\NV\A Ge MtyM0M00W0 (*) D. J. M. O. arrojaba la orina perfectamente dul- ce, y la que analizada con escrupulosidad por el hábil pro- fesor de Farmacia ciudadano Hilario Vázquez, daba mas de una onza de azúcar por cada libra de líquido. REFLEXIONES MEDICAS acerca del origen, desarrollo y terminación de la enfermedad conocida con el tyornJbrt de diabe- tes, y que invade á ylgunos habitantes d#l J$s- fcfdd de. Michoacgn. J)£S££IPCIQN P^fc OUBETK8 MICHQAC5ANQ. PARALELO ENTRE ESTE y EL $yg S,E «BSERVA EN EIJRQFA, CAPITULO J. JLJas definiciones que de esta enfermedad hají da- do tos autores son tan diversas como el juicio que ca- da uno se ha formado de su naturaleza ó carácter, y tan solo convienen unánimes en que la supersecre- cion 6 abundancia de orina es el síntoma mas nota- ble, dividiendo algunos el Diabetes en insípido u saca- rino, según que aquel líquido e§tá dulce ó carece de sabor. Estas modificaciones que tan solo nve servirán para apreciar, en unión de otros signos, la mayor ó menor gravedad del mal, no constituye á mi juicio sq naturaleza. El Diabetes (cuya definición tomaré de Gregóry (i) por ser la mas compendiada) „es una enfermedad1 (1) Compendio de terapéutica, pag. 305. - 2 2 „que consiste en el flujo desmedido de orinar.rrSig' ,,nos precursores. Ganas fuertes de orinar; alternati- vas de calor y de frío en la región hipogástrica, ,,pesadez en esta misma región, poca sed.:=PRiMER „periodo. Debilidad, abatimiento sin fiebre, ningua ,,dolor en los ríñones ni en la vegiga, orina clara, ,,sin olor, casi sin sabor, y sin sedimento.asegundo ,,periodo. Enflaquecimiento, calor mordicante en lo „interior, apetito mayor, necesidad de orinar mas fre- cuente, cutis árido, debilidad general, sed muy agrande, fiebre lenta, digestiones penosas, eructos ace- ,,dos, orinas ó blancas ó turbias, insípidas, y con un „seditniento pardusco. Cuando se disminuye la orina „se hincha el vientre.=TERCER período. Pulso pe- „queño irregular é intermitente; marasmo." Pero el Diabetes que se observa en Michoacan presenta caracteres diversos, como se verá por la des- cripción siguiente. Esta terrible enfermedad se anuncia por un co- pioso flujo de orina casi clara, acuosa, con olor y sa- bor poco sensibles. En este estado, que llamaré pri- mer periodo, continúan los enfermos arrojando dicho líquido en cantidad siempre escedente á las bebidas que toman, por quince, veinte, treinta y aun cuaren- ta dias, en cuyos términos la sed empieza á hacerse tanto mas imperiosa cuanto es mayor la cantidad de orina que se espele: á proporción que aquella aumen- ta decrece el apetito, reusando los enfermos aun los alimentos mas precisos: sin embargo no hay enmagre- 3 cimiento ni indicio alguno de consunción (marasmo). Acia el fin de este período empieza á desarrollarse cierta calenturilla que simula una remitente con lige- ras exacerbaciones nocturnas. Los pacientes aunque abatidos se lisongean y prometen el alivio, en virtud de que no perciben sabor dulce en sus orinas, que gustan con continuación, ni ven aumentar, sino mas bien disminuir la cantidad de aquel líquido: no obs- tante la sed es cada dia mas ingente, y menor el ape- tito: la piel en todo este periodo permanece árida, y las fuerzas musculares empiezan á decaer. El enfermo fluctúa entre el temor y la esperanza. Pero muy breve se desengaña y conoce todo el peso de la desgracia que le espera al observar que sus orinas van adquiriendo el sabor dulce que cada ves se hace mas perceptible: la sed crece á términos que la lengua, encías, velo palatino, y cámara poste- rior de la boca se resecan y se ponen de un color ro- jo obscuro: la lengua ademas se cubre de una escara negrusca, y sus movimientos se entorpecen tanto por la resequedad, que los enfermos apenas pueden decla- rar las palabras. En este periodo, que llamaré segun- do; es mayor la postración ó inmovilidad, y los pacien- tes, sea por el conocimiento del término fatal que les espera, sea por la naturaleza del mal, caen en aba- timiento sumo, en profunda tristeza. La orina aunque disminuye un tanto en su cantidad, se satura cada vez mas de un principio azucarado (sacarino), adquiere mayor consistencia y un color mas encendido. Si se evapora á fuego lento ella deja porción considerable * 4 de una miel obscura y pegajosa. A proporción auiften- tan la calentura, la sed y la postración muscular: la piel permanece árida y los ojos se ponen lánguido» ó marchitos. Por la noche caen los enfermos- en un mediano estupor, ó coma vigil que alterna con Itge** ros subdelirios: el pulso es frecuente? desenvuelto 6 igual: la resequedad de las fauces y lengua es muehfc Esta adquiere un color amoratado que tira á negréy se pone fuliginosa (como si estuviera cubierta de olhn). Los enfermos algunas veces Se quejan de ardor en el estómago* pero ni en la región renal ni en la hipogástrica se noU dolencia, ardor, ni aumenta» fcer- mométrico de calor. Én este estado se advierte una retracción ó encogimiento del miembro virilP eu tér- minos que casi desaparece reduciéndose á un tu&er* culillo muy pequeño. Al aproximarse la muerte la prina presenta en 6u superficie unas poreiones de gra- sa ó gotas de aceite animal que sobrenadan en ella* En tales circunstancias la postración ó inmovilidad és espantosa, el enfermo cae en un coma perfeoto, la res- piración es corta, frecuente é interrumpida po* s*4k>- zos é hipo (singultos): el pulso e» freeuetote y depri- mido con algu-nos saltos en los- tendones* la ansiedad epigástrica (del estómago) considerable, el semblante toma un cofor amoratado, y la piel se cubre de un su- dor viscoso, fétido urinoso, á cuyo» síntomas se sigue una muerte pronta aunque agitada. Después de esta el .cadáver adquiere un color ictérico (amarillo) y 1» putrefacción se apodera de él con suma rapidez». la historia del» e*&n»eda4 que con 5 Hez" f veracidad acabo d*é presentar se ¿divierte des- de fuego «fué él Diabetes, tal cufrf apetece en IVÍichoa- Mnj difiere ttitíf mucho del q'né Grégory describe, y ftel qué asimismo nos" frirftán Begin, Boisséaü, Jo-urdan, Rwhartf y détftít»1 éh fó definición que adaptaron (I). Asi tfltribíeh opino respecto al diagnóstico- (corrOei- kftente) y sirtfoíttaMogfa qué dan Stttfvrfges, Cullen y ótttaameMe Mfcrtíhef (3). Aqueltos, estos y todos convienen én $ü€ uno de los síntomas mas remarca- ble» én tal enfermedad es la íiantbre canina ó exage- rado" djh'étito áck ios aRntentos. Esté desde la prime- ra invasión falta ribsoMaímente en eí Diabetes que eñ Michoacan se padece, y aún átfefe ser eí precursor ék\ mal. Aquellos, estos y todos éórivienen én que la* este micción es itiheréhte ó inseparable de tal enferme- dad. En nuestro estado los enférnMft mueren casi tan goleaos y nutridas coma cuándo comenzaron. Allá sé observa» una calentura fréctica aitálogaí á h que acom- paña k la tisis y demtf* enfermedade» consuntivas, euttnéo «wpri no hMy generalmente sino ana gásíró ataxica (llamada autfigirií} éaracterrzadk por la sed, artíor éñ k) interior def estómago, rubicundez, y ert segtMfr á«»éfa,t*miento de fa íérrgua, ta'uces'y encías: prtstraéloljf musebfer, flofor gravativo én él encéfalo (cerebro), ¡MMelirto, coima, sarto de fós tendorre» y estupor apoplético. Aquellos jamás han hecho men- eieti de k» red«ecio*i del pw& ^ftiéñrb^o virÁ), y <(\) Dictitrilmfm^ dfw féataes de IVfedecine, Ctiimrgie &c pág. 215 att. ÍHtáHft. (i) Compendio de Clínica Sfétfrcaj tom. 2. mira. 70#- 6 aqui este síntoma, al parecer insignificante, es uno de los que anuncian la proximidad de la muerte. Allá se ha fijado la atención casi esclusivamente en la cantidad de parte alible (alimentable) sacarina, y nunca en la grasa ó aceite que sobrenada en la su- perficie de la orina; pero aqui esto último alarma con razón al médico mucho mas que lo primero, pues al notar una porción aunque sea pequeña de tal acei- te, puede pronosticarse con seguridad la proximi- dad de la muerte. Aqui finalmente, aunque en el se- gundo periodo disminuye la cantidad de la orina, no se nota por eso hinchazón en el vientre ni en el es- croto, como sucede en la Europa. Y aunque el pro- fesor Pinel y otros aseguran que han curado á a.U gunos diabéticos en todos los periodos del mal, en Michoacan ninguno ha sanado á pesar de haberse aplicado los mismos métodos con que allá se resta- blecieron lqs pacientes, y dirigídose la curación por profesores sabios y consumados en la práctica (1). Pero aun la marcha que sigue la enfermedad en Mi- choacan establece otra nueva diferencia , pues allá es un mal crónico (de larga duración), y aqui lle- va un curso mucho mas rápido y agudo, principal- mente en el segundo periodo que en lo general con- duce á los pacientes al sepulcro en pocos días. De lo espuesto se deduce la gran diferencia que (1) Tales fueron, el Sr, D. Agustin Suarez Pereda, D. Ignacio Fernandez de Córdova, D. Francisco Córdova, el Dr. D. Juan F. Maconzet y otros. 