S3& ;'''.,**■? i-T >^ CT'Sk NLM005608343 ^.f-% HIGIENE DE LOS NERVIOS del mismo autor De la elongación de los neevios. en colaboración con el Dr. Wict. — Société de Biología— Paris, 1884. Albüminukia. —Trabajo premiado por la Sociedad Médico- Quirúrgica de Bruselas.— 1885. Electricidad y sus peligros en manos inexpertas.— Klinische Wochenscrift.— Berlín. Recherches de medicine experiméntale. —Comunica- ciones diferentes hechas en colaboración con el profesor Vulpian, Bochefontaine y Pinet á la Academia de Ciencias de París. — Comptes-rendus de 1883-84-85. NOUVELLES RECHERCHES SUR LE MICROBE DE LA SYPHILIS. — Tesis para optar al grado de doctor en la Facultad de Medicina de París. — París, 1 vol. in-8°. 1885. Masson, editor. Tratamiento de la epilepsia. — Revista de Medicina.— París, 18S7. NEUROASTENIA Y DEBILIDAD DÉLOS NERVIOS. —CpmpteS- Rendus de la Sociedad de Medicina de París. —Félix Alean, editor. De las causas de la supuración. — Discurso pronunciado en el Congreso médico de Glasgow, Agosto de 1888.— Proceedings of (he British Medical Association, 1888. Tratamiento del cólera por la transfusión. —Obser- vaciones hechas en la epidemia de Concarneau (France). Reinwald, editor.— París, 1887. Excitación y parálisis. — Conferencia dada en el Congre- so internacional de medicina. —París, 1889. Fístula vésico-vaginal. — Progreso médico-farmacéutico — Buenos Aires, 1890. Higiene de los eulmones. — Guía práctica de las Estacio- nes balnearias y climatéricas de la Argentina. — Buenos Aires, 1897. EN PREPARACIÓN Higiene de la alimentación. —Consejos prácticos para sanos y enfermos. IMP. J. SCHÜRER-STOLLE. BOLÍVAR 260, Bs. As. HIGIENE LOS NERVIOS HUGO^ARCUS Profesor de Enfermedades Nerviosas Dr. en medicina y cirujía de las facultades de París y Buenos Aires ex-interno délos hospitales de Viena y de Berlín ex-preparador de medicina experimental de la facultad de París miembro de la asociación británica de medicina de la Asociación médica de la Seine de la sociedad de terapéutica de parís, de neuro-patología de vlena ex-discípulo del College de France (Ecole de Hautes Etudes) miembro de la sociedad de antropología de parís de la Sociedad Zoológica de Francia de la Sociedad Química de parís del Círculo Médico de Buenos Aires, etc. CON UN PREFACIO DEL DOCTOR LARSEN DEL CASTAÑO <•—13)3QQn BUENOS AIRES---------«--------4 J. SCHÜRER-STOLLE, EDITOR 1899 índice analítico Páginas Prefacio del Dr. Larsen del Castaño........ 7 Dos palabras del autor..................... 15 Introducción — El siglo nervioso............ 17 Capital y trabajo nervioso.................. 39 Causas de enfermedades nerviosas.......... 50 Condiciones sociales; influencia nociva de ciertos géneros de vida................. 77 Conservación de la salud nerviosa.......... 110 Manera de cortar las enfermedades nerviosas en los predispuestos á ellas............... 136 Formas de las enfermedades nerviosas...... 15Ü Máximas generales para el tratamiento de las enfermedades nerviosas.................. 170 PfíEFA CIO Una de estas noches, como volviera á casa para comer, después de un día tan fastidioso como cualquiera de los que acostumbro, me entregaron, entre otras, una carta escrita en francés. Me puse á leerla, y sin duda mi rostro debió manifestar algo como un sentimiento de sorpresa, que motivó una interpelación de mi mujer. Me piden una introducción ó prefacio para un libro titu- lado Higiene de los Nervios, le dije. « Ay hijo, no leas eso, te vas á poner más loco de lo que eres». Yo estoy acostumbrado á estas irreveren- 8 HIGIENE DE LOS NERVIOS das originadas de la intimidad conyugal. Y en consecuencia, dando por no oida la indirecta me puse á examinar el libro ya impreso y vi que lo editaba Schürer-Stolle, nuestro Hachette, tan artista como comer- ciante, y gran olfateador de éxitos en librería. La carta venía firmada Dr. Hugo Marcas. Y, entre otras cosas, me decía: « Deseo que antecedan á la lectura de mi prosa pensada en otro idioma, algunas páginas suyas. Peut-étre elles me porteront bonheur!» Me produjo su cortés insinuación como un agradable cosquilleo. Sentí la patte de ve- lour restregar deliciosamente mi epidermis de dilettanti en literatura. Y sin más pensar- lo, tomé la pluma y contesté: «Mi Doctor, haré lo que Vd. quiera, es decir lo que yo pueda. Tendrá Vd. un prefacio para su libro, y Dios lo tenga de su mano á él y á Vd.» Se hallaban en casa míos cuantos amigos PREFACIO 9 que suelen llegar á departir sobre cosas pasa- das ó futuras, huyendo de toda alusión al presente; que cada vez que se toca, ó nos irrita ó nos indigna, pero nunca nos divierte. Recíprocamente nos hemos convidado á comer á la fortuna de la olla casera. Les comuniqué la carta y mi contestación. Uno de ellos, diputado al Congreso y ora- dor disertísimo y escuchado por sus colegas y la barra, mé observó que me había compro- metido ligeramente. Hugo Marcas, agregaba, eso tiene algo sabio en ús! Ahora sí que te quiero ver, cómo te las compones para diser- tar sobre un tratado de medicina y tan luego en forma de prefacio! Un articulo de diario, lo comprendo.... pero un prefacio! Se había hecho tarde y llegó la hora de la despedida, discretamente indicada por las cos- tumbres déla familia. Se fueron y y o me quedé pensativo y preocupado. Me habían hecho las palabras de mi amigo un efecto diabólico. 10 HIGIENE DE LOS NERVIOS La casa dormía envuelta en quieto silencio y á mi cuarto cerrado no llegaban de afuera los vagos ruidos de la vida. El gas extinguido —la luz de las bugías derramaba su escasa claridad sobre la mesa de trabajo—dejando el resto de la habitación en la penumbra. Yo caminaba de extremo á extremo, hablando en alta voz: «Mi amigo, en efecto, tiene un nombre de sabio antiguo. Hugo Márcús! dije apoyando el acento en las dos vocales de su apellido, y el eco de mi cuarto solitario me lo devolvió extrañamente, como si lo hubiesen timbrado bóvedas de viejas tumbas. Como por arte de encantamiento evoqué con la imaginación aquella serie de savants en ús, en cuyo culto me educó mi padre. Esos doctores eruditísimos, pero inaccesibles al común de las gentes. Los Tiraqueau, los Larue y tantos que después de su centesimo in folio, en latín, impreso á dos columnas, con notas griegas y latinas escolios é índice á la benedictina, llegaron á la consagración PREFACIO 11 de ser llamados por los universitarios de todo el mundo, Tiraqueús, Rueús, exacta- mente como mi hombre...., como Márcús!.... Póngase cualquiera en mi caso y verá si no siente discurrir un helado estremecimiento hasta en la médula de los huesos! Removido por estas extrañas emociones me acosté, recordando que la cama suele traer oportuno consejo. Le había prometido escribir el prefacio, y en consecuencia poniendo el corazón en lo alto, emprendí la lectura del libro, esclavo de mi palabra empeñada. A las cincuenta páginas ya me había recobrado. Continué y á medida que avanzaba, una dulce tranquilidad invadía mi espíritu. Pali- deció la luz de las bugias opuesta á la clari- dad del sol que se mostraba por mi balcón. El libro estaba leído y yo tan contento de haberme divertido, instruido y aleccionado sobre mis propios achaques. Este Marcús es 12 HIGIENE DE LOS NERVIOS un hechicero, me dije. Ha hecho con las abstracciones científicas lo que ciertos prepa- radores con la carne ó el hierro. La pepto- nizan, ó la dializan, para que los pacientes puedan asimilarlos á la sangre. Ahora sí, que es la mía, continué. ¿ Acaso necesito haber pasado largos días al rededor de la mesa de autopsias para hablar con propiedad y suficiencia del libro de Mar cus? Seguramente que no, y mis plácemes al distinguido profesor á quien los lauros académicos no lo extrañan del mundo ele- gante y enfermizo, para quien escribe en sencillo estilo, tan buenos consejos. No deben temer ni repudiar este libro los hombres de mundo que no han pasado por la Facultad de Medicina. Es livianito en su forma y propio para ser consultado á toda hora. En él se hallarán consejos sacados de una larga y concienzuda práctica y de observaciones ajenas y propias, para que PREFACIO 13 conserven el equilibrio del sistema nervioso los que se hallen sanos, y para que recobren la salud si se hallasen enfermos. Si este objeto se ha propuesto el autor, yo creo que lo ha conseguido plenamente. Puede con provecho y sin ningún riesgo abrirse las puertas de las bibliotecas de las familias á este libro. Tal es quizá el desiderátum del autor, y este propósito informa la razón de ciertas omisiones en un tratado sobre Higiene de los Nervios; omi- siones por lo demás subsanables para los lectores que han vivido nada más que por el hecho de haber vivido. Y con singular habi- lidad se ha evitado la crudeza del lenguaje propio á la demostración científica. Yo lo he leído, y creo que sin inconveniente pueden leerlo damas, señoritas y hasta las niñas. Nada se halla en él que importe rozamiento con el pudor, que es el más preciado tesoro de la mujer. Insisto que este libro debe leerse por las 14 HIGIENE DE LOS NERVIOS señoras. Más que los hombres, nuestras compañeras sufren el desgaste ocasionado por los deberes sociales. Sin que importe una crítica, consigno este hecho. La vida moderna, para los que observan fielmente las reglas establecidas, es más movimentada hoy que jamás lo fué en otra época. Y no es aventurado afirmar que las afecciones nerviosas hagan presa más fácilmente en el delicado organismo del bello sexo. Basta para cerciorarse de esta verdad, observar fríamente á las mujeres en un baile ó en un teatro. Sus movimientos denuncian una ten- sión de nervios, sólo comparable á la de las cuerdas de una harpa Eolia. (x. Larsen del Castaño. DOS PALABRAS No es un manual científico con descrip- ciones estereotipadas de la serie de enfer- medades del sistema nervioso, ni tampoco un tratado de sintomatología destinado á ins- truir en el diagnóstico de los padecimientos del mismo género y sus consecuencias, lo que se pretende ofrecer al público en este opúsculo- Lo que principalmente se ha propuesto el autor, es difundir el conocimiento de las cau- sas que influyen en el desarrollo de las en- fermedades nerviosas y de los medios de evitarlas y curarlas. 16 HIGIENE DE LOS NERVIOS Si la medicina nacional no recibe con este trabajo un contingente científico, propia- mente dicho, quedara, por lo menos, la sa- tisfacción de haber contribuido modestamente por medio de él á la vulgarización de no- ciones generalmente provechosas. > H. M. CLÍNICA de enfermedades nerviosas 446 MAIPÚ, BUENOS AIRES HIGIENE DE LOS NERVIOS INTRODUCCIÓN EL SIGLO NERVIOSO El hombre del siglo XIX puede enor- gullerse con justicia del impulso gigantes- co que ha impreso á las ciencias, á las ar- tes, á la industria y al comercio. ¡Cuántos descubrimientos han cambia- do la faz del mundo, cuántas fuerzas enor- mes de la naturaleza, tales como el vapor y la electricidad, aplicadas á vencer el espacio y á dominar el tiempo! Ha pre- senciado innumerables combates de la inteligencia, en que se ha luchado por los bienes más nobles de la vida humana. Ha visto el renacimiento de las artes y de la industria, y por lo que hace á la medicina, esos estudios profundos, cuyos resultados han disminuido extraordinariamente el 18 HIGIENE DE LOS NERVIOS temor á las enfermedades epidémicas y que nos protegen contra los males sin nú- mero que nos rodean, pueden prolongar la existencia y conservarla en perfecta salud. El comercio universal, favorecido por medios de comunicación admirables, hace circular los productos de todas las zonas del globo y nos da esta garantía consoladora: que hoy en ninguna par- te se ve el hombre amenazado por el hambre. En presencia de estos hechos, podría pensarse que el hombre de la civilización moderna se va acercando cada vez más á la salud, á la satisfación, á la felicidad. Tal es por lo menos el pensamiento que naturalmente nos sugieren los adelantos de la instrucción, las comodidades y los recursos de una vida civilizada en gra- dó eminente. Por desgracia, esto no es exacto. El hombre moderno de nuestra civilización apenas se siente tranquilo y sano. En vano se esfuerza por instalar su home con todo el confort preciso para hacerle agra- dable; inútilmente trata de embellecerlo INTRODUCCIÓN 19 con todos los refinamientos del arte y de la industria, y de nada le vale vivir en su cámara gótica, rodeado de cuanto puede contribuir á su satisfacción y á su felici- dad. El dueño de ese hermoso interior no posee la sencillez, el buen natural y las buenas costumbres del tiempo viejo, tan justamente llamado el buen tiempo. Tal vez tiene ante sí un telegrama que le participa el resultado de una carrera, la noticia de un combate, de una elección de una operación bursátil en que se halla comprometido. Si es un gran comer- ciante, ¡cuántas preocupaciones le asedian! Los balances, las transacciones, los ven- cimientos, al mismo tiempo que las exi- gencias siempre crecientes de la familia en cuyo número las nobles pasiones de su hijo, las toilettes costosas y los viajes de de su mujer á las estaciones balnearias no ocupan la menor parte. No, la vida de muchos hombres de nuestra época no es reposada ni es di- chosa. En el cuadro de la civilización que po- dría esbozarse idealmente y en el que de- 20 HIGIENE DE LOS NERVIOS berían abundar los colores brillantes, hay una sombra obscura y profunda. Los hombres contemporáneos son pá- lidos, taciturnos, excitados, é inquietos, so- bre todo, en los centros, en las grandes capitales, y una prueba entre muchas más que pudieran darse, de que no se sienten felices, es que las concepciones de la filo- sofía pesimista de un Schoppenhauer ó de un E. de Hartmann, han encontrado defen- sores y hasta discípulos entusiastas. El gusano que roe el fruto de nuestra moderna civilización y que emponzoña la alegría y quebranta la energía de la vida, es lo que hemos convenido en llamar ner- viosidad, expresión general, vaga y popu- lar, con que se designan estados de debili- dad y de excitación del sistema nervioso que pueden llegar hasta constituir una enfermedad completamente confirmada. Esta reacción enfermiza de los nervios es la causa principal que ha engendrado la «enfermedad del siglo», el pesimismo que domina en la sociedad moderna, y cuyo desarrollo puede medirse con exactitud por las estadísticas de los suicidios y en- INTRODUCCIÓN 21 fermedades mentales que van en progre- sión creciente, sin hablar de muchos otros síntomas alarmantes. Pero los hechos que señalamos no abar- can todo el fenómeno; son los más salien- en una serie numerosísima de manifesta- ciones de debilidad nerviosa que única- mente la medicina es la habilitada para conocer, y que se demuestran, por ejem- plo, en ese terror, esa ansiedad que se desarrollan de una manera pandémica cuando aparece algún contagio. El miedo á las epidemias, á los trastor- nos políticos, á las guerras, á los kracks, al socialismo y á otros motivos de inquie- tud y alarma, mantienen á no pocos hom- bres bajo la influencia de temores conti- nuos y en un estado de sobreexcitación, que no les permite gozar tranquilamente de su bienestar. En el transcurso de la edad media, ob- servamos fenómenos semejantes á los que nos ocupan, cuando la humanidad sufría el azote del hambre, ó el no menos terri- ble de tantas guerras devastadoras. Las gentes se entregaban á la desesperación, 22 HIGIENE DE LOS NERVIOS y los luctuosos acontecimientos encontra- ban su expresión patológica en epidemias mentales, curiosas y extraordinarias (hechi- ceros, espíritus, súcubos, demoníacos, etc.) Nuestra edad, sin embargo, es más ner- viosa aún que la edad media, debiendo te- nerse en cuenta que en aquellos tiempos el miedo y la excitabilidad nerviosa pro- venían de que la humanidad tenía con- ciencia de su debilidad física é intelectual contra las calamidades populares. Las epidemias de nuestros días son me- nos temibles que la «Muerte negra», la peste de los siglos pasados; se conocen los medios de combatirlas, y, además, la superstición y el terror de lo sobrenatural casi han desaparecido como efímeras som- bras ante el torrente de luz que han de- rramado sobre la tierra las ciencias natu- rales y la medicina. Las naciones son bastante poderosas para defender los intereses de sus ciuda- danos contra los enemigos interiores y ex- teriores, y, á pesar de todo, la mayoría se estremece de espanto si en algún punto llega á aparecer una epidemia. INTRODUCCIÓN ¿3 Recordemos solamente el pánico que se extendió por casi toda Europa, cuando, hace poco tiempo, la peste hizo presa en Austria; y este año, ayer mismo, pode- mos decir, cuando en Buenos Aires se pro- dujo un caso de fiebre amarilla caracteri- zado, á bordo de un buque, por más que este buque fué sometido á cuarentena; y no nos detendremos á mencionar los desa- sosiegos incesantes que inspiran las revo- luciones sociales, las guerras futuras, y tantos otros horrores como se ciernen so- bre las sociedades. Semejante miedo alcanza á posesionar- se, en nuestro tiempo, hasta del espíritu de los hombres más valerosos y notables; basta, para quedar convencido de ello, leer ciertos artículos de revistas ó de periódicos, muy importantes por lo demás, en que se vaticinan cataclismos tales como una con- flagración universal de magnitud tan ex- traordinaria que á su lado, la primera revolución social vendría á quedar re- ducida á un inocente fuego de artificio. Este delirio del espíritu contemporáneo no está absolutamente desprovisto de base, 24 HIGIENE DE LOS NERVIOS y quizá nos encontramos en presencia de verdaderos enfermos. La gran revolución francesa, hizo tabla rasa de los principios legislativos y sociales que rigieron durante siglos, y el nuevo orden que los ha susti- tuido no se encuentra todavía maduro y consolidado. De ahí que el equilibrio so- cial no sea estable, y que en nuestros días continúen dejándose sentir los efectos de aquella tremenda sacudida. No bien la revolución del 89 lleva al tercer estado á la plenitud de sus derechos se levanta una cuarta clase que pretende hacer valer les que cree que le pertenecen, recurriendo, las más de las veces, no á vías parlamentarias, sino á la dinamita, el incendio y el asesinato. Se han creado instituciones demasiado libres en pueblos que no han llegado al punto de madurez necesario para com- prenderlas y usarlas con cordura: las dis- cordias intestinas y los combates están á la orden del día; la lucha entre la Iglesia y el Estado no parece próxima á finalizar; se han fundado nuevos países sobre los es- combros de los antiguos sin acabar de con- INTRODUCCIÓN 25 solidarse ni de determinarse; las grandes cuestiones de la economía política esperan solución. En todas partes se nota insuficiencia financiera en la administración guberna- mental y necesidades tributarias que no guardan relación con los recursos de los contribuyentes; lo que ha de mirarse como consecuencia parcial del miedo recíproco de los Estados y de la tensión enorme de sus fuerzas militares. Depreciación del dinero con exigencias siempre en aumento y que nacen de las condiciones de una vida de civilización que se ha desarrollado tan rápida como desproporcionadamente, competencia en todas las ramas del arte, de las cien- cias, del comercio y de la mano de obra. Pero estas inquietudes que naturalmen- te emanan de las circunstancias políticas y sociales, son exageradas, evidente- mente patológicas ó, por lo menos, la ex- presión de un sistema nervioso hiper- excitado é irritado de las multitudes, á las que inquieta constantemente, disminu- 26 HIGIENE DE LOS NERVIOS yéndoles la energía y la confianza en sí mismas. Este miedo general de las calamidades populares toma origen probablemente en la misma fuente que el que aqueja á los individuos nerviosos en particular, que temen todo género de accidentes, el rayo, los recintos confinados, los perros rabio- sos, los incendios, sobre todo en los tea- tros, la apoplegía y las enfermedades con- tagiosas. Miedo significa debilidad. La debilidad nerviosa de la generación moderna es la causa de su miedo. Y, dada la generali- dad del mal, no hay exageración en decir que nuestro siglo es un siglo ner- vioso. Las quejas sobre la frecuencia, cada día mayor, de las afecciones nerviosas, no cesan de producirse en todas partes y en todas las clases sociales. Este acrecentamiento no podría, cier- tamente, evidenciarse con la ayuda de las cifras estadísticas, que sólo comprenden enfermedades nerviosas perfectamente de- finidas. INTRODUCCIÓN 27 La nerviosidad general, el empeora- miento de la constitución de las masas, que decididamente se ha vuelto nerviosa y presenta el carácter de la irritabilidad, no puede ser juzgado sino de una manera general ni medido más que por los esta- dos consecutivos que de él resultan. Como tales deben ser considerados, desde luego, el aumento de la prostitución, los atentados contra las buenas costum- bres, los suicidios, las dolencias mentales, la dipsomanía (enfermedad que arrastra á beber alcoholes), y el consumo de ciertos artículos propios para estimular el sis- tema nervioso dolorido. El que estudia las condiciones sociales y biológicas de nuestra vida moderna, recibe la triste impresión de una sociedad que avanza hacia la ruina física y moral, si no se interponen á detenerla influen- cias neutralizadoras y benéficas; influen- cias que harían refluir el curso del pro- greso á cauces más serenos, concediendo tranquilidad y recogimiento al cuerpo y espíritu, y fines más nobles y más morales á nuestra existencia. 28 HIGIENE DE LOS NERVIOS Esta alentadora perspectiva permite abrigar la esperanza de que la humani- dad alcanzará un grado más alto de pro- greso, en que la ética verdadera del espíritu, no inquietada por guerras nacio- nales, sociales y religiosas, haga posible la paz de todos los pueblos, y en que la verdadera ética del cuerpo halle un guía para una era higiénica y sana, con el co- nocimiento y con la observación de las leyes de la naturaleza. Hasta que cunda la aurora de un siglo tan venturoso, la historia tendrá que se- guir consignando páginas tristes en su libro. Odios de razas y de clases, miseria y enfermedades, luchas vanas en persecu- ción de ventajas materiales, con desgaste de las fuerzas más nobles del espíritu y del cuerpo hasta la perdición y el aniqui- lamiento; abandono de los bienes morales de la vida, honor, salud, dicha del hogar, diezmarán en este plazo á la humanidad y labrarán su desdicha. La lucha por la vida (struggle for life) es la consigna de nuestra civilización moderna. Las causas INTRODUCCIÓN 29 de esta lucha se encuentran en nuestra anormal manera de vivir, que no se ajusta á las leyes de la naturaleza. Si queremos comprobar los sufrimien- tos morales y corporales de la existencia del hombre moderno, dediquémonos á ob- servar un día la vida y el vaivén de las gentes en un centro de civilización, en una gran capital. Quien nunca ha observado ese espec- táculo creerá que algo extraordinario les ocurre á esos hombres que marchan en todos sentidos á la carrera y con aspecto preocupado, se sentirá contrariado, presa del vértigo, y se apresurará á alejarse de aquel tumulto. El habitante de las grandes ciudades es el que se complace en estas agitaciones, pero este pobre placer no es un indicio de salud y de fuerza, sino más bien irritación y debilidad. Su sistema nervioso no soporta ya la vida sencilla y contemplativa, como su estómago de sibarita, enfermo y debili- tado, no soporta tampoco la modesta cocina de familia; alguno creerá no poder 30 HIGIENE DE LOS NERVIOS vivir ni alimentarse más que con manja- res cargados de pimienta y de especies, y preparados con un arte culinario, rayando en lo supremo; asimismo, el hombre acli- matado á la atmósfera de la gran ciudad, necesita medios sociales artificiales de excitabilidad y de goces, y el estrépito de las muchedumbres para satisfacer sus nervios irritables. Y mientras más excitable y enfermizo sea el sistema nervioso, mayor número de excitaciones diversas y picantes requiere para satisfacerse. Pero todo esto cuesta dinero, mucho dinero, y hay que poner el cerebro en tortura para buscar los medios de procurarse todos esos placeres y todos esos deleites, que se van convirtiendo en necesidades. Así, se forma un círculo vicioso. La hi- perexcitación de los nervios en el combate por una existencia ficticia y refinada, crea la ansia de goces más y más fuertes, y por consecuencia, más y más caros, y para que estos goces, ya convertidos en necesi- dades, puedan adquirirse, tiene que producir el sistema nervioso un trabajo más elevado. INTRODUCCIÓN 31 ¿Y cómo podría ser de otro modo, cuan- do existen muchísimas gentes que llenan la mayor parte de sus horas con una suce- sión de ocupaciones á cual más perjudicia- les para la salud? Durante el día, esfuerzo sumo en el ejercicio de la profesión, dejando apenas el tiempo necesario para comer, time is money, combate continuo con la compe- tencia, gran responsabilidad y exigencia en el empleo ó en el trabajo; por la noche, necesidad imperiosa de descanso: place- res, cuesten lo que cuesten! Pero los ner- vios hiperexcitados necesitan medios de excitación excepcionales. La capital les ofrece dramas de sensa- ción, comedias de adulterio, atletas, músi- ca movida é irritable, imágenes que exci- tan los ojos y todos los sentidos, vinos fuertes, cigarros, licores, clubs, casinos, aventuras amorosas, noticias de crímenes y de desgracias en la gacetilla de nuestros diarios, etc., etc. Luego que el habitante hastiado de la capital na pasado toda la noche saborean- do estos goces diversos, estos placeres ex- 32 HIGIENE DE LOS NERVIOS citantes de nuestra vidacultísima, ríndese al cabo al cansancio y al sueño, para vol- ver á empezar al día siguiente, fatigado y sombrío, las tareas de la víspera. Cuando nos imaginamos esa «carga» tras la ganancia yla sensualidad, y el des- encadenamiento de las pasiones más salva- jes que son necesariamente su corolario, la prisa