m ^x-\ i-3P~itv> X-> "' . «K/: >** v-íft.' - •. ■ ■■: »*JLV- KKT '93 OBRAS ESCOGIDAS DEL D„.D. TOMAS ROMAY. PRECEDIDAS DE UNA MITICIA HISTORICO-BIOGRAFICA DE SU VIDA Y ESCRITOS amcm Francisco Valléis r ^ Tomo i. HABANA.-1858. < tan privilegiados ; vosotros sabéis, que vivo aun el recuerdo de aquella gloria que per- dimos y envidiamos, no puede lamente ceñirse á la calma fria de la narración ; vosotros sabéis, en fin, que nada hay de exagerado ni entusiasta al tratar de aquel, cuyo aplauso está en sus obras, y cuya veneración sigue á su nombre co- mo al alma la inmortalidad....... Y vosotros , los que no le habéis conocido ; vosotros, nuestros hijos y nuestros nietos; vosotros, en fin, los que .formaréis las generaciones que nos seguirán, buscad en las obras que os legamos del Hipócrates Cubano, la explicación de nuestros conceptos, y ellas os dirán mejor que nuestro débil aplauso el merecimiento de nuestro ídolo : cuando to- dos leemos el gran libro de las Santas Escrituras, no dete- nemos la imaginación jamás en las prescripciones y apostro- fes de Moisés ; hay algo mas grande, allende esas inspira- ciones, y á través de los siglos, siempre encontramos el Si- naí, siempre adoramos el Decálogo ; todo es disculpable pa- ja ofrecernos aquel espectáculo. Lo que está diáíano á la impresión de los sentidos no pue- de sujetarse á términos de pintura y descripción : ¿podrá decirnos algo, que pase por extraño, el desmedido elojio de la rosa y el jazmín : podrá nunca ser hiperbólica la descrip- ción del Vesubio: podrá pintarse jamás por tamaño del hom- bre la creación, la inmortalidad....y Xo: las rígidas galas de Alilton, la brillante y florida descripción del autor del Genio del Cristianismo, la sublime pompa del Cántico de los Can- tares, nunca nos parecerán hiperbólicas ni extrañas ; siem- pre vendrá á embriagar nuestros sentidos el aroma de la* flores, siempre la fe nos revelará el paraíso y el trono del Kterno ; siempre el templo Salomónico nos descubrirá la mano Omnipotente del Supremo Arquitecto ; nuestros sen- tidos materiales, nuestra alma, se revelarán contra la ima- ginación, y no habrá lógica, no habrá discurso, que no vay;i al mismo fin ; recibida la inspiración nuestro lenguage será igual; quien piensa bien habla bien, según decia nuestro querido é inolvidable Várela ; leyendo las obras de Romay, sabiendo su historia, no habrá mas que admirarle y envi- diarle: si asi no fuera, ni habria razón, ni existiera el buen sentido. Porque es difícil, sino imposible, encontrar un hombre que en el corto período de la vida pueda abrazar el extenso espacio délas ciencias y las letras con profunda erudición, con pleno conocimiento, con vasta inteligencia ; la natura- leza humana se resiste á soportar ese enorme peso en loa débiles hombros de uno solo, y cuando por uno de esos fe- nómenos indescifrables á la inteligencia, y que solo pueden hallar explicación en la Omnipotente voluntad del Eterno, se presentan esos seres privilegiados que abarcan todo coii su mirada, y cuya vasta inteligencia, como el Océano, se revuelve en continuo flujo, y se dilata sin cesar como las nubes en el firmamento, nos prosternamos admirados, en- vidiando aquella supremacía, respetándola con religiosa contemplación; que no en vano fué la sabiduría un don ce- lestial ; v admirando al mismo Ser Omnipotente, que asi parece recrearse en tales obras, y legarlas de vez en cuando á la humanidad como muestra de su inmenso poder. Estos hombres tienen por patria al Universo; pertene- cen á todas las épocas, á todas las naciones; como la cuna de Homero, se disputa en el mundo la honra de haberles producido; porque enaltecen la humanidad, embellecen el Universo, santifican el Creador, y purifican la mísera tierra con su misión sacrosanta de civilizar, de instruir, de mora- lizar : el sabio es bueno-, es justo : porque el sabio adora y reconoce á Dios, le imita en su obra santísima de la reden- ción, crea como él la luz, la filosofía, el reinado de la inte- ligencia ; redime el género humano de su ignorancia para arrancarlo al crimen, á la holganza, al embrutecimiento, eleva el almaá la contemplación, sublima la especie por la moral; y no puede ser malo quien goza y vive en el bien y el progreso de sus hermanos ; porque estos hombres, en fin, como Tomas Romay, como todo filósofo, saben que sus pa- labras y sus acciones se contemplan y estudian, y para bri- llar siempre puras, no habían de empañar el cristal de su inspiración con el hálito opaco de los extravíos. Y porque estos hombres, en fin, han merecido una espe- cial protección y gracia del Señor del Universo, y no pue- den jamás mostrarse desconocidos á la generosa y Suprema bondad : ¿cómo, sino, explicarnos esa omnisciencia, ese en- ciclopedismo de conocimientos......'? La historia nos dice que pudo haber un Tulio, padre de la elocuencia, que repe- lía, sin embargo, el divino lenguage de las musas; que Sófo- cles conmovía los pueblos con sus versos, y no pudo diri- girles una oración ; que Demóstenes encantó con sus filípi- cas, Solón se divinizó en sus preceptos, Licurgo con sus le- yes ; y ajenos á otras ciencias limitaron sus glorias á aque- llas en que brillaron : la antigüedad nos presenta testimo- nios constantes de que la sabiduría de grandes filósofos mas estuvo en la fijeza de sus principios y sistemas que en la generalidad de sus conocimientos : la reunión de éstos, la profundidad de muchos, no fué dada á todos ; preciso fue- ron muchas centurias hasta que apareció un hombre, como sueleen los astros un cometa, que brilla un instante, pasa, é impone á la humanidad, dejando marcada su huella á la futuricion. Era ese astro el genio de Voltaire : ¡Voltaire! Proteo científico, Mesías literario, fué también un segundo Polife- mo, en el mundo de las letras : la Epopeya, la tragedia, la comedia, la ópera, oda, poesía ligera, "todo género de poe- "sía ha sido el suyo : en la prosa, historiador, filósofo, di- sertador, político, moralista, comentador, crítico, roman- cista.... su pluma se ha extendido sobre todas las materias.'' Empero : ese astro, eclipsado en fines del siglo anterior, mancho' siempre su carrera con el mas doloroso abuso de sus talentos: "rasgos dignos de admiración y una mons- "truosa libertad (dice juiciosamente un crítico) ; luces ca- paces de honrar su siglo, y errores que son la vergüenza "de él ; sentimientos que ennoblecen la humanidad y fla- quezas que la degradan ; la mas brillante imajinacion, el '•lenguage mas cínico y repugnante ; la filosofía y el ab- surdo ; la erudición y las equivocaciones de la ignoran- "cia; todos los encantos del entendimiento y todas las pe- queneces de las pasiones; una rica poesía y manifiestos, "plajios; hermosas obras y odiosas producciones; el atrevi- "miento y la baja adulación ; las lecciones de la virtud y la "apolojía del vicio ; los anatemas contra la envidia, y la "envidia en todos sus accesos ; protextas de celo por la ver- "dad y todos los atributos de la mala fé ; el entusiasmo de "la tolerancia y los furores de la persecución ; el homenaje "á la religión y las blasfemias.... estas son las extrañas con- trariedades que en otro siglo diferente del nuestro, deci- "diera del lugar que este hombre único debe ocupar en la clase de los ingenios y en la de la sociedad." No asi Romay, que pareció recoger la parte feliz de aque- lla herencia tan rica, no para dilapidarla como el pródigo de Farney, sino para hacer de ella el reparto humanitario y santo que predicaba Séneca, cuando protextaba no que- rer la ciencia, si habia de guardarla : Romay también, orá- r o m o i. — 10 — culo en medicina como el anciano de C'os, literato sin pre- tensiones, fundador de la escuela erudita, con modestia y con mesura y decoro ; poeta por inspiración, filósofo por convencimiento, orador por genio, político sesudo, mora- lista con su ejemplo, historiador concienzudo, crítico jui- cioso, jurisperito discreto; inmensos talentos y sabia apli- cación de ellos; rasgos de virtud que pasan ala posteridad, luces brillantes siempre, puras por costumbre ; sentimien- tos patriarcales, imajinacion perspicaz, lenguage siempre florido, filosofia y religión, erudición sin pedantería, todos los encantos de la ciencia, con las grandezas del entendi- miento ; preciosas obras que honran su nombre y el de la patria en que nació; lecciones de virtud corroboradas con la práctica : odio al vicio justificado con su proverbial mo- ralidad y honradez; sumisión á la verdad, entusiasmo pol- la ilustración, fé en sus principios, porque sus principios fueron siempre sólidos y rectos.....tal es el hombre, que en la antigua Grecia quizás habria merecido un ara, y puede figurar al lado de Catón, y merecer un recuerdo entre los discípulos de Sócrates. El mérito indisputable de Romay, será siempre mayor , si nos detenemos á echar una mirada retrospectiva á su época: los hombres como Romay van ligados siempre á la historia de su pais, porque representan sus costumbres y el estado de su ilustración, y porque no hay acto alguno en que no intervergan : esta influencia se explica fácilmente: si el siglo es atrasado, los hombres que se adelantan á su época son mirados con respeto y veneración : si el progreso y el adelanto imperan, el reconocimiento público llama en torno de las grandes obras á los que pueden impulsarlas con su saber: asi Romay debió siempre figurar en su pais, como figuró en todo, desde el momento en que pudiesen revelarse sus talentos, y presentarse ante sus contemporá- neos á reclamar el homenaje de admiración que siempre se consagra al talento. Hay mas aun, otra consideración propia de aquel tiempo, el influjo aristocrático penetraba en la sociedad y dominaba — 1J — naturalment(!; como dominar debiera en un pueblo, que siendo provincia de la Monarquía Española, tenia el prin- cipio del honor como base de su existencia según el sentir de Montesquieu : el feudalismo y la teocracia cimentadas con tan hondas y justas raíces entonces, en los dias de la edad media, atravesando el siglo XVII con todos sus pres- tijios y grandezas, con tanto recuerdo glorioso en Luis XIV y Richelieu, en Juan de Austria y Mazzarino, había penetrado hasta nosotros, y el siglo XVIII se reflejaba en América contoda la muelle dejadez de la Europa, especial- mente de nuestra metrópoli, en que un Rey filósofo [como titula Cantó á Carlos III], aceptaba, sin embargo, aquel influjo en la malhadada revolución, tan cruel á Esquiladle: las costumbres nuestras siempre fueron las de nuestros pa- dres, el remedo de la corte y la nobleza imperaba siempre, y esa clase era la primera y mas considerada. No es este lugar de que entremos en consideraciones crí- ticas acerca de ello: aceptemos los hechos tales como pa- saron, para que comprendamos todo el valor de la educa- ción literaria de Tomas Romay, el respeto con que enton- ces fué mirado, y la admiración .y homenajes de que des- pués fué ídolo. Nació Tomas Josf Domingo Rafael del Ro- sario, el 21 de Diciembre de 1764 ( * ), y fué hijo de D. Lo- renzo Romay y de D? María de los Angeles Chacón, siendo sus abuelos el Capitán de Infantería D. Benito Romay, na- tural de Santiago de Galicia, y estando relacionado por es- trechos vínculos con personas ilustres, délas que hace po- co (1S47 ó 48), ha fallecido en Madrid el Excmo. Sr. D. Ramón Romay, Capitán General de la Armada; y D* Ana Javiera de la Oliva, de esta ciudad. ¿Buscaremos la cuna y el origen á los hombres eminentes? No, por cierto : la grandeza es un baldón si no recae sobre el merecimiento: el verdadero grande es el que sabe hacerse respetable ; Calderón y Moreto, Las Casas y Cortés, no ne- cesitaron abuelos, la ciencia y las virtudes son ciertamente i i Véanse las notas al fin. — 12 — lamas pura genealogía; Cervantes será inmortal, aunque fuera cautivo y soldado, la memoria de Velazquez jamas perecerá aunque su heráldica date de un cuadro de batalla; el genio tiene su cuna en el empíreo, Dios es su padre, el género humano le es siempre inferior. Tomas Romay vi- vía en una sociedad amoldada á las ideas rancias de la época: necesitábase para penetrar en los dorados salones que enta- pizaban los escudos, esa igualdad que no existe en la natu- leza y que ha creado