7 hay entre el Diabetes europeo y el Michoacano: di- ferencia que se apreciará fácilmente por la que se nota entre unos y otros síntomas, no menos que por las causas que lo producen, y por los efectos de la medicación. CAPITULO II. predisposición: causas remotas. Nada interesa mas al médico que el conoci- miento del clima en que ejerce su honrosa profesión. De aqui su buen concepto, su fortuna, y mas que todo la ventajosa posición en que el mismo lo colo- ca para emplearse en aliviar los males que aquejan á sus conciudadanos. Pero aquel conocimiento jamás se adquiere ex abrupto, y para conseguirlo ademas de las nociones científicas preliminares debe exami- nar asidua y cuidadosamente la situación topográfi- ca, y el influjo que ejercen en la economía la tem- peratura, variaciones atmosféricas y demás causas co- munes y locales. Le importa asimismo estudiar las costumbres, los hábitos y aun los vicios peculiares á los individuos con quienes vive en sociedad. ¿Y podrán adquirir fno ya en su plenitud, pero ni aun superficialmente^ estas nociones tantos empíricos char- latanes, tantos curanderos que á fuer de su teme- ridad hollan con sus inmundas plantas el santuario de la Medicina? Desengañémonos: esta ciencia no con- siste en recetar, ni todos los que curan son médi- cos, decia el padre de la Medicina....Permítaseme esta digresión.... 0 Los sugefes ^qíarfí)§ 4e UB fe^P^aMente linfá- tico f flegmápco^ p, linfático sanguíneo, han sjdft e»? si únicamente la¿ yíctjnias 0>1 D^aq^es en el Esta^ (Jo de ^icjioapaq f U. jCasi M)d0íi ,0? flu^ ,Q B^** cieron tuvieron un temperamento verdaderamente ca- quéctico f laxoj. Todos, á escepcion de D. J. M. I. pasaron del meridiano p'e )a vi#a, éste estaba en la consistencia, y en lo general no invade antes de es- tas edades. El abuso de la Venus que los autores pre- tenden que sea una cqusa {¿"{¡puente, aguj habrá si- do alguna vez una concausa que unjda á¡ oír^s y $ ja complexión individual fQiatbssisJ baya cooperar c|q 4 4e^rmínaf Ja enfermedad; pepo gil» ha fal'tw (Jo en casi todos Iqs individuos anotados, de quie- nes jpor su estado, y conducta, religiosa ni aun der. bjq sospecharse,. .» iVqnqqe ej diabetes se h^ manifestad» eu algu- nas poblaciones del Estado, pero en ninguna con k frecueneia que en, Morelia su. capital- Su e$U ciu- dad soj, igualmente frecuentes Í9g en|e.rmjedades litr b.icas f de la. piedra eu la orinaj, catarros de la ve- jiga y lernas afecciones. in$amajfee,Ñas, de JéS órgano* urinarios. •"«;•■', (\) El señor Calvillp, D. Pascua] Goizueta, I) Lorenza Vázquez, el Bi;. D, Pedro Alfaro, el canónigo D,. Amus- tia Ledos, D. Diego Nicolás Correa, Doña Antonia Al va de Carrillo, el Lie II. Francisco Menócal y últimamente D. Jo- sé Maria Ibarrola y ofr©^ ynVio9. todjos fueron flegjnAticos ó flegmático-sanguineos. 9 Se ha creido*. no solo por el vulgo, sino aun por los mismos médicos, que la agua filtrada por las piedras de que en Mordía se hace uso, por estar aquella muy turbia en ciertas épocas del año, á cau- sa del barro ^arcilla^ que recoge en el origen de su nacimiento, era la que ocasionaba, tanto el Dia- betes, como los cálculos urinarios; pero la esperien- cjt- ha desvanecido este error, pues muchos, y aca- so los mas, que han padecido una ú otra afección usaron generalmente la agua sin filtrar. IJsta, á es- cepcion del barro de que algunas veces se satura, no contiene otra sustancia heterogénea ó estraña á su composición; según consta de los esperimentos he- chos por el varón de Humboldt, confirmados después por el naturalista michoacano D. Juan José Martí- nez de Lejarza. Pero aun hay mas: varios sugetos fascinados con este juicio erróneo ocurrieron á las aguas de Santa Cruz y Quincéo, de las que usaron esclusivamente; mas no por eso se vieron libres, unos del vicio lithico, otros del diabético. Empero lo que desvanece toda duda es, el que esta enfermedad ft\ Diabetes^ no data en la capital del Estiado sino des- de los piunOipiüS del siglo actual en tiue apareció por primera vea, sur embargo* que sus habitantes des- de tiempo inmemorial han hecho uso diaria é indis- tinto asi de estas como de aquellas aguas. Impónga- se pues todo temor: tal vulgaridad ha sido una su- posición gratuita, destituida de pruebas que ha des- mentido la razón, la análisis y la esperiencia. Acase io ha$? tampoco' un ejemplo de Biabé- 3 10 tes producido en Michoacan por el abuso de los li- cores espirituosos: á estos los he visto ocasionar di- versas flegmasías f inflamaciones^, pero nunca aque- lla enfermedad. Esta es causa muy frecuente del Dia- betes en Europa según dicen los autores. Al contrario: todos los sugetos víctimas de tal enfermedad en nuestro Estado no abusaron sino de las emulsiones forehatas^ limonadas, naranjates, ta- marindos f tamarindus indica, oxyphaena/, aguas ni- tradas, frutas subácidas f agridulces y demás antiflo- gísticos ó atemperantes: en Michoacan y principal- mente en Morelia, es casi seguro que el individuo dotado de un temperamento linfático, obeso fgrue- so^ predispuesto á la hidropesía, si usa con frecuen- cia aquellas bebidas y frutas f principalmente la pi- na y la naranja chinad muere diabético. ¿Y por qué sucede esto con mas frecuencia en Morelia que en los demás lugares del Estado? Yo no hallo á qué atri- buirlo sino á que en la capital se hace un abuso no- table, y mucho mayor sin duda de aquellas sustan- cias, que en las otras poblaciones, principalmente en la estación del calor. En Apatzingan, Huetamo y otros lugares calientes se retraen del uso de los refrescos por temor á las intermitentes firioaj y otras calen- turas endémicas; y aun cuando los toman, es mez- clándoles cierta cantidad de aguardiente; y aun mas frecuentemente toman solo este, y algunas veces re- bajado con agua. Se ha visto que un acceso de ira 6 una fuer- 11 te pesadumbre han determinado el Diabetes á algu- nos sugetos predispuestos á él; pero ninguna pasión ejerce un influjo tan directo y poderoso como el te- mor. Cuando por el abuso de aquellas bebidas ven los pacientes que sus orinas abundan, al momento se sobrecogen y anonadan con el miedo que les infun- de este accidente, y se entregan á una tristeza mortal. Los autores no hacen mención de este síntoma, cuya importancia examinaré después. CAPITULO III. causas próximas: diagnostico. * I. Tan difícil será fijar las primeras, como clasifi- car la naturaleza del mal: he aqui el punto tan deli- cado como dificultoso: este es el escollo en que se han estrellado los autores y facultativos tanto estran- geros como del pais; aquellos y estos han fluctua- do en el inmenso occeano de las opiniones. Interesa poco, á mi juicio, el distinguir y fijar dos, tres, ó mas periodos al Diabetes; sin embargo si se quiere ó parece necesario no distinguiré tres en dicha enfermedad como pretende Sauvages, sino solamente dos que se hallan bien marcados en la nar- ración histórica que hice al principio. Tampoco ca- racterizo la enfermedad ni aprecio sus grados y pe- ligro por la abundancia de las orinas como