t«aa¿B«wnaflratWMa^^ Jrof. Ur. J. SaNARELLI ETIOLOGÍA Y PATOGENIA DÉLA AMARILLA MONTEVIDEO DORNAÍÉCHE T fljEYES ■WMMMII 11)»] >l ■ jflL NLM DOimübl ñ N ffl2r/£&r¿¿Zr¿*£r¿+:Z<Í!m}?f¿¿?.ri¿*£ 5 SURGEON GENERAL'S OFFICE Se>ct¿on Shelf JÍO. táUWZr, | i) PRESENTED BY NLM001410618 ETIOLOGÍA Y PATOGENIA DE LA FIEBRE AMARILLA 4 Prof. Dr. J SAXARELLI DIRECTOR DEL INSTITUTO DE HIGIENE EXPERIMENTAL DE LA UNIVERSIDAD DE MONTEVIDEO ETIOLOGÍA y patogenia DE LA FIEBRE AMARILLA "LIBRARY i SURGEON GENERACS OFFICE i MM.-21-1898 MONTEVIDEO Imprenta Artística, de Dornaleche y Reyes Calle 18 de Julio, núms 77 y 70 1897 1 S!97e 1297 7=:L. Xbji 2,r..,.. j- ANALES DE LA UNIVERSIDAD AÑO YI MONTEVIDEO - 1897 TOMO IX Etiología y Patogenia de la fiebre amarilla POR EL PROF. DR. JOSÉ SANARELLI Director del Instituto de Higiene Experimental de la Universidad de Montevideo PRIMERA PARTE I Resumen de nuestros actuales conocimientos sobre la etiología y patogenia lia sido también sostenida últimamente por un distinguido sabio brasilero, el doctor .1. B. de Lacerda (Véase Os rins na febre amarclla.— Kio de Janeiro, 18%; pag. C). (2) Véase: Eludes sur la fihvre typho'idc experiméntale. 3." M6moire.-Ann.de VInsti- tuí Fastcur, 18 A; pág. 353. Anales de la Universidad 53 y ser sustituido, durante todo el curso de ella, por un vómito bilioso análogo al que se observa en las vulgares fiebres pa- lustres biliosas. Las principales alteraciones histológicas observadas en los cortes de estómagos profundamente alterados, como, por ejem- plo, los de las Observaciones I y V, son las siguientes: la superfi- cie de la mucosa está recubierta de una abundante capa formada por mucus, células epiteliales en degeneración mucosa, glóbu- los rojos y leucocitos. El epitelium cilindrico en los conductos excretores de las glándulas gástricas, falta ó está atacado en diferentes grados, más ó menos profundamente, por la metamorfosis mucosa. El epitelio de las glándulas pépsicas presenta alteraciones que in- teresan con más frecuencia las células adelomorfas, las cuales aparecen hinchadas, turbias, degeneradas ó convertidas en ma- sas granulosas; mientras que las células de revestimiento (de- lomorfas) parecen más resistentes y conservan su aspecto y po- sición normales. Pero las que dominan sobre todo en el examen histológico de la mucosa gástrica, son las lesiones vasculares. En efecto, tanto los vasos de la túnica submucosa, como la red capilar que envuelve todas las glándulas gástricas, se presentan ex- traordinariamente sobrecargados de sangre, y el tejido conectivo ínter-glandular es asiento de infiltraciones linfáticas y de nu- merosas y abundantes hemorragias. En estos últimos tiempos, algún autor ha señalado la existen- cia de una grave degeneración grasa de los vasos capilares del estómago, tratando de explicar por medio de ella su fácil rotura y, por consiguiente, la frecuencia de las gastrorragias eu los últimos períodos de la fiebre amarilla. Aunque mis observaciones se fundan en un número limitado de casos, no obstante debo declarar que esta degeneración grasa de los capilares del estómago no es un hecho constante ni una alteración tan grave como se pretende hacer creer. Por otra parte, no es difícil comprender la génesis de las hemorragias capilares que caracterizan el cuadro morboso de la fiebre amarilla, desde el momento que las funciones hemorra- 54 Anales de la Universidad gíparas, ya descubiertas y estudiadas respecto de ciertos mi- crobios (colibacillus, streptococcus, piocyánico, tífico, etc.), bas- tan por sí solas para darnos una explicación completa. Veremos también, á su tiempo, que la propiedad de deter- minar congestiones vasculares y hemorragias, es un carácter muy saliente del veneno elaborado por el bacillus icteroide. Además, como el último período de la fiebre amarilla está casi constantemente caracterizado por la invasión del organismo por el colibacillus, por los streptococcus, etc., es evidente que las funciones de todos estos microbios, eminentemente hemo- rragíparos, deben á menudo acumularse, determinando, según la actividad de las toxinas y según la resistencia de los órga- nos, manifestaciones hemorrágicas de varia intensidad por parte de las mucosas en general y de la gástrica en particular. Anales de la Universidad 55 IV Morfología y biología del "bacillns icteroide" y su diagnóstico bacteriológico rápido El microbio que hemos denominado bacillus icteroide, se cul- tiva fácilmente en todos los medios nutritivos artificiales líqui- dos y sólidos usados comunmente; en ellos se presenta con el aspecto de un bastoncillo de extremidades redondeadas, gene- ralmente reunido á pares, de 2 á 4 micromilímetros de largo, y, en general, dos veces más largo que ancho. Sin embargo, esta forma no es constante y, como la de mu- chos otros microbios, varía incesantemente dentro de ciertos límites, según el medio nutritivo, la edad, etc., como describi- remos en seguida. Se colorea fácilmente con todos los líquidos usuales, pero no resiste al método de Gram. La coloración de las pestañas obtenida por el método de Nicolle-Morax, demuestra la existencia de múltiples (4-8) y lar- gas pestañas vibrátiles. Con el método de Legal - Weyl (Fe2 Cy10 (NO)2 Na4 -f- KOH-f- C2H402) no se obtiene la reacción azul del indol; con el método Kitasato (NOgK -f S04H2) se la obtiene dé- bilmente. Es un anaerobio facultativo. 56 Anales de la Universidad CULTIVOS EN MEDIOS SÓLIDOS 1.° — CULTIVOS EN PLACAS DE GELATINA El desenvolvimiento en colonias separadas, en la superficie y en el espesor de las placas, constituye para el bacillus icte- roide un elemento diagnóstico de gran valor. Manteniendo los cultivos á la temperatura de cerca 20°O, ya después de 24 horas se ven con pequeño aumento (60 diám.), colonias puntiformes, con el aspecto y dimensiones de los leu- cocitos de la sangre. Son, en efecto, redondeadas, transparen- tes, incoloras, sin núcleo, finamente granuladas y brillantes. No fluidifican nunca la gelatina. Cuando las colonias desarrolladas en una placa son muy abundantes y muy cercanas unas de otras, se detiene muy pronto y para siempre su crecimiento; pero su aspecto no se conserva siempre idéntico, pues á los 6-7 días, cuando más, empiezan á perder su transparencia y concluyen por transfor- marse en puntos negros completamente impenetrables á la luz. Si, al contrario, las colonias se desenvuelven en superficie y algo distantes entre sí, siguen aumentando de volumen y se hacen esféricas, conservando su aspecto brillante y granuloso; además, poco á poco empieza á aparecer casi siempre un núcleo más ó menos oscuro, más ó menos grande, central ó excéntrico, pero siempre rodeado de un pequeño círculo claro, del cual parten las finas granulaciones que se difunden hacia la periferia, donde se pierden regularmente en una delicada y elegante degradación. Llegada á este punto, lo que sucede hacia el 5.° día, la co- lonia presenta un aspecto tan característico, que una vez cono- cido, difícilmente podría olvidarse. Observadas á simple vista, las colonias aparecen á la luz directa, de aspecto lácteo, sin irisaciones, y á la luz reflejada, de color gris céreo. Anales de la Universidad 57 Por transparencia se distingue además muy bien, y á simple vista, el pequeño núcleo, á causa de su perfecta opacidad. Muchas veces las colonias no son regularmente esféricas, sino aplastadas por un lado, donde se forma una especie de hilo que aloja al núcleo. En este caso la colonia toma un aspecto reni- forme bastante característico. En casos excepcionales la superficie de la colonia no está formada por las finísimas, uniformes y brillantes granulaciones que acabamos de describir, sino que toma una elegante dispo- sición radiada y ondulada, que, partiendo del centro, concluye por perderse en la periferia en una ligera é imperceptible de- gradación. El aspecto de estas colonias radiolares atípicas es tan di- ferente del ordinario antes descrito, que es necesario conocerlo bien para evitar posibles y fáciles errores de diagnóstico. El pequeño centro germinativo opaco, que vulgarmente lla- mamos núcleo de la colonia, no siempre conserva la forma esférica; con bastante frecuencia, y sobre todo cuando está situado en la concavidad del hilo de una colonia reniforme, toma la forma de una esfera situada en medio de un círculo (como Ja conocida figura de Saturno), y resulta entonces muy visible por su aspecto negro. Raramente pueden encontrarse colo- nias sin núcleo ó con dos núcleos excéntricos. Cualquiera que sea, sin embargo, la figura que tome la co- lonia durante su desarrollo, por regla general no permanece mucho tiempo con el aspecto indicado. A medida que envejece, comenzando del 5.° ó 6.° día, em- pieza poco á poco á oscurecerse, el aspecto brillante de su granulación se hace opaco con reflejos negruzcos, y concluye por ponerse completamente negro, presentando sólo una pequeña zona redonda y transparente, en medio de la cual se dibuja to- davía con perfecta limpidez el pequeño núcleo. Cuando se trata de colonias desarrolladas en el espesor de la gelatina, en vez de en la superficie, la opacidad sobreviene mucho más pronto, y observadas con pequeños aumentos, apare- cen entonces como pequeñas esferas de color negro, cual si fueran gotas de tinta. 58 Anales de la Universidad Esta especial tendencia de las colonias hacia la opacidad más ó menos completa, constituye otro elemento diagnóstico de valor para distinguir, en los cultivos en gelatina, el bacillus icteroide de los otros microbios que eventualmente pudieran haberse desarrollado á su lado. Es necesario tener presente que las colonias que se desarro- llan en gelatina no presentan siempre el tipo morfológico fun- damental ya descrito. En placas de gelatina, en las cuales, ó por efecto de tempe- raturas disgenésicas, ó por otras causas desconocidas é inheren- tes al microbio, el desenvolvimiento de las colonias se hacía con mucha lentitud y dificultad, he observado con alguna fre- cuencia la aparición desde el principio de colonias con figuras completamente atípicas, tanto por el aspecto como por el color. Estas formas atípicas aparecen á veces también en cultivos que se han desarrollado normalmente ó cuando empiezan á en- vejecer (1). En este último caso, después de 8-10-20 días de vida, las colonias empiezan á sufrir una lenta y gradual trans- formación; adquieren un tinte amarillento ú oscuro; disponen su superficie en capas ó anillos concéntricos, presentan dibujos en forma de estrella, de almendra, de losange, de césped; aparecen dibujos abigarrados, núcleos estrellados; en fin, dan lugar á una serie tan fantástica y variada de figuras, que no es posible des- cribirlas detalladamente. No hay duda que este extraño polimorfismo podría ser — para los poco prácticos — causa de fáciles confusiones, especial- mente con colonias pertenecientes á las numerosas variedades de colibacillus, siempre que el estudio de los cultivos para ais- lar el bacillus icteroide no se hubiese hecho en las condiciones (1) Creo conveniente hacer notar ahora que la anterior descripción morfológica data de mis primeras investigaciones. Mis estudios posteriores me han demostrado que la vida de laboratorio produce cambios, á veces muy profundos, en la fisonomía original de las colonias icteroides desarrolladas sobre la gelatina. Investigaciones ulteriores podrán fijar hasta dóude se puede llegar con este pleomorfismo de laboratorio. Mientras tanto, creo que la descripción morfológica antedicha es rigurosamente aplicable sólo á los microbios recientemente aislados del enfermo de fiebre amarilla ó de su cadáver. Anales de la Universidad 59 más propicias para su desarrollo normal. Por esta razón, en una serie completa de investigaciones comparativas, he que- rido fijar algunos caracteres diferenciales susceptibles de ser utilizados rápidamente. Los resultados de estas investigaciones fueron los siguientes: 1.° El desarrollo del bacillus icteroide sobre placas de gela- tina debe obtenerse, posiblemente, á una temperatura no infe- rior á 18°-20° O 2.° Cuaudo, por una causa cualquiera, el desarrollo regular de las colonias en la superficie de la gelatina no empiece á efectuarse á las 36 - 48 horas, debe sospecharse la eventualidad de un desarrollo atípico tardío. 3.° Este pleomorfismo tardío del bacillus icteroide debe con- siderarse como la consecuencia de un fenómeno de naturaleza involutiva, que se distingue del pleomorfismo que presentan las colonias del colibacillus, en que este último lo presenta cons- tantemente y en condiciones normales. En efecto, he seguido al través de varias generaciones des- arrolladas sucesivamente en la superficie de la gelatina, cinco variedades de colibacillus aisladas del estómago y de los in- testinos de sujetos muertos de fiebre amarilla. Al principio estas cinco variedades presentan figuras algo distintas unas de otras; pero ya desde las primeras generaciones reproducidas en la gelatina, comienzan á aparecer colonias pleomorfas completamente dis- tintas de los tipos primitivos. Estas nuevas colonias transpor- tadas en otras placas se reproducen, dando en cada nueva gene- ración figuras siempre nuevas, siempre extrañas y completamente distintas, no sólo del tipo primitivo, sino también de las des- arrolladas al mismo tiempo ó sucesivamente en la placa común. 4.° Un carácter diferencial invariable que puede servir pre- coz y constantemente para distinguir las colonias en gelatina del bacillus icteroide de las del colibacillus, lo constituye el tono de luz de las mismas. El tono de luz que emana de las colonias del bacillus icteroide es siempre blanco; así es que, del aspecto de leucocitos y de gruesas células de protoplasma finamente granuloso que presentan al principio, se hacen poco á poco completamente opacas, pero sin presentar nunca el co- 60 Anales de la Universidad lor castaño oscuro más ó menos intenso que caracteriza indis- tintamente á todas las colonias colibacilares desde el primer período de su desenvolvimiento. Este carácter diferencial está naturalmente destinado á ser- vir páralos casos en los cuales deba hacerse un diagnóstico precoz en las primeras 36-48 horas; porque si se espera que las co- lonias del bacillus icteroide hayan llegado á su completo des- arrollo tomando el aspecto esférico ó reniforme, nucleado, in- coloro ó negruzco y finamente granulado que hemos descrito, entonces ya no es posible la confusión con las bien conocidas figuras crateriformes, de hojas de vid, de mar de hielo, etc., que presentan las innumerables variedades de colibacillus. Por lo demás, veremos más tarde que, al contrario de lo que sucede en el cólera, el tifus y varias otras enfermedades in- fecciosas, no es el cultivo en placas de gelatina el mejor pro- cedimiento para establecer rápidameute el diagnóstico bacterio- lógico del bacillus icteroide. 2.° — CULTIVOS EN GELATINA SOLIDIFICADA a) Gelatina solidificada rert i cálmente (inoculación por pica- dura). — Los cultivos obtenidos por picadura no presentan nada de característico. En la superficie y al rededor del punto de ino- culación, el bacillus icteroide se desarrolla lentamente como una delgada cabezuela, casi transparente, como uua gota de mucus, y sin tendencia á extenderse. A veces el desarrollo en superficie queda rudimentario ó falta por completo ; en cambio, á lo largo de la inoculación el trayecto del hilo de platino aparece claramente como una cinta constituida por pequeñas esferas opacas, que no confluyen nunca, y se presentan más ó menos grandes y distintas en las már- genes y en la extremidad inferior del trayecto inoculado. b) Gelatina solidificada oblicuamente (inoculación en estrías). — Este género de cultivo, en ciertas condiciones, resulta muy característico. Si la siembra practicada con el asa de platiuo es muy abundante (como, por ejemplo, sería el material de un Aíiales de la Universidad 61 cultivo), el desarrollo se efectúa en toda la superficie del me- dio nutritivo, bajo forma de una ligera capa más ó menos iri- sada, pero que no presenta nada de notable. Cuando, en cambio, se inocula un material relativamente po- bre en microbios (como, por ejemplo, trazas de sangre ó un poco de jugo visceral de un animal muerto por la infección pura), de manera que el desarrollo de las colonias pueda ha- cerse aisladamente, éstas aparecen después de algunos días, como otras tantas perlas de aspecto blanco - lechoso sin irisación. Cuando estas perlas han adquirido un cierto grado de creci- miento, puede éste detenerse y permanecer para siempre esta- cionarias. Pero, más comunmente, sobre todo si las colonias se encuen- tran bastante alejadas entre sí, se produce un fenómeno que describiremos con más detalles al tratar de los cultivos en ge- losa; es decir, que las colonias siguen desarrollándose y corrién- dose hacia las partes declives y dan lugar á la formación de varios trazos sinuosos que se interceptan y unen en varios pun- tos, descendiendo hacia el fondo del tubo como lágrimas de cera blanca y brillante. En este caso el cultivo toma un aspecto tan característico, que es imposible describirlo al natural. Estas pequeñas lágrimas de aspecto céreo, reuniéndose hacia abajo, forman poco á poco en el fondo del tubo un pequeño depósito de una sustancia blanca reluciente. Con el tiempo, en algunos de los trayectos recorridos por estas pequeñas lágrimas céreas, aparecen, además, como venillas transparentes que con- trastan singularmente con la opacidad láctea de la masa fun- damental, y figuran como si una ligera película externa y opaca se grietara en algunos puntos, dejando ver la masa subyacente de aspecto céreo y de una perfecta transparencia. 62 Anales de la Universidad 3.° —CULTIVOS EN GELOSA (AGAR-AGAR) Al contrario de lo que sucede con la mayor parte de los mi- crobios patógenos conocidos, el cultivo en gelosa constituye para el bacillus icteroide un medio diagnóstico de primer orden; pero la aplicación de este medio diagnóstico no es eficaz sino en las condiciones muy determinadas, que pasamos á estable- cer en seguida. Si por medio del asa de platino ó con la extremidad de una pipeta Pasteur conteniendo un poco de sangre ó de jugo esplénico ó hepático, extraído del cadáver de un animal ó de un hombre, en el que no hayan aparecido abundantes infec- ciones secundarias, se practica una siembra estriada en la su- perficie de un tubo de gelosa solidificada oblicuamente, y se coloca en seguida este tubo en la estufa á 37° O, se observa, después de 12-24 horas, la aparición de colonias diseminadas en la superficie del medio nutritivo, más ó menos distantes en- tre sí, según la cantidad ó riqueza en microbios del material sembrado. Estas colonias no presentan nada de notable. Son redondea- das, grisáceas, algo irisadas, transparentes, de superficie lisa y uniforme y de bordes regulares. Dejando todavía el cultivo en la estufa, las colonias siguen creciendo un poco más del mismo modo, hasta que, llegadas á un cierto punto, permanecen estacionarias, como las de cualquier especie microbiana. Pero, si después de haberse desarrollado durante 12-24 horas ó más en la estufa á 37°, se trasladan los cultivos á la tem- peratura del ambiente de 20° á 28°, el crecimiento sucesivo se efectúa de un modo tan distinto, que se hace notar en seguida. En efecto, después de las primeras 8-10 horas se observa la formación, al rededor de las primitivas colonias, de un rodete que se distingue inmediatamente por su relieve y por su aspecto blanco - opaco, con reflejos nacarados, que contrasta netamente con la parte central, que se conserva plana, irisada y transparente. Anales de la Universidad 63 Este fenómeno es tan evidente, que puede observarse á la luz artificial, y una vez conocido, deja una impresión tan clara y bien definida, que el distinguir inmediatamente y á simple vista una colonia de bacillus icteroide entre todas las demás co- lonias microbianas hasta hoy descritas, es ya cuestión de una simple inspección superficial. Dejando siempre el cultivo á la temperatura del ambiente, el rodete nacarado continúa su desarrollo, conservando el mismo aspecto. Aumenta de espesor, se hace más prominente y con- cluye por rodear la colonia primitiva central con un margen on- dulado y regular que se eleva bastante sobre el nivel de ésta. Una vez alcanzada esta faz de su desarrollo, las colonias to- man un aspecto característico que podría compararse á la figura de un sello de lacre, cuya parte central, deprimida, transparente, lisa, ligeramente irisada y perfectamente circular, está represen- tala por la colonia desarrollada á la temperatura de la estufa, mientras que el rodete exterior, muy prominente, de una opa- cidad brillante y nacarada y de contorno algo ondulado, lo forma la segunda faz de desarrollo efectuado á la temperatura am- biente. Cuando las colonias se desarrollan lejos unas de otras, cada una de ellas da lugar á la formación de un sello distinto; cuando, por el contrario, el material sembrado fué abundante y las co- lonias se desarrollaron en la estufa, muy cercanas entre sí, los rodetes exteriores, formados después á la temperatura ambiente, concluyen por fundirse entre sí, y entonces el conjunto del cul- tivo adquiere un aspecto por demás curioso. Parece como si se hubiera extendido en la superficie de la gelosa una gruesa capa de parafina opaca, y que después, con un pequeño sello circular, se hubiesen practicado tantas impresiones cuantas fueron las primitivas colonias transparentes circulares desarro- lladas en la estufa. En los días siguientes, este margen externo del cultivo sigue aún desarrollándose, siempre que la temperatura del ambiente se mantenga favorable, entre 20°-22°. Si las colonias están algo distantes unas de otras, se observa la aparición de otro carácter biológico interesante. 64 Anales de la Universidad El rodete nacarado, después de haber formado una especie de cráter al rededor de la pequeña colonia desarrollada en la estufa, sigue creciendo y se corre hacia las partes declives del medio nutritivo, donde cae lentamente como formando un arro- yuelo de trementina de Venecia. Si durante su curso esta especie de arroyuelo se encuentra con otros, confluyen y acaban por formar una finísima red de mallas irregulares que se dirige hacia las partes declives, de- jando las huellas profundas de las pequeñas colonias desarro- lladas primitivamente en la estufa. Pero hacia el 10.° día los cultivos comienzan de nuevo á cambiar completamente de aspecto. Todos los rodetes, los pequeños arroyos que corren hacia las partes declives; en una palabra: toda la parte del cultivo que se había desarrollado á la temperatura del ambiente, tomando el aspecto opaco - nacarado ya descrito, y elevándose muy por encima del nivel de las primitivas colonias desarrolladas á 37°, comienza á aplastarse, adelgazarse, casi á licuarse, se hace trans- parente, y desaparece, al fin, casi por completo, dejando sólo en su lugar una finísima película transparente que señala sus lími- tes y conserva su huella. Mientras se verifica esta extraña metamorfosis en la parte del cultivo desarrollado á la temperatura ambiente, las pequeñas colonias circulares primitivas, crecidas á 37°, se hacen algo más opacas, pero conservan invariable su forma. Y como los rodetes externos, lo mismo que los pequeños arroyos que en ellos tu- vieron origen, se han transformado en una delgadísima película transparente, el aspecto final del cultivo es comparable á un pequeño archipiélago, en el que las islas estarían representadas precisamente por las colonias formadas durante las primeras 24 horas en la estufa á 37°, y la superficie del agua por la del- gada capa formada por el residuo de la parte desarrollada á la temperatura ambiente. Como fácilmente se comprende, se tiene en este caso una figura inversa á la descrita en los primeros días de desarrollo. Llegado á este estado, el cultivo queda para siempre esta- cionario, no verificándose en lo sucesivo sino muy leves rao- Anales de la Universidad 65 difidaciones, debidas á inconstantes y variados fenómenos de involución. La sucesiva aparición de todos estos caracteres morfológi- cos, que por su originalidad constituyen un ejemplo hasta hoy único en microbiología, depende exclusivamente de la dife- rente manera de desarrollarse la colonia icteroide en la super- ficie de la gelosa, según se obtenga este desarrollo á alta ó baja temperatura. En efecto, si después de haber sembrado el tubo de gelosa se mantiene en la temperatura ambiente, en vez de la de la estufa, se produce un fenómeno opuesto al ya descrito. Las colonias, que van apareciendo en la superficie de la gelosa, no son iguales á las que se desarrollan en la estufa, sino que aparecen como otras tantas gotas de leche, de superfi- cie elevada y brillante. Si se mantiene el cultivo siempre á la misma temperatura, estas gotas concluyen por correrse hacia las partes declives y fundirse, sin presentar nada caracte- rístico. Viceversa, si apenas aparece la gota de aspecto lác- teo se lleva el tubo á la estufa, se forma inmediatamente al rededor de aquélla un nuevo rodete, que, á diferencia del que hemos visto desarrollarse á baja temperatura, es liso, transpa- rente é irisado; así es que la colonia, en vez de presentar, corno en el primer caso, el aspecto de un sello de lacre, pre- senta la de un botón con núcleo central más prominente que la zona periférica. Es innecesario repetir que, para comprobar estos detalles morfológicos, se debe emplear la gelosa solidificada oblicua- mente en tubos y sembrar muy pequeña cantidad de material, para obtener el desarrollo de colonias separadas lo más po- sible entre sí. La siembra de un material abundante, determi- nando la germinación de colonias rápidamente confluentes, im- pide la aparición del rodete característico. No obstante, á veces se observa su aparición aún al rededor de colonias con- fluentes, presentando el aspecto de una delgada cinta brillante y opaca que limita externamente sus contornos en la superfi- cie del medio nutritivo. Como fácilmente se comprende, estos caracteres morfológi- 5 66 Anales de la Universidad eos que presenta el bacillus icteroide, son tan típicos, que pueden ser utilizados en la práctica como medio rápido y se- guro para su diagnóstico bacteriológico. Para ese objeto debe recomendarse, sobre todo, la mayor di- lución del material que ha de sembrarse, ya sea él puro ó contaminado por la presencia de gérmenes de distinta natura- leza. Una vez hecha la dilución en un tubo de caldo estéril, se practicará la siembra del material, pasando sucesivamente la misma asa de platino por la superficie de varios tubos de gelosa, como se procede comunmente para el diagnóstico bac- teriológico de la difteria (1). El diagnóstico bacteriológico de la fiebre amarilla puede, pues, efectuarse en 24-26 horas, cuando más, y presenta so- bre el de la difteria la inmensa ventaja que, una vez consta- tada la aparición del rodete característico, es casi superfluo el examen microscópico de las colonias. Puede, pues, hacerse el diagnóstico bacteriológico de la fiebre amarilla aún sin usar el microscopio. La única y no pequeña dificultad que presenta en la prác- tica, es la de poder obtener siempre del enfermo ó del cadá- ver un material que contenga el microbio específico. 4.° —CULTIVOS EN SUERO SOLIDIFICADO Este medio nutritivo es poco favorable al desarrollo del bacillus icteroide. La inoculación hecha con un asa de platino cargada de un (1) En el curso de mis investigaciones ulteriores, he observado que cuando los cultivos han sufrido largos pasajes por muchos animales, parte de las colonias pierden la propiedad de formar regularmente en la gelosa el rodete característico. En este caso, sólo un pequeño número de ellas se presentan aún con la forma descrita. Con el fin de mantener en las colonias el primitivo carácter, que se observa siempre que se aislan del enfermo ó del cadáver, acostumbro aislar y emplear, siempre, en los pasajes sucesivos, sólo aquellas colonias que se desarrollan con su completo aspecto típico. Esto confirma, más aún, la extraordinaria tendencia al pleomorfismo que presenta el bacillus icteroide en todos los medios nutritivos artificiales. Este pleomorfismo indica también que no se puede considerar aún como definitivamente terminado el estudio morfológico del microbio de la fiebre amarilla. Anales de la Universidad 67 cultivo en caldo, da lugar á la producción de una ligera capa brillante sumamente transparente y apenas visible. El creci- miento es rápido, pero se detiene después de 24 horas, y da lugar, por consiguiente, á un cultivo muy pobre. Cuando la inoculación haya sido hecha con escaso material, las colonias que se desenvuelven aparecen como pequeñas go- tas de rocío semi transparentes y apenas perceptibles. Las preparaciones coloreadas de microbios desarrollados en suero hacen resaltar las malas condiciones de este medio nu- tritivo ; en efecto, las formas observadas son más pequeñas que las comunes, redondeadas, y semejan micrococcus aislados ó reunidos á pares. 5.° —CULTIVOS EN PATATAS Tampoco se presta bien la patata para los cultivos del ba- cillus icteroide. Este se desarrolla en la superficie del corte bajo forma de una delgada película transparente, glacée, casi invisible, y que permanece estacionaria y sin alteración du- rante muchos meses, sin oscurecerse nunca, como lo hace la conocida cultura clásica del bacillus tífico, que puede consi- derarse como muy análoga. CULTIVOS EN MEDIOS NUTRITIVOS LÍQUIDOS 6.° —CULTIVOS EN CALDO DE CARNE El caldo de Lófler simple puede contarse entre los mejores medios nutritivos para el microbio de la fiebre amarilla. Cuando el microbio ha sido recientemente aislado del cadá- ver y no parece aún habituado á vivir en medios nutritivos artificiales, las primeras inoculaciones en caldo simple resultan muy pobres ó no germinan. Lo mismo sucede cuando se siena- 68 Anales de la Universidad bra en caldo, material procedente de viejos cultivos en ge- losa. En ambos casos los cultivos son siempre pobres, y los mi- crobios que en ellos se desarrollan muestran ya después de las primeras 24 horas, formas de involución representadas por dilataciones terminales en forma de maza. Se repite, por consiguiente, un fenómeno idéntico al que habrá tenido ocasión de observar todo aquel que haya traba- jado con el vibrión colérico. El cultivo en caldo es siempre menos desarrollado que en la gelosa, sobre todo si el microbio por cualquier causa ha perdido algo de su vigor vegetativo. Pero cuando el bacillus icteroide se ha adaptado definitiva- mente á la vida en medios nutritivos artificiales, el cultivo en caldo se obtiene entonces regularmente y se produce en forma de un enturbiamiento siempre abundante. Nunca se forman películas ni depósitos floconosos. No se obtiene un buen desarrollo á temperaturas inferiores á 14o-16° C. Los microbios se multiplican desde el principio en forma regular y algo más larga que las que se observan en la ge- losa, pero después de 5 ó 6 días empiezan á aparecer nume- rosas formas de involución; en este caso, cada una de las cé- lulas se alarga, se engruesa en los polos y presenta nudosi- dades, fragmentaciones, degeneraciones vacuolares, etc., hasta que hacia el 10.° día no se encuentran ya formas normales: todo el cultivo se ha transformado en un conjunto de formas irre- conocibles. 7.°—CULTIVOS EN LECHE El cultivo del bacillus icteroide se obtiene fácilmente en la leche, sin que se produzca — ni aún después de muchas sema- nas — la coagulación de la caseína. Sin embargo, este hecho — como veremos más adelante — no significa que el microbio de la fiebre amarilla sea incapaz de atacar la lactosa y producir ácido láctico. Anales de la Universidad 69 CULTIVOS EN MEDIOS NUTRITIVOS ESPECIALES 8.° — CULTIVOS EN CALDO DE CARNE CON LACTOSA AL 2 % Y Ca CO3 Es éste el mejor medio nutritivo líquido para cultivar el bacillus icteroide: se desarrolla en él con abundancia; con todo, no forma películas ni depósitos floconosos, ni da lugar á fer- mentación aparente del azúcar. 9.° — CULTIVOS EN CALDO DE CARNE CON GLUCOSA AL 2 % En este medio se obtiene un desarrollo bastante rápido; pero al mismo tiempo se produce una activa fermentación de la glucosa con abundante desprendimiento de gases. 10.° — CULTIVOS EN CALDO DE CARNE CON SACAROSA AL 2 °/o Se obtiene un cultivo abundante sin visible fermentación del azúcar. ll.o _ CULTIVOS EN CALDO DE CARNE CON SACAROSA AL 2 °/o Y Ca CO3 La adición de carbonato calcico descubre una ligera fermen- tación del azúcar, que se manifiesta por la aparición de pocas y pequeñas burbujas de gas, que en las primeras horas de cul- tivo aparecen en la superficie del líquido. 70 Anales de la Universidad 12.° — CULTIVOS EN GELOSA DE WURTZ (Gelosa conteniendo lactosa y tintura azul de tornasol) En este medio el bacillus icteroide se desarrolla como en gelosa común; pero desde el 2.° ó 3.er día el color azul del substractum comienza poco á poco á virar al rojo, hasta que al 4.° ó 5.° día toda la masa azul de gelosa se ha coloreado en rojo cereza. Esto demuestra evidentemente que el bacillus icteroide — que no es capaz de fermentar los caldos lactosa- dos — ataca, no obstante, ligeramente al azúcar de leche en un medio nutritivo en el cual esta fermentación pueda ser descu- bierta por un procedimiento bastante sensible, aún en peque- ñas trazas. En consecuencia, debe admitirse que el bacillus ic- teroide fermenta en general todos los azúcares. 13.° — CULTIVOS EN GELATINA DE PAPAS (Acidez natural). — Ningún desarrollo. 14.° — CULTIVOS EN GELATINA DE PAPAS Y KYo AL 1 °/o (Acidez natural). —Ningún desarrollo. 15.° — CULTIVOS EN GELOSA ELSNER Acidez natural con caldo de patatas, sulfato de quinina al 1 °/o y acetato de bario al 0.25 °/o. Desarrollo sumamente lento y limitado después de las 24 horas. Anales de la Universidad 71 16.° — CULTIVOS EN CALDOS PARIETTI El bacillus icteroide puede desarrollarse en caldo de carne, soportando hasta 9 gotas por cada 10 c. c. de caldo, de la mezcla acida de Parietti. (Agua 100, ácido sulfúrico 5.00, ácido clorhí- drico 4.00). 17.° — CULTIVOS EN LÍQUIDO PASTEUR Agua 100.— Azúcar cande 10. - Tartrato amónico 0.50.— Fosfato potásico 0.10. Desarrollo muy escaso. Sin embargo los microbios conservan en él todos sus caracteres morfológicos. 18.° — CULTIVOS EN INFUSIÓN DE HENO Desarrollo casi imperceptible. Los microbios se multiplican con dificultad, presentando formas atípicas. 72 Anales de la Universidad V Patología comparada de la infección amarilla El microbio específico de la fiebre amarilla es patógeno para la mayor parte de los animales domésticos. Hay pocos microbios cuyo dominio patológico sea tan extenso y variado. Las aves son completamente refractarias, mientras que todos los mamíferos en que he experimentado son más ó menos sensibles á la acción patógena del bacillus icteroide. Como material de inoculación, en todas mis experiencias he usado cultivos de 24 horas en caldo lactosado al 2 °/0 con Ca CO3. He preferido el caldo lactosado al simple, porque en el pri- mero el bacillus icteroide se desarrolla con más rapidez y abundancia. La adición de una sal inactiva como el carbonato calcico, responde á dos fines: 1.° neutralizar las pequeñas cantidades de ácido láctico, que indudablemente prepara el bacillus icte- roide á expensas de la lactosa, y que podrían influir en su ul- terior desarrollo; 2.° descubrir inmediatamente la existencia de infecciones microbianas comunes, sobre todo debidas al colibacillus, al staphilococcus y al streptococcus. Los dos primeros descubren inmediatamente su presencia por la activa fermentación que producen, visible ya á las po- cas horas por las pequeñas burbujas de anhidrido carbónico que aparecen en la superficie y son debidas á la acción del íícido hfetico qcofonnaclo sobre el carbonato calcico, Anales de la Universidad 73 En cuanto al streptococcus, he utilizado un carácter muy interesante. Es sabido que el streptococcus, lo mismo que el bacillus icteroide, cultivados separadamente en caldo lactosado con Ca CO3, no determinan fermentación apreciable, por más que ambos puedan atacar lentamente la lactosa con produc- ción de pequeñas cantidades de ácido láctico. En cambio, cuando se encuentran reunidos, la fermentación se manifiesta siempre con producción de anhídrido carbónico, aún en los caldos lactosados, de manera tan regular, que puede adoptarse como criterio indicador de absoluta seguridad. En las múltiples investigaciones emprendidas con el objeto de determinar si esta exaltación de las propiedades fermenta- tivas— debida á la simbiosis de los dos microbios -- procede del bacillus icteroide ó del streptococcus, ó bien de ambos, no he obtenido resultados definitivos. La patología comparada del bacillus icteroide se encuentra compendiada en la exposición sucinta de las siguientes expe- riencias : A. — INFECCIÓN AMARILLA EN LOS RATONCILLOS BLANCOS (Mus Musculus Albinus) Estos pequeños animales son extremadamente sensibles, aún á la acción de pequeñísimas dosis de virus icteroide. Algunas gotas inyectadas bajo la piel, los mata regularmente después de 3-5 días de enfermedad. Los síntomas observados durante ese tiempo no tienen nada de característico: 24 horas después de la inyección el animal comienza á perder su vivacidad habitual, se pone triste y se arrincona en la jaula; poco después le aparece una secreción catarral de los párpados, cierra los ojos, se enfría y muere. Las lesiones anatomo- patológicas son las siguientes: el hí- gado presenta manchas blanquecinas muy semejantes á las bien conocidas taches anémiques de Hannot. En relación con estas manchas, las células hepáticas examinadas en el estado fresco ge presentan atacadas poruña intensa degeneración granulos'!; 74 Anales de la Universidad el bazo está enormemente tumefacto y hemorrágico, y alcanza á veces 3-4 veces el volumen normal; los riñones se presen- tan también muy congestionados y con el aspecto de la glo- mérulo - nefritis. Los cultivos demuestran la presencia de innumerable canti- dad de microbios, tanto en la sangre como en los órganos. En el bazo y en la sangre pueden observarse en cantidad por un simple examen microscópico directo, previa una colo- ración cualquiera. Se trata, por consiguiente, de una verdadera infección sep- ticémica que se manifiesta después de 5 días de enfermedad. Los cultivos de las cavidades serosas descubren á veces un número muy limitado de microbios, muy inferior, en todos los casos, al que se encuentra en la sangre y en el parénquima de los órganos. B. —LA INFECCIÓN AMARILLA EN EL COBAYA El cobaya (conejillo de Indias) es un animal muy sensible al bacillus icteroide. La infección se puede obtener indiferentemente por las vías subcutánea, peritoneal, intravenosa é intra - traqueal. La duración de la enfermedad, lo mismo que las lesiones anatomo-patológicas, varían algo según la manera como se ha producido la infección. i.° — Infección subcutánea La dosis mínima mortal no puede fijarse. En el curso de mis experiencias empleo por lo general la dosis de 0.5 centí- metros cúbicos de un caldo-cultivo de 24 horas; pero los re- sultados no varían mucho aunque se empleen 0.5 c. c. ó 0.1 c. c. La fiebre amarilla experimental en los cobayas es una en- fermedad cuyo curso cíclico no puede ser modificado por la cantidad de virus inoculado. Esta enfermedad dura, término medio, de 5 á 8 días; pero Anales de la Universidad 75 el mayor número de muertes se produce generalmente al 7.° día de enfermedad. Excepcionalmente los cobayas pueden morir después de las primeras 48 horas y después de 15-20 y aún 30 días. Pero, como ya he dicho, esto no depende de la cantidad de cultivo inoculado, sino de excepcionales condiciones de resistencia del animal, puesto que en muchas series de experiencias dirigidas á resolver definitivamente este punto discutido, he visto mo- rir regularmente al 6.° ó 7.° día — y aún antes — los cobayas inoculados con 0.1-0.2-1.0 c. c, etc., y sobrevivir hasta el 14.° ó el 16.° día, los inoculados con 0.5-2.0 c. c. Los fenómenos observados durante el período de la enfer- medad son dos: la fiebre y el enflaquecimiento. En efecto: en las 24 horas siguientes á la inyección del virus, la temperatura rectal del cobaya, que normalmente es de 38o-39° C, sube á 39°6-40°8, y se constata una disminución de peso de 20-30 y más gramos. El animal conserva, no obstante, su vivacidad habitual. En los días siguientes la temperatura llega hasta 41°-41° 5 O, y el peso sigue disminuyendo irregularmente, pero casi sin in- terrupción, hasta la muerte, que se produce, por regla general, como ya he dicho, entre el quinto y el octavo día, después de algunas deyecciones diarreicas. El resultado de la investigación anatómica es el siguiente: el punto de inoculación presenta á veces un edema hemorrá- gico ó una extensa infiltración con aspecto ligeramente puru- lento; las glándulas linfáticas axilares están extraordinariamente engrosadas y congestionadas; á la apertura de la cavidad to- rácica, los pulmones aparecen normales; á veces están sembra- dos de pequeñas manchas equimóticas, y en los casos de muy larga duración se encuentran las pleuras y el pericardio llenos de un trasudado cetrino ó hemorrágico. El músculo cardíaco está normal; por debajo del esternón, la glándula timo — sobre todo en los casos de más larga duración — aparece muy hiper- trofiada, de aspecto pálido, casi blanco-amarillo, purulento. Al abrir la cavidad abdominal, el peritoneo se presenta casi siempre algo congestionado; pero sólo en los casos algo eró- 76 Anales de la Universidad nicos nos es dado encontrar una pequeña cantidad de exudado, por lo general muy denso y á veces tan rico en elementos lin- foideos, que presenta el aspecto de un líquido lactescente; el hígado está siempre congestionado, pero de aspecto normal. Sólo en los casos crónicos, es decir, cuando el animal muere después de muchos días, el hígado se presenta evidente- mente degenerado, gris-pálido y con aspecto de nuez moscada. En un cobaya muerto á los dos meses y medio, después de una segunda inyección de virus, de 25 grs. de tejido hepático se extrajeron grs. 1.3 de sustancia grasa. No obstante, la dege- neración adiposa de la célula hepática no llega nunca á adquirir en el cobaya el aspecto que hemos descrito en el hombre y que volveremos á observar en otros animales. En los cobayas la célula hepática resiste mucho á la acción del veneno icteroide, el cual produce, cuando más, un enturbia- miento granuloso del protoplasma y fenómenos de necrosis ce- lular, á los que siguen raramente procesos bien caracterizados de degeneración adiposa. La hipertrofia del bazo constituye el resultado más constante y característico de la infección amarilla en el cobaya. Se pre- senta siempre muy pronunciada y llega á 4-5 veces el volu- men normal. En este caso el órgano se presenta rojo oscuro, poco resistente, muy rico en pulpa y fácilmente friable. El grado de hipertrofia depende, sobre todo, de la duración de la enfermedad. En los casos que excepcionalmente evolucio- nan en 3 ó 4 días, el tumor esplénico es poco pronunciado; en cambio, en los que pasan el término ordinario de 8 días, se presenta siempre aumentado, hasta adquirir á veces dimensio- nes extraordinarias. Si la enfermedad ha sido de larga duración (casos crónicos), el bazo se presenta más pálido que de costumbre, lo que de- muestra el carácter neoformativo del proceso inflamatorio, que termina dando lugar á alteraciones visibles y duraderas, repre- sentadas por la hipcrplasia de la pulpa, de las trabéculas, de las paredes vasales, etc. Después del ba??o, el órgano que con más frecuencia llama Anales de la Universidad 77 la atención en los cobayas es el riñon. El tejido renal del co- baya no reacciona al veneno amarillo con la sensibilidad del tejido renal del hombre ó de algún otro animal que estudiare- mos en adelante; no obstante, lo mismo en los casos agudos que en los crónicos, este órgano se presenta siempre algo alterado. En los casos agudos se trata especialmente de procesos con- gestivos; en los casos crónicos la alteración glomerular es evi- dente, y puede caracterizarse á simple vista. Respecto á la orina, la investigación de la albúmina no da en los cobayas resultados atendibles. Pocas veces he podido demostrar su presencia, usaudo la reacción de Hellcr, en casos que habían durado 16-20 días. Una sola vez pude descubrirla en mínima proporción en la orina de un animal muerto des- pués de 6 días de enfermedad; á tales resultados no puede darse grande importancia. En cuanto al aparato digestivo — al contrario de lo que he establecido para el veneno tífico, y en oposición de lo que se verifica en el hombre y en el perro — parece muy re- sistente á la acción del veneno amarillo. En efecto, en la ma- yor parte de las autopsias practicadas en animales muertos por infección subcutánea (que se elevan ya á algún millar), he ha- llado el canal intestinal casi completamente normal, si se excep- túa la existencia de una ligera distensión ó de un estado con- gestivo general, más ó menos marcado y que es común á todas las infecciones experimentales. Sólo en algunos casos de curso excepciouahnente agudo, por inyección de un virus exaltado transitoriamente (muerte á las 36-48 horas), pude observar en el tubo intestinal todas las lesiones de una gastro - enteritis aguda con largas porciones de intestino delgado llenas de sangre. Pero Jo que constituye el hecho más saliente de la infección amarilla experimental en el cobaya, no es tanto el cuadro de las alteraciones morbosas, cuanto el resultado del análisis bac- teriológico. Cualquiera que considere a priori el largo curso cíclico de esta infección en los cobayas, se inclinará á considerar el pro- ceso morboso como una intoxicación, más bien que como una infección común. 78 Anales de la Universidad Sin embargo, los cultivos preparados con la sangre y las vis- ceras de los cobayas que mueren después del período ordinario de 6-8 días, demuestran la existencia de una abundancia ex- traordinaria de microbios diseminados por todo el organismo y, sobre todo, en el bazo; estos animales sucumben, pues, á una infección de forma septicémica. Á medida que la muerte se aleja del término ordinario antes indicado, los microbios que se encuentran en la autopsia van siendo menos abundantes. Comienzan á disminuir y luego á desaparecer, primero de la sangre en circulación — donde se encuentran siempre en menor proporción, aún en las formas agudas, — después de los riñones, y en seguida del hígado. El bazo es el órgano donde se encuentran siempre microbios, aún después de larga enfermedad. Sólo en algunos casos de duración excepcional (40-50 días), el animal puede morir por intoxicación y caquexia y presentar un cadáver estéril. Establecido el hecho, bastante curioso, de una septicemia que mata á los animales después de una enfermedad febril de 7 días, quedaba por estudiar la manera de comportarse los mi- crobios inoculados en el organismo durante este período cíclico. Con este objeto he inoculado al mismo tiempo varias series de cobayas, que sacrificaba de 12 en 12 horas, practicando cul- tivos comparativos de la sangre y de las visceras, hasta que, terminado el período cíclico, comenzaban á sucumbir espontá- neamente. De ese modo pude verificar el siguiente orden de hechos: después de 12 horas, los microbios inoculados bajo la piel apa- recen ya constantemente en el bazo; de la sangre, sólo culti- vando grandes cantidades en medios líquidos, se pueden obte- ner cultivos positivos. Después de 24 horas, se obtiene también algún cultivo fértil del hígado. Del segundo al quinto día inclusive, salvo excepciones, los cultivos, ó permanecen completamente estériles, ó demuestran la existencia de escasos microbios sólo en el bazo. Al sexto día, se produce una inesperada irrupción general de microbios en la sangre y en los órganos, quedando siempre el bazo como su Anales de la Universidad 79 asiento preferido, de tal manera que el séptimo día, cuando se produce la muerte, la abundante y general multiplicación de los microbios presenta el tipo de una verdadera septicemia. Este modo de comportarse el microbio icteroide en el or- ganismo de los cobayas durante la enfermedad que hemos descrito, merece toda nuestra atención, no solamente porque — como veremos más adelante — se repite el mismo hecho en los conejos y en los monos, sino porque este tipo infec- cioso experimental presenta muchas analogías con el espontá- neo, que se verifica en el hombre. Otro hecho que conviene tener en cuenta en el estudio mi- crobiológico de la infección amarilla subcutánea del cobaya, es la completa ausencia ó suma escasez de microbios en las ca- vidades serosas. En efecto, aún en los casos de curso agudísimo, las cavi- dades pléurica y peritoneal resultan casi siempre estériles ó sólo dan lugar á muy pocas colonias. El examen microscópico del, líquido peritoneal demuestra á veces la presencia de gran- des fagocitos completamente llenos de microbios, sin que pue- dan encontrarse éstos en el estado de libertad. Esto contrasta singularmente con el resultado de la mayor parte de las infecciones experimentales, sobre todo las debidas al colibacillus ó al bacillus tífico, las cuales — como es sabido — cualquiera que sea la vía de penetración en el organismo, encuentran siempre, sobre todo en la cavidad peritoneal, un medio favorable á su localización y multiplicación. 2.° — Infección peritoneal Este modo de infección en los cobayas sólo presenta inte- rés en cuanto sirve para establecer un hecho que utilizaremos en adelante, y que tiene relación con lo que acabamos de de- cir respecto á las localizaciones serosas del bacillus icteroide, y con lo que hicimos notar á propósito de la infección en los ratoncillos blancos. En primer lugar, por lo que respecta á la duración de la enfermedad, puede aceptarse que la vía peritoneal abrevia algo la duración. 80 Anales de la Universidad Por lo general, los cobayas mueren en cuatro días, presen- tando, como regla, notable enflaquecimiento y un abundante exudado sero-fibrinoso en el peritoneo. En todo lo demás, el examen anatomo-patológico da el mismo resultado que en los muertos por infección subcutánea. Excepcionalmente, y con independencia de la dosis de virus — que en un caso fué de 10 centímetros cúbicos — la muerte puede ocurrir al final del período clásico, es decir, á los 6 -7 días. En tal caso el exudado peritoneal es comunmente hemorrá- gico y las lesiones viscerales son mucho más acentuadas; el timo se halla extraordinariamente hipertrofiado, el bazo muy grande, los riñones inflamados, y la orina puede contener al- búmina, corpúsculos grasos y hasta espermatozoides. La infección es siempre general y de tipo septicémico, como en todos los demás casos; pero lo interesante es que el exu- dado peritoneal — cualquiera que sea su naturaleza — presenta una cantidad de microbios tan pequeña, que contrasta con la abundancia en que se encuentran en todo el resto del orga- nismo. Por lo demás, el examen microscópico del exudado perito- neal raramente descubre bacillus libres: todos los microbios se encuentran regularmente en el interior de leucocitos polinu- cleados. Esto depone indudablemente en sentido de que el bacillus icteroide, aún en los casos en que, vencida la resistencia natu- ral del organismo, produce una infección generalizada, encuen- tra siempre dificultades para vivir g multiplicarse en las gran- des cavidades serosas. 3.° — Infección intravenosa Es una forma de infección que no presenta ventajas expe- rimentales sobre las otras. La inyección del virus en las venas tiene el único objeto de abreviar á veces el período de la enfermedad, como la in- fección peritoneal. En cuanto á las lesiones anatómicas y al Anales de la Universidad 81 comportamiento de los microbios en el organismo, el resultado es el mismo que el que se obtiene mediante las inyecciones subcutáneas. 4.° — Infección por las vías respiratorias Este modo de contagio presenta, del punto de vista prác- tico, cierto interés, por cuanto — como es sabido — está toda- vía por establecerse aún cuál es la vía de penetración del vi- rus amarillígeno en el organismo humano. Producía la infección inyectando directamente en la tráquea — previa traqueotomía — una gota de caldo- cultivo de 24 horas. La muerte del animal ocurre, por regla general, entre las 16 y 48 horas. En los casos de curso más rápido se encuentra en la autopsia una neumonía lobular, bilateral, con congestión intensa de la mayor parte del pulmón y exudado seroso ó li- geramente hemorrágico de la pleura; el peritoneo suele con- tener poco exudado cetrino, el hígado y el bazo están conges- tionados, los intestinos diarreicos y con enteritis descamativa. El resultado bacteriológico es, por lo general, negativo. Ra- ramente se encuentran pocos microbios en el exudado pléurico y en el bazo. Cuando los cobayas mueren después de dos días, entonces el resultado del examen anatómico es completamente negativo: no hay señales de procesos inflamatorios en los pulmones, ni se encuentra la mínima alteración de las visceras: hasta el bazo tiene su aspecto normal. El examen bacteriológico sólo demuestra la presencia de pe- queñas cantidades de microbios en los pulmones, aparentemente sanos y — como siempre — en el bazo. En consecuencia, en los casos de infección obtenida en los cobayas por las vías respiratorias, el proceso morboso, más bien que el tipo común de una infección general, presenta el de una verdadera intoxicación. No pueden escapar á nadie las grandes analogías de estos resultados con los que se obtienen á menudo en la fiebre ama- rilla humana, cuando se encuentra el cadáver completamente 6 82 Anales de la Universidad estéril, ó sólo contaminado por pocos microbios de infección secundaria. Cualquiera que sea la vía de penetración del virus y la du- ración de la enfermedad en los cobayas, ésta evoluciona siem- pre sin infecciones secundarias. Los cultivos que se obtienen de la autopsia son completamente puros. Eu cuanto á la virulencia de los microbios, diré, de un modo general, que el bacillus icteroide conserva bastante bien y por largo tiempo su virulencia en los cultivos artificiales. De los cobayas que mueren dentro del período cíclico ha- bitual, se obtiene el virus dotado de una actividad siempre constante. En los cultivos obtenidos de casos en los que la muerte se produjo excepcionalmente en 2-3 días, no se observa au- mento de virulencia. Su inyección en otros cobayas repro- duce invariablemente el período cíclico ordinario de la enfer- medad. He observado algunas veces producirse la muerte á las 36-48 horas, después de inyecciones de cultivos procedentes de ga- tos y monos. Pero este hecho no es constante, y además, ese supuesto aumento de virulencia es completamente transitorio, puesto que al segundo pasaje vuelve al estado normal. Algunas tentativas dirigidas á obtener en los cobayas una enfermedad de curso agudísimo y constante, fueron infructuo- sas; la infección amarilla en estos animales tiene siempre una tendencia sumamente desarrollada á mantener su curso cíclico habitual. En conclusión: la enfermedad producida en los cobayas por el bacillus icteroide presenta los siguientes caracteres prin- cipales y constantes: adenitis axilares é inguinales y lesiones hepáticas de degeneración en los casos crónicos; menos fre- cuentemente se encuentran enteritis, nefritis y albuminuria; en fin, muy raras veces pueden observarse derrames hemorrágicos en las serosas. El resultado del examen bacteriológico es el de una infec- ción, en los casos en que la penetración del virus se efectuó Anales de la Universidad 83 por vía subcutánea, intravenosa ó peritoneal, y el de una in- toxicación en los casos de contagio por las vías respira- torias. C. — LA INFECCIÓN AMARILLA EN LOS CONEJOS El conejo puede considerarse como el animal de elección para la infección amarilla experimental. Está dotado de una sensibilidad más marcada que la de cual- quier otro animal de laboratorio, y tiene sobre los mismos co- bayas las siguientes ventajas: muere siempre en un período fijo, no presenta nunca la enfermedad crónica, sea cualquiera la do- sis de virus empleada, y puede matarse regularmente en 48 ho- ras por inyección intravenosa. Es conveniente hacer notar desde ahora, que para las experien- cias en conejos no es indiferente emplear cultivos obtenidos con cobayas, y recíprocamente. En general he observado que el virus pasado por cobayas, mientras se conserva muy activo para éstos, se atenúa algo para el conejo, y recíprocamente el virus de pasaje en el co- nejo se atenúa para el cobaya. Debo agregar, sin embargo, que este carácter del virus ama- rillígeno no tiene siempre el valor de una ley constante. Una doble serie de investigaciones emprendidas con el ob- jeto de establecer la importancia de este hecho, me dio los re- sultados que resumo en la tabla siguiente. El virus de los conejos procedía de 67 pasajes sucesivos y no interrumpidos, obtenidos siempre por inyección intrave- nosa. El virus de los cobayas procedía de un número indetermi- nado de pasajes sucesivos, obtenidos siempre de cobaya á co- baya desde el principio de mis trabajos. Las inyecciones fueron hechas siempre por vía subcutánea. 84 Anales de la Universidad VIRUS PASADO POR CONEJOS CONEJOS Dosis de cultivo inoculado Muerte á las COBAYAS Dosis de cultivo inoculado Muerte á los Conejo l.°, Conejo 2.° Conejo 3.° Conejo 4.° Conejo 5.° Conejo 1.° Conejo 2.° Conejo 3.° Conejo 4.° Conejo 5.° 0.1 era. cúb. 0.2 » » 0.5 » » 1.0 » » 2.0 » » 48 horas 7 días Cobaya 1.' Cobaya 2.' Cobaya 3.' Cobaya 4.' Cobaya 6.' 0.1 cm, 0.2 » 0.5 » 1.0 » 2.0 » cúb. 22 días 17 » 23 » 10 » VIRUS PASADO POR COBAYAS Cobaya 1.°. Cobaya 2.°. Cobaya 3o. Cobaya 4.°. Cobaya 5.°. 0.1 cm. cúb. 0.2 » » 0.5 » » 1.0 » » 2.0 » » 3 días 7 » 10 » A pesar de las grandes oscilaciones que presentan los resul- tados de estas experiencias — hecho muy común en la infección amarilla experimental, — de Ja apreciación del conjunto resulta lo que hace poco afirmaba: Los cultivos ¡jasados pov conejos son más activos para estos animales que los que han sido pasados por cobayas, y recípro- camente. La atenuación del virus que resulta del pasaje por animales de especie diferente se manifiesta mucho mejor en los cobayas que en los conejos, porque estos últimos, como ya dije, son mucho más sensibles que los primeros á la infección amarilla. Es probable que no escape al examen de la tabla anterior una particularidad curiosa. En las dos series de conejos, y en la última de cobayas, las dosis de virus más pequeñas fueron las que produjeron la muerte en menor tiempo. Es éste un hecho que he tenido ocasión de constatar repe- tidas veces en otras series de investigaciones, y del cual me es imposible dar explicación, tauto más cuanto que no se repite de un modo constante. La infección experimental en los conejos puede producirse por las mismas vías que hemos estudiado en los cobayas. Anales de la Universidad 85 1.a — Infección subcutánea La dosis mínima mortal no está establecida, pero experi- mentalmente puede considerarse como muy pequeña, puesto que se obtiene la muerte de los animales en el mismo período de tiempo — que oscila entre 4-5 días, — tanto si se inyecta 0.1 c. c, como si se inyectan 2.0 c. c. Por excepción puede ocurrir la muerte en un tiempo mucho más breve. Los fenómenos objetivos presentados durante la enfermedad no tienen nada de interesante. El animal tiene hipertermias y constante disminución del peso del cuerpo, pero conserva su aspecto de bienestar, aun cuando los microbios se encuentran en cantidad considerable en la sangre. El proceso biológico de la infección en los conejos es en gran parte idéntico al estudiado en los cobayas, con la sola diferen- cia que la invasión general del organismo por los microbios se verifica de un modo precoz y mucho antes de la muerte. En efecto, sacrificando cada 12 horas los conejos inoculados contemporáneamente con una dosis de 0.5 centímetros cúbicos de caldo-cultivo, resulta lo siguiente: durante las primeras 24 horas todos los órganos se encuentran estériles, pero de la 36a hora en adelante, los cultivos de sangre y de hígado son ya positivos, y los del bazo contienen el bacillus icteroide en in- numerable cantidad; al tercer día todo el organismo está ya invadido, el bazo está hipertrofiado y plagado de microbios. Es fácil obtener abundantes cultivos de la sangre eu circula- ción, 24 horas antes de la muerte, extrayendo algunas gotas de una vena auricular, mediante una pipeta afilada. El resultado de la autopsia es el siguiente: notable hiper- trofia de los ganglios axilares é inguinales, sobre todo los que corresponden al lado en que fué hecha la inoculación ; en la cavidad torácica aparece extraordinariamente hipertrófica y con- gestionada la glándula timo; los pulmones, inalterados. Al abrir la cavidad abdominal aparecen las masas intestinales enorme- mente dilatadas y diarreicas, y á veces so encuentra reunida en la misma cavidad abdominal una cierta cantidad de líquido 86 Anales de la Universidad hemorrágico. El bazo está siempre hipertrofiado y representa en los conejos y cobayas el carácter constante y casi especí- fico de la infección amarilla. El grado de hipertrofia espléuica no siempre es idéntico, pero presenta casi el mismo aspecto que el bazo pneumococóxico; es de color rojo oscuro, consistente, tumefacto, y presenta á la sección una superficie seca. El examen histológico de los cortes endurecidos en el alco- hol ó en licor de Flemming, descubre una enorme infiltración hemorrágica de todo el tejido esplénico, especialmente por de- bajo de la cápsula; los elementos propios del bazo se encuen- tran disociados ó reunidos en pequeños grupos en medio de grandes masas de sangre extravasada. Los microbios se encuen- tran allí en abundancia, pero están reunidos como en el hom- bre, en pequeñas masas compactas situadas entre los focos sanguíneos. El hígado se presenta siempre muy congestionado y de co- lor oscuro. Al examen histológico (fijación en líquido de Flem- ming y coloración con el método de Martinotti) aparece ante todo una enorme congestión vasal de todo el órgano, y tanto las venas centrales como la red capilar envolvente, están tan dilatadas y turgentes, que la trama celular se encuentra á me- nudo extraordinariamente comprimida y reducida. En algunos puntos el protoplasma celular se presenta menos granuloso, como enrarecido ó vacuolar, y á veces disminuido de volumen, pero sus contornos se conservan siempre netos. Los núcleos aparecen casi siempre inalterados; en el conec- tivo perilobular existe siempre una infiltración embrionaria, que á veces es considerable. En el conejo comienza á observarse la esteatosis de las cé- lulas hepáticas, pero muy limitada. La mayor parte de las células se conservan inmunes; pero en el campo del microscopio se observan siempre muchos gru- pitos de gotas de grasa de varias dimensiones, coloreados en negro por el ácido ósmico. Estas gotitas adiposas están disemi- nadas en el tejido hepático sin orden fijo, ya en forma de pe- queñas masas, ya en forma de cadenillas ó de finas granulacio- nes distribuidas irregularmente. Anales de la Universidad 87 No se observan nunca gotas de grandes dimensiones, como las que encontraremos en el hígado de animales más superio- res y que hemos descrito en el hígado humano. Los riñones presentan en los conejos, con más frecuencia que en los cobayas, alteraciones de naturaleza inflamatoria. Son muy frecuentes las afecciones glomerulares y las hemorragias puntiformes de la sustancia cortical. El examen histológico descubre siempre una tumefacción turbia de la mayor parte de los epitelios, una gran parte de los cuales se encuentran muy á menudo completamente necrosados y convertidos en masas granulosas informes y sin núcleo. El diámetro de los tubuli se halla notablemente disminuido, y frecuentemente su cavidad está llena de detritus, elementos epiteliales y cilindros hialinos, á veces muy extensos, conte- niendo en su interior células epiteliales. En algunos puntos estas células se han desprendido de la sección, y entonces el tubo presenta un aspecto fenestrado. Los glomérulos presentan á veces asas vasales despojadas de su epitelio, pero en general no parecen sino excesivamente llenos de sangre. Los vasos del tejido conectivo interlobular también aparecen en algunos puntos muy dilatados y presen- tan numerosos desgarros lagunares á lo largo de sus ejes, que alcanzan en dimensión muchas veces el diámetro de la sección del tubuli y son visibles á simple vista en las piezas endure- cidas en el alcohol, bajo la forma de pequeños rayos oscuros que se dirigen perpendicularmente á la parte cortical siguiendo el curso de los canalículos. No es raro hallar extensas hemorragias intersticiales con des- trucción de gran parte de tejido renal. En este caso la zona hemorrágica aparece como una capa compacta, uniforme, de fibrina coagulada, en medio de la cual se encuentran cúmulos de glóbulos sanguíneos y secciones transversales completas de tubuli renales disociados completamente del resto del tejido. La degeneración grasa sólo aparece muy poco acentuada en el centro de pocos tubuli, donde en medio de detritus epiteliales degenerados, se observan alguna vez finísimas granulaciones negras. 88 Anales de la Universidad En cuanto á la orina, puede encontrarse en la vejiga en can- tidad variable; unas veces límpida, otras extraordinariamente rica en sedimentos. La presencia de la albúmina no es cons- tante, pero en algunos casos se puede evidenciar su presencia aún con los medios menos sensibles, como la acción del calor. Los resultados del examen bacteriológico son los siguientes: los microbios se encuentran difundidos en la sangre y en los órganos en cantidad innumerable y en estado de absoluta pu- reza : sólo en la cavidad perifonea! son siempre escasos y por lo general englobados por los leucocitos. Se trata, pues, de una verdadera septicemia mucho más grave que las descritas en los ratoncillos y cobayas. Como la infección amarillígena no asume nunca en los co- nejos la forma crónica, las alteraciones anatómicas se limitan á las ya descritas. En efecto, ningún conejo, entre los cente- nares que he sacrificado, ha sobrevivido á la infección más allá del término antes indicado, cualquiera que fuese la dosis de virus inoculado. 2.a — Infección intravenosa No difiere de la precedente sino en la duración de la en- fermedad y en la intensidad de las lesiones anatómicas. Conservando el virus en condiciones de máximum de acti- vidad por medio de continuos pasajes sucesivos, se llega á obtener como regla fija la muerte de los conejos en 48 horas, por medio de la inyección intravenosa (en una vena margi- nal de la oreja) de 0.1 cent. cúb. de caldo-cultivo de 24 horas, La sola diferencia que existe entre el resultado del examen anatómico de la infección por vía subcutánea y el de la in- fección por vía intravenosa, consiste en el tumor esplénico, que en este último caso es siempre un poco menos pronunciado. A pesar de esto, pueden considerarse como frecuentes los casos en* que se encuentra un gran tumor esplénico como resultado de la infección intravenosa. Además, la distribución de los microbios en los tejidos, no es igual á la ya descrita en los conejos, que mueren por infección subcutánea; en ese Anales de la Universidad 89 caso hemos visto que los bacillus icteroides se reúnen en pe- queñas aglomeraciones, razón por la cual aparecen en los cor- tes amontonados en pequeños grupos. En cambio, cuando el conejo muere en 48 horas por inyección intravenosa, los mi- crobios se encuentran en los cortes distribuidos irregularmente entre los tejidos, donde no forman casi nunca reuniones abun- dantes. De cuando en cuando se encuentra la enteritis hemorrágica. Una sola vez observé un caso típico de hemoglobinuria; la vejiga urinaria estaba en este caso completamente llena de orina de color rojo-Burdeos, y el examen microscópico no re- veló la presencia de glóbulos rojos; se trataba, pues, de pigmento sanguíneo disuelto y filtrado á través del riñon. Este órgano se presentaba, en efecto, en ambos lados gravemente alterado; casi la mitad de estos órganos aparecía extraordinariamente congestionada, de una coloración negruzca y de consistencia blanda. La constatación de estas lesiones, aunque extremadamente ra- ras, es un argumento más en apoyo de la gran importancia que debe darse á la predisposición individual en la extrinsecación de los fenómenos morbosos debidos á un mismo virus. 3.a — Infección por las vías respiratorias Este medio de infección es siempre seguro con respecto al éxito; porque el conejo, como el cobaya, sucumbe invariable- mente ; pero es más inconstante que los otros en cuanto á la duración de la enfermedad. En efecto, la misma dosis de 2 - 3 gotas de caldo - cultivo inoculadas directamente en el árbol bronquial, previa traqueo- tomía, puede matar en 16 horas, lo mismo que en 5 ó 6 días. En el primer caso las lesiones anatómicas se limitan sólo á pequeñísimos focos de infiltración pulmonar y á congestiones viscerales difusas. El bazo se presenta, sin embargo, ya tumefacto, y los intes- tinos distendidos y diarreicos. En los casos de curso más largo, los pulmones se presentan 90 Anales de la Universidad edematosos y con múltiples focos de neumonía lobular; á veces se observan también lóbulos pulmonares enteros atacados por verdaderos procesos de hepatización roja: las glándulas linfáticas bronquiales están hipertrofiadas y el tumor del bazo es enorme. Los resultados del examen bacteriológico son siempre los de una septicemia. El exudado pulmonar es rico en microbios, lo mismo que todos los otros humores del organismo. Las cavidades serosas, en los casos de curso agudísimo, se encuentran, por lo general, completamente estériles; pero en los que se prolongan algunos días, son invadidas, á su vez, por una cierta cantidad de microbios. Su número es, sin embargo, muy inferior al que se encuentra en las visceras y en la sangre. Se repite, pues, en este género de infección, que puede con- siderarse como uno de los más graves, el mismo hecho ya cons- tatado en la infección amarilla de los ratoncillos y cobayas; es decir, la resistencia de las cavidades serosas á la localización del bacillus icteroide. Resumiendo nuestros resultados respecto á la infección ama- rillígena en los conejos, encontramos como fenómenos constan- tes: el curso cíclico de la enfermedad, las adenitis axilares é inguinales, la hipertrofia de la glándula timo y el tumor esplé- nico. Además, el virus icteroide es capaz de producir en los conejos la nefritis, la enteritis, la albuminuria y la hemoglobi- nuria, y, á veces, puede manifestar propiedades hemorragíparas. D. —LA INFECCIÓN AMARILLA EN LOS PERROS El perro se presta mejor que cualquier otro animal de labo- ratorio, para hacer resaltar las estrechas analogías anatómicas y sintomatológicas de la fiebre amarilla experimental con la fiebre amarilla del hombre. Pero, como no es un animal tan sensible como el cobaya ó el conejo, la inyección del virus debe practicarse por vía intra- venosa y en dosis algo elevada, que no es posible determinar de antemano, porque se halla influenciada, en cada caso, por el tamaño, la edad y la raza. Anales de la Universidad 91 Sin embargo, una vez iniciado el proceso infeccioso, se ma- nifiesta y se desarrolla con tal violencia de síntomas y con un conjunto tal de lesiones, que recuerda el cuadro clínico y ana- tómico de la fiebre amarilla en el hombre. Es imposible trazar un cuadro morboso general, como hemos hecho para conejos y cobayas, en los cuales la enfermedad pre- senta un tipo casi constante. En los perros, los resultados de la experimentación varían casi caso por caso. Sólo hacen excepción aquellos en los que la muerte sobreviene en 12-24 horas por septicemia agudí- sima. Creo, por esto, más conveniente relatar algunas experiencias de las más típicas. Experiencia I PERRO DE KILOGRS. 10.900 12 de' Agosto. — Temperatura rectal, 38°2. Inyección intravenosa de 10 c. c. de un cultivo en caldo de 24 horas. Poco después de la inyección, el animal cae presa de un fuerte tem- blor general; presenta vómitos, diarrea y tenesmo vesical. Después de una hora, no puede sostenerse parado, se manifiesta dispnea, el temblor aumenta, se tira al suelo y cae en coma. 13 de Agosto. —El animal se encuentra en la misma posición que el día anterior y presenta los mismos síntomas. La temperatura rectal es de 39°7; orina mucho y aparece un catarro agudo de las conjunti- vas y de la nariz. No toca los alimentos. 14 de Agosto. — Sigue el mismo estado comatoso y de ayuno que en los días precedentes. 15 de Agosto. —Veso, kilogramos 8.400; las condiciones generales empeoran, la adinamia y el ayuno son completos, la diarrea es pro- fusa; sin embargo el animal consigue tragar un poco de agua y vo- mita rara vez. Queda en este estado durante nueve días, es decir, hasta el 21 de Agosto, época en que aparece una keratitis bilateral: las dos córneas están completamente opacas é infiltradas de pus. Sigue siem- pre en estado comatoso, interrumpido sólo por violentos y continuos golpes de tos ronca. 92 Anales de la Universidad El examen de la orina descubre la presencia de una gran cantidad de albúmina. 23 de Agosto. — El animal está completamente ciego y no consigue tenerse en pie todavía; además de la keratitis y de la bronco-neu- monía, se presenta un violento y agudo coriza que impide la respira- ción por la nariz; el perro se ve obligado á respirar con la boca abierta, y como está tendido en el suelo en estado de continua somnolencia, el cierre instintivo y continuo de las mandíbulas produce á cada mo- mento violentos ataques de asfixia seguidos de accesos de dispnea. Em- pieza á tomar algún alimento. Por la nariz fluye una abundante exudación catarral, de color verde claro. Supongo la existencia de pigmentos biliares en la sangre y prac- tico una pequeña sangría de la yugular: el suero separado del coágulo es lactescente y de color verde aceituna. Este color verde aceituna es propio del suero de los convalecientes ó de algunos enfermos de fie- bre amarilla en los que la ictericia está muy desarrollada. 27 de Agosto. —Peso, kilogramos 6.800.—Temperatura rectal, 39°2; el ojo derecho está curado de la keratitis, pero el izquierdo presenta todavía la córnea infiltrada, con pus en la cámara anterior. Io de Septiembre. —Peso, kilogramos 7.020.—La temperatura ha vuelto á ser casi normal (38°7), pero el estado general del animal es siempre malo, Está tendido en el suelo, la tos es continua, el catarro nasal es cada vez más abundante, la respiración es sumamente disp- neica, la debilidad es extrema. En este estado sigue casi sin variación hasta el lo de Septiembre. — Peso, kilogramos 7.540. — Temperatura rectal, 38°ó. Las articulaciones de las extremidades anteriores están tumefactas, in- flamadas y dolorosas. El examen de la orina demuestra siempre la presencia de grandes cantidades de albúmina. Con todo, el estado general no tiende á mejorar sino hacia el 28 de Septiembre, es decir, 46 días después del principio de la enfermedad. Poco á poco el perro comienza á moverse y á alimentarse con más abundancia, no tiene fiebre y los ojos están del todo curados. Persis- ten, sin embargo, las tumefacciones articulares. El 14 de Octubre siguiente, esto es, 63 días después de la inyección del virus y 16 días después de entrado en franca convalecencia, prac- tico una nueva sangría y separo del coágulo un suero lactescente (aná- logo al señalado recientemente en el hombre nefrítico), pero sin pig- mentos y dotado de un débil poder preventivo en los animales. El perro ha seguido vivo y fué destinado á la vacunación. El 9 de Marzo de 1897, estoes, después de 7 meses, pesaba ya 14.800 kilogramos y^había recibido en conjunto por inyección intravenosa 300 centímetros cúbicos de cultivo en caldo y varios cultivos en gelosa, Anales de la Universidad 93 - Experiencia II PERRO JOVEN DE KILOGRS. 5.120 1.° de Septiembre. — Temperatura rectal, 38o6.—Inyección intravenosa de un cultivo en gelosa diluido en 1 c. c. de cultivo en caldo. Inmediatamente después de la inyección, el perro comienza á vomi- tar todo el contenido del estómago, y después de cerca de una hora cae en coma profundo. Muere en la noche del mismo día. AUTOPSIA En la cavidad torácica, nada de particular; cavidad abdominal: bazo é hígado muy congestionados; estómago dilatado y lleno de un líquido sanguinolento; la mucosa gástrica tumefacta y tan congestionada, que presenta la coloración rojo-vinosa característica de la gastritis aguda general. Todo el tractus intestinal presenta la mucosa igualmente tu- mefacta, enrojecida y del mismo color de la mucosa gástrica; en mu- chos puntos se observan equimosis, y el contenido del intestino delgado está representado por una enorme cantidad de mucus y sangre. Se trata, pues, de una verdadera enteritis hemorrágica de las más graves. Los cultivos demuestran Ja presencia del bacillus icteroide en todos los órganos y en cantidad innumerable. Experiencia III PERRO DE KIEOGRS. 7.800 2 de Septiembre (11 a. m.). — Inyección intravenosa de un cultivo en gelosa diluido en 1 c. c. de caldo-cultivo. (1 p. m.). — El perro ha vomitado abundantemente, está agazapado y presenta una respiración acelerada y dispneica. 94 Anales de la Universidad (2 p. m.) — Está siempre echado y se queja de continuo, agitado por un temblor general. Las mandíbulas están separadas, y por la lengua, que cuelga, corre abundante líquido gástrico mezclado con sangre. Hay intensa fotofobia. (A las 2.30 p. m.). — El perro sigue emitiendo gritos lastimeros, está completamente postrado; estira el cuello para respirar más libre- mente, como si estuviera amenazado de asfixia; se presenta diarrea sanguinolenta. (A las 2.40 p. m.). — Muere. autopsia Cavidad torácica: pulmones con manchas equimóticas; cavidad ab- dominal : bazo algo congestionado; hígado con numerosas manchas amarillentas; el examen microscópico practicado sobre la pieza fresca, gracias al uso del ácido ósmico, descubre las células hepáticas ya ri- cas en gotas de grasa!; los riñones están congestionados; el estómago tiene la mucosa extraordinariamente tumefacta y tan congestionada, que presenta un color rojo-vinoso muy marcado y generalizado; los intestinos presentan en todo su trayecto la mucosa de un color rojo- escarlata, tumefacta, cubierta de exudación catarral, y en muchos pun- tos hemorrágica; observadas externamente, las paredes intestinales no presentan nada de anormal. Los cultivos descubren la presencia de gran cantidad de bacillus icteroides en todos los órganos, pero sobre todo en el bazo. Experiencia IV PERRO DE KILOURS. 8.000 3 de Septiembre (11 a. m.). —Inyección intravenosa de 5 c. c. de caldo-cultivo. (1 p. m.). — El animal está triste, presa de un temblor general y de violentos conatos de vómito. Ya ha vaciado completamente el conte- nido gástrico (cerca de 1.000 gramos de alimentos semi digeridos). (6 p. m.). — Los conatos de vómito se hacen menos frecuentes, pero el animal está completamente extenuado. Anales de la Universidad 95 4 de Septiembre. — Las condiciones generales han mejorado, pero sigue la adinamia y la completa abstención de alimentos. En los días siguientes no se nota nada nuevo en el estado general, siempre malo. La disminución de peso del cuerpo es progresiva y constante. El 15 de Septiembre el peso ha bajado á kilogrs. 6.440 y las deyec- ciones están manchadas de sangre. 19 de Septiembre. — El peso ha disminuido todavía hasta kilogrs. 5.54U y comienzan á presentarse continuas enterorragias que se re- piten los días siguientes hasta el día 25, en que el animal muere, habiendo disminuido de peso hasta 5.010 kilogramos. autopsia Cavidad torácica: los pulmones normales; la sangre del corazón, muy espesa y semi coagulada, presenta una consistencia y color semejan- tes al alquitrán de Noruega. Abdomen: el hígado color de hoja muerta, con numerosísimas man- chas de varios tamaños de color piel de gamuza. El examen microscópico en pieza fresca por medio del ácido ós- mico, no sólo demuestra que todas las células hepáticas se hallan ata- cadas de degeneración grasa extraordinariamente intensa y difusa, sino que descubre también muchas grandes gotas de grasa libres, de modo que el ácido ósmico concluye por ennegrecer toda la prepara- ción; el bazo se halla algo aumentado, fláxido y desmenuzable fácil- mente; los riñones presentan los signos de una nefritis grave con degeneración grasa extendida, visible á simple vista por el aspecto casi amarillento del parénquima ; la vejiga urinaria está completa- mente contraída y contiene pocas gotas de orina fuertemente albumi- nosa; el estómago y los intestinos llenos de un líquido color café; en las partes superiores del intestino delgado la mucosa está recubierta de un abundante catarro de color amarillento; pero con excepción de algunos puntos atacados de inflamación catarral más ó menos intensa, las paredes intestinales tienen un aspecto casi normal. Los cultivos de sangre y de visceras dan por resultado la presencia de gran cantidad de bacillus icteroides mezclados con colibacillus. El análisis químico de la sangre reveló una cantidad de urea igual á 4.27 o/oo. 96 Anales de la Universidad Experiencia V PERRO DE KILOGRS. 3.630 8 de Septiembre (10 a. m.). — Inyección intravenosa de un cultivo en gelosa diluido en caldo. Dos horas después de la inyección el animal ha vomitado todo su contenido gástrico. A las 4 p. m. está malísimo; tiene fotofobia, vo- mita continuamente y tiene diarrea sanguinolenta: adinamia completa. Muere durante la noche. autopsia Tórax: congestión pulmonar. Abdomen: bazo grande, negro, tur- gente, friable; hígado exangüe, seco, con zonas de degeneración grasa y con varios puntos equimóticos; en el estómago, la mucosa color rojo vinoso y con vastas equimosis submucosas, presenta el as- pecto de la gastritis hemorrágica agudísima: todo el canal intestinal presenta la mucosa en el mismo estado, es decir, tumefacta, color rojo vinoso, con muchas equimosis y con todos los caracteres de la ente- ritis aguda producida por el cianuro de potasio. El contenido intestinal está formado por gran cantidad de mucus y de sangre; el intestino grueso está lleno, además, de una gran can- tidad de materia viscosa, color chocolate, con estrías sanguinolentas; los ríñones están congestionados; la vejiga contraída y vacía de orina. Los cultivos demuestran la existencia de grandes cantidades de ba- cillus icteroides en los órganos y de muy pocos en la sangre. Experiencia VI PERRO DE KII.OGRS. 4.650 9 de Septiembre (10 a. m.). — Inyección intravenosa de 2 c. c. de caldo - cultivo. Algunas horas después de la inyección, el animal empieza á tener Anales de la Universidad 97 conatos de vómito y concluye por arrojar todo el contenido gástrico, quedando abatido y adinámico. En los días siguientes vuelve casi á su primitivo estado general satisfactorio, no obstante mantenerse la temperatura en 40° durante casi cuatro días seguidos. El peso del cuerpo disminuye sensiblemente. 19 de Septiembre. — Pero después de 10 días sólo ha bajado á kilogrs. 4.080; la fiebre ha desaparecido por completo y el estado general es excelente, por lo que practico una segunda inyección de 2 c. c. de caldo - cultivo. Después de esto el peso del animal disminuye de nuevo rápidamente; el estado general se agrava; sobre todo la adinamia se acentúa cada vez más, y el 24 aparece diarrea sanguinolenta. 26 de Septiembre. — El 26 el animal está postrado sin fuerzas y muy mal; el 27 está echado, inmóvil en su jaula, en coma profundo, interrumpido sólo por gemidos y accesos de dispnea. 2.5 de Septiembre. — Sobreviene la muerte. autopsia Tórax: pulmón izquierdo algo congestionado; sangre del corazón en gran parte líquida y muy pálida. Abdomen: hígado grueso, volu- minoso, seco, de color rojo tendiendo al anaranjado (semejante al hí- gado fosfórico), con muchas manchas de color amarillo. El examen microscópico hecho sobre el órgano fresco constata la degeneración grasa muy extendida, difusa, de todas las células hepáticas; la ve- sícula biliar está intacta y contiene bilis muy consistente de color amarillo de oro; bazo engrosado, tumefacto, rojo obscuro, desmenuza- ble ; ambos ríñones presentan todos los caracteres microscópicos del gran riñon blanco; en la superficie se observan algunas manchas he- morrágicas, y al corte se ve el parénquima blanco sucio, anémico, muy poco resistente; la vejiga urinaria completamente contraída; sólo por medio de una pipeta consigo recoger algunas gotas de orina límpida, pero que se coagula completamente por el calor; la mucosa gastro- intestinal no presenta ni congestiones ni hiperhemias de ninguna clase, pero está tumefacta, de color gris sucio y atacada de un proceso ca- tarral evidente, cuyo abundante exudado llena casi por completo el tubo digestivo, vacío de sustancias alimenticias. Los cultivos hechos con la sangre y los órganos demostraron una cantidad innúmera de bacillus icteroides. La sangre contiene el 3.15 %o de urea. 98 Anales de la Universidad Experiencia VII PERRO DE KILOGRS. 3.330 10 de Octubre (10 a. m.). — Inyección endovenosa de 2 c. c. de caldo - cultivo. En las primeras horas siguientes á la inyección el ani- mal presenta los síntomas ya observados en las otras experiencias; esto es: adinamia, vómito, tenesmo vesical y diarrea. La temperatura de 38°6 sube á 40°-40°7 y sigue así elevada hasta el día 13. El 14 y 15 está en 39°7; el 16 vuelve á subir á 40°. Como el 17 bajó á 39°1, practico una nueva inyección endovenosa de 5 c. c. de caldo de cultivo. 18 de Oitubre. — Sobreviene la muerte, precedida de vómitos san- guíneos y enterorragias. autopsia Tórax: nada de notable. — Abdomen : el hígado está intensamente degenerado y sembrado de manchas pálidas color de hoja muerta. El examen microscópico en fresco con ácido ósmico, demuestra una degeneración grasa difusa de todas las células hepáticas ; el bazo se halla engrosado y presenta varias manchas de infartos sanguíneos; los riñones, con los caracteres de una nefritis aguda bastante intensa; la vejiga urinaria, contraída, contiene sólo algunas gotas de orina com- pletamente albuminosa; el estómago dilatado y la mucosa tumefacta y de color rojo-sangre; los intestinos, llenes de un catarro blanco-ama- rillento, presentan también la mucosa algo espesada y de color rojo- escarlata. Los cultivos demuestran la ausencia de microbios en la sangre y en la orina y de escaso número de ellos en el hígado y en el bazo. Anales de la Universidad 99 Experiencia VIII PERRO DE KILOGRS. 4.060 19 de Octubre (9 a. m.).—Temperatura rectal, 38°5. Inyección intra- venosa de 5 c. c. de caldo-cultivo. Después de la inyección el animal presenta los síntomas generales ya descritos, pero al anochecer se repone algo. En los días siguientes, á pesar de la temperatura, que oscila siempre entre 39°7 y 40°, y de una disminución constante en el peso del cuerpo, presenta un estado general satisfactorio, 23 de Octubre.—Pero 8 días después de la inoculación, el perro comienza á agravarse: presenta diarrea, somnolencia, fotofobia y vómito color café. 24 de Octubre. — Cae en estado comatoso profundo y el 25 muere. autopsia Tórax: los pulmones se presentan equimóticos en algunos puntos. Abdomen: el hígado es de color amarillento, sembrado de manchas color gamuza. El examen microscópico del tejido fresco hace ver las células completamente llenas de pequeñas gotas de sustancia grasa; el bazo es pequeño, seco, consistente, con algunos infartos hemorrágicos; los riñones presentan una nefritis parenquimatosa difusa; la vejiga está contraída y contiene cerca de 1 centímetro cúbico de orina, fuerte- mente albuminosa; el estómago y los intestinos están completamente llenos de una gran cantidad de líquido color café, que al examen mi- croscópico aparece constituido por bacterios de varias especies, girones de epitelio, glóbulos y pigmento sanguíneos. La mucosa del intestino delgado, en toda su extensión, está tumefacta, de color chocolate, con extensas equimosis y cubierta de una capa mucosa espesa y resistente, color rojo café. En varias porciones las placas de Peyer aparecen enor- memente tumefactas, prominentes y ulceradas; al rededor de ellas existe una vasta é intensa infiltración hemorrágica. Los cultivos de la sangre y de los distintos órganos dan por resul- tado la presencia del bacillus icteroide mezclado al streptococcus. Este último predomina en el bazo y en la sangre y se encuentra en menor cantidad en el hígado y riñon. La sangre contiene 2.46 %o de urea. 100 Anales de la Universidad El estudio histológico de las lesiones anatómicas tiene una gran importancia en la fiebre amarilla experimental del perro, porque sus resultados son idénticos á los que se obtienen en el estudio de las lesiones anatómicas de la fiebre amarilla en el hombre. En el perro, como en el hombre, la esteatosis de los órga- nos y sobre todo de la célula hepática, constituye una altera- ción específica y constante. Hemos visto ya cuan fácil es constatar esta gravísima dege- neración aún por medio de un simple examen practicado sobre el órgano fresco. En los cortes de órganos fijados por el líquido de Flemming, el aspecto de los tejidos es perfectamente idéntico al que se observa en el hombre. A veces la esteatosis en el perro es mucho más grave que la que yo he podido observar en el hombre. El hígado es — como se comprende — el órgano atacado por elección. La alteración anatómica que llama inmediatamente la atención, es una dilatación capilar tan exagerada en algunos puntos, que casi semeja un tejido angiomatoso. Los cortes de vasos afectan formas variadísimas é irregulares, y en los pun- tos de confluencia se encuentran á menudo grandes lagunas. Las columnas hepáticas, interpuestas á los capilares, están redu- cidas á veces á delgadas trabéculas constituidas por células fuertemente alteradas en la forma, casi siempre disminuidas de volumen, turbias, granulosas, y en algunas partes completamente deshechas y convertidas en masas globulosas irreconocibles. Los núcleos por lo general se colorean poco (coloración á la safranina) y aparecen muy pálidos, unas veces hinchados, otras atrofíeos. El protoplasma celular está completamente alterado, ha perdido su aspecto granuloso y presenta una degeneración grasa tan grave y difusa, que sólo tiene comparación con la que se observa en el hombre ó en los envenenamientos por el fósforo. Todas las células están atacadas, aunque en grado variable. En algunas, la degeneración se manifiesta bajo forma de pe- queñas granulaciones negras; en otras aparecen como grandes gotas de sustancia grasa, que concluyen por llenar todo el retí- Anales de la Universidad 101 culo celular; en otras, en fin, la esteatosis es tan completa, que toda la célula está representada por una mancha negra uniforme, de contornos algo sinuosos, y á veces con un agujero circular en la parte central, que representa el núcleo incoloro ó des- truido. El aspecto de estas células grasas puede compararse al de ciertas células nerviosas coloreadas en negro con el método osmio-bicrómico de Golgi. Observando los cortes con pequeño aumento, la intensidad del proceso esteatógeno aparece más clara aún. El tejido hepá- tico parece como formado por un retículo irregular, constituido por los elementos hepáticos, cuyas mallas se presentan á veces en grandes extensiones, completamente ennegrecidas por el ácido ósmico, de tal modo que la preparación toma un aspecto muy singular, que la figura anexa hará comprender mejor que cual- quiera descripción. Se trata de enteras series de células hepáticas completamente transformadas en una aglomeración de sustancia grasa, que unas veces conserva la forma de las células primitivas y en otras se convierte en un conjunto de grandes gotas de grasa. La analogía de este proceso esteatógeno debido al bacillus icteroide, con el del envenenamiento fosfórico, no puede ser más evidente. Para mejor establecer las comparaciones, he determinado en los perros — como en los cobayas y conejos — envenenamien- tos fosfóricos administrando el veneno por la vía gástrica. Con verdadera sorpresa he observado que, en dos de estos animales envenenados con fósforo y muertos á los dos días de la administración del veneno, la esteatosis del hígado era mucho menos acentuada que la que se observa en la infección icte- roide; con efecto, las gotas de grasa eran muy escasas y se veían distribuidas entre las células más bien que en el proto- plasma mismo. La célula hepática apareció en general muy respetada. Después del hígado, en la infección icteroide del perro, me- recen ser tomados en consideración los riñones. Aquí también el proceso degenerativo asume proporciones bastante graves, aunque menos acentuadas que en el hígado. 102 Anales de la Universidad Las células de los canalículos uriníferos, están en general, ora turbias y granulosas, ora homogéneas y con aspecto de masas informes. En muchas partes el epitelio está atacado por un verdadero proceso de necrosis, razón por la cual aparecen las células completamente deshechas y sin núcleo. La luz de los canalículos urinarios contiene á menudo cilin- dros epiteliales, leucocitos, cilindros hialinos y granulosos, for- mados por albúmina trasudada y residuos celulares. La mayor parte de los núcleos preexistentes tienen una mar- cada incapacidad para colorearse. Se observan á menudo, como en el hígado, figuras nucleares raras, que deben, sin duda al- guna, atribuirse á procesos de kariolisis. La degeneración grasa no es tan grave ni generalizada como en el hígado, pero es en algunos puntos tan bien marcada, que se observan á veces en- teros cortes de canalículos cuyo epitelio necrosado contiene dise- minadas una inmensa cantidad de gotas de grasa de todas dimensiones. En este caso la degeneración adiposa toma el as- pecto que ha sido ya descrito por varios autores en la intoxi- cación diftérica grave. Los glomérulos, en cambio, parecen mucho mejor conserva- dos; pero, como lo hemos observado ya en el hombre, la cáp- sula contiene á menudo masas hialinas y granulosas, formadas evidentemente por albúmina coagulada. El tejido conectivo intertubular participa, en general, muy poco del proceso tóxico; sin embargo, sus vasos están siempre anormalmente dilatados. Además, en algunos puntos de la pre- paración se observan infiltraciones leucocitarias intertubulares en focos, reconocibles con pequeños aumentos. El examen de los riñones en el envenenamiento fosfórico de los perros, en oposición de lo que hemos observado para el hí- gado, presenta lesiones de degeneración mucho más acentuadas que las que se encuentran en la infección icteroide. En efecto, la mayor parte del epitelio renal está poco alterado, pero se encuentran algunos canalículos tan degenerados, que en los cor- tes— fijados previamente con ácido ósmico — aparecen como si estuvieran completamente llenos de innumerable cantidad de gotas de grasa de todas dimensiones. Anales de la Universidad 103 Con relación al bazo, excepción hecha de raras células llenas de gotitas de sustancia grasa, el examen histológico no descu- bre nada que pueda tener interés del punto de vista de nues- tras investigaciones. El examen histológico de la mucosa gastro-intestinal pre- senta gran interés en la fiebre amarilla del perro, porque — como lo hemos descrito — sus alteraciones macroscópicas son las que más se acercan á las de la fiebre amarilla humana. Sobre todo, deben fijar nuestra atención las lesiones gástricas. La superficie de la mucosa gástrica se encuentra siempre, como en el hombre, cubierta por una capa formada p'jr mucus, elementos epiteliales degenerados y leucocitos. El epitelium cilin- drico de los vestíbulos glandulares y de la superficie interna del estómago, falta en algunos puntos, y en el resto presenta los estadios más avanzados de la metamorfosis mucosa. Cada una de las células presenta en su borde libre un abul- tamicnto esférico terminal que se colorea ligeramente en rosa por la safraniua, y cuyo conjunto da á toda la superficie de la mucosa un aspecto tan original, que parece estuviera cubierta por órganos semejantes á los conidios de un aspergillus. El epitelium de las glándulas pépsicas es más granuloso que de costumbre, y el conectivo interglandular presenta sus vasos tan extraordinariamente repletos de sangre, que en algunos puntos sus desgarros han dado lugar á extensas infiltraciones hemorrágicas submucosas, en medio de las cuales se encuentran también algunos elementos conectivos llenos de gotitas adiposas. La fiebre amarilla experimental reproduce en los perros un cuadro morboso, que no solamente presenta, del punto de vista anatómico y sintomatológico, las más estrechas analogías con la fiebre amarilla del hombre, sino que nos ayuda ad- mirablemente á interpretar ciertos hechos que en esta úl- tima podían considerarse, hasta ahora, como de difícil expli- cación. En efecto, comenzando por el vómito, que representa el síntoma culminante de la infección icteroide, vemos que en el perro se produce de una manera constante, cada vez que entra en la circulación el veneno amarillígcno. Este funcionaría, pues, en 104 Anales de la Universidad el organismo como un principio emético muy activo, compara- ble, por ejemplo, á la apomorfina. En cuanto á las gastrorragias y enterorragias, es evidente su origen en los perros, por las graves alteraciones que se pro- ducen á lo largo de toda la mucosa del tubo digestivo. Esta mucosa, por efecto del veneno amarillígeno que circula en la sangre, es asiento de procesos congestivos primero, y después necróticos, tan graves y difusos, que determinan la ro- tura de las paredes vasales, explicando de una manera más que suficiente las hemorragias consiguientes. Se trata, también aquí, de una función eminentemente he- morragípara del veneno específico, que tiene su punto de elec- ción sobre todo en la mucosa gástrica, y que es comparable — bajo ciertos aspectos — á la que ha sido descrita por mí y por otros observadores en algunos venenos microbianos (veneno tífico, piociánico, etc.), ó en ciertos venenos de la sangre (cia- nuro de potasio, etc.). También la ictericia, que nunca se consigue provocar en los pequeños roedores, hemos podido observarla en un perro. Es cierto que este síntoma, tan común en el hombre, encuen- tra dificultades para reproducirse regularmente en los animales; pero su patogenia no ha sido todavía bien definida por la pa- tología. Es de suponerse que esté en relación con la lesión y dislocación consiguiente de las células que constituyen la trama hepática, y que, por consiguiente, deba ser considerado como una ictericia por reabsorción. Sin embargo, debo confesar que me ha sucedido lo que á otros investigadores; es decir, que tanto en las serosidades como en la orina de animales y de individuos completamente icté- ricos ó muertos de fiebre amarilla, no he conseguido, la mayor parte de las veces, ni aún empleando los procedimientos de análisis más delicados, poner en evidencia la reacción del pig- mento biliar. Esto viene, quizás, en apoyo de la opinión de algunos ob- servadores, según los cuales la ictericia de la fiebre amarilla no sería debida á la sufusión biliar, sino á la misma materia co- lorante de la sangre transformada en hemafeína. Anales de la Universidad 105 En la duda, considero por ahora oportuno pasar por alto esta cuestión, para detener más bien la atención sobre las al- teraciones renales que desempeñan en los perros, como en el hombre, una parte tan preponderante en el cuadro morboso. En efecto, después del elemento hepático, el elemento renal representa, lo mismo en el hombre que en el perro, el punto más vulnerable del organismo. Los procesos inflamatorios y de degeneración adquieren allí una intensidad tan excepcional, que explican por sí solos la al- buminuria primero, y la anuria después, que preceden casi cons- tantemente á la muerte. Esta última, en el perro como en el hombre, es precedida generalmente por un estado comatoso, más ó menos largo, debido en parte á la intoxicación urémica que se agrega á la intoxicación amarilla. La sangre de los perros contiene, en efecto, después de la muerte, cantidades de urea bastante considerables (4.27-3.15- 2.46 °/oo) é iguales, poco más ó menos, á las que se encuen- tran en los casos más graves de fiebre amarilla en el hombre. Del punto de vista anatómico, muy poco tenemos que agre- gar á lo descrito en el resumen de nuestras observaciones his- tológicas. La esteatosis general de los órganos, sobre todo del hígado y de los riñones, establece entre la fiebre amarilla del perro y la humana, relaciones tan estrechas, constantes y específicas, que podemos sin ambages proclamar su absoluta identidad. Por último, es notable la extremada rapidez de acción del veneno amarillo sobre la célula hepática, la cual puede pre- sentar á las pocas horas, una muy marcada degeneración grasa. ( Véase Experiencia III.) Lo que no me ha sido posible establecer con exactitud en los perros, es la dosis mortal fija, capaz de producir el pro- ceso morboso cíclico tan característico y tan análogo al hu- mano, que hemos descrito en cobayas y conejos; pero esta di- ficultad encuentra fácil explicación en las consideraciones que antes hicimos, respecto á la imposibilidad de obtener siempre animales de la misma talla, de la misma edad y de la misma raza. 106 Anales de la Universidad Hay algo que reclama todavía nuestra atención en el estu- dio de la fiebre amarilla canina: y es el resultado del examen bacteriológico. En la mayor parte de los casos el bacillus icteroide se en- cuentra en la sangre y en los órganos en cantidad variable, pero en estado de pureza absoluta. Una que otra vez. sin embargo, se encuentra asociado, como en el hombre, al coliba- cillus ó al streptococcus. Esta tendencia á las invasiones microbianas secundarias la estableceremos oportunamente, estudiando la intoxicación amari- lla en los perros, producida únicamente por los cultivos fil- trados. Y como, por otra parte, no pueden atribuirse estas in- fecciones á fenómenos post mortcm, porque las autopsias se efectuaron siempre poco después de la muerte, debe admitirse que el veneno amarillígeno, sea por sí mismo, sea por las al- teraciones que produce en varios órganos, y sobre todo en el hígado, favorece las infecciones secundarias que quizá tienen su punto de origen en el mismo tubo intestinal. El hígado es, en efecto, considerado umversalmente como un órgano de defensa contra los microbios. Considerando, pues, el conjunto de los resultados que se ob- tienen en el estudio de la infección amarilla en los perros, re- sulta que es posible obtener en estos animales los síntomas y las lesiones principales que constituyen el cuadro morboso es- pecífico del hombre (1). (1) Esta fenomenología característica, provocada por la infección icteroide en los perros, encontraría comparación exacta con algunas interesantes observaciones de varios autores, quienes durante graves epidemias de fiebre amarilla habrían observado la presencia en es- tos animales de todos los síntomas de la enfermedad, incluso el vómito de sangre. (Vóase González: Ueber das gelbe Fieber wclches in Cadi^ etc.— Uebcr, v. Borges, 1805. — Imiay : Edimburg mcd. a. surg. Journal, vol. 53-64- 70, 1840-48; y Hlair, Some account on the last yellow fever epidemia of Brit Guiana. Loudon, 1S30.) Anales de la Universidad 107 E. — LA INFECCIÓN AMARILLA EN LOS MONOS El mono me ha parecido un animal algo infiel en la expe- rimentación del virus icteroide. Sobre siete animales inoculados bajo la piel con 1 c. c. de cultivo en caldo, solamente tres murieron después de 8 días justos de enfermedad. Los otros cuatro, después de haber pre- sentado una intensa tumefacción en el punto de la inyección y un notable enflaquecimiento, sin ir acompañado de ningún sín- toma característico, se restablecieron por completo. Presentando cada una de las tres experiencias con resultado positivo, particularidades dignas de notarse, creo útil resumirlas brevemente cada una en particular : Experiencia I MONO DEL PARAGUAY, DE 510 GRAMOS ( Cebiis Fatiiellu* ) 6 de Mayo de 1896. — Inyección subcutánea de 1 c. c. de caldo de cultivo de 24 horas. Algunas horas después de la inoculación, el animal se encuentra triste, y la temperatura, que normalmente oscila entre 38<'4-38°8, llega á 39°9 y á la mañana siguiente á 40°1. Comienza un rápido enflaquecimiento diario, y el 14 del mismo mes — 8.° día de enfermedad —muere en coma, después de un largo período agónico caracterizado por la regurgitación del contenido del estómago y de algo de enterorragia. AUTOPSIA ( Hecha inmediatamente después de la muerte) Peso del cadáver, 470 gramos. —Nada de particular en la cavidad torácica. — Abdomen: hígado tumefacto, congestionado y muy friable; 108 Anales de la Universidad el examen microscópico del órgano fresco revela sólo la existencia de una degeneración granular difusa de todas las células hepáticas; con- gestión y tumefacción del bazo y de los riñones; tubo gastro-intestinal casi normal, con algunas equimosis de la mucosa; poca orina, límpida y no albuminosa, en la vejiga urinaria. El examen bacteriológico da el siguiente resultado: los cultivos pre- parados con la sangre estaban completamente constituidos por el sta- philococcus aureus; los del hígado, del bazo, de los riñones y de la orina resultaron mezclas de staphilococcus aureus y bacillus icteroides en cantidad casi igual. El pericardio y el peritoneo, estériles. El único hecho que merece llamar la atención en este caso tan poco demostrativo, es la infección mixta hallada en la au- topsia. No pudiéndose tratar de una infección post-mortem, porque la autopsia fué practicada inmediatamente después de la muerte del animal, hay que aceptar que también en el mono, como en el hombre y en el perro, la infección icteroide pre- dispone al organismo á las infecciones secundarias de los pyo- gencs. Experiencia II MONO COMO EL ANTERIOR, DEL PESO DE 710 GRAMOS 1.° de Diciembre. — Inyección subcutánea de 1 c. c. de caldo-cultivo de 26 horas. El animal muere al 7.o día, después de haber disminuido progresi- vamente de peso hasta 580 gramos. AUTOPSIA (Hecha inmediatamente después de la muerte) Tórax: pidmoncs en parte sanos y en parte fuertemente edematosos: abundante derrame seroso en la cavidad pleural derecha; corazón flá- xido, casi exangüe, degenerado. Abdomen: estómago é intestinos llenos de líquido diarreico, pero de aspecto casi normal; hígado de color ama- Anales de la Universidad 109 rillo, completamente exangüe, semejante á un pedazo de manteca. Sola- mente hacia los bordes se observa una ligera arborización de color rojo que contornea perfectamente los espacios interlobulares. El examen microscópico hecho en fresco con ácido ósmico, demues- tra la completa degeneración grasa de todas las células hepáticas. El bazo está un poco tumefacto, pero de aspecto normal; los riñones, pá- lidos y exangües, producen la impresión del gran riñon blanco; la ve- jiga urinaria, contraída, contiene sólo 2 ó 3 gotas de orina turbia, lactescente, que se coagula por completo por la acción del calor; los ganglios linfáticos axilares é inguinales tumefactos. El resultado bacteriológico fué el siguiente: pocos bacillus icteroides en la sangre y en los riñones, abundantes en el hígado, innumerables en el bazo y ninguno en la orina. La particularidad notable de esta autopsia ha sido, pues, una esteatosis del hígado tan intensa y general como yo nunca había visto, ni en el cadáver humano, ni durante el curso de todas mis experiencias anteriores sobre los animales. Después de haberlo fijado en soluciones de formaldehido y de alcohol, conservo esta viscera con el mismo aspecto y co- lor en una mezcla de agua y glicerina. Experiencia III MONO COMO EL ANTERIOR, DE 850 GRAMOS 3 de Diciembre. — Inyección subcutánea de 1 c. c. de caldo-cultivo de 24 horas. El animal disminuye de peso rápidamente, presentando, como el pre- cedente, una marcada elevación febril (40°8 ) durante las primeras 24 horas, y concluye por morir el 14.° día (17 de Diciembre), sin pre- sentar ningún síntoma que merezca consignarse. 110 Anales de la Universidad AUTOPSIA (Efectuada en seguida de la muerte) Peso del cadáver, 695 gramos. Tórax ■' pulmones algo congestionados, trasudado cetrino en las pleuras; corazón pálido, líquido del pericardio aumentado. Abdomen: estómago é intestinos pálidos, pero normales ; hígado aumentado de vo- lumen, exangüe, seco, de color oscuro, con evidentes manchas de de- generación grasa. El examen microscópico del órgano fresco, descubre — en efecto —gotas de grasa libres y una degeneración granulo - adi- posa bastante pronunciada de todos los elementos hepáticos; el bazo tiene aspecto normal; los riñones pálidos; la vejiga contiene muy poca orina, clara, albuminosa. Los cultivos demuestran la presencia del bacillus icteroide en gran- des cantidades en la sangre y en los órganos. El resultado de estas pocas experiencias no puede autori- zarnos para trazar el tipo morboso de la fiebre amarilla en el mono; no obstante, el excepcional dato anatómico de la Expe- riencia II — que indudablemente podía repetirse si fuera posible experimentar sobre mayor número de animales de la misma es- pecie — nos revela otra vez, con una demostración de las más hermosas é impresionantes, el enérgico poder esteatógeno del veneno icteroide. Durante el curso de algunas investigaciones comparativas que he querido seguir acerca de la intoxicación fosfórica, he tenido ocasión de observar, sobre todo en perros y conejos, degene- raciones del hígado realmente notables; pero debo declarar que ninguna de ellas podía compararse en su aspecto exterior á la observada en el mono antedicho. F. — LA INFECCIÓN AMARILLA EN LA CABRA Y EN EL CARNERO No he insistido con experiencias sistemáticas sobre estos ani- males, porque no he creído necesarias nuevas confirmaciones Anales de la Universidad 111 experimentales para poder establecer é ilustrar la acción espe- cífica del bacillus icteroide. Con todo, aunque no sea sino á título de contribución, haré breve mención de una cabra y un carnero muertos acciden- talmente de infecciones generales en el curso de algunas ten- tativas de. vacunación, que desde hace tiempo vengo practi- cando en los animales. CABRA LECHERA DE KILOGRS. 34.480 El 2 de Agosto comenzó á ser inoculada bajo la piel con 1 c. c. de cultivo filtrado. Sucesivamente fuese aumentando la dosis inyectada, de tal modo que el 20 de Octubre había recibido 195 c. c. de toxina, con una disminución de peso de cerca de 4 kilogramos. Del 24 de Octubre al 21 de Noviembre, el animal recibió en con- junto, por inyecciones subcutáneas, 10 c. c. de caldo-cultivo virulento, que toleró perfectamente bien. El 24 de Noviembre se le inocularon por inyección intravenosa 5 c. c. de caldo - cultivo. Al día siguiente la cabra cayó enferma y murió el día 27. El peso del cadáver era de kilogrs. 28.600. AUTOPSIA Tórax: la cavidad pléurica contiene gran cantidad de exudado se- roso, amarillento, transparente; los pulmones extraordinariamente ede- matosos ; el corazón fláxido y degenerado. Abdomen: abundante exu- dado seroso en la cavidad peritoneal; el canal digestivo tiene el aspecto normal, pero el hígado presenta todos los signos de una degeneración grasa medianamente difundida; bazo de aspecto normal; los ríñones con los caracteres de una glomérulo - nefritis muy intensa; la vejiga urinaria contraída y con pocas gotas de orina turbia muy albuminosa. Los cultivos de la sangre, lo mismo que de los órganos y de la orina, resultaron un verdadero puré de microbios. Sólo los exudados pleurítico y abdominal los contenían en cantidad limitada. El análisis químico del exudado pleurítico descubrió la presencia de grs. 4.05 de urea por mil! 112 Anales de la Universidad CARNERO JOVEN, DEL PESO DE KILOGRS. 22.800 El 5 de Septiembre empezó á recibir, por vía subcutánea, pequeñas dosis de cultivos filtrados, que se fueron poco á poco aumentando hasta el 10 de Octubre, en cuya fecha el animal pesaba kilogrs. lv.800 y había recibido en todo 115 gramos de toxina. Como á pesar de la disminución de peso, el animal se presentaba en muy buenas condiciones generales, el 12 de Octubre se le inocularon por vía subcutánea 10 c. c. de caldo-cultivo virulento. Esta inyección fué tan bien tolerada, que el animal empezó á aumen- tar de peso; se le repitió ocho veces, de modo que el 21*de Noviembre el carnero había recibido la inyección subcutánea total de 125 c. c. de cultivo filtrado y 121 c. c. de cultivo virulento. El 24 de Noviembre se practica una inyección endovenosa de 5 cen- tímetros cúbicos de caldo - cultivo fresco, y como parecía que el animal la había tolerado bien, se le repitió el 1.° de Diciembre con la dosis de 10 c. c. Al día siguiente el carnero murió. AUTOPSIA (Verificada en seguida de la muerte) Tórax: exudado pleurítico abundante, de color amarillo intenso; edema pulmonar extraordinariamente desarrollado y difuso. Abdomen: aparato digestivo de aspecto casi normal, presentando enteritis sólo en pequeños trechos; hígado pálido, pero aparentemente no degenerado; bazo pequeño y fláxido; riñones muy congestionados; vejiga urinaria contraída, conteniendo pocas gotas de orina, límpida y sin albúmina. Los cultivos de la sangre y del exudado pleurítico resultaron esté- riles ; los del hígado, del bazo y de los riñones dieron mezclas de ba- cillus icteroides y streptococcus; la orina dio cultivos puros de staphilo- coccus aureus. El análisis químico del exudado pleurítico dio grs. 2.80 °/oo de urea. El suero obtenido por coagulación de la sangre del corazón, produ- cía en la proporción de 1:20, y en una sola hora, la aglutinación, inmo- vilización y precipitación de todos los microbios de un caldo - cultivo de 24 horas. Anales de la Universidad 113 Se repite, por consiguiente, en la cabra y en el carnero el mismo conjunto de fenómenos que hemos señalado como es- pecíficos en nuestras investigaciones de patología comparada. En estas dos últimas experiencias, y sobre todo en la se- gunda, es notable la poca intensidad de la esteatosis he- pática ; pero esto no puede tener importancia alguna, primero por tratarse de animales que estaban desde mucho tiempo ha- bituados á tolerar grandes cantidades de virus amarillígeno, y en segundo lugar porque el proceso infectivo que fué causa inme- diata de la muerte, se desarrolló en un período demasiado breve, sobre todo en el carnero, para poder dar lugar á una degeneración grasa considerable del hígado. Veremos, en efecto, en la segunda parte, que el veneno ama- rillígeno puede determinar una esteatosis profunda y general de las células hepáticas. En cuanto á la lesión renal, en ambos casos se ha manifes- tado con tal intensidad que se puede admitir que, especial- mente en la cabra, si la muerte no se hubiese producido por infección específica, lo hubiese sido por insuficiencia renal; la enorme cantidad de urea hallada solamente en el exu- dado pleurítico (gramos 4.05 °/oo)> es, en efecto, muy superior á la más elevada que los autores (Grehant, etc.) han encontrado en los animales muertos por nefrotomía (gramos 2.76 %<>)• Esto nos demuestra que también en la fiebre amarilla experimental, el órgano que se muestra más sensible al veneno específico, y cuya lesión funcional constituye un hecho clínico y anatómico de importancia capital, es el riñon. tí 114 Anales de la Universidad VI Resumen Los resultados de esta primera parte de mis investigaciones permiten ya establecer algunas conclusiones fundamentales acerca de la etiología y patogenia de la fiebre amarilla. La fiebre amarilla es una enfermedad infecciosa, debida á un microrganismo bien definido y susceptible de ser cultivado en nuestros comunes medios nutritivos artificiales. Este microrganismo, que he designado provisoriamente con el nombre, no muy exacto, de bacillus icteroide, puede aislarse, no sólo del cadáver, sino también durante la vida, del enfermo de fiebre amarilla. Su extracción y aislamiento presenta la mayor parte de las veces dificultades insuperables, en parte debidas á la constante intromisión de infecciones secundarias, y en parte á la relativa escasez en que se encuentra en el organismo. Estas infecciones secundarias son debidas casi siempre á de- terminadas especies microbianas, como el colibacillus, el strep- tococcus, los staphilococcus, los proteus, etc., que pueden hacer irrupción en el organismo, aún mucho tiempo antes de la muerte del paciente; y no puede negarse que esta última pueda, algu- nas veces, ser más imputable á ellas que á la acción del ba- cillus icteroide. Es probable que una de las causas que contribuyen á dar al cuadro sintomático de la fiebre amarilla el polimorfismo que se Anales de la Universidad 115 observa en el hombre, sea precisamente la naturaleza y modo de desarrollarse de estas infecciones secundarias. La infección amarilla, tanto en el hombre como en los ani- males inferiores, representa una enfermedad de curso cíclico. Durante este período el microbio específico se encuentra en los órganos en pequeño número, y es solamente al final del ciclo morboso — que puede fijarse al rededor de 7 ú 8 días — que se multiplica resueltamente é invade, casi de improviso, al orga- nismo entero, acompañado casi siempre de otros microbios de procedencia probablemente intestinal. Sólo en los casos que terminan de ese modo, es decir, que cumplen con regularidad su ciclo morboso, puede encontrarse con relativa facilidad al microbio específico diseminado en los órganos y en la sangre; pero cuando una septicemia intercu- rrente ó un precoz envenenamiento urémico pone término antes de tiempo al ciclo morboso, entonces es sumamente difícil, sino del todo imposible, aislar el bacillus icteroide. En otra ocasión estudiaremos las causas de estas infecciones secundarias, que en la fiebre amarilla constituyen casi una regla con bien pocas excepciones. El bacillus icteroide, una vez que ha penetrado en el orga- nismo, no solamente determina una intoxicación general, sino que produce alteraciones específicas que tienen su asiento de elec- ción sobre todo en los riñones, en el tubo digestivoy en el hígado. En este último órgano determina una rápida degeneración grasa del elemento histológico; en el canal digestivo produce los efectos de una gastro-enteritis hematógena, y en el riñon produce la nefritis parenquimatosa aguda. Como la lesión renal es una de las más precoces, debe atri- buirse á la anuria, que bien pronto se establece en los enfer- mos de fiebre amarilla, una influencia no despreciable en el desarrollo del cuadro morboso y en la terminación del mismo (1). El enfermo de fiebre amarilla está, pues, amenazado al mismo (1) Esta gran importancia de la lesión renal no había escapado á algún antiguo ob- servador. En efecto, Lallemant (On the ferer of Rio Janeiro. —New Orleaus, 1854; pag. 270), para indicar la fiebre amarilla, usaba las expresiones: tifus renal, influenza renal, etc. 116 Anales de la Universidad tiempo por tres peligros inminentes, y el resultado del examen bacteriológico del cadáver puede con bastante aproximación evidenciar la causa principal de la muerte: 1.° Esta puede considerarse como debida á la infección es- pecífica principalmente, cuando el bacillus icteroide se encuen- tra en el cadáver en cierta cantidad y en estado de relativa pureza. Esto sucede sólo en los casos que siguen hasta el fin el propio ciclo morboso. 2.° Puede considerarse producida por septicemias, que se han ido estableciendo sucesivamente durante el curso de la enfermedad, cuando el cadáver da como resultado bacterioló- gico un cultivo casi puro de otros microbios. 3.° Puede ser debida también en gran parte á la insuficiencia renal, cuando el cadáver se encuentra casi estéril, la proporción de urea en la sangre es muy elevada y la muerte ocurre antes que la enfermedad haya alcanzado el término de su ciclo evolutivo. Es difícil establecer durante la vida del paciente, si preva- lecen ó no los síntomas urémicos sobre los específicos, porque los síntomas más salientes de la intoxicación amarilla se con- funden fácilmente con los de la insuficiencia renal. Esta frecuente é inevitable complicación es quizá la causa principal que impide la adopción de un tipo térmico especí- fico de la fiebre amarilla. Es muy probable que ciertas tem- peraturas de apariencia normal y algunas extrañas hipotermias, que aparecen con gran frecuencia durante el estadio de delirio ó en plena evolución de la enfermedad, y algunas extrañas é imprevistas terminaciones del proceso morboso, más bien que á la acción del veneno amarillígeno, sean debidas en gran parte á la intervención de la intoxicación urémica. El llamado vómito negro es debido á la acción de la aci- dez gástrica sobre la sangre extravasada en el estómago á con- secuencia de las graves lesiones tóxicas de su mucosa. El acto del vómito es provocado directamente por la acción emética específica que poseen los productos tóxicos del bacillus icteroide que circulan en la sangre El carácter hemorrágico presentado por la enfermedad es debida, ante todo, á las propiedades hemorragíparas que posee Anales de la Universidad 117 el bacillus icteroide, lo mismo que otros microbios; y en se- gundo lugar á las rápidas y profundas degeneraciones adipo- sas, específicas, que produce en las paredes de los vasos. La investigación é identificación del bacillus icteroide en los tejidos no puede tener valor sino después de conocidos los resultados bacteriológicos de la autopsia. El bacillus icteroide posee caracteres morfológicos tan netos, que permiten, no obstante su notable pleomorfismo, distinguirlo con mucha facilidad de entre todos los microbios hasta hoy conocidos. Una vez aislado, ya sea del cadáver, ó del enfermo, su diagnóstico bacteriológico exacto no requiere más de 24 horas. El bacillus icteroide es patógeno para la mayor parte de nuestros animales domésticos. En los ratones, cobayas y conejos reproduce una enferme- dad cíclica, análoga á la que observamos en el hombre, y cuya duración es para los primeros de cerca 5 días, para los se- gundos 6-8 días y cerca' de 5 para los últimos. Durante esta enfermedad, los microbios inoculados se multiplican muy poco en el interior de los órganos. Sólo 24-48 horas antes de la muerte hacen irrupción de improviso en el torrente circulato- rio, y concluyen por matar el animal por septicemia. Es en el hígado de los conejos donde se comienzan á constatar los primeros efectos de la acción esteatógena del veneno icteroide. La trasmisión de la enfermedad puede obtenerse experimen- talmente en los cobayas y conejos por las vías respiratorias. En este caso el examen bacteriológico habla en favor de un proceso tóxico análogo al observado en el hombre. Es, pues, posible que el contagio del, virus amarillígeno pueda ocurrir también por medio del aire, en condiciones naturales; Jo cual estaría de acuerdo con la mayor parte de las opiniones domi- nantes al respecto. En los perros, el bacillus icteroide produce un cuadro sin- tomático y anatómico más completo y análogo al observado en el hombre; esto es: vómitos, hematemesis, hematuria, al- buminuria, gastro-cnteritis hematógena, nefritis, ictericia, pro- funda degeneración grasa del hígado, intoxicación urémica y aparición de infecciones secundarias. 118 Anales de la Universidad En los monos puede producir la enfermedad cíclica, completa esteatosis del hígado, infecciones mixtas, etc. En la cabra y el carnero ataca más profundamente los ri- ñones, determina albuminuria é intoxicación urémica. Produce, además, degeneración aguda específica de la célula hepática, y favorece así las infecciones mixtas. El virus de la fiebre amarilla posee, pues, tres principales propiedades patógenas, que en su conjunto contribuyen á darle una fisonomía propia, que puede ser considerada como específica: 1.° Las propiedades esteatógenas, que se manifiestan con tanta mayor intensidad cuanto más elevado en la escala zoológica es el animal sobre el cual ellas se ejercen. Aparecen, en efecto, en grado mínimo en el conejo y llegan al máximum de sus efectos en el perro, en el mono y en el hombre. La ictericia que se manifiesta, en general, cuando la enfermedad está ya avanzada, es quizá debida á las graves alteraciones anatómicas del hígado, en el que la bien conocida dislocación de la trama hepática debe constituir un verdadero obstáculo mecánico al li- bre derrame de la bilis, favoreciendo, en consecuencia, su reab- sorción por el sistema linfático. 2.° Las propiedades congestivas y hemorragíparas que — á pe- sar de ser comunes á otros microbios—por el asiento anatómico de su acción, constituyen un carácter específico muy saliente, puesto que se deben á ellas, no sólo el clásico vómito de san- gre (vómito negro) y las variadas manifestaciones hemorrágicas que presentan las mucosas, sino también las congestiones vasales que son la causa principal délos bien conocidos dolores patogno- mónicos (cefalalgia, raquialgia, hepatalgia) de la fiebre amarilla. 3.° Las propiedades eméticas, que aún sin ser — lo mismo que las precedentes — manifestación estrictamente específica del virus amarillígeno, no obstante, por la rapidez, la intensi- dad y la insistencia con que suelen manifestarse en el hom- bre y en los animales superiores (perros), dan á este virus un carácter patogénico especial, que hace fácil su diferenciación de todos los otros conocidos hasta hoy. SEGITNDA PARTE SEGUNDA PARTE I El veneno amarillígeno Los síntomas, las lesiones y los resultados del estudio bac- teriológico de la fiebre amarilla, tanto en el hombre como en los animales, hacen presumir la existencia de un veneno espe- cífico, elaborado por el bacillus icteroide, y capaz de desarro- llar por sí solo todo el cuadro morboso que hasta ahora hemos descrito comparativamente. Además de esto, la pequeña cantidad en que se encuentra generalmente el bacillus icteroide en el organismo humano, y la violencia de los síntomas que sobrevienen en el perro in- mediatamente después de la inyección intravenosa de cultivos relativamente poco abundantes, hacen suponer que el veneno amarillígeno debe ser una sustancia muy enérgica, y activa aún en pequeñas dosis. Era, pues, interesante estudiar su acción sobre el organismo animal. En estas investigaciones me he servido siempre de cultivos de 15-20 días, simplemente filtrados á través de la bujía de Chamberland. 122 Anales de la Universidad En cuanto se refiere al medio de cultivo, haré notar desde ahora, que después de múltiples tentativas efectuadas con una gran variedad de mezclas nutritivas, he concluido por adoptar el caldo de carne peptonizado usado comunmente. La toxina preparada por este sencillo procedimiento, fué después ensayada en los cobayas, en los conejos, perros, cabras, asnos, caballos y en el hombre. Anales de la Universidad 123 II La intoxicación amarilla en el cobaya y en el conejo Estos animales no son muy aparentes para el estudio de la toxina amarillígena. Los resultados que se obtienen por medio de inyecciones subcutáneas ó intravenosas de cultivos filtrados, son poco concluyentes. Los cobayas mueren en 24 horas, sólo cuando se les inyec- tan dosis bastante elevadas: 15-20 c. c. Las dosis menores, de 2-5-10 c. c, no producen sino una disminución progresiva del peso del cuerpo, que se acentúa durante 10-12 días; des- pués de los cuales, en general, los animales se restablecen, volviendo á su peso primitivo. He querido también estudiar el efecto del calor sobre estos cultivos filtrados, y he constatado que la temperatura de 70° C. no altera casi nada su poder tóxico, mientras que la de 100° C. lo atenúa sensiblemente. Si en vez de emplear los cultivos filtrados, se emplean es- terilizados por el éter, su poder tóxico es mucho mayor. La pequeña dosis de 1 c. c. inyectada bajo la piel, puede producir en 24 horas una disminución de 15 á 20 grs. en el peso del cuerpo de un cobaya de 300 grs. Sin embargo, aún en este caso las pequeñas dosis no hacen sino disminuir transitoriamente el peso del cuerpo. Para ma- tar los cobayas de 300 grs. se necesitan por lo menos 10 c. c. 124 Anales de la Universidad en una sola inyección: la muerte sobreviene entonces al cabo de 10-20 ó 30 días. Las lesiones que se encuentran en la autopsia, después de la intoxicación, ya sea aguda ó crónica, no presentan nada de interesante. En los casos agudos se tienen fenómenos conges- tivos generales; en los casos crónicos se presenta el cuadro de la caquexia. En los conejos se observa una resistencia algo menor. La vía más conveniente para producir la intoxicación es la endovenosa. Las dosis de 2 á 5 c. c. de cultivo filtrado no producen ningún efecto; pero á partir de 10 c. c. los conejos de 1 kilogr. mueren regularmente en 7-8 días, sin presentar, no obstante, ningún fenómeno interesante relacionado con la índole de nuestras investigaciones. He abandonado, por consiguiente, bien pronto los pequeños roedores, considerándolos inadecuados para esta clase de tra- bajos. Anales de la Universidad 125 III La intoxicación amarilla en el perro En el perro se reproducen, con la toxina, los mismos sín- tomas y las mismas lesiones que hemos descrito á propósito de las experiencias hechas con el virus. Se repite también aquí con la toxina el mismo inconve- niente que ya hemos señalado con relación al virus : es decir, que la cantidad capaz de enfermar ó de matar un perro es sumamente variable. Esta cantidad es, sin embargo, notable, y sus efectos son diversos según se inyecte bajo la piel ó di- rectamente en las venas. La inyección subcutánea no debe aconsejarse; produce aún á dosis moderadas — de 5-10 c. c. — enormes tumefacciones locales de muy lenta reabsorción, y aún en grandes cantidades es incapaz de determinar la aparición de los síntomas carac- terísticos de la fiebre amarilla en el perro. Es muy probable que la toxina amarillígena determine en el punto de inyección un proceso inflamatorio ó necrótico tan rá- pido que impida ú obstaculice mucho su difusión en el orga- nismo. Veremos después, que idéntico fenómeno se verifica en otros animales y en el hombre mismo. Si en lugar de los cultivos simplemente filtrados, se inocu- lan bajo la piel cultivos esterilizados con éter, los fenómenos locales son aún más graves y acentuados; pero, aparte de la fiebre — que puede durar algunos días — y de un malestar fá- 126 Anales de la Universidad cilmente explicable por la imponente tumefacción y por el fuerte dolor local que generalmente la acompaña, no se observan nunca fenómenos generales importantes. Parecería, pues, que la toxina inoculada bajo la piel, fuera como neutralizada, digerida y aniquilada por la enorme canti- dad de leucocitos que afluyen inmediatamente al rededor del punto de inoculación, donde determinan muy á menudo la for- mación de grandes colecciones purulentas, que concluyen por ulcerarse evacuándose al exterior. No fué nunca posible — ni aún repitiendo durante varios días seguidos la inyección subcutánea de fuertes dosis de to- xina — provocar el vómito, la gastro - enteritis, la fotofobia, etc., que tan fácilmente sobrevienen á consecuencia de la in- yección intravenosa del virus, y que veremos también re- producirse mediante las inyecciones endovenosas de la to- xina. Lo que puede observarse después de algún tiempo en los perros que han recibido la toxina por vía subcutánea durante mucho tiempo, es una disminución del peso del cuerpo, un co- riza pertinaz acompañado de abundante catarro de la mucosa nasal, y una tumefacción difusa y dolorosa de todo el tejido subcutáneo cercano al sitio de la inyección. Pero como todo esto no presenta ninguna particularidad que pueda interesar- nos, abandoné bien pronto las inyecciones subcutáneas y con- tinué la experimentación usando exclusivamente las inyecciones intravenosas. Estas últimas pueden efectuarse fácilmente por una de las numerosas venas superficiales que se observan en la cara in- terna del muslo. La dosis de cultivo filtrado que debe inyectarse para obte- ner resultados demostrativos, varía naturalmente bajo la influen- cia de múltiples factores, que se repiten en todas las expe- riencias efectuadas sobre los perros; pero la dosis de 24 - 40 c. c. en perros de 3 á 4 kilogrs., es suficiente para provocar en se- guida fenómenos gravísimos. En efecto, inmediatamente después de la inyección, el animal no presenta nada de particular; pero á los 10-15 minutos so- Anales de la Universidad 127 breviene un escalofrío general que lo sacude violentamente; aparecen casi siempre evacuaciones diarreicas; comienza una abundante secreción lagrimal, y entra por fin en escena el vó- mito, impetuoso y continuo, al principio alimenticio, y después mucoso, de modo que el animal evacúa completamente y en poco tiempo su cavidad gástrica, y se echa en la jaula entera- mente privado de fuerzas; á menudo se manifiestan precoces hematurias. Si la dosis fué moderada, el perro se restablece muy pronto de este violento ataque, comparable á un envenenamiento pro- ducido por un enérgico vomitivo; pero si la cantidad de to- xina es bastante grande (150 - 200 c. c.), ó si se repite en los días siguientes aumentando progresivamente la dosis, el pe- rro concluye por sucumbir, presentando las mismas lesiones anatómicas que hemos descrito como debidas á la acción del virus viviente. Estas lesiones generalmente son las siguientes: tórax con exudación serosa, á veces abundante (60-100 c. c.), consti- tuida en el mayor número de los casos por un líquido trans- parente, de color rojo vinoso (hemoglobínico); degeneración grasosa del miocardio. Abdomen: hígado seco con extensas man- chas amarillentas, que el examen microscópico demuestra es- tar formadas por células hepáticas en completa degeneración grasosa y por innumerables gotas de grasa completamente li- bres ; bazo de aspecto normal; riñones con los signos de la nefritis parenquimatosa aguda; vejiga, contraída, con pocas gotas de orina albuminosa ó hematúrica; la mucosa gástrica de un color oscuro, y su contenido, como el del canal intestinal, está constituido por un líquido color café. Lo que presenta realmente un interés especial, es el resul- tado de las investigaciones bacteriológicas. La sangre y las visceras de los perros que mueren por in- toxicación amarilla, sobre todo si ésta ha durado algunos días, casi nunca son estériles. La mayor parte de las veces se ob- tienen cultivos abundantísimos de streptococcus, más raramente de colibacillus ó de staphilococcus aureus. Existe, pues, una completa analogía con lo que hemos seña- 128 Anales de la Universidad lado en el hombre: el amarillismo facilita, por lo regular, la aparición de las infecciones secundarias. En un próximo capítulo nos ocuparemos también del meca- nismo de estas infecciones secundarias, que presentan tanto in- terés, ya del punto de vista clínico, como del bacteriológico. Anales de la Universidad 129 IV La intoxicación amarilla en el gato, en la cabra, en el asno y en el caballo El gato es muy resistente, tanto á la acción del virus, como á la de la toxina icteroide; se le pueden inyectar dosis ver- daderamente formidables del uno ó de la otra, sin producir otra cosa que una disminución de peso, más ó menos acentuada, se- guida de un proceso inflamatorio en el punto de inyección. Debe, por lo tanto, considerarse á este animal como el más re- sistente de cuantos he tenido ocasión de experimentar hasta ahora, y por eso su estudio, del punto de vista de la patoge- nia de la fiebre amarilla experimental, no presenta ninguna uti- lidad inmediata. En lo que se refiere á la cabra, como también al asno y al caballo, no he seguido en mis investigaciones una marcha sis- temática, por tratarse de animales de gran talla y de un valor comercial relativamente elevado; pero he podido estudiar en ellos la acción del veneno amarillígeno durante las múltiples tentativas de vacunación que desde hace tiempo vengo practi- cando, y que á veces fueron seguidas de muerte. Contrariamente á la manera como se comporta con respecto á las infecciones más conocidas, la cabra es muy sensible, tanto al virus como á la toxina amarillígcna. Ya hemos visto antes cómo pequeñas dosis de virus son su- ficientes para matar una cabra grande y adulta. Con relación 9 130 Anales de la Universidad á la toxina, no es posible establecer una dosis fija. A veces he visto pequeños cabritos tolerar, durante muchos días seguidos, dosis bastante grandes (15-20 ce.) de toxina, sin manifestar otra cosa que un enflaquecimiento pasajero; mientras que se me han muerto cabras adultas y en excelente estado de salud, des- pués de la inyección subcutánea de pequeñas dosis fraccionadas. He aquí, por ejemplo, el interesante resultado de una de estas intoxicaciones en la cabra, seguida de muerte, que extracto de mi protocolo de vacunaciones: CABRA ADULTA, núm. 2, KILOGRS. 20 El 2 y el 5 de Agosto fué inoculada bajo la piel, con 1 c. c. de cultivo filtrado. Localmente presentó una pequeña tumefacción con dolor de la parte inflamada; el 8 de Agosto recibió otros 2 ce; el 11 del mismo, 3 c. c.; el 13 y el 17 otros 5 c. c; en fin, el 19 y el 21 del mismo mes 10 c. c.; por lo tanto, en 18 días había recibido en conjunto 37 c. c. de cultivo filtrado. Pero el mismo día de la última inyección se enfermó y murió du- rante la noche. AUTOPSIA Dio los resultados siguientes: Tórax: presenta en ambas cavidades pleurales 500 c c. de exudado seroso, transparente, privado de leucocitos, color rojo vinoso. Analizado químicamente este exudado, demostró contener urea en cantidad de gramos 2.70 %o; es decir, igual á la cantidad que se encuentra en la sangre de los animales nefrotomizados. Estudiado del punto de vista biológico, agregándolo en la proporción de 1: 5 á un caldo - cultivo fresco de bacillus icteroide, produce en 1 hora y 30' la inmovilización y aglutinación de todos los microbios. El hígado presentaba macroscópicamente el aspecto de la nuez mos- cada ; las preparaciones obtenidas por dislaceración en el ácido ósmico, demostraron una completa degeneración grasa de todas las células hepáticas. Las lesiones del órgano, fijado con líquido de Flemming, son idénticas á las dibujadas en una de las planchas que acompañan á esta memoria. El bazo, de volumen normal, pero menos compacto y resistente que de ordinario. Los riñones atacados por un proceso inflamatorio tan in- Anales de la Universidad 131 tenso, que en la superficie del corte no se distinguía ya la parte me- dular de la cortical, presentando un color borra de vino; las prepa- raciones del órgano fresco en ácido ósmico revelaron también en el riñon la presencia de cierta cantidad de gotas de grasa. Los cortes en piezas fijadas en líquido de Flemming, revelaron como lesión funda- mental muy difusa, una necrosis del epitelio de los canalículos urinarios, por lo cual este último se encuentra turbio, granuloso, conglomerado y en muchas partes privado de núcleos ó con núcleos incapaces de colorearse. La vejiga completamente retraída, con muchas manchas equimóticas y conteniendo unos 10 c. c. de un líquido color rojo-san- gre. El examen microscópico reveló la ausencia completa de glóbulos rojos, pero el examen al hemómetro de Fleischl dio una cantidad de hemoglobina igual al 30 %. Los intestinos encontrábanse en gran parte congestionados, hipere- miados y equimóticos. El peso del cadáver era de kilogramos 15.370; la pérdida de peso verificada en 18 días fué, pues, de kilogrs. 4.630. La investigación bacteriológica fué negativa. Resumiendo, podemos admitir que también en la cabra la toxina icteroide reproduce exactamente, con excepción del vó- mito, las mismas lesiones que ya hemos señalado en los perros y en el hombre. Son, sobre todo, notables en la cabra, la gran tendencia á la hematolisis (exudados hemoglobínícos, hemoglobinuría) y la extremada sensibilidad del riñon á la toxina amaríllígena. La muerte del animal débese, por lo tanto, casi exclusivamente á la profunda lesión de esta viscera, puesto que la gran canti- dad de urea que se encuentra en los humores del organismo, es un importante elemento de presunción en favor de una grave intoxicación urémica. Mis experiencias sobre el asno se limitan á una sola. Experiencia I Se trataba de una robusta burra criolla, acostumbrada á dar diaria- mente gran cantidad de leche. El 26 de Diciembre se inoculó bajo la piel con 5 c. c. de toxina 132 Anales de la Universidad filtrada. Al día siguiente apareció en el punto de inyección una ex- tensa tumefacción dolorosa. Después de dos días, de los pezones de sus turgentes mamas empezaron á fluir algunas gotas de sangre y el animal se puso triste, abatido é inapetente. Entre tanto la temperatura rectal, de 38°2'-38°6', había subido hasta 41°. El 2 de Enero, habiendo vuelto á la temperatura normal, fué ino- culada de nuevo con 10 c. c. de toxina. Se renovó la tumefacción en el punto de inyección, y la leche empezó á desaparecer de las mamas. El 5 del mismo mes, nueva inoculación de 15 c. c. de cultivo filtrado, y el día 8, nueva inyección subcutánea de 5 c. c. de cultivo en caldo, esterilizado con éter. La desaparición de la leche fué entonces com- pleta, y las tumefacciones localizadas en los puntos de inyección se hicieron bastante intensas. El 12 de Enero á las 3 p. m., habiendo recibido en conjunto sólo 30 c. c. de cultivo filtrado y 5 c. c. de cultivo esterilizado con éter, fué inoculada por vía intravenosa con 10 c. c. de cultivo en caldo, también esterilizado con éter. Inmediatamente después de la inyección, el animal experimentó disp- nea, que desapareció bien pronto; pero durante la noche dio á luz un pequeño embrión de unos 8 centímetros de largo, y al amanecer murió. autopsia Los resultados de la autopsia, efectuada por la mañana temprano, fueron los siguientes: tórax, exudado sero - hemorrágico en las dos cavidades pleurales ; abdomen: hígado con algo de degeneración grasa ; el examen microscópico al estado fresco con ácido ósmico muestra las células hepáticas llenas de pequeñas granulaciones grasosas; el bazo de volumen normal, pero fláxido y friable; los ríñones con los signos de nefritis difusa, aguda y gravísima; la vejiga retraída y conteniendo una pequeña cantidad de orina, de color rojo, y en la cual el examen microscópico demostró la presencia de enorme cantidad de leucocitos, glóbulos rojos y epitelio; el calor determinó la coagulación en masa, como si se tratase de albúmina pura. La cavidad peritoneal contiene gran cantidad de serosidad límpida, pero coloreada de rosado. La mu- cosa del estómago y de los intestinos presentábase en algunos puntos claramente congestionada. El análisis químico de la sangre reveló el 1.29 %o de urea. El resultado de la investigación bacteriológica fué el siguiente: la sangre, el bazo y los riñones resultaron estériles; pero el hígado con- tenía una pequeña cantidad de colibacillus y de staphilococcus aureus, y la orina una bastante grande de staphilococcus aureus y albus mez- clados á otras tres especies microbianas indeterminadas. Anales de la Universidad 133 Renuévase, por lo tanto, en el asno, con pequeñas variantes, el mismo mecanismo patogénico de siempre: procesos inflama- torios y degenerativos en el hígado y en los riñones; lesiones de las mucosas; fenómenos hemorragíparos en los parénquimas, en las cavidades serosas, en las mucosas y en los órganos glan- dulares (mamas), y, por último, el cuadro final dominado por la intoxicación urémica y por la invasión de los microbios en el organismo. Hablemos, en fin, de los efectos de la toxina en el caballo. Sobre este punto seremos, por ahora, muy breves; porque estando estos animales destinados á la producción de un suero específico, trataremos especialmente en otra ocasión de los efec- tos que en ellos producen las inoculaciones de la toxina icte- roide. El caballo es extraordinariamente sensible á la acción de la toxina, aún inyectada en pequeña cantidad; puede decirse, por consiguiente, en tesis general, que cuanto más ascendemos en la escala zoológica, tanto más desarrollada se presenta en loa animales la sensibilidad hacia este poderoso y extraño veneno, La inyección subcutánea, aún de pequeñas dosis de cultivo filtrado (5-10 ce), determina siempre una fuerte tumefacción local, seguida de fiebre, que dura 12-24 horas. Esta tume- facción es sumamente dolorosa y desaparece con lentitud. Cuando la inyección es más abundante, ó cuando en lugar de inyectar cultivos filtrados, se inyectan esterilizados con éter — siendo entonces más activos, — la tumefacción que se produce es voluminosa y va seguida constantemente de la apa- rición de vastos edemas subcutáneos que se extienden hacia las partes declives del vientre y llegan á los miembros, con- cluyendo á veces por impedir durante varios días los movi- mientos de las articulaciones. Casi siempre se producen des- pués en la superficie de la piel — enormemente distendida — ulceraciones sanguinolentas que supuran fácilmente y son de difícil curación. Tanto los edemas como la tumefacción, que sobrevienen en el sitio mismo de la inyección, no desaparecen sino después de muchos días, durante los cuales el animal pre- senta á menudo una fiebre casi continua. 134 vinales de la Universidad Las inyecciones intravenosas son toleradas mucho más fá- cilmente, pero tienen graves inconvenientes. Después de cada inyección el animal presenta generalmente un fuerte acceso de dispnea y es atacado por un temblor ge- neral que Jo obliga á echarse al sucio. Aparece la fiebre, y por algunas horas el animal queda algo abatido; pero al día si- guiente la temperatura vuelve á su estado normal y no se tiene que lamentar, generalmente, ningún otro incidente. En el curso de mis experiencias, he debido, sin embargo, la- mentar la muerte de algunos caballos, uno de los cuales per- tenecía á la raza criolla, que es mucho menos resistente que la mestiza á las toxinas en geueral, y sobre todo á la difté- rica y á la amarillígena. La autopsia muy sumaria de este caballo criollo, que poco antes de la muerte había tenido algunas pequeñas entcrorra- gias, permitió comprobar: una gran tumefacción del bazo, una leve degeneración del hígado, nefritis, albuminuria y algunos focos de enteritis. Esto es cuanto he podido observar respecto á la acción del vepeno icteroide en los animales. No he oreído necesario insistir más sobre estas investiga-* cionee ~ que he querido también exponer de una manera muy sucinta— primero, porque no son sino la reproducción más ó mepos atenuada de las mismas lesiones que ya hemos estudiado oomo produeidas por el virus, y en segundo lugar, porque he creído más conveniente resolver de una manera perentoria y de« finitiva las funciones específicas de la toxina amarillígena, cxpe-. rimentándola directamente en la raza humana. Anales de la Universidad 135 V La fiebre amarilla experimental en el hombre, reproducida con la toxina amarillígena Mis experiencias sobre el hombre ascienden al número de cinco. Por razones fáciles de comprender, no he empleado cultivos vivos, sino simplemente cultivos en caldo de 15-20 días, fil- trados por la bujía Chamberland, y esterilizados, además — para mayor precaución — con algunas gotas de aldehido fórmico. En dos individuos he experimentado el efecto de las inyec- ciones subcutáneas, y en otros tres el de las inyecciones intra- venosas. Resumo brevemente de mi protocolo de notas: INYECCIONES SUBCUTÁNEAS Observación I A. T., 36 años, español; pesa 63 kilogramos. El 8 de Octubre, á las 4 p. m., inyección subcutánea en la región del biceps braquial, de 2 c. c. de cultivo filtrado y esterilizado. Al día siguiente se ohservó en el punto inoculado una ancha zona circular, fuertemente enrojecida, tumefacta, pero poco dolorosa, con una extensión de unos 10 centímetros de diámetro, 136 Anales de la Universidad Las condiciones generales eran, no obstante, buenas. La reacción fe- bril ha llegado por dos días consecutivos á 38°3' C. Al empezar el 6.° día la tumefacción tiende á desaparecer, y el día 20 del mismo mes, esto es, después de 12 días, el bazo presentaba su aspecto normal. Observación II E. B., de 30 años, italiano; pesa kilogrs. 53.250. El 19 de Octubre, á las 3.30 p. m., inyección subcutánea en la re- gión del bíceps braquial derecho, de 5 c. c. de cultivo filtrado y este- rilizado. El 2) el brazo apareció muy enrojecido, tumefacto y doloroso en el sitio de la inyección. El paciente está abatido, no tiene apetito y presenta fiebre de 38°2'-38°6 durante todo el día. El examen de las orinas revela trazas de albúmina. El 21 de Octubre la tumefacción so extiende voluminosa á todo el brazo y al pliegue del codo; la piel está inyectada é inflamada. Si- guen la fiebre y la albuminuria. 22 de Octubre. — Por la mañana el paciente está apirético; pero á la caída de la tarde se verifica de nuevo un leve movimiento febril acompañado de postración general. La tumefacción va extendiéndose al antebrazo; la orina, en cantidad normal, contiene siempre trazas de albúmina. 23 de Octubre. — La fiebre ha desaparecido, pero la tumefacción del brazo se extiende todavía hacia abajo, pasando la articulación de la mano é invadiendo parte de ésta. Toda la extremidad derecha se halla, por lo tanto, invadida, especialmente en su cara anterior; la piel está fuertemente enrojecida y de aspecto erisipelatoso. Trazas de albúmina en las orinas. 24 de Octubre. — La tumefacción empieza á reabsorberse rápida- mente, la temperatura es normal, pero se encuentran todavía trazas de albúmina en las orinas. 25 ríe. Octubre. —La tumefacción desaparece de una manera visible; el paciente está bien, ha recuperado el apetito y presenta temperatura normal. Trazas de albúmina en la orina. 26 de Octubre. — El miembro inoculado ha vuelto casi por completo á su estado normal, pero las orinas son siempre un poco albuminosas. 29 de Octubre. — Practico una segunda inyección de 5 c. c. de cul- tivo filtrado y esterilizado, en la misma región ya precedentemente inoculada. Anales de la Universidad 137 En la misma noche se renueva la fiebre y reaparece una leve tumefacción, que queda sin embargo bastante limitada y desaparece con gran rapidez después de unas 48 horas. En los días sucesivos el paciente no manifestó ya ningún fenómeno, ni local ni general. INYECCIONES INTRAVENOSAS Observación III E. X., de 20 años, español; pesa 56 kilogramos. 3 de Noviembre. — A las 4 p. m., temperatura axilar 37°1. Inyec- ción intravenosa (en la vena cefálica del brazo derecho) de 10 c. c. de cultivo filtrado y esterilizado con aldehido fórmico. Inmediatamente después de la inyección el paciente se acostó: estaba tranquilo, y bebió cerca de un litro de leche esterilizada. Después de unos 15 minutos tuvo náuseas y conatos de vómito, se- guidos poco después, de violentos esfuerzos de vómito, que concluyen por expeler toda la leche ingerida poco antes. Al mismo tiempo aparece una agitación general de todos los miem- bros y entran en escena violentos y continuos dolores en la región lumbar, que arrancan fuertes lamentos al enfermo y no le permiten reposar. Poco á poco también la región abdominal se pone dolorosa. La más leve presión de la mano ejercida sobre el vientre ó sobre la región lumbar, aumentan de un modo insoportable estos dolores. Entretanto la temperatura axilar sube sin interrupción, y de 37°1, que presentaba antes de la inyección, marca 38"5 dos horas después, y llega á 40°3 á las 8 de la noche, es decir, después de 4 horas; cerca de la media noche la reacción febril cesa y á la mañana vuelve á ser casi normal (37''5). A pesar de esto el paciente está muy mal, y durante toda la noche, no solamente ha debido velar, presa de angustiosos dolores abdomi- nales y lumbares, á los cuales se había unido bien pronto una vio- lenta cefalalgia, sino que estuvo atormentado continuamente por un vómito incoercible, que después de haber expulsado hasta los últimos residuos alimenticios del estómago, se convirtió en un vómito mucoso de color verde amarillento bastante intenso. Empieza á manifestarse la anuria. 4 de Noviembre. — Sigue el mismo estado; se suministra al paciente 138 Anales de la Universidad leche, que es expulsada inmediatamente: la intolerancia gástrica es completa. Entretanto la agitación general se acentúa cada vez más; el pa- ciente acusa una sensación indefinible, angustiosa, que le quita toda calma, y los dolores lancinantes de la región renal se hacen cada vez más persistentes. Continuando la anuria acompañada de tenesmo espasmódico, se prac- tica repetidas veces el cateterismo de la vejiga, pero no se obtiene ni una gota de orina. Los conatos de vómito no tienen tendencia á cesar, y la materia del vómito es una mucosidad coloreada por la bilis. Cerca de la noche el tenesmo vesical empieza á hacer sufrir al en- fermo, el cual se esfuerza en vano por orinar. A las 4 p. m. se manifiesta un poco de delirio, siendo la temperatura axilar de 38°5. El enfermo trata repetidas veces de tirarse de la cama, y los dolores en la región renal llegan á ser tan intensos, que le arrancan lamentos continuos. Se cateteriza de nuevo sin ningún resultado. Al anochecer el enfermo es asaltado por un sub-delirio que no lo abandona en toda la noche, y que es interrumpido á cada instante por incesantes esfuerzos de vómito, 5 de Noviembre. —Al aclarar el día el enfermo se presentó desma- yado, con una coloración cianótica de todos los tegumentos cutáneos. El delirio es todavía vivo y agitado; se verifican algunas evacuacio- nes diarreicas, de color amarillento, pero persiste por completo la anuria. La tendencia continua á precipitarse del lecho, es la nota dominante de todo el día. Entre tanto los dolores y la extrema hiperestesia de las regiones lum- bar y epigástrica se hacen cada vez más agudos. El paciente no puede tolerar sobre estas regiones ni aún el leve contacto de una mano. A Jas 5 a. m. la temperatura es de 37°7', pero hacia las 11 se elevó á 38°3', manteniéndose así todo el día. El vómito es siempre incesante, á pesar de que el enfermo, después de la inyección de la toxina, no haya podido tocar ningún alimento, El líquido vomitado no es ya verde-bilioso: presenta un color de café claro; recogido en un vaso cónico, deposita rápidamente un sedimento negruzco, que, examinado al microscopio, aparece constituido por gló- bulos rojos de la sangre, leucocitos, células epiteliales de la mucosa gástrica y pequeños coágulos sanguíneos. La reacción es acida. Después del medio día se practica de nuevo, aunque inútilmente, el cateterismo: no se llega á obtener ni una gota de orina. El paciente está por lo tanto anürico desde hace dos días. Aumenta en algunos puntos la congestión de la piel, que toma un color violado, sobre todo en los brazos y en la cara. Anales de la Universidad 139 Este color violado está difundido á manera de manchas ó de estrías, en las partes donde la piel es más delicada (palma de la mano, cara interna de los miembros inferiores y tórax). Aparecen además anchas manchas amarillentas en varios puntos del cuerpo. Inspeccionando la3 escleróticas, se nota una coloración sub-ictérica bastante evidente. Practico en la vena del brazo una sangría aséptica de unos 25 c. c. de sangre, que dejo coagular. Introduciendo en la vejiga una pequeña jeringa, se llega á extraer, merced á una cánula aspiradora, algunas gotas de orina turbia, rica de epitelios y que se coagula completamente por el calor. Sigue durante todo el día el estado de delirio, interrumpido por bre- ves pausas de estado comatoso. Practico con una cánula esterilizada varias punciones exploradoras del hígado y del riñon, aspirando de ambas visceras trazas de jugo, que utilizo haciendo cultivos y preparaciones microscópicas. Durante la noche siguiente el enfermo mejora un poco, y después de algunos días, concluye por restablecerse. Mientras tanto yo abandono la continuación de mis observaciones para ocuparme en seguida de las Investigaciones sobre la sangre Los cultivos practicados en varios medios nutritivos quedaron ea« toriles. La coagulación se efectúa regularmente y pone en libertad unos 10 c. c. de suero límpido y amarillento. Este suero añadido en la pro-. porción de 1:5 á un caldo - cultivo reciente de bacillus icteroide, produce en 12 horas la inmovilización y aglutinación de los mismos, que se precipitan casi completamente al fondo del tubo. El análisis químico para la investigación de laurea reveló el 3,163 %o, Tratando el coágulo por el mismo procedimiento (1), evaporando después el residuo acuoso y tratándolo por el ácido nítrico, obtuve una abundante cristalización de nitrato de urea, que recogí y que con- servo todavía. Investigaciones sobre el jugo hepático y renal Los cultivos sembrados con el material obtenido por medio de las punciones exploradoras del hígado y de los riñones, quedan estériles. El examen microscópico del jugo hepático verificado en fresco, em- pleando el ácido ósmico, descubre una profunda degeneración grasosa (1) Véase la descripción del método analítico en la 1.a Parte. 140 Anales de la Universidad de todas las células hepáticas; además en la preparación encuéntranse muchas gotas de grasa enteramente libres. El examen en fresco del jugo renal revela una intensa tumefacción turbia, con degeneración granulosa de los epitelios. Observación IV N". Q,., de 35 años, español; pesa 61 kilogramos. 12 de Noviembre. — Hora 3.30 p. m.; temperatura axilar de 37°3\ Inyección intravenosa (en la vena cefálica del brazo izquierdo) de 5 c. c. de cultivo filtrado y esterilizado con aldehido fórmico. Poco después de la inyección el paciente se queja de malestar ge- neral, se siente sin fuerzas y obligado á ganar la cama. Se le hace beber una taza de leche; pero los fenómenos de intole- rancia gástrica se manifiestan inmediatamente con tal intensidad, que, no sólo la leche es en seguida expulsada, sino que desde ya empiezan las náuseas y el vómito incoercible. A las 8 de la noche la temperatura es elevadísima, llegando al máxi- mum de todo el período febril (41°). El enfermo empieza á que- jarse de intensa cefalalgia, sobre todo en la región frontal, de gran ansia epigástrica, de raquialgia, de dolores musculares y articulares, con irradiaciones lancinantes hacia los miembros inferiores. En este período el enfermo es invadido por una violenta agitación general y continua que le arranca incesantes lamentos. Al mismo tiempo se manifiesta una congestión general extendida á toda la superficie cutánea, que está caliente y seca. Esta congestión es sobre todo intensa en la cara y en las conjuntivas, por lo cual los ojos rojos, húmedos y brillantes, las pupilas dilatadas y la mirada vaga é inconsciente dan á la fisonomía del paciente el aspecto de un ebrio. 13 de Noviembre. — Á las 8 de la mañana la temperatura axilar es de 39°2; y se han calmado algo los imponentes síntomas generales del día anterior; pero durante toda la noche el insomnio ha sido per- sistente y ha sobrevenido diarrea. Las deyecciones, no muy abundan- tes, son enteramente líquidas y sobremanera fétidas, con un color amarillento, parecido al de las deyecciones de los niños que maman. La lengua es saburral en la parte mediana, y vivamente enrojecida en las márgenes. El pulso es débil, pero regular. Al medio día la temperatura se elevó á 40ü. La diuresis ha disminuido considerablemente, y las escasas orinas presentan un tinte muy oscuro; su examen demuestra la presencia de Anales de la Universidad 141 albúmina y la ausencia de pigmentos biliares. Esta diuresis ha ido disminuyendo progresivamente durante todo el día, y á las 4 de la tarde sólo pudo obtenerse una cantidad de orina apenas suficiente para el análisis, que revela todavía la existencia de una gran cantidad de al- búmina y la ausencia de pigmentos biliares. A las 5 p. m. la temperatura se mantiene á 40° y el estado general se agrava visiblemente. Los dolores reaparecen más imponentes que al principio, y el en- fermo presenta á cada instante accesos de delirio. Apenas puede responder á nuestras preguntas, y señala con insis- tencia las regiones epigástrica, lumbar y frontal como el asiento prin- cipal de sus dolores. La más pequeña presión en esas regiones arranca al paciente vivas quejas. Los vómitos de materia biliosa se repiten siempre con mayor fre- cuencia. A las 7 p. m. es atacado por un violento temblor; la anuria es completa y la superficie del cuerpo empieza á presentar una colo- ración sub-ictérica, especialmente apreciable en las mejillas. Las pupilas se van poco á poco contrayendo, y al empezar la noche aparecen accesos de dispnea. Los movimientos respiratorios son bre- ves, incompletos y precipitados (40 respiraciones por minuto). Se nota también una discordancia entre el pulso y la temperatura: ésta es de 40°, mientras que el primero es lento y casi imperceptible. Durante la noche el estado general se ha ido agravando; el insom- nio y la anuria han sido completos; los vómitos y la diarrea han continuado también casi sin interrupción. 14 de Noviembre. — Al aclarar el día el paciente está completamente exhausto de fuerzas, con una temperatura de 38°4. Practico asépticamente una pequeña sangría de cerca de 30 c. c. de sangre, que hago coagular en un recipiente esterilizado, para recoger el suero. Ejecuto del mismo modo, como en el caso precedente, algunas pun- ciones exploradoras — con todas las precauciones asépticas — del hígado y de los riñone*, extrayendo de ambas visceras pequeñas cantidades de jugo que me apresuro á sembrar sobre varios medios nutritivos y á examinar al microscopio. A las 8 a. m. el paciente empieza á presentar un poco de colapsus; la piel se enfría, las extremidades se hacen cianóticas, la dispnea se hace más pronunciada, las pupilas se dilatan de nuevo, y el pulso es casi imperceptible. Pero terminada esta grave crisis, que dura algunas horas, el enfermo empieza á sentirse un poco mejor, y después de algunos días conclu}re por restablecerse. Mientras tanto yo abandono la continuación de las observaciones, para atender á las 142 Anales de la Universidad Investigaciones sobre la sangre Los cultivos practicados en variados medios nutritivos quedan es- tériles. La coagulación se verifica regularmente y pone en libertad unos 15 c. c. de suero color amarillo de oro, bastante vivo. Este suero, añadido á los cultivos frescos de bacillus icteroide, en la proporción de 1:5, sólo determina una inmovilización y aglutinación parciales; ni aún des- pués de 12 horas se verifica la completa precipitación de los microbios en el fondo del tubo. Los resultados del análisis químico señalan la presencia del 1.90 o/oo de urea. Investigaciones sobre el jugo hepático y renal Las pequeñas cantidades de jugo hepático extraídas por medio de una gruesa cánula esterilizada, resultan completamente estériles en los cultivos; pero el examen microscópico con ácido ósmico, pone de ma- nifiesto una profunda degeneración adiposa de todas las células hepá- ticas, las cuales presentan el protoplasma lleno de gotas grasosas de todas dimensiones. Los cultivos practicados con jugo renal dieron por resultado la pre- sencia de colibacillus en pequeña cantidad. Observación V P. B., de 30 años, italiano; pesa 64.250 kilogramos. 26 de Noviembre (3.30 p. m.). — Temperatura axilar 36°8; 1.a inyec- ción intravenosa de 2 c. c. de cultivo filtrado. Poco después de la inyección el paciente experimenta un poco de malestar general, acompañado de leve cefalalgia, que dura todo el resto del día. La temperatura axilar sube, casi en seguida, á 40°1, y se man- tiene alta hasta la noche. 27 de Noviembre. — Al día siguiente se encuentra completamente restablecido y sin fiebre; pero el examen de las orinas demuestra tra- zas evidentes de albúmina, y en el labio inferior se presenta una pús- tula de herpes febril. 28 de Noviembre (4 p. m.)— Practico una 2.* inyección intrave- nosa de 7 c. c. de cultivo filtrado. Anales de la Universidad 143 Inmediatamente después el paciente es acometido por un fuerte esca- lofrío con temblor general; se le da de comer un poco de carne, pero poco después vomita todo el contenido del estómago. El malestar se agrava rápidamente, y P. tiene que ponerse en cama, donde continúa el escalofrío más intenso que al principio. La cara se inyecta fuertemente y la respiración se hace dispneica. Más tarde empiezan la fiebre, que llega á 40°7, y una cefalalgia violenta que no abandona ya al enfermo. 29 de Noviembre. — En efecto, al día siguiente, no solamente per- siste la cefalalgia, sino que el paciente se queja de fuertes dolores en las articulaciones de los miembros inferiores y en las regiones lum- bares. Sin embargo la fiebre ha desaparecido, y en el labio superior se manifiesta una segunda herpes febril. 30 de Noviembre. — El paciente está apirético, pero presenta todavía un ligero grado de cefalalgia y dolores vagos en diversas partes del cuerpo. La orina es clara, sin albúmina ni pigmentos biliares. La lengua es un poco saburral. Á las 4 p. m. practico una 3.a inyección intravenosa de 15 c. c. de cultivo filtrado. En seguida de la inyección, el paciente es atacado por una gran pos- tración general y un violento escalofrío, que lo obligan á acostarse. Apenas está en la cama se manifiesta un temblor general bastante violento, y el frío se hace tan intenso, que el enfermo pide incesante- mente nuevos abrigos. La cara se inyecta, y poco después empieza la fiebre acompañada de intensa cefalalgia. Pero la reacción febril es bastante menos in- tensa que la producida por la inyección precedente. La temperatura se eleva hasta 40°3', para volver á deseender poco después, dejando sin embargo al enfermo débil, postrado con dolores lumbares persis- tentes y atormentado por continuas náuseas y por conatos de vómito que no le permiten alimentarse. 3 de Diciembre. — En este estado el paciente continúa aún tres días, sin que le abandonen: la cefalalgia, los dolores lumbares, las náuseas, y la debilidad, que le obliga, á cada momento, á ponerse en cama. Los labios preséntanse ulcerados por numerosas pústulas de herpes. A las 4 p. m. practico una 4.a inyección intravenosa de 26 c. c. de cultivo filtrado. El enfermo se acuesta poco después, pero los fenó- menos generales inmediatos son mucho más mitigados que los provo- cados por las precedentes inyecciones. Bien pronto el paciente comienza á sufrir una sed ardiente, y una hora y media después comienza la reacción febril (39°3), acompañada por una exacerbación de los dolores lumbares y de la cefalalgia, que no le permiten descansar un instante durante toda la noche. 144 Anales de la Universidad 4 de Diciembre. — Al amanecer, los fenómenos generales, dolorosos, disminuyen poco á poco, persiste la sed ardiente; pero hay absoluta intolerancia hacia cualquier alimento. El paciente rehusa la leche, y su estómago no puede tolerar más que agua pura, que bebe ávidamente sin vomitarla. La temperatura axilar se hace normal (37°3). Durante todo el día queda en el lecho en un estado de gran pos- tración, no pudiendo tomar alimento alguno. La orina es normal y no contiene albúmina. 5 de Diciembre.—P. se encuentra mejor, puede dejar el lecho y to- mar algún alimento líquido. Se encuentra todavía muy abatido. El primitivo color rojizo de la cara ha desaparecido y lo sustituye una coloración amarillenta sub-ictérica evidente, sobre todo en la esclerótica y sobre las mejillas. 9 de Diciembre. — P'. está mejor, pero siempre muy abatido. Practico asépticamente una sangría de 50 c. c. de sangre, de la cual extraigo cerca de 15 c. c. de suero límpido, de color amarillo limón, pero que no da la reacción de los pigmentos biliares. Este suero, agre- gado en la proporción de 1:10 á los recientes caldo-cultivos del baci- llus icteroide, determina sólo en dos horas (á la temperatura de 37°) el fenómeno de la aglutinación é inmovilización, precipitando de un modo tan claro y completo lodos los microbios, como si procediera de un animal vacunado. 16 de Diciembre. — El paciente se ha restablecido completamente. Para evidenciar el valor y la significación de estas experien- cias, que he tenido la suerte de poder efectuar en el hombre, no son necesarias largas disertaciones. Para todo el que haya observado personalmente algunos casos de fiebre amarilla, ó conozca la sintomatología de esta enfermedad por la lectura de los mejores tratados, las Observaciones III y IV corresponden exactamente á dos casos clásicos de fiebre amarilla, y la Obser- vación V á repetidos ataques típicos de fiebre amarilla abortiva. Como durante mis investigaciones en Río Janeiro sufrí uno de estos ataques, acompañado de todos los síntomas específicos que los caracterizan, debo declarar, basándome también en mi experiencia personal, que en el estado actual de nuestra ciencia experimental, los casos relatados representan todo lo más que se pueda pedir como demostración perentoria y absoluta, de la especificidad de un veneno microbiano. Anales de la Universidad 145 Estas experiencias en el hombre han superado la más exi- gente expectativa. Ninguna descripción clínica podría pintar la infección amarilla en el hombre, con más vivos colores que los de las notas que acabo de transcribir, sencilla y lacónicamente, del protocolo de mis experiencias. Ningún médico, por poco versado que fuera en el conocimiento clínico de la fiebre amarilla, habría dudado un instante — en presencia de los sujetos de mis experiencias — en formular un diagnóstico inmediato y preciso en una localidad donde reinare la fiebre amarilla. La reproducción experimental de esta enfermedad en el hom- bre, por medio de las toxinas elaboradas in ritro por su mi- crobio específico, es, pues, un hecho adquirido que no admite ya objeciones de ninguna clase, y consagra definitivamente la es- pecificidad del microbio que he aislado y descrito, considerán- dolo como el agente específico de la fiebre amarilla. Las consideraciones que resultan de las experiencias descri- tas no se refieren exclusivamente á una sola faz de esta im- portante cuestión: iluminan muchos puntos que han quedado algo oscuros en nuestros estudios de patología comparada. Merece fijar la atención el distinto modo de obrar del veneno icteroide, según se inyecte bajo la piel ó directamente en la sangre; se ha repetido, con más evidencia aún, en el hombre la intensa reacción local que habíamos ya señalado sobre todo en el perro y en el caballo. La toxina amarillígena es, pues, un veneno celular suma- mente activo, comparable bajo ciertos aspectos á la toxina dif- térica. Por su contacto con los elementos del organismo animal determina, sobre todo en las clases superiores — como la toxina diftérica — una violenta irritación, seguida de procesos regre- sivos, que terminan siempre por necrosis y degeneración grasa del protoplasma. Esto explica la génesis de esa esteatosis difusa que carac- teriza de un modo tan constante á la fiebre amarilla en el hom- bre y en los animales superiores, y da también la explicación del porqué la inyección subcutánea del veneno determina fe- nómenos generales que no guardan relación con los que pro- duce la misma dosis inyectada en las venas. 10 146 Anales de la Universidad Es muy probable que las propiedades irritantes del veneno sean un obstáculo indirecto para su rápida absorción, á causa de las graves alteraciones circulatorias y nutritivas que deter- mina en los tejidos con quienes se pone en contacto. Además, es también probable que una gran parte del veneno se agote en los variados procesos necrobióticos á que da origen en el trayecto de las primeras vías de su difusión. Una cuestión digna del mayor interés, es la relativa á la dosis de veneno capaz de determinar el cuadro completo de la fiebre amarilla grave. La cantidad que podría casi considerarse como mortal para un hombre adulto (5 c. c.), es cuatro veces inferior á la dosis mínima capaz de matar un cobaya ó un conejo. De donde se deduce que la raza humana está dotada de una gran sensibilidad para el veneno amarillígcno, sensibilidad que no puede compararse ni aún lejanamente con la que poseen los pequeños animales de laboratorio. Además, las susodichas experiencias nos enseñan que es inú- til concentrar ó exaltar los productos microbianos para obtener en los animales inferiores efectos semejantes á los que producen en el hombre, y que no debe, por regla general, exigirse á los animales de laboratorio la demostración de la acción específica de un veneno microbiano. Por lo que respecta á los síntomas y á las lesiones de la intoxicación amarilla experimental, los resultados obtenidos en el hombre confirman de una manera definitiva cuanto hemos tenido ocasión de notar, sobre todo al referirnos á las experien- cias en los perros. Los fenómenos más impresionantes de la fiebre amarilla: el vómito negro y la enterorragia, no son enteramente debidos á los efectos del virus específico existente en la cavidad gas- tro-intestinal, sino que se producen en virtud de la enérgica propiedad inflamatoria, degenerativa, hemorragipara y emética del veneno específico elaborado y que circula en la sangre. Se trata, pues, de una verdadera y propia gastro - enteritis he- matógena. La propiedad degenerativa manifiesta el máximum de su Anales de la Universidad 147 acción específica, sobre todo en la célula hepática, sea porque presente una sensibilidad más grande que cualquier otro ele- mento anatómico, sea, como es más probable, porque el hígado, como órgano destinado — más que cualquier otro — á la des- trucción y á la eliminación de los venenos microbianos, se en- cuentre debilitado por un trabajo superior á sus fuerzas. Después del hígado, otro órgano precozmente atacado en la fiebre amarilla de todos los animales superiores, y sobre todo del hombre, es el riñon. La albuminuria es, en efecto, uno de los síntomas más pre- coces del amarillismo; y la nefritis parenquimatosa, revelada por la anuria, que predice casi infaliblemente el término fatal de la enfermedad, indica el principio de la intoxicación urémica que hemos reproducido sistemáticamente en los animales su- periores y en el hombre con pequeñas dosis de toxina. Es, pues, muy probable que la causa inmediata de la muerte, en la mayor parte de los casos de fiebre amarilla, sea preci- samente la insuficiencia renal, que favorece la retención en la sangre de las sustancias extractivas normalmente eliminadas por la orina, y que son, como es notorio, muy nocivas al orga- nismo. La cantidad de urea, muy superior á la que se encuen- tra normalmente en la sangre (0 gr. 189 °/00 según Gré- hant) (1), sería nada más que un índice de esta intoxicación. Como la sintomatología de la intoxicación urémica presenta mucha analogía con el cuadro clínico de la fiebre amarilla (ce- falalgia, delirio, dispnea, vómito, estomatitis, diarrea, etc.), y como, por otra parte, el riñon es invariablemente uno de los primeros órganos atacados por la toxina icteroide, es bas- tante difícil establecer, á priori, cuáles son — en el segundo período de la enfermedad — los síntomas debidos á la insufi- ciencia renal, y cuáles los que produce el veneno amarillígeno. Es sin embargo muy probable que una gran parte de la sintomatología amarilla sea producida por la insuficiencia re- (1) La cifra más elevada observada por el mismo autor en sus experiencias de nefroto- mía ha sido la de 2 gr. 76 %o, cantidad inferior á la que hemos encontrado muchas ve- ces en nuestras experiencias en los animales superiores y en el hombre. 148 Anales de la Universidad nal, más bien que por el veneno específico. Hemos visto, en efecto, que en los pequeños roedores, en los cuales no se ma- nifiesta nuuca la insuficiencia renal, la enfermedad experimen- tal sigue una marcha cíclica como en el hombre, pero sin re- producir uno solo de los múltiples síntomas clínicos que sou propios de la fiebre amarilla de los animales superiores, en los cuales la lesión de los riñones constituye un fenómeno de los más precoces. Además, en la historia clínica que acompaña la Observación V, hemos visto cómo, merced á las inyecciones de pequeñas dosis de cultivos filtrados, ha sido posible habituar rápidamente al hombre á tolerar una dosis muchas veces mortal, segura- mente, de veneno amarillígcno; y puesto que, como veremos en adelante, este hecho no puede imputarse á la inmediata mani- festación de un poder antitóxico por parte del organismo, ni á un fenómeno de acostumbramiento del sistema nervioso ha- cia el veneno específico, es muy probable que la tolerancia de una dosis varias veces mortal de veneno, haya podido verifi- carse en este caso, sin dar lugar á imponentes síntomas gene- rales, gracias á la parcial integridad en que se mantiene el fil- tro renal durante todo el período de la experiencia. En fin, de cualquier modo que quiera interpretarse el cua- dro de la intoxicación amarilla, queda desde ahora bien sentado que son suficientes dosis muy pequeñas de toxinas, para ob- tener en el hombre un pronto acostumbramiento que hace to- lerar dosis de veueno icteroide, que pueden considerarse muy superiores á la dosis mortal. Anales de la Universidad 149 VI Las infecciones mixtas en la fiebre amarilla La microbiología de la fiebre amarilla en el hombre y en los animales superiores presenta, como hemos visto, un carác- ter que sólo tiene algunos puntos de contacto con los resul- tados bacteriológicos de otra enfermedad específica: la difteria. La extraordinaria tendencia á las infecciones mixtas, y la facilidad con la cual éstas se producen casi siempre, han cons- tituido hasta hoy el principal obstáculo para el conocimiento de la etiología del tifus icteroide. Hemos visto, en efecto, que en casi todos los casos la in- vasión de ciertas especies microbianas se produce con tal ra- pidez y en número tan considerable, aún durante la vida, que es necesario preguntarse cómo se comporta el bacillus icteroide frente á estos nuevos huéspedes que se multiplican y difun- den tan libremente en el ámbito de sus primitivos dominios. Del conjunto de todas las observaciones y de todas las in- vestigaciones que he reunido en este trabajo, resulta que se pueden establecer tres diferentes tipos bacteriológicos de la fiebre amarilla en el hombre. El primer tipo es el que podríamos casi llamar normal, porque encuentra una reproducción exacta y constante en nues- tras experiencias de laboratorio, sobre todo en los cobayas, en los conejos y á veces en los monos. En él el bacillus icteroide, después de haberse refugiado en al- i 50 Anales de la Universidad guna viscera, y preparado en ella, durante el clásico período cíclico, el veneno específico — que es la causa principal de toda la fenomenología morbosa, — llegado al fin de dicho período se multiplica súbitamente, se difunde por todo el organismo — acompañado ó no de algún otro microbio llegado á última hora—y cumple el acto final de su ciclo biológico, matando al paciente. El segundo tipo está representado por aquellos ^asos en los cuales los datos de la investigación bacteriológica del ca- dáver son los de una septicemia pura ó de una infección mixta generalizada, con desaparición (?) ó suma escasez nu- mérica de bacillus específicos. En estos casos—que son los más frecuentes — la investi- gación y aislamiento del bacillus icteroide es imposible, ó su- mamente difícil. Hemos dicho en otro lugar, que esto podría explicarse admitiendo que las infecciones secundarias se ma- nifiestan cuando el bacillus icteroide no ha llegado aún al final de su ciclo biológico, en cuyo período se efectúa su multipli- cación y difusión en el organismo. Esta explicación marcharía de perfecto acuerdo con los re- sultados bacteriológicos de lo que hemos llamado tercer tipo, en el cual el organismo resulta casi estéril y la muerte puede considerarse como debida más bien á la insuficiencia renal. No obstante hay que preguntarse si la accidental irrupción de microbios extraños en la sangre y la formación consecutiva de sustancias tóxicas específicas, no podrían influir por sí solas para determinar la total ó parcial desaparición del baci- llus icteroide, atenuando su poder vegetativo ó matándolo di- rectamente. Hemos insistido más de una vez, en el curso de nuestras investigaciones en el cadáver, sobre el hecho de que el ba- cillus icteroide apenas aislado, sobre todo si se encuentra en pequeña cantidad y mezclado con otras especies microbianas, presenta desde el principio gran dificultad para desarrollarse en el caldo peptonizado simple. Era, por consiguiente, intere- sante para la biología del bacillus icteroide, y para una inter- pretación más exacta de los complejos resultados obtenidos en Anales de la Universidad 151 las mvest.gacones bacteriológicas, estudiar las relaciones recí- proras entre el agente específico de la fiebre amarilla y los m.eroluos que se encuentran más comunmente como eauL d .nfeccones secundarias en el hombro y en loe animales superiores M,8 pnmeras mvestignciones fueron instituidas in litro y con tal objeto estudie de diversos modos la manera de com- portarse el báculo icteroide con el colibacillus, el streptococ- cus el atapiálameos aureus y el proteus mlqaris Convenc.onalmente pueden establecerse, para facilitar la ex- l-os,c,on, dos formas de antagonismo entre especies microbia- nas d.versas: un antagonismo rital, que se revela cuando una espece no puede vivir ó prosperar en donde vive y prospera otra, y un antagonismo químico, que se manifiesta ouando una espec.e no puede vivir o prosperar donde ha vivido y pros- perado otra. J F Cualesquiera de estas dos formas de manifestarse el anta- gonismo microbiano, pueden parecer en el fondo como debidas a una misma causa; es decir, á productos tóxicos; resulta, sin embargo, de las experiencias de varios autores, que en realidad las cosas no pasan tan sencillamente. Un germen que no puede vivir, ni prosperar donde viven otros microbios, puede muy bien encontrar en los cultivos de los mismos, esterilizados, las mejores condiciones para su vida y multiplicación. Veremos en efecto, que, en nuestro caso las experiencias in vitro hacen necesaria esta distinción (1). Para estudiar el antagonismo químico he procedido de la siguiente manera: después de haber hecho desarrollar durante tres días en la estufa, sobre gelosa solidificada oblicuamente los cultivos de los microbios en experiencia, he liquidado de nuevo el medio nutritivo, esterilizándolo al mismo tiempo y solidificándolo de nuevo oblicuamente. Sobre estos nuevos medios he cultivado las varias especies en experiencia, según una sene completa de combinaciones, las cuales me permi- tieran ensayarlas todas recíprocamente. (1) V*,so De Giaxn: Ueber das Verhalten, etc. (Zñtsch., fur Hygimc, 1892; VI, p. 207 y síg.j 152 Anales de la Universidad El resultado del conjunto de estas investigaciones está resu^ mido sumariamente en la siguiente tabla: Cultivos sobre gelosa esterilizada Éxito de la siembra hecha con : y después solidificada, de los siguientes microbios: Staphilococcus aureus Bacillus ictoro i d e Colibacillus Proteus vul-garis + + + + + + + + + + trazas + + ++ Colibacillus......... ... +.+ ++ De ella se deduce que los productos solubles del bacillus icteroide son los que menos obstaculizan el desarrollo de todos los otros microbios, mientras que los del proteus vulgaris pa- recen ser los más venenosos y nocivos. Este último y el sta- philococcus aureus se desarrollan, en efecto, perfectamente donde han vivido todos los demás, y sobre todo donde se ha desarro- llado el bacillus icteroide. Este, en cambio, no es capaz de vivir donde existen productos solubles de los staphilococcus, de los colibacillus y de los proteus. Resulta, pues, de todo esto, (pie en comparación con los mi- crobios examinados, el bacillus icteroide se encuentra siempre en muy inferiores condiciones biológicas de resistencia. Es, por lo tanto, posible que una de las causas por las cuales no se llega fácilmente á aislar el bacillus icteroide de los cadáveres de individuos que han sucumbido por fiebre ama- rilla, sea precisamente debida á la enérgica acción bactericida de los productos tóxicos elaborados en el mismo organismo, por los bien conocidos microbios que allí se encuentran cons- tantemente como agentes de infecciones secundarias. Es indiscutible que muchos enfermos de fiebre amarilla sucumben de improviso por septicemia á streptococcus, á coli- {1) El número de las -f* indica In intensidad do los cultivos desarrollados. Anales de la Universidad 153 bacillus, etc.; y fácilmente se comprende cómo la rápida é im- ponente multiplicación de estos microbios, deba inundar al organismo de tal cantidad de productos tóxicos, que mate ó atenúe notablemente los pocos microbios específicos situados muy probablemente en el interior de alguna viscera, y no llegados aún á su período de reproducción activa. En cuanto á la otra forma de antagonismo, el antagonismo vital, es fácil ponerlo en evidencia, sea cultivando á un tiempo dos ó más especies microbianas en un mismo medio líquido, sea practicando sobre una placa de gelosa solidificada, dos siembras sucesivas en cruz, por estriamiento, perpendiculares entre sí y sacados en cada caso de los dos cultivos diferentes que se quieran experimentar. El primer método es de fácil aplicación solamente entre dos microbios morfológicamente muy distintos entre sí, como, por ejemplo, entre el streptococcus y el bacillus icteroide. Con relación al modo de comportarse de estos dos micro- bios, mis investigaciones in vitro, han dado los siguientes re- sultados: 1.° En los tubos de gelosa esterilizada y vuelta á solidificar después de haber cultivado por siete días el bacillus icteroide, el streptococcus se desenvuelve con mucha más rapidez y abundancia que en los tubos de gelosa nuevos sembrados para control. 2.° Cultivando juntos, en un mismo tubo de caldo lacto- sado, el bacillus icteroide y el streptococcus, este último se des- arrolla con mayor abundancia y forma cadenas mucho más largas que las que se observan en los tubos de caldo lacto- sado sembrados como antes para control. 3.° Sembrando el bacillus icteroide en viejos cultivos de streptococcus (de 4-6-13 días) en caldo lactosado, en los cuales las cadenillas se habían depositado por completo en el fondo, devolviendo al líquido su primitiva transparencia, no se des- arrolla absolutamente y no altera en lo más mínimo esta trans- parencia. 4.° Sembrando el streptococcus en viejos cultivos (de 11 días) no esterilizados, de bacillus icteroide en caldo lactosado, el 154 Anales de la Universidad streptococcus se desarrolla rápida y abundantemente, formando filamentos de extraordinaria longitud. 5.° Sólo cultivando juntos el bacillus icteroide y el strepto- coccus en caldo simple peptonizado, donde este último crece con mucha mayor dificultad que en los caldos azucarados, el bacillus icteroide se desarrolla con mayor abundancia, aventa- jando al streptococcus. En conclusión, se deduce: 1.° Que cuando las condiciones de desarrollo son iguales, el streptococcus tiene siempre superioridad sobre el bacillus icteroide. 2.° Que el streptococcus puede desarrollarse bien donde se ha desarrollado el bacillus icteroide, mientras que sucede lo con- trario con respecto á este último. Pero un antagonismo vital, aún más notable que el del strepto- coccus, es el del staphilococcus aureus con el bacillus icteroide. Para demostrarlo de una manera evidente, basta efectuar dos siembras en cruz, por estriamiento, sobre una placa de gelosa, con la aguja de platino introducida sucesivamente en un cultivo en caldo de entrambos microbios. Cualquiera que sea el modo con que se haya practicado la siembra, el staphilococcus aureus se propaga é invade sistemá- ticamente aún la línea de inoculación del bacillus icteroide, de tal modo que, después de 24 horas, la placa de gelosa, en vez de presentar dos estrías perpendiculares, una amarilla y otra gris-iridiscente, presenta una cruz completamente amarilla. He tentado hacer las inoculaciones en cruz, con diferencia de 24 horas entre una y otra, ó efectuar las siembras invir- tiendo el orden ; pero he obtenido constantemente los mismos resultados: aun cuando el stapliilococcus aureus llegue á agre- garse á un cultivo de bacillus icteroide, lo invade completa- mente y casi lo aniquila, bajo su vigoroso desarrollo. Esta última especie, por el contrario, á medida que su trazo de ino- culación se acerca al del staphilococcus, presenta un desenvol- vimiento cada vez más limitado y mezquino. Entre el bacillus icteroide y el staphilococcus aureus, existe, por lo tanto, un antagonismo vital bien desarrollado, con com- pleta ventaja para el segundo. Anales de la Universidad 155 Después del staphilococcus y del streptococcus, he querido estudiar la manera de comportarse con el bacillus icteroide, otro microbio que se encuentra muy fácilmente en las infec- ciones mixtas de la fiebre amarilla: el colibacillus. Hay que advertir que el colibacillus no presenta ningún an- tagonismo con el staphilococcus aureus: las dos especies pue- den desarrollarse paralelamente, mezcladas ó independientemente, tanto en los cultivos en caldo, como en los cultivos en cruz en la superficie de las placas de gelosa. Con todo, en el estudio de las relaciones entre el bacillus icteroide y el colibacillus, se descubre un antagonismo mani- fiesto, aunque menor que el ya señalado entre el staphilococcus aureus y el bacillus icteroide. En efecto, sembrando en cruz sobre placas de gelosa el bacillus icteroide y el colibacillus, se obtienen siempre tres brazos ocupados por este último y un solo brazo ocupado por el primero. Se reconocen muy bien, aún sin recurrir á transportes en caldo lactosado (que resuelven siempre rápidamente cualquier duda), los brazos ocupados por el colibacillus, porque son más largos, más recortados y más abundantes que los formados por el ba- cillus icteroide. Los resultados de estas experiencias explican, pues, suficien- temente, el éxito negativo de la investigación del bacillus icte- roide, que hemos tenido que lamentar muchas veces en nuestras investigaciones sobre el cadáver, y probablemente han consti- tuido hasta ahora el principal obstáculo al descubrimiento del agente específico de la fiebre amarilla. Sin embargo no pueden dar razón de otro fenómeno que acompaña casi constantemente el cuadro bacteriológico de esta enfermedad, esto es, de la causa de las infecciones mixtas. ¿Por qué la fiebre amarilla debe considerarse como el tipo clásico de una enfermedad que termina siempre con una in- fección mixta? El hecho de que en ella se encuentre un veneno muy activo capaz de favorecer las invasiones microbianas secundarias, no debe exagerarse mucho, porque también en todas las otras en- fermedades infecciosas en las que la infección mixta no es la 156 Anales de la Universidad regla, el período final está caracterizado por la supresión gra- dual y progresiva de toda resistencia celular. Existen además otras enfermedades de naturaleza eminente- mente tóxica, como, por ejemplo, el tétano, en las cuales el organismo no es invadido por la flora microbiana intestinal. Tampoco debe atribuirse demasiada importancia á las lesio- nes del aparato digestivo, porque en la fiebre amarilla no siempre son notables, y en segundo lugar, porque se conocen otras enfermedades de localizaciones intestinales mucho más graves (cólera, fiebre tifoidea, envenenamientos, etc.), en las cuales las infecciones mixtas no son ni con mucho la regla, y en todo caso no adquieren el desarrollo que hemos estudiado tan detenidamente en la fiebre amarilla. Para resolver de una manera experimental este último punto oscuro en la patogénesis de la fiebre amarilla, he verificado muchas investigaciones en los cobayas y en los conejos (úni- cos animales en los cuales es posible establecer casi exactamente y con anterioridad el día de la muerte), inoculando primero la dosis mortal de bacillus icteroide, y después, con diferentes intervalos, antes de la muerte, pequeñas dosis no mortales de colibacillus, de proteus, de staphilococcus, etc. Los resultados obtenidos no fueron concluyentes : fué siem- pre el bacillus icteroide quien al final del período cíclico in- vadió en cultivo puro el organismo, matando al animal. La generalización de los otros microbios no pude constatarla sino excepcionalmente. Además de esto, resulta de los protocolos de la primera y de esta segunda parte de mi trabajo, que en los cobayas y en los conejos, cualquiera que sea la duración de la enferme- dad, la investigación bacteriológica del cadáver encuentra siempre al bacillus icteroide en estado de absoluta pureza; en cambio, en el perro, en la cabra y en el mono, es frecuente ha- llar el bacillus específico mezclado al streptococcus, al coliba- cillus, ó al staphilococcus. Por último, en la Experiencia IV, en el hombre, hemos visto que la sola inyección del veneno amarillígeno fué capaz de determinar la presencia del colibacillus en los riñones. Anales de la Universidad 157 Ahora bien, tomando en cuenta estos varios resultados, y comparando entre sí las causas que podrían considerarse como capaces de favorecer sólo en deter mi aculas especies animales la aparición de infecciones secundarias, resulta que existe una sola diferencia fundamental entre las lesiones anatómicas pre- sentadas por los animales que mueren con cuadro bacterioló- gico puro y los que mueren con el cuadro bacteriológico de infección mixta, y esta diferencia la constituye la lesión he- pática. En efecto, en la célula hepática de la cabra, del perro, del mono y del hombre, el veneno amarillígeno determina una pro- funda lesión degenerativa, mientras que no tiene casi acción sobre da célula hepática de los pequeños roedores ; por esto, en los pri- meros la infección secundaria espontánea es frecuente y el curso de la enfermedad está subordinado á otros factores, mien- tras que en los segundos la infección secundaria no se verifica y la enfermedad cumple regularmente su ciclo evolutivo. Hoy que un gran número de hechos importantes autorizan á considerar al hígado como un órgano dotado de una función activa, no sólo contra los venenos, sino aún contra los mismos microbios patógenos, se puede muy bien admitir que la lesión específica de la célula hepática sea la causa principal de las cons- tantes invasiones microbianas secundarias, en una enfermedad que se distingue de todas las otras por los profundos y cons- tantes procesos degenerativos específicos que tienen su asiento en el más importante órgano de defensa contra las invasiones de los microbios intestinales. 158 Anales de la Universidad VII Ca fiebre amarilla á bordo «le los buques La propagación marítima de la fiebre amarilla es ya un he- cho tan sólidamente establecido, que no queda sino investigar la causa, basándose en los conocimientos que hemos adquirido hasta ahora con respecto á la biología de su microbio especí- fico. El comportamiento de la fiebre amarilla á bordo de los bu- ques difiere del de otra grave enfermedad epidémica, el có- lera ; este último, una vez introducido á bordo, estalla atacando rápidamente á todos los que — casi podría decirse — debe atacar. La gravedad de esta explosión varía según la cantidad y la energía del vibrión colérico, y según la predisposición de los sujetos; pero al fin, una vez efectuada esta especie de acto de presencia, el vibrión colérico parece no encontrar en las con- diciones ordinarias del medio náutico, un terreno muy favo- rable á su desarrollo. Ealtaudo esta especie de intermediario entre el hombre y el agente colerígeno, sobre todo si se to- man buenas medidas de desinfección, la enfermedad se extin- gue. La fiebre amarilla, al contrario, una vez instalada á bordo de una nave, se mantiene tenazmente, y por mucho tiempo, con- servándose sobre todo en la bodega, depósitos, mercaderías, y en todo ambiente estrecho y cerrado. Es, con efecto, opinión Anales de la Universidad 159 muy comunmente admitida, la que considera los navios viejos y usados, como los más fáciles de contaminarse y los más im- propios para el servicio, en los países en donde la fiebre ama- rilla es endémica. Todos los que se ocupan de higiene naval, consideran como buques de fiebre amen illa, los tipos de navios insuficientemente aereados, munidos de aberturas muy pequeñas, en donde se estagna superiormente aire viciado, inferiormente humedad fétida. Humedad, calor, oscuridad y falta de ventilación, parecen, pues, los coeficientes más propios para la conservación del ba- cillus icteroide; pero sabemos que en el estado actual de nues- tros conocimientos, no es posible atribuir á estos varios coefi- cientes ningún valor específico, por cuanto representan otras tantas condiciones que podrían militar en favor de todos los microbios en general. Se debe, pues, buscar en algún otro ele- mento concomitante, la causa que favorece de una manera casi específica el habitat náutico del bacillus icteroide. Un sencillo fenómeno que durante estos estudios ha llamado en varias circunstancias mi atención, me ha explicado, de una manera original, la causa probable de esta misteriosa lon- gevidad y resistencia del bacillus icteroide á bordo de los navios. El bacillus de la fiebre amarilla, como la mayor parte de los microbios patógenos, para poder vivir y desenvolverse bien — sobre todo en los medios sólidos — necesita calor, humedad, y un material nutritivo conveniente; las dos primeras condi- ciones pueden ser relativas, pero esta última es absoluta. La gelatina ordinaria, por ejemplo, no puede considerarse como un medio nutritivo muy favorable, cuando se mantiene á la temperatura del ambiente; sucede, en efecto, con cierta frecuencia, en las investigaciones corrientes, que los cultivos en placas queden estériles aún siendo á veces enorme la cantidad de gérmenes sembrados. En este caso la gelatina, aún en per- fectas condiciones de temperatura, puede permanecer estéril para siempre. No me ha sido posible hallar la razón de este extraño fe- nómeno, que se realiza sobre todo cuando los cultivos en pía- 160 Anales de la Universidad cas se hacen directamente por siembra de sangre de perro ó conejo muertos por infección general; á pesar de que en cada caso se comprobara la existencia de gran cantidad de micro- bios en el material empleado, por medio de siembras en es- tría practicadas al mismo tiempo sobre placas de gelosa. Cualquiera que sea la causa de este inexplicable fenómeno, el hecho es que las cajas de Petri pueden quedar á veces du- rante varias semanas sin presentar una sola colonia desarro- llada en su superficie; pero, como sucede casi siempre en es- tos casos, después de una estadía tan larga en un ambiente mal resguardado del polvo atmosférico, concluye por germinar algún moho en la vieja placa de gelatina. Apenas el moho co- mienza á desarrollar su micelio, aparece inmediatamente al re- dedor de él una corona de pequeñas colonias puntiformes for- madas por el bacillus icteroide. A medida que el moho crece, las colonias van siendo cada vez más numerosas, y la zona por ellas ocupada, al rededor del césped central formado por el moho, se va extendiendo rápidamente. Después de algunos días, las placas de gelatina en las que se han desarrollado accidentalmente estos hyfomicetes, presen- tan un aspecto muy original; al rededor de cada uno de los mohos, las colonias del bacillus icteroide — que se hubiera po- dido creer muerto ó incapaz de desarrollarse después de tanto tiempo — forman una especie de constelación, tanto más nu- merosa, cuanto más próxima se encuentra del punto ocupado por el moho. Podría, pues, decirse que el moho posee una especie de ra- dio de influencia, dentro de cuya órbita es únicamente posi- ble el desarrollo de las colonias icteroides. Este radio de in- fluencia es más ó menos extendido, según la especie de moho y el espacio por él ocupado, pero es siempre perfectamente re- gular, uniformemente distribuido y equidistante del centro, representado por el césped del hongo. Fuera de este radio de influencia — siempre muy bien limitado — cesa bruscamente el desarrollo de las colonias microbianas, y el resto de la gela- tina continúa permaneciendo estéril, á menos que algún nuevo esporo dé lugar á la formación de nuevos micelios, que á su Anales de la Universidad 161 vez son inmediatamente rodeados y encerrados por una nueva pululación de colonias icteroides. Esta propiedad de los hyfomicetes de favorecer el desarrollo del bacillus icteroide, puede también demostrarse experimen- talmente, sembrando los esporos de un moho cualquiera, en una placa de gelatina inoculada precedentemente con micro- bios icteroides, pero que haya permanecido estéril durante largo tiempo. Es muy probable que esta facultad constituya un carácter común á todos los mohos en general, puesto que las seis es- pecies que he aislado accidentalmente en el laboratorio, se han mostrado todas, aunque en diverso grado, igualmente capaces de favorecer la reviviscencia y multiplicación del microbio ic- teroide, que de otra manera no habría sido capaz de desarro- llarse. Es, por otra parte, posible que exista en la naturaleza — sobre todo en las localidades donde la fiebre amarilla se ins- tala con gran vigor — algún moho desconocido hasta hoy y dotado de un poder favorecedor verdaderamente específico y mucho más notable aún. Este extraño parasitismo, que podría definirse por préstamo de los medios de existencia; esta rara forma de saprofitismo microbiano, representa probablemente la causa principal de la fiebre amarilla á bordo de las naves. Es, en efecto, sumamente probable que, sobre todo en la bo- dega de los buques mal aereados, no sea sólo el legendario calor húmedo, considerado en sus efectos físico-químicos, el que mantiene vivo durante tan largo tiempo al microbio de la fiebre amarilla accidentalmente llegado hasta allí. En la bodega de los buques, á pesar del calor húmedo, no prosperan ni se mantienen activos por mucho tiempo otros microbios patógenos como los del cólera, tifus, etc. En lo que se refiere á la fiebre amarilla, el calor húmedo y la aereación insuficiente podrían ser considerados, ante todo, como condi- ciones indispensables para el desarrollo de los mohos, y des- pués como indirectamente favorables á la vitalidad del baci- llus icteroide. 11 162 Anales de la Universidad Este fenómeno de comensalismo, muy análogo al que Metch- nikoff ha señalado hace tiempo para el vibrión colérico, está de acuerdo y explica muchas otras observaciones prácticas bien conocidas, que forman parte de la epidemiológica de la fiebre amarilla, y sobre las cuales creo inútil extenderme más. Anales de la Universidad 163 VIII Resistencia «leí "bacillus icteroi«le" á los agentes físico- químicos naturales Con el objeto de completar nuestros conocimientos sobre la biológica de un microbio contra el cual deberá establecerse en adelante, sobre bases científicas, una activa defensa en todas las localidades castigadas por la fiebre amarilla, he creído oportuno agregar algunas investigaciones acerca de la resistencia que presenta á la acción del calor, de la luz, de la desecación y del agua del mar. La mayor parte de estas investigaciones han sido efectuadas por mi excelente preparador señor E. Puppo, con la exactitud que lo distingue. A. —RESISTENCIA DEL «BACILLUS ICTEROIDE» AL CALOR HÚMEDO El método seguido es el empleado en todos los laboratorios; consiste en calentar en el baño-maría pequeños tubos de vi- drio delgado conteniendo caldo-cultivos del bacillus icteroide. Los resultados obtenidos están resumidos en la siguiente tabla núm. 1: 161 Anales de la Universidad TABLA núm. 1 DURACIÓN Resultado de los cultivos hechos después de la acción de las DE LA siguientes temperaturas: ACCIÓN DEL CALOR 50° 55° 60° 65° 70" 0 control + + + + + 1 minuto + + + — 3 + + — — 5 » + + — — — 8 + + — — — 10 + + — — — 15 + + — — — 20 + — — — 25 + — — — — Estos resultados demuestran que el agente específico de la fiebre amarilla, lo mismo que el de la difteria, del muermo, del tifus, del cólera, etc., es uno de los menos resistentes al calor húmedo. En efecto, la temperatura relativamente poco elevada de 60° lo mata en pocos instantes, y la de 65° lo mata inme- diatamente. B. — RESISTENCIA DEL «BACILLUS ICTEROIDE» AL CALOR SECO Esta serie de investigaciones fué verificada con hilos de seda embebidos en caldo-cultivo, secados en la estufa á 37°, y co- locados al calor seco en una común esterilizadora de aire ca- liente. La extracción de cada hilo de seda de la estufa, á me- dida que el calor iba lentamente subiendo de 5 en 5 grados, se hacía de manera de no modificar sensiblemente la temperatura del aparato. Los resultados de las siembras, repetidamente confirmados, demostraron que el bacillus icteroide expuesto al calor seco, muere solamente entre los 120° y 125° C. Es necesario 1 hora Anales de la Universidad 165 y 10 minutos para matarlo á la temperatura de 100°. Esto con- firma la mala reputación del aire caliente como agente de es- terilización. C. — RESISTENCIA DEL «BACILLUS ICTEROIDE» Á LA DESECACIÓN Por razones que sería superfino detallar, estas investigaciones presentan, desde el punto de vista epidemiológico, un grande interés. En los países de fiebre amarilla se citan frecuentemente casos de contagio ocurridos en individuos que habían vuelto á ocupar lugares donde varios meses antes había muerto algún enfermo de tifus icteroide. Estas experiencias fueron practicadas, como anteriormente, con hilos de seda, que fueron expuestos — entre dos cápsulas de vi- drio esterilizadas — á la temperatura de 37°5 C. en la estufa, y á la del ambiente en una habitación del Instituto. Los resultados fueron los siguientes: Las siembras hechas con hilos expuestos á la desecación á 37°5, comenzaron á ser estériles después de 35-37 días. Des- pués de 40 días, ocho hilos sobre veinte quedaron estériles. Pa- sados los 50 días, todos los hilos eran completamente estériles. Las siembras efectuadas con hilos desecados en la estufa á 37° durante 24 horas y luego expuestas á la temperatura variable del ambiente, fueron siempre positivas hasta los 168 días (del 23 de Octubre de 1896 hasta el día de hoy, 30 de Marzo de 1897). Este resultado nos autoriza para creer que la desecación es- pontánea á la temperatura ambiente permite al bacillus icteroide conservar su vitalidad de un modo notable, y desde el punto de vista de la higiene práctica tiene una grande importancia, porque permite suponer el contagio de la fiebre amarilla por medio del polvo atmosférico. 166 Anales de la Universidad D. —RESISTENCIA DEL «BACILLUS ICTEROIDE» Á LA ACCIÓN DE LA LUZ SOLAR DIRECTA Aunque en todos los casos se haya obtenido una esterilización más ó menos rápida de los cultivos, la acción de la luz solar sobre el bacillus icteroide, cultivado en medios sólidos y líqui- dos, ha dado siempre resultados inconstantes. Estos resultados se comprenden perfectamente, considerando que la acción bactericida de la luz solar sobre los cultivos micro- bianos, se efectuaría sólo en virtud de variados é inconstantes procesos de oxidación que se verifican en el medio nutritivo. He preferido por esto, emplear también en este caso, los hilos de seda, previamente desecados á 37°, y luego expuestos al sol. Los resultados están expuestos en la siguiente tabla, nú- mero 2: TABLA núm. 2 Duración de la acción solar Temperatura exterior (al sol) Resultado de los cultivos 0 control 28°1 + horas 0.30' 28°0 + » 1.0' 27°6 + » .1.30' 28°Ü + » 2.0' 27°5 + » 2.30' 28°0 + » 4.30' 27°8 + » 5.0' 27"4 + » 5.30' 27°2 + » 6.0' 27°5 + » 6.30' 27°7 + » 7.0' 9)^09 + » 7.30' 27°4 » 8.0' 28"5 — » 8.30' 27°3 — » 9.0' 27°2 ~ Anales de la Universidad 167 La luz solar directa, á la temperatura estival, mata, pues, al bacillus icteroide en estado seco, en poco más de siete horas. Su acción esterilizada sería casi igual á la que, según los re- sultados de varios autores, ejercería sobre el bacillus carbun- culoso, y mucho más activa que la que, según otros, tendría sobre el badilas prodigiosus, el badilas pgocganeus, los sta- philococcus y el vibrión colérico. E. — RESISTENCIA DEL « BACILLUS ICTEROIDE » EN EL AGUA DEL MAR Como la fiebre amarilla ha sido siempre considerada una enfermedad cuyas relaciones con la localidad marítima no es ya del caso discutir, he creído conveniente estudiar el modo de comportarse de su agente específico con el agua del mar, la cual podría representar un vehículo de contagio que merece fijar toda nuestra atención. En tesis general, sabemos por un apreciable estudio de De Giaxa (1), que algunos microbios patógenos (cólera, carbun- clo, tifus, staphilococcus aureus ) viven bastante bien y pueden aún prosperar en el agua del mar, cuando no se encuentran empeñados en una lucha de concurrencia vital con otros gér- menes antagonistas. Pero esta lucha no siempre es la regla. El mismo De Giaxa ha encontrado, por ejemplo, que si en el agua del mar existen algunos microbios antagonistas del baci- llus carbunculoso, en cambio hay otros que cousienten perfec- tamente bien su desarrollo. También Mctchnikoff (2), como es notorio, ha observado que se encuentran en el agua microbios antagonistas y favo- recedores de los vibriones del cólera. Es, por consiguiente, de todo punto imposible reproducir ex- perimentalmente todas las condiciones y todas las vicisitudes bio- (1) Ucber das Verhaltcn liniger path. Mikroorg. im Mcerwasser ( Zeitsrhr. f. Hggicne, Í889. — VI, pííg. 162). (2; Sur l'immunité et la réceptivité vis-á-vis du cholera intestinal (Anuales de V Instituí Pasteur, 1894. - Pág. 599). 168 Anales de la Universidad lógicas á que está expuesto un microbio patógeno durante su existencia en el medio hídrico. La constitución del medio, el múltiple y variado contacto de la flora acuática, la dilución, el movimiento, las vicisitudes de la contaminación, la influencia de la luz, las variaciones de temperatura, de profundidad y otros infinitos factores, son otras tantas condiciones imposibles de reproducir in vitro, pero que tienen necesariamente que influir favorable ó desfavora- blemente sobre los microbios, sea aisladamente, sea en virtud de una serie de combinaciones que pueden variar al infinito. Es, pues, evidente que una mezcla artificial de agua de mar natural con un microbio patógeno, en un matraz — donde los microbios hídricos, más habituados y en consecuencia más. fuertes, se multiplican rápida y cómodamente en proporciones in- definidas — no puede realizar las condiciones que actúan en el ambiente hídrico, donde por el solo hecho de la simple dilu- ción y del movimiento, las proporciones del contenido micro- biano se mantienen coeteris paribus casi constantes. He creído, pues, trabajo inútil hacer investigaciones con agua de mar natural; su resultado no habría tenido ningún valor práctico. He preferido, por lo tanto, y he encontrado más cómodo al mismo tiempo, ensayar el comportamiento del bacillus icteroide en el agua de mar esterilizada por el calor, ó filtrada por la bujía Chamberland, considerándola así desde el solo punto de vista nutritivo. Las aguas estudiadas fueron: la del Río de la Plata, sacada en el puerto de Montevideo, y la de mar, tomada en el puerto de Río Janeiro. La diferencia de composición química entre las dos aguas es, como se sabe, notable. El agua del Río de la Plata, cerca de Montevideo, resulta de una mezcla de agua dulce y de agua salada. En efecto, mientras el agua del mar tomada en Río Janeiro contiene el 29.25 °/00 de Xa Cl, la del Río de la Plata, en el momento en que empezaron mis experiencias, contenía el 5.67 0/oo. Digo que tal era el contenido salino en el momento de mis expe- Anales de la Universidad 169 riencias, porque la composición química del agua del Río de la Plata es sumamente variable y depende del mayor ó menor grado de dilución que éstas sufran con las del mar, á conse- cuencia de las mareas, de las corrientes y de muchas otras causas que es inútil recordar aquí. El agua del puerto de Montevideo no es muy rica en mi- crobios, á pesar de que reciba las aguas servidas de toda la ciudad : contiene solamente un mínimo de 200 y un máximo de 720 por c. c. La filtración le hace perder una pequeña parte de cloruro de sodio (el 0.74 %o). En esta agua del Río de la Plata, esterilizada, el bacillus icteroide permanecía vivo aún después del 90.° día, en que in- terrumpí toda observación ulterior. En la filtrada, repartida en 3 matraces, obtuve el siguiente resultado: el matraz núm. 1 resultó estéril después de 37 días, el núm. 2 después de 78 días, y el núm. 3 después de 71 días. El agua del puerto de Río Janeiro contiene: antes de fil- trada, 29.25 °/00 de Na Cl, y después, sólo 25.74 °/00. El bacillus icteroide puede vivir en las dos clases de agua durante mucho tiempo. Mis investigaciones lo encontraron allí constantemente hasta el 50.° día. Esta notable vitalidad del bacillus icteroide en el agua del mar — considerando, como se comprende, á esta última como un medio enteramente pasivo, —■ debe tomarse en seria consi- deración en todas las cuestiones de higiene pública en las cua- les el agua del mar deba desempeñar un papel cualquiera. 