 Muel. Pascual .... R. W. sangre P. L. R. W. Linfocitosis Albúmina 110 — 320 — Esp. Juan, gastr. tabes . H8 — 4 — Stef. Antonio, tabes . HO — 3.1 — Bold. César, tabes H8 — 2.2 — Sos. Sebastián, tabes . H8 — 2.2 — Mor. Artigas, tabes . HO — 1.6 — Zemb. Luis, tabes HO — 1.0 — Colm. José HO — 1.0 — Lep. Vicente, paraplegia. H8 — 1.4 — <3arc. Cond. José . H8 H8 5 — OI. Feo., tabes H8 — 11 — Per. Demetrio .... H8 — 52 — En los enfermos cuyo sistema nervioso está tomado, tene- mos 2 liemiplégicos, los dos negativos. Hay 18 que presentan un sindrome completo o frustro de tabes y, entre ellos, 6 de reacciones limitadas y nulas. Así Dom. Santiago, Gonz. Juan, Ris. Margarita, Esper. Juan, Bold. César, iSbs. Sebastián, tie- nen II8, albúmina negativa y, a lo más, 4 lintfocitos. Ilay dos paraplegias: Lerp, que da completanmente negativo después de un largo tratamiento, y Castel. Domingo, que da H3, 2 linfocitos y albúmina positivo. Con sindrome constituido por trastornos de la memoria, disartria, desigualdad pupilar, en una palabra, de P. G., en su comienzo, Mar. Feo., Urn. Julián, Per. Amancio, Mart. Mario, dan la tetrada positiva, dos de ellos con muy discreta linfocitosis y en los demás, que tienen un cuadro de mareos, pérdida de memoria, ataques epileptiformes, cambio de ca- rácter notado por los que los rodean, da completamente po- sitivo, y en algunos, ya en tratamiento, que da sólo una lige- ra linfocitosis. /.Cuál de esos elementos desaparece primero con el trata- miento ? No es posible sacar conclusiones: se ve en Bon. Pedro que desaparece todo a la vez, en Gar. Conde que desaparece Wassermann y albúmina, en Carz. José que se reduce el Was- sermann y la linfocitosis, en Di. Antonio que disminuye el AVassermann y la linfocitosis, en Lag. Emilio que sólo des- aparece la albúmina. No hay, pues, nna regla fi¡ja. De la observación de estas punciones lumbares se ve que cuando la linfocitosis alcanza a 2, los enfermos presentan trastornos, muchas veces dolores, especialmente en la región occipital: hay que estimar esa cifra como una leucocitosis de alarma, y si el enfermo tiene antecedentes de sífilis, se está 405 obligado a tratarlos. Esos trastornos desaparecen con el tra- tamiento. De los enfermos sin antecedentes o con chancros no diag- nosticados sifilíticos, que se presentaron a la consulta con al- gunos trastornos, sólo Vis. Romano, Nord. y De R. están bajo nuestra observación y los tres mejoran de sus síntomas, pero aún es prematuro querer sacar conclusiones. CONCLUSIONES 1. La linfocitosis normal del líquido céfalo-raquídeo es inferior a dos por mm. ce. 2. Todo sifilítico que tenga un mínimum de 2 linfocitos debe ser tratado y repetida su punción lumbar. 3. En enfermos sin antecedentes y con algunos trastornos, algias, impotencia, que tienen discreta reacción linfocitaria, se está autorizado a hacer un tratamiento de prueba. 4. Una linfocitosis ligera con Wassermann H8 y sin pre- sentar síntomas clínicos, no autoriza el tratamiento antisifi- lítico. 5. La punción lumbar debe practicarse en todo sifilítico se- cundario a raíz de la primera reacción de Wassermann ne- gativa, para orientar la terapéutica según su resultado, pues de ese modo se evita, por una parte, el temor de abrir fácil paso a los espiroquetes en pleno período secundario, y, por otra, que durante ocho meses, tras un Wassermann negativo en el suero sanguíneo, evolucione un proceso nervioso. Sífilipsiquismo (Síndromas neuropsiquicos de la siíilis) por el dr. Nicolás v. greco (Buenos Aires) Prof. suplente de Dermatología y Sifilografía de .'a Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires. Profesor encargado del curso de Clínica sifilográfica para el doctorado en Odontología de la misma Facultad. (Trabajo leído por el doctor Neocle Ragusin) Llamo SÍFILIPSIQUISMO al conjunto de signos neuropsíquicos que caracterizan la acción de la sífilis en el organismo y que no han sido incluidos en ninguno de los estados nerviosos (afecciones cerebrales, medulares, etc.) ya descriptos, pero 406 que son manifestaciones de los llamados estados de concien- cia, características de la personalidad: caracterizan la anor- malidad humana que he hecho notar en el capítulo I. Así he definido los síndromas sífilopsí(juicos en mi reciente obra ‘‘¿Tengo yo sífilis?”, (1) y al insistir sobre él en tan breve tiempo después de esa publicación, en las sesiones de este Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Si- filografía, lo hacemos con el propósito de recalcar sobre su importancia desde múltiples (puntos de vista, teniendo en cuenta, sin embargo, los límites de tiempo que son de regla en estas comunicaciones. 1. El sífilipsiquismo explica la enorme difusión de la sífi- lis en los numerosos casos en que el cuerpo o sea el sistema orgánico vegetativo aparece poco o muy poco, casi levemente afectado durante años y años en los sujetos que llevan sífilis adquirida ignorada o aparentemente curada y sífilis heredi- taria. 2. Aclara una cantidad de fenómenos y situaciones indi- viduales, familiares, sociales, nacionales e internacionales, cu- ya explicación no puede encontrarse bien clara en otros fac- tores accesorios, accidentales o coadyuvantes o simultáneos (como ser acción del ambiente, factor económico, costumbres, intoxicaciones, infecciones, transmisión hereditaria de estas ul- timas, etc.). 3. Quita a la sífilis el carácter exclusivo de enfermedad infectocontagiosa crónica del individuo para transformarla en la enfermedad universal por excelencia, en la enfermedad de la vida de relación, en la enfermedad de la civilización. 4. El sífilipsiquismo es la mejor demostración de la anti- güedad de la sífilis; ella no es la enfermedad americana como se ha dicho, ni la enfermedad europea como se afirma, ni la enfermedad asiática o africana asiento de la civilización pri- mera de los pueblos que han conservado historia: es la enfer- medad de todos los tiempos vividos, porque hemos dicho es la enfermedad de la civilización y porque es la enfermedad inherente o inseparable de la multiplicación de la especie. 5. El sífilipsiquismo obliga a modificar nuestros conceptos sobre moralidad, educación, valor de ciertas costumbres e in- terpretación de las ya legisladas, de manera que las relacio- nes civiles entre personas y entre cosas, así como las resolu- (1) Nicolás V. Greco.- «¿Tengo yo sífilis?—Librería El Ateneo». Un tomo. Buenos Aires, 1921. 407 •ciones penales exigen un mejor estudio de la naturaleza de lo que consideramos normalidad y anormalidad humanas que han de conducir al tratamiento individual y al tratamiento colectivo de las personas, tomando previamente por base la curación médica del individuo, a la que se asociará la educa- ción por el ejemplo, el estudio y el trabajo. Limitándonos a una de las múltiples fases de estos problemas del hogar y de la sociedad, diremos en lo que atañe al sistema del aislamien- to y de la reclusión penales, que éstos han de tener con el tiempo el mismo valor que hoy damos al aislamiento y a la reclusión del demente como medio de defensa de uno de los tantos extremos a que llega la anormalidad humana. Como hemos dicho en la obra citada (pág. 36) y lo repetimos: ‘‘Al jurisconsulto juez, habrá que acoplar en adelante, no como elemento accesorio, sino como elemento- dirigente, al médico juez y al médico educador y previsor”. Pero, ¿ es que existe realmente un sífilipsiquismo tal como lo hemos definido? Sí, existe. Hay un sífilipsiquismo con sindromas neuropsíquicos múl- tiples, que en neurología y psiquiatría, por ejemplo, se estu- dia conjuntamente con las alteraciones orgánicas sensitivas y motoras, y que podríamos dividir en: l.°, síndromas sífilo- psíquicos volitivos, es decir, que afectan la voluntad; 2.°, SÍNDROMAS SÍFILOPSÍQUICOS AFECTIVOS O SENTIMENTALES; 3.°. SINDROMAS SÍFILOPSÍQUICOS INTELECTUALES, susceptibles ellos mismos de subdividirse en sindromas menores, o de combinar- se en sindromas mayores, que constituyen y han de consti- tuir, en el andar del tiempo, capítulos interesantísimos de Patología médica, de Psicología, de guía para el Derecho. Las diversas encefalopatías, mielopatías, las endocrinopatías uni o pluriglandulares originadas por la sífilis vienen acom- pañadas de dichos sindromas sifilopsíquicos. La mayor inten- sidad o la máxima atenuación que sufren dichos sindromas según las regiones afectadas en el cerebro, la médula y las glándulas endocrinas y exo-endócrinas, explican perfectamen- te las modalidades psíquicas de cada sujeto. Ahora bien: su- pongamos igualmente que los sindromas sensitivos y motores (hipersensibilidad, anestesias, algias, abolición o exageración de los reflejos, atrofias musculares, etc.), se atenúen de tal modo, que sean casi inobservables o no aparentes, y queden solamente predominantes las manifestaciones psíquicas de la persona, habremos de hecho constituido a priori y demos- 408 trado la existencia del sífilipsiquismo, tal como lo hemos de- finido. En este sífilipsiquismo con sindromas puros neuropsíquicos de sífilis, independientes de toda alteración visible o clara de la esfera nerviosa motriz y sensitiva, incluimos nosotros en una clasificación provisoria, aún cuando insuficiente desde el punto de vista de la psicopatología, los síndromas sifilo- FSÍQUICOS VOLITIVOlS, LOS AFECTIVOS O SENTIMENTALES Y LOS INTELECTUALES QUE CARACTERIZAN LA PERSONALIDAD PSÍQUICA DE cada cual, la cual sufre exageraciones o depresiones totales o unilaterales, o asociadas las unas a las otras, y que el ambiente, la moral, la educación o la ciencia, ha clasificado como genia- lidades, virtudes, vicios, atrasos, degeneración, delincuencia, anormalidad. Entre otros, y como ejemplo, enumeraremos entre los sín- dromas sífilopsíquieos puros, todos aquellos que a menudo se nos aparecen sobrepasando los límites de ese término medio que llamamos normalidad, y que indican una desviación desfa- vorable para el individuo que los acusa. Así serían: la ambi- ción, la avaricia, el coraje, la crueldad, el desorden, la prodi- galidad, la pusilanimidad, la baladronada o fanfarronada, el despotismo, la tiranía, la traición, la deslealtad, la rapiña, el egoísmo, la fuerza, la infidelidad, la injuria, la hipocresía, la intemperancia, la intolerancia, la irritabilidad, la licencia, la maledicencia, la lisonja, el lujo, la perversidad, la mentira, la amenaza, la burla, la mofa, el desprecio, la ofensa, el orgu- llo, el miedo, el ocio, el pesimismo, la haraganería, el abuso, la apatía, la inconducta, el suicidio, la concupiscencia, la adu- lación, la afectación, la aflicción, la calumnia, el castigo, el desengaño, la desesperación, el desprecio, la desigualdad, la enemistad, el reproche, el vituperio, el odio, la pena, los ce- los, la inconstancia, la presunción, la indiferencia, el error, el engaño, la trampa, la inexperiencia, el escepticismo, la in- credulidad, la astucia, el desdén, el abuso, la disimulación, el desgano, la taciturnidad, la timidez, la indolencia, la pere- za, la ingratitud, la envidia, la ligereza, la malignidad, la perversidad, el aburrimiento, la obstinación, etc., y otros es- tados de la conciencia psíquico-tpatológica que, como dijimos,, se estudia entre los sindromas de las afecciones nerviosas ce- rebro-medulares y simpáticas. Opónense a estos sindromas otros que exaltan favorablemen- te las cualidades individuales y favorecen el bienestar y la belleza de la vida del hogar y de la sociedad, cuya enumera- ción nos parece inútil en este momento, y solamente nos co- 409 rresponde hacer notar que algunos de estos síndromas favo- rables se asocian a los desfavorables de la personalidad del sujeto, y de allí la existencia de nuevos sindromas asociados, que evidentemente son explicables mirando bien la etiología de estos sindromas sífilopsíquicos puros. Sobre esta etiología, hemos dicho en nuestro reciente libro citado (pág. 33) : “hay regiones en el cerebro que se excitan o proliferan más que otras, o bien que quedan normales o también se deprimen o desarrollan menos. Tal es la razón de lo que consideramos en cada individuo, motivo de cualidades o de defectos”. Agregaremos: la causa de este estado del ce- rebro debemos buscarla, sea en una acción directa del ger- men de la sífilis sobre la actividad de los elementos celulares nerviosos, sea en una acción indirecta a distancia, actuando, por ejemplo, la espiroqueta en otros órganos y tejidos, au- mentando o disminuyendo las secreciones de éstos, que pue- dan tener, como sucede especialmente en las glándulas a se- creción interna (tiroides, cápsulas suprarrenales, hipófisis, testículos, ovarios, etc.), una acción trófica o bioquímica y energética más electiva sobre la nutrición de las células cere- brales y de los otros elementos del resto del sistema nervioso (médula, nervios, simpático). La comprobación de sindromas neuropsíquicos puros en un individuo, significa evidentemente un campanazo de alarma para investigar la sífilis en él con el examen de los anteceden- tes personales y familiares y un examen cuidadoso de la piel, de la boca, de los huesos, de los órganos internos, de los ór- ganos de los sentidos y del mismo sistema nervioso que pue- den hacernos descubrir síntomas atenuados o leves de sífilis y si esta circunstancia se realiza, podemos casi tener la cer- tidumbre y opinar que los sindromas neuropsíquicos puros encontrados responden a verdaderos sindromas sífilopsíquicos. ■Corresponde insistir en tales elementos de juicio, para el diagnóstico de la sífilis latente o ignorada, adquirida o here- dada, porque muy a menudo vése el caso de distinguidos co- legas y especialistas titubear o negar un diagnóstico de sífilis, hasta que una parálisis general progresiva o una hemiplegia o un estado demencial g una muerte fulminante vengan a comprobar un diagnóstico que ya no tiene valor ni sentido, debido a que poco o nada puede hacerse en favor del enfermo si sobrevive. Por eso hemos dicho en nuestra obra ya citada (pág. 36) : “Lo que he llamado sífilipsiquismo, o sea el con- junto de signos neuropsíquicos patológicos de los llamados estados de conciencia, deberían entrar francamente a formar 410 parte de la patología médica en el diagnóstico, porque cono- cidos y curados éstos o mejorados convenientemente, desde la edad más temprana posible, evitaríanse males mayores o irre- parables. El tratamiento de ese estado o de sus signos debe ser especialmente médico y no exclusivamente moral o reli- gioso o educativo o legal, como se lo ha pretendido hasta con resultados precarios o muy lentos, como bien lo demuestra la lectura de la historia y la vida social”. Hemos esbozado el sífilipsiquismo, encuadrándolo dentro del horizonte médico sin las especulaciones psicológicas a que se presta, y precisamente una de las consecuencias prácticas de su conocimiento estriba en que por doquiera vemos la ma- teria actuando sobre la energía y en este caso sería el orga- nismo material claramente alterado por el germen de la sífi- lis, actuando sobre el psiquismo, una de las formas de energía que desarrolla ese organismo, que se altera, a su vez, porque así lo está la materia qqe le da origen. Concluiremos citándonos nuevamente (obra citada, pág. 32) : •“La sífilis, cuyas características salientes son de evolución lenta y crónica, con reagudecimientos a repetición, de locali- zación frecuentísima en el sistema nervioso, de transmisión •casi fatal, cuando no es tratada, a generaciones sucesivas, es la enfermedad por excelencia, que trastorna el estado fisioló- gico y, por consiguiente, el psíquico, creando una especie de nueva personalidad en el hombre y en la mujer que transfor- ma o trastorna perjudicialmente al individuo, al hogar y a la sociedad. Tales caracteres la distinguen en absoluto de to- das las otras enfermedades y es por eso que es un substracto pernicioso de la civilización”. Para terminar, cabe decir: el sífilipsiquismo constituye, tal vez, el elemento revelador más típico de la sífilis; es general- mente el factor predominante en el substracto de la anorma- lidad humana y su profilaxis está en el tratamiento temprano de la enfermedad. 411 Contribución al estudio de las reacciones meníngeas en los primeros tiempos de la sífilis por el dr. máximo halty (Montevideo) Médico del Sifilicomio Nacional. Médico del Instituto Profiláctico de la Sífilis Las reacciones de Wassermann a que alude este trabajo, han sido hechas por el señor A. Scaltritti, a quien agradezco vivamente su eficaz colaboración. Este estudio ha sido efectuado en enfermos del Pabellón Germán Segura’’, local de reclusión obligatoria de meretri- ces en período de contagio, por lo cual el tratamiento a que han estado sometidas es breve. Como se trata de enfermas jó- venes, sin taras orgánicas, y por apremio de tiempo, se hallan sometidas a tratamiento mixto, del cual no somos partidarios, cuando nuestra conducta no esté, condicionada por circuns- tancias extramedicales. Las reacciones meníngeas en las afecciones nerviosas pro- vocadas por la sífilis son perfectamente conocidas y han en- trado ya en la clase de los conocimientos definitivos. Por lógica, los espíritus científicos trataron de remontarse en la cronología de dichos accidentes y de buscar el génesis de los mismos. Estamos actualmente en dicha era y numerosos investiga- dores, que, por ser tantos, no citamos, estudian las reacciones meníngeas en las diferentes edades sifilíticas. Buscan las re- laciones que pudieron existir entre los grandes cuadros ner- viosos clásicos y las alteraciones del líquido céfalo-raquídeo en los primeros meses de la iniciación del mal. ¡Se ha creído notar un aumento en las afecciones nerviosas y se ha atribui- do la predominancia actual de las localizaciones cerebrales y medulares, al surmenage nervioso por intensidad de trabajo, por angustia de porvenir, por prolongación de esfuerzos de- terminados despiadadamente por nuestra civilización actual. Pero ya autores franceses, en estudios sistemáticos de in- dígenas específicos del Norte del Africa, han notado en esa raza apática por religión, sin noción de necesidades futuras, casi los mismos signos de curvas patológicas. Nosotros, actuando científicamente en un medio cuya pobla- ción mórbida tiene casi eliminados los factores morales, con 412 trabajos intelectuales nulos, y cuya mentalidad no alcanza a encarar el futuro, estamos en condiciones de agregar también algunos documentos para poder apreciar el valor de los fac- tores psicológicos en las determinaciones nerviosas transito- rias o progresivas. No pretendemos haber alcanzado a conclusiones definitivas, pero creemos haber establecido una base sobre la cual los fu- turos patológicos de nuestras enfermas, que nos serán perfec- tamente conocidos en su mayoría por inspecciones bisemana- les y sus hospitalizaciones frecuentes, formarán elementos de gran valor en la resolución del problema que encaramos. Nuestro trabajo actual se basa en 111 punciones hechas en 98 enfermas, cuya edad específica, netamente establecida,, varía de unos días a 52 meses. (1) tillemos dividido dichas enfermas en 8 categorías, lo que nos permitirá estudiar mejor los diferentes períodos mórbidos. 1.a categoría, chancro sin signos secundarios; 2.a categoría, chancro y sífilis secundaria; 3.a categoría, l.er semestre; 4.a ca- tegoría, 2.° semestre; 5.a categoría, 2.° año; 6.a categoría, 3.er año; 7.a categoría, 4.° año; 8.a categoría, 5.° año. 1. a categoría. — Tenemos 8 punciones lumbares efectuadas en accidentes primarios, todos vulvares, cinco de las cuales coincidían con un W. positivo de su sangre. Ninguno de los 3 chancros con W. neg. acusó reacción meníngea, y uno solo, del otro grupo, con una reacción ganglionar regional marca- da, nos reveló una linfocitosis moderada. 2. a categoría. — En el segundo grupo, el cual comprende la eclosión de los signos secundarios, el accidente primario aún en actividad, lo que nos garantiza el breve período de vitalidad del mal, comprende cinco casos. Un ch. de la amígd. con roséola da una linf. de 6 X mm- c. Un chancro del gran labio con sifílides papulosas discretas y diseminadas una linf. de alarma de 3.2 y un ch. del peq. la- bio con roséola, una peq. linf. de alarma de 2.2. Un caso de chancro del labio superior, cuya edad específica nos consta era muy breve, no acusó reacción meníngea. El último, de chancro con sifílides hipertróficas, era netamente negativo. 3. a categoría. — Entramos ahora en el tercer grupo, que co- rresponde al primer semestre de edad específica, una vez eli- (il) Estas punciones no han originado accidente alguno, salvo la cefalea en pocos casos, que hemos combatido con inyecciones de pituitrina con todo éxito, demostrándose el medicamento muy supe- rior a la morfina y, urotropina. 413 minados los anteriores. Comprende 53 casos, de los cuales 50 •con síntomas secundarios. De esos 50 casos, 27 revelan calma meníngea y en 23 se acusa reacción. Una sola, con roséola marcada, con síf. hipertr., con síf. miliares, nos da una linfocitosis de alarma 2.2; 12, -con sintomatologia variada, con reacciones ganglionares in- tensas o discretas, regionales o generalizadas, con síf. erosi- vas discretas o profusas, con síf. papulosas con las mismas •diferencias, con o sin alopecia, con o sin síf. hipertrófica, nos dan una reacción linfocitaria que va de 4 a 10, no variando los demás elementos de la triada de investigación. Otros 10 casos, con la misma variación de aspectos clínicos, nos dan linfocitosis de 20, 21, 26, 29, 32, 33, 44, 60, 80 y el máximum «de 152, sin que podamos establecer paralelismo con parte alguna del sindroma secundario. En este período aparece la segunda modificación de la tria- da buscada: 5 enfermas, con linf. de 152, 80, 33, 32 y 26, presentan un AY. positivo total. En un caso, el de 152, el tercer elemento está también al- terado : el Nonne se ba hecho ligeramente opalescente. La misma observación debemos hacer respecto a la imposi- bilidad de prever estas variaciones meníngeas. Y los 27 casos de calma presentan la misma diversidad de síntomas y las mismas agrupaciones que los anteriores, sin ■que hayamos podido obtener el criterio diagnóstico, ni aún de probabilidad de dicha tranquilidad serosa. Tenemos tres casos de este primer semestre, 2 de 3 y uno de 4 meses, sin signos clínicos. Uno con sangre positiva, sin alteración meníngea; otro con AY. intermediario, con linf. de alarma 2.2, y el tercero, con sangre negativa, tiene una linf. marcada de 20 elementos por mm. cc. 4. a categoría. — Llegamos ahora a la 4.a categoría: 2.° se- mestre de la vida específica, con 12 casos estudiados. De ellos, 4 se presentan sin signos y sangre neg.; uno tiene una linf. discr. de 4.2. Los demás no tienen alteración de su lí- quido. Otros 4 no tienen signos clínicos, pero su W. es posi- tivo. En 2 de ellos el líq. es normal y los otros 2 tienen 4 lin- focitos. El 9.° presenta un AY. de la sangre parcial y su líqui- do tiene una linf. moderada y ¡un AYassermann del líq. posi- tivo. Los 3 últimos se presentan con signos secundarios; uno sin linfocitosis, el otro con 3 y el 3.° con 5 elementos y un AY. parcial de su líquido. 5. a categoría. — Presentamos 11 casos del 2.° año: 2 sin signos y con sangre negativa, y los 2 tienen linfocitosis discr. 414 7 sin signos clínicos, pero con W. positivo; 4 son normales; 1 con linf. de alarma, otro con linf. suave, 40, pero con AV, negativo, y el tercero con 17 elementos y AV. positivo. Debe- mos observar que el líquido de 40 elementos con AV. neg., en punción anterior presentaba 33 elementos y AV. positivo. Es decir, que su AV. se ha reducido. Quedan 2 casos con signos clínicos; uno con síf. erosivas bucales, sin alteración linfo- citaria; el otro con síf. pápulo-tuberculosa, gr. labio der., cu- jo líquido es también normal. No hay datos del pasado patológico de estas enfermas que explique la alteración o integridad meníngea. 6. a categoría. — Tenemos ocho observaciones de enfermas en su tercer año; 5 sin reacción y 2 de ellas con sangre posi- tiva; 2 con linfocitosis de alarma, con sangre negativa, y una con linfocitosis moderada (10 elementos), y AV. posit, 7. a categoría. — 10 observaciones del 4.° año; 7 negativas, de las cuales 5 con AV. positivo, 2 con peq. linfocitosis y con AV. sanguíneo negativo en uno e intermediario en otro, y un caso de gran linfocitosis, 196 por mm. cc., con AV. del líq. IIo y AV. sanguíneo neg., sin signos, salvo reflejos aq. y rot. vi- vos y el ocular algo perezoso. 8. a categoría. — En la 8.a categoría, 2 casos, negativos los dos y una sangre negativa y otra intermediaria. En resumen: hay alteraciones linfocitarias del líq. en el 12.50 o|o en los casos primarios; en el 60 o|o de los primarios secundarios; 47 o|o en el 1." semestre; 50 o|o para el 2." se- mestre; 45 o|o en el 2.° año; 37.50 ojo en el 3.cr ano; 30 ojo en el 4.° año, y nada en las dos observaciones del 5.° año. En el primer semestre ]0 o|o de AV. pos. total; en el 2.° semestre el 8 o|o tiene un positivo total y el 16 ojo parcial, de su líquido; 9 o|o en el 2.° año; 12.50 o|o en el tercero, y 10 o|o en el 4.°. Estudiemos ahora la evolución de las alteraciones menín- geas. En 4 casos, uno de 3 punciones y los otros de dos, existe equilibrio normal en el líquido en todas las punciones. En 3 casos, la 2.a punción ha revelado una acentuación de la perturbación del líquido, dos de ellos de variación de una a dos unidades, entrando en el período de alarma. La otra daba a los 8 meses un AA7. intermediario de H8 y 5 x mm. cc., y a los 19 meses, 17 linf. y H°. En otros 5 casos, el sindroma de la alteración meníngea ha- bía disminuido. En 2 de ellos, la linfocitosis, único elemento perturbado, había descendido. En ios dos últimos, hechos en 415 el período secundario, más interesantes por su linfocitosis marcada y su W. H°, la segunda punción, hecha meses más tarde, nos daban, en uno, una integridad completa y, en el otro, la desaparición de la positividad del W. Y bien, señores: ¿ Qué explicación y qué significado tienen estas alteraciones meníngeas? Ellas no pueden producirse sino por tres únicos mecanis- mos: l.° por presencia del microorganismo en los centros nerviosos o sus envolturas; 2.° por acción de sus toxinas so- bre los mismos, o 3.° por sustancias tóxicas producidas por perturbaciones celulares de los demás órganos. La primera patogenia, cuando la causa es difusa, nos explica la marcha constante y progresiva de ciertos cuadros- nerviosos específicos, y, cuando localizada, da origen a las sí- filis nerviosas bien influenciadas por la medicación. El segundo mecanismo, por afinidades virulentas o por de- bilidades orgánicas, nos explicaría esas grandes reacciones me- níngeas rápidamente abatidas por el tratamiento. El tercero, presidiría esas pequeñas perturbaciones del lí- quido, que no serían más que las representantes nerviosas de la irritación de todos los elementos celulares del organis- mo, enfrente de su total invasión mórbida. El porvenir nos permitirá diversificar, tal vez, esas clases- de reacciones meníngeas, que son diferentes, por su origen, por su marcha y por sus consecuencias, y que no tienen más analogía que el período cronológico de su aparición. CONCLUSIONES 1. Las alteraciones del líquido eéfalo-raquídeo son frecuen- tes en los primeros años de la vida específica y no parecen determinadas por factores psicológicos. 2. El tiempo es un elemento de atenuación en el número de las perturbaciones meníngeas. 3. Estas alteraciones no determinan el porvenir específico^ OBSERVACIONES 1.a M. S., 166. 23 años. Edad prostitución 4 años. Sífilis sec. en noviembre 16. 14 E. W. II0 hasta 14 junio 19. En 1? Set. 19. Foliad, ing. bil. bastante marcada. G. cerv. post. 2 a. gris 0 g. 615 neo. En 5 Nov. 19 poliad. ing. bil. y g. cerv. post. E. W. HO. 4 ac. gris. En 416 7 Ab. 20, Poliad. ing. bil. R. W. H0. Punción lumbar. A los 43 meses edad específica: Nonne neg., G. bl. lXrom3, R. W.: H8. Tórax radioscópicamente normal. 2. M. R. A., 128. Sífilis sec. en junio 18. En 15 junio 18 sífilis sec. y HO. En 22 enero 19: R. W. H8. En 28 mayo 19: H6. En 30 Ag. 19. Poliad. ing. bil. discr. y H8. En 23 Dic. 19: HO ac. gris. En 7 abril 20 micropoliad. ing. bil. y HO. P. L.: 24 meses. Nonne neg., G. bl. l,lX.mm3, R. W.: H8. En julio 21 micropoliad. ing. bil. y HO. P. L.: 37 meses. Tensión gota a gota rápido, Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, R. W.: H8. 3. M. Li. R., 18 años. Edad prostitución 5 años. En junio 19 chancro y sifílides pápulo-escamosas y pápulo-crostosas. Poliad. ing. bil. marc. 18 neos, ignora de qué dosis, 8 ac. gris. En 10 Ab. 21: Poliad. ing. bil. marc. Piodermitis nalgas. R. W.: HO. P. L.: Non- ne neg., G. bl. 1,1 X mm3, R. W.: H8. 4. D. M., 24 años. Chancro horquilla, datando de 1 mes, aspecto específico. Poliad. ing. bil. algo marc. No hay signos secundarios. R. W., HO. P. E.: Nonne neg., G. bl. lXmm3, R. W.: H8. 5. M. F., 21 años. 2 años. En 24 enero 20: H8 sin signos. En Ab. 20. Chancro labio sup. del cuello. Roséola. Poliad. ing. bil. discr. P. L.: Nonne neg., G. bl. lXmm3, R. W.: H8. 6. P. T., 22 años 5 meses. En Dic. 19 sifílides pápulo-erosivas hi- pertróficas confluentes vulvares. R. W.: H0. En marzo 20: Poliad. ing. bil. marc. R. W.: H8_ P. L.: Nonne neg., G. bl. lXmmS, R. W., H8. No hace tratamiento. En 12 mayo: 20 R. W.: H8. En julio 20 . placas ambas amígdalas, sifílides pápulo-erosivas grandes la- bios. Poliad. ing. bil. algo marc. R. W.: H0. P. B.: Nonne neg. G. bl. 3Xmm3, R. W.: H8. 7» N. N., 20 años 8 días. En Ab. 21 no hay, signos. .R. W.: H8. En Jun. 21 placas mucosas anales y vulvares. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2,2Xmm3, R. W.: H8. 8. N. N., 22 años, 1 año, 2 chancros aspecto específico cara int. pe- queño labio izq. R. W.: H8 que posteriormente se hizo H0, luego roséola. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2,2Xmm3. R. W.: H8. 9. B. Y., 23 años. 9 años sífilis sec. en Nov. 1916. En Feb. 18: H8. En Jun. 18: H8. En mayo 21 sin signos. R. W.: H0. P. L.: roséola. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2,2Xmm3, R. W.: H8. 10. j. c., 25 años. Chancro cara int. peq. labio izq. Investigación treponema a la tinta china positivo. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, R. W.: H8. 11. M. N., 23 años. 3 años, placas mucosas labios, lengua y amígdalas. Poliad. ing. bil. algo marc. P. L.: Nonne neg., G. bl. 44Xmm3, R. W: H8. 12. j. B., 26 años. En marzo 19: sífilis sec. y H0. En junio 21: no hay signos. R. W.: H8. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2.2Xmm3, R. W.: H8. 417 13. S. B., 20 años. 2 años Síf. papulosas diseminadas y sifilides pápulo-ñipertróficas erosivas confluentes vulvares y pem uivares. R. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, R. W.: H8. 14. p. O., 22 años. 2 años. Poliad. ing. bil. marc. Sif. erosivas bucales. Roséola. P. E.: Nonne neg., G. bl. l,6Xmm3, R. W.: H8. 15. J. C., 27 años. 5 años. En febrero 19: sífilis sec. En agosto 21: no bay signos. R. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 10Xmm3, R. W.: H0. 16. E. J., 23 años. 3 años. En mayo 19: sífilis sec. y H0, 5 ac. gris un neo. En Oct. 19: Poliad. ing. bil. marc. Iritis 3. R. W.: H8, en Nov. 19 Trat. mixto. En marzo 20: Poliad. ing. bil. algo marc. R. W.: H8. P. L.: Nonne neg., G. bl. lXmm3, R. W.: H8. 17. c. C., 21 años. 2 años. En Set. 19. Placas mucosas vulvares, sifílides pápulo-erosivas hipertróficas confluentes perivulvares. Pol. ing. bil. marc. No hay. otras adenopatías. R. W.: 110. Trat. 4 ac. gris, 0 gr. 70 neo. En marzo 1920. R. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 4Xmm3, R. W.: H8. 18. G. A., 19 años. 2 años. En 10 marzo 20, sifílides ulcerosas superficiales, variedad crostosa. Poliad. ing. bil. muy marc. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2Xmm3, R. W.: H8. 19. O. R., 22 años. 1 mes. En 13 mayo 20: no hay signos y H8. En l.o junio 20: chancro indurado cara interna gran labio izquier- do. Poliad. ing. bil. algo marc. En 9 junio R. W.: HS. En 26 junio Poliad. ing. bil. muy marc. y HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. lXmm3, R. W.: H8. 20. B. Y., 22 años. 2 años. En mayo 18: chancro indurado lado derecho entrada vagina, poliad. ing. bil. marc. y H0, 4 ac. gris. En febrero 20: chancros simples grandes labios y 110, 3 ac. gris, 1 g. 20 neo. En junio 20: no hay signos y R. W.: Hl. P. L.: Nonne neg., G. bl. l,2Xmm3, R. W.: H8. 21. R. P., 22 años. 5 años. Desde Nov. 16 a En. 1919: 8 R. W.: H8. En enero 19: placas mucosas lengua y labios, sifílides pápulo- hipertróficas erosivas confluentes grandes labios. R. W.: H0, 6 neos, y 6 ac. gris. Niega haber hecho más tratamiento. En setiembre, Oct. y Nov. 1919: R. W.: H8. En enero 20: H8, en abril 20: pol. ing. bil. discreta y R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. l,lXmm3, R. W.: H8; 2 ac. gris y 0 g. 60 neo; niega más tratamiento. En Dic. 20: R. W.: H8. P. L.: Nonne neg., G. bl. 3,2Xmm3, R. W.: H8. En marzo 21 vuelve a subir la sangre a H0 para bajar en abril a H4 mediante 2 neos y 2 ac. gris y seguir su descenso en julio 21 hasta H8 con 3 ac. gris y 2 neos más.—Nota: Conviene anotar el hecho que su infección se ha producido próxima a los 5 años de su vida de prostitución. 22. Z. O., 19 años. 1 mes. En enero 20: chancro aspecto específico entrada vagina. Poliad. ing. bil. marc. Ganglio epitrocleano bila- teral. R. W.: H0, 1 gr. 50 neo en 4 iny., 5 ac. gris. En 28 ab.: 20 418 poliad. ing. bil. diser. y HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm,i, R. W.: H8. 23. a E. C., 18 años. 6 años. Sífilis sec. en Oct. 16 alrededor de 2 años de su vida de prostitución, 9 neos, ignora de qué dosis y 10 ac. gris. En Ab. 20: no hay signos y R. W.: 110. P. L.: Nonne. neg., G. bl. 0,4Xmm3, R. W.: H8. 24. a E. B., 36 años. Niega ejercer prostitución. Sifilides pápulo- hipertrófieas erosivas confluentes vulvares. Sif ilides pápulo-crostosas diseminadas. B. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2Xmm3, B. W.: H8. 25. a U. M., 20 años. 2 meses. S'ifilides pápulo-hipertróficas erosi- vas confluentes perianales. Poliad. ing. bil. marc. B. W.: IíO. L.: Nonne neg., G. bl. lXmm3, B. W.: H8. 26. a D. C., 22 años. 3 años. A los 15 meses de su vida de prosti- tución sífilis see. A los 21 meses de su vida específica, placas mu- cosas bucales y B. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. l,2Xmm3,, B. W.: H8. A los 26 meses de su vida específica, sin manifestacio- nes. R. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2Xmm3, B. W.: H8. 27. a M. Y. S., 19 años. 1 año. Roséola, sif ilides erosivas amígda- las, sifílides erosivas cuello del útero. B. W.: HO P. L.: Nonne neg., G. bl. l,lXmm3, R. W.: H8. 28. R. H., 22 años. 10 meses. A los tres meses de su vida de prostitución, sífilis see. A los siete meses de su vida específica R. W.: H8. P. L.: Nonne neg., G. bl. l,2Xmm3, R. W.: H8. 29. a G. Ch., 19 años. 6 meses. Poliad. ing. bil. muy marc. Sifí- lides erosivas perianales Sifílides pigmentarias muy marcadas, to- mando brazos, cuello, tronco y llegando hasta las nalgas. Laringi- tis. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 10Xmm3, R. W.: H8. 30. a A. L. R., 20 años. En febrero 1918 chancro horquilla. En- junio 18: placas mucosas bucales. A los 28 meses de su edad es- pecífica. No hay signos y H6. P. L.: Nonne neg., G. b. 3,2Xmm3, R. W.: H8. A los 42 meses de su edad específica, sin manifesta- ciones. R. W.: H8. P L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, R. W.: H8, 31. a R. S., 23 años. 1 año. Chancro del meato. Treponema posi- tivo a la tinta china. R. W.: H8. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8X mm3, R. W.: H8. 32. a S. N., 22 años. 1 año. Roséola. Sifílides acneiformes cuero- cabelludo. R W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, R. W.: H8. 33. a E. G. R, 22 años. 3 años. Sifílides erosivas lengua. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, R. W.: IT8. 34. J. A. R., 24 años. En febrero 18, a los dos meses de su vida de prostitución, chancro y H0. En abril 18, placas mucosas. En Oct. 20, 18 goma amígdala izq. y H0. En mayo y junio 1919r H8. Fines de agosto: 19 R. W.: H2. A los 40 meses de su edad es- pecífica, habiendo hecho sólo 4 o 5 neos y 15 ac. gris, no presenta- más signos que sus reflejos rotulianos y aquilianos muy vivos y re- 419 flejo ocular perezoso. B. W.: H8. P. L.: Nonne neg., G. bl. 196X mm3, E. W.: HO. 35. a J. M., 25 años. 3 años, S'ifílides erosivas bucales, alopecia marcada cabello y cejas, poliad. ing. bil. marcada. E. W.: HO. P. L.: Nonne lig. op., G. bl. 152Xmm3, E. W.: HO. 36. a O. O., 20 años. 2 años. Sifílides hipertrófieo-erosivas confluen- tes perianales. Poliad. ing. bil. marc. E. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2Xmm3, E. W.: H8. 37. a J. C., 21 años. 3 meses. Angina eritematosa, sifilides erosi- vas bucales# Ganglios cervicales, epitroclcanos bilaterales e inguina- les bilaterales marcados. E. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. O, E. W.: H8. 38. a M. N., 21 años. 16 meses. Eoseola, sifílides erosivas labio in- ferior. E. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 29Xmm3, E. W.: HS. 39. a J. O., 19 años. Sifílides pápulo-hipertrófico erosivas confluen- tes, vulvares, perivulvares y perianales. E. W.: HO. P. 1*.: Nonno neg., G. bl. 6Xmm3, E. W.: H8. 40. a P. L., 23 años. 6 meses. Embarazo. Placas profusas amígda- las. Sifílides pápulo-erosivas grandes y pequeños labios. Poliad. ing. bil. marc y E. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, E. W.: H8. 41. a J. T., 22 años. 2 meses. Chancro horquilla. Sifílides pápulo- erosivas vulvares y perivulvares. Poliad. ing. bil. marc. B. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. lXmm3, E. W.: H8. 42. a V. P., 24 años. 1 año. Sifílides pápulo-erosivas diseminadas grandes y pequeños labios, confluentes gran labio izquierdo. Sifíli- des erosivas amígdala derecha. E. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, E. W.: H8. 43. a B. P., 28 años. 7 años. (1) Sifílides erosivas labios, muy pro- fusas en las amígdalas. Sifílides pigmentarias del cuello muy marc. Sifílides papulosas diseminadas_ Sifílides erosivas anales. Ganglio' epitr. bil. Poliad. ing. bil. mareada. E. W.: HO. P. L.: Nonne neg.r G. bl. l,6Xmm3, E. W.: H8. 44. a P. S., 20 años. 1 año. Eoseola, placas mucosas amígdalas. Ganglios cervicales, epitrocleanos e inguinales marcados. E. W.: HO». P. L.: Nonne neg., G. bl. 4Xmm3, E. W.: H8. 45. a T. M., 22 años. 1 año. Eoseola marcada, sifílides erosivas lengua, labios y amígdalas Poliad. ing. bil. marc. B. \Y.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 10Xmm3, E. W.: H8. 40.a J. C., 19 años. 2 meses. Sifílides erosivas bucales y amig- dalianas. Sifílides pápulo-hipertróficas erosivas confluentes vulva- res, perivulvares y perianales. E. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 20Xmm3, E. W.: H8 47.a M. P., 23 años. A los pocos meses de su vida de prostitución, sífilis sec. Neos, y ac. gris pocos e irregulares. A los 4 años de su (1) A notar la eclosión secundaria a los 7 años de la vida de prostitución. 420 vida específica, sin manifestaciones. E. W.: H8. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, R. W.: H8. A los 52 meses de su vida especifica, sin manifestaciones. E. W.: H8. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,6X mm3, E. W.: HS. 48. J. G., 17 años. 17 meses. S'ifílides erosivas bucales. Poliad. ing. bil. marc. E. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 7Xmm3, E. W.: H8. 49. A. S., 18 años. 7 meses. Sifílides erosivas lengua y labios. Poliad. ing. bil. marc. R. W.: HO. P. L.; Nonne neg., G. bl. IX mm3, E. W.: H8. 50. j. m., 19 años. 1 y 1|2 años. A los pocos meses sifilis sec, 7 ac. gris, 1 g. 60 neo en 4 inyecciones. A los 11 meses de edad es- pecífica: sarna infectada, poliad. ing. bil. marc. Ganglio epitr. bil. y R. W.: HO. P. L.: Nonne neg, G. bl. 4Xmm3, E. W.: H8, 3 ac. gris más y un gramo de neo. A los 15 meses sin manifestaciones. R. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2,4Xmm3, R. V..: H8. 51. A. L., 18 años. 4 meses. Sifílides pápulo-hipertrofico-erosi- vas confluentes, ocupando gran zona vulvar, perivulvar y perianal. Sifílides papulosas diseminadas. Ganglios cervicales, epitroeleanos e inguinales marcados. E. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8X mm3, R. W.: H8. 52. J. S., 18 años. 18 meses. En enero 19: sifílides pápulo-hiper- tróficas erosivas confluentes perivulvares. E. W.: H0, 14 ac. gris, 2 g. 60 neo. A los 15 meses de edad específica sin manifestaciones. R. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. l,6Xmm3, R. W.: H8. 53. C. R., 23 años. Sifílides papulosas diseminadas, sifílides pá- pulo-hipertrófico-erosivas confluentes, ocupando todos los grandes labios, y una gran zona perivulvar y perianal. Poliad. ing. bil. muy marc. No hay ganglios cervicales, ni epitroeleanos. E. W.: HO. P. li.: Nonne neg., G. bl. lXmm3, E. W.: H8. 54. R. S., 22 años. 2 meses. Ch. febrero 20 y E. W.: H0, neos, y ac. gris, ignora cantidad. A los 10 meses edad específica, sin ma- nifestaciones y H8. P. L.: Nonne neg., G. bl. 4,2Xmm3, E. W.: H8. 55. L. P., 20 años. 2 años. Sifílides erosivas profusas bucales, sifílides erosivas vulvares. Poliad. ing. bil. marc. Ganglios cer- vicales muy marcados. R. W.: H0. P. L.: None neg., G. bl. 4Xmm3, R. W.: H8. 56. B. B., ign. ign. Sifílides pápulo-erosivas diseminadas gran- des y pequeños labios. Ganglios epitrocleano bilateral. Poliad. ing. bil. muy marc. E. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 6Xmm3, E. W.: H8. 57. J. M., 24 años. 5 meses. Roséola. Ganglios cervicales e in- guinales bilaterales marcados. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 5Xmm3, R. W.: H8. 58. s. L., 20 años. Sifílides erosivas bucales profusas. S'ifílides pápulo-hipertrófico-erosivas confluentes, vulvares y perivulvares. Ganglios cervicales posteriores, epitroeleanos bil. e inguinales bilatera- 421 les muy marcados. R. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 60Xmm3, R. W.: H8. ( 59. J. M., 20 años. 1 años. Chancro gran labio izquierdo cerca de la comisura. R. W.: H8. Treponema positivo a la tinta china. P, L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, E. W.: H8, 3 ac. gris, 1 g. 20 neo. A los 3 meses sin manifestaciones. R. W.: HS. A los 6 meses roséola, siíílides erosivas lengua y labios, siíílides miliares diseminadas. R. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. l,6Xmm3, R. W.: H8. A los 9 meses poliad. ing. bil. marc. E. W.: H8. P. L.: Hipertensión mere., Nonne neg., G. bl. 0,6Xmm3, R. W.: H8. 60. a D. S., 21 años, 2 años. A los pocos meses de su vida de pros- titución sífilis sec., neos, y ac. gris pocos e irregulares. A los 21 meses de su vida específica, sin manifestaciones. R. W.; HO. P. L.: Nonne neg., G. bl 0,8, R. W.: H8. 61. a S. L., 19 años. 1 año. En agosto 1920: angina eritematosa, sifílides pápulo-hipertrófieo-erosivas confluentes, • ganglios cervicales posteriores, ganglios inguinales muy marcados. R. W.: H0, 3 ac. gris, 0 g. 80 neo. En octubre 20, algunos pocos ganglios cervicales posteriores y poliad. ing. bil. algo marc. R. W.: H8. P. L.: Non- ne neg., G. bl. 20Xmm3, R. W.: H8. 62. a B. R., 22 años. 8 meses. En abril 20: sifílides miliares ge- neralizadas, sifílides erosivas bucales, ganglios epitrocleano bilate- ral. Poliad. ing. bil. bastante marcada. R. W.; TIO. 6 ac. gris, 2 gr. 50 neo. En Oct. 20: sifílides pápulo-escamosas diseminadas, ganglio epitrocleano bilateral, ganglios ing. bil. poco marcados. R. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 5Xmm3, R. W.: H3. En agosto 21, sin manifestaciones. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg. G. bl. 17Xmm3, R. W.: TIO. 63. a E. A., 21 años. 15 meses. En febrero 20 sifílides pápulo-ero- sivas vulvares y perivulvares. R. W.: H0, 6 ac, gris, 2 g. 20 neo. En Oct. 20: roséola tipo de retour, sifílides erosivas labio superior y arcada palatina. Poliad. ing. bil. marc. R. W.: H0. P. L.: Non- ne neg., G. bl. 2Xmm3, R. W.: HS. 64. a J. S., 22 años. Sifílides erosivas labios y amígdalas. Gan- glios cervicales posteriores marcados, Poliad. ing. bil. no muy marcada. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2Xmm3, R. W.: H8. 65. a M. M., 20 años. Sifílides erosivas bucales. G. cervicales posteriores. Roséola. Sifílides pápulo-hipertrófieo-erosivas confluen- tes vulvares y perivulvares. Sifílide pigmentaria cuello. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, R. W.: H8. 60.a A. S., 21 años. 4 años. Sifílides erosivas bucales. Poliad. ing. bil. muy marc. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. lXmm3, R. W.: H8. 67.a N. P., 21 años. 6 años. En Ene. 1918, sífilis sec., neos, y ac. gris pocos e irregulares En setiembre 19: H8. en S*et. 20: R. W.: H8. A los 34 meses de edad específica. P. L.: Nonne neg., G. bl. 1.6X mm.3, R. W.: H8. 422 68. L. P., 27 años. En mayo 17: sífilis sec. En Set. 20: sin sig- nos. R. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2Xmm3, R. W.: H8. 69. p. S., 26 años. Chancro gran labio derecho Poliad. ing. de- recha muy marc. Sifílides papulosas diseminadas. R. W.: HO. P. E.: Nonne neg., G. bl. 3,2Xmm3, R. W.: H8. 70. j. p.j 18 años. 4 meses. Sifílides papulosas aisladas perivul- vares. Sifílides erosivas pequeños labios. R. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, R. W.: H8. 71. R. B., 20 años. 1 año. Sifílides erosivas labio superior. Pol. ing. bilateral bastante marcada. R. W.: HO. P. E.: Nonne neg., G. bl. 26Xmm3, R. W.: H0. 72. N. Oh., 22 años. 7 meses. Sifílides erosivas lengua. Sifílides pápulo-hípertrófico-erosivas confluentes vulvares y perivulvares. Pol. ing. bil. marcada. R. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xnim3, R. W.: H8. 73. M. N., 25 años. 5 años. En agosto 1920: sifílides pápulo-es- camosas profusas, sifílides erosivas bucales profusas. Sifílides ero- sivas vulvares. Poliad. ing. bil. marc. Ganglios cerv. marc. R. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 33Xmm3, R. W.: H0. 3 ac. gris, 1 g. 20 neo. En Set. 21: sin manifestaciones. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 40Xmm3, R. W.: H8. 74. O. M., 26 años. En enero 17: sífilis sec. 3 R. W.: H0 en 1917. 1 R. W.: H0 en 18. Neos, y ac. gris, pocos e irregulares. En agosto 20: sifílides ulcerosas rupioideas. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, R. W.: H8. 75. e. M., 20 años. 1 año. Chancro amígdala izquierda. Gan- glios cervicales anteriores mareados. Poliad. ing. bil. discr. Ro- séola. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 6Xmm3, R. W.: H8. 76. a J. M., 23 años. 4 años. Chancro cara interna pequeño labio izquierdo. Poliad. ing. bilateral más marc. la izq. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. l,3Xmm3, R. W.: 118. 77. a P. N., 25 años. Placas profusas, istmo de las fauces. Gan- glios cervicales e inguinales bilaterales marcados. R. W.: H0. P. E.: Nonne neg., G. bl. 80Xmm3, R. W.: H0. 78. C. B., 23 años. 5 años. En agosto 20: chancro cara int. gran labio izquierdo. R W.: H8. que a los pocos días 3e hizo H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2X«im3, R. W.: H8, 6 aceite gris y 2 g. 50 neo. En febrero 21: sin manifestaciones. R. W.: H0, 3 aceite gris y 1 g. 20 neo. En Julio 21, sin manifestaciones. R. W.: H0. P. E.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, R. W.: H8.—Nota: Observar un accidente primario a los cinco años de vida de prostitución. 79. a L P., 21 años. 17 meses. Sifílides papulosas grandes labios «n julio 19. R. W.: H0, 18 aceite gris, 5 g. neo. En agosto 20: si- fílides pápulo-tuberculosas gran labio derecho. R. W.: 110. P. L.: Nonne neg.,, G. bl. Q,8Xmm3, R. W.: H8. 80. a g. N., 22 años. 4 años. En enero 18: sifílides pápulo-erosivás grandes labios. R. W.: H0. En Set. 19: sin manifestaciones. R. 423 W.: HO. 2 ac. gris O g. 90 neo. En agosto 20. No hay signos. R. W.: H8. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, R. W.: H8. 81. a L. B., 20 años, õ años. En junio 17: sífilis sec. En febrero 20: sin manifestaciones. R. W.: H0. 2 ac. gris, 4 neos, con 1 g. 40. En agosto 20: sin manifestaciones. R. W.: H8. P. L.: Nonne neg., G. bl. 5Xmm3, R. W.: H8. 82. a E. M., 18 años. 2 años. En enero 20: no hay signos. R. W.: H8. En agosto 20: sifilid.es pápulo-erosivas vulvares. Ganglios cer- vicales. Poliad. ing. bil. algo marc. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 21Xmm3, R. W.: H8. 83. a H. P., 20 años. 2 años. En julio 19: sifilides erosivas gran- des y pequeños labios. Poliad. ing. bil. marcada. R. W.: H0. 4 ac. gris. En mayo 20: sin manifestaciones. R. W.: H0. 9 ac. gris, 4 gr. 50 neo. En agosto 20: no hay signos. R. W.: H8. P. L.: Nonne neg., G. bl. 4Xmm3, R. W.: H8. 84. a J. P., 21 años. 3 años. En Oct. 18: chancro horquilla. En enero 19: sifílides erosivas vulvares. R. W.: H0. En agosto 20: sin manifestaciones. R. W.: H8. P. L.: Nonne neg., G. bl. 4Xmm3, R. W.: H8. 85. a L. S., 19 años. 2 meses. En enero 20: sin manifestaciones. R. W.: H8. A los 10 meses de su vida de prostitución, en Ag. 20: sifílides erosivas bucales. Poliad. ing. bil. algo marc. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 32Xmm3, R. W.: H0. 11 ac. gris, 9 neos, con 4 g. 50. En Junio 21: no hay signos. R. W.: H8. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2,4Xmm3, R. W.: H8. 80.a A. C., 30 años. En enero 17: sífilis sec. En julio 20: no hay signos. R. W.: H4. P. L.: Nonne neg., G. bl. 8Xmm3, R. W.: H0. 87. a N. C., 19 años. 2 meses. Sifílides pápulo-erosivas hipertróficas •confluentes. Poliad. ing. bil. muy marc. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 4Xmm3, R. W.: H8. 88. a J. S., 20 años. 1 año. En Oct. 19: sifílides erosivas bucales, sifílides pápulo-erosivas hipertróficas confluentes. Poliad. ing. bil. muy marc. R. W.: H0. 8 ac. gris, 1 g. 40 neo. En mayó 2Ò: sin manifestaciones. R W.: H8. En julio 20: no hay signo. R. W.: H5. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2,4Xmm3, R. W.: Hl. 89. a Z. O., 26 años. 9 meses. Roséola marc. Sifílides pápulo-hi- pertrófico-erosivas vulvares. Poliad. in». bil. marc. G. cervicales posteriores marc. R W.: 110. P. L.: Nonne neg., G. bl. 6Xmm3, R. W.: H8. 90. a E. Y., 20 años. Sifílides erosivas profusas bucales. Roséola. Sifílides pápulo-hipertrófico-erosivas vulvares. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. 4Xmm3, R. W.: H8. 91. a A. F., 21 años. Sifílides hipertrófico-erosivas confluentes, vul- vares y perivulvares. Poliad. ing. bil. marc’. R. W.: H0. P. L.: Nonne neg., G. bl. l,2Xmm3, R. W.: H8. 92. a E. L., 22 años. 3 años. Chancro cara interna pequeño labio ízq. R. W.: H8. Investigación treponema positivo. A los pocos días 424 se transformó en: E. W. HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, E. W.: H8. 93. a J. E., 20 años. 1 año. Sifílides erosivas bucales. Sifílides pápulo-erosivas-hipertrófico confluentes vulvares. Eoseola marcada. S'ifílides miliares profusas diseminadas. E. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 2,2Xmm3, E. W.: H8. 94. a C. M., 22 años. Sifílides erosivas grandes labios. Poliad. ing. bil. marc. E. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. l,8Xmm3, E. W.: H8. 95. a J. S., 22 años. En agosto 17: sífilis sec. En Set. 21: no hay signos. E. W.: H4. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, E. W.: H8. 96. a A. M. P., 48 años. Sifílides pápulo-escamosas profusas. Si- fílides pápulo-hipertrófico-erosivas confluentes, vulvares y perivulva- res. Alopecia discreta. Poliad. ing. bil. algo marc. No hay otraa adenopatías. E. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 0,8Xmm3, E. W.: H8. 97. a T. E., 20 años. 2 meses. Eoseola marcada. Sifílides pápulo- escamosas. Elementos pápulo-hipertrófico-erosivos grandes labios. E. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. 8Xmm3, E. W.: H8. 98. a J. C., 24 años. Ch. labio superior. Sifílides papulosas dise- minadas. E. W.: HO. P. L.: Nonne neg., G. bl. l,6Xmm3r E. W.: H8. Relaciones de la Reacción de Wassermann con la clínica pedro raúl alonso (Montevideo) Médico Jefe del Dispensario No. 5 del Instituto Profiláctico de la Sífilis; Jefe del Servicio de Dermatología del Asilo «Luis Piñej ro del Campo»; Especialista del Cuerpo Médico Escolar. IOS DOCTORKS Y Alberto mario penco (Montevideo) Jefe del Laboratorio de la Clínica Dermosifilopática de la Facultad de Medicina de Montevideo; Ex módico adjunto del Servicio de Piel y Sífilis del Hospital Militar Central; Médico del Servicio de Sanidad en el Ejército. Hasta hace pocos años se diagnosticaba la sífilis valiéndose exclusivamente de los síntomas clínicos. Fácil es darse cuenta de los inconvenientes con que habrán tropezado los clínicos de aquella época, dado lo difícil que era, en esas condiciones, hacer un diagnóstico preciso de la enfermedad. 425 Cuando la lesión no presentaba aspecto clínico claro, so- metían al enfermo a un corto tratamiento específico de prue- ba, que era el que aclaraba el diagnóstico, o esperaban a que aparecieran los fenómenos secundarios, si se trataba de acci- dentes iniciales. Felizmente, desde el año 1907, este aspecto de cosas ha cambiado fundamentalmente, (puesto que desde entonces la clínica dispone de dos auxiliares poderosos para completar el diagnóstico. El descubrimiento del treponema por Schaudinn y Hoff- mann, en 1905, que vino a demostrar que la sífilis era una en- fermedad infecciosa y que su germen se puede encontrar en las lesiones primarias y secundarias de la enfermedad, y la feliz idea de Wassermann, Neisser y Bruck, en 1906, de apli- car la reacción de la desviación del complemento de Bordet y Gengou para el diagnóstico de la sífilis, empleando como antígeno un extracto alcohólico o acuoso de hígado de heredo- sifilítico en el que hubiere gran cantidad de treponemas, nos permiten hoy día hacer un diagnóstico mucho más precoz y seguro de la sífilis en sus diferentes períodos de evolución. Estos dos elementos son empleados corrientemente en la clínica para confirmar el diagnóstico y, teniendo gran valor, no deben dejar de utilizarse nunca, ni aún en los casos en que el diagnóstico clínico no admita dudas. En cuanto a la investigación del treponema, de la que no nos ocuparemos con detalles en este trabajo, diremos que asegura el diagnóstico en forma terminante, cuando es positiva; pero ofrece a menudo algunos inconvenientes. Es común encontrar casos en que el agente específico exis- te y que no se puede determinar en distintos exámenes prac- ticados con ese objeto. Esto, que, parecería imposible, pasa a menudo y tanto en nuestras clínicas hospitalarias como en nuestra clientela privada; vemos enfermos que presentan le- siones típicas de sífilis, en las cuales es segura la presencia del treponema, y éste no ha podido ser hallado, empleando los distintos procedimientos que actualmente se usan en todos los laboratorios: coloración a la tinta china, coloración al ni- trato de plata y exámenes al ultramicroscopio. Esto siucede porque la mayor parte de las veces los enfer- mos vienen a vernos después de haber tratado sus lesiones con diferentes antisépticos (calomel, sulfato de cobre, bicloruro de Hg., nitrato de plata, etc.). También, muchas veces, en las lesiones específicas iniciales se encuentran sobreagregadas otras infecciones: la más co- 426 mún es la debida al bacilo de Ducrey, que constituye, en esos casos, el conocido chancro mixto. Estas infecciones sobreagregadas hacen casi imposible com- probar la presencia del treponema. Fuera de estas dos causas, qne son las que corrientemente obstaculizan la determinación del treponema, hay otras que tienen también importancia, siendo una de las más frecuen- tes las faltas de técnica en la investigación. Estas distintas causas que dificultan la comprobación del germen de las lesiones y que nos impiden asegurar nuestro diag- nóstico clínico por este procedimiento, nos obligan a recurrir a la reacción de la desviación del complemento de Bordet y Hengou, empleado sabiamente por Wassermann para el diag- nóstico de la sífilis desde el año J906. En los primeros tiempos, en que la reacción de Wassermann se empleó para el diagnóstico de la sífilis, no se tenía seguri- dad en sus resultados, y se decía que no era una reacción es- pecífica de la sífilis, porque había algunas otras enfermeda- des que la producían, como ser: la frambuesia, la tripanoso- miasis, la tuberculosis y algunos estados febriles y enferme- dades infecciosas. Hoy podemos casi afirmar que la reacción de Wassermann ■es una reacción específica de la sífilis, pues cuando su resul- tado es positivo, generalmente está de perfecto acuerdo con la clínica. Esta afirmación trataremos de probarla en el curso de este trabajo, estudiándola en los distintos períodos de la enfermedad. La reacción de Wassermann en la sífilis primaria Hemos observado, corrientemente, qne en los chancros clí- nicamente sifilíticos, la reacción de Wassermann en el suero •sanguíneo se hace positiva en un término que oscila entre 10 y 45 días, desde el comienzo de la lesión. El número de casos en que la reacción de se hace positiva entre los 10 y 15 días es muy pequeño: 20 o|o, siendo corriente observar que Ja reacción de Wassermann se hace positiva entre los 20 y 25 días: 74 o|o. Sin embargo, hay algunos casos en que la reacción de Wassermann se hace po- sitiva recién a los 40 o 45 días de la evolución del chancro: G o|o. No siempre se nos presentan chancros clínicamente si- filíticos, sino que es corriente observar lesiones que, sin te- ner el aspecto del accidente inicial de la sífilis, no nos permi- ten descartarla en absoluto; es así que hemos visto muchas 427 veces al chancro blando, a las herpes, a las balano-postitis, etc., enmascarando una infección sifilítica, que continúa su evolución una vez cicatrizada esa lesión de aspecto clínico bien definido. Es precisamente en estos casos en los que la reacción de AVassermann nos presta una ayuda valiosísima, puesto que es casi siempre, gracias a ella, que llegamos al diagnóstico precoz de la infección. Por estas razones es que a todos nuestros enfermos que presentan lesiones del pene, los estudiamos desde el punto de vista serológico durante los fres primeros meses subsiguientes a la iniciación de la lesión. Es así que hemos llegado a diagnosticar infecciones sifilíti- cas que nos hubieran pasado desapercibidas en sus primeras etapas. Siendo, como hemos visto más arriba, variable el momento en que la reacción de AVassermann se hace positiva en el sue- ro sanguíneo, no debemos contentarnos con una reacción de AVassermann negativa en los enfermos que se nos presentan con lesiones del pene, sino que debemos repetirla por lo me- nos cada ocho días, durante los tres primeros meses. Comúnmente hemos observado que la reacción de AVasser- mann que era negativa en los primeros exámenes, se ha he- cho luego positiva, casi siempre entre los veinte y veinticinco días, y nunca después de los tres meses. Es por esto que nosotros creemos que es de gran impor- tancia estudiar desde el punto de vista serológico a los enfer- mos que se nos presentan con esta clase de lesiones. Según nuestras estadísticas, sobre un total de sesenta chan- cros sifilíticos, hemos encontrado que la reacción de AVasser- mann se ha hecho positiva: entre los diez y quince días, en doce casos; entre los veinticinco y treinta días, en cuarenta y cua- tro casos, y entre los dos y tres meses, en cuatro casos. Habiendo hecho la reacción de AVassermann en serie a cincuenta y seis casos de chancros blandos, durante tres me- ses, hemos comprobado que siempre se ha mantenido negati-, va. Algunos de estos enfermos han vuelto al Servicio después, pasados seis meses o un año, y siempre han conservado su reacción de AVassermann negativa. La reacción de Wassermann en la sífilis secundaria La reacción de AVassermann en el suero sanguíneo, en el período secundario de la sífilis, en sus diversas manifestacio- nes (roséola, sifílides papulosas, sifílides pápulo-eseamosas, 428 alopecia, placas mucosas, etc.), es siempre positiva total, IIo de la escala de Yernes, que es la que se emplea en el Labora- torio Profiláctico de la Sífilis. SI nos atrevemos a hacer esta afirmación, es porque hemos comprobado este hecho en todos los enfermos que hemos ob- servado, tanto en nuestras clínicas como en nuestra clientela privada, siempre que hemos querido confirmar nuestro diag- nóstico clínico. Nuestras estadísticas nos dan un porcentaje de cien por ciento de reacciones positivas. A pesar de haber comprobado que la reacción de Wasser- mann en el período secundario es siempre positiva, nunca dejamos de hacerla a nuestros enfermos, puesto que de esa manera contraloreamos nuestro diagnóstico clínico. Muchas veces, en nuestra práctica diaria, se nos han pre- sentado enfermos con lesiones típicas del período secundario, a quienes se les había hecho la reacción de Wassermann en el suero sanguíneo y cuyo resultado era francamente negativo. Grande ha sido entonces nuestra sorpresa, puesto que eran enfermos que clínicamente no ofrecían duda alguna. En esas circunstancias siempre hemos dudado de la exactitud de esa reacción de Wassermann y liemos pensado que esa discordan- cia con la clínica era debida a errores de laboratorio. Poco nos ha costado convencernos de que estábamos en lo cierto, pues hemos hecho hacer a esos enfermos una nueva reacción de Wassermann en el Laboratorio del Instituto Profiláctico de la Sífilis, donde se contralorean siempre todos los resulta- dos con la clínica, y entonces hemos podido comprobar que la reacción de AVassermann que nos había ofrecido dudas era francamente positiva. Nuestros datos estadísticos comprueban que habiendo he- cho la reacción de AVassermann en ciento cuarenta y ocho ca- sos de sífilis secundaria, nos ha dado siempre resultado positi- vo total. La reacción de Wassermann en la sífilis terciaria o período de localización En el estudio de la reacción de Wassermann en este pe- ríodo de la enfermedad, nos encontramos con que se nos pre- senta con la misma claridad que en los períodos primario y secundario. Es así que en vez de tener un porcentaje de un cien por ciento de reacciones de Wassermann positivas, como en el período secundario, nos encontramos con un porcentaje me- 429 ñor, que oscila entre un noventa o un noventa y cinco por ciento. Según Balzer, el porcentaje de resultados positivos es de un ochenta y cinco a un noventa por ciento, y, según For- dyee, de un noventa y cinco por ciento. En las manifestaciones cutáneas y óseas de este período, hemos encontrado un porcentaje que se acerca a un cien por ciento de reacciones positivas totales. Hemos tenido algunos casos de lesiones cutáneas de aspec- to clínico bien definido, que nos han dado reacciones positi- vas atenuadas y otros en que las reacciones, repetidas varias veces, han sido negativas. En las osteítis y ósteo-periostitis de este período que he- mos tenido oportunidad de observar, hemos encontrado siem- pre reacciones de Wassermann positivas totales. En la sífilis arterial, como ser en los aneurismas de la aor- ta y en las estrecheces y dilataciones de este importante vaso, que son las más frecuentes de las localizaciones arteriales, he- mos encontrado la reacción de Wassermann positiva en un fiO por ciento de los casos. En algunos casos que hemos halla- do reacciones de Wassermann negativas, no hemos podido afirmar, previo buen interrogatorio y detenido examen de los enfermos, que se tratara de lesiones de origen sifilítico. En la sífilis ocular del período terciario (iritis, irido-coroi- ditis, corio-retinitis, etc.), es muy frecuente observar que la reacción de Wassermann en el suero sanguíneo da un resul tado negativo, a pesar de que clínicamente esas lesiones no ofrecen dudas sobre su origen. La prueba de ello es que las hemos visto regresar, y a menudo curar, haciendo en estos enfermos un tratamiento específico énérgico. Hay, sin embargo, dos afecciones del aparato ocular, que son las irido-coroiditis y las corio-retinitis, que dan reacción Wassermann positiva en un noventa y cinco por ciento de los casos. Es, pues, en esta clase de lesiones del aparato ocular en que la reacción de Wassermann presenta más discordancias con la clínica, no permitiéndonos, por lo tanto, servirnos de ella para afirmar el diagnóstico. En cuanto a la sífilis del sistema nervioso (cerebro, médu- la, meninges, etc.), que hoy día ha adquirido una grandísima importancia debido a los estudios recientes sobre las modifi- caciones y alteraciones del líquido céfalo-raquídeo, no nos ocu- paremos de ella, porque nos obligaría a extender demasiado este trabajo; sólo diremos que es muy frecuente encontrar 430 enfermos que presenten lesiones clínicas del sistema nervio- so de origen sifilítico, y que tienen reacción de Wassermann negativa en el suero sanguíneo. Estos mismos enfermos pre- sentan modificaciones y alteraciones de su líquido céfalo-ra- quídeo, como ser: albuminosis y linfocitosis, e investigando en é¡ la reacción de Wassermann nos encontramos con que siem- pre, o casi siempre, nos da resultado positivo. Por estas razo- nes, creemos que en estos enfermos se debe dar más impor- tancia al examen del líquido céfalo raquídeo que a la reacción de Wassermann del suero sanguíneo. En cuanto a las lesiones específicas del aparato respirato- rio, del aparato digestivo, del riñón, etc., cuyo diagnóstica clínico presenta comúnmente muchas dificultades, a tal pun- to que es a menudo difícil despistar el verdadero origen de la afección, no debemos olvidar que la reacción de Wasser- mann nos presta entonces una verdadera ayuda, bien compa- rable, por cierto, al tratamiento de prueba de los clásicos. Los datos de la clínica en los casos de sífilis terciaria que hemos observado nos arrojan el siguiente resultado: Gomas, sifílides tubérculo-ulcerosas, periostitis, etc. Veinti- cinco casos con reacción de Wassermann positiva total. Localizaciones arteriales, insuficiencia aórtica, aortitis y aneurismas de la aorta, — treinta y cinco casos; — veinti- ocho con reacción de Wassermann positiva total y siete con reacción de Wassermann negativa. Entre estos últimos: dos aneurismas de la aorta y cinco in- suficiencias aórticas. La reacción de Wassermann en la sífilis ignorada Es en la sífilis ignorada que, a nuestro juicio, la reacción de Wassermann adquiere un valor inestimable, puesto que gracias a ella hemos podido comprobar un buen número de casos que, sin su ayuda, nos hubiera sido imposible hacerlo. Hemos observado muy comúnmente, tanto en nuestra clínica hospitalaria como en nuestra clientela privada, enfermos que se nos han presentado con algunos síntomas, como ser: cefa- leas, mareos, dolores generalizados, etc., y a quienes, después de un minucioso interrogatorio y de haberles hecho un detenido examen clínico, no hemos podido llegar a un diagnóstico cla- ro. A estos enfermos, siempre que hemos sospechado el pro- bable origen sifilítico, le hemos hecho hacer la reacción de Wassermann, que ha sido la que más de una vez nos ha acla- rado el diagnóstico. Al lado de estos casos, que se nos han 431 presentado con una pobre sintomatologia clínica y negando todo antecedente, debemos citar otros que, a nuestro juicio, tienen una estrecha relación con ellos. Nos queremos referir a la frecuencia enorme con que he- mos hallado la sífilis ignorada en las prostitutas. En efecto; haciendo sistemáticamente la reacción de Wassermann a las prostitutas que negaban todo antecedente específico y que no presentaban ninguna sintomatologia clínica, nos hemos en- contrado con que muchas de ellas tenían reacción de Was- sermann positivas. Nosotros, al obtener estos resultados po- tivos, no hemos dudado nunca de que nos halláramos frente a enfermos que tenían con toda seguridad una sífilis igno- rada. Las razones por las cuales, cuando nos hemos hallado en presencia de estos casos, no hemos dudado que nos encon- trábamos frente a enfermas que estaban atacadas de sífilis, presentando como único síntoma una reacción de Wasser- mann positiva, las vamos a expresar en pocas líneas. En efecto: es proverbial lo difícil que es ver el accidente inicial de la sífilis en la mujer y también no es frecuente poder ver a estas enfermas en el momento en que están en plena ac- tividad los accidentes secundarios; fuera de que muchas ve- ces evoluciona la enfermedad, sin que estos accidentes se- cundarios se pongan de manifiesto francamente. Otra razón poderosa que hace desaparecer nuestra duda frente a estos casos, es la gran frecuencia con que estas en- fermas se exponen al contagio, dado los múltiples contactos con sujetos enfermos en período inicial o secundario de la en- fermedad. Muchas veces, haciendo un fino interrogatorio, hemos podi- do comprobar que estas enfermas han hecho vida marital en determinadas épocas con sujetos que eran sifilíticos, algunos en pleno tratamiento, y otros que no se preocupaban mayor- mente de su enfermedad. A propósito de este hecho, últimamente uno de nosotros en su clientela privada, se vió en la necesidad de interpre- tar un caso que por las discusiones que suscitó con algunos colegas, merece ser citado en este trabajo. J. D., de 35 años, soltera, de profesión artista. Antece- dentes familiares: sin importancia. Antecedentes persona- les : en su primera infancia no ha tenido ninguna enferme- dad, después de adulta ha tenido colitis, gripe, amigdalitis y crisis nerviosas con fondo claro de histerismo. No ha te- nido embarazos. 432 bu vida genital empieza a los diez y ocho años, haeiendo vida marital con un sujeto sifilítico, durante dos años. Después de esto, ha ejercido la prostitución hasta el mo- mento actual. Desde hace dos años tiene frecuentes crisis nerviosas, es- tando casi continuamente dominada por una excitabilidad exagerada; no es cocainómana, pero hace abusos del alcohol con bastante frecuencia. A raíz de una de estas crisis nerviosas, y con motivo de tener frecuentes neuralgias, consultó a varios colegas; uno de ellos le hizo hacer una reacción de Wassermann en el sue- ro sanguíneo, que fue positiva total. Con este motivo le hizo diez inyecciones intravenosas de neosalvarsán ;< después de terminada esta serie le hizo hacer otra reacción de Wasser- mann, que también fué positiva total. En estas condiciones vino a consultar a uno de nosotros, quien, después de un de- tenido examen, no sacó más dato útil que el hecho de haber vivido maritalmente con un sujeto sifilítico, a la edad de diez y ocho años, como más arriba lo expusimos. En vista de esto se le hizo tomar una reacción de Wassermann en el laboratorio del Instituto Profiláctico de la Sífilis, que resultó positiva total. No satisfecha la enferma, decide consultar a otros colegas, quienes no le dan valor a la reacción de Wassermann posi- tiva, repetida varias veces, e interpretan el caso como si la enferma no fuera sifilítica. A pesar de esto, la enferma vie- ne nuevamente a ponerse en nuestras manos y se decide a tomar el tratamiento antisifilítico por nosotros aconsejado. En pleno tratamiento de enesol, porque no toleraba ni el neosalvarsán ni el mercurio, le hemos hecho otras reaccio- nes de Wassermann y todas han sido positivas. Olvidába- mos decir que se le hizo también la punción lumbar, encon- trándose el líquido céfalo-raq/uídeo normal, siendo esto la causa de que algunos colegas desecharan la idea de que se estaba en presencia de una enferma de sífilis. ¿ Cómo debemos interpretar el caso ? Para nosotros, el caso no admite dudas; la enferma es una sifilítica, y es una sifilítica porque es una prostituta que ha vivido dos años con un sujeto sifilítico y porque tiene reacción de Wassermann positiva, repetida varias veces. A primera vista parecerían unas razones muy aventuradas, pero nosotros no hemos podido darle otra interpretación al caso, dada la frecuencia con que liemos encontrado en la clínica hospitalaria y en la clientela privada, la reacción de Wassermann positiva en las prostitutas que no tenían sín- tomas de sífilis. 433 Otro de los puntos importantes de la sífilis ignorada, es- la frecuencia con que ésta se presenta, dando como único síntoma apreciable, los abortos repetidos y los partos pre- maturos . Haciendo la reacción de Wassermann a estas enfermas nos hemos encontrado con un porcentaje alto de reacciones de Wassermann positivas totales. Por lo tanto, la reacción de Wassermann nos presta aquí también una valiosa ayuda, puesto que sin ella nos vería- mos imposibilitados, en muchísimos casos, de llegar al diag- nóstico claro de la sífilis, y tendríamos que caer entonces en el empirismo, haciendo el viejo tratamiento de prueba a esta clase de enfermos. Creemos haber tratado los puntos más importantes, rela- cionados con la sífilis ignorada, y haber demostrado el eficaz concurso que nos brinda la reacción de Wassermann. Nuestra estadística acusa, sobre ciento ochenta y dos ca- sos de sífilis ignorada con reacción de Wassermann positiva total, sesenta y cinco casos en que las manifestaciones eran: abortos a repetición, y ciento diez y siete casos con síntomas difusos, como ser: cefaleas, mareos y dolores generalizados. Finalmente, diremos que la reacción de Wassermann es un arma útil ,para llegar al diagnóstico de la sífilis, y que no debemos abandonarla, aunque tenga sus imperfecciones, has- ta no estar seguros de haber encontrado una reacción que la sustituya con ventajas. Sin pretender reivindicar para esta reacción el carácter de infalible, queremos, sí, por intermedio de este trabajo, generalizar el concepto que nos merece y la interpretación que de ella debe hacerse, lo que permitirá al clínico poseer un precioso medio para el diagnóstico de las afecciones si- filíticas. Es quizá la reacción de laboratorio a quien más se le ha exigido; no se conforman con que denuncie la naturaleza sifilítica de un chancro, entre los diez y cuarenta y cinco días de iniciada la lesión; no basta con que, en el período secun- dario o de generalización, muestre sil carácter específico en un cien por ciento de los casos; ni que en toda localización del proceso, fuere cual fuere, ponga de manifiesto su ori- gen treponémico en más de un noventa por ciento. Ni si- quiera hay para ello ese margen de tolerancia que se acepta para toda investigación serológica. 434 Sus fracasos no se le perdonan, y bien sabemos, los que actuamos algo en laboratorio, que la mayor parte de los que le son imputados, deben ir al haber del operador. Estos son casi siempre, por no decir siempre, los culpables de resul- tados erróneos, y ellos son los que han contribuido a hacer caer en el descrédito un procedimiento de investigación de tanta importancia. Conocer la técnica de la reacción de Wassermann, no sig- nifica ni saber hacerla, ni obtener buenos resultados. Esto, que a simple vista parece un contrasentido, es la más desconsoladora de las verdades. Se ha querido sensibilizar en tal forma esta reacción, que se han multiplicado en extremo los procedimientos, y es así cómo se cuentan por decenas los antígenos utilizados. Los exámenes de la gran mayoría de los laboratorios ado- lecen de un defecto capital, y es el de que esas reacciones, han sido hechas con antígenos cuya bondad se desconoce, por no haber sido rigurosamente contraloreados. Preparar un antígeno por cualquiera de los procedimien- tos en uso y realizar con él la reacción de Wassermann sin contralor alguno, es ir inevitablemente a desastrosos resul- tados. Son esos errores los que han llevado al descrédito la reac- ción de Wassermann. Cansados estamos de resultados con- tradictorios y cuando se lia pedido el contralor al Labora- torio del Instituto Profiláctico de la Sífilis, hemos podido comprobar la deficiencia manifiesta en que se opera en la gran mayoría de los casos. CONCLUSIONES 1. a Siempre que se sospecha que un enfermo pueda tener sífilis, se le debe hacer la reacción de Wassermann en el sue- ro sanguíneo, antes de aplicarle tratamiento alguno. 2. a Dado los inconvenientes que presenta la investigación del treponema de Schaudinn, en los accidentes iniciales (le- siones tratadas localmente, infecciones sobreagregadas, faltas de técnica, etc.), lo que nos imposibilita en muchos casos para llegar a un diagnóstico seguro, se hace imprescindible com- pletar este examen con el estudio serológico del enfermo, por reacciones de Wassermann en serie. 3. a Siendo variable en la sífilis inicial, el momento en que la reacción de Wassermann se hace positiva en el suero san- guíneo (entre diez y cuarenta días), debemos siempre repe- tirla cada ocho días, hasta pasado el término de tres meses,, 435 desde el comienzo del accidente inicial, cuando ella es ne- gativa . 4. a Habiendo observado en la clínica que hay lesiones del pene, de otro orden, que enmascaran infecciones sifilíticas, debemos estudiar a todos los enfermos que se nos presenten con esta clase de lesiones, desde el punto de vista serológico, durante tres meses, a contar desde la iniciación de la lesión. 5. a La reacción de Wassermann en la sífilis secundaria siempre está de acuerdo con la clínica, pues liemos hallado en nuestras observaciones un porcentaje de ciento por ciento de reacciones de Wassermann positivas totales. 6. a En los casos que la reacción de Wassermann da resulta- dos negativos, en el período secundario de la sífilis, es por- que ha habido errores de laboratorio, como lo hemos podido comprobar contraloreando esos resultados, haciendo nuevas reacciones en el Laboratorio del Instituto Profiláctico de la Sífilis. 7. a La reacción de Wassermann en la sífilis terciaria, da un porcentaje de resultados positivos de un noventa a un noventa y cinco por ciento, especialmente en las sífilis arte- riales, dilataciones y estrecheces de la aorta y aneurismas, y de un cien por ciento en las osteítis y lesiones cutáneas. 8. a En la sífilis ocular del período terciario es donde me- nos ayuda nos presta la reacción de Wassermann para con- tralorear el diagnóstico, puesto que, a pesar de que las corio- retinitis e iridocoroiditis dan un porcentaje de un noventa y cinco por ciento de reacciones de Wassermann positivas, nos encontramos en las otras localizaciones del aparato ocu- lar, con un porcentaje grande de reacciones de Wassermann negativas. 9. a En la sífilis nerviosa se debe dar más importancia al examen del líquido céfalo-raquídeo que a la reacción de Was- sermann en el suero sanguíneo, dado que en muchísimos ca- sos la reacción de Wassermann es negativa en la sangre, y a pesar de eso existen alteraciones y reacciones de Wasser- mann positivas en el líquido céfalo-raquídeo. 10. a En las lesiones terciarias de los aparatos respiratorio, digestivo, renal, etc., cuyo diagnóstico clínico ofrece dudas, es siempre la reacción de Wassermann la que aclara el diag- nóstico. 11. a En la sífilis ignorada, sin manifestaciones y con sin- tomatologia difusa (cefaleas, mareos, dolores generalizados, etc.), es siempre la reacción de Wassermann la que hace el diagnóstico. 12. a Corrientemente hemos observado que la reacción de 436 Wassermann es positiva en las prostitutas que niegan ante- cedentes y que no tienen síntomas de sífilis. Siempre hemos interpretado estos resultados como si estuviéramos en pre- sencia de una sífilis ignorada. 13. a En presencia de enfermas que tengan abortos repe- tidos, siempre les debemos hacer la reacción de Wassermann, la que frecuentemente nos descubrirá una sífilis ignorada. 14. a Dado el enorme porcentaje de reacciones positivas que están de acuerdo con los diagnósticos clínicos de sífilis, de- bemos considerar a esta reacción como específica de la en- fermedad, recordando que es un arma útil, y que, a pesar de sus imperfecciones, no debemos abandonarla, hasta que no estemos seguros de haber encontrado otra que la sustitu- ya con ventajas. Las parálisis faciales y la Sífilis El reflejo «la bofetada mímica» tor el dr. fernando abente Haedo (Florida. Uruguay) Asistente de Clínica de ¡a Facultad de Medicina de Montevideo.— Módico cirujano del Hospital Florida Director de la Clínica de Sífilis de Florida.—Delegado del Paraguay El nervio facial es el nervio de la mímica. Y es por eso que cuando se produce una parálisis facial—sobre todo del tipo periférico—los músculos inervados por él no pueden mantener su tonus permanente, o no pueden transmitir las excitaciones voluntarias, y la fisionomía del enfermo revela— claramente, sin necesidad de poner mucha atención—el dé- ficit del VII par. A la asimetría de la cara—exagerada por los movimien- tos—hay que unir los trastornos de los órganos de los sen- tidos—oído, olfato, gusto—y el cuadro clínico resulta así fá- cil de reconocer. Nosotros no vamos a detener la marcha de este Honorable Congreso, para repetir aquí toda la rica sintomatologia que presentan estas parálisis del tipo periférico. Tampoco va- mos a insistir sobre su etiología, aunque sea bueno recordar que la sífilis — que no perdona nada — puede interesar este nervio en su trayectoria periférica y a diferentes alturas. Pasamos, pues, por alto las parálisis del tipo periférico, que nunca pasan inadvertidas. 437 Pero no siempre es así en las parálisis del facial, sobre todo cuando se trata del tipo central. En estas parálisis supranucleares, la lesión puede estar situada en cualquier nivel del trayecto de la neurona opércu- lo-bulbar del nervio facial, desde la extremidad inferior de la circunvolución frontal ascendente — centro de la neurona —hasta su arborización alrededor del núcleo de origen de ese nervio, en la región bulbo-protuberancial. En estos casos, puede resultar difícil reconocer una pa- rálisis del YII par. En efecto: las parálisis del tipo central no interesan o interesan poco el facial superior. Y es así co- mo, el orbicular de los párpados y los músculos de la frente parecen ser respetados. Pero, en verdad, ellos son solamen- te menos tocados, y un examen detenido puede encontrar trastornos de la fuerza, de la amplitud de los movimientos, del tonus de esos músculos. De manera que el facial está paralizado en su totalidad, y si él ahorra en el territorio su- perior, es por un hecho de observación corriente en las he- miplegias : los movimientos asociados son afectados en me- nor grado que los movimientos asinérgieos. Por otra parte, no es raro en este tipo de parálisis que pase inadvertida—en medio del cuadro clínico de conjunto —la asimetría, muchas veces pequeña, del territorio de la cara, inervado por el facial inferior. Mucho más difícil es reconocer, en algunos casos, esa pa- rálisis del tipo supranuclear, cuando ella se presenta en un enfermo en estado comatoso o semi-inconsciente. En esas circunstancias, el estudio de los reflejos nos sirve de poderoso auxilio. Y es en esas condiciones—solamente en esas condiciones—que la ausencia o la disminución de nues- tro reflejo, la bofetada mímica, puede revelar la existencia de una parálisis facial. Pero veamos en qué consiste nuestro reflejo, cómo se in- vestiga, cuáles son sus vías. Y bien, se investiga dando una bofetada—más o menos fuerte—en la mejilla del enfermo. El golpe, que se da con la mano abierta en el carrillo., provoca una mímica por la contracción involuntaria de los músculos de la cara inerva- dos por el facial. El arco de nuestro reflejo está formado por el trigémino como vía sensitiva, centrípeta, y el facial como vía motriz, centrífuga. En la parálisis que comentamos, se encuentra interrum- pido el arco de nuestro reflejo. Así, pues, del lado paraliza- 438 do, el golpe no producirá la contracción de los músculos ci- tados. Encontramos también, disminuidos o abolidos, los refle- jos : conjuntivo-palpebral y el ácido-mímico. El reílejo cutá- neo del cuello—tan útil para pesquisar las parálisis faciales frustras,—no lo podemos contar aquí, puesto que para su in- vestigación se necesita la voluntad del enfermo, lo que no es el caso. En la etiología de las parálisis faciales a tipo central — vayan o no asociadas a las parálisis de los miembros—sería grueso error desconocer la sífilis. Es, en efecto, la sífilis,— tocando las arterias de la masa encefálica, provocando trom- bosis, produciendo hemorragias—la gran responsable de un gran número de las parálisis faciales con o sin hemiplegias. Y, sin embargo, se falsean todos los días, y a sabiendas, las estadísticas. Y se dice: hemiplegias, trombosis, hemorragias cerebrales, en lugar de decir: arteritis sifilíticas provocando hemiplegias, trombosis, hemorragias cerebrales. Es tiempo de reaccionar contra esa práctica (pie engaña a los demás y concluye por desorientar nuestras estadísticas. Nosotros no queremos continuar distrayendo la atención de esta asamblea. Ahí está nuestro reflejo, que ponemos a la consideración del II Congreso Sudamericano de Dermatolo- gía y Sifllografía, como modesta contribución al estudio de la infección treponémiea. Discusión general de los trabajos anteriores Neocle Ragusin (Buenos Aires). — Creo conveniente, en los ta- béticos, agregar al tratamiento general arseno-mercurio-yodurado, el tratamiento por via endorraquídea, el cual, sea por neosalvarsán o sea por el mercurio, especialmente el mercurio coloidal, es com- pletamente innocuo, siempre que se liaga con la prudencia absoluta que requieren estos casos. Para que este método dé buen resultado, es necesario siempre, como condición previa, que sea precedido por el tratamiento ge- neral intenso, con el máximo de energía, y aún intercalando al tra- tamiento endorraquídeo. el tratamiento general. Bartolomé Vignale (Montevideo). — Elogia el trabajo del doc- tor Baliña y relata un caso de sífilis cerebral sin signos serológi- eos, mejorado por el tratamiento prolongado. 439 Héctor Bel Campo (Montevideo). — Pide al Congreso se pro- nuncie sobre si hay inconveniente o peligro en practicar la pun- ción lumbar en todo sifilítico, cualquiera que sea el período de in- fección. —'Observando el trabajo del doctor Bagusin, declara haber encon- trado en los líquidos céfalo-raquídeos de tabéticos, siempre, las reacciones serológieas que prueban su origen sifilítico, salvo en ca- sos muy raros, lo que permitiría aceptar un 95 a 98 o|o de líquidos positivos en esas localizaciones. —'Hace notar que la reacción de Wassermann en la sangre, si da negativa, no tiene valor ninguno y que los parciales son los resul- tados más comunes en esos casos. Observa que, como resultado de esta observación, en enfermos tratados en otro tiempo y cuya san- gre da resultado parcial, ha practicado la punción lumbar de inme- diato, habiendo encontrado el líquido positivo. Aconseja que en ca- sos semejantes se siga el mismo criterio. —Sobre las inyecciones intrarraquídeas, declara no tener expe- riencia, y si no las ha practicado es porque tiene la opinión auto- rizada del doctor Yernes, quien, habiéndolas hecho por cientos, no ha obtenido resultado alguno. —Aplaude al doctor Baliña por su interesante conferencia, recal- cando la necesidad de generalizar el criterio de que las series de 5 o 6 inyecciones son las culpables de que hoy veamos gran cantidad de sífilis latentes o con localizaciones nerviosas. —Manifiesta no tener tanto temor a los fenómenos de Herxheimer, a quienes tanta importancia da el doctor Baliña, y, se basa en su práctica en el Dispensario Central, donde a pesar de los miles de inyecciones hechas, no los ha observado sino muy raramente. ■—Befiere algunos casos de sífilis oculares, retinitis, coreoretinitis, coroiditis, tratados con neosalvarsán, sin que haya habido reacción fastidiosa alguna y sin seguir la técnica del doctor Baliña, sino inyectando neo desde el comienzo. Prueba los óptimos resultados obtenidos. —Sobre las atrofias papilares, considera que el optimismo mani- festado por el doctor Baliña puede llevar a la convicción de que toda atrofia papilar es curable, lo que cree que hay interés en po- ner en claro, para no tener sorpresas desagradables. Cita casos de enfermos de esa naturaleza, en los que toda medicación es inútil. Llega a la conclusión de que, desgraciadamente, el porcentaje de unas y otras debe ser semejante. . ' —'En contestación al trabajo del doctor May sobre pronóstico en el tabes, cree que debe ser encarado haciendo una clasificación de este proceso. Si el primer período, el inicial, ofrece un pronósti- co muy favorable y la cura es fácil, no es lo mismo con los tabe3 a manifestaciones clínicas, los cuales si mejoran en su estado general, mejora asombrosa en muchos casos, su líquido persiste po- sitivo, desapareciendo la albúmina y la citología, todo a pesar de un 440 tratamiento tenaz y continuado. Frente a estos casos hay los viejos tabes, en los que si desaparecen algunos signos, persisten los másr a pesar de toda medicación. Cita distintos casos que apoyan las declaraciones anteriores. Neocle Ragusin (Buenos Aires).—Explica que usa el tratamiento- intrarraquídeo por fracaso del intravenoso. Jcsé May (Montevideo).—En lo que se refiere a la exposición del profesor Baliña, debo manifestar que ella no ha hecho sino confir- mar el alto concepto que teníamos formado de su personalidad cien- tífica, por las referencias que nos hiciera nuestro malogrado colega el doctor Julián Rosende. Sus palabras de aliento en lo que se refiere a la salvarsanotera- pia, han sido escuchadas con verdadero placer por los que estamos empeñados en la obra del Instituto, como acaba de decirlo el doc- tor Del Campo. Con el profesor Baliña, no creemos que exista sífilis benigna. Nuestra corta estadística sobre catorce casos de sífilis secundaria nos da el 50 o|o de reacción linfoeitaria y dos reacciones positivas, sin que tenga nada que ver la mayor o menor confluencia de las lesiones cutáneas, con la menor o mayor reacción meníngea que he- mos visto indistintamente en uno y en otro caso. Da lectura de nuestros trabajos demuestra que, en conjunto, es- tamos de acuerdo con la exposición hecha por el doctor Baliñar habiendo observado como él casos que serológicamente no tenían reacción alguna, y que, sin embargo, clínicamente presentaban sín- tomas de tabes, que ceden al tratamiento. No he tenido, como él, éxitos en los casos de tabes, que, como he expuesto, han llegado a la caquexia tabética o han visto aparecer nuevos síntomas, a pesar del tratamiento, o a la suspensión del tratamiento. Tampoco hemos tenido mayor éxito en los casos de atrofia óptica, a pesar de la insistencia en el tratamiento arsénica!, que hemos usado sin temor en otras localizaciones oculares — papilitis hemorrágica, trombosis de la vena central de la retina -— en contra de la opinión de algún oculista. En cuanto a lo expresado por el doctor Ragusin, sobre el uso del tratamiento intrarraquídeo de nuestros enfermos de tabes, debemos manifestar que no nos ha sido necesario recurrir a él, pues nues- tros enfermos han llegado a mejorar serológicamente y en algunos casos a desaparecer toda reacción, a pesar de lo cual persistía la sintomatologia del tabes. Fuera de los casos de tabes, en el período de meningitis sifilítica, que puede responder a cualquiera de las localizaciones nerviosas, tabes, P. G., etc., y que pueden ser latentes o con manifestaciones clínicas, cambio de carácter, irritabilidad, cansancio intelectual, trastornos oculares, etc., en estos casos hemos tenido la curación total, como tuve oportunidad de mostrar las historias y las gráficas 441 de algunos enfermos a los señores congresales doctores Wernicke, Eagusin y Boa, en la visita a la Policlínica Dermatológica. Los casos expuestos en mi trabajo son bien de tabes clínicamente diagnosticable, a pesar de las serorreacciones negativas, y aunque se busca en algunos casos que son serológicamente negativos otra etiología que la sífilis, debemos recordar que no basta la negativi- dad para descartarla. Observo y trato actualmente una señora tabética con E. W. po-> sitiva en el líquido céfalo-raquídeo, con antecedentes de abortos e hijos muertos de pocos meses; cuyo marido niega toda clase de an- tecedentes, con ganglios epitrocleanos, E> W. negativa en la san- gre y punción lumbar con E. W. negativa, 2,2 linfocitos y albúmina normal, con sindroma de tabes frustro, con un hijo de frente olím- pica, estrábico, observación que publicaré oportunamente de tabes conyugal, y que demuestra que no basta la negatividad para descar- tar la sífilis como etiología de un tabes. Pedro L. Baliña (Buenos Aires).—Insiste sobre la acción eficaz del cianuro en las afecciones oculares y elogia las intermitencias y la combinación de los medicamentos. Máximo Halty (Montevideo).—Combate la intermitencia y. elo- gia la sucesión de los diversos medicamentos. Joaquín González (México).—S’e manifiesta partidario del trata- miento intrarraquídeo y expresa las opiniones de Fordyce, basadas en 5,000 casos tratados por medicación intrarraquídea. CUARTA SESIÓN JUEVES 13 DE OCTUBRE DE 1921, A LAS 9 Presidencias de los doctores IMysses de Nonohay (Porto Ale- gre, Brasil) y Joaquín González (México) Secretario doctor Máximo Halty (Montevideo) SUMARIO Continuación de la discusión de la sesión del martes Neocle Ragusin (Buenos Aires).—En cuanto a las dificultades que se presentan al tratamiento antisifilítico en individuos intolerantes, tanto para el As. como para el Hg., creo, como lo hace el doctor Día/, en Buenos Aires, y por mi experiencia personal, que usado a altas dosis como tónico general o como espirilicida, coloca al individuo en condiciones de mejor tolerancia y de mayor receptividad para los antisifilíticos. Se trataría de dosis diarias, de inyecciones intra- musculares, de 0.60 a un gramo de cacodilato de soda. Yo me coloco en la situación del doctor May, que hace el trata- miento arsenical de la sífilis, a fines de profilaxis, es cierto, que siempre bajo la idea de su máxima esterilización, como también bajo la idea de la menor molestia al enfermo, para de ese modo obtener la mayor concurrencia de éste. Pero, cuando sea posible, oreo que debe usarse, como lo indicó Erhlich, en la Conferencia Mé- dica de noviembre de 1912 en Londres, que la fórmula Ars.+Hg-f- Yodo son medicamentos insustituibles en el tratamiento de la sífi- lis, que aisladamente son muy buenos pero, en conjunto, su acción es más enérgica y muy superior. Víctor Idoyaga (Asunción).—En lo referente al tratamiento ar- senical en la sífilis, no somos partidarios del empleo sistemático de las sales arsenicales, ni en los Institutos profilácticos ni en la clien- tela privada, pero le damos preferencia, en primer término, y em- pleamos como coadyuvante el mercurio, sobre todo en los períodos l.o y 2.°: el yodo y los yoduros en las formas terciarias. 443 Eartolomé Vignale (Montevideo).—Hace conocer ciertas formas de afecciones cutáneas que pueden ser mejoradas con la inyección a altas dosis de cacodilato de soda, y cita el caso de un lupus tu- bérculo-ulceroso tratado con el doctor Julián Rosende, — el enfermo B. S.,—que se curó con la aplicación de pomada de calomel en apli- cación local (a altas dosis) y altas dosis de cacodilato. Describe la historia completa y presenta al enfermo curado. Cita el caso de un tratamiento del lupus a base de calomel y cacodilato de soda. Cita el caso de síntomas alarmantes por el neosalvarsán, creyendo que es muy inferior al anterior. Recuerda el caso relatado de empeoramiento por el neosalvarsán y mejorado por el 606, aplicados por el doctor May, que aconsejó su aplicación. Ulysses de Nonohay (Porto Alegre). — Diz que vem trazer a debate o resultado de suas verificações a respeito das interessantes questiões, ora debatidas, e levantadas pelo illustrado Prof. Baliña. Assim a proposito dos arsenicaes, colloca-se ao lado do dr. May, considerando que o 606, conforme ao Dr. Emery, é ainda o mais enérgico de to- dos elles; afora este, o Neosalvarsán e o Sulfarsenol, este melhor tolerado em geral. Não veio grandes vantagems no Silvarsalvarsán e nemhum nas inyecções de altas doses de Cacodylato de sodio. Es- tas só se mostram as vezes activas contra as dores fulgurantes do Tabes. Sobre a intolerancia, julga que não é devida as altas doses, porém a um estado do organismo. Saliente neste ponto as insufficiencias glandulares, referindo a proposito o caso de uma senhora que não tolerara, varias vezes, a menor dose de Neo. Reconheciendo-lhe hypothiroidismo e debilidad supra-renal, fiz unos 15 diaz medicação opotherapica associada con Hg., para depois ini- ciar a serie que foi tolerada sim accidente immediato ou posterior até 0.60 centgr. Justo F. González (Montevideo).—Es conveniente en todo enfer- mo sifilítico, tratarlo para destruir el Treponema Pallidum, pero debe tenerse en cuenta que hay que tratar también la lesión espe- cifica. Los arsenicales tienen una evidente acción sobre el trepo- nema, son “espirilicidas”, los mercuriales obran sobre la lesión ce- lular, lesión producida por un especial metabolismo de la célula. En cada enfermo, hay que tener en cuenta el tiempo de su le- sión. Al principio es posible obtener el mayor éxito con el neosal- varsán, pero en un caso más avanzado habrá que añadir el mercu- rio para obtener óptimo resultado. Hay, pues, que considerar, además de la arseno-resistencia del treponema, y de acostumbramiento de los arsenicales, la base dada por el profesor Wassermann, de tratar al enfermo con arsenicaA’S y mercuriales, según los casos. 444 José May (Montevideo).—El doctor Baliña, en su respuesta, lia ex plicado más detalladamente su manera de proceder en el tratamiento de las atrofias ópticas, haciendo el empleo alternado de los tres clásicos remedios—arsénico, mercurio, yoduro de potasio,—evitando así la mitridatización, procedimiento que sigue también para las sí- filis iniciales, manteniéndose alrededor de la dosis total de 5 a 6 gramos de neosalvarsán. Con el mismo amplio criterio con que el doctor Baliña nos decía que aceptaría las modificaciones que se le propusieran, siempre que ellas fueran debidamente documentadas, nosotros, ante los resulta- dos alentadores por él obtenidos en el tratamiento de las atrofias ópticas, nos proponemos ensayarlo en nuestros enfermos. El doctor Baliña acaba de preguntar qué opinión nos hemos for- mado del valor terapéutico de los diferentes arsenicales. No voy a referirme a los casos anteriormente tratados con el 606, cuando recién apareció, y entre los cuales tenemos algunos con B. W. positivas, sin lesiones, otros con lesiones y otros completa- mente negativos. Usamos de preferencia el neosalvarsán a dosis muy grandes, no participando del temor de mitridatización, llegando a cantidades bastante grandes de medicación, como lo demostraron los gráficos expuestos correspondientes a enfermos con meningitis sifilíticas, y que dan, en un caso, 41 inyecciones en un año, total aproximado 30 gramos; en otro, 33 inyecciones en 9 meses, total aproximado 24 gramos; 4 inyecciones en un año, total aproximado 35 gramos; 87 inyecciones de neo y 20 de aceite gris, y 50 de cianuro intercalados en dos años, y para no fatigar más, cerca de 200 inyecciones en 5 años, con un total aproximado de 130 gramos. Con todo, hemos observado casos de rebeldía al tratamiento a la dosis habitual, de 0.60, 0.70 por inyección semanal. Véase el resu- men de algunas observaciones: I. Gr. Jorge, que antes de tres semanas de terminada una serie de 20 neos de 0.75 y 0.90 las últimas, tiene lesiones mucosas que persisten a pesar de dosis altas de neo semanal, alternadas con cia- nuro, lesiones que desaparecen con la inyección de 606 (arsfenami- na), y cuyo W. se hace negativo después de 5 inyecciones de 606. II. Enfermo número 1199, que a pesar de 24 inyecciones de neo- salvarsán y 11 de aceite gris intercaladas, tiene una sifílide ulce- rosa de la lengua y del labio inferior, que se cierra a la primera inyección de 0.30 de 600, y que después de 5 inyecciones de 606 te- nía aún W. positivo. III. Enfermo número 1214, que diagnosticado antes de tener ma- nifestaciones, ve aparecer, a menos de 20 días de suspender el tratamiento,—20 inyecciones de neosalvarsán,—placas mucosas re- beldes. IV. Enfermo número 1331, que a pesar de 30 inyecciones de neo- salvarsán, de 0.60 y 0.70, en pleno tratamiento, ve aparecer placas 445 mucosas en el paladar y en la lengua, que sólo desaparecen con dosis mayores de 0.90 y 1 gramo. Yr. Enfermo número 1340, que tomado antes de la aparición de manifestaciones secundarias, en pleno tratamiento evoluciona una siíílide, psoriasiforme del dorso y del prepucio, que pareció yugular el silversalvarsán. VI. Enfermo número 1349, que le aparecen placas mucosas des- pués de haber recibido 37 inyecciones de neosalvarsán, a dosis de 0.70, 0.80, 0.90 semanales. VII. Manuel L., con lesiones psoriasiformes de sifilis secunda- ria, que desaparecen con las primeras inyecciones de neoarzfenami- na, para reaparecer antes de la 10.a inyección, que resisten a una serie de inyecciones de sulfarsenol, que ceden a las dos primeras inyecciones de silversalvarsán, para reaparecer a la cuarta. Como casi todas esas lesiones han cedido a la misma medicación arsenical a dosis mayores de 0.90 y 1 gramo semanal, o al 606, no creemos que pueda hablarse de mitridatización, sino más bien de dosis insuficientes o de eliminación rápida de la medicación, o de actividad antitreponémica menor, ya sea por el factor terreno, ya sea porque la terapéutica de estos últimos años entre nosotros, casi exclusivamente arsenical, haya modificado la resistencia del trepo- nema a esta clase de modificación. Dada la manera cómo se prepara el neoarsenobenzol, no creemos, con algunos autores, que éste sea de menor valor terapéutico; ac- tualmente, lo que pasa en realidad es que, frente a casos en que la medicación en poca cantidad, 8, 10 inyecciones, en total 7, 8 gra- mos, han bastado para reducir un Wassermann y persistir negativo durante uno o dos años de observación; otros, como los ya citados, no ceden a cantidades que pueden estimarse en algunos hasta de más de 30 gramos. Si fuera efectivamente la resultante de una mi-' tridatización o de un defecto de la medicación, como usamos la misma solución en todos los casos, y a todos les aplicamos en la primera serie, 15, 20 inyecciones generalmente, alrededor de 12, 15 gramos, no hubiéramos observado las diferencias señaladas: sífilis secundarias, que después de 8, 10 inyecciones tienen su W. negati- vo sin manifestaciones, al lado de otros, como los referidos más arriba, en que sin lesiones o con lesiones que desaparecieron a las primeras inyecciones, para reaparecer en pleno tratamiento, a las pocas inyecciones o a los pocos días de haberlas suspendido. No creemos, pues, que sea cuestión de aeostumbramiento, de ra- zas de treponemas arsenorresistentes, ni de pérdida del valor cura- tivo del neosalvarsán, ni aun mismo, como se verá por los cas03 siguientes, de exaltación de virulencia por pasaje, como en los de- más virus. Véanse, para comprobarlo, dos ejemplos: El enfermo número 1349, cuyas lesiones resisten a 37 inyecciones 446 de neosalvarsán, sifiliza a su mujer, que después de veinte inyec- ciones de neosalvarsán tiene su W. negativo. El otro ejemplo es más demostrativo. Una enferma, M. A., da a luz un hijo sifilítico, amamantado por un ama (enferma número 1425), que adquiere dos chancros del seno, uno en cada pezón. Esta sifiliza a su vez a su hija de dos años, por chancro del labio (en- ferma número 1500), con accidentes mucosos, niña que contagia a tres hermanos de la madre, a dos de los cuales asisto. Pues bien: M. A., cuyo hijo ha fallecido, tiene K. W. negativa persistente por varios meses, sin tratamiento, después de una serie de 15 inyecciones de neosalvarsán; la madre y los dos tíos de la en- ferma número 1500, tienen W. negativo, después de una corta se- rie de neosalvarsán; en cambio, la enferma número 1500, ve apa- recer lesiones que habían desaparecido, apenas cesa el tratamiento, por quince días, y que son muy rebeldes. Véase bien que es factor importante, por no decir único, el te- rreno, y no la medicación: terreno distinto, esposo y esposa, ésta cura rápidamente; terrenos comparables o idénticos el de M. A., y la madre y tíos, ven su W. hacerse negativo rápidamente, mientras que la chica en que hay cruza, da un terreno en que el treponema es recidivante. De ahí que concluyamos que en los casos de lesiones persistentes, a pesar de la medicación intensa, la causa de esta resistencia estri- ba en el terreno, coeficiente personal. Esa pequeña revista de casos y de la terapéutica empleada, mues- tra que el valor curativo del sulfarsenol y. del silversalvarsán, que lo empleamos precisamente donde fracasó el neo, a fin de poder comparar los resltados, no es superior a éste; en cambio, el 606, triunfó ampliamente, demostrando una actividad mayor. Actualmente, para el estudio comparativo, haremos un grupo de enfermos que trataremos con neosalvarsán y mercurio, asociaremos el yoduro de potasio, de acuerdo con la fórmula, oportunamente re- cordada en el Congreso por nuestro distinguido colega argentino, doctor Neocle Eagusin y que sostuvo ya Erlilich, de que arsénico-p mercurio+KI, constituye la fórmula máxima para combatir la sí- filis. Hemos de exponer en un trabajo futuro, el resultado de nuestra experiencia. El doctor Del Campo ha reclamado la opinión de los señores con- gresales sobre la punción lumbar, objeto de profundas críticas por algunos colegas. Pues bien: nosotros que la hemos practicado en todos los enfer- mos .que la han aceptado, creemos, compartiendo el criterio general, que es imprescindible como elemento de diagnóstico y de orientación terapéutica. Precisamente, uno de los capítulos de mi exposición versa sobre la importancia de las pequeñas linfocitosis en el líquido céfalo-raquí- 447 deo, y demuestra que en todos los casos en que existe un ligero aumento, hay trastornos clínicos o subjetivos, así como también pone de relieve las alteraciones en el período secundario. En ese capítulo, expongo mi criterio sobre cuándo debe practicarse la punción lumbar. Me parece demasiado largo el plazo que fija Eavaut, dentro de los primeros cuatro años, pues sería necesario tratar casi a ciegas en ese período a un enfermo, con un tratamiento crónico, intermi- tente, ya que no se puede dejar a un enfermo sin tratamiento por largo tiempo, sólo porque la reacción en la sangre sea negativa. Siguiendo lo aconsejado por Vernes, he hecho la punción lumbar después de ocho meses de E. W. negativos en el suero sanguíneo, pero mi observación me demuestra que hay muchos enfermos que tienen una punción lumbar positiva, de modo que han estado per- diendo 8, 10 meses y aún más para los efectos del tratamiento. Por otra parte, el reproche mayor que se hace a la practica de la punción lumbar en el período secundario es el temor de que la perforación por la aguja abra paso fácil al treponema por vía san- guínea, temor que juzgamos injustificado, pero que, teniéndolo en cuenta, nos ha llevado a aconsejar la punción en el momento en que después de una o dos series de inyecciones tengamos un resul- tado negativo. Máximo Halty (Montevideo).—Cree que teóricamente no puede sostenerse el peligro de la infección meníngea por punciones hechas en enfermos secundarios, por cuanto en este período la sífilis es una septicemia y la duramadre está ampliamente irrigada y, por lo tan- to, está impregnada por el microorganismo causal. Elogia la acción del sulfarsenol, y manifiesta que está probada su eficacia y tolerancia. Ha utilizado el bicarbonato de soda dado en ingestión, el día an- terior y el día de la inyección, con buen resultado en muchos casos, para prevenir las crisis mitritoideas, expresando que lo ha puesto en práctica cuando la adrenalina no le ha dado el resultado que deseaba. , Joaquín González (México). — Cree conveniente tratar cada en- fermo particularmente con mercurio o con arsénico, según los bene- ficios que pueda reportarle. Pedro L. Baliña (Buenos Aires). — Dice que gradúa la duración del ' tratamiento, según las mejorías que nota. Sobre las punciones lumbares hechas en el período secundario, dice que está probado que cuando hay reacción meníngea, esto indica la presencia del trepo- nema en el líquido céfalo-raquídeo, y dice que analizadas las ven- tajas y los inconvenientes de la punción lumbar, propone que el Congreso manifieste que ésta debe practicarse toda vez que se con- sidere necesaria. Habla sobre enemas en el caso de no poder hacer tratamiento por otra vía. Pero, manifiesta (y presenta un caso en su apoyo de un 448 niño con sitílides erosivas persistentes y resistentes a todos los me- dicamentos y que desapareció con la inyección intravenosa de neo;, que cree en la superioridad de la vía endovenosa. Octavio V. López (Montevideo).—Con respecto a la salvarsano- terapia intrarraquídea, me permito mencionar las conclusiones a que ambo el protesor de Neurología de la Facultad de Buenos Aires, •doctor Mariano Alurralde, quien en compañía del doctor Mersba- cher y simultáneamente el doctor Bagusin, fueron los primeros que aplicaron este nuevo método terapéutico en nuestro país, en el año 1914. Sus observaciones fueron discutidas en la Sociedad Médica y han sido resumidas, varias de ellas, en la tesis de doctorado de- doctor Tulio Moritán Coimán. El doctor Alurralde opinaba en esa época, que el tratamiento poi la vía intrarraquídea del novarsenobenzol, sólo debía realizarse des- pués del fracaso de todos los demás medios terapéuticos, es decir, era un tratamiento de EXCEPCION y sólo debía iniciarse con do- sis mínima de medicamento (uno o dos miligramos disueltos en el líquido céfalo-raquídeo). Método de Schubert. En este orden de ideas, estableció la siguiente conclusión tera- péutica: El tratamiento intrarraquídeo por el neosalvarsán sólo se justifica en los enfermos MERCURIO Y ARSENO-RESISTENTES. De acuerdo con las nuevas modalidades terapéuticas, que han mo- dificado fundamentalmente su dosificación, como lo revelan los tra- bajos y observaciones del profesor Baliña, que ve en las NEURO- RECIDIVAS, focos larvados en actividad, al estímulo de la medi- cación, y que requieren la intensidad del tratamiento; y recordan- do, que en la primera era del método de Erhlich, se aplicaba el tra- tamiento de los arsenicales con las reservas prudenciales que en- gendraban la nueva vía de experimentación, es presumible, que los enfermos catalogados en mercurio y arseno-resistentes, obedecieran a TECNICAS BE DOSIFICACION, restringiendo, por lo tanto, en la actualidad, el campo de sus indicaciones terapéuticas. Fundadas estas reservas, me permito exponer las indicaciones del método: l.o En las sífilis nerviosas sistematizadas (parálisis general y ta- bes) EN LOS PRIMEROS PERIODOS. 2.o En la sífilis cerebral apopletiforme o en determinadas formas mentales. Son sus contraindicaciones formales, casi absolutas, el tabes y parálisis general EN EL SEGUNDO PERIODO. En este caso, parece reanimarse el proceso anatómico de las le- siones . Como se ve, sus indicaciones son bien limitadas, hacen un método excepcional de tratamiento y la distinción entre primero y segun- do período del tabes hacen algo ESQUEMATICAS SUS INDICA- CIONES. 449 Y ya que se hace referencia a los métodos intrarraquídeos y por vía sanguínea de los arsenicales en la sífilis nerviosa, debemos men- cionar y recordar el tratamiento por las inyecciones solubles, a do- sis intensivas, de los mercuriales (METODO DE PROKHOROW), con modificaciones en la técnica, en lo que respecta a su dosifica- ción, y que fué objeto de un trabajo de conjunto de ios profesores Aberastury y Semprúm, en el Congreso de 1904. Héctor Del Campo (Montevideo). — Ve con placer que el Congre- so se haya pronunciado de acuerdo con su proposición de la sesión anterior, haciendo recalcar la innocuidad y utilidad de la punción lumbar. —Pone de manifiesto la necesidad de utilizar toda medicación contra la sífilis, pues es indispensable atacarla fuerte desde el pri- mer momento. —Hace notar que la bondad del neosalvarsán actual, como del novarsenobenzol, no es la misma que la de hace 5 o 6 años. Pone de manifiesto los accidentes a que da lugar, que no se observaban antes. Pide la rehabilitación que se merece el viejo 606, del cual cita casos que prueban su superioridad sobre los arsenicales ac- tuales. —'Estudia los demas medicamentos: Silbesalvarsán, sulfarsenol, mercurio; el uso de enemas de arsenicales o supositorios mercuria- les, de cacodilato de soda, citando los casos en que estos últimos deben ser empleados y los resultados obtenidos por los primeros. —'Considera que en la intolerancia de los enfermos a los arseni- cales, hay gran parte de ella imputable a la idiosincrasia del en- fermo, otra a la calidad del medicamento y deja un margen para la hipótesis de la mitridatización. Cita casos en apoyo de su tesis. —Por último, estudia el tratamiento en los niños, aceptando el criterio de los doctores Baliña y, Ragusin; pero dejando estableci- do que en cuanto sea posible, debe utilizarse el neo, porque los re- sultados obtenidos son realmente satisfactorios. Miguel Aguerre Aróstegui (Montevideo).—Teniendo en cuenta la importancia considerable y las ventajas del tratamiento de la sífilis por el 914, vía endovenosa, en niños de pocos meses, me permito aconsejar el uso más frecuente de la vena yugular para ello. Du- rante mi interinato en el Asilo Dámaso Larrañaga, Servicio del doc- tor Carrau, hice uso frecuente de dicha vía, y mi impresión de su bondad no puede ser más excelente. La facilidad de su punción ■es igual a la de una gruesa vena del pliegue del codo. La técnica que usaba era la siguiente: aguja fina de inyección subcutánea; jeringa corta de uno o dos ce.. El niño, tenido por dos enfermeras, se coloca de costado sobre una mesa, con el cuellp y cabeza des- bordando. La enfermera que tiene la cabeza échala hacia abajo. El niño, al llorar, muestra su yugular, haciendo saliente, en caso de 450 que sea delgado, y si es grueso, por el tacto se nota perfectamente a través del tejido celular. En ese momento se puede hacer la pun- ción. La enfermera que tiene el cuerpo del niño, puede, poniendo el dedo sobre la vena yugular a la altura de la base del cuello, evi- tar que se vacíe al hacer el niño inspiraciones, facilitando así la punción. Poniendo rápidamente al niño en la vertical y usando agujas finas, se evita la salida de sangre al tejido celular, y con ello la intranquilidad que causa a las madres las sufusiones sanguíneas subcutáneas, tan extendidas, del cuello, debido a la laxitud del te- jido celular. Pedro L. Baliña (Buenos Aires).—Ha visto practicar en los niños inyecciones intravenosas en las venas yugulares o en el seno lon- gitudinal por la fontanela. Cree útil el salvarsán sódico y cree que sería óptimo si fuera tan eficaz como el 606. El cacodilato debe usarse sólo como adyuvante, pues cree que es superior el neo aún como tónico. Sobre el silbersalvarsán dice que a veces es conveniente, pues evita la crisis que las sensaciones olfativas provocan con el neo. Continúa diciendo que, aunque todos los arsenicales son análogos, hay susceptibilidades para cierta clase de ellos. Ha podido com- probar por cutirreacción intolerancias exclusivas al cacodilato de soda. La intramina de Mac Donagh es ineficaz. Bartolomé Vignale. (Montevideo).-—El cacodilato a altas dosis se ha usado en el Uruguay, en la Policlínica Dermosifilopática, a dosis continuadas de 4 gramos, siendo bien tolerado. QUINTA SESIÓN JUEVES 13 DE OCTUBRE DE 1921, A LAS 15 Presidencias de los doctores Adolpho Luiz (Río ele Janeiro), Khotaro Kohda {Tokio) y Joaquín González (México) Secretario: doctor Máximo Halty (Montevideo) SUMARIO Pedro L. Baliña.—Proposición sobre accidentes en las inyecciones in- travenosas . Antonio Eugenio de Arêa Leão. — Reacción de Wassermann y Sachs- George. (Trabajo leído por el doctor Silva Araujo). Antonio Eugenio de Arêa Leâo.—Reacción de Wassermann en las Leishmaniosis americanas. (Trabajo leído por el doctor Silva Araujo) . Alberto Scaltritti.—Combinación de los procedimientos de fiocula- ción y fijación del complemento en el diagnóstico serológico de la sífilis. Alberto Scaltritti.—Consideraciones sobre 50,000 reacciones de Was- sermann. Alberto Scaltritti.—Floculo-albúmino-reacción de Noguchi. Justo F. González.—Reacción de Wassermann: antígeno, sustancia Wassermann y escala. José May y A. Prunell.—Nuevo método para el diagnóstico precoz de la sífilis. José May.