Gregory, Brown, Cullen, Ballano y otros, ni hago la distinción 12 del Diabetes en insípido y sacarino, noto y vero; pues ó son graduaciones de una misma afección, é d primero constituye otro accidente muy diverso del Diabetes que describen los autores y del que se ob- serva en el Estado. En la primera hipótesi, la ori- na se nota sin olor, color ni sabor salino ó sacarino sensibles, y sin que haya un solo síntoma de irrita- ción en el aparato renal. Tal es la orina que arro- jan nuestros diabéticos en el primer periodo de su mal. En la segunda hipótesi, el flujo es precisamen- te el resultado de una irritación aguda ó crónica de los ríñones, provocada por la presencia de los cál- culos, por el abuso de los diuréticos estimulantes (\) por el de la Venus, por los licores fermentados, ó por tumores formados dentro de la vejiga f2J. En aquel caso la orina es clara, inodora, y casi desti- tuida de sales: en éste conserva sus cualidades y aun C\) El canónigo D. Francisco de Borja Santa María, pa- deció largo tiempo un flujo de orina tan copioso, que en vein- te y cuatro horas llegó á arrojar diez y ocho libras. Tal ea- ceso era producto de una irritación causada por la presen- cia de cálculos urinarios, y del abuso que para conseguir di- solverlos hacia contra mi opinión del ácido nitrico en dosis. enormes y de otros diuréticos estimulantes. Esta abun- dancia tan estraordinaria de orina es semejante á la que re- fiere Storck que produjo una vez el Cólquico, y que no cree el sceptico Bosquillon. Ignoro si en este caso estaría la ori- na tan saturada de sales como la que arrojaba el señor San. ta Maria. (V El Br. D. Isidoro Gómez, á quien inspeccionó mi com- profesor D. Francisco Córdova, padeció un flujo copioso cró- nico de onna causado por los cálculos vesicales, y por un i 3 á veces sUele estaf mas abundante dé uría, ácido rosksico ó alguno de otros elementos. Aquella decli- na muy pronto y disminuye proporeionalmerrte, to- ma un color mas encendido, y se sobrecarga de un principio sacarino: está persevera con sus mismas cua- lidad-es dias, meses, y aUn años; ó mas bien, mien- tras existe en los ríñones ó en la vejiga el estímu- lo que la produjo. No debe pues hacerse la distin- ción del Diabetes en insípido y meloso, ni el que en Michoacan aparece es el mismo que describen los autores. Para afirmar mi juicio examinaré el que for- man aquellos de la enfermedad que describen. Pare- ce que Wilis fue el primero que notó el sabor dul- ce en las orinas de los diabéticos: ni Hipócrates ni Sidenhaam hacen mención de esta modificación en el líquido: aquel, estos y otros opinan que esta eva- cuación es una de las colicuativas, que dependien- do de una disolución general conduce á los enfer- mos á la consunción ó marasmo. Este mismo concep- to se forma el profesor Cabanis cuando asienta: ,,Hay ,,una grande analogía entre el principio azucarado ,,y la materia alible, particularmente reparatrifl. Es- „to se ve con evidencia en algunas enfermedades' ,,consuntivas en las que este principio se escapa tumor cancroso dé estraordinario volumen que se lé encon- tró éentro de la vejiga. La orina de este individuo asi co- mo la del canónigo Santa Maria estaba con todos los carac- teres de tal, y aun sobresaturada de los principios que la constituyen. 14 „en su forma natural. En el verdadero Diabetes „( sacarino) las orinas abundantes, espesas, pre- sentan alguna vez la consistencia, frecuentemen- te el color, y siempre el sabor de la miel." (i) Convengo desde luego en que el azúcar que sale disuelto en la orina de nuestros diabéticos tiene grande analogía con la materia alible, como asienta este autor; pero no convendré en que este síntoma sea lo de una disolución general, sino tan solo par- cial, pues ni en la sangre que se estrae se nota al- teración sensible, ni nuestros enfermos mueren ni len- ta ni rápidamente consumidos, ni la cantidad asi de parte sacarina como de aceite que sobrenada en la orina algunas horas antes de la muerte es tanta que pudiera reducir á los enfermos al estado marasmo- dico. Los autores citados convienen unánimes en que el Diabetes (europeo) es afección crónica, análoga á las demás consuntivas, pues que ella conduce lenta- mente á la estenuaciou. El Diabetes (el nuestro) es enfermedad muy aguda, pues desde la aparición del dulce en la orina á la muerte del individuo solo in- termedian ocho ó diez dias cuando mas, y ademas la fiebre que lo acompaña desde el fin del primer periodo es una gastro-entero-encefalitis, gastro-ata- xica ó tifoidea. En virtud pues de lo espuesto ar- güiré de esta manera. Evacuación colicuativa es aque- lla que por ser resultado de la disolución general in- duce lentamente á la consunción ó marasmo: pero la evacuación de la orina en nuestros enfermos diábé- (1) Rapports du Physique, et da moral de V homme: Tom 2. 15 ticos no induce ni lenta ni rápidamente á la con- sunción ó marasmo: luego no es colicuativa. Q. E. D. Tampoco es originada, como Broussais y otros pretenden, por una irritación del tejido de los ríño- nes, á quienes suponen como un centro de fluxión á donde acude la sangre con mas abundancia que en el estado fisiológico (sano) : y aunque yo convengo en que en el Diabetes hay una modificación ó cam- bio en las propiedades vitales de aquellos órganos, pero no creo que este sea debido á la acción de un estímulo que ocasione su aumento: he aqui los fun- damentos de mi opinión. La irritación no es otra co- sa que ,,el estado de un tejido orgánico ó de un órgano en el que hay un esceso de movimiento vi- tal intestino, manifestado ordinariamente por la exal- tación de la circulación y de la sensibilidad" (l); ó sea como quiere Broussais ,,la sobreescitacion mor- bífica de la vitalidad." „La irritación supone siem- p?°e una acción de los modificadores estimulantes su- perior á la que conviene al mantenimiento de la sa- lud (2):" luego siendo menor la acción de estos mis- mos modificadores que la que se necesita para el man- tenimiento de la salud, es claro que falta la irrita- ción, y el órgano debe estar en un estado de abir- ritacion: pero aquello es lo que sucede puntualmen- te con los agentes que determinan en Michoacan el Diabetes: luego este será resultado de la abirritacion (atonía, debilidad). ¿Cuáles son pues estos agentes ó (1) Dictionnaire des termes de Médecine &c. (2) Broussais: Principios de Medicina fisiológica prop. 77» 16 modificadores? Los que amortiguan ó enervan la exal-- tacion de las propiedades vitales, las frutas subáci- das, las bebidas temperantes antiflojísticas con que se predisponen á contraer el Diabetes los sugetos do- tados de un temperamento laxo linfático: agentes que cuando se hace uso de ellos en cualquier periodo del mal precipitan su marcha acia el término fatal, agen- tes cuya propiedad temperante decide una secreción mas abundante de orinas, combatiendo las irritacio- nes ó espasmos que suspenden esta función (1)." ¿Pero el aflujo de orina no supone la preexis- tencia de una irritación en ios órganos encargados de secretar dicho líquido? Digo que no siempre; por- que aunque es cierto que donde hay aflujo, ubi sti- mulus ibi afjluxus, no lo es siempre, si se invier- te el proloquio. El mismo señor Broussais conviene; en que hay congestiones morbíficas (en estas hay aflu- jo) verdaderamente pasivas, producto de la diminu- ción parcial de la vitalidad, y que á su modo pue- den desorganizar (2) y disminuir también la nutri- ción del órgano donde se verifica. Por otra parte, en la irritación é inflamación del aparato renal hay síntomas que faltan absolutamente > en el Diabetes de Michoacan. Tales son en aquel ca- so d aumento de calor, la supersecrecion de orina clara aunque animalizada, dolor punzante ó grava- (\y Barbier: Elementos de materia médica, clase 5. sec- ción 3. „De la medicación temperan te. '■' (%) Broussais: obra citaba, proposición 82. 