OFTILHOMIII. r r Estadística.—Observaciones clínicas.— Notas fisiológicas.—Estado del organismo en las AFECCIONES OCULARES.—TERAPÉUTICA. POR EL Dr. ENRIQUE LOPEZ, OCULISTA DEL HOSPITAL MERCEDES. HABANA. IMP. Y PAPELERIA "LA UNIVERSAL," DE RUIZ Y HERMANO, SAN IGNACIO 15. 1890. ABREVIATURAS T tensión intraocular. V vista. O. I) ojo derecho. O. I ojo izquierdo. p. 1 percepción luminosa. d dioptría. C. v • campo visual. n normal. R refracción. E emmetropia. H. * hipermetropia. M miopía. A astigmatismo. INDICE. PAGINAS. Introducción 1 Ojos (enfermedades de los) 5 Frecuencia 5 Edades 6 Sexos 8 Razas 9 Profesiones 13 Estadística 14 Cara (enferm ed ad es déla) 18 Parálisis facial 18 Neuralgia del trigémino 19 Zona oftálmico 20 Madarosis 21 Quiste dermoideo de la ceja 21 Erisipela de la cara 21 Párpados (enfermedades de los) 23 Equimosis 23 Edema 24 Eczema 24 Nantelasma 26 Papiloma 27 Millet 28 Epitelioma .28 Chalazión 28 Orzuelo 28 VIII Blefaritis 29 Triquiasis : 30 Entropión 30 Ectropión 31 Espasmo del orbicular 32 Ptosis . 33 Anquiloblefaron 33 Simblefaron 33 Epicantus 34 Aparato lacrimal 35 Quiste de la glándula 35 Dacrio-cistitis 36 Estrechez del canal nasal 38 Fístula lacrimal 40 Epifora 40 Globo ocular (afecciones del) 42 Conmoción 42 Heridas 42 Quemaduras 45 Tumores 46 Exoftalmia 48 Atrofia del bulbo ocular 50 Conjuntiva (enfermedades de la) 51 Hiperemia 51 Oftalmías 51 Oftalmía catarral 53 « purulenta 55 » pustulosa 56 » granulosa 60 Conjuntivitis traumática 63 Equimosis 63 Cuerpos extraños 63 Lipoma... 64 Hipertrofia de las papilas 64 IX Hipertrofia de la conjuntiva 04 Varices 04 Pterygion 05 Cornea (enfermedades de la) 77 Queratitis superficial 77 Herpes 78 Queratitis intersticial 81 » paren qu i matosa 87 Cuerpos extraños 89 Ulceras 91 Leucomas 94 Queratocono 99 Atrofia ••• 99 Necrosis 100 Fotofobia 100 Esclerótica (afecciones de la) 107 Escleritis 107 Tractus uveal (afecciones del) 109 Iritis 109 Hernia 118 Sinequias anteriores 114 » posteriores 110 Exudado pupilar 117 Atonía del iris 118 Jrido-coroiditis 118 Esclero-coroiditis 119 Coroiditis 121 » atrófica 122 » exudativa 120 Corio-retinitis 129 Glaucoma 181 Hialitis 110 Copos de h. vitreo 1H Cristalino (afecciones del) 144 X Catarata congénita 144 « senil 145 •» traumática 154 » regresiva 156 » capsular 157 » secundaria 158 Luxación del cristalino 158 Nervio óptico y retina 159 Neuritis óptica 159 Atrofia de la papila 161 Neuro-retinitis 167 Retinitis 169 » pigmentaria 169 » albuminúrica 171 » sifilítica 173 » hemorrágica 174 » porglaucoma 174 Hemorragias de la retina 175 Desprendimiento de la retina 179 Ambliopias 182 Hemeralopia 182 Ambliopias 183 Ambliopia alcohólica 183 » atáxica 186 » histérica 186 » quínica 1S7 » por pérdida de sangre 188 » por diabetes insípida 188 « por falta de uso 190 » de causa desconocida 190 Temblor de los objetos 190 Nistagmus 190 Músculos oculares (afecciones) 193 Astenopia acomodativa 194 XI Estrabismo convergente 194 Astenopia muscular 190 Parálisis del o.er par 197 » del 4? par 198 » del 5? par 19S » del 6? par 198 Notas 199 Notas fisiolgicas 201 Refracción 203 Miopia 203 Hipermetropia 205 Astigmatismo 208 Coloración del iris 210 Despigmentación del iris 210 Iris azúl 211 » verde 211 » pardos 211 Reflejo verde del cristalino 212 Arco senil 210 Pigmento de la conjuntiva 218 Estado del organismo en las enfermedades oculares 219 Anemia 221 Linfatismo. Escrófula 222 Raquitismo 223 Tuberculosis 224 Sífilis. 224 Lepra 220 Cáncer 226 Reumatismo 227 Paludismo 227 Diabetes 227 Albuminuria . 227 Alcoholismo — 228 XII Viruela 231 Idiotismo 231 Histerismo 232 Epilepsia 232 Hemiplegia 232 Ataxia locomotriz 232 Esclerosis en placas 233 Meningitis 233 Jaquecas 234 Cardiacos 234 Gangrena simétrica 234 Bocio exoftalmico 234 Ulceras en las piernas 235 Dentición 235 Extreñimiento 235 Hemorroides 235 Cirrosis hepática 235 Afecciones nasales 235 » de la vejiga 235 Sordera 235 Terapéutica 237 Terapéutica higiénica 239 Farmacología 245 Anestésicos 253 Midriáticos 255 Antisépticos 259 Operaciones 261 Párpados 262 Xantelasma 262 Anquiloblefaron 262 Cantoplastia 262 Chalazion 263 Triquiasis 263 Entropion 268 XIII Ectropion . 263 Vías lacrimales . 264 Orbita 266 Tumor de la órbita 266 Enucleación 267 Músculos motores del ojo 267 Conjuntiva 268 Pterygion 268 Cornea 270 Tatuage 270 Paracentesis 271 Esclerótica 271 Iris 272 Cristalino 272 Extracción de catarata. 272 Discisión déla catarata secundaria 281 Erratas principales 283 PROLOGO. /-X- jUr. - - E trabajo es producto de la observación. No- tas clínicas tanto de las afecciones comunes como de casos curiosos, recogidos á medida que se ofrecieron á mi estudio, sirvieron para formarlo. Me ha servido de estímulo la protección que me han dispensado desde el principio de mi carrera práctica, los Doctores D. Gutié- rrez, de Cárdenas, á cuyo lado practiqué mis primeros trabajos á mi regreso de Paris; y en esta ciudad los Doctores Nuñez, director del Hospital Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándome médico honorario del mismo, al Doctor Menocal que me cedió generosamente el servicio oftalmológico de dicho Asilo; y á los profeso- res de la facultad, Doctores Bango y Castro que me lian honrado repetidas veces permitiéndome contribuir á la vulgarización de esta rama de la medicina entre los alumnos de sus clínicas. INTRODUCCION. Cualquiera estadística módica de la Isla de Cuba es intere- sante por el estudio comparativo de las razas. En efecto, tres puras y una mestiza pueblan nuestro suelo, formando un total de 1.500,000 habitantes. Según el censo de 1884, se descompone la población del mo- do siguiente: CENSO DE POBLACION EN 1884. Blancos 1.010,000 • Chinos 30,000 Negros 460,000 Total 1.500,000 En este censo los mestizos quedan comprendidos en la co- 2 lumna de los negros, de los cuales se consideran como una va- riedad; pero atendido el carácter de nuestra estadística, los mira- mos como una raza distinta, haciendo ascender su número á una cuarta parte del total de individuos de color. En este caso se obtiene el siguiente resultado: RAZAS EN 188 4. Blanca 1.010,000 China 30,000 Negra 345,000 Mulata 115,000 Total 1.500,000 Nada más abigarrado que la población de este país. Cada una de esas distintas razas ofrece una distribución digna de fijar la atención. Los blancos se subdividen en: Peninsulares 140,000 Extranjeros 10,000 Criollos 860,000 Los dos primeros grupos de blancos se componen en su in- mensa mayoría de varones adultos entregados á profesiones in- dustriales y comerciales. Los criollos constituyen la población sedentaria, indígéna, distribuidos en la habitual proporción por sexos y edades. La raza mongólica, cuyo exiguo número decrece rápidamen- te, solo está representada por individuos del sexo masculino y de edad correspondiente á la segunda mitad de la vida. El linfa- tismo y la falta de reacción vital á los agentes morbosos figuran entre los caractéres propios de esta raza. Los negros, aparte el numero ya reducido de africanos, for- 3 man una población indígena repartida con regularidad por sexos y edades, del mismo modo que los blancos criollos. El ne- gro criollo es inteligente y bien constituido, y forma la clase más pobre de nuestra población, dedicado principalmente á oficios mecánicos. Los mulatos constituyen un grupo mixto de blanco y negro (generalmente de hombre blanco y mujer negra), de color pardo y con caractéres de las razas de que proceden. Su organización por regla general es menos robusta que la de sus progenitores. Los cuarterones, mezcla de blanco y mulato, ofrecen un tipo muy análogo á los primeros, que por consiguiente incluimos en- tre los criollos blancos. Para apreciar la proporción de las razas en los estados pa- tológicos que hemos de examinar, establecemos la siguiente pro- porcionalidad por 100 habitantes: Blancos G7.3 Chinos 2.0 Negros. 23.0 Mulatos 7.7 100.0 ENFERMEDADES DE LOS OJOS. Las enfermedades de los ojos son comunes en Cuba. En la estadística que hoy presentamos, basada en 1,000 observaciones, figuran la mayor parte de las afecciones oculares conocidas. Un capítulo general sobre la frecuencia de las afecciones, sobre las edades, sexos y razas, precederá á la descripción de las espe- cie morbosa. FRECUENCIA. La mayor parte de las enfermedades de los ojos figuran en los cuadros de la estadística. La proporción para cada una de ellas es sensiblemente igual á la que se observa en otros climas, como lo demuestra el cuadro adjunto, que resume las observa- ciones de Galezowski, en Francia, de Rydel, en Polonia y eu la tercera columna la estadística que nos ocupa. Eu los tres países son más frecuentes las enfermedades de la conjuntiva; y siguen en serie decreciente las de la cornea, del iris y coroides, del cristalino y de los párpados. Son mucho me- nos comunes las afecciones de las demás regiones ó membranas. 6 CUADRO COMPARATIVO LA FRECUENCIA DE LAS AFECCIONES OCULARES. PROPORCION POR CIENTO ENFERMEDADES DE FRANCIA POLONIA CUBA Af*p.í‘Hi mp.R ílf». lílí'ii! :) ...... 1.20 2.13 parpebrales 9.00 8.63 9.29 lacrimales 4.20 1.68 2.36 globo 0.20 2.08 5.71 conjuntiva 22.20 32.71 23.53 cornea 30.20 22.66 18.28 esclerótica 1.40 0.78 0.30 iris y coroides 11.40 10.79 12.80 cristalino 6.40 10.10 10.59 retina y n. óptico 2.60 4.10 4.80 ambliopía 1.30 0.38 5.40 músculos rectos 2,10 1.25 4.41 órbita . 0.16 'Refracción 8 4.58 Total 100.40 99.90 100.00 Las diferencias más notables se refieren á las ambliopías, que arrojan para Cuba un 5.40 p.g , mientras que solo alcanzan 1,30 en Francia, y 0.38 en Polonia. Al ocuparnos de este desor- den funcional insistiremos sobre su frecuencia y la variedad de las causas que lo determinan. También aparecen entre nosotros dos veces más frecuentes las enfermedades de los músculos motores del globo ocular. En nuestro cuadro no se indica el estado de la refracción, que no debe considerarse como fenómeno patológico, y de cuyo punto trataremos en un capítulo adicional. EDADES. Las afecciones oculares se observan en todas las edades, desde la vida intrauterina hasta la senectud más avanzada: entre •estos mil enfermos figuran la catarata congónita y las oftal- mias de los reción-nacidos, por una parte, y por otra, cataratas seniles eu individuos centenarios. Para mayor claridad en la clasificación de las edades hemos dividido la vida en tres periodos basados en el desarrollo de las funciones generadoras en la mujer: Io Infancia, basta los 15 años;—2o Virilidad, o periodo de aptitud generadora, que termi- na á los 50 años;—y 3° Senectud, desde esta última edad en adelante: 7 i Blancos. Mulatos Negros. EDADES. V. H. Chinos V. H. V. H. Total. Infancia 69 77 12 11 5 3 177 Virilidad 305 118 32 23 27 32 36 573 Senectud 107 69 19 5 6 22 22 250 Total 481 264 51 40 44 59 61 1000 Los ojos no sufren proporcionalmente á las edades. Según un cálculo aproximado, la población se descompone en Niños Adultos \ Ancianos i Ahora bien, de la comparación de ambos cuadros se deduce que los adultos sufren de los ojos proporcionalmente á su po- blación, mientras que los términos están invertidos para las eda- des extremas de la vida, puesto que en los mil enfermos á que nos referimos, un tercio han sido ancianos, y los niños solo com- ponen una sexta parte. En suma, las afecciones oculares son muy frecuentes en la vejez, y menos comunes en la iníáncia que en la edad adulta. Las enfermedades que principalmente se observaron en la primera edad fueron las escrofulosas localizadas en las membra- nas externas, las de los párpados, y el estrabismo convergente. En la virilidad se presentaron tanto las afecciones internas •como las externas; las neuralgias, chalazión, orzuelos, xantelas- mas, traumatismos, pterygion, iritis, coroiditis, retinitis, hemo- rragias i ntra oculares, neuritis, atrofias, ambliopías y astenopiasto. En la vejez: las cataratas, los glaucomas, y muchas de las enfermedades indicadas en los adultos. Los leucomas se observan en todas las edades; pero las ul- ceraciones que los producen generalmente existieron en la in- fancia. La frecuencia de las enfermedades de los ojos sigue por consiguiente la misma proporción que las edades, es decir, que á mayor número de años corresponde mayor frecuencia de en- fermedades. Y en fin, respecto al sitio de la enfermedad, esta estadística demuestra que predominan en la infancia las afecciones exter- nas, que se equilibran éstas con las internas en la virilidad, y que abundan en la senectud las enfermedades de las partes pro- fundamente situadas en el globo ocular. 8 SEXOS. El sexo masculino ha sido atacado con mayor frecuencia. Las hembras solo figuran en poco más de la mitad de los casos observados en los varones. SEXOS. NUMERO. Varones G31 Hembras 369 Total 1000 Esta desproporción se explica, por hallarse el hombre más expuesto á las causas que determinan entermedades oculares, en gran número traumáticas y profesionales. Así vemos la fre- cuencia con que los campesinos padecen el pterygion, por la acción repetida del polvo sobre la conjuntiva, y la catarata dura,. por la acción del calor solar; los carpinteros y herreros sutren traumatismos diversos, los alcoholistas ambliopías, y así gran número de enfermedades dependientes de trabajos en su mayor parte ejercidos por hombres. Pero todas las enfermedades oculares pueden padecerlas ambos sexos. Solo hay diferencia en la frecuencia ó en las con- diciones á que cada uno de ellos está sometido por el género de vida ó las profesiones que ejercen. A medida que hagamos la descripción de las diversas enfer- medades estableceremos la comparación délos dos sexos, hacien- do resaltar la causa de la desproporción en que son atacados. Por ahora solo haremos constar que son propias de los varones las enfermedades profesionales, y la mayor parte de los trauma- tismos; mientras que en las mujeres se observan con frecuencia las oftalmías pustulosas y las neuralgias de la cara. 9 RAZAS. Las cuatro razas que habitan nuestro suelo presentan dife- rencias en la frecuencia y clase de enfermedades que padecen. Los mil enfermos de esta estadísca sufrían 1306 enfermeda- des, diferencia que se explica porque á menudo se observan en la misma persona dos ó tres padecimientos; así, nada más común que la coincidencia del pterygion ó afecciones palpebrales, con otras enfermedades de los ojos, ó bien el entropión, conjuntivi- tis, leucomas, sinequias, presentándose como complicaciones ó terminaciones de otras enfermedades, ó ya también se observan afecciones distintas en cada uno de los ojos. En primer término, presentamos un cuadro de las razas por enfermos, y en otro por enfermedades. Según el primero, pade- cen más de los ojos los chinos, en proporción casi igual los blan- cos y mulatos, y en íin, los negros son los que menos padecen de afecciones oculares relativamente á su población, no llegando en ellos la frecuencia proporcionalmente á la mitad que en la ra- za blanca. 10 RAZAS. Blanca. China 730 53 Negra 131 Mulata. 80 Total 1000 La raza negra, que la naturaleza ha dotado de una robusta constitución física y de mayor grado de resistencia á las enfer- medades en nuestro clima, es la que sufre menos de los ojos, sin embargo de que su miseria, y las peores condiciones higiénicas en que generalmente vive, son circunstancias apropiadas para el desarrollo de múltiples afecciones. 11 Blanca China Mulata Negra Total RAZAS to 00 i—* bOür— Cristalino 4* 4- • OO or ro • -1 Ambliopías OO • —1 4* 00 • co Músculos motores <1 H-* M 4* M ® <1 OI Globo ocular. 1300 0000 4 <10 4*0 Total de enfermedades. AFECCIONES DE LOS OJOS EN LAS DIVERSAS RAZAS.' 12 La raza china, en cambio, á pesar de su exiguo número, de sus aficiones comerciales, que le permiten llevar una vida sose- gada, y de la repugnancia que tiene á consultarse con los mé- dicos de raza blanca, es la que proporcionalmente sufre más del órgano de la vista; y las afecciones son más graves en ella que en las otras razas, como lo demuestra, sin necesidad de estadís- ticas, el considerable número de sus individuos ciegos que im- ploran la caridad pública. Detallando más aún el cuadro de las razas, tendremos el si- guiente: Criollos 525 Peninsulares 185 Extranjeros 20 Blancos Chinos 53 Criollos 87 Africanos 44 Negros Mulatos 86 El cuadro segundo indica las enfermedades que atacaron á cada raza y su frecuencia relativa. Por el examen de dicho cua- dro se ve que fueron más frecuentes en la raza blanca las enfer- medades de la conjuntiva, de la retina, del cristalino, de los músculos motores, y las ambliopías, y de un modo general pue- de decirse que ha sido la raza que presentó mayor variedad de afecciones. En los chinos fueron proporcionalmente más comunes las enfermedades de la cornea que llaman la atención por su fre- cuencia, de la conjuntiva, de la cara, de la esclerótica, y del glo- bo ocular (atrofia del bulbo) Pero no se observó en ellos ni un solo caso de enfermedades del aparato lacrimal, de la retina, de los músculos motores, ni ambliopías sin lesión material. Los chinos sufren más déla vista de lo que indica la estadística, por- que éstos individuos solo excepcioualmente acuden al médico. La causa de la predisposición que ésta raza presenta á las afecciones oculares puede atribuirse sobre todo á su constitución delicada, escrofulosa. Aunque los chinos fuman opio, y abusan de este veneno, no he observado un solo caso de la ambliopía que se atribuye á dicha sustancia, ni he podido fijar en ella de 13 un modo directo la causa de ninguna de las enfermedades que padecen. Los negros, aunque han padecido casi todas las enfermeda- des, ha sido siempre en número más reducido que el tle las otras razas. Fueron en ellos más frecuentes las enfermedades de la coroides; y muy raras las de los párpados, conjuntiva y retina. En los mulatos fueron comunes las afecciones de la cara; mas raras las de la retina, cuerpo vitreo, nervio óptico, y crista- lino. Sufrieron las demás enfermedades en proporción sensible- mente igual á la raza blanca. Resulta, pues, que según estas notas, hay afecciones que atacan á todas las razas con casi igual frecuencia, como sucede con las del iris; otras que son comunes á varias razas, como las del cristalino para los blaucos, chinos y negros, mientras que en ios mulatos son más raras; y otras en fin que son mucho más frecuentes en una raza que en las demás, como las de la retina en la blanca, de la cornea en la mongólica, y las neuralgias fa- ciales en la mulata. PROFESIONES. Muchas enfermedades oculares se presentaron accidental- mente en individuos que ejercían profesiones variadas, que nin- guna influencia tenían en el desarrollo de la afección; pero es in- dudable que otras veces las profesiones son causa determinante de algunas enfermedades. Así, la acción continuada del calor solar es causa de la frecuencia de la catarata dura en los campe- sinos, y los marinos, los maquinistas y carpinteros sufrieron con frecuencia traumatismos, los campesinos el pterygion, etc. Al detallar la estadística haremos notar la influencia que las profesiones puedan tener en la producción de las enfermedades. Ciertos hábitos viciosos determinan ambliopías, como el al- coholismo. 14 ESTADISTICA DE 1000 ENFERMOS SEXO. RAZAS. Edades ENFERMEDAD extremas. V. H. B. Ch. M. N. TOTAL Pa ral i si s tac i al 35—82 4 3 0 1 7 <¿ í Neuralgia del trigémino 15—50 0 3 . . . 3 0 S iZoua oftálmico 00— 1 1 1 — Madarosis 10—00 11 3 7 1 11 Quiste dermoideo de la a j ceja 2— 1 1 1 '§ /Hipertrofia de los senos 25 f frontales . 27— 1 1 1 Erisipela de la cara 8— 1 1 ] / Equimosis 0—04 9 1 3 3 / Heridas 5—25 3 1 3 1 4 j Quemaduras 5— ... 1 1 . . . . . . . . 1 1 Fistula palpebral 37— - - . 1 1 1 1 Edema 17—25 2 9 2 1 Eczema 8m-04 4 4 7 1 8 • 1 Xantelasma 38—55 4 9 0 0 -§ 1 Papiloma 14— 1 1 1 1* 1 Millet 04— 1 1 1 lE pitel i orna 50— 1 1 1 ~Z / Chalazióu 20—50 2 3 2 1 2 5 « | Orzuelo 12—50 8 2 8 ... 2 10 i i Blefaritis 1—82 28 17 43 2 45 i ITriquiasis 23—50 1 2 3 3 1 Entropion 23—53 4 1 9 3 5 I Ectropion 17—80 12 3 7 3 3 2 15 1 Espasmo del orbicular. 27—75 2 1 2 1 3 I Ptosis 0—51 4 4 4 Anquiloblefaron 33— 1 1 1 1 Simblefaron 25—55 2 J 1 2 \ E pican tus 1 — 1 1 1 - /'Quistes de la glándula 35— 1 1 1 a V Dacriocistitis 17—55 1 0 5 2 7 U 1 Estrechez del canal ! o \ nasal 10—00 7 11 13 1 4 18 •■§ s f Fístula lacrimal 3—45 1 2 1 1 1 3 & V Epifora 18—37 2 . . . 2 2 15 SEXO. RAZAS. Edades ENFERMEDAD extremas. V. H. B. Ch. M. N. TOTAL / Conmoción 30—65 2 2 2 C3 OQ — V Heridas 5—57 11 1 9 1 1 1 12 C3 O O •7T o / Quemaduras 16—70 3 2 2 ... 1 2 5 £2 -O o \ Tumores 34—69 3 3 3 1 ... 2 6 "c,_ / Exoftalmia 45—85 4 1 3 1 1 5 VAtrofia del bulbo 5—81 32 9 26 4 6 5 41 ''Hiperemia 15—55 5 2 6 1 7 Oftalmía catarral 2—85 56 50 77 3 14 12 100 „ purulenta 12d 69 5 3 6 2 8 es m „ pustulosa 8m -35 26 39 51 10 4 65 ’Ü " „ granulosa 4—55 24 11 25 8 1 1 35 o IConjuntivitis traumática 25—45 -L 1 1 . . . 1 ... 2 * Equimosis 10 35 3 1 2 3 Cuerpos extraños °c 26 1 1 1 1 2 C5 \ r Lipoma 15— 1 1 1 t» Cí sa Hipertrofia de las papi- las 12— 1 1 1 Hipertrofia de la conjun- ti va 17 30 1 1 2 2 Varices 17 1 1 i 20—72 56 20 46 12 4 14 76 / Queratitis superficial... 15—37( 1 3 2 2 4 [ „ intersticial.. 4—79 13 8 14 2 4 1 21 ¿ 1 ,, parenquima- s \ tosa 3 40 10 1 6 ] 3 1 11 i) Cuerpos extraños 12—50 11 2 10 1 1 1 13 i y Ulceras 2—88 31 13 31 7 3 3 44 -< Leucomas 0—90 74 50 89 6 8 21 124 1 ( Herpes 1—39 2 3 3 2 5 Queratocono 40 1 1 1 s/ Atrofia 5—60 17 2 13 4 2 19 f Necrosis 42- 1 1 1 l Fotofobia 52— 1 1 1 Afecciones de la esclerótica.—Escle- ritis 14—50 2 2 3 1 4 16 SEXO. RAZAS. ENFERMEDAD extremas. V. H. ti. Ch. M. N. TOTAL o> <3-> ¡ Iritis 71—58 24 5 23 1 5 29 14—57 2 1 1 2 1 Sinequias anteriores 2—55 20 13 23 2 3 5 33 C_> i ,, posteriores .. 5—55 10 1 9 1 1 11 i Exudado pupilar 5—00 5 2 5 1 1 7 "75 J Atonía del iris 69—85 2 . . . 1 . . . 1 .. - - 2 \ Irido-coroiditis 5—60 8 3 8 1 2 11 j Coroiditis 19—90 11 3 11 1 2 14 I Do rio-retinitis 25—72 4 4 4 •ss f Glaucoma 4—106 27 16 27 2 3 11 43 1 Hialitis 35— 1 1 1 .q^ «=51 \ Copos de humor vitreo.. 22—68 12 4 14 1 1 16 o , Catarata dura (senil)... 38-106 63 39 74 8 1 19 102 "75 1 „ traumática .... 17—60 9 1 5 . . . 1 4 10 .22 \ „ regresiva 15 43 8 3 6 1 1 3 11 — J „ congenita (Zo- -=3 X nular) 17—43 2 1 1 2 O J „ capsular 40— 1 1 1 f „ secundaria ... 47—58 1 2 2 . . . 1 . . . 3 del cristalino.. 60—79 2 1 2 1 3 / Neuritis óptica 15—08 6 1 3 1 3 7 .J2 i Atrofia de la papila .. 25—70 17 6 16 1 6 23 t-> -S )Neuro-retinitis 22—52 7 7 Cí p-3 / Retinitis 28—71 10 3 11 1 1 13 co 1 J Hemorragias de retina 17-60 6 6 6 O a / Desprendimiento reti- „q¿> \ na 30—65 3 4 7 f Hemeralopía 49—59 2 2 2 eá VH- j Ambliopias 7—68 27 3 26 .... 4 30 1 Temblor de los objetos.. 32— 1 1 1 a «ai 1 Nistagmus 1—58 7 4 8 .... 2 1 11 17 SEXO RAZAS. ENFERMEDAD Edades extremas. Y. H. B. Ch. M. N. TOTAL ✓Astenoma acomodativa. 9—50 13 14 22 ... 4 1 27 i í Estrabismo convergente lm-34 13 23 32 . . . 4 36 1 \ „ divergente . jAstenopia muscular 1 44 6 6 9 3 12 3 22— 1 1 1 s del tercer par.. J • „ del cuarto „ f „ del quinto „ 35—51 47— 37— 3 3 3 J 1 1 1 1 1 1 s v „ del sexto „ 94 47 2 2 4 4 ENFERMEDADES DE ü CARA. Antes de entrar en la descripción de las enfermedades in- cluidas en la estadística debo hacer constar que no son más que síntomas algunas de las indicadas, bien porque hayan sido obje- to de una consulta ó porque accidentalmente se haya querido anotar un fenómeno ocular curioso de una afección general. Tal sucede con los casos de madarosis, hipertroña de los senos fron- tales, equimosis palpebral, sinequias, etc. Número. Edad. Sexo. Baza. Profesión. Pausa. Nervios. Antigüedad. 1 40 H N su casa. D 0 años 2 40 Y B enfriamient. D reciente 3 35 V B D 5 dias 4 82 H B ateroma D 1 dia 5 75 H B D 6 50 Y B carpíoter° traumatism. I 7 54 V B escribient enfriamient" 1 1 dia PARALISIS FACIAL. Los siete enfermos de parálisis facial eran mayores de 35 años, la mayor parte blancos, y en casi igual proporción los dos sexos. 19 Con más frecuencia fué atacado el séptimo par derecho que el izquierdo, diferencia que tal vez sea casual. La causa más frecuente es un enfriamiento rápido. En algu- nos de estos casos se observó la parálisis en el momento de re- cibir el sujeto una corriente de aire frío en la cara. La observación 2 se refiere á un individuo que después de haber sufrido la dislaceración de la cápsula del cristalino, per- manecía en una habitación de un hotel separado de los demás salones por tabiques de 2.m altura. Al cuarto día después de una noche lluviosa y fría despertó con una parálisis del séptimo par derecho. No es menos notable la observación 7 de un señor que fué atacado de parálisis facial izquierda en el momento de salir de su cuarto y atravesar el patio una noche de luna. Los traumatismos son también causa de parálisis. El enfer- mo de la observación 6 era un carpintero que cayó de un anda- mio recibiendo el choque en la cabeza; tuvo pérdida de conoci- miento, se observaron trastornos de las facultades intelectuales, parálisis del tercero y séptimo par izquierdos, y dificultad de la palabra. Y en fin, eu la observación 4 por ateroma arterial se produ- jo durante el sueño una parálisis facial derecha de origen cen- tral, limitada á la rama inferior del nervio. El tratamiento consistió en los medios habituales; excitan- tes, electricidad. La mejoría se obtiene lentamente. NEURALGIA. DEL TRIGEMINO. En este lugar solo incluimos los casos de neuralgia primiti- va, esencial, reservándonos hablar más adelante de las subse- cuentes á iritis traumáticas (operatorias), y de las dependientes del glauco ma. Los seis casos observados se presentaron en individuos del sexo femenino y de edad adulta, de los cuales tres fueron blan- cos y tres mulatos. Ocupaban todas ó algunas de las ramas del nervio, y su intensidad varió desde un ligero dolor hasta sufri- mientos atroces. Duró en todas las enfermas más de siete días, fiu dos casos estaba la neuralgia limitada á la rama oftálmi- 20 ca, sin inyección ocular ni contracción de los músculos de la ca- ra. En los demás hubo tic, inyección vascular del globo, y foto- fobia, y en dos casos epiíora. Una vez hubo exacerbación marca- da por las noches.—En una mujer blanca que desde dos años antes padecía de neuralgia facial izquierda con diplopia pasajera, y que asistí por uu ataque ulterior, presentaba una parálisis del recto externo determinada por el ataque con desdoblamiento de las imágenes, tan incómoda, que para evitar el vértigo tenía que cubrir con una venda el ojo enfermo. El tratamiento fue variado y consistió en la mayor parte de los casos eu pomadas niorftuadas a:!a, inyecciones hipodér- micas de morfina; sulfato de quinina, y aconitina al interior; y revulsivos diversos. En ningúu caso se obtuvo mejoría rápida. Una de las neuralgias era doble, tres atacaron el lado dere- cho, y dos el izquierdo. Una de las enfermas era costurera, otra cocinera, una lavan- dera y tres hacían las labores de la casa. Meses en que fueron atacadas: Enero 3, Febrero 1, Marzo 1, Octubre 1. Respecto á la causa, en ningún caso quedó comprobada la naturaleza palúdica, pues todas resistieron al empleo de la qui- nina, y se presentaron además en los meses en que es menos frecuente el paludismo. ZONA OFTALMICO. De esta afección tan rara que sólo he observado un caso en- tre mil enfermos, daré la observación completa: M. G. (mira. 945) negro africano, campesino, de 60 años, fué atacado la noche del 1? de Junio de 1888 de fiebre con escalofríos y dolor violento en el lado izquierdo de la cabeza, y al día siguiente observó una erupción sobre el mismo lado de la frente. El cuarto día viuo á consultarme, y comprobé gru- pos irregulares de vesículas, que desde la línea media, donde son aglomeradas se extienden por la región frontal izquierda, la región superciliar, y parte del lado correspondiente de la nariz. La sien no ha sido atacada. La mayor parte de las vesículas estaban en período de desecación, recubiertas de espesas costras amarillentas, duras, algunas grandes, pero también se veían vesículas recientes, opalinas, pequeñas, aisladas. A la vez existía tumefacción de ambos párpados, particularmente del su- perior, pudiendo apenas entreabrirlos. Por parte de las membranas oculares una conjuntivitis intensa con quemosis y secreción purulenta. El dolor muy intenso al iniciarse la enfermedad se hizo tolerable al de- secarse las vesículas, aunque se exacerbaba á la presión. 21 La causa se atribuye al enfriamiento y la humedad quo habia en la ha- bitación del enfermo. No había recibido el menor traumatismo. La inflama- ción se extendía á todos los ramos de la oftálmica, particularmente á los ner- vios nasal y frontal. Trat.—Purgante. Un gramo diario de quinina. Una pomada de resor- ciona 0,50, vaselina 10 grs. para cubrir la erupción. Y para la complicación ocular, lociones emolientes y un colirio débil de atropina. A los once dias muchas de las costras han caido después de ponerse ne- gras, dejando al descubierto el dermis, y determinando una cicatriz aplastada, superficial. En el globo ocular, además de la conjuntivitis se ha presentado una queratitis con infiltración de la mitad inferior de la córnea. La atropina ha producido una dilatación irregular de la pupila por sinequias posteriores que denuncian otra nueva complicación: la iritis. A los dos meses la curación era completa no quedándole más que la ci- catrices de la piel, aplastadas, pequeñas, excepto una de mayore ¡ dimensio- nes que al caer la costra estaba convertida en úlcera. MADAROSIS. La pérdida total y definitiva de las pestañas y de las cejas no es una enfermedad sino solamente un síntoma de una afec- ción general: la lepra. Al ocuparnos de las manifestaciones oculares diatésicas ha- blaremos detenidamente de este particular. QUISTE DERMOIDEO DE LA CEJA. Se observó un solo caso, cougenito, eu una uiña de dos años?, situado en la cola de la ceja derecha. ERISIPELA DE LA CARA.—Observación. Núm. 718. Niña blanca, de 8 años, linfática, se quejó al volver de la es- cuela el 20 de septiembre de 1887 de picazón en O. D.—A la mañana siguien- te tenía fiebre elevada, con escalofríos y vómitos, que se repitieron al segun- do día y empezó á manifestarse tumefacción y rubicundez en la mitad dere- cha de la cara. El quinto día los párpados están muy abultados, violáceos, edematosos, dejan impresa la huella del dedo, y la tumefacción se extiende sin límites bien marcados hasta la región superciliar, la oreja, y el reborde de la mandí- bula inferior, y por el dorso de la nariz tiende á invadir el lado izquierdo. Hay infarto de los ganglios parotideos del lado derecho. El globo ocular se mantiene inmóvil, la pupila contraida, sensible á la luz, y tiene quemosis conjuntival en la mitad externa El séptimo dia la inflamación ha ganado en extensión: la frente y los pár- pados del ojo izquierdo, pero el punto que aparece ser el origen de la afección es la región del saco lacrimal derecho, donde se ha presentado una flictena. La niña está adinámica, su voz es nasal. El décimo dia la presión del saco hace aparecer en la nariz una gota de pus, y por ser aquella la región más dolorosa me inclino á pensar en una da- criocistitis aguda. 22 En los días siguientes aumenta la gravedad; el onceno tuvo un ataque de convulsiones; el décimo tercero día había postración, delirio, disfagia, piel ardiente. Pero después del segundo septenario se disiparon todos los fenómenos graves, y la enfermita entró en convalescencia. Durante todo el tiempo de enfermedad la fiebre fuó continua y la tempe- ratura osciló entre 38°5 y 40°2. De acuerdo con los Doctores Lebredo, Albertini y Porto se sostuvo el diagnóstico de erisipela de la cara. Un año después me hicieron notar sus padres un abnltamiento notable de la pared ó sea de los senos frontales y de los húesos propios de la nariz, que persistía por consecuencia de su enfermedad erisipelastosa. Este hecho me inclina á pensar en la misma cansa en un ta- baquero que vino á consultarme por una hipertrofia de los senos frontales para remediar la deformidad ENFEKMEbAbES DE EOS PARPADOS Las alecciones de los párpados han sido frecuentes y varia- das en el curso de esta estadística; representan el 9.29 pg de todas las enfermedades oculares. EQUIMOSIS. Una contusión del reborde orbitario determina á cierta dis- tancia un equimosis por ruptura de los delicados vasitos de la piel de los párpados. En uno de los casos inscritos un golpe en la cola de la ceja produjo un equimosis del párpado superior se- parado del punto contundido por más de un centímetro de piel sana. Este equimosis tuvo al principio un color violado oscuro, que después fué más claro con bordes amarillentos, los que ga- naron en extensión basta constituir el tinte general del equimo- sis, que desapareció gradualmente á los siete ú ocho días de evolución sin dejar señales. En un enfermito de 6 años un golpe en la cola de la ceja produjo además del equimosis un ptosis que duró varios dias. Las heridas y quemaduras de los párpados que aquí se in- dican no ofrecieron nada digno de notarse. Un individuo (núm. 769) en el Hospital Civil que padecía una caries del maxilar superior presentaba trayectos fistulosos en la mejilla y sobre ambos párpados. 24 EDEMA. Dos casos de edema palpebral fueron observados en muje- res blancas, jóvenes, linfáticas; en uno monocular con tumefac- ción y rubicundez que se extendía á la conjuntiva, pero sin su- puración de esta membrana, y que cedió al tratamiento emolien- te. El segundo caso es más curioso, no presentando la enferma más síntoma que el hinchamiento de los párpados inferiores con desaparición del surco oculo-nasal, sin cambio en la coloración de la piel. El edema es duro, no deja la huella del dedo. Orinas normales. Atribuyéndolo á la anemia, establecí un plan tónico reconstituyente. ECZEMA. Aunque limitado algunas veces á la región palpebral, siendo siempre atacado de preferencia el párpado inferior, se ha exten- dido otras á la mejilla y al labio. De forma vesicular generalmen- te fué sin embargo eritematoso en el caso 1, en que fué debido- á la acción irritante repetida de las lágrimas sobre la piel. A pesar del reducido número de observaciones llaman la atención como causa principal el linfatismo y la escrófula, y co- mo circunstancias en extremo favorables para su producción, la infancia, la pobreza, y la residencia en las ciudades, que trae consigo todas las malas condiciones higiénicas en las clases mal acomodadas. Pero el punto digno de ñjar la atención y de someterlo á la comprobación ulterior es la coexistencia del eczema y de la of- talmía pustulosa. La analogía clínica es completa. Del mismo modo que el ec- zema, la oftalmía pustulosa comienza por íiietenitas de la con- juntiva ó de la córnea, que se agrandan, y se transforman en pústulas y finalmente se ulceran. El abundante lagrimeo que por acción refieja determiua esta erupción impide que se formen costras y Vemos por el contrario, después de rota la vejiguilla una ulcerita superficial, limpia, que no tarda en convertirse en nubécula si está situada sobre la córnea. Esta erupción por consiguiente es idéntica á las erupciones de forma vesiculosa del eczema de la piel. Por lo tanto á esta oftalmía convendría llamarla, caso de comprobarse la identidad, eczema ocular, palabras que indican su sitio y naturaleza. Al ocuparnos de las enfermedades de la conjuntiva hablare- mos detenidamente de la oftalmía pustulosa, hasta hoy con- siderada como una enfermedad especial, dependiente según mu- chos autores del linfatismo y de la escrófula, y según otras opi- niones respetables en nada ligada ála constitución de los sujetos. Como hecho curioso debe notarse que no se presentó nin- gún caso en los niños de la raza negra. 25 k -t SEXO. i *4 CS3 Pí EDAD. CONSTITUCIÓN CONDICIÓN SOCIAL. residen - CIA. ENFERMEDADES CON- COMITANTES. 1 H B 64 pobre campo Epifora 2 Y M 5 linfático pobre campo 3 H B 8 m. linfática pobre ciudad Oftalmía pustulosa 4 Y B 3 linfático pobre ciudad V 5 Y B 30 linfático rico campo Oftalmía catarral 6 H B 2 linfática pobre ciudad „ pustulosa 7 H B 1 linfática pobre ciudad V )> 8 V B 2 escrofuloso pobre ciudad V >> 26 XANTE LAMAS. Según Duhring el xantelasma es un neoplasma constituido por mallas de tejido conjuntivo envolviendo islotes de células grasas. OBS SEXO RAZA EDAD SITIO DEL XANT. SU NÚMERO. PÁRPADO ATACADO PROFESIÓN. 1 y B 38 Ang. int. párps. 1 simétrico ambos sps. Hacendado 2 H B 40 Ang. int. 3, los supers. simétricos. 2 Mips. 1 infer. ci inf. en 0. I. Costurera 3 V B 48 Ang. int. párp. Uno sup. izq. Fotógrafo 4 H B 55 Ang. int. párps. 3, los supers. simétricos ambos sups el inf. 0. D. Su casa 5 V B 55 Ang. int. párps. Tres arabos de 0. D, Jornalero 6 V B 38 Ang. int. párps. 1 simétrico arabs. párps sups Médico 27 Un 6 por 1000 de los enfermos de la estadística consultaron por esta enfermedad de la piel. Aunque puede observarse, en di- versas regiones, su sitio de elección son los párpados en los que únicamente la he observado. Se desarrolla primitiva y constante- mente en el ángulo interno de los párpados sobre la línea vertical que pasa por la carúncula lacrimal; de ordinario principia en un párpado superior y simultáneamente ó con un intervalo de tiem- po variable aparece otra mancha idéntica y simétricamente si- tuada en el párpado superior del lado opuesto. Se presentan lue- go del mismo modo en los párpados inferiores, siempre en la prolongación de la misma línea. En su origen no son estos tumorcitos más que uu punto amarillo, que lentamente adquiere mayores dimensiones, hasta convertirse en una mancha amarilla anaraujada, lisa, formando ligero relieve, oval, con su eje mayor horizontal; la de la obser- vación I tenía, 0m02 de largo por más de 0m01 de alto. En la ob- servación 5 había dos de estos tumorcitos en la extremidad in- terna del párpado superior. Cuando ya el xantelasma ha adquirido cierto desarrollo en los párpados superiores aparece en los inferiores, donde en to- dos los casos ha conservado menores dimensiones. Se presentó con más frecuencia en los hombres que en las mujeres, pero siempre en individuos de U raza blanca, de los 38 años en adelante, así es que esta enfermedad puede considerarse como precursora de la vejez. Las profesiones variadas de estos enfermos indican que nin- guna influencia ejercen en el desarrollo de la enfermedad. El xantelasma se presenta en individuos que gozan de bue- na salud habitual. Sólo el sujeto de la obs. 4 había padecido de ictericia. PAPILOMA. Un mulato de 14 años consultó por un papiloma del párpa- do superior izquierdo, situado á 0m003 del borde libre, y consti- tuido por un tumorcito pediculado cuyo vértice terminaba por varias papilas distintas y agrupadas. 28 MÍLLET. Afección rara, observada en de los enfermos, y que se presentó en una anciana blanca, bajo forma de un granito redon- deado, gris y algo translúcido, de unos 0m003 de diámetro, y si- tuado junto al borde ciliar del párpado interior. EPITELIOMA. Un solo caso, en un individuo de 50 años, que se presentó con un tumor ulcerado en la región malar izquierda, extendién- dose hasta el borde palpebral. Empezó dos años antes, según di- ce, por una descamación del epidermis. Actualmente es una tu- mefacción aplanada, dura en la base, ulcerada en el centro y cu- bierta por una costra rojoscura. CHALAZION. Este tumrcitó que se asienta sobre el tarso cerca del borde ciliar lo he observado tanto en el párpado superior como en el inferior, bien en el ojo derecho ó en el izquierdo. Al principio se presenta con rubicundez de la piel, pero luego ésta toma su as- pecto normal aunque el granuloma continúe adquiriendo mayo- res dimensiones. En los cinco casos que observé, siempre se produjo después de la pubertad, por lo que debe considerarse como una afección de la edad adulta. Se presenta indistintamente en ambos sexos. De estos enfermos dos eran blancos, dos negros y uno mulato. Los casos son reducidos para considerarlo como muy raro en los chinos. ORZUELO. De esta afección, una de las más comunes de los párpados, solamente he anotado aquellas que fueron objeto de una consul- ta, y no los numerosos casos que se ven en el círculo de las amistades. 29 NÚM° SEXO RAZA EDAD PROFESIÓN PÁRPADO ATACADO 1 H B 20 iuferior O. D. 2 y B 25 labrador 3 y B 50 superior „ 4 V B 15 dependiente inferior „ 5 V B 12 superior „ 6 y B 45 labrador 7 H M 20 costurera inferior „ 8 V M 33 barbero „ 0. I. 9 y B 30 médico superior „ 10 y B 25 mecánico V V Desde luego llaman la atención su mayor frecuencia en los varones de raza blanca, en el período de la pubertad y en la edad adulta. Es más frecuente en los párpados de O. D. BLEFARITIS. Esta es la afección más común de los párpados, y represen- ta un 45 por 1000 de todas las enfermedades oculares. La blefaritis comienza por tumefacción del borde palpebral que adquiere cierto grado de rubicundez, provoca picazón y de- termina la producción de escamitas tinas más ó menos abundan- tes. Esta es la forma llamada pitiriasica. blancos. MULATOS. EDADES. y. H. V. H. Hasta 15 15 á 50 Mas de 60 29 14 2 16 16 13 A menudo coincide con esta descamación epidérmica la apa- rición de íiictenitas en la base de las pestañas, que á los 2 ó 3 días de formadas se ulceran, y recubren de costras pequeñas 30 que aglutinan las pestañas. Estas caen, cuando la inflamación se extiende al bulbo, y en este período el borde ciliar se presenta engrosado y rojizo, reproduciéndose las ulceraciones durante mucho tiempo á pesar de los tratamientos más variados. Esta es la forma ulcerosa. Se presenta casi constantemente en los párpados de ambos ojos, y como es una afección crónica se complica con frecuencia de conjuntivitis, y determina alguna vez el ectropión del párpa- do inferior. Ni una sola vez he observado esta enfermedad en los chinos ni en los negros, y muy rara vez en los mulatos, mientras que á la raza blanca corresponden 43 de las 45 observaciones recoji- das. Se encuentra en todos los periodos de la vida, pero es un poco más frecuente en la infancia. Algunas veces coincide con manifestaciones eczematosas, la escrófula, la anemia, la astenopía, y la estrechez del canal nasal. Los individuos atacados ejercían las profesiones más varia- das, de tal modo que me inclino á pensar que estas ejercen es- casa influencia en la producción de la enfermedad; siu embargo es probable que los trabajos de aplicación á objetos pequeños entretengan su marcha. TRIQUIASIS. La desviación de las pestañas no es una afección primitiva sino complicación de otras enfermedades, generalmente las gra- nulaciones que en su período cicatricial deforman el tarso iucur- vándola hacia adentro. En uno de estos casos la causa del triquiasis fue una blefa- ritis crónica. Una vez constituido el triquiasis es causa de pamus y atro- tia de la córnea con pérdida de la vista; es, pues, una afección grave en cuanto al porvenir del ojo. ENTKOPION. La induración hacia adentro de los párpados es una com- 31 plicación de las granulaciones de la conjuntiva que es su causa más común, la cual se retrae en su periodo cicatricial deforman- do el tarso. ECTROPION. Afección bastante frecuente, pues representa el 15 por 1000 de las enfermedades oculares. Ataca á los dos sexos, y aunque estas observaciones corres- ponden casi exclusivamente al masculino, debe ser una diferen- cia casual, pues las causas de esta enfermedad pueden presen- tarse con igual frecuencia en las mujeres. Todas las razas padecen el ectropion. Ninguno de estos ca- sos se presentó en la infancia. Tanto el entropion como el ectropion son complicaciones graves, el primero por el rozamiento que el borde libre produce sobre la córnea, ulcerándola y destruyéndola, y el segundo por que no sirve ya el párpado á la misma de abrigo contra ios agentes exteriores que también mecáuimente la ulceran y son causa de leucomas, que acaban por comprometer la vista. Estas dos afecciones requieren un tratamiento quirúrgico del que hablaremos al ocuparnos de las operaciones. Nüm. Sexo Raza Edad SITIO CAUSA 1 H N 40 párp. inf. dcho parálisis del 7o par 2 H B 60 ambos ps. infs Seuectud 3 Y B 28 Blefaritis 4 Y B 30 párp. inf. izqdo cicatriz de lupus en la mejilla 5 V B 80 ambos ps. inf. Senectud-Blefaritis 6 Y N 17 párp. sup. izq. hipertrofia conjuntiva 7 Y N 20 párp. inf. izqdo cicatriz en la reg. malar 8 H N 40 ambos ps. infs. atonía del orbicular 9 V B 57 ambos ps. infs. Blefaritis 10 Y B 50 pájp. inf. izqdo. Epitelioma del p. y reg. mal, 11 V Ch 40 ambos ps. infs. Lepra anestésica 12 Y Ch 57 ambos ps. infs. Id. id. 13 V M 50 ambos ps. infs. Id. id. 14 V Ch 40 párp. inf. izqdo Id. id. 15 Y N 79 ambos ps. infs. Senectud 32 La causa es variada en los casos de esta estadística. La pa- rálisis del 7o par, las cicatrices de la piel vecina á los párpados y la senectud fueron causas frecuentes. El caso observado de atonía del orbicular debe considerarse de la variedad senil, por más que se tratase de un adulto. La blefaritis ciliar es también causa del ectropion. El enfer- mo de la observación 7 padecía una blefaritis crónica ulcerosa, con notable engrasamiento del borde libre, que había perdido sus pestañas. La afección primitiva no tarda en convertirse en en blefaro-conjuntivitis que puede determinar una subluxación del tarso, y que produce un lagrimeo abundante que por acción mecánica contribuye á desviar el párpado del globo ocular. La lepra es también causa de ectropion. En esta enfermedad es debido á una retracción profunda del dermis, cuyos elemen- tos sou atacados por la lepra sin cambio aparente de la piel. Y creo que es debido á esta alteración morbosa y no á la atonía del orbicular, porque no se manifiesta en grado igual en toda la e xtensión del párpado, sino que puede quedar limitado á la mi- tad interna ó externa (interna en la obs. 14) del mismo modo que se observa en los de origen cicatricial. El uso prolongado del vendaje compresivo en los viejos, des- pués de la operación de la catarata, determina una ligera ever- sión del párpado inferior en su mitad nasal. ESPASMO DEL ORBICULAR. En uno de estos casos, una anciana, existía un blefarospas- mo de tres años, por contractura del 7o par izquierdo.