con que todo el mundo desea «llegar» á cualquier precio para gozar cuanto es posible de consideración y de placer, el agotamiento en el trabajo y en el goce que debe tener lugar por la noche á expensas del sueño, puesto que el día per- tenece al combate para esa manera de vi- vir; cuando nos imaginamos esas existen- cias políticas y comerciales en que las luchas electorales y la bolsa desempeñan un papel importante, entonces compren- demos la debilidad nerviosa de nuestra generación contemporánea, sobre todo, en los habitantes de las grandes ciudades, cuyos nervios se encuentran, de una ma- nera permanente casi, bajo la influencia de una excitación y de una hiperexcita- ción, por decirlo así, febricitante. INTRODUCCIÓN 33 Una vida semejante gasta necesaria- mente de un modo rápido la fuerza vital, y, sobre todo, la fuerza nerviosa y prepara una vejez prematura con dolencias inte- lectuales y corporales. El empeoramiento creciente de la cons- titución de la sociedad moderna aparece bajo la forma de pobreza nerviosa y de anemia. Un gran número de hombres pálidos, enfermizos, fatigados y consumi- dos, que no poseen la cantidad necesaria de «fuego» en su sangre, y que tienen mu- chos nervios, pero poco nervio, puebla nuestros centros de civilización industria- les y comerciales. Una ojeada á los anuncios de los diarios cotidianos basta para demostrarnos esta pobreza nerviosa y sanguínea. Pululan en ellos avisos y reclames de todo género, medios reconstituyentes, fortificantes, an- ti-nerviosos, anti-dispépticos, etc. Un buen número de hombres buscan anualmente su restablecimiento en las es- taciones balnearias, á orillas del mar, en las sierras, y, á pesar dé todo, la socie- dad desciende y marcha á la decadencia 3 34 HIGIENE DE LOS NERVIOS cada vez más, porque la manera de vivir es más dañosa que lo que podría pensar un médico. En las mujeres de nuestra sociedad, la degeneración se revela bajo la imposibi- lidad creciente de llenar los deberes ma- ternales. Apenas se encuentran las nodri- zas necesarias entre las mujeres del cam- po! y una enorme cantidad de alimentos artificiales constituye la mayor parte de los anuncios publicados por la prensa de todo el mundo. La tendencia más triste y más aciaga de nuestro siglo es el deseo de llegar á to- do trance, sin el temor de sacrificar la sa- lud, la familia y el carácter al demonio del orgullo y de la buena vida; por el contra- rio, este fin debe alcanzarse cuanto an- tes! A esta «carga» vertiginosa en pos de la consideración, de la riqueza, del bienestar y del goce, le damos un nombre muy sig- nificativo: hacer carrera. Y en este apresu- ramiento, en este vivo deseo de hacer ca- rera existe un peligro serio, no solamente para la salud nerviosa, desde que él exige INTRODUCCIÓN 35 una tensión máxima de la fuerza nerviosa, sino también, puesto que «hacer carrera» no es más que una steeple-chase, una abun- dante fuente de emociones psíquicas. Es- tas emociones psíquicas, mentales, del al- ma, son las causas más directas del des- punte de las enfermedades nerviosas y ellas tienen efectos tanto más desastrosos cuanto más cansados son los terrenos in- telectuales en que se producen. Este cansancio del hombre del siglo XIX en la lucha por alcanzar un bienes- tar del más alto grado, no sólo ofrece pe- ligros para la generación actual, sino tam- bién para aquellas que la seguirán. Mi sabio maestro, el profesor Charcot, hace notar precisamente que los descen- dientes de aquellos, que sin preocuparse de nada, corren tras el bien terrestre, son muy á menudo moral y físicamente débi- les, y no se requiere gran experiencia para reconocer que los hijos de advenedizos, aún cuando éstos sean hombres notables, llegan á ser rara vez hombres de bien y positivamente formales. Se podría buscar en pártela explicación 36 HIGIENE DE LOS NERVIOS de lo que decimos, en el hecho de que la fuerza reproductiva se encuentra cuanti- tativa y cualitativamente viciada por la ocupación parcial, unilateral de la fuerza nerviosa, y que la concepción se verifica de frecuente en un momento de cansancio intelectual, de extenuación y de excitación psíquica de los padres. Si examinamos todos los reversos tenebrosos de nuestra civilización, que acabamos de recorrer, no es incomprensible ni debemos atribuirlo al azar, que la generación actual sea po- bre de nervios, neuropática y neurótica. Es esta consecuencia obligada de las in- mutables leyes de la materia y he ahí por qué al lado del esplendor y de la gloria de los vencedores felices en la lucha de la existencia, hay muchos que, vencidos, le- sionados ó muertos, son sacados del cam- po de batalla, porque en su delirio de gran- deza, sólo combatieron para preparar más pronto sus sepulcros. No nos debe asombrar que sea en el hombre, principalmente y con más fre- cuencia, donde encontramos esas catás- trofes, pues él es quien debe con el traba- INTRODUCCIÓN 37 jo cerebral proveer á esta vida complicada y refinada, vida de lujo y de placeres. El es también quien, con esa hiperexcitación nerviosa, consecuencia de ella, llega al li- bertinaje con mucha facilidad. El reblandecimiento del cerebro que se encuentra con tanta frecuencia en el hom- bre del siglo XIX, no es más que un fenó- meno patológico parcial, de esas condicio- nes sociales malsanas á las que, por sus faltas, contribuye con una gran parte la mujer. CAPITAL Y TRABAJO NERVIOSO Toda felicidad terrestre exige como con- diciones, que las funciones del sistema nervioso se verifiquen de una manera normal. Todo progreso intelectual de la humanidad tiene su substratum material en el sitio del pensamiento, capa relativa- mente débil de materia altamente organi- zada, que se llama la substancia cortical gris del cerebro y que rodea la substancia blanca interna. La instalación de este mecanismo de la vida psíquica desafía toda descripción. Elementos microscópicos (células gan- glionarias) cuyo número, en el cerebro de un individuo, sube á unos 500 mi- llones son los mensajeros de la vida inte lectual. 40 HIGIENE DE LOS NERVIOS Decir cómo la sensación, la idea y el movimiento resultan de ellos, es imposi- ble, pues la ciencia actual no puede ni su- ponerlo siquiera; y es dudoso que las in- vestigaciones lleguen á profundizar un día este enigma de la creación. Provisto de los instrumentos más per- feccionados de aumento, el ojo del sabio no puede descubrir ninguna diferencia de forma en las células cerebrales de un ge- nio ó en las de un idiota. Y, sin embargo, conocemos algunas con- diciones esenciales del funcionamiento cerebral. A causa del trabajo enorme que debe producir la capa cortical del cerebro, en ella y á cada contracción del corazón, á cada pulsación, la sangre, ese líquido que nutre el cuerpo, atraviesa la corteza del cerebro. Se le puede comparar á un vasto la- boratorio químico, en el que los cuerpos di- sueltos en la sangre se transforman en productos químicos, complicados, que tie- nen en sí un capital latente del trabajo, de fuerza y de tensión. Causas externas é internas transforman CAi'ITAL Y TRABAJO NERVIOSO '»■ 1 este trabajo latente en fuerza viva, que se consume en forma de movimiento, de sen- sación, de pensamiento, etc. Los residuos de esta rotación de la ma- teria en el laboratorio químico del pensa- miento, son eliminados por un sistema de drenaje que rodea los vasos y las células del cerebro. El capital psíquico, la condi- ción del trabajo humano y del placer, nos lo distribuye con desigualdad la naturaleza. Para cada uno de nosotros, ese capital es un tesoro inestimable, y deberíamos to- dos comprender su conservación y su consumo. Como condiciones sine qua non de la conservación de la fuerza nerviosa, se cuentan: '1.a La necesidad de una nutrición sufi- ciente del sistema nervioso; 2.a Una justa proporción entre el capital y el consumo de la fuerza nerviosa. 42 HIGIENE DE l.OS NERVIOS Nutrición del sistema nervioso La nutrición del sistena nervioso supo- ne una sangre normal y ésta, por su parte, exige una buena alimentación y aire puro. Todo el mundo conoce la primera con- dición, en la que la lengua y el paladar desempeñan un papel importante; pero son pocos los que están convencidos de la necesidad que hay de respirar un aire de buena calidad. La conservación del cuer- po, como lo demuestra la experiencia, en- riquecida recientemente por la de los ayu- nadores, puede efectuarse bajo toda clase de régimen, pero no podemos privarnos de aire sino durantes algunos segundos, y fuerza es que suframos inconscientemente si el aire no nos llega en un estado de pureza perfecta. No tenemos más que mirar al proleta- riado de las grandes ciudades, al obrero de CAPITAL \ TRABAJO NERVIOSO 43 las fábricas, al hombre de oficina, para convencernos de ello. Un aire viciado, que el análisis químico, muy adelantado por otra parte, podría apenas revelar, basta para perturbar el funcionamiento del cerebro en las perso- nas sensibles. La aparición de dolores de cabeza, de vértigos, durante la permanencia en esos sitios cerrados y mal ventilados, demues- tra la exactitud de lo que dejamos dicho. La civilización moderna que obliga al hombre á pasar la mayor parte de su vida en una pieza, una oficina, una bohardilla ó una fábrica, perjudica á una de las con- diciones fundamentales de la conservación de la salud nerviosa. Los impuestos que encarecsn el precio de las viviendas, se convierten en impues- tos sobre el aire y obligan á las personas poco acomodadas y á los pobres á esas aglomeraciones en locales insuficiente- mente aereados, verdaderos cuarteles de alquiler, verdaderos focos de incubación de enfermedades: anemia, escrofulosis, tu berculosis, raquitismo y otras. 4i HIGIENE DF. LOS NF.RVDS Una cuestión importante es la de saber lo que debemos comer. Hay gentes que se alimentan exclusivamente de vegetales (los vegetalistas) y á menudo acusan al régimen de la carne por los motivos más ridiculos. Un trabajo demasiado complicado, de- masiado fatigoso, sería para nosotros el de* ganar la albúmina y la grasa, tan nece- sarias para el trabajo cerebral, exclusiva- mente en la alimentación vegetal, en vez de aprovechar la carne que encierra esas substancias naturales ya elaboradas. Para juzgar esta cuestión es preciso tener en cuenta la cantidad de trabajo diario de cada individuo. En todo caso; está averiguado que aque- llos que viven del trabajo de su cerebro exigen una cantidad mayor que aquellos que no consumen más que fuerza mus- cular. Las condiciones sociales modernas de- jan mucho que desear bajo el punto de vista de una alimentación racional, y no hay duda que muchos hombres, principal- mente los habitantes de las grandes ciuda- CAPITAL Y TRABAJO NERVIOSO 45 des europeas, absorben poco de este ali- mento tan importante, la carne, por lo elevado de su precio. Se me dirá que el campesino come tal vez aún menos que el obrero de las ciuda- des; pero también ejecuta menos trabajo cerebral, tiene aire puro y una com- pensación en una buena alimentación láctea. Sin alimentación de carne y grasa, el hombre trabajador intelectual de nuestro siglo no puede producir su tarea y quizás mi excelente amigo el Dr. Walker Mott, de Londres, tiene razón cuando pre- tende que la disminución de la cantidad de grasa en la alimentación de los hom- bres actuales es una de las causas de su creciente neurosidad. Nuestros antepasados, en efecto, tenían una alimentación más rica en grasa, y es- tá fuera de toda duda que los cuerpos gra- sos con los albuminoides constituyen in- gredientes importantes en el laboratorio químico de la capa cortical del cerebro. Por otra parte, los neurologistas convie- nen en que las grasas influyen favorable- 46 HIGIENE DE LOS NERVIOS mente sobre los enfermos atacados de afección nerviosa, y en quienes el aceite de hígado de bacalao, dado y preparado de cierto modo, desempeña quizás un papel más importante, como medicamento, que en los tuberculosos ó en los enfermos de otras afecciones de los pulmones. La civilización moderna ha recurrido y con razón, á causa de esta alimentación i insuficiente, á ciertos artículos de placer ó de economía, que deben moderar la rota- ción de la materia en el organismo. Es- tos artículos son el alcohol, el café, el té y otros. En pequeña dosis, sobre todo, después de una alimentación substanciosa, son in- dudablemente benéficos para el pobre esclavo de la civilización, pero son al mis- mo tiempo alimentos de placer y de irri- tación para sus nervios, y su empleo in- oportuno y en cantidades demasiado gran- : des, no puede menos de ser perjudicial. Podemos considerar como relativamen- 1 te inocentes el café y el té, comparados con los efectos del alcohol sobre el sistema nervioso. CAPITAL Y TRABAJO NERVIOSO 47 Reposo y trabajo Fuera déla nutrición, la naturaleza ha previsto de otra manera la conservación de la fuerza nerviosa. Me refiero al retor- no periódico del sueño. Es preciso haber estado privado una vez de este acto bien- hechor de la naturaleza para apreciar los felices efectos que ejerce en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, para com- prender en su valor verdadero la impor- tancia de este acto reparador para la salud. No hay un solo cerebro que pu- diera bastar, aún por poco tiempo y por la elaboración química de sus células, á su trabajo intelectual, aún cuando este no consistiera más que en la recepción de las impresiones que vienen del mundo exterior, si, de tiempo en tiempo, no hicie- ra cesar el sueño su relación con aquél y no redujera al mínimum el consumo de fuerza nerviosa, mientras que los fenóme- nos químicos intra-orgánicos é intra-cere- 48 HIGIENE DE LOS NERVIOS brales continúan su tarea de almacenar nuevas fuerzas latentes en la fábrica de la vida intelectual. Disminución en el consumo y aumento del capital, tal es el verdadero significa- do del sueño para el organismo. Ay!el que ha alejado ó perdido ese maes- tro del ahorro, ese ecónomo de su tesoro! Avanza hacia la bancarrota física y moral, cual el pródigo que gasta más de lo que recibe. En efecto, el sueño agitado (dificultad para dormirse, despertamientos frecuen- tes, sueño no reparador con ensueños y pe- sadillas), es uno de los síntomas primor- diales de un sistema nervioso perturbado en sus condiciones de nutrición. Mientras que el hombre sano después de un sueño reparador, se siente con buenas disposiciones para el trabajo profesional y lo ejecuta en las mejores condiciones de lucidez y de inteligencia, el hombre ner- vioso, el hombre predispuesto á cualquier afección nerviosa, se levanta de su lecho con la cabeza pesada y mal dispuesto para su trabajo diario. CAUSAS DE ENFERMEDADES NERVIOSAS El bien y el mal del hombre dependen esencialmente de tres condiciones: de su organización, de su educación y de las con- diciones sociales en que se encuentra. Organización (constitución) Un gran número de hombres de la so- ciedad moderna viene al mundo con una constitución débil que les hace poco resis- tentes contra toda clase de influencias nocivas. La constitución nerviosa es ge- neralmente hereditaria. La ley inmutable biológica de la herencia que interviene 50 HIGIENE DE LOS NERVIOS de una manera predestinativa en toda la naturalza orgánica tiene una importancia esencial en el terreno de la vida nerviosa. No solamente las ventajas y las superio- ridades sino también los defectos y las lesiones constitucionales son transmiti- das por la herencia, verdad terrible, con- firmada por las investigaciones de las ciencias naturales y profetizada por estas palabras del antiguo testamento: «Casti- garé á los hijos por los pecados de sus pa- dres hasta la tercera y cuarta generación» En la constitución nerviosa reside la causa de la débil resistencia del sistema nervioso contra las influencias nocivas de todo género y constituye así una puerta de entrada, para enfermedades que realizan este veredicto severo del antiguo testa- mento. ¡Ay de los descendientes si no se detiene este enervamiento creciente de nuestra ge- neración! Esta pobreza nerviosa hereditaria apa- rece con demasiada frecuencia como efec- to de un consumo excesivo de fuerza ner- viosa en el goce y en el trabajo. CAUSAS DE ENFERMEDADES NERVIOSAS 51 Es una ley biológica y patológica, que un órgano sufre tanto más daño cuanto más expuesto y fatigado se encuentra. Las diferentes enfermedades profesionales lo prueban. No hay duda alguna que la dis- posición funcional de los órganos para el trabajo repetido (el ojo, los músculos, los nervios, etc., transmitida por la herencia á la generación ulterior (subsiguiente), fa- cilita el trabajo de ést\, pero esto no es cierto tratándose de un trabajo fuera de los límites fisiológicos. El trabajo excesivo impuesto al cuerpo y al espíritu debilita los órganos, los en- ferma, y esta debilidad es igualmeute he- reditaria. Si bien es cierto que la medida normal del funcionamiento cerebral del hombre de nuestra civilización es supera- da por el trabajo y el placer, resulta de las leyes inmutables de la biología que la caquexia encuentra en ello su origen no solamente para él sino también para toda su descendencia, pues nuestro modo de vivir ejerce una influencia en la felicidad de nuestros descendientes. ¡Qué responsabilidad pesa, pues, sobre 52 HIGIENE DE LOS NERVIOS el hombre de nuestra civilización, relati- vamente á la dicha de éstos cuando se piensa en los excesos corporales é inte- lectuales (materiales y psíquicos) á los cuales se entrega! Los más amenazados son especialmente los descendientes de ebrios, de alcohólicos, de libertinos, de los afectados de enferme- dades nerviosas ó mentales. Los mismos hombres en quienes no está perturbado el funcionamiento de sus ner- vios corren el peligro de tener hijos con nervios débiles, en tiempos en que influen- cias nocivas, malas para el cuerpo y el espíritu, obran sobre los padres. Esto es particularmente cierto para los hijos que han nacido después de una enfermedad grave, tifus ó cualquier otra, de uno de sus padres, ó bien cuando éstos sufren des- gracias, emociones, y no es menos cierto para los hijos de tuberculosos y de padres afectados de otras enfermedades constitu- cionales. Además, los matrimonios consanguíneos ó los matrimonios contraídos en una edad demasiado joven ó demasiado avanzada, CAUSAS DK ENFERMEDADES NERVIOSAS 53 ejercen igualmente una influencia funesta en los hijos. Observacionesincontestables é incontes- tadas demuestran que los hijos concebidos en un momento de embriaguez pueden ser afectados de una debilidad innata de la constitución nerviosa que va á veces hasta el idiotismo. Esta debilidad innata de los elementos nerviosos puede consistir únicamente en la resistencia disminuida contra las influen- cias nocivas (disposición ó neuropatía la- tente) ó bien afecta al niño en sus prime- ras fases de evolución, de manera que el desarrollo ulterior no es posible (neuropa- tía hereditaria, idiotismo,detención de des- arrollo). Es de una gran importancia el recono- cimiento de los signos de esta disposición latente ó innata para prevenir con cuida- dos premonitorios (profilácticos) bien ele- gidos y dirigidos, el despunte de enfer- medades reales y confirmadas. Estos signos varían según los individuos, pero se puede decir que en general la constitución neuropática deja poca fuerza 54 HIGIENE DE IOS NERVIOS de resistencia al sistema que es nervioso anormalmente agotable, y que el trabajo suministrado por el funcionamiento cere- bral se hace con una rapidez malsana ó bien de una manera vaga é incompleta y en ciertas circunstancias hasta de una manera perversa. Estas individualidades neuropáticas es- tán dotadas en general de un desarrollo anormal y precoz de las facultades cor- porales ó intelectuales con una constitu- ción débil y frágil, color delicado, tempe- ramento linfático y dispuesto á la anemia. Palidecen y se sonrojan con una facilidad extrema. Las emociones psíquicas apa- recen en ellas muy fácilmente y recupe- ran con dificultad su nivel estático y normal. No es raro encontrar en esas personas una irritabilidad emocioa tal, que se enco- lerizan ante la menor contrariedad y por el motivo más fútil; se desvanecen ante el menor peligro y si sus deseos no se ven realizados, se ponen furiosas, atacan á los que las rodean y ahullan hasta que exte nuadas vuelven lentamente en sí. CAUSAS DE ENFERMEDADES NERVIOSAS 55 La educación en este caso es muy difícil de conducir en esas personas dispuestas á esos síntomas afectivos. La indulgenciay la severidad pueden ejercer sobre ellas una acción igualmente funesta. La emocionabilidad de estos seres suma- mente sensibles da lugar á la aparición del baile de San Vito (corea) ó de epilep- sia; su amor propio herido les conduce á la tristeza y en algunas, jóvenes aún, al suicidio. Así como la vida psíquica de estos neu- rópatas es pretenciosa, así su fantasía lo es también. He ahí por qué muy á menu- do son capaces en las artes y cómo se en- cuentran esas personalidades de cuerdas tan sensibles principalmente en los artistas. Pero esta emocionabilidad extrema de la esfera central de los sentidos, predispo- ne á las fantasmagorías, á las alucinacio- nes y á las ilusiones sin que existan gran- des sufrimientos corporales. La excitabilidad anormal délos nervios sensibles es causa de la aparición fácil de dolores en las diversas redes nerviosas y la pobreza del sistema nervioso central es 56 HIGIENE DE LOS NERVIOS tan grande que el humor, el pensamiento- y la capacidad para el trabajo se resien- ten mucho de su influencia. Estas personas están sujetas á menudo á la jaqueca, que aparece en la infancia y particularmente en los años de crecimiento para durar has- ta la edad viril. Influencias mínimas, tales como una alimentación cargada, falta de dieta, cam- bio de clima ó de tiempo bastan para ha- cer aparecer desórdenes nerviosos. Esas constituciones nerviosas soportan mal el calor y, sobre todo,el pampero, demuestran á menudo una intolerancia ó una idiosin- cracia que asombra, contra el aire ó el ca- lor de la habitación, contra las bebidas alcohólicas y los medicamentos. Es raro que su humor esté en equilibrio. Sufre influencia de las circunstancias más fútiles y cambia, por consiguiente, de una manera rápida y fácil. Ausencia de valor hasta llegar al miedo, falta de confianza en sí mismo, tan pronto amables como in- solentes, disposición á verlo todo de color de rosa, "la alegría del corazón con la muerte en el alma." CAUSAS DE ENFERMEDADES NERVIOSAS 57 El funcionamiento para la producción del pensamiento se opera con bastante rapidez; éste es á menudo inductivo y se aproxima al ingenio, pero carece de la pro- fundidad necesaria para llegar á resulta- dos científicos, de energía y de asiduidad, y en el terreno artístico el gusto estético para la explotación de una concepción fe- liz y elevada se nota raramente. En este sentido se puede decir que el genio se encuentra en las fronteras de la locura y siempre asombra cómo lo extra- vagante acompaña siempre á la origina- lidad del pensamiento y á menudo á lo monstruoso de su ejecución. En esta categoría de gentes es donde hay que clasificar á los artistas y escrito- res de nuestro tiempo, cuyas obras encuen- tran éxito, porque el público está dispues- to bajo diversos puntos de vista de una ma- nera semejante ai mismo humor y está enfermo como ellos. Es aquí donde se encuentran esos pseu- dogenios, esas cabezas políticas que revo- lucionan los pueblos, esos generales que se empeñan en comprometer en una guerra 58 HIGIENE DE I.OS NERVIOS la existencia de sus países, los que fundan religiones, los que crean y destruyen go- biernos, imperios, y salvan ó pierden na- ciones. El sentido tranquilo y preciso de creación, quepersigue un fin y exige largos años para realizar un gran pensamiento, no existe en esas constituciones nerviosas. Indudablemente uno de los síntomas de nuestro siglo nervioso y agitado está en el hecho de que, en la filosofía y en todas las ciencias, las grandes autoridades van sien- do cada día más escasas, y las inteligen- cias más sólidas dejan adivinar fácilmente en sus creaciones el influjo de la nerviosi- dad de nuestra época. En el terreno de las invenciones y de los descubrimientos científicos, la necesidad de publicidad rá- pida que á cada uno de ellos se liga, cons- tituye otra señal característica del fenó- meno que estudiamos. Se traduce bajo la forma de "comunicaciones prelimina- res" que pululan por las sociedades cien- tíficas y á las que apenas se presta aten- ción; se traduce también bajo la forma del folletín inédito, "que próximamente debe aparecer en la librería". C.AI'SA^ DE ENFERMEDADES NERVIOSAS 59 Bajo el punto de vista material, por lo que se refiere á la cuestión orgánica, nues- tra excesiva morbosidad, contra la que no nos es dado reaccionar por la escasez de nuestras fuerzas vitales, es otro síntoma de esa predisposición neurótica, que ori- gina con frecuencia complicaciones cere- brales en las enfermedades agudas, bajo la forma de alucinaciones, delirios y con- vulsiones. Estas últimas aparecen con la primera dentición, y no sólo amenazan la vida del niño, sino también su desarrollo. Conse- cutivamente á estas convulsiones infanti- les, no es raro que sobrevengan el estra- bismo, la tartamudez, la sordera, la pará- lisis de ciertos grupos de músculos y á menudo la epilepsia en los años subsi- guientes. Muchas veces la vida de estos seres mal constituidos ofrece anomalías extrañas: siendo generalmente muy precoz, se agi- ta desde la infancia, se expresa con fuer- za anormal y enfermiza, ó le pide al vi- cio satisfacciones perversas. De ahí pro- viene su desviación, de ahí nacen las 60 HIGIENE DE LOS NERVIOS causas que determinan el nacimiento de enfermedades con formas reales y con- firmadas. La educación Además de las disposiciones hereditarias que resultan de la organización congénita del cerebro; la educación ejerce una in- fluencia considerable sobre la suerte del individuo. Como filántropo, el