*rS iiaRjf-.C' í^ / s NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE . NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE JATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE I w\ NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE w í %^ I NiDiasw do Aavaan tvnouvn 3Ni3ia3w do Aavaan tvnouvn •5 3NI3I03W dO AaV»8n TVNOUVN NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE #HÜ I '-' •JATIONAL LIBRARY OF MEDICINE ^§§^/ i \ w§? -* NiDiasw do Aavaan tvnouvn JATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE t- 3NIDIQ3W dO AÜVÍiaiT TVNOUVN 3NIDI03W dO AÜVaail TVNOUVN 3 W i W\ | ÍTO— Ni3ia3w do Aavaan tvnouvn $* 3NIDI03W dO AÜVaaiT TVNOUVN el 3NIOIQ3W dO ASVaail TVNOUVN 3 MATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE ^ NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE \ i VRY OF MEDICINE «,avaan tvnouvn NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE te ^ \^ Q_ NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRAS \ i $1 > í 3NIDIQ3W dO AHVaaiT TVNOUVN 3NIOIQ3W dO Ai " \\ NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE X ./ 4 ., ¿* N NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRAS kavaan tvnouvn snidiqsw do xavaan tvnouvn X 3NIDI03W dO AíVaaiT TVNOUVN 3NIDI03W dO AS -'X I y^^ck. ? ^fr-^ UY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRAS X/ ó SNiDiasw do Aavaan tvnouvn SNiDiasw do Aavaan tvnouvn snidiqsw do aj .'V -o ^s^J-, y> X&Xv RY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE í t^\ ¡ RY OF MEDICINE c .• ■= (*K \ 8 .->*«—. > 3Nma3w do Aavaan tvnouvn NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRAR tóf*>¿ <*%#í ^^; x/ í íHX/ SNOiasw do Aavaan tvnouvn 3Noia3w do a» NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRAI /4& OBRAS ESCOGIDAS DEL D\ D. TOMAS ROMAY. PRECEDIDAS DE UNA NOTICIA HISTÓRICO-BKH.RAFICA DE SU VIDA Y ESCRITOS POR llamón áfranxisto Ralbes. TOMO III. HABANA. Imprenta del Gobierno y Capitanía General por S. M. CALLE DEL TENIENTE-KEY NUMERO 13. ~R 7bl& -t. 3^4 mmm SOBRE L.A INTRODUCCIÓN Y PROGRESOS DE LA VACUNA EN LA ISLA DE CUBA; LEÍDA EN JUNTAS GENERALES CELEBRADAS POR LA SOCIEDAD ECONÓMICA 'DE LA HABANA el 12 de Diciembre de 1804. POR EL DR. Y MAESTRO;D. TOMASIROMAY. Socio Numerario en la clase de Profesor sobresaliente, Secretario de la Junta Central de la vacuna, vocal de la Junta de Sanidad, Ex-Catedrático del texto de Aristóteles y de vísperas de medicina en esta Universidad, y Académico corresponsal de la Real Academia de medicina de Madrid. Los benéficos efectos que producía la vacuna en toda la Eu- ropa y en las vecinas colonias estrangeras, llegaron á nuestra noticia por medio de sus papeles públicos. Al verla tan gene- ralmente adoptada y aplaudida no solo por los profesores mas distinguidos, sino también por otros sugetos tan respetables por su literatura como por sus altas dignidades, los cuerpos Económicos de esta Ciudad y varios vecinos ilustrados no du- daron de su virtud preservativa, y procuraron eficazmente ad- quirir el virus vacuno, haciendo conocer sus ventajas en toda la Isla. Para conseguirlo, esta Real Sociedad y la Junta Eco- nómica del Real Consulado, acordaron reimprimir á sus es- pensas quinientos ejemplares de la memoria que tradujo el Dr. D. Pedro Hernández; ofreciendo por medio del papel Perió- — 4 — dico publicado el 3 de Febrero del año prócsimo pasado, un premio de trescientos pesos á quien condujese el virus vacuno de otros países, y de cuatrocientos á quien lo encontrara en nuestras vacas. Ambos Cu§rpos me comisionaron para que lo recibiera y egecutase los primeros ensayos. Por mas que los hacendados de esta Isla, afirmaban ser muy frecuente en sus vacadas dicha enfermedad, se pasó mas de un año sin que ni el interés del premio, ni el bien de la humani- dad hubiera conseguido me presentase uno solo de estos ani- males con los granos que tanto se anhelaban (1) En este ticm- (1) En la primavera y en el otoño esperimentan las vacas de esta Isla una erup- ción de granos en las ubres y en los pezones, tan numerosa en algunas de ellas que pueden ordeñarse sin grande dificultad. Los hacendados llaman á estas pústulas viruelillas, y creyeron fuese el verdadero nombre cowpox: reconocí muchos de estos animales y en ninguno de sus granos encontré los caracteres que describe Jenner. Al contrario, son casi berrugosos, y cuando llegan á supurar arrojan una pequeña can- tidad de humor sanioso y prontamente se desecan. No creo por esto sea imposible encontrar alguna vez el cowpox en las vacas que pastan en los prados mas feraces de nuestra Isla; la reunión de varias circunstancias atmosféricas y locales, pueden contribuir á producirla. Los descubrimientos que se han hecho posteriormente en diferentes climas, acreditan que esta enfermedad es constitucional, como dice Mo- reau, y no endémica en las vacadas del condado de Glocester. Se ha encontrado en muchos otros de Inglaterra; y aun en el mismo continente de Europa la descubrió el Dr. Nissen en el ducado de Holstein y Sacchi en la Lombardia; no siendo tampo- co desconocida ni en el departamento de Landes, ni en la república Cisalpina. La Gaceta de Madrid núm. 79 de este presente año 1804 refiere: que con motivo de haber llevado los ingleses la vacuna á Bombay, un príncipe indio probó, habia mucho tiempo que los Bramines tenían alguna idea de ella, practicándola aunque misteriosamente en los niños de los que adoran á la diosa Bhovray, abogada de los viruelientos. En la Gaceta de Méjico del 6 de octubre del mismo año se anuncia que el cirujano D. Jaime Gursa, que habia introducido y propagado la vacuna en las provincias internas, tenia esperanzas de hallarla en aquellos ganados, mediante la observación hecha en unas vacas que al efecto le hicieron conducir, en cuyas ubres descubrió algunas pústulas secas, por la distancia de donde las trajeron. Finalmente el Dr. D. Francisco Xavier de Balra is, Director de la Real Espedicion, en carta del 31 del propio mes y año me escribe desde Méjico: « participo á V. con suma compla- «cencía como logré encontrar el verdadero cowpox en una vaca del valle que se d¡- «ce de Atrisco. (30 leguas al S. E. de Méjico) Reitiré mis observaciones con el mas «feliz éxito, y queda repitiéndolas el profesor D. Mariano Anzures con igual suceso. «de forma que hasta ahora llevamos cuatro vacunaciones con el cowpox v en casi «todos los niños ha resultado constantemente la verdadera vacuna.» 2STo me dice si los primeros sugetos inoculados con el pus tomado inmediatamente de la vaca, es- perimentaron los dolores, tumores en las axilas, fiebre aguda y demás sintonías que observó Jenner en iguales circunstancias; si carecieron de osas incomodidades, es aun mas importante su descubrimiento supuesta la legitimidad de esa vacuna. Tampoco me insinúa si el cowpox de esa vaca fué espontáneo, ó producido por in- po, el Sr. Presidente, Gobernador y Capitán General me pro- porcionó tres veces el virus vacuno entre cristales hermética- mente cerrados, y aunque le apliqué inmediatamente con to- das las debidas circunstancias, no sé porqué fatalidad jamas produjo el menor efecto; aun habiendo llegado una ocasión á los veinte y tres dias de haberse tomado en Filadelfia. (1). Con el propio tiempo le recibió igualmente el Dr. D. Bernardo Có- zar, y sin embargo de concebir en los primeros dias de su in- serción algunas esperanzas de que prendiera en un niño, se frustraron estas como otros ensayos que anteriormente habia sercion casual ó artificial del pus que manaba el gabarro de algún caballo. Su silencio. y la opinión que seguía cuando tratamos sobre este asunto, me hace presumir lo pri- mero y en este caso no habiendo una diferencia muy notable entre el clima de esta Isla y el de aquel valle, hay menos dificultad para que nuestras vacas pueden ado- lecer de esa enfermedad. Del otro modo seria mas difícil, pues me han asegurado diferentes albeitares que rarísima vez han visto en sus caballos el gabarro, aunque tanto se parece á la úlcera que llamamos mazamorra. Además, los ensayos ejecutados por Wood-ville, Simmons y Pearson en Inglaterra; por Touret, Tessier y Husard en Francia, inhiriendo el pus del gabarro en las ubres de las vacas sin resultado algu- no, prueban que se equivocó Jenner cuando juzgó que el cowpox siempre tenia ese origen. Esta opinión aunque sostenida con empeño por Ring, Redman Coxe, y Ran- kin, queda impugnada incontestablemente con los hechos que refiere Moreau; y aun antes que publicase su Tratado histórico práctico, Aikin llegó á dudar que el cowpox procediese siempre de la causa que supone el Dr. Jenner. Últimamente los profeso- res D. Alejandro Arboleya y D. Antonio Serrano, residentes en Méjico, han inocula- do infructuosamente algunas vacas con el pus del gabarro. (1) El ilustre Jenner se sirvió del pus vacuno con feliz éxito á los tres meses de haberlo extraído de la pústula; lo mismo que experimentó el Dr. Marshall citado por Redman Coxe. Este vacunador no habiendo encontrado en las vacas de las Co- lonias Anglo-americanas el cowpox, encargó sus virus á Inglaterrra, y habiendo reci- bido cuatro porciones que ningún efecto le produjeron, lo consiguió con otra que te- nia cerca de tres meses; y refiriéndose el caso 47 de sus tablas, sospecha que logró escitar la infección vacuna con semilla de cuatro meses, aun no habiendo cuidado de preservarla del aire. Estos hechos son tan raros que él mismo confiesa haberse encontrado ineficaz el virus vacuno á los dos ó tres dias de tomado. Lo propio ob- servó el C. Odier, por lo cual concluye, que sin embargo de las mayores precaucio- nes, la inoculación hecha con el pus vacuno seco, es menos segura que cuando se ejecuta del mismo modo con el virus varioloso. En Cuba, Puerto Príncipe y en otros lugares de esta Isla se ha vacunado eficaz- mente con el virus que he remitido entre cristales desde esta Ciudad, y tenia cuan- do se aplicó diez y seis y diez y ocho dias. Xo me consta que pasado este tiempo ha- ya producido algún efecto. Si el mas leve calor es capaz de enervarlo, como dice Jenner, sin duda el que esperimentamos en el verano y estío, que ha llegado hasta los 28 grados en el termómetro de Reaumur, pueda ser la causa de su pronta ine- ficacia. egecutado con diferentes cristales que remitieron de Inglater- ra y de España. Entretanto, una epidemia de viruelas empieza á propagarse en esta Ciudad desde el mes de Diciembre anterior, y viendo que en los de Enero y Febrero sucesivos hacia algunos estra- gos, no obstante la benigna temperatura de la atmósfera, pre- sagiamos que aun serian mayores entrando la estación calurosa del verano. En este conflicto, sabiendo que estaba muy distante de estas costas la espedicion en que la beneficencia de nuestro Soberano nos enviaba en la vacuna el mas eficaz preservativo de las viruelas; no juzgábamos casi sin recursos para salvar las vidas de nuestros hijos y domésticos. Tal era la consternación de este pueblo cuando muchas ca- sualidades felizmente reunidas, introdugeron en él á D.- María Bustamante el 10 de Febrero del presente año, la cual ha- bia hecho vacunar á su único hijo y á dos mulatica ssus criadas en la Aguadilla de Puerto-Rico, el dia primero del propio mes dando la vela el siguiente. (1) Reconocidos estos granos el dia (1) El Dr. D. Francisco 011er, residente en la ciudad de San Juan, Capital de la Isla de Puerto-Rico, viendo aparecer la viruela natural en el mes de noviembre de 1803, solicitó con la mayor eficacia el fluido vacuno del Dr. Mondeher vecino de la isla holandesa de Santómas. Se lo remitió en hilas; pero tan enervado que fueron inútiles los primeros ensayos. Repitió el encargo, y habiéndolo recibido entre crista- les el 28 del propio mes, lo inhirió inmediatamente en sus dos hijos. Verificada en uno de ellos la erupción con todos los caracteres de verdadera vacuna, empezó á pro- pagarla en aquella Ciudad. Al mismo tiempo su Gobernador y Comandante General consiguió que el Gobernador de Santómas le enviase otros cuatro cristales cargados con dicho virus, y una niña vacunada. Con ella, y con las personas á quienes ya la habia comunicado elDr. 011er, empezó sus vacunaciones públicas el 17 de diciem- bre, y en 29 que celebró hasta el 9 de febrero del siguiente año inoculó 1557 sujetos. Varios otros facultativos difundieron con ellos la vacuna por toda la Isla, y habien- do llegado á la Aguadilla la recibió el niño de doña María Bustamente y sus dos criadas el dia primero del propio mes. Salieron para este puerto al siguiente, y tan- to el frió de la estación, como las alteraciones que causa la navegación especialmen- te en unas naturalezas tiernas y delicadas, contribuyeron á retardar el desarrollo y progresos del virus vacuno, de suerte que el dia 12 estando sus granos en perfecta sazón, tomé el pus de uno de uno de ellos y con los restantes continué vacunando el siguiente. Si, observando el precepto del inmortal Jenner, hubiera respetado la areola como un término sagrado que no debe traspasar la lanceta; habría sin duda privado á mi patria de las ventajas de su importante descubrimiento, en ocasión que la desolaba el contagio varioloso. Pero tuve presente que el C. Aubert solía vacunar con el hu- mor extraído á los doce ó trece dias; que Mr. Wasohel lo ejecutó felizmente toman- 12 y encontrándolos legítimos y en perfecta sazón, vacuné in- mediatamente á mis cinco hijos y á otras treinta y una perso- nas de diferentes edades sexos y condiciones. Solo en nueve de ellas se verificó la erupción; pero fueron suficientes para que lajunta Económica del Real Consulado informada por mí de una adquisición tan importante, adjudicase á dicha Señora el premio de trescientos pesos que habia ofrecido. Sin perder tiempo anuncié por el Periódico esa plausible noticia, prome- tiendo comunicar el virus vacuno á todos los que quisieran re- cibirle. El dia de la erupción de esas pústulas, sus progresos y su figura muy diferente de cuantas habia visto hasta entonces, y en todo conformes á los caracteres que describen los mas ilustres vacunadores, no me dejaban dudar fuesen verdaderos granos vacunos. (1) Sin embargo, para mas cerciorarme y convencerme dolo á los catorce de un grano que no habia retardado su curso, y Redman Coxe lo extrajo con el mismo éxito una vez al décimo quinto de la vacunación y otra al dé- cimo octavo; bien que en este caso los progresos de la vacuna fuer on interrumpidos por la presencia del sarampión. Tampoco ignoraba que la erupción de este grano no se verifica necesariamente en- tre el tercero y cuarto dia de la inserción, y por consiguiente no puede entonces pre- sentarse la areola del octavo al onceno. El Dr. Cappe advirtió varias ocasiones no haberse divisado la borboja hasta el dia nono. Mr. Taynton descubrió en un niño las primeras señales de la infección al duodécimo; Ring cita dos ejemplares en que no aparecieron hasta el décimo quinto, y uno al décimo sesto; y la Junta Médica de Reíms refiere haberse demorado nada menos que á los veinte y dos dias. No solo he observado las mismas anomalías, sino también otras mas extraordinarias. He visto tres ocasiones presentarse en un brazo la erupción del tercero al cuarto dia, seguir todos sus trámites, y no advertirse alteración alguna en las incisiones del otro brazo hasta los dias nueve, once y veinte y uno. Estos hechos, y el feliz resultado de mis primeros ensayos demuestran, que tiene algunas escepciones la regla que prescribe el tiempo en que debe estraerse el pus vacuno. La temperatura de la atmósfera, la particular constitución delsugeto, su gé- nero de vida y su pasiones pueden contribuir á retardar ó acelerar el desarrollo de este grano, su incremento y supuración. Estando pues sugeto á estas alteraciones juzgo, que la eficacia del virus vacuno no debe calcularse tanto por los dias de la in- sersion como por su blancura trasparencia y viscociáad. Estos caracteres siendo inal- terables en todos los sugetos, en todos los climas y estaciones, serán por consiguien- te mas seguros y mas fáciles de comprenderse. Infiriéndose de aquí, que cuando los vacunadores presagian el dia la erupción del grano vacuno, su aumento progresivo, la aparición de la areola y su total extinción, proceden según lo que han notado con mas generalidad y frecuencia; reservando á la observación práctica las exepciones de estas reglas universales. (1) La falsa vacuna, la tardía erupción de la verdadera, la inflamación erisipe- latosa que suele presentarse, y otras anomalías de esta saludable enfermedad, ocu. — 8 — de su legitimidad á los vecinos de este pueblo, determiné reco- nociesen á mis vacunados tres facultativos que habían visto esos granos en España y en Puerto-Rico. La tarde del dia sé- timo de la vacunación se egecutó este examen por el Dr. D. Bernardo Cózar en consorcio de D. José Pérez Carrillo y D. Francisco Gutiérrez, médico-cirujanos de la Armada, los cua- les atestaron unánimente que todos tenían la verdadera vacu- na, debiéndose tomar su virus al dia siguiente. Designada la hora de egecutarlo, dichos profesores y el Dr. D. Andrés Terriles, me ausiliaron con el mayor celo y desinte- parán en su tabla nosológica el mismo lugar que los monstruos en el cuadro de la naturaleza. Colocados como sombras al lado de los seres perfectos, realzarán su her- mosa organización, y la misma rareza de aquellos fenómenos, será una prueba nada equívoca del orden constante que produce los otros. La contemplación de esta- leyes inmutables excita en el alma del Filósofo un placer puro éincomparablemente su- perior al que imprimen las mas gratas sensaciones. Séame lícito decir que experi- menté esta dulce complacencia, y fomentada por varias otras circunstancias, cuando vi en nueve de mis vacunados que entre el tercero y cuarto dia se enrojecían las in- cisiones, brotaba la pústula, crecía, supuraba, se deprimía en su centro y la circuns- cribía la areola, reuniendo todos los caracteres y observando exactísimamente los mismos trámites que advirtieron Jenner, Woodville, Aikin y otros en Inglaterra, Carro en Viena, Husson en Reims, Odier en Ginebra, las comisiones de la Sociedad< de la Escuela de Medicina y del Instituto en Paris, Balmis y Hernández en Madrid, y Redman Coxe en Filadelfia. lío siendo posible convencer por medio de esta inducción á todo el pueblo, me va- lí de un argumento nada menos incontestable, aunque mas sencillo y proporciona- do á su comprensión. Hice inocular públicamente con el virus varioloso cuatro de los primeros niños vacunados, y el feliz resultad» de esta operación se atestó por el tribunal facultativo. Se esforzó esta prueba con otras aun mas decisivas. Los Docto- res D. José Caro y D. Nicolás Rodríguez, el Br. D. José Gregorio de Lezama y don Vicente Uriarte depusieron, haber visto cuatro niños vacunados alimentarse hasta doce dias con la leche de sus nodrizas cubiertas de viruelas, sin esperímentar la mas leve infección. Esto3 hechos son mas decisivos que la misma inoculación; porque en ella solo se introducen algunas gotas del pus valorioso; pero estos niños mamaron en la leche una grande cantidad de ese virus, comprimían todo su cuerpo con las pústulas supuradas, y existieron mucho tiempo dentro de una atmósfera contagiada de suerte que interior y exteriormente fueron atacados sin efecto por todos los me- dios mas eficaces para comunicar el contagio. Entre tanto, la epidemia variolosa se hacia tan general y maligna que solo en el cementerio de loa RR. PP. Capuchinos se inhumarou este año ochocientos cadáveres de niños viruelientos. Estos mismos demostraban hasta la evidencia la virtud pre- servatíva de la vacuna; pues se veía diariamente residir con ellos en una misma pieza, y aun en una propia cama sin que se les comunicasen las viruelas, 4 los va- cunados en quienes este virus habia ya destruido la predisposición al contagio va- rioloso. La vacuna en los mulatos solo me ha presentado la novedad, de no permitir su co- _ o _ res, no siendo yo solo bastante para satisfacer el anhelo con que solicitaba ese eficaz preservativo. Fué tan numeroso el concurso en los dias 21 22 y 23, que no pudieron numerarse las personas que se vacunaron; pero no temo asegurar que pa- saron de doscientas Con ellas quedó radicada la vacuna en es- ta ciudad, y varios facultativos se dedicaron á propagarla con una inteligencia y generosidad digna del mayor elogio. Eutre ellos se han distinguido losDres. D. Bernardo Cózar, D. Juan Pérez Delgado, D. José Bohorquez, D. Andrés Terriles, y D. Francisco Martínez: y los licenciados D. Marcos Sánchez Ru- bio y D. Manuel Hernández. L*ero al mismo tiempo que estos profesores difundían la ver- dadera vacuna, otros menos inteligentes propagaban la falsa, vacunando con los granos de los tres niños que vinieron de Puerto-Rico un dia después dehaberyo estraidosu virus. Pre- vi desde entóuces el resultado de una maniobra tan contraria á los principios de la vacunación, y para que no se la imputa- sen sus funestas consecuencias, las anuncié por el periódico abominando un abuso que podía inferir tantos perjuicios. No fueron vanos mis temores: muchos de estos inoculados á quienes resultó la falsa vacuna, fueron invadidos délas virue- las naturales al cabo de algunos dias, dudándose por estos ejemplares que la vacuna preservase de ellas. Para disipar un un error que tanto se opone á los progresos de la nueva inocu- lación, no satisfecho con publicar varios papeles manifestando la causa de esa novedad, ocurrí por último á una prueba la mas incontestable. Propuse al Sr. Presidente, Gobernador v Capitan General que deseaba inocular con las viruelas natura- les algunas personas vacunadas, y para dar á este acto toda la autenticidad posible, supliqué á S. S. se dignase disponer lo lor nativo adquiera la areola aquel hermoso rosado que advertimos en los blancos, Mis observaciones sobre los negros no convienen con las del C. Dupuytren. Aunque la epidermis sea en ellos mas fina que en los blancos, especialmente en la parte in- terna de los brazos, sin embargo los demás tegumentos son mas gruesos y apretados. Sea por esta causa, ó por su poca excitabilidad me ha sido preciso para conseguir en ellos la infección, introducir la aguja una ó dos líneas mas que en los blancos, No obstante, deja de verificarse con mucha frecuencia, y cuando se logra siempre se demora en ellos un dia mas que en los blancos, retardándose igualmente la supura- ción. En los adultos nunca se percibe la areola, y en los parvulitos tiene un rojo os- curo, semejante al color de caoba. 2 — 10 — presenciara el Real Tribunal del Protomedicato y algunos otros facultativos. S. S. accedió gustoso á mi solicitud, y el 23 de Marzo se ejecutó dicha contraprueba por el Dr. Cózar en dos de mis hijos y en otros dos niños vacunados el 11 de Febre- ro, en presencia de aquel Tribunal, de otros varios profesores y sugetos caracterizados. Con fecha 16 de Abril informó el Sr. Protomédico Regente al Sr. Capitán General ©1 feliz resultado de dicha operación, cuyo estracto se publicó por orden de S. S. en el suplemento al Periódico número 34. Al mismo tiempo presenté al Sr. Presidente gobernador, un plan que contenia en nueve artículos los medios de con- servar la vacuna mientras arribara la Real espedicion, sospe- chando por la timidez y desconfianza con que llegó á mirarse que podia estinguirse en esta ciudad en la crítica ocasión de hacer los mayores estragos el contagio varioloso. Tambieu le suplicaba me destinase una sala con doce camas en el Real hospi- tal de S.Ambrosio, para ir vacunando sucesivamente los reclu- tas que vienen de Europa á los regimientos de esta plaza, pre- sumiendo, que así como la vacuna preserva á los asiáticos de la peste, también redimirá á los europeos del vómito negro. Concedió S. S. á mis instancias, y desde el 27 de Marzo em- pecé mis operaciones, siendo tan favorobles hasta la fecha, que ninguno de los que han tenido el grano vacuno con los carac- teres de verdadero ha esperimentado el vómito negro, cuando sus compañeros no vacunados han perecido con esa enferme- dad. El mismo feliz éxito he observado en varios otros euro- ropeos no aclimatados, en quienes ejecuté dicha operación. (1) (1) Habiendo observado el Dr. Hunter que los efectos déla inoculación de las vi ruelas se interrumpieron en un niño, después de haberse presentado inopinadamen- te el sarampión, y que terminada esta enfermedad se desarrolló el virus varioloso corriendo todos sus trámites; concluyó que el cuerpo humano no podia ser afectado á un mismo tiempo por dos virus, ni sufrir una misma parte dos afecciones morbífi- cas. Creyéndolo así, rehusé vacunar una negra que me presentaron cubierta de bu- bas ó frambuesas, no solo por juzgarla incapaz de actuarse en ella la vacuna, sino también porque temia se le imputase cualquiera adversa novedad que por otra cau- sa le ocurriera. Sus amos se la presentaron segunda vez al Dr. D. José Bohorques, quien se negó igualmente á vacunarla: pero reconviniéndole con que estaba muy espuesta al contagio varioloso, y que en este caso serian mas funestas las resultas, condesciendo al fin á su solicitud. La vacunó, y verificándose una perfecta erupción, fue esta mas eficaz que muchos anti-venéreos. Antes de un mes, á instancia del mismo profesor, la reconocí enteramente libre de las pústulas fiíilíticas. y muy mejorada su consti- — 11 — Mi (Mitras que en la ciudad se suscitaban dudas y recelos con motivo de atacar las viruelas á los que habían tenido la falsa vacuna, y de complicarse aquellas con la verdadera en los que se vacunaban después de estar infestados del contagio variolo- so, el nuevo descubrimiento se iba difundiendo por sus barrios estramuros y otros pueblos del campo. En el mes de Marzo vacuné en S. Lázaro, en el Sr. de la Salud, en Jesús del Mon- te, y en una hacienda del Sr. Conde de Casa-Bayona, seis le- guas distante de esta ciudad. A instancia de este Sr. concur- rieron allí el Bachiller D. Ramón de Castañeda, médico de la tucion: posteriormente me han informado sugetos fidedignos de otros dos casos idénticos. Con estos egemplares no temí vacunar á los sarnosos, y observó que ademas de actuarse en ellos la vacuna, se disminuía la erupción psórica, y que inoculando con su pus vacunó á trece niñas en la casa de Beneficencia, resultó á todas este grano perfecto y á ninguna ni uno solo de la sarna. Alentado con esta observación el fa- cultativo D. Tomas Breac, tomó el pus vacuno de un muchacho que estando ya in- ficionado del contagio varioloso cuando se vacunó le resultaron ambas enfermedades v siguieron su respectivo curso: vacunó tres personas con aquel virus, y en ellos se esperimentó lo que tantas veces habia observado el Dr. Woodville, apareció en todas ellas la vacuna sin ninguna pústula variolosa; infiriendo de aquí ese ilustre vacu- nador, que el virus vacuno no se mezcla en el cuerpo humano con otro alguno, y que conserva indeleblemente su virtud específica. Prescindo ahora de la afinidad que puede tener el virus vacuno con el psórico, si- filítico y varioloso, puesto que no se ofenden recíprocamente en un propio sugeto, y ni aun en una misma parte. Si se hubiera hecho el análisis de esos tres, como lo ege- cutaron Hudsson y Dupuytren con el vacuno, podría esplicarse con menos dificul- tad ese fenómeno de la economía animal. Me contraigo solamente á los efectos que este produce curando las dos primeras enfermedades, y destruyendo hasta la pre- disposición á recibir el contagio varioloso. Desde el año pasado de 1803 no cesan los papeles públicos de Europa y de las colonias Anglo-americanas, de referirlas ventajas que consiguen en el Asia los pro- fesores Auban, la Font y Valli preservando de la peste con la inoculación de la va- cuna. El Dr. Carro, cuyo juicio es muy respetable, ha sido el conducto por donde nos han comunicado sus observaciones, mereciéndole publicarlas posteriormente en su historia de la vacunación en Turquía. La peste y la fiebre amarilla ó vómito ne- gro tienen tanta analogía, que cuando este se presenta en su último grado de ma- lignidad en ningún síntoma se distinguen. Varias veces lo he visto terminarse en tres dias con petechias, bubones y carbuncos, ademes de los caracteres que le son patón mónicos. Brown, reformando las nosologías de Sourages y de Cullen, colocó la peste en el ínfimo grado de las astenias, y yo creo que ninguna otra enfermedad puede estar tan inmediata á ella como la fiebre amarilla. La comparación de sus caracteres, me hace concebir entre ello3 la mas grande afinidad. ¿ Y no podrá pre- sumirse que la vacuna preserva también del vómito negro? ¿Y qué perjuicios resul- tarían de egecutar algunos ensayos? A mas del analogismo, una feliz observación acabó d« decidirme á ejecutarlos. Cuatro jóvenes españoles que se vacunaron ante* — 12 — ciudad de Sta María del Rosario, D. Estaban Gonezara, cirujano del ingenio S. José, y otro facultativo del pueblo de S. José de las Lajas. En su presencia egecuté dicha operación en diez y seis personas de la hacienda y de otras vecinas; y el virus que restaba lo comuniqué la primera vez á un vaca, en la cual se verificó también la erupción de verdaderos granos vacunos. Entre esos facultativos se distinguió desde entonces D. Es- taban Gonezara, y por la aplicación con que observaba mis operaciones, por el agrado con que me escuchaba y las pre- guntas que me hacía, conocí sus deseos de instruirse en la ma- de salir de su país para preservarse de las viruelas, permanecieron ilesos en las epi- demias del vómito negro que esperimentamos este año y el anterior. Estando exen- tos de esa enfermedad los naturales de esta isla, es muy difícil encontrar europeo8 que no hayan tenido las viruelas naturales. ¿ Y podrá verificarse en estos la erup- ción déla verdadera vacuna? He aquí un programa en cuya resolución discordan los mas ilustres vacunadores. Su inmortal Corifeo, después de referir varios hechos, deduce los siguientes coro- larios puede esperimentar.se muchas veces la vacuna; la viruela no preserva de la vacuna. El C. Aubert los juzga poco importantes y menos auténticos en lapág. 6 de una me- moria que publicó en el año 1800; y en la pág. 12 dice espresamente: nos ha enseña- do la esperiencia que es raro padecer dos ocasiones la vacuna, y que esta no se des- arrolla sino imperfectamente ó de ningún modo, en las personas que han tenido las las viruelas naturales. Moreau, refiriendo en diferentes partes de su obra la* obser- vaciones con que Genner, Pearson y Pinel intentaban persuadir que el virus vacuno podia afectar después de haber pasado las viruelas, duda siempre que en esos casos se observase la verdadera vacuna, sino solamente la falsa. Mas Woodville tratando de Sara Rise, que habia tenido anteriormente las viruelas, no solo afirma que sintió exactamente todos los síntomas de la vacuna, sino también que Simmons, Pearson y, Willian observaron en esa joven el grano que constituye el principal fenómeno de esta enfermedad. Aikin, proponiendo los medios de conducir la vacuna á países lejanos no escluye á los sugetos que han padecido las viruelas; pues en ellos, dice,puede for- marse una pústula perfecta. Del mismo dictamen es Redman Coxe en sus observa- ciones prácticas sobre la vacuna. Las mias me han manifestado que algunas veces se presenta con casi los caráctere.* de verdadera en personas afectadas anteriormente contagio varioloso. Reconocí cinco Señoras vacunadas por el Dr. D. Bernardo Cozar después de haber tenido muchos años antes aquella erupción, y sus granos vacunos en nada se distinguían del mas legítimo: algunas de ellas sintieron dolores y tumores en las glándulas axilares. Vi otra, y también la vio el Dr. D. José Caro, que se vacunó ella misma en el antebra- 20 siniestro con una aguja de coser, y sin embargo de la delicadeza con que lo eje- cutaría, se presentó la pústula del tercero al cuarto dia, y siguió sucesivamente todo su curso deprimiéndose en el centro, formando el rodete lleno de un líquido crista- lino, apareciendo y disipándose la aureola en su debido periodo, desecándose sin formar ulcera y dejando una estigma bien visible. Un profesor de esta, ciudad, que como esta señora habia ya tenido las viruelas, se vacunó en la mano siniestra, v le — 13 — teria, previendo que el descubrimiento de Genner tendría en él un celoso Corifeo. No fué vana mi previsión: pasan <¿e tres mil las personas que ha vacunado en esa comarca; de ellas estrajo el virus para tres vacas, y habiéndolas resultado la ver- dadera vacuna volvió á inherirlo en los hombres. Las refl.ee- ciones que hacen las listas que no ha cesado de remitirme, acreditan que su celo es igual á su instrucción. Las mismas circunstancias debo recomendar en el bachiller D. José Gregorio de Lezama. Después de haber introducido y propagado la vacuna en el pueblo de Regla, inoculó una va- resultó un grano tan perfecto que inoculó con su pus á varias personas, mas en todas se presentó la falsa vacuna. Este resultado comprueba io que refiere el C. Odier. Habiendo pedido al Dr. Car- ro el virus vacuno, le remitió el que habia tomado del grano de un hombre de 51 años, el cual aunque tuvo en su infancia las viruelas, quiso vacunarse para decidir la cuestión que se habia suscitado en Londres, sobre la posibilidad de esperimen- tar ambas enfermedades. La insicion se inflamó prontamente en este hombre y dio abundante supuración. Le sobrevino una fiebre que duró tres dias, sintió dolores en las asilas, y todos los síntomas que anunciaron la verdadera vacuna, aunque muy precoces. Este virus comunicado por el profesor de Ginebra á veinte niños, se desar- rolló en todos con tanta rapidez que á las siete horas sé inflamaron las insiciones y todo el brazo, esperimentaron fiebre y algunos vómitos; pero todo calmó en 48 horas. Resulta de estos antecedentes, que el virus vacuno no solo puede producir un gra- no con muchas señales de perfecto en algunos sugetos que han tenido anteriormen- te las viruelas, sino también que causa una afección general, la única diferencia que he notado entre el grano vacuno de las personas que no han sufrido las viruelas y el que suele resultar á las que ya las han esperimentado, consiste en el efecto que produce el pus, y en los caracteres del mismo pus. El de las primeras es blanco trans- parente y viscoso, y produce la verdadera vacuna siempre que se observen las debi- das reglas; el de las segundas siempre produce la falsa, y aunque este pus sea blanco y transparente, carece de viciosidad, es líquido como el agua. La comparación del pus vacuno legítimo con la clara del huevo fresco, es exactísima en todas sus cir- cunstancias. Todos estos hechos y reflexiones precedieron á Ion primeros ensayos que egecuté para observar si la vacuna preserva del vómito negro. Los verifiqué en el hospi- tal Real de S. Ambrosio en consorcio del Dr. D. Francisco de Córdoba, su primer cirujano, presenciándolos el Sr. Protomédico Regente, el Dr. D. José de Ayala y los demás facultativos de dicho hospital. De veinte y cuatro reclutas que se inocu. laron á los pocos dias de haber llegado de Europa; diez tuvieron el grano vacuno con muchos caracteres de verdadero; nueve lo tuvieron falso; y á los cinco restantes nada resultó aunque se vacunaron dos ocasiones. De todos ellos uno solo no ha. bia padecido las viruelas, y este esperimentó la verdadera vacuna. Ninguno de los diez que igualmente la representaron ha sentido el mas leve ataque del vómito ne- gro; y de los nueve á quienes resultó falsa, uno solo fué invadido de ella, pero con mucha benignidad. Consta todo esto del diario que llevó el Dr. Córdoba con la ma- yor exactitud, y se eonserva en el archivo del referido hospital. — 14 — ca con su virus tomado de los granos de un hombre. La reco- nocí el.26 de Marzo, (1) y el 4 de Abril descubriendo todas las señales de legítima vacuna en varios niños que inoculo con el virus de aquel animal, lo comuniqué á veinte personas, va- rias entre ellas de esta ciudad. lío he cesado de transmitir el virus de ellas á muchas otras sucesivamente presentándose siempre inalterable. El Bachiller D. JoséBernal, médico de la Ciudad de Jaruco, remitió un joven para que llévasela vacuna á sus compatriotas. Con este pretendió difundirla en los pueblos comarcanos; pe- ro la ignorancia y el fanatismo se opusieron tanto á sus pro- gresos, que á fines de Abril solo habia vacunado doscientos nueve sugetos, cesado de pugnar contra esos obstáculos con una constancia imperturbable, y á ella ha debido no perder ab- solutamente su importante adquisición. Mas feliz ha sido en la villa de Santiago el profesor D. Pedro Simancas. Recibien- do sus vecinos la nueva inoculación con la mayor docilidad y confianza, hicieron aquel pueblo impenetrable al contagio varioloso. De aquí transmitieron el fluido vacuno con mucha inteligencia y acierto á la villa de S. Antonio y á los frondo- sos cafetales de Alquizar y Pendencias, el Doctor D. Diego Sil- veira, y el cirujano D. Francisco Duraud. La villa de Guana- Fuera de él vacuné otros cinco europeos advenedizos; en dos de ellos observé la verdadera vacuna, y en los restantes no produjo efecto alguno: los dos primeros han permanecido ilesos del vómito, é ignoro la suerte de los otros. Este número de ob- servaciones y el tiempo que ha ocurrido es demasiado precario para decidir una cues- tión tan importante: es preciso repetir los esperimentos y esperar el resultado des- pués de algunos años; pues suele seceder que no invade el vómito á los estrangeros en el primero ni segundo verano que pasan en este clima. He consultado al Dr. D. José María Pérez, residente en Veracruz, y á lo Sociedad Filosófica de Filadelfia, en cuyos países atacando la fiebre amarilla indistintamente á los forasteros y natu- rales, es mas fácil observar los efectos de la vacuna, inoculada especialmente sin que precedan las viruelas. (1) Estos granos eran en todo conformes á los que observó en igual ensayo la Junta de Reims, cuya historia refiere Moreau en la pág. 154 de su tratado histórico práctico de la vacuna. Aíkin, tratando de la reríproca infección de la vaca á el hom- bre, y de este á ella, se esplíca en estos términos „Lo que si es muy notable en la historia de esta enfermedad es, que el virus vacuno después de haber pasado por varias personas, puede volverse á comunicar á la vaca por una directa inoculación en los pezones, y resultar de ella la vacuna casual en los ordeñadores que manosean la hubre del animal vacunado. Semejante esperiencia pruebaque la naturaleza de la infección continúa la misma en medio de estas variedade*.*' — ló — bacoa y el pueblo de Güines recibieron la vacuna desde la se- gunda ocasión que la inoculé en esta ciudad. Dos de mis her- manos la condugeron á ellos en sus propios hijos, y los profe- sores, y los profesores D. Rafael Valdes y D. Domingo Mari- ñas se encargaron de su propagación. D. José de Castro la llevó también en otra niña á la ciudad de Matanzas, y habien- do vacunado por sí mismo los esclavos de su ingenio, estimuló con este egemplo á muchos otros hacendados. Desde la villa del Puerto Príncipe solicita el virus vacuno elSr. Oidor D. Andrés Alvarez Calderón: se le remitió en cris. tales, y el 9 de Marzo se vacunaron con él cuatro niños por el cirujano Mr. Raineau. Verificada en todas la erupción, se de- dicaron otros profesores á difundir ese preservativo. El 19 de Mayo habia trescientos veinte y nueve vacunados por D. Pico- las Coupetel, y para cerciorarse de su legitimidad, inoculó sin resultado alguno á dos de ellos con las viruelas naturales. El Illmo. Sr. Obispo, que el propio mes se hallaba en la villa de Santa Clara, visitando su Diócesis, apenas supo que yo habia adquirido la vacuna, me escribe solicitándola con todo celo de un verdadero pastor y con toda la confianza de un hombre ilustrado. ,,Corno en mis mansiones, son sus palabras, se veri- lea la concurrencia general y reunión de todos los niños de ,,la circunferencia, se podrá estender prodigiosamente este sa- ludable remedio; siendo muy agradable la combinación de ,,que viniendo á recibir el Espíritu Santo por la confirmación, „vuelvan con aquel preservados de una enfermedad destructo- ra en lo temporal, y con este fortalecidos para la carrera es- piritual." ]STo limitándose la solicitud de S. S. I. á que le remitiese el virus vacuno, sino encargándome también le enviase á sus es- pensas un facultativo con dos niños vacunados, mientras pro- porcionaba estos le dirigí aquel con los instrumentos y las ins- trucciones necesarias para aplicarlo con acierto. Lo recibió en el propio lugar, y en su presencia se vacunaron nueve niños. Antes de verificarse la erupción le fué preciso trasladarse á la villa de San Juan de los Remedios, donde le encontró el ciru- jano D. Juan Castellanos, que salió de aquí con un negrito va- cunado, ofreciéndome con un celo y humanidad muy reco- — 16 — mendable, acompañar á S. S. I. en toda la visita para ir ditun- diendo la vacuna por los lugares internos de la Isla. El 25 de Marzo celebró Castellanos en aquella Villa su primera vacu- nación, precedida de una exórtacion que hizo el Párroco al pueblo por insinuación de su dignísimo Prelado. El 29 paso Castellanos á la villa de Santa Clara, y encontrando actuada la vacuna en cuatro de los nueve niños que habían sido inocula- dos con su virus, lo comunicó á treinta y seis personas. Con- cluida esta operación, presenciada por los facultativos de aquel pueblo, volvió al de los Remedios, doude vacunó mas de cua- tro mil4individuos, asociándosele el Bachiller D. Eugenio de la Plaza. Este distinguido profesor, no satisfecho con la instruc- ción que proporciona sobre la vacuna el escrito traducido por el Doctor Hernández, me encargó otro mas luminoso: v ha- bieudole remitido la memoria que publicó en ingles el Doctor Aikin, la vertió á nuestro idioma ilustrándola con unas notas muy curiosas. De aquí pasó Castellanos á Sancti Spíritus don- de vacunó mil ciento veinte personas; en Trinidad ciento no- venta, y continuando en compañía delllustrisimo Sr. Diocesa- no el resto de su visita, fué difundiendo por todas partes ese admirable preservativo de las viruelas. La ciudad de Cuba disfrutaba de él un mes antes que la Ha- bana. Mr. Yignard, cirujano francés procedente de Santómas, vacunó el 12 de Enero una niña con el virus que trajo entre cristales desde aquella Isla. Lográndose en ella la erupción de unos grauos verdaderos, se encargó de propagarla el Dr. D- Miguel Rolland, y el 26 de Febrero la había" comunicado á ciento quince personas, lamentándose de que la desconfianza y algunas preocupaciones vulgares, obstruían sus progresos en un pueblo numeroso que tanto necesitaba de aquel auxilio. Por los mismos obstáculos no se difundía la vacuna en la parte Occidental de la Isla. A principios de Abril salió de es- ta ciudad D. José Matías Martínez con un niño vacunado por mí, calificado su legitimidad con un certificado, y autorizado por este Superior Gobierno para propagarla en esos lugares. Sin embargo, me escribe desde los Palacios el dia 7 de Mayo que solo habia vacunado cincuenta y dos personas. Tales eran los progresos de la vacuna en toda la isla de Cu- ba, cuando el 26 de Mayo arribó á este puerto la Real espedi- cion. Al dia siguiente fué recibida con todo el aplauso y de- coro que merecía una prueba tan incontestable del amor pa- ternal con que mira á estos pueblos el mas benéfico Soberano. Su permanencia en esta ciudad por espacio de veinte dias fué sumamente importante. Los vastos conocimientos y dilatada práctica de su Director el Sr. Dr. D. Francisco Javier de Balmis, médico honorario de la Real Cámara; el celo y eficacia con que contribuyó á difundir y consolidar la nue- va inoculación, la sencillez y felicidad de sus operaciones el inalterable agrado y constancia con que las egecutaba, deci- dió la opinión vacilante de algunos profesores, ilustró y recti- ficó las ideas de otros, confundió las imposturas y maquinacio- nes de los antivacunistas, disipó la desconfianza y triunfó por último de la obstinación con que varias personas habían rehu- sado tenazmente vacunarse. Quinientas setenta y ocho reci- bieron de su mano en seis actos el antidoto benéfico que pre- serva de la muerte mas horrorosa. Y como el objeto de su misión no se limitaba á introducir la vacuna, sino también á establecer todos los medios de per- petuarla, determinó inocular algunas vacas con aquel virus, presumiendo que comunicándose á otras se haría esta enfer- medad epidémica entre ellas. Instruido de que yo habia ege- cutado anteriormente dicha operación, me hizo la honra de su- plicar al Sr. Gobernador y Capitán General, me asociase á él para repetirla. Obedecí con la mayor complacencia, y el 15 de Junio vacunamos en la casa de Beneficencia seis de esos animales, tres paridas y otras tantas preñadas. Verificándo- se en todas una perfecta y abundante erupción, comuni- qué oportunamente su virus á siete personas que se me pre- sentaron. No confiando únicamente en este recurso, presentó el Di- rector al Sr. Capitán General, un plan científico y económico para establecer en esta ciudad una Junta central de vacuna, cuyo patriotismo y humanidad conservase inalterable ese de- pósito sagrado. Examinado ese papel por esta Real Sociedad, y reconociendo su distinguido mérito, acordó significarle su gratitud de un modo muy honorífico y nada común, lo eli- — 18 — gió socio numerario en la clase de profesor sobresaliente. Mientras se organizaba y podía egercer sus funciones la Jun- ta de vacuna, me confió su conservación este Superior Gobier- no, en virtud del juicio que formó el director de mis opera- ciones, calificando por verdadera y legítima la vacuna que ha- bia propagado antes que arribase á este Puerto. El 18 de Ju- nio dio la vela para el de Campeche dejando dentro de estos muros mas de seis mil prosélitos de Genner. El Bachiller D. José Govin, residente en el pueblo de Ma- nagua, presentó un memorial atestado, esponiendo que desde el mes de Marzo habia introducido y propagado la vacuna sin interés alguno en dicho partido y en los de Giaraco y Calvario, ofreciendo conservarla en ellos constantemente con la misma generosidad, siempre que sus respectivos párrocos anunciasen en las misas los dias festivos, las casas y dias que designara para celebrar las vacunaciones. Penetrada la Junta de la hu- manidad y desinterés de este profesor, dirigió su instancia al Illmo. Sr. Diocesano, suplicándole se dignase ausiliarle del mo- do que juzgase mas oportuno S. S. Illma. espidió inmediata- mente sus órdenes á los espresados ministros, para que acor dándose con el bachiller Govin contribuyesen eficazmente á un fin tan loable. ISTo satisfecha la Junta con significar priva- damente á ese profesor su gratitud y complacencia, quiso dar- le un testimonio público anunciando por el periódico su ge- nerosa oferta, con el doble objeto de aplaudir la conducta de ese facultativo, y de estimular á sus compañeros á que imita- sen su ejemplo. Desde el 2 de Agosto hasta la fecha, ha celebrado la comisión en las casas Capitulares treinta y cinco vacunaciones, recibien- do en ellas ese eficaz preservativo, ciento treinta y dos perso- nas blancas, ochocientas setenta y cuatro de color. En los bar- racones se ha egecutado la misma operación en cuatrocientos sesenta y nueve negros bozales, cuyas tres partidas suman mil cuatrocientas setenta y cinco personas. Este informe, ilustres Patriotas, es la historia mas fiel y sen- cilla de la introducción y progresos de la vacuna en esta ciu- dad y en toda la Isla de Cuba. La justicia y la verdad me han dictado las espresiones con que recomiendo á los profesores — 19 — que han contribuido á difundirla: la Junta calificando su me- recimiento les concederá, al menos, las consideraciones que merecen unos ciudadanos útiles á la humanidad y á la patria. Una y otra exigen transmitamos á las generaciones futuras el bien que disfrutan nuestros hijos. Para conseguirlo, no bastan las activas eficaces providencias de nuestro dignísimo Presi- dente, ni el celo filantrópico de la Junta, ni la inteligencia y actividad de la Comisión; es preciso que el pueblo la solicite con anhelo y confianza. Semejante al fuego sagrado de las Vestales, necesita la vacuna de un pábulo continuo y de una perenne vigilancia. Si llega á estinguirse no debemos esperar que S. M. espense otra espedicion para remitírnosla, ni tampo- co que se reúnan las felices circunstancias que ocurrieron el 10 de Febrero. Desesperemos, pues, de todos los recursos ul- tramarinos, cuando podemos fácilmente perpetuar en nuestros hijos y domésticos ese monumento glorioso, consagrado á la conservación de la humanidad y á la beneficencia de nuestro Augusto Soberano. — 21 — Sr. Redactor: (1) Un amigo de la Real Sociedad Patriótica de esta ciudad di- rige á V. el adjunto papel para que se sirva publicarlo en un periódico, como asunto interesante á la salud pública, á que todos debemos contribuir. CEMENTERIOS PÚBLICOS. (*) Por escribanía de Cámara y de Gobierno del Consejo Real, se ha comunicado con fecha de 26 de Abril de este año la cir- cular siguiente. Los funestos efectos que ha producido siempre el abuso de enterrar los cadáveres en las iglesias, se han comprobado con mucha especialidad en los años próximos y en el presente, en que afligidas las mas de las provincias del Reino, y muy seña- ladamente las de las dos Castillas, con enfermedades malig- nas, han esperimentado un lastimoso estrago, que apenas han bastado á contener el incesante desvelo y auxilios de S. M. y las oportunas providencias del Consejo. El paternal amor que tiene S. M. á sus vasallos movió S. Real ánimo á encargar á este Supremo Tribunal en el año de 1799 tomase en conside- ración nuevamente este importantísimo asunto con respecto á Madrid, sin embargo de lo que estaba determinado general- mente por su Augusto Padre en la Real Cédula de 3 Abril de 1787, y se ocupase seriamente y con la mayor brevedad en pro- (1) Papel periódico de la Habana; del Jueves 2 de Agosto de 1804. (*) Gaceta de Madrid de 8 de Mayo de 1804. __ 22 __ poner medios sencillos para establecer fuera de sus muros ce- menterios en que indistamente se hubiesen de enterrar los ca- dáveres de toda clase personas. Sucesos posteriores demasiada- mente lamentables han convencido de las benéficas ideas de S. M. aun á los que por una adhesión poco reflexiva á toda cos- tumbre estuvieron entonces mas distantes de conocer su impor- tancia; pues han sido mucho los pueblos que, viendo fomentar- se rápidamente las enfermedades en su recinto, y no pudien- do dudar que llegarían á causar su total desolucion, si no adoptaban como una de las medidas esenciales la de suspen- der los enterramientos en las iglesias, la han abrazado espon- táneamente, disponiendo se hiciesen en parages ventilados y distantes de poblado; bien que con dos inconvenientes graví- simos, porque ni esta tardía providencia podia remediar los males que habia causado ya el aire infestado de las iglesias, ni podían observarse en su egecucion el decoro y religiosidad conque corresponde sean tratados los cadáveres de los fieles, por no permitirlo la urgencia de las circunstancias, y la falta de disposiciones anticipadas. Concurre ademas otro motivo efi- císimo para el religioso corazón de S. M. y es la consideración del respeto y veneración debidos á la casa de Dios, que habien- do de ser, aun en lo esterno, los lugares mas puros, se miran convertidos por un trastorno lamentable de ideas en unos de- pósitos de podredumbre y corrupción, sin que hayan bastado á evitar esta profanación ni las repetidas sanciones canónicas que la han prohibido, y el dolor con que la ha tolerado la igle- sia, ni el ver que es causa de que, retrayéndose muchos de los fieles de frecuentarlos templos, que son los lugares destinados especialmente para sus ruegos, se debiliten sucesivamente los sentimientos y actos de piedad y religión, ó de que á lo menos prefieran la concurrencia á las iglesias en que son menos co- munes los enterramientos, dejando casi abandonadas las par- roquias con grave ofensa de la disciplina eclesiástica, y men- gua de la instrucción que deben recibir de sus pastores. Una providencia dirigida á los dos objetos, que llaman mas princi- palmente la atención de él y que interesan mas al público, el respeto á la religión, y la conservación de la salud de sus vasa- llos, no puede dejar de ocupar incesantemente los desvelos de S. M. y de su Consejo, mayormente al considerar que se au- mentan progresiva y rápidamente los males que dimanan de la dilación que se esperimenta en su egecucion, y que puede ve- rificarse esta sin alteración substancial en el sistema actual de funerales y sufragios. Para activarla en todo el Reino con la eficacia que corresponde á su importancia, se ha servido S. M. resolver, á consulta del Consejo, que se nombren por el Escmo. Sr. Gobernador, Conde de Montarco, los Sres. Ministros del mismo, á cuyo cargo haya de correr respectivamente en los Obispados que se les señalen, para que, acordando por sí las providencias que consideren mas conducentes, según las cir- cunstancias de cada pueblo, y sin necesidad de acudir al conse- jo, fuera de los casos en que lo conceptúen conveniente por su gravedad, se simplifique aquella, y se logre el mas pronto y cumplido efecto etc. Hace mucho tiempo que de conformidad con las ilustradas intenciones del Gefe de esta Isla el M. I. A. de esta ciudad, y la Sociedad patriótica se ocupan del establecimiento del ce- menterio público, y dar cumplimiento á las sabias disposicio- nes de nuestro Soberano en el particular; y aunque se habia elegido el terreno, y se concillaban los medios para proceder á la construcción de fábricas necesarias á la seguridad y deco- ración del sitio, algunos obstáculos detenían su conclusión, cuando el cuerpo Patriótico tuvo la atinada elección de con- fiar la dirección de sus tareas á nuestro Illmo. Prelado, quien desde luego en confirmación de sus esperanzas se anunció promoviendo la conclusión de espedientes para que quedasen realizados los establecimientos útiles, dando la preferencia de- bida al Cementerio, manifestando los términos en que hizo la proposición en un discurso tan elocuente como conciso el zelo que lo animaba, pues entregó quinientos pesos por pri- mera contribución: y dio el piadoso ejemplo de proponer no -24- elegiría otro lugar para depositar su sagrado cadáver, que e. que cupiese á un particular en el Cementerio, sin otra distin- ción que una lápida conveniente á su dignidad y carácter pu- blico; proposición que fué adoptado por el Sr. Presidente y Ca- pitán General, por el suyo, y á la que se suscribió en el momen- to que llegó á su noticia el Escmo. Sr. General de Marina; era preciso que intenciones que tenían por objeto un fin tan bueno tuviesen imitadores: el Cabildo Eclesiástico tan unido á su Prelado, declaró que sus miembros querían no separárseles ni aun en el sepulcro, eligiendo los lugares para ello en el Cam- po Santo universal, y ofreciendo contribuir de su peculio á las obras que se necesitaren, y con su personal asistencia para ace- lerarla. Aunque la salida ala visita del Obispado del Sr.Dioce- sano ha demorado la conclusión en esta ciudad el haberse establecido en todos los partidos del campo, ha sido un bien para aquellos vecinos no menos acreedores al beneficio. Aguar daba solo su regreso el Sr. Presidente para dar la última mano y finalizar la| obra, y dichosamente ha llegado este momento tan deseado por las personas instruidas que convencidas de la utilidad y precisión del establecimiento han visto con dolor no ser este de los primeros pueblos que lo han tenido; pero esta involuntaria demora no quitará la gloria que merecen sus fun- dadores, y la posteridad reconocida bendecirá sus nombres, incluyéndolos con el elogio que merecen entre los que contri- buyen á la salud pública. Los cuerpos corruptibles, sin que sea capaz lugar ninguno en que se depositen á conservarlos, quedan reducidos al polvo y á la nada, pero las virtudes jamas perecen. Llega el dia en que se olvida el lugar en que yacen las cenizas de los hombres que merecieron la estimación y aprecio de los demás, pero que quedan á su vista los estable- cimientos que formaron para su bien y utilidad, y al ense- ñarlos jamas se olviden recordar al que los observa los nom- bres de las personas á quienes se debe el beneficio, libres los templos de los aires ménticos y desagradables que exhalan la acumulación de los cadáveres no inspirándose en ellos sino los suaves inciensos; se unirán las oraciones de los fieles pa- ra pedir al Todopoderoso por la salud y prosperidades de los que consagran sus trabajos y vigilias á su bien. — 25 — EL &¥!!®. O VACUNA. En el correo de Boston del 18 Julio, prócsimo pasado se es- tractó de un papel público de Londres la siguiente observación. Por una carta del Dr. Carro escrita en Viena al Dr. Geuner consta, que las partidas de muertos en aquella capital el año 1804 solo presentan dos de viruelas naturales, y estos contra- jeron la enfermedad á una gran distancia de la ciudad, y des- pués fueron llevados á ella. Viena era uno de los pueblos que mas sufrían los estragos de las viruelas los que se han suspen- dido con la inoculación de la vacuna. Se espera que sus ene- migos encontrarán en este ejemplar una prueba irrefagable de de la eficacia de ese preservativo. El pueblo de la Habana no necesita de este argumento para estar íntimamente convencido de la virtud preservativa de la vacuna, esceptuando una ú otra persona tenazmente obstinada ni la ínfima plebe duda que por ella se precave el contagio va- rioloso. En este mismo año se esperimentó un hecho muy se- mejante al que ha sucedido en Viena, y aunque se ha publicado anteriormente, las circunstancias exigen repetirlo. Habiéndose presentado las viruelas confluentes y malignas en diez y ocho marineros de la fragata Pomona, fueron trasladados al hospital del Arsenal; y sin embargo de la facilidad con que podía di- fundirse el contagio á esta ciudad y á sus arrabales por medio de los facultativos y sirvientes, solo esperimentaron aquella enfermedad algunas personas que rehusaron vacunarse. ¿Y (*) Papel periódico de la Habana; Jueves 10 de Octubre de 1805. 4 — 26 — cuando el año anterior se enterraron solo en el cementerio do los RR. PP. Capuchinos cerca de ochocientos cadáveres de ni- ños virolentos, á que otra causa sino á la vacuna puede atri- buirse el corto número de los que han enfermado y muerto de viruelas naturales en este presente año? A pesar de la opinión que resulta de un convencimiento tan incontestable, no se solicita la vacuna con aquella eficacia que merece un preservativo tan ventajoso y sencillo, y que puede conseguirse con tanta facilidad. Los profesores encargados de inocularla en las casas Capitulares, observando que las frecuen- tes lluvias impedían la concurrencia, por la tarde, se presentan en aquel lugar desde las once del dia con perjuicio de otras atenciones y de sus intereses, lo anuncian por medio de este Aviso, esperan con impaciencia á los que necesitan el fluido vacuno y deben anhelar por conseguirlo, y después que nada omiten para comunicarlo generosamente solo llegaron á reci- birlo cincuenta y seis personas en las ocho vacunaciones que celebraron el mes anterior. A dos de ellas ocurrieron tres su- getos en cada una, y de estos los cinco fueron de color. En otra vacunación un negro bozal fué el único en quien se depo- sitó entonces el fluido vacuno; ese don precioso é inapreciable que tantos votos y ansias nos costó conseguirlo, que la huma- nidad y munificencia de nuestro Soberano nos le remitió á tan- ta costa, y que este Superior Gobierno hace los últimos esfuer. zos para perpetuarlo on esta Capital y difundirlos por toda la Isla. Este negro bárbaro, incapaz de conocer el mérito» de lo que recibía para que pudiese apreciarlo y conservarlo se rascó los granos, como lo egecutan casi todos ellos, inutilizó su pus, y se- guramente se habría estinguido la vacuna, si los facultativos á quienes se ha confiado su conservación no la hubieran salvado inoculándolaá dos niños que solicitaron en sus propias casas, no siendo esta la única ocasión que han ocurrido á semejante recurso. Tal es el desprecio con que miran muchos padres, el único, el eficaz, el facilísimo medio con que pueden preservar á sus hijos de una enfermedad inmunda y dolorosa, que tantas ve- ces los desfigura por toda la vida, y otras los priva de ella. ¿ Y — 27 — es esta la terneza con que nuestras madres asisten á sus hijos? Si no los vacunaran porque dudasen de la eficacia de esta ope- ración, serian menos culpables; pero omitirla creyendo que por ella los precaven de una enfermedad esterminadora, es un cri- men que al menos las hace dignas de la execración de la hu- manidad; y quizás llegará dia en que las leyes las hagan res- ponsables de unas vidas que pueden salvar tan fácilmente y que la Religión vibre sus anatemas contra esos filicidas por omisión. El año pasado de 1803 se bautizaron en las parroquias de esta ciudad, en las de Guadalupe y Jesús María, y en la casa de espósitos 4271 niños: el año anterior de 1804 se bautizaron en las mismas pilas 4203 de donde resulta que en esta ciudad y sus arrabales nacen poco mas ó menos 317 criaturas en cada mes, con las cuales superabundantemente se puede perpetuar la vacuna, aunque no concurriera á recibirla mas que el tercio de ellas. Habana y Octubre 4 de 1805. PRESENTADO EN JUNTAS GENERALES, POR LA REAL SOCIEDAD EEOIICJ11 LA III el 12 de Diciembre de I8<)5. POK EL DE. D. TOMAS KOMAY, Socio numerario de la clase de Profesor sobresaliente, Secretario de la Junta Central de la Vacuna, y Académico Corresponsal de la Real Academia de Medicina de Madrid. La Junta Central de la vacuna, considerada como una de las diputaciones de este cuerpo Patriótico por habérsela unido des- de su instalación, debe informarle en las presentes juntas gene- rales de todas sus operaciones, para que insertándolas en sus memorias se perpetúen de un modo auténtico, y reconozca la posteridad, el zelo y la inteligencia de los ilustres Gefes que la autorizan, y de los vocales que la constituyen. Conservar el fluido vacuno en esta ciudad, y difundirlo por toda la Isla ha sido el principal asunto de su discusión en las doce sesiones que ha celebrado en el año que hoy conclu- ye. Para conseguir ese objeto tan recomendado por nuestro benéfico Soberano, la fidelidad y el patriotismo le han inspira- do los medios mas eficaces y oportunos. Advirtiéndose que cada dia era menor el número de perso- nas que ocurrían á vacunarse á las Casas Capitulares, se pro- 31 — 30 — . curó atraerlas, publicando en el Aviso-Periódico vanos hechos muy reci¿tes que confirman la eficacia de ese preservativo; se recomendó el peligro á que se esponian las que tenazmente lo despreciaban, habiéndose presentado con viruelas confluen- tes y malignas diez y ocho marineros que arribaron á este puer- to, y se trasladaron á uno de sus hospitales: y para facilitar mas la concurrencia á esas públicas vacunaciones, se anticipo Ja hora de celebrarlas á las once de la mañana. No produciendo estos recursos todo el efecto que se deseaba, suplicó la Junta al Ilustrísimo Señor Obispo nuestro Director, se dignase prevenir á los Curas-Párrocos, así urbanos coujp ru- rales, exhortasen á sus feligreses en el acto de administrarles el Sacramento del Bautismo, á que vacunasen prontamente aquellos párvulos, recomendándoles la sencillez y seguridad de esta operación. Accediendo S. S. I. á la instancia de la Jun- ta, expidió inmediatamente sus órdenes á los Ministros de las Parroquias del campo para que así lo ejecutaran; reservando comunicarlas á los de esta ciudad por medio de un edicto que ya está en la prensa. Entretanto, previno á estos párrocos exigiesen de los padri. nos que en las papeletas que presentan espresando el nombre de los padres, ó amos del ahijado, designen también la calle y el número de la casa en que habitan y que conserven estos apuntes hasta que ocurra á recogerlos todas las semanas, algu- no de los profesores encargados de vacunar en las Casas Capi- tulares. Por estas noticias se han dirigido á solicitar esos niños para inocularlos, y conservar en ellos la vacuna, cuando la fal- ta de concurrencia en los dias que se anuncian por el Aviso- periódico, les ha hecho temer que pudiera estinguirse. Para asegurar mas su permanencia, y remitir prontamente el fluido vacuno donde se solicite, en todas las vacunaciones se toma una porción suficiente, y se reserva en cristales ó en sedas. El amigo D. Marcos Sancho Rubio, ha observado que del primer modo conserva su eficacia á los veinte dias de ha- berse extraído de la pústula; del segundo se ha dilatado hasta los treinta y cinco, y la postilla la retiene algunos mas. Radicada por esos medios la existencia de la vacuna en esta ciudad, se han tomado otros para difundirla y conservarla en — 31 — los lugares interiores de la isla. El cirujano D. Estévan Gone- zara, continuando sus operaciones con la misma eficacia que el año anterior, ha vacunado en el partido de San José de las Lajas 262 personas, y á muchas otras han privado de igual beneficio ciertas preocupaciones vulgares, que á pesar de sus esfuerzos no ha podido disiparlas. El Bachiller D. José Govin, que ilesde el mes de marzo del año próximo pasado, introdujo la vacuna en los partidos del Calvario, Xiaraco y Managua, propuso á la Junta Central, se facilitaría en ellos su conservación, estableciéndose una Junta Subalterna en la ciudad de Santa María del Rosario, donde sin mucha dificultad podían concurrir á vacunarse todas las sema- nas los vecinos de aquellos pueblos y de otros inmediatos, in- cluyendo el plan que debía observarse para su organización y subsistencia. Reconocida la Junta á este nuevo testimonio del zelo y desinterés de ese facultativo, suplicó al Sr. nuestro Pre- sidente tomase en consideración un proyecto tan conforme á las intenciones de S. M. y tan benéfico á los vecinos de estos lugares. Convencido su Señoría de las ventajas que ofrece, per- mitió la erección de la citada Junta, designando los vocales que debían componerla, y previniendo se arreglase en cuanto fuera posible al plan que presentó á este Superior Gobierno, el Dr. D. Francisco Xavier de Balmis, director de la Real Espe- dicion de la vacuna. El 31 de julio dio principio ásus sesiones y las ha repetido todos los meses siguientes, instruyendo á es- ta Junta Central de sus acuerdos, y del número de personas que se vacunan por medio del Bachiller Govin, á quien esta Junta nombró Secretario de aquella en renumeracion á sus distinguidos méritos. Acreditando la esperiencia que esas Diputaciones eran el medio mas seguro de conservar el fluido vacuno, propuso el Sr. Presidente Gobernador, se estableciesen otras en la ciudad de Cuba y en la villa de Sancti Spiritus. Esta moción fué reci- bida con todo el aplauso que merece, y unánimemente se acor- dó que la Diputación de la Sociedad que reside en Sancti Spi- ritus, se encargue de establecerla y refundirla en ella misma, con arreglo al plan que oportunamente se le comunicaría. Pa- ra organizar en Cuba la otra Junta, ofreció el Sr. Presidente — 32 — pedir al Gobernador de aquella plaza los informes necesarios, y yo quedé encargado de instruirme por el Dr. D. Miguel Ro- lland, si la contribución de dos reales por cada negro bozal de los armazones que entran en aquel puerto, seria suficiente pa- ra gratificar al profesor que se encargue de conservar el fluido vacuno. No he recibido contestación de aquel facultativo, á quien participé en el mismo oficio haber presentado á la Junta Cen- tral la Memoria que me dirigió el 31 de mayo del presente año, refiriendo el modo con que introdujo la vacuna en dicha ciu- dad el 12 de enero del año anterior, y cuanto le ha ocurrido en su propagación hasta aquella fecha. Su relación ninguna otra cosa añade á lo que contiene sobre este particular, la Memoria presentada por mí en las anteriores Juntas Generales, sino la extensión del nuevo preservativo hasta cerca de Puerto-Princi- pe, y las indagaciones practicadas para descubrir el cowpox. Lo primero se debe á D. Tadeo Maldonado, el cual instruido por el Dr. Rolland en el modo de vacunar; y provisto de algunos cristales con virus, inoculó el primero en Holguin á un núme- ro considerable de personas de todas edades y condiciones. De aquí pasó al Bayamo, llevando el pus en seis niños, y con ellos lo difundió en aquella villa con el mas feliz éxito: se tras- ladó sucesivamente á Jiguaní, y después á las Tunas, que no dista mucho del Príncipe, á donde fácilmente podia transmi- tirse la vacuna, si acaso se habia estinguido la que introdujo en esa villa D. Nicolás Coupetel, y la conservó hasta que salió de ella para esta ciudad. Las diligencias practicadas para encontrar el grano vacuno en las reses de las haciendas de Barlovento, fueron hechas por el mismo Dr. Rolland. Asegura haberlo hallado con todos sus caracteres, en una vaca que llevaron á Cuba del Bayamo, cuyo pus hubiera producido el mejor efecto, si veinte y cuatro horas antes se le hubieran presentado: pero ya habia perdido con la mayor desecación su virtud prolífica. Confirma la posibilidad de encontrar ese grano, otro hecho muy semejante observado también en vaca del Bayamo por un cirujano francés avecin- dado cerca de Cuba. Estas observaciones comprueban los fundamentos con que — 33 — he dicho otras ocasione^, no ser imposible descubrir en ciertas circunstancias el grano vacuno en las vacadas de esta Isla. Con este objeto hice un viage á la parte occidental de ella en el mes de Mayo, en cuya estación fertilizando las lluvias sus feraces prados atraían los ganados de los bosques, y se facili- taba reconocerlos; pero estas lluvias fueron entonces tan escu- sivas que haciendo intransitables los caminos y los ríos, difícil- mente pude llegar al corral S. Cristóbal, 26 leguas de esta ciudad. En San Juan de Contreras alentaron mis esperanzas informándome, que poco antes de mi arribo se habia presenta- do una vaca con tantos granos en las ubres que no solo resis- tía la ordeñasen sino que los comunicó á los labios de su ter- nero. Esta circunstancia es muy singular, pues aunque la viru- lilla, de que adolecen con mucha frecuencia, suele impedir aquella operación, no se ha verificado que las pústulas se pro- paguen al becerro por mas numerosa que haya sido la erup- ción de la madre. Sin embargo de no haber encontrado lo que tanto importa para hacer indefectible la vacuna en esta Isla, no fue absoluta- mente inútil aquella espedicion. Proveído de un número su- ficiente de cristales cargados con su virus, empecé á inocular- lo desde el Cerro, y continué egecutando la misma operación por todos los lugares que transitaba en presencia de sus facul- tativos ó de alguna persona á quien podia encargar la repitie- se oportunamente. Conocí entonces que aunque varios profe- sores se habían dedicado el año anterior á difundir la vacuna en aquellos pueblos, todos la habían abandonado, privando de este importante beneficio á una parte muy considerable de sus vecinos. Es cierto que algunos rehusaban recibirla, pero otros muchos ocurrían con la mayor confianza. En Arroyo Arenas especialmente, me presentaron en menos de media ho- ra mas de treinta niños, de los cuales vacuné quince, y reco- mendé al facultativo del lugar continuase inoculaudo á los de- más con el virus que dejaba inherido. D. José Matías Martínez ha sido el único que ha proseguido vacunando en la parte de sotavento, y eu unos parages donde por la mayor distancia de esta ciudad, le ha sido muy dificil recuperarla, cuando la ha perdido por no encontrar á quien co- 5 — 34 — mullicarla. Su constancia ha superado todas las dificultades, y desde los palacios donde reside, le ha difundido por toda la jurisdicción de Filipinas, en cuyos pueblos habia vacunado hasta el 3 del corriente 244 personas, empleando en algunas con feliz éxito la postilla pulverizada y humedecida. No debe imputarse á la Junta Central la omisión ó la insen- sibilidad de aquellos facultativos. Ella conserva una porción suficiente de virus vacuno, siempre pronta y eficaz para remi- tirla donde quiera que se solicite: ella ha dado pruebas nada equívocas de su gratitud á los que se han distinguido en la pro- pagación de la vacuna. Y cuando en las anteriores Juntas Ge- nerales acordó este Ilustre Cuerpo, se imprimiesen ejemplares de la Memoria que leí en ellas, sobre su introducción y progre- sos en esta Isla, ningún otro objeto se propuso, sino dar un testimonio público de su predilección á los profesores que re- comendaba en aquel escrito por la inteligencia, zelo y desinte- rés que manifestaron en esta importante operación; y para es- presarles sus sentimientos de un modo mas sensible; me en- cargó se los significase por un oficio incluyéndoles dos ejem- plares de la citada Memoria. Pero la Comisión de la vacuna ha cumplido exactamente sus deberes, conservando con ventajas ese depósito sagrado. Ninguna semana ha dejado de presentarse dos dias en las Ca- sas Capitulares, para dispensarlo con la mayor complacencia á cuantas personas han querido contribuir á su incremento. También ha ocurrido á los barracones á ofrecer el mismo be- neficio, no obstante la repulsa que ha sufrido varias ocasiones. Su inteligencia y celo presenta en este Santuario de la huina- nidady del patriotismo 4990 individuos preservados en este año por la vacuna de una enfermedad esterminadora. Aunque es- te número es muy iuferior al de los nacidos en esta ciudad en ese tiempo, y al de negros bozales introducidos en ella, siu embargo la comisión se lisongea de que en muchos pueblos de América, aun mas populosos que la Habana, no ha tenido tan- tos prosélitos el descubrimiento del inmortal Genner. A los amigos Cózar y Sánchez Rubio, les debe especialmente nues- tra patria la preservación de estos ciudadanos. Ellos salvaron el fluido vacuno en los dias borrascosos que estando yo au6en- — 35 — senté, no se presentó ni una sola persona á recibirlo en las Casas Capitulares. Superiores á cuantos obstáculos les oponían la omisión y la intemperie, emplearon eficazmente todos los recursos que inspira la beneficencia á las almas generosas y sensibles. MU M¡) 3i¡HiíffMJ FUERA Q£ LOS PUEBLOS. Salus populi