la fantástica ilusión de los hombres: y si fué de exclarecido linage, también tuvo la felicidad de conquistar con su genio una gloria que quizás no diera la aristocracia de la sangre. Era este un elemento de contrariedad para el porvenir que le reservaba la gloria: ¿cómo consagrarse á las letras sin seguir las huellas de sus padres, el descendiente del ve- terano....? ¡Oh! En aquel tiempo las letras estaban pros- critas á ciertas clases ; desdeñábase con buena fé por extra- vío de ideas, por influjo de la época, pisar las aulas y mez- clarse en las carreras, patrimonio solo de la clase media, á los que solo juzgaban dignas de su estirpe, la espada y la corona: si por acaso se transijia con la preocupación, era para que se consagrase al altar el que no pudiese sacrificar- se á la patria en su defensa : algo habia ya ganado la ilustra- ción en principios del último siglo: el ejemplo de Florida Blanca, Aranda y Campomanes, reflejaba en las familias ilustres, y la toga y la majistratura encontraron adeptos en los hijos de los nobles. Empero : la sabiduría del Eterno con su previsión divina dispone siempre los sucesos de modo que se cumplan sus altos fines: jamás falta un hecho, un acaso, un hombre que se encuentre al paso en la carrera de los demás para servir de guia y complemento á esos misteriosos acuerdos: no podia faltar en la vida de Tomas Romay, que como astro brillante, debia tener una estrella benéfica que presidiese á su carrera : helo aquí: en el convento de N. P. Santo Do- mingo, en ese venerable y respetado asilo que tantos y tan gratos recuerdos tiene para los habaneros ; en ese nú- — 13 — cleo de nuestra civilización, cuna y centro de nuestras ciencias y letras ; en ese famoso convento, antiguo y nunca olvidado fanal de la literatura cubana por su famosa Uni- versidad de S. Gerónimo, á que siempre tendremos el honor de pertenecer los que en esa fuente bebimos la ilustración. Es grato al corazón, tras largos años de vicisitudes amar- gas, consagrar un recuerdo de ternura á aquellos sitios en que pasó nuestra feliz infancia, en que hemos recibido el bautismo de la educación, en que hemos abierto nuestros ojos ala luz de la filosofia: hoy, al volverlos hacia aquellos sitios venerandos, depositarios de tantas fatigas, de tantas glorias, testigos de tantas proezas literarias, de tantas es- peranzas burladas, como todos los sueños bellísimos déla juventud; al buscar en aquellos lugares, del todo nuevos, amoldados á la reforma del tiempo, las lágrimas se agolpan á nuestros párpados; con ternura melancólica recordamos todos aquellos dias, buscamos aquellos hombres, aquellas lumbreras de la Iglesia y de la ilustración, y cuando la mente pregunta ¿ dó están Espinosa, García, Casaverde, Govin; dó están Andreu y Fernandez, Cernadas y Herrera, Sarmiento, Infante y Miranda....? ¡ Ay. ...! el eco triste que sale de los sepulcros, el recuerdo de la adversidad, nos res- ponde: "en la tumba..... en los campos..... en el siglo.....! Ya no están en Santo Domingo.....!" y salimos macilentos y mustios, oprimido el corazón, ajitada la fantasía, repitien- do con el orador romano, en gratitud y consuelo á nuestros pasados dias, oh témpora.....oh mores....! Volvamos al asunto: existia entonces una de aquellas lumbreras del convento de Reverendos Predicadores, á quien los vínculos de la sangre unian con el joven Tomas: era el R. P. Fr. Pedro de Santa Maria Romay, tio paterno suyo, que conociendo en la perspicaz agudeza del sobrino todo lo que prometía para lo futuro, y previendo con la sa- gacidad déla experiencia y sabiduría todo el fruto que pu- diera alcanzarse de aquella precoz inteligencia, desde muy temprano lo llevó á su lado y emprendió la obra santa de su educación, doblemente meritoria, porque sobre ilustrar — 14 — su entendimiento y dirijirlo por la senda de las luces, ofre- cía también al joven en la austeridad del claustro y la riji- dez de sus costumbres, el mas bello ejemplo de conducta y moral, y la mas positiva y suave privación de los peligros á que está expuesta la inexperta juventud en medio de la corrupción social. Consagremos aquí un homenaje de res- petuosa gratitud al virtuoso y sabio religioso que tan fruc- tífera cosecha supo alcanzar de su cultivo, y tan sazonado fruto dispuso con el abono de aquella nutritiva semilla. El Reverendo Padre Fray Pedro fué el Mentor de Ro- may, que con tan buena y selecta compañía, naturalmente se aficionaba mas y mas al estudio: hízose una segunda naturaleza esta costumbre, como dice el principio filosófico; y túvola constante el Dr. Romay en tan instructiva y de- leitosa plática, que adulto ya, profesor de medicina y jefe de familia, continuaba diaramente sus visitas al convento, luego que terminaba las tareas de su profesión, entretenien- do las primeras horas de la noche en la lectura de los clá- sicos latinos, ó de algunas obras místicas ; bien asi como cuentan los apolojistas delGran Napoleón con su Plauto y su Terencio ; aunque tenemos para nosotros que Romay quizás como Demóstenes admirando al famoso Calistrato, sentía desde entonces la noble emulación que lohabia de nivelar mas adelante á sus modelos. Sigámosle, pues, en toda su brillante carrera. Después de haber cursado latinidad y filosofia con el Lector de Elocuencia Fr. Francisco Pérez, el de Artes Fr. José Maria de Rivas y los catedráticos del texto Aristotélico D. Nicolás Calvo de la Puerta y D. Ignacio Offarril, reci- bió el grado de Bachiller e*n Artes el 24 de Marzo de 1783, á los 18 años de su edad ; y el elenco que ponemos al fin, es la prueba mejor de la capacidad del graduando (1)- Entonces comenzó á estudiar derecho, con ánimo de seguir la carrera en que sin duda hubiera sido émulo de Cañada y Jovellanos : ganó varios cursos ; pero como Romay en todo procedía por las inspiraciones de su Mentor, y éste» como inspiraba á su eobrino por las de la mas ríjida con- ciencia, se decidió al fin, que abandonase aquella noble pro- fesión, "porque el abogado estaba expuesto á mayor respon- sabilidad de conciencia:" ¡sublime abnegación, que hace la apolojía de uno y otro.. ..! ¿Perdía ó no la humanidad en el cambio.....? ¿Quién puede decirlo...,.! Acaso la voz severa y virtuosa de Ro- may, resonando en el santuario de Témis, habria salvado la desvalida huérfana, la menesterosa viuda, el inocente opreso : los anales del foro se habrían enriquecido con sus brillantes y elocuentes defensas : la magistratura se habria decorado con su nombre; pero en cambio ¡cuánta lucha, cuánto sinsabor como consigo trae esa noble profesión.....! Y Romay, entusiasta de la verdad, recto y puro por con- vicción, severo y catoniano por principios, quizás habria tenido que sufrir mas y mas....; bien está á la cabecera del lecho del paciente arrebatando un padre á la muerte, bien está llenando esa misión quo imita al Salvador; bien está, en fin, prodigando ese raudal de ciencia que le era propio, y que en todas las consultas mas críticas se desbordaba de sus labios, para ser recogidos por sus dignos compañeros como los oráculos de Delfos, como las sentencias de los sacerdotes Egipcios trasmitían á la multitud, órganos del Dios, ministros de sus altos secretos: Romay meditaba antes de hablar, pero empezando á hablar, era como la lluvia de oro de la fábula, como el rocío de la mañana, incesante, suave, gra (¡o, embriagador, sin término ni cansancio : cesaba él, y omnes conticuere, intenti qui ora ténebant, como nos pinta el cantor de la guerra de Troya. No anticipemos empero los sucesos, y sigamos al alumno en su carrera académica: veámosle apenas graduado de Bachiller en Medicina, después de brillar en las clases co, mo habia brillado en las de elocuencia, latinidad y filosofia, tomar el grado de Doctor en ésta, que por su objeto se ha titulado siempre Majisterio en Artes : y continuar sin em- bargo su práctica con el Doctor D. Manuel Sacramento. ¡Quién habia de creer que Romay siguiendo aquella carrero con repugnancia, habia de mirarla con tanto ahinco! Pero — 16 — la constancia es el carácter de los héroes ; él mismo lo dijo mas'adelante,' y para probarlo hizo oposición á la cátedra del texto Aristotélico, y mas luego á una de medicina, y en ambas obtuvo el premio de su constancia y aplicación, mereciendo rejentar las cátedras; lauro no siempre discer- nido al méiíto, que no basta en todas veces como único tí- tulo á la dudosa justificación de los hombres. Asi preparado, y cumplidos ya los años de práctica ne- cesarios, se presentó á examen al tribunal del Proto-medi- cato, y en él, los Doctores D. Julián Recio de Oquendoy D. Matías Cantos, que se titulaban también Visitadores y Alcaldes mayores do médicos, cirujanos &c, previo el debido examen, le admitieron aiusoy ejercicio de la medicina, conce- diéndole Ucencia para poder ejercerla, enseñarla y hacer lodo lo demás que deben los maestros examinadores : he aqui. pues al maestro en filosofia y catedrático del texto Aristotélico en la Pontificia y Regia Universidad D. Tomas Romay, ins- crito ya el 12 de Setiembre de 1791, á. los 27 de su edad, en el gran libro en que Boherave y Brousseais, Galeno y Orfila, Maigrier y Lacava, ilustraron los anales de la huma- nidad, teniendo un nuevo colega que no menos habia de honrar la memoria de Hipócrates. Y antes de seguirle ya en esa brillante carrera que se abrió ante sus pasos con el ejercicio de la medicina ; antes de que nos encontremos con el hombre público, tantas ve- ces laureado por la fama y tan justamente respetado en su pais y en los extraños, detengámonos aqui á hacer una con- sideración filosófica, tan oportuna como necesaria, no solo en honra de Romay, sino en gloria y pro del pais que le vio nacer. Sabido es de todos los que conozcan nuestra historia y costumbres que el vicioso plan de nuestros anti- guos estudios se resentía de mil defectos, entre los que no erádmenos capital la brevedad de los estudios, y que por lo mismo, se trató de la reforma, á cabo llevada posterior- mente para refundir la Real Universidad y metodizar las carreras según la intención del lejislador. Sabido es también que hasta principios del siglo XIX. — 17 — precisamente de 1800 á 1803, en que vino á ocupar la silla episcopal de la Habana el dignísimo, ilustrado y generoso Sr. D. Juan Diaz de Espada y Landa, que llevan todos los habaneros en su corazón, y que fué el padre y fundador del progreso civilizador de las letras, cosa que aunque intentada por Romay y otros, no pudiera acaso conseguirse por la falta de los elementos con que contara aquel Pastor bene- mérito, ni se pudo dar un paso en la ilustración filosófica del pais: ceñida la educación á las obras dogmáticas, é im- pregnadas de esas máximas, sirviendo de texto la filosofía de Goudin, con las súmulas y fórmulas del peripato; es- trictamente prohibida y vijilada la lectura de los enciclo- pedistas y demás filósofos que empezaban á propagar sus ideas, y abrir el campo á la discusión, no era posible, sino que la intelijencia humana limitase sus vuelos, y constre- ñida en los límites del precepto del temor, no fuese mas allá de donde permitieran los principios, quizá erróneos de la autoridad Escolástica. Resentíanse los estudios, de aquellas limitadas bases: dilatábase la carrera aun mas de lo regular, por falta de método, en el estudio de la lengua latina, para después de cuatro años, ser un buen traductor del Catecismo de San Pió V: y no seremos lospanejiristas de Romay, ciertamente, los que hagamos la guerra al divino lenguaje de Homero y de Virgilio, pero preciso es conocer que la dilatada educa- ción latina que se requería, no produjo jamás los benéficos resultados que se prometieran los que tanto rigorismo de- mandaban : el hecho es, que asi sobrecargada ya la imaji- nacion, con aquellos largos y penosos trabajos, pasaba el cursante á batallar por tres años con esa hidra, con esa nueva Creta de las entidades, las contradictorias, el Bárbara Celaron, elper sé,y el secundum quid, y después limitaba en otros tres ó cuatro en la medicina, sus estudios á la fisio- logía de Lázaro Riverio, y alguna lección de los aforismos de Hipócrates, comentados por Gorther ; sino ya al confuso tropel de la nomenclatura de los sistemas entonces reinan- tes, para