médico no puede aprobar la educación usada actualmente ea las clases elevadas, sistemas que tie- nen por fin el desarrollo intelectual más extenso, pero que sólo llegan al resultado á expensas de la salud, del desarrollo físi- co, sin dedicarse al cultivo del carácter y de las más puras cualidades del alma. Así, en nuestros días, encontramos ¡ay! á cada paso hombres que son un compuesto de egoísmo, de materialismo y cuya flaqueza CAUSAS DE ENFERMEDADES NERVIOSAS 61 moral puede llegar hasta su completa des- aparición. En el hombre de la sociedad moderna no se ven esas elevadas aspiraciones que crean obras maestras; el ideal desaparece de las artes y de las ciencias; la poesía sucumbe y ya no sabe inflamar los cora- zones. Es contado el número de delicados que saben saborear los clásicos de la nación. En el teatro, las obras fuertes, sanas, han cedido el paso á la opereta, á la co- media, más ó menos equívocas, los únicos géneros que llevan gente. No vais ahora al teatro á buscar en él una enseñanza, una lección, ni menos lo que puede desper- tar vuestro corazói ó ennoblecer vuestra alma; sino lo que debe acariciar, embria- gar y excitar vuestros sentidos. El tem- plo de las musas no es más que un lugar de placer. La escuela moderna tiene á menos ha- cer penetrar en el alma de nuestros hijos todas las bellezas de las obras clásicas que pone en sus manos, que ha de darles sobre nuestros mejores autores nociones 62 HIGIENE DE LOS NERVIOS superficiales, áridas, filológicas, puramen- te gramaticales, descuidando así el des- arrollo ético y estético de sus jóvenes inte- ligencias. Un método semejante que no se dirige ni al alma ni al carácter, que sólo recarga inútilmente la memoria, nos explica el poco gusto que demuestran por sus estu- dios todos los jóvenes, y su deseo de salir cuanto antes del colegio... para olvidar lo poco que han aprendido en él. Después de haber rendido bien ó mal el último examen que debe abrirles las ba- rreras de la vida, cada uno de ellos elige su profesión, la estudia con un apresura- miento febricitante, queriendo concluirla cuanto antes y la ejerce luego sin satis- facción personal y sin placer. El ocio que le dejan sus ocupaciones, ¿cómo lo empleará un hombre formado así? No lo consagrará á los goces más nobles y más elevados de la existencia! Terminado su trabajo diario, corre tras la sensualidad idiota. Abandonando su ho- gar el hombre que ha pasado el día en su despacho, pasa la noche en el club, en el CAUSAS DE ENFERMEDADES NERVIOSAS 63 café, delante de una pila de chopps ó de una serie de botellas, manoseando las car- tas, olvidado de todo cuanto puede cons- tituir su dignidad personal, de todo cuan- to puede constituir la felicidad de su fa- milia. He ahí lo que pasa en las clases medias y en las clases bajas que imitan este fu- nesto ejemplo cuando no lo superan en to- dos sus excesos. La falta de carácter, la ausencia de todo sentimiento superior, las únicas cosas que podrían dominar los instintos de muchos hombres, dan lugar á esta sed de goces, de libertinaje, á estas ideas anarquistas cuyos progresos son tan sensibles en las clases pobres. En la cumbre de la escala social causan la ruina de muchas inteli- gencias por las flaquezas que traen esos placeres de la civilización moderna, en los cuales una parte bastante grande co- rresponde al materialismo, cuyos adeptos se convierten en presa del pesimismo del siglo. Pero es que la educación moderna, en general, no es lo que debería ser; el mal es 64 HIGIENE DE LOS NERVIOS universal; las exigencias del combate de la vida, los deseos imperiosos que coman- da la ambición, hacen que muy pocos pa- dres tengan tiempo para ocuparse seria- mente de la educación de sus hijos. Este miserable estado de cosas, triste es decir- lo, se encuentra no solamente en las cla- ses pobres, asediadas incesantemente por las necesidades materiales de la vida, sino también en las clases ricas. Estas, en efecto, aseguran, aunque no siempre, la situación de sus hijos, pero descuidan absolutamente darles la instruc- ción que comportaría su fortuna. ¡Cuan desgraciados son á menudo los hijos de tales padres que corren siempre tras los honores y las riquezas! El padre está distraído por las numero- sas preocupaciones que le producen sus negocios, sus empresas; mientras que su mujer debe en medio de sus apreturas cui- dar porque la casa represente y brille con un lujo á menudo engañoso. ¿Cómo se quiere que ese padre, que esa madre, pueda guiar las primeras investi- gaciones, responder á las primeras pre- causas de enfermedades nerviosas 65 guntas, seguir después los progresos de esta inteligencia joven que abandonan á preceptores y ayas? Los hijos favorecidos por la fortuna, saborean desde temprano los goces de la vida; se les mima, se les adula; el libertinaje se apodera luego de esta presa fácil. Tales jóvenes no saben consagrarse á un trabajo serio y no cono- cen el precio del dinero: ¿cuántas fortu- nas amasadas penosamente desaparecen así barridas por el viento de sus caprichos y de sus locas prodigalidades? Después de haber perdido sus riquezas, ¡cuántos de esos desgraciados neuróticos, reducidos á vivir de expedientes, caen hasta el crimen y van á sentarse en los bancos de un tribunal al lado de un bandi- do! Por poco que se lea la crónica de los tribunales se reconocerá que las causas primeras de muchas desgracias, de mu- chos robos, de muchos crímenes, son de- fectos de nuestra educación actual. Pocos son los padres bastante previsores, bastante prudentes para comprender la importancia de la instrucción y el gran pa- pel que desempeña en la existencia! 5 66 HIGIENE DE LOS NERVIOS Sin quererlo, sin darse cuenta de ello, i cometen grandes faltas al dejar desarro- I llar las bases malas de muchos caracteres á los cuales no podrán dominar en breve ni los castigos ni el internato; más tarde la vida abate su mano brutal sobre esos niños mal educados convertidos en hom- bres desgraciados y rectifica á costa de muchos sufrimientos los defectos de su educación. Pero la mayoría sucumbe bajo el peso de esas lecciones severas. En muchos enfermos nerviosos el médico < psicólogo y experimentado sabe reconocer la influencia nefasta de la mala educación ¡ que recibieron y cuyas tristes consecuen- cias oponen al tratamiento y á la cura- ción, de no importa que enfermedad, obs- táculos insuperables, pero esto es lo que encontramos especialmente en los hipo- condríacos y en los histéricos. Evidentemente esta mala manera de criar á los niños, dando gran importancia \ á los males más insignificantes de su deli- cada naturaleza, los hace afeminados y enfermizos. Ella es la que descuidando las reglas ' CAUSAS DE ENFERMEDADES NERVIOSAS 67 más elementales de la verdadera higiene, provoca la incubación y el desarrollo de la hipocondría y de la histeria. La educación debería, por el contrario cuidar las disposiciones naturales de nues- tra organización, que pueden hacernos soportar los éxitos y los reveses de la vida, y aún más, hacérnoslos aceptar sin doble- garnos y con valor.Este valor, esta resigna- ción, no puede beberías el hombre sino en la concepción filosófica más amplia y más elevada de la posición que ocupa en el universo. Más allá de las imperfecciones y de lo efímero de nuestra existencia aquí abajo, la ética y la religión le muestran en esferas superiores, eternas, una tierra de salvación, un refugio seguro contra las tempestades de la vida, una compensación á las pruebas que soporta. Los resultados inmediatos de una filosofía semejante de la vida, de una línea tal de conducta, bas- tarían para rechazar con nobles aspira- ciones las ideas de hipocondría, las penas que, como un lento veneno, consumen nuestra existencia y no tardan en ano- nadarla. 68 HIGIENE DE LOS NERVIOS La higiene mejor comprendida, podría preservar también al hombre de todos esos impulsos que ofenden las leyes de la naturaleza y arruinan la salud del indivi- duo. La mala aplicación de esos princi- pios más elementales se muestran en todas las clases y en todas las edades. He aquí lo que pasa con nuestros niños de corta edad. Apenas pueden balbucear cuando un aya les enseña algún idioma extranjero que escuchan antes de saber el suyo. Sus de- ditos, apenas desarrollados, se destrozan sobre las teclas del piano que se convierte para ellos en un instrumento de tortura. La sencillez de los juguetes de otro tiem- po que hacía decir que un niño se entrete- nía con nada, no se la encuentra ahora en los objetos magníficos, de un lujo refinado, maravillas de mecanismo y de riqueza que ponemos en manos de nuestros bebés. De esta manera se vuelven regañones, di- fíciles de contentar, exigentes; nadie diría que son niños. No hay teatro ni sitio de diversión en que no se encuentren niños agobiados por CAUSAS DE ENFERMEDADES NERVIOSAS 69 el sueño, fastidiados, conducidos por padres cuya inexperiencia les priva del descanso de que tanto necesitan. Otros procuran á sus hijitos el placer dudoso de los bai- les infantiles, de veladas; hasta hay dia- rios para niños que encuentran abonados. ¿ Debe asombrarnos después de todo esto, que en las grandes ciudades no se encuentren niños proporcionados con su edad? Los jóvenes, en su deseo de «llegar» gastan una suma de trabajo superior á la que han dado las generaciones prece- dentes. Participan antes de tiempo de la vida de los adultos y si el cerebro de estos últimos presenta á veces una fuerza de re- sistencia asombrosa, el de un joven aún en evolución, en el período mismo de una transformación, está lejos de poder so- portar los mismos esfuerzos. En las clases elevadas, lo mismo que en las clases obreras se pide demasiado pronto al niño un trabajo y una aplicación sostenida, ya sea en la escuela, ya en la fábrica, en donde la necesidad le exige el trabajo de sus manos. 70 HIGIENE DE LOS NERVIOS Estas circunstancias, estos medios exci- tan desde temprano la sensualidad, como en un invernáculo, las funciones corpora- les é intelectuales adquieren apresurada- mente su máximun de intensidad. Un ejem- plo muchas veces citado: el desarrollo de las jóvenes de nuestras grandes ciudades precede uno á dos años al de las jóvenes de las poblaciones rurales. No se necesita una gran experiencia de la vida para saber que en nuestros días los misterios de la vida conyugal los conocen los niños de ambos sexos des- de los once años. Esto no debe asom- brarnos, por poco que reflexionemos so- bre la penosa influencia que ejerce en esas jóvenes imaginaciones la vida de la calle. ¿Cuál es el colegial que no tiene tarjetas de visita y proveedores afamados? y al día siguiente de las salidas cada uno de ellos tendrá una aventura amorosa que re- ferirnos. Como en nuestra generación todo hom- bre aspira á una situación elevada, mu- chas profesiones atraen á gran número CAUSAS DE ENFERMEDADES NERVIOSAS 71 de ellos, á quienes para triunfar faltan generalmente los recursos materiales y también las facultades intelectuales que exigen tales estudios. En los bancos de nuestras escuelas su- periores de varones y mujeres, que reciben tantos alumnos, figuran elementos incapa- ces, nulos, mediocres ó socialmente poco preparados. Su número siempre crecien- te desnaturaliza el espíritu de los progra- mas, quita á la enseñanza todo su alcance; los desgraciados alumnos sobre quienes se equivocó su familia en la elección de una carrera, que ellos mismos no podían seguir, asisten impotentes al naufragio de todas sus ilusiones y de todas sus esperan- zas. Esta es también la suerte de los in- dividuos mediocres salidos de familias de las clases superiores. Sin tener en cuenta el estado de inferio- ridad en que se encuentra un hijo de fami- lia no se desea ni se ve para él mas que una situación elevada: lo que muchos pa- dres creen deber á su nombre y á su si- tuación. En vez de hacer de su hijo un buen obrero, que procurapor todos los me- 72 HIGIENE DE LOS NERVIOS dios, lecciones particulares, repasos, etc., poner remedio á su insuficiencia; más tar- de la protección velará su incapacidad. Pero el orgullo se paga siempre caro. En muchos casos, el joven entra en las ofici- nas del gobierno ó de cualquier adminis- tración; nunca pasará de empleado, pero á menudo su salud física y moral, grave- mente comprometida, lo hará nervioso, neurótico, en suma, un hombre desgra- ciado. La mujer encuentra en el matrimonio la realización de su destino, que la quiere esposa y madre. Guardiana del hogar conyugal, debe velar también por la ins- trucción de sus hijos. ¿El sistema moder- no de educación tiene acaso en cuenta estas futuras obligaciones sociales? Por el contrario, pone trabas á todas las funciones maternales, cultivando siem- pre el espíritu y dejando debilitar el cuer- po; es este el origen más común de la clorosis á la cual pueden suceder muchas enfermedades, entre otras las afecciones pulmonares y nerviosas. Esta clasa de educación descuida la for- CAUSAS DE ENFERMEDADES NERVIOSAS 73 mación del cuerpo y del alma y no des- arrolla ni el amor á la familia, ni la senci- llez, ni las aspiraciones elevadas y nobles. Sirve solamente para dar vanas aparien- cias y atribuye importancia á un saber enciclopédico que hace brillar á la mujer en la sociedad, pero que no le da ninguna de las virtudes de los seres de su sexo. El plan de estudios superiores que siguen las jóvenes de las clases inferiores así como los varones de todas condiciones en los cursos de nuestros colegios y de nuestras escuelas, está mal comprendido. Las se- ñoritas de las clases superiores aprenden en ellas todo cuanto queráis, excepto las más puras cualidades de su sexo. Todas las nuevas novelas pasan por sus manos; el teatro, el concierto, las modas nuevas las absorben demasiado para que puedan secundar á sus madres en los cui- dados de su casa. Casada, carece de los conocimientos, de la experiencia nece- saria. Muchos estadistas aseguran que cerca del 75 % de los matrimonios son desgra- ciados; el término medio es quizás demasía- 74 HIGIENE DE LOS NERVIOS do alto, pero es muy cierto que la mujer que no ha recibido, acabamos de demos- trarlo, ninguna de las grandes cualidades del carácter y del alma, que ha sido edu- cada para el lujo y para el placer, una vez casada, á menudo cambiada de su posición social, se marchita y se seca como una flor y no puede ser la verdadera compañera de su marido. El despego no tarda en sobrevenir por ambas partes; la mujer no encuentra en su nueva posición la dicha que soñaba; en- ferma, nerviosa, no puede acudir á las ne- cesidades del hogar, á todos sus deberes de madre y de esposa. El marido, desilusionado, agriado, se ale- ja de su esposa. Un abandono semejante obra moral- mente sobre ésta de una manera depri- mente. La joven que permanece "soltera" no es feliz: si no posee riquezas y belleza, su cu- na, sus maneras sencillas no bastan á un joven, pues á las costumbres de otros tiem- pos, ha sucedido una complicación enor- me de todas las necesidades, que hacía CAUSAS DE ENFERMEDADES NERVIOSAS 75 decir á un joven, y no sin razón: "podría mantener á mi mujer, pero vestirla no". La mujer que el matrimonio ha recha- zado, no llena el papel, la tarea que le daba la naturaleza, el estado de inferiori- dad en que se encuentra la lleva insensi- blemente al mal humor, á la "sensiblería" á la tristeza y á toda una pléyade de en- fermedades nerviosas. Pero en donde peca aún más la educa- ción de la joven, es al pasar en silencio, al no conceder la parte que corresponde á lo que podrían enseñarle las reglas de su conservación y los elementos de higiene y de medicina que le serían tan útiles en el hogar. Los médicos "de familia" nos darán ra zón. No es raro que los niños sean vícti- mas de la inexperiencia de sus madres, y no creemos que los libros populares, aún los firmados por nuestros mejores autores, puedan suplir ulteriormente esta insufi- ciencia y llenar ese vacío que hubiera de- bido evitar una enseñanza á tiempo en la educación de las jóvenes. CONDICIONES SOCIALES, INFLUENCIA NOCIVA DE CIERTOS GÉNEROS DE VIDA ▲busos de las substancias estimulantes Una de las causas más importantes que apresuran el desarrollo de la caquexia nerviosa y de las enfermedades de los nervios es el abuso de las bebidas alcohó- licas. Como puede verse en toda estadística de aduanas y de impuestos, el aumento rá- pido y anual del consumo alcohólico, así como igualmente el del té, café, tabaco, etcétera, es sorprendente, ¿De qué proviene este fenómeno? Frecuentemente la nece- sidad de alcoholes tiene ya su causa en una debilidad nerviosa, lo mismo que la 78 HIGIENE DE LOS NERVIOS necesidad de opio, morfina, etc.; substancias que refuerzan la energía vital decaída, permiten sentir menos las penas y, ante todo, ponen, artificialmente y de modo pasajero, en aptitud para nuevos tra- bajos. El alcohol es, por consiguiente, una subs- tancia estimulante. Es además alimento de ahorro para el cuerpo, porque retarda la rotación de la materia, y he aquí porque ciertas clases del pueblo son aficiona- das á él, sobre todo, en los países donde es más fácil comprar bebidas espirituosas que carne ó pan. Evidentemente este aho- rro se produce á costa de la salud y de la duración de la vida. El consumo rápidamente aumentado del alcohol, que es al mismo tiempo uno de los recursos más importantes del estado moderno, no es, por consiguiente, un fenó- meno accidental. Ese consumo representa un graduador bastante fiel del pauperismo creciente de clases enteras de una pobla- ción, del exceso de trabajo, intelectual y corporal que el cerebro debe realizar en la sociedad moderna, y de la debilidad cor INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 79 poral y,sobre todo,nerviosa del hombre de profesión que, casi instintivamente, usa del alcohol que debe estimular el cerebro que se encuentra en una situación de de- bilidad excitativa, para salir victorioso en la lucha por la vida y para encontrar un consuelo que compense las zozobras y re- veses de la vida diaria. Y, sin embargo, ese medicamento popular da vida á enferme- dades de intoxicación que ponen caquéc- ticos á individuos, á familias y hasta á pueblos enteros, que moral, económica y corporalmente no pueden menos que pe- recer si no se detiene á tiempo esa peste popular alcohólica, á la cual, en ciertos países, ya no bastan todos esos palacios que bajo los nombres de casa de trabajo {work-houses), de corrección, de hospicio para enfermedades crónicas, orfelinatos, manicomios y hospitales, que no pueden construirse tantos como hacen falta, y es evidente que la sociedad necesita hundir- se más para que todo el mundo se aperci- ba del peligro que le amenaza en ese es- pectro de la civilización, del cual nacen el pauperismo, la prostitución y otras aber- 80 HIGIENE DE LOS NERVIOS raciones de costumbres, los crímenes, y, en gran parte, el socialismo. Algunos números bastarán para probar lo seria de la situación. En los manicomios de diferentes naciones de la Europa cen- tral el tanto por ciento de las enfermeda- des mentales varía entre 10 y 15 °/0. En Suecia, Mr. Dahl ha comprobado en los idiotas que un 60 % oran originarios de padres dipsomaníacos. En Inglaterra, en- tre un millón de pobres asistidos por la caridad pública, 800.000 se han empobre- cido por los excesos en la bebida. En 1895, los habitantes de la Gran Bre- taña han gastado la cuarta parte de sus rentas nacionales en la absorción de bebi- das alcohólicas. En América del Norte y en Rusia, donde el Estado percibe anual- mente unos doscientos millones por los impuestos sobre las bebidas alcohólicas, se atribuye el 75 % de todos los crímenes ai abuso del alcohol; en otros países llega al 50 °/0. El número desuicidios y el consumo de alcoholes crecen por todas partes en la misma proporción. El 50 °/0, próxima- mente, de los suicidios se producen por INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 81 los excesos en la bebida y es muy frecuente que se ejecuten durante la em- briaguez. Es, pues, evidente que el abuso del alco- hol reduce el trabajo corporal y moral, la fortuna y la duración de la vida. Nadie ignora que el Agua de fuego de los europeos ha destruido más indígenas de nuestro continente y de la Australia que las armas de fuego y las enfermedades, que esos portadores de la civilización han traído á estos pueblos naturales. Desgraciadamente, el abuso del alcohol no ejerce su acción solamente sobre los que á él se entregan, sino también sobre su descendencia, y estoy muy dispuesto á participar de la opinión de mi distinguido colega el Dr. Edmundo Pucinelli, que duda que padres borrachos puedan tener ja- mas hijos normales, del punto de vista intelectual. Una dipsomanía hereditaria directa, y otra indirecta por la producción de debi- lidad nerviosa, procreación de individuos moralmente locos, de carácter anormal, débiles de inteligencia hasta el idiotis- 82 HIGIENE DE LOS NERVIOS rao, predispuestos á las enfermedades ner- viosas y mentales más graves, es lo que generalmente se ve en los descendientes de borrachos. Es una dicha para la sociedad que la progenitura de los ebrios consuetudina- rios tenga muy débil resistencia vital y perezca muy á menudo en los primeros meses de la vida á consecuencia de enfer- medades cerebrales agudas. Un médico irlandés ha investigado la suerte que cupo á los descendientes de un borracho. El hombre tenía dieciséis hijos. Quince de éstos murieron en los primeros años de su vida. El único que sobrevivió era epiléptico. Comparadas con los efectos desastrosos que produce el alcohol en la población de Europa, las consecuencias nocivas de las demás substancias estimulantes casi no merecen tenerse en cuenta, por más que se noten mucho, particularmente en cier- tos individuos. Sólo por excepción he encontrado en Europa el abuso del opio, esa horrible substancia con la que los orientales se arrui- INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 83 nan los nervios, y á favor de la cual los comerciantes ingleses hacen tan buenos negocios. Con más frecuencia se ve allá el uso de la morfina, que se extrae del opio. Todo el mundo conoce sus efectos ruinosos sobre los nervios. Y estos efectos son tanto más importantes cuanto que en general los que de ella se sirven ya son enfermos de los nervios ó predispuestos. Los que usan y abusan de la morfina son individuos caquécticos dignos de lásti- ma que, del punto de vista moral y físico, se parecen mucho á los dipsomaníacos. Menos conocido es entre nosotros el abuso del hidrato de doral, que, á costa de nuestra salud nerviosa, nos permite dor- mir agradablemente cuando queremos. Algunos amigos médicos que ejercen en Nueva York, me han afirmado que este abuso lo encuentran con frecuencia en los boudoirs de sus hermosas compatriotas que lo estiman mucho como medio de desechar el aburrimiento. Está fuera de duda que el té y el café, tomados en exceso, pueden ser nocivos á 84 HIGIENE DE LOS NERVIOS los nervios. No pretendo averiguar si el neurismo que con tanta frecuencia se en- cuentra en las mujeres rusas se debe al abuso del té, puesto que evidentemente en esto hay en juego otras influencias noci- vas del modo de vida. Sea lo que se quiera, el té y el café son substancias que perjudican á los nervios; si á personas no acostumbradas á su uso, uno ú otro les puede producir temblor de manos, palpitaciones del corazón, etc., así como insomnio, con más motivo no pueden ser indiferentes para los predispuestos á padecimientos nerviosos. Lo mismo pudiera decirse respecto al tabaco: al fumarlo, además de la nicotina que es un veneno espantoso, se producen á consecuencia del proceso de la combus- tión otros varios productos de destilación que son nocivos para la salud. Está fuera de duda que ciertos padeci- mientos nerviosos (debilidad de vista, has- ta la ceguera, calambres del corazón, neu- ralgias y otros desórdenes nerviosos) son á menudo las consecuencias del abuso ex- cesivo del tabaco. INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 85 Es innegable que el organismo, por há- bito, muestra gran tolerancia respecto á estas substancias, y tampoco puede negarse que es posible llegar á una edad avanzada á pesar del uso de esos excitantes, cosa que no sucede con los alcohólicos. Seria ahora el momento de exponer de- tenidamente una de las causas más impor- tantes de las enfermedades nerviosas: nos referimos á ciertos abusos que tanta in- fluencia ejercen sobre el estado nervioso del individuo; pero no nos atrevemos á tratarlos en un libro como éste, destinado á andar en todas las manos. Queremos establecer con ésto que la deficiencia es intencional. (*) Enervamiento, cansancio intelectual. (Surménage) Otro notable origen del neurismo de la sociedad moderna es el exceso de trabajo intelectual. (*) Este capítulo, impreso por separado, la librería lo en- trega á las personas que lo soliciten. 