suprema lex. Cicerón. La escribió el Dr. D. Tomás Romay el año 1805 por insinuación del Escmo. é limo. Sr. D. Juan de Espada, Obispo de esta Diócesis, para persuadir al pueblo, mas con hechos que con razones, la nece- sidad del Cementerio que construía estramuros de esta ciudad. La costumbre de enterrar los muertos lejos de las habitacio- nes de los vivos, tuvo su origen en el primero de los difuntos. Cain, horrorizado con el crimen que habia cometido, y con el espectáculo que le presentaba la muerte en el cuerpo de su hermano Abel, no satisfecho con apartarle cuanto pudo del domicilio de sus padres, le ocultó en el seno de la tierra. Sus primeros habitadores imitaron este ejemplo, sin esceptuar ni aun aquellas personas á quienes amaron con la mayor terneza. Abraham compró un campo á los hijos de Heth, para inhumar en la cueva de Hebron el cadáver de su esposa Sara; y después fueron allí mismo sepultados aquel Patriarca, Isaac, Jacob, Re- beca y Lia. La sepultura de Rachel se hizo en el camino de Bethlehen; y Débora, ama de Rebeca, fué enterrada en la fal- da de BetheL — 38 — Las generaciones subsecuentes continuaron ejecutando sus enterramientos en los campos desiertos; y si acaso se sojuzga- ron á la práctica de los egipcios mientras permanecieron bajo su opresión, luego que salieron al desierto la rehusaron volun- tariamente, hasta que la Ley publicada sobre el Sinaí autorizo la ceremonia de sus padres. El sumo sacerdote Aaron, Mana, hermana de Moysés, este mismo caudillo del pueblo israelita, todos fueron sepultados fuera de sus reales. Conquistaron en fin la tierra de Promisión, y lejos de alterarse aquel rito, ni los jueces y reyes, ni los pontífices y profetas merecieron sepultar- se en el centro de los pueblos. Edificando el templo ¿quién osaría profanarle con la inhumación de un cadáver, cuando su tacto dejaba ilegal al hebreo, las casas quedaban inmundas si en ellas se enterraban, y los viageros huian de transitar por los parages donde encontraban los sepulcros? El de José de Ari- maréa en que fué colocado el cuerpo sagrado de Jesucristo; el campo que compraron los sacerdotes con el precio de su san- gre para enterrar á los peregrinos, y otros pasages del Nuevo Testamento, acreditan que en aquella época observaban los judíos escrupulosamente la costumbre de sus Patriarcas. Los egipcios y lacedemonios, aunque miraron los cadáveres con menos horror, procuraron eficazmente evitar las funestas consecuencias de su corrupción. Los bálsamos y aromas, las semillas mas fragantes que producían sus países y los vecinos las empleaban con profusión para hacerlos iucurruptibles. De este modo los conservaban en las casas y en los templos; los primeros por lujo y vanidad, y los segundos para acostumbrar la juventud á no intimidarse con la muerte. El resto de la Gre- cia, ni tan austera como Esparta, ni tan profusa como Egipto, enterró constantemente sus difuntos distante de los pueblos. Los generales mas ilustres de Atenas, fueron los únicos á quie- nes se concedió sepultura en el arrabal de Cerámico. Mas los persas, los asirios, los fenecios, los partos y los ti- rios, no dispensaron ni á sus reyes aquella distincionAo mis- mo ejecutan desde la mas remota antigüedad los chinos, los japones, los pueblos de la Corea, del reino de Sian y del Mo- gol, los primeros habitadores de las islas Canarias, y del impe- rio de las Incas. Los mahometanos, aunque sumergidos en la — 39 — barbarie y en el fanatismo, separan de sus moradas las ceuizas de los muertos. Una de las leyes de las Doce Tablas prohibía absolutamen- te quemar ó enterrar algún cadáver dentro de los muros de Roma. Ni las innovaciones del gobierno, ni la anarquía de los Triunviros, ni el despotismo de los emperadores derogó jamás esta sanción; al contrario, notándose algunas infracciones en el consulado de Druilio, la ratificó el Senado sin escepcion al- guna, y en los tiempos de Marco Tulio y de Varronse erigían los sepulcros y columbarios distantes de los caminos públicos. La salud del pueblo, esta ley suprema origen de la felicidad pública y privada, ba sido todo el fundamento estos rescriptos y de la costumbre de las naciones que he citado. Y cuanto pro- hibían tan severamente sepultar los muertos en las casas par- ticulares, en las calles y plazas, ó donde su corrupción pudiera ofender á los vivos ¿permitirían que los templos, esos lugares consagrados á la Divinidad, según la concebía cada pueblo; donde todo él se congregaba para tributarle culto y adoración donde solo quería percibir el olor de los sacrificios, y de los aromas mas suaves y fragantes; toleraría acaso que estos luga- res tan supersticiosamente respetados se profanasen con la in- mundicia y fetidez que exhalan los cadáveres? ¿Consentiría que ella no solo interrumpiera sus votos y holocaustos, sino también los infestase, y atosigara en uu breve momento ? Sacri- legio horrendo, incivilidad bárbara, que no la ha sufrido ni la religión, ni la política del supersticioso romano, del idiota mu- sulmán, del chino y del antiguo peruano. Todos ellos alejaban de sus templos, de sus mezquitas y pagados esos espectáculos inmundos y horrorosos, tan contrarios ala pureza y decoro del santuario de la Divinidad, como á la existencia de sus ado- radores. La piedad cristiana, posponiendo la vida temporal á la eter- na, no ha omitido ni el medio mas remoto de conseguirla. Cre- yendo los fieles que reposando sus cenizas en los templos, par- ticiparían las almas con mayor eficacia del mérito infinito de los sacrificios, de la intercesión de los Santos que en ellos se veneran, y de las preces y oraciones de sus hermanos condes- cendió la iglesia á sus ruegos importunos é indiscretos. Mas — 40 — esta tolerancia no la ha tenido ni en todos los lugares de su es- ten3Íon, ni ha prescrito con su silencio el derecho de restaurar la antigua disciplina. Los fastos de la. religión, y las diferen- tes obras luminosas, así nacionales como estrangeras,quesehan escrito sobre este asunto, me suministran los argumentos mas incontestables para probar esas tres proposiciones; pero habién- dose omitido ele propósito por nuestro dignísimo y celoso Pas- tor en el edicto que ha publicado con motivo del Cementerio estramuros , me abstendré de tocar con una mano profana esos venerables monumentos. Las disposiciones civiles serán los los hechos con que proseguiré manifestando, que la costumbre de enterrar los muertos fuera de los pueblos, ha sido la mas autorizada en todos los siglos de la iglesia; y si acaso inhiríese algunos rasgos de su historia será tan solo ó para acreditar la obediencia de los fieles á sus príncipes: ó porque los eclesiás- ticos fueron muchos años los historiadores de las naciones y los únicos depositarios de las ciencias y artes. Los primeros cristianos, sometidos fielmente á las leyes que no se oponían á los dogmas, ni á sus costumbres, egecutaron sus entierros en el lugar que lo practicaban los judíos, los griegos y romanos, entre quienes la iglesia empezó á propagarse. El tiempo que quedaron en volver los que llevaron á sepultar el cadáver de Ananías, las reliquias de S. Esteban, de S. Pedro, S. Pablo, y de otros infinitos mártires, exhumadas fuera de Jerusaleu y de Roma, en las Catacumbas y en las heredades, acreditan que los cristianos se enteraba» entonces lejos de las poblaciones. Ademas de exigirlo así las leyes y los ritos de los gentiles y hebreos, el odio con que estos miraban hasta los cadáveres de los fieles, les obligaba á sepultarlos ocultamente para evitar que los profanaran, y castigasen á les que egerciau aquel acto de humanidad y religión. Continuaron estas persecuciones mas de tres siglos, autoriza- das muchas veces por los emperadores; en cuyo tiempo Elio Adriano dio mas vigor á la ley de las Doce Tablas, multando en cuarenta escudos á los que se enterraseu dentro de la ciu- dad, y Antonino Pío, su inmediato sucesor, revalidó aquel res- cripto: Diocleciano y Maxim¿ano lo estendierou á los munici- pios; pero en este edicto, ni en otro que hublicaron esos dos — 41 — emperadores para perseguir álos cristianos y arruinar sus igle- sias, se fundan en que estos hubiesen sepultado en ellas sus difuntos; si lo hubieran egecutado, seguramente lo espondrian esos tiranos para justificar su impiedad, acriminando las infrac- ciones de las leyes. El año 313 les concedió la paz el Grande Constantino; mas como no derogó los rescriptos que prohibían enterrar en los pueblos, al mismo tiempo que los fieles erigian templos, y consagraban los que habían servido á los ídolos, construían también cementerios para sepultarse sin escepcion ajguna. El Papa Julio I estableció tres en las cercanías de Roma, y su- cesivamente se aumentaron hasta el número de cuarenta. La iglesia latina siguió inmediatamente el egemplo de su metrópoli, y la griega no rehusó imitarla. Teodoreto afirma que los cris- tianos de Alejandría se enterraban en los cementerios, y lo mismo so egecutaba en Constantiuopla. Esta costumbre debía ser muy general en el oriente, cuando el mismo Constantino que edificó en aquella capital la Basílica de los apóstoles, solo aspiró á sepultarse en el vestíbulo; cuya gracia le fué concedi- da por S. Juan Orisóstomo, como una distinción sin egem- plar, debida mas bien á sus virtudes que á su augusta digni- dad. Por las mismas piadosas circunstancias se permitió el propio lugar á Teodosio el Grande, á su hijo Arcadio y á Teo- dosio II. El primero de estos Césares de acuerdo con Graciano y Va- lentiniano II, promulgó el año 381 en todo el imperio romano una constitución, imponiendo graves penasá los que erigiesen sepulcros en las ciudades, ó se enterrasen en ellas de cualquier modo, sin esceptuar los templos de los mártires. "Es verosí- mil, dicen Masdeu y Villalba, que algún contagio ó epidemia acaecida de resultas de enterrar en semejantes lugares, hubie- sen precisado al emperador español á dictar tan sabia provi- dencia. El joven Teodosio, tan celoso como el Grande de la pureza de los templos y de la salud pública, multó en la ter- cera parte de su patrimonio á los que contraviniesen á esa ley construyendo en los pueblos sepulcros, urnas, sarcófagos, ó depósitos privados para las cenizas de los muertos. Justiniano habría dejado muy imperfecto su Código si hubiese omitido — 42 — esa parte útilísima de la política: ninguno crea, dijo en la ley segunda, ninguno crea que le es concedido enterrarse en la Iglesia de los Apóstoles. Sin embargo de estas prohibiciones, algunos pretores mas piadosos que exactos en la observancia que en la legislación, consintieron que varios Prelados, tan repetables por sus virtu- des como por su ciencia, se inhumaron dentro de los templos. Concedióse al principio esta distinción á la eminente santidad de algunas personas; después á los que debían ser santos por su carácter y profesión, como los obispos, los sacerdotes y monges: últimamente los potentados, mas por vanidad que por devoción, consiguieron la misma indulgencia; mas el resto del pueblo, cuyo número era muy superior al de los privilegiados se enterraba en los cementerios estramuros, ó en los que al fin se construyeron al rededor de las paredes de los templos. Per- mitiólo así el emperador León VI, derogando por otra cons- titución aquella parte de la Teodosiana, que prohibíalos entier- ros en el recinto de las ciudades. Es muy estraño que este prín- cipe, preciándose de filósofo, y tratando familiarmente á los mas distinguidos de aquella época, autorizase un abuso tan contrario á la política y á la higiene pública. Pero al mismo tiempo que los Gregorios, los Ambrosios, los Paulinos y Cesáreos introducían en sus diócesis esta novedad, S. Efren encargaba con las imprecaciones mas terribles que no se profanara el Santuario con su cuerpo,|y S. Juan|Crisósto- mo conservó ileso el pavimento de los templos de Constantino- pla. El Papa Pelagio n, ordenó en un decretal, que dentro délas iglesias no se enterrasen ni los cadáveres de los príncipes, se- gún se observaba en algunas Basílicas de España. El Grande S. Gregorio espidió varios decretos para reprimir los abusos que se propagaban en otros reinos, y en una de sus epístolas ad- vierte al obispo Juan, que no consagre la iglesia de Cápri si se habia profanado con la inhumación del algún difunto. El Con- cilio Eliberitano, congregado á principio del siglo cuarto, pro- bará siempre que era práctica de España enterrar en los ce- menterios; y el de Braga, celebrado el año de 561, dijo en uuo de sus cánones: que si las ciudades tenían el privilegio de no enterrar los muertos dentro de sus muros, ¿cuánto mas sede- — 43 — be observar esto por reverencia á las Basílicas de los mártires? El fundamento de este canon dá una idea mas exacta de las leyes la y 2a del libro 11, título 2o del Fuero Juzgo, y corrobo- ra la opinión de los eruditos autores del informe dado al Con- sejo de la Real Academia de la Historia sobre sepulturas. De las citadas leyes infieren los académicos que en tiempo de los godos, no solo no se hacían los entierros en las ciudades ni en las iglesias, pero ni tampoco en cementerios que tuvieran al- guna inmediación á los pueblos, sino en campos distantes de ellos. Observáronse estas leyes inviolablemente hasta el siglo once; mas notándose después algunas infracciones con desaire de los cadáveres reales, que aun permanecían en los cemente- rios, el rey Don Alonso el Sabio mandó á los monges de Oña los trasladasen á la capilla de Nuestra Señora, y en una de las leyes de sus Partidas determinó quienes eran las únicas perso- nas que podían tener sepultura en los templos, enterrándose en los cementerios todas las demás que no eran esceptuadas. Consérvanse aun en varias iglesias esos antiguos monumentos, y en ellos los sepulcros de los reyes, de los obispos y de otros sugetos, tan distinguidos por sus virtudes como por sus altas dignidades. Los reyes de España no fueron los únicos que purificáronlos templos y las ciudades de esas cloacas religiosas. Carlo-Magno ordenó en sus famosos Capitulares, que ninguna persona se en- terrase dentro de las iglesias. El cementerio de los Inocentes, dice Mr. Desbois, era común á todas las parroquias de la anti- gua y verdadera ciudad de París, y la fundación de ellas toca en los primeros tiempos de la monarquía. Las ordenanzas de Felipe el Hermoso y Felipe VI acreditan la antigüedad de ese útil establecimiento. Desatendido por la potestad Real eu los siglos posteriores este ramo importante de la policía de salubridad, se empeña- ron eficazmente los Prelados en conservarle y restablecer la an- tigua disciplina. Varios Concilios celebrados en España, Fran- cia y Alemania desde el siglo décimo sesto hasta el décimo octavo, las Bulas y las epístolas de diferentes Sumos Pontífices atestaron su celo por la salud publica, y por la pureza del san- tuario. — 44 — Pero el siglo que espiró dejaría de ser el mas ilustrado, si la Filosofía elevándose hasta el trono no hubiera manifestado á los príncipes, que la conservación de los pueblos era el princi- pio de su grandeza y prosperidad. La misma ciencia, rasgando el velo del fanatismo y de la hipocresía, les hizo ver que el pa- vimento del templo nada aprovecha al cadáver del cristiano que jamás se humilló en él, y lo regó con sus lágrimas; ó que si acaso le hollaba alguna vez, era tan solo para profanarlo con su indevoción y libertinage; mientras que las cenizas del justo, aunque se arrojen en los páramos y selvas, como las de Pablo, las de Antonio y Macario, serán respetadas en los siglos mas remotos, y gozarán su espíritu de una felicidad intermi- nable. Así hablaron los obispos y los sabios de España, de Francia, de Italia y de Alemania al inmortal Carlos III, á Luis XVI, á Víctor Amadeo Rey de Cerdeña, al Gran Duque de Toscana y á la Emperatriz María Teresa de Austria. Convencidos con la antigua y constante disciplina de la iglesia, con las leyes civi- les, y con los hechos y razones físicas que reprueban las se- pulturas en los templos, mandaron construir cementerios-estra- muros de sus capitales y otros pueblos. Carlos IV, que heredó con el trono la religión y la política de su augusto padre, en- ternecido y consternado con la desolación que causaban en sus provincias las frecuentes y mortíferas epidemias, consultó á los físicos mas ilustrados de su reino, y opinando éstos que ios va- pores de muchos cadáveres reconcentrados en el corto recinto de las iglesias, fomentaban aquellas calamidades, espidió el año prósimo pasado una Real Cédula circulará todos sus dominios de España y de Indias, para que se construyeran cementerios fuera de los pueblos, por exigirlo así la salud de éstos, y el ma- yor decoro y decencia de los templos. A la verdad, es preciso carecer de olfato, para no sentir la impresión que hacen en nuestros órganos los hálitos que exha- lan los cadáveres. Estos hálitos tienen un olor muy fétido v picante, y luego que los percibimos, esperimentamos náuseas vértigos, desmayos y los demás síntomas que produce en los nervios una potencia sedativa que los enerva. No hay olor tan desagradable y nocivo, ni veneno tan violento que altere v des- — 45 — ordene con igual velocidad la economía animal. El vapor que ha salido al abrir un sepulcro, cuyos cadáveres no se habían corrompido completamente, ha solido matar en aquel acto á cuantos les inspiraron, y difundiéndose después por el pueblo produjo enfermedades contagiosas y pestilentes. La historia de la Medicina me ofrece mil hechos funestos que comprueban esta verdad; pero citaré tan solo algunos de los mas recientes. El abate Rossier refiere, que abriéndose una sepultura en el ce- menterio de Montmorency, á los trece meses de haberse inhu- mado en ella un cadáver, y cerca de la cual se habia enterrado otro poco antes, salió un vapor que privó de la vida al sepultu- rero. La epidemia pestilencial que desoló á Montpeller el año de 1744 la atribuye el Dr. Hanguenort á la apertura de una bóveda sepulcral en la iglesia de Nuestra Señora. La villa de Tarma, en el reino del Perú, se llamaba el pais.de las tercianas á causa de las epidemias que continuamente la afligían; se to- maron varios recursos para evitarlas, y siendo todos ineficaces, se advirtió que la iglesia era demasiado estrecha para contener el gran número de cadáveres que en ella se enterraban. Esta- blecióse inmediatamente un Campo-Santo distante del pueblo el año de 1790, y desde entonces cesaron las fiebres, y es uno de los mas saludables de la provincia. Nueve años antes habia acontecido lo mismo cu la villa del Pasage, provincia de Gui- púzcoa. Asolada por una epidemia de fiebres contagiosas, se atribuyó su origen al hedor que salia de la parroquia por los muchos cadáveres sepultados en ella. Privóse su entrada, se destejó para ventilarla, trasladándose la iglesia á otro lugar, y se formó un cementerio lejos de ella, con cuya providencia ce- só inmediatamente la epidemia. Este infausto acontecimiento dio motivo al piadoso Carlos para encargar al Consejo discurriese los medios mas eficaces de precaverlos. En cumplimiento de esa Real orden, consultó aquel Supremo Tribunal á la Real academia de la historia le instruyese sobre tan interesante; y este ilustre Cuerpo, des- pués de un examen muy detenido, y con presencia de las obras clásicas publicadas en esta materia, le informó en 10 de Ju- nio de 1783, que las sepulturas en las iglesias, no solo eran perjudiciales á la salud, sino contrarios á la disciplina eclesiás- - 46 _ tica antigua y moderna. En virtud de ese escrito luminoso, se construyó por orden de S. M. un cementerio en el Real sitio de S. Ildefonso, otro en Yévenes y varios otros en diferentes pueblos del reino. Antes que la Academia diera su dictamen, el presbítero D. Félix del Castillo, profesor de Física en Mála- ga, le habia presentado un discurso físico-histórico-legal, sobre el abuso piadoso de enterrar los cuerpos muertos en las igle- sias. También se habia remitido á su censura una disertación físico-legal acerca de los sitios y parajes que se deben destinar para las sepulturas, por el presbítero y médico D. Francisco Bruno Fernandez, el que prueba ser perjudicial el uso de enter- rar en los templos. D. Benito Bails, director de Matemáticas en la Real Academia de S. Fernando, el Padre Fray Miguel de Azero, y el Ldo. D. Ramón Cabrera, D. Mauricio Ehandi y varios otros sacerdotes y físicos escribieron casi al mismo tiem- po, apoyando el dictamen de la Academia- La facultad de Me- dicina de París deseando satisfacer la consulta que le hizo el gran Maestre de Malta, por medio de su embajador el año 1781, sobre las sepulturas eclesiásticas, encargó su decisión á siete profesores de los mas distinguidos de aquel Cuerpo, y unánimes probaron con muchos hechos y razones, que los va- pores mefíticos exhalados de las sepulturas, no son como quie- ra, perjudiciales sino capaces de producir una epidemia ma- ligna. Es una verdad inconcusa que las enfermedades contagiosas y pestilentes se hacen mas generales y malignas á proporción de la mayor cantidad de hálitos pútridos que espelen los en- fermos, y cual de estos arrojará en un dia tantos cómo un ca- dáver corrompido en solo una hora? El aire que los recibe, y es tan necesario para nuestra existencia, es al mismo tiempo tan susceptible de alteraciones nocivas, que el ejercicio de aque- lla operación por la cual nos conserva la vida, le hace capaz de arruinarla. Privándose de su elasticidad y consumiéndose el gas pirógeno por la respiración, queda inútil para servir á la misma función. Si á este defecto se añade el calor del clima la falta de ventilación, y los vapores de muchos cuerpos reu- nidos aunque estén sano3, resulta un tósigo que puede sofo- carnos con la mayor violencia. „ 47 — El virey de Bengala hizo encerrar en un calabozo demasia- do estrecho 140 prisioneros: en poco tiempo se aumentó el ca- lor escesivamente, perdieron la respiración los que estaban dis- tantes de las ventanas, se quejaban todos de una sed ardientí- Bima, y pedían agua con desesperados gritos. Concedióseles una corta porción, y se arrojaron á ella con tanta ansia que al- gunos se ahogaron. Instruido el virey de esa escena terrible mandó abrir el calabozo, y salieron de aquella mansión horro- rosa 23 personas, resto de 146 que entraron en ella dos ho- ras antes. No es este el único hecho con que preden probarse los estragos que produce el aire inficionado con los hálitos ani- males. El año 1599 se presentaron varios reos en una sala de Oxford para ser juzgados, y de repente ellos, los jueces y todos los circunstantes perdieron vida: igual infortunio sucedió en Tauton, según refiere Zin merman en el tratado de la esperiencia. Concluyamos de aquí, que si la inspiración y espiración con- sumen aquella parte del aire que lo hace útil para esta opera- ción; si el calor lo enrarece demasiado, y le priva de su elasti- cidad; si los vapores que exhalan muchos cuerpos reunidos, aunque estén sanos, lo corrompe hasta el grado que hemos vis- to ¿qué efectos no producirá este aire, si á todas esas causas se añaden los vapores mefíticos que arrojan los cadáveres? Pues todas ellas se reúnen en los templos de esta ciudad, y concur- ren de un modo, que solo la piedad ó la costumbre, nos hace entrar en ellos sin estremecernos. Todos son reducidos; carecen de la ventilación necesaria; están cerrados la mayor parte del dia y la noche entera; el calor del clima es ardiente casi todo el año: este calor se hace mas intenso con el número esce- sivo de luces que se encienden en muchas festividades; la con- currencia es entonces estraordinaria, pues ambas contribuyen á la mayor solemnidad; la respiración de los Tconcurrentes, y la combustión de las velas, consumen el gas oxígeno ¿cual pues será el aire de nuestras iglesias en tales ocasiones? Un aire sin elasticidad, exhausto del principio vital y muy saturado de gas ázoe. Semejante atmósfera, lejos de ser proficua para conser- var la vida; puede destruirla en muy pocos instantes. Se hará mucho mas nociva, si en tales circunstancias se le agrega el gas amoniaco que espelen los cadáveres. Percibimos — 48 — en nuestras parroquias con demasiada frecuencia ese olor féti- do nauseabundo, hasta retraernos de asistir á ellas, debiendo ser los templos mas concurridos. Por lo que á mí hace, una ocasión salí con las mayores ansias y fatigas de la auxiliar del Santo Cristo, antes de concluirse la Misa que oía; y no inten- té volver á ella, hasta el dia en que se enterró el cadáver de mi amigo el profesor D. José Colleit; mas yo y cuantos le acompa- ñábamos, nos retiramos con precipitación desde la puerta, los ministros formaron el coro en el presbiterio, y festiuadamente celebraron los oficios: tal era la fetidez que arrojaba el sepul- cro que se habia preparado. Es preciso que así suceda con harto detrimento de la piedad y de la salud. "Para que un cadáver se corrompa completa- mente, dice el ilustre Chaptal después de .Mr. Petit, se necesi- tan tres años si la sepultura tiene cuatro pies de profundidad, y cerca de cuatro cuando se profundiza seis pies. Este térmi- no ofrece algunas variaciones, con respecto á la naturaleza del terreno, y de la constitución de los sugetos inhumados: mas nosotros le miramos como un término medio." Examinemos ahora si la estension de nuestras parroquias y de sus cemente- rios, permite que no se abran los sepulcros hasta cumplidos tres años. Puréceme que es imposible. El año prócsimo pasa- do fallecieron en ellas, y en las de Guadalupe y Jesús María 2280 personas, el año 1803 murieron en las mismas 2331, y el año de 1802 llegaron á 2422. Aunque supongamos que solo se han enterrado en ellas 2000 cadáveres, y los restantes en las iglesias de los regulares, si de los dichos terrenos cercenamos tres codos delante de cada altar, según un decreto de la con- gregación de ritos, y la porciou que ocupan las bóvedas y los sepulcros particulares, donde son menos frecuentes los entier- ros, no pueden cmedar útiles tres mil varas planas que se ne- cesitan para sepultar dos mil difuntos. De aquí resulta que sien- do preciso abrir todos los años las sepulturas, y no habiéndo- se corrompido enteramente los cuerpos que contienen, se in- festan las iglesias con el hedor que exhalan, y nos espoliemos á esperímentar una catástrofe semejante á las que he referido. Ninguna ha resultado hasta el presente, sin embargo de esas causas que tanto exageran, y del propio modo nos conservare- — 49 — mos, careciendo de la actividad necesaria para ofendernos. Si hubiese alguno tan obcecado que a3Í discurra, aunque su pé- sima dialéctica y su ignorancia en la Física me eximan de con- testarle con razones, le preguntaré al menos ¿qué privilegio nos ha concedido la naturaleza, que negó á los pueblos mas cultos y aseados de Europa, y de un pais que tanto ha favore- cido como el peruano? Ellos permanecieron también muchos siglos sin esperímentar ninguna epidemia que los consternase: pero al fin, cuando se creían mas seguros por la salubridad del clima, por su ventajosa situación, y por la observancia de la mas rígida policía, la apertura de un sepulcro frustró todas sus pre- cauciones, y disipó en un momento la confianza que inspira- ban muchas centurias. No esperemos á preservarnos después de llorar como ellos una calamidad irreparable. Escarmentemos en su desgracia, y reconozcamos que la situación topográfica de esta ciudad, y el desprecio de las órdenes tan repetidas para su limpieza, no ne- cesitan de la corrupción de los cadáveres para inficionar su at- mósfera. Los muladares, las aguas estancadas y los pantanos que la circundan por el occidente; los que existen casi todo el año en sus mismas calles y plazas; las fábricas de velas de se- bo; los almacenes de carnes y de varios alimentos corrompidos son otros tantos hogares de infección, estimulados por las es- creciones de su numerosa población y de escesivas caballerías por las fraguas y hornos, por el ardiente calor y la humedad del clima. Y como los vapores mefíticos que arrojan todos es- tos cuerpos son muchos graves que el aire atmosférico, según han demostrado los mejores químicos, se precipitan hacia aba- jo, nos rodean continuamente y quedan reconcentrados den- tro de sus muros. La estrechez de las calles no permiten sean espelidos fuera de ellos, ni renovado el aire de las habitacio- nes por el viento mas general y saludable que reina entre los trópicos, y del cual nos priva considerablemente la elevación de la Cabana \ de los montes vecinos. El celo y vigilancia de nuestros Ilustres Gefes no se limita á mejorar la policía de esta ciudad, ratificando las anteriores disposiciones, sino valiéndose de unos medias que estirpando radicalmente los abusos, precaven sus funestas consecuencias. — 50 — Un canal por donde corran al mar las aguas estancadas y cor- rompidas en las concavidades de las canteras, es una de las pro- videncias mas útiles del Sr. Presidente Gobernador: al mismo tiempo que el Ilustrísimo Señor Diocesano construye un Ce- menterio con toda la decencia y decoro de que son capaces ta- les monumentos, y á distancia que no pueden ofender sus va- pores á esta población. Es cierto que no tiene toda la estension que ella necesita; pero se proyecta formar otro de igual capa- cidad que rodee el actual; y además, los cadáveres se cor- romperán en él con mas prontitud que en las iglesias. "Los diversos principios de los cuerpos, dice el sabio ministro de Francia Mr. de Chaptal, absorvidos por la tierra ó deshechos por las aguas se disipan en un grande terreno, atraídos por las raices de los vegetales, y desnaturalizados poco á poco. Ved aquí lo que sucede en los cementerios que están al aire libre; no acontece lo mismo en las sepulturas queso hacen en los tem- plos ó en los lugares cubiertos: allí no hay ni agua ni vegeta- ción, y por consiguiente ninguna causa que pueda atraer, disol- ver y desnaturalizar los jugos de los cadáveres: por lo cual aplaudiré siempre la sabiduría del Gobierno que ha prohibido las inhumaciones en las iglesias: esto es al mismo tiempo un objeto de horror y de infección." DESCRIPCIÓN y DEL CEMENTERIO ©ENEiM, DE LA HABANA. POR EL DOCTOR DON TOMAS ROMAY, SOCIO NUMERARIO DE LA SOCIEDAD ECONÓMICA DE LA HABANA EN LA CLASE DE PROFESOR SOBRESA- LÍANTE, Y ACADÉMICO CORRESPONSAL DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA DE MADRID. La erección de un Cementerio General estramuros de la Ha- bana, como establecimiento religioso y político, exigía que las Potestades Civil y Eclesiástica convencidas de su importancia se ausiliasen reciprocamente, empleando con la mayor activi- dad todas sus facultades y recursos. La dificil combinación de estas circunstancias ha frustrado varías veces los deseos de sus gefes; pero al fin, llegó la época en que felizmente reunidas, restaure el Santuario su primitiva pureza y dignidad; las leyes civiles y canónicas se observen inviolablemente, y la policía de esta Ciudad adquiera muchas ventajas, alejando de su re- cinto unas cloacas de horror y de infección. Al genio ilustrado, al zelo y constancia y á la buena armo- nía que reina entre el Señor Marqués de Someruelos, Presi- dente Gobernador y Capitán General de esta ciudad é Isla, y el Ilustrísimo Sr. D. Juan José Diaz de Espada, Obispo de es- ta diócesis, debemos en el Cementerio Campal un monumento que hará grata y perpetua su memoria. — 52 — Desde que la Real Sociedad Económica de esta Ciudad, por una elección que la recomienda, confió á Su Señoría Ilustnsi- ma el año de 1802 el empleo de Director, la manifestó en sus primeras sesiones por un sencillo discurso, que la disciplina eclesiástica, las leyes civiles, los cánones, y la misma razón, abominaban el abuso piadoso de enterrar los cadáveres en los templos; y que si en otros pueblos eran convenientísimo3 los cementerios-estramuros, en este eran mucho mas necesarios, por su localidad, por el calor del clima, y por varias otras cir- cunstancias; y ofreciendo en seguida quinientos pesos á dispo- sición de la Sociedad, indicó que parte de ellos podia ser para el arquitecto que hiciese un buen plano del edificio. El Señor Presidente, interesado en la observancia de las novísimas rea- les disposiciones, y en la conservación de la salud, esforzó la moción del Ilustrísimo Señor Director, y la Sociedad conven- cida con unas pruebas tan incontestables, acordó se establecie- ra un cementerio en el parage que se juzgase mas conveniente. Formóse el plano de la obra, se calculó el costo que tendría, y pareció que podia ejecutarse en el terreno que media entre las puertas de Tierra y del Arsenal. Mas advirtióse que entonces se colocaba en el centro de esta ciudad y sus arrabales, donde in- mediatamente llegarían los vapores mefíticos que exhalase, im- pelidos por los vientos dei Este y Oeste: defecto gravísimo que no podia compensarse con la fácil conducción de los cadáveres, que es la única ventaja que resultaría de situarse el cementerio en aquel lugar. Al mismo tiempo ¿qué idea se formaría de la moral y de la policía de este pueblo, si hubiese edificado un monumento lúgubre que debe exitarnos las reflexiones mas tristes y humillantes, junto al paseo público, el único lugar de recreo donde salen unos vecinos á solazar el espíritu, v des- cansar de graves y complicadas atenciones, y otros á ostentar su lujo y hermosura? Añadióse por último, que las leyes de fortificación no permitían construir cerca de los muros de esta plaza ni el débil cercado, m la capilla que debia tener el ce- menterio; aunque todo fuese de madera. La dificultad de encontrar en estas inmediaciones un terre- no en que no concurriesen los mismos inconvenientes, y aun algunos otros; la escasez de fondos de la Sociedad para costear — 53 — la obra, y algunos incidentes de los que suelen ocurrir en los Cuerpos Económicos, retardaban la empresa mucho mas de lo que podia sufrir el anhelo con que Su Señoría Ilustrísima de- seaba su ejecución. Conociendo, pues, que la Sociedad no podia proporcionarle los ausilios necesarios, ocurrió al venerable Ca- bildo de la Santa Iglesia Catedral, y franqueándole con la ma- yor generosidad de las rentas de su fábrica el sobrante que te- nia en arcas, y cuanto Su Señoría Ilustrísima juzgase conve- niente decretar, de acuerdo con el Señor Presidente, se eligió para formar el Cementerio una parte de la huerta-pertenecien- te al Hospital de San Lázaro, y situadaá su fondo. Dióse prin- cipio á la fábrica con una actividad extraordinaria; y estando ya sacados tod >s sus cimientos, el Señor Presidente y el Ilustrísimo Señor Obispo recibieron una Real Cédula espedida el 15 de mayo ele 1804, en qué Su Magestad prevenía á nues- tro Gefe y Prelado, como á todos los demás de América, que á la mayor brevedad construyeran cementerios-estramuros, y no permitiesen sepultar ningún cadáver en las Iglesias; inclu- yéndoles también el plan de ese edificio. Era este tan conforme al que se habia adoptado, que nada hubo que innovar; al contrario, la orden de Su Magestad fué un estímulo poderosísimo para continuar la obra, y acelerar su conclusión. El Ilustrísimo Señor Obispo, presenciándola muy de continuo; activaba los trabajos tan eficazmente, que no solo consiguió estuviese concluido en el mes de enero todo el Ce- menterio, sino también un puente muy sólido y ancho, que por su dirección se hizo sobre el arroyo que pasa por San Lá- zaro, un caño subterráneo para las aguas que derrama la fuen- te de la Casa de Beneficencia, y allanado todo su camino has- ta el Cementerio. A la construcción del puente y conducto contribuyeron considerablemente los Señores Intendente y Co- mandante de Ingenieros, cediendo para una obra pública tan importante una porción necesaria de grandes piedras sillares, las mas propias al intento. Habiéndose anunciado por el Aviso-Periódico que el dia 2 de febrero debía bendecirse, se depositaron desde aquella ma- ñana en la capilla de la Casa de Beneficencia los huesos del Señor Don Diego Manrique, Gobernador y Capitán General — 51 — que fué de esta Ciudad é Isla, y los del Ilustrísimo Señor Don José González Candamo, Obispo de Milasa, Ausiliar de esta Diócesis, y canónigo de esta Catedral. Se contenían en dos ca- jas forradas en terciopelo negro guarnecidas con "galones de oro distinguiéndose por las insignias que tenia cada una, peculia- res á los empleos de estos Señores. A las, cuatro y media de la tarde se dio principio en este lugar á la traslación de esas respetables .cenizas al Cementerio General, entonando y can- tando la música de la Catedral los salmos correspondientes. Un piquete de dragones de América precedía la procesión, dete- niéndose á cada paso por la gente que obstruía toda la carrera. Bajo la cruz de la Catedral se colocaron por su orden todas las comunidades religiosas y el clero secular con sobrepelliz. Se- guía el venerable cabildo eclesiástico acompañando los huesos del Señor Candamo, conducido por cuatro criados con libreas del Ilustrísimo Señor Obispo Diocesano. Dos regidores de este Ilustre Ayuntamiento y dos coroneles llevaban las borlas de la caja del Señor Manrique, que iba en hombros de otros cuatro lacayos del Señor Presidente Gobernador y Capitán General. El Señor Dean con capa pluvial negra hacia de Pres- te, acompañándole dos ministros con dalmáticas, presididos por el Ilustrísimo Señor Obispo con capa magna. Continuaban la procesión los vecinos mas distinguidos de esta Ciudad, los cuerpos militares y políticos, con sus respectivos gefes, el Señor Intendente de ejército y de Real Hacienda, el Ecsmo. Señor Comandante General de este Apostadero, y el Muy Ilustre Ayuntamiento autorizado por el Señor Presidente, cerrando la procesión una compañía de granaderos del regimiento Fijo de la Habana. Otra de Cúbala esperaba en el Cementerio, en cuyo centro se habia* formado un túmulo de seis varas por cada frente, compuesto de varias gradas adornadas con blandones de cera y geroglíficos, sobre las cuales se elevaba un obelisco de cuatro varas jaspeado de blanco y morado, ceñida su cúspide con una corona. En la primer grada de este túmulo se colocaron las dos cajas, estando ya iluminado el altar de la capilla y todo el re- cinto del Cementerio con muchas hachas que se habían puesto á distancias proporcionadas. El Señor Don Julián del Barrio, canónigo, de esta Catedral, pronunció inmediatamente una oración, manifestando el objeto de la ceremonia que iba á practicarse. Concluida esta, el limo. Señor Obispo, revestido de medio pontifical, ejecutó con la mayor solemnidad la ben- dición de aquel santo lugar, ministrándole ambos cleros, y el cabildo eclesiástico. Terminado este rito, se inhumaron los huesos del Señor Manrique en él sepulcro destinado para los Señores Gobernadores de esta Ciudad, y los del Ilustrísimo Señor Candamo en el que se habia construido para las digni- dades eclesiásticas. La Capilla de la Catedral acompañó todos los oficios con una música muy patética que se acataba de com- poner para esta función. Concluyóse después de las siete de la noche; pero .la luna que estaba en su oposición, iluminaba con tanta claridad, que sin desorden alguno se retiró el inmenso concurso que presenció aquella ceremonia religiosa con un placer respetuoso. El Cementerio está situado una milla al Oeste de la Ciudad cerca del mar y de un camino muy frecuentado; pero oculto de los transeúntes por el Hospital de San Lázaro. Es un cua- drilongo de ciento cincuenta varas Norte-Sur, y ciento" ele Este á Oeste, cercado de pared de manipostería mixta, con caballe- te ele sillería labrada. Lo interior tiene pintado un festón de cipreses sobre fondo amarillo jaspeado. La superficie total del terreno pasa de veinte y dos mil varas planas, inclusos los atrios, con capacidad dentro del Cementerio para mas de cua- tro mil seiscientas sepulturas, inclusas las de los párvulos. En los cuatro ángulos se elevan cuatro obeliscos, imitando el jaspe negro, con la inscripción: Exultabunt ossa humíliata, correspondiente á los osarios construidos en los mismos ángu- los en forma de pozos. Dos calles enlosadas con una piedra color ele pizarra, bastante sólida y tersa, llamada en el pais piedra de San Miguel, por el lugar de donde se extrae, lo divi- elen en cuatro cuadros iguales. La una calle se dirige de la portada á la Capilla, y la otra de Este á Oeste, terminando en dos pirámides del mismo color que los obeliscos. La capilla, colocada en el centro del lado Norte, es semejan- te á los templos antiguos: tiene un pórtico de cuatro colum- nas rústicas aisladas, y el frontispicio abierto de un arco de — 56 - medio punto adornado con las inscripciones: Ecce nunc in pul- ver-e dormiam, Job VI. Et ego resucitabo eum in novíssimo die. Joann. VH., en letras de bronce doradas: rematando con una cruz de sillería. El pórtico y todo lo exterior de este edificio se ha pintado de color amarillo bajo jaspeado de negro. El Altar, que está aislado, es de una sola piedra de San Mi- guel, en forma de túmulo, con su grada de la misma piedra, y sobre ella un crucifijo de marfil de tres cuartas de largo en una cruz de ébano, sentada en una peña. En el centro del frontal tiene grabada y dorada una cruz de aureola, y á los lados dos pilastras estriadas y doradas. En la parte posterior contiene va- rias gavetas y cajones donde se guardan los ornamentos y va- sos sagraelos. La tarima y solería de la capilla y pórtico son de la misma piedra. La puerta es de balaustres, y sobre ella esta inscripción: Beati mortal qui in Domino moriuntur: opera enirn il- lorum sequuntur illos. Apoc. Frente al altar, y en medio del pór- tico está una lámpara encendida dia y noche. En el centro de la Capilla, detras del Altar, se ha pintado al fresco un cuadro que representa la Resurrección de ios muertos. La parte superior la ocupa un ángel con una trom- peta diciéndoles: Surgite mortui et venite io. judicium. A su de- derecha salen de los sepulcros varios predestinados, y á la iz- quierda los reprobos horrorizados, y queriendo volver á sus tumbas: en el fondo se divisan otros muchos cadáveres reani- mándose, y saliendo de los sepulcros del mismo cementerio figurado en el cuadro. tCncima déla puerta y de las dos ven- tanas de los costados están pintadas en bajo relieve las tres virtudes Teologales: Fé, Esperanza y Caridad. El resto de la Capilla lo ocupan diez y seis pilares blancos con adorno de color de oro. Entre estos pilares se han colocado ocho matro- nas afligidas con los ojos vendados, y un vaso de aromas en las manos, los que consagran á las cenizas de los muertos. Es- tas figuras son todas blancas sobre un fondo negro contornea- do de arabescos blancos. Frente al pórtico y contiguos á su cimiento se han construi- do de ladrillos ocho sepulcros mayores con marcos de piedras de S. Miguel y lápidas de la misma materia, escepto los dos principales que las tienen de marmol. El primero de estos, al — 57 — lado del Evangelio, se ha destinado para los Ilustrísimos Se- ñores Obispos; el segundo para las Dignidades Eclesiásticas; el tercero para los beneméritos de la iglesia; y el cuarto para los Canónigos. Los otros cuatro del lado opuesto son para los Señores Gobernadores, el primero; para los Generales de las Reales armas, el segundo; para los beneméritos del Estado, el tercero; y el cuarto para los Magistrados. A estos sepulcros seguirán los de la primera nobleza, como títulos, gefes, mili- tares y Políticos, Regidores etc. y ocuparán todo el ancho de este cuadro, y cuarenta varas de largo, dividiéndose del segun- do tramo por una línea de ladrillos. A continuación de las otras cuatro sepulturas se colocarán las de los Curas párrocos y demás clero secular y regular por el orden de precedencias que tienen en la Iglesia; ocupando estas la otra mitad del pri- mer tramo hasta donde sea necesario. El segundo es para todas las personas mas honradas de la ciudad; y el tercero para la clase común. Todas las que ten- gan sepulturas propias y distinguidas en las Iglesias, Parro- quias y Conventos, conservarán análogamente el mismo dere- cho en el Cementerio, y las que quisieren elegirlas en él se les concederán según sus clases. En cáela cuadro se ha destinado cerca de las pirámides unparage para sepultar esclusivamente á los párvulos. Al rededor de la cerca, y de las dos calles que cruzan el Cementerio, se ha formado con ladrillos un arriate para sembrar flores y yerbas aromáticas. La portada, vista por dentro, es toda abierta y forma tres luces, que dividen dos pilastras sencillas con su cornisa y pre- til, cubierta de azotea, y enlosada con piedra ele S. Miguel. El frente esterior consta de cuatro pilastras de orden toscano con ático encima; la puerta es un arco de medio punto elevado en el ático, y acompañado de dos arcos rectos balaustrados. La imposta del arco central contiene tres lápidas unidas: en la parte superior de la que ocupa el centro está grabada y elora- da esta inscripción: A la Religión: A la Salud Publica. MDCCCV. En la parte inferior de la colatera ala derecha: El Marques de Someruelos, Gobernador; y en el mismo parage de la otra: Juan de Espada, Obispo. En la luz del arco superior se ha colocado un grupo bron- — 58 — ceado que representa el Tiempo y la Eternidad: esta tiene en la mano una serpiente en forma de círculo, y manifiesta estar llorando, por que el hombre en cuanto á su existencia corporal ha perdido por el pecado la incorruptibilidad. La otra apagan- do una antorcha, indica que ha finalizado la vida. En medio de estas figuras está un gran vaso de perfumes significando que el tiempo todo lo destruye y convierte en humo. Al lado derecho de la puerta se ha pintado en bajo relieve la Religión con sus respectivos atributos; y á la izquierda la Medicina re- presentando la salud pública. El ático remata con dos macetas de piedra de San Miguel, puestas en los estremos de su corni- sa. La portada tiene diez varas, y á continuación de ella por uno y otro lado siguen las viviendas del capellán, sacristán y sepulturero, cuyas fábricas completan cincuenta varas. El atrio ocupa todo el ancho del Cementerio, y cuarenta va- varas de largo, cercado de un pretil de mampostería á modo de asiento, con su banqueta de sillería, y adornada sr. entrada y ángulos con seis pequeñas columnas. Se ha empezado á plantar en él naranjos, cipreses y otros árboles, como también en el terreno esterior inmediato á toda la cerca. En caso ne- cesario se estenderá el Cementerio construyendo otra cerca pa- ralela á la presente, rodeándolo por todos los costados menos por el de su portada. En el cuchillo Sur-Este del atrio se fabri- cará una casa de cuarenta varas de frente, destinada para vi- viendas de los conductores de cadáveres al Cementerio, colo- cación de carruages y caballerías. Ha costado la obra ya hecha, con todos los artículos necesa- rios para conducir y sepultar los difuntos, treinta y nmre mil pesos, de los cuales la fábrica de la catedral ha con tímido cerca de veinte y cinco mil y sobre Prelado Diocesano: quien ademas sigue costeanelo de sus rentas la manutención de los empleados en dicho obgeto, con la del sacristán y Cape an, su- pliendo á este lo que no alcanza el rédito de las eiuuerra de ese partido don Andrés de Acosta, comunicando aquel virus la vez primera á sesenta y dos personas; consta finalmente, que en este año ha celebrado esa junta varias se- — 204 — siones, dictando providencias muy activas para evitar en su distrito la introducción de las viruelas, y que el bachiller Ma- za, en consorcio del profesor D. Nicolás Jacquet, inocularon ciento veinte y tres personas. Con el pus remitielo de esta ciudad á la de Sta. María del Rosario, ha vacunado el doctor D. Benito Morales ciento no- venta niños; y dirigiéndolo también la misma Junta central al licenciado D. José Miguel Valdés, lo comunicó en Rio-blanco del Norte á cuarenta y nueve personas; en Caraballo á treinta, y á doce en Gibacoa. Los secretarios de las juntas establecidas en la ciudad de Trinidad y en las villas de Sta. Clara, San Juan de los Reme- dios, Santiago y Güines, no me han remitido el extracto de los sesiones que han celebrado en el presente año, ni de las personas que han vacunado. Sin embargo, de lo expuesto cons- ta que en varios pueblos de esta isla han recibido el virus va- cuno catorce mil cuarenta y nueve individuos. ¿Y dónde y en igual tiempo se contarán tantos prosélitos del genio mas be- néfico á la humanidad? ¿Donde se encontrará una sociedad de amigos tan generosamente consagrados á la conservación y prosperidad de su especie? ¿Y adonde un jefe que reuniéndo- los y estimulándolos con su presencia, sus luces y su celo, pro- teja y promueva los progresos de la vacuna con la sensibilidad y terneza de un padre, y con el patriotismo de un ciudadano eficazmente interesado en la felicidad del país en que reside? — 205 — VACUNA. > Ulteriores pruebas de su eficacia. El Escmo. Sr. presidente y capitán general, con fecha del 5 de febrero último, remitió al secretario de la Junta central de vacuna, para que ella le consulte, un parte que habia recibido S. E. del Dr. D. Marcos Sánchez Rubio, informando haber visto cubierta de viruelas naturales á una hija del Dr. D. Juan Pérez Delgado, la que once años antes fué vaGunada por el Dr. D. Bernardo Cózar, quien después de reconocer sus gra- nos en tiempo oportuno, los juzgó tan verdaderos y legítimos que inoculó con su pus diferentes personas. En su consecuencia, expuso el infrascrito secretario en se- sión celebrada por dicha junta el 17 de mayo anterior, que habiendo reconocido á esta niña el dia 2 del citado febrero por noticia que tuvo del estado en que se hallaba, le informó su madre ser cierto que en el mes de febrero del año 1805 la ha- bia vacunado el Dr. Cózar, y que no solo este facultativo, sino también el Ldo. D. Francisco Luvian, y su mismo padre e\ doctor Delgado, estimaron por verdaderos los granos que le resultaron, estando todos tan convencidos de su legitimidad, que los dos primeros profesores inocularon con ellos en su propia casa otros varios niños. También le instruyó la referida señora que el domingo 28 de enero, cuando su hija volvió de misa se sintió indispuesta, (1) Diario del Gobierno de la Habana del miércoles 10 de julio de 1816. — 206 — le entró fiebre, y continuándole hasta la noche del martes, le advirtió una erupción general de puntillos rojos, los que cre- cieron con tanta rapidez, que el repetido 2 de febrero, que era tercero no completo de la erupción, ya estaban todos los gra- nos elevados y llenos de pus. Considerando entonces no ser posible que se equivocaran en caracterizar los granos vacunos de aquella niña tres facultativos, entre los cuales hay dos vo- cales de esa misma junta que constantemente los habían ob- servado por espacio de un año, y estando firmemente persua- dido de que solo en las viruelas volantes ó chinas pueden es- tar supuradas las pústulas al tercer dia de su erupción, pues en las viruelas naturales, aun en las mas benignas, no se per- cibe hasta el quinto un pequeño punto de supuración en su parte superior, concluyó de estos antecedentes que eran chi- nas y no viruelas los granos que tenia aquella enferma. Para mas rectificar este juicio, preguntó á la esposa del doc- tor Delgado, que personas se habían vacunado con el pus de su niña, y habiéndole dicho que solamente se acordaba de una hija de D. Manuel Melendez S. Pedro, la reconoció inmedia- tamente el mismo secretario, ratificándole sus padres ser cier- to haberse vacunado once años antes por el Dr. Cózar en la casa del Dr. Delgado con el pus de su hija, y aunque conser- vaba la niña Melendez cuatro cicatrices, de las cuales dos al menos no dejaban la menor duda de haber tenido verdaderos granos vacunos, informándole sus padres al mismo tiempo, que no se habia preservado de entrar con frecuencia en el cuarto de un niño que estaba actualmente en su casa con vi- ruelas naturales, volvió no obstante á vacunarla con pus va- cuno que llevaba entre cristales. No resultándole efecto algu- no, repitió la misma operación el 2 de marzo con pus líquido tomado en aquel acto de los granos vacunos de un niño. Sien- do también eficaz esta segunda inoculación, fué conducida la niña á las Casas capitulares el 6 del propio mes, donde la re- pitió al Dr. D. Juan Pérez Carrillo, haciéndola cuatro incisio- nes. No observando el dia octavo resultado alguno de ellas, propuso á S. E. el secretario, se sirviera prevenir al real tri- bunal del protomedicato que concurriera con el Dr. Sánchez Rubio el 14 del mismo á la casa de Melendez San Pedro, pa- — 207 — ra que este profesor repitiera en su hija aquella operación. Así se verificó, ejecutándola también en otro niño su hermano que no habia tenido viruelas naturales. En ninguno de los dos se logró la erupción del grano vacuno, lo que observado p©r el mismo Dr. Sánchez Rubio, volvió á practicarla en am- bos á los seis dias, con pus de los granos de un niño que eli- gió este profesor. Resultando al fin el desarrollo de esas pús- tulas al hijo de Melendez San Pedro, pero no á la hija cinco veces vacunada en estos dias, expuso últimamente el secreta- rio á S. E. que para no omitir prueba alguna que demostrase hasta la evidencia haber sido verdaderos y legítimos los gra- nos vacunos que tuvo esa niña, seria conveniente que el refe- rido Dr. Sánchez Rubio, en presencia de aquel tribunal la inoculase con el pus de las viruelas naturales de otra niña que existia con ellas en la calle de O-Reilly, casa número 121, frente á la portería del convento de Sto. Domingo. Accedien- do S. E. á esta solicitud, y no rehusando Melendez San Pedro esponer su hija á esa operación, se ejecutó la tarde del 22 del citado marzo, por el Dr. Carrillo, á quien eligieron los seño- res protomédicos por no haber concurrido el Dr. Sánchez Ru- bio, y después de haber reconocido su señoría los granos de la viruelienta, se inhirió á su satisfacción el pus de ellos en ambos brazos de la niña Melendez. El secretario continuó visitando con frecuencia á la inocu- lada, y atestó que hasta el dia de la citada sesión de la Junta de vacuna no habia observado en ella síntoma alguno que anun- ciara viruelas naturales, resultándole solamente una erupción de manchas rojas en la cara y en el cuello, la que ya se iba disipando. Con fecha 11 del corriente informó el señor proto- médico regente al Excmo. Sr. Gobernador y Capitán General que sin embargo de la anomalía que observaron su señoría y otros facultativos en la hija del doctor Delgado, tuvo esta la verdadera vacuna, cuyo pus no dejeneró en la de Melendez San Pedro, habiéndose conservado ilesa del contagio varioloso en la inoculación practicada en presencia de aquel tribunal, y que aunque se le comunicó ese virus, habiendo cesado desde el mes anterior la epidemia de viruelas que se experimentaba en esta ciudad, sin que esta niña fuera infestada, no es de es- — 208 — perar que extinguida aquella pueda padecer esa enfermedad, *siendo de otra especie la erupción que su señoría y otros pro- fesores advirtieron en ella después de la inoculación. De estos hechos suficientemente calificados resulta, que fue- ron verdaderos y legítimos los granos vacunos que tuvo hace once años la hija de D. Manuel Melendez San Pedro; lo pri- mero porque habiéndose vacunado cinco ocasiones desde el 28 de enero hasta el 20 de marzo último, no le resultó nin- gún grano vacuno ni aun falso; lo segundo, porque estando expuesta al contagio de las viruelas eme tenia otro niño en su propia casa, y habiéndola inoculado con el pus de ella, no le resultó esa enfermedad ni síntoma alguno que la anunciara, infiriéndose de aquí que necesariamente fueron también legí- timos y verdaderos los granos vacunos de la hija del doctor D. Juan Pérez Delgado, con cuyo pus se inoculó la de Melen- dez, y por consiguiente que no fué variolosa la erupción que experimentó aquella en el mes de febrero, lo uno porque no se presentó con los caracteres que son peculiares á esa enfer- medad, y por los cuales la distinguen todos los autores de los demás sistemas; y lo otro, porque si la Melendez permaneció ilesa de ese contagio, aun habiéndosele comunicado del mo- do mas activo y eficaz, menos debió inficionar á la Delgado, no habiéndose expuesto á recibirlo con toda su fuerza y acti- vidad, deduciendo por último que el verdadero grano vacuno preserva indubitablemente de las viruelas naturales.—Habana y junio 22 de 1816. f^u? ¿?y *1 f ► f — 209 — 3ES3L.CX3-XO ^/ Del Dr. D. Ensebio ValliJ médico ordinario del hospital militar de Dijon, individuo de la Aca- demia Virgiliana de Mantua, del colegio médico de Edimburgo, de las sociedades de medicina de Venecia, Burdeos, &. Leido en sesión ordinaria de la Sociedad Económica de la Habana el 22 de noviembre de 1816, por el Doctor D. Tomás Romay, individuo de mérito del mismo Cuerpo Patriótico, y publicado en el número 10o de las Memorias del mismo cuerpo. Utinam Dii immortales fecissent, ut vivo potius...... gratias ageremus, quam mortuo honores quereremus. Cicer. pro Serv. Sulp. Cuando la sociedad pierde algún genio que ha concluido sus obras, ó que al menos las trazó de tal modo, que no es di- fícil darles toda la perfección de que son susceptibles, se con- suela en su desolación con la memoria de los beneficios que ha recibido, y solo vierte sobre su sepulcro lágrimas de admi- ración y gratitud. Pero cuando la muerte sorprende al hom- 27 — 210 — bre beuéfico en el mismo instante que anunciaba á la huma- nidad afligida los grandes auxilios que le preparaba, cuando esporimenta las calamidades de que pudo redimirse, y vé sú- bitamente frustradas cuantas lisonjeras esperanzas habia con- cebido, entonces la resignación y conformidad faltan al cora- zón sensible, busca en vano al Numen que habia ofrecido con- * solarle, y convencido ya de que no existe, se arroja despecha- f do sobre sus cenizas, pretendiendo restituirles con suspiros y / lamentos aquella vida tan necesaria á la conservación de mu- f chas otras. • Tales son los sentimientos que nos inspiran la filosofía y \ la humanidad por la prematura muerte del Dr. D. Eusebio Valli cuando empezaba á practicar sus ensayos sobre la enfer- medad mas esterminadora en este clima, y serán sin duda * muy semejantes á ellos los que esperimenten los pueblos de la Europa y del Asia, donde le condujo su impávida filantro- é pía para observar en sí mismo los efectos del contagio de la i peste. Ponsaco no fué la patria de Valli, como juzgaba el Sr. Pac- ) dioni. Contestándole sobre este particular un vecino de aquel pueblo, le dice no haber encontrado en ningún archivo su par- f tida de bautismo, y que creia haber nacido en Mou-feltro", pe- I queño lugar en los confines de la Romanía, donde residió su padre con toda la familia por los años de 1778 ejerciendo la cirujía. Ninguna noticia he podido adquirir de su educación literaria ni en las aulas donde la recibió. Pero nada importa 4 ignorar estos pasos preliminares á su ilustración. El grado de * doctor en meelicina que le confirió la Universidad de Pisa, log varios idiomas que poseía, entre ellos, el griego, las obras que ha publicado y las que permanecen inéditas, las conside- raciones que mereció á diferentes Cuerpos y á sus mas distin- guidos profesores, serán las pruebas menos equívocas de sus progresos en la literatura y en las ciencias naturales. No es solo el Dr. Valli quien lo afirma; el mismo Jadelot en el discurso preliminar á su traducción francesa de los En- sayos del Barón de Humboldt sobre el galvanismo, atesta que el físico de Pisa observó la electricidad animal mucho antes que el naturalista de Berlín. Desde el año de 1793 escribió en — 211 — inglés un tratado acerca de este fenómeno desconocido hasta entonces, y sucesivamente publicó en su idioma patrio doce cartas sobre el propio asunto, mereciendo casi todas las re- imprimiera el Dr. Brugnatelli en los Anales de química y de historia natural que redactaba en Pavía; y traducidas al fran- cés algunas de ellas, se insertaron el año próximo pasado en el Diario de física, de química y de historia natural de Paris. En esos escritos prueba el doctor Valli con repeti- dos esperimentos ejecutados en las ranas, que el escitador metálico recomendado por Galvani, Volta y Aldini, no es ne- cesariamente el motor de la electricidad animal, puesto que tocando un nervio con cualquier cuerpo se escita el movimien- to en su respectivo músculo, observándose algunas veces has- ta treinta minutos después de la muerte de aquel animal; re- sultado que tal vez contribuyó al ingenioso sistema de la vida orgánica tan ilustrado por Dumas, Richerandy otros fisiólogos. La carta del Dr. Valli á Mr. Astiers, sobre la propiedad antipútrida y anti-fermentable del óxido rojo de mercurio, y la contestación de ese profesor acreditarán siempre, que el primero descubrió aquella virtud en el azogue, y que antes elel otro ningún químico habia observado en el alcanfor los mismos efectos. Si aquella Memoria y el elogio que por ella mereció al pri- mer farmacéutico de Francia, no hastasen para acreditar los conocimientos químicos del Dr. Valli, acabará de comprobar- los el prospecto de una obra sobre la vejez, en la cual manifes- tó igualmente su instrucción en la higiene, en la fisiología y en la anatomía. Ilustrado con estas ciencias auxiliares á la de Esculapio, Valli se inscribe entre sus prosélitos y mereció ser iniciado en los misterios mas sublimes. Semejante á aquel héroe que despreciando los reptiles recorrió la tierra para purgarla de los grandes monstruos que la desolaban, el intrépido Valli peregrina por la Europa, el Asia y la América solicitando aquellas enfermedades mas horrorosas y funestas á la huma- nidad. Si esceptuamos el ensayo sobre diferentes enfermedades crónicas, todas sus investigaciones y tareas las dedicó á exa- __ 212 __ minar la teoría de la epidemia en general, á la tisis heredita- ria, á la peste del Levante y á la fiebre amarilla. En la prime- ra parte de su tratado sobre la tisis, establece varias proposi- ciones que á no funelarlas en una erudición vastísima se juz- garían paradojas. Hasta el año de 1794 la Europa habia sido el teatro de sus benéficas incursiones, "pero como ningún obstáculo, decia el mismo Valli, arredra el corazón devorado por la ambición de la gloria ó por el amor de la humanidad" parte á Smyrna, es- pera con impaciencia que la peste se difunda en aquel pueblo malhadado, la observa sin intimidarse y escribe sobre ella un tratado que mereció la mas honrosa aprobación del célebre Tissot. Advirtiendo después de Ingrasias y de Orreo, que existien- do alguna epidemia de viruelas no se presentaba la peste, y que esta cesaba luego que aquella aparecía; sospechó que el contagio varioloso estinguia ó al menos neutralizaba el pesti- lente; deduciendo de aquí que la inoculación elel pus de las viruelas preservaría de la peste ó enervaría su malignidad en los que ya estuvieran infectados. Esta hipótesis la concibió el año 1785 estando en Scio, donde la peste es muy frecuente; pero no encontrando en ella ni un solo virueliento, no pudo fundarla en las observaciones necesarias. Las recomendó á un facultativo de aquella isla y á otro de Smyrna, prescribiéndo- les varias reglas para ejelcutaras con acierto. Ocupada la Italia por los franceses el año 1800, fué emplea- do el Dr. Valli en sus ejércitos, y con permiso de aquel go- bierno, pasó á Constantinopla el de 803 desolada entonces por la peste. En el mes de junio ejecutó en sí mismo el primer ensayo, inoculándose el pus varioloso mezclado con el que arrojaba la úlcera de un apestado, y por espacio de seis dias esperimentó varios síntomas de esa enfermedad, cuya historia escrita por el mismo paciente es mas interesante á la humanidad, en sentir de Kalogeru, que la historia de seis si- glos. Juzgándose ya preservado de la peste, fué improvisa- mente atacado de ella el primero del siguiente agosto, con síntomas tan terribles y malignos, que él mismo se admiraba de sobrevivir á ellos. Así permaneció veinte y tres dias, que- — 213 — dando por otros muchos tan atormentado de los carbunclos y bubones, que al fin perdió parte del talón del pié izquierdo. Restablecido de esa enfermedad, ejecutó otros varios esperi- mentos, inoculando algunas veces el pus de los apestados con el varioloso, otras con el jugo gástrico de diferentes animales, otras mezclado con aceite, y por último vacunó también algu- nas personas, lisonjeándose ese infatigable observador de ha- ber correspondido el éxito á sus esperanzas. Disipada la peste en Constantinopla pasó á la Natolia, don- de perecían los ganados por una epizótia pestilente, sospe- chando que la peste de las reses tiene tanta analogía con la del hombre, como la vacuna con la viruela natural. Mas esta es- pedicion no fué tan feliz como lo deseaba, según escribió á Mazarowich, porque aquella enfermeelad, no siendo contagiosa al hombre, no podia preservarle su inoculación de la peste de Levante. Volvió del Asia á Constantinopla, y de allí á Italia, donde el año 1805, siendo catedrático de química y primer médico del hospital civil de Mantua publicó su diario de la re- ferida peste, y á continuación elos memorias sobre varias en- fermedades de los ganados, dirigida una al príncipe Ipsilanti y la otra al príncipe regente de Moldavia, su digno y generoso Mecenas. La primera de ellas la cita con frecuencia Bonnisset en su Memoria sobre el modo de comunicarse el contagio de la peste á los hombres y á los brutos. Ignoro hasta qué año permaneció en Mantua ejerciendo aquellos destinos; mas por el borrón sin fecha de una instan- cia que dirigió desde Ragusa al ministro de la guerra, he com- prendido que después de haber observado en aquella provin- cia la fiebre amarilla, solicitó emplearse en el ejército deDal- macia, en cuyo país esperi mentaban los ganados una epizótia contagiosa. Restábale aun á ese Atleta combatir bajo la Zona Tórrida con aquel monstruo fiero, inexorable como la peste de Levan- te. No le intimida la inmensa distancia que lo separa, ni la posición inaccesible que ocupa hace mas de una centuria. Ar- mado con la meditación de lo que se ha escrito con mas crite- rio sobre la fiebre amarilla, ilustrado con la comparación de sus teorías á los casos que habia observado en Italia y en Es- — 214 — paña, como lo indican sus manuscritos, resolvió dirigirse á los Estados-Unidos, donde esa enfermedad es epidémica casi to- dos los veranos, para rectificar con nuevas observaciones sus diferentes hipótesis, y conciliarias si posible fuera en una obra luminosa. Con fecha 14 de diciembre del año próximo pasado le comunicó el duque de Feltre, ministro de la guerra del rey de Francia, la orden en que se le permitía emprender ese viaje, conservando la distinción y todo el sueldo que gozaba como médico ordinario del hospital militar de Dijon. Arriba á Filadelfia, y significándole el doctor Moore el pe- ligro á que se esponia, le contestó imperturbable en estos pre- cisos términos: "convencido del carácter contagioso de la fiebre amarilla, me propongo inocularme con el sudor délos moribun- dos ó con la bilis de los cadáveres, modificando el veneno con los mismos reactivos de que me serví en mis ensayos con la peste del Oriente. Si está escrito en el libro del destino que yo perezca víctima de ese grande esperimento, mi muerte no será sin gloria, y los filántropos de esta región afortuna- da correrán en tropa á esparcir sobre mi tumba olorosas flo- res." Una felicidad muy rara en la América Septentrional la pre- servó de la fiebre amarilla en el verano anterior. Impaciente por satisfacer su anhelo, ó mas bien, conducido por una Pro- videncia inescrutable, pasa á New-York y se embarca para esta ciudad, funesta también á los forasteros por esa maligna enfermedad. Llegó á ella el 8 de setiembre último recomen- dado al Excmo. Sr. Capitán general y al Sr. Intendente de esta Isla por el Enviado de nuestra corte en los Estados Unidos, "como un sabio, son sus palabras, que se habia propuesto ser útil á la humanidad á costa de grandes sacrificios, y que des- pués de haber viajado con ese objeto por la España, Francia, Italia, Inglaterra y Alemania, fué á Constantinopla y se ino- culó la peste para esperímentar en sí mismo sus síntomas y efectos: y deseando observar del propio modo la fiebre ama- rilla, habia venido desde Europa á estas provincias, donde no encontrándola se proponía buscarla en esa Isla, mereciendo por tanto se le proporcionaran los auxilios necesarios para realizar un servicio tan importante á la humanidad." — 215 — Presentóse inmediatamente al Tribunal del Protomedicató esponiéndole lo que se habia propuesto en sus investigacio- nes, y pidiéndole nombrara dos facultativos que le acompa- ñara en ellas para atestar oportunamente sus resultados, y le comunicasen al mismo tiempo su opinión acerca del diagnós- tico de esa enfermedad, y de los remedios que hubieran es- perimentado mas eficaces. El eloctor D. Antonio Machado fué uno de los elegidos, cuyo honor se me dispensó igual- mente. Con este motivo traté al Dr. Valli, á quien conocía desde el año 1804 por los ensayos qué hizo en Constantinopla em- pleando el antídoto de Jener para precaver le peste. Y si en- tonces le tributé el mas público homenage de consideración y respeto citando esos esperimentos en una Memoria sobre la introducción y progresos de la vacuna en esta isla, cuyo vi- rus, imitando su ejemplo, inoculé á varios europeos para pre- servarlos de la fiebre amarilla, que tanta analogía tiene con la peste; ahora admiré con la mas noble emulación su ardien- te amor á la humanidad, sus vastos conocimientos, la solidez de su juicio y la actividad de su genio. El 20 del propio mes fué conducido al hospital de San Juan de Dios por el doctor D. Antonio Mendoza, solicitando algún enfermo de fiebre amarilla para principiar sus ensayos. Uno solo encontraron, y en tan estrema agonía que temieron exa- lara el último aliento antes que concurrieran los diputados del Protomedicató. Le mira el doctor Valli y se sorprende. advierte la sangre negra y corrompida que fluia por su boca y otros órganos, observa su cuerpo teñido con una ictericia muy oscura, reconoce la disolución de los diferentes sistemas que constituyen la vida orgánica, le pulsa y un sudor copioso y frió hiela su mano. Entonces aquel físico impertérrito que en meelio del contagio de la capital de Turquía dijo á Kaloge- ra: "No me retiro, esperaré todavía la peste y aun la muerte," que escribió á Moore lo que ya he referido, y que desde el Norte de la Francia vino hasta la mas occidental de las Anti- llas á inocularse el vómito negro, apenas lo encuentra se hor- roriza y consternado se retira solicitando vinagre para lavarse y precaverse. Empero, sofocando el amor ele la humanidad ai - 216 — de su propia conservasion, vuelve al hospital al siguiente día, - busca al enfermo y lo encuentra en el féretro. Plinio el naturalista reconociendo el Vesubio fué devorado por sus llamas; los bárbaros de la Abysinia asesinaron en sus páramos al botánico Lippi; el anatómico Bichat contrajo en el anfiteatro de París el germen de una muerte prematura; Valli, cuyo entusiasmo no era inferior al de esos mártires de la naturaleza, se aparta de ese asilo de piedad llevando impre- sa en su fantasía aquella horrorosa imagen. Llega á su posada y anuncia conturbado que ya estaba invadido de la fiebre ama- rilla. En la tarde del siguiente elia me solicitan, y advierto aun mas grabados en su alma que en su cuerpo los caracteres mortales menos equívocos. Pálido, yerto, exánime, apenas pronunciaba algunas palabras desordenadas é interrumpidas con suspiros. Mi destino es irrevocable, me dice con lengua bal- buciente, yo muero......En vano se apuraron los recursos de la ciencia y los consuelos de la amistad mas afectuosa; los ausilios déla Religión, aunque divinos, no siendo bastantes para rea- nimar su espíritu, lo exhaló al tercer dia de la enfermedad, y á los cuarenta años de una vida digna ¿le prolongarse hasta concluir y perfeccionar la grande obra que habia concebido (a) Pero las que ha publicado, su nombre y su memoria no han perecido, ni se ocultarán bajo la losa que cubre sus ceni- zas. Este ilustre Cuerpo, justo remunerador de las virtudes sociales y de las luces, habría inscripto al Dr. Valli entre sus beneméritos individuos, si por los sentimientos que escitó su muerte no hubiera comprendido que existió tan pocos dias en- tre nosotros. Pero deseando reparar esa omisión, aunque in- culpable, y manifestar del modo mas auténtico el alto aprecio que le han merecido los servicios que hizo á la humanidad, y los que preparaba en beneficio de este pueblo; acordó que se (a) Se ha dicho que el Dr. Valli contrajo la fiebre amarilla por haberse puesto la camisa sudada de un enfermo. No me lo refirió ni tampoco ninguno de sus asis- tentes, ni observé en él alguno de aquellos tres síntomas que son tan propios deesa enfermedad que es conocida por dos de ellos, fiebre amarilla por la ictericia, ó vómito negro por los vómitos atrabiliarios; las hemorrajías no son menos frecuentes. Ni he visto jamás terminar esa enfermedad al tercer dia de su ivasion; al contrario, se advierte entonces intermitir la fiebre y los síntomas por ocho ó diez horas, siendo este un fenómeno que la distingue de las otras fiebres. — 217 — colacára su retrato en la Biblioteca pública, cuya honrosa distinción solo ha dispensado á dos de nuestros amigos, que se grabe en la lápida de su sepulcro un epitafio recomen- dando su ardiente amor á la humanidad y el aprecio que ha- bia merecido á esta corporación, y que escogiendo en el cam- po ameno que cultivó con sus ciencias y virtudes las flores mas hermosas, las esparciera sobre aquella tumba la propia mano que recibió sus impresos y manuscritos del gefe ilustre tan eficazmente interesado en proteger al doctor Valli cuando vivía, como en honrarle después de muerto. (1) ¡Plegué al cielo que esta libación que le consagro penetrado ele dolor y de respeto, sea igualmente aceptable al genio que la ha discernido, y al que preside la Academia Virgiliana de Mantua, las sociedades de medicina de Venecia y Burdeos, el colegio médico de Edimburgo y otros cuerpos literarios que se gloriaban de enumerar al Dr. Valli entre sus mas dignos profesores, y que todos ellos reconozcan que este filántro- po no pereció en la Isla de Cuba como en las de Sandwich el célebre Cook. D. O. M. AQUÍ YACE EL DOCTOR EUSEBIO VALLI, VICTIMA DE SU AMOR A LA HUMANIDAD; LA SOCIEDAD ECONÓMICA DE LA HABANA RECOMIENDA SU MEMORIA. AÑO 1816. (1) El Sr. D. Alejandro Kamirez, Intendente de ejército y Real Hacienda de esta isla, digno de grata y perpetua memoria, y dignísimo director de esta sociedad 28 — 218 — HABANA. POBLACIÓN BLANCA. Excmo. Sr.: La comisión encargada por el Cuerpo patriótico de presen- tarle los medios qne estime convenientes para aumentar la población blanca de esta Isla, íntimamente convencida de la importancia del asunto, ha celebrado varias sesiones, arreglan- do en ellas sus tareas á los dos puntos que se le indicaron en el acuerdo de 6 de setiembre último. Primero lo que pueda y deba hacerse de pronto dentro de los límites que permiten nuestras leyes; segundo, lo que sea necesario impetrar del soberano con el apoyo ele las respectivas autoridades á quie- nes corresponda, según las atribuciones de su conocimiento. Contrayéndose la comisión á ese plan, se propuso coloni- zar con preferencia, no solo á muchos vecinos blancos de esta ciudad que son en ella inútiles y aun gravosos, sino también á los hijos de algunos labradores honrados que carecen de ter- renos donde emplear su industria y aplicación al trabajo. Para hacer útiles estos ciudadanos, la comisión ha concebido el proyecto de reunir un fondo de mas de cien mil pesos, cuyas acciones serán de quinientos, con el cual se comprarán tier- ras suficieutes para establecer cuatrocientos colonos, asignan- do al menos á cada uno dos caballerías, proveyéndoles tam- — 219 — bien de los animales é instrumentos necesarios para la agri- cultura. Este plan se presentará al examen de la sociedad, lue- go que reciba toda la perfección de que es susceptible. Entre tanto, no perdiendo de vista la comisión la segunda parte del encargo que se le hizo, persuadida de la necesielad de evacuarlo á la mayor brevedad por la estraordinaria emi- gración que se hace de toda Europa á los Estados Unidos y por las ventajas que ofrece la Rusia á los artesanos y labradores que quieran establecerse en sus dominios, consultó á varios estranjeros antiguos vecinos y hacendados de esta ciudad acerca de las proposiciones que deban hacerse á sus paisanos para atraerlos á este suelo de las provincias de Europa, donde con menos costo y dificultad podrán conseguirse colonos ca- tólicos romanos, de buenas costumbres, labradores ó artesa- nos. Instruida la comisión sobre estos particulares por las contestaciones que ha recibido, se ocupa en formar una, carti- lla que deberá imprimirse en varios idiomas para circularla por medio de nuestros enviaelos ó cónsules en sus respectivos países, previa la soberana aprobación. En ella se dará una idea sucinta de la naturaleza de nuestro terreno, de los frutos que en él se cosechan y demás que podrán cultivarse, del precio de ellos, de las tierras y de los animales, de las artes y oficios que mas se ejercitan, de las obras de que carecemos por falta de artífices, y de cuanto mas sea conveniente á esci- tar su interés. Pero como este trabajo necesita de algún tiempo para eva- cuarse en todas sus partes, la comisión ha juzgado que sin es- perar su conclusión se ocurra inmediatamente á S. M. supli- cándole se digne concedernos las gracias y franquicias que son absolutamente necesarias para que los estranjeros y aun los españoles se resuelvan á establecerse en esta Isla; las cua- les, habiéndolas dispensado á la de Puerto Rico en real cédu- la de 10 de agosto del año próximo pasado, cuyos artículos en copia se incluyen, y á continuación las aclaraciones que hicieron á ellos las autoridades de aquella provincia, debe- mos esperar de su real munificencia que hará transcedental á nosotros los mismos beneficios. El fomento de nuestra agricultura y de las artes útiles es — 220 — únicamente lo que pedimos á S. M. en la representación que en borrón acompañamos, para que exornada por el cuerpo pa- triótico con sus superiores luces, la eleve á los pies del trono. Y á fin de esforzar nuestras preces y asegurar el éxito mas fa- vorable de esta solicitud, sería de la mayor importancia que el Excmo. Sr. Presidente se sirviera invitar al Excmo. Ayunta- miento y al real tribunal del consulado, para que simultánea- mente dirijan al soberano las instancias que ya tienen acorda- dadás sobre el propio asunto.—Habana y diciembre 11 de 1816.—José Ricardo O-Farrill.—Juan Montalvo.— Andrés Jáuregui.—Antonio del Valle Hernández.—Tomas Romay, secretario. -~*-$«>#'>9«gS>«*«ai-*-*-«- — 221 — mOSÍCtON A S* M* y á la que se contrae el anterior escrito sobre po- blación blanca en esta Isla. Señor: El Ayuntamiento, el Real Consulado, y la Sociedad econó- mica de la Habana, á L. R. P. de V. M. con el mas profnndo respeto dicen: Que la Isla de Cuba, cuya extensión es de 6,764 leguas cua- dradas vulgares, contiene únicamente 600,000 habitantes, de los cuales 274,000 son blancos y los restantes negros del Áfri- ca ó descendientes de ellos; de estos una tercera parte son li- bertos y las otras dos esclavos, según el censo del año de 1811. Esta sencilla esposicion es por sí sola bastante para acre- ditar que se halla despoblada é indefensa una de las mas im- portantes posesiones de V. M., y yermos unos campos que cultivados no solo producirían el mejor tabaco, el azúcar y el café, sino también otros frutos igualmente preciosos y anhe- lados por las demás naciones. Aun siendo tan precaria nuestra agricultura por falta de brazos para fomentarla, solo una necesidad irreparable por otros medios nos obligaría á valemos de una servidumbre tan gravosa como la de los negros, por los grandes capitales que — 222 - en ellos se invierten, por la poca utilidad que produce su tra- bajo á causa de su natural rudeza y desidia, y por el temor que nos inspira el aumento de ellos sobre el número de blan- cos. Esos temores no son tan antiguos como la esclavitud de los negros. Mas »de dos siglos hemos vivido tranquilos, aunque disgustados con su servicio. La protección que les dispensan nuestras leyes, la humanidad con que son tratados por los amos, la propiedad que adquieren á ciertos bienes, y la liber- tad que al fin consiguen con su industria, los conserva fieles á las autoridades, obedientes á sus amos y conformes con su suerte. Pero las ideas filantrópicas que empezaron á difundir los ingleses, y sancionó en el Guarico la asamblea de Francia con la sangre de sus colonos; las mociones prematuras que se hicieron en las llamadas Cortes generales, y por último, las discusiones tan vehementes como importunas que se tuvieron en las estraordinarias, esponiendo al riesgo mas inminente las propiedades y aun la existencia de los españoles de la Améri- ca, cuya emancipación de la Metrópoli habría sido necesaria- mente el resultado de la manumisión de los esclavos; este de- recho, eme desde entonces concibieron á la libertad á costa de nuestras vidas, y de privar á V. M. de algunos provincias, nos inquieta todavía y nos hace desear eficazmente una fuerza fí- sica capaz de reprimirlos, y estinguir en ellos hasta la mas re- mota esperanza de insurrección y violencia. Esta fuerza física de que tanto necesitamos, se conseguirá únicamente aumentando la población blanca. Ninguna otra será menos gravosa á V. M., ni tan permanente y aun progre- siva, ni tendrá tampoco tanto interés en la conservación del orden y de la pública tranquilidad. La parte Oriental de esta isla, que es la mas exhausta de gente blanca, es precisamente la que clama por ella con mas exigencia. Solo dista diez le- guas de la isla de Santo Domingo, donde los negros y otras castas, después de haber asesinado á sus amos y á todos los blancos del modo mas bárbaro y atroz, convirtieron en ruinas y cenizas los pueblos y aquellas fértiles campiñas. Sobre ellas han erigido un gobierno, cuya constitución reconoce por ba- se fundamental la independencia é igualdad, ofreciendo pro- — 223 — tegerla en todos sus semejantes. Para conseguirlo organizan ejércitos y arman buques de varios portes, que se alejan ya de sus costas ejerciendo en las nuestras su rapacidad. A principio de este año los negros ausiliaron y protegieron la insurrección de los esclavos de la isla de la Barbada. Poco después el rebelde Bolívar estrajo de esaisla mas de cuatrocientos de ellos, los in- trodujo en la provincia de Venezuela y volvió á inflamar el fuego de la insurrección. Y en este mismo momento en que dirigimos á V. M. las mas humildes y eficaces preces, sabe- mos con igual evidencia y consternación que el pérfido Mina se halla en sus puertos reclutando esos caribes, para trans- portarlos en los buques que armó en los Estados-Unidos con- tra alguna de las posesioues de V. M. Ninguna debe recelar y temer tanto como esta isla, por la inmediación á aquella, por la facilidad con que puede hacer- se un desembarco en sus dilatadas é indefensas costas llenas de radas y bahías muy seguras, y por el ausilio que aquellos negros encontrarían en nuestros esclavos ofreciéndoles la li- bertad y las riemezas de sus amos. El Jefe superior de esta provincia, vigilante y celoso en conservarla á V. M. ha empleado ya, con aplauso de las hom- bres buenos, cuantos recursos están en sus facultades para re- peler cualquiera estraña agresión, y observar en los pueblos y en los campos la mas activa y severa policía. Pero estas pre- cauciones no pueden ser tan constantes como el peligro que nos amenaza. Se apurarían las arcas de V. M. si por mucho tiempo permaneciera la fuerza armada que se necesita para rechazar una invasión, y los vecinos que con ese objeto se alis- tarían abandonando sus campos y talleres, abismarían al ca- bo sus familias en la indigencia y miseria. Mina podrá tal vez descargar ese golpe en otro punto distante de esta isla, pero la de Santo Domingo subsistirá siempre, engrandeciéndose y cebándose como un volcan, que al fin cubrirá súbitamente de cenizas y de sangre las colonias vecinas, si no precaven opor- tunamente tan horrenda erupción. No es este el único rival que altera nuestra tranquilidad- Otro se nos presenta, aunque mas elistante, no menos formi. dable. La guerra que los Estados-Unidos acaban de terminar — 224 — contra su antigua Metrópoli, ha convencido al mundo atóni- to del poder y opulencia á que se han elevado esos pueblos. El numen y disciplina de sus tropas, la pericia y valor de su marina, sus progresos en la arquitectura naval y en todas las artes hostiles, de comodidades y de lujo, todo es efecto de la emigración que hacen á esas provincias los artistas y los la- bradores de Europa desde el principio de la revolución de Francia. Allí se han reunido igualmente los proscriptos en todos los países, y los españoles rebeldes á V. M. en la península y en estas colonias: en sus puertos arman y tripulan los corsarios que inundan estos mares, hostilizando nuestro comercio y aun los buque3 de la real marina. En esos mismos puertos se equipó también la escuadrilla del traidor Mina, y se proveen de pertrechos y municiones los disidentes de Méjico, Caracas, Buenos Aires, y otras provincias de la América meridional. Fortificados ya los anglo-americanos en la Nueva Orleans, se han aproximado tanto á las fronteras del reino de Méjico, co- mo á las costas de esta Isla. Sus escuadras podrán arribar á ellas en menos de diez dias, y estando abolida la esclavitud en casi todas sus provincias, encontrarían en los siervos de esta tantos aliados como enemigos nuestros. No es, señor, un pánico terror quien nos presenta tantas ca- lamidades. Una prudente previsión nos hace inferir lo futuro de lo que ya esperimen tamos. El gobierno de los Estados Unidos, protestando á V. M. la mas sincera paz y amistad, permite que Mina, Bolívar y otros pérfidos españoles se armen en sus puertos para cometer la mas criminal agresión contra los dominios de V. M. y sus fieles vasallos. ¿Y qué confianza merecerá una potencia que así profana los pactos mas sagrados? ¿Qué recelos no inspirará cuando su ambición crece á la par de su poder, y ese poder es ya tan co- losal, que enagenada con los triunfos que consiguió en las márjenes del Misisipí, y en los lagos del Canadá llegó á pre- sagiar, que muy pronto apoyaría un pié sobre esa provincia y estenderia el otro hasta el istmo de Panamá? Para reprimir los efectos de ese orgullo frenético, oponien- do á los Estados Unidos una resistencia igual á la enorme — 225 — potencia que adquieren con las familias europeas que se esta- blecen en su territorio; para evitar que los negros de Santo Domingo repitan en esta Isla las atrocidades que cometieron en aquella, y últimamente, para cultivar estos campos yermos todavia por falra de brazos que recojan las riquezas que brin- da su feracidad, de las cuales resultaría necesariamente la opulencia del Erario de V. M.: estas corporaciones, después de haber meditado muy detenidamente sobre asunto tan im- portante, no han encontrado otro medio capaz de conciliar y satisfacer plenamente tan diversas exigencias, sino aumentan- do la población blanca de esta Isla con españoles de la Penín- sula ó de las islas Canarias y á falta de ellos con europeos ca- tólicos de las potencias amigas, esceptuando solamente los franceses proscriptos por el actual gobierno; en cuya virtud: á V. M. humildemente suplican que en consideración á lo es- puesto se digne estender á esta Isla las gracias concedidas á la de Puerto-Rico en los artículos de la Real cédula de 10 de agosto del año próximo pasado, que en copia se incluyen, y á continuación las aclaraciones que hicieron acerca de ellos las autoridades de aquella provincia, no siendo inferiores á las de ella, ni las privaciones que esta sufre, ni los peligros que la amenazan. En 9 de enero de 1817. (1) (1) Esta representación, redactada por el Dr. Romay, fué firmada también por el Ayuntamiento y el Consulado, y en su consecuencia se espidió la Real cédula de 21 de octubre de 1817, permitiendo que se establecieren en esta isla los estranjeros católicos, artesanos y labradores de las potencias amigas ó neutrales. (L. E.) 29 — 226 — VACUNA. Sobre su conservación y propagación. Para disipar las preocupaciones contra la inoculación de la vacuna y vencer la apatía de ciertas almas insensibles y des- naturalizadas, no ha bastado ni que la munificencia de nues- tro augusto soberano enviase á estos países aquel preservativo á costa de su real erario, ni que las autoridades y corporacio- nes de esta isla lo recibieran y recomendaran como el don mas precioso que podia dispensar á sus vasallos, ni que el Ilustrísi- mo señor obispo de esta diócesis la hubiera propagado por toda ella en la santa visita que ejecutó el año de 1804, demos- trando después la sencillez y eficacia de esa operación en una pastoral en que igualmente se admira su celo y su ciencia, previniendo al mismo tiempo á todos los párrocos urbanos y rurales que exhortasen á sus feligreses á recibir la vacuna en las misas solemnes y en el acto de administrarles el sacramen- to del bautismo. Tampoco ha sido suficiente para triunfar de la ignorancia de algunos y de la criminal indolencia de muchos otros, el fe- liz resultado de la inoculación que publicamente se ha ejecu- tado repetidas ocasiones en esta ciudad del pus varioloso, á varios niños vacunados; ni, por último, la constante esperien- cia que por espacio de 13 años ha manifestado en todas las ca- sas y á todos sus individuos, que las personas legítimamente — 227 — vacunadas habitan en una misma pieza y tratan sin reserva alguna con los viruelientos, sin contraer ese contagio. Publicados y repetidos estos hechos por el Diario del gobier- no, apurados ineficazmente todos los medios de persuadir y convencer, la salud pública, esa ley suprema de la policía y de la higiene, exige imperiosamente ocurrir á la coacción para conservar la perfección y aun la vida de muchos ciudadanos, sobre los cuales tiene el gobierno un derecho incontestable. S. M., es muy cierto, no obligó á ninguno ele sus vasallos á que se inoculara el virus vacuno cuando se dignó remitirlo á estas regiones. Su predilección y generosidad, el ejemplo de las na- ciones mas cultas de la Europa, el voto unánime de sus sabios y literatos, el feliz y constante resultado de las observaciones ejecutadas por algunos años en diferentes países, fueron úni- camente los medios que empleó para introducir y propagar una operación que, aun cuando fuera ineficaz, no es sensible ni gravosa. Pero el inmortal Carlos HI, queriendo recomendar la anti- gua inoculación, cuyas ventajas eran muy inferiores á la de Jenner, previno á todos los jefes de América, por real orden de 11 de abril de 1785, que luego que se presente algún virue- liento en cualquier pueblo de su jurisdicción, lo hagan trans- portar, sin distinción de sexo ni calidad, á un lugar distante y privado de comunicación. En observancia de esa ley, la pri- mera autoridad de esta isla, de acuerdo con el Escmo. Ayun- tamiento de esta ciudad, ha establecido dos ocasiones esos la- zaretos para confinar en ellos á los viruelientos, en otras tantas epidemias que se han esperimentado desde el año de 1804. Reservando ese medio riguroso para castigar la obstinación de algunos padres de familia, pueden adoptarse otros que in- directamente produzcan el mismo efecto, sin causar los per- juicios inevitables en aquel: tales son; Proponer al Escmo. señor Capitán general prevenga á los maestros y maestras de primeras letras no admitan en sus es- cuelas ningún alumno sin que acredite estar vacunado, para cual presentará un atestado de cualquiera de los tres profeso- res de la Junta de vacuna, los cuales sin interés alguno espon- — 228 — drán sencillamente si Fulano de tal está ó no legítimamente vacunado. Que se haga igual prevención á todos los maestros de oficios mecánicos. Que lo mismo se recomiende, para quien corresponda, á los prelados de las órdenes religiosas donde se enseña latinidad, y al de la escuela de Belén. Que se suplique al limo. Sr. Obispo diocesano, que asi co- mo en la casa de Beneficencia no se recibe ninguna persona, sin calificar previamente estar preservada de las viruelac por haber tenido esa enfermedad, ó haber sido vacunada; se eje- cute lo propio en el colegio-seminario de San Carlos, en el de Ursulinas y en el de San Francisco de Sales.—Habana y ma- yo 20 de 1817. — 229 — ¿Las aguas de Cayajabos podrán sustituir á las de San Diego? SEÑOR SUPERINTENDENTE GENERAL: Para determinar con exactitud si las aguas de Cayajabos po- drán sustituirse á las de San Diego; es indispensable haber examinado ambas analíticamente, reconociendo los priucipios de que constan y las proporciones en que existen. Sin estos conocimientos solo se procederá por inducciones empíricas, que esponen á cometer errores muchas veces irreparables. El año de 1801, habienelo estado en una hacienda inmediata á la de Cayajabos, me proporcionó su dueño, el caballero re- gidor D. Carlos Pedroso, cuatro botellas de agua del manan- tial llamado azul. El olor fétido que exalaba me convenció inmediatamente que contenia una gran porción de gas hidró- geno sulfurado, comprobándolo al ver que introduciendo en ella una moneda de plata, adquiría un color semejante al do- rado; careciendo de máquinas y reactivos no pude llevar ade- lante mis indagaciones. Pero refiriendo en estos dias al profesor D. José Esteves la comisión que V. S. me habia confiado, no solo convino en que esas aguas estaban saturadas de aquel gas, sino también que lo contenían en mayor cantidad que las de San Diego, aña- diendo haber encontrado en las primeras carbonato de mag- nesia y sulfato de cal, sin atreverse á determinar las cantida- des, por no haber observado en su análisis todas las operacio- nes necesarias para calcular esos principios y encontrar los de- más que pudieran tener. Constando solamente hasta ahora que el gas hidrógeno sul- furado es el único agente en esas aguas, que por su cantidad puede influir en la economía animal; el uso de ellas aprove- chará para promover la orina, la transpiración y la menstrua- — 230 — cion suprimida ó disminuida por debilidad ó alguna obstruc- ción linfática. Convendrán también para restablecer el apetito y la digestión, y curar las afecciones crónicas del estómago, cuya causa sea la inercia de esa visura, ó materiales viscosos y ácidos. Serán útiles en la parálisis, epilepsia, histerismo y demás afecciones nerviosas; y asimismo en los herpes anti- guos, la sarna, la tina y otras enfermedades de la cutis. Se re- comendarán en las hidropesías, en la gota y reumatismo cró- nico, en las obstrucciones linfáticas de cualquier visura y en las escrófulas. Los mismos efectos producen las aguas de la paila de Ma- druga, por que es uno mismo el principio que predomina en ellas el gas hidrógeno sulfurado. Por tanto, en el uso de las aguas de Cayajabos debe observarse lo que previenen cuantos han escrito sobre la eficacia de las aguas sulfúreas, y especial- mente D. Miguel María Ximenes en sus observaciones acerca de la virtud de las aguas de Madruga, que escribió por encar- go de la Sociedad Económica, á consecuencia del análisis que hizo de ellas el teniente coronel D. Francisco Ramírez. «Aunque estas aguas convengan en los referidos males, no se pueden usar en todos los casos indistintamente. Hay circuns- tancias que en todo tiempo las repugnan y contradicen; tales son la disposición inflamatoria en que puedan hallarse los en- fermos, ó aquel otro estado que se le aproxima mucho, en el cual hay un aumento estraordinario de sensibilidad é instabi- lidad en las fibras matrices, que supone ó constituye un tono exesivo, y se distingue por esta razón de la movilidad propia de los débiles. f Ni este escritor, ni el sabio médico y chínjco Faureroy en el análisis de las aguas de Enghien, opinan que las sulfúreas sean capaces de curar radicalmente el virus venéreo; lo mas que con ellas se consigue es paliar sus síntomas. No habiendo reconocido el terreno de Cayajabos, ni las pro- porciones que ofrece para alojar los enfermos de las tropas de esta guarnición, y proveerse de alimentos y demás auxilios ne- cesarios, no puedo tampoco informar á V. S. si convendrá en- viarlos á esta hacienda por estar menos distante que la de San Diego.—Habana y enero 8 de 1818. — 231 — CÁTEDRA DE CLÍNICA. Con fechg, del 18 del mes anterior se sirvió V. S. dirigirme un oficio original del señor Protomédico regente Dr. D. Nico- lás del Valle, primer médico del real hospital de San Ambro- sio de esta ciudad, sobre que en él se establezca una cátedra de clínica, según se propuso por esta intendencia en el año de 1816, encargándome V. S. le presente el plan que debe obser- varse para la ejecución de ese proyecto, y cuanto mas juzgue conveniente en beneficio de la humanidad y del Real servicio. Las ventajas que resultarían de semejante establecimiento son demasiado notorias y trascendentales para que V. S. ne- cesite que yo las manifieste. Prescindiendo en la enseñanza de la medicina práctica de los diferentes sistemas que han obs- truido sus progresos, impidiéndola adquirir la perfección á que se han elevado otras ciencias físicas ; se dedicará toda la (1) Paso á V. un oficio original del Beñor Protomédico Dr. D. Nicolás del Va- lle, primer médico del real hospital de San Ambrosio, sobre que en él se establezca una cátedra de clínica, según se propuso por esta intendencia en el año de 1816. T teniendo de V. la justa opinión que merecen sus distinguidos conocimientos facul- tativos y literarios, le ruego me informe cuanto se le ofrezca y parezca, para que enseñándose la medicina en dicho Real hospital por el método de Hipócrates y de Esculapio, se logren sus utilidades en esta isla, á beneficio de la humanidad y del Real servicio, estendióndose V. á proponer el plano de ejecución que ha omitido e* señor Protomédico, y estimo preciso para dar cuenta de este pensamiento á S. M., á fin de que obtenga au soberana aprobación. Dios guarde á V. muchos años.—Habana 18 de agosto de 1818.—Alejandro Ra- mírez.—Sr. Dr. D. Tomás Romay. — 232 — atención á observar los signos sensibles que nos presenta el enfermo. El será el único libro que se ofrezca á nuestra medi- tación, y la impresión que causen sus síntomas en nuestros sentidos, nos conducirán á clasificar las enfermedades con la misma exactitud y precisión que los demás objetos de historia natural. La medicina entonces, exenta de opiniones hipotéticas y vanas teorías, será una ciencia de hechos razonados, y la apli. cacion de ellos á otros casos semejantes, no ofrecerá mas difi- cultad, sino las1 modificaciones que exijan las circunstancias individuales de cada sugeto. Aunque tan convencido de la importancia del estudio de la medicina práctica, como de la necesidad de ejecutarlo bajo un plan metódico, su organización me ha presentado dificultades que juzgué insuperables. No encontrando un modelo que imi- tar, ni un solo profesor que haya cursado en Europa esa aula, no podia instruirme en su régimen económico para proponer á V. S. lo que debe aquí observarse, teniendo en consideración el clima y demás causas locales. Meditando muy detenidamen- te sobre la medicina clínica de Pinel, he comprendido lo que él ejecutaba en la escuela establecida en el hospital de Salpe- triere, y de aquí he deducido lo que podrá adoptarse en la que V. S. pretende instalar. Además, al estudio de la medioina práctica debe preceder el de fisiología, patalogía y anatomía. Sin conocer el cuerpo humano en su estado natural, las partes de que se compone, la conexión de ellas, sus funciones y sus propiedades físicas y vitales, no es posible determinar con exactitud los desórdenes que en ellas producen las enfermedades. Lejos de proporcionar estos conocimientos la fisiología y patología que se enseña en las aulas de esta Universidad, le- jos de ilustrar á los que han de ejercer el arte sublime de sa- nar al hombre con verdades útiles y hechos incontestables, adquiridos por la asidua meditación, la esperiencia y análisis, aun se estravía y abruma su razón, no solo con las frivolas cuestiones del peripato, sino también con errores muy perju- diciales á la conservación de la humanidad. Todavía se les en- seña, que los cuatro elementos son los principios constitutivos — 233 — de todos los seres; que la sanguificacion y segregación de los otros tres humores que se dicen primarios, se ejecuta en el hí- gado; que todas las enfermedades son similares, orgánicas y comunes; que las similares se llaman intemperies, etc. Pero ¿cuál puede ser la teoría de Lázaro Riverio habiendo escrito en el siglo décimo sesto? Cuando Harves no habia des- cubierto la circulación de la sangre, ni Aaller habia trazado las primeras líneas de la fisiología, ni Ludwig concebido su patología, ni Bichar la Anatomía aplicada á la fisiología y á la medicina. Esta obra luminosa y el feliz pensamiento que ha ocurrido á V. S. de establecer en el mismo hospital otra cátedra de anatomía, ha disipado en gran parte los obstáculos que me ar- redraban para formar el plan que debe observarse en la escue- la de clínica. Traspasando el preceptor de anatomía la esfera en que se habían circunscrito los antiguos profesores de esta facultad, enseñará no solameute los nombres de las partes del cuerpo humano, su figura y situación, sino también sus prin- cipios, usos, relaciones físicas y vitales, iniciándose los alum- nos en algunas verdades ya demostradas en la fisiología y pa- tología. De este modo se suplirán los defectos de aquella enseñanza, según propongo en el adjunto plan, el que podrá V. S. pasar á examen de otros profesores ilustrados, para que, rectificán- dolo con sus superiores conocimientos, merezca elevarse por V. S. á obtener la soberana aprobación. Dios guarde á V. S. etc.—Habana y setiembre de 1818.— Sr. D. Alejandro Ramírez, intendente de ejército, superinten- dente general de real armada. 30 — 234 — PLAN para el establecimiento de una escuela de Medicina Clínica en el Real Hospital de San Ambrosio de esta ciudad. 1.° En este hospital se destinará una sala suficiente- mente ventilada, donde se colocará un termómetro y los en- fermos destinados á la observación y enseñanza. 2.° El número de estos será igual al de los alumnos. 3.° Concurrirán á esta clase los que habiendo concluido los cursos que previeuen los Estatutos de esta Universidad, hayan recibido el grado de Bachiller en medicina, cuyo título presentarán al catedrático de clínica, para que pueda recibir- los en su aula. 4.° Asistirán k ella dos años completos, y el Real Tri- bunal del Protomeelicato no los admitirá á examen para ejer- cer la facultad, sin que lo acrediten con certificación del cate- drático de Clínica. 5.° A las siete de la mañana concurrirá con sus alum- nos á la sala de los enfermos que hubiere elegido, observará el termómetro y hará que todos apunten en un cuaderno la temperatura de la atmósfera y los meteoros que hayan ocur- rido el dia anterior. 6.° Seguidamente ecsaminará los enfermos, y destinan- do uno á cada alumno para que lleve un diario ecsacto de la historia de la enfermedad, asentarán en el mismo cuaderno el nombre elel enfermo, su edad, temperamento, egercicio, na- turalielad, el tiempo que reside en esta Isla, enfermedades que haya padecido anteriormente, dia en que contrajo la actual, si es simple ó complicada, causas que la produjeron, síntomas con — 235 — que se presenta, partes que padecen, funciones que ofende, carácter de ella, remedios y dieta que se prescribe, efectos de ellos, término de la enfermedad, fenómenos que preceden á la salud ó á la muerte. 7.° Concluidas estas apuntaciones, pasará el catedrático con los discípulos á otra sala destinada á la enseñanza, y allí les esplicará uno de los efectos que han observado, lo clasifica- rá nosológicamente espondrá sus especies y variedades, las causas eme lo producen, las partes y funciones que suele ofen- der, los síntomas y anomalías que generalmente se han notado los países, la edad y estación en que mas se esperimenta, los autores que mejor lo han descripto, los remedios mas eficaces y la terminación mas frecuente. 8.° A las cuatro de la tarde volverán á reunirse en la sala de los enfermos el maestro con los discípulos, les hará observar el termómetro y el estado en que se halla cada en- fermo, los síntomas que se hubieren agravado ó disminuido, ó los que hayan sobrevenido, el efecto de los remedios que se han administrado, y cuanto mas sea digno de asentarse en el diario, 9.° El practicante de Medicina encargado de esa sala notará por escrito lo que advirtiere en cada enfermo de noche ó en el tiempo intermedio^ las visitas, y lo presentará al ca- tedrático para que examinándolo y comparándolo con el esta- do del enfermo, determine si merece transcribirse en su res- pectiva historia. 10.° Luego que sane ó muera algún enfermo, recojerá el Preceptor la historia que se haya escrito, la examinará de- tenidamente, advertirá con discreción los defectos que con- tenga, los corregirá, y reduciéndola á un estilo aforístico, se- mejante al de Pinel en su Medicina Clínica, la conservará en su estudio. 11.° Al fin de cada mes reunirá el Catedrático estas his. torías, deducirá cuales han sido las enfermedades que se han esperimentado, y la que entre ellas ha predominado, y si han influido ó no las cualidades sensibles de la atmósfera y las afecciones meteorológicas. 12.° Concluido el año las resumirá con precisión y exac — 236 — titud, y formará un cuaderno nosográfico de todas ellas, redu- ciendo las variedades á una especie particular, las especies á un género, los géneros á un orden y los diferentes órdenes á una clase general: designando abmismo tiempo la temperatu- ra máxima, media é ínfima en cada mes y las enfermedades mas frecuentes en ellos. 13.° Este resumen y las historias de cada año se archi- varán en la sala de enseñanza. 14.° En la de enfermos habrá siempre alguno, si posible fuere, de aquellos efectos mas frecuentes y funestos en este pais, como las enfermedades del hígado y la fiebre amarilla ó vómito negro. 15.° En las salas de enfermedades contagiosas como la tisis y los afectos venéreos, elegirá el Catedrático un enfermo y en ella misma lo hará observar á los discípulos. 16.° Asistiéndose en este Hospital hombres solamente, y siendo necesario para egercer la Medicina instruirse tam- bién en las enfermedades de las mugeres y de los niños; con- cluida la clase por la mañana saldrán los alumnos á visitar los enfermos de este pueblo con el profesor que eligieren, procu- rando que sea de instrucción y crédito, dedicándose entonces especialmente á observar los afectos del sexo femenino y de la puericia. 17.° Como la Fisiología y Patología que se enseña en las aulas de esta Universidad por Lázaro Riverio, no propor- cionan los conocimientos previos y necesarios para aprender la Medicina práctica, podrá de algún modo suplirse ese defec- to, concurriendo los estudiantes de tercero y cuarto curso en las vacantes de 14 de marzo hasta igual dia de setiembre á la clase de anatomía que se establecerá en el mismo Hospital de San Ambrosio. 18.° Al mismo tiempo que ese Catedrático impondrá á cada parte de nuestro cuerpo su nombre peculiar, y manifes- tará su figura y el lugar que ocupa, uo le será difícil esplicar también su composición, sus conexiones, usos y funciones, y hasta los desórdenes que esperimentan en las enfermedades. 19.° Y no permitiendo el escesivo calor del clima que en esos meses se disequen los cadáveres, continuarán asistien- — 237 — do á la misma clase de anatomía los dos años siguientes, des- pués de concluida por la tarde la observación de los enfermos en la sala de Clínica. 20.° Cuando este preceptor juzgue conveniente disecar algún cadáver para manifestar á sus discípulos la causa de al- guna enfermedad ó los estragos que ha producido, lo propon- drá al Inspector del Hospital, y este prevendrá al Director anatómico que ejecute aquella operación. 21.° Todo lo demás concerniente á esta enseñanza se arreglará á lo que se observa en el Real Estudio de Medicina práctica de Madrid. Habana etc. — 238 — ESTRACTO de los acuerdos celebrados en el pre- sente año por la Junta Central de Vacuna, y de una memoria presentada en ella sobre las funestas consecuencias provenidas de algunos errores que se han cometido en su inoculación, leido por su Secretario en juntas generales de la Sociedad Económica de esta ciudad, el 12 de diciembre de 1818. (1) Cesó al fin la epidemia de viruelas que, difundida en los barrios estramuros desde el año de 1816, se comunicó á esta ciudad en los últimos meses del próximo pasado. Ya no se conmueve el corazón sensible al ver sufrir dolores muy acer- bos y la misma muerte, á la porción mas débil de la humani- dad; la que no pudiendo cuidar por sí de su conservación y existencia, merece por tanto el amor mas solícito y compasi- vo. Sea cual fuere la causa de sus penas, la Junta Central de Vacuna, interesada eficazmente en evitarlas, y preservar esta isla de aquella horrorosa enfermedad, nada ha omitido para propagar por toda ella el antídoto mas poderoso, escitando la indolencia de unos, disipando las preocupaciones de otros contra esa operación nunca funesta, ilustrando á los profeso- (1) Memorias de la Sociedad Económica de la Habana, publicadas en 30 de abril de 1819. 1 — 239 — res encargados de ejecutarla, manifestándoles las observacio- nes mas recientes, á fin de que rectificando su práctica, pro- duzca siempre ese virus benéfico los efectos mas saludables. Tales son los objetos que ha discutido esa sociedad filan- trópica en las sesiones celebradas en el presente año, presidi- das todas por el Escmo. Sr. Capitán General. Apurados ya loa medios de persuadir y convencer, demostrada hasta la evi- dencia la sencillez y eficacia de la inoculación de la vacuna, propuso á su Escmo. Presidente los recursos indirectos que juzgó oportunos para escitar á una operación que tanto inte- resa ,á la salud pública, y que aun suponiéndola ineficaz, nunca es sensible ni gravosa. Tampoco pretestará la omisión de algunos padres indo- lentes, que es difícil obtener ese beneficio. Una comisión de la misma junta concurre á las Casas capitulares todos los miércoles y sábados para dispensarlo generosamente á cuan- tos quieran recibirlo. En este año ha inoculado 20,177 perso- nas, remitiendo al mismo tiempo el virus vacuno en 1,134 cristales á los pueblos interiores y muchos á ultramar. También ha proveído al barrio de Ntra. Sra. de Guada- lupe de un facultativo de inteligencia y celo, que ejecute en sus vecinos esa operación. El Dr. D. Francisco Sandoval ha empleado diferentes medios para hacerles conocer sus venta- jas; y aunque por el "Diario del Gobierno" anuncia el dia en que la ejecuta, solo la ha verificado en 383 niños. Este facul- tativo, deseando que los habitantes del pueblo de Ntra. Sra. de Re^la participen de un bien tan importante, ofreció en el mes anterior vacunarlos un dia cada semana, y hasta la fecha ha comunicado ese virus á 20 de ellos. La Junta Central, en re- muneración á la eficacia y desinterés con que este profesor contribuye elesele el año de 1807 á los progresos de la nueva inoculación, primero en el partido de Alquizar y después en los barrios estramuros, le ha dado un testimonio honorífico del aprecio y consideración que le merece, asignándole al pro- pio tiempo una pensión de sus fondos. El barrio de Jesús del Monte no carece de otro facultativo diputado por esta Junta para el mismo objeto. El Ldo. don Francisco de Ayala, después ele inocular 211 personas de su — 240 — jurisdicción, traspasó loablemente los límites de ella, ejecu- tando lo mismo en 68 vecinos del Luyanó y 145 del partido del Calvario. En varios otros lugares residen también profesores comi- sionados al efecto, los cuales aun no me han instruido de sus operaciones en el presente año; y esceptuando tres, tampoco lo han verificado los demás secretarios de las doce juntas su- balternas establecidas en los pueblos mayores. Uno de aque- llos, el Dr. D. Benito Morales que ejerce dicho encargo en la ciudad de Santa María del Rosario, sin embargo de su eficacia ha inoculado solamente 60 personas. El Ldo. D. Andrés José de la Parra, secretario de la Jun- ta de la villa de Santa Clara, operando en un pueblo mas dó- cil, ó intimidado con los estragos que hacían las viruelas en los circunvecinos, ó auxiliado eficazmente por las Autorida- des, ha conseguido mayores ventajas. Reuniendo la Junta de aquella villa su alcalde presidente, luego que comprendió ha- ber llegado á ella un virueliento, lo hizo confinar á una legua de distancia privándolo de comunicación; ejecutó lo mismo con otros tres sin esceptuar sexo ni condición fijó cedulones anunciando el peligro y el medio mas seguro de precaverlo, y conminando á los que después de haber sido vacunados no volvían á suministrar el virus para otros. Entretanto, el profesor Parra auxiliado por el Ldo. D. José Manuel de Beitia inoculó en el recinto de esa población 1283 personas, y proporcionando aquel eficaz antídoto á los facul- tativos D. Manuel Mendoza y D. Miguel Bolanger, el primero lo comunicó á 1023 vecinos y el segundo á 190 de diferentes lugares y haciendas, sin incluir en ellas la de San Miguel don- de recibieron ese beneficio 214. A unas providencias tan a- certadas y activas ha debido la villa de Santa Clara conservar- se impenetrable al contagio de las viruelas, rodeada por todas partes de otros pueblos que ha cubierto de lágrimas y luto. La ciudad de Puerto-Príncipe aunque no pudo preservar- se enteramente de esa calamidad, logró al menos redimir de ella 2178 personas, que vacunó con el mayor desinterés y constancia el Ldo. D. Pedro Nolasco Almanza, secretario de su Juuta subalterna. 241 Consta de lo espuesto, que en el presente año se han va- cunado en esta isla al menos 25,952 personas; y si de cada sie- te viruelientos perecía uno, según el cálculo del Dr. Jurin ra- tificado por Sauvages, resulta que nuestra población debe á la vacuna un aumento de 3707 individuos. No ha sido la Junta de Vacuna menos solícita en ilustrar á los profesores encargados de propagarla, comunicándoles las observaciones y anomalías que han ocurrido en la práctica de esa operación. Ellas acreditan, que sin embargo de su sen- cillez, exige para ejecutarse con acierto, mas teoría, mas re- glas y precauciones que aquellas que generalmente se han juz- gado bastantes. A la falta de esos conocimientos, deben atri- buirse algunos hechos que se han imputado á ineficacia del virus vacuno para precaver de las viruelas. Cuando ese contagio se propagaba por esta ciudad al principio elel presente año, se citaban varias personas que ha- bían sido infestadas después de haber tenido el verdadero gra- no vacuno. El Secretario de la Junta Central juzgándose obli- gado á examinar esos casos en cumplimiento de sus deberes, y por su íntima convicción en favor de la vacuna, se asoció con el Dr. D. Andrés Terriles para proceder con mas exactitud, reconociendo simultáneamente los enfermos que se les pre- sentaban, comunicándose sus observaciones y discutiendo so- bre ellas. En una sesión celebrada por esa Junta en agoste último leyó una memoria esponiendo, que en consorcio de aquel fa- cultativo habían observado en el espacio de cuatro meses las viruelas naturales en catorce personas que conservaban cica- trices de verdaderos granos vacunos: caracterizada suficiente- mente aquella enfermedad por una fiebre aguda que en ningu- no de ellos duró menos de tres dias, con inquietud, sed insa- ciable, dolor gravativo de cabeza, rostro encendido, vigilia y algunos con delirio en la accesión de la calentura, remitiendo muy poco sin sudor alguno; hasta que en la declinación del tercero ó cuarto parasismo empezaba la erupción, siguiendo en el aumento y figura de las pústulas y en el carácter del humor que contenían, el mismo orden que la viruela natura!; sin otra diferencia que ser los períodos ele supuración y dese- 31 242 caciou mas cortos que los observados en las viruelas con- fluentes ó en las discretas muy numerosas; pues en estos casos dura la enfermedad hasta el dia. veinte y uno, y en aquellos cesó del décimo al duodécimo. Concurriendo otros síntomas, no es bastante esa diferen- cia para alterar la clasificación de este exantema. Sauvages (1) y Duplanil (2) observaron una variedad de viruelas naturales discretas que en el séptimo dia no presentaban su- puración alguna, y terminaban felizmente por resolución mu- chas veces sin fiebre sensible; muy diferentes de aquellas pús- tulas que desaparecen por retroceso del pus, y son siempre funestas; distinguiendo también estas viruelas de las llama- das volantes, varicela ó viroleta. Sydenham y AVan-swieten advirtieron la fiebre eruptiva variolosa sin verificarse la erup- ción, quedando no obstante esas personas preservadas de a- quel contagio. (3) El mismo comentador de Boerhaave con- viene con otros autores igualmente clásicos en que los perío- dos de esa enfermedad pueden ser cortos ó dilatados, y todos los síntomas malignos ó benignos, según el temperamento del enfermo, hábito de su cuerpo, edad, estado de sus humores, dieta, género de vida, tiempo del año, constitución epidémica y régimen que se observa en su curación. (4) Sin embargo, los observadores quizá no se habrían deci- dido á caracterizar por variolosas esas erupciones, á no haber- se presentado otro caso que reunió todos los síntomas de una viruela casi confluente. El Secretario habia vacunado el año de 1804 una niña su sobrina á los quince dias de nacida; para precaverla de una epidemia de viruelas que desolaba esta ciu- dad; dos circunstancias que le obligaron á proceder con el mayor cuidado. Resultóle un solo grano, pero tan perfecto que á los siete dias comunicó su pus á otros niños. Confiada ella y toda su familia en que estaba exenta de viruelas no te- (1) Nosolog. Metliod. class. 3 ord. 1 genr. 2 espcc. 1. (2) Medeg. domestig par Buchan, traduid par Duplanil, tom 2, par 2. cap. 12» art. 4. (3) Comment. aphor. 1387. (4) Comment. aphor. 1396. Cullen element. de Medie, pract. tom. 2, cap, 1 pág. 65. — 243 — mió esponerse á su contagio en diferentes epidemias. Mas el 9 de mayo último fué acometida de una fiebre inflamatoria con todos los caracteres de eruptiva, sin esceptuar el delirio. El Ldo. D. Manuel Hernández que la asistía, no advirtiéndola remisión alguna al cabo de tres dias, concibió peligro y solíci- to al Secretario. Reconocieron la cicatriz del grano vacuno, y encontraron en ella todas las señales que imprime el verda- dero. No obstante, en la declinación del cuarto paroxismo se advirtió todo su cuerpo, principalmente el rostro, lleno de punticos encarnados, los que progresivamente crecieron y su- puraron observando todos los períodos y caracteres de la vi- ruela natural. La fiebre no intermitió hasta el dia once, del trece al catorce sucedió la desecación, y en el veinte y uno conservaba muchas postillas, dejando al desprenderse encar- nada la epidermis y algunas cicatrices. [1] Lejos de imputar este profesor un fenómeno tan estraor- dinario á ineficacia del virus vacuno, indicó cual debia ser su verdadera causa. Esta joven solo tuvo un grano vacuno, cuyo pus se estrajo al dia séptimo para inocular otras personas; y los facultativos del establecimiento nacional ele la vacuna en Inglaterra habían observado repetidas veces, y hasta en un caso muy semejante al presente, que cuando esto se ejecuta- ba, el vacunado no quedaba exento del contagio varioloso: por lo cual convinieron en su informe de 25 de mayo de 1815 en que cuando resulte un grano únicamente, no debe punzarse, ni alterar su curso en manera alguna, conservándolo ileso hasta concluir todos sus períodos. (2) La razón, la esperiencia y el consentimiento de los mas cé- lebres vacunadores autorizan ese canon, añadiendo que el vi- rus vacuno, aun cuando resulten al inoculado muchas pústu- las, no debe estraerse de todas ellas hasta cumplido el dia oc- tavo de la inoculación. Es incontestable, que solo el primer humor de esos granos es capaz de producir otro verdadero; de suerte que estraido ese primer líquido, aunque prontamente vuelva á llenarse la vejiguilla, y se inocula alguna persona con (1) El Dr. D. José Bohorques reconoció esta joven en principio del presente mes, y aun conservaba algunas cicatrices y manchas rojas. (2) Diario del Gobierno do la Habana de 3 de abril de 1816. — 244 — el segundo pus, resulta siempre la falsa vacuna, y por consi- guiente queda espuesta á contraer las viruelas. Es también indudable que la disposición ó aptitud á re- cibir ese contagio no la destruye el virus vacuno, hasta eme absorviéndolo según se esplíca el ilustre Jenner, ó por la sim- patía de todos los sistemas con la parte donde existe el grano, se afecta toda la constitución del individuo, lo que siempre sucede entre el dia octavo y noveno; estraido, pues, el pus va- cuno antes que se verifique esa alteración universal, el vacu- nado no queda exento del contagio varioloso. Hasta el dia séptimo de la inoculación, el contagio de ese virus está reconcentrado en el grano, constituyendo una en- fermedad particular, circunscripta al punto que ocupa. En nin- guna otra parte del cuerpo se advierte síntoma alguno que indique estar afectada por ese virus. Si se difundiera por to- da la constitución del vacunado luego que el grano empieza á desarrollarse, lo preservaría desde entonces de las viruelas. Repetidos hechos atestados por los vacunadores mas célebres y observados por varios facultativos ele esta ciudad prueban lo contrario. (1) «Del dia octavo al noveno, escribe Redman Coxe, habien- »do llegado el grano á toda su perfección, empiezan á mani- «festarse los síntomas constitucionales; la indisposición es ge- «neral y precedida de hinchazón y dolor en la pústula con la- » tidos hacia la axila, y á veces hasta la espalda; las glándulas »se hinchan y duelen, principalmente al mover el brazo; el »sistema corresponde con desfallecimiento, sopores, amarillez, «escalofríos, dolor de cabeza, en los ríñones y en la espalda, «dolor gravativo en los ojos, desgano, náuseas y aveces vómi- »tos, pulso frecuente, sed y lengua crapulosa. No por esto ha «de suponerse que en cada paciente se reúnen todos estos sín- »tomas; al contrario, es difícil en muchos casos descubrir al- «guno de ellos; mas por lo regular ocurre uno ú otro, y conti- (1) He visto posteriormente la Instrucción sobre la Vacuna, hecha por la Co- misión Central de Paris en sesión de 20 de junio de 1S18, y contiene lo siguiente. El grano vacuno no preserva de otras enfermedades durante su curso. Puede su- ceder que alguna persona contraiga las viruelas algún tiempo antes, y aun algunos dias después de la inoculación, etc. — 245 — »núan con mas ó menos violencia, á ocasiones hasta ser pre- ciso recojerse una, dos y tres horas y aun algunos dias; hasta «que espontáneamente se desvanecen sin alguna mala conse- «cuencia......Mas aunque estoy tan persuadido de la benig- «nidad de esta enfermedad, no soy del dictamen de aquellos «que tienen por indiferente la indisposición constitucional, pa- *ra la eficacia permanente de la vacuna. Tengo por absoluta » verdad, que debe ocurrir alguna alteración en toda la máqui- » na, aunque sea muy leve, para que resulte el asombroso tras- »torno que vemos efectuado en la economía animal. Parece «del todo imposible, que una indisposición precisamente lo- «cal, sea bastante para producir efecto tan general.» (1) «Lainoculación de la vacuna, dice Ailkin, no es capaz en «sus primeros grados de preservar al enfermo del contagio de «las viruelas. Cuanelo una persona inoculada con el virus va- «cuno recibe el contagio varioloso en el primero, cuarto ó «quinto dia de la inoculación, cáela enfermedad progresa se- »paradamente.» (2) Por último, Moreau de la Sarthé, que com- piló las observaciones y teorías de los mas distinguidos vacu- nadores, se esplica en estos precisos términos: «Los diferentes «movimientos febriles que provienen de un mayor grado de «intensidad de la afección local, son distintos del movimiento «que hace en el sistema general, que es el que tiene la facul- «tad de libertar del contagio varioloso; y los ligeros accesos «de calentura, simple efecto de la irritación local, se diferen- «cian también de la calentura constitucional, por lo que se • pueden con razón colocar en la clase délos síntomasacciden- »tales.« (3) De aquí infería el autor de la memoria que estracto, que cuando se toma el pus vacuno, ó involuntariamente se derra- ma ó se altera de cualquier modo el curso de ese grano antes del dia octavo, cuanelo todavía no se ha manifestado sensible- mente la alteración de todos los sistemas, el sugeto vacunado no queda exento del contagio varioloso. (1) Pract. observat. on vaccinat. p. 20 & 33. (2) Jenner, discov. chap. 2 # 5. (3) Tratado histórico y práctico de la vacuna, pág. 211. — 246 — La Junta Central, enterada de lo espuesto, y deseando rectificar aquellas observaciones, precaviendo cuanto pueda influir contra la opinión que generalmente ha merecido la vacuna; acordó en sesión celebrada el primero de agosto, que por el Diario del Gobierno se advierta á los profesores encar- gados de propagarla, que á los adultos hagan al menos cuatro incisiones á suficiente distancia una de otra, para que no se encuentren los granos ni tampoco las aureolas, aumentando las picaduras cuanto posible sea en los negros, á fin de que, permaneciendo ileso aunque sea un solo grano, se preserven de las viruelas que esperimentan con mas frecuencia que los otros vacunados, proceeliendo la repetición de esos casos de la incapacidad de ellos para cuidar de la conservación del grano vacuno; que á los niños hasta cumplido un año bastarán tres incisiones, una en cada pierna y otra en un brazo, procurando que en las hembras se ejecute en la parte superior, preca- viendo así queden visibles las cicatrices; y que en todos los inoculados, asi adultos como párvulos, se conserve alguna de las pústulas sin punzarla ni turbar en manera alguna el curso de sus períodos, para que, afectando toda la constitución del individuo, destruya la disposición á recibir el contagio vario- loso. Y á fin de comprobar la esposicion que motivó esta ac- ta, recomendó á los mismos facultativos que por medio de su Secretario, la comuniquen los casos en que hubieren observa- elo las viruelas naturales en personas que hayan tenido el ver- dadero grano vacuno. En su consecuencia, varios facultativos le dirigieron sus ob- servaciones, ratificando casi todas las del Dr. Terriles y el Se- cretario de esta Junta; pero ninguna pareció tan circunstan- ciada como la del Dr. D. Antonio Machado. Después de refe- rir prolijamente la historia de una enfermedad exantemática, que por espacio de diez y seis dias asistió á una joven que con- servaba cicatrices de verdaderos granos vacunos, y con cuyo pus inoculó otras personas el Ldo. D. Luis Mesías, cita once profesores de acreditada inteligencia y práctica (1) habiendo (1) El Sr. Protomédico Regente, el segundo protomédico Dr. D. Lorenzo Her- nández, el doctor fiscal don José Antonio Bernal, los Dres. D. Pascual Morales, D. José Bohorques, D. Andrés Terriles, D. Pedro Andreu, D. Antonio Viera, don Simón de Hevia, D. Antonio Eduardo Castro y D. Pablo Marin. — 247 - reconocido repetidas veces á esa enferma en diferentes perío- dos, convinieron unánimes en que era variolosa aquella erup- ción, y el Secretario, que también la habia observado muy de- tenidamente, se adhirió á ellos. Sin embargo, otros tres facul- tativos fueron de contrario dictamen. (1) (1) Los Dres. D. Juan Pérez Carrillo y D. Marcos Sánchez Rubio y el Licen- ciado don José Gregorio Lesama; fundándose uno de ellos en que los granos no ha- bían dejado alguna cicatriz; y sosteniendo el otro que todas las postillas se habian desprendido antes del dia 13, siendo fan delgadas y tiernas que fácilmente las par- tió con unas tijeras. En cuanto á lo primero, la cicatriz no es un carácter esencial de las viruelas, sino mas bien un efecto de ellas cuando son confluentes. Si la cica- triz fuera un síntoma necesario de las viruelas, todos aquellos que las han padeci- do naturalmente ó por la antigua inpculacion, conservarían tantas cicatrices cuan- tos fueron los granos que tuvieron. Lo contrario observamos, y en las mujeres espe- cialmente con dificultad se hallará una sola cicatriz de viruelas en la mayor parte de ellas. En cuanto á lo segundo, el Dr. D. Pascual Morales, estraño haber encon- trado á la enferma con muchas postillas el dia 14; yo la vi al siguiente, y no eran pocas las que todavía conservaba, y el Dr. Machado, que concluye su historia el 16 asegura que aun tenia algunas. Para que esas postillas no pudieran dividirse con unas tijeras peñas, era necesario que fueran tan gruesas y duras como los cuartos de Murcia. — 248 — ES TRACTO de los acuerdos celebrados por la Co- misión del Gobierno encargada de proponerle los medios de fomentar la población blanca de esta isla, conforme á lo prevenido en la real Cédula de 21 de octubre de 1817, leído por su secretario D. Tomás Romay en juntas ge- nerales de la Sociedad Económica de esta ciu- dad el 11 de diciembre de 1818, con un es- tado que manifiesta los colonos nacionales y estranjeros que han entrado en esta ciudad y en la de Matanzas, desde abril Ultimo hasta 30 de noviembre de 1818. (1) La comisión de la Sociedad Económica encargada de proponerla los medios de fomentar la población blanca de es- ta isla, la recomendó como el primero y mas importante im- petrar de la Real munificencia las mismas gracias y privile- gios que dispensó con el propio objeto á la isla de Puerto-Ri- co. Elevados á los pies del trono los votos de esa corporocion, (1) Memorias de la Real Sociedad Económica de la Habana, publicadas en 31 de marzo de 1819. — 249 — esforzados por el Escmo. Ayuntamiento y real Consulado, y eficazmente recomendados por las primeras autoridades de esta isla, lejos de interrumpir sus tareas la espresada comi- sión, quedó autorizada para continuarlas, no dudando obte- ner del Soberano la resolución mas favorable. El éxito correspondió á sus esperanzas. La real cédula de 21 de octubre de 1817 se admirará con eterna gratitud como el antemural mas inespuguable para resistir cualquiera agre- sión estraña, y conservar la tranquilidad interior, y como un cauce fecundo de opulencia y prosperidad. La beneficencia del monarca, escediendo á nuestras preces, no solo se dignó concedernos cuanto le pedimos, sino también otras exencio- nes y franquicias que no mereció la isla de Puerto-Rico. Recibido y acatado ese soberano rescripto por el escelen- tísimo señor Capitán general y el Sr. Intendente de ejército Superintendente general de real hacienda encargados ele su exacto cumplimiento, lo comunicaron á las autoridades y cor- poraciones de esta isla, y al ministerio de S. M. en los Esta- dos-Unidos, imprimiéndose un número competente de ejem- plares en el idioma original, en inglés y francés, para que cir- culando por todas partes, de todas ellas vengan á este país colonos nacionales y de las potencias amigas labradores ó ar- tesanos católicos romanos y de buenas costumbres. Los mismos jefes, en uso de las facultades que seles con- ceden en la citada real cédula para nombrar tres vecinos res- petables que les propongan y faciliten la ejecución de cuanto en ella se previene, ratificaron la elección hecha por el Cuer- po Patriótico, recomendando á los mismos individuos que perfeccionaran los útiles trabajos que habían empezado, y em- prendieran la formación de un plan que abrazara todos los de- signios de aquella soberana disposición (1). Ya habia previsto la Comisión que era de la mayor im- portancia suministrar á los nuevos colonos al menos los ausi- (1) Los señores brigadier D. José Ricardo O-Farrill, coronel D. Juan Montal- vo, D. Andrés de Jáuregni, y secretario D. Tomás Romay, asistiendo también á las sesiones D. Antonio del Valle Hernández por los conocimientos que tiene en la materia. Posteriormente se nombraron sustitutos para suplir en sus ausencias ó en- fermedades al señor coronel D. Juan O-Farrill, al teniente de regidor D. Rafael González y D. José María Penal ver, secretario de la Sociedad. 32 — 250 — lios de hospitalidad, mientras ellos proporcionaban su esta- blecimiento. La ocurrieron varios arbitrios para satisfacer una necesidad tan urgente, discurrió detenidamente sobre ellos; pero ninguno encontró que con tanta prontitud proporcionara un fondo capaz de cumplir esos sagrados deberes, ni tan fun- dado en razones de pública utilidad y conveniencia, como la exacción de seis pesos por cada negro varón que se introduz- ca del África por cualquier puerto de esta isla, esceptuando á las hembras no solo de esa pensión, sino también de todos los derechos municipales, menos el de tonelada por no admitir división de personas, y el de vacuua por el beneficio que ellas mismas y la población reciben. De este modo se estimula á la introducción de negras, cuyo número es tan inferior al de va- rones, y contribuyen estos á fomentar la población blanca. Aprobado este arbitrio por los espresados jefes, dispusieron interinamente su cumplimiento, y S. M. se dignó aprobarlo, é igualmente los acuerdos de esta comisión celebrados hasta el 27 de abril último, por real orden de 4 de agosto comunica- da al Sr. Intendente de ejército. (1) Al mismo tiempo, convencida la comisión de la genero- sidad con que estos vecinos contribuyen ai bien público y á satisfacer los deberes de la humanidad, recomendó á sus auto- ridades comitentes, que por una circular propusiesen á los ha- cendados que admitieran en sus fincas por dos meses algunos colonos indigentes ó que ofrecieran los auxilios que estimasen menos gravosos. Así se verificó, y en pocos dias se formó una suscricion de 14,523 pesos 4 reales. Con aprobación del go- bierno se nombró depositario de esos fondos al Sr. D. Próspe- ro Amador García, quien deberá administrarlos conforme al reglamento que se le ha prescrito. Muchos otros propietarios se comprometieron á recibir en sus fundos no solo algunos individuos, sino también familias numerosas, suministrándo- las en el espresado tiempo los socorros necesarios; y algunos cedieron varios terrenos en absoluto dominio y propiedad. (1) El rey de Portugal y del Brasil, en el artículo 4?. del Albalá de 25 de abril último, establece el derecho adicional de 9,600 reis, que son 12 pesos 2 reales de nuestra moneda por cada esclavo que se introduzca en sus dominios y pase de tres años sin escepcion de sexo; destinando los 600 reis á gastos de la policía interna, y los 9,000 para ausiliar á los colonos blancos que se establezcan en el Brasil. — 251 — Los colonos nacionales y estranjeros, labradores ó artesa- nos que en adelante lleguen, ó que estando ya en esta ciudad y sus barrios quisieren establecerse en los campos, y no pu- dieren ser admitidos por los hacendados, serán socorridos con tres reales diarios por el tiempo de dos meses si fueren viu- dos ó solteros ó padres de familias, y con la mitad cada uno de sus hijos. Si alguno de ellos enfermare en esta ciudad, los varones tendrán en el hospital de San Juan de Dios la mejor asistencia en una sala muy cómoda destinada al efecto, satis- faciéndose por los fondos de la Comisión las Dietas que cau- saren, y las mujeres se curarán eu el hospital de San Fran- cisco de Paula, dispensándolas ele toda erogación el ilustrísi- simo Sr. Obispo Diocesano, protector de ese establecimiento. Conviene á la salud de los mismos colonos y á la policía de esta ciudad que no permanezcan en ella vagando por sus calles, se ha proyectado establecer en la villa de Guanabacoa una hospedería, donde inmediatamente serán transportados, si posible fuere, desde el mismo buque que los conduce. Allí encontrarán alojamiento, alimeuto y la asistencia que necesi- ten si enfermaren en el tiempo de dos meses, debiendo entre tanto proporcionarse algún destino. Mientras se realiza este proyecto, pasarán por igual tiempo á la propia villa, ó á la de Güines, á la ciudad de Matanzas ó al pueblo de Guanajay, donde les proporcionarán' los mismos socorros varios vecinos propuestos al Gobierno por esta Comisión, pagándoles el ba- gage á razón de un peso por legua á los adultos y la mitad á los párvulos. Los espresados auxilios se concederán por espa- cio de cuatro años, contados desde el mes de mayo del pre- sente. Y habiendo comprendido la Comisión que en los Esta- dos-Unidos existen algunos artesanos indigentes que se tras- laelarian á esta isla si se les pagara el pasage, ha suplica- do al ministro de S. M. en esas provincias, por medio del Sr. Intendente de Ejército, que se sirva conceder pasaporte á cien de los oficios mas necesarios, y en quienes concurran las circunstancias prevenidas en la real cédula de población, ase- gurándoles que no solo se les satisfará el flete si se establecen en esta ciudad, sino también se concederán las demás asisten- — 252 — cias designadas para alimento y bagage á los que quieran trasladarse á los pueblos interiores. A fin de facilitarles estas diligencias, se eligieron vecinos antiguos y de conocida probidad y buen nombre que ejerzan los oficios de patronos y protectores con I03 individuos de ca- da nación. Se dirigirán á ellos luego que lleguen á este puer- to, y calificando su catolicismo, buenas costumbres, ejercicio ó profesión, el capital que conduzcan ó su insolvencia, los pre- sentarán al Gobierno para obtener el pasaporte si fueren es- pañoles, ó la carta de domicilio si estrangeros, prestando pre- viamente el juramento prevenido en el artículo 2 de la citada real cédula, sin exigirles derecho alguno por esos documen- tos. Con ellos y el informe del patrono ocurrirán al presiden- te de la comisión para conceelerles las asistencias ofrecidas si las necesitaren, y filiarlos el Secretario en el libro de matrí- culas. Si algún colono introdujere bienes ó caudales para gozar de la gracia concedida en el artículo 5o de dicha real cédula, de- berá el Patrono presentar en la real aduana un manifiesto de ellos; y escediendo de dos mil pesos, quedará sujeto á los re- quisitos que se exijan por la real Hacienela para justificar su legítima propiedad, en precaución de los abusos que pudieran cometerse. En la provincia de Cuba, en Matanzas, en Trinidad y los cuatro lugares procederán sus jefes por delegación de estas primeras autoridades, conforme á las reglas prescriptas en to- do lo adaptable, nombrando una comisión y patronos semejan- tes, y dando cuenta á este superior gobierno de las cartas de domicilio que fueren expidiendo. Pero las de naturaleza solo las concederán en la provin- cia de la Habana el Escmo. Sr. Capitán general de la isla, go- bernador de esta plaza, y el Sr. Intendente de Ejército supe- rintendente general de real Hacienda; y en la de Cuba los se- ñores gobernador é Intendente de esa provincia. Para mere- cerla deberán residir los colonos en esta isla cinco años conti- nuos bajo la protección y vigilancia de los patronos en cuanto fuere posible, los cuales informarán al gobierno si han acre- ditado su religión, moralidad, obediencia á las leyes, fidelidad — 253 — al Soberano, y cuanto mas se previene en los artículos 24 y 27 de la espresada real cédula. Previniendo en ella S. M. que se fomente la población en la parte Oriental de esta isla, y convencido su gobierno de las imperiosas y urgentes circunstancias que lo exíjen ha reco- mendado eficazmente á la comisión, que penetrándose de la importancia de esta medida, dedique á ella con preferencia su interés y celo. La comisión deplora la emigración de algunos millares de estranjeros lanzados por un error político de la posición mas ventajosa. Arrasados sus ojos mira yermos y agostados aquellos campos cubiertos poco antes con las pro- ducciones mas apreeiables ele este suelo. Al Sud y Norte des- cubre en sus costas radas accesibles y puertos anchurosos. Fi- ja siempre su vista en punta de Maisí, prevee cuanto puede atentar la ferocidad, la ambición y el orgullo; y convencida ín- timamente de la necesidad de oponer un eiique que reprima ese torrente de calamidades, no encuentra otro tan insupera- ble como aumentar la población blanca en Baracoa, Ñipe, Guantánamo, Givara, Jágua y Nuevitas. Este último puerto aunque menos capaz que algunos otros y mas distante del Cabo Oriental, ha merecielo poblarse con preferencia por las circunstancias que reúne. Servirá de único asilo á los buques que navegan desde Baracoa á San Juan de los Remedios, facilitará el tráfico de cabotage, y la comunica- ción con los pueblos interiores, principalmente con la ciudad de Puerto-Príncipe, donde reside la real audiencia del distri- to, y cuyos vecinos han manifestado con sus ofertas y donati- vos el mas eficaz y generoso interés en su fomento, distin- guiéndose entre ellos el presbítero D. Agustín Cisneros, que ha cedielo con ese objeto una legua de tierra donde debe fun- darse el pueblo. Para que se verifique á la mayor brevedad, el escelentísi- simo señor Capitán general y el señor Intendente de ejército comisionaron con especial encargo al Sr. D. Joaquín Bernar- do Campuzano, regente de esta real audiencia, esperando de sus conocimientos y amor al real servicio y bien público, que pondrá en esa empresa toda la eficacia posible, sin perjuicio de las atenciones de su ministerio. — 254 — Al efecto convinieron en el plan que debia observar, y acordándose en lo necesario con el Ayuntamiento de dicha ciudad y sus vecinos principales, con un oficial del real Cuer- po de Ingenieros, un arquitecto y agrimensor proceda á des- montar el terreno, elegir el sitio mas conveniente para esta- blecer la nueva población, con respecto á su futura estension y á todas las reglas de policía, salubridad y ornato, levantando un plan formal de toda ella, y separadamente de los edificios públicos y de la fortificación que debe defenderla, abriéndose al mismo tiempo un camino que facilite una comunicación de ese pueblo con aquella ciudad, para cuyas obras se destinan el fondo de suscricion y algunos arbitrios municipales. También fué autorizado el señor Regente para conceder carta de domicilio á los estranjeros que allí se establezcan, arreglándose á los artículos 13 y 14 de la real Cédula, y á lo prevenido por este superior gobierno á los jetes subalternos de la isla. Y á fin de atraer aquellos colonos, y con preferen- cia á los españoles europeos ó del país, podrá repartir entre los labradores indigentes bajo reglas y condiciones equitativas y ventajosas al cultivador, no solo las tierras ya cedidas, sino otras que se presumen realengas en las inmediaciones de aquellas sobre cuya aclaración trabaja ya S. S. con la mayor eficacia. Los víveres y provisiones, y los instrumentos y máquinas de agricultura ó industria que se introduzcan por el puerto de Xuevitas y se destinen á sus pobladores, se han dispensado de todo derecho por el tiempo de dos años, contados desde que se verifique la primera expedición de esa clase. Y en cuanto á los demás efectos y mercancías, que sean para uso y consu- mo de los mismos colonos, gozarán de la gracia concedida á los de Baracoa por real orden de 13 de diciembre de 1816. A fin de acelerar los progresos de esa población, se ha dispuesto por las mismas autoridades; á propuesta de la comi- sión, que sean trasladadas á ese lugar trescientas familias de españoles canarios y de otras provincias, que residen en la Nueva-Orleans hace mas de cuarenta años, conservando en todo ese tiempo su religión, idioma, usos y costumbres, sin mezclarse de modo alguno con las naciones que han poseído — 255 — esas provincias, ejercitándose únicamente en la agricultura. Y deseando continuar en el mismo ejercicio bajo el paternal gobierno de su legítimo soberano, han resuelto abanelonar las propiedades que allí poseen y emigrar á esta isla, siempre que en ella se les compensen. La comisión, oyendo con el mayor agrado e3a proposición, y conocienelo las ventajas que adquirirá este país con un aumento tan considerable de agrícolas nacionales y aclimata- dos, no solo ha convenido en darles tierras equivalentes en Nuevitas, sino también costearles el rancho y pasaje hasta ese puerto, y conceder á los indigentes las demás asistencias ofre- cidas. Han llegado ya algunas de esas familias, calificadas sus circunstancias por el Cónsul de S. M. en aquella provincia y otros dos españoles comisionados por este gobierno. Con ellos y varios otros colonos nacionales y estranjeros se ha dado principios á esa nueva población bajo los auspicios mas favo- rables, debiendo esperarse de la inteligencia y actividad del Sr. Regente, del patriotismo y generosidad de los vecinos de Puerto-Príncipe, y de los recursos que ofrece este suelo al hombre laborioso, que el pueblo de San Fernando de JSue- vitas será muy pronto uno de los mas hermosos y arregla- dos ele esta isla. Pero nunca llenará el vacío que encuentra la comisión, ni podrá satisfacer los objetos que ha previsto. Hacia el Occi- dente descubre los famosos puertos del Mariel, Bahía-honda y Cabanas; se complace al ver sus campiñas y hasta las mis- mas riberas del mar cubiertas con los frutos mas preciosos; calcula el valor de los edificios y esclavos que exijen esas fin- cas, y se convence de que si las bahías de la parte Oriental por incultas y yermas facilitan una irrupción, estas por las ri- quezas eme presentan escitan la rapacidad doméstica y estraña. La seguridad de esos fundos y de todo el país, la facilidad de estraer sus frutos por mar, la utilidad que resultaría á los propietarios de terrenos incultos vendiéndolos ó repartiéndo- los á hombres industriosos que los hagan productivos, y las aelquisiciones que en todo género conseguiría el estado con esa cultura; todo pide imperiosamente que se pueblen esos puertos y bahías. — 256 — Para conseguirlo, son muy iueficace3 los socorros ofreci- dos hasta ahora á los nuevos colonos; es de toda necesidad bridarles al menos lo mismo que se les concede en los Esta- dos-Unidos, en el Brasil, en Rusia y en todos los países que se quieren poblar; tierras que posean en absoluta propiedad, ó con un canon muy moderado. Creyéndolo así la comisión, ha tratado comprar varios terrenos; ha suplicado á S. M. con especial recomendación del Sr. Superintendente de Real ha- cienda les ceda las tierras que pertenezcan á la real Factoría de tabacos, y no estén cultivadas con esta planta; ha tomado en consideración los perjuicios que resultan á la agricultura, á la crianza y á los mismos condueños de las haciendas que en lo interior ele la isla se poseen en comunidad, á fin de fa- cilitarles que puedan dividirse y enagenarlas ó cultivarlas; y por último, si la abolición de la doble alcabala en la venta de tierras á censo reservativo, y la exención hasta de este solo derecho en las euagenaciones ó repartimientos que se hagan á mas de 25 leguas de esta ciudad, conceelida por real orden de 22 de febrero del presente año; si la plena y absoluta li- bertad declarada en la real cédula de 30 de mayo de 1815 á los dueños de terrenos montuosos de esta isla para hacer de ellos lo que mas les acomode sin sugecion á las antiguas leyes y ordenanzas; y si la esposicion de esta soberana resolución he- cha en 27 de noviembre de 1816 por la Junta superior directi- va de Real Hacienda, ratificando los títulos de las antiguas mercedes y ampliando á sus poseedores la facultad de enao-e- nar esas haciendas, dividirlas ó cultivarlas; si todas estas era- cias no fueren bastantes para estimularlos, ni tampoco la con- minación de privar de esos terrenos á los que en el término prescrito no los labraren ó repartieren ó enagenaren; la Co- misión entonces propondrá al gobierno cuanto estime conve- niente para que el bien público, la utilidad y conveniencia procomunal, la conservación y prosperidad de esta isla, pre- valezca contra el interés personal, ó mas bien contra las preo- cupaciones de la educación y del hábito. De otra suerte quedarían sin efecto los votos de las cor- poraciones de esta ciudad y de sus vecinos mas respetables, y los privilegios y exenciones que accediendo á ellos se dio-nó — 257 — prodigar S. M. con mano munífica para atraer colonos á es- te país. Ineficaces también serian los estímulos con que ha procurado escitar al fomento del azúcar, café, algodón, añil y tabaco, si permanecen monopolizados los terrenos que deben emplearse en tan útiles culturas. Sin embargo, confiada firmemente la Comisión en que dispondrá muy pronto de algunos terrenos realengos ó de otros que adquirirá con sus fondos, ha formado un plan para repartirlos, tan ventajoso á los capitales que se le han confia- do, como á los colonos que los soliciten. Los concederá no so- lo á los que ahora lleguen, sino también á los naturales del país; y considerándolos como verdaderos colonos, ha suplicado á S. M. exima de diezmo y reales derechos por quince años á los que hagan nuevos rompimientos en tierras montuosas, ó establezcan nuevas culturas en las yermas y eriales; que unos y otros sean dispensados de la alcabala por cinco años en las reventas que hagan de esas posesiones estén ó no concluidas; y que las gracias concedielas al azúcar, café, algodón, añil y tabaco, sean estensivas á cualquiera cultura que emprendan en nuevos terrenos los labradores pobres. Al mismo tiempo que la comisión, sin perder do vista la letra y el espíritu de la real Cédula cuya ejecución se le ha confiado, procura aumentar la población blanca de esta isla atrayéndola de los países mas lejanos; se ha conservado infle- xible con algunos capitalistas de las colonias vecinas que han pretendido introducir sus domésticos rurales, para fomentar con ellos otros fundos. Ha querido mas bien privar á esta isla de aquellos colonos, de la riqueza que conducían, y de la que aumentándose con su industria, redundaría en nuestro en- grandecimiento, que infringir una ley dictada principalmente para conservar el órelen y tranquilidad anterior. Con ese objeto, tan necesario como la defensa exterior, ha presentado á las autoridades que la han constituido un plan muy meditado para mejorar la policía de los campos, y el go- bierno civil y militar en la vasta jurisdicción de esta capital. La administración de justicia, la autoridad de los magistrados y las providencias mas importantes del primer jefe de la isla, se enervan con la elistancia ó por la ineptitud de algunos mi- 33 — 258 — nistros subalternos encargados de ejecutarlas, ó por carecer de facultades para hacerlas respetar. El aumento de población en los campos después que se establecieron los jueces pedá- neos, y el que progresivamente adquirirá con los nuevos co- lonos nacionales y estranjeros que se radiquen en ellos; las ocurrencias que acontecerán por sus diferentes idiomas, usos y costumbres; el cumplimiento de lo prevenido en el artículo 11 de la real cédula de población; los capitales invertidos en muchas fincas; las depredaciones que se han cometido en ellas, y que ya repiten los piratas; la ocupación de la Nueva-Orleana por una potencia marítima y emprendedora; el padrón formi- doloso que se eleva hacia el Oriente; todo exige un nuevo sistema de gobierno en los campos y en sus pueblos. La Comisión nada ha omitido para desempeñar el hon- roso pero vastísimo encargo que se le ha confiado. Su amoral real servicio y al bien público, su celo por la conservación y prosperidad de este país, sus tareas y discusiones habían sido muchas veces ineficaces, si el Sr. intendente de ejército don Alejandro Ramírez, concurriendo constantemente á todas sus sesiones, no la hubiera ilustrado con sus conocimientos y práctica en este propio asunto, facilitándola al mismo tiempo con sus facultades, su fidelidad y patriotismo, lo que proyecta- ba y proponía. Habana y noviembre 30 de 1818. ESTADO que manifiesta los colonos nacionales y estranjeros que han entrado en es- ta ciudad y en la de Matanzas desde abril último hasta la fecha, á saber: ISTÜ.CXOITBS . en CU u o *S < o u cu 'o, o3 a en 9) ¡2 oj en 0 0) a o en o 3 fe c o CU '3 < o u cu --tí CP &< ce) o 2-1 cñ © fl .2 '3 :-. cu a o cu u o ¡-. 