sumerjir la imaj¡nación en ese caos de los humo- TOMO i. 3 — 18 — ristas, Cullen y sus fiebres, Brown y la quina, Bucham y los vinos, el mercurio y la valeriana. Atrasados aun los conocimientos en la ciencia médica, que hoy han dado tan gigantescos pasos, y que para orgullo nuestro se encuentra al nivel de la Europa, apenas se co- nocían muchos aparatos científicos, hoy comunes; las cá- tedras de anatomía aun no germinaban, el estudio de la terapéutica en sus primeros pasos, la clínica, en fin, estaba reducida á la reunión curiosa de los hechos que la experien- cia prestara; de que dan evidente prueba las mismas má- ximas del Oráculo de Cós ; y sobre esta falible base, sobre tan deleznable terreno, debia el médico elevar el edificio de su reputación ; y debia mas : respetando su conciencia, ¡ju deber, y el justo temor al juicio postumo, no menos que al tremendo de la otra vida, consagrarse al alivio de la humanidad, y á disputar sus presas á la peste y á la muerte. ¿ Cómo, pues, podia operarse esta verdadera anomalía: qué pudo saber un mediej en aquellos tiempos : cómo lle- gar á adquirirse una reputación, y lo que es mas, á obtener felices resultados en sus penosas tareas.....? ¿ Cómo pudo Tomas Romay, ser al mismo tiempo, literato y poeta, gran escritor, profundo publicista, consumado economista, ora- dor concienzudo, funcionario discreto.....? ¿Qué imajina- cion es esa, qué entendimiento aquel, en que se pudieron adunar tantas dotes sobresalientes.....? ¿Dónde, cómo, cuando estudiaba aquel hombre, á quien solo para su fa- cultad enseñaba su gran maestro que vita brevis, ars vero longa....? ¿ Qué tesoro desconocido es ese, que mientras mas se agotaba, mas y mas afluente se mostraba, como la fuente que brotó al choque rápido de la vara de Moisés....? La limitada mente de nuestras intelijencias comunes, no puede explicarse ese milagroso resultado : ello es, que con tan efímeras alas, han tomado gigantesco vuelo nuestras águilas, y que en la rejion literaria, cobijados á la sombra de este Cóndor, brillaron tantos y tantos, como para orgu- llo nuestro revelarán al mundo los nombres de Caballero y — 19 — Ramirez, Várela y Escovedo, Govantes y Bermúdez, Jimé- nez y Abren, y el Doctísimo Gonza'ez. ¡González! el Séneca de Cuba, el Licurgo indiano, á cuyo derredor acudían ansiosos los mas provectos ciudada- nos, á oir sus consejos y preceptos : aquel á quien por una de esas atracciones que llama la química asimilativas, y el cristiano providenciales, se habia unido Romay por medio de su matrimonio, con la Sra. Doña Mariana González, que se verificó el 4 de Enero de 179G [2], confundiéndose asi aquellos dos polos científico?, que como Platón y Aris- tóteles, enseñaban ensu escuela, y tuvieron por prosélitos á todos los hombres honrados é ilustrados: aquel célebre jurisconsulto, que aun siendo Romay tan parco en sus elo- jios, y tan modesto en todo lo que le incumbía, le consagró un homenaje postumo, y dijo en su necrolojía estas pala- bras, que bastan por sí solasá certificar el mérito : "(3) sü "estudio fué siempre el santuario de Injusticia: colocada "laimájen de este numen delante de su bufete, le recordaba "tácitamente sus deberes ; la integridad y mansedumbre "ocupaban sus lados. Las adversidades de los infelices le "rodeaban, y prevenían contra el orgullo y ambición del po- deroso : su vista perspicaz penetraba el caos de los proce- "sos, arrollando las sombras con que la ignorancia.y Iama- "licia ocultaban la verdad y desfiguraban los hechos. Su- "plia con la reflexión lo que no debia á la experiencia, y "con laequidad lo que exijian las circunstancias ; impasible "como la ley que hablaba por sus labios, según la frase de "Tulio, jamás se le vio alterado en las sesiones privadas, "ni en las discusiones públicas mas altercadas." Sigamos, pues : henos ya con el profesor público, lanzado como él mismo decia en una de sus obras posteriores, "á "la conservación de la humanidad lánguida y aflijida," (4) apenas recibido, y consagrado á tan humanitaria tarea, llega á nuestro puerto la escuadra que mandaba el Gene- ral Aristizábal; cuya tripulación venia infestada de la fiebre amarilla ó vómito negro ; la peste hace estragos, no bastan ya los sitios de antemano consagrados al alivio y curación de los enfermos ; es necesario crear con tan triste motivo, hospitales provisionales, y Romay se presenta al Gobierno solicitando plaza en uno de estos hospitales ; pero nó por- que aguijado del afán de figurar, ó arrastrado por la sed de oro fuese á buscar un lugar ó un producto, que jamás fue- ron su ambición, que desconoció toda su vida ; nó : era mas noble, mas augusto, mas filantrópico su deseo ; era el ma- jistrado Pomariols, buscando en Villafranca en el siglo XIII, los apestados á quienes salvar; era el venerable obis- po Belzunce, sepultando los cadáveres en la peste de Mar- sella : hizo presente que no era el lucro ni la remuneración pecuniaria lo que le conducía á tan ardua empresa ; impul- sábalo solo su amor á la ciencia y á la humanidad; dolíale en el corazón ver que los viajeros desgraciados, abandona- sen su hogar en pos de dichas, y encontrasen la tumba en estas ardientes rejiones: y Romay decía como el gran Fe- nelon : "amo mas mi familia, que á mí mismo: mi patria "mas que mi familia : pero amo aun mas al género humano "que á mi patria." ¡ Cuan brillantes resultados obtuvo, para la ciencia y para la humanidad....! No hubiera cumplido con su con- ciencia, si guardase el tesoro de experiencia que adquirió: no bastaba á su noble ambición, salvar de la muerte y de- sesperación las numerosas víctimas que arrebató al sepulcro» iba mas allá su deseo; con generoso ardor, escribió la me- moria, que fué la primera publicada en español sobre tal asunto, en 2 de Junio de 179S ; memoria que mereció los honores de la traducción extranjera, y que obtuvo, en re- compensa, el nombramiento de académico corresponsal de la Real Academia Matritense, que le fué comunicado en 27 de Agosto siguiente, con esta calificación honrosa: "la di- sertación del Sr. Romay, que nos ha gustado mucho, es "muy superior al tratado del método curativo experimenta- "do y aprobado, de la enfermedad del vómito negro epidé- mico y frecuente en los puertos de las Indias Occidenta- les, publicado por D. Juan José de Gastelbondo, en Car- "tajena de Indias, en 1763." — 2L — ^Notables son también los términos del oficio con que Romay presentó su memoria á la academia, por fortuna, conservado entre sus papeles, de que copiamos á la letra la comunicación. Dice asi: "Señores: Con una mano mas "trémula que la de Teófilo, cuando consagró sobre las aras "del Capitolio las obras de Marco Tulio, presento hoy á V. "SS. la adjunta disertación sobre la fiebre maligna llamada "vulgarmente vómito negro. Teófilo debia lisonjearse de "que el Senado y el mundo todo encontraría en los escritos "del Orador romano innumerables bellezas que admirar, y "preceptos que seguir; yo temo justamente que Ja sabia "perspicacia de V. SS. solo hallará loable en ese papel, el "buen deseo de un ciudadano laborioso, que ha procurado "eficazmente ser útil á la humanidad." Mas adelante habla de todos los autores consultados, de su constante práctica y eficaz estudio para conocer esa en- fermedad, asi como sus observaciones en los hospitales de Ejército y Marina; y concluye con una observación de mu- cha importancia en el mundo científico. "Sin duda (dice) "estrañarán V. SS. que separándome de las doctrinas de "Sauvages y de Cullen, coloque el vómito negro en el nú- "mero de los Sinochus, y no de los Ttphus, como lo hicieron "estos respetables nosolojistas. Pero si se reflexiona sobre "su historia, no precisamente laque yo describo, sino tam- "bien la que refieren los autores ya citados, se conocerá^ "que los caracteres con que Cullen principalmente, pinta "el Tiplnis, no le convienen á esta fiebre, y sí los que refie. "re del tSinochus. Véase, pues, su nosolojía metódica, y "quedarán V. SS. convencidos de que siguiendo la doctrina "del catedrático de Edimburgo, coloco esta enfermedad en "el lugar que le corresponde." Esta es ya una revolución en la ciencia. Nada podrá jamás contra el mérito de este amigo de la humanidad la fatal constancia con que el vómito negro con- tinúa sus estragos, y los hará sin duda eternos, á nuestro humilde juicio, mientras exista el país; no depende del hombre suspender los tristes efectos de un mal que se con- __ 22 __ trae por necesidad : podrá solo detener su funesta influen- cia. Si un pais, situado sobre una playa hi'imeda y calcá- rea, expuesta constantemente á las sucesivas lluvias tropi- cales, que solo ceden ante los rigores de un sol abrasador, aspirándose siempre un aire alcalino y salitroso, por el ha- bitante de la ciudad, lia de producirlas emanaciones pútri- das que nacen de esa combinación del calor y la humedad, el vómito reinará por siempre en la costa, porque la vir- tud y la ciencia no pueden cambiarla naturaleza. Empero, repetimos: esta funesta fatalidad no ha de disminuir en nada el valor de la empresa, y los acuerdos de la Sociedad de amigos del pais, cuando se leyó aquel escrito, serán un testimonio constante que honrará la memoria de Romay: "la complacencia que manifestó el cuerpo patriótico [dice "el extracto de las sesiones del 5 y 27 de Abril de 1797,] "oyendo leer un papel escrito con el método, estilo y cla_ "ridad propios de su género, y del que parecí t sacaría ven- tajas la humanidad, fué ciertamente extraordinaria ; au- mentándola el dictamen de los facultativos que se halla- "ron presentes, quienes confesaron ser esta la primera memo- "ria espaTwla en que se habia tratado con el mejor tino é ins- trucción una enfermedad sobre que tanto han trabajado al- "gunos extranjeros.''1 En efecto: nueve facultativos que ha- bia en la corporación, instaron eficazmente para que se imprimiese. La lealtad y franqueza, que fueron siempre un distintivo del carácter de Romay, se revelaron en esta obra de un modo inequívoco : hé aquí el párrafo.final de la memoria, que tal vez no habria puesto ningún otro facultativo, cre- yendo que su opinión pudiera padecer en ello: "aunque opi- "né que esta enfermedad es contajiosa, las posteriores ob- servaciones que no he cesado de hacer por espacio de "cinco años, y las que han ejecutado Mr. Devere, los Doc- tores Moseley, Titler, Smith, y otros célebres médicos, "me han obligado á abjurar aquella opinión : " la de Romay no podia, en efecto, ponerse á peligro de menos respeto, por esa abnegación hermosa con que hacia el sacrificio de — 23 — bu amor propio en aras de la ciencia y de la humanidad: consagrado siempre á ellas, siguió sus observaciones por muchos años, hasta el extremo de que ya en los últimos de su vida, siendo primer médico del Hospital Militar de esta plaza, el Sr. Coronel D. Mariano Romay su hermano Ins- pector de aquel, le encargó la formación de un reglamento, que fue aprobado, y mas que todo, dio el feliz resultado de que la mortalidad hubiese cedido visiblemente, adoptándo- se un método curativo casi se-uro, y acojiéndose sus obser- vaciones con aplaudo , como lo prueban las publicaciones que de ellas se hacían en Europa. Por aquellos tiempos gobernaba esta Isla el Excmo. Sr* D. Luis de las (.'asas, hombre digno de la grata memoria que el pais conserva, 3' cuyo genio benéfico le hizo el ídolo de su época, y el modelo de los sucesores: no conocía al Dr. Romay sino por su nombre y elojios, y uno tarde en que precisamenle venia por la calle del Obispo, oyéndolos que el Sr. D. Nicolás Calvo le hacia del joven médico, é-te marchaba á pié, seguid;) de su carruaje, en dirección opues- ta: á tal encuentro se detiene el jefe, invita á Romay con las mas vivas instancias y las demostraciones mas afectuo- sas á que tome asiento en su coche, acepta Romay, rubori- zado por tan inesperada, y simpática solicitud, le cede el jefe su derecha con extrema cortesía, y es conducido á Palacio, en donde el ilusue Mecenas le detiene hasta las altas horas de la noche, en constante plática que dio á co- nocer sus vastos talentos, puro patriotismo, y entusiasmo público : se despide al fin, pero al estrechar su mano el elevado personaje, que desde aquel momento debia ser su