86 HIGIENE DE LOS NERVIOS Si es verdad que Kant tiene razón al de- cir que el hombre debe dormir ocho horas, trabajar ocho horas y recrearse otras tan- tas para estar bueno y sano, entonces la mayor parte de los hombres del día viven infringiendo las reglas de la higiene. No hay que olvidar que el trabajo inte- lectual consume mayor cantidad de equi- valente químico y de tensión vital. Para ciertos trabajadores de la inteligencia, hasta el límite señalado por Kant signifi- caría ya un exceso en el trabajo diario que no realizarían sin dañarse. Para juzgar bien si en un caso particu- lar hay exceso de trabajo intelectual, es necesario tener en cuenta el género de él y las circunstancias en que se ejecuta. La noción del exceso de trabajo intelec- tual es relativa. Lo que para unos es tra- bajo abrumador para otros es trabajo fácil. El efecto del abuso de las facultades inte- lectuales se produce igualmente cuando hay cierto exceso en la cantidad fisiológica del trabajo que se debe hacer. Fatiga mental, dolor de cabeza, pertur- bación en el sueño, en el apetito, mal hu- INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 87 mor, son síntomas de que los centros ner- viosos están cansados. En este caso no hay lugar á duda alguna. Pero las consecuencias del exceso de trabajo intelectual también se presentan cuando éste no es en sí mismo exagerado, basta con que no corresponda á las aptitu- des intelectuales del individuo, que sea sin- gular, que vaya acompañado de emociones, ó que se entregue éste á tal ejercicio siendo de- masiado joven. No faltan casos en que el trabajo inte- lectual produce agotamiento, cansancio cerebral, porque la estructura y disposi- ción del cerebro no están á la altura de la tarea que se le impone. En esta circunstancia se encuentran los colegiales de aptitudes restringidas á quie- nes la vanidad de los padres obliga al es- tudio de alguna profesión sabia, los hom- bres que á fuerza de recomendaciones se han elevado á puestos importantes sin te- ner las facultades necesarias para desem- peñarlos, los que tienen aptitudes parcia- les, unilaterales, como por ejemplo, para el estudio déla historia natural, de las ma- 88 HIGIENE DE LOS NERVIOS temáticas ó de la lengüística y que han entrado en sus estudios por un camino equivocado, los hombres sin talento, de quienes á toda costa se quiere hacer un artista, y, por último, en el sexo femenino, especialmente, las que no siendo ni ricas ni hermosas y no teniendo la perspectiva de una situación por medio del matrimo- nio, buscan una existencia honorable en el aprendizaje de un arte ó ciencia,ó cual- quiera otra ocupación profesional gracias á la cual entren á competir con el hombre en la vida pública. Pero en esta emancipación de la mujer, to- mada en el sentido noble de la palabra, porque es indudable que tiene completo derecho á la vida moderna, se oculta una fuente de desarrollo de nerviosidad que no debe descuidarse. Una vez reconocido el principio de que la mujer es virtualmente capaz de entrar en competencia con el hombre en el vario terreno del trabajo, habrá que reconocer que, hasta ahora, por espacio de miles de años, su destino ha sido otro completa- mente distinto. INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 89 Sólo después que pasen algunas genera- ciones será cuando la mujer podrá llegar á tener la aptitud necesaria actualmente para reemplazar al hombre en profesiones científicas ó artísticas que hasta ahora éste ha ocupado. Únicamente ciertos in- dividuos del sexo femenino, extraordina- ria y favorablemente dotados, luchan ya con éxito hoy día en el terreno del trabajo intelectual á que le obligan las condicio- nes sociales modernas. La gran mayoría de las mujeres que em- prenden esta lucha corren gran riesgo de sucumbir. El número de vencidas y de muertas es enorme. Con bastante frecuencia las em- pleadas especialmente en la teneduría de libros, en telégrafos, las oficinistas de co- rreos, y las vendedoras en tiendas sufren enfermedades nerviosas bastante graves, así como debilidad nerviosa. Esto es lo que pasa, sobre todo, á las que estudian para el profesorado y á las insti- tutrices. Los conocimientos que se exigen á las institutrices son extraordinariamente exagerados. Apenas han salido de la in- 90 HIGIENE DE LOS NERVIOS fancia, en pleno desarrollo de su cuerpo, esas pobres criaturas deben esforzar su imaginación y aprender en un tiempo re- lativamente corto una cantidad de cosas sobre poco más ó menos igual á lo que debe estudiar un joven que piense dedicarse á una profesión liberal ó científica, y que es raro la comience antes de los dieciocho años. Al exceso de trabajo intelectual, que á menudo obliga al trabajo nocturno, se re- unen los efectos nocivos, sobre un cuerpo tierno y apenas desarrollado, de la clorosis y de la debilidad nerviosa. No es raro ver que tales jóvenes institutrices después de llegar al examen que les confiere su título,. flaquean en su salud y llegan á ser la presa de graves enfermedades nerviosas. Una de las monstruosidades de nuestra vida moderna es además la idea de que todo niño en las clases elevadas debe ad- quirir una instrucción musical. No se pre- gunta si tendrá la aptitud necesaria. La moda ordena que los jóvenes sepan apo- rrear el piano. El que realmente posea talento especial llenará esa obligación, pero INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 91 siempre con daño para su salud, porque, en general, tendrá que renunciar á las ho- ras de recreo para estudiar este arte. Con un talento insuficiente, el estudio del piano es un trabajo inoportuno, y si se realiza abusando en demasía de la fuerza corporal é intelectual y á veces contrarian- do una repugnancia invencible, no será extraño que cause nerviosidades y sea la base de graves padecimientos nerviosos. El exceso de trabajo mental es muy es- pecialmente nocivo cuando tiene que eje- cutarlo un cerebro que todavía se encuentra en estado de evolución. La misma condición dañina se encuen- tra en el sistema moderno de las escuelas que con sus pretensiones abusan muy pre- maturamente y de modo excesivo de los cerebros jóvenes.—¡Hasta se ha llegado á introducir juegos durante las horas de re- creo que en lugar de reposar fatigan más aún la imaginación de la infancia! 92 HIGIENE DE LOS NERVIOS Emociones psíquicas Las emociones psíquicas son causas im- portantes de enfermedades nerviosas gra- ves. Y esto es tanto más digno de lamen- tarse cuanto que en la complicada vida del hombre civilizado á cada momento se pre- sentan las emociones que las producen. ¿Quién podrá evitarlas completamente? Para ello habría que renunciar á toda ac- tividad en la vida. No obstante, todo el mundo debería esforzarse por combatir sus efectos. La educación, y, sobre todo, la que uno se da á sí mismo (self-education), puede mu- cho á este respecto. Los consejos que Feuchtersleben y Kant han dado en sus co- nocidas obras, son útiles coadyuvantes. Altura de carácter, en el cual no hacen mella las pequeñas contrariedades de la vida diaria, y con el "¡hombre, no te eno- jes!" ó con el "doblemos la hoja", no insis- te sobre lo que es inevitable; gran eleva- INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 93 ción moral, que en los graves desastres de la vida busca y encuentra consuelos en las alturas de la religión y la filosofía. Estas dos cualidades son, por una parte, felices dones de la naturaleza, y por otra el fruto preciado de la educación. ¡Dichoso el que posee en la religión un áncora que pueda resistir durante las tem- pestades de la vida! En otras personas, la filosofía y la fuer- za de voluntad ayudan á pasar los escollos y evitan el naufragio. Entre las emociones, las más importan- tes son el espanto y las penas. Lo prime- ro es raro que de seguida traiga consigo graves padecimientos nerviosos (baile de San Vito, histeria, epilepsia, enfermedades psíquicas) las segundas minan insidiosa- mente y con tanta más violencia la fuerza psíquica y moral, siendo mucho m'ás fu- nesta. La situación es ya peligrosa, sobre todo, si las emociones se dan la mano con los esfuerzos intelectuales, como es frecuente el caso en la vida civilizada. Aparte de las enfermedades y accidentes, de las zo- 94 HIGIENE DE LOS NERVIOS zobras domésticas que pueden herir á todo hombre de profesión, algunas profesiones están más particularmente expuestas. Las ocupaciones en que se carga con mucha responsabilidad y que causan mu- cha fatiga: gerentes, ingenieros, emplea- dos de ferrocarriles, directores técnicos en las grandes construcciones y otras seme- jantes entran en esta categoría. También están en peligro las personas cuya profesión está ligada con grandes riesgos (los comerciantes é industriales que continuamente están amenazados por la competencia y por coyunturas comercia- les variables, los que tienen que trabajar usando del crédito, banqueros, bolsistas); luego vienen los artistas que por causa de su profesión están sin cesar emocionados, intelectual y moralmente, siempre expues- tos á la aprobación ó desaprobación del público, ó á la envidia de sus colegas; des- pués los empleados, á quienes es forzoso ocuparse de trabajos de oficina no adecua- dos á su modo de ser, monótonos y cansa- dos, expuestos eventualmente á terqueda- des continuas de los jefes, nerviosos á su INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 95 vez, irritables ó hipocondríacos; los oficia- les del ejército á quienes la subordinación y una disciplina severa obligan á lo que vulgarmente se llama tragar bilis, viéndo- se con mucha frecuencia heridos en su amor propio. Corren igualmente ese riesgo las perso- nas que para un término fijo de tiempo de- ben entregar un trabajo intelectual dema- siado considerable, del cual depende todo su porvenir, no¡ sintiéndose además muy seguros del éxito. No es raro que los padecimientos ner- viosos sean la consecuencia de las zozo- bras y emociones que en sí lleva la enfer- medad de alguien que sea el sostén de la familia, y especialmente si á ello se unen los esfuerzos intelectuales y físicos á que da lugar el asistir á un enfermo. Lo peor que hay en semejantes circuns- tancias de la vida es que la persona á quien hieren esas emociones del alma no llega á darse cuenta de que comienzan á mostrarse síntomas de que su sistema ner- vioso está estenuado y se ha hecho irrita- ble. No reparan esas personas en sus ver- 96 HIGIENE DE LOS NERVIOS tigos, dolores de cabeza, sensación de presión en las sienes, congestión, sueño que no es reparador ni suficiente, hiper- excitabilidad de los órganos de los senti- dos, perturbaciones digestivas, cansancio, etcétera. Cometen la falta de querer aturdir con estimulantes esas señales de alarma que anuncian se halla amenazada en su existencia la vida nerviosa, y de este mo- do se estimulan artificialmente para ta- reas extraordinarias, hasta que flaquean extenuados y enfermos. Innumerable serie de influencias noci- vas que acaban con el sistema nervioso se presenta en las guerras, plaga que des- graciadamente ha azotado tanto á nuestro siglo. La vida de campaña aniquila por el in- flujo pernicioso de las marchas y sus fa- tigas, por la falta de sueño, de alimenta- ción regular, por los calores ó fríos á que se está expuesto; aniquila psíquicamente también por las enormes exigencias en el trabajo mental, por la severidad del ser- vicio ante el enemigo, servicio lleno de responsabilidades, y por las impresiones INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 97 excitantes y emocionadoras de los com- bates. A todo ésto se unen las preocupaciones por sostener á la familia, la nostalgia, la pérdida de parientes y camaradas; todos esos factores morales se aumentan más aún en el ejército vencido, por el pánico de la persecución, la pena por la causa per- dida, las enfermedades, las heridas, el es- tar prisionero. Helado de frío, hambriento, deprimido, muerto de cansancio, el soldado busca ne- cesariamente un apoyo en el uso de las be- bidas alcohólicas, llega al abuso y no es raro que ya sea un borracho durante toda su vida. Es de notar lo que ha aumentado la in- temperancia en Alemania después de la guerra de los treinta años, y de la que du- ró siete años. Comprobaciones análogas se han hecho en los Estados Unidos del Norte de nuestro continente, en Rusia y en Francia con motivo de las grandes gue- rras. El influjo aniquilador, fatigante de la vida de guerra, resalta en un hermoso tra- 6 98 HIGIENE DE LOS NERVIOS bajo de mi distinguido amigo el profesor Ch. Richet. En ese libro, por medio de suti- les observaciones hechas durante la última guerra franco-alemana, el autor ha podido reconocer en la mayor parte de los com- batientes un estado de irritabilidad y exci- tabilidad nerviosa que da lugar á muchas insumisiones y resistencias, el cual no des- aparece sino después de meses y aún años de tranquilidad. Mi colega cita especialmente como fenó- menos de la extenuación: predisposición á cansarse fácilmente, falta de fuerza laten- te, estar mal dispuesto para todo, incapa- cidad para el trabajo habitual, desconten- to de sí mismo y del mundo, somnolencia é insomnio, gran irritabilidad de la parte moral, disminución de la confianza en sí mismo hasta rayar en miedo, ansiedad, ideas tristes que llegan hasta el cansancio de la vida. Esa hiperexcitación favorece el desarro- llo de las enfermedades nerviosas más di- ferentes, como yo mismo lo he observado en muchos veteranos de la pasada guerra franco-alemana. INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 99 Esfuerzo corporal El esfuerzo corporal igualmente, cuando es continuo, perjudica al sistema nervioso. Refiérese esto principalmente á los ojos, cuyo trabajo es excesivo en ciertas profe- siones: dibujantes, pintores, relojeros, etc. Las enfermedades locales de los ojos, que son el punto de partida de graves padeci- mientos nerviosos generales, se desarrollan en estos individuos, sobre todo, bajo la in- fluencia de una luz demasiado intensa ó insuficiente, así como por el uso de lentes poco á propósito. Del mismo modo, cuando se esfuerza más de lo justo el nervio del oído prodúcese nerviosidad y enfermedades nerviosas, sobre todo, como en estas últimas décadas, en que el gusto del gran público se ha afi- cionado á la música intensiva y ruidosa. ¿No encuentra todo el mundo gran dife- 100 HIGIENE DE LOS NERVIOS rencia entre escuchar una ópera antigua clásica ó una moderna, sobretodo, de Wa- gner? El temple (tensión) de los nervios en cada uno de esos casos es completamente diferente, y á buen seguro no es favorable á la tendencia moderna que quizás tciga su causa en una constitución nerviosa qu* no puede saborear lo sencillo sino que tie- ne precisión de excitantes anormales. Es sorprendente el número de músicos de profesión que actualmente vemos en- fermos de los nervios. La fatiga corporal es más nociva aún cuando va unida á un sueño interrumpido ó incompleto por causa de la profesión, como ocurre, por ejemplo, á los médicos muy ocupados, y lo mismo á los empleados de ferrocarriles en los que viene á añadir- se esta trepidación continua que tan daño- sa es para el sistema nervioso.- La .impor- tancia de esta última circunstancia resalta claramente en la extenuación nerviosa é hiperexcitabilidad en que se hallan des- pués de un largo viaje en ferrocarr*1 ios que no están habituados. Por el trabajo uniforme y unilateral, el INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 101 esfuerzo corporal viene á ser nocivo para los individuos que deben ganarse la sub- sistencia escribiendo; igual cosa es aplica- ble á los obreros que tienen que trabajar á la par que su máquina, así como también es -erjudicial álos velocipedistas de oficio. .raves estados nerviosos enfermizos se notan asimismo en las obreras manuales que de ordinario pasan la vida trabajando de 12 á 14 horas diarias, sentadas y lle- vando una vida de esclavo miserable, in- digna de nuestra civilización. El que da trabajo debe ganar mucho y la pobre obre- ra se vuelve caquéctica y nerviosa. Esa máquina de coser tiene, sobretodo, una in- fluencia nociva sobre los nervios. Otro trabajo que perjudica notablemen- te á los nervios son las veladas que espe- cialmente exígela asistencia de enfermos. Las mujeres soportan en general esas fatigas más fácilmente que los hombres. Las enfermeras ejercitadas son una ne- qesidad pública importante. Ciertas ór- dé-'^s religiosas, dedicadas á tan humani- taria ocupación, cumplen esa misión de una manera digna de todo elogio. Puede 102 HIGIENE DE LOS NERVIOS confiárseles seres queridos con la más ab- soluta seguridad. Debo advertir que hasta en las perso- nas en que la posición de enfermero no se complica con penas y emociones, sin ser siquiera parientes del enfermo á quieí ^ cuidan, se produce el estado neurótico, sean criados ó no, y hasta ocurre esto á los enfermeros de profesión. Es de acon- sejar, por consiguiente, como ley de pre- caución que se deje descansar y dormir en horas oportunas á los que desempeñan tan delicado cargo, aunque sea mediante re- muneración. Matrimonios modernos Ciertos estadígrafos han dicho que el 75 % de los matrimonios acusan resulta- dos no satisfactorios, y, desgraciadamente, el aumento de separaciones, divorcios y suicidios parece darles razón; cuando me- INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 103 nos es preciso conceder que en los matri- monios modernos, y, sobre todo, en los de eso que se llama la alta sociedad, no se encuentran las condiciones morales y fí- sicas que pudieran asegurar la salud y la dicha de los cónyuges. Ya hemos hablado en otro capítulo, al tratar de los defectos de la educación en el hombre y en la mujer, de una parte de las causas que sirven de base para que los matrimonios modernos den lugar á enfer- medades nerviosas. Otra causa de matri- monios desgraciados y de los graves pa- decimientos nerviosos que son una de sus consecuencias, se encuentra sin duda en la dipsomanía, de la que ya nos hemos ocupado. Hay que considerar, además, que en nuestros tiempos la plata ú otros intereses materiales impulsan con más frecuencia al matrimonio que no el verdadero amor, y así se realizan uniones que seguramente no concluyen en el cielo y llegan á ser el infierno en la tierra. Pero hasta cuando no ocurre ésto, el matrimonio tampoco suele ser dichoso y 104 HIGIENE DE LOS NERVIOS constituye la fuente de descontentos y gra- ves enfermedades nerviosas entre los cón- yuges, debido á que la mujer de la socie- dad moderna está en decadencia física- mente de resultas de daños causados por la educación ó por la manera de vivir, y por esa razón se halla incapacitada para cumplir el destino que la naturaleza le tiene fijado. Esto es igualmente verdad para las jó- venes de las clases inferiores, que por mala alimentación y habitación, por su prema- tura entrada en el trabajo, aporta al matrimonio un cuerpo en plena miseria fisiológica, lo mismo que para nuestras jóvenes á las cuales se afemina, se las con- sidera formadas demasiado pronto y que, á causa de las tendencias al celibato por parte de los jóvenes de las clases elevadas, se procura casarlas lo más pronto posible. Triste resultado de ésto son unos hijos débiles, decrépitos por la caquexia, dig- nos, inútil es decirlo, del hombre de las clases elevadas, que casi siempre llega al matrimonio demasiado estragado y viciado. INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 105 Generalmente, después del segundo par- to la joven esposa comienza á ponerse en- clenque, á ajarse, y necesita ir á los baños de mar, con lo cual se imponen á la vida de familia duras cargas que contrarían su prosperidad. No hay duda que las deficiencias mora- les y físicas de la sociedad aparecen en primer lugar en la mujer, y que la mujer moderna está cada vez menos en aptitud para llenar sus deberes naturales, signo, entre otros, de que la sociedad está en decadencia. Influencia de la mala higiene Es cosa clara que una manera de vivir mal comprendida y que la economía sobre las necesidades más esenciales daña á la nutrición del sistema nervioso, sin contar sus consecuencias para el organismo en- tero. 106 HIGIENE DE LOS NERVIOS Ciertamente esos perjuicios no ejercen su influencia directamente sobre el sistema nervioso, pero algunos de ellos producen indirectamente la escrofulosis, la anemia y la tuberculosis, de las cuales resulta la nerviosidad enlos individuos atacados ó en sus descendientes. La más horrible perturbación en la nu- trición, producida por influencias malsa- nas de la alimentación y la vivienda se ve, sobre todo, en las clases bajas de la pobla- ción, bajo el nombre de raquitis ó enfer- medad inglesa. Ella es origen de enfermedades nervio- sas tanto más cuanto que se presenta ya desde la más tierna edad, perturba el des- arrollo del cráneo y del cerebro, produce enfermedades cerebrales durante la pri- mera edad, y sus consecuencias se sienten durante toda la vida como síntomas agra- vantes y de debilidad nerviosa. Una forma especialmente grave de ra- quitis, que ataca, sobretodo, en ciertos paí- ses montañosos y que parece cultivarse á través de muchas generaciones, es el cretinismo. INFLUENCIAS NOCIVAS, ETC. 107 Después de la alimentación, el aire es una de las cosas que más necesita el organismo para prosperar. El valor del aire puro y bueno no se aprecia sufi- cientemente ni aún entre las gentes ins- truidas. Nuestros lugares de reunión, no solamen- te el teatro y el café cantante, sino hasta la confitería, de este punto de vista, y no obstante todas las luces de nuestro siglo, están bastante descuidadas, así como las fábricas y las oficinas, en donde el hombre de oficio está obligado á pasar tan grande parte de la vida. Hay más, en las habitaciones de las cla- ses instruidas se ven constantes transgre- siones de las leyes de la higiene. Rindiendo costoso tributo á la ostenta- ción y al lujo, se dedican las mejores pie- zas, las mayores y donde más da el sol, pa- ra salón, recibos, y reuniones, mientras que la familia habita y duerme en peque- ñas piezas donde huele á cerrado. Ciertos oficios hacen correr riesgos es- peciales á la salud nerviosa, porque expo- nen á las dañinas consecuencias de respi- 108 HIGIENE DE LOS NERVIOS rar atmósferas impregnadas de vapores de plomo y de mercurio. Las intoxicaciones que fácilmente se producen, por fortuna, sólo causan un cor- to número de victimas. CONSERVACIÓN DE LA SALUD NERVIOSA Una época bastante adelantada en ins- trucción y verdadera cultura, no mirará ya más á la medicina como una simple ayuda contra un mal corporal que se pre- sente, sino como una ciencia que previene la posible aparición de una enfermedad. Esa época se ocupará tanto de la higiene del pueblo como en nuestros tiempos se ocupan de su estado militar y de este mo- do hará desaparecer mucha miseria y ca- quexia. Tiempo es que el estado y las empresas privadas comiencen á tener más en cuenta á la higiene pública, tanto por la legislación como, sobre todo, difundien- do el conocimiento de las máximas higié- nicas en la masa de la población, dando 110 HIGIENE DE LOS NERVIOS así impulso á una vida más conforme con las reglas de la higiene. Como una débil contribución á la higiene popular, tratán- dose de estimar en su justo valor y de con- servar su capital intelectual, desearía que se considerara este opúsculo. El amable lector concederá que buen número de cosas perjudiciales que condu- cen á la bancarrota del capital intelectual, á la pérdida de la fuerza nerviosa, son evitables, aunque nadie puede sustraerse completamente á las influencias de su tiempo y debe sufrir el influjo de cosas nocivas que no llegaron á conocer otras generaciones más felizmente colocadas en el orden de los tiempos. No pocos hombres malgastan su capital nervioso, esa propiedad que nada puede compensar, simplemente porque no cono- cen las influencias nocivas á que se expo- nen, y nuestra actual instrucción escolar y popular se ocupa de todo, excepto de los primeros principios de la higiene. Gran número de los daños causados por nuestra vida moderna de civilización ne- cesitan remediarse por la intervención del CONSERVACIÓN DE LA SALUD NERVIOSA 111 estado, por el influjo del espíritu de aso- ciación entre los ciudadanos. Una de las más importantes tareas de la época actual no debe ya ignorar la le- gislación y la sociedad es el combate que hay que librar contra el vicio de la em- briaguez. Como condiciones sine qua non para combatir la dipsomanía, citaremos: la re- legación de todo alcohol de mala calidad, contribución elevadísima sobre los licores espirituosos, rebaja en los impuestos sobre el vino y especialmente en los de la cerve- za, supresión de ciertos despachos de bebi- das, ilustrar al pueblo sobre los peligros del abuso del alcohol, elevación de la mo- ralidad general, del bienestar del pueblo, facilitar la alimentación de las masas apli- cando racionalmente los impuestos, es de- cir, no gravando las cosas más necesarias para la vida, y también secuestro de los borrachos en asilos ad hoc, basándose en reglamentos legales. Además es otra misión del estado, al elevar el nivel de la instrucción escolar, difundir la instrucción popular recordan- 112 HIGIENE DE LOS NERVIOS do que la ignorancia es una de las causas más importantes de la miseria y de la rela- jación de costumbres. El estado haría bien si vigilara la hi- giene de las habitaciones, de las escuelas, y de las fábricas, debería fijar el número de horas de trabajo en la escuela y la fá- brica, teniendo en cuenta la edad y el sexo de los que ahí trabajan. Después de pedir ésto al estado del punto de vista de la neurología quedan para el individuo otra porción de vacíos que lle- nar. De ellos nos ocuparemos sucesiva- mente. Buenas alianzas Uno de los primeros deberes ante las le- yes de la naturaleza y de las costumbres consiste en la realización del matrimonia en el buen sentido antropológico; desgra- ciadamente, la sociedad peca mucho con- CONSERVACIÓN DE LA SALUD NERVIOSA 113 traeste desiderátum supremo de la biología y de la higiene médica, y esto por igno- rancia, indiferencia, mezquino interés de dinero, ó por pasión. Una alianza satisfactoria del punto de vista higiénico supone salud intelectual y corporal en los cónyuges como condición fundamental de su propia dicha en la vida, y de una descendencia sana. Los matrimonios con individuos origi- narios de familias atacadas de caquexia nerviosa, ó que padecen de tisis ó de es- crófulas, deben hacer reflexionar mucho sobre el paso que se va á dar, y mucho más en el caso en que la enfermedad de familia haya mostrado ya en la genera- ción anterior predisposiciones enfermizas ó se ha señalado más bajo la forma de enfermedades confirmadas. Las palabras «bien nacido» tienen seria y profunda importancia en el terreno médico. Aquel que dé grande importancia al bienestar intelelectual y corporal de sus descendientes debe evitar el entrar por medio del matrimonio en una familia don- 114 HIGIENE DE LOS NERVIOS de se ha mostrado la locura, la caquexia nerviosa, el suicidio ó la embriaguez. Desgraciadamente hay predispuestos nerviosos que tienen una fatal inclinación hacia otros individuos con igual tacha he- reditaria, y he aquí por qué no es raro que á menudo veamos á los cónyuges descen- dientes ambos de familias enfermas del sistema nervioso. Entonces es de esperar, y con grandes probalidades, que la descendencia se con- vierta en presa de las más desconsoladoras degeneraciones intelectuales y corporales. El cruzamiento de la sangre de una fami- lia con tacha hereditaria, con la de otra familia intelectual y corporalmente intac- ta, puede tener una acción regeneratriz y correctiva sobre la descendencia, des- truyéndose la tacha por medio de una se- lección feliz. Deben dispensarse del matrimonio los individuos que padecen enfermedades ner- viosas constitucionales. Es un síntoma entristecedor que demues- tra deficiencias en las nociones higiénicas que hasta los médicos de nuestros días se CONSERVACIÓN DE LA SALUD NERVIOSA 115 prometen con el matrimonio una acción curativa contra las enfermedades nervio- sas, por ejemplo, la histeria, y aconsejan el matrimonio en esos casos. Dieta del trabajo Trabajo intelectual, una profesión, una ocupación cualquiera, es una de las prime- ras desiderata para la higiene del espíritu. En él hay un estímulo vital necesario, y cuando el trabajo es adecuado, es decir apropiado á las facultades y agradable, sostiene la salud, la frescura de la inteli- gencia y es la fuente de la jovialidad. Pa- ra el espíritu quebrantado por los reveses y disgustos de la vida, el trabajo constitu- ye un consuelo y un recreo. El trabajo, entregándose á él sin placer y sólo por conciencia del deber, es un peso de plomo que abate completamente al que está abrumado de preocupaciones y penas. 