3 CQ O ■— cu "S fe xíi 03 '3 03 X> fe O -CU »< ce esa CQ O t. (!) "o t-, 03 fe 00 cu !-. s O fe o 1-, CU a u o En CQ O « t. t-i CU w CQ O u CU a ct3 Oh cu t. o 73 o3 cu fi cu o "5 fe o CU o3 ¿2 o3 "3 o u cu el o x¡ o3 eó O cu cS o S-. cu 'cu fe o Ih CU u cu "o3 O CQ O (-. cu u CU l< a o o o '2 O" CU *-. o 'S a s fe cu ti o cu Í-. Ph a 2 ."* 'o >cu 1 6 1 cu u íi 02 í 207 67 9 11 13 5 1 1 23 5 5 20 2 2 "i 1 1 "2 i Mugeres de todas 150 277 517 6 5 1 8 6 1 1 1 1 2 "i 2 2 4 3 4 3 1 1 1 1 3 1 1 1 i 1 2 3 3 1 1 1 Hijos de familia de todas nacio- 2 3 1 1 Anglo-americanos-... 1 1 2 1 1 ... ... i 1 1 1 1 1 1 1 3 | Suma todo.... 2 3 2 o 6 3 6 1 1 1 1 1 ... 1 ¡ ..J...I... 1 ...1 .1... 1 320 ...I..J... Resüsíen......... 1 fifl I ¡ n 9 9 fll 4 8 3 5 ?, fi 5 1 1 8 2 I 1 4Í4' 1 1 7 3 4 3 ?, 1 1 11 3 Resúmeu general de todos individuos.................. Habana 30 de noviembre de 1818.— Tomás Romay. 944 1 | — 260 — DICTAMEN del Dr. D. Tomas Romay, médico de la real Familia, sobre las indagaciones acerca de las funciones que ejercen el bazo, el hígado, el panchreas y la glándula thiroides, por Benja- min Rush, socio de la academia de Pensilvania, y catedrático de clínica, traducidas por el Dr. D. Florencio Pérez Comoto, de la real Sociedad Patriótica de la Habana, consultor de la de Gua- temala &c. dkc.] remitido por su autor cd mismo ilustre Cuerpo de esta ciudad. (1) Señor Director: Las indagaciones acerca de las funciones que ejercen el bazo, el hígado, el panchreas y la glándula thiroides, escritas por Benjamín Rusch, y traducidas al castellano por el Dr. D. Florencio Pérez Comoto, que se sirvió V. S. confiar á mi exa- men para que le informase, si las juzgaba dignas de imprimir- se en las Memorias de nuestra Sociedad; contienen hechos atestados por varios fisiologistas y algunas opiniones oriji- nales. Careció siempre de fundamento el error de aquellos que (1) Memorias de la Real Sooiedad Económica de la Habana, publicadas en 31 de Agosto de 1819, — 261 — miraron el bazo como una entraña de poca utilidad y de nin- guna influencia activa en la economía animal. Mas bien ha prevalecido la opinión contraria, concediéndole, no solo las cuatro funciones que supone el Dr. Rush, sino también algu- nas otras. Hipócrates le atribuyó la virtud de atraer del estó- mago y de las venas toda la linfa superabundante para trasmi- tirla á los ríñones. La escuela de Galeno estableció en el bazo la secreción de un humor ácido que comunicaba al estómago para facilitar la digestión de los alimentos. Mas general ha sido el dictamen de aquellos que le concedieron la propia ac- ción sobre un líquido amargo que estraia de la sangre, y lla- maban melancolía ó atrabilis. Xo ha faltado quien juzgara á ese órgano destinado á disolver la sangre, atenuarla y hacerla mas líquida. Dúmas, después de impugnar esas opiniones, y la segun- da y cuarta que refiere el Dr. Rush, despreciando otras por demasiado inverosímiles, concibe en esa entraña dos funciones las mas naturales, y mas conformes á su estructura y á las ob- servaciones de los fisiólogos y de los médicos. La primera es alterar, preparar y modificar la sangre que recibe la artería es- plénica, para que, comunicada al hígado por la vena porta ejecute la secreción de la bilis. El bazo no es otra cosa en es- ta operación que un órgano preparador donde adquiere la sangre ciertas cualidades que la disponen á formar el humor que perfecciona el hígado. Siendo tan íntima la conexión entre estas dos visceras, y estando tan generalmente admitida su recíproca influencia, no puedo menos de estrañar que reconociendo el Dr. Rush esa simpatía, y numerando entre las enfermedades que resultan por la pérdida del bazo el aumento del hígado y de la secreción de la saliva, de la orina y otras afeccioríes menos temibles y mucho menos comprobadas por las observaciones, omita la primera de todas ellas y la que se advierte inmediatamente, tal es la alteración en las cualidades de la bilis, resultando después de la estirpacion del bazo mas espesa, viscosa y pálida. Para que el bazo pueda ejercer aquella función, Dúmas le supone otra, aunque no tan generalmente reconocida, pero sí muy fundada en hechos y razones, y aun en la respetable — 262 — autoridad de Boerhaave. Consiste en recibir del estómago lo supérfluo de los jugos gástricos después de hecha la digestión, resultando de aquí que el bazo es un reservatorio de esos lí- quidos, como lo es la vegiga de la hiél segregada en el híga- do. Esta comunicación entre el bazo y el estómago puede ve- rificarse ó por el intermedio de los bazos breves, ó por la con- tinguidad de sus superficies. Los bazos breves se dirigen del estómago al bazo, y nada se opone á que la sangre que por ellos corre se impregne de las moléculas de aquellos líquidos. Al mismo tiempo las membranas del bazo constan de infinitos poros, por los cuales pueden penetrar libremente los jugos gástricos. Estos se han encontrado así en los bazos breves, co- mo en el mismo bazo, muy semejantes á los que se contienen en el estómago, y se arrojan por vómitos. Mezclándose esos líquidos en el bazo con la sangre que recibe de la arteria es- plénica, la preparan y disponen para que el hígado pueda se- gregar la bilis. La hipótesis que establece como original el Dr. Rusch, no carece de probabilidad en las doctrinas de otros fisiólogos. Richerand, al contemplar la inacción del bazo, su parenchi- ma espongiofo y la lentitud con que circula la sangre por sus pequeños y tortuosos bazos, no dudó confesar que su estruc- tura propendía á detener y estancar ese líquido. Otros le han mirado como un órgano musculoso capaz de contraerse y en- sancharse, no solo por la compresión del estómago, sino tam- bién al tiempo de correr ó ejecutar cualquiera ejercicio vio- lento. Finalmente, Dúmas atesta que la sangre forma una par- te especial y constitutiva del bazo, que penetra con abundan- cia en su tejido poroso y laxo donde permanece y se fija como uno de sus elementos y como base de su organización y de su sustancia, escediendo tanto ese líquido en esta viscera, como el albumen en el cerebro, la gelatina en las membranas mu- cosas, la fibrina en los músculos y el phosphate calcáreo en los huesos. Que además de la secreción de la bilis ejerza el hígado en la economía animal otra función no menos importante, no lo dudan algunos de los fisiólogos modernos, al encontrar esa viscera en casi todos los animales, al considerar su magnitud, — 263 — la antelación con que se forma y desarrolla respecto de otros órganos, y las diferentes partes de que consta. Se ha dicho en estos dias, que el hígado suple á los pulmones convirtiendo en roja la sangre negra del sistema • abdominal, privándola del hidrógeno y del carbón. El célebre Bichat, aunque no concibe como puede ejecutarse esa operación, conviene, no obstante, en que el uso desconocido que tiene el hígado después de la secreción de la bilis, es de los mas importantes, y que la in- dagación de este uso es uno de los puntos mas dignos de fijar la atención de los fisiologistas. Que sea esta función la que indica el Dr. Rush, yo no me atrevo á decidirlo. Sus pruebas, aunque ingeniosas, necesitan todavía rectificarse con ulteriores observaciones. Las opiniones mas generalmente recibidas en la fisiología, dice el mismo Bichat, aquellas que se hallan consagradas por el consenti- miento de todos los autores, se apoyan muchas veces en bases muy inciertas. Estamos aun muy lejos de aquel tiempo en que esta ciencia sea solo una serie de hechos deducidos los unos de los otros. ¿Y serán tan sólidos los fundamentos del Dr. Rush acer- ca del uso de la glándula thiroides? Distante del cerebro y sin adherencia alguna á ese órgano, no concibo como puede pre- servarle de los afectos morbosos de todas aquellas causas que dirigen hacia él con mucha fuerza una cantidad escesiva de sangre. Es muy cierto que hasta ahora no se ha descubierto que segregue algún líquido, por lo cual juzga Bichad, que no merece colocarse entre las glándulas. Convengo igualmente en que es mayor en las mujeres que en los hombres, resultan- do de aquí que el broncocele sea mas frecuente en aquellas que en estos; y aunque esa enfermedad es tan común en los países inmediatos á los Alpes, como en varios otros de la América Meridional, donde es llamada Güegüecho ó Coto, se ha obser- vado que en estos ofende las funciones de la mente con mas facilidad que en aquellos. Y como.el Dr. Rush aunque ofreció tratar de las funcio- nes del panchreas solo lo ejecuta por incidencia, concluiré el examen [de su memoria resumiendo lo que han observa- do en él los modernos y mas célebres fisiólogos. El panchreas, 264 - colocado en la parte interior y posterior del estómago, es una glándula conglomerada ó compuesta de muchas otras muy pe- queñas, cuya estructura tiene la mayor analogía con las glán- dulas salivales, y segrega un humor muy parecido á la saliva en todos sus caracteres. Este líquido corre por un conducto particular al intestino duodeno, donde se derrama por un orifi- cio común al colídoco que conduce la bilis. Uniéndose este con el jugo pancreático, se mezclan con el quimo, y concurrien- do simultáneamente otras diferentes causas, lo penetran, lo disuelven, y al cabo de varias alteraciones químicas y mecá- nicas, separan la parte quilosa de la porción escrementicia, absorviéndose aquella por las venas lácteas y precipitándose en los intestinos gruesos todo lo que es inútil á la nutrición. Estas reflecsiones no son capaces de privar al fisiólogo de Filadelfia, del concepto que tan justamente ha merecido por sus diferentes escritos, ni de disminuir el mérito de las pre- sentes indagaciones, ni el que ha contraído el Dr. Pérez Co- moto traduciéndolas á nuestro idioma. Conviniendo aquel autor en muchas verdades fisiológicas ya demostradas, y ma- nifestando siempre sus vastos conocimientos en la ciencia del hombre; lejos de calificar por errores sus opiniones particula- res, las miro como ensayos ejecutados por un genio observa- dor sobre varios fenómenos de la economía animal, que no han sido hasta ahora examinados detenidamente, recitando con ellos la atención y curiosidad de otros físicos, se repetirán las observaciones, se rectificarán los resultados, y tal vez se descubrirán nuevas y útiles verdades. Si el ilustre Haller no hubiera tirado las primeras líneas de la fisiología, ¿Dúmas, Ri- cheran y Bichat habrían erigido el grandioso monumento que admiramos en sus obras luminosas? Por tanto, juzgo que esta traducción merece imprimirse donde V. S. lo estime conve- niente. Habana y junio 16 de 1818:—Dr. Tomás Romay.—Se- ñor don Alejandro Ramírez, intendente de ejército y director de la Real Sociedad Económica. NOTA.—Cuando en esta Memoria y en el informe sobre ella se trata del bazo, debe entenderse una entraña situada en la parte izquierda y superior del vientre: y cuando se dice ó debió decirse los vasos, se entenderán las arterias y venas. — 265 — MEMORIA en que se manifiestan las ventajas que conseguirán los colonos que pretendan establecer- se en esta isla, prefiriendo su parte oriental, y las reglas de higiene que deben observar para conservarse sanos, escrita por el Secretario de la Comisión del Gobierno, encargada de pro- ponerle los medios de fomentar la población blanca de esta isla. (1) L03 estragos que hace la fiebre llamada vulgarmente amarilla ó vómito negro en los forasteros que llegan á esta ciu- dad, ha ocupado muy detenidamente la consideración de la Comisión del gobierno encargadas de fomentar la población blanca de esta isla. Los medios que ha empleado para atraer á ella colonos labradores ó artesanos de la Península y de las potencias amigas; los ausilios de hospitalidad que les dispen- sa, y los terrenos que les concederá en absoluta propiedad ó con un canon muy moderado; todos estos estímulos añadidos á las gracias y exenciones contenidas en la real cédula de 21 de octubre de 1817, no serán bastantes para satisfacer el im- portante objeto de su instituto, si una enfermedad, plaga hor- (1) Memorias de la Real Sociedad Económica de la Habana, publicadas en 31 de diciembre de 1819. 34 — 266 — rorosa de la especie humana y demasiado frecuente en estos países, invade con la mayor violencia á los que abandonan el suelo patrio por mejorar su fortuna y contribuir á nuestra opu- lencia y tranquilidad. Ese interés por si solo suficiente, la gratitud que merecen estos hombres laboriosos y los deberes que exige la humanidad desvalida; habían inspirado á Ja Comisión el proyecto de esta- blecer en la villa de Guanabacoa una hospedería donde inme- diatamente serian transportados, si posible fuera, desde el mis- mo buque que los conduce. Mientras se realiza ese estableci- miento conforme al plan que ha concebido, ha tomado en ar- rendamiento dos casas contiguas á este pueblo, en las cuales se han alojado varios colonos, suministrándoles por tiempo de dos meses los socorros necesarios para alimeutarse los sanos y curarse los enfermos, proporcionándose entretanto algún (¡es- tino en los campos ó en los pueblos interiores. Esa villa, distante una legua al E. de esta ciudad, situada sobre una eminencia de piedra Ollar, tan abundante en piritas como en manantiales, los unos de aguas sulfúreas, otras satu- radas con petrio1©, y muchas otras muy puras y cristalinas; ventilada libremente por todas partes, y provista de cuanto es necesario para la mas cómoda subsistencia; habia sido mirada hasta ahora por esas circunstancias como un asilo seguro para precaver el vómito negro, curar varias enfermedades y conva- lecer de muchas otras. Mas en la estación presente han perdido sus habitantes la inmunidad de que habían gozado preservándose en ella de esa fiebre. En el año próximo anterior, habiendo sido muy escasas las lluvias tan necesarias entre los trópicos, especialmente des- de mayo hasta octubre, faltando en los meses posteriores has- ta fines de mayo último casi absolutamente, volviendo á in- terrumpirse desde entonces hasta los últimos dias de julio, y subiendo el mercurio el 18 de ese mes á los 89 grados en el termómetro de Farenheit; no solo los europeos advenedizos, sino también los mismos naturales del país que llegaron á es- ta ciudad después de haber nacido y morado en los campos respirando un aire puro, esperimentaron entonces la maligna influencia de una admósfera escesivamente caliente y seca, y — 267 — alterada la proporción de sus elementos por varias causas re- unidas en el recinto de este pueblo capaces de disminuir el oxígeno y aumentar el gas ázoe. El concurso de todas ellas produjo el vómito negro en el presente estío con mayor frecuencia y malignidad que en los primeros meses de este año y en muchos otros anteriores. La generalidad con que esa fiebre ha invadido á los europeos y á los habitantes del campo que por primera vez han venido á es- ta ciudad, la violencia con que ha corrido sus períodos, y el término tan funesto y horroroso que regularmente ha tenido, solo se observó el año de 1794 cuando arribó á este puerto la escuadra del Escmo. Sr. D. Gabriel de Aristizabal. Y como los mismos agentes han influido, aunque con menos actividad en los barrios estramuros y en la villa de Guanabacoa, tam- bién se han esperimentado en esos lugares los propios efectos, frustrando la confianza que se tenia de preservarse en ellos del vómito negro. Previendo la comisión que en los años sucesivos puede hacer los mismos estragos una enfermedad que, sin ser conta- giosa, no esceptúa ningún temperamento, ni sexo, ni consti- tución, ni edad, y que cuanto mas fuerte y robusto es el indi- viduo le ataca con mayor violencia; sin desistir de realizar en la villa de Guanabacoa la hospedería que ha proyectado, en- carga y recomienda eficazmente á los colonos nacionales y es- trangeros que quisieran establecerse en esta isla, se dirijan á los puertos de Matanzas, Nuevitas, Cuba y Trinidad, donde el vómito negro es mucho menos frecuente que en esta ciudad, por su diversa situación topográfica, ó porque en esos pueblos aun no concurren las causas^que alteran en éste los elementos de su atmósfera. Además de disfrutar en ellos de todas las gracias y exen- ciones concedidas por la citada real Cédula, se abonarán por sus respectivas autoridades tres reales diarios para alimento á los padres de familia y á los adultos, y la mitad á cada hijo ó menor de quince años por tiempo de dos meses, y si les aco- modare situarse en los campos ó en otros lugares interiores ó marítimos, se les dará un peso por legua para bagage á los primeros y la mitad á los segundos. — 268 — Los víveres y provisiones, y los instrumentos y máquinas de agricultura ó industria que se introduzcan por el puerto de Nuevitas en buques nacionales ó estranjeros y se destinen á sus pobladores, están exentos de todo derecho por tiempo de dos años contados desde que se verifique la primera espedicion de esa clase. Y en cuanto á los demás efectos y mercancías de lícito comercio que sean para uso y consumo de los mismos colonos, pagarán solamente la mitad de los derechos que se satisfacen en esta administración principal de rentas Reales, disfrutando de esa gracia concedida á la ciudad de Baracoa por real orden de 13 de diciembre de 1816. Las autoridades de Nuevitas podrán conceder permisos parciales para que los car- gamentos ó efectos que allí no se espendieren puedan inter- narse á Puerto-Príncipe, presentándose en su aduana y pagan- do los derechos establecidos. En los puertos de Nuevitas y Guantánamo, no solo se concederá á los pobladores el terreno necesario para construir su habitación en el pueblo, sino también para cultivarlo á los que se dediquen á la agricultura. También se repartirá entre ellos la hacienda Santo Domingo, situada hacia la costa del Norte, distante diez leguas al Oeste de la villa de Santa Cla- ra, cinco de una iglesia auxiliar de su parroquia, setenta de la Habana y dos y media al Norte del camino real de esta ciudad á la de Cuba. Su estension es de cuatro leguas y media, que contienen seiscientas de nuestras caballerías y diez y nue- ve mil doscientos noventa y seis acres de los Estados-Uni- dos. La tierra es muy llana, parte negra y parte arenisca en su superficie; pero toda de la mejor calidad, no solo para las cul- turas ya establecidas en esta isla, sino también para todas las demás que quieran emprenderse. En sus inmediaciones se co- secha el trigo que se consume en aquellos pueblos; y si el cul- tivo de este grano se fomenta en proporción de la feracidad del suelo, no dependeremos del estranjero en un articulo tan necesario, ni volverá á pagarse en la Habana hasta 50 pesos por un barril de harina de ocho arrobas no completas. Sus bosques son alterosos y muy poblados de cedros, cao- bas, ácanas y otras maderas útiles y preciosas. Además de va- — 269 — ríos manantiales y arroyos que fertilizan ese terreno, el rio Sagua la Grande lo divide por medio, y en sus hermosas ve- gas puede prosperar mucho y escelente tabaco. El embarcade- ro de ese rio dista poco mas de siete leguas del centro de la hacienda, cuyas maderas bajarán fácilmente por sus aguas has- ta aquel punto. Allí se ha construido una ermita donde se ce- lebra los dias festivos, y se cuentan ya cien casas distribuidas en tres calles, con cuatro almacenes de víveres y otros efec- tos. Aunque la embocadura del rio en la costa del Norte solo dista de este lugar tres leguas y media por tierra, las tortuosi- dades que forma en su curso alejan esos puntos mas de siete leguas. Sin embargo, por aquella entran goletas y otros bar- cos menores que suben hasta el embarcadero, y conducen á esta ciudad las mejores maderas para sus edificios y menages, y pueden también proveerla de leña, carbón y otros artículos. A cada persona blanca de ambos sexos que llegue ó esce- da déla edad de diez y ocho años y sea capaz de trabajar, si estuviere ya en Nuevitas ó se estableciere en su jurisdicción antes del mes de abril de 1821, se concederá una caballería de tierra ó treinta y dos acres en absoluto dominio y propiedad, con la precisa condición de empezar su desmonte y cultivo en los seis meses primeros, contados desde la posesión, y de tener abierta y aprovechada su mitad al menos en los siguien- tes dos años. Al que así no lo cumpliere, se le privará de su suerte y se dará á otro colono. Los que pretendieren situarse en la famosa bahía de Guantánamo ó en la hacienda Santo Domingo desde enero de 1820 hasta diciembre de 1821, gozarán de la misma gracia ba- jo las condiciones espresadas. Cumplido ese término en estos dos parajes, y en Nuevitas desde abril ¿le 1821, la concesión de tierras será á censo redimible, estimándolas el primer año, es decir, en Guantánamo y Santo Domingo desde enero de 1S22, y en Nuevitas desde mayo de 1821, á razón de 100 pesos ca- ballería ó treinta y dos acres, á el segundo siguiente se aumen- tará este valor á 125 pesos, y progresivamente otros 25 pesos cada año hasta el décimo inclusive, en que se dará nueva regla acerca de este punto según las circunstancias. Sobre el valor respectivo de las tierras se pagará el rédito de 5 por 100 anual — 270 — desde el cuarto año de la posesión en adelante, entendiéndose muertos ó gratuitos los tres primeros. Cuando la Comisión adquiera en propiedad seis leguas de tierra que solicita en la bahía de Jagua, y no duda conseguir- las, se repartirán entonces en los mismos términos que las anteriores. Hasta ahora se ha emprendido la población de esa bahía un contrato particular celebrado con el teniente coronel D. Luis de Clouvuet, á quien se concedieron cien caballerías para que las divida entre las doce familias que ha conducido ya, y las demás que debe transportar: El tiempo mas oportuno para llegar á esta isla los euro- peos no aclimatados en ella, es desde principio de octubre hasta febrero. Disminuido entonces el calor, y sucesivamente las grandes lluvias, los artesanos que se establezcan en los pue- blos marítimos no sentirán una diferencia tan sensible en las cualidades del clima, y los colonos que se dediquen á la agri- cultura podrán emprender con menos peligro sus mayores trabajos, que son desmontar y limpiar el terreno. En las otras estaciones el calor no solo ofende á los labradores estimulán- doles escesivamente, sino también por los vapores que estrae de la tierra cuando se abre y rompe la vez primera, y de los vegetales corrompidos entre los bosques por las lluvias que los inundan. Pare evitar los nocivos efectos de esas mismas cau- sas, solo en aquellos meses se abrirán pozos y zanjas, ya sean para dividir y acotar las heredades, ó para dar curso á las aguas estancadas, cuyas exhalaciones producen muchas enfer- medades. Donde hubiere esos pantanos, se alejará la habitación cuanto sea posible, eligiendo siempre para construirla el ter- reno mas seco y elevado. No se plantarán árboles inmediatos á ella, ni se pondrá ningún obstáculo á la libre y continua ven- tilación. Y siendo los vientos del Este que llamamos brizas los únicos que nos refrigeran en él verano y estio. y el Sud el mas desagradable, convendrá situar las casas de modo que participen de los primeros y eviten el segundo. Tanto en ellas, como en la ropa y personas se conservará el mayor aseo y limpieza. Los sugetos que llegaren muy robustos, con el rostro y los ojos notablemente encarnados, sintieren dolor y peso en — 271 — la cabeza, y que siendo laboriosos no pudieren ejercitarse por pereza y estraordinario cansancio después de un corto trabajo estos, cuyas fuerzas están oprimidas por la escesiva cantidad de sangre, deberán disminuirla con las sangrías convenientes se abstendrán de toda fatiga al sol, tomarán á las once de la mañana un vaso de agua de tamarindo ó naranjas, y se baña- rán en agua de pozo ó de rio. Los que estando en ayunas percibieren un gusto desagra- dable por tener en la lengua una costra blanca ó amarilla, se sintieren inapetentes, con indigestiones, náuseas ó diarreas; á estos convendrá evacuarlos con un suave laxante ó emético, y se abstendrán de bebidas áccidas y frutas. Todos vivirán frugalmente así en los pueblos como en el campo; solo en las comidas tomarán un poco de vino los que estuvieren acostumbrados á beberlo; del aguardiente y demás licores espirituosos usarán únicamente mezclándolos con agua cuando sea gruesa, y no se encontrare otra de meior calidad. Ni esta podrá tomarse fría ó sin algún licor, cuando el cuerpo está sufocado por el trabajo ó ejercicio al sol. Entonces será aun mas nocivo bañarse, esponerse á las lluvias ó desnudarse al aire húmedo ó frió. Siempre ofenderá la salud dormir en lugares húmedos, ó que no estén cubiertos del sereno. Si en todos los países es preciso para gozar de salud ob- servar la mayor sobriedad no solo en la bebida y comida, sino también en el ejercicio y la quietud, en el sueño y la vigilia, en los placeres, en las pasiones y en todas las causas físicas y morales que pueden alterar nuestra constitución; mucho mas es necesaria esa templanza en unas regiones donde el europeo advierte en todo novedad ó diferencia. Y aunque es imposible evitar absolutamente aquellas enfermedades que proceden de una alteración muy sensible y repentina en las cualidades de la atmósfera, ó en la proporción de los gases respirables; sin embarco, muchas personas se preservarán de ellas con las pre- cauciones indicadas, y en otras se disminuirá la gravedad de los síntomas. En prueba de esta aserción solo referiré un hecho muy reciente. De las tropas que llegaron de la Península á esta plaza en fines de agosto último, se destinaron sesenta hombres — 272 — al cuerpo de dragones de América. Estos se bañaban en el mar todos los dias á las cinco de la mañana. Volvían al cuar- tel situado en un barrio de estramuros, se desayunaban y per- manecían en una cuadra espaciosa y ventilada, cuidando sola- mente de sus armas armas y montura. A las once se daba un vaso de agua de tamarindos al que no tenia ninguna indispo- sición que lo impidiera. Comían frugalmente, volvían abañar- se á las cinco de la tarde, y continuaban paseándose al rede- dor del cuartel hasta las ocho de la noche, custodiados cada diez hombres por un sargento ó cabo de la confianza de los Gefes, para evitar que entrasen en las tabernas y cometieran otros escesos. Se recogían á esa hora y cenaban un gaspaeho. Observando este régimen por espacio de dos meses, muy po- cos de ellos han enfermado, y ni uno solo ha fallecido en esta fecha.—Habana y noviembre 20 de 1819. — 273 — ESTRATO de los acuerdos celebrados en este año por la Comisión del Gobierno, encargada de proponerle los medios de fomentar la pobla- ción blanca de esta isla. (1) La espresada recomendación que hace S. M. en la real cédula de 21 de octubre de 1817 para que con preferencia se pueble con europeos la parte Oriental de esta isla; el engran- decimiento político y militar que va adquiriendo la antigua Haití; la ocurrencia que en principio de este año alarmó la provincia de Cuba, y mereció la atención del primer jefe y de varias corporaciones de esta capital; el estraordinario aumen- to de su población, pues escediendo de cien mil almas es muy desproporcionada á la del resto de la isla, resultando de aquí desaliento y mengua en su industria y agricultura; los estra- gos que hacen las enfermedades epidémicas en los forasteros que llegan á este puerto, cuando en otros se desconocen ó son menos funestas; tantos y tan poderosos motivos de obediencia y gratitud al Soberano, de interés y celo por nuestra conser- vación y prosperidad, de compasión y beneficencia con el hombre incauto y desvalido, han ocupado mny detenidamen- te la consideración de la Comisión del Gobierno encargada de proponerle los medios de fomentar la población blanca de esta isla. Ninguno ha omitido de cuantos juzgaba oportunos para sa- tisfacer el importante objeto de su instituto. Tan solícita en (1) Memorias de la Real Sociedad Económica de la Habana, publicada en SI do marzo de 1820. —» 274 - atraer colonos europeos, como en conservarlos después de ad- quiridos, ha visto con horror que una enfermedad desolado- ra, invadiéndoles con la mayor violencia luego que pisan este suelo, frustraba sus esperanzas y las nuestras. Para preservar- los y cumplir sus deberes, no considera ya la villa de Guana- bacoa como un asilo seguro contra la fiebre amarilla ó vómito negro. Hasta ahora se habían circunscripto sus mayores epi- demias dentro del recinto de esta ciudad; mas la presente lo ha traspasado, y en sus barrios estramuros y aun en aquella villa se han visto por primera vez algunas víctimas de esa en- fermedad. * Previendo la Comisión que en los años sucesivos, si con- curren las mismas estraordinarias causas que en el presente, pueden esperimentarse iguales resultados; sin desistir de rea- lizar en Guanabacoa la hospedería que ha proyectado, para transportar á ella los colonos que lleguen á este puerto, si po- sible fuera desde el mismo buque que los conduce, ha em- pleado cuantos recursos están al alcance de sus facultades pa- ra persuadirles á que se dirijan desde Europa á los puertos de Matanzas, Nuevitas, Cuba y Trinidad. En ellos se les abona- rán por sus respectivas autoridades los mismos ausilios que perciben en esta ciudad; tres reales diarios para alimento á los adultos de ambos secsos, y la mitad á los menores de quin- ce años, por tiempo de dos meses; un peso por legua para ba- gage á los primeros, y cuatro reales á los segundos que quie- ran establecerse en los campos ó en otros pueblos interiores ó marítimos; y si fuere mas cómodo hacer el viage por mar, también se les pagará el pasaje. En el pueblo de San Fernando de Nuevitas, que ya con- tiene mas ele cuatrocientas personas, la mayor parte de ellas artesanos y labradores, proveídos de todo lo necesario con va- rios almacenes de víveres, ropas y otros efectos, no solo se concederá á cada colono un solar para construir su habitación, sino también tierras de la mejor calidad á los que se dediquen á la agricultura. Iguales terrenos encontrarán en mil caballerías ó treinta y dos mil acres de los Estados-Unidos, contiguos á la famosa bahía de Guantánamo. Las grandes ventajas que ofrece su — 275 — población por las circunstancias que reúne, han escitado á los ilustres gefes que presiden esta comisión, á solicitar de S. M. habilite ese puerto en clase de menor con las gracias conce- didas al de Baracoa en real orden de 13 de diciembre de 1716, y que entretanto se permita la entrada de embarcaciones y su despacho bajo las reglas que rigen en la aduana de Cuba, pa- gando los mismos derechos y el adicional de dos por ciento sobre los frutos de esportacion. Su producto se ha destinado para construir una batería que defienda el puerto, la aduana y una vigía, siendo ese gravamen muy inferior á los costos que sufren los hacendados de aquellas inmediaciones, conducien- do por tierra sus frutos á los puertos de Cuba ó Baracoa. También se repartirá entre nuevos pobladores la hacien- da Santo Domingo, cuya propiedad adquirió la Comisión en precio de veinte mil pesos. Está situada hacia la costa del Norte, distante diez leguas al Oeste de la villa de Santa Cla- ra, cinco de una iglesia auxiliar de su parroquia, setenta de la Habana y dos y media al Norte del camino real de esta ciudad á la de Cuba. En las seiscientas caballerías ó diez y nueve mil doscientos noventa y seis acres que contiene ese fundo, solo en sus linderos se encuentra algún terreno pedregoso. El res- to de la tierra es muy llana, en parte negra y alguna porción arenosa en su superficie; pero toda de la mejor calidad, no solo para las culturas ya establecidas, sino también para todas las demás que quieran emprenderse. En sus inmediaciones se co- secha el trigo que se consume en aquellos pueblos; y en las hermosas vegas que forma el rio Sagua la Grande, que divide por medio esa hacienda, puede cultivarse mucho y escelente tabaco. Las maderas de cedro, caoba, ácana y otras útiles y preciosas de que abundan sus montes, bajan fácilmente por ese rio hasta el embarcadero, que dista poco mas de siete leguas del punto céntrico de la hacienda, y desde aquel parage, don- de se ha formado una población, y llegan barcos menores, se conducirán á esta capital con las demás producciones de la in- dustria y agricultura. A cada persona blanca de ambos sexos que llegue ó esce- da déla edad de diez y ocho años y sea capaz de trabajar, si estuviere ya en Nuevitas ó se estableciere en su jurisdicción — 276 — antes del mes de abril de 1821, se concederá una caballería de tierra ó treinta y dos acres en absoluto dominio y propiedad, con la precisa condición de empezar su desmonte y cultivo en los seis meses primeros, contados desde la posesión, y de tener abierta y aprovechada su mitad al menos en los siguien- tes dos años. Al que así no lo cumpliere, se le privará de su suerte y se dará á otro colono. Los que pretendieren situarse en la bahía de Guan- tánamo ó en la hacienda Santo Domingo desde enero de 1820 hasta diciembre de 1821, gozarán de la misma gracia ba- jo las condiciones espresadas. Cumplido ese término en estos dos parajes, y en Nuevitas desde abril de 1821, la concesión de tierras será á censo redimible, estimándolas el primer año, es decir, en Guantánamo y Santo Domingo desde enero de 1822, y en Nuevitas desde mayo de 1821, á razón de 100 pesos ca- ballería ó treinta y dos acres, á el segundo siguiente se aumen- tará este valor á 125 pesos, y progresivamente otros 25 pesos cada año hasta el décimo inclusive, en que se dará nueva regla acerca de este punto según las circunstancias. Sobre el valor respectivo de las tierras se pagará el rédito de 5 por 100 anual desde el cuarto año de la posesión en adelante, entendiéndose gratuitos los tres primeros. La población de la bahía de Jagua tan recomendada en diversos tiempos por S. M., y emprendida varias ocacionessin efecto alguno, se ha verificado al fin bajo los auspicios de las primeras autoridades de esta isla, y con loe auxilios que por su orden ha franqueado la Comisión al teniente coronel D. Luis de Clouvet. Este antiguo oficial del regimiento de la Luisiana, siempre fiel y adicto á nuestro augusto Soberano, se comprometió á transportar de aquella provincia á ese punto en el tiempo de dos años, cuarenta familias de los españoles que fueron vasallos del Rey nuestro Señor, y que desean serlo y establecerse en sus dominios, ó de naturales de otros países arreglándose á las circunstancias prevenidas en la real Cédula de población, y á las que estipuló en un contrato particular celebrado con los referidos Gefes. En su consecuencia, ha con- ducido ya á Jágua doscientas cuarenta y una personas de am- bos sexos, dividiendo entre los labradores algunas de las cien — 277 — caballerías que se le concedieron con ese objeto. Entre tanto, la Comisión ha hecho proposiciones á seis leguas de tierra in- mediatas á ese puerto; y luego que adquiera su propiedad, co- mo lo espera confiadamente, las repartirá en los mismos tér. minos que las de Nuevitas, Guantánamo y Santo Domingo. Los negros bozales que tengan preciso destino á los co- lonos ó á la nueva población de Jágua, las provisiones de bo- ca, los instrumentos y útiles de agricultura é industria se han eximido de los derechos reales y municipales por tiempo de cinco años. Las manufacturas de algodón, lino, seda, lana y demás géneros y mercancías de comercio, solo pagarán por el mismo tiempo la mitad de los derechos establecidos, ó que se establecieren en los demás puertos habilitados de la isla. A fin de preservar á los colonos que lleguen á esos lugares ó á otros de ella, de las enfermedades que esperimentan los primeros dias por la variedad del clima y otras causas locales, ha hecho publicar la Comisión (1) varias reglas de higiene ma- nifestando la estación mas oportuna para arribar á estos puer- tos, y la sobriedad que deben observar no solo en la bebida y comida, sino también en el ejercicio y la quietud, en el sueño y la vigilia, en los placeres, en las pasiones y en todas las cau- sas físicas y morales que pueden alterar nuestra constitución. Y aunque no es posible evitar absolutamente aquellas enfer- medades que proceden de una alteración muy sensible y re- pentina en las cualidades de la atmósfera ó en la proporción ele los gases respirables; sin embargo, la esperiencia tiene acre- ditado que muchas personas se preservan de ellas con las pre- cauciones indicadas, y en otras se disminuye la gravedad de los síntomas. Para esos casos y los elemás que inevitablemente ocurran en los campos, donde muchas veces se carece de facultativo, por el corto número de ellos y la grande distancia que media entre los pueblos y algunas haciendas, cuya falta será mas sensible cuanto mas se aumente la población; ha suplicado á S. M. la misma comisión, por el conducto del Escmo. Sr. Ca- (1) Memorias de la Real Sociedad Económica de la Habana, número 36, pá- gina 313. — 278 — pitan general y el señor Intendente de ejército, se digne per- mitir que vengan á esta ciudad seÍ3 alumnos del colegio de Cádiz que hayan concluido la teoría y práctica de la medici- na y cirujía, á los cuales se les dará al menos alojamiento en una hacienda de campo y quinientos pesos anuales, debiendo esperar de su pericia mayores emolumentos; y que para no hacerles gravoso el pasaje, se trasporten en clase de segundos profesores en los correos ele tí. Z\l. que sucesivamente salgan de dicho puerto. Tales son los objetos que la comisión ha juzgado dignos de proponer á las autoridades que la han constituido, esperan- do con la mayor confianza de su interés y celo por la conser- vación y tranquilidad de esta isla, por su engrandecimiento y prosperidad, que recomendándolos eficazmente á la benefi- cencia de nuestro augusto Monarca se diguará sancionarlos, para que sean efectivas las gracias y exenciones eme concede en la Real cédula de población. Habana y noviembre 30 de 1819. — 279 — RESUMEN de lets operaciones de la Junta Central de vacuna en el presente ano. (1) Los votos de las almas sensibles y las precauciones pro- puestas por la Junta central de vacuna á su Escmo. Sr. Presi- dente para estinguir en esta ciudad el contagio varioloso, se han satisfecho cumplidamente en el año que hoy termina. Ni en el recinto de este pueblo, ni en sus barrios estramuros, se ha visto un solo virueliento, al mismo tiempo que otra enfer- medad tan desoladora como aquella, ha hecho los mayores estragos en los europeos no aclimatados. El infatigable y desgraciado Valli habiendo observado en Constantinopla, en Smirnay en la isla de Scio, que ecsistien- do alguna epidemia de viruelas no se presentaba la peste, y que ésta cesaba luego que aquella aparecía, presumió después de Ingracias y Orreo. que estos dos contagios eran incompa- tibles, que el uno estinguia el otro, ó al menos lo neutraliza- ba. Para comprobar esa hipótesis inoculó unas veces el pus de los apestados mezclado con el varioloso, y otras el humor vacuno puro é inalterable, lisongeándose ese ilustre filántro- po de haber correspondido el écsifo á sus esperanzas. Su respetable autoridad 3^ sus observaciones haciéndome concebir en otro tiempo que la vacuna preservaría de la fiebre amarilla, ejecuté algunos ensayos. Pero esta enfermedad y la peste de Levante pertenecen á distintos órdenes; el carác- ter contagioso de la fiebre amarilla aun no está decidido; he- chos incontestables me persuaden que no se propaga ni por contacto, ni por la atmósfera. En otros años hemos visto con pavor difundirse simultáneamente las viruelas y la fiebre amarilla, invadiendo esta con toda su malignidad á los natu- rales de nuestros campos que por primera vez han permane- cido en esta ciudad después que tuvieron el verdadero grano (1) Memorias de la Real Sociedad Económica de la Habana publicadas en 31 de marzo de 1820, — 280 — vacuno; no le está, por consiguiente, concedido preservar también de aquella enfermedad. Sin embargo, el descubri- miento de Jenner será siempre oJ mas benéfico á la humani- dad, y las generaciones presentes y las futuras, los padres que ahora precaven sus hijos de una enfermedad horrorosa, y los que conservan por la vacuna su ecsistencia y perfección, to- dos bendecirán la mano munífica á emien deben tan impor- tantes beneficios. Dispénsalos generosamente y con un celo infatigable la Comisión de la Junta Central, inoculando el virus vacuno dos elias á la semana en las Casas Capitulares. En ellas y en los barracoues lo han recibido en este año quince mil quinientas cincuenta y cuatro personas. Y como esa sociedad filantrópi- ca no se ha propuesto preservar solamente de las viruelas á es- ta ciudad, sino también toda la isla, y todos los pueblos que soliciten e3e bien, al mismo tiempo que los facultativos de la Comisión inoculaban aquellos individuos, remitían al virus vacuno á las haciendas y lugares de esta isla y á muchos de Ultramar en mil ciento sesenta y cinco cristales. Los efectos que ha producido en toda esta provincia y en la de Cuba, aun los ignoro. Los secretarios de las juntas subalternas no me han remitido el resumen de sus operaciones en el presente año, y solo lo han verificado algunos délos profesores encarga- dos de inocular en otros pueblos. El primero de ellos y que desempeña esa comisión en los barrios de Guadalupe y de Regla, el Dr: D. Francisco Sando- val, ha vacunado en el primero trescientas setenta y dos per- sonas, y catorce en el segundo. No ha sido menos eficaz el Ldo. D. José Fraucisco de Ayala. Después de inocular en el partido de Jesús del Monte, que tiene asignado, dos cientos treinta y siete vecinos, dispensó el mismo beneficio á ciento cincuenta del Luyanó y 86 del Horcón. El Dr. D. Juan de Corres, diputado para ejercer esa operación en San Marcos y Alquizar, la ha verificado en sesenta y nueve individuos. Los partidos de Carballo, Aguacate y Rio-Blanco se han preserva- do en este año de las viruelas naturales. No dudo lo hayan de- bido al celo con que el Ldo. D. José Miguel Valdés ha vacu- nado en ellos cerca de trescientas personas. — 281 — Sin comisión alguna de esa Junta, y sin otro estímuloque la compasión y caridad que debe ejercer con sus semejantes un ministro del Evangelio, D. José Piñeiro, cura del Guatao, sabiendo que en una casa de ese pueblo habia en el mes de abril ocho hermanos con viruelas, inficionados por otro que habia llegado con esa enfermedad, se dedicó á preservar á los demás vecinos con la vacuna, al ver la indiferencia con que miraban los facultativos la propagación ele ese contagio. Logró contenerlo inoculando con inteligencia ciento veinte y cuatro personas blancas y ochenta y nueve de color, y empleando cuantos recursos le dictaba el celo mas activo y generoso. Advirtiendo la Junta Central que el número de vacuna- dos es muy inferior al de los párvulos que nacen anualmente en esta grande población, después de haber recomendado en diferentes escritos la eficacia del virus vacuno, la sencillez con que se inocula y la facilidad con que puede adquirirse ese pre- servativo, propuso al Escmo. Sr. su presidente varios recursos para obligar indirectamente á solicitarlo y recibirlo. Elevado este proyecto por S. E. á la sanción de S. M., se sirvió resol- ver en real orden de 7 de octubre del año próximo pasado, que no siendo adaptables todos los medios indicados para aquel objeto, los dejaba á su discreción y á la de los jefes de esta is- la, encargando especialmente á S. E. que, empleando todos los arbitrios que le dicte su prudencia, procure exhortar á la propagación de la varcuna en todo el distrito de su mando. En cumplimiento de esta soberana disposición, ofició S. E. al Escmo. é limo. Sr. Obispo de esta Diócesis, que tanto ha contribuido á difundir por toda ella la nueva inoculación, al limo. Sr. arzobispo de Cuba y á los jefes subalternos de es- ta isla, recomendándoles que por cuantos medios les inspire su celo y humanidad contribuyan á satisfacer las benéficas in- tenciones de S. M. Si lo verifican, como debe esperarse, la is- la de Cuba será inaccesible al contagio varioloso. Habana y noviembre 30 de 1819. 36 — 282 — RESUMEN de las personas que se han vacunado en esta ciudad de la Habana y en toda la isla de Cuba, del año de 1804 al presente de 1819. (1) Años. En esta ciudad. En toda la Isla. 1804 7,469 16,779 1805 4,990 6,613 1806 4,879 15,824 1807 2,714 6,675 1808 2,150 9,648 1809 1,837 5,213 1810 9,975 14,137 1811 7,751 11,864 1812 9,270 14,334 1813 6,275 11,283 1814 5,136 7,847 1815 10,359 14,049 1816 16,497 23,955 1817 27,948 32,891 1818 20,177 25,932 1819 15,554 16,118 Totales..... , , 152,981 233,162 Habana, 1.° de diciembre de 1819. (1) Habana, 25 de noviembre de 1819.—Deje la noticia que se pide por el Sr. Secretario de la Junta Central de vacuna.—Ramirez. Para esclarecer la estadística de la isla en la parte respectiva á salud públi- ca, necesito un estado por años y lugares, relativo á vacuna, desde 1S07, que se es- tableció, hasta 817, inclusive. En las Memorias de la Sociedad veo lo correspondiente á 818 en relación dada a este Ilustre Cuerpo por el Sr. secretario de la Junta Central Dr. D. Tomás Romay y yo ruego á V. S. tenga á bien pedir su completo al mismo señor, para los fines propuestos. Dios guarde á V. S. muchos años, como deseo.—Habana 28 de noviembre de 1819.—Juan Miguel Calvo.—Señor superintendente, intendente general, D. Alejan- dro Ramirez. — 283 — PURGA URBEM. (1) Cicer. El segundo aviso patriótico, firmado por el Ldo. D. Die- go Tanco y la proclama que publicó el mismo dia el D. donr Tomás Gutiérrez de Piñeres, son la espresion de los senti- mientos de este pueblo y de todos los habitadores de la isla de Cuba. Convencidos íntimamente de que no puede haber sociedad, ni libertad civil, ni seguridad personal ni de propie- dad alguna sin orden y respeto á las autoridades, se ha con- servado tau incontrastable en medio de las convulsiones po- líticas que agitaron la Europa, y sufren todavía las Américas, como á las olas impetuosas que por todas partes la combaten. Siempre fiel á la madre patria, interesada eficazmente en la lid gloriosa que sostuvo, y adherida sin vacilar un momento al gobierno que ella reconocía, ha preferido el mas ilegal y despótico, á los horrores que esperimentan por la anarquía las provincias disidentes. Y cuando resuenan on nuestros oidos los votos y victorea con que juramos y aplaudimos la Constitución política, cuan- (1) Diario del Gobierno constitucional de la Habana, del sábado 20 de ma- yo de 1820. — 284 — do encorvados todavía por el yugo de hierro que nos abruma- ba, no podemos levantar la cerviz y presentarnos con toda la dignidad de hombres libres, cuando del uno hasta el otro ca- bo de esta isla se ha proclamado solemnemente ese Código dictado por nuestros mismos representantes, y empezamos á existir bajo su benéfico y liberal gobierno, y cuando todas las autoridades y todos los pueblos restablecen con la mayor acti- vidad y complacencia los Tribunales, los Cuerpos y todas las instituciones constitucionales, y cuanto mas ella prescribe pa- ra derrocar el despotismo, establecer la recta administración dejusticia, garantir nuestros derechos, conservar la tranquili- dad pública y elevarnos á la opulencia y prosperidad á que so- mos destinados, ¿quiénes son, compatriotas, los que pretenden con mano sacrilega disolver el pacto que espontáneamente he- mos ratificado á la faz del cielo y de los hombres? ¿ Quiénes, los primeros infractores de la Constitución, queriendo manci- llarla con instituciones que ella desconoce? ¿Los presuntuosos, que aspiran á mejorar su sistema de gobierno, los que inten- tan privarnos para siempre de la paz y tranquilidad que hemos gozado esclusivamente por mas de veinte años? Inspirar á los incautos y pusilánimes un terror pánico y desconfianza á las autoridades, exagerarles riesgos y peligros que exigen prontos y estraordinarios recursos, vociferar el ce- lo mas ardiente y generoso por la conservación y tranquilidad de la patria; tal ha sido en todos tiempos el lenguage especio- so de los Catílinas para desgarrar pérfidamente las entrañas de esa misma madre por cuya salud afectabau inmolarse. Imitán- doles los parricidas de la América y añadiendo á sus arterías la incomunicación con la Metrópoli y la divergencia de sus provincias, lograron establecer en algunas de nuestro continen- te juntas supremas de gobierno, para disolverlas con la misma violencia que las erigieron. Porque no habiéndose propuesto obedecer ninguna ley, ni respetar autoridad alguna, sino satis- facer impunemente sus pasiones, arrogándose con la mayor im- pudencia lo que no habían podido obtener por su ineptitud ó sus crímenes, apenas han concedido una duración efímera á esos débiles simulacros de gobiernos. Ellos han sido en to- dos esos países sin ventura el puente que han presentado los — 285 — hipócritas para facilitarles el paso á la independencia, y precipitarlos seguidamente en el abismo horroroso de la anar- quía. Decidme, sino, ¿cuál es la forma de gobierno que han es- tablecido los disidentes de Méjico? ¿Cuál subsiste en el reino de Santa Fé, en las provincias de Venezuela y del Rio de la Plata? ¿Dónde están los congresos, las asambleas, los dicta- dores y otros nombres pomposos con que han pretendido fas- cinar el pueblo para cebarse con su sangre y sus bienes? Des- pedazados intestinamente por los diversos partidos y faccio- nes, aspirando los mas osados ó mas fuertes á dominarlos con arbitrariedad y elespotismo, ¿cuantos dias han gozado tran- quilamente ele la libertad, de la independencia y demás pros- perielades que les ofrecieron para emanciparlos de la Metró- poli? Habrían ya implorado su clemencia, ó no existiría uno solo que rehusara su gobierno, si espectador pasivo los hu- biese abandonado al frenesí de sus pasiones. Artigas acaba de asaltar á Buenos-Aires, y dejándola cubierta de sangre y de luto, la despojó de todas sus riquezas, al mismo tiempo que las tropas del Brasil avanzan hostilmente en su territorio. Los habitadores de Santa Fé suplicaron al general Morillo los re- dimiera de las vejaciones que sufrían de los prófugos de Ve- nezuela, y á esta provincia no ban sido menos funestos los triunfos de Bolívar que sus derrotas y las bárbaras atrocidades de Boules. Desengañémonos, compatriotas, las Américas no han producido mas que un Wasington y un Franklin, y la mis- ma Europa, Grecia y Roma, patrias de héroes, no han sido mas fecundas en los de ese género. La moeleracion y la bene- ficencia difícilmente se han couciliado con la suprema autori- dad. Sin embargo de esas virtudes y de otras que poseyeron en grado eminente esos genios privilegiados, no habrían con. cluido su graneliosa empresa, si la situación topográfica del país, los grandes recursos que ofrecía, el carácter de sus habi- tantes, su educación física y moral, sus relaciones políticas, sus instituciones, su gobierno municipal, y por último, si dos grandes potencias no hubieran ausiliado eficazmente sus es- fuerzos. Con todo, no reposaron tranquilos bajo el árbol de la — 286 — libertad, hasta cumplidos trece años de una guerra la mas sangrienta y desoladora. Y careciendo esta isla de esos elementos y recursos, y habiendo sido en los dos últimos lustros la provincia mas pri- vilegiada de las Españas, y debiendo desconfiar de la protec- ción de toda potencia estraña, habíamos de incurrir ahora en lo mismo que hemos abominado constantemente por nuestro propio interés y por la mas justa adhesión y gratitud á la ma- dre patria? Proyecto tan absurdo solo ha podido abortarle al- gún cerebro enervado y seco por la indigencia, ó escesivamen- te exaltado por la intemperancia, ó será tal vez la erupción de un pecho inflamado por las pasiones mas vehementes y atro- ces. ¡Insensatos! ¿y cuál seria el éxito de vuestro delirio? Mi- rad ese padrón formidoloso que se eleva hacia el Oriente. Vol- ved los ojos desde el uno al otro estremo de la antigua Cuba- nacan, y advertiréis inflamada ya la pira borrosa que la con- vertiría en denso negro humo, si faltase la unión mas íntima y cordial entre todas las clases, todos los estados y tóelos los ciudadanos, sea cuál fuere su procedencia. Pero reunidos por los vínculos de mutua conveniencia y seguridad que formaron las primeras sociedades, y por los derechos y prerrogativas y exenciones que nos dispensa la carta magna de nuestra igual- dad y libertad civil, presentaremos un muro de bronce impe- netrable á los émulos de la opulencia y prosperidad de esta is- la. Purgadla, ciudadanos guerreros, purgadla de esos mons- truos advenedizos que descubrió vuestra vigilancia, y acosáis con el patriotismo mas celoso y esforzado: nuestra gratitud no será inferior á la hospitalidad que habéis merecido. Entretanto, proscríbase con execración el espíritu de cuerpo y de provincia, y de nación y de interés personal; el es- píritu público dirija únicamente nuestras operaciones y afec- tos. No profanemos los nombres sagrados de patria y pacto; al pronunciarles los labios, inflámese el corazón con los senti- mientos que deben escitar. Xo hay patria sin unión, orden y grandes sacrificios, al menos de la libertad, obedeciendo; de la persona sirviendo, y de los bienes ausiliándola en sus nece- sidades. Ni puede existir algún pacto social, sin autoridad, — 287 — subditos y deberes recíprocos. Dejaría de ser inspirada por la sabiduría y la justicia nuestra Constitución política, si deroga- ra esos principios eternos del derecho natural y de las nacio- nes. Al contrario, ella declara inviolable y sagrada la persona del rey, establece tribunales, gefes y magistrados, impone á cada uno de ellos y á cada ciudadano sus peculiares obligacio- nes, para que de la observancia de todas ellas, de la obedien- cia en los unos y ele la rectituel en los otros, resulte el orden y armonía social. ¡Plegué al cielo que jamás se interrumpa en esta isla, y que la lápida de la Constitución sea la Egida que la conserve invulnerable! — 288 — HEROilAS ilL PiEEMUSQB, i1) DEL DOCTOR DOÍÍ TOMAS GUTIÉRREZ DE PIÑERES. No hablar con sincero denuedo, Poca razón arguye, ó mucho miedo. Jorg. Pitill. Nunca duele que el Dr. D. Tomás Gutiérrez de Piñeres contestaría al manifiesto que escribí por encargo de la esce- lentísima Diputación provincial, impugnando su papel de 21 de junio anterior "sobre elecciones parroquiales"; pero estan- do concebida aquella esposicion con la dignidad que corres- ponde al cuerpo que representaba, y con la moderación pro- pia de mi carácter, creí desde luego que el Dr. Piñeres, obser- vando un ejemplo tan recomendable, y debiendo ser por su edad y estado mas comedido que yo, usaría en su defensa de armas iguales, absteniéndose de sarcasmos y personalidades, reservadas solamente á quien carece de razones. Mas, habien- do visto el Precursor que acaba de dar á luz, infiero cual será su ante-cristo. Publicando el Dr. Piñeres las dos instancias que ha pre- sentado á la Diputación provincial, manifiesta él mismo los motivos que ha tenido esa corporación para no acceder á sus (1) Publicadas en la oficina de Arazoza y Soler, impresores del gobierno Constitucional. — 289 — solicitudes. Aunque yo lo hubiera dicho y repetido, nadie se persuadiría que un letrado pudiera incurrir en el error de so- licitar copias sueltas de algunos documentos. Ni los oficiales de cuadernos, ni los escribientes de las secretarías ignoran que está severamente prohibido suministrar testimonios ó co- pias certificadas de documentos contenidos en autos ó espe- dientes, porque nadie pedirá sino aquellos que podrán conve- nirle, omitiendo los que le perjudiquen. Aunque la Diputa- ción provincial es una corporación puramente económica, pe- ro obrando en ella las mismas razones que en los tribunales de justicia, con respecto al punto en cuestión,procedió conforme á la costumbre y á la ley, negando al Dr. Piñeres las copias que pedia. Y si aquella prohibición no esceptúa casos ni per- sonas, con mayor fundamento deberá comprender al Dr. Piñe- res, que solicita esos documentos, ó para atacar á la Diputa- ción, ó para indemnizarse de los cargos que puede hacerle por su libelo infamatorio y subversivo. Laqueja de esa corporación se funda en un papel impreso, incapaz por tanto de alterarse; y las pruebas que tenga para acreditar que ese documento es injurioso y calumnioso ¿habrá alguna autoridad que pueda obligarla á que las entregue al mismo autor de su difamación? En tal caso, las partes tendrían derecho para exigirse recípro- camente los fundamentos de su defensa y acusación. Demasiado generoso fué el Dr. D. José Ferregur en ha- ber propuesto, y el Cuerpo en acceder que se le diera copia ín- tegra del espediente que ha de remitirse á las Cortes por el conducto del Sr. Gefe Superior Político. Quizá no se encon- trará en ninguna otra corporación una prueba de igual fran- queza ni de tanta confianza en la imparcialidad y rectitud con que procede. Pero no acomodándole al Dr. Piñeres iodo el espe- diente, como si tuviera algún derecho para que se le conceda lo que le acomode, después de manifestar dos ocasiones en su segunda instancia, que le será indiferente se le den ó nieguen las copias pedidas, vuelve á insistir en que se le concedan no solo de la representación de los Diputados y del acuerdo cele- brado en su consecuencia, sino también de todos los que se han tenido desde el mes de abril anterior hasta el presente, contraidos d cumplimentar las atribuciones 2$, 5?, 6?, 7?, 8? y 9?del articulo 335 37 — 290 — denuestra sagrada Constitución. ¿Y por qué no pedirá de una vez que se le remitiera á su casa el libro de las actas para tomar todo eso y lo demás que le acomodase? La misma facultad tie- ne para exigir lo uno que lo otro; y sacando las copias á su ar- bitrio, evitaría que las alterase el secretario. A fin de intimidar á la Diputación para que condescienda á unas solicitudes tan disparatadas, la amenaza dos ocasiones con la facilidad que tiene de instruir con los ciudadanos que con- currieron á entrambas juntas lo que le convenga ante autoridad competente. No dudo que sin dificultad alguna atestarán sus clientes cuanto quiera y le convenga, porque jamas han existi- do unos pitagóricos tan serviles; ¿pero acaso la deposición de todos sus prosélitos prevalecerá contra los acuerdos de una cor- poración presidida y autorizada por las primeras autoridades, aun suponiendo que algún tribunal admita semejante infor- mación? Cuando el Dr. Piñeres ignora unas cosas tan triviales y pro- pias de la facultad que profesa no estraño que siéndole des- conocido el sistema que observan las corporaciones económi- cas, y dando crédito á quien oye campanas y no sabe donde, haya incidido en tantas equivocaciones respecto alo que ocur- re en la Diputación Provincial.—Le dijeron sus emisarios y lo creyó á pie juntillas, que el 1.° del corriente se habia leido una representación hecha d voz de la Escma. Corporación para la Diputación mismo. Esa esposicion después del vocativo empie- za así: los individuos de esta corporación que suscriben, res- petuosamente dicen .. y firman cuatro. Esto quiere decir lo que suena, y los que no comprendiéndolo refirieron al Dr. Piñeres lo que dice, carecen hasta de sentido común. "También está entendido el Sr. Dr. que leída la referida re- presentación acusatoria en la junta de I9 del presente, discuti- do su tenor se trató de pasar á votación, á que se opuso el Sr. D. Lorenzo Inarra, manifestando, que no habia junta por ha- berse constituido partes quejosas los cuatro diputados que for- maron aquella &c." Concluida la lectura de la referida espo- sicion tomó inmediatamente la palabra el Sr. Inarra, y vol- viéndose á mí, dijo lo siguiente: no hay junta, son cuatro los postulantes, los dos que quedan no podemos formar acuerdo. — 291 — Empezó entonces la discusión, se espusiéron varias razones para no ser escluidos de votar los individuos de cualquier cuer- po que hacen alguna moción, principalmente si es en favor de él mismo, se añadió que el acuerdo estaba celebrado por los cuatro que firmaban la representación, pues es indiferente que lo hicieran de palabra ó por escrito. Estendí entonces la mi- nuta, y solo me advirtió el Sr. Inarra que era peculiar al fiscal letrado denunciar las especies subersivas que contiene el pa- pel impreso del Dr. Piñeres; y cuando leí el borrón de esta acta nada me contradijo, cuyo silencio no procedería ni de de- bilidad, ni de una condescendencia escesiva, pues no la ha te- nido contra su dictamen, ni con el primer Gefe. A las sólidas razones que entonces se espusieron para no ser inhibidos los esponentes, puedo añadir: que en los diarios de las Cortes se encueutran muchas representaciones firmadas por diferentes diputados, los cuales no se abstuvieron de discurrir y votar sobre el mismo asunto que proponían, aun cuando eran inte- resados, como sucedió en la esposicion de los diputados de América para que se aumentase su número. Pide también el Dr. Piñeres le certifique: «que el prime- ro de los cuatro nominados, el Dr. Ferregur, pronunció entre otras cosas, que esta Escma. Corporación es consultora nata del Gefe Superior político, y que cuando se empeñó el lance á la votación, y el secretario opinó á favor de ella, ó apoyó, pre- parándose para escribir los votos que debia verificarse. Des- pués de haberse traducido este período al castellano, convinie- ron unánimemente los señores vocales á continuación de di- cha instancia, en que no se empeñó ningún lance en la discu- sión de ese punto, ni se pensó en votación, ni se advirtió que el secretario la apoyase ó resistiera, ni menos que se prepara- ra para escribir los votos. El Dr. Ferregur virtió aquella pro- posición; los Sres. Inarra y Galainena opinaron de un modo diferente, y permaneciendo en silencio los demás Señores, se pasó á otra cosa. La opinión del señor Ferregur, aunque no me adhiero á ella, no carece de fundamento, ni merece que el Dr. Piñeres la inculque con tanto ahinco como si hubiera infringido algún artículo de la Constitución. En el proyecto del reglamento — 292 — para los Gefes políticos propuso la comisión de Constitución en el- artículo 20 lo que sigue: todas las dudas que ocurran so- bre las elecciones de los oficios de ayuntamiento, serán deci- didas gubernativamente por el Gefe político oida la Diputa- ción Provincial, si se hallare reunida, y si no lo estuviere se agregarán al Gefe político el intendente y el individuo de la Diputación Provincial por el partido de la capital para de- cidirlas.» Todavía presta mas mérito el decreto de 23 de junio de 1813, que lejos de declarar lo contrario, como dice el Dr. Pi- ñeres, contiene lo siguiente á la mitad del articulo 15: «pero cuando sean de aquellos casos en que estuviere encargado á las diputaciones por la Constitución ó las leyes, solo el cuidar, velar ó promover, ó fomentar las cosas pertenecientes al bien público, la autoridad para las resoluciones y la responsabilidad será toda del Gefe político, oyendo en los casos señalados y graves el consejo de la Diputación, y valiéndose de sus luces; sin perjuicio de las prontas providencias gubernativas que pueda exigir la urgencia de las circunstancias.» No son mas sólidos los fundamentos en que apoya el Dr. Piñeres su dic- tamen sobre elecciones parroquiales, ni sus gestiones para que se le concedan copias mutiladas. Aun siendo tan torpes los abusos que ha cometido el Dr. Piñeres como letrado en sus representaciones, son todavía mas negros los vicios morales que contienen las notas. Cada una de ellas es un tamal como el dice, de hojarascas cogidas, no en él campo de Minerva donde se combate pluma d pluma como la gente sino en una playa ó en la posilga mas inmunda, donde la gente soez se esplica con denuestos y puñales. Tales son las plumas con que ha pretendido despedazar la opinión de cuatro vocales de los seis que le negaron unánimes las copias mutiladas que ha pedido; y á mí me trata de intruso, porque solo él y sus espías ignoran cuáles son las funciones de un se- cretario. Si en todas las corporaciones puede y debe instruir é informar cuanto sea conveniente para el mas pronto y se- guro despacho de lo que ocurre, en la Diputación Provincial es mas necesario que así lo ejecute. Después de haber estado interrumpidas sus sesiones por espacio de seis años, difícil- mente se acordarán sus individuos de los acuerdos que se — 293 — hayan celebrado en la época anterior, sobre los asuntos que ahora se presentan, de los documentos y espedientes que existen en este archivo. Solo el Secretario, que tiene un in- ventario de ello, y que frecuentemente se le ofrece requerirlos y examinar el libro de las actas, puede informar acerca de los antecedentes; esto es lo que hago, y lo que debo ejecutar aun- que le pese al Dr. Piñeres. En cuanto á la connivencia que me supone con los cua- tro Diputados acusadores, la facilidad de substituir un papel á otro, los sentimientos anti-constitucionales que respiro, y los delitos en que estoy envuelto de que presentará datos irrefra- grables en su siguiente papel, lejos de temer esas arterías que maneja con tanta destreza, como los sarcasmos y diatribas pa- ra intimidar con las primeras á los incautos, y evadirse con las segundas de cantar la palinodia cuando se ve confundido, le prevengo desde ahora que si no lo verifica, le denunciaré á la opinión pública, como un impostor y calumniador: que no merece existir entre hombres que respetan lo mas sagrado que hay en la sociedad, que es la opinión de los ciudadanos. Re- posando tranquilo en el testimonio de mi conciencia, estoy muy distante de temblar con su refutación, y le advierto que al leer ese amago semejante al parto de los montes, me acordé de aquella sublime oda de Horacio, que traducido á nuestro idioma, concluye: Si el mundo se acabara mezclados entre sí los elementos, el justo pereciera y no temblara. Presentándose al mismo tiempo á mi fantasía aquel va- lentón de quien trata Juan de la Encina en una de sus cartas, muy parecido á Vasco Fígueiras, que contaba entre sus triun- fos los porrazos que daban los castesaos con sus espingardas. Habana y julio 12 de 1820. NOTA.—Estando este papel en la prensa parieron los montes y dieron á luz la Satisfacción á la Vindicación de la Diputación tan convincente como gloriosos fueron los triunfos de Tasco Fígueiras, según habia anunciado en vista del Precursor. Mientras contesto — 294 — ese despreciable folleto del modo que merece, advertiré: que es falso que «después de haber firmado el acta de la Diputación Pro- vincial de 5 de julio de 1814 el Gefe superior político é intendente, se rasparon los últimos renglones á fin de añadir, que en la Junta se habia leido dicho decreto de 4 de mayo y se habia acordado su cumplimiento.» Es una impostura que se raspase ningún renglón, ni tampoco la firma del Sr. Intendente Aguüar; y es una calumnia atroz haber ocurrido esas maniobras á los señores Ferregur, Ga- lainena, Mesa y Arredondo. Lo primero y lo segundo lo demostra- ré con el mismo libro á todo el que quiera convencerse de tanta procacidad y maledicencia. En cuanto á lo tercero, me consta que con la propia fecha que el señor Gefe superior político dirigió al, señor don Manuel Beretervide, los oficios que tiene á su disposi- ción el Dr. Piñeres, y no lo dudo; ofició también al Sr. Ferregur y á otro diputado que rehusaron firmar esa acta. Hoy mismo me ha dicho el señor Ferregur que debe conservarle, y si no pareciere, en la secretaría de Gobierno estará el borrador. Los demás cargos del Dr. Piñeres, son todavía mas despreciables, como lo manifesta- ré oportunamente. — 295 — DOS DE MAYO. ' Volvió, españoles, á solemnizarse el día por siempre me- morable DOS DE MAYO; volvió la patria á tributar el mas público homenage de admiración y gratitud á las primeras víctimas que se sacrificaron por su independencia y la libertad de su Rey, cautivo en Bayona por el mas pérfido de los tira- nos, y pretendiendo sus legiones arrancar del palacio de Ma- drid los últimos vastagos de la real estirpe, aquel pueblo im- pertérrito armado improvisamente por la mas justa indigna- ción y venganza, arrostra todos los peligros de un plan caute- losamente combinado para aherrojarle y deportar sus prínci- pes. Sentimientos tan generosos, impulso tan decidido y uni- forme, no pudo reprimirlo ni el número prepotente de los invasores, ni su formidable actitud, ni el fiero orgullo que les inspiraban sus trofeos y victorias. Ninguna habían obtenido hasta entonces de algún pueblo que apreciara su libertad y quisiera conservarla eficazmente. Al de Madrid fué reservado presentar á la Europa envilecida y degradada ese nuevo y grandioso espectáculo; y los invencibles de Marengo y Fried- land, los conquistadores de Mantua y Dantzik esperimentan por primera vez la fortaleza inflexible del hombre que prefie- re la muerte á la ignominiosa esclavitud. MORIR LIBRE ANTES QUE VIVIR ESCLAVO, fué el voto unánime de aquel pueblo heroico; y sellándole con pro- pia y enemiga sangre, resonó su eco horrísono desde el Piri- neo hasta las columnas de Hércules. Los habitadores todos de (1) Diario del Gobierno constitucional de la Habana, del miércoles 2 de ma- yo de 1821. — 296 — la Península, inflamados por los mismos sentimientos, fijan sus ojos centellantes en las calles y plazas de Madrid. Allí vieron combatir el amor de la patria con el despotismo mili- tar, la independencia con la tiranía, ciudadanos inermes, pero libres, con huestes mercenarias, aunque aguerridas; y vieron por fin remunerada la hospitalidad mas afectuosa con la mas negra felonía. A ella y á la obediencia de aquel pueblo á sus autoridades, debieron los galos un triunfo momentáneo, mas no le gozaron impunemente. La túnica de César teñida con su sangre, no escitó tanto la indignación de los romanos contra sus asesinos, como en los españoles la sangre de Daoiz y Velarde, la sangre vertida alevosamente en las calles y Prado de Madrid. «Voló al trono »de la divinidad, pidió venganza, decretóla el cielo, y obe- «diente la tierra, brotó españoles que cumpliesen sus decretos.» Presididos por los manes inmortales de Padilla y de Lanuza, detestan todos las provincias con igual execración el yugo del tirano; y autorizadas por lo imperiosa ley de la necesidad, eri- gen una misma forma de gobierno; sin convenirse antes ni esperarse, empuñan todas simultáneamente las armas que les suministró su venganza, y vuelan á repeler los invasores, re- dimir su Rey y su primitiva independencia y dignidad. Seis años sostuvieron con una constancia indomable esa lid la mas sangrienta y desigual. Una y otra vez fueron batidos y dispersados sus ejércitos; desplomáronse los muros de los pueblos convirtiéndose en ruinas y cenizas; los deliciosos cam- pos de la Hesperia quedaron yermos y agostados y sus fieles habitadores perseguidos desapiadadamente por los vándalos del Corso, se replegaban entre fosas y escombros. La ciudad de Alcides fué el último baluarte en que salvaron la patria, el gobierno, la religión de sus padres, sus leyes y virtudes. Em- pero, nada mas necesitaron para recuperar desde ese punto aquella gloria que habiendo ocupado el anchuroso ámbito de todo un mundo, se dilató por otro nuevo. Allí fué trazado aquel plan ingenioso que desarrollándose por el Fabio del Al- bion en rededor de los Arapiles, y realizado al fin en los cam- pos de Vitoria, libertó la Vizcaya, la Navarra, las Castillas, Aragón y Valencia, confinó los bárbaros en las plazas fuertes — 297 — de Cataluña, arrojó al intruso José á la margen opuesta del Vidasoa, y acosó sus legiones despavoridas hasta mas allá del Pirineo. Al mismo tiempo, los legisladores de ese pueblo, guerre- ro como el romano y sabio como el griego, entre las alarmas y estampidos del bronce proyectan, discuten y sancionan las bases de sus imprescriptibles derech'os, de aquellos derechos que empezó á conculcar el primer Carlos, y que después de haber sido proscriptos, pretendió una mano parricida arrancar- los de los antiguos códigos. Pero existiendo indelebles en la conformidad unánime de la nación, y ejerciendo esta la- mas augusta función de su soberanía, los recopila en la Constitu- ción política; en ese momento indestructible elevado por la munificencia y sabiduría sobre las ruinas de la arbitrariedad y fanatismo. Divididos los poderes y prescribiendo á cada uno sus pecu- liares atribuciones, opuso una barrera insuperable al despo- tismo ministerial; protegió eficazmente la libertad civil, la se- guridad individual y las propiedades; restituyó la facultad in- nata á todo hombre de discurrir y publicar libremente sus opiniones políticas: proscribió los fueros y privilegios, y la distinción odiosa de Europeos y Americanos y cuanto mas ha- bia escogitado el orgullo y la barbarie para dividir los indivi- duos de una misma familia, y los pueblos de la nación mas grande y generosa. Dejaría de serlo, si desde el principio de su admirable rege- neración no hubiera consagrado para siempre este dia de hor- ror y gloria, de luto y júbilo á recordar aquel insigne aconte- cimiento, y al paso que resonando en toda la Monarquía es- pañola los cánticos de compasión y gratitud que se deben á los primeros mártires de su libertad; y suban hasta el cielo nuestros ardientes votos por el descanso de sus almas; sea su memoria constante estímulo de los esforzados, aliento de los débiles, vergüenza de los insensibles, y sempiterna afrenta de los infames, que cerrando los oidos á los clamores de la patria se afanan en balde por verla sujeta á la coyunda del ti- rano. (1) (I) Decreto de las Cortes de 2 de mayo de 1811. 