—Relaciones entré la reacción de Wassermann y la clí- nica. * Discusión general de los trabajos anteriores. Proposición del doctor Pedro L. Baliña (Buenos Aires) sobre inyecciones intravenosas El doctor Baliña propone que el Congreso declare que pueden ocurrir casos de muerte imprevista, a raíz de inyec- ciones endovenosas de cualquier remedio, hechas en condi- 452 ciones irreprochables de técnica, en nada imputables al me- dicamento en sí mismo, ni a las circunstancias en que se le administra. Esta proposición fue aprobada por unanimidad. As reaccóes de Wassermann e Saclis-George pelo dr. Antonio eugenio de area leão (Río de Janeiro) Del Instituto Oswaldo Cruz (Trabajo leído por el doctor Oscar da Sirva Araujo) A precipitação que se observa quando se poém eui contac- to soro syphilitico e antigeno, já era phenomeno desde mui- to observado, antes mesmo da descoberta do treponema e da existencia da reacção de Wassermann, embora não lograsse passar á pratica corrente. Neubauer e Elias, Salomon, Porgés, Meier e Porgés, Ali- chaelis, observaram a formação de um precipitado quando postos em contacto sôros syphiliticos e antigeno de orgão ou soluções de lecithina ou glycocliolato de sodio. A reacção de Hermann-Perutz já é um bom processo de precipitação e de concordancia mais apreciável com a reacção de Wassermann. O antigeno aqui usado é absolutamente artificial, é um anti- geno chimico. A difficuldade de se obtêr um bom antigeno está na bôa qualidade das substancias empregadas: a clioles- terina e o glycocliolato de sodio. Meinicke observou cjue to- dos os sôros (excepcionalmente os negativos), são capazes de flocular em presença de um antigeno especial; más, em- quanto o precipitado dos sôros negativos se dissolve com fa- cilidade e desapparece pelo addicionamento de uma solução salina de concentração dosada, o formado pelos sôros positi- vos se conserva, em nada se alterando. Aqui é empregado um antigeno de orgão, o coração de boi em concentrações diversas. Não é muito fácil preparar-se um bom antigeno; mas quando se o consegue as reacções são bem exactas. Jacobsthal observara a floculação do sôro syphilitico em presença do antigeno de figado de feto heredo-syphilitico. Deste facto creou a sua reacção para o diagnostico da syphi- lis. Entretanto esse phenomeno se não observa com regu- laridade, porquanto, muita vêz, sôros absolutamente positi- vos pelo processo de Wassermann não floculam com o pro- cesso de Jacobsthal. A falta de constancia e a irregularida- 453 de no apparecimento da reacção são sulficientes para que não mereça confiança. O methodo deseripto por ¡Sachs e George é cios processos de floeulagão, a nosso vêr, o melhor. A sua technica é mnito mais simples e os resultados da reacção comparados a de Wassermann, são de urna concordancia muito grande em to- das as estadisticas até hoje conhecidas. Tivemos occasião de fazêr comparativamente as duas reac- ções, de Wassermann e Saehs-George, em 2,000 sôros. Usá- mos 3 extractos alcoolicos de coração de boi, preparados na proporção de 1 gr. de orgão para 5 cc. de alcool absoluto ; o todo era collocado na estufa a 37° c., durante 15 dias, no fim dos quaes era filtrado em papel de filtro e obtinha-se assim o extracto alcoolico prompto a servir de antigeno. A difficuldade de preparar um bom antigeno está no addicio- namento de cholesterina, porque é preciso vêr o optimo a ajuntar á cada antigeno para que elle flocule sempre, em presença do sóro syphilitico. A quantidade de cholesterina a addicionar á cada antigeno varia com cada orgão usado e com a qualidade da cholesterina. Isso entretanto pódese de- terminar, dosando-se, em presença de sôros positivos e ne- gativos, verificados pela reacção de Wassermann, o antigeno com doses crescentes de cholesterina. Procede-se então do se- guinte modo: colloca-se em tubos de ensaio 1 cc. de solução concentrada de antigeno, juntam-se em cada tubo 2 cc. de alcool absoluto e em seguida uma solução alcoolica de cho- lesterina á 1 ojo, desde 0.1 até 1 cc. Dilui-se depois cada urna destas soluções em agua physiologica á 0.85 o¡o na propor- ção de 1 para 6; tendo-se o cuidado de primeiro juntar á 1 cc. da solução alcoolica, 1 cc. de agua physiologica, agitar bem e depois juntar de urna só vez 4 cc. de agua physiolo- gica; agitar novamente, e tem-se assim o antigeno prompto á sêr empregado. Agora toma-se 1 cc. de diversos sôros, po- sitivos e negativos, diluidos em agua physiologica a 1 p. 10 e junta-se 0.5 de antigeno. Peito isso para todas as diluições preparadas, deixa-se permanecer na estufa á 37° c. durante 24 horas, quando então se leem os resultados. Vêr a dose minima de cholesterina que. ajuntada ao antigeno, produziu forte precipitado com os sôros positivos, deixando os nega- tivos intactos e esta será a dose óptima para a reacção. Se a floeulação começar com doses minimas de cholesterina, des- de 0,1 por exemplo, fazêr nova dosagem com doses inferiores; no caso contrario, o que é muito raro, só quando o antigeno preparado é muito fraco, ou a cholesterina de qualidade in- ferior, elevar a quantidade desta em cada tubo. 454 Assim como os antigenos usados para a reacção de Was- sermann devem sêr experimentados com numerosos soros conhecidos, positivos e negativos e comparativamente com soluções antigenicas já conhecidas; também na reacção de Sachs-George o antigeno deve sêr dosado e bem experimen- tado antes de se o usar definitivamente. Com essa technica obtivemos bons antigenos'e com elles practicámos 2,000 reac- ções de Sachs-George comparadas a reacção de Wassermann. Technica da reacção. — 1 cc. de sóro diluido á 1 p. 10 mais 0.5 da emulsão arpiosa do antigeno á 1 p. 6. Teste- munhos: sôro positivo e negativo conhecidos, 1 cc. de cada um diluido á 1 p. 10 mais 0.5 do antigeno; 1 cc. da agua physiologica usada na reacção mais 0.5 de antigeno, para verificar se ha floculação. Usámos sempre tres extractos perfeitamente dosados; as reacções permaneciam na estufa á 37° c. durante 24 horas no fim das quaes eram lidos os resultados. Obtivemos o seguinte: Reacção de Wassermann positiva Reacção de Sachs-George positiva 684 Reacção de Wassermann negativa Reacção de Sachs-George negativa 1,178 Reacção de Wassermann positiva Reacção de Sachs-George negativa 74 Reacção de Wassermann negativa Reacção de Sachs-George positiva 64 Concordancia 93.1 % Discordancia 7.4 ” 455 A reacçáo de Wassermann na leishmaniose americana pelo dr. Antonio eugenio de area leao (Río de Janeiro) Do instituto Oswaldo Cruz (Trabajo leído por el D.-. Osear da Silva Araujo) Encarregado do serviço de Reacção de Wassermann no Instituto O'swaldo Cruz, tivemos occasião de examinar o soro ■sanguíneo de 60 doentes de Leishmaniose americana. Estes pacientes pertenciam todos ao serviço de Clinica Dermatoló- gica e Syphiligraphica da Faculdade de Medicina do Rio de Janeiro a cargo do professor doctor Fernando Terra. O diagnostico clinico da leishmaniose presta-se a confusão com as lesões semelhantes occasionadas pela syphilis e só a historia clinica de cada caso e o exame detalhado e minucioso •de cada doente, poderão affastar ou descobrir a syphilis. O exame serologico nas nossas observações vinha esclarecer por ■demais o diagnostico, porque dos 60 casos que observamos, nem um só de leishmaniose pura, isento de syphilis, desviou o complemento. A technica que usámos foi a seguinte: empregávamos sem- pre 6 antigenos: ligado de feto heredo-syphilitieo (extracto nleoolico), coração humano (extracto alcoolico cholesterinisa- do), coração de boi (extracto alcoolico cholesterinisado), an- tigeno de lipoides insolúveis na acetona (technica de Nogu- chi), antigeno de Bordet (lipoides insolúveis na acetona), an- tigeno de Lesser (extracto ethereo do orgão). Antes de praticar as reaeeões faziamos as seguintes provas: 1. Verificação do titulo do soro hemolytieo empregado, na presença dos glóbulos de carneiro e complemento de cobaia, usados no dia. 2. Dosagem do complemento usado, com duas unidades he- molysantes; com o fim de verificar a dose minima necessaria a hemolyse. 3. Verificação do poder impediente dos antigenos, isto é, da sua capacidade de por si só absorver o complemento. Em- pregávamos o dobro da dose de cada antigeno, empregada na reacção; a quantidade de complemento já determinada pela sua dosagem e glóbulos de carneiro sensibilisados com duas unidades hemolysantes. 4. Verificação do poder fixador dos antigenos experimen- tando-os com soros reconhecidamente positivos e negativos. 456 5.° Verificar se por se só o sóro liemolytico, o complemento,, os antigenos e a agua physiologic-a hemolysavam os glóbulos. Feitas todas estas provas com o fin de nos assegurarmos do. bom íunecionamento de todos os elementos á empregar na reacção, procedíamos o exame do sôro depois de o inactivar 1¡2 hora a 56° c. Sempre empregámos 0.2 de sóro para 0.2 de antigeno e um tubo com 0.2 de sóro e sem antigeno que servia de testemunho do sóro. Estas doses a practica nos tem indicado como as mais sensiveis para a reacção de Wassermann. A incubação era feita em banho-maria na temperatura de 37° c. durante 1 hora, após isso então juntavamos os glóbulos sensibilisados com duas unidades hemolysantes. Os resultados eram lidos no fim de 1 hora, ou melhor quan- do todos os testemunhos dos sôros estavam hemolysados. Com esta technica nunca nos foi dado encontrar reaeções de Wassermann positivas em sôros sanguíneos de doentes que só soffriam de leishmaniose, tendo o exame clínico cuidadoso affastado a syphilis. Em todas as nossas observações onde a reacção de Wassermann foi positiva a syphilis era clínica- mente encontrada e o tratamento especifico vinha comprovar a nossa observação. Nestes casos a administração única do tartaro emetico pelo processo descoberto por Gaspar Vianna, não era sufficiente para curar completamente o doente e em- pregada conjuntamente a medicação especifica da syphilis,. ella vinha apressar e completar o tratamento. Era, pois, o diagnostico therapeutico confirmando o que haviam descober- to a clinica e a reacção sorologica. O tartaro emetico não e capáz de cicatrizar lesões sypbiliticas, nem também a medica- ção especifica da syphilis cura a leishmaniose. Só a existencia das duas molestias no mesmo individuo podem explicar a uti- lidade e os bons resultados das duas medicações usadas. Ass’m pensamos que a prova therapeutica aqui tinha grande valor, e as reaeções de Wassermann positivas indicavam bem a pre- sença da syphilis e não corriam por conta da leishmaniose. Dos doentes por nós observados um teve êxito letal; foi o número 27. A observação e autopsia vamos resumir ligeira- mente nos pontos que nos interessam. O doente baixou á en- fermaria apresentando uma grande ulceração no nariz, que se estendia a região malar de cada lado; septo cartilaginoso e partes ósseas destruidas; perforação do véo do paladar; labio superior completamente ulcerado; destruição da uvula, pila- res e extendendo-se a ulceração ao pharvnge e larynge onde destruía, as cordas vocaes; nos membros existían numerosas ulceras de varios tamanhos. O exame microscópico de esfre- 457 gaços das ulceras quer cutáneas, quer mucosas, revelou a pre- sença de numerosas leishmanias. A reacção de Wassermann foi fortemente positiva com os 6 anügenos referidos. O doen- te veio a fallecêr dias depois, e a autopsia revelou uma tuber- culose miliar aguda que victimara o paciente (aliás seja dito aqui, embora de passagem, a leishmaniose tegumentar mucosa atacando as vias respiratorias e viciando a respiração traz quasi sempre como consequência um processo tuberculoso, que se desenvolve insidiosamente e occasiona quasi sempre a mor- te do paciente). Ao longo do tubo intestinal se encontravam numerosas ulceras que o exame histo-pathologico verificou tratar-se de lesões características da syphilis. No corte das lesões da bocea e da pelle foram encontradas numerosas leish- manias. Os orgãos mostravan lesões syphiliticas pelo exame microscópico. Esta observação é por demais demonstrativa não necessitando de outros commentarios. CONCLUSÕES 1. O sóro sanguíneo de doentes de leishmaniose americana, sob cualquer dar suas formas—cutánea, mucosa ou mixta — não desvia o complemento, isto é, não dá reacçÕes de Wasser- mann positivas. 2. Nos casos onde se encontra uma reacção de Wasser- mann positiva no sôro sanguineo de doentes de leishmaniose americana, esta reacção revela a presença da syphilis concu- mitantemente com a leishmaniose. OBSERVACOES Número 1. J. M., 58 annos, viuvo, brazileiro, Districto Federal. Leishmaniose tegumentar forma cutánea. Eeacção de Wasser- mann: Negativa. Número 2. C. C. S., brazileiro, branco, 42 annos, solteiro. Estado do Eio. Leishmaniose tegumentar forma eutanea. Eeacção de Wassermann: Negativa. Número 3. J. P. S., brazileiro, branco, 44 annos, casado. Estado de Minas-Geraes. Leishmaniose tegumentar forma cutánea. Eeacção de Wassermann: Negativa. Número 4. J. S. J., branco, 52 annos, viuvo. Estado do Eio de Ja- neiro. Leishmaniose tegumentar mixta. Eeacção de Wasser- mann: Negativa. Número 5. C. P., grego, branco, 43 annos, casado. Districto Federal. Leishmaniose tegumentar mixta. Eeacção de Wassermann: Ne- gativa. 458 Número 6. O. A. S., brazileiro, branco, 34 anuos, solteiro. Estado de Minas-Geraes. Leishmaniose tegumentar eutanea. Eeacção de Wassermann: Negativa. Número 7. A. S., brazileiro, preto, solteiro, 26 annos. Di&iricto Fede- ral. Eeacção de Wassermann: Negativa. Leishmaniose tegumen- tar mixta. Número 8. A. M., portuguêz, branco, 60 annos, casado. Estado do Eio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar mixta. Eeacção de Wassermann: Negativa. Número 9. O. S., brazileiro, branco, 34 annos, solteiro. Estado de Minas Geraes. Eeacção de Wassermann: Negativa. Leishmanio- se tegumentar mixta. Número 10. M. B. O., brazileiro, branco, 60 annos, viuvo. Estado de Minas-Geraes. Eeacção de Wassermann: Negativa. Leishma- niose tegumentar mixta. Número 11. M. A. L., brazileiro, branco, 32 annos, casado. Districto Federal. Leishmaniose tegumentar mixta. Syphilis terciaria. Eeacção de Wassermann: Positiva. Número 12. J. F. A., brazileiro, pardo, 25 annos, casado. Estado do Eio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar mixta. Eeacção de Wassermann: Negativa. Número 13. A. M., turco, branco, 35 anos, solteiro. Districto Fede- ral. Leishmaniose mixta. Eeacção de Wassermann: Negativa. Número 14. A. F., brazileiro, branco, 19 annos, casado, Districto Federal. Leishmaniose tegumentar cutánea. Eeacção de Wasser- mann: Negativa. Número 15. A. B. O., brazileiro, branco, 30 annos, solteiro. Distric- to Federal. Leishmaniose tegumentar mucosa. Eeacção de Was- sermann: Negativa. Número 16. L. L., portuguêz, branco, 42 annos, casado. Estado de S. Paulo. Leishmaniose tegumentar mixta. Syphilis terciaria. Eeacção de Wassermann: Positiva. Número 17. G. T., brazileiro, preto, 45 annos, solteiro. Districto Fe- deral. Leishmaniose tegumentar mixta. Syphilis terciaria. Eeae- ção de Wassermann: Positiva. Número 18. A. M. G., portuguêz, branco, 63 annos, solteiro. Distric- to Federal. Leishmaniose tegumentar cutánea. Eeacção de Was- sermann: Negativa. Número 19. A. E. L., brazileiro, pardo, 22 annos, solteiro. Estado de Minas-Geraes. Leishmaniose tegumentar mixta. Eeacção de Wassermann: Negativa. Número 20. M. A. L., brazileiro, pardo, 35 annos, solteiro. Estado do Piaúhy. Leishmaniose tegumentar mixta. Syphilis terciaria. Eeacção de Wassermann: Positiva. Número 21. O. S. A., brazileiro, branco, 35 annos, casado. Estado do Eio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar mixta. Eeacção de Wassermann: Negativa. 459 Número 22. M. S., brazileiro, préto, 35 annos, solteiro. Estado do Rio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar mixta. Reacção de Wassermann: Negativa. Número 23. C. J. S., brazileiro, pardo, 56 annos, solteiro. Estado do Rio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar mixta. Svphilis ter- ciaria. Reacção de Wassermann: Positiva. Número 24. A. F., brazileiro, branco, 22 annos, solteiro. Estado do Rio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar cutánea. Reacção de Wassermann: Negativa. Número 25. J. A. F., brazileiro, branco, 32 annos, solteiro. Estado do Rio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar mixta. Reacção de Wassermann: Negativa. Número 26. A. M. G., portuguéz, 60 annos, solteiro. Estado de S. Paulo. Leishmaniose tegumentar cutánea. Reacção de Wasser- mann: Negativa. Número 27. O. F., brazileiro, prêto, solteiro. Estado de Minas Ge- raes. Leishmaniose tegumentar mixta. Syphilis terciaria. Tuber- culose miliar aguda. Reacção de Wassermann: Fortemente po- sitiva. Número 28. J. C., brazileiro, préto, 25 annos, solteiro. Estado de Minas-Geraes. Leishmani’ose tegumentar mixta. Reacção de Wassermann: Negativa. Número 29. J. F. S., brazileiro, préto, 20 annos, solteiro. Estado do Rio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar cutánea. Reacção de Wassermann: Negativa. Número 30. J. S., turco, branco, 33 annos, casado. Distrieto Fede- ral. Leishmaniose tegumentar mixta. Reacção de Wassermann: Negativa. \ Número 31. J. G. S., brazileiro, préto, 25 annos, solteiro. Estado do Rio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar cutánea. Reacção de Wassermann: Negativa. Número 32. C. J., brazileiro, branco, 27 annos, solteiro. Estado de Minas-Geraes. Leishmaniose tegumentar cutánea. Reacção de Wassermann: Negativa. Número 33. M. P., brazileiro, branco, 32 annos, casado. Distrieto Federal. Leishmaniose tegumentar mixta. Reacção de Wasser- mann: Negativa. Número 34. M. L., brazileiro, préto, 24 annos, solteiro. Estado do Rio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar mixta. Reacção de Wassermann: Negativa. Número 35. F. I., brazileiro, branco, 35 annos, solteiro. Estado de Minas Geraes. Leishmaniose tegumentar cutánea. Reacção de Wassermann: Negativa. Número 36. J. C., brazileiro, branco, 39 annos, solteiro. Estado de S. Paulo. Leishmaniose tegumentar mixta. Syphilis terciaria. Reacção de Wassermann: Positiva. 460 Número 37. A. C. M., portuguêz, branco, 45 anuos, casado. Districr • Federal. Leishmaniose tegumentar mixta. Syphilis terciaria. Reacção de Wasserinann: Positiva. Número 38. A. F. F., brazileiro, branco, 24 annos, solteiro. Estado do Rio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar cutánea. Reacção de Wassermann: Negativa. Número 39. A. N. O., portuguêz, branco, 32 annos, solteiro. Distrie- to Federal. Leishmaniose tegumentar mixta. Reacção de Was- serman: Negativa. Número 40. B. R., brazileiro, branco, 19 annos, solteiro. Estado de Rio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar mixta. Syphilis he- reditaria tardia. Reacção de Wassermann: Fortemente positiva. Número 41. C. J. G., italiano, 27 annos, casado, branco. Estado de S. Paulo. Leishmaniose tegumentar mixta; syphilis terciaria. Reacção de Wassermann: Positiva. Número 42. J. Z., italiano, branco, 34 annos, casado. Estado do Rio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar mixta. Reacção de Was serman: Negativa. Número 43. J. M., brazileiro, pardo, 28 annos, solt. Districto Fe- deral. Leishmaniose tegumentar mixta. Reacção de Wassermann Negativa. Número 44. G. N. O. brazileiro, branco, 48 annos, casado. Estado do Rio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar mixta. Reacção de Wassermann: Negativa Número 45. A. C., portuguêz, branco, 50 annos, solteiro. Districto Federal. Leishmaniose tegumentar mixta. Reacção de Wasser- mann: Negativa. Número 46. A. J. C., portuguêz, branco, 42 annos, solteiro. Dis- tricto Federal. Leishmaniose tegumentar cutánea. Reacção de Wassermann: Negativa. Número 47. M. S. S., brazileiro, pardo, 29 annos, solteiro (em tran- sito). Leishmaniose tegumentar mixta. Syphilis terciaria. Reac- ção de Wassermann: Positiva. Número 48. S. P., brazileiro, branco, 36 annos. solteiro. Estado do Rio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar cutánea. Reacção de Wassermann: Negativa. Número 49. G. N. O., brazileiro, branco, 50 annos, casado. Estado do Rio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar mixta. Syphilis terciaria. Reacção de Wassermann: Positiva. Número 50. P. A., portuguêz, branco, 26 annos, solteiro. Districto Federal. Leishmaniose tegumentar cutánea. Reacção de Was- sermann: Negativa. Número 51. A. G., brazileiro, branco, 34 annos, solteiro. Districto Federal. Leishmaniose tegumentar mixta. Reacção de 'Wasser- mann: Negativa. Número 52. M. F. P., portuguêz, branco, 40 annos, solteiro. Estado 461 do Kio de Janeiro. Leishmaniose tegumentar mixta. Syphilis terciaria. Reacção de Wassermann; Positiva. Número 53. P. A. C., brazileiro, pardo, 33 anuos, casado. Estado da Parahyba. Leishmaniose tegumentar mixta. Syphilis. Reacção de Wassermann: Positiva. Número 54. A. P. M., portuguêz, branco, 40 annos, solteiro. Estado de S. Paulo. Leishmaniose tegumentar mixta. Syphilis. Reacuño de Wassermann: Positiva. Número 55. J. G., brazileiro, pardo, 36 annos, solteiro. Estado do Es- pirito Santo. Xjeishmaniose tegumentar cutánea. Reacção de Wassermann: Negativa. Número 56. M. N., brazileiro, pardo, 24 annos, solteiro. Estado do Paraná. Leishmaniose tegumentar cutánea. Reacção de Wasser- mann: Negativa. Número 57. A. W. M., americano do Norte, branco, 33 annos, sol- teiro (em transito). Leishmaniose tegumentar cutánea. Reacção de Wassermann: Negativa. Número 58. F. S. T., brazileiro, branco, 49 annos, casado. Estado da Bahia. Leishmaniose tegumentar cutánea vegetante. Syphilis. Reacção de Wassermann: Positiva. Número 59. P. A., brazileiro, pardo, 34 annos, solteiro. Estado do Matto-Grosso. Leishmaniose tegumentar mixta. Syphilis. Reac- ção de Wassermann: Positiva. Número 60. M. E. F., brazileiro, pardo, 31 annos, casado. Estado de Minas-Geraes. Leishmaniose tegumentar cutánea verrucosa. Reac- ção de Wassermann: Negativa. Sobre la combinación de los procedimientos de floculación y fijación del complemento en el diagnóstico serológico de la sífilis. a. scaltritti (Montevideo) Director del Laboratorio del Instituto Profiláctico de la Sífilis de Montevideo Para el diagnóstico serológico de la sífilis poseemos hoy dos procedimientos: la R. de W., o sea, la fijación del com- plemento por* la intervención de lipoides orgánicos, y los llamados de precipitación o floculación de dichos lipoides, o sea, las de Meinicke, Sachs-George y Vernis. 'En estos momentos los serologistas estudian estos fenóme- 462 nos de fioculaeión a fondo, con gl fin de poder aclarar mejor el mecanismo íntimo de la II. de W. Hasta hace poco tiempo estos dos fenómenos se estudiaban separadamente, buscando en la clínica la comprobación de sus relativas especificidades. Para unos, la reacción de flocu- 1 ación es más fiel, concuerda más exactamente con los he- chos clínicos que la vieja R, de W.; para los otros, aquélla queda siempre como testigo de contralor para todas aque- llas reacciones que pretenden usurparle el puesto de honor que el empirismo de quince años le ha hecho conquistar. Pe- ro, fué preciso que Wiassermann llevara a su laboratorio aquellas dos reacciones, la R. de Meinicke y la de Sachs-Geor- gi, y buscara en ella la explicación de su propio fenómenor para que la cuestión tomara interés particular. Wassermann (febrero 1921. Bl. R. W.), llegó a la con- clusión de que su fenómeno y el de la fioculaeión de los li- poides por la acción de los sueros sifilíticos, son una misma- cosa; logró descubrir y aislar la verdadera substancia de AVassermann, que sirve de base para su nuevo procedimien- to de contralor. Es lamentable que no podamos conocer su técnica. Otros autores concibieron la idea de hacer marchar para- lelamente los dos procedimientos, desde que la clínica les asignaba un valor casi semejante. Finalmente, y con un conocimiento algo más completo del problema, surgió la idea de la simbiosis de ambos. Vemos primeramente a Vernes, en París, que modifica el genuino procedimiento de Wassermann para aprovechar de los bene- ficios de la fioculaeión; pero es realmente Reining, en Ale- mania, el que primeramente ensaya el verdadero procedi- miento de combinación del Sachs y George y el W.; viene poco' después Sthumer y últimamente Ratliam. Bordet ensaya el procedimiento de combinación, empleando el antígeno de Bordet y Ruelens, y si bien lo encuentra bueno para flocu- lación y fijación posterior del complemento mediante dicho floculo y para sueros muy cargados de substancia de W., no- lo cree para el diagnóstico, superior al W. primitivo. (“Trai- té de PImmunité dans las M. I.”, pág. 441). Mis experiencias datan del mes de junio del corriente año y fueron hechas en el Laboratorio del Instituto Profiláctico de la Sífilis. La técnica de aquellos autores es ya conocida, razón por la cual no la repetimos aquí. Mi trabajo tiende a demostrar que con una técnica distinta podemos obtener un procedimiento más práctico de combinación de fioculaeión y fijación del complemento. 463 El lipoide usado por mí es el extraído del corazón del puerco precipitado por el cloruro de cadmio, reactivo que usamos en el Instituto Profiláctico de la Sífilis desde el año 1917 para la K. de W. Preparación del reactivo El corazón de puerco muerto en el día, lo desecamos al ven- tilador; lo tratamos durante una hora y media por acetona pura; al cabo de ese tiempo decantamos dicha acetona;, llevamos nuestro músculo cardíaco a la estufa a 37° durante el tiempo suficiente para que la última parte de acetona que queda entre sus fibras se evapore completamente; luego pul- verizamos el músculo lo más finamente posible. Tomamos 3 gramos 20 centg. de dicho polvo y lo tratamos por 25 cc. de alcohol absoluto durante 1 y 1)2 horas; filtramos y reparti- mos el filtrado en pequeños tubos. Finalmente precipitamos el lipoide por medio de una solución de cloruro de cadmio cristalizado, saturado en alcohol absoluto. Al día siguiente decantamos el alcohol que sobrenada y tomamos el precipi- tado por la solución fisiológica de cloruro de sodio al 8.5 por mil, obteniendo así una emulsión homogénea del lipoide. La totalidad del lipoide es emulsionado en 150 cc. de la solu- ción fisiológica. Con el reactivo ya preparado, procedemos a efectuar previamente la floculación. Para ser mejor com- prendidos, relatemos una experiencia efectuada con un sue- ro específico evidente. Pongamos en contacto 0,2 de suero claramente sifilítico en 0.5 de emulsión de lipoide de la fór- mula arriba indicada, pongamos esta mezcla en la heladera o a la temperatura ordinaria durante 1 y 1 [2 horas; al cabo de ese tiempo lo retiramos de la heladera y podemos obser- var que, a simple vista, parece no haberse producido nada digno de llamar la atención en dicha mezcla. Sometámosla ahora a una fuerte centrifugación durante 10 minutos y podremos ver entonces que el lipoide se deposita en el fondo del tubo y que el líquido que sobrenada queda transparente; dicho sedimento, de aspecto cristalino, muy adherido al fon- do del tubo, no es otra cosa que el lipoide, como lo demues- tran las observaciones ultramicroscópicas. Decantemos el lí- quido que sobrenada; lavemos el precipitado una o dos ve- ces con una solución fisiológica de cloruro de sodio al 8 y 1 [2 por mil, centrifugándolo otras tantas hasta su sedimenta- ción definitiva. Tomando dicho sedimento para la solución fisiológica a una cantidad de 0.8 y tratando de emulsionarlo con ese medio, vemos que no es posible conseguirlo; el lipoi- 464 de ha floculado, lia perdido, por consiguiente, su estado co- loidal. Si lo agitarnos fuertemente se subdivide en innume- rables partículas; no se emulsionan con el líquido; dentro de él nadan pequeños flocos, casi transparentes. A ese complejo agreguemos el complemento necesario para una R. de W., llevemos el todo a la estufa a 37° durante una hora y agre- guemos luego el sistema hemolítico; al cabo un cuarto de hora veremos ya que el complemento ha sido fijado, no dán- donos hemolisis. Efectuando con el mismo suero una K. de W. nos da el mismo resultado. Numerosos testigos con sue- ros normales, lo mismo que con sueros de diferentes enfer- medades, nos dan un resultado negativo al par que una au- sencia de tíoculación. El testigo del antígeno obtenido por la centrifugación prolongada de 0.5 del reactivo ya nombrado, nos da también una fijación del complemento negativa. Vemos, pues, que mediante esta técnica es posible conseguir la combinación de los procedimientos de fioculación por el floculo, la cantidad de reactivo aquí empleado es el triple aproximadamente, de la que corrientemente usamos para una R. de W. En lo que toca a la fioculación, ella puede apreciarse con mucha mayor claridad que si usáramos el reactivo a una dosis igual a la que empleamos para una R. de W. común. En cuanto a la fijación del complemento por el floculo, ella se produce con más nitidez que en la R. de W.; es que realmente aquí se reúnen dos energías anticomplementarias: la que resulta de la influencia del suero sifilítico sobre el li- poide y el suero de lipoide floculado, dado que todo él va al fondo del tubo, una vez floculado. Una importante objeción podría hacerse desde el primer momento y ella sería su falla de especificidad debido pre- cisamente a este exceso de reactivo, una dosis triple de la que empleamos para la corriente R. de W. Para subsanar este inconveniente y ponernos dentro de las condiciones normales, es que tomamos una tercera parte del floculo para efectuar la fijación del complemento. De modo, pues, que esta fijación del complemento sería inconveniente debido a la acción del suero específico sobre el lipoide. No pasa lo mismo con los sueros negativos: en ellos el li- poide no está influenciado, su estado físico no cambia y cuando se le centrifuga fuertemente, no llega al fondo sino una parte del reactivo, cantidad insuficiente para producir una fijación del complemento, ya sea por el propio reactivo, ya sea por ese mismo reactivo influenciado. Aquí él no cambia su estado físico puesto que no ha floculado. Si empleamos la 465 misma cantidad usada para una reacción de W. corriente, solamente los sueros muy cargados de substancias de Wasser- mann son los que nos acusan una floeulación neta; la enor- me mayoría se pierde por falta del reactivo empleado. La cantidad de suero humano empleado para cada reac- ción fué en definitiva, de 0.2 cc. En numerosas experiencias hemos aumentado dicha can- tidad hasta 0.4 cc., creyendo ganar así en claridad, dado que aumentábamos la dosis de anticuerpos. Y bien: la flo- culación no se produce con la misma nitidez que a 0.2, ni la fijación del complemento por medio del floculo se pro- duce con la misma franqueza. Se confirma aquí la afirmación que hacíamos en nuestro trabajo publicado en 1918, donde probamos experimental- mente que substancias extraíalas a las hleinolisinas natura- les perturban la libre acción de la substancia de W. sobre los lipoides precipitados por el cloruro de cadmio y que, por consiguiente, no es posible usar en la R. de W., can- tidades de suero mayores que la de 0.2 cc. Según se desprende del examen comparativo que hemos hecho con numerosos sueros, el fenómeno de la floeulación y fijación del complemento por medio del floculo, se produce con los sueros sin inactivar, lo mismo que con los inactiva- dos; sus resultados son idénticos; el complemento del suero del enfermo no interviene para nada dentro del fenómeno de la floeulación, ni tampoco modifica ni agrega nuevas propiedades al probable complejo ‘‘Substancias W. lipoi- de'\ (jue impide la nueva fijación del segundo complemento o io deja en su libre acción. La formación del floculo se produce instantáneamente, aunque ella no puede ser apreciada macroscópicamente ni con el auxilio de lentes de pequeño aumento. Veamos: Si ponemos en contacto un suero sifilítico con el lipoide y lo centrifugamos de inmediato, para decantar luego el líquido que sobrenada y lavarlo con suero fisiológico, retomándolo más tarde nuevamente con la misma solución fisiológica, ve- mos que el lipoide ha perdido su estado coloidal y que la floeulación típica se ha producido. Si agregamos a ese complejo el complemento necesario para una TR. de "W., no todas las veces se produce la fijación de dicho complemento; es necesario que el nuevo específico esté muy cargado de substancia de W. para que aquélla se produzca. La floeulación se produce de la misma manera, em- pleando el líquido céfalo-raquídeo de sujetos atacados de 466 parálisis general, sífilis cerebral o tabes, o de enfermos que, teniendo aquellas enfermedades, dejan pasar a través de sus meníngeas permeables los anticuerpos sifilíticos. La formación de los flóculos, o cambio de estado coloidal, se produce lo mismo a la temperatura ordinaria que en la estufa a 87"; en la heladera como sobre el hielo; parece ser que en la heladera se produce con mayor claridad. Así es que la primera parte del procedimiento la efectua- mos siempre en la heladera, y la segunda, o sea la fijación del complemento por el floculo, la hacemos en la estufa a 37 grados. Caracteres del flóculo Si colocamos el floculo producido por la acción del suero sifilítico sobre el lipoide, entre lámina y laminilla, la vemos deslizarse hacia los bordes de la laminilla, tiene un aspecto gelatinoso, parece un grumo de mucus; si lo comprimimos con una regular presión, lo vemos ensancharse para volver a su estado primitivo cuando aquella presión termina; es una masa elástica. Ninguno de estos caracteres tiene, cuando efectuamos las mismas operaciones con el lipoide centrifugado, después de haber sido tratado con un suero normal; tiene el aspecto de la caseína, friable, fácilmente emulsionable con su medio de solución fisiológica. Al ultramicroscopio lo vemos totalmente aglutinado, for- mando una sola masa. Los granos muy adheridos los unos contra los otros, como si una substancia gelatinosa los hubie- ra unido; parecen ellos más pequeños que los de la emulsión tipo; parecería que se hubieran contraído; son ya muy po- cos los que quedan aislados. Si hacemos presión sobre la la- minilla, vemos que la adhesión de los granos es muy fuerte entre sí, pues es necesario comprimir con cierta intensidad para que uno que otro grano abandone el conglomerado. Su gran refringencia no se lia modificado; al par que su estado colonial, han desaparecido sus movimientos bronwianos; la superficie de la núcela se ba modificado. Podemos entonces observar que innumerables filamentos se desprenden del con- junto y que esos filamentos unen entre sí pequeños o gran- des conglomerados de granos. Presionando, nos es fácil des- prender estos granos de los filamentos que los unen. Estos mismos filamentos tienen un aspecto gelatinoso, tien- den a ensancharse y alargarse indefinidamente, cuando se ejerce sobre ellos alguna presión. Este fenómeno es muy se- 467 me jante al que hemos tenido ocasión de observar en la desin- tegración histolítica de los leucocitos, c-omo, por ejemplo, en los esputos y en el pus de abscesos. Muy distinto es el as- pecto que se observa cuando el lipoide ha sufrido la acción de un suero normal: es oaseiniforme, se desintegra con suma facilidad, el número de filamentos es muy limitado, la super- ficie de la micela no ha sido afectada, dado que ella conser- va sus movimiento bronwnianos. Vemos, pues, que si de las experiencias ordenadas y lle- vadas a cabo por Vernes, en París, y por Wassermann, Rai- ning y Sthumer, en Alemania, puede deducirse que es ne- cesaria la formación de flóculos para que más tarde se pro- duzca la fijación del complemento, resultando, por consi- guiente, los 'dos fenómenos identificados, según nuestras ex- periencias no puede deducirse la misma conclusión. En efecto: la floeulación se produce de modo instantáneo, demostrando que la diferencia de potencial entre la substancia de W. y el lipoide empleado, es tan grande, como para que el fenómeno se produzca de esa manera; mientras que el de la fijación del complemento necesita un tiempo mucho mayor, una hora, término medio. En el caso en que se tratase tam- bién en este último, de una diferencia de potencial entre dos nuevos coloides, siempre se diferenciarían por el espacio de tiempo que necesitarían para producirse. De cualquier mo- do, y saliendo del campo de la teoría pura, vemos que es po- sible conseguir la combinación de los fenómenos de floeula- ción, con el de la fijación del complemento, por medio del floculo producido por la acción de los sueros sifilíticos sobre el lipoide precipitado por el cloruro de cadmio. Veamos ahora la relación que este procedimiento tiene pa- ra con la clínica: lie efectuado comparativamente con la R. de W. corrien- te, no menos de dos mil exámenes de sangres de enfermos catalogados en los libros del Laboratorio del Instituto Pro- filáctico de la Sífilis y cuyos diagnósticos los debo, en su enorme mayoría, a la exquisita amabilidad de los doctores Del Campo, Alonso y Halty, quienes han puesto a mi entera disposición las historias completas de sus enfermos, que me han permitido reunir una gran cantidad de casos útiles. A ellos, pues, quedo íntimamente agradecido. En el período primario be podido notar que la floeulación no aparece sino a los 20 y 25 días, término medio, de la aparición del accidente inicial, mientras que la R. de W. co- rriente nos da positiva, a los 15 término medio. La flo- eulación va, pues, en retardo, erí este período, sobre la 468 fijación del complemento. La cantidad de primarios, cu- ya edad específica conocemos exactamente, es de 12, so- bre un total de 38 primarios, cuya edad nos es dudo- sa, dado lo difícil que es para ciertos sujetos recordar exac- tamente el momento de la aparición de ese accidente. Todos esos enfermos tenían treponema de Schaudim en su lesión, y no habían sido tratados. En el período secundario, la floculación existe en todos los casos examinados (42), lo mismo que la fijación del comple- mento por el lipoide floculado. Comparada con la R. de W., marchan de perfecto acuerdo. En cuanto a la sífilis latente, es decir, la de aquellos en- fermos que soportan un tratamiento, cuando su reacción se- rológica persiste durante largo tiempo, pudimos notar que la correlación de la floculación y la R. de W. corriente, mar- chan paralelamente; en cuanto a la fijación del complemen- to por el lipoide floculado, ella coincide con la R. de W. en un 97 o|o de casos. De estos casos tenemos no menos de 400. Notamos algunos sueros que no tienen floculación positiva; tienen, sin embargo, una reacción de fijación del comple- mento por el floculo, positiva, al par que una R. de W. tam- bién positiva. Otras veces, el 1 a 1 y 1 ¡2 o[o, vemos que sue- ros cuya R. de W. es negativa, tienen una floculación posi- tiva. Estos sujetos tienen antecedentes inequívocos de sífilis. ¿A cuál de estas dos reacciones puede asignársele mayor va- lor, desde que se trata de sujetos evidentemente específicos y que sufren un tratamiento prolongado, teniendo en cuenta que estas dos reacciones marchan paralelamente en los pe- ríodos de generalización? Sólo una práctica mayor y el exa- men de un número crecido de sueros de enfermos conocidos, podrá darnos el verdadero criterio a seguir. El mismo para- lelismo se nota en otros períodos de la sífilis en actividad: terciarias con manifestaciones, paralíticos generales. Exa- minamos cinco sueros de leprosos sin antecedentes específi- cos; en ninguno de ellos notamos la floculación del lipoide, ni la fijación del complemento por el lipoide influenciado; tampoco tenían R. de W. positiva. En numerosos sueros normales, en sueros de específicos tratados y cuya R. de W. fué negativa, no encontramos tampoco la floculación ni la fijación del complemento por el lipoide influenciado por el suero. El mismo resultado nos dió el suero de numerosos en- fermos de las salas del H. Maciel, atacados de distintas do- lencias y cuyos antecedentes específicos fueron negativos. Finalmente, veamos cómo disponemos nuestro procedi- miento de combinaciones en la práctica corriente del labora- 469 torio del Instituto Profiláctico de la Sífilis. Colocarnos 0.2 de suero humano en un tubo, que usamos para el W. común, al que agregamos 0.5 del reactivo indicado, dejamos la mez- cla en la heladera durante 1 y 1 ¡2 horas; al cabo de ese tiempo la retiramos de la heladera y la llevamos a la cen- trífuga durante 10 minutos. Decantamos cuidadosamente el líquido que sobrenada y retornamos el précipitado, flocula- do o no, por la solución fisiológica a 0.8. Agitamos la mezcla con suaves movimientos y observamos entonces el fenómeno de la floculación. Como ella no se produce con la misma intensidad para con todos los sueros específicos, hemos adoptado provisoria- mente, y hasta tanto algún procedimiento más perfecto ven- ga en nuestra ayuda, la siguiente nomenclatura: cuando flo- cula muy fuerte y no se emulsiona con el líquido en ningu- na forma, la denominamos floculación fuerte, mediante las letras F. f.; cuando flocula francamente y por medio de grandes agitaciones tiende a emulsionarse, la llamamos sim- plemente F.; cuando flocula, pero tiende a emulsionarse con relativa facilidad con el líquido, por regulares agitaciones, la denominamos F. e. (flocula y emulsiona) ; y, finalmente, hay una cantidad de sueros específicos que floculan y que el floculo se emulsiona con mucha facilidad, a ellos los dis- tinguimos con las letras F. ee., demostrando esas dos e fina- les su tendencia fácil a la emulsión. F. f.: floculo fuerte. F.: flocula. F. e.: flocula con tendencia a la emulsión. F. ee.: flocula y emulsiona fácilmente. Anotamos estas resultantes: tomamos la tercera parte del floculo y agregamos a nuestra mezcla el complemen- to necesario para una reacción de "Wassermann; lleva- mos el todo a la estufa a 37° durante 1 hora y agregamos la mezcla hemolítica. Al cabo de 20 minutos tenemos los re- sultados que anotamos. Hacemos paralelamente una reacción de W. común. Los resultados concuerdan con el porcentaje ya mencionado. CONCLUSIONES l.° Se puede observar el fenómeno de la floculación del li- poide cardíaco precipitado por el cloruro de cadmio, por la acción de un suero sifilítico, por un procedimiento técnica- mente distinto al empleado por Meinicke, Sachs y George y Vernes, muy semejante al de Bordet. 470 2. Que ese floculo está constituido por el lipoíde intro- ducido en la reacción, como lo demuestra el ultramicros- copio. 3. Que dicho lipoide está influenciado por la substancia de Wassermann de los sueros específicos. 4. Que ese lipoide, influenciado y floculado, tiene la pro- piedad de fijar fuertemente el complemento. 5. Que es posible aprovechar estas dos propiedades que tiene el suero sifilítico para con este lipoide y obtener así un procedimiento práctico que los combine. Al terminar es para mí un placer el agradecer a la Comi- sión II. del Instituto Profiláctico, al II. Consejo de Higiene y a la Asistencia Pública, la oportunidad que me han dido para efectuar este trabajo, al confiarme la dirección del La- boratorio de dicha institución. Consideraciones sobre cincuenta mil reacciones de Wassermann efectuadas en el Instituto Profilác- tico de Montevideo durante tres años y medio. por a. scaltritti (Montevideo) Director del Laboratorio Central del Instituto Profiláctico de la Sífilis Desde hace aproximadamente tres años y medio es que he- mos empezado a catalogar los exámenes de sangre que hace- mos en el Instituto Profiláctico de la Sífilis, a todos los en- fermos que concurren a los dispensarios, lo mismo que a otros pertenecientes a distintas instituciones del país. Así se expli- ca que nuestra cifra sea tan elevada. A fin de dar base al Ins- tituto y mostrar cuántos beneficios puede dar al pueblo el examen sistemático de la sangre de todas aquellas personas que ingresan a los distintos establecimientos, fué que, con nues- tro querido y malogrado Director, el doctor Juan Antonio Rodríguez, habíamos pedido extraoficialmente que se envia- ran a nuestro laboratorio los exámenes de sangre de todos aquellos enfermos que ingresaran al Hospital Maeiel y a al- gunas de sus dependencias. Sus beneficios no se hicieron es- perar, pues bien pronto se vió que la sífilis delatada por la reacción de Wassermann, sistematizada, ocupaba un lugar 471 más importante que el esperado; y este es el momento en que, gracias a la iniciativa puramente individual, no oficiali- zada, de aquel pabellón, todos los clínicos de aquel hospital han adquirido el hábito de enviar a nuestro laboratorio todas las sangres que deseen hacer su examen, lo mismo que los lí- quidos céf alo-raqui déos. Otras instituciones de la Asistencia Pública han seguido más tarde aquel mismo camino. La Clínica y el Laboratorio. — Desde tiempo atrás, y en varios informes que presentamos, ya publicados anteriormen- te, sosteníamos, como lo sostenemos hoy, que en la reacción de ’Wassermann y otras reacciones serológicas de la sífilis, el laboratorio debe siempre mantenerse en continuo contacto con la clínica; es la clínica bien hecha que acredita el Was- sermann bien hecho, le asigna todo su valor y permite, por consiguiente, el constante progreso de esta reacción a la vez que la marcha paralela de ambas afirma al clínico en su diag- nóstico. No son pocas las veces que pedimos a diversas mico- sis el diagnóstico de una lesión cutánea que el Wassermann negativo persistente nos obliga a hacer. Cualquiera que conoz- ca el funcionamiento de nuestro laboratorio, puede convencer- se fácilmente que su base principal es el íntimo contacto que conserva con la clínica. Siguiendo este criterio, es que creemos realmente ser útiles al enfermo, a la vez que lo utilizamos como fuente inagotable de hechos que nos sirven, no pocas veces, p>ara modificar nuestros procedimientos, siempre que ellos nos pongan en el camino de la verdad y marquen, por consiguien- te, un progreso. Aún así, no es raro encontrar errores, aunque siempre he- mos tratado de' reducirlos al mínimum. Muchos son los que envían sangres al laboratorio y pocos son allí los que tienen que ordenar el trabajo, para que se haga imposible todo error. Algunas veces hemos recibido sangre catalogada con rótulo de un secundario y contestamos con una reacción negativa. Esta contradicción no puede persistir. Pedimos inmediata re- petición, y el resultado verdadero no se hace esperar: este es un error de extracción o cambio de rótulo efectuado, tal vez, en el mismo laboratorio. Otras veces, comprobamos re- saltados discordantes en cuanto a la intensidad de la reac- ción : este es un resultado imputable a la técnica del opera- dor. En efecto: cuando se trabaja en gran escala, no siempre todos los elementos que entran en la reacción se encuentran en las mejores condiciones como para que los resultados sean, en algunos casos, exactamente comparados. Me refiero, sobre todo, a las hemolisinas y sueros de los enfermos. En cuanto 472 a la primera, todos los que trabajan con la intensidad que yo lo bago, pueden darse cuenta inmediatamente de la existen- cia de ciertas dificultades, a veces bastante enojosas. Malos conejos, enfermedades, muertes producidas por causas inhe- rentes a la misma producción de hemolisinas, hacen que no siempre se pueda tener en este laboratorio un tipo superior de bemolisina, como para obtener un idéntico resultado (uni- dad a unidad, o fracción de unidad), en todas las experien- cias. Felizmente, no se trata sino de diferencias de tono, no de oposición; y, repito, esas mismas son muy limitadas. Ade- más, el propio suero de los enfermos no siempre tiene las mis- mas propiedades para con los lipoides; según sean ellas ex- traídas en momentos febriles o de apirexia, pueden hacer va- riar, en algún número, la intensidad de la reacción; sobre todo si esos sueros tienen exactamente una sola unidad específica, es decir, la cantidad absolutamente necesaria de substancia de Wassermann como para dar un IIo. Si esto no fuera sufi- ciente, la prueba estaría dada por la magnífica y clásica ex- periencia de Dujardins, así como también por la demostra- ción que hicimos, hace ya tres años, cuando comprobamos que dentro del suero humano hay substancias que se oponen a que el fenómeno de Wassermann se produzca siempre con la misma nitidez. La técnica que hemos seguido durante todo este tiempo, fué siempre, dentro de lo posible, idéntica a sí misma. Uno de los elementos de esta reacción fué siempre invariable y es el antígeno empleado. Usamos el lipoide de corazón de puerco precipitado por el cloruro de cadmio, cuyo modo de prepara- ción publicamos en 1918. Ese reactivo no ha variado desde entonces y sus resultados son, por consiguiente, comparables. Lo preparamos cada vez que hacemos nuestros exámenes, colocándonos así en condi- ciones semejantes a la de numerosos experimentadores mo- dernos que, como Boas, de Copenhague, prepara todas las se- manas un nuevo antígeno. Los demás elementos que entran en la reacción son los corrientemente usados, en procedimiento original de Wassermann. De los 50,000 exámenes hechos, aproximadamente 10,000 corresponden a enfermos atacados de sífilis, y el resto perte- nece a sujetos normales y atacados de otras dolencias. Entre aquellos 10,000, la enorme mayoría corresponde a enfermos cuya sífilis está en estado latente, no dando aún ma- nifestaciones de localización visceral. 473 De este conjunto hemos sacado, para nuestras considera- ciones, todos aquellos casos cuyo diagnóstico clínico fuera de toda evidencia y algunos de ellos fueron hasta confirmados por la necropsia. En el período primario, la reacción de Wassermann apa- reció alrededor del decimoquinto día del estallido del ac- cidente inicial; en algunos casos, muy raros, ella se anticipó en dos o tres días, o bien se retardó en cinco o seis días. Sin poder afirmarlo, puesto que falta el número en nuestro apo- yo, nos ha parecido que cuando el chancro es muy pequeño, cuyo aspecto es el de una simple erosión, sin base de indura- ción, y donde el treponema se encuentra en pequeñísima cam ti dad, de aquellas lesiones que pasan a veces desapercibidas para el mismo enfermo, es en esos casos, digo, donde la reac- ción de Wassermann me ha parecido que tarda más en ma- nifestarse; pero, repito, es cuestión que tengo a estndio. En este tiempo, hicimos 500 exámenes de sangre de enfer- mos en período secundario. Esta estadística, despojada de todo error, nos da el cien por ciento de positivos. En la sífilis terciaria cutánea, sobre un total de 98 reaccio- nes hechas, tenemos un porcentaje de 96 o|o. De los sujetos que vienen con rótulos de úlceras varicosas de la pierna, y que suman un total de 128, el 27 o|o de ellos nos da una reacción de Wassermann positiva total. La sangre de los tabéticos, que suman 28, nos dió el 60 o!o de positivos. De la sangre de los paralíticos generales examinados, y que debemos a la amabilidad de los doctores Zamora y Gar- mendia, sólo uno vino con ese rótulo, nos dió un positivo par- cial, todos los demás nos dieron positivo total. INSUFICIENCIA AORTICA Tenemos anotadas 152 sangres cuyo rótulo es de insuficien- cia aórtica. Para que se vea bien la relación que existe entre esta enfermedad y la sífilis, hemos hecho un cuadro estadísti- co por quinquenios; veámoslo: Fdad de p N Porcentaje 5 a 10 ... 0 1 15 a 20 ... 1 0 20 a 25 .... ... 3 7 30 % 25 a 30 ... 6 10 37 % 30 a 35 .... ... 7 8 46 % 474 Edad dé p N Porcentaje '<35 a 40 . . . . ... 19 11 63 % 40 a 45 . . . . 20 7 74 % % 45 el 50 . . . . ... 12 2 85 50 a 55 . ... 12 7 63 % 60 a 70 ... . 12 29 % 70 a 80 ... . . . . 1 2 33 % Con rótulo de aneurisma aórtico hicimos 31 exámenes, cu- yos diagnósticos fueron confirmados por la radioscopia; 3 de estos exámenes nos dieron resultado negativo, y, en uno de ellos, se hizo punción lumbar y examen correspondiente de líquido céfalo-raquídeo: todo en él resultó negativo: seroló- gieamente, no era un específico. Por lo demás, el porcentaje oscila alrededor del 90 ojo. Es digno de notarse que de la sistematización del Vv asser- mann en la, sala del Hospital Maciel, podemos deducir que el 19 ojo de los enfermos que entran a las salas de cirugía, tienen su Wassermann positivo y que él alcanza a un 26 ojo para los enfermos que se asisten en las salas de medicina. Estos datos son sacados sobre más de 5,000 enfermos. En lo que se refiere al líquido céfalo-raquídeo, haremos una salvedad, que queremos dejar bien aclarada, por cuanto es ella fundamental por sus resultados. Generalmente, en todas las estadísticas publicadas, y ellas tienen ya algunos años, sus autores no fian introducido en la reacción sino 1 cc. de líquido como máximo, y han estable- cido una especie de medida de sífilis con relación a la canti- dad de líquido céfalo-raquídeo que en ella emplean. En nues- tro laboratorio, siguiendo la táctica del Instituto Profiláctico de París, buscamos primeramente sífilis y secundariamente cantidad. Así es que sustituimos la solución fisiológica por el líquido céfalo-raquídeo. El resultado es que, examinados sis- temáticamente, como lo hacemos con el doctor Haltv, el lí- quido céfalo-raquídeo por edad específica, despistamos pre- maturamente los casos de permeabilidad meníngea, y la es- tadística de positividad en los tabéticos es mucho más ele- vada. Así, por ejemplo, sobre treinta tabéticos examinados, sólo dos nos dieron un Wassermann negativo. Pero es de adver- tir, y esto es muy importante, que estos dos enfermos no te- nían en su líquido céfalo-raquídeo sino un linfocito por m.3 y sus albúminas y globulinas normales. Quiero dejar constan- 475 cia de este dato, puesto que ellos se apartan de la regla ge- neral,- en estos casos, siempre hay algunos de los tres ele- mentos. En cuanto a la parálisis general, diré que he examinado la casi totalidad de los paralíticos generales que se asilan en el Hospital Vilardebó, y su resultado fué positivo en todos, salvo en uno, que vino con dicho rótulo, en el que no pude comprobar el Wassermann positivo. La confirmación del diag- nóstico clínico, me obliga a incluirlo como negativo. Esta es la marcha que seguimos en el laboratorio del Ins- tituto Profiláctico de la Sífilis, y estos son sus resultados. Flóculo-albúmino-reacción de Noguchi en el líquido célalo-raquídeo por a. scaltritti (Montevideo) Jefe del Laboratorio del Instituto Profiláctico de la Sífilis de Montevideo Esta nueva reacción para despistar la cantidad y calidad de las albúminas del líquido céfalo-raquídeo, sobre todo pa- tológico, basado en la precipitación concomitante que tiene el reactivo empleado, ha sido puesta en práctica en este La- boratorio desde hace algunos meses. Ella.fué comparada sistemáticamente con las ya conocidas y corrientemente usadas de Nonne Apelt, Pandy y Weich- brodt. Entre las reacciones en frío, Noguchi pretende que ésta puede llegar a ser de carácter universal, por sus fieles resul- tados. La técnica referida es la indicada por su autor en el “J. A. de M. ’ ’ de abril de 1921. En los casos por mí compa- rados, la reacción se produjo entre la primera media hora hasta las 16 horas; solamente en los casos de parálisis gene- ral, es que ella se produjo rápidamente. ¡Se presentó siempre con mucha nitidez: floculo sedimentado en el fondo y líquido que sobrenada muy transparente. En el cuadro que presen- tamos puede verse el paralelismo que existe entre esta nueva reacción y las ya conocidas. liemos suprimido un número cre- cido de reacciones efectuadas con líquidos eéfalo-raquídeos normales, en las cuales su resultado fué constantemente ne- gativo, dejando solamente aquellos casos que nos parecieron más adecuados para ser comparados. 476 K.XVass. R. de Pandy 1 R. de Nonne R. deXVeich. Floc. alb. R. de Noguchi Diagnóstico JULIO DE 1921 L. R. Germán H0 Posit. 1 “faz Positivo Positivo Confusión mental R. Ceferino H0 + + + » » Atrofia pupilar M. Antonio H0 » » » Tabes L. Santiago—Dispensario Central. i glób. bl. 140 X nini3 | T_, / Linfocitos 92 °/t 110 + » Específico en trat. Roe. Manuel--Dispensario Central . l \ Pol. neutróf. 10 % í glób. bl. 8 X mm3 ' T. / Linfocitos 91 % H0 + » » » » Clara C.—Sala Jacinto Vera . l * X Pol. neutróf. 9 °/0 i glób bl. 16 X nnná ■! „ / Linfocitos 93 % H0 + » > Mal perforante plantar Cat. Rlauc.—Germán Segura . ( * X Pol. neutróf. 7 % Linfocitos i X minó H8 Negativo Negativo Negativo Negativo Sífilis secundaria Stef. Ant.—Dispensario N.° 1. 110 + + Positivo Positivo Positivo Desigualdad pupilar Cat. Ser.—Sala Argerich .... H0 H" + » » » Parálisis general AGOSTO I)E 1921 P. .Tosef.—Sala Bienhechores . . H8 Negativo Negativo Negativo Encefalitis epidémica N. G.—Sala San José H8 + + + Positivo Positivo Positivo Mening. bacilar B K. positiva Bat. Gabino—Dispensario Central . Linfocitos 11 X mtn3 H0 4- + » » » Especifico en trat. C. Evaristo—Dispensario Central. Linfocitos 0.8 X mm3 H8 Negativo Negativo Negativo » » » V. Aib. —Dispensario Central . Linfocitos 0.8 X mn>3 118 — » » » » » Aq. Eiv.—Sala San José .... H0 + Positivo Positivo Positivo Crisis gástricas Per. Juan—Hospital Vilardebó i glób. bl. 25 X mm3 1 / Linfocitos 69 % l f X Pol. neutróf. 31 % r glób. bl. 18 X unn3 ! ■*-. / Linfocitos 73 % H0 + + + Parálisis general Perg. Alfredo —Hospital Vilardebó . H0 + + + » » Varg. Laur.—Germán Segura . l 1 X Pol. neutróf. 27 °/0 Linfocitos 0 8 mm3 H8 Negativo Negativo Negativo Negativo Específico en trat. A. U.—Sala Argerich r glób. bl. 800 X mm3 { / Linfocitos 60 % Htí + + + + Positivo Positivo Espec. en tratamiento l X Pol. neutróf. 40 °/e Parál. facial. CUADRO COMPARATIVO 477 En lo que toca a la preparación del reactivo, es ella algo delicada y requiere cierta práctica de laboratorio para obte- ner emulsiones sensibles. Cúmpleme agradecer a los Jefes de Servicios que me hon- raron enviando trabajo a este Laboratorio. conclusión La flóculo-albúmino-reacción de Noguchi en el líquido cé- falo-raquídeo normal y patológico, marcha paralelamente a las de Pandy, Nonne Apelt y Weichbrodt. La reacción de Wassermann Antigeno, Sustancia Wassermann, Escala por el dr. justo p. González (Montevideo) Miembro del Consejo Nacional de Higiene. —Profesor de Higiene y Bacteriología. Encargado de informar sobre las cuestiones indicadas por resolución del I Congreso de D. y S. celebrado en Río de Janeiro. Tres cuestiones de interés me propongo tratar, dando así cumplimiento a la resolución de la Asamblea del I Congreso de Dermatología y Sifilografía celebrado en Eío de Janei- ro en octubre de 1918. En dicho Congreso fui uno de los designados para reunir datos técnicos referentes al voto que sigue: “Para que se es- tudie la reacción de Wassermann desde el punto de vista de la uniformidad del método, de la unidad del antígeno, del patrón antigénico y de la Escala Colorimétrica”. Es sobre algunos términos del problema planteado, que voy a exponer, brevemente, el resultado de mis investigaciones basta este momento. Cierto acopio de datos fué realizado, durante mi perma- nencia en Estados Unidos de Norte América y Europa. En Boston, traté de ponerme al habla con distinguidos experi- mentadores, con el fin de detenerme en el estudio de todos aquellos puntos susceptibles de modificaciones, en la reacción de Wassermann y comprendidos dentro del voto formulado por el anterior Congreso. En la Universidad de Harvvard, en el Laboratorio Wasser- mann, tuve ocasión de apreciar el criterio seguido en el em- pleo del “antígeno”. El profesor TTinton, nuestro amigo, en- 478 tro de lleno en este asunto, y en el departamento de reaccio- nes, nos dio todos los detalles al respecto. El profesor Hinton —que ha standardizado el método de la Reacción de Wasser- mann, el cual ha sido aprobado por el Estado — emplea en su laboratorio tres antígenos. Uno de hígado sifilítico y dos de corazón humano colesterinado. Los tres, en cada reacción, deben dar igual resultado; cual- quier diferencia notada en uno de ellos obligaría a repetir la reacción y hasta nuevos antígenos de reserva intervienen. El profesor Hinton cree que el antígeno de visceras heredo- sifilíticas no ha sido superado hasta el momento. En Francia, concurrimos al Instituto Profiláctico de la Sí- filis, que dirige el doctor Vernes. El distinguido Director, con sus peculiar familiaridad, nos hizo conocer en todos sus detalles el manejo de su técnica, y sus interesantes gráficas, que ha coleccionado hace poco tiem- po, y de las cuales nos ha remitido un ejemplar. En su atlas, la tesis de la sifilimetría tiene un evidente apoyo. Volviendo al antígeno, diremos que el doctor Vernes sigue una técnica personal en cuanto a la reacción, y la substancia antigénica se denomina Peretinol, y cuya preparación se encuentra en uno de sus importantes folletos. En muchas monografías, señores congresistas, encontramos opiniones favorables para el antígeno de hígado sifilítico en solución alcohólica. Este antígeno, que nosotros llamaremos ‘‘antígeno lipoi- dal luético”, para diferenciarlo del “antígeno lipoidal arti- ficial”, merece, de nuestra parte, la mayor aprobación y, por lo tanto, creemos que el “antígeno lipoidal luético” debe ser- vir de patrón de “Standard”, después de una titulación conveniente y rigurosa. Nosotros empleamos, en la práctica diaria, el antígeno al- cohólico heredo-sifilítico contraloreado por el profesor Wasser- mann. Hasta hoy hemos obtenido el éxito más completo. No sólo ha dado buenos resultados en los casos de sífilis, sino que en reacciones de contralor, pedidas por distinguidos colegas, hemos podido comprobar la invariabilidad de este antíge- no, debido, posiblemente, a su naturaleza y a la exactitud de su titulación. En cambio, hemos notado que otros experi- mentadores, que trabajan con otra clase de antígenos, lian obtenido resultados diferentes, al practicar la misma reac- ción por segunda vez. Cada vez que hemos repetido una reac- ción positiva con el antígeno de hígado sifilítico Standard 479 del profesor AVassermann, hemos obtenido resultados igua- les. La larga experimentación nuestra nos lleva a aceptar sin reservas, por el momento, el antígeno luético del profesor AVassermann, y no creemos que haya sido superado por nin- guno, con preparaciones similares. (Antígeno iipoidal arti- ficial) . Pero el empleo del antígeno de hígado sifilítico en la reac- ción de AVassermann no implica que al lado de éste no tengan su sitio otros antígenos, de cualquier clase y origen, sean o no colesterinados. Ya dijimos que el profesor Hinton emplea, además del antígeno alcohólico de hígado sifilítico, otros dos antígenos de corazón humano colesterinado. (1)- Nosotros, siguiendo este criterio de usar más de un antígeno. liemos preparado uno de “corazón de cerdo, colesterinado”, para seguir al “luético” comparativamente. Este antígeno de corazón de cerdo colesterinado ha dado también buenos resultados. Con el profesor Lanza hemos prac- ticado más de 800 reacciones de AVassermann, notando su bue_ na conducción con el suero sanguíneo, pero, observándose al- gunas diferencias con el líquido céfalo-raquídeo. Podría de- cirse. desde luego, que el antígeno de corazón de cerdo (li- poidal artificial), puede acompañar en la reacción de AVas- sermann — en los sueros sanguíneos — al antígeno tutor lué- tico. Multiplicar estos estudios comparativos en presencia de un “antígeno heredo-sifilítico”, sería facilitar la selección del más importante de los componentes de la reacción de AVassermann. Por lo tanto, creemos aconsejable, por el momento, el an- tígeno luético (en el del profesor AVassermann entran varios hígados sifilíticos), como tutor, pudiendo emplearse conjun- tamente otros preparados antigénicos. No encontrando que, hasta el momento, se haya demostrado la superioridad de nin- gún antígeno sobre el luético, que debe servir de Standard, recomendamos este último en toda reacción de AVassermann, sin perjuicio de añadir, naturalmente, los antígenos que se deseen, lo cual pudiera llegar a ser en lo sucesivo muy con- veniente. El antígeno de AATassermann puede servir de patrón o “Standard” por las condiciones irreprochables de su prepa- ración y el contralor que constantemente realiza el profesor (1) El Consejo de Higiene del Estado Alemán, el 11 de julio de 1919, ha estandardizado el método y establece, por el decreto respec- tivo, que debe emplearse tres antígenos, uno de ellos de hígado sifilítico. 480 Wassermann. En presencia de este “patrón” pueden titu- larse los demás antígenos de origen luético y los de natura- leza lipoidal artificial. Este punto tendrá más amplio des- arrollo en el informe que sobre ¡Standarizaeión de la Reacción de Wassermann presentaré al Consejo Nacional de Higiene oportunamente. Por lo conocido hasta el momento, es difícil encontrar un antígeno superior al luético. Al menos no ha sido compro- bado ; pero debemos añadir, por otra parte, que los recientes trabajos del profesor Wassermann vienen en ayuda de nues- tra opinión. En su interesante conferencia, dada el 15 de di- ciembre del año pasado, en Berlín, usando siempre el antíge- no heredo-sifilítico, dió a conocer un nuevo hallazgo en los sueros específicos, aislando un elemento que él llama subs- tancia Wassermann (Ver “Clinische Med. Vog.”). Desde lue- go, la reacción biológica de Wassermann reposa sobre una nueva base. Se han comprobado hasta hoy, en esta reacción, numerosos errores, debidos, tal vez, al empleo de antígenos insuficientes y a defectos de técnica, y, el mismo Wassermann, en la mencionada conferencia, mostró a sus discípulos, dos tubos de reacción, en los cuales no había hemolisis. Sin em- bargo, dice el profesor, de las dos reacciones una debe ser negativa, lo que demostraré en seguida. Por medio de una técnica descripta (véase “Clinische Med. Vog.”), aísla la substancia que lleva su nombre, que es un anticuerpo, y di- luida convenientemente, practica, dentro de las reglas nor- males, con un nuevo sistema hemolítico, la reacción de Was- sermann. En el tubo con suero negativo no hay substancia Wassermann, y la segunda reacción, repetida según su nue- va técnica, da el resultado negativo que es de esperarse. En el segundo tubo, con suero seguramente sifilítico, la reacción vuelve a ser positiva por segunda vez. El anticuerpo o la substancia Wassermann, en presencia del “antígeno”, ha da- do lugar al “Agregado de AVassermann”, el cual, actuando sobre el complemento, ha dado el resultado positivo que co- rrespondía, estando en presencia de un suero seguramente sifilítico. Esta prueba se denomina “Comprobación de Wassermann” y, en breve, entrará en la práctica diaria, con el objeto de alejar toda causa de error. Esta comprobación será útilí- sima. 481 Otra cuestión voy a tratar con brevedad. Hay diversos cri- terios de apreciación para determinar la intensidad de la reacción de Wassermann. No liaremos revisión de ellos, ni tampoco nos engolfaremos en describir el fenómeno de fijación o de floculación que pue- da producirse. Nuestra finalidad es más práctica, respondien- do al cometido dado. Sin embargo, podemos hablar de fijación del complemento; nada nos impide por ahora aceptar este cri- terio, si es que seguimos las experimentaciones de Wasser- mann. Entre las escalas o métodos de determinación de la inten- sidad de la reacción, hay algunas que tienen cierta consagra- ción. Al menos van viviendo y no son reemplazadas por otras mejores. El doctor Yernes, entre otros, tiene una escala co- nocida. Puede decirse que en el país es la escala más difundida. No entraremos a apreciar sus ventajas e inconvenientes. Ha- bla en favor de esta escala colorimétrica la exactitud del co- lor y su sencilla obtención, conservación, etc. Por el momento, la escala colorimétrica de Vernes no tie- ne reemplazante, pero entiendo que habría conveniencia en fijar numéricamente el valor de dicha escala, lo mismo que se hace con la hemoglobina, si se quiere, por el método de Sabli u otros similares. Propongo que se indique en números del 0 al 100 el proeentaje que llamaremos de fijación de subs- tancia Wassermann o de anticuerpo, pero en relación con la escala de Yernes. Intensidad de la reacción Porcentaje DATA H° 100 a 80 % H* 70 % H2 60 % H3 50 % H* 40 % H5 30 % H« 20 % H7 10 % H8 0 % 482 En cada II puede figurar el equivalente numérico. (1) Es- ta divulgación será útil y no excluye la adopción de signos convencionales difundidos y admitidos por distintos investi- gadores que se dedican a practicar la reacción de AVasser- mann. Creyendo haber dejado cumplido el voto„ emitido por el I Congreso de Dermatología y Sifilografía, paso a formular las conclusiones, no sin antes hacer notar que me he limitado ai “antígeno” y a la escala colorimétrica, dejando la unifor- midad del método, que debiera quedar comprendido en esta información, pero que aún no ha sido resuelto en nuestro país; encontrándose a estudio del Consejo Nacional de Hi- giene la Standardización de la reacción de AVassermann, pro- yecto sobre esta importante cuestión que se debe a la inicia- tiva del miembro del Instituto Profiláctico de la Sífilis doc- tor Augusto Turenne. En oportunidad deberé ocuparme de este tópico, y sus conclusiones podrían hacerse conocer en el próximo Congreso, conjuntamente con las resoluciones adop- tadas en otros países sudamericanos, sin excluir las del Es- tado Alemán y de los Estados Unidos de Norte América, que ya se han pronunciado sobre la Standardización o normali- zación del método. (2) CONCLUSIONES Por las razones expuestas, llegamos a las conclusiones si- guientes : 1. Que hasta el presente no se ha encontrado un “antíge- no” que supere las cualidades del “antígeno luético”, el cual puede ser empleado como “Standard” en toda reacción “denominada” de AVassermann, practicada dentro de las reglas normales establecidas. 2. Que teniendo en cuenta su naturaleza luética y la ga- rantía que representa la intervención del profesor AATasser- mann en su valoración, sería de desear que este antígeno se emplee como patrón para valorar los otros antígenos. 3. Que en cada reacción de AVassermann que se practique,, un antígeno, por lo menos, debe ser de naturaleza luética. 4. Que sólo deben denominarse reacciones de AVassermann a las que se practiquen dentro de las reglas establecidas por su autor. (1) Véase el gráfico correspondiente. (2) Véanse los folletos correspondientes de estos dos iiltimos países. 483 5. Que, con e'l fin de establecer un criterio de apreciación lo más exacto posible en la intensidad de la reacción de Was- sermann, sin exclusión, entretanto, de ningún signo conven- cional ya difundido, es conveniente una escala colorimétrica. 6. Que la “Escala Colorimétrica de Vernes” puede ser di- fundida en los países americanos, para tender a la uniformi- dad de apreciación en la intensidad de la reacción de Was- sermann en estos países, adoptándose en el próximo Congre- so, si es posible, la escala definitiva o cualquier otro sistema de apreciación que indicase superioridad sobre los anterio- res. 7. Que la escala numérica incorporada a la Escala de Ver- nes, indica una nueva tendencia de mayor precisión, al esta- blecer el porcentaje de fijación en cada caso. 8. Que en las reacciones “dudosas” será conveniente prac- ticar la prueba de comprobación de Wassermann. 9. Que estas conclusiones sean tenidas en cuenta por las autoridades directivas de la Lucha Antivenérea en todos los países representados en este Congreso, que se aboquen al es- tudio de la Standardización cíe la reacción de Wassermann. Propongo la aspiración o voto siguiente: Para que las autoridades directivas de la Lucha Antive- nérea, en los países adherentes a este Congreso — convenien- temente asesoradas por los organismos técnicos oficiales — se aboquen al estudio de la Standardización de la reacción de Wassermann, y que los Consejos de Higiene o Instituciones similares dicten en oportunidad la ordenanza respectiva. 484 Nuevo método para el diagnóstico precoz de la sífilis por a. prunell (Montevideo) Jefe del Laborotorio d la Clínica Psiquiátrica su experimentación clínica por el dr. josé may (Montevideo) Médico Jefe de la Policlínica Dermatológica Módico adjunto del Dispensario Núra. 1 del Instituto Profiláctico de la Sífilis I — Nuevo método de diagnóstico El laboratorio dispone de los siguientes métodos para el diagnóstico clínico de la sífilis. La reacción de AVussermann y sus varias modificaciones. Tiene un gran valor diagnóstico, pero hay en esa reacción puntos difíciles, situaciones críticas que le restan el mando en el diagnóstico exacto. 'Con el andar del tiempo, con el estudio comparativo de los métodos del laboratorio y la clínica, vamos progresiva- mente creyendo en estos últimos, a tal punto que el principio “El Wassermann hace el diagnóstico y el 606 el re&to”, opri- mido por los hechos, va cediendo terreno y estamos entrando nuevamente en el camino de la prudencia y de la doctrina sustentada por la experimentación y sus resultados. La luetino-reacción, muy poco usada, porque se ha compro- bado que ciertas substancias, sobre todo el yoduro de pota- sio, pueden igualmente dar la reacción. Examen del líquido céfalo-raquídeo, el que da informes positivos en los casos en que otras reacciones del medio cir- culante hayan desaparecido o no se presenten. Cultivo de treponema, experiencia difícil y para lo que se necesitan materiales que sólo existen en los laboratorios bien montados. Inoculación a los animales, indicada por Eugman, puede ser una prueba de gran valor en los casos dudosos. Examen al ultra-microscopio, procedimiento de gran valor por su sensibilidad y por la precocidad del diagnóstico. Fal- ta en algunos casos de chancros específicos tratados por subs- tancias germicidas, y por imperfección del procedimiento, y. quizá también por la evolución que Me. Donagh le asigna al 485 treponema. Es una prueba delicada, es necesario una larga experiencia, puesto que hay ciertos spirilus que pueden ser confundidos con treponema. Las investigaciones del laboratorio, orientadas hacia el diagnóstico precoz de la infección sifilítica, se han intensifi- cado en estos últimos tiempos, puesto que es de esa precoci- dad que parecen depender los resultados del tratamiento y la curación definitiva. Y por ello hemos pensado si no sería posible comprobar la existencia, en el exudado del chancro, de los anticuerpos sifilíticos en el momento en que la sangre de la circulación general careciera de esos elementos. Y nuestras investigacio- nes, perseguidas desde el mes de julio pasado, han tenido el éxito deseado. Nuestro procedimiento está fortificado por las siguientes bases científicas: 1. Retardo de la saturación por anticuerpos sifilíticos en el medio circulante. 2. Existencia entre el chancro y el ganglio de una mayor cantidad de toxina y, por consiguiente, mayor cantidad de anticuerpos. 3. Existencia de mayor cantidad de adrenalina al nivel de la cápsula suprarrenal que en el resto de la sangre. 4. Existencia de hemolisinas naturales en el suero san- guíneo. 5. Existencia en el líquido céfalo-raquídeo de una gran cantidad de anticuerpos mientras que en el medio circulante hay ausencia casi completa de esas substancias. 6. Existencia de anticuerpos en el exudado. Resulta que el organismo puede concentrar la lucha en un lugar determinado, con formación de anticuerpos, sin que su masa total haya participado aparentemente de esa infec- ción. En realidad existe entre los diferentes humores un coefi- ciente de repartición demostrado por la experiencia. Y de la misma manera que existe al nivel de la cápsula suprarrenal mayor cantidad de adrenalina, también existe por detrás de las meninges a través del plexus coroides una diferencia de potencial en anticuerpo sifilítico, separado úni- camente por una membrana que regula los cambios de ultra- fijación, así también existe entre el chancro y su “pared”, per- mítasenos la expresión, y el ganglio satélite, una precoz for- mación de anticuerpos, sostenidas en sus primeros momentos por la barrera que aquéllos ponen a la infección y que sólo 486 se generaliza cuando el organismo se halla saturado en su totalidad por sus defensas mismas, neutralizando, a la vez, con las globulinas luéticas a poder antialéxico, la acción de las hemelisinas naturales defensivas que existen en la san- gre. Hemos encontrado los casos en los cuales la seroreaceión con el exudado del chancro era positiva, como también lo era la presencia del treponema al ultra y, no obstante, la seroreaceión en la sangre tomada en el mismo momento, era negativa; hay casos también en que, a pesar de la ausencia de treponema, y del resultado negativo en la sangre, la reac- ción con el exudado del chancro era positiva; en estos casos observados después, probaron que se trataba de infección si- filítica, puesto que algunos días después la seroreaceión en la sangre fué positiva. Las observaciones clínicas tomadas por el doctor José May ponen de relieve el resultado obtenido. Técnica. — Lavar la región del chancro con agua destila- da, luego con una gaza embebida de suero fisiológico, se lim- pia toda la región, y con una lanzeta se hacen pequeños ras- pajes en el sitio interno de la región indurada, sale ensegui- da exudado mezclado con sangre, que se recibe en una pipe- ta dividida en décimos; 0.1 de la mezcla se vierte en un tubo de reacción, que contiene 0.4 de suero fisiológico al 8.5, se centrifuga, se decanta el líquido, y se vierten en un tubo 0.25 para la reacción y el resto en otro tubo como contralor, y se procede como para la reacción de Wassermann, previa inactivación. Observaciones. — En el exudado de los chancros sifilíticos, hemos notado, en los muy precoces, sólo una polinucleosis con eosinofilia marcada, Obs. XXXII, chancro de 36 horas, que existe también en todos los otros chancros que nos han dado positivo, contrastando con la mononueleosis de los chan- cros simples. En los sifilíticos hemos notado, además, la pre- sencia de cristales de colesterina, y la reacción de Lieberman, efectuada simultáneamente en el exudado y en la sangre del mismo enfermo, habiendo resultado más fuerte la primera que la segunda. Esto fortificaría el rol que muchos autores le asig- nan a la colesterina, en su relación con la aparición de la reacción de Wassermann, y nosotros abrigamos la idea que la colesterina combinada a las albúminas, es decir, las pro- teo-colesterinas, son los verdaderos anticuerpos luéticos, cau- santes de la fijación del complemento. Estas observaciones serán objeto de posterior estudio. El raspaje de la región debe ser muy superficial, y evitar 487 la llegada de la sangre externa al chancro, la que puede neu- tralizar la acción de los amboceptores presentes. CONCLUSIONES a) La existencia de anticuerpos en el exudado clel chancro sifilítico es un hecho adquirido, que permite reconocer pre- cozmente una seroreacción positiva. b) La seroreacción del chancro precede en dos o tres se- manas a la seroreacción de la sangre. c) La seroreacción con el exudado es un excelente medio para el diagnóstico precoz de la sífilis. II — Experimentación clinica DIFICULTADES DEL DIAGNOSTICO DEL CHANCRO SIFILÍTICO La observación diaria en la Clínica Dermosifilopática del profesor Brito Foresti y en la Clínica Dermatológica a mi cargo, nos ha puesto más de una vez frente a problemas de diagnóstico difícil de resolver clínicamente en los casos de ulceraciones venéreas, que no siempre se presentan con los caracteres clínicos tan maravillosamente descriptos por los maestros de la sifiligrafía, en particular Fournier, exponien- do a errores y, en consecuencia, a dejar transcurrir el plazo dentro del cual es más fácil tentar la cura radical de la sí- filis, evitando así los peligros que apareja una invasión ge- neral de todo el organismo por el virus sifilítico y que, según nuestra estadística, comprende un 20 ojo de los casos de chan- cros iniciales. El ultramicroscopio, habitualmente aplicado al diagnósti- co bacteriológico de las ulceraciones, resuelve muchos casos, permitiendo así establecer de inmediato la terapéutica ade- cuada. Pero ¡ cuántas veces hemos requerido del laboratorio, sin lograrlo, la confirmación microscópica del diagnóstico clí- nico, y cuántas otras, frente a ulceraciones sin los caracteres clínicos de los chancros sifilíticos, hemos tenido el informe de que existían treponemas! En nuestra práctica privada y en nuestra experiencia de la Policlínica, hemos tenido, muchas veces, que esperar a la aparición de los síntomas del período de generalización para empezar el tratamiento, ya sea por reacción de Wassermann en el suero sanguíneo, ya sea por manifestaciones secunda- rias. 488 G-ougerout, en diversas publicaciones, h¡a llamado justa- mente la atención sobre los casos de dificultad de diagnóstico en el comienzo, seguidos de reacciones positivas, aparecien- do tardíamente, más allá del plazo común de un mes (“Pa- ris Medical”, diciembre de 1913, febrero de 1916). Bodin, en el mismo “Paris Medical”, febrero de 1918, pu- blica un trabajo sobre algunas dificultades del diagnóstico del chancro sifilítico en el hombre, en el que pasa en revista las anomalías con que puede presentarse, que agrupa en dos categorías: las que resultan de una modificación más o me- nos profunda de uno o de varios de los caracteres del tipo clásico, las que son debidas a complicaciones diversas. •— agregando, además, una causa de error, que es tomar por ul- ceración sifilítica, una lesión que no lo es. Trata el punto de la multiplicidad de los chancros sifilíti- cos, idea sobre la que es necesario insistir, pues comúnmen- te se opone la multiplicidad como característica de los chan- cros simples a la unidad de sifilíticos. Por nuestra parte, hemos observado casos de dos, tres chancros clínicamente si- filíticos, seguidos de la sintomatologia secundaria, aunque en limitada proporción. Nos ha sido dado observar la falta de induración clásica, así como también que no siempre, sobre todo en el comienzo, antes de los diez o doce primeros días, la superficie se presenta como una exulceración de color car- ne de jamón, o bien, por la localización del chancro, en lu- gar no accesible a la vista (meato, uretra), o bien la falta de lesión visible de puerta de entrada, a pesar de una adenopa- tía satélite inguinal con los caracteres de las adenopatías específicas, seguidos de manifestaciones secundarias (Obs. de Oter. Antonio, de Rasch. Francisco), que permitían supo- ner una puerta de entrada genital. En- cuanto a las complicaciones, fimosis, infección mixta, coexistencia con el herpes, que muchas veces sirven de puer- ta de entrada y que desaparecen dentro de los plazos habi- tuales, son causas bien conocidas de dificultad de diagnós- tico. Dice muy bien Bodin, que debe estarse en guardia con- tra el error de tomar por chancro sifilítico una lesión que no lo es. Nuestro colega, el doctor Enrique Claveaux, que frecuentemente nos hace las investigaciones microscópicas, nos ha llamado la atención sobre la existencia de un bacilo alargado, que podría tomarse como un espiroquete, dotado de un movimiento de reptación en el sentido anteroposte- rior, que encontró en chancros indurados (casos de Ramón 489 Ari., Eco. Agra. y otros), y que, más recientemente, nuestro compañero de trabajo, el químico señor A. Prunell, tuvo también oportunidad de encontrar en un enfermo, Enrique Lag., — que presentaba una ulceración pequeña, descansan- do sobre base indurada, en el surco, y a la que nos referire- mos más adelante. Es el tipo de uno de los espiroquetes se- ñalados por Query como forma de pasaje del treponema, considerado como protozoário. El ultramicroscopio, como decimos más arriba, aclara a menudo el diagnóstico, pero no, siempre; Gaucher, en una de sus lecciones, dice: “se puede ser engañado por la pre- sencia, en el accidente primario, de espirilos sin especificidad, y, por otra parte, no cuento más los casos de chancros sifilí- ticos cuya naturaleza ha sido demostrada por las manifesta- ciones ulteriores, y en las que observadores experimentados no habían descubierto espiroquetes”. Gougerot, en su obra “La syphilis en clientéle”, 1921, al tratar del diagnóstico del chancro sifilítico, insiste sobre las dificultades con que muchas veces se encuentra el microsco- pio de eliminar el diagnóstico de treponema, y reclama la re- petición de los ensayos y la seroreacción en serie, pues no es posible, si existe dada clínica, rechazar el diagnóstico de sí- filis por comprobaciones negativas. Dice: “En efecto: no se “ sabría desconfiar demasiado de una interpretación absolu- “ ta de los resultados de laboratorio: los métodos actuales, “ investigación de treponema al ultramicroscopio, seroreac- “ ción, han realizado grandes progresos y permiten a me- “ nudo resolver problemas que otras veces quedaban inso- “ lubles hasta la aparición de la roséola; pero sería peli- “ groso creer que “el laboratorio” va a resolver segura- “ mente todas las dificultades: hay casos numerosos en que “ los resultados bacteriológicos mal interpretados pueden “ ser causa de errores graves: el error es hecho con todas “ las “garantías modernas” y es tanto más grave cuanto “ que el médico cree apoyar su falso diagnóstico sobre las “ técnicas más perfeccionadas. Yo no sabría repetir dema- “ siado que un “signo bacteriológico debe ser interpretado “ como un signo clinico y que el práctico, que ha visto el '“ enfermo, puede sólo dar a resultados de laboratorios ne- “ gativos o dudosos su justo valor. Es necesario conocer bien “ las excepciones a las reglas bacteriológicas habituales: “ cierto, lo más a menudo, un chancro muestra treponemas “ al examen directo, pero, ¡cuántas excepciones!”. “Un re- “ sultado negativo no prueba nada; y no se debe concluir en 490 “ la ausencia de sífilis porque se descubren otros gérmenes: “ bacilos de Ducrey, asociación fuso-espirilar, etc.” En nuestra práctica hemos tenido oportunidad de compro- bar más de una vez la justa apreciación que encierran las frases transcriptas más arriba. Para no citar sino algunos ejemplos de Gougerot, diremos que una de las Obs. de! tra- tamiento de localización en el líquido céfalo-raquídeo, P. M. F., corresponde a un enfermo en quien la investigación fue negativa, haciéndose el diagnóstico cuando apareció la roséola. En otro caso, fué recién después de revisar más de diez láminas que pudo encontrarse el treponema. En el tra- bajo en colaboración con el doctor Claveaux, hacemos una pequeña estadística — 5 sobre 50 casos — respecto de aque- llos casos netamente sifilíticos y que, sin embargo, no encon- tró treponemas a investigación repetida. En estas Condiciones, convencido por mi experiencia per- sonal, por la enseñanza de los maestros como Gougerot, que investigadores experimentados pueden no hallar treponema en lesiones iniciales claramente sifilíticas, el químico, señor Alfredo Prunell, me habla a principios de agosto de un nue- vo método de diagnóstico precoz de la sífilis y me invita a experimentarlo en la clínica Dermatológica y Dispensario N. 1. Me expone su idea, original, cuya exposición precede esta nota y que es la siguiente: hacer la reacción de Wassermann en la serosidad que se extraiga del chancro. Acababa de leer en esos días el Tomo I de Syphilis del “Tratado de Patología Médica”, publicado bajo la dirección de Sergent, Rivadeau Dumas y Babonneix, donde al estudiar cómo el organismo es invadido por el treponema, dice que la infección no aparece sino cuando hay conflicto entre el or- ganismo y el virus, conflicto que resulta de la formación de anticuerpos y que se traduce a la observación por la apari- ción de reacciones serológicas, pero antes que la infección se generalice es en el accidente inicial, en el chancro, donde se produce esa lucha. Apliquemos a la lesión local el mismo criterio que al orga- nismo general. Es allí donde empiezan las primeras reaccio- nes en los tejidos del organismo, en la serosidad de los teji- dos puestos en primer término en contacto con el treponema, que se producirán las primeras modificaciones serológicas. 'Confieso que me pareció tan lógico, tan natural, tan sen- cillo, que manifesté mi asombro, de que en plena búsqueda de laboratorio, como están millares de observadores, no se 491 hubiera' pensado en una cuestión que, para raí, surgía tan clara, por lo que me puse de inmediato a enviarle material desde mi clínica privada y hospitalaria, para hacer el diag- nóstico precoz de sífilis, y, con las reservas del caso, lo puse en conocimiento de mi profesor, el doctor Brito Foresti, pi- diéndole que en aquellos casos de su clientela que no hallara el treponema y teniendo el diagnóstico clínico de chancro si- filítico, los enviara para su observación. Tal es el nuevo método de diagnóstico precoz de la sífilis, cuya técnica describe el señor Prunell. Veamos los resulta- dos de su aplicación en la clínica. ITe aquí las observaciones realizadas: Observación. I. Can. D. Hombre (le 50 años. Viene a consultarme el día 4 de agosto de este año, por una lesión ulcerosa del meato, da- tando de seis días. No hay induración, tejidos blandos, diagnóstico clínico chancro simple, pero reclamo la atención del señor Prunell porque muy a menudo los chancros del meato son sifilíticos. La investigación local: Ducrey y estafilococos. El enfermo va a campaña. En estas condiciones, 48 horas después de comunicarme el primer resultado, el señor Prunell, me visita y me expone que, prac- ticando su idea de la investigación del Wassermann en el suero del chancro, en este caso, a pesar de no haber treponema, había un Was- sermann 110 (positivo total), por lo que, bien que realizaba sus aná- lisis en privado, se creía obligado a exponer el resultado de su expe- riencia, para evitar mayores males con el desarrollo de la enfermedad. En estas condiciones, reclamo la presencia del enfermo, que sólo se hace en los primeros días de septiembre. Examen: chancro comple- tamente curado, no hay repercusión en el organismo. Expuesta la razón de su presencia, el enfermo me confía que el año anterior se había hecho un análisis de sangre en un laboratorio, por consejo del médico que lo trataba, dándole por resultado 110, con gran sorpresa del mismo enfermo, que no ha tenido, fuera de este chancro, que lo trajo a mi consulta, ningún accidente sospechoso. El médico lo envía entonces a otro laboratorio en que le da H8, comple- tamente negativo, y como este resultado estaba, al parecer, más en concordancia con la falta de antecedentes, no le hace ningún trata- miento. Extraigo entonces dos tubos de sangre: uno hecho por el señor Prunell da H0, el otro, hecho por el señor Scaltritti, por su método personal y por la floculación, da H0 y positivo, — confirmándose así el anterior hecho por el señor Sealtritti. Quiere decir, pues, que por el suero del chancro — clínica y bac- teriológicamente simple — fué posible diagnosticar una sífilis igno- rada, cuya única manifestación son unas cefaleas intermitentes y algunas gastralgias. El enfermo está haciendo tratamiento. 492 Obs. II. Rier. Agosto 4. Diagnóstico: chancro sifilítico en regresión. Roséola, placas mucosas, adenopatía. Investigación del treponema: negativa. Reacción de Wassermann en el suero del chancro HO al centésimo. Reacción de Wassermann en el suero sanguíneo HO diluído al 1 en 40, H8 diluído al 1 en 100. Obs. III. Agosto 7. Vil. Rafael, 52 años, español, soltero. Presenta una ulceración del prepucio, datando de unos doce días, tratada lo- calmente con nitrato de plata, diagnóstico probable, chancro simple. Resultado: treponema negativo, Wassermann chancro H8, Wasser- mann suero H8. La observación del enfermo permite establecer más tarde, el día 16 de septiembre, lo siguiente: Treponema negativo, Wassermann en el chancro H0, Wassermann en el suero H0. En resumen, un chancro en el que no se encontró treponema, y sin reacción local y que, sin embargo, era un chancro sifilítico. Obs. IV. Agosto 8. Mart. Treponema positivo. Wassermann en el chancro H0. Wassermann en el suero sanguíneo H8. El enfermo no vuelve. Obs. V. Agosto 11. Cas. Diagnóstico: chancro sifilítico del labio inferior, datando de 20 días. Adenopatía submaxilar. Investigación del treponema (negativa en un laboratorio), positi- va Prunell. Wassermann en el chancro H0:—Wassermann en el sue- ro sanguíneo H3. Después de 4 inyecciones de ncosalvarsán: W. en el chancro H8. W. S. H8 Obs. VI. Agosto 11. Palad. Nicolás. Diagnóstico: chancro sifilítico del labio superior, de 8 días. Diagnosticado treponema por el doctor Claveaux, habiéndosele hecho 4 inyecciones de neosalvarsán. Resultado: Treponema negativo. Wassermann en el chancro 110. Wassermann en el suero sanguíneo H8. Obs. VII. Agosto 12. León. Chancro clínicamente simple. Trepone- ma negativo, Wassermann en el chancro H8, Wassermann en el sue- ro H8. Obs. VIII. Agosto 15. Fac. Diagnóstico clínico: chancro a Ducrey, Treponema negativo. Wassermann en el chancro H8, Wassermann en el suero sanguíneo H8. Obs. IX. Agosto 15. José. Con. Diagnóstico: chancro a Ducrey, datando de cuatro días. Treponema negativo, AVassermann en el chan- cro H8, Wassermann en el suero sanguíneo H8. Obs. X. Ric. Diagnóstico: chancro clínicamente Ducrey, descansan- do sobre base ligeramente indurada. Treponema negativo, Wasser- mann en el chancro H8, AVassermann en el suero H8. Obs. XI. Agosto 18. Rochet. Diagnóstico probable: dos ulceracio- nes superficiales por irritación medicamentosa por herpes prepucial, datando de 20 días. Treponema negativo, AVassermann en el chancro H8, Wassermann en el suero sanguíneo H8. Obs. XII. Agosto 19. P. Jacinto. Diagnóstico: chancro del tamaño mayor de una moneda de centésimo, clínicamente Ducrey, descansan- 493 do sobre base dura (posible chancro mixto). Treponema negativo, Wassermann en el chancro HO, Wassermann en el suero sanguí- neo H2. Al examen, coma estigmatos que podrían considerarse de sífilis, adenopatía epitrocleana. El enfermo no ha vuelto. Obs. XIII. Agosto 19. P. E. Diagnóstico clínico: 3 chancros sifilíti- cos del surco balano-prepucial, 1 chancro sifilítico del glande, datan- do de unos veinte días. Treponema positivo, Wassermann en el chan- cro HO, Wassermann en el suero sanguíneo H8. Posteriormente, después de 4 inyecciones de 0.30, 0.40, 0.45 y 0.45, el día 14 de septiembre, da Wassermann en el chancro H8. Obs. XIV. Agosto 23. Lab. Antonio. Diagnóstico: chancro hacia 2 meses curado; chancro datando de 8 días, de aspecto sospechoso. Tro- ponema negativo, Wassermann en el chancro H0, Wassermann en el suero sanguíneo H8. Después de 4 inyecciones de neosalvarsán, la reacción Wassermann en el chancro da H8, el 14 de septiembre. Obs. XV. Agosto 24. Mac. Martín. Diagnóstico: chancro clínica- mente Ducrey, datando de casi dos meses. Treponema negativo, Wassermann en el chancro H8, Wassermann en el suero sanguíneo H8. Obs. XVI. Agosto 24. Leopoldo Mar. Diagnóstico: chancro del pre- pucio, datando de 15 días, clínicamente, sospechoso Ducrey. Treponema negativo, Wassermann en el chancro H0, Wassermann en el suero H8. No concurre a la clínica hasta el día 9 de septiembre, en que se le extrae sangre, dando H0, y sin esperar el tratamiento vuelve el 3 de octubre, con roséola. Obs. XVII. Agosto 24. Dick. Diagnóstico: chancro del prepucio, datando de cuatro días, del tamaño de una pequeña lenteja, super- ficie equimótica, ligeramente indurado. Olínieamente sifilítico. Treponema positivo, Wassermann en el chancro H0. El enfermo no vuelve a la consulta. Obs. XVIII. Agosto 29. Ojed. Gregorio. Diagnóstico: ulceración del prepucio, del tamaño de la yema del dedo pulgar, datando de dos meses. Clínicamente: Ducrey. Treponema negativo, Wassermann en el chancro H8, Wassermann en el su-ero sanguíneo H8. Obs. XIX. Septiembre 3. Carabel. Xavier. Diagnóstico: ulceración de unos tres milímetros, descansando sobre una base más amplia, li- geramente indurada: sospechoso de especificidad. Treponema negativo, Wassermann en el chancro H8, Wassermann en el suero H8. Obs. XX. Septiembre 5. Lag. Enrique. Diagnóstico: chancro del surco, datando de seis días: clínicamente sospechoso de especificidad: superficie sangrando fácilmente, base ligeramente indurada. Treponema, en un laboratorio, positivo. Treponema negativo: se 494 encuentra un bacilo alargado que tiene movimiento de reptación, descripto por Quéry, Wassermann en el chancro H8, Wassermann en el suero sanguíneo H8. Día 9. El doctor Claveaux hace una investigación de treponema sin resultado. El enfermo cura con tratamiento local de agua hervi- da. Visto el 23 de septiembre sin síntomas de sífilis. Obs. XXI. Septiembre 6. Vil. Manuel. Diagnóstico clínico: dos chancros sifilíticos del surco, datando de unos veinte días. Adenopa- tía epitrocleana. Treponema positivo, Wassermann en el chancro HO, Wassermann en el suero TIO. Obs. XXII. Octubre 9. Alvar. Mario. Diagnóstico, ulceración del prepucio, superficie sangrando con facilidad, del tamaño de unos seis milímetros: sospechoso de chancro sifilítico. (Enfqjrmo que tenía ganglios epitrocleanos anteriores y Wasserman H8 del año 1919). Treponema positivo, reacción Wassermann en el chancro HO, reac- ción Wassermann en el suero H8. Obs. XXIII. Octubre 9. Meir. Carlos. Diagnóstico: chancro del sur- co, datando de 10 días, indurado. Treponema positivo, Wassermann en el chancro HO, Wassermann en el suero H8. Obs. XXIV. Octubre 9. Pet. Domingo. Diagnóstico: chancro del prepucio, clínicamente simple. Treponema' positivo, reacción de Wassermann en el chancro H8, reacción Wassermann en el suero H8. Obs. XXV. Octubre 9. Den. Miguel. Diagnóstico: chancro del sur- co; clínicamente aspecto de chancro simple. Treponema negativo, reacción Wassermann en el chancro H8, reacción Wassermann en el suero H8. Obs. XXVI. Octubre 10. Artigas Bl. Chancro del surco, clínicamen- te simple. Treponema negativo, Wassermann en el chancro H8, Wassermann en el suero H8. Obs. XXVII. Octubre 12. Bar. Juan. Diagnóstico: chancro del sur- co, clínicamente simple—Ducrey. Treponema negativo, Wassermann en el chancro H8, Wassermann en el suero H8. Obs. XXVIII. Octubre 12. Riv. Bismark. Diagnóstico: chancro, da- tando de siete días. Aspecto clínico de chancro simple. Treponema positivo, reacción Wassermann chancro H2, reacción Wassermann suero H8. Obs. XXIX. Septiembre 12. Land. Carlos. En junio de este aña Una ulceración grande del forro, que cicatrizó completamente. Reac- ción Wassermann (2) H8. El 12 de septiembre viene a la consulta, presentando en la zona cicatricial dos pequeñas ulceraciones, ligera- mente induradas; diagnóstico: chancros sifilíticos. 495 Treponema negativo, reacción Wassermann chancro HO, reacción Wassermann suero H8. Obs. XXX. Septiembre 12. Kom. Carlos. Diagnóstico: chancro li- geramente indurado del surco, datando de 8 días (datos que rectifi- có, siendo de más tiempo), sospechoso de sífilis. Treponema positivo, Wassermann en el chancro HO, Wassermann en el suero HO. Obs. XXXI. Septiembre 14. Mor. Chancro del prepucio, descansan- do sobre una base ligeramente indurada, a bordes excavados, datan- do de 15 días, aspecto de chancro simple. Treponema negativo, reacción Wassermann H8, reacción Wasser- mann en el suero H8. Obs. XXXII. Septiembre 14. M., estudiante de medicina. Pequeña ulceración del prepucio, datando de unas 24 a 36 horas. El diagnós- tico clínico imposible de establecer, bien que inclinándome al de chancro simple. Treponema positivo (largos), reacción Wassermann en el chancro H8, reacción Wassermann en el suero H8. Obs. XXXIII. Septiembre 14. Eecal. Diagnóstico: chancro del sur- co, datando de días, probablemente simple. Treponema negativo, reacción Wassermann en el chancro H8 (7), reacción Wassermann en el suero H8. Obs. XXXIV. Septiembre 14. Gian. Diagnóstico: chancro sifilítico del labio inferior y chancro sifilítico del frenillo, datando de cerca de veinte días. Treponema positivo en ambos, Wassermann en el chancro labio H3, Wassermann en el chancro frenillo HO, Wassermann en el suero H8. Obs. XXXV. Septiembre 15. Got. Domingo. Diagnóstico: chancro del prepucio, datando de 8 días, ligeramente indurado, sospechoso de sífilis. Treponema positivo, reacción Wassermann en el chancro HO, reac- ción en el suero H8. Obs. XXXVI. Septiembre 15. Luciano S'uar. Chancro del limbo, da- tando de ocho días, sospechoso de sífilis. Treponema positivo, Wassermann en el chancro H2, Wassermann en el suero H8. Obs. XXXVII. Septiembre 16 de 1921. Oli. Zoraida, niña de 10 años. Diagnóstico: ósteoartritis sifilítica del pie izquierdo por heredo- sífilis. Dos gomas abeedadas, una cerrada, en la que se hace la in- vestigación. Treponema negativo, Wassermann en el chancro H8, Wassermann en el suero H8. Obs. XXXVIII. Septiembre 16. Or. Pedro. Diagnóstico: probable glositis losángica de Brocq. Treponema negativo, Wassermann en el chancro H8, Wassermann en el suero H8. 496 Obs. XXXIX. Octubre 19. Mont. José. Diagnóstico: chancro sifilí- tico del glande, data de 16 días. Treponema positivo, Wassermann en el chancro H0, Wassermann en el suero H8. Obs. XL. Septiembre 23. Pir. A. Diagnóstico: chancro sifilítico del surco, datando de 8 días. Treponema positivo (largos), Wassermann en el chancro H2. Wassermann en el suero H8. Obs. XLI. Septiembre 26. Rimb. Chancro del surco, datando de 8 días, clínicamente simple. Treponema negativo, Wassermann en el chancro H8, Wassermann en el suero H8. Obs. XLII. Septiembre 26. Fern. José. Chancro del surco, datando de 5 días, clínicamente simple. Treponema negativo, Wassermann en el chancro H8, Wassermann en el suero H8. Obs. XLIII. Septiembre 26. Fas. Antonio. Chancro del frenillo, da- tando de 8 días, clínicamente simple. Treponema negativo, Wassermann en el chancro H8, Wassermann en el suero H8. Obs. XLIV. Septiembre 26. Mart. Secundino. Chancro del surco, datando de 7 días, indurado, sospechoso de sífilis. Treponema negativo, Wassermann en el chancro H0, Wassermann en el suero H8. DISCUSIÓN DE LOS HECHOS En total, hasta el 26 de septiembre, se ha hecho la experi- mentación en 44 casos, habiéndose repetido en 4 casos, que se clasifican así: un caso de herpes (Obs. XI), un caso de glo- sitis losángica de Brocq (Obs. XXXVIII), un caso de sífilis terciaria hereditaria (Obs. XXXVII), un caso de sífilis se- cundaria (Obs. II), 16 casos de chancros diagnosticados sifi- líticos, o sospechosos de ser sifilíticos, entre ellos (Obs. XX), y 24 casos diagnosticados o sospechosos de chancros simples. En las observaciones XI y XXXVIII el resultado ha sido negativo. En la Obs. XXXVII, de sífilis terciaria heredita- ria ósteoartritis, también negativa, a pesar de lo cual le he- mos hecho el tratamiento y mejora. En la sífilis secundaria (Obs. II), el resultado en ambos sueros es idéntico, H°, pero mientras en el suero del chancro se conserva positiva en dilución al centésimo, en el suero san- guíneo desaparece al 1 X 40. Aproximado a este resultado es el de las observaciones V y XII, chancros del labio y del prepucio, datando de veinte días y un mes respectivamente, y ya en período de generali- 497 zación, que dan II3 y IIP; o sea menos intensa qne en el sue- ro local. La reacción de Wassermann más positiva en el suero de la lesión permite establecer que es allí donde la lucha es más intensa, y evitar el error de tomar un chancro simple por un chancro sifilítico, como en la observación I, que es muy ins- tructiva a este respecto. En efecto: era un enfermo que lle- vaba una reacción Wassermann positiva total, por los menos desde un año antes, sin más síntomas que algias, y a quien la repetición del Wassermann en otro laboratorio, cuyos re- sultados le inspiraban más confianza al médico tratante, hizo que pasara un año más sin terapéutica apropiada. En los casos de chancros simples o cuyo aspecto inclina- ban a ese diagnóstico (24), su resultado se distribuye así: Obs. I, ya analizada, treponema negativo; en tres hay trepo- nemas, Òbs. XXXII, Obs. XXXVI, Obs. XXVIII, y‘la reac- ción en el suero del chancro era positiva en cuatro observa- ciones : XVI, XII, XXVIII H'2, XXXVI H'2, y negativa en el suero sanguíneo, menos en la Obs. XII, que da H2. El enfermo de la Obs. XVI, que no viene a la consulta, nos da entonces H° en el suero sanguíneo, y roséola, corro- borando así el Wassermann del chancro. Si se estudian esas observaciones, se ve que en la Obs. XXXII, chancros de pocas horas, en que hay treponema, la reacción es negativa, II8, en las Obs. XXVIII y XXXVI, chancros de unos 8 días, era ya H2, para ser positiva total en los otros de más tiempo. Prunell expone en su trabajo las alteraciones locales de los chancros iniciales; comproba- ciones muy importantes, como se ha leído. En los chancros diagnosticados sifilíticos o sospechosos de tal, los resultados son los siguientes: Una Obs., XX, no da treponema, ni Wassermann local; era un bacilo alargado, animado de movimiento de reptación; una Obs., VI, era de un sifilítico en tratamiento que, sin embargo, localmente da H°, en el suero sanguíneo H8, y, en 2, XIV y XXIX, da treponema negativo y Wassermann H°, y en los restantes da treponema positivo y Wassermann IIo, menos en dos obser- vaciones, XXXIX y XL, chancros de 16 días del glande, de 8 días del surco, y en uno de los chancros de la Obs. XXXIV, que da H2 y H5. liemos seguido, dentro de lo posible, pues los enfermos no siempre concurren a la consulta cuando se le indica, y uno de ellos, Obs. III, nos da al mes un Wassermann H°,— ¿a qué 498 atribuir el resultado primero, completamente negativo? Pro- bablemente a dos causas: el cáustico usado, nitrato de pla- ta, y mezcla del suero sanguíneo general al suero local, según otras comprobaciones hechas por Prunell. En los casos que han empezado su tratamiento, tenemos que una de las Obs., VI, da positivo después de 4 inyecciones, en tanto que las otras, V, XIII y XIV, se hacen negativas después de 4, 6 y 4 inyecciones de neosalvarsán, demostran- do la rápida acción del neo sobre el treponema. Quizás la aplicación de este método local permita buscar in situ la per- sistencia del treponema, y establecer cómo marcha la lucha de defensa del organismo, pero este estudio recién lo empe- zamos a realizar. * En total, sobre 24 chancros de aspecto clínico simple, se encuentran 1 con treponema y reacción Wassermann nega- tiva, 4 con treponema y reacción Wassermann positiva y uno sin treponema con reacción Wassermann positiva, pero que ya tenía ese mismo resultado de un año atrás. En los chancros sifilíticos o sospechosos de sífilis (16), te- nemos que: en uno no se trataba de treponema, en tres no había treponema, pero la reacción Wassermann era positiva, y, en los demás, era positiva, habiendo treponema. Quiere decir, pues, que el procedimiento del Wassermann local en el accidente inicial es un nuevo auxiliar que cuenta el clínico para el diagnóstico precoz de la sífilis: en nuestra corta estadística permitió establecer que era chancro sifilíti- co en dos casos sobre 24, con una excepción, Obs. III, y en chancros diagnosticados sifilíticos, en 2 casos sobre 16, en los que no había treponema, o sea en un nueve y un trece por ciento respectivamente. CONCLUSIONES 1. La reacción de Wassermann, aplicada al accidente ini- cial, es un excelente medio de diagnóstico precoz de la sífilis. 2. La reacción Wassermann en el accidente inicial es más intensa que en el suero sanguíneo. 3. Permite diagnosticar sífilis en un nueve por ciento de chancros clínicamente simples. 4. Confirma el diagnóstico de chancro sifilítico en casos en que no se comprueba treponema. 499 Nota aclaratoria Ya en plena experimentación, a principios de septiembre, o sea un mes después del primer caso, llega a nuestras manos el número de agosto de este año de “The Journal of the American Medical Asso- cition”, que trae en sus páginas un trabajo de Klauder y Kolmer, sobre la reacción de Wassermann en las secreciones, trasudados y exudados sifilíticos, donde se lee lo siguiente: “La reacción de Was~ “ sermann local. A fin de estudiar el problema de la formación lo- “ cal de anticuerpos, fijadores del complemento, verificamos la prue- 4 4 ba en el fluido de la superficie de un número de chancros deí ex- 4 4 tracto salino de los nodulos sifilíticos extirpados de los testículos 44 de conejos sifilizados. La reacción Wassermann verificada en los 44 líquidos del chancro, rindió casi uniformemente una reacción de “ + + + • En algunos casos, se obtuvieron resultados positivos “ antes de que la reacción pareciera positiva en la sangre, lo que 44 aparentemente excluye la posibilidad de que la reacción del lí- 4 4 quído del chancro se deba a la sangre mezclada. En otro informe, 44 comunicaremos más tarde los resultados completos de este estudio 44 y se hará resaltar su valor práctico, como auxiliar en el diagnós- 44 tico precoz de la sífilis’7. Y en las conclusiones se lee: 44Todas las pruebas con líquidos de 44 chancros rindieron casi uniformemente reacciones + + + +. Se- 44 ñalamos el valor práctico de la reacción de Wassermann 4‘local” 44 como posible auxiliar para diferenciar las lesiones sifilíticas de las 44 no sifilíticas, en particular cuando se aplica al líquido del chan- “ ero para el diagnóstico precoz de la sífilis”. Como se ve, se trata de una bien curiosa coincidencia de investi- gadores: puesto que antes de que llegara a nuestro poder el número de la referencia, ya estaba experimentando clínicamente dicha idea. El primer enfermo fué de fecha 4 de agosto, lo que contribuye a afirmar más aún la coincidencia. Por otra parte, el trabajo de Pru- nell trae muy interesantes observaciones sobre las alteraciones loca- les, que están lejos de las breves y sintéticas palabras de los autores que se leen más arriba, pero que creíamos un deber transcribir. Otra. — En el momento en que corrijo esta impresión debo agre- gar dos nuevos casos en que el Wasssrmann fué negativo y, no se halló treponema y luego aparecieron manifestaciones sifilíticas. 500 El valor de la reacción de Wassermann en relación con la clínica por el dr. josé may (Montevideo) Médico Jefe de la Policlínica Dermatológica Jefe adjunto del Dispensario núm. L del Instituto Profiláctico de la Sífilis Dos cuadros que ivan dentro de estos capítulos, compren- den 4,900 análisis sobre un total de 7,000 reacciones, que des- de el año 1918 hasta el 31 de agosto de 1921, se han hecho en el Dispensario N.° 1; las restantes corresponden a enfer- mos sifilíticos en tratamiento. Nuestro propósito es contribuir con este análisis a demos- trar una vez más el valor innegable que esta reacción tiene dentro de la patología. Sabemos que, partiendo en su búsque- da del principio que informó la reacción de Bordet Gengou, el Wassermann ha sufrido transformaciones que tienden a hacer de ella una reacción biológica, puesto que se ha hecho con antígenos no específicos, pero lo innegable es que si se analiza sistemáticamente la sangre de un sujeto que empie- za su sífilis, esa reacción es primero negativa, luego positiva y, en algunos enfermos, nos ha sido dado tener un resultado intermedio entre II8 y H° de la escala de Vernes, en plazo de muy breves días. De modo que, permaneciendo aún igno- rada la substancia qqe determina la positividad del Wasser- mann, es innegable que este signo es de una extraordinaria importancia, y que aparece cuando el organismo está sifiliza- do. No es el único punto de biología en que todavía el empi- rismo domina: nosotros aplicamos la vacuna como preventi- vo de la viruela-, y, sin embargo, desconocemos por qué meca- nismo y por qué substancia ésta provoca la inmunidad con- tra aquélla. 501 Cuadro de reacciones de Wassermann Año 1918 Año 1919 Año 1920 Año 1921 Sin antecedentes ) »■'(?? H 152 P 19 N 133 II 185 | P 14 N 171 H 100 / P 4 l N 6 1 M 44 ( 5 36 M 93 | P 19 N 75 M 105 | P 17 N 88 M 81 ( P 19 V N 26 De menos / qq / P 16 de 1 mes \ \ N 83 260 1 P 58 N 202 230 | P 32 N 198 153 /P 17 U 136 Chancros tratamiento local “ÜÜ2 (133(5!® 160 P 43 N 117 144 ( P 29 N 115 96 • P 16 V N 80 De 2 a 6 / / P 8 meses \ \ N 20 38 P 13 N 25 48 | P 14 N 34 27 / P 4 l N 23 De más de / / P 20 6 meses \ V N 48 115 P 35 N 80 ' 157 | P 36 N 121 95 / P 10 V N 85 Chancros diag- nósticos mixtos 6 (5J 1 (£r Balanopostitis con fimosis 0 (Si 6 P l N 5 ch. j; «¡KÍ4 31 ( P 25 j N 6 47 P H0 22 H7 5 H8 20 37 í P 17 \ N 20 21 11 f ( P 111 { 114 ( N 3 101 ( P 99 N 2 138 | P 137 N 1 84 ( P 81 l N 3 2 ni Cicatrizados 3 4 í P 1 l N 3 2 ( P ~ \ N 2 En /97/ P 27 actividad v \ N — 22 ( P 21 30 N 1 ectima ( P 27 N 3 20 / P 20 V N - y local nerviosa •(5J 4( P H0 1 N 3 4 í P 1 N 3 4 (5r 502 Año 1918 Año 1919 Año 1920 Año 1921 Lesiones 8 r P 5 12 f P 3 12 r P 3 1° P 4 cardiovasculares I L N 3 1 N 9 l N 9 N 6 Mal de Raynaud | P 1 . N 1 Iritis 4 [ P 2 l N 2 4 r p i L N 3 Onixis 3 1 P 1 1 N 2 2 [nT ‘ P — N 1 VitÍligo 1 rp - L N 1 4 [SI i [S‘- 3 P — L N 3 Leucoplasia 4 r p 1 L N 3 1 l N 1 3 [Si- * [ir Algias Enferm. sin H 17 r P 2 L N 15 H 30 [ P 1 l N 29 H 24 r P 4 | N 20 H 31 P 3 N 28 antecedentes M 11 r P 1 L N 10 M 36 i P 12 1 N 14 M 85 r P 25 L N 60 M 24 P 8 N 16 Abortos o partos 3 i P 2 27 r P 9 31 r P 8 35 P 7 prematuros I I. NI L N 18 l N 23 N 28 Adenopatía H 8 r p\ L N 7 H 40 r p 3 L N 37 H 17 rp - L N 17 H 80 P 3 N 77 epitrocleana r P 1 M 5 r p 1 L N 4 r p i | N 3 M 5 [ N 4 M 4 M 6 . N 4 Blenorragia 12 í N 12 76 i P (i l N 70 *u P 7 . N 104 Estomatitis, rp - rp - 10 r p - P — aftas L N 4 L N 7 1 N 10 5 N 5 Ulceras varicosas 13 ( P H0 3 H6 2 H8 8 15 I P 4 L N 11 6 P 2 N 4 Psoriasis 5 r P - L N 5 3 [Si 8 r p i 1 N 7 8 p — N 1 503 Año 1918 Año 1919 Año 1920 Año 1921 Lupus • (Sí 5 (S? 4 (Sr Tuberculide / pápulonecrótiea V 1 (S'_ Lepra ‘ (Sr 3 1 CO 1 (Sr Recklignhausea 1 (Sr 2 / P 1 Ui Pemphigus / Brocq V 1 (Sr 1 (Sr Enf. Duhring 1 (Sr Eritema polimorfo / e indurado \ 3 (Sr Liquen l (p - V N 1 Pelada * (Sr 3 ( p - \ N 3 7 (p - \ N 7 Eczemas y prurito ( * (Sr 14 (Si 21 ( P 1 l N 20 13 ( N 13 Piodermitis ( 1 (Sr 8 ( P ~ V N 8 5 (Si Anué 17 / P 2 V N ló 3 (Sr Pitiriasis rosado 1 ( p - V N 1 Ictiosis ' 1 ( P “ V N 1 ¿jos de padres / 1 17 / P 3 l N 14 17 (Si6 Empezaremos el análisis por los chancros diagnosticados sifilíticos: En 1918, sobre 47 chancros, 24 dieron H°, y en 3 H8, que se transformó en H° en plazo de 10 días a 1 mes. En 1019, sobre 31 chancros, dieron 25 positivos y 6 negativos, y de éstos 3 se hicieron positivos (Gont. José, chancro de 20 504 días, 14 X H8, 28 X H2, 4 XI IIo; De C. Paulino, de 15 días, 21 XI II8, 12 XII H4, 23 XII H°; Lem. Alberto, chancro de 1 mes, 3 X KD6, 4 XI IIo) ; los otros fueron tratados activa- mente; en 1920, sobre 47 chancros diagnosticados clínica o microscópicamente sifilíticos, 22, de más de 20 días de evo- lución, dieron IIo, en 20, de menos de 20 días, dió II8, y en 5 dió' II7, y, en 1921, sobre 37 chancros sifilíticos, 17 veces dió positivo, en casos de más de 20 días de evolución, y en 20 dió negativo. En capítulo aparte, publico con el doctor Claveaux, un trabajo sobre la evolución ulterior del Wasser- mann en una serie de casos. 'Como se ve, nuestros resultados son concordantes con la opinión de la mayoría de los autores; el Wassermann en el suero sanguíneo se hace positivo después de un plazo varia- ble, pero siempre mayor de veinte días o alrededor de él. Veamos en les casos diagnosticados de sífilis secundarias. Sobre un total de 438 casos, liemos tenido 429 reacciones po- sitivas y 9 negativas. Estos nueve enfermos de Wassermann discordante con la clínica, fueron debidamente seguidos. En 1918, Indalecio Mart. tiene una sífilis secundaria, roséola confluente, placas mucosas, adenopatía epitrocleana, etc., y repetido el Wassermann dió H°; en cambio, la mujer María Delf., que presentaba unas lesiones bucales, era una neopla- sma ignorada, que tenía lesiones de estomatitis, y el tercero, Modesto Vid., se presentó en la clínica con unas lesiones de la mucosa labial, con ganglios epitrocleanos, inyectándosele 0 gr. 30 de neo el mismo día que se le extrae sangre y que fué observado después cuidadosamente sin que apareciera le- sión específica alguna, y siendo el Wassermann siempre ne- gativo. En 1919 hay dos discordancias. An. y Cod., ambos con an- tecedentes de chancros curados con tratamiento local. El pri- mero era una placa de angina de Vincent, empezando en el paladar blando; el segundo lesiones de estomatitis, con las que volvió a aparecer en la clínica. En 1920 hay una discordancia: una mujer con lesiones bucales que, cuidadosamente observada, resultó ser una esto- matitis, y, en 1921, otras tres, que también dió por resultado encontrarnos frente a sujetos con antecedentes, pero en los cuales la evolución posterior descartó el diagnóstico de sífilis secundaria. Quiere decir, pues, que salvo los errores, siempre posi- 505 bles, podemos afirmar que el 100 por 100 de las sífilis secun- darias dan Wassarmann H° positivo total. Analicemos el Wassermann en los casos diagnosticados co- mo sífilis terciarias. Debemos hacer dos grupos: sífilis cica- trizadas y sífilis en actividad. De los primeros, en 9 casos, dio 8 negativos; de los segundos, 89, dió 85 veces H°, 1 vez II6, que dió después H°, y 4 veces dió negativa. Uno de es- tos casos es el de Nazario Reb., enfermo tratado por el extin- to doctor Canabal con 606 y que vuelve a la clínica con le- siones rupiodes de las piernas, que cedieron al tratamiento local. Los otros 3 casos, en los enfermos Margarita Ris., con ulceraciones extendidas a la pierna, Raúl ¡Sov., con una goma extendida en el hemi-tórax derecho, que cedió al tratamien- to, y Fer. José, con una osteítis disecante del bemicráneo izquierdo, falleciendo, comprobándose a la autopsia hecha por el doctor Moreau, una goma en el lóbulo frontal, perfo- ración del cráneo. De modo que en los casos de sífilis terciaria cicatrizadas nos dió 9 veces negativa sobre 9 casos, y en las sífilis en ac- tividad nos dió 85 veces positivo sobre 89, o sea un 95 por ciento. En las sífilis localizadas en el sistema nervioso (tabes, he- miplegias), nos dió, sobre 18 casos, 3 positivos y 15 negati- vos, concordante en esto con el resultado de otros autores. Sobre uno de estos resultados voy a llamar la atención en los momentos en que se discute si existe virus dermotropo y neurotropo; un caso de tabes dió positivo, pero tenía una si- fílide ulcerosa en actividad. En los enfermos que vienen en lesiones cardiovasculares, tenemos, sobre 42 casos, 15 positivos y 27 negativos. Entre estos resultados hay dos con aneurismas y con antecedentes clínicos de especificidad. En los enfermos con leucoplasia bucal, sobre 9 casos, uno solo dió positivo. En los enfermos con lesiones oculares, iri- tis, queratitis, nos ha dado 3 positivos, sobre 8, y uno de los negativos después se hizo positivo. En onixis, uno positivo, sobre 4 casos. Concurren en número extraordinario enfermos con chan- cros en evolución o ya curados, para el análisis de los cuales hemos dividido arbitrariamente en grupos; son enfermos que no presentan signos de sífilis. 