17 tívo correspondiente á un riñon ó i los dos juntos, nauseas, algún ardor al orinar, la prolongación y en- tumecimiento del miembro viril (Priapismo) &c, Pues bien: ni en el primero, ni en el segundo periodo de nuestro Diabetes se notan síntomas semejantes: el calor no está aumentado localmente, la orina aunque abundante está destituida casi de los principios que la constituyen: tampoco hay dolor en la región re- nal, faltan las nauseas, el ardor; y tan no se advier- te priapismo, que la reducción ó pequenez del miem- bro viril anuncia la ausencia de la sangre en los cuer- pos cavernosos, que acudiría muy bien á ellos por la irritación simpática, si la primitiva fuera la que se supone. Pero la medicación causada por los agentes far- macológicos [Medicamentosos] en uno y en otro ca- so nos hará percibir mejor que nada tienen de co- mún nuestro Diabetes y la irritación renal. Los áci- dos vegetales [1], los nitrados, demulcentes y demás atemperantes producen en aquella afección [en el Dia- betes] efectos perniciosísimos; admirables, prontos, y seguros en esta fen la irritación^. Concluyo pues „que la causa inmediata del Diabetes que en Michoa- can se presenta no es la irritación primitiva de los ríñones." Tampoco es la simpática: porque ademas de que (\) Entre ellos debe numerarse el Xoconochtl. fCactus opunctia acida, Pitafaya acida,), de que en Morelia se ha- ce gran uso. 18 ella no ofrece por esta circunstancia síntomas dife* rentes ni muda de naturaleza, hay y he visto yo multitud de ejemplares en que les tumores y úlce- ras de la vegiga (1), cálculos depositados en ella, Blenorragias (purgaciones) Espermatocéles (inflama- ción de los testículos), y otras afecciones que pro- dujeron irritación simpática en los ríñones con aflu- jo de orinas y demás síutomas peculiares, jamás oca- sionaron el Diabetes. Pero se objetará: que en el segundo periodo se desarrolla una calentura que por supuesto indica la existencia de una flegmasía: flegmasía que debe su4- ponerse en los ríñones, pues que ellos son el asien- to del mal, y la alteración ademas, en las cualida- des y composición de la orina comprueba que aque- lla existe en los órganos encargados de la secreción de tal líquido. Para satisfacer á este doble argumento especio- so deberá concederse que la fiebre gastro atáxica que aparece, y que acaso es la que lleva á los en- fermos al sepulcro, es en efecto resultado de una flegmasía; pero no existente en los ríñones, uréte- res ni vegiga, sino precisamente en la mucosa di- (1) El Sr. D. Francisco Antonio Iturbide padeció de una úlcera, reconocida por medio de la sonda, en la circunferen- cia interior del cuello de la vejiga, que le ocasionó un flu- jo copioso crónico de orina purulenta, fétida y saturada de sales: se curó con los demulcentes y lavativas opiadas, sin haberse presentado ni un solo síntoma de Diabetes. 19 gestiva y en las membranas del cerebro, constitu- yendo una gastro entero-encefalitis'. flegmasia que ve- rosímilmente no es la causa del mal, sino el resulta- do de la rigidez que sufrió aquella membrana por la absoicion rápida de los líquidos con que el en- fermo se predispuso, y de la falta de estos mismos consiguiente á la mucha cantidad de orina que en el primer periodo de su mal arrojan los enfermos, pues como asienta Richerand: „Siempre que las se- ,,creciones acuosas son mas abundantes se aumenta ,,la sed..." ,,Esta es escesiva en el Diabetes y pro- porcionada á la abundancia de las orinas (1)." Ya el profesor Dumás demostró con esperimentos con- cluyentes que la sed presuponía un estado ílojístico ó esténico (de escesivo vigor) (2). Y aunque el sa- bio Dr. D. Luis Montaña pretende lo contrario (3); pero su brillante teoría como fundada en el caduco sistema de Brown, aunque demuestra la sublimidad de sus conocimientos y el singular ingenio de que lo dotó naturaleza, no cuadra con lo que hoy nos enseña la Medicina fisiológica. Si la alteración que se observa en las cualidades y composición de la orina de nuestros diabéticos fue- ra idéntica ó por lo menos semejante á la que sufre en los que padecen vicio líthico (grávela, piedra) ó tie- nen alguna irritación ó inflamación en el aparato re- (1) Nuevos elementos de Fisiología cap. 1. (2) Principios de Fisiología, tom. 3. pág. 146 y siguientes. (3) Praílectiones et concertationes medica?, volum. 2. 20 nal, desde luego podría deducirse alguna cosa favo- rable á la opinión que se refuta; pero siendo no solo diversos sino aun contrarios los caracteres que en uno y en otro caso presentan las orinas, es necesario con- cluir que las causas no solo son diferentes, sino aun opuestas. ^Examinémoslo. Se dijo que cuando en los ríñones existia una simple irritación primitiva ó simpática había en efec- to una exhuberancia de orina; pero orina muy anima- lizada y perfectamente saturada de los elementos que ordinariamente la constituyen, como lo persuade su olor fuerte alcalescente, su color, su sabor salado, el sedimento, alta temperatura y demás cualidades físi- cas y químicas: empero si la irritación es mayor como en la Nefritis (inflamación de los ríñones) dichas ori- nas se disminuyen y aun suprimen, y son en lo gene- ral, encendidas, sanguinolentas y salen con mucho tra- bajo (1)... Pues bien: ni en el primero ni en el se- gundo periodo del Diabetes michoacano se arrojan las orinas, como en la irritación ó sobreescitacion de los ríñones: en el primer periodo las orinas son copiosas, claras, acuosas y casi destituidas de sales: en el se- gundo faltan enteramente casi todos los principios constitutivos para sobresaturarse de otro absolutamen- te nuevo cual es el sacarino; de suerte que si por la decocción se pone á evaporar la orina ella suministra una miel obscura y consistente, sin que al gustarla an- tes ó después del cocimiento se perciba otro sabor (1) Martinet: Clínica médica tom. á. p¿g. 251. 21 mas que el del dulce: y aunque la cantidad (de la ori- na) es menor en el segundo periodo; pero esta dimi- nución es relativa tnn solo á la enorme cantidad que se arrojaba en el primero, pues que en ambos escede á la que en el estado fisiológico (sano) debiera secre- tarse. Luego ni el aumento de orina en el principio, ni la diminución relativa subsecuente, ni tampoco los caracteres que el mismo líquido presenta en uno y otro periodo del Diabetes arguyen irritación alguna primitiva ó simpática, aguda ó crónica de los ríñones; sino mas bien lo contrario. Que el Diabetes (sea el que fuere) dependa, co- mo quiere el profesor Pinel, de un desvio de la ma- teria sacarina, es tan vago y ontológico, que no puede comprenderse y muy menos esplicarse. ¿Y cuál será la causa inmediata ó continente de este mismo desvio? „hoc opus"... Si estase ignora, nada se sabe. Yo no penetro el juicio que Pinel y Broussais formarían del Diabetes michoacano. Jamás hemos visto que esta enfermedad se haya trasmitido de los padres á los hijos; y aun cuando ella fuera hereditaria (1) congénita (2) ó Gentilicia (3), ¿cualquiera de estas circunstancias nos daría alguna idea de su naturaleza? Ninguna seguramente. ¿El diagnóstico seria menos incierto? Tampoco. No pare- cí J Por vicio del Padre. (2) Adquirida en el vientre materno. (5) Peculiar á una familia. 22 ce pues hereditaria, ni el que lo sea importa para fijar su verdadero carácter. Hay enfermedades cuyas anomalías han hecho vacilar a los nosologistas en orden á la clase donde deben colocarse. El Diabetes es una de tantas: para unos debe estar entre los flujos: para otros hace un papel principal entre las caquexias: cuales lo inclu- yen en las flegmasías: cuales lo colocan al frente de las lesiones orgánicas. El no ha ocupado hasta hoy un mismo lugar en la multitud de cuadros nosográficos. ¿Cuál le daría Sauvages á nuestro Diabetes en su no- sología? ¿Lo colocaría entre las calenturas, entre los flujos, ó entre las inflamaciones? Yo juzgo que se en- contraría perplejo como sucede á todos los médicos puré sintomistas, que pretenden clasificar los males á la manera que los botánicos las plantas... Resulta pues de cuanto llevo espuesto, 1.