—La con- tracción no era continua; la enferma podía abrir los párpados y mantener la cara en reposo por un momento; pero en seguida sobrevenían por sacudidas violentas contracciones de toda la mitad izquierda. Otro de los enfermos, un mulato de 48 años, jornalero en almacenes de azúcares, consultó por un espasmo tónico del or- bicular con fotofobia, fenómenos que atribuía á haberle cuido miel en los ojos. Después de un examen prolijo no se encontró lesión alguna, y no habiendo vuelto el enfermo á la consulta nunca llegamos á conocer la causa de su blefarospasmo. 33 PTOSIS. Un niño de 8 años presentaba un ptosis izquierdo, incompleto y congénito, debido probablemente á falta de desarrollo del músculo elevador del párpado; otro caso de ligero ptosis tam. bien izquierdo en un hombre de 50 años que sufría de conjunti- vitis crónica; un tercer enfermo padecía una parálisis del párpa- do superior izquierdo producida á frigore hace más de 26 años y contra la cual fueron impotentes los tratamientos médicos más variados á que se sometió en Barcelona y Montpellier; y en fin, el último era un ptosis consecutivo á una contusión de la cola de la ceja, y que se disipó á los pocos días. He conocido á una persona que tenía ptosis congónitos in- completos y en igual grado, en ambos ojos, anomalía que le obligaba á mantener la cabeza dirigida atrás para suplir la ac- ción del elevador del párpado y poder dirigir la mirada hacia adelante. ANQUILO-BLEFARON. La anquilosis palpebral comprendía la mitad interna de los párpados del ojo izquierdo, y era de origen cicatricial á conse- cuencia de una quemadura que sufrió con hierro fundido. SIMBLEFARON. Tin negro recibió hace diez años en campaña un fogonazo en la cara que le produjo lesiones que actualmente se reconocen en el siguiente estado: adherencia de la parte media del párpado superior derecho al globo ocular en conjuntiva y mitad superior de la córnea. El bulbo está saliente y atrofiado, midiendo solo de unos 0ni006 á 0m007 de diámetro. La porción de conjuntiva que permanece constantemente al descubierto ha tomado color negro por la abundancia de pigmento que le da el aspecto de la piel, cuya transformación ha experimentado. El segundo caso de simblefaron fué también un accidente de arma de fuego, un disparo á boca de jarro de una escopeta cargada con municiones. El enfermo presentaba grandes adhe- rencias entre el párpado superior izquierdo y la córnea; el pár- 34 pado además está hendido en su parte media y rechaza hacia afuera su porción externa dejando al descubierto una ancha car- nosidad conjuntival que deja escapar una supuración profunda que provenía de un secuestro que extraje así como varias muni- ciones perdidas en el fondo de la órbita, operación que sirvió á la vez para desprender el párpado de sus adherencias al globo. EPICANTUS. No es raro observar cierto grado de epicantus en los niños, anomalía que desaparece por el desenvolvimiento de los huesos de la nariz. El único caso inscrito de epicantus bien desarrollado, se complicaba de ptosis del O. I. y estrabismo convergente. No de- be por consiguiente admitirse como causa del epicantus una le- sión del tercer par, sino más bien falta de desarrollo en diversas regiones, que en este caso son los huesos propios de la nariz, en el elevado del párpado y en el músculo recto externo de un ojo. AFECCIONES DEt APARATO LACRIMAL. Se observaron con bastante frecuencia, aunque no alcanzan la cifra de 4 p§ que vemos en una estadística del Dr. Gale- zowski. De todas las afecciones lacrimales la más común es la es- trechez del canal nasal, que es más frecuente que todas las otras reunidas. QUISTE DE LA GLANDULA. Una mujer de 40 años (1) me consultó por una exoftalmia del O. D. pro- ducida por un cumor voluminoso situado en el ángulo supero-externo déla órbita. El globo estaba rechazado hácia abajo y adentro, casi fuera de la ca- vidad orbitaria, y su diámetro transversal se extendía á OmOl por debajo del de su congenere lo que daba á la fisonomía de la enferma un aspecto extraño y repulsivo. El párpado superior estaba flacido y sin arrugas; la oclusión pal- pebral era incompleta, habiéndose originado por este estado una conjuntivi- tis crónica. A la palpación se descubre en la región de la glándula lacrimal, un tu- mor liso, bastante duro, elástico y resistente, algo movible é insen- sible á la presión. Este tumor parece extenderse profundamente sin que se puedan precisar sus límites en dicha dirección, y debe presentar con las par- tes vecinas adherencias fáciles de vencer. El oftalmoscopio comprueba una neuro-retinitis poco intensa, que ha reducido Y—lj5. La enferma notó este tumor hace cinco años, y dice que su marcha ha sido indolente y progre- siva. Después de extirpado se vió que era alargado de delante atrás en la aireccióu de la pared orbitaria; su volumen era tres veces mayor que el globo, y se componía de un saco grueso con (1) Revista de Ciencias Médicas.—Reuceil d’ ophthalmológie 1885. 36 la superficie interna lisa, y contenía una sustancia granulosa se. bácea. Ocupaba la posición de la glándula lacrimal que había desaparecido. DACRIOCISTITIS. La casi totalidad de las dacriocistitis inscritas en esta estadís- tica se presentaron en individuos hembras de edad adulta. Tal vez el linfatismo juegue algún papel en su producción, pues casi todas estas mujeres eran de constitución delicada, particular- mente la joven de la observación 3 que padecía del mal de Pott.. NUM- SEXO un EDAD LADO FORMA PROFESION CAUSA 1 H B 47 D crónica profesora estrechez c. nasal 2 H M 29 I lavandera 3 H B 17 I aguda 4 V B 35 ambos crónica cocinero estrechez c. nasal 5 H B 40 aguda su casa 6 H M 55 D crónica cocinera 7 H B 28 I lavandera 8 H B 10 D mucocel. estudiante estrechez c. nasal 9 H M 10 D crónica ?; 10 Y N 40 1) mucocel. labrador v ?? 11 Y N 00 D V 12 H M 35 D crónica planchad. V V 13 Y B 35 ambos •n cocinera ?? En cuanto á las razas es de notarse que no se observó un solo caso en los chinos, presentándose casi en igual proporción en los blancos y los mulatos. No creo que la nariz ancha y roma sea una circunstancia avorable al desarrollo de la dacriocistitis, como piensan distin- guidos . profesores, pues en este caso sería más frecuente en los niños, lo que está muy lejos de ser cierto; y viene á confirmar mi opinión el no observarse ó ser por lo menos muy rara en la raza negra, uno de cuyos caractéres propios es presentar la nariz ancha y aplastada» Hemos observado esta enfermedad tanto'en el lado derecho 37 como en el izquierdo, ó en ambos á la vez, sin que en los pocos casos á que me refiero pueda creérsela más frecuente en uno de los lados. Ordinariamente empieza esta afección bajo la forma crónica de marcha muy lenta, á veces intermitente, como en la observa- ción 1 que decía haber notado que todos los inviernos le salía materia por el punto lacrimal. Al principio no forma tumor el saco, pero cuando es más abundante la supuración se observa una tumefacción redondeada, sin alteración de la piel, y que el enfermo hace desaparecer por la presión que evacúa un pus es- peso, blanco, bien por los puntos lacrimales, ó por el conducto nasal. Si en el curso de la forma crónica, ó de repente, es atacado el enfermo de coriza ó catarro de las vías lacrimales inferiores, el pus queda retenido en el saco, que se distiende, la inflama- ción gana los tejidos vecinos, la piel se pone roja y luciente; sien- te el enfermo malestar general, y tensión dolorosa en el punto afecto, y queda constituida la forma aguda, que ordinariamente termina por la perforación de la pared anterior del saco, del te- jido celular y de la piel y por el establecimiento de una fístula. Estos casos por mí observados no son los más á propósito para confirmar que la causa única de la dacriocistitis son las estrecheces del canal nasal. Solo en dos enfermos quedó bien establecida la existencia de una estrechez notable; en los demás después de la incisión del punto lacrimal pasaron sin diñeultad las sondas olivares números 3 y 4, En cambio, parecen más propensos á padecer la enferme- dad los cocineros y lavanderas, oficios que exponen á los cata- rros de las mucosas, bien sea por los cambios bruscos de tempe- ratura, ó por la permanencia prolongada en lugares húmedos. Indudablemente que un estrechamiento del conducto nasal es una circunstancia favorable para ser obstruido por una tume- íacción catarral de la mucosa aunque sea de mediana intensidad. En el mismo sentido obra el coriza propagando la inflamación á las vías lacrimales. El tratamiento que acostumbro á seguir contra la dacriocis- titis consiste en la incisión del conducto lacrimal inferior practi- 38 cada en la mayor extensión posible, la introducción de una sonda de mediano calibre para cerciorarme del estado del canal nasal, y la cura con lavados astringentes. Acostumbro á pasar la sonda el segundo ó tercer día des. pues de hecha la incisión. Al cuarto día empiezo las inyecciones repetidas diariamente con la jeringuilla de Anel de una solución astringente, generalmente el sulfato de zinc al 3 p.g El resulta- do de estas inyecciones es muy favorable. A las 15 ó 20 sesiones se modiñca la superficie interna del saco suprimiéndose toda supuración. Como accideute puede presentarse edema de la cara por la infiltración de parte del líquido en el tejido celular del párpado si las inyecciones no se practican cuidadosamente. ESTRECHEZ DEL CANAL NASAL. Las estrecheces del canal nasal, la dacriocistitis, y la fístula lacrimal, son afecciones tan íntimamente ligadas que pueden considerarse como tres períodos de la misma enfermedad. Núm. Sexo. Raza Edad Profesión. Lado afecto Complicaciones Causa 1 H B 60 su casa I epifora 2 H B 55 su casa 1) epifora 3 H B 10 estudiante D mucocele sarampión 4 H M 10 D dacrio. eró . . . _ ........ 5 V N 40 labrador D mucocele 6 Y N 60 D 7 H B 18 estudiante I epif-fístula 8 H B 33 su casa I epif-ectrop 9 H B 40 V ambos eonjuntivit 10 V B 53 talabartero I blef. conj. 11 H M 35 planchad. D dacrio. eró. 12 H B 47 profesora D ectrop epif 13 H M 3 ambos dacrio. físt. varicela 14 H N 28 costurera I fístulas 15 Y B 32 comercio ambos blef. conj. 16 Y B 32 vend. amb. 17 V B 35 cocinero dacriocisti. viruela 18 Y B 45 artesano I fístula sifilítico 19 V B 30 tabaquero I epifora 39 Un catarro crónico de la mucosa nasal, que se propaga á las vías lacrimales, las fiebres eruptivas, como parecen indicarlo algunas observaciones, tal vez la sífilis, y en fin cualquiera otra causa no conocida, puede determinar la formación de una estre- chez del canal nasal, ó excepcionalmente del conducto lacrimal como sucedió en la observación 2. Durante este período que puede prolongarse muchos años se manifiesta la enfermedad por la retención de lágrimas en la hendidura palpebral, con el enturbamiento consiguiente de la vista, que obliga al enfermo á llevar continuamente el pañuelo á sus oíos para secarlos. Este fenómeno desagradable aumenta cuando los ojos están expuestos á un viento frío, al sol, ó el pa- ciente permanece en habitaciones cerradas donde se fume ó ha- ya luces artificiales, y siempre que experimenta alguna emoción. Las lágrimas por acción mecánica rechazan el párpado infe- rior constituyendo cierto grado de ectropion, y por la continua irritación una blefaro-conjuntivitis crónica y rebelde mientras no se combate la causa. Más ó menos tarde el saco distendido reacciona inflamándose y queda establecida la dacriocistitis bajo la forma aguda ó cróni- ca, según sea la brusquedad de la inaüamación. Ordinariamente es la forma crónica, y hasta creo que siempre precede cierto grado de supuración á la inflamación aguda. Y en fin, la fístula no es más que la consecuencia de la ro- tura expontánea del saco y de la piel en los casos de dacriocisti- tis aguda. La forma aguda tiene los caractéres de un acceso; la crónica se reconoce porque la presión del tumor más ó menos grande del saco hace salir muco-pus, bien sea por los puntos lacrimales ó vaciándolo en la nariz. La fístula se reconoce por la salida de lágrimas ó del líqui- do de una inyección á través de una pequeña abertura situada en la cara anterior del saco. Las estrecheces del canal nasal se han presentado en esta estadística desde los 10 años en adelante, ataca indistintamente el conducto derecho ó el izquierdo, ó ambos á la vez. La estre- chez generalmente única, se forma casi constantemente en el 40 extremo superior del canal nasal, pero en algunos casos como en la observación 2 había dos estrecheces en el conducto lacri- mal; una en su parte media, y la otra al desembocar en el saco. Su frecuencia es casi igual en ambos sexos, y en las razas blanca y de color; pero no he visto un solo caso en los chinos, lo que bien pudiera ser casual. Las profesiones de estos enfermos fueron tan variadas, que no se nota en ellos una circunstancia común que juzgar como causa de la enfermedad. El tratamiento que empleo para combatir las estrecheces es el cateterismo, previa dilatación del conducto lacrimal inferior. Desde el tercer dia empiezo á pasar sondas olivares de Gale- zowski desde el número 2 ó 3 hasta el 4; rara vez llego al 6.— Este número es demasiado grueso; para penetrar comprime la mucosa que se distiende nuevamente al retirarlo, y si desde las primeras sesiones se emplea un número alto pueden producirse desgarraduras de la mucosa, que llega á obstruir la luz del con- ducto.—Las sondas número 3 y 4 que son las que generalmente uso se pasan en días alternos ó todos los días y se retiran inme- diatamente, por considerar inútil su permanencia en el conducto durante 15 ó 20 minutos, según aconsejan muchos profesores. Cuando se trata de una estrechez simplemente, sin dacrio- cistitis, deben espaciarse las sesiones de cateterismo á medida que se note la mejoría hasta cesarlo al cabo de un mes ó mes y medio. Sin embargo, rara vez se obtiene la curación radical. FISTULA LACRIMAL. Al hablar de las estrecheces queda hecha mención de los cuatro casos de fístulas. La fístula es la terminación del abceso del saco que se abre paso expontáneamente á través de la piel. Para hacerlas desaparecer bastó restablecer las vías normales mediante el cateterismo. EPIFOEA. Acabamos de ver que este es un síntoma constante de las estrecheces de las vías lacrimales. Ahora sólo hago mención de dos casos en que había hiper- 41 secreción de la glándula. Uno en un tabaquero, debido á la ac- ción irritante de la planta; y el otro como fenómeno de oftalmia simpática, con percepción de moscas volantes y enturbiamiento del humor vitreo de O. D. fenómenos debidos á un .leucoma ad- herente de O. I. que en su origen trató de combatirse con ex- tracto de Saturno, consiguiendo solo formar una capa de plomo sobre la córnea ulcerada. El lagrimeo obedecía á la irritación provocada por el cuerpo extraño. Más adelante veremos que este síntoma acompaña á todas las inflamaciones de las membranas externas de los ojos, á las neuralgias del quinto par, parálisis del séptimo y á algunas otras enfermedades. afecciones del globo ocular* En este grupo se comprenden enfermedades que interesan todo el globo ó una parte, como sucede con las lesiones traumá- ticas que pueden determinar lesiones más ó menos interesando una ó varias membranas, y los tumores que si bien son limitados al principio invadeu luego la totalidad del globo ocular. CONMOCION. He inscrito bajo el nombre de conmoción del globo la obser- vación de una señora adulta, miope de 12 dioptrías, que recibió una contusión en la región malar izquierda, que produjo enturbia- miento en el humor vitreo del ojo de dicho lado; la papila y los vasos de la retina se veían confusos, y sentía un dolor vago en el globo ocular. El segundo caso era una anciana que fué atropellada por un coche y que presentaba también un enturbiamiento del humor vitreo con disminución de la vista. En los días siguientes al trau- matismo Y. mejoró expontáneamente, sin que deba atribuirse- ninguna acción al ioduro que la enferma venía tomando. HERIDAS. Las heridas del globo ocular se observan casi exclusivamen- te en los varones, lo que que se explica por las imprudencias en la niñez y en la edad adulta por el peligro de ser heridos á que están expuestos los ojos en muchas profesiones. Así, en este cua- dro figuran entre los cuerpos extraños pedazos de bronce ó hierro en herreros y mecánicos, fogonazo de escopeta en un cazador, gol- pe con un clavo en un carpintero, etc., de modo que se puede decir que la mayor parte de las heridas del globo son accidentes profesionales. 43 44 Nüm Seio Raía Edad PROFESION OJO SITIO. SUSTANCIA. COMPLICACIONES. RESULTADO. 1 V B 20 mecánico I cornea y escler. pedazo de bron. irido-coroiditis desconocido 2 Y B 19 herrero I V 0. I. destruido. idem de hierro panoftalmia atrofia bulbo 3 Y B 38 comercio ambos 0 D secc n. ópt arma de fuego (suicidio) atrof. n. óptico amaurosis 4 H M 57 su casa ambos borde sup. cor. trauma, operat” irido-coroiditis amaurosis 0. D. 5 Y B 5 V I ruptura cornea pedazo porcela. curación 6 V B 56 V I borde sup. cor. trauma, operat0 iritis curac. Y< n. 7 V B 30 jornalero D cornea y conjva carbón piedra irido-coroiditis atrofia bulbo 8 Y B 21 labrador D ruptura cornea bastonazo catarata-traumát. curación 9 V B 30 I ruptura escleró. fdgzo. escopeta irido-coroiditis atrofia bulbo 10 V B 55 carpintero D ruptura cornea un clavo V V >> 11 V Ch 45 labrador D V V pedazo hueso ?? >> J) 12 V N * 9 D 1 V » coz de caballo Jt V >> 45 Estas lesiones se observan tanto sobre 0. I. como sobre 0. D.; ordinariamente son rupturas de la córnea, verticales ú ho- rizontales, rectas ó curvas, de extensión variable, pudiendo estar comprendidas en la córnea ó extenderse á la esclerótica intere- sando la región ciliar. Estas heridas del globo por choque directo son graves, aun cuando no siempre haya penetración del cuerpo extraño. La irido-coroiditis es la complicación habitual, de forma grave, que termina ordinariamente por la atrofia del bulbo. Sólo en los ca- sos de ruptura simple de la córnea debe confiarse en la curación con vista más ó menos defectuosa. El tratamiento de estas heridas requiere ante todo, la ex- tracción del cuerpo extraño, si quedó alojado en el globo; la ex- cisión del iris en los casos tan frecuentes de hernia; la limpieza de la herida con soluciones antisépticas, el uso de los midriáti- cos ó mioticos, según las indicaciones de cada caso, y el empleo de los antiflogísticos contra la reacción inflamatoria. QUEMADURAS. De estas quemaduras que eran todas superficiales, limitadas á la conjuntiva y la córnea, una sola íuó producida por un cuer- po en ignición, (partículas de carbón), en una cocinera que pre- sentaba destruida una porción de la conjuntiva bulbar, y un punto quemado de la córnea, lesiones que fueron causa de foto- fobia, lagrimeo, dolor, y contracción de la pupila del 0. I. que fué el atacado. Produjeron las quemaduras de los otros enfermos sustancias cáusticas. En tres, dos albañiles y un dependiente de comercio, la cal viva, que da lugar á descamación del epitelio de la córnea y á una conjuntivitis intensa, con fotofobia, dolor, y supuración. Y en fin, el quinto caso fué debido á una cauterización im- prudente que se hizo con el crayón de nitrato de plata puro en la conjuntiva de una joven que padecía de oftalmía flictenular. Al dia siguiente la conjuntiva palpebral estaba tumefacta, roja, con porciones de membranas espesas, amarillentas, de forma irregular, esparcidas en la mucosa, y adheridas á ella, de tal mo- 46 do que no podían desprenderse con un trapo, que por el frote hacía sangrar fácilmente á la mucosa. El aspecto de esta afección es el de la conjuntivitis crupal. Se quejaba de dolor, fotofobia y lagrimeo. A los dos días las membranas se desprendían con faci- lidad y se calmó todo este aparato inflamatorio. TUMORES. Dos casos de epitelioma, situados ambos á la vez sobre la córnea y la conjuntiva. Uno sobre O. I. de un campesino de 54 años, fué producido por traumatismo con una astilla de madera, y siguió una marcha progresiva. El segundo caso en un cochero de 01 años, es notable- estaba situado en la región externa de la esclerótica y en parte sobre la córnea, teniendo un diámetro mayor que el de esta última membrana. Su aspecto era fungoso, con desigualdades en la superficie, los bordes blanquecinos, ul- cerado en el centro; la córnea estaba turbia en una zona de 0m003 alrededor del tumor: la conjuntiva palpebral vecina tenía un color violado sospechoso. Había infar- to de los ganglios parotideos, y la piel del enfermo tenía color amarillo pajizo. Cuan- do lo examiné, su enfermedad llevaba ocho meses de marcha invasora, y le ha- cía sufrir continuos dolores. El tumor pa- rece haber principiado en la región ciliar á la que corresponde su centro ulcerado y desde allí se ha extendido hasta adquirir sus actuales dimen- siones. No quedó precisada la naturaleza del tumor de la observa- ción 3, una negra cocinera de 52 años. Inscripción 559. “O D. Tumor intraocular, blanco irregular, piramidal, cuyo vértice se termina en la pupila; da á la luz un reflejo brillante, y se dilata hacia el fondo del ojo. La pupila parece desviada y con un no- table ensanchamiento supero-interno, sin que á pesar de esta di- latación pueda examinarse el fondo del ojo. No existe cristalino. El globo conserva su forma. T, > n, V=0.” En otra negra, cocinera, de 69 años, existía un tumor pro- Cáncer de O. D. Hombre de 61 años. 47 fundo dentro de O. I. que sólo permitía ver en el campo pupilar su vértice angular. T=n; V=0. Entre los tumores del globo hemos incluido los tubérculos leprosos, con cuya manifestación he inscrito dos enfermos. Una mujer de 34 años atacada de lepra tuberculosa franca, y reclui- da por esta enfermedad en el Hospital de San Lázaro, presenta- ba sobre 0. I. un tubérculo grueso, blanquecino, situado en la extremidad del radio infero-externo, cabalgando sobre el borde esclero-corneal; su volumen era el de un guisante que estuviese aplastado por un lado. Por la córnea se extendía una zona de 0m002 de una infiltración blanquecina en las láminas propias de la membrana.—V=0 Estetubérculo apareció sin provocar apenas más que una reacción local poco marcada, y fue ganando lenta- mente en extensión; al cabo de un año tenía color rojo, vivo, y mayor tamaño que un garbanzo, de forma redondeada y saliente casi pediculado, de modo que imposibilita á la enferma cerrar completamente los párpados. Desarrollo del tubérculo leproso, en un ano El segundo caso se observó también en el Hospital de San Lázaro en un chino de 45 años, atacado de lepra tuberculosa, presentaba dos gruesos tubérculos simétricos en la porción infe- ro-externas de ambas córneas. Se presentaban bajo forma de gruesas carnosidades recubiertas por la conjuntiva, sobre cuya membrana también se extienden; abrazan los cuatro quintos in- feriores de cada córnea, estando más desarrollado el tubérculo de 0. I. que sólo deja libre por arriba una pequeña zona de la córnea V=0. 48 En 0. D. el tubérculo se extiende también por la esclerótica, y deja transparente la córnea sobre mayor extensión, pero limi- tada la afección por una zona de opacidad blanco turbia seme- jante por su coloración á la cabeza de un pterygion. V=p. lum. Estos dos tubérculos se hallan en un período de desarrollo más avanzado que el de la observación precedente, tienen la superfi- cie irregular, recubierta de vasos de nueva formación, que san- gran con facilidad y son completamente insensibles así como to- da la región ocular, de tal manera que las moscas se posan so- bre la córnea sin provocar reflejo y sin que el enfermo tenga con- ciencia de ello. Me he ocupado extensamente de las manifestaciones ocula- res de la lepra que son en extremo interesantes, en un artículo publicado en los Archives of Ophtalmology, de New York, en 1889. EXOFTALMIA. La exoftalmia es un síntoma secundario, dependiente de lesiones locales ó generales. Cuando es monocular obedece á al- guna afección de las regiones vecinas, como fué el caso de la observación 1 en que un quiste voluminoso de la glándula lacri- mal, había rechazado el globo abajo y adentro, según se expuso al tratar de las afecciones de aquel órgano. Num. Sexo Raza Edad OJO CAUSA COMPLICACIONES 1 H B 40 ‘ D - quiste de la órb neuro-retinitis 2 Y N 85 ambos desconocida opac. cornea y crist. 3 Y B 50 ambos ataxia ? glaucoma 4 Y B 45 ambos exost. max. sup 5 V Ch 59 ambos bocio úlceras cornea Pero una lesión local puede también determinar una exof- talmia doble, ejemplo la observación 4 cuyo enfermo padecía un exostosis considerable de las apófisis ascendentes de los maxila- res superiores que casi habían borrado la nariz á la vez que los globos oculares se veían rechazados hacia afuera, dando este 49 conjunto á la cara del enfermo el aspecto de la cabeza del sapo. Las fosas nasales estaban obstruidas, viéndose obligado á una respiración ruidosa por la boca. Dos operaciones practicadas por dos distinguidos cirujanos del Hospital Mercedes desvanecieron el diagnóstico anteriormente formulado de pólipos nasales, para sentar el verdadero de exostosis. La exoftalmia doble depende ordinariamente de una enferme- dad general. La observación 5, se refiere á un chino atacado de la enfermedad de Graves, que ofrecía los tres síntomas caracte- rísticos de esta afección. Los latidos del corazón eran tumultuo- sos—ruido de galope,—con hipertrofia del órgano. Los latidos producen uu movimiento vibratorio en la pared torácica. Pulso duro, rebotante, 120 pulsaciones por minuto. Los trastornos cir- culatorios eran tan graves que determinaron frecuentes ataques de asistolia y ocasionaron la muerte. La glándula tiroides estaba hipertrofiada, aunque no muy voluminosa, indolente y pastosa. La exoftalmia tiene el mismo grado en ámbos ojos; hay of- talmoplegia completa; el enfermo no puede imprimir el menor movimiento á los globos oculares que tienen su eje óptico dirigí, do afuera en áuguló agudo con la línea media. No puede cerrar los párpados para dormir, ni por un esfuerzo, debido probable- mente á la retracción del elevador del párpado, á la vez que á la exoftalmia. Esta imposibilidad de cerrar los ojos ha sido causa de las ulceraciones que aparecieron en el tercio inferior de la córnea, constantemente expuesta en esa parte á la acción de los cuerpos extraños dotantes en la atmósfera de la sala del hospi- tal. En otro de los casos se trataba de un atáxico con la marcha característica de la enfermedad y atrofia de la papila, y ausencia del reflejo rotuliano. Después de presentarse la exoftalmia sufrió varios ataques de glaucoina y ulceraciones de la córnea cuyas cicatrices aun se ven. No me hallo en el caso de afirmar que su afección medular sea la causa de la exoftalmia. En fin, también permaneció ignorada la causa en un negro trabajador de campo. 50 ATROFIA DEL BULBO OCULAR La atrofia del globo es ordinariamente ocasionada por acciden- tes traumáticos, así no es extraño que sea mucho más frecuente en los hombres. Entre estos traumatismos se incluyen los de- terminados por operaciones desgraciadas. Otra de las causas ha- bituales es la irido-coroiditis ó linfangitis del ojo, afección gene- ralmente precedida de algún traumatismo, afección de la córnea, que se extiende á las membranas profundas, como en un caso de granulaciones palpebrales complicadas de ulceraciones gra- ves de la cornea, y consecutivamente de una desorganización del globo; y en fin, las sinequias anteriores q je son causa de iri- do-coroiditis según han demostrado en su tesis el Dr. Despagnet es otra de las causas más comunes de atrofia en esta estadística. ◄ OJO. CAUSAS VISTA ¡H O H I) I D I Traums Qft. purul. írido-coroid. P. lum. Nula 41 19 14 8 18 2 12 7 34 He comprendido como atrofias desde una disminución de volúmeu hasta la estirpación completa del biilho en los casos de enucleación. Cuando se inicia la atrofia se conserva durante cier- to tiempo la percepción luminosa y de los bultos. La atrofia del globo ocular no es una enfermedad sino el modo de terminar diversas afecciones. Es bastante frecuente para requerir mayor solicitud do par- te de los enfermos y reconocida competencia en los profesores encargados de tratar la afección causal. ENFERMEDADES DE U CONJUNTIVA, Las enfermedades de la conjuntiva son las más frecuentes de la patología ocular; representan el 23.53 pg de todas las de -esta estadística, y su proporción es sensiblemente igual á la ob- servada en otros países. Su frecuencia se explica por la exposi- ción de su tejido delicado á la acción de los agentes exteriores. HIPEREMIA. La hiperemia es un primer grado de la inflamación de la mucosa, que en rigor no debiera figurar como entidad morbosa. Se observa en los que padecen defectos de refracción, en los que se dedican á trabajos de aplicación de la vista, y en aquellos que su profesión expone á la acción de sustancias irritantes. OFTALMIAS. En el grupo de afecciones de la conjuntiva incluyo con el nombre de oftalmías las querato-conjuntivitis catarral purulen- ta, flictenular y granulosa, por que con frecuencia padecen am- bas membranas simultánea ó sucesivamente; así vemos las flic- tenas ó pústulas situadas unas veces sobre la cornea y otras so- bre la conjuntiva y no hay razón bastante para decir queratitis unas veces y otras conjuntivitis pustulosa, puesto que la enfer- medad puede residir sobre cualquiera de estas membranas. Las 52 granulaciones, si no se tratan convenientemente, se propagan á la cornea, formando un pannus que debe estudiarse como ma- nifestación granulosa y no separadamente, puesto que no es una enfermedad distinta. La llamada‘conjuntivitis purulenta, aban- donada á si misma, se complica de lesiones graves de la cornea, que se presentan constantemente y que pueden considerarse co- mo un periodo grave de la enfermedad. La conjuntivitis cata- rral, benigna mientras solo produce secreción mucosa ó muco- purulenta, cuando se hace purulenta llega á adquirir tal grave- dad que se complica de inflamación de la cornea. Ya en otra oportunidad (1) me ocupó de la forma que entre nosotros se padece de una “conjuntivitis aguda, contagiosa, epi- démica, vulgarmente llamada ceguera que ataca particularmente á los niños; y se manifiesta por enrojecimiento y tumefacción de las conjuntivas palpebral y bulbar, fotofobia que obliga á man- tener los párpados cerrados, y á buscar la obscuridad, lagrimeo abundante, supuración cunjuntival, y dolor más ó menos intenso con tumefacción palpebral. Tratada en este primer periodo se obtiene la curación rápi- damente; pero abandonada aparecen úlceras de la cornea y otras complicaciones que comprometen seriamente la función ocular. Aparece con irregularidad en cualquiera época del año, y co- munmente queda limitada en pequeños focos; todos los niños ó individuos de una casa, por ejemplo, y desde allí se propaga á las casas vecinas, pero sin embargo, ecepcionalmente llega á exten- derse á un barrio, una población, y en el campo á una comarca más ó menos extensa.” Basándome, pues, en que estas afecciones abandonadas ásu propio curso, atacan las dos membranas externas del globo ocu- lar, he adoptado el nombre de oftalmía para designarlas, que no prejuzga nada sobre el asiento anatómico de la lesión. En fa- vor de la designación conjuntivitis no puede ni aun alegarse que por esta mucosa se inicie siempre la enfermedad, puesto que la oftalmía pustulosa principia muchas veces y hasta algunas se limita á la cornea. (1) Comunicación á la Academia de Ciencias. 1887. 53 OFTALMIA CATAEKAL. Esta es la más común de todas las enfermedades de los ojos. Se observa en todas las edades, desde la infancia hasta la senec- tud más avanzada; la sufren con igual frecuencia los dos sexos y todas las razas. Es casi tan común en la época de las lluvias como en la de seca; en aquella por la humedad de la atmósfera y las variacio- nes diurnas de temperatura, y en esta por la acción irritante del viento y del polvo. TOTAL FORMA Monoc. Binoo. TOTAL PlbraL ESTACIONES. Aguda. Crónica, Seca. Lluv ias 106 78 28 . 17 89 78 28 57 49 Toda conjuntivitis catarral al iniciarse es palpebral; la hipe- remia de la mucosa se traduce por sensación de arenilla con la- grimeo y fotofobia, y aparece la secreción d« mucosidades bajo forma de grumos blancos supendidos en las lágrimas abundantes, á la vez que la inflamación se extiende á la conjuntiva bulbar, y llega á hacerse purulenta la secreción. Acabamos de hablar de la forma aguda, purulenta, de oftalmia, llamada ceguera é indi- cado su gravedad si no se trata convenientemente. La marcha de la conjuntivitis catarral franca es aguda. La forma crónica es sintomática de las enfermedades de las vías la- crimales, de la blefaritis ciliar, de la astenopia, ó son de origen profesional y persisten mientras dura la causa. La inflamación simple de la mucosa ocular se manifiesta de ordinario simultáneamente en ámbos ojos, pero suele observarse en uno solo cuando depende de un accidente; traumatismo, cuer- po extraño, quemadura. Hay individuos en quienes la conjuntivitis aparece periódi- camente todos los años, como sucede en la estación seca á los 54 que tienen pestañas cortas y escasas que no pueden guarecer la la mucosa contra el polvo. Habitualmente estrechando la aber- tura palpebral las pestañas forman por delante del globo una red tupida que lo defiende de los cuerpos extraños sin anular la vis- ta. Pues bien, las personas que no puedan conseguirlo, por la causa explicada, ó porque padezcan de ectropión, ó se hallen su- jetos á cualquiera acción irritante, sufrirán con frecuencia ó pe- rennemente de conjuntivitis. Las profesiones más variadas se cuentan en el número de estos pacientes, como puede verse en el adjunto cuadro. Costureras 3 Comerciantes 5 Toneleros 1 Labradores 7 Lavanderas 3 Carboneros 1 Serenos 1 Escribientes 3 Estudiantes 3 Cocineros 5 Propietarios- 3 Sirvientes 3 Tabaqueros 1 Cocheros 1 Mecánicos 4 Pintores 1 Carpinteros 1 Sastres 1 Jornaleros 5 La mayor parte de las mujeres que padecieron de conjunti- vitis se ocupaban en los quehaceres propios de la casa Aunque esta esfermedad no depende de ningún trabajo en particular, sin embargo se hallan más expuestos á sufrirla aque- llos individuos que sus profesiones exponen á la acción de pol- vos ó sustancias irritantes, y á los cambios frecuentes de tem- peratura. El tratamiento que he empleado obtiene la curación en al- gunos días. Consiste en lavar los ojos con una solución antisép- tica (ácido dórico al 3 ó 4 pg . de preferencia) en el uso de coli- rios astringentes, particularmente sulfato de zinc á YoS compresas calientes de cocimientos emolientes, saúco, manzani- lla, malvas, y los cuidados higiénicos de preservar los ojos del polvo, y de la luz viva ó artificial, de las atmósferas viciadas, el reposo del órgano, etc. 55 Para terminar haré mención de algunos remedios inútiles cuando no perjudiciales que el vulgo emplea contra la ceguera. Los más conocidos son: lavar los ojos cou agua serenada que se prepara colocando agua de pozo en una palangana que se deja á la intemperie toda la noche, para lavar con ella los ojos á la ma ñaua siguiente. Otro es colocar entre los párpados una de las llamadas piedras de ojo, remedio que podría ser útil en los ca- sos de existir uu cuerpo extraño libre en los fondos de saco de la conjuntiva. Pero son perjudiciales, instilar en el ojo enfermo algunas gotas de sangre sacada de un dedo; de sangre de garra- pata; de leche de pecho, que es uno de los más empleados. Y en fin, otros que no se comprende como hay personas que se atrevan á usarlos, por ejemplo, lavar abundantemente los ojos con orinas de niño de sexo diferente al del enfermo; y algunos más que los enfermos mismos se avergüenzan de confesar. OFTALMIA PURULENTA. La oftalmía purulenta es la enfermedad de los ojos que se presenta con un aparato inflamatorio mas imponente: tumefac- ción euorme de los párpados, rubicundez y dolor y supuración abundantísima de un pus cremoso. Recien Blenorra Catarro TOTAL nacidos gia. urulento. 8 5 2 1 He observado la oftalmía purulenta en los blancos y en los negros. Su forma más común es la de los recien nacidos, que según sus padres no aparece hasta el tercer día. Este pus es fluido y en ninguno de los casos produjo lesiones definitivas del globo, á pesar de haberse acudido tarde á la medicina; pero sin embar- go, esto no quiere decir que la afección sea benigna, pues algu- nas de las atrofias del globo inscritas fueron debidas á la oftal- mía de los recien nacidos. Esta oftalmía fue siempre doble, aun- que algunas veces aparece primero en un lado. 56 La oftalmia blenorrágica es mucho más grave De estos dos casos, uno fue monocular, ojo derecho, y el segundo de am- bos ojos, y cuando el enfermo vino á consultarse ya una de las córneas había sido perforada por el pus. OFTALMIA PUSTULOSA. Esta enfermedad, una de las mas frecuentes de la patología oftálmica, consiste en la formación de una ó varias vesiculo- pústulas sobre la cornea ó la conjuntiva. Sin fiebre ni trastor- nos de otros órganos aparece una inyección conjuntival, limitada á un pequeño espacio con dolor, lagrimeo y fotofobia, y gene- ralmente de forma triangular en cuyo vértice aparece bien pron- to una vesiculita de medio á un milímetro, y hasta de mayor diámetro, ó bien aparecen varias reunidas en grupo ó dispues- tas en rosario sobre el borde de la córnea. C\ Cn Total. K) Os) Linfáticas. • CONSTITÜC. Cn Escrofulosa. | Eczema. AFECCIONES CONCOMITANTES. - Forúnculos. M Impétigo. M Coquelucha. Cm F. eruptivas. - Anginas. ts) Blefai itis. to vO Seca. W -3 O o> <¡5 OJ ON Lluvia. Estas vesículas se transforman en pústulas de color opalino lechoso, que destruyen su delgada pared anterior; y se convier- ten en una ulceración superficial, que de ordinario cicatriza rápida- mente dejando como señal indeleble de la afección nubéculas poco apa- rentes. A menudo los brotes de vesi- culo-pústulas se suceden durante varios meses, y las recidivas son tau frecuentes que suele repetirse esta oftalmía durante muchos años con intérvalos va- riables; así ocurrió, en uno de nuestros pacientes que durante diez años venía padeciendo la enfermedad en la estación seca. 57 Cada uno de estos brotes se termina por la formación de nuevas manchas de la cornea que á su vez son causa del astig- matismo irregular y de la notable disminución de la vista, á par- te otras graves consecuencias que se expondrán oportunamente. La enfermedad, por consiguiente, benigna en su primer brote, puede hacerse grave para el órgano en los sucesivos sin un trata- miento general adecuado que modifique favorablemente la cons- titución de los pacientes. La oftalmia pustulosa fuó mas frecuente en las hembras que en los varones, diferencia que se explica por la causa de la en- fermedad:—el linfatismo Si los chinos no la padecieron, á pe- sar de su organización degenerada, depende probablemente de que los que entre nosotros viven han pasado el periodo de la vi- da eu que se observa la enfermedad. Los mulatos que no se ha- llan en las mismas condiciones de edad, pero que son un pro- ducto híbrido, de constitución física más pobre que sus progeni- tores, la sufren con mayor frecuencia que las otras razas. En los negros es menos común que en los blancos. La oftalmia escrofulosa es una enfermedad propia de la in- fancia. No he observado ni un sólo caso ames de los 8 meses. Ai periodo de la primera dentición corresponden cuatro casos, su mayor frecuencia se observa durante la segunda dentición y hasta el establecimiento de la pubertad, más particularmente de los 6 á los 9 años, es decir, al terminar la segunda dentición. En 8 enfermos acababa de establecerse el periodo púber, y algunos Ia dentic. 2a dentic. 7 á 15 años 15 á 20 20 á 35 Total. 4 21 22 6 12 6S de los que figuran en la columna de 15 á 20 años eran j(3venes linfáticas que sufrían desórdenes menstruales. Los demás enfer- mos hasta los 35 años fueron en su mayor parte mujeres de constitución delicada y que por su profesión se hallaban ex- puestas á sufrir irritaciones en los ojos. Ningún caso se ha ius- 58 crito después de esta edad. De modo que una de las condicio- nes para el desarrollo de esta afección es la infancia, sobre todo al terminar la segunda dentición. Pero la causa más importante de la oftalmía pustulosa cou- siste en la constitución delicada de los enfermos, hecho desde mucho antes tan reconocido que ha servido para designar la en- fermedad con el nombre de oftalmía escrofulosa. En efecto, de los 65 casos que señala mi estadística, había 23 individuos fran- camente linfáticos, y 25 que presentaban manifestaciones escro- fulosas.- infarto de los ganglios linfáticos, coriza crónico, cicatri- ces en costurones, dientes grandes, irregulares, separados y ase- rrados, una vez sífilis hereditaria y otra raquitismo con defor- mación de la columna vertebral. Algunos de estos enfermos padecían ála vez de blefaritis, que es una causa irritante de la conjuntiva y de la córnea; en 3 enfermos se presentó la afección ocular durante la convalescencia de la viruela, la escarlatina y el sarampión; y en ñu, coincidían con esta forma de oftalmia diver- sas afecciones de la piel. Al ocuparme del eczema palpebral hice notar la frecuencia* con que ambas enfermedades coiuciden, en cuyo hecho no había puesto atención hasta el momento de formar la estadística, y por consiguiente hasta hoy no había buscado la relación que pueda existir entre estos padecimientos. A pesar de su notable analogía no deduciré de su probable identidad mientras no lo demuestren hechos numerosos, puesto que bien puede una mis- ma causa—el linfatismo—originar ambas afecciones. Pero de to- dos modos establezco reservas sobre este particular que puedan llamar en este sentido la atención de los observadores. La oftalmia pustulosa se observa en todas las épocas del año, tanto en la estación seca como en la de las lluvias, y casi en la misma proporción, según indica el cuadro de estos 65 enfer- mos. En Europa se conoce también la enfermedad con el nom. bre de conjuntivitis de primavera, por ser la estación en que ge- neralmente se presenta; entre nosotros si bien se observa du- rante todo el año, es mucho más frecuente en los siete primeros meses que comprenden cuatro de seca y tres de lluvias; así, de nuestra estadística corresponden á este periodo 51 casos, distri- 59 buidos del modo siguiente: Enero, 10; Febrero, 7; Marzo, 8; Abril, 5; Mayo, 9; Junio, 4 y Julio, 8; mientras que en los cinco últimos meses del aüo sólo observé 14 casos; (6 en Agosto y dos en cada uno de los restantes.) El número de flictenas ó pústulas es variable; generalmente se presentan una ó dos al principio, pero con frecuencia se suce- den otras que brotan á cierta distancia de las primitivas, ó bien tan próximas que forman una especie de cadena. Lo común es que padezcan ambos ojos, bien sea á la vez ó al recidivar, es decir, que durante el primer brote sólo sea ataca- do un ojo y en el siguiente ó en otro posterior su congénere. El sitio que de preferencia ocupan las vesículo-pústulas es el borde esclero-corneal cabalgando sobre la conjuntiva y la cór- nea; son también frecuentes en la córnea, y más graves en el centro de esta membrana por el astigmatismo que producen las cicatrices consecutivas con notable perjuicio de la intensi- dad visual Como en una quinta parte de los enfermos inscri- tos las pústulas se asentaban sobre la conjuntiva bulbar á una distancia de la córnea que variaba de á 0m003. La erupción reside por encima ó por debajo del diámetro horizontal del glo- bo, pero es más frecuente en la porción inferior, y á la altura de dicho diámetro, es decir, en toda la región que deja al descu- bierto la hendidura palpebral. ON Lr\ Total. to Una. p. o xi p' m c+ 4^ Varias. i i-i | -ü J 1 Ojo enfermo. 1 r l^r O |U» Córnea. U1 c+ P¡ P O o" p Ln Borde corn. o Conjuntiva. Bandeleta. Complicaciones. « Perforación corn. - Irido corn. Conjuntivas intens je Leucomas. - Cranulaciones. Cuando varias pustulitas de la córnea muy próximas entre sí se ulceran y se recubren de una vascularización común, cons- tituyen la llamada queratitis en bandeleta por el aspecto de una cinta roja que le dan los vasitos de nueva formación. 