íntimo amigo, le dice á todos los circunstantes : "hombres "como éste son los que necesito á mi alrededor para mis "proyectos." ¡Sublime triunfo de la ciencia y el mérito, tanto mas valioso, cuanto menos solicitado! Romay y Las Casas no volvieron á separarse sino cuando aquel re- gresó á la Corte, y en ella hasta su muerte continuaron las mas íntimas relaciones ; relaciones puras y santas, que Ro. inav conservó aun mas allá de la tumba, haciendo el elojio postumo del digno jefe que mereciera siempre el renombre de Esdras Cubano : Romay debió cerrar sus ojos y reeojer sus últimos suspiros, porque Las Casas queria llevárselo á Europa, como campo mas apropósito á su genio, pero el ilustre habanero tenia extremo cariño á sus padres, y sacri- ficó sus glorias en el altar del respeto y del amor filial. De esta noble y franca amistad, de esta admiración res- petuosa, nació que al fundar el ilustre Las Casas la Real So- ciedad Patriótica, como entonces se llamó, y es hoy la Eco- nómica de Amigos del pais, obtenida la gracia en Real cé- dula de 27 de Abril de 1791, é instalada en Enero de 1793, llamó á Romay para que le acompañase en tan santa em- presa, unido á otros eminentes habaneros, que mas luego honraron el pais y la nación : creóse el papel periódico, paso jigantesco en la época, y Romay fué elejido para su dirección y redacción, á que se consagró con tan patriótico ardor, que jamás ha habido otro hombre de mayor cons- tancia y de mas generosa abnegación: llenas están las bi- bliotecas de los curiosos, de aquellos estimables escritos, y alli encontramos siempre al literato, al poeta, en esa pro- paganda santa, en esa redención filosófica del periodismo» despejando el caos de la ignorancia con la poderosa voz de la ilustración, como el fiat lux del Eterno, en los inmensos espacios de la creación. No monos con el ejemplo que con la palabra, desempe- ñaba la tarea humanitaria de su piadosa profesión en la Real Casa de Beneficencia, creada también por entonces, y de que fué nombrado médico desde su instalación : por es- pacio de cincuenta años se consagró á tan caritativa faena* ni un solo diadejó de cumplir sumisión, siempre cariñoso' amable, lleno de ternura y sensibilidad : las infelices edu- candas le miraron siempre como un padre ; á su vez se re~ creaba en ver el fruto de su apostólica tarea, y mas de una las lágrimas se agolparon á sus ojos, y en muchas impendía de su peculio los obsequios inocentes con que sabia cap- tarse la afección de aquellas pobres desvalidas, á quienes dictaba reglas hijiénicas apropósito, y conquistaba conpa- — 2') — terna! dulzura, para que tomasen las medicinas y alimentos; la desgracia y la niñez reunidas necesitaban toda la virtuo- sa constancia de Vicente de Paul para sonreir al mundo, y Romay, logró siempre hacer llevadera y tolerable aquella triste posición : y jamás fué parte el interés, que era muy mezquina consideración para un alma como la suya ; diez años sirvió gratis el destino, y cualquiera pequeña remune- ración posterior no compensaría jamás su fatigosa y exqui- sita constancia; mucho después se aumentó el departamento de dementes, y en él continuó lo mismo, sin alteración. Estas dos fases de la vida pública de Romay son sin duda unas de las mas bellas pajinas de su historia; hoy que las ideas liberales se han extendido con la ilustración del siglo; hoy, que los pueblos han entrado en una marcha hasta entonces no practicada, si bien conocida en teoría ; hoy, en fin, que el majisterio noble de la prensa ha engrandecido y sublimado la libertad intelectual, es, á no dudarlo, la época en que puede estimarse en su verdadera valía todo el mérito de Romay aceptando la misión del periodismo en la época en que, Néstor de nuestra instrucción y litera- tura, tenia que ser como el rayo, que rompiese las nieblas que ofuscaban la intelijencia con la viciosa y limitada edu" cacion de entonces : y entonces también era una obra mas meritoria que hoy, la asistencia á los hospitales y hospicios, así por el peco adelanto en que ellos se encontraban, como por la necesidad que del tiempo y los productos de su pro- fesión tenia un facultativo que empezaba su carrera, y debia hacerla depender del brillo y prestijio que la diese : Romay no se detuvo; ni los peligros de una empresa, ni los posi- bles daños de la otra lo retrajeron, y siempre firme, con la constancia, que es el carácter de los héroes, como bella- mente dijo en una de sus obras, enseñaba y practicaba la virtud de la beneficencia. Posteriormente se ensancharon las depe ndencias y car- gos de la casa; y auuque la módica retribución que se abonaba al facultativo no era capaz de halagar los intereses de persona algún», Romay continuó como siempre: insta- TOMO l. 4 — 2(> — lose- la casa de dementes, como antes se ha dicho, y también se puso á su cargo y vijilancia; ¡noble abnegación! ¿Quién ignora los riesgos de esta profesión, por la influencia moral que ejerce en los hombres que se dedican al estudio de la demencia? Ese contacto continuado con tantos seres mi- serables, á quienes el desorden de sus cerebros lanza en eternos desvarios ; esa relación entre un organismo suspicaz como tiene que ser el de un facultativo para con el loco, y aquella desconcertada organización que no produce sino imájenes desastrosas, que pasan á la vista y por la mente del Esculapio como un kavidorama, producen siempre una afección análoga; cuando menos un sentimiento apasionado y melancólico que domina la razón : ¿qué necesidad tenia Romay de aquel peligro ; por qué arrostrar esa epidemia moral, cuyo contajio podía matar su intelijencia...? ¿Por qué? Preguntad al sol por qué ilumina la planta veneno^ sa; preguntad al Eterno por qué ampara y vivifica al mal- vado......¡ay! porque su misión es dar yida y calor, aunque reciba en cambio la ingratitud, la peste.....; porque Romay estaba predestinado al bien, y su vida y razón no fueron para él mas que el medio de ejercitarlo y esparcirlo do quiera. Llegamos ya á una época, en que la grandeza de Romay brilla en todo su apojeo; vamos á encontrarle como un jé- nio benéfico arrebatando millares de víctimas á la muerte, salvando el pais de la desolación, y creando un jérmen de vida, que propagándose hasta nuestros dias como el fuego de Vesta, merced á sus humanitarios esfuerzos, conserva- rán su nombré en todas las generaciones: los Griegos y Romanos habrían levantado altares y estatuas al que sin duda colocaran entre los semi-dioses; pero es mas noble, es mas augusto, es mas imperecedero el culto que la humani- dad entera eleva, y la divinidad acoje y santifica, para el conservador de la vacuna : Gesner admiró la Europa y el mundo con su descubrimiento ; Romay en América cono- ciendo toda su importancia, previendo sus inmensos resul- tados, ansioso del bien de sus semejantes, apenas tuvo no- — 21 — ticiadel descubrimiento, empezó á hacer sus investigacio- nes en nuestros ganados; leyó con avidez cuanto se publica- ba á este respecto ; investiga con ansia, pregunta con fati- goso celo á todos los hacendados, á los hombres de campo; consulta y estudia los síntomas de la viruela ; analiza el fluido vacuno, y con fé y fanatismo procura conservarlo, distinguiendo antes el verdadero del falso, merced á sus ce- losas investigaciones ; y no contento con toda esa azarosa tarea, con el mismo entusiasmo filosófico con que Platón emprendió su viaje para estudiar el Etna, se lanza Romay en otro viaje penoso y de gran costo á las mas remotas haciendas de la parte oriental de la Isla. Sigámosle allí con nuestra imajinacion, y enjuguemos nuestras lágrimas al ver el cuadro de una familia querida, de unos hijos adorados á quienes abandona aquel severo fi- lósofo por el amor de la ciencia, dejando todas las comodi- dades del hogar doméstico: cerremos los ojos para no ver los inmensos precipicios que tiene que salvar, las privacio- nes que va sufriendo, los peligros que va arrostrando en medio de nuestros montes, cuando ni estaban practicables, ni habia medios algunos de comunicación ; veámosle aban- donar sus libros, esos amigos verdaderos y sinceros, ese su tesoro y solaz; confiar su numerosa clientela á la pericia de otros comprofesores..... ¿qué importa todo eso ante el brillante porvenir que le ofrece su descubrimiento....? Co- mo el Genovés piloto se lanza al Océano en su humilde ca- rabela, así el benéfico y sensible Romay se abandona por los fragosos caminos á la ventura y sin rumbo cierto, en busca del fluido vacuno.... Ora tiene que atravesar nues- tros caudalosos rios en momentos de furiosas crecientes, ora sufre los martirios dtd viaje en malas cabalgaduras, sin noticias siquiera de equitación, que jamás tuvo ; ya se vé privado del mas grosero alimento á las veces, ya sufre re- signado la ardiente sed que provoca en nuestros campos el ardiente sol de los trópicos: á veces sumidoen los pantanos, bajo el diluvio de las tempestades meridionales ; á veces también parece desafiar las nubes en la cumbre de nuestras — 28 — altas montañas... nada le detiene; su sed de ciencia, su amor á la humanidad le arrebatan.....todo por la gloria.... la vida de tantos es su premio......! ¡Ay.....! ¿qué valen tantas fatigas, tanta constancia.....V En vano rejistra de una en otra todas las vacas de cuantas hacie ndas visitó ; en vano estudia y compara ; sufre y se destruye ; en vano ji me en la soledad é invoca la protección del cielo... ¡no habia en nuestros gana dos el virus vacuno.!. Desconsolado, triste, meditabundo, vuelve á sus patrios la- res: nada le consuela : el bello rostro de su anjelical esposa no basta á disipar el nublado de su frente: las caricias filia- les oprimen aun mas su corazón.... como la madre Espar- tana que al ver el esclavo preguntaba si la patria se salvó, asi Romay, al saludar sus penates, exclama lloroso : "¡no "hay vacuna..... ñola tienen las vacas.....!" ¡Oh, alma grande y generosa..... Bendita sea tu memoria y tu cien- tífica y heroica constancia....! Su corazón magnánimo pa- recía presentir los desastres que debían subseguirse : apa- rece el año de 1804, de fatídica memoria, y con él una hor- rorosa epidemia de viruelas: centenares de víctimas caen bajo la segur asoladora del mal; de ese mal inmundo, re- medo infando de la lepra judaica, que al infeliz que no hun- de en el sepulcro, sumerje en el osario inmundo de la feal- dad : la tierna esposa de Romay, huye despavorida con el fruto tierno de sus castos amores, y de casa en casa, de barrio en barrio, pretende sustraerse á la maléfica y fatal influenc ia de la peste : todo es ruina y estrago; do quier la muerte y el terror; y Romay solo combatiendo en medio de esa deshecha tempestad, el huracán y el rayo, con su ciencia y con su fé. Solo las intelijencias privilejiadas conservan en esos mo- mentos la calma : Romay después de multiplicar sus con- suelos con valerosa constancia por todas partes, concibe en medio de aquel cuadro horrible un pensamiento de salva- ción : apenas le ocurre, vuela á ponerlo en práctica, y en- cuentra una alma generosa y noble que secunda sus bené- ficas miras (-5): un amigo leal le promete su ayuda, yambos — 29*— emprenden de nuevo un viaje á la parte occidental de la Isla, para buscar en ella lo que en la oriental no encontra- ron. ¡Y tampoco lo encuentran allí—! Después de inú- tiles y eficaces esfuerzos, los viajeros vuelven desconsola- dos, y con mas espanto aun, porque la epidemia tomaba cada un dia mayor incremento : nada importa que Romay como el célebre majistrado Pomariols entre los apestados de Villafranca, corra solícito de uno á otro lecho impen- diendo sus cristianos consuelos, estudiando, comparando y expuesto á la muerte á cada instante; nada importa que el Capitán General y todas las autoridades se reúnan y acuer- den un premio al descubridor de la vacuna, nombrando al mismo Romay para'calificador; la peste continuaba, el es- trago era cada vez mas horrible...... Empero.... la Providencia que vela siempre por la huma- nidad, la Justicia Eterna que no deja sin premio jamás los esfuerzos de la virtud, vino á poner en manos de Romay lo que tanto y tan inútilmente habia buscado.... ¡Hele allí.... como el gran Colon, cuando en la cámara de su buque con- templaba de lejos