170 Anales de la Universidad IX Resumen general «leí proceso morboso y «le la epide- miología «le la fiebre amarilla Los resultados de esta segunda parte completan y confir- man de un modo definitivo, todo cuanto hemos expuesto en la precedente, con relación á la etiología y patogenia de la fiebre amarilla. El valor de estos resultados está basado, sobre todo, en esto: que inoculando en los varios animales los productos tó- xicos del bacillus icteroide, se obtienen los mismos síntomas y las mismas lesiones anatómicas que hemos descrito ante- riormente como debidas al empleo de los microbios vivos; lo que demuestra, una vez más, que el cuadro morboso de la enfermedad — tanto en el hombre como en los animales — es debido á un proceso especialmente tóxico, producido por las sustancias activas fabricadas por el bacillus icteroide, á cuyo conjunto hemos dado el nombre de veneno amarillígeno. El veneno amarillígeno tiene una acción poco marcada y poco característica en aquellos animales que, aún en presencia del virus vivo, se muestran dotados de una reacción poco es- pecífica: tales son los pequeños roedores. Pero cuando se inocula en el organismo del animal reactivo por excelencia, esto es, en el perro, se provocan todos los sín- tomas y todas las lesiones anatómicas que hemos ya notado empleando el virus, y sobre cuya identificación con los datos Anales de la Universidad 171 clínicos y anatómicos de la infección icteroide humana, no es ya necesario insistir. La intoxicación amarillígena en el perro, además de repro- ducir la sintomatología y las lesiones específicas de la fiebre amarilla, determina la insuficiencia renal y favorece la apari- ción de las características infecciones secundarias (á streptococ- cus, staphilococcus, colibacillus), completando de este modo, con los datos químicos y bacteriológicos, la reproducción exacta de cuanto hemos señalado en la fiebre amarilla del hombre (1). El estudio de la intoxicación amarillígena en la cabra ha puesto en evidencia, de una manera verdaderamente extraor- dinaria, el enérgico poder hemolítico del veneno icteroide, dán- donos, al fin, una explicación plausible de las sufusiones azu- ladas, apizarradas ó rojo-parduscas, que se encuentran con tanta frecuencia en el tejido celular subcutáneo de los enfer- mos y de los cadáveres de fiebre amarilla. Es muy probable, especialmente en los casos en los cuales no se llega á obtener la reacción de los pigmentos biliares en la sangre y en la orina, que la pigmentación amarillo - paja ca- racterística de la piel, que se manifiesta después de la desapa- rición de las sufusiones susodichas, y muy á menudo varias horas después de la muerte, sea debida simplemente á un pro- ceso ulterior de oxidación de la sustancia colorante de la sangre, que ha quedado impregnando los tejidos. Se trataría en estos casos, de una ictericia ¡temática, ó mejor /¿emoglobíuiea, como la que se observa muy frecuentemente en los casos de exagerada destrucción globular, acompañada de insuficiencia hepática (en- venenamientos por óxido de carbono, hidrógeno arsenical, ace- tilfenilhidrazina, etc.). (1) Algunas experiencias verificadas durante la redacción de la presente memoria, me han revelado un método, tan simple como seguro, para determinar en los perros una lá- pida é intensa degeneración grasosa de hígado. Este método consiste en inyectar, & través de las paredes abdominales, directamente en el tejido hepático, una porción de cultivo so- bre gelosa diluida en alguuos c. c. de caldo. Matando el animal después de 3-4 días, se encuentra la mayor parte del hígado atacado de una esteatosis semejante á la fosfórica. Los preparados microscópicos del tejido fresco, tratados ó no por el ácido ósmico, mues- tran una verdadera mezcla de grandes gotas de grasa y de células hepáticas completamente degeneradas. 172 Anales de la Universidad La nefritis y la intoxicación urémica consecutiva, en el en- venenamiento icteroide de la cabra, no hace más que confirmar la acción específica de este veneno sobre el parénquima renal, que después del hepático, es el que se encuentra siempre más gravemente atacado. La extrema sensibilidad demostrada por el asno hacia la toxina específica, nos ha permitido asistir á la manifestación de tres importantes fenómenos: dos de ellos, la hematuria y las infecciones secundarias, son bastante conocidos y frecuentes; pero el otro, la mastorragia, no ha sido todavía descrita por ningún autor, y representa indudablemente la más alta manifes- tación de las propiedades hemorragíparas del amarillismo. En cuanto á las experiencias sobre caballos, puede decirse que por ahora no han hecho sino demostrar la extremada sen- sibilidad de estos animales hacia la toxina icteroide, sobre todo cuando es inoculada por la vía subcutánea. Pero lo que debe fijar sobre todo nuestra atención — y es lo que constituye indudablemente la parte más interesante de todas estas investigaciones sobre el veneno amarillígeno — es la expe- rimentación sobre el organismo humano. Han bastado pocas, pero bien determinadas experiencias, para iluminar con una claridad verdaderamente imprevista, todo el mecanismo patogénico, tan oscuro y tan mal interpretado hasta ahora, del tifus icteroide. Resumir las conclusiones de dichas experiencias sería repro- ducir lo que ya hemos expuesto anteriormente de una manera sucinta; sería comentar el cuadro de patología tropical, que he- mos trazado á grandes rasgos al principio de la primera parte de este trabajo. La inyección de los cultivos filtrados, á dosis relativamente pequeñas, reproduce en el hombre la fiebre amarilla típica, acompañada de todo su imponente cortejo anatómico y sinto- matológico. La fiebre, las congestiones, las hemorragias, el vómito, la es- teatosis del hígado, la cefalalgia, la raquialgia, la nefritis, la anuria, la uremia, la ictericia, el delirio, el colapsus; en fin, todo el conjunto de elementos sintomáticos y anatómicos cuya apre- Anales de la Universidad 173 ciación constituye la base indivisible del diagnóstico de la fie- bre amarilla, lo hemos visto desarrollarse á nuestra vista mer- ced á la poderosa influencia del veneno amarillígeno fabricado en nuestros cultivos artificiales. Este hecho no sólo representa un brillante documento de convicción en favor de la especificidad del bacillus icteroide, y un éxito de primer orden en el campo, ya tan rico en triun- fos, de la ciencia experimental, sino que asienta sobre bases completamente nuevas, la concepción etiológica y patogénica de la fiebre amarilla. Eliminada así la teoría dominante, que consideraba al tubo digestivo, y sobre todo al estómago, como el foco del amari- llismo, únicamente porque los fenómenos gastro - intestinales eran los que habían llamado hasta ahora más vivamente la atención del clínico; demostrado que todos esos imponentes fe- nómenos no son debidos sino al veneno específico que se ela- bora y circula en la sangre, la fiebre amarilla entra inmediata- mente en la misma categoría de enfermedades en que yo he colocado, hace ya tiempo, otro gran proceso morboso, que antes de mis investigaciones había sido siempre mal interpretado: me refiero á la fiebre tifoidea. Todos los fenómenos sintomáticos, todas las alteraciones fun- cionales, todas las lesiones anatómicas de la fiebre amarilla, no son sino el resultado de la acción eminentemente esteatógena, emética y hemolítica de las sustancias tóxicas elaboradas por el bacillus icteroide. Es quizás por esto que, á causa de sus síntomas generales, por las características manifestaciones ataxo- adinámicas, por la tendencia á las hemorragias, por la ictericia, etc., la fiebre amarilla había sido comparada al envenenamiento producido por el veneno de algunas serpientes! Otro punto de contacto entre los dos procesos morbosos, consiste en la gastroentritis hematógena, que en los casos de envenenamiento se atribuye erróneamente, aún hoy, á una es- pecie de esfuerzo eliminador del organismo. Ahora que hemos eliminado la vía de ingreso y el asiento electivo completamente arbitrario que se le había asignado en el tubo digestivo, siguiendo las antiguas costumbres doctrinarias, 174 Anales de la Universidad veamos por qué vía ese microbio penetra en el organismo para fabricar su veneno, y digamos desde ahora que es éste un punto bastante difícil de establecer con exactitud. En los países donde reina la fiebre amarilla, no se han re- cogido todavía documentos bastante demostrativos para esta- blecer la trasmisión hídrica; al contrario, existe un gran número de hechos que hablarían resueltamente en favor de la trasmi- sión atmosférica. El único ejemplo citado siempre por los autores, relativa- mente á la atenuación de la fiebre amarilla en Vera Cruz, después que la ciudad fué dotada de buena agua potable, no puede tener sino un valor enteramente relativo, como todas las afirmaciones de ese género. Es una tendencia demasiado exclusiva, atribuir á la realiza- ción de una sola medida higiénica el mejoramiento sanitario de una ciudad; se trata casi siempre de un conjunto de mejoras higiénicas, que forzosamente han debido precederla ó acompa- ñarla. Por otra parte, la notable resistencia á la desecación y al ambiente hídrico que presenta el bacillus icteroide, nos auto- riza á admitir que la difusión del virus amarillígeno puede efec- tuarse tanto por medio del aire, como por medio del agua. Las experiencias practicadas sobre los animales demuestran, por otra parte, que el contagio por las vías respiratorias es posible. En cuanto al mecanismo del contagio por la vía hídrica, es un hecho fuera de duda que, cuando el epitelio de las vías digestivas está intacto, no permite en general el pasaje de nin- guna clase de gérmenes patógenos. Debe, sin embargo, recor- darse que en los países donde existe la fiebre amarilla, el más leve desorden de las funciones digestivas (abuso de las bebidas alcohólicas y heladas, indigestiones, abuso de frutas, etc.), sobre todo en los recién llegados, constituye, como toda causa de depresión en general, otras tantas condiciones predisponen- tes para determinar inmediatamente la entrada en escena de la terrible enfermedad. No debe olvidarse, además, que los recién llegados á los paí- Anales de la Universidad 175 ses tropicales están expuestos á un leve catarro de las vías biliares, el cual, unido al inevitable surmenage del hígado que lo acompaña, podría facilitar el desenvolvimiento del bacillus icteroide en un punto cualquiera del órgano hepático, sea cual fuere, por otra parte, la vía por la cual el microbio ha llegado al intestino. Ahora que conocemos bien los formidables efectos del ve- neno amarillígeno, podemos comprender fácilmente cómo el pro- ductor de él deba encontrar, sin gran trabajo, la manera de resistir y de difundirse en cualquier órgano en que llegue á penetrar, con ó sin otras causas coadyuvantes; nada más fácil, en efecto, que la penetración del bacillus icteroide hasta el in- testino, desde el momento que él forma parte de la flora mi- crobiana de las localidades donde existe la fiebre amarilla. La marcada tendencia á las lesiones del órgano hepático re- presentaría, pues, en los países cálidos, no sólo una de las con- diciones que más fácilmente predisponen al amarillismo, sino que, una vez establecido éste, sería la causa principal de esas infecciones secundarias que imprimen una fisonomía á veces tan extraña é intrincada al resultado de la investigación bacterioló- gica de la fiebre amarilla, y que indudablemente contribuyen de una manera notable á aumentar la mortalidad espantosa de esta enfermedad. Nos hemos detenido ya bastante sobre el origen, la duración y terminación de estas infecciones secundarias, que tan obsti- nadamente han contribuido á ocultar durante tanto tiempo el verdadero agente específico de la fiebre amarilla. El estudio experimental de estas infecciones secundarias nos ha hecho asistir á una serie de fenómenos biológicos, que arro- jan una luz enteramente nueva sobre las relaciones recíprocas entre el agente del amarillismo y los de la infección secundaria. El bacillus icteroide, sea por efecto de su veneno específico, sea por la grave lesión hepática, que es su consecuencia más inmediata, favorece, en un momento dado, la entrada en el or- ganismo de los microbios sépticos; los cuales, no solamente con- cluyen con la enfermedad mucho antes de lo que podría ha- cerlo el agente específico, sino que resultan después perjudiciales 176 Anales de la Universidad también para este último, invadiendo inmediatamente sus do- minios, suprimiéndole la facultad vegetativa y aún su propia vitalidad. Es por esto que esos fenómenos de antagonismo microbiano entre el bacillus amarillígeno y los de las infecciones sépticas, en vez de ser útiles al paciente que representa el teatro de acción, concluyen, al contrario, por apresurar su fin. Pero hay otro curioso fenómeno biológico, que adquiere un inmenso valor en la epidemiología de la fiebre amarilla. Se trata de la extraña simbiosis que hemos señalado entre el ba- cillus icteroide y los mohos. Estos últimos se han revelado como los protectores naturales del agente específico de la fiebre amarilla, porque es gracias á su intervención que este último puede encontrar fuerzas para vivir y para multiplicarse, allí donde la impropiedad del medio nutritivo ó la acción desfavorable de temperaturas disgenési- cas harían enteramente imposible su existencia. La intervención de este factor tan insignificante, al parecer, constituye quizá la causa principal de la aclimatación de la fiebre amarilla, en ciertas localidades donde parece encontrar condiciones extraordinariamente apropiadas á su triste dominio. Sabemos, en efecto, que una de las condiciones considera- das como indispensables para el desarrollo de la fiebre amarilla, la humedad, representa junto con el calor, el elemento más fa- vorable al desenvolvimiento de los mohos. Es sobre todo á la falta de ventilación y al excesivo estado higrométrico de la atmósfera, que se cree debida la insalubridad de Río Janeiro. Durante la gran epidemia de fiebre amarilla de Montevideo en 1872, eran atacados con una preferencia inexplicable, sólo los habitantes de las casas orientadas hacia el norte de la ciu- dad. Ahora bien: tanto las casas como el lado de las calles orientadas hacia el norte, se distinguen en Montevideo por su humedad verdaderamente excepcional. Es por lo tanto probable que el factor humedad, tanto á bordo de los navios, como sobre las costas y en el interior de los países, represente el coeficiente principal de un fenómeno bio- lógico, más bien que esa influencia meteorológica banal, cuya Anales de la Universidad 177 acción es siempre idéntica en la etiología de casi todas las enfermedades epidémicas. Por otra parte, la notable resistencia que presenta el bacillus icteroide á la acción del factor principal de la desinfección natural, es decir, á la desecación, y su grande longevidad en el agua del mar, explican suficientemente la fácil aclimatación del tifus icteroide y su tenaz persistencia, sobre todo en las localidades marítimas afligidas por la presencia de su agente específico. FIN 12' EXPLICACIÓN DE LAS PLANCHAS PLANCHA 1 CULTIVOS DEL «BACILLUS ICTEROIDE» SOBRE PLACAS DE GELATINA Fig. 1. — Cultivo típico desarrollado á la temperatura de cerca 18° C, después de 36 horas. Las diversas colonias aparecen fina y uniformemente granulosas (60 diám.). Fig. 2. — El mismo cultivo, después de 3 días. Las colonias siguen poco á poco aumentando de volumen, pero en la mayor parte de ellas no se observa todavía la formación del núcleo. Figs. 3-4. — Colonias típicas, completamente desarrolladas. Figs. 5-6. — Colonias reniformes: variedad muy frecuente en todos los cultivos en placas de gelatina desarrolladas normalmente. PLANCHA II CULTIVOS DEL «BACILLUS ICTEROIDE» SOBRE GELOSA Figs 1-10. — Cultivos sobre gelosa, obtenidos por medio de siembras en estría con jugo de varios órganos y de la sangre, desarro- lladas primero durante 12-24 horas en la estufa á 37° C, y después mantenidas á la temperatura del ambiente durante va- rios días. La fotografía del cultivo núm. 1 fué sacada después de 18 horas de desarrollo en la estufa y 13 horas de perma- nencia á la temperatura del ambiente. El rodete opaco for- 180 Anales de la Universidad mado á la temperatura del ambiente, está apenas delineado en blanco en algunas colonias. En los otros cultivos se ve claramente, en tamaño natural, la parte central, cuyo creci- miento se efectuó á 37° C, rodeada por la zona periférica des- arrollada á la temperatura del ambiente, con mayor ó me- nor intensidad. Las figuras 5, 6, 8, 9 y 10 representan cul- tivos perfectamente característicos del bacillus icteroide. Fig. 11. — Representa un cultivo sobre gelosa, obtenido después de va- rios días, siempre á la temperatura del ambiente (cerca 18 á 20°). En este caso el desarrollo de las colonias, por más que hayan crecido distantes unas de otras, no presentan ninguna semejanza con los cultivos precedentes. Fig. 12. — Representa un cultivo por siembra en estría, desarrollado á la temperatura del ambiente. El aspecto de éste es perfecta- mente idéntico al precedente. PLANCHA III DIAGNÓSTICO BACTERIOLÓGICO DEL «BACILLUS ICTEROIDE» Fig. 1. —Cultivo por estría sobre gelosa (de jugo del bazo), desarro- llado durante 12 horas en la estufa á 37° C. Figs. 2-3. — Cultivo por estría sobre gelosa (por dilución de un caldo- cultivo), desarrollado durante 18 horas en la estufa á 37° C. Fig. ^. — Cultivo por estría sobre gelosa (por dilución de un caldo- cultivo), desarrollado durante 12 horas en la estufa á 37° y durante otras 12 horas á la temperatura del ambiente de 20°. Se observa ya netamente el rodete que se ha ido formando alrededor de la colonia desarrollada en la estufa. Fig. 5. — El mismo cultivo fotografiado después de haber permanecido durante 5 días consecutivos á la temperatura del ambiente, de 18° á 20° C. Figs. 6-7. — Los mismos cultivos fotografiados después de haber per- manecido durante 5 días á la temperatura del ambiente de 18 á 20° C. Fig. 8. — El mismo cultivo fotografiado después de haber permanecido otros 5 días á la temperatura del ambiente. Los rodetes de las colonias han continuado su crecimiento en superficie hasta juntar.se, disminuyendo al mismo tiempo su espesor. Anales de la Universidad 181 PLANCHA IV PREPARACIONES MICROSCÓPICAS DEL «BACILLUS ICTEROIDE» Fig. 1. —Cultivo de 24 horas en caldo-lactosado al 2 %. Fig. 2. — Cultivo de 24 horas en gelosa. Fig. 3. — Cultivo de 24 horas en caldo de carne peptonizado. Fig. 4. — El mismo cultivo después de 10 días (formas de involución). Itg. 5. — Exudado peritoneal de un cobaya muerto por infección ge- neral, G días después de la inyección peritoneal de un caldo- cultivo. Fig. 6. — Pestañas vibrátiles del bacillus icteroide (de un cultivo sobre gelosa. Coloración con el método de Nicolle- Morax). PLANCHA V COLONIAS DEL «BACILLUS ICTEROIDE» DESARROLLADAS EN CULTIVOS SOBRE PLACAS DE GELATINA Figs. 1-7. — Colonias típicas, normales, desarrolladas á la temperatura de 18° á 20° C. Figs. 8-10. — Variedad joven algo atípica, pero frecuente, de la misma colonia., Fig. 11. — Variedad adulta muy frecuente. Fig. 12. — Variedad reniforme en estado adulto. Figs. 13-16. — Viejas colonias que han permanecido estacionarias en di- versas fases de su desarrollo. 182 Anales de la Universidad POLIMORFISMO PRESENTADO POR 3 VARIEDADES DEL «BACILLUS COLI COMMUNIS» A. — 1.a variedad de colibacillus, aislada sobre gelatina, del con- tenido intestinal de un sujeto muerto de fiebre amarilla ( cul- tivo de 48 horas). Fig. a. — Aspecto de las colonias de 48 horas, procedentes de la misma variedad A, y desarrolladas sobre dos placas distintas (I y II), sembradas al mismo tiempo. Fig. b. — Aspecto de las colonias de 5 días, id., sobre las mismas pla- cas. Fig. c. — Aspecto de las colonias de 15 días, id., id. B. — 2.a variedad de colibacillus aislada como la anterior (cul- tivo de 48 horas). Fig. a. —Aspecto de las colonias de 48 horas, procedentes de la misma variedad B y desarrolladas sobre dos placas distintas (I y II), sembradas al mismo tiempo. Fig. b. — Aspecto de las colonias de 5 días, id., sobre las mismas placas. Fig. c. — Aspecto de las colonias de 15 días, id., id. C. — 3.a variedad de colibacillus, aislada como las anteriores (cul- tivo de 48 horas). Fig. a. — Aspecto de las colonias de 48 horas, procedentes de la misma variedad C y desarrolladas sobre dos placas distintas (I y II), sembradas al mismo tiempo. Fig. b, — Aspecto de las colonias de 5 días, id., sohre las mismas placas. Fig. c — Aspecto de las colonias de 15 días, id., id. PLANCHA VI COLORACIÓN DEL BACILLUS ICTEROIDE EN LOS TEJIDOS HUMANOS (Visceras de la Observación II) Fig. 1. — Hígado humano expuesto durante 12 horas en la estufa á 37° y coloreado con el método de Nicollc (500 diám. Zeiss. Oc. 4., Obj. 2.0 mni.), Anales de la Universidad 183 Fig. 2. — La misma preparación observada con 1000 diámetros (Zeiss. Oc. c. 8, Obj. 2.0 mm.). Fig. 3. — La misma preparación observada con 2250 diámetros (Zeiss. Oc. c 18, Obj. 2.0 mm.). Fig. 4. — Riñon humano, observado con 1200 diámetros (Zeiss. Oc. c. 12, Obj. 2.5 mm.). Fig. ó.— Bazo humano (800 diám, Zeiss, Oc, c. 8, Obj. 2.5 mm,). PLANCHA VII COLORACIÓN DEL «BACILLUS ICTEROIDE» EN LOS TEJIDOS DEL CONEJO Fig. 1. — Hígado de un conejo muerto en 5 días por inyección subcu- tánea. — Coloración con el método de Nicolle. 750 diámetros (Zeiss, Oc. c. 6, Obj. 2.0 mm.). Fig. 2. — La misma preparación. 1800 diámetros (Zeiss. Oc. c. 18, Obj. 2.5 mm.). Fig. 3. —Bazo del mismo conejo. 1000 diámetros (Zeiss. Oc. c. 8, Obj. 2.0 mm.). Fig. 4. — Riñon del mismo conejo. 750 diámetros (Zeiss. Oc. c. 6, Obj. ap. 3.0 mm.). Figs. 5-6-7. — Fagocitos llenos de bacillus icteroides, observados en el exudado peritoneal de un cobaya muerto en 5 días por in- yección subcutánea. El exudado no contenía ningún micro- bio libre. Fig. 8. — Preparación por aplastamiento de la pulpa esplénica de un conejo muerto en 48 horas, después de una inyección endo- venosa. Esta clase de preparaciones, especialmente si se colorean con violeta de genciana, se prestan admirablemente para la demos- tración de los espacios claros en los microbios desarrollados en el organismo animal. * Yig. y, — Cultivo de 24 horas en caldo - lactosado, hecho directamente con la sangre de un enfermo de fiebre amarilla (Observa- ción II), en el que el bacillus icteroide se hallaba en estado de pureza. Todos los microbios presentan formas muy precoces de in- volución. 184 Anales de la Universidad PLANCHA VIII ALTERACIONES DEGENERATIVAS PRODUCIDAS POR EL «BACILLUS ICTEROIDE» EN LOS DISTINTOS TEJIDOS (Fijación en líquido de Flemming, coloración con la safranina, decoloración con ácido pícrico ) Fig. 1. —Hígado humano (Observación II), 750 diámetros (Zeiss. Oc. c. 12, Obj. a. 4.0 mm.). Fig. 2. — Hígado de conejo muerto á los 5 días de una inyección sub- cutánea. 750 diámetros (Zeiss. Oc. c. 12, Obj. a. 4.0 mm.). Fig. 3. — Hígado de perro muerto por inyección intravenosa. 175 diá- metros (Koritska Oc. 3, Obj. 5). Fig. 4. — La misma preparación. 750 diámetros (Zeiss. Oc. c. 12, Obj. a. 4.0 mm.). Fig. 5. — Riñon del mismo perro. 1200 diámetros (Zeiss. Oc. c. 12, Obj. a. 2.5 mm.). Fig. 6. — Degeneración mucosa, descamación epitelial y grave infiltra- ción en la capa superficial de la mucosa gástrica, de un pe- rro muerto á las 24 horas, por inyección endovenosa. 1000 diámetros (Zeiss. Oc. c. 8, Obj. ap. 2.0 mm.). PLANCHA IX ALTERACIONES ANATÓMICAS EN LA FIEBRE AMARILLA EXPERIMENTAL Fig. 1. — Hígado en completa degeneración grasa, perteneciente al mono de la Experiencia II, muerto después de 7 días de enfermedad. (Tamaño natural.) Fig. 2. — Estado de la mucosa gástrica en la infección amarilla de los perros. ( Gastritis hematógena.) Fig. 3. Estado de la mucosa intestinal en la infección amarilla de los perros, ( Enteritis hematógena.) Anales de la Universidad 185 PLANCHA X ALTERACIONES DEGENERATIVAS DEL HÍGADO Y DE LOS RÍÑONES, EN EL ENVENENAMIENTO ICTEROIDE Y EN EL ENVENENAMIENTO FOSFÓRICO. Fig. 1. — Hígado de la cabra número 2, muerta en 18 días, á conse- cuencia de la inyección de 37 c. c. de toxina icteroide (750 diám. Zeiss. Oc. c. 6, Obj. a. 2.0 mm.). Fijación por el líquido de Flemming y coloración con safra- nina-ácido pícrico. Fig. 2. — Riñon de la misma cabra (el mismo aumento y la misma preparación). Fig. 3. — Riñon de perro muerto en 2 días por envenenamiento fos- fórico (el mismo aumento y la misma preparación). Fig. 4. — Hígado del mismo perro. (ídem.) Fig. 5. — Jugo hepático de N. Q. (Véase Observación IV), tratado con toxina icteroide, extraído el día 14 de Noviembre, mediante una punción exploradora, y conservado por 12 horas en una preparación con ácido ósmico. (El mismo aumento.) PLANCHA XI TRAZADOS TERMOGRÁFICOS DE LA FIEBRE AMARILLA HUMANA NATURAL Y EXPERIMENTAL Fig. 1. — Curva febril de E. N. (Véase Observación III.) Fig. 2. — Curva febril esquemática de un caso mortal de fiebre ama- rilla. (Según los doctores F. Fajardo y C. Seidl de Río Ja- neiro.) Fig. 3. — Curva febril de N. Q. (Véase Observación. IV.) F¿g, 4. — Curva febril de un caso de fiebre amarilla de marcha muy rápida. (Según el doctor Naegeli de Río Janeiro.) p;;l ¿#_ Curva febril de P. 1>. (Vt'aso Observación V.) 186 Anales de la Universidad PLANCHA XII FENÓMENOS DE SYMBIOSIS DEL «BACILLUS ICTEROIDE» Fig. 1. — Streptococcus cultivados en un viejo cultivo de bacillus icte- roide. Se observan los streptococcus desarrollados en larguí- simas cadenas, envolviendo á las formas involutivas caracte- rísticas del bacillus icteroide. Fig. 2. — El mismo streptococcus cultivado, en cultivo puro, en caldo- lactosado. Fig. 3. — Una placa de gelatina en la cual se manifiesta claramente la acción favorecedora de los mohos sobre el desarrollo de las colonias icteroides. Sobre el cultivo en gelatina, en la cual había sido sembrada desde hacía varias semanas, pero sin resultado, una abundante cantidad de bacillus icteroide, han caído de la atmósfera varios mohos, alrededor de los cuales han comenzado á aparecer en gran número las colo- nias icteroides. Prof. Dr. J. Sanarelli. — Etiología y patogenia de la Fiebre Amarilla. I»l. I. D £>*1»AHEL1.I FECIT TALLERES DEL MUSEO LA PLATA Prof. J)r. J. Sanakki.u. — Etiología y patogenia de la Fiebre Amarilla. 1*1. II. I)'Sanarelli kf.cit. TALLERES DEL MUSEO LA PLATA Prof. Dr. J. Sanarelli. — Etiología y patogenia de la Fiebre Amarilla. Pl. III. m ¡a D'S/.NARF.I.LI FECIT. TALLERES DEL MUSEO LA PLATA n Prof. Dr. J. Sanarelli. — Etiología y patogenia de la Fiebre Amarilla. 1*1. IV. ^^^^^/^^ V.» r ► •* ^B -* *¡^ w * ■ m '" m 1 * fVVl 1 % / v • - 1 •i 'i • * m, •: ^H ^^ -'^ ^^ ^ , «$ / ^ ^^^. ^ ^k ir El W¿M ^^^.~ M ^» ^v ^H .^ W F N ^ v^ V "** 1 ■ .\ —^ \ ^N 1 -.- /•' - \' N N( I ' N ü A D' Sanarelli fecit. TALLERES DEL MUSEO LA PLATA Prof. Dr. J. Sanarri.lt. — Etiología y patogenia de la Fiebre Amarilla. PI. V. BACILLUS ICTEROIDES * to 11 12 l 13 14 15 16 BACILLUS COLI COMMUNIS i / % \ ' * /*\. i c ^JÉ^ M ofelsm. "¡P Ni*» i 7 ii T f:-. L'AIíARELLJ DEL. T:p. LL. "La Suá-Ainer-iíana" Mente'' Prof. Dr. J. Sanarelli. — Etiología y Patogenia de la Fiebre Amarilla. Pl. VI. . t ÉK- ü - ira > ¿/ JO "íU-i. A i-.' f#*r' ■v/ 'y / 1 *^fep ' í m e«" ffi Prof. Dr. J. Sanarelli. - Etiología y patogenia de la Fiebre Amari lia. Pl. VII. •HfcA , ■'o© Ato-ll •«■j $ '.'*\i *.&■' >'9"S $&) £¿í & -1 ■y-. i », • # « ■ ^ .-*■ # t* ** % *% s./ J 1 \ i *x ^ .\i '3.: -*- H o!? V $?t ^ -.»■ Prof. Dr. J. Sanarelli. — Etiología y Patogenia de la Fiebre Amarilla. Pl. VIII. ■'■•>:.-: ,£$ ;;*^ .£•.*'"'.* ■■:,': '•■ ";,-•! V« "•"• '.• •»■•' •.-■ ^ . .. -¿ ^ -^ :¿ *'■.•■. -i' ) *.T ,,, 4*.x-•v «¿v..;'-.*•€: *""V '•' •* • "#* .;»•* ¿¿' ;■■■■ s .t..""">f. •:••■'V> .;••. -.. ... •ív#tw • ""'"••••y*- ^.;: •:-¿.-*r&: i^k.'-'m--. ■'■■: §y -w*-^M *•*. ' • •■-> •. • J»« V .f ¿ '->rv';:'-*"• ■■**' ^;~i^-. ^vv^-^ -.•:•.•• -.1 'í .* lT SK^-*^ v ••«••«* ••.;•.••■••::.••:••■•* - ••: •-- & ... "*: * í" f . ••jVr--jr .-.-:.*-v ••■« *• * ■■'■" a*"' '* ••. ^•' :' ■: ¿¿fA Í:*'J '$:\W\ .¿¿•■.■■i nr ■•■í í;.irf^.V' ^ ^%* *\ >:...'S .'•.* *#;» - !'i 1 jjf ' , - 1 V <>J « # ^ Prof. Dr. ,1. Sanarelli. — Etiología y patogenia de la Fiebre Amarilla. P!. IX. -* 2 «. PBRKZ. Al' HAT. r:?iX Prof. Dr. J. Sanarki.li. - Etiología y patogenia de la Fubrr Amarilla. E'l. X. . tt. 4. ■• V : '*w..* * %* !*■: •fiM'5*..- t) f m. ^Vf ♦. • **."•*' y, '■' ^ $.. * ® •* ® ® <* ® ® ^ #¿ .,:' # © ® ■jfc "© ,W sT.® *&>. : _ . ^«PÜ* *>&. car <@> •« «^ •*¿> © -i) ^ m. _ •... ^üao © ■ r- ® i* í??6 ®. ntbitt H IN H111 L L A 1 trc nlMtn i n . EN. 3 xi 4 xi 5xi c° 4P. 6p: 8p. 11 p. 5 a. lia. 5p. 5 a. 10a. 1 P- 40° 39° 38° 37° i 1 1 1 i 1 i ____t i i i —\— l ! / /■ -_]_ ■ 1 \ / i 1 — —i / rd r \ -- x I "\ ■— l\ T / ' i i \/ —i— i \ i ^ y 1 V 47 1 k / 7 \ / \ 1 / \— i FIEBRE AHARiLL 1 NATURAL 1 2 3 4 5 6 39? 38° 37? 1 ' < — . l ±._ l i A 1 - h4- — P -t i A \ . ií X^ i -- 1 U\ n\ i \ — I—- \ /s T" \t ' V V i - | \ 1 3b ? 1 _^ Fig. 1 Curva febril de E. N. (Obs. III) FIEBRE AMARILLA NATURAL Fig. 4 Curva ■febril de un caso mortal de fiebre amarilla á mar- cha muy rápida. (Según el Dr. Naegelide Río de faneiró). 2 3 4 1 ¡' i \ A,* Í - 41° 4 1 A '-/> M [ ' 40° \ / , A¿ i i 39? ""i ~i Fig. 2 Curva febril esquemática de un caso mortal de fiebre amarilla (Según los Drs. F. Fajardo y C Seidl de Río de Janeiro) FIEBRE AMARILLA EXPERIMENTAL FIEBRE AMARILLI i i .XPERIMENl A N.Q. 12xi 13 id 14 id c? 4p BP 8a 12m 4p 8P 8a 4-1? 40? 39? 38? 37? i i i í \ \ 1 i , \ : \ ' r . r / ~X T / !\ 1 x \ \ z K; — , --LÍ- * JT ' -- 7/ _,!._ i i p- -- i 1= -ri— 26xi 27» 28» 29. 30 ,> lxn 2» 3» 4,> 5» P K 3 5 6 9 2 8 ll|6 524710 152U7 10 147L0158851851485I15526 'PPPPAAAPAPPPPAAAAPAPPPPAAAPAPPAPPPAAPAPP jt ..+---■ :_ ± :: z±~ t T t 41° | . ....._..... , " ±" " "Z ! ^ ! ■ 1 L 40» +F HI r ft + -r-*-. -4—f+-'- --J- - - N i P 39° nf ¡ I \ \ Y h n-4- H-+-- L 1 -i J+— -r- í 38° r ^ i i /' '—VI--U ~UV-4l- 4 ,^- - Ul i. 37°J -K-.-lJ 1. S/Nl J^A.--^ 1—- o n ~v H "v 36°¿_ _ll ^::_ ± *: :±±±_Í4~4ii f Fig. 3 Curva febril de N. Q. (Obs. IV) Fig. 5 Curva febril de P. B. (Obs. V) Prof. Dr. ,T. Üanarklli. — Etiología y patogenia de la Fiebre Amarilla. Pl. XII. Fig. 1 Fig. 2 Fig. 3 Dr. SAIA2ELLI DEL. Tip. Lit "La Sud-Amerieana" Mcntevidec'. ÍNDICE * — ÍNDICE PRIMERA PARTE Págs. I. — Resumen de nuestros actuales conocimientos sobre la etiología^ y patogenia de la fiebre amarilla.......... 7 II. — Investigación y aislamiento del microbio específico de la fiebre amarilla del enfermo y del cadáver........ 15 III.—Investigación del microbio de la fiebre amarilla en los tejidos, y descripción de las principales lesiones anató- micas producidas en el hombre por la infección amarilla 42 IV. — Morfología y biología del bacillus icteroide y su diagnós- tico bacteriológico rápido.......................... 55 V. — Patología comparada de la infección amarilla......... 72 VI. — Resumen........................................... 114 SEGUNDA PARTE I. — El veneno amarillígeno............................ 121 II. — La intoxicación amarilla en los cobayas y conejos.... 123 III. — La intoxicación amarilla en los perros............... 125 IV. —La intoxicación amarilla en el gato, cabra, asno y ca- ballo........_...................................;. 129 V. — La fiebre amarilla experimental en el hombre reprodu- cida con la toxina amarillígena.................... 135 VI. — Las infecciones mixtas en la fiebre amarilla.......... 149 VII. — La fiebre amarilla á bordo de los buques............ 158 VIH. — Resistencia del bacillus icteroide á los agentes físico- químicos naturales................................ 163 IX. — Resumen general del proceso morboso y de la epidemio- logía de la fiebre amarilla......................... 170 Explicación de las planchas................................. 179 K- Ü;4: 99999 NLM001410618