38 — 298 — Ved aquí, compatriotas, los dignos objetos que ocupan nues- tra piedad y admiración. No sea, pues, una admiración estéril á la patria, ni una piedad ineficaz á los que merecen la retri- bución mas proficua. Preces puras y fervientes, patriotismo cordial y generoso, adhesión y obediencia á las leyes Consti- tucionales, fidelidad al rey, respeto á las autoridades, adver- sión á la tiranía y despotismo, unión íntima, fraternidad afec- tuosa entre todas las clases del pueblo; tales son los votos y libaciones mas gratas que podemos ofrecer sobre las aras de la patria y sobre el cenotafio en que ha depositado las cenizas de Daoiz y Velarde, de Lacy y Porlier, de todas las víctimas del Dos de Mayo y de todos los mártires de nuestra gloriosa insurrección. — 299 — ALEGATO producido por el Dr. D. Tomás Ro- may en la causa con el Pbro. Dr. D. Tomás Gutiérrez de Piñeres. Dr. D. Tomás Romay en los autos criminales que sigo contra el Dr. D. Tomás Gutiérrez de Piñeres sobre un libelo famoso, y lo demás como mejor proceda de derecho, digo: que se me entregaron para alegar de bien probado, cuyo paso se ha dilatado hasta ahora no solo por mis vastas y notorias ocu- paciones públicas; sino también porque habiendo fallecido el letrado que me dirigía, me ha sido muy difícil encontrar otro que se encargara de mi defensa, temiendo todos esponerse á los sarcasmos con que elenigra el contrario en sus impresos aun á las personas mas respetables, y que ni remotamente le han ofendido. Pero, al fin, habiendo conseguido fundar com- pletamente mi acusación, se servirá V. condenar por su sen- tencia definitiva al mencionado Dr. Piñeres á seis años de re- clusión en un convento, y también en las costas, según debe determinarse en justicia. El párrafo 79 y siguiente del impreso titulado satisfacción á la vindicación de la Diputación (fóleo 6), contiene la acusación pública que me hizo el Dr. Piñeres, imputándome el crimen de haber falsificado el acta que celebró esa corporación el 5 de julio de 1814, por adversión al gobierno constitucional. Eligiendo las espresiones mas' injuriosas y denigrativas, no solo me presenta perpetrándolo con la mayor complacencia, sino también sometido servilmente á las órdenes de los dipu- — 300 — tados D. José Ferregurt, D. Juan Bautista Galainena, D. Mel- chor de Mesa y D. Fernando de la Masa Arredondo. Bastó una insinuación de estos señores para que el Constitucional Se- cretario, asi me llama con la mas insultante ironía, raspara los últimos renglones del acta y las firmas del Gefe superior polí- tico y de su vice-Presidente el Sr. Intendente Aguilar, á fin de añadir que en la Junta se habia leido el decreto de 4 de mayo, acordándose su cumplimiento, y como si este delito no fuera muy suficiente para hacerme indigno de aquel ministe- rio cubriéndome de oprobio y de infamia, me supone otro no menos infamatorio, cual es, haberlo ejecutado para contraer el mérito de ser uno de los primeros que obedecieron el man- dato de proscripción de la constitución, y que en odio de ella y afecto al servilismo firmé aquella falsedad con los demás in. dividuos de la diputación, menos el Sr. Beretervide, que con la dignidad de un ciudadano español, resistió los ataques que se le hicieron hasta por el mismo Sr. Gefe superior político, cuyos oficios tenia á su disposición. En dos crímenes igualmente enormes ha incurrido el Pa- dre Piñeres, mereciendo por cualquiera de ellos una rigurosa pena corporal, tanto según los cánones, como en conformidad de las leyes civiles. El primero es de calumniador de un fun- cionario público, imputándole falsedad y suplantación en el ejercicio de su encargo, y el segundo ser autor de un libelo" famoso en que no solo le disfama con injurias personales las mas denigrativas, sino también le espone al rigor de los tri- bunales y ala execración del pueblo, suponiéndolo enemigo de la constitución. Para vindicar á un mismo tiempo mi con- ducta pública y privada según los trámites que prescriben nuestras recientes leyes, denuncié su impreso á la Junta Pro- vincial de censura, y en su acta (folio 2) le declaró libelo in- famatorio que me injuria y disfama atrozmente como secreta- rio de la Diputación provincial, y que contiene igualmente injurias personales; debiendo, por tanto, ser detenido confor- me á los artículos 4.° y 18 del Reglamento de 10 de Noviem- bre de 1810 sobre libertad política de imprenta. Omitida esa diligencia por el tribunal, no dudé que en cualquiera tiempo podia promoverla, y hacer publicar la calificación. Ningún — 301 — artículo de los decretos lo prohibe al actor; al contrario, el ar- tículo 27 del decreto de 11 de junio de 1813 concede al Editor facultad de darla á luz con cuantas observaciones quiera hacer en abono de su impreso, presentándolas á la Junta previa- mente. No hice imprimir el acta con el único objeto de que se recogieran los impresos; quise también acreditar que habien- do emprendido indemnizarme legalmente de aquellas imputa- ciones, mi silencio á los libelos que repetía el Dr. Piñeres no procedía de convencimiento ni de falta de honor, según dijo en uno de ellos, infiriéndome esa nueva injuria, y provocan. dome á una lid de personalidades y sarcasmos. Cualquiera que no le conozca por sus escritos, al verla aseveración y confianza con que se esplíca en aquel folleto, y la importuna y chocante procacidad con que repitió otros se- mejantes; esperaría encontrar en estos autos las pruebas mas convincentes de aquellos crímenes. Comprometido con el pú- blico por sus impresos, y conmigo en este juicio, donde un tribunal imparcial y recto ha de imponerle las penas que me- rece ¿quién no creería que para eximirse de ellas habría pre- sentado los documentos mas incontestables, cuando espresa- mente ofreció suministrarlos hasta en la dilijencia ele concilia- ción? En ese acto, prevenido por nuestra sabia Contitucion pa- ra que los españoles acrediten que son justos y benéficos como ella recomienda; en ese acto, donde los enemigos mas irrecon- ciliables penetrados de aquellos deberes han depuesto sus re- sentimientos y agravios; alli mismo un ciudadano que tanto vocifera su amor y respeto á las instituciones liberales y un Ministro del Dios de mansedumbre y misericordia que debia inspirar á los legos esas virtudes diciéndoles con su ejemplo, imitatores mei stote sicut et ego Christi en ese mismo juicio de paz despreció igualmente el artículo de la Constitución y el precepto del evanjelio dilijite inimicos vestros y con una dureza que sor- prendió al tribunal, se lisonjeaba de su triunfo y de la ruina y humillación de un hombre de honor y Padre de familia. ¿ f cuales son los medios legales que ha empleado para satisfacer su orgullo y su venganza? Ningunos se encuentran en los autos; ningunos repito con la mayor confianza; ora sea porque no existiendo ni uno solo, le ha sido imposible exibir- — 302 — lo, ó porque esperando en que lograría intimidarme con sus multiplicados y jactanciosos folletos, en que apuraba hasta las heces mas corrosivas de su bilis, abandonaría yo el curso de esta causa con mengua de mi reputación. Aprecióla demasiado y conozco igualmente al Dr. Pi- ñeres para cederle ignominiosamente por un terror pánico lo que aprecio mas que mi existencia. Interesado cuanto es posible en conservarla ilesa, mientras él se desgañifaba con esos libelos que excitan el desprecio y náuseas en los hombres de menos educación y criterio, preparaba yo en silencio las ar- mas de mi defensa. El mismo tiempo le fué concedido para eje- cutarlo y apercibirse. Pero ¿quépruebas habia de exibir cuando ni siquiera se atrevió á valerse del testimonio que le dieron los escribanos D. José Maria Rodríguez y D. José Ignacio Sa- linas del reconocimiento que practicaron á su instancia del acta anteriormente citada? ¿Quién dudará que este documen- tos le resultó contraproducentem no habiéndole agregado á estos autos, ni haciéndole imprimir aunque trunco y tergiversado, como lo ejecutó (folio 146) con la certificación que pedí de la misma acta á los propios Ministros? En prueba de su buena fé, dice, prefirió las armas del contrario á las propias. Sin du- da su fé es púnica, pues que suprimió todo lo que espresamente le perjudicaba y solo hizo imprimir lo que presumió podiá fa- vorecerle. Como mi fé es mas sincera que la suya, exibí el testimonio integro de esa dilijencía folio (13 vta.) su confron. tacion con el párrafo citado del impreso, demostrará hasta la evidencia las calumnias conque ha pretendido disfamarme co- mo funcionario público; y seguidamente manifestaré con do- cumentos no menos convincentes las injurias personales que me ha inferido para hacerme odioso y criminal. Si se hubieran raspado los últimos renglones de la repe- tiela acta (aunque fueran solo dos) y las firmas de los Sres. Pre- sidente y Vi ce-Presidente, como asegura el contrario; tendría de largo la raspadura todo el ancho de un medio pliego de pa- pel menos el margen, y de ancho mas de dos pulgadas—Los espresados ministros certifican, que advertimos entre el ante- penúltimo y penúltimo renglón (del último párrafo) una pe- queña raspadura, y entre el penúltimo y último otra ele este — 303 — largo------------y de ancho la distancia de un renglón á otro; que en la citada raspadura no caben, según la dimensión que ocupan las dos medias firmas del Sr. Presidente y Vice- Presidente, ni una sola con su rúbrica." Raspados los últimos renglones y las firmas de los Gefes á fin de añadir (continúa el Padre Piñeres) que en la Junta se habia leído dicho Decreto de 4 de Mayo y se habia acordado su cumplimiento; seria preciso que los renglones suplantados en la raspadura aparecieran resumidos, y si acaso se pretendió evi- tar ese defecto salvando lo que se habia raido, mediaría entre el penúltimo y último párrafo una distancia como de tres ren- glones que es lo menos que ocuparían los últimos y las firmas de los Gefes—Ni lo uno ni lo otro se percibe en el acto origi- nal. Los escríbanos atestan, que no hay alteración ó enmienda entre uno y otro párrafo; que no encontramos variada la dis- tancia de los renglones, y que solo se nota resumido en el 7.° renglón del último párrafo citado la silaba su, y en el penúl- timo del mismo párrafo de la palabra protestando las cuatro primeras letras." Si se rasparon los religiones y firmas para añadir, que en la Junta se leyó el citado Decreto y se acordó su cumplimiento ¿como afirman los repetidos Escribanos, que examinado el penúltimo párrafo del acta que en testimonio antecede, en el original hallamos ser cierto que concluye con las palabras que presentó el Sr. Estrada, y el último comienza de este modo antes de concluirse recibió el Exmo. Sr. Presidente un oficio y cierto que en la continuación de los once renglones de que se compo- ne, sigue tratándose sobre el Decreto de 4 de Mayo de 1814. De esta confrontación resultan demostradas tres negras calumnias. Primera, que no solo no se rasparon renglones, pero ni siquiera una letra del acta, siendo intelineares todas las raspaduras, segunda, que tampoco se rasparon las firmas elel Presidente y Vice-Presidente, pues en la raspadura mayor no cabe ni una sola media firma con su rubrica. Tercera, que en el acta no se suplantó haberse leído en aquella sesión el De- creto de 4 de Mayo acordándose su cumplimiento; puesto que se trata de él en un párrafo entero, sin precederle la mas leve alteración en el papel ni en la distancia de los renglones. — 304 -- No me detendré en abominar la venganza implacable con que el Presbítero Piñeres provoca en ese y otros párrafos del mismo impreso la indignación de este pueblo, no solo contra el Dr. Ferregurt porque dijo en una sesión de la Diputación que había triunfado el partido Pinerino; contra los demás Dipu- tados presentes, porque no le desmintieron, y contra mi, por haber aceptado el encargo que me hizo aquella Corporación de vindicarla de las imputaciones conque las difamaba en su impreso sobre elecciones Parroquiales; sino también contra los Diputados ausentes y Gefes del año de 1814 que ni remota- mente pudieron intervenir en aquella ocurrencia, harto com- probada con hechos repetidos. Prescindo igualmente del nuevo agravio que hace á los mismos Gefes presentándolos tan inep- tos y degradados que se atrevieron cuatro individuos sin ca- rácter ni representación alguno á disponer, que se rasparan sus firmas en un documento público, haciéndoles suscribir después lo que ellos quisieron suplantar. Y reservando para mas adelante acreditar que sin fundamento alguno, y solo por parcialidad y afección aplaude y recomienda la dignidad con que el Sr. Beretervide resistió los ataques que le hizo el Gefe superior Político para que firmara el acta, referiré lo que aconteció al tiempo de celebrarse la sesión y suscribirse: á fin de que el Tribunal quede convencido de que no es lo que há dicho el Padre Piñeres, ni hay sombra alguna de delito. El 5 de Julio de 814 estando reunida la Diputación Pro- vincial y leyendo yo un informe delSr. Estrada sobre el punto que se discutía, se presentó el Teniente D. José Maria Cana- tejo, Ayudante del Sr. Apodaca, conduciendo al Comandante de un Correo de España que acababa de entrar; y habiendo significado á S. E. que le traia un pliego de la mayor impor- tancia, se retiraron á otra pieza. Volvió prontamente el Sr. Presidente y me entregó un papel para que lo leyera y se en- terara la Diputación. Resultó ser un oficio del Sr. Comandante general de Andalucía participándole, que el Rey ocupaba ya el Trono de sus mayores con general aplauso y entusiasmo de la Península que en toda ella se habia restablecido su gobier- no proscribiendo por tanto el constitucional, y disolviéndose las cortes en cumplimiento de un Decreto del Rey, del cual — 305 — acompañaba un ejemplar, asegurándole que muy pronto se le comunicaría por su respectivo Ministerio; no dudando su pun- tual obediencia de un Pueblo que se habia conservado unido á la Madre Patria en las épocas mas calamitosas. Seguidamen- te lei el citado Decreto de 4 de Mayo espedido en Valencia, y concluido dijo en sustancia el Sr. Presidente, que por el ofi- cio del Sr. Villavicencioy por los informes que le habia dado el comandante del Correo contaba, que las cortes quedaban disueltas y abolido en toda la península el''gobierno constitu- cional y sus instituciones, desde que S. M. entró en la Cortes restableciendo su gobierno; y que habiéndose conservado esta Ciudad constantemente adherida al Rey y al Gobierno de la Metrópoli; esperaba que inmediatamente obedecerían cuanto se previene en aquel Decreto, quedándose en su consecuencia disuelta aquella Corporación. Sorprendidos y consternados to- dos sus individuos, manifestaron su conformidad con el mas lúgubre silencio, y siguienelo á S. E. se retiraron persuadidos de que no volverían á reunirse. Convencido igualmente deque no habría otra Junta en que pudiera leerse el borrador del acta, traté de estenderla, y lo hice con la mayor estencion en los dos primeros puntos que se habían tratado; y en cuanto al último usé de las mas sencillas y menos frases posibles para presentar la idea del restablecimiento del gobierno elel Rey y disolución del constitucional. Hice copiar el acta en el libro, y me dirigí, como era de- bido, al Sr. Presidente; proponiéndome hacerlo sucesivamente con los demás vocales. Se la leí, y pareciéndole conforme, em- pezó á echar su media firma. Pero advirtiendo antes de con- cluirla que en el acta no se decia espresamente haberse pres- tado obediencia al decreto de 4 de mayo, me insinuó era pre- ciso que constara terminantemente. Mientras yo meditaba y estendia en un pedazo de papel lo que juzgué necesario para aclarar aquel concepto en pocas palabas, y las mas decorosas, hizo raspar S. E. lo que habia escrito de su firma. Apro- bado por S. E. lo que juzgó debia añadirse, lo presenté á varios individuos de la Diputación, significándoles ser preciso raspar la raya puesta después de la palabra sesión. Las firmas de ocho individuos que aparecen bajo las cláusulas añadidas, 39 — 306 — son demasiado suficientes para acreditar su consentimiento á que constara espresamente lo que habían acordado, y omití, por parecerme supérfluo, estando virtualmente contenido en el período anterior. Esta sencilla esposicion, que lleva en sí misma todos los caracteres de verdadera, está comprobada por los autos, como voy á demostrarlo, y dejo para después el claro convencimien- to de que en todos estos/pasos manifesté el mas escrupuloso respeto á la espirante Constitución, fui fiel á la ley de mi ofi- cio, y digno de elogio en lugar de las injurias que me ha pro- digado el Padre Piñeres. Entremos, pues, en la prueba de que todo sucedió como llevo referido. En el proceso existe testi- monio íntegro de aquella acta (fóleo 88, vuelta), y también otros documentos que iré citando sucesivamente. Supérfluo estimo ocurrir á las declaraciones del portero D. Juan Bor- dón (fóleo 122), del escribano D. Juan de Dios Corona (fóleo 117), y del ayudante Canalejo (fóleo 109), á fin de convencer por la de este, que condujo á la sala donde estaba reunida la diputación ai comandante del Correo, y por la de aquellos, que se leyó el oficio del señor Villavicencio y el decreto de 4 de mayo. El mismo Dr. Piñere3 lo reconoció en vista del tes- tiihonio de dicha acta, que'publicó en el impreso (fóleo 145) con el único objeto de disfamar y hacer odiosos á todos los que la suscribieron, sin respetar ni á los diputados ausentes ni tampoco á los jefes. Previendo que solo podría pretender aquel documento con iutencion tan depravada, aunque espuso otras preces en su instancia de 17 de julio último, resistí cons- tantemente se le concediera en otras tres que presenté hasta el 19 de agosto; pero al fin la obtuvo, sorprendiendo al asesor, constando todo del^espediente que existe en la Escribanía de Salinas. No es menos evidente que concluida la lectura del oficio y del decreto recomendó su obediencia al Sr. Presidente, y la prestaron tácitamente todos los vocales. En honor del señor Apodaca, no perdiendo ni en aquel momento la esperanza de que se restablecería la constitución, omití en el acta lo que dijo S. E., pero no es presumible que la sesión se suspen- diera sin que se esplicara en favor ó en contra de lo que pre- — 307 — venia el decreto. Bordón declara, aunque con impropiedad, «que manifestó el Sr. Apodaca luego que abrió dichos plie- gos, que se debia obedecer lo resuelto por el Rey, y que en consecuencia cesaba aquella Junta, insinuándolo así á sus vo- cales... Que ninguno manifestó oposición al obedecimiento de la orden del Rey, y á lo espuesto por el señor Apodaca sobre su cumplimiento.» El escribano Corona, que se encontró en aquel acto por el motivo que espresa al principio de su citada declaración, dice: Que inmediatamente que se leyeron los pa- peles recibidos de España, manifestó el señor Apodaca á los individuos de la Diputación, que se debia obedecer el decreto del rey, y que en consecuencia habia concluido aquella Jun- ta, y se levantó la sesión .. Que todos callaron y obedecieron y se levantaron sin hacer repugnancia ni contradicción.» Nin- guno de los dos testigos esceptúa al señor Beretervide, aun- que espresamente fueron examinados sobre este particular. El mismo Sr. Apodaca lo ratifica en su proclama (fóleo 82), espresando que los papeles remitidos por el capitán general de Andalucía los habia visto la Diputación provincial, cuyo voto unánime es el mismo de siempre, el de adhesión á la Penín- sula y á su gobierno.—Y siendo constante que la Diputación no volvió á reunirse después del 5 de julio, como acreditaré seguidamente, es incontestable que en la sesión de aquel dia vio el decreto y le prestó unánime obediencia. ¿Y quién dudará que el señor Apodaca fué el primero que se decidió á observarle en vista de sus operaciones poste- riores? Suspeudida la sesión entre diez y once de la mañana, según deponen Corona y Bordón, ó entre once y doce, como dice el teniente Canalejo, estando todos contestes en que las anteriores duraban hasta después de la una; entregó antes de las doce el decreto^al Sr. D. Tomás Agustín Cervantes, redac- tor que entonces era del Diario del Gobierno (fóleo 105) y á su impresor D. José de Arazoza (fóleo 111 vuelta) previniéndo- les que inmediatamente lo imprimiesen y publicaran en el Diario del siguiente dia. Sus declaraciones aparecen confor- mes con las de D. José Soreau, cajista de la misma imprenta (fóleo 119) y D. Antoniodel Valle Hernández (fóleo 114, vuel- ta). Seguidamente dispuso se publicara un baudo aquella pro- — 308 — pia tarde, contraído á los documentos que acababa de recibir. Si en dicho bando no esplicó francamente sus deseos; y sus- pendió la publicación del decreto, substituyendo la Gaceta en que se referia la entrada del Rey en Madrid (fóleo 78), provi- no sin duda de la agitación que observó en el pueblo, según lo manifiesta el mismo bando (fóleo 12, vuelta) y lo comprue- ban las declaraciones del Sr. Cervantes, Arazoza y Corona. Sin embargo de las bullas que advertía, no dejó de insinuarle diciendo: «El Rey deseado, el adorado Fernando, está en Ma- drid, aclamado, obedecido y obsequiado de toda la nación.» Aun subsistiendo las mismas bullas el siguiente dia 6, comu- nicó, no obstante, al Escmo. Ayuntamiento el decreto y oficio del Sr. Villavicencio, concluyendo el suyo con estas palabras: «y avisarme de su acuerdo para satisfacción de este pueblo, cuyo voto general es y ha sido siempre el de la unión con su rey y nación» (fóleo 16). ¿Y puede exigirle mas, no habiéndo- sele comunicado por su respectivo ministerio, y advirtiendo el disgusto con que fué recibido por el pueblo? Las actas que en consecuencia de esos documentos cele- bró el Escmo. Ayuntamiento y se agregaron á estos autos, por el contrario, habría sido con el objeto de recomendar la adhesión de aquel cuerpo al sistema constitucional, ó la con- ducta de espectador pasivo que observó su presidente en aque- llas discusiones, para deducir que se comportaría del mismo modo en la Diputación. Si lo primero, fué muy efímero el mé- rito que contrajo el Ayuntamiento, pues á los cuatro dias su- cumbió unánimemente. Si lo segundo, es una inducción sin premisas suficientes, sin exactitud en las circunstancias, y so- bre todo contrariada por hechos positivos. Ni estoy obligado á manifestar las causas porque no decidió S. E. en el empate de la votación el dia 8, ni me corresponde sostener lo que de- bió ejecutar en el Ayuntamiento, sino lo que hizo en la Dipu- tación provincial. Demasiado público fué entonces que va- cilaba entre el deseo de cumplir lo que prevenía el decre- to, y el temor de aumentar el desagrado del vecindario y de algunos capitulares. Asi fué, que apenas se convinieron to- dos estos en su observancia, se apresuró á publicar en el Dia- rio (fóleo 56) del modo siguiente: «.cuando el voto mió fué desde — 309 — luego estar unido al gobierno de S. M., que se nos ha comuni- cado, aunque no lo fué del Escmo. Ayuntamiento hasta el dia 9.» No pudo espresar de un modo mas terminante su decisión á cumplir y hacer observar el decreto desde luego que lo recibió. De aquí provino que suspendiendo en aquel dia la sesión de la Diputación mucho antes de la hora acostumbrada, no volvió á reuniría después. Lo afirman el ayudante Canalejo y el portero Bordón, añadiendo que desde el siguiente dia em- pezó á despejar la sala de sesiones, pasando los muebles á otras piezas. Hasta el mismo Dr. Piñeres, no pudiendo rehusar á la verdad el testimonio que le pedí in verbo sacerdotis, se retrac- tó de lo que habia dicho anteriormente , declarando confor- me á ellos, y espresando «cjue el secretario ele casa en casa fué recogiendo las firmas de los individuos que autorizaron el acta (fóleo 130, vuelta). ¿Y cómo pudo ocurrir á los ene- migos del Santo Código el pensamiento de la falsifiaccion en el instante mismo ele estampar su media firma el Gefe superior político? (fóleo 144) ¿ Quién los citó para que con- currieran al palacio de S. E., cuando lo ignora el portero de aquella Corporación? ¿En que pieza se reunieron, que no lo comprendió Canalejo, existiendo constantemente en la mis- ma habitación? ¿Dónde se estendió el acta que celebraron, no encontrándola los escribanos Salinas y Rodríguez en el libro ele sesiones? (fóleo 124.) Y si ocurrió la suplantación en el mismo instante ele estampar su media firma el Presidente, ¿có- mo asegura que ya firmada (el acta) elel Gefe político y su vi- ce-presidente el Sr. Intendente Aguilar, ocurrió á los desafec- tos del santo Código el pensamiento de ser los primeros...... para qu® raspara las firmas del Gefe superior político é inten- dente? (fóleo 6.) Mientras el Padre Piñeres no concilie esta contradicción apurando su dialéctica, resultará necesariamen- te que una misma idéntica operación se ejecutó en el instan- te de firmar el Gefe político, y después de haber firmado, no solo S. E. sino también el Sr. Intendente, sin que en uno ni otro caso estuvieran presentes los autores de aquella manio- bra. ¿Y de este modo se escribe á un pueblo ilustrado? ¿Así se disfaman tantos hombres de honor y de carácter? Convengamos, pues, en que solo el señor Apodaca pudo — 310 — disponer que se raspase lo que habia escrito, con el objeto de que constara en el acta espresamente lo acordado.. El único cargo que pudiera hacérseme es haber consentido en esa ras- padura, debiendo dejar inteligibles las letras escritas, y siguien- do la costumbre de poner debajo No pasó; estender enseguida el acta tal cual debia quedar. Este, por cierto, no acredita la tacha de falsario que con tan poca carielad y con tanta publi- cidad me ha impuesto ese desapiadado sacerdote, y si bien se examina, ni aun puede llamarse cargo.—No hay ley que pres- criba esa orden. Estaba entre renglones la firma no concluida, y el papel por ser semidoble, permitía se raspara como si fue- ra un borrón. El señor Apodaca lo pretendió de buena fé, y lo hizo ejecutar. Las pocas palabras que se añadían, en nada al- teraban el sentido de las anteriores. Ninguno de los vocales que consintieron en la adición, y la firmaron, hicieron el me- nor reparo.—¿Porqué, pues, se me hace un cargo de que á mí no me ocurriese? Mayores sin duda serian los vicios de que adolecen las actas del Esmo. Ayuntamiento, presentadas por el contrario como modelos de fidelidad y adhesión al sistema constitucio- nal. A la que celebró el 8 de Julio se añadió el siguiente dia, que sus individuos nemine discrepante habían estado y se con- servaban unidos al gobierno que se anunciaba del Rey nuestro Sr. no habiéndose acordado el dia antecedente sino su confor- midad á las dos proposiciones indicadas por el Caballero Sín- dico segundo, contraída la una, á que se imprimiera el Ca- bildo estraordinario del 6 [en que resistió la mayoría reconocer el gobierno del Rey] y el Decreto ó impreso á que se refiere y la otra, áque también se publicara el deseo de es» cuerpo por el feliz momento en que le participo el Ministro Secretario del Despacho, haberse sentado en el trono de sus mayores con general aplauso de la Nación nuestro amado Monarca el Sr. D. Fernando Séptimo, para manifestar por cuantos medios estén á su alcance su júbilo y regocijo por tan fausto y sus- pirado acontecimiento folio (182, vta.) Kl dia 19 del propio mes se adhirieron y firmaron el acta del 18 dos Regidores que no concurrieron á esa sesiou, en la cual se acordó,dirijir al Rey, una felicitación concebida en lenguaje mucho mas in- — 311 — decoroso, mas servil y depresivo del código fundamental que la moción del Sindico segundo (folio 187, y 188.) No preveo cuales sean los sofismas que prepara el Dr. Piñeres para indemnizar á los Regidores de un prevaricato tan repentino y degradante, tributando las lisonjas y adulaciones mas humildes, al mismo que poco antes abominaban como á déspota. La única razón con que puede salvarlos y también á su Secretario del crimen de falsedad y suplantación, será precisamente, no haberse firmado los actos cuando se hizo la adiccion á la primera y se adhirieron á la segunda los dos ca- pitulares. En este mismo caso estaba el acta de la Diputación de 5 de Julio cuando la presenté al# Sr. Presidente y demás vocales. Y si á la primera de aquellas pudo agregarse, aunque por una nota, lo que realmente no se acordó, y firmaron la segunda los que no concurrieron á la sesión? podrá negarse á los individuos de Diputación el derecho de espresar en los términos que mas les agradase lo, mismo que habían acordado? Si después de aquel dia se hubiera celebrado otra sesión, y se- gún costumbres se leyera en ella el borrón del acta antece- dente ¿no podrían todos y cada uno de los vocales suprimir lo que estimasen supérfluo y agregar lo que faltase, hasta dictar materialmente las palabras conque debia entenderse? ¿Pues como es posible privarles de esa facultad tan solo, porque la vieron la vez primera estendida en el libro y no en un pliego de papel? Aunque se hubiera conservado completa y visible la media firma del Sr. Apodaca, no perdían los demás vocales el derecho de exijir que se espresara en ella lo que se habia acordado: mientras la mayoría no la subscribiera, no era inal- terable, ni formaba acuerdo. Lo que se añadió no está en contradicción con el sentido del ac- ta, ni es un pegote, (f. 145 vta.) Después de referirse, como dijo el Dr. Piñeres que se habia leido el oficio del Sr. Villavicencio y el decreto de 4 de Mayo, concluía con estas palabras: Y habiéndose enterado la Diputación de esta soberana resolución suspendió inmedia- tamente la sesión. Suspenderse la sesión á consecuencia de haber- se instruido del Decreto que disolvía las Diputaciones Provin- ciales suspenderse sin volver á tratar del punto que se discutía, cuando se recibieron aquellos documentos, y aun sin concluirse — 312 — la lectura del papel que se interrumpió por ellos; suspenderse mucho antes de la hora de costumbre; suspenderse tan intem- pestivamente y no volver á reunirse ¿no acredita que de hecho se cumplió lo que prevenía el Decreto, aunque no se espresa- ra materialmente en el acta? Véase pues ahora }T confróntese la adiccion que ha merecido tantas execraciones del Padre, "protestando su obediencia d los preceptos de S. M. y su constante adhesión al gobierno reconocido en la Metrpóoli." La primera pro- posición está implícitamente contenida en la anterior, que manifiesta la precipitación con que se interrumpió el acta. El Sr. Apodaca esplicó espresamente su obediencia con lo que dijo después de la lectura de aquellos documentos y los demás individuos la prestaron con su resignación y silencio. La última proposición es la causal de las elos antecedentes. Si el Sr. Villavicencio aseguraba en su oficio y lo ratificó de pa- labra el comandante del Correo, que toda la Península habia reconocido, con aplauso y entusiasmo el restablecimiento del anterior gobierno ¿debería la diputación contribuir con su disentimiento á la emancipación de esta Provincia? ¿Debería esponerla á los horrores de la anarquía, después de haberse preservado felizmente en las épocas mas calamitosas? ¿Sor- prehendida por el mas ominoso Decreto, como si se hubiera lanzado un rayo sobre ella, aislada en aquel recinto sin poder consultar la opinión publica? ¿merecerá las imputaciones con que la disfama el Dr. Piñeres por lo que hizo en aquel mo- mento de amargura y desolación? ¿Que cuerpo se comportó en- tonces con mas firmeza y decoro? ¿Que importa que la mitad del Ayuntamiento después de veinte y cuatro horas en que pudo discurrir tranquilamente sobre el asunto y esplorar el voto del Pueblo, hubiera rehusado el cumplimiento del De- creto si á los cuatro dias, subsistiendo el mismos defectos que antes opuso, se prosternaron todos sus individuos ante el ídolo del despotismo, y adjuraron aquellas instituciones que poco antes proclamaban liberales? En el período con que terminaba el acta, y en el otro que se me hizo agregar ¿que palabra encontraran los ojos mas suspicaces y malignos que indique adversión al sistema cons- titucional, deseo de que se restableciera el arbitrario, adulación — 313 — , ó lisonja? ¿Pude acaso en aquella época esplicarme con mas laconismo ó con espresiones mas respetuosas á las Leyes que se abominaban y proscribían? Compárese esa acta con todas las que celebraron entonces las corporaciones de esta Isla y de la Península, haciéndolas imprimir para dar ese nuevo y público testimonio de su adhesión y servilismo; compárese, repito, y por la mezquindad con que aparecerá estendida, se conocerá la violencia con que lo ejecuté. ¿Y por esto se me acusa? ¿Pueden encontrarse palabras mas oportunas, menos indecorosas y contrarias á la ley cons- titucional? ¿Habrá un furioso que me denuncie y también á la Diputación, por decir que suscribía al decreto de 4 de ma- yo, precisamente para evitar que esta isla quedase en la anar- quía ó emancipada de la Madre Patria? El Padre Piñeres, que sin duda fué el autor de la humillante respuesta del Sr. Bere- tervide de 9 de agosto, después de haber tenido muchos dias para pensarla, acusa á la Diputación y me acusa á mi. ¿Y por qué? ¿Por no haber incurrido en la misma abyección, profirien- do las palabras mas dignas y respetuosas? ¿El Padre Piñeres elogia al Cabildo y nos insulta á nosotros? ¿á nosotros, que en la primera sorpresa dijimos tan poco, que no pudo ser menos? ¿Qué necesitó esplicarse para que se entendiera, y después de amplificado permanece muy conciso? Se ha lisongeado en uno de sus impresos de haber encon- trado en la nota final de mi papel Herodias, un argumento invencible contra la unánime obediencia de los individuos.de la Diputación al decreto de 4 de mayo. Ratifico ahora con mas estension lo que allí dije, y se disiparán sus esperanzas. Cuan- do presenté el acta con la adición al Dr. Ferregurt y á otro diputado que entonces no podia determinar, y después estoy convencido de que fué el Sr. Galainena, se abstuvieron de sus- cribirla, no negando que hubieran prestado su obediencia á dicho decreto en la sesión, sino para haber reflexionado pos- teriormente, que no se habia comunicado por su respectivo ministerio, y también porque advertían el disgusto que habia causado en el pueblo y la divergencia de opiniones en el Es- celentísimo Ayuntamiento; pero ofrecieron firmarla cuando se recibiera el decreto oficialmente. El señor Beretervide fué 40 — 314 — el único que rehusó suscribirla á pretesto de que no habia ma- nifestado obediencia en aquella ocasiou. Lo participé todo al Señor Gefe Político, y luego que le fué comunicado por el Se- cretario de Ultramar el referido decreto y la Real orden de 24 de mayo, pasó ambos documentos á esos tres señores Di- putados en 29 de julio, y á los demás solo la Real orden. Los Sres. Ferregurt y Galainena firmaron inmediatamente el acta, y todos, á escepcion del Sr. D. Ignacio de Quesada, que esta- ba ausente, contestaron á S. E. ratificando espresamente su obediencia al Decreto y cumpliendo lo que prevenía la orden. Pareciéndole á S. E. que el Sr. Beretervide no lo esplicaba suficientemente, repitió otro oficio con fecha de 9 de Agosto, y en el propio dia le contestó con la mayor sumisión y bajeza, no solo reiterando su obediencia al decreto y Real orden, si- no también á cuanto S. E. se sirvió mandarle (folio 126.) ¿1 primer oficio que en 29 de julio dirigió el Sr. Apodaca á Be- retervide, y reconocí en el Tribunal, pidiendo el contrario se testimoniara á (fóleo 168), es de la misma fecha y de la pro- pia letra que todos los demás; yo hice el borrón y los copió D. Ruperto Saavedra, uno de los escribientes que tenia en aquel año. Conservo el que se dirigió al Dr. Ferregurt, y vie- ron en mi casa el Sr. D. Juan Echegóyen, D. Ramón Martelo y otras personas que concurrieron á ella el dia que se publi- có el impreso Herodias; el Sr. Galailena me asegura que tam- bién conserva el suyo. A las contestaciones que recibió el se- ñor Apodaca de los individuos de la Diputación, se contrae la nota rubricada por S. E. que encontraron los escribanos Sa- linas y Rodríguez en la única hoja que media entre las sesio- nes de 5 de julio de 814 y 19 de abril del año próximo pasa- do (fóleo 124.) Esta relación parecerá al Tribunal demasiado minuciosa y poco ó nada conducente al objeto de la cuestión; pero yo la estimo tan necesaria para precaver la objeción que indiqué, como para rebatir dos aserciones que abortó adephesios el doc- tor Piñeres. Si los Sres. Galainena y Ferregurt no suscribie- ron el acta de 5 de julio hasta el dia 29 que se les comunicó el decreto por un oficio, ¿es creíble que fueran dos de los cua- tro que me dieron la orden de las raspaduras y suplantacio- — 315 — ncs para contraer el mérito de ser los primeros que obedecie- ron dicho elecreto? No es menos demostrable la injusticia con que pretendió deprimir á loe individuos de la Diputación y realzar al Sr. Beretervide, cuando dijo seguidamente, y todos firmaron esta falsedad, menos el Sr. Beretervide, que con la dignidad de un ciudadano español, resistió los ataques que se le hicieron hasta por el mismo Gefe Superior Político, cuyos oficios tengo á mi disposición.» Si hubiera procedido en este particular solo por informes, podría atribuirse á ligereza la aseveración y confianza, con que se esplica. Pero afirmar que tiene á su disposición los oficios en que el Gefe Superior polí- tico atacó á Beretervide para que firmara el acta, es lo sumo de la impudencia y de la o!'secación. Si tiene ese documento tan honroso á su prosélito, ¿porque no se presentó con prefe- rencia al de 2',i de julio? ¿i'orqué lia reservado su humilde y servil contestación al de '.< de agosto? ¿El que se esplicó tan indecorosamente, poelia remitir la mas leve insinuación de S. Yj. para que suscribiera el actsi? Ni se lo exigió jamás, ni yo practiqué diligencia alguna para (pie lo verificara, ya fuese porque constaba su obediencia al decreto en el citado oficio y en la nota que hizo poner en el libro e1 Sr. Apodaca, ó porque quise respetar su moelo de proceder, ó porque estando firma- da por ocho individuos de los nueve que concurrieron á la se- sión, no era necesario que él lá autorizara. Si bastase que algún individuo de cualquiera corporaciou, por ignorancia, malicia ú otro motivo ilegal dejase de firmar un acuerdo, para que el secretario no los suscribiera, y queda- sen sin efecto, según opina el Dr. Piñeres, (fóleo 151) esta seria labora en que nuestro Cóeligo fundamental no se habría san- cionado, y carecería toda la nación de los beneficios que por él disfruta. Habiendo rehusado uno de los individuos de la co- misión de Constitución suscribir la primera parte de su pro- yecto, tampoco lo habia verificado el secretario, frustrándose, por consiguiente, los votos de las Cortes estraordinarias y de todos los españoles de ambos mundos. Con harta confusión del Dr. Piñeres se habrán disipado también bis esperanzas que concibió de implicarme con la no- ta final de las Herodias, y de recomendar la dignidad del se- — 316 — ñor Beretervide. Solo ha podido aplaudirla el que se prevalió de su felonía contra los jefes, contra sus colegas, y contra la misma corporación á que pertenecía, para mancillarla y espo- nerla á la pública execración, imputando á sus individuos, y a mí especialmente, el crimen de falsedad. Me abstendría de es- plicar la verdadera acepción de esa palabra, hablando en un Tribunal ilustrado; pero lo exijo mi defensa: «Falsedad, dice la Ley de Partida, es mudamiento de la verdad. E puédase fa- cer la falsedad en muchas maneras; asi como si algún Escri- bano del Rey, ú otro que fuese notario público de algún con- sejo, ficiese privilegio, ó carta falsa á sabiendas, ó rayase, ó cancelase, ó mudase alguna escritura verdadera ó pleito, ú otras palabras que eran puestas en ella, cambiándolas falsa- mente.» Está demostrado que no rayé ni una sola palabra del acta, que lo añadido no cambia falsamente lo que estaba es- crito, que no lo hice por mi voluntad ó capricho, que no es contrario á lo que ocurrió en los últimos instantes de la sesión y se mandó espresar por los mismos individuos del Cuerpo que suscribieron la adición. Y si no lo ejecutó el Sr. Beretervide, lejos de haber motivo para recomendarle y hacerme cargos de no haber tomado su firma, solo los habrá para elogiarme, pues teniendo en mi mano un medio, cuando no de perderle, al menos de mortificarle, en lugar de haberlo usado, procedí con tan generoso secreto, que puedo en verdad asegurar que él, su director y yo éramos las únicas personas que en aquella peligrosa época estuvieron enteradas de semejante falta, des- pués que se le comunicó el decreto. ¿Y así se corresponde mi noble proceder? ¿Es creíble que me insulten los que debie- ran admirarme? ¿Que esa misma consideración ó indulgencia les preste materia para acusar de inconstitucional, á quién asi respetó hasta los delirios de los constitucionales? ¡Oh negra indigna retribución! Mas yo espero, y con la mayor confianza, de la ilustra- ción del Tribunal, que estará plenamente convencido de que las únicas letras que se rasparon pertenecían á la media firma del Sr. Apodaca, la misma que se repuso completa y hasta con su rúbrica; que lo añadido fué dispuesto por los mismos indi- viduos que celebraron el acta, y que no habiéndola firmado, — 317 — pudieron, no solo amplificar la que se indicaba en el período antecedente, siuo también reformarla. Espero igualmente que su prudencia habrá reconocido, y aun admirado, que la espre- sada adición fué lo menos y más decoroso que pudo hacerse en tan críticas circunstancias; lo menos, repito, pues hizo mu- cho mas el Cabildo y su secretario, á quien tanto elogia el Doc- tor Piñeres; y lo mas decoroso, vuelvo á decir, porque en lu- gar de las bajas sumisiones que tributaron todos los Cuerpos al poder arbitrario, la Diputación usó de una causal que ni es enemiga de la Constitución, ni amiga de aquel poder. Por úl- timo, no dudo de su imparcialidad y rectitud que procederá conforme á las Leyes y los Cánones, convencido el reo del atroz delito de calumniador. No son menos graves las penas que imponen á los auto- res de libelos famosos, ni es fácil encontrar entre los que mas se han distinguido por su maledicencia, algún otro que haya publicado tantas injurias personales como el Presbítero Piñe- res contra mí. En el impreso denunciado, y justamente califi- cado de libelo infamatorio, dice en la página cuarta «que en el papel Purga Vrbem del Dr. D. Tomás Romay, sentó la siguien- te proposición incendiaria y auti-constitucional.» El apostrofe que cita no fué dirigido, como supone, á los soldados ni aun á los oficiales subalternos de esta guarnición; sino precisamen- te á sus jefes encargaelos por el Escmo. Sr. Capitán general de ejecutar lo que ha divulgado el Dr. Piñeres, y omití yo por consideración á los purgados.—En la página sesta espresa que los desafectos al Santo Código, queriendo dar el ejemplo de servilismo y sumisión al gobierno absoluto, dieron la orden á su digno secretario el Dr. Romay.» La palabra digno, aplicada por antítesis, indica que soy igualmente enemigo de la Cons- titución, y sometido al gobierno arbitrario y servil. Lo com- prueba la odiosa ironía que añade llamándome constitucional secretario. En el párrafo siguiente repite «que los cuatro diputa- dos propietarios, con su presidente, vice-presidente y secreta- rio falsificaron el acta para marcar con un crimen su amor á la tiranía y servilismo......y que con su asemejado secretario el Dr. Romay están envueltos en el espresado crimen.—Con- trayéndose al manifiesto en que impugné su impreso «sobre — 318 — elecciones parroquiales, y consecuente á la identidad de senti- mientos que me supone con los cuatro diputados propietarios, y á la connivencia en la suplantación del acta, pregunta en la página séptima: «¿Los que han hecho traición á la provincia, y pisando crímenes, se precipitaron á derrocar la constitución, ¿cómo pueden empeñarse en su observancia y ser adictos á los defensores de ella?» Ya no solo he cometido el crimen de falsedad; son «crímenes» los que he pisado para derrocar la Constitución; y antes de precipitarme en ese, habia ya perpe- trado otros.—Concluiré la enumeración de las injurias mas notables que me infiere en dicho impreso, con este período del último párrafo; porque, como la mayoría de sus individuos traga por fuerza la constitución, según el testimonio indica- do, no es mucho trabajo en barrenarla y desacreditarla por to- dos los medios y caminos. Si hubiera dicho Mayoría de sus Di- putados ó Vocales, desde luego me habría escluielo; pero con- traerse á mayoría de individuos, según el testimonio indicado, en el cual me habia comprendido; acredita que estoy incur- so entre los que barrenan la constitución y trabajar en desa- creditarla por todos medios y caminos. Esto es lo mismo que afirmar, que conspiro directamente y por diferentes medios contra nuestras leyes fundamentales. Si decia San Bernardo que núges in ore sacerdotis sunt blas- jphemis, ¿cómo llamaría las imputaciones con que un sacerdote ha pretendido privar de la honra á un ciudadano, del empleo á un funcionario público y de la libertad á un padre de fami- lia, denunciándole una y muchas veces por haber conspirado contra la misma Constitución? Mas el Dr. Piñeres, lejos de reconocer las injurias y perjuicio que ha podido causarme con ese libelo; lejos de respetar la calificación de la Junta de Cen- sura y la providencia del Tribunal que mandó recojer todos los ejemplares, para que no se hiciera mas pública mi disfa- maeion y se perpetuara en esos documentos; ha estimado in- justo y amañado el dictamen de la Junta por afección y par- cialidad hacia mi, frustrando al mismo tiempo los efectos de la detención de los impresos, prevenidos en favor del agraviado por los Decretos de libertad de imprenta. Con la mas escandalosa contumacia repitió las mismas . — 319 — injurias y calumnias en siete papeles que hizo imprimir des- pués de la satisfacción titulados: Análisis del impreso Herodias. Reconvención. Cargo. Aumento al cargo. Estraordinaria ocur- rencia. A los amantes de la verdad y complemento de pruebas. No pude agregar á los autos un ejemplar de todos ellos por que no me fué posible encontrarlos; pero en cualquiera pági- na de los que existen en ellos se presentan aquellas imputacio- nes con los rasgos mas negros y horrorosos. Se resiente dema- siado mi pudor al recordarlos, y el Tribunal se mortificaría igualmente si pretendiera transcribirlos todos. Baste uno, y sea el siguiente: solo el que prostituyó la fe de Secretario á la adulación y á la lisonja y al idolo del servilismo, puede pre- sumir de individuos que no conoce ni ha comunicado, lo que pasó por si mismo" (folio 140 vta). Ahora, pues, si el Dr. Piñeres no me conocía ni jamas me ha tratado ¿como ha podido reputarme enemigo del sis- tema constitucional y adherido servilmente al Despótico? ¿Co- mo afirma y vocifera que cometí el crimen de suplantación, para facilitar el restablecimiento elel gobierno arbitrario y abolir las instituciones liberales? ¿Que hechos ha observado en mi conducta pública ó privada para asegurar que pisando crímenes me precipité en el de falsedad el 5 de Julio de 814? Y después de ese dia para siempre infausto ¿que pruebas he dado de complacencia por el nuevo orden, ó de reprobación del antecedente? ¿Cuales tiene agregadas á estos autos para comprobar esa injusticia? Las mismas que exhibió para justifi- car la suplantación del acta; y si demostré anteriormente aquella calumnia del modo mas incontestable, no serán ahora menos auténticos los comprobantes de su maledicencia y pro- cacidad. En el mes de Setiembre de 1808, cuando el Sr. Piñeres era espectador indiferente de la lid gloriosa que sostenía la Madre Patria; cuando su nombre no aparecía entre los de aquellos generosos patriotas que la auxiliaron con sus dona- tivos, ni entre los escritores que aplaudieron su heroica insur- rección; en aquellos dias elignos de eterna memoria, publiqué en la imprenta del gobierno un papel titulado Conjuración de Bonaparte y Godoy contra la Monarquía española, y después de — 320 — esponer los derechos que tenia la Nación para resistir al tirano y al favorito, dije en la página 11 como si Carlos 4.° fuera ar- bitro absoluto de la Monarquía Española; como si pudiera por si solo derrogar sus Leyes fundamentales; cede la soberanía en favor de Bonaparte. ¿Se ha visto jamas una farsa mas ridi- cula, ni una depredación perpetrada con menos pudor? 4,En la página 13" Ella fué (la Nación) la que calificando los de- rechos del Duque de Anjou y del Archiduque Carlos, dictó el testamento de Carlos 2.° concediendo al primero y á sus descendientes la Soberanía de España; prescribiendo el orden inalterable de las suscesiones y reservándose la facultad inad- misible ele instalar otra nueva dinastía, cuando la de Borbon se estinguiera absolutamente en sus dominios." Por último, en la página 20 habiendo tratado ele las Juntas que se establecieron en las Provincias de la Península concluía con estas palabras concediéndole la autoridad de gobernarlos á nombres de Fer- nando Séptimo, mientras consiguen redimirlos á costa de su sangre y de los mayores sacrificios, ó hasta que la Nación congregada en cortes reasuma la soberanía." ¿Y este es acaso el idioma de los serviles? Era si el mió dos años antes que las cortes estraordinarias hubieran sancionado el augusto Decreto de 24 de Setiembre de 1810 y con mayor anterioridad el artículo 3o de nuestro código fundamental. Rectificada mi opinión sobre la soberanía con esas leyes y la lectura de algunos publicistas, hice impri- mir posteriormente los rasgos colocados desde (folio 99) hasta 103. Cualquiera de ellos, cualquiera de sus párrafos me hon- rará siempre por haber sido uno de los mas acérrimos defen- sores de la Soberanía nacional abominando con execración el poder absoluto y arbitrario. Elija el Dr. Piñeres de esos im- presos el periodo que quiera, y presente otro entre todos los que há publicado que contenga en tan pocas palabras, y tan castellanas y souoras,tantasideasy sentimientos liberales, tan- ta adhesión al despotismo ministerial, tanto amor á la libertad civil y tanta adhesión por principios y couvencimiento á las instituciones liberales. No se diga, que hice del hipócrita en aquella época. El último Dos de Mayo se publicó cuando ya sabíamos que el Rey — 321 — habiendo salido de Valencey se dirigía á nuestras fronteras; y aunque ignorábamos cual sería su resolución, repetí no obstan- te con la misma franqueza y energía cuanto habia dicho ante- riormente. Véanse si no los últimos párrafos, y vuélvanse á requerir las declaraciones del Sr. Cervantes y Arazosa. En ellos se encontrará la firmeza imperturbable conque me espuse no solo el desagrado de un Gefe respetable, sino también á ser delatado á la Junta de vigilancia establecida en Madrid por mis doctrinas liberales y contrarias al sistema de opresión y arbitrariedad. Con ese objeto se solicitaron dos ocasiones y con la mayor eficacia los originales de aquellos impresos, y la honradez de los Sres. Cervantes y Arazosa me privó quizá de haber conocido y admirado á los ilustres Arguelles y Her- reros. Yo quisiera haber visto en aquel conflicto al Dr. Piñe- res y tantos gárrulos que se desgañifan ahora para persuadir. nos que son constitucionales, á fuerza de repetirlo con la mas fastidiosa importunidad, sin haber dado una prueba decisiva de sus sentimientos. Si en los seis años posteriores no manifesté los mios pu- blicamente; tampoco hé dado señal alguna de haberlos adju- rado. ¿Y quien há sido el que no ha respetado ó tenido el go- bierno dominante? El mismo Padre Piñeres que con infracción la mas reprehensible de la orden de la Regencia de 24 de Junio de 1813 declamó antes y ahora igualmente contra las autoridades y Tribunales ¿es posible que en ese intermedio no advirtió su exaltado patriotismo un solo abuso que mere- ciera reformarse? ¿Porqué manifestó su conformidad al menos con el silencio mas inviolable? Yo hé dado pruebas mas posi- tivas de mis constantes sentimientos Constitucionales. Preci- sado á escribir en cumplimiento de los encargos que me han sido confiados, se imprimieron algunos de esos papeles, prin- cipalmente en las Memorias de la Sociedad. Examínelos de- tenidamente el Padre Piñeres; apure la suspicacia de sus ojos maléficos; y si encontrase en ellos una sola palabra que sos- peche lisongero al gobierno arbitrario, irrespetuoso al cons- titucional; deteste en hora buena con toda la acrimonia de su pluma ese torpe prevaricato. Pero mientras no lo ejecute, mientras que permitiéndole 41 — 322 — generosamente lo que le niega la Ley de Partida, no presente alguna prueba ele las injurias personales conque me há disfa- mado en sus libelos; será habido y castigado como impostor público, agravando ese delito su mismo sagrado carácter. To- davía lo hace mas punible el espíritu de contumelia con que ha procedido. Lejos de contestar en esos folletos á las razones con que vindiqué á la Diputación en el Manifiesto folio 135 impugnando al mismo tiempo los peligrosos delirios que pu- blicó acerca de la soberanía de las Juntas Parroquiales; solo en uno tocó la cuestión como por incidencia, dirigiendo todo3 sus dardos contra mi opinión pública y privada. Irritándole mi silencio, cuando elebia disipar su saña, nada omite paraque lo interrumpiera atribuyéndolo á convencimiento, y mi mode- ración á defecto de consecuencia y pundonor. Inalterable en mi propósito, me consolaba con el testimonio de mi concien- cia, con el aprecio y estimación que no desmerecía de los ciu- dadanos imparciales y rectos, y con el resultado de este jui- cio. No lo esperaba con igual confianza el Dr. Piñeres, cuan- do no satisfecho con repetir en sus folletos aquellas imputa- ciones para darles toda la publicidad que le era posible, acri- minándolas en cada uno de ellos con los sarcasmos mas inju- riosos; se precipitó hasta el estremo de dirigir al Sr. Gefe Su- perior Político el oficio folio 155 vta. Este documento, sufi- ciente por sí solo para demostrar el espíritu que le ha dirigido y el fin que se ha propuesto; acabó también de convencerme de que no obstante sus detracciones y anterior se conservaba ilesa mi opinión, quedando frustrados ignominiosamente has- ta los últimos esfuerzos de su impotente venganza. Mas prudente que D. León Ruiz de Azua, á quien insti- gó para que contribuyera á mi deposición de la Secretaria, es- poniéndole á ser unánimemente repelido por la Diputación y á que le reprehendiera públicamente el Supremo Gobierno, me retiré á otra pieza mientras se trataba sobre dicho oficio en aquella Corporación. Allí me presentó D. Santiago Cba- rum un certificado de Escribano de la Junta de lo Conten- cioso de la Hacienda pública igual al que obra en los autos que le sigue por injurias el Padre Piñeres, en el cual atesta aquel Ministro, que en su archivo existe un espediente contra — 323 — ese Dr. en Cánones cobrándole diez mil pesos que retenia per- tenecientes á los Espolios del Ilustrísimo Sr. Tres-Palacios; incitándome Charum á que entorpeciera con ese documento la delación del Presbítero Constitucional, pues siendo deudor á la Hacienda pública, no podia usar contra ningún ciudada- no de la acción popular. Pero tranquilo y muy confiado no menos en mi inocencia que en la rectitud de los Sres. Dipu- tado?; me abstuve de una evasión que si no era capaz de in- demnizarme legalmente, habría entorpecielo al menos aquella acusación, dejando á un mas desairado y confundido al que osó promoverla. Compárese esta generosidad con en el ahinco infatigable del Dr. Piñeres por ofeuderme y denigrarme; compárese mi siieucio con sus reiterados libelos, compárese por último mi manifiesto cou todos y cualquiera de los papeles que impri- mió posteriormente. Aquel aparecerá escrito con dignidad y decoro; estos no presentan sino chocarrerías y sarcasmos; en aquel se encontrarán verdades demostradas con leyes y razo- nes; en estos injurias y calumnias improbables: 'en aquel se respetan las autoridades, la moral y la decencia pública; en estos se insultan los primeros Gefes, las Corporaciones y mu- chos vecinos honrados y constitucionales, esponiéndolos á ser escarnecidos y vejados por el pueblo. Si se leyeran esos im- presos sin las firmas de sus autores, se (liria seguramente que eí Manifiesto fué escrito por el Presbítero y los folletos por el Lego. No es esta, á la verdad, la conducta que observó San Ci- priano con el cismático Donato. Habiendo perseguido impía- mente á los católicos no solo con la pluma sino también con las armas, escribiéndole no obstante el Obispo do Cartago, le dice: da veniam, si quid liberius dlxit, non ad contumcham tuam, sed ad defeiisionem mean. Dispensa, ó Donato, si algo hubiere dicho libremente, no ha sido con ánimo de ofenderte y agra- viarte, sino tan solo por ser conveniente á mi defensa. ¿Y se ha comportado de ese modo el Sacerdote Piñeres? ¿Ha prefe- rido su defensa á mi disfamacion en todos sus líbelos? ¿En esos líbelos tan contrarios á la mansedumbre y lenidad que exio-e su carácter? ¿En esos líbelos eu que abusó con el ma* — 324 — yor escándalo de la libertad de imprenta? ¿En esos libelos que si los hubiera denunciado habrían merecido justamente la misma censura que la satisfacción? ¿En esos libelos escritos con sangre y dictados por las pasiones mas abominables? ¿En esos libelos comparables solamente á Mi voto sobre Jueces de Le- tras, sobre Reglamento de Urbanos, sobre Gefes Políticos subalter- nos, A los desengaños y á cuanto mas escribe la misma pluma dirigida siempre por intereses personales? ¿Y hasta cuando abusará el Dr. Piñeres de la inmunidad de su estado, de la paciencia de los ciudadanos, de la indul- gencia de las autoridades? ¿Cuando se convencerá de que no tiene privilegio alguno para ofender impunemente ni al veci- no mas infeliz y desvalido? ¿En que st funda para anunciar- me que vá á contraquerellarse de mí? ¿Será porque dije en la Herodias, que debia ser por su edad y estado mas comedido que yo? ¿Y quién duda que me escede en algunos años, y que debiendo por ellos llevarme ventaja en moderación y pruden- cia resulta lo contrario de sus escritos? ¿Por su estado? Escu- che lo que escribe San Gerónimo al Presbítero Heliodoro: in te oculi omnium diriguntur: donus tua et conversatis tua quasi in specula constituía magistra est publice discipline: quidquid feceris, id tibí omna faciendamputant. Si esto no le convence, si todavía se considera autorizado por su carácter para injuriarme v ofenderme sin que yo pueda reconvenirle; lea y medite la se- sión 14 del Decreto de reformación del Concilio de Trento. ¿Se quejará porque dije en un escrito, que en la época anterior concurrió dos ocasiones á las elecciones Parroquia- les, y que aceptando los encargos de Compromisario y Elec- tor infringió la constitución, po*r ser deudor á la Hacienda pública? Lo primero, consta de las actas de aquellas eleccio- nes y de los Diarios del Gobierno; y lo segundo de la certifi- cación que agregó Charum á los autos que ha tenido en su po- der. ¿Se habrá ofendido su escesiva delicadeza porque afirmé en el mismo escrito, que en fines del año de 814, ó principio del siguiente, le hizo comparecer en su presencia el Sr. Apo- daca y le intimó un Escribano que aun vive una Real orden reprehendiéndole severamente por las declamaciones que ha- — 325 — bia publicado contra los Ministros de la Exma. Audiencia Territorial? No he presentado testimonio de dicha Real or- den, porque siendo reservada, me fué negado; pero habiendo dicho que vive el Escribano que la intimó, si me hubiera pre- guntado quién era, le habría nombrado, y él no rehusaría comprobarlo. El Dr. Piñeres no ha debido estrañar que en dicha época y á consecuencia de lo espuesto por aquellos Se- ñores se hubiera espedido la Real orden indicada; cuando ha- biéndose disimulado en estos dias tantos abusos en la libertad de imprenta, y sin que la Diputación Provincial nada hubiera representado acerca de los papeles que publicó contra ella el mismo Dr. Piñeres, contraidos á la repulsa del suplente Azua y á mi continuación en la Secretaria; se recomienda no obs- tante al Exmo. Sr. Gefe Superior Político por Real orden de 13 de Enero último, manifieste al espresado Azua que guarde siempre el mayor respeto á las Disposiciones de la Diputación, sin calificarlas de desaciertos en el público. D. León no imprimió ningún papel contra lo resuelto por la Diputación: el Dr. Pi- ñeres es el autor de los tres folletos en que se calificaron de desaciertos sus acuerdos sobre uno y otro asunto, y agregados á la información que promovió el suplente, ante el Sr. Alcal- de D. Felipe Valdés, representó á S. M. solicitando la corres- pondiente declaración á su favor. Al mismo tiempo el Señor Gefe Superior Político dio cuenta de todo lo ocurrido en aquella sesión con copia íntegra del acta que comprendía am- bos puntos. Y en vista de esos documentos resolvió el Rey aprobando espresamente la conducta de la Diputación con Azua, y respecto á mí la aprobó también tácitamente, des- preciando cuanto dijo en aquellos papeles el Padre Piñeres sobre la necesidad de removerme de la Secretaría por el cri- men de falsario, que aseguraba haberme^probado ante el mis- mo Sr. Gefe Político. Si todavía se resiutiere el muy^sensible amor propio del contrario por alguna otra espresion, que sin duda la mas de- nigrativa de las mias será levísima comparada con la mas li- songera de las suyas; quede compensada con las demás que me ha prodigado su admirable facundia en sarcasmos y dia- — 326 — trivas, sin escluir los crímenes que dice haber pisado para pre- cipitarme á derrocar la constitución. Pero no le remito las calumnias de falsedad y suplantación del acta, ni las injurias que me infiere imputándome haber conspirado contra el go- bierno constitucional para restablecer el arbitrario y despótico. ¿Y porqué motivo aquella indulgencia? ¿Po.drá deman- darme en este Tribunal, aun cuando yo no gozara de un fue- ro muy privilegiado? ¿Puede convertirse de reo en actor? El acusado no se queja, se esculpa para ser absuelto, y mientras lo consigue no tiene voz ni persona para querellarse. Así es- taba dispuesto por antiguos principios, y no habiéndose dero- gado, subsisten en todo su origen. Mal puede acusar el que se halla en la incertidumbre de la suerte que debe caberle, y tiene suspensos los derechos de ciudadano, conforme al pár- rafo quinto del artículo 25 de nuestra constitución política. Desde que es procesado criminalmente no goza de alguna prerrogativa, cesan sus funciones civiles ¿y podrá egerceruna de las mas principales de la Sociedad? Debe al contrario espe- rar con humillación las penas que merece por los dos enor- mes crímenes que ha cometido; el primero, calumniando á un funcionario público en el ejercicio de su ministerio; el segun- do, injuriando á un ciudadano fiel y obediente á las Leyes por medio de libelos famosos. Supuesta la subscripción de los miembros de la Diputa- ción y la prueba plenísima agregada ¿qué fué lo que se aña- dió al acta eme no sea conforme á lo ocurrido en la sesión? ¿Dónde se mudó la verdad con el dolo y perjuicio que consti- tuye el delito de falsedad? Es preciso ignorar los principios para imputarlo, y crasa, supina ó afectada la ignorancia para repetirlo con tanto descaro. Las Leyes son claras y terminan- tes y los autores las esplanan de un modo que no dejan duda para conocer lo que es en sí y forma la perpetración. Requié- ranse á los Sres. Mateu y Caldero, á Gómez, Julio Claro, Guarimo, Peguera y demás criminalistas. Piden uniformes: mutatis veritatis, dolus est aptitudo nocendi in perjiulicium alterius. Montalvo y Paz comentando las de los fueros escriben lo mis- mo, y refieren sus palabras, como lo hace el Sr. López en sus glosas á las de partida. — 327 — Si el Dr. Piñeres hubiera probado, que se rasparon algu- nas palabras del acta, que lo añadido está en contradicción con lo que estaba escrito, que no se hizo por orden de los mismos Vocales de la Diputación, que no firmaron el acta después que se agregaron aquellos períodos, que alguno no lo ejecutó voluntariamente protestando de violencia, y que real- mente en la sesión no se leyó el Decreto ni se acordó su cum- plimiento; entonces le favorecería el artículo 29 elel Decreto de 11 de Junio de 1813. Pero no habiendo cumplido lo que ofreció con tanto orgullo y dureza en el juicio de concilia- ción, pretendiendo frustrar con el mayor desprecio la califica- ción de la Junta de Censura y la providencia del tribunal para recoger los impresos; reincidiendo obstinadamente en los propios delitos cuantas veces repitió sus libelos esforzando mas y mas cuantos recursos le sugiera el odio mas implacable, para privarme de la honra, del empleo y de la libertad; no merece por cierto indulgencia alguna; ni podrá favorecerle su carácter ni sus achaques verdaderos ó supuestos. Con ellos delinquió, con ellos ha reincidido; sufra, pues, con ellos lo que previene el artículo 4. ° del Decreto de 10 de Noviem- bre de 1810. Vigeutes aquellas leyes principió esta causa, ha continuado observando los trámites que prescriben; debe por consiguiente concluirse con arreglo á ellas, no derogadas, an- tes si muy conformes al artículo 7 ° título 2 o de la novísima de 12 de Noviembre del año próximo pasado. Los Cánones, y todas las jurisprudencias conocidas ful- minan los mas terribles anatemas contra semejantes delin- cuentes. El Decreto de Graciano los contiene, se publicaron en las Decretales, el código Romano los promulgó y el patrio los incluyen en sus volúmenes. Trae consigo la iufamia de de- recho en que se incurre para la sentencia y pronunciamiento en que el Juez debe espresarla. Sigue la irregularidad, y aun- que se mire con indiferencia por el que no sacrifica; el buen Sacerdote la teme y se consterna. Si no ha llegado á las últi- mas órdenes, no puede promoverse ni ministrar en las que ha recibido. Queda inhábil para las dignidades y beneficios eclesiásticos por la nota que le acompaña. En el Deuteronomio impuso el Legislador Supremo la — 328 — pena del Talion con palabras terminantes, copiándolas en nuestras partidas el sabio que las compuso. La Santidad de Pió 5 ° la recordó en su famosa constitución publicada en Roma en 27 de Marzo de 1506, reformando solamente los azo- tes; y Gregorio López la ratifica también comentando la Ley 3. =* título 9. Part. 7. * El Dr. Piñeres no procedió á denunciarme en fuerza de su Ministerio, no ejerce ningún carácter por que le obligara á ejecutarlo, ni ha podido usar tampoco de la acción popular. Solo se descubre y manifiesta un ánimo deliberado de ofen- derme, un verdadero espíritu de contumelia, tanto mas re- prehensible cuanto mas obligado está por su carácter á ser jus- to y benéfico, á predicar mansedumbre, concordia, caridad y moderación. Lejos de recomendar esas virtudes, autorizando su doctrina con el ejemplo, ha conspirado con sus impresos á la disfamacion y ruina de un ciudadano que desde sus primeros años se dedicó á servir á la Patria, al Rey y á sus semejantes. Su opinión pública y privada atrozmente ofendida exige se le retribuya lo que la injuria y calumnia le hubieren defraudado; la vindicta pública lo pide imperiosamente; y para que la sa- tisfacción repare cuanto hubiere desmerecido por aquellas im- putaciones, recomendando además de lo espuesto lo que cons- ta de los autos.—A V. suplico se sirva resolver definitiva- mente según propuse al principio. — 329 — CONTESTACIÓN del Dr. D. Tomas Romay á los nueve libelos famosos que ha publicado el Presbítero Dr. D. Tomas Gu- tiérrez de Piñeres, imputándole el crimen de haber falsificado una acta de la Exma. Diputación pro- vincial. SENTENCIA. En la siempre fiel ciudad de la Habana en veinte de agosto de mil ochocientos veinte y uno, el Sr. Dr. D. Luis Pórtela, presbítero abogado de los tribunales nacionales, catedrático de prima de sagrados Cánones y Constitución, en esta Ponti- ficia y nacional universidad, provisor y vicario general auxi- liar de este Obispado &c. Habiendo visto estos autos seguido por querella del Dr. D. Tomas Romay, contra el presbítero Dr. D. Tomas Gutiérrez de Piñeres, por las que le infirió en el impreso titulado Satisfacción á la vindicación y manifiesto da- do por la Diputación de esta provincia, con fecha de seis de Ju- lio del año antecedente publicado en la imprenta de Palmer é hijo: vista la acta de la estinguida junta de censura que califi- có dicho impreso de libelo infamatorio, que contenia injurias personales contra el citado Dr. Romay, cuya acta se halla co- locada á fojas dos: visto el acto de conciliación de la3 tres, en que el Dr. Piñeres ratificó cuanto habia dicho en el impreso, comprometiéndose á justificarlo por conducto de su persone- ro D. Félix Castells: el mismo impreso injurioso de la cuatro, libelo de querella de la diez, testimonio de reconocimiento de la doce, escrito de la diez y seis, representación fiscal de la 42 — 330 - veinte, auto de la veinte y dos vuelta, acusación de la veinte y tres, contestación de la veinte y cinco, impresos de la treinta y treinta y dos, libelo de la treinta y siete y treinta y nueve, auto de prueba de la cuarenta, las que respectivamente minis- traron las partes, corrientes las del actor desde la foja setenta y seis, hasta la ciento cincuenta y cinco, y las del reo, desde la ciento cincuenta y seis, hasta la ciento noventa: los alega- tos de buena prueba colocados á las doscientas tres y doscien- tas cincuenta, con todo lo demás que ha 6Ído digno de notar- se y tenerse en judicial consideración, dijo su merced, que ad- ministrando justicia debia declarar y declara que el Dr. D. Tomas Romay ha fundado bien su querella, probando cuanto probar le convino para sincerarse del crimen de falsedad que en el nominado impreso le acusó el Dr. D. Tomas Gutiérrez de Piñeres; y que éste no lo ha hecho en bastante forma para justificar su aserto, y eximirse de la pena que la ley impone á los autores de libelos famosos, en el grado en que fué califica- do el predicho que ha dado causa á este procedimiento; pues si bien ha justificado que en el último párrafo de la acta de cinco de julio del año de mil ochocientos catorce, hay raspa- duras, y que después de asentadas sin firmarse de los vocales que componían la Diputación provincial, se agregaron algu- nas palabras; como que éstas ni alteran ni mudan el sentido de dicho último párrafo, sino que son en todo conformes con lo que antes en él se ha dicho, no se verifica mutación de la verdad, cual debe haberla para que se cometa el crimen de falsedad; mucho menos cuando todos los vocales subscribie- ron dicha acta en los términos que aparece hoy, escepto uno cuya falta no destruye la adopción que con su firma hicieron todos los demás de las últimas indicadas espresiones; á lo que se agrega estar califibado, que dichas raspaduras son unas in- terlineales, y otras insignificantes, no apareciendo por consi- guiente verdadera suplantación de palabras: en cuyo concep- to y el de haber sido denunciado y calificado el impreso antes que se sancionase la novísima ley de imprenta, por lo que en casos tales deben arreglarse los jueces á las que entonces re- gían conforme con su espíritu, debia condenar y condena al Dr. D. Tomas Gutiérrez de Piñeres, á la pena de reclusión — 331 — por un año en el convento de San Francisco de ésta dicha ciudad, y al íntegro pago de las costas causadas, que por ésta que su merced pronunció definitivamente juzgando, así lo de- claró, mandó y firmó de que doy fé.