una luz fosfórica, y que luego se engran- deció, y que al fin mostró la tierra.... hele allí..,.! en medio de la noche, en el profundo y sepulcral silencio de esas ho- ras de meditación y relijiosidad.... afanado en su bufete en la corrección de la obra dramática que un amigo confiara á su sabia censura.... de improviso se le presenta la Señora Doña María Bustamante, con un niño y un criado.... llega- ba de Puerto Rico, donde habia hecho vacunar ambos ni ños, y sabiendo que Romay se afanaba en buscar el pus, venia á presentársele para que aprovechase de aquella va- cuna lo que fuese útil. ¡Oh, Providencia Divina....! J\Ti el avaro al descubrimiento de un inmenso tesoro, ni Galva- ni al ver palpitar sus víctimas, ni tal vez el primer hombre al encontrarse en el paraíso... no hay impresión comparable á la del mbano Gesner: abandona el asiento, toma la luz tembloroso y ajitado, examina con avidez los granos vacu- nos.... se cerciora de su bondad.... duda aún, porque siem- pre se duda de la felicidad... insiste en su examen.... ¡Ben- — 30 — dito sea el Ser Supremo....! ¡Es el pus lejítimo....! Lanza un grito de placer que estremece las paredes de su habita- ción.... corre frenético y entusiasmado á llamar á todos pa- ra que participen de su dicha....interrúmpela santa plega- ria de su casta esposa, que oraba férvida para que se detu- viesen las calamidades. "Ya encontré la vacuna;" y en el instante se propaga la noticia, cunde en el vecindario, se extiende á la población......., y todo el mundo con- templa al otro dia en Tomas Romay el salvador de sus hermanos. En aquella misma noche para él tan feliz, empezó esa gran obra de redención de que vamos hablando, y que tanto inmortalizó á Romay: con toda la fé de la ciencia, como Parmentier comiendo de sus frutos, el célebre Galeno toma uno de sus hijos [6], le inocula el precioso fluido ; instala en su casa á los generosos huéspedes que tanta gloria le proporcionaban, consagrándoles las mas finas atenciones, y sin esperar ni su carruaje, sale precipitado, corre á Palacio y manifiesta al Gobernador lo que ocurre [7] ; henchido el pecho de gozo, no se detiene allí tampoco ; vuelve ásu mo- rada, y en vez de consagrarse al reposo, mas necesario aún después de la emoción que sufría, se ocupa en redactar un razonado artículo en que participa á toda la población tan feliz hallazgo, la invita á la confianza, rasga el velo de las preocupaciones é ignorancia, y concluye invitando á todos á que concurran a su casa á inocularse para preservarse. El llamamiento no fué en vano : á pocos dias dio cuenta del resultado en un papel, que copiamos al fin [8] : no bas- tó ya su esfuerzo : tuvo que apelar á la ayuda de algunos ilustrados compañeros, y desde entonces hasta la muerte, por espacio de cuarenta y cinco años, Romay conservó y propagó el virus vacuno en la Habana y toda la Isla; por si mismo vacunaba mientras pudo, iba á las casas, volvía á reeojer el pus, llevaba á los niños á la Sala Capitular ; su generosidad no se limitó á esto ; pidió y obtuvo el preinio para la Señora Bustamante; y después, cual otro Numa ins- tituyendo las Vestales, se empeñaba en mantener el fuego — 31 — sagrado, según la bella expresión del mismo Romay en una de rus memorias relativas á la vacuna. Y, sin embargo.... ¿quién lo creyera....? No faltaron pro- fesores que se declararon campeones de la causa contraria: desacreditaron la vacuna con todo esfuerzo, llevaron la ce- guedad y el fanatismo hasta dejar morir alguno á un niño inocente por sostener su caprichosa oposición; pero ¿cuándo faltaron al mérito émulos y envidiosos....? Las verdades son las que contradice el espíritu de partido y la ignorancia, pero sus esfuerzos sirven solo para que la luz filosófica bri- lle con mas fulgor: asi Romay contesta con razonamientos indestructibles, con demostraciones de la ciencia ; y para poner el sello á sus tareas grandiosas, para confundir del modo mas victorioso á los necios declamadores, ofrece el espectáculo mas sublime que puede la historia presentar- nos : Alejandro al tomar la copa que se decia envenenada, demostró toda la confianza que le inspiraba su alma he- roica, y el desprecio de la vida ; pero Tomas Romay eleva el valor del sacrificio hasta la epopeya del dolor, si se nos permite la frase: toma sus hijos, esos pedazos de sus entra. ñas, esos seres que absorben nuestra existencia : los con- duce al hospital, llega á la sala en que se encuentran los viruelientos, muchos ya moribundos : concurre á ese reto de la ciencia y la fé, una comisión del Real Protomedicato; invita al público todo : y en medio á aquel concurso inmen- so, abismado y temeroso, penetra Romay con sus hijos [9]. toma por sí mismo el instrumento y ejecuta la operación, despreciando los murmurios necios délos ignorantes, que en su ceguedad le apellidaban cruel y desnaturalizado, in- humano y mal padre; y sonrojándose del aplauso general de los buenos, con cuya bendición salió sosegadamente del hospital, coronado ya con esa aureola de gloria, que circun- da la frente de los grandes hombres, y que no se marchita jamás porque no es la ovación del interés ó el temor. Desde entonces lució la aurora del bien, tras la borrasca de aquella horrorosa epidemia : renació la tranquilidad, rundió el consuelo por do quiera : oyéronse solo felicita — 32 — clones y esperanzas, y todos creyeron ya asegurada su exis- Éencia, no solo por el descubrimiento importantísimo, sino por la constante protección de Romay. El dignísimo y nunca olvidado obispo de la Habana D. Juan Diazde Espa- da y Landa, su buen amigo, á la sazón recorría la Isla en santa visita, y desde lo interior le pidió vidrios y noticias, que Romay se apresuró á remitir, porque la exijencia era tan honrosa y noble ademas, como demuestra la carta que se publicó en la memoria respectiva. Asi las cosas se pre- senta un suceso que viene á enaltecer mas los filantrópicos trabajos de Romay : la expedición Réjia, determinada por el Sr. D. Carlos IV, bajo la dirección del célebre Dr. Bal- mis, llega á América, trayendo la vacuna, y el médico de la Real Cámara queda agradablemente sorprendido al en- contrar aquí el pus y á Tomas Romay de propagador: natu- ralmente, fué buscado y con aplauso obsequiado : se formó una junta central, y Romay fué nombrado miembro y se- cretario de ella, y el gran Bal mis, el comisario Réjio, á tiempo de informar á S. M. sobre el resultado de su comi- sión, califica á Romay de un sabio, y le prodiga los mayo- res elojios. Hoy, al formarse el reglamento general del ramo, teñe- - mos el gusto de ver un homenaje que tanto honra á su au- tor como al célebre Romay: copiaremos las palabras del Sr. Dr. D. Manuel Valero y Soto, digno secretario de la Excma. Junta Superior de Sanidad de esta Isla, en el pre- facio de dicho reglamento. Helas aquí: —"Pero existia "entonces en la Habana un hombre eminente que se habia "adelantado á tan filantrópica misión. Existia un hombre "he dicho, y digo mal: porque era un genio gigante : era un "corazón en el que ardia el fuego sagrado 'del consuelo de "la humanidad: era un ser privilegiado por el cielo que lo "habia dotado de un cerebro pensador, de un grande amor lt& sus semejantes, y de una perseverancia á toda prueba "para beber en las fuentes de la sabiduría. Este era el "inolvidable patricio Sr. D. Tomas Romay, Varón insigne ;,de imperecedera memoria. Honor del pais que lo vio na- — 33 — "cer, se presentó en la sesión de la Real Sociedad Económi- ca de 13 de Julio de 1804, y allí expuso su proyecto de "conservación de la vacuna, que en la Habana se habia ad- quirido desde 13 de Febrero anterior, mientras llegaba la '•Real expedición." "La historia de la vacuna es la historia del Dr. Romay; "y por consiguiente son indelebles en el gran libro de la hu- "manidad los caracteres que representan su nombre ve- nerable." Las buenas acciones no quedan jamás sin premio; y en aquellos tiempos en que tantos hombres provectos honraron nuestra administracipn, en que religiosos y concienzudos creian nuestros padres que la gratitud era un deber, y el siglo no habia aun adelantado tanto en egoísmo é injusti- cias, pronto se consagraba un homenaje alo que era diguo de la ovación, sin rivalidad ni mezquinas ambiciones, sin favoritismo ni odiosidad : las autoridades todas se reunieron á pedir al Soberano las gracias que, con honra y provecho de Romay, demostrasen la gratitud pública de un modo positivo : el Monarca accedió á todo, y concedió los honores de médico de la Real familia, y una contribución sobre los negros bozales que entrasen en este puerto: Romay, em- pero, no utilizó íntegra aquella asignación ; repartió siem- pre entre los comprofesores que le ayudaban el producto de ella, y todo lo sacrificaba al mantenimiento de la vacuna [10]. Posteriormente se extinguió el tráfico de esclavos, y quedó Romay sin remuneración alguna, aunque jamás se debilitó su entusiasmo y abnegación, hasta que en el úl- timo período del gobierno del L/xcmo. Sr. D. Francisco Dionisio Vives, Conde de Cuba, se le asignaron $100 de los fondos de propios. Lugar es este de rectificar un error cometido sin inten- ción seguramente, por uno de los escritores mas concienzu- dos que hemos tenido: el Illmo. Sr. Zamora, en una de sus mas estimables obras (11), dice lo siguiente respecto á la va- cuna, y hablando de la expedición de Balmis: "á la Habana "llegó la expedición en Febrero de 1804. precisamente TOMO I. 5 — 34 — "cuando empezaba á atacar la peste, y pudo conocerse des- "de el momento la eficacia del pus vacuno, de que el Dr* "D. Tomas Romay dio los partes que publicaron las Gace- las de 19 y 23 de aquel mes;" y hemos visto según datos auténticos que cuando arribó la expedición, ya Romay ha- bia introducido y propagado la vacuna ; de tal suerte, que Balmis, la reconoció y lajuzgó lejítima, informando al Rey la verdad con toda conciencia, manifestando haber sido agradablemente sorprendido con semejante hallazgo, y que ha- bia formado de Romay el concepto de un sabio : el mismo es- critor mas adelante, supone que la vacuna continuó con tibieza hasta el punto de necesitarse una segunda expedí- cion en 1810, cuando ya en 20 de Abril de 1809 publicaba Romay la memoria leida en 808, que contiene todos los trabajos respectivos [12]; y en ella y el estado que inserta- mos, se vé la filantrópica actividad de Romay, cuya memo- ria exije esta vindicación, asi como la historia la rectifica- ción de aquel error. Romay trabajó constantemente en la Junta, hasta que en 1843 se incorporó esta á la de Sanidad. Incansable siempre nuestro célebre compatriota, asi se dedicaba á las ciencias como á la amena literatura, la polí- tica y todos los ramos del saber humano : habia ya publi- cado su erudita memoria sobre los cementerios, y mas ade- lante escribió la descripción del formado por aquellas insi- nuaciones : exaltóse su patriotismo, y escribió una memoria titulada : Conjuración de Bonaparte; escribió un brillante artículo Al dos de Mayo, y en uno y otro reveló sus senti- mientos patrióticos; se ocupó de impugnar un folleto sobre teatros y la comedia, y en él demostró toda su erudición [13], pero en su Memoria sobre cultivo y propagación de las col- menas en la Isla de Cuba, dio una vez mas otra prueba de sus vastos conocimientos, y produjo un inmenso bien al pais, pues habiéndose adoptado y seguido el método en ella propuesto, por los hacendados y labradores, la cera y la miel de abejas han tomado un incremento tan extraordinario, que se ha hecho un ramo de comercio, y se ha creado ese nuevo cauce de riqueza para el pais y el erario, pues figura — 35 — ya en la Balanza con cuantiosas sumas por exportación. También hubo de suscitarse polémica acerca de ella, pero quedó la victoria por Romay, quien supo con su natural moderación, convencer á sus adversarios. Hubo una época grave de compromisos serios para el pais, que pudieron haber causado su ruina, y que sin duda influyeron tanto en su destino como enseña la historia, que dominaron en el de las demás provincias americanas: fué aquella en que, por la invasión de los franceses en España, fué preciso aquí adoptar algún partido : el Gobernador entonces de la plaza, Marqués de Someruelos, convocó una gran junta compuesta de las personas mas notables de la capital, y Romay fué una de ellas: deseaba el Gobierno oir la opinión de los habitantes en punto tan vital, y como es de suponer tuvo el carácter mas grave y solemne que se pueda imajinar: Romay guardó el mas profundo silencio, mientras cada uno de los concurrentes emitía su sentir; tocó al fin su turno alprohombre de Cuba, y aquella inmensa asamblea con el mismo respetuoso silencio de que habla Virjilio, esperaba sus acentos : alza su poderosa voz, y con irresistible elo- cuencia, como Catón perorando, como Pericles dominando á los atenienses, ó como pinta en su fantástica descripción nuestro Solís al venerable Xicotencal, pronuncia un dilata- do discurso que pareció corto á los circunstantes, y con su profunda erudición, da muestra de sus conocimientos en derecho público é historia, y de su acendrado y recto patrio- tismo, y concluye opinando, "que la Isla de Cuba debe á "todo trance correr la suelte de la Metrópoli, y permane- "cer siempre unida á ella." Como era de esperar del patriotismo de todos, la resolu- ción fué unánime en este sentido; quizá influyó aquella hermosa y florida peroración en el entusiasmo con que se decidieron los Oficiales y Cadetes patricios para marchar á la Penínsida á sostener la causa Española, siendo para or- gullo del pais, unas de las mejores columnas del edificio de su independencia y gloria, porque todo cubano ilustró su nombre con sus hazañas : los amigos de Romay le felicita- — 3f> — ron con entusiasmo, le confundieron á obsequios y lisonje- ros homenajes ; el Capitán General no le permitió retirarse, sino'que le hizo permanecer, siendo objeto de las mis vi- vas atenciones.