60 En casos excepcionales se complica la oftalmía pustulosa de lesiones graves, p. ej., perforación de la córnea ó irido-coroiditis, que pueden engendrar la atrofia del bulbo ocular. Pequeños leucomas superficiales suceden á cada pústula; si sólo se indi can 13 casos, fné porque los enfermos consultaron durante una recidiva, y tenían por consiguiente las cicatrices de la primera erupción, ó bien porque fueron observados en un período avan- zado del primer brote cuando ya habían cicatrizado las primeras manifestaciones. Entre los enfermos que desempeñaban alguna profesión he mos inscrito los siguientes, sin indicar la de escolares que, por su edad, era la ocupación de la mayor parte: Comercio 3 Cocineros 5 Costureras 1 Marinos 1 Diamantistas 1 Barberos 1 Tabaqueros 1 Su casa 5 De esta lista se deduce que los oficios, como el de cocinero, que á la vez debilitan el estado general, y exponen los ojos á continuas irritaciones por el humo y el calor, favorecen el desa- rrollo de la enfermedad, aun en los adultos. El tratamiento por las insuflaciones de calomel ó una poma- da que mecánicamente destruye la pared anterior de la vesícu- la y favorece la cicatrización de la úlcera consecutiva, obtiene de un modo brillante la remisión de los síntomas funcionales- Simultáneamente con el tratamiento local se establece un plan tónico reconstituyente (Aceite de hígado de bacalao, vino de quina, ferruginosos, baños de mar, ejercicios higiénicos, etc.) que debe continuarse durante mucho tiempo para mejorar la constitución de los sujetos y prevenir de este modo las recidi- vas desagradables de esta enfermedad. OFTALM1A GRANULOSA. Las granulaciones específicas sólo representan en esta esta- dística el 3.5 p. § del número total de enfermos. Es una enfer- medad crónica, de marcha insidiosa, que los pacientes no reco- 61 nocen hasta después de mucho tiempo, por lo común, cuando aparecen complicaciones corneas ó palpebrales. TOTAL. Lesiones de la cornea. Complicacions palpebrals. Pannus superior Pannus compito Ulceras. Leuco- mas. Entro- pión. Triquia- sis. Blefari- tis. 35 29 3 12 5 7 7 1 Parece ser menos grave aquí que en Europa; yo al menos no he visto entre nosotros esas complicaciones que ocasionan con tanta frecuencia la ceguedad en otros paises. Cuando las granulaciones han adquirido cierto desarrollo aparece un pannus, vascularización superficial de la porción de cornea recubierta por el parpado superior, y que es uno de los signos más característicos de la afección. La existencia de este pannus nos lleva á invertir el parpado superior, y á descubrir en la conjuntiva adherente al tarso, pe- queñas granulaciones, redondeadas, esparcidas ó en grupos. La destrucción expontáuea de estas granulaciones deja un tejido blanco cicatricial que al retraer la conjuntiva incurva el párpado ocasionando el entropión y el triquiasis. Otra de las complica- ciones mas frecuentes de las granulaciones son las úlceras de la cornea, bien porque aquellas se formen sobre esta membrana ó por el frote continuo de las pestañas desviadas. Sin embargo, el diagnóstico de las granulaciones ofrece á veces dificultades; conservo dudas respecto á su especificidad en algunos de mis enfermos que no usando ningún tratamiento contra su enferme- dad permanece esta estacionaria durante mucho tiempo que he podido seguirla, sin que aparezcan esas complicaciones habitua- les que comprometen la función del órgano. Así ha sucedido en dos hermanas de familia acomodada que en tres años de granulaciones en los fondo de saco conjuntiva- les no tuvieron ninguna manifestación sobre la cornea; solo por parte del párpado un ptosis ligero. Aunque rara vez, sin embargo, suelen ser graves las granu- 62 laciones. La inscripción 251 es el único caso fatal que he obser- vado de esta enfermedad. Se refiere á un labrador, de 48 años, bien acomodado, que me consultó en Febrero de 1885, por gra- nulaciones palpebrales con complicaciones de las corneas. En O. I). tenía una pequeña úlcera transparente, de bordes en bistd, situada en la parte infero-externa de la cornea, que presentaba además en su tercio superior un pan ñus superficial de peque- ños vasos que descendían paralelos basta recubrir toda la por- ción que de ordinario oculta el párpado superior. El iris era normal, y la pupila libre. En O. I. había además del pannus superior, una perforación central de la cornea con hernia del iris, é iritis intensísima, con fuertes dolores hemicraneales del lado izquierdo, y pérdida to- tal de la vista. En vez de seguir mis prescripciones usó los remedios vul- gares mas absurdos, basta que en Septiembre volvió á consultar- me en el estado mas lastimoso; en O, D. había unu vastísima per- foración con prolapsus total del iris, y en O. I. la cornea se ha- bía atrofiado. V=0 en ambos ojos. Aun en este caso grave no hubo ese pannus total carnoso que oculta la cornea y que con tanta frecuencia he observado en Europa. Pero cuando los enfermos tienen constancia en el trata- miento siempre penoso de las granulaciones, se obtiene una cu- ración aceptable, ce que es ejemplo uu chino, Inscrip. 642, de 50 años, cocinero, de constitución linfática y en extremo debili- tado, que se hizo tratar con regularidad en mi clínica durante quince meses. Padecía de granulaciones conjuntivales en ambos ojos, con pannus parcial, y en 0. D. complicadas de iritis y una úlcera alargada de fondo sucio que desde el borde se extendía hasta el centro de la cornea, siguiendo el diámetro horizontal. Con el descanso de su profesión, y un tratamiento variado; tónicos al interior, y localmente cauterizaciones, con sulfato de cobre, la atropina y la cocaína, pomadas de iodoformo, y de base mercu- rial, y las duchas locales de vapor repetidas en dias alternos de la solución siguiente: G3 Acido fónico 1 gramo. ,, bórico 6 ,, Agua destilada 200 „ se obtuvo la cicatrización de las úlceras que sucesivameute se habian formado, y la curación de la afeción primitiva, conser- vando el grado de vista que le permitían los leucomas. Las granulaciones son mas frecuentes en los varones, y en los chinos y los blancos, y casi todos los enfermos pertenecen á la clase mas pobre de la sociedad. El tratamiento ha sido muy variado; cauterizaciones con un cristal de sulfato de cobre, lociones de bicloruro de mercurio al soVo’ duchas locales de vapor, la atropina, la cocaiua, etc., variedad de medicamentos que indica cuan rebelde es la enfer- medad á los tratamientos conocidos. A los tópicos en la región enferma he unido los reconstitu- yentes para modificar la constitución debilitada de esta clase de enfermos. CONJUNTIVITIS TRAUMATICA. En los dos casos señalados fuó producida por la presencia de un ojo artificial, aunque bien pudieron incluirse en la oftal- mía simple del mismo modo que los consecutivos á quemaduras. EQUIMOSIS. Los esfuerzos de tos provocaron un vasto equimosis de la conjuntiva bulbar en un negrito que padecía coqueluche. En un adulto se presentó simultáneamente con una hemop- tisis precedida de tos; y en el tercer caso fue consecutivo á una herida de arma blanca en la región malar. Estos equimosis, de color violado obscuro cuando son re- cientes, se tornan rosados, y en fin, amarillos hasta desvanecer- se por reabsorción sin tratamiento alguno á los 15 ó 20 dias. CUERPOS EXTRAÑOS. Dos casos, uno de ellos era un pedacito de carbón de la lo- comotora que se implantó en la conjuntiva de un viajero. G4 LIPOMA. En una joven de 15 años, caso único, vease la nota: “Hiper- trofia del tejido adiposo subconjuntival sobre diámetro horizon- tal externo de O. D. á 0>«004 del borde de la cornea. Es mas grueso entre los músculos rectos superior y externo, y desde allí se dirige verticalmente abajo adelgazándose hasta la altura del recto inferior, teniendo por consiguiente la forma de una cu- ña. Tiene un color ligeramente amarillento, es aplanado, y no se percibe á distancia.” HIPERTROFIA DE LAS PAPILAS. Anotó en la inscripción 42. “J. C., 12 años. Creo que se trata de una conjuntivitis foliculosa con hipertrofia notable de las papilas. Estas están colocadas en el fondo de saco superior; son alargadas, salientes, de un color gris, irregulares en su ex- tremo libre.” No he vuelto á observar otro caso de esta hipertrofia de pa- pilas, que presentaban un aspecto parecido al de las papilomas de la piel. HIPERTROFIA DE LA CONJUNTIVA. La he observado en dos enfermos de la clase pobre y pocos cuidadosos de su limpieza personal, que padecían una conjunti- vitis con supuración. La tumefacción de la conjuntiva produjo el ectropión, y en este estado el contacto del aire y del polvo hizo permanente el engrasamiento de la mucosa, que adquirió un color obscuro y mayor consistencia. VARICES. Véase ]a inscripción 520: “Tumor semejante en ambos la- dos, indolente, subcoujuntival, movible, semejante á un paquete varicoso, de color rojizo, simétricamente situados hacia el ángu- lo supero-externo por debajo de la conjuntiva bulbar. Se desa- rrolló primero en O. D. con inyección generalizada de la conjun- tiva bulbar, y epííbra, con caracteres que podrían confundirlo 65 con una iritis, pero sin que hubiese cambio de color ni inmovili- dad del iris. Se percibe una tumefacción difusa del párpado su- perior en su mitad externa, y ligera exoftalmia; pero no se sien- ten ruidos ni pulsaciones. La enfermedad apareció de uu modo insidioso; no hubo traumatismo. ¿Sórán tumores varicosos de venas de la región externa de la órbita?’7 PTERYGION. Nuestro país ofrece un vasto campo para el estudio de esta enfermedad; ella sola representa el 7.3 p.§ del número de en- fermos que me consultaron; pero incluyendo todos los casos, y son la mayoría, que no acuden al médico, pasaría la proporción del doble de la cifra indicada. Mas de la mitad de los enfermos se consultaron por afecciones distintas del pterygión, pues este último, dada su indolencia, la edad de los enfermos y la rareza ó ausencia de trastornos funcionales, solo escepcionalmente es objeto de preocupación para los enfermos. El cuadro adjunto se co Sin otra afección ocular. TI h3 H W Q M O £ O Conjuntivitis AFECCIONES OCULARES CONCOMITANTES. H* Equimosis conjuntiva to Queratitis to Leucomas Atrofia cornea h-4 Granulaciones to I ri tis I-1 Estafiloma cornea | l-o Coroiditis í Retinitis pegmentaria. 1 OJ 1 Glaucoma Catarata h-4 Dacriocistitis h-4 Blefaritis h-4 Ectropión ;—4 Cuerpo extraño de la cornea) ha construido expresamente para mostrar las enfermedades que hicieron consultar á los enfermos. Ninguna de ellas está en modo alguno relacionada con el desenvolvimiento del pterigión, 06 á no ser una forma de conjuntivitis crónica á que expone dicha enfermedad. Pm*o entre las afecciones generales hay una que tiene mar- cada influencia en la producción de este padecimiento: la lepra. La anestesia de la piel se extiende á la conjuntiva y á la cornea; sobre estas membranas se depositan sustancias extrañas que no tardan en desarrollar el pterygión por el mecanismo que mas adelante expondremos. El pterygión es una hipertrofia de la conjuntiva bulbar, ba- jo forma de un repliegue membranoso triangular, cuyo vértice se implanta sobre el tejido de la cornea y cuya base se pierde en uno de los ángulos dd ojo. Ataca en casi igual proporción á las razas blanca, negra y mulata, pero es sobre todo frecuente en la asiática, que solo re- presenta 1¡33 del número de blancos, si bien es cierto que los individuos de esta raza por su edad, sexo y posición social reú- nen condiciones apropiadas para el desarrollo del pterygión. Es mucho mas común en los hombres que en las mujeres, diferencia que se explica por hallarse aquellos mas expuestos á sufrir las causas de la enfermedad, como veremos al hablar de la patogénia. El pterygión es una enfermedad de la segunda mitad de la vida. Nunca lo he observado antes de los 20 años, no es raro de los 20 á los 30, pero su mayor frecuencia es desde esta edad hasta los 50 años. EDADES. + 20 +30 +40 - +50 + 60 +70 12 5 31 18 7 3 La mayor parte de estos enfermos tenían una constitución fuerte, y no es extraño que así sucediera, pues las personas sa- 67 ñas y robustas, son las que por sus profesiones se hallan mas expuestas á contraer la enfermedad, En efecto, el pterygión está ligado á toda clase de trabajos que obligan á recibir la acción del polvo, del humo, y otros agen- tes irritantes sobre la conjuntiva. Los labradores, militares, al- Labradores 20 Marinos 4 Militares 1 Comerciantes 5 Escribientes 1 Tabaqueros 2 Empleados 2 Su casa 13 Albañiles 3 Barberos 1 Cocineros 3 Jornaleros 2 Pañeros 1 Carreteros 1 Costureras 2 Planchadoras 2 bañiles, carreteros y jornaleros, que están muy expuestos á la influencia del polvo, los cocineros al humo, y los cocineros, mari- nos y planchadoras á un calor intenso se hallan más expuestos á padecer la enfermedad; pero sobre todo durante la seca es tal el polvo en las poblaciones y en el campo que irrita las conjun- tivas basta de las personas de vida sedentaria. Considero dos estados á esta enfermedad; uno inicial; hiper- trofia de un punto de la conjuntiva vecino de la cornea: pingue- cula; y el segundo, de desenvolvimiento completo, implanta- ción de.la conjuntiva sobre la cornea: pterygión. Hasta hoy se han creido estos dos estados como dos enfermedades distintas. Total de en- ferma. Total depte- rygion PIXGUECULA. PTERYGIOX. 0. D. 0. I. Total 0. D. 0. I. Inferior. Total Int. Ext Int. Exi. Int. Ext. Int. Ext 0 D O.I. 73 150 14 2 18 3 37 51 2 53 5 1 1 113 68 ordinadamente se desarrolla la afección en ámbos ojos, pe- ro casi siempre en distinto grado; mientras en uno solo existe ei pinguecula en el otro se vó un pterygión, ó bien este desarro- llado en ambos ojos aunque con dimensiones desiguales. Lo mas común es que exista un pterygión interno en cada ojo, pe- ro suele verse sobre el mismo ojo uno interno y otro externo; así no de extrañarse ia diferencia entre el número de enfermos y el de pterygión—73 y 150—puesto que la mayor parte de los pacientes tenian dos pterygiones simétricos, y algunos mayor número. El diámetro horizontal del globo constantemente expuesto durante la vigilia á la acción exterior, es el sitio de elección del pterygión, y especialmente en su mitad interna donde es mas ancha la abertura palpebral. El pinguecula puede permanecer mucho tiempo ó indefini- damente estacionario; pero uná vez implantado sobre la cornea marcha lenta pero progresivamente hacia el centro de la mem- brana, donde se detiene. La inscripción 288 muestra un pingue- culo sobre 0. D. y un pterygión sobre 0. I. situados simétrica- mente. Pterygión O. D.—Pinguecula O. I. El pterygión adquiere á veces un notable desarrollo, y su' forma es la de una banda triangular mas ó menos ondeada. Las inscripciones 580 y 621 son modelos de forma y dimensión. “621.—Blanco, de 45 años, que ingresó en el Hospital Mer- cedes por una afección cardiaca, padece además de pterygión in- terno en ambos ojos. En 0. D. es estrecho, grueso, casi cilindrico. Su cabeza se inserta en la cornea por encima del diámetro horizontal, y se dirige hácia abajo y adentro describiendo una cmva pronunciada de concavidad superior, y su cola se pierde en el ángulo interno del ojo. En 0. I. el pterygión, también in- 69 terno, es mas aecho y aplanado. El diámetro horizontal de la esfera ocular lo divide en dos partes desiguales, de las cuales es mayor la inferior. “Asegura que empezaron á formarse hace mas de 25 «ños, y si esto es cierto, son de marcha muy lenta, pues apenas alcan- zan la mitad del radio de la cornea.” “580.—Una negra de 50 años, padece de pterygión interno en ambos ojos. Sou gruesos, carnosos, con muchos años de an- tigüedad. Le fueron operados hace 9 años, pero se han repro- ducido y desenvuelto hasta el estado actual, que es de los más voluminosos que pueden encontrarse. En O. D. cubre la casi totalidad de la pupila; asi es que llega hasta el centro de la cor- nea; el de O. I. es algo menor. V 0. D.— O. I.— 1¡8. Otro ejemplo de desarrollo extraordinario es el la “Inscrip- ción 76, negro, albañil, de 44 años, que presenta en O. D. un pterygión interno enorme, carnoso, muy vascular; se implanta por una cabeza sumamente ancha en el centro de la cornea. En 0. I. además de un pterygión interno análogo, bay otro externo igualmente desarrollado, llegando ambos á tocarse en el centro de la cornea por sus bordes blanquecinos, y habiendo ocasiona- do una notable disminución de la vista. Estos pterygiones voluminosos, por la tracción que ejercen sobre la conjuntiva han llegado á for- mar una especie de simbleíáron cou el párpado inferior, una ti- rantez de la mucosa, que la ase- meja á una brida entre el parpa- do y el globo.” Por estos casos que acabo de ■exponer se vé que cuando el pterygión adquiere tales propor- ciones que llega al centro ó á la próximidad del eje visual oca- siona desórdenes funcionales que varían desde una disminución de la vista hasta la ceguedad, que solo permite la percepción de los bultos erandes. Pterygions I interno y externo, muy desarrollados 70 Estas consideraciones nos llevan a sentar un pronóstico gra ve para esta enfermedad que no siempre ha merecido la aten, ción de los módicos, y de los enfermos solamente en un periodo avanzado, cuando ya son irremediables los trastornos funciona- les, puesto que las lesiones de la cornea, aun después de la ex- tirpación del pterygión, persisten bajo forma de leucomas. De modo que la operación del pterygión está indicada, jus- tamente cuando este es reciente, puesto que la operación no tie- ne por objeto devolver la vista sino impedir que se pierda. Una prueba poderosa de que la causa primera del pterygión es la acción de los agentes exteriores sobre la mucosa ocular ha. venido á proporcionarla un caso de pterygión inferior en un in- dividuo cuya observación transcribo. “870. Chino, de 57 años, asilado en el Hospital de San Láza- ro por lepra anestésica que ha destruido las manos y los dedos de los piés. Presenta por la misma causa un ectropión de los párpados inferiores con eversión completa del cartílago tarso. Sobre el globo se han desarrollado dos pterygiones inferiores an- chos y carnosos. Para formarse en esta disposición ha sido ne- cesario que prexistiese la eversión del párpado, é indudablemen- te ha contribuido eu gran manera la anestesia de la mucosa, que no puede desembarazarse de las sustancias extrañas por la tai- ta de reflejos.” Además de este caso de dirección anómala del pterygión,' he observado otra disposición ra- ra en un individuo también leproso. Era un chino, de 40 años, que sufría de le- pra de forma mixta, el cual presentaba un pte- rygión interno en O. D. y otro externo en O. I.; ambos medianamente desarrollados. Esta dispo- sición parece indicar que el enfermo por su ofi- cio ó por cualquier otro motivo mantenía de or- dinario la mirada sobre el lado derecho. Se comprende, por otra parte, que una ulce- rita superficial dol borde de la cornea en cualquiera de sus diá- metros oblicuos pueda originar una de estas formas anómalas de pterygión, siempre que una exoftalmia ó deformación palpe* Pterygión infe- rior en un leproso- con ectropión. 71 bral mantenga dicha úlcera en contacto prolongado con el medio exterior. Y sin embargo, aun en estos casos no vemos la forma típica del pterygión. Pronto veremos, que algunos carecen del reborde blanco nacarado de la cabeza, que es característico, y esas irregularidades se observan cuando á su formación no han presidido las circunstancias que expusimos en 1887 (1) y que re- producimos para terminar este estudio del pterygión. “No expondré todas las teorías conocidas, lo que sería tarea inútil para mi trabajo, así es que me limitaré á desarrollar la opinión que me he formado por la observación de estos casos que relato, opinión que engloba las que Horner y Poncet han profesado: el primero derivándolo del pinguécula; y el segundo sometiéndolo al influjo de microorganismos. Mis ideas, pues, participan cíe ambas teorías, pero considerándolas á cada una de por sí insuficiente para explicar la patogenia del ptery- gión. "La hendidura palpebral se halla siempre más ó menos en- treabierta, y expuesta, por consiguiente, á la acción irritante de los agentes exteriores (polvo, humo, etc.,) particularmente en individuos de pestañas cortas y escasas, y que por sus profesio- nes viven en esos medios desfavorables. La acción de estas cau- sas se ejerce únicamente sobre el diámetro horizontal del globo ocular. "El ojo no forma una esfera completa, sino que se compone de dos segmentos de radio desigual; en la uoión de ámbos, como es natural, existe una pequeña depresión. "Por otra parte, la cornea está formada por un tejido com- pacto y terso, y como las secreciones oculares la bañan conti- nuamente, limpian su superficie de toda sustancia extraña y mantienen su perfecta transparencia. No sucede lo mismo con la conjuntiva; formada por un tejido celular flojo, que fácilmente se deja atacar por los agentes mecánicos, como lo indica la fre- cuencia de las conjuntivitis bajo el influjo de esta causa. "Ahora bien, de todos los puntos del diámetro horizontal nin- (1) Apuntes sobre el pterygión.—Comunicación á la Academia de Ciencias. 72 gimo tan expuesto á los agentes exteriores como la conjuntiva á ambos lados de la cornea, junto á la depresión que forman am- bas membranas. Esta depresión lo está menos, por ser mas adhe- rente su tejido, y porque las lágrimas que bañan la cornea des- cienden por esta especie de canal. Y el lado uasal es mas sensi- ble, tanto por la mayor abertura palpebral hacia el ángulo inter- no cuanto por la mayor vascularización de la conjuntiva en este punto, en donde llega á producirse un espesamiento de la mu- cosa. ”La acción continuada durante mucho tiempo de estos agen- tes, del polvo, p. ej., que en la estación de la-seca y en los cam- pos particularmente forma nubes de partículas finísimas que irritan é inflaman las mucosas ocular, nasal, bucal y respiratoria, son la causa principal de la formación en los puntos indica los de la conjuntiva bulbar, de esos tumorcitos hipertróficos de la conjuntiva y del tejido subcoujuutival que conocemos con el nombre de piuguéculas. Este, en mi coucepto, no es mas que el primer período del pterygión. ;’Los caracteres del piuguócula sou bien conocidos. General- mente se presenta de uu color blanco uniforme, sin vasos apre- ciables, de mediana consistencia, algo movible, formando relieve, más abultado del lado de la coruea; menos limitado del lado del ángulo palpebral-alcanza de 0m003 á 0m004 en su diámetro mayor que es horizontal, y próximamente la mitad de anchura: su forma es, pues, ovalada. Está separado del borde de la cór- nea en un principio por 0m002 á 0lu001, pero esta distancia se estrecha en proporción á su desarrollo, disminuye hasta medio milímetro, y luego llega á ser inapreciable. A la vez se establece una hiperemia de la conjuntiva en forma de banda que del ángu- lo del ojo se dirige al pinguécula. Yo lo he visto en estas diver- sas fases de su desarrollo: ”Que el pinguécula y el pterygión no son mas que diversas tases de una misma enfermedad, lo. prueban: la constitución ana- tómica, que en ambos es la hipertrofia de los elementos conjun- tivos; la simetría de ambas afecciones; la elección de sitios idén- ticos; y la existencia simultánea de pterygión sobre uu ojo y de pinguécula sobre un punto simétrico del opuesto. 73 ”En 10 casos, de 46, es decir, en la cuarta parte, he visto coincidir el piuguócula de un ojo pterygióu de su congénere, simétricamente situados del lado nasal. Como el aspecto que presentan es siempre idéntico, no relataré aqui para mayor acla- ración más que un solo ejemplo: “Número 280.—Campesino.—O. I. Pterygión ténue. Su ca- beza de color blanqueciuo, monta sobre borde de córnea. O. D. Pinguécula interno de la conjuntiva, que está engrosa- da en uu punto en forma de botón sobro esclerótica, muy próxi- mo á la córnea, pero sin tocar á esta membrana. Aunque no sea más que por analogía, me veo en el caso de considerar este pinguécula como el primer período del desarrollo del ptery- gión.7’ ”Queda, pues, sentado que el pinguécula y el pterygión son diversas fases de la misma enfermedad. Pero ¿cómo un pingué- cula pasa á ser pterygión! ¿qué mecanismo preside esta trans- formación! ”Yab. dicho que el pinguécula progresa lentamente, hacién- dose mas grueso y aproximándose á la córnea basta tocar en el borde de esta membrana por su extremo más abultado, y cu- briendo por consiguiente la depresión del borde esclero-corneal. Desde este momento la porción vecina de la córnea puede ser atacada por los agentes exteriores, que se detienen sobre el piu- guócula y descienden sobre ella, que se encuentra en un plano inferior, y pueden al cabo de cierto tiempo, como la gota de agua sobre la piedra, producir la destrucción de su epitelio del mismo modo que ya lo ha sido anteriormente el de la conjuntiva sobre el pinguécula. Se produce entonces una hi peremia de la con- juntiva en este punto, hay tumefacción del piuguócula, que se pone en contacto con la córnea desprovista de epitelio, y se es- tablecen adherencias entre ambas membranas. ”Pero estas adherencias serían reparadoras, y permanecerían estacionarias, si no interviniese un nuevo elemento, los microor- ganismos, que encontrando en la perdida de sustancia un medio apropiado para su desarrollo, pululan, y serán los encargados de arrastrar la conjuntiva en su marcha á través de la córnea. ’’Esta idea, sugerida á Poncet por la marcha típica del ptery- 74 gión, lentamente progresiva, y por su forma constante y carac- terística, es, en mi concepto, tan racional que la creo la única capaz de explicar de un modo satisfactorio los diversos fenóme- nos que se realizan en la evolución de esta enfermedad. ”Sobre toda úlcera de la córnea pueden depositarse gérmenes análogos sin que originen un pterygión, porque para su produc- ción es indispensable ia vecindad del pinguócuia, que por su tumefacción viene á ponerse en contacto con la córnea sin es fuerzo ni violencia. ”Las adherencias que se establecen entre el pterygión y la córnea, son íntimas aunque no profundas, puesto que se limitan á las capas superñciales de su tejido propio. Cuando se practi- ca la extirpación hay dificultad para separar el pterygión en su totalidad, persistiendo siempre restos de conjuntiva sobre la córnea, ó bien determinando una ulceración de esta membrana al querer desprenderlo por completo. ”Una vez verificadas esas adherencias, queda constituida la cabeza del pterygión, que es más ó menos redondeada, y presen- ta siempre un borde blanquecino, aplanado, muy adherente, bajo el cual deben existir los gérmenes que lo llevan hacia el centro de la córnea. En ocasiones, cuando aún no está muy desarro- llado el pterygión, su cabeza forma una verdadera placa blanca brillante, cuadrangular ó de forma indeterminada. Esta es la úni- ca porción donde reside el mal que, al arrastrar la conjuntiva, determina necesariamente su forma triangular, el exceso de vas. cularizáción y la hipertrofia consecutiva. ”Pero hay un carácter sobre el cual nada indican los autores, y es: que la línea que representa el diámetro horizontal del glo- bo ocular divide al pterygión en dos partes desiguales, quedan- do la mayor por debajo de la misma. Este carácter, si no cons- tante, es la regla general. ”Los bordes del pterygión son redondeados, ligeramente cur- vos, sobre todo el superior que á menudo describe una curva elegante hacia abajo y afuera. El inferior es casi recto, y cuan- do elpterigión adquiere un gran desarrollo, el extremo inferior de este borde se adhiere algunas veces al párpado inferior en forma de symbléfaron. 75 ”El modo de implantación del pterygión sobre la conjuntiva, es curioso. Cou frecuencia se verifica á lo largo de un pedículo lineal, que representa el eje del pterygión, quedando libres los bordes, por detrás de los cuales puede pasarse un estilete hasta el centro. Esta disposición favorece el manual operatorio por el mas fácil desprendimiento del tumor y porque evita colocar su- turas sobre la conjuntiva bulbar. Otras veces presenta el ptery- gión una ancha base de implantación, que deja al descubierto la esclerótica al hacer la extirpación, lo que obliga entonces á colo- car suturas para unir los bordes del ojal hecho ála conjuntiva. ”E1 pterygión es una afección binocular; pero no evoluciona en el mismo grado en ambos ojos; generalmente hay pterygión de un lado mientras que en el otro se observa todavía un pin- guécula, y cuando en ámbos existe ya el pterygión, de ordinario está mas desarrollado de un lado. Sólo por excepción se ven dos pterygiones simétricos de iguales dimensiones. rEl pterygión avanza á veces tau lentamente que he visto uno de 24 años, que no se extendía sobre el campo pupilar y que tal vez permanecía estacionario por falta de vitalidad para desarrollarse. Pero el pterygión no avanza constantemente, su crecimiento tiene un límite: éste es el ceutro de la córnea. Ig- noro la causa de esta detención, de esa valla que lo contiene, sin que se refiera un solo caso de haberla traspasado. Ignoro de igual modo por qué siempre marcha á la altura del diámetro ho- rizontal sin invadir la mitad inferior de la córnea, que también está siempre más ó ménos descubierta. ”En fin, para terminar condensaré esta teoría, hija de la ob- servación clínica, en las siguientes conclusiones: Ia—Acción continuada sobre el diámetro horizontal del globo ocular, de los agentes exteriores: polvo, humo, viento, ca- lor, etc. 2a—Formación consecutiva de un pinguécula, que no es más que el primer período del pterygión. 3»—Descamación epitelial de este tumor y de la córnea adyacente, por la acción de las mismas causas. 4a—Implantación de microorganismos, probablemente, sobre la pérdida de sustancia, y adherencia del pinguécula á la córnea,. 76 5a—Marcha progresiva del pterygión. 6a—Límite de su excursión en el centro de la córnea, por causa ignorada. 7a—Forma triangular por la disposición de los vasos san- guíneos extendidos á manera de los rayos de una rueda,” ENFERMEDADES DE EA CORNEA* En el cuadro comparativo que hicimos al principio de este trabajo solo representan las afecciones de la cornea en Cuba el 18 p. § de todas las de los ojos, mientras que la estadística de Francia arroja el 30 p. § y la de Polonia el 22 p. §. La diferen- cia depende de haber nosotros incluido en las oftalmías enfer- medades muy comunes que otros profesores estudian separada- mente en la conjuntiva y en la cornea. Pero de un modo gene- ral podemos asegurar que las afecciones de esta membrana son tan comunes en este país como en Europa. QUERATITIS SUPERFICIAL. En este grupo quedau comprendidas las complicaciones cor- neales de las oftalmías pustulosa y granulosa que han sido ya descritas, y en general de todas las lesiones que solo interesen el epitelio de la membrana. En este caso están algunos trauma- tismos y quemaduras superficiales. He inscrito un caso de opacidad superficial que se extendía k mas de un tercio de la cornea, con un aspecto semejante al del vidrio esmerilado. Dijimos que el panuus granuloso empieza por el segmento superior de la cornea, y se extiende progresivamente á toda la membrana, mientras que el pannus escrofuloso de la oftalmia pustulosa empieza en cualquier punto de la cornea, principal- mente en las partes de ordinario descubiertas, por flictenas en grupos que se ulceran y establecen baudeletas de fina vasculari- zación; procede con irregularidad y ofrece leucomas pequeños que son las cicatrices de la erupción. 78 E! herpes de la cornea, que ahora pasamos á estudiar es también una forma de queratitis superficial. La cornea, aunque no con frecuencia, suele ser asiento de una erupción de vesiculitas tan pequeñas que pasan desaperci- bidas si no se examina cuidadosamente aquella membrana á la luz focal, y con la ayuda del oftalmoscopio: aquella nos muestra una erupción de varias ó muchas vesiculitas agrupadas de ordi- nario en el centro de la cornea; el oftalmoscopio hace ver una opacidad que oculta el fondo rojo del globo, opacidad bastante notable para producir una marcada disminución de la vista. En la Revista de Ciencias Médicas de esta ciudad (Fbro. 1888) publiqué tres de estas observaciones con todos los detalles de sus historias clínicas, pero á la índole de este trabajo bastará re- producir las consideraciones á que dieron lugar aquellos casos de herpes ocular. HERPES. Inscrip ción. Sexo Raza. Edad Constitución. Profesión. Ojo enfermo Situación de las flicienas OBSERVACIONES 646 V. B. 1 Linfático 77 I. Centro cor. Erupción papulosa en la ca- ra, fiebre, anorexia, etc. 762 H N. 18 Linfática Costurera D. Centro cor. Fiebre, herpes palpebral 765 V. B. 19 Buena Comercio I. Centro cor. Fiebre, angina, iritis, fiebre, herpes labial y pal. 815 H. N. 39 Buena Lavandera I. Mitad sup. pebral, infarto ganglio sub- maxilar. 824 H. B. 10 Linfático Estudntec I. 77 Fiebre, herpes labial. Se observa en primer término, ñebre, casi siempre con es- calofríos, que pueden repetirse varios días seguidos, saburra gástrica y malestar: fenómenos de un desorden funcional. "Aparece en segundo término, al seguudo ó tercer día, como fenómeno crítico de la fiebre una erupción vesiculosa poco ex- tensa, que puede localizarse en diferentes partes del cuerpo. A esta erupción acompañan constantemente un infarto de los ganglios linfáticos vecinos. Y, en fin, el tercer período corresponde á la desecación de la erupción y retorno al estado sano. Al principio de este perío- 79 do se presentan dolores neurálgicos que se extienden á otros ramos del nervio no atacados directamente. ”En todos los casos la afección ha sido unilateral. ”E1 herpes ocular es más difícil de reconocer cuando no se acompaña de una erupción similar sobre la piel. Las vesiculitas que aparecen en la córnea son tan pequeñas, y los síntomas secundarios tan intensos, que es posible la confusión tomando por causa lo que solo es efecto. Sin embargo, si el enfermo con- sulta en el período de erupción, y se descubre ésta sobre la cór- nea, como sucedió en el número 765, nos vemos encaminados á hacer el interrogatorio del herpes, y descubriremos la üebre y los infartos gangliouares. Cuando el enfermo se presenta en el pe- ríodo de desecación se diticulta más el diagnóstico, y hasta pue- de ser erróneo si se complica el herpes de dolores neurálgicos intensos que distraen la atención del médico, haciéndole pensar en iritis glaucomas ó neuralgias faciales. ”Pero, por fortuna, ordinariamente el diagnóstico es fácil, porque una erupción herpética de la cara con que á menudo coincide nos pone inmediatamente sobre la vía del diagnóstico; bien sea un herpes palpebral como en el 762, ó bien labial como enel8L5. ”En los casos dudosos atribuyo gran importancia al infarto gonglionar, que se presentó en estos enfermos y en otros que he examinado. Galezowski, al ocuparse de esta afección, sólo nom- bra el infarto del ganglio pre-auricular; pero excuso afirmar que permanece éste indenme algunas veces, mientras que se infartan los ganglios parotideos ó submaxilares como lo prueban estos tres casos tan típicos de herpes febril ocular. En ellos, cuando la erupción se limitó á la córnea, ó á ésta y al párpado, se infartó el ganglio parotideo correspondiente; y en el caso de herpes á la vez ocular y labial, hubo infarto del ganglio submaxilar. ”Nada he podido averiguar sobre la causa de esta enferme- dad, puesto que los tres individuos que aquí señalo se hallaban en condiciones muy distintas de edades, sexos,razas, profesiones, medios sociales y constitución orgánica, y fueron además ataca- dos en diversas estaciones del año. /VEn cuanto á su naturaleza, la considero un trastorno fun- 80 cional de las ramas terminales del 5o par, que aunque á veces no esté afectado más que en una pequeña región, como por ejemplo, la córnea ó el párpado, repercute sin embargo á distancia el cho- que nervioso, originando esas neuralgias extensas y rebeldes, que son el desconsuelo de los enfermos, como sucedió en la pri- mera observación que he referido. La erupción en sí sobre la córnea es superficial, no ataca más que la capa epitelial, que al desecarse las vesículas se desprende, dejando al descubierto las terminales nerviosas, y de ahí el dolor, la conjuntivitis, el lagri- meo y la fotofobia. ”A1 cabo de una semana todos los fenómenos morbosos han desaparecido, aunque algunas veces puede la enfermedad prolon- garse muchos días, pero terminando siempre por la curación, á pesar de usarse tratamientos variados, y sin que deje otro ras- tro que una nubécula; posteriormente llega á ser imperceptible. ”Los remedios empleados contra esta variedad de herpes han sido no sólo distintos, sino con frecuencia opuestos: así Wecker practica el raclage de las vesículas, recomienda local- mente los mióticos y proscribe la atropina, mientras que Gale- zowski se decide por los midriáticos y la oclusión del ojo enfer- mo; y por su parte Nagel y Panas conceden á la atropina aplica- da en colirio y á las corrientes eléctricas continuas, una acción benéfica para acelerar la curación de esta enfermedad. Yo, cuan- do he usado colirios, ha sido para valerme de su acción calman- te, sin ocuparme del efecto que produzcan sobre el iris, que con- sidero sin influencia sobre la marcha de la afección, á menos de ser algún caso idéntico al 765 en que había más fluxión de aque- lla membrana vascular. En cambio, dedico toda mi atención á instituir un tratamiento general apropiado, prescribiendo los derivativos sobre el tubo intestinal, los sudoríficos, la quinina, la atropina, y los medicamentos recomendados para combatir el estado diatésico de los enfermos siempre que exista. Pero en la mayor parte de los casos sin complicaciones, creo que con laes- pectacion ó las simples lociones emolientes presenciamos de igual modo la curación. En una palabra, la terapéutica febril es sintomática.” (Revista C. Méd.—Febrero 20-1888.) 81 QUERATITIS INTERSTICIAL. Esta enfermedad merece un exámen detenido. Desde luego se observa en todas las edades; en el cuadro adjunto están inscritos enfermos desde 4 años hasta 79, con tal diversidad que no puede decirse que sea más frecuente en un periodo de la vida que en otro. La padecen los dos sexos y todas las razas. La queratitis intersticial es una inflamación difusa déla cornea, (pie puede ó no acompañarse de reacción de la con- juntiva, y á veces del iris, de lagrimeo y fotofobia. La opaci- dad es blanquecina, sus límites se pierden insensiblemente en el tejido sano, y su aspecto es semejante al del vidrio sin pulir. Al iniciarse podría confundirse con un leucoma, pero Cií ’S & Sexo. Raza. -3 w Profesión. Ojo en- fermo Complicaciones. Causa, 63 V. M. 9 I. 179 V. B. 40 D. T. 201) V. B. 30 D. I. Iritis.—Otitis.... 240 H. M. 1 1 59 D. I. Sífilis heredl 270 V. Ch. D. I. 373 H. M. 21 D. I. 431 H. B. 8 D. I. 515 V. B. 79 I. y. B. 27 I. Episcler reúna. Sífilis. 072 V. B. 27 Militar I. 728 V. B. 34 Comercio .... I. Sífilis ? 854 V. B. 35 D. I. Ulcera cornea D. 806 V. B. 00 D. I. Lepra. Lepra. Lepra. Lepra. Lepra. Lepra. Lepra. Lepra. Sífilis heredt.® Y. M. D. I. Ectropion iritis. 877 V. Oh. D. I. 882 H. B. 41 D. 883 11. B. 00 D. 884 H. B. 00 D. I. 885 H. B. I. 880 H. N. 00 D. 981 V. B. 4 D. I. la reacción inflamatoria que determina y su marcha invaso- ra revelan bien pronto la naturaleza de la lesión. La opaci- dad de la cornea principia á formarse bien sea en el centro ó 82 en la periferia de la membrana; bien pronto veremos el valor etiológico de cada una de estas formas. La queratitis intersticial es una afección binocular, simé- trica; pero no aparece simultáneamente en ambos ojos: se ini- cia en uno de ellos, aparece luego en un punto idéntico de su congénere, y evolucionan ambos en un período de tiempo siempre prolongado, llegando generalmente á invadir toda la extensión de la membrana. No es raro que al adquirir toda su intensidad se complique de iritis. La causa de esta afección quedó claramente establecida en la mayor parte de los casos: las causas locales fueron los trau- matismos y el glaucoma; }r las causas generales,' el reumatis- mo, la sífilis y la lepra. Un anciano á quien operé de catarata por extracción su- perior padeció una iritis intensísima, por encíavamiento del iris en la incisión, que determinóla obstrucción pupilar. Dos meses después practiqué una iridotomia, con incisión del cuarto inferior de la cornea. Junto á la incisión se formó una opacidad de la cornea que desapareció lentamente, persis- tiendo dolores en toda la extensión del 5? par correspondien- te, que se irradiaban hasta el occipucio. Durante el curso de esta neuralgia apareció una infiltración difusa de la cornea en su mitad superior hacia el punto donde meses antes había practicado la incisión para extraer la catarata. Esta opaci- dad es difusa con pequeñas placas diseminadas más opacas, de color blanquecino. La causa determinante de esta quera- titis intersticial fué el trastorno que á la circulación de la cor- nea llevaron las dos incisiones practicadas, y á la que en par- te contribuyeron la edad del sujeto y la anemia que sufría. Al ocuparnos de las complicaciones que siguen á la extrac- ción de la catarata veremos figurar con frecuencia una infil- tración difusa de la cornea en la proximidad de la incisión producida por la falta de coaptación exacta de los lábios de la herida y por las contusiones que este sufre al atravesarlo 83 un cristalino voluminoso, y también por las compresiones de- masiado repetidas que sobre la membrana ejercen los instru- mentos durante la operación. Bien conocida es la opacidad central difusa de que es asien- to la cornea en el glaucoma por la compresión excesiva de los líquidos intraoculares, para que nos dispensemos de estu- diarla en este capítulo. En un enfermo, esta forma de queratitis, no fue más que la complicación de una escleritis en un individuo reumático, cu- yas articulaciones de las extremidades habían sufrido en ata- ques sucesivos. En Marzo de 1887 tuvo un ancho foco de epis- cleritis en O. I. que se extendía hasta el borde externo de la cornea. Sobre este borde aparecieron una serie de ulceraciones pequeñísimas, y en la porción vecina déla cornea una faja de unos 0,n003 de ancho, de una infiltración difusa irregularmen- te repartida, sin que hubiese reacción inflamatoria mas que por parte de la esclerótica. Pero la queratitis intersticial sifilítica merece toda nuestra atención por ser la causa habitual de esta enfermedad en el ejercicio diario de la profesión. En dos casos fué dudosa la día- tesis sifilítica, se confirmó la sífiles adquirida en un enfermo, y cuatro presentaban estigmas de sífilis hereditaria; de modo que la tercera parte de los enfermos de este cuadro eran sifilíticos. La inscripción 672 se refiere á un militar que á los seis me- ses de haber adquirido la sífilis vió aparecer en su O. I. una queratitis difusa, caracterizada por una tenue opacidad en las capas propias de la cornea que apenas dejaban entrever el iris, y que se extendía de un modo irregular por toda la mem- brana transparente y se acompañaba de viva reacción infla- matoria en el momento en que vino á consultarme á los tres meses de padecimiento. Gracias á un enérgico tratamiento por el ioduro de potasio y las unciones mercuriales, la cornea recuperó su transparencia tan rápidamente que á los 15 días podía reconocerse el fondo del ojo. 84 La queratitis intersticial de la infancia es un estigma de la sífilis hereditaria, según lo ha demostrado Hutchinson. En varios casos de mi estadística queda plenamente demostrada esta verdad. «Inscripc. 240-—Niña, de 11 años, de padre desconocido, de constitución raquí- tica, dorso de la nariz deprimido, dientes típicos de Hutchinson, fue atacado de una opacidad blanca, difusa, del centro de ambas corneas, pero tan extensa que solo dejaba transparente un estrecho anillo de esta membrana. A la vez había mucha fotofobia y lagrimeo. A los diez meses de tratamiento seguido con irregularidad por su madre, quedaban dos leucomas centrales.» •■373. Mulata, de 21 años, constitución delicada, dientes de Hutchinson, fue atacada de queratitis intersticial en O. D. con manchas esparcidas en la membrana y complicada de iritis. A los cuatro meses apareció en 0. I. una opacidad difusa, central, situada en el tejido propio de la cornea, sin vascularización periquerática, pero con todos los caracteres de la queratitis específióa de Hutchinson.» Pero el easo verdadera mentó notable y típico de la queratitis heredo-sifilitica es la inscripción. «981.—Niño blanco, de 4 años, de constitución delicada. La fontanela anterior no ha cerrado bien. Dientes de Hutchinson: los centrales superiores muy anchos, coitos, ennegrecidos, y de bordes cóncavos; los laterales algo dentados, pero no esca vados, los inferiores dentados. Cuando 1 o vi, Julio 1888, sufria de queratitis inte- rsticial de tres meses en 0. I. y de dos en O. D. constituida por una opacidad blan- ca, turbia, en casi toda la extensión de ambas corneas; de estas la de O. I. está estafilomatosa y la opacidad tiene un tinte rojizo en su porción externa. Los trastornos funcionales son: disminución déla vista que le impide distinguir los objetos para caminar sin tropiezos, abundante lagrimeo, fotofobia tan intensa que lo condena á permanecer en la oscuridad. Prescribo el jarabe de Gibert para tomar dos cucharadas diarias, y localmente colirio que en este caso era útil contra la fotofobia, compuesto de Sulfato de atropina 0.02 gr. Clorh. cocaína 0.50 » Agua dest 15 » Para instilar gotas dos veces al día. A fines de Agosto la cornea de O. I. había aclarado bastante, de modo que se veian el iris y la pupila. Mismo tratamiento, aceite de bacalao, y baños frios de esponja. Diciembre 13.—Vuelve depues de una ausencia prolongada. Cambio asombro- so. Las corneas han recuperado su transparencia. Solo en la de O. I. queda una lijerísima opacidad central. El niño está grueso, de buen color, y con Ja alegría propia de sus años.» El éxito brillante del tratamiento específico vino á confir- mar las aserciones del sabio profesor inglés. 