YU95c \855 1'* " CARTA h,ct>*/ DEL DR.AHALPHEN DE NUEVA ORLEANS AL EXMO. SR. PRESIDENTE, SOBRE ACOMPAÑADA DE ✓ Stf MÉTODO CURATIVO. MÉXICO: IMPRENTA DEL ÁGUILA, dirigida por José Ximeno, calle de Medinas núm. 6. 1833. HlfS¿ I? 33 t-l SEÑOR PRESIDENTE DE LOS ESTA- DOS-UNIDOS MEXICANOS. NUEVA ORLEANS 12 DE MAYO DE 1833. ^J na enfermedad tan cruel como funesta, que des. pues de haber hecho unos estragos horribles en toda la Europa, ha atravesado el Océano para mostrarse de la misma manera en el Norte de la Amériea, acaba de recorrer la Luisiana y la isla de Cuba, con una intensidad cstraordinaria, y temiendo que ella se mani- fieste en vuestro pais, me apresuro (sin mas deseo que el de ser útil á la humanidad sin distinción de nacio- nes), á comunicaros el éxito que he obtenido mientras ha durado la epidemia en Nueva Orleans, como tam. bien el que han conseguido los médicos de la Habana, siguiendo mi método de curación; y como quiera que no puedo dirigirme á otra persona mejor que á vos, como Supremo Magistrado de la República Mexicana, y como protector de las ciencias, me he tomado la libertad de escribiros sin mas objete qué ser útil á la humanidad paciente y serviros con particularidad. Pa. ra evitar este terrible azote podéis, por medio de vues- tro influjo, comunicar mi método curativo á los médi- eos, á fin de que multipliquen las pruebas que se han hecho en la Habana y que han merecido el sufragio público, y por cuyo medio he asistido cerca de ocho- cientos cholencos que habian sido ó desauciados ó aban- donados, no habiendo muerto mas que treinta y tres. Antes de entrar en los pormenores de la composición de mi remedio, permitidme, Señor Presidente, que os haga observar sobre lo que he fundado mi método curativo. Síntomas del ehólera morbo asiático que ha reinado en Nueva Orleans.=Pulso insensible, nulo en la arteria radial y sensible en la brachial, y la mayor parte del tiempo carencia absoluta del pulso y un resfrio gene- ral; las sienes, la cabeza, la lengua y el aliento frió; la lengua blanca, húmeda y algunas veces de un co- lor medio azul, retención de orina, calambres, vómitos 2 y diarrea blanquizca; el cutis con una transpiración fria, viscosa algunas veces y otras seca; el paciente sumamente alterado. Casi todos los enfermos tienen dos dias antes del ataque un trastorno que dura algunas horas; en seguida hay una mejoría aparente, pero al tercer dia es de tal intensidad la enfermedad por los calambres, los vómitos y la diarrea, que en pocas ho- ras sucumben los que han sido atacados. Las funcio- nes intelectuales permanecen hasta el momento de morir en su estado normal y entonces no hay fiebre. Todo este conjunto de síntomas me demuestra que todos nuestros órganos están en parte paralizado?, y por consiguiente están' suspendidas las funciones esen- ciales de la vida. Parece que el aire atmosférico obra principalmente sobre la circulación, que priva á Ja san- gre de su serum, y sobre los nervios simpáticos, lo que está demostrado por lo mucho que sufre el paciente con los calambres y demás convulsiones. Por. todo lo espuesto soy de opinión que dos medicamentos son in- dispensables: uno que obra como específico en las en- fermedades perniciosas, y es la quinina, y otro que es el thridace ó estrado de lechnga, que obra sobre el sistema nervioso, sin perjuicio de la circulación como son las preparaciones de opio que rae han prohado muy bien. Esta composición suministrada en fuertes dosis, establece la reacción en muy pocas horas, anima al pulso, convierte á las deposiciones blanquizcas en bi- liosas, la transpiración es abundante, la orina toma su curso natural y el calor general se restablece: en fin, todas las funciones dañadas vuelven á su estado natural. Muchas veces sucede que después de la reac- ción la orina se obstina en permanecer alterada; en ese caso he usado con buen éxito de una composición de espíritu de trementina y aguardiente alcanforado en partes iguales, opn la cual se dan fricciones en la parte inferior do la columna vertebral, y el hueso pu. bes y en lo interior de los muslos. Es muy raro que después de haber administrado cuatro de mis pildoras, no cesen enteramente los fuer. tes dolores ocasionados por los calambres, diarrea y vómitos, y no se resienta una perfecta tranquilidad, aun en el caso que el paciente deba sucumbir por no haber recibido prontos socorros, lo que se anuncia en la reacción por una transpiración fria en lugar de ser caliente. 3 Composición de las pildoras. Tómese sulfato de quinina...............40 granos. Thridace ó estracto de lechuga.......... 6 granos. Una cantidad suficiente de polvos de go- ma arábiga para........,.............. 12 pildoras que se formarán sobre polvo de canela. Al principio de la enfermedad se da una de es- tas pildoras cada media hora hasta la reacción. En caso de que la enfermedad haga progresos es necesa- rio suministrar las pildoras mas á menudo; en algunos casos desesperados las he ordenado cada cinco, diez y quince minutos, hasta haber obtenido un cambio en los síntomas, en cuyo caso han sido mayores los inter. valos. Si el enfermo tiene dificultad para tomar las pildoras, lo que sucede particularmente con los niños, en ese caso he hecho disolver la cantidad de quiñi- na y de thridace que contienen las pildoras en cua- tro onzas de agua y otra de jarabe; si se quiere con. servar la poción, hágase sin jarabe y solo úsese de él en el momento que se administre; se dará una cu- charada al paciente de la misma manera y en los mismos casos que la administración de las pildoras has- ta obtener la reacción. No hay que espantarse de la cantidad de quinina que tiene que administrarse algu. ñas veces, pues he tenido bajo mi inspección enfermos á quienes he administrado 96 granos de quinina y se han restablecido perfectamente sin haber tenido acci. dente alguno; varios de ellos sin embargo han sentido después de la reacción, unos dolores en el estómago, los que he combatido siempre con sanguijuelas pues- tas en el epigastro, cataplasmas de harina y de semi- lia de lino y otros emolientes, y una tizana de ceba- da ó lino en la que se echa un poco de agrio de li- mon y azúcar. Juntamente con estas pildoras he recetado lavativas de quinina con una dosis de seis granos, y dos de thridace en media azumbre de agua fria de comomila; estas lavativas se suministran al paciente cada cuarto de hora, según la gravedad de la diarrea, la que es sumamente raro que no cese á las dos ó tres lavativa». El resto de mi método curativo, que sin duda habréis visto en los periódicos de Nueva Orleans, se encuentra detallado en el impreso que tengo el honor de acom. pañaros. 4 He observado que todos los cholencos que he asis. tido, han tomado al principio mis pildoras con placer, pero luego que se acerca la reacción, muestran suma repugnancia en tomarlas, pues les escita á vomitar. Esto sucede cuando no son médicos los que continúan la cura, y entonces se establece una gastritis que se combate como llevo dicho. No hay riesgo alguno en administrar este reme- dio á las mugeres grávidas, y he notado que aquellas que tenían suspendida su mestruacion, esta les ha vuelto en el momento de la reacción. Puede igualmente ad- ministrarse á los niños por pequeños que sean, tenién. dose cuidado únicamente de disminuir ia dosis á pro- porción de su edad. Hay algunas anomalías que consisten en un res- frio general, sin diarrea y sin vómito, en las que la sangre se sube á la cabeza, y puede compararse á una apoplegía. En este caso las sanguijuelas aplicadas á las sienes, ó una ligera sangría salvan al enfermo, y en seguida puede hacerse uso de mi método curativo. En algunos casos en que he sido llamado, el pulso conservaba su estado natural, lo mismo que la lengua, el vómito estaba acompañado de dolores en el epifTastro, las evacuaciones eran blancas y viscosas, acompañadas de tenesmo. En estos casos, los baños, las cataplasmas emolientes y las lavativas fueron los remedios á que acudí, y en casos mas graves con estos mismos sín- tomas, mandé aplicar sanguijuelas en el ano, con cuyo método no se me murió un solo enfermo. Estos casos fueron bien raros, y en mi concepto son comparables al cholera morbo esporádico, ó gastro-antérica. En la actualidad me ocupo en escribir una me- moria, tanto sobre la fiebre amarilla, corno también sa- bré el cholera morbo, que ha reinado en Nueva Oleans el año pasado, con observaciones prácticas fundadas en las que se hicieron por la autopsia; dicha memona la mandaré á la Academia de Medicina de París, con or- den de que se imprima, y cuando llegue á mis manos,. me tomaré la libertad de dirigiros un par de ejem- plares, que os suplico tengáis la bondad de aceptar. Me falta recomendaros que desconfiéis de las pil- doras que se les ha dado mi nombre, y han sido man. d.idas á los países estrangeros por algunos boticarios á quienes he* comunicado mi método curativo. La razón es, porque ellas no contienen thridace ó lactnariuM, 5 por haber sido y ser aun en el dia muy raro en esta ciudad. De consiguiente es indispensable, como también urgente, que las pildoras que he indicado, sean hechas por los farmacéuticos de ese pais, y que sean frescas, pues el thridace no se conserva bueno por mucho tiempo. La única recompensa á que aspiro, Sr. Presidente, es á que surta un buen efecto la receta que tengo el honor de trasmitiros, suplicándoos que comprometáis á los Sres. médicos de esa República, á que me comu- niquen las observaciones que hagan, con el fin de que yo pueda enumerarlas en la obra que sobre esta ma- teria trato de dar á la luz pública. Dignaos aceptar, Sr. Presidente, las seguridades de mi distinguida consideración, con la que tengo el honor de ser vuestro respetuoso servidor.=i)í, Halphen, Dr. en Medicina. 6 Nuevo método curativo del Cholera morbo, prescrito por el Dr. Halplzen, adoptado por muchos médicos, y coro- nado con un éxito satisfactorio. SÍNTOMAS DEL CHOLERA. La enfermedad se anuncia ordinariamente por vó¿ mitos, ó por una diarrea sin bilis, ó por dolores en las coyunturas y en los miembros. La lengua por lo regu- lar se pone de color azul bajo, lacia y encogida. MÉTODO CURATIVO. Al principio de la enfermedad adminístrese una píl. dora, y media hora después dése otra: este método se continuará de la misma manera, hasta que se opere la reacción. Dése con frecuencia de beber al enfermo un poco de una fuerte infusión de camomila, en la que se echarán dos cucharadas de bálsamo de la vida, hasta que se acabe una botella. Pónganse al paciente sina- pismos en los pies, en las piernas y en los brazos, pero sin cubrirle el pulso, pues el médico tiene que estarle consultando. Aplíquesele un sinapismo bastante grande en el estómago, con el fin de que le cubra una gran parte del vientre, y déjese todo el tiempo que lo pueda soportar el enfermo, y en seguida remplácese con quina desleída en agua caliente, y estendida en un lienzo del mismo tamaño. Dénsele fricciones con el linimento, particularmente sobre el corazón, el higado, los ríñones y toda la columna vertebral. Cúbrase al enfermo con cuidado, pero déjesele la cabeza libre fuera del cobertor. Si el enfermo tiene algunas necesidades que sa- tisfacer, póngasele un vaso ó un lienzo, pero con cui- dado de no interrumpir la traspiración. Si las depo- siciones y las orinas tienen un color blanquizco y es. tan deprovistas de bilis, adminístrense unas medias la- vativas de infusión de quina triturada, (medía libra para cuatro lavativas, sobre todo si hay diarrea) que el en- fermo tratará de retener lo mas que pueda; estas la- vativas se repetirán hasta que las deposiciones cambien de color y de naturaleza. Sígase el mismo método hasta que se opere en el estado del enfermo una especie de crisis ó reacción, la que se anuncia ordinariamente por una transpiración sumamente abundante, por la eleva- 7 cion del pulso y por la sofocación que siente el en. fermo, vomitando, ó con fuertes deseos de hacerlo. Llegada la crisis, si el enfermo vomita la poción, suspéndase esta, como también las pildoras y la ca- momila. Désele entonces para apaciguar la sed, agua de cebada fria, en la que se pueden echar algunas gotas de agrio de limón ó de naranja. Disminuyanse poco á á poco, y gradualmente el número de cobertores; há- gase mudar ropa caliente al enfermo, evitando el aire colado, pero tratando de que se renueve el del aposento. El mismo método puede seguirse con respecto á los niños, teniéndose únicamente el cuidado de dividir las pildoras y la poción en partes correspondientes á su edad. OBSERVACIONES ADICIONALES AL MÉTODO CURATIVO DEL DR. HALPHEN. Hay algunos casos de una naturaleza tan grave, que las pildoras y la poción en lugar de ser administradas cada media hora, deben serlo en intervalos mas cortos, según la intensidad del mal, y continuar de esta manera hasta que el pulso haya tomado fuerza, y se haya res- tablecido la traspiración, en cuyo caso debe continuarse la curación ordinaria. En estos casos desesperados, reemplácense los si- napismos con vegigatorios en los lugares indicados, y cuando se lave el aparato, en lugar del ungüento su- purativo, polvorése el vegigatorio con dos ó tres gra- nos de snlfato de quina conforme á su tamaño. NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NLM Gmi4GD7T fl NLM041400798