° Que nuestro Diabetes, por sus causas remotas, síntomas, periodos, efectos de la medicación, carácter agudo y modo de terminarse, difiere muy mucho del que con el mismo nombre nos describen los autores. 2.° Que el que nos ocupa no reconoce por causa inme- diata la disolución general, ó total vicio de las po- tencias asimilatrices. 3.° Tampoco depende de irri- tación primitiva ó simpática, aguda ó crónica de los ríñones. 4.° No parece enfermedad hereditaria, con- génita ó gentilicia: y 5.° Finalmente, nada impor- ta el fatigarse en inquirir el lugar que debe ocupar en los cuadros nosológicos. 23 }. II. El Diagnóstico es el conocimiento de la natu- raleza y asiento de las enfermedades. Aquel se to- ma 1.° del de la estructura y propiedades vitales del órgano primitivamente afectado, y de la impor- tancia de este en la economía. 2.° De la acción que los modificadores y demás causas remotas ejercen so- bre el mismo, ó sobre otros con quienes está en re- lación por medio de las simpatías. Siendo necesario para adquirir aquel primer co- nocimiento no solo tenerlo del estado fisiológico si- no del patológico (enfermo) del órgano, es preciso recurrir á una y otra anatomía. Por aquella (la ana- tomía fisiológica) sabemos que es muy notable la flo- jedad del tejido de los ríñones, por cuyo motivo ellos, como dice Richerand, han de ser probablemente los que suministren la primera solución del problema acerca de la estructura íntima de nuestros órganos: „hasta las inyecciones groseras, prosigue el autor ci- „tado, pasan eon facilidad desde las arterias rena- ,,les á los uréteres ó conductos escretores de los ri- ,,ñones.... Es igualmente fácil, continúa, el tránsito ,,de las inyecciones desde las arterías á las ve- ,,nas renales, y yo he visto frecuentemente fluir los „líquidos mas espesos por los uréteres y por las ve- „nas emulgentes [l]." Es bien sabido también que la sensibilidad y actividad de los ríñones es menos (1) Nuevos elementos de Fisiología, 24 enérgica que en las demás glándulas; asi es que si se quieren aplicar á los órganos urinarios las leyes acerca del mecanismo de las secreciones, se advier* te desde luego que no están rigurosamente sujetos á ellas; porque en la de la orina sucede lo mismo que en la evacuación del sudor y demás que se ha- cen por exalacion ó trasudación, que unas veces son promovidas por un impulso activo de los órganos, y otras por una simple disposición pasiva de sus par- tes ó tejidos [1],. Por la anatomía Patológica sabemos que los rí- ñones en el Diabetes (el que describen los autores) están unas veces muy voluminosos y encarnados, y otras con una flaccidez estrema: sus vasos están al- gunas veces sumamente hinchados, dilatados y fáci- les de desgarrar, y otras veces ha sufrido su paren- quima (2) una especie de desorganización ó derre- timiento mas ó menos completo. En otros casos se han encontrado los ríñones menos voluminosos que en el estado natural (3). Pero aun cuando asi suceda en los diabéticos de Europa, no podrá asegurarse ni mucho menos in- ferirse de aqui que la desorganización y derretimien- to, así como la flaccidez sea el resultado precisamen- te de una inflamación; pues que hay también en los (1) Dumas: Principios de Fisiología: capit. 5.° (2) Sustancia de que se componen estos y otros órganos de los animales. (3) Martinet: obra citada, tom. 2. núm. 710. 25 órganos afecciones dé carácter contrarío que á su vez pueden desorganizar; y yo me aventuro á asegurar que asi sucede con los ríñones de nuestros diabéti- cos; no obstante que carezco de autopsias cadavé- ricas (examen atento de los Cadáveres); pues aunque lo he deseado, no" me ha sido posible inspeccionar los cadáveres de algunos sugetos que vi morir de di- cha enfermedad, por tener que luchar con el torren- te de mil preocupaciones, esponiéndome á recibir acaso de los deudos ó parientes una tenaz infructuo- sa oposición. Tampoco* he sabido que los facultativos que me precedieron- en Moreliay principalmente e\ antiguo y juicioso profesor D. Agustín Súarez Pereda, hubie- se practicado una sola inspección, á pesar de que éste tuvo oportunidad de hacerlas con algunos de los varios enfermos que asistió (que fueron los más) tan- to en el hospital de Sr. S. José de esta ciudad co- mo ftiera de él: lo que yo no hallo á que atribuir sino1 á qoe con unos pulsó la- resistencia que opon- drían los parientes,* con otros la instantánea corrup- ción de los cadáveres y el temor de infeccionarse, y con todos? el qhe como probablemente se persua- dió que nuestro Diabetes era el mismo que descri- ben los- autoresy se contentó odn las noticias que ellos dh'tf del estado en que encontraron* los ríñones: se dio por satisfecho, y no quiso pasat» á indagación ul- terior. No sin fundamento creería dicho profesor qde 5 26 era de una misma naturaleza el uno y otro Diabe- tes, pues como no conoció las flegmasías gástricas por el estado en que se hallaban en su tiempo los co- nocimientos fisiológico-médicos, referia seguramente la sed y aridez de la boca, la resequedad y color de la lengua, la calentura y demás síntomas propios, á otras causas diferentes del estado de sobreirrita- ción en que se hallan aquellas membranas, las del encéfalo, y algunas visceras abdominales (del vien- tre). Y si notó diferencias, serian para él mismo otras tantas ligeras anomalías debidas al influjo del clima, alimentos, ó idiosincrasia de algunos de los michoa- canos; en lo que se confirmaría si acaso observó, co- mo pudo suceder, á algún enfermo con síntomas idén- ticos á los que se leen en las obras de los autores que han tratado del Diabetes. Mas no obstante la falta de las autopsias cada- véricas sobran fundamentos para presumir la desor- ganización del tejido renal, los cuales se deducen muy bien del carácter que presentan las orinas, de la insensibilidad de sus órganos secretores, de la re- ducción del pene y de otros varios signos. Y aun- que los ríñones no son, comparativamente, órganos de la mayor importancia, pero no carecen tampoco de la que les es peculiar, máxime si se atiende á las simpatías que despiertan en otros de los principales cuando aquellos sufren cualesquiera lesión. La nefri- tis aguda (sea no calculosa) y otras enfermedades del aparato renal son otros tantos ejemplos que comprue- ban esta verdad. 27 De todo lo espuesto resulta: que asi por la flo- jedad del tejido renal en el estado fisiológico, como por la desorganización que sufre en el patológico que nos ocupa, puede deducirse muy bien ,,que el Dia- betes en Michoacan lejos de suponer la existencia de una flegmasía, que antes parece ser producido, co- mo dice el profesor Richerand, por una escesiva re- lajación del tejido renal: opinión que adopto, aun- que no daré por fundamento de ella el que espende el precitado autor, pues él quiere comprobarla con los buenos efectos que producen en tal enfermedad los iónicos usados interiormente; porque como en lo general, nuestro Diabetes venga acompañado de la inflamación en las membranas digestivas y encefáli- cas, el uso de aquellos agentes en multitud de casos ha precipitado la enfermedad acia el término fatal. ¿Y cuáles son los modificadores y demás cau- sas remotas cuya acción predispone á los sugetos pa- ra que contraigan en Michoacan el Diabetes? Nin- guno de los que se numeran despiertan el ejercicio de la sensibilidad y contractilidad. Todos á su vez ■obran entorpeciendo ó mas bien disminuyendo estas mismas propiedades. Examinémoslo, y este examen nos dará la esplicacion de los síntomas. ¿Por qué razón nuestro Diabetes ataca casi esclu- sivamente á los individuos dotados de un temperamen- to linfático? Supuesta la verdad de la proposición asentada en orden al Diagnóstico, fácil será la re- solución de la duda. El temperamento flegraático 28 (t) lleva impreso el carácter de la Debilidad, que es muy notable por la diminución en la actividad de los movimientos orgánicos. ,,Los individuos dotados