85 Debemos ahora ocuparnos de otra forma de esta afección: la queratitis intersticial leprosa. En el Hospital de San Lázaro de esta ciudad he recogido ocho observaciones, en individuos <{ue padecían cualquiera de las tres variedades de lepra, bien fuese la anestésica, la mixta ó la tuberculosa. La queratitis empieza por el borde de la cornea bajo forma de un velo blanquecino que se extiende lenta y progresiva- mente por toda la membrana. Esta inflamación no se acom- paña de reacción por parte de la conjuntiva ni determina otros trastornos funcionales que la pérdida gradual de la vis- ta. La anestesia de las membranas externas del globo ocu- lar explica esa marcha silenciosa de la enfermedad que en el trascurso de algunos meses sume en las tinieblas á los infelices leprosos sin que llegue á presentarse ningún cortejo inflama- torio. La opacidad se inicia siempre en el borde de la cornea; pe- ro no en todos los casos marcha de un modo idéntico; uno de mis enfermos (886) presentaba dos placas difusas esparci- das en el tejido sano; on otro la opacidad tenía la forma de un segmento que ocupaba el tercio de la cornea, y aunque en grado menor lo sufría de un modo simétrico el segundo ojo; y en fin otra disposición especial es la de un anillo de 0ra.002 á 0m.004 de ancho que envuelve la pupila, en el sitio y á la manera de un arco senil. Al cabo de un tiempo va- riable, pero siempre muy prolongado la opacidad ocupa toda la extensión de la cornea como en la inscripción 882, y en- tonces la ceguedad es completa. Véase una observación: «886. Queratitis intersticial leprosa. Anciano, blanco, que padece de lepra an- tigua de la forma sistematizada nerviosa. En ambas corneas se observa una opaci- dad difusa, de aspecto semejante al del vidrio sin pulir, de modo que el ojo aparece empañado por un velo blanquecino interpuesto en la sustancia misma de la cornea tanto en la capa epitelial como en las mas profundas, de manera que imposibilitan distinguir la. porción de iris que recubren. El enturbiamiento de la cornea es si- métrico en ambos ojos, más desenvuelto en O. D. donde ocupa un segmento que 80 representa | de la superficie de la membrana, mientras que en O. I. es una peque- ña mancha en la misma dirección supero-externa. Sus bordes se confunden con el tejido sano por una zona menos opaca. Esta inflamación crónica nunca ha deter- minado reacción inflamatoria ni otro trastorno funciona] que la disminución de la vista en O. D. por obstrucción mecánica al paso de los rayos luminosos. Su mar- cha es lenta pero fatalmente invasora hasta cubrir el iris como una cortina, sin que el Dr. Arango, médico del asilo, la haya visto ceder bajo la influencia de ninguna medicación. Queratitisin tersticial sifilítica Queratitis intersticial leprosa. Aunque las queratitis intersticiales sifilítica y leprosa de- terminen una opacidad semejante de la cornea, ofrecen sin embargo numerosos caracteres que las diferencian. Des- de luego la historia patológica: en el siñlítico, los signos propios de esta diátesis; y mas fácilmente aun en el leproso que presentará múltiples manifestaciones en la piel, puesto que la queratitis es una manifestación tardía de su enferme- dad. En cuanto á la queratitis en sí: la sifilítica se acompaña de lagrimeo abundante, inyección conjuntiva], y fotofobia in- tensísima, al paso que la de origen leproso es indolente, si- lenciosa, sin reacción; la opacidad de la queratitis sifilítica se inicia por el centro de la cornea y se extiende en todos sen- tidos conservando siempre la forma circular, mientras que en la lepra la marcha es inversa, empieza por una opacidad di- fusa del borde, que lentamente invade el centro bien sea mar- chando en un sentido, ó como un anillo que se ensancha. En los casos que he conservado de la forma sifilítica, siempre se ha observado trasparente un anillo junto al borde de la cor- nea, pero en la leprosa llega esta á quedar uniformemente tur- bia. La mancha de la queratitis sifilítica es blanca en el centro 87 y sus límites son difusos, la queratitis leprosa es mas bien in- colora, turbia, como un cristal sin brillo. En un punto cualquiera de la cornea, generalmente en el centro, aparece una opacidad envolviendo un abceso de 0.m001 á 0.m004 de diámetro, otras veces son dos ó tres, y más rara- mente muchos abcesitos menores que una cabeza de alfiler, diseminados en una opacidad difusa. Una viva reacción in- fiamatoria por parte de la conjuntiva con lagrimeo, fotofobia, y disminución de la vista, y con frecuencia la inflamación del iris, acompañan á esta enfermedad. Los abcesos, situados en el tejido propio de la cornearse fra- guan una abertura, bien en la cara posterior, vaciando el pus en la cámara anterior constituyendo un hipopion, pero habi- tualmente en la superficie externa de la cornea, formando úl- QUERATITIS P A RE NQUIM AT OSA. ’S s o;o Sexo, Raza. Edad. Profesión. Ojo en- fermo. Complicaciones. Constitución. 75 M. 8 I. 11 2 V. B. 6 I. 192 V. Ch. 38 D. I. Ulcera serpiguiosa-hipopion Escrofuloso. 202 V. M. 27 D. I. Pcrfor. cornea I. con herma iris. Escrofuloso. 475 V. B. 35 Labrador. D. I. Ulceras-hernia iris Buena. 481 V. B. 30 Labrador. D. I. Ulceras-hernia iris iritis. Anémico. 572 V. N. 32 Sirviente. D. Ulcera-Iritis. Buena. 581 V. B. 40 Tabaquero 1. Iritis. Sifilítico. 738 V. M. 18 D. I. 914 II. B. 37 Su casa. D. I. 921 V. B. 3 D. I. Escrofuloso. ceras de extensión y profundidad variables, que en algunos casos se hacen infectantes y comprometen la función del ór- gano. Después de uno ó dos meses de evolución se obtiene la curación con persistencia de leucomas espesos, blancos, naca- rados, en el sitio de las úlceras, y desaparición de la aureola de infiltración. Como la enfermedad es propia de las constituciones debilita- das ó escrofulosas, de ordinario la padecen de los dos ojos á la 88 vez, aunque nu siempre en el mismo grado de evolución. Los enfermos por mí observados eran niños ó adultos, de todas las razas, y en su casi totalidad varones, diferencia de sexos que considero puramente casual, atendido que la causa remota de la enfermedad es la constitución escrofulosa que es hasta más común en las mujeres que en los hombres. La profesión de los enfermos, señalada en pocos de estos casos, no pareció ejer- cer influencia en el desarrollo de la afección. Es muy posible que un traumatismo determine esta forma de queratitis. El 481 vino á consultarme teniendo ya vastas úl- ceras con perforación, hernia del iris, é iritis; y el 572 había sufrido penetración de un cuerpo extraño con formación de cataratas, y queratitis. Un individuo sifilítico con su organismo empobrecido por esta diátesis y por la anemia común de su oficio, presentaba diseminada en el centro de la cornea O. I. múltiples abcesitos con un cortejo inflamatorio intenso. Y en fin, tal vez el paludismo influyó en el desarrollo de una querato-iritis de ambos ojos en un (481), labrador, que presentaba vastas ulceraciones, simétricas, profundas, redon- deadas, de bordes en bisel y fondo súcio, situadas en la mitad superior de las corneas, con vasos de nueva formación y viva inyección de la conjuntiva. Al mismo tiempo el humor acuo- so estaba turbio, las pupilas contraídas y sufría el enfermo dolores ciliares y gravativos en la frente. El estado general, de este individuo de ordinario sano, esta- ba notablemente modificado; había adelgazado, tenía anore- xia, malestar general y poca aptitud para el trabajo. Todos estos fenómenos se presentaron en el Otoño de 188b que fue muy lluvioso. Prescribí un purgante, quinina y tónicos al interior, atropi- na y lociones antisépticas localmente; y al cabo de un mes se obtuvo la curación con un leucoma definitivo en el sitio de cada úlcera. 89 CUERPOS EXTRAÑOS. En la cornea se inscrustan diversas sustancias, bien sea ac- cidentalmente ó por el uso imprudente de ciertos colirios. Es- tos cuerpos, de ordinario muy pequeños, fueron en su mayoría metálicos, (siete veces), en dos enfermos fueron partículas de carbón, en otros dos, granos de arenas, y una vez un pedacito de madera. Ambos ojos se hallan expuestos indistintamente á este accidente; así de estos 13 casos se observó en 7 sobre O. D. y en 6 sobre O. I. Nada más ccmún en los talleres de fundición que la im- plantación de partículas metálicas en la cornea, poco adheri- das, que los mismos obreros se extraen con facilidad valiéndo- se de un palillo puntiagudo ó de la punta de una cuchilla. Estas partículas de hierro, son de color moreno, redondea- das, y ocasionan inyección periquerática, frecuente pestañeo, epifora, dolor, fotofobia y disminución de la vista, pero pueden permanecer muchos dias adheridas á la cornea sin que aumen- te la reacción inflamatoria. Una vez extraidos se vé que son la- minillas de color rojizo, blandas, que se dejan dividir fácilmen- te con la punta de la aguja; en una palabra, no se creerían de naturaleza metálica si no se presenciase diariamente este acci- dente. Después de extraído queda una ulceración que cicatri- za rápidamente dejando una nubecilla, á veces inapreciable. Entre los cuerpos extraños metálicos, implantados en la cor- nea he observado incrustaciones plúmbicos' en tres enfer- mos producidas por el uso inoportuno de colirios de acetato de plomo en el tratamiento de las oftalmías. La inscripción 167 íe refiere á un mulato carretero que para combatir una oftalmía con ulceración central de la cornea izquierda usó un colirio de acetato plúmbico que cubrió la pérdida de sus- tancia de una placa blanca, brillante, perfectamente limitada. Vino á consultar, por que los fenómenos inflamatorios no ce- dían con ninguna medicación. Con una aguja apropiada des- 90 prendí dicho depósito que era quebradizo y adherente y daba á la percusión sonido metálico. El número 387 era una mujer que presentaba sobre un vasto leucoma de la cornea derecha de un ojo en vías atróficas, in- crustaciones plúmbicas causadas también por un colirio de agua blanca. Hice en dos sesiones la extracción de las placas de plomo que eran más tenues que en el caso anterior. El 605 era una negra que sobre una úlcera central de la cornea izquierda tenía un depósito de plomo por haber em- pleado colirios de esta base para curarse. Dicho cuerpo extraño era ya tolerado sin más complicación que la dismi- nución de la vista y lagrimeo, pero sujeta la cornea á alter- nativas de inflamación y de reposo. Este depósito plúmbico que á la simple inspección se reconocía ser un cuerpo extraño, era una lámina gruesa, blanco mate, que llenaba todo el hueco de la pérdida de sustancia y producía sensación me- tálica al contacto de la aguja. Al hablar del hérpes ocular (Revista de Ciencias Médicas, 1888) describí un caso en el cual se reconoció la descamación epitelial de la cornea por incrustación plúmbica provocada por un colirio de extracto de Saturno que la enferma había usado el di a anterior. Bien sabido es que el agua común en contacto del acetato de plomo líquido, precipita carbonatos y sulfatos plúmbicos que dan al líquido un color lechoso mientras están en suspen- sión, y por el reposo se depositan en el fondo del vaso bajo forma de polvo blanco. Si en los casos de úlceras de la cornea se instilan en el ojo enfermo gotas del agua vegeto-mineral, se depositan en el fondo de la ulceración partículas de sulfato y carbonato de plomo que se sustraen al pestañeo y que no pueden barrer las lágrimas, llegando á formar por adiciones sucesivas una capa que recubre la pérdida de sustancia hasta el nivel de la su- perficie de la cornea. Estas placas blanco-agrisadas, y lisas, 91 que cuando son espesas reflejan vivamente la luz, provocan inflamaciones poco intensas pero rebeldes en ciertos casos con inyección conjuntiva], lagrimeo y fotofobia, ante las cuales no da resultado otro tratamiento que la extracción del cuerpo extraño. De este asunto se ocupó eu 1879 nuestro distinguido colega el Dr. Santos Fernandez, para censurar, como ahora lo hace- mos, el abuso con que el curanderismo ha prodigado el agua de Goulard en todas las enfermedades oculares inflamatorias. Nosotros tenemos casi proscrita de nuestra práctica dicha sustancia tan fácil de sustituir con otros astringentes inofensi- vas, por no exponernos á agravar el estado de los enfermos en ciertos casos de úlceras de fondo limpio que son poco aprecia- bles á un exámen ligero, ó en otros de descamación epitelial que también puede pasar desapercibida. Algunas profesiones exponen á este accidente: los herreros y mecánicos en las fundiciones lo sufren con frecuencia; y también es común en los carboneros, picapedreros etc., y de un modo general en todas las personas que están expues- tas al choque de sustancias pequeñas y duras. ULCERAS. Las úlceras de la cornea constituyen una lesión secundaria, consecutiva á una enfermedad local ó bien dependientes del estado general. Los traumatismos, oftalmías, queratitis paren- quimatosas, originan con frecuencia úlceras de la cornea, así como el tríquiasis, que obra mecánicamente,}7 otras afecciones oculares. Pero he observado también úlceras de esta membrana por consecuencia de un estado general grave; la anemia pro- funda y la adinamia son los factores determinantes de la le- sión ocular, como en los casos anotados de hepatitis aguda, del cáncer del cuello con infección general y de gangrena si- métrica de las extremidades. En los enfermos de lepra y de bo- cio exoftalmico que sufren de igual manera úlceras de la cor- 92 nea se engendra esta lesión, no por la enfermad general directa- mente, sino por el traumatismo repetido délos agentes exte- riores, gracias á la anestesia de las membranas externas en el primer caso, y á la imposibilidad de pestañear en el segundo por la retracción del elevador del párpado. Aunque no poseo hechos confirmativos, no dudo que los estados febriles graves de larga duración se compliquen á veces de úlceras de la cornea. Las úlceras se observan en todas las edades: de los 44 casos inscritos se presentaron 8 en la infancia, 22 en los adultos, y 14 en la vejez. Esta enfermedad es mas común en los varones que en las hembras, y se observó en todas las razas, principal- mente en los chinos, en los queá menudo estas úlceras se vuel- ven atónicas, dejan vastos leucomas ó terminan por atrofia de la cornea como veremos al hablar de esta enfermedad. Las personas inscritas con úlceras déla cornea ejercían profe- siones variadas; pero es indudable que ciertas ocupaciones pre- disponen á contraer la enfermedad, como sucede á los cocine- ros y labradores, quienes además del calor intenso que expone á oftalmías sufren con frecuencia de cuerrpos extraños que producen úlceras; los tabaqueros, víctimas de una caquexia especial, contraen úlceras que agravan la atmósfera irritante del polvo del tabaco; los carreteros, etc. La mayor parte de los que padecen úlceras de la cornea son individuos linfáticos, anémicos, caquécticos, debilitados por la miseria ó por ciertas profesiones; pero no es raro observarlas en personas de buena salud habitual, sobre todo si reconocen por origen un traumatismo. Hemos preferido indicar en la estadística el número de en- fermos que padecían úlceras, pero no el número de estas. Mu- TOTAL OJO AFECTADO. ULCERAS. CARACTER. PROFUNDIDAD. SITUACION enfermos. D I DI Una. Varias. Simple. Infes- tante. Super- ficial. Profun- da. Perfo- rada. Central Supe- Inferior Perife- 44 17 17 lü 3!) 15 35 9 24 18 6 21 2 7 10 93 chas personas las presentaban en uno solo ó en ambos ojos, y las úlceras fueron una ó varias sobre la misma cornea. La ins- cripción 5 se refiere á un mueblista que presentaba sobre la cornea derecha tres vastas úlceras infecciosas, limitadas por el borde esclerotical y que dejaban solo un estrecho espacio central de tejido sano. Los dos ojos la padecen con igual frecuencia, y en una cuar- ta parte de los casos las sufrían ambos á la vez, y otros enfer- mos tenían una úlcera en un ojo y varias en su congénere. Las úlceras que se observan con mayor frecuencia son su- perficiales, anchas, irregulares, de fondo limpio; en otros ca- sos atacan profundamente al tejido propio de la cornea, con los bordes cortados á pico ó en bisel, y su fondo es mas ó me- nos súcio recubierto de una sustancia blanquecina ó bien de mucosidades si coexiste una oftalmía catarral. Cuando el teji- do propio de la cornea ha sido destruido en todo su espesor, la membrana de Descemet forma hernia y se coloca al nivel de la superficie de la cornea, y como entonces queda limpia la úlcera puede pasar desapercibida su profundidad. Estas úlce- ras profundas terminan con frecuencia por la perforación de la membrana y formación de una sinéquia anterior ó persis- tencia de una hernia del iris. Son raras las úlceras del segmento superior de la cornea, mas comunes en su mitad inferior, son sobretodo frecuentes en el centro y en el borde de la membrana. Esta elección de las partes descubiertas explica la gran influencia que en su producción tienen los traumatismos y los agentes exteriores, que obran constantemente sobre el globo; en el centro de la membrana por la menor resistencia vital y en la periferia por favorecer la acción exterior la depresión que forman al unirse los bordes de dos segmentos de esfera de radio desigual. Así como las úlceras del centro son mas ó menos redondeadas, en los bordes afectan á menudo la forma de un arco ó media lu- na. Estas úlceras alargadas, ordinariamente infecciosas, pro- 94 gresan si no detiene su marcha un tratamiento enérgico. Sim- ples en su principio, desde que se hacen infecciosas se torna sucio el fondo por una sustancia blanquecina ó amarillenta, adquieren mayores dimensiones agrandándose casi siempre en una dirección que presenta el borde grueso y recubierto de la materia séptica. Tal era el caso de un hombre de 54 años (Ins- cripc. 756) que vi en el Hospital Mercedes con gangrena simétrica de las extremidades inferiores y estado general gra- ve, que presentaba una úlcera infecciosa en el tercio de la cornea izquierda. Su límite inferior era el borde escleral, y el superior casi recto, era la cuerda del arco que ocupaba la úl- cera. Esta se hallaba recubierta de una materia purulenta, ama- rilla, mas aglomerada en el borde superior donde la ulcera- ración es mas profunda y su borde tallado á pico, y por cuyo lado invadía progresivamente el centro de la cornea. El tratamiento de las úlceras simples que empleo habitual- mente se reduce á mantener limpio su fondo mediante locio- nes repetidas tres ó cuatro veces al día con una solución de ácido boricoal 4%, y por este solo medio entran rápidamente en vías de cicatrización. Si la úlcera es profunda, uso además la atropina cuando está situada en el centro, y la eserina si es periférica. Contra las úlceras infecciosas ordeno las duchas locales de vapores medicamentosos repetidos diariamente por espacio de cinco á diez minutos. Generalmente me valgo de una solución de ácido fénico al V200 Vioo, ó asociado al ácido bórico al 3 % ó bien de licor de Van Switen. Las compresas húmedas calien- tes también dan buenos resultados. La pomada de iodoformo y vaselina al Vio, de óxido amarillo de hidragirio al 1 c/o son útiles, depositando una ó dos veces al dia una pequeña porción en el globo ocular. Convienen los tónicos cuando lo requiera el estado del enfermo. LEUCOMAS. El leucoma es una opacidad permanente blanquecina y sin 95 inflamación de la cornea, debida á un trastorno de la circula- ción de esta membrana. El exceso de la presión intraocular produce esa opacidad difusa de la cornea, que se observa en algunos casos de glau- coma. La contusión que determina la salida de la catarata en los bordes de la incisión, ó la mala coaptación de estos ó los traumatismos con instrumentos operatorios, es también causa de opacidades, generalmente poco extensas Pero el leu- coma típico, el que habitualmente observamos, no es más que el tejido cicatricial de una úlcera. Cada una de estas causas determinan una forma de leuco- OJO ENFERMO SITUACION FORMA TOTAL D. í. o. i. Central Perifé- rico Total Nu- bécula Leu- eoma Estafilo- ma 124 43 37 44 66. 38 20 27 75 22 ma diferente. La opacidad debida al exceso de la presión in- fraocular es difusa, de un color blanquecino sucio, no inter- cepta por completo el paso de la luz, empieza siempre por el centro de la cornea, que es el punto de más difícil nutrición, se extiende más ó menos, y se pierde insensiblemente en el tejido sano. Como trastornos funcionales determina la dis- minución de la vista, la deformación de los objetos y el cro- matismo de la lente corneal que los enfermos acusan bajo for- ma de iris más ó menos completos al rededor de un foco lumi- noso. Las opacidades debidas á incisiones limpias de la cornea con instrumentos operatorios cuando no coaptan bien los bor- des de la herida se manifiestan por una série de líneas para- lelas perpendiculares á la incisión, que desde ésta se extien- den al centro de la cornea. Estas opacidades disminuyen por el restablecimiento de la circulación y llegan á ser casi 96 inapreciables y limitadas al mismo borde de la incisión. Las contusiones de la membrana producidas por la cucharilla cuando se trata de extraer restos de opacidades, si son repeti- das, determinan una mancha blanca limitada á los puntos contundidos. Pero acabamos de decir que la forma más común de leu- coma es consecutiva á una solución de continuidad de la cor- nea: las úlceras. En efecto, la cicatrización de la pérdida de sustancia se hace mediante la organización de un tejido nue- vo, opaco, ordinariamente bien limitado, de color blanco anu- loso, más deprimido que el nivel de la membrana, y cuya superficie más ó menos desigual, refleja la luz en diversos sen- tidos. Estas opacidades, cuyo espesor y extensión dependen de las dimensiones de la úlcera, interceptan por completo los rayos luminosos, y en sus bordes al confundirse con el tejido sano determinan aberraciones de refrangibilidad que defor- man los objetos y disminuyen considerablemente la intensi- dad de la vista. Tenemos, pues, tres causas distintas que originan tres for- mas diferentes, de leucomas, fáciles de diagnosticar á la simple inspección. El leucoma es una de las lesiones oculares que se observa con mayor frecuencia. Lo producen enfermedades comunes de la cornea. Las pústulas ulceradas de la oftalmía pustulosa, tan frecuente en los niños, producen nubéculas redondas, de ü.m001 á 0.m002 de diámetro, muy superficiales, cuyo color blanquecino se desvanece hasta liacerce difícilmente aprecia- ble, pero brotes sucesivos de esta oftalmía pueden causar tal número de estas pequeñas opacidades, que la vista se vea se- riamente comprometida. El pcinnus de la cornea bien sea producido por esta enfer- medad ó por granulaciones específicas determinan también manchas superficiales más extensas que pueden invadir una gran porción ó la totalidad de la cornea. 97 Las úlceras de la comea, cualquiera que sea la causa que las produzca, se curan constantemente por la formación de un leuconqa, siempre blanco, espeso, como acabamos de indi- carlo. Varias úlceras sobre la misma cornea llegan á dar al cicatrizarse un tinte esclerótico á casi toda la extensión de la membrana. El pus de la oftalmía purulenta produce un reblandeci- miento, quercitomalacia, de color blanco opaco, que á veces comprende toda la extensión de la cornea, se perfora en el centro, y es causa de esos vastos leucomas totales adherentes con pérdida completa de la vista. La cornea atrofiada, como veremos más adelante, toma un color general blanquecino. Diversas enfermedades generales repercuten sobre el globo ocular produciendo leucomas como he tenido ocasión de ob- servarlo en la viruela, el sarampión y la lepra. Las manchas de la cornea trastornan la regular disposición de las capas propias ó simplemente del epitelio de la membra- na, y producen un astigmatismo irregular que disminuye la vista de un modo notable, si las opacidades interesan el cam- po pupilar. No he tenido la curiosidad de anotar la intensidad de Y. en todos los casos de leucomas que lie observado, porque real- mente es de poca utilidad práctica dada la imposibilidad de destruir las opacidades. Pero en mis observaciones he visto que pueden leer los diferentes números de la escala de Sne- Uen, dando de V—§ V—l/io, casos de contar los dedos solo á 0m.50, otros de simple percepción luminosa, y dos veces be visto la pérdida total de la vista. Los leucomas se producen en todas las edades de la vida; pero son indudablemente más frecuentes en la infancia. Aun- que en el libro de inscripciones figuran mayor número de adultos con leucomas, hay que observar que estas lesiones aparecieron en la infancia. 98 Entre los casos de leucomas observados por mi hajr uno notable por la época en que se produjo, cuya historia clínica relataré en breves palabras. 855.—En Febrero de 1888 vi en la Real Casa de Benefi- cencia una niña de 7 años, de constitución delicada, que pre- sentaba en ambas corneas leucomas centrales, de color blan- co brillante, que reflejaban la luz en diferentes direcciones porque sus superficies estaban formadas por facetas numero- sas. Estos leucomas se acompañaban de adherencia del iris; y sus ojos sufrian además de nistagmus, debido al obstáculo que á la vista oponían los leucomas. Este caso es notable por asegurarme las Hermanas de la Caridad del Asilo que cuando depositaron esta niña en el torno, ya tenía esas manchas blancas en los ojos, sin tumefac- ción ni supuración, y que abría perfectamente los párpados. De modo que sufrió una queratitis intrauterina con abceso central y perforación de ámbas corneas. La causa de esta queratitis fué probablemente la sífilis heredada. He observado los leucomas con mayor frecuencia en los varones que en las hembras, lo que se explica por hallarse aquellos más expuestos á padecer ulceras de la cornea que es la causa habitual de las opacidades de esta membrana. Se observaron con frecuencia casi igual en todas las razas. Sin embargo, es de creer que sean mas frecuentes en los Chinos que los sufrieron en notable proporción á pesar de no existir en el país niños de esta raza. El número total de leucomas en esta estadística indica la mucha frecuencia de esta enfermedad. De los 118 casos ano- tados en una tercera parte residía la lesión en la cornea de- recha, y en otra tercera en la izquierda presentándose el res- to en ámbas á la vez. Las opacidades son de tamaño variable; menores que una cabeza de alfiler ó tan grandes como toda la extensión de la membrana. Su número también varía: sobre la misma cor- nea se asientan una ó varias que pueden estar agrupadas ó diseminadas. Respecto á su situación, la mayor parte eran centrales y por consiguiente dificultaban más la vista. En la séptima parte de los casos los leucomas fueron totales, es decir, que comprendían toda la extensión de la cornea. Las manchas superficiales de la cornea que son poco apa- rentes, conocidas por nubéculas son menos frecuentes que los leucomas verdaderos, formados para recubrir las perdidas de sustancia del tejido propio de la cornea. El leucoma es estajilomatoso cuando por falta de resistencia de la cornea la presión intraocular la distiende, deformándo- la y haciéndola tomar una forma más ó menos cónica, bien en toda su extensión, ó lo que es más frecuente, solamente en el punto debilitado. He observado 22 de estos casos de estafi- loma, unas veces total, pero de ordinario parcial. La ectopia de la cornea fue á veces muy poco apreciable, pero en un caso formaba un cono de 0m005 de altura, y en otro caso ambas corneas completamente blancas eran difícil- mente recubiertas por los párpados. 99 QUERATOCONO. Este defecto congénito de la forma de la cornea, llamado también estafiloma pelúcido para diferenciarlo del opaco que acabamos de examinar, solo se presentó en un enfermo coin- cidiendo con cataratas igualmente congénitas. La cornea con- servaba su transparencia normal, pero con una distensión có- nica, cuyo vértice era el centro de la membrana, y tenía por base el anillo escleral. ATROFIA. La atrofia de la cornea es una enfermedad que aun no ha sido descrita. Esta afección, de suyo externa, no requiere me- dios especiales para reconocerse; se diagnostica á la simple inspección. 100 Es bastante frecuente. Entre 1000 enfermos de los ojos, la padecieron 19; se observa por consiguiente casi en el 2 de los casos. La atrofia de la cornea es una enfermedad secundaria que puede presentarse sobre un solo ojo ó sobre ambos á la vez; en la estadística que aquí presento se asentaba 9 veces en O. D., y 11 en O. I. En tres de los casos la enfermedad fui* binocular. En esta enfermedad la parte posterior ó esclerotical del glo- bo ocular conserva su volumen normal. Esta circunstancia y las lesiones corneales que vamos á describir caracterizan la atrofia. La cornea se presenta deprimida, afectando la for- ma de un plano vertical, pierde su brillo y transparencia; en muchos casos está opalina ó es asiento de leucomas más ó menos extensas, yen muchos otros presenta pliegues finos verticales y paralelos que dan un aspecto especial á la mem- brana. Con frecuencia en los casos de existir leucomas se ven vasos adventicios serpentear por la superficie de la cornea. A veces esta membrana conserva una transparencia dudo- sa, otras veces está muy adelgazada, pero ordinariamente la cámara anterior ha desaparecido por completo, ó el enturba- miento de la membrana impide darnos cuenta del estado de dicha cavidad. Esta afección es independiente, ó se complica de xerosis ó atrofia de la conjuntiva. Otro síntoma de gran importancia es la disminución de los diámetros de la comea, que llegan á quedar ruducidos á 0m 008 y hasta á 0m 005, y esto se explica por el aplanamiento de la membrana y la opacificación de la zona periférica que toma una coloración blanca análoga á la de la esclerótica con la que llega á confundirse. En una palabra, la atrofia, de la cornea puede definirse clíni- camente por los síntomas siguientes: aplanamiento de la cor- 101 nea ron pérdida de su transparencia y disminución, de sus diáme- tros con integridad del segmento posterior del globo. A estos puede agregarse como síntoma de importancia la formación de arrugas ó pliegues verticales sobre dicha membrana. La tensión intraocular en esta enfermedad puede ser ma- yor, igual ó menor que la normal, según cual haya sido la afección causal. En todos los casos el funcionamiento del órgano se halla gravemente comprometido. Si la córnea ha conservado al- guna transparencia, puede existir la percepción luminosa, co- mo sucede en la mitad de los casos; pero de lo contrario la ceguedad es completa y el órgano no responde á las escitacio- nes de la luz. Esta afección se observó con mayor frecuencia en la edad adulta, en el periodo comprendido entre los 20 y los 50 años; pero en la mayor parte de los casos data de la infancia, inclu- yéndose entre éstos uno á los 5 años, y hasta puede verse en la primera infancia consecutiva a una oftalmía de los recien nacidos. La padecen casi exclusivamente los varones, que indudable- mente están más expuestos á padecer las causas de esta en- fermedad, pero no sería extraño que otra estadística acusase mayor proporción para las mujeres. La pueden padecer todas las razas, pero en el cuadro que he trazado es proporcionalmente más común en los chinos. En cambio, ninguno de estos enfermos pertenecía á la raza negra; hecho casual, pues ninguna razón existe que le de in- munidad contra este pacedimientó. El género de ocupación no ejerce la menor influencia eñ el desarrollo de la atrofia, así es que entre estos enfermos ha- bía campesinos, músicos, carpinteros, lavanderas, etc. Múltiples causas pueden traer por resultado la atrofia de la cornea. Ordinariamente son oftalmías antiguas que los en- fermos describen con más ó menos vaguedad, pero en cuatro 102 casos fue positivamente debida á la oftalmía purulenta; en dos casos consecutiva á pústulas de viruela desarrolladas sobre la cornea; en otros dos obedeció á traumatismos operatorios; en uno, á un traumatismo accidental, y en otro en fin, á la acción mecánica de las pestañas sobre la cornea en un enfer- mo que padecía de entropión por granulaciones específicas. La atropia de la cornea no es pues mas que el resultado de una lesión grave de dicha membrana que ha comprometido seriamente su nutrición, durante mucho tiempo hasta el pun- to de hacerle perder su forma y transparencia dejándola re- ducido á una capa delgada mas ó menos resistente. La atrofia es siempre secundaria, consecutiva á otros pa- decimientos como acabamos de ver. La frecuencia con que se acompaña de hernia del iris demuestra la preexistencia de ulceraciones profundas de la cornea; los exudados pupilares y atrofia del iris son la prueba de una linfangitis anterior, etc. Ordinariamente el iris atrofiado ha contraido adherencias en toda su extensión con la cara posterior de la cornea. Hasta hoy no se conoce tratamiento ventajoso contra esta afección. Para mayor ilustración de este estudio transcribimos á con- tinuación la historia clínica de los enfermos que sirvieron pa- ra formarlo. N° 171. Anciana blanca, de 60 años, me consultó en Sagua el 22 de Julio de 1884, por la afección siguiente: Ectropión de ambos párpados inferiores. O. I. Atrofia del segmento anterior del globo, que está aplanado. La porción posterior conserva su volumen normal. F= O. O. D. Vasto leucoma vascularizado. V=percepción luminosa. Esta afección, epie data de muchos años, fue causada por una oftalmía grave, cuya naturaleza no he podido precisar. En 1888 continuaba en el mismo estado. El tratamiento usado consistió en lociones astringentes, y por dos veces la infusión de peonía (abrus precatorius) sin ningún resultado. N?195. Chino, de 48 años, visto en el Hospital Civil de la Habana en Di- ciembre de 1884.—Presentaba una atrofia, del segmento anterior de ambos ojos. 103 N° 250. Un mulato, (músico) de 44 años, visto en Sagua en Febrero de 1886. O. I. Atrofia de la cornea, por una ceguera que atribuye al frió padecida á los nueve años. Dice que luego tuvo una hidropesía del ojo, que diversos oculistas operaron por tres veces. El muñón que queda está bien formado conteniendo íntegra toda la cámara posterior del globo. En la cara anterior, que está aplanada, serpean algunos vasos y tiene un color blanquecino que se confunde con el de la esclerótica. Sobre esta cara se percibe la cicatriz regular de una operación que le practicó Carrón du Vi- llards en 1850 en la Habana. V=0. O. D. Normal. N? 255. Chino Aniceto, de 40 años, examinado en Febrero de 1886. Atrofia de. ambas corneas. O. I. La cornea, aplanada, está transformada en una capa blanquecina, con arrugas pequeñas paralelas y verticales, y con ligera vascularización superficial. Hay, sin embargo, transparencia suficiente para ver el color oscuro del iris, inme- diatamente por delante del cual pasa la cornea de modo que no hay camara ante- rior. No se ve la pupila. La conjuntiva del bulbo está empañada y seca, xerosis; y sobre la del párpado superior se ven unos puntos amarillentos y blanquecinos, diseminados y sin formar relieve. Las pestañas del parp. sup. se dirigen rectas hacia abajo, formando en la aber- tura natural de los mismos como un enrejado por delante de los ojos. Distingue el bulto de la mano cuando está cerca del globo y le proyecta- sombra. O. D. Presenta un aspecto idéntico al de su congénere pero además una mancha central blanca que fue el sitio de una perforación, á la cual viene á termi- narse una banda vascular desde el ángulo interno formando una especie de pteri- gión,—La comea, asiento de una opacidad difusa, aparece como un plano vertical situado inmediatamente por delante del iris, que se distingue confusamente T.=N. Tercibe el paso de la manó á 0.m 30 en dirección opuesta á la luz. El segmento posterior de ambos ojos, es decir, toda la porción cubierta por la esclerótica conserva sus dimensiones normales. La conjuntiva es poco laxa hacia el ángulo interno. La causa de este estado fue una conjuntivitis blenorrágica, que trató con re- medios caseros. 2>l" 259. Chino, de unos 40 años, que examinó en Sagua en Marzo de 1886, venia padeciendo desde hacia siete meses una oftalmía doble con supuración y ahora con complicaciones corneas. O. D. Ulcera periférica de la cornea que recibe varios vasos sanguíneos. O. I. Atrofia de la cornea que presenta un leucoma vascularizado. N? 283. Pordiosero, 28 años, en Marzo de 1886. O. D. Vasto leucoma ocu- pando toda la cornea, que está atrofiada, y ha perdido su convexidad normal pre- 104 sentándose todo el ojo casi como una esfera sin la separación marcada (pie se nota en el borde escleral en el estado sano. Percepción luminosa dcldia. O. I. Principio de atrofia del globo, por lesiones múltiples, que para este tra bajo sería inútil describir. Ni 2£9. Campesino de 26 años, me consultó en Sagua en Abril de 1886 }»or O. I. Principio de atropia del globo, que está más marcada en la cornea. Es- ta está adelgazada, es asiento de opacidades, y en su tercio inferior se ve una ber- nia del iris, que está pegado contra la cornea, y está también atrofiado, viéndose bien la estructura radiada de sus fibras musculares. La pupila que se distingue confusamente, está cubierta de exudados. T < n. Distingue bultos. Padece de dolores ciliares. O. D. Glaucomatoso, con grandes abultamentos de esclero coroiditis anterior opacidadas translúcidas de la cornea, T > n. V= percep. luminosa. Ni 302 Campesino de 73 años, examinado en Santa Clara en Abril de 1886. O. I. Atrofia de la cornea, ó séase del segmento anterior del globo. La cornea presenta pliegues verticales paralelos. ' O. D. Atrofia del bulbo por traumatismo operatorio. N° 350. Joven de 25 años, examinado en Mayo de 1886 en Cienfuegos. O. 1. Atrofia de la cornea y conjuntiva bulbar que se presenta formando plie- gues verticales y sin brillo. Hacia el borde inferior de la cornea hubo ulceración que hoy es un tejido cicatricial grueso, lardáceo, en cuyo centro mas adelgazado se presen ta el iris arrastrando la pupila. Fotofobia intensa. V= percepc. luminosa. O. D. Esclero-coroiditis anterior con opacidades de la cornea. Cuenta dedos á l.“50. Quedó ciego de una grave epidemia de ceguera, oftalmía grave, que hace cinco años dejó á muchas personas ciegas en Caonao. N° 406. Carpintero de ribera, de 55 años, visto en Cien fuegos, cu Junio de 1886. O. I. Atrofia de la cornea que es asiento de un vasto leucoma. La cornea está aplanada y el globo por consiguiente deformado por la reducción de su diámetro antero-posterior.—Hay percepc. luminosa, Fotofobia. Ha sufrido en este ojo trau- matismo operatorio. O. D. Atrofia del bulbo, por herida grave en la región anterior. En ambos, granulaciones palpebrales complicadas de entropion. N° 457. Enfermo, de 28 años, de buena constitución, visto en Sagua en Oc- tubre de 1886. O. D. Atrofia del segmento anterior del globo. O. I. Leucoma periférico. Estas afecciones son consecuencia de una oftalmía que tuvo en la niñez. 105 N” 488. Un joven de 22 años, visto en Sagua en Noviembre de L886. ü. D. Atrofia de la cornea. El ojo es indolente; no percibe la luz. Digo que es atrofia de la cornea, por que el segmento esclerótica! aparece con sus dimensiones y forma normales, mientras que la cornea está aplanada, en con- tacto inmediato con el iris. N° 498. Hombre de 50 años, visto en Sagua en Noviembre de 1886. O. D. Atrofia de la cornea. Esta membrana está opaca, aplanada y presenta numerosos pliegues verticales y paralelos. V=0. O. I. Vasto leucoma central. Su padecimiento sobrevino á causa de la explosión de una caldera en un inge- nio, donde estaba colocado. N° .343. Un sirviente de 32 años, visto en la Habana en Febrero de 1887. O. D. Atrofia de la cornea, con perforación central. Esta membrana tiene co- lor blanquecino, y forma ligeros pliegues hácia la perforación. No existe cámara anterior T < n. Distingue los bultos. El globo es algo menor que el del lado sano. N1.’ 601. Un chino de 43 años, dulcero, visto en la Habana en Abril de 1887. Atrofia de ámbas corneas, y hasta de la porción ciliar de la esclerótica más pronunciada, en O. D. donde hay señales de perforaciones. La conjuntiva invade una parte de la cornea. Esta presenta pliegues. V= pereepc. luminosa. Es consecuencia de oftalmía blenorrágica. N° 623. Niño de ó años, visto en la Habana en Mayo de 1887. O. I. Atrofia de la cornea, con leucoma total, perforación y hernia del iris en lado ext. Consecuencia de oftalmía purulenta que tuvo á los tres días de nacido. N'.’ 888. Joven de 19 años, visto en la Habana en Julio de 1887. Atrofia de ambas corneas. O. D. La cornea está aplanada y tan reducida, que apenas tiene 0."'1)0.3 diáme- tro. Conserva alguna transparencia que permite vislumbrar el iris. V=0. El resto del globo conserva sus dimensiones normales. O. I. La cornea es blanquecina, no se ve la pupila. T/ n. V=percepe. lumi- nosa. Xo 799. Mulata (le 43 años, lavandera, vista en Cárdenas en Enero de 1888. 0. D. Atrofia cornea. O. I. Glaucoma simple crónico. N1.’ 869. Hombre de 45 años, leproso, visto en la Habana en Febrero de 1887. 0. I. Atrofia de la comea, por cansa de la viruela que sufrió siendo niño. El globo ha disminuido algo de volumen. La cornea ha sufrido una reduc- ción notable, teniendo ahora unos 0.™ 008 diámetro: aparece de color oscuro sobre el iris, con el que está en contacto, y se distinguen sobre ella, líneas verticales pa- ralelas poco marcadas. 106 NECROSIS. La necrosis de la cornea se observa en afecciones generales graves, complicadas de úlceras de la cornea, y también se pre- senta en la oftalmía blenorrágica, y otras veces es consecutiva á traumatismos operatorios. La membrana toma un color blan- quecino, y se reblandece hasta ceder en el punto más débil, originando vastas perforaciones, que traen consigo la pérdida irremediable del órgano visual. FOTOFOBIA. En uu anciano, que á la verdad no pude examinar deteni- damente por ser uno de esos enfermos que se ven accidental- mente, me limité á inscribir este síntoma por no haber descubierto su causa en la conjuntiva ni en la cornea, que eran normales. AFECCIONES DE LA ESCLEROTICA. La esclerótica es una membrana resistente, constituida por tejido conjuntivo condensado, de vascularización escasa, y recubierta por la conjuntiva en su porción visible. Estas cir- cunstancias hacen que sean sumamente raras las enfermeda- des de esta cubierta ocular, de tal manera que su proporción de frecuencia no alcanza el 0.50% de todas las afecciones de los ojos. Contribuye más á esta pobreza el haberse trasladado la esclero coroiditis al grupo de afecciones del tractus uveal. ESCLERITIS. Dos de los cuatro enfermos inscritos padecían la diátesis reumática, pero ninguno presentaba manifestaciones agudas de reumatismo á la vez que la escleritis. Uno de los enfermos era reumático y leproso. La escletitis se presentó bajo forma de un botón rojizo más ó menos extenso, situado en el borde SEXO RAZA EDAD PROFESION OJO ENFERMO SITIO DE LA ESCLEROTICA DURACION DIATESIS H. B. 19 Su casa I. Lado externo 6 meses Reumatismo. V. CH. 24 D. I. H. B. 50 D. V. B. 27 Armero I. externo del limbo esclerotical. «El caso mas interesante fue la inscripción 552 referente á un individuo blan- co, de 27 años, armero, que había padecido anteriormente de reumatismo articular agudo en las extremidades, y se hallaba ademas atacado de elefantiasis de los grie- 108 gos. Sobre la esclerótica y limitado por el borde infero-externo de la cornea tenía un foco de cpiscleritis, de unos 0m005 diámetro, de color rojo vinoso, que no se modifi- caba á la presión, pero era doloroso al contacto, aunque un dolor soportable. La conjuntiva que lo recubría estaba edematosa é inyectada. Esta escleritis se acompañaba de una infiltración especial de la cornea. Por la porción vecina del borde de esta membrana se extendía una serie de ulceraciones punctiformes afectando la disposición de una cadena. En frente de dicha ulceración lineal existía una faja de 0™003 de ancha de infiltración difusa de la cornea seme- jante á una cicatriz pero de coloración apenas blanquecina. No sentía dolor ni fotofobia ni lagrimeo. Ordené un purgante, el salicitato de sosa y un colirio de atropina.» Hoy, por los casos que posteriormente he examinado de afecciones oculares leprosas, me inclino á creer que esta diáte- sis era la causa de su escleritis, y no el reumatismo, pues la forma de queratitis intersticial que padecía es idéntica á la que después he estudiado con frecuencia en el Hospital de San Lázaro. Siempre he combatido la escleritis con el salicilato de sosa, lociones emolientes, purgantes, y tónicos; y cualquiera influen- cia que haya tenido el tratamiento la enfermedad ha termi- nado por resolución en los casos que he podido seguir duran- te algún tiempo. AFECCIONES DEL TRACTOS UVEAL Las enfermedades de iris y de la coroides se observaron con bastante frecuencia, particularmente las localizadas en la porción anterior de esta membrana vascular. Las iritis y las sinequias posteriores dieron lugar á gran número de inscrip- ciones. Entre las enfermedades del tractus uveal, hemos compren- dido afecciones que no se limitan exclusivamente á esta membrana, tales como las corio-retinitis. Igualmente estudia- mos en este capítulo las enfermedades del humor vitreo, que tal vez no son más que complicaciones coroideas, ó por lo me- nos dependientes de trastornos circulatorios. Hemos creido conveniente, en fin, incluir en este grupo, elglaucoma, la más común de todas las enfermedades que ahora nos proponemos estudiar. La división en tres formas: plástica, serosa y parenquima- tosa, ofrece en clínica el inconveniente de no presentar sínto- mas diferenciales precisos, y establecer confusiones, puesto que una iritis diagnosticada de fotma plástica puede más adelante complicarse de hipopión, y pertenecer entonces á la variedad parenquimatosa. La etiología no es un guía más seguro; asi la iritis sifilítica, por ejemplo, que ordinariamente se presenta poco aguda, con exudado y sinequias, puede en otras ocasio- nes consistir en una infiltración celular del parenquima de esa membrana, con abundante producción de pus. IRTTTS. 110 Por estas razones, nos decidimos á estudiar en un solo gru- po todas las formas de iritis. Esta enfermedad se caracteriza esencialmente por la infla- mación del iris con producción de un exudado que establece adherencias anormales entre dicha membrana y la cristaloides. Empieza por una hiperemia subconjuntival, de color rojo vinoso, dispuesta como fragmentos de radios alrededor de la cornea. El iris está tumefacto, rugoso, sin brillo, adquiere un color más oscuro ó rojizo, la pupila es perezosa ó no reacciona á la luz, su escitante natural. Este cuadro inflamatorio se complica de dolores supraoculares y de cierto grado de fotofo- bia. Su duración es de una á seis semanas. La iritis es una enfermedad de la edad adulta; en esta esta- dística el más joven de los pacientes tenía 17 años, y 58 el más viejo. La padecen con mayor frecuencia los varones, pues- to que de 29 enfermos solo 5 eran hembras; sin embargo, los médicos de hospitales de mujeres podrán hallar una propor- ción igual para estas, atendido que la causa principal de la enfermedad es la diátesis sifilítica. La iritis en nuestro cuadro ha sido más frecuente en la ra- za blanca. Es una afección monocular ordinariamente, ó bien la pa- decen ambos ojos en período de tiempo diferentes; así es frecuente observar la iritis de un lado mientras que en el otro OJO ENFERMO VARIEDAD CAUSAS TOTAL D. i. D. I. Plástica Serosa PARENQIT- . MATOSA Sífilis Reuma- tismo Trauma Paludis- mo? 29 12 15 2 ' 27 1 1 9 2 3 5 ojo se ven sinequias posteriores ó partículas del pigmento uveal adheridas á la cristaloides, signo evidente de una iritis antigua. La inflamación del iris se observa en proporción sen- siblemente igual sobre ambos ojos. 111 La casi totalidad de las iritis que estudiamos aquí, fue- ron plásticas, es decir, que consistían en una inflamación limi- tada al iris, con producción de un exudado plástico que deter- minaba las adherencias á la cristaloides. Con frecuencia esta variedad de iritis no se acompaña de gran cortejo inflamato- rio, y hasta puede confundirse con otras enfermedades, (con- juntivis), si no se fija la atención en los dolores periorbitarios, en el estado de la pupila y en la hipercoloración del iris, lias* ta que aparecen las sinequias que evidencian el asiento de la enfermedad. En uno de los casos inscritos la inflamación con exudado plástico al principio tomó luego los caracteres de la variedad parenqui matosa. En dos enfermos anémicos que sufrían de úlceras de la cor- nea, era evidente una iritis intensa, sin que pudiera afirmarse cual había sido la afección primitiva, aunque me inclino á conceder la primacía á la inflamación querática, complicada de hipopión abundante, que hizo necesaria la intervención quirúrgica. En uno de ellos la mitad inferior de la cornea se infiltró de pus, de tal modo que se creyó al principio en la necrosis de la membrana. Las complicaciones corneas son frecuentes en las iritis por las relaciones íntimas que ofrecen ambas membranas en sus principales vías circulatorias: asi es que muchos autores han descrito una querato-iritis. De estos enfermos, uno ofrecía una queratitis parenquimatosa franca, en tres se percibía un entur- biamiento de esta membrana, y en otros úlceras mas ó menos extensas. De estos enfermos el 638, adulto y sifilítico, presentaba un Condiloma del iris de O. I. situado en la región supero-exter- na. Era un tumorcito liso, de color rojizo amarillento, indo- lente, implantado en la cara anterior del iris. Tenía forma piramidal; su base se ocultaba en la gran circunferencia del 112 iris, mientras que el vértice tocaba en la pupila, que tenía aplanado su borde en esta dirección. Diversas causas pueden originar iritis. Las mas frecuentes son diatesicas; y de estas, la sífiles. En efecto, la iritis es cons- tante en esta infección, y ha llamado la atención de los obser- vadores hasta el punto de indicarla como signo del periodo transitorio entre los secundario y terciario. Una tercera parte de los enfermos que nos ocupan eran po- sitivamente sifilíticos, y presentaban iritis plásticas, poco in- tensas, pero de larga duración, complicadas algunas de coroi- ditis anterior que se reconocían por los finísimos copos que flotaban en el humor vitreo. En la observ. 