506 Hemos visto 732 enfermos con chancros dentro del primer mes de evolución, y sobre éstos, 125 tenían ya su reacción Was- sermann positiva; 533 enfermos con chancros de más de un mes y menos de dos de evolución, de los cuales 116 tenían su Wassermann positivo; 141 enfermos que tenían su chancro o ya estaba curado, entre 3 y 6 meses de su comienzo, con 39 resultados positivos, y, por último, en un cuarto grupo, enfermos que han tenido chancros en plazo que va desde 6 meses y que en algunos remontan hasta 20 y 30 años, sobre 435 enfermos, 101 tenían su Wassermann positivo. liemos repetido en muchos de estos casos los análisis, es- pecialmente en los que, datando de años atrás, no tenían le- siones visibles de sífilis, y su resultado ha sido concordante. En 1918 se repitieron unas 40 reacciones de esos chancros; en 9 que se diagnosticaron clínicamente sifilíticos y la reac- ción se hizo positiva en tiempo variable de 8 días a un mes, y en 7 chancros con adenopatía epitrocleana, en uno se hizo positiva al mes, y en 2 dió positiva. En 1919, sobre 108 repeticiones de Wassermann de estos chancros, 5 Wassermann se hicieron positivos. En 1920, sobre 74 casos observados, el Wassermann se hi- zo 6 veces positivo, y, en 1921, sobre 78, el Wassermann se hizo positivo 3 veces. Sobre un total de 7 chancros diagnosticados mixtos clíni- camente, uno solo dio positivo, por lo que no hemos vuelto a poner en nuestra libreta de diagnóstico el título de chancro mixto. Muy a menudo, en efecto, los chancros simples se in- duran ligeramente, otras veces, a consecuencia de terapéuti- ca que el enfermo se aplica a ignorancia del médico, y no mi- diendo hacer en todos los casos comprobaciones bacteriológi- cas, no enviamos casi más ese diagnóstico, no porque no lo veamos en clínica. Además, sobre 11 casos de balano-postitis con fimosis, lie- mos tenido dos positivos por chancros del surco. Tomando la totalidad de los enfermos que concurren con lesiones dentro de los primeros seis meses de evolución, tene- mos que, sobre un total de 1,424 enfermos, 152 eran sifilíti- cos, 9 corresponden al año 1918, y, sobre 14 más de los res- tantes, se hizo positiva, y 312 presentan un Wassermann H°; en total, 464, o sean un treinta por ciento de la estadística global, eran chancros sifilíticos. Este cuadro estadístico habla con la elocuencia de los nú- 507 meros, de que no es posible aceptar lo que proponen algunos médicos, que todo chancro que se inicia debe ser objeto de tratamiento arsenical inmediato. Stokes, en su obra de divulgación científica, aconseja para los médicos carentes de elementos de laboratorio, en la cam- paña, recurrir a la terapéutica inmediata. Nosotros estamos de acuerdo con ese criterio, para la cam- paña, pero no es posible aceptarlo dentro de centros dotados de laboratorios adecuados, puesto que sólo un veinte por ciento, en los que no siendo clínicamente diagnosticares co- mo sifilíticos, ven hacer su reacción de AYassermann posi- tiva. Y, luego, comenzado el tratamiento, ¿ cuándo debe dete- nerse si se sostiene, como algunos autores, que el tratamien- to no impide que la reacción se haga positiva, en contra de lo que hemos observado? (véase capítulo en colaboración con el doctor ClaveauxL ¿Cómo es posible que frente a esta cla- ra y demostrativa estadística, se tenga el derecho de sembrar en un 70 por ciento de los enfermos que tengan la desgracia de conseguirse una úlcera genital, la duda de ser sifilíticos, secuela tan grave o peor que la misma enfermedad? Lo repetimos aquí: no hay que perder el tiempo con trata- mientos locales; hay que recurrir a todos los recursos de que se dispone para el diagnóstico exacto de sífilis en su co- mienzo. Y ahora vamos a analizar el cuadro de enfermos que con- curren a nuestras policlínicas con afecciones de diversas cla- ses, y a los que, llevando a la práctica, dentro de lo posible, nuestras ideas de hacer sistemáticamente el AYassermann a todo enfermo que concurre, lo sometemos a ese análisis. Son enfermos que no registran antecedentes de sífilis, mu- chos de ellos de ninguna afección venérea, otros con bleno- rragia en sus antecedentes, que se quejan de dolores difusos o de cefaleas,' etc. Areamos el análisis del cuadro. ¡Sobre 548 hombres sin antecedentes venéreos, hay 35 re- sultados positivos; sobre 323 mujeres, hay 62 positivos, o sea un porcentaje de 7 3|4 y de 19 1(5* respectivamente, cantidad no despreciable de enfermos portadores de un AVassermann positivo. Un capítulo aparte hemos hecho para los enfermos que, sin registrar antecedentes sifilíticos, vienen a la clínica, y comprobamos en ellos adenopatía epitrocleana. Muy común- 508 mente se nos enseña en la clínica que unos ganglios epitro- eleanos deben hacer pensar en la sífilis. La observación de los enfermos claramente sifilíticos que se asisten en el dispensa- rio, me ha permitido comprobar que en los hombres puede decirse que existe siempre: sólo uno, el enfermo Cont. Al- fonso, no tiene epitrocleanos, a pesar de que presentaba ya roséola cuando lo vimos, pero, por otra parte, muchos enfer- mos tienen epitrocleanos sin ser sifilíticos. Veamos el cuadro. Su análisis nos da: sobre 145 hombres, 7 resultados positivos, y, sobre 20 mujeres, 5 positivos. Quie- re decir, pues, que hay muchas personas, entre los jornaleros sobre todo, que pueden presentar los ganglios epitrocleanos. De los enfermos con Wassermann negativo y epitrocleanos, uno de ellos, Mario Alv., acaba de tener, agosto de este año, un chancro sifilítico, con treponema positivo, y dos muje- res, las dos de vida galante, adquirieron sífilis; una de ellas con accidente inicial bucal, el año 1920, y otra a puerta de entrada desconocida, que vi a principio de este año en plena manifestación secundaria. En los hombres que no registran más antecedentes que blenorragia, tenemos que, sobre 199, hay 13 resultados posi- tivos, lo que demuestra que un 6 por ciento de enfermos en los que se diagnostica blenorragia y que muchas veces se asis- ten sólo bajo las indicaciones de amigos o de boticarios, son portadores de sífilis ignorada. Hay un grupo de enfermos que concurren a la policlínica porque han oído decir que la sífilis da dolores de cabeza y su- fren de cefalalgias o de algia oifusas. El análisis de san- gre da, sobre 102 hombres, 10 positivos, o sea casi el 10 ojo; en cambio, en las mujeres da, sobre 156, 46 resultados positi- vos, porcentaje abrumador, de casi un 40 o|o, de mujeres que se quejan de dolores difusos, muchas veces atribuidos a es- tados reumatoides, y que se esfuman a la menor terapéutica antisifilítica, ya sea el clásico yoduro de potasio solo o aso- ciado al mercurio, ya sea a los arsenicales. Hay otro antecedente bien conocido y sobre el que insisten todos los libros de patología, pero que no por sabido debe dejar de recalcarse su importancia: Me refiero a los abortos o partos prematuros. Sobre 96 mujeres, con ese anteceden- te, 36 dieron resultado positivo total, o sea en un 25 por ciento de los abortos, interviene en forma evidente y clara la sífilis. 509 Muy pocos son los casos de lepra que desfilan por la clíni- ca: en 5 casos, negativo en todos, y, últimamente he visto 3 más, con resultado negativo 2, y positivo 1, en mi clientela. En este caso hay antecedentes sospechosos de sífilis, abortos. En el vitÍligo, sobre 9 casos, 2 positivos. En el lupus, sobre 12 casos, ninguno positivo. En el psoriasis, sobre 24 casos, 1 positivo, en un enfermo Tab. con antecedentes sospechosos de sífilis, remontando a más de veinte años. En el eczema, sobre 49 casos, dos resultados positivos, los dos hombres, con chancro tratados loealmente (Ramón Fern. y Nicasio Aramb.). En las afecciones bucales, estomatitis, angina de Vincent, aftas, nos ha dado siempre negativo (26 casos). En la pelada nos ha dado también negativo (14 casos). En un caso de tuberculide pápulo-necrótica, nos dio IIo, rebelde al tratamiento; después de 20 inyecciones de neosal- varsán, nos di ó todavía H°. En las úlceras varicosas hemos encontrado que, sobre 34 casos, hay negativos 23, 2 positivos intermedios, H6, H", y positivos totales. Estudio actualmente en las enfermas, en una de las cuales dió H8 y en otra H7, la extraordinaria ac- ción que en su cura ejerce el Jarabe de Gibert. Ambas en- fermas, Barn. y Lob., registran en sus antecedentes abortos, y otra de ellas, a quien ya me he referido en las sífilis tercia- rias, Margarita Ris., tiene una miosis del OI, midriasis OD. pupila irregular, con punción lumbar negativa. Hemos hecho el análisis en otras afecciones, enfermedad de Duhring (1 caso, negativo), eritema indurado de Bazin y polimorfo (3 casos, negativos), penphigus de Brocq (1 ne- gativo), Recklinghausen (3 casos, 1 positivo, mujer), liquen (1 negativo), pitiriasis rosado de Gibert (1 caso negativo), ictiosis (1 negativo), acné, 30 casos (2 positivos, uno en una mujer con antecedentes sospechosos), en piodermitis, 14 ca- sos (1 positivo, hombre, con antecedentes dudosos), y, por 510 último, en un grupo de 34 hijos de padres sifilíticos, hemos encontrado 4 positivos. Ahora bien: ¿cuál es, después de este prolongado análisis de nuestra observación del Wassermann, el valor que debe- mos atribuirle a la clínica? Desde luego tenemos que en las enfermedades que, fuera de la sífilis, la hemos hecho, no existe sino excepcionalmente: un caso de lepra, 2 de vitÍligo, 1 de lupus, 1 psoriasis, 2 de eczemas, 1 en tuberculide papulo-necrótiea, 1 en Reckling- hausen, 2 de acné, 1 de piodermitis, que debidamente anali- zados quitan en gran parte su valor, pues casi todos ellos re- gistran antecedentes sospechosos de haber tenido sífilis, pero que, aún fuera de estas condiciones, son en muy pequeña pro- porción para que disminuya el valor de esta reacción. Ahora bien: es en la evolución de la sífilis donde surge bien clara la importancia de esta reacción. El estudio de los Wassermann en el estado inicial de la sífilis, demuestra que es alrededor de los 20 días que el Wps- sermann se hace positivo, pues aunque en nuestros libros de análisis hay algunos que da sólo 10 o 12 días, no debe olvi- darse que los enfermos son generalmente poco cuidadosos de su persona y muchos de estos datos son equivocados. Cuanto más cerca estamos del período secundario, mayor es el por- centaje de positivos; en los primeros quince días, puede de- cirse que es siempre negativo, tan raras son las excepciones, de ahí que nosotros consideramos que, frente a toda ulcera- ción con diagnóstico bacteriológico de treponema, no debe- mos perder tiempo en espera de un Wassermann positivo yr en algunos casos en que clínicamente no admitía dudas (Obs. enfermo 1478 del capítulo con el doctor Claveaux), hemos empezado el tratamiento, a pesar de las investigaciones ne- gativas y de los Wassermann negativos, apareciendo, por abandono del enfermo, los síntomas secundarios más tardía- mente. En el período secundario, en cambio, podemos afirmar que el ciento por ciento de los casos da reacción Wassermann po- sitiva. En la primer memoria del año 1918, hacíamos resal- tar que desde algún tiempo resultados irregulares del Was- sermann nos habían hecho abandonarlo, por la imposibili- dad de tener confianza, pero la observación durante todo ese año nos llevó al convencimiento de que tenemos en esa reac- ción un elemento inapreciable. En los casos de sifilíticos con lesiones terciarias, tenemos 511 dos grupos desiguales: con lesiones cicatrizadas, y con lesio- nes en actividad. En las primeras nos da casi siempre nega- tivas. En las segundas nos da un porcentaje muy grande de positivos, con relación a otras estadísticas, y, del análisis de esos casos, podemos decir que en los casos de sifílides ulcero- sas o tubérculo-ulcerosas, nos ha dado casi el 99 o|o de posi- tivas. Estamos, como decíamos más arriba, en el estudio de la evolución de las úlceras varicosas bajo el tratamiento del Ja- rabe de Gibert, que quizás nos baga modificar un poco nues- tra estadística en el futuro. En las sífilis nerviosas, el porcentaje de positivos es muy pequeño, concordante con casi todas las estadísticas; otro tanto en las manifestaciones oculares, en que a menudo es negativa, sobre 8, 3 positivas, y en estos últimos días he te- nido oportunidad de ver dos casos, uno de iritis y otro de pa- pilitis hemorrágica, que en ambos dió negativa. En las locali- zaciones cardio-vasculares es a menudo negativa dicha reac- ción, no exceptuándose a dicha regla ni aún los aneurismas: tenemos dos casos, uno de aneurisma de la arteria axilar ex- tirpado, otro (Obs. 1361), aneurisma de la aorta, en el cayado, con reacción Wassermann negativa. En la leucoplasia, en la onixis, nos ha dado un porcentaje muy pequeño de positivos. Tal es, pues, la curva que describe el Wassermann en re- lación con la sífilis ascendente en su iniciación; alcanza el máximum, 100 por 100, en la sífilis secundaria, casi la mis- ma proporción en la terciaria en actividad, para decaer rá- pidamente en las sífilis localizadas. Esta estadística demuestra que hay casos de sífilis en evo- lución que no se traduce serológicamente, esto es, cuyo Was- sermann es negativo, de acuerdo con lo señalado por otros ob- servadores. Lewis y Newcomer, entre otros, dicen que la reac- ción Wassermann, sea cual fuere el método empleado, puede ser usada para el diagnóstico de la sífilis,, unida a la presen- cia de signos clínicos, pero falla en un gran porcentaje de sífilis. Es necesario insistir frente a este hecho. Se ha abierto un amplio camino la idea de que un "Wassermann negativo fren- te a una lesión en evolución permite descartar la sífilis, idea que se ha generalizado, no sólo entre nosotros, sino mismo en otros países, lo que conduce a errores terapéuticos. Frente a la reacción de AVassermann se observa una dua- lidad de criterio inexplicable: el concepto general de las reac- ciones biológicas es de que afirman cuando son positivas, y 512 de que, en cambio, no bastan para eliminar una posible etio- logía cuando son negativas. Con la reacción Wassermann, en cambio, muchos médicos dudan cuando es y creen cuando es negativa. El hecho que no sea una reacción completamente especí- fica, puesto que se han usado antígenos no sifilíticos, no bas- ta, ni autoriza a desechar un Wassermann positivo en un enfermo sin antecedentes. Lo que corresponde es contralo- rearlo, repetirlo, cerciorarse por todos los medios de que ese resultado es siempre el mismo, y luego, estimársele como un signo más a tener en cuenta en el balance de la sintomatolo- gia del enfermo, y cuyo resultado positivo o negativo sólo podrá ser apreciado en su verdadero valor por el clínico, quien deberá, en nuestro concepto, no titubear en someter a su en- fermo a un tratamiento de prueba, que muchas veces pone de relieve, al desaparecer, una cantidad de matices, no de- nunciados ni sospechados por el enfermo, que sólo se percata de ellos cuando nota la transformación favorable de su esta- do general. ¿Qué valor debe atribuirse a un Wassermann positivo en un enfermo sin antecedentes, o con manifestaciones como algias, abortos, y que. según nuestra estadística, alcanza a 7.75 y 19.20 para los sin antecedentes, 10 o|o y 40 o!o para las algias, 25 o!o para los abortos y que, tomado en relación a la estadística global, son sólo un cinco por ciento? Si se observan las estadísticas, la anterior al establecimien- to del Dispensario, se ve que hay, especialmente en las mu- jeres, un porcentaje muy elevado, 90 por ciento, que desco- nocieron la puerta de entrada de la sífilis que las Levaba a consultar, y si se recuerda la clásica descripción del maes- tro Fournier de la sífilis ignorada, en que apenas unos sig- nos fugaces, que no ha visto el enfermo, se hacen presentes, se explicará que demos a ese Wassermann todo el valor de un signo clínico. Sabemos bien que accidentalmente han podido encontrar- se positiva pero pasajeramente en casos de anestesia cloro- fórmica, por ingestión de lecitina, en la evolución de la es- carlatina, y en algunos casos parece también por inyecciones de suero antidiftérico, pero esos casos, sobre ser raros los que se plantean en la clínica, son de evolución pasajera. Por lo que nos enseña nuestra experiencia, nosotros cree- mos, con Clement Simón, que la reacción de Wassermann constituye “un signo excelente de la infección sifilítica, no constante, pero cuya presencia o cuya- ausencia debe sef 513 il discutido, como debe ser discutido todo signo clínico”. ” Las bases de esta discusión están formadas por los poreen- 11 tajes de positividad en los diversos períodos de la sífilis. “ Si no se pierde de vista, las simples reglas de una buena “ lógica permitirán siempre acordar a los resultados sero- “ lógicos el valor que tienen en un caso dado”. CONCLUSIONES 1. La reacción de Wassermann en el suero sanguíneo, en los casos de chancros sifilíticos, aparece en plazo de veinte días a ano y medio y dos meses. 2. En las sífilis secundarias da positiva el cien por ciento. 3. En las sífilis terciarias en actividad el porcentaje es de un 95 ojo, según nuestra estadística. 4. En las sífilis a localización nerviosa, cardio-vascular, ocular, disminuye a un 20, a un 40 por ciento de positivos. 5. Los ganglios epitrocleanos no traducen, en personas sin antecedentes, sífilis ignorada: nuestra estadística da 4.80 por ciento resultados positivos en los hombres y 25 por cien- to en las mujeres. 6. La observación de nuestra estadística da un treinta por ciento de chancros sifilíticos (no incluimos más que los chan- cros hasta de seis meses). 7. No se está autorizado a iniciar el tratamiento antisifi- lítico sin haber hecho bien el diagnóstico de chancro sifilí- tico. 8. Hay un porcentaje — 7.70 para los hombres y 19.20 para las mujeres sin antecedentes, según nuestra estadística,— que dan un "Wassermann positivo. 9. Frente a un resultado positivo en personas sin antece- dentes, el clínico deberá contralorearlo, y concordante el re- sultado deberá tenerlo en cuenta como signo de laboratorio muy importante. 10. Existe un porcentaje muy grande — 10 ojo hombres, 40 o|o mujeres, según nuestra estadística — que no acusan otra molestia que algias difusas o localizaciones y cuyo Was- sermann es positivo, algias que desaparecen con el trata- miento. 11. Um 6 por ciento de las blenorragias han contribuido a desconocer el comienzo de una sífilis. 12. En otras afecciones, fuera de la sífilis, el porcentaje global en nuestra estadística de resultados positivos queda 514 reducido a 5 1|2, casi todos en enfermos con antecedentes, de modo que, prácticamente, debe dársele gran valor diagnósti- co al Wassermann. 13. La reacción de Wassermann es un signo de laboratorio, a cuyo resultado positivo o negativo sólo puede darle valor el clínico, que aprecia los demás síntomas del cuadro clínico cuya etiología busca aclarar. Discusión general «le los trabajos anteriores Héctor Del Campo (Montevideo). — Respecto a lo pedido por el doctor González, sobre estudio comparativo de los antígenos hechos con hígado heredo-sifilítico y los preparados con órganos que no ten- gan nada de tal, manifiesta lo visto en el Instituto Profiláctico de París, donde el doctor Vernes, después de estudios y controles he- chos minuciosamente, vio la superioridad de los segundos, dejando de lado los primeros. —En lo que se refiere a la normalización del Wassermann, la cree conveniente, pero no ahora, sino cuando se haya conseguido un pro- cedimiento considerado muy bueno; entretanto, vale más dejar a los investigadores en plena libertad de acción, para arribar a algo de- cisivo. Bartolomé Vignale (Montevideo). — Relata un caso en el que com- prueba el trabajo del señor Prunell. Cita el caso de un enfermo con reacción de Wassermann positiva en el chancro, y, después de varias inyecciones de 914, apareció una sifílide papulosa, lo que comprue- ba clínicamente el trabajo de Prunell. Angel M. Giménez (Buenos Aires). — Apoya la standardización de la Reacción de Wassermann, pues en el medio en que él actúa, esa reacción ha caído en desprestigio, por el mercantilismo de que es a veces objeto, y pide, por lo tanto, la garantía del Estado para su contralor. Máximo Halty (Montevideo). — Se opone a la standardización de la Reacción de Wassermann, porque, tratándose de un procedi- miento no definitivo, esta standardización se opondría indirectamen- te a su perfeccionamiento y, por lo tanto, a la mayor exactitud de la reacción. A. Scaltritti (Montevideo). — Personalmente nada puedo decir sobre el hallazgo de anticuerpos locales en el chancro sifilítico des- pistados antes que ellos se encuentren en el suero sanguíneo y linfa. Este punto está actualmente muy discutido, pues, en muchos ca- sos en que se tomaban como verdaderos centros de producción de anticuerpos locales, como, por ejemplo, las meníngeas, resultaron ca- sos de permeabilidad meníngea, como lo prueban las experiencias de Dujardíns. Me parece muy difícil que al hacer escarificaciones en el chancro 515 y extraer sangre, pueda uno evitar la participación del sistema san guineo linfático general, y me resulta, por consiguiente, invalidada la experiencia tan absoluta quei el doctor Prunell nos presenta, es decir, la existencia exclusiva de anticuerpos locales en el chancro. En las experiencias que varias veces efectué, buscando anticuer- pos. en los limites de las úlceras terciarias específicas, mediante la aplicación de vegigatorios, nunca pude comprobar discordancias en- tre los resultados obtenidos con la linfa local y el suero sanguíneo; por el contrario, siempre fueron de un paralelismo perfecto. En cuanto a la existencia constante de cristales de colesterina en la superficie del chancro, y procedentes de su raspado, puedo afirmar que en varios años que me dedico a estas investigaciones, y en algu- nos cientos de chancros examinados, nunca he podido comprobar la existencia de cristales de colesterina. Por otra parte, no es en esta clase de procesos de inflamaciones agudas donde se encuentra la colesterina. La Patología General nos enseña que es en otra clase de procesos de larga evolución, y transformación de materias pro- teicas, donde se encuentra con frecuencia, aparte de ciertas enfer- medades de diátesis particular. En cuanto a la proposición del doctor Jiménez, apoyada por el doctor J. González, debo decir que no soy partidario de la interven- ción del Estado en esta clase de cuestiones; que hay, que dejar a los sabios, conductores luminosos, que nos indiquen el camino a seguir. Una legislación sobre este particular, nos obligaría a detenernos mu- chas veces en el camino. Ocurriría que cualquier modificación, siem- pre sería aceptada por los clínicos con mucha anterioridad a toda mo- dificación legal, obligando a los hombres de laboratorio a seguirlas en sus exigencias justas y a dejar de lado las que la reglamentación, que siempre marcharía en retardo, nos obligara. En estos momentos, el eminente profesor Wassermann, publica sus investigaciones sobre las pruebas que él llama de contralor de la reacción de Wassermann, y, si hemos de seguir los cambios progresivos de la ciencia, nos vere- mos obligados a aceptar sus conclusiones y a efectuar su nuevo pro- cedimiento, una vez que el sabio profesor Wassermann nos lo indi- que, y no aquéllos determinados por la reglamentación. En todas par- tes se trabaja mal, no es posible evitarlo, y aún mismo entre los que trabajan bien, es necesario asignar un margen de error, pues no es posible olvidar que se trata de una reacción biológica delicada y cuyos fundamentos aún no son del todo conocidos. Felizmente, entre nosotros, los clínicos son los que se encargan de conducir los enfermos a aquellas personas en quienes depositan ma- yor confianza, y el propio enfermo acepta gustoso este tempera- mento. Creo, pues, que una reglamentación al respecto, no nos traería be- neficios. Oreste Calcagno (Buenos Aires). — Pregunta qué especialidad de- ben tener los laboratorios donde se practica la reacción de Wasser- 516 mann. Jso le parece posible la intervención del Estado en el contra- lor de esa reacción. Justo F. González (Montevideo). — La standardización o norma- lización de la reacción de Wassermann, tiene por objeto establecer ciertas normas para efectuar esta importante reacción biológica y, además, selecciona, por decirlo así, el material de los reactivos que deben ser puestos en presencia unos de otros para alcanzar los re- sultados buscados, con la mayor exactitud y precisión. La normali- zación no es método impuesto oficialmente, sino el resultado de gran número de investigaciones sobre esta cuestión. Es una técnica, deri- vada de una revisión del método de Wassermann, y ha sido acep- tada en diversos países. En Alemania, particularmente, el Ministerio respectivo, ha hecho conocer, por medio de circulares impresas, las bases sobre que reposa la normalización. Y no vale la pena de insistir más. Creo que he sido suficientemente comprendido. Hay, pues, nece- sidad de una intervención oficial, para que la reacción de Wasser- mann pueda ofrecer el máximum de garantías en el diagnóstico de la sífilis. Nota. — Se posterga la discusión standardización de la reac- ción de Wassermann para la sesión dfcl sábado 15. SEXTA SESION -JUEVES 13 DE OCTUBRE DE 1921, A LAS 21 Presidencia del doctor Fernando Terra (Rio de Janeiro) Secretario: doctor Máximo Halty (Montevideo) SUMARIO Ricardo E. Cicero. — Tratamiento de las tiñas por el acetato de talio. (Trabajo leído por el doctor Joaquín González). Discusión por los doctores F. Terra y N. Ragusin. Eduardo Jonquiéres. — Radiumterapia cutánea. Discusión por los doctores M. Simeto y F. Terra. Víctor Idoyaga. — Seroterapia y Vacunoterapia en la blenorragia y sus complicaciones. Discusión por los doctores N. Ragusin y M. Halty. El tratamiento de las tiñas por el acetato de talio POR EL DR. RICARDO E. CICERO (México) Profesor titular por oposición de Clínica Dermatológica en la Facultad de Medicina de México (Trabajo leído por el Dr. Joaquín González) Ningún dermatólogo ignora que la dificultad del tratamien- to de lasf tiñas estriba en que los hongos parásitos que las causan se desarrollan preferentemente en la raíz de los ca- bellos, en su porción intrafolicular, a donde, por consiguiente, ningún agente parasiticida, aplicado en la superficie de la piel, puede llegar. De aquí que sea también bastante antiguo 518 el conocimiento de que sin depilación no hay curación posi- ble. Los medios para obtenerla han ido evolucionando. Fue el primitivo, el brutal casquete de pez. Constituyó la depila- ción por medio de las pinzas un enorme progreso para el fa- vvs en que los cabellos conservan su consistencia y pueden ser arrancados enteros, bastante menor para las tonsurantes en que la fragilidad de los cabellos enfermos los hace difíciles de tomar entre las ramas de las pinzas, y aún muchos de los que pueden llegar a ser tomados se rompen entre sus ramas, que- dando entonces una porción enteramente intrafolicular, que no puede volver a ser tomada sino hasta que el crecimiento le haya permitido emergir nuevamente, con todo lo cual, y no obstante los perfeccionamientos aportados principalmente por Besnier para su técnica, resultaba siempre un* procedi- miento lento e incierto, doloroso, que ponía a prueba la pa- ciencia de pacientes, madres y médicos, para lograr el éxito, solamente con una constancia y dedicación no menor de año y medio a dos años. Provocar foliculitis expulsivas, por me- dios tales como el aceite de crotón, es un medio con que se obtiene la depilación completa de modo más efectivo; pero, resulta, en general, el remedio peor que la enfermedad, por- que, aparte de lo doloroso de las foliculitis supuradas, esta misma circunstancia trae por consecuencia la destrucción de los folículos y la alopecia cicatricial y, por consiguiente, de- finitiva, resultado que ninguna de las tonsurantes (ni la mi- erosporia ni la tricoficia), dan por sí mismas en su evolución espontánea a la curación efectuada al llegar la pubertad. El mayor progreso para la depilación, empleada como medio te- rapéutico, vinieron a constituirlo los rayos X, y, en particu- lar, desde que Sabouraud reglamentó perfectamente su téc- nica. Cuando en la ciudad de México, en 1911, se estableció, dependiente del Servicio Higiénico Escolar, la Escuela “Doc- tor Balmis”, especial para niños tiñosos, y me hice yo cargo de ella, fué el procedimiento que seguí con toda escrupulosi- dad, con muy buenos éxitos, hasta el año 1914, en que la ola revolucionaria, arrollando con todo, dificultó y aún llegó a hacer imposible el tratamiento por la falta de elementos, fal- ta que se exageró después con la guerra mundial, que, consi- derando los tubos de rayos X como artículo de guerra, impi- dió por mucho tiempo su exportación de los países en que se fabrican a aquellos (pie en esta materia, como en otras tan- tas, aún, desgraciadamente, no pueden vivir sino de la im- portación. En estas condiciones, hubo necesidad de pensar en otro medio eficaz para tratar a los pobres niños tiñosos, sa- 519 liendo del precario estado a que las circunstancias nos ha- bían reducido y recordando que el propio Sabouraud había hecho algunos ensayos favorables con una sustancia: el ace- tato de tallo, interrumpiendo el estudio de ella por algunos peligros de su empleo; pero, más que por ello, por haber re- suelto eficazmente el problema de la depilación terapéutica •con los rayos X, pero indicando que tal vez, si se continuara el estudio de esa sustancia, se llegaría a determinar sus dosis útiles y mejor modo de empleo, para ponerse al abrigo de los fenómenos de intoxicación y hallar en él un medio prác- tico de tratamiento de las tiñas, me propuse emplearlo y es- tudiarlo, y, al efecto, procuré proporcionármelo, lo que, des- pués de mucho batallar, al fin conseguí, gracias a mi antiguo condiscípulo y Jefe que fué de nuestro Servicio Higiénico Escolar, que supo prestigiar, hasta el extremo de desempe- ñar brillante papel en los Congresos internacionales de la materia, efectuados en París y en Búffalo, el prestigioso hombre de ciencia y eminente oftalmólogo doctor Manuel Cribe y Troncoso, que, habiéndose ido a establecer a Nueva York, donde ha estado trabajando y aumentando su prestigio científico, conseguí, repito, gracias a él, cierta cantidad del medicamento. Después de usarlo por algún tiempo, tuve ocasión de pre- sentar, con los resultados favorables que obtuve, un trabajo a la Academia Nacional de Medicina de Méjico, el día 5 de marzo de 1918. Pin ese trabajo comenzaba yo por enumerar las propieda- des físicas y químicas del acetato de tallo y del talio en ge- neral. de las que aquí hago punto omiso, por no ser indis- pensables y para no distraer demasiado tiempo la atención de los señores congresistas, que a tantos otros trabajos im- portantes tienen que consagrarla. Básteme recordar, sin em- bargo, que el talio es un metal muy singular, que, por sus propiedades físicas y químicas, se parece al plomo; pero que, por las químicas de algunos de sus compuestos, es análogo a los metales alcalinos, por las de otros al plomo y a la platar, y por las de otros, finalmente, al bismuto, al oro y al alumi- nio. Para aquellos a quienes pudiere interesar su estudio a este respecto, recomiendo, en general, las obras sobre quími- ca; pero muy especialmente el “Tratado de Química Mine- ral ’ ’, de Moissan. En cuanto a sus usos terapéuticos, lo fueron, al principio, contra los sudores de los tísicos, contra la disentería, y en inyecciones uretrales al 2 ojo en la blenorragia. No sé que 520 con esta última indicación haya sido vuelto a emplear y con qué resultados; pero lo que motivó su abandono en los tísicos y en las disenterías, fué, precisamente, la depilación conse- cutiva e inesperada, que fué una verdadera sorpresa. Sabouraud, en su “Pláticas dermatológicas del Hospital ¡Saint Louis”, menciona que en el año 1897 observó varios accidentes de este género, los que le permitieron concluir que administrando el medicamento en dosis de 0.005 por kilogra- mo ele peso, se produce, al cabo de 2 a 15 días, una alopecia casi total, tan brusca como la causada por los rayos X o las peladas decalvantes, quedando siempre, sin embargo, algunos pelos o mechones aislados. Refiere el caso de una señora, a quien vió en ese mismo año, y a la que se le había diagnosti- cado pelada total de origen nervioso; pero, fijándose en la rapidez inaudita con que se había producido, y en lo que la observación de otros casos le había enseñado, afirmó él que se trataba de alopecia, causada por el acetato de talio. La paciente se asombró y negó haber tomado dicha sustancia: pero, bien conducido el interrogatorio, se vino en conocimien to de que 15 días antes, hallándose en los baños de Dinard, tuvo síntomas de disentería, por lo que consultó con un mé- dico de la localidad, quien prescribió unas píldoras que domi- naron fácilmente el mal, pero la paciente ignoraba lo que contenían. Ya con este dato fué fácil ponerse en relación con el farmacéutico de Dinard que había despachado la receta, de la que mandó copia a vuelta de correo, y rezaba como si- gue: Acetato de talio, 0 gr. 32; en 4 píldoras; dos al día. Pesada la enferma se vió que, vestida, marcaba la báscula 61 kilogramos. La pérdida de sus cabellos se completó en 4 días, desde aquel en que principió, quedándole tan sólo dos mechones delante de las orejas. A las 6 semanas principió el brote del nuevo cabello, que se efectuó normalmente hasta la recuperación completa de la cabellera. De esas observaciones le vino la idea de aprovechar el ace- tato de talio en el tratamiento de las tiñas; pues realizaba el ideal de producir con facilidad una alopecia transitoria. “Ensayé, dice, el medicamento por ingestión y en aplica- ciones externas y directas en las regiones por depilar, con pomada al décimo. Esperaba por este medio un resultado más perfecto. Los resultados fueron admirables. Al interior no me atrevía a pasar de 0.005 por kilogramo, y los resultados fueron inconstantes e incompletos; pero, con la pomada, ob- tuve, 19 días después del principio de las aplicaciones, que 521 no habían sido continuadas más que 15 días, una depilación completa y total. Tuve 6 casos de curación completa de tiñas Itonsurantes, viéndose la cabeza desembarazada de todos los cabellos, sanos y enfermos”. Observó, sin embargo, algunos accidentes: sialorrea, taqui- cardia, equimosis, albuminuria, que no precisa en su exposición si fueron por la administración al interior o por la aplicación de la pomada, siendo de presumir que se tratara de este último modo de aplicación, tanto por la proporción demasiado con- centrada en que la usó, como por la repetición diaria de las aplicaciones; pues estas dos circunstancias exponen, sin du- da, a una absorción de dosis medicamentosa exagerada, y cuyo monto es imposible determinar. Que la dosis de la po- mada era fuerte, lo demuestra el hecho de que el propio Sa- bouraud recomienda contra la hipertricosis una crema en que la proporción del acetato de talio no llega a 1 ojo, con la que tío se produce depilación sino un lento adelgazamiento de los vellos hipertrieósicos, obteniendo, en el término de 18 meses de uso diario de esta crema, una disminución a la mitad del largo y grueso de la barba en las desdichadas mujeres afee tadas de esta deformidad, y sin que, por un uso tan proion gado, haya observado síntomas de intoxicación. No sin alguna aprehensión me decidí a emprender por mi cuenta el estudio del acetato de talio en el tratamiento de las tiñas, movido por los motivos que antes he indicado, y después de 4 años de experiencia, cada vez me encuentro más satisfecho de su empleo; pues, a un éxito casi constante en 459 casos que llevo tratados, se añade el no haber observado, sino en rarísimas ocasiones, un poco de sialorrea o simples huellas de albúmina en muy contados casos; pero, sin llegar a constituir una verdadera albuminuria, n¡o obstante que, cuando adquirí ya mayor confianza he administrado el medica- mento aún a niños en quienes el análisis previo a la adminis- tración había revelado que huellas de albúmina y aún algunos cilindros hialinos existían, los cuales posteriormente no au- mentaron y aún desaparecieron en algunos casos. Un joven alumno de la clase de Clínica de Dermatología de la Escuela de Altos Estudios, a cargo de mi estimado compañero doctor Jesús González Urueña, el ahora doctor Salvador González II., que, para obtener su título profesional, escribió su tesis so- bre este asunto, inspirándose, en buena parte, en mi trabajo a la Academia, y recogiendo personalmente 6. observaciones con todo detalle en el Hospital general, señala en 5 de ellos huellas de albúmina y escasos cilindros hialinos, previamen- 522 te a la administración del medicamento, y, en análisis poste- riores, no obstante haber repetido aumentando las dosis en los niños, llegando a administrar basta 0.008 miligramos por kilogramo. Dicho sea, también, de paso, que en todos sus en- fermos investigó el doctor González la presencia del talio en la orina y en ninguno lo llegó a encontrar. En el primer caso en que empleé yo el acetato de talio, usé la pomada al décimo en vaselina, aplicándola yo mismo durante 15 días a la cabeza de la enfermita. que era una niña de 6 años, con placas tricofíticas diseminadas por toda la cabeza. Suspendí las aplicaciones sin haberse producido ningún fenómeno de reacción local ni general, ni iniciarse la depilación. Una semana después, ésta se inició bruscamente y fué enteramente completa en 6 días, no permaneciendo un solo cabello en la cabeza, y sin ser afectadas, en cambio, en lo más mínimo, las cejas ni las pestañas, fenómeno singular, que también he observado con la administración al interior, y que tiene gran importancia práctica. La depilación fué acompañada en este caso de algo de descamación furfurácea, hecho también bastante frecuente en otros y de ligero pru- rito. Un mes después comenzó a salir el nuevo, cabello, ya sano, y terminado el siguiente estaba ya totalmente cubierta la cabeza. No llegó a haber ningún signo de intoxicación. El tratamiento de esta niña lo hice en febrero de 1918, y en mayo era ya la curación completa, con retoño perfecto del cabello y sin volver a encontrar ninguno enfermo después de exámenes repetidos. No había querido intentar el tratamiento nuevamente sin ver el resultado final de este primer caso. Habiendo sido satisfac- torio, me decidí, en el mes de mayo, a emplearlo en otro. En esta ocasión usé el medicamento al interior, por tres motivos: Comprobado ya en el primer caso que era eficaz la pomada, quise averiguar el resultado de la ingestión en la dosis acon- sejada por Sabouraud, de 0.005 por kilogramo de peso, ále inclinó también a emplear este medio la seguridad del cono- cimiento de la dosis administrada en una sola vez, con la cer- tidumbre de su absorción completa, en vista de su fácil solu- bilidad. Por último, la cantidad de medicamento ele que dis- ponía yo era muy pequeña y la razón económica venía a su- marse a las otras dos; pues la cantidad necesaria para pre- parar una pomada, aún en corta cantidad, tenía que ser, for- zosamente, superior a la dosis por ingestión. La paciente fué, en esta vez, una niña de 9 años, afectada, igualmente, de tiña trieofítica diseminada por toda la cabe- 523 za. Por ele contado me cercioré, como en todos ios casos en que después he usado el medicamento, de que el resto del organismo estaba sano, en especial, de que no había albúmina en la orina. Pesaba la niña 20 kilogramos y, en consecuencia, fueron 0.10 centigramos de acetato de talio los que le ad- ministré, disueltos en medio vaso de agua. La niña tomó el medicamento sin la menor repugnancia, como se comprende- rá fácilmente, sabiendo que es casi insípido, no teniendo sino un ligerísimo resabio de sabor a vinagre, que en solución di- luida desaparece por completo. El día 12 de junio, es decir, justamente 17 días después de la. administración del medi- camento, principió la depilación, y para el día 16, o sea 4 días después, era total. Mes y medio después comenzó a salir el cabello nuevo, ya enteramente sano y en término de otros dos meses tupió y adquirió bastante longitud. Ni inmediata- mente después de la ingestión, ni en los días siguientes, ni cuando sq produjo la depilación, ni más tarde, hubo signos de intoxicación. El análisis de la orina no mostró la apari- ción de albúmina ni de cilindros hialinos. Ya sobre estas bases, emprendí la experimentación en gran- de escala, tanto en la Escuela “Doctor Balmis”, como en mi clientela particular, empleando siempre el método por inges- tión, y no he llegado a tener motivo de desagrado, pues a un éxito casi constante debo añadir la satisfacción de no haber observado fenómenos de intoxicación, aparte de un poco de sialorrea en uno que otro caso, como ya 'lo dije anteriormen- te. Nunca he visto producirse taquicardia, ni equimosis, ni aparecer albúmina en las orinas, ni otros signos de nefritis. No sólo, sino que me he atrevido, como lo hizo el doctor González en sus observaciones, a administrarlo en casos en que había huellas de albúmina, sin que ésta haya aumentado, sino, antes bien, desaparecido, a veces. Nunca lo he adminis- trado, sin embargo, cuando la cantidad de albúmina ha sido ponderable, cuando el analizador ha podido señalar numéri- camente su cantidad, por pequeña que sea. En tales casos, si la cantidad es bastante pequeña, someto al enfermo al trata- miento adecuado para hacerla desaparecer y hasta que un nuevo análisis viene a demostrarme la ausencia absoluta de la albúmina y de cilindros, administro el acetato. Si la can- tidad de albúmina es demasiado grande, resueltamente re- nuncio y procedo a tratar por medio de los rayos X, sujetán- dome estrictamente a las reglas de Sabouraud. Al principio, y durante largo tiempo, me sujeté a la dosis de 0.005 miligramos por kilogramo de peso del niño, y casi 524 nunca dejó de producirse la depilación; pero, como en un uno que otro no se producía y en algunos fue incompleta, me decidí a ir aumentando la dosis en los casos nuevos que se me iban presentando, y he llegado a considerar corno normal Ja de 0.007 miligramos por kilogramo. Naturalmente, como era fácil prever, la depilación viene más rápida cuanto ma- yor es la dosis y también, en cambio, el retoño se retarda por el mismo motivo. Además, se producen con relativa facilidad ligeras reacciones cutáneas en el cuero cabelludo, tales como eritemas, descamaciones y folie-ulitis, accidentes todos mucho menos comunes con la dosis de 0.005 por kilogramo. También he observado, en uno que otro caso, ligera cefalalgia, o, más propiamente, dermalgia del cuero cabelludo algunos días an- tes de iniciarse la depilación con la mencionada dosis de 0.007. Pero, en suma, jamás han revestido gravedad estos accidentes, están lejos de ser constantes, y la mayor seguri- dad con que se produce la depilación y consecutivamente la curación de las tiñas, me autorizan a aconsejarla en general. En niños menores de 4 años, sin embargo, nunca he pasado de la dosis primitiva de 0.005. Algunos caracteres bastante -singulares de la depilación que el acetato de talio produce, según he podido observar, son los siguientes: la alopecia del cuero cabelludo rara vez es completamente total, sino que es bastante frecuente que ha- cia los bordes queden algunos mechones poco tupidos y dise- minado uno que otro resitente a la tracción, por consiguien- te, no frágil, ni infectado por el tricophyton, ni por el micros- porum, lo que es fácil comprobar por el examen microscópi- co. Nunca he visto caer las cejas ni las pestañas, y no carece de importancia el hecho, porque es una de las preocupaciones de las madres cuando se les propone el tratamiento, y con certeza se les puede asegurar que ese temor es infundado, de lo que se sienten muy complacidas cuando, al producirse el efecto, se convencen de la verdad. Otro hecho curioso es que la depilación se produce de preferencia en los lugares ataca- dos por las tiñas y es más intenso en ellos, de tal suerte que particularmente en la microsporia, cuyas placas son mayores y más aparentes, suele verse, una vez producida la depilación, cómo los lugares que estaban enfermos se marcan por placas más lisas que el resto de la cabeza, y cómo, al presentarse el retoño de los cabellos, se retarda ahí por algún tiempo. Otro fenómeno muy extraordinario observé en algunos niños de la Escuela “Doctor Balmis”, a los que anteriormente había yo tratado por los rayos N, y en quienes no se había producido 525 la curación completa de la tiña, por lo que hubo precisión de tratarlos de nuevo; fue que, en los lugares en que ante- riormente se había producido la depilación radioterápica, y había salido ya nuevo cabello, éste parecía más vigoroso que el del resto de la cabeza, y al producirse la depilación tálica caían los del re-to de la cabeza y no los de los lugares que habían sufrido la acción de los rayos X. Este hecho, que ja- más había sido observado antes, lo consigné en el trabajo que presenté a la Academia. La depilación, con las dosis que he usado, se produce en un término que varía, en general, de 2 a 3 semanas, es decir, se inicia por lo común en el curso de la tercera semana, al principio o al fin de ella, y se completa, hiabitualmente, en 4 a 6 días más. Pero es menester vigilarla, y, en cuanto se inicia, completarla mecánicamente, ayudándose con los de- dos o con las pinzas; pues, de no hacerlo así, puede, en apa- riencia, prolongarse el proceso, sobre todo si por cualquier motivo hay costras o escamas que retienen adheridos contra el cuero cabelludo los cabellos ya desprendidos de sus folícu- los. La caída del pelo se inicia siempre de modo brusco, pero, si no se previene a las madres de la necesidad de (pie en ese momento sean vistos por el médico, he aquí lo que se produ- ce en muchas ocasiones: en el tiempo en que ha de producirse la alopecia, la madre, que ha visto que en el curso de dos se- manas ni un cabello se lia desprendido, comienza a descon- fiar ya de que caigan, cuando se apercibe de que en la almo- hada o en el gorro o pañuelo, con que se le ha recomendado tenga constantemente cubierta la' cabeza del niño, aparecen varios cabellos (pie se han desprendido espontáneamente. Así continúa por varios días; pero al cabo de ellos nota que, aunque bastantes se caen, sin embargo, no se nota que se des- pueble la cabeza; muchos aún la cubren. Si hasta entonces acude a ver de nuevo al médico, en vez de hacerlo, como se le previno, desde que la depilación se iniciaba, nota, con verdade- ra sorpresa, sómo tomando éste entre sus dedos en grandes can- tidades los cabellos que ella creía aún adheridos los quita con toda facilidad y en unos momentos, sin sufrimiento de nin- guna clase para el niño, lo deja enteramente pelado, como quien despluma un pollo, es expresión que a muchas madres he oído. Y no es indiferente dejar los cabellos así adheridos; pues la persistencia de la enfermedad puede ser la consecuen eia do este descuido. Por otra parte, quitados así enteramen- te sin dolor los cabellos ya desprendidos y recogidos, por con- siguiente, en una vasija apropiada para ser destruidos, se 526 impide la diseminación de la enfermedad en la cabeza del mismo niño y sn transmisión a otros; pues a nadie se oculta (pie, regados por doquiera, con descuido, los cabellos tiñosos desprendidos, son un magnífico vehículo de contagio. Por eso insisto siempre con mis clientes en que por nigún motivo de- jen que esté descubierta la cabeza del niño, sino basta que esté completamente sano, (pie no se le descubra sino para asearlo y curarlo y para ayudar a la depilación en el tiempo oportuno; pero fuera de esas circunstancias, ni de día, ni de noche, ni en la casa, ni en la calle. Otra precaución que tam- bién recomiendo, es, por supuesto, cortar el cabello al rape antes de comenzar el tratamiento; pero (pie, una vez tomado el medicamento, no se vuelva a cortar mientras no se haya producido la depilación; pues si está excesivamente corto en el momento en (pie ésta se inicia, se dificulta mucho la ayuda mecánica de que he hablado. Una vez producida la depilación, debe observarse con fre- cuencia la cabeza del niño; pues, sobre todo, en la tricoficia, en que los' cabellos se rompen al ras de piel y aún quedan incluidos bajo escarní tas adherentes, no basta por sí solo el diluvio de la caída capilar, sino que algunos de esos cabellaos rotos quedan ahí retenidos y se les ve fácilmente, en parti- cular con la lente, en medio de todo el casco depilado; pero, como están a la vista, completamente a nuestro alcance, fá- cil es ya desprenderlos bien con la pinza, bien extrayéndolos de sus folículos con una aguja aséptica, bien, por último, des- truyéndolos por medio de la electrólisis, o determinando, por medio del aceite de crotón u otro agente medicamentoso, una foliculitis expulsiva, en uno que otro lugar circunscrito en que la enfermedad ha parecido acantonarse y defenderse te nazmente, foliculitis que, por circunscrita y por tener la re- gión enteramente a nuestra vista, carece de importancia, y podemos graduar a nuestro antojo. Por lo demás, rarísimo es que haya necesidad de provocarla. Por de contado que será preciso mantener en estado asép- tico todo el cuero cabelludo, desde que se inicia el tratamien- to hasta que viene con toda franqueza el retoño completo del cabello completamente sano. Los medios a que puedé aeudir- se con este fin, pueden, sin duda, ser muy variados; pero es clásico, por sus, buenos resultados, el recomendado por Sa- bouraud, de hacer embrocaciones a toda la cabeza con tintura de yodo diluida al décimo. El estudio de la acción fisiológica del acetato de talio, pue- de decirse que está en pañales. El doctor González menciona 527 en su tesis algunas experiencias que hizo en conejos, hallan- do que la dosis mortal es para esos animales de 0.02 por ki- logramo de peso, encontrándose en la autopsia fenómenos1 congestivos en las visceras abdominales, y siendo afectados principalmente los riñones, en los que se encontraron signos de nefritis hemorrágicas. Con dosis no mortales, por inyec- ción subcutánea, hasta 0.015 por kilogramo, y mezclado con los alimentos en dosis de 0.009 por kilogramo, no observó en los conejos fenómenos de intoxicación apreciables, ni logró ver producirse en ellos la caída del pelo. Cuando el estudio fisiológico se pueda llegar a hacer algún día a fondo, se podrán, tal vez, formular hipótesis que expli- quen la acción tan singular de este medicamento, acción par- ticularmente curiosa, por lo retardado del efecto depilatorio, tan semejante por muchos conceptos al de los rayos X. Que hay una sideración de las papilas pilares, es indudable; pero, ¿cómo, cuándo, por qué, bajo qué circunstancias se efectúa esa sideración ?; ¿ por qué su efecto aparente, la depilación, es tan tardío ?; ¿ por qué una acción tan enérgica sobre el sistema peloso, no se acompaña de verdaderos fenómenos de intoxicación en otros órganos?; ¿hasta qué punto el conoci- miento de la acción fisiológica del acetato de talio podrá es- clarecer la patogénesis de las peladas espontáneas? Son todos estos asuntos interesantes, que sólo en lo porvenir podrán ser resueltos. Por ahora, cualqmiera hipótesis que nos forjára- ramos, por fuerza sería falaz. conclusiones 1. a La acción alopeeiante del acetato de talio es indudable. 2. a Esta acción es tardía: con las dosis habituales tarda de 15 días a tres semanas para producirse. 3. a El efecto es puramente transitorio, pues al cabo de al- gún tiempo, variable de 2 a 5 meses, el retoño es total, íntegro y completo. 4. a Debe ser preferido el método por ingestión en una sola vez. 5. a Con las dosis de 0.005 por kilogramo de peso, el efecto alopeeiante es frecuente; pero no enteramente seguro; con la de 0.007, puede considerarse como seguro. 6. a Con las dosis indicadas se produce sin’ inconvenientes para el organismo, sin fenómenos de intoxicación, sin fenó- menos de irritación renal. 7. a No obstante, deberá siempre practicarse previamente el 528 análisis de la orina y abstenerse de administrar el medica- mento si.se encuentra albúmina en cantidad ponderable. 8. a Al iniciarse la depilación hay que completarla lo más pronto posible por medios mecánicos. 9. a Aparte de la ventaja que por sí misma tiene la depila- ción obtenida espontáneamente y sin dolor, hay también la de que se puede mantener en mejor estado de asepsia todo el cuero .cabelludo, se tienen a la vista los últimos vestigios de la enfermedad y puede ésta ser mejor perseguida hasta sus últimos reductos. 10. El tratamiento de las tiñas por el acetato de talio es positivamente eficaz, sencillo y sin peligros, siempre (pie sea convenientemente manejado por el médico especialista en per- sona y bajo su estricta vigilancia. DISCUSION Fernando Terra (Río de Janeiro). — Foi com intenso jubilo que ouvi a leitura do interesante trabalho do Pr. R. Cicero, a quat re- presenta valioso contingente para o conhecimento de um novo me- thodo de tratamento das tinhas. Atté hoje o único tratamento preco- nisado, c de acção comprovada, para o tratamento das tinhas, é a Roenfgentherapia, methodo que em geral só pode ser utilisado nos grandes centros, e com o inconveniente de ser algo dispendioso. O acetato de thalio, empregado de conformidade com a practica do Dr. Cicero, vem resolver esse problema. O inconveniente, que o medica- mento apressenta no tratamento da hypertrichose, isto é, de deter- minar só temporariamente a quéda dos pêlos, aqui se transforma em virtude. Realmente, segundo se deprehende da leitura que acaba de ser feita, administrándose o medicamento, sem os riscos de intoxica- ção, tem-se a evicção dos pêlos durante o tempo de sua contamina- ção, eliminando-se assim os germe3 situados ñas partes profundas de sua implantação. Com a cura da inycose dá-se tamben: a repro- duição dos cabellos. Tem-se assim uma triplico vantagem: brevidade da cura, inocuidade da medicação, e facilidade de api’icação. Neocle Ragusin (Buenos Aires). — Elogia el trabajo del doctor Cicero, haciendo manifestaciones favorables sobre ese tratamiento. Eduardo Jonquieres — Práctica Rodiumterápica en Dermatología. — Pl. I. Material Radioactivo del Instituto Científico de Radium, de Buenos Aires Sales de Bromuro de Radium puro al 50 % expresadas en miligramos N.° 1 — Angioma cavernoso N.° 2 — Angioma cavernoso curado “SJ Eduardo Jonquieres — Práctica Rodiumterápica en Dermatologia. — Pl. II. N.os 3 y 4 — Angioma cavernoso N.o 5 — Rinofima N.o 6 — Rinofima curado 529 La práctica radiumterápica en Dermatología por el dr. eduardo jonquiéres (Buenos Aires) Jefe del Consultorio de la Piel y Sífilis del Hospital T. Alvarez (Buenos Aires) Aclarada cuanto se puede la Etiología y la Patogenia de la Dermatosis, el tratamiento consiste en obtener, mediante una medicación inteligente, el restablecimiento de las funcio- nes normales del organismo que sufre, en suplir a las deficien- cias irremediables, por medio de una higiene alimenticia lii- potóxiea, en facultar el libre juego de los emuntorios, y en atacar el agente patógeno, cuando existe. La medicación interna, curativa a veces, paliativa a menu- do, es completada, casi siempre, por el tratamiento de las lesiones externas, que se hace con los innumerables tópicos ideados por una prolífica farmacología. Solamente recurrimos a los agentes físicos, cuando la afec- ción está caracterizada por su cronicidad y su fijeza; cuando tiene reducidas dimensiones y, sobre todo, cuando la medica- ción química está en derrota. La electroterapia, el Finsen, los rayos X, etc., aportan un serio contingente a la lucha contra esas dermatosis rebeldes, teniendo, unos y otros métodos, indicaciones precisas de sin- gular eficacia. Agregóse el radium al arsenal fisioterápico, en dermatolo- gía, cuando se pudieron conseguir placas radioactivas que permitieron, por sus dimensiones, tratar lesiones extensas, cosa basta ese momento imposible con el material de peque- ñas placas o de tubos que poseían los Institutos. Los tubos conteniendo radium sólo permiten su empleo cuando se trata de neoplasias o de malformaciones de un tipo especial, en las cuales hay que irradiar profundamente, uti- lizando lo que se llama la ultrapenetración. Las placas radioactivas utilizadas en el tratamiento de las dermatosis, tienen las características siguientes: 1. Son de irradiación uniforme, por estar la sal de radium extendida de una manera perfecta sobre las placas de me- tal que le sirven de soporte y adherida a éste, merced a un barniz especial. 2. Permiten la utilización, sobre todo, de los rayos ay/? (blandos y medianamente duros), rayos que son poco pene- 530 trantes y, por ende, absorbibles por la piel, fenómeno que entrena la modificación biológica de la región tratada. Pin las placas, la proporción de rayos Y ultrapenetrantes y de los ,8 duros, es relativamente débil y lo es tanto más que mayor es, para una misma cantidad de sal de radium, la superficie sobre la cual ésta se halla extendida. Lo inverso pasa con los tubos que contienen radium. En éstos, debido al espesor del metal que compone el tubo (es- pesor de medio milímetro de platino, por lo general), los ra- yos a y ¡5 (blandos y medianamente duros), son detenidos y no atraviesan la pared del tubo, sino los /? duros y los X 3. Posibilidad de irradiai; grandes superficies, lo que se obtiene desplazando las placas sobre los puntos enfermos, haciéndose así aplicaciones contiguas que, en total, pueden significar una gran superficie tratada (toda la cara, por ejem- plo). 4. Inocuidad absoluta. En efecto: la brevedad relativa de la sesión de radium en terapéutica dermatológica, no debe producir reacciones de importancia, salvo un eritema pasa- jero a veces, o una reacción impetiginoide buscada para el resultado que se desea obtener y que cura pronto. 5. Indolencia absoluta y también: aplicación silenciosa, ventaja inapreciable, cuando se trata de niños o de enfermos pusilánimes. La acción biológica de los rayos a y ¡3 sobre los tejidos,- depende del tiempo de aplicación, del filtraje utilizado, de la fuerza del aparato radioactivo empleado, y de la proximidad de las sesiones ulteriores. El efecto curativo debe buscarse a veces (en los eczemas y pruritos localizados, por ejemplo), por la acción biológica que produce el choque de los rayos o. y (i de consistencia material, contra los tejidos enfermos, sin otra reacción local que un ligero eritema. Pin algunos casos más rebeldes o infiltrados, se necesitará llegar a producir una reacción impetiginoide, una ligera his- tolisis. Rara vez tendremos que utilizar efectos más penetrantes con los rayos a y ¡i , excepto si se trata de verrucomas, mo- luscum pediculados, etc., que deben ser destruidos. Tratándose ya de lesiones más profundas, recurriremos al filtraje, que no deja pasar los rayos a y /} (blandos y me- dianamente duros), los que podrían ser nocivos en aplicacio- nes de más de una hora. Toda la terapéutica con el radium Eduardo Jonquieres — Práctica Radiumterápica en Dermatología. — PI. ITI. N.os 8 y 9 — Eczema keratósico N.os 10 y 11 — Eczema keratósico 531 está dominada por la noción y el conocimiento perfecto del Ultraje. Con el fíltrele y la supresión consecutiva de los rayos irri- tantes, entramos en el dominio de la ultrapenetración, capí- tulo interesante, casi exclusivo, de los tumores. Recordamos que se llama irradiación global a la totalidad de los rayos. Es la que dan las placas cuando no se utilizan filtros. Antes de entrar a examinar las' dermatosis susceptibles de mejorar o_de curar con la radiumterapia, diremos dos pala- bras sobre el material utilizado por nosotros. Ese material pertenece al Instituto Científico de Radium, de Buenos Aires, y está constituido por: Dos placas de 0.050 miligramos de bromuro de radium pu- ro al 50 o|o, de 16 centímetros cuadrados cada una. Tres placas de 0.030 miligrs., de 6 centímetros cuadrados cada una. Dos placas de 0.010 miligrs., de 4 centímetros cuadrados una y de 2 centímetros y 1|4 cuadrados la otra. Una placa de 0.020, de 2 centímetros y 1 ¡4 cuadrados. Estas placas, colocadas una al lado de la otra, dan una su- perficie radioactiva de 48 centímetros cuadrados, más o me- nos, con un total de 230 miligramos de bromuro de radium puro al 501 o|o. Para las irradiaciones profundas existen tubos y cápsulas de diversas formas y tamaños, con un total de algo más de 400 miligramos. Nos proponemos describir, lo más sencilla y brevemente po- sible, los resultados que hemos obtenido en dermatología por medio del radium. Nuestro trabajo, resultado de seis años de labor, comporta alrededor de mil casos diversos, con un total de 9,500 apli- caciones. No trataremos el capítulo interesante de los cánceres cu- táneos, porque ese solo sería digno de una comunicación, por su importancia y su extensión. Eczema. — Comenzamos por el eczema, que constituye casi la mitad de los casos de la práctica diaria, aunque no en ra- diumterapia. El eczema tiene orígenes tan diversos, desde el eczema reac- ción cutánea de un disturbio interno, hasta el posible eczema microbiano o parasitario, que sería imprudente querer tra- tarlo uniformemente con la fisioterapia. 532 Veamos, pues, en qué casos echamos mano de este recurso. Sólo aplicamos radium en ciertos eczemas agudos, como el eczema costroso de los lactantes, cuando éste se eterniza y tie- ne enloquecido al pequeño paciente por su prurito continuo. Entonces, breves sesiones, de 5 o 10 minutos, de la irradia- ción global, bastan para terminar, a veces definitivamente, con esta enojosa afección (un caso de 5 años de curación). En los estados agudos, que siempre ceden a la irradiación, puede producirse la recidiva. En estos casos el empleo del ra- dium sólo ofrece la ventaja de suprimir las pomadas, que sue- len ser molestas cuando la dermitis está situada en las regio- nes descubiertas. A medida que el eczema se hace seco, liquenificado, infil- trado, crece la indicación de la radiumterapia. Las sesiones pueden llegar a 20 minutos, media hora, de irradiación global. El prurito es el primer síntoma que desaparece. La recidiva es rara en estas formas fijas, habiéndose mo- dificado, sin duda, el locas minoris resistenciae. En las formas muy crónicas, psoriasiformes, el resultado es sorprendente, volviendo la piel a su estado normal. Eczematides (eczema seborreico). — Las eczematides (ti- po eczema seborreico), son menos favorablemente influencia- das por esta terapia, y, sobre todo, recidivan con deplorable facilidad. Sin embargo, se puede tentar la irradiación global, cuando las placas son limitadas, siguiendo la misma técnica que en los eczemas. Dishidrosis. — Una afección molesta, la dishidrosis, es par- ticularmente sensible a la terapia radioactiva. El prurito y la vesiculación no tardan en desaparecer con sesiones cortas, de 10 minutos, repetidas cada 3 días, hasta su curación. Psoriasis. — La psoriasis es una dermatosis rebelde y a veces repugnante para los familiares del paciente, quien va desesperado de consultorio en consultorio buscando el “blan- queo”. Su tratamiento por el radium no tiene otra pretensión que hacer desaparecer las manifestaciones visibles (cara, cuero cabelludo, manos), en un breve lapso de tiempo, no mayor de dos semanas. No se evita la recidiva, pero aquí también hemos compro- bado que éstas son menos frecuentes que con cualquier otro procedimiento. Utilizamos la irradiación global durante 30 minutos o 1 hora, según se aprecie un mayor o menor espesor de costra. Eduardo Jonqitiergs — Práctica Radiumlerápica en Dermatología. — Pl. IV. N.os 14 y 15 — Eczema psorie t i forme N.os 12 y 13 — Eczema costroso 533 Acné. — El acné sólo es susceptible de ser tratado con las sales radioactivas cuando los elementos papulosos son enor- mes, cuando hay infiltraciones marcadas y mucha seborrea. La acción del agente físico se traduce por la descongestión rápida, la “fundición” progresiva de las pápulas y, sobre todo, el factor seborrea, que impacienta mucho a los mos, sufre una regresión muy apreciable, bajo la influencia de la irradiación, que modera enérgicamente la hipersecreción de las glándulas de la piel. Esta se hace más seca y los comedones oprobiosos se achi- can y desaparecen paulatinamente. En estos casos, filtramos las placas con 1110 de milímetro de plomo. Las sesiones son de una a dos horas, de manera que la acción sea algo profunda y llegue hasta la región de las glándulas. Repetimos las aplicaciones según la impresión que nos deja la anterior. El tratamiento general, la higiene alimenticia, la inyección de vacunas antiacneieas, el masaje biolcinético de Jacquet, ayudan admirablemente la acción de la fisioterapia. Roséicea. — En el acné rosáceo o couperose, la acción elec- tiva que tiene el radium sobre el tejido vascular se pone muy pronto de manifiesto, sea que se trate del tipo puramente eri- tematoso telangiectásico, sea que se trate del tipo mixto telan- giectásico y pápulo-pustuloso. Empleamos la misma técnica que en el acné juvenil, fil- trando a veces algo más, para evitar irritaciones que son muy frecuentes en esta afección, tan poco tolerante. Rinofima. — Era de esperar que el rinofima o acné hiper- trófico fuese beneficiado por la radiumterapia. La hiperplasia glandular es influenciada enérgicamente. Su regresión es algo lenta pero segura. El filtraje tiene importancia. No se empleará la irradia- ción global, que irritaría inútilmente los tegumentos. Hay que actuar sobre las glándulas profundamente situadas. Por otra parte, un filtraje excesivo haría absolutamente ineficaz la acción del radium, porque los rayos ultrapenetrantes tie- nen una débil influencia sobre las glándulas hipertrofiadas: En el rinofima hay que utilizar los rayos fi, sobre todo los blandos y medianamente duros. Nos ha parecido que un filtraje de 2[10 de mm. de plomo es el más adecuado, y se deja el aparato 3 o 4 horas, repi- tiendo la operación cada 15 días. De esta suerte se puede evitar la cirugía plástica del apéndice nasal, poco afecto a dejarse despachar en rebanadas! 534 Foliculitis. — La foliculitis rara vez cura sin la depilación, que permite el drenaje del folículo piloso enfermo. Los rayos X son eficaces, pero han dejado, a veces, alope- cias definitivas. El radium, convenientemente marejado, sidera la papila. Cae el pelo y vuelve a crecer normalmente, sin mayores zo- zobras. Empleamos aparatos filtrados con 4] 10 durante 8 a 12 horas. Confesamos que en las foliculitis simples el radium no tie- ne mayores ventajas sobre los rayos X, pero en las ¡Micosis, donde, además de la infección del folículo piloso, se observa una dermitis inflamatoria, con infiltración más o menos marcada, la acción del cuerpo radioactivo es realmen- te óptima. Debido a la acción descongestiva de aquél, vese reabsorber la infiltración; el pelo cae, favoreciendo el drenaje del folícu- lo, y todo termina dejando una superficie lisa y rosada, que va adquiriendo el aspecto normal de la piel. Según el grado de inflamación utilizamos la irradiación global una hora o filtramos con 1 ¡ 10 y 2110, dejando la placa 2 a 4 horas. Hipertricosis. — La hipertricosis no es una afección de la piel... pero para las portadoras de, barbas de zapador, la deformidad es peor que una dermatosis, por cuanto las afecta moralmente más. Cuando el bigote y la barba son abundantes y constituidos por pelos verdaderos y no por vello, aceptamos hacer el tratamiento, que da brillantes resultados, porque son definitivos y, sobre todo, porque no afectan la vitalidad de la piel. Esta no se atrofia de una manera sensible y sólo se pue- de percibir una que otra pequeña telangiectasia fina, realmen- te despreciable, al año del tratamiento. Hacemos casi siempre dos aplicaciones de 24 horas cada una, empleando la ultrapenetración, filtrando con 3 y 4 mm. de plomo y un espesor igual de papel negro para absorber los rayos secundarios de Sagnac, que se originan al atravesar los rayos los filtros de metal, y que son muy irritantes. Pelada. — La pelada ofrece halagadoras perspectivas de curación, mediante el empleo de dosis irritantes, como se suele hacer con los rayos X. Empleamos la irradiación global durante 20 o 30 minu- tos. Hemos asistido a crecimientos rápidos de pelo, pero tam- bién hemos tenido casos en los cuales aquélla no ha dado nin- gún resultado. Eduardo Jonquieres — Práctica Radiumterápica en Dermatología. — Pl. V. N.o 16 — Lupus vulgar vegetante N.o 17 — Lupus vegetante curado N.o 18 — Lupus vulgar N.o 19 — Lupus vulgar curado 535 No se deben hacer aplicaciones muy seguidas, porque pue- den sobrevenir atrofias cutáneas desagradables. Pruritos circunscritos con liquenificación. — El liquen sim- ples o prurito circunscrito con liquenificación, constituye un éxito para el radium. Todos sabemos cuán difícil es mejorar, ■con tópicos, a una piel espesada por el grattage. Pues bien: la irradiación devuelve a la piel traumatizada su aspecto y consistencia normal. Empleamos la dosis global, con 15 a 20 minutos de exposi- ción, repitiéndola cada semana, hasta ver un resultado. Pruritos. — Algunos pruritos localizados, como son los ano- vulvares y escrotales, a veces tan tenaces, tan rebeldes a toda medicación, y, sobre todo, de una molestia tan escandalosa, ya que el desgraciado enfermo, para aliviar la feroz picazón que lo persigue, se rasca con furor, aún en público, en cual- quier parte donde lo sorprende el acceso, esos pruritos, deci- mos, por crónicos que sean, se calman y se curan con notable rapidez. Recordamos siempre un prurito ano-vulvar, que obligaba a la enferma a mantener noche y día, sobre esas regiones, una esponja humedecida a cada instante. Ningún tópico co- nocido la aliviaba. No era diabética, ni presentaba ninguna afección que ex- plicase ese prurito, que databa de 20 años atrás, con períodos de exacerbación, como el que teníamos que tratar. Tres aplicaciones seguidas, de irradiación global, en sesio- nes de 5 minutos, hicieron desaparecer el prurito vulvar. El prurito anal necesitó 4 aplicaciones más. Hemos observado un fenómeno curioso en algunos de es- tos casos. Después de la primera serie de aplicaciones radio- activas, el prurito es reemplazado por una hiperestesia pa- sajera. El enfermo siente que los puntos irradiados son sensibles, ligeramente dolorosos al tacto. Este fenómeno desaparece pronto. Diremos, de paso, que lo hemos comprobado asimismo en los plintos neurálgicos tra- tados con esta terapia (neuralgia supra orbitaria, ciática, etc.). Noevi. — Sin entrar en la clasificación minuciosa de los noevi, distinguiremos dos grandes clases: los angiomas y los noevi pigmentarios. Los primeros son planos o cavernosos (eréctiles), y esa diferencia entraña técnicas distintas que hay que conocer. a) Angiomas planos. — Los angiomas planos son más o 536 menos profundos, pero eso tiene menos importancia que su coloración. El tinte puede ir del rosa pálido al 'violáceo oscuro, pasan- do por todos los matices intermediarios: rojo vivo, rojo vinoso, etc., y es curioso el hecho cuanto más oscuro es el an gioma, mejores resultados se obtienen, sin duda por el con- traste. En efecto: los angiomas pálidos apenas si valen la moles- tia de tratarlos, porque se pueden disimular con un artificio de toilette, y no creemos que la cicatriz blanquecina anacara- da, que se obtendría en esos casos, sea estéticamente superior a la leve mancha rosada del angioma mismo. Los angiomas planos violáceos se decoloran bien y se llega a obtener una superficie apenas rosada, que siempre resulta más aceptable que la que se obtendría, anacarada, si se extre- mase las aplicaciones. Hay que tener en cuenta siempre, que un angioma irradia- do, va decolorándose aún después de transcurridos muchos meses de la última aplicación. Hacemos sesiones de 6 horas, filtrando con 1110 o 2 [10 de mm. de plomo, según el matiz que tiene la malformación y el resultado que buscamos. Hay que tener especial cuidado de tratar un poco más allá de los bordes de la mancha? porque éstos ofrecen ulterior- mente muchas dificultades, si se han descuidado al princi- pio. b) Angiomas cavernosos. — Estas formas son el triunfo de la radiumterapia, pues el resultado es constante. 'Cuanto más joven es el paciente, más fácil será obtener la desaparición del tumor. Hemos visto angiomas cavernosos ce- der a pocas complicaciones, en los lactantes, al paso que angio- mas similares resisten, tanto más cuanto mayor es la edad del portador. Esto subraya la importancia de un tratamiento precoz. Por otra parte, el profesor Gaucher ha señalado la fre- cuencia de la transformación neoplásica de los noevi situa- dos en el cuero cabelludo; esta observación no permite demo- rar el tratamiento. La acción efectiva que tiene el radium, sobre el tejido vas- cular de neoformación, explica la constancia de los resultados obtenidos. Irradiamos en profundidad, respetando la piel, a pesar de que ésta esté casi siempre invadida, cuando se trata de tu- mores subcutáneos. Utilizamos las placas durante 6 horas, con Eduardo Jonqüíeres — Práctica Radiumierápica en Dermatología. — Pl. VI. N.os 22 y 23 — Lupus vulgar N.os 20 y 21 — Lupus vegetante 537 un íiltraje de 3110 o 4;10 de mm. de plomo, con un intervalo de una semana, y en series de 5 aplicaciones. Esperamos luego 2 o 3 meses y reanudamos el tratamiento en la misma forma, si es menester. Cuando el angioma cavernoso es grande y muy saliente, empleamos el método preconizado por Wickham y Degrais, esto es, el fuego cruzado, que consiste en concentrar en la profundidad de la malformación, la irradiación emanada de dos placas puestas en ángulo diedro, o vis a vis, tumor por medio. De esta suerte, se suman las irradiaciones en la inti- midad del angioma, resultando una acción más potente en profundidad y, desde luego, una menor irritación de la. piel. El radium tiene una indicación precisa, sobre todo en los angiomas situados en puntos incómodos para otra terapia, como los rayos X, esto es, en los párpados, ángulo del ojo, labios, vulva, etc. c) Noevi pigmentarios. — En esta clase de malformación ya no se trata de conseguir una modificación biológica, cosa de todo punto imposible. Aquí tenemos que destruir la capa epidérmica, que genera el pigmento. Esto se obtiene produciendo una fuerte radiumdermitis im- petiginoide, que se consigue mediante la aplicación de placas sin filtraje, irradiación global, durante 2, 3 o 4 horas. Frecuentemente esos noevi son hipertricósicos. Se termina- rá, pues, la curación con una aplicación de 24 horas, pero fil- trando entonces con 3 mm. de plomo. La cicatriz que se obtiene es menos bella que la consecuti- va a los angiomas, pero, de cualquier modo, es siempre esté- ticamente mejor que la mancha negruzca y a veces “piel,de chancho”, de esos noevi. La atrofia de la piel es también mayor cpie la consecutiva al tratamiento de los angiomas. Keloides. — Las cicatrices keloides son tanto más favora- blemente influenciadas cuanto más vascularizadas y jóvenes son. Sin embargo, las keloides antiguas, fibrosas y duras, ceden también, aunque con mayor dificultad, al tratamiento radio- activo. Esta malformación necesita ser tratada con repetidas sesiones de radium, pues, por ser un tumor benigno, que afecta más a la estética que a la salud (salvo cuando son do- lorosas), puede procederse con lentitud, siendo así los resul- tados mejores. Según el espesor de la keloide, empleamos filtros de 1¡10 o de 2I10 de milímetro de plomo, irradiando durante 4, 6 o 12 538 lloras. Repetimos cada 8 o 15 días, hasta aplanar completa- mente el tumor. El dolor que algunas keloides producen, desaparece desde la primera aplicación. 'Como se trata de malformaciones fibro-conjuntivas vascu- lares, al principio, por lo menos, suelen reducirse rápidamen- te. Pero si son keloides ya viejas, en lasi cuales el elemento vascular lia sido estrangulado por el tejido fibro-conjuntivo, será menester asociar a la radiumterapia un procedimiento que nos ha dado siempre buenos resultados. Queremos ha- blar de las escarificaciones cuadriculadas, múltiples y pro- fundas. Estas escarificaciones casi no son dolorosas y son bien to- leradas por los enfermos. Poseen la ventaja inapreciable de abreviar el término de la curación y de dejar una superficie cicatricial admirable. Hay que practicarlas inmediatamente antes de aplicar la placa radioactiva. Esclerodermia. — La esclerodermia, cuando no tiene muy vastas proporciones, es curable por el radium. Seguimos la misma técnica que la empleada en los keloi- des, salvo las escarificaciones, que no nos parecen necesarias. Lupus eritematoso. — Existe un buen procedimiento tera- péutico para tratar los lupus eritematosos. Es la nieve car- bónica. Pero ciertos pacientes no aceptan continuar sometidos a ese tratamiento, porque sus lesiones reaccionan con violencia a las .aplicaciones, o porque consideran a éstas como muy do- lorosas. En tales circunstancias, ensayamos el radium, con venta- ja, en sesiones de 1 a 1 y 1 2 horas de irradiación global, se- gún el grado de hiperkeratosis existente. En la gruesa costra de reacción, una vez caída, se descubre una superficie rosada, lisa, que poco a poco palidece y se hace cicatricial. Algunas veces se necesitan dos o tres aplicaciones para conseguir la curación, que se mantiene. Hecho de notar: ra- rísima vez se observan recidivas en los puntos tratados. Los incidentes de esta terapia son las telangiectasias y las areo- las pigmentadas ulteriores, que se pueden remediar merced a la acción exfoliativa de las escarifieaciqnes múltiples su- perficiales. Lupus tuberculoso. — Las manifestaciones tuberculosas cu- táneas son muy sensibles a la acción del radium y tanto más sensibles cuanto más vegetantes son. 539 De los lupus vulgares, el de la nariz es el más frecuente y el más mutilante. Hasta ahora teníamos la escarificación co- mo recurso heroico para detener el proceso ulceroso en su marcha. Pero la escarificación, en estos casos, es un método sangriento y doloroso, que exige, además, mucha práctica, para dar resultados rápidos. (Con el radium detenemos y hacemos retroceder el lupus cxedens en pocos días. En dos meses y medio de tratamiento el tejido ulcerado, granuloso, “friable”, desaparece, dejan- do en su lugar una superficie lisa y ligeramente pitiriásica. Pocas sesiones bastan para conseguir ese resultado. Utilizamos las placas radioactivas con un Ultraje modera- do y las dejamos aplicadas de 6 a 8 horas. Recordamos que los enfermos de lupus de la nariz tienen siempre lesiones de las fosas nasales. No hay que descuidar, por lo pronto, esos puntos, y siempre acompañamos la irra- diación externa con otra interna, mediante el empleo de tu- bos. Esta aplicación en las fosas nasales suele acarrear sorpre- sas, cuando el lupus, ivegetante, invade la bóveda palatina también. En algunos casos hemos visto a la irradiación ma- nifestar su poder a través del paladar óseo y volatilizar las fungosidades lúpicas de la bóveda palatina. El lupus vegetante no resiste al agente radioactivo, aún a cierta distancia. Piemos visto así una masa fungosa lúpica, de laringe (que coexistía con otra, enorme, de párpados), fundir en breves sesiones. El resultado fué tanto más impre- sionante, cuanto que el joven enfermo estaba en inminencia de asfixia y vigilado para poder practicar inmediatamente una traqueotomía. Este enfermo fué curado con dos aplicaciones externas so- bre la región laríngea, en sesiones de 8 horas, empleando un filtraje adecuado. De esto hace 4 años y meses, sin producirse recidiva. El lupus vulgar, no ulceroso ni vegetante, sufre la misma influencia curativa, mediante el radium, y siguiendo una técnica más o menos igual a la del lupus ulceroso. Otros procesos bacilares, como las tuberculosis verrucosas, las tuberculides pápulo-necrótieas, las adenitis bacilares, res- ponden fácilmente al agente radioactivo, con mayor o menor- rapidez y constancia. Igualmente los gomas dérmicos tuber- culosos. No insistimos; la técnica es siempre parecida en to- dos estos casos. 540 Lo que llama la atención es el aspecto de la cicatriz, lisa y hermosa, sin bridas fibrosas. La seborrea concreta senil puede ser tratada eficazmente con nieve carbónica. Sin embargo, algunas formas ya más preepiteliomatosas, menos superficiales, merecen ser destrui- das por el radium, debido a la acción más profunda que pue- de desarrollar este elemento. Aplicamos la irradiación global de preferencia, pues la costra, más o menos espesa, de la seborrea concreta, puede considerarse como un débil filtro. Con 2 horas de aplicación, en una sola vez, se termina generalmente con ese enojoso ve- cino. Una serie de pequeños tumores benignos, como las verru- gas, las vegetaciones, papilomas, botriomicomas, etc., son des- truidos fácilmente mediante la irradiación global aplicada durante 1 o 2 horas. Los callos ocupan, es cierto, un bien modesto sitio entre las lesiones dermatológicas y se vengan de su humildad, fas- tidiando a veces enormemente a sus infelices portadores. 'Hasta ahora eran del dominio del pedicuro, y seguirán siéndolo; no nos oponemos a ello. Sin embargo, cuando el callo es muy doloroso, u ocupa pun- tos hipersensibles, como ocurre con los subungueales, que constituyen verdaderos suplicios chinos, intervenimos con el radium, el que, en 2 aplicaciones de 12 horas, a 15 días de intervalo, produce, casi matemáticamente, la eliminación de tan desairada lesión, y esto de una manera definitiva. Filtra- mos con 4¡10 de mm. de plomo, y cuidamos mucho de prote- ger con un diafragma, también de plomo, las partes sanas ve- cinas. Terminaremos mencionando la acción positiva que tiene el radium sobre las formas tuberculosas de la sífilis terciaria, de la lepra y sobre las formas tumorales de la micosis fun- goide. En las dos primeras, funden rápidamente las lesiones, ayu- dando al tratamiento interno, a veces tan lento. Naturalmente, en estos casos, el agente físico no tiene otro objeto que el de hacer desaparecer lesiones visibles, y sólo las tratamos cuando invaden las partes descubiertas, como la cara, el cuello y las manos. En la micosis fungoides el radium da excelentes resultados, pero no parecen superiores a los que dan los rayos X. 541 CONCLUSIONES 1. La radiumterapia cutánea es factible cuando se puede disponer de grandes superficies radioactivas. 2. Ella constituye un método de primer orden, por la acción electiva que tiene sobre los capilares neoformados y sobre las células anormales de la piel. ,3.° En ciertos casos no tiene otro valor que el que puede tener un tópico medicamentoso, en cuanto a la curación se refiere, con la única ventaja de ser más rápido, quizá, menos molesto y porque, debido a su acción biológica, aleja las re- cidivas. 4. Xo determina accidentes, sobre todo en las afecciones superficiales. Los únicos inconvenientes que se manifiestan ulteriormente a ¡un tratamiento prolongado, son un grado más o menos apreciable de atrofia cutánea, telangiectasias y pigmentaciones. Estas dos últimas desaparecen espontánea- mente por lo general, sea con escarificaciones múltiples, cua- driculadas, superficiales. 5. Las cicatrices que se obtienen (consecutivamente al tra- tamiento de los angiomas, lupus, keloides, por ejemplo), son elásticas y blanquecinas. 6. Las aplicaciones son indoloras, lo que permite el trata- miento de los pacientes pusilánimes o en los niños. 7. La acción del radium se aprecia rápidamente, sea por la desaparición de los fenómenos subjetivos (prurito, dolor), sea por la de los fenómenos objetivos. 8. A nuestro juicio, la radiumterapia cutánea tiene indi- caciones precisas en las siguientes, afecciones: eczema lique- uificado, prurito circunscrito con liquenificación, pruritos anales, vulvares, escrotales, rinofima, seborrea, sicosis, liiper- tricosis, angioma cavernoso eréctil, keloides, lupus tubercu- loso exedens, tuberculosis verrucosa, gomas tuberculosos dér- micos, verrugas, papilomas, callus. 9. Muchas otras afecciones cutáneas son susceptibles de curar con la radiumterapia, pero con otros métodos físicos se pueden obtener iguales resultados. 10. A medida que se obtengan mayores superficies de irra- diación, mayor será el número de afecciones dermatológicas que podrán ser tratadas, con probabilidades de éxito. 542 DISCUSION Mario Simeto (Montevideo). — Dice que su experiencia está ente- ramente de acuerdo con los resultados expuestos por el doctor Jon- quiéres. Fernando Terra (Eío de Janeiro). — Permitía o Dr. lid. Jonquié- res que manifeste o grande prazer, que tive ao ouvir a leitura do seu trabalho, com cujas idéas estou de pleno aceordo. Apenas em al- gumas pequenas questões a minha observação aparta-se ligeiramente do seu módo de pensar. Tenho grande confiança no emprego do ra- dium no tratamento do lupus erythematoso, mas tenho cisto, que é elle, entre nós, de grande duração. Alem d’isso o effeito é muito mais seguro, quando, simultaneamente, se fazem injecçÕes de tuber- culina, tendo nós usado, em geral, a tuberculina Fontes, do Bio de Janeiro. É a única restricção que tenho a fazer. Quanto ao cheloide, considero-o como curável exclusivamente pelo radium, qne não só de- termina o desapparecimento dos tumores (em prazo variavel), como impede a sua reproducção, o que se dá com outros meios, principal- mente com a intervenção cirúrgica. Sueroterapia y vacunoterapia en la blenorragia y sus complicaciones POR EL DR. VÍCTOR IDOYAGA (Asunción) Presidente de la Delegación Médica del Gobierno del Paraguay Delegado de la Facultad de Ciencias Médicas de la Asunción SUMARIO Introducción — Ideas actuales sobre la morfología — Coloración — Cultivo y propiedades bioquímicas del gonococo de Neisser — Precursores de la suero-vacunoterapia antigonocóccica — Des- cripción sumaria de las diferentes vacunas empleadas hasta hoy — Vacuna Blay, del Instituto Clínico-Biológico de Asunción — Técnica de su preparación — Propiedades que debe reunir ana buena vacuna antigonocóccica — Sueroterapia antigonocóccica — Sus precursores — Sueros empleados actualmente — Ligera reseña clínica — Conclusiones. La terapéutica de la blenorragia lia hecho enormes pro- gresos, como la de la sífilis, de 20 años a la fecha, con el des- cubrimiento de nuevos procedimientos de tratamiento y diag- 543 nóstico; y parecería que la lucha antivenérea haya recibido un estímulo poderoso, con estas nuevas prácticas, dado el hecho de qne los Congresos de Venereología se suceden con frecuencia, y en todos ellos se debate, se estudia y se llega a conclusiones definitivas sobre muchos de los problemas que interesan a la medicina social. Y es por esto, seguramente, que el Comité de Organización del II Congreso de Dermatología y Sifilografía hace figurar como tema de preferencia en las deliberaciones de su Asam- blea, la sueroterapia y vacunoterapia en la blenorragia. En cuestiones estudiadas por especialistas eminentes, de ambos continentes, nosotros no aportaremos nada demasiado nuevo, pero sí algunas conclusiones prácticas, como resulta- do de nuestras investigaciones en este ramo de la medicina, a la que hemos dedicado nuestra predilección. Las ideas en materia de vacunoterapia en general y espe- cialmente en la blenorragia, han ido evolucionando paulati- namente, desde la aplicación de la primera vacuna contra es- ta afección; pues el hecho de encontrar el agente o el microbio de una enfermedad y fabricar 'su vacuna con su agente específico, para emplearlo como agente terepéu- co, y que tantas ilusiones ha despertado al comienzo, hoy se van desvaneciendo; desilusión que no constituye de ninguna manera un retroceso en la prosecución de las investigaciones científicas. Al contrario, nuevos empeños, nuevos esfuerzos alientan en esta perspectiva tan brillantemente abierta por el genio de Pas- teur. Los estudios modernos se dirigen exclusivamente a la mejor investigación, al perfeccionamiento de los métodos, a conocer perfecta y previamente el agente microbiano, su es- pecificidad, sobre todo, para luego adaptarla y conviviría a procesos y leyes biológicas, que, hoy perfectamente conoci- das, sirven de guía a la suero-vacunoterapia. Y especializándonos en el gonococo de Neisser, su mono- especificidad, hoy ya se llega a poner en duda; diplococo ba- nal en las vías respiratorias, o en la mucosa digestiva, sería gonococo virulento en la uretra y vías urinarias, vulva y va- gina de las vírgenes. Su morfología confunde actualmente con una variedad inmensa de diplococos y, para no citar sino el meningococo, agente de la meningitis cerebro-espinal, y cuya sueroterapia se ha empleado, ha mucho tiempo, con éxito en la gonococ- cia. 544 Y el Gram parece que fija el gonococo igualmente en una de sus evoluciones de virulencia; el Gram, que es prueba de Laboratorio, hasta hoy, más decisiva para la individualización del mismo. Y en cultivos y otras propiedades bioquímicas, nuestro go- nococo se confunde igualmente con especies distintas. Aún más; el gonococo no es sólo agente que produce la uretritis gonocóccica con su séquito de complicaciones. Una importancia preponderante se atribuye actualmente a sus asociados microbianos. Y así nuestras ideas y convencimien- tos de antaño, se han% ido trocando paulatinamente: ayer no más, el gonococo, sólo microbio que producía la blenorragia; hoy, también el diploeoco catarralis y el enterococo pueden producir igual cosa. El Gram fijaba el gonococo hace un momento; ayer, sus cultivos y sus colonias le eran peculiares; actualmente, lo despojan de esta propiedad igualmente. La desaparición del gonococo, tenaz y porfiado, que tanto ansiamos en nuestros viejos enfermos de uretra, no la celebra- mos ahora como triunfo; el estafilococo y los otros diplocoeos continúan su obra en el canal, con más tenacidad que los del primero. Y estos son sus asociados, pero con acciones y divi- dendos si no iguales, por lo menos superiores. He aquí, pues, las condiciones que lian, modificado total- mente nuestras ideas actuales sobre la sueroterapia y vacuno- terapia antigonocóecicas, desde la época de "Wright. No entra en nuestras ideas el estudio detallado de tema tan importante y tan bien precisado por especialistas dis- tinguidos; las revistas médicas extranjeras nos traen diaria- mente colaboraciones y trabajos en los diversos aspectos de la cuestión que nos ocupa, en formas completamente nue- vas. Nuestra colaboración es, exclusivamente, desde el punto de vista de los resultados clínico-terapéuticos, que nuestra prác- tica profesional nos ha dado al hacer uso*de tan precioso re- curso biológico. iSin embargo, en el transcurso de nuestra exposición, ire- mos tratando, con detalles muy sumarios, lo que se relaciona muy íntimamente con este importante tema. Y, sin entrar en detalles sobre los principios fundamenta- les de la inmunidad, tanto natural como adquirida, de la cual es corolario el de la vacunación, es con Jenner que, en 1798, inoculando el cow-pox a la especie humana, para preservarla 545 de la viruela, aparecen las primeras tentativas sobre la va- cunación preventiva. La ciencia médica ha tenido que esperar, sin embargo, casi el transcurso de un largo siglo, para ver aparecer la íigura más grande de la época y de su ciencia, con el genio de Pas- teur, que, — al descubrir los microbios y consecutivamente a ellos, sus investigaciones sobre inoculación del virus carbun- closo y virus rábico en 1880, abriendo paso definitivamente a la nueva era científica, — tantos beneficios ha aportado a la humanidad doliente. Descubierto este mundo maravilloso de los microbios y be- neficiada la humanidad con sus primeros frutos, genios no menos ilustres continúan los trabajos del sabio francés; Roux y Jersin descubrieron la toxina diftérica, que Behring y Kitasato emplearon más tarde como tratamiento preventivo de la terrible difteria de los niños. Y así sucesivamente; Wassermann, en la gonococcia; Fran- kel en el tifus; Koeli, en la tuberculosis, hacen las primeras tentativas de la vacunación como tratamiento curativo en es- tas mismas enfermedades. Y con Wright, sobre sus trabajos sobre las opsoninas y el índice opsónico, la vacunoterapia en- tra definitivamente en el dominio y en la práctica corriente de la terapéutica, para el tratamiento de enfermedades espe- cíficas. El hecho fundamental sobre el cual está fundado el prin- cipio de la vacunoterapia, es que, introduciendo en el mismo organismo animal, bacterios vivos, atenuados en su virulen- cia o muertos, provocan en el mismo organismo, según la teoría de las cadenas laterales de Ehrlich, sustancias que, circulando en la sangre, dan lugar a la formación de anti- cuerpos específicos, libres en el suero sanguíneo y utilizables para inmunización o curación de la enfermedad causada por la misma especie microbiana, introducida en este organismo al producir las estimulinas de Metehnikoff; las opsoninas de Wright, o los amboceptores de Ehrlich. Es el hecho de la va- cunación o inmunización activa. Por el contrario, la serote- rapia en general está basada en el Lecho de que, introducien- do en el organismo animal bacterios vivos, atenuados o muer- tos, y recogidos más tarde del suero mismo, este suero tiene o presenta reacción de anticuerpos específicos contra los bac- terios que acaba de introducirse, es decir, que inyectado en el organismo de otro animal, portador de los mismos bacterios, los destruirá muy fácilmente. 546 Es la inmunización pasiva, pues el organismo no ha inter- venido en la formación de anticuerpos. Basados en estos hechos fundamentales, Wright emplea, por la primera vez, la vacuna antigonocóccica, y Roger (1906),. el suero antigonocóccico en la blenorragia y sus complica- ciones. Pero, desde Wright y Roger hasta la fecha, la terapéutica antigonocóccica, por sueros y vacunas, se ha enriquecido gran- demente, por la multitud de trabajos de orden clínico y bio- lógico y la variedad de sus sueros y vacunas de uso hoy ya muy corriente. Y era en 1913, que, en la clínica de Necker, asistíamos a una lección magistral del profesor de Urología, doctor Le- guen, sobre las vacunas en las gonococcias, en donde aquel sabio profesor, con la precisión matemática que caracteriza a los sabios franceses, hacía, por primera vez, el resumen de sus observaciones sobre este asunto, ya de tanta actualidad en aquel entonces. Las conclusiones, sobre tres variedades de va- cunas empleadas por él, no fueron muy halagadoras para la uretritis blenorrágica, propiamente dicha; pero sí en la ma- yoría de sus complicaciones: epididimitis, prostatitis y reuma- tismo blenorrágieo. Era la primera confirmación de la va- cunoterapia antigonocóccica, en Francia. Sin embargo, desde aquella fecha y un poco antes, ya los trabajos y observaciones se han multiplicado; unos basados en las diferentes modalidades de preparación de las vacunas y los sueros; otros en el estudio de la morfología, cultura, lo- calización del gonococo y sus asociados. Así es que, antes de ir más adelante, describiremos suma- riamente las diferentes clases y modalidades de preparación de las vacunas antigonocóccicas, antes de llegar a las con- clusiones de orden clínico. La primera especie, hemos dicho anteriormente, es la vacuna de Wright (Stock vacuna), que, como su nombre lo dice, no es sino una suspensión de gonococos en agua salada (8 por 1,000), teniendo por origen una cultura joven, sobre medios sólidos. Se destruye o atenúa la vitalidad del germen por agentes físico-químicos, para obtener la vacuna. Luego es do- sificada y repartida en ampollas para usos terapéuticos. Esta vacuna es heterógena, es decir, con gonococos reco- gidos de cualquier fuente microbiana gonocóccica, al contra, rio de las autovacunas, en que los gérmenes son recogidos del mismo sujeto enfermo. 547 Las primeras vacunas fabricadas eran igualmente mono- microbianas; sólo el gonococo estaba en causa. Hoy, mejor estudiadas las modalidades de especificidad, su morfología, cultura, colaboración y asociación microbiana, la mayoría de las vacunas que se fabrican son polimicrobianas. Pertenecen al grupo de las vacunas monomicrobianas las vacunas antigonocóccicas del Instituto Paulista de Biología y la Bacterina gonocóeeica de los señores Parke, Davis y Cía.,, etc., etc. Al grupo de las vacunas polimicrobianas pertenece la bac- terina gonocóeeica de esta misma fabricación. Pero, en cualquiera de las formas que se emplee el gono- coco (stock o autovacuna), hay que hacerlo tolerable por el organismo, transformándola en sustancia atóxica, para la cual se modifica su virulencia, ya sea por agentes físico-quí- micos, o por un suero antimicrobiano correspondiente. En el primer caso los gonococos están atenuados o muertosr y en el segundo caso, sensibilizados. Se destruye el gonococo por el 'calor (Wright), por el frío (Demonchy), por los rayos ultravioletas (Renaut), por el ácido fénico (Maulé), por el floruro de sodio (Nicolle), etc., etc. Las vacunas sensibilizadas vivas (Besredka), se preparan,, como hemos dicho, poniendo en contacto el gonococo con su suero antimicrobiano correspondiente. He aquí cómo se pro- cede según este método, modificado por Cruveillier: intervie- nen en su formación tres elementos: una cabra es inmunizada con gonococos vivos; cultivo de gonococos sobre gelosa-ascitis. Son los dos primeros elementos. Los gonococos de la cultura son luego puestos en contacto con el suero de la cabra inmu- nizada. El gonococo fija entonces sobre sí mismo el anticuer- po contenido en el suero; se fija.como una combinación quí- mica, dando lugar a un elemento nuevo, que constituye el ele- mento de la vacuna. En resumen: es una combinación de sero-vacunoterapia antigonocóecica, sobre la cual está basada la vacuna de Cruveillier. Con los principios y métodos precedentes, tenemos la gran variedad de vacunas antigonocóccicas ya conocidas, pero, de día en día, van apareciendo otras nuevas, entre las cuales aún tenemos: la vacuna de Renaut (esterilizada), de las culturas por los rayos ultravioletas. El artigón (conservado con sus- tancias antisépticas) ; el Dmegón (emulsión de floruro de so- dio), con una mezcla de gonococos y de sinocoeo, este último compañero habitual del gonococo; el lipogón, o lipovacuna de Moignig, cultura de gonococos muertos por el frío e incorpo- 548 da a un medio aceitoso; la serobacterina Neisser, pura o mixta, vacunas sensibilizadas de gonococos puro o polivalentes; la va- cuna antigonocóccica de Brusehettini (vacuna polimicrobiana) ; la entero-vacuna de Lumiére y Chevrotier (píldoras queratini- zadas, conteniendo tres millares de microbios cada una), etc. En el Instituto Clínico Biológico Blay, en el Paraguay, nosotros hemos empleado, con mucho éxito, en el Hospital Militar Central y clínica particular, la autovacuna Blay, cu- ya técnica de preparación es la siguiente: Aislar del organismo enfermo el agente patógeno, y obte- ner con él un cultivo reciente, en el medio mejor para cada microorganismo, ya sea en agar, suero, ambos mezclados, agar sangre, suero sangre, agar líquido ascítico, etc. La edad que debe tener el cultivo para proceder a la va- cuna es distinta, según los diferentes agentes infecciosos; en general, un cultivo de gonococo debe tener de 36 a 48 horas, de 48 a 74 horas un cultivo de estreptococos o meningococos, etc., aprovechando así la virulencia del mismo. El cultivo reciente se diluye en 2 o 3 cc. de solución lisio- lógica esterilizada, para lo cual se va llenando la capa micro- biana con un asa de platino previamente flameada con mu- cho cuidado a la disolución de sal. De este modo se produce una emulsión de bacterias en la disolución salina. Esta se vierte en un tubo de ensayo esterilizado, el cual contiene al- gunas perlas de vidrio, y, por último, se estira a la llama de un mechero, de tal modo que adquiera de forma de tuna X. ■Cerrado el tubo de ensayo, se agita intensamente con 1a. mano, durante 15 o 20 minutos, hasta conseguir homogenei- dad en la suspensión bacteriana; se rompe la punta del tubo, se toma unas gotas de la emulsión microbiana, para hacer el eontaje de las bacterias, y se hecha en un vidrio de reloj. El tubo de ensayo se vuelve a cerrar de nuevo y se esteri- liza a 62°, en baño maría, durante una hora y media. La determinación cuantitativa de bacteria se hace siguien- do una técnica diferente a la indicada por Wright, por creer- la más aproximada. Se toma sangre desfibrinada de carnero, se hacen tres la- vajes con solución fisiológica y, mediante el cuenta-glóbulos de Thom, se determina la cantidad de glóbulos rojos que hay en 1 cc. Con una pipeta calibrada al milésimo de centímetro cú- bico, se aspira una milésima de cc. de la emulsión bacteriana, en seguida 9 milésimas de cc. cTe suero fisiológico y, por úl- timo, 5 milésimas de la emulsión globular. En un vidrio de reloj se deposita el contenido de la pipeta 549 y, después de conseguir la mezcla, se vierte una gota de un porta-objetos, la cual se fija y se colorea con el colorante apro- piado para cada microorganismo, en general, con la tionina fenicada, en el gonococo, por el método de Frani, etc. Se cuenta un determinado número de glóbulos rojos sanguíneos y del propio modo el número de bacterias que se encuentran en los campos microscópicos examinados. Por comparación de ambas cifras y teniendo en cuenta las disoluciones, se puede fácilmente determinar el número de bacterias contenidas en un volumen determinado de la emul- sión bacteriana madre. Ejemplo: Tenemos una emulsión globular cuyo recuento nos ha dado, por ejemplo, 250 millones de glóbulos rojos por cada centíme- tro cúbico. Se mide exactamente 0.001 cc. de emulsión bacteriana, más 0:009 de emulsión fisiológica, más 0.005 cc. de emulsión glo- bular; sabemos que le corresponde 50 mil glóbulos rojos. Hago ambos recuentos y sean éstos, en 8 campos: Coloreo de glóbulos rojos Bacterias 45 37 52 41 68 65 22 11 36 27 31 75 21 62 44 79 299 397 Así tenemos que 299 glóbulos rojos corresponden, aproxi- madamente, a 397 bacterias; por lo tanto, podemos estable- cer la proporción: 299 glóbulos rojos : 397 bacterias :: X : 50,000 glóbulos, 299 X 50,000 X = = 37,657 397 el cual, multiplicado por 15, el total del número del cual par- timos, 37,657 X 15 = 564,855, o sea el número de bacterias 550 contenidas en una millonésima de cc. y, por lo tanto, 564,855 X 1,000 == 564.855,000, será el contenido de 1 cc. Diluciones para dividirlas en las ampollas, en las propor- ciones aproximadas deseables. Supongamos que necesitamos una vacuna que corresponda aproximadamente a las siguientes cantidades: 500.000,000 250.000,000 125.000,000 62.500,000 Sabemos que 1 cc. de la emulsión madre de bacterias con- tiene 564.855,000 gérmenes; por lo tanto, la primera can- tidad necesita diluirlo en la proporción de 0.9 ce. de emul- sión bacteriana, con 0.1 de splución fisiológica, para no com- plicar la operación, puesto que de los cálculos teóricos resul- tan 502.094,000. ! La segunda cantidad se obtiene diluyendo 0.45 de emul- sión madre con 0.55 de suero fisiológico, y así sucesivamente hasta obtener el de menor proporción, y otra porción, sin ne- cesidad de calcular para testigo. Una vez llenas las ampollas se cierran las puntas y se tin- dalizan en baño maría a 60°, una hora diaria, durante dos días, al cabo de los cuales se siembra, en tubos apropiados, el contenido de la ampolla testigo, para asegurarse de la es- terilización; si a las 24 o 36 horas no han desarrollado gér- menes, pueden ser ya empleadas las ampollas. Tal es la variedad de vacunas con que cuenta la terapéutica antigonocóceica. ISean éstas autógenas, heterógenas, polinii- crobianas, mono o polivalentes, todas deben llenar, más o me- nos, las condiciones siguientes para su aplicación terapéutica: 1. a Ellas deben ser atóxicas, para prevenir los fenómenos locales y generales consecutivos a su aplicación. 2. a Deben contener, en el menor volumen posible, suficien- te cantidad de anticuerpos, para su mayor eficacia terapéu- tica. 3. a Su dosificación debe ser lo más correcta posible, tenien- do como unidad de medida 1 millón de bacterias; esta dosifi- cación varía en las diferentes variedades enumeradas: de 1 millón a 1 millón de bacterias. 4. a Su aplicación debe hacerse por dosis progresivas, que varían de 1 millón a 100 millones por cc. 551 5. a Después de cada aplicación de la vacuna, debe medirse el índice opsónico del suero sanguíneo. 6. a Como la determinación del índice opsónico es una ope- ración difícil y delicada de laboratorio, en clínica, se debe tener en cuenta simplemente las fases negativas y positivas de la enfermedad, consecutiva siempre a las aplicaciones de cada vacuna. Ante la impotencia terapéutica de cada una de las tantas variedades de vacunas antigonocóccicas, que hemos enumera- do sucintamente, contra la localización más frecuente de la afección, la uretritis blenorrágica (aguda y crónica, sobre todo),—como más adelante veremos, al ocuparnos de los resul- tados clínicos,'—los médicos especializados tentaron de introdu- cir en el organismo humano un anticuerpo ya formado para producir una inmunización más rápida y activa; para lo cual se valieron de los sueros antigonocóccicos. Crismats, en 1897, cuyo suero fué experimentado en clínica por Wassermann; Hogge, en Bélgica; Bruke, en Alemania, y otros autores americanos e italianos, experimentaron, igual- mente, sobre sueros antigonocóccicos sin resultados no muy .aparentes. Es al profesor Torrey, del Laboratorio Experimental de la Universidad de Nueva York, a quien debemos las primeras tentativas eficaces en ese sentido. Torrey había procedido de la siguiente manera: su suero, proveniente de conejos, que habían sido inmunizados por inyecciones intraperitoneales, de cultivos de gonococo; el caldo peptonado de buey, adicionado -de líquido ascítico. Después de 6 inyecciones sucesivas, el ani- mal era considerado como suficientemente inmunizado; ex- trayendo luego la sangre y, consecutivamente, el suero, de las venas de las orejas del conejo; cada uno de los animales suministraba, más o menos, de 70 a 90 cc. de suero. Y fué Roger, en 1907, quien aplicó por primera vez este suero antigonocóccico, en las complicaciones articulares de la blenorragia, con un éxito halagador. Y Sterian, de Buearest, cuyas ideas, muy transformadoras, sobre el gonococo, y sobre todos sus asociados microbianos, han cambiado paulatinamente, produciendo una verdadera revolución en las ideas clásicas que teníamos de la terapéu- tica, por los sueros y vacunas, antes de ahora. Este autor ha fabricado últimamente (1920) un suero antigonocóccico poli- microbiano con “el antígeno integral de las uretritis invadi- das por la infección llamada blenorrágica a gonococos”, por 552 hipermunización de ciertos animales, como el carnero y el caballo. Y, actualmente, en Sud América, los Institutos Biológicos del Brasil y la Argentina han puesto en nuestras manos sueros de verdadero valor terapéutico; como el suero antigonocócci- co del Instituto Paulista de Biología y el haptinógeno Gono- Méndez. El suero antigonoeóccico del Instituto Paulista de Biolo- gía, es preparado en diversas culturas de gonococos seleccio- nados y con autolizados microbianos que son conjuntamente inoculados en el peritoneo o en las venas del carnero, animal que se prefiere para inmunización. Después de varias inyec- ciones con dosis crecientes de antígeno y descanso de 8 a 10 días; luego sángría con la técnica habitual; el suero es reco- gido asépticamente. El dosaje de su valor terapéutico es he- cho por el método de Debré y Paraf. El haptinógeno-gontf, cuya técnica de preparación no co- nocemos, pero cuyo efecto terapéutico está basado en la for- mación de haptinas en el organismo enfermo. Y los americanos,—la casa Parke Davis y Cía,—nos ofrecen los filacógenos blenorrágicos, que, en realidad, son sueros bac- terianos, preparados por el método Schafer. !Son soluciones acuosas extendidas de las sustancias o productos metabólicos de bacterias desarrolladas en medio de cultivos artificiales. Se prepara así un filacógeno básico, cultivando diversos organis- mos patógenos en un medio apropiado, matándolos, y luego filtrando el todo sobre porcelana. Al filacógeno básico se agre- gan los filtrados específicos (gonococos, en nuestro caso), que se preparan de la misma manera que aquél, con la sola dife- rencia que en cada uno de ellos se encuentra representado el organismo específico correspondiente. Estos filacógenos se someten después a pruebas de cultivo para comprobar su es- terilidad, y a pruebas fisiológicas para establecer su innocui- dad. Y la misma casa nos ofrece un suero antigonoeóccico, como el suero antidiftérico, con la diferencia de que se emplean carneros padres en lugar de caballos para la inmunización. ¿Qué resultados ha dado hasta hoy la suero-vacunoterapia específica en las afecciones gonocóccicas? 'Aparte de los brillantes trabajos que la Bibliografía mé- dica extranjera nos ofrece, en cuya lectura catalogada hemos 553 puesto todo nuestro empeño, nosotros resumiremos en breves observaciones nuestra práctica y sus resultados. Hemos empleado siempre las vacunas antigonocóccicas, dan- do preferencia a la del Instituto Paulista, la de Parke Davis y Cía. y al haptinógeno gono-Méndez. Hemos tratado todas las afecciones gonocóccicas: uretritis aguda y crónica, prostatitis, espérmatocistitis, artritis, cisti- tis, en el hombre; uretritis, vulvovaginitis, metritis, salpingi- tis, en la mujer. Y, como casos raros: una gonoccemia con localización endo- cardíaca, en el hombre, y una flebitis en forma de flegmatia alba doiens, en la mujer. Y, como cásos ilustrativos y pintorescos, mencionaremos brevemente algunas de las más interesantes. En uno de ellos se trataba de una niña, que, seducida por un amante inescrupuloso, portador de una uretritis gonocóc- cica antigua, se presenta en nuestro consultorio, con una sin- tomatologia que su pudor de mujer en nuevo estado, le hacía embarazoso el explicar los síntomas de una enfermedad que se le manifestó una semana después de las primeras relacio- nes sexuales. Manifestaba que algo que le abrasaba como un fuego, se le manifestaba en los órganos genitales y en el rec- to; aparte de un dolor y tumefacción de uno de los codos. Previo examen de las partes enfermas, estábamos en presen- cia de una vulvovaginitis, rectitis y artritis de uno de los co- dos del brazo, de origen gonocóecico, sin duda, pues conocía- mos al amante inoculador. En conversaciones retrospectivas llegamos al hecho de que en la primera noche de nupcias, además de las relaciones ge- nitales normales, había complementado el todo, por otras ex- tragenitales : el recto. ¡ Pobre niña, que creía que todo ello no provenía sino del cambio de su estado! Fué tratada inmedia- tamente, y con rigor, a dosis masivas, por el suero antigono- cóccico paulista, con resultados espléndidos; pues paulatina- mente todas las complicaciones fueron desapareciendo, sin rastros siquiera de anquilosis de la articulación afectada. Otro caso, no menos interesante que el primero, es el de otra señora recientemente casada, que pocos días después de su matrimonio, se presenta a nuestro consultorio privado, por una afección de las partes genitales, y una artritis muy dolo- rosa del hombro. Pero esta señora no atribuía sus dolencias a su cambio de estado; ella venía a hacerse curar y a pedirnos a nosotros, como médicos de la familia, nuestra intervención, en carácter de tales, en un proceso de divorcio que pensaba 554 iniciar contra su esposo, tres semanas después del matrimo- nio ; le ofrecimos, previamente, nuestra intervención como médicos, para curarla de sus dolencias, y después el resto. Tratada, igualmente, con vacuna antigonocóccica del Institu- to Paulista, la enferma mejoró y curó, olvidando después el divorcio. Y otro tercer caso, sin historia conyugal o de seducción in- teresante, fué el de una señora que adquirió una artritis de la articulación cúbito-radio-carpiana. a consecuencia de su prime- ra noche de nupcias. También curó sin anquilosis, por aplica- ciones de sueros antigonocóecicos a dosis masivas (paulista). Y otros diez casos más, catalogados en nuestro libro (hom- bres y mujeres), con complicaciones articulares todos. En dos de estos casos, con artritis blenorrágica de la articulación de la rodilla, llegamos tarde, sin haber podido impedir la anqui- losis consecutiva, sobre todo en uno de los casos, que quedó con la expresada articulación en flexión forzada, quien se resignó a una operación restauradora de resección de las ca- bezas articulares. En todos estos casos empleamos el suero antigonoeóccico, .a grandes dosis (paulista). Un caso de gonoccemia con endocarditis, hipertermia con- siderable, estado general gravísimo, que se prolongó durante toda una semana, lo hemos tratado con haptino-gono-Méndez, ■con éxito halagador. Ha quedado, después de la enfermedad, €on una anquilosis de las articulaciones vertebrales (espon- dilosis). Otro caso, como rareza de complicación, es el de una pu- pila de una casa de tolerancia, a quien, después de una bar- tolinitis supurada, se le presenta una flebitis, que evolucionó en forma de flegmatia albadolens, curada completamente con suero antigonoeóccico (paulista). Otra pupila, con salpingitis gonocóccica y trastornos gene- rales muy graves, igualmente tratada con vacuna antigono- cóecica (paulista), con éxito. Veinte casos de epididimitis blenorrágica, con vacuna an- tigonocóccica, la mayoría paulista. Dos de estos últimos con reacción febril elevada, después de la primera inyección (40° y 41° de temperatura), con estado general grave (fase nega- tiva de la vacuna), según los autores. Reacción franca de cu- ración después. Doce casos de cistitis aguda, con sedación rápida de los do- lores, de la hematúria y del tenesmo vesical. Diez casos de prostatitis, con resultados satisfactorios. 555 Cinco casos de bartolinitis, con buenos resultados. Y todos los casos de uretritis, agudas y crónicas, en los en- fermos que piden la aplicación de la vacuna como medio co- adyuvante del tratamiento clásico. Resultados muy dudosos. Ningún caso de uretritis hemos tratado exclusivamente con vacuna. Sin embargo, la vacuna antigonocóccica Blay, del Instituto Clínico Biológico de Asunción, ha dado, en manos de su au- tor, según comunicación hecha por él mismo, los siguientes sobre 4 casos: Caso N.° 1. — Blenorragia crónica, de 2 y medio años, tuvo epididimitis en un testículo; gonococos positivos cuando vino, dolores reumáticos en las rodillas, palpitaciones, cansancio, disminución de peso. Vacuna. — 5, 10, 20, 40, 80, 120, 150, 200, 300 y 500 millo- nes, en 6 y 7 días de intervalo. Gonococos negativos. — Desaparecen los dolores reumáti- cos; desaparecen las palpitaciones; desaparece el cansancio, aumenta de peso y engorda y desaparece el pus. Caso N.° 2. — Blenorragia crónica, de 3 años; gonococo positivo; uretritis y prostatitis. Se queja de la próstata al hacer algún esfuerzo; dolores reumáticos en las artieulaciones; cansancio. Vacuna. — 5, 10, 20, 40, 80, 120, 150, 200, 300 y 500 mi- llones. Desaparecen los dolores reumáticos y prostáticos; no sien- te cansancio. A los 15 días de hechas las inyecciones disminuye mucho el pus; gonococos negativos. Caso X.