de ,,tal temperamento, dice el profesor Cabanis (2), son ,,precisamente aquellos en los cuales las absorciones ,,internas se hacen con mas lentitud y mas incom- pletamente." ,,En este temperamento, asienta el ca« ,,ballero Richerand (3), las carnes son flojas, el sem- ,,blante pálido___ el pulso débil, lento y blando.... ..Todas las acciones vitales mas ó menos lánguidas ,,&c." Con que si la Debilidad, la flojedad de los tejidos orgánicos, la languidez en todas las acciones vitales son inherentes á él, claro es que estos mis- mos vicios existen en el aparato renal. Si algunos agentes debilitadores quitan á los rí- ñones esta acción ó vitalidad, comparativamente me- nor la que queda es nula ó casi reducida á cero, en cuyo caso sucede con la secreción de la orina lo que dice Dumas, que hay evacuaciones produci- das por una disposición pasiva de los órganos. Que los ácidos atemperantes producen aquellos efectos, na- die lo ignora, y Barbier en su escelente tratado de materia médica nos lo confirma [4]. Lo* acídulos atemperantes han sido colocados desde Hipócrates (1) Los mismos, aunque menos pronunciados, son los ca- racteres del temperamento flegmático sanguíneo. Este es ge- neralmente el temperamento de las señoritas michoacanas. (2) Obra citada: tom. 2. pág. 442. (3) Obra citada: 2. clase, cap. 11. [4] Elementos de Materia médica: clase y sección citadas. 29 hasta hoy entre los debilitantes: este se avanzó á asegurar que los ácidos estenuaban. Brown, Cullen, Broussais (1), y últimamente el profesor Chabert (2) convienen en qut; moderan ó enervan de una mane- ra directa la actividad de las propiedades vitales. Luego la acción quo ejercen estos modificadores en la vitalidad del tejido de los ríñones es directamen- te debilitadora: y obrando los estimulantes de tina manera opuesta, por tal motivo el uso ó abuso de estos agen ees no ha ocasionado el Diabetes en el Es- tado de Michoacan. En efecto, los licores espirituo- sos, el abuso de la venus, los licores fermentados regionales (3), los alimentos acres han ocasionado flu- jos activos de orina : han agravado y exasperado las enfermedades líthicas y demás afecciones inflamato- rias del aparato renal, empero como va dicho, no produjeron Diabetes: y si tampoco fueron en lo ge- neral, útiles para la curación de este mal, fue por otros motivos que adelante se espondrán. Dije antes que esta enfermedad no suponía la disolución general, un desvio de la materia sacari- na, ó defecto en toda la potencia asimilatriz : enho- rabuena que en la Europa se haya supuesto asi, pues la enorme cuantidad que de aquella sustancia arro- jaban los pacieptes en todo el curso de su larga en- fermedad daba margen á presumirlo. Sin embargo, [1] Principios fundam. de la Med. fisiolog. Prop. 264. [2] Reflexions Medicales sur la Fievre Jaune: not. 18. [3] Nuestro pulque charape ó- tepach &c. 30 Cullen dice que esta opinión tiene dificultades que no pueden resolverse. Acaso yo secundaria aquella misma idea si nuestros diabéticos arrojaran tan enor- me cuantidad de azúcar como la de treinta libras, que durante el curso de la enfermedad sacó The- nard de la orina de un diabético; pero aun en es- te caso podría decirse muy bien que esto supondría la inercia ó falta de vitalidad en el tejido de los ríñones, quienes dejaban pasar lentamente los mate- riales alibles, como en la Raquitis y otras enferme- dades dejan pasar en toda su pureza el fosfato ca- lizo ó algunas otras sustancias heterogéneas que van mezcladas con la sangre. Es inconcuso que á la eyaculacion copiosa de parte alible sacarina se sigue necesariamente la con- sunción ó marasmo, y como esto no se verifique en nuestros diabéticos, concluyo que la porción que ellos arrojan en el segundo periodo de su mal tan solo indica la laxitud del tejido de los ríñones, la dimi- nución de las propiedades vitales, y de ninguna ma- nera la disolución total, que si la hubiera no faltaría sino antes bien seria muy pronunciada y vehemente la hambre voraz. Cuya sensación en este caso está en razón directa de la falta de materia alimenticia en la economía. Sea pues esta otra nueva prueba de que nuestra afección es puramente local, confirmada por la cantidad respectivamente menor de parte alible sa- carina. No sucede lo mismo con la sed: esta sensación 31 es producida por la falta de líquidos consiguiente á los que el enfermo arroja en ambos periodos del mal: cantidad que siempre supera á la de las bebidas que se toman, que en lo general son pocas; pues aunque aquella penosa sensación atormenta á los pacientes, pero estos por el temor de no ver abundar sus orinas se abstienen de beber, lo que á mi juicio no contri- buye poco las mas veces á exasperar la inflamación de la membrana interna del estómago y despertar mas la del cerebro de una manera simpática; pues la sed en mi opinión cuando no se satisface produce efectos igua- les á los de la hambre no satisfecha: la sobreirritación de aquella membrana, mas la escitacion del sistema vascular sanguíneo, como se ve en algunos casos de hi- drofobia (rabia). Veamos en que órganos ejerce el miedo su ac- ción y como coopera este á producir el Diabetes en el Estado de Michoacan.rr„El temor, dice Bichat >,(1) obra en sentido inverso al de la alegría, carac- terizándose por una debilidad en todo el sistema vas- acular que impide á la sangre llegar á los capilares „&c."—Es bien sabido asimismo que esta pasión de- presiva y debilitadora comprime las funciones de la asimilación. Es constante también que dicha pasión hace abundar y espeler la orina con mucha rapidez como se nota no solo en el hombre sino en cualquier animal sobrecogido del miedo. (1) Investigaciones fisiológicas, tora. 1 secc. 2. art. 6. 33 Es taí el que se apodera de los sugetos predis- puestos á contraer el Diabetes tan luego como por el uso continuado de frutas y ácidos atemperantes v( n que abundan sus orinas, que no pensando ni fijando la atención en otra idea que en la de su inevitable próxi- ma muerte, se entregan á la mas profunda tristeza y se abaten á tal grado que escitan la compasión de cuantos los rodean. Acaso sucede en esta enfermedad lo que á otro intento asienta el; profesor Alibert (1) ,,Que esta pasión es perniciosísima en el- curso de „las enfermedades mas graves; y finalmente que el ,,estado de abatimiento consiguiente á estos mismos ,,males es d; mayor obstáculo- que hallan los medi- ceos- para asegurar d éxito de sus medicinas"...rrCon que resulta de todo lo espuesto, que siendo esta pa- sión eminentemente depresiva ó debilitadora, y obran- do de una* manera tan marcada" en el aparato renal, es bien claro que coopera en gran parte á producir aquel estado de atonía ó relajación del tejido renal que yo supongo y creo que es la causa próxima del Diabetes Michoacano. Ea orina tal' cual se presenta en el primer perío- do del mal, y semejante á la que se arroja en los ac?- eesos del miedo, anuncia que en efeettr ha comenza- do á haber una depravación en la vitalidad de los rí- ñones, una aberración que indica antes que la exage- ración, la falta de actividad; pues en aquel' caso las orinas tienen opuestos caracteres. Pero en el segundo (1) Fisiología de las pasiones, tom. Y. cap. 8. as período saturadas días de un principio sacarino, ó ha- blando cen m&s precisión, convertidas en otro licor enteramente nuevo, raaniflestao qne el teji4« de los rifimes inerte 6 destituid* de sns propiedades vitales, se ¿renquea pera dar pase á cierta cantidad de mate" ría alible «file con la sangre cwcMpta por vasos «mud- gentes para nutrir éichos órganos. Cuando h. atrofia ^evn san ció») de estos llega aJ ú&imo grado es seguramente cuando de su sustancia se desprende aquella grasa, indicio de la proximi- dad de ia muerte. Ya Hipócrates había dicho qwe y,La gordura que nada sobre la orina era neei que desde el se- gundo periodo faltaron ert elm, puflw como dije an- tes , está era otro líquido enteramente diversa del que se arroja en el estado ftsioHjgieo, y aun dd que eyséu&ft los eriferov&í fc$ d fnñwaeé periodo del ©iafcetefc. CAPITULO IV* í»ROÍíOMBt'IfeO>. Los fircnítatívos que pronostican esta enferme- dad pUr ío que Observaron en *tros países ó leyefofl én los autores, cuando Son llamados para dirigirla cu- ración dé alguno de nuestros diabéticos, no desconftan del Huen éxito <(ttt se "promfeten de st/s nred'íe'inas^ pe* ro muy pronto ven que su cálculo sale fallido, 'y que se^ verifica con sus enfermos aquello de ,,curantur in líbrh; motiunt\Jr in l'ectis." Se desengañan al-fin, y jamás vuelven á pronosticar rti ta» favorable ni tan li- geramente. Empero no 'con ^1 repetido desengaño se atreven á variar el método 'éHiratfvo, pues tfi han atrevídose^i fijar la náftitalezfe del mal-, ni á decir en qué consista las mas veces la dificultad ñe su eUra- cion. Al tratar el diagnóstico hablé de te primera; pa- so á emitir mi opinión respecto á la segunda. 