893 la iritis apareció á los pocos días de ver- se el cuerpo cubierto por una erupción maculo-papulosn generalizada. De modo que en este caso fue prematura la manifestación ocular, y á la vez intensa por la abundancia de sinequias, y rebelde por haber persistido durante tres meses, a pesar de un tratamiento específico llevado con energía. Dos enfermos de este cuadro eran reumáticos,y se combatió su iritis además del tratamiento local, con el propio de la diátesis. En tres casos la iritis dependía de un traumatismo, y en todos ellos la inflamación tuvo poca, intensidad. En fin, cinco enfermos de iritis eran campesinos, no dia- tésicos, que vivían en regiones palúdicas, lo queme hizo pen- sar que fuera este veneno la causa de su afección ocular, con ma- yor presunción porque de ellos, en dos, la iritis se complicaba de neuralgia facial generalizada á toda la oftálmica, ó á las dos primeras ramas del trigémino. La inscripción 668 se re- fiere á una negra de 35 años, que empezó padeciendo una neuralgia facial del lado derecho, con exacervaciones cada 4‘? dia, y complicada de iritis del mismo lado con lagrimeo, in- yección conjuntival periqueratica, pupila inmóvil, contraida, T >n, 3r simple percepción de bultos. 113 Pero ni en este, ni en ninguno de los casos sospechados de paludismo, el tratamiento quínico ha sido bastante decisivo para confirmarnos en esta opinión, así es que ponemos una. interrogación hasta adquirir observaciones mas completas. Otras iritis aparecen sin que se conozca su causa. (1) Pero en este capítulo no incluimos, las iritis consecutivas á las ope- raciones intraoculares, que serán objeto de atención preferen- te al ocuparme de la extracción de la catarata por ser esta la complicación mas frecuente de aquella operación. El tratamiento local de las iritis requiere las instilaciones cada tres ó cuatro horas de un colirio de Sulfato neutro de atropina cinco centigramos Agua dest diez gramos hasta obtener la dilatación pupilar. que debe sostenerse con instilaciones menos frecuentes de este colirio; las lociones emolientes, y las unturas mercuriales en frente y sienes pue- den prestar servicios. Como tratamiento general los derivativos intestinales, y el de la causa si es diatésica, que debe llevarse con energía hasta la cesación completa de la inflamación del iris, porque no de- be olvidarse que una vez formadas abundantes sinequias pue- den surgir graves complicaciones, y también por el temor de que la inflamación invadida la coroides, como no es raro ob- servarlo en las de origen sifilítico. HERNIA. Los dos casos de hernia del iris que figuran en el cuadro, se presentaron en la consulta por dicha lesión, dependiente en uno de un traumatismo operatorio, y en el otro consecuti- vo á una perforación expontánea por úlcera de la córnea. He visto además producirse las hernias en el curso de otras afecciones en tratamiento. Las consecutivas á operacio- (1) Posteriormente lie observado muchos casos de iritis leprosa, en el Hospital de San Lázaro, de esta ciudad. 8 nes que he practicado serán expuestas en la segunda parte de este trabajo. Para combatir las hernias empleo siempre que sea posible la excisión de la porción herniada, y la reducción de los extremos del iris aprisionados entre los labios de la herida, y después instilaciones cada hora del colirio Sulfato neutro de eserina diez centigramos Agua dest diez gramos Si no se logra la excisión, me limito al uso de este colirio y del vendaje. 114 SINEQUIAS ANTERIORES. La adherencia del iris á la cornea es una lesión consecutiva á la perforación de esta membrana, que reconoce por causa sus enfermedades ulcerosas en la mayoría de los casos, y de- pendiente otras veces de incisiones de la cornea. Si el iris se pone en contacto de la abertura anormal y for- ma parte de la cicatriz, habrá enclavavniento del iris, pero si esta membrana se presenta herniada á través de la perfora- ción, la cicatriz se realizará entre el iris y la cornea sin que puedan unirse los bordes de la herida corneal. Las sinequias anteriores están situadas hacia el centro ó hacia el borde de la cornea, é interesan en la cicatriz el borde pupilar ó la parte media de la membrana. En todos los casos persiste una deformación de la pupila. Generalmente en el punto de la sinequia existe un leucoma de extensión varia- ble. La vista por consiguiente está abolida ó disminuida. En algunas personas la enfermedad de que es complicación la sinequia da por resultado V—O.; en otros solo se conserva la percepción luminosa ó de los bultos de cierto tamaño; pero en casi todos hay una disminución notable de la vista. He observado esta lesión en la infancia v en la edad adul- ta, pero aunque mas rara puede verse en la vejez, como con- secuencias de las úlceras atónicas ó infecciosas de la cornea. 115 En mi estadística ha sido un poco mas frecuente en los varo- nes y en la raza blanca. No dudo que si la colonia china fue- se mas populosa arrojaría el mayor contingente de leucomas adherentes. Esta lesión como indica el cuadro es una de las mas comu- nes de la membrana vascular. OJO ENFERMO CAUSAS SITUACION TOTAL I). í. i), i. Queratitis ulcerosas Heridas OPERATORIAS Heridas ACCIDENTALES Central Perifé- rica 33 17 15 1 24 4 5 18 15 La mayoría de las sinequiás anteriores son consecutivas á afecciones ulcerosas de la cornea, bien sean queratitis ó com- plicaciones de oftalmías graves. Algunas veces' dependen de heridas accidentales, y el menor número complican las inci- siones operatorias. En este último caso son siempre perifé- ricas, por ser la proximidad del borde de la cornea el punto de elección quirúrgico, mientras que la mayor parte de las perforaciones expontáneas son centrales, y por consiguiente mas graves para el funcionamiento del organo. En casi igual proporción aparecen atacados los dos ojos en esta estadística. La sinequia anterior es una complicación grave, una ame- naza constante para el porvenir, del ojo, como lo ha demostra- do recientemente Despagnet en su tésis de Doctorado. lie observado con frecuencia los estafilomas de la cornea producirse al mismo tiempo, y de un modo lento la atrofia de la cornea ó del bulbo ocular, y entre las complicaciones tardías el glaucoma y las irido-coroiditis. El tratamiento racional de estas sinequiás requiere su sec- cionamiento apenas se inicie cualquiera complicación. Cuando la sinequia es tan reciente que presenciamos la 116 perforación de la cornea, y la unión del iris á la pérdida de sustancia, se combate el establecimiento definitivo de la ad- herencia con el uso del vendaje compresivo, y de los midriá- ticos si la perforación es central, y de los míóticos en caso contrario. SINEQUIAS POSTERIORES Las sinequias posteriores son el síntoma característico de la iritis, que persiste indefinidamente ó por lo menos deja tra- zas indelebles de pigmento adherido á la cristaloides, con trastornos de la vista, proporcionados á la intensidad del exu- dado plástico. La vista puede, en efecto, estar simplemente disminuida, ó reducida á la percepción luminosa, cuando un exudado abundante obstruye la pupila. Las sinequias se observan casi constantemente en la edad adulta, y se comprende, porque la iritis es de ordinario una manifestación diatésica. De los enfermos aquí incluidos, en tres era manifiesto el origen sifilítico, en uno el reumático, en otro el blenorrágico, y en otro el leproso. La inscripc. 943, se refiere á un dependiente de comercio, de 35 años, que pa- decía una artritis con derrame en la rodilla izquierda, y á la vez presentaba en ámbos ojos sinequias posteriores, en la parte inferior de las pupilas, y sobre la cristaloides puntos negros de adherencias antiguas. Dijo que siete años antes había pa- decido una gonorrea, que se complicó de artritis de la rodilla y de una enfermedad de los ojos, en la cual, por su descrip- ción reconocemos la iritis; y tenía la convicción de que real- mente la gonorrea era la causa primera, puesto que habiendo contraido posteriormente la misma enfermedad, se complicó igualmente de artritis y de iritis. Un chino atacado de lepra, de la forma sistematizada ner- viosa presentaba sinequias posteriores en O. I. La iritis lepro- sa, insidiosa y recidivante, bien conocida de los profesores que asisten esta clase de enfermos, será en otro trabajo objeto de 117 un estudio detenido, en cuanto se refiere á mis observaciones personales. Las sinequias, como la iritis, se observan casi exclusivamen- te en los varones, y son más frecuentes en la raza blanca; tan pronto se observan en el O. D., como en el O. I. ó sobre ám- bos á la vez. Las sinequias estudiadas en este capítulo, son las antiguas, sin restos de inflamación del iris. EXUDADO PUPILAR. El exudado pupilar es consecuencia de una irido-coroiditis con participación de toda ó solamente de la parte anterior de la coroides. Un abundante exudado obstruye la pupila y esta- blece adherencias entre el iris y la cristaloides. . La desorganización que sufre el globo ocular, es profunda; su circulación se dificulta, la presión intraocular aumenta, y se establece el glaucoma. Otras veces, probablemente cuando la enfermedad se ha cebado en la coroides, disminuye la pre- sión interna, y la función del órgano queda abolida, hasta el punto que el ojo enfermo no percibe un foco intenso de luz en ninguna dirección del campo visual; ceguedad que hace presumir un desprendimiento total de la retina. La enfermedad se manifiesta en un solo ojo ó en ambos si- multáneamente. Se observa con más frecuencia en los varo- nes y en la edad adulta. Entre los enfermos que he observado, es interesante la ins- cripc. 240, de un mulatico de 5 años, que presentaba una afección congénita del O. I. constituida por disminución de su volumen,estafiloma déla cornea, ausencia de cámara ante- rior, una cicatriz sobre la cornea, pupila inmóvil obstruida por un exudado, atrofia del iris que tiene color gris, T < n, V—p. lum. y nistagmus horizontal poco pronunciado. La madre era una mujer sana, que de G hijos que había tenido, tres murieron á los pocos dias de nacidos, de tétanos 118 infantil. No comprobé en la madre ni el hijo manifestaciones sifilíticas. ATONIA DEL IRIS. En dos enfermos, cuyas pupilas prentendí dilatar para ope- rarlos de catarata, uno de 69 y otro de 85 años, no pude con- seguirlo con instilaciones repetidas de un colirio de atropina i—-' ni con otras más fuertes dél sulfato de atropina "Ar ni de sulfato de duboisina viéndome obligado á proceder á la operación, en el estado habitual de sus pupilas. Pin ambos el resultado fue excelente. El iris de estos enfermos era pardo, de apariencia comple- tamente normal; sometidos á la acción de una luz intensa, sus oscilaciones eran tan estrechas que apenas se apreciaban; las pupilas permanecían de ordinario medianamente dilata- das. Y sin embargo, estos individuos nunca habían padecido en sus ojos más que las cataratas seniles por que consultaron, y después de extraídas éstas, se confirmó que el funciona- miento de la retina era fisiológico. Atribuyo esta atonia á una degeneración de las fibras mus- culares del iris en la vejez, tal vez ligada al atcroma arterial propio de esta edad. No be abierto capítulo especial para describir los casos fre- cuentes de atrofia cuando existen exudados pupilares, adosa- miento del iris á la cornea, particularmente en los estafilomas de esta membrana, en los glaucomas antiguos, etc. Jja mem- brana vascular atrofiada adquiere un tinte gris, se adelgaza, deja de funcionar, y en los casos avanzados por atrofia de sus elementos deja percibir cierto grado de transparencia. IRIDO COROIDITIS. La inyección vascular periquerátíca de la conjuntiva, el do- lor vivo á la presión en la región ciliar, la inflamación del iris, los exudados pupilares y la disminución de la vista, me 119 han servido en los pocos casos que he observado para estable- cer el diagnóstico de irido-coroiditis. La enferma 758, negra, afirma que después de un parto di- fícil, se presentó una enfermedad dolorosa de los ojos. Cuando vino á hacerse reconocer, vastos exudados obstruían las pupi- las, los cristalinos eran asiento de la regresión cataractosa, T > n, y Y fo. ?.-P°.‘ium. En una niña, 648, recidivas frecuentes de oftalmía pustulo- sa, había determinado una hiperemia permanente de la re- gión anterior del O. I. con enturbamiento de la cornea, dis- minución de la vista, y principio de atrofia del bulbo. Pero ninguno de estos casos se presta á consideraciones de importancia, ni ofrecen bastante interés para detallar sus his- torias clínicas. ESOLERO-COROIDITIS. Esta enfermedad se reconoce por abultamientos de color SEXO. RAZA. EDAD. PROFESION. Ojo enfermo. SITIO. V. B. 26 Labrador. D. Sup. Ext. Inf, V. B. 55 Carpintero. D. I. Sup. Ext. Inf. Y. B. 25 D. Sup. H. B. 30 Su casa. I. Sup. V. B. 35 Dentista. D. Int. Sup. Ext. V. Ch. 60 Labrador. D. I. negruzco en la región ciliar ó ecuatorial. La vista está perdi- da ó notablemente disminuida. La tensión intraocular es ma- yor que la normal. La pupila, siempre inmóvil, está dilatada ó bien obstruida por exudados. La causa en estos enfermos ha sido local; el glaucoma ordi- nariamente, y probablemente en los casos de exudado pupilar la linfangitis anterior. La obs. 289 se refiere á un campesino de 26 años, que tenía su O. D. notablemente aumentado de volúmen por abulta- 120 raientos de color negruzco en toda la región ciliar de la esclerótica, particularmente desarrollados en las regiones su- perior ó inferior. Tienen por límite anterior el borde de la cor- nea de la que se|liallan separados, 0.'“0Ü1 ó 0.mÜ02 y posterior- mente el círculo ecuatorial; la superficie es desigual, con abo- lladuras, ofrecen una depresión más marcada á la altura de los músculos rectos. La cornea presenta opacidades translúcidas. La pupila está medianamente dilatada, no reacciona expontáneamente, pero obedece al influjo de la atropina; una vez dilatada se nota una irregularidad del borde como si hubiese existido una sinequia. Aunque difícilmente pudo alumbrarse el fondo del ojo pa- ra ver su coloración roja, pero no fue posible distinguir de- talles. La vista apenas existe: vé el bulto de la mano que pasa á 0.m20, pero no cuenta los dedos ni reconoce ningún objeto. T > n. (1) —Sufre dolores infraoculares continuos. El O. D. sufría de atrofia de la cornea. La inscripción 089 era un dentista de 3o años que, padecía de esclero-coroiditis ecuatorial, originada por una irido-coroidi- tis simpática, (linfangítis anterior), con grandes abultamientos negruzcos arriba y lateralmente, deprimidos al nivel del rec- to superior, pero más abultados en la dirección de los rectos interno y externo. La cámara anterior está disminuida; la pupila mediana- mente dilatada y obstruida por un exudado blanco azuloso. Tiene hiperemia conjuntival. No pudo alumbrarse el fondo del ojo. T > n. V — o. El único chino que figura en este cuadro era leproso. Debe incluirse la esclero-coroiditis entre las enfermedades de (1) Para expresar la pureza ó grado de tensión intraocular me valgo de una fórmula sencilla: T=n, T> n, T I I =2/3 Catarata nucleolar V. B. 40 Abogado. D. I. 3 V. Ch. 47 Labrador. D. 20 bultos 11. H. B. B. 54 19 Su casa. D. i: I. 20 cta. dedos á 1 m. Copos h. vitreo. ditis; representa los dos tercios de los casos que he observado. Aunnque muchos autores niegan que sea inflamatoria esta enfermedad, que por su marcha especial describen en capítu- lo distinto bajo el nombre de esclcro-coroiditis posterior ó estafi- loma posterior, de naturaleza idéntica á la esclero-coroiditis an- terior (que sí creen inflamatoria), nosotros, sin embargo, de- senteñdiéndonos de apreciaciones extrañas, y llevados solo de la índole de este trabajo, la relación y consideraciones so- bre los casos por mí observados, veo en estos un proceso infla- matorio crónico que, si inapreciable en el estafiloma posterior se revela en las placas atróficas diseminadas que con frecuen- cia lo acompañan, y demuestran mayor agudeza ó un período avanzado de la enfermedad. De estos diez enfermos, ocho eran varones, y nueve blan- cos; todos adultos ó viejos. Sin embargo, el estafiloma y las placas atróficas eran congénitas ó databan déla infancia en la «Inscripc. 097. Mujer blanca, de 19 años y de inteligencia escasa, tiene perdi- dido su O. D. y padece en O. I., miope de 20 dioptrías, una coroiditis atrófica tipo, 123 con tres placas blancas, bien circunscritas, una de forma semilunar, tan grande co- mo la papila, adherida á su borde externo (estafiloma posterior estacionario,) otra ovalada, que atraviesa los gruesos vasos temporales superiores de la retina, y en fin, la tercera mucho mas extensa, de tres diámetros papilares próximamente en la región de la macula de forma oval á gran eje transverso, ofrece en parte de su borde inferior una agrupación lineal de pigmento, y sobre el fondo blanco puro de la placa se destacan manchas pigmentarias esparcidas con irregularidad. La papila tiene un color mas pá- lido que el fisiológico, casi blanco, de suerte que se confunde co u el es- tafiloma y se creería á la primera impresión en una papila de grandes dimensiones y de diámetro mayor ho- rizontal. Todas estas lesiones atroficas son antiguas y permanecen estacionarias.» No todes los sujetos ata- cados de coroiditis atrotica ejercían profesiones de apli- cación ocular; entre ellos hay un marino, ocupación en que por el contrario se ejercita la vista ágran distancia y que pre- sentaba, con unaM {a moderada, un estaflloma estrecho,y estacionario. Un chino, entregado a las faenas del campo que para nada requieren la vista de cerca, ofrecía un enorme es- tafiloma monocular, cemo puede verse en la observación que transcribimos. Cloroiditis atróflca. N" 097. «964. Chino, de 47 años, labrador, ingresó en el Hospital Mercedes por una úlcera de la pierna. O. I. Sano, R.=E. V.=l. O. D. Coroiditis atrofica. M=20 dioptrías. V bultos.—Vastísimo es- tañloma posterior que envuelvé la papila por una estrecha faja en su lado interno, prolongándose en la extensión de dos diámetros papilares hacia afuera y un poco hacia abajo. En su borde externo hay una estrecha faja en que empieza á marcarse la atrofia por la desaparición del pigmento y enrarecimiento de la cono capilar. Arriba y afuera en el trayecto de la arteria temporal superior se percibe otra peque- ña placa atrofica, ovalada, sin pigmento, de un color rosa pálido.» Esta observación es interesante por la Anisometropia con- siderable, la marcha progresiva del estafiloma en un ojo que 124 en modo alguno puede usar el enfermo, y per la integridad fisiológica del O. I. Indudablemente es difícil descubrir la causa en oficio de no aplicación ocular, en un ojo fuera de uso y sobre todo la causa de las miopías progresivas monoculares. Una tercera parte de estos enfermos presentaron lacoroidi- tis atrofica sobre un solo ojo. Todos eran miopes, pero en dife- rentes grados desde 2 hasta 20 dioptrías, si bien es cierto que existe una relación marcada entre el desenvolvimiento del estafiloma y el de la miopía. La vista es ordinariamente infe- rior á la normal, pero suficiente sin embargo para permitir cualquiera clase de trabajo. La coroiditis atrofica es una afección seria por las graves complicaciones que acarrea. Empieza por la formación de un estafiloma en el borde externo de la papila, que avanza lenta- mente hacia la macula, á donde, sin embargo, nunca llega. Con frecuencia se ven en el estafiloma dos ó tres fases atrófi- cas simultáneamente; la mas antigua, junto á la papila, (pie á veces envuelve excéntricamente, es blanca, representada por la esclerótica, pues la coroides ha desaparecido totalmente; una intermedia, menos ancha donde se perciben los vasa-vor- ticosa; y en fin, la mas exterior y á la vez mas estrecha, ofre- ce un rosa pálido, mas claro que el fondo del ojo, por la desa- parición de pigmento y alteraciones de la corio-capilar. La obs. 411 que mas adelante copiamos nos ofrece un buen mo- delo de esta marcha de la atrofia. En cierto periodo de la evolución del estafiloma aparecen placas atroficas de la macula ó bajo el trayecto de los grandes vasos retiñíanos, placas ordinariamente grandes, escasas, bien circunscritas, ovaladas, con grupos de pigmento en el centro. Es curioso el estudio de los vasos de la retina en el estafilo- ma posterior. En esta enfermedad la papila es casi blanca, y al examinarla se creería que de ella parten vasos mas nume- rosos que los que existen en el interior de un ojo. Esta ilusión depende de la disposición que afectan dichos vasos. En efecto 125 el estafiloma es una ectasia de la esclerótica, como lo reconoce el oftalmoscopio que acusa mayor número de dioptrías nega- tivas (lentes bicóncavas) para enfocar dicha depresión que pa- ra examinar los detalles hacia la región ecuatorial. Los vasos de la retina, pierden por esta causa sus ondulaciones natura- les, y se tornan rectos y rígidos. Aquí hay una disposición completamente opuesta á la que se observa en el glaucoma: la excavación papilar rechaza fuertemente los vasos del lado interno agrupándolos en un manojo superior y otro inferior; la depresión esclerotical, mas amplia y menos brusca, tiende los troncos vasculares del lado externo, que por la separación que les da su tirantez surcan como radios toda la extensión del estafiloma y aparecen desviados del lado temporal. Una miopía grande con estafiloma se complica frecuente- mente de copos del humor vitreo que se mueven con facili- dad en medio de este líquido, impulsados por los movimien- tos del globo ocular. Proceden de hemorragias en la región anterior invisible con el oftalmoscopio, pero que también sue- len producirse en el polo posterior. Esta desorganización interna, alcanza al cristalino que se opacifica, y á la retina que se desprende de la coroides lo que viene á dar como último resultado la perdida irremediable de la vista. Bajo este punto de vista relataré una observación con nu- merosas complicaciones. «411. Propietario, blanco, de 60 años, buena salud habitual, síguelas prescrip- ciones del Doctor Little, de Filadelfia, pero vino á consultarme simplemente por conocer mi opinión. Presentaba en O. I. irregularidad de los bordes déla pupila, catarata principiante formada por algunas estrías periféricas, M=8. 5. dioptrías, astigmatismo poco pronunciado. En O. D. Catarata iniciada, idéntica y simétrica con la del lado izquierdo, un coponegro, movible en el humor vitreo, bastante grande y de forma alargada, M=12. d- Estafiloma posterior, progresivo, de grandes dimensiones, que abraza ca- si por completo la papila y se extiende hacia abajo y afuera, y presenta tres zonas distintas de evolución: Ia. la mas interna con desaparición de la coroides; 2a. des- 126 tracción incompleta déla corio-capilar; y 3a. la mas externa, por la falta de pigmen- to, y enrarecimiento del tejido de la membrana vascular. En la macula hay una placa blanca de atrofia de la coroides, bien circunscrita ovalada transversalmente, conteniendo en su interior tres manchitas negrasde pig- mento. Por encima y por debajo de esta, y atravesadas por los vasos temporales superiores é inferiores de la retina, existen además otras dos placas de atrofia, algo menores, y también blancas, pero sin pigmento interior ni en los bordes. La vista de este ojo está reducida á la percepción luminosa.» COROIDITIS EXUDATIVA. lie observado esta forma de coroiditis en la edad adulta y la vejez, en las razas blanca y negra, y con más frecuencia en SEXO RAZA EDAD PROFESION Ojo enfermo Sitio de la erupción CAUSA H. N. 90 Lavandera.... D. I. Diseminada... V. N. 40 Labrador D. I. Diseminada... Sífilis? V. B. 37 Cochero D. I. Diseminada... V. B. 51 Calderero D. I. Central los hombres que en las mujeres, yen individuos entregados á profesiones mecánicas, expuestos á la humedad y á cambios bruscos de temperatura. La causa de la enfermedad en todos estos casos ha perma- necido desconocida ó dudosa. En los cuatro la padecían ambos ojos en grado casi igual. Ordinariamente diseminada, la erupción fué central en la «Inscrip. fí08. Abril 1887. Calderero, de ál años, francés, lia padecido hace diez meses de fiebres palúdicas, desde cuya época empezó á disminuir su vista que boy no le permite ni aun los trabajos más groseros. Actualmente padece un catarro pulmonar crónico, y dolores en la 2a. rama del trijemino. No existe el reflejo rotuliano; pero tampoco presenta síntomas tabé- ticos. En ambos ojos se vé un copo en el humor vitreo situado por detras del cristalino en la dirección infero-externa con movimientos limitados. Las papilas, muy descoloridas, tienen una zona externa blanca (borde escleral,) un anillo gris, y el centro blanco (ligera excavación fisiológica.) Las arterias de la retina guardan su calibre normal, pero las venas parecen ensanchadas, fusiformes en algunos puntos. 127 En la región macular se ven numerosos botoncitos pequeñísimos, redondos blancos, con una aureola roja, agrupados como en algunas erupciones cutáneas. La región ecuatorial está sana. Campo visual con límites normales. vfO.D.= \_l/ H fO. D.\_,d V to.I.=J= /25. HtO. I. j-1 Ordeno el bromuro y el ioduro de potasio; y para untaren la fren- te y las sienes una mezcla de alcanfor en polvo f „ ., hidrato de doral } »• a—15 grms. Agosto.— La mani- festación coroidea continúa en el mismo estado, aunque hay mejoría de la vista. Distingue los colores en peque- ñas porciones, y coloca los diversos tintes ordenadamente; pero para el rojo hay lijera hesitación. Prescribo del ioduro de sodio un gramo diario, dos sanguijuelas á cada región mastoidea, y en las sienes la pomada amoniacal de Gondret. Mayo 1888.—Mayor transparen- cia en el humor vitreo, la papila ha vuelto á colorearse; pero la exudación macular persiste. Y {o. í!'} Vio. intensidad de la vista ha aumentado. Aumento la dosis de ioduro á 2 gramos diarios.» Coroiditis exudativa. N.° 608. Ignoro el resultado definitivo déla enfermedad, pues el pa- ciente disgustado de la lentitud de la mejoría ha dejado de asistir á esta clínica. El tratamiento iodurado obedecía ti un plan alterante, y á la posibilidad de la diátesis sifilítica, re- curso que el médico ansia en estos casos oscuros como único medio de obtener resultados favorables; pero el enfermo no acusaba antecedentes ni mostraba estigmas diatésicos. La inscr. 374 ofrece un modelo de coroiditis diseminada con grandes placas esparcidas, blancas, irregulares, de atrofia de la coroides, sobre las cuales atraviesan los vasos de la reti- na; y otras placas menores, redondeadas, formando grupos, }T situados mas hacia el ecuador. Esta coroiditis se complica de tumefacción de la papila, que presenta sus bordes irregu- 128 lares y confusos. La vista está muy disminuida por una nebli- na que se interpone delante de los objetos. Terminaré el estudiode la eoiditis exudativa describiendo un caso interesante de la forma diseminado con atrofia de las papilas. «Inscrip. 61)3. Individuo blanco, de 37 años, cochero; toma licores en cantidad moderada, pero suficiente para haberse ocasionado cierto grado de intoxicación alco- hólica, que acusa el temblor íibrilar característico de sus dedos puestos en extensión. No es sifilítico ni reumático, ni actualmente padece ninguna otra enfermedad mas que la de sus ojos. Ingresó en Abril de 1887 en el Hospital Mercedes por una disminución de la vista que le impedía ejercer su oficio. Veia manchas negras esparcidas en el campo visual. Difícilmente podía contar los dedos á 2.m de distancia. Sus pupilas, medianamente dilatadas, eran perezosas á la acción de la luz. Los medios del ojo conservaban su transparencia normal. Las papilas blancas y de contornos mal limitados, ofrecían depósitos de j>ig- mento principalmente por su borde externo. Las arterias de la retina eran filifor- mes, y las venas estaban también adelgazadas. Esparcidas también en el fondo de ambos ojos se veian manchitas de pigmento, irre- gulares que al primer momen- to me hicieron pensar en la retinitis pigmentaria. Algunas de estas placas eran mayores, atravesadas á veces por vasos de la retina, redondeadas, blancas en el centro por des- trucción de la coroides que deja ver la esclerótica, y re- vestidas de un borde negro de pigmento que se muestra mas grueso en uno de sus lados. La lesión es mas avanzada en O. I. donde se ve un nota- ble grupo de placas atroficas, mucho menores que la papi- la, situadas en la región de la mácula. A mayor distancia y cerca de los vasos gruesos de la retina se ven otras mas pe- queñas, unas con el centro blanco y otros simplemente de pigmento. En 0. D. la afección es mas reciente: abundan diseminadas al rededor de la mácula pequeños depósitos de pigmento, como dibujados en el fondo del ojo, sin Ooroiditis diseminada con atrofia de la papila. N?603. OBSERVACIONES DE GLAUCOMA. NIM. SEXO. RAZA. EDAD. PROFESION. Ojo en- fermo. V. C. v. R. T. CORNEA. VARIEDAD H. VITREO. CRISTALINO. Lam. perfor. EXCAVAD. Reflejo verde. IRIS. PUPILA. PAPILA. SENSIBILIDAD Duración, MARCHA. PRINCIPIO. 1. 2. 3. 4. 5. (¡. 7. 8. 9. 10. 11, 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28. 29. 30. 31. 32. 33. 34. 35. 36. 37. 38. 39. 40. 41. 42. 43. H. H. H. V. V. V. H. V. V. V. V. Y. . II. H. V. V. V. V. V. V. V. H. H. V. H. V. H. V. H. V. V. V. V. V. Y. H. V. H. 11. H. V. V. II. N. B. B. N. N. B. M. 11. B. B. Ch. B. N. B. N. B. B. B. B. B. B. N. M. B. B. B. B. B. B. B. N. B. 3ST. B. N. M. N. B. B. B. B. Ch. B. 50. 57: 82. 106. 85. 39. 50. 40, 44. 70. 57. 50. 60. 45. 32. 20. ti. 58. 50. 44. 40. 44. 19. 52. 60. 35. 28. 51. 35. • 70. 45. 68. 58. 46. 60. 43. 70. 4. 63. 44. 53. 45. 54. Labradora. Su casa. Su casa. Labrador. Labrador. Labrador. Su casa. D. I. D. I. 1). I. D. I. I). I. D. I. D. I. D. I. D. I. D. D. I. D. I. D. I. I. D. I. D. I. D. I. D. I. .D. I. D. I. I. D. D. I. I. D- I. I. D. I. D. I. D. I. D. D- I. D. I. P. I. D. I. I. D. I. D. I. D. I. D. I. D. I. D. I. D. 0. 0. 0. P. lum. O. 0. 0. 0. Estrech. O. =n > n n =n > n Turbia 0. 1. ( Anestesia. 1 Ulceras 0. D. Crónica. Crónica. Crónica. Cr.sirople Cr.simple Cr.simple Visible. Visible. Visible. Profunda. Existe Profunda Existe irreg Intenso. Intenso. Intenso. Inmóvil. Paralizada. Atrofia. Atrofia. Atrofia. Atrofia. Indolente. Neuralgias. Indolente. Indolente. Indolente. Doloroso. . Neuralgia. Neuralgias. Neuralgias. Indolente. 3 años. ( 0. !».—6 rm-3es ÍO. I.=l años. Antiguo. Antiguo Antiguo Progresiva. Rápida. Lenta. Lenta. Lenta. Insidioso. Insid. Insid. Insid. Insid. (Exoft.) M. Turbio... Atrofiado. Anestesia. Opaca. Leucoma estaf Leucomas. Leucom.-Ast. ( Estafil ant. 1 0.1. iridectoin. Catarata. Catarata. Contráctil. Paralizada. O. O. (o. o.—o. 10. I =p. 1. O. O. (O. D.=p. 1. 1 O. I.=cta. dedos O. «d n O. O. =p. 1. =cta. dedos =P- 1. ( D.=0. í I.=p. 1. O. O. 0. p. I. Cta. dedos Cta. dedos. O. O. 1/10 =p. 1. O. O. J O. D.=0. 1 O. I.=cstrech. • o. o. C n O, > n n > n > n > n > n > n > n > n > n > n > n n <í ii < n —n > n > n > n > n > n > n ( Catarata 0. I. ( 0. 1) operado. C O D. enclavado. } 0. I. atrofia. 5 años. Crónica. Intenso. Marino Labrador. Labrador Billetero. Su casa Su casa. Carpintero. Herrero Labrador. Labrador. Carpintero. Escribiente. Soldado. Costurera. Costurera. Carpintero. Su casa. Hojalatero. Su casa. Maest. azúc. Su casa. Literato. Cocinero. Empl. corr, Panadero. Albañil (alcoh.) Labrador. Lavandera Labrador. O.D.=M. 3d Turbio. 2 años. 15 dias. Antiguo Antiguo 5 años. 2 años. 6 años. 3 años. 5 años. 4 años. 4 años, 5 años. Rápida. Aguda. Por ataques Por ataques Lenta. Rápida. Lenta. Rápida. Rápida. Lenta. Lenta. Aguda. Aguda. Lenta. Aguda. Lenta. Con ataques Lenta. Progresiva Rápida. Rápida. Lenta. Rápida. Lenta- Progresiva. Lenta. Lenta. Aguda. Lenta. Doloroso Ataque Ataque Aguda. Crónica Crónica. Crónica. Aguda. Crónica. Aguda, Aguda. Crónica. Crónica. Crónica. Crónica. Crónica. Crónica. Crónica. Crónica. Crónica. Crónica. Crónica. Crónica. Crónica. Aguda. Crónica. Crónica. Crónica. Crónica. Aguda. Crónica. Dilatada. Dilatada. Dilatada. Iridectomia. Iridectomia. intenso. No existe Intenso. Intenso. Existe. No existe Atrofia. Transparente Anestesia. Claro. Normal. Visible. 3.d Atrofia. Atrofia. Atrofia. Insid. Ataque Insid. (ataxia?) Ataque, sintom. Ataque.-Buftal. Insid. Insid. Agudo. Secundario. Secundario ? Secundario. Insid. Insid. Insid. í Insid.-O.D. enuclea secund. 1 á los S años. Insid. Insid. Insid. Ataque Insid. Insid. (Ni'tagmus) Insid. Insid. Ataque Insid. O. O. < n < n M. 2A Transparente Transparente Transparente Transparente Turbia. Anestesia. Leucoma. Claro. Transparente Visible. Profunda. Atrofia. Irido-coroiditis. Atrofia. Indolente. Doloroso. Claro. Turbio. Profunda. 0.002 0.003 . 0.002 Existe; Existe. Existe. Dilatada. Dilatada. Atrofia. Fosfenos. Punzadas. Indolente. < n O. O. O. Visible. Obstruc. pup.por iritis dobl. Sinequia anter. E. E. Atrofia. Atrofia. No existe. No existe. No existe. Neuralgias, Neuralgias. 3 años. 3 años. 3 años. 3 años. 3 años. Leucoma. Iriilo-coreiditis. Pupila artificial ( Iridectonia O.D. perdido ha- l ce 15 a. por irido-cor. trau. H. 4d H. 3d E. E. E. H. 8d E. < 11 Visible. Profunda. 0.002 Atrofia. Atrofia. Atrofia. Atrofia. Atrofia. Atrofia. Neuralgias. Dilatada. 0 0 o. ■ 0. Leucoma adherente. Sinequia anter. Neuralgias. Catarata 0.1. Visible. Visible. 0.002 0.001 Profunda. No existe. Intenso. Dilatada. Dilatada. Dilatada. Dilatadas. 1 año. 1 año. Antiguo Todos los años. 30 años. 1 año. Neuralgias. (Hemorragia macula.) Quemosis. Anestesia. Neuralgias. ( O. D.=cta. (ledos. (o. i.=h 0. O. 0. p.l. p. 1. 1 p. 1. I-1. p. 1. p. 1. Cta. dedos. < n O. < n O. O. O. O. H. Ia E. Visible. Visible. 0.002 0.001 Atrofia. Atrofia. > n > n > n =n Existe. Indolente. Anestesia. Catarata. Catarata. Indolente. Doloroso. 8 años. 4 años. 4 años. Atrofia 0. D. Anestesia. Esta tiloma. V" 0.003 0.001 Iridectomia. Atrofia. Atrofia. E. Catarata 0.1. (Buftalmia.) Profesora. IT» n u > n > n !>• n >■ n Aguda. Crónica. Crónica, Crónica. Aguda. 0.002 0.002 Dilatadas. Atrofia. Atrofia. Atrofia. Neuralgias. Neuralgias. Por ataques Lenta. Lenta. Lenta. Rápida, Ataque Insid. Insid. Insid. Ataque 0. 0. 0. 0. II, 2a Visible. (Hemorragia cerebral.) (Cáncer del cuello.) 3 años. Carpintero. Cocinero Su casa. Turbia. Turbia. Turbia. Catarata. Catarata O.D. Existe. Dilatadas. Dilatada. Neuralgias. Neuralgias. Intenso. 1 año. 129 forma determinada, redondeados ó angulosos, semejantes á una tela metálica, ó bien compuestos de un punteado negro En ambos ojos se ven algunos cristales de colesterina. Todas las lesiones están situadas al lado extenso de la papila.» La causa de esta coroiditis permanece ignorada. No presen- taba señales de sífilis ni el tratamiento iodurado instituido por otros profesores fué de la menor utilidad. Esta variedad ofrece puntos de contacto con la areolcir de Foerster en que aparecen manchas de pigmento que son reem- plazadas en el 2? periodo por placas atroficas; pero se diferen- cian por su menor tamaño, por no limitarse al polo posterior, ser perimaculares, sino que atacan la misma macula y se ha- llan esparcidas en toda la mitad temporal de la coroides, y en fin, porque en su periodo atrofico las envuelve un espeso bor- de de pigmento, que la asemejan á la coroiditis diseminada simple. Pero se diferencia de esta última por su evolución. En efecto, aquella empieza por una erupción de botones blan- cos, que se transforman en placas atroficas, mientras que en la variedad que nos ocupa suceden estas placas á manchas de pigmento. Este caso único, cuya historia no pudo seguirse largo tiem- po, deja oscuridad sobre la causa de su padecimiento. CORIO-RETINITIS. Los cuatro casos que he observado de esta enfermedad, pre- sentaban cuadros clínicos bastante diferentes para que á un examen ligero pudieran considerarse como otras tantas enfer- medades distintas. En uno predominaba el polvo del humor vitreo, en otro las agrupaciones pigmentarias, en un tercero grupos de pigmento y aureola peripapilar, y en el último, vas- tas hemorragias con una erupción de apariencia papulosa. SEXO RAZA EDAD PROFESION OJO ENFERMO CAUSAS V. B. 30 Tabaquero D. I. Sífilis. V. B. 40 Leñador D. I. Sífilis. V. B. 72 Comerciante D. I. Sífilis ? V. B. 25 Tabaquero. D. Sífilis. 130 Véase el extracto de las observaciones. «635. Leñador, blanco de 46 años; sifilítico desde hace 6 meses, tüvo bubones no supurados, roséola papulosa, dolores osteoscopos en piernas y brazos, y cefaleas, iritis en ambos ojos coincidiendo con la erupción de la piel, de cuya iritis aún per- sisten sinequias posteriores en O. D. Examinando el interior de los ojos, se ven partículas negras finísimas que es- tan suspendidas en el humor vitreo con movimientos limitados. Este líquido está tan turbio, que apenas puede examinarse el fondo del ujo. Pero no se vieron pla- cas exudativas en la coroides. T=n. V {o] Se quejaba de tener un velo delante de los ojos que le impedía distinguir los ob- jetos. «312. Tabaquero, de 30 años. Tuvo un chancro, bubones y roséola hace 7 años, y ie hicieron tomar mucho ioduro para combatir esta enfermedad. Empezó á pa- decer de la vista dos años después de los primeros accidentes sifilíticos. Al principio veía moscas delante de los ojos que se movían en el campo visual, y que aumentaron en número progresivamente. Eu el momento del examen el estado del ojo era normal; la cornea, la cámara anterior, el cristalino y el humor vitreo conservaban perfecta transparencia. El iris obedece lentamente á la acción de la luz. En la retina se ven numerosas agrupaciones pigmentarias pequeñas y esparci- das. En la coroides se perciben placas atróficas, blancas, mayores que la papila: en algunos puntos hay agrupaciones de pigmento, y en toda su extensión por el en- rarecimiento del stroma se ven los vasavorticosa. En O. D. la papila es rojiza, y tiene sus bordes confusos, como si hubiese sido asiento de un proceso inflamatorio. Tanto sus placas como las lesiones de O. I. son atróficas, hallándose situadas las principales en la región de la mácula. Ve poco ó nada, por las noches. A la luz del dia distingue los bultos con O. D. que tiene mejor vista central, mientras que la periférica es más extensa en O. I»- En la inscr. 725 no llegó tí comprobarse la diátesis sifilítica; sin embargo, la presencia de manchitas negras, alargadas, si- tuadas por delante de los vasos de la retina, en cuyo trayecto son más abundantes, un velo blanquecino semejante á una nu- be que envuelve la papila, no dejando ver más que su mitad superior, los vasos de la retina que están adelgazados, algunos pequeños exudados ovalares á cierta distancia de la papila, y en fin, la hemeralopia que es manifiesta, son elementos sufi- cientes para establecer el diagnóstico de corio-retinitis, y pen- sar en la sífilis. Es notable la imagen oftalmoscópica de la «Inscr. 985. Taba quero, adulto. Su enfermedad, que se desarrolló insidio- samente, la que notó hace dos años al cerrar casualmente el O. I. Su O. D. único en- 131 fermo, cuenta los dedos á 0.'nS0. Desde aquella época el estado de su vista ha permanecido estacionario.—Fotopsias. Los medios refrigentes del ojo, transparentes. R = E. En toda la porción infero-interna se ve con un lente convexa de 10.d una ma- sa voluminosa, blanca, brillante, algo movible que se prolonga hácia abajo en for- ma de filamentos que se pierden en el humor vitreo. No se ve la papila, pero se comprende su posición por los vasos superiores que convergen y se pierden detrás de la porción más central de la masa blanca. Por detrás de estos vasos superiores, se ven en la coroides numerosas manchitas blan- cas, unas alargadas y otras redondas. Lá región ecuatorial no ofrece alteraciones. Pienso que esa masa blanca de que he hablado, no es más que la fibrina de la sangre derramada en el humor vitreo por una hemorragia, probablemente de la vaina del nervio óptico.» GLAUCOMA Según la estadística que nos ocupa el glaucoma es una de las afecciones más comunes en Cuba: en nuestro cuadro re- presenta el 4. 3 p. c/fí de todos los padecimientos oculares; pro- porción más considerable que la establecida en las estadísticas europeas. Sin embargo, no negaré que sobre un número ma- yor de enfermos represente también aquí el glaucoma una cifra proporcional menos elevada. Ha sido esta enfermedad más frecuente en los hombres que en las mujeres; 27 de los primeros para 16 de las segundas. Todas las razas padecen el glaucoma en casi igual propor- ción; asi lo padecieron 27 blancos, 2 chinos, cuya población equivale á 1/33 de la de los primeros, 3 mulatos que son l¡9, y 11 negros que son x/3 de los blancos. No existe pues, en mi esta- dística diferencia sensible entre las razas que pueblan el pais para padecer esta enfermedad; y sí bien aparece algo elevada proporcionalmente la cifra de chinos, le quita valor su reduci- do número, á la vez que se explicaría en ellas su mayor fre- cuencia por hallarse todos los individuos de esta raza que en- tre nosotros viven en la edad en que mas se sufre dicha en- fermedad. El glaucoma puede presentarse en todas las edades. Raro en la infancia, en cuyo periodo liemos observado dos casos, la esclerótica se deja distender, y el ojo adquiere por conse- 132 cuencia las proporciones considerables que le han valido el nombre de bvftalmia. La obs. 38? se refiere á una niña de 4 años, recojida en la Casa de Beneficencia que presentaba un estafiloma total y considerable de ámbas corneas, de color blanco uniforme, que apenas podría distinguirse de la escle- rótica á no ser por la depresión que al unirse forman ámbas membranas. Todo el globo está aumentado de volumen hasta constituir un hidroftalmos ó buftalmos. La conjuntiva pasa por delante de la cornea como un velo grueso que á na- da puede compararse mejor que á un pterygión voluminoso con inserciones en el centro de la cornea. V=p. 1. La obs. 17? se refiere á un niño de 11 años de temperamen- to escrofuloso que me consultó en Septiembre de 1886. Pa- decía de oftalmía granulosa de marcha crónica en ambos ojos, y de buftalmia en O. I. Dos años antes, sin causa cono- cida sufrió en este ojo una fuerte punzada que ha persistido con intervalos á pesar de las más variadas medicaciones. Cuando tiene el dolor el ojo es presa de movimientos con- vulsivos repetidos lo que manifiesta el enfermo diciendo que le baila el ojo. Es más voluminoso que O. D., más duro, la camara anterior lia quedado suprimida, y la esclerótica está tan adelgazada al nivel del, circulo ciliar, que se percibe al través el color negro del tractus uveal, bajo forma de un anillo. En la edad adulta, de los 15 á los 50 años he observado 18 casos, y de estos la mayoría corresponden á la decena de 40 á 50 años. En este periodo y en la vejez, el glaucoma se de- senvuelve hasta la pérdida total de la vista sin alterar sus di- mensiones. Pero asciende á 23 el número de glaucomatosos que pasan de 50 años, algunos de los cuales alcanzan una edad avanzadísima. En una palabra, el periodo de los 40 á los 60 años es la época más propicia para el desenvolvimien- to del glaucoma: 26 enfermos en este cuadro. Y probable- mente en esa edad se desarrollaron la mayor parte délos que figuran con senectud más avanzada puesto que casi todos es- 133 tos enfermos solo recordaban que databa de muchos años el principio de su enfermad. Profesiones muy variadas ejercían mis enfermos glaucoma- tosos; pero la gran mayoría se bailaban sometidos á la acción de un calor elevado. Diez, eran labradores, y en esta profe' sión es de tenerse en cuenta la intensa radiación solar en nuestra zona geográfica; un marino y un militar, un albañil y cuatro carpinteros que soportan en igual grado que los cam- pesinos el influjo del sol; un herrero, un hojalatero, un maes- tro de azúcar, un panadero y dos cocineros sometidos á la ac- ción del fuego en los trabajos de su oficio. La otra mitad de los enfermos llevaban una vida sedentaria. Uno de estos enfermos era alcoholista, uno reumático, uno canceroso (cáncer del cuello,) uno presentaba síntomas atáxi- cos, y otro había sufrido un ataque de hemorragia cerebral con hemiplegia sintomática. Si bien varios de ellos eran sujetos débiles, anémicos, ó tempranamente envejecidos, otros en cam- bio poseían en alto grado la robustez física, y un estado com- pleto de salud si su afección ocular no los hubiese sumido en una noche eterna. Y hasta aseguramos que la mayoría de los glaucomatosos eran hombres de buena constitución que habían llegado al último tercio de la vida entregados á las rudas labores del campo y de los oficios mecánicos, y que aun después de ciegos continuaban gozando un estado gene- ral de salud envidiable. El glaucoma es con frecuencia primitivo, es decir, que se desarrolla sin causa aparente, ó bien es consecutivo á otras afecciones del globo ocular, así, en un caso había exoftalmia, en otro nistagmus, en uno hemorragia de la macula, en otros dos, sinequias anteriores, y en tres, uno de los ojos había su- frido de irido-coroiditis. Todas estas lesiones eran anteriores al glaucoma é indudablemente ejercieron una influencia más ó menos marcada en la producción de dicha enfermedad. Aunque se ha hecho jugar cierto papel á la refracción en el 134 desenvolvimiento de esta afección, mi estadística, sin embar- go, nada prueba en este sentido. De 16 enfermos en quienes se comprobó el estado de la refracción, 8 eran E. 5 eran II. de una á ocho dioptrías, y 3 M. de una á tres dioptrías. Con razón se ha establecido que el glaucoma no es una afec- ción inflamatoria. Ordinariamente su marcha es la siguiente. Sobre un ojo sano aparecen con intérvalos neuralgias ciliares de intensidad variable que en algunos casos se propagan á otros ramos de la oftálmica. Después, ó sin que hayan nunca aparecido los dolores ciliares el globo ocular adquiere mayor dureza, la con- juntiva bulbar se hiperemia con facilidad, el enfermo siente pronto fatiga en los ojos, y se ve molestado por una aureola rojiza ó azulada que envuelve los focos luminosos sin tocarlos. Este fenómeno es muy perceptible al contemplar la luna ó la llama de una vela. Pero el enfermo continúa gozando de bue- na vista sin darse cuenta de los otros síntomas que se desarro- llan, y casi siempre se decide á consultar al médico en un periodo ya avanzado de su enfermedad. En otros casos, el principio del glaucoma es brusco. Un ojo hasta entonces sano se ve sorprendido por un dolor intensísi- mo que ningún otro puede igualar, y que gráficamente desig- na el vulgo con el nombre de punzada de clavo por la sensación que produce de un instrumento punzante que atravesase el ojo y fuese á encajarse en el fondo de la órbita ó en el cerebro. Este dolor no tarda en extenderse á toda la primera rama del trigémino, la conjuntiva se inyecta, se enturbia la cornea, la vista disminuye ó desaparece, la fotofobia es intensa, y el en- fermo desligado de cuanto le rodea yace extenuado de fatiga en un cuarto oscuro durante todos los días que es presa de la neuralgia. Pasada la crisis el ojo recobra en poco tiempo su aspecto normal; pero el glaucoma sigue su marcha lenta, insidiosa, ó bien aparecen de tiempo en tiempo crisis dolorosas. 