° 3. — Blenorragia crónica. 2 años; uretritis con cistitis, epididimitis y prostatitis; hematúria, gonococos posi- tivos. 'Gran decaimiento, dolores prostáticos, pérdida de peso y enflaquecimiento. Vacuna. — Igual que las anteriores. Durante las inyecciones desaparecen los dolores prostáti- cos; a la sexta inyección vuelve a tener hematúria, que des- aparece a la novena, para no repetirle; a los 15 días de la úl- tima inyección, engorda, aumenta de peso, nota mayores ener- gías. Gonococos negativos. Continúa disminuyendo el pus. Caso N.° 4. — Blenorragia crónica, de 2 y 1|2 años; epidi- dimitis en los dos testículos; uretritis, cistitis, prostatitis; 556 gonococos positivos; pérdida de peso, enflaquecimiento, can- sancio general. Vacuna. — Igual que las anteriores. Desaparece el cansancio, aumenta de peso y engorda; des- aparece por completo el pus uretral. Se fué a Buenos Aires sin terminar las inyecciones; faltaban las de 300 y 500. En el mes de marzo vino a decirme que nada desagradable había notado después del tratamiento. conclusiones De acuerdo con los trabajos de todos los especialistas, que nos han precedido en la práctica de la vacunoterapia y sero- terapia antigonocóccica, y a los nuestros, llegamos a la conclusión de que este maravilloso medio terapéutico, es eficaz y de resultados francamente positivos, en las localiza- ciones siguientes de ja afección, por orden de graduación: 1. Artritis gonocóceicas. 2. Epididimitis gonocóceicas. 3. Prostatitis gonocóceicas. 4. Cistitis gonocóceicas. 5. Coadyuvante poderoso en el tratamiento de la uretritis aguda, pero de acción casi simplemente nula en las uretri- tis crónicas. Y en las localizaciones gonocóceicas de los órganos genita- les femeninos: 1. Salpingitis. 2. Bartolinitis. 3. Metritis, y 4. Coadyuvante poderoso en el tratamiento de las uretri- tis y vulvovaginitis. Nuestras conclusiones confirman los estudios anteriores (Bruck), de que la vacunoterapia y seroterapia obran eficaz- mente sobre localizaciones de las blenorragias cerradas y es así nulo en las abiertas. Agregaremos que siempre hemos dado preferencia, duran- te nuestro tratamiento, a los sueros antigonocóccicos, en los casos que se llaman graves complicaciones: artritis en el hom- bre y en la mujer, y salpingitis en la mujer; sueros antigo- nocóccicos que, en estos casos, hemos empleado a dosis masi- va, en la misma forma que Dopter emplea su suero antidi- sentérico, en la disentería bacilar, porque únicamente así es eficaz para prevenir principalmente las anquilosis consecuti- vas. 557 Y en las pequeñas complicaciones: orquitis, prostatitis, cis- titis, en hombres; bartolinitis y metritis, en la mujer, prefe- rimos las vacunas. Y, en todos los casos, empleando, ya sea la vacuna o el sue- ro, hemos tenido siempre en cuenta la fase negaUva que pro- ducen las primeras aplicaciones de la vacuna, evitando tras- tornos graves y molestos para el enfermo. Y, en el estado actual de nuestros conocimientos, proclama- mos que la vacunoterapia y sueroterapia antigonocóccieas han entrado definitivamente en el dominio de la terapéutica co- rriente. Neocle Ragusin (Buenos Aires). — Manifiesta su conformidad con las conclusiones del doctor Idoyaga, y habla de la eficacia de los haptinógenos gono Méndez (de Buenos Aires). Máximo Halty (Montevideo). — Manifiesta que se ha explicado ya la diferente actividad de las medicaciones vacunoterapias en la uretritis gonocóccica y sus complicaciones, porque en la primera existen asociaciones microbianas que faltan, generalmente, en las otras. DISCUSION SÉPTIMA SESION VIERNES 14 DE OCTUBRE DE 1921, A LAS 15 Presidencias de los doctores Maieo Arrióla Moreno (Asunción) y Pedro L. Barbosa (Asunción) Secretario: Dr. Máximo Halty (Montevideo) SUMARIO Eduardo Rabello y Antonio F. da Costa Júnior. — Curictherapia. Algumas notas sobre os primeiros casos do Instituto de Radio- logia da Faculdade de Medicina do Rio de Janeiro. ('Trabajo leído por el doctor Aloysio de Castro). Discusión por el doctor F. Terra. Femando Terra.—Rbinoscleroma. Ernesto Cervera. — Contribución al estudio del Rino-escleroma. Discusión por los doctores Joaquín González y Eduardo Jon- quiéres. Mateo Arrióla Moreno.—Leishmaniosis; su etiología, frecuencia y; formas clínicas. Discusión por los doctores Silva Araujo y Adolpho Lutz. José V. Insfrán.-—Terapéutica de las Leishmaniosis. (Trabajo leído por el doctor Alvarez Brúguez). Adolpho Lutz.—Reminiscencias dermatológicas. Discusión por el doctor N. Ragusin. Jesús González Urueña.—Tratamiento del lupus eritematoso por la nieve carbónica. (Trabajo leído por el doctor Joaquín González). Discusión por los doctores E. Jonquières, N. Ragusin, A. Gimé- nez y J. González. Oscar da Silva Araujo.—Sorotherapia do chancro molle phagedenico serpiginoso. Oscar da Silva Araujo.—Granuloma venereo buccal. José Brito Foresti y Bartolomé Vignale.—El sulfato de cobre amo- niacal en ciertas dermatosis. 559 Discusión por los doctores E. Jonquières, J. González y F, Abente Haedo. Enrique Claveaux.—Enterobacterioterapia. Discusión por los doctores F. Abente Haedo y N. Ragusin. José Brito Foresti.—Etiología, formas clínicas y tratamiento de las tuberculosis cutáneas en el Uruguay. Discusión por los doctores E. Jonquières y N. Ragi’sin. Curietherapia Algumas notas sobre os primeiros casos do Instituto de Radio- logía da Faculdade de Medicina do Rio de Janeiro pelos drs. Eduardo rabello (Río de Janeiro) Professor da Faculdade de Medicina do Rio de Janeiro e antonio f. da costa júnior (Río de Janeiro) Assistente da Faculdade de Medicina do Rio de Janeiro (Trabajo leído por el Dr. Aloysio de Castro) O eaneer tem sido sempre um inimigo victorioso da Huma- nidade. Sem entraves á sua acção melefica, o horrivel flagello vem fazendo annualmente milhares de victimas. De alguns annos a esta parte, entretanto, o combate á sua acção destrui- dora vae-se organisando e desenvolvendo. O papel que nessa lucta coube ao radium data da genial descoberta do sabio ca- sal Curie, que, em 1898, isolou esse metal, ou, mais propria- mente, de 1902, com os primeiros ensaios therapeuticos da maravilhosa substancia, por Danlos. Com Wickam e Degrais e Dominici o emprego therapeutico do radium foi tomando uma feição pratica, e vem-se aperfeiçoando progressivamen- te, mercê do contigente de muitos outros pesquizadores. Mui- tos paizses tem em eonsequencia disso procurado possuir uma installação do radium, para cooperar na lucta contra o cân- cer. O Brasil possue já tres estabelecimentos desta natureza (Rio de Janeiro, S. Paulo e Bello Horizonte), sendo que o primeiro em pleno funccionamento, e os dois outros termi- nando suas installações. O Instituto de Radiologia da Faculdade de Medicina do Rio de Janeiro, foi creado por iniciativa do illustre Prof. Aloysio de Castro, actual Director da Faculdade de Medici- na. Foi inaugurado em 10 de abril de 1919, e compreheude as 560 Secções de Rontgentherapia e de Radiumtherapia ou Curie- therapia. Esta última tem a direcção clinica e technica entre- gues aos professores Fernando Terra e Eduardo Rabello, auxiliados pelos Assistentes Drs. Antonio F. da Costa Júnior e Eduardo Sattamini. Nella tem sido tratadps cerca de 600 doentes. Afim de dar uma ideia do que se tem feito nesta Secção,, vamos passar em revista, sem delongas theoricas, os primeiros 450 casos de cancerosos nella tratados, com os res- pectivos dados estatísticos, afim de tyitar delles tirar alguns ensinamentos possíveis. Deixando totalmente) de lado qual- quer dissertação sobre a natureza do radium, sua acção, seu apparelhamento, questões suficientemente conhecidas, entra- remos inmediatamente na apreciação dos dados numéricos. Assim dos 450 doentes tratados: Quanto á nacionalidade, 289 (64.2 %) são brasileiros, e 161 (35.7 %) são estranjeiros; Quanto ao sexo, 260 (57.7 %) são do sexo masculino, e 190 '/42.2 %) do sexo feminino; Quanto á côr, 425 (94.4 %) pertencem á raça branca, 24 (5.3 °/c) á raça preta ou mestiça, e 1 (0.2 %) á raça aina- rella; Quanto á edade apuramos que: 8 doentes tem de 0 a 15 annos (1.7 %) 26 ” ” ” 16 a 30 ” (5.7 %) 92 ” ” ” 31 a 45 ” (20.4 %) 194 ” ” ” 46 a 60 ” (43.1 %) 107 ” ” ” 61 a 75 ” (32.7 %) 23 ” ” mais de 75 ” (5.1 %) Quanto á profissão (pela ordem decrescente de casos) : Caseiras (donas de casa) . . 122 casos (27.1 %) Operarios 60 ” (13.3 %) Lavradores 49 ” (10.8%) Serviço domestico . . . . 47 ” (10.4 %) Commercio 46 ” (10.2 %) Funccionarios públicos . . 35 ” (7.7 %) Trabalhador braçal . . . 21 ” (4.6 %) Capitalista 14 ” (3.1%) Advogados 9 ” (2.0 %) Sem profissão 9 ” (2.0 %) Marítimos 6 ” (1.3 %) Vendedores ambulantes . . 6 ” (1.3 %) 561 Médicos 5 casos (1.1 %) Machinistas 5 ” (1.1%) Jardineiros 4 ” (0.8 %) Músicos 3 ” (0.6 %) Padres 2 ” (0.4 %) Militares 2 ” (0.4 %) Enfermeira, dentista, parteira, engenheiro e freirá . . . 1 ” (0.2%) A solução do problema do cáncer está ainda, em grande parte, sob a dependencia do conhecimento exacto da sua na- tureza. Entidade mórbida insuficientemente explicada, com marcha diversa e malignidade differente segundo tambem a sua localisação, a classificação de seus typos não pode obede- cer ainda a um criterio absoluto. “A característica de todo neoplasma resulta da apreciação de sua symptomatologia em face de sua estructura”. O exame histopathologico desven- dando a sua estructura fornece os mais preciosos informes sobre a natureza do caso. Entretanto o diagnostico clinico é muitas vezes o elemento corrente para orientar o tratamento, em vista da difficuldade de se obter systematicamente o exa- me histológico de cada caso. Certos dados são reconhecidos como importantes para o diagnostico e prognostico como a sede da lesão, a marcha da molestia, a sua reacção ao tratamento. Dividiremos os nossos casos conforme a sua estructura con- junctiva ou epithelial, subdividindo esta última nos seus ty- pos mais característicos. ¡Seguiremos para estes últimos a clas- sificação de Darier, que os distribue em tres typos: baso-cellu- lares, espino-cellulares e nevi-carcinomas. Nos nossos doentes verificamos a seguinte frequencia, por ordem decrescente: Epitheliomas espino-cellulares .... 211 (46.88 %) Epitheliomas baso-cellulares 173 (38.44 %) Sarcomas' 46 (10.22 %) Nevi-carcinomas 20 (4.44 %) Entre os primeiros 300 casos já tratados conseguimos rea- lisar um inquérito sobre uma presumível origem hereditaria do cáncer, e sobre causas predisponentes como por exemplo a sypliilis por intermedio da reacção de Wassermann. Inda- gando sobre uma presumível origem hereditaria do cáncer, 562 obtivemos resposta affirmativa de 60 doentes (20. %), res- posta negativa de 154 (51.33 %), respostas deficientes de 76 (25.33 %), e de 10 (3.33 %) não se obteve informações;, a reacção de Wassermann foi positiva em 69 casos (23 %),. foi negativa ¡em 174 casos (58 %), e não foi obtida em 57 casos (19 %); syndicando sobre a existencia de causas pre- disponentes ou determinantes do câncer apuramos que: em 139 casos (46.33 %), não houve causa apparente, em 54 (18 %) abuso■ de fumo, em 32 (10.66 %) traumatismo, em 24 (8 %) verruga, em 22 (7.33 %) dermatoses precancero- sas, em 19 (6.33 %) accidentes irritativos, e em 10 (3.33 %) ausência de informações. Para terminar vamos dar descriminadamente a frequência dos casos pela sua localisação, acompanhada dos resultados obtidos. Quanto aos resultados dividiremos em curados, melho- rados e sem resultado. Entre os primeiros colloearemos os ca- sos em que se obteve completa cicatrisação da lesão, entre os melhorados os vão em franca melhora, e entre os sem resul- tado, os casos que nada aproveitaram, incluindo nelles os que abandonaram o tratamento logo em inicio. Número de casos Curados Melhorados Sem resultad» Nariz 57 41 10 6 Lingua 45 3 3 39 Seio 38 11 7 20 Utero 37 10 7 20 Labio inferior 27 6 4 17 Testa e região frontopa- rietal 24 13 5 6 Pace esquerda 23 13 4 6 Face direita .... 22 17 3 2 Região parotidiana . 20 2 2 16 Canto de olho e palpebras 20 4 8 8 Orelha e região perian- ricular 16 9 4 a O Rebordo gengival 14 — 3 11 Veo palatino. 10 1 1 8 Labio superior . 10 8 — 2 Pescoço 10 — 2 8 Recto 8 — 2 6 Região mentoneana. 8 7 1 — Penis 7 — 1 6 Amygdala .... 6 — 2 4 563 Número de casos Curados Melhorados Sem resultado Região viúvo-vaginal 5 — 1 4 Região dorso-cervieal 5 — 2 3 Mãos 5 3 1 1 Maxillar inferior 4 — — 4 Larynge 3 — — 3 Commissura labial . 3 1 1 1 Perna 2 — 1 1 Bochechas .... 2 — — 2 Fossa nasal .... 2 — — 2 Região abdominal 2 — 1 1 Braço 2 — — 2 Região esternal . 2 1 — 1 Pharynge 1 — — 1 Epiglotte 1 — — 1 Região occipital 1 1 — — Perineo 1 — 1 — Região glútea 1 1 — — Região coccigiana 1 1 — — Maxillar superior 1 — — 1 Escroto 1 — — 1 Pé 1 — — 1 Flanco direito 1 — 1 — Região clavicular 1 — — 1 Totalisando os algarismos, verificamos que: Curados 153 casos (34 %) Melhorados . . . . 78 ” (17.33 %) Sem resultado . . . 219 ” (48.66 %) Levando em conta qne, num serviço desta natureza, inau- gurado numa grande Capital, para elle affluem doentes de toda natureza, a elle recorrem casos os mais desesperados, os resultados não são senão lisonjeiros. Entre os casos contados como melhorados estão os que ainda não tiveram alta, embora nos últimos periodos da cura. Em todos estes casos foi usada exclusivamente, a curiethe- rapia, sendo que entretanto, em alguns casos indicados, como em tumores do seio e do labio inferior, a intervenção cirúrgica precedeu o tratamento radiumtherapico. Os casos mais melindrosos, como os de útero principalmen- te, embora clinicamente ourados, continuam sob a vigilancia 564 do serviço, afim de se poder constatar a cura definitiva, apoz um periodo de tempo razoavel. O Instituto de Radiologia da Faculdade de Medicina do Rio de Janeiro muito já tem pois feito, nos seus primeiros tem- pos de existencia, e muito mais ainda produzirá com a am- pliação do seu apparelhamento, em via de execução. Estas ligeiras notas tem apenas o mérito desta demonstra- ção. Instituto de Radiologia, da Faculdade de Medicina do Rio ue- den abrir los ojos. Tal complicación es, en realidad, só¿lo alarmante, pues desaparece por sí misma en muy corto tiempo. En la semi mucosa de los labios, las aplicaciones de nieve pueden hacerse con igual facilidad que en la piel y no tienen inconvenientes separados, salvo los peculiares a las funciones de la región. Puede aquí llegarse a las exposiciones máximas que se usan para la piel. Las complicaciones sépticas son muy raras. Unicamente las vimos en un caso, en la enferma de la observación primera, mujer descuidada y nerviosa, que no cesaba de tocarse los lu- gares cauterizados, produciéndose la ruptura prematura de las flictenas y la supuración de su contenido. Por lo demás, dichas complicaciones carecieron de interés, tanto porque fue- ron fácilmente dominadas, como porque no influyeron en la belleza de las cicatrices. El tratamiento consecutivo a las cauterizaciones, es de lo más sencillo. Cuando las ampollas no se revientan, lo mejor es dejar que sequen espontáneamente, para que la cicatriza- ción se haga bajo la costra aséptica. Cuando las flictenas se abren, y, con mayor razón, cuando se infectan, conviene cu- rarlas con linimento óleo-calcáreo fenieado al uno por ciento o con ambrina. Son pocos los casos que hasta hoy llevo tratados, de lupus eritematoso por nieve carbónica; pero las seis observaciones recogidas me dejan una impresión tan favorable, que, a pe- sar del corto tiempo transcurrido desde el principio de la primera, ocho meses, confieso ingenuamente que con ningún otro tratamiento había visto resultadas semejantes. La enferma de la primera observación tenía el lupus ex- tendido casi a toda la cara, fue muy agudo y congestivo. Curó en seis sesiones, hechas entre septiembre y febrero últimos, conservándose la curación hasta la fecha. La segunda paciente sanó de las lesiones de las mejillas con tres exposiciones a la nieve, verificadas en algo más de dos meses. Ahora quedan en tratamiento las lesiones de las orejas. La tercera observación es de un viejo caso de lupus, tra- tado con anterioridad por muchos recursos: escarificaciones, ignipuntura, cáusticos químicos, inclusive la nieve earbóni- 625 ca ; pero aplicada sin regla, sin medir el tiempo, ni graduar la exposición, lo que en vez de curar produjo aumento de la infiltración cutánea, ya propia del lupus, y, consiguientemenT te, mayor dificultad para el nuevo tratamiento crioterápico, en el que, para obtener reacciones saludables, hubo que ha- cer exposiciones largas, con presión fuerte. A pesar de tudo, las siete aplicaciones de nieve hechas hasta hoy han reducido mucho la dermatosis, estando curada en algunos sitios y que- dando en otros pequeños lugares enfermos. (1) La enferma de la observación IV es un caso de tratamien- to mixto por la galvano-puntura y por nieve carbónica. Cin- co sesiones de la primera, conforme a 1a, técnica de Sabouraud, habían casi curado este lupus fijo de la nariz; pero, como per- sistiese una pequeña zona eritematosa, se le aplicó por dos veces la nieve con resultado favorable inmediato. El estudiante de medicina de la observación A7 era un hí- pico crónico de la nariz, inutilícente tratado por varios re- cursos médicos, y el que curó casi completamente con una sola aplicación de nieve. Como persistiese una pequeña zona eritematosa en la parte superior izquierda de la nariz, se le hizo una segunda aplicación, con la que desapareció este res- to lúpico, conservándose la curación hasta la fecha, en vigi- lancia ulterior necesaria. El sujeto de la observación VI tenía ocho meses de pade- cer dos plaquitas de lupus eritematoso fijo de la mejilla de- recha. Aunque se le hizo una sesión de galvano-puntura, pue- de considerarse como curado inmediatamente por una sola exposición a la nieve carbónica. En resumen: mi corta experiencia corrobora la de otros observadores, en el sentido de considerar como el mejor tra- tamiento actual del lupus eritematoso, en todas sus formas, a la nieve carbónica. OBSERVACIONES Observación I.—*M. N., de 30 años, de Uruapán, Michoacán, viu- da. Ha sido siempre sana. Casó a los 13 años, y uno después tuvo un niño a término, el único que vive sano. Es alcohólica. El padre vive sano. La madre murió cardíaca. Tuvo tres herma- nos y ocho hermanas, todos sanos. No hay, pues, antecedentes apre- ciables, personales ni de familia, por lo que hace a la tuberculosis. (1) Posteriormente se obtuvo la curación completa de este lupus, en la que se ha mantenido durante un año. 626 La enfermedad actual le comenzó en abril de 1919, por mancha» rojas en la frente, en los pómulos, y a lo último en el labio superior y tronco, las que le daban fuerte comezón. Erupción eritematosa intensa, ocupando toda la frente, los pó- mulos, parte de las mejillas, el labio superior sólo en su parte cu- tánea, y ambos en la semimucosa, la parte anterior y superior del tronco. Todas las manchas son ligeramente escamosas, con escamas pequeñas, furfuráceas, blancas, casi pulverulentas, adherentes. La- enferma, fuertemente emotiva, tiene brotes frecuentes de conges- tión facial púdica, que aumentan la rubicundez de las manchas. Como síntoma subjetivo hay sólo prurito intenso e intermitente. Tiene, además, seborrea fluente de la cara. Durante su permanencia en el Servicio de la Clínica Dermatoló- gica, tuvo en las piernas un brote de eritema indurado de Bazin. La cutirreaeeión con la tuberculina fué negativa. La nieve carbónica se le aplicó en la forma siguiente: 21 de septiembre de 1919.—Placa de la frente. Exposición 15 se- gundos. Presión moderada. 5 de octubre del mismo año.—Placa de la mejilla izquierda. Igual exposición y presión. 19 del mismo mes y año.—Placa de la mejilla opuesta. Idéntica presión y exposición. 23 de noviembre siguiente.—Lesión del labio superior, igual pre- sión y exposición. Beaplicación en algunos puntos de la frente y" de la mejilla derecha, en los que persistieron puntos eritematosos después de la primera aplicación. Exposición, 12 segundos con pre- sión moderada. 11 de enero de 1920.—Se volvieron a cauterizar puntos eritema- tosos persistentes, después de la primera cauterización en el labio- superior y 'en la mejilla izquierda. La misma exposición y presión. 15 de febrero de 1920.—Lesiones de la semimucosa de ambos la- bios. Exposición 10 segundos, presión muy suave. Siempre las reacciones fueron muy intensas, acompañadas de do- lores agudos y de formación de ampollas. Las de la mejilla derecha y las de la frente se infectaron una vez. Las lesiones del tronco no fueron tratadas, pero desaparecieron por sí solas al curar las de la cara. Al principio quedaron diseró- micas las cicatrices, pero más tarde la pigmentación se regularizó, mejorando el resultado estético. En los ocho meses que pudo obser- varse a la enferma, el lupus no se había reproducido. Obs. II.—P. G., de México, D. F., de 58 años, cocinera. De joven padeció bronquitis frecuentes y tenaces; en los inviernes sufre de sabañones en las manos. Hasta los 25 años fué dismenoi ieiea. La madre murió de tuberculosis pulmonar. El padre de pneumo- nía. No tuvo hermanos. En junio de 1919 le comenzó la enfermedad actual, con manchas rojas, pequeñas y pruriginosas en los pómulos v en ’as conchas de las orejas. Manchas eritemato-pigmentarias en ambos pómulos, irregularmen- te circulares, con tendencia cicatricia’ atrófica central, de bordes li- 627 geramente rojos, algo prominentes, cubiertas de costras-escamas gris-amtirillentas, muy adherentes; al desprenderlas dejan una su- perficie muy exulcerada y, que sangra con facilidad. La mancha del lado derecho medía como dos centímetros de diámetro, siendo un poco menor la opuesta. Las lesiones de las conchas auriculares eran semejantes a las descritas, pero menos eritematosas y con el centro más atrofiado, blanco, liso y deprimido; presentan numerosos come- dones. El 15 de enero de 1920, primera aplicación de nieve carbónica en ambos pómulos, con exposición de 12 segundos y presión suave. La mancha del lado derecho curó con esta cauterización. El 15 de febrero siguiente, nueva aplicación en la lesión del pó- mulq izquierdo con igual tiempo y presión. Pasada la reacción, quedó un punto central rojo e infiltrado. El 6 de marzo siguiente se repitió la cauterización sobre el mis- mo lugar, en condiciones análogas a las anteriores. Después de tres meses, la curación se mantiene. Están en tratamiento las lesiones de las orejas. Obs. III.—E. P., de 38 años, de Sombrerete, Estado de Zacatecas, soltero. No tiene antecedentes personales importantes en el caso. El padre murió, probablemente, de tuberculosis pulmonar, pues padeció mucho tiempo de una bronquitis crónica, de la que al fin sucumbió. La madre murió en asistolia por una lesión cardíaca. Uno de sus hermanos tuvo escrófulas, siendo aun niño. El año 1905 le principió la dermatosis actual, a consecuencia de una escoriación que sufrió en la nariz, quedándole una manchita roja al caer la costra que produjo esa lesión. Asegura haberse cura- do después de largo tiempo de tratamiento; pero poco después re- apareció el mal, siempre como manchas rojas, en la barba y en la comisura labial izquierda, de donde se extendió a casi toda la cara. Actualmente presenta manchas eritematosas y escamosas, ocupan- do la nariz, casi en su totalidad, ambos pómulos, las regiones tem- porales y maseterinas de los dos lados, los labios en su semimueo- sa y muy poco en la porción cutánea, la ceja izquierda y región supraciliar correspondiente. En todos estos sitios las manchas eri- tematosas eran irregulares, con zonas de cicatrización atrófica en al- gunos puntos, con escamas blanquecinas, secas, adherentes, pitiriá- sicas y con prolongaciones foliculares. Hay infiltración notable de la piel en los lugares afectados. E. P. había sido infructuosamente tratado por escarificaciones li- neales, gálvano-puntura, jabón negro, solución de potasa cáustica, finsenterapia y aún por la misma nieve carbónica, pero aplicada con desconocimiento completo de la técnica, sin medir el tiempo, ni graduar la presión, ni reglamentar los intervalos entre las cauteri- zaciones. La crioterapia, hecha en tal forma, sólo aumentó la infil- tración de la piel, haciendo más difícil el nuevo tratamiento, ya de suyo complicado, por la extensión del lupus y su extrema rebeldía a los otros recursos empleados. Se le han hecho las siguientes aplicaciones de nieve carbónica, 628 usando en todas largas exposiciones, hasta de veinte segundos y presiones fuertes: El 21 de septiembre, el 5 y el 19 de octubre y el 21 de noviembre de 1919; el 11 de enero, el 15 de febrero y el 6 de marzo de 1920. A pesar de las largas exposiciones y de las fuertes presiones, las reacciones no fueron intensas, salvo en los labios, lo que sin duda debe atribuirse a la infiltración notable de la piel. S'in embargo, los resultados han sido muy satisfactorios, y el enfermo está casi cu- rado, quedándole únicamente pequeños puntos eritematosos. Obs. IV.—E. C., de 19 años de edad, soltera, de la ciudad de México, padece con suma frecuencia de afecciones catarrales res- piratorias: coriza, laringitis, bronquitis; está siempre pálida y es de constitución débil. No tiene antecedentes tuberculosos. En diciembre de 1918 comenzó a estar enferma, con una mancha roja y pruriginosa de la nariz, cubierta de escamas, la que se ex- tendió lentamente. Al examinarla presentó una mancha eritematosa, ocupando la na- riz en sus dos tercios inferiores, cubierta de escamas-costras, del- gadas, blaneo-amarillentas, situadas sobre una superficie ligeramen- te rezumosa, por coexistencia de seborrea oleosa fluente. La mancha tiene tendencia cieatricial atrófica en su centro y se extiende por la periferia, donde hay un levantamiento pequeño, más rojo que el resto de la mancha. El primer tratamiento empleado fué la gálvano-puntura profun- da, en cinco sesiones, con intervalos aproximados de tres semanas. Como después de la última gálvano-cauterización quedase, aun des- pués de varias semanas, una pequeña zona eritematosa, el 21 de sep- tiembre de 1919 se le aplicó la nieve carbónica, con diez segundos de exposición y presión suave. El resultado inmediato fué satisfac- torio, pero se perdió de vista a la enferma por varios meses, hasta marzo del año actual, en que se halló reproducida. la zona de eri- tema, haciéndosele otra aplicación de nieve carbónica, con igual resultado satisfactorio inmediato. Obs. V.—A. A. de Z., de 22 años, de la ciudad de México, soltero, estudiante de Medicina. No tiene antecedentes patológicos persona- les importantes en el caso. Sus padres viven todavía y están sanos; pero el padre .tuvo du- rante ocho años y a la misma edad que A., un padecimiento cutá- neo idéntico, del que curó, reapareeiéndole en las orejas, donde dejó pérdida de substancia. Uno de sus hermanos también tuvo en la na- riz y en las orejas la misma enfermedad que el padre. Otro hermano padeció de adenitis supurada del cuello. El joven A. A. atribuye su mal actual a un eritema solar de la nariz, el que llegó hasta la formación de flictenas, las que creo se le infectaron por viejas lesiones, probablemente de impétigo vulgar, que llevaba en otros sitios de la cara y que databan de cuatro años. Actualmente se nota una mancha eritematosa y escamosa-eostrosa, ocupando casi toda la nariz, con puntos blaneos de atrofia cicatri- cial. Hay dilatación de los orificios glandulares, los que se ven lie- 629 nos de grasa y además hiperhidroesteatidrosis. Los bordes de la mancha son irregulares y el superior, sobre todo, de mayor activi- dad, revelada por un tinte más rubicundo y ligera saliente. El 11 de abril de 1920 se le aplicó nieve carbónica en toda la mancha, con quince segundos de exposición y presión moderada. La reacción fué intensa, llegando a la flictenización. Una vez desapa- recida, dejó curada casi toda la lesión, persistiendo sólo un pequeño sitio eritematoso en la parte superior externa izquierda de la man- cha, donde se hizo nueva cauterización el 16 de mayo siguiente, sólo con diez segundos de exposición y con la misma presión. Al termi- nar la reacción, que fué menos fuerte que en la vez anterior, la pequeña zona de eritema había desaparecido. Queda únicamente la vigilancia ulterior de esta curación inmediata. Obs. VII.—S. S,. de 42 años, de Tenosique, Estado de Tabasco, ca- sado, comerciante. Siempre ha sido sano y, de constitución robusta. Ignora de qué murió su padre. La madre falleció a los 68 años, probablemente bríghtica. Tres primas hermanas murieron tubercu- losas. En octubre de 1919 le comenzó en la mejilla derecha uno como “barrito”, que se extendió poco a poco, formando costra. Al lado interno de éste, y como tres meses después, apareció otra lesión se- mejante, mucho más pequeña. Al examinarlo se le notaron en los sitios señalados, manchitas eri- tematosas, cubiertas de escamas muy finas, presentando ligera atro- fia cicatricial central e infiltración marcada de la piel. Como síntoma subjetivo, el enfermo acusa prurito. El 8 de abril de 1920 se le hizo una sesión de gálvano-puntura profunda. Al caer las escaras y al desaparecer la rubicundez subya- cente, se vió que la mancha pequeña había curado, pero la grande quedó aún eritemato-escamosa. Urgido el señor S. por volverse a su tierra, se le aplicó el 2 de mayo siguiente la nieve carbónica, con 15 segundos de exposición y presión moderada. La reacción fué intensa y se formó una flictena de la misma forma y tamaño del. punto de aplicación del lápiz. Curada la reacción, y observado el paciente hasta casi un mes después, el mal parecia curado. DISCUSION Eduardo Jonquières (Buenos Aires).—Nos parece que la técnica empleada por el autor es algo complicada, en cuanto se refiere a la captación de la nieve carbónica. Hace mucho tiempo que nosotros no empleamos otra cosa que una1 simple toalla para recoger la nieve, y este pequeño detalle tiene su importancia, porque obrando de esta manera, el empleo del gas carbónico puede generalizarse en- tre los médicos, sobre todo de la campaña, debido a la sencillez de la técnica y a la baratura del remedio físico. En cuanto a la técnica terapéutica, diremos que nos parece algo débil. En general, las aplicaciones, con presión moderada, requieren 20 a 30 segundos. En I03 lupus cretáceos de Devergie, hemos llegado a hacer sesiones de un minuto. 630 Nos parece supérfluo tratar las reacciones que produce la nieve, con linimento óleo-calcáreo o con ambrina. Se trata de una reacción fugaz, que cura espontáneamente en una o dos semanas, y que nunca se infecta. Neocle llagusin (Buenos Aires).—líecuerda que existen aparatos sencillos y prácticos para la aplicación de la nieve. Dice que en epiteliomas ha llegado a dos y medio minutos de aplicación, apo- yando fuertemente sobre la región, en casos necesarios. Angel Giménez (Buenos Aires).—Manifiesta que está de acuerdo con las opiniones del doctor Kagusin. Joaquín González (México).—Dice que actualmente se usan en México pequeños obuses cargados de anliidrido carbónico, que se pueden llevar en el bolsillo, lo que los hace muy, prácticos. Sorotherapia do cancro molle phagedenico serpiginoso pelo dr. oscar da silva Araújo (Rio de Janeiro) Assistente da Inspectoría de Prophylaxia da lepra e das doenças venereas •Chefe de Laboratorio da Cliniea Dermatológica da Faculdade de Medicina do Rio de Janeir A ulcera venerea simples é muito frequente no Rio de Ja- neiro, nos individuos das elasses pobres. Si ella por si não tem geralmente maior gravidade torna-se digna de maior at- tenção pela sua complicação habitual a adenite satélite. As adenites impedem que as suas victimas se dediquem ás suas oceupaçÕes obrigando-as a longo repouso e demorado trata- mentó. Os methodos habituaes de tratamento da adenite exigem geralmente um mez e as vezes mais para a cura completa do •doente. Para corrigir esse inconveniente temos ensaiado novos me- thodos aconselhados como a drenagem filiforme e o processo Uontan. Com este ultimo principalmente obtivemos bons resultados, sendo consideravelmente encurtado o tempo necessário para a cicatrisaçao. Ultimamente experimentamos na clinica dermatológica da Uaculcbtde de Medicina do Rio de Janeiro, serviço do prof. 631 Terra a sorotherapia, empregando o serum anti-estrepto-ba- cillar de Reenstierna. Esse serum é baseado no principio anticorpos e febre. Reenstierna injectou carneiros pela via endovenosa com doses crescentes de estrepto-baeillos mortos e vivos. O serum assim obtido fixa a alexina (desvio completo), até a quanti- dade de 0,025 ce. addicionada de 0,25 de uma emulsão de ba- jillos de Ducrey e urna dase normal de alexina. O serum foi submettido a prova therapeutica no serviço do Prof. Almkwist, de Stackholmo, sendo applicado em cerca de 100 casos de buboes cancrosos, a maioria apresentando ulce- rações do cancro simples. Tendo verificado com o serum anti-gonorrheico que os go- nococos muito sensíveis ao calor, morrem rnais facilmente si os anticorpos do serum agem ao mesrno tempo que se eleva a temperatura do doente, resolveu Reenstierna applicar o mes- mo principio aos estrepto-baeiÜlos, iegualmente sensiveis ao calor. Tendo as primeiras experiencias, demonstrado que o serum anti-estrepto bacillar isolado exercia influencia notoria sobre o processo provocado pelo virus, influencia provavelmente de origem anti-toxica, passou Reenstierna a fazer uso de urna preparação composta do serum e de uma quantidade deter- minada de bacillos mortos (b. typhico, por exemplo). Veri- ficou então com essa preparação, que os bubões não ybertos expontaneamente ou não incisados, curavam-se completamen- te na média de uma semana. Fazia geralmente duas injecçoes intra musculares de 10 ce., com o intervallo de 4 a 5 dias, e em alguns casos apenas 1 injeeção. Os accidentes do tratamento são; calefrios, elevação da tem- peratura depois da injeeção e dôr no local da mesma, durante alguns dias. Ensaiamos a sorotherapia das adenites do cancro molle, nos últimos mezes do anno passado. Empregamos esse methodo em varios doentes, e consegui- mos a cura em quatro, cinco dias e na média de uma semana. Geralmente a reaceão foi pouco accentuada, consistindo em dõr, no local da injeeção, e elevação de temperatura. Conse- guimos quasi sempre a cura com uma só injeeção de 10 ce. Nos casos em que houve incisão das adenites ou abertura expontânea, não observamos o mesmo resultado mas o prazo para a cicatrização foi sensivelmente diminuido. Em um único caso o tratamento falhou completamente. Tratava-se de um individuo com uma adenite inflamatoria 632 dolorosa com o aspecto das adenites satélites do cancro molle. Havia no prepucio uma ulcera datando de dois mezes quasi completamente cicatrizada e sem base endurecida. As pesoui- zas de bacillo de Ducrey e de treponema foram negativas. Como negativa foi também a cuti-reaeção de Ito, e a reaccão de Wassermann. Dois dias após a injecção do serum Reens- tierna o doente exhibía uma roséola typica e dores osteo-ar- ticulares intensas. O Wassermann, que fora antes negativo, tornou-se fortemente positivo. Esse caso evidencia a acção es- pecifica do serum Reenstierna. Dentre os doentes que tratamos por esse methodo, um prin- cipalmente evidencia o seu alto valôr. Tratava-se de um caso de ulcus molle phagedenicum serpi- ginosum que vinhamos observando desde 15 de fevereiro de 1919, quando esse doente se matriculou pela primeira vez no serviço do Prof. Terra e em que tínhamos empregado os va- rios tratamentos aconselhados sem conseguir curar o doente. » Otservação (15-2-1919). íVéase a figura). J. C., portuguez, branco, com 44 annos, casado, lavrador. Antecedentes hereditarios.—Pae e mão ainda vivos, residem em Portugal; já idosos, gozam saúde. Irmãos em numero de tres tam- bém sadios. Antecedentes pessôaes.—Ha dez mezes teve um cancro mixto no freio, acompanhado de adenites inguinaes direita e esquerda. Não refere manifestações cutáneas consecutivas, mas dois mezes depois appareceram placas mucosas, cephaléa intensa, e dôres articulares com paroxysmo nocturno. As adenites suppuraram e se abriram espontaneamente; as bordas da lesão se ulceraram e installou-se o cancro phagedenico serpigino- so. Foram-lhe então applicadas injeeções 914. As dores ósseas ce- deram mas as adenites inguinaes não foram influenciadas. Estado actual.—Nas regiões inguino-eruraes e pubiana duas vas- tas ulceras de forma irregular e aspecto serpiginoso, as lesões occu- pam toda a região inguino-crural direita e esquerda e parte da re- gião pubiana, estando separadas por uma pequena zona indemne do- terço medio dessa ultima região. As ulcerações são delimitadas por bordas elevadas, irregulares, recortadas, sinuosas, descoladas e en- durecidas. O fundo da lesão é anfractuoso, irregular, banhado por supuração abundante e coberto de falsas membranas. Veem-se pequenas porsões de pelles sá insuladas na região ulcera- da. Em torno das ulceras, que são muito dolorosas, o tegumento apresenta um tom violáceo. Epitrocleanos muito desenvolvidos, esternalgia e tibiagia. Exames feitos. Em frottis feitos com material colhido nos tecidos das ulcera» foram encontrados estrepto-baeillos. Oscar da Silva Arau.io— Chancro ynoUe phagedenico. Photograpbia tirada em Fevereiro de 1019. Photograph'a tirada no dia da injecçao do sóro anti-eslropto bacillar. As lesões não estão muito visiveis por estarem cobertas de crosta espessa. Phittogi'iipliiu tirada após o trata monto pola sorolhorapia era 5 de Novembro de 1920 Oscar da Silva Araujo — Granuloma venéreo. 633 Reaeção de Wassermann no sangue negativa. Exame do liquido cephalo rachidiano: Wassermann negativo. Lymphocytos 6. Albumina 2 y lj2. Tratamento. As ulceras foram curetadas sob anesthesia local e nos dias se- guintes foram feitos curativos asépticos. A lesão não cicatrisou e continuou a invadir as partes visinhas^ Ao mesmo tempo foi feito tratamento especifico arsenical e mer- curial intensivo. Ensaiamos durante muitos dias as cauterisações com lapis duplo, de nitrato de prata e zinco. Com essas applicações cicatrizaram al- guns pontos na zona central das ulceras, mas o phagedenismo conti- nuou na peripheria. Dentamos em seguida o tratamento com pulverisações de iodo- formio e duchas de ar quante. As melhoras foram diminutas. Ex- perimentamos depois o tratamento com álcool absoluto. Em dias al- ternados eram as ulceras lavadas com essa substancia. De todas as tentativas feitas foi essa a que deu melhor resultado, conseguindo- se a cicatrização de grande parte das lesões; o doente porém dizia serem as applicações serem muito dolorosas e não quiz continuar a tratamento, retirando-se do hospital em 24 de novembro de 1919. Em agosto de 1920, o doente voltou a consulta. No dia 18 desse mez foram feitas as seguintes experiencias: l.° Pesquiza do bacillo de Ducrev em frottis. 2.o Biopsia. 3.° Inoculação em quatro pontos da pelle com material colhido nas ulceras. 4.o Cuti-reacção de Ito com uma vaecina preparada pelo Dr. Reenstierna. Resultados: O exame microscópico revelou a presença do bacilla de Ducrev tanto nos frottis como nos cortes. Nos pontos de inoculação manifestaram-se ulceras com aspecto typico de cancro venereo simples. A cuti-reacção foi fortemente positiva. No dia 9 de setembro foi o doente internado na clinica dermato- lógica. . Nessa data appresentava o doente extensas ulcerações serpigino- sas se estendendo do terço inferior das paredes antero-lateraes do. abdomen até o terço superior das coxas. 0 aspecto -da lesão era muito variado divergindo de um ponto a outro. Numa zona apresentava-se em uma phase de evolução e em outras em phase completamente differente. Encontravain-se porções, de pelle sã entrem ciadas de partes ulceradas; no centro destas e cir- cumdando-as como uma moldura viam-se cicatrizes fibrosas, e irre- gulares, como as deixadas pelas queimaduras. Na parte inferior da parede antero-lateral direita existia uma ul- cera circular, de bordas elevadas e fundo granuloso; logo abaixo 634 uma zona coberta por uma cicatriz esbranquiçada e irregular. Para fôra da espinha illiaca anterior e superior direita e sobre a região trochanteriana ulceras ovaes com o mesmo aspecto. Na região pu- biana direita pequenas ulceras sinuosas; na região inguino-eraral direita uma extensa cicatriz esbranquiçada, muito espessa, endure- cida, coalhada de bridas fibrosas. No terço superior da coxa direita uma grande ulceração de 23 centímetros de cumprimento, sendo o diâmetro da coixa de quarenta e oito centímetros, e 4 centímetros de largura, em forma decrescente, e disposta perpendicularmente ao eixo da coxa, esta ulceração que apresentava bordas sinuosas, elevadas e fundo vermelho e irregular coberto de pús espesso, resul- tou de tres ulceras visinhas que se fundiram. Para fôra e um pouco para cima dessa lesão, uma ulceração quadrangular com o mesmo aspecto. A cima dessas ulcerações uma lesão linear entrecortada de pequenas zonas cicatrizadas. Na região pubiana alta uma ulcera cir- cular medindo 3 centímetros de diâmetro. Do lado esquerdo uma lesão de forma de losango, apresentando ulcerações na peripheria e cicatriz no centro e se estendendo da parte inferior da parede antero-lateral esquerda do abdomen ao terço superior da coxa, e da espinha iliaca anterior e superior ao terço externo e a região pubiana. Viam-se cinco ulceras, quatro arre- dondadas, uma no angulo superior do losango e tres no angulo ex- terno, e uma em forma de quadrilátero no angulo inferior, todas essas lesões com aspecto typico do cancro phagedenico serpiginoso. Acima da espinha iliaca anterior e superior esquerda uma pequena ulcera circular superficial ¡r,aza, com bordías descolladas,! fundo irregular coberto de pús espesso e bordas sinuosas e descolladas. Esta lesão provinha da auto inoculação experimental; no terço me- dio da coxa esquerda, duas outras ulceras com a mesma physiono- mia clinica e consecutivas também a auto inoculação experimental. Tratamento. 9 de setembro. Foi feita uma larga curetagem, sob anesthesia lo- cai, sendo cortadas a thesoura e retiradas as bordas das ulceras. As lesões foram lavadas com uma solução de sulfato de cobre a 2 ojo. Injectou-se em seguida, subcutáneamente, na ¡jarte superior da nadega esquerda, 20 ce. do serum antiestreptobacillar de Reens- tierna. 10 de setembro. As dores intensas que o doente accusava nas ulceras quási desapparecidas. A temperatura maxima verificada foi de 39o e 2, na noite do dia anterior. Curativo com sulfato de eo- bre a 2 o|o. 11 de setembro. As ulceras apresentam-se mais limpas. Lavou-se com agua destillada quente e applicou-se airol e camphora. 12 de setembro. As dores desappareceram por completo o doente não aecusou soffrimento maior por occasião do curativo. A supura- ção diminuiu muito e notam-se granulações frescas e vermelhas. Curativo com iodoformio. 13 de setembro. As lesões não apresentam mais o aspecto typico do cancro phageden •■o. Curativo com airol e camphora. 635 15 de setembro. As ulceras pequenas começam a cicatrizar. As ou- tras sem dores, sem secreção e em marcha de epitheiisação. O tundo das ulceras íoi tocado com lapis de nitrato de prata. 17 de setembro. As ulceras menores apresentam-se completamente cicatrizadas, e as maiores em via de eicatrização. Cauterisação com nitrato de prata. 20 de setembro. A epitheiisação continua. Todas as ulceras dimi- nuidas. 27 de setembro. As ulceras do lado esquerdo estam todas cica- trizadas. Do lado direito a epitheiisação continua. 30 de setembro. Do lado direito as ulceras estam muito reduzidas. Cessamos toda a applicação local, fazendo apenas curativos asépti- cos. 10 de outubro. Do lado esquerdo a cicatrisação é completa e per- feita. Do lado direito persistem a ulceração superior, mas já muito diminuida e a grande ulcera da coxa, reduzida a menos de um terço. 15 de outubro. A ulcera superior do lado direito completamente cicatrizada. A da coxa reduzida a uma lesão medindo 3 centime- tros por 2. 30 de outubro. Cicatrização completa das lesões do lado direito. O doente foi considerado curado, mas continuou em observação ainda até o dia 27 de novembro, quando se retirou do hospital com- pletamente curado do cancro inolle phagedenico serpiginoso. Este caso nos pareceu digno de registro especial por ser bem demonstrativo da efficacia da soro-therapia. Tratava-se de lesão datando de mais de dois annos e meio em que já tinhamos feito todas as tentativas de tratamento sem resul- tado. Granuloma venereo buccal i'ELOi dr, oscar da silva araujo (Rio de Janeiro) Assistente da Inspectoría de Prophylaxía da lepra e das doenças venereas Chefe de Laboratorio da Clinica Dermatológica da Faculdade de Medicina do Rio de Janeiro O granuloma venereo ou granuloma ulceroso, impropria- mente denominado tambem granuloma tropical, pois tem sido observado ñas cinco partes do mundo e nos climas os mais ddeferentes, é urna dermatose ulcerosa causada pelo Calvm- mato-baeterium granulomatis. 636 Observado pela primeira vez nas Indias em 1882, ignorava- se a sua etiologia até 1905. A primeira deseripção clinica perfeita do granuloma é a de Couyers e Daniels, que observaram 9 casos na Groyana In- gleza. A histologia patológica dessa enfermidade foi féita pela primeira vez do modo perfeito e completo por Galloway. Le Dantec sustentou ser o granuloma uma afeceão lupica. Crocker sustentou ser o granuloma uma afecção estaphyloeoc- cica, cujo germen teria augmentado a sua virulencia na raça negra. Donovan em 1905, descobrio o germen boje considerado como especifico, classificou-o como protosoario visinho da leish- mania. Siebert, em 1907, desconhecendo os trabalhos de Donovan-, examinando o material que lhe fora enviado de Madras, des- creveu o mesmo germen verificado por Donovan, reeonhecen- do-o porém como um bacillo encapsulado. No Brasil o primeiro caso de granuloma foi estudado por Fernando Terra em 1909, sendo então verificada a existencia dessa doença em nosso paiz. Em 1912 E. Rabello assignalou a presença do germen de Donovan em casos de granuloma. Aragão e Vianna isolaram o germen, e denominaram-no calymmatobacterium granulomatis. Em 1917 Souza Araujo synthetisou em bella monographia os estudos nacionaes sobre o granuloma. Até dezembro de 1916, foram verificados no Brasil 59 ca- sos de granuloma venereo. De 1917 até setembro de 1921, es- tiveram matriculados na clinica dermatológica da Faculdade de Medicina do Rio de Janeiro, oito doentes portadores de granuloma venereo. As lesões do granuloma se assestam de ordinario sobre os orgãos genitaes e sua peripheria, e sé excepcionalmente em outras regiões. Nos casos que temos observado no Brasil as lesões se asses- tavam nas regiões inguino-cruraes, no perineo, em torno ao anus, no baixo ventre, no forro do penis, no prepucio, na glande e nos orgãos genitaes externos da mulher. Em um caso descripto pelo Prof. Terra, havia ulceras ex- parsas pelo abdomen. Geralmente os doentes attribuem o apparecimento do gra- nuloma a um contacto venereo. A lesão inicial é um pequeño nodulo avermelhado em cujo 637 centro surge urna, vesico-postulár; em torno clesse nodulo sur- gem outros que confluem e se ulceram. Quando assestada na região inguinal a lesão é linear e si localisada em superficies planas manifesta-se por placas cir- culares exparsas. O fundo da lesão, sitiado em nivel inferior ao tegumento, cobre-se de pequenas granulações achatadas, aconchegadas, avermelhadas, cobertas de um inducto gris-per le. As bordas elevadas, cobertas de pequenas vegetações con- fluentes cortam bruscamente as partes sãs. Uma serosidade com fétido característico e aecentuado banha fartamente as ulcerações do granuloma. A reparação dos tecidos se faz por urna cicatriz consisten- te, reticular, irregular, conservando muitas vezes ilhotas onde as lesões recidivam frequentes vezes. As localisações extragenitaes do granuloma são raras. Revendo a litteratura nacional e estrangeira só encontra- mos referencia aos seguintes casos: I» caso.—Cecil e Strangman referem um caso con lesões no pei- to, ascilla e pescoço. 2» e 3,os casos.—Maitland descreve a observação de um casal de indianos atacado de granuloma com lesões na bocea. 4o caso.—Sequeira observou um doente com lesões no penis, na verilha e no angulo esquerdo da bocea. 5° caso.—Alexandrino Pedroso, em S. Paulo, Brasil, descreveu um caso com localisação no labio superior e no angulo direito da bocea. 6« caso.—Fernando Luz, na Bahia, Brasil, observou um caso com lesões inguino-cruraes, na commissura labial e bochecha do lado di- reito. 7° caso.—Octavio Torres, também na Bahia, observou um caso em que havia lesões no perineo, ñas nadegas, na face direita, no nariz e nos labios. 8o caso.—David Sansón, observou no Bio de Janeiro, cm 1913, um caso com lesões nos orgãos genitaes, na prega inguino-crural es- querda o na bocea, oceupando o labio inferior e a mucosa bucea! do lado esquerdo. 9° caso.—João Marinho, observou no Bio de Janeiro, em 1918, um caso em que havia lesões genitaes e no veo do paladar. 10. caso.-—Bonne e Verhagen observaram na India um caso de granuloma com localisação no labio superior e aza do nariz em urna rapariga de -32 annos, que apresentava lesões genitaes, datando de varios annos. Passamos agora a referir o caso que observamos em setem- bro de 1919 e que pela nossa estatistiea é o 11° de loealisação extragenital. 638 \a data acima matriculou-se' no serviço do Prof. Terra um doente portador de lesões ulcerosas nas regiões inguino-cru- raes e ná bocea. Desconfiando tratar-se de um caso de granu- loma fizemos a pesquiza microscópica e verificamos a presen- ça do íCalymmatobacterium Granulomatis em frottis de ma- terial colhido nas regiões inguinaes e buccaes. Observação. (V. a figura). C. S., brasileiro, preto, 39 annos, solteiro, operario, morador a rua Senhor dos Passos núm. 159, Kio de Janeiro. Antecedentes hereditarios: sem importancia. Antecedentes pessoães: Ha seis annos blenorrhagia e cancros ve- néreos simples. Após os cancros venereos teve uma adenite inguino-crural direita que não cicatrizou e tomou aspecto serpiginoso e se estendeu até a região perinal. Apresenta uma lesão ulcerosa, de fundo vermelho vegetante ban- hado por serosidade abundante e fétida, com bordas nitidas, dis- posta linearmente do terço medio da verilha direita até o perineo, com 2 centimetros de largura. Na glande uma ulcera avermelhada, lisa; no prepucio, quasi todo destruido, ulcerações vegetantes, hypertrophicas. As lesões da glan- de surgiram após a localisação inguinal. Mezes após o apparecimento das lesões genitaes surgiu a locali- sação buccal. Começou por um pequeno nodulo assestado no labio superior na altura do primeiro canino superior. Esse nodulo se ul- cerou e a lesõ se propagou pelo labio superior, ganhou a commis- sura labial direita e se estendeu pela mucosa da bochecha até os pillares e a uvula. A metade direita do labio superior mostra-se augmentada de volume. No labio a lesão é de côr avermelhada, de superficie irre- gular, com pequenas granulações, mais acceñtuadas, nas zonas limi- trophes com o tecido são, salpicada de pontos amarellados. Na mu- cosa da bochecha as lesões são mais granulosas, com aspecto ligeira- mente vegetante. O exame da cavidade buccal tornou-se muito difficil por não po- der o doente abrir a bocea. O pilar direito a amygdala e a uvula foram invadidos pela ulceração, apresentando-se cobertos de lesões granulosas, avermelhadas. Ha quatro mezes começou a sentir dôr de garganta e tornou-s» rouco, quasi aphonieo. Não foi possivel o exame do laringe. 639 El sulfato de cobre amoniacal en ciertas dermatosis FOR LOS DOCTORES JOSÉ brito FORESTi (Montevideo) Profesor de Clínica Dermatológica de la Facultad de Medicina Y Bartolomé vignale (Montevideo) Jefe de Clínica Dermatológica de la Facultad de Medicina Si nos hemos decidido a presentar el trabajo más arriba enunciado ha sido para someter a la consideración de los se- ñores congresales un tratamiento que, por ser poco usado y poco conocido, conviene hacerlo conocer en sus detalles, pre- sentando los resultados obtenidos en varias clases de derma- tosis y, sobre todo, a aquellas en que intervienen como agen- tes productores el estafilococo y el estreptococo, pero sobre to- do sobre el primero. El sulfato de cobre amoniacal, que es al que nos referimos, se debe usar sólo por vía intravenosa, por ser la única que el organismo tolera, a condición de que se llenen los detalles que enunciaremos. Ante todo diremos que empleamos la solución acuosa de este producto, perfectamente esterilizada. La fórmula es: Sulfato de cobre amoniacal 4 grs. Agua destilada 100 ” Para inyecciones intravenosas A la dosis de 0 gr. 04 centigrs., 0.08, 0.12 y 0.16 no es tóxico ni perjudicial en manera alguna, pues no da reaccio- nes generales de ninguna naturaleza, no dando ni manifes- taciones renales, ni digestivas, ni hepáticas, etc. Pero debe recomendarse estrictamente el empleo del medi- camento con una técnica intravenosa perfecta, porcpie los re- sultados de la infiltración, aún a dosis pequeñísimas, son te- rribles; dolor agudísimo e intenso, edema inflamatorio, pro- vocado por ser este líquido de gran causticidad. Sólo en un caso, el de Am. Igl., be notado una ligerísima molestia, manifestada por mareos muy fugaces, después de estas inyecciones, sin tener, por eso, seguridad completa de que estos mareos fueran debidos a la inyección, porque po- dría tratarse de un fenómeno emotivo. 640 ;.En qué casos debemos emplear este medicamento? Decíamos que en todas las afecciones donde el estafilococo y a veces el estreptococo estaban en juego habíamos obtenido buenos resultados. Lo inyectamos dejando un día de intervalo entre cada in- yección, no porque sea necesario hacerlo así, sino por razones de comodidad para el paciente, pues sin inconveniente de ningún género puede inyectarse diariamente. En la policlínica del profesor doctor José Brito Foresti, en la Sala Ricord B y en el Hospital Militar, lo hemos emplea- do muchísimas veces en distintas afecciones cutáneas, estan- do satisfecho del resultado obtenido en la mayoría, y seguros de curas eficacísimas en otros. Leeremos las historias clínicas de varios casos, entre mu- chos, de distintas dermatosis, para poder apreciarlo en sus detalles y para confirmar los casos de curación y las conclu- siones a que arribamos. Primera observación. — C. G., 33 años, española, quehaceres domés- ticos. Se presenta al Consultorio por primera vez, el 16 de mayo de 1921. Su historia es la siguiente: Vista por primera vez un en- rojecimiento con edema de la cara, comprendiendo particularmente los párpados, la nariz y las mejillas. Este enrojecimiento y edema se acompañaron de un movimiento febril bastante intenso, con el •correspondiente malestar general. La zona roja no tenía límites ne- tos, y presentaba a la presión una ligera disminución del color. Au- mento local de la temperatura también. Pocos días después de este -empuje, los fenómenos cedian, la fiebre cesaba, pero la piel de la cara se conservaba roja y algo edematosa, sobre todo al nivel del ojo derecho. Con intervalos irregulares, pero generalmente cada •dos meses, el movimiento febril se repetía, acompañado de un au- mento paralelo de los síntomas cutáneos. Durante cinco años, pues, la enferma ha tenido una infinidad de ataques parecidos. Se trata evidentemente de una estreptococcia. El estado general se conserva bueno; en la orina no hay albúmina ni azúcar. .Un primer tratamiento, instituido en mayo de 1921, con 20 cen- tigramos de colargol al interior en forma pilular, .y una pomada de ictiol al 10 o[o, no dió resultado. Los ataques febriles se repitieron. En julio de 1921 nos decidimos a hacer inyecciones intravenosas de sulfato de cobre amoniacal, utilizando la solución al 4 o|o e inyec- tando cada dos días. La primera fué de 1[2 ce.; la segunda de 1 cc., y todas las demás de 2 cc. Estas inyecciones han sido perfecta- mente toleradas; no han provocado reacción general alguna; fueron hechas en total unas 20 inyecciones con este tratamiento; no hemos visto reproducirse más los ataques febriles; las zonas rojas y el «cierna de la cara han disminuido considerablemente, quedando sólo, 641 ¿cuando la última inyección, un poco de edema al nivel del ojo de- recho. Vemos, pues, los resultados obtenidos en este estreptococcia de la piel de la cara, afección rebelde por la tenacidad de la infección y, sobre todo, por la facilidad con que hace empujes febriles con re- crudecimiento de los síntomas locales, trayendo molestias al enfer- mo, de orden moral, porque cuando parece llegada la cura, se ve en peores condiciones que al principio. Segunda observación.—Fué sacada de la Policlínica Dermosifilopá- tica del Hospital Maciel. A. I., 16 años, uruguaya, quehaceres domésticos, se presentó a la •Clínica el 16 de junio de 1921, con una lesión de la piel caracteri- zada por un edema, tomando la parte interna de las mejillas, parte superior de la nariz, párpados y zona inferior de la región frontal, reacción local caracterizada por calor, lagrimeo, dolor, dejando a ]« presión la marca del dedo, sin punto de fluctuación alguno, ni puerta de entrada aparente que explicara esta infección localizada. Las molestias consistían en calor local, tirantez de la piel y sen- sación de fiebre. Tenía pequeña reacción febril y un estado general no bueno. Se trataba evidentemente de una estreptococcia de la piel. La historia anterior confirma este diagnóstico. Hace 9 y 112 meses ha- bía tenido un acceso igual, que se le había tratado con baños ca- lientes borieados y agua oxigenada, y con una pomada, que por los datos que da la enferma, parecería ser de ictiol o de colargol. Este estado era igual al que describimos ya. Este primer acceso curó .a los 20 días, aparentemente del todo, hasta que poco después vol- vió con más intensidad que antes y con todas las mismas caracte- rísticas de los anteriores. S’e volvió a hacer tratamiento local y a quedarse a en régimen alimenticio apropiado, y después de un pe- ríodo de un mes de curaciones, desapareció, pero no completamen- te, porque la enferma dice que conservaba un pequeño edema de los párpados. Después se presentó en la clínica con la afección que describi- mos, hace casi cuatro meses y a los seis meses del comienzo de su mal. Se trata, por los datos actuales, y por los antecedentes de un -caso de estreptococcia recidivante de la piel de la cara. En los primeros días de asistencia en la Clínica, se le hizo tra- tamiento local en forma de aplicaciones de compresas húmedas de sulfato de cobre al 1 o|oo, y pomadas, primero de óxido amarillo de hidrargirio y después de colargol al 10 o|o, hasta que, visto el resultado infructuoso de este método, se resolvió hacerle inyeccio- nes de sulfato de cobre amoniacal intravenoso. Se comenzó por 0.02, aumentando a 0.04 y siguiendo con 0.08 ctgs., dándolas con inter- valo de un día, a razón de tres por semana, no porque no se pudie- ran dar diariamente, como ya hemos dicho, sino como comodidad para la enferma, que se ahorra el trabajo de venir hasta la Poli- 642 clínica diariamente. Las ha tolerado todas perfectamente, siendo ésta la enferma que notaba pequeños mareos después de cada in- yección, siendo la única que manifestó esta pequeña molestia entre tantas tratadas de la misma manera. Todo marchó perfectamente, después de 33 inyecciones el edema ha desaparecido, igual que la sensación de calor, dolor, etc., no habiendo tenido repetición de su absceso, y dando ahora la impresión de estar curada. Este segundo caso de estreptococeias es, lo repetimos, bien con- cluyente. Tercera observación.—M. F. y F., española, viuda, quehaceres do- mésticos, 62 años. Se trata de un interesante caso de forunculosis aguda, afección en la que parece sumamente indicado el sulfato de cobre en la for- ma intravenosa, no sólo por otros casos tratados con resultados es- pléndidos, sino por éste que voy a relatar, caso de gran viru- lencia, en el que se ve que fué dominado por el sulfato de cobre con extraordinaria rapidez. A mediados del mes de julio de 1921, le apareció un forúnculo en la parte derecha del cuello, provocando un intenso edema local, agu- do dolor y malestar general. A los tres días le apareció otro en la parte media del brazo derecho con la misma reacción local, aumen- tando el malestar general. Hizo tratamiento local durante varios días, hasta que fué a ver a un cirujano, quien se los incindió. A los cuatro días le apareció un absceso de la palma de la mano, que también le fué ir-.cindido*. A los 20 días del comienzo de la afección, se presentó en mi con- sultorio particular, presentando el cuadro siguiente: en forúnculo- de la nuca con edema intenso de toda la región, sumamente doloro- so, otro forúnculo más pequeño en el hombro derecho, v con mucha supuración en la herida de la palma de la mano, prov ocada por la incisión del absceso de que ya hemos hablado. El estado general estaba también tocado. Ligero estado febril, in- apetencia, malestar, etc. Desde que la vi pensé que podría tratarse con sulfato de cobre, por ser una afección de la piel en la que el estafilococo es el agente principal, si no el único en la mayoría de las veces. Le hice una curación en el Consultorio y le dije que al día si- guiente comenzaríamos en la Clínica del Hospital Maciel el trata- miento ya dicho. Le hice una primera inyección de 0.04, y notó mejoría en los do- lores y en el estado general. A los dos días le inyecté 0 gr. 08 centgs. y .continuó la mejoría, hasta desaparecer los dolores. Le hice tres más de 0 gr. 12 centgs., con el mismo intervalo, y la enferma curó completamente, habiendo desaparecido el dolor, el edema y encontrándose la enferma perfec- tamente . Hace pocos días, el 27 de septiembre, la enferma volvió a la Clí- nica por una supuración del pulgar derecho, provocada por rr.a pin- 643 ch adura, que se infectó, pero sin haber vuelto a sentir nada de io que antes le aquejó. Se le hizo una pequeña incisión y se le dieron tres inyecciones de sulfato de cobre, como medida precaucional para destruir por com- pleto el foco piógeno. Este caso, que comentaremos al tratar las consideraciones, es bien demostrativo, en cuanto a la acción del método de que tratamos en la forunculosis. Cuarta observación.—A. C., uruguayo, soltero, 20 años, maquinista. Hace tres meses le comenzó la piodermitis que actualmente lo aqueja y que no describiré por no molestar la atención, tratándose de una afección tan conocida y de escaso valor por su fácil curabilidad. Yino a la Clínica el día 6 de septiembre del corriente año, por una pioder- mitis de las piernas y del hombro derecho. Presentaba, además,—-y esto es lo que nos interesa,—una zona roja, edematosa, bastante extendida, dolorosa, extendiéndose en longitud en un trayecto de unos quince centímetros por unos ocho de ancho, con trazos de linfangitis troncular, naciendo en esta zona, y que se elevaban siguiendo el trayecto de los linfáticos. Esta zona ocupaba la parte inferior y media de la pierna izquierda. Por todos los ca- racteres enunciados, hicimos diagnóstico de linfangitis de la pierna izquierda. Se le hizo tratamiento local durante dos días y no me- joró, sino que tendió a empeorar, porque su parte superior tomó mal aspecto, pareciendo que fuera a formarse un absceso. A los dos días se le hizo la primera inyección de 0.04, que se le fué aumentando hasta llegar a 0.12, tolerándola perfectamente. Los fenómenos desaparecieron rápidamente, y a la séptima inyec- ción todo había entrado en la normalidad, habiendo desaparecido todo. Tenemos aquí un caso de linfangitis reticular y troncular, des- aparecida completamente, linfangitis que, con seguridad, por la mar- cha que llevaba, se hubiera hecho flegmonosa. Quinta observación.—M. M., oriental, 20 años, herrero, soltero. La afección que traía a la Policlínica le comenzó a mediados del mes de junio. Cuando nos vino a ver, el día 2 de agosto, tenía una piodermitis de las piernas y parte inferior del abdomen, y además, y esto es lo que nos interesa, una foliculitis de la pierna, afección siempre muy rebelde a todo tratamiento local. Tomaba todo el lar- go de la pierna derecha, desde un poco por debajo de la. articulación de la rodilla, hasta un poco arriba de la articulación tibio-tarsiana. Gran cantidad de folículos pilosos estaban infectados, dando ese aspecto de la infección folicular en masa tan característico. Se resolvió hacerle el tratamiento de sulfato de cobre intraveno- sa, haciendo un poco de tratamiento externo. S*e le comenzó por la dosis de 0.04 y se aumentó progresivamente hasta 0.12, sin notarse molestias de ninguna naturaleza, y a las 16 inyecciones esta afec- ción tan rebelde había desaparecido completamente. Sexta observación.—G. L. de A., viuda, española, 42 años, labores. 644 So trata de un caso interesante por lo prolongado y con facilidad a recidivar, como veremos ahora. Hace cuatro años vino por primera vez al Hospital Maciel, con una afección que por los datos que nos da hace pensar en una lin- fangitis de la pierna. En ese entonces la trató el doctor Joaquín Canabal, con una so- lución para lavar las partes enfermas, y pomada, sin poder espe- cificar cuáles eran los ingredientes que las componían. Después de seguir este tratamiento durante bastante tiempo, curó bien. Hace un año volvió de nuevo a la Policlínica del profesor Brito Poresti, con la misma afección: éste la trató con aplicaciones hú- medas de sulfato de cobre y pomada de colargol. Después de varias alternativas volvió a curar. El 13 de septiembre de 1921 se presentó a nuestra Policlínica con una pequeña escoriación en el cuello del pie izquierdo, presentando en la parte media de la pierna, cuatro o cinco manchas ligeramente levantadas, con dolor local, rojizas y con calor que al tacto se no- taba perfectamente. Estas manchas estaban en el mismo sitio que las que había tenido hacía un año. Estos distintos sitios de infección se fueron juntando hasta for- mar una ancha placa, dolorosa, edematizada, nítidamente limitada en la parte superior y. con una extensión de unos diez centímetros por cinco de ancho. Se trataba de una linfangitis recidivante. El estado general no era bueno: malestar, inapetencia, etc. Se le hicieron inyecciones de S04Cu. La primera de 0.04 y con un día de por medio, se fué aumentando hasta 0.16. Los dolores y el estado general fueron mejorando paulatinamente y a la sexta in- yección todo había desaparecido. El 27 de septiembre no tenía ras- tros de su infección anterior. Séptima observación.—A. C., uruguayo, soltero, 20 años. A los 13 años empezó a padecer la afección que hasta ahora lo aquejaba: un acné juvenil. Le comenzó por la cara, quedando localizada a esta re- gión durante dos años, hasta que se le extendió al pecho y a la es- palda. Lo digno de hacer notar en este acné, afección tan común en nuestro medio, era el tamaño de las pústulas, algunas de las cuales se asemejaban a pequeños forúnculos, que causaban muchas molestias al paciente. Hizo todos los tratamientos que se aconsejan en el acné, tanto par vía interna como externa, sin haber conseguido jamás franca mejoría. En el mes de marzo vino a verme a la Clínica del Hospital Ma- ciel, presentando un acné polimorfo de la cara, pecho y espalda, predominando las pústulas, que eran muy grandes y dolorosas. Besolví hacerle el tratamiento del sulfato de cobre, más que nada como prueba, pues había usado el enfermo cuanto se aconseja en es- tos casos. Desde las primeras inyecciones se pudo acusar mejoría, que fué aumentando paulatinamente. Las di como a los anteriores casos, con un día de intervalo y a la misma dosis. Las pústulas se iban secan- 645 do, y cuando llegué a la 23 inyección, su cara había mejorado nota- blemente, conservando las cicatrices del acné. 4Es un caso de curación? El hecho de haber desaparecido las pús- tulas no significa curación del acné, pero es mucho ya. Podría tra- tarse ■ de un caso de remisión, en que la afección parece curada aún espontáneamente, para volver después. No se podría precisar, pero conviene tenerlo muy en cuenta como un resultado beneficioso obte- nido con el tratamiento de que hablamos. Octava observación. P. ..., 24 años, uruguayo, soltero, peón. El enfermo tiene una piel netamente seborreica, lo que explica la afec- ción que vamos a tratar. Hace cinco años le comenzó en la cara y en el cuello, sobre todo en la nuca, gran cantidad de pequeños puntos de acné. Hizo trata- miento local sin obtener mejoría, hasta que hace tres años empezó a notar, según dice el enfermo, que la piel de la nuca se iba levantan- do y endureciendo por islotes. Cuando vino a vernos a la Clínica del Hospital Maciel, hace un año y medio, tenía un amplio y gran que- loide, abarcando en ancho casi todo el de la nuca y con unos 2 y 1|2 centímetros de alto. Tenía en el trayecto, pústulas típicas y los ca- racterísticos pequenos pincelitos de pelos. Al invadir para arriba la 'parte inferior del cuero cabelludo, iba englobando pequeños islotes de pelos. Durante mucho tiempo se le hizo ignipuntura con el galvano, des- truyendo los folículos y la parte queloidea. Daba buenos resultados para disminuir el queloide, que lo redujo mucho, pero la infección folicular continuaba siempre. Se le hizo tratamiento de pomada azu- fre al 10 ojo, calomel al 3 o|o, óxido amarillo de hidrargirio, turbith mineral, ácido salicílieo, etc., sin mejorar. Vista esta rebeldía al tra- tamiento, resolvimos hacerle sulfato de cobre amoniacal, y desde en- tonces la infección desapareció casi por completo, quedando ahora sólo alguna que otra pústula que a veces aparece, tendiendo a la cura radical. Es un caso digno de ser estudiado y apreciado en su valor. Es cierto que la ignipuntura dió resultado para destruir la parte fibro- sa, queloidea, pero los folículos siempre volvían a infectarse y a dar pus, hasta que con el sulfato de cobre disminuyeron en tal cantidad, que ahora sólo muy de cuando en cuando aparece alguna pustulita. El tratamiento que en este caso se siguió fué el de las inyecciones de sulfato de cobre, dadas con intervalos de un día por medio, y con dosis de 0.08. Se le dieron hasta principios de octubre 38 inyeccio- nes, obteniéndose el espléndido resultado que describimos. Debemos, ahora, hacer las consideraciones genéralos, to-¿ mando como base los casos ya expuestos. Lo hemos empleado en estreptococcias de la piel, en lin- fangitis, afección donde el estreptococo se asocia a menudo al estafilococo y a los bacilos comunes de la piel, en un acné pustuloso, en el acné queloideo y en la foruncuiosis. ¿En cuál 646 nos ha dado más resultado? ¿Podemos hacer consideraciones generales ? Sí; porque hemos visto que en todas estas afeccio- nes los resultados han sido altamente satisfactorios, sobre to- do en las forunculosis y en la linfangitis, que parecen haber sido las más beneficiadas, siendo, por lo tanto, recomendable. Debemos tener en cuenta, además, que se trata de un me- dicamento completamente inofensivo, a condición de que se llenen estrictamente todas las condiciones que hemos enun- ciado al empezar, sobre todo en la relativo a la buena téc- nica a seguir. Debemos recordar, antes de pasar adelante, que su causti- cidad es grande y que sólo teniéndola en cuenta habremos ob- viado el único inconveniente. conclusiones 1. El sulfato de cobre amoniacal es un medicamento exce- lente en todas las dermatosis en que se observan el estafilococo y el estrptococo, como ser: la forunculosis, los acné, las linfan- gitis, las estreptococcias cutáneas y los acné queloideos. 2. Es completamente inofensivo. DISCUSION Eduardo Jonquiéres (Buenos Aires).—Cree que el método tiene el pequeño inconveniente de obligar a la inyección intravenosa. Elo- gia el tratamiento por vacunas. Joaquín G-cnzález (México).—Felicita a los autores por su intere- sante comunicación, y dice que en México lo ha visto ensayar sólo en ántrax, sin resultados, y en fiebres puerperales con resultados dudosos. Fernando Abente Haedo (Florida, Uruguay). — Felicita a los autores por la contribución que aportan en el tratamiento de estas clases de dermatosis. Cree que, a pesar de todo, no se puede olvidar el tratamiento por la vacuna y autovacuna. S'u experiencia, sobre el sulfato de cobre amoniacal intravenoso, es solamente en el terreno de las estreptoeoecemias y especialmente en las infecciones puerperales. Y allí los resultados obtenidos han sido dudosos. No entra a recordar los resultados que ha obtenido en otras en- fermedades para no ponerse fuera de la cuestión. No encuentra inconveniente en que las inyecciones sean intrave- nosas, porque no ha encontrado — sino excepcionalmente — dificul- tad para ello. Sólo es necesario tener un" poco de cuidado y hacer 647 las inyecciones rigurosamente endovenosas. Así se evitarán los gran- des estácelos que estas inyecciones provocan cuando ellas se hacen en el tejido celular subcutáneo. Entero-bacterioterapia por el dr. enriqüe M. claveaux (Montevideo) Profesor agregado de la Facultad de Medicina de Montevideo Es un punto de vista corrientemente admitido por los mé- dicos, el considerar la existencia de una relación entre el es- tado intestinal y ciertos estados generales, aparentemente in- dependientes del estado intestinal por no coincidir siempre (on alteraciones bien definidas, clínicamente, del intestino. Me refiero, por ejemplo, a estados de astenia general, neuras- tenia, cefaleas y en el terreno particular de las enfermedades cutáneas a la urticaria y al eczema. El hecho frecuentemente observado de que un régimen ali- menticio poco tóxico, combinado a los métodos de antisepsia intestinal habituales, mejoren o alivien parcial o totalmente aquellos estados, así como la frecuencia de las recaídas y em- pujes con motiivo de “malas digestiones” o accesos de colitis, ha contribuido a fortificar en el criterio médico, la seguridad en la existencia de aquella relación, sin que de una manera definida el mecanismo elemental de esa relación fuera preci- sado. Pero, con todo, el médico práctico posee, desde hace tiempo, los dos extremos de una cadena de fenómenos que le permiten, en casos de esta índole, hacer una terapéutica ra- cional, lo que, desgraciadamente, no quiere decir eficaz. Admitida la existencia de alteraciones de orden general, con posibilidad de localizaciones diversas, bajo la influencia de los agentes etiológicos existentes en el intestino, tres cues- tiones fundamentales plantea el examen del problema. En el intestino existen innumerables gérmenes que ejercen acciones fermentativas sobre las sustancias alimenticias más o menos modificadas por los jugos digestivos. Hay que pensar en ac- ciones tóxicas, producidas por los productos de desdoblamien- to derivados de esas acciones fermentativas, o en acción pa- tógena directa de los agentes microbianos, capaces de atra- vesar la mucosa intestinal, ellos mismos o sus toxinas, con oportunidad de alteraciones transitorias o permanentes de di- 648 cha mucosa. ¿La simultaneidad o la alternatividad de estoir agentes causales es también posible? lie ahí la primera tión. En cualquiera de los dos casos, ¿cuál es el mecanismo por el cual llega la causa a producir las alteraciones patológicas? ¿ Por acción directa, tóxica o infecciosa, o por alteraciones pri- marias del equilibrio biológico de la sangre (acciones de in- munidad y anafilaxia) y repercusión secundaria sobre los te- jidos? He abí la segunda faz del problema. La tercera faz, la terapéutica, nos invita a meditar el me- dio práctico de evitar aquellos trastornos, pero no sabría sal- varse sin resolver, aunque parcialmente, las anteriores inte- rrogaciones. Al mostrar las proyecciones del tema, quiero simplemente recordar los aspectos distintos del problema, sin que ello sig- nifique la intención de abordarlos totalmente en este estudio. Solamente me detendrá el análisis de la interpretación que ve en muchos de los trastornos de orden digestivo o intesti- nal, fenómenos de anafilaxia, y en la consecuencia terapéuti- ca derivada de esa interpretación, es decir, la anti-anafilaxia. Al pensar que un estado de sensibilidad anafiláctica puede estar en la base de trastornos diversos, vinculados al funcio- namiento del tubo intestinal, hay que admitir que en circuns- tancias especiales, antígenos que residen habitual o acciden- talmente en el intestino pueden atravesar la mucosa e ingre- sar al torrente circulatorio para producir en éste reacciones análogas a las que produciría ese mismo antígeno introduci- do en el organismo por ivía paraenteral. Hasta el momento actual se mantiene la noción de que el estado anafiláctico necesita para producirse la introducción en el organisitio (medio interno), de una albúmina animal o vegetal, extraña al organismo en cuestión. Ateniéndonos a este concepto, y al liecbo de que las albúminas se desvirtúan como antígenos a partir de la peptona, cuando pensemos en un antígeno intestinal eliminaremos los productos inferiores de desdoblamiento albuminoideo y evidentemente los alimen- tos de otra categoría y sus productos de transformación. Nos quedan, sin embargo, las sustancias albuminoideas no transformadas, parcialmente modificadas (peptonas), los mi- croorganismos y sus toxinas. Para los albuminoideos de la alimentación, como para to- dos los albuminoideos, no existe discusión sobre la posibilidad de determinar con ellos fenómenos de sensibilidad anafilác- tica cuando sedes introduce por vía paraenteral. 649 En cuanto a que esa sensibilidad pueda también producir- se por via digestiva, si no se descarta la posibilidad se reco- noce, sin embargo, la dificultad. Para Richet, (1) “la anafi- laxia alimenticia experimental, en condiciones de integridad digestiva, es de difícil realización, trátese de toxalbúminas o albúminas nutritivas, sea porque los jugos digestivos inter- vienen activamente para transformar estas albúminas y ha- cerlas inofensivas, sea porque el individuo está inmunizado contra ellas, en todo caso porque pasa siempre una cantidad mínima de albúmina no transformada-’. Desde el punto de vista experimental, al lado de las experiencias positivas de Rosenau y Anderson, (2) que lograron la sensibilización del cobayo al suero de caballo por ingestión de carne o suero de caballo y de las experiencias de Makaroff, (3) que determina en jóvenes cerdos, por ingestión de leche de vaca, un estado- de anafilaxia para ese antígeno, están las negativas de Bes- redka, (4) que no puede determinar la sensibilización del co- bayo para la leche, por introducción bucal o rectal de este alimento. Se han referido también a la anafilaxia los trastornos que producen en algunas personas la ingestión de determinados alimentos albuminoideos (huevos, leche), trastornos que. por sus síntomas (urticaria, vómitos, edemas, lipotimias, etc.), podrían caber en el cuadro del choque anafiláctieo. Sin dejar de reconocer que esa interpretación puede ser exacta, cabe su- poner, para explicar tales casos, la posibilidad de un meca- nismo más simple, la acción tóxica directa, acción que se ma- nifestaría exeepeionalmente en ciertos sujetos, de la misma manera que se explican las reacciones violentas provocadas por medicamentos de composición química definida a dosis que, en la mayoría de los sujetos, son perfectamente inofensivas. Cabe, además, suponer la existencia de procesos digestivos pervertidos que lleven a productos de transformación parti- cularmente tóxicos. En este punto de la anafilaxia alimenti- cia la experimentación no es concluyente, o, por lo menos, ios resultados no son uniformes y la clínica plantea la cues- tión sin resolverla. La anafilaxia provocada por la inyección subcutánea o in- travenosa de bacterias es un fenómeno conocido de larga da- ta. Me refiero a los accidentes graves que sobrevienen en el curso de la inmunización con bacterias y a las experiencias dirigidas especialmente a la demostración de la anafilaxia bacteriana de Kraus y Doerr y Kraus y Amiradzibis (5)r estas últimas concluyentes mismo en el sentido de la más es- 650 tricta especificidad. A pesar de estos hechos el problema no deja de tener puntos oscuros y sujetos a discusión; pero dan- do por segura la anafilaxia bacteriana provocada por inyec- ciones intravenosas y paraenterales en general, queda en pie, como cuestión nueva, la posibilidad de la anafilaxia bacteria- na por vía digestiva. Y aquí cabe toda la discusión acerca de si las bacterias pueden o no atravesar la mucosa intesti- nal sana, más de una vez renovada a propósito de la tuber- culosis. Pero evidentemente no hay razones que impidan ad- mitir que ese pasaje puede realizarse a través de la mucosa enferma, con soluciones de continuidad o simplemente con vicios de funcionamiento parciales o totales. Aproximadamente es éste el estado actual del problema en su faz patogénica. En resumen: el espíritu, en presencia de los datos conocidos, no puede cerrarse a la idea de que un estado de anafilaxia pueda ser determinado en casos par- ticulares por antígenos procedentes del intestino. En todo caso, si los estados de anafilaxia son sensibles a una terapéu- tica, está justificado su empleo, y la terapéutica, si es espe- cífica, contraloreará la patogenia y contribuirá a aclarar el mecanismo de estos fenómenos. Desanafilaetizar un sujeto preparado con suero de caballo, sin producir el gran choque anafiláctico, es hasta cierto pun- to posible con ayuda del método de Besredka. (6) Antes de inyectar una dosis grande fatalmente “declanchante” se re- pite la inyección del antígeno en causa, a pequeñas dosis. La anafilaxia se agota por etapas y cada pequeño choque se pasa sin gruesos fenómenos clínicos. En las pruebas de inmuniza- ción con bacterias, es de elemental prudencia, cuando se ha lle- gado a dosis altas, hacer la inyección, por lo menos, en dos etapas: un décimo de la dosis total para comenzar; dos o tres horas después el resto. En la clínica, como en el laboratorio, el método ha hecho sus pruebas y si no es infalible es de evi- dente utilidad. La idea de aplicar a los cuadros clínicos debidos a la sen- sibilización anafiláctica, un tratamiento desensibilizante, ha nacido, naturalmente, a raíz de los descubrimientos y com- probaciones mefteionados. En Norte América, Walker, (7) a propósito del asma, ha mostrado que distintas albúminas ve- getales y animales pueden haber sensibilizado a los asmáticos y ser el ataque de asma la fórmula clínica de reacción anafi- láctica en esos casos. La determinación de la albúmina en jue- go parece posible per medio de la euti-reacción. En todo ca- so, la desanafilaetizaeiún, por inyecciones de antígeno a dosis 651 crecientes, ha dado en muchos de esos casos mejorías de du- ración variable. La escuela de Widal, en Francia, se ha ocupado de la cuestión, a propósito del asma y de la urticaria. Datan de 1916 las observaciones de Pagniez y Pasteur Valery Radot, (8) los (pie usando la peptona a la dosis de 0.50 antes de la in- gestión del alimento que determinaba la crisis de urticaria, han conseguido, en algunos casos, atenuarla o evitarla. .Re- cientemente Joltrain (ü) lia hecho conocer algunos resulta- dos favorables a propósito de tres casos de urticaria, trata- dos por el mismo método. El profesor Weil, de Lyon, ha pre- conizado, por su parte, las inyecciones de leche en los casos de sensibilización para este alimento, cosa que en los niños se ve algunas veces. Pero son, sobre todo, los trabajos de Da- nysz, (10) hechos conocer en diversas publicaciones, y, re- cientemente, en la tesis de A. Richard, (11) los que han planteado la cuestión en un terreno particularmente intere- sante. En la concepción de Danysz hay dos nociones principa- les. Fna es el rol preponderante de la flora intestinal en las afecciones crónicas, y la otra es la interpretación, por la ana- til axia crónica, de la patogenia de esos trastornos. Entre las afecciones de orden crónico que han parecido a Danysz susceptibles de tal origen, están, en primer término, las afecciones del intestino: enteritis, colitis, algunas enfer- medades crónicas de la piel, particularmente la psoriasis y eczema; el asma y la epilepsia. La noción de anafilaxia crónica, sin ser nueva en la expre- sión (se ha hablado de anafilaxia crónica a propósito de los trastornos y alteraciones que sufren los animales que han so- brevivido a un choque anafiláctico), lo es por el sentido y la extensión en que lo aplica Danysz. Para este autor, la anafi- laxia, desarrollándose paralelamente a la inmunidad, sería un fenómeno constante en la evolución de las enfermedades infecciosas. El choque anafiláctico sería simplemente “una intervención brutal en un organismo inmunizado” por dosis elevadas del antígeno en causa. La cronicidad seria un fenómeno debido al surmenage ce- lular, producido por el exceso de formación de anticuerpos y fenómenos secundarios de edema e inflamación crónica pro- vocados por esa misma hiperactividad funcional. Las bacterias intestinales actuarían, después de atravesar la mucosa, preparando simultáneamente la inmunidad y la anafilaxia latente. Cuando nuevas dosis ingresan al torrente 652 circulatorio, se producen choques anafilácticos de intensidad y sintomatologia ¡variables. Si nada se opone a que los fenómenos mencionados se re- pitan. tendremos, finalmente, un organismo viciado por ago- tamiento, debido a la hiperproducción de anticuerpos y la inminencia del choque anafdáctico de intensidad variable», elementos ambos que por su persistencia y repetición condu- cen a la cronicidad. Es claro que toda terapéutica que corrija el mal funciona- miento del intestino será, en el fondo, benéfica, pues dismi- nuirá las probabilidades de que nuevas dosis de antígtnos bacterias o albúminas no digeridas ingresen al medio interno. Pero la terapéutica que parece imponerse de una manera ló- gica, si la hay, es la neutralización del éxceso de anticuerpos, o impedir que una vez neutralizado se reforme indefinida- mente. En apoyo de su manera de ver, Danvsz cita los resultados experimentales observados en el cobayo por la repetición de pequeños choques anafilácticos (inyección diaria de 10 ce. de suero de caballo), que conducen a trastornos generales ner- viosos y cutáneos, y, finalmente, a la muerte (antes del ano), y los resultados clínicos de la terapéutica antianafiláctica, he- cha a base de ingestión o inyecciones hipodérmicas de peque- ñas dosis de las bacterias aisladas de la flora intestinal de los enfermos. Es evidente, admitiendo que esta terapéutica obre por nn- tianafilaxia, que los resultados obtenidos deberán ser transi- torios. Si el surtidor de antígenos permanece inagotable, es evidente que el equilibrio establecido por la neutralización, pronto desaparecerá. La reabsorción de microbios seguirá dan- do lugar a la producción de anticuerpos, al trabajo excesiva de los órganos de defensa, etc., y, en consecuencia, se reedi- tarán los fenómenos patológicos y clínicos derivados Es la recidiva. De acuerdo con la patogenia admitida por Danysz, no habría, para evitarla, más que un mecanismo te- rapéutico; la impermeabilización de la mucosa intestinal a las bacterias. El problema, así planteado, no es inabordable. Parece, en efecto, según lo han mostrado recientes experiencias de Bes- redka, (12) sobre inmunización del conejo por vía bucal cen- tra la tifoidea y las paratifoideas, que, efectivamente, pue- de obtenerse una inmunidad por esa vía, inmunidad de esen- cia local, intestinal, y que, en definitiva, se traduce por una impermeabilidad más o menos grande, para los virus tífico y 653 paratífico. No es, pues, aventurado esperar que por el mis- mo mecanismo pueda establecerse en el hombre mía imper- meabilidad relativa, fruto de una inmunidad local, que de- fienda definitivamente al organismo contra la invasión de an- tígenos microbianos. Está, pues, bien justificada y explicada la utilidad de combinar, para el tratamiento, la vía subcutá- nea y la vía bucal. Buscamos la desanafilactizaciún por la primera, y la inmunidad local por la segunda. Es cuestión de dosis, de oportunidad, de técnica, en una palabra. Pero puede trabajarse con confianza; hay hechos ya indiscutibles, que sostendrán el método, aún cuando se modi- fiquen las ideas que lo inspiran. Salvo algunas diferencias en la técnica de preparación del antígeno y en la técnica de su aplicación, lie empleado el mé- todo según lo ha hecho conocer Danysz, empleando auto y heterovacunas. No es mi impresión que las autovaeunas sean imprescindibles para obtener del método lo que es capaz de dar. Algunas veces hemos obtenido de una heterovacuna re- sultados buenos, donde había fracasado una autovacuna; a veces nos lia pasado lo contrario. Creemos, en consecuencia, que, si una preparación falla, debe ensayarse otra, antes de dejar el método. Como todo método nuevo tiene caprichos que hay que conocer antes de poderlos dominar. ITe tratado enfermos de la piel, eczemas, psoriasis, derma- titis diversas, prurigos, etc., y, además, he tratado algunos asmáticos, enfermos mentales, constipados, colitis, etc. Mis resultados son interesantes. He tratado quince psoriá- sicos. Confieso que los resultados obtenidos en esta enferme- dad no lian sido brillantes. La modificación de las lesiones cu- táneas ha sido muy limitada, cuando ha habido alguna. Xo he obtenido más que en un caso la desaparición temporal de las placas. Es curioso que en este punto mi experiencia esté tan en desacuerdo con la de Danysz, que parece justamente haber obtenido en las psoriasis sus mejores resultados. En los eczemas y en el prurigo de Hebra, los resultados han sido muy buenos. He obtenido algunas curaciones que pa- recen definitivas en sujetos cuya enfermedad databa de varios años. En otros casos, he visto desaparecer lesiones extendidas a todo el cuerpo, supurantes, pruriginosas y rebeldes a toda terapéutica, desde los ungüentos al radium, en el plazo de 20 a 30 días. Es también cierto que muchos de estos casos recidivan; 654 los dos brillantes resultados de las fotografías adjuntas han debido s£r tratados por recidivas, menos pujantes y menos ex- tendidas que las lesiones iniciales, pero recidivas al fin. Hay síntomas que se muestran especialmente sensibles al tratamiento. El prurito, cuando acompaña a lesiones cutá- neas, es casi siempre modificado. La exudación de tipo seroso desaparece también habitualmente. El edema duro, la infil- tración dérmica como lesión pura o integrando el cuadro de un eczema o de una nouro-dermitis, regresa también de modo muy sensible. Otro hecho interesante es la regularización del funciona- miento intestinal. Es un hecho acusado por la mayoría de los enfermos. Sujetos constipados, que necesitan el uso cuotidia- no del laxante, ven regularizar el funcionamiento de su intes- tino de una manera notable. En el tratamiento por vía hipo- dérmica este hecho tiene relieve secundario, pero es, en gene- ral, el fenómeno de primer plano en el tratamiento per os. ¡Por eso considero que esta última es la vía de elección para el tratamiento de la constipación pura. No es raro observar mejorías del estado general, aumento de peso, modificación del carácter, en los niños especialmente. Tengo dos observaciones en que en el curso del tratamiento, que ha durado dos meses, los enfermos han aumentado de 8 a 10 kilogramos. Dos veces he observado que, al iniciarse el tratamiento, se produce una agravación de los síntomas. Se trata de dos su- jetos con eczemas generalizadas que han visto congestionarse sus lesiones, ponerse tumefactas y dolorosas, haciendo simul- táneamente un poco de temperatura. A pesar de estos sínto- mas el tratamiento fue continuado en ambos casos, con resul- tado bastante bueno. Es difícil atribuir al tratamiento la exacerbación observa- da, desde que la continuación de aquel ha sido, finalmente, acompañada de una gran mejoría. O en todo caso, y esto me parece más exacto, una intensificación del cuadro clínico al comienzo del tratamiento no es de mal augurio, desde (pie esto es generalmente seguido de una regresión total o parcial. Las observaciones siguientes son algunas elegidas como ti- pos de los casos clínicos que hemos tratado. Pecaríamos por exceso de prolijidad exponiendo todos los casos tratados, cu- yo número asciende a ochenta. 655 Por otra parte, si en las historias que siguen pueden ro- tarse falta de datos en lo que se refiere a la exploración me- tódica de los órganos, es porque hemos evitado, para ser bre- ves, citar los hechos negativos e inútiles para la mejor apre- ciación del caso. OBSERVACIONES. (Véanse las fotografías) Observación núm. 1.—Constancia M., 2.3 años de edad. Enferma desde hace dos años. Lesiones del cuello y de la cara. Diagnóstico: Lupus de la cara. Fuera de la enfermedad cutánea, buen estado general. Todos los tratamientos internos y externos aconsejados para la afección, han sido ensayados, sin éxito, en el tratamiento de esta enferma. Sin mucha esperanza abordamos el tratamiento bacterioterápico. Se em- pleó una hétero-vaeuna. Comenzamos por vía subcutánea, el 11 de octubre de 1919. Tres series consecutivas de 8 inyecciones cada una. Luego, un reposo de 30 días. Durante el tratamiento y en el período del reposo subsiguiente, no me pareció comprobar ninguna modificación. La enferma insiste, sin embargo, en que la tirantez de la piel ha desaparecido casi por completo. Estimulado por este primer resultado, más bien subjetivo que ob- jetivo, completamos el tratamiento con una serie por vía bucal, serie de 10 días, repetidas tres veces. No hubo nunca fenómenos de intolerancia. Poco a poco la mejo- ría, que sólo apreciaba la enferma, se hizo visible para nosotros. Las lesiones han perdido casi todo el relieve, aplanándose, y per- diendo por partes el color intensamente rojo del principio. Algunos islotes de piel sana aparecen en medio de las lesiones. La enferma ’ declara no haberse encontrado nunca mejor. De la comparación de las fotografías (que sólo ilustran sobre el relieve y la extensión de las lesiones), puede deducirse que la curación está aún lejos; pero dada la marcha lenta, pero sin remisiones, de la mejoría observada, puede esperarse todavía mucho. ObS. núm. 2.—'María M., 24 y 1|2 años de edad. Enferma desde los primeros meses, lo que quiere decir que la enfermedad tiene próximamente 24 años de evolución. Diagnóstico: Dermatitis exfo- liatriz. El aspecto de la enferma al comenzar el tratamiento, lo muestra la fotografía. El cuerpo de la enferma está totalmente cubierto de grandes es- camas. gruesas, duras, que caen difícilmente. Las conjuntivas con- gestionadas exudan una serosidad turbia y abundante. Párpados edematosos y dolorosos. Falta cabello en una gran parte del cuero cabelludo. Cefaleas frecuentes. Dolores lumbares. No hay albúmina en la orina. Wassermann negativo en el suero sanguíneo. El estado general es deplorable y el aspecto de la enferma repulsivo. No habla 656 •con nadie y pasa su vida en los rincones, lejos de las otras enfer- mas, con la cabeza y la cara cubiertas por un enorme pañuelo. Sólo con un desmedido entusiasmo podía ponerse alguna esperanza -en el tratamiento de esta enferma, y nuestro escepticismo era total- mente compartido por ella. Comenzamos el tratamiento el día 11 de octubre de 1919. Autovacuna. 20 días de reposo. Los resultados obtenidos fueron los siguientes. Mejoría del carácter y del estado general. La enfer- ma se hace activa, trabaja algo, conversa, está alegre. Aumentó de peso 5 o 0 kilos. La afección ocular desaparece, la conjuntiva se aclara, los párpados se desinflaman. Ln los brazos y en la cara la j)iel se ha normalizado bastante. A principios de diciembre se reinicia el tratamiento por vía bu- cal, durante 30 das. Actuíalmente (abril 15), los resultados totales son los siguientes: Persistencia de la mejoría señalada anterior- mente. Descamación fácil de todo el cuerpo. Las nuevas escamas son más pequeñas y menos duras y, hecho particular, su cabeza se ha poblado de cabello en casi toda la extensión anteriormente des- provista. Como muestra la figura, la mejoría es marcada, aunque la curación esté lejos. Si se piensa en que la enfermedad data casi desde el nacimiento y que jamás la enferma se ha encontrado como ahora, según ella afirma, deben estimarse como excelentes los resultados obtenidos. Obs. núm. 3.—María A. B. Neurodermitis y eczema. La enferme- dad tiene actualmente tres años de evolución, habiendo reemplazado a una bronquitis de tipo asmático, que desapareció cuando se hi- cieron notar las manifestaciones cutáneas. Como síntomas, dominan la exudación y el prurito. La exudación la constituye un líquido seroso, más bien límpido que turbio, pero muy abundante. El prurito es intenso y continuo e impide a menu- do el sueño. Las lesiones toman la cara, el cuello, brazos, piernas; en resumen, casi todo el cuerpo. Ida sido tratada desde hace tres años, por todos los procedimientos habituales; en el momento en que comenzamos nuestro tratamiento la enferma recibía inyecciones de agua de mar, que no se mostraron más eficaces que los otros tratamientos. El día 20 de octubre se inicia el tratamiento con inyecciones diarias de hétero-vacuna. A la 10.a inyección se hace un reposo de diez días. lía desapa- recido la exudación y disminuido considerablemente el prurito. Se recomienda un purgante y tres días a leche, hasta comenzar la nue- Ta serie. En noviembre 10, se comienza nueva serie de inyecciones con reposo de diez días. La mejoría se acentúa. Las lesiones en activi- dad desaparecieron completamente. El prurito ya no molesta. La -enferma duerme 'bien. Finalmente con objeto de mantener los resultados se aconseja de tiempo en tiempo, una corta serie de inyecciones. Enrique Ci.aveaux — Enterobacterioterapia — Pl. I Pdg. I. —(Obs. N.° 1). Lupus ile a cara. Obsérvese el relieve de las lesiones. Fig. II. -Misma enferma que la fig. I. Se puede observar que ias lesiones se han aplanado, fía habido disminución de la congestión cutánea y de la sensación de tirantez de la piel. El .interés de estos resultados está en que en este caso no puede hablarse de terapéutica específica. Fig. III. —(Olis, N.° 2). Dermatitis exfoliatriz. Fig. IV.-Misma enferma de la f¡g. III, a los dos meses de tratamiento. Aumento de peso; mejoría de la afección cutá- nea en los brazos, caía y cuello. El cabello ha crecido bas- tante. Estos resultados son dignos de tenerse en cuenta, tratándose de una enfeimedad que acompaña a la enferma desde los primeros meses de la vida. Enrique Claveaüx — Enlerobacteriolerapia — PI. II Fig. VHP.— Misma enferma de la fig. VII, al mes de trata- miento. Desaparición total de las lesiones, pero de muy li- mitada duración. En efecto: ahora es tratada por una reci- diva total. Fig. V.—tObs. N.° 7). Eczema generalizado. Nueve años de evolución. Fig. VI.—Misma enferma de Ia fig. V. Resultados al mes y medio do tratamiento. Actualmente ha hecho una recidiva limitada al cuero cabelludo y frente. Fig. VII. —(OUs. N.° 12). Eczema generaluado. 657 Actualmente y desde hace casi cinco meses la enferma se consi- dera curada, tal es la perfección de la mejoría obtenida. Sólo queda nomo residuo, que poco a poco también se atenúa, la infiltración intersticial del dermis y el empastamiento duro de la piel en los antebrazos principalmente y en los lugares donde las lesiones han persistido más tiempo. Fuera de esto, que no molesta para nada a la enferma, la mejoría es completa. Obs. núm. 4.—Honoria S. P., 19 años de edad. Psoriasis. Antece- dentes patológicos nulos. La enfermedad de la piel tiene un año de ' evolución. Placas circulares en los brazos y músculos. Se comienza el tratamiento el 16 de octubre. Hétero-vacuna. 10 inyecciones hipo- dérmicas consecutivas, una por día durante diez días. Diez días de reposo. Las placas psoriásicas que parecían regresar, aumentaron durante el período de reposo. No notando, pues, mejoría, no se con- tinuó el tratamiento. Obs. núm. 5.—(Margarita M., edad 16 años. Pénfigo de Brocq. En- ferma desde la edad de tres meses. Lesiones generalizadas predo- minando en el dorso de la mano, puño y antebrazo. Estado general bueno. No hay otros antecedentes patológicos. Veinte inyecciones en dos series de 10, con 1 mes de intervalo entre ambas series. No se observó ni mejoría ni empeoramiento. El tratamiento no fué continuado. Gbs. núm. 6.—Sirio O. C., edad 5 años. Enfermo desde los ocho meses de un eczema, rebelde a todo tratamiento. Exudación abundante de líquido sero-sanguinolento, que obliga a •cambiar la ropa interior muy frecuentemente. Prurito intenso que provoca insomnio, y obligando al niño a rascarse, complícanse las lesiones con infecciones secundarias. Mal estado general. Desarro- llo precario. Las lesiones toman la cara, brazos, piernas y tronco. Aunque ha tenido períodos de mejorías, éstas sólo han sido parcia- les. La piel se ha paquidermizado, en las rodillas; esta causa pro- -duce una inmovilidad relativa que dificulta la marcha. Auto vacuna. Diez inyecciones. Desaparece el prurito y las lesiones se secan. Reposo de 10 días. Diez nuevas inyecciones seguidas de otros 10 días- de reposo. Los resultados adquiridos se mantienen y se com- pletan. El estado general mejora, la paquidermizaeión cede, el niño se mueve con facilidad, cosa que asombra a la madre del enfermito, pues su niño, que caminaba mal, no corría nunca. A tres días de intervalo se completa el tratamiento con ingestión en dosis fraccionadas de la misma vacuna. En resumen: el tratamiento, que comenzó en diciembre 15, ha du- rado dos meses. Actualmente, abril, el niño parece completamen- te curado. Obs. núm. 7. — Rosa M., 10 años de edad. La enfermedad data desde los nueve meses. Se trata de un eczema generalizado, con gran •exudación serosanguinolenta, de feísimo aspecto, fétida, muy abun. 658 danto. La cantidad y la fetidez de ésta serosidad obliga el continuo- cambio de ropas. Por periodos se ve obligada a guardar cama hasta, varios meses seguidos. A'o falta, como es natural, el prurito. Autovacuna. Diez inyecciones y 10 días de raposo. Desde las pri- meras inyecciones mejoran los síntomas subjetivos, prurito y tiran- tez de Ja piel. Objetivamente se nota una franca tendencia a la desaparición de exudado. Las lesiones se secan. Diez nuevas inyecciones. Las lesiones desaparecen sin dejar hue- llas en las extremidades y tronco, En la cara y cuero cabelludo que- dan aún lesiones en actividad. Finalmente se consigue llegar al estado que muestra la fotografía. Quedan muy pocas huellas de la enfermedad que desfiguraba tan completamente a la enferma. Abandonada a sí misma, sin régimen alimenticio especial, la en- ferma hace nuevos empujes, que son instantáneamente yugulados por dos o tres inyecciones de autovacuna. Jamás he tenido la sen- sación de una obediencia tan regular, aunque no definitiva, al tra- tamiento como en esta enferma. La aparición de algunos puntos que anuncian la erupción, obliga a la madre a correr con la niña al hospital. Algunas inyecciones bastan para impedir la producción del incendio inminente. Y así veremos hasta cuándo. La mejoría casi total de la fotografía, duró dos meses sin tratamiento. Luego hizo un nuevo empuje que prometía extenderse a todo el cuerpo, pero íué detenido por algunas inyecciones. El estado general de la niña es bueno y tolera el tratamiento admirablemente. Obs. núm. 8.—María D. C., edad 11 y 1|2 años. Hace 11 años que está enferma. Se trata de un eczema generalizado, rebelde a todo tratamiento. Es decir, a todo no. Los rayos X consiguieron curarla en el cuello, región donde fueron aplicados, pero sólo después de muchas aplicaciones y, lo que es peor, con detrimento del estado ge- neral. Actualmente las lesiones están localizadas en las piernas y muslos y en los antebrazos. Algo también en el tórax, región pre- esternal. Es un eczema seco, costroso, duro, inmóvil. Prurito bas- tante intenso. Sangra porque la enferma lo rasca. La enferma es, además, asmática, paralelismo que hemos observado varias veces. Autovacuna. Diez inyecciones; progreso apreciable, pero lento. Reposo y reblandecimiento de las lesiones con aplicaciones locales- de ambrina. Diez nuevas inyecciones. Tolerancia perfecta del medicamento. La enferma duerme bien, pues el prurito casi ha desaparecido. Repo- so 10 días. Este tratamiento ha sido completado por una cura per es del mismo antígeno más concentrado, durante tres meses, ios diez pri- meros días de cada mes. Los resultados actuales son los siguientes: El eczema ha desaparecido casi completamente. Sólo quedan pía- cas pequeñas y aisladas en algunos puntos. El asma no o ha modi- ficado sensiblemente. 659 Si se piensa en la larga evolución de este caso (11 años); en la rebeldía a todo tratamiento, se apreciarán en su verdadero valor los resultados obtenidos. Obs. núm. 9.—'Cándido D., 23 años. Eczema de 7 años de evolución. El enfermo, que lo es desde los 15 años, ha sido tratado por todos los procedimientos habituales, obteniendo en algunos casos benefi- cios, en otros perjuicios, del tratamiento. Se trata de lesiones exu- dativas y pruriginosas, con apergamirlamiento de la piel, debido a la larga evolución. El enfermo debe cambiar diariamente su ropa interior., por la gran abundancia de serosidad. En algunos momentos es extraordi- nariamente intensa.- Autovacuna. Ha sido necesario llegar a treinta inyecciones para obtener una mejoría completa. En el curso del tratamiento ha habido mejorías y remisiones. El prurito se modificó en seguida, lo mismo que el exudado, ambos desaparecieron casi completamente desde el principio, y aunque hubo momentos de exacerbación, nunca llegó a igualar el punto de partida. Actualmente (abril 23), el en- fermo se halla muy bien. La desaparición de las lesiones y, en consecuencia, del prurito y exudado, es casi completa, haciendo ya dos meses que ha dejado de tratarse. Sólo quedan en los tobillos al- gunas costras difíciles de movilizar. Obs. núm. 10.— Dotta P., llamos P., Villaverde P. Se trata de tres- enfermos con psoriasis de larga evolución, uno de ellos con com- plicaciones artropáticas. Salvo modificaciones parciales y transito- rias, ninguna otra observación digna de mencionarse ha resultado del tratamiento de estos enfermos. Obs. núm. 11. — X. X. Enfermito enviado del Hospital Pereira- líossell. Se trata de un eczema generalizado en un niño de 9 años, no pudiendo precisar con exactitud cuándo se inició la enferme- dad. Yo vi solamente una vez a este enfermo, pues le entregué la vacuna para que fuese tratado en el Hospital de Xiños. Las lesio- nes predominaban en los brazos y en las piernas, exudativas y pru- riginosas. Hétero-vaeuna. Veinte inyecciones. En mes después de iniciado el tratamiento, pasé por el Hospital a visitar al enfermo. La doc- tora Armand TTgón me comunicó que se había aplicado el tratamien- to según las indicaciones, y que el niño, completamente curado, ha- bía sido dado de alta recientemente. Obs. núm. 12.—C. D., 13 años de edad. Cinco años de enfermedad. Se trata de un eczema generalizado, eomo informa la fotografía. Son lesiones que exudan un líquido purulento muy abundante. Como es natural, no falta el prurito. Las zonas eczematosas toman a veces carácter erisipelatoso. En- tonces se ponen duras, muy rojas y dolorosas. El cuello se inmo- viliza como si estuviera fijo por un corsé de yeso. La temperatura se eleva y todos los signos de actualidad de las lesiones se intensi- fican. Es en uno de estos momentos que tomamos a nuestro cargo la 660 enferma. Hicimos 10 infeccione de autovacuna, y como nos pare- ciera que no eran eficaces, hicimos en seguida 10 de étero-vacuna, que en casos análogos se había mostrado eficaz. Unimos al trata- miento, un régimen alimenticio especial a base de yoghurt y frutas. Los resultados, descartando »na transitoria exacerbación de Jos síntomas, fueron los que muestra la fotografía, es decir, una regre- sión total de las lesiones de la cara, cuello, tronco y brazos. Sólo en la pierna derecha se han mantenido los síntomas, y ha habido que acudir a tratamientos locales. El resultado es, pues, brillante, al menos en apariencia. Temo, sin embargo, que no sea definitivo. La enferma de la observación número 7, muy semejante a la que motiva esta historia, hizo también una regresión total, brillantísima; pero dos meses después, hizo un nuevo empuje que, aunque de poco vuelo, bastó para mostrarnos que no se trataba, en el caso y hasta .el momento, de una curación sino de una mejoría. Obs. núm. 13.—M. G., 32 años. Un año de enfermedad. Eczema seco, limitado a la frente y parte anterior del tórax. Prurito. Des- camación fácil. Estado general bueno. No hay antecedentes pato- lógicos de importancia. El enfermo es un constipado habitual, y se- gún sus referencias, la enfermedad sigue las alternativas de su es- tado intestinal. Autovacuna. Vía hipodérmiea. Diez, inyecciones consecutivas de 1 cc. Desaparición del eczema y mejoría notable del estado intes- tinal. El enfermo continúa su tratamiento a razón de dos inyecciones por semana hasta llegar a las 25 inyecciones. Estas son perfecta- mente toleradas. Su curación persiste actualmente, después de dos meses de haber abandonado todo tratamiento. Obs. núm. 14.—N. S., 33 años. Eczema de las alas de la nariz, frente, cuero cabelludo, y parte anterior del tórax. Prurito y ti- rantez en las regiones enfermas. No hay antecedentes patológicos. El enfermo es un gran consti- pado, viéndose obligado a recurrir continuamente a laxantes y a seguir un régimen alimenticio severo. Autovacuna. Diez inyecciones hipdérmicas, de 1 ce. Mejoría marcada de las lesiones cutáneas y regularización completa del es- tado intestinal. Después he dejado de ver al enfermo, pero he po- dido averiguar que su estado actual es excelente, y que a raíz del tratamiento ha aumentado mucho de peso. Obs. núm. 15.—Eafael S., 64 años. Paquiderniia, 5 años de enfer- medad. La piel dura, de consistencia de madera, forma una verda- dera coraza que toma todo el cuerpo, dificultando la marcha y los movimientos regulares de los brazos. Fuera de eso, se trata de un sujeto de condiciones de salud bastante buenas, sin taras grandes, atribuibles a la edad ni a otra causa. Solamente, es un gran cons- tipado. Es frecuente que pase dos, tres o más días sin ir de vientre. Es la enfermedad de la piel la que lo trae al Hospital. Es un su- 661 jeto de campaña que se ha hospitalizado por su enfermedad cutá- nea, lo que da una medida de las molestias que le produce. Los tres primeros años de su enfermedad, tuvo períodos de remisión j pero en los dos últimos no ha hecho sino agravarse. Actualmente su piel es tan dura que no se deja pellizcar ni pinchar casi. Autovacuna. Veinte inyecciones subcutáneas de 1 ce., una por día, durante 20 días consecutivos. La mejoría que ha experimentado el estado de la piel es muy mar- cada, habiendo desaparecido casi completamente la infiltración que producía el endurecimiento patológico. El enfermo declara que ni aún en el primer período de su enfermedad, durante las remisiones, se ha encontrado mejor que actualmente. Al lado de estas observaciones podría citar otras, sobre re- sultados obtenidos en el tratamiento del asma, colitis, consti- pación crónica, etc. De cinco casos de asma tratados, en tres be obtenido resultados inmediatos muy buenos, que persisten actualmente. La evolución futura de estos casos me permitirá, formar un criterio sobre la duración de la mejoría en el asma. Es natural que si en los enfermos de la piel, simultánea- mente constipados, hemos observado mejoría en el estado in- testinal, esta mejoría se produzca en los constipados simples. Efectivamente: la acción sobre las alteraciones funcionales del intestino nos parece uno de los resultados más constantes del tratamiento. :3i de acuerdo con los resultados obtenidos en el tratamien- to queremos hacernos una idea del mecanismo de la acción curativa, nos encontramos con los siguientes elementos de juicio: 1. Evs frecuente obtener una mejoría evidente desde las primeras (4.a y 5.a) inyecciones, especialmente en los sínto- mas que he señalado, como particularmente sensibles al tra- tamiento. 2. No es raro, tampoco, que este efecto curativo, nulo al principio, se haga recién evidente después de 20 o 30 inspec- ciones. Puede, finalmente, observarse mejorías después de abando- nar el tratamiento por creerlo inútil. Es una acción a distan- cia, si se puede llamar así, y que atribuyo al tratamiento, por- que la he observado en enfermos cuya enfermedad estaba in- movilizada desde hacía años. 3. Es excepcional observar intensificación de los síntomas en el curso del tratamiento. 4. Es frecuente observar recidivas, aunque de intensidad y extensión menores que la enfermedad primitiva. Lo que es 662 interesante, y esto lo lie observado particularmente bien en un caso, es la acción evidentemente preventiva del tratamien- to. Un eczema generalizado que, mientras el tratamiento es- taba en vigencia, se mantenía discreto y en apariencia cura- do, al cesar las inyecciones comenzaba a brotar. Se reinician éstas; nueva mejoría. Y así repetidas veces. Jamás lie obser- vado un paralelismo tan riguroso entre el tratamiento y la marcha de la enfermedad. Las cosas pasan como si se trata- ra de una acción neutralizante sobre sustancias nocivas que se producen continuamente y que continuamente necesitan ser neutralizadas. Si no lo son, el eczema aparece. 5.° El funcionamiento del intestino mejora en casi todos los casos. Hay sujetos constipados habituales de meses y años atrás, que han visto regularizar sus evacuaciones, al parecer definitivamente. Hay casos menos felices, en que ha sido ne- cesario repetir el tratamiento para obtener resultados satis- factorios. Entre los enfermos que he tratado hay, finalmen- te, un caso en que dos series de diez inyecciones cada una han sido totalmente iiíeficaces para modificar una constipación crónica. ¿Permiten estas conclusiones aclarar el mecanismo por el cual actúa el tratamiento? En algunos casos la interpretación por antianafilaxia pue- de aceptarse (mejorías rápidas y observaciones en que sólo se impide la reaparición de los síntomas por persistencia en el tratamiento). En otros, parece más lógica la explicación por la inmunidad (casos de mejorías lentas o tardías). Es claro que la palabra inmunidad debe ser entendida, en este caso, en un sentido amplio; no se trataría de una inmunidad específica, sino de un estímulo universal de los métodos ge- nerales de defensa del organismo. No quiero cerrar este artículo sin agradecer y expresar mi reconocimiento a los doctores Brito Foresti (J.), May (J.) y Vignale (B.), que en todo momento me han prestado el apo- yo de su experiencia en dermatología, y que han estado siem- pre dispuestos a contralorear los resultados, favorables o no, que se consignan en este trabajo. (1) Kiehet.—* ‘ L’anaphylaxie alimentaire”. — International Con- gress of Medicine, London, 1913, T. XVII. (2) Rosenau y Anderson.—“A. Study of the cause of suelden death following the injeetion of horse serum”.—Hig. Laboratory. Was- hington, núm. 29, 1906. 663 (3) Makaroff.—“Sur 1 ’anaphylaxie alimentaire— Journal de Medicine et patologie' générale, 1915. (4) Besredka. — “De 1’anaphylaxie lactique”. — Annales de 1 Unstitut Pasteur, 1909. (5) Kraus y Amiradzibi.—“TJeber Bakterienanafilaxie —Zeitsch. fur Inmunitatst. T. IV, Pág. 607. (6) Besredka. — “ Anaphylaxie ”. — International Congress of Medicine. London, 1913, T. XVII. (7) Walker.—-“The treatment of patients with bronquial asthma with subcutaneous injections of the proteins to which they are sen- sitive”.—The Journal of Med. Besearch. XXXVI. Núm. 3, julio 1917. (8) y Pasteur Valery Radot.—“Etude physiopatologique et thérapeutique d’un cas d’urticaire géante”. — Anaphylaxie et antianaphylaxie. Press. Méd. 23 Xbre. 1916. (9) Joltrain.—“Quelques cas d’urticaire traités par l’antianaphy- laxie’’.—Soc. Méd. des Hópitaux, 6 julio, 1919. (10) Danysz.—“ Traitement anaphylaetique de l’asthme, de cer- taines dermatoses et des troubles gastro-intestinaux”. Presse Méd. 18 julio 1918, núm. 40. (11) Richard.—“Du traitement de certaines affections chroniques par la bactériothérapie ”. Thése. París, 1919. (12) Besredka.—“De la vaccination contre les etats typhoides par la voie buccale’’. Annales de l’Inst. Pasteur, 1919, núm. 12. DISCUSION Neocle Eagusin (Buenos Aires).—Manifiesta que cree en el por- venir del método y dice que en Buenos Aires ha sido usado con éxito. Fernando Abente Haedo (Florida, Uruguay). — Felicita vivamen- te al doctor Claveaux por su interesante trabajo. Cree que se trata de un tratamiento al que hay que reconocerle grandes bondades. Es necesario saber no desalentarse por los fracasos que con él se pue- dan obtener. Por su parte.—su experiencia al respecto es corta,—sólo cuenta con dos observaciones, pero han sido parejamente brillantes. En un caso se trataba de un eczema—secundariamente infectado —del cuero cabelludo. En el otro se trataba de un lupus de la nariz. Los dos han curado después de usar (por vía bucal), 24 ampollas •en cada caso, y los resultados han sido igualmente sorprendentes- 664 Etiología, formas clínicas y tratamiento de las tuberculosis cutáneas en el Uruguay EL DOCTOR JOSÉ BRITO FORESTI Profesor de Clínica Dermatológica de la Facultad de Medicina de Montevideo Nos proponemos en este trabajo, al que deseamos conser- var un carácter puramente clínico, hacer un estudio resumi- do de la frecuencia y de las diversas formas que la tuber- culosis cutánea presenta en el Uruguay. Habíamos aborda- do ya este tema anteriormente (1) y hoy podemos añadir a los datos que recogimos entonces, las observaciones de doce años más._ Dividiremos, pues, este trabajo en tres partes: la primera, relativa a la frecuencia; la segunda, a las foiv mas clínicas y tratamiento, y la tercera, a algunas conside- raciones generales. I. Frecuencia Para el que haya frecuentado las clínicas de piel euro- peas y, en particular, las clínicas del Hospital San Luis, de* París, un hecho salta a la vista, y es que las tuberculosis cutáneas, tomadas en globo, soi¿ infinitamente más raras en el Uruguay que en los centros europeos. Este hecho, que nos sorprendió al principio de nuestro ejercicio profesional, ha- ido confirmándose después y, como se puede ver por el cua- dro adjunto, que abarca unos 25 años de observación y al- rededor de 20,000 enfermos de afecciones cutáneas ¡le toda categoría, el bacilo de Koch y sus toxinas son responsables, por una parte muy débil en los cuadros de morbosidad ge- neral de la piel. Conformándonos con la clasificación de la escuela francesa y haciendo entrar, por consiguiente, entre- las tuberculosis cutáneas a las toxituberculides, en particu- lar al lupus eritematoso, hemos podido llegar a las cifras si- guientes : (1) Frecuencia, formas clínicas y tratamiento de las tuberculo- sis cutáneas en el Uruguay. “Revista Médica del Uruguay”, nú- mero 10, 1909. 665 Tuberculosis cutáneas sobre un total de 20,000 afecciones: cutáneas Tuberculosis bacilares: Hombres Mujeres Total Lupus vulgar y sus variedades ... 11 22 33 Tuberculosis verrucosa de Rielil y Pal- tauf y tubérculo anatómico ... 12 7 19 Ulceras tuberculosas generalmente con- secutivas a tuberculosis ganglionares 7 4 11 Total 30 33 63 Toxituberculides: Lupus eritematoso y sus variedades . 68 77 145 Eritema indurado de Bazin. ... 88 Tubereulides pápulo-necróticas ... 2 6 8 Liquen scrofulosorum 2 2 Sarcoide de Boeck 1 1 Angioqueratoma de Mibelli .... 2 2^ Total 73 93 166 En resumen: Tuberculosis bacilares 63 casos Toxituberculides 166 ” Total 229 casos El total, pues, de las manifestaciones globales de la tu- berculosis de la piel en nuestro medio es de 229 casos sobre 20,000 dermatosis. La proporción, como se ve, es muy débil;, sólo alcanza al 1.1 ojo; y si de este cuadro destacamos las proporciones de las tuberculosis cutáneas verdaderas, es de- cir, en las que el bacilo de Koch está presente, esta cifra sólo alcanza al 0.3 ojo, proporción ínfima. No hemos tenido ocasión de consultar ninguna estadística francesa de afec- ciones cutáneas; no nos es posible comparar nuestros datos con respecto a Europa, sino con la estadística que como apéndice de su tratado formula Kadcliffe Crocker para Lon- dres; (1) en esta estadística las tuberculosis verdaderas figu- (1) Radcliffe Crocker. “Diseases of the skin’’, pág. 1323# 3.»* edición 666 ran en un 1.27 o|o de la totalidad de dermatosis, es decir, una proporción cuatro veces mayor que la nuestra; en cam- bio, las toxituberculides, que en nuestro medio representan el 0.85 ojo de todas las dermatosis, sólo figuran para Ingla- terra en un 0.63 ojo. Es casi la proporción inversa. De la América del Sud, sólo hemos podido consultar la es- tadística que, en un interesantísimo trabajo, ha publicado el ilustrado profesor de la Facultad de Buenos Aires, el doctor Pedro L. Baliña. (1) Como se verá por el cuadro adjunto, ella es casi idéntica a la nuestra: misma rareza genera!, pre- dominio del lupus eritematoso sobre las otras formas, etc. Como lo hace observar muy bien el doctor Baliña, la identi- dad de factores de todo orden en los dos países, es la causa de esta identidad en el cuadro estadístico: mismo clima, mis- mo género de vida, profesiones análogas, misma alimenta- ción, etc. ITe aquí el cuadro: U. Argentina Uruguay Tuberculosis cutáneas en general, en relación con las demás dermatosis 1.32 ojo 1.1 ojo Porcentaje de las distintas formas: Tuberculosis bacilares en general. 32 ” 30 Toxituberculides 68 ’ ’ 70 ” Lupus vulgar 18 ” 15 P Tuberculosis verrucosa .... 4 ” 12 ” Gomas y úlceras 5 ” 5 ” Lupus eritematoso 67 ” 60 ” Eritema indurado de Bazin . . 3 ” 3 ” Tuberculides pápulo-necróticas . 7 ” 3 ” Liquen serofulosorum 1 '2 ” 1 Angioqueratoma de AI ibelli . . 1 Sarcoides de Beck 1|2 ” Tuberculides ¡nodulares. ... Ij2 Nos sería difícil dar una explicación de la rareza de la tuberculosis cutánea entre nosotros, pues las diversas formas no cutáneas de tuberculosis figuran en nuestras estadísticas, si bien en proporción no muy alta. El promedio general de mortalidad en nuestro país es de 13.25 por 1,000 habitan- tes, en el decenio 1908-1917; (2) y por 100 defunciones ge- (1) Primer Congreso Nacional de Medicina. Buenos Aires, 1917, tomo II, pág. 861. (2) A. Vidal y Fuentes. Morbosidad y mortalidad infecto-eonta- giosa en el Uruguay. Montevideo, 1920. 667 nerales, 8.96 son provocadas por las formas más comunes de Ja tuberculosis, la pulmonar y la laríngea; dentro, pues, de estas cifras, se ve que las distintas manifestaciones de la tu- berculosis se dirigen en el Uruguay más bien a otros órga- nos que a la piel, lo que tal vez explicaría el por qué el lu- pus eritematoso se presenta con una frecuencia más de cua- tro veces mayor (pie la del lupus tuberculoso. II. Formas clínicas y tratamiento A. TUBERCULOSIS BACILARES a) Lupus vulgar y sus variedades Hemos observado un total de 33 casos de esta forma de tuberculosis, 11 en el hombre y 22 en la mujer. Deseamos hacer notar desde ya que, en general, en nuestro medio, la mujer paga un tributo mayor que el hombre a la tuberculo- sis cutánea. Esta diferencia es particularmente sensible en el lupus verdadero, en el que la proporción de mujeres es tres veces mayor que en el hombre. Veremos más adelante que los tres casos más intensos que hemos observado de esta afección corresponden también a la mujer. De acuerdo con las observaciones de la inmensa mayoría de los autores, la edad de iniciación del lupus es la juven- tud. Casi todos nuestros enfermos son jóvenes, pero la ni- ñez propiamente dicha parece estar al abrigo de este mal. Los casos más tempranos que hemos podido observar, son los cíe un 7iiño de 7 años y otro de 10 años; en los dos casos se trataba de un lupus de poca extensión. La inmensa mayo- ría de los casos oscila desde los 18 a los 30 años. Sin em- bargo, después de los 40 años, aunque muy rara, la afección puede aún iniciarse. 'En nuestras observaciones hemos re- gistrado dos casos de lupus empezando respectivamente a los cuarenta y dos y a los cuarenta y cinco años. "Respecto a las formas clínicas y a las localizaciones, ellas no difieren en general de lo que se observa en los casos co- munes. Es la variedad plana la que se observa más comun- mente, ya sea en la forma de tubérculos aislados o conglo- merados, ya sea en la forma de pequeñas placas diseminadas en los puntos de elección. La ulceración de los tubérculos se rota, sin embargo, con alguna frecuencia, pero parcialmen- te. Por otra parte, en casi todos los casos, la extensión de la enfermedad se ha hecho de una manera muy lenta, no ha- biendo tenido nunca ocasión de observar la variedad vorax; es más aún: es muy frecuente observar que después de los 668 primeros meses o años de la enfermedad, ésta se estaciona y se detiene en su progresión. En muchos casos hemos podido observar la coincidencia del lupus con un estado general de salud aparentemente bueno; en uno solo la tuberculosis pul- monar era evidente. El sitio de predilección de la afección ha sido en la in- mensa mayoría de los casos la cara y en esta región la nariz, las mejillas y las orejas son las principales localizaciones. Es común encontrar lupus localizados en algunas de estas tres regiones y mantenerse en esta forma durante todo el proceso morboso. La localización en el cuero cabelludo es tan rara que no figura más que en un caso; en un case lie- mos visto también el lupus localizado en el pie derecho, con exclusión del resto del cuerpo. En cuanto a las localizacio- nes en las mucosas, son ellas en nuestro medio una excep- ción y se observan sobre todo coincidiendo con el lupus de la punta de la nariz. El caso más evidente es el de un niño de 13 años, en el que un lupus nasal se acompañaba de infil- tración hípica: de la mucosa nasal en las proximidades de laí lesión cutánea y en el que se bailaba igualmente interesada la mucosa del velo del paladar (obs. II). En otro caso, no- table por un lupus localizado exclusivamente en la mejilla izquierda y aparecido en una mujer a los 42 años de edad (obs. XXIV), la mucosa nasal presentaba al nivel del tabi- que una ulceración, situada en su porción media y que ha- bía determinado un ligero hundimiento de la nariz, como la que los franceses llaman nez en selle. Las localizaciones en el resto del cuerpo son relativamen- te raras; y de los casos benignos de estas localizaciones, no- tamos uno con. localizaciones discretas en la espalda, al nivel del hombro izquierdo, y otro al nivel del muslo izquierdo. Pero# más adelante tendremos ocasión de relatar tres casos en los que las localizaciones en los miembros eran intensas y predominantes. Nos ha sido posible observar también dos casos (obs. VII y XX) de coincidencia de lupus tuberculoso, con adnopa- tías tuberculosas del cuello y gomas tuberculosas de los brazos y rodilla derecha. En los dos casos, hombres los dos, el lupus era muy discreto, no ulceroso, lento en su marcha y localizado en la punta y en el ala de la nariz. En los dos casos las mani- festaciones lúpicas han sido posteriores a las gomas y a las adenopatías, de varios años. Contrasta, pues, la benignidad del lupus con las otras manifestaciones tuberculosas, y en estos dos casos se trata casi evidentemente de lupus de causa externa, provocados por el transporte de la materia contagiosa en el acto de llevarse las manos a la nariz. El caso más grave de lupus que hemos observado, tanto 669 por la extensión de las lesiones como por la terminación le- tal, es el de una joven de 26 años, cuya primera placa de lupus ulceroso se mostró en la nariz durante la adolescen- cia y que tomó las mejillas (obs. XII). Algunos años más tarde, se mostraron nuevas placas en los dos miembros su- periores y en el dorso de ambas manos, y, por fin, los dos miembros inferiores se tomaron a su vez, comprendido el dorso de los pies. La misma forma ofrecían todas estas pla- cas ; los lupomas formaban conglomerados ulcerados, desde el tamaño de una avellana hasta el de'un huevo de gallina. En total se contaban unas 30 placas, con la particularidad de que las mucosas se hallaban intactas y el estado general bueno. Con un distinguido colega decidimos, en vista de la inutilidad de los tratamientos locales, hacer un raspaje a fondo de todos los placarás del cuerpo, con la cureta cortan- te y la cauterización con el termo, bajo anestesia clorofór- mica. Esta primera intervención fue seguida de una mejo- ría manifiesta de todas las placas tuberculosas, muchas de las cuales curaron, en apariencia, completamente. Varios me- ses después, sin embargo, los lupomas volvieron a reproducir- se en muchos puntos aparentemente sanos y al año el as- pecto era el mismo de antes de la intervención. Se decidió una segunda intervención análoga a la primera. Pero a las pocas horas de efectuada comenzaron a presentarse signos de meningitis espinal, contracciones, reflejos exageradísimos, etc., seguidos muy pronto por signos de reacción de las menin- ges cerebrales, ataques convulsivos violentos, delirio, fiebre alta, etc., terminando todo esto dos días después de la intervención por la muerte de la enferma, en medio de con- vulsiones continuas seguidas por un corto período comatoso. Es muy probable (pie en este caso la causa de la muerte haya sido una verdadera granulia. Se han publicado casos de de- terminaciones viscerales tuberculosas después de una inter- vención cruenta como tratamiento del lupus tuberculoso. La supresión quirúrgica de los medios de defensa del organis- mo, el tejido fibroso, que es el medio natural de curación de la afección, puede muy bien explicar la penetración del ba- cilo de Koch en el torrente circulatorio. Y para terminar con el lupus tuberculoso, deseamos re- gistrar dos casos de forma elefantiásica, modalidad que sólo hemos tenido ocasión de observar en estos últimos años. E! más benigno es el de una mujer cuya afección data de los 16 años y que presenta un lupus elefancíaco de la pierna iz- quierda, habiendo permanecido sana la pierna derecha. El lupus ha sido ascendente, empezando cerca del tobillo e in- vadiendo luego con gran lentitud toda la piel de la pierna hasta cerca de la rodilla. La pierna enferma tiene un volu- 670 nien doble de la sana. Se ven aún, en medio de un tejido duro y escleroso, los lupomas, algunos ulcerados y otros no. Pero, lo particular del oaso, son las linfangitis a repetición que la enferma acusa en el curso de la enfermedad, linfan- gitis probablemente debidas a infecciones asociadas y que son las que han determinado el aumento de volumen del miembro. Notamos además que, a pesar de la extensión del lupus, el estado general se mantiene bueno, y, detalle que deseamos también indicar, y que es la aparición de un pe- queño lupoma de la mejilla derecha en estos últimos meses. El otro caso es análogo a éste, pero con lesiones mucho más extensas. Piste lupus, de forma elefantiásica también, que ha hipertrofiado considerablemente los miembros atacados, lo hemos observado en una joven de unos 20 años, cuyos pri- meros lupomas databan de unos 5 a 6 años. Casi todo el miembro inferior izquierdo y el superior del mismo lado es- tán tomados, lo mismo que la espalda y algunas placas en la región inferior del dorso. Es curioso que, a pesar de la in- tensidad de las lesiones, no haya aparecido hasta ahora nin- gún lupoma en la cara. En cuanto al tratamiento de esta forma, sólo diremos dos- palabras. Personalmente nos hemos limitado en estos últi- mos tiempos a las escarificaciones lineales hechas con el cu- chillito del galvanocauterio para las placas. grandes, y del ansa del mismo aparato para los lupomas aislados. Este procedimiento, solo o combinado con las curas helioterápi- cas, nos ha dado siempre resultados satisfactorios, dentro de la lentitud habitual de la marcha de la afección La nieve carbónica, aun cuando en algunos casos ha mejorado neta- mente a los enfermos, nos ha parecido en esta forma de lu- pus menos eficaz que en el lupus eritematoso. b) Tuberculosis verrucosa de Riehl y Paltanf y tubérculo anatómico Contrariamente a la forma anterior, esta modalidad es más frecuente en el hombre que en la mujer, habiendo observado en todo unos 19 casos, de los que 12 pertenecen al hombre y 7 a la mujer. Contrariamente también al lupus, y con ex- cepción del caso de una niña de 16 años, la tuberculosis ve- rrucosa es más bien una afección de la edad madura, siendo todos los demás casos observados, en personas de más de 30 años, varios de cerca de 50 años y, por fin, un caso a los ¿3 años de edad. Respecto de la forma clinica, ésta ha sido idéntica para todos los casos, si se hace excepción de la extensión más o menos grande de las lesiones. El único caso de tubérculo 671 anatómico es el de un sastre de 37 años, cuya salud general era excelente, y cuya lesión ocupaba la parte dorsal de la articulación metacarpofalángic-a del dedo índice de la mano izquierda. Los demás casos, en cuanto a localización lian ocupado constantemente el dorso de la mano y de los dedos,, con la particularidad de que la lesión es habitualmente uni- lateral; sólo en un caso (obs. VII), las lesiones ocupaban el dorso de ambas manos. No hemos visto localizaciones de esta lesión en otros puntos del cuerpo. La marcha ha sido en todos los casos lenta y el aspecto de las lesiones idéntico; placa infiltrada más o menos grande, algo dolorosa, rojo- violácea, papilomatosa, sobre todo en los bordes, crecimien- to lento, cicatrización muy a menudo espontánea en el cen- tro y las clásicas gotas de pus a la presión. Nos parece po- der afirmar que esta forma de tuberculosis cutánea verda- dera es la más benigna de todas y tal vez por su origen. En efecto: en la mayoría de las observaciones que poseemos, las lesiones se.han desarrollado primeramente en el sitio de una herida. La mayor parte de nuestras observaciones son de gente del campo, que, a la facilidad para lastimarse, unen la manipulación frecuente de animales tuberculosos. Las in- fecciones a distancia son muy raras. Sólo en un caso, el ganglio epitrocleal del lado de la-lesión se puso grueso. Y, por último, el caso más grave de esta afección fue presentado por una lavandera de 50 años, en la que la tuberculosis ve- rrucosa marchó con relativa rapidez, acompañándose de un estado general poco satisfactorio. Algunos meses después, la infección se bacía general y la enferma sucumbía a conse- cuencia de una tuberculosis pulmonar aguda. La bija de esta enferma era también tuberculosa. Es fácil comprender que una forma como ésta, constante- mente producida por una herida infectada,, se pueda produ- cir a cualquier edad. Así se explica que la vejez, ordinaria- mente libre de lesiones tuberculosas, ofrezca a veces esta ma- nifestación . Pero, lo que deseamos recordar en este momen- to, es la posible confusión de esta lesión, al solo examen clí- nico, con la variedad vegetante de la esporotricosis. Des- pués que De Beurmann y Gougerot han llamado la atención sobre esta enfermedad, bemos tenido ocasión de observar unos 2 ó 3 casos, cuyo aspecto clínico era idéntico al de la tuber- culosis verrueosa, con el antecedente también de la inicia- ción en el sitio de una herida. La marcha de la afección es, sin embargo, algo diferente, pues en general la esporotrico- sis camina mucho más rápidamente que la tuberculosis. Ha- cemos estas reflexiones a. propósito del tratamiento. A falta de1 examen bacteriológico que en algunos casos puede ser ne- gativo, tenemos la costumbre, en los casos clínicos dudosos. 672 de administrar el ioduro de potasio a dosis altas (5 a 6’ gramos por día) y de aconsejar las aplicaciones locales de agua iodada al 1 ojoo en compresas. Hemos sido sorpren- didos en algunos casos de la mejoría rapidísima obtenida por esta medicación y de la curación de las lesiones en 6 a 8 se- manas. Cuando se trata de lesiones tuberculosas verdade- ras, esta medicación no tiene influencia sobre la enfermedad y entonces los procedimientos de destrucción ígnea, segui- dos o no de aplicaciones de medicamentos fuertemente oxi- dantes, como el permanganato de potasa o el peróxido de .zinc, dan en general resultados completos. c) Ulceraciones tuberculosas propiamente dichas A 11 ascienden los casos de esta forma que hemos podido observar, 7 hombres y 4 mujeres. Comparada con las esta- dísticas europeas, esta forma es- relativamente rara entre nosotros, aunque, siendo una forma no exclusivamente der- matológica, es posible que muchos de estos enfermos sean atendidos en los servicios de cirugía. En cuanto a sus formas clínicas, estas son poco variadas y están casi constantemente constituidas por ulceraciones muy lentas en su marcha, de forma y de fondo irregular, de bor- des violáceos, atónicas y segregando un pus poco abundan- te, seropurulento. .Se trata, en general, de sujetos jóvenes y en la gran mayoría de los casos, es la región cervical la que presenta la frecuencia mayor de las localizaciones. Sin em- bargo, en dos casos hemos podido observar una localización -fuera de la región cervical; la una, en la pierna izquierda de una joven de 26 añas (obs. Til), de fuente tuberculosa, pero que no tenía en el momento del examen ninguna ma- nifestación de tuberculosis visceral aparente. En el otro ca- so (obs. VI), se trataba de ulceraciones tuberculosas de la piel de las bolsas en un hombre de 29 años, que tenía al mismo tiempo una tuberculosis ganglionar de la ingle iz- quierda y una invasión tuberculosa del cordón testieular del mismo lado. Deseamos hacer notar también que, con excep- ción del caso de la ulceración de la pierna de la observación III, todos los demás casos están precedidos por la infección tuberculosa de los ganglios linfáticos vecinos y que la lesión cutánea es siempre consecutiva. No hemos tenido ocasión de observar ningún caso de ul- ceraciones tuberculosas de la lengua. En cuanto al trata- miento de esta forma, es más bien quirúrgico que médico y tiene por base la extirpación de los ganglios, la destrucción de las ulceraciones por el fuego, y la helioterapía. 673 B. TOXITUBERCULIDES a) Lupus eritematoso Es la forma más común de las tuberculosis cutáneas que ¿se observa en el Uruguay. Recordamos que_liemos seguido las ideas de la escuela francesa, considerando esta manifes- tación de la tuberculosis como una toxituberculide; algunas coincidencias clínicas que tendremos ocasión de señalar den- tro de un momento nos han permitido confirmar esta ma- nera de ver. En nuestra estadística, figuran 145 casos de lu- pus eritematoso, en un total de 228 casos de tuberculosis cu- tánea de todo orden. Es, pues, alrededor de un 65 o[o. Pero lo que deseamos hacer resaltar es que, de las dos mo- dalidades principales de la tuberculosis cutánea, el lupus vulgar y el eritematoso, éste figura en una proporción 4 y 1 [2 veces mayor que el primero. Este hecho es extraordinario comparado con la estadística inglesa que ya hemos citado, en la que se señalan dos casos de lupus tuberculoso por uno de lupus eritematoso. En Buenos Aires sucede algo análo- go a lo que sucede en Montevideo; las estadísticas que he- mos podido consultar, del Servicio del malogrado maestro el profesor Sommer, arrojan una proporción de lupus eritema- toso tres veces mayor que la de lupus tuberculoso. Es poco más o menos la misma proporción que arrojan las estadís- ticas ya mencionadas, de nuestro excelente colega el doctor Pedro L. Baliña. Respecto a las formas clínicas y a las localizaciones, debe- mos notar que esta afección se ha presentado a nuestra ob- servación con caracteres bastante uniformes y monótonos. No hemos tenido la ocasión de observar ningún caso de lu- pus eritematoso agudo generalizado. En la inmensa mayo- ría de los casos, la erupción ha sido discreta, la marcha muy lenta y el aspecto clínico respondiendo más bien a las for- mas de pasaje entre los dos tipos principales en que Brocq divide esta afección: la forma fija y la centrífuga simétri- ca. Esta forma simétrica, el vespertilio de los autores, ra- ras veces se observa pura; en general, las placas ofrecen una localización irregular,, no simétrica y, una vez llegadas a una cierta extensión, su crecimiento se detiene por un tiempo muy largo. Es en general también la forma superfi- cial la que se observa; la forma de herpes cretáceo de De- virgie, con el elemento grueso escamoso, enviando prolonga- ciones a los folículos pilosebáceos subyacentes, rarísimas veces la hemos observado. 674 Si es cierto que generalmente el lupus eritematoso es una ■enfermedad de la juventud, la edad influye, sin embargo, mucho menos en esta forma que en el lupus tuberculoso. Los casos más jóvenes que hemos visto son los de tres niñas, res- pectivamente de 15, 16 y 17 años de edad; la generalidad de los casos empiezan de los 20 a los 30 años; pero no es raro ver aparecer la afección después de los 40 años y aún después de los 50. Hemos podido observar dos casos después de los 60 años. Como en el lupus tuberculoso, la mujer paga un tributo mayor al lupus eritematoso que el hombre; en la clientela hospitalaria, las proporciones son sensiblemente iguales; pero en la clientela privada, el número de casos fe- meninos es casi el doble de los casos masculinos. La localización habitual de las placas es la clásica; el dor- so de la nariz y las dos mejillas, una o ambas, son los pri- meros y los sitios más frecuentemente interesados. Luego vienen en orden de frecuencia las orejas, el cuero cabelludo y el dorso de los dedos de las manos y de_ la mano misma. En un solo caso el proceso se extendió al dorso del antebra- zo izquierdo. La salud general de estos enfermos es habitualmente sa- tisfactoria ; no es raro observar casos en personas que apa- rentemente gozan de perfecta salud y de aspecto robusto. Hemos visto, sin embargo, tres casos terminados por la muer- te : una vez por cáncer del estómago; otra, por un tumor cerebral; y la tercera, por una infección intestinal aguda en un enfermo cuyo lupus era particularmente rebelde al tra- tamiento y que se congestionaba con suma facilidad. Deseamos decir ahora dos palabras sobre las coinciden- cias de otras afecciones en el curso del lupus eritematoso. En algunos casos se señalan las adenitis probablemente tu- berculosas; pero la afección que hemos visto coincidir más frecuentemente con el lupus eritematoso, son las tuberculi- des pápnlo-necróticas, generalmente discretas, localizadas a la superficie de extensión de los brazos y dorso de las manos, mucho más raramente a las orejas y a los pies. En nuestros casos, el lupus eritematoso ha precedido casi constantemente a las tuberculides, a veces de un corto tiempo, otras hasta de ocho años; en un caso solamente (obs. TV), las tubercu- lides pápulo-neeróticas de las orejas, mejillas, dorso de las manos y pies, precedieron de muchos años a la aparición de un lupus eritematoso de la cara, en una enferma de 21 años, que presentaba simultáneamente ganglios linfáticos hipertro- fiados de la región cervical derecha. Aun cuando las tuber- culides pápulo-neeróticas no están consideradas por los au- tores como mar.ifestacione:! indudables de tuberculosis, sin 675 embargo, no deja de ser curiosa la presencia simultánea de estas dos afecciones, que, clínicamente, por lo menos, apoya a la manera de ver de los autores franceses. Pero ahora deseamos señalar dos casos de coincidencias más probato- rias : se trata de dos jóvenes de 20 años, en las que el lupus eritematoso ha coincidido con el liquen scrofulosorum. En los dos casos el liquen scrofulosorum fué precedido por el lupus eritematoso, de varios meses; los elementos de liquen eran discretos, mostrándose en los sitios clásicos, el vientre y el dorso. Ahora bien: se sabe, después de los trabajos de Jadassohn, que esta forma de tuberculide merece, en reali- dad, ser colocada en los cuadros de las tuberculosis verda- deras, por la reacción casi constante a la tuberculina, por las inoculaciones positivas a los animales, y por la presencia del bacilo de Koch en varios casos. Y para terminar con las coincidencias cutáneas del lupus eritematoso. señalaremos la frecuencia marcada de los sabañones (eritema pernio) ulcerados, precediendo o acompañando las lesiones hípicas de las orejas y del dorso de los dedos de las manos; y, por último, la, coincidencia única del lupus eritematoso con dos poussées de eritema polimorfo, forma pápulo-eritematosa, y cuyos elementos ocupaban el cuello, la cara, el dorso de las manos y las rodillas. Estas dos pousées de eritema se pro- dujeron dos años después de un lupus eritematoso localiza- do en la mejilla derecha de una señora de 30 años; su evo- lución fué muy rápida y la segunda poussée, que sobrevino 20 días después de la primera, se acompañó de fiebre y de dolores articulares. No liemos observado nunca la asociación del lupus erite- matoso con el tuberculoso; no hemos observado tampoco nin- gún caso de asociación del lupus eritematoso con la tuber- culosis verrucosa. Nos permitiremos cerrar este capítulo con dos palabras acerca del tratamiento. Hasta hace poco tratábamos nues- tros casos con los medios clásicos, las escarificaciones con el cuchillo galvanocáustico en particular y, en los casos en que este medio no podía ser aplicado, con las aplicaciones irri- tantes intermitentes, sea la tintura de jabón negro, sea más frecuentemente con las pincelaciones de licor de Fowler al 1 por 10 o 20. Estas aplicaciones irritantes eran seguidas de una medicación anodina y cuando los fenómenos inflamato- rios se calmaban se volvía a la primera medicación. Con todos estos medios hemos obtenido resultados buenos, exce- lentes a veces, a veces nulos. Pero actualmente creemos po- der afirmar que el procedimiento de elección del tratamien- to del lupus eritematoso es la nieve carbónica. Es la que 676 nos ha dado más constantemente buenos resultados, mucho más constantes que aplicada al tratamiento del lupus tu- berculoso. Obtenida por los medios habituales, hemos pro- cedido generalmente a aplicaciones de 10 a 20 segundos de duración sobre cada punto a tratarse; raras veces hemos pasado de medio minuto; la presión, aun cuando muy difí- cil de medir, ha sido más bien moderada y la frecuencia de las aplicaciones ha sido gobernada por la ausencia comple- ta de la reacción inflamatoria producida por la aplicación anterior. La reacción y el dolor varían mucho con los en- fermos y estos datos se pueden tener en cuenta en las apli- caciones sucesivas, liemos evitado en todo lo posible la for- mación de flictenas, limitándonos a producir una reacción congestiva ligera y prefiriendo la repetición de las aplica- ciones a una reacción violenta. Los resultados son, como he- mos dicho, constantemente buenos; algunas placas sólo exi- gen pocas aplicaciones; las cicatrices son infinitamente me- jores que con las escarificaciones ígneas y el plazo total del tratamiento mucho más corto. b) Eritema indurado de Bazi-n A ocho alcanzan los casos de esta afección que hemos po- dido observar, proporción muy pequeña en relación a las otras formas de tuberculosis. Como es la regla en estos ca- sos, es el sexo femenino el que paga mayor tributo; todas nuestras observaciones pertenecen a mujeres jovenes, va- riando la edad, de 15 a 26 años. La modalidad clínica ha sido idéntica para todas, excepto en un caso del que dire- mos dos palabras más adelante; se ha tratado siempre de nodulos localizados exclusivamente en ambas piernas, des- cendiendo a veces hasta los maléolos v el dorso del pie; no ulcerados generalmente, ulcerados a veces y en este caso de- jando cicatrices. La curación espontánea era la regla en el verano y las recidivas se mostraban en el invierno. No he- mos observado ninguna coincidencia de otras tuberculosis cutáneas con esta forma; pero en algunos casos, el aspecto de las enfermas traducía una constitución fácilmente tuber- culizable. El caso más curioso de esta forma de tuberc’ilide lo cons- tituye el de una joven de 18 años, cuyo eritema indurado, constituido por nodulos que evolucionaban solamente en los inviernos, estaba exclusivamente limitado a la pierna iz- quierda. Hemos creído encontrar la causa de esta anomalía en el hecho siguiente: la pierna izquierda de esta enferma era atrófica desde el nacimiento, probablemente por una fal- sa maniobra obstétrica; su volumen era menor que el de la 677 derecha; está habitualmente fría y asfíxica,; la pierna dere- cha, en cambio, está sana. Nos parece que la inferioridad fisiológica de la pierna atrófica puede explicar esta rara lo- calización, favorecida por la acroasfixia habitual de las ex- tremidades en esta clase de enfermas. Nada de particular tenemos que señalar en cuanto al tra tainiento, cuya base es el tratamiento general, el reposo y los estimulantes locales y aplicaciones ligeramente antisép- ticas en los casos de ulceración. c) Tuberculides pápulo-necróticas Once casos de esta forma hemos podido observar, la ma- yoría en mujeres jóvenes. En nuestro primer trabajo ya ci- tado, (1) sólo habíamos registrado dos casos, sin nignuna coincidencia de otras dermatosis tuberculosas. Actualmen- te nos es dado poder señalar, como ya lo dijimos al hablar del lupus eritematoso, la relativa frecuencia de la coexisten- cia de estas dos enfermedades. Por lo demás, la forma clí- nica de las tuberculides pápulo-necróticas que hemos visto, no varía de la forma común de esta afección. Los elemen- tos han sido discretos generalmente, su localización en los brazos, pies, orejas, la más habitual, su evolución rápida y su aparición coincide generalmente con la estación fría.. El eritema pernio es bastante frecuente en estos casos, y en uno de ellos se notaban ganglios linfáticos hipertrofiados del cuello, del lado derecho. Estas lesiones no tienen tratamien- to especial. d) Liquen scrofulosorum Seremos breves en este capítulo, que sólo cuenta con dos casos en dos jóvenes del sexo masculino, de 20 años de edad, y de los que ya hemos hablado al ocuparnos del lupus eri- tematoso ; recordaremos solamente que nuestros dos únicos casos han coincidido con un lupus eritematoso discreto de la cara y que en los dos el lupus existía antes del liquen. Estos dos casos han presentado una erupción de liquen dis- creto y localizado al vientre y dorso. No hemos observado ningún caso de liquen scrofulosorum aislado. (1) “"Revista Médica del Uruguay”, número 10, 1009. 678 e) Á7igioqueratoma de Mibelli Dos casos también bemos observado de esta rara afección, y los dos muy incompletos en cuanto a su forma clínica, en dos mujeres de 17 y de 27 años. Como es de regla en esta afección, el eritema pernio ha precedido de muchos años a las telangiectasias y a las producciones hiperqueratósieas. Los sabañones, intermitentes en los primeros ataques exclu- sivamente invernales, han persistido después durante el ve- rano, aunque más atenuados y solamente después se han mos- trado por orden de frecuencia las dilataciones vasculares y, por fin, las hipertróficas córneas. Las localizaciones han si- do exclusivamente en las manos, a pesar de que una de las enfermas (obs. I) había presentado sabañones en las orejas y en los pies. Nada de particular tampoco en cuanto al tra- tamiento. III. Consideraciones Después de lo que acabamos de decir, terminaremos este trabajo por pocas consideraciones generales. Casi todas las formas de tuberculosis cutáneas están representadas en el Uruguay, pero es el lupus eritematoso el que domina en los cuadros clínicos. No nos atrevemos a penetrar la causa de esta frecuencia, estando como está aún la etiología del lupus eritematoso rodeada de muchas incógnitas. Nos limitamos, pues, a comprobar este hecho, sin poderlo explicar. En se- gundo término, figura un lupus verdadero, pero con una proporción mucho menor que el eritematoso; y muy atrás de estas formas y constituyendo casi rarezas, nos encontramos con las ulceraciones tuberculosas propiamente dichas de la piel, la tuberculosis verrucosa, el eritema indurado de Ba- zin, las tuberculides pápulo-neeróticas, el liquen scrofuloso- rum y el angioqueratoma de Mibelli y el sarcoide de Boeck. En cambio, no liemos podido observar las otras formas de tuberculosis descritas por los autores como las tuberculosis supurativas, las calcificaciones de la piel consecutivas a cier- tas formas de tuberculosis y ciertas eritrodermias como el pitiriasis rubra de Hebra, etc. En su conjunto también, a la rareza relativa de las tuber- culosis cutáneas se une en el Uruguay su benignidad gene- ral, tanto desde el punto de vista de la salud general, como de la forma y complicaciones locales. Barísimas veces liemos observado una marcha asmda y grave; las formas habituales son lentas y benignas y bien toleradas por los enfermos. Nos atrevemos solamente a indicar que tal vez la rareza y la be- 679 Dignidad de las tuberculosis cutáneas en nuestro país esté en relación con su clima templado. Es sabido que, en gene- ral, las tuberculosis cutáneas son más frecuentes en los paí- ses fríos y de mucha nebulosidad y que su presencia decrece con la latitud, siendo estas manifestaciones raras en los paí- ses tropicales. Las manifestaciones cutáneas de la tubercu- losis nos parecen no estar, por consiguiente, en relación di- recta con las manifestaciones internas de este mal, sino más bien con la influencia del clima y tal vez de otros factores meteorológicos como la insolación. Notemos, para terminar, que no hemos nunca encontrado entre las complicaciones lo- cales de las tuberculosis cutáneas ni el fagedenismo, ni lá erisipela, ni el epitelioma. Sólo en un caso pudimos pensar en una lesión híbrida con la sífilis. De todo lo que acabamos de decir, creemos poder sacar las siguientes IV. Conclusiones I. Las tuberculosis cutáneas, bacilares y toxínicas, son re- lativamente raras en el Uruguay. 811 totalidad alcanza al- rededor del 1 ojo de todas las dermatosis. II. Las tuberculosis verdaderas representan un 0.25 ojo del total de manifestaciones tuberculosas y las toxitubercu- lides un 0.75 o!o. ITT. Por orden decreciente, las proporciones son las si- guientes: lupus eritematoso, 60 ojo; lupus vulgar, 15 o!o; tuberculosis verrueosa, 12 ojo; ulceraciones tuberculosas, 5 ojo; eritema indurado de Bazin, 3 ojo; tuberoulides pápulo- necróticas, 3 ojo; liquen scrofulosorum, 1 ojo y angioquera- toma, 1 ojo. IV. Las formas clínicas son habitualmente benignas y dis- cretas. Las asociaciones entre algunos tipos se observan, pe- ro casi exclusivamente con el lupus eritematoso. DISCUSION E. Jonquières (Buenos Aires). — Recordamos que L. Brocq en sus lecciones de clínica, nos decía que la acción del sol en los países tropicales y subtropicales, impedía el desarrollo del lupus tubercu- loso, en los países situados en aquellas regiones. A pesar de esa opinión tan autorizada, vemos con sorpresa au- mentar, desde hace algunos años, los casos de lupus tuberculosos _graves, ulcerosos. 680 Sin ciada alguna se explica ese fenómeno por la modificación que van sufriendo las condiciones en que se desarrolla la vida en las ciudades y en la campaña. La mala alimentación, las mayores preocupaciones de orden mo ral, que causan una agravación de la vida económica, el hacinamien- to en las grandes ciudades, son, entre otros motivos, suficientes para explicar la difusión del lupus. En cuanto se refiere al tratamiento, no citaré al Kadium, del cual ya hablamos al hacer nuestra comunicación sobre Radium terapia cu- tánea. Pero, queremos recordar les excelentes resultados que da el empleo del ácido tricloroacético cristalizado, que aún en las lesio- nes lúpicas de la mejilla, de ordinario tan profundas y rebeldes, da curaciones, si no siempre definitivas, por lo menos prolongadas (te- nemos casos de más de cinco años). La cicatriz, a veces ligeramente keloide y que en estos casos aplanamos con nieve carbónica, la ci- catriz, decimos, es inmejorable por su tinte y ‘ •' souplesse ’ Neocle Ragusin (Buenos Aires). — Quiero agregar al brillante trabajo del doctor Brito Eoresti, lo siguiente: En Buenos Aires, desde hace muchos años, mi maestro, el doctor Díaz P., brega por el tratamiento de las tuberculosis cutáneas y glandulares por altas dosis de cacodilato de soda. En efecto: desde hace muchos años, desde 1908 podríamos decir, que el doctor Díaz emplea eh el tratamiento de muchas afecciones cutáneas, las inyec- ciones de cacodilato de soda en altas dosis. Epecialmente para el lupus eritematoso él emplea dosis de cacodilato de soda que varían de un centigramo a un gramo, en inyecciones subcutáneas diaria- mente, según sea la edad del paciente. Muchos enfermos tratados por él fueron presentados a las Sesio- nes de la Sociedad Dermatológica Argentina, y su resultado fué brillante, podría decir casi inesperado. El caso que más llamó la atención, fué el de una niña de más o menos 27 años, portadora de un lupus eritematoso de la cara y cuero cabelludo, con caída del ca- bello, que fué presentado hace tres años a la Sociedad Dermatoló- gica 'Argentina. En efecto: a íaíz de varias series de inyecciones de 0.60 a 0.80 grs. de cacodilato de soda, en series de diez inyeccio- nes, una diaria, con descanso de diez días entre serie y serie, se obtuvo la absoluta curación, y, más aún, que en el cuero cabelludcr volviera a renacer el cabello. Vuelvo a decir, no es un enfermo, sino muchos, de lupus erite- matoso, que han sido beneficiados por este tratamiento, tratamien- to, podría decir, original del doctor Pacífico Díaz, que es quien lo ha sistematizado y quien lo ha puesto en el tapete de la práctica médica. A nombre de mi maestro, entrego a este Congreso este trata- miento que muchas veces les ha de dar resultados inesperados. OCTAVA SESION SABADO 15 DE OCTUBRE DE 1921, A LAS 15 Presidencias de los doctores Fernando Terra (¡tío de Janeiro)r Víctor Idoyaga (Asunción) y Pedro L. Barbosa (Asun- ción). Secretario de Sesiones: doctor Máximo Halty (Montevideo) SUMARIO Carlos Stajano. — Centro trófico de la región vulvar: síndroma de asociación. Pedro L. Barbosa. — Comentarios a la ley sobre creación de leprose- rías en la Eepública del Paraguay, desde el punto de vista de la defensa social. Texto de la ley paraguaya sobre lepra (leído por el doctor Víctor Idcyaga). Fernando Terra.—Notas sobre lepia. Comité Nacional del Paraguay.—Proposición para la creación de una Liga Panamericana Antileprosa. José May.—El problema de la lepra en el Uruguay. Discusión por los Drs. Neocle Ragusin, Adolpho Lutz, Angel M. Giménez, O. da Silva Araújo, B. Vignale, Arturo Lus- sich. Joaquín González.—Estudio sobre el mal del Pinto. Discusión por el doctor José Brito Foresti. Presentación de moulages hecha por el doctor Angel M. Gi- ménez en nombre del Prof. Maximiliano Aberastury, y de fotografías en colores. Reconsideración de la moción sobre Standardización de la Reacción de Wassermann. Drs. May y Del Campo. 682 Centro trófico de la Región Yol va r Síndrome de asociación neurotióíico el dr. Carlos stajano (Montevideo) Asistente de la Clínica Ginecológica de la Facultad de Medicina de Montevideo Cirujano del Hospital Italiano Anatómicamente la leueoplasia es una alteración de las mu cosas, caracterizada por una hiperplasia de las células a elei- dina, aumentando las capas superficiales del tejido, formado exclusivamente de células queratínieas, y que dan clínica- mente ese aspecto blanco, anacarado, brillante, que no des- cribimos en detalle por ser de todos conocido. Su evolución se cuenta por años y ella es progresiva; requiere un terreno especial, una predisposición indiscutible, siendo lesión que no hace presa en los organismos jóvenes y se desarrolla en suje- tos tarados por la sífilis o la tuberculosis antiguas, o la virue- la contraída en años precoces de la vida, según consta en •nuestras observaciones, o en diversos enfermos de la nutri ción, en que se muestran fenómenos tróficos de diversa índo- le (diabetes, reumatismo crónico, etc.). lie aquí el fondo pro- picio, sobre el cual actúan de manera ocasional y efectiva las diversas causas generatrices, siendo de indiscutible influencia la acción del traumatismo. ¿Cuál es el origen de esta malformación? — No titu- beamos en afirmar nuestra convicción de que: en primer lu- gar, la leucoplasia es una afección más amplia de lo que co- rrientemente se la considera. Es, a nuestro juicio, la mani- festación anatómica de una lesión nerviosa de los centros, que, provocada por factores diferentes, origina una desorien- tación nutritiva de las células epiteliales, perturbando su cre- cimiento, caracterizado por una anomalía en la renovación de las capas más superficiales de la epidermis. Es un proceso distrófico, fruto de la disfunción del centro que lo gobierna, y es tan insensible la graduación, que paulatina, pero progre- sivamente, va diferenciando esa porción de tegumento en- fermo del tejido normal, que los caracteres que hacen la di- ferencia, son sólo modificaciones en intensidad y en grado del proceso normal de renovación. Es una de las capas del estratum epidérmico que activa su crecimiento sin alterar la arquitectura fundamental del tejido, y evoluciona con un rit- mo discorde en proporción a las otras capas que le son veci- 683 nas. Este equilibrio anormal, fruto de una alteración en el sistema dirigente, puede perdurar más o menos tiempo, pero ya en la pendiente de una alteración funcional, el tiempo hace el resto y la graduación insensible hacia la máxima disfun- eión es cosa que se ve corrientemente. El cáncer epitelial es la terminación de toda leucoplasia abandonada a su propia evolución. El origen nervioso de esta distrofia epitelial no se presta, para nosotros, a ninguna duda, desde que la clínica nos presentó la prueba indiscutible de su influencia direc- triz. En efecto: tuvimos la suerte de encontrar una serie de leucoplasias vulvares con una distribución tan perfecta y re- gular, con*una demarcación de límites tan neta con las par tes limítrofes vecinas, que nuestra primera impresión no fue otra que la de atribuir al sistema nervioso la ordenación en la forma y en la distribución de ese proceso. Confirma- mos más tarde esta impresión. Los CENTROS TRÓFICOS. — PROYECCION PERIFERICA DEL DE la región vulvar. — Cada segmento, tanto de piel, de muco- sa, de músculo o de hueso, está en conexión, por intermedio de los nervios, con los centros nerviosos que tutelan su fun- cionalidad, rigiendo los actos vitales, que se desenvuelven en la intimidad del tejido correspondiente. Pero he aquí cómo la clínica, con su profusión de hechos diversos, despierta la curiosidad del que la observa, sugiriendo preguntas y más preguntas, que incitan a la investigación, al estudio, y hasta a la comprobación experimental. En efecto: la vitalidad de un tejido, ya simple, como el de revestimiento, ya más com- plejo, como el glandular, no se desarrolla sólo a merced de la fuerza vital que le trasmite el nervio visible y grueso de la región. Su armonía trófica funcional depende de la inte- gridad del sistema de innervación, que, por múltiples tra- yectos, le llega desde los centros. Hay troncos y ramúsculos sensitivos; hay filetes motores; llegan a la región, alrededor de ios vasos, dispuestos en finísima malla, que se disimula en la atmósfera perivascular, las tenues pero complejas ter- minaciones simpáticas, que regulan el aflujo nutritivo, di- rigen el tonas vascular, activan la termogenia o la reducen, regulando, con un automatismo maravillosamente perfecto, el bienestar de la zona respectiva. El desenvolvimiento normal de esas complejas funciones nerviosas es necesario, por cuanto ajusta a condiciones fisio- lógicas de vida, a un segmento determinado de tejido, den- tro de la unidad individual, haciendo posible la relación de 684 la zona con la economía entera, asegurando una interdepen- dencia entre las diversas partes constitutivas del ser. A cada región corresponden, pues, neuronas sensitivas, mo- toras, simpáticas de compleja función, y todas ellas, por su parte, a pesar de tener sus orígenes distantes, contribuyen, con una rígida disciplina, ordenada por un centro superior coordinador, a desempeñar la función superior del trofismo a segmentos determinados, con topografía propia, y con una acción regional perfectamente delimitada, que permite des- lindar esa zona de la vecina, influenciada por un centro di- ferente. He aquí la función superior del trofismo, con sus centros correspondientes, y cuya misión es la de. establecer una perfecta sinergia entre las distintas funciones nerviosas que coordina. La patología nos permite orientar la investigación en el sentido de la determinación de los centros tróficos, estudian- do su proyección de acción periférica. Por nuestra parter nuestras comprobaciones quedan limitadas al aparato genital femenino, pues es de esa clínica especial que nació, por ios hechos observados, toda nuestra orientación, y surgió a me- dida que vimos más, la fe más absoluta de lo que venimos afirmando. Mostraremos hechos y no argumentaciones, espe- rando que otras clínicas, especializadas en otras regiones, no desprecien, como lo han hecho hasta hoy, ciertos datos del or- den que nos ocupa, y presten atención en su campo de acción, como lo hicimos nosotros en la región vulvar. (1) Comprobación clínica. — Llamamos la atención sobre un tipo de distrofia vulvar que interesa, por encontrar asociadas en la misma región, tres modificaciones mucocutáneas, des- arrolladas concéntricamente y siempre en el mismo orden de colocación; pero lo que más sorprende es su distribución per- íectainente regular y simétrica y la separación franca, brus- ca y neta con, las zonas vecinas, limítrofes y sanas. Vimos el primer caso en 1918 y obtuvimos su fotografía por creerlo de una rareza excepcional; sin embargo, hemos tenido la suerte de recoger otros, en un todo semejantes, en diferentes altu- ras de su evolución, desde el simple esbozo de la lesión, has- (1) La circunstancia de que hasta 1918 comprobáramos tan sólo un caso, y después de haber fijado la observación se hayan encon- trado otros tan seguidamente, nos induce a pensar en la frecuencia de este sindroma, inadvertido hasta entonces. 685 ta la perfectamente desarrollada y completa. El esquema ad- junto muestra las características de esta forma (v. fig. I). 1. Cilindro vaginal sano, mucosa normal, transforman dose bruscamente al nivel del anillo vulvar. (N). 2. Leucoplasia de la caía interna y borde libre de peque- ños labios y capuchón clitorídeo, desarrollada con una topo- grafía rigurosamente regular y simétrica, separada a su vez por un límite igualmente brusco y regular de la zona inme- diatamente más externa que la rodea (piel de los grandes labios y área perianal), y que es asiento de un vitÍligo con la misma perfección de forma que la anterior, y formando mar- eo a la leucoplasia internamente colocada (Z) y (V). 3. Por fuera aún del área con vitÍligo, y siempre concén- tricas entre sí, aparece otra zona cutánea con fuerte hiper- pigmentación y con la regularidad de forma de las lesiones anteriores (II). En efecto: vemos en el mismo caso lesiones diferentes Dos de ellas, discromías pigmentarias, ocupando los anillos más externos del sistema; y más internamente, una formación epi- telial, verdadera distrofia mucosa (leucoplasia), que, como desviación del tipo normal de crecimiento y de renovación celular, se caracteriza por una hiperproducción de capas cór- neas, a expensas de la capa basal de crecimiento. Modalidad, por otra parte, interesante, pues la simetría en la forma y en la agrupación de estas lesiones diferentes en la forma con- céntrica habitual en que aparece, obliga a admitir una par- ticipación nerviosa en la ordenación de este sindroma. Tenemos base y estamos autorizados para afirmar que, en realidad, el sistema nervioso participa no sólo en la ordena- ción de este sindroma, sino que es, en la perturbación de un centro ciue rige siempre el trofismo del territorio vulvar des- cripto, el que, modificando su función, da clínicamente la distrofia. liemos interrogado a la anatomía, a la fisiología, a la clínica, y sólo la última contesta categóricamente, diciendo que hay un centro trófico de la región vulvar. La primera y la segunda no nos explican, con los datos conocidos, esa topo- grafía siempre igual con que se nos presentan las lesiones. Ni la distribución nerviosa periférica, dada por los pudendos y los perineales de diverso origen, ni una distribución meta- mérica conocida, ni una radicular, nos explican: 1.” Esa dis- tribución topográfica de las lesiones; 2.” La asociación de dis- trofias diferentes (leucoplasia, vitÍligo, hipercromía) ; 3.° La fatal y siempre igual ordenación en el lugar que ocupan las lesiones; 4.° El límite brusco y neto de la zona enferma y sus 686 limítrofes sanas circundantes. Internamente, vagina normal. Externamente, piel normal. (Ver fig. 1). ¿ F/S, acaso, un simple trastorno de la vía sensitiva, o de las neuronas motoras de la región, o de las terminaciones sim- páticas por separado? Categóricamente decimos que no; pues la lesión distrófica asociada se nos presenta como la resultante de todas aque- llas funciones perturbadas, pero al mismo tiempo con un or- den tal, que no pueden responder sino a la perturbación de un centro complejo, que, así corno las aúna en la normal fun- ción del trofismo, las aúna también a todas ellas, cuando se encuentra en disfunción. Extrañará que hablemos de centros tróficos, que alguien dirá imaginarios, pero si no nos aventuramos a dar opinión sobre localizaciones hipotéticas de esos centros, porque no tenemos base para ello, podemos, en cambio, afirmar que exis- ten, puesto que tenemos la base real, y ella es: la proyección periférica en superficie, perfectamente descripta y que pre- sentamos con los documentos presentes. (Ver fig. 2). El aparato genital tiene para cada uno de sus segmentos componentes centros superiores tróficos, particulares e inde- pendientes, que coordinan su funcionalidad tisular, y esto nos lo demuestra la clínica, puesto que si observamos la dis- trofia de asociación vulvar, nos llama la atención el contraste que ella presenta con la normalidad del conducto vaginal que se continúa hacia la profundidad íntegramente sano. ¿ Ilay un centro trófico distinto para la vagina y resto del aparato genital? Es lógico suponerlo, puesto que la clínica nos lo re- vela. Por otra parte, la distribución del trofismo de la región vulvar requiere un centro superior (pie coordine la vitalidad de los tejidos, ¿ pues cómo, de otro modo, imaginar la hílate ralidad de los fenómenos distróficos, que hacen superponible la hemivulva derecha a la izquierda? Si plegamos, como las hojas de un libro, las dos mitades de la vulva sobre el e.ie mediano antero-posterior, las superficies enfermas se super- ponen con matemática exactitud: vitÍligo y vitÍligo, leucopla- sia y leucoplasia, al punto que un dibujo hecho de exprofeso no resultaría más perfecto y de una exactitud más flagrante. ¿A qué naturaleza de lesión central responde esta distro- fia? No podemos responderlo, pero podemos adelantar que una 687 determinada calidad de lesión, que se repite con relativa frecuencia, puede reproducirla. La comprobación de esta interesante serie de casos seme- jantes en que se ven coexistir lesiones pigmentarias como el vitÍligo, con formaciones epiteliales como la leueoplasia, en forma tal de distribución, y ordenándose con topografías tan perfectas, nos lleva sin esfuerzo alguno a admitir la existen- cia de un centro nervioso trófico que coordine normalmente la nutrición de los tejidos de esa área vulvar, y que alterado funcionalmente dé razón de ese sindroma clínico tan comple- jo que íué objeto ya de una comunicación anterior. Por otra parte, nos da luces respecto a la patogenia, no sólo del vitÍ- ligo, puesto que ya es admitido su origen nervioso, sino que lo es, también, de la leueoplasia, a pesar de que los especia- listas dermatólogos tienden a considerarla como una simple lesión local. Leucoplasia y parasífilis. — Nosotros sostenemos la re- lación que tiene la leucoplasia con un trastorno nutritivo de- pendiente de una alteración nerviosa, y la relación de leu- coplasia y sífilis, que tantos autores han anotado, se puede concretar a la relación de sistema nervioso sifilítico o tarado por Ja sífilis en relación con esa lesión. Hacemos esta salvedad, pues mucho se ha discutido y, a nuestro juicio, sobre una base falsa, sobre la eficacia en unos casos, del tratamiento específico, así como en otros de la in- sensibilidad absoluta de esa lesión a dosis masivas de mercu- rio o salvarsán. El criterio terapéutico para afirmar o negar el origen sifi- lítico de una leucoplasia tiene que ser, a nuestro juicio, equi- vocado, pues lesiones ya definitivas del sistema nervioso no regresan con el tratamiento; éste no es capaz de regenerar neuronas destruidas y convertidas en tejido escleroso o de cicatriz; puede, en cambio, hacer retroceder lesiones nervio- sas de sífilis activa, con treponema en actividad, y en las cua- les la célula nerviosa no se ha trastornado aún funcionalmen- te de modo intenso, o no se ha destruido definitivamente. Tanto en uno como en otro caso la sífilis puede ser la causa primera, (pie se manifiesta abiertamente en unos casos, que se disimula perfectamente en ios otros, y que ha obrado tan sólo con distinta intensidad y en distintos momentos. Lesiones nerviosas de origen sifilítico, en el dominio mental y en el del trofismo. — Su manera de reaccionar al tratamiento. — Demencia paralítica. — Cáncer epitelial. 688 — Precáncer mental y trófico. — Hemos visto en un trabajo anterior (1) la casi constancia de la evolución neoplásica en las antiguas leucoplasias; hemos reconocido la participación de la sífilis, bien anotada por diversos autores, en la produc eión de muchas leucokeratosis, y en los antecedentes del cán- cer epitelial. Pues bien: ¿ qué diferencia no encontramos en el tratamiento, tanto mercurial como por el salvarsán, de esas dos lesiones sucesivas? Se nos asocia el recuerdo de nuestro internado en el Hospital Vilardebó, en el que veíamos las he- catombres producidas por el salvarsán, en los paralíticos ge- nerales; lesión eminentemente sifilítica, y que, sin embargo, era mal influenciada por el tratamiento específico, tanto a pequeñas como a grandes dosis. El mercurio, no tan nocivo como aquél, era más tolerado; sin embargo, empeoraba tatito somática como psíquicamente al enfermo tratado, sacándolo de la larga remisión en que se hablaba, para sumirlo en la demencia más completa y definitiva. No citaré casos, pero eso era la regla. ¿Qué diferencia separaba a la lesión del pa- ralítico general, de la vulgar y corriente de la sífilis cere- bral? La primera, sifilítica como la otra, era empeorada por el tratamiento; la segunda, en cambio, era felizmente modi- ficada y todos reconocemos hoy las maravillas obtenidas, con tratamientos bien instituidos, en las lesiones nerviosas loca- lizadas de origen sifilítico. Pues bien: a esa pregunta que no respondo, le agrego otra análoga, y es la siguiente: ¿Por qué a lesiones sifilíticas predecesoras del cáncer epitelial, el tra- tamiento específico modifica algunas veces, y, en cambio, ai cáncer más tarde sobre ellas constituido, el tratamiento agra- va irremisiblemente? Hoy ya nadie trata a un neoplasma con mercurio o salvarsán, ni siquiera como medicación de prue- ba ; todos liemos visto la acción de látigo que se produce en el proceso de multiplicación celular, e instituir ese tratamien- to es una verdadera herejía terapéutica. He aquí, en dos campos de acción distintos (mental y tró- fico), dos procesos por completo diferentes en apariencia, en su modalidad funcional, teniendo, en cambio, mucho de pare- cido en su mecanismo fundamental, y que se comportan fren- te al tratamiento de una manera perfectamente semejante. Al paralítico general que inyectábamos neo o salvarsán, a dosis pequeñísimas, medianas o grandes, siempre, fatalmente siempre, lo vimos empeorar, y la débúcle mental, y la física ulterior o concomitante, que arrastraba a la demencia pro- (1) C. Stajano, “ Cáncer vulvar”, 1918. I)r. Carlos Stajano—-Centro trófico de la región rutear: Síndrome de asociación neurotrófi.co -Plancha I Fig, 1 —H, Zona de hipercromía; V, vitÍligo; Z, leucoplasia; N, mucosa vaginal normal. Antes do operar Figs. III y IV Post-o pe ración Fig. II.—Trofopatía vulvar tipo (Vitiligo-Ieu- coplasia) síndroma de asociación Fig. V—Esquemática. Leucoplasia vulvar. Distribución nerviosa Fig. VI.— Fjroyeceión periférica del centro trófico vulvar (Síndroma de asociación) Dr. Carlos Stajano—Centro trófico de la región vuhar: Síndrome de asociación neurotrójico - Plancha II Fig VII. —Proyección periférica del centro trófico vuivt r (síndrome de asociación) Fig. VIII y fig. IX.—Los eslabones del proceso distrófico—Síndroma de asociación y cáncer epitelial 689 g resiva, podíamos pronosticarla a breve plazo plazo sin temor de equivocarnos. No es un caso al azar el que nos hace ha- blar tan categóricamente; es todo el contingente de casos de parálisis general de la clínica psiquiátrica, el que nos formó criterio. El doctor Bernardo Etehepare, nuestro gran maes- tro¿ comprobó, descartando todas las causas de error, la agra- vación fatal en estos casos avanzados. El sistema nervioso, agredido profundamente en su célula noble, escapa ya a la acción del tratamiento; hay una faz útil por todos conocida, pero hay un umbral límite en la evo- lución de las lesiones nerviosas, pasado el cual, el tratamien- to no sólo no cura, sino que agrava fatalmente, aumentando el desconcierto general. Ya sea la sífilis, dando una parálisis general y su ulterior demencia paralítica; ya sea la senilidad, dando el sindroma senil de demencia; ambas son, por dos procesos nocivos dife- rentes, parecidas en su esencia. Es la célula noble nerviosa la agredida, por toxinas o treponemas en un caso, por la usura y el desgaste de la involución anormal (esclerosis), en el otro; es por hoy, la lesión irremediable, que más vale con- templar que tratar. ¿Y en el dominio trófico qué diremos? Exactamente lo mis- mo que en el dominio mental. Las lesiones en actividad, no intensamente destructivas todavía, jserán influenciadas por el tratamiento conveniente. De ahí las leucoplasias incipientes u otras distrofias, dete- nidas y hasta curadas por el mercurio o el salvarsán. Pero el tratamiento ni curará ni mejorará a las lesiones avanzadas, ya de esclerosis, o intensamente profundas de la célula ner- viosa, y la leucoplasia o las otras distrofias que son su conse- cuencia, permanecerán inmutables a la acción del remedio. Hasta aquí la medicación es todavía o útil o indiferente. Pe- ro, el cáncer que progresivamente y en etapa ulterior se des- arrolla sobre esa placa leucoplásica, ¿por qué es de tal modo excitado si lo impregnamos de mercurio o salvarsán? No in- sistamos más; dejemos constancia del hecho, consignando la semejanza de dos evoluciones análogas en dominios nerviosos diferentes. Psiquiatría — Demencia = Cáncer mental. Patología externa — Cáncer epitelial = Demencia trófica. (Agravación por la terapéutica medicamentosa activa) 690 Dirigimos al lector a los tratados de Psiquiatría, para que pueda apreciar todo el valor de esta semejanza, y a los mis- mos psiquiatras les pedimos que comparen en la clínica todo el período predemencial al período precanceroso (epitelial), y encontrarán, aún ahí, las. semejanzas de dos procesos que no se prestan a duda alguna. Al lector profano en Psiquiatría le advertimos, para que no interprete malamente nuestro parangón, que la entidad clínica demencia debe ser conside- rada no como vulgarmente se concibe, sino en su verdadera acepción. Demencia es el desmoronamiento de la vida psí- quica. Es la disfunción más completa y más definitiva de la actividad mental. Es la disolución psíquica. Eficacia del Tratamiento especifico, según el grado de inten- sidad y calidad de las lesiones, en la Sífilis nerviosa Dominio nervioso ge- neral y psíquico íSíndromas corticales j I » protuberanciales I 1 » bnlbares y me- j [Neuritis dulares I a) I l esión en foco localizada | (Arteritis. Lesión principal) Tratam, útil y eficaz Lesión (Jifusa y compleja I Meningo-encefalitis cortical | difusa- Vascularitis y pe-J rivascularitis i Parálisis general ( (Precáncer mental) b) [ineficacia del tratam.: fre- [ cuentemente perjudicial fDemencia paralítica ( (Cáncel mental) Máximo grado de lesiones Funcionalidad en incoor- dinación completa y de- finitiva e) Agravación terrible Arteritis cerebral » bulbar » medular Neuritis Lesiones simpáticas Dominio del Tr ofism a) Trastornos tróficosj curables ) Lesión en foco localizada Tratam, eficaz Procesos tróficos más cró- nicos y avanzados Distrofias. Leueoplasias (Precáncer) Lesiones esclerosas o avanzadas (Distrofia y disfun- ción incipiente) b) Eficacia relativa Nunca perjudicial Máximo grado de le- sión de la célula nerviosa y de cali- dad especial Incoordinación fun- cionai máxima Máxima atipia del Trofismo (Cáncer epitelial) c) Siempre agravación Estimula la atipia Etiología múltiple de la leucoplasia. — Admitido el origen nervioso de la leucoplasia, y admitiendo también la participación importante que se le reserva a la sífilis en la etiología del proceso, no por eso creemos que sólo correspon- de a esa enfermedad atacar a los elementos reguladores del trofismo, y por eso tendemos a admitir, como diversos casos nos lo hacen ver, que diversas infecciones severas pueden al terar la funcionalidad del centro trófico y damos importan- cia a la acción de la viruela, de ciertas localizaciones tubereu- 691 losas, etc., y de intoxicaciones endógenas o exógenas diversas en los antecedentes de estas enfermas. Taras nerviosas. — Meiopragia funcional. — Predispo- sición mórbida. — Más aún: todos hemos tenido ocasión de ver todos los matices de meiopragia nerviosa en sujetos no si filíticos, con su sangre y líquido céfalo-raquídeo normales, pe- ro en los que se descubre a la sífilis actuando en sus aseen* dientes de manera inequívoca. Es en estos sujetos que vemos a la falla nerviosa manifestarse en distintas alturas de la vi- da, como recuerdo tardío de la sífilis paterna, y es en ese sistema nervioso tarado y vulnerable más de lo normal que vemos actuar nocivamente a toda, la gama de factores, que en el sujeto íntegro, perfectamente organizado y sin taras, no provocan el menor desarreglo funcional. Como ejemplo cite' mos al agente traumatismo: el fumador de pipa carga sobre su labio inferior la boquilla caliente de su aparato; se que- ma algunas veces, se irrita el labio muchas otras, haciendo en algunos casos una leucoplasia primero y el cáncer después: otros jni siquiera tienen el menor trastorno local a pesar de traumatizarse más repetida e intensamente la región. Aquí, por lo pronto, vemos una diferencia clínica entre los dos ti- pos, caracterizada por la diferencia del terreno; predispuesto el uno, resistente el otro a la distrofia, a pesar del trauma- tismo. 'Acción a distancia sobre el centro trófico. — El trau- matismo periférico hace llegar al centro, por intermedio del nervio, el estímulo anormal ejercido en el área traumatiza- da. El sufrimiento del nervio es sentido por aquél, pero el poder normal de reparación de que está dotado, le permite resistir durante tiempo variable a esta solicitación periférica anormal, según sea su capacidad reaccional al desgaste que se le opone. Como consecuencia del traumatismo largamente per- sistente vemos en la clínica aparecer lesiones diversas, índi- ce de un trofismo anormal, que progresivamente empeoran si el agente traumático sigue persistiendo, o están a tiempo aún de regresar, si se suprime la causa. Ejemplo: Las ulceraciones dentarias del borde de la len- gua. (Ulceración aguda, ulceración crónica, borde leucoplá- sico, cáncer epitelial). (He aquí la evolución clínica del pro- ceso traumatizante, curable sólo hasta cierta altura de su evo- lución con la simple extirpación del diente). Exactamente el mismo raciocinio para todas las ulceraciones crónicas. Ulceración cervical y cáncer del cuello uterino. Úlcera gástrica y degeneración neoplásiea. 692 Rectitis crónica y cáncer del recto, etc., etc. Pero expongamos, para terminar, este último caso demos- trativo que nos permite dar una prueba clínica de valor equi- valente a un ensayo experimental, demostrándonos que al centro nervioso llega el sufrimiento del extremo distal de la neurona. Traumatismo vulvar. — Hematoma. — Leucoplasia en pla- ca. — Leucoplasia a distribución nerviosa. Hace 5 años, en el último mes de su cuarto embarazj, al ponerse en cuclillas, sufre un traumatismo violento en la región vulvar, que fué motivo de un. hematoma que tardó eu curar varios meses. Pronto empieza a sentir un prurito localizado al área del traumatismo. Fué tratada infructuosamente un año (en S'olís de Mataojo, doctor Pi- eon). Es vista luego por el doctor Delfino, que comprueba una leu- coplasia vulvar localizada que progresa, y por eso nos la envía a Montevideo. En un año la leucoplasia se ha extendido y ocupa toda la cara interna de pequeños labios, capuchón clitorídeo-clítoris-ves- tíbulo, etc. (zona leucopiásica del esquema adjunto), terminada brus- camente del lado vaginal, por un límite neto y perfectamente re- gular, lo mismo en su límite externo. Hacemos tratamiento radical y con anestesia local practicamos vulvectomía hasta la zona sana. (Figura 3, a, b y c). Hay algunos antecedentes interesantes. Padre murió de la vejiga. Madre murió de cáncer vulvar. Antecedentes personales. 4 hijos a 31, 35, 37 v 40 años respecti- vamente. Lactancia: 9 meses, un año, y al 4.o 4 años! Amenorrea de lactancia de 9 meses, un año y 2 años respectivamente. El tercer hijo nació muerto; parto prematuro, 7 meses. 7il final de su primer embarazo tuvo esta señora una enfermedad pulmonar tratada. ¿Tuberculosis? He aquí este interesante caso, que tiene para nosotros una significación demostrativa, de valor real por sí solo. La pieza extirpada fue estudiada por el doctor Lasnier, Subdirector del Instituto de Anatomía Patológica, a pedido nuestro en que solicitábamos fuese estudiada la red nervio- sa terminal de la región. El doctor Lasnier, después de un extenso informe, en que estudia las particularidades de la zona enferma, concluye: “El conjunto de alteraciones des- criptas responde al tipo de las leucoplasias vulvares, con la particularidad de la perivascularitis y de la perineuritis ve- cina a las zonas homogéneas, lo que nos hace pensar en una posible relación íntima entre uno y otro proceso, pero sin po- der afirmar, dado el rápido examen, si la inflamación causó 693 esos trastornos, o si la lesión conjuntival produce la reacción. — Lasnier. — Noviembre 22 de 1920”. Los ESLABONES CLÍNICOS DEL PROCESO DISTROFICO EN EVOLU- CION. — En trabajos ya publicados, (1) llamamos la atención sobre una serie de procesos estudiados basta ahora por sepa- rado, sin aparente relación entre si, y catalogados de mane- ra dispersa en capítulos'de distintas especialidades (derma- tología, cirugía, etc.). Siempre guiados por la clínica bien seguida, hubimos de reunirlos en un capítulo único, por considerarlos a todos fru- to de una patogenia común, y por ser etapas, en diversa épo- ca, de un mismo proceso evolutivo. Es el centro trófico perturbado; ligeramente al principio, dando sindromas subjetivos, sin ninguna ostentación clínica objetiva, que en el correr del tiempo hace manifiesta su dis- función, presentando a nuestros ojos toda la graduación de lesiones distróficas, hasta culminar en el cáncer epitelial. Prurito esencial de la vulva. — Es con abundante material clínico como base, que nuestra convicción se hace profunda respecto al origen nervioso de este sindroma y de los que lo continúan. No es con meses, generalmente, que se cuentan las etapas sucesivas del proceso distrófico en marcha. Es en el largo co- rrer del tiempo, a ocasión de exámenes sucesivos, que los es- labones del proceso en evolución pueden ser hilvanados, y nunca agradeceremos lo bastante a nuestro profesor el doc- tor Pouev, el que nos haya mecanizado en la costumbre de recoger y archivar las observaciones completas de todas las enfermas estudiadas. lie aquí uno de los frutos recogidos, después de tan ardua tarea. Daré un esquema de lo encon- trado, sin especificar caso clínico. Vna enferma consulta a su médico por un prurito vulvar que la atormenta ; éste la exa- mina y no encuentra motivo alguno que explique ese sindro- ma. Examen de orina, no da nada; el examen interno da un aparato genital normal, sin secreciones, sin anomalías. La etiqueta de esencial se asoma a la mente del médico, y el diagnóstico se formula, con toda la tranquilidad de un deber cumplido, aunque ignorantemente. ¿Qué tratamiento se le aconseja a nuestra enferma? Con una base por completo em- pírica, se le aconseja cualquier cosa. ('Baños de asiento, lo- ciones, pomadas, etc.). Es menester hacer terapéutica, y se hace algo que si no hace bien, no hace mal. (1) C. Stajano, “El prpcáncer vulvar”. 694 A nuestra enferma, fatalmente, la vamos a ver recorrer las fases sucesivas del proceso ya iniciado, y volverá al exa- men médico con su prurito vulvar que no la ha abandonado, contándonos los períodos de calma transitoria o de exacerba- ción a ocasión de los distintos momentos del ciclo menstrual. El sufrimiento físico real lleva insensiblemente a la de- presión, al agotamiento, al estado moral anormal, al nervosis- mo, y nuestra enferma cambia ahora de etiqueta en nuestras notas y lleva al salir del consultorio el diagnóstico de: Pru- rito esencial y de neuropatía. El tratamiento se complica con los tónicos nerviosos, perfectamente indicados, y el prurito esencial se empieza a atribuir erróneamente a la neuropatía. ] Pobres neurópatas, catalogados injustamente con tanta fre- cuencia ! Llega un momento en que, fatalmente, no sabemos a qué medio recurrir para aliviar a nuestra enferma y* empieza el médico a huir de las preguntas que no tienen respuesta, den- tro de su bagaje de conocimientos adquiridos. Otros clínicos, ávidos de encontrar lesiones objetivas, humorales o inflama- torias que expliquen el sindroma, al no encontrarlas llegan a negar a la misma enferma 1a. posibilidad de su sufrimiento, y la catalogan de primera intención de nerviosa, neurópata, etc., no concibiendo en la vulva una manifestación subjetiva sin lesión. ¿Acaso el que sufre una neuralgia necesita ostentar una manifestación externa, para que el médico la trate? Es ya, ese prurito esencial, el síntoma de la vanguardia de todos los fenómenos tróficos subsiguientes; es él, ya. la mani- festación de un trastorno trófico real, que se opera en la intimidad de los tejidos; es él el grito de sufrimiento de las terminaciones nerviosas, en un medio de tortura nutri- tiva. La topografía de la zona pruriginosa se superpone a la topografía descripta como de proyección externa del centro trófico vulvar. Dejemos pasar el tiempo y empezarán a manifestarse ob- jetivamente las lesiones tróficas que suceden al prurito antes esencial. La piel sana pero x>ruriginosa de un principio aparece al tiempo con señales de hipotrofismo evidente. La piel se hace seca; su color rosado pálido se convierte en morado y mal nutrido; los pliegues blandos se convierten en poco elásticos y 1a. suavidad de la piel lisa se torna en áspera y rugosa, to- mando un aspecto graneado especial, que lo hemos compara- do al “pantazote de los tapiceros”. En grado mayor de alteración y al tiempo, se ven acentuar 695 los trastornos, y los fenómenos de hiperkeratosis y de lique- nificación preceden a la leucoplasia en placa, diseminada aquí y allá en el territorio vulvar, que sigue siendo en toda su ex- tensión intensamente pruriginoso. Es frecuente ver en profundidad lesiones del dermis; y el «czema crónico de la vulva, y el herpes recidivante también esencial, son la continuación del proceso de disfunción del centro. Hemos visto esas lesiones en muchos casos de involu- ción senil anormal o precoz del aparato genital, y tanto el prurito esencial, como el liquen, el eczema crónico o el her- pes que lo han continuado, se han presentado como afeccio- nes satélites dq las vulvas hipotróficas o en anormal involu- ción. Pasan los años, y la enferma, que se había desviado de nos- otros, vuelve otra vez, con un sindroma, ya de asociación de distrofias como los descriptos, ya con una leucoplasia vulvar diseminada uniformemente en toda la vulva, y que atormen- tada por el prurito pide que se le extirpe la región. Se pro- cede a la vulvectomía radical, y, por fin, después de muchos años, nuestra enferma se repone y vuelve a la salud. He aquí el caso favorable en que el médico ha hecho obra útil y ha podido hacer profilaxis de una afección que más tarde hubiese sido nefasta para la enferma, si se hubiese abandonado a su propia evolución, como en muchísimos ca- sos lo hemos visto. Es, este último, el caso de las enfermas que no han llegado a tiempo; ya porque no han consultado por su prurito perti- naz, datando de muchos años (varios casos), (1) ya por pu- dor, y es cuando una pequeña ulceración las alarma que co- rren presurosas pero tardíamente a la consulta, en que se comprueba el epitelioma, que se ha desarrollado paulatina- mente, terminando una larga historia de decadencia neuro- trófica. No insistiremos, pues ya lo hemos hecho, demostrando con profusión de casos clínicos (podemos hoy presentar />5 casos de precáncer vulvar, con su evolución completa hasta el epi- telioma), (2) toda la etapa evolutiva del largo proceso dis- trófico, y las causas de orden general que la determinan: trastornos glandulares, menopausa patológica, senilidad anor- mal, etc., etc. (1) C. Stajano, “Cáncer vulvar”. (2) Ibídetn, “Precánce” vulvar". 696 Es toda la región vulvar, con la topografía descripta ante- riormente, la que en totalidad está enferma, y, como prueba de ello, podemos citar varios casos, en los cuales se ha sor- prendido una placa leucoplásica aislada, incipiente. Si el ci- rujano ha extirpado a bisturí sólo esa pequeña zona, bien podemos pronosticar que en el correr del tiempo, esta enfer- ma volverá, ya con una nueva placa de leucoplasia aislada, dentro de la zona topográfica propia a la región, ya con una leucoplasia difusa y extendida a toda la proyección del área de la cual hemos insistido, y entonces la vulvectomía total será la única operación que la protegerá de la continuación del proceso. No insistiremos tampoco sobre la eficacia del Radium y Rayos X en la curación de las lesiones precance- rosas (leucoplasias, eczemas crónicos, pruritos, etc.). Cómo ac- túan y qué influencias despiertan, ya lo hemos comentado en otro trabajo. Para terminar, resumamos esquemáticamente el largo pro- ceso distrófico, como un drama: Prólogo: Prurito esencial Diversos actos en distintas épocas. (En un fondo hipotrófi- co y en involución anormal). Cornificación. Liquen. Eczema crónico rebelde. Herpes recidivante. Placas diseminadas de leucoplasia. Leucoplasias topográficas regionales perfectas, a veces,asociadas al vitÍligo (frecuente). Sindroma de asocia- ción. Epílogo: Cáncer epitelial CASUISTICA Caso N.o 1. — Enferma 4691. Tiene 37 años. Ingresa a la sala Santa Rosa con una infección crónica de su aparato genital. Ova- rios esclerosos, adheridos (comprobado en el acto operatorio). (Was- sermann H8). (1) Orina normal. En el curso del examen vulvar se (1) Hace 25 años contrajo sífilis. Fué tratada entonces malamen- te y por poco tiempo, con mercurio y yoduro. Se rehúsa a que se le haga punción lumbar. 697 comprueba un síndrome del tipo descripto, en su primera taz de des- arrollo. Es una enferma con ovarios insuficientes. (Menstruaciones irregulares, no constantes, dolorosas, escasas. Siente prurito Con in- termitencias). Caso N.o 2. — Enferma que el doctor Bottaro tuvo la amabilidad de mandarnos de la Policlínica. Hace 10 años fué operada. (Histe- rectomía total. Anerectomía doble). Durante 8 años la enferma siente su falta de ovarios. (Tufaradas, cefalalgias, etc.). Hace 2. años se inicia un prurito vulvar que aumenta progresivamente, ha- ciéndose terriblemente molesto, sobre todo de noche. Toma ovarina y se le hace actinoterapia. Mejora algo el prurito, pero se dibuja progresivamente la lesión distrófica con idénticos caracteres a los. descriptos. Caso N.o 3.—Segunda enferma que el doctor Bottaro nos envía de la Policlínica. Idéntica lesión, completamente desarrollada. La leucoplasia intensamente pruriginosa fué tratada con Payos X. La enferma presenta una radioderniitis intensa con fenómenos tróficos marcados. (Vesículas, costras, piel roja eritematosa). Esta enferma tiene 50 años- Tuvo tres hijos a término y un aborto. Tiene un des- garro completo del periné a consecuencia de su primer parto y sien- te molestias por esa causa hasta hoy, a pesar de haber sido operada ya dos veces por su prolapso. Sufre de prurito vulvar hace muchos años. Se rehúsa a hacerse punción lumbar. Caso N.o 4.—Eufemia con una atresia vaginal a consecuencia de una viruela que tuvo a la edad de 20 años. Tiene actualmente 39 y presenta esbozada la trofopatía vulvar deseripta. Vulveetomía. Prurito vulvar desde hace 2 años; aumentando de noche euande se acuesta. Catalogado entonces como prurito esencial. Caso N.o 5. — Exp. 1664. ¡35 años! El padre sifilítico. ¿Aladre? Ella tuvo 7 embarazos. Crió a todos sus hijos. Sufrió de neuralgias pélvicas y, ciática. El practicante M. Binaldi hace un dibujo de la. lesión, que es idéntico a los anteriores. Leucoplasia, vitÍligo, hiper- cromía, en áreas bien delimitadas y separadas unas de otras por lí- mites netos y completamente regulares. Tiene prurito desde los 33 años. Caso N.o 6.—.Exp. 1737. Tiene 58 años. Tuvo 13 hijos y 2 abor- tos. Crió a los 7. Ingresa por prurito intenso. Se trata como afec- ción precancerosa y se hace la extirpación en block. Vulveetomía. Operada por el doctor Pouey. La pieza por sí sola es demostrativa. (Ver fig. 1). Caso N.o 7.—4749. VitÍligo simple y preleucoplasia. Prurito vul- var. Distribución curiosa. Esta enferma, de 46 años, con un pasado de muchos años de blenorragia cervical, operada hace ocho años (vaciamiento conoideo, doctor Pouey), con 6 embarazos y lactan- cias normales. Dos abortos, Wassermann H8; siente hace 4 años un prurito que se hace intolerable de noche en la cama, y desde que su menstruación se hace cada vez más escasa, hace 5 meses, la pi- cazón es insufrible. Al examen se ve un vitÍligo que tiene de curio- 698 so la distribución descripta en los casos anteriores, pero termina bruscamente por una línea horizontal al nivel del tercio superior de la vulva (vista de frente). Pequeños labios sobre todo en el tercio superior y capuchón clitorídeo, con ligero edema duro y pequeñas erosiones superficiales. VitÍligo de esa zona, pruriginoso, y, en su fondo blanquizco se notan manchas negras que le dan un aspecto atigrado. Se dibujan placas de leucoplasia en los pequeños labios (cara in- terna) . Caso N.o 8. — Trofopatía mixta. Distribución nerviosa. Cáncer epitelial. — Este nuevo caso es de una significación singularísima, pues nos presenta una distrofia mucocutánea del tipo anteriormente descripto, y un cáncer epitelial como último eslabón de ese largo proceso distrófico. VitÍligo externamente en la forma de huso y con una distribución regularmente dibujada. En un círculo más concén- trico y más interno, pero con un límite también muy regular de se- paración, aparece la zona leucoplásica, dura, brillante, mal nutrida, y en el tercio inferior del pequeño labio derecho evoluciona por transición gradual un cáncer epitelial del tipo malpighiano, sobre el piso leucoplásico. (Ver fig. 4). (Examen histológico. Bachiller Sáenz). Este caso, por sí solo, demuestra la verdad de algunas de las conclusiones con que terminamos nuestro trabajo sobre el “Precáncer vulvar”, pues no sólo vemos evolucionar el cáncer epitelial sobre una leucoplasia, sino que ésta denota a las claras su origen neurotrófieo, por su distribución topográ- fica y, además, por la del vitÍligo que la rodea, que ayuda a convencer que no es el azar el que distribuye estas distrofias, como no es el azar tampoco el que ha distribuido en la misma forma, en el mismo orden y con la misma regularidad, las- formaciones anteriormente descriptas. Por otra parte, este nuevo caso tiene interés, pues el rol de los numerosos embarazos y prolongadas lactancias no de- ja de contribuir, por su parte, en la etiología de este curioso proceso, como lo hicimos notar en un trabajo anterior. Tuvo 13 hijos y los crió a todos. Amenorrea de lactancia (1 año para cada hijo) "W. II8. Su madre murió de cáncer a la gar- ganta? Histológicamente es interesante ver la transición in- sensible de la formación epitelial leucoplásica a la parte epb lelial atípica de la neoformación. Epitelio malpighiano neo- formado. Cebolletas epiteliales. Caso N.° 9. — (Ver figura 5). Este segundo caso, demostrativo como el anterior en el mismo sentido, nos muestra el vitÍligo en la zona que corresponde, la leueoplasia íntimamente colocada, y 699 sobre ella, en el labio menor izquierdo, el cáncer epitelial. Su his- toria de prurito vulvar se remonta a cuatro años, y la enferma lo atribula al calor. Esta hace notar que sus accesos pruriginosos coin- cidían con el premenstruo, aliviándose al iniciarse el corrimiento sanguíneo. En estos últimos tres meses el prurito es ardoroso, espe- cialmente en el clítoris; el contacto de la orina le produce ardores agudísimos. Eué operada de litiasis biliar hace 3 años. Tuvo 6 em- barazos normales. Tiene hoy 53 años. Menopausa a los 52 años. Wassermann H8. Todos sus hijos murieron en los primeros sesü... Operada vulvectomía amplia, y vaciamiento inguino-crural- bilateral. (Cáncer de la variedad marginal). Caso N.o 10. Causalgia pélvica. — Prurito vaginal. — Exp. 3852. Edad 38 años. Esta enferma ingresa al Servicio del doctor Pouey en febrero de 1919. Desde hace aproximadamente ocho meses empieza a sufrir progresivamente, sin lograr nunca el alivio. Lo primero que sintió fueron unos ardores en la vagina, y últimamente, desde hace un mes, alterna la sensación de ardor con la de prurito intenso, no pudiendo descansar por lo aguda y molesta que es la sensación. Examen ginecológico hecho por el doctor Pou Orfila. Vulva de as- pecto y forma normales; algo humedecida; ligera irritación de los grandes y pequeños labios. Expresión uretral negativa. Cuello ute- rino sin anomalías. Orificio externo de nulípara y sin secreción anormal. Cuerpo en retroversión, móvil, tamaño y forma normales. Fondos de saco, blandos, normales. Vagina, aspecto normal. Wasser- mann HS. Examen de secreciones normal. Bacilos Gram+y—, sin pus. Diagnóstico: ¿Prurito vaginal de causa? He aquí la terapéutica instituida desde el 5 de febrero hasta el 21 de abril, toda ella infructuosa: l.° Dos aplicaciones de rayos X; 10 de febrero, 5 de marzo (an resultado). 2.o Taponamiento vaginal, separando las superficies en contacto. (Simple con gasa, con pomadas fenicadas, con pomadas cocainadas, gasa yodoformada). (Sin resultado). 3.o Se habla de neuropatía, pues la enferma se agota día a día, no duerme, está inapetente, sufre verdaderamente de manera intensa, y su estado mental de hipocondría se acentúa progresivamente. Pre- tendemos ver en el estado general de la enferma un cierto disti- roidismo (pulso, facies, nervosismo, temblor, alternando con perío- dos de aplastamiento, friolencia, etc., alrededor del período mens- trual, que se presenta con menorragias abundantes y durándole de 6 a 9 días). Instituimos opoterapia tiroidea y ovárica. (Sin resul- tado). Es instituido, a pesar de todo, el tratamiento específico. 4.° Con una concepción teórica, hago una gran inyección de no- vocaína muy diluida en suero, e infiltro las dos fosas isquioreei ales y la concavidad presacra. Ligera mejoría durante unas horas, pero fue fugaz, como en los otros casos. (Sin resultado). Igualmente con una inyección epidural. 700 5.o El doctor Pouey intenta hacer un decolamiento vaginal, del tipo vulgar en las perineorrafias plásticas, con la intención de des- truir conexiones nerviosas, y también para obrar por sugestión. Este tratamiento, como todos los demás, fué infructuoso. En plena derrota, a pesar del empeño de todos los que intervi- nieron, se hizo fuerte el diagnóstico de neuropatía, y con todo pesar se traslada a esta enferma al Hospital Yilardebó, el 21 de abril de 1919. He aquí un prurito esencial, que pudo más que todos nues- tros medios de tratamiento; ¿acaso tratamos a esta enferma de manera racional, p fué un tratamiento empírico, sintomá- tico, y sin saber a dónde íbamos? La prueba de ello es que en plena derrota, disimulamos nuestro poco saber, formulando un diagnóstico, que si bien no pudo ser modificado en el Iíos- pital Vilardebó (neuropatía), puesto que fué aceptado, nos otros presenciamos el desarrollo de ese estado mental y po- demos decir que fué secundario al sufrimiento real, que no curamos, y no primitivo. Busqué después infructuosamente en diversos hospitales a esta enferma, sin poder conseguirlo. ¿ Cuál fué su evolución ulterior ? Por otra parte, este caso interesa, pues la topografía del prurito no invadía para nada la región vulvar; terminaba bruscamente en el anillo himeneal. He aquí, en sentido inver- so, una topografía diferente a la que anotamos en la región vulvar. (Diversas fuentes de trofismo). Encaramos, por el momento, la faz nerviosa únicamente, con el fin de ser didácticos, pues ya veremos cómo el sistema nervioso no rige su funcionamiento, ni entretiene su tonali dad, mediante sus propias fuerzas, sino que es estimulado o inhibido, por determinadas sustancias que lo influencian con- tinuamente, y caracterizan su modalidad funcional en cada momento de la vida. De ahí el rol de la edad, del medio hu- moral iqterno, de las enfermedades generales, etc. Con ca- suística abundante, como base, hablaremos de la influencia humoral sobre los centros tróficos. La hormona ovárica y el centro trófico de la región vulvar. Factor glandular tónico nervioso. 701 Comentarios a la ley sobre la creación de lepro- serías en la República del Paraguay desde el punto de vista de la defensa social. Ley para aislar a los leprosos en el Paraguay (!) Su alcance y su importancia EL DR. PEDRO L. BARBOSA Delegado oficial del Excmo. Gobierno del Paraguay Médico de la Universidad de Ginebra (Suiza) La República del Paraguay, cuya representación oficiai ten- go el alto honor de ostentar ante este Excmo. Congreso de Dermatología y Sifilografía, ha pensado en la penosa situa- ción creada a los leprosos por esta terrible enfermedad. En 1918, el señor Director General del Departamento Na cional de Higiene y Asistencia Pública de Asunción, doctor don Andrés Barbero, presentó al Honorable Congreso de la Nación un proyecto de ley, por el cual creaba leproserías en el país, con el objeto de obtener el aislamiento forzoso de los enfermos. No transcribo dicho proyecto de ley a causa de su exten- sión, deseando distraer lo menos posible la atención de esta docta asamblea. Diré solamente que la idea que inspiró al proyectista era, como queda dicho, la de crear leproserías en el Paraguay para aislar a los enfermos de lepra. Dicho proyecto fue defendido en el seno del Honorable Congreso Paraguayo por el señor Senador doctor Eduardo López Moreira, actual Presidente de la Sociedad Médica del Paraguay, en una brillante exposición que hizo en aquella oportunidad sobre este punto. En dicha exposición se decía, entre otras cosas, la necesi- dad de inculcar y convencer a los enfermos de lepra de los beneficios que obtendrían aceptando su admisión en las le- proserías, porque, naturalmente, la idea del aislamiento llena de inquietud a los desgraciados enfermos. (1) El texto de la ley se encontrará a continuación de esta co- municación. 702 Para defender la salud pública de los avances de 3a lepra, y en vista de las exposiciones hechas al Poder Legislativo de mi país sobre la necesidad de crear las leproserías, aquel alto Cuerpo decidió aceptar el proyecto, el cual íué sancionado como ley. Con este motivo se recibieron en Asunción las felici- taciones de distinguidos médicos de Buenos Aires y Río de Janeiro, y la revista “La Semana Médica”, de Buenos Ai- res, se ocupó elogiosamente de esta ley. Comentarios que se desprenden de este hecho La importancia que se deduce de esta forma de buscar el aislamiento del enfermo, es un hecho innegable. Gracias $ él, se obtendrá la disminución de la propagación del mal en mi país, ya que, a pesar de las ideas de Zambaco Pacha, creo, con Jeanselme, que una de las formas de tras- misión de la lepra es el contagio directo de individuo a in- dividuo. El profesor Neisser emitió esta idea del contagio directo, siendo ella aceptada como conclusión de la Conferencia de Berlín sobre la Lepra, en el año 1896. Según Neisser, la propagación de la lepra tiene lugar de hombre a hombre. “El individuo sano se vuelve leproso, so- lamente por contacto con un leproso”. “La lepra debe clasi- ficarse entre las enfermedades infecto-contagiosas”. “Para combatírsela se debe evitar la trasmisión del germen, del in- dividuo leproso al individuo sano”. El enfermo de lepra puede, pues, trasmitir su enfermedad a. una persona sana que se le aproxima. La mucosa nasal es un camino de difusión muy importan- te. “La sangre de las epixtasis iniciales, como el muco-pus de la coriza crónica, encierra un número considerable de baci- los de Ilansen”. Las secreciones conjuntivales, las de la vagina y de la ure- tra, pueden contener bacilos de Ilansen. Estas secreciones es- parcen en su alrededor los gérmenes de la enfermedad. Naturalmente se debe de reconocer que la predisposición familiar, que da a la lepra el carácter de hereditaria, es tam- bién un factor importante de trasmisión de la enfermedad. Al aceptar la importancia de las leproserías, como medio de profilaxis social, se busca evitar la propagación de la le- pra por medio del aislamiento del enfermo. En Noruega se le aísla, apenas se le conoce. Este sistema tiene su importancia social. Tan es así, que 703 se han adoptado estas disposiciones en Madagascar, en las islas Hawai, en Birmania, en Cochinehina, en la isla de Chi- pre, en las Guayanas Francesas e Inglesas, en la Nueva Ca- ledónia, en Colombia, en las Indias Neerlandesas, en el Ja- pón, en las Islas Filipinas, en la Indochina Francesa, en la India Inglesa, etc., para no citar sino los puntos más cruel- mente atacados por la lepra. Objeciones al sistema de leproserías Como toda idea, ésta que dejo expresada tuvo y tiene sus impugnadores. 'Una de las razones en que se apoyan los que no son parti- darios de las leproserías, es que, dicen, fomentan la holgaza- nería. Existen ciertas razas para quienes el trabajo es una pena, que desearían evitar a trueque de sacriñcios voluntarios de- gradantes. Así, por ejemplo, en el continente australiano, los indí- genas se prestaron a contraer voluntariamente la lepra, para ser internados en el Settlement, que así se llama el estableci- miento donde están aislados los enfermos de lepra y donde pueden vivir sin trabajar. El doctor Meyer cuenta que vió a unos indígenas austra- lianos comiendo en el mismo plato con un leproso de una for- ma tuberculosa en el período de ulceración. Todos, dice el testigo, hundían sus dedos sucios en la pas- ta que les servían de alimento. Este médico, al interrogar a uno de ellos, obtuvo la siguiente respuesta: —¿Usted llama a esto mala enfermedad? Yo digo que, al contrario, es muy buena. Si yo la tomo: y bueno, ¿ qué me pasará? Me llevarán al Settlement, y allí comeré y no traba- jaré más. El doctor Swift, médico de uno de esos Leproeomios que menciono, se expresa en estos términos, hablando de los “ko- kuas (los “kokuas” son los indígenas, no leprosos, que acom- pañan en carácter de enfermeros a los leprosos aislados en el Settlement): “Yo he podido encontrar 25 “kokuas” que se sometieron voluntariamente a la inoculación de los bacilos de Hansen, con el objeto de contraer la enfermedad, para gozar así del privilegio de recibir la ración alimenticia correspondiente a ios enfermos leprosos. Estos ejemplos inquietantes dan algo que pensar. 704 Pero es muy probable que los que aceptan semejante mu- tilación de la personalidad física y moral, no deben existir sino en ínfima minoría, y probablemente también en razas aún vírgenes de los beneficios de la civilización actual. conclusión Las consideraciones expresadas en esta breve exposición, me llevan a la conclusión de sostener la idea del aislamiento forzoso del enfermo, en establecimientos especiales, donde re- cibirán la atención debida a su desgraciada condición. ‘‘La organización de colonias agrícolas de leprosos les co- locan en inmejorables condiciones para evitar los progresos de la enfermedad y también para hacerles más llevadera la vida”. ‘‘Si los leprosos están abandonados, concentran todos sus pensamientos en sus desgracias, y muchos de ellos se abis- man en la más profunda melancolía”. La holgazanería ataca el psiquismo. El trabajo despierta la moral, ilumina la vida, y, con su efecto bienhechor sobre el alma, hasta hace olvidar por un momento la triste condición del hombre enfermo. Ya que la naturaleza ha despojado al leproso de los en- cantos que a veces da la vida al hombre, que venga entonces, mas no sea sino un minuto, ese olvido, para echar una bru- ma densa sobre el fondo oscuro de la triste realidad. ¡Y ese olvido del dolor nacerá con el trabajo! Texto de la ley N.° 515, que declara obligatorio e aislamiento y tratamiento de los enfermos de Lepra en el Paraguay. Leida por el doctor Víctor Idoyaga El Senado y la Cámara de Diputados de la Nación Para- guaya, reunidos en Congreso, sancionan con fuerza de LEY Artículo l.° Declárase obligatorio el aislamiento y trata- miento, hasta su curación, de todos los enfermos atacados de lepra. 705 El aislamiento y tratamiento se efectuarán: a) En el domicilio de los enfermos, cuando éstos se so- metan en un todo a las prescripciones profilácticas dictadas por las autoridades sanitarias y bajo su con- tralor, a expensa de aquéllos. b) En establecimientos especiales destinados al efecto, cuando el enfermo carezca de la voluntad o de los medios de hacer efectivos en su domicilio el trata- miento y las medidas profilácticas. (Estas son las Leproserías o Leprocomios de que habla la tesis pre- cedente). Art. 2." El Poder Ejecutivo procederá a la creación de los establecimientos especialmente destinados a la asistencia de los enfermos de lepra, a que se refiere el artículo l.°, entre los cuales, uno o más tipo Colonias y un Instituto Dermatoló- gico, cuyas ubicaciones serán determinadas por la autoridad sanitaria. Estos establecimientos estarán bajo la dependen- cia técnica y administrativa del Departamento Nacional de Higiene, pudiendo cooperar con él Comisiones cíe Beneficen- cia. (Leproserías o Leprocomios). Art. 3.° Declárase obligatoria la denuncia, dentro de las veinticuatro horas en la Capital y demás ciudades, y de ocho días en la campaña, de los casos de lepra o sospechosos al De- partamento Nacional de Higiene o a la autoridad que lo re- presente en las ciudades o partidos de campaña. Esta obliga- ción comprende al médico que asista al enfermo, a los auto- rizados a ejercer el arte de curar, a los directores de escue- las respecto a los alumnos, a los patrones de buques o encar- gados, a los jefes de todo establecimiento o casa en que viva o trabaje una persona atacada de lepra o sospechosos, a los jefes de fuerzas militares, a los Jefes Políticos y a los Jueces de Paz. La afirmación de lepra en cada individuo debe ser decla- rada por el Instituto Dermatológico, previas las investigacio- nes bacteriológicas correspondientes. Las personas sospecho- sas de padecer la infección deben ser sometidas a una obser- vación que no durará más de cinco años, contados desde el día de la última sospecha de infección. La observación consistirá en que el médico del Instituto haga, de tiempo en tiempo, las investigaciones necesarias que establezcan el estado de sa- lud de las personas sospechosas. 706 A los efectos de esta disposición, se establecen dos catego- rías : 1. a Las personas sospechosas de padecer la enfermedad con manifestaciones dudosas; 2. a Las personas sospechosas de infección por convivencia con leprosos, etc. La corroboración de la afección de que padece pn enfer- mo de lepra, se comprobará por el Instituto Dermatológico. Art. 4.° A los enfermos de lepra queda prohibido el ejerci- cio de profesiones que puedan ocasionar el contagio de su ínal. Entre ellas se comprende las de panadero, fidelero, le- chero, carnicero, hotelero, cocinero, almacenero, peluquero, nodriza, partera, médico, farmacéutico, dentista, masajista y otras que podrán ser incorporadas por el Decreto reglamen- tario. Art. 5.° Queda prohibido la entrada al país de todo extran- jero atacado de lepra o sospechoso, y los capitanes o patro- nes de las embarcaciones u otros medios de transportes que los conduzcan, están obligados a reconducirlos a sus expen- sas fuera del territorio nacional, así como la desinfección del medio de transporte. Art. 6.° El propietario o encargado que alquile una casa o habitación en que haya ivivido o fallecido un enfermo de le- pra o personas sometidas a observación del Instituto, sin que antes hayan sido desinfectadas por la autoridad sanitaria, serán castigados con una multa de 500 a 2,000 pesos moneda legal nacional y se les obligará a la desinfección a su costa. Art. 7.° El que difunda su enfermedad o trasmita o inten- te trasmitirla a persona determinada, será internado en el leprocomio, sin perjuicio de las demás penas que establece la ley. Art. 8.° Los encargados del Registro Civil en la campaña darán aviso al Departamento Nacional de Higiene de toda certificado de defunción ocasionada por lepra, con especifica- ción del nombre y domicilio. Art. 9.° Los infractores de los artículos 3.°, 4.°, 5.° y 7.° de esta ley, serán penados con una multa de 500 a 2,000 pesos. Art. 10. Las multas serán aplicadas por el Departamento Nacional de Higiene y su producido se destinará a las re- particiones de leprosos. El procedimiento se sujetará a la prescripto por los artículos 63, 64, 65, 66, 67, 68 y 69 de la ley N.° 153 del 15 de septiembre de 1915. Art. 11. La policía prestará su concurso a la autoridad sa- 707 nitaria toda vez que fuera requerida para el cumplimiento de esta ley. Art. 12. El Ministerio de instrucción Pública dispondrá que las nociones científicas, respecto al contagio y proiilaxis, figuren en la enseñanza que se imparte en los colegios y es- cuelas en cuyos departamentos existe la enfermedad. Art. 13. Comuniqúese al Poder Ejecutivo. Dada en la Sala de Sesiones del Honorable Congreso Le- gislativo, a los veintitrés días del mes de octubre de mil no- vecientos diez y ocho. (Firmado) : José P. Montero, Presiden- te del H. Senado — Rodolfo Fernán- dez, Secretario — José P. Guggiari, Presidente de la C. de D.D. — Manuel Giménez, Secretario. Asunción, 30 de octubre de 1918. Téngase por ley, comuniqúese, publíquese y dése al Regis- tro Oficial. (Firmado) : Franco — Luis A. Riart. Es copia. (Firmado) r Jimio Quinto Godoy, Secre- tario. Hay un sello que dice: República del Paraguay. — Minis- terio del Interior. — Secretaría. Notas sobre lepra pelo i)R. Fernando terra (do Rio de Janeiro) Com a remodelação do serviço de Ilygiene Publica no Bra- sil, a qual passou a denominar-se Departamento Nacional de Saúde Publica, creou-se a Inspectoría de prophylaxia das doen- ças venéreas, e da lepra, a que está affecta a tarefa de dar combate a essas doenças em todo o territorio da Republica, 708 achando-se já esse serviço em grande parte organisado na ci- dade do Riq de Janeiro. Em relação á lepra, que é o que mais interessa neste momento, tornou-se obrigatória a notificação de modo que estamos hoje um tanto apparelhados para se fa- zer um calculo approximado da frequência da doença entre nós. Em 1918, por occasião de reunir-se o l.° Congresso de Dermatologia e Syphilographia, na capital da Republica, ti- vemos occasião de fazer uma estatistica dos leprosos ahi exis- tentes, baseando-nos em dados colhidos nos registros dos am- bulatorios, no Hospital dos Lazaros, e nos informes dos cli- nicos, principalmente dos que se dedicam á especialidade das doenças da pelle, e chegamos á conclusão de que o máximo de casos ahi existentes era de 450 a 500, para uma população de mais de um milhão de habitantes. Entretanto forçoso é confessar que d'esse numero tal vez dois terços são de individuos não- residentes propriamente na cidade, más que vêm do interior em busca de tratamento, para se internarem na leprosaria ou para consultarem os es- pecialistas. Em cerca de 10 mezes de funccionamento cio ser- viço de notificação o numero alcançado de denuncia faz pre- ver que era certo o calculo a que, com tanto trabalho, tinha- mos chegado. E esse numero man tem-se estacionario, porque a retirada de uns e o íallecimento de outros são compensados por novos doentes, que, attrahidos pela perspectiva de cura, affluem para esta cidade. Não se tem descurado entre nós do problema de assistência aos leprosos, que, em magna pars, ê o pois desde tempos remotos existem azylos ou leprosarias, (onde são recolhidos gratuitamente), em varios pontos do territorio, os mais assolados pela doença. É assim que se encontram, desde muito, leprosarias em S. Paulo, em Minas, em Pernambuco, na Bahia, no Maranhão, no Pará, e na cidade do Rio de Janeiro ha o Hospital dos Lazaros, an- tigo convento dos jesuítas, que desde 1752 recolhe os doentes que lhe batem ás portas, e que é hoje, após as reformas por que tem passado, principalmente, nos últimos oito anuos, um estabelecimento modelar, onde se agasalham cerca de cem le- prosos, de ambos sexos. Passo ás vossas mãos o relatorio apresentado este anno pelo Dr. Mario Nazareth, (1) filustre provedor, á Irmandade do (1) Véase doctor Mario da Silva Nazareth. Relatorio appresen- tado a Irmandade do S’antissimo Sacramento da Candelaria. Pape- laria Mendes, 60, rua do Ouvidor, Rio de Janeiro, 1921. 709 S.S. Sacramento da Candelaria, corporação religiosa, que, en- tre outras instituições, mantém o Hospital. Nesse relatorio en- eontrani-se as photographias do edificio, e das diversas de- pendencias, enfermarias, banheiros, refeitórios, casas de du- chas, banho de luz, parques de recreio, laboratorios, cinema e etc., por onde se vê que o azylado ahi encontra todo o bem estar material e espiritual, que lhe faz olvidar os seus pade- cimentos. O corpo clinico compõe-se de tres profissionaes, es- tando a nosso cargo o logar de chefe do serviço clinico, o de cirurgião a cargo do Dr. Olympio Chaves, e o de bacteriolo- gista a cargo do Dr. Emilio Gomes, todos nós nos empenha- mos em levar ao animo dos doentes o conforto exigido pela sua triste situação. Está o Governo Federal vivamente interessado em dar prompta solução ao momentoso problema, e muito breve será fundada nas imniediaçÕes da cidade do Rio de Janeiro uma leprosaria, em terreno cedido pelo Governo Municipal, onde serão recolhidos todos os doentes da cidade, que não dis- ponham de recursos, ou que, dotados de meios para o isola- mento domiciliar, prefiram recolher-se á essa villa em for- mação. Outras leprosarias, também com carácter de villas ou colonias de leprosos, serão suecessivamente fundadas nos Es- tados que pagam tributo ao tremendo morbus, principalmen- te no centro e no norte do paiz. Em S. Paulo, onde desde an- nos existe um recolhimento de leprosos no logar denominado Guapira, tanto o Governo como os particulares se interessam pela fundação da leprosaria modelo, en Santo Angelo, de aeeordo com o plano elaborado pelo Dr. Emílio Ribas, como se vê do projecto aqui presente, achando-se já construido o pavilhão da administração, e em via de conclusão o pavilhão das mulheres. Yê-se pois que no Brasil se acham conjugados os esforços de governantes e da população para se prestar aos leprosos assistência efficaz, e as auctoridades sanitarias estão no fir- me proposito de abrir lucta contra o flagello, para cujo ex- terminio não pouparão energias, nem sacrificios pecuniarios. Para a execução de iim plano de campanha de tal magni- tude quaes as medidas a aconselhar-se, e que postas em acção deverão ser coroadas do éxito desejado? Sabendo-se que a lepra é doença determinada por microbio, os meios postos em acção para impedirem a sua propagação terão em mira o germen causador da doença, o elemento de vehieulaeão d’este, ou o doente. Quando se trata de urna doença, que conta com recursos propicios para sua cura, o 710 problema de prophylaxia se simplifica, porque será a thera- peutica que entrará como magna pars collimando aquelle o*> jectivo. Assim succede com a lúes, onde a prophylaxia tira grande partido, extinguindo rapidamente as fontes de con- tagio pela acção directa sobre o agente causador, pelo trata- mentó adequado, e de acção prompta. Em relação a lepra, encarada a questão pelo lado da the- rapeutiea, confrange-nos a confissão de nosso desanimo. Mui- to se têm feito, muito se têm esforçado os interessados na re- solução do conceito therapeutico, mas até hoje bem pouco se ha alcançado. A conquista mais recente nos meios de ataque ao bacillo de Hansen ainda não fez a prova definitiva de effi- caeia. As melhoras apresentadas pelo doente são de molde a inspirar alguma confiança, é porem ainda cêdo para se tirar uma conclusão definitiva. Temos empregado em larga escala os derivados do oleo de chaulmoogra de Dean, tanto na cli- nica particular, corno nos doentes do Hospital, havendo neste mais facilidade para uma observação continuada. Alguns doentes apresentam melhoras accentuadas nos seus symptomas, outros soffrem, quando se attingem ás doses mais elevadas, uma reacção exagerada, ás vezes bastante dura- doura, com phenomenos alarmantes de grande depressão. Observa-se também baixa da densidade da urina, grande re- ducção na taxa de chlorureto, e ás vezes albuminuria. Fre- quentemente sobrevem febre, com producção de exhantema pertinaz, o que tudo obriga a interromper o tratamento poi nm prazo mais ou menos longo. Em que pése á affirmativa do Mac Dormid, que apresenta uma estatistica de 250 casos de cura com os ésteres ethylicos do oleo de chaulmoogra, ainda não nos julgamos habilitados a uma affirmação eathegorica d’essa ordem. Só o tempo dirá a sua efficiencia. A transmissibilidade da doença é um facto que está hoje a cavalleiro de duvidas, posta de lado a idéa de hereditarie- dade, outr’ora tão bem acceita. Mas como se realisa essa trans- missão é uma incógnita, para cuja solução andam todos á porfia. Faz-se ella por contagio, ou por intermedio de algum agen- te, principalmente animado. A doutrina da vehiculaeão do germen por um ectoparasita, tão brilhantemente sustentada pelo nosso sabio collega (Prof. Ad. Lutz, offerece perspectivas bastante seductoras, e pode explicar factos, que de outra forma ficam envoltos em mysterio. Mas por maiores sympathias que ella nos mereça, não podemos acceital-a como uma conquista de- finitiva. Muito enthusiasmo em nós ella desperta, mas julga- 711 mos prematura a sua acceitação, embora seja em nós domi- nante a idéa de que num plano de campanha contra a 'epra o exterminio de culicidios não deixe de preponderar como medida de relevancia. Resta portanto o doente, isto é, o fóeo, o depositário cio germe, o emissor do agente pathogenico, e sobre esse é que se têm feito sentir a influencia da hygiene. É subtrahindo o doente ao convivio social, é praticando o isolamento do doen- te que se póde ainda esperar que a população indemne fique resguardada do perigo da contaminação. É por emquanto a única medida salvadora, que temos, e a que devemos recorrer até que nos seja dada a ventura de po- der acommetter com os meios de cura, a chimiotherapia, sô- rotherapia, ou otro qualquer, o elemento morbigenico, ou po- der se supprimir o instrumento de transporte do germen uma vez transformada em realidade a hypothese de hospedeiro. Provada todavia que a doença se transmitía por intermedio de um ectoparasita ainda o isolamento seria medida acon- selhável, porque assim subtrahiamos aquelle á infestão no doente. Por esse motivo é digno de encomios o governo brasileiro, esforçando-se por fundar as leprosarias, animado em senti- mentos humanitarios para com a população sadia, e sem vio- lencias para com o enfermo, sempre digno de nossa piedade. Proposición del Comité Nacional del Paraguay para la creación de una Liga Pan-Americana Anti- leprosa. Señor Presidente del II Congreso Sudamericano de Dermatología y Sifilografía, doctor José Brito Foresti. Montevideo. Tengo el honor de dirigirme a usted para remitirle una proposi- ción-nota, que someto a su ilustrada consideración. El Comité del Paraguay, que presido, vería con agrado que ese Comité Central enviara copias de la misma a los Excmos. Gobiernos y Delegaciones de los países que participarán en el Congreso, para •que los señores delegados vengan al mismo, conociendo el asunto y 712 resueltos a tomar una disposición al respecto, por ser cuestión ya tratada y aprobada en el Congreso de Higiene, Microbiología y Pa- tología, reunido en Buenos Aires y en el II Congreso Panamerica- no, reunido en Washington. Este Comité tiene el deseo de que cada Delegación, al acudir al Congreso, aporte ya la opinión de su Gobierno respectivo y que en la asamblea plenaria de octubre próximo, éste mismo resuelva in- vitar a cada país representado, a fin de dar a este proyecto una fuerza de ley para llevar a la realización la idea que en él se ex- presa. La Delegación del Paraguay llevará la opinión de su Gobierno, y suficientemente apoyada por él. Aprovecho esta ocasión para saludarle con mi consideración más: distinguida. V. Idoyaga, Presidente. J. T. Decoud, Secretario. Pedro Ii. Barbosa, Secretario. LIGA PANAMERICANA ANTILEPROSA CONSIDERACIONES preliminares La lepra constituye para la América un azote tan terrible y temible, cual es la tuberculosis para la Europa; con la agravante de que lepra y tuberculosis, en el territorio ame- ricano, se unen y son la causa principal, si no la única, de su lentitud en poblarse, y de un enorme perjuicio en el coefi- ciente económico-social de cada nación. Por eso es necesario que las autoridades sanitarias llamen la atención de los Poderes Públicos respectivos sobre la ur- gencia de implantar un sistema único y científico de lucha contra la lepra, hasta conseguir su extinción. El problema de la lepra debe ser planteado, estudiado y resuelto con franqueza, serenidad y humanitarismo, con el concurso de todos, reconociendo que la lepra hoy amenaza a los países y en lo que atañe a su profilaxis y cura nos ha- llamos en pleno empirismo. La magnitud del problema Profilaxis y cura ele la lepra requiere, además del concurso intelectual de todos los hom- bres de ciencia, la ayuda financiera de todas las naciones. Convencidos de esto, hacemos nuestro el proyecto que nues- 713 tro colega el doctor Luis Zanoti Cavazzoni ya ha presentado al II Congreso Científico Panamericano de AVáshington (1915- 1916), y que fué aceptado y pasado a la orden del día, en- cargándose de él el Delegado de Cuba, doctor Guiteras. Igual- mente fué tomado en consideración por las autoridades sani- tarias del Uruguay, Méjico, Guatemala y Cuba. En mérito, pues, de la trascendencia y utilidad indudables del proyecto aludido, nos permitimos solicitar del II. Conse- jo Directivo del Congreso de Montevideo, para que sea con- siderado e incluido entre las materias de sus próximas delibe- y, al mismo tiempo, comunicado sin demora a todos los Gobiernos de América, y recomendado eficazmente, con tiempo suficiente, para que cada Delegación sea suficiente- mente autorizada para deliberar al respecto. Esta Institución, que será la más grande organización idea- da, por su alcance científico, humanitario y social y por cons- tituir un lazo indisoluble de fraternidad americana, necesi- ta la inversión de capitales de alguna, consideración, que so- lamente podrán reunirse concurriendo a su formación todas las naciones de América. La reunión de dicho capital constituirá, sin duda alguna, un gravamen, pero bastante ínfimo, como se verá, para que pueda retrocederse en la realización de tan magna obra. Proyecto del doctor Luis Zanotti Cavazzoni capítulo i Organización de la Liga Panamericana Antileprosa Artículo l.° Créase la “Liga Americana Antileprosa”, con el fin de combatir la lepra y completar los conocimientos cien- tíficos a su respecto, desde todos sus puntos de vista, tanto- patogénico, como terapéutico y profiláctico. Art. 2.° Créase, a este efecto, como órgano de dicha Liga, un gran Instituto Central Americano Antileproso, con un Hospital Anexo, cuya sede y capacidad se determinarán por una Comisión Internacional. Art. 3." Créase, igualmente, “Diez Hospitales Internacio- nales Americanos Antileprosos”, dependientes del Instituto Central, distribuidos en el continente, en localidades que pue- dan facilitar la admisión de leprosos de la nación colindante. Art. 4.° Tanto en el Instituto Central como en los Hospi- tales Internacionales, se deberá disponer de locales apropia- dos para pensionistas. 714 Art. 5.° Fm dichos Hospitales se aplicarán la cura y el tra- tamiento de conformidad a ios estudios y experimentos prac- ticados en el Instituto Central o a los dictámenes emanados de las autoridades científicas del mismo, así como se practi- carán las investigaciones solicitadas y recomendadas por ellas. Art. 6.