—Dr. Luis Pórtela.—An- te mí.—José Martínez. "Cuba Abril 29 de 1822. Vistos: Absuélvese al Presbítero Dr. D. Tomas Gutiér- rez de Piñeres, del año de prisión impuesta por la sentencia de primera instancia, confirmándose en lo restante de su te- nor, sin especial condenación de costas en esta segunda; de- clarándose como se declara, que las cláusulas, y espresiones del impreso de fojas cuatro, no ofenden, ni degradan la con- ducta, y procederes del Dr. D. Tomas Romay, Secretario de la Exma. Diputación Provincial de la Habana, su integridad y reputación pública, que hasta ahora se ha merecido.—Dr. Miguel de Herrera y Cangas. En el pleito y causa que ante Nos ha pendido y pende por recurso de alzada en 3? instancia entre partes de la una apelante el Dr. D. Tomas Romay Secretario de la Exma. Di- putación Provincial de la Habana, y á su nombre D. Joaquín Leandro de Solis como su apoderado, y de la otra apelado el Pbro. Dr. D. Tomas Gutiérrez de Piñeres, que no habiendo comparecido sus poderes y acusada la rebeldía, se siguieron los autos en estrados, sobre injurias inferidas en un papel pú- blico impreso. Vistos los autos y mérito del proceso, con lo representado por el Promotor fiscal: fallamos que la senten- cia dada y pronunciada en esta causa por el Sr. Provisor Vi- cario general auxiliar de la ciudad de la Habana que de ella conoció en primera instancia en 20 de agosto de 1821, en junta arreglada y conforme á derecho y como tal la debemos confirmar y confirmamos en todas sus partes, revocamos la pronunciada en el Tribunal metropolitano de Cuba, en cuanto contraria la primera, y en lo demás que no lo sea también la confirmamos: condenando al Dr. Piñeres en las costas de este recurso, y por esta nuestra sentencia definitiva en 3? instan- cia, administrando justicia, asi lo pronunciamos mandamos y firmamos. Dr.José Rendon.—Pto.-Rico 3 de Setiembre de 1823. — 332 — JUNTA GENERAL BE LA REAL SOCIEDAD ECONÓMICA DE 20 DE DICIEMBRE DE 1823. El amigo Romay leyó el siguiente informe.—Convencido el cuerpo patriótico de la imperiosa necesidad de fomentar la población blanca de eBta isla constáudole por los padrones del año de 1816 que solo llegaba á 274,000 almas, cuando la de color escedia de 326,000, aumentándose rápidamente con la libre introducción de esclavos: confió tan importante asunto á los Sres. D. José Ricardo O-Farrill, D. Juan Montalvo, D. Andrés Jáuregui, D. Antonio del Valle Hernández y al ami- go que informa, nombrado posteriormente secretario por la misma comisión. Penetrada íntimamente de la gravedad y urgencia del encargo que se le confiaba, procuró desempeñar con la mayor eficacia los dos puntos que le fueron recomen- dados, á saber, lo que podia y debia hacerse de pronto dentro de los límites que permitían nuestras leyes; y lo que era nece- sario impetrar de S. M. con apoyo de las autoridades de esta isla con este objeto presentó á la Sociedad para que elevase al supremo gobierno una representación á la cual se adhirieron el Escmo. Ayuntamiento y la junta económica del Real Con- sulado, suplicando se concedieran á la isla de Cuba las mis- mas exenciones y franquicias que se dispensaron á la de Puesto-Rico en real cédula de 10 de agosto de 1815, siendo una de las principales admitirse en ella á todos los españoles europeos y americanos que quisieran establecerse, y también á los estrangeros labradores y artesanos de las potencias ami- gas ó neutrales, acreditando ser católicos romanos. Por real cédula de 21 de Octubre de 1817 no solo se dignó el Rey re- petirnos aquellas gracias, sino también algunas otras reserva- — 333 — das á su real munificencia, confiándose su ejecución al Exmo. Sr. Capitán General y al Sr. Intendente de Egército. Previ- niendo uno de sus artículos que dichos señores nombrasen tres vecinos respetables para que lea propusieran cuanto esti- masen mas conducente al objeto; reeligieron á los mismos se- ñores O-Farrill, Montalvo y Jáuregui, nombrando para su- plentes á los Sres. D. Juan O-Farrill, D. José María Peñalver y D. Rafael González, permaneciendo el mismo Secretario.— Estimándose indispensable proporcionar algunos auxilios á loa nuevos colonos, propuso la comisión entre otros artículos la exacción de 6 ps. por cada negro varón que se introdugera de África por todos los puertos habilitados de esta isla, eligiendo para depositario de ese fondo al Sr. D. Próspero Amador Gar- cía. Aprobada dicha pensión por las autoridades locales, y confirmada por S. M. produjo lo suficiente para socorrer con 22^8. 4 rs. á cada uno de los 5000 colonos indigentes que en- traron hasta Marzo de 1820 para fomentar las poblaciones de Jagua y Nuevitas y para adquirir en precio de 20ri ps. la ha- cienda de Santo Domingo, distante 10 leguas al O de la villa de Santa Clara, cuya estension de 4 leguas de terrenos los mas feraces, ofrece ventajas muy considerables á la población y agricultura.—Instalada la diputación de esta provincia en el siguiente Abril reasumió ese encargo en uso de sus atribucio- nes; pero terminando en noviembre inmediato el tráfico de negros, y rehusando algunos deudores al fondo de población satisfacer sus créditos; careció aquella corporación de medios con que facilitar la colonización de blancos, Sin embargo, muchos se establecieron en Jágua, invirtiendo en sus progre- sos sumas considerables, é igualmente en Nuevitas. Se adqui- rieron 20 caballerías de tierra en la hacienda de S. Carlos de las Cabezas, jurisdicción de Filipinas cedidas por el Sr. conde de Baynoa, y en cumplimiento de la real cédula de 26 de Fe- brero de 1820 promovió la habilitación del puerto del Mariel obstruyéndose las lisongeras esperanzas que ofrecía en favor de nuestra agricultura y comercio, por el nuevo reglamento de aduanas que no incluyó ese puerto de primer orden ni en- tre los de segunda clase.—Derogada esa ley por el feliz resta- blecimiento de S. M. á la plenitud de sus derechos, exige la — 334 — obediencia á sus órdenes y la pública autoridad y convenien- cia que se habilita dicho puerto á comercio libre en los mis- mos términos que lo estaba el de Matanzas en 1820 allanando las dificultades que se presentan acerca del local que debe ele- girse para la población. Está pendiente el informe que se pi- dió á la estinguida diputación por dos reales órdenes, sobre las gracias que ha solicitado el Sr. Coronel D. Luis de Clouset como poblador de la colonia de Jagua. Esceden de 20r¿ ps. los que se deben á su Sría. por gastos hechos en ella, á virtud del contrato que celebró con las primeras autoridades de esta isla. El fondo de población es acreedor á cerca de 30n- ps. de varios individuos de comercio de esta plaza, interesados en el tráfico de negros; ha suplido mas de 20r¿ á la Real Hacienda y 7357 á la estinguida diputación provincial. Permanecen abso- lutamente yermas las 20 caballerías de tierra en la hacienda San Carlos; casi en el mismo estilo la grande y fértil hacienda Sto. Domingo; la población de Jágua no está concluida, res- tan por repartirse algunas caballerías de tierra de las que ce- dió D. Agustín de Santa Cruz, cuyo valor no se le ha satisfe- cho todavía, ni se ha evacuado el informe prevenido por S. M. sobre la gracia que pretendió de título de Castilla. Por último, la necesidad de aumentar la población blanca de esta isla principalmente en su parte oriental, es ahora mucho mas ur- gente que el año de 1716. Habana y Diciembre 18 de 1823.— Tomas Romay.—Y en su vista se acordó se insertara en esta acta y que con copia certificada de ella se oficie al Exmo. Sr. Gobernador y Capitán general para que S. E. en uso de sus facultades y atendida la urgente é imperiosa necesidad que hay de aumentar la población blanca de esta isla, se sirva a- doptar todas las medidas necesarias para conseguir tan útil y benéfico objeto. — 335 — Esposicion elevada á S. M. por la Real Sociedad Económica, á consecuencia de la Real orden de 21 de febrero de 1*21. (1) SeSor: La Real Sociedad Económica de la siempre fidelísima Ha- bana postrada á los R. P. de V. M. dice: Que se ha instruido con la mayor complacencia de la Real orden de 21 de Febrero último, en que se digna V. M. llamar cerca de su augusta per- sona el Real Obispo de esta diócesis, para emplear sus luces y Conocimientos en el mejor real servicio, y el de la iglesia. Difícil seria reunir en tan sucintas palabras tantos y tan generosos sentimientos, si felizmente no abundase en el mag- nánimo corazón de V. M. La sociedad admira su real y perspi- caz comprehension en el concepto que le merece el Obispo de la Habana por su ilustración y piedad: reconoce igualmen- te la justicia con que V. M. dispensándole su confianza preten- de remunerar su ciencia y servicios: y por último bendice e! celo paternal con que se interesa V. M. por el gobierno maa recto y benéfico, para la mayor prosperidad de sus leales y fe- lices vasallos. Escmo Sr. (1) Necesitando el Rey N. S. de las luces y conocimientos de V. E. cerca de su persona, para su mejor Real servicio y el de la Iglesia, ha resuelto que se traslade á la Península en el primer buque que salga de ese puerto para ella; siendo también de su real agrado, que nombre V. E. durante su ausencia para Gobernador de esa mi- tra, al R. Obispo de Guamanga D. Pedro Gutiérrez con residencia en esa ciudad y caso de su fallecimiento á D. Gregorio Rodríguez, que lo e3 de Cartagena. S. M. que está persuadido de loa sentimientos de V. E, no duda serán cumplidas esactamente sus soberanas intenciones, que de Real orden le comunico para los fines espresados. Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid 21 de Febrero de 1824.= T. T.de C. — 336 — Nada, Señor, sería tan grato á esta diócesis como ver á su obispo aprocsimarse al trono, y contribuir á los grandiosos fi- nes que se ha propuesto la munificencia de V. M. Se consola- ría en su ausencia con la esperanza muy fundada de que ten- dría el mediador mas eficaz y solícito entre ella y su augusto soberano: y habiendo recibido de este prelado tan repetidas pruebas de su generoso anhelo para que el culto se celebre en toda la diócesis con la dignidad que corresponde á la divina religión que profesamos; para que la beneficencia se ejerza en sus establecimientos con la mayor compasión y humanidad, y para que las luces y las verdades útiles se propaguen cual me- rece la ingeniosa juventud de esta isla, no duda, señor, que in- cesantemente impetraría de la clemencia de V. M. cuantas gra- cias y auxilios estimase oportunos para concluir las obras que ha emprendido, dando á todas ellas la perfección de que son susceptibles. El cuerpo patriótico se abstiene de molestar la atención de V. M. refiriendo prolijamente las que ha realizado, y las que tiene ya principiadas; pero faltaría á la gratitud sin reco_ mendarse algunas de las que ejecutó y continúa todavía den. tro de la esfera de sus atribuciones; no solo en los tres bienios en que por unánime aclamación fué elegido su director, sino después que le obligaron sus enfermedades á exhimirse de un encargo, que aun desempeñaría con general aceptación. Ape- nas se indicó en una de sus sesiones la necesidad de establecer un cementerio en estramuros de esta ciudad, ofreció su direc. tor quinientos pesos para el plano de la obra. Se interrumpió por entonces la ejecución; pero convencido intimamente de su importancia y urgencia, la emprendió con una generosidad y constancia que perpetuará en este pueblo y en toda la Améri- ca su sabiduría, su celo infatigable por la salud pública, y por el decoro y magestad de les templos. El método de Pestalozi se recomendaba en Europa por las ventajas que ofrecía para la instrucción primaria; y reconociéndolas el Dioce- sano de la Habana, espensó un joven que mereció su elección para que lo aprendiera en Madrid, y volviese á plantearlo en esta ciudad. Sostuvo en ella muchos años la primera escuela gratuita, cediendo además el local en que fué establecida. Vi- — 337 — sitando la Diócesis el año de 1804 á tiempo que arribó á este puerto la Real espedicion que conducía la Vacuna, solicitó un Profesor que inoculándola sucesivamente en varios niños, la condujere al lugar en que se hallaba, y desde allí continuó propagándola por todos los pueblos, recomendando personal- mente aquella operación. Les repitió con la misma generosi- dad ese beneficio en tres diferentes épocas, después de hal»er publicado una Pastoral manifestando su benignidad y eficacia con las razones mas convincentes, y previniendo á los Pár- rocos que en el acto de administrar el sacramento del Bautismo escitasen á los padres á vacunar sus hijos. Erigió en el colegio seminario una cátedra de Economía política, y la confió á ¡a vigilancia y protección de la sociedad. Por muchos años la proporcionó las medallas de oro y plata con que premia en* loa exámenes públicos de primeras letras. Desde el ele 1805 socorre con treinta pesos meusuales la casa de Beneficencia, y tam- bién contribuye con igual cantidad para la subsistencia de las escuelas gratuitas de instrucción primaria. Cesarán tantos beneficios, y á las esperanzas muy lison- jeras que concibió la Diócesis de la Habana al enterarse de la citada Real orden, han sucedido las previsiones mas funes- tas. Teme, y casi con evidencia, que la edad septuagenaria de su Pastor, los achaepies de que adolece habitualmente hace ya algunos años, y la estén uacion y languidez á que le han redu- cido, no le permitirán arribar á la Península, ni acercarse al trono de la luz para reílectir sus rayos benéficos sobre esta Isla, elevándola al grado de ilustración y prosperidad á que es destinada por las circunstancias que reúne. V. M. no logrará emplear sus conocimientos en el mejor Real Servicio y el de la Iglesia. Esta perderá un prelado y la nación un dignatario tan respetable para su ciencia, como por sus virtudes cristia- nas y civiles; y la Diócesis de la Habana que en cada año de su Pontificado le ha visto erijír otros tantos monumentos con- sagrados á la Religión, á ia Beneficencia, á la Instrucción pú- blica, á la utilidad y conveniencia de los pueblos, llorará su ausencia con una amargura inconsolable, y el esceso de su do- lor quizá la privaría de conformidad y resignación. No es presumible Señor, que el beniguo corazón de V. M. 43 — 338 — quiera remunerar los servicios de este R. Obispo con peligro inminente de su vida, ni probar el amor y veneración que me- rece de su grey con un sacrificio tan sensible como infructuo- so. Ahora mas que nuuca necesita esta Diócesis de la presen- cia, del ejemplo y doctrina de ese Pastor. Si en las épocas an. teriores de subversión y anarquía estrechaba intimamente la unión mas afectuosa entre esta Isla y la madre patria; si enton- ces era el modelo de aquella fidelidad á la augusta persona de su Rey que la hizo digna del título mas honroso y apreciable; no han cesado, Señor, con el feliz restablecimiento de V. M. á la plenitud de sus derechos las convulsiones políticas que la invaden y agitan por todas partes. Situada en el centro de las Provincias disidentes, conciliándose la implacable odiosidad de todas ellas por su inalterable lealtad y adhesión á la Me- trópoli; repiten sin intermisión sus esfuerzos y maquinaciones para hostilizarla ó seducirla. Pero tan inflecsible á Jas calami. dades como á las instigaciones mas halagüeñas, no aparta los ojos de la razón constante que preside su iglesia, y en cuyo pecho se estrellan, como en una roca incontrastable, la fiere- za y astucia de aquellos pérfidos, asi como antes confundía y aterraba á los enemigos del trono y del altar. Si V. M. se interesa en la tranquilidad de esta Provincia, si los votos fervientes de sus habitantes merecen elevarse has- ta su escelso trono y penetrar su Real y sensible cora- zón; no temen,, Señor, que sean ineficaces. Acostumbra- dos á obtener de la munificencia de V. M. otras gracias me- nos accesibles; esperan confiadamente se dignará concederles que su Prelado, tan digno de la confianza conque V. M. se ha servido distinguirle por sus luces y conocimientos, como de compasión y humanidad por sus años y achaques, y del respe- to y veneración por sus virtudes cristianas y civiles; continúe edificándolos y sosteniéndolos con su ejemplo y doctrina v termine entre ellos los díaseme le conceda el autor de vida; para que al bendecirlos por última vez con mano trémula, se reanime bu lengua balbuciente, y repita el mismo consejo que no ha ce- sado de recomendarles: fidelidad al Rey, unión á la Metrópoli. Dios guarde la importante vida de V. M. los muchos años que la nación necesita.—Habana y Junio 12 de 1824.__Sexor —A. L. R. P. de V. M. — 339 — ITIEtfORlA (1) Sobre la epidemia de fiebres exantemáticas que se esperimenta en la Habana desde el año próximo pasado, leída en sesión ordinaria de la Junta central de Vacuna, celebrada el 15 de abril de 1825 por su Secretario el Dr. D. Tomas Romay, individuo de mérito de la Sociedad económica de esta ciudad y corresponsal de la real Academia de Medicina de Madrid, déla Comisión central de Va- cuna de París y de las Sociedades de medicina de Bordeaux y de la Nueva-Orleans, médico principal del Hospital Militar de esta Plaza y honorario de la real Familia. Conformándose el Exmo. Sr. Gobernador y Capitán Ge- ral con el dictamen de la Junta de Sanidad en sesión de 25 de Marzo del año anterior, manifestó en el Diario de esta Ca- pital de 28 del mismo, que habiéndole participado el Sr. en- cargado de S. M. en los Estados-Unidos de América, que en Filadelfia y otras ciudades se propagaba una epidemia de granos contagiosos llamados variolid, que atacaba indistinta- mente á los que no habían tenido viruelas naturales, á los que habían sufrido esa enfermedad, y también á los vacunados, haciendo los mayores estragos en la gente de color; convenci- do sin embargo de la eficacia de la vacuna para preservar de ese contagio, recomendaba eficazmente á los padres de fami- lia que penetrados de los sentimientos que inspira la humani- dad, el celo por la salud pública, y su propio interés ocurrie- ran inmediatamente á vacunar sus hijos y domésticos, para re- dimirlos de una epidemia que podia introducirse en este puerto ó en algún otro de la Isla, frustrando todas las provi- (1) Publicada en las Memorias de la Real Sociedad Económica de 1° de Abril do Ib Jó. — 340 — dencias que habia dictado para precaverla y contener sus pro- gresos. Desgraciadamente se ha cumplido lo que previo S. E. y procuró evitar con celo muy loable. Posible es sin duda que la epidemia de elos diferentes exantemas que se ha difundido en esta ciudad y en algunos pueblos inmediatos, se haya in- troducido en las tripulaciones ó efectos transportados de los pnert03 de la América Septentrional; [tero la esperiencia de muchos años ofrece otra causa mucho mas activa; la que elu- dirá la vigilancia de las autoridades y la severidad de las le- yes, siempre que el sórdido interés prevalezca contra los dere- chos ele la humanidad, de nuestra propia conservación y de la pública tranquilidad. Dos han sido las especies de granos epidémicosque se han observado desde el mes de abril del año próximo pasado, pre- cedidas ambas erupciones de una fiebre aguda que ha durado tres y hasta cuatro dias sin notable remisión, haciéndola aun mas temible el delirio, las convulsiones, los vómitos y otros síntomas que se advertían en aignnos enfermos. Cumplido aquel periodo, se presentaba en la mayor parte de ellos una erupción de pústulas poco numerosas, las que al cuarto dia llegaban á su mayor incremento llenas de un humor cristali- no y transparente que nunca se espesaba, como el pus de las viruelas: al quinto dia empezaba á secarse, y al séptimo ó no- veno lo m.is tarde, se desprendiau las postillas, que eran muy delgadas y no dejaban cicatriz alguna, sin esperimentarse otra fiebre después de la eruptiva. Los granos en la otra erupción eran regularmente mas numerosos y alga ñas veces confluentes. Terminando la fiebre al tercero A cuarto dia ó remitiendo solamente, se observaban primero en el rostro y después en todo el cuerpo unos punti- llos rjjos apenas, eminentes, los que se elevaban con lentitud, y hasta el quinto ó sesto dia no presentaban en su parte supe- rior una vejillilla clara y transparente, la que se estendia en los dos dias sujesivos, y al octavo se levantaba en figura esfé- rica, llena de humor mas espeso, opaco y aun amarillo, ro- deados ios granos de uu círculo encarnado que ocupaba toda la cutis caáud j erar) muy abundantes. En este caso aparecía — 341 — otra fiebre el dia onceno, y entonces se notaba una mancha oscura en la parte superior de las pústulas de la cara, derra- maban éstas y sucesivamente las de todo el cuerpo un pus es- peso, amarillo y fétido, se arrugaban después y el resto de la materia se convertía en una costra gruesa y dura, que no se desprendía enteramente hasta cumplido el dia veinte y uno, dejando señales muy encarnadas y algunas escoriaciones. A- demas de estos caracteres se presentaban también todos los que son peculiares á la.s viruelas discretas ó á las malignas. En vista ele unos síntomas tan diferentes no es posible que ambas erupciones deban llamarse viruelas naturales. Aun- que la fiebre que las ha precedido haya durado el mismo tiempo en una y otra, observándose enámbasalgunossíntomas de gravedad; con todo, el curso que han seguido los granos, el color y consistencia del humor contenido en ellos, el tiempo en que se ha verificado la desecación y el desprendimiento de las postillas, han sido en todas épocas y en todos los países los caracteres por dónele los nosologistas y los prácticos han dis- tinguido la viruela natural de la volante ó varicela, llamada vulgarmente china en este pais. Es cierto que la particular constitución del enfermo y otras circunstancias individuales y atmosféricas pueden acelerar ó retardar los períodos de las vi- ruelas; pero no alterar absolutamente sus peculiares caracte- res. La primera de estas erupciones ha sido mas general, ob- servándose indistintamente en los vacunados, en los que ha- bían tenido viruelas naturales, y en los que no habían sufrido esta enfermedad ni aquella inoculación. La segunda la esperi- mentarón muchos que no habían sido afectados del contagio varioloso, algunos que conservaban señales muy sensibles de haberlo padecido, muchos que se juzgaban vacunados, y algu- nos que tuvieron el verdadero grano vacuno. Estos han sido muy raros, ó al menos en muy pocos se ha comprobado de un modo incontestable. Tres solamente he observado después de asistir y reconocer algunos centenares de viruelientos; pero se citan algunos otros por varios faculta- tivos, que me han comunicuelo sus observaciones en cumpli- miento de lo acordado por esta Junta en sesión de 5 de octu- — 342 — bre último,- y se sirvió prevenirles el Exmo. Sr. Gobernador y Capitán general por el Diario de esta capital el 17 del propio mes, para deducir de ellas si el contagio varioloso han infesta- do á los habían tenido la verdadera vacuna. Cual haya sido la causa de repetirse con frecuencia lo que desde el año de 1804 en que se introdujo la vacuna en esta ciudad, solo se advirtió dos ocasiones en 8l8; (1) yo no me atrevo á determinarlo, poi- que aventuro congeturas en asunto tan importante y descono- cido á los mas célebres vacunadores. Algunas personas fundándose en papeles públicos de Eu- ropa que dicen haber visto, han opinado, que el virus vacuno preserva de las viruelas por tiempo determinado, como diez ó doce años, y que cumplido ese período es preciso repetir la inoculación para precaverse otros tantos años. Otras han creí- do, que el virus vacuno que se propaga en esta ciudad ha- biéndose trasmitido sucesivamente por espacio de veinte y un años de uno en otro individuo, ha debido alterarse por sus particulares humores, perdiendo por consiguiente la virtud preservativa. En cuanto á lo primero, no se me han proporcionado los papeles que se citan, aunque los he solicitado con la mayor eficacia; ni tampoco concibo como pueda suceder que destrui- da por la vacuna la predisposición al contagio varioloso vuelva á reproducirse. O la nueva inoculación estingue absoluta- mente la aptitud á recibir aquel contagio, ó solo la enerva y disminuye. Si lo primero, las personas que han tenido el verdadero grano vacuno deben quedar para siempre esceutas de aquel contagio, como sucede á las que han sufrido las mis- mas viruelas naturales, las volantes, el sarampión y otras en- fermedades contagiosas que por lo regular solo una vez se es- perimentan en la vida mas dilatada. Pero si el grano vacuno no hace mas que dismiuuir ó enervar la predisposición á las viruelas; en cualquier tiempo que se espongan los vacunados á recibir ese contagio de un modo activo y eficaz, esperimen- tarian sus efectos. Ni el virus vacuno es un agente que se conserva en el cuerpo humano resistiendo la impresión de aquel contagio, ni el humor de que se llenan los granos de las (1) Memorias de la Sociedad Económica de la Habana número 28, año de 1S19- — 343 — viruelas que existia en el individuo antes de escitarse su erup- ción; como supone los que ignorando hasta los primeros ele- mentos de la ciencia mas vasta y complicada, se atreven á dis- currir acerca de algunos fenómenos de la economía animal, que no se puede comprender ni esplicar sin conocer sus leyes y el modo conque obran los contagios. Los cuatro hijos que tenia en febrero de 1804 fueron los primeros que se vacunaron en esta ciudad, y con ellos algunos otros niños en quienes ejecuté la misma operación, se propagó aquel virus en todos los que quisieran recibirle. Cumplido trein- ta dias la de la inoculación, y convencido hasta la evidencia de que estaban escentos del contagio varioloso, no dudé someter- los á la prueba mas incontestable, con objeto de inspirar la misma confianza, no solo con razones y autoridades como ya lo habia practicado, sino con hechos que suelen ser mucho mas eficaces. Propuse al Exmo. Sr. Gobernador y Capitán ge- neral, marqués de Someruelos, que deseaba inocular algunos de los primeros vacunados con el pus de las viruelas naturales, y que para autorizar ese acto dándole toda la autentidad posi- ble, convendría lo presenciase el real tribunal del Protomedi- cató. Persuadido igualmente S. E. del feliz resultado, y de que contribuiría necesariamente á los progresos de la nueva inocu- lación, accedió á mi instancia y la comunicó al referido tribu- nal. El dia 23 de Marzo de dicho año, concurrió con otros fa- cultativos citados al efecto á la casa de D. Francisco Laboyé, frente á la del cabellero D. Nicolás Peñalver. Conduje á mis dos hijos mayores, al Dr. D. Francisco de Córdoba, que tenia entonces seis años y fué vacunado en 23 del referido febrero, yá unamulatica de dos años, esclava de D.Francisco Basabé y Cár- denas, vacunada el 27 del propio mes. Después que los 4 vacu- nados estuvieron sentados algún tiempo en Ja cama de un ni- ño de Laboyé, cubierto de viruelas naturales, según recono- cieron todos los facultativos, tomó uno de ellos, Dr. D.Bernar- do Cósar, en una ahuja el pus valioroso que estimó bastante pa- a comunicar el contagio á cualquier persona que fuese capaz de recibirle, y lo introdujo en las incisiones que hizo en ambos brazos de los cuatro vacunados, renovando el pus para cada de ellas, exigiendo el Sr. Protomédico, Regente que -- 344 — entonces era, y nunca fué prosélito de Jenner que la operación Be hiciese con todo el rigor del arte. Sin embargo, con fecha de 16 de Abril siguiente, informó á S. E. lo que he referido, añadiendo que en los 16 dias sub- secuentes á la operación no habia dejado de visitarlos, ni tam- poco los demás individuos del Protomedicató, conviniendo unánimes en que no habia advertido en ninguno de los cuatro vacuno-inoculados síntoma alguno que indicase haber sido in- festados del contagio varioloso, y que el resultado de la vacu- na en este pais era idéntico al que se habia reconocido en Eu- ropa. (1) Ni en la presente epidemia, ni en las que han precedido desde que se vacunó el Dr. Córdoba, ha sentido ni levemente los efectos de aquel contagio. Ignoro donde exista la criada del Sr. Basabé; pero mis dos hijos inoculados en aquel mismo ac- to, otros dos que se vacuuaron cuando ellos, cuatro mas que tuve posteriormente, y cuatro hijos de los primeros, vacuna- dos por consiguiente eu diversas épocas, todos se conservan ilesos en mi casa, pudiendo yo mismo infestarlos diariamente. Desde el mes de abril del año pasado, asisto constantemente en el real hospital de San Ambrosio ocho ó diez viruelientos, entre ellos algunos naturales de Costa-Firme que han tenido 'a erupción mas horrorosa y maligna: en casas particulares de esta ciudad visito casi igual número de estos enfermos; y aun- que mi ropa debe estar impregnada del contagio, permanez- co con ella sin reservarme de tratar á mi hijos y nietos, y solo tomo aquellas precauciones que exige el ;^eoy lim- pieza. En los dias 12 y 13 de febrero de 1804 se vacunaron tam- bién dos niñas del Sr. Coronel D. Pedro Moutalvo, doña Ma- ría de los Dolores y doña María del Carmen; otra del Sr. Co- ronel D. Juan Manuel O-Farrill, doña María Luisa; tres hijos de D. Ignacio Pedroso, D. Martin, D. Joaquín y D.Francisco; una niña de D. Juan de Zayas, doña María Catalina; y otra de D. Jeremías Guereca, doña María Ignacia. Ninguna de estas personas ha esperimentado las viruelas, sin embargo de haber estado muy espuestas, existiendo en sus casas algunos criados (1) Suplemento al periódico de la Habana número 34, del año do 1S0¿. — 345 — con esa enfermedad. Dos hijos de la última la padecieron en el mes de Diciembre inmediato, y ella los asistió con toda la eficacia y terneza de una madre; lo mismo ejecutó con unaher- manita y no se reservó de contribuir personalmente á cuanto ne- cesitaba una criada, que falleció por una erupción maligna.— Si han corrido veinte y un años desde la vacunación de estos individuos hasta la fecha; no es tan cierto como se supone, que la virtud preservativa de la nueva inoculación solo dura diez ó doce años. Paramas convencerme de su constante efi- cacia, volví á vacunar el dia 14 de enero anterior seis de mis hijos, y á todos les resultó la falsa vacuna; lo que prueba en mi concepto que la primera fué verdadera y estinguió absolu- tamente la predisposición á las viruelas. No son menos evidentes los hechos conque espero mani- festar que el virus vacuno que se propaga actualmente en esta ciudad, conserva su primitiva virtud y eficacia, sin haberse al- terado ni disminuido por la constante comunicación de unos individuos á otros en el espacio de veinte y un años. Si se hu- biera alterado, se conocería necesariamente alguna diferencia en sus caracteres y en sus efectos. Ahora como la vez prime- ra que se inoculó ese virus, no se percibe ninguna alteración en las incisiones hasta después de la cuarenta y ocho horas de haberlas hecho. Del tercero al cuarto dia presentan un punto rojo semejante á la señal que deja la picadura de un mosqui- to. Se aumenta del quinto al sesto y en la parte superior se percibe una vegiguita blanca. Al séptimo es mucho mayor el grano; se deprime en su centro que aparece oscuro, y en su circunferencia se forma un rodete lleno de un líquido claro y transparente. Desde ese día empieza á circunscribirse el grano por un círculo encarnado, que se estiende mucho mas al oc- tavo y suele esperimentarse algún movimiento febril, boste- zos, dolor bajo los brazos, picazón en los granos, calor y dis- plicencia en todo el cuerpo. Desde el dia noveno al onceno se disipa progresivamente la inflamación y se empieza á for- mar la postilla en el centro elel grano, la que al principio es amarilla y después se oscurece; del dia veinte y cinco al trein- ta, se desprende y deja un hoyo pequeño. Picado el grano no se derrama de una vez todo el líquido contenido en el rodete; 44 — 346 — de cada una picadura sale una pequeña gota tan cristalina y de la misma consistencia que la clara del huevo. Cualquiera que compare esta descripciou con la que han publicado loa vacunadores de Europa, y ambas con alguno de los verdade- ros granos vacunos que actualmente se presentan, observando diariamente sus progresos, se convencerá de la exactitud de aquella y de la inalterabilidad y pureza del virus que se pro- paga en esta ciudad y en sus barrios. Sus efectos suministran constantemente pruebas irrefraga- bles de que no ha sufrido la mas leve alteración. Si todos los que se han vacunado en estos dias, en el año próximo pasado y en los anteriores no se han preservado de las viruelas será sin duda por las causas que espondré adelante; pero no teme- ré afirmar que la mayor parte de ellos han esperimentado ese beneficio, habiendo dentro de sus propias casas hermanos y criados con aquella enfermedad. Difícil sería redimirlos de eda aun cuando se hubiesen tomado las mas eficaces precau- ciones; puesto que el contagio de las viruelas no se comunica precisamente por contacto, como el de la peste de Levante y algunos otros, sino que se difunde á muy larga distancia. Es- ceden seguramente de cuarenta mil personas las que existen en esta ciudad y sus barrios vacunadas desde el año de S04 hasta la fecha. Si todas ellas estuvieran espuestas á sufrir las viruelas ¿qué casa no contaría muchos enfermos y se lamenta- ría de sus estragos? En el colegio de San Francisco de Sales habitan veinte y cinco niñas y concurren diariamente á educarse sesenta y ocho, reuniéndose noventa y tres todas vacunadas, eutre ellas la ma- yor cuenta trece años y algunas menos de cinco: con todo, una sola de las colegialas y otra de las esternas han esperimentado las viruelas y de un modo muy benigno. La casa de beneficen- cia está continuamente espuesta á ese contagio: por su costa- do se conducen al Cementerio general muchos cadáveres v todos pasan precisamente por su frente, introduciéndose por las ventanas los hálitos que exhalan los de aquellos que han fa- llecido de viruelas. El departamento de educandas cuenta se- Benta y tres niñas de euatro años á veinte y seis, todas vacu- nadas, aunque no reconocidos los granos de todaa ellas: el de — 347 — indigentes contiene noventa y nueve la mayor parte vacuna- das; á cinco únicamente entre ciento sesenta y dos he asistido con viruelas, sin que ninguna de ellas ofreciera el menor pe- ligro; la erupción que observé en otras al mismo tiempo fué muy diferente, pues el dia séptimo ó noveno se habían caído las postillas. Aun aquellas mismas familias que mas han su- frido en estos dias perdiendo á sus hijos y domésticos despe- dazados por esa cruel enfermedad, no pueden dejar de reco- nocer que son muchos mas los que ha preservado la vacuna en medio de la malignidad de aquel contagio. No es esta la vez primera que se ha dicho, que el virus vacuno debe enervarse por las continuas transmisiones hasta perder absolutamente su eficacia. Así se discurría en Inglater- ra y Francia casi al mismo tiempo que Eduardo Jenner ejecu- taba sus primeros ensayos; y cuando yo los repetía en esta ciudad el año de 804 se reprodujo la misma objeccion en el número 34 de un papel que se titulaba periódico. En mi con- testación publicada en los números 38, 43 y 44, después de esponer varias reflecciones y lo que habían decidido sobreesté particular las juntas médicas de París, Reims y Ginebra en consecuencia de las investigaciones que practicaron, añadí que el 23 de Marzo del mismo año inoculé en la casa de Benefi- cencia con el virus vacuno de una niña que tenia una antigua erupción de sarna, quince personas de la propia casa, resul- tando á todas ellas la verdadera vacuna y á ninguna la sarna. El 26 del siguiente Abril reconocí el grano vacuno de un ni- ño del Exmo. Sr. Marqués Cárdenas de Monte-hermoso, que contaba diez y ocho dias de nacido, el cual presentaba todos los caracteres de verdadero, escepto tener muy amarillo el ro- dete. Juzgué que este color no se comunicaría al líquido que contenia, limitándose solamente á la epidermis, tinturada como todas las demaa de su cuerpo, de aquella ictericia tan frecuente en esa edad por la detención del meconio en el duo- deno. Piqué el rodete y salió un humor no muy líquido y tan amarillo como una tintura de azafrán. Me detuve un momen- to considerando que podia estar alterado y producir la falsa vacuna; pero ocurriéudome que seria fácil reparar prontamen- te ese resultado, me resolví á observar hasta donde llegaba la — 348 —. eficacia del virus vacuno. Lo comuniqué al teniente de navio D. Francisco Javier Pineda y á D. Pedro Ruiz, dependiente de la casa del Sr. Intendente D. Francisco de Arce. Al dia ter- cero advirtiendo que las incisiones de uno y otro no presenta- ban ninguna señal de erupción, presumí que el virus estaba tan alterado que no podia producir ni la falsa vacuna, y los volví á vacunar con otro en diferentes parajes. Fué inútil esta segunda operación; al dia siguiente observé un punto encar- nado en cada una ele las cuatro primeras incisiones que hice al Sr. Pineda, y al sesto manifestaron todos los caracteres de granos verdaderos, sin amarillez alguna en el rodete: lo mis- mo aconteció á D. Pedro Ruiz. Me propuse inocular otras personas con el virus ele esos granos para reconocer sus efec- tos; pero el Sr. Pineda me significó que deseaba conservar in- tactos los su}7os con el objeto de vacunar con ellos los criados de una hacienda, donde efectivamente pasó el dia subsecuen- te: los de Ruiz se inutilizaron por habérsele rebentado casual- mente. Comprobé por último estos casos con otro que me comunicó el Ldo. D. Manuel Hernández Otero. Vacunó un criado del Teniente Coronel D. José de Cotilla, sin advertir que estaba ya infestado del contagio varioloso. Verificóse la erupción de los granos vacunos, y al quinto dia de su inocula- ción le invadió la fiebre eruptiva variolosa, cubriéndose sucesi- vamente de sus pústulas. Estas y las vacunas siguieron su curso natural, siu alterarse en manera alguna; y el Ldo. Her- nández no temió inocular con el virus de los granos vacunos otros dos negros de la propia casa, á quienes resultó la verda- dera vacuna sin una sola viruela natural. Estos resultados son muy conformes á los que esperimen- tó el Dr. "VVoodville en el hospital de inoculados de Londres. Practicó esa operación en número muy considerable de iudi- viduos, ingiriéndoles en un brazo el pus de las viruelas uatu- les, y en el otro el virus vacuno. Eu todos se verificó el desar- rollo de la vacuna y de las viruelas, siu confundirse ni alte- rarse sus peculiares caracteres ui su respectivo curso. Apuró todavia mas sus esperimentos para convencerse de la inaltera- bilidad del virus vacuno. Mezcló perfectamente una porción de ese líquido con otra del pus varioloso, y con ese humor — 349 — misto inoculó en un mismo dia veinte y ocho personas. En ninguna se manifestó una tercera enfermedad que participa- se de los síntomas de aquellas: al contrario, en mas de la mi- tad se presentó la vacuna únicamente con todos sus caracte- res distintivos, y en los restantes los de la3 viruelas naturales. Sin embargo, deseando remover cuantos obstáculos puedan oponerse á los progresos de la nueva inoculación, usando de un virus estraido inmediatamente de las vacas, me resolví á ejecu- tar una operación indicada por Jenner, aunque inútilmente practicada por otros vacunadores y repugnada por algunos que han encontrado la viruela espontánea en las vacadas de varias provincias de Europa. Pero habiendo dicho el primero, que ese grano siempre es producido por comuni- cación del pus del gabarro de los caba'los, lo inoculé el mes de enero anterior en consorcio del Dr. D. Juan Pérez Car- rillo, en los pezones de una vaca que proporcionó D. Pedro Diago, quien solicitó también con la mayor eficacia el caba- llo que tenia aquella enfermedad, muy rara en este pais. No produciendo efecto alguno, repetimos algunos dias después lo mismo cpie en otras ocasiones habia ejecutado con el mas fe- liz écsito. Ingerimos en el propio lugar á la misma vaca el virus vacuno estraido de los granos de un niño, y al quinto dia se presentaba otro grano con todos los caracteres de ver- dadero. Al séptimo juzgándole en perfecta sazón, conduje dos niños para inocularlos con aquel humor, acompañándome el Dr. D. Francisco Sandoval. Pero desgraciadamente aquel mismo dia reconoció el Sr. Diago que estaba reventado, frus- trándose el esmero con que habia procurado conservarle, y mis deseos de propagar su virus. Couvencido de la facilidad de conseguir nuevos granos mediante esa operación, me pro- pongo reiterarla en otra vaca que prepara al efecto el mismo señor Diago. No se presuma por este empeño en rectificar el virus va- cuno, que yo considere alterado el que se inocula actualmen- te, y que proceda de su ineficacia que no se preserven de las viruelas los que se juzgaban escentos de su contagio. Son otras en mi concepto las causas que han contribuido á ofen- der la opinión que tan justamente merecía la vacuna. Des- — 350 — pues que en los dias 12 y 13 de Febrero de 804 inoeulé varias personas con los primeros granos vacunos que se vieron en esta ciudad, algunos facultativos ejecutaron esa operación el dia siguiente con el humor que encontraron en los mismos granos, ignorando ó no creyendo que á las ocho horas de ha- berse picado una pústula vacuna y estraido su virus, aunque vuelva á llenarse resultará siempre la falsa vacuna á los que se inoculasen con ese segundo humor. Siendo esto incontes- table, no es de estrañarse que hayan sufrido las viruelas natu- rales los que entóuces fueron vacunados, incurriéudose en aquel error. El número de estos es incomparablemente inferior al de aquellos que han esperimentado las consecuencias de e3e con- tagio por Ja omisión de los padres de familia. A todos los que llevan á vacunar alguna persona á las casas Capitulares y de- mas lugares destinados á ese objeto, se les encarga que la pre- senten á los ocho dias para repetir la operación sino ha pro- ducido efecto, ó reconocer si resultó la falsa vacuna y si en el caso de haber sido verdadera, se habían alterado los granos antes de llegar al término de su incremento y perfección. Ra- rísimo es el que vuelve á someterse á un reconocimiento sin el cual no presta ninguna confianza la inoculación: es preciso conducir con violencia á uno ú otro de los vacunados para conservar el virus en los que ocurren á solicitarle, y absolu- tamente es indispensable repetir la operación en los que no produjo la primera efecto alguno, en aquellos á quienes resul- tó la falsa vacuua, y también á los que aun habiéndose pre- sentado granos verdaderos se reventaron, ó de cualquier otro modo se interrumpió su curso antes del dia octavo; pues en ese ó en el siguiente es cuando se afectan todos los sistemas, produciendo solamente hasta entonces el virus vacuno, una alteración local circunscripta al punto que ocupa la pústula y su aureola. Tampoco están escentos del contagio varioloso todos a- quellos que tuvieron un solo grano verdadero, pero se estrajo bu virus, ya sea casualmente ó picándole de propósito para inocular á otros, debiendo conservarse ileso hasta concluir to- dos sus períodos. Así se resolvió por los facultativos del esta- — 351 — blecimiento nacional de la vacuna en Inglaterra, en sesión de 25 de Mayo de 1815. (1) En juntas generales celebradas por esta Sociedad Económica el 12 ele Diciembre ele 1818, leí una memoria apoyando esa opinión con las autoridades terminan- tes de Aikin, Moreau de la Sarté y Redman Coxe. Este ilus- tre cuerpo se sirvió acordar que se insertara en el número 28 su Memorias; y habiéndose presentado un ejemplar á la Co- misión central de vacuna de Paris en Setiembre de 819, se dignó apreciarle y distinguir á su autor. Estas han sido las verdaderas causas que han espuesto al contagio de las viruelas, muchas personas que se juzgaban preservadas por la vacuna, aunque en lo general ha sido muy benigna aquella erupción. Sin embargo de tantos hechos que podrían inspirar alguna desconfianza, el pueblo de la Habana tan ilustrado como dócil, no duda de su eficacia ni ha rehusa- do inocularse. En los meses de Enero y Febrero del añopróxi- mo pasado, juzgándose muy distante el peligro, solo se eje- cutó esa operación en las casas Capitulares en 156 personas; mas luego que anunció el Escmo Sr. Gobernador y Capitán general que era inminente; siendo muy fácil conducirse el con- tagio varioloso en los buques que entran en este puerto pro- cedentes de los Estados-Unidos, donde esa enfermedad hacia los mayores estragos, se apresuraron á vacunarse los que po- dían ser infestados: y en tóelo el año concurrieron á ese mismo lugar 3905; en el barrio de Guadalupe inoculó el Dr. D. Do- mingo Rosain 1084; en Jesús María el Ldo. D. Diego Govan- tes775; en el Pilar el Ldo. D.Antonio Miyaya 552; en el pue- blo de Regla el Ldo. D. Pablo Humanes 740; en Jesús del Monte, Luyanó y Mordazo el Ldo. D. José Ayala, 750; en la villa de Sta Ciara el Ldo. D. Andrés José de la Parra, 284; en el Corralillo el Ldo. D. Juan Nepomuceno de Prados, 106: re- mitiéndose al mismo tiempo el virus vacuno por la comisión de esta Junta en 312 cristales á diferentes pueblos de la Isla y de Ultramar.—Habana y Febrero 26 de 1825. (1) Diario de la Habana del 3 de Abril de 1816. — 352 — Después de concluida esta Memoria, pude conseguir los papeles que habia citado en el párrafo 2.° de la página 4a y son los estractos de dos obras publicadas por el Dr. Thom- son insertos en el número 74 de la Revista de Edimburgo, titulada la una, noticia de la epidemia varioloide de Edimburgo y otras partes de Escocia; y la otra Bosquejo histórico de las opinio- nes de los facultativos con respecto d las variedades y segunda ocur- rencia de las viruelas. En la la manifiesta el Dr. Thomson que en 1818 á 819 apareció una epidemia de viruelas en Edimburgo y sus inme- diaciones, y que habiendo visto 836 enfermos, los 281 de ellos no habían sido vacunados, ni padecido las viruelas anterior- mente. La mortandad en estos fué en razón de mas de uno por cuatro. En 71 casos los pacientes habían esperimentado ante- riormente las viruelas verdaderas, y de éstos murieron tres es decir, uno por veinte y cuatro. Los restantes 484 habían sido vacunados, y de este número solo falleció un individuo. "Re- sultado, dice el Dr. Tohmson, que me parece verdaderamente asombroso, cuando traigo á la memoria los síntomas general- mente graves de la calentura eruptiva, la gran variedad de sa- lud y constitución de los individuos que adolecieron de ella, y las desfavorables circunstancias en que se hallaban muchos de estos individuos."—"Al ver la general benignidad de la epidemia variolosa en los que habían sido vacunados, y lo grave, maligno y funesto del mismo mal en los otros, era im- posible ño convencerse de la grande y benéfica Virtud de la vacuna para modificar y enervar el virus de las viruelas. No — 353 — pueden imaginarse pruebas mas irresistibles de la eficacia de la vacunación, y del incalculable beneficio que su descubridor hizo á la humanidad, que las que yo he tenido el placer de observar." "También me fué de mucha complacencia ver disiparse gradualmente el terror que escitó al principio la aparición de la epidemia varioloide en las familias de los vacunados: y que al comparar las diversas formas bajo las cuates se presentaba en estos la epidemia, y en los que no lo habían sido, aun los mas ignorantes y preocupados, abrieron los ojos, y forzados á reconocer las ventajas de la vacuna, se determinaron al fin aponerse así mismos y á sus familias bajo la protección de una práctica que antes habían mirado con indiferencia ó des- precio." "Ocurrió un caso de una persona vacunada que adoleció de viruelas por tercera vez. En mas de cuarenta de los vacuna- dos se observó esa enfermedad dos ocasiones, en intervalo que variaron desde unos pocos elias, hasta cierto número de años. En algunos de estos casos el primer ataque pareció de virue- las locas, y el segundo ele verdaderas viruelas: en otros al con- trario, y de ellas hubo en quienes ambas erupciones parecie- ron de un mismo género. Ya digimos que de 484 vacunados, uno solo murió. En esta epidemia nada se observó que favore- ciese la suposición de que la virtud preservativa ó modificati- va de la vacuna, se disminuye con el tiempo, de manera que los va- cunados se encuentran cada año mas susceptibles de recibir el contagio varioloso; lejos de ser así, se observó que la epidemia afectaba principalmente á los niños, demostrándose que el transcurso del tiempo parecia mas bien disminuir que aumentar la sus- ceptibilidad del contagio." "Es dificil concebir que la eficacia de la vacuna contra los ataques y peligros de las viruelas, se ponga jamás á una prueba tan rigorosa como la que esperimentó en la maligna, y casi universal epidemia de que he sido testigo. Según los mejores informes, la mortandad causada eu ella por la viruela natural, varió en general desde uno por tres, hasta uno por cinco en las personas que no habían sido vacunadas; grado de fatalidad que rara vez se ha observado en las viruelas y de que en cuan- 45 — 354 — to me ha sido posible averiguar, no se ha visto ejemplar desde el descubrimiento de la vacuna.—El sentimiento que causó á mí y á otros, el vernos precisados á creer que la vacuna, de cualquier modo que se administre, no era en toda circuns- tancias un preservativo absoluto de las viruelas, en alguna ma- nera se mitigó por tan multiplicadas pruebas de sus maravi- llosos efectos, en moderar los síntomas de la enfermedad, y disminuir el peligro. Este agradable resultado, no puede me- nos según yo concibo, de arrastrar el ascenso de todo aquel que haya tenido ocasión de comparar los diferentes fenóme- nos y fatalidad de las viruelas, en razón de atacar inelividuos vacunados ó no vacunados." La estraordinaria mortandad que se esperimentó enton- ces, la repetición de las viruelas á muchas personas que antes las habían sufrido, y la erupción de ellas observada en un gran número de vacunados; todo lo atribuye el Dr. Thomson al ca- rácter naturalmente grave y maligno de Ja epidemia, y no á que se hayan deteriorado las virtudes del virus vacuno, ni á que se le hubiese administrado de un modo defectuoso: aña- diendo, que si el Doctor Jenner cuando sacó á luz su des- cubrimiento, hubiera encontrado en la atmósfera una cons- titución variolosa, semejante á la que se esperimentaba en Edimburgo, era dudoso que la vacuna se hubiera estimado como un preservativo infalible ele las viruelas; pero sí con bastante eficacia para disminuir y enervar la malignidad de su contagio. Mientras observaba el Dr. Thomson la epidemia descrita en la anterior Memoria, le ocurrió la duda, de si las viruelas espúreas y las-verdaderas eran ó no enfermedades distintas: y sus reflecciones sobre esta materia, le persuadieron que ambas proceden de un mismo contagio, y que las variselas son una modificación de las viruelas. Sostiene esta opinión en la se- gunda Memoria, y aunque se le adhirieron algunos facultati- vos, han sido impugnados por otros de Inglaterra y Francia. Yo me lisongeo de haber convenido exactamente con ellos, y sobre todo con el dictamen de la Academia de medicina de Paris, mucho antes de haberlo visto. Encargada por el gobierno el año próximo pasado de exa- — 355 — minar, sí el virus vacuno conservaba su primitiva eficacia, ó se habia alterado después de comunicarse de uno ú otro indi- viduo por espacio de muchos años, quedando por consiguiente espuestos los vacunados al contagio varioloso; resolvió en se- sión de cinco de octubre último, con presencia de todos los do- cumentos que se habían presentado impugnando la nueva ino- culación: "lo que cuando la.viruela natural parece atacar á los vacunados, puede afirmarse sin temor de errar, que la va- cuna no fué verdadera ó que no lo es la viruela, sino una en- fermedad que presenta algunos caracteres semejantes á los de ella, como la viruela volante, ó algunas otras erupciones anó- malas; las cuales nuuca ofrecen al observador atento, los sín- tomas verdaderamente distintivos de la viruela natural; como son, su curso y figura regular, la gravedad de los fenómenos, la época de su desecación, la fiebre supuratoria, y sobre todo su olor peculiar y su propiedad contagiosa; y que por no ha- ber examinado con bastante refleccion estos caracteres, prin- cipalmente por haber omitido eu casos dudosos someter á la prueba de la inoculación el pus de esas erupciones, algunos profesores de grande mérito han incurrido en un error muy perjudicial á la propagación de la vacuna: 2.° que si, contra toda probabilidad, se observa la viruela natural en alguna per- sona que ha tenido la verdadera vacuna; este caso tan raro y estraordinario nada probará contra la utilidad de la nueva inoculación, ni impedirá que el gobierno se interese en pro- tejer tan benéfica operación, empleando todos los medios que estime mas eficaces."— Journ. de Paris, nouembi 5 de 1824.— T. R. — 356 — Esposicion á S. M. redactada por el Dr. Romay pa- ra establecer en esta ciudad una Academia de Ciencias médicas regida por los estatutos que acompañaba para su Soberana aprobación. Señor. Los profesores que suscriben vecinos de la siempre fidelí- sima Ciudad de la Habana, postrados á los R. P. de V. M. con el mas profundo respeto dicen: Que deseando ser útiles á la humanidad y especialmente á los habitantes de la fiel Isla de Cuba y á los que arriban á ella de otros países, han conce- bido el proyecto de establecer una Academia de ciencias mé- dicas, donde reunidos por el celo mas loable, se comuniquen recíprocamente sus conocimientos y observaciones, discutan sobre ellas con detenimiento y mediación, y rectificando sus opiniones aisladas hasta ahora, se determine el verdadero ca- rácter de las enfermedades endémicas en este suelo, los auxi- lios mas eficaces por combatirlas, y los medios de precaver- las. De este modo evitarán la muerte mas horrorosa y violen- ta las tripulaciones do los buques que llegan de la Península, y los cuerpos destinados á guarnecer esta Plaza, ó á restituir las provincias del continente al gobierno ele V. M. pues mu- chas veces se han frustrado por la fiebre amarilla especial- mente, los planes mejor combinados y las mas lisonjeras es- peranzas. Aun cuando este fuera el único objeto de esa corporación no serian inútiles sus trabajos, y el solo bastaría para merecer la benéfica protección de V. M. que tanto se interesa en la conservación de sus fieles vasallos, principalmente de aquellos que arrostran los mayores peligros por cumplir las órdenes so- beranas. Las producciones de los tres reinos tan varias y pre- — 357 — Liosas en esta Isla, se someterían también á la investigación y análisis de la Academia, y mientras los prosélitos de Escula- pio se dediquen á preservar la vida del hombre, los Físicos. los Quinal, s y Botánicos describirán la historia topográfica de este suelo, analizarán su-agur.s minerales. ilustrarán Iah:gle:ie pública, y formando la Flora Cubana sustituirán á lo? vegeta- les exóticos los indíjeuos. proporcionados sin duda por la natu- raleza á nuestras necesidades y dolencias. Tal es el plan de las operacionea de esa corporación en los Estatutos que eleva respetuos.unente á la ilustrada com- prehencion de V. M. suplicándole se digne impartirles su so- berana sanción. Supérfluo seria recomendar la utilidad de ese establecimiento cuando se han multiplicado en todas las capi- tales de Europa y en los pueblos pie mas se distinguen por su ilustración, riqueza y población. La América no carece de ellos: hace algunos años disfruta de sus beneficios la ciudad de la Nueva-Orleans. y recientemente la Isla de la Martinica. Mo- tivos mas imperiosos lo reclaman en la mas grande y opulen- ta de las Antiiias. La estension de la Isla de Cuba, el aumente de su población, industria, agricultura y comercio, los ripiaos progresos en las ciencias y en las artes, la numerosa concur- rencia de Nacionales y Estranjeros. las enfermedades á que están espuestos y las que esperimentanlos naturales, lainfluen- cia del clima en todas ellas, los recursos y auxilios que la naturaleza á esparcido con mano generosa sobre este suelo privilegiado; todo exige el establecimiento, de una sociedad de hombres consagrados á la prosperidad pública y á la con- servación de su especie. Solo esperan que V. M. les permita reunirse para satisfacer su impaciente anhelo y no siendo esta gracia menos importante que otras muchas que la muni- ficencia de V. M. s? ha servido conceder á sus fieles vasallos de este pueblo. A. V. M. humildemente suplican se digne aprobar los adjuntos Estatutos para instalar una Academia de ciencias médicas en esta fidelísima Ciudad. Dios ¿ruarde la importante vida de V. M. los años que necesite la prosperidad de su reino.—Habana y Mayo 11 de 1S26.—Señor.—A. L. R. P. de V. M. — 358 — NECROLOGÍA DEL DR. D. RAFAEL GONZÁLEZ. (1) A las cuatro de la mañana del 20 de Marzo anterior fa- lleció en esta ciudad el Dr. D. Rafael González, auditor hono- rario de ejército y provincia, á los 70 años y cuatro meses de su edad; empleado la mayor parte en el desempeño de diferen- tes destinos. Aunque su padre no habia seguido la carrera de las letras, la apreciaba sin embargo con preferencia á las otras; y advirtiendo en el hijo desde sus primeros años las disposi- ciones mas felices para distinguirse en ella, procuró inclinar- le á que la abrazara con eficaz discreción. Las aulas de esta Universidad estaban regentadas por maestros tan respetables por su literatura como por sus costumbres, y por el celo y constancia con que desempeñaban sus deberes: en la provi- sión de oficios y cátedras se consultaba únicamente el mérito y la dignidad del cuerpo, y todas sus leyes se observaban con escrupulosa exactitud y decoro. En circuntanciastan favorables para instruirse y morige- rarse, estudió el Sr. González la gramática latina, la retórica, filosofía, teología, derecho civil y canónico; recibiendo sucesi- vamente los grados de Bachiller en esas cuatro facultades, no solo con unanimidad de sufragios sino también con aplauso de los espectadores. Sustituyó en diferentes épocas las cáte- tedras deprima de Cánones y la de vísperas de Derecho civil. Luego que cumplió los intersticios prevenidos por los estatu- tos de esa corporación, se le confirió la borla de maestro de Artes; y en los egercicios literarios que precedieron, con im- parcialidad y rectitud, acreditó, aunque solo contaba 20 años, (!) Diario déla Habana de 6 de Abril de 1827. — 359 — eme era digno de aquella honrosa distinción. No fué menos aplaudida la oposición que hizo en Julio de 1781 á la cátedra de vísperas de Instituta concordada con el derecho Real, y re- sultando unánimemente aprobado en el examen y elección, se le dio posesión de ella y recibió la borla de Doctor en derecho civil. El 6 de Julio de 782 se presentó en la Real Audiencia de Méjico para recibirse de Abogado. Los de la terna á quienes se confió su primer examen, sorprendidos con la erudición y juicio del candidato y con la claridad y precisión de sus res- puestas, informaron á los ministros del modo mas favorable. Prevenidos para calificar por sí mismos si merecía aquel con- cepto, convirtieron el examen en un verdadero certamen, dis- cutiendo detenidamente las cuestiones mas arduas y sutiles de los derechos Romano y Patrio y de la Práctica forense. El tribunal quedó plenamente convencido de los conocimientos y aptitud del Sr. González, y le fué espedido el título de abo- gado como una retribución de rigorosa justicia. En el propio año se incorporó en la Real Audiencia de Santo Domingo, y en Enero del siguiente empezó á egercer la abogacía en esta ciudad. Hasta entonces nada mas habia hecho que prepararse en las aulas y en su gabinete para consagrarse al servicio público en la noble profesión que habia elegido. Su estudio fué siem- pre el santuario de la justicia. Colocada la imagen de ese nu- men delante de su bufete, le recordaba tácitamente sus debe- res: la integridad y mansedumbre ocupaban sus lados. Las adversidades de los infelices le rodeaban y prevenían contra el orgullo y ambición del poderoso. Su vista perspicaz penetra- ba el caos de los procesos, arrollando las sombras con que la io-norancia y la malicia ocultaban la verdad y desfiguraban los hechos. Suplía con la refleccion lo que no debia á la espe- riencia, y con la equidad lo que exigían las circunstancias. Impasible como la ley que hablaba por sus labios, según la frase de Tulio, jamás se le vio alterado en las sesiones priva- das ni en las discusiones públicas mas altercadas. Nunca in- terrumpió á ninguno de sus colegas: á todos oia con agrado y atención sin prevenir su dictamen, ni contradecirlo humillan- — 360 — dolé con la fuerza de sus razones. Procuró siempre ser el úl- timo que esplicara su opinión; y cuando se adheria á la de otro la esforzaba con nuevos fundamentos. Si repetía los an- teriores, la modestia del semblante, la melodía de su voz, un estilo melífiuo y ciertas frases que le eran peculiares, presen- taban las mismas ideas con cierta novedad que parecían ori- ginales: convencía el entendimiento, concillándose la volun- tad y deleitando los sentidos. Su elocuencia no deslumhraba ni sorprendía como la luz ardiente y brillante del sol en el cé- nit semejante á los primeros crepúsculos de la aurora, se insi- nuaba y persuadía con suavidad y lentitud, y en el epílogo aparecía la verdad como el astro del dia en el oriente, disi- pando las tininieblas con una claridad muy grata, y ahuyen- tando á sus cavernas los monstruos nocturnos, el error y la impostura. Para comprobar la exactitud de este bosquejo, bastará referir rápidamente loa diversos encargos que se confiaron al Dr. González desde sua primeros pa3os en la carrera de la abo- gacía. Por tiempo de tres años desempeñó la alcaldía mayor de la ciudad del Bejucal, dejando impresa su memoria en el corazón de aquellos vecinos con rasgos indelebles de huma- nidad, desinterés y rectitud. El Escmo. Ayuntamiento de es- ta ciudad carecía de un letrado que le ilustrara y dirigiera en las ocurrencias que exigen el consejo de la prudencia y sabi- duría. Convencido de que el Sr. González reunía esas calida- des, le nombró su consultor desde el año de 786. La esperien- cia le acreditó el acierto con que habia procedido. En los di- ferentes cabildos á que fué citado quedó siempre convencido de sus razones, y nunca se arrepintió de haber deferido á su dictamen. No se complacía menos la juuta económica del Real Consulado de la elección que hizo eu noviembre de 97. El tribunal mercantil tenia un solo asesor, sus ausencias y en- fermedades demandaban otro que le sustituyese. Calificada la necesidad de la plaza, no se vaciló en el sujeto que merecía ocuparla: el Dr. González fué aclamado unánimemente, y S. M. se dignó aprobar la creación y propuesta en Real orden de 14 de Junio del siguiente año. No podia ocultarse al discer- nimiento del Escmo. Sr. D. Luis de las Casas el mérito del — 361 — Sr. González, y conociéndole no podia privarle de su estima- ción y confianza. Repetidas veces 13 consultó en materias muy arduas, y cuando instaló la Sociedad Económica de esta ciu- dad, inscribió su,nombre en el catálogo de los beneméritos fundadores de esa corporación. También aparece entre los vo- cales de la junta de población blanca, erigida por las prime- ras autoridades de esta Isla en cumplimiento de una Real cé- dula, para que les propongan los medios de fomentarla. Con alguna antelación le habia distinguido el claustro de esta U- niversidad nombrándole Censor regio, y el Sr. Superintenden- te de la renta de tabacos, con el oficio de fiscal de ese ramo en esta Isla y del tribunal de la Superintendencia. El despa- cho que le espidió hasta la Real aprobación, será en todos tiempos un documento incontestable de la opinión que gozaba el Dr. González por su literatura, probidad y desinterés. En virtud del tratado concluido entre nuestra corte y la de Londres para la abolición total del tráfico de negros, se dis- puso por la primera, que se reuniese en esta ciudad una de las comisiones compuestas de individuos elegidos por ambos go- biernos, para la decisión de los casos dudosos que ocurrieran. Por Real orden de 23 de julio de 818 se nombró al Sr. Gonzá- lez secretario de esa comisión mista. El tino, imparcialidad y exactitud con que sirvió tan dificil encargo, fué igualmente re- conocido por los gabinetes de Madrid y de S. James, y ambos le manifestaron que estaban muy satisfechos de su conducta. El Rey Ntro. Sr. se dignó concederle los honores de Auditor de guerra y ele provincia; y el Sr. Ganning, ministro de Esta- do de S. M. B. instruido por el Sr. su juez comisario en es- ta ciudad, "que el Sr. González desempeñaba sus obligaciones en aquel destino con mucha rectitud, talento y celo," le signi- ficó el aprecio de su gobierno con fecha de 31 de octubre del año próximo pasado, encargando á los Sres. sus comisionados que le presentaran á su nombre uua caja de oro en que está grabada la corona sobre el emblema del Reino Unido. Una espresion tan honorífica y lisongera, aunque penetró su cora- zón de gratitud, no fué bastante para alentar su espíritu, aba- tido por los achaques que habían estenuado y desfallecido su cuerpo. La recibió pocos dias antes de postrarse en el lecho 46 — 362 — del dolor; y previno á su familia que guardase aquel presente y á nadie lo revelara. Su voluntad fué cumplida tan religio- samente, que su mismo hermano político, sin embargo de merecerle la mayor predilección y confianza, no llegó á com- prenderlo hasta el dia anterior á su muerte. Después de ella leyó la carta, meditó sus expresiones, y humeeleciéndola con tiernas y amargas lágrimas, espresó á la vez su dolor y com- placencia. Para mas comprobar la moderación del Dr. Gonzá- lez solo añadiré otro rasgo. Desde el año de 822 se le conce- dieron los honores de Auditor de guerra, y advirtiendo sus amigos que no trataba de hacer el uniforme que le correspon- día, aunque le proporcionaban lo necesario, uno de ellos se lo regaló en octubre último. Repetidas veces le instaron para que lo usara, y ocurriéndole siempre algún protesto con que evitarlo, al fin lo estrenó su cadáver para ocultarlo por siempre en el sepulcro. Como Auditor de ejército y provincia debia inhumarse en él que está destinado para los magistrados en el Cementerio general: pero el Escmo. Ayuntamiento deseando dar un tes- timonio público de la gratitud y consideración que le han me- recido los méritos y dilatados servicios del Sr. González, prin- cipalmente los que hizo á la misma corporación en el espacio de 40 años que fué su consultor, sin percibir ninguna remu- neración, y también como teniente de regidor del Sr. marques de Casa Peñalver; se reunió en cabildo estraordinario el pro- pio dia de su fallecimiento y acordó, que las cenizas del Dr. González reposaran en la misma tumba donde yacen las de sus capitulares, y que en la propia acta se trasmitiera á la pos _ teridad el nombre de ese benemérito ciudadano, recomen-' dando sus servicios. Este ha sido el hombre público; sus virtudes privadas no le hicieron menos apreciable. Padre vigilante y sensible; es- poso fiel y constante; sacrificó al honor y felicidad de su fa- milia las instigaciones mas lisongeras del orgullo y ambición. Satisfecho con el testimonio de su conciencia, con el amor res- petuoso de sus hijos, con la gratitud espresiva de una Consorte próbida, y con las consideraciones de sus amigos, de acmellos que mas distinguía con su intimidad y coufianza, no por las — 363 — dignidades y riquezas que poseía, sino por la sinceridad de sus afectos; reposaba tranquilo en el seno de su familia dis- frutando de los placeres inocentes que solo proporcionaba la paz interior del hombre de bien. No fueron bastantes para al- terarla ni las adversidades domésticas ni del foro, ni tampoco fas convulsiones políticas que agitaron á este pueblo con tanta violencia que, estremeciendo los fundamentos* de todas sus instituciones, temió sumirse en un abismo horroroso. En aque- lla época de anarquía y consternación, cuando las autoridades uo eran respetadas ni las leyes obedecidas; la morada del Dr. González era la mansión de la paz y la concordia. Tan im- pávido como el varón constante de Horacio, su voz suave- mente imperiosa reprimía la impetuosidad de unos, alentaba la pusilanimidad de otros, conciliaba la animosidad de los par- tidos, y á todos reducía al orden y al conocimiento de sus ver- daderos intereses. El voto público y espontáneo le eolocaba en los primeros destinos; pero ya fuese por moderación, ó por que algunas leyes y la marcha precipitada de aquel sistema es- taban en oposición con la templanza de su carácter los rehusó constantemente, y solo admitió alguno de una duración efí- mera. Después de ese huracán impetuoso quedó el pueblo, como las aguas del mar calmada la furia de los vientos, sordamente agitado y vacilante. Algunos emigrados de las provincias del continente, que fueron recibidos en este suelo con generosa hospitalidad, empezaron á insinuar los sentimientos que ocul- taban en su pecho. Exageraban las vejaciones que habían su- frido sus compatriotas desde que los subyugó una nación am- biciosa y desapiadada, privándole de la libertad y de todos sus derechos; recomendaban la dignidad de hombres libres á que se habían elevado por su valor y constancia, sacudiendo el yugo ignominioso y opresivo que abrumaba su cerviz; se lison- jeaban de las prosperidades y consideraciones que ya disfruta- ban bajo la protección de un gobierno liberal y benéfico cons- tituido por ellos mismos, y apoyado con las virtudes de sus gefes, con la voluntad general de los pueblos, y las riquezas y recursos que les ofrecía aquel pais privilegiado. Estas imá- genes presentadas con los mas seductores coloridos, afectando — 364 — al mismo tiempo un interés muy ardiente por nuestra inde- pendencia y felicidad, fascinaron á una juventud incauta y alentaron á ciertos hombres que no pudiendo distinguirse por las sendas del honor y la virtud, se gozaban de saciar su ca- pacidad y ambición enseñoreándose sobre las ruinas de la pa- tria, teñidas con la sangre de sus vecinos. El Sr. González siempre fiel al Monarca que habia der- ramado su munificencia sobre esta Isla, adicto á la Metrópo- li, convencido íntimamente de la santidad de nuestras leyes, satisfecho con las distinciones que habia recibido del gobierno y de sus compatriotas, con una fortuna mediocre y sobretodo con la tranquilidad que gozaba; descubrió el áspid oculto en- tre aquellas flores, y previo todos los horrores y calamidades inseparables de una guerra civil. Imitador del antagonista de Catilina, arrancó Ja máscara conque se cubrían aquellos hipó- critas que nos brindaban una copa emponzoñada. Repetía con frecuencia que esta Isla habia sido en todos tiempos la posesión mas favorecida del gobierno, no pudiendo desconocerlo sin incurrir en la mas negra ingratitud; que lejos de poseer los elementos necesarios para subsistir por sí misma, abundaba en principios demasiado heterogéneos y contrarios; que pri- vada de la garantía de una potencia respetable, la ocuparía por la fuerza, alguna de las que envidian su posición, fera- cidad yriqueza; y por último que nunca han disfrutado de las ventajas de las revoluciones políticas los que encendieron la tea de la discordia, siendo siempre los primeros que han sido devorados por ellas, como Saturno á sus propios hijos. Las enérgicas medidas dictadas oportunamente por el go- bierno, acabaron de disolver el volcan que se preparaba para estallará nuestros pies. Dias plácidos y serenos sucedieron á los que habían precedido turbando la tranquilidad y confianza; pero no estaba concedido gozar de ellos mas de dos años al que tanto habia contribuido á restablecer la bonanza. Una en- fermedad harto frecuente en este pais y cuya causa no ha po- dido encontrarse, aunque se ha investigado con la mas asidua meditación, molestaba al Sr. González habia mas de 6 años, obligándole por tres ocasiones á tomar en su propia fuente las aguas minerales de la villa de Guanabacoa. Esperimentaba con — 365 — ellas notable alivio; pero no se curaba radicalmente porque sus atenciones públicas no le permitían ausentarse de esta ciu- dad todo el tiempo necesario. Las mismas causas le impidieron trasladarse á ese pueblo desde enero último, en que empezó á observar que el hígado le incomodaba. Los consejos de sus amigos las reconvenciones de los profesores mas interesados en su salud, las instancias de una familia consternada; todo fué inútil. El mal progresaba lentamente; pero una fiebre inespe- rada acelera su curso, y aumenta el peligro. Lo conoce el Dr. González, y con la misma serenidad que siempre advertimos en su semblante, se dispone para recibir los últimos consuelos que dispensa la Divina Religión que profesaba. Su alma se trasporta con los sentimientos augustos que la inspiraron, y elevándose á otra región mas pura, disolvió los vínculos que le unian á la tierra. Su muerte fué sentida como una calamidad pública. Le lloraron con amargura su esposa y sus hijos, y todavia perma- necen sin consuelo. Sus domésticos no habrían espresado ma- yor sentimiento si hubiesen fallecido sus padres. Sus amigos y clientes encuentran un vacío, que no aciertan á llenar. Los alumnos de Justiniano lamentan la pérdida de un maestro fiel intérprete de las leyes, el foro la de un magistrado integérri- mo; y el pueblo, ese juez tantas veces calumniado, pero justo y recto cuando no se previene su opinión, manifestó sensible- mente al contemplar el féretro de ese varón respetable, que tributaba mas homenages al mérito y á la virtud que á las dig- nidades y riquezas. — 366 - INFORME (1) Dado á la Real Sociedad por el señor Secretario de la Junta Central de vacuna. Escmo. Sr. y Señores. Aunque no han sido muy frecuentes las sesiones que ha celebrado en el presente año la Junta Central de vacuna, no por eso han dejado de ser suficientes para satisfacer los ob- jetos de su instituto. Conservar el virus vacuno en esta ciudad, comunicarlo á los pueblos y partidos de toda la isla, proporcio- nar facultativos que lo inoculen, escitar á los vecinos á recibir ese eficaz preservativo de las viruelas, anunciar el peligro á los que están espuestos á su contagio; tales son las atenciones que han ocupado el celo y patriotismo ele esa Corporación. En las casas Capitulares y en los barrios de Guadalupe, Jesús María, el Pilar y S. Nicolás, se han vacunado en este año 3611 per- sonas, las 1061 blancas y las restantes de color, y en el mismo tiempo se han remitido á los pueblos rurales 609 cristales con virus vacuno. El deseo de inocular con una sola á varias per- sonas, inducía á disolverlo con mas cantidad del agua necesa- ria, quedando por consiguiente enervado y sin la eficacia para la erupción del grano. A fin de evitar ese error escribió el Dr. D. Francisco Sandoval'una instrucción, aunque sucinta, muy (1) Actas de las juntas generales de la Real Sociedad Econónicas de amigos del Pais celebradas en los diaa 15 16 y 17 de Diciembre de 1831. — 3'67 — clara, esplicando lo conveniente para el feliz resultado de esa operación. Hizo imprimir doscientos ejemplares de ella, y el Escmo. Sr. Gobernador y Capitán General se sirvió circular la mitad de ellos con mayor número de cristales, á las justicias de los pueblos y á los jueces pedáneos, para que la comunica- ran á los facultativos encargados de ejecutar la nueva inocu- lación. El éxito ha correspondido á la previsión del Dr. Sando- val, pues desde entonces ha producido ese virus los efectos que eran de esperarse. Muchos mas cristales se habrían reparti- do, si las personas vacunadas hubieran vuelto á los ocho dias al lugar donde seles hizo esa operación. En vano se les recomen- daba la necesidad de verificarlo para reconocer si la pústula era falsa ó verdadera, siendo preciso revacunarlas en el pri- mero ó suministrar en el segundo, el humor que contenia para comunicarlo á otros, y recojer el restante entre cristales. Desentendiéndose de estas razones, llegó el caso de no va- cunarse un dia de los señalados en las casas Capitulares á los que habían concurrido con ese objeto, porque no hubo ni un solo grano conque hacerlo. Temiendo los profesores encargados de esa operación, que se les imputaran las consecuencias que serian inevitables si se repetía esa falta, la hicieron presente al Escmo. Sr. Gobernador y Capitán general, y S. E. tuvo á bien escitar por el Diario de esta^ciudad á sus habitantes, que contribuyeran á la conserva cion de ese admirable preser- vativo de las viruelas, retribuyendo para otros el beneficio que habían recibido, y que no siendo suficiente la persuacion, lo que no esperaba, atendiendo al bien general, tomaría las pro- videncias correspondientes á un objeto tan importante. No han sido necesarias. Este pueblo, tan dócil á las insinuaciones de sus Gefes como ilustrado y convencido de la eficacia de la vacuna, volvió á interesarse en hacerla permanente, pro- porcionando con una numerosa concurrencia los medios de conseguirlo. Ha sido notable desde que se anunció por el mismo periódico, que se habían observado dentro y fuera de sus muros algunos viruelientos, desgraciadamente se han multiplicado, sin embargo de las activas providencias del go- bierno y del celo eficaz de la Junta Central.