116 HIGIENE DE LOS NERVIOS Si se entrega uno á él con el fuego sa- grado del entusiasmo, el ferviente deseo de crear algo y con la perspectiva de con- seguir el fin anhelado, entonces el traba- jo posee una fuerza maravillosamente for- tificante. ¡Dichosos aquellos á quienes el trabajo procura goces! El trabajo intelectual es una importante fuente de instrucción. "La verdadera instrucción es el des- arrollo armónico de nuestras fuerzas, sólo ella nos hace dichosos, buenos y sanos'' (Feu- chtersleben, Dietética del alma, pág. 65). El que no tiene profesión ó se ha equi- vocado al escogerla, es un hombre des- graciado. Bien dignas de lástima son esas exis- tencias con que tan á menudo se tropieza en los círculos elevados en que por ser ri- cos se ha desdeñado el aprender una pro- fesión y conocer las dificultades y los go- ces del trabajo serio intelectual. Están reducidos á los placeres. La consecuencia necesaria de una vida de placeres no es otra que quedar extragados, sin otro re- CONSERVACIÓN DE LA SALUD NERVIOSA 117 curso que la vida disoluta que enerva y ejerce una acción morbosa. Es un gran arte de la vida el adaptar el trabajo de acuerdo con la potencia del cerebro, potencia que cambia al correr los años y deja libre el campo á su tiempo á fuerzas más jóvenes. El que se retira en el ocaso de su vida hace muy bien. Prolonga sus días y el bri- llo vivaz de su pasado ilumina y calienta la época de la vejez y del bien merecido descanso. Aquél que se retira demasiado pronto de sus negocios, de su profesión, ó que se ve obligado á ello, corre el riesgo de enfer- marse de los nervios y, sobre todo, de con- vertirse en hipocondríaco. La tregua á que queda obligado el enfermo de los ner- vios constituye por todas sus consecuen- cias morales y materiales una causa de empeoramiento de su mal y un obstáculo para su curación. La educación moderna, que frecuente- mente prescinde de todo aprendizaje de un oficio ó un arte, se venga amargamente de aquel que, por las circunstancias, se ve 118 HIGIENE DE LOS NERVIOS obligado á retirarse en plena fuerza viril de sus negocios ó de su profesión. Es importante para el trabajador inte- lectual tener variedad en el trabajo. Sola- mente así evitará que ciertas partes de la substancia cerebral estén ocupadas más allá de la medida normal, porque no todos los departamentos cerebrales se encuen- tran igualmente en acción durante el tra- bajo intelectual. El trabajo intelectual, sin reposo ni tre- gua y demasiado intensivo conduce en todo caso á la hiperemia funcional del cerebro y de aquí á la irritación de los centros cerebrales respectivos. Esto se ve de una manera evidente en el trabajo funcional del ojo. Un cambio de trabajo proporciona descanso á los departamentos cerebrales que han estado ocupados. Es- tos descansan en tanto que otros departa- mentos entran en función. De esta manera es como se puede traba- jar intelectualmente mucho más tiempo, con más facilidad y sin ningún peligro. Todo el mundo sabe por experiencia que un discurso por interesante que sea, \ CONSERVACIÓN DE LA SALUD NERVIOSA 119 una obra musical ó dramática, si dura mu- chas horas fatiga excesivamente al audi- torio y provoca bostezos, cansancio, dis- minución de la capacidad de continuar la atención, hasta el momento en que las ideas se alejan completamente. Lo mismo ocurre en las visitas de colec- ciones artísticas de cualquier género, que en todos casos es una de las formas de trabajo intelectual que más fatigan. Dieta del recreo Todo hombre tiene necesidad de un des- canso temporario en su profesión. Mien- tras más esfuerzo intelectual exige su tra- bajo, más se hace valer esta necesidad y con tanta mayor fuerza. La dieta del recreo debe consistir en que las horas del trabajo y del descanso estén repartidas con inteligencia y en que el re- creo no sea una nueva fatiga para la inte- ligencia. 120 HIGIENE DE LOS NERVIOS Reconociendo su derecho á la primera condición es necesario una división del trabajo del día apropiada á la pro- fesión. El trabajo cotidiano nunca debe hacer- se seguido, de una vez, hasta la extenua- ción, haciendo que le siga un recreo de un cuarto de hora. Semejante división es defectuosa porque lleva á las consecuen- cias del exceso del trabajo cerebral (sur- ménage) que no puede neutralizarse con algunas horas de reposo intelectual. Ja- más se debería llegar á los síntomas de verdadero cansancio de la imaginación. El gasto de fuerzas de tensión nunca debe de subir hasta el agotamiento, lo mismo que en una casa de familia arreglada no debe nunca llegar el caso de agotar los ahorros ni los medios de vida. A cada serie de dos ó tres horas de tra- bajo inteletcual debe seguir una hora de recreo. Puede emplearse esta hora en un paseo, una comida, uu juego, música, lec- tura de los diarios del día, trabajos de jardín, caseros ó de arte ú oficio. La división del trabajo cotidiano y de CONSERVACIÓN DE LA SALUD NERVIOSA 121 oficina es defectuosa. Un alumno que ha de estar en la escuela cuatro horas consecu- tivas, un empleado que desde las 8 ó las 9 de la mañana hasta las 2 de la tarde hace un trabajo fatigante dará peor resultado en él y se encontrará más cansado que el que puede dividir su tarea entre la ma- ñana y la tarde con intervalos inter- puestos. Un profesor que daba lecciones á do- micilio y al cual tuve que recomendar estuviera todo el tiempo posible al aire libre, daba sus lecciones de 7 de la maña- na á 2 de la tarde y corría después, de 3 de la tarde á 9 de la noche, á Palermo y sus alrededores. Su enfermedad aumenta- ba con este género invertido de vida, puesto que por la mañana se esforzaba intelectualmente, y por la tarde corporal- mente. El trabajo en una sola sección es tan perjudicial como si se quisiera hacer una comida por día. Sólo aproximativa é individualmente puede fijarse cuantas horas podría ocupar- se en un trabajo intelectual de manera con- tinua sin que fuera perjudicial á la salud. 122 HIGIENE DE LOS NERVIOS Pocos son los hombres que se hallan en condiciones para trabajar seguido intelec- tualmente más de tres horas. El trabajo intelectual durante la diges- , tión no vale nada. Impide que ésta se realice, y, á su vez el procesus de la diges- tión impide la cerebración. Nuestra costumbre, lo mismo que la de los franceses é ingleses, de fijar la tarde para la comida principal, después de ter- minado el trabajo cotidiano, es preferible á la seguida en Alemania y en los pueblos del Norte de Europa. Después de la comida de la tarde no debería ya emprenderse ningún otro tra- bajo serio; turbaría el sueño. Pasada una serie de días de trabajo debe seguir una pausa suficientemente larga. Esto lo han reconocido los hombres hace mucho tiempo, y á esta necesidad co- rresponde la antigua y benéfica costum- bre, convertida en precepto divino, de considerar un día de la semana como día de reposo. La sociedad moderna tiene mucha ra- CONSERVACIÓN DE LA SALUD NERVIOSA 123 zón en mantener firme esta institución antigua y respetable. Desgraciadamente, la sociedad permite en el día de reposo ciertas ocupaciones que nada tienen de recreativas. Deberíase influir en la educación popular para que el domingo fuera realmente un día de re- creo y de reposo para el espíritu y el cuer- po, y no un día de orgías y de fatiga exce- siva, de borrachera y de juegos de azar y de sport que destruyen el sistema nervioso. Pero ni aún el domingo bien empleado basta al trabajador intelectual en la vida moderna. Anualmente necesita un recreo y un descanso más largo para quedar á la altura de sus tareas. Ese tiempo de vacaciones no debería medirse con excesiva parsimonia á los tra- bajadores intelectuales. Cuatro semanas son muy modesta reclamación para el que á más de las malas condiciones higié- nicas de la capital, de la oficina, del des- pacho, debe pasar en ellos once meses del año. Este tiempo de vacaciones debe em- plearse con inteligencia para conseguir el 124 HIGIENE DE LOS NERVIOS éxito apetecido, se debe dedicar á la vida contemplativa de las bellezas de la natu- raleza y no á viajes por toda la República en trenes express y que hacen su trayecto de noche. Muchos hombres de profesión liberal co- meten faltas en ésto. Emplean sus vacacio- nes, relativamente cortas, sobre todo, en el norte del continente y en Europa en viajes circulares por los ferrocarriles, visitas á la capital con sus placeres, yendo á teatros, museos, galerías, congresos científicos, etc. Igualmente erróneo es cuando el hombre burocrático y de la ciudad, débil de mús- culos, no acostumbrado á la fatiga corpo- ral, emprende excursiones por regiones montañosas para vencer dificultades su- periores á sus fuerzas. En pocas semanas no se puede recuperar lo que se ha descui- dado durante todo el año. Un recreo verdaderamente provechoso, verdaderas vacaciones cerebrales, se ofre- ce en las estaciones climatéricas balnea- rias y marítimas, en Cosquín, Mar del Plata, Necochea, Capilla del Monte, Asco- chinga, Alta Gracia, etc. CONSERVACIÓN DE LA SALUD NERVIOSA 125 Pero como allí debe ser completo y efec- tivo el descanso no deben recibirse ni car- tas sobre negocios ni telegramas y noticias de la Bolsa. Señal del nervosismo de nuestra época, y bien triste señal, es la necesidad de te- ner en esos lugares climatéricos las emo- ciones y goces de la capital. Es una sátira sobre la esencialidad de la estación climatérica, que la gente vaya "á los baños" para brillar con el lujo de los trajes y participar en todo género de sport de la highlife. Diríase que en las altas esferas de la sociedad se pierde cada vez más la afición á la vieja y hermosa naturaleza. Esas po- bres gentes estragadas que no saben apre- ciar la hermosura de la naturaleza en el Tigre, en Mar del Plata, en Cosquín, en el Tandil, etc., se pasean aburridas por las terrazas de los hoteles ó por los jar- dines, echan de menos la ruleta, tienen una triste impaciencia por recibir alguna nue- va excitación de los sentidos, sienten in- mensa gratitud hacia aquél que llega á cosquillear con algún sport nuevo, con al- 126 HIGIENE DE LOS NERVIOS gún humbug espiritista ó de cualquier cla- se, sus nervios estragados; todas esas po- bres gentes son dignas de lástima. Muchos de esos hombres, son en nuestros días tan excesivamente nerviosos que tie- nen necesidad de las emociones para poder encontrarse pasablemente bien. Así se explica fisiológicamente que el placer de hallarse ante la hermosa naturaleza sólo les conviene cuando está ligado á un peli- gro como el de trepar por una montaña donde se puede romper la crisma. Igual- mente el entretenimiento del circo ó de la exhibición de fieras tiene que salpimen- tarse con el peligro ajeno y, por consi- guiente, con la emoción que á él va unida (saltos mortales, fieras domadas, etc.). ¡Lo sorprendente es que no se empeñen en procurar el goce de las corridas de toros de muerte á la población! De todos esos placeres emocionantes de- be alejarse aquel que busque un recreo verdadero. Se deben desechar especial- mente los juegos que emocionan (juegos de azar) y los que fatigan intelectualmente. Es claro y todos lo saben que el juego de CONSERVACIÓN DE LA SALUD NERVIOSA 127 ajedrez, de este punto de vista, no significa un reposo del espíritu sino más bien un esfuerzo intelectual. Los jugadores de aje- drez por profesión con frecuencia están enfermos de los nervios. Medios excelen- tes de recreo en las estaciones climatéricas son los paseos á pie, la caza, la pesca, re- mar, el juego de pelota, croquet, el lawn- tennis, etc. La importancia de las vacaciones y de la residencia temporaria en el campo para la conservación de la frescura intelectual está muy lejos de ser apreciada en la me- dida que sería necesario. El maestro de escuela debería tener cierta holgura pecuniaria para no verse obligado á ocuparse en dar lecciones pri- vadas durante la época de sus vacaciones y días feriados. Las autoridades deberían comprender que se deben dar á los traba- jadores intelectuales algunas semanas de recreo anualmente. El que después de una temporada en una estación climatérica vuelve á su profesión, á sus ocupaciones, á sus negocios, produce un trabajo completamente distinto del an- 128 HIGIENE DB LOS NERVIOS terior y tarda mucho más tiempo en llegar á necesitar una pensión. El estado, sin que insistamos sobre el lado humanitario de la cuestión, ganaría bastante si ofreciese á sus empleados su- balternos dignos de ello algún subsidio para que pudieran pasar algunas semanas en semejantes estaciones y si creara en lugares á propósito estaciones de re- creo. Doblemente importantes de un punto de vista higiénico, general y especialmente para la conservación de la fuerza nervio- sa, son las estaciones climatéricas para el habitante de las grandes ciudades, de los centros fabriles, que está obligado á pa- sar la mayor parte de su vida entre el polvo, el humo y el ruido, y que sólo posee un patiecito entre un océano de casas don- de sólo una corta cantidad de vegetación puede reposar su vista y donde apenas puede respirar. ¡Cuan otro se siente ese pobre "esclavo blanco de la civilización", en el campo, en la libre naturaleza de Dios, de la que el hombre con sus pretensiones, necesidades, CONSERVACIÓN DE LA SALUD NERVIOSA 129 deberes y preocupaciones tanto se ha dis- tanciado! l':á verdaderamente lamentable que sólo durante algunas semanas nuestro hombre moderno pueda vivir de nuevo humana- mente, que las vacaciones del empleado, con tanta parsimonia limitadas, por una parte, y, por la otra, las consideraciones del bolsillo, ó á causa de los niños que tie- nen que ir á la escuela, le fuercen á volver á la ciudad donde le aguardan toda suerte de cosas nocivas. Un bello rasgo de nuestras damas de ca- ridad sería la creación de colonias para las ferias en las estaciones climatéricas, para los niños pobres y débiles de las ciu- dades, así como sanatorios á orillas del mar para los raquíticos y los escrofulosos. 130 HIGIENE DE LOS NERVIOS Dieta del sueño El sueño es el mejor fortificante para el cerebro. Hay enfermedades nerviosas, por ejemplo, el delirium tremens, en que un sueño suficiente decide de una manera crí- tica sobre la enfermedad. Como para los medicamentos la dosifica- ción del sueño debe ser exacta. Personas hay que duermen demasiado poco y otras que duermen demás. La duración del sue- ño debe adaptarse á la edad del individuo. Con el aumento de la edad disminuye la necesidad del sueño. El recién nacido tiene necesidad de 16 á 20 horas, un niño hasta la edad de tres años cuando menos 12 horas, uno de ocho á diez por lo menos 10 horas, la edad de once á veinte años exige unas 9 horas, al adulto le bastan próximamente, unas 7 ho- ras de sueño. En la edad avanzada pueden bastar 5 horas. CONSERVACIÓN DE LA SALUD NERVIOSA 131 Muchas personas duermen con exceso. Y;i Harwey llamaba á la cama "el nido de una porción de enfermedades". El dormir excesivamente pone pesado el cuerpo tan- to en lo físico como en lo intelectual. Mala es la costumbre de ciertas personas que duermen después de las comidas. Dor- mir durante la digestión es dañino para los jóvenes. Quizás pueda ser reconfor- tante para las personas de edad. Si un niño siente necesidad de dormir durante el día deberá hacerlo antes de las comidas. El sueño sano es profundo y reparador. Cuando de una manera durable pierde es- . tas propiedades es síntoma de estado en- fermizo del sistema nervioso. Quejas de ese género son muy frecuen- tes en nuestra época nerviosamente hiper- excitada. Es opinión popular que el sue- ño de antes de media ^oche es el mejor, pero esto dista mucho de estar demostrado científicamente. La duración del sueño nocturno es lo que nos parece importante, y no su posición en el tiempo. Y, sin embargo, la opinión popular antes 132 HIGIENE DE LOS NERVIOS citada tiene su parte buena. El que se acuesta temprano vive más de acuerdo con las reglas de la salud que el que no se acuesta hasta pasada la media noche. No podemos decir que hayamos visto ú oído hablar de una neurosis completamen- te especial de los panaderos, serenos, en- fermeros, etc., en tanto que pueden dormir lo suficiente. Un dormitorio espacioso, sano, es decir, bien ventilado, es necesario á todos, en vista de que el hombre vicia el aire duran- te la noche y pasa más de la tercera parte de su vida en el dormitorio. El hombre sano jamás deberá tener en su alcoba una temperatura mayor de 13°C. Tomándose ciertas precauciones, se pue- de recomendar mucho el dejar las venta- nas abiertas. CONSERVACIÓN DE LA SALUD NERVIOSA 133 Dieta de las substancias estimulantes Miel sobre hojuelas sería el que el hombre de nuestra civilización moderna quisiera renunciar completamente á las bebidas alcohólicas y demás alimentos excitantes. Sólo el abuso es perjudicial. Esto se refiere principalmente á las be- bidas alcohólicas. La mejor es la cerveza ó el vino. Los licores espirituosos no son perjudiciales, si están químicamente puros ó tomándolos en pequeña cantidad, y lo mejor es que sea al tiempo de comer. No son alimentos nutritivos como no lo es tam- poco la famosa sopa, á pesar de que así se ha pretendido erróneamente. Los licores que á más del alcohol contienen otras subs- tancias eminentemente peligrosas para el sistema nervioso son decididamente noci- vos y tanto más cuanto que, en general, se toman en ayunas. Obra muy especial- 134 HIGIENE DE LOS NERVIOS mente y de modo deletéreo sobre el sis- tema nervioso el licor de ajenjos, ese licor tan comúnmente usado en Francia y Suiza. El consumo de las bebidas espirituosas debe dirigirse según las necesidades del cuerpo. En ciertas ocasiones, cuando hay que hacer esfuerzos intelectuales y corpora- les, se puede admitir un consumo mayor. Muchos hombres con tacha nerviosa no pueden soportar el alcohol, esos harían bien en no usarlo. Ya hemos hecho notar que la debilidad nerviosa puede conducir á la dipsomanía. Es curioso observar, en ciertos casos, lo grande que llega á ser la tolerancia por el alcohol. Es dudoso que el té, el café ó el tabaco puedan producir por sí mismos enferme- dades nerviosas. Lo indudable es que pue- den contribuir á agravarlas. Sea lo que se quiera, debe evitarse el abuso de esos excitantes. \ MANERA DE CORTAR LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS EN LOS PREDISPUESTOS A ELLAS Las precitadas reglas de salud debe se- guirlas todo hombre que, en la lucha por la existencia, quiera guardar su fuerza nerviosa y no dejar que decrezca su capi- tal intelectual. Con más minuciosidad y detalle todavía, deberá observarse la dieta del cuerpo y de la inteligencia en las personas que por herencia están predispuestas á las enfer- medades nerviosas. Muy grande impor- tancia tiene este tratamiento preventivo, porque es regla general que más obra la constitución nerviosa que la misma enfer- medad real confirmada, y siempre hay tiem- po, hasta la pubertad, de oponer á la pre- disposición fatal una barrera preventiva. 136 HIGIENE DE LOS NERVIOS Lo mismo que la predisposición tuber- culosa, la predisposición á las enfermeda- des nerviosas es generalmente heredita- ria, pero se puede impedir su aparición si durante la infancia se procuran al indivi- duo condiciones higiénicas favorables, y, al escoger éste una profesión, se tiene en cuenta la constitución existente. En muy pocas de las demás enferme- dades se puede prever la amenazadora tormenta, y evitarla, tanto como en las afecciones nerviosas. Estas son siempre el resultado de la colaboración de una serie de agentes nocivos, muchos de los cuales, co- mo, por ejemplo, la educación, la manera de vivir, la elección de ocupación, pueden contrarrestarse por la voluntad inteligen- te y razonada. Si actualmente se obra tan poco de acuerdo con la profilaxia respecto á las constituciones nerviosas, el motivo, por una parte, es la ignorancia del público en este asunto, así como igualmente de no po- cos médicos de familia que no conocen el peligro. Además, y de otro punto de vista, ésto MANERA DE CORTAR LAS ENFERMEDADES, ETC. 137 es una consecuencia délas tendencias ruti- narias enlos miembros de la familia que no ven sus propias debilidades y las de sus hijos. Puede evitarse la aparición de verdade- ras enfermedades en los predispuestos nerviosos provocando en ellos una resis- tencia mayor contra las influencias noci- vas que engendran las enfermedades y evitándolas directamente. Esta misión la desempeñan: una higiene corporal apropiada, una buena educación, y la elección atinada de la profesión. Desde la infancia misma es necesario establecer la dieta corporal y mental. En la pieza de los niños es donde se pre- para desde luego la base para el bien ó el mal futuro del hombre. A los hijos de padres nerviosos no se les debe atracar, y la madre no debe ama- mantarlos si está anémica ó padece de los nervios. Procúrese una nodriza conveniente que, cuando menos, deberá seguir criando al niño durante nueve meses. La pieza en que éste habite no debe estar demasiado caliente ni el baño tampoco. 138 HIGIENE DE LOS NERVIOS Durante el peligroso perwdo de la den- tición es necesario ser particularmente se- vero para cumplir con las prespripciones de la higiene, siendo preciso evitar todo cuanto pueda favorecer las congestiones cerebrales y las convulsiones que son la consecuencia de éstas. Hay que dedicarse, sobre todo, á estu- diar el desarrollo del cráneo, y en los ca- sos de raquitismo (fontanelas que siguen abiertas largo tiempo—huesos occipitales que continúan presentando cierta blandu- ra), consúltese al médico para que decida sobre la alimentación y el tratamiento que debe usarse. Los niños de constitución nerviosa deben estar con frecuencia al aire libre ó á ori- llas del mar. Las impresiones fuertes de los senti" dos, el calor solar, el mecerlos en exceso, los viajes demasiado largos, deben evi- tarse. Desde muypequeños, conviene acostum- brar á los niños al uso del agua fría en sus abluciones. Una alimentación substanciosa, evitando MANERA DE CORTAR LAS ENFERMEDADES, ETC. 139 absolutamente el té, el café y las bebidas alcohólicas, es la indicada. La alimentación debe ser mixta. Una alimentación exclusivamente vegetal no conviene á nerviosos ni á enfermos de los nervios. Todos estos cuidados para el desarrollo físico no deben convertirse en exagerados. El cuidado excesivo prepara la base á la afeminación, á la hipocondría y á la his- teria. Muchos niños predispuestos ner- viosamente se duermen con dificultad, y, con frecuencia, cuando concilian el sueño, se despiertan sobresaltados y con miedo. Los narcóticos deben proscribirse comple- tamente para los niños. Un baño tibio antes de acostarlos, y dor- mitorios bien ventilados, bastan general- mente para que el sueño sea tranquilo. Los niños que se despiertan asustados durante la noche, no deben dormir solos ni en una pieza donde no haya luz. Cuando, sobre todo, se debe vigilar muy especialmente á los individuos predispues- tos á enfermedades nerviosas, es al llegar á la pubertad, tan llena de peligros. 110 HIGIENE DE LOS NERVIOS La intervención médica es inmediata- mente necesaria si se presenta cualquiera perturbación corporal, como, por ejemplo, la clorosis, etc. El desarrollo de otros instintos exige una atención especial, porque en la mayor parte de estas personas se presenta con cierta precocidad anormal y con exagera- da fuerza. Raro es que dejen de extraviarse por caminos que prohiben el instinto y la naturaleza, errores que á menudo son funestos. ¿Cómo deberá obrarse en presencia de este peligro? Ante todo habrá de evitarse todo cuanto pudiera despertar la sensualidad. Comer mucho y bien, alimentos muy cargados de especies, no salir nunca de su habitación, vivir en las grandes capitales, lectura de novelas, lecciones de baile, entrada pre- matura en la vida de sociedad, todo esto es nocivo. Una vida regular y tranquila, ejercicios corporales al aire libre, vida de estancia con sus juegos y diversiones, baños frecuentes, lociones frías, todo MANERA DE CORTAR LAS ENFERMEDADES, ETC. 141 esto conservará la salud física y la cas- tidad. A más, se recomienda á los padres y pre ceptores, sobre todo, en las ciudades, que vigilen las amistades y el trato de los jó- venes, así como la moralidad y decencia de los criados de la casa. No se permitirá que el personal domés- tico femenino acaricie á los varoncitos, ni tampoco que, después de llegar á cierta edad, los vistan las criadas. A pesar de todas las precauciones, los padres y preceptores no extrañarán que la influencia del mal tiempo dañe á los se- res que les están confiados, porque los vi- cios secretos son muy frecuentes en los co- legios. ¿Es necesario ilustrar á la juventud res- pecto á ciertas cosas y sus consecuencias nocivas para la salud? Como la juventud de nuestra época, des- graciadamente llega demasiado pronto á conocer determinados secretos no se debe tener miedo de cometer una indiscreción. Verdad es que no siempre es cómodo y hasta resulta penoso el tratar con ellos so- 142 HIGIENE DE.LOS NERVIOS bre estas materias. En el caso de existir sospechas, ó, más aún, seguridad de hábi- tos nocivos sería inexcusable el callarse. Con frecuencia, el desengaño llega dema- siado tarde, y, á menudo, por medio de ciertos libros populares que les asustan y perjudican. Los signos de la existencia de vicios se- cretos son: mirada sin brillo, ser asustadi- zo, tendencias á rehuir la sociedad ó trato, cutis marchito, aspecto debilitado y una serie de síntomas de la debilidad nerviosa. En este caso es cuando se necesita ilustrar con prudencia al joven y reparar el daño con ayuda del médico. Poco se podrá conseguir con la severidad y las medicinas. Lo más importante es el tratamiento moral, aumentar la fuerza de resistencia de la voluntad y de la moral, buenos hábitos, moralización por medio de buenas lecturas, fortificar el cuerpo con la gimnástica, hidroterapia, aire de la cam- paña, frecuente ejercicio físico unido á una alimentación exenta de especies y no irri- tante. Procúrese un dormitorio fresco, el colchón duro y cobijas no muy calientes, MANERA DE CORTAR LAS ENFERMEDADES, ETC. 143 levantándose de la cama en el momento de despertarse. Una educación bien dirigida ofrece los medios más importantes que se pueden oponer á las consecuencias de una predis- posición nerviosa. Desgraciadamente en la educación se cometen aquí muchas fal- tas y seguramente la obcecación de mu- chos enfermos de los nervios no debe sólo atribuirse á predisposición hereditaria en un modo de ser particular sino á las defi- ciencias de la educación recibida. ¡Cuántos defectos de temperamento y caprichos de los padres suelen tener fuerte influencia imitativa sobre los niños! Pocos son los padres que se dan completa cuenta de las responsabilidades de los educadores y de la importancia de la educación. Los defectos más importantes que los padres nerviosos trasmiten á Sus hijos son: ó exceso de severidad ó demasiada indul- gencia afeminación y sentimentalismo. Si los padres son irritables, están fre- cuentemente excitados, son testarudos ó histéricos, entonces es de desear que los hijos se eduquen fuera del lado de la fami- 144 HIGIENE DE LOS NERVIOS lia, para de este modo alejarlos del peligro de una trasmisión imitativa de estos defec- tos ó cuando menos de una educación defi- ciente ó perjudicial. La educación en internados no conviene á tales niños, quienes, en general, nece- sitan una mano delicada y que individua- lice, así como una vigilancia especial du- rante los años del crecimiento. Lo que. más conviene á semejantes ni- ños es la educación en casa de un pedago- go, debiéndose preferir entre éstos al que viva en la campaña. Desde muy temprano es necesario obser- var el desarrollo de los sentimientos y del carácter. Procúrese fortificar los sentimientos de los niños, opóngase cierta seriedad y hasta severidad á los arranques pasionales, nun- ca se deje aparecer la sensiblería, habi- túese á los niños á ser obedientes y edú- queseles de modo que puedan gobernarse á sí mismos, y á una concepción tranquila de todas las circunstancias de la vida. Es necesario apartar severamente de ellos toda excitación demasiado prematura MANERA DE CORTAR LAS ENFERMEDADES, ETC. 145 de la fantasía con leyendas, historias de muertos y aparecidos, etc. El inhábil recurso de los educadores sin instrucción de conseguir que el niño obe- dezca por miedo al hombre negro y otras ficciones, no puede ser más malo. Enséñese á los niños á ser serenos y á no tener miedo de un cuarto obscuro, ni del mundo de los espíritus. Más que para cualesquiera otros, los pa- dres de niños nerviosos tienen mayor obli- gación de vigilar su bienestar moral y cor- poral, y no descuidarán este deber sacrifi- cándolo á sus placeres personales, ó lle- vándolos á teatros y otros lugares de re- creo donde, en el mejor de los casos, por lo menos, les roban el sueño. La mayor parte de los niños nerviosos presentan un desarrollo intelectual casi siempre anormal. Cuando sea prematuro deberá contenerse, y cuando venga con retraso no hay más que esperarlo con pa- ciencia. Es necesario evitar todo esfuerzo del cerebro. Los niños de que hablamos deben enviar- se á la escuela lo más tarde posible, tam- 146 HIGIENE DE LOS NERVIOS poco es bueno recargarlos cpn lecciones privadas, estudio delenguas, música, etc., y les conviene frecuentes recreos al aire libre. No puede pensarse en hacer sabios, ni convienen los estudios de nuestros actuales colegios, á niños que tengan tacha de nerr viosos. Una profesión civil, técnica, pue- de permitírseles. La mayor parte de ellos se salvarían de la caquexia nerviosa si se hicieran estancieros ó agricultores. En cualquier caso que sea, no se debe martirizar á un niño de constitución ner- viosa, con estudios para los cuales no tie- ne aptitud, y que,por consiguiente, no rea- liza sino á costa de esfuerzos y peligros que perjudican á su bienestar moral y físico. La mayor parte de los niños nerviosos tienen dotes incompletas. No es fácil en- contrar verdaderos genios, es decir, con dotes ó disposiciones universales y bri- llantes, entre los débiles del sistema ner- vioso. La elección apropiada de profesión, es decir, que se adapte á las fuerzas y facul- tades individuales, es cosa decisiva para MANERA DE CORTAR LAS ENFERMEDADES, ETC. 147 la salud de un hombre nervioso y viene á ser el coronamiento de la penosa tarea de la educación. Un error al escoger profe- sión equivale á un naufragio. De todos modos, la profesión que emo- cione mucho, que lleve consigo muchas responsabilidades, que obligue á una vida sedentaria y fatigante para el cerebro pue- de tener graves consecuencias para tales individuos. Si en general á los hombres nerviosos se les puede permitir el matrimonio, conven- dría para esto escuchar la opinión del mé- dico—opinión que no se acostumbra mucho consultar—porque el temprano matrimo- nio disminuye el peligro de que aparezcan los padecimientos que les amenazan; en cambio no se debería permitir contraer nupcias á las señoritas de los países del habla española, en tanto no se hubiesen desarrollado completamente, es decir, has- ta los dieciséis años cumplidos. FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS No es el objeto de este libro hacer una descripción popular de las enfermedades nerviosas, en ese caso habría de ponerse en duda su utilidad, porque si el mismo médico estuviese atacado de cualquier pa- decimiento nervioso le faltaría la tranqui- lidad de ánimo necesaria, y estando sano y fuerte, carecería de la preparación sufi- ciente para sacar provecho de semejantes descripciones. En general, cuando se habla de "nervios'' y de "enfermedad nerviosa" se alude al atacado de extenuación ó irritabilidad del sistema nervioso central,y aún más á me- nudo á los dos estados, á la debilidad irri- table de los centros nerviosos. 150 HIGIENE DE LOS NERVIOS La ciencia ve en ésto predisposiciones morbosas y estados que ha clasificado con las denominaciones de nerviosidad, ner- vosismo, hipocondría é histerismo. Estos estados son funcionales y no debi- dos á lesiones anatómicas, orgánicas, fá- ciles de reconocer á primera vista. Seme- jante condición es bastante consoladora, porque así estas enfermedades llegan, si no á curarse completamente, por lo menos á disminuir su intensidad notablemente, al contrario de lo que sucede con las enfer- medades nerviosas orgánicas que sólo en rarísimas ocasiones pueden curarse com- pletamente. Pero estas enfermedades funcionales suelen presentarse acompañadas de los mismos síntomas que las orgánicas, y por esta razón tienen para el paciente la mis- ma importancia que aquéllas, pues la in- tensidad de los síntomas le asusta é inquie- ta desde el primer momento, y más aún á la familia, en mayores proporciones que si fueran enfermedades orgánicas, hacien- do pensar al enfermo en la locura, en la apoplegía, en la tisis, en las enfermedades FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS 151 del corazón, de los ríñones, de la espina dorsal, del estómago, etc. En esto nos refe- rimos especialmente á la histeria, la cual con sus calambres, ataques de parálisis, delirio, etc., puede alarmar mucho. El estado moral, forzosamente, se re- siente, y al aumentar la intensidad de los síntomas se desespera el enfermo, se pier- de la cabeza en la familia, y á veces se llama al cura para que suministre la ex- tremaunción á personas que ya se creía estaban para morir; hasta que el médico llega, consuela, é interviene ayudando. Una vez concedido que donde menos lau- reles consigue la medicina es en el campo de las enfermedades nerviosas, y que hay enfermos que anatematizan una ciencia que no les ha curado (no obstante que con frecuencia tienen la culpa ellos mismos por su débil voluntad, y su falta de energía; cuando no son responsables los parientes ó circunstancias exteriores desfavorables), el arte médico presta siempre un gran servicio á los enfermos y sus familias en el hecho de que casi siempre se encuentra en condiciones para diagnosticar si la 152 HIGIENE DE LOS NERVIOS enfermedad es funcional ó es orgánica, siendo su opinión de inmediato consuelo. En este diagnóstico es donde se encuen- tra el punto de partida de todo tratamiento porque el paciente recobra la esperanza al saber que sólo tiene una enfermedad funcional, que su vida está asegurada -y que puede sanar y recobrar por entero la salud. La neurostenia es la forma bajo la cual se presenta con más frecuencia la enfer- medad nerviosa. Puede considerársela co- mo una enfermedad moderna, fruto de nuestra civilización. No es solamente enfermedad de yankee, como creía Beard, en Europa y también entre nosotros se ha extendido grandemen- te. En los Estados Unidos es donde se en- cuentran los casos más graves, y ésto se explica por lo de prisa que allí se vive, cosa ya proverbial, porque allí el tiempo representa dinero. Precisamente esta es la enfermedad que más ataca á la imaginación y alma, abrien- do ancho campo al diagnóstico y al trata- miento moral del médico. FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS 153 El enfermo, en esta presión continua sobre la cabeza, poco importante por sí misma, en esta dificultad de la ideación, que por lo demás desaparece después de algunas horas de reposo, y no significa otra cosa que una extenuación temporaria del sensorium, en el cansancio corporal, en los dolores de la espalda y en ciertas sen- saciones dolorosas de los huesos, llega á creer que está atacado de un padecimien- to espinal grave; la ansiedad en la región precordial y los latidos del corazón, acom- pañados de oleadas de sangre en la cara, le persuaden que tiene una enfermedad del corazón, con la desoladora perspec- tiva de un muy próximo ataque de apo- plegía. Los fenómenos de la debilidad nerviosa evolucionan lentamente tras estos sínto- mas de cansancio pasajero y de hiperex- citación que son bastante comunes á todos los trabajadores cerebrales de nuestro tiempo. Estos no son otra cosa que síntomas du- rables de una vida nerviosa que ya no puede equilibrar el balance de la produc- 154 HIGIENE DE LOS NERVIOS ción y del consumo de la fuerza ner- viosa. El que durante largo tiempo duerme mal, se siente aniquilado y cansado, no pudien- do adelantar gran cosa en sus ocupaciones habituales, sin placer se entrega á su labor cuotidiana, teniendo que hacer esfuerzos para ello: el que se afecta é irrita extraor- dinariamente por las pequeñas preocupa- •ciones y contrariedades de la vida diaria; el que después de un trabajo intelectual y de emociones psíquicas siente cierta pre- sión en la cabeza, oleadas de calor, palpi- taciones, ansiedades en la región precor- dial, ese está débil de los nervios y necesita reposo y recreo. La debilidad nerviosa es la base de una pléyade de enfermedades nerviosas que de ella surgen, pero tratada á tiempo, y alejan- do sus causas, puede curarse rápida y se- guramente, salvo algunos casos graves y constitucionales. Naturalmente, como enfermedad constitucional ó descuidada por mucho tiempo supone un grave pade- cimiento, aunque jamás completamente sin esperanzas de mejoría. FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS 155 Todo el sistema nervioso sufre con la de- bilidad nerviosa, en algunos casos única- mente ataca ciertas regiones. Entonces puede suponerse que éstas, quizás desde el nacimiento, presentaban ya menos resis- tencia. Pero también en estas formas es- peciales la causa determinante tiene gran importancia. Como causas, las más importantes, des- pués de la predisposición (hereditaria), citaremos: exceso de trabajo intelectual, emociones psíquicas, exfuerzos corporales y, sobre todo, los excesos, así como las perturbaciones generales profundamente alterantes, como son las enfermedades agudas graves, los partos, etc. Cuando el exceso de trabajo intelectual, ligado con tanta frecuencia á las emocio- nes psíquicas en nuestra vida moderna, es la causa de la debilidad nerviosa, ésta ataca especialmente á los nervios de la ca- beza {neuralgias cerebrales). Los enfermos se cansan extraordinariamente pronto, el trabajo intelectual les aniquila, empiezan á tener dolores y presión en la cabeza, vértigos, observándose que su memoria se 156 HIGIENE DE LOS NERVIOS debilita, el funcionamiento de la inteli- gencia es cada vez más rebelde, hasta llegar á la incapacidad de la comprensión intelectual. Si el enfermo esfuerza su trabajo inte- lectual en la cabeza se llega hacer inso- portable y la inhibición intelectual au- menta hasta la confusión de las ideas y dificultad temporaria en la comprensión. El enfermo está en plena depresión moral. Las ¡deas sombrías de la locura que le amenaza, de reblandecimiento del cerebro, no le dejan la menor tranquilidad, aunque todo ésto no es más que extenuación, y desaparece, cuando menos al principio, absteniéndose de trabajar y tratando de recuperar el sueño perdido. Es regla ge- neral que el enfermo no se cuida puesto que menosprecia los síntomas, los avisos prodromicos de su cerebro maltratado, y á veces no puede cuidarse. Entonces las al- teraciones sintomáticas se aumentan con síntomas de irritaciones, insomnio, ó cuan- do menos sueño no reparador, sensibilidad de la vista y del oído hasta el grado de FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS 157 presentarse fenómenos de irritabilidad (moscas volantes, zumbido en los oídos, etc.), debilidad irritativa del aparato de acomo- dación del ojo, lo cual imposibilita la lec- tura y el trabajo que tiene detalles finos, incapacidad de soportar las excitaciones del mundo exterior y hasta el trato social. A todo esto se añade una emocionabi- lidad que llega á hacer penoso este estado en tanto que se acerca el momento de no poder seguir su profesión con la misma serenidad. Otra forma bastante frecuente de la de- bilidad nerviosa ataca á los nervios de la espina dorsal {neurostenia espinal). En las mujeres las causas de ella son generalmen- te las emociones psíquicas, partos laborio- sos y enfermedades, así como ciertos cam- bios patológicos en ciertos órganos, sin hablar de las causas predisponentes de la constitución nerviosa y de la anemia. En- tre los jóvenes, la neurostenia espinal es frecuentemente el efecto de ciertos ex- cesos y, sobre todo, de los vicios se- cretos. Como en la debilidad nerviosa del cere- 158 HIGIENE DE LOS NERVIOS bro, la presión en la cabeza es el síntoma capital, cuando no lo es el dolor en la espina dorsal (irritación espinal), frecuen- temente en extremo fuerte y penoso. Ciertas vértebras responden con un dolor intenso á la menor presión. Si esta presión se fuerza un tanto el enfermo llega hasta á desmayarse. Este dolor aparece y aumenta después de la menor emoción ó de cualquier esfuer- zo corporal. Además de esto hay dolores vagos en la región torácica, costal y lum- bar, en las extremidades: fatiga, abati- miento é inmediato cansancio al andar, hasta el caso de flaquear las piernar y ser imposible dar un paso, pies fríos y trans- piración profusa en las palmas de la mano y en las plantas de los pies. La excitabili- dad nerviosa se aumenta produciendo al enfermo sobresaltos durante el sueño. En la debilidad irritativa que sigue es- pecialmente tras de algunos abusos, hay al mismo tiempo toda suerte de perturba- ciones de sensación en otras esferas, se aumentan las reflejas que á menudo pro- ducen reacciones nocivas sobre un estado FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS 159 enfermizo en general. La conciencia del enfermo se afecta mucho por todas sus contrariedades, y ésto generalmente en sentido de la hipocondría, y la imaginación asustada del enfermo le hace explicarse el dolor dorsal, etc., como una atrofia de la médula, y los dolores del pe- cho como un principio de tuberculosis. Esta forma tan frecuente de la debili- dad nerviosa abre ancho campo á los charlatanes, los cuales asustan á estos enfermos y les explotan. A todos estos enfermos, dignos de lástima, les asegura- mos honradamente que los dolores en la espalda sólo en muy raro caso suelen tener conexión con alguna enfermedad de la mé- dula, y les afirmaremos que meros peca- dos de la juventud no pueden producir enfermedades de la médula, que tales en- fermos no lo están sino funcional mente y tienen toda clase de probabilidades de curación cuando desaparece la causa del mal y el tratamiento es racional. Con frecuencia ocurre á ciertos médicos ignorantes el confundir este estado con el reumatismo ó con una inflamación insidio- 160 HIGIENE DE LOS NERVIOS sa y progresiva de la médula, prescribien- do á sus enfermos, y en grave detrimento de los mismos, baños calientes ó de vapor. Precisamente de este modo es como pue- de provocarse la enfermedad en cues- tión. No es raro que la debilidad nerviosa se localice en la región de los nervios del co- razón. Las emociones fuertes constituyen la causa más común de este padecimiento. Estas pueden provocarlo inmediatamente en los individuos predispuestos á ello. Los síntomas asustan muchísimo á los enfer- mos. Después de la más mínima emoción ó esfuerzo y hasta sin precedente alguno, apodérase de los enfermos, en pleno sueño una ansiedad súbita en la región precor- dial con sensación de vibraciones y palpi- taciones. La ansiedad aumenta hasta experimen- tar la sensación de haberse parado el co- razón y de haber cesado el pulso. La ansiedad se acerca á una especie de agonía, con fuertes sudores, sofocación é imposi- bilidad de pronunciar una palabra. Tal FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS 161 estado puede prolongarse durante algunas horas. El enfermo se inquieta en extremo, cree tener una enfermedad del corazón, ó pre- sume que sobreviene una apoplegía car- díaca. Llámase al cura y al médico porque se cree ha llegado para el enfermo la hora de morir. Poco á poco, todo se tranquiliza. El enfermo tiembla de miedo al pensar que puede presentarse de nuevo semejante estado. Y si ocurre que el médico á quien se ha consultado pone una cara grave, ó si realmente éste no encuentra completa- mente en orden las funciones del corazón, entonces la imaginaria enfermedad del co- razón se vuelve real. Tampoco suele ser raro el encontrar debilidad nerviosa en los nervios del estó- mago {dispepsia nerviosa). La digestión se altera, se retarda y todo el sistema nervioso está dolorido y se re- siente mucho de ello. Los enfermos sufren con las acideces que lea suben del estómago, prodúcensegases y se experimenta una sensación de pesadez en el estómago después de las comidas. 162 HIGIENE DE LOS NERVIOS Pénense soñolientos, están cansados, tie- nen dolores y presión en la cabeza, conges- tiones después de comer, y tan pronta pierden todo apetito como son capaces de comer cuanto les pongan en la mesa. No les agradan los líquidos, el pulso se pre- senta pesado y sus evacuaciones son difí- ciles y poco frecuentes. Su manera de ser y su humor se resiente á consecuencia de las continuas contra- riedades que les causa la perturbación en las funciones digestivas, y, generalmente, por temor á las consecuencias toman de- masiado poco alimento; algunos llegan á comer tan poco que apenas si esa reducida cantidad les permite vegetar. Como á esta forma de debilidad nervio- sa, en los predispuestos á ella, sigue con bastante frecuencia alguna falta qn la dieta y algún catarro' agudo del estómago, y como hay colegas que no saben distin- guir una enfermedad funcional del estó- mago de una enfermedad orgánica, es frecuenteque se tomeelpadecimientocomo si fuera un catarro crónico y se envíe al enfermo á Vichy. FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS 163 Todos los enfermos de este género empeoran allí su estado, en tanto que los realmente atacados de catarro crónico generalmente curan. En este caso he visto á un caballero que padecía de dispepsia nerviosa y volvió de Vichy en un estado lastimoso, después de haber perdido 15 kilogramos de peso. El desgraciado se puso muy débil de nervios, aniquilado, hipocondríaco y afectado mo- ralmente. Todo cuanto se intentó para restablecer la nutrición en él fué comple- tamente inútil y un día puso fin á su exis- tencia mísera. En otras formas de debilidad nerviosa la digestión y la nutrición pueden ser satis- factorias, y como á menudo el aspecto ex- terior de esos enfermos es floreciente, nadie puede creer que están enfermos, y bien enfermos. En la mayor parte délos neurosténicos el sueño no satisface, y como en nuestros tiem- pos hay tantos neurosténicos, por eso se ve tanta demanda de narcóticos, y la ciencia busca y encuentra cada día uno nuevo. El sueño no acude ó lo hace difícilmente 164 HIGIENE DE LOS NERVIOS despiértanse demasiado pronto, y cuando duermen es con un sueño lleno de pesadi- llas y en el cual el cuerpo no descansa. A veces suele presentarse, aunque por poco tiempo, un deseo continuo de dormir, y en este caso el sueño es anormalmente lar- go y prolongado. La mayor parte de los neurosténicos se encuentran en un estado particular des- pués del sueño matinal ó de la siesta. Este sueño empeora el estado de salud del ner- vioso, narcotizando, por decirlo así, su cerebro, como si hubiera tomado una pre- paración opiácea. Un fenómeno que aparece frecuente- mente en los neurosténicos es el miedo á situaciones y cosas que aquel que goza buena salud no tiene en cuenta ó al me- nos no le inquietan. Verdad es que el en- fermo de los nervios tiene conciencia de que su miedo es patológico, pero á pesar de ello éste le domina hasta el punto de no poder vencerlo ni alejarlo. Los motivos que inspiran el miedo sin- tomático en estos enfermos, suelen ser muy variados. FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS 165 Sin contar con el miedo infundado ó sin base, el temor á la locura, á la apoplegía y á todas las enfermedades en general, que puede convertirse en una idea fija, tam- bién se ve aparecer el miedo á los sitios cerrados, en los cuales estos enfermos sólo entran cuando saben que tienen cubierta la retirada. Este temor puede ser moti- vado en el teatro por la idea de que el te- cho puede hundirse ó de la posibilidad de un incendio. Otros enfermos de este género no se atreven á entrar en una diligencia, ó en un vagón, á algunos les ataca el miedo al desencadenarse una tempestad, cuando ven un veneno, armas, fieras, porque in- mediatamente piensan en el peligro que corren de que los mate un rayo, de enve- nenarse, etc. Mientras dura semejante situación, la idea del miedo tortura á estos enfermos y les tiene en perfecta inquietud. Uno de los fenómenos más curiosos, de este punto de vista, presenta la agorafobia: ésta se basa en la conciencia de una debi- lidad de nervios v en el recuerdo de una 166 HIGIENE DE LOS NERVIOS situación penosa en que una vez se ha en- contrado el débil de nervios. Si el enfer- mo tiene que pasar por una calle ó plaza solitaria, la idea de que pudiera ocurrirle cualquier cosa encontrándose sólo le im- pide cruzarla. El sentimiento de su debilidad y sus ima- ginaciones paralizan su fuerza de acción. En efecto, si quiere hacer un esfuerzo, su posición se hace difícil, se apodera de él una ansiedad de muerte con palpitaciones del corazón, palidez, sudores, vértigos, temblores y flaqueamiento en las rodillas. En estados análogos se hallan también los nerviosos cuando son objeto de la atención pública, si hablan delante de muchas per- sonas y en general cuando tienen que pre- sentarse ante el público. En otros enfermos, el saber que han de ruborizarse ó palidecer cuando hablan con otras personas, y la idea que en estos casos tienen de parecer ridículos, juega un prpel de agente productor. También hay nerviosos á quienes inspi- ra pavor la vista de las armas y les tortu- ra la idea de matarse ellos mismos ú á FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS 167 otros; los hay que quisieran blasfemar en la iglesia, echarse bajo las ruedas de un tren que llega, arrojarse de lo alto de una torre ó montaña, etc. No es raro que se despierten semejantes ideas con la lectura de las descripciones de asesinatos y acci- dentes, así, pues, tales lecturas pueden lle- gar á ser peligrosas para los nervios. De todas maneras, semejantes ideas y situa- ciones