° El Instituto, una vez resuelto el problema de la le- pra, se ocupará del estudio y curación de otras enfermedades tropicales y subtropicales, etc., etc. Art. 7." Las naciones signatarias intervendrán en el nom- bramiento de la Comisión Administrativa Central y Regio- nal, y el personal científico del Instituto y de los Hospitales se nombrará por concurso o designación de las autoridades sanitarias de cada país. Art. 8.° La Suprema Autoridad Sanitaria de cada país será ■considerada como miembro del Directorio Científico de la Liga. Art. 9.° Los respectivos Gobiernos harán cumplir las roso Iliciones y dictámenes que la Comisión Científica Central juz- gara conveniente dictar sobre profilaxis e higiene. Cada Go- bierno tiene derecho a la hospitalización gratuita de los le- prosos pobres que la Dirección Científica Central y Seccio- nales (Directores de los Hospitales), juzguen curables. Los incurables quedarán a cargo de los respectivos países de re- sidencia. Art. 10. Queda a cargo de la Comisión Internacional dic tar las reglamentaciones internas del Instituto y de los Tíos pitales. capítulo ii Recursos y franquicias de la Liga Artículo 11. Para sufragar los gastos que demande la cons- trucción y manutención de los establecimientos y sus anexos, cada nación contribuirá con una suma de dinero en relación a los habitantes, cuyo máximo se fija para el primer año en ■$ 0.10 oro sellado por cada habitante y en los siguientes en $ 0.04 oro sellado, pudiendo variar la última, según las nece- sidades. Art. 12. Los Gobiernos, cuyos países son designados para la ubicación del Instituto y de los Hospitales, se obligan a ceder gratuitamente el área de tierra necesaria, librando a la Liga de todo impuesto, siendo a su cargo las medidas de se guridad que fuesen necesarias. 715 Art. 13. La Liga tiene derecho de franqueo libre, y libre paso de sus Delegados en todo el territorio de la Liga. Art. 14. La Comisión Internacional someterá este proyecto a la aprobación de las partes contratantes dentro del plazo ole y queda a su cargo hacerlo efectivo. El problema de la Lepra en el Uruguay por el dr. José may (Montevideo) Médico Jefe de la Policlínica Dermatológica. Asistente de la Clínica Dermosifilopática. Adjunto del Dispensario N.c 1 (Hospital Maeiel) El profesor Pedro L. Baliña, delegado argentino en ya au- sencia en esta deliberación lamentamos, acaba de hacer en Buenos Aires una interesante conferencia sobre 142 '-asos do lepra que ha tenido oportunidad de observar, haciendo con- sideraciones sobre el problema de la lepra en la Argentina, con tan atinadas reflexiones, que la lectura de su folleto me ha movido a ocuparme en este Congreso del problema de la Lepra en el Uruguay, exponiendo observaciones e ideas acariciadas de tiempo atrás, concordantes con las que bri llantemente sostiene dicho profesor, frente a esa terrible en fermedad, que es en muchos países de América un grave pro- blema actual, y para nosotros un problema de sombrías pers- pectivas para el porvenir. El doctor Zanotti Cavazzoni, del Paraguay, presentó un proyecto de organización de Liga Panamericana Antilopro sa, que hemos visto publicado en el segundo Boletín de este Congreso, para conocimiento de los señores delegados, a fin de que se tome en consideración, y se prestigie; habiendo sido ya presentado y aprobado en el Congreso de Washington de 1915-1916. Se propone con ese proyecto la creación de un Instituto Antileproso Central Americano, con Hospital Anexo, y Hos- pitales Internacionales Americanos Antileprosos. Evidentemente el fin que persigue el proyecto Zanotti no puede ser más simpático, ni más loable; tan terribles sm los estragos de la lepra, que cualquier medida que se tome para luchar contra ella parecerá siempre insuficiente; pero la 716 forma propuesta en ese proyecto es, a nuestro modo de ver, la manera de hacer menos práctica, dadas las dificúlta les con que se choca para su realización. A pesar de que cuenta ya con aprobación en otros Congre- sos no se ha podido llevar a la práctica, ya que. en efecto, requiere una acción conjunta de varios países, tanto más di- fícil de obtener, cuanto que no se ha encarado el problema profiláctico contra la lepra en todos los países del continente, sino en aquellos en que hay en cantidad. El profesor Baliña, en el opúsculo a que he hecho referen- cia más arriba, leído en la Academia de Medicina Argentina, encaró el problema con toda valentía, con toda energía, re- ferente a su país. Datos estadísticos aplastantes, muestran que lo que hace algunos años era de extrema rareza, actual- mente ha dejado de serlo, y la ve, autóctona, extendida a to- do el país, en una cantidad que no puede estimar por falta de datos estadísticos exactos. En nuestro país no se ha levantado aún una voz reclaman- do de las autoridades sanitarias, llamando la atención de los legisladores, sobre el número de casos de lepra existente, y, lo que es más, su repercusión en la familia, creando focos de extensión del mal. Nuestro profesor, el doctor Brito Foresti, hizo, al Primer Congreso Sudamericano de Dermatología, reunido en Bío de Janeiro en 1918, una comunicación, fuera de otras publi- caciones, la cual versa sobre la frecuencia y formas clínicas de la lepra en el Uruguay, pero sin encarar el problema de la profilaxis en la forma que lo encaramos en esta disertación. Nosotros, que actuamos desde hace diez años al lado del profesor Brito Foresti, hemos visto crecer el número de le- prosos y a los casos de extranjeros avecindados desde muchos años en el país, hemos visto agregarse extranjeros envíalo» especialmente a nuestras playas, porque nuestro clima les es favorable, y, por último, hemos visto los casos autóctonos. No voy a hacer una estadística completa, — pues nos fal- ta materialmente tiempo para realizarla, — pero sí recorda- remos los casos que hemos visto. Observación I.—Hombre, oriental, de unos 40 años, comisionista, lepra anestésica generalizada. Hace ya más de tres años que no concurre a la Clínica, a pesar de que lo veo por la calle. Obs. II.—Hombre, oriental, de 27 años, agricultor, del Departa- mento de Canelones, lepra anestésica, mácula extendida del muslo derecho, pequeña del labio y párpado superior, detenida c-on el tra- tamiento de ictiol, que continúa regularmente. 717 Obs. III.—Matrimonio leproso, con un hijo leproso, a forma anes- tésica, procedente del Departamento de Canelones, y que hace más de dos años que no concurre a la Clínica; enfermos que conoce el profesor Brito Foresti. Obs. IV.—'Mujer, española, de unos 26 años, con poca residencia en el país, sirvienta de la casa de los padres de dos colegas, tenía unos pequeños tubérculos en la cara, y que hace ya mas de cinco .años que no viene a la Clínica. Obs. V.—Mujer, española, de unos 32 años, con lepra anestésica a localización en la cara, que hace más de tres años que no concurre a la Clínica, que trabaja de mucama y lavandera, y que veo por la .calle. Obs. VI.—Hombre, oriental, de unos 35 años, jornalero, proceden- te de Tacuarembó, con lepra anestésica, que hace más de dos años no vemos, y que mejoró con el tratamiento ictiolado. Obs. VII.—Hombre, italiano, de 45 años, casado, procedente da Paysandú, con lepra anestésica, evolucionando de varios años atrás. Obs. VIII. — Hombre, oriental, de unos 35 años, procedente de Fray Marcos (Florida), y que fué enviado a la leprosería, no ha- biéndolo visto en una visita que hicimos al poco tiempo. Obs. IX.—Hombre, oriental, de 40 años, jornalero, que con ulce- raciones en la pierna, trabajaba en uno de los frigoríficos, lepra anestésica, que no concurre regularmente a la Policlínica. Obs. X.—Mujer, oriental, de 30 años, con lepra tuberculosa, con epistaxis y que hace más de un año que no concurre a la Policlí- nica. Obs. XI.—Hombre, oriental, de unos 40 años, procedente de So- riano, lepra anestésica, típica, con grandes máculas tipo eritema po- limorfo, que no concurría hace más de cuatro años a la Clínica, co- misionista, empleado de escritorio, que falleció hace poco en asisto- lia, caso del que nos ocuparemos después. Obs. XII.—Hombre, oriental, de 40 años, que vi hace más de cuatro años, con una placa de lepra anestésica en la mano, cobra- dor, que no he vuelto a ver, sino por la calle. El suegro, en cuya -casa vivió, falleció de lepra. Obs. XIII.—Hombre, italiano, de 40 años, procedente de Paysan- dú, hermano del de la observación VII, lepra anestésica. Obs. XIV.—Hombre, oriental, de 24 años, con algunos lepromas en el dorso de las manos, que vi hace unos cuatro años, procedente de Soriano, sin antecedentes familiares. Obs. XV.—Hombre, italiano, de más de 70 años, lepra mixta, evo- lucionando desde hace más de diez años, que vi una sola vez, falle- ciendo hace pocos meses, según datos que tengo. Obs. XVI.—iMujer, oriental, de 27 años, lepra anestésica, con epis- taxis, y a la que aconsejé ingresara a la leprosería, para evitar el contagio de sus hijos, de donde se fué para su residencia de Soriano. 718 Obs. XVII.—Hombre, italiano, de 68 años, con lepra mixta, diag- nosticada hace más de diez años, por el doctor Brito Foresti, casa- do. La mujer con un coriza, con resultado negativo en las investi- gaciones. Obs. XVIII.—Hombre, de 38 años, lepra anestésica, portero de una oficina pública. Concurre regularmente a la Clínica. Obs. XIX.—¡Hombre, italiano, de 70 años, lepra anestésica exten- dida, ulceraciones en la pierna. Casado, mujer sana. Obs. XX.—Hombre, español, de 70 años, residente mucho tiempo en Soriano, lepra anestésica, diagnosticada hace unos diez años por el doctor Brito Foresti. Obs. XXI.—‘Dos hermanos, entre 25 y 30 años, procedentes de So- riano, donde residen, uno con lepra anestésica, otro con lepra tu- berculosa, vistos también por el doctor Brito Foresti. Obs. XXII.—Hombre, italiano, de 40 años, con una neuritis del cubital, máculas anestésicas posteriormente, residente en Mercedes. Obs. XXIII.—Mujer, oriental, de 24 años, sirvienta, lepra anesté- sica generalizada, epistaxis a repetición. Obs. XXIV.—Mujer, italiana, de 17 años, una mácula anestésica en la pierna, con alteraciones histológicas de la lepra. Obs. XXV.—-Mujer, oriental, de 40 años, con lepra tuberculosa, comenzada hace cuatro años. Hermana muerta de lepra en la Ar- gentina, habiéndola cuidado en la enfermedad. No incluyo entre estos tres casos, por no haber podido con- tralorear debidamente nuestro diagnóstico: dos mujeres en la Capital: una con tubérculos en los brazos; otra, con una mancha eritematosa en la frente, y una tercera mujer, también con mancha eritematosa en la frente, procedente del Salto, y en la que no pude, repito, efectuar los análisis que me permi- tieran llegar a un diagnóstico exacto. Como se ve, hemos visto 27 casos, no incluyo los dudosos, en muy poco tiempo, procedentes del extranjero unos, otros residentes aquí de largo tiempo, y otros orientales. No es mi propósito hacer el estudio de éstos, sino referirme a los focos de contagio. Conozco, por razones de vecindad, puedo decir, a dos fa- milias que han sido punto de partida de una serie de lepro- sos, aún entre sus amistades. Una, que señalaré con la letra A, y cuya madre era leprosa, ya fallecida, ha dado en la fa- milia una hija, muerta ya, leprosa, dos hijos, los de la obser- vación XX, un yerno, el de la observación XXI, y una per- sona de relación de la casa, mujer, que estuvo asilada en la leprosería. El otro foco, que señalaremos B, madre leprosa, dos hijos, uno fallecido, el otro asilado en la leprosería, y dos visitantes 719 de la casa, uno el de la observación XI, y otro, P, con lepra tuberculosa, visto por nuestro profesor. No he podido bailar entre mis papeles los apuntes referen- tes a dos focos del mismo pueblo, lo que me impide traerlos a este debate. No son éstos los únicos contagios familiares: el de la obser- vación III, familia de tres personas leprosas; el de la obser- vación XII, suegro fallecido leproso; los de las observaciones Vil y XII, y el de la observación XXIV, con una hermana fallecida leprosa. Esta observación de lepra familiar, sobre la que insiste Ba- liña, que surge evidente de nuestra estadística, se ve también en la de nuestro profesor Brito Eoresti, que, sobre 97 casos, tiene cuatro en que hay uno de los ascendientes leprosos y tres en que hay dos hijos leprosos. Y fuera de estos casos que han desfilado en la clínica, hay otros que no escapan a nuestra mirada; que pasean su lepra a la vista del público, en contacto muchas veces directo, vién- dose uno en la plaza Independencia rodeado de un grupo en plena camaradería, otro en una Oficina Pública, hojeando papeles que van después de casa en casa, y un tercero, que expende desde hace tiempo un artículo de uso diario, — en- gomado al dorso, — y que muchos llevan, por falta de higie- ne, a la boca para humedecerlo mejor. Esta rápida revista demuestra gráficamente, e indiscutible- mente, que no es tan remota, como lo sostienen algunos auto- res, la posibilidad de contagio de la lepra. Quizás si se hiciera un censo de los casos de leprosos exis- tentes en el país, tendríamos una mayor cantidad que la que arroja la última estadística del profesor Brito Foresti, que da unos 180 casos. Pero aún partiendo de esa cifra modesta para nuestro país y al parecer despreciable, si aplicamos en rigor de lógica la comprobación hecha por el profesor Baliña en su folleto, sur- ge evidente la necesidad de solucionar este que es ahora un pequeño problema, y que más adelante será un gravísimo pro- blema. Desde luego, debemos empezar por establecer que en to- dos o casi todos los departamentos existe, en mayor número en la Capital, lujego Canelones, Soriano, .'Salto, Paysandú, Tacuarembó, etc., de modo que (transcribimos del profesor Baliña) : “Puédese, pues, decir, con toda verdad, que hay o “ puede haber focos activos de lepra arraigados o atribula* “ torios, en toda la extensión del país; vale decir, que actual- 720 *l mente la lepra es ubicuitaria y endémica en el Uruguay (decimos nosotros), y que hasta ahora, ninguno de sus ha- “ hitantes beneficia de la menor previsión oficial para pre- “ servarle de ella”. Si se tiene en cuenta que entre los casos señalados los hay sirvientes, jornaleros, hombres de escritorio, se verá expli- cado el por qué de la aparición de nuevos casos, sin que exis- tan antecedentes familiares. Hay una comprobación hecha por Baliña, que es muy im- portante, y es que ha visto un aumento de un 50 o|o en los casos de lepra en Buenos Aires, en diez años, con relación al mismo lapso de tiempo anterior observado por el profesor Sommer. Apliquemos esa progresión a nuestro país y veremos que es tiempo de que ataquemos con decisión, hoy que es, lo re- petimos una vez más, un pequeño problema en nuestro país, antes de que, con la indiferencia de las autoridades y la complicidad silenciosa de los dermatólogos, sea de más difí- cil solución. Con el profesor Baliña diremos : “el objeto primordial de esta comunicación, que he traído a esta alta tribuna, es, ade- más de hacer un público descargo de mi conciencia, recla- mar de nuestras autoridades sanitarias y de nuestros legisla- dores preferente atención al problema de la lepra”. Como hemos dicho más arriba, la propuesta Zanotti, y más que nada la lectura del folleto del profesor Baliña, han hecho que abordemos, bien que apremiados por el tiempo, este tema, para sostener la necesidad de adoptar el aislamien- to de los leprosos, de acuerdo con lo establecido en la Con- ferencia de Berlín, ratificada por la de Bergen, sintetizada en la fórmula propuesta por Hansen, que dice: “En todos “ los países donde la lepra forma focos o adquiere gran ex- “ tensión, el aislamiento es el mejor medio para impedir la “ propagación de la enfermedad. “La declaración obligatoria, la vigilancia y el aislamiento, “ tales como se practican en Noruega, deben ser recomenda- “ dos a todas las naciones cuyas Municipalidades sean autó- “ nomas y posean un número suficiente de médicos. “Debe dejarse a las autoridades administrativas la tarea “ de fijar, bajo la dirección de los Consejos Sanitarios, las “ medidas de detalle en relación con las condiciones sociales “ de cada país”. Es basado en este último párrafo, por lo que considero que a cada país corresponde la acción aislada pero tendiente a 721 llenar su rol de contención de la lepra y por la imposibilidad de llegar a un acuerdo de tantos Gobiernos, es que, aunque apreciando debidamente la importancia del proyecto Zanot- ti, considere platónica su aprobación, formulando, en cam- bio, un voto para que los representantes de cada país, adop- tando las conclusiones de los Congresos de Berlín y Bergen, reclamen de sus Gobiernos respectivos la urgencia de una ley, que, como en Colombia, donde hay ya, según datos del fo- lleto del profesor Baliña, un 80 o|o de los leprosos encerra- dos, que, como en el Paraguay, cuya ley acaba de leernos el doctor Idoyaga, y en el Brasil, como nos expusiera brillante- mente el doctor 'Silva Araujo, reclamen, repetimos, los de- más países la urgente sanción de una ley que lleve a la prác- tica las referidas conclusiones, debiendo dar el ejemplo nues- tro profesor, aquí presente, el doctor A. Lussich, y nuestro compañero de tareas, el doctor M. Halty, ambos integrantes del Parlamento de nuestro país, con la presentación de un proyecto de ley que traduzca el voto de este Congreso. En conclusión, pues, adhiriéndome así al voto de los dele- gados argentinos, propongo la siguiente declaración: El II Con- greso Americano de Dermatología y Sifilografía, adoptando las conclusiones de las conferencias de Berlín y Bergen, re- clama de los Gobiernos americanos que no lo hayan hecho, la sanción de una ley que las lleven a lá práctica. DISCUSION GENERAL SOBRE LA LEPRA Neocle Ragusin (Buenos Aires). — En nombre de la Delegación Argentina, propongo que la 1.a Conferencia Latinoamericana de la Lepra se reúna en el mes de agosto de 1922 en Río de Janeiro, coin- cidiendo con la fecha del centenario de la independencia de la gran nación brasileña. Consideramos que el leproso es una vergüenza nacional, que es- tamos en posesión de medios capaces de evitar la propagación de la lepra, y que, por esto, y por experiencia de otros países, todas las naciones americanas deben tomar las medidas profilácticas nece- sarias para evitar la propagación de este mal, que, vuelvo a decirlo, es una vergüenza nacional. Adolpho Lutz (Rio de Janeiro). — Convida aos collegas de collee- eionar photographias, desenhos em cor e moulages de casos principian- tes, procurar uma reacção biológica para o diagnostico da lepra e fa- miliarisar-se com a idea que a lepra se propaga principalmente, se não exclusivamente, por contagio indireito, e que a prophylaxia deve ser baseada sobre este principio. 722 Angel M. Giménez (Buenos Aires).—Es interesante la cuestión, planteada por el doctor Lutz, trayendo su experiencia de 40 años. El contagio de la lepra indudablemente es difícil comprobarlo. Hemos tenido oportunidad de ver enfermos autóctonos de Buenos Aires, que jamás habían visto o estado en contacto con leprosos. Actualmente tenemos un caso excepcional, un compañero de es- tudios que hace 23 años éramos practicantes del Hospital Muñiz, permaneciendo con él durante 20 años; actualmente se encuentra con una lepra tuberosa, por lo que las autoridades le han cerrado la far- macia que regenteaba. Estoy completamente de acuerdo con el doctor Lutz, igualmente en lo que se refiere al diagnóstico precoz, e investigación para el mejor conocimiento. Pero para ello, es necesario que los médicos se pongan a la obra, siendo sinceros y, leales en las informaciones, para obtener de ellos el convencimiento y profilaxis. Con respecto a mi país, todo está por hacerse; hay una ley en Corrientes, donde se tiene el porcentaje mayor de enfermos, pero no se cumple. En el Chaco se proyecta una leprosería cuya construc- ción parece se iniciará a fin de año. Espero que la Conferencia Americana proyectada* para el año próximo, a realizarse en Bío de Janeiro, será de gran beneficio para la asistencia y tratamiento de los eiffermos. Y después de haber oído la conferencia del doctor Silva Araujo sobre la profilaxis de las enfermedades venéreas, que nos ha hecho conocer la obra admira- ble desarrollada allí, ha de saber prestar- su valioso concurso en esta campaña, de asistencia e higiene social. Oscar da Silva Araujo (Ero de Janeiro).—Conforme disse na con- ferencia que tive o prazer de fazer hontem na Faculdade de Medi- cina, o problema da prophylaxia da lepra interessa seriamente • governo de meu paiz. Ja fíz hontem uma synthese da legislação brasileira e disse quaes as providencias tomadas para que sejam cumpridas as determinações das leis em vigor. Como oiço, porem, reiteradas referencias ao que se faz na Columbia e no Paraguay e volto a dizer o que se faz no Brasil a tal respeito (o orador refere o que disse na conferencia feita na Faculdade de Medicina na noite anterior). Bartolomé Vignale (Montevideo). — Apoya la idea del doctor May en lo referente a formar una leprosería para aislar allí a todos los leprosos. Para ello cita el caso de un ciego que en Montevideo- se dedica a la mendicidad y que cambia a cada momento de la- zarillos, siendo todos ellos niños que están siempre con él, expo- niéndolos a continuos contagios de lepra. Arturo Lussich (Montevideo). — Entiendo que el problema de la lepra reviste ya en nuestro país importancia suficiente para que los Poderes Públicos unan su acción a la de los profesionales y congre- sos. Este problema se presenta todavía en términos que pueden mo- tivar una solución práctica y eficaz. El número de leprosos en 723 nuestro país es todavía reducido, y, estamos en tiempo todavía de tomar medidas para dificultar la difusión de la lepra. Si esta so- lución es el aislamiento, como lo parece, ayudada por otros medios saludables, no debemos esperar a que las medidas sean impractica- bles; no debemos demorar para que pase con este problema lo que pasa hoy con la tuberculosis. Recordamos que Duclaux, el ex Di- rector del Instituto Pasteur, estima en una suma superior a la que asume el presupuesto de guerra de Francia, lo que se necesitaría gastar para hospitalizar a los tuberculosos de su país. No espere- mos a que el problema de la lepra adquiera proyecciones parecidas. No esperemos a merecer tampoco el reproche que el mismo Duclaux dirigía a Broussais, el paladín de la espontaneidad de la tuberculo- sis, de su no contagiosidad, de quien decía, con un poco de buen humor, que merecería una columna no menos elevada que la erigida a Napoleón, ya que Broussais no hablaba menos bien que aquél, y no es responsable de un menor número de muertos. Después de la discusión general sobre la lepra, se votaron las conclusiones que el lector encontrará en la pág. 48 y si- guientes de este volumen ('Conferencia Sudamericana de la Lepra), y en la pág. 72, también de este volumen (Profilaxis y tratamiento de la lepra). 724 Estudio sobre el «Mal del Pinto»(1) POR EL DR. JOAQUÍN GONZALEZ (México) SUMARIO PRIMERA PARTE.—Capítulo I. Sinonimia.-II. Historia.-III. Distribución Geográlicas SEGUNDA PARTE.—Capítulo I. Estudio de las escamas e histológico de la piel.— II. Estudio micológico del Mal del Pinto.—III. Historias clínicas. TERCERA PARTE.—Capítulo único. Bibliograíía. Si mucho aprendemos en los libros, má aprendemos de la observación de la Na- turaleza, causa y ocasión de los primeros. — R. Cajal. PRIMERA PARTE CAPÍTULO I Sinonimia Sinonimia mexicana: Los mexicanos le llamaban Tzatza- yanaliztli. En los Estados de Guerrero, Morelos y Sur de México, Mal del Pinto. En los Estados de Jalisco, Michoaeán y Colima, Qwiricna. En los Estados de Tabasco y Chiapas, Tiña, y en Oaxaca les llaman Oberos a los que padecen esta enfermedad. El doctor Juan J. León, en su “Monografía so- bre la Tiña Endémica de Tabasco, Chiapas y Sur de Méxi- co”, propone se le llame Syphyspy loria 'thelodermica, es de- cir: syphys, sífilis: spilos, mancha; thelos, papila; y derma, piel. El doctor Gustavo Sandoval, en su memoria sobre el Mal del Pinto, presentada a la Academia de Medicina de es- ta Capital, a su vez propone se le llame Dhrma\tomicosis polis- pilosica, que quiere decir enfermedad de la piel con manchas múltiples e implantación de un bongo. Sinonimia extranjera: Alibert le llama Pannus earateus. Los alemanes, Karata-tfleck. En Colombia, Caraté, designa- ción debida a que existe un árbol, así llamado, cuyas hojas presentan manchas semejantes a las de los pintos. En los va- lles del Sur del Perú le llaman CCara. En Guatemala, Tiña y también Cative. En Panamá y Honduras, Quirico. En las Guayanas, Loto. En Venezuela, Cute. (1) Véanse las planchas. 725 CAPÍTULO II Historia La primera noticia que se tiene sobre el Mal del Pinto, se encuentra en la obra de Hernández. (De Historia Plantar rum, Xovae h ispan iae, líber decimmo, Francisco Hernando atque histórico Filipe II. Hispan et Yndian regis, et totius, novi orbis medico primario auctore. In caput XIX, pág. 373, lin 13), al describir la planta IxtenCxtic, dice: que su raíz machacada y puesta sobre lienzos, deshace y limpia la le- pra, lo mismo que el sarpullido y también cura la enfermedad llamada por los indios mexicanos Tzatzayanaliztli. El señor Ricardo Nandin, en su tesis sobre el Mal del Pinto, afirma que en una de las cartas que Hernán Cortés dirigió a Car- los Y, se leen las siguientes palabras: “... en este país de ventura hay rarezas en el color de sus habitantes, presentan- do variedades en el mismo individuo”. Si estas citas son dis- cutibles desde el punto de vista que se refieran seguramente al Mal del Pinto, creo que tienen valor histórico e invitan a aceptar la posibilidad de que este padecimiento exista desde antes de la Conquista. Corresponde al ilustrado señor doctor don Juan J. León la prioridad en los estudios que en Méxi- co se han hecho sobre este tema, pues él fué quien en el año de 1862 escribió la primera monografía en la que manifiesta la hipótesis de que el Mal del Pinto sea causado por la inges- tión del maíz parasitado por un hongo, el Uredo carbo, y encontró mucha semejanza entre este padecimiento y la pe- lagra, también guiado por el axioma de naturam morborum curationes ostendunt, consideró al Mal del Pinto como una alteración sifilítica de las papilas de la dermis y de ahí que le llamara syphyspyloria thelodermica. ¡Seis años después, el doctor Chassin escribe su estudio sobre el “Pinto”, y difiere por completo de la opinión del doctor León, pues dice que el uso del agua salada es la causa principal de este padecimien- to, y le encuentra semejanza con el escorbuto de los marine- ros. Afirma también que el pinto negro o azid, el pinto colo- rado y el pinto blanco, no son sino los grados de una misma forma. En 1870, F. Iturbide define por primera vez esta enfer- medad, diciendo: “el Mal del Pinto es una afección cutánea específica, apirética, contagiosa y esencialmente crónica; ca- racterizada por la presencia de manchas de diferentes colo- res y tamaños, originarlas por una perturbación desconocida del aparato pigmentario”. Se adhiere a la hipótesis del doe- 726 tor León, de que la ingestión del maíz alterado origine esta dermatosis. En 1874 aparece la monografía del barón Mue- llen, titulada el “Mal de la Pinta”, y cuya traducción ano- tada por un autor anónimo, la publicó el “Diario Oficial del Supremo Gobierno de la República”, y describe tres formas clínicas: 1.a Pinta alba; 2.a Pinta rubra, que comprende las variedades rosada y colorada, y 3.a Pinta coerulea, que com- prende las variedades azul, negra y morada. En 1879 el doc- tor J. Gómez, en su estudio “Du caratés ou tache endémique des Cordilléres”, acepta que las manchas que por sus distin- tas coloraciones constituyen las diferentes especies, todas per- tenecen a una misma entidad morbosa, y niega que sea tras- misible por herencia. En 1880, el doctor Ricardo Nandin ini- cia las investigaciones anatomo-patológieas y combate la hi- pótesis de que el uso del agua salada sea la causa del Mal del Pinto. Un año después aparecen los interesantes estudios sobre el tema, de los distinguidos médicos G. Ruiz Sandoval y J. M. Irys, que, con brillantez, señalaron los primeros, un nuevo horizonte de investigación, puesto que ellos anuncia- ron la naturaleza parasitaria del Mal del Pinto, y, aún cuan- do la descripción y la clasificación que dieron del hongo no fueron lo necesariamente precisas, debemos tener en cuenta los medios de investigación de que disponían, y considerar que demasiado hicieron para su época. En 1887, P. Espíno- la, en su tesis, hace un estudio de la histología de la piel de los enfermos del Mal del Pinto, y llega a conclusiones que consigno en la bibliografía correspondiente. En 1897 publi- ca el doctor don Angel Gaviño su estudio sobre “Patogenia del Mal del Pinto”, y difiere en lo absoluto de los doctores Ruiz Sandoval y J. M. Irys, afirmando que el Mal del Pinto es producido, no por un hongo, sino por un bacilo, que se presenta bajo la forma de conglomerados pigmentados for- mados de innumerables microcoeos que, cultivados en medios sólnlos y líquidos, se segmentan hasta volver a la forma pri- mitiva. Con tales afirmaciones, y conocido que fué en Europa este trabajo, originó la confusión que manifiestan los autores europeos en sus obras, al referirse a este padecimiento. En 1909, el ilustrado médico don Manuel Toussaint, con su re- conocida pericia, hizo un estudio de liisto-patología del ‘Mal del Pinto, no habiendo encontrado ni el bacilo del doctor don Angel Gaviño, ni el hongo señalado por los doctores Ruiz Sandoval y J. M. Irys. Mientras esto sucedía en México, en Europa, Montova y Plores, bajo la dirección de Sabouraud, realiza los estudios, 727 •que lauta notoriedad le dieran, del Caraté de Colombia, ha- biendo descubierto en las escamas un hongo que cultivaron, clasificaron e identificaron, designándolo como el agente pro- ductor del Caraté. Por último, muy recientemente, en la Re- vista de Ciencias Médicas ‘‘Los Progresos de la Clínica”, en el número correspondiente al mes de enero del presente año, aparece un trabajo titulado “Contribución al estudio de al- gunas micosis en el Perú”, del distinguido y erudito médico don Edmundo Escomel, y cuyo trabaja fué premiado por la Academia de Medicina de París: dice que el CCara o Pinta de los Valles del Sur del Perú, es producido por un bongo de la familia de los Ascomicetos y del género Penicilium. > Ya, para terminar con este capítulo, debo decir que, si en la exposición anterior no mencioné a otros autores que han escrito sobre el particular, ha sido debido a que no quise ser demasiado extenso, citando detalles sin importancia, pues los principales hechos que hay en la historia de la investigación de esta enfermedad ya los enuncié, confesando que hay buen número de monografías que participan de los errores y le- yendas del vulgo. capítulo III Bistribución geográfica Quien quiera hablar sobre la distribución geográfica del Mal del Pinto en la República Mexicana, tiene dos fuentes principales de información, y son: la obra del doctor don Do- mingo Orvañanos, “Ensayo de la Geografía Médica y Cli- matología de la República Mexicana”, y la memoria que so- bre el Mal del Pinto presentó a la Academia de Medicina de esta Capital el doctor don Gustavo Ruiz Sandoval. El autor de la primera obra dice que el Mal del Pinto existe: en el Estado de Sinaloa, en los Distritos de San Ignacio, Cósala y en el de Badiraguato; en Tepic, en los Partidos de Tepic, Ahuacalán, Santiago Ixcuintla y de Acaponeta; en el Estado de Jalisco, en los Distritos de Colotlán, Ciudad Guzmán; en el Estado de Colima, en el Distrito de Alvarez; en el Estado de Michoacán, en los Distritos de Zitácuaro, Huetamo, Ario, Apatzingan y Coalcomán; en todo el Estado de Guerrero; en el Estado de Oaxaca, en los Distritos de Cuicatlán, Choa- pán, Juchitán, Juquila, Pocbutla, Teotitlán del Camino, Te- huantepec, Tuxtepec y Villa Alta; en el Estado de Chiipas, en los Distritos de Soconusco, Chiapa, Tuxtla, Tonalá y Pi- 728 (huealco; en el Estado de Tarasco, en los Distritos de Cár~ denas, San Juan Bautista, Iiuimanguillo, Jalapa, Teeatalpa y de Teapa; en el Estado de Veracruz, en los Distritos de Acayucan, Cosainaloapan, Minatittán, Tuxtla, Veracruz y Zongolica; en el Estado cíe Puebla, en los Distritos de Mata- moros, Acotlán y de Chiautla; en el Estado de México, en los Distritos de Temascaltepec, Tenango y Valle de Bravo; en el Estado de Morelos, en los Distritos de Cuernavaca, Yautepec, Tetecala, Cuautla Morelos y Juárez; en el Estado de Bu- rango, en los Distritos de Mezquital y Tamazula; en el Es- tado de Zacatecas, en el Distrito de Juchipila; en el Estado de San Luis Potosí, en el Distrito del Venado; en el Estado- de Guanajwdto, en el Distrito de Allende; en el Estado de Querétaro, en el Distrito de San Pedro Tolimán. A esta distribución geográfica del Mal del Pinto cabe ha- cerle una observación, la misma que el doctor Castillo y Ná- jera hiciera a propósito de la distribución geográfica del bo- cio, y es relativa a la forma en que procedió el doctor don Domingo Orvañanos al hacer su trabajo, pidiendo informes a las autoridades de los distintos Distritos, y seguramente muchos no se valieron de personas competentes para el caso, médicos únicamente, y rendir sus informaciones. En conse- cuencia, muy posible es que el Mal del Pinto no exista en algunos de los lugares anteriormente citados. Si, por otra parte, consideramos que el vulgo indistintamente denomina pinto a toda afección de la piel en la que su colorido está al- terado, como en el vitÍligo, las sifílides pigmentarias, la le- pra manchada, la enfermedad de Addison, el eritrasma, etc., se comprende fácilmente la posibilidad de incurrir en erro- res, si no se tiene la ilustración médica suficiente para hacer esas diferenciaciones. Si necesario es conocer los lugares de nuestro país donde existe este padecimiento, muy importante es saber las con diciones topográficas que influyen sobre su aparición, y a este respecto no conozco estudio mejor que el del doctor G. Ruiz Sandoival, que dice que con esta enfermedad coexisten rasgos principales que enumera en la siguiente forma: 1." Una temperatura que no baje de 15° c. ni exceda de 30a. 2." Una altura variable desde el nivel del mar, no excediendo de 1,500 metros, aunque Santa Fp, Bogotá, está a 2,661 metros de altura sobre el nivel del mar, y allí existe el Mal del Pinto. Por otra parte, conviene recordar el hecho histórico referen- te a un cuerpo de ejército de 800 a 1.000 hombres, for- mado de pintos, que el general Pinzón sacó de la Huacana, 729 en MAehoacán, para llevarlos al sitio de Puebla en 1863. Ai cabo de cinco meses sobre la Mesa Central, volvieron a sus lares, y habiendo observado durante la expedición la misma ¡vida y costumbres, notaron muchos que habían perdido S11 color anormal, sin haberse aplicado ninguna medicina, y des- pués de pocos días reaparecieron las manchas, para recorrer, como antes, todos sus períodos. 3.° Terreno de origen volcá- nico de naturaleza calcárea en la superficie, de base graníti- ca, e intermediariamente de rocas, cuya descomposición pule- de dar cloruros y otras sales de sodio, potasio, magnesio, etc. 4.° Qu\e muy frecuentemente acompañan a estos terrenos la existencia de fuentes sulfurosas. 5.° Que a lo largo de las co- rrientes de agua es donde con más regularidad se no'la el finto, siendo estas aguas generalmente saladas. 6." Que estos ríos tienen algunos tramos de su extensión subterráneos. 7.° Que en los lugares donde se consume agua de pozo, ésta es, generalmente, salada ■y que hay salinas y depósitos de estas sustancias en sitios • donde el mal existe. 8.° Coexistencia de varios dípteros donde se ve el Mal del Pinto. No sólo el doctor Gustavo Ruiz Sandoval señala la existen- cia del -Tejen, mosquito del orden de los dípteros y del géne- ro Empis en los lugares donde hay pinto, sino que de la inmen- sa mayoría de los autores que han escrito sobre este particu- lar, unos niegan y otros afirman que este insecto sea el que por medio de sus picaduras inocule el agente productor del Mal del Pinto. Pero, de cualquier manera,. el hecho de su coexistencia con este padecimiento, tiene grandísima impor- tancia, y las investigaciones que en el futuro se hasran, debe- rán tener presento esto, y no sería remoto que se demostrara la antigua creencia de que este insecto es uno de los propa- gadores de la enfermedad. Punto éste dilucidable únicamen- te, no por especulaciones verbales, sino por investigaciones de Laboratorio. En lo que respecta al individuo que habita los lugares in- festados, se observa que la población en su mayoría está cons- tituida por indígenas y mestizos, a los que ataca preferente- mente. Los blancos son más refractarios a adquirir la enfer- medad, seguramente por las mejores condiciones de vida que llevan, pues si mientras los primeros están mal nutridos, mal vestidos y debilitados por el alcoholismo, y desde que nacie- ron viven donde la enfermedad es endémica, los blancos y mes- tizos, provistos de mayores recursos, y laborando en trabajos de índole muy diversa y, en una palabra, viviendo mejor, evi- tan con esto contraer el padecimiento. 730 Para terminar con este capítulo, diré la distribución geo- gráfica fuera de nuestra patria. Existe el Mal del Pinto, de- signado con otros nombres, en Centro y Sud América, y cu- yos principales países son: Guatemala, Costa Rica, Panamá, Honduras, Perú. En Venezuela existe principalmente en las Provincias de Barquisimeto y Mérida; en Brasil, en la Pro- vincia de San Pablo; en Ecuador, sobre todo en Guayaquil; en Colombia, casi en toda la República: hacia el Norte, en Santander, San José de Cúcuta, Boyacá; por el centro, en Cundinamarca, Guadaña, Tocanina, La Mesa y Tolima; lia eia el Sur, en Antioquía, Cauca y en las riveras del Magdale- na hasta el Mompos, sobre todo en los Distritos de Valencia, Valle Dupar, San Juan de César, Riohacha, Soldado, etc. Se- gún Larrey. es probable que también exista en el centro de Africa, cerca de los grandes lagos salados. Legrain afirma que también existe en Egipto, Madden Goddman y Sandith en la Cote d’or, y G. Woolle en las Filipinas. SEGUNDA PARTE CAPÍTULO I Estudio de las escamas e histológico de la piel En mi primer viaje al Estado de Guerrero, me dediqué exclusivamente a las observaciones clínicas, encontrándome con dos variedades principales del Mal del Pinto, y fueron; 1.a Pinto azul y 2.a Pinto coloradof y una común a las dos. me refiero al Pinto blanco. En su oportunidad, y más adelan- te, liaré las consideraciones pertinentes al estudio clínico. Ob- servé que todos los pintos que estudié llevaban en sus man- chas escamas, con caracteres distintos para cada variedad: y así como se me presentaron pintos azules con máculas fran- camente escamosas, otros no tenían este elemento dermatoló- gico, sino muy discretamente. Debo hacer notar que en los pintos colorados que tuve oportunidad de ver, el elemento es- camoso era más abundante, con escamas más gruesas y más adherentes (Fig. 1), de aspecto psoriasiforme; las manchas blancas de los pintos azules presentaban excepcionalmente es- camas furfuráceas finísimas. Como consideré de mucha importancia el estudio de las es- camas, recogí éstas, limpiando previamente con algodón es- téril, y con unas pinzas de disección tomé las escamas, que guardé en tubos pequeños, aproximadamente de ocho centí- 731 metros de longitud, por seis milímetros de diámetro, los que tapaba con algodón estéril, o bien los cerraba a la lámpara, recogiendo de cada enfermo que estudiaba escamas de las di- ferentes manchas. Para el estudio microscópico de este ele- mento dermatológico, seguí las técnicas recomendadas por Sa- bouraud en la obra titulada “La Pratique Dermatologique”, de Besnier, Brocq y Jacquet. En el capítulo relativo a los Caratés, aconseja se traten las escamas por el amoníaco, se les fije y se les colore con una mezcla de ácido pícrico y acé- tico, una vez secas se pueden examinar, o bien tratarlas por diferentes colorantes: azul polícromo de Unna, tionina feni- cada, azul boratado de Sahli, a condición de que el colorante obre de una manera lenta y en solución diluida. También se- guí la técnica que E. Jeanselme aconseja en su obra titulada “Cours de Dermatologie Exotique”, para poner en eviden- cia los hongos Aspergiloides, esto es: examen microscópico con diafragma totalmente abierto, de las escamas tratadas por una solución de potasa cáustica al cuarenta por ciento, y ca- lentadas ligeramente durante algunos minutos. En la misma obra, Jeanselme consigna los procedimientos de elección acon- sejados por Montoya y Flores para las escamas del Caraté y son: 1. Desengrasar las escamas con amoníaco. 2. Después de haber obrado algunos minutos el amoníaco, se vierte sobre las escamas un poco de alcohol saturado de ácido pícrico y se agregan cuatro a cinco gotas de ácido acé- tico. 3. Después de haber dejado obrar esta mezcla cinco minu- tos, se lava con agua destilada. 4. Montar en seco y poner laminilla cubre-objeto desli- zándola de manera de disociar las escamas. El ácido pícrico endurece el micelio y lo colora de amarillo; el ácido acético endurece las fructificaciones. Agrega que este procedimien- to muy frecuentemente deforma o destruye los elementos del parásito, y aconseja otro procedimiento del mismo Montoya y Flores, que consiste en: 1. Se desengrasan las escamas con éter. 2. Durante cinco minutos se dejan las escamas desengra- sadas, en una mezcla de alcohol absoluto, de cinco a diez go- tas de ácido acético cristalizable. 3. 'Se lava abundantemente con alcohol absoluto. 4. Se sumergen las escamas durante cinco a diez minutos en un baño colorante, que contiene: dos a tres gotas de azul polícromo en medio litro de agua filtrada. 732 5. Se lava con alcohol absoluto hasta que éste sale inco- loro. 6. Se esclarecen las escamas con xilol y se montan con bálsamo. Fielmente se practicaron los procedimientos anteriormente citados, y es de lamentarse que los autores hayan descuidado decir ciertos detalles en sus técnicas, pero, de todos modos, éstas fueron practicadas y dieron preparaciones que mostra- ban las escamas parasitadas por un hongo, pero como no eran lo suficientemente claras ni demostrativas, mi maestro, el se- ñor Ochoterena, discurrió: 1. lÁesengrasarlas con cloroformo. 2. Puestas en doral lado-fenol de Aman, calentarlas li- geramente. Con esta técnica, demasiado sencilla, se pudieron observar con mayor claridad las escamas parasitadas, viéndose mice- lios de hongo formando haces, y un conjunto de corpúsculos que podían tomarse como órganos de fructificación. También se ensayó la coloración de las escamas por el Leisman, previo desengrasado: 1. Con cloroformo. 2. n Con ácido fórmico, hirviendo durante dos minutos y medio. 3. Lavadas con agua destilada. Se observaron entonces, también con bastante claridad, mu- chos micelios coloridos de rosa y un conjunto de corpúsculos. Por último, se practicó la siguiente técnica: 1. Desengrasaron las escamas con éter durante cinco mi- nutos. 2. Se pusieron durante cinco minutos en una mezcla de diez centímetros de alcohol absoluto y diez gotas de ácido acético. 3. Se sumergieron un una mezcla de ciento cincuenta cen- tímetros cúbicos de agua destilada, con una goHa de Geimsa puro (48 h.). 4. Se aclararon primero con xilol fenicado y después con xilol puro. Puestas entre laminillas se observaron abundantísimos mice- lios y aparatos de fructificación. Estos estudios fueron hechos indistintamente con escamas de pintos azules y colorados y se encontraron, unas más que otras, pero todas parasitadas. Ahora bien: si estas observa- ciones constituían por sí un hecho de importante significa- ción, sin embargo, se imponía el estudio de la piel en todas 733 sus capas, a fin de averiguar la localización precisa de los mi- celios y órganos de fructificación observados en las escamas. Por fortuna, en Iguala, después de haber suplicado y ofreci- do dinero a muchos pintos, a fin de que se dejaran cortar un fragmento pequeño de piel; la inmensa mayoría no solamen- te se negaba para esto, sino que se resistían al examen obje- tivo para el estudio clínico, y siempre encontré dificultades en el interrogatorio; pude, sin embargo, encontrar un indivi- duo que se prestó para que le cortara un fragmento de piel, y que padecía Pinto con manchas azules, coloradas y blancas, consignando en el último capítulo de esta parte su historia clínica. Las máculas acrómicas me aseguró que le habían apa- recido muchos años después de habérsele iniciado el pinto azul; de la región dorsal de la mano izquierda, lugar donde tenía una mancha de color semejante al de la herrumbre, y que había sido antes colorada, limitando en su parte externa con una mácula blanca, acrómica. Limpié cuidadosamente la, región con alcohol absoluto y algodón estéril, después lavé abundantemente con agua hervida y jabón, volviendo a lim- piar con alcohol y algodón suavemente hasta secar, una ve? hecho esto anestesié la región con cocaína (0.02) y esperé un poco antes de cortar, tomando un pequeño fragmento de piel profundo hasta el tejido celular y comprendiendo parte de ’ms máculas herrumbrosa y blanca; extendí el fragmento y lo puse entre dos tarjetas de visita, e inmediatamente lo llevé al líquido fijador de Carnoy, modificado, y cuya fórmu- la es: Alcohol absoluto 10 ce. Cloroformo 10 cc. Acido acético. 10 cc. Lo tuve en este líquido quince minutos, después de los cuales lo lavé con alcohol absoluto hasta que desapareció el olor del ácido acético; conservándolo en un frasco con alco- hol absoluto hasta mi regreso a ésta, donde se incluyó en ce- loidina y parafina, practicando con el microtomo dos clases de cortes: transversales y tangenciales ligeramente oblicuos, y de un espesor de nueve a doce mieras, tiñéndolosi con di- versos colorantes, pues en unos se empleó la llemafoxilina de Garazzi y contrastándolos con la Eosina Orange en partes iguales; otros teñidos únicamente con Eosina Orange Gr. Normalmente la piel está constituida por dos capas regu- largente superpuestas: primero, una capa profunda llamada 734 Dermis o Corion; segundo, una capa superficial, llamada Epi- dermis. La Dermis o Corion representa la parte fundamental de la piel, puesto que a ella debe su resistencia, elasticidad y cualidad de membrana sensible. Presenta una cara profunda y otra superficial, ésta limitando con la porción profunda de la epidermis. En su superficie tiene multitud de pequeñas eminencias ordinariamente cónicas, conocidas con el nombre de Papilas, limitando con la epidermis por medio de la mem- brana basal de Ranvier o capa vitrea de Renault. Además de las Papilas dérmicas, que pueden ser vasculares y nervio- sas, la dermis está esencialmente constituida por tejido con- juntivo, fibras elásticas, fibras musculares lisas y grasa, en- contrándose también células plasmáticas de Waldeyer (Pías* inazellen), y células de Ehrlich (Mastzellen). La Epidermis o capa superficial de la piel, esencialmente constituida por células epiteliales, llamadas células epidérmi- cas, procediendo de un origen común, éstas células se modifi- can en su forma y en su propiedades biológicas a medida que ellas se alejan de la dermis y se agrupan formando capas distintas, notándose, primero, de la cara profunda a la super- ficial, una hilera de células cilindricas prismáticas con gra- nulaciones pigmentarias de melanina y que constituye la ca- pa generatriz (stratum germinativum), de donde derivan to- das las otras células de la epidermis; a este stratum germina- tivum se le lia dado el nombre de capa basilar. Después vie- ne la capa de Malpighi o cuerpo mucoso, que se compone de agrupamientos de células poliédricas con granulaciones pig- mentarias de melanina en menor cantidad que en la cara an- terior; luego está la capa granulosa o stratum granulosum de Urina, que se compone de dos o tres hileras de células aplas- tadas, según la superficie de la piel, y caracterizadas por la presencia en su interior de granulaciones de eleidina o pro- keratógeno de Waldeyer; después está la capa transparente o stratum lucidum de OEhl, formada de células transparen- tes de núcleo profundamente atrofiado; por último, está la capa córnea o stratum corneum, que es la capa más superfi- cial, compuesta de células keratinizadas y sin eleidina, las más superficiales se desprenden, constituyendo la descamación fisiológica. Todas las células constitutivas de la epidermis evo- lucionan sin cesar en cada capa, siendo renovadas las células que envejecen y se hacen superficiales por células jóvenes que provienen de las células generatrices de la capa basilar o stratum germinativum. 735 Ahora bien: en las preparaciones hechas con los cortes de piel, y cuya técnica ya anuncié, se ve en las preparaciones de cortes tranversales, qu\e la capa córnea o stratum corne um, normal en espesor, con apetitos tintóreos más enérgicos, pio- diendo atribuirse esto probablemente a alteraciones del qui- mismo celular, transformaciones diversas de la eleidina. En- tre el stratum luciduon Pedro L. Baliña, Vicepre- sidente de la Sociedad Argentina de Dermatología y Si fitografía.—El Autok. Celui qui contráete une maladie vénérienne ne doit pas être honteux. C ’est * ‘ un joueur qui a per- du”. Sa revanche est de guérir. S'on devoir d’hon- nête homme, de ne pas propager sa maladie.—Cat- tier. Muy mal han hecho siempre los médicos, preten- diendo enmascarar la temible sífilis con los nom- bres de lúes, avería, avariosis, mal hunteriano, mal napolitano, mal francés, mal vergonzante, plaga ro- ja, peste moderna, enfermedades de trascendencia social, etc. Conviene sencillamente conservarle su verdadero y, primitivo nombre de pila, sin oculta- ciones contraproducentes. Debe figurar al lado de la viruela, difteria, escarlatina, fiebre tifoidea, etc. Nada, pues, de hipocresías y gazmoñerías. Di- fundamos a la luz meridiana su profilaxis colectiva y particular, empleando todos los medios prácti- cos a nuestro alcance, y terminemos por siempre con los eufemismos y perífrasis.—Coni. Sumario: I. Profilaxis de las enfermedades venéreas. Plan indicado por la Ofi- cina Internacional de Higiene Pública (Paris). II. Argentina. 10 III. Estados Unidos de América. IV. Uruguay. V. Brasil. VI. Chile. VII. Paraguay. VIII. Perú. IN. Ecuador. X. Colombia. XI. Venezuela. XII. Cuba. XIII. Bolivia, México y demás repúblicas de la América Central. Apéndice I. La defensa social contra el peligro venéreo y el secreto médico. II. Reacción de Wassermann. Necesidad de reglamentarla. III. El plan americano para concertar una acción conjunta de las de- pendencias nacionales y asociaciones privadas, a fin de combatir las enfermedades venéreas. IV. Resoluciones de la Conferencia de la Cruz Roja sobre enfermeda- des venéreas para los países del norte de Europa (Copenhague), 20-25 de mayo de 1921. I PROFILAXIS DE LAS ENFERMEDADES VENEREAS Plan indicado por la Oficina Internacional de Higiene Pública El Comité de la Oficina Internacional de Higiene Públi a de París ha vuelto a insistir, en 1919, sobre la eficacia del tratamiento precoz de las enfermedades venéreas conside- rado como medio de prevención. Vuelve a solicitar una vez más, con insistencia, que los gobiernos tomen todas las me- didas necesarias para hacer que el tratamiento de las afec- ciones venéreas sea accesible a todas las categorías de la po- blación, suprimiendo todo lo que, directa o indirectamente, tienda a impedir o retardar los cuidados a darse a los en- fermos durante el período contagioso de su afección. Sería particularmente deseable, sostiene, desde este punto de vis- ta, que la gratuidad del tratamiento no quedara limitada a ciertas categorías de la población, sino que pudiera benefi- ciar a todas aquellas que la soliciten. En el mismo orden de ideas, formula el voto de que, las cajas de seguros obreros 11 o mutualistas, bagan desaparecer de sus estatutos la dispo- sición que excluye del beneficio de las prestaciones de estas cajas, a las personas que lian contraído la enfermedad por su propia falta, lo que va directamente en contra de la pro- filaxis de las enfermedades sexuales, basada sobre su trata- miento precoz. El Comité añade que sería de desear que las enfermedades venéreas pudieran ser tratadas en adelante, del punto de vista profiláctico, como enfermedades contagiosas comunes y que fuera posible aplicarles los principios generales que condicionan la prevención de estas afecciones, a saber: la declaración obligatoria, el tratamiento obligatorio, las san- ciones penales en caso de contaminación transmitida cons- cientemente o no a otro, agregando las medidas que derivan de la naturaleza de la infección venérea y de sus consecuen- cias sociales, tales como la que consistiría en exigir de las personas que desean contraer matrimonio, un certificado ates- tiguando que están indemnes de toda afección ele este gé- nero. El Comité llama muy particularmente la atención de los gobiernos sobre la educación del público, para modificar su mentalidad y prepararlo a disposiciones más severas. Esta educación debe proseguirse metódicamente por todos los me- dios de que disponemos (creación de asociaciones de propa- ganda, conferencias, demostraciones con films c'n?mat grá- ficos, distribución de opúsculos y folletos explicativos), te- niendo en cuenta los distintos medios, la escuela inclusive, y empleando para cada uno de ellos los medios adaptados a su mentalidad. En esta propaganda la iniciativa privada y el Estado deben asociarse estrechamente, y éste debe sostener a aquélla con todos sus recursos. Importa también hacer la educación, en cierto modo específica, del cuerpo médico, de manera que las autoridades sanitarias dispongan de un nú- mero suficiente de especialistas calificados, con el objeto de aplicar las medidas que ellas juzguen útiles de adoptar y que los mismos médicos estén en condiciones de contribuir, por su acción y su enseñanza, a la educación de las masas populares. Es indispensable combatir el charlatanismo mé- dico, muy especialmente floreciente en el dominio de las en- fermedades venéreas, castigando severamente, como lo ha solicitado el Consejo central de higiene de los Países Bajos, a todos aquellos que atiendan, sin ser médicos, las enferme- dades venéreas y que ofrecen y preconizan, pública o clan- 12 destmámente, por medio de publicaciones y láminas, o ex- plicaciones verbales, medicamentos, objetos o métodos de tra- tamiento, tendientes a la curación de estas afecciones. Según la opinión del Comité, la aplicación de estas diver- sas medidas le parece deber constituir, en la prevención de las enfermedades venéreas, una primera etapa de la que ya es posible esperar excelentes resultados. La etapa siguiente será la de la intervención legislativa, pero no podrá empren- derse sino cuando el terreno haya sido preparado por medio de una propaganda sistemática y continuada. II Argentina La lucha contra las enfermedades venéreas fué iniciada en forma amplia y metódica por la Sociedad argentina de profilaxis sanitaria y mora], fundada por mí el 8 de febre- ro de 1907, como consecuencia de la constitución de la Li- ga Latino-Americana contra la avariosis, creada por el ter- cer Congreso Médico Latino-Americano de Montevideo (1907). La mencionada Sociedad argentina fué calcada so- bre su congénere, fundada en París por el eminente profe- sor Fournier. Subsistió solamente tres meses, por carecer del concurso de los Poderes públicos y debido a la indife- rencia del pueblo. Su proficua labor de tan corto tiempo, está condensada en los tres números que dió a luz de su bo- letín mensual. La Sociedad había conseguido los locales de los dispensa- rios de la Liga Argentina contra la Tuberculosis, para esta- blecer dispensarios venereológicos que debían ser atendidos desinteresadamente por médicos competentes y a horas apropiadas, para facilitar la frecuentación del público. Los servicios, como el suministro de medicamentos, iba a ser enteramente gratuito. El mecanismo estaba listo para en- trar en funcionamiento, pero la disolución de la Sociedad hizo fracasar tan plausible propósito. [Recabó de la Dirección de la Asistencia Pública el esta- blecimiento, en la casa central y en todos los hospitales y estaciones sanitarias municipales, de dispensarios especia- les para las enfermedades venéreas, en los que se prestaría gratuitamente asistencia médica y medicamentos. Había recibido de numerosos facultativos, el generoso ofrecimiento de abrir en sus propios domicilios, consulto- 13 rios gratuitos para aquellas personas que, por su condición social, no quisieran concurrir a los dispensarios públicos. En el sentido de la propaganda su obra fué vastísima. Además del boletín mensual, la Sociedad dió a luz diveisas publicaciones de educación popular, a saber: difusión pro- fusa de la versión española del opúsculo del profesor Four- nier intitulado: “Para nuestros hijos cuando tengan 18 años”, el mismo que fué reeditado en 1919 por el señor Max Glücksmann, con motivo de la exhibición de la pelícu- la norteamericana “Padres: cuidad vuestros hijos”; un avi- so a los futuros cónyuges para hacerles conocer los peli- gros que para el individuo y su descendencia, revisten las enfermedades, venéreas; las instrucciones populares redac- tadas por el profesor Fournier y otro trabajo del mismo autor demostrando los peligros sociales de la sífilis; final- mente, instrucciones de profilaxis individual para ser fija- das en las casas de lenocinio. Había hecho traducir al español la pieza de Brieux, de la Academia Francesa, “Les avariés”, que tenía ya prepara- da y cuya representación iba a iniciar en los cuarteles de la guarnición, por medio de un grupo de aficionados, para continuarla en la armada, establecimientos superiores de educación y, finalmente, ante el mismo público. Se proponía también iniciar conferencias públicas con proyecciones luminosas, inaugurando así la preservación de las enfermedades venéreas por la educación popular. Las proyectadas conferencias tenían asegurado de antemano el mayor éxito, pues contribuirían a esparcir en todos los me- dios sociales una instrucción verdadera en este sentido, enemiga de la ignorancia y falso pudor, revelando los múl- tiples peligros que la blenorragia y la sífilis hacen correr al individuo y a la raza. En esas mismas conferencias se combatirían las expresiones absurdas de secretas o vergon- zosas, con que se ha pretendido estigmatizarlas, cuando con el criterio de la medicina y sociología modernas, deben las afecciones venéreas registrarse simplemente en el grupo de las contagiosas. En la época actual, la sífilis no puede ta- charse de vergüenza, sino de inmensa desgracia, que más bien debe inspirar compasión y perdón. La Sociedad argentina se empeñó ante las sociedades mutualistas en que hicieran desaparecer de sus estatutos el artículo monstruoso, de que los asociados atacados de en- fermedades venéreas, vergonzosas, como se les designaba, no podían contar con los auxilios de la sociedad. Sus ges- 14 tiones fueron coronadas de éxito, porque la mayoría dei aquéllas aceptó y puso en práctica su indicación. Se dirigió al Ministerio de Instrucción Pública, solicitam do que en los programas de estudios de las escuelas norma- les de maestros y colegios nacionales, se incluyeran nocio- nes sobre las enfermedades venéreas, considerando que los miembros del cuerpo docente deben tener conocimientos precisos al respecto, para difundirlos entre sus alumnos. En esos establecimientos debían dictarse conferencias sobre ■el peligro venéreo y para iniciarlas ofrecía el concurso des- interesado de sus miembros, utilizando las proyecciones lu- minosas recibidas de Europa. Solicitó igualmente del Ministerio de Guerra que en las libretas de enrolamiento, se diesen a conocer en forma de apéndice, instrucciones breves y sencillas: antivenéreas, an- tituberculosas y antialcohólicas, con el propósito de difun- dir conocimientos útiles entre los jóvenes conscriptos, fre- cuentes víctimas de esos males. Abordó el estudio serio del problema de la prostitución, demostrando que no se habían alcanzado los resultados ape- tecibles con la vigilancia sanitaria del vicio, porque éste había sido objeto de medidas inconsultas, persecuciones te- naces e injustificadas y a veces, de explotaciones inconfe- sables. Sostuvo que, siendo la prostitución un mal social inevitable, más aún, necesario, verdadera válvula de escape de las pasiones de la humanidad, era absurdo perseguirla, como se había hecho entre nosotros. La prostituta, ser des- graciado si lo hay, debía inspirar más que repulsión, lásti- ma y compasión. Era menester tender la mano a la mujer caída en la abyección y el vicio, procurando su regenera- ción cuando es posible y velar sobre la prostituta incorre- gible, a fin de que dañe lo menos posible a la sociedad. En el Congreso Médico de Santiago de Chile, reunido a« principios de 1909, presenté como ponente, una monografía sobre ‘'Frecuencia y profilaxis de las enfermedades vené- reas en la América Latina”, cuyas conclusiones dadas a continuación, fueron aprobadas por la asamblea: 1.a Que en las naciones de la América latina que aún no la tienen, se funden sociedades de profilaxis sanitaria y moral, que uniformando su programa de acción, cooperen a los mismos propósitos de la Liga latino-americana para la avariosis, fundada por el tercer Congreso Médico Latino- Americano, para combatir el peligro venéreo, llevando a 15 cabo campaña análoga a la que con tanto éxito se ha hecho contra la tuberculosis; 2. a Que en los establecimientos de enseñanza secundaria se incluyan en los programas de cursos determinados co- nocimientos sobre instrucción y profilaxis venérea, con los mismos recursos empleados en la educación antialcohólica y antituberculosa; 3. a Que las sociedades de profilaxis sanitaria y moral, or- ganicen la educación y propaganda antivenérea por medio de conferencias públicas y distribución profusa de impre- sos de todo género, para hacer conocer del público los peli- gros ignorados de los males venéreos; 4. a Que se funden dispensarios venereológieos en los cen- tros de población, para prestar gratuitamente asistencia médica y medicamentos a las clases trabajadoras, hacién- dolos funcionar a horas adecuadas del día para asegurar su mejor funcionamiento; 5. a Que se funden hospitales especiales con régimen libe- ral para la asistencia de las prostitutas enfermas de mal venéreo; 6. a Que las autoridades municipales, por medios diversos, traten de concentrar en casas especiales a la prostitución, disminuyendo la clandestinidad del vicio, que supera en to- das partes, sin dejar por eso de perseguir como al presente la trata de blancas; 7. a Que los servicios sanitarios de la prostitución sean absolutamente gratuitos (dispensarios de salubridad, dis- pensarios venereológieos, hospitales o casas de sanidad es- peciales, etc.) ; 8. a Que las sociedades de profilaxis sanitaria y moral emprendan una guerra enérgica a la pornografía, que va re- vistiendo carácter alarmante en algunas capitales america- nas ; 9. a Que en los respectivos ejércitos, se pongan en prácti- ca los procedimientos razonables y eficaces empleados por la Dirección de Sanidad Militar Francesa, que ha logrado alcanzar un resultado inmejorable: disminución sensible en el porcentaje de afecciones venéreas en las tropas; 10. a Que en la legislación se incluyan la responsabilidad y penas consiguientes, por los hechos de contaminación ve- nérea ; 11. a Que la ley de Registro Civil prescriba a ambos con- trayentes, la presentación de un certificado de salud firma- do por facultativo, comprobatorio de que en el momento de 16 efectuarse el matrimonio, no ofrecen ninguna tara física importante que les impida celebrar el enlace (alcoholismo, sífilis y blenorragia, tuberculosis, cáncer, etc.). Un delegado oficial argentino, después de la lectura de las conclusiones anteriores, hizo moción para que ellas pa- sasen a estudio de una Comisión especial. Como era natural, no acepté en manera alguna la indicación, completamente contraria, por otra parte, a la práctica seguida en los con- gresos, y vime obligado a retirar las dos últimas conclusio- nes, que daban lugar a impugnaciones, de manera que la asamblea prestó plena aprobación a las otras nueve. En efecto: mis dos últimas conclusiones en esa época po- drían quizá considerarse de algo avanzadas. Hasta el pre- sente ninguna legislación establece todavía la responsabili- dad y penas para los hechos de contaminación sexual. Como hemos visto al principio de este trabajo, la misma Oficina Internacional de Higiene Pública acepta como desiderátum las sanciones penales en caso de contaminación transmitida conscientemente o no, a otro, y también la necesidad de exi- gir de las personas que desean contraer matrimonio, un cer- tificado atestiguando que están indemnes de toda afección de este género. Pero la mencionada oficina, en presencia de las ideas aún reinantes y de los prejuicios de que son objeto las afecciones venéreas, no cree que haya llegado el momen- to de intervenir contra ellas por medio de leyes y reglamen- tos. Piensa que ese procedimiento levantaría en la mayor parte de los países tal oposición, que se correría el riesgo de llegar a resultados diametralmente opuestos a los que se busca. Hay que observar que los países que se aproximan más a la aplicación íntegra del principio de protección de la salud por medidas legales y administrativas, en la elimi- nación de la sífilis y blenorragia, son las nuevas naciones anglo-sajonas, sobre todo el Canadá, la Unión del Africa del Sud, Australia, Nueva Zelandia y los Estados Unidos. En estos países, y desde algunos años, los principios de higiene pública legal han sido aplicados extensamente a las enfer- medades venéreas. La guerra ha estimulado esta legislación, promulgada casi en su totalidad desde 1914. Resalta de la lectura atenta de las leyes pertinentes en los Estados Unidos, que en ellas se intenta facilitar les me- dios para la supresión de la prostitución bajo todas sus for- mas, el tratamiento eficaz y bastante prolongado de las personas atacadas de enfermedades venéreas, la rehabilita- 17 ción de las mujeres y de las jóvenes que Layan sido compro- metidas en la prostitución y la protección en establecimien- tos especiales de las que se encuentren en peligro de com- prometerse. Un Estado tiene una ley según la cual toda persona que, después de haber contraído una enfermedad venérea y quien, antes de haber obtenido un certificado escrito de un médico respetable constatando su curación, se casa o expo- ne a otra persona, por el coito o las relaciones sexuales, a la enfermedad de la cual está atacada, o a la posibilidad de contraería, será reconocido culpable de un crimen y en es- te caso será detenido en un establecimiento penitenciario, un año por lo menos y cinco a lo más. Recientemente se ha condenado a un hombre con la pena máxima según esta ley y otros diez han sido condenados con penas de detención entre 1 y 5 años. Lo anterior demuestra bien evidentemente el rigor de las leyes en ciertos Estados norteamericanos, con respecto a enfermedades venéreas. En cuanto al certificado para el matrimonio, si bien has- ta hoy no ha sido establecido en ningún país europeo, ya existe en algunos Estados norteamericanos y en Méjico, donde se llega a exigir a los contrayentes un certificado con la reacción de Wassermann (1). Por mi parte, el año pasado, desempeñando la Presiden- cia del Consejo Consultivo del Departamento Nacional de Higiene, presenté a su consideración un proyecto en ese sentido, ampliando la ley de Registro Civil con una cláusula que prescribiera la presentación de dicho cerificado, pero no tuve la suerte de contar con el beneplácito de la mayo- ría de mis colegas de Comisión. Pienso y abrigo la firme convicción de que, con el andar de los tiempos, cuando se logre desterrar totalmente los prejuicios e hipocresías sobre las enfermedades venéreas, la legislación de los pauses ade- lantados exigirá la presentación de dicho certificado a los contrayentes. El lector habrá comprobado con la lectura de este traba- (1) La Conferencia internacional de mujeres médicas que se ha reu- nido últimamente en Nueva York, ha recomendado que se haga un examen físico de ambos cónyuges antes de efectuarse el’ matrimonio y se establezca una oficina internacional de higiene bajo la autoridad de la Liga de las Naciones. 18 jo, que las conclusiones de la Oficina Internacional de Hi- giene Pública habían sido ya presentadas por mí diez años antes a la Sociedad argentina de profilaxis sanitaria y mo- ral y al Congreso Médico chileno de 1909. Recuerdo simple- mente este hecho como honor para nuestro país. Veamos ahora la situación en 1920. El Concejo Delibe- rante Municipal, muy mal inspirado, a juicio mío, ha supri- mido totalmente del presupuesto el dispensario de salubri- dad y de hecho la inspección sanitaria de la prostitución, que le estaba confiada, y sancionó con fecha 13 de junio de 1919 una ordenanza reglamentaria de la prostitución, que ha dado resultados deplorables en la práctica, como muy lue- go lo ha demostrado la Intendencia Municipal en su comu- nicación de abril 6 de 1920, dirigida al Concejo Deliberante. Este documento encara el problema bajo una faz verdade- ramente práctica y racional, y, en cambio, adjunta otro pro- yecto en substitución del vigente, que satisface en su ma- yor parte las exigencias sobre esta materia. La nota referida del Intendente municipal sostiene un principio, lógico e irrefutable, esto es, que cada una de las zonas del municipio debe cargar con su parte de las moles- tias derivadas de la vida de gran ciudad, molestias que. por lo demás, se trata de reducir a su mínima expresión, autorizando la concentración, que disminuye el número de estas casas, y reglamentando las condiciones de su funciona- miento. La Intendencia Municipal, con la nota de la refe- rencia, ha dado una justa lección, que mucho se merecía el Concejo Deliberante. En la ordenanza sancionada por el Concejo Deliberante, con fecha 13 de junio de 1919, se establecen las siguientes disposiciones: Toda persona atacada de una afección venérea será asis- tida gratuitamente (médico, medicamentos, curaciones, hos- pitalización, etc.), a su simple presentación en un hospital o consultorio que dependa de la Municipalidad de la Capi- tal. Créase en la Asistencia Pública una sección denominada “Profilaxis de las enfermedades venéreas”, que estará a cargo de una Comisión compuesta por los actuales jefes de servicios y de los servicios a crearse, destinados al trata- miento y profilaxis de estas enfermedades, la que tendrá por misión: 19 a) La dirección de las salas, consultorios, dispensarios y curatorios municipales, destinados al tratamiento de los enfermos venéreo-sifilíticos; b) La divulgación en las formas más amplias posibles, por medio de folletos, carteles, volantes, conferencias y de- más medios que la experiencia aconseja, tendientes a com- batir la difusión de estas enfermedades; c) Asesorar a las autoridades municipales, sobre las me- didas de profilaxis antivenérea a tomarse; d) Estimular las iniciativas privadas de las sociedades de beneficencia, socorros mutuos, etc., para la profilaxis de estas enfermedades; e) Obtener de las autoridades nacionales la institución de servicios especiales para el tratamiento de las enferme- dades venéreas en el Ejército y Armada, Consejo Nacional de Educación, arsenales, policía y bomberos y demás depen- dencias del Estado, que ocupan gran número de obreros y empleados; í) Todos los médicos de la dependencia de la Asistencia Pública estarán obligados a dar una conferencia mensual, por lo menos, en los sitios donde los destine la Dirección de la misma Asistencia Pública, sobre enfermedades venéreas y la profilaxis correspondiente; g) Los médicos de los dispensarios estarán obligados a dar una conferencia sobre el mismo tema que se anuncia en el inciso anterior; h) Las sociedades culturales, o sociedades obreras y bi- bliotecas públicas, podrán solicitar de la Dirección de la Asistencia Pública un conferenciante sobre esas gestiones. Fuera de los consultorios y demás servicios hospitala- rios existentes destinados al tratamiento de las enfermeda- des venéreo-sifilíticas, se establecerán en parajes adecuados diez dispensarios completamente independientes de aqué- llos, destinados: 1. A la asistencia de los enfermos venéreo-sifilíticos que no necesitan ser hospitalizados, para los que habrá consul- tas médicas todos los días, incluso los domingos y días fe- riados, de 8 a 10 y de 20 a 22. 2. A su tratamiento y curación profiláctica por medio de lavajes, inyecciones, etc., todos los días desde las 8 hasta las 11 y desde las 13 hasta las 22. En las horas comprendi- das entre las 8 y 11 y desde las 18 a las 22 será para la asistencia de hombres y de las 13 a las 18 para mujeres. iCada dispensario contará con un número de médicos 20 agregados, quienes desempeñarán sus cargos ad-honorem y a los que se computará la antigüedad y asiduidad en el des- empeño de su puesto, para la provisión de la vacante de di- rector a producirse. Cada dispensario deberá disponer; 1. De una sala de espera; 2. Una sala para consultorios; 3. Una sala con las suficientes divisiones para la separa- ción y reserva de enfermos. 4. Una sala con seis camas por lo menos, para los enfer- mos que deban permanecer en reposo u observación duran- te algunas horas cuando hubieran recibido tratamientos es- peciales ; 5. Un laboratorio para análisis clínicos inmediatos. En el laboratorio central de la Asistencia Pública se es- tablecerá una sección especial para los análisis clínicos de los servicios de enfermedades venéreas. Los laboratorios ac- tualmente existentes en los hospitales municipales efectua- rán dichos análisis a la simple presentación de la orden ex- pedida en los dispensarios a crearse. Veamos ahora cómo se han llevado a la práctica las dis- posiciones dadas a conocer. Como dejo dicho ha quedado suprimido el D:spensario de salubridad. El resultado inmediato ha sido el siguiente: que el número de prostitutas inscriptas lia disminuido con- siderablemente. El presupuesto vigente establece una sección llamada de “Profilaxis de enfermedades venéreas”, con un director, un secretario y veinte médicos directores de otros tantos dispensarios antivenéreos. Los médicos del Dispensario de salubridad han pasado a formar el personal del Dispensario central a la espera de la creación de otros nuevos, a fin de no desconocer servicios prestados. Actualmente funcionan catorce dispensarios en la Capi- tal (1) con una instalación y dotación extremadamente de- (1) He aquí la nómina de dichos dispensarios: 1. Dispensario Central, Larrea 1504. 2. Asistencia Pública (Casa Central), Esmeralda 66. 3. Hospital Ramos Mejía, General Urquiza 609. 4. Hospital Alvear, Warnes 2600. 5. Hospital Rawson, Avenida Alcorta 1402. 6. Hospital Alvarez, San Eduardo 2649. 7. Hospital Fernández, Cerviño 3358. 21 ficientes, porque no se lia tenido la precaución de proveer- los con el material indispensable, a tal punto que se ven re- ducidos a utilizar el escaso procurado por cada nosocomio, lo que demuestra falta de previsión. Ningún dispensario reúne las condiciones de la ordenanza, no obstante los pe- didos reiterados del director del servicio. La Comisión encargada de la profilaxis antivenérea está compuesta del director de la Asistencia Pública, del jefe del servicio y de los veinte médicos directores de dispensa- rios. Hasta la fecha no se ha dado ninguna de las conferen- cias aludidas en la ordenanza. El director del servicio ha solicitado de la Asistencia Pública la aprobación e impre- sión de dos instrucciones: profilaxis venérea para hombres y consejos higiénicos a los sifilíticos. La primera encierra preceptos de profilaxis personal, para ser fijada en las mis- mas casas de lenocinio. Es análoga a la que había redacta- do en 1907 la Sociedad argentina de profilaxis sanitaria y moral. Es muy interesante y sugerente el cuadro estadístico que doy a continuación. Sus cifras hablan por sí solas. Obsér- vese el número de prostíbulos existentes en este año (272) y téngase presente que de acuerdo con la ordenanza vigen- te no pueden tener sino una sola mujer. La disminución de casas a partir de 1914 se ha hecho gradualmente hasta al- canzar el mínimo en 1918 y 1919, pero hay que tener pre- sente que ellas contaban generalmente con gran número de mujeres, de manera que el aumento sensible de prostíbulos en el corriente año no es sino aparente. En el renglón de mujeres inscriptas se observará que de 3,608 que eran en 1916, han descendido a 419 en el corriente año, y también que el descenso gradual se ha operado desde 1917 hasta el presente. En el renglón de nuevas inscriptas resalta esta cifra harto elocuente por sí sola: en los ocho primeros me- 8.° Hospital Pirovano, Monroe 3551. 0.° Hospital Durand, Gaona 434. 10. Hospital Argcrich, Pinzón 546. 11. Hospital regional José M. Bosch, Garay 3232. 12. Hospital regional Las Heras, Cabildo 232. 13. Hospital regional Vélez Sarsfield, Avellaneda 4147. 14. Hospital regional Nueva Pompeva, Traful 3835. La Asistencia Pública, por medio de carteles fijados conveniente- mente, debería hacer conocer del público la ubicación de estos dis- pensarios. 22 ses del corriente año se inscribieron solamente 11 meretri- ces ! El cuadro estadístico, por sus alarmantes revelaciones constituye una sentencia condenatoria de la ordenanza vi- gente sobre prostitución, y si el Intendente municipal lo hubiera conocido, no habría ciertamente dejado de acom- pañarlo a su bien meditado mensaje a que me he referido más arriba. 1914 1915 1916 1917 1918 1919 Hasta el 31 de agosto 1920 Número do prostíbulos 243 202 220 185 60 61 272 Mujeres diferentes (can- tidad de fichas) . . 3.597 3.554 3.608 2.219 1.606 1.835 419 Nuevas inscriptas . 922 511 428 279 197 216 11 Enfermas el día de la inscripción .... 88 73 47 51 44 75 1 Total de enfermas decía- radas 1.131 951 596 832 671 977 97 Total de visitas practi- cadas 100.467 96.920 16.610 35.538 36.264 8 002 Por todo lo expuesto, puede decirse que el sistema aboli- cionista de la nueva organización no lia dado ciertamente los resultados que sus autores esperaban alcanzar. Feliz- mente, el actual Intendente municipal permanece en el buen terreno práctico, con respecto a esta importante cues- tión de moralidad pública. Es un hecho comprobado el aumento sensible de la bleno- rragia y sífilis entre nosotros, y de lamentar es que las au- toridades municipales, inspiradas en un abolicionismo a ultranza, no hayan sabido encauzar el problema de la pro- filaxis antivenérea, en un sentido verdaderamente racional y práctico. El doctor Josué A. Beruti ha publicado un interesante trabajo sobre la profilaxis soeial de las enfermedades ve- néreas y la participación de la partera en la lucha preven- tiva contra la sífilis y la gonorrea, cuyas interesantes con- clusiones merecen transcribirse. 1.a La partera, por la índole de su oficio, constituye un elemento de primer orden en la lucha profiláctica contra las enfermedades venéreas. 23 2. a Por tal motivo se impone una especial preparación del gremio sobre las causas, la naturaleza, los síntomas y las consecuencias de la gonorrea y de la sífilis. 3. a Para ello se requiere una particular enseñanza en las escuelas de obstetricia, por parte de los profesores, sobre los puntos señalados y una metódica ilustración del gremio en ejercicio, por medio de cartillas especiales, cursos de re- petición y conferencias apropiadas. 4. a La partera contemporánea no tendría así aumentadas sus atribuciones; las hallaría solamente modificadas en el sentido de concedérsele una mayor intervención social en el terreno preventivo y profiláctico de las enfermedades, y una menor actuación obstétrica, reduciendo al mínimum posible sus atribuciones terapéuticas, que son por el mo- mento excesivas. Trataríase, pues, de una nueva orientación del gremio muy beneficiosa para la colectividad. 5. a Esta nueva forma de profilaxis social en que se hace intervenir a un nuevo elemento, obligará al principio, si se pone en práctica, a proceder con suma prudencia, a fin de evitar el peligro del curanderismo en que podrían caer las parteras deficientemente ilustradas, o insuficientemen- te vigiladas por las autoridades. Antes de terminar este capítulo deseo decir algo sobre la profilaxis individual de las afecciones venéreas. Pienso que hay conveniencia en poner en práctica los medios de pro- tección en otros tiempos preconizados por Metchnikoff y Roux, que habiendo sido mejorados y simplificados, han hecho su empleo cómodo y práctico para todos. El proceder de desinfección recomendado consiste en el empleo de la preparación antiséptica siguiente: Timol 1.75 gr. Calomel 25.00 Vaselina 23.25 Lanolina 50.00 Total 100.00 gr. Una simple aplicación sobre las mucosas genitales en la hora que sigue al acercamiento sospechoso y el hombre que se ha expuesto al contagio, aun si se ha descuidado de pro- ceder a un lavado previo, se encuentra garantizado. Una encuesta hecha durante varios meses sobre un grupo de 140 hombres, ha dado al respecto indicaciones muy inte- resantes y realmente probatorias, puesto que sobre un total 24 de 140 hombres que han practicado varios cientos de acer- camientos sospechosos, no pudo constatarse, merced al em- pleo de la pomada cuya fórmula se da, ningún caso de con- taminación, ni blenorrágica, ni sifilítica. Pienso que la generalización de esta práctica preserva- tiva tendrá en un tiempo corto, otro resultado de la mayor importancia que el de la preservación del individuo aisla- do. Es, en efecto, la extinción progresiva y completa de las enfermedades venéreas que la aplicación del método profi- láctico preconizado permite entrever. Con mucha razón el doctor Gauducheau dice: “Cuando los hombres hayan con- traído el hábito de esta profilaxis antiséptica, verán des- aparecer los virus venéreos en ellos mismos, y también en la mujer, teniendo en vista que generalmente estos micro- bios se transmiten y se perpetúan, parasitando alternativa- mente en los dos sexos de la especie humana y que si uno de los dos se pone al abrigo, se producirá una desaparición total de dichos gérmenes”. Como en el estado actual de la técnica, no es posible en manera alguna asegurar la desinfección perfecta de la mu- jer, es en el hombre en el que es fácil realizarla y por con- siguiente, es esencial proceder en dicho sentido. A este resultado podrá fácilmente llegarse, a condición de hacer la educación de los interesados. Convendría, pues, iniciar la propaganda profiláctica en los conscriptos de1? ejército y de la armada, confiándola a la Dirección de Sa- nidad militar de ambas instituciones, para, en vista de los resultados alcanzados, hacerla extensiva a otras agrupa- ciones. La práctica ha confirmado plenamente las medidas pre- conizadas por el doctor Gauducheau y este hecho resalta, en efecto, de las indicaciones hechas por el urologista Joseph Karle Moore en un artículo publicado en “The Journal of the American Medical Association” de 24 de abril último. No habiendo logrado combatir en los contingentes ame- ricanos el desarrollo de las afecciones venéreas por la re- presión de la prostitución femenina y la prohibición a es- tos contingentes de las casas de tolerancia de ciertas calles o de ciertos hoteles, ni tampoco por medidas de higiene so cial o medidas profilácticas, se preocupó de organizar esta- ciones de profilaxis. Estas fueron rápidamente multiplica- das, a tal punto que en marzo de 1919 existían 72 para el solo distrito de París, que distribuyó termino medio 5,000 tratamientos. Esta organización dio los mejores resultados, pues mer- 25 ced a ella, la cifra anual de enfermedades venéreas del con- tingente americano en el distrito de París disminuyó de 313,5 por mil primeramente a 113,6 por mil y después a 94,6 por mil. 111 Estados Unidos de América El Servicio de Sanidad Pública de los Estados Unidos de América, cuenta con un departamento especial de enferme- dades venéreas, dirigido por el doctor Rupert Bine, ciru- jano general de aquél. Cuando el Cuerpo Legislativo aceptó el proyecto de ley Chamberlain Kahn sobre enfermedades venéreas, el United States Public Health Service creó dicho departamento pa- ra evitar la propagación de dichas enfermedades y encaró el problema bajo tres aspectos distintos: l.° medidas médi- cas; 2.° leyes y penalidades; 3.° medidas educativas. Las medidas educativas comprenden la propaganda e in- formación, por folletos, conferencias, cinematógrafo (1), exhibiciones en los centros industriales, clubs, instituciones comerciales, escuelas, iglesias, bibliotecas, el hogar y en to- dos los órdenes de la actividad humana, de los peligros de estas enfermedades y de sus consecuencias. Las medidas de orden y disposiciones por medio de leyes y penalidades a los que infrinjan las leyes en los estados y municipalidades, dictando oidenanzas contra la prostitu- ción en todas sus fases; establecimiento y manejo de insti- tuciones destinadas a mejorar la condición del enfermo y su tratamiento; estimular con urgencia la adopción de le- yes haciendo obligatoria la declaración de los casos de es- tas enfermedades; prohibición de avisos charlatanescos, venta de patentes que engañosamente son vendidos como curativos; en fin, toda medida que evite la propagación de las enfermedades venéreas. Las medidas médicas incluyen el establecimiento de clí- (1) Dos cintas de este género han sido presentadas al público bo4 naerense. Una con el nombre de Padres: cuidad vuestros hijos, cono- cida en Nueva York con el nombre de Damaged goods (mercaderías avpriadas), y la otra Abra sus ojos (Open yours eyes). A ambas se/ las ha rodeado de cierta reserva, siempre continuando con el mismo falso criterio con que se encara esta cuestión de profilaxis social. 26 nicas, hospitales, facilidades para los enfermos de ser exa- minados con el auxilio del laboratorio para un diagnóstico seguro, obtener la cooperación del cuerpo médico y farma- céutico-dental para informar sobre los casos de sífilis, ble- norragia y chancro blando. La campaña contra los anuncios charlatanescos ha co- menzado y de los 20,000 diarios y publicaciones de los Es- tados Unidos, sólo unos 140 continúan insertando esos anun- cios, lo que prueba que el 90 por ciento de los periódicos han secundado las medidas adoptadas. El segundo paso en la campaña fué dirigido a los farma- céuticos del país. Mediante la notificación han aprobado y respondido afirmativamente unos 28,000 de los 48,000 far- macéuticos y droguistas que cuenta la Unión Americana, lo (pie indica que sólo un 60 por ciento aprueban estas me- didas. Una solicitud en este sentido dirigida a los 131,780 mé- dicos y cirujanos que ejercen legalmente la profesión, ha demostrado que sólo han cooperado 60,000 del número to- tal de profesionales, o sea un 45 por ciento de éstos. Para dar una ojeada de conjunto sobre la lucha antive- nérea, en los Estados Unidos de América, me permito trans- cribir los siguientes datos extraídos del libro del doctor Juan H. Stokes: ‘‘El problema social de la sífilis”, apare- cido en el año pasado y preciosa fuente de información. Un gran movimiento se ha iniciado para la restricción de la sífilis y enfermedades afines en el mundo entero. Una campaña de publicidad fué el punto de partida del esfuer- zo organizado para realizar la disminución de la tuberculo- sis y de la misma manera una campaña semejante, forma la base del movimiento que, bajo la presión de las tremendas necesidades de la guerra, está abriéndose paso con una ra- pidez tal, que generaciones de oradores y pensadores en tiempo de paz no habrían podido realizar (1). (1) El lector habrá sido informado por e-1 capítulo destinado a Hai Argentina, de este libro, que en 1907 inicié en toda la América Lati- na una campaña contra ¡las enfermedades venéreas y qu-e en Buenosi Aires fundé la Sociedad Argentina de profilaxis sanitaria y moral* desgraciadamente de corta existencia. Después de veinte años empeñados con todo desinterés en la lucha antituberculosa, me he visto obligado a retirarme de ella por moti- vos bien ingratos que no es del caso recordar aquí. Es mi vivo deseo se pudieran alcanzar en la lucha antivenérea los mismos resultados, bien evidentes, alcanzados con la peste blanca. 27 Aunque este país, dice el doctor Stokes, refiriéndose a los Estados Unidos de América, en el momento que escribi- mos, está probablemente más atrás que cualquier otra na- ción del mundo en sus esfuerzos contra las enfermedades venéreas como problema nacional, tiene la ventaja de que el camino trazado ya por las campañas que hacen época, tales como las de los países escandinavos, los estudios de la Comisión Rea] Svdenham, bajo cuyas demostraciones está tratando el Gobierno Inglés de realizar ahora la más grande campaña aislada que se haya emprendido jamás contra la sífilis y la blenorragia. Alemania ha tenido durante varios años una sociedad entre cuyos miembros se contaban algu- nos de los más grandes nombres de la ciencia moderna, que dirigían todas sus energías hacia la solución del problema de las enfermedades sexuales, y la opinión alemana en es- ta materia va desenvolviéndose tan rápidamente, que difí- cil es seguirla, aun para los que se ocupan de estas mate- rias. En este país el progreso ha sido mucho más lento, re Lar- dado por peculiaridades mentales, maneras de ver y tradi- ciones muy diferentes de las que han dirigido el pensamien- to en Europa. La asociación de la sífilis con la prostitución ha contribuido poderosamente como un medio para relegar muchas informaciones estadísticas valiosas y conocimien- tos generales de la enfermedad, a la categoría de informes semiprivados y no accesibles como fuente de información para la gran masa del público que piensa. El efecto de en- contrar el problema de la sífilis invariablemente ligado a las discusiones sobre el mal social, ha servido para perpe- tuar en la idea popular esta asociación, que obstruye el ca- mino a toda solución del problema de salud pública. Mien- tras que la idea de la prostitución influya la sífilis, oculte la sífilis o la trate accidentalmente, no contribuirá jamás en nada a la conquista de ninguna de las dos. Es una de las modalidades más significativas de la gran campaña qu«- »e realiza hasta ahora en el mundo entero, la de que se haya adoptado finalmente el camino correcto y se ataquen la sí- filis y la blenorragia como enfermedades y no por su aso- ciación con la prostitución. lias sociedades que en este país están realizando esfuer- zos notables para impulsar la campaña contra la sífilis y la blenorragia, merecen todo el apoyo posible de parte del público ilustrado. La Asociación Americana de Higiene So- cial es un centro de informaciones fidedignas respecto a los problemas de las enfermedades sexuales; publica un sema- 28 nario. EI Comité Nacional de Higiene mental y sus socie- dades anexas están empeñados también en difundir el co- nocimiento de las relaciones de la sífilis con las enferme- dades mentales y la degeneración. Los departamentos sa- nitarios de los diversos Estados, lo mismo que los de las ciudades, los acompañan con entusiasmo en sus esfuer- zos para impulsar esta campaña y se ha realizado ya un trabajo notable en la ciudad de Nueva York, tanto en publicidad como en provisión de facilidades para reconocer y tratar las enfermedades en cuestión. Algu- nos Estados como Ohio, Michigán y Vermont, se enca- minan hacia un ataque legislativo a diferentes aspectos del problema. Periódicos y revistas de importancia, han hecho suficientemente familiar al público, la idea de una campa- ña contra estas enfermedades. Se ha legislado poco sobre la sífilis y no siempre de ma- nera atinada y oportuna. Una legislación fantástica y pro- yectos de ley poco estudiados son los preliminares familia- res que preceden al estallido de un gran movimiento de opinión pública. Ejemplos típicos de esa legislación prema- tura se encuentran en el establecimiento de la prueba de Wassermann en ciertos estados como evidencia de aptitud para el matrimonio, y en los esfuerzos que se declare la sí- filis y la blenorragia con el nombre del enfermo. Los pro- yectos de cuarentena y de tarjetones en las casas de todos los enfermos de sífilis, entran en la misma categoría, aun- que sean seriamente apoyados por algunos. El plan para establecer, sea por la acción del Estado o la intervención municipal, hospitales especiales para venéreos entra en la misma categoría, puesto que es obvio que en el estado ac- tual de la opinión, solamente los muy desvalidos recurrirían a ellos. El estigma adscripto a esos establecimientos los liaría inútiles justamente para las personas de algún valer, que está en el interés público conservar y reeducar. Bajo la dirección de una Oficina nacional o Departamen- to sanitario administrativo no hay duda de que el movi- miento contra la sífilis avanzaría mucho más rápidamente que por las energías intermitentes y dispersas de diversos estados y asociaciones particulares. Lo que han hecho la Comisión Svdenham en la Gran Bre- taña y la Sociedad para combatir las enfermedades sexua- les en Alemania y los programas legis1 ativos ya menciona- dos, ha sido cristalizar gradualmente, en forma perfectamen- te definida, los hechos esenciales e indiscutibles de un pro- 29 grama para la restricción de las enfermedades venéreas, la sífilis entre ellas. Aquellos pueden resumirse de la manera siguiente: 1. La provisión para las enfermedades en cuestión de un tratamiento universalmente reconocido como bueno, a ex- pensas del Estado, si es necesario. 2. La provisión por el Estado de los medios eficaces pa- ra reconocer estas enfermedades con la mayor exactitud posible en todo caso. 3. La supresión del ejercicio de los charlatanes; prohibi- ción efectiva de específicos y de anuncios de curaciones por éstos. 4. Profilaxis moral y educativa y supresión rigurosa de la prostitución (1). Además de estas medidas, que son comunes a todos los proyectos y sistemas en aplicación para la restricción de las enfermedades sexuales, pueden agregarse otras reco- mendaciones clasificadas como discusión y tanto más en de- bate, cuanto que algunas han sido incorporadas en algunos programas y omitidas en otros. Estas son las siguientes: 1. a Instrucción general en la profilaxis general para lodo el mundo. 2. a Medidas coercitivas y multas que obliguen a los en- fermos a continuar su tratamiento hasta que sanen, pres- cindiendo de lo que ellos deseen hacer en la materia. 3. a Notificación o declaración de los casos de enfermeda- des sexuales a las autoridades sanitarias. 4. a Legislación indirecta, ccmo puede llamarse la que tie- ne por objeto descubrir a las personas infectadas antes que contraigan matrimonio, más bien que cuando estalle la en- fermedad, ya sea relevando al médico que atiende el caso de las obligaciones del secreto profesional, o exigiendo cer- tificado de salud antes del matrimonio y anulación de éste después de descubierta la infección. La provisión de un tratamiento al alcance de todo el mundo, sin tener en cuenta los medios o circunstancias del enfermo, debería ser considerada la base fundamental, sin la cual un programa no debería ni siquiera considerarse. Por más de un siglo Dinamarca ha suministrado tratamien- to gratuito a todas las personas con enfermedades vené- (1) Esta última medida es, a mi juicio, completamente utópica. (No- ta del comentador). 30 reas. La ley noruega, similar en su parte esencial, data de 1860. Italia hace pocos años adoptó un programa semejan te, echando categóricamente sobre el Estado la responsabi- lidad de proveer a la curación de todos los enfermos con infecciones venéreas. Inglaterra acaba de adoptar un siste- ma mixto, que pone la mayor parte de la responsabilidad en manos del Estado y muy poca en la del individuo por lo que respecta al tratamiento. Alemania ha obligado a las compañías de seguro a cargar con esta obligación, y, bajo la presión de la guerra, ha apurado las cesas, invocando más y más la ayuda del Gobierno. La ley reciente de Aus- tralia Occidental ordena que todo médico pagado por el estado, trate las enfermedades venéreas sin percibir remu- neración alguna. En comparación con los inmensos progre- sos que representan estos programas, en contraposición a la indiferencia anterior, nuestro país hace un triste papel. En los Estados Unidos ninguna institución pública está encar- gada formalmente del deber de prevenir, reconocer o tra- tar la suma considerable de infección venérea que daña nuestra salud nacional. Algunas inspecciones sanitarias na- cionales tratan de practicar la prueba de Wassermann y algunas municipalidades tienen laboratorios bien organiza- dos para descubrir la blenorragia y la sífilis, pero hay po- cas instituciones que, siendo netamente de carácter público, cuenten con un especialista siquiera que les ayude a reco- nocer los casos y dirija el tratamiento de los enfermos que no pueden procurarse cura privada. Los hospitales y dispensarios para el tratamiento de las enfermedades venéreas están casi todos en manos particu- lares y una investigación reciente de las clínicas y dispen- sarios para el tratamiento de la sífilis y de la gonorrea en la ciudad de Nueva York, por ejemplo, demostró que mu- chas de ellas estaban tan poco adecuadas, que eran frecuen- tadas solamente por vagabundos, no tenían ninguna autori- dad para reconocer la sífilis en su comienzo, ni podían ad- ministrar el salvarsán en condiciones que un enfermo con discernimiento se atreviera a confiarse en ellos; ni preten- dían siquiera seguir a sus enfermos más allá de la puerta, ni darlos de alta, sanos. Una de las más grandes ciudades de este país no tenía, hasta hace un año, ni siquiera una clínica nocturna, a la que pudieran concurrir los que traba- jan de día. y apenas comienza ahora a darse cuenta de esta necesidad. La provisión de un tratamiento adecuado y de facilida- des para el diagnóstico, a semejanza de las que van a lie- 31 liar Europa, incluye lo siguiente: antes que todo dispensa- rio en crecido número para la identificación de los casos incipientes, perfectamente montados con ultramicroscopios, con sistemas de registro y medios de seguir a los enfermos desde su entrada hasta su completa curación. Esto signifi- ca enfermeros, cooperadores sociales, doctores con conoci- mientos especiales y no simplemente generales de la sífilis y blenorragia. El dispensario antivenéreo del hospital Brooklin es un ejemplo admirable de lo que deberían ser estas instituciones, pero es uno solo, cuando deberían contar- se por decenas o centenales. 'Copenhague, con una población inferior a la de varias ciudades de este pa's que no cuentan con ninguna clínica, tiene siete clínicas municipales, cuyas horas y nombres están profusamente anunciadas. En segundo lugar, debe haber facilidades para que ios enfermos ingresen en los hospitales. No deben ser hospita- les venéreos, sino servicios o secciones de los hospitales ge- nerales, de tal manera que los enfermos que entren en ellos estén protegidos del estigma y del comentario. Pontopidan, especialista danés, estimaba que para el cuidado de las en- fermedades venéreas una cama de hospital para 2,000 ha- bitantes era suficiente (1) y, sin embargo, hay ciudades en nuestro país que no cuentan con una sola cama utilizable para este propósito, en 100,000 habitantes. El hospital realiza una función especialmente valiosa en el cuidado de la sífilis en particular. Procura una cua- rentena eventual y educa al enfermo en su responsabilidad ante la comunidad para cuando sea dado de alta. Tres se- manas de permanencia en el hospital, o un poco más, cons- tituyen el mejor punto de partida para dirigir la curación de una sífilis activa. El secreto de un sifilítico puede guar- darse en un hospital con tanta eficacia como en el gabinete de un especialista, y la calidad del tratamiento que se le pueda dar es manifiestamente mejor que el que puede ob- tener estando fuera, en completa libertad. Los hospitales en general, han mantenido hasta hace poco cerradas sus puertas a los enfermos de sífilis, y es solamente bajo la presión de un conocimiento creciente de lo que esto signi- fica para la salud pública, que están comenzando a com- prender su deber. Antes de que pueda sar un hecho la campaña general, el (1) Ignoro el número de camas para venéreo-sifilíticos de que dis- ponen los hospitales de la Capital federal.—(Nota del comentador). 32 salvarsán debe llegar a ser, como se ha dicho, un beneficio público y no privado. Debe estar al alcance de todos los que lo necesitan, al más bajo precio posible, prácticamente el de fabricación y debe ser suministrado por el Estado cuando sea necesario. La concesión de derecho de patente que ha permitido la explotación actual con el objeto de es- pecular con un agente de tan vital importancia en la pro- tección de la salud pública, es un error que no deberíamos perder tiempo en remediar. Si bien es cierto que el salvar- sán no implica la curación de la sífilis, significa una gran parte de su restricción como enfermedad infecciosa. El tratamiento gratuito de los que no pueden pagar, es una parte necesaria en el éxito de todo programa que ten- ga por objeto la desaparición de las enfermedades sexuales (1). Pero, para los que pueden y desean pagar sumas mo- deradas, debería haber clínicas de pago intermediarias en- tre las cualidades rudas de un dispensario gratuito y el lu- jo dispendioso del gabinete de un especialista. Este es un campo casi enteramente virgen en este país y que merece el apoyo del público. No hay motivo para que con un gasto razonable no pueda procurarse el enfermo con sífilis todos los beneficios de los cuidados del hospital, la atención per- sonal de hombres entrenados especialmente, una vigilancia inteligente de su caso, el beneficio de la cooperación del personal de un hospital a cargo de especialistas y la de su médico, que debe atender durante un tiempo considerable del curso de la enfermedad. Medio de curación de esta es- pecie hacen el tratamiento a la vez más llevadero y más accesible a un inmenso número de personas, cuya dignidad las aleja de los dispensarios de caridad y cuyos recursos li- mitados las dejan a merced de los charlatanes o de los mé- dicos bien intencionados, pero sin ninguna experiencia. Al establecerse los servicios es muy importante asegu- rarse una dotación de especialistas experimentados, y labo- ratorios que no deben confiarse a aficionados mal remune- rados. La supresión de los charlatanes en nada es más urgente que en la sífilis. Se está comenzando apenas a reconocer la nefasta in- (1) La sección de enfermedades venéreas del Cuerpo de Sanidad de Missouri ha creado en este Estado 21 clínicas de enfermedades vené- reas para el tratamiento gratuito de las personas que estén en la im- posibilidad de costear sus gastos. 33 fluencia de las boticas para perpetuar la blenorragia y la sífilis. El paciente, con un chancro incipiente, por la reco- mendación del práctico de la botica, aplica un poco de pol- vos de calomelanos en la úlcera, y, o bien la ‘‘seca” y los síntomas secundarios de la sífilis aparecen a su debido tiempo, o se empeora, o queda como antes, hasta que, final- mente, va el enfermo a casa de un médico o a un dispensario para reconocer que la intervención del práctico de la botica le ha quitado la oportunidad “única e inapreciable” de ha- cer abortar la enfermedad. Si aparecen las manifestaciones secundarias, uno o dos fraseos del específico X, I o Z, otra vez por indicación del boticario que todo lo sabe, y que con- tiene un poco de mercurio y de ioduro de potasio, cura las erupciones suaves, y un año o poco más tarde un matrimo- nio con las consiguientes recidivas mucosas y la infección de la mujer, revelan el triunfo de la ignorancia y la estre- chez de miras del público. La Real Comisión Inglesa, después de cuidadosa delibe- ración, decidió no recomendar al Gobierno, hoy por noy, ninguna forma de declaración de las enfermedades vené- reas. La opinión pública en Alemania es completamente contraria a la declaración y no se la ha tomado en cuenta en la población civil. Las medidas obligatorias constituyen en la ley el tercer punto discutible en el programa moderno contra la sífilis. Los países escandinavos lo han adoptado y en ellos al en- fermo que no se trata puede obligársele a que lo haga. Si se halla en estado contagioso puede ser recluido en un hos- pital para su tratamiento. Si a sabiendas de que tiene una enfermedad venérea infecta a otros, se exponen a una multa, sino a un largo período de prisión. La ley de la Australia Occidental es todavía más eficaz que la eseandinávica en el vigor con que se la puede aplicar. Los castigos por las vio- laciones de sus mandatos son tan pesados, que desalierdan por completo a los que quisieran hacerse irresponsables. En el extremo opuesto encontramos a la Gran Bretaña, confiando exclusivamente en la provisión del tratanrento adecuado, en la comprensión de los enfermos y la educación del sentimiento público para inducirlos a continuar el tra- tamiento hasta que sanen. Italia, en el mismo sentido, ha abandonado el asunto al criterio del enfermo. La Asocia- ción Médica de Munich ha aceptado el tratamiento obliga- torio bajo las mismas bases de la ley de la Australia Occi- dental, aunque este programa tan avanzado se ha limitado’ 34 a los distritos militares. El programa del licénciamiento del ejército alemán después de la guerra incluye, sin em- bargo, por indicaciones de Blascliko, medidas coercitivas y la supervigilancia llevada hasta los más pequeños detalles. En suma, el método de Gran Bretaña, que se preocupa pri- mero de proveer al diagnóstico y tratamiento adecuado y en seguida a la cuestión del que no quiere llegar hasta ellos, es un modo lógico de tratar el asunto, y como des- arrolla el sentimiento del público en su favor, facilitará también el camino a otro sentimiento que reforzará las me- didas coercitivas si se necesita y evitará que sean letra muerta. , De un interesante estudio del doctor Walker Clarke: “La nueva legislación antivenérea”, extraigo los siguien- tes informes: El Servicio de Sanidad ha anunciado recientemente que ha terminado una investigación en 465 grandes ciudades de los Estados Unidos, con objeto de conocer cuáles son las medidas en vigor para la supresión de las enfermedades venéreas. Los resultados de esta investigación parecen ser muy halagüeños. La opinión más autorizada en los Estados Unidos consi- dera que la represión de la prostitución forma una parte importante de la campaña contra las enfermedades vené- reas. Parece evidente que desde el punto de vista de la hi- giene pública, hay ventaja en someter a una vigilancia a los portadores conocidos de enfermedades contagiosas y en impedirles que propaguen estas enfermedades. Se ha de- mostrado suficientemente que las prostitutas de profesión, constituyen portadores notorios de enfermedades venéreas, y en tal concepto, su detención, en tanto que sean contagio- sas, parece completamente indicada como medida razona- ble de protección de la salud pública. Sin embargo, tanto el programa americano, como el que está en preparación en el Canadá, no descuidan su rehabilitación moral, industrial y física. La declaración obligatoria constituye una de las cláusu- las principales de la nueva legislación antivenérea, la que constituye en cierto modo su alma. En los Estados Unidos, la eficacia de la ley sobre la de- claración obligatoria varía, según los diversos Estados. Du- rante el año que terminó el 30 de junio de 1919, se han de- clarado un total de 239,503 casos, lo que procura una pro- porción de 1 enfermo por 459 habitantes. Algunos Estados 35 han declarado un gran número de casos, como el de Texas, por ejemplo, (3.1,436 casos), mientras que otros sólo han señalado muy pocos (Wyoming sólo 33). En el Estado de Nueva Jersey se han declarado, en un mes, más casos de enfermedades venéreas que de tuberculosis, siendo para aquéllas 776 y para la segunda 625. Esto parece indicar la aceptación general del sistema de declaración por la profe- sión médica del Estado en cuestión. Según informaciones recibidas en junio de 1920, había en esta fecha 499 clínicas para enfermedades venéreas dirigi- das por el Servicio de Sanidad de diversos Estados, muni- cipalidades o del Gobierno Federal. El objeto de estas clí- nicas es el de facilitar asistencia a los que no pueden pagar nada, o bien a los que sólo pueden pagar honorarios mo- destos, y aunque no hay una cantidad suficiente de clínicas para los Estados Unidos, su número crece con una rapidez favorable. Es claro que gran número de enfermos pueden hacerse curar particularmente. Una de las estipulaciones de la ley autoriza al Servicio de Sanidad a poner en cuarentena las habitaciones de las personas que padecen enfermedades venéreas en estado contagioso, en el caso que la conducta de éstos no ofrezca bastante garantía para la protección de la salud pública. Esta medida ha sido aplicada efectivamente a causa de en- fermedades venéreas en los Estados siguientes: Tennessee, Pensilvania, Wyoming, Michigan y Kansas. Además los Es- tados de Massachusetts, Nuevo Méjico, Wisconsin, Nuevo Hampshire, Dakota del Sud y Connecticut, tienen leyes prescribiendo la cuarentena, cuando ésta sea necesaria, en opinión del director del Servicio de Sanidad del Estado. El Servicio de Sanidad, la Comisión de los campos de ejercicio, el Consejo Inter-departamental de Higiene y la Asociación Americana de Higiene Social, cooperan con el objeto de recomendar las leyes para la supresión de las en- fermedades venéreas. Las notas siguientes indican los pro- gresos que se han realizado en este sentido: Se ha reconocido la sífilis y la blenorragia como conta- giosas y peligrosas para la salud pública. Esta resolución ha sido adoptada en las leyes de 43 Estados. En 34 Estados el hecho, de parte de un contagioso, de1 exponer a otra persona al contagio, está considerado como un delito (1). (1) Es muy interesante observar qwe en .una memoria que presenté como ponente al Cuarto Congreso Médico Latino-Americano (l.er Con- 36 En 45 Estados, los médicos, etc., deben declarar las en- fermedades venéreas. En 7 Estados la declaración debe llevar el nombre del enfermo. En 38 Estados las informaciones se hacen por número. En 36 Estados los médicos deben dar instrucciones. En 16 Estados la venta de remedios antivenéreos sin re- ceta del médico, está prohibida. En 16 Estados los farmacéuticos deben dar cuenta de la venta de estos remedios. En 31 Estados el Comisario de Sanidad tiene el deber de hacer investigaciones sobre las fuentes de infección. En 35 Estados el examen obligatorio de los contagiosos sospechosos está autorizado. En 19 Estados las personas detenidas en establecimien- tos penales deben ser examinadas desde el punto de vista venéreo y tratadas en caso de necesidad. En 24 Pistados el examen y el tratamiento de los conta- giosos son obligatorios; este último está hecho por cuenta del enfermo o por cuenta del Estado. En 40 Estados se puede poner los contagiosos en cua- rentena cuando esto sea necesario. En 18 Estados no se puede emplear contagiosos en esta- blecimientos en los cuales se manejen artículos de consumo. En 28 Estados el Comisario de Higiene tiene el derecho de reprimir la prostitución. La validez de las leyes para la supresión de las enferme- dades venéreas ha sido confirmada por los Tribunales de casación en ciertos Estados y por los Tribunales de prime- ra instancia en otros. Una ley federal establece en los Estados Unidos un sis- tema de cooperación entre el Gobierno Federal y los Esta- dos de la Unión. La Cámara de Diputados americana ins- greso Panamericano), celebrado en Santiago de Chile en 1909, sobre la “Frecuencia y profilaxis de las enfermedades venéreas en la Amé- rica Latina”, sostuve que en la legislación debía incluirse la respon- sabilidad y penas consiguientes por los hechos de contaminación ve- nérea. Una de las conclusiones de mi trabajo estipulaba este ratum y para evitar discusiones que amenazaban prolongarse dema- siado, comprometiendo el éxito de las ocho conclusiones anteriores, creí conveniente retirarla en el momento próximo a la votación. ¡Quién me hubiera dicho que mi desiderátum de entonces sería convertido en una realidad algunos años después en los Estados Unidos de América! — (Mota del autor). 37 cribió en el presupuesto del año 1918 la suma de un millón de dólares para distribuir entre los Estados que consagren sumas iguales, para campañas contra las enfermedades ve- néreas. Esto ha sido repetido para el año fiscal que empe- zó el l.° de. julio de 1919, y se consagró la suma de 750,000 dólares para el mismo uso durante el año fiscal de 1920. El resultado de esta acción de parte del Gobierno Federal es que se han gastado sumas mucho más importantes por los Estados, municipalidades y organizaciones para el es- tudio y la prevención de la# prostitución y de las enferme- dades venéreas. En junio de 1919, treinta y un Estados Ha- bían destinado en sus presupuestos 1.444,334 dólares para la lucha antivenérea (1). El diagrama siguiente es la reproducción de un gran ma- pa mural usado por el doctor William F. Snovv, director general de la Asociación Americana de Higiene Social, que tiene por objeto dar a conocer los propósitos de la higiene curativa (Remedial Hygiene), en lo referente al contralor de las afecciones venéreas, al grupo de estudiantes que asisten al curso de verano de higiene social en el Colegio de Maestros de la Universidad de Columbia. Dicho mapa fué muy bien acogido como contribución especial para ilustrar el complejo problema que el Boletín de la Asociación de Higiene Social ofrece a sus lectores, acompañado de un su- mario del doctor Snow a manera de explicación. El punto redondo “A”, a la izquierda del mapa, repre- senta el gran grupo de personas que en una comunidaJ están libres de afecciones venéreas. El punto marcado “B”, a la derecha, representa el grupo más pequeño de per- sonas afectadas por enfermedades venéreas. Bajo el punto de vista epidemiológico, el problema se reduce a prevenir al organismo de sífilis, gonorrea y chancro blando que pa- san de “B” a “A”. La primera exigencia que se presenta es hallar con cierta atención a la persona infectada. En otras palabras, hay que contar con el público, para hacerle comprender la necesi- dad de encontrar el “BV\ Débese observar, ante todo, que la fuente principal de (1) El presupuesto municipal de la ciudad de Buenos Aires arroja la suma de 159,120 pesos para los servicios antivenéreos, sur' ma que, como se ve, es insignificante por demás. La lucha antivené'- rea no ha merecido hasta hoy, la atención debida por parte de nues- tros ediles. 38 transmisión es el contacto sexual, representado en el m«pa por una ancha faja recta que une los puntos “A” y “B”. Sin embargo, existen otras vías, representadas por líneas curvas más delgadas. 6 ARRESTO y PROCESO 7 DETENCION. CÁRCEL O ESCUELA INDUSTRIAL.- 8 APLICACIÓN w LEYES ¡S&EgJ™ KrtâL. 9 SAN ION ot CERTD'D ADOS Í£t^SS0 “* - 10 MEJORAMIENTO MEDIDAS DE SALUD PyBUCA. MEDICAS Y SANITARIAS EL PROBLEMA DE CJ.MMTiR LAS ENFERMEDADES VEM-REAS Diagrama de lucha antivenérea en ios Estados Unidos de América r* instrucción rai 'OWi,. 2 TRATAMIENTO MÉDICO. 3 SERVICIO SOCIAL 4 AISLAMIENTO.- ' CUARENTENA.? 6 PRUEBAS. 7 nfífFI OPANOH 6C DBTfUClflíl O ÉSCVEtA / 'WlLLi IHDUSTP1AL 0jV>«.ftL<'L\LE.> LNMEDLAT/OlENTE CVe retenção de chloreto de sodio (4.0 por litro). Tratamento.—'Iniciamos tratamento externo com applicação de pasta de zinco afim de atteiucar o prurido; como este se mostrasse rebelde abandonamos o tratamento local. Prescrevemos a principio grandes *doses de alcalinos, introduzidos “per os”. Ao cabo de uma semana, como a situação ficasse inalte- 129 rada, empregamos injecções intra-museulares de adrenalina (0.0005) sem resultado. Passados 10 dias applicamos 12 injecções de enxofre colloidal; a principio o doente sentiu algumas melhoras, parecendo mesmo a erupção regredir. Por ultimo os phenomenos se aggravaram extraordinariamente razaõ pela qual abandonamos o tratamento. Ten- tamos ainda a auto-hemo-therapia, cujo resultado nas dermatoses exfoliantes e muito gabado. Ainda una vez falharam as esperanças de .melhoria. Passados quasi 2 mezes o doente permanecia no mesmo estado em que entrara. Começamos entaõ a usar o sõro glycosado em injeeções sub-eutaneas de 250.0 feitas na parede antero-lateral do. abdomen e diariamente. A primeira applicação proporcionou grande ailivio ao doente. Ao fin da 4.