—No satisfecha con el número de profesores destinados á inocular la vacuna — 368 — en los campos, autorizó á varios otros con el fin de facilitar á los pueblos la adquisición de ese beneficio. Defiriendo á las instancias de los Ldos. D. Francisco Muñoz, D. Diego Jiménez, D. Blas de Ariza y D. Francisco Romero, les per- mitió ejecutar esa operación en Güanes, Casa-Blanca, Bataba- nó y en la villa de Guanabacoa; también accedió á que los fa- cultativos D. José María González Morrilla, y D. Francisco de los Reyes, concurrieran como auxiliares á- las casas Capitu- lares y al Diorama. Para que celaran si los vacunadores de Guadalupe y Jesús María cumplían con puntualidad ese encargo, nombró inspector del primer barrio al Dr. D. Juan Pérez Carrillo y el segundo al Dr. D. Francisco Sandoval—Habia dos años que el Ldo. Enrique García ino- culaba generosamente el virus vacuno en la Nueva Filipi- na; pero considerando que él solo no podia propagarlo en una estension tan dilatada, ni satisfacer los deseos de todos sus vecinos; propuso á la Junta Central se estableciera una subalterna en el pueblo de Pinar el Rio, capital de aquel par- tido. Y teniendo en consideración la distancia que lo separa de esta ciudad, su grande estension y aumento de población acordó de conformidad á dicha solicitud, observándose en su instalación y gobierno el reglamento prescrito á las otras que se han erigido en varios pueblos de esta isla, y ha merecido la sanción de S. M. haciéndose las modificaciones que exigen las particulares circunstancias de la referida población, y nombrando secretario de ella al Ldo. García en remuneración de sus anteriores servicios, y de la eficacia con que habia so- licitado la erección de esa Junta, obtenida la aprobación del Escmo Sr. Gobernador y Capitán general, se verificó su ins- talación el dia I9 de octubre último presidida por el Sr. Te- niente Gobernador de la Nueva Filipina.—En sesión de 30 de Abril último se enteró la Junta Central de un oficio del Ldo D. Pedro Nolasco Almasa, secretario de la subalterna de Puerto Principe, informando haber vacunado en el año próximo pasado 1164 personas, y que desde 1823 hasta di- ciembre anterior, practicó la misma operación en 8142.—Es- tañándose que el secretario de la Junta de Cuba Dr. D. En- rique Diaz Paez, no hubiera remitido al de esta Central en — 369 — los últimos años, el eatracto de los acuerdos de aquella Corpo- ración ni el resumen de los vacunados; se 8uplicó al Escmo. Sr. Presidente, se sirviera oficiar al Sr. Gobernador de dicha plaza para que le advirtiera esa omisión. Inmediatamente dirigió copia certificada de las actas celebradas desde junio de 1829, hasta diciembre de 830, y del número de personas vacunadas en ese tiempo, las cuales fueron 1136 las 322 blan- cas, y las restantes de color; y con fecha de 5 de noviembre anterior informó, y desde el mismo mes del año próximo pa- sado, hasta aquel dia comunicó el virus vacuno á 1290 indivi- duos.—El Ldo. D. Andrés José de la Parra, secretario de la Junta de la villa de Santa Clara, cumpliendo su deber con la misma exactitud que siempre lo ha ejecutado, participó que en el presente año hasta 6 del que cursa habia vacunado 112 personas blancas y 97 de color, conservándose aquel pueblo preservado de viruelas.—Los secretarios de las otras Juntas subalternas y de los profesores encargados de inocular el virus vacuno en los partidos y otros lugares, no han dado cuenta de sus operaciones según se les tiene prevenido. Habana y diciembre 16 de 1831.—Dr. Tomas Romay. 47 — 370 REAL SOCIEDAD PATRIÓTICA. En junta general de la Real Sociedad patriótica de 19 del corriente fué leido, y mandado publicar por es- te medio el siguiente informe de la junta central de Vacuna. Escmo. Señor: La comisión de la Junta central de vacuna encargada de conservarla inoculando su virus dos dias á la semana en las casas capitulares, ha ejecutado esa operación en el presente año en 279 personas blancas y 558 de color, remitiéndolo al mismo tiempo en 700 cristalesádiferentes pueblos y haciendas de la isla. No satisfecho el Dr. D. Francisco Sandoval con ha- ber desempeñado las obligaciones á que estaba constituido, vacunó 28 párvulos en los sitios de San José, cuyos padres no podían por su indigencia conducirlos á los lugares públicos destinados para esa inoculación; y habiendo recogido el virus de aquellos granos en 502 cristales, remitió 52 al señor gober- nador de la ciudad de Matanzas y los restantes los entregó en la secretaría de este gobierno político, con varios ejemplares de una instrucción que había impreso para inocular con acier- to aquel eficaz preservativo de las viruelas, comunicándose to- do por conducto de los jueces pedáneos alas haciendas y luga- res iuteriores. No fueron estos los únicos servicios que hicieron á la hu- manidad y á la patria ese facultativo y el Dr. D. Juan Pérez — 371 — Carrillo, individuos de aquella comisión: ejecutaron otro tanto mas apreciable y digno de gratitud cuanto mas espontáneo y gravoso. En aquellos diaa por siempre lamentables, cuando la muerte enseñoreándose sobre esta ciudad y sua barrios holla- ba igualmente el mas suntuoso edificio y la choza mas humil- de; cuando el cólera-asiático se presentaba en todas partes ins- pirando consternación y pavura en el pecho mas constante, y cuando las familias cubiertas de lágrimas y luto se aislaban en las casas para deplorar sus pérdidas ó evitar otras mayores ¿quién entonces habia de ocuparse en precaver una enferme- dad remota y menos aguda y funesta que el cólera? ¿Quién despreciaría un peligro tan inminente por acudir á otro muy distante? ¿Quién ocurría á las casas Capitulares á recibir el vi- rus vacuno, temiendo infestarse antea de llegar á ellas por los cadáveres de coléricos que á cada paso se encontrabau? Entonces fué cuando esos profesores sinabaudonar loahoa- pitales que se confiaron á supericiay humanidad, ni los muchos enfermos que habían implorado su asistencia, privándoles de las horas mas necesarias al descanso, se decidieron áconservar el virus vacuno solicitando en las habitaciones desoladas á los que pudieran recibirlos, y convenciendo al mismo tiempo con razones á los que estabau alarmados contra esa operación, per- suadidos de que predisponía á recibir el contagio del cólera. Habría faltado á mis deberes sino hubiera recomendaelo á la Sociedad económica un servicio tan importante. Lo verifi- qué en la sección del 24 de Noviembre anterior con todo el inte- rés que me inspiraba el beneficio que babian dispensado y este ilustre cuerpo, remunerador del patriotismo y demás virtudes so- ciales, se ha servido inscribir sus nombres en el catálogo ele los Bocios de mérito; lo han contraído, y de un modo incontrastable. Animados de los mismos sentimientos que tanto han distinguido á esos facultativos, los Dres. D. Domingo Ro- sains y D. Diego Govantes han vacunado aun en loa dias de la epidemia, el primero 108 personas blancas y 132 de color en el barrio de Guadalupe; y el segundo 143 blancos y 241 de color en el de Jesús María. Es igualmente recomenda- ble el celo que han manifestado loa Dres. D. Vicente Pérez In- fante y D. Manuel Chaple, encargados de vacunar en el J)iora- — 372 — ma. Faltando absolutamente la concurrencia de los vecinos de aquel barrio al lugar señalado para esa operación, los solicita- ron en sus propias casas, y venciendo con su persuacion y constancia cuantos obstáculos les presentaban, lograron ino- cular 118 individuos de todas clases y edades. En los primeros meses de este año comunicó el virus vacuno en la villa de Cienfuegos el Br. D. José María Carbonelá 157 personas blan- cas y 111 de color, recomendando su conservación al facultati- vo que residía en aquel pueblo. El Secretario de la Junta subalterna de la ciuelad de Cuba Dr. D. Enrique Diaz Paez, cumpliendo con la mayor exactitud lo prevenido en el artículo 7o de su reglamento, me ha re- mitido un estado de las personas inoculadas desde 1.° de Noviembre del año próximo pasado hasta el mismo dia de Octubre del presente, y copia de las actas, de las do- ce sesiones que ha celebrado en ese tiempo, presididas to- das por el Escmo. Sr. Gobernador de aquella plaza y muy concurridas de sus vocales. Consta del primero que en los re- feridos meses se inocularon 130 blancos y 550 de color. Por las actas se acredita el patriotismo y eficacia con que sus dig- nos vocales han procurado facilitar la propagación de la va- cuna en todos los pueblos y haciendas de aquella provincia, con- siguiendo con medidas tan eficaces conservarlailesa del conta- gio varioloso. De este modo la Junta de Cuba que por espacio de algunos años habia permanecido disuelta con notable perjui- cio de sus vecinos, se ha restablecido con tanto fervor y constan- cia que merece se proponga pormodeloá las demás subalternas. La central de esta capital solícita siempre en preservar de las viruelas á esta isla, no cesa de multiplicar los medios de conseguirlo. Al efecto, autorizó á los profesores D. Manuel de la Paz Silveira para inocular la vacuna en la villa de Cienfue- gos y toda su jurisdicción, al Dr. D. José Pambrun en la ciu- dud de Matanzas, á D. Pablo Caro, en Jesús del Monte, á D. Joaquín Ayala en el pueblo de Regla. Si algunos otros facul- tativos pretendieren dispensar gratuitamente el mismo benefi- cio, esa corporación accederá á su solicitud con la mayor com- placencia.—Habana y Diciembre 19 de 1833.—Dr. l'omas Ro- may.—Es copia.—Antonio Zambrana. — 373 — INFORME Leido por el Sr. Secretario de la Junta Central de Vacuna, en junta general, celebrada el 18 de Di- ciembre por la Real Sociedad Económica de esta ciudad. Escmo. Señor. Cumplidos son 28 años que informé por primera vez á este ilustre Cuerpo de las tareas que habia desempeñado la Junta Central de Vacuna. En todo este tiempo ha permane- cido inalterable ese virus benéfico, debiéndose sin duda á la inteligencia y constancia de los facultativos encargados de conservarlo, y á la ilustración y docilidad de este pueblo. Con- curriendo á las casas Capitulares dos dias en cada semana han recibido ese eficaz preservativo de las viruelas en el presente año 1161 personas de todas edades, condiciones y sexos; y en el propio tiempo se han remitido 792 cristales con el virus va- cuno á diferentes pueblos y haciendas de esta isla. El Dr. D. Domingo Rosains encargado de vacunar en el barrio de Nuestra Señora de Guadalupe, ha ejecutado esa ope- ración en 257 vecinos; y el Dr. D. Diego Govantes que des- empeña la misma comisión en el barrio de Jesús María, la ha practicado en 444. En el pueblo de Regla solo ha inoculado 31 personas el Ldo. D. Joaquin de Ayala por ocurrencias que no ha podido precaver. — 374 — En principio de Noviembre anterior salió de esta ciudad para la villa de Cienfuegos el Br. D. José María Carbonel, lle- vando algunos cristales con virus vacuno; y con fecha del 5 del corriente me participa haber inoculado en esa población, pueblo y varias haciendas, 75 personas; proponiéndose repetir la operación mientras permaneciera en aquella comarca. Entre todos los secretarios de las juntas subalternas esta- blecidas en diferentes pueblos de la Isla para para propagar en ellos la vacuna, el de la villa de Santa Clara, Ldo. D. An- drea José de la Parra, ha sido el único que me ha instruido de sus operaciones, según se les previeue en su reglamento. Des- de Io de Enero de este año hasta 29 de Noviembre anterior, habia inoculado á 327 individuos. Con ese preservativo y las providencias dictadas por sus alcaldes, se ha conservado ilesa del contagio varioloso que en el pueblo de la Esperanza, dis- tante poco mas de tres leguas, habia infestado á 21 indivi- duos, délos cuales fallecieron dos. Al mismo tiempo ha co- municado ese distinguido profesor el virus vacuno entre cris- tales á las ciudades de Puerto-Príncipe y Trinidad, y á la villa de San Juan de los Remedios. Mayor habría sido el número de vacunados en esta ciu- dad y sus barrios, si todos aquellos en quienes se verifica la erupción del verdadero grano, volvieran álos ocho días al lu- gar donde fueron inoculados, para retribuir á otros el benefi- cio que habían recibido. En vano se les recomieuda en aquel mismo acto con la mayor eficacia, en vano se solicitan en sus propias casas el dia séptimopara reconocerlas pústulas y recor- darles aquel encargo. Ineficaces también han sido las exhorta- ciones repetidas eu los papeles públicos por el dignísimo an- tecesor de V. E. manifestando la necesidad de contribuir to- dos los vecinos á la conservación de ese eficaz preservativo, por su propio utilidad y porque así lo exige la salud pública. Sin embargo, siempre ha sido considerable el número de los que solicitan vacunarse; mas en el presente año no fueron su- ficientes los granos que se necesitaban para satisfacer sus de- seos, aunque no ha dejado de verificarse la erupción. Apura- dos inútilmente los medios que inspira la persuacion, el inte- rés público y el privado, corresponde ya á la autoridad em« — 375 — plear los recursos mas enérgicos, para que no vuelva á espe- ri mentar esta ciudad y toda la isla los horrores que han pro- ducido en ella las viruelas. El virus vacuno, como el fuego sagrado de las Vestales, necesita cebarse constantemente transmitiéndose de unos á otros para que no llegue á estinguirse. Si desgraciadamente sucediera, perderíamos para siempre el consuelo mas grande que la naturaleza y el arte han dispensado de consuno á la humanidad desolada. No es de repetirse otra espedicion se- mejante á la que Carlos IV, el mas benéfico de los soberanos de Europa dirigió desde la Península para reparar los estra- gos que habían hecho las viruelas conducidas por un criado de Panfilo Narvaez á la "virgen del mundo, la América ino- cente." Pero si aquel contagio corrió con la mayor velocidad desvastando los pueblos desde la costa Norte hasta el imperio de loa Incas, y del cabo de Hornos á laa Californias; la muni- ficencia del clementísimo Carlos recorre las Antillas, se difun- de con la misma celeridad del uno al otro estremo del conti- nente español, atraviesa]el mar pacífico, llega á las Filipinas, pasa á Cantón, y participan de ella hasta las islas amigas y ri- vales. Loor eterno al Monarca Pió, que salvó sus pueblos y los estraños de una calamidad horrorosa. Gratitud y gloria sea concedida al Jenner de la Iberia, tan infatigable y filán- tropo como aquel que produjo el Albion y será justamente ad- mirado y aplaudido por todas las naciones.—Habana y Diciem- bre 18 de 1832. — 376 — SALUD PUBLICA. (1) Habiéndose dignado S. M. la Reina gobernadora confiar- me la presidencia de la Real Junta superior gubernativa de medicina y cirugía de esta isla, faltaría al mas importante de mis deberes, si no me interesara eficazmente en la conserva- ción de la salud pública y en la tranquilidad de mis compa- triotas. Se ha turbado en estos dias por la imprudente locua- cidad de algunos noveleros que siu examinar los hechos ni comprobarlos con datos suficientes, los divulgan y sostienen como si fueran incontestables. Abundan hombres y mugeres, que por no hacer en las sociedades un papel ridículo, obser- vando el silencio que debia imponerles su ignorancia, mortifi- can á los concurrentes con vaciedades importunas, y conster- nan á las personas tímidas y pusilánimes con noticias desagra- dables y funestas. Otros muchos como si no tuvieran en que egercitarse, ni asunto alguno de que tratar, vagan por las ca- lles, sorprendiendo á los que encuentran y aun se introducen en las casas para referir y publicar lo que tal vez no se quisie- ra oir, quedando tan satisfechos y complacidos como si hubie- ran celebrado el armonioso y espresivo canto de la Pedrotti, ó las escenas mas terribles de Fornasari y Monstressor en el Pirata. Esos han sido los que vociferan que en esta ciudad y sus barrios se han presentado desde el mes de Enero muchos en- fermos del cólera-mórbo asiático, y como si una ocurrencia tan infausta no fuera bastante para alarmar á un pueblo senci- (1) Diario de la Habana de 7 de Marro de 1834. — 377 — ble que acaba de esperímentar loa mayorea estragos por esa horrorosa enfermedad, se atreven á pronosticar que repetirá todos los años y se hará endémica en esta isla; como la fiebre amarilla ó vómito negro, introducido en ella de otros países. ¡Terroristas sibilinos! ¿quién os ha inspirado esos oráculos de ruiuas y desolación? ¿En que os fundáis para presagiar, que este pais tan favorecido por la naturaleza, haya de ser mas desgraciado que todos los otros que ha devastado el cólera? En todos ellos, terminada la epidemia se ha observado uno ú otro caso; mas en ninguno ha repetido aquella calamidad en Paris y Londres después de un año de haberla sufrido, se han visto algunos coléricos. En el Asia, donde es endémica, se presentan todos los años; mas nunca hasta cumplidos diez se multiplican lo nesesario para llamarse epidemia. De otra suerte, estaría desierto el Delta del Ganges y todas sus ri- beras. Demasiado infeliz seria la humanidad si hubieran de cum- plirse los presagios de esos agoreros de adversidades. Mejor sería no haber nacido, eme vivir temiendo cada año una enfer- dad casi inevitable y de un éxito incierto. No ea tan implaca- ble la cólera del cielo ni se reúnen con tanta frecuencia las causa8 que producen esas plagas desoladoras. En el estado cronológico de las pestes hecho por Papón, que comprende dos mil cincuenta y un años, solo numera diez memorables. La primera fué la de Atenas, descrita por el padre de la histo- ria Thucidides, 331 años antes de J. C. y la última la de Aix el de 1720. Desde entonces hasta el año de 817 que prin- cipió la del cólera-mórbo en el Asia, han mediado 97 años. Esta epidemia es la mas semejante á la peste llamada negra por el tiempo que han durado, por loa países que han recorrido, por la irregularidad de su curso y por los estragos que han cau- sado en todos ellos. Empezó aquella peste el año de 1346 en el reino de Cattay, al N. de la China, ee difundió por toda el Asia, la Europa y el África, y después de haber estermina- do las cuatro quintas partes de los habitantes ole Europa, según el cálculo de Villani, terminó en 1361. Desde entonces no se eaperimentó alguna otra en Europa hasta la de Milán y León de Francia en 1628 y 29. ¿Por qué pues, hemos de temer que 48 -- OiO -- el cólera vuelva á desolarnos, cuando todavía está afligiendo dos partes del mundo? No son mas exactos los fundamentos que suponen para inferir y presagiar que el cólera se hará endémico en esta isla como la fiebre amarilla ó vómito negro. Estas dos enfermeda- des no tienen ninguna analogía; todo es en ellas diferente. No me detendré en hacer una comparación nosográfica; los profe- sores de la ciencia ele curar no la necesitan, y parecería dema- siado minuciosa á los que no ejercen esa facultad. Para de- mostrar la diferencia que hay entre ellas, bastará decir, que la fiebre amarilla no fué transportada de otros países, sino que siempre ha sido endémica eii las costas de la América, que en ellas existe su germen, y se desarrolla cuando el calor pasa de 22 grados en el termómetro de Reaumur el cólera-morbo, es endémico en el Asia, principalmente en las riberas del Gan- ges; desde donde asolando sus vastas regiones el año de 1817 se dirigió á las orientales de Europa, penetró la Rusia y recor- rió casi todos los estados del continente, pasó á la Gran Bre- taña, de allí á la Irlanda, de ella al Canadá, se difundió pron- tamente por todas las provincias de la nación hasta la mas in- mediata á esta Isla, la Nueva-Orleans, de donde probablemen- te recibimos esa plaga en 833. Jamás la fiebre amarilla ha se- guido un curso tan constante y dilatado, atravesando países muy diferentes por su clima y posiciones tope>gráticas; en la A- mérica nunca se ha internado mas de una milla de sus costas. El cólera con iguales síntomas y con la misma violencia se ha presentaelo en la Rusia cubierto ele nieve y en los terrenos mas áridos de la Arabia, en Varsovia y en Sevilla, en Dublin, en Veracruz y en Méjico, en los pueblos litorales y en los mas interiores, en los inmediatos al polo ártico en el invierno, y bajo la zona tórrida en el estío. La fiebre amarilla invade con todos los síntomas de una calentura inflamatoria muy aguda; en el cólera no se percibe ni en su invasión algún fenómeno de fiebre, el pulso es muy débil y concentrado hasta hacerse imperceptible, el calor se disminuye rápidamente quedando toda la cutis tan fría como el hielo. Cuanto mas progresa el cólera^tanto mas blancas y líquidas son las evacuaciones y vó- mitos; en la fiebre amarilla son mas obscuras y aun mas ne- ''i: V — 379 — gras en el último período. En el cólera se coagula y espesa la sangre sin que el arte pueda estraerla; en la fiebre amarilla se disuelve tanto eme se arroja por la boca, la nariz, la uretra, el ano, y filtra por los poros de la lengua y de las encías. Los en- fermos de esa fiebre y los cadáveres se tiñen de un color ama- rillo semejante al ocre; los del cólera se cubren de manchas azules. Los americauos que habitan en las costas están exentos de la fiebre amarilla; el cólera no los respeta. Hechos y obser- vaciones practicadas con meditación y criterio, prueban que la fiebre amarilla no es contagiosa; la opinión contraria prevale- ce respecto del cólera. Finalmente la autopsia de los que han fallecido por esas dos enfermedades, presenta desórdenes pa- tológicos muy diferentes. ¿Y porqué se supone entre ellas tan- ta analogía? Ya lo he dicho y no dudo repetirlo, en todas las graneles poblaciones invadidas por el cólera-morbo asiático, se han ob- servado algunos casos hasta un año después de haber termina- do la epidemia. Lo mismo ha sucedido en esta ciudad, desde Mayo hasta el presente mes en ninguno de ellos ha dejado de ocurrir uno ú otro colérico; pero siempre aislado, sin comuni- carse á ninguna otra persona de la familia. No obstante, en los dos meses anteriores se han supuesto casos mas repetidos, y exagerándose con la mayor indiscreción y ligereza, se ha consternado el pueblo, temiendo un funesto aniversario. Fe- lizmente se habrán disipado sus temores y para mas tranquili- zarlo atestaré, que desde principios de Enero hasta la fecha he recibido varios partes de enfermos con síntomas sospechosos; pero habiéndolos reconocido casi todos personalmente y otros por facultativos de mi confianza, solo cinco han tenido el có- lera-asiático en esta ciudad y sus barrios, es decir, en una po- blación que contiene mas de cien mil almas y en el espacio de dos meses, y todo3 cinco han cometido grandes escesos ó han despreciado los primeros síntomas de la enfermedad. A esta prueba añadiré otra que debe inspirar la mayor confianza. El cementerio general es un barómetro que presen- ta exactamente las alteraciones que esperimenta la salud de esta ciudad. Tengo á la vista los estados diarios délos cadáve- res enterrados en los meses de Enero y Febrero del año próxi- — 380 — mo pasado y del presente, y de Febrero de 832, comparados resulta lo siguiente: ENERO. 1833. 1834. Cadáveres......396......... en todo el mes...... 316. Máximo......... 21......... en un dia.............. 19. Mínimo......... 5......... en otro dia............ 4. No consta en los asientos de dicho cementerio eme desde su establecimiento en 2 de Febrero de 806 se hayan enterrado en ningún otro dia 4 cadáveres solamente, como sucedió el 20 de Enero último. Para comparar los que fueron sepultados en Febrero anterior, no elegiré por término opuesto el mismo mes del año próximo pasado, porque habiendo empezado la epidemia del cólera el dia 24, necesariamente debería ser mu- cho mayoría mortandad. Por lo tanto preferiré el mes de Fe- brero de 832. FEBRERO. 1832. 1834. Cadáveres......370......... en todo el mes...... 283. Máximo......... 19......... en un dia............. 20. Mínimo......... 5......... en otro dia........... 5. Por esta comparación se demuestra que en Enero último fallecieron 80 personas menos que en el mismo mes del año próximo pasado y que en Febrero anterior 87 menos que en el propio mes de 832. Ningún argumento mas convincente de la buena salud que se disfruta en esta ciudad. Mas no por eso hemos de despreciar las reglas que pres- cribe la Higiene, ni debemos entregarnos á cometer . escesos; la razón y la prudencia recomiendan la sobriedad en todos los placeres. El abuso de ellos altera en cualquier tiempo la salud, — 381 — ese beneficio que no conocemos ni apreciamos como merece sino después de haberlo perdido. Para conservarlo principal- mente en la estación que ya empieza, es necesaria la frugali- dad en la comida y bebida, sobre todo en los licores espirituo- sos, hacer un ejercicio moderado, llevar el vestido que corres- ponda á la temperatura de la atmósfera, no desabrigarse al aire libre estando el cuerpo acalorado, abstenerse entonces de bebidas frías, evitar el calor ardiente del sol, observar el ma- yor aseo en la persona y'habitación, tomar baños templados ó frios cuando se ordenen por quien corresponda, finalmente re- primir y dominar las pasiones, porque todas pueden ofender la salud y aun privar de la vida si fueren escesivas. A los profesores de la ciencia mas benéfica al hombre, pertenece dictar reglas particulares según las circunstancias que concurran en aquellos que les consulten. Animados todos de los nobles sentimientos que exige nuestra profesión, espero con la mayor confianza, que continuarán ejerciéndola con la misma humanidad, inteligencia y constancia que manifesta- ron en los dias lamentables de la epidemia del cólera-morbo, arrostrando impávielos los mayores peligros, y que me partici- parán; como puntualmente lo ejecutan, los casos que se les presenten de esa enfermedad ó de cualquiera otra con sínto- mas sospechosos, ó con anomalías y complicaciones que les ha- gan vacilar. Consagrado á cumplir fielmente los deberes que me han sido confiados, me encontrarán dispuesto á todas ho- ras para acompañarlos donde quieran conducirme á reconocer los enfermos y comunicarles los conocimientos que ha}Ta ad- quirido en 40 años de práctica, y cuando no me lo permita alguna atención mas urgente elegiré facultativos de mi con- fianza que, no dudo, se sirvan aceptar esa comisión; y á todos generalmente encargo y recomiendo el mas exacto cumpli- miento de cuantas providencias de policía de salubridad ha dictado el Escmo. Sr. Gobernador y Capitán General, que con tanto celo y eficacia se interesa en la conservación de la salud pública. Habana y Marzo 2 de 1334.—Doctor Tomas Romay. - 382 — CLASE DE CLÍNICA. (I) En celebridad de los dias de la Reina Ntra. Sra. Doña Isabel II, se verificó el 19 del corriente la abertura de esa clase en la nueva sala del Museo anatómico construida en el Hospital militar de esta plaza, au- torizando ese acto los Escmos. Sres. Gobernador y Capitán General Superintendente general de Real Hacienda, consejero de Estado, é limo. Sr. Arzobispo, gobernador de este obispado, y con toda la solem- nidad que se describe en el número 322 de este diario. El Sr. Dr. D. Turnas Romay, catedrático de Clínica designado por S. 31., pronunció la siguiente oración inaugural análoga á las circunstancias de tan plausible dia: * Escmo. Señor: No será la Suecia en adelante la única nación que se glo- rie de haber sido gobernada por una Cristina, protectora de las ciencias y bellas artes. Discípula predilecta de aquel genio creador, que arrancando los astros de las esferas en que los habia enclavado Tolomeo, los arrojó en un espacio inmenso, sutil y etéreo, donde equilibrados por las leyes del movimiento describieran un curso inalterable; no podía Cristina elevarse á la contemplación de esos globos brillantes, sin reflejar sobre sus pueblos las luces que habia adquirido con su estudio y me- ditación. Establece universidades, colegios y academias, soli- cita con eficacia y generosidad los literatos y artistas mas dis- tinguidos en todas las naciones, y escitando con su presencia y liberalidades la emulación de los alumnos, disipa las densas nieblas de la ignorancia y del orgullo feudal. (1) Diario de-la Habana á 29 de Noviembre de 1834. Cri-tina de Borbon, Reina gobernadora de las España?. -la haber si io iniciada por otro Descartes en los subirnesmis- terios de la naturaleza, no cede á la Wass en ilustración y munificencia. Nacida en una de as Cortes mas opulentas y cultas de ¿ Italia, donde se conservan tantos mon imentos de la antigua Parten _»pe. donde concurren con freeuenola los dis- eínulos de Tonicelli y de Galbani, del Ariosto y de Rossiui. de Rafael y de Cu nova, donde las ruinas del Herculano y de Pompeya -on Jos miras riquísimas le ios modelos mas admi- rable de Grecia y de Roma; Cristina dotada de una alma gran- de, noble y generosa, inflamada con la Pama celestial ce un genio nerstiiaz, activo y fecundo, capaz de tt?das las ideas y de t l..s h.s verdades ¿miraría con indiferencia objetos tan grandiosos que atraían su curiosidad y escitaban su imagina- ción? Enriquecida con el tesoro inapreciable de útiles conoci- mieLtos. y del buen gusto rectificado por su sexo y educación, abrasada en los deseos maa ardientes de la ilustración y pros- peridad de 1 s españoles, vino á ocupar el trono de Fernando- Grata y perpetua será en los fastos de su historia la primera época de su reinado. Abriendo con mano fuerte y munífica las puertas del santuario de las ciencias, y derrocando las barre- ras que hacían inaccesible el suelo patrio, reúne en ios-colegios y universidades aquellos alumnos que serán algún dia gloria v ornamento de la nación, y restituye á sus hogares los varo- nes ilustres que gemían confinados en países estraño? y leja- nos, como Ovidio en el Ponto y el respetable Jovellau os en un cantillo de Mallorca. No será menos plausibleel segundo r triodo de su gobierno á nombre de -u eseelsa hija Isabel II. Superando su generosi- dad a la de todos ios soberanos que la habían precedido, am- plia mas y mas el memorable decreto de amnistía. Erige á las cien, bis risicas un monumento eterno en la Academia consa- grada á sus progresos y lucubración.es. La música, la pintura. !a dramática merecen su r:by,rosa protección. Establece un miuistc. i o encargado deformar todos ios ramos de pública prosperidad. Oprimido su pecho por la consternación y amar- gura, al ver que desolaba tes provincias y se erigía á la Corte — 384 — aquella epidemia, la mas general y funesta á la especie huma- na, repite los reglamentos de policía y de higiene que había promulgado, añade otros mas eficaces, organiza juntas desani- dad, prepara hospitales, promueve sociedades de caridad, dan- do con mano munífica ejemplos nada equívocos de compasión y beneficencia. Restablece aquella augusta asamblea, tan respe- table por su antigüedad, como por su inflexible rectitud, egida impenetrable de las libertades patriasyde los derechos del pue- blo, y donde tantas veces se habia estrellado el despotismo. Auu mas debemos á la ilustración y liberalidad de Cris- tina, y para ser mas semejante á la heroína de la Suecia, al mismo tiempo que con una mano fomenta y protege las cien- cias y las artes, y todas las instituciones y todos I03 estableci- mientos, con la otra debela, arrolla y persigue los enemigos de la constitución del Estado, y de su augusta Soberana. La Isla de Cuba mereció desde el principio de la primera época de su gobierno, un rasgo luminoso de las virtudes que tanto la distinguen. Los estragos que hacia en esta ciudad y bus campos aquel monstruo, que abortado por el Delta del Gan- ges el año de diez y siete, habia devastado el Asia, la Europa y la América septentrional, los acentos del dolor exhaladoa por la horfandad y por tantas familias desoladas, llegaron has- ta su trono, cuando desgarrado su corazón sensible por la muerte siempre lamentable del Séptimo Fernando, estaba mas dispuesto á la terneza y compasión. No vacila un instante, y decidida á enjugar nuestras lágrimas y precaver otra calami- dad semejante á la que sufríamos, previno en la Real orden de 21 de Octubre del año anterior, que se estableciera en esta ciudad una junta superior gubernativa de medicina y cirujía, y una clase de clínica eu este hospital militar, dignándose con- fiarme su regencia. Se ha instalado aunque privadamente la primera y hoy, en este dia el mas plausible para los fieles es- pañoles, en este lugar consagrado y perpetuar la memoria de Isabel H, y bajo sus auspicios Soberanos, se proceda á la aber- tura de la escuela de medicina«práctica. El Gefe ilustre de este Real establecimiento (1) tan exac- !» ■ " ' ..... "I .'■ ' ' " ■ ' ' ' ' ' ■ i ..... . (1) El Escmo. Sr. Conde de Villanueva, Superintendente general de Real Hacienda. — 385 — to en la mas puntual observancia de las soberanas disposicio nes, como en ejecutarlo del modo mas decoroso y digno del objeto á que se dirijen, dispuso se trasladara el Anfiteatro á la pieza inmediata, y se construyera esta sala espaciosa con el doble objeto de colocar en ella la clase de clínica y en el Museo anatómico, enriqueciéndole con nuevas y perfectísimas figuras. Pensamiento feliz, que ha reunido y proporcionado en un punto la instrucción en diferentes ramos de la ciencia de curar. Al mismo tiempo que esplicaré á mis alumnos la his- toria de las enfermedades, los síntomas que las caracterizan, el curso que observan, las anomalías con que suelen presen- tarse, las simpatías que pueden resultar, los remedios con que desean combatirse, y su terminaciou favorable ó adversa; per- cibirán en esos objetos Jos órganos ofendidos en cada enfer- medad, su adherencia y relaciones con otros tejidos y sistemas, los medios por donde se transmiten las simpatías y su ejecutan las revulsiones, el mutuo consentimiento y armonía de todas las partes, y la tendencia con que tóelas concurren de consuno á un mismo fin, conservar la vida; á la manera que los rayos de una rueda se dirigen tóelos, se tocan y reúnen en un punto céntrico para aumeutar la potencia de las máquinas artificia- les. Descubrimiento importante elel Padre de la medicina ra- ticado por los modernos fisiólogos. Si pasamos de esta sala al vecino Anfiteatro, la anatomía patológica ilustrará muchas veces las teorías nosográficas. En la autopsia de los cadáveres descubriremos las lecciones que esperimentaron los órganos y tejidos en el tiempo de la enfer- medad, las alteraciones que sufrieron los líquidos, las causas que desordenaron las funciones, las partes donde deben dirijir- hc los remedios, y los efectos que pueden producir. En este examen es preciso proceder con el mas riguroso criterio y pers- picacia, para distinguir con la posible exactitud las lecciones que se desarrollan durante la enfermedad, de las que resultan después de la muerte. El enfermo tendido en el lecho del dolor, y el cadáver sobre la losa del Anfiteatro, estos dos libros trazados por la mano infalible de la naturaleza, serán en lo sucesivo el ob- jeto de vuestro estudio y meditación. En su presencia fundi- 49 — 386 — reís como en un crisol las teorías de todas las sectas que han desgarrado la medicina desde Erasistrato hasta Brousseais, desviándose de la senda luminosa que dejó marcada su vene- rable Legislador. Allí separareis las verdades útiles compro- badas por la observación y la esperiencia, de las hipótesis ar- bitrarias, de las sutilezas metafisicas del peripato, y de los hornillos y retortas, pretendiendo someter las leyes inescru- tables de la naturaleza á I03 productos inexactos de la alqui- mia. Como la abeja estrae de las flores el néctar mas puro para convertirle en una miel proficua y dulcísima, así también to- mareis de cada escuela las doctrinas mas conformes á la recta razón, á los hechos repetidos y analizados, á los principios generalmente admitidos, para formar un sistema colectivo, el mas seguro en la práctica de la dificil ciencia de curar. Empero, no será bastante para desempeñar cumplidamen- te el ministerio consolador á que somos destinados. Los do- lores que sufren los enfermos, las privaciones que esperimen- tan, la impotencia y languidez que los postra, las angustias y congojas que atormentan su espíritu; todo exige impetuosa- mente la mas constante y eficaz asistencia, una compasión sin límites, una afabilidad inalterable y todos los auxilios y todos los consuelos que pueden dispensar la ciencia mas be- néfica y la sensibilidad mas oficiosa. Si los merecen todos los enfermos, porque todos sou hombres y pertenecen á nuestra especie, en los que ahora se confiarán á vuestro cuidado y ob- servación, concurre una circunstancia especial que los hace mas dignos de la observancia de tan sagrados deberes. Todos ellos son comilitones de los valientes que con tanta decisión y constancia, vertiendo su sangre y despreciando la vida, defien- den los derechos de Isabel H, descendientes y heredera de la incomparable Isabel de Castilla. ¡Españoles, habitantes de la antigua Cubanacan, qué nombre he proferido! ¡Isabel de Cas- tilla! Yo siento al pronunciarle palpitar mi corazón, inflamarse mi espíritu, enaltecer con las mas sublimes ideas de benefi- cencia, de generosidad y de constancia. Alma grande, alma heroica de Isabel de Castilla, si te es concedido persistir los votos de tus subditos, acepta los míos é interceele con el dispen- sador de todas las gracias y de todos los dones para que Isabel II » — 387 — no solo herede tu nombre y tu trono, sino también todas tus vir- tueles que su reinado sea tan glorioso como el suyo, y que ella se cumpla el oráculo repetido por aquel Genio inmortal, cuyas ceni- zasreposan en lapatria deCristina. ^Después de la grande revo- lución de los siglos, se restablecerá el orden: bajará del alto cielo una nueva generación: aparecerá una Virgen, y se reno- vará el reinado de Saturno. Y si el grande Aquiles volviere á presentarse en los campos de Troya" (1) renacerán también Córdovas y Navarros, los Saavedras y Cervantes, los Argen- solas y Herrera, y todos los guerreros, y los sabios y artistas que hicieron temer y admirar al pueblo español, no solo en el mundo entonces conocido, sino en otro que descubrieron con su sabiduría y sojuzgaron con sus victorias ¡Plegué al cielo que mis votos sean cumplidos y mis es- peranzas satisfechas/ Que la tierra en su diaria revolución presente constantemente á el astro del dia países que obedez- can y adoren á Isabel H, y que ella sea para la isla de Cuba otra madre tan generosa y benéfica como lo fué su predecesora Isabel de Castilla la Católica.—Dixe. (1) Virg. Eglog. — 388 — Discurso pronunciado por el Sr. Dr. D. Tomas Romay en la inauguración solemne de la Real Junta Supe- rior gubernativa de medicina y cirugía de esta Isla y de la de Puerto Rico, verificada en la tarde del 19 de noviembre de 1834. Sres. profesores de medicina y cirugía. Dificultades que no hemos podido superar han detenido hasta hoy la instalación pública de esta Real Junta superior gubernativa en medicina y cirujía. Debido era y muy justo tributar este solemne homenage de consideración y gratitud á la memoria siempre respetable de Fernando 7o Su mano mu- nífica trazó el plano de esa obra, la ilustrada y benéfica Cristina la erigió, y la lealtad y constante adhesión á nuestros soberanos, la consagra en este plausible dia á la escelsa Isabel 2? su augusta imagen colocada sobre nosotros como un astro benéfico, nos inspirará aquellos puros y nobles sentimientos que adornan su inocente alma. Mis dignos colegas los recibi- rán inmediatamente y abundando en ellos ofrecerán á V. S. ejemplos incontestables su ilustración, rectitud, y celo el mas eficaz por el decoro y esplendor de la facultad que profesamos. Todos debemos contribuir á recomendarla para merecer la es- timación pública con la constante aplicación al estudio, con la asiduidad, desinterés y compasión en la asistencia de los enfermos, y con la observancia ele todas las virtudes que erige — 389 — el padre en la medicina de su admirable juramento. Las obras de este fiel intérprete de la naturaleza son el código de nues- tras leyes. Medítense dia y noche, respetando sus sentencias como oráculos dictados por una observación y esperiencia ra- ciocinada ele 80 años. Nos lisonjeamos con que los alumnos de la Universidad y del Hospital Militar corresponderán al celo y eficacia con que se interesan en su instrucción los ilustrados profesores que sir- ven las cátedras en ambos establecimientos. Hoy se ha instala- do la de clínica, que era tan necesaria para emplear los estu- elios académicos. Sucesor de Francisco Pinel, Jauregui y Seve- ro López, me esforzaré por sujerirlos aunque de lejos, respe- tando las huellas que dejaron impresas en aquellas salas, don- de fueron tan útiles á la medicina, á la humanidad y á la pa- tria. — 390 RESUMEN (1) De las tareas de la Junta de vacuna, le ido en las juntas generales de la Real Sociedad, que se pu- blica por su acuerdo. Costumbre fué del antiguo pueblo romano presentarse loa veteranos cubiertos de cicatrices y de canas en el templo del Dios de la guerra y ofrecer su ara enrojecida las armas con que habían triunfado de los enemigos de la patria. Reconocida ésta á sus servicios, coloca aquellos votos de lealtad y valor en los muros del augusto templo, inscribe sus nombres en los fas- tos marciales, y el tesoro público les suministra lo que ya no pueden adquirir sus miembros mutilados. No vengo, Sres, á consagrar sobre esta ara del patriotismo, víctimas inoculadas por el furor y la saña, ni el acero teñido con sangre de mis semejantes. Dedicado á su conservación por sentimientos y reflecsiones, presento en ella 311,342 ha- bitantes, que en el espacio de treinta y un años se han pre- servado en esta isla de la enfermedad mas general y funesta. por el descubrimiento mas útil á la humanidad: el adjunto es- tado lo comprueba. Aumentada su población, se ha fomenta- do la agricultura, progresa el comercio, 'la industria y las ar- tes, y este suelo privilegiado por la naturaleza, se eleva al grado de prosperidad y opulencia á que le llama su destino. (1) Memorias presentadas de la Real Booiedad Patriótica de la Habana Número 5.—Marzo do 1836. — 391 — La propagación de la vacuna ha contribuido á propor- cionarle ventajas tan importantes. Introducida en esta ciu- dad el 10 de Febrero de 1804 en ocasión que la desolaba una epidemia de viruelas, todos sus vecinos la solicitaron con el mayor anhelo, instruidos anticipadamente por los papeles pú- blicos de su eficacia para precaver aquel contagio. Difundida rápidamente hasta en sus barrios estramuros, se comunicó con la misma celeridad á los pueblos y haciendas inmediatas por todas direcciones. Hallábase entonces en la villa de Santa Clara visitando su diócesis el Escmo. é Illmo. Sr. D. Juan Diaz de Espada, cuya memoria nos será siempre grata y respetable por su ilustración y beneficencia, y desde alli solicita con todo el ce- lo de un verdadero pastor, y con toda la confianza de un hom- bre ilustrado, que se le remita á sus espensas un faculativo instruido en la nueva inoculación con dos niños, el uno ya vacunado, y el otro para que le hiciera la misma operación si se demoraba en el camino, "como en mis mansiones (son sus palabras) se verifica la reunión de todos los niños de la circun- ferencia, se podrá estender prodigiosamente ese saludable re- medio; siendo muy agradable la combinación, que viniendo á recibir el Espíritu Santo por la confirmación, vuelvan con aquel preservador de una enfermedad destructora en lo temporal, y con éste fortalecidos para la carrera espiritual." Consiguió lo uno y lo otro dispensando ambos beneficios á todos los pue- blos de su grey, hasta que regresó á esta ciudad, donde publi- có una pastoral exhortando á la saludable inoculación de la vacuna. Habiendo llegado ese virus hasto el centro de la isla, fácilmente se transportó á la ciudad de Puerto-Príncipe y de su jurisdicción á la del Bayamo: en Cuba se habia propagado desde el mes de Enero, conducido en cristales de S. Tomas. Tales eran sus progresos en toda la isla, cuando el 26 de Mayo del propio año arribó á este puerto la real espedicion en que la munificencia de Carlos IV remitió la vacuna á todos bus dominios de América, interesado eficazmente en reparar con ese antídoto los estragos que habían causado en ella las viruelas conducidas por un criado de Panfilo Narvaez. Pero encontrándola difundida del uno al otro cabo, ninguna otra — 392 — cosa hizo su director, sino presentar al Escmo. Sr. Goberna- nador y Capitán General marquez de Someruelos, un plan científico y económico para establecer en esta ciudad una jun- ta central encargada de conservarla y transmitirla á todo el distrito de su mando. Anticipadamente habia concebido el mismo proyecto y comunicó á S. E. otro plan el facultativo que inoculó prime- ro la vacuna en esta ciudad, ensayándola en sus propios hijos, á los que condujo cumplidos treinta dias á la cama de un vi- rueliento, con cuyos granos fueron publicamente inoculados por otro profesor sin resultado alguno; demostrando con esa prueba la mas peligrosa, pero también la mas incontestable, la confianza que tenia en el descubrimiento de Jenner, inspiran- do la misma confianza en todos I03 habitantes de esta capital. De ambos planos se escogió lo mas conveniente, y en sesión ordinaria de esta Real Sociedad, celebrada el 13 de Julio del repetido año quedó establecida, organizada y unida á ella la Junta central de vacuna, eligiéndose cuatro vocales facultati- vos, los que habían manifestado mas inteligencia y celo por su propagación, y entre ellos para secretario, el que suscribe. Considerando esta corporación que por si sola no podia conservar y difundir el virus vacuno en todos los puntos de esta isla, convino desde e\ principio de su erección, en que era indispensable instalar juntas subalternas en sus principa- les poblaciones. Asi se ha verificado sucesivamente contán- dose hasta diez, siendo la última la que en Agosto de este año se estableció en la villa de S. Antonio Abad. Al mismo tiempo ha nombrado en los pueblos menores y en los par- tidos rurales, facultativos de acreditada pericia y adhesión á la vacuna, para que la comuniquen á sus vecinos. Si estos y aquellos no han colmado las esperanzas que se habían concebido; si el número de vacunados no correspon- de al de los años que han transcurrido, disminuyéndose pro- gresivamente cuando debia aumentarse; no ha consistido en defecto de celo y constancia de los vacunadores. Otros obstá- culos han obstruido los progresos de una operación tan senci- lla como benéfica; pero la Junta superior de sanidad conven- cida de ellos, y eficazmente solícita en precaver esta isla de to- — 393 — das las enfermedades epidémicas y coutagiosag, ha escogita- do medios poderosos para conseguir lo que tanto interesa á nuestra ecsistencia y tranquilidad. Sin embargo, nada ha sido bastante para arredrar á mis dignos compañeros en la comisión encargada de inocular el virus vacuno dos dias á la semana en las casas capitulares. Su- perando los Dres. D. Juan Pérez y Carrillo y D. Francisco Sandoval, todos los inconvenientes y dificultades que se les han opuesto, el primero desde el año de 1810 en que fué ele- gido, y el segundo en 1816, han conservado puro é inalterable el benéfico depósito que se habia confiado á su vigilancia y patriotismo, transmitiéndolo constantemente de unos á otros, hasta en aquellos dias por siempre lamentables de la epide- mia del cólera morbo, cuando todos los vecinos permanecían aislados en sus casas, los unos por no esponerse al contagio, los otros dedicados á la asistencia de sus enfermos, y mucho mas rehusando aquella operación, prevenidos de que dispo- nía para ser invadidos de la enfermedad que nos desolaba. También han dado pruebas muy sensibles de inteligen- cia y constancia los Dres. D. Domingo Rosains y D.Diego Ma- nuel Govantes, nombrados el año de 1822 para inocular la va- cuna en los barrios estramuros de Guadalupe y Jesús María. Entre los secretarios de las juntas subalternas se han distingui- do por el esacto cumplimiento de sus deberes el de CubaDr. D. Enrique Díaz Paez: de Trinidad Ldo. D. Joaquín de Estra- da, y el de la villa de Sta. Clara Ldo. D. Andrés José de la Par- ra, quien jamas en el espacio de 26 años ha dejado de comuni- carme al fin de cada uno, el resumen de las personas que habia vacunado, y de las sesiones de aquella Junta cuando se reunía. Este es un compendio de la historia de la vacuna desde su introducción en esta ciudad hasta 30 de Noviembre ante- rior. Me ha parecido oportuno consignarlo en este informe, porque espero sea el último que presente á este ilustre cuerpo. Mi edad, los achaques que la son anecsos y varias atenciones de que no puedo prescindir, merecen que cumplidos ya trein- ta y uno de Secretario y cuarenta y cuatro de socio, sea exi- mido de aquel encargo. La Junta central abunda en faculta- tivos que por su antigüedad, com>ciraientos y práctica desem- 50 _- 394 — peñarán la Secretaria con el mayor acierto. No por eso deja- ré de concurrir á las sesiones de un cuerpo que tanto me ha distinguido y he mirado con predilección. Ni faltaré tampoco en las casas capitulares los dias destinados para vacunar al pueblo. Esta es una obligación que contrage con el Escelen- tísimo Ayuntamiento antes que existiera la Junta central y será siempre un testimonio de gratitud por la generosidad con que ha remunerado mis servicios. Habana y Diciembre 15 de 1835.—Dr. Tomás Romay. Resumen de las personas que se han vacunado en esta ciudad de la Sa- bana y en toda la Isla de Cuba desde 12 de Febrero de 1804 hasta 30 de Noviembre de 835, á saber: Años. En esta ciudad. En toda la Isla. 1804........................... .7,469..........................................16,770 1805........................... 4,990.......................................... 6,613 1806........................... 4,879..........................................15,824 1807........................... 2,714.......................................... 0,675 1808........................... 2,150.......................................... 9,648 1809........................... 1,837.......................................... 5,213 1810..........................'. 9,975..........................................14,137 1811........................... 7,751..........................................11,864 1812........................... 9,270..........................................14,334 1813........................... 6,275..........................................11,283 1814........................... 5,136.......................................... 7,847 1815........................... 10,359.........................................14,049 1816........................... 16,497..........................................23,955 1817........................... 17,628..........................................22,S64 1818.......................... 20,177..........................................25,932 1819........................... 15,554..........................................20,144 1820........................... 16,248..........................................18,324 1821........................... 14,621..........................................15,532 1822........................... 3,840.......................................... 4,628 1823........................... 3,165.......................................... 3,972 1824........................... 2,956.......................................... 3,133 1825........................... 3,226.......................................... 3,948 1826........................... 2,819.......................................... 3,214 1827.......................... 2,359.......................................... 2,892 1828........................... 1,611......................................... 4,705 1829........................... 2,421.......................................... 3,542 1830........................... 3,123.......................................... 3,367 1831........................... 3,611.......................................... 4,142 1832........................... 1,161.......................................... 1,520 1833........................... 1,524.......................................... 2,204 1834........................... 3,019.......................................... 5,119 1835........................... 2,214.......................................... 3,891 Totales............ 210,579 311,34: — 395 — Consecuente á la última parte de este informe y en aten- ción á los relevantes méritos contraidos en este y otros mu- chos ramos por el Sr. Dr. D. Tomas Romay, acordó la Junta de la Real Sociedad, que como una muestra de gratitud, se contestase á su Sría. cuan satisfecha se hallaba la corporación de sus eminentes servicios impendidos en favor de la huma- nidad; y que deseando se conserve en un encargo, desempe- ñado por espacio de 31 años tan completa y satisfactoriamen- te, se le indicase que propusiera los medios suficientes á ali- viarle en lo posible, hasta facultarle para nombrar un sustitu- to; pues á la vez que se consideraba justo no recargarle por mas tiempo con un trabajo de suyo penoso, debia conservar en el honorífico destino de Secretario fundador al ilustrado compatriota que ha contribuido el primero á la introducción y conservación de tan seguro y acreditado preservativo. — 396 — VACUNA. (1) Desde que el ilustre Jenner descubrió el cow-pox en las vacas de Glocester y empezó á inocularlo, los médicos france- ses no han cesado de solicitarlo en todos los departamentos de aquel reino. Inútiles habían sido sus investigaciones en los primeros años y aun en los posteriores, sin embargo de ha- berlas esforzado con mayor empeño, ya fuese porque temían que se enervara el virus vacuno que recibieron de Inglaterra, repitiéndose constantemente su inoculación, ó por aquella ri- validad tan común entre los individuos de ambas naciones, que no les permite cederse ventaja alguna en la industria, en las artes y las ciencias. Al fin su laboriosidad y constancia fué profusamente com- pensada. El año próximo pasado de 1836 se encontró el cow- pox en las vacas de Chaillot, de Passy, en los campos Eliseos, cerca de la capilla de San Dionisio y en otros diferentes luga- res de la Francia. "Si el cow-pox inoculable ha sido en ella tan raro después de tantos años, es muy posible que haya consisti- do, según se ha dicho, en que el virus se estraía de los granos que resultaban después de aparecer en las vacas aquella erup- ción, en lugar de tomarlo de los granos primitivos, que son los únicos que gozan de la virtud de producir otros semejan- tes." (2) (1) Diario de la Habana de 22 de Julio de 1837. (2) Révue Medícale franc. et étrang. tom. 2 pág. 147. En este volumen y en el siguiente se encuentran varios artículos sobre el mismo asunto. — 397 — El Sr. D. Ramón de la Sagra, residente en Paris remitió el 7 de Diciembre último al Ecsmo. Sr. Intendente conde de Villanueva, cuatro tubos herméticamente cerrados con el vi- rus de la vaca de Passy, y otros cuatro con el que se inoculaba anteriormente en aquella capital, los cuales recibió el 8 de Mayo anterior. Interesado eficazmente S. E. en cuanto puede contribuir al fomento y prosperidad de esta isla, se sirvió con- fiarme todos esos tubos para que los ensayara, considerando que el virus de Passy estaría mas puro y prolífico que aquel que usamos hace muchos años. Deseando emplearlo inmedia- tamente, aproveché el miércoles 10 del mismo en que debía vacunarse en las casas capitulares, y en unión de mis laborio- sos compañeros los doctores D. Juan Pérez y Carrillo y D. Francisco Sandoval se hicieron á ocho niños dos incisiones en el brazo y otras dos en la pierna del lado derecho con el vi- rus de Passy. Temiendo que pudiera fallar después de cinco meses de estraido del grano y también, por que estaba un po- co encarnaelo, lo que indicaba haberse picado algún vaso san- guíneo, se le hicieron otras tantas picaduras en el brazo y pierna izquierda con el virus que teníamos. De estas operacio- nes resultó lo siguiente. Uno de estos niños que solo tenia dos meses, era del ca- ballero regidor D. Francisco Céspedes. Al tercer dia de la ino- culación se percibió en las cuatro incisiones del lado derecho un puntico rojo, semejante á la picada del mosquito, y suce- sivamente fueron desarrollándose hasta presentarse en el sesto todos los caracteres de verdaderos granos vacunos. El séptimo eran mayores, las areolas mas encarnadas y estendiéndose has- ta tocarse unas con otras, aunque los granos distaban mas de dos pulgadas, advirtiéndose al mismo tiempo muy aumenta- do el calor eu todo el cuerpo del niño, inquietud y otros sín- tomas de fiebre. El noveno empezaron á disiparse las areo- las, formándose en el centro de los granos una postilla oscura. El 23 del propio mes y décimo quinto de la inoculación se desprendió una de la pierna y otra el 25, las del brazo se caye- ron del 29 al 30, y correspondía á los diez y nueve ó veinte dias de la operación. Seguidamente se formaron otras nuevas postillas en aquellos granos, las que se desprendieron en dife- — 398 — rentes dias. Desde el décimo quinto de la inoculación se advir- tieron en el brazo y pierna derecha algunos granillos seme- jantes á los de la varicela los cuales permanecieron hasta el vigésimo octavo. Las cuatro picaduras hechas en el lado iz- quierdo con nuestro antiguo virus no produjeron efecto algu- no. En otro de los niños de tres meses y medio, hijo de D, Francisco González Santos, se verificó también la erupción de las cuatro incisiones hechas con el virus de Passy, y en la tarde del dia séptimo los granos eran mayores que los comunes, una mancha erisipelatosa se estendia desde el hombro hasta la ma- no, y desde la rodilla hasta el pié, estando mucho mas roja la palma de la mano y la planta del pié, y esas mismas partes de la mano y pié izquierdo, donde no resultó ningún grano, se presentaron también muy encarnadas. Al mismo tiempo se advirtió en todo su cuerpo una erupción semejante al sa- rampión, aunque las pústulas fueron mas pequeñas, y fiebre con algunos caracteres de exautemática, la que terminó al si- guiente dia. Al undécimo empezó á disminuirae la erupción y al décimo cuarto ae habia disipado enteramente, sin advertir- se aquella descamación semejante al salvado que se observa en el sarampión. Otro de los niños vacunados fué un hijo de Don Felipe Santini, como de tres meses al que le resultaron solamente los cuatro granos de las picaduras que se le hicieron con el virus de Passy, los que corrieron su curso natural sin presentar nin- gún fenómeno estraordinario. También se inocularon observando el mismo orden que en los anteriores, una niña y una negrita de cinco á seis años conducidas por Mr. Bayle. En la primera se desarrollaron únicamente los granos de las dos incisiones que se le hicieron en la pierna izquierda con el virus que teníamos y llegaron á su mayor perfección, y en la negrita falló éste y el de Passy. En un negrito como de cinco meses del Sr. Coronel Don Lorenzo Somera, se verificó la erupción de las cuatro picadu- ras hechas con el virus de Passy, y tres de las cuatro ejecuta- das en el lado izquierdo con el virus común. Todos siete gra- nos siguieron su curso ordinario sin notarse entre ellos la me- — 399 — ñor diferencia ni en el tamaño ni en la figura ni en loa carac- teres del virus. Hasta la areola era en todos de un color, rojo oscuro, semejante al de la caoba antigua, como se ha observa- do siempre en todos los negros, y un poco menos oscuro en los mulatos. El dia séptimo de la operación cuando estaban los granos en su mayor incremento, apareció en la espalda una pequeña erupción como salpullido, la que se fué aumen- tando y se hizo general y de carácter varioloso el dia catorce. Desde entonces empezó la desecación é igualmente délos gra- nos vacunos, Fué también vacunada con el virus de Passy en el lado derecho, y en el izquierdo con el antiguo unaniñade tres me- ses del Sr. Nin y Pons, á la que resultó únicamente la erup- ción de dos granos en las incisiones que se practicaron con el primer virus en la pierna derecha. Solo se le advirtió una li- gera alteración febril en los dias sétimo y octavo, y las posti- llas se desprendieron al décimo sesto de la operación. El último de los ocho en quienes se egecutó con ambos virus fué un niño de D. Antonio González, y habiéndose au- sentado inmediatamente al pueblo de Regla, no ha sido posible observar sus efectos. Resulta, pues de los siete que fueron reconocidos, que en cuatro se verificó solamente la erupción de las incisiones que se hicieron con el virus del cow-pox de Passy; en uno loa granos correspondientes á ese virus y al que conservamos en esta ciu- dad; en otro se desarrollaron perfectamente las picaduras he- chas con este, y en otro fallaron ambos. Las fiebres, las erup- ciones, la estension estraordinaria de las areolas, las manchas írisipelatosas que se observaron en los que tuvieron mayor número de granos producidos por el virus reciente, es un efec- to muy propio de su mayor actividad y energía. El mismo Jenner advirtió esos fenómenos y algunos otros en los primeros que se inoculaban con el humor estraido in- mediatamente del cow-pox, siendo mas ó menos notables según la particular constitución de cada individuo. En los que su- cesivamente se han vacunado cada siete dias con aquellos granos, no hemos notado ninguno de esos síntomas. El sábado 13 del mismo Mayo se inocularon otros ocho — 400 — niños en el brazo y pierna derecha con el virus que se usaba en París, contenido en otros tubos herméticamente cerrados, y en el lado izquierdo con nuestro antiguo virus. Y aunque estaba aquel muy claro y trasparente, semejante á la clara ó albumen del huevo, en seia que 8e reconocieron no se logró la erupción de un solo grano, y en todo ello algunos en las inci- siones que se hicieron con el virus que teníamos. Esto acredita que ese humor estraido inmediatamente de la vaca aunque esté mezclado con alguna sangre, como lo estaba él que recibimos de la de Passy, conserva su virtud prolífica mucho mas tiempo que aquel que se toma de los granos del hombre, sin embargo de parecer purísimo y preservado de toda alteración. De aquí no se infiera que el virus del verdadero grano vacuno comunicado sucesivamente de brazo á brazo á muchas personas de eliferentes temperamentos idiosincracia y consti- tuciou, y aunque adolezcan de alguna enfermedad, llegue á mezclarse con otro virus, alterarse y perder al fin su virtud preservativa de las viruelas. Desde su feliz descubrimiento se ha dudado de su inalterabilidad y constante eficacia. Recien- temente, el año anterior, se publicó un articulo en el Monitor de París pretendiendo persuadir que eran absolutamente ne- cesarias las frecuentes transmisiones del hombre á las vacas, y de estas á ellos, para que ese virus no se enervara y degene- rase, según opinaba Mr. Fiard. Pero allí mismo los profesores Husson y Emery impugnaron victoriosamente una doctrina que estimaron errónea, cuyo efecto seria inspirar duda en los médicos y en el público sobre uno de los principios mas in- contestables en la historia de la vacuna, la inalterabilidad de ese virus por la inoculación no interrumpida de hombre á hombre; y el primero escitó á la academia de medicina para que dirigiera una reclamación á los editores de aquel Diario declarando, que lejos de haber reconocido alguna alteración en la figura de los granos vacunos, lejos de haber observado la mas ligera irregularidad en el curso de la erupción, ó la mas débil disminución en su efecto preservativo de las virue- las; todos los hechos observados prueban cada dia que la va- cuna no habia variado en su curso ni en sus efectos, después de la época de su introducción en Francia por Mr. Rochefou- — 401 — caul en Mayo de 1800. Emery apoyó vigorosamente esta pro- posición con pruebas incontestables. Hechos repetidos con frecuencia y observados muy dete- nidamente por espacio de veinte y tres años, me adhieren á esa opinión. El 12 de Febrero de 1804 inoculó por primera vez ese virus, tomándole de los granos de dos niños, que se vacunaron en la Aguadilla de Puerto-Rico el dia autes de sa- lir para este puerto. A esa isla fué llevado de la inmediata de San Tomas; á ella se conduciría probablemente de Dinamar- ca, y á este reino de Inglateraó del condado de Holstein, don- de entonces se encoutraron algunas vacas con el cow-pox. Después de haber transcurrido por climas tan diferentes, des- pués que no inoculándose en esta ciudad cada siete dias resul- ta que en 33 años ha pasado por mas de 1716 personas, supo- niendo que cada elia se vacunara una sola, después que en ese tiempo he inoculado con el mismo virus sarnosos, herpéticos, escrofulosos, á muchos que estaban infectados del contagio varioloso, y á muchos mas del venéreo, y por último, que el Ldo. D. Manuel Hernández Otero, facultativo del hospital de San Lázaro de esta ciudad, vacunó un hijo de seis años hijo de padres elefanciacos, teniendo ya síntomas muy marcados de esa enfermedad; después de tantas transmisiones y por su- getos que adolecían de enfermedades contagiosas de cuyos granos vacunos se tomó el virus para comunicarlo á otros, yo no advierto la menor diferencia en el dia de la erupción, en su curso y progreso en la figura, dimensión y demás caracte- res del grane, en las calidades del virus, y sobre todo en la e- ficacia casi infalible con que preserva de las viruelas. Hoy se presenta ese grano benéfico en todoestraordinario, exactamen- te idéntico á los primeros que observé en Febrero de 1804; y habienelo continuado vacunando desde el 10 de Mayo último en las casas capitulares los miércoles con los granos que resultaron del virus de Passy, y los sábados con el que teníamos desde la citada época, comparados unos con otros aparecen perfecta- mente semejantes á cuantos los recoue>een y examinan. Si es- tos hechos no son suficientes para manifestar la inalterabilidad del virus vacuno, espongánse otros que persuadan lo contra- rio.—Habana y Junio 30 de 1837.—-Dr. Turnas Romay. 