les inquietan mucho, hasta el punto de imposibilitarles el exponerse de nuevo á sentir sus efectos. En un terror enfermizo de esta especie y en tales ideas fijas tienen su origen una multitud de tics y rarezas que se observan en los nerviosos. Me parece inútil enumerar más los dife- rentes géneros de miedo que se encuentran en los nerviosos, fenómenos que han reci- bido las denominaciones más complejas y más eruditas. Es de notar y muy significativo para la importancia neurosténica de todos esos estados,el como un vaso de vino,una comi- da, por ejemplo, bastan para hacer des- aparecer ese miedo y hacer posible la rea- 168 HIGIENE DE LOS NERVIOS lización de un acto que de otro modo no lo sería, como, por ejemplo, el atravesar una plaza. Una enfermedad nerviosa funcional que evoluciona generalmente en el terreno de una debilidad de nervios y que casi exclur sivamente no ataca más que al hombre, es la hipocondría. Como forma grave y constitucional se la encuentra en los individuos que tienen la tacha hereditaria, frecuentemente hasta desde la edad del desarrollo, acompañán- doles luego durante su vida, y sólo des- apareciendo de tiempo en tiempo, pero reapareciendo de nuevo provocada por enfermedades corporales y causas psíqui- cas (trato con hipocondríacos, epidemias, ciertos libros, preocupaciones, etc.). La hipocondría equivale á una enferme- dad adquirida y periódica,pasajera en per- sonas que por una «ausa cualquiera se han vuelto neurosténicas. En general, la provocan los catarros del estómago, del intestino, del hígado y del corazón, también son muy á menudo la consecuencia de enfermedades poco im- FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS 169 portantes de los órganos génito-urina- rios. Lo esencial en la hipocondría son las alteraciones corporales que cansan á la imaginación, la ocupan sin cesar y la po- nen en peligro de juzgar mal y hasta la exageración. En rigor, el hipocondríaco no sólo está enfermo corporalmente sino psíquicamen- te, y sólo por esto puede comprenderse que juzgue su estado de modo bien contra- rio á la realidad. No es poca suerte para él que sus juicios erróneos sólo se refieran á las alteraciones de su cuerpo y dejen intactas sus relaciones con el mundo ex- terior. Por lo menos, de esta suerte, conserva la apariencia de salud intelec- tual. Una porción de sensaciones en los dife- rentes órganos, ofrece continuamente asun- to á la fantasía y á sus ideas. Su fantasía hiperexcitada por la enfermedad, desarro- lla ante él las más horribles imágenes de las enfermedades, y su sistema nervioso está excitado de tal manera que la imagi- nación sola produce una reacción nerviosa 170 HIGIENE DE LOS NERVIOS suficiente para hacerle sentir en realidad lo que piensa. Los sufrimientos reales é imaginarios le vuelven egoísta, impidiéndole desviar su atención en beneficio propio, sobre cosas anodinas. Descuida su profesión, sus de- beres para con la familia y nada excita su interés sino los fenómenos que observa en su cuerpo devastado. Busca tenias en sus eliminaciones, descu- bre pequeños grupos cancerosos en las vellosidades de su lengua, y tubérculos en las espectoraciones, en los líquidos de ca- da noche cree ver pruebas de que tiene cálculos en la vejiga. Una erupción sin importancia en su piel son para el hipo- condríaco señales sifilíticas, las palpitacio- nes de su corazón le hacen pensar en la amenaza inminente de una parálisis car- diaca, etc., etc. Consulta al médico no bien ha sospe- chado cualquiera enfermedad, toma toda clase de medicamentos, hasta que real- mente se enferma, y entonces maldice de la medicina y se echa en brazos de la ho- meopatía y los curanderos. Pero el colmo FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS 171 de su desgracia consiste en que con sus exageraciones y los absurdos que comete nadie le cree, se le ríen en sus barbas, se convierte en un tipo cómico, al estilo de los que vemos en el teatro, lo que le obliga á exagerar más y más la descripción de sus padecimientos. A pesar de todo esto, semejantes enfer- mos distan mucho de merecer burlas é incredulidad, y tienen probabilidades de curar si se les sujeta á un tratamiento moral, dietético y medicamentoso apro- piado. Una enfermedad que ataca al sexo femenino casi exclusivamente,que es bas- tante frecuente y que influye de muy pro- funda manera en la vida de la familia, pocos la ignoran: es la histeria. Un distinguido médico francés, Briquet, ha sido demasiado poco galante al preten- der afirmar que la mitad de las parisienses padecían de esa enfermedad. Difícil es du- dar si tiene razón. Esto puede servir para juzgar sobre el grande influjo nocivo que las grandes ca- pitales ejercen sobre el sistema nervioso. 172 HIGIENE DE LOS NERVIOS La histeria, ese azote de la humanidad, se encuentra en todaslas capas sociales; pero, naturalmente, mucho más en las superio- res, donde se tropieza mucho más á me- nudo con las causas del mal. Sólo por error se ha considerado á la histeria como enfermedad provocada por padecimientos especiales y que debía tratarse ginecoló- gicamente. Las enfermedades femeninas, solamente en muy raros casos de histeria, constitu- yen sus únicas causas, lo más corriente es que no sean sino causas accidentales, pero, en general, ó no tienen importancia ó no existen siquiera. En todo caso las más importantes cau- sas de la histeria no pertenecen sino á la categoría de los predisponentes, á menudo causas hereditarias ó consecuencias de mala educación. Como causas accidenta- les importantes deben citarse las emo- ciones morales, los disgustos, existencia social no satisfactoria ya sea soltera ó casa- da. La opinión general de que también sea causa de la histeria el no realizarse la misión que la naturaleza ha impuesto á FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS 173 la mujer es una idea preconcebida que no tiene razón de ser. Si las solteras al llegar á la edad madu- ra frecuentemente se ponen histéricas, la causa de ello es más bien moral que físi- ca. Las célibes que como equivalente de la vida conyugal tienen una ocupación seria que absorbe su espíritu y su actividad física, por ejemplo: las hermanas de cari- dad, que se dedican á cuidar enfermos ó á educar á la juventud, es raro que se vuel- van histéricas. Para describir la histeria con sus nume- rosas formas, aunque fuera sólo aproxi- madamente, se necesitaría escribir libros enteros. La histeria es una enfermedad ner- viosa general. La ciencia no la conoce en su esencia, porque este padecimiento no deja en pos de sí ninguna lesión ana- tómica. En todo caso aquí se trata de sutilísimas perturbaciones en todo el sistema ner- vioso. La pobreza de sangre que con tanta frecuencia acompaña á la histeria no es 174 HIGIENE DE LOS NERVIOS su causa, sino un desarreglo en la nu- trición que se une á este estado enfer- mizo. Debe contarse á la histeria entre las enfermedades nerviosas puramente funcio- nales y curables. Constituye un campo no ingrato para el tratamiento médico y también, desgraciadamente, para el char- latanismo y el engaño. Los casos antiguos abandonados y mal cuidados, naturalmente, pueden resistir al tratamiento más racional. Es claro que aquí se trata en general de los casos cons titucionales graves, cuyas causas externas é internas no pueden alejarse por ninguno de los medios conocidos. Es relativamente raro que dé la histeria se pase á perturbación mental duradera. Jamás es mortal directamente á no ser en rarísimos casos de estados de contracción y de calambres. Igualmente es imposible enumerar los síntomas más frecuentes y más impor- tantes de esta enfermedad á causa de su riqueza. En los histéricos el alma y la fantasía FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS 175 siempre sufren rozamientos, y he aquí por qué las emociones psíquicas y las im- presiones fuertes de los sentidos á menudo les afectan fuertemente. De ordinario las causas son mínimas y la reacción es extraordinariamente intensa y, en general, dolorosa. Sin embargo, ésta no dura mucho tiempo; espontáneamen- te se presentan estados de conciencia y disposiciones completamente opuestas. Por eso los histéricos tan pronto fluctúan entre la risa á carcajadas y el llanto desolado, entre simpatías y antipatías, etcétera. Todo esto se muestra bajo el aspecto de humor mudable, humores y deseos ante los cuales se detiene, sin poder obrar, una fuerza de voluntad debilitada. El tono fundamental de las impresiones, sensaciones y disposiciones casi siempre es un tono doloroso. Todos estos pacientes se sienten muy enfermos. Vuélvense egoístas hasta el pun- to de perder todo buen humor para con los demás y hasta la indiferencia completa respecto á sus deberes sociales. 176 HIGIENE DE LOS NERVIOS Con el enfriamiento del interés de cuan- tos le rodean respecto á sus continuas que- jas, comienzan á exagerarlas y concluyen por la simulación. La necesidad de contar á toda costa con la compasión y el interés de las personas que tienen al rededor, les induce hasta á tragar agujas, herirse exprofeso, hacer- se cardenales, etc. La imaginación de estos enfermos es siempre muy impresionable y con fre- cuencia está enfermizamente excitada. No es raro que tengan visiones (animales fan- tásticos, esqueletos, parientes muertos, santos, etc.) De estas alteraciones sensoriales ha na- 'cido el misticismo y la superstición. Gran parte del charlatanismo con los espíritus, el espiritismo, sin olvidar las apariciones de vírgenes, cristos y diablos, se basan en el terreno de la enfermedad nerviosa histérica, así como los milagros del so- nambulismo, magnetismo, mesmerismo é hipnotismo. Tampoco escasean los delirios, éxtasis, generalmente acompañados de calambres, FORMAS DE LAS ENFERMEDADES NERVIOSAS 177 que pueden llegar á tener la* fuerza y la apariencia de ataques epilépticos. Las epidemias mentales histéricas, ge- neralmente bajo la forma de poseídos (del diablo), nada tenían de extraordinario hace pocos siglos en Europa, y desempe- ñaban, como la histeria en general, un gran papel en los procesos contra las he- chiceras y brujas de aquellos tiempos obscuros, que no contaban con las luces de la medicina y las ciencias naturales. Los calambres y las parálisis no son síntomas raros en la histeria. En general son fenómenos serios de esta enferme- dad, y no hablamos de los accesos dia- rios de risa, llanto, ahogos, ni de la bola histérica. Los nervios sensitivos están general- mente afectados en la histeria. Ni una fibra de ellos desde los pies á la cabeza, puede dejar de ser asiento de perturbacio- nes sensitivas. Se trata generalmente de dolores (neu- ralgias), y, no con tanta frecuencia, de parálisis sensitivas (anestesia — falta de sensación). 178 HIGIENE DE LOS NERVIOS Los primeaos pueden tener su asiento en los nervios de la cabeza, de la espina dor- sal y de los intestinos, pudiendo llegar á ser insoportables. A menudo provocan accesos de calambres por la vía de trasmi- sión refleja sobre los nervios de los vasos ó nervios motores. Las parálisis sensitivas se limitan ge- neralmente á una mitad del cuerpo, in- cluyendo los órganos sensoriales. MÁXIMAS GENERALES PARA EL TRATAMIENTO DE LAS ENFERMEDA- DES NERVIOSAS No espere el lector encontrar en este capítulo recetas para la curación de ner- viosos. Esto no es posible, porque sólo el médico y no el medicamento cura al en- fermo, y en el mejor de los casos no es en una indicación ó en una receta, sino en un plan de tratamiento hecho por un médico autorizado, en lo que se pueden fundar es- peranzas de éxito. Todo el mundo sabe que la asistencia médica de los enfermos de los nervios es tarea difícil y á menudo sin resultada favorable. 180 HIGIENE DE LOS NERVIOS La causa estriba muchas veces en el en- fermo mismo, en que su mal es grave, constitucional, frecuentementehereditario, y en que en muchos casos una educación defectuosa y ciertos hábitos de vida que se han contraído paralizan la acción del me- jor médico posible. Tampoco no es raro que esta tarea sea difícil por las circunstancias exteriores que entrañan causas permanentes de la enfermedad y que impiden alejarla. Ppr último, la curación presenta dificul- tades porque el enfermo suele acudir de- masiado tarde al médico que comprende su enfermedad. No todos los médicos han estudiado ni conocen á fondo el ancho campo de las en- fermedades nerviosas, y ciertamente que no en todos los casos aplican ese tratamien- to moral y psíquico cuya importancia es esencial en tales enfermedades; de aquí di- manan los dos géneros de errores que más comúnmente se notan en el tratamiento. Muchos médicos infunden miedo á los enfermos, inútilmente, dejando se les im- ponga una enfermedad funcional, porque MÁXIMAS GENERALES, ETC. 181 sólo se ocupan de las enfermedades orgá- nicas; indican la posibilidad de la existen- cia de lesiones en el corazón, el estómago ó la espina dorsal, etc.; ó confundiendo un padecimiento funcional con un orgánico, someten los enfermos á curas inútiles y que hasta les perjudican (Carlsbad, Rosario de la Frontera, etc.) Ó, más aún, reconocen el desarreglo fun- cional, no lo creen peligroso, le dan poca importancia, y considerando al enfermo como enfermo imaginario, le hacen refle- xiones, ó se le ríen en sus barbas, contra- rrestando así la primera condición del tra- tamiento moral. Esta opinión médica la acepta la familia y, sobre todo, los que rodean al paciente, porque éstos no pueden comprender que esté seriamente enferma una persona de apariencia sana y robusta, que con tanta fa- cilidad aborda á menudo lo que sufre no bien se le presenta una impresión agrada- ble y en quien frecuentemente observan que suele exagerar sus sufrimientos. Las consecuencias visibles sonque cuan- tos rodean al enfermo dejan de interesarse 182 HIGIENE DE LOS NERVIOS por él, no prestan ya oído á sus quejas hasta que se se les invita directamente á reflexionar un poco. La persona que se ve tratada de "enfer- mo imaginario" y que en medio de sus sufrimientos busca consuelo, compasión y ayuda, encontrando sólo indiferencia, bur- la ú observaciones morales, experimenta emociones psíquicas (excitación ó depre- sión) que precisamente deberían evitarse. También se presenta una conciencia más intensa de su estado enfermizo, idea que muy especialmente conviene alejar de su imaginación. El enfermo, en estas condiciones, forzo- samente llega á dar mayor importancia á su padecimiento. Cuando se trata de seme- jantes enfermedades no es cosa rara la exageración, primera consecuencia de un tratamiento moral poco apropiado. A cuantos preguntan si hay enfermeda- des imaginarias, se puede contestar cate- góricamente que no existe tal cosa. Todo hombre quiere y desea estar bue- no, y sino se siente sano, seguramente que no lo está. MÁXIMAS GENERALES, ETC. 183 Segunda consecuencia de la inexactitud del juicio médico ó de una apreciación incompleta del estado enfermizo es la pér- dida de tiempo para llegar á aplicar un tratamiento razonable y radical; y esta falta lleva tras sí consecuencias graves, desde el momento en que se deja pasar un tiempo precioso, cosa que no puede repa- rarse sino en el transcurso de algunos meses cuando antes hubieran podido bastar algunas semanas. Para que el tratamiento de una enfer- medad nerviosa pueda ser coronado con éxito, deben concurrir muchas condiciones y es necesario cumplir rigurosamente con cada una de ellas. No debe olvidarse que aquí se trata especialmente de enfermedades cróni- cas, resultado final de defectos de cons- titución, de educación y de método de vida. Una de las primeras condiciones es el tiempo y la paciencia, tanto de parte del médico como del enfermo, para que se ejecute rigorosa y enérgicamente un trata- miento complicado donde se trata de tomar 184 HIGIENE DE LOS NERVIOS precauciones higiénicas, morales y medi- camentosas. La ejecución inexacta de esas condicio- nes por parte del médico ó del enfermo, paraliza y contraría estas intencio- nes. El médico ocupado constantemente dis- pone de demasiado poco tiempo para con- sagrarse al enfermo, y éste, á causa de su temperamento y enfermedad, se halla de- masiado inconstante, variable, apurado é hipocondríaco para ejecutar hasta el final cualquier plan de tratamiento que se le haya prescrito. Impaciente, corre este enfermo de un médico á otro, creyendo que podrá curar su mal con recetas, sin saber que la farma- cia, que puede hacer mucho contra cier- tos síntomas aislados, no es, sin embargo, más que una parte de la entidad curativa y, á menudo, la parte mínima . del tra- tamiento. De esto proviene la falta de éxito del médico, hasta el más sensato; de esto se vale el charlatán á que acuden estos en- fermos, el que, dotado por la naturaleza MÁXIMAS GENERALES, ETC. 185 de inteligencia psicológica, tiene al menos en consideración el lado moral del trata- miento, y á quien á menudo ayudan su fama, reputación y exterioridad. Disfruta éste, además, de la ventaja de que el enfermo le concede toda su con- fianza, se le entrega completamente, por algún tiempo al menos, y cuenta, por con- siguiente, con una uniformidad en el trata- miento y condiciones dietéticas para con- seguir su objeto. La primera condición para combatir una enfermedad es el conocimiento de sus causas lejanas é inmediatas, así como su alejamiento. En casos fáciles bástaselo élcumplimien to de estas condiciones para conseguir el restablecimiento. Bastante á menudo un viaje, una temporada en el campo, un cambio en las condiciones psíquicas y cli- matéricas, tienen inmediata influencia sobre el enfermo, sencillamente porque éste se contrae al efecto nocivo de los abu- sos en esfuerzos intelectuales, de las emo- ciones psíquicas y de una vida impropia, que han provocado y alimentan el mal. 186 HIGIENE DE LOS NERVIOS Los efectos del cambio en las condiciones de vida son, sobre todo, sorprendentes en aquellos que se han enfermado por exceso de trabajo intelectual. Innumerables son los casos en que un sistema nervioso atacado de este modo y que ha perdido el sueño, se calma en se- guida y de nuevo puede gozar de aquel descanso no bien ha sustituido la vida profesional y déla ciudad porla vida cam- pestre. Es evidente que las consecuencias noci- vas de un exceso de trabajo intelectual que ha durado algunos años no pueden equili- brarse con unas cuantas semanas de vida campesina y es de esperar una recaída si el enfermo vuelve inmediatamente á sus ocupaciones anteriores. En casos de astenia cerebral, graves y antiguas, únicamente se puede conseguir la curación si el enfermo se resigna á aban- donar para siempre la profesión que le enfermó para volver á la ocupación primi- tiva del hombre. ¡Que siembre su trigo, que vaya á cazar, que se dedique á la pesca! Difícil es tomar MÁXIMAS GENERALES, ETC. 187 semejante resolución, pero es el único ca- mino posible para que el hombre vuelva á estar sano y contento. El campo de tra- bajo de semejante hombre se halla comple- tamente esquilmado, como el terreno que se cultiva sin descanso. Todo labrador racional sabe que se puede mejorar la tie- rra agotada de esa manera dejándola en barbecho para sembrarla más tarde como mejor convenga. La vida intelectual de muchas clases profesionales de nuestra joven generación no es más que un cultivo empobrecedor en el terreno intelectual. A través de generaciones se hipercultiva la fuerza intelectual hasta que el terreno de la producción no pueda más. Para noarruinarsus tierras,el agricultor puede precaver el peligro con un cambio racional en sus siembras. ¡Cuan distinta sería, en el campo intelectual, la suerte de los biznietos de ilustres antepasados, si, por un cambio de economía, el hijo y el nieto del hombre de profesión liberal vol- vieran á la ocupación predestinada y de origen del trabajo humano: á la agricultura! 188 HIGIENE DÉLOS NERVIOS Aquel que se ve obligado á ella por la enfermedad de su espíritu obedece simple- mente á la ley de la naturaleza, á la cual no se puede faltarimpuuemente por mucho tiempo. En el tratamiento directo de las enfer- medades, se necesita ocuparse especial- mente del tratamiento moral del enfermo, porque el mal físico afecta igualmente al espíritu y el paciente necesita por este consuelo, compasión, rectificación en sus juicios y distracción. El punto de partida para el tratamiento moral, que en muchos casos es el momento en que principia la mejoría de la enferme- dad, sostenida por las emociones provoca- das, es el diagnóstico médico de un mal que solamente es funcional, por consi- guiente, curable, y en que la vida no peli- gra. Si el médico logra, por la confianza que inspire al enfermo, convencerlo de es- to, la calma y la esperanza renacerán in- mediatamente en su corazón. Se debe convencer á los que rodean al paciente de que una enfermedad funcional no es enfermedad imaginaria, que se MÁXIMAS GENERALES, ETC. 1S9 debe tener paciencia é interesarse por el enfermo. El tramiento psíquico, exige mucho del médico; éste no sólo debe estar en condi- ciones de dar un buen diagnóstico sino que debe ser un buen psicólogo y filántro- po. La familia del enfermo se encuentra literalmente absorbida y con frecuencia lleva una existencia de mártir, porque la enfermedad agria el carácter y transfor- ma al paciente en un egoísta irritable que á nada guarda consideraciones. Sólo raras veces deja de producirse esta triste situación de los que están alrededor del enfermo, cuando estos poseen do- tes de carácter extraordinariamente su- perior y han recibido una excelente edu- cación. Alta opinión merecen y son dignos del mayor respeto estos verdaderos héroes, que conservan su fuerza de voluntad y soportan virilmente su desgracia, otro tan- to merecen los esposos y demás miembros de una familiacuvo amor sin límites y cuya paciencia no se cansan durante años ante genialidades y desavenencias que, segu- 190 HIGIENE DE LOS NERVIOS ramente, les ponen en peligro de volverse -á su vez nerviosos. El tratamiento moral tiene, ante todo, por misión sostener en el enfermo el ánimo y la confianza en lo futuro, y producir en él, por medio de desviaciones bienhechoras, otras impresiones favorables. Esta clase de desviaciones (distracción, compañía, juegos sencillos, viajes cor- tos, etc.), deben adaptarse naturalmente á las fuerzas del enfermo y no basta sólo con disponer que el enfermo se distraiga. Es un verdadero veneno para los enfer- mos que, á no ser en presencia de su mé- dico, traten con otros pacientes del mismo género y hablen de su enfermedad (todo el mundo conoce la acción contagiosa que ejerce el hipondríaco sobre las personas que le rodean) ó que busquen en las obras de médicos populares más explicaciones sobre su padecimiento. Todo esto viene á causar un efecto contraproducente, y el espíritu y la imagi- nación se inquietan extremadamente. La influencia de las impresiones mora- les sobre la conciencia y la salud del hom- MÁXIMAS GENERALES, ETC. 191 bre es poderosa. ¡Cuántas enfermedades nerviosas se han producido por emociones psíquicas, especialmente sustos, y, por otra parte, cuántas han desaparecido á menudo por conmociones morales! Nadie ignora lo frecuente que es el casa de desaparecer los dolores de muelas al llegar á casa del dentista. Esta des- aparición se explica por la excitación psíquica producida por la operación que se va á sufrir. De una manera parecida cesan los ca- lambres del corazón y de la respiración, los ataques de ahogo y otros accesos nerviosos tan pronto como el médico llamado se acerca á la cabecera del enfermo. El que teme una apoplegía, etc., se queda tranquilamente en el teatro, si tiene un asiento cerca de la salida, y en condiciones para respirar inmediatamente el aire libre. Los hay que temen hasta lo imposible pasar por sitios y calles desiertas, per- diendo fácilmente esta prevención cuando les acompaña alguien, aunque no sea más 192 HIGIENE DE LOS NERVIOS que un niño, ó cuando pasa un carruaje cerca de ellos. Análogo efecto producen los charlatanes, las medicinas milagrosas y de prestidigita- ción, la célebre agua eléctrica del con- de Mattei, y la famosa mano santa, in- dudablemente uno de los humbugs más graciosos de nuestros días, sin que merez- can olvidarse los glóbulos de azúcar de los homeópatas y —last not least—los charla- tanes y profesores, según Kneipp-Kuhne. No se debe maldecir de estos medios en tanto que se emplean sin que intervenga un mezquino espíritu de lucro; tampoco debe olvidarse que éstos oleran única- mente porque el enfermo tiene fe en ellos; su acción es moral y no física ni quí- mica. ¿No hay muchos enfermos que sufren de insomnios á losquebastapara que se duer- man que el narcótico se halle sobre la mesita de noche? Conocido es el cuento del hipocondríaco á quien un médico experimentado curó completamente de su enfermedad con unas pildoras especialmente fuertes. Cuando el MÁXIMAS GENERALES, ETC. 193 curado ponderaba el efecto de aquella me- dicina el médico hubo de cometer la falta de decirle que las pildoras sólo contenían migas de pan. Aquel individuo, profunda- mente alterada su fe, tuvo una recaída y quedó incurable. No tenemos razones para burlarnos de estos hechos ni de las personas á quienes han ocurrido. Con ésto sólo queremos in- dicar el valor del tratamiento moral y de la acción tranquilizadora que proviene de la fe en los médicos y en los medicamentos, aunque éstos últimos sean pildoras de mi- gas de pan, agua de Lourdes, influjo de las manos santas, agua eléctrica de Mattei y la electro-homeopatía. Al lado del tratamiento moral juega un gran papel el tratamiento dietético para la curación de las enfermedades ner- viosas. La excitación y transformación de la nutrición en general, de la rotación de la materia por medio de una alimenta- ción apropiada, movimiento, aire puro y bueno, son las condiciones importantes en donde todo un sistema nervioso profunda- 9 194 HIGIENE DE LOS NERVIOS mente alterado en sus funciones y mal alimentado, es objeto de un tratamiento. •El valor de