* ou 5.a a erupção começava a desap,pa- recer, o que se effectivou após a 10.». A applicaçKo da ultima injec- ção deu lugar á constituição de um abcesso, que cedeu facilmente com a incisão evacuadora. Observação 2.—.Nome, A. M.; edade, 42 annos; russo, branco, ven- dedor ambulante. Contrahiu syphilis ha muitos annos no seu paiz natal. Ha cerca da 2 mezes soffrendo rheumatismo consultou um clinico desta cidade, que lhe prescreveu injecçõe3 de 914. As primeiras applicações nada de anormal oecorreu; após á 6.a, de 0.60, appareceu- a erupção generali- sada de inicio, muito exsudativa e pruriginosa. Alem disso foi ao mes- mo tempo por uma estomatite ulcerosa. Exame do doente. Individuo de estatura mediana, em grande de- pauperamento phvsico. Exame do tegumento cutâneo. Erupção generalisada do typo ery- themato-vesiculoso; constituição de grande numero de crostas espessas e pouco adherentes; a erupção predomina na dobra do cotovelo e na axilla. Edema generalisado, aggravado ao 3.° dia de permanencia no serviço, com ameaça de edema da glotte, que desapareceu com uma sangria de 300 e.e. Exame da mucosa buecal. A mucosa da bocea é séde de pequenas, ulcerações superfieiaes de fundo vermelho e liso. Tratamento. Quando entrou para o serviço ya tinha tomado algu- mas injecções de enxofre colloidal, prescriptas por especialista com rezultado negativo. Continuamos seu uso por alguns dias com idên- ticas falhas. Iniciamos a seguir as injecções de sôro glycosado. O doente começou a melhorar logo as applicações, tendo alta curado após a 20.* injeeção, no dia 30 de julho. Observação 3.—'Nome, L. A.; edade, 40 annos; brasileira, branca. Ha mais de 2 annos, soffrendo cephaléas e dores articulares, pro- curou o dispensario da Inspectoría de syphilis da Saúde Publica, on- de lhe foram administradas com proveito 6 injecções de 914, zendo um total de 1.80 em; fevereiro do corrente anno. Em agosto, co- mo seus padecimentos reaparecessem voltou ao mesmo serviço onde lhe applicaram nova serie do neo-arsenobenzol. "Repetiu as mesmas 130 doses, c após a 7.a injeeção appareceram em diversas regiões do cor- po roséolas de grandes dimensões, muito pruriginosas e escamativas- No dia 29 a doente nos é mandada pelo doctor Pires Ferreira. ísesse mesmo dia applicamos 50.0 grs. de sôro glycosado na veia melhoran- do muito. Mais 2 injecções foram praticadas estando a doente em via de cura. La lucha antiveiiérea en Nicaragua y Costa Rica El señor Enrique M. Martín, Cónsul General en el Uru- guay de las Repúblicas de Guatemala, Honduras y Nicara- gua, comunica al Congreso copia de los documentos a con- tinuación, referentes a la lucha antivenérea en Nicaragua y Costa Rica: República de Nicaragua PRIMER CONTRATO Humberto Pasos Díaz, Ministro de Policía y Justicia, en representación del Gobierno, por una parte; y los doctores Clarence A. Burgheim y Alberto López, convienen en lo si- guiente : l.° Burglieim y López se comprometen a establecer un ser- vicio activo de Neo-Salvarsán, o su equivalente, que apli- carán gratuitamente a todas las personas que no pudieran pagarlo, y que lo necesiten por prescripción médica. 2.° Burgheim y López se comprometen a prestar asistencia médica y quirúrgica a los policiales de todas las Secciones de esta Capital y la Guardia Republicana, siendo de cuenta de los doctores contratistas las medicinas e inyecciones, excepto las de Neo-Salvarsán. que serán de cuenta del Go- bierno. 131 3.° Los doctores Burgheim y López se obligan a instalar en esta ciudad un servicio de Radiografía, aprovechando el aparato de Rayos X que pertenece al Gobierno y que por es- te contrato se pone a disposición de ellos. En consecuencia, se comprometen a examinar a todos los empleados pobres que el Gobierno les indique, pagándoles solamente la placa o placas que se necesiten. Otro tanto harán gratuitamente con los pobres que les manden del Hospital de esta ciudad, institución que dará la placa o placas para la radiografía. Es entendido que los doctores Burgheim y López tendrán por este contrato el derecho de hacer exámenes a personas pudientes y cobrar sus servicios. Asimismo, se comprome- ten a prestar asistencia médica y quirúrgica, siendo de cuenta de ellos, de los doctores, las medicinas, a los reos y militares de la Penitenciaría y a las empleadas detenidas en la Cárcel del Buen Pastor. 4.° El Gobierno pagará a los doctores Burgheim y López, por toda remuneración de los servicios y medicinas expresadas en el presente contrato, la suma de quinientos Córdobas—- $ 500 — cada mes, siendo el término de este contra- to el de un año, contando del primero del presente. En fe de lo cual firman tres tantos de un tenor, en el local del Ministerio de Gobernación y anexos, Managua, seis de julio de mil novecientos veintiuno. — Humberto Pasos Díaz. — Clarence A. Burgheim. — Alberto López E. Comuniqúese. Casa Presidencial, Managua, 6 de julio de 1921. — CHAMORRO. — El Ministro de Policía y Justicia, —Pasos Díaz. Humberto Pasos Díaz, Ministro de la Gobernación y anexos, en representación del Gobierno, por una parte; y el doctor don Alberto López E., por sí, han convenido cele- brar el contrato siguiente: SEGUNDO CONTRATO l.° El doctor López E. se obliga a asistir y curar a todas las prostitutas que padezcan de enfermedades venéreas y 132 ■que lleguen a la Capital con destino a la Cárcel ele Muje- res, procedentes de este Departamento y de los demás que estén ligados por el Ferrocarril. 2.o Las curaciones o exámenes a enfermas, deberá hacerlos el contratista, doctor López E., diariamente, estableciendo el tratamiento más seguro para su completa curación. 3.° El contratista doctor López E. se obliga a no dejar sa- lir a ninguna prostituta enferma del establecimiento, antes de ser completamente curada de su enfermedad o no pre- sente peligros de infección. 4.° En caso de ausencia o enfermedad, el contrat’sta, de acuerdo con este Ministerio, pondrá un sustituto por el tiempo que sea necesario, cuyo pago será de cuenta de él. 5.° Este contrato surtirá sus efectos desde el primero de ju- lio próximo y su duración será de un año, obligándose este Ministerio a pagar al doctor López E., por sus servicios y previo recibo debidamente requisado, la suma de cuarenta Córdobas — $ 40 — mensuales. 6.° El doctor López E. se obliga, asimismo, a darle a todas las enfermas que salgan curadas del establecimiento, las indicaciones y prescripciones necesarias para que se con- serven en el mejor estado de sanidad. En fe de lo cual firman dos tantos de un tenor, en el local del Ministerio de Gobernación y anexos, a los vein- tisiete días del mes de mayo de mil novecientos veintiuno. — Humberto Pasos D. — Alberto López E. Comuniqúese. Casa Presidencial, Managua, 30 de mayo de 1921. — CHAMORRO. — El Ministro de la Gobernación y anexos, — Pasos Díaz. 133 República de Costa Rica El Congreso Constitucional de la República de Costa Rica DECRETA: Artículo l.° Créase la Clínica Antivenérea, para el trata- miento, curación e inmunización de los individuos ataca- dos de enfermedades venéreas. Art. 2.° Dicha Clínica constará de una oficina central, en la ciudad de San José, y de oficinas auxiliares en cada can- tón, como estime aquélla necesario. En cada cabecera de provincia se instalará una oficina auxiliar. Al frente de la Institución habrá un médico con el carác- ter de Director General de la misma, de nombramiento del Poder Ejecutivo, y que residirá en esta Capital. Art. 3.° La oficina central estará bajo la inmediata vigi- lancia y dependencia del Director General, en calidad de jefe de ella, y se compondrá, además, de un ayudante es- cribiente y dos asistentes de libre nombramiento y remo- ción de dicho funcionario. Art. 4.° Las oficinas auxiliares estarán a cargo de un mé- dico cada una, también nombrados por el Poder Ejecutivo, a propuesta del Director General, de acuerdo con la Muni- cipalidad respectiva, y contarán con un ayudante cada una, que nombrará el Director General a indicación del médico jefe de la oficina. Art. 5.° El nombramiento de Director General y médicos auxiliares puede recaer en los respectivos médicos de pue- blo ; en tales casos sólo devengarán la mitad de la dotación que para este cargo auxiliar tenga señalado el presupuesto. Art. 6.° Todo nombramiento de médico encargado de la Clínica debe necesariamente recaer en un médico incorpo- rado a la Facultad de Medicina de la República. Art. 7.° El Director General debe ser mayor de 40 años y haber ejercido la Medicina en Costa Rica, por lo menos doce años. Art. 8.° El Director General ejercerá jurisdicción sobre .todos los médicos auxiliares, quienes están obligados a tra- 134 bajar de común acuerdo con él y atender las instrucciones y órdenes que imparta para el mejor despacho de las ta- reas de su cargo. Art. 9.° El Director General depende directamente de la Secretaria de Policía. Art. 10. Los sueldos del Director General y de los médi- cos auxiliares serán pagados por el Estado, quien asimismo suplirá las medicinas y el material necesario. Art. 11. Las Municipalidades de la República contribui- rán a los gastos de personal y medicinas. A partir del próximo año de 1922, deberán dichas corpo- raciones consignar en sus presupuestos .ordinarios una su- ma proporcional a sus entradas como auxilio para atender el servicio: sin ese requisito tales presupuestos no podrán ser aprobados. Art. 12. Además de las dichas oficinas auxiliares, podrán establecerse otras en las demás cabeceras de los cantones menores, cuando los Ayuntamientos interesados puedan contribuir con una suma suficiente a juicio del Director General, para el mantenimiento del servicio local. Art. 13. Aparte del auxilio que acuerden desde luego, las Municipalidades de las cabeceras de provincia proveerán los locales necesarios para la instalación de las oficinas y los mobiliarios más indispensables. Art. 14. Cada médico encargado del servicio está en la obligación de atender el tratamiento y curación gratuitos de los enfermos atacados de enfermedades venéreas de la provincia que, mediante constancia suscripta por la autori- dad local y dos vecinos de reconocida honorabilidad, com- prueben que carecen de recursos suficientes para hacer el gasto necesario: dichos enfermos recibirán gratis las prin- cipales medicinas. Los pacientes sólo pagarán el costo de los medicamentos. Art. 15. El Director Genera] y los médicos auxiliares es- tablecerán, al efecto, una clínica reservada en lugar ade- cuado para recibir las visitas de los enfermos. En lo posi- ble la clínica deberá acondicionarse de tal modo que los pacientes no sean observados del público ni se vean en- tre sí. _ Art. 16. Los médicos que estén frente de la Clínica visi- tarán periódicamente y con la regularidad conveniente, los colegios de segunda enseñanza con el objeto de examinar a los colegiales y en su caso disponer el tratamiento que 135 corresponda, el cual se efectuará en la forma más adecua- da, según las circunstancias. Art. 17. Igual obligación tendrá el Médico de Profilaxis Venérea con respecto a las Cárceles y al Presidio de San Lucas. El Médico de Profilaxis Venérea funcionará en calidad de auxiliar de la Clínica Antivenérea y dependiente del Di- rector General. Art. 18. El Director General y los médicos auxiliares ilus- trarán al público por medio de conferencias que dictarán periódicamente en lugares adecuados, folletos, publicacio- nes, etc., etc., acerca de las enfermedades que están encar- gados de combatir, su etiología, contagiosidad, consecuen- cias personales y sociales, medios preventivos y medios cu- rativos que existen contra las mismas. La propaganda educativa se extenderá también a los alum- nos de los años superiores de los colegios de la segunda en- señanza de varones, cuando fuere solicitada por los Direc- tores de los mismos y no se oponga a disposiciones regla- mentarias o legales. Art. 19. Cuando las necesidades del tratamiento lo exi- gieren, los enfermos pobres, varones, serán enviados para su curación al hospital de la provincia a que pertenezcan ; igual cosa se hará con las enfermas no inscriptas en los re- gistros de profilaxis y que por su buena conducta no pue- dan ingresar al hospital venéreo. En ambos casos el médico encargado de la Clínica segui- rá atendiendo a esos enfermos hasta su curación. Art. 20. El Hospital Venéreo para mujeres, hoy existen- te, continuará prestando sus servicios como dependiente de la Clínica Antivenérea para los fines para que fué creado. Art. 21. El Director General y los médicos auxiliares lle- varán un registro rigurosamente reservado en donde con- signarán todos los datos necesarios para la estadística com- pleta de los casos que asistan; y cada año pasarán un informe de sus trabajos a la Secretaría de Policía, hacien- do las debidas comparaciones con un período y el anterior y las sugestiones que crean atinadas para el mejor éxito de sus labores. Un duplicado de ese informe se enviará a la Facultad, de Medicina. Art. 22. Las medicinas y efectos destinados a la Clínica serán pedidos por la Secretaría de Policía a la consigna- ción del Director General, quien se encargará de distribuir- los conven:entemente entre todas las oficinas. 136 Art. 23. Asígnase la suma de setenta y tres mil quinien- tos sesenta colones—$ 73,560.00—para el sostenimiento de la Clínica antivenérea. Costa Rica, julio 12 de 1921. Tratamento das ulceras Iropicaes pelo oleo de Chenopodio pelo dr. nicanor botafogo gonçalves (Río de Janeiro) «Do Instituto Oswaldo Cruz) As ulceras em geral são tidas pelos que delias nunca se occuparanq como afecções sem interesse, eurando-se facil- mente com qualquer solução antiséptica e um pouco de hy- giene. Só quem delias cuida e os doentes que as soffrem é que sabem quão rebelde a todo tratamento é uma lesão des- cuidada a principio, que se infecciona e leva mexes a se cicatrizar, produzindo ineommodos de toda ordem, impedin- do de andar se situadas nos membros inferiores, de t'ata- lhar, se nas mãos e braços, quando não se converte em uma «chaga feia, nauseabunda e dolorosa. Uma intervenção inadequada da parte do doente e mesmo do medico muitas vezes retarda sua cura e aggrava seu ca- rácter. Quantas fistulas temos visto cujo único agente cau- sal era a tintura de iodo pura, ou um caustico que destruía pela manhã na occasião do curativo, os tecidos que o orga- nismo com giande esforço produzira durante a noite cem ¡o fim de restabelecer as condições normaes da pelle e que cm pouco tempo se cicatrisavam com applicações de i( do em solução aquosa fraca ou simplesmente de Lugol! Um bom agente para o tratamento das feridas deve ter como condições primordiáes: 1. Não lesar os tecidos em estado hygido; 2. Exercer uma acção mierolvcida, destruindo os agentes infecciosos da lesão; 3. Estimular o nascimento das cellulas novas, apressan- do assim a cura. Em abril de 1020 pub1 içamos no “Brazil Medico”, N.CT 137 17, uma pequena noticia sobre as vantagens por nós obtidas usando o oleo de Chenopodio no tratamento das ulceras tropicaes. Posteriormente empregando systematicamente esse medi- camento em centenas de curativos que tivemcs occasão de fazer no Posto de Prophylaxia Rural de Merity, tivemos opportunidade de constatar de modo indiscutível, sua real efficacia não só como antiséptico mas também como agente cicatrizante de valor. Referindo-nos á maneira porque nos veio á lembrança o emprego desse medicamento, assim nos expressámos no ar- tigo acima referido: “Quando iniciámos os curativos de ulcera no Posto de Merity, um dos primeiros doentes em cuja ferida encontra- mos, pelo exame microscópico, fuso espirillos, após o pri- meiro curativo não mais voltou; dias depois, vimol-o na rua com a ulcera em vias de cicatrisação, recuberta por folhas machucadas de herva de Sania Maria, tratamento esse empregado pelo doente até aquella data”. D’ahi para cá as centenas de ulceras que conseguimos ver satisfactoriamente tratados pelo oleo de chenopodio, nos permittem concluir sem hesitar pela efficacia de seu emprego como antimierobicida e cicatrizante. O oleo de chenopodio pelas suas qualidades toxicas e irri- tantes rapidamente consegue limpar a lesão de sua fauna microbiana, o que é facilitado pela sua penetração na se- rosidade tão abundante especialmente nas ulceras fuso es- pirillares, serosidade essa que ao contrario não se imbebe com os antisépticos em solução aquosa. Assim consegue aquelle agente transformar com duas ou tres applicações, uma chaga dolorosa e de aspecto repelien- te, em uma ferida de carne viva e superficie granulosa ve- getante. Não mortificando os tecidcs, antes estimulando sua re- producção, apressa assim o restabelecimento do derma. Tratamento. — A principio usava mos uma suspensão de oleo de chenopodio feita em glycerina; como porém nesse vehículo a mistura não fica homogénea, resolvemos substi- tuir a glycerina pelo oleo de vaselina e preferivelmente pe- lo oleo de amêndoa doce: para cada ec. de oleo de amêndoa addicionanros uma gotta de oleo de chenopodio. O curativo deve ser feito do modo seguinte: l.° Recobre-se a ulcera com uma gaza dobrada e deixa-se cahir gota a gota a mistura de chenopodio e oleo de amen- 138 doa até que a gaze esteja de tal modo imbebida que deixe salientes os bordos da ulcera. 2.° Proteje-se o curativo com uma atadura. Os curativos que devem ser repetidos diariamente, pódem ser precedidos pela lavagem da ulcera com solução physio- logica .ou solução fraca de permanganato de potássio. Alguns doentes queixam-se de lig'eiras picadas na ferida, porém nunca observamos um caso em que o curativo não fosse bem suportado. Depois da ulcera limpa o que se obtem geralmente em 2 a 3 dias deve-se continuar o mesmo tratamento para que a cicatrisação seja abreviada. OBSERVACOES Observação I.—Novembro de 1920, Posto de Prophylaxia Rural, Merity M. C. Ficha 2922. Edade, 16 anuos, fe'exo feminino. Residente na estação de Cordovil (Districto Federal). Yerminoses: Ascaris e Triehocephalus, tendo sido já medicada por dicas vezes com oleo de chenopodio. Ulcera na perna direita, ao nivel do malleolo, cansada pelo uso dm. x 3 cm. Exame microscópico: Fuso-espirillos, com predominancia dos bá- culos fusiformes. Tratamento.—(Como na observação anterior). A ulcera se limpou rapidamente; em quinze dias a ferida estava completamente fechada. Preliminares sobre inyecciones intravenosas de aceite de chaulmoogra (ex semillas de Terak- togenos Kurzii) en la cura de la lepra. por el dr. luis zanotti cavazzoni (Asunción) Catedrático de la Facultad de Medicina del Paraguay Con el fin de hacer más rápida y más íntima la acción del Chaulmoogra sobre el agente causante de la lepra y so- bre las lesiones que directamente o indirectamente produce en el organismo humano, desde hace tiempo, he bus- cado una fórmula de este aceite inyectable por vía endove- nosa, sin que sea alterada su composición química y al mis- mo tiempo que sea compatible con la vía de administración. Después de varios ensayos químicos he adoptado la fór- mula siguiente que me ha preparado el doctor Crovato, Di- rector de la Oficina Química Municipal. Mezcla de aceite alcanforado al 5 ojo con aceite de Chaulmoogra natural, que contiene en cada centímetio cúbico 0.18 gramos de Chaulmoogra, o sea cada centímetro cúbico contiene 0.176 centímetros cúbicos de Chaulmoogra con una dens:dad de 0.924 y una reacción ácida de 1.57 por ciento, expresada en ácido fénico. Con esta fórmula en el Instituto de Bacteriología he he- cho ensavos en conejos que en resumen han dado los resul- tados siguientes: Inyecciones endovenosas de aceite de Chaulmoogra natu- ral (ex semillas de Teraktogenos Kurzii) mezclados con aceite alcanforado al 5 o'o; inyección endovenosa cada tres días. 140 1. cc. 1 ¡4 = grs. 0.044 de Chaulmoogra = grs. 0.01 por ca- da kilo de peso. Temperatura 39°, glóbulos rojos, 5.456,000 por mm2. 2. cc. 1|2 == grs. 0.088 de Chaulmoogra = grs. 0.02 por ca- da kilo de peso. Temperatura 38°,6, glóbulos rojos 4.968,000 por mm2. 3. cc. 3|4 = grs. 0.132 de Chaulmoogra = g'rs. 0.03 por ca- da kilo de peso. Temperatura 37°, 6, glóbu’os rojos 4.873,000 por mm2. 4. ce. 1 = grs. 0.176 de Chaulmoogra = grs. 0.04 por cada kilo de peso. Temperatura 38°,2, glóbulos rojos 4.472,C00 por mm2. 5. cc. 1 1|4 = grs. 0.220 de Chaulmoogra = grs. 0.05 por cada kilo de peso. Tempe; atura 37°, glóbulos rojos 4.078,000 por mm2. 6. cc. 1 1|2 = grs. 0.264 de Chaulmoogra = grs. 0.06 por cada kdo de peso. Temperatura 37°,4, glóbulos rojos 3.968,000 por mm2. 7. cc. 1 3|4 = grs. 0.308 de Chaulmoogra = grs. 0.07 por cada kilo de peso. Temperatura 36°,7, glóbulos rojos 3.870,000 por mm2. Muerte de los conejos a la séptima inyección y en el es- pacio de una o dos horas. Los síntomas más acentuados que presentaron desde la cuarta inyección y por cada inyección sucesiva, son los que el ilustrado doctor Héctor J. Roselló ha descripto en sus experiencias efectuadas sobre conejo y oveja con inyec- ciones endovenosas de aceite alcanforado al 10 o|o, ano- tando que en mis conejos he debido llegar a cantidad casi doble (ce. 1 3|4) de la dosis mortal dada por varios auto- res, para producir la muerte, y sospechando que la muerte fué debida a la cantidad de alcanfor inyectada en las venas y no al aceite de Chaulmoogra (0,07 grs. por kilogramo de peso). He iniciado otra serie de experiencias con una mez- cla de aceite de oliva lavado y aceite de Chaulmoog'ra na- tural en las proporciones anotadas, experiencia que toda- vía no he concluido. La autopsia de los conejos ha demostrado la existencia de hiperhemias meníngeas, edema pulmonar basal y dege- neración grasa del hígado. En estos días he conseguido del Director del Hospital Nacional, doctor Odriozola, cuatro camas en el Pabellón Santa Isabel, y he iniciado las aplicaciones endovenosas de 141 ia fórmula citada en cuatro leprosos de la leprosería, ha- biendo escogido de los más graves; a dos les aplico las in- yecciones endovenosas solamente y a des las inyección».,, y al mismo tiempo la autosangroterap a. Coutrilniiçao ao estudo de algumas lesões deter- minadas pelos arlhropodos (araclmideos, myria- podos e inseclos). pelo dr. octavio torres (Bahia, Brasil) Ptofessor substituto de Patliologia Geial (Vé.Mise las figuras) Já ha algum tempo vimos reunindo observações de indi- viduos picados ou inordedos por animaes da elassi dos ar- thropoclos, e estudado as lesões por elles determinadas. No anno de 1919, na sessão de 28 de setembro da Socie- dade Medica dos Hospitaes da Bahia, tivemos oecasião de fazer uma eommunicaeão acerca de algumas lesões produ- zidas por estes animaes • resumindo e citando de um modo geral algumas observações. Neste trabalho somente nos occuparemos com as les~es determinadas directamente não só por mordedura, por con- tacto ou por acção toxica, como ainda por parasitismo obli- gatorio, deixando de lado o papel destes animaes na trans- missão de certas molestias. E sabido, em seiencia, o papel que as aranhas (Latrodec- tus mactans, Theraphosa, Theridium e outras) representam na producção de lesões, não só no homem, mas também nos ■outros animaes, citando alguns auctores ovservações que se terminaram pela morte das pessoas mordedas por estes ani- maes e em consequência da introducção de substancias toxicas directamente no organismo das victimas. Conhecemos, por nos terem sido referidas, observações de pessoas que foram feridas por aranhas, conhecidas entre nós pelo nome de Carangueifeiras, que produziram lesões, algu- mas bastante serias Em alguns casos houve reacção •local, noutros seguida de febre, adynamia, vomitos, cepha- 142 lea, etc., ulceração e até mesmo gangrena da parte picada, ■formação de abcessos, com eliminação dos te:idos les:dos, juntamente com o pus. Existe, com effeito, na Bahia uma especie de aranha, que assume grandes dimensões, vulgarmente chamada “aranka carangweijeira”, que pertence ao genero Theraphosa. Esta aranha, muito temida pelo povo, produz lesões não somente pela projecção de um pó (fragmentos de pêlos) arremessa- dos pelas patas trazeiras, como ainda pela inoculação de uma substancia segregada por glándulas locaTzadas no ce- phalo-thorax. O veneno segregado pelas duas glándulas vem ter a dois dentes cónicos e chitinosos, de forma ligeira- mente curva, bastante duros e resistentes, tendo um cana- lículo que conduz o veneno até a sua extremidade. Todas as patas são cobertas de pêlos, sendo que o ultimo par serve ainda como orgam de defeza, pela projecção dos pêlos. Fizemos diversas experiencias com essas aranhas para observar o effeito produzido por esses pêlos arremessados sobre animaes, collocando pequenos passaros, camondongos, etc., em contacto com ellas, no mesmo vaso de vidro ou em gaiolas. A aranha se appoia nos pares de patas anteriores, levan- ta o corpo e, firmando-se sob o terceiro par, projesta, sobre o animal e com grande força, os pêlos das ultimas patas, sa- cudindo-as vigorosamente. Os animaes sentem-se incommodados, ficam agitados, lambemse, coçam-se, esfregando o corpo nas paredes da gaiola ou do vaso, e eriçam os pêlos; os passaros ficam am- piados, sacudindo-se e batendo as azas, como que querendo tirar de cima de seu corpo qualquer cousa que os incom- inoda. Tivemos opportunidade, mais de uma vez, em occasião em que manipulavamos estes animaes, de sermos attingidos pelos pêlos e experimentarmos a sua acção. O pêlo é por demais urticante e parece-nos ter esta pro- priedade somente durante a vida do animal. Fizemos expe- riencias. no dorso das mãos, quer directamente com o pêlo •retirado por meio de bastão do vidro, quer irritando a aranha em um vaso de vidro e collocando as mãos dentro deste durante alguns minutos. A sensação é similhante á da queimadura pela ortiga e quasi immediata. A pelle fica vermelha, erythematosa. mui- to pruriginosa e a sensação é tão intensa que não se póde re- 143 sistir á comichão. Esta desapparece quando se passa um pouco de alcool ou agua ammoniacal em cima da parte attin- gida. Por outro lado repetimos as mesmas experiencias, eom pêlos de aranhas mortas algumas horas antes das referidas experiencias, sem sentirmos os effeitos acima citados. A sensação de queimadura persiste de alguns minutos a quasi urna hora, e o erythema algumas horas (3, 4 horas e mais). Passemos agora a um genero de araehnideos, que são vul- garmente conhecidos com os nomes de micuim, mucuim, bicho colorado (Uruguay). Tem este dimensões assaz dimi- nutas e é classificado na familia dos Trombididae. Somente a larva parece ser parasita do homem. Não sabemos bem a especie predominante entre nós. As larvas agarram-se principalmente pela tromba ou rostro, que atravessa a pelle do paciente á qual se fixam fortemen- te. Ellas vivem na. grama e dahi passam ao homem. O mucuim atravessa os tecidos da roupa e chegam á pelle. Kevela-se por um ponto vermelho (bicho colorado) no cen- tro de urna papula rosea e pela intensa comichão que deter- mina. Nos individuos nervosos, de pelle muito delicada, produz forte erythema, e referem alguns auctores casos em que ob- servaram insomnia e febre, entre outros o citado por Guiart de um individuo que esteve oito dias febril. A comichão é determinada por urna, saliva bastante toxi- ca que os mieuins inoculam ao mesmo tempo que se prende aos individuos. Durante o dia o paciente é menos importu- nado pelo parasita, mas á noite o calor do leito torna mais Viva a comichão. As vezes a escoriação provocada pelo ar,to de coçar occa- siona lesões inflammatorias suppurativas (echtyma, impe- ’tigo, etc.). Nuttall chama a attenção para a immunidade que se se- gue ás dentadas. Carrapatos. — Os carrapatos pertencendo á ordem dos acarianos (Acariña) são muitas vezes parasi-as accidentaos do homem, no qual produzem também lesões. Elles fixam ao corpo por meio do rostro e em torno do logar onde estão seguros observamos uma aureola vermelha. A comichão é em geral discreta, todavia algumas especies “produzem (Argas pérsicas, A. brumpti, etc.,) dôr local for- 144 te, acompanhada de outros symptomas. As pessoas recem- chegadas são muito sensíveis ás picadas dos carrapatos, e considera-se os symptomas consequentes a ellas como o re- sultado da inoculação de uma substancia toxica, a que os na- turaes do logar já estão immunizados. As picadas de carra* patos além dos symptomas referidos, podem produzir erup- ção erythemathosa, urticaria, febre, etc. Alguns carrapatos deixam no logar da picada uma cica- triz mais ou menos persistente. Outros formam uma pequena ulcera no logar da ferroada. Quando se arranca brutalmente o carrapato o rostro fica muitas vezes presos aos tecidos, oceasionando edema, ery- thema, que são seguidos de lesões mais serias produzidas pelos pyogenicos. Esses symptomas também estão dependentes da sensibi- lidade da pessoa, da delicadeza da sua pelle, e da quanti- dade de carrapatos, que se apegaram ao individuo. Os carrapatos grandes, taes como Ixodes ricinus, podem causar inflammações da pelle bastante serias, segu'das de pústulas eom edema mais ou menos extenso, abcessos, lym- phangitis e também lymphadenites acompanhadas de febre alta, cephaialgía, nauseas, vómitos, etc. Tivemos cccasião de observar casos bastante intnsos em individuos aggredidos por carrapatos. Estes casos são mais serios nos jovens, nas crianças, sempre mais sensíveis do que os adultos. Os estranhos ao logar, as pessoas que não estão acostumadas (immunizadas) s >ffrem bastante, princi- palmente os individuos alvos e de pelle delicada. Para retirar os carrapatos podemos empregar a uncção com vaselina, ou banhar o logar com uma solução de creo- lina ou applicar em cima do carrapato algodão molhado fm benzina, therebentina, etc. Alera destes arachnideos poderíamos fazer considerações sobre alguns outros que produzem lesões no homem, como o acantis da sarna, o demodex folliculorum (conhecido vul- garmente como ct'avo), etc., mas como as lesões produzidas por elles são por demais conhecidas, passaremos a tratar de outra ordem de arachnideos. Entre estes devemos citar os escorpionideos. Nesta fami- lia temos os escorpiões vulgarmente conliec'dos pelo nome de lacróos, que podem produzir lesões bem accentuadas nas crianças. Das observações que conseguimos reunir citaremos algu- mas, e entre ellas referiremos uma muito interessante. Octavio Torres. — Contribuição oo estudo de algumas lesões determinados petos arthropodos. Pl. I. Lesees produzidas por maruins Lesões produzidas por niaròins Lesões produzidas por maroins Octavio Torrres. - Contribuição ao estudo de algumas lesões determinadas pelos arihropodos. — Pl. II Bicho de pé (Sarcopsila penetrans) Bicho de pé (Sarcopsila penetrans) Le-oes proil nzidas por carrapatos Octavio Torres. - Contribuição ao estudo de algumas lesões determinadas pelos arthropodos.—Pl. III Dorso da mão. Lesões produzidas pelo podó Myiase naso-buccal (Chrysomya macellaria). Obs. do Dr. G. Salles. 145 A. de T., de côr preta, com 11 anuos de edade, natural da Baliia, trazia no hombro um feixe de lenha, da matta para casa. Em caminho sentiu unía picada no pescoço e deitando o feixe de lenha no chão viu que foi feita por escorpião, que elle matou. Pelo orificio da picada, sahiu algum sangue. O pequeno teve febre, clôr de cabeça intensa (cephalalgia), seguida de fortes dores em todo o corpo. No fim de algumas horas ob- servou-se cyanose, nas extremidades, nos labios, etc., per- deu a fala, ficou completamente cegp, appareeeram edemas e morreu no fin de oito a nove horas após a picada. O peque- no parece ter sido pungido na veia jugular ou na sua proxi- midade, em vista do rápido apparecimento dos phenomenos acima referidos. Algumas horas depois da picada (6 a 7),, notaram-se pequenas peteehias espalhadas pelo corpo, pete- ehias estas que se reuniãm ás visinhas formando purpuras tendo 6 a 7 centimetros de diâmetro. Entre outras observações podemos referir as seguintes, que são muito similhantes. M. P., branco, com 5 annos de edade, na Victoria da Con- quista, Bahia, foi picado por um escorpião, em um dos de- dos da mão. Gritava e chorava muito, devido ás dores, teve cyanose das extremidades, principalmente dos pés, e ficou bastante agitado. O. S., branco, com 42 annos de edade, solteiro, natural da Bahia. Este homem foi picado por escorpiões 18 vezes sen- tindo sempre dôr local intensa, muito mais forte do que as provocadas pelos myriapodos (pelos quaes foi mordido cin- co vezes), caimbras, quando as picadas foram nas pernas ou nos braços, dormência durante alguns dias, outras ve- zes, porém, a parte ofendida ficava arroxeada em torno da picada. Tinha sempre após a sensação de augmento de vo- lume da lingua. A ferida sangrava somente na hora. Em torno da picada formava-se uma zona papulosa bastante c’ara, que contras- tava com o resto da região. Entre outras observações temos mais as seguintes: C. S., branco, con 11 annos de edade, solteiro, natural de Joazeiro, e trabalhador de campo. Este foi mordido diversas vezes nos pés e nas mãos, em occasião de trabalho. C. A., preto, 36 annos, natural de Joazeiro, foi mordido 5 ou 6 vezes. 146 S. S., mestiço, com 35 anuos, casado, natural da Bahia, Joazeiro, foi mordido varias vezes, em trabalho, entre ellas foi ferido na mão, tendo, entre outros symptomas, sentido dôr local forte, seguida de erythema, intbammação, cepha- lalgia intensa, ligeira elevação da temperatura, pequena reacção ganglionar, e formação de placas arroxeadas em to- da a superficie do membro. Dentre os symptomas apresentados devemos referir como mais importantes, a dôr intensa, a sensação de augmento de volume, da lingua, caimbras, formigamentos, etc. O Dr. Zehntner, que observou muitos casos de ferroadas de escorpiões, em Joazeiro, referiu a um amigo commum, que a mordidella desses animaes é mais perigesa, parecen- do que os mordidos apresentam phenomenos de maior in- toxicação, quando a femea do escorpião está prenhe. Depois dos arachnoides temos a familia dos myriapodos, que se dividem em duas sub-famiüas: a dos chilopodos e a dos diplopodos. A differenca está justamente no numero de pares de pa- tas (um ou dois pares), em cada seguimento. Entre os chi- lopodos lia os myriapodos, conhecidos pelo povo por cento- peias e em alguns lugares pela denominação de piolhos de oobras, noutros lugares porém, dão o nome de piolhos de oobra aos diplopodos, também conhecidos por gorangoji. Alguns animaes destas duas classes eram considerados ha tempos passados como inoffensivos (principalmente os da classe dos diplopodos), actualmente, porém, está verificado que todos podem ser de accidentes, ora directamente pela inoculação de substancias toxicas, segregada por urna glán- dula, ora mecanicamente penetrando ñas cavidades natu- raes (diplopodos) e ahi permanecendo por tempo mais ou menos longo. Dos orificios naturaes os que são mais fácilmente invadi- dos, são as fossas nasaes (com maior numero de observa- ções feitas), havendo também casos de invasão do ouvido, da vagina, etc. Estes animaes penetram nas cavidades na- turaes de ordinario á noite, durante o somno do individuo. Os que alcançam as fossas nasaes conseguem muitas ve- zes alojar-se nos serns frontaes, produzindo symptomas os mais variados — ás vezes formigamentos na mucosa, pru- rido, que provocam espirros mais ou menos fortes e que muitas vezes são segirdos da eliminação do animal, outras vezes occasionam lesões de maior gravidade, — phenome- 147 nos inflammatorios, sensação de calor, com corrimento de secreção muco-purulenta, cephalalgia mais ou menos inten- sa, perturbações nervosas as mais variadas (reflexos) — “taes como abolição do olfacto, vertigens, delirio, convul- sões, angustia precordial, peída da palavra, constricção es- pasmódica das palpebras, dyspnéa, tosse, zumbido dos ouvi- dos, lacrimejamento, varias perturbações da visão, nauseas, vómitos, etc.” (Guiart). A sabida do parasita dá-se ou naturalmente, por um for- te espirro ou assuanclo-se o nariz com força ou então em- pregando-se liquidos ou pós, que possam matar o parasita e acarretar a eliminação deste, ou então retirando-se cirurgi- camente o animal. Depois dos parasitas desta classe temos os pertenencen- es a dos chilopodos (escolopendras). Estes animaes produ- zem lesões pela inoculação de substancia toxica segregada por glándulas situadas no seu primeiro segmento (cepha- lico). Esta substancia vae ter a dois dentes cmali ulados simi- lhantes aos das aranhas e das cobras. Na occasião em que o animal aggride, fere com as duas presas e ao mesmo tempo inocula uma substancia toxica fortemente dolorosa, que produz uma serie de symptomas, sobresahindo entre elles, a dôr intensa local e a contractili- dade dolorosa dos músculos da região mordeda. Tivemos occasião de fazer a respeito algumas observa- ções e temos opportunidade de referir outras que nos fo- ram narradas por pessoas que nos merecem inteira con- fiança. Entre as pessoas mordedas por myriapodos (escolopen- dras) todas se queixam de forte dôr local, que se irradia da parte ferida, e é seguida de phenomenos g'eraes ás vezes serios, dependendo estes últimos principalmente da eclade do individuo ferido, do tamanho do animal que produziu a picada e da quantidade de substancia toxica injectada. Nas crianças os phenomenos mórbidos apresentados são muito mais accentuados do que nos adultos. Encontra-se em todas as pessoas mordedas dous pontos correspondentes aos orifícios de entrada dos dentes. O. S., sobre quem já falamos, quando tratamos das le- sões produzidas pelos escorpiões, foi mordido diversas ve- zes (5) por escolopendras, em Joazeiro, onde trabalhava. Fazemos notar que os escolopendras deste municipio são os maiores que já tivemos occasião de ver, no Estado da 148 Bahia, chegando a attingir 18 e 20 centímetros de compri- mento por um e meio de largura. Esta mesma pessoa foi pi- cada diversas vezes (18) por escorpiões, não só da mesma localidade, como de outra dos Sertões bahianos, onde tra- balhou, sendo que os escorpiões de Joazeiro como as escolo pendras attingem grandes dimensões. A picada das escolo- pendras foi sempre seguida de dôres bastante fortes, pare- cendo ter sido injeetada uma substancia vesicante. Esta ¡dôr se irradia para diversos pontos, e é acompanhada de edema, vermelhidão, hyperesthesia e contractura dolorosa ños músculos da região. No dia seguinte observa-se uma in- filtraeção edematosa e muito sensível, em area relativamen- te extensa, em torno da picada. O paciente a que nos referimos acima contou-nos que a dôr da ferroada dos escorpiões é muito mais intensa do que a determinada pela mordedella das escolopendras. Esta dôr prolonga-se durante algumas horas, até 24 ou mais. Além desta fizemos mais as seguintes observações: A. P., caboclo, com 42 annos, casado, natural da Bahia, residente em Joazeiro, trabalhador de campo, foi ferroado por uma centopeia, no dorso do pé, sentindo forte dôr em iodo o pé, e teve ligeira febre, cephalalgia, caimbras e for- migamentos na perna correspondente. M. T. C., do sexo femenino, cabocla, com 18 annos, casa- da, natural da Bahia, residente em Joazeiro, foi mordeda na perna direita por uma escolopendra. A mordedura foi seguida de forte dôr e comichão, sentiu a lingna bastante grossa e esteve presa ao leito durante ‘dois dias, com forte dôr de cabeça e ligeira febre (38° e 38°5). O. T., branco, solteiro, com 32 annos, natural da Bahia, residente na Bahia, foi mordedo por uma escolopendra na parte anterior do thorax, tendo sentido dôr local, acompa- nhada de vermelhidão e forte comichão, havendo uma reac- bão inflammatoria, em torno da picada, a qual desappare- 6eu no fim de 24 horas. M. J. F., branca, solteira, com 15 annos de edade, natu- ral da Bahia, foi picada por uma escolopendra na região super-hyoidéa, durante a noite. A picada foi seguida de forte dôr local, que durou mais Ge 8 horas, com irradiação para as regiões do pescoço *(mento, infra-liyoidéa, e superclavieulares), observando-se àinda vermelhidão e inflammação bastante extensas. A paciente queixou-se de pequena difficuldade de degluti- 149 eão, apresentou contracção dos músculos esternocleidomas- toideos durante quasi dois dias, dessapparecendo estes phe- liomenos lentamente depois de 48 horas. O tratamento des- ta doente consistiu no emprego de um laxativo e de appli- cações de compressas de permanganato de potássio na re- gião mordeda. Ficaram dois pontos brancos, duros, resul- tantes da cicatrisacão dos dois orificios de penetração dos dentes da escolopendra. Os. T., branco, solteiro, com 32 anuos de edade, funcio- nario publico, natural da Bahia, residente na Bahia, foi tnordedo por uma escolopendra, na borda do pavilhão da órelha, quando se deitava para dormir. Sentiu forte dôr em toda a orelha, dôr esta que se irradiou com grande intensi- dade e rapidez para as regiões vizinhas, principalmente a masseterina, supra-lateral de pescoço (esterno-cleidomastoi- déa) e occipital do mesmo lado. A sensação foi similhante á de uma injecção subcutânea de uma substancia urticante. Apezar do paciente ter applicado immediatamente com- pressas de agua com um pouco de ammoniaeo (agua aramo- niacal), no dia immediato existia um forte edema de todo o pavilhão da orelha, principalmente da borda do mesmo. Apenas como lesão se via com diffieuldade os pontes de penetração dos dentes. Depois da referencia feita a esses animaes e ainda per- tencendo aos arthropodos temos a grande classe dos insec- tos. Entre estes ha um grande numero cujo estudo é muito importante, pois que representam principalmente papel sa- liente na transmissão de varias molestias e também porque determinam lesões. Lembraremos, em primeiro logar, o chamado bicho de pé (Sarcopsila penetrans), que produz lesões varias, não só nos pés, mas ainda nas mãos, destruindo os tecidos molles des- tas regiões, podendo attingir os tendões, os músculos, etc. O bicho de pé tem sido accusado de vehicular o bacillo de 'Nicolaier e consecutivamente de representar papel sabente na pathogenia do tétano. Juntamos uma photographia de um individuo, que tinha os pés e as mãos tão atacados, que apenas uma pequena parte das superficies plantares e palmares escaparam ao ataque deste parasita. Pela photographia pode avaliar-se o èstado lastimável a que chegou este individuo. 150 Moscas. — Temos ainda a referir as lesões determinadas pelas larvas de moscas, ou mais propriamente as myiases. Estas lesões são bastante conhecidas. ' Já tivemos occasião, em 1916, de apresentar á Sociedade Medica dos Hospitaes da Bahia e posteriormente de publi- car na “Gazeta Medica da Bahia” do mesmo anno, um tra- balho onde citamos, entre outras observações de myiases pro- duzidas por larvas de Chrysomya macellarin, duas observa- ções muito interessantes, uma produzida por larvas de Sar- cophaga lambens e outra pelas larvas da mosca domestica. As observações de myiases produzidas pelas sarcophagas são raras, tendo-se apenas conhecimento de 3 ou 4, em todo o Brasil. Entre outras lesões determinadas pelas moscas faremos uma rapida referencia ás do verme (Verme macaco, Derma- tobia cyaniventris). As larvas localizam-se no tecido cellular sub-cutaneo e ahi se desenvolvem, produzindo inflammaç~es, abcessos, phlegmÕes, etc. Já observamos dous casos deste genero. De um dos pa- cientes as larvas localizadas nas nadegas foram retiradas cirurgicamente pelo distincto collega e amigo Professor Fernando Luz, no outro foi encontrada uma só larva na perna esquerda, tendo sido extrahida pelo illustrado colle- ga Dr. Lydio de Mesquita. Além das lesões acima descriptas, muito summariamente, temos as determinadas directamente pelas trombas das moscas, conhecidas vulgarmente por mutucas e pertencen- tes a familia das Tabanidas. As pessoas picadas queixam-se de dôr mais ou menos in- tensa, de irritação local, de pequena hemorrhagia, defen- dendo estes phenomenos da sensibilidade da pessoa pun- gida. As vezes a ferroada da tabaúida é seguida de infecção pelos microbios da suppuração, observando-se furúnculos, lesões echtimatosas, impetiginosas, etc. Temos ainda as lesões determinadas por outro grupo de insectos pertencentes á classe dos culicoides. As lesões determinadas pelo maroim, ou mosquito de mangue, como vulgarmente são conhecidos, são muito mais dolorosas e muito mais intensas do que as produzidas pe’os mosquitos, murissocas (culic:ders, cnlex, stegomya, anophe- les, etc.). ! 151 Ha pouco tempo indo ao reconeavo do Estado fomos fe- rroado por diversos maroins e tivemos oecasiao do obser- var em nossas próprias mãos quanto é forte a lesão deter- minada por estes insectos, tendo tido uma intensa irritação das partes descobertas, rosto e mãos devido á comichão provocada pelas picadas. Na oceasião em que o maroim pousa para sugar sente-se apenas uma ferroada bastante forte, semelhando uma alfi- netada e a nossa attenção é chamada para este ponto, onde vemos, un ponto preto, pois o insecto é muito pequeno, e passando-se a mão em cima, elle como que se desmancha e por isto o povo chama mosquito polvora. A ferroada é muito incommoda principalmente para os recem chegados, para as pessoas que não estão ac'/suinadas aos logares onde elles existem communmente. Passamos ao estudo das lesões determinadas por um ou- tro grupo de insectos, pertenecentes A familia dos Estaphili- nkleos, eonhecidcs entre nós (no sertão da Bahia) pelos nomes de podón, botós, trepamoleque, pó de pimenta, etc. Fizemos observações também nas nossas próprias mãos com dous destes insectos. São coleópteros. Uma das especies dos nossos podós já foi estudada pelo Dr. Pirajá da Silva, que publicou uma nota nos “Archives de Parasitologie de Blanehard”, fazendo rápidas referen- cias a lesões produzidas pelo Poederus. Em uma certa ocrasião recebemos do interior do Estado (Joazeiro) uma porção destes estaphilinideos e procuramos uma pessoa para se sujeitar a uma experiencia e não achan- do quem quizesse fazel-o, nós mesmo a ella nos submette- mos. Muitas pessoas têm duvidado (nós mesmo) da acçao no- civa deste insecto, entre outras o illustrado collega Dr. Ar- thur Neiva, que fez uma ligeira observação em relatorio sobre uma viagenq que emprehendeu pelo interior da Ba- hia, Pernambuco, Piauhv, Goyaz e Minas, publicado nas memorias do Instituto Oswaldo Cruz (Mauguinhos). Elle diz: “Temos a impressão de que geralmente se exageram as consequências da vesieação produzida pelos coleópteros em questão, sendo que os accidentes mais serios sobrevêm por infeeeÕes secundarias; os potós, além desta denomina- ção são ainda conhecidos por fogo selvagem, potó-pimenta, tucura, etc.”. Podemos affirmar que as les~es determinadas pelo potó 152 são muito intensas, tão intensas como diz a observação do povo, porquanto em experiencia que fizemos (auto expe; i- mentação) sentimos os effeitos nocivos desse inse to e pode- mos apreciar quanto nos custou a experiencia. Levamos vinte e tantos dias com o dorso da mão esquerda fei idor não tendo coçado, nem eollocado medicação alguma, de proposito, para verificar todo o effeito da substancia vesi- cante segregada pelo insecto. iCollocamos dous dos coleópteros em questão (empece Poederus nitilicornis) no dorso da mão esquerda e procu- ramos reproduzir o mais naturalmente possivel o phenome- no como elle se passa na natureza. Depois delles passeai em algum tempo a dita região fizemos o punho do casaco com- . primil-os ligeiramente, tendo elles nesta oceasião, eliminado pela extremidade da porção abdominal (pelo anus prova- velmente) um liquido amarello claro (côr de topázio), que seccou rapidamente. Verificamos um erythema forte em todos os logares onde os podós tinham lançado o liquido vesicante. Esta erythema, acompanhado de forte reacção local, e comichão intensa que se accentuaram cada vez mais, e appareeeram no fim de 40 a 50 minutos. Os symptomas. percebidos não são ¡inmediatos. O primeiro symptoma é uma sensação de queimadura, acompanhada de dôr,. apparecendo ao mesmo tempo uma areola erythematosa. Se a pessoa se trata logo, fica bôa ra- pidamente, o que não acontece com as que se coçam vio- lentamente, e as pouco cuidadosas, que infectam a ferida no acto de coçar. Após o erythema formam-se pequenas vesículas puncti- formes, que depois se unem, transformándo se em vesícu- las maiores, que se enchem de um liquido claro e límpido 'A vermelhidão em torno das vesículas é bastante extensa. Com a evolução, as vesiculas transformam-se em pústulas, tendo as bordas esbranquiçadas, contrastando com a vizi- nhança completamente erythematosa e inflammatcria. To- da a região é dolorosa e a lesão leva de 15 a 20 dias para cicatrizar. Temos algumas outras observações feitas em Joazeiio, onde este insecto existe com abundancia nas plantações. O. S., branco, solteiro, bahiano, S. dos S., preto, viuvo, ha- itiano, C. S., branco, 19 annos, solteiro, bahiano, trabalha- dores de campo, todos esses foram feridcs no pescoço, no 153 thorax, etc., porque os insectos eahem das arvores, das pa- rreiras, por occasiao da poda, etc. O Dr. Zenthner, que foi chefe do Horto Florestal de Joa- zeiro, duvidava como nós e como muitas outras pessoas das lesões produzidas pelo podó e em dada occasião pediu a um seus empregados para obter alguns insectos destes e esma- gou-os na face anterior de um dos antebraços. Teve uma fortíssima reacção seguida de vesicação e suppuração, acom- panhada de comichão intensissima. Os ef feitos do podó fo- ram tão fortes que todas as vezes que via uma lesão simi- lhante, perguntava logo se tinha sido produz'da per podó. Este facto nos foi narrado pelo Snr. Olegario Silveira, que era chefe de campo do Horto Florestal e que foi por mais de urna vez ferido pelo liquido vesicante dos podós. A secreção vesicante produzida por este insecto podia ser estudada e aproveitada como vesicatorio, em vez da cantá- rida, talvez sem os inconvenientes desta ultima. Era intenção nossa escrever uma memoria mais completa sobre o assumpto, mas a estreiteza do tempo decorrente en- tre o conhecimento da reunião deste Congresso e a sua ins- tallação, porquanto só fomes sabedores do mesmo este auno, em meiados de setembro, obrigou-nos a limitar e e'rcums- crever este estudo a um pequeno numero de arthropodos e das lesões pelos mesmos provocados — deixando, pala ra- zão dita acima de referir, entre outras lesões, as produzidas por muitos outros insectos, taes como, entre os dípteros — os borrachudos (Simulidios), os phlebotomos (Psychodi- deos), as pulgas (ApJmnapteros) e outros; entre os hete- ropteros — os percevejos (Cimex lectidarius e outros), os barbeiros (Triatomas), etc.; entre os ápteros, — os piolhos (Fedicuhis capitis, vestimenti, pubis, etc.), e tantos ou- tros insectos. 154 Ñola sobre el tratamiento de la Lepra POR EL DOCTOR SANTIAGO RAMÍREZ (Miéxico) Método del autor. Por él ha tratado 72. leprosos, de los cuales 40 se han curado clínicamente de su dolencia. En los lazaretos de San Joaquín, Tacuba, D. F. y San Fernando, Tlálpam, D. F., comencé, hace cinco años, mis experimentos en el tratamiento de la lepra. En doce enfermos de la particular clientela lo he conti- nuado. Los resultados han sido asombrosos. Otros médicos, a los que he recomendado mi método, lo han encontrado como el de elección y el único que les ha dado resultados. Otro más, actualmente, lo experimenta con resultados brillantes, pues dice: “a la cuarta inyección, era patentísima la mejoría de la enferma”. Deseo darlo a conocer de un modo muy extenso, pues si en un remoto no lejano se habla de él, aspiro a tener la prio- ridad (como creo poseerla en el método de inyecciones endo- venosas de aceite alcanforado, ya que hace trece años vengo usándolas). Quiero excluir de esta nota, las historias de los casos clí- nicamente curados, para no sugestionar en manera alguna a los investigadores en su tarea. El método por mí empleado, creo no lo ha sido por nadie. Difiere totalmente de los conocidos por la chaulmoog'ra, ginocardato, morruato, etc. Con motivo de los estudios hechos por mí en el granuloma venéreo, inicié mis observaciones. El método, sencillo por demás, consiste en lo siguiente: Inyección endovenosa cada dos, tres, cuatro o cinco días, de una solución de tártaro emético al uno por ciento, en dosis de uno, dos y hasta cinco centímetros cúbicos. Comienzo por inyectar un centímetro cúbico. iSi hay to- lerancia, al tercer día pongo otra inyección de igual canti- dad; si no hay tolerancia (calentura, náuseas, una que otra vez vómitos y a las veces estados lipotímicos), dejo pasar tres o más días. Si hay tolerancia con la segunda, aumento la dosis al do- ble y llego a poner hasta' cinco centímetros cúbicos. 155 Las soluciones que al principio usé fueron en suero fisio- lógico; parece que traían flebitis con más frecuencia que con las que actualmente empleo, en agua bilestilada estéril, sim- plemente. A la quinta o sexta inyección, se nota endurecimiento de la vena, algún dolor, sobre todo en los movimientos de la articulación del codo, el vaso se dibuja o resalta de un mo- do poco claro. En tal caso, uso el antebrazo apuesto. Cuan- do se ha llegado a la quinta o sexta en el segundo antebra- zo, tenemos ya listo el primero para seguirlo picando. Deben ponerse las inyecciones con gran lentitud, de este modo se tolera mejor, y hay menor reacción por parte de la endovena. De todos los enfermos en quienes he empleado el trata- miento, nunca ha habido empastamientos permanentes o fle- bitis severas. Al que mayor número de inyecciones he pues- to ha sido a un leproso sifilítico: le administré cuarenta y seis inyecciones. Fué curioso el hecho de que las lesiones leprosas cedieran admirablemente; no así las luéticas, que necesitaron administración de salvarsán. En una enferma de 17 años, con lepromas enormes en el ala de la nariz y orejas, jpie se había tratado copiosamente por el aceite de chaulmoogra, vi ceder la dolencia de un modo clarísimo a la sexta inyección. Marchó a Sinaloa y ahí se puso 18 más. Escríbeme manifestando que se encuentra perfectamente bien; dice esto: “En el sitio donde tenía los abultamientos tan repugnantes, ya no hay nada y sólo la piel está fina y suave y un poco dolorosa”. Juzgo que es un proceso netamente cicatricial. Si con el transcurso del tiempo mis enfermos no vuelven a presentar manifestaciones del mal, creo haber encontrado el tratamiento específico de la dolencia, si fracaso, lo sentiré por los aquejados, pero podré, con visos de lógica, decir esto: De todos los tratamientos puestos en juego, el que mejores resultados me ha dado es el descripto. Invito cordialmente a los investigadores a que lo usen y anoten sus observaciones, que, de resultar, como a mí me ha resultado, se habrá dado un paso en la terapéutica de esta dolencia, que en algunas partes es una plaga y de todos mo- dos un estigma. Si alguno, antes que yo, ha usado este tratamiento, de- searía me lo diera a conocer, ya que abrigo la esperanza de ser yo el primero en haberlo empleado. 156 Sobre iniminileiapia anlileprosa i GR EIj doctor tomíás g. perrin (México) Juan M]ueh, el ilustre inmunólogo del Hospital Eppendorf de Hamburgo, ha dicho estas palabras: “Los -casos que ofrecen mayores probabilidades de éxito con el tratamiento vajunoterápico, son las 'enfermedades crónicas, como la lepra y la tuberculosis”. Claro está, que estas consoladoras frases no pueden tener el valor de una profecía en boca de quien, al mismo tiempo, estimaba que debían descartarse del tratamiento bacterioterápico las en- fermedades en las cuales los gérmenes circulan en la sangre, y que dicha práctica se encuentra principalmente indicada en las enfermedades localizadas. No creo . que entre estas últimas podamos incluir a la infección leprosa, ni que el medio interno de muchos tuberculosos se encuentre indemne de bacilos de Koch. Los modernos trabajos de Ciough son sobradamente elocuentes a este respecto. La afirmación de Much, escrita hace más de ocho años, encierra hasta la fecha una cruel ironía, por lo que a inmu- niterapia experimental antileprosa se refiere. Si a nuestros trabajos experimentales nos atenemos, los resultados de la toxinoterapia y bacterioterapia antileprosa (autógena y he- terógena) son sencillamente desconsoladores. Pero veamos, antes, si encierran alentadoras promesas los estudios de algunos investigadores ilustres. Se ha dicho que existe una inmunidad natural contra la lepra. Esto explicaría la dificultad de contagio de esta en- fermedad, que generalmente es trasmitida previa prolongada convivencia con leprosos. Much dice que: “ la inmunidad na- tural del hombre para el virus de la lepra es, generalmente, muy grande, considerablemente superior a la que existe en aquél contra la tuberculosis”. Deycke, por su parte, sostiene 'haber visto formas abortivas de la enfermedad: verdaderos casos de curación espontánea. Y la segunda conferencia in- ternacional de la lepra, celebrada en Bergen, la legendaria capital noruega, afirmó la curabilidad espontánea de la in- fección de Hansen. Pero en esta afirmación vemos, más bien, la noble resolución humanitaria de un asunto de deontolo- gia, médica, que el esclarecimiento de un problema científi- co. Colocado el leproso en las más adecuadas condiciones 157 higiénicas, esperar su curación espontánea nos parece punto menos que absurdo, pero admitida la posibilidad de ello, no caería todo el rigor de las leyes sanitarias sobre el infeliz enfermo. Leyes crueles para el individuo, pero pia- dosas para la colectividad, que hicieron exclamar a un hijo ilustre de Alemania: “ ¡ cuán fuera de razón estamos prácti- camente, cuando, partiendo de una legislación medioevalc.es arrollada en el tapete verde, se persigue cruelmente, como a criminales, a unos pocos desgraciados que se han infectado en el extranjero, en vez de aliviar su suerte en lo posible!”... ¿Qué elementos aporta la inmuniterapia para la lucha antileprosa? Carrasquilla, el estudioso médico colombiano, intentó pre- parar un suero bactericida con material leproso, sin que el éxito correspondiera a sus esfuerzos; Laverde y Otero no fueron más afortunados en sus intentos de sueroterapia. Rabés, teniendo en cuenta ciertas analogías anatómicas y fi- siológicas entre los bacilos de Hansen y los de Koch, y no habiendo podido aislar aquéllos, utilizó, con resultados poco alentadores, las tubereulinas en el tratamiento de la lepra. Liceaga, en México ,ha empleado dicho tratamiento e n re- sultados relativamente satisfactorios. Deycke y Muclq fracasaron con sus inyecciones de bacilos tuberculosos solubilizados. Posteriormente, el primero de dichos autores, aisló en caso de lepra, un estreptotrix ácido- resistente, al, que denominó “leproides”, considerándole agente de la infección. La inyección de sus cultivos deter- minaba reacciones en las lesiones leprosas y, al parecer, mejoría en las manifestaciones del mal, pero pronto pudo convencerse este investigador de que sus estreptotrix no eran bacilos de Ilansen; no obstante, olvidando las condicio- nes de especificidad que debe reunir todo preparado inmuno- terápico, Deycke extrajo de sus estreptotrix una grasa neu- tra, cristalizable, a la que denominó nastina, preconizando su empleo en la terapéutica antileprosa. Como esta sustan- cia provoca reacciones generales y locales intensas y peli- grosas, la asoció con el cloruro de benzoilo, sustancia desen- grasante y leueógena. De lo que pudo esperarse de la nastina, dió pronto cabal idea su descubridor diciendo (después de haber tratado quinientos casos de lepra), que él (Deycke) nunca habló de curaciones sino tan sólo de mejorías en el estado general, y en los síntomas leprosos. 158 Dejando a un lado la larga y enfadosa enumeración de tentativas, más o menos infortunadas, llevadas a cabo por gran número de investigadores sobre el aislamiento de ba- cilos de Hansen en la lepra humana y los trabajos de Ste- fanski sobre la enfermedad leproide de las ratas, etc., tene- mos el deber de recordar que los cultivos de bacilos lepro- sos logrados tras arduos intentos en el Laboratorio Pare!, de Bombay, fueron fecundos en esperanzas para los inmunólo- gos. Dos han sido los principales cultivos obtenidos: el cul- tivo Kone Sein y el cultivo Williams. Ambos fueron cuida- dosamente estudiados por Rost, Foulerton, Liscón, Williams, Clegg, Duval y Bayon. Se concedió carácter específico a los bacilos aislados, en virtud de sus caracteres morfológicos es- tructurales y tintoriales, de que la inyección de los cultivos en personas sanas no producía reacción apreciable y en cambio determinaba intensas reacciones focales y generales en los leprosos y, por último, de que inoculado por Rost en el mono, produjeron “todas las características clínicas de una lepra tuberculosa, encontrándose en los lepromas ba- cilos ácido-resistentes, con la agrupación y topografía típi- cas de los de Hansen”. A esto debemos añadir cpie, utilizados por nosotros como antígenos, fijaron el complemento en presencia de sueros le- prosos. Desgraciadamente, la. especificidad de este método es discutible. Con ambos cultivos, Rost y Williams prepararon dos pro- ductos terapéuticos. Uno toxinoterápico: la leprolina; otro bacterioterápico: la vacuna de Rost. Los trabajos expuestos por este autor en la “Gaceta Médica los publicados por Williams en el “Diario Médico Inglés” y los que de am- bos vieron la luz en las Memorias del Departamento de Medi- cina y Sanidad del Gobierno de la India, sin ser convincen- tes, encerraban grandes esperanzas. De Beurmann y Gougerot, en París, y González ITrueña y Cicero, en México, emplearon la leprolina con resultados sa- tisfactorios en los primeros tiempos de su aplicación. Tales estudios fueron expuestos a la Sociedad Médica de los Hos- pitales de París y a la Academia Nacional de Medicina de México, respectivamente. Por desgracia, trabajos posterio- res no reafirmaron el optimismo que los primeros hicieron concebir. Por lo que a nuestra actuación en este asunto se refiere, he aquí un breve resumen de los trabajos realizados: 159 El día 13 de oetubre de 1913, después de tres meses, llegaron a nuestras manos, por bondadosa deferencia del doctor González limeña, los cultivos de bacilos leprosos, re- mitidos del “Bombay Bacteriological Laboratory Parel”, contenidos en dos tubos con gelosa, rotulados “Leprosy Wi- lliams; 25-7-13”. Dichos tubos presentaban sendas colonias casi planas, de contornos sinuosos, festonados, y de coloración débilmente anaranjada. Las preparaciones micros- cópicas revelaron la presendia de bacilos, en cuyo polimor- fismo predominaban formas de eocotrix análogas a las ais- ladas en algunos casos de lepra por Czaplewsky sobre suero de Loeffler. Los bacilos eran ácido-resistentes y quedaban coloreados por el método de Gram. El mismo día practica- mos tres siembras de cada tubo en caldo, gelosa y suero de Loeffler. Transcurridos nueve días, se desarrollaron en los tubos de gelosa unas exhuberantes colonias circulares, popu- losas, húmedas y de coloración anaranjada. En los tubos de suero, las colonias fueron más pequeñas y escasas. En los de caldo, se presentaron bajo forma de copos escasos y amarillentos en suspensión. Los bacilos obtenidos presenta- ban las reacciones colorantes de los leprosos (Ziehl-resisten- cia y Gram-resistencia) y lo que hasta cierto punto pudié- ramos llamar su polimorfismo característico. La acción aglu- tinante sobre dichos bacilos del suero .de enfermos de lepra diluido al 1 por 50, fué negativa, pero la fijación del comple- mento en presencia de suero leproso utilizando como antí- geno una suspensión de los bacilos en estudio, previamente titulada, fué positiva. Con dichos bacilos procedimos a la preparación de la “Le- prolina de Rost”. Rost llamó leprolina a un cultivo en caldo, de bacilos de la lepra, de seis a siete semanas de edad, filtrando por papel y esterilizando por el calor a 80 grados. Le creyó dotado de propiedades curativas por determinar la formación de anti- cuerpos específicos en inyecciones intramusculares de dosis variables entre uno y dos centímetros cúbicos, una vez por semana, durante uno o varios años. Nuestros cultivos en caldo mostraban a las seis semanas una abundante colonización bactérica en el fondo de los matraces. Los cultivos se iniciaron por copos amarillentos en suspensión. ¡Según Rost, deberíamos únicamente homoge- neizar dicho cultivo, filtrare y esterilizarle o1 t^ner 160 su leprolina. No obstante, estimamos prudente poner en claro los siguientes puntos: Primero. Investigación de toxicidad. Segundo. Determinación del número de bacterias que tras dicha defectuosa filtración pudiera contener el cultivo; es decir, de la riqueza micróbica del antígeno. Tercero. Comprobación de si la permanencia de una ho- ra a 80 grados había sido suficiente para esterilizar el me- dio, y 1 Cuarto. Demostración de si en el curso de las maniobras de preparación y ensayo hubo contaminación externa. Primer punto. Para resolverle practicamos en tres cone- jos y tres cuyes las inoculaciones intraperitoneal, subcutá- nea y endovenosa de uno, dos y cinco centímetros cúbicos de leprolina. En ninguno de aquéllos se presentaron fenó- menos tóxicos. iSegundo punto. La numeración micróbica aplicando la técnica hematimétrica, nos dió la exigua cifra de 9,600 ba- cilos por cc. Es decir, que la filtración hizo perder al cul- tivo la casi totalidad de sus elementos micróbicos. Tercer punto. Las siembras de la leprolina en los medios de elección de dichos bacilos leprosos fueron estériles. Cuarto punto. Las inoculaciones infraperitoneales de 5 cc. de leprolina en el conejo y en el cuy, no dieron lugar a fenómenos sépticos.* Las siembras en caldo, suero, gelati- na y gelosa fueron estériles. La permanencia de los tubos de leprolina en termostato no determinó desarrollo de bac- terias. Con las precauciones mencionadas, autorizamos el ensa- yo de la leprolina de Rost en el tratamiento de la lepra. Este trabajo fué concienzudamente llevado a cabo por el doctor González Urueña sin que la leprolina produjera re- sultados curativos apreciables. Fracasada la toxinoterapia — que como tal, no muy co- rrectamente, se lia considerado el empleo de la leprolina de Rost — procedimos a la preparación de una suspensión bactérica que denominamos “Leprolina R. P.” con suje- ción de la técnica siguiente: 1. Crecimiento en gelosa de colonias abundantes y jóve- nes. 2. Disgregación de dichas colonias en solrc'ón sal:na fi- siológica estéril. 161 •'l.° Homogeneizdción, graduación por su opacidad según el método de Bruce. 4. Extensión de la suspensión bactérica al 1 por 9 en so- lución salina fisiológica estéril, adicionada de 0.25 por ciento de lisol. 5. Reparto en tubos esterilizados poniendo en cada uno de ellos 1 cc. y cerrándolos acto seguido a la lámpara. 6. Esterilización a 65 grados durante una hora. 7. Comprobación, por siembras en gelosa, de dicha este- rilización. Como dosis inicial hemos empleado 1 cc., el cual contie- ne 0.1 de la suspensión bactérica graduada. A esta dosis y practicando las inyecciones con intervalos de seis a ocho días, evitábamos hacerlo durante las llamadas por Wright fases negativas. No estimamos, pues, indispensables las de- terminaciones del índice opsónico. Para las dosis subsecuen- tes hemos tenido en cuenta los fenómenos de reacción loca- les y generales determinados por las primeras inyecciones, sin olvidar que la nueva tuberculina de Wright — análoga a nuestra leprolina R. P.,—aunque no provoca reacción al- guna puede producir majorías clínicamente caracterizadas por aumento de peso, desaparición de la fiebre, etc. La ex- perimentación de la nueva leprolina es muy reciente y se ha hecho en corta escala. Sus resultados hasta la fecha no han sido satisfactorios. La bacterioterapia autógena de Gougerot, inspirada en los trabajos de Lucca y Laverde, trae quizá una esperanza más, para el tratamiento específico de la implacable infec- ción leprosa. Se prepara extirpando los lepromas, liberándolos de la piel y tejido adiposo, triturándoles, emulsionándoles en so- lución salina fisiológica estéril, repartiendo la emulsión en ampolletas y esterilizándoles a 100 grados, durante cinm minutos, o a 70 grados, durante diez, en siete sesiones dis- continuas. La riqueza micróbica se graduaría, según Gou- gerot, hasta obtener diez paquetes bacilares en el hematí- metro de Malassez. Esta apreciación carece en absoluto de valor, tanto por la infinita variedad de tamaño de los paquetes, cuanto por la existencia de muy numerosos bacilos sueltos. Por otra parte, la numeración de los gérmenes tiene muy relativa importancia, pues el clínico puede inyectar volú- 162 bienes variables de la preparación (generalmente de 1 a 5 cc.), graduando éstos por fenómenos generales focales o locales de la reacción. Las inyecciones deberán repetirse con intervalos de 6 a 15 días durante largo tiempo. Se podrá considerar clínica- mente curado a un enfermo, según Gougerot, cuando no presente lesiones activas ni reacciones con nuevas inyeccio- nes del producto. Y añade el dermatólogo francés: “Exá- menes repetidos del suero permitirán seguir y asegurar con más certidumbre que antiguamente, la curación clínica”. Suponemos quiere referirse a las investigaciones de fijación del complemento. Comenzamos, en unión del doctor González Urueña, la aplicación de esta vacuna a dos enfermas del Hospital Gene- ral, a las cuales y para la preparación de aquéllas fueron extirpados por el doctor Arroyo varios voluminosos lepro- mas. Las reacciones generales y locales fueron muy poco acentuadas. No obstante, en el curso del tratamiento reci- bimos un aviso telefónico del doctor Glass, jefe del Pabe- llón, manifestando que una de las enfermas presentaba no- table mejoría. Acudimos inmediatamente al Hospital y no pudimos comprobar cambio notorio en el aspecto de las le- siones cutáneas, pero nos manifestó la enferma que hacía largo tiempo padecía malestar, falta de sueño y pérdida de apetito, habiendo desaparecido aquél, y reapareciendo és- tos desde la tercera inyección. Poco después nos vimos obli- gados a suspender temporalmente tales trabajos. Cuando pudimos reanudarlos, las enfermas ya no se encontraban en el Hospital. ■ Posteriormente el doctor Cicero envió a nuestros Labora- torios una antigua enferma con lepromas múltiples en la cara, y miembros. Enucleados los más voluminosos de aqué- llos, preparamos dos cajas con 20 ampolletas de vacuna de Gougerot, rica en bacilos. La enferma abandonó el trata- íniento, no habiendo experimentado alivio alguno después de haber recibido 14 inyecciones. Bien sabemos que los tres casos mencionados no autori- zan para lanzar un fallo condenatorio contra la bacterio- terapia autógena de la lepra, pero cualquiera que sean los resultados que con la vacuna de Gougerot se obtcngan, siempre hemos de encontrar en el’a, entre otros el g'rave inconveniente de que para su preparación, es nec°sar:'o contar con lepromas. Y aún muchos enfermos que los pre- sentan, no dan material sufidenH para un tratamiento in- dividual prolongado. 163 Algunos estudios microscópicos de la piel de los atabardillados l'OR EL DOCTOR JESÚS ARROYO (México) Mietnbro nace a término, con cráneo deformado (irregular), supuración de oído desde el momento del nacimiento, muere también a los 7 meses; el 3.er hijo ignora si vive; partos de término. Antecedentes conyugales: El marido niega haber tenido enferme- 180 ¿lacles venéreas. Ha tenido fiebre tifoidea. Por el examen es hombre delgado, bien constituido, no hay estigmas de ninguna naturaleza y el examen de los órganos no da ningún signo sospechoso. La reac- ción de Wassermann es negativa. Antecedentes personales (fisiológicos): La enferma es producto de un parto jirematuro, de siete meses; comienza a caminar recién a los 3 años, no sabe por qué. Tiene su primera menstruación a los ll1 años, las reglas han sido siempre abundantes e indoloras, últimamem te fueron escasas. Patológicos: A los 6 años padece de sarampión y coqueluche. A los 11 años tuvo un ataque de reumatismo que le hizo guardar cama poi* un mes; desde entonces no ha vuelto a padecer. Obstétricos: Casada hace 14 años con un primo hermano, ha teni- do 6 embarazos; el primer hijo nació muerto y macerado, de térmi- no, y la enferma explica la muerte porque, estando al final de embara- zo, tu\o que pasar la Cordillera (?); el 2.° embarazo terminó por abor- to a los dos meses; el 3.ü nació de término, con aplicación de fórceps, muerto; fué atendida en la Maternidad del Hospital Rawson y no> sabe la enferma si el niño murió consecutivamente a la operación; el 4.° nació en nuestra Maternidad con aplicación de fórceps, embarazo de término, murió a los 7 meses, de pulmonía; el 5.° parto, prematu- ro, de 7 meses, nació asimismo en nuestra Maternidad, falleciendo a los 16 días súbitamente, después de una convulsión; refiere la enferma le dijeron que era enfermo del corazón. Actualmente, nuevamente embarazada, tiene su última menstrua- ción el 28 de julio y le dura sólo un día; comienza a sentir los movi- mientos activos del feto a los 4 1|2 meses de estar embarazada. Estado actual: Be le examina el 11 de abril. Se comprueba mujeT de talla mediana, piel blanca, panículo adiposo discreto y, sin ede- mas. Al examen del esqueleto se comprueba cráneo pequeño, frente olím- pica clásica, nariz en silla de montar, ligero prognatismo del maxilar superior y pésima implantación dentaria; hay, además, rugosidades tibiales bien mareadas. Aparato respiratorio normal, digestivo y urinario ídem. Corazón: soplo presistólico en la punta, con primer tono duro; hay frémito a\ la palpitación; pulso regular, igual, tenso, 100 pulsaciones. No hay vá- rices. Examen obstétrico: embarazo de 8 meses, presentación cefálica, O. I. I. T., auscultación positiva. Los diámetros externos están ligeramente disminuidos; 18 1|2, 21. 24, 29. El promonto pubiano mínimo da 10 centímetros y el sacro es poco excavado. El examen, de orina da vestigios de albúmina. La sero-reacción de Wassermann, negativa (sin reactivar). El l.° de mayo, a los 8 1|2 meses de embarazo, comienzan los do- 181 lores del parto, y a las 14 horas de iniciado, da a luz, espontánea*- mente, un niño de sexo masculino, de 2,600 gramos de peso. Alumbramiento espontáneo; la placenta, sin particularidades, pesa 500 gramos, la relación íeto-plaeentaria es de 5.2. Se mandan bus- car espiroquetas en los frottis de placenta, al ultramicroscopio, y el resultado es negativo. Método Mannehan igualmente negativo, así eomo el estudio de las vellosidades y del sistema vascular placentario. La enferma, a los 11 días del parto, es dada de alta. El niño no presenta nada de particular, excepción hecha de su dé- bil peso y del estado de prematurez; se le saca sangre por punción* del seno longitudinal, 3 ce., y se hace la Reacción Wassermann con re- sultado débilmente positivo. Consideraciones. — En esta primera observación, han faltado los datos de los abuelos; pero es muy importante el examen que se ha podido hacer, con todos los detalles, de la hermana de la mujer sometida a nuestra observación, en la que se encuentran distrofias heredo-luétieas típicas y secuelas de su heredo-lues en actividad en determinada época de la vida; se agrega a ello, los datos concernientes a los hijos de esta mujer, que aunque no los hayamos exa- minado, así como tampoco al esposo, hermano del marido de nuestra enferma, son muy característicos: fisura de pa- ladar, supuración del oído, polimortalidad de 66 o[o. El padre del marido de nuestra enferma, ha sido hombre sano siempre y de su examen, así como de la reacción de Wassermann, no se deduce nada que hable a favor de la sí- filis. En cambio, su mujer, el caso de nuestra observación, re- cién comienza a caminar a los 3 años y por el examen so- mático, se descubren estigmas típicos heredo-luéticos y una lesión cardíaca congénita. Vemos así, que los dos únicos hijos vivos, de aquellos abuelos (que no hemos podido examinar) son productos ñeredo-luéticos indiscutibles. Nuestro caso, casada con un primo hermano, tuvo 6 embarazos, de los cuales: 1 abor- to, 1 muerto y macerado, 1 fallecido a los 16 días de nacer, ele parto prematuro, con enfermedad cardíaca congénita; los otros dos, también fallecidos, y el último, parto prema- turo, el único que vive y que hemos examinado, débil, de poco peso, con reacción de Wassermann positiva débil. La ausencia de los datos de los abuelos, lo que impide cumplir la exigencia primera de los postulados de Four- nier, en nuestro entender, no tiene aquí mayor importan- 182 cia, desde que por el examen de sus dos hijos tenemos asegu- rada la presencia de sífilis en algunos de los genitores. Barthélemy (1) en dos de sus observaciones ignora los da- tos de los abuelos, lo que por el reconocimiento de estig- mas heredo-luéticos en los hijos, no le impide, a posteriori, suponer la herencia anterior; Antonelli (2), en un caso si- milar, llega a igual conclusión; el mismo Edmond Four- ,nier (3) en la observación 98 de su encuesta ya referida, llega al diagnóstico de heredo-lues de 2.a generación, en los hijos de una tabética juvenil cuyos padres no ha examina- do, pero en la que, aparte de su enfermedad, se constatan distrofias que hablan en ese sentido; en la observación 100 tampoco conoce el dato de los abuelos. Los postulados que se refieren a los padres de los pro- ductos luéticos de segunda generación, se encuentran llena- dos y a conformidad; la madre, por todo lo que hemos re- ferido, es indiscutiblemente una heredo-espeeífica, como lo es también su hermana; el marido ha sido ,siempre sano, no tiene ningún signo que lo haga sospechoso y la R. bioló- gica está de conformidad con los datos clínicos. En lo que concierne a la sospecha de que una infección sifilítica ad- quirida se haya sobreagregado en esa mujer, nada autoriza a pensar así y como dato ilustrativo podemos referir que se casó con su actual marido a los 21 años, haciendo vida genital y habiendo tenido durante este tiempo 6 embara- zos. La interpretación exacta de este último postulado, de- pende únicamente de la sinceridad del sujeto interrogado, y tan es así, que en todo lo que hemos recorrido de obser- vaciones citadas en apoyo de ésta la herencia luética, los autores prescinden de este dato; además, y como veremos en seguida, esa infección, en nuestra enferma, debía haber sido adquirida o sobreagregada durante la infancia o en pubertad, siempre antes de su matrimonio, desde que en el primer embarazo ya se pone de manifiesto la virulencia de su enfermedad. Por último, los datos relativos a los productos de los em- barazos consignan: abortos, 1; macerados, 1; partos pre- maturos, 2; muertos precoces, 1, y otro que no se sabe si (1) Bartliélemy.—Thèse E. Fournier, Ob. 386 e 387. (2) Drey.—Com. Antonelli, “Buli. de la Soe. de Dermatología ”, 1896. (3) E. Fournier.—Syphilis héréditaire, etc., loc. cit. 183 murió consecutivamente al traumatismo sufrido en el par- to u obedeciendo a la misma causa que los anteriores. Be agregan a esto, todavía, una enfermedad cardíaca con- génita y la R. de Wassermann positiva en el único super- viviente de estos 6 productos fundadamente sifilíticos. No hemos de insistir mayormente sobre la causal de este 85 ojo de mortalidad, desde que nadie discute ya que la etiología más frecuente de la interrupción del embarazo y de la muerte del feto, obedece a la sífilis. Queremos, sí, ha- ber resaltar, con esta observación, tan demostrativa, a to- das luces, la virulencia tan grande y las consecuencias tan comparables a la de la sífilis adquirida. E. Fournier, sobre 367 embarazos en heredo-luéticas, con- signa 118 abortos, 59 nacidos vivos y muertos poco des- pués, 192 nacidos vivos con sobrevida ulterior, es decir, un total de 48 ojo de mortalidad. Tarnowsky da 31 ojo de mor- talidad; Jullien 35 ojo, sin contar los abortos y los muer- tos a poco de nacer, 40 o|o de mortalidad total. Alfred Four- nier, Pinard, Etienne, en 1899, ante la Academia de Medi- cina de París, refieren resultados con sus estadístmas per- sonales, más sombríos todavía (59 o|o de mortalidad entre los hijos nacidos de padres heredo-sifilíticos). Y si, depurando más los hechos, tratamos de averiguar el número de hijos sanos, producto de estos matrimonios de heredo-sifilíticos, las cifras son desconsoladoras. Bástenos citar la estadística de E. Fournier, en la cual, sobre 367 embarazos, sólo se consiguen 31 niños sanos; sólo el 8 ojo, o como él lo dice con gran elocuencia: “9 individuos in- demnes sobre 100 nacimientos en familias con tara ances- tral sifilítica. Observación 2.a.—Historia clínica número 670 de 1949.—Diagnósti" co: Heredo-lues. Insuficiencia y estrechez mitral. Hiposistolia. Me- trorragias. Parto prematuro espontáneo. Heredo-lues de 2.a gene- ración. Clara F., 35 años, rusa, Q. cls. Entra 3|YII|919. Antecedentes hereditarios: Padres muertos, ignora de qué, el padre a los 52 años, la madre a los 35—la madre tuvo 7 embarazos: 2 abortos, 3 hijos muertos en la primera infancia, ignora la causa,—vive un solo her- mano, que se examina; es .estrábica congénita, casada, ha tenido 7 embarazos, 4 abortos y 3 hijos vivos y sanos. Examen somático ne- gativo. La Eeacción Wassermann negativa. Antecedentes conyugales: El marido es hombre robusto, no es be- bedor ni fuma; interrogado repetidas veces, niega toda enfermedad venérea. Ha tenido con otra mujer una hija que hoy tiene 14 años¿ cuyo examen no nos revela nada de particular. En el examen somá-, tico del marido, igualmente no se encuentra nada de particular. 184 La Reacción Wassermann negativa. Antecedentes personales fisiológicos: Ignora la fecha en que comen- zó a caminar, menstrua por primera vez a los 13 años, reglas siem-i pre regulares, de 4 días de duración, poco abundantes. Patológicos: En la infancia no ha padecido enfermedad alguna; desde hace 10 años comienza a sentir fatiga al menor 'esfuerzo; no- ta. además, en los miembros inferiores, que aumentan cada vez en los embarazos. Obstétricos: Ha estado embarazada anteriormente 7 veces; el pri- mer embarazo fué a término, el hijo muere a los 9 meses, de causal ignorada; el 2,o embarazo de término, mujer, vive aparentemente sana; el 3.° aborto espontáneo, de 5 meses; el 4.° parto espontáneo, con hijo vivo, que muere a los 7 años, en tres días, de ataque a la cabeza; el 5.° aborto espontáneo de 3 meses; el 6.° embarazo a tér- mino, parto espontáneo, hijo vivo, tiene actualmente 3 años; el 7.a embarazo de término, el niño muere a los 5 meses, ignora la causa. Se examinan los dos hijos vivos de la enferma; son dos heredo dis- tróficos típicos, ambos tienen dientes de Hutchinson, paladar ogival, son decrépitos, mal nutridos. El resto del examen somático es negativo. 'Con fecha 15 de setiembre de 1920, la enferma nos trae el hijo dd 3 años, con hematúrias; refiere que éstas habían aparecido en otra ocasión; sometido el niño, que está pálido y demacrado, a un trata- miento mercurial a base de fricciones, las hematúrias desaparecen y el estado general mejora; la Reacción de Wassermann es entonces positiva débil. El 3 de julio ingresa la madre a la Maternidad, eim barazada de 8 meses y, manifestándonos que, desde hace más de uri mes, pierde sangre por la vulva con intermitencias, en cantidad apreciable, en cualquier hora y sin ningún dolor. S'e le examina con fecha 3 de julio y se comprueba mal estado ger neral, piel blanca, poco pigmentada por el embarazo, con facies cia- nóticas (labios, orejas, nariz, etc.), panículo adiposo muy escaso, ede- mas grandes en los miembros inferiores y regiones declives del dorso. El estudio del esqueleto nos muestra protuberancias parietales y frontales salientes, frente olímpica, con circulación venosa frontal muy apreciable; pupilas desiguales, la izquierda mayor que la dere- cha; cuello con glándula tiroide levemente aumentada de volumen e ingurgitación venosa en la base; baile arterial y venoso; a la auscul- tación del corazón se comprueba un doble soplo en el foco mitral que se propaga hacia la axila y demás focos. Pulso regular, igual, poco tenso y de frecuencia aumentada. Disnea objetiva (34 respiraciones), por la auscultación se oy,e, en ambos pulmones, rales difusos, roncus y sibilancias. El examen del vientre permite comprobar un embarazo de 7 1|2 meses con presentación cefálica. La pelvis es normal. La auscultación fetal es positiva. Examen de orina: albúmina 1 o¡oo. Reacción de Wassermann, negativa. 185 Reacción de Wassermann después de reactivación con bieianuro de mercurio, positiva débil. Al día siguiente comienzan los dolores del parto, y, a la hora 30 minutos, nace el niño de 2,050 grs. de peso. El parto, a pesar de la hiposistolia, termina sin mayores inconveí- nientes. Alumbramiento natural. La placenta estaba inserta en el segmento inferior, tipo marginal, pesa 650 grs., relación feto-placentaria, 1 a 3; no ofrece ninguna par- ticularidad. Durante el puerperio el estado de hiposistolia se agrava; se Id prescriben tónicos cardíacos, diuréticos, etc.; la enferma mejora y es dada de alta en buenas condiciones. Del examen del hijo nacido en la Maternidad, excepción hecha deí su estado de debilidad consecutiva a su prematurez, nada se puede deducir. A los 4 meses se le examina nuevamente y no se le halla na- da de particular, el aumento de peso ha sido progresivo. Desde el na- cimiento se instituyó tratamiento antisifilítico. Mientras estamos escribiendo este trabajo, junio de 1921, vuelve a ingresar a la Maternidad nuestra enferma, embarazada de dos ma- ses y medio, con insuficiencia cardíaca aguda por bronconeumonia gripal, falleciendo a los dos días. (Historia clínica 538 de 1921). La autopsia comprueba la antigua lesión cardíaca y el proceso pul- monar causa de la muerte. Consideraciones. — Los abuelos no nos legan datos de infección luética; es interesante consignar dos abortos, tres hijos muertos de corta edad sobre un total de siete em- barazos, y, sobre las dos únicas hijas mujeres que sobrevi- ven, una de ellas es estrábica congénita (estigma heredo- luético bien puesto de manifiesto por Sorrentino (1), Fuc- ei (2), Pernet (3), Alfredo Fournier (4), etc., tiene 7 em- barazos, de los cuales 4 terminan por abortos. No hemos, sin embargo, examinado al marido de esta enferma, ni a sus hijos, para sacar alguna conclusión, como productos he- redo-luéticos de segunda generación. La otra hija es nuestra cliente y también presenta un (1) Sorrentino.—“Annales de Dermatologie et de Syphiligraphie ’ \ 1903. (2) Fucei. — “Annales de Dermatologie et de Syphiligraphie”, 1903. (3) Pemet.—Brit. Jour. of dermat., 1899. ,(4) E. Fornier. — Stigmates dystropiques de 1’hérédo syphilis. Thèse, Paris, 1898. 186 conjunto de estigmas que permiten clasificarla como here- Üo-luética: bosses frontales y parietales sabientes, frente olímpica, circulación venosa frontal muy marcada, (des'- cripta por Barthélemy y puesta de relieve por E. Fournier, (1) como estigma de lúes y reconocida en distintos enfer- mos rotulados bajo ese diagnóstico), pupilas irregulares, desiguales, lesión endocárdiea, etc., etc. El marido de esta enferma es sano y por nuestro examen no revela nada de particular y, por otra parte, la hija que lia tenido con otra mujer, no presenta, tampoco, estigma o lesión alguna. Por el contrario, los productos que nacen de la unión de ese hombre sano con la heredo-luética, ofrecen caracteres de heredo-especificidad. De ocho embarazos, dos terminan por aborto, uno por parto prematuro y los restantes por partos de término. De los 6 hijos nacidos vivos, tres mue- ren de corta edad, uno a los cinco meses, otro a los nueve meses, y otro a los siete años de meningitis; por último,' de los tres hijos vivos, dos, los mayores, son heredo-distró- ficos, con dientes de Hutohinson, paladar ojival, etc. Aparte de que ya en el corto transcurso de su vida, uno de ellos ha padecido de hematúria esencial, que cede al tra- tamiento mercurial instituido, la sero-reaceión de Wasser- mann es también positiva. Por fin, su último hijo, nacido en nuestra Maternidad y como consecuencia de un parto prematuro, no achacable, por cierto, en todo, a la sífilis, desde que en ese momento nuestra enferma atravesaba un episodio agudo de insufi- ciencia cardíaca, no nos permite agregar nada a lo dicho ya en materia de confirmación heredo-luética: pues en los recién nacidos o niños de pocos meses, hay gran dificultad en reconocer distrofias de ese origen, a no ser que se trate :de verdaderas malformaciones o monstruosidades. Pero, ¿necesitamos, acaso, más datos, para aseverar, que esos niños heredo-luétieos, son hijos de madre heredo-lué- tica, sin necesidad de hacer intervenir para nada en la constitución de sus estigmas y lesiones la influencia de un padre con sífilis adquirida, tanto más conociendo los datos relativos a los hijos engendrados por los abuelos maternos, fallecidos todos, a excepción de dos que reconocemos con estigmas y de los cuales uno es nuestra enferma? (1) E. Fournier.—Loe. eit. 187 La lúes de segunda generación, en la historia que comen- tamos, se ha mostrado tan grave como si se tratara de la primera generación. Observación 3.» — Historia clinica Njo H69 de 1919. — Diag- nóstico: Heredo-lues m ai terna. Aortitis. Parto getmelar univitelino. Lues de 2.a generación. Elena H., 20 años, argentina. Fecha de en- trada 12 de diciembre de 1919. Antecedentes hereditarios y familia- res: Padres vivos y sanos. EI padre, por confesión propia, dice ha- ber contraído sífilis hace 31 años y nunca haberse tratado; su en- fermedad fué diagnosticada en España; cree haber sido siempre sa- no. Se trata de iun hombre de 58 años, que no revela nada de par- ticular al examen somático. La Reacción de Wassermann es negativa. La madre, de 48 años, bien conservada, padece de aortitis y arte- rio-esclerosis. La Reacción de Wassermann es negativa. Nos refiere que tuvo 12 embarazos; los dos primeros terminaron por abortos espontáneos; de los 10 partos restantes de término, el l.er hijo nació muerto, después de 4 días de haber dejado de sentir los movimientos activos; el 3.° murió a poco de nacer, sin saber poi* qué; otro de un accidente, y otro a los 4 años, con convulsiones. Los 6 hijos vivos, actualmente están sanos; uno tuvo, con anterioridad, meningitis a los 2 años, y se curó con fricciones mercuriales. Antecedentes conyugales: El marido ha padecido de blenorragia; afirma no haber tenido chancros; gran fumador. El examen somático no da nada de particular. La Reacción de Wassermann es negativa. Antecedentes personales (fisiológicos): Menstrua a los 12 años, re- glas regulares dolorosas, 4 días de duración. Se casa a los 18 años. Patológicos: Sarampión en la infancia. Obstétricos: No ha tenido abortos; actualmente está embarazada de término, no habiendo sufrido trastorno de importancia. Estado actual: Mujer de 160 centímetros de altura, 64 kilos de- peso, con panículo adiposo en discreta cantidad, sistema muscular! normal; piel blanca, s¿n cicatrices ni manchas, con grandes edemas en los miembros inferiores. Sistema óseo bien desarrollado, son de notar las clavículas con cres- tas rugosas, muy mala implantación dentaria y paladar ligeramente ojival. Por el examen del corazón se constata un soplo sistólico en el fo- co aórtico. Pulso regular, rítmico. Al examen del vientre se comprueban las paredes abdominales a gran tensión; abdomen ocupado por el tumor uterino de 43 centíme- tros de altura. Existe edema en la región supra-pubiana. Los órganos genitales externos son asiento de una infiltración 188 adematosa enorme, que se incinde ampliamente, dando salida a cer- ca de 500 gramos de líquido. El análisis de orina, da 6 grs. 50 de al- búmina. La sero-reacción de Wassermann: negativa (sin reactivar). El 19 de diciembre, nuestra cliente da a luz dos fetos de sexo fe- menino. Placenta única: embarazo gemelar univitelino biamniótico; la tor- ta placentaria pesa 750 grs., de forma irregular. Los recién nacidos pesan 2,200 y 1,950 gramos, respectivamente, y no presentan ninguna particularidad, a excepción de que la Eeacción de Wassermann fué francamente positiva en el segundo. Consideraciones. — En esta enferma, tenemos, bien cla- ro y determinado, el dato del abuelo, de que hace 31 años adquirió un chancro sifilítico, y de que, a pesar de no haber sido tratado, nunca tuvo manifestaciones de importancia, ni la enfermedad ha dejado en su organismo nada carac- terístico. No sucede lo mismo con la abuela materna, en la cual, aparte de su aortitis, como lesión avanzada en una mujer de 48 años, la historia de sus embarazos revela la lúes con- tagiada por su esposo. De un total de 12 embarazos se con- signan 2 abortos, 1 niño muerto en el vientre, 2 fallecidos precozmente, sin conocer la causa en el primero, y con con- vulsiones d segundo. 41.65 o|o de mortalidad global, atri- buible a la lúes heredada en 2.a generación, siendo dig’no de notar que entre los 6 hijos restantes, al parecer actual- mente sanos, lo que no nos ha sido posible comprobar, uno de ellos padeció de fenómenos meníngeos que retrocedieron con tratamiento hidrargírico. Uno de estos 6 hijos es nuestra enferma, madre de pro- ductos luéticos de segunda generación que habremos de estudiar. Esta mujer, de 20 años, presenta estigmas distróficos clasificados entre los heredo-luéticos, y una lesión aórtica, característica, que a su edad y sin otro antecedente, debe- mos necesariamente atribuir a su enfermedad heredada. El marido no es desde ningún punto de vista, como hombre sano; no revela estigmas de ningún orden y la reacción biológica de la sangre es negativa. De esta heredo-luética, primeriza, nacen en nuestra Ma- ternidad dos fetos, productos de un embarazo gemelar uni- vitelino, característica ovular tributaria en general a la sífilis. Desde época remota el embarazo gemelar, había sido ob- 189 servado con mucha frecuencia en familias de sifdítieos, y en el estudio posterior de las características ovulares, se estableció una separación bien neta entre los embarazos bivitelinos y los univitelinos, considerando a aquéllos, sim- plemente, como una particularidad de la postura ováriea, o cuando más, un paso hacia atrás en el atavismo de la es- cala zoológica, mientras que a los últimos, los univitelinos, estudios más modernos, y estadísticas de las que nosotros hemos hecho buena cuenta, (1) los consideran como el punto de partida hacia la formación de monstruos y como siempre obedeciendo en su formación a factores tóxicos, entre los cuales, la sífilis, sin ninguna duda, se destaca con derechos plenamente adquiridos. La reacción de Wasser- mann positiva en uno de los gemelos de nuestra observa- ción confirmaría estas ideas. Se encuentran, cumplidos, pues, en esta nuestra tercera observación, los postulados exigidos por Fournier, con el agregado, muy interesante, de haber podido individualizar, como manifestación de lúes hereditaria de segunda genera- ción, el embarazo gemelar univitelino, sin que hayamos po- dido comprobar ninguna observación similar.en la literatu- ra médica. Observación 4.a.—Historia clínica N.o 1221 de 1919. Diagnóstico: Heredo-lues. Mitraortitis. Nefritis. Heredo-lúes de 2.a generación? Jo- sefina Y., 34 años, española. Q. ds. Ingresa el 29 de noviembre de 1919. Antecedentes hereditarios y familiares: Padres vivos y, sanos. Se les examina. El padre confiesa haber tenido un chancro a los 17* años, siendo soltero, que cuidó con polvos de aristol y unas friccio- nes, que hizo en número más o menos de 50. El examen somático del padre permite reconocer arterio-esclerosis generalizada; aortitis dis- creta, alopecia generalizada. El examen de la madre: mujer de mentalidad pobre, es difícil con- seguirle datos; físicamente es sana; no sabe explicar1 Ipor qué se le murieron tantos hijos. Tuvo, en conjunto, 14 hijos; sólo dos de ellos han llegado a la adultez, los restantes muertos en la infancia, 2 de fiebre tifoidea, 3 de sarampión, 1 de viruela, 1 'de difteria, los demás de causa ignof- rada. Antecedentes conyugales: El marido niega haber padecido de en- fermedades venéreas, a no ser blenorragia, adquirida hace 7 año3; (1) Rebechi.—Los embarazos gemelares univitelinos. Tesis de Bue- nos Aires, 1921. 190 ixurica chancro. S'on 5 hermanos; todos, menos uno que murió a con- secuencia de un accidente, son sanos. El examen somático del sujeto en cuestión es absolutamente ne- gativo. Antecedentes personales: Comienza a caminar a los 14 meses, lo- comoción siempre rorir.al; menstrua a los 18 años, reglas de media- na intensidad, 5 a 7 días de duración, dolorosas. Patológicos: Tuvo sarampión en la infancia, fiebre tifoidea a les 15 años, sin complicaciones. Obstétricos: Casada, ha tenido dos embarazos anteriores, el pri- mero llegó a término, parto distócico, aplicación de fórceps, el niño nació muerto; el segundo murió en el vientre, 4 días antes del par- to; en el Hospital San Roque le aconsejaron inyecciones mercuriales. Actualmente está embarazada de 7 m.cses y ha tenido, durante el transcurso de su gravidez, cefaleas y cansancio general, que no han cesado en ningún momento. Desde el 5.° mes del embarazo le apa- recen edemas en los miembros inferiores. No ha hecho en este em- barazo ningún tratamiento. Estado actual: Mujer de piel blanca, con discretas cicatrices acró- micas. . En el examen del esqueleto, son de notar tibias rugosas y mala implantación dentaria. Las pupilas son desiguales; la pupila izquierda mayor que la pu- pila derecha. Reaccionan bien a la luz y acomodación. Examen del corazón: soplo sistólieo mitral, con caracteres de so- plo orgánico y soplo sistólieo aórtico ídem. Embarazo del 7.o mes, presentación pelviana, hidramnios. Se reactiva con inyección de neosalvarsán (0.70 ctgs.) y a los 7 días la reacción de Wassermann es positiva. El análisis de orina, indica: albúmina 2.20 grs. o|oo, poca elimina- ción de urea, algunos cilindros hialinos en el sedimento. La embarazada pide el alta a los pocos días, sin que se hayan te- nido noticias de ella posteriormente. Consideraciones. — Esta observación tiene gran similitu 1 y muchos puntos de contacto con la anterior. Los abuelos, vivos, han sido examinados, y el abuelo, aparte de algunas secuelas dejadas por la sífilis, nos ma- nifiesta haber tenido chancros, a raíz del cual se le some- tió a tratamiento mercurial. La abuela, una “arriérée” congénita, nos proporciona da- tos muy elocuentes; de 14 hijos, sólo 2 llegaron a ser adul- tos, 71 o ¡o, pues, de mortalidad en edad temprana por en- fermedades comunes (?). De los dos únicos hijos que llegan a la adultez, uno de ellos, nuestra enferma, es un exponente de heredo-lues. Se 191 constata en elJa, estigmas pupilares y cardíacos, riñón gra- vídico y sero-reacción de Wassermann francamente posi- tiva. El postulado exigido por Fournier y referente al marido se llena satisfactoriamente; ha sido siempre sano y por el examen no se encuentra nada que sea capaz de hacerlo sos- pechoso de sífilis adquirida o heredada. Los productos de este matrimonio son tres: el l.er niño muere al nacer, no podemos tomarlo en cuenta, desde que su muerte puede ser consecuencia de la intervención por el fórceps; el producto del 2.° embarazo, muere en el vien- tre de la madre y el parto ocurre prematuramente. Es no- toria la influencia de la sífilis en la génesis de los macera- dos. Del 3.er embarazo y aunque no nos fué posible exami- nar al niño después de nacer, por no haber visto a la ma- dre posteriormente al parto, tenemos formales pruebas pa- ra pensar que se habrá tratado también de un producto heredo-lsifilítico. Noíf fué posible comprobar la presencia 'de hidramnios y si a eso se agrega la reacción de Wasser- mann francamente positiva, nadie podrá contradecirnos si afirmamos que ese hidramnios obedeció a la misma causa que originó la maeeración fetal en el embarazo anterior. Observación 5.a.—(Historia clínica N.o 469 de 1920. Diagnóstico: He- redo-lúes. Fíbromatosis uterina y embarazo. Parto espontáneo. Lúes de 2.a generación. Fisura del paladar óseo. Emilia V., 30 años, ar- gentina. Q. ds. Fecha de entrada, 22 de enero de 1920. Antecedentes hereditarios y familiares: El padre vive, y, al parecer, sano, no ha sido posible examinar. La madre muerta de pulmonía, tuvo 7 hijos, viven 5, 2 muertos, uno de apendieitis, el otro en la primera infan- cia, ignora la causa. Antecedentes conyugales: El marido ha sido siempre sano. El examen físico general es negativo. La Eeacción de Wassermann es negativa. Antecedentes personales y fisiológicos: Menstruación a los 15 años, siempre dolorosas, poco abundantes, regulares, de 2 a 3 días de duración. Contrajo matrimonio hace 8 meses. Patológicos: Durante la infancia tuvo coqueluche y, sarampión. Ha- ce 4 años fué operada de quiste hidático del hígado, curación a los 7 meses. Hace 7 años fué atacada de intensos dolores osteóscopos en los miembros inferiores, nocturnos, que curan con tratamiento mercu- rial. Hace pocos meses que comienza a sufrir del hígado, la enferma nos manifiesta le dijeron que se trataba de hipertrofia hepática y 192 íué sometida nuevamente a tratamiento mercurial con inyecciones, con lo cual mejora. Obstétricos: Actualmente está embarazada de 5 meses, es su pri- mer embarazo; la enferma afirma no haber tenido relaciones sexua- les con anterioridad a su matrimonio. Durante los 2 1|2 primeros meses de gravidez tiene vómitos, ma- reos, y le han hecho 28 inyecciones de benzoato de Hg. Estado actual: Piel blanca, un poco pigmentada por el embarazo; existe al nivel de la clavícula izquierda una cicatriz ligeramente re- tráctil; en el hipocondrio derecho otra, secuela de la operación rea- lizada sobre el hígado. En la cara interna de la tibia hay una cica- triz adherente al hueso, en la vecindad de la epífisis. El esqueleto es bien desarrollado, sin estigmas; panículo adiposo discreto, presenta un rinofima muy marcado con grandes arboriza- eiones venosas. Pupilas desiguales; pupila izquierda mayor que la derecha. Aparato circulatorio, respiratorio, etc., normales. Utero grávido, alrededor de 5 meses, de forma irregular y desigual consistencia, renitente en toda su porción derecha y parte inferior, duro, tenso, al nivel del cuerno izquierdo, en forma de tumor, del tamaño de una cabeza de feto. El tacto comprueba los datos recogidos por la palpación del abdo- men: órganos genitales externos normales. Reacción de Wasseripann negativa; una segunda, después de reac- tivar con bicianuro de Hg. endovenoso, francamente positiva. El 16 de setiembre la embarazada acusa sus primeros dolores de parto, y a las pocas horas da a luz, artificialmente, por fórceps, en presentación de frente, un niño de 2,500 gramos de peso. Alumbramiento por Credé; la placenta pesa 600 gramos, sin par- ticularidades; la relación feto-placentaria es de 1 a 4. Examinado el niño, presenta una fisura incompleta del paladar, en toda la extensión del paladar óseo. S'e saca sangre de la fontanela y líquido céfalo-raquídeo para su análisis. La Reacción de Wassermann de la sangre extraída de la fontane- la es negativa; la del líquido céfalo raquídeo, ¿positiva. En el transcurso de los días ulteriores, el niño presenta una zona excitable, al nivel del lado izquierdo de la cabeza, con ligero aboveda- mi ento que a la compresión produce opistótonos; mejora a los pocos días; mama bien y, es dado de alta pesando 2,970 gramos, habiendo ■ido sometido a tratamiento mercurial. Consideraciones. — En esta observación los datos de los abuelos, son negativos. La hija de ese matrimonio es indudablemente heredo- espeeífica, habiendo padecido de manifestaciones activas si- filíticas que cedieron al tratamiento hidrargírico; actual- 193 mente posee un fibroma uterino y la sero-reaeeión de Was- sermann reactivada lia sido francamente positiva. No ha habido en ella comercio sexual hasta el matrimo- nio, el que se realiza con un hombre sano, sin estigmas de ninguna clase y con un físico que no denota huellas de lúes. De ese matrimonio nace prematuramente, a pesar del tra- tamiento mercurial incompleto, un niño que presenta una fisura incompleta del paladar y da reacción de Wassermann positiva en el líquido céfalo-raquídeo. Observación 6.a.—Historia clínica N.o 584 de 1920. Diagnóstico: He- redo-lues y embarazo. Aortitis. Lúes de 2.a generación. Eloísa B., 48 años, argentina. Q. ds. Fe>cha de entrada, 21 de junio de 1920. Ante- cedentes hereditarios y familiares: Madre muerta de una afección cardíaca, por accidente sincopa!; tuvo 4 hijos, 2 varones y 2 muje- res; el primero muere poco tiempo después de su nacimiento de tér- mino; el tercer hijo, mujer, nació enfermo y falleció a los 15 días, y refiere la madre que nació con ampollas en las manos y en los pies, y que el médico que la vió le recetó una pomada. La madre do nuestra examinada padeció de una enfermedad en un /dedo de la mano, que los médicos trataron con mercurio y yoduros, después de tomar antecedentes del marido, con que curó. El padre sufrió de ataques hepáticos durante mucho tiempo, era aleoholista, y a los cinco o seis años de adquirir la sífilis murió in- ternado en un hospital. La lúes ficé adquirida por el padre después de nacer sus dos pri- meros hijos; nuestra enferma, que es la última de los cuatro herma- nos, sabe que esa enfermedad le fué contagiada a la madre. Antecedentes conyugales: Como no es posible examinar al marido, se le escribe llamándole la atención sobre la necesidad de contestar con sinceridad por el interés de la salud de sus hijos, y, manifiesta que siempre ha sido sano, trabajador de campo, que sus primeras re- laciones sexuales fueron con la que ahora es su mujer, y que no ha tenido enfermedades venéreas; tiene 10 hermanos, 8 de ellos viven, 1 murió de un accidente y el otro de una indigestión. Antecedentes personales.—Fisiológicos: Comienza a caminar a loa 18 meses; la función menstrual aparece a los 15 años; reglas irregu- lares, dolorosas, abundantes. Patológicos: Desde los 9 meses de edad hasta los 18, sufre de dia- rreas disentéricas; a los 8 años tiene fiebre tifoidea; a los 9 virue- la, y a los 10 años escarlatina. Desde los 11 años hasta los 17, sufre de pólipos en la nariz y de ozena, siendo asistida por distintos médicos, pero no consiguiendo sino mejoría temporaria; con el antecedente paterno es sometida a 194 tratamiento mercurial (gotas y píldoras), con lo que cura rápida- mente en dos meses. Obstétricos: Se casa a los 18 años. Ha estado embarazada 17 ve- ces. El primer embarazo termina con parto prematuro; el niño, que vive 12 días, nació con pénfigo, palmar y plantar. El segundo embarazo lle- ga a término, niño de sexo femenino, vive; durante todo este emba- razo la madre se practica fricciones mercuriales, toma yoduro y ba- ños sulfurosos. 3.er embarazo, también de término, con tratamiento mercurial, el niño vive, es varón. 4.° embarazo, aborto espontáneo, ge- melar, del mismo sexo, de 4 meses, ó.0 embarazo, de término, con tra- tamiento Hg. durante todo su transcurso, feto vivo, vive, varón. 6.° em- barazo, aborto de 4 meses, a pesar del tratamiento mercurial instituido desde la primera amenorrea. 7.° embarazo, de término, con trata- miento mercurial durante los 9 meses, niño vive, es varón. 8.° emba- razo, de término, parto espontáneo, con tratamiento hidrargírieo completo. 9.° embarazo, sin tratamiento específico, se interrumpe a los 7 meses, foto muerto y macerado. 10.° embarazo, de término, con tratamiento mercurial, niño vivo. 11.° embarazo, aborto de dos meses, a pesar del tratamiento hidrargírieo. 12." embarazo, de término, tratamiento específico, niño vivo. 13." embarazo, de término, con tratamiento específico, mujer, niña viva. 14.° embara- zo, aborto de 2 meses, sin tratamiento mercurial. 15." embarazo, de término, varón, niño vivo. 16." embarazo, de término, sin tratamien- to, niño vivo. 17.° embarazo, aborto de 3 meses, a pesar del trata- miento mercurial. Todos son hijos del mismo padre y han sido criados con lactancia materna. Veamos la evolución ulterior de esos niños. El hijo producto del primer embarazo murió a los 12 días, con lesiones características co- mo específicas. La niña, producto del segundo embarazo, actualmen- te vive, siempre es enferma, ha tenido un iritis específica a los 17 años, ha sufrido en otras épocas de dolores osteóseopos y ha sido so- metida, en distintas ocasiones, a tratamiento mercurial. El varón nacido del tercer embarazo, es enfermo, débil, a los 16 años es ata- cado de mareos v, pérdida de la visión, etc., que cura con tratamien- to específico. El hijo del quinto embarazo ha tenido necesidad, tam- bién, de recurrir al tratamiento mercurial, por osteítis múltiple, con lo cual mejora. El hijo del séptimo embarazo sólo tuvo una enfer- medad al vientre a los 10 meses de edad, que curó bien, y, según la madre, es el más sano de todos. El varón nacido del quinto embara- zo vive, tiene 13 años, tuvo a los 4 meses ataques de meningitis, y a raíz de esto, convulsiones que duran 2 años y curan con fricciones mercuriales. El producto del 10.° embarazo tiene 11 años y ha sido sano. 12." hijo, que tiene nueve años, a poco de nacer le aparece una erupción que cura con fricciones de Hg. El 13.° también ha tenido erupciones, y desde hace poco tiempo es estrábica, estrabismo que le sobrevino repentinamente. El hijo 16.°, de dos años, tiene una hernia 195 umhilieal, y ha padecido de meningitis, que curó con bebidas a base de Ilg.; hace poco tiempo que ha empezado a caminar. Por el examen practicado a los hijos del 15.° y 16.° embarazo, he- mos podido constatar: en el primero, bosses parietales salientes, ti- bias en hojas de sable y un segundo tono aórtico muy timbrado: el hijo 16.° no presenta, excepción hecha de la hernia mencionada, otra particularidad que la debilidad de sus miembros inferiores, que no le permiten caminar hasta los dos años. Actualmente nuestra historiada, al término de un nuevo embarazo, y no habiendo presentado durante él nada de particular, nos pro- porciona el siguiente Estado actual: 27|VI. Piel blanca muy pigmentada, sin cicatrices; poco panículo adiposo, sin edemas y, con gran desarrollo de várices en los muslos, pierna y pie; gran desarrollo del sistema venoso sub- cutáneo. El esqueleto sólo presenta una desigualdad de tamaño entre las clavículas, la izquierda más gruesa que la derecha; a más de esto, frente saliente, olímpica. En el cuello, ingle, axila, etc., existe poli- mi cro-adenia. Las pupilas son desiguales; la izquierda mayor que la derecha y deformada, de forma oval. En el corazón se constatan dos soplos de origen distinto: soplo sis- tólico aórtico, orgánico, con foco máximo de auscultación por arriba de la horquilla y propagación hacia el cuello; el otro soplo también sis- tólico, sólo es auscultable en la zona mesocardíaca, sin propagación y con caracteres de soplo anorgánico. El parto se declara el 4 de julio; transcurre sin dificultad y ter- mina espontáneamente en 6 horas y 30 minutos. El recién nacido pesa 3,600 gramos, la placenta 600; relación feto- placeutaria 1|6. En la placenta no se comprueba ninguna particula- ridad. La Reacción de Wassermann en la madre es positiva; en el recién nacido débilmente positiva, previa reactivación con fricciones mer- curiales. A excepción de la reacción serológica positiva, el niño no presen- ta estigmas ni distrofias de ningún orden; mama bien, es bien des- arrollado, etc.; la madre, durante el embarazo, sólo ha sido tratada con dos inyecciones de salvarsán, la primera a los 7 meses, y la se- gunda a los 8 1|2 mese3. Consideraciones. — Es tal vez esta la observación más interesante, por ser la más completa. Los antecedentes de los abuelos son francamente positi- vos en el sentido de la lúes adquirida; el padre contrae la sífilis durante su matrimonio y muere demente. La abuela, esposa del sujeto de referencia, se contagia después de ha- ber tenido 2 hijos y sufre las consecuencias de esta enfer- 196 medad, que cede con tratamiento mercurial, debiendo tra- tarse posiblemente de una manifestación gomosa. Después del contagio tiene dos hijos; uno de eilos, el pri- mero, nace, con manifestaciones heredo-específicas en ple- na actividad, pénf'igo palmar y plantar y sucumbe a los f>ocos días, a pesar del tratamiento mercurial instituido. El segundo se refiere a la mujer motivo de esta obser- vación, en la cual, por el examen general, nosotros podemos apreciar particularidades clasificadas entre los estigmas lieredo-luétieos: frente olímpica, desigualdad clavicular,' micro-poliadenia generalizada, pupilas desiguales, defor- madas, aortitis, etc., etc. Aparte de esto, ha sido siempre débil y predispuesta a enfermedades, disenteria, fiebre ti- foidea, viruela, escarlatina, etc. Después de los 11 años su- fre de ozena sifilítico, clasificado así porque no cede a ningún tratamiento sino al mercurial. 'Como último dato, la reacción serológica positiva de la sangre confirma el diagnóstico clínico. El marido de esta mujer niega todo contacto venéreo an- tes de su casamiento y dice ser sano. Estamos, pues, frente a una heredo-luétiea activa y dis- trófica, casada con un hombre sano. Recordemos la herencia de este matrimonio: 17 embara- zos sucedidos en 22 años, 4 terminan con aborto, 2 con par- to prematuro y los restantes llegan a término. El primer hijo nace con pénfig'o palmar y plantar, falle- ce a los 12 días; la segunda hija es lograda, posiblemente, gracias al tratamiento específico que se instituye a la ma- dre durante todo el embarazo, y si bien vive actualmente, la historia de su vida nos está indicando, que es una he- redcv-luétioa de segunda generación; ha sido siempre en- ferma, delicada, a pesar de haber sido sometida a trata- miento mercurial padece a los 17 años de una iritis especí- fica que sólo cede con tratamiento intensivo; el hermano que le sigue ha sufrido de trastornos oculares con mareos, etc., fenómenos debidos, posiblemente, a alguna lesión ner- viosa central que cede también al mercurio. En los otros hijos se consignan lesiones de osteítis, ata- ques de meningitis, convulsiones, erupciones cutáneas, etc., tratadas y mejoradas con fricciones de ungüento mercu- rial, estrabismo, hernia umbilical, debilidad en la marcha, estación de pie retardada, etc., todas como una gama de manifestaciones o secuelas de lúes. Eso es lo que podemos invocar, en cuanto a antecedentes, 197 justificando nuestra afirmación de que se trata de produc- tos heredo-luéticos de segunda generación; veamos para mayor seguridad el examen físico de los 3 últimos de ellas; el 15.°, 16.° y 17.° que hemos podido examinar per- sonalmente. El primero presenta distrofias en el cráneo y en los hue- sos largos; el segundo, su hernia umbilical, y por las difi- cultades en la estación de, pie nos hace sospechar un caso de Little; el último de ellos, nacido en nuestra Materni- dad, no presenta estigmas netos; si bien es difícil caracteri- zar a los pocos días del nacimiento dichos estigmas, a no ser que se trate de malformaciones o monstruosidades, pe- ro en cambio nos da una sero-reacción de Wassermann po- sitiva; la madre en este embarazo fué tratada insuficiente- mente. Resumiendo: estamos en presencia de tres generaciones donde la sífilis ha marcado con rasgos indiscutibles e in- confundibles su pasaje funesto; abuelo que se infecta y contagia a su mujer; fallecen ambos consecutivamente a la infección; hijos que mueren por la infección ele los padres ; otros que sobreviven, pero que presentan durante la vida ínanifestaciones típicas o que se casan con gente sana y engendran a su vez niños, con estigmas o lesiones atribui- 1bles a la sífilis, por su naturaleza, por la electividad sobre ciertos órganos, por la característica de su evolución y por la curación o mejoría con el tratamiento instituido. Se tra- ta, pues, de los nietos de nuestro primer enfermo sifilítico adquirido, y los que, por consiguiente, deben ser considera- dos como heredo-luéticos de segunda generación. Observación 7.a.—Historia cMnica N.o 825 de 1920. Diagnóstico: He. redo-lues. Coxitis heredoduétiea y embarazo. Estrechez pelviana. Operación cesárea clásica. Heredo-lúes de segunda generación. Ja- cinta B., 29 años, argentina. Q. ds. Ingresa el 6 de setiembre de 1920. Antecedentes hereditarios y familiares: Padres vivos v sanos en la actualidad. El padre manifiesta que en su juventud ¡tuvo en- fermedades venéreas; no sabe especificar bien. Sólo recuerda que en una ocasión se hizo ver per un médico con motivo de haberle apa- recido unos granos en el cuerpo, por lo que le recetaron yoduro, y que curó. Después de eso ha sido siempre sano. Es hombre de mucha ac- tividad, dedicado a trabajos de campo. El examen somático, excepción hecha de un soplo sistólico mitral, muy suave, con todos los caracteres de soplo orgánico, no da nada de particular. La Reacción de Wassermann es negativa. 