3? Si nuestro Diabetes no viniera por lo común acompañado de te inflamación de tes membranas del estómago y cerebro, podría asegurarse en algunos ca- sos buen resultado dé Um medicamentos tónicos, del uso moderado del vino y de la dieta animal analépti- ca (restaurante); digo que en algunos casos, porque si aquel método se empleara cuando la vitalidad de los rí- ñones fuera muy deficiente (que es loque connunmente se proctiea) *eri» absolutamente inútil, como la espe- f ieftcia lo tiene bien acreditado aun con los enfermos qn«e no padecieron irritación en tos primeras vías sí hubo'alguno*in e*Sa remptkraeion en Michoacan. Pero elra tfret*e d escollo principal papa prunos- tiear- OOn menos firoestidad, en euyos casos debe ase- goraipse que ta enfermedad es muy peligrosa y esen- cialfnmite mortal si está eaai a) ftu del segundo perio- do, y espteoiaimente si el cerebro está muy irritado, ftue* la enfermedad cuanto ni inesacto y menos adecuado método dietético y tera- péutico que emplearon mis antecesores. (\) Piretologfa-Pelágica-,'■■tora. T. pág. 26£. 38 CAPITULO V. CURACIÓN. *. L Si al esponer las causas, los síntomas, y final- mente el Diagnóstico, se percibió la diferencia que hay entre el Diabetes que los autores describen y el que en Michoacan se padece, leyendo y encar- gándose de los diversos métodos terapéuticos que ellos proponen, se hará muy mas sensible aquella diferen- cia; y por consecuencia, que los referidos métodos, si bien fueron adecuados y produjeron algunas ve- ces efectos lisongeros en aquellas regiones, cualquie- ra de ellos será generalmente en Michoacan no so- lo infructuoso, sino aun perjudicial, pues se adapta á enfermedad muy diversa... Probémoslo. Los que con Pinel creyeron que nuestro Dia- betes consistía ,,en la deviación de la materia saca- ,,rina, que combinada con otras sustancias sale por „1as vias de la orina (1)," prescribieron á sus en- fermos tónicos, vinos astringentes, dieta nutritiva, $c. A propósito seguramente si nuestro Diabetes con? sistiera en esa deviación que supone Pinel, y fue- ra enfermedad general colicuativa. ¿Pero deberá or- denarse el uso del vino, de los tónicos y la dieta (l) Nosografía filosófica, tora. Ii, género 81. 39 animal, en los casos (que son casi todos) en que la sobreirritación de las mucosas digestivas contraindi- ca el uso de tal dieta y de tales medicamentos? ¿Esa sequedad y rubicundez de las fauces y de la len- gua, ese calor urente de las visceras abdominales no indican de una manera muda aunque enérgica, que repugnan los medicamentos incendiarios? No es ya tiempo de que creamos en el carácter asténico de la sede Aquella modificación, aquel padecimiento que sufren las membranas del estómago y cerebro, es la que mas frecuentemente conduce á nuestros enfer- mos al sepulcro, no el supuesto desvio de la parte sacarina, ni la pérdida de esta misma sustancia, pues es tan corta la cantidad que se arroja en todo el periodo del mal, que no llega, no digo á las trein- ta libras que estrajo Mr. Thenard, pero ni á cua- tro seguramente. Como tampoco la cantidad de ori- na asciende á doscientas libras en veinte y cuatro horas, como dice Fonseca que observó en un dia- bético de Europa (1). Digo lo mismo acerca de los efectos maravillo- sos que el profesor Richerand asegura que los tó- nicos producen en la curación del Diabetes; por- que ni estos, ni los analépticos, ni los preconizados astringentes han producido otro efecto en los enfer- mos de Michoacan que precipitarles el mal y pre- venirles la muerte, gangrenándoles el estómago sin (1) Dictionaire de Médecine: par MM. Adelon, Béclard fcc. volum. 6, Art. Diabéte. *0 corregir el vicio de loa ríñones, m par consiguien- te das jcaracteres y degeneración de la orina. Si, come asienta Rodboiwc en d artíctfla Dfa~ hete dd «üocaonaréo de Medicina xtftado, ..Esta en- ^fermedad es susoeiptiUte de presentar muchas com- plica oíen efe, ¡per sos síntomas tiene m«y pocas re* .•laciones con las demás enfermedades conocidas, y -,por eonseeaencia es «muy dHftcíi -estebleo^r su t>i*g- 7,n¡óstioo." Ciato es a«iei*ta qi»e la prime- ra (la dieta animal) es tan eficaz en el Diabetes co- mo la quina en las calenturas interaÑtentes (fríos), se falsifica en la curación de-nuestras «enfermos dia- béticds. ¿Y qae diremos del uso de los marciales (pre1 *paraoione«del 'fierro) que «Bosquilíon recomienda f-lJÜ Si el Diabetes >fuera en Mi«*hnacan lo qne en Eu- ropa,; producto del derretimiento de todo el euerpa como supone Heredia, médico español, ó un efecto de la debilidad de la potencia asimilatriz como Bos- (1) Cullen: elementos de Medie, pract. tom. 3.° pú~. Su! 41 quillón pretende, podrían tal vez adoptarse aquello* medicamento»: pero ademas- de que ambas opiniones son puramente hipotéticas, no sucede en d Diabe- tes » &> ■ •■ <*>*< 'il Si hubiere constipación, sin méieorlsmo^áven- tamiento) ni otros signos que indiquen irritación en los intestinos gruesos, podrá hacerse diariamente uso de alguna de las lavativas prepuestas para la cura- ción en el primer periodo? tan solo con la diferencia de disponerlas en el cocimiento del satirión, ó en el de la. digital purpurea, agregándole también algunas gotas ¿e la tintura de cochinitas (oniscus aselíus). La digital, como asienta Barbier, escita de una manera notable los (V¡ Elementos de Medicina! práctica: tom. 2.° pág, 59. r.i K ' 9 58 órganos absorvehtes y secretorios, mueve los de la ori- na, produce una impresión estimulante en el apara- to genital, y algunas veces dirige también su acción acia la piel y causa sudores___Ved pues aqui los bue- nos resultados que de dicho medicamento pueden ob- tenerse en la curación del Diabetes. Mi amigo y comprofesor D. Francisco Córdova y yo hemos vis- to á ésta planta exasperar el vicio líthico, y ocasionar la inflamación y aun la desorganización de la mem- brana mucosa de la vejiga, cuando hallándose este órgano en un estado de irritación violenta se pro- pinó con toda imprudencia en dosis enormes (1). Es- to demuestra la energía con que obra, y despierta la vitalidad de los mencionados órganos. La urea ha sido muy recomendada últimamen- te para la curación del Diabetes; pero Magendie ase- gura que en esta enfermedad se ha dado infructuo- samente, pues no se consiguió variar con ella la com- posición de la orina; y aun respecto de su cualidad diurética Barbier espera que observaciones repeti- das nos ilustren sobre las propiedades de esta misr ma sustancia. Creo muy bien lo que Magendie asegura acer- ca de los ningunos buenos efectos que produce la (1) Mi amigo y conciudadano D. Juan J. Martínez de Le- jarza fue víctima de la imprudente y empírica administración de la Digital. ¡Tan cierto es que el medicamento mas sim- ple se toma en veneno cuando se aplica en aquellos casos en que está contraindicado!!! 