135 La primera forma, llamada crónica es la mas común. Se muestra en ambos ojos, ataca uno primero y cuando este ha alcanzado un grado mas ó menos avanzado comienzan á de- senvolverse los mismos síntomas en el congénere. De los 43 casos aquí relatados en 34 era el glaucoma binocular, y no es extraño pensar que en los 9 restantes también el segundo ojo estaba condenado á sufrir la enfermedad. En casi todo ojo glaücomatoso la tensión infraocular está aumentada; así entre estas observaciones era en 31 T> n; en solo cuatro era T=n, y en otros cuatro T < n. En este punto no estoy de completo acuerdo con los auto- res que de la materia se han ocupado, entre otros Wecker en su reciente trabajo sobre el glaucoma, que considera el exce- so de tensión infraocular como el único síntoma constante de la enfermedad. En extremo difícil es reconocer en ciertos casos el grado de tensión, y así lo confiesa el citado profesor con la autori- dad de su vasta experiencia. Yo así lo reconocí desde el principio de mi práctica tanto que para no seguir observa- ciones ilusorias abandoné las fórmulas de Bowman y solo be empleado en mis anotaciones tres grados de tensión T> n. T=n. T < n. Ahora bien, para justificar mi disentimiento con el Doctor Wecker en este particular transcribiré suscintamente la ob- servación clínica de aquellos enfermos en que era T=n. y T n, antes de practicarse la operación. En los demás era evidentemente T=n, y la duda expresada en el último le da mayor fuerza á T=n por cuanto se tiende inconsciente- mente á completar el cuadro clínico de un diagnóstico for- mulado con las ideas corrientes en la ciencia. Veamos ahora los casos en que estaba disminuida la tensión intraocular. Obs. 21a. Un francés de 40 años, militar, padecía en Marzo de 1887 de glau- cotna crónico en ambos ojos. En 0. D., que había sufrido fuertes dolores, se ve el iris á través de la esclerótica por encima de la cornea como si se hubiese operado en dicho sitio. En la parte inferior de la cornea hay un leucoma con euclavamiento del iris. Por debajo y por detrás de la pupila se ve una sustancia blanca de aparien- cia calcárea que parece un resto del cristalino. El fondo del ojo solo se vé por la mi- tad superior de la pupila; y casi toda la parte visible la ocupa una capa azulosa sin movimiento que supongo sea la retina desprendida. O. I. En borde exclero-corneal inferior hay una cicatriz cistoide con adherencia del iris. La pupila es grande y oblonga. El fondo del ojo, E. conserva apariencia nor- mal; pero la papila es blanco gris, con escavación típica muy profunda, 8 dioptrías. En ambos ojos la conjuntiva y la cornea son sensibles. V [q' T [q! í! } < 11 Obs. 23.a M. de 19 años, presenta atrofiado el 0. I. por traumatismo operatorio. En O. D. hay opacidad difusa de la cornea que está vascularizada superficial- mente. Dolores del globo y periorbítarios que se estienden á toda la mitad derecha de la cabeza. T { n. No existe cámara anterior; el iris está en contacto con la cor- nea. V=0.—Esta afección data de 28 meses; empezó por un dolor persistente en el globo con enturbiamiento de la vista, y cuerpos que se movían en el C. V.—El ojo está sumamente blando. Obs. 24.—Blanco de 52 años, carpintero, sufrió una iridectomia en ámbos ojos practicada por un compañero en 1882 que euro con cicatrices cixtoides en ambos la- dos, y hernia del iris en 0. I. En un principio mejoró pero actualmente ve menos que antes de operarse. En 0. I. hay UHa catarata limitada al polo posterior, y está tan turbio el humor vitreo que no pude examinarlo bien. En 0. D. H.=4.d excavación poco pronun- ciada; C. v. estrechado arriba y adentro. V (oj [o. i. } < ”• Obs. 39.a Una profesora, de 63 años, bien constituida, me consultó en Marzo de 1888, por una enfermedad de los dos ojos, que debutó en 0. I. hace muchos años por una punzada de clavo, de cuyas resultas ese ojo es mas pequeño y blando que el D. En este los vasos hacinados del lado interno se encurban bruscamente para descender á la papila que está á 0.m002 de profundidad. Ve al rededor de las lu- ces un arco-iris que llega á tener hasta l.m de diámetro, y diversos colores (azul, verde, rojo, etc.). v f O. D. I m í O. D.>11. V |o. I. 1 jo. I. -en. Resulta, pues, que el sujeto de la obs. 21? padecía un glau- coma típico de marcha crónica, con una excavación patogno- mónica considerable en 0. I. y sin embargo era Ten. 137 En la obs. 24? que confirma el diagnóstico de glaucoma el tratamiento seguido por mi ilustrado colega, pudiera tal vez atribuirse á la operación la disminución de la tensión. Las obs. 23? y 39? no presentaron el cuadro completo por mas que eran evidentemente glaucomatosos; y el O. I. de la última ob- servación había entrado probablemente en una fase regresiva que no es común en esta enfermedad. El 0. v. se estrecha en el glaucoma de un modo caracterís- tico. Se realiza una disminución progresiva de los porciones superior e interna del C. v. que al cabo de mucho tiempo que- da totalmente abolido; pero no ataca el punto de fijación has- ta un periodo avanzado de la enfermedad. La vista disminu- ye también progresivamente, pero no en relación con el es- trechamiento del C. v. Este síntoma precede á la disminu- ción de la vista. Cuando ya está notablemente estrechado el C. v. la intensidad visual desciende con mas ó menos rapidez, hasta desaparecer en definitiva. O. D.—C. v. de glaucoma.—N“ 721. 138 Coincide con estos síntomas y es causa de ellos la atrofia del nervio óptico por la compresión escesiva que sobre la pa- pila ejercen los líquidos intraoculares. En todos los casos de glaucomas francos que permiten el examen oftalmoscópico se comprueba en un periodo avanza- do la atrofia y excavación de la papila. Este último es el signo patognomonico del glaucoma. No insistimos sobre sus caracte- res que son los expuestos en los tratatados clásicos. Ni tampo- co diremos nada de otros fenómenos accesorios que serán des- critos en las observaciones que terminan este capítulo. Sobre el reflejo verde del cristalino leimos una comunicación á la So- cieciedad de Estudios Clínicos en 1887. El glaucoma, haya empezado de un modo insidioso, como gene- ralmente acontece, ó bien por un ataque do- loroso, sigue una mar- cha esencialmente cró- nica. De tiempo en tiempo se manifiestan crisis dolorosas con in- yección vascular de la conjuntiva, y disminu- ción de la vista. Pasada esta crisis desaparecen los fenómenos neurál- gicos é irritativos, pe- ro la vista queda dis- minuida; y con estas alternativas síguela enfermedad su cur- so, hasta perderse toda percepción luminosa en el transcurso de uno ó varios años. A veces se enturbia la cornea, y sus filetes nerviosos sensiti- vos sufren alteraciones graves, que hacen á la membrana com- Excavación glaucomatosa. 139 pletamente insensible. El iris se atrofia,y ofrece la pupila di- latada y oblonga transversalmente. Por detrás de la pupila se percibe un reflejo verdoso. El cristalino es asiento de alteraciones nutritivas; se desarrolla una opacidad en su región polar posterior, que puede adqui- rir lentamente mayores dimensiones. El ojo se hace mas du- ro, se estrecha el campo visual, y disminuye la vista,y en fin, al cabo de un tiempo casi siempre prolongado el enfermo pier- de totalmente las funciones del mas noble de los sentidos. Véanse ahora algunas observaciones típicas de glaucoma. Obs. 12a. Billetero, de 50 años, robusto. Desde haee cinco la vista ha dis- minuido progresivamente, sintiendo en los ojos dolores de los llamados punzada de clavo, que nunca han sido muy fuertes, pero si frecuentes. O. D. ve solamente los bultos cuando proyectan sombra sobre la retina, ó cuando aparecen sobre un fondo muv iluminado. O.I. cuenta los dedos á lm. de distancia. Examen oftalinoscópico. Es casi igual para ambos ojos. Papilas grises, bri- llantes, en cuyo fondo se ve claramente la lámina perforada. Vasos de la retina de calibre y disposición normal, percibiéndose el doble contorno de las arterias y de las venas; al llegar á la papila descienden bruscamente describiendo un codo en ángulo recto, y desaparecen para volverse á presentar al nivel de la papila á 3 dioptrías de profundidad.—La retina y la coroides conservan su aspecto normal. Obs. 15.—Negro, de 32 años, carpintero. Desde hace tres años se le enturbió la vista por un velo espeso que se le interponía delante de los objetos impidiéndo- le trabajar. Cornea es transparente; iris, contráctil. M=2d.—Excavación de las papilas; los vasos retimianos normales en apariencia descienden por el borde interno de la pa- pila. Estas tienen color gris, y en su fondo se ve la lámina perforada.—Resto del fondo del ojo, normal.—T> n. Algún tiempo después un comprofesor practicó la iridectornia sin resultado positivo. Obs. 26? Blanco de 35 años, hojalatero.—Glaucoma crónico simple. Excava- ción de 6 dioptrías en ambos ojos, papila O. D. ligeramente gris, pero la de O. I. con atrofia completa. Los vasos de la retina descienden bruscamente á la papila formando un codo bien manifiesto. Cristalinos con una opacidad vertical y una zona turbia al rededor. — Pupilas medianamente dilatadas, y ( O. D.= 1/12. Ve mejor á la luz crepuscular. T > n. | O. I.= 1/24. Obs. 40a. Glaucoma crónico en ambos ojos. Notable excavación; los vasos gruesos rechazados del lado interno y de apariencia normal, describen una fuerte curva para descender al fondo de la papila, á 6 dioptrías de profundidad (0m002 próximamente.) La lámina perforada es visible y sobre ella se percibe el tronco de los vasos. Cá- mara anterior poco profunda. Pupila dilatada, inmóvil. Fotopsias, T > n.V=p. 1. 140 Todos estos que acabarnos de describir son casos típicos de glaucoma con aumento de la tensión intraocular, altera- ciones de la cornea y del iris, excavación y atrofia de la papi- la del nervio óptico, é integridad de la retina, de la coroides y del humor vitreo. Pero esta afección aun no bien definida presenta en muchos casos cuadros clínicos variados que son obstáculo para establecer un buen diagnóstico. Contribuye á mantener la confusión la ignorancia en que estamos sobre la causa verdadera. Así mientras unos no formulan la palabra glaucoma sin esceso de la tensión intraocular, otros no reconocen más que la excavación papilar como síntoma de valor indis- cutible; y otros en fin, se atienen á un conjunto más ó me- nos completo de los fenómenos glaucomatosos.—Nosotros en más de un caso hemos dudado al formular el diagnóstico, y confesamos que entre los casos inscritos los hay tan deseme- jantes, que tomando dos de los más distintos podían suponer- se enfermedades diferentes. A pesar de una observación de- tenida aun no hemos fijado nuestra opinión sobre la causa del glaucoma. (1) Terminaremos este estudio con la descripción de un caso de glaucoma con hemorragia de la macula. Obs. 30. O. D. Borde de la papila irregular. Pequeños puntos hemorragi eos en la macula. Centro de la retina turbio, sus vasos describen un codo pronun- ciado, desaparecen, para volver á mostrarse sobre la papila, que está atrofiada, y á 4 dioptrías de profundidad T > n. C. v. estrechado.—V—l/12. O. I. Papila gris, atrofiea, de bordes irregulares, no excavada. Fequeñas he- morragias de la retina á lo largo de los vasos. Dos grandes placas de atrofia de la coroides en región de la macula atravesadas por vasos de la retina normales. H1ALITIS. Hasta hoy día no se haií deslindado bien los síntomas para diagnosticar esta enfermedad, así no es extraño que haya divergencia en cuanto á su frecuencia entre los profesores que se han ocupado de la materia. Yo por mi parte solo he inscrito como liialitis el caso de una lavandera no sifilítica de (1) Véase el cuadro de “Observaciones de Glaucoma,” 141 3o años, que se quejaba de que vió aparecer ocho dias antes, delante de su ojo derecho un velo con puntos negros que le impedía distinguir bien los objetos. En efecto, el humor vi- treo estaba tan turbio, que me fue difícil establecer la integri- dad de la retina y de la coroides. Con + 8d se veía en direc- ción infero-interna de la papila una opacidad en forma de tela ancha con puntos negros diseminados. También hubiera podido diagnosticar de hialitis conden- sante el aspecto que presentaba el O. D. de un individuo que se disparó un tiro de rewolver en la sien. La pupila estaba dila- tada; no existía cristalino. En la parte declive de la cámara profunda reposaba una masa blanca voluminosa, con restos de vasos, que tal vez era el cristalino enquistado; y todo el humor vitreo turbio que impedía distinguir el fondo del hojo. Tres formas de opacidades flotan en el humor vitreo: finas, COPOS DEL HUMOR VITREO. Sexo. «s cd g W Profesión. Ojo en- fermo Causa. Refracción. Forma. 1 V. B. 32 Dentista... D. Hem. macula E.— luego M Gruesos. 2 V. B. 35 I. Y. M. 40 Labrador... I. Glaucoma agudo ? Pequeños. 4 V. Oh. 40 I. E 5 V. B. 60 Hacendado D. II. macula... M. progrs. Grande. 6 V. B. 50 Abogado... D. M Pequeños. H. B. 52 Costurera... I. 8 V. B. 39 Aduanero. D. Ambl.alcoh? Pequeños. 9 V. B. I. M 10 V. B. 37 Carpintero I. 11 V. B. 35 I. 12 V. B. 36 D. I. M 13 H. B. D. I. H 14 H. B. - 68 I. M 15 V. B. 22 D. 16 V. B. 35 Lavandera D. Membranosos. gruesas y membranosas. Del finísimo polvo que enturbia este líquido, sintomático de la corio-retinitis sifilítica nos hemos ocupado al describir 342 esta afección. Ahora lo haremos de las otras dos formas, aun- que someramente, puesto que los copos no constituyen una en- fermedad sino solamente un síntoma de diversas afecciones que se describirá naturalmente en cada una de ellas. Los traumatismos, el esceso de la tensión ocular, las hemo- rragias de las membranas profundas pueden verter algunas gotas de sangre en el humor vitfeo donde flotan bajo forma de copos. Con otras afecciones coinciden los conos sin que se comprenda la relación que entre ambas existe. Es notable la frecuencia de la miopía en los sujetos que sufren este ac- cidente. Este hecho que confirma mi estadística es conocido desde hace mucho tiempo. La tirantez de la retina y la co- roides por alargamiento progresivo del eje ocular explica esas hemorragias cuyos restos flotan en el humor vitreo. Son los copos más frecuentes en los hombres, en la raza blanca, y en la segunda mitad de la vida. Ordinariamente monoculares, y en casi igual proporción para cada uuo de los ojos, pueden verse también sobre ambos á la vez. Se designan con el nombre de moscas volantes los copos pe- queños de formas variadas (anillo, cadenas &.) que se obser- van sobre ojos normales, y que se conservan en el mismo es- tado sin que otras alteraciones vengan á darle significación patológica. Pero ordinariamente son los copos cuerpos ne- gros redondos ó alargados que se mueven en el humor vitreo y corresponden á diversas manifestaciones morbosas. Cuando son grandes generalmente solo existen uno ó dos, como sucedió en las obs. la y 3a en que fueron originados por hemorragias de la macula. En el individuo de la obs. 2a se veía una masa blanca en humor vitreo, que probablemente sería un depósito de fibrina de la sangre después de la reab- sorción de su materia colorante. El examen de los copos del humor vitreo da la medida de la consistencia de este líquido. Si conserva su densidad nor- mal, los copos tienen movimientos limitados; pero si se agitan 143 estos con rapidez al menor movimiento del ojo son una señal cierta de su reblandecimiento. Los copos son compatibles con una vista de intensidad nor- mal; especialmente si tienen regular volumen y son poco nu- merosos dotando en un humor vitreo perfectamente transpa- rente. En este caso solo son perceptibles cuando atraviesan el eje visual; la retina bien pronto seLabituay hace abstrac- ción de su presencia en cualquiera otra posición. Los copos en polvo de la corio-retimitis son los que ocasionan un desorden mayor de la vista; el enfermo cree ver los objetos á través de un velo más ó menos espeso que reduce considerablemente su agudeza visual. La mujer de la obs. 14*} que se consultó por la disminución de la vista, presentaba en ambos ojos cataratas iniciadas por algunas estrías periféricas, y en O. I. flotaban en humor vitreo un copo membranoso con prolongaciones filiformes en dos sen- tidos, y visible con + 10.d; y en el fondo junto al borde de la papila por detras de los troncos vasculares superiores se veía una placa blanca, semejante á una nube y de límites in- ciertos. En O. D. de la obs. 15*} coincidía un copo membranoso con una neuro-retinitishemorrágica. Con+8d se percibía en O. D. de la obs. Ida una opacidad en forma de membrana con puntos negros siguiendo la dirección infero-interna de la papila. Es- tos dos casos corresponden á las hemorragias intravaginales de que habla de Wecker. AFECCIONES DEL CRISTALINO. Las enfermedades de la lente cristalina representan el 10.59% de todas las afecciones oculares en nuestra estadística. En este grupo se estudian las cataratas y las luxaciones de la lente. Entre las primeras hemos observado, y describiremos las siguientes variedades: ' congenita. senil, (duras) k traumática. (blandas) Lenticulares regresiva, capsular completa, secundaria. Capsulares CATARATA CONGÉNITA De esta forma he visto dos casos en extremo interesantes, lie aquí la observación del núm. 311 publicada en la Cró- nica-médico-quirúrgica, Julio de 1887. Varón, blanco, de 43 años de edad, presenta en ambos ojos cataratas congéni- tas centrales. Estas son muy aparentes, bien limitadas, blancas, de aspecto calcáreo, circulares, que dejan una zona libre de pupila á través de la cual pasa luz sufi- ciente. O. I. Cámara anterior muy reducida. La opacidad tiene 0m003 diámetro; sus bordes son irregulares, pero sin estrias. En la parte central de la misma, existe una pinta irregular amarillenta y superficial. El iris apenas se dilata con atropina. Distingue bultos, pero no puede contar los dedos. En 0. D. la catarata tiene 0m002 diámetro; está perfectamente limitada. La cámara anterior está muy disminuida. Iris contraido continuamente, no reacciona ala luz, pero deja, sin embargo, un estrecho anillo de pupila libre. OBSERVACIONES DI CATARATA SESIL Inscripción. NUM. SEXO. RAZA. EDAD PROFESION. Oonstit. v diátesis. Ojo enfermo. Antigüedad ESTADO. ASPECTO. COLOR. V. c. V. T. AFECCIONES OCULARES CONCOMITANTES. Otras afecciones OBSERVACIONES. j V. N. B, B. B. B. B. B. N. B. N. B. N. B. B. N. N. N. B. B. N. Ch. B. N. B. B. B. B. Ch. Ch. B. B. B. Ch. B. B. B. B. M. B. B. B. B. B. B. B. B. B. B. B. B. Ch. B. B. B. Ch. B. B. B. B. N. B. B. B. B. Ch. B. B. B. B. B. N. B. B. B. B. B. B. B. N. B. B. B. B. N. N. B. B. B. N. B. N. B. N. B. N. B. B. N. B. B. B. Ch. 75 102 55 65 38 70 61 70 58 40 68 60 60 Robus a D. I. Incompletas Completas Completas Completas Completas Bultos 9 2 V. Robusta D. I 12 años Nacarado Nacarado 10 3 H. Su casa Buena íeniutal D. I. 14 años p. 1. p. 1. 12 4 H. Su casa Buena D. I. Nubécula O. D. 13 V. Buena D. I. Semi dura Blanquecino 17 6 H. Buena D. I. 18 7 H. Buena (eniutat D. I. 15 años Completos Completos Completos ( Completo 0. D. Punteado superficial Nacarado n. 1. n n 40 8 H. D. I. Leucoma central. 66 74 9 II. D. I. Estriado Uniforme Nucleolar Blanquecino Blanquecino 10 H. D. 1. p. 1. 88 11 V. D. I. 2 años Parcial Completas 93 12 V. Labrador Robusta D, I. p. 1. Leucoma 0.1. 109 13 14 15 16 V. D. I. Nucleolar ( Di: o minad» 0.1) 113 H. Débil D. I. 1 año Parciales Bultos n n 120 Y. 80 106 50 75 45 70 I). I. Incompletas í Completo O. P. ( Posterior Ü 1 Parciales Completos Casi completos Parciales ( Estriado O. 1 Estriado 123 V. Labrador Robusta D. I. 10 años Glaucoma O. I. 129 17 18 H. Sana D. I. Semi-duro Blanquecino n. 1 147 V. Labrador D. I. 3 años p. 1. n Cardiaco 148 19 20 V. D. I. 3 años Medio-duros Blancos p. 1. n n 149 V. Labrador Buena D. I. Quema duras cornea Atrofia O. I. 150 21 V; 60 45 85 52 53 55 79 Labrador D. Completo Completo 152 22 V. Comerciante Buena (grueso) D. Blanco p. 1. n 154 23 24 V. IX Completo Completos Completos Nucleolar Capsulo-lent. O 0 Glaucoma. Exoftalmia 104 Y. Labrador Debilitada D. I. p. 1. n 173 25 H. Su casa Buena (60)11(81 D. I. 6 años Amarillento p.l. Xo n 176 26 V. Escribiente Débil D. i) Enclavamiento iris. II =5 d. operado en Sevilla 1872 por Giralt. 180 27 V- Labrador Debilitada D. I. 4 años Casi completos Parcial | B'dnquedno 0. D. ( Amarillento O. I. Bultos n Operado por Menoeal 198 28 V. 60 50 58 Labrador Débil I. Bultos n 201 29 V. Labrador D. I. Completos Parciales p. 1. n n Operado por Menoeal 206 30 31 32 33 V. D. 1. Nucleolares 225 V. 51 60 44 Tabaquero D. I. Parciales 244 V. D. I. 6 años Nucí eola res Rojizo Blanquecino Blanquecino p. 1. Coroiditis ? 254 V. Labrador D. Parciales Nucleolares Estriados p. 1. O. T. Leucoma adherente por traumatismo 285 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 • 50 V. I. Cortical ota. dedos n O. D. cristalino transparente 317 II. 60 62 80 90 58 80 74 Buena D. I. Nucleolar cta. dedos n 991 II. D. I. Nucleolar cta. dedos 322 II. Su casa Su casa D. I. Parcial Estriado Estriado P 1. p. 1. 340 II. D. I. Incompleto Completos Incompletos Completos Completos Completos Completos 347 V. Débil D. I. 2 años p. 1. cta. dedos n 352 V. Escribiente Labrador Su casa Su casa Dependiente Labrador Hacendado Hacendado Marino Labrador Costurera Labrador Cocinera Cocinera Militar Labrador Su casa 8u casa Enfermero Dependiente Tostador café Su casa Hacendado Escribiente Carpintero Débil D. I. Estriados Núcleo rojizo Núcleo ambarino Núcleo ambarino cst. central Núcleo ambarino Estriados Extrias periféricas Estrías periféricas Estrías centrales Estrías centrales Núcleo blanquee, estrios perif. Nacarados Blancos Nacarados Blanco Blanco Cnrdinco 356 Y. D. I. 3 años cta. dedos 360 II. 59 D. I. p. 1. p. 1. p. 1. 363 II. D. I. 6 años 377 V. 41 80 58 60 70 54 50 60 D I. 380 V. D. I. Parciales i>7l 1 394 v. Buena D. I. Parciales 411 v. D. I. \ p. 1. Coroid. atróf M{a®'¿250 434 V. Robusta D. Com pleto Completos Nacarado Verdoso O. I operado por Carrón de Villars en 1851 436 458 477 490 501 502 511 531 535 539 598 606 625 631 633 V. ir. V. II. H. v D. I. 2 años Rb i n n Buena I. n I. D. I. N ucleolar Nucleolar ~n!i 0 I 52 53 54 55 56 57 58 59 60 Buena 4 meses 4 años Blanquecino Amarillentos II.=2 d. D. I. D. I. í O. I). Parcial \ 0. I. Completo Completo Estrios periféricas ir1! n n 76 61 58 p. i. n Y Débil Buena Buena Débil Débil Buena Buena Buena Buena D. I (O. 1). Comp’eto O. I. Pare:al Completo blanco-ambarinas Nacarado H. II. Y I. 1 año P. i. n n O. D. operado por Marban 1886 D. I. D. 1. ( O. D. tres estrios Contractura 71 par izq. 75 8 meses \ O. í, difusa 1/13 cta. dedos v! V. II. V. V. V. V. II. V. H. V. H. V. V. II. 0 l 47 60 50 56 59 52 D. I. D. I. D. I. I. I. Estrías n 2 años Completo Completo Nucí olares O. 1. O. D. atrofia del bulbo Blanco-amarill. Blanquecino p. 1. n n 62 2 años Duro Bultos n Reuma ¡ico 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 Completo Completos Completos Parciales Completos Com pleto p. 1. Iridectomia por Santos en 1882 657 679 700 706 709 727 D. I. 10 años 4 años 3 meses 2 años 8 años p. 1. n 54 Su casa Marino Costurera Maestroazúc. Su casa Labrador Comercio Su casa D. I. D. I. D. I- I. D. I. D. I. D. 1. D. I. D. I. D. I. D. I. D. Nacarado p. 1. n n Buena Buena Nucleolares i p. 1. O M=2. estafiloma post. 55 56 51 70 85 60 68 36 46 66 57 50 60 64 59 69 54 46 50 61 70 47 85 44 70 68 60 57 70 66 50 70 48 50 53 45 Nacarados Blanco n Cortica 1 Nucleolar y estriado Duro Estriadas Estriadas Estriadas Nucleolary estriados ¡>n Glaucoma nistagmus M-7d- Eczematosa X» n Eczemi 2 años Completos Parciales Nacarados p. 1. n n 760 761 766 773 775 776 Buena Aném Conjuntivitis crónica Cor. con copo flot. O. I. ca i-i jp. i. 9 años | 0. D. Completo Blanquecino Blanquecinos Nacarados n V. V. V. H. V. II. H. V. V. H. H. V. V. V. V. V. V. V. H. V. V. V. H. H. H. H. V. V. Albañil Zapatero Marino Su casa Labrador Su casa Su casa Carpintero Cartero Lavandera Su casa Carpintero Hacendado Labrador Labrador Sirviente Labrador Corredor Alcoholista Artrítico Alcoholista Completos Completos Completo Completos f Completo O. I. p.l. Glaucoma ? 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 n Cirroeis héi ática. p. 1. n Extracción catarata O.I. por Santos en 1885 781 D. I. D. I. D. I. D. I. D. I. D. I. D. I. IX I. D. I. D. I. D. I. D. I. j n n 783 788 Buena Duro Opacidad del núcleo O t>n Glaucoma ( Nucleolar O D. Parcial Completos Completos ( <>. D. Completo } O. I Nucleolar í O. D. Completo -en 796 802 803 Linfática 3 años n p.l. p. 1. n Buena Buena Buena Buena Buena Buena Buena Blanquecino Blanco-rojizo n n M. 811 813 831 836 840 p.l. n 5 años 2 años 1 año i O. I. Estrios Parciales Completos ( O. D. Completo Estriadas n n . Bultos. Estriadas Blanco n í 0. I. Parcial Completo Completo Parcial Parcial Parcial Completo Completo 5 O. I. Completo p. 1. n 841 Nacarados p. 1. n n 843 Nucleolar Diseminada Diseminada Luxada cta. dedos Extracción catarata O.D. por Santos en 1885 846 i lumna vert Buena Alcoho Lepros Débil Robus Buena Buena ebral. L D. I. D. D. I. D. D. I. D. I. D. I. D. I. D. I. D. p. 1. Glaucoma 847 ista n Reumático. O. I. atrofiado 886 Bultos O. D. querititis leprosa O.I. operado por Pulido en 1885 888 Capataz Cocinero Impresor Su casa Labradera 890 a 3 años 6 meses 4 años 2 años 1 año 3 años Blanco Nacarado Blanquecinos Nacarados Blanquecinos Blanquecinos Bultos n n II idrocele 896 ( O. D. Nucleolar Completo Completos Completo Completo 922 p.l. P. 1. 982 n n n 983 p. 1. Nigtagmus Epilepsia 984 100 101 402 Cocinera Carpintero Cocinero Buena Cáncer Estriadas Nucleolar p. 1. p. 1. n n > n 1000 oso f O. I. Completo Glaucoma Cáncer 1001 ( 0. D. Parcial. Completo r»n Glaucoma 145 V.—1. Globo ocular prolongado. Miopia considerable; punto remoto á Pra01 por delante de la córnea. A esta distancia coloca los periódicos que lee diaria- mente. En ambos ojos nistar/mus horizontal y rotatorio. No puede dirigir las pupilas arriba ni abajo. Estas cataratas datan desde su nacimiento: dice al menos que desde los prime- ros años veia del mismo modo que ahora. Así aprendió á leer y escribir. Pero pa- «ra conducirse necesita además el auxilio de un bastón. Este individuo tiene cuatro hijos que también acercan mucho el libro para leer, pero no logró examinarlos para cerciorarme de si heredaron las cataratas ó solamente la miopia. Como las pupilas no se dilataron con la atropina no me fue posible hacer una observación completa de estas cataratas El segundo enfermo era un negrito, de 17 años, sietemesino, de constitución delicada. Presentaba en O. I). Catarata zonular. En el eje del cristalino se ve una mancha blanco brillante, opaca, de 0.m002 de diámetro, de la cual parten numerosos radios limitados por una circunferen- cia igualmente opaca que tiene de 0.m005 á 0.m006 diámetro. Con el oftalmoscopio se ven sobre el fondo rojo del ojo, to- das estas opacidades de color negro, situadas en el centro de la lente, y perfectamente limitadas en medio de un cristalino transparente. Se ven los detalles del fondo del ojo. La intensi- dad de la vista es bastante buena para permitirle ejercer su oficio de tabaquero. O. I. Catarata membranosa, calcárea; ocupa toda la exten- sión del cristalino; su color blanquecino es irregular, sin ese aspecto de emulsión lechosa de las cataratas blandas. V=-p. 1. La madre del enfermo no recuerda la época en que notó esta catarata; pero ambos aseguran que no es de origen traumático. Lo probable es que ambas cataratas sean congénitas; y en este caso llama la atención la variedad tan distinta que lia in- vadido cada ojo. Bajo este epígrafe comprendemos todas las cataratas des- arrolladas en la vejez, ó en cristalinos envejecidos prematura- mente. Esta forma tiene por carácter que la diferencia de las CATARATA SENIL. 146 demás variedades la esclerosis del núcleo ó de todo el cristali- no, y son por consiguiente duras. Esta cualidad es de impor- tancia principal, porque traza la indicación quirúrgica que debe seguirse en su tratamiento. Para evitar subdivisiones que confundirían el texto inclui- mos en el mismo cuadro las cataratas duras simples, y las ca- taratas duras complicadas. Al describirlas, pondremos ejem- plos de las siguientes variedades: con esclerosis total, corticales {medio duras.) simples Cats. duras complicadas.. con enfermedades generales, con enfermedades oculares. Las cataratas seniles son, según nuestra estadística, (los ve- ces mas frecuentes en los hombres que en las mujeres; así la liemos observado en 66 de los primeros, y en 36 de las segun- das. Al ocuparnos de las causas y de las profesiones veremos las razones de esta diferencia. La frecuencia de la catarata senil varía en las diferentes ra- zas. Nuestro cuadro acusa para la Blanca 74 China 8 Negra 19 Mulata 1 Han sido, pues, proporcionalmente mas frecuentes en los chinos, que solo componen 1/33 de la población blanqa; pero estando la raza amarilla en Cuba representada solo por varo- nes adultos y sobre todo ancianos, debemos suponer que á es- ta circustancia en gran parte obedece la diferencia á favor de los chinos. En cambio, la raza negra á pesar de hallarse mas expuesta por sus profesiones á las causas de cataratas que las dos ante- riores, da sin embargo un contingente inferior de catarac- tados. 147 Creo que para explicar esta notable diferencia intervenga como factor principal la pigmentación de los tejidos. En efec- to, los chinos tienen la piel amarillo pálida, y el iris pardo claro, con regular pigmentación de la coroides; los blancos de este pais, aparte el color trigueño de la piel, tienen el iris par- do, y la coroides pigmentada del mismo modo que los chinos; pero en cambio, la raza negra se distingue por el color more- no de la piel, tienen los iris, de un tinte moreno tan oscuro que parecen negros, y es tal la abundancia del pigmento en la coroides, que es penoso reconocer el fondo del ojo con el oftalmoscopio, y sería tarea imposible para quien no estuviese habituado. Juega algún papel la pigmentación como causa de catarata como indudablemente lo tiene el calor á que están sometidos los individuos? Obra absorviendo el eseeso de calor y luz? á defecto de pigmento, el calor elevado desecará el cristalino? El hecho es que la naturaleza ha provisto de coloración blan- ca á los habitantes del Norte, y de un tinte moreno á los del Ecuador. A que obedece esta variedad de color? Ife observado esta variedad de catarata en individuos de 36 años en adelante. El cuadro adjunto que expresa grupos + 30 + 40 + 50 + 60 + 70 4- 80 + 90 2 12 39 24 15 7 3 de cataractados por decadas de años, demuestra que la enfer- medad es sumamente rara antes de los 40 años, poco común entre 40 y 50, adquiere su mayor frecuencia de los 50 á los 60 años, se mantiene con alguna disminución hasta los 70, y luego decrece rápidamente. El sujeto de 36 años, era un herrero, blanco, de pelo casta- 148 ño, cuyas catarates eran adquiridas, y en modo alguno here- ditarias, el cual presentaba en O. I. Catarata, completa, blanquecina, con algunas estrías y puntos blancos. Iris contráctil. V=p. L C. v.=n. T.=n. O. D. Catarata incompleta, que dibuja en el centro la es- trella triangular del cristalino, y estrías cortas y numerosas en el ecuador. Distingue con alguna dificultad las personas y los objetos. Dice que principiaron hace 9 años. Hay por consiguiente que acusar como causa el calor continuado del fuego de la fragua. Después de la extracción de la de O. I. se confirmó que era cortical de núcleo duro y capas superficiales blandas. El otro enfermo de menos de 40 años, era un hombre blan- co de 38, del cual no se tomó la nota detallada. Pero las cataratas generalmente empiezan á desarrollarse después délos 50 años, y tardan uno ó varios años en comple- tarse. Sin embargo hay cataratas, las nucleolares, que tardan muchos años en opacificar las capas corticales. Fácilmente se comprende, porqué se inscriben escaso nú- mero de cataractados después de los 80 años. Muchos se han consultado anteriormente, la gran mayoría no alcanzan edad tan avanzada, y un corto número ha sido ya operado. La constitución de los cataractados es ordinariamente buena; con frecuencia robusta. Entre estos enfermos abundan las per- sonas enjutas de carnes, de piel arrugada. No dejan sin em- bargo de observarse algunas veces en individuos gruesos y hasta obesos. Algunos enfermos eran de temperamento linfático, anémi- cos, de constitución debilitada por las penas y otras causas deprimentes del ánimo. Un cort<» número sufrían vicios constitucionales: eczema, 1—alcoholismo, 3—artritismo, 2— raquitismo—1 lepra, 1—cáncer, 1—glicosuria, 1—afecciones cardiacas, 2—epilepsia, 1.— 149 Bien conocida es la catarata diabética, y la influencia que tienen en la producción de esta enfermedad las afecciones cardiacas. Igualmente pueden producirlas la lepra por altera- ciones de la nutrición local, y el alcoholismo que determina el ateroma de las arterias. Véanse algunos ejemplos de cataratas en casos de enferme- dades generales. Catarata en un diabético.—'Negra, de unos40 años, cuyas orinas contienen gran cantidad de azúcar. Cataratas blanquecinas, completa en O. D. incompleta en O. I. V=p. 1. C. v=n.—Por la extracción de una de ellas se vió que era de nú- cleo duro y capas corticales blandas. (Catarata cortical). Catarata en un cardíaco.—Blanco, campesino, de 75 años, con facies cardiaca, piernas hinchadas, y lesión valvular, de la cual murió algún tiempo después. Pa- decía cataratas dobles completas, desdo tres años antes. Catarata en un cardiaco.—Marinero, blanco, 58 años con lesión mitra], pulso pequeño, irregular, edema de los pies, padece de cataratas en ámbos ojos, blancas, como una nube irregularmente extendida por el cristalino. Con la existencia de la catarata lian coincidido diversas enfermedades oculares. No me detendré en las conjuntivi- tis, leucomas, ni otras afecciones que ninguna relación tienen con la catarata. No sucede lo mismo con el glaucoma, coroi- ditis, sinequias, que determinan trastornos de nutrición capa- ces de alterar la transparencia del cristalino, y los defectos de refracción que por los esfuerzos á que obligan el músculo ci- liar podrían también influir en la producción de las cata- ratas. «Inscripc. 123.—Negro, labrador, de 106 años. O. I. Glaucoma crónico simple, sin aumento de tensión, pero con anestesia de la conjuntiva y de la cornea, reducción típica del O. v. y excavación ds la papila del nervio óptico, que está blanca, atrofiada. V=0.—Opacidad del polo posterior del cristalino, que creo depende del glaucoma. O. D. Catarata completa, dura,que data de 10 años. V.=0. Este ojo es tam- bién glaucomatoso de un modo manifiesto.» N°. 154.—Negro africano, de 85 años, labrador. O. I. Leucoma. No existe cámara anterior. T > n. V.=0.—Por lo tanto, glaucoma en su último período. O. D.—Glaucoma, con opacidad difusa del cristalino, y una manchita blanca en la cristaloidis anterior. V.=0. Exoftalmia en ambos ojos.» 150 «N? 709. Maestro de azúcar, blanco de 51 años, sufre en ambos ojos de glauco- ma crónico simple, con todo su cortejo sintomático. V O. O. I. Catarata blanquecina de aspecto semiblando, que cree se desarrolló á con- secuencia de una neuralgia del maxilar superior. «783.—Negro, labrador, de 60 años, con glaucoma crónico simple bien caracte- rizado en ambos ojos, y que lo tiene ciego desde ocho años antes. O. D. Opacidad del núcleo del cristalino. O. I. Catarata completa, blanco-amarillenta, muy abultada, sin estrías.» «846.—Negro, labrador, de 70 años, con glaucoma crónico simple en ambos ojos, y atrofia de la papila, presentaba una opacidad difusa en el cristalino izquierdo en el momento del primer examen; y después he visto desarrollarse opacidades i>eri- féricas en ambos cristalinos.» «1000.—Carpintero, blanco, de 53 años, que había ingresado en 1888 en el Hos- pital Mercedes por un cáncer voluminoso ulcerado del cuello, padecía además de glaucoma crónico simple en ambos ojos. T > n. O. I. Catarata casi completa que impide ver el fondo del ojo. O. D. Núcleo del cristalino opaco.—Papila atrofiada, y vasos rechazados de un lado.—V | oi L } ~P‘ U «1001.—Cocinero, chino, de 45 años, padece glaucoma crónico en ambos ojos, con dolores ciliares y periorbitarios en O. I. donde se vé confusamente el fondo con su papila blanca. O. D. Catarata completa. Pupila dilatada. T=»n. V=p. 1.» En todos estos casos de coincidencia del glaucoma y la ca- tarata es indudable que la causa de esta fueron los desórdenes nutritivos provocados por el primero. Pero la catarata del glaucoma no tiene caracteres especiales que la distingan de la forma común senil á no ser el tinte verde del cristalino, pero este síntoma es de escaso valor, y desaparece al completarse la catarata. Empieza siempre por la opacificación del núcleo invadiendo poco á poco las capas corticales, para constituir una catarata dura, de color más ó menos oscuro. La mayoría de los cataractados son Emmetropes como se comprueba después de la operación por la elección de espejue- los. Pero no dejan de observarse ametropias algunas veces. Uno de mis enfermos tenía M.=7. d- La profesión de los enfermos es un dato importante en el estudio de la catarata. Profesamos la opinión de que es- ta enfermedad es producida por la acción del calor sobre el organismo. De modo, que todas las ocupaciones que exijan 151 un calor intenso bien sea solar ó artificial deben predisponer á la catarata. Y así es en efecto, según lo demuestran el ad- junto cuadro de los casos que hemos observado. Todos los habitantes de nuestro clima sufren más ó menos directamen- te la acción de un calor intenso con traspiración abundante. Figuran en el cuadro, 40 enfermos de vida sedentaria, no so- to 00 | Labradores. OS | Marinos. 02 - i Aduaneros. 1 Hacendados. - | Militares. £=2- co> | Carpinteros. g>=> | Albañiles. >- | Carteros. O ' I-* | Lavanderas. >-3 ►- | Corredores. | Capataces. ps ! TOTAL. | Caldereros. co OI ! Cocineros. e» os t- | Tostadores de cafe. ® B | Maestro de azúcar. 3. s: | Herreros. s=ñ o CC l' TOTAL. r- to OS | Su casa. | Comercio. oo | Escribientes. | Tabaqueros. to ¡ Costureras. S» I-* | enfermeros. 03 CD C=U <ÍD =5 <-* | Zapateros. - | Sirvientes. 1- 1 Impresores. P5 j TOTAL. metidos á la acción directa del calor; 9 ejercían trabajos ba- jo el influjo de un foco intenso de calor artificial; pero la ma- yor parte, 49 enfermos, más de la mitad labradores, sufrían la acción directa del calor solar. La catarata senil ataca á los dos cristalinos; pero es raro que ambos se enfermen simultáneamente ó en el mismo grado. Lo más común es que se inicie en uno mientras que el otro permanece por cierto tiempo transparente en su totalidad; y que sea completa la evolución del primero enfermo, mientras que en el segundo se conservan algunas porciones transpa- rentes, hasta que pasado un tiempo mayor las cataratas son maduras y la vista queda reducida á la percepción de la luz. Según mis notas, la opacidad se inicia indistintamente en cualquiera de los ojos. En nuestro cuadro figuran 12 catara- tas del O. D. solamente; y otras 12 del O. I.; y todas las de- 152 más, es decir, la inmensa mayoría, en ambos ojos á la vez, aun- que en distinto grado de desarrollo en cada uno de ellos. La evolución completa de una catarata dura de uno á dos años en la forma cortical, pero pasan muchos años antes de que lleguen á completarse las cataratas nucleolares con escle- rosis de toda la sustancia cristalina, cataratas por desnutrición de la lente. Aquellas en su principio se reconocen por es- trías ecuatoriales que se extienden hacia los polos dibujando la estrella cristaliniana, y cuando se completan por su color blanquecino, ordinariamente con un brillo nacarado. La se- gunda forma empieza al contrario por el núcleo que, falto de elementos nutritivos, toma un tinte amarillento, que se trans- forma en rojizo y hasta en moreno á medida que se endurece; su marcha es sumamente lenta; á menos que, como pasa ha- bitualmente, se combinen ambas formas y en este caso será mas rápida su evolución. Después de haber invadido la opacidad toda la sustancia del cristalino, puede permanecer en este estado muchos años sin perjuicio para el ojo; he operado una catarata en ambos ojos de 14 años, sin accidentes operatorios, ni alteraciones del fun- cionamiento de la retina. Estos casos de cataratas antiquísi- mas suelen observarse en poblaciones del interior de la Isla, privadas de cirujanos especialistas. Una catarata completa sin otra alteración del globo ocu- lar, debe permitir la reacción del iris á la luz, una buena per- cepción luminosa de un foco poco intenso, tensión intraocular normal, y un campo visual también sensiblemente normal. Para apreciar la recepción de la luz dirijo sobre el ojo la llama de una lámpara reflejada sobre un oftalmoscopio cón- cavo tenido á tres ó cuatro veces su distancia focal. La reti- na demuestra suficiente sensibilidad percibiendo esta luz débil á través de medios opacos.—Admito como normal el campo visual, si el enfermo con el eje optico dirigido hacia adelante percibe el foco de la llama obtenido con el mismo oftal- 153 moscopio en todas las posiciones escéntricas de la retina. Un ojo con catarata completa, que ni aun con la pupila dila- tada permita recibir rayos del fondo del ojo, y que responda favorablemente á esta tres condiciones T—n. C. v—n. \T=p. 1. estará en buenas condiciones operatorias. Terminaremos estas notas sobre las cataratas duras presen- tando algunas observaciones de cataratas simples, principal- mente con el objeto de trazar la sintomatologia de la afec- ción. «352. Hombre blanco, escribiente, de 80 años, y buena constitución, padece en ambos ojos de cataratas seniles, estriadas, en forma de estrella con rayos brillan tes En O. D. ha progresado lo bastante para impedir el examen del fondo del ojo es pues, completa. C. v.=n. Distingue el bulto de la mano. En O. I. se ven las mismas estrías, pero menos compactas y dejando un pe- queño espacio inferior libre de opacidades, á través del cual podía reconocerse va- gamente el fondo del ojo. O. v.==n. Todavía puede leer y escribir valiéndose de es- te ojo. Iris contráctiles. No existían antecedentes hereditarios. Como síntomas funcionales solo se ha visto molestado por una niebla, que se ha hecho muy espesa en estos últimos meses.» «631. Hacendado, de buena constitución, de 56 años, padece en ambos ojos de cataratas seniles, que empezaron por el núcleo, y que se han extendido de un modo progresivo pero lento hacia las capas superficiales. Fue operado de O. I. cuando todavía se conservaban transparentes las capas ecuatoriales, pero que se veía impo- sibilitado de conducirse solo, por la condensación opaca del centro de ambos cris- talinos.» «922. Señora de 50 años, buena constitución, casada y con familia, padecía en Abril de 1888 de cataratas en ambos ojos en el siguiente estado: O. D. Completa; empezó en 1886, y se ha aumentado progresivamente sin mas trastorno que la pérdida gradual de la vista. Es blanca, y presenta estrías que le dan forma estrellada. Reconoce los colores y el bulto de los objetos. T=n. C.v.=n. O. I. Incompleta. Solo hay algunas estrías que se dirigen desde el ecuador hacia los polos en cuatro haces: pero de- jando intacto espacio suficiente para ver el fondo del ojo, y permitirle V=l/15. En Enero de 1889 ambas cataratas, se habían completado. La de O. I. tiene color blanco, y le permite distinguir los bultos; la de O. D. es blanco amarillenta. Por la operación practicada un mes mas tarde, se confirmó que ambas eran duras, corticales.» Por la exposición de estos casos se verá que los síntomas funcionales dé la catarata dura, consisten en una niebla, átra- Catarata dura senil. N° 922. 