estos factores se ve claramente en el éxito, al menos temporario, que has- "ta á veces presenta una dieta demasiado rigorosa y no fisiológica (alimentación ve- getalista, cura de pan de Schrott, alimen- tación en ciertas casas de salud, etc.) La alimentación de los nerviosos debe, en general, ser muy rica en albúmina y grasas, abundante, y sin especias. Una alimentación repetida y en peque- ñas cantidades (unascinco comidasdiarias) les conviene más que la acostumbrada en las personas sanas, que sólo satisfacen su estómago tres veces al día. Es de recomendar á los que sufren per- turbaciones nerviosas del estómago que no pequen, como es general, por escasez de alimentos líquidos. La alimentación substanciosa, rica en azúcar y fuerte, no conviene á esta clase de enfermos. Los asténicos de la cabeza y los hipo- •condríacos cometen con mucha frecuencia el error de comer demasiada albúmina y MÁXIMAS GENERALES, ETC. lf)j poco hidrato de carbono y en general dan poco pesoá sus órganos digestivos. La eva- cuación intestinal sufre á consecuencia de esto y la presión en la cabeza se acentúa. Muchas legumbres y frutas son de gran utilidad en estos crasos, lo mismo que el pan de Graham. El té y el café, claros, no son de des- deñar. También es de importancia la distribu- ción del trabajo diario. Dormir demasiado es dañino para los nerviosos; ocho ó nueve horas bastan. Las comidas deben repetirse conveniente- mente de tres en tres horas, y la úl- tima deberá hacerse dos líoras antes de acostarse. La holgazanería es perjudicial. El tra- bajo y el descanso deben arreglarse con- venientemente, así como evitar todo es- fuerzo físico é intelectual. La permanencia al aire libre es siempre saludable. El movimiento corporal tiene gran valor dietético para todos estos enfermos, salvo los de la espina dorsal. Hay casos graves de debilidad nerviosa, 196 HIGIENE DE LOS NERVIOS y especialmente de astenia espinal, en que cada movimiento corporal, por el momen- to, supone un esfuerzo; para estos casos el reposo en la cama es ante todo el único tratamiento racional. El movimiento pasivo, por medio del masaje, puede también tener gran valor, reunido á una hiperalimentación forzada si la nutrición general se encuentra fuer- temente reducida. (Cura de Mitschell, de Playfair). En cuanto á bebidas alcohólicas es bas- tante difícil hacerprescripciones dietéticas generales. Las bebidas alcohólicas sólo, intervienen como medicamento y esto úni- camente en las horas de la comida. Las bebidas carbónicas, y hasta la mis- ma agua de soda, cerveza de Pilsen, etc., las soportan mal la mayoría de los enfer- mos nerviosos que sufren de la presión en la cabeza. En los estados de estenuación neurosté- nica, histéricos, ciertos casos de agorafo- bia y otros miedos, las bebidas alcohó- licas tienen gran valor como calmantes y fortificantes. MÁXIMAS GENERALES, ETC. 197 Pero aquí amenaza el peligro de llegar al abuso de ellas y la posibilidad de que el enfermo se vuelva bebedor co- mo otros enfermos se vuelven morfinó- manos, si no los vigila suficientemente el médico. El tabaco, generalmente, no conviene á los nerviosos. Los asténicos cardíacos, estomacales y cerebrales deberán privarse de él. En el caso en que pudiera permitirse el uso del tabaco, sólo deberán autorizarse las clases claras y ligeras. El tomar rapé — que de todos modos es un hábito feísimo — pa- rece inofensivo. El uso del tabaco deberá siempre vigi- larse por el médico, porque como esa costumbre puede ser momentáneamente agradable, los hiperexcitados nerviosos incurren fácilmente en el abuso como su- cede con los demás excitantes. Difícil es de fijar, en general, el gra- do de moderación en la vida sexual; siem- pre será lo mejor escuchar los consejos •del médico. De cierto valor dietético son los baños 198 HIGIENE DE LOS NERVIOS tibios, que excitan la rotación de la ma- teria, calman los nervios y facilitan el sueño. La temperatura de los baños para los nerviosos varía de 28° á 30° C, teniendo siempre en cuenta la consti- tución, la masa sanguínea .y los hábitos del enfermo Los baños cuya temperatura excede de 33" C. jamás deben tomarlos quienes se encuentren verdaderamente enfermos de los nervios. Tan elevada temperatura ca- si aumenta la nerviosidad, y los que lle- gan á ser calientes (de 35°á38" C.) pueden provocar la debilidad nerviosa en las per- sonas predispuestas á ello. Para la dieta del espíritu hay que evitar ante todo las emociones—difícil tarea en enfermos que generalmente son muy sensibles por sí mismos, . y que, por otra parte, difícilmente se pueden sustraer á las influencias sociales y de la vida de familia. Cuando se conoce el peligro de las emociones, y se sabe hasta que punto pueden destruir lo que á costa de me- ses enteros el arte y la solicitud médica MÁXIMAS GENERALES, ETC. 199 hayan podido conseguir trabajosamente, es preciso, cuando menos, en cuanto sea posible, procurar evitarlas. No es esto cosa fácil, porque muchas personas que por defecto de temperamento, ó también de educación, casi creen tener necesidad de emociones y si no las tienen, ellos mis- mos se las procuran. Ordinariamente están en continua zozo- bra pensando en el bienestar de sus fami- lias; estos enfermos parecen personas na- cidas para verlo todo de color sombrío, se amargan la vida y la felicidad, torturando á cuantos les rodean y á sí mismos. Algu- nos casos más graves de este género de nerviosidad solamente mejoran si el enfer- mo se separa durante cierto tiempo del lado de la familia y si se consigue llevarles á un trabajo apropiado y derivativo, tarea psicológica y penosa que casi equivale á una segunda educación {a fteredu catión) y que difícilmente puede llevarse a cabo fuera de un establecimiento especial. Semejantes naturalezas tienen razón de envidiar al turco con su fatalismo. No hay que buscar sentimientos filosófi 200 HIGIENE DE LOS NERVIOS eos ni verdaderamente religiosos entre ellos—sería envano. De grande importancia para un sistema nervioso enfermo es también el sueño en cantidad suficiente. Por desgracia, la falta de sueño es la queja continua de estos enfermos; muchos de ellos ven con terror la llegada del obscurecer, predecesora de largas noches sin sueño. Es siempre un consuelo para el médico y los deudos del enfermo, la experiencia de que los nervios exageran y duermen más tiempo y mejor de lo que suelen confesar. Pero es indudable que estos enfermos padecen de insuficiencia de sueño, éste no es reparador, y á causa de ello tienen necesidad de que se les preste ayuda. El que esté enfermo de los nervios y quiera dormir bien debe, sobre todo, no acostarse hasta que la digestión haya con- cluido. La comida de la tarde le conviene sea ligera, no hacer esfuerzos corporales ni mentales después de ella, mucho menos buscar emociones, tomar parte en juegos MÁXIMAS GENERALES, ETC. 201 de azar, discutir, ni recibir cartas ó con- testarlas. El tiempo que media entre la comida de la tarde y el momento de acostarse, lo de- berá consagrar á la preparación del sueño. Una conversación indiferente, juegos de paciencia ó cosa semejante que no esfuer- cen la imaginación ni el espíritu, una lec- tura que no emocione y mejor aún oir leer, son las ocupaciones más á propósito. El té, el café, el vino, el tabaco, ahu- yentan el" sueño. La cerveza lo facilita algunas veces. Las habitaciones y, so- bre todo, el dormitorio deben estar ven- tilados bien. Aquel que pretende estar enfermo de los nervios y se pasa las noches en cafés, restaurants, teatros, conciertos, salas de juego, etc., dejaque allí obren sobre él el humo y el aire viciado de tales lugares, fumando él también, excitándose con la política y la lectura de periódicos, á nadie debe sino á sí mismo el no poder dormir, el no conciliar el sueño sino después de muchas horas para tener que levantarse en seguida sin haber reposado. 202 HIGIENE DE LOS NEHVIOS En ciertos enfermos, los baños tibios ó las aplicaciones ventrales ó en las panto- rrillas délas "bandas de Priesnitz" bastan para atraer el sueño. En-tercer lugar hay que hablar délos medicamentos directos que la ciencia posee contra las enfermedades nerviosas y que pueden entrar en el cuadro de este peque- ño libro. Entre estos medicamentos los hay físicos y medicamentosos. Los primeros, con motivo, gozan de gran reputación. Merecen aquí citarse especialmente el aire, la hidroterapia y la electroterapia. Tienen los dos primeros la ventaja de transportar al mismo tiempo al enfermo á otra atmósfera intelectual, alejándole así de ciertas influencias nocivas de la vida de familia y de su profesión. Únicamente es de lamentar que, en general, se piensa que un tratamiento con los veinte baños de mar que es costumbre, de humus ó mi- nerales, ó un tratamiento hidroterápico de cuatro semanas, bastan para sanar como en otras enfermedades. MÁXIMAS GENERALES, ETC. 203 En la corta duración del tratamiento es- triba la causa de que muchos enfermos de los nervios sólo se encuentran mejorados en los establecimientos hidroterápicos ó en las estaciones climatéricas: se mejoran, pero no se curan. El público debe prescindir de esta pue- ril manera de ver. Para tratar con éxito enfermedades ner- viosas graves, se necesitan cuando menos algunos meses. El que no pueda hacer ese sacrificio en tiempo ó en dinero, mejor es que los ahorre ambos. Las curas de aire en las montañas ó á orillas del mar son medicamentos natura- les muy activos. No es fácil indicar quien deba ir á las montañas ni quien á orillas del mar, y á pesar de todos los razonamientos científi- cos y de la experiencia, siempre es cues- tión de un primer ensayo. Los habitantes de los valles se en- cuentran mejor en las estaciones clima- téricas de las montañas; á las personas que viven á más de 400 metros sobre el 204 HIGIENE DE LOS NERVIOS nivel del mar les conviene más las pla- yas. Muchos individuos se encuentran bien bajo ambos tratamientos climatéricos. El profano debe tener muy en cuenta que no solamente los baños de mar, sino también el aire de la playa ó de la costa, por sí mismo, en nuestro país, sobre todo, en Mar del Plata, constituye un poderoso agente terapéutico. En la elección de sitio en las montañas debe tenerse en cuenta la altura sobre el nivel del mar. Cierto es que no tiene un valor completo por sí mismo; pero en ge- neral, puede decirse que lugares que no pasen de 400 metros de altitud no ejercen acción importante, y los que pasan de 1000 la tienen excesiva y sólo pueden allí pasar temporadas los enfermos nerviosos que no estén demasiado anémicos, de cons- titución fuerte, exentos de presión en la cabeza y de perturbaciones cardíacas ner- viosas. De enorme importancia en el trata- miento de las enfermedades nerviosas es la hidroterapia, porque ésta permite, por MÁXIMAS GENERALES, ETC. 205 su influencia sobre la rotación de la mate- ria, toda suerte de efectos calmantes y que varían la tonalidad del organismo enfer- mo. La hidroterapia se aplica de prefe- rencia en establecimientos médicos espe- ciales y es frecuente que consiga éxitos maravillosos. Pero que el agua no es la única que obra, no hay que demostrarlo, después de cuan- to se ha dicho en este opúsculo. El tratamiento moral y dietético recla- man igualmente sus derechos. Hay establecimientos hidroterápicos cu- yos médicos están á la altura de la neuro- patología moderna y que son buenos psicó- logos, pero en algunos de ellos se emplea á menudo procedimientos hídricos que retiran demasiado calórico y que remue- ven mecánicamente y en exceso el organis- mo, pecando á más contra una de las má- ximas principales del tratamiento de los nervios, al tratar en montón y como á máquina en lugar de individualizar, y al confiarlo todo al agua, prescinden de la electricidad, del masaje y de todo el arse- nal medicamentoso. 206 HIGIENE DE LOS NERVIOS Aliado de la hidroterapia, el masaje y el tratamiento eléctrico gozan de merecida nombradía. Sus efectos son demasiado com- plicados y no pueden explicarse fácilmente en este lugar. En términos generales puede decirse que ayudan á la rotación de la materia y á la nutrición, facilitando el sueño y for- tificando los nervios. Su empleo exclusivo y sistemático está tan fuera de lugar como el de la hidrote- rapia, debiéndose confiar id aplicación á personas hábiles y experimentadas, como cuando se trata del bisturí ó de medica- mentos que pueden envenenar. Mal haría quien supusiera que cualquier criado que tenga alguna fuerza puede ser un buen masajista, y que el poseer una máquina eléctrica puede hacer de un cu- randero un médico electrópata. El masaje ha llegado á ser en nuestros dias un tratamiento fashionable, que corre gran riesgo de caer en descrédito, porque como el agua y la electricidad lo emplean los fanáticos del arte en todas las enferme- dades posibles. MÁXIMAS GENERALES, ETC.. 207 La aplicación de la electricidad encuen- tra más bien aversión en el público, ba- sada probablemente en el recuerdo de las sacudidas demasiado fuertes que sufrie- ron en el gabinete de física del instituto superior de señoritas ó del colegio cuando había que tocar los electróforos (hilos conductores). La aplicación de la electricidad en las enfermedades nerviosas generales puede ser sólo una electrización de todo el cuer- po, universal. Bajo esta forma, la llamada franklinización ó faradización general (masaje eléctrico ) es de gran valor te- rapéutico y cada vez se apreciará más generalmente. Empleada bajo esta forma no causa do- lor alguno, y no debe temer á este agente terapéutico ni aún el más sensible de los enfermos. Es cierto que la fuerza de la corriente debe adaptarse á la sensibilidad individual del enfermo, lo que da á comprender que el tratamiento no debe estar sino en ma- nos de médicos experimentados, y jamás confiado á cualquier mozo de baños. 208 HIGIENE DE LOS NERVIOS Una serie de determinado número de sesiones puede fijarse tan difícilmente co- mo en el tratamiento hidroterápico y en los baños de mar. A más de estos poderosos agentes físicos debemos hablar de los agentes medicamen- tosos de la farmacia. En el tratamiento de las enfermedades crónicas se evita con placer el uso dema- siado prolongado de medicamentos, porque tienen efectos concomitantes y quizás pueden á la larga agravar por su abuso á una persona que ya está enferma. Es innegable que los agentes físicos, la dieta y el tratamiento moral, tienen un valor incomparablemente superior en la terapéutica de las enfermedades nervio- sas, pero equivaldría á echar la cuerda tras el balde si se quisiera suprimir com- pletamente todo medicamento. Muchos de ellos que obran como tónicos, como calmantes, son de gran valor, por- que influyen en la nutrición perturbada y acortan directamente la duración de la enfermedad. Del punto de vista de la ac- ción calmante tampoco se pueden supri- MÁXIMAS GENERALES, ETC. 209 mir teniendo en cuenta que ciertos enfer- mos de los nervios (hipocondríacos, his- téricos, personas pertenecientes alas clases inferiores) no pueden prescindir de la preocupación de que á las enfermedades hay que combatirlas con medicamentos, y que se consideran mal asistidos ó des- cuidados si no se les administran medica- mentos. Inútil es decir que en este caso habrán de preferirse medicinas indiferen- tes, en cuanto sea posible, ó las que acon- seje la indicación sintomática, para llenar el fin moral del tratamiento. Con frecuencia tiene el público gran miedo al empleo de ciertos medicamen- tos (opio, morfina, hidrato de doral) y no está muy lejos de tener razón en el senti- do de que el empleo abusivo de esas dro- gas puede llegar á ser en extremo nocivo. Sin embargo, el público olvida que esas substancias son al mismo tiempo medica- mentos de gran importancia en manos de un médico experimentado, y que frecuen- temente la oposición á tomar sus recetas profesionales llega á ser casi pueril. Solamente cuando el enfermo está entre- 210 HIGIENE DE LOS "NERVIOS gado á sí mismo, hay peligro en el uso de esos medicamentos, porque la necesidad enfermiza conduce fácilmente al abuso. La legislación y el consejo de higiene nunca harán nada demás al castigar seve- ramente á los farmacéuticos y drogueros que, lo mismo que ciertas especialidades extranjeras secretas, venden, sin autoriza- ción médica local,semejantes medicamen- tos heroicos. Sobre todo, hay que ponerse en guardia, á más del abuso, de la morfina, contra el consumo del hidrato del cloral durante semanas y meses, en caso de insomnio. Con tales abusos se llega seguramente á adquirir una enfermedad grave por causa de los medicamentos, y hasta el envene- namiento crónico. No sabemos que habrán hecho de malo los inocentes bromidia y bromuro de po- tasio para que el público no los estime y hasta les dé la fama de provocar el aton- tamiento. Ese peligro sólo existe con dosis excepcionalmente elevadas, y hasta la tor- peza cerebral producida desaparece bas tante pronto si se deja de emplear elmedi- MÁXIMAS GENERALES, ETC. 211 camento. Verdad es que este último ataca un tanto á los órganos de la digestión, pe- ro solamente cuando se toma dema- siado concentrado. Una dilución apro- piada aleja esos efectos concomitantes cáusticos. Si se tiene en cuenta que todas estas condiciones para el tratamiento de las en- fermedades nerviosas generales, están basadas en la experiencia práctica, de aquí se deduce la suposición de que sólo muy rara vez se han de encontrar reuni- das todas sus exigencias, porunacolabora- ción feliz délas circunstancias y que,por consiguiente, el tratamiento de las enferme- dades nerviosas graves y generales en rigor es una tarea ingrata y en el mejor de los casos un remiendo. Esto es entristecedor en alto grado. ¿V, realmente, esas enfermedades puramente funcionales, podrían dar lugar á un pro- nóstico más grave de lo que teóricamente resulta? ¿El arte médico tiene derecho á dejar abandonados á sí mismos y á sus enferme- dades á una porción de hombres, con 212 HIGIENE DE LOS NERVIOS frecuencia precisamente los mejores y de mayor mérito, achacosos y quebrantados en su ánimo para sostener la vida y en su fuerza nerviosa? La experiencia debe responder que á todo especialista ocurren casos, en que, sin resultado útil, consultan toda suerte de autoridades posibles, que durante años residen en climas á propósito, en las mon- tañas, en baños de mar, que han seguido rigorosamente toda clase de curas posible, y, por último, cercanos ya de la desespe- ración, curarse, á pesar de todo, en cir- cunstancias de vida que permitían un tratamiento conscuente, continuo y dieté- tico. Cierto es que este último faltaba hasta ese momento en esos viajes sin plan, pero al completarse este aparato curativo con tan importantes factores, los agentes físi- cos y otros llegaron á producir su efecto curativo. Basándose en tales experiencias es me- nester insistir sobre la necesidad de crear establecimientos curativos donde todos esos agentes terapéuticos pueden encon- trarse reunidos. MÁXIMAS GENERALES, ETC. 213 A la convicción de que existía esta ne- cesidad se debe la fundación de los Sana- torios para los enfermos de los nervios, tales como los hay en los Estados Unidos y en casi todas las naciones de Europa. Esos es- tablecimientos llenan un vacío que se siente dolorosamente en nuestra vida mo- derna, la que para los enfermos ordinarios ha creado hospitales, para los enfermos mentnles, manicomios, pero que ha hecho bien poco en pro de lo que necesitan esos pobres enfermos de los nervios, cuyo nú- mero ya forma legión. Esos enfermos constituyen una gran parte del público de los establecimientos hidroterápicos, que pueden ser de cierta utilidad en los casos ordinarios y más fá- ciles, pero que en los más graves en que el punto culminante del tratamiento se en- cuentra en la vigilancia médica y en una aplicación combinada de todo el aparato curativo, jamás podrán bastar, en tanto que no se decidan á hacerlos funcionar todo el año, á reformar las máximas die- téticas, y á instituir de la manera más amplia el tratamiento psíquico. 214 HIGIENE DE LOS NERVIOS A los sanatorios páralos enfermos de los nervios debería incumbir el tratamiento délos casos graves de neurostenia, de hi- pocondría, de histeria, etc., de los enfer- mos, en una palabra, que por su inconsis- tencia, su inseguridad, su debilidad de voluntad y su desamparo, tienen necesidad de una solicitud médica siempre alerta, y de una vigilancia dietética, moral y medi- camentosa. Las dificultades que semejante mi- sión podría suscitar á los médicos serían fáciles de obviar reduciendo en tales establecimientos el número de enfermos á unos cuarenta ó cincuenta próxima- mente. Una situación á propósito, que satisfaga á todas las exigencias de la higiene, de preferencia en las montañas, las sierras, en las cercanías de grandes bosques, lejos del ruido del mundo y, sin embargo, de fácil acceso para los que tengan que buscarlo, provisto de todos los medios curativos y coadyuvantes del arte médico, dirección de conjunto por médicos experimentados, á la altura de las investigaciones científi- MÁXIMAS GENERALES, ETC. 215 cas modernas; un asilo confortable, tran- quilo para el hombre que en el combate por la existencia se quedó extenuado, con su fuerza nerviosa quebrantada, y en don- de no se economizara sacrificio alguno para evitarle que sintiera demasiado la distancia y la separación de su familia y de su hogar. Así, poco más ó menos, se pueden especificar las condiciones que se deben exigir á un sanatorium de esta clase. Que se organicen por todas partes esta- blecimientos de este género, inspirados en sentimientos de verdadera humanidad y de verdadera ciencia, para contribuir á la curación de esns profundas llagas que la existencia en la civilización moderna añade sin cesar, anulando la dicha y el valor para soportarla vida de tan gran número de nuestros conciudadanos. FIN ÍNDICE ALFABÉTICO A Abuso del alcohol, con- secuencias, 46, 78 Abusos del cloral, 83 — de la morfina, 83, 210 Abusos del tabaco, 84 Agorafobia, 165 Aire, su condición vi- tal, 42 Aire viciado, 43, 107 — á orillas del mar, 203 Alianzas, buenas, 112 Alta Gracia, 124 Alimentación de ner- viosos, 138, 194 Ajedrez, 127 Ascochinga, 124 B Baile de San Vito, 93 Baños, 139 — eléctricos, 207 Base material del pen- samiento, 40 Bebidas alcohólicas, 46 78 Bromidia, 210 Bromuros, 210 C Café, 83, 195 Calambres del corazón, 191 Calambre de los histé- ricos, 177 Caldo, 133 Cansancio intelectual, 85 Causas de enfermeda- des nerviosas, 49 Causa de la histeria, 173 Capilla del Monte, 124 Cloral, 83 Colegios, 62,70 Consagración del Do- mingo, 122 Conservación de la sa- lud nerviosa, 109 218 HIGIENE DE LOS NERVIOS Constitución nerviosa, 30, 50 Convulsiones, 59 Correa, 55 Cosquín,124 Curas climatéricas, 185 Curas demasiado cor- tas, 183 Curas eléctricas, 206 — de mar, 194 D Debilidad sus causas, 53, 153 Debilidad nerviosa, (neurostenia),106,152 Deliriums tremens, 130 Debilidad de los nervios del estómago, 161 Desarrollo precoz, sus causas, 145 Dieta del trabajo, 115 — en el cuarto de los niños, 137 Dieta en la alimenta- ción, 139 Dieta del recreo, 119 — de las substancias estimulantes, 133 Dieta del sueño, 130 Dipsomanía, medios de combatirla, 81, 111 División en el trabajo diario, 201, 120 Dolor en el espinazo, (irritación espinal), 157 Duración de las curas de nerviosos, 186 E Edad de evolución, 91 • Educación, su acción preventiva, 60, 67 Educación descuidada, 71 Electro- homeopatía, 193 Electricidad, 207 Emancipación de la mujer, 88 Emociones psíquicas, 5 i, 92 Enfermedades, de co- mo los predispuestos - pueden evitarlas, 135 Enfermedades de es- cuela, 143 Enfermedades de ;las mujeres, 171 Enfermedades imagi-" nariás, 170, 182 Enfermedades de la es- pina dorsal, 157 Epidemia del espíritu, 177 Esfuerzo corporal, 99 Escuelas públicas, 61 Establecimie'ntos sani- tarios, 213 t Establecimientos de hi- droterapia, 213 Exageración de los ner- viosos, 176 Exceso del trabajo in- telectual, 90 Exceso de trabajo cor- poral, 99 Excesos sexuales, (véa- se el suplemento) ÍNDICE ALFABÉTICO 219 F Falta de éxito en el tratamiento, 18'* Formas de las enferme- dades nerviosas, 150 H Herencia de defectos nerviosos, 53 Hidrato de cloral, 93, 210 Hidroterapia, 204 Hipocondría, 168 Histeria, 171, 175 Homeopatía, 192 Hospital especial para nerviosos, 212 I Ilusión de los sentidos, 170, 176 Influencias de la mala higiene, 105 Insomnio, 156, 164 Instrucción musical,90 Institutrices, sus enfer- medades nerviosas, 89 K Keneipp-Kuhne, 192 L Lecciones de música, 68, 90 Lucha por la vida, 28 M Manos Santas, 92 Mar del Piata, 124, 204 Masaje, 196 Materialismo, 63 Matrimonios modernos 102 — de nerviosos, 114 — entre consanguí- neos, 52 Medicamentos bromu- rados, 210 Miedo de peligros, 26, 164 Música moderna, 99 N Necochea, 124 Neurostenia, 152, 164 Neuralgias, 155 R Raquitis, 106 Reblandecimiento del cerebro, 37 Reposo y trabajo, 47 Rosario de la Frontera, 181 S Sanatorios, 129, 214 Siglo nervioso, 17 Síntomas de una cons- titución nerviosa, 50 HIGIFNK DE LOS NERVIOS Sopa, 133 Substancias estimulan- tes, 77 Sueño, 47 T Trabajo intelectual, 118 122 Tratamiento de los ner- viosos, 179 — moral, 143, 188 — dietético, 198 — falso, 184 — condición necesa- ria, 214 Tacha nerviosa, 168 Talentos parciales de niños nerviosos, 86 Tandil, 125 Té, 84 Tics, 167 Tigre, 125 U Uso del tabaco en los nerviosos, 194 V Vacaciones, 123 Vida en las montañas, 190 Vida de campaña, 96 — en las capitales como causa de enfer- medades nerviosas, 29 Veladas, 101 Vegetalistas, 44 é Edición Popular 1 i' fy : P Higiene i i =ii¡ ..tí" T NERVIOS CONSEJOS PRÁCTICOS POR EL L^^^^ Dr. HUGO MARCUS TERCERA EDICIÓN CORREGIDA Y AUMENTAOA „, ~^"*'h> h* ' •• , BUENOS AIRES Juan Sciu'írer-Stolle, editor MAR 1J !9Qüis99 TALLERES DE JUAN SCHÜRER-STOLLE 248- BOLÍVAR -260 r>; • ¿»x ' ■■;.■;■:■ ■J- lN/¡* :. v ■:*■ :.*¿ PvM, .;;rf^r #.-S* « .'■v--;¿v* ■ NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NLM G05bGfl3i4 3 NLM005608343