198 La madre dice haber tenido en su matrimonio 3 embarazos; los dos primeros de término, y de éstos, el primero es nuestra enferma, el segundo una hermana, epiléptica, que vive; el tercero termina con aborto de 4 meses, espontáneo, gemelar, con fetos de sexo masculino. El examen físico de la madre no ofrece nada de particular. La sero-reacción de Wassermann es negativa. Se examina a la hija segunda que, como hemos dicho, es epiléptica desde antes de la pubertad; sus ataques, con caracteres típicos, so- brevenían en cualquier época, pero, desde hace unos años, y a raíz de un parto, aparecen entonces algunas veces antes de la menstrua- ción, otras en los días posteriores, pero, en general, coincidiendo con esta época. El interrogatorio de esta epiléptica nos revela una atrasada men- tal, contesta con retardo, a veces no responde, y, según manifesta- ción de la madre, es durante la época menstrual que la dificultad mental es más característica. Por el examen, constatamos un cráneo a grandes protuberancias parietales, frente chata y de gran altura, dientes microdónticos, con dias tema de Gaucher característico, clavículas irregulares, cicatrices acrómicas, sobre todo al nivel de las rodillas y muslos. Kn el cora- zón, un soplo sistólieo mitral neto que se propaga hacia la base del cuello y que se ausculta con mayor intensidad al nivel de la horqui- lla. Durante su peregrinación por distintos consultorios, con el ob- jeto de encontrar alivio a su mal, se le hicieron dos reacciones de Was- sermann con resultado positivo. Es tratada por uno de nosotros con medicación yodo-mercurial, in- tensiva durante una época larga, con la cual se consigue atenuar la intensidad y disminuir la frecuencia y duración de los ataques, lle- gando a pasar dos y tres meses sin tenerlos. Durante este tiempo le fué practicada una Keaeción de Wassermann con resultado franca- mente positivo. Por consejo médico le fué autorizado el matrimonio y tiene un hi- jo, que tenemos ocasión de examinar y en el que no podemos descu- brir ni distrofias, ni lesiones orgánicas; no nos ficé posible hacer Beacción de Wassermann. El marido de esta enferma no fué exami- nado. Antecedentes conyugales: El marido ha fallecido hace un mes, de 29 años, de tuberculosis pulmonar. La madre del marido tuvo 16 hi- jos (un parto gemelar), de los cuales viven 14. Se examina a 3 de ellos y no dan antecedentes ni ofrecen estigmas de lúes. Antecedentes personales.—'Patológicos: A los 4 años comienza a renguear de su pierna izquierda, lo que dificulta mucho la marcha, al mismo tiempo le aparece un tumor en la parte superior y externa del muslo, que cura espontáneamente, con supuración prolongada. A los 10 años le enyesaron la articulación de la cadera, y perma- neció 15 meses en cania, en decúbito dorsal; al retirársele el apara- to comienza a caminar con bastón, por espacio de 3 meses, después 199 sola, pero siempre claudicando de su miembro izquierdo, que ha que- dado más corto que el derecho. Fisiológicos: A ios 9 meses comienza a caminar. A los 15 años menstrua por primera vez; reglas regulares, indolo- ras, de 4 días de duración y muy abundantes. Obstétricos: Ha tenido un parto prematuro espontáneo, de 7 me- ses, con feto muerto, y actualmente se encuentra embarazada. Las últimas menstruaciones han sido del 18 al 22 de enero, no ha- biendo existido ningún trastorno durante el curso del embarazo. Estado actual: Mujer de piel blanca, con una cicatriz en la parte alta del muslo, reliquia de trayecto fistuloso de su enfermedad de la infancia. Es delgada y no tiene edemas. El examen del esqueleto permite comprobar frente olímpica, pro- minencias frontales muy marcadas, dientes muy mal implantados, paladar ojival, tibia derecha rugosa, acortamiento real del miem- bro inferior izquierdo, la cabeza del fémur se encuentra ligeramen- te luxada hacia atrás, el trocánter se palpa por debajo de la línea Nelaton Rosser. En el corazón se oye un soplo sistólico intenso al nivel del mango del esternón, propagado hacia lo3 focos aórticos, pulmonar y grandes vasos. Cambiando de posición, el soplo se atenúa. El rest.o del exa- men somático es negativo. Por el examen obstétrico se comprueba una presentación transversa, en A. I. I. (D. A.), que se transforma fácilmente en presentación cefálica; auscultación fetal positiva; ór- ganos genitales externos c internos normales. La pelvis con promontorio accesible, alto; P. P. M.: 9 cts., el anillo del estrecho superior deformado y aplanado en la porción lateral iz- quierda; excavación plana, acanalada al nivel de la primera, se- gunda y tercera piezas sacras; en la parte izquierda de la excava- ción, el cotilo ligeramente convexo hacia adentro; senos sacro-ilíacos poco amplios; pelvis plana acanalada, seudo oblicuo-ovalar. El 15 de noviembre comienzan los dolores del parto; compruébase presentación cefálica desviada hacia la fosa ilíaca izquierda; se co- rrige y se espera algunas horas para apreciar el grado de despropor- ción pélvico-fetal, que se hace bien manifiesta, por lo cual se re- suelve practicar operación cesárea abdominal clásica, que se lleva a cabo sin ninguna dificultad, obteniendo un niño vivo. Placenta sin particularidades, pesa 420 gramos. Relación, 1|8. Post- operatorio normal. Reacción de Wassermann negativa. El niño, de sexo masculino, de 3,400 gramos de peso, con caracte- rísticas de madurez, no presenta ningún estigma, y la Reacción de Wassermann en la sangre del cordón sacada durante el parto, re- sulta negativa; en cambio, la reacción en el niño es francamente positiva, y con fecha posterior (6 de junio de 1921), se le examina» nuevamente y. su estado es satisfactorio, no obstante lo cual se con- tinúa con el riguroso tratamiento mercurial instituido. 200 Consideraciones. — Esta observación se refiere, a nues- tro juicio, a una heredo-luética cuyos padres hemos interro- gado y examinado. Sobre el padre, a pesar de sus antecedentes, que nos son sospechosos por la erupción referida de época remota y que un colega trató con yoduro, no nos creemos autorizados a pronunciarnos, por el examen físico, en el sentido de sífi- lis bien averiguada. La madre tampoco aclara nuestras du- das, del punto de vista del examen físico, no así, en cam- ino, con los antecedentes obstétricos de sus 3 embarazos,, jmes el primero es nuestra clienta, el segundo una epilép- tica y el tercero un aborto gemelar espontáneo, con fetos 'del mismo sexo, con la sospecha, por consiguiente, de que se haya tratado de univitelinos. La epiléptica es, sin ninguna duda, una heredo-sifilítica. con grandes estigmas, sero-reacción de Wassermann repe- tida, francamente positiva, y tratamiento yodo-mercurial muy activo, que ha influido favorablemente sobre sus ata- ques o equivalentes epilépticos. El aborto gemelar, por ser aborto de mellizos de sexo homónimo, despierta también nuestra sospecha. Por último, la enferma, nuestra cliente, como se ha dicho, aparte de sus estigmas heredo-específicos, nos demuestra en su pasado manifestaciones luéticas activas. La coxitis como manifestaciones hereditarias de la sífi- lis ha sido puesta en evidencia por muchos autores, no só- lo en la primera, sino también en la segunda generación. *E. Fournier (1) refiere una observación de Hallopeau v' hace resaltar que se trata de una enferma perteneciente a tina familia de heredo-sifilíticos de segunda generación, enferma atacada de coxalgia y de presuntos tumores blan- cos de rodilla, sin ningún antecedente de tuberculosis fa- miliar. Alfredo Fourneir cita casos semejantes; nuestra observación encuadraría, dentro de estos casos. El marido de nuestra enferma, muerto de tuberculosis, no tuvo enfermedades venéreas y sus hermanos no poseen 'estigmas distróficos. De este matrimonio nace prematuramente un niño, que- fallece al nacer, otro, el caso de nuestra observación, obte- nido por operación cesárea, sin estigmas apreciables, pero con sero-reacción de Wassermann francamente positiva. (I) E. Fournier. —• Hérédo-syiphilis de seeonde generation, PariS/ 3905, Loe. Cit. 201 En resumen: sospechas de lúes en el abuelo; hijos here- do-luéticos, y nietos, uno de los cuales, fallece al nacer y el otro reacciona positivamente al diagnóstico biológico. Consideraciones finales. — Como conclusión y haciendo una síntesis de las 7 observaciones, podemos decir: Que de 7 mujeres, abuelas, específicas contagiadas to- das por sus maridos, en el matrimonio, a excepción de una que lo fué después de tener dos hijos, se suman 50 embara- zos, o mejor dicho 48, engendrados bajo la acción del espi- roqueta de Schaudinn. De esos 48 embarazos en específicas infectadas, 5 ter- minan por aborto (1 gemelar del mismo sexo, univitelino), o sea el 10 ojo; 2 por parto prematuro espontáneo (1 geme- lar, del mismo sexo), o sea el 45 ojo; y 13 por partos de término, no habiéndose podido averiguar exactamente có- mo terminan los restantes o sean 26, si en época de término o prematuramente. Del conjunto de 43 partos prematuros y de término que quedan, descontando los abortos resultan 44 niños (desde que hay un parto gemelar) ? de los cuales mueren al nacer, a los pocos días o en la primera infancia, 25, y como con- secuencia de la sífilis 23, correspondiendo, por lo tanto, un porcentaje de mortalidad atribuible a la sífilis de 52 o ¡o. De los restantes, o sean 21, que llegan a la adultez, 10, que no se han podido examinar, viven aparentemente sanos (lo que no quiere decir que no sean heredo-específicos ca- paces de engendrar hijos heredo-luéticos de segunda gene- ración) ; y los demás, los 11 restantes que han sido exami- nados o se les conoce por las referencias de los padres o hermanos, han tenido, durante su vida, manifestaciones mórbidas atribuibles a la heredo-sífilis. Lo que quiere decir, que el 47 o|o ha llegado a la edad adulta a pesar de la sífilis y de esos, sólo 22.7 Oi¡o sin acu- sar manifestaciones, no obstante lo cual, no podemos ase- gurar, desde el momento que no han sido examinados, que sean en realidad individuos sanos. Tan interesante como todo esto, resulta la observación del conjunto, de los embarazos de las 7 mujeres heredo-es- peeíficas, hijas de matrimonios de sifilíticos. Se embarazan 39 veces, con la evolución siguiente: 8 em- barazos terminan por aborto (1 gemelar del mismo sexo), es decir, el 20.5 o|o; 8 terminan por parto prematuro es- 202 pontáneo o sea el 20.5 ojo y los restantes 23 llegan al tér- mino. De los 32 niños viables (1 embarazo univitelino) ; 10, es decir, el 29 ojo, mueren antes de llegar a la pubertad, por causa atribuible a sífilis hereditaria a través de dos gene- raciones; 3 o sea 9.6 o|o mueren también antes de la pu- bertad por otras causas y de los 19 del total hemos tenido oportunidad de examinar 18, unos como recién nacidos y otros ya adultos. De esos 19, sólo en 3, la investigación ha sido negativa; en los 16 restantes, o sea en el 83 ojo, hemos encontrado dis- trofias, hematúrias, labio leporino, iritis, exóstosis, vér- tigos, trastornos oculares, osteítis, estrabismo, enfermedad de Little, etc., y en los recién nacidos, donde los estigmas no son revelados, la sero-reacción de Wassermann ha sido positiva. i Qué consecuencia funesta! La sífilis ignorada, abando- nada o mal tratada no queda conforme con llevar la rui- na al cuerpo y al espíritu de organismos sanos, robustos y útiles, es decir, a la salud y la vida del individuo, sino que Se corre, implacable, a través de las generaciones, hacien- do sentir sus efectos sobre la salud y la vida de la descen- dencia, sobre la especie. Ataque directo, pues, al presente individual y siembra de muerte para el porvenir de nues- tra raza!... Estigmas Dentarios por el doctor juan ubaldo carrea (Buenos Aires) Dcnitista, Profesor titular de Técnica de Prótesis Dental de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires (1) Oclusión dice Yalderrama, “es la relación de contacto de las superficies oclusales de los dientes antagó- nicos”, considerando normal aquella que cumple las leyes de interdependencia recíproca y clasificando como anormal o mala oclusión (maloelusión) la que se aparta de dichas leyes. Buscar lo normal es el problema en que estamos empeñados (1) Véanse las figuras en la toja aparto. De. Juan Ubaldo Carrea.—-Estigmas Dentarios. Fig. 5 Fig. 1 Fig- 2 Fig. 3 Fig. 4 Fig. 9 Fig. 10 Fig, 6 Fig. 7 Fig. 8 203 pai a saber qué es lo anormal, porque a cada paso, no halla- mos otra cosa que anormalidades y la boca ofrece para el observador atento y minucioso un sinnúmero de detalles que por su repetición se han convertido en signos o estigmas. Ahora bien. ¿En razón de qué hay predominio de lo anor- mal? ¿Por arbitrariedad de la naturaleza? ¿Por voluntad de nuestros progenitores? ¿Por errores de engendro? ¿ Po.r ca- sualidad? No... Por una causa que no queremos aceptar porque choca, no nos agrada, es antipática, quizás antisocial o fuera de tono, pero que hay que aceptarla y reconocerla, a pesar de todo: es la herencia. Esos recuerdos de ascendientes, que no todos pueden ser de oro, son manifestaciones heredi- tarias como signos visibles de algo acontecido y de lo cual hay que estar en guardia. Los ortodoneistas, por regla general, estudian la maloclu- sióu bajo el aspecto mecánico para restituir en lo posible la normalidad. Angle dió sus clasificaciones ordenadas y discretas llaman- do llave de oclusión a la relación de oclusión normal de los molares de seis y Valderrama tuvo el genio de precisar la posición exacta en que debe estar colocada esa llave de oclusión en la boca humana. Estos principios tan poco estudiados y aprovechados, uni- dos a las leyes de Bonwill y los trabajos de Gysi, completa- dos con los nuestros, de relaciones entre el niño y el adulto, el triángulo mandibular externo y la línea nasal mentoniana, etc., nos llevan a confirmar con Valderrama la fijación del punto dentario de Bonwill. 'Si admitimos para la práctica ortodóncica una curva nor- mal y un plano de oclusión normal, debemos aceptar cientí- ficamente lo anormal en curva y plano, y al hacerlo así, es menester aceptar sus componentes, los dientes, normal o anormalmente constituidos y colocados. De la constitución de los dientes por trastornos de nutri- ción, ya existe el convencimiento de la acción de la herencia, sobre todo de la sífilis, al punto de estar hoy aceptado uni- versalmente a los dientes de Hutchinson, como patognomó- nicos de dicha enfermedad. Casi podríamos decir que negar una sífilis en presencia de dientes de Hutchinson, es como dudar de la existencia del sol en día nublado. Con dientes bien o mal constituidos, pueden existir una ‘‘correcta oclusión” o una maloelusión. 204 En la correcta oclusión, los molares de seis años ocluyen exactamente y todos los dientes guardan “las relaciones de contacto ’ ’. Se forman dos curvas: una superior y otra inferior. Sin modificar los perímetros de estas curvas puede suce- der que los molares ocluyan normalmente, pero los dientes (incisivos, caninos y premolares), pierden las relaciones de contacto, ofreciéndose la llamada boca abierta o mordex apertm de Carabelli, figuras 1 y 2. Por regla la curva superior o de la arcada del maxilar, tiende a cerrarse como queriendo expresar que re- presenta una faz intermedia entre la fisura congénita y la arcada normal. Esta anomalía no debe confundirse jamás con la boca abierta del prognático, donde además de no tener normal la oclusión de los molares, hay atresia, formando el paladar de perro o el paladar en forma de V. La inversión del mordex aperiu-s de Carabelli, consiste en el contacto de los dientes incisivos y la falta de oclusión en el resto de las arcadas. Es lo que hemos llamado mordida en charnela abierta, figuras 3 y 4, y citado en el trabajo en que tuve el honor de colaborar con el doctor Nicolás V. Gre- co, “La intervención de la odontología en la profilaxis de la sífilis”. La mordida en charnela abierta o inversas mordex aper- tm, se diferencia de la progenie, porque en ésta existe la relación de contacto de los dientes. El estudio minucioso de estas arcadas nos hace creer que la ortodoncia. infantil de 6 a 14 años podría haber disi- mulado ambos estigmas. Clasificamos como estigmas y los puntualizamos como he- redos por los antecedentes que poseemos de ambos casos, y ellos han servido como medio de ilustración y comprobación de otros signos. Debemos ser consecuentes con la ciencia. Los signos, es- tigmas o síntomas que ofrecen los dientes para corroborar la existencia de una herencia, mejor dicho, de un estado de afección latente, larvada, congénita o heredada, deben ser tenidos en cuenta y anotados con prolijidad y observados con delicadeza. En repetidas ocasiones, al observar casos de maloclusión o de anomalías hemos constatado que ningún signo dentario estaba aislado, ni era único. 205 La simultaneidad y la simetría parecen ser características interesantes. Cuando se observa un tubérculo de Carabelli, T. C., figuras 5, 7 y 9, hay que buscar el congénere. Si se ve en el primer molar superior de un lado, debe verse en el otro lado; luego en los segundos molares superiores te, figuras 5 y 9, y a ve- ces en los terceros molares superiores ttc, figura 9. Si hay dientes temporarios no es raro verlos en los segun- dos molares superiores, como precisó Sabouraud, Ice, fi- gura 7. Es oportuna la observación de los primeros molares infe- riores, pues creemos poder afirmar la coincidencia de exis- tencia, no común, de “una sexta cúspide”, S. C., figuras 6, 8 y 10. Los signos dentarios siempre van acompañados de otros signos de apariencia disimulada, y al consultar los antece- dentes personales, se recuerdan trastornos de lactancia, etc., que hacen presumir la heredoespecificidad, comprobada por los datos adquiridos al remontarse a los ascendientes que, por una causa u otra, sufren o han padecido de afecciones de origen luético o de un “artritismo’’, tal vez sifilismo, gene- ralmente mejorado por el iodo o sus derivados o por inyec- ciones de reserva médica que los pacientes aceptan como de efectos maravillosos. El concepto moderno y la clasificación de las nefropatías sifilíticas LOS DOCTORKS carlos p. waldorp (Buenos Aires) oscar BEHR (Buenos Aires) La sífilis adquirida puede engendrar nefropatías en cua- lesquiera de sus períodos evolutivos, y lo mismo si es here- ditaria con aparición precoz o tardía. Nosotros trazamos eí siguiente cuadro de clasificación, de las Nefropatías sifilíticas, de acuerdo con nuestras observa- ciones, que se ajustan a las ideas modernas de la Escuela A lemana. 206 Clasificación clinica, Anátomopatológica y Evolución de las Nefropatías sifilíticas FORMAS PRIMITIVAS (por lúes adquirida o hereditaria) formas evolutivas «) Muerte por uremia. b) Amiloidosis. c) Exitus letalis por intercurrencias. d) Hacia la nef. iut. fib. mult. de Orth. e) Bien tratadas curan con proceso inters- ticial. Nefropatías del período secundario (agudas) 'I." Nefrosis sifilítica (ti¡io lipoídico de Munk) a) Exitus letalis por uremia sobreaguda. b) Nefrosis lipoídica secundaria (Nephro- tischer Einschlag). c) Glomórulonefritis crónica. d) Esclerosis renal. 2.* Gloméruloncfritis sifilítica | (difusa o en focos) . . Aguda, subaguda y crónica 3.* Amiloidosis renal sifilítica (con mayor frecuencia es una nefropatía terciaria \ o si no lieredosifilitica) .... a) Intensiva y precozmente tratadas curan b) De lo contrario matan. Nefropatías del período terciario (crónicas) í4.a Nefritis intersticial crónica o fibrosa múltiplex de Orth a) Por falta cardíaca (asistolia), intercu- rrencias, etc. b) Siguen una evolución semejante a las nefroeselerosis malignas. 5.* Nefroeselerosis primaria sifilítica . Benigna: hacia la maligna o se detiene y mejora bien tratada. Maligna: muerte por uremia, asistolia, in- tercurreucias, etc. 6.* Gomosis o eselerogomosis a) Hacia la Nefritis de i Orlh (?) . . .j b) Hacia la Nefroescle-) rosis b. o. m. (?). I Tipos de combi- nación (Michform.) 7,‘ Hematohemoglobinurias paroxísticas. . (A catalogar entre las afecciones toxolipoí- dicas sifilíticas). l.° Albuminuria simple y Nefrosis sifilítica (lipoídica) del secundarismo. — Munk ha establecido que los dos primeros estadios de las Nefritis sifilíticas son “patrimonio de la de- generación lipoídica de los epitelios renales, sobre la base de la sífilis constitucional”, o como dice Julias Citrón; “la degeneración lipoídica asienta de preferencia en los tubuli- contorti de primer orden, quedando los gloméralos casi completamente respetados”. Por lo tanto, la llamada nefri- tis aguda sifilítica es una nefrosis (degeneración) lipoídica, o en otros términos la nefrosis lipoídica pura y típica de la sífilis adquirida, es propia del período secundario de la sí- filis y coincide con la llamada nefritis sifilítica aguda del secundarismo por los franceses. La época de a partir de la inoculación de la lúes, es variable, pero siempre la hace en pleno período se- cundario, y pueden factores múltiples coadyuvar a la agre- 207 sión renal (gripe y paludismo especialmente para nos- otros). Diagnosticada la sífilis, si hace aparición en el curso del ti atamiento mercurial, albuminuria, se desechará la idea y el temor de “irritación renal mercurial”, si en el sedimento encontráramos corpúsculos lipoídicos,—y en ese caso debe- rá insistirse en la cura específica — sin riesgo de lesionar el riñón. Puede ocurrir la aparición del síntoma premonitor albu- minuria, coetáneamente a los síntomas generales: astenia, anorexia, adinamia, lumbalgias y una anemia variable, cons- tante en nuestros casos, y seguirse a ellos un estado hidró- pico que conduce al anasarca con sus consecuencias: disnea mecánica (por bidrotórax y ascitis), cefalalgias y obnubi- lación intelectual (por hidrops cerebrales) ; ser la tempe- ratura normal, existir olíguria (con orinas de densidad ele- vada, con sedimento coposo, reacción ácida, urea más o me- nos normal, reducción considerable de cloruros, a veces de los fosfatos, gran albuminuria pero variable y cilindruria de cilindros granulosos, cargados de corpúsculos anisótropos al examen polariscópieo, grânulos lipoídicos que se hallarán fuera de los cilindros y dentro de células renales; excepcio- nalmente eritrocitos y glóbulos blancos) ; y puede ocurrir el encuentro de spiroquetas de Schaudinn Hoffmann, como lo hemos observado; el examen del fondo ocular revelar sola- mente un cierto grado de anemia; en la sangre una anemia hiipocrómica, resistencia globular disminuida, a veces linfoei- tosis con mononucleosis, la reacción de Wrssermann positiva intensa, persistente, la refractometría (con el aparato de Ullrieh) enseñar una disminución de las albúminas circu- lantes, descenso de la alcalinidad y aproximadamente nor- mal las cifras de urea y colesterina del suero (datos perso- nales). Los líquidos de punción son opalescentes, fluidos, sin sedimento (ni aún por centrifugación) ( lo que demuestra su naturaleza coloidea; contienen de 7 a 8 o|oo de cloruros y no encierran colesterina; pocos elementos citoiósricas a predominio linfocitario, y en proporción mono y polimorfo- nucleados, y escasísimas células endoteliales; la reacción de Wiassermann intensamente positiva, produciéndose aún mis- mo con mínima cantidad de líquido utilizado como antígeno. La prueba de la dilución enseña que estos enfermos diluyen mal pero que concentran bien; son hipostenúricos e hipoclo- rúrieos, debido a una perturbación de todos los tejidos, que 208 son los culpables de la retención. El azul de metileno se eli- mina más o menos normalmente. La de los cloruros es peli- groso realizarla. Hay retardo en la eliminación del ioduro de potasio. Estos enfermos tienen buen pronóstico quod vitam, salvo intercurrencias, o inanición por mala dietética; se arrastran meses hasta quedar poliúricos y albuminúricos, raramente marchan a la amiloidosis y siempre a la forma intersticial crónica, invulnerable terapéuticamente. La anatonúa patológica enseña el gran riñón blanco de médula rojo oscuro y cortical rojo grisáceo. En cortes al Sudan el microscopio muestra en las células epiteliales de los tubuli contorti gotitas rojas de lipoides y degeneración albuminosa en algunos puntos; en los segmentos principales cilindros albuminosos y granulosos con lipoides. Glomérulos normales y tejido conjuntivo intersticial normal aunque hi- drópico. La patogenia requiere ulteriores trabajos para aclarar la naturaleza del proceso que desde ya podemos considerar de índole general y no sólo supeditable en sus manifestaciones, especialmente los edemas, a la lesión renal. La nefrosis li- poídica no ha podido ser reproducida, experimentalmente. 'El tratamiento se hará al principio con fricciones o mejor (para nosotros), sales solubles a dosis contra- indicando la aplicación del aceite gris d’emblée; per os o por vía rectal el mercurio es poco eficaz. Debe darse iodo metaloídico en alcohol o iodo coloidal en inyecciones; en segundo término los ioduros; el salvarsán, a pequeñas dosis y repetidas, obra eficazmente por su doble acción específica y estimulante del eritropoyesis; sígase a pesar de las reac- ciones de Herxheimer; el hierro complementará el tratamien- to; el azufre coloidal es útil en ciertos casos; contraindica- mos la tintura de cantárida y el lactato de estroncio. Nosotros damos un régimen liberal a estos enfermos, régi- men mixto, de preferencia sin carnes rojas y poca sal, has- ta 5 y 6 grs. diarios. La medicación tiroidea obra eficazmen- te como diurética y por ser hipotiroideos muchos de estos enfermos, como creemos haberlo demostrado con Eppinger. 2.° La degeneración amüoidea de los riñones, es ordina- riamente una manifestación parcial de un proceso degene- rativo general, que se desarrolla también en otros órganos internos (Stern). Es casi siempre un “proceso degenerativo secundario”, consecutivo a múltiples enfermedades que con- 209 ¿lucen a la caquexia en alto grado. La afección primaria, en la mayor parte de los casos, es producida por supuraciones de larga duración, y entre las cuales la tuberculosis (de los huesos, articulaciones, pulmones o intestino, principalmen- te), luego la sífilis (en particular en sus formas ulcerativas tardías) y más raramente los carcinomas (ulcerativos espe- cialmente), se discuten en orden decreciente tan infausta prioridad. 'Cualquier otro proceso supurativo crónico puede llevar, independientemente de los anteriores, a la ami- loidosis renal. La sífilis es incriminada por todos los autores, cualquie- ra sea su nacionalidad, como capaz de conducir a la degene- ración amiloidea, ya sea la infección luética adquirida o he- redada, y en este caso, manifestándose precoz o tardíamente, en particular cuando ha llegado al terciarismo y ocasionado destrucciones de ios tegumentos, mucosas, huesos y articula- ciones; en cuyo caso, las supuraciones sobreagregadas de- ben contribuir indiscutiblemente a la producción de las to- xinas degenerativas, aún cuando se admite hoy día que la sífilis, como otras noxas, sin ir acompañadas de supuracio- nes crónicas, puede llevar al mismo resultado: la degenera- ción amiloidea. Ésto último ocurre con la sífilis de gran vi- rulencia, como Politzer lo ha consignado. La asociación sí- filis-tuberculosis tan frecuente, parece favorecer la produc- ción de la amiloidosis. Recordaremos que Herinanides ha sido uno de los primeros en colocar a la amiloidosis renal, entre las afecciones llamadas parasifilíticas, insistiendo en su libro sobre esta relación, cuya veracidad se confirma ple- namente en algunos casos. Sabemos que muchos han creído ver en la degeneración amiloidea, la nefrosis sifilítica, la cual, como es sabido, pue- de pasar a la larga a la. degeneración grasa. La naturaleza de los procesos es bien distinta y no puede prestarse a con- fusión, aún cuando pueda haber degeneración lipoídic-a en el curso de la amiloidosis renal, y ocurrir ésta d’emblée por efectos de urna contaminación,1 sifilítica de virulencia inu- sitada. Munk está de acuerdo con lo antedicho: las nefrosis en los tuberculosos o en los portadores de supuraciones inve- teradas llevan primeramente a la cmiloidosis y después pue- den ocasionar la lipoidosís. Ya lo hemos repetido anterior- mente, que esta lipoidosis secundaria no invalida su espe- 210 eificidad, cuando aparece precozmente en sujetos recién in- íectados de sífilis, lo que implica en ellos comienzo de ne- frosis luética. También puede ocurrir la inversa: una dege- neración lipoídica del riñón complicarse y continuarse en una amiioidosis renal. Igualmente cualquier neuropatía crónica de etiología sifilítica u otra, precedida o no en el primer caso por degeneración lipoídica (nefrosis sifilítica), puede acompañarse o complicarse de| amiioidosis vascular. Para aclarar la etiología a veces obscura de la amiioido- sis renal, puede recurrirse a la búsqueda de espiroquetes en la orina y también, siguiendo los consejos de Bauer, prac- ticar la reacción de Wassermann con la orina directamente, la que a menudo es positiva en estos casos. Por todos es conocida la patogenia, sintomatologia y ana- tomía patológica de la amiioidosis renal, para que no nos detengamos en su estudio; los tratados clásicos servirán de fuente informativa, aun cuando recomendamos los artículos de Chauffard y Laederich, Stern, el clásico libro de Vol- hard y Falir, y el artículo de Riehter en Kraus y Brugsch. Unicamente insistiremos sobre el tratamiento; el régimen tiene que ser reparador del estado caquéctico de estos su- jetos; se combatirán los focos supurativos y se vislumbrará en la etiología sifilítica y su tratamiento mixto, la única es- peranza que pueden alentar estos enfermos: detenerles la degeneración amilaidea y mejorarles el estado general, aun cuando por desgracia ocurra esto en muy contadas observa- ciones. 3.° La sífilis terciaria del riñón, puede presentarse bajo una de las siguientes formas: gomas del riñón, nefritis es- elerogomosa y nefritis atrófica lenta, (llamada, por los ita- lianos, nefritis atrófica endoarterítica), de acuerdo con la clasificación francesa, o sea lo que ellos llaman nefritis sifilí- tica crónica, en la (pie se incluye la nefritis parenquimatosa crónica con amiioidosis, estudiada en otro lugar. Los autores alemanes distinguen: la nefritis intersticial crónica, fibrosa, multiplex de Ortli, o sea la nefritis intersti- cial crónica sifilítica, la gomosa y las nefroesclerosis sifilíti- cas, que pueden a su vez ser primarias o secundarias, y en este caso particular a la nefrosis lipoídica o sifilítica; en cuanto a la amiioidosis renal, ya hemos manifestado que puede ser aguda o crónica, según la virulencia de la infec- ción treponémica. 211 Debemos agregar a estas formas la glomérulo-nefritis sifi- lítica, particularmente frecuente en los heredo-sifilíticos. La descripción anatomopatológica la haremos brevemen- te, conciliando las opiniones de ambas escuelas: francesa y alemana. a) La gcmosis renal es muy rara, por no decir excepcio- nal; en el Museo de Anatomía Patológica de nuestra Es- cuela, no existe un solo ejemplar; el tamaño de los gomas es de los más variables, puniendo llegar hasta el de una nuez. b) La nefritis escler ogomosa de los franceses, vendría a corresponder a la ‘ft'oima 'intersticial crónica multiplex fi- brosa de Orth, el anatomopatólogo alemán. Puede ser consecutiva a la nefrosis lipoídica (como clí- nica y anatomopatológicamente hemos podido corroborar- lo), por la tendencia a ser reemplazados los tubos degenera- dos por tejido conjuntivo, por dirigirse el proceso conse- cutivamente a agredir el glomérulo, y por las lesiones arte- ríticas y periarteríticas que suelen acompañar a la lesión. Otras veces se tiene la esclerosis renal nefrótica o nefritis intersticial nefrótica o maligna de Volharcl y Fahr, caracte- rizada por atrofia glomerular consecutiva a lesiones de los vasos aferentes y a proliferación concéntrica de las cápsu- las de Bowman. Lóhlein dice no haberla observado, debido,, seguramente, a que por la benignidad relativa, ocurre que muchos casos escapan a la observación. Münk (en Wirchow Archiv, 1918) ha comprobado, en forma indiscutible, la etio- logía sifilítica en dos casos, pero en otros dos era solamen- te probable; estas observaciones han sido casuales, debido a la muerte de los pacientes por enfermedades intercurren- tes. Histológicamente se trataba de focos múltiples con de- generación lipoídica ele los epitelios; de los glomérulos, unos están atrofiados y otros conservados; las cápsulas de Bow- tman ofrecen degeneración lipoídica, <¡%ie aparecen como medias lunas rojas teñidas por el Sudan-IIemalum, y debi- das a la substancia homogénea que la compone; con el Van Giesson aparecen en rosa claro. En la nefritis intersticial crónica, fibrosa, multiplex de Orth, se produce degeneración hialina y lipoídica de las cápsulas de Bowman, y lesiones degenerativas de los cana- lículos uriníferos, que pueden ser agredidos en la zona cor- tical ; apareciendo el epitelio aplanado o cúbico, y en otras partes desapareciendo para (ser reemplazados por la pro- 212 liferación del tejido conjuntivo. En las ansas de líenle pue- den encontrarse ' cilindros (hialinos. Sude haber arteriUs obliterante y un intenso desarrollo de tejido de granula- ción en la periferia de los focos, limitados a puntos bien circunscriptos de la superficie, que conduce a la formación de zonas atróficas de forma estelar o cónica, de color gris, considerándose este intenso desarrollo del tejido de granu- lación en la periferia de los focos, como el carácter que la distingue de la atrofia arterioesclerótica simple en focos (Kauifmann). Les riñones que resultan del proceso anterior, son: pe- queños y duros, con cápsula gruesa y adherente, de super- ficie finamente granulosa: las granuluciones salientes de la superficie corresponden al parénquima conservado y las deprimidas al tejido conjuntivo neoform,ado. La cortical está disminuida de espesor; las pirámides están igualmente es- elercsadas, pero menos que la substancia cortical. Queremos señalar, que en esta forma la lesión primitiva, varando toma el tipo de la nefritis de Orth, asienta en los vasos (arteriolas) de la llamada bóveda renal, y que se tra- ta de una endoarteritis, y que este proceso trae la retrac- ción y atrofia del glomérulo, el cual, una vez degenerado, se rodea de 1a. cápsula de Bowman en degeneración hialina y lipoídica; luego le sigue la degeneración secundaria de los epitelios de los tubos uriníferos, especialmente en la zo- na cortical, y con el carácter de degeneración lipoídica, secundaria, por mala nutrición, la que en este caso se llama X ephrotischer Einschlag. En cambio cuando ha sido bien evidente la “nefrosis li- poídica” (sobre cuyos caracteres ya hemos insistido sufi- cientemente), que precede a la “nefritis de Orth”, enton- ces la degeneración lipoídica ele ios epitelios de los tubuli contorti es precoz y antecede a las lesiones arteriolares, co- mo hemos tenido oportunidad de constatarlo en una de nuestras observaciones que presentamos como paradigma de esta evolución. Otro punto sobre el cual queremos insistir, es el referente a la tendencia regenerativa del epitelio renal; cuando estas células a nivel de los tubos han caído, el epitelio basal pro- lifera tratando de substituirlas en un esfuerzo, vano por lo general, pues a lo sumo llegan a engendrar macizos epi- teliales rodeados por una vaina conjuntiva; estos elementos celulares epiteliales al adherirse por sus bordes e impulsar 213 sus núcleos (con gran tendencia a la pienosis) hacia la vai- na mencionada, toman el aspecto de una ‘'pseudo célula gi- gante”, sin carácter específico, que implican simplemente una reacción infructuosa; estos elementos que ya han sido descriptos en otras nefritis (crónicas o en cicatrices de in- fartos, o en la atrofia renal senil), llevan el nombre de Ca- nalículos de f riedlaender. Clínicamente esta nefritis sifilítica tiene su individua- lidad perfectamente definida. La poliuria en esta forma sería menor que en las otras nefritis intersticiales; entre dos o tres litros de orina clara, transparente y de escasa densidad: 1,005 a 1,015; existe cilindruria )d,e hialincjs finos, más abundantes que en las otras neíritlisf intersticiales y. (además cilindros granulosos con células en degeneración lipoídica. La albuminuria es discreta y ésta, junto con la UpoidurM puede persistir años enteros, antes de dar otros síntomas de parte del aparato vascular. Hay retardo en la eliminación del agua porque los epite- lios tubulares son los que sufren; en cambio el poder de con- centración y eliminación del sodio está conservado, pero cuando hay retención del sodio, debe atribuirse a la escle- rosis genuina. El poder de concentración y de eliminación del N están conservados. En contraposición a la nefritis intersticial genuina (que va acompañada de policitemia), existe una verdadera ane- mia o pseudo-anemia. Suele haber hepato-esplenomeffila discreta, implicando Ja constitución sifilítica del enfórirvo que la alberga. Ademas, es su característica según Neumann, su apari- ción en la edad joven entre los 28 y 37 años, época en la cual no existen síntomas de arterieesclerosis o fenómenos hipertensivos. La hipertrofia ventricular puede ser tardía en esta for- ma de nefritis, contrariamente a lo que ocurre en la nefri- tis intersticial genuina, en la cual la hipertonía y la hiper- trofia ventricular son precoces. Lo característico en la nefritis crónica sifilítica, es que a pesar de los síntomas renales, el corazón se conserva en su tamaño, no así la aorta que precozmente se ensancha por d proceso de “mesoarteritis sifilítica”. Cuando se extiende a todo el árhol circulatorio el proceso luético de mesoarte- 214 ritis, la nefritis puede tomar el aspecto de una nefritis in- tersticial genuina. Sin embargo, la mesoaoriitis puede ser diagnosticada clí- nicamente por el ensanchamiento aórtico en el cayado, per- cutoria y radiográficamente, y agregarle el timbre metálico del segundo tono aórtico reforzado y a veces soplo sistóli- eo, y en la necropsia encontrarse con lesiones muy discre- tas de la aorta y en cambio acentuadas en la región infun- dibular, siendo los síntomas clínicamente expuestos, Una simple manifestación local de la hipertensión arterial. Los autores alemanes insisten en que debe practicarse la reacción de Wassermann, ya que su resultado positivo depo- ne en favor de la etiología sospechada. Nosotros, siguiendo al profesor Castex, creemos falaz di- cho examen de Laboratorio, y más bien consideramos a las grandes linfocitosis como indicio de la infección crónica sifilítica. Recapitulando: el diagnóstico diferencial de la nefritis intersticial crónica sifilítica, con la nefritis intersticial ge- nuina, debe hacerse, teniendo en cuenta: La poliuria y albuminuria discreta; existencia de cilin- dros hialinos, más finos y abundantes que en las demás ne- fritis intersticiales, presencia de cilindros granulosos con U- poides o escasos gotitas de grasa3 más o menos aglomerados; retardo en la eliminación de sodio; el poder de concentra- ción disminuido y el de dilución conservado; la anemia o pseudoanemia: la hepatoesplenomegalia; su aparición en la edad' joven (cuando pueden considerarse excepcionales los fenómenos hipertensivos arterioesclei*óticos), con hipertro- fia cardíaca tardía, pero con ensanchamiento aórtico precoz. Este proceso, en sus primeras etapas, es relativamente compatible con la existencia, pero se torna maligno cuando la esclerosis avanza, tomando el aspecto de una nefritis in- tersticial crónica indurartiva; aparecen entonces las mani- festaciones de claudicación del miocardio y las alteraciones del fondo ocular, tal cual ocurre en las llamadas nefroescle- rosis malignas, y cuya aparición implica un pronóstico fatal a breve plazo, lo que se cumple con una exactitud descon- certante. El diagnóstico precoz, debe hacerse tomando en conside- ración los caracteres de la orina y de la eliminación renal, recordando que la presión arterial, al principio puede es- tar poco o nada aumentada, lo mismo que la matitez car- 215 díaca, y que en cambio el aumento de tamaño de la aorta por “inesoaortitis sifilítica”, y que se traduce a la auscul- tación por un reforzamiento del segundo tono que se hace metálico, deben llevar a pensar en el diagnóstico de nefri- tis intersticial crónica sifilítica. (1) El pronóstico dependerá de Ha precocidad d.tl diagnós- tico y su terapia específica, ya que cuando se agrega al pro- ceso renal sifilítico la esclerosis vascular, el pronóstico se hace muy serio. c) Gloméralone’fritis sifilítica. — Esta forma de nefro- patía sifilítica, como tipo puro es menos frecuente que las anteriores, y particularmente como producto de la sífilis ad- quirida. La sífilis hereditaria, la suministra con mayor fre- cuencia, y muchas veces aparece movilizada por enferme- dades infecciosas, como: sarampión, escarlatina, gripe, etc. Sus caracteres son: la hipertensión arterial con poliuria, de orinas de densidad elevada, las hematúrias macro o micros- cópicas, como consecuencia anemia con cilindruria de cilin- dros a eritrocitos: hialinos y granulosos, — albuminuria variable, por lo general en pequeña cantidad, con capacidad funcional renal más o menos conservada, y pruebas de la dilución y concentración más o menos alteradas, especial- mente habiendo edemas — pudiendo eliminarse bien el ázoe, así como los cloruros, dependiendo esto último de la intensidad de los edemas. El cuadro clínico es el de la hipertensión arterial, con fe- nómenos seudourémieos, anemia más o menos pronunciada,, a veces edemas, y lesiones no constantes del fondo ocular: neuro-retinitis albuminúrica y hemorragias retinianas, y entre las manifestaciones generales que pueden preceder a las anteriores: cefaleas, lumbalgias, astenia, postración, ano- rexia, polidipsia, anemia, etc. TTn caso típico de glomérulonefritis sifilítica a evolución crónica, ha sido publicado por uno de nosotros (Waldorp) con el profesor M. R. Castex. Interviniendo precozmente; con el tratamiento, se puede detener el avance de la enfermedad; desaparecen las hema- túrias, retroceden los edemas si los hay, baja la tensión ar- (1) Hacemos las reservas anteriormente expuestas sobre los sínto- mas de la mesoaortitis sifilítica, que puede ser simplemente un expo- nente de la hipertensión arterial. 216 terial y se repone el estado general de los pacientes. El pri- mer caso citado, es un ejemplo típico de esta evolución. Abandonados marchan hacia las formas crónicas de las glo- mérulonefritis, sin o con insuficiencia renal, o nos dan el cuadro complejo de la nefritis más nefrosis sifilítica en los keredoluéticos, con degeiieracdón lipoídilea* secundaria de los epitelios por “nephrotrseher einschlag”, es decir, un tipo mixto de nefrosis y nefritis sifilítica. No vamos a detenernos a analizar la sintomatologia co- rrespondiente a las formas difusa y en foco de la gloméru- lonefritis sifilítica, ni seguir las etapas evolutivas hasta la forma llamada gloméralonefritis crónica, que se encontrarán descriptas en Volhard y Farh, etc. d) Las nefroesclerosis: benigna y maligna. — Constituye para nosotros el tipo más frecuente de nefropatía sifilítica, el qiule puede evolucionar mayor tiempo, dando menor nú- mero de manifestaciones, o en cambio con evolución más breve y solapada engendrar cuadros más graves. Nos referiremos solamente, a las que pueden llamarse nefroesclerosis primaria, o sea la caracterizada por la escle- rosis primitiva de los vasos renales por arterieesclerosis si- filítica o arteritis sifilítica de Gull y Sutton, Sin negar la influencia desempeñada por todos los angioe'selerosaníes (alcohol, tabaco, sobrealimentación, etc.), creemos con el profesor Castex, que la sífilis heredada o adquirida, sea por regla general el terreno preparador de las esclerosis vascu- lares y en particular, para esta localización que conduce a las nefroesclerosis. Empiezan por dar los síntomas de la “hipertonía” (hiper- tensión arterial más hipertrofia cardíaca), con sus fenóme- nos acompañantes: cardíacos, arteriales, cerebrales, etc., y que se traducen por tal o cual localización; si son cardía- cos: por hipertrofia cardíaca y a veces ritmo de galope con síntomas que implican el desfallecimiento del corazón (dis- nea, asma nocturna, edema pulmonar, edemas, etc.), tras- tornos del ritmo, etc.; si arteriales por: hemorragias cutá- neas, nasales, pulmonares, cerebrales y manifestaciones de antgor: pectoris, angiodisbasia. intermÜttens, angiodispiiaxia gastrointestinalis; si cerebrales, por cefaleas, mareos, lipo- timias, convulsiones, disn'ea tipo de €l>eyne->Stokes, ictus, etc.; pueden dar los síntomas de la seudouremia por hiper- tensión, ya que la verdadera uremia en esta faz es latente. De la nefroesclerosis benigna o hipertonía benigna, se 217 pasa a la hipertonía maligna o nefroesclerosis maligna, cuando a la “esclerosis vascular” se agrega la “nefritis”; por eso también se denomina a esta última: forma de com- binación (Michforn). Es la etapa terminal en la evolución de las nefroesclerosis benignas no tratadas, ya que éstas, cuando se interviene precozmente, pueden detener su mar- cha; de lo contrario, fatal. Los síntomas de las nefroesclerosis malignas, son esen- cialmente divisibles en dos grupos: cardioarteriales y rena- les; de los primeros, véase lo dicho al hablar de las nefroes- clerosis benignas, con la sola particularidad de que en este período, las caídas en la insuficiencia cardíaca con ritmo de galope, son mucho más frecuentes y de pronóstico cada vez más reservado; esbózase siempre en estos casos el cuadro urémico clásico y especialmente, es con los cardiotónieos, que conseguimos hacerlo desaparecer. Los síntomas renales son: la poliuria con polaquiuria y nicturia; retención de ázoe (que conduce a la verdadera uremia progresivamente) y de cloruros (sobre todo hallán- dose el enfermo en asistolia o hiposistolia), síntomas éstos modificables, con el estado de funcionamiento cardíaco; en cuanto sobreviene claudicación, la poliuria transfórmase en oligúria, aumentando la retención azoada y los síntomas urémicos consiguientes y apareciendo edemas cardíacos. Estos enfermos, concentran y diluyen mal, mostrando re- tardo considerable y una eliminación excesivamente prolon- gada del azul de metileno, inyectado en una nalga para estudiar el estado del funcionamiento renal. Estos enfer- mos se despauperizan haciéndose anémicos. La aparición de la retinitis albuminúrica, o mejor, corio- retinitis degenerativa, (ella es ;un signo prpcoz), implica la muerte dentro de un término ineluctable; alrededor de dos años y como máximo, cinco. Prodúcese ésta por uremia, por insuficiencia cardíaca o por intercurrencias, especial- mente pulmonares. El tratamiento de enfermos llegados a nuestras manos, en estas desventajosas condiciones, tiene que ser infausto; los drásticos, sangrías, eardiotómcos, etc., pueden endere- zar la situación momentáneamente; el tratamiento especí- fico, en particular el bicianuro de mercurio, parece ayudar- los por actuar como diurético, pero la marcha de la afección escapa actualmente a nuestros recursos terapéuticos. Entre los dos tipos de nefroesclerosis, benigna y maligna, 218 búllanse gamas infinitas, en particular para las formas de combinación; se agregan dificultades piara catalogar estos casos clínicamente. Así, por) eje-mp! o, la nefritis de G'rth llegada a una etapa avanzada, final, ofrece síntomas propios a la nefroesclerosis maligna, y únicamente el diagnóstico diferencian puede basarse en él atento análisis y escruta- ción de la evolución mórbida; la existencia de la nefrosis lipoídica anterior, borra la duda que pudiera suscitarse. La nefritis de Orth, empieza como proceso degenerativo cana- licular y de panarteritis de los vasos de la bóveda renal, y esta arteriolitis se acompaña de infiltración embrionaria, que conducirá después a la esclerosis renal; en la nefroes- clerosis pura, los vasos son los primeros en ser atacados, y por el mecanismo de la falta de irrigación, a la atrofia gio- merular, luego canicular y, finalmente, a la gran esclerosis a gruesas abollona duras. e) No sabemos hasta qué punto está justificada la inclu- sión de la hematohemoglobinuria paroxística en¡ el grupo de las afecciones renales, pero sí creemos razonable colocar- la por su etiología sifilítica en este trabajo, siendo tan fre- cuente en la lúes hereditaria, como en la adquirida. Citrón dice que no hay que pensar en una afección renal; la in- fección sifilítica parece ser favorable a la formación de au- tohemolisinas, como lo prueban: el aumento del poder he- molítico del líquido céfalo-raquídeo, que en condiciones nor- males, apenas si lo tiene en grado ligero, y los resultados de las investigaciones sistemáticas de Donath y Landsteiner en paralíticos generales, demostrando autohemolisinas a frigore, aunque no tuvieran concomitantemente hemoglobi- nuria paroxística. ¿En qué período de la sífilis se presenta más frecuente- mente la hemoglobinuria paroxística? Citrón nos dice que no existe entre sus numerosas observaciones, ni entre los casos citados en la literatura, uno solo aparecido en la sífilis precoz. Sería, por lo tanto, una afección propia de los perío- dos tardíos, lo que justificaría, así como las otras razones señaladas al principio, su ubicación en este lugar. Pligue considera las dos terceras partes de los casos de hemoglobinuria paroxística, como de origen luético, y Citrón cita casos en los cuales no podría afirmarse la sífilis sobre argumentos convincentes. (-Mu'rri, de Bologna, y Fournier en Francia, han sido ardientes defensores de la etiología si- filítica, adquirida o heredada.) 219 Hoy en día, el número de observaciones publicadas en el extranjero, después de lo sostenido por Donath y Lands- teiner y entre nosotros por el profesor Castex, arguyendo la etiología sifilítica heredada o adquirida, para! la hemoglo- binuria paroxístiea, es demasiado numerosa para que nos detengamos a citarla. El profesor Castex, ha sido el primero en publicar un caso entre nosotros y en demostrar la veia- cidacl de su aserto, en un sujeto portador de una enferme- dad de Raynaud y hemoglobinuria paroxístiea, tratado y curado por la medicación antisifilítica. El frío, la superactividad física o los trastornos psíquicos, favorecen la aparición del acceso de hemoglobinuria paro- xística, quizá como quiere Hymans, por hallarse aumenta- da la tensión de CO2 en la sangre. Los detritus hemático> aeumúlanse en el bazo (espodógeno) y en el hígado dando lugar a que éste fabrique pigmentos biliares en exceso, oca- sionando al pasar a la sangre el estado de ictericia hema- tohepatógena de Afanassiew. Krehl comparte con Citrón de que la naturaleza íntima del proceso de hemoglobinuria paroxístiea, consiste en una al- teración de las substancias lipoides del estroma y de que la sífilis es indispensable para la génesis del proceso, en- trando así en el grupo de los trastornos llamados toxolipoí- dieos, dentro del cual incluimos a la nefrosis sifilítica li- poídica y a la atrofia amarilla aguda del hígado. En los casos de hemoglobinuria, (en realidad hematohe- mogiobinuria), sin hemoglobinemia, habría que aceptar con Hayem, que la acción del amboceptor hemolítico tenga lu- gar solamente a nivel del riñón. En los enfermos de hemoglobinuria paroxístiea, suele existir hipoeoagulabilidad de la sangre, por falta o dimi- nución de la citozima que el suero de los sifilíticos destruye (Klinger y Ilirchfeld). Por todo lo anterior, se está autorizado a extremar la averiguación de la sífilis hereditaria o adquirida, en los su- jetos que presentan hematohemoglobinuria paroxístiea y a instituir, aún mismo en la sola sospecha, el tratamiento an- tisifilítico, m'ercurioiodurado-salvarsánico, con el cual he- mos visto curar algunos enfermos. Dicho sea de paso, que en los períodos libres del acceso, estos enfermos suelen pre- sentar albuminuria, pudiendo permanecer la tensión arte- rial invariable. 220 Hemos querido estudiar todas las formas de Nefropatías, que puede producir la sífilis heredada o adquirida, en sus diferentes períodos,, insistiendo particularmente .en los ti- pos que la Escuela Alemana ha independizado como ge- nuinamente sifilíticos: la Nefrosis lipoídica y la forma in- tersticial crónica fibrosa multiplex de Orth, no olvidando la premisa que los franceses han emitido al ocuparse de este temía: “la sífilis puede reproducir todas las formas de Neu- ropatías conocidas ’ Bibliografía Doctores Waldorp C. P. y Behr O. Nefropatías sifilíticas: su concep- to moderno de acuerdo con la Escuela alemana (presenta- ción de observaciones clínicas y anátomo-patológicas). Co- municación a la Asociación Médica Argentina, en su sesión del 9 de mayo de 1921. Nefropatías sifilíticas (presentación del estudio anatomo- patológico). Comunicación a la Aso«. Méd. Arg. el 10 de oc- tubre de 1921. Nefropatías sifilíticas. “La Semana Médica”, números 19, 23 y, 41 de 1921. Psoriasis y embarazo por el doctor jóse brito FORESTi (Montevideo) Profesor de Clínca Dermatológica de la Facultad de Medicina de Montevideo El punto de partida de este pequeño trabajo es la obser- vación de tres casos de psoriasis en tres señoras, que han ofrecido la curiosa manifestación de ver su psoriasis, re- belde a varios tratamientos, desaparecer durante sus emba- razos y reaparecer luego con los mismos caracteres de antes, lie aquí las tres observaciones, de las cuales, dos son ya antiguas y que fueron objeto de una nota que publiqué en 1913, en la Revista Médica del Uruguay. (1) (1) “Revista Médica del Uruguay”, N.° 1, 1913, pág. 41, 221 Obs. 1., recogida el 10 de octubre de 1901. La señora Aína B. de JR., de 34 años. Se trata de un psoriasis genera- lizado, típico, cuya primera erupción se manifestó cuando la enferma cumplía 18 años de edad. Los tratamientos más variados fueron puestos en práctica, para curar este pso- riasis aceite de enebro, baños alcalinos, etc.), sin que se baya podido conseguir nunca un blanqueo completo de la piel de la enferma. Ahora bien, en las primeras semanas del primer embarazo, la enferma vió con sorpresa que su erupción disminuía poco a poco, hasta desaparecer comple- tamente. La desaparición fué completa durante todo el em- barazo y se prolongó hasta la vuelta de la menstruación* es decir, hasta unas seis semanas después del parto, época en que la erupción empezó de nuevo a aparecer hasta tomar el aspecto primitivo. Los mismos fenómenos, en los mismos plazos, se han re- producido en los ocho embarazos más que tuvo la enferma. En total: 9 embarazos y durante los nueve embarazos, la enferma se ha visto libre de su erupción. Esta observación muestra, pues, que la desaparición de una psoriasis durante la preñez de ciertas mujeres, no es una simple coincidencia. Obs. II., recogida el 10 de setiembre de 1904. Ana C. de O., de 42 años, en el momento de la primera observación, cuenta actualmente (enero 1913), 53 años de edad. Se tra- ta., como en el caso anterior, de un psoriasis relativamente discreto en sus primeras poussées, pero que ha ido genera- lizándose lentamente hasta hoy. Las primeras placas se ma- nifestaron a los 10 años de edad; como en la observación primera, los tratamientos más variados han sido aconsejados; el aceite de enebro, el bálsamo del Perú, el óxido amarillo de hidrargirio, el naftol fe, el ácido salicílico, los baños alcalinos, etc.; todas estas medicaciones, solas o combinadas, no han tenido otro resultado que el de aliviar a la enferma, sin blan- quearla completamente. Esta señora, obesa, ligeramente as- mática, presentando gruesas várices en los miembros inferio- res, responde al tipo que los médicos franceses llaman artrí- tico. En estos últimos años, el psoriasis ha persistido siempre, haciéndose aún más rebelde a las medicaciones habituales y tomando el aspecto verrueoso en los miembros inferiores, (sin duda a causa de las várices), y ofreciendo en algunos puntos una irritabilidad pronunciada para los tratamientos un poco activos, 'En estos últimos meses hemos tenido ocasión de volver «a ver a la enferma ; las placas psoriásicas de las ex- 222 tremidades inferiores se mantienen siempre verrucosas, irre- ductibles y cualquier medicación algo activa provoca una eczematización con exudación de serosidad y prurito intenso. En resumen, se trata de un caso de psoriasis inveterata. La pubertad y la menopausa no han ejercido la menor in- fluencia en la evolución de este psoriasis. La primera erupción es anterior al establecimiento de la menstruación. La meno- pausa, sobrevenida a los 48 años, no ha modificado en nada la marcha de la erupción. Corno en la primera observación, la erupción psoriásica de esta enferma ha desaparecido completamente durante el pri- mer embarazo, y sin la ayuda de ninguna medicación, y ha reaparecido después del parto, con la vuelta de las reglas. Cinco embarazos más ofrecieron los mismos fenómenos. En total: 6 hijos y desaparición completa del psoriasis durante las seis preñeces. Las dos observaciones que preceden son, como se ve, casi idénticas; en los dos casos se trata de psoriasis rebeldes a las medicaciones habituales, con tendencia a inveterarse y que desaparecen completamente desde las primeras semanas del embarazo, para reaparecer una vez la menstruación restable- cida. Las investigaciones bibliográficas que tuve ocasión de hacer a propósito de estos dos casos, no me dieron resultado alguno, no habiendo encontrado ni en los tratados clásicos ni en las revistas a mi alcance, ninguna mención de hechos semejantes. En noviembre de 1912, el profesor Petrini (de Galatz), (1) publicaba en el Boletín de la Sociedad Francesa de Derma- tología y Sifilografía, un caso análogo a los nuestros. Se tra- taba de una mujer de 28 años, afectada de un psoriasis vul- gar, bastante generalizado, compuesto principalmente de ele- mentos pequeños, y rebeldes a los tratamientos, puesto que el autor rumano no había nunca visto desaparecer el psoriasis de esta enferma, sino cuando la vió en el quinto mes de su quinto embarazo. La enferma, por otra parte, ha visto des- aparecer regularmente su psoriasis durante sus cuatro embara- zos anteriores y la vuelta de la erupción, generalmente más extendida que antes, cuando las reglas reaparecen. Coincidien- do con la desaparición del psoriasis y con el embarazo, la en- (1) Véase “Bulletin de la Soeiétâ Françaiso de Dern¡ato!ogie ct Syphiligraphie”, noviembre 1912, pág. 484. 223 ferina se encuentra mejor de eMado general y aumenta de peso; el retorno del psoriasis coincide con un adelgazamiento, lo que la enferma atribuye a la lactancia. El profesor Petrini añade que es la primera vez que ob- servaba un caso análogo, caso que considera extraordinario. Posteriormente a estas observaciones, he tenido ocasión de ver un nuevo caso, aunque menos probante que los casos an- teriores, porque se trata de un único embarazo. La observa- ción es la siguiente: Obs. III. Andinesca Man..., 24 años, observación recogida en setiembre de 1916. Se trata de un psoriasis discreto, cuyos primeros elementos se mostraron a los 13 años de edad. Este psoriasis no fué nunca tratado; permaneció, pues, durante diez años sin modificación, hasta que sobrevino el primer em- barazo a los 23 años, durante el cual el psoriasis desapareció totalmente. La iniciación de la desaparición tuvo lugar al mes de haber quedado en cinta y la reaparición cuando el re- tour de las reglas después del parto. En las cuatro observaciones que anteceden, se notan los mismos fenómenos: psoriasis cuyos primeros elementos se han mostrado en edad temprana; que no han obedecido a los tra- tamientos habituales; que han sido permanentes en una pa- labra, y cuya única época de desaparición y en este caso total, ha sido la que media entre las primeras semanas de los embarazos y la. vuelta de la función menstrual, después del parto. Si se recorren los tratados clásicos a propósito de las re- laciones posibles del psoriasis y del embarazo, en ninguno se encuentra consignado el hecho que motiva esta comunicación. En general los autores no encuentran sino influencias mínimas entre la preñez y el psoriasis, o hablan más bien de una agra- vación del psoriasis, con ocasión del embarazo o del parto. El tratado clásico de E. Hebra (1) no recuerda ningún caso en el que fuera posible encontrar un ataque de psoriasis en cone- xión con algún trastorno importante de la menstruación, del embarazo o del parto; aún cuando se hable en este caso de provocación del psoriasis por el embarazo, el autor no hubie- ra dejado de señalar el fenómeno inverso si hubiera tenido ocasión de observarlo. (1) F. Hebra.—Traite des maladies de la peau, traduit et annoté par A. Doyon, tome I, pag. 413. 224 Los comentarios de Besnier al tratado de Kaposi (2) sólo mencionan la agravación que ciertos psoriasis sufren con la menopausa. E. Chambard (3) reproduce la opinión de He- bra. Oh. Audry (4) cree que la preñez tiene una influencia mínima sobre el psoriasis. Duhring (5) no hace ninguna mención sobre la influencia de las funciones sexuales y el psoriasis. Hallopeau y Leredde (6) notan que el psoriasis ha empezado a veces, al mismo tiempo que la menstruación; citan el hecho de Tommasoli, que han visto empezar la erup- ción durante el embarazo; añaden que puede observarse a raíz del parto. Dubreuilh (7) no menciona nada sobre este punto, lo mismo que Darier, (8) Mracek, (9) Brocq, (10) Hardy (11) y Bazin. (12) La opinión de los autores ingleses y americanos es también variable. Radcliffe Crocker (13) señala el parto y la lactancia como determinación de un ata- que; James IT. Sequeira, (14) en su tratado publicado des- pués de la observación de Petrini, dice que las recaídas se ven a menudo asociadas a las preñez y a la lactancia. II. Stel- Avagon, (15) en su tratado posterior también a la observa- ción de Petrini, nota que el psoriasis puede empeorarse en el último período de la preñez y durante la lactancia; por último, el único autor en que he encontrado una afirmación neta en cuanto a 1a, desaparición del psoriasis durante el em- barazo, es Sir Malcolm Morris, (16) que escribe en 1910, es (2) Segunda edición francesa, tomo I, pág. 563. (3) Artículo “Psoriasis” in Dictionnaire Encyelopédique des Sciences Medicales, II serie, tomo 27, pág. 759. (4) La Pratique Dermatologique, tomo IA", pág. 126. (5) Traité pratique des maladies de la peau, traducción de Barthé- lemy y Oolson. (6) Traité pratique de Dermatologie, pág. 952. (7) Précis de Dermatologie, pag. 321. (8) Précis de Dermatologie, pag. 91. (9) Atlas-Manuel des maladies de la peau, traducción Ilúdelo. (10) Traité élémentaire de Dermatologie Pratique, tome II, pag. 338. (11) Traité des maladies de la peau, pag. 892. (12) Traité des affeetions génériques de la peau, tome I. (13) Diseases of the skin, vol. I, pag. 322. (14) Diseases of the skin, segunda edición, pág. 445 (15) Treatise on diseases of the skin, séptima edición, pág. 244. (16) Sir Malcolm Morris.—Diseases of the skin, edición de 19LO, pág. 311. 225 decir, antes de la comunicación de Petrini, que “during preg- nancy the disease usually disappears, but may recur aí'ter the birth of the child. ” En resumen, pues, y hecha excepción de la observación de Sir Malcolm Morris, la mayor parte de los autores que hemos mencionado señalan más bien la provocación o la agravación del psoriasis a causa de las distintas funciones sexuales de la mujer, que su atenuación. Es digno de notarse también que algunos autores señalan también la desaparición del psoria- sis durante ciertos estados febriles, y su reaparición cuando se inicia la convalescência. De todas maneras, los hechos que motivan esta comuni- cación deben ser de observación muy rara aún dentro del mismo psoriasis, puesto que se trata de una enfermedad muy común en todos los países. Stelwagon calcula en un 2 al 3 por ciento la proporción de psoriasis, con relación a las de- más dermatosis; en Inglaterra la proporción parece mayor, puesto que Radcliffe Crocker nota unos mil casos en 15,000 enfermos de la piel, es decir, el 7 o|o. En el medio en que observamos, el psoriasis es sumamente común, y tan frecuen- te en el hombre como en la mujer; nuestra estadística nos da alrededor de un 3 o[o sobre el total de dermatosis. Hemos tenido ocasión de observar mujeres psoriásicas en cinta, y de- bemos confesar que en la mayor parte de los casos, la afec- ción no sufría ninguna modificación con la preñez ni con la menstruación y que, en la totalidad de los psoriásicos, los empujes agudos no tenían ninguna causa aparente a la que se pudiera atribuir la exacerbación de la enfermedad. Nos sería absolutamente imposible interpretar los hechos que motivan este trabajo. La etiología del psoriasis es, por el momento, totalmente desconocida, y si los casos de psoriasis aparecidos después de la vacunación y el caso de autoinocu- lación positiva de Destot, hacen pensar en un proceso parasi- tario, el microorganismo causal está aún por descubrirse. Sin embargo, nos atrevemos a suponer que, aún siendo una afec- ción parasitaria, el psoriasis debe sufrir la influencia, como por otra parte lo hacen todas las afecciones infecciosas, del terreno en que evoluciona. Estas modificaciones del terreno pueden ser permanentes o transitorias, como en el caso del embarazo. Los estudios modernos sobre las secreciones inter- nas tal vez ayuden a resolver este punto. Se conocen los ca- sos de modificación del psoriasis por la medicación tiroidea; 226 por otra parte, la glándula tiroides está muy frecuentemen- te hipertrofiada en las mujeres en cinta. Se han publicado también casos de' psoriasis muy mejorados con las inyeccio- nes subcutáneas o intravenosas de proteínas extrañas al or- ganismo. ¿Existe alguna relación entre estos hechos y las modificaciones que el embarazo hace sufrir a las secreciones internas? Es sumamente difícil de decirlo, así es que nos- otros nos limitamos a consignar los hechos en la espera de la publicación de casos análogos. Montevideo, octubre de 1921. Las inyecciones intravenosas de snlíato de cobre amoniacal en las íorunculosis POR EL DR. ALBERTO MARIO PENCO (Montevideo) Jefe del Laboratorio de la Clínica Dermosifilopática de la Facultad de Medicina de Montevideo Ex Jefe de la Clínica Dermosifilopática de la Facultad de Medicina de Montevideo Ex médico adjunto del Servicio de Piel y Sífilis del Hospital Militar Central Médico del Servicio de Sanidad en el Ejército Es con verdadero placer que tengo el agrado de hacer al Segundo Congreso Sudamericano de Dermatología y Sifilo- grafía esta comunicación, que se refiere al tratamiento de las forunculosis por las inyecciones intravenosas de sulfato de cobre amoniacal. Mi deseo hubiera sido presentar a la consideración de este Honorable Congreso, varios casos que ilustraran, aca- badamente, sobre las distintas afecciones, en que este me- dicamento ha sido usado con éxito. Pero, queriendo dar a este trabajo el carácter de una breve comunicación, no me (ha sido posible extenderme más al respecto. Es así que lúe limitaré a tratar en particular su acción en las foruncu- losis. Desde hace dos años, aproximadamente, lo estamos em- pleando corrientemente en la Policlínica Dermosifilopática del Hospital Maciel, a cuyo frente se halla nuestro estima- do profesor, el doctor don José Brito Forestó; habiendo ob- servado en la práctica diaria que en las afecciones en que 227 el estafilocoeus está en juego, obra en muchos casos, en forma excelente. He empleado este tratamiento en las forunculosis, en casos en que habían fracasado los otros tratamientos, conocidos hasta el presente, habiendo obtenido resultados muy satisfactorios. Esa ha s do la causa que me ha obliga- do a ponerlo en discusión en el actual Congreso. Diré, pues, dos palabras sobre el modo de aplicar este tratamiento. Empleo, al efecto, una solución de sulfato de cobre amo- niacal que formulo de la siguiente manera: Sulfato de cobre amoniacal . . 4 grs. Agua bidestilada 100 cc. m. y esterilícese, para inyecciones intravenosas. Obtenida esta solución, hago inyecciones intravenosas, comenzando por una primera inyección de 1 ¡2 cc. Dos días después, vuelvo a hacer una segunda inyección de 1 cc. Dejo pasar otros dos días y hago entonces una tercera in- yección de 2 cc. Así sigo, sucesivamente, haciendo nuevas inyecciones, aumentando progresivamente la dosis hasta llegar a 4 cc. de la solución; intercalándolas en la misma forma que las primeras, sin preocuparme del número de ellas, hasta obtener la cura de la afeceión. Estas inyeccio- nes, si se cree necesario, pueden también, hacerse diaria- mente, puesto que no tienen ninguna contraindicación, y si propongo que se hagan solamente cada dos días, es porque considero que se puede evitar al enfermo el tratamiento diario. Nunca he observado en los enfermos inyectados ningún accidente digno de mención, y por el contrario, estoy fir- memente persuadido de que se trata de una medicación ideal, puesto que no provoca ninguna reacción molesta en el organismo. Estas inyecciones pueden hacerse en cual- quier momento del día, sin ningún peligro para el enfermo y sin hacerle ninguna indicación preventiva sobre régimen alimenticio, distancia entre las comidas, etc. Siempre que he empleado este tratamiento, he suprimido a los enfermos todas las medicaciones locales y generales que estuvieran usando, de manera tal, que sea sola la ac- ción del sulfato de cobre amoniacal, la que obre sobre la afección. Solamente debo hacer una prevención sobre el uso de es- te tratamiento; pero ésta sólo se refiere a la técnica de la 228 inyección intravenosa. En efecto: he podido comprobar que cuando se inyecta la solución de sulfato de cobre amonia- cal fuera de las venas, siendo este líquido sumamente caús- tieo, provoca grandes dolores en la región donde se ha in- yectado. Es, pues, necesario usar una buena técnica de la inyección intravenosa y no inyectar sin tener la absoluta seguridad de que la aguja está dentro de la vena. Por esta razón, es que no me olvidaré de recomendar que quienes deseen usar este tratamiento, deben tener una bue- na práctica de la inyección intravenosa, dado las molestias que podrían ocasionar a los enfermos, las inyecciones que no siguieran francamente esa vía. Como comprobación de la acción caustica de la solución de sulfato de cobre amoniacal, puedo citar el siguiente he- cho, por haberlo observado con alguna frecuencia. Cuando he practicado esas inyecciones me ha sucedido en el mo- mento en que terminaba de inyectar la solución y que me disponía a sacar la aguja del interior de la vena, que algu- íios enfermos acusaban un fuerte dolor en la región que se había aplicado la inyección y que coincidía con el retiro de la aguja. Este hecho lo he atribuido a que con seguridad al retirar la aguja, una o varias gotas de la solución ha- brían quedado en el tejido celular subcutáneo. Es, pues, ésta, una constatación que no deja lugar a du- das sobre la causticidad de la solución. Creo no tener nada que agregar con respecto a la técni- ca de la inyección, como tampoco en lo referente a la ma- nera de utilizar este tratamiento. Diré, ahora, dos palabras sobre los resultados que he obtenido con él. Como ya hemos dicho en el curso de esta comunicación, desde hace dos años lo empleamos corrientemente. Muchos son los casos en que se han obtenido muy buenos resulta- dos. Siempre he elegido para el tratamiento a enfermos que habían sido tratados con otras medicaciones y con las cua- les no se había tenido éxito alguno. Haciéndole a esos en- fermos el tratamiento con el sulfato de cobre amoniacal he- mos conseguido curarlos. Creo que esto sea una verdadera prueba de la eficacia de este tratamiento, dado el fracaso de las medicaciones anteriores. i No tengo todavía casos en que el primer tratamiento oue se les haya instituido sea el del sulfato de cobre amoniacal, pues todos los enfermos que, estando atacados de forúncu- losis, me han consultado desde que empleo esta meáica- 229 ción, han venido a verme después da haber hecho otros tratamientos. De los distintos casos de la clínica hospitalaria, como de mi clientela privada, he preferido hacer conocer en deta- lles el que voy a relatar, por ser uno de los más demostra- tivos, dada la persistencia de la afección. Además, presen- ta el curioso fenómeno de tener durante varios años un período de recrudescencia que coincide con la época del año en que la temperatura es más elevada en nuestro ambiente. H. C. U., uruguayo, de 35 años, casado, padre de 2 hijos sanos. Antecedentes familiares. — Su padre falleció de tubercu- losis pulmonar. Su madre falleció de angina de pecho. Tie- ne 4 hermanos, todos viven y son completamente sanos. Nunca han sufrido de ninguna enfermedad de la piel. Antecedentes personales. — lia sido siempre sano, te- niendo solamente en su juventud una blenorragia y a me- nudo corizas. Enfermedad actual. — Empezó en el año 1915, con un forúnculo de la región mentoniana. Después de éste, le apa- recieron otros en distintas partes del cuerpo, especialmente en los miembros inferiores, donde parece eran de gran ta- maño, según manifestaciones del enfermo. Yió en ese enton- ces a un colega, quien le hizo tratamiento local con una so- lución de bicloruro de mercurio y ácido acético y tratamien- to general con levadura de cerveza. En vista de que estos tratamientos no le daban resultado alguno, dejó de tomar la levadura de cerveza, cambiando ésta por el azufre en polvo. Tampoco consiguió mejoría alguna con esta nueva medicación; siguieron apareciendo forúnculos en distintas regiones de su piel durante todo el año; aumentando el nú- mero de estos forúnculos enormemente durante el verano, a tal punto que terminaba la evolución ele unos y empeza- ba la de otros. En el año 1916, volvieron a aumentar duran- te el verano y consultó, entonces, a otro colega, quien se decidió a cauterizarlos con el gal vane cauterio. Tampoco tuvo resultado este tratamiento, pues siguió la afección su marcha en la misma forma que durante el año anterior. En vista de que no tenían éxito los distintos tratamientos, el enfermo decidió contentarse eon hacerse apucadones de fomentos calientes hasta que conseguía la maduración; puesto que, como eran sumamente dolorosos y de gran ta- maño, le provocaban grandes molestias durante el período de evolución. 230 En los años 1917, 1918, 1919 y 1920, siguió la forúnculos's en la misma forma que durante los años 1915 y 1916, au- inentando en grandes proporciones desde los meses de no- viembre a marzo o abril y disminuyendo durante los otros meses de esos años; presentando siempre los forúnculos iguales caracteres, tamaño grande, wiuy dolorosos, varie- dad de la localización y siguiendo siempre la misma evolu- ción. En cuanto al tratamiento empleado durante esos años por el enfermo, fué el de aplicaciones de fomentos calien- ítes, como más arriba lo decimos, en vista del poco éxito de los que había empleado con antericrielad. En noviembre de 1920 nos vino a consultar, con motivo de haber empezado a aumentar el número de los forúncu- los, y, entonces, nos hizo esta historia de su afección. Decidimos, en vista de sus referencias, hacerle el trata- •fniento con las inyecciones intravenosas de sulfato de cobre amoniacal. Presentaba, en esa época, forúnculos muy gran- des en los miembros inferiores y superiores y tenía uno ínuy grande en la región del puño. Le hice una primera inyección de 1|2 ce. sin que el enfer- Vmo tuviera ninguna molestia. A raíz de ella notó que des los dolores en las regiones donde se encontraban los forúnculos y que la inflamación periférica desaparecía. Dos días después le hice una segunda inyección de 1 ce., 'sin que experimentara ninguna incomodidad. Desde enton- ces los forúnculos no le dolían más y empezaban a secarse y la inflamación periférica desaparecía más aún. Dejo pasar otros dos días y le hago una tercera inyección de 2 cc. Como corolario de ella puedo constatar que el en- fermo no tiene más dolores, que la inflamación periférica ha desaparecido totalmente, que los forúnculos están comple- jamente secos y que no ha aparecido ninguna otra moles- tia. Dos días después, hago una cuarta inyección de 2 ec. y Veo entonces que todos los forúnculos ya no existen. Dejo pasar el mismo tiempo y hago una quinta inyección lde 2 cc., terminando con ella la serie, pues el enfermo ya está bien. ' Después de hacer estas cinco inyecciones hemos seguido •al enfermo mensualmente, sin hacerle ninguna otra medica- ción, ni inyección alguna, y he podido comprobar que nin- gún otro forúnculo ha vuelto a aparecer hasta la fecha. Creo, pues, que el tratamiento de sulfato de cobre amonia- cal se debe usar corrientemente siempre que se esté en presencia de una forunculosis, por todas las razones que he dado en el curso de esta comunicación. 231 Alrededor de la Sífilis por el doctor jóse Joaquín canabal (Montevideo) Médico-Jefe del Pubtllón Kicord (Hospital Maciel) Médico-Jefe del Dispensario N.’ 2 del Instituto Profiláctico de la Sífilis Dos tifoideas originadas por bacilos captados en idéntica fuente y en idéntico momento, evolucionan eada una de acuerdo con el modo de ser del individuo; esto es: idiosin- crásicamente. La sintomatologia habitual se ve muy a menu- do fundamentalmente modificada. Los datos clínicos cardi- nales suelen presentarse transfigurados, deformados u obscu- recidos, a punto tal que pueden pasar a segundo término, desalojados por manifestaciones de reacción individuales. Substituyase el bacilo de Eberth por el pneumoeoco o por cualquier otro agente infeccioso y se tendrá la repetición de lo antedicho. En síntesis, decimos, como los viejos: no hay enfermedades; hay enfermos. Si tal cosa acontece con afecciones que caben dentro de cuadros aproximadamente fijos, ¿qué pensar de la sífilis, que llena toda la patología? En la lengua es el fantasma del cáncer; imita la osteomie- litis; copia en la piel las más diversas dermatosis y es capaz de simular todas las enfermedades y todos los estados. ¿ Quién le pone marco? ¿Cómo se limita? ¡Si es nebulosa e incierta, e inconstante en sus manifesta- ciones clínicas, ¿pueden sus reacciones de laboratorio ser fijas? Frente al síntoma o frente a la sospecha, la clínica y el la- boratorio, de consumo, sondarán en busca del diagnóstico para esbozarlo o para fijarlo. Bastará a menudo la primera frente a síntomas evidentes. A veces auxiliada por el biólogo pondrá ara corroborar las afir- maciones hechas. El fin que he perseguido con estas líneas, hilvanadas con toda pre- mura, ha sido recordar algunos datos que podrían ser mis Conclusiones I a El sifilógrafo no puede improvisarse, ya que se trata de una especialidad vastísima que requiere años de clínica. 2. a La clínica debe auxiliarse con los datos del laborato- rio. 3. a La clínica no debe ser esclava absoluta del laborato- rio, recordando que los porcentajes son subtotales y dejan un margen de error que ella debe despejar por sus propios medios. 4. a No basta reposar sobre datos de investigaciones para hacer la especialidad. 5. a El laboratorio no lo hacen los elementos, aparatos o todo material necesario, sino la real competencia y la acri- solada honestidad científica del investigador. 6. a No debe pedirse al laboratorio lo que éste no puede dar: infalibilidad. 240 La autohematoterapia en ciertas dermatosis ice el doctor Bartolomé vignale (Montevideo) Jefe de Clínica De.\iiatoló¿ica de Ja Facultad de Medicina Aunque .muchas veces he ensayado la autohematoterapia en la clínica del Hospital Militar, y algunas veces en la Sala Ricord 13, sólo en dos casos la he visto producir resultados bien nítidos, y sobre todo en uno de ellos, en el que los resul- tados han sido bien recomendables. Como procedimiento poco difundido, aún no podemos tra- zar normas de conducta fijas, ni estos dos casos solamente podrían darla, por eso sólo me limitaré a hacer las conside- raciones sobre los dos casos que presento. Helos aquí: 1.a Observación.—Oee. Ferr., urug., solt., jorn., 52 años. Desde muy joven (tenía 18 años), notó que la afección que motiva esta histo- ria, el psoriasis, le comenzaba por las rodillas y luego los codos, que- dando localizada durante dos años, hasta que se le extendió rápida- mente a todo el cuerpo, sobre todo a los miembros en donde predo- minaba. Hizo, durante mucho tiempo, un tratamiento poco enérgico, que no le reportó ningún beneficio. Después hizo tratamiento médico duran- te mucho tiempo, sin notar tampoco mayor mejoría. Tenía, eso sí, períodos de mejoría, a veces espontánea, a punto de parecer cura- do, pero después volvía a repetirle. Cansado de estas alternativas, resolvió venir a la capital, ingre- sando a la Sala Ricord B, del Hospital Maciel, en donde se le hizo el tratamiento de la autoenterovacuna del doctor Claveaux. La mejoría fué rápida, y, cuando el enfermo pidió el alta para ir- se, el 17 de setiembre, su psoriasis había mejorado visiblemente. No volví a ver más al enfermo hasta el día que volvió a ingresar a la Sala Ricord B, el 26 de julio del corriente año. Se presentó con sus claras pero no muy intensas placas de psoria- sis en codos y rodillas y gran cantidad de pequeñas diseminadas en todo el cuerpo, exceptuando el cuero cabelludo y la cara. Resolví hacerle el tratamiento de la autohematoterapia, para lo que consulté el punto con mi profesor, el doctor José Brito Foresti, quien siguió atentamente la marcha de este tratamiento. A los tres días le hice una toma de sangre de 5 ce., que se la in- yecté subcutánea, que le repetí, haciéndolas con un promedio de una cada tres días, aumentando paulatinamente la cantidad, hasta que las nueve últimas se las hice de 20 ce. Procedía de la siguiente manera: previa desinfección con alcohol 241 de las partes a utilizar, extraía sangre de la vena mediana cefálica del codo con una jeringa, y„ directa e inmediatamente, la inyectaba ¿subcutánea en la piel del abdomen. En el tiempo que el paciente estuvo en la Sala Rieord, se le repi- tió 13 veces este método. Terminadas estas trece autohematoterapias, el psoriasis había des- aparecido, dejando sólo pequeñas máculas en los sitios donde había tenido bien nítidas las placas de psoriasis. El enfermo se fué de alta el 6 de setiembre. ¡ 2.a Observación.—Gregorio C..., 40 años, urug., carrero. Los antecedentes hereditarios y personales no son de interés. La enfermedad actual, psoriasis, le comenzó hace 20 años por la cabeza y rodillas, acompañada de dolores generalizados. Hizo como tratamiento sólo uno, a base de baños fríos, que lo me- joró bastante. Después, su mal volvió a crecer de intensidad, sobre todo en los miembros inferiores. Para asistirse mejor vino a Montevideo (el en- fermo es de campaña), donde el doctor Ganabal, con pomadas que él no sabe especificar de qué y baños alcalinos, se lo hizo desaparecer por completo. A los seis meses volvió con más intensidad que nunca, haciendo una cíira naturista, a base de vegetales como el manrubio, ñapindá, etc., y baños fríos, método que lo compuso bastante. Como no terminara de mejorar, ingresó a la Sala Rieord, en donde tuvo dos entradas. La primera con sólo un mes y medio de estada, y la segunda en junio de 1921. El tratamiento que se le hizo en la Sala ha sido con pomadas muy débiles de aceite de enebro, para calmar su prurito, y la autohema- toterapia como base del tratamiento, siguiendo el mismo método que con el enfermo anterior. Hasta el 4 de octubre se le habían hecho 19, siendo la primera de 5 ce., las tres siguientes de 10 ce., y las restantes de 20 cc. A este enfermo la inyección de 20 cc. le causa dolores bastante marcados. Su estado, el 4 de octubre, era de lo más satisfactorio, habiendo desaparecido su psoriasis casi por completo, habiendo tenido una mar- cadísima mejoría, pues poco falta para poder considerársele curado. En ambos casos el procedimiento fué absolutamente inofensivo. INTERPRETACIÓN DE LOS HECHOS Refiriéndonos al primer caso, si nos hemos de atener a los resultados, debemos decir que el enfermo se curó con el pro- cedimiento que describimos; pero con todo, conviene anali- zarlo bien. Este paciente ya había tenido períodos de mejo- ría, a veces espontáneos, que hacían pensar en una curación 242 completa, para volver después de nuevo, de modo que podría argumentársenos que esa cura no fué debida a los procedi- mientos usados, sino a las fluctuaciones de la enfermedad; pero el hecho de haber coincidido su mejoría con la terapéu- tica empleada, debe hacernos pensar que fué el método usa- do el que lo curó. Un cuanto a la segunda observación, si nos atenemos a los resultados, podemos hacer las mismas consideraciones que en el caso anterior, aunque no son tan concluyentes. La autohematoterapia se puede emplear siempre, sin resul- tados perjudiciales para el organismo. Aún empleada a dosis elevadas de 20 cc. cada tres días, como siempre la he empleado, no he notado jamás ningún accidente. En cuanto al pequeño hematoma que se puede formar en el sitio donde se inyecta la sangre, no provoca más que un pequeño dolor en el sitio de aplicación dolor que por lo de- más es perfectamente tolerado. Todo esto teniendo en cuenta las más perfectas reglas de asepsia, para no correr el riesgo de infectar un hematoma, con todas las consecuencias des- agradables que podrá acarrear. En cuanto a considerarlo como agente terapéutico exclu- sivo, si creyéramos que él solo no fuera suficiente para llevar a buen término el tratamiento, debemos contarlo, a lo me- nos, entre los métodos a tener muy en cuenta, para el pso- riasis sobre todo, tratándose de una afección tan rebelde a los distintos agentes. Y si no quisiéramos emplearlo como único tratamiento, po- dríamos asociarlo a los ya conocidos, por no haber nada que lo contraindique. De lo anteriormente expuesto, podemos llegar a las con- cl usi on es si gu i entes: 1. La autohematoterapia en el psoriasis debe ser siempre ensayada, sola o asociada a otro tratamiento, estando autori- zada. en eil psoriasis más que en cualquiera otra, dermatosis, por tratarse de una afección, la mayoría de las veces muy rebelde a las distintas terapéuticas. 2. La autohematoterapia es absolutamente inofensiva, ra- zón de más para usarla siempre en el psoriasis. 243 Tratamiento de las Radiodermitis por el cloruro de magnesio por el doctor Bartolomé vignale (Montevideo) Jefe de Chuica Dermatolégica de la Facultad de Medicina Si me he decidido a escribir estos párrafos, molestando la atención de los señores congresistas, ha sido por tratarse de una cuestión de actualidad, hoy en día, pues, como conse- cuencia del alto grado de desarrollo de la Koengenterapia y Kadiumterapia, se han hecho algo frecuentes, aunque no mu- cho, las lesiones de los tejidos provocadas por estos agentes de curación, lesiones que tienen como carácter común el ser de una rebeldía marcada a todos los agentes terapéuticos. Creo que con el caso que presento, puedo contribuir en algo al estudio de los agentes curativos de las radiodermitis, no con el ánimo de hacer que se generalice a todos los casos como si se tratara de un medio siempre seguro de curación, sino como una modesta contribución al estudio de la terapia de tan rebeldes afecciones. M. O., 41 años, uruguayo, casado, marmolista, oficio que ha tenido que dejar al enfermo un poco en condiciones de inferioridad, por tener su lesión en el brazo útil, el derecho. 1 Entre los antecedentes personales y hereditarios no hay ninguno digno de nota. A ios 3 años le comenzó un eczema en la región anterior del plie- gue del codo, que le continuó hasta ahora, siendo causa de la afec- ción que motiva nuestra atención. Durante los primeros años hizo un tratamiento muy poco enérgieo, que no le reportó beneficios. A los 15 años, hizo el tratamiento del eczema que le ordenaron los distintos médicos que vic, a base de distintas pomadas, sin obtener más beneficios que pequeñas mejorías. Tratamiento interno y de régimen, no hizo ninguno. La afección que llama nuestra atención le comenzó hace 11 años. Para curar su eczema hizo aplicaciones de Payos X. A las tres pri- meras que se hicieron, con espacio de tres días una de otra, notó que la piel iba tomando un aspecto rosado, sobre la parte tratada, y a la cuarta aplicación se fué acentuando hasta tomar un color rojo os- curo, casi negruzco, al mismo tiempo que la región, cara anterior del antebrazo, en amplia extensión, se iba edematizando. Desde los primeros días el dolor fué creciendo, a tal punto que, cuando la coloración era más marcada, los dolores eran agudísimos, 244 sobre todo durante la noche, siendo tan intensos que hasta su ca- rácter se había vuelto insoportable. Aparecieron, después, pequeñas vesículas de escaso tamaño, for- mando, por confluencia, flictenas. Estas flictenas, al desgarrarse, dejaban superficies ulceradas de color oscuro, hasta que apareció una escara, que, al caer, dejó una su- perficie grande, infectada, de mal aspecto y con dolores irradiados a todo el miembro. La ulceración se extendió en profundidad y en extensión, dejando a la vista una ancha superficie, presentando el aspecto de una am- plia y profunda úlcera, de un tamaño de 10 cm. de longitud por casi todo el brazo en lo ancho, tomando la parte inferior del pliegue del codo y la cara anterior, y parte de la cara interna del antebrazo. Era tan profunda que, según el enfermo, llegaba casi hasta el hueso. Yo no lo vi sino 10 años después, pero me permito dudar que fue- ra tan profunda porque, si hubiera sido así y tenido la extensión que tiene actualmente, no hubieran quedado tan bien reparadas las fun- ciones musculares, nerviosas, etc. En cuanto tuvo formada tan amplia llaga recurrió a los servicios profesionales de distinguidos médicos. Le hicieron tratamientos a base de pomadas, aplicaciones húmedas de todas clases, polvos, etc., habiendo agotado la terapéutica nece- saria para estos casos, habiendo dado sólo resultados muy mediocres. Hace un año me vino a ver a mi consultorio particular, presentan- do una ulceración profunda, extendida, de aspecto de poca vitalidad en los tejidos, y con la extensión descripta más arriba. Le prescribí aplicaciones húmedas de sulfato de cobre y una po- mada a base de bálsamo del Perú, pensando, por el aspecto, que ha- bría también alguna infección secundaria provocada por alguna cu- ración no del todo aséptica. Usé después, como esto no diera resultado, varias clases de medi- camentos: ealomel, dermatol, óxido de zinc, agua de Alibour, etc., etc., hasta que un día, recordando las ventajas obtenidas en la última gran guerra con la aplicación de curaciones húmedas en las heri- das a marcha tórpida, resolví ensayar en mi enfermo las compresas húmedas de cloruro de magnesio al 8 o¡oo. A los diez días vino di- ciéndome que le parecía que la herida iba algo mejor, lo que me de- cidió a continuar. Como le provocaba un poco de prurito, rebajé la proporción y lo hice al 4 o|oo. Los resultados satisfactorios fueron creciendo, el dolor era nulo y el aspecto bueno de la lesión iba, poco a poco, acrecentándose. Hoy, después de seis meses de tratamiento, puedo dar el caso por completamente curado, pues sélo faltan algunos pequeños islotes de epidermis por regenerarse completamente. 245 Como se ve, se trata de un easo digno de tenerse en cuen- ta por los señores congresistas, por tratarse de una radioder- mitis crónica, que curó en 6 meses con el cloruro de magne- sio, por ser un tratamiento no molesto, simple y sin peligro ninguno de empeorar las úlceras, por ser el cloruro de mag- nesio al 4 o|oo, completamente inofensivo para los tejidos. Conclusiones: 1. Visto el resultado que en el presente caso dieron las aplicaciones de cloruro de magnesio en forma de curacio- nes húmedas, debemos siempre ensayarlo en las radiodermi- tis. 2. Es absolutamente inofensivo para los tejidos. Tratamiento del psoriasis artropático por las inyecciones intramusculares de azuíre por el doctor vignale (Montevideo) Jefe de Clínica Dermatológica de la Facultad de Medicina El hecht de tratarse de una afección tan rebelde como las artropatías psoriásicas, me ha obligado a presentar este ca- so, en que una artropatía intensa mejoró notablemente y sólo quedó como rastro de la afección la deformación (mucho menor de lo que era, por otra parte), puesto que no podía desaparecer completamente, habiendo desaparecido los otros síntomas. El caso es éste: E'u 11.—Prueba a que conduce un tratamiento hecho con temor. Chancro en 1912, tratado con 1 inyección de 606, y meses más tarde 5 inyecciones del mismo medicamento. Hizo también mercurio, pero viéndose obligado a abandonarlo por estomatitis. En 1913 tuvo desvanecimientos, según el enfermo, haciéndosele una punción. Eesultado: Glóbulos blancos, 312 por mm3; linfoeitosis, 98 o|o; polinucleares, 2 o]o; albúmina, turbio; Wassermann, H0. Tomó entonces 14. inyecciones de 606, dos por mes, y al mismo tiempo fricciones mercuriales. En diciembre de 1914, nueva pun- ción: Glóbulos blancos, 107 por mm3; linfoeitosis, 78 ojo; polinuclea- res, 22 o|o; albúmina, turbio; Wassermann, H0. Eeeibe 19 inyecciones de neo, casi todas de 0 gr. 90, pero a ra- zón de una por mes (rara vez dos). Nueva punción: Glóbulos blancos, 91 por mm3; linfoeitosis, 72 o|o; polinucleares, 28 ojo; albúmina, turbio; Wassermann, H0. Este débil descenso no es sino resultado de un tratamiento pobre e insuficiente. Hace luego 33 inyecciones de oxicianuro, y la nueva punción da: Enero de 1917.—Glóbulos blancos, 45 por mm.3; linfoeitosis, 60 o¡o; polinucleares, 40 o|o; albúmina, ligeramente turbio: Wassermann, positivo débil. Por consejo nuestro, inicia el tratamiento arsenical, pero más re- gular e intenso, llegando a hacer una serie de 54 inyecciones de neo, a altas dosis. No cumple, sin embargo, y el pesimismo lo hace abandonar muchas veces las inyecciones. La punción hecha en ene- ro de 1920 prueba que la mejoría se acentúa: Glóbulos blancos, 12 por mm3; linfoeitosis, 94,7 ojo; polinuclea- res 5,3 ojo; albúmina, opalescente; Wassermann, débilmente positivo. Desde mayo de 1920 hasta la fecha, lia continuado sus inyeccio- nes con mucha más regularidad, pues, habiendo notado una gran mejoría, según el enfermo, su pesimismo y apatía de antes se han 307 visto sustituidos por una confianza grande en el éxito. Estad® ge- neral, muy bueno. Sin signos ni trastornos. Obs. N." 12.—J. C., 38 años. Chancro en 194.8. Examen de sangre KO. 4 inyecciones de neo en junio y 2 en julio del mismo año. Inicia su tratamiento con nosotros en agosto del mismo año, ha- ciéndose 29 inyecciones de neo; mercuriales, sin poder precisar la cantidad, y a pesar de ese tratamiento, su examen de sangre per- siste siempre positivo. En julio de 1920, vista la resistencia de ese resultado, resolvemos practicar la punción lumbar, dando lo si- guiente: Glóbulos blancos, 10 por mm3; linfocitosis, 85 o|o; polinucleares, 15 ojo; albúmina, normal; Wassermann, H0. Hace su tratamiento arsenieal intenso, semanalmente y con regu- laridad, hasta agosto de 1921, en cuya fecha la punción lumbar da los siguientes datos: Glóbulos blancos, 1,6 por mm3; albúmina, negativo; Wasser- mann, H8. El enfermo continúa en observación e inyectándose, y su estado- general, según propia declaración, es perfectamente bueno. Erial um En la página 260, línea 28.a, Tomo I, donde dice “288 casos de sífilis iniciales sobre un total de 1,750 enfermos, lo que da un 13 o|o de sifilíticos iniciales”, etc., debe decir: “138 casos de ..., lo que da un 8 ojo de sifilíticos inicia- les”, etc. ÍNDICES I Indice General. II Indice alfabético de materias. III Indice de láminas. I. ÍNDICE GENERAL TOMO I Generalidades y sesiones del Congreso Pág. división de esta publicación 5 GENERALIDADES 7 1 Antecedentes 7 II Organización n Reglamento del Congreso 11 Temas propuestos por el Comité Central Organizador. 15 Gobiernos extranjeros adheridos al Congreso. ... 16 Comités Nacionales Extranjeros 17 Delegaciones Extranjeras presentes en el Congreso . . 20 Corporaciones Nacionales y Extranjeras adheridas al Congreso 22 Adherentes Nacionales y Extranjeros al Congreso . . 24 III Sesiones Generales 28 Sesión preparatoria de apertura 28 Sesión inaugural 81 Sesión preparatoria de clausura 45 Sesión «de clausura 51 IV Visitas, Fiestas y Conferencias 56 Visita a la Facultad de Medicina 56 ” a la Casa de la Maternidad 57 ” al Frigorífico S'wift y Barrio Casabó .... 57 ’ ’ al Hospital Militar 59 Reunión en el Hipódromo de Maroñas 59 Banquete de Confraternidad Médica 60 Recepción en el Club Médico 60 Visita al Cuerpo Médico Escolar 61 ’’ a la Facultad de Veterinaria 61 Conferencia del doctor Oscar da Silva Araujo. ... 62 312 ÍNDICE PágSr Banquete ofrecido por SS. EE. los Ministros de Rela- ciones Exteriores e Instrucción Pública 62 Y Votos del Congreso 69 Homenaje al doctor Juan A. Rodríguez 69 Profilaxis de las afecciones venéreas 60 Reacción de Bordet-Wassermann 72 Accidentes de las inyecciones endovenosas .... 73 Irresponsabilidad sexual de la menor 73 Profilaxis y. tratamiento de la lepra 73 Realización del III Congreso Sudamericano de Derma- tología y S'ifilografía 73 Institutos de Radioterapia 75 Tratado de Patología Suadmericana 75 Realización de los votos emitidos por los Congresos. . 76 Nota del Ministerio de Relaciones Exteriores sobre la Delegación de EE. UU. de Norte América .... 76 SESIONES ORDINARIAS DEL CONGRESO 77 PRIMERA SESION.—Lunes 10 de octubre de 192] a las 15 . 77 Homenaje al Uruguay 73 Víctor Idoyaga. La lucha antivenérea en el Paraguay . . 79 Emilio Coni. La lucha antivenérea en América 141 A. Fernández Verano. Acción desarrollada por la Liga Ar- gentina de Profilaxis Social en sus cuatro meses de exis- tencia 144 Angel M. Giménez. Lucha antivenérea en la República Ar- gentina 156 Pedro L. Baliña. Instrucciones impresas para ilustrar a los enfermos de sífilis 197 Bartolomé Vignale. Profilaxis de la sífilis y las dermatosis en el Ejército 200 Ernesto Ricci. Profilaxis de la sífilis en campaña .... 216 Paulina Luisi. La lucha social contra las enfermedades ve- néreas 233 Héctor del Campo. Profilaxis de la sífilis en el Uruguay . . 241 José May. La sífilis en el Uruguay 253 Discusión general de los trabajos anteriores .... 262 Francisco Cortabarría 262 Paulina Luisi 262' Silva Araujo 26’» Angel M. Giménez 263 Arturo S'erantes 263 Bartolomé Vignale 263 Pedro L. Baliña 263 •Salvador Pintos 263 ÍNDICE 313 Págs. Silva Araújo 26o Paulina Luisi 263 Alejandro Gallinal 264 A. Fernández Verano 265 Paulina Luisi 265 Alejandro Gallinal 265 Ernesto Ricci 266 Paulina Luisi , 266 Alejandro Gallinal 267 Paulina Luisi 267 SEGUNDA SESION. Martes 11 de octubre de 192<1, a las 15 . 268 Oreste Calcagno. Acidos grasos totales saturados y no satu- rados de los aceites de chaulmoogra y bacalao y sus sales inyectables en el tratamiento de la lepra y tuberculosis . 269 filis inicial 2>2 Discusión: Silva Araujo 272 Neocle Ragusin. Frecuencia de la sífilis nerviosa en la sí- filis inicial 272 Pedro L. Baliña. Tratamiento de las neuritis sifilíticas del óptico y del acústico 280 Pedro L. Baliña. Concepto de la infección sifilítica y su tra- tamiento. 310 TJlysses de Nonohay. Syphilis e glándulas endocrinicas . . 318 Salvador M. Pintos. Estado actual del tratamiento intra-ra- quídeo en ciertas formas de sífilis nerviosa 363 TERCERA SESION. Martes 11 de octubre de 1921 a las 21 . 36^ José May y Enrique Claveaux. Diagnóstico precoz de la sí- filis 363 José May. Reinfección sifilítica 382 José May. ¿Se cura el tabes? 388 José May. Las alteraciones en el líquido céfalo-raquídeo. Importancia de las pequeñas linfocitosis 395 Nicolás V. Greco. Sifilipsiquismo 405 Máxime Halty. Reacciones meníngeas en los primeros tiem- pos de la sífilis 1 411 Pedro Raúl Alonso y Alberto M. Penco. Relaciones de la Reacción de Wassermann y la clínica 424 Fernando Abente Haedo. Parálisis facial y sífilis: nuevo re- flejo: lá bofetada mímica 436 Discusión general de los trabajos anteriores .... 438 Neocle Ragusin 43S Bartolomé Vignale 438 Héctor del Campo 439 314 ÍNDICE Pügs. Neocle Eagusin 440 José May 440 Pedro L. Baliña 441 Máximo Halty 441 Joaquín González 441 CUARTA SESION. Jueves 13 de octubre de 1921 a las 9 . . 442 Continuación de la discusión de la sesión del martes . 442 Neocle Ragusin 442 Víctor Idoyaga 442 Bartolomé Vignale 443 Ulysses de Non ohay 443 Justo F. González 443 José May 444 Máximo Halty 447 Joaquín González 447 Pedro L. Baliña 447 Octavio V. López 448 Miguel Aguerre Aristegui 449 Pedro L. Baliña 450 Bartolomé Vignale 450 QUINTA SESION. Jueves 13 de octubre de 1921 a las 15 . . 451 Pedro L. Baliña. Proposición sobre accidentes en las inyec- ciones intravenosas 451 Antonio Eugenio de Arêa Leão. Reacción de Wassermann y Saehs-George 452 Antonio Eugenio de Arêa Leão. Reacción de Wassermann en las Leishmaniosis americanas 455 Alberto Scaltritti. Combinación de los procedimientos de flo- culación y fijación del complemento en el diagnóstico se- rológico de la sífilis 461 Alberto Scaltritti. Consideraciones sobre 50,900 reacciones de Wassermann 470 Alberto Scaltritti. Flóeulo-albúmino-reacción de Noguclii . 475 Justo F. González. Reacción de Wassermann: antígeno, sus- tancia Wassermann y escala 477 José May y A. Prunell. Nuevo método para el diagnóstico precoz de la sífilis 484 José May. Relaciones entre la Reacción de Wassermann y la clínica 500 Discusión general de los trabajos anteriores .... 514 Héctor del Campo 514 Bartolomé Vignale 514 Angel M. Giménez 514 Máximo Halty 514 ÍNDICE 315 Píigs. Alberto Sealtritti 514 Oreste Caleagno 515 Justo F. González 516 SEXTA SESION. Jueves 13 de octubre de 1921 a las 21 . . 517 Ricardo E. Cicero. El tratamiento de las tillas por el ace- tato de talio 517 Discusión: Fernando Terra 528 Eduardo Jonquiéres. La práctica radiumterápiea en Derma- tología 529 Discusión: Mario Simeto 542 Fernando Terra 542 Víctor Idoyaga. Sueroterapia y vacunoterapia en la bleno- rragia y sus complicaciones 542 Discusión: Neocle Ragusin 557 Máximo Halty 557 SEPTIMA SESION. Viernes 14 de octubre de 1921 a las 15. . 558 Eduardo Rabello y Antonio F. da Costa Júnior. Curiethera- pia 559 Discusión: Fernando Terra 564 Fernando Terra. Rhinoscleroma no Brasil e seu tratamento pelo Radium 565 Ernesto Cervera. Contribución el estudio del Rínoeseleroma. 585 Discusión: Joaquín González 595 Eduardo Jonquiéres 595 Mateo Arrióla Moreno. Leisbmaniosis: etiología, frecuencia, formas clínicas 596 Discusión: Oscar da Silva Araujo 604 Adolpho Lutz 604 José V. Insfrán. ITelioargentoterapia y bematoterania de la Leisbmaniosis o sea: tratamiento tópico y general de la buba de los yerbales 605 Adolpho Lutz. Reminiscencias dermatológicas 613 Discusión: Neocle Ragusin 619 Jesús González Urueña. Tral amiento del lupus eritematoso por la nieve carbónica 619 Discusión: Eduardo Jonquiéres 629 316 ÍNDICE Págs. Neocle Eagusin 630 Angel Giménez 630 Joaquín González 630 Oscar da S Iva Araujo. Sorotlierapia do cancro molle phage- denico serpiginoso 630 Oscar da Silva Araujo. Granuloma venereo buccal . . . 635 José Briio Foresti y Bartolomé Vignale. El sulfato de cobre amoniacal en ciertas dermatosis 639 Discusión: Eduardo Jonquáéres . 646 Joaquín Gonzálezz 646 Fernando Abente Haedo 646 Enrique M. Claveaux. Enterobacterioterapia 647 Discusión: Neocle Eagusin 663 Fernando Abente Haedo 663 José Brito Foresti. Etiología, formas clínicas y. tratamiento de las tuberculosis cutáneas en el Uruguay 664 Discusión: Eduardo Jonquiéres 679 Neocle Eagusin 680 OCTAVA SESION. Sábado 15 de octubre dé 1921 a las 15 , 681 Carlos Stajano. Centro trófico de la región vulvar: síndro- me de asociación neurotrófico 682 Pedro L. Barbosa. Comentarios a la ley sobre la creación de leproserías en la Eepública del Paraguay, desde el punto de vista de la defensa social 701 Texto de la ley número 315, que declara obligatorio el ais- lamiento y tratamiento de los enfermos de lepra en el Paraguay . 704 Femando Terra. Notas sobre lepra 707 Proposición del Comité Naeional del Paraguay para la crea- ción de una Liga Panamericana Antileprosa 711 José May. El problema de la lepra en el Uruguay .... 715 Discusión general sobre la lepra: Neocle Eagusin 721 Adolpho Lutz 721 Angel M. Giménez 722 Oscar da Silva Araujo 722 Blartolomé Vignale 722 Arturo Lussich 722 Joaquín González. Estudio sobre el Mal del Pinto. . . . 724 Discusión: José Brito Foresti 755 Presentación de “moulages” por el doctor Angel Giménez, ÍNDICE 317 Págs. en nombre del profesor Maximiliano Aberaslury y ele fo- tografías en colores 756 Reconsideración de la moción sobre standardización de la Reacción de Wassermann 757 Discusión: José May 757 Héctor del Campo 757 Conferencia del doctor Oscar da Silva Araujo sobre profilaxis de la lepra, enfermedades venéreas y cáncer en el Brasil. 759 TOMO II Trabajos enviados al Congreso que no han sido leí- dos en el curso de sus sesiones. Erratum. índices. Págs. División de esta publicación 5 TRABAJOS ENVIADOS AL CONGRESO, QUE NO HAN SIDO LEIDOS EN EL CURSO DE SUS SESIONES Er. Emilio R. Coni. Estado actual de la lucha antivenérea en América 9 Dr. Hildebrando Portugal. Erupções arsenicaes (post-salvarsá- nicas) 121 La lucha antivenérea en Nicaragua y Costa Rica. Comunicación del señor Enrique M. Martín . 130 Dr. Nicanor Botafogo Gonçalvez. Tratamento das ulceras tro- picaes pelo oleo de chenopodio 136 Dr. Luis Zanotti Cavazzoni. Sobre inyecciones intravenosas de aceite de ehaulmoogra en la cura de la lepra 139 Dr. Octavio Torres. Contribuição ao estudo de algumas lesões de- terminadas pelos arthropodos 141 Dr. Santiago Ramírez. Tratamiento de la lepra 154 Dr. Tomás G. Perrin. Sobre inmuniterapia antileprosa .... 156 Dr. Jesús Arroyo. Algunos estudios microscópicos de la piel de los atabardillados 163 Dr. Luis Migone. La Piedra Colombiana 170 Drs. Alberto Peralta Ramos y Manuel Luis Pérez. La sífilis de segunda generación en sus relaciones con la Obstetricia. . 172 Dr. Juan Tibaldo Carrea. Estigmas dentarios 202 Drs. Carlos P. Waldorp y Oscar Behr. El concepto moderno y la clasificación de las nefropatías sifilíticas 205 318 ÍNDICE Págs. Dr. José Brito Foresti. Psoriasis y embarazo 220 Bi\ Alberto M. Penco. Las inyecciones de sulfato de cobre amo- niacal en las forunculosis 22(i Dr. José Joaquín Canabal. Alrededor de la sífilis 231 Dr. Bartolomé Vignale. La autohematoterapia en ciertas derma- tosis 210 Dr. Bartolomé Vignale. Tratamiento de las radiodermitis por el cloruro de magnesio 243 Dr. Bartolomé Vignale. Tratamiento del psoriasis artropático por las inyecciones intramusculares de azufre 245 Drs. José May y Enrique Claveaux. Un nuevo método de cura del chancro fagedénico 248 Dr. Salvador M. Pintos. Gonococia social 252 Dr. Octavio López. Anafilaxia cutánea 263 Dr. Máximo Halty. Contribución al estudio de la acción del sul- farsenol en la sífilis 271 Dr. Héctor del Campo. Neuro-sífilis: diagnóstico, pronóstico y tratamiento 277 ERRATUM 308 general 311 alfabético de materias 319 de láminas 325 INDICES II. ÍNDICE ALFABETICO DE MATERIAS (Los números romanos que preceden al número de la página indican el Tomo) a) DERMATOLOGIA: Págs. Aceite de chaulmoogra. S’obre inyecciones intraveno- sas de—en la lepra. Y. Lepra. Aceites de chaulmoogra y bacalao. Acidos grasos to- tales saturados y no saturados de los—y sus sales inyectables en el tratamiento de la lepra y tuber- culosis, por el doctor Oreste Calcagno 1 269 Aceite de chenopodio. Y. Ulceras tropicales. Anafiláxia — cutánea, por el doctor Octavio López . II 263 Arsenicales. Erupciones—, por el doctor Hildebrai'do Portugal II 121 Arthropcdos. Contribuição ao estudo de algumas le- sões produzidas pelos—, por el Dr. Octavio Torres II 141 Atabardillados. Y. Tifus exantemático. Autohematoterapia. La—en ciertas dermatosis, por el doctor Bartolomé Vignale II 240 Buba. Y. Leishmaniosis. Curietherapia, por los doctores Eduardo Rabello y An- tonio F. da Costa Júnior f 559 Dermatosis. Enterobacterioterapia de las —, por el doctor Enrique M. Claveaux I 647 Dermatosis. Profilaxis de las—en el Ejército, por el doctor Bartolomé Vignale I 200 Dermatológicas. Reminiscencias —, poç el profesor Adolpho Lutz I 613 Dermatosis. El sulfato de cobre amoniacal en ciertas dermatosis, por los doctores José Brito Foresti y Bartolomé Vignale I 639 320 ÍNDICE Págs. Enteiobacterioterapia en las dermatosis. V. Dermato- sis. Forunculosis. DI sulfato de cobre amoniacal en la— por el doctor Alberto M. Penco II 226 Granuloma venéreo.—bucal, por el doctor Oscar da Silva Araujo I 635 Leishmaniosis.—: su etiología, frecuencia, formas cli- nicas, por el doctor Mateo Arrióla Moreno ... I 596 Leishmaniosis. Helioargentoterapia y hematoterapia de la—, o sea tratamiento tópico y general de la buba de los yerbales, por el doctor José V. Insfrán . . I 605 Leishmaniosis. Reacción de Wassermann en las •— americanas, por el doctor Antonio Eugenio de Area Leão I 455 Lepra. Sobre inyecciones intravenosas de aceite de chaulmoogra en la cura de la—, por el Dr. Luis Za- notti Cavazzoni II 139 Lepra. Comentarios a la ley sobre la creación de Le- proserías en el Paraguay, desde el punto de vista de la defensa social, por el doctor Pedro L. Barbosa. I 701 Texto de la ley I 704 Lepra. Notas sobre—, por el Prof. Femando Terra . I 707 Lepra. Proposición del Comité Nacional del Paraguay para la creación de una Liga Panamericana Anti- leprosa I 711 Lepra. El problema de la—en el Uruguay, por el doctor José May I 715 Lepra. Sobre imnuniterapia antileprosa, por el doctor Tomás G. Perrin II 156 Lepra. Tratamiento de la—, por el doctor Santiago Ramírez ; II 154 Lepra. Tratamiento por el aceite de chaulmoogra. V. aceite. Lupus. Y. Tuberculosis cutáneas. Moulages. Presentación de—por el doctor Angel M. Giménez I 756 Nieve carbónica. Y. Tuberculosis cutáneas. Oleo de chencpodio. V. Ulceras tropicales. Piedra. La—colombiana, por el Dr. Luis Migone . . II 170 Pinto. Estudio sobre el Mal del—, por el Dr. Joaquín González I 724 ÍNDICE 321 Págs. Psoriasis artrcpático. Tratamiento del—por las inyec- ciones intramusculares de azufre, por el doctor Bartolomé Vignale II 245 Psoriasis.—y embarazo, por el doctor José Brito Fo- resti II 220 Radiodermitis. Tratamiento de las—por el cloruro de magnesio, por el doctor Bartolomé Vignale. . . II 243 Radiumterapia. La práctica radiumterápiea en Derma- tología, por el doctor Eduardo Jonquiéres ... I 529 Radiumterapia. V. también Curietherapia. Rhinoscleroma. — no Brasil e seu tratamento pelo Radio, por el Prof. Fernando Terra I 565 Rinoescleroma. Contribución al estudio del—, por el doctor Ernesto Cervera I 585 Sulfato de cobre amoniacal. El—en ciertas dermato- sis. V. Dermatosis. Sulfato de cobre amcniacal. El—en la forunculosis. V. Forunculosis. Tifus exantemático. Algunos estudios microscópicos de la piel de los atabardillados, por el doctor Jesús Arroyo II 163 Tiñas. V. Trieofíeia. Tricoficias. Tratamiento de las tiñas por el acetato de talio, por el doctor Ricardo E. Cicero ... I 517 Tuberculosis cutáneas. Tratamiento del lupus eritema- teso por la nieve carbónica, por el doctor Jesús Gon- zález Urueña I 619 Tuberculosis cutáneas. Etiología, formas clínicas y tratamiento de las — en el Uruguay, por el doctor José Brito Foresti I 664 Tuberculosis. Tratamiento por los aceites de chaulmoo- gra y bacalao. V. Aceite. Ulceras tropicaes. Tratamento das—pelo oleo de che- nopodio, pelo Dr. Nicanor Botafogo Gonçalves . II 136 Vulva. Centro trófico de la región vulvar: síndrome de asociación neurotrófico, por el doctor Carlos Stajano I 682 322 ÍNDICE b) VENEREOLOGIA: AFECCIONES VENEREAS EN GENERAL; SU PROFILAXIS: Págs: La lucha antivenérea en el Paraguay, por el doctor Víctor Idoyaga I 79 Estado actual de la lucha antivenérea en América, por por el doctor Emilio R. Coni I 141 y II 9 Acción desarrollada por la Liga Argentina de Profi- laxis social en sus cuatro meses de existencia, por el doctor A. Fernández Verano I 144 Lucha antivenérea en la Kepública Argentina, por el doctor Angel M. Giménez I 156 Instrucciones impresas para ilustrar a los enfermos de sífilis, por el doctor Pedro L. Baliña I 197 Profilaxis de la sífilis y las dermatosis en el Ejército, por el doctor Bartolomé Vignale I 200 Profilaxis de la sifilis en campaña, por el doctor Ernes- to Ricci I 216 La lucha social contra las enfermedades venéreas, por la doctora Paulina Luisi I 233 Profilaxis de la sífilis en el Uruguay, por el doctor Héctor del Campo I 241 La sífilis en el Uruguay, por el doctor José May . . I 253 La lucha antivenérea en Nicaragua y Costa Rica . II 130 Gonococia social, por el doctor Salvador M. Pintos. II 252 BLENORRAGIA: Profilaxis. Y. Afecciones venéreas en general. Blenorragia y sus complicaciones. Sueroterapia y va- cunoterapia de la—, por el doctor Víctor Idoyaga . I 542 Gonococia social, por el doctor Salvador M. Pintos. II 252 CHANCEO SIMPLE: Profilaxis. Y. Afecciones venéreas en general. Cancro phagedenico serpiginoso. Sorotherapia do—, por el doctor Oscar da Silva Araujo I 630 Chancro fagedénico. Un nuevo método de cura del—, por los doctores José May y Enrique Claveaux . . II 248 ÍNDICE 323 SIFILIS: Patología: Págs. La sífilis en el Uruguay, por el doctor José May . . I 253 Frecuencia de la sífilis nerviosa en la sífilis inicial, por el doctor Neocle Ragusin I 272 Concepto de la infección sifilítica y su tratamiento, por el doctor Pedro L. Baliña I 310 Syphilis e glándulas endocrinicas, por el doctor Ulysses de Nonohay I 318 Diagnóstico precoz de la sífilis, por los doctores José May y Enrique Claveaux I 368 Reinfección sifilítica, por el doctor José May ... I 382 Sifilipsiquismo, por el doctor Nicolás V. Greco . . I 405 Reacciones meníngeas en los primeros tiempos de la sífilis, por el doctor Máximo Halty I 411 Parálisis facial y sífilis; nuevo reflejo; la bofetada mímica, por el doctor Fernando Abente Haedo . I 436 Nuevo método para el diagnóstico precoz de la sífilis, por los doctores José May y A. Prunell .... I 484 La sífilis de segunda generación en sus relaciones con la obstetricia, por los doctores Alberto Peralta Ra- mos y Manuel Luis Pérez II 172 Estigmas dentarios, por el Dr. Juan Ubaldo Carrea. II 202 El concepto moderno y la clasificación de las nefro- patías sifilíticas, por loe doctores Carlos P. Wal- dorp y Oscar Behr II 205 Alrededor de la sífilis, por el doctor José Joaquín Ca- nabal II 231 Neuro-sífilis: diagnóstico, pronóstico y tratamiento, por el doctor Héctor del Campo II 277 Tabes. ¿Se cura el tabes?, por el doctor José May . I 388 Profilaxis. Y. afecciones venéreas en general. Serología: Las alteraciones en el líquido céfalo-raquídeo: impor- tancia de las pequeñas linfoeitosis, por el doctor José May I 395 Relaciones de la Reacción de Wassermann con la clí- nica, por los doctores Pedro Raúl Alonso y Alberto M. Penco I 424 Reacción de Wassermann y Sachs-George, por el doc- tor Antonio Eugenio de Arêa Leão I 452 324 ÍNDICE Págs. Combinación de los procedimientos de floculación y fijación del Complemento en el diagnóstico seroló- gico de la sífilis, por el doctor Alberto Scaltritti . I 461 Consideraciones sobre 50,000 reacciones de Wasser- mann, por el doctor Alberto Scaltritti I 470 Floculo-albúmino-reacción de Noguchi, por el doctor Alberto Scaltritti I 475 Reacción de Wassermann: antígeno, sustancia Was- sermann y escala, por el doctor Justo F. González I 477 Relaciones entre la reacción de Wassermann y la clí- nica, por el doctor José May I 500 Tratamiento: Tratamiento de las neuritis sifilíticas del óptico y del acústico, por el doctor Pedro L. Baliña .... I 286 Tratamiento general, por el doctor Pedro L. Baliña . I 310 Estado actual del tratamiento intra-raquídeo en cier- tas foimas de sífilis nerviosas, por el doctor Sal- vador M. Pintos I 363 ¿Se cura el tabes?, por el doctor José May ... I 388 Accidentes de las inyecciones intravenosas, por el doctor Pedro L. Baliña I 451 Contribución al estudio de la acción del sulfarsenol en la sífilis, por el doctor Máximo Halty .... II 271 Tratamiento de la neuro-sífilis, por el doctor Héctor del Campo II 277 III. ÍNDICE DE LÁMINAS TOMO 1 PágS. Pedro L. Baliña. Tratamiento de las neuritis ópticas sifilíticas. 304 J:sé May. Reinfección sifilítica 384 Eduardo Jonquiéres. Práctica radiumterápica en Dermatología . 528 Fernando Terra Rhinoscleroma 576 Mateo Arrióla Moreno. Leiskmaniosis 600 Oscar da Silva Araujo. Cancro moíle phagedenico 632 Oscar da Silva Araujo. Granuloma venereo buecal 632 Enrique Claveaux. Enterobacterioterapia 656 Carlos Stajano. Centro trófico de la región vulvar 688 Joaquín González. Estudio sobre el Mal del Pinto 736 TOMO n Octavio Tcrres. Contribuição ao estudo de algumas lesões pro- duzidas pelos artrópodos 144 Juan Ubaldo Carrea. Estigmas dentarios 202 José May y Enrique Claveaux. Un nuevo método de cura del chancro fagedénico 248 FIN DEL SEGUNDO Y ÚLTIMO TOMO