154 ves de la cual se ven los objetos, pero que espesándose de un modo progresivo reducen la vista á la sola percepción lumino- sa. Si se examina el ojo durante el periodo de formación se percibirá opaco el núcleo del cristalino en la forma nucleolar; de color amarillo, rojizo, y basta negro; y estrías (blanqueci- nas á la luz focal, y negra con el oftalmoscopio) que se dirijen desde el ecuador hacia los polos, en haces aislados al princi- pio, que acaban por unirse dibujando la forma de una estre- lla, constituyendo entonces la catarata completa de la varie- dad cortical. La superficie de esta catarata es ordinariamen- te de un blanco nacarado. Lo mas común es que esta catarata venga á precipitar la marcha sumamente lenta de la forma nucleolar, combinán- dose con ella, constitu3rendo las cataratas duras con capas su- perficialas blandas. La coloración blanquecina de las corticales indica la imbibi- ción acuosa de las fibras que por este hecho pierden su trans- parencia, y en este momento son blandas esas capas blancas; pero al tomar mas adelante el brillo nacarado por la deseca- ción persistiendo el trastorno de la transparencia, indica que es mas compacta la masa total del cristalino; y en fin, la ca- tarata que desde el principio se forma por la desecación de la lente, sin estrías, y que se manifiesta en tres fases de colora- bición: amarilla, roja, negra, demuestra una catarata suma- mente dura en toda su extensión. Las cataratas traumáticas, como su nombre lo indica son determinadas por una violencia exterior que obra directa ó indirectamente sobre el globo ocular. Los traumatismos causa de catarata en esta estadística, fueron ordinariamente golpes con un palo, piedra, ó látigo. Pero en un caso—847— único de mujer, fué debida á una gota del jugo lechoso del cardón, planta cactacea (Melocactus communis) que se usa CATARATA TRAUMATICA. 155 para hacer cercados y vulgarmente llamada también uña de c/ato, que cayó en O. I. determinando rápidamente per su ac- ción cáustica la perforación de Ja cornea y lesión del cris- talino. En el núm. 820 una pedrada sobre la frente fué suficiente para determinar una catarata traumática, probablemente por la conmoción del cristalino.—En otros casos, como en la ins- cripción 561 se produjo por choque directo sobre el globo sin rotura como lo expresa la nota: «561. Mzo. 1887. Carata trau- mática en O. D., de mulato, sastre, de 27 años, que recibió cinco dias antes un golpe con un palo sobre el globo ocular á través del párpado superior. La pupila es irregular, está dilatada, pero se contrae bajo la acción de la luz. La opacidad tiene color blanquecino turbio. V—p. 1. Hay un poco de dolor ó inyección periquerática intensa.» Pero con mayor razón cuando al golpe sucede la rotura de las membranas externas, se comprende que inevitablemente irán seguidos de catarata traumática. «29o. Campesino de 21 años, recibió un golpe con un palo directamente sobre O. D. que produjo la rotura de la cornea en toda la extensión del diámetro vertical. No existe cámara anterior. Hernia del iris. Equimosis conjuntiva. Catarata que se formó dias des- pués.» Del mismo modo que un traumatismo accidental puede producirse una catarata por el choque de la cristaloides con algún instrumento en el acto de practicar la iridectomia, ó cualquiera otra operación capaz de herir el cristalino. Las cataratas traumáticas se observan con mayor frecuen- cia en la juventud, casi siempre antes de los 30, años, unas veces de un modo casual, otras en juegos de la infancia, y en fin cierto grupo por la exposición de herir los ojos en algunas profesiones. La opacidad es de color blanquecino, como una emulsión lechosa, más marcado cuanto más joven es el enfermo. Al 156 cabo de mucho tiempo por la reabsorción de las masas re- blandecidas se transforman en cataratas regresivas. Se observan casi exclusivamente en los hombres, que se comprende están más expuestos á sufrirlas. Son mucho más frecuentes sobre O. D. que en O. I. CATARATA REGRESIVA. Esta forma de catarata no es más que el último periodo de las cataratas blandas. Después de reabsorverse una parle de las masas fluidas, otras quedan adheridas á la cristaloides que adquiere mayor espesor y toma color blanco mate con placas irregulares esparcidas en su superficie. (1) Su origen fué una vez congénito, coincidió en otro con ca- tarata congénita del congenere, pero casi en todos los casos es la evolución final de una catarata traumática. Véase en resúmen la observación de catarata regresiva congénita. «274.—Cam- pesino, blanco, de 40 años, buena constitución. Queratocono en ambos ojos.—Cata- ratas en los dos cristalinos, congénitas. Con las pupilas dilatadas se nota. O. I. a, fondo general de la catarata, que es de un blanco más ó menos unifor- me, ocupando toda la extensión del cristalino;—b, placa irregular de un blanco bri- llante, y que forma un ligero relieve sobre el fondo a;—c, depresión de color oscuro que se une mediante una linea vertical con otra depresión inferior más pequeña, pero idéntica; ambas depresiones rodean la parte central de la placa brillante. Esta catarata presenta un aspecto blanco, calcáreo; está deprimida particular- mente en el centro. Sospecho que carece de núcleo, y que ambas cristaloides están en contacto, hallándose la anterior muy engrosada. No pude distinguir nada del fondo del ojo.. El enfermo, sin embargo reconoce los colores rojo, azul, amarillo y verde; distínguela mano y aun puede contar confusamente los dedos á 0“. 10 de distancia. O. P.-—Se ven diversos puntos blancos diseminados en el cristalino sobre el fon- do más oscuro del mismo. Una nubécula esparcida por toda la cornea (producida por traumatismos) impide un examen de- tallado de esta catarata, pero que por analogía la creo de la misma naturaleza que la del lado izquierdo. Un negro, sietemesino, de 17 años, de Cataratas regresivas. N? 274. (1) Las cataratas regresivas que he observado en estos enfermos se presentaron 8 veces en O. D. y 6 en 0. I. quien nos hemos ocupado por su catarata zouular congenita de O. D. presentaba en O. I. una catarata calcarea, capsular, ocupando toda la extensión del cristalino, blanquecina irregular. C. v.=n. V.=p. 1. Data de muchos años, y tanto el enfer- mo como su madre aseguran que no fue precedida de ningún traumatismo. Hemos dicho que las cataratas regresivas no son otra cosa que una catarata blanda que ha sufrido la reabsorción total ó parcial de la sustancia propia del cris- talino con alteraciones de la capsula, y las hemos creído generalmento de origen traumático. (1) Sin embargo varios enfermos negaron esta causa, aun cuando en algunos se veían señales de penetración de un cuerpo extraño. «658. Chino labrador, 45 años, O. I. Desaparición de las capas de pigmento del centro del iris, donde por lo tanto es transparente, mientras que en la periferia tiene su color pardo, de manera que á la inspección parece un caso de auiridia ó de iris rudimentario. La pupila está medianamente dilatada, inmóvil. Catarata blanca, arrugada, como si no existiese más que la cristaloides opaca y esta hubiese sido desgarrada. V.=0. C.v.=0. Es probable que exista un des- prendimiento de la retina. En la parte inferior del iris se ve un punto que pudie- ra haber sido el de penetración de un cuerpo extraño. Niega esta causa.» 157 Dos enfermos atribuyen su enfermedad á una inflamación, pero uno sufrió operaciones por caries de la órbita, y el otro tenía una catarata capsular por reabsorción expontánea del cristalino, con rugosidades de la capsula. CATARATA CAPSULAR. El último enfermo de que nos hemos ocupado es el mejor ejemplo de catarata capsular, puesto que por traumatismo ó cualquiera que fuese la causa, hubo reabsorción completa de la sustancia cristalina, afaquia, y opacidad de la capsula. Por un pequeño espacio libre mejoraba la vista interponiendo un fuerte vidrio convexo. En una enferma (inscr. 83) presentaba una mujer una ca- tarata capsular de O. I., con adherencia del iris. Esta forma de catarata no es, pues, más que la misma re- gresiva, con desaparición completa del cristalino. Bajo el (1) En un mulato, se desarrolló la catarata 4 ó 5 meses después de haber reci- bido una pedrada en el reborde orbitario. En otro individuo fue consecutiva á una herida con un aguijón que penetró á través de la cornea. Un tercero lavió desarrollarse después de uua iridectomia que le fue practicada. Ya hemos dicho, y aquí vemos nuevos ejemplos de que la catarata traumática puede producirla la he- rida directa del cristalino, ó la conmoción que sufre por choques sobre el globo, ó sobre la órbita. 158 mismo epígrafe, podría incluirse la catarata secundaria, opa- cidad capsular consecutiva á la extracción. De modo que solo existen entre estas formas pequeñas diferencias no siem- pre fáciles de establecer entre las dos primeras. Con este nombre solo se conocen las opacidades de la cap- sula consecutivas á la extracción de la catarata. Tienen á ve- ces forma de velo fino con pliegues á través del cual se ven con alguna dificultad el fondo del ojo. Otras veces por haber quedado capas transparentes la opacidad es más espesa, ó bien exudados de una iritis, se depositan en la pupila, y dan lugar á gruesas opacidades que obstruyen la «pupila, y se com- plican de sinequias posteriores. Aquí solo incluyo las cataratas secundarias que motivaron una consulta. Las consecutivas á operaciones praticadas por mi se estudiarán al ocuparnos de las operaciones. CATARATA SECUNDARIA. Este es un accidente raro. Entre 1000 enfermos solo se presentó 3 veces. Un caso fué de luxación completa; y dos im- completas. Una negra, de G0 años, leprosa ofrecía en O. I. una luxación del cristalino hacia abajo y atrás por ruptura de la porción superior del ligamento suspensorio. Haciendo ejecu- tar movimientos al globo se ven los cambios que sufre de de- lante atrás el cristalino cataractado, y el temblor del iris. Cuando mira hácia arriba queda libre y negro el tercio supe- rior de la pupila, limitado por el borde convexo del cris- talino. Un labrador, de 79 años, que en 1884 padecía de cataratas en ambos ojos, tuvo luxación de la de O. I. en 1886, permi- tiéndole cierto grado de vista. Hubo rotura de la zonula con descendimiento de la catarata, que aun era visible. Había permanecido en el campo pupilar la capsula opaca. Tem- blor del iris. LUXACION DEL CRISTALINO. AFECCIONES DEL NERVIO OPTICO Y DE LA RETINA. Las enfermedades del nervio óptico y de la retina resultan en nuestra estadística ser algo mas frecuentes de lo que se ob- serva en Europa. Sufrieron con corta diferencia igualmente la retina y el nervio óptico. Hemos incluido las enfermeda- des de ambas regiones en un mismo grupo por la semejanza anatómica que trae consigo á menudo la simultaneidad de sus padecimientos. NEURITIS OPTICA. lie observado en 7 enfermos la neuritis óptica, papilitis, en plena evolución, en individuos adultos ó en los primeros años de la vejez. Casi todos estos sujetos fueron varones, y perte- necían á las razas blanca, mulata y negra. La enfermedad se caracterizaba por una disminución mas ó menos marcada de la vista, con la sensación de un paño ó niebla que se interponía delante de los objetos impidiendo distinguirlos con claridad. La papila se presenta liiperemiada, de bordes confusos con una zona edematosa peripapilar de la retina, y los gruesos vasos tortuosos y con frecuencia, engrosa- das las venas, pudiendo estar de un modo variable disminui- do el calibre de las arterias. Dos de estos enfermos eran sifdíticos, y uno reumático. En un caso la neuritis era el modo de manifestarse la oftalmía simpática en un muchacho cuyo O. D. estaba atrofiado de re- 160 sultas de una pedrada que sobre él recibió 45 dias antes; y vi- no ó consultarme porque veía cada día menos con su O. I. La papila estaba sumamente roja, de bordes confusos; los vasos de la retina inyectados, pero no tortuosos ni desfigurados; la retina próxima al nervio tenía un tinte opalino. El único caso de papilitis en mujer, dependía de la com- presión di 1 nervio por un voluminoso quiste de la órbita que había reducido V. á 1/5. Respecto á la influencia que el alcoholismo y las afecciones cerebrales puedan tener en la producción de la neuritis ópti- tica, extractaré algunas observaciones. «38.3. Abogado de 41 años, alcoholista, que murió tres años después de reblan- decimiento cerebral. Padecía neuritis óptica incipiente en ambos ojos. Estran- gulamiento de la papila. Aspecto exterior de sus ojos, normal. Pupilas de regu- lares dimensiones, sumamente perezosas, tanto que apenas se distingue un ligero movimiento de contracción bajo la influencia de la luz focal. O. D. Hiperemia de la papila. Lee con dificultad. O. I. Papila enrojecida: arterias delgadas, venas flexuosas que de trecho en trecho presentan porciones de un rojo negruzco separadas por otras mas claras que dan á 3a vena la apariencia de un rosario. Cuenta difícilmente los dedos á 0.m50. H{g;?/}=3.d Este enfermo cuando lo examiné estaba convaleciente de un ataque cerebral grave con pérdida de la palabra y de la memoria. Otra observación interesante es la de un negro (lnscrip. 91(5) campesino, de 34 años, de constitución robusta, que vi en el Hospital Mercedes, en 1888. Padecía una papilitis bien caracterizada en ambos ojos. Desde bacía un año se quejaba de dolores de cabeza, que eran sobre todo inten- sos en la región parietal derecha, que se localizaron posteriormente en la región cervical y occipital. Este dolor no se exaspera á la presión. Cuando inclina hacia abajo la cabeza experimenta desvanecimientos. Su me- moria está debilitada; las respuestas no siempre son acordes. La palabra es torpe, arrastrando la lengua. Hay disminución del oido: oye el reloj de bolsillo á 0.“05. Conserva el reflejo rotuliano. La marcha se verifica mediante pasos cortos, avan- zando con mas decisión y como para explorar la pierna derecha, mientras tanto el cuerpo permanece rígido y la cabeza inmóvil, los párpados abiertos. Pero el fenó- meno curioso de la marcha consiste en la tendencia á caer de espaldas, lo que le obliga á dar un paso atrás sin que por eso logre evitar la eaida. Tiene extreñi- miento y trastornos de la orina. La ameurosis solo data de unos dos meses. Seis meses mas tarde las papilas estaban atrofiadas, blancas.» La neuritis óptica no es dolorosa. Los enfermos solo acu- san la disminución de la vista. Esta enfermedad termina 161 por atrofia mas ó menos marcada de la fibra nerviosa. Nin- guno de los tratamientos que he empleado lia conseguido la curación en estos casos. ATROFIA DE LA PAPILA. En todos los casos que describimos la atrofia se ha presen- tado sobre ambas papilas de los nervios ópticos á la vez aun- que ordinariamente en un periodo mas avanzado en uno de los ojos. O. I. Atrofia de la papila. N" 925. Los síntomas generales de estas atrofias son bien conocidos. Pupilas dilatadas, insensibles á la luz, papilas decoloradas, 162 blancas ó grises, vasos centrales normales ó disminuidos de calibre con frecuencia, y el resto del fondo del ojo de apariencia sana al examen oftalmoscópico, la tensión intrao- cular es igual, mayor ó menor que la normal según sea la cau- sa que haya determinado esta enfermedad;—la vista dismi- nuida en un principio queda totalmente abolida cuando la atrofia es completa, los enfermos no distinguen la luz de la oscuridad, y solo deducen la acción directa del sol por la sen- sación de calor que determina en la piel. El campo visual se estrecha concéntricamente, con mas ó menos regularidad. Hay otros síntomas accidentales ligados á la causa deter- minante de la afección, tales como el iniósis en las atrofias ta- béticas, las neuralgias de la oftálmica en las dependientes del glaucoma, etc. En dos casos se observó nistagmus; en uno completando el cuadro de una esclerosis en placas: y el segun- do de forma rotatoria, en una mujer que padecía una atrofia antigua y completa de ambas papilas nerviosas, mujer de constitución débil, que padecía una disentería crónica, pero cuya verdadera causa nunca quedó bien establecida. l—l CLERIGOS H-* ESCRIBIENTES to COMERCIO. to COSTURERAS c* SU CASA LABRADORES co MILITARES 1—^ ZAPATEROS t-* CALDERFROS l-j ALBAÑILES tO CARPINTEROS K> COCINEROS Las profesiones que ejercían estos enfermos eran tan varia- das que ninguna influencia les atribuyo en la producción del padecimiento. La etiologia de las atrofias del nervio óptico ocupará mas detenidamente nuestra atención. 163 AFECCIONES AFECCIONES -9* c=s AFECCIONES CENTROS NERVIOSOS DIATEXICAS- TOXICAS. LOCALES CAUSAS DUDOSAS U3 — X — x «á Ctí Cx3 <» 4g c3 o 5á 5 3 | c« £ #flg & O) *s á •— cá ■g O. 3 -a o o o Vh c¿. Cu s a> —sj OQ w i GO < O K t^> 8 1 1 1 3 4 1 1 3 Las causas que determinan la atrofia, pueden incluirse en varios grupos: afecciones diatésicas, intoxicaciones, afecciones de los centros nerviosos, y enfermedades localizadas en el glo- bo ocular. Este capítulo resulta forzosamente incompleto, por cuanto solo comprende los casos de atrofias bien caracterizadas ma- nifestándose como la lesión principal del órgano de la vista. Quedan excluidas, por consiguiente, las lesiones papilares del principio del glaucoma, las atrofias que acompañan á la reti- nitis pigmentaria, etc. Una atrofia de las papilas del nervio óptico, se observó en un individuo sifilítico, cuya diátesis fue con anterioridad cau- sa de ataxia locomotriz, por lo cual será descrito al ocuparnos de esta enfermedad. Entre los atrofias por intoxicaciones solo hemos anotado tres casos por alcoholismo. Dos de estos enfermos padecían diarreas crónicas, y dos también se quejaban de moscas volantes que le impedían ver claro. En los tres había la decaloración de la papila muy marcada del lado externo, y escotoma central. Las afecciones medulares son la causa mas frecuente de la atrofia del nervio óptico; ellas solas constituyen casi la mitad de los casos en esta estadística. Y la casi totalidad de afec- ciones medulares con manifestaciones en los ojos corresponde á la ataxia locomotriz progresiva. 164 El conjunto sintomático no era idéntico en todos los casos. Véase la numeración de las ocho historias clínicas. I. Mujer negra, 37 años. No tiene reflejo rotuliano. Atrofia de ambas pa- pilas de los nervios ópticos. Calibre normal de los vasos retiñíanos. II. Campesino, de 50 años. Padece dolores en las piernas, y en la cabeza, vó- mitos; no tiene reflejo rotuliano; no hay trastornos de la marcha. O. I. Exudado pupilar. O. D. Humor vitreo turbio, papila decolorada, vasos adelgazados. M=8.d V— fosfenos. III. Campesino, de 49 años. Ataxia locomotriz con marcha característica. Atrofia de las papilas, que son blanco gris, bien limitadas atravesadas por los vasos de la retina que están adelgazados particularmente las arterias. Lamina perforada bien visible. IV. Un adulto. Ataxia confirmada. Atrofia de las papilas poco marcada, así como la disminución de la vista. V. Un escribiente, de 39 años. Sifilítico y atáxico. Dolores fulgurantes, fal- ta el reflejo rotuliano. Marcha normal, cólicos nefríticos, retención de orina; cefa- leas; escitación venérea. Atrofia gris de ambas papilas. Estas tienen coloración aplomada. Los vasos centrales conservan su calibre normal. Miosis en el mismo grado en ambos ojos. T ‘}=3 dioptrías. V/O.D.=p.l. ‘ 1 O. I. —lée grandes caracteres á muy corta distancia. Cro- matopsia. Confunde constantemente los tintes verdes con el rojo, los violetas, incluso el carmín, con el azul. Ha con- fundido el anaranjado con el rojo; pero el color que mejor re- conoce es el amarillo. Entre las lesiones oculares que arrastran consigo la atrofia de la papila del nervio óptico, la principal es el glaucoma. Al tratar de esta afección nos ocupamos de la excavación por exceso de la presión intraocular y de la atrofia por compre- sión de los elementos nerviosos. La papila se presenta blan- ca ó ligeramente gris, con la lámina perforada bien percepti- ble en los casos de compresión exagerada. En tres enfermos de atrofia blanca de la papila no quedó bien comprobada la causa, aunque en uno sospeché un tumor ó compresión del nervio en la región orbitaria, y eñ otro había motivo para creer en una lesión del lóbulo occipital del cerebro. No entro en detalles de estos casos puesto que no tengo da- tos suficientes para sentar un diagnóstico, asi que cuanto fjb jese traería mayor confusión, 167 En el tratamiento de las atrofias totales del nervio no he- mos obtenido nunca la menor mejoría. Ni la extricnina, ni los mercuriales ni los iodurados han modificado en lo más mí- nimo la marcha del mal. No participamos de las ilusiones de otros colegas aue de tiempo en tiempo ponderan tal ó cual medicamento. Para nos- otros todos son igualmente inútiles. En cuanto á la vía hipo- dérmica nosotros la condenamos tanto por su ineficacia hasta hoy, cuanto por ser dolorosa, y expuesta, como más de una vez ha sucedido á complicarse de tétanos. La Deuro-retinitis ó papilo-retinitis es una forma de infla- mación del nervio óptico que se extiende á.la distribución ner- viosa de sus fibras por la cara interna de la retina. Los siete casos observados fueron todos individuos varones de la raza blanca; y de ellos eran: labradores, 2; actores, 1; sir- vientes, 1; dependientes de Comercio, 1; tabaqueros, 1; car- pinteros, 1. No en todos los casos ha podido establecerse la etiología. Tres enfermos eran sifilíticos, y uno palúdico. En éste, sin embargo, mas que inflamación, se presentaba una simple con- gestión papilo-retiniana, contrastando con la profunda ane- mia de la piel, de modo que en realidad pudiera descartarse de la afección que estudiamos. En dos enfermos la papilo-retinitis fué doble; en los demás casos se presentó exclusivamente en el O. D. Los síntomas principales consistieron además del aspecto oftalmoscopico del fondo del ojo, en copos del humor vitreo, ordinariamente membranosos, paresía pupilar, fotofobia disminución de la vista etc. A continuación transcribimos los principales casos para que se vea el cuadro clínico, la marcha, las afecciones anteriores, ó las que padecía el ojo congénere. NEURO-RETINITIS «056. 0. I). Papilo retinitis poco pronunciada, con ligera fotofobia, y dismi- nncjón de la vista, 168 O. I. Desprendimiento infero-externo de la retina, de gran extensión. Co- pos del humor vitreo gruesos y numerosos. «685. Actor cómico. Sifilítico. O. D. Neuro-retinitis óptica. Data de 40 dias. Papila confusa, enrojecida, va- sos centrales inyectados, tortuosos. Todo el fondo del ojo está turbio á causa de los numerosos copos esparcidos en el hnmor vitreo, algunos alargados, movibles, flotantes como telas de araña, y otros en número infinito semejante á un polvo fi- no perceptible por detrás del cristalino y también movibles. En la región ecuato- rial la retina y la coroidis tienen su aspecto normal. H=1.25.d V |q‘ jbr4,ltl') Esta observación, de no ser evidente el aspecto del fondo del ojo se hubiese diagnosticado de corio-retinitis específica. Pero nada extraño tiene la sucesión de ambas inflamacio- nes; es decir, que un enfermo atacado de neuritis, pase al ca- bo de cierto tiempo á padecer la coroiditis, y que ya anterior- mente haya padecido la iritis específica; en una palabra, que sobre el mismo ojo se sucedan toda la serie de manifestacio- nes oculares sifilíticas conocidas. Bajo este punto de vista es interesantísima la observación. «957. Blanco, de 52 años, carpintero, sifilítico desde dos años antes, hiperme- trope de 2 dioptrías. En 0. I. solo ofrecía una pequeña sinequia posterior, y el resto de otra sobre la cristaloides, signos de iritis antigua. O. D. Papilo-retinitis. Papila de forma estrellada, imposibilidad de precisar sus contornos. Vasos centrales, principalmente las venas, tortuosos y engrosados. Hay una hemorragia en la retina, hacia abajo y afuera de la papila, á cierta dis- tancia de la vena temporal inferior, y otras dos menores hacia arriba y adentro de la misma. Estas hemorragias son recientes, de color rojo claro; las dos mas peque- ñas parecen debidas á la trasudación de los vasos próximos, pero la mayor proba- blemente depende de una hemorragia de la vaina del nervio extendida al interior del globo ocular. La retina al rededor de la papila está blanquecina, edematosa. El primer síntoma de que se dió cuenta el enfermo fue la desaparición del campo visual inferior, escotoma que se hizo total al cabo de 24 horas, quedando de ese ojo sumido en completa oscuridad. A los 15 días el borde interno de la papila estaba muy confuso, blanquecino; en la mácula se veian tres puntos blancos. Al mes, las hemorragias se habían reab- sorvido, dejando apenas rastro. La papila estaba blanca, y como velada, con el borde externo bien limitado, pero irregular y confuso el interno. En la mácula se ven mayor número de puntos blancos que pueden compararse á granos de arroz pequeñísimos. En el lado interno de la papila hay un brote de granos idénticos, abundante y nutrido, limitado del lado de la papila por un reborde blanco seme- jante á una exudación. Los vasos de la retina pasan por delante de las exudacio- nes. Establezco el diagnóstico de coroiditis en su periodo florido. Al mes y medio había, nuevas exudaciones arriba y abajo del diámetro verti- cal de la papila, de modo que esta quedaba rodeada de granos de coroiditis. Sufu- sión hemorragica cerca del borde externo del nervio. En la papila se pronuncia el color blanco de la atrofia. O. I. se notaba una hiperemia general del fondo del ojo.» 169 Otro enfermo, sifilítico, con papilo-retinitis de ambos ojos, tenía en O. D. sinequias posteriores. En otro atacado de neu- ro-retinitis O. D. con puntos hetnorrágicos, había copos mem- branosos en humor vitreo. No en todas las retinitis ha podido establecerse con seguri- dad la causa. Pueden clasificarse del modo siguiente: Retinitis pigmentaria 3 » albuminurica 3 » sifilítica 3 » hemorragica 1 » con desprendimiento retina 1 » con glaucoma 1 » simple 1 De un modo general padecen de retinitis con mayor fre- cuencia individuos de la raza blanca, y de estos los varones. Es de notarse que tres enfermos padecían de extreñimiento. RETINITLS. RETINITIS PIGMENTARIA. Tres casos bien caracterizados de retinitis pigmentaria, por el pigmento especial, el estrechamiento del campo visual, la hemeralopia, la atrofia de la papila, etc., he observado en 1000 enfermos. Todos eran varones; uno blanco, dé 34 años, y dos negros, de 45 y 60 años. En los tres la afección era binocu- lar, y en igual grado de desarrollo en ambos ojos. Solo trans- cribimos la más interesante y completa de estas observacio- nes, publicada en el Recueil d’opthalmologie de París en Se- tiembre de 1888. 170 905.—Blanco, 34 años, temperamento linfático viene á la consulta por amau- rosis de ambos ojos. Sus dientes tienen una disposición especial: los incisivos y los caminos están gastados en su extremo como los de los roedores, dejando al descubierto la pulpa amarilla envuelta por una zona de marfil, en una superficie plana. Su padre era probablemente sifilítico; su madre histero-epileptica. Ambos eran primos hermanos. De 9 hijos que tuvieron solo viven tres. Véase ahora su afección ocular. Desde su infancia notó que apenas veía por las noches. Discromatopsia.—De los colores fundamentales distingue bien el rojo, regular- mente el azul, muy mal el verde, y absolutamente ei amarillo y el violeta. Reúne con dificultad los diversos tintes del rojo. Toma por blanco el amarillo; confunde el verde con el gris, y el violeta con el negro. Haciéndole buscar el amarillo en la colección de estambres no ha reconocido ninguno de los tintes que en ella había. El C. v. está reducido á un punto central tan pequeño que no se puede determi- nar exactamente: solo se extiende á uno ó dos grados del punto de fijación en todos sentidos. a í O. D.=cta. dedos á 0m.80. á • (O. I. —1/13. Hemeralopia.—Este es el síntoma que mas le incomoda. Después de la puesta del sol se ve su- mido en las tinieblas, sin distinguir otra cosa que el foco de las luces y el disco de la luna. Las pupilas se contraen á la luz natural. Los cristalinos presentan una opacidadjparcial compues- ta de pequeños puntos bajo forma de una estrella de cinco rayos irregulares para O. D., y de una banda vertical para O. I. Las papilas son blancas, ovaladas, de contornos irregulares. Los vasos de la retina son tan delga- dos, que las venas apenas tienen el tercio de su ca- libre normal, y las arterias solo pueden distinguirse hasta muy poca distancia de la papila en el fondo atigrado del ojo. En casi toda la estensión de la retina se ven pe- lotones de pigmento negro, mucho mas abundante en el ecuador, donde afectan una disposición semejante á la de los ostecfplastas de los huesos ó á la de una red con gruesos nudos en el entrecruzamiento de las mallas. Estas manchas pigmenta- rias están situadas, al menos en gran parte, en la capa mas interna de la retina, por delante de los vasos. Las mayores de estas manchas solo tienen 1/5 del diámetro papilar Trat. Yoduro de potasio. En esta observación hay dos hechos dignos de tenerse en cuenta: consanguini- dad en los pudres, y discromatopsia en el enferipo, C. v. de ritinitis pigmentaria’ N°. 905. 171 RETINITIS ALBUMINURICA. La retinitis albuminurica también la hemos observado en el 3 por 1000 de enfermos, todos adultos, blancos, varones, y de ellos, uno farmacéutico, y dos jornaleros. Los tres enfermos presentaban albúmina en las orinas en abundancia, y la en; fermedad se mostró en ambos ojos. A continuación damos un extracto de las tres observaciones. «143 Blanco, carretero, adulto, nefrítico con albúmina en orinas. Retinitis albuminurica en ambos ojos. Lesiones ocu- lares extensas y variadas, papilitis, hinchamiento de las venas exudaciones diseminadas, hemorragias múltiples, algunas típicas, paralelas entre sí, radiadas, y perpendiculares al borde de la papila. Todas las lesiones están localizadas al rededor de la papila y de la mácula.» «588. Farmcéutico, de 37 años. Viene padeciendo de ano- rexia y disminución de la vista de O. D. Tiene la piel de color pálido amarillento; la cara lisa y brillante, con aspecto edematoso, así como igualmente las piernas, pero sin que pue- da marcarse la huella del dedo. Se queja de fuertes dolores occipitales que le atormentan de tiempo en tiempo. Todos estos fenómenos se habían atribuido á la anemia, y se le aconsejó una temporada de campo. Vino á consultarme en Abril de 1887 por un quemosis con equimosis de la conjuntiva bulbar de O. I. que se había pre- sentado sin causa apreciable, y que padecía por segunda vez, sin que los colirios y lociones ordenados la primera hubiesen logrado mejorarle, hasta que desapareció expontáneamente. Ante esta forma insólita de alteración conjuntival hice un examen completo del enfermo, descubriendo una retinitis al- buminurica tipo en ambos ojos, y por examen del Dr. Aroste- gui albúmina en las orinas, que contenían también células de pus y cilindros hialinos, estableciéndose el diagnóstico de nefritis paretiquimatosa. En ambos ojos las papilas del nervio optico tienen forma estrellada que le dan numerosas estrías que impiden precisar sus contornos. Los vasos centrales flexuosos, aparecen como llenos desangre en unos puntos y vacíos en otros tienen apa- riencia menos roja que normalmente; algunos desaparecen á corta distancia de la papila; en otras no se ve el punto de emergencia; la mayor parte tienen á los lados hemorragias en forma de Jiamméches, paralelas á la dirección de los vasos. A mayor distancia se ven algunos exudados retiñíanos, en for- ma de placas blancas redondeadas, situadas por detrás de los vasos. En O. 1. la inflamación de la papila es aguda; esta tiene co- lor rojo vivo. Mácula sana. En O. D. en el que había notado la disminución de la vis- ta tres meses antes que en el derecho, las lesiones eran más antiguas por su aspecto oftalmoscópico. En la macula se veia muy desarrollada la corona estrellada propia de esta enferme- dad, pero solo por el lado interno, compuesta de seis rayos de un diámetro papilar, y cada uno de estos rayos formados por una serie de puntos blancos brillantes, situados también por detras de los vasos. Toda la región periférica ó ecuatorial de ambas retinas son normales; las lesiones son centrales: al rededor de la papila y de la macula. Distingue los colores. H{ftU=°"M< v{o.'l=Í T | q P” | f O. D. 1 O-1.. sano. V j 0 j ~ j R { O- I. / “ E' 1886. Abril. La hemorragia central se ha reabsorvido en parte; quedan tres puntos negros; el resto de la mancha es de un rosa pálido. La hemorragia externa es mayor; presenta un fondo blanquecino, y sobre este diseminadas manchas de pig- 176 mentó irregulares. Vasos y papila normales. En el vitreo Ilota una opacidad negra en forma de S tan larga como la papila. 1887. —Estacionaria. 1888. Descubro miopía progresiva, de 3 dioptrías, con estafilona re- ciente postero-iuferior. Este enfermo es un joven sano, en el cual no lie podido sospechar la causa de la hemo- rragia. Me sorprende el desa- rrollo de la miopía en un ojo excluido de fijación.» De estas hemorragias dos han sido monoculares y uña doble. Las palúdicas han sido todas binoculares. No me detendré en las hemorragias palúdicas que fueron tema de mi tésís para el doctorado; solo transcribiré algunos de sus principales caracteres. Sabemos que los caracteres esenciales de las hemorragias retinianas palúdicas consisten en: lp Síntomas sujetivos. Escotomas positivos en campo vi- sual normal: 2? Síntomas objetivos: Focos, hemorragicos dispuestos á manera de corona al rededor de la papila sobre el trayecto de los grandes vasos que los originan, sean venosos ó arteriales. 3? Integridad física y fucional de todo el resto de la reti- na: ausencia, por consiguiente de retinitis. Muchas otras afecciones determinan también hemorragias retinianas. Enfermedades diatésicas, discrásicas, fiebres gra- ves, etc., elijen con frecuencia la delicada red de la retina para manifestar sus trastornos circulatorios. Otras veces la causa no es bien conocida ó permanece ignorada, como en las he- Hemorragia de la macula y miopía con estafiloma progresivo. N“ 3. 177 iiloíragias de Uriicícula kteay eii la llahíádá de los adolescente?. liaremos someramente un estudio comparativo de las diversas formas apo- pléticas para diferenciar- las de las de origen pa- lúdico. Las vastas hemorragias de la macula ó de otras regiones más ó menos cen- trales se producen sin retinitis aparente y deter- minan los mismos ó más graves síntomas funciona- les; pero los caracteres de la hemorragia son distin- tos de los que afectan las de naturaleza palúdica. En estas se ven tres, cuatro ó mas focos hemorrágicos, generalmente menores que la papila, se asientan en el espesor de la membrana nerviosa, y la san- gre se reabsorve del centro á la circunferencia conserván- dose en esta por más tiempo un anillo más oscuro. Las hemorragias maculares, por el contrario, son únicas, constitu- yen una especie de saco entre la retina y la coroides; el líqui- do enquistado deposita las materias sólidas, y por esto ofrecen al examen oftalmoscópico un foco con dos coloraciones sepa- radas por una línea horizontal, la superior de tinte violado claro ó amarillento, la inferior rojo oscuro. Además estas hemorragias destruyen por compresión la retina y la coroides con que se ponen en contacto; asi es que al cabo de mucho tiempo en vez de hemorragia se ve á través de una perforación una placa blanca que no es otra cosa que la esclerótica. No es fácil por consiguiente la confusión de estas dos formas. En este grupo puede aludirse también á la designada Hemorragias palúdicas de la retina. 178 por retinitis oxalúrica, atribuida al aumento de OXalato de cal en la orina, y caracterizada por la producción en indivi- duos jovenes de hemorragias abundantes que vierten sus coá- gulos en el humor vitreo, y por esos mismos caracteres dife- rente de la de los palúdicos. La retinitis apoplectiforme por ateroma de los vasos es pro- pia de una edad avanzada y necesita para su diagnóstico la coexistencia de lesiones ateromatosas en otras arterias más ac- cesibles. Por lo demás, las hemorragias oculares presentan como caracteres que las diferencian el ser pequeñas, múlti- ples, situadas á lo largo de los vasos ó generalizadas, y ser es- triadas. La reabsorción se verifica de los bordes hacia el cen- tro, y deja en definitiva focos de degeneración. La papila y la retina próxima aparecen como veladas y confusas. Menos aún podrían establecer errores las retinitis albumi- nurica y glicosúrica, que constituyen, sobre todo la primera, el tipo de las inflamaciones de la retina. Esta se vuelve ede- matosa y sus vasos tortuosos; se producen pequeñas hemorra- gias lineales, aparecen numerosos focos de degeneración bajo forma de placas blancas punctiformes ó alargadas que son ca- racterísticas, y sus lesiones evolucionan con tal rapidez que en un solo examen se perciben al mismo tiempo todas estas al- teraciones. La retinitis diabética tiene mayor tendencia he- morrágica, pero bastan para diferenciarlas de las hemorragias palúdicas las placas de degeneración que en ella se observan así como el estado inflamatorio de la retina. A la retinitis leucémica, que yo no he tenido la suerte de observar, se le señalan focos hemorrágicos semejantes á los que indico para el paludismo, parecido que tal vez se deba á la abundancia de leucocitos en ambas emfennedades, pero serían suficientes caracteres para diferenciarlas el edema de la retina y las lagunas hemorrágicas que están situadas más bien al rededor de la macula en la leucemia, según los autores que de ella se han ocupado. 179 Oreemos por consiguiente qüe el origen palúdico de las he- morragias puede por lo menos sospecharse á la simple inspec- ción oftalmoscópicá, y quedar confirmado por el interrogato- rio del enfermo. DESPRENDIMIENTO DE LA RETINA. Este padecimiento se presenta habitualmente en la edad adulta. Los casos que ahora presento ofrecen una particulari- dad notable, y es que todos corresponden á la raza blanca. El reducido número 7/ioou de los casos observados no es suficiente para estableeer una crítica del porque de esa predilección. El desprendimiento de la retina es doble más frecuente en el O. D. que en O. I.; cinco de aquellos para dos de estos. Lo he observado en profesiones muy variadas, desde la vida activa del labrador, hasta la sedentaria de la mujer, ó de apli- cación de los ojos de un escribiente. Respecto á la causa refiere una enferma que recibió agua caliente sobre el ojo, lo que le produjo un quemadura lijera; que á la noche del segundo dia al abrir una ventana que da- ba al patio (después de estar acostada algunas horas) sintió frió en el ojo, y perdió repentinamente la vista. Dos de los enfermos eran artríticos, en uno de estos, mujer que hacía las labores domésticas, se produjo paulatinamente, empezando por puntos negros y una niebla que le dificultaba la vista. Uno solo de los enfermos era miope. En un caso provocó el desprendimiento la discisión de una catarata secundaria. Pero en dos enfermos no pude ni siquiera sospechar la causa de la afección. El desprendimiento fué total en dos enfermos. En la inscripción 564, lavandera de 64 años, había un des- prendimiento vastísimo de la retina.de O. D. que solo dejaba en posición normal una estrecha faja vertical de la membrana •nerviosa, extendida desde un diámetro papilar por debajo de la implantación del nervio hasta perderse en la parte superior y algo hácia adentro. Durante los movimientos del ojo la re- 180 tina flota á manera de un saco medianamente lleno de líqui- do, con fluctuación manifiesta, liso y redondeado en partes, y con caprichosos pliegues en otras. Avanza en humor vitreo á más de 0m006 en lo que puedo juzgar por el oftalmoscopio, pues se ven porciones con toda la serie de lentes convexas hasta 10 dioptrías, y creo que aun en más porque también se distingue algo á simple vista. La retina es blanco azulosa, surcada por vasos rojos. La pa- pila presenta sus bordes confusos como terminados por mu- chas estrías radiadas de modo que parece existir una papilo- retinitis, pero los vasos conservan su disposición normal. En el centro de la papila hay un espacio circular blanco, probable- mente fisiológico. T n, y V==0.— En O. I. hay una catarata blanquecina, de aspecto semiblan- da.—La pupila de este ojo es triangular, de borde irregular, como si hubiese existido un traumatismo que niega. Nistagmus horizontal en ambos ojos, posterior al glaucoma. Segundo caso: Un negro, panadero, de 58 años, padece glaucoma crónico simple en ambos ojos en período atrofico, con T> n, y V=0. Nistagmus horizontal, poco pronunciado. 69 Atrofia de las papilas.—En una mujer de V=0 era ro- tatorio, de movimientos cortos, rápidos, sincrónicos. 79 Epilepsia.—Una mujer epiléptica que además de «cata- ratas seniles completas, sufría nistagmus, de grandes excursio- nes, y movimientos lentos en todos sentidos. 89 Sin lesión apreciada.—A los pocos días de nacer se notó en una niña nistagmus horizontal de ambos ojos. Ejecutan éstos sus movimientos acompasados, lentos, de excursión ex- tensa, y luego siguen una série de sacudidas pequeñas y rápidas. La papila es pequeña, sus bordes confusos no pueden dis- tinguirse bien de la retina; vasos centrales casi rectos, delga- dos. Fondo ojo con poco pigmento. Otro joven padecía nistagmus horizontal congénito. 192 Y f — 5 a j f O. D. } —q a v lo. I. =J M\0. I. j -u—°- En fondo ojo sólo se notaban pálidas las papilas. El nistagmus es con mayor frecuencia congenito, ó desarro- llado en la infancia. En los casos citados de estafiloma, leu- comas, exudado pupilar, cataratas centrales congénitas, se puede explicar su producción por esfuerzos de los músculos motores para dar acceso á los rayos luminosos por un lado del obstáculo. Pero como esta posición no puede sostenerse por la fatiga muscular, vuelve el ojo á su posición de reposo; y se necesita un nuevo esfuerzo para mejorar la vista. La re- petición de este acto, constituye el nistagmus, que con proba- bilidad debe ser irregular, desordenado, intermitente en un principio, hasta que por la lucha de los músculos antagonistas se determina ese estado particular de movilidad involuntaria, mantenido por influjo de la vista en beneficio propio. El nistagmus es casi siempre horizontal, algunas veces rota- torio. Las excursiones son ora lentas, ora rapidísimas, ó ya procede por sacudidas que se repiten en séries. No lo he observado en los chinos; es muy raro en los negros. AFECCIONES DE LOS MUSCULOS OCULARES. Las enfermedades de los músculos del ojo son bastante fre- cuentes: representan el 85 por 1000 de nuestra estadística. En este grupo comprendemos las alteraciones de los músculos motores del globo, y trastornos funcionales dependientes de la fatiga del músculo ciliar. ASTENOPIA ACOMODATIVA. Esta es uña afección hoy bien conocida, dependiente de la fatiga del músculo ciliar y que por consiguiente con mejor derecho figura entre las afecciones musculares que no en el número de las ambliopias donde hasta hoy se ha estudiado. Es propia de los hipermetropes que no pueden fijarse largo largo tiempo á corta distancia sin un esfuerzo considerable, y mayor que el correspondiente al de convergencia, lo cual trae consigo la rápida fatiga del músculo ciliar, con dolor ocular, superciliar, frontal, dificultad para distinguir, enturbiamiento de la vista, y en fin imposibilidad de ver de cerca por el abandono forzoso de la acomodación.—Es característico de la astenopia que después de un reposo más ó menos prolongado vuelven á estar los ojos en condiciones de distinguir de cerca. El astigmatismo es causa también de astenopia acomodati- va por que el sujeto se halla en la imposibilidad de distinguir con claridad los objetos, y por las contracciones irregulares á que para conseguirlo se ven probablemente obligados los mús- culos ciliares. 194 ESTRABISMO CONVERGENTE. El estrabismo convergente se observa en los dos sexos. En nuestra estadística que alcanza 36 casos, se nota la particula- ridad de ser frecuente en la raza blanca, mientras que no fi- gura un solo ejemplo entre los negros y los chinos, sin embar- go no es esto decir que en la raza negra no se produzca, pues lo lie observado posteriormente. Las notas que lie tomado sobre estrabismo son muchas in- completas, por ser imposible un examen cuidadoso cuando no se está en el gabinete de consulta, como sucede con frecuen- cia; pero son suficientes para sacar algunas deducciones. El estrabismo convergente se produce habitualmente antes de los 5 años generalmente hacia los 3, época en que los ni- ños empiezan á fijarse á corta distancia; es raro después de los 10 años. Los que se ven en la edad adulta, ó se iniciaron en la infancia, ú obedecen á causas de que nos ocuparemos. Sabido es cuanto influye el estado de la refracción en h. génesis del estrabismo. De nuestros enfermos ni uno solo era Miope; había un Emmetrope, otro caso de astigmatismo, y 11 de hipermetropia. Uno de los enfermos descendía de una fa- milia de hipermetropes, y él también lo era. La H de estos niños ha variado de 1 á 6 dioptrías; oscilando por termino medio de 3 á 5.—Un defecto de refracción que en mi con- cepto influye grandemente como causa de estrabismo es la anisometropia hipermetrópica. De los ojos en que he hecho esta observación había para o! lI+1 o. í.r+í's o.' i.T+Fá o. Los leucomas son también causa de estrabismos. He com- probado este aserto 7 veces; sin embargo, como dos de estos enfermos eran H y en los otros no se ha especificado la refrac- ción, pudiera persistir la duda sobre si esta sería la verdadera causa. Véanse algunos ejemplos. Mulata de 23 años, con Nubécula central de O. D. producida por la viruela en la infancia. Estrabismo convergente O. D. Un tabaquero de 18 años, que padecía de leucoma central 195 adherente en su O. D. microftálmico, padecía en el mismo estrabismo convergente. En un niño de 2 años, con nubécula centrales en O. D. por oftalmía escrofulosa, vio la madre producirse al cabo de al- gún tiempo el estrabismo convergente. Pero hay que advertir que H=4 d. Una señorita con II. y leucoma central en O. I. vio producir- se sobre el mismo un estrabismo convergente. Las convulsiones pueden originar el estrabismo. Una sobri- nita mía que padeció de fiebre grave en su primera dentición con convulsiones, quedó fuertemente estrábica. Después de algún tiempo la desviación era menor. Ni sus padres ni nin- guno de sus cinco hermanos padece estrabismo ni es H. He observado otro caso análogo, por eclampsia infantil que hizo estrábico el O. D.—Y en fin, otro estrabismo convergente de O. D. por eclampsia puerperal á los 34 años. La parte que á la herencia corresponde en la producción del estrabismo no es probablemente otra que por herencia de la hipermetropia. He conocido una familia en la cual había varias hermanas estrábicas. Y en Santa Clara vi una niña estrábica de O. D. cuyos tíos maternos adolecían todos de la misma enfermedad. El estrabismo después de un periodo latente se manifiesta alternante, luego uno de los ojos se desvía de preferencia has- ta que queda definitivamente excluido para la fijación de los objetos. En nuestra estadística con casi igual frecuencia se ha fijado el estrabismo en cada uno de los ojos.—La desviación en los casos extremos ha alcanzado hasta 40°. La vista del ojo estrábico es con frecuencia defectuosa, y probablemente habrá cierto grado de ambliopia por la falta de uso pasado largo tiempo. En algunos casos he anotado simplemente V 13 G G G 7 200 La hipermetropia es ordinariamente congénita, y pasa de- sapercibida mientras el músculo ciliar tenga potencia para sostener la acomodación á corta distancia. Esta potencia es considerable antes de la pubertad, y así no es extraño que los casos indicados en la infancia bayan consultado solamente por estrabismo convergente. Después de los .15 años, las per- sonas entregadas á trabajos de aplicación continua de los ojos (lectura, escritura, costura, &.) no pueden sostener mucho tiem- po la contracción violenta del músculo ciliar, cuya fatiga se traduce por cefaleas, dolores oculares, enturbiamiento de la vista, imposibilidad de fijar, hiperemia conjuntival, todos los síntomas en fin de la astenopia acomodativa, que impele á los enfermos á solicitar los auxilios médicos. Hasta los 30 años solo son víctimas de astenopia los grados máximos y medios de hipermetropia; pero al acercarse la época de la presbicia, especie de astenopia fisiológica para los ojos enumetropes, se ven los hipermetropes con mayor razón obligados á recurrir al empleo de lentes convergentes para suplir la impotencia del cristalino para la acomodación. Si se observan mayor número de casos de hipermetropia en- tre los blancos en las consultas médicas no es debido á que sea mas frecuente en ellos que en las otras razas, sino que la naturaleza de los trabajos á que se dedican provocan la aste- nopia acomodativa, mientras que en las razas de color que ejercen profesiones mecánicas que no requieren la aplicación continua de los ojos ni la mucha aproximación de los objetos, se hace menos evidente el defecto de refracción ni es tal la fa- tiga de los ojos que obligue imperiosamente al uso de espe- juelos. En. algunos enfermos que acuden al médico por otras en- fermedades se descubre accidentalmente la hipermetropia, tal ha sucedido 3 veces en casos de glaucoma, en uno de coroidi- tis, y en otro de herpes oculares. El grade de H. varió de 0.5 á 8 dioptrías, pero en ningún caso 207 alcanza las cifras elevadas de las miopías extremas. Habitual- mente solo observamos liipermetropias de 1 á 5 dioptrías. En el adjunto cuadro colocamos el grado‘de H en una serie de 3EX O. D. O. I. 2 2 estrab. 3 3 5 5 estrab. 5 5 i 1.5 estrab. 4 4 1 l 1.5 1.5 3 4 estrab. 1 1 1 1 5.5 5.5 4 5 O 3 1 1 l 1 7 7 1 1 3 1.50 estrab. 1.25 1.25 4 4 estrab. 4 4 8 8 3 3 estrab. 5 fi 5 3 estrab. 1 1 3 3 1 1 fi 5 estrab. 3 3 ] 1 2 2 2 1.5 1 1 6 fi estrab. fi 6 -\7"Ista- O. D. O. I. 1 1 1 1 1 1 1/60 1/2 1 2/3 1 1 1 1 1 1 1 1 2/3 1/2 1 1 i 1/50 1/4 i 1 1 1 2/3 1 1 1 1 1 1/3 1/3 1 1 1 2/3 2/3 2/3 individuos y es curioso que la mitad de casos de estrabismo convergente se observarán en bipermetropes anisomctropcs, es decir, con distinto grado de refracción para cada uno de los ojos. 208 Los hipermetropes mantienen el músculo ciliar en un gra- do de contracción masó menos permanente, más ó menos in- tenso, y con frecuencia*dos exámenes sucesivos ofrecen resul- tados diversos. De aquí que en muchos casos haya que anotar la hipermetropia total, (paralizando la acomodación), y la hi- permetropia manifiesta. Véanse ejemplos: Ht. 7 4 5 3 e» II m. 1.50 2 1 1.5 1.5 Los hipermetropes gozan de ordinario de una excelente agu- deza visual. Los casos indicados con cifras algo inferior á la normal eran estrábicos, y aquellos en que ha descendido á 1¡50, Veo eran enfermos de glaucoma ó coroiditis. ASTIGMATISMO. No liemos puesto empeño especial en la investigación del astigmatismo por las dificultades que ofrece su corrección da- da la infinita combinación de lentes que requiere un pais co- mo este donde no se conoce esa industria. Expondremos solo algunos casos en que se determinó para establecer el diagnósti- co, refiriéndonos solo al astigmatismo regular pues la forma irregular es tan numerosa como los leucomas á los que siem- pre acompaña, así como á algunos trastornos del cristalino. SEXO. AST. REGULAR» VISTA. 0. D. 0. I. 0. D. 0. I. H. (15°-4.5)-6 (0°-4.5)-6 I 1 2 V. (0o+ 2)+ 1.5 í 1 2 V. —í (90°-4)-5 V. (90°+ 6) (90°+6) I i Los enfermos de astigmatismo no ven claro á ninguna dis- 209 tancia; tan pronto acercan como alejan los objetos, inclinan la cabeza buscando una posición más favorable para la clara percepción, y sufren los dolores supraorbitarios y ciliares de la astenopia acomodativa. El astigmatismo se observa en uno solo, ó en ambos ojos; y en este caso con los ejes paralelos ó no, y en combinaciones muy diversas, ya miopicas, ya hipermetrópicas. COLO RACION DEL IRIS. El iris ofrece colores variados, que guardan relación con la pigmentación de la piel. Así, el hombre blanco y rubio de las regiones frías muestra en sus ojos un dulce tinte azul ce- leste, mientras que á la piel negra del africano acompañan ojos de un moreno oscuro, casi negro visto á distancia. Entre estos dos tipos extremos hay una gradual variedad de tonos. Tomadas estas observaciones en un principio sin intención de darles forma, no se ha establecido una escala de coloración para darle toda la precisión que requiere, ni tampoco se refie- re al total de los enfermos. Véase el cuadro basado en un total de 224 individuos. La COLOR DEL IRIS. NUM. Despigmentación 1 Azul 21 Verde 22 Pardo 180 Total 224 mayoría de los habitantes de la Isla, blancos de piel atezada y pelo negro, y la raza negra, tiene los ojos de color pardo más ó menos oscuro. DESPIGMENTACION DEL IRIS. De un chino, labrador, anoté la siguiente observación: De- saparición junto á la pupila del pigmento del iris, que pre- 211 senta dos zonas, una de color pardo en la periferia, y otra transparente en el centro, de tal modo que á la primera ins- pección parece un caso de aniridia. IRIS AZUL. Todas las personas de iris azul pertenecían ála raza blanca, tenían la piel más ó menos pálida, y el pelo rubio ó castaño. Sabido es que á los niños rubios so les oscurece el pelo á me- dida que crecen basta adquirir un tono castaño oscuro en la edad adulta. También al nacer tienen los niños un viso azu- loso en los ojos, que desaparece en breve tiempo. De estas personas de ojos azules, uno era francés, 8 españo- les, y 12 criollos. Entre estos últimos había dos que eran hijos de alemanes. IRIS VERDE. Se reparten estas personas en 19 criollos todos de raza blanca, dos españoles y un alemán. Casi todos tenían el pelo castaño, pero el de algunos era negro. El color de la piel era en unos blanca en otros trigueña. Hay, sin embargo, mulatos con ojos azulosos y verdes. Varias veces he visto ojos verdes en hijos de padres que lo tenían azul uno de ellos, miéntras que en el otro eran pardos. —Esta mezcla puede explicarse por la combinación del azul con el rojizo de los ojos pardos. Esta es la coloración más común en los ojos de las personas que viven en Cuba. Es la que exclusivamente tienen los ne- gros, cuya abundancia de pigmento en el iris es tal que apa- rece negro á distancia y moreno rojizos examinados cuidado- samente. La mayoría de los mulatos tienen también los ojos de color pardoscuro. En los chinos es menos abundante el pigmento. En la raza blanca la coloración parda es más ó menos intensa, en relación con el color de la piel y los cabe- llos; más pronunciada en las personas trigueñas, que en las de piel blanca. IRIS PARDOS. REFLEJO VERDE DEL CRISTALINO. En las personas de 40 años, y particularmente después de los 50 no es raro observar fisiológicamente el reflejo verde del cristalino. ¿o Total - w 5d > 5S3 > co 5 | ? 4- o i | •*« a - | * w 1 < y ® 1 * wl i EDADES oa 1 4* O +50 13 6 09+ « 1 t O | Enfermeros PROFESIONES te | Lavanderas te | Cocineros te | Costureras w | Carpinteros -t | Labradores te | Profesores co | Comerc’o % | Su casa. En un trabajo sobre este asunto leído en 1887, ante la So- ciedad de Estudios Clínicos, consideraba como causa de esta coloración del cristalino alteraciones de nutrición, por conse- lO Conjuntivitis crónica. h-A Ulcera de cornea. - Conjuntivitis granulosa Albugo. | Iritis. i—i H-A Glaucoma. ro Neuro-retinitis. t—i Desprendimiento retina h-A Copos de vitreo. - Coroiditis. - Catarata. - Ambliopia. H-* No lesiones. AFECCIONES QUE PADECIAN. 213 cuencia de la esclerosis de los tejidos en una edad avanzada, apoyándome en las siguientes consideraciones. El cristalino durante la primera mitad de la vida es incoloro y perfectamente transparente. Es el estado tipo de la lente. A la inspección simple y la luz focal la pupila aparece completa- mente negra porque el observador no recibe ninguna luz del ojo. Al examen oftalmoscópico los detalles de las membra- nas profundas se presentan con toda su pureza, miéntras que el cristalino es invisible porque se deja atravesar por los ra- yos luminosos como el más límpido cristal, de tal modo, que para darnos entonces cuenta de su presencia se requiere el estudio de la refracción. Después de los 30 años adquiere color. Este puede ser un tinte amarillo ó verde. La coloración amarillento ambarina, constante á una edad más ó menos avanzada, puede conside- rarse como un signo de vejez: empieza por el núcleo, donde siem- pre es más intensa y se desvanece en las capas corticales hasta ser inapreciable en el ecuador. Esta coloración revela la es- clerosis de la lente que á la vez que se hace mas compacta toma una forma aplanada. Pero las funciones oculares se conservan en estado fisiológico: el cristalino es transparente, y no hay otro cambio que el ya conocido de la disminución de amplitud acomodativa. La coloración verde es la más importante de todas, porque se presenta tanto en el estado fisiológico como en el patológi- co, y puede por lo mismo dar lugar á confusiones, hoy afor- tunadamente raras, pero que fueron lamentables y frecuentes antes de la invención del oftalmoscopio. El (cristalino verde es siempre transparente. Cierto es que á la inspección puede producir la ilusión de una catarata; pero ya á la luz focal se vé la perfecta transparencia del segmento anterior del cristalino, mientras que sus capas profundas apa- recen de un verde turbio, ó bien como un finísimo polvo ver- de exparcido por toda la lente. Pero al usar el oftalmoscopio 214 se siente un momento de sorpresa al contemplar con toda claridad los detalles de las membranas profundas del globo ocular á través de un cristalino perfectamente transparente. Esta circunstancia permite fijar 1a. significación del color ver- de, por la existencia ó ausencia de lesiones profundas. La distinción que de este reflejo debe establecerse entre el estado fisiológico y el patológico se refiere principal, sino ex- clusivamente al glaucoma. Sinembargo, como lo be obser- vado también en algunas cataratas durante su período de formación, pudiera esto inducirnos á creer en alguna influen- cia debida á la esclerosis de la lente, ó mejor dicho, á los tras- tornos nutritivos que son origen de la opacidad. La misma observación puede hacerse respecto de la iritis, retinitis y co- roiditis en que suele observarse, porque todas estas afecciones determinan desórdenes de la circulación intraocular. Pero de todos modos sólo es constante en el glaucoma; y el diag- nóstico de esta enfermedad s N 05 P»¡ ► * to tz¡ 05 1^ CM H r-í 0 t—1 i» to O» 5 O K * + Oí C7« O l—1 05 I Conducto I—1 Z T incind do L-O 14 Cateterismo. IO Número de enfer- o mos. fcO Número de opera- cione 00 Mejoría. ES Curación i Edema do la cara. >• Hemorragia rí t-o por cateterismo. 3 FIEBRE 265 truir el conducto nasal y permitir de este modo á las lágrimas correr hasta las fosas nasales. Ya nos hemos ocupado del uso de las inyecciones de una solución de sulfato de zinc al 1% ó 2% que empleamos constantemente hasta conseguir la de- saparición del pus. Recurrimos al cateterismo cuando no es aún posible hacer llegar la inyección á la nariz. En este caso empezamos pa- sando la sonda n? 3 de Galezouski, y pasamos luego al n? 4. Las sonda 5. y 6, la reservamos para casos excepcionales por considerarlas tan gruesas que desgarran la mucosa ó la man- tienen por lo menos en estado inflamatorio. Así no es raro que persista el lagrimeo aun después de pasada toda la serie desondas. Nosotros después de obtenida la desobstrucción con una sonda de mediano calibre continuamos el tratamiento por las inyecciones durante cierto tiempo. Pero confieso que este modo de proceder no siempre consigue la curación ra- dical. Muchas veces pasan la sonda n? 4 y aún el 6? y sin em bargo la inyección es devuelta, lo que depende de mucosida- des y restos de pus que obstruyen el canal nasal; si enton- ces se pasa una sonda inmediatamente será fácil hacer correr el líquido hasta las fosas nasales, pero no se logrará lo mismo al día siguiente sin un previo cateterismo. Este tratamiento es pues por lo menos enojoso. Algunos enfermos no volvieron á consultarse después de la incisión, y otros abandonaron el tratamiento apenas empezado. De los que lo continuaron por tiempo suficiente he anotado 4 curaciones y 8 mejorías. Estos se refieren á la cura de la su- puración pero con persistencia del lagrimeo. Los accidentes principales que hé observad.-» en el trata- miento de la dacriorrea, fueron, una vez fiebre de invasión brusca y con frió, análoga á la que provoca el cateterismo de las vías urinarias, y que combatí con quinina; dos veces he- morragias producidas en la mucosa con la sonda al pasar por un conducto muy estrecho; y en fin, el edema de la cara 26G por la penetración del líquido de las inyecciones en el tejido celular, por mala dirección de la punta de jeringuilla. Este es un accidente desagrable pero que desaparece sin conse- cuencias al cabo de algunos días. En 18S7 comuniqué á la Sociedad de Estudios Clínicos una observación sobre este ac- cidente y modo de combatirlo por la compresión. ORBITA. Entre las operaciones de la órbita comprendemos la ex- tracción de un secuestro y varias municiones que penetraron en la órbita izquierda de un blanco adulto á quien se le dis- paró casualmente la escopeta en una cacería. Después de es- te accidente se formó una cicatriz irregular en lado externo del ojo, con adherencia del párpado superior á la cornea y quedó una abertura fistulosa en supuración. Para obtener la cura definitiva puse al descubierto toda la pared externa de la órbita; se extrajeron varias municiones que aún había en el tejido celular, se extrajo un secuestro, y se racló una porción rugosa del hueso, se desprendió el párpado superior, y con hi- los de plata se hicieron suturas reformando toda la porción externa de dicho párpado que había sido destruida.—Se obtu- vo la curación. TUMOR DE LA ORBITA. En el Recueil d’ophthalmo- logie, publiqué la observa- ción de un tumor supero- externo de la órbita que había rechazado al ojo fue- ra de la misma, y su ex- tirpación levantando un colgajo triangular de piel junto al borde orbitario superior. Este tumor era un quiste voluminoso de pared gruesa y resistente, lleno de una mate- ria sebácea. No se vió glándula lacrimal. Por esta causa y Colgajo del párpado superior para extraer un quiste de la órbita. 267 por su posición creo que el quiste se había desarrollado en di- cha glándula á la que hizo desaparecer por completo. La cu- ración fué rápida. ENUCLEACION. En este punto incluimos los dos casos de enucleación practi- cados: uno en un anciano blanco, cuyo O. I. amaurótico se extrajo para detener una oftalmía simpática del congenere; y el otro en el muñón doloroso de un ojo que había recibido una pedrada. Ambos se extirparon por el procedimiento de Bonet, y se colocó la sutura circular de la conjuntiva. En resúmen las operaciones en la órbita fueron: Quiste sebáceo 1 Caries..- 1 Emucleación 2 En la mayor parte de los estrabismos con gran desviación una sola tenotomia apenas consigue más que una ligera me- joría. El enfermo endereza más las corneas cuando mira del lado del ojo operado, ó cuando no se fija; pero en este caso ó mirando del lado no operado el estrabismo es tan pronuncia- do como antes de la operación; y el resultado por consiguien- te es nulo. Si se seccionan los tendones de ambos rectos internos es más natural que se obtenga el paralelismo de los ejes ópticos; pero, sin embargo no siempre se obtiene por una doble ope- ración la curación del estrabismo. MUSCULOS MOTORES DEL OJO. ENFERMOS ESTRABISMO TEN0T0M1A RESULTADO OBSERVACIONES R. int. R. ext. H. B. 18 años Con v erg. Converg. Diverg. Converg. Converg. Diverg. Converg. D. I. Mejoría Mejoría Bueno f En la mirada vaga hay casi corrección. H. B. I La desv. era grande. La desv. era corta H. NT. 40 » I H. B. 14 ». D. Mejoría Mejoría Mejoría Nulo La desv. era grande. H- B. D. V. V. B. B. 31 » 14 » D. I Desv. grande 268 La falta de éxito se explica porque en un estrabismo inve- terado, y con gran desviación, que son los que habitualmente solicitan el recurso quirúrgico, la contractura del recto interno ha originado la distensión exagerada y atonía consecutiva del recto externo. Si se suprime una de las causas del estrabis- mo, el músculo contracturado, no por eso se endereza el ojo, puesto que el recto externo carece de energía para llevar la cornea hacia adelante. El tratamiento más racional sería por consiguiente hacer simultáneamente la tenotomia del recto interno y el avanzamiento del recto externo del ojo estrábico. CONJUNTIVA. En esta mucosa se han practicado las siguientes operaciones: Extracción de cuerpo extraño 1 Peritomia 1 Operación de pterygión 12 El cuerpo extraño era un pedacito de carbón que en un viaje por ferro-carril penetró en el ojo y fué á implantarse en la conjuntiva del tarso superior cerca del fondo de saco. Se ex- trajo con una aguja. La peritomia se hizo en O. D. de un mulato que padecía una degeneración de la conjuntiva con hipertrofia del tejido, supuración rebelde á todo tratamiento y pannus de la cornea. Apenas se obtuvo mejoría. PTERYGION. Los pterygioñes que solo se adhieren á la conjuntiva bulbar ENFERMO Ojo operado Dirección del pterygíon Procedimiento operar torio Resultado Desarrollo del pterygíon V. N. 41 años. D. I. Int. Arrollamiento Bueno Voluminoso II. B. 46 ». D. Int. Arrollamiento Bueno Tenue V. B. 45 » D. Int. Extrangulación Bueno Tenue H. N.50 » I. Int. Extr. y excisión Bueno Voluminoso V. B. 37 » D. I. Int. Extr. y excisión Recidiva Voluminosos V. B. 37 » D. (recid.) Int. Extr. y excisión Bueno Tenue II.N.50 » D. I. Int. Extrangulación Recidiva Voluminoso V. N. 35 » T). I. 2 int. 1 ext. Extr. y excisión Bueno Voluminosos por su eje se operan más fácilmente y no requieren ligaduras para unir la mucosa sobre el globo. Los pterygiones voluminosos exponen más á la recidiva por la gran pérdida de sustancia que dejan en la cornea y por la tumefacción de la mucosa que á menudo sigue á la opera- ción. La inflamación conjuntival post-operatoria es mayor cuando se opera por arrollamiento, como lo hace el Dr. Galezowski. Este procedimiento consiste en desprender el pterygión hasta su base, y con un hilo armado de dos agujas, que se pasan por el vértice y la base, se estrangula fuertemente al hacer el nudo y queda el pterygión arrollado sobre si mismo. El tumor que de este modo forma el pterigión en el ángulo del ojo pro- voca durante los primeros dias una viva hiperemia de la mu- cosa, y lagrimeo abundante porque el pterygión obstruye ó comprime los puntos lacrimales. Pero el resultado definitivo es bueno. Con objeto de evitar estos inconvenientes he modificado la operación del modo siguiente. Se desprende el pterygión de la córnea por tracción ó por disección, con las tijeras se se- para del bulbo hasta la base; se pasa por el centro de esta una aguja con un hilo doble, y se hacen dos fuertes ligaduras, una superior y otra inferior que estrangulan la base; y termina- do esto se excinde de un tijere- tazo toda la porción libre. El resultado de esta operación es bueno. Después de la operación se hace una cura con vaselina bórica y un vendaje simplemente protector. 269 Operación del pterygión por extrangulación y excisión 270 Al cabo de una semana la curación es completa. CORNEA. En esta membrana se hicieron: Extracción de cuerpos extraños 16. Sesiones de tatuage 13. Paracentesis 2. Los cuerpos extraños se alojan casi siempre en la porción habitualmente descubierta de esta membrana, es decir, en los dos tercios inferiores. Estos cuerpos generalmente de 0.m001 á 0.m003 se detienen en las capas anteriores de la cor- nea de donde se extraen con facilidad mediante una aguja ó cualquier instrumento puntiagudo. Entre los que he extraí- do había Partículas de hierro 0. » de madera 1. » de carbón 1. » de piedra 1. Depósitos de plomo 4. El estudiar los cuerpos extraños de la cornea insistimos so- bre esta última clase debida al uso imprudente de los colirios de acetato de plomo. Esta operación que consiste en incrustrar en el tejido blanco del leucoma, por medio de hincadas, tinta de China TATUAGE. ENFERMOS ENFERMEDADES Sesiones de Tatuáge Resultado. H. B. 15 años Leucoma central adherente 0. I>. 4 Mediano H. B. 25 .. Leucoma central adherente 0. D. 5 Mediano V. N. 29 Leucoma periférico. 3 Mediano V. B. 28 Leucoma periférico adherente. 1 ú otra materia colorante fija, necesita una serie de sesio- nes si se quiere obtener resultado sin inflamar el ojo. 271 Desde que se empieza la operación se produce una intensa inyección periquerática, y abundante, fenómenos que persis- ten por espacio de 20 ó 30 horas, pero no es dolorosa gracias á la cocaína. El resultado de esta operación es mediocre. Aun después de varias sesiones la cornea solo adquiere un tinte azuloso distinto del pardo del iris. A distancia sin em- bargo es el defecto menos a preciable. No he tenido accidentes ni en los casos de leucoma adhe- rentes. PARACENTESIS. lie practicado dos. Una para vaciar un hipopión en una iritis grave; y otra en una úlcera con hernia de la membrana de Descemet para evitar la salida del iris.' ESCLEROTICA La esclerotomia es una operación análoga á la paracente- sis, puesto que se hace la punción de la membrana externa y vaciamiento del humor del ojo. La esclerotomia posterior es una punción á través de todas las membranas oculares. ENFERMOS Clase de Esclerotomia Núm. de punciones Accidentes Resultado. V. Ch. 47 años Posterior 1 Nulo H. B. 60 »> Posterior 2 Nulo TT B 54 f Posterior 1 Agrav. de la neuralg. Nulo ( Anterior 1 Agráv. de la neuralg. Nulo La esclerotomia anterior se practicó con cuchillo de Graefe, punción y contra punción, cerca del borde de la córnea, de- jando un puente de esclerótica, y se hace salir sin brusquedad el humor acuoso. La esclerotomia posterior se hizo con el mismo cuchillete siguiéndolas prescripciones de Parinaud. Se produce unape- 272 quena hemorragia conjuntival, y derrame de una gota de hu- mor vitrio deba jo de la mucosa. La curación es rápida. Los resultados negativos. I RIS. Dos suertes de operaciones, se han practicado especialmen- te sobre el iris. Iridectomia 9. Iridotomia 5. Hice iridectomia óptica en 6 casos de leucoma extensos, y en uno de obstrucción pupilar. En otro enfermo operado de ca- tarata en el que se produjo hernia del iris, se excindió la por- ción herniada. La iridotomia ó incisión del iris, la practiqué en 5 casos de desviación de la pupila por detrás de la incisión que se hace para extraer la catarata. Dos veces se hizo vertical el ojal al iris, y las demás horizontal. Los resultados fueron buenos dos veces, regular en uno, y nulo en otros dos, por iritis consecutivas. El cristalino es la región ocular en que mayor número de operaciones se han practicado, distribuidas en el orden si- guiente. Extracción 54 Discisión de secundaria 4 “ de catarata regresiva 3 EXTRACCION DE CATARATA. Esta es la operación que con mayor frecuencia se practica, }r la más importante de todas las que se ejecutan en los ojos, así como es la más delicada de todas las operaciones quirúrgicas. He practicado extracciones en individuos sanos, en muchos ateromatosos, en un diabético, dos en un cirrotico que dieron mal resultado, lo mismo que otras dos en una anciana con nistagmus rotatorio. CRISTALINO. OPERACIONES DE CATARATAS. NUM. E mm . A ÑOS. DIAGNOSTICO. Ojo operado. Procedimiento operatorio. ACCIDENTES INMEDIATOS. ACCIDENTES ItEMOTOS. VISTA. 1 V. B. 90 Dura I. Queratomia sup. comb. Salida de humor vitreo. Luxación de la catarata Panoflalmia 0. 2 H. B. 55 Dura. Capas corticales blandas I. Querat. sup. comb. Salida h. vitreo Ectropion. Conjuntivitis. Quemosis. Opacid cornea ■< n 3 H. B. 61 Dura D. Querat. sup. comb. Hemorragia cam. ant. Salida li. vitreo Quemosis. Infiltrac. cornea Secundaria. Neuralgia <5 n 4 II. N. 40 Medio dura D. Querat. sup. comb. Salida h. vitreo Infliltrac. cornea buena. 5 H. B. 61 Dura I. Querat. sup. comb. Hernia iris 7“ día. Excisión. < n 6 H. B. 55 Medio dura D. Querat. sup. comb. Hemorragia cam. ant. buena 7 H. a. 50 Medio dura I. Querar. sup. comb. Salida abundante h. vitreo en l.r tiempo Depresión globo Pupila deformada buena 8 V. B. 52 C- corticales blandas I. Querat. sup. comb. Infiltrac. cornea buena 9 Y. B. 52 C. corticales blandas D. Querat. sup. comb. Salida h. vitreo Iritis intensa-Secundaria < n 10 v N 40 I. ] 1 1L B. 53 I. i 12 V. N. 40 Regresiva D. Querat. sup. comb. Salida h. vitreo Conjuntivitis.-Secundaria n 13 V. B. 69 Dura I. Querat. sup. simple Salida abundante h. vitreo Quemosis. Ectropion. n 14 V. B. 60 Negra I. Querat. sup. simple Salida li. vitreo Hernia iris. Excisión. < n 15 V. Ch. 44 Medio dura. D. Querat. sup. comb. Hemorr. cam. ant.-Salida h. vitreo Conjuntivitis. Hernia iris Secundaria < n 16 H. B. 55 Dura D. Querat. sup. simple Salida h. vitreo Iritis buena 17 H. M. 90 Dura I. Querat. sup. comb. Hemorr. cam. ant.-Salid;, h. vitreo Iritis-Secundaria n 18 H. B. 59 Dura I. Querat. sup. comb. Salida li. vitreo. ( Vaciamiento vitreo, y hemorragia intraocular por vómitos 0. 19 V. N. 17 Regresiva I. Querat. inf. comb. Iritis < n 20 V. B. 70 D. Querat. sup. comb. buena 21 V. B. 54 Dura I. Querat. sup. comb. Salida abundante de h. vitreo Iritis intensa buena 22 H. B. 55 I. Querat. sup. comb. Hemorragia cam. ant. 1 23 H. B. 55 Medio dura I. Querat. sup. comb. Secundaria i 24 V. Ch. 57 I. Querat. inf. comb. Salida h. vitreo buena. 25 V. Ch. 57 D. Querat. inf. simple 1 26 H. B. 59 D. Querat. inf. comb. Salida h. vitreo * 27 V. N. 85 Dura I. Querat. inf. comb. Infiltrac. cornea Iritis. i 28 V. N. 85 D. Querat. sup. simple 1 29 V. B. 57 Medio dura I. Querat. sup. simple urticaria-golpe cólico nefrítico O. 30 V. B. 57 Medio dura D. Querat. sup. simple Iritis—Hernia iris p.l. 31 V. B. 57 D. Querat. sup. simple 2 32 Y. B. 92 D. Querat. inf. simple í 33 H. B. 59 D. Querat. sup. simple 1 34 V. B. 58 D. Querat. sup. simple 1 35 V. B. 69 Dura I. Querat. sup. comb. Iritis. buena 36 V. B. 69 Dura D. Querat. sup. comb. Iritis. buena 37 H. 3ST.. 46 D. Querat. sup. comb. 1 38 V. B. 47 I. Querat. sup. comb. ] 39 V. B. 47 D. Querat. sup. comb. 1 40 V. N. 85 Dura I. Querat. sup. simple Salida h. vitreo Supuración cornea O. 41 V. N. 85 D. Querat. sup. comb. n 42 H. B. 56 D. Querat. sup. simple buena 43 V. B. 44 Medio dura I. Querat. inf. simple Dificultad extracción Iritis. Atrofia cornea p. 1. 44 H. N. 70 I. Querat. sup. simple i 45 H. N. 70 D. Querat. sup. simple i 46 H. B. 48 Dura I. Querat. sup. simple Salida h. vitreo Conjuntivitis. Hernia iris cta. dedos 47 H. B. 48 Dura D. Querat. sup. simple Salida h. vitreo Infiltrac. cornea O. 48 V. N. 70 I. 1 49 V. B. 56 Dura I. Querat. sup. simple Hemorr. cam. ant. Salida h. vitreo Iritis ligera A 50 H. B. 50 Dura D. Querat. sup. simple Secundaria i 51 V. B. 36 I. Querat. sup. simjde i 52 H. B. 60 Dura I. Querat. sup. simple Iritis intensa. p. 1. 53 H. B. 50 D. Querat. sup. simple § 54 H. B. 50 Dura I. Querat. sup. simple ft 273 La mayor parte de estas cataratas eran duras ó medio-du- ras, es decir de núcleo consistente con capas corticales blan- das. En este caso son blancas y con frecuencia nacaradas mientras que las demás tienen color amarillo oscuro, rojizo y negro y son las mas consistentes y voluminosas. Se practicó la operación en O. D. 25 veces y 29 en O. I. Respecto al procedimiento operatorio he dividido mis enfer- mos en dos grupos: lo Extracción combinada; 2o Extracción simple. Extracción combinada. Comprende una serie de 27 enfer- mos. La incisión de la córnea, generalmente superior, se ha- cía periférica, unas veces lineal y otras á pequeño colgajo. Solo dejó de hacerse la iridectomia en casos escepcionales. Poco práctico todavía en medir la resistencia del ojo se anotó en gran número de casos como accidente operatorio la salida de humor vitreo. La excisión del iris originaba hemorragias en la cámara anterior que dificultaban los tiempos siguientes de la operación. Consecutivamente aparecían los enclava- mientos y hernias del iris, las iritis á veces intensísimas, y de- sesperantes por su persistencia, los quemosis conjuntivales y las infiltraciones de la cornea por el obstáculo mecánico á la perfecta coaptación de los labios de la herida, y finalmente en algunos casos desviaciones de la pupila por detras de la in- cisión, y exudados pupilares que hacían fallar operaciones co- rrectas en apariencia. Extracción simple. Punción y contrapunción de la córnea sobre el limbo conjunti val, y vértice del colgajo á 0m001 ó 0m002 por dentro de la córnea. Rotura del saco con la pun- ta del cuchillete de Graefe una vez llegado este al centro de la pupila. Apenas se ha tenido que lamentar otro accidente operatorio más que alguna pérdida de humor vitreo en enfer- mos indóciles, y consecutivamente algunas iritis. En muchos casos de operaciones hechas en pueblos del in- 274 terior no he podido graduar exactamente la vista obtenida, así es que en ellos figura solo aproximadamente. Vista buena (1/3 ó mayor) 33 Vista regular (1/4 á 1/10) 12 Vista mala ó nula 9 Las pérdidas totales con muñón atrófico fueron: por panof- talmia 1;—por vómitos del cloroformo, 1;—por golpe, 1;—por supuración déla córnea, 1;—por infiltración total y permanen- te de la córnea 1. En el caso de pérdida por panoftalmia la incisión de la córnea quedó demasiado pequeña, la catarata se luxó y fué á perderse en el fondo del humor vitreo siendo imposible su ex- tracción. En los dias siguientes se declaró violenta inflama- ción, y finalmente vaciamiento de todo el contenido transfor- mado en pus. Solo en tres enfermos be administrado el cloroformo para extraer la catarata. En uno de ellos hubo vómitos pertinaces durante la operación, que se repitieron por la noche dando lugar al vaciamiento del humor vitreo y á una abundante he- morragia infraocular. Un zapatero, cirrotico, tuvo en la noche siguiente á la ope- ración una erupción de urticaria que le obligó á rascarse, dándose un golpe con la mano en el ojo operado, lo que promo- vió una hernia del iris, iritis intensa, y una infiltración perma- nente de la córnea con perdida definitiva de la vista. En un negro operado sobre ambos ojos á la vez en el Hospi- tal de Cárdenas se declaró en uno de ellos, supuración de la córnea. Al levantar el vendaje al día siguiente, salió en abun- dancia pus claro, la córnea estaba turbia y acabó por necro- sarse en su totalidad. En fin, un hombre raquítico, en quien fué larga y penosa la extracción determinaron las maniobras contra la membra- na de Descemet la opacidad total de la córnea. En la extracción combinada es frecuente el enclavamiento de los extremos del iris seccionado en los ángulos de la cica- triz. Este accidente provoca conjuntivitis y quemosis con- juntival, y tumefacción de los párpados particularmente del superior hacia el ángulo interno. Siguen á estos primeros fe- nómenos inflamatorios dolores en el globo y en toda la re- gión do la rama oftálmica signos de iritis, á veces tan inten- sos que es la desesperación de los enfermos durante 15 ó 30 dias, sin que baste ningún calmante á hacerles llevadera su situación. Y gracias si al fin todo dolor desaparece, pues en algunos casos persiste un dolor sordo con disminución de la vista que acaba por arrastrar la tisis lenta del ojo. La pérdida de una pequeña porción de humor vitreo no es uñ accidente grave en sí, y hasta puede obtenerse la curación con salida de un cuarto de la cantidad de dicho líquido; pero este accidente dificultando las maniobras finales de la limpie- za, contribuye á que se formen los encíavamientos y hernias del iris. Si terminada la operación los labios de la herida no han quedado bien coaptados se observa en los dias siguientes una infiltración parcial de la córnea bajo forma de líneas blancas paralelas que desde el colgajo avanzan hasta el centro de la pupila. Esta infiltración desaparece ordinariamente sin con- secuencias desde que se establece una cicatriz sólida. En la segunda serie, extracción simple, la operación es más sencilla y los resultados más brillantes. He aquí nuestro actual modo de operar. Acostado el en- fermo se lavan los ojos y los párpados hasta la región super- ciliar, el dorso de la nariz y la mejilla con la solución de Acido bórico lOgramos. Ag. dest 300 gramos. L. van Swieten 60 gramos. Se instilan varias gotas enseguida de la solución de Clorh. cocaína 0gr 30. Ag. dest 9. L. van Swieten 1. 275 276 hasta obtener la anestesia de la córnea. Desde el día ante rior se mantiene la pupila medianamente dilatada por una instilación de atropina. Obtenida la anestesia me coloco por detrás del enfermo, y opero el ojo derecho con la mano derecha y el izquierdo con la izquierda. En las personas que tengan la facilidad de po- derse servir de ambas manos, este modo de operar es cómodo por que se conserva siempre la posición por detras del enfer- mo, que permite mayor libertad de movimientos. Se penetra con el cuchillo en la unión de la córnea y de la esclerótica, perpendicularmente hasta traspasar la membrana, se dirige la punta hacia la pupila, y entonces, por un movi- miento de bascula se rasga la cápsula; y poniendo nuevamen- te horizontal el cuchíllete se hace la contrapunción en el bor- de opuesto de la córnea ó un poco por fuera, y se termina el corte con movimientos suaves á 0ra001 ó 0ra002 por dentro del borde de la córnea. Terminado este primer tiempo se quitan el blefarostato y la pinza de fijación, únicos instrumentos que se han usado además del cuchillo. Mientras se hace la incisión de la cór- nea debe cuidarse de no ejercer la menor presión con la pin- za sobre el ojo para evitar la luxación de la catarata y la proyección del humor vitreo. La incisión de la córnea en las cataratas de núcleo duro y algunas masas superficiales blandas, debe tener 2/5 de la cir- cunferencia de la córnea; y la mitad de la misma en las rojas y negras, que son muy du- ras y voluminosas. El lado interno de la inci- sión nunca alcanza tan- tas dimensiones como el externo. La diferencia se explica por que se ha- ce un corte más ó menos Sección de la córnea: plano sobre una membrana curva. Las incisiones grandes no son peligrosas si no se ejercen presiones fuertes sobre el globo y en cambio, es más fácil la evacuación de la catarata, y más rápida la cicatrización de la herida por cuanto sus bordes no han sido contundidos. Después de quitar el blefarostato se deja un momento en reposo el ojo cerrado, y se procede luego á extraer la catarata para lo cual se deprime con la cucharilla ligeramente el labio esclerotical de la incisión á la vez que con el pulgar á través del párpado inferior se comprime suavemente el lado opuesto de la córnea para que aparezc \ la catarata en la herida, y empujándola del mismo modo se la hace salir lentamente. Procediendo de este modo, la catarata asoma sola ó recu- bierta por el iris; en este caso hay que ensanchar la pupila para que la atraviese la lente. Las masas corticales blandas deben evacuarse sin pérdida de tiempo, por que luego al vol- ver el iris á su posición normal, las recubre y se hace enton- ces difícil su extracción. He aquí la extracción en dos tiempos, muy sencilla de eje- cutar, y sin hemorragias de la conjuntiva ni del iris que tan- to incomodan en otros procedimientos. Este modo de operar que hoy practican muchos cirujanos se lo vi por primera vez al Dr. Galezouski, en París, en 1882. Después de extraída la catarata se limpia la conjuntiva de restos de cristalino que puedan haber quedado allí, se cuida de que la pupila quede redonda y en el centro, se comprueba si el operado ve la mano y cuenta los dedos y coloco varias gotas de la solución Sulfato de eserina 0gr10 Ag. dest 9 L. van Swieten...» 1 para asegurar la posición de la pupila en las horas necesarias para la cicatrización, y en fin cubro los ojos con un vendaje 277 278 simplemente oclusivo.—Entonces se lleva al enfermo por sus propios pies á la cama que debe ocupar. Algunos operados inmediatamente después que recobran la vista ven los objetos rojos, otros violados, y otros azules. Hay enfermos que bajo la emoción que experimentan no pueden precisar ningún objeto ni contar los dedos, y sin embargo después de curados conservan buena vista. Acostumbro á poner la cama de operaciones de tal modo que la luz de una puerta ó ventana caiga de frente sobre la cara del enfermo. En la primera serie de mis operaciones usé el vendaje de compresas y algodón sujeto por una venda que da varias vueltas al rededor de la cabeza, y que es lijeramente com- prensivo, tal como lo hemos visto practicar y lo aconsejan los autores. En un trabajo anterior dijimos que este vendaje es difícil de mantener bien aplicado, y que al rozar contra la al- Vendaje ocular, 279 monada produce desviaciones que se trasmiten al ojo, y que son perjudiciales para el proceso cicatrieial. El ojo operado uo necesita vendajes compresivos sino simplemente contenti- vos; y de estos ninguno mejor que los párpados. El vendaje que uso consiste en una rodaja de algodón sali- cílico que sujetan en la frente y la cara tres tiras dé espara- drapos en forma exagonal. Este vendaje aplicado sobre am- bos ojos, aun cuando uno solo haya sido operado, consigue mantener la inmovilidad de los párpados y de los globos ocu- lares hasta la curación de la incisión. Después de la operación hay un momento de calma mien- tras dura la acción anestésica de la cocaina, pero luego se siente ardor y aun dolor durante seis ú ocho horas. En los casos normales los enfermos no vuelven á quejarse. Si el operado está inquieto ó emocionado ordenamos. Brom. pot 4 gramos. Estr. tebaico — 0gr15 á 0,30. Ag. edulcorada 120. para tomar inmediatamente una cucharada, y continuarlas por la noche de hora en hora si siente dolor ó no puede conci- liar el sueño. A los cuatro dias, por término medio, si como ordinaria- mente sucede no ha habido entorpecimiento en la curación, levantamos el vendaje; hacemos la limpieza y se considera curado el enfermo recomendando que durante un dia más se mantenga el ojo cubierto con una compresa. El vendaje compresivo prolongado durante, 10, 15 y 20 días como se aconseja en algunos casos es perjudicial además de las deformaciones que produce en la cicatriz, y de ser dolo- roso por que provoca un ectropión del párpado inferior como he visto varias veces. Después de la operación debe quedar el enfermo acostado en la mayor quietud posible durante las primeras 24 ó 36 ho- ras, tiempo necesario para formarse la cicatriz; al cabo de este 280 tiempo podrá estar sentado pero aun durante tres ó cuatro dias es conveniente que los movimientos sean suaves para dar lugar á que la cicatriz se consolide. El operado permanecerá en una habitación, que permita la renovación del aire, y que reciba una luz moderada, la suficiente para que vea la persona que ha de cuidarlo. En el Hospital Mercedes quedan mis operados en grandes salas á toda luz y ventilación, á veces escesiva por las corrientes de aire que se establecen, y eso no es obstáculo á muy buenas cu- raciones. Nunca me be visto precisado á sujetar las manes del enfer- mo por la noche para evitar que las lleve á sus ojos, corno re- comiendan algunos profesores. Durante los dias que tiene la venda el enfermo solo se le darán alimentos líquidos del modo que hemos indicado en otro lugar. Al cabo de una semana la cicatriz es sólida, poco aparente, á veces apenas visible, la cámara anterior profunda, el iris móvil y la pupila redonda y contráctil. El aspecto es tan agradable que nadie diría á primera vista que semejante ojo ha sido operado. Esta operación en los casos ordinarios no da lugar á la menor reacción inflamatoria. Las hernias del iris son muy raras, gracias á la acción de la solución fuerte de esernia que contraresta al aflojamiento del iris que sigue á la operación. Las cosas pasan del siguiente modo. La acción del aire es el miótico más poderoso que conozco: una vez hecha la quera- totomía y vaciado el humor acuoso el iris en presencia del aire se contrae poderosamente aun en el caso de existir una previa midriasis atropínica. Pero vueltos á unirse los bor- des de la herida y reproducido el humor acuoso la pupila vuelve á su anterior estado, primero, y luego entra en relaja- ción. He aquí el peligro de las hernias del iris que necesitamos 281 anular con un miótico enérgico, reinstilado al cabo de algu- nas horas si es necesario. Pero si se evitan las hernias no sucede lo mismo con los enclavamientos que se producen al dilatarse posteriormente el iris ó tal vez bajo la presión de un esfuerzo, viniendo el iris por cerca de su gran circunferencia á ponerse en contacto con el borde interno de la incisión, lo que en todo caso solo da lugar á una pequeña deformación de la pupila. Este enclavamiento que es como un pellizco del iris por la cara posterior de la córnea es menos importante que los en- clavamientos en los iridectomisados en que el iris se interpo- ne entre los labios de la incisión, dificulta la cicatrización, y arrastra la pupila haciéndola desaparecer por detras de la mis- ma cicatriz, y es causa de iritis, y de esos dolores persistentes que acaban por consumir el ojo. La extracción simple rara vez da lugar á accidentes ni en la operación ni en los dias siguientes. El manual operatorio tiene la ventaja de no introducir más que un instrumento en el ojo. En la extracción combinada la iridectomía que re- quiere el uso de dos instrumentos tal vez juegue algún papel en la frecuencia de las iritis, ó de esa reacción inflamatoria con tumefacción parcial del párpado, quemosis de la conjun- tiva y dolor que no constituye una iritis franca. La ejecución de la extracción simple es más sencilla y rá- pida; á veces no necesita dos minutos de tiempo: esta breve- dad tiene su valor en personas poco dóciles. Los resultados obtenidos en la extracción simple son supe- riores á los de la combinada, por el sencillo hecho de conser- var una pupila central, redonda y contráctil que anula los círculos de difusión y regula la cantidad precisa de luz que ha de penetrar en el ojo para dar pureza á las imágenes. DISCISION DE LA CATARATA SECUNDARIA. La extracción de la catarata rasgando la capsula que es el 282 modo general de operar, determina el arrollamiento de esta delgada envoltura del cristalino formando pliegues que difi- cultan la vista clara. Cuando estos pliegues son numerosos y permanecen en el campo pupilar solos ó conteniendo restos de catarata ó con adherencias á la pupila por exudados de iritis, constituyen la Catarata secundaria que disminuye ó impide la vista. En este caso es necesario practicar la discisión de la opacidad capsular con una ó dos agujas. He hecho esta operación en cuatro enfermos y los resultados no han correspondido á las esperanzas; la membrana que se trata de desgarrar es de ordinario muy resistente, y á veces son inútiles todas las tentativas para librar un paso á la luz. En tres casos de catarata regresiva con reabsorción total del cristalino y espesamiento de la capsula practiqué la dislacera- ción con dos agujas de Bowman. En los tres se consigió la formación de una pequeña pupila central: Aunque en uno el resultado fué escelente V~l, en los otros dos solo se consiguió una escasa mejoría. ERRATAS PRINCIPALES PÁGINA LINEA DICE LÉASE 5 6 especie morbosa especies morbosas. 8 2 astenopiasto astenopias. 9 27 y en otro y otro. 22 11 ó sea ósea. 30 28 pamus pannus. 34 1 rechaza rechazada 53 19 son es. 53 20 persisten persiste. 54 30 dórico bórico. 55 21 virulento purulento. 70 [véase la lámina invertida.] 80 9 terminales terminaciones. 80 penúltima terapéutica febril terapéutica del herpes febril. 86 25 conservado observado. 86 26 observado conservado. 87 última padecen en los padecen los. 102 7 atropia atrofia. 121 última contribuyen contribuye. 157 12 auridia aniridia. 184 21 debida probablemente debida ala acción altamente tóxica de la nicotina sobre el orga- nismo. 204 14 metidos sometidos. 206 penúltima oculares ocular. 208 16 requiere un requiere, en un. 251 13 incuididos incindidos. 251 16 verddadera verdadera. 255 15 papila pupila. 255 16 papila pupila. OFTALMOLOGIA Estadística.—Observaciones clínicas. Notas fisiológicas. Estado del organo en las afecciones oculales.—Terapéutica. POR EL Di. Enrique López, OCULISTA BEL HOSPITAL MERCEDES. PRECIO: $3 B. B. Q RICO Y. habaMa. "“fluir: i r.'ilU'li'ii.i '"faiHHimwHt. Sun Ignaro 15. 1890.