—Por entonces empezaron á conocerse los méritos de Romay bajo esta nueva faz, y asi fué, que apenas planteada la Constitución en 1812 é instalada la diputación provincial, fué elejido Secretario de ella, desempeñando ese importante destino á satisfacción de los Sres. Diputa- dos y del público, hasta que en 1814 quedó abolido el sistema. No quedaron sin empleo sus trabajos : cuando posterior- mente se creó la Junta de población blanca, el Sr. Inten- dente D. Alejandro Ramírez, de grata memoria para el pais, y que distinguió siempre á Romay cou su amistad, le nom- bró Secretario de la misma, y en ella, con sus luces y cons- tancia, ayudó las graves tareas de tan recomendable corpo- ración, hasta que fué refundida en la Junta de Fomento, que la reasumió en su seno. En ambos destinos ni la inteli- jencia ni la pluma de Romay descansaron un solo instante y si fuéramos á publicar todas sus obras, acaso haríamos muy voluminosa una empresa destinada solo á reunir lo selecto : escritos de Romay nunca pueden pasar desaperci- bidos, y en todos por cortos que sean, se encuentra siem- pre un fondo de erudición y ciencia que pueden servir de modelos. Osténtanse en una obra política escrita por aquel tiempo en elojio de los heroicos defensores de la inmortal Zaragoza; obra que tuvo por objeto crear un fondo para aquellos valientes, pues Romay sabia bien que sus obras serian fructíferas, y que un rasgo de su pluma era una evi- dente riqueza, como los retratos que Miguel Ángel entre- gaba en lugar de monedas íi los pobres que le imploraban. En 1816 llegó á esta ciudad el Dr. D. Eusebio Valli, sa- bio facultativo, que venia á estudiar la fiebre amarilla ó vo- mita negro, y traia la pretensión de inocularse; apenas vio al Intendente Ramírez, para quien traia recomendaciones de alta estima, le preguntó por Romay, cuyo nombre eo- nooia desde Europa; suplicóle se lo presentase, y puestos ■— 37 — en comunicación en efecto, lo estrechó Valli en sus brazos con ternura, como si fuesen unos antiguos amigos que vol- viesen á encontrarse: comuníiale su proyecto, y apesar de las persuaciones de Romay, no pudo lograr que aquella al- ma grande y generosa abandonase el filantrópico pro- yecto de probar en sí mismo la cruel enfermedad cu- yo estrago venia á combatir: toda su elocuencia fué inú- til; Valli emprendió su obra, y.... Romay tuvo que hacer el elojio fúnebre de aquel hombre humano y generoso que asi se sacrificaba en aras de la ciencia..... ¿Quién hubiera po- dido reeojer los diálogos de estos dos hombres....! ¡Cuán- tos tesoros para la humanidad, para la medicina, para la ilustración....! La tumba devoró aquella existencia, y el amigo tan deseado viene á ofrecer una flor en la corona de f. Juan José su hijo, en la referida nota: "Era Romay de estatura regular, pero "elegante; formas delicadas, actitud majestuosa, frente no- "ble, fisonomía franca, mirada penetrante, de hombre pen- sador; dulce sonrisa; sus cabellos castaño-oscuro, muy "pronto encanecidos por efecto del trabajo intelectual y su "constante laboriosidad. Su tez limpia y rosada, conservó "siempre su frescura á través de los años; sus pasos mesu- rados; el sonido de su voz aunque suave y firme, sonoro y "penetrante, en sus gestos nada se revelaba de lijero "é irreflexivo: todo en él era grave hasta sus menores "movimientos, que fueron siempre modestos como sus "palabras y acciones; elocuente, persuasivo, honrado, "verídico, amante de la justicia, firmeza de carácter, va- lentía de corazón: de ánimo esforzado : enérjico en sus "palabras y escritos, y mucho mas en sus procedimientos: "eminentemente espiritual; desprendido de los intereses "materiales; patriota con abnegación; de una sensibilidad — 51 — "«exquisita; religioso por principios, y por la mas profunda "convicción; humano; extraordinariamente caritativo; in- dulgente en demasia; consecuente con la amistad ; fiel á "sus deberes; amunte y cariñoso con sus semejantes, y es- pecialmente con sus hijos y parientes..." ¡Qué palabras..! ¡Qué noble orgullo en un hijo..! Parece ver una de las pinturas de Tácito; es verdad que quien siente b en habla bien, y si el que habla sabe decir y sabe sentir; si habla de Tomas Romay, no puede sino hablar como él. Habia llegado hasta los 85 años, con la misma salud, ro- bustez y ajilidad; pocos hombres de su ciencia logran avan- zar tan dilatado período de existencia física, que para el mundo intelectual es, sin embargo, muy breve: en nada se alteraron sus tareas; diariamente á la Beneficencia, á sus estudios... á fines de 1849 empezó á resentirse de la gargan- ta, sin que esto le impioiese sus ocupaciones, de que no se retraía; el mal tomó incremento, y tuvo yaque permanecer en casa, aunque sin hacer cama todavía: mas de cinco me- ses duró aquel penoso estado, que procuraban aliviarlos tiernos cuidados de sus hijos y familia, que le rodeaban, sin permitir que manos mercenarias concurriesen á su asisten- cia: ¡noble egoismo del amor filial! Numerosos facultati- vos vinieron á consagrarle sus auxilios; y entonces dio Ro- may la última prueba de su profunda ciencia: con docili- dad oyó las indicaciones de sus compañeros; pero se reser- vaba la modificación que en privado hacia del plan que se siguió: una noche [y este pasaje es tan auténtico como to- dos los datos que he tenido á la vista], sufría un hipo ner- vioso tan grave que casi estuvo á punto de expirar: reuni- dos en junta el mayor número de los notables facultativos después de una discusión dilatada, acordaron su plan y lo participaron al paciente: oyó callado y meditabundo loque le dijeron, pero asi que quedó solo, llamó á uno de sus hijos, le dictó una receta, ¡era un simple laxante! lo hizo traer, lo tomó, y apenas empezó á producir su efecto, el mal desapareció...... ¡Secretos de la profunda ciencia de aquel hombre, que los mas estudiosos no alcanzaban quizás por iu misma sencillez! Los eminentes profesores que le asis- tían, buscaban en su vasta capacidad poderosas concepcio- nes, y quizás se desviaban asi del punto de partida.... pero esa experiencia de Romay, ese conocimiento de sí mismo» solo á él era dado. Al fin.....dicho está en las Santas Escrituras "estábleci- "do está que los hombres han de morir una vez:" el 30 de Marzo de 1849, en su madrugada, exhaló Romay el postrer suspiro, y se elevó su alma al seno del Eterno... Su nom- bre pasó á la historia; su memoria á la posteridad; su vida á un libro en que debemos aprender..... Hagamos justicia á su mérito..... Contemplemos cuanto hizo por su patria, por la humanidad, y no nos contentemos con las estériles demostraciones del sentimiento público, que demuestra nuestro dolor: mostremos también nuestra gratitud, que bien es digno de ello el bienhechor humanitario, que pudo ser llamado como Tito, "delicias del género humano." La población toda dio muestras del mayor sentimiento: el Excmo. Ayuntamiento de la ciudad, puesto que no pudie- se otra cosa según las leyes, consignó en sus actas el hecho para perpetua memoria de su admiración: en la tarde del 31 se le hicieron las exequias de costumbre, y el numeroso cortejo fúnebre, dio al acto toda la sublimidad de un duelo cívico: disputáronse los concurrentes la honra de conducir sobre sus hombros, el respetable cadáver, y asi se llevó desde la casa mortuoria [calle del Obispo número 116], hasta el convento de Santo Domingo, y de alli á la Real Casa de Beneficencia, donde se le cauto un responso por las niñas, por aquellas mismas que tantas caricias habían recibido de su venerable amigo: por último, se dirijió la comitiva con su augusta carga al Cementerio general, en que, después de leídas muchas y brillantes composiciones en prosa y verso, fué colocado en su eterna mansión; en aquella en que sus restos mortales permanecerán para siem- pre [17]: pero en la que, según él mismo dijo, "todo perece "monos la gloria, ni la memoria de los hombres benéficos." La Real Socieded Económica de Amigos del pais, her- mono plantel del patriotismo, debido á su celo y eficaz coo- peración, acordó colocar, desde 1S44, su retrato en las sa- las de sus edificios: en que mas se habían revelado los ser- vicios de Romay. Este acto fué provocado por nuestro amigo el Ldo. D. Manuel Martínez Serrano, que propuso en junta ordiuariu de 20 de Noviembre de 1S44, lo siguien- te,: "que para recordar la memoria de nuestro respetable "Director, que tantos bienes ha prodigado a! pais, se coló- "que su retrato en la biblioteca de la Sociedad, escribién- dole una línea análoga al objeto," La Junta lo acordó de conformidad, y consignó aun á su muerte otra memoria á aquel venerando amigo, haciendo escribir su elojio, que se leyó en sesión pública de 15 de Diciembre de 1849, en,que falleció; y como para mostrar aun mayor honra á tan tierno recuerdo, confió aquel escrito á la exclarecida intelijencia de nuestro buen jurisconsulto, excelente literato y reco- mendable patricio Ldo. D. Manuel Costales, que agregando aquella flor mas á la corona del Hipócrates cubano, tam- bién despidió un nuevo rayo de su brillante aureola. Todos los años la prensa periódica recuerda aquel suce- so; los vates y escritores consagran una memoria al bene- mérito ciudadano que ya no existe para los hombres, pero que e.» inmortal para las letras y la humanidad: no pueden olvidarse jamás los hechos ilustres de Romay, ni se cum- pliría la misión délos buenos si dejasen extinguir aquel recuerdo. Conserva la historia los nombres de Xerxes, Darío, Alejandro, César y Napoleón; y viene á las mientes la ruina universal que revelan; ellos representan, á vueltas de grandiosas hazañas, la desolación de los pueblos, el ex- terminio de las naciones, la muerte de millones de hombres» el extrago, los horrores do quier, sangre siempre, y fuego y destrucción..... Romay empieza su propaganda civiliza- dora en el periodismo, esparce alli las luces, la ilustración, la filosofia, la verdad, el cristianismo, la moral y la virtud; refórmalas costumbres, redime déla ignorancia los pueblos, y eleva á la dignidad del Eterno á los hombres; porque les hace imitar las virtudes evanjélicas enseñadas por el Di- — 54 — vino Maestro: Romay usa esa arma poderosa j sublime, como el ángel que llevaba su espada de fuego; nunca sirvió sino á la causa mas santa y mas pura; fué el vehículo de las ciencias y las letras, el órgano eficaz de la civilización y el cristianismo. Romay, en la junta de población, es una poderosa pa- lanca en favor de la inmigración y mejora de nuestra raza, constante, activo, incansable, con