59 urea, y yo añado que han de ser idénticos los que ^ se obtengan del ácido fosfórico, fosfato de sosa, y otras preparaciones que se han querido poner en bo- ga, probablemente con la indicación de introducir en la economía los elementos urinarios de que acaso creen que ella carece: fundándose para formar tal concep- to, en que faltan en la orina porque faltan en la economía: inducción muy falsa, pues mas bien podría deducirse lo contrario. Los síntomas urinosos obser- vados en el curso de la enfermedad, en su termi- nación y aun después de la muerte del individuo dia- bético, me hacen creer que la urea, fósforo y de~ mas elementos constitutivos de la orina que faltan en ella, vagan en el torrente de la circulación. Asi que, no solo es inútil, según entiendo, sino muy per- judicial, el uso de aquellas sustancias, tomadas in- teriormente, para curar no solo el Diabetes que en Michoacan se padece, pero aun el que se observa en la Europa y describen los autores. En manos del vulgo, y principalmente en las de la gente del campo anda un medicamento con el que escitan los ríñones para mover las orinas á los enfermos hidrópicos: este es el cocimiento de la pa- ta del Grillo. Tal animal ocasiona en efecto una vio- lenta irritación en el aparato renal, y su modo de obrar parece bastantemente análogo al de las cantá- ridas. No obstante yO no me atrevo ni aun á pro- ponerlo para la curación del mal que nos ocupa, has- ta que esperimentos reiterados y resultados contes- tes me hagan fijar su naturaleza. 60 Si la lengua se. presenta fuliginosa (como si t\\j viera hollín), y reseca: si el calor del estómago es- tá muy aumentado; si la postración muscujar? sajtp de los tendones, anxiedad epigástrica, coma vigiJ, y, demás síntomas de la; irritación gastro-encefálica son muy pronunciados, se harán aplicacipnes reite- radas de sanguijuelas al cuello y al estómago, po: nieudo en seguida cataplasmas y defensivos emolien- tes en esta región, y aplicando la nieve á la cabe- za. Se concederá una que otra cucharada de los lí- quidos propuestos, y se tendrá gran cuidado de hu- medecer á menudo la boca y la lengua con vina- gre muy diluido. ,-f ' Es necesario persuadirse que aquellos síntomas alarmantes no indican debilidad, como suponen los que carecen de las nociones de la Medicina fisioló- gica: esta preocupación, ó mas bien este crasísimo error es uno.¡de los muchos obstáculos que halla el facultativo algunas ocasiones para no proceder con emergía y libertad en la curación de varías enfer- medades. El vulgo se contenta con que el enfermo coma y se alimente aunque se muera. ¡Infeliz del profesor á quien se le murió aquel á. quien sujetó á la dieta! lo acusan deque mató dé hambre y de- bilidad al enfermo. Empero si observó una conduc- ta contraria, si contemporizando con las necedades de las gentes dio al paciente muchos caldos, mu? cho vino, aun cuando fallezca, quedan los deudos muy satisfechos de que no quedó por diligencias í atribuyendo á la enfermedad lo que acaso fue resul* 61 lado de la ignprancia cJjeJ médico,, ó de su punible condescendencia,. Si á beneficio del método.empleado con decisión y constancia¡, modificado según la discreción, de',% qultatiyo, y teniendo en CQpsideraeion las anomalías que en cada individuo pueda presentar la enferme- dad, se ve que desaparecen ó se moderan, algunos de sus síntomas? es necesario no, hacer variaciones nota- bles, ni desistir del mismo; sino tan solo comenzar á rebajarlo, casi insensiblemente, hasta no estar plena- mente satisfechos de que se consiguió la perfecta, cu- ración. Se cuidará que los vegigatorios cicatricen con mucha lentitud; y aun después se insistirá en el uso de los sinapismos, y friegas secas á la piel. Con la misma precaución se irá. concediendo el alimento y bebida; y. en todo finalmente se procederá con un ór» den muy graduado, pues que „Quodpaulatimfit, tu? t¡umest.v decía el padre de la medipina. § III. Digresión interesante. Aunque hasta hoy no he visto caso alguno, no por eso negaré la posibilidad de hallar en Michoa- can algún enfermo diabético con los mismos síntomas con que aparece el Diabetes en la Europa, producir do por las mismas causas, y que en su marcha ten- ga los mismos períodos y modo de terminarse. Por tal motivo en el cuerpo de esta obra he procurado hablar en un sentido general sin esclusion de algunos casos particulares: y cuando asi lo he hecho, he te- 62 nido el cuidado de especificarlo con claridad. Si aca- so pues asi sucediere alguna vez, no por eso creo que será menos útil el método dietético terapéutico que hoy propongo para el nuestro, pues que aun en el Diabetes que los autores describen, se advierten síntomas que indican la irritación, la sobreirritación gástrica, cuales son la sed ardiente, hambre voraz, pulso febril, calor urente y el ardor que los enfer- mos esperimentan en sus visceras abdominales (1). Allá esta irritación es crónica: acá es aguda: allá no se repetirá á las membranas del encéfalo; aqui esto es lo que siempre se observa: empero tanto en la Eu- ropa como en el estado de Michoacan la causa con- tinente de todo Diabetes está, en la diminución de la vitalidad, en la inercia del tejido flojo de los rí- ñones. Así que el método que propuse para satisfa- cer la primera indicación en uno y otro periodo po- drá ser el que deba emplearse con provecho en los casos muy raros en que en Michoacan se presente el Diabetes, con causas y síntomas perfectamente idén- ticos á los que acompañan en la Europa á dicha en- fermedad. Y con respecto á la segunda indicación, podrá el facultativo modificar el método conforme á las anomalías que pueda presentar el mal en dichos casos particulares. Solo sí advierto y recomiendo muy mucho den el valor que se merecen á la sed, ham- bre, pulso febril, resequedad de la boca, y calor uren- (1) Léase áWeikard: tom. 2. pág. 54 de la obra de Ele- mentos de Medicina práctica, fundados sobre el sistema de Brown. 63 te de las visceras, para que refieran estos síntomas no á causas imaginarias, como hasta hoy se ha hecho; sino á las que en realidad se sabe por la medicina fisiológica que son las verdaderamente continentes, próximas ó inmediatas de los enunciados síntomas. CONCLUSIÓN, He aqui el resultado de mi observación y es- tudio acerca del origen, Diagnóstico y curación de la terrible enfermedad que con el nombre de Dia- betes se conoce en Michoacan. En este ensayo no se advertirá de nuevo, sino el que en él se presen- ta el mal en su verdadero punto de vista: se mani- fiestan las indicaciones urgentes que racionalmente deben satisfacerse: he procurado huir del empirismo con que hasta hoy se ha manejado, y he hecho pal- pable la diferencia que existe entre nuestro Diabe- tes y el que describen los autores: diferencia que mis antecesores hubieran podido percibir con solo inves- tigar, ¿por qué en la Europa se han curado varios enfermos diabéticos y ninguno en Michoacan, habien- do sido uno mismo el método de curación? Las teo- rías que en este opúsculo se hallan diseminadas son á mi juicio deducidas sin violencia de los hechos, conformes á las luces del siglo en que vivimos, y á lo que hoy nos enseña la Medicina fisiológica. Co- mo no soy sistemático, no me he presentado en la palestra para seguir servilmente á determinado au- tor. Consulté á cuantos pude haber á las manos que han tratado esta materia: muchos de ellos viven aún; 64 siendo por su literatura y por los importantes 'ser-. Vicios que prestan á la humanidad y á la ciencia el honor de la ilustrada Francia. Por otra parte: en una enfermedad que hasta hoy ha sido en Michoacan el eprobrio de los médicos, es necesario poner en prác- tica un método que sobre no haberse ensayado jamás por ninguno de mis antecesores, está apoyado en los hechos y en la sana doctrina de los autores mas clá- sicos. En fin, esta obrilla servirá como dé uu ensa- yo para que sobre él puedan los profesores instrui- dos, juiciosos y provectos hacer las reflexiones sabias que yo no alcanzo por mi edad juvenil aún, por mis limitados conocimientos médicos, y para decirlo de tina Vez) por mi notoria insuficiencia. NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NLM 0m3TQEl D \;