51 — 402 — POBLACIÓN BLANCA Escmo. SeStor. Con oficio del 2 del corriente se sirvió V. E. comunicar- me copia de una orden de la Regencia Provisional del Reino fecha 8 de Febrero último dirijiela por el Escmo. Sr. Secre- tario de Estado y del Despacho de la Gobernación de Ultra- mar á consecuencia de una esposicion de la Junta de Fomento de esta ciudad, elevada por el Escmo. Sr. Intendente de Ejér- cito su Presidente, sobre la importante y urgente necesidad de aumentar la población blanca de esta Isla, previniéndome V. E. que con vista de los antecedentes de que tenga conoci- miento esta Junta de Población, emita mi opinión sobre los particulares á que se contrae dicha orden; á saber, en que punto será mas conveniente invitar á la emigración, qué gracias y concesiones podrán proponerse para estimular á ella, y que recursos puedan escogitarse y se estimen practica- bles para conseguir se establezcan y radiquen en esta Isla los que emigraren de la Península, de las Islas Canarias y Balea- res y de otras naciones amigas ó neutrales. Sin embargo de las gracias, privilegios y franquicia con- cedidas por la Real Cédula de 21 de Octubre de 1817 á todos los colonos nacionales y estrangeros que se establecieron en esta Isla, y de la cual acompaño un ejemplar; la Junta dé Po- blación deseando estimularloa mucho mas, ofreció abonarles el pasaje, tres reales diarios á los mayores de diez y ocho años de arabos sexos, real y medio á los menores de aquella edad en los dos primeros meses ele su arribo á esta Isla, y la hospitalidad necesaria á loa que enfermaren durante ese tiem- — 403 — po, siempre que fuesen Católicos Romanos, labradores, ó al- bafiiles, carpinteros, picapedreros, toneleros, y herreros. A los labradores se lea concedió también una caballería de tierra ó treinta y dos aerea de los Estados-Unidos á censos redi- mibles, sin pagar pensión alguna en los tres primeros años, y en los siguientes cinco pesos por cada caballería, con la pre- cian condición de empezar su desmonte y cultivo en loa seis primeros meses contados desde el dia de la posesión, y al que no lo cumpliese se le privaba de su suerte. A las esposas y á los hijos de ambos sexos mayores ele diez y ocho años se les hacia la misma donación, y también porcada tres hijos meno- res de dicha edad. Esas promesas cumplidas religiosamente atrajeron á esta Isla mas de diez mil colonos desde el año 1818 hasta el de 820, en.que estinguido con el tráfico de negros el único arbi- trio con que contaba esta Corporación, quedaron paralizadas todas sus empresas, y solo ha podido conservar las que habia principiado. Mas en el dia en que la Rusia, el Brasil, los Esta- dos-Unielos de la América Septentrional y las nuevas repúbli- cas de la Meridional hacen proposiciones muy halagüeñas para adquirir pobladores, es indispensable que nosotros esfor- cemos las anteriores con el objeto de que nos prefieran á esas naciones. Así pue3, ratificándola oferta de pagar el paeage y dos meses de ración á tbdo artesano, se estenderá á cuatro años la cscepcion de abonar el canon á los labradores por el terreno que se les consigne. Si fuere montuoso se les sumi- nistrará ademas ocho meses de raciones, á razón de tres rea- les diarios á los mayores de diez y ocho años, y la mitad á loa menores, y á cada uno de los primeros que sea capaz de des- montar se le proveerá de dos hachas, dos hazadones y dos guatacas, absteniéndose de esos trabajos en los meses de Junio hasta Setiembre, en los cuales siendo muy frecuentes y copiosas las lluvias, y escediendo el calor de 30 grados se cor- rompen los vegetales y ecsalan miasmas muy nocivas á la sa- lud, principalmente en los forasteros. A los que se destina- ren á tierras abiertas se les concederá seis meses de ración, una yunta de bueyes y los instrumentos y útiles necesarios para la labranza. — 404 — Estas ofertas-y las gracias y privilegios dispensados en la citada Real Cédula se comunicarán por V. E. á los Capitanea Generales de las Provincias de España, de las Islas Canarias y Baleares y á los Cónsules de S. M. en los puertos de las na- ciones amigas ó neutrales para que les hagan publicar del modo que estimen conveniente. Cuando los colonos se presenten á esta Capitanía General solicitando la carta de domicilio, se pasará su instancia al res- pectivo patrono paraque con la mayor escrupulosidad y recti- tud informe sobre su Religión, ejercicio, conducta y demás circunstancias que podrán hacer útil ó perjudicial en esta Isla. Si el informe resultare favorable se espedirá la carta de domicilio, y la presentará al Sr. Vocal mas antiguo de la Jun- ta de población para que califique los auxilios que deben pro- porcionársele y con su decreto pasará al Secretario de esa Corporación, quien tomará su filiación en el libro de asientos y librará contra el Sr. Vocal depositario la cantidad que se le hubiere concedido, firmándose ese documento por el Sr.. Vo- cal mas antiguo, según se practicaba anteriormente, cuando esta Junta contaba con fondos disponibles. No pueliendo siu ellos desempeñar el importante asunto que se le recomienela de facilitar á los colonos el pronto abo- no de las cantidades que se les concedan, evitándoles los trá- mites necesarios >que deberían seguir para percibirlas en las oficiuas de Real Hacienda; propongo lo primero, que los tasa- dores de costas ele esta ciudad y el de la villa de Guauabacoa entreguen mensual mente al Sr. depositario la cantidad que recaudaren por el arbitrio del cuatro por ciento sobre costas procesales, y que las Administraciones de las demás ciudades y pueblos de la Isla continúen recaudando esos fondos de sus respectivos tasadores de costas, previa la anuencia del Escmo. Sr. Superintendente para enterarse la Real Hacienda de loa suplementos que hubiere hecho á esta corporación, y propor- cionar á los colonos que arribaren á otros puertos los auxilios indicados. Segundo, que habiendo invertido esta Junta mas de ciento sesenta mil pesos en establecer y fomentar una po- blación en la bahía de Sagua, dónele el año de 1819 solo se encontraban algunas chozas de pescadores estrayéndose por — 405 — ella clandestinamente las maderas mas preciosas y gran nú- mero de animales para la isla de Jamaica se suplique á S. M. se digne conceder para los objetos de esta Junta como réditos de aquel capital treinta mil pesos anuales de los ingresos de • aquella administración, según se acordó en sesión de 4 de Di- ciembre de 1827, siendo en el dia mucho mas urgente y justa esta reclamaciou por las ocurrencias que se esperimentan y por haber ascendido aquellos ingresos en el año pasado de 1839 á 136,764 pesos 4| reales para invertir la espresada can- tidad en fomentar poblaciones en otros puertos que al cabo do veinte años producirán al Real Erario iguales ingresos. Tercero: que V. E. se sirva oficiar al Ecsmo. Sr. Inten- dente ele Egército para que tenga á bien recomendar á las ofi- cinas de Real Hacienda que evacúen la rectificación de la cuen- ta general que se presentó á esta corporación de las cantidades que ha sufrido para cubrir sus atenciones desde 3 de Marzo de 1830 hasta fin de Diciembre de 1838, y de lo que ha perci- bido de los tasadores de costas procesales de toda la Isla des- do que se estableció el arbitrio del cuatro por ciento deducido de ellas, para llenar los objetos de esta Junta hasta la última fecha; y se devolvió á S. E. con copia del informe de la comi- sión encargada de examinarla, y del acuerdo que le recayó en la sesión de 29 de Junio del año prócsimo pasado, para que conste á esta corporación los fondos con que puede contar. Cuarto: que igualmente recomiende V. E. al Escmo. Sr. Superintendente, que escite el celo del Sr. Intendente de Cu- ba á quien remitió el espediente sobre las tierras de Moa se- gún participó S. E. en oficio de 2 de Febrero último para que se saquen á subasta pública, á fin de que se reintegre esta Jun- ta de los 4,765 pesos 3 reales que suplió para suministrar los mas precisos ausilios de hospitalidad, conducir y establecer en Moa los colonos que de las islas Canarias llegaron á Baracoa por cuenta del empresario D. Andrés Garro, ó se compense con los terrenos que correspondan á la cantidad suplida, prefi- riéndose los nías inmediatos á la bahía y por donde corre un rio que desagua en ella, en cuyas márgenes se han establecido akuuos naturales de esta isla y de las Canarias: pareciendo- me conveniente en las actuales circunstancias que la Real Ha- — 406 — cienda remate por el tanto los restantes para repartirlos á los nuevos colonos, cumpliéndose así las benéficas intenciones de S. M. espresadas en la repetida real cédula, contribuyendo al mismo tiempo á la defensa y prosperidad de este pais y á los ingresos del Real Erario. Llegado este caso los forasteros que eligieron esas tierras vírgenes y no escasas de maderas útiles, fertilizadas por cua- tro rios caudalosos y otros menores que dirigan su curso á la costa N. en la estension de doce leguas comprehendidas en la hacienda Moa y donde se encuentra una espaciosa bahía dis- tante veinte y cinco leguas de la punta de Maisi y quince al O. de la ciudad de Baracoa, arribarán á este puerto prefirien- do los meses de Octubre hasta Marzo, por que no siendo el calor tan iutenso son menos frecuentes y agudas laa enferme- dades, debiendo observarse la misma precaución en todo el li- toral de esta Isla. V. E. de acuerdo con el Escmo. Sr. Supe- rintendente, nombrará en esa ciudad un empleado de su con- fianza, para que previos los informes anteriormente indicados les concedan los auxilios ofrecidos, y ademas un peso por le- gua para bagaje hasta Moa donde se pondrá en posesión del terreno asignado si fuere labrador, espidiéndose la carta de domicilio por el Sr. Gobernaelor de Santiago de Cuba. En la colonia San Fernando de Nuevitas fundada en la ribera de una bahía de la costa N., distante veinte y dos le- guas al S. de la ciudad de Puerto-Príncipe, permanecen toda- vía yermos muchos terrenos de las dos leguas que cedieron dos vecinos de aquella ciudad para fomentar esa población: su Director ó el comisionado que tuviere en ese puerto se infor- mará de las circunstancias que concurren en los colonos que ae lea presentaren, observándose escrupulosamente cuanto se ha recomendado sobre su admisión, en caso de ser útiles lea concederá la carta de domicilio el Sr. Teniente Gobernador de Puerto-Príncipe. Ningunos terrenos para labranza permanecen sin mercedar- seen la colonia Sto. Domingo, situada enlaparte oriental dis- tante siete leguas de la costa N., diez al O. de la villa de Sta. Clara y sesenta por el mismo rumbo de esta Capital. Com- prada esa hacienda el año 1818 por esta Junta en cantidad de — 407 — 20.000 pesos, 8e ha repartido y poblado sucesivamente por es- pañoles, naturales de esta iala y emigrados de N. Orleans que permanecían en esa provincia desde que perteneció á la Espa- ña. El número de bus habitantes asciende en el dia á 1,680 personas de las cuales 1,499 son blancas y 181 de color. Pero en el área destinada para fundar el pueblo, permanecen mu- chos solares sin fabricarse y se distribuirán entre colonos ar- tesanos. Los tributos de las tierras cultivadas esceden de 1000 peaoa al año, los cuales podrán invertirse en el fomento de la misma colonia proveyéndola de capellán, de maestro de pri- meras letras y de un facultativo de medicina y cirujía que asis- ta gratuitamente á los enfermos pobres. Aunque el director de la colonia reina Amalia estableci- da en la isla de Pinos el año de 1828 como punto militar muy importante para la defensa de esta no ha remitido todavía el estado que se le pidió en 8 de noviembre del año próximo pa- sado de las caballerías ó lotes de tierra que eatuvieren reparti- dos espresando la estencion de cada uno de ellos; los que ac- tualmente no se hubieren mercedado y otras noticias muy ne- cesarias para proceder esta junta con el debido acierto en los progresos de esa naciente población, sin embargo me consta que permanece inculta una porción muy considerable de las tres leguas y cuarenta y una caballería pertenecientes á la ha- cienda la Merced que compró esta corporación el año de 1829 para repartirla á los colonos, y de otra media legua y varios terrenos cedidos para el mismo objeto por diferentes hacenda- dos. Los nacionales y estrangeros que pretendieren establecer- se en ella se dirijirán á este puerto déla Habana, y ademas de suministrarles los socorros ya espresados y la carta de do- micilio, se le abonará un peso por legua para bagage hasta el surgidero de Batabanó y el pasage para trasladarse á la isla de Pinos, donde el director de esa colonia les dará posecion del lote de tierra que se le conceda. Habiéndose acordado por esta junta en la sesión de 6 de Octubre de 1828 que todos los espedientes, planos y documen- tos pertenecientes á la colonia de Sagua ó Cienfuegos se pasa- rán á la comisión regia establecida en esta ciudad en cumpli- miento de una Real cédula espedida aquel mismo año; no — 408 — puedo informar si aun permanecen algunos terrenos sin culti- varse y solares yermos en la población; pero V. E. como pre- sidente de aquella comisión podrá pedir esas noticias, previ- niendo al mismo tiempo que se verifique la mesura y deslin- de de las haciendas Caunao, Salado y otras inmediatas á la bahía para conocer si resulta algún realengo, que pueda desti- narse para nuevos pobladoros conforme á lo acordado en se- sión de 24 de Setiembre de 1827. En la de 5 de Mayo de 1828 accedió esta corporación á la solicitud de D. José Leitividal, sargento mayor de la plaza de Cuba, ofreciendo levantar una población en la bahía de Ñipe ó Mayarí la mayor de toda la Isla comprehendida en la ha- cienda'San Gregorio de eme era condueño, situada en la parte Oriental de la costa N. de esta Isla, comprometiéndose á le- vantar el plano de la bahía y de la población, edificar en ella una iglesia y casa para el Capellán, ceder en absoluta propie- dad diez y seis caballerías ele tierra para egido, proporcionar los materiales necesarios para que construyan veinte y cinco casas los primeros pobladores, y repartir á censo reservativo todas las tierras que les corresponda en dicha hacienda, exi- giendo solamente el cinco por ciento sobre el valor de 300 pe- sos por cada caballería y concediendo á todos los colonos ocho años muertos para el pago del canon referido, obligándose igualmente á las demás condiciones que prescriben nuestras leyes y reglamentos para merecer título de Castilla sin la ca- lidad de Justicia Mayor. En el mismo año se entregó al inte- resado copia de dicho espediente para ocurrir por conducto del Escmo. Sr. Capitán General k la sanción de S. M. y en es- ta fecha se ignora el resultado. Siendo tan interesante el fo- mento de la población blanca en aquella parte de la Isla, se servirá V. E. recomendar al Sr. Gobernador de Cuba se infor- me si ha merecido la aprobación Soberana, y en este caso se exigirá á D. José Leytevidal ó á sus herederos el cumplimien- to del contrato solemnemente estipulado con las primeras au- toridades. Por repetidas Reales órdenes se ha prevenieio que se pue- ble y fortifique Guantánamo, justamente llamado por Colon Puerto Grande en la costa S. correspondiente al departamento — 4^9 — Oriental. Ignaro las cansas que han obstruido una medida importantísima no solo para la pr sreridad de la agricultura y comercio de e-:e pai-. -ino también rara precaverlo de una kgresijr; estraña. E-e puerto es tan anchurosa y sezuro, con tanto fondo y ofrece tales recursos que allí se rerad'» y repuso la es:uadra inglesa del Almirante Vernon cuandoá mediad:; del s:g::> anterior fué rechazada en Cartagena de Indias v der- rota los ;?s buques y el ejército. No es men?s importante para los fines indicados la ofer- ta que hizo el Dr. D. José de la Cruz Castellanos, vecino de Puert>Frmcipe, de establecer una población en el hermoso puerto de Bañes que corresponde á la c??a N. del departa- mento Oriental: presentando el plano de este y de aquella, cediendo para egidos y á los primeros pobladores 50 caballe- rías de tierra si:i mugue a pensión, de una hacienda de su propiedaí enrededor del puerto, y ofreciendo repartir el resto de ella con un eánDn muy moderado siempre que se le anti- cipase alguna cantidad rara conducir colonos y proporcionar- le los primer:s auxilios. Pero estando entonces exhaustos lo- fondos de eata Corporación, quedó paralizada esa empresa desde el 6 de Ago;::> de 1S30. No dudo que si ahora se le proporcionan ios auxilios que necesitaba se preste á reali- zarla. D. Naris j de Justa, vecino de San Juan délos Reme- dios, se presentí» ií esta Corporación ofreciendo ceder para fundar un pueblo en la ensenada de Caibarien ei terreno ne- cesario para iglesia, casas del Capellán. Capitán del puerto. A- duana, hospital, cárcel, carnicería y un camino desde ese pun- to hasta aquella villa. La Junta di-tuesta siempre á facilitar tan útiles proyectos, propus» a! Escmo. Sr. Gobernador y Ca- pitán General en sesión de 13 de Enero de 1S34. comisionase al Subteniente D. Entraton Eansá agregado al cuerpo de In- genieros, para que dirigiera aquella sobras. Condescendió S. E. v salió para apiel destino en el mismo año, ignorándose los ;r gres:s de esa comisión, podrá V. E. requerirle si lo tiene á bien, para que le informe de lo que haya ejecutado en su desempeño.—Dios guarde á V. E. muchos años.—Habana v Abril 2o de 1-41.—Eícmo. Sk. 52 — 410 — EXMO. SEÑOR. En oficio de 12 de Agosto anterior, se sirvió V. E. comu- nicarme la orden de S. A. el Regente del Reino de 15 de Ju- nio último, copia de la Nota pasada á nuestro Gobierno por la Legación Británica de España, y otra de un proyecto de con- venio que presenta la Inglaterra, sobre conceder la libertad á los negros del África introducidos en esta Isla desde 30 de Octubre de 1820; para que en vista de esos documentos infor- me lo que se me ofrezca y parezca, examinando la cuestión bajo el aspecto legal, el económico, el de dignidad nacional y cualquiera otro que, consultando á los verdaderos intereses del pais, conduzca al esclarecimiento del punto indicado. Para proceder con el orden debido me parece convenien- te fijar la cuestión en un principio y manifestar, que no ha- biendo tenido la Inglaterra ningún derecho para exigir de España su consentimiento á los tratados de 1817 y 835, menos lo tendrá para que acepte los tres artículos que la propone en el nuevo proyecto de convenio, los cuales no fueron com- prehendidos en aquellos tratados, y que son en realidad otras tantas leyes penales, y muy severas, que pretende imponer el Gobierno Británico á los españoles que las hayan infringido. El derecho de las Naciones es uno mismo en todas ellas. La ilustración, el poder y las riquezas no autorizan á ninguna para intervenir en el gobierno de las otras, sea cual fuere su sistema, siempre que no las perjudique. Si esas circunstancias las concedieran alguna preeminencia, ninguna ventaja habrían conseguido los hombres renunciando su independencia y li- bertad primitiva para reunirse en sociedad, no pudiendo esta _ 411 — defender su existencia y propiedades de la fuerza física ó mo- ral de las otras. Como es una infracción del derecho de gen- tes ocupar alguna nación, estando en paz, el territorio que otra poseía, también lo es juzgar y castigar á los que habitan en cualquier lugar estraño. Lo primero es una usurpación del dominio, lo segundo de la autoridad; y la autoridad y el do- minio son dos atributos inviolables é imprescindibles de todo gobierno soberano. Podrá un Estado contribir á la perfección de otro mejorando sus instituciones para hacer felices á sus subditos; pero por mas benéficas que sean las innovaciones no podrá usar de otros medios sino la persuacion y el ejemplo. Para obligar á cualquiera á recibir un beneficio, es necesario tener alguna autoridad sobre él, y las naciones son absoluta- mente libres é independientes. De estos principios sancionados por los mas célebres pu- blicistas resulta incontestablemente, que la Inglaterra por mas abominable que considere la esclavitud, y mas contraria á la naturaleza, no ha podido exigir de la España que la proscriba en sus dominios, ni ecta condescender sin faltar á su propia dignidad, y al amparo y traición que ofreció por un pacto so- lemne á los pueblos que se sometieron á su obediencia y pro- tección, y le han dado las pruebas mas evidentes y constantes á fidelidad, patriotismo y adhesión. Pero la Inglaterra arrogándoae una facultad que no le compete por ningún título ha pretendido que se cumpla y ob- serve el derecho natural, violando el de una nación cuyo de- coro y poder habría respetado y temido en tiempos menos ca- lamitosos que los presentes. Si en los de Carlos II no era mas que un pálido simulacro de lo que fué en los reinados de Car- los I y Felipe H; Felipe V. y sus dos hijos la restablecieron de aquella degradación y nulidad en que yacia; pero con la muer- te al último volvió á retrogradar precipitadamente hasta es- tinguirse y anonadarse los últimos restos de su antiguo es- plendor y poderío; al par que, la Gran Bretaña en el mismo período y por un orden inverso se ha elevado álaaltura de un coloso tan formidable, que á la vez impone leyes á los empe- radores de Turquía y de la China. Prevaliéndose de ese en- grandecimiento, de la impotencia de la España, de la venali- — 412 — dad de su Ministro y de la debilidad de otro, ineptos sucesores de los Condes de Aranda y de Florida-blanca, consiguió por los convenios celebrados en 1817 y 835 que en la Isla de Cuba no se introdujeran negros del África desde 30 de Octubre de 820, erigiéndose en esta capital un tribunal misto que cono- ciera de los buques apresados por los cruceros ingleses, esta- cionándose también en este puerto un pontón de la misma nación, para fines nada decorosos á la España. Y como si esos padrones ignominiosos no fueran bastantes para deprimir y vejar á una potencia que fué la mas grande y poderosa de la Europa, pretende ahora el Gobierno Británico humillarla mas y mas proponiéndola en un proyecto de convenio tres artícu- los que no fueron comprehendidos en los anteriores tratados, ampliando por ellos las facultades de ese tribunal hasta decla- rar libres los negros introducidos después del 30 de Octubre de 1820. Si ese tribunal fué instalado ilegalmente y con violencia, si es incompetente para juzgar á los españoles; no han podido subsanar esos vicios ni el tiempo que ha transcurrido, ni las nuevas atribuciones que se le conceden. Al contrario, ellas deprimirán mucho mas la dignidad nacional, haciéndole tam- bién mas odioso no solo á los propietarios de esta Isla, sino á los mismos esclavos, por la injusta diferencia que recomien- dan. Si todos tienen igual derecho para ser emancipados, si los sentimientos de compasión y humanidad son los que ins- piran á la Gran Bretaña el loable deseo de abolir la esclavitud ¿por qué se limita á redimir de ella á los siervos de la Isla de Cuba, y entre ellos á los introducidos después de aquel año? Seguramente no es menos lastimosa la vida de los escla- vos del Brasil, de los Estados-Unidos y de la República de Tejas, cuya independencia reconoció el gobierno Británico en Diciembre último, sin embargo de establecer por base funda- mental de su constitución que continuase la esclavitud, sobre lo cual representaron eficazmente las Sociedades abolicionis- tas de Inglaterra y de Irlanda, y fueron desatendidas con eva- siones muy opuestas á lo que exigió de la España en aquel propio mes y año. ¿Haría otro tanto el gobierno de Haití? Y cuando en el caso de alguna preferencia parecía mas confor- — 413 — me á la equidad que se concediera á los que, han estado mas tiempo privados de la libertad y sufriendo los trabajos y hu- millaciones de la esclavitud ¿por qué se pretende lo contrario? Dos motivos me ocurren para esa preferencia. El uno esplici- tamente manifestado por la Inglaterra, el otro con cautela. El primero, porque la introducción de esclavos después del año 820 se ha hecho clandestinamente infringiéndose aquel trata- do. Y que ¿un convenio entre dos naciones puede ser mas in- violable y sagrado, que una ley eterna consignada en el códi- go de la naturaleza? Si ella detesta la esclavitud, si todo hom- bre que nació independiente tiene derecho á la libertad, con- cederla á unos y condenar á otros á perpetua servidumbre, es sin duda hollar impíamente los deberes mas santos de la na- turaleza, de la justicia y de la humanidad; es arrojar con ma- no aleve la manzana de la discordia no solo entre amos y es- clavos, sino también entre ellos mismos. Hasta ahora la Inglaterra habia ocultado con el velo os- tensible de ilustración y humanidad, la verdadera causa de las gestiones que hacia en favor de la libertad; pero ella misma ha rasgado ese velo especioso con la diferencia de épocas que establece en su proyecto de convenio. Considera, y es el se- gundo motivo de aquella preferencia, que contando veinte años mas los que fueron importados antes de 820, estarán los unos poco útiles por su edad para la cultura del campo, otros impedidos por las enfermedades, otros por sus vicios y desar- regladas costumbres, muchos habrán fallecido y muchos otros rescatádose con su industria, ó por generosidad de los amos en remuneración á sus buenos servicios. De aquí calcula que no muy tarde dejara de concurrir á los mercados de Europa aquel azúcar tan justamente preferido al de sus colonias: el ca- fé, que compite con el de Moka en sabor y fragancia, y que el tabaco, esa planta privilegiada de nuestro suelo, que no encuen- tra rival en otro alguno y que es solicitada con anhelo por to- das las naciones, no satisfará muy pronto sus pedidos. La ri- queza, la opulencia y la prosperidad que esta Isla va adqui- riendo rápidamente con sus producciones, su situación topo- gráfica, la benignidad de su clima y sobre todo la críaia an- gustiada que esperimenta la Madre-patria; son las verdaderas — 414 — causas que impulsan al Gobierno Británico á comprar de un modo indirecto á su desolación y esterminio, yaque no es con- cedido á su política sumegirla en los abismos del Occeano, co- rno al Atlántico una revolución del globo. No contenta la Inglaterra con haber hecho á los propieta- rios de esta isla de peor condición que sus esclavos por los tra- tados de 817 y 835, pretende ahora con ese nuevo proyecto de convenio inponerles las penas mas severas por haberlos infrin- gido, ningún amo en ella obliga á su esclavo á que continúe sirviéndole después de manifestarle su renuencia. Inmediata- mente le concede el tiempo suficiente para que solicite otro y lo elije á su voluntad. Tampoco es permitido al amo, privar al siervo de lo que hubiera adquirido con su industria, siendo mu- chas veces bastante para adquirir su libertad. Mucho menos escederse en el castigo, y por ninguna causa se le tolera y le prive de la vida. En tal caso se le hace comparecer en los tri- bunales y se le juzga por nuestras leyes con la misma severi- dad que si hubiera perpetrado ese delito en un hombre libre y blanco. Y nosotros los habitantes todos de esta isla sin que hubié- semos dado ninguna señal de repugnancia al gobierno de S. M. antes bien los testimonios mas incontestables de fidelidad y adhesión, sin habérsenos oído, ni consultado nuestra voluntad, sin que se ejecutara el año 817 lo que ahora se practica; fui- mos vendidos por cuatro buques inútiles á un déspota absoluto Señor de bienes y vidas, pues no solo eonfisca la propiedad de los españoles que se encuentran en los buques negreros, que es la presa del contrabando, sino también los declara piratas, y como á tales los condena al último suplicio. ¡Qué atrocidad! ¡qué abuso de la fuerza y del poder! La muerte de un solo ciu- dadano de los Estados-Unidos inferida por Mac-Leod ha esci- tado en todos ellos la mayor indignación, y se estimó bastante para una guerra con bu antigua Metrópoli. ¡Y la España no puede ni quejarse de tantas depredaciones y asesinatos! No se limitarán esos castigos á los que se han egercitado en el tráfico de negros, sean estensivos á todos los habitantes de esta isla hayan ó no adquirido esclavos después del año 820 y aunque ellos mismos no sean los verdugos, los tienen — 415 — ya previstos y muy esperimentados. Si accede nuestro gobier- no al nuevo proyecto de convenio, si permite al tribunal mis- to las atribuciones que se proponen, formará con sus propias manos la funesta pira en que arda, se consuma y convierta en cenizas toda esta Isla, desde la punta de Maisí hasta el cabo de San Antonio. Me horrorizo, Escmo. Sr., al contemplar el cuadro terrible que se presenta á mi fantasía. No son, Señor, no ilusiones que me hace concebir un terror pánico: son he- chos reales y positivos recientemente ocurridos y muy pro- pios del carácter y de la índole de los negros. Yo veo los fran- ceses qne habitaban en Baluajá correr despavoridos á salvarse dentro del cuadro que formó nuestro regimiento de Cuba. Veo á otros arrojarse al mar y luchando con las olas y la muerte, buscan asilo en los buques españoles. Veo los pueblos y las haciendas incendiadas y los amos escarnecidos y atroz- mente asesinados por sus esclavos. Veo la opulenta colonia del Guasico, la grande Haití, la primera de las Antillas occi- dentales donde tremoló el estandante de Isabel de Castilla, re- ducida á escombros y carbones y enseñorearse sobre ellos muy erguidos las razas africanas. Veo en la Jamaica-mil oid os de esos caribes, y aunque no tan fieroa como aquellos, pero igual- mente perezosos al trabajo, audaces y osados con los blancos. Veo que los negros y mulatos de la Barbada presentan á la Cámara colonial una peticipn para que se aboliesen todas las distinciones entre ellos y los blancos, y que todos los empleos de confianza, honor y emolumentos se distribuyeran igual- mente entre unos y otros. Veo finalmente, que según el as- pecto que van tomando las islas inglesas, no pueden menos de sucitarso celos y animosidades que las convertirán infalible- mente en otros tantos Santo Domingo, desoladas por la ma- tanza y abandonadas á los negros. Y por una inducción muy necesaria preveo, que si la emancipación de los esclavos es la causa de tantos horrores y atrocidades y vejaciones, todas se repetirán en esta lela, si desgraciadamente prevalece en ella aquel fanatismo antipolético. El primer acto de manumicion que ejecute ese tribunal será la anseña de la rebelión de todos los esclavos domésticos y rurales. Todos ellos abandonarán las casas y las haciendas — 416 — de sus amos, correrán desbandados, se presentarán tumultua- riamente y exigirán con petulancia el mismo beneficio. Per- dido el respeto y el temor, únicas fuerzas morales que los con- servan subordinados, no es posible que cuatro ó cinco hom- bres blancos, que es el mayor número que se encuentra en las grandes fincas, puedan contenerá ciento ó mas negros, alen- tados con la esperanza de que muy pronto, serán libres. Si usan de la fuerza física para reprimirlos, la emplearán tam- bién para defenderse, considerándose ya independientes. De aquí ¡qué desastres, que perjuicios y desórdenes en los campos! Los Jueces pedáneos y los cuerpos rurales no sa- brán donde ocurrir, siendo en todas partes necesaria su pre- sencia. Pero supóngase que vienen en el mejor orden, se presen- tan con la mayor circunspección, y que los amos concurren sin ser apremiados ¿cómo discernir los que fueron introduci- dos antes ó después del año 820? Los esclavos dirán que des- pués, los dueños que ante los testigos dispondrán en favor del que los hubiere citado. Para resolverse en justicia será preci- so ocurrir á los instrumentos públicos fehacientes. Estos no po- drán ser otros sino las partidas de bautismo y las escrituras otorgadas en las oficinas de escribanos. Las primeras no serán pruebas irrecusables. Muchos negros comprados algunos años antes del 820, habrán sido bautizados mucho después. Gene- ralmente rudos escasos, de memoria por que no la han ejerci- tado, sin ningún interés, por aprender nuestra idioma; nece- sitan no poco tiempo para entender lo que significan las voces mas triviales, retenerlas y pronunciarlas sin balbucencia. Mu- cho mas tiempo es necesario para catequizarlos y que com- prendan ó al menos recuerden lo que es absolutamente indis- pensable para administrarles aquel sacramento. No ofrecerán pocas dificultades encontrar las escrituras por donde fueron adquiridos, muchos compradores habrán fallecido ya, sin de- jar á sus herederos ninguna noticia del año y escribanía en que fué celebrado aquel contrato: otros que viven no tendrán pre- sentes esas circunstancias ni las conservarán escritas por que no previeron que pudiera hacerse una pesquiza de sus bienes tan.municiosa y severa. Preciso sería invertir mucho tiempo — 417 — y dinero para revolver antiguos y apelillados protocolos y compulsar esos documentos. Entré tanto los capitalistas y los vecinos pudientes reco- gen los fondos que pueden realizar, y precipitadamente emi- gran con ellos á países que ofrezcan mas 8eguridad y protec- ción de su gobierno poderoso y respetable. Las haciendas per- manecerán desiertas, los campos sin cultura, el comercio inter- rumpido, las casas sin los mas necesarios sirvientes y la ciudad sin mercaeloa, aumentándose loa conaumidorea con miles de esclavos y vagarán por las calles cometiendo todo género de escesos, sino los precave la policía y la fuerza armada. Si solo de la instalación de ese ominoso tribunal euvesti- do con las nuevas atribuciones que se proponen, resultarían tan- tos y tamaños males á la población blanca, á la riqueza numera- ria, al comercio y agricultura, al órdeu y tranquilidad pública y doméstica. ¿Cuales no eleberán temerse si llevase á efecto au institución? Algunos he indicado, y seria demasiado difuso si refiriese la decadencia que esperimenta la agricultura y el co- mercio y la disminuciou de sus productos en cada una de las islas y colonias inglesas después de la emancipación. Pero reuniéndose esos frutos en la Metrópoli, el resultado de ellos será suficiente para comprobar uno y otro. El año próximo pasado fué tan escaso el azúcar en Inglaterra que se calculó ser indispensable para proveer de ese solo artículo ar Reino Unido, invertir anualmente do6 millones de libras esterlinas, diez millones de pesos, en los mercados estrangeros. "Gracias á la emancipación, y á Ja resolución que han tomado ios ne- gros de no trabajar por ningún precio mas que tres dias á la semana." (c) La Península no estrañará tanto la escasez del azúcar por que consume mucho menos que la gran Bretaña; pero sí se resentirá muy sensiblemente nuestro gobierno con la dismi- nución de los ingresos en las aduanas y administraciones de rentas reales de esta isla. Sin agricultura se paraliza nuestro comercio, y sin comercio y agricultura no recaudarán como en el año pasado once millones, seiscientos sesenta y nueve mil cuatrocientos dos pesos (d) faltando esa suma no podrá satis- facerse el prez á la guarnición de esta plaza y de los tres de- 53 — 418 — partamentos, ni los suélelos á los gefes y oficiales del ejército y marina, ni á los empleados civiles y políticos, ni cubrirse to- das las atenciones de la Real hacienda, remitiéndose ademas el supremo gobierno en el mismo año tres millones seiscientos cincuenta y un mil novecientos cuarenta y un pesos dos rea- les, y de Enero á Junio del presente dos millones doscientos cincuenta y dos mil cuatrocientos ochenta y nueve pesos dos reales. No pretendo que subsistan esos ingresos á eosta de per- petuar la esclavitud y permitir un tráfico tan opuesto á la mo- ral cristiana, á la humanidad y á nuestros verdaderos y sóli- dos intereses. Suprímase uno y otro; mas no sea abandonan- do nuestras vidas y propiedades á la ferocidad ele los esclavos} ni á merced de una nación siempre émula de nuestra prospe- ridad, y que reconoce por base de su política aquella máxima tan impolítica como inmoral: el fin justifica los medios; veste fin es constantemente su propia utilidad y engrandecimiento. Sustituyanse brazos blancos á brazos negros para que no queden I03 campos eriales y nos defiendan al mismo tiem- po de una fiera doméstica que no cesa de espiarnos para lamerse sobre nosotros y devorarnos. Pero esta no es obra de los particulares, sino del Gobierno. Es uno de aquellos males que no pueden repararse, sino por la misma causa que los pro- duce. Así como el gobierno introdujo en esta Isla los prime- ros cincuenta negros para esplotar sus minas, y después auto- rizó su tráfico por espacio de tres siglos percibienelo cuantio- sos emolumentos; así también debe invertirlos en aumentar la población blanca, si quiere conservarla y que prospere. En los informes que V. E. se sirvió pedirme y fueron e. vacuados en 26 de Abril, 22 de Julio y 30 de Agosto último, he manifestado los medios que se emplearon desde el año 1818 hasta 820 para atraer y radicar en esta Isla mas ele diez mil colonos nacionales y estranjeros, labradores ó artesanos, em- prendiéndose en el mismo tiempo las población es de Nuevitas, Santo Domingo y Jagua, y posteriormente la ele Reina Ama- lia en la Isla de Pinos y la de Moa: los puntos en que convie- ne establecer otras cok nías prefiriendo la parte oriental de es- ta Isla recomendada espresamente por S. M. como la mas in- — 419 — mediata á la Isla de Santo Domingo; y últimamente espuse que la Junta de población careciendo de fondos con que des- empeñar sus atribuciones las habia interrumpido cerca ele do- ce años, y seguro que habrían quedados desiertas aquellas na- cientes poblaciones si el Escmo. Sr. Intendente Conde ele Villanueva convencido de la imperiosa necesidad ele aumen- tar la población blanca de esta Isla; no hubiera dispuesto que por la Real Hacienda se supliera con calidad de reintegro cuanto fuere preciso para su conservación y fomento; pero que con el arbitrio propuesto y aprobado por S. M. estaba ya rein- tegrada la Real hacienda de lo que habia suplido, y contaba aquella corporación con fondos suficientes para emprender la colonización en cualquiera ele los puntos indicados, contribu- yendo con los ausilios ofrecidos, ademas de los privilegios y esenciones concedidas por la Real cédula ele 21 de Octubre de 1817. Sin embargo, todas las gracias que pueela dispensar la so- bera munificencia, las ofertas mas halagüeñas que haga aque- lla Junta, y el interés que V. E. ha tomado por aumentar la población blanca; no serán bastantes para que venga á esta- blecerse en este suelo el mas infeliz colono, mientras no se decida la cuestión pendiente con la Gran Bretaña sobre eman- cipación de los esclavos. Preferirán las nevadas selvas de la América septentrional, los áridos desiertos de la Siberia, y el ardiente calor de los campos ele Arjel, á los fértiles y siempre verdes y fondosos ele esta Isla. Al contrario emigrarán de ella á otros países todos los que puedan conducir alguna parte de sus bienes, resignaelos á vivir con menos comodidades, pero con mas tranquilidad. No puede disfrutarse de ella en esta ciudad mientras per- manezca el cónsul británico Mr. Trumbull. Es un espión que acocha constantemente las operaciones ele V. E. y todo lo que ocurre en la isla para comunicarlo á su gobierno, no siempre con sinceridad y exactitud. Por meelios nada decorosos á su carácter pesquiza la conducta privada y doméstica de losamos con sus esclavos, exagerándola de inhumana y cruel en un fo- lleto que ha escrito con la tinta mas negra y corrosiva que corre impreso y puede acarrear fatales y terribles consecuen- • _ 420 — cias. He dicho anteriormente que el pontón inglés que ecsiste en este Puerto es un padrón ignominioso que deprime la dig- nidad nacional, y ahora añado, que es nocivo y perjudicial al derecho ele los amos sobre sus siervos y á la seguridael de es- tos.—La comisión mista se hace cada dia mas odiosa, y es mi- rada ya como un volcan que en su primera erupción, si se le conceelen las facultades propuestas, cubrirá esta Isla con sus lavas ardientes y fenecerá por una general conflagración. No soy yo, Sr. Escmo. el primero ni el único previsor de tantas calamidades. En Maelrid, donde no se esperiraentan los males que nos aquejan, ni interesa tanto nuestro porvenir, se escribe lo siguiente: "Si el gobierno español quiere que la Isla de Cuba permanezca tranquila progresando en su pros- peridad, si emiere que permanezca siempre adicta á su Metró- poli; que la liberte como es de su deber de los peligros que la rodean. Que salga el cónsul Trumbull de la Habana: que Ja comisión mista pase á Puerto-Rico, porque eu ambos tratados de 1817 y 835 se reservó el gobierno la facultad de removerla á su voluntad." (é) Y en el mismo sentido se esplica otro pe- riodista de esa corte.—"En cuanto á lo que indica el articulis- ta respecto al Coronel inglés, á la comisión mista y al malha- dado Pontón estamos tan de acuerdo, que no solo le prestamos nuestro débil apoyo, sino que protestamos de las fatales y ter- ribles consecuencias que ha de acarrear á la Isla de Cuba la permanencia de esos elementos perniciosos á la tranquilidad de aquel hermoso suelo." [f]. No obstante V. E. con su acostumbrado acierto informa- rá á S. A. el Regente del Reino lo que estime mas convenien- te para la conservación y prosperidad de esta Isla.—Habana y Setiembre 23 de 1841. — 421 — COMPROBANTES. (a) Esposicion de la Sociedad abolicionista de Inglaterra á Lord Palmerston reconviniéndole por haber cousentido que continuara la esclavitud en la República de Tejas, y contes- tación del Secretario de S. G. al de aquella Corporación en 14 de Diciembre de 1840, disculpándole por esa tolerancia. New- York Comercial List de 20de Enero de 1841. Esposicion déla Sociedad abolicionista de Irlanda á Lord Palmerston sobre el mismo asunto y contestación cíe su Secretario al de aquella asociación en 24 de Diciembre ele 1840 empleando iguales eva- siones. The Times de 9 de Enero de 1841. Y ese mismo Lord Palmerston, ese ministro de la Gran Bretaña tan tolerante con la República de Tejas, pasó al Gobierno de España por medio de la Legaciou Británica en Madrid, una nota fecha 17 del propio mes y año, incluyendo un proyecto de convenio para que se emanciparan todos los esclavos introducidos en la Isla de Cuba, después del 30 de Octubre de 1820. ¡Que inconsecuen- cia tan indigna de una gran nación! (b) New-Orleans Comercial bulletin de 19 de Setiembre de 1840. (c) La situación actual de nuestro mercado de azúcar escita mucho descontento é inquietud. La escasez del género y la elevación escesiva de los precios, son el objeto de medita- ciones muy serias á nuestros mas respetables comerciantes. Parece cierto que nuestras colonias occidentales no son ya ni pueden ser en adelante capaces de suministrar la cantidad que — 422 — reclama el Reino para su consumo. A diferentes causas se atribuye la disminución considerable que ha sufrido la im- portación este año (1840) comparada con la del año anterior y se han propuesto para remediarla. Por ahora no hablaremos de las causas alegadas, ni de los remedios propuestos; pero deseamos llamar la atención pública sobre la disminución de ese artículo, y pensar si podrá acudirse á nuevas fuentes de abastecimiento para cubrir el déficit. Está perfectamente pro- bado que gracias á la emancipación y á la ¡determinación que han tomado los negros de no trabajar por ningún precio mas que tres dias á la semana, nuestras colonias de América no han producido en estos dos últimos años sino una cantidad de azúcar muy inferior á los pedidos. Subsistiendo los mismos obstáculos, no es probable que produzcan mas en lo venidero. Resulta pues que Inglaterra tiene que soportar en el dia un aumento en el precio de uno de los objetos de mayor con sumo. No se nos tachará de ecsajerados si decimos, eme este aumento de precios grave á la población del Reino Unido con una contribución anual de elos millones de libras esterlinas (dies millones de pesos) que componen la diferencia de lo que pagaría si pudiera proveerse en los mercados del continente. De suerte que después de haber sacrificado veinte millones de libras esterlinas (cien millones de pesos) para la libertad de los negros, ahora nos hallamos precisados á hacer ademas un sacrificio anual de dos millones de libras esterlinas para sos- tener la producción del azúcar en nuestras colonias emanci- padas.—Mas no es esto todo. La elevación escesiva del precio del azúcar producido por el trabajo libre en nuestras colonias, no puede menos de fomentar la producción del mismo género por el trabajo esclavo en las colonias estrangeras y patentizar la superioridad industrial del sistema antiguo sobre el nuevo, en uua palabra, de prolongar la duración de la esclavitud en el mundo. Asi tendremos la mortificación de ver que la grande y gloriosa esperiencia que nos ha costado tan caro, no habrá servido sino de dar nueva vida á la esclavitud, poniendo de manifiesto sus ventajas materiales y aumentando el valor de sus productos. Ademas, la disminución del azúcar en nuestras colonias durante estos dos últimos años ha sido tan rápida, — 423 — que sino pudiésemos encontrar el medio de completar nuestro abastecimiento de otra parte, nos veríamos desde luego preci- sados á autorizar la admisión en el mercado inglés del azúcar fabricado en las colonias de esclavos, deshaciendo así nosotros mismos cuanto hemos hecho de cincuenta años á esta parte para abolir la esclavitud. Conocemos y apreciamos la repug- nancia que inspira á la población inglesa el azúcar fabricado por manos esclavas; pero conocemos también la naturaleza hu- mana, y no podemos esperar que esta repugnancia loable triunfe por mucho tiempo de las ecsijencias é importunidades de la necesidad.—The temps de 14 de Octubre de 1840. [d]. Estado al comercio, navegación nacional y estran- gera y rentas de la Isla de Cuba en el último quinquenio, for- mado por las balanzas de sus puertos habilitados &.—Habana 2 de Mayo de 1841. [é]. Corresponsal de Madrid de 22 de Julio de 1841. [f]. Correo nacional de 28 de Julio de 1841. — 424 — DISCURSO que leyó el Sr. D. Tomás Romay en la Junta general la noche del 17 de Diciembre de 1842 al tomar posesión de la Dirección de la Real Sociedad Económica. Amigos y Sres.—Cuando en dias mas felices que los pre- sentes, concurría con todo el vigor de la juventud'y con el mas ardiente patriotismo á organizar este ilustre Cuerpo, cuando admiraba y bendecía al genio inmortal [1] que consa- gró este monumento á nuestra ilustración y prosperidad, ¿quién me hubiera dicho entonces, "de aquí á 50 años, cuando ya solo exista alguno de tus colaboradores, una nueva generación es- citada por la mas afectuosa benevolencia, te colocará en el mismo lugar que tan dignamente debe ocuparse por los Pe- ñalveres, Espadas, Ramirez y otros varones muy respetables por sus talentos y virtudes?" Destituido de ese merecimiento, abrumado con el peso de los años, enervadas mis fuerzas físicas y morales, ahora menos que nunca podré desempeñar el dificil, aunque honroso desti- no que con tanta generosidad me habéis concedido. Pero si confiáis en que esta elección corresponderá á vuestras esperan- zas y deseos, si no teméis que obstruya loa rápidos progresos que ha debido la educación á vuestrb celo y vigilancia, si queréis que prospere la agricultura y el comercio, la industria y las artes, preciso será que reforcéis, señores, mis lánguidas facultades con vuestras luces, perseverancia y patriotismo, con ese noble y generoso sentimiento que sin violencia nos obliga á sacrificar los mas caros intereses por el bien procomunal. Lo espero así con la mayor confianza, para que no se imputen á vuestra imprevisión los defectos que involuntariamente come- tiera, y para que seáis mucho mas dignos de merecer el glo- rioso título de amigos del pais.—Tomas Romay. (1) £1 Escmo. Sr. D. Luis de las Casas. — 425 — REPRESENTACIÓN que en su oportunidad dirigió á la ReinayStra. Sra.'la Real ¡§ Sociedad Económica de esta\cvudad. Señora.—La Sociedad Económica deja siempre fidelísi- ma ciudad de la Habana, llega con el mayor respeto á los rea- les pies de V. M., no solo á ratificar su constante lealtad y ad- hesión^, vuestra^'persona, sino también á manifestarla com- placencia con que se ha enterado de que los Representantes de la Nación reconocienele> la mayor edad deHV.^M. han declara- do solemnementesu aptitud y capacidad jipara ¿regirla y go- bernarla.—Esa plausible proclamación anhelada por losbue- nos españoles como el vinculo mas indisoluble de fraternidad y concordia reunió y reconciliaba al rededor^ del trono de V. M., ofreciéndole el mas firme apoyo, los partidos y facciones que desgarraran el seno de la madre patria, y los pueblos que rehusaron someterse á un gobierno efímero, y muy diferente del paternal y benéfico de sus legítimos Soberanos; se "apresu- ran á prestar obediencia y homenaje á la dignísima sucesora de Fernando V. y Carlos III, por un derecho imprescriptible y por una aclamación general.—¡Plegué al cielo qué sean cumplidamente satisfechos los votos y .esperanzas-de esta Corporación! Que en el reinado de V. M. recupere la magná- nima nación española, el esplendor, dignidadjy^poder ¡que la hicieron tan grande y¡respetable en los, tiempos gloriosos de aquellos^monarcas. Que la tierra en su diaria'revolucion vuel- va á presentar constantemente al astro del dia, países que obedezcan á V. M. con predilección y gratitud; y que seáis, Señora, para la Isla de Cuba, otra madre tan generosa.; y be- néfica, como lo fué vuestra ilustre predecesora Isabel de Cas- tilla, la Católica. Dios guarde la importante vida de V. M. muchos anos.— Habana y Enero 29 de 1844.-Señora, A L. R. P. D. V. M.- Tomas Romay, director.—Rafael Matamoros, Secretario. 54 — 426 — ORACIÓN) INAUGURAN presentada por él Sr. D. Tomas Romay, director de la Real Socie- dad Económica de esta ciudad, y leída por el Ldo. D. Rafael Matamoros, su secretario, en la instalación de sus dependencias en el edificio que fué oratorio de San Felipe Neri, el dia 24 de Noviembre de 1844. Escmo. Sr. Como la nave que arriba al puerto de su destino sin dejar ningún vestigio en las aguas que surcaba, así llegaría yo al tér- mino de la elireccion de la Sociedad Económica, si la munifi- cencia de los gefes ilustres que presiden los destinos de esta isla, y al patriotismo de mis beneméritos colegas no hubieran realizado una empresa que fijará la época mas gloriosa en los fastos sociales. Sin duda, señores, no será tan memorable y plausible el presente dia por haberse reunido en este edificio los establecimientos que existían en otros lugares, sino princi- palmente por la consagración que hace de este monumento á la augusta Isabel II, como el homenaje mas digno de nuestra fidelidad y gratitud. Bajo sus Reales auspicios permanecerá tan indestructible como si fuera de bronce, desempeñará esta corporación con mas decoro y utilidad pública las atribuciones de su instituto, progresarán los medios que ha empleado para conseguirlo, y cuando se restablezca el país de las recientes calamidades que ha sufrido, volverá á ser la mansión feliz de la paz, de la abundancia de todos los goces; y de la mas inal- terable prosperidad. No la disfrutaría si la educación, no se defundierapor to- das las clases del pueblo. El hombre inculto é incivilizado so- lo goza de aquella prosperidad que ofrecen los placeres sensua- les, ora sea satisfaciendo las necesidades de la naturaleza, ó los vicios y pasiones. La educación modera las ecsigencias na- turales, reprime las pasiones, estirpa los vicios, suaviza las costumbres, establece relaciones sociales, ilustra el espíritu, y persuadiendo al hombre á renunciar de grado su indepen- dencia, le conserva la seguridad de su persona y propiedades garantidas por una autoridad justa y poderosa. Convencida la Sociedad de las ventajas civiles y morales que se adquieren con la educación la ha considerado siempre como la primera desús atribuciones y el mas importante de sus deberes. Para cumplirlo ha dedicado con preferencia su celo y constancia á mejorar la enseñanza primaria. Proscribe los abusos y prácticas que obstruían sus progresos, propone los métodos mas sencillos y luminosos, recomienda nuevos ramos de instrucción que se juzgaban superiores á la inteligen- cia de los niños, nombra á cada escuela un individuo desuse- no para que con la mayor vigilancia y asiduidad, observe las operaciones y conducta délos preceptores y alumnos; esta- blece exámenes públicos anuales y economizando para otras atenciones sus escasos fondos invierte la mayor parte de ellos en sostener 914 niños pobres de ambos sexos en las escuelas de esta capital y de los pueblos inmediatos. No se ha limitado su patriotismo á mejorar la instrucción primaria, lo ha estendido á facilitar la secundaria y superior. Con ese objeto ha fundado esta biblioteca ofreciendo al públi- co las obras clásicas y las mas selectas en todas las ciencias, en todos I03 ramos de literatura, en las bellas artes, en las me- cánicas y en cuanto puede ser útil ó agradable. Si á todos no es dado ir á Corinto, en este mismo lugar, sin salir ele sus estrechos límites observaremos en Winkelmann las bellezas artísticas de Corinto, se percibirán, sino con el oí- do, pero sí con la vista, las sublimes lecciones de Platón en la Academia y de Aristóteles en el Peripato; las elocuentes y enéro-icas arengas de Feríeles y Demóstenes en la tribuna de Atenas, y las de Marco Tulio en los Rostros y en el Senado; inspirarán horror ó placerlos hechos atroces y los heroicos que — 428 — presentan con tanta exactitud Tácito y Livio en sus anales; sin navegar hasta el archipiélago y á la nueva vizancio consul- taremos á Justiniano y al oráculo de Co. Porque viven toda- vía y existen entre nosotros esos genios inmortales en sus ideas y pensamientos, en sus sentencias y preceptos, en los Íntimos sentimientos de sus corazones, y en aquellas verdades eternas que descubrieron y no han perecido ni en el incendio que de- voró la Biblioteca de Alejandría, ni en las irrupciones de las hordas septentrionales, ni en las tinieblas de los siglos de ig- norancia y barbarie. Desde el duodécimo las ciencias y las artes empezaron á salir con paso tímido ele la oscuridad de los claustros donde se habían ocultado. Dispensándole su protección los príncipes y proceres, deponen el pavor que las habia enmudecido, y lenta- mente fueron desarrollándose aquellas ideas, que en sentir de Platón y Descartes yacen aletargadas hasta que las escita al- gún objeto. A principios del siglo quince aparece Guttemberg como un astro en el hemisferio literario, y reflejando con la celeridad que se difunde la luz la que recibía de otros soles, la esparce por todo el mundo civilizado. La tipografía, arte conservador de todas las artes, de todas las ciencias y de cuan- to ha producido el espíritu humano, reproduce los escritos de todas las épocas y naciones y los multiplica hasta el infinito. La Europa se inunda con los libros que salen de las prensas, atraviesan el Atlántico, y !a sociedad reúne en esta Biblioteca mas de seis mil volúmenes. Lejos ele colocar sobre su puerta aquella inscripción que puso un sabio en el pórtico de la Aca- demia: no entrará el que ignore la geometría: ella ha inscripto con el énfasis mas lacónico: Biblioteca pública, como si dijera, para todo el pueblo, y para todo el orbe. Con la misma franqueza ofrece la entrada á la Academia de dibujo y pintura que se gloria de conservar el nombre de su respetable fundador y dignísimo director de este Cuerpo patriótico. (1) Interesados sus alumnos en contribuir á solem- nizar este dia, presentau á la espectacion pública y á la cen- sura de los periódicos las tareas del presente año. No esperéis, (1) El Sr. Intendente que fué de esta Isla D. Alejandro Ramírez.—(Xota d-tl autor). — 429 — señores, admirar en ellas I03 rasgos sublimes ni las bellezas que arrebatan y embelesan en el Pasmo de Sicilia, en el San Gerónimo del Dominiquino, en la Transfiguración de Rafael, ni en los cuadros de Velazques, Cano, Murillo y otros célebres profesores de las escuelas de Sevilla y de Córdoba. La natu- raleza no prodiga sus dones, ni el arte concede lo que ella re- husa. Pero sí encontrareis proporción én las partes y armonía con el todo, naturalidad en los escorzos, espresion en las fac- ciones, fuerza en el claro oscuro, variedad y lozanía en el pai- saje. Estos principios anuncian mayores progresos, acreditan ingenio, aplicación y gusto, y merecen elogiarse desde ahora para estimular á la perseverancia. Aunque la Sociedad proteje con preferencia el arte en- cantador de la pintura, no por eso priva de su celo y vigilan- cia á las demás artes ni á les oficios mecánicos mas rudos. En sus talleres han establecido 2441 jóvenes dejando á su arbitrio la elección, comprometiéndose los directores y maestros, los padres y tutores por un documento público á observar el Re- glamento aprobado por este superior gobierno, evitándose así la vagancia y holgazanería, origen de tantos vicios y crímenes y acreciendo el número de artesanos laboriosos y honrados. Aunque esta institución sea conocida de pocos y de menos apreciada, es sin embargo muy importante para mejorar la policía, conservar el orden público y fomentar la prosperidad del pais. [1] Me lisonjeo de que llegará el dia en que lo redi- ma de la ruinosa dependencia del estranjero á que lo ha some- tido el lujo y el capricho, con mengua y baldón de la indus- tria nacional. Entre tanto esta Corporación ejerce las funcio- nes de aquella autoridad que propuso un filósofo se estable- ciera en todos los pueblos, para que examinase la vocación de los jóvenes, y les facilitara seguirla sin que nadie osase con- trariarla. Si Pascal cediendo á las instigaciones de su padre se hubiera dedicado al foro, sin duda no habría sido tan esce- lente jurisconsulto como fué geómetra. Y cuando esta Corporación se interesa con tanto esmero (1) Es debida esa institución al patriotismo del Sr. D. Juan Agustin de Fer- rety, y desempeña sus funciones con el mayor celo y constancia el Sr. D. Joaquin José Garcia, secretario de la Sección de Industria y Comercio. {Nota del autor). — 430 — en los progresos de las artes menos necesarias á la vida y pros- peridad de los pueblos, ¿se olvidaría de aquella por quien sub- sistimos y ha debido el pais su engrandecimiento y opulen- cia? Una de las tres secciones en que está dividida se ocupa casi esclusivamente en el fomento de la gauadería, en mejorar la cultura y elaboración de nuestros frutos y en introducir otros ramos de cultivo que compensen la disminución que se esperimenta en el valor de los antiguos. Para conseguirlo pro- mueve con actividad el establecimiento de una escuela prácti- ca de Agricultura donde se ejecuten los ensayos convenientes á uno y otro objeto, y circula por toda la provincia el progra- ma de una esposicion -de ganados que debió haberse verifica- do, pero se ha transferido hasta el mes de Marzo del siguiente año por las calamidades que han desolado los campos. A este edificio se ha trasladado también la Academia de contabilidad mercantil fundada y sostenida por la Sociedad con auxilio de la Real Junta de Fomento como una de las atribuciones de ambos cuerpos, y muy conveniente en una plaza de comercio que tanto ha contribuido á su esplendor y riqueza. Con esa instrucción se facilita una carrera honrosa y productiva á la juventud que no pueda entender la literaria por su escasa fortuna., aunque le sobre ingenio y vocación, ni ejercer públicamente algunas artes degradadas y envilecidas por sus profesores. La munificencia'con que la naturaleza ha enriquecido este suelo, la inmensa variedael y belleza de sus producciones, tan útiles á las artes, al comercio y á la industria, como agrada- bles y deliciosas para la vida social; mereoian que se ostenta- ran en un monumento donde se admirase y loara la Omnipo- tencia y sabiduría del Creador, manifestándose su grandeza, como decia Plinio, hasta en los seres mas pequeños: tal es un Museo de historia natural. Siete años hace que la Sociedad concibió ese grandioso proyecto, y siete años han transcurrido sin encontrar un local donde erigirle. Reservado estaba lo re- fiero, señores, con la mayor gratitud, estaba reservado al Gefe superior de Real Hacienda repetir las pruebas del espíritu pú- blico que tanto le distingue, satisfaciendo generosamente "los deseos de la Sociedad, proporcionándola este edificio, donde — 431 — no solo ha colocado el Museo, sino también todas sus depen- dencias con suficiente capacidad y decencia. El tiempo que se ha invertido en arreglar algunas de sus piezas para los fines que se destinaban, no ha permitido que el laborioso amigo (1) á quien se confió la dirección de aquel establecimiento lo pre- sente hoy tan ordenado y espléndido como se prometía de la numerosa y escogida colección que ha formado de objetos muy interesantes por su singularidad y belleza. Determinar los que correspondan á cada uno de los tres reinos en que la ciencia ha dividido el anchuroso é ilimitado espacio que fecundiza la Naturaleza, subdividirlos en clases, órdenes, géneros, especies y familias, es operación sumamente minuciosa, que exije vas- tos conocimientos, mucha constancia y mucho mas tiempo. La gloria de verle concluido con todo el orden y grande- za de que es susceptible, y de ejecutar en el edificio las mejo- ras que aun necesita, será del benemérito colega que me suce- da en este honroso destino, y lo desempeñe con mas decoro de la Corporación y utilidad del pais; será también de las pri- meras Autoridades que tan dignamente nos presiden, y con- tinuarán dispensando su protección y auxilios á esta obra de sus manos: y será principalmente del gobierno de S. M. que se dignó concederla, y se interesa muy eficazmente en la ilus- tración y felicidad de sus pueblos. (1) D. Felipe Poey. (Nota del autor). — 432 — NOTA NECROLÓGICA. [1] El dia J.8 del próximo pasado falleció en esta capital el Sr. Coronel D. Manuel Zequeira y Arango, uno de los funda- dores de la Real Sociedad de Amigos del pais, y altamente conocido por sus importantes y útiles servicios, y por su es- clarecido y malogrado talento. Este acontecimiento ha dado motivo á la demostración sincera por parte de uno de sus an- tiguos amigos y compatricios; y como tenemos el honor de contarle entre nuestros mas distinguidos colaboradores, ha creído deber ocupar algunas páginas con un rasgo tan senti- mental. Nada no es mas grato que complacer al respetable amigo cuya acreditada pluma ha demostrado en todos tiempos su elocuencia sublime en el lenguaje del Apoteosis. m&mm® mm amistad Musa vetat morí. Hor. No pretendo esparcir con mano trémula herm osas y fra- gantes flores sobre la tumba del Sr. D. Manuel Zequeira y Arango. El dolor y amargura de que está penetrado mi cora- zón por una muerte aunque muy prevista, pero siempre la- mentable, no me ofrece sino adelfas y lúgubres cipreses. Mas esta no seria la libación que merecen sus cenizas, ni la que de- be consagrarle la mas sincera y constante amistad. Eramos todavía jóvenes, cuando el ilustre Casas, semejan- te al astro del dia, se presentó en nuestro horizonte disipando (1) Memorias de la Real Sociedad Económica de la Habana.—Mayo, 1846. — 433 — con sus luces los errores y preocupaciones, reuniendo en una Sociedad de amigos los hombres que ecsistian dispersos por sus intereses y opiniones, y estrechando intimamente sus relacio- nes y afectos; donde entonces Zequeira y yo identificados en ideas y sentimientos, nos dirigimos con frecuencia á un mis- mo objeto, aunqup por medios diferentes: él observando con exactitud y el éxito mas plausible los preceptos de Aristóteles y Horacio, y yo venerando y siguiendo de lejos con paso lento las huellas sagradas de Quintiliano y de Tulio. Confiada la dirección del Papel Periódico á la Sociedad Económica por su ilustrado fundador, Zequeira y yo fuimos elegidos entre sus primeros redactores.—Poco después propu- se á ese Cuerpo, á consecuencia del programa que ptrblicó, que se erigiera una estatua en el paseo estramuros al Sr. D. Carlos 3*? como el mas justo y digno homenaje de nuestra fi- delidad y gratitud, por habernos redimido del yugo británico. Zequeira aplaudió su inauguración con el mismo júbilo y ar- diente entusiasmo que los Atenienses las de Armodio y Aris- toginton —Juzgué también merecedor de otro monumento tan glorioso y perdurable al almirante Cristóbal Colon; Ze- queira ya con la lira, ya con la trompa cantó las eminentes acciones de aquel héroe, cuando se trasladaron sus respeta- bles cenizas de la isla de Santo Domingo á la Catedral ele esta eiudad.—Preparé la opinión de sus vecinos en favor del Ce- menterio que se construía lejos de la población, y describí des- pués su parte arquitectónica y funeraria; una y otra mereció que Zequeira las recomendara en un Poema, persuadiendo eon las razones mas eficaces que la Religión y la salud públi- ca exigían imperiosamente aquel establecimiento. El 2 de Mayo de 1808 que aun escita en el corazón de los españoles los sentimientos mas nobles y sublimes, ese dia de gloria y de luto, de estupor y venganza, me inspiró la "Con- juración de Bonaparte y Godoy contra la España," y cinco años sucesivos celebré su aniversario, inflamando el odio á la perfidia, la fidelidad al legitimo soberano, y los mayores sa- crificios por la independencia nacional; Zequeira enajenado por un astro divino comparó en un Poema el valor y decisión de Daoiz v Velarde al heroísmo de Leónidas, cuando resig- 55 — 434 — nándose á morir con sus treacientos compatriotas, sellaron ese voto con propia y enemiga sangre, hasta obstruir con los cadáveres el paso por los Termopilas, y continuando aquel paralelo en varias circunstancias, concluye con este exactísi- mo epílogo. En hora buena recomiende el griego El valor de sus hueatea distinguidas Por eu gloriosa memorable hazaña; Que si á la Grecia eternizó Leónidas Daoiz y Velarde ilustrarán á España. Entre los dos sitios que sufrió Zaragoza en la guerra de la independencia, y en la de Numancia descrita por Lucio Floro, no encuentro otra diferencia sino en el tiempo que du- raron: esta se prolongó muchos añc s, y aquellos pocos mesea. Pero siendo incomparablemente superior la potencia destruc- tiva de los fusiles, cañones, minas, bombas y otros proyectiles á la de los dardos, flechas, arietes y demás armas que usaban los romanos; resultaron en un período mucho mas corto, las mismas calamidades, desolaciones, muertes y general estermi- nio. Los habitantes de esos dos ínclitos pueblos soportaron to- das aquellas aelversidades con igual fortaleza, constancia, va- lor y patriotismo; y si Escipion no encontró un solo Numanti- no para uncirle á su carro, Lannes halló únicamente cadáveres y moribundos, escombros y cenizas. Ni el uno ni el otro pu- dieron gozarse de su triunfo, porque en ambos fué un nombre insignificante. Tan heroicas virtudes y hechos tan eminentea los referí en un discurso; Zequeira las ensalzó comojuatamen- te merecían en un poema, por si aolo bastante para ser cono- cido y apreciado de los críticoa menos indulgeutes. Al fin, la Sociedad Económica por una elección muy hon- rosa me confió el elogio del Escmo. Sr. D. Luiz de las Casaa, su fundador, primer Presidente y Socio honorario: Zequeira aplaudió en diferentes metros y de mérito distinguido sus vir- tudes marciales y civiles, y los importantes beneficios que dis- pensó á esta isla su ilustración y munificencia, el dia memora- ble que la misma Corporación y la Junta de Comercio y Agri- — 435 — cultura de esta ciudad le tributaron el mas solemne y religio- so testimonio de dolor y gratitud cuando ya nada podían es- perar de su benevolencia, ni temer de au autoridad.—Tan re- petida coincidencia por un impulso eapontáneo, sin previo acuerdo ni alguna indicación, supone la simpatía mas intima entre laa funciones del cerebro y del corazón. Mas esas poesías, ni las contenidas en la colección de ellas publicadas en New-York, son las únicas que produjo su fecunda y ardiente imaginación, ni tampoco se dedicó esclu- aivamente á gozar de los placeres que inspira ese arte encan- tador. Sócrates y Descartes manifestaron que la filosofía no era incompatible con la milicia: á las Musas de Cervantes y Ercilla no infundieron pavor el estruendo de las armas ni el horrísono estampido del cañón; Zequeira ciñó sus sienes con los laureles que cortaba alternativamente en el monte Parna- so y en el campo de Marte. Otro genio mas favorecido del Dios de las batallas le seguirá por esta difícil carrera demasia- do estraña aun tímido prosista aterido ya y enervado por la edad. Pero siempre le admiraré como al primero que enseñó en Cuba con su ejemplo los tropos y preceptos, la cadencia y armonía, las gracias y bellezas del arte de Apolo á los preco- ces ingenios que con grata sorpresa se desarrollan, ofreciendo las mas lisonjeras esperanzas; descollando entre ellos por los rasgos con que ha imitado á Virgilio en la Epopeya, á Hora- cio en las Odas y Epístolas, á Juvenal en la Sátira y en los Epigramas á Marcial, aunque menos picante y profuso, y en las Anacreónticas al venerable autor de esas rimas. Por ellas y otras vive todavía, y nunca se olvidará su nombre.— T. R. FIN DEL TOMO Cl/ARTO Y IÍLTIMO. 437 - - ÍNDICE general BE LAS MATERIAS CONTENIDAS EN LOS CUATRO TOMOS. TOMO 1° Páginas. o Prólogo........................................................... Noticia histórica-biográfica.................................. 5 Notas............................................................ f Vacuna......................................................... "4 Vacuna.—Estracto delinforme leído en juntas gene- rales, celebrada por la Sociedad Económica de esta ciudad el 13 de Diciembre de 1808, por el Dr. D. Tomás Romay, secretario de la Junta central de la Vacuna..................................................... £7 Contestación al Mercurio Peruano........................ jl Remitido al mismo periódico...........................•••• (° Piezas justificativas.—Certificaciones.—Como mejor puedo y debo, certifico: que en el cabildo ordinario celebrado en 4 de Marzo del año pasado de 1804, á que concurrió la Justicia y Regimiento que de él parecerá, entre otras cosas se trató y acordó lo si- guiente .............................................•......•••••• °y Discurso premiado por la Sociedad Patriótica de la Habana, en Junta que celebró el dia 24 de Julio del año de 1799.—Su autor el Dr. D. Tomás Ro- may, socio numerario...................................... JJJ' Inscripciones........................................ ••........ *¿° Discurso sobre los cuatro sujetos que por sus buenas obras son mas acreeelores á la gratitud de toda la Isla de Cuba................................................... 131 TOMO 2\ lilis qui aberrant á veritate ignoscendum est, qui stu- dio autem mentiuntur implacabiliter succedeu- dum.-Polyb. lib. 12....................................... 3 Cum vero affectus numerosi, sint, asigue eorum sua est curationis indicatio. (Jalen, lib. 9. Metho. Med. cap. 17........................................................ ¡j Amare liceat, si potiri non licet. Cieer de Orat........ 9 — 435 — l'dtjinat,. El atrabiliario Juvenal atribuyendo á Marco Tulio este verso bárbaro. "¡O fortunatam, natam me Consnle Román!............................................ 1°" Deprecación de la ciudad de la Habana á el astro del dia.............................................................. 1" Memoria de la clase de ciencias y artes para mejorar la enseñanza de la gratimatica latina.................. 20 Homine vitam suam et amant simul, et oderunt.— Senec....................................................... 22 Da espatium vitae, multos da Júpiter annos............ 26 Informe dirijido á la Sociedad Patriótica, por los di- putados que nombró para la elección de terrenos en que se ha de establecer un jardín botánico........ 27 Al trasladarse á esta ciudad las cenizas de Godoy..... 30 Religio vera est firmamentum reipublies pías lib. 2. reipubs. A. R. de Legib................................... 33 Memoria sobre los obstáculos que han impedido pro- gresen las colmenas en la Isla ele Cuba y medios de fomentarlas........,...................................... 36 Al cabello de Pradina........................................ 59 Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgar- mente vómito negro, enfermedad epidémica en las indias occidentales.......................................... 62 Elogio del arquitecto gadino D. Pedro Medina........ 101 Antigüedades históricas referentes á la Isla de Cuba. 115 Elogio del Exmo. Sr. D. Luis de las Casas y Arra- gorri...........................................'................. 129 , Vacuna........................................................... 156 TOMO 31-. Memoria sobre la introducción y progresos de la va- cuna en la Isla de Cuba.................................... 3 Cementerios públicos......................................... 21 . - Vacuna........................................................... 25 — Informe presentado en juntas generales sobre vacuna. 29 Memoria sobre las sepulturas fuera de los pueblos.... 37 Descripción del Cementerio general de la Habana.... 51 — Informe presentado en juntas generales sobre vacuna. 61 Relación del obsequio que se hizo al Serenísimo Sr. Príncipe generalísimo D. Manuel Godoy............. 69 Sr. Presidente Gobernador y Capitán General......... 81 Informe leido en juntas generales sobre vacuna....... SZ Conjuración de Bonaparte y D. Manuel Godoy con- tra la monarquía española.....................N.......... 91 — 439 — Vacuna........................................................... 111 Discurso sobre la defensa de Zaragoza.................. 115 Informe sobre vacuna........................................ 147 Esposicion dirijida á la Real junta del Consulado..... 156 Vacuna............................................................ 161 Dos de Mayo................................................... 165 Informe sobre vacuna........................................ 168 Representación elel Sr. D. Francisco de Arango y Parreño, diputado para las cortes ordinarias, hecha á la Diputación provincial de esta ciudad............ 173 Vacuna............................................................ 180 Sociedad Patriótica. ........................................ 185 A la casa de Beneficencia, en el dia de sus exámenes. 189 Vacuna........................................................... 192 Vacuna. Su inalterabilidad................................. 197 Real Sociedad Patriótica.—Informe....................... 198 Vacuna.—Ulteriores pruebas de su eficacia............. 205 TOMO *; Elogio del Dr. D. Eusebio Valli........................... 209 Población blanca.............................................. 218 Esposicion á S. M.............................................. 221 Vacuna. Sobre su conservación y propagación....... 226 ¿Las aguas de Cayajabos podrán sustituir á la de San Diego?.......................................................... 229 Cátedra de Clínica............................................ 231 Plan para el establecimiento de una escuela de me- dicina Clínica en el Real hospital de San Ambro- sio de esta ciudad............................................ 234 Estracto de los acuerdos celebrados en el presente año por la Junta Central de Vacuna y de una me- moria presentada en ella sobre las funestas conse- cuencias provenidas de algunos errores que se han cometido en su inoculación............................... 238 Estracto de los acuerdos celebrados por la Comisión , del Gobierno encargada de proponerle los medios de fomentar la población blanca ele esta Isla........ 248 Dictamen sobre las indagaciones acerca de las fun- ciones que ejercen el bazo, el hígado, el panchreas y la glándula thiroides, por Benjamín Rush......... 260 Memoria que manifiesta las ventajas que consegui- rán los colonos que pretendan establecerse en esta Isla, prefiriendo su parte oriental y las reglas de higiene que deben observar para conservarse sanos. 265 Estracto de los acuerdos celebrados en este año por la - Uv — Comisión del Gobierno, encargada de proponerle los • medios de fomentar la población blanca de estalsla. Resumen de las operaciones de la Junta Central de Vacuna en el presente año................................ Resumen de las personas que se han vacunado en es- ta ciudad y en toda la Isla de Cuba desde 1S04 al presente de 1819............................................. Purga Urbem................................................ Herodias elel Precursor, del Dr. D. Tomás Gutiérrez de Piñeres...................... ............................. Dos de Mayo......................'............................. Alegato producido por el Dr. D. Tomás Romay en la causa con el Pbro. Dr. D. Tomás Gutiérrez de Pi- ñeres............................................................ Contestación del Dr. D. Tomas Romay á los nueve libelos famosos que lia publicaelo el Pbro. Dr. D. Tomas Gutiérrez de Piñeres. imputándole el cri- men ele haber falsificado una acta de la Esema. Diputación provincial...................................... Junta General de la Real Sociedad Económica de 20 de Diciembre de 1823...................................... Esposicion elevada á S. M. por la Real Sociedad Eco- nómica, á consecuencia de la Real orden ele 21 de Febrero de 1821........................................... Memoria sobre la epidemia de fiebres exantemáticas. Esposicion á S. M. para establecer en esta ciudad una academia de ciencias Médicas........................... Necrología del Dr. D. Rafael González .................. Informe sobre vacuna......................................... Sobre el mismo asunto........................................ Sobre las mismas circunstancias........................... Salud pública ........;.......................................... Clase de Clínica............................................... Discurso pronunciado para la inauguración solemue de la Real Junta Superior Gubernativa de medici- na y cirujía ele esta isla y ele la de Puerto-Rico...... Resumen de las tareas de la Junta de Vacuna......... Vacuna................................................... Población blanca...................................... Discurso del autor, al tomar posesión ele la direcciou de la Real Socieelad Económica............ Representación que en su oportunidad elirijió á" ía Reina, la Real sociedad Económica.................... Oración inaugural................................ Por equivocación involuntaria se ha unido d dogio del arqui- tecto D. Pedro Medina, con el informe que hace relación al Sr. D. José Pablo Valiente, en la pajina 105. wr mcun-mc NAIIUNAL LlbKAKY Ur MfcDICINE NATIONAL LIBRARY Ol t5^ ^\ 1VN 3NIDI03W dO Aavaan TVNOUVN -b ■ X ,-, S" ' ,, ,'" ' í ^#' -1 % T> ° , -y 1 .M r y »r<0 g_ í SS¿ NE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 3NiDia3w do Aavaan tvnouvn NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 3NIDIC13W dO Aavaai c *" V I ^ 3 % NATIONAL LIBRARY O ? 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