la fé de un creyente; con la experiencia del sabio, sostiene esta causa noble y digna, con pureza y virtud: producen efecto aquellos tra- bajos: aumontase la población blanca: viene con ella la ri- queza pública, y mas que esta ventaja material, se consoli- da el orden, se inspiran garantías de existencia, se asegura una posición política fundada en el interés común, en la paz y la fraternidad. Romay sostiene ese aumento de po- blación, y conserva la existente; ora con aquellos impor- tantes trabajos, ora con sus estudios y laboriosas investi- gaciones: establece un método preservativo y curativo pa- rala fiebre amarilla, que detiene la muerte en su extermi- nadora carrera: salva, mdlares de forasteros que vienen al pais con su industria ó sus capitales á establecerse entre nosotros: parece así hasta reformar la naturaleza misma, y cambia la faz del pais, ¡sometiendo su temperatura á la hi- giene trazaba en sus obras, burlando la influencia topo-geo-; gráfica de estas tierras tropicales. Romay propagando la vacuna es un genio benéfico que esparce la vida dó quiera con heroica constancia la simple lectura del estado que presentó en 183-5, nos comprueba los inmensos bienes que á la humanidad ha traído, salvan- do de la muerte y los horrores de la fealdad, cerca de me- dio millón de almas: desde 1804, hasta hoy, apesar de su muerte, habiendo inculcado el mismo celo y entusiasmo con que supo crear la fé en la inoculación, siempre conser- vó la vacuna, la propagó á toda la Isla, sostuvo una cor- respondencia activa, escribió repetidas memorias, y asis- tió á la Sala Capitular á la vacunación del pueblo: cuan- do en ese mismo año de 35, se despedia de la corporación — 55 — por sus anos y achaques, con notable modestia, recibió el homenaje mas grato al corazón de un filántropo, que fué el reconocimiento público y la autorizicion para servir en la secretaría por sustituto, á trueque de no perder su asistencia ¡cuántos bienes ha producido la vacuna....? Di- fícil seria abrazar en los términos de este escrito la apolo- jia de un descubrimiento, que ha salvado medio millón de almas, donde la población constante apenas pasa de uno: la actividad, el comercio, la agricultura y la industria, la riqueza consiguiente; todo depende de la población y su salubridad: toda esta gran obra es sin duda el fruto de loa constante*y humanitarios trabajos de Romay. Nuestra es- clavitud, esa fuentcquizá única de la riqueza y prosperi- dad del pais era diezmada por la vi ruela; y Romay con la vacuna, con los reglamentos científicos adoptados, con sus planes médicos puestos en planta, logró paeservar la raza Africana del meléfico influjo de la viruela, y conservar así el hombre y el capital que repesentaba, para la humani- dad, y para la prosperidad pública. Terminaremos este elogio, con unas palabras de su mis- mo hijo, en la propia obra de que hemos hablado: "si no fuera (dice este amante hijo) inherente al corazón humano la ingratitud y si los beneficios dispensados no se olvidaran tan fácilmente, sin duda alguna, nuestias madres debieran periódicamente ocurrir donde el sepulcro de Romay á pe- dir á Dios por el descanso de su alma, y á colocaren él una corona de si ni previ va, en gratitud por el bien que nos dis- pensó introduciendo y propagando la vacuna, y consagran- do todos los instantes de su dilatada vida á conservarla con una solicitud y con un empeño extraordinario, y horrori- zado siempre con la idea de que pudiera perderse el fluido vacuno: nueshas vírgenes óebieían en el aniversario déla muerte de Romay, entonar himnos de alabanza al que con.- tribuyó tan eficazmente á salvarles la vida, y preservarlas de la deformidad del rostro." ¡Oh si! vosotras, bellas y encantadoras jóvenes, hermo- sas matronas, que os hayáis dignado fijar vuestras miradas — 50 — en en estas líneas; cuando miréis en vuestro espejo esos rostros encantadores con que arrebatáis los'corazones, en- nobleciendo la creación: cuando gocéis con el puro y dis- culpable orgullo que inspira la belleza, ese inefable pla- cer de contemplaros lindas y seductivas con vuestras me- jillas angelicales, vuestro ojos de fuego, vuestro hermoso y brillante tipo tropical, consagrad un recuerdo á la memoria de aquel que os preservó esa belleza, tributadle ese^eulte de la gratitud, y decid con sincera manifestación: "esto se lo debo á Romay.... bendita sea tu memoria....-" Y vos- otros también, robustos y elegantes jóvenes, que sois el porvenir de la patria, las columnas de la ilustración; con- templaos robustos, sanos, vigorosos, mirad vuestra hermo- sajuventud desafiando las dolencias, y decid también: "ec_ ta potente virilidad se debe al celo con que Romay me preservó de la destrucción... ¡Dios bendiga al ser benéfico, que así conservó la vida de sus semejantes." Una palabra aun: el célebre Romay fué mi amigo: su voz respetable y su profunda ciencia, iluminaron mas de una vez, la senda de mi carrera literaria, mi humilde inteligen- cia buscó muchas, el reflejo vivificador de aquellos lumi- nosos rayos que esparcía con su erudición profunda y su inagotable sabiduría: desde niño me acostumbré á oir en el hogar paterno, en las aulas, en la sociedad, en todas partes, el elogio respetuoso del gran hombre, cuya vida he procu- rado bosquejar: sus hijos son mis amigos y condiscípulos; he nacido y vivido en el punto en que constantemente se ha tenido que admirar y respetar á Romay: aun mas y esto me llena de orgullo; no pocas veces obtuve el glorioso triunfo de su aprobación á mis humildes trabajos.... ¿será extraño, que me haya detenido en su elogio...? Apelo á la indulgencia de mis lectores: de hombres como Romay, nunca es hiperbólica la alabanza, y cuando el escritor no puede nivelarse á su modelo, suple el corazón lo que falta á la inteligencia; cuando se han debido alabanzas al que ■después debemos enaltecer, palpita el corazón, el alma se conmueve, la justicia exige una retribución y muy gran- — 57 — des hombres han hallado en ello disculpa; el mismo orador Romano defendió á Arquias con mas calor por este moti- vo, y no es preei&o que yo hable para encarecer los mere- cimientos de Romxy, porque sus propias palabras nos en. señan, como hemos dicho, que la gloria de los hombres be- néficos no se encierra bajo el mármol que los cubre: la tierra entera es su sepulcro: su nombre vive en todas las almas, y su memoria en todos los coraz nes: la humanidad los perpetúa, y conserva sus obras hasta las últimas gene- raciones." Habana Marzo de 1858. «• Ramón J. Valdes. tom. r. R NOTAS. *"■*•-, •■9 r," — ei - Nota Ia Página 11. Nació el Dr. D. Tomas Romay el 24 de Diciembre de 1.764; como se dice en el texto, en la casa número 71 calle del Empedrado-, la misma que volvió á habitar por segunda vez á la edad de 75 años; y falleció en la casa número 116, de la calle del Obispo, donde en 1857 se publicaba el acre- ditado periódico titulado: Correo de la Tarde. A conti- nuación insertamos su partida de bautismo, y advertire- mos con este motivo, que muchas notas purameiite priva- das'y curiosas no tienen otro objeto que dar un cumplido conocimiento de los incidentes mas sencillos, y por eso quizá se han multiplicado, no limitándonos á las relativas á piezas justificativas, como seguramente debió ser. D. Andrés Avclino de la Torre, Cura Rector del Sagrario déla Santa Iglesia Catedral de la Habana. Certifico, que en el libro 12, bautismos de españoles fojas 84 vueit* número 291, está la siguiente. Domingo treinta de Diciembre de mil setecientos se- senta y cuatro años, yo Fray Pedro Romay, del orden do Predicadores, con licencia in Scriptis de S. S. Illma. bau- ticé y puse los Santos Óleos á un niño que nació á veinte y cuatro del corriente, hijo lejítimo de D. Lorenzo Romay y de doña María de I09 Angeles Chacón de esta Ciudad; y en el ejercí las sacras ceremonias y preces, y le puse por nombre, Tomas, José, Domingo, Rafael del Rosarim fué su madrina, la Condesa de Casa Bayona doña Teresa Chacón, á quien previne el parentesco espiritual que contrajo y lo — 62 — firmé, con el Teniente Cura que se halló presente.—Fray Pedro Romay.— Dr. Cristóbal de Sotolongo. Conforme á su original, Habana y Junio once de mil ochocientos cincuenta y dos años. Andrés Avelina de la Torre. Nota, * página 14. Elenco que presentó el Dr. D. Tomas Romay para su grado de Bachiller en filosofía, que se verificó el 24 de Marzo de 1773; según se acostumbraba entonces, y consta del expediente del caso. CC Ex Lógica. DD. 1? Natura fit Universatis, logie.... comparationem ad* individua. 2* Natura autem Angélica licet..., icum tantum habet Ex Physica. 1? Continuum constat ex partibus, semper divissibi- libus. 2? Tempus etri continuum, et praessens ratione indi- vissilibili. Ex Generatione et Elementis. 1? In corruptione substantiali datur resolutio, inque ad materiam primam. 2? Hoc non obstante, qualitates elementorum reu- sanent in genito. Ex Ammicustica et Metaphysica. 1? In único vívente, única tantum est anima. 2? Quo quidem Physicc, á primo motore inmobil* presmovetur. — 63 — Defendentur in aula magna hujus Pontificias, Re- quiaeque Minervee D Hyeronimisde la Habana, á Domino Thoma Josepho Romay, pro Baccalaureatus gradu in Phy- losophia obtinendo Dies erit 24 mensis labentis Martii: ho- ra 8? Nota.—Los blancos de puntos suspensivos, son roe- duras de polillas en el elenco qué consta en el expediente de donde se ha copiado. Nota 2* página 19. La Sra. D? Mariana González Oseguera, hija de D. Jo- sé González, y de D? Micaela Alvarez de Guillen y Fon- seca: tuvo por hermanos á dos hombres célebres,'el Dr. González (D. Rafael) y de propósito usado el nombre que generalmente le dieron todos; eminente jurisconsulto y pu- blicista: y el orador sagrado, no menos famoso, Fray Juan González, del orden de Predicadores. Sota 3? página 19. Diario de la Habana de 6 de Abril de 182?.—necro- logía escrita por el Dr. Romay. El Dr. González falleció el 20 de Marzo de 1827.—La necrología se inserta en las obras de Romay. Nofo 4 página 19, Memoria sobre la vacuna, que se inserta igualmente en las obras. Ñola 5'.1 página 28. El ExcnaoSr. D. Gonzalo de Herrera, mas luego Con- de de Fernandina; amigo fiel de Romay desde la infancia. Vota ti* página 30. D. José de Jcmi* Romay y González.—Habitaba en ronces el Dr. Romay, en la casa número 29 calle de la Obra pía, esquina á la de Composteh. — 64 — ^ota 7* página 30, KJ Sr. Maques de Someruelos. Nota 8^ página 30. Copiamos el periódico en que se dio cuenta del suceso de la vacuna. VACUNA. Cuando una epidemia de viruelas habia empezado á ar- rancar del regazo de los padres ásus tiernos hijos; cuando mas aterrados preveíamos que en la próxima estación serian generales y funestos sus extragos; y cuando en este conflicto mira >amos muy distantes de nuestras costrs la expedición que por orden de S. M. debe traernos ¡a vacuna, se presenta en fin en nuestro suelo ese preservativo tan anhelado y tantas veces ensayado ineficazmente por nosotros. El día 10 del presente mes llegó á esta ciudad la Sra. D? María Bustamajite, procedente de l^Aguadilla de Puer- to Rico, de donde salió el 2 del corriente. A las doce del dia anterior á su partida hizo vacunar á su único hijo de edad de diez años, y á dos mulaticas sus criadas, la una de ocho y la otra de seis años. Entre el cuarto y quinto dia de la va- cunación empezó á formarse á cada uno de ellos un solo grano vaccinosin haber experimentado la menor incomodi- dad; y cuando entraron en este puerto estaban todos en su perfecta supuracio n. Ignoraba esta Sra. el bien que nos habia conducido; ignoraba nuestros votos por conseguirle, y le era también desconocida nuestra actual consternación. Una madre, ¿y qué título puedo darle mas precioso? una madre que a.na tiernamente ásus dos únicos pequeños hijos, fué á visitarla -como paisana al anochecer del siguien- te dia, muy distante de encontrarlo que tanío habia desea- — 66 — do. Apenas lo descubre toma el niño vacunado y corre al- borozada hacia mi casa; no me encuentra en aquella noche, me deja anunciado el objeto de su solicitud, lo manifiesta y ofrece volver el dia subsecuente. Yo no puedo expresar los efectos que sentí cuando su- pe que habia tenido dentro de mi propia casa y en la oca- sión mas oportuna lo que inútilmente habia hecho venir de Europa y de las colonias anglo americanas. Imprecaba el inocente motivo queme habia privado de tan inestimable adquisición; y mi espíritu agitado entre el temor y el júbilo no descansó un instante en aquella larguísima noche. Me lisonjeaba de conseguir la vacuna dentro de pocas horas pero temia que estas mismas horas fueran bastantes para enervar su virtud y frustrar mis esperanzas: temia también que mis hijos podian ser contagiados en aquella misma no_ che por la viruela natural teniendo en casa dos criados con ellas. Estas tristes ideas privándome del sueño me obliga- ron á dejar la cama, y para disiparlas me puse á repasar lo mejor que habia leido sobre los caracteres de la vacuna, y el modo de introducirla en el cuerpo humano. Previne des. pues las agujas preferidas para esta operación por la Junta Médica de París; desperté á mismas pequeños hijos, y con la mayor impaciencia esperaba á quien podia redimirlos de las viruelas. Llegó en fin á las siete de la mañana la Sra. D* Anto. nia García, natural de Santo Domingo, llevando al mas pe. queño de sus'hijos, y á la mayor de las mulaticas vacuna- das, cuyo grano tenia una figura que jamas habia observa. do en otro alguno, pero correspondía exactísimamente con la descripción que hacen los vacunadores, y con el diseño que presentan. No me quedó la menor duda de ser la ver- dadera vacuna; y estando en tiempo oportuno de tomar su pus, vacuné inmediatamente' en ambos brazos al niño de dicha Sra., y á mis tres mayores. Poco después vino el niño que habia sido vacunado en la Aguadilla; y ad virtiendo que su grano tenia los caracteres aun mas sensibles, y que el pus era mas líquido v transparente, \ acuné á mis dos hijos ma« TOM. I 9 — 66 — pequeño*, y dos negritos del Dr. D. Rafael González. A las once de aquel dia ejecuté lo mismo con una niña y tres cria- dos de la Sra. García, y con las dos niñas mas pequeñas del Sr. D.Pedro Montalvo. Por la tarde se vacunaron con el pus de la mulatica menor, cuyo grano no estaba bien figu- rado por habérselo rascado, una niña del Sr. D. Juan de Zayas, un criado del Sr. Provisor, y tres del Sr. D. Juan Tomas de Jáuregui. El dia 14 los granos del niño y de la mulatica menor esabtaa enteramente secos, el de la otra mulatica conserva- ba algún pus, pero tan espeso, que juzgué podría producir la falsa vacuna y algunos,síntomas inflamatorios. Por esta razón me abstuve de vacunar con él, y si lo hice con dos de mis criados con unos hilos que mojé en el pus del niño el domingo por la mañana; los demás hijos los di al Dr. D. Be r- nardo Cozar, primer profesor de la Armada, para que los aplicase por su mano. En este presente dia he visto en ocho de los vacuna- dos iniciado el grano, y algunas otras señales que me hacen concebirlas mas lisonjeras esperanzas. Cualquiera que sea el efecto de estos ensayos, lo publicaré en el siguiente pe- riódico. Resulta, pues, de esta fiel y exacta relación que han sido 42 las personas vacunadas por mí con el pus de tres granos. Entre ellas las hay de todas edades, sexos y con- diciones; desde el mas pequeño de mis h;jos, que solo te- nia veinte y'nueve dias de nacido, hasta varios hombres y mugeres que pasaban de cuarenta. Habana y Febrero 16 de 1804.—Dr. Tomás Romay. Nota 9* página 31. D. Pedro María, que vive aun, estimado por sus pren- das; y D. Tomás, que habia fallecido antes que su respeta. ble padre. - Nota 10 página 33. A vista de este y otros rasgos de igual desprendimien- to, el Excmo Sr. D. Franrixco de Aransjo, de grato recuer- — 67 — do, le dijo un dia: "Usted lleva demasiado lejos su des- prendimiento, sin advettir que es un padre de familias "sin bienes de fortuna; que los años se suceden unos tras "otro, y que regularmente las personas mas favorecidas no "son las que mejor saben demostrar su gratitud."—Romay empero continuó siempre el sistema que inspiraba su ca- rácter, aunque mas de una vez tuvo ocasión de conocer aquella vertlad de A rango, con los que le fueron ingratos, sin respeto á su ancianidad, sabiduría y eminentes servicios. Nota 11 página 33. Zamora.—Legislación Ultramarina-, tomo 6 pág. 171. Nota 12 página 34. Se inserta el periódico. VACUNA. Extracto del informe leido en juntas generales, celebrada por la Sociedad Económica de esta ciudad el 13 de Diciembre de 1808, por el Dr. D. Tomás Romay, Secretario de la jun- ta central de la Vacuna. "Cuando el genio desolador de la humanidad inunda "con su sangre desde la Finlandia hasta las columnas de "Hércules; cuando pretende superar esas barreras y perse- guirla en estas regiones felices y lejanas; la filantropía "erige en la Isla de Cuba un asilo inaccesible á su espada "exterminadora. Sobre los trofeos de los mayores enemi- gos del hombre, eleva un templo consagrado á su conser- vación por unos patriotas no menos ilustrados que bené- "ficos, y al mismo tiempo que los sanguinarios ministros "de Saint Cloud, transportados de furor y de saña, maqui- "nan la extinción de la especie humana, los vocales de la "junta central déla Vacuna de esta ciudad, nada omiten "para reparar sus ruinas, perpetuarla y reponer en la na- "cion española los héroes, que perecen por su Rey y la "Patria." — 6b — Penetrados de estos sentimientos los ilustre? Jefes que tan dignamente la presiden, han inflamado su celo y pa- triotismo en las sesiones celebradas en el año que hoy es- pira. En todas ellas se han discutido los medios mas efica- ces de redimir al hombre de una epidemia desoladora, pro- pagando su infalible preservativo en esta ciudad y en todos los pueblos de la Isla; removiendo los obstáculos con que la negligencia, ó mas bien una vana confianza', ha solido obstruir sus progresos. No obstante, la Comisión ha vacu- nado en las casas Capitulares 2150 personas;y el Dr. Mar- cos Sánchez Rubio 2:15 en las parroquias de esta ciudad y sus arrabales, al mismo tiempo que el Illmo. Sr. Obispo Director administraba el Sacramento de la Confirmación- No ha sido este el único medio de que se ha valido su celoso Pastor para difundir ese importante beneficio: tam- bién lo ha remitido por tres facultativos á todos los pueblos, de su dilatada diócesis. El Ldo. D. José Gregorio de Leza- ma, destinado á la parte Oriental, llegó á Trinidad, y en las haciendas y pueblos intermedios vacunó 501 personas. El Ldo. D.José Govin, encargado de ejecutar la misma operación hasta la Güira, Alquízar, Quivican y Batabanó inoculó 796. Desde estos pueblos hasta Guanes comunicó» ese virus D. José Matías Martínez á 1018 vecinos, compro- bando sus operaciones con atestados de los Curas Párrocos. Al mismo tiempo que se inoculaba públicamente en las Casas Capitulares, se cargaron con el pus vacuno 204 cristales, para remitirlos á los pueblos de esta Isla, y á va- rios otros de ultramar. Sin embargo, de tantos recursos empleados para ex tirparel contagio varioloso, se introdujo en este puerto por un buque, que condujo negros bozales desde Charleston, donde se experimentaba esa epidemia. La propagaron en esta ciudad y parecieron 16 personas, por el abuso de ven- der esos negros antes de ser vacunados. Para evitar unas infracciones, que. tanto perjudican la salud pública, dispu- so el Sr. Presidente Gobernador y Capitán general que to- dos los negros bozales se inoculen en las embarcaciones» — 6ü — que los conducen, y permanezcan en ellas hasta que la Co- misión de la vacuna informe á S. Sria. estar libres del con- tagio varioloso. En estos buques ha vacunado el Dr. D. Marcos Sánchez Rubio 1058 de ambos sexos. El Caballero Síndico Procurador propuso al M. I. A, la conveniencia de la Real orden de 15 de Abril de 1785- en que se previene á todos los Jefes de América, hagan con- ducir los viruelientos á una casa distante de las poblacio- nes, á fin de precaver la comunicación del contagio. El Cabildo, accediendo á esta solicitud, eligió para el efecto la casa llamada de Carmo na, situada fuera del barrio de Guadalupe, y lo propuso al Sr. Presidente Gobernador y Capitán general. Antes de resolver S. Sría. consultó á loa Vocales facultativos de la Junta Central, y conformándo- se con su dictamen autorizó lo propuesto por el M. I. A., y expidió las órdenes mas eficaces para su inviolable cum- plimiento. En el barrio de Guadalupe ha inoculado el Br. D. Francisco Sandoval424 personas, y el* Br. D. José de Li- ma 143 en el de Jesús María. El Ldo. D. José Joaquín Navarro, Secretario de la Junta Subalterna de Cuba, ha comprobado con repetidos hechos en una Memoria, que la postilla del grano vacuno pulverizada y humedecida con agua fria produce la verda- dera pústula á los 7S, 79 y 80 dias después de haberse des- prendido del grano. También refiere en ellas varias ano- malías, que ha observado en 637 personas inoculadas por él y sus socios en el presente año. A 330 ha dispensado el mismo beneficio en el Calvario, Xiaraco, Managua y Santa María del Rosario, el Ldo. D. José Govin, Societario de la Junta de esa ciudad. En Puerto Príncipe vacunó el Ldo. D. Felipe Santiago de Moya 146 personas; en SantiSpíri- tus 545; el Ldo. D. José María Castañeda, 437 en la villa de Santa Clara, el Lio. D. Andrés José de la Parra; y VOS en el Bejucal el Br. D. Rafael .Antonio de la Maza, Secre- tario de sus respectivas Juntas. La villa de San Juan de los Remedios, que ha sido — 70 — muchas veces «solada por las viruelas, se gloría de verse preservada de ellas desde la erección de su Junta de \ a- cuna. El L lo. D. José León Valdés, su Secretario, ha ino- culado en este año 742 personas. La misma operación ha practicado en 426 vecinos del partido de San José de las Lajas el Br. D. Esteban Gonezara, y en 309 de Guanaba- coa el Br. 1). Rafael Valdés. En sesión celebrada el 1? de Abril por la Junta Cen- tral, presentó el Sr. nuestro Presidente la Real orden de 31 de Julio del año anterior en que S. M. se dignaba aprobar las providencias dictadas por S. S.ría. para la erección de esa sociedad filantrópica, le recomienda encarecidamente su conservación, y concede al Secretario de ella los hono- res de Médico de su Real Familia. La Junta Central re- conocida á tanta beneficencia, reservó para ocasión mas oportuna manifestar á>'S. M. su reconocimiento y adhesión. "Ahora lo ejecuta presentando ante el Trono del mas •'inocente y desgraciado de los Reyes 9648 vasallos, preser- vados en este año 'da las viruelas en toda la Isla de Cuba; "y si resumimos los que han sido inoculados en esta sola "ciudad desde Febrero de 1804, en que fué introducida la "vacuna, ascienden á 22226. ¿Y qué retribución puede "ser tan grata á un Soberano destronado y perseguido, co- "mo recibir entre la^ mismas cadenas, que tan ¡njustamen- "te le oprimen, los testimonios mas sensibles de la fideli- "dad, del amor y veneración de sus pueblos? ¿Ni qué ho- "menaje mas glorioso para nosotros que reconocer su sa- grada autoridad, consagrarle nuestros hijos, y multiplicar "sus vasallos, cuando una mano pérfida pretende separarle "de todos ellos, privarle de su obediencia, y á nosotros de "de un gobierno benéfico y paternal"? La preservación de "tantos ciudadanos comprueba el celo, el reconocimien- "to y patriotismo de esa Junta, mucho mas que las pági- "nas de sus acuerdos, los planes que ha formado para orga- "nizar las subalternas, y las instrucciones remitidas álos "Facultativos sensibles á los sentimientos de la humanidad. "Ella bendecirá su memoria, y con una mano imparcial, — 71 — "grabará sus nombres en los fastos que perpetúen el des- cubrimiento de Jenner. ¡Gloria interminable le sea con- "cedida, después de nuestra gratitud, admiración y respe- "to! Cánticos, himnos de alabanza entonen todas las nacior "nes, á la muy sabia y generosa que supo conocer y remu- nerar el precioso fruto de sus ensayos y meditaciones." "Y cuando otros pueblos solo aplauden y premian • 'aquellos crímenes atroces que degradan y envilecen al "hombre, hasta confundirle con las bestias mas feroces; la "Inglaterra le asalta y ennoblece por sus virtudes, le con- serva y protejecon su sabiduría y munificencia. Ella in- trodujo en la Europa la antigua inoculación, practicada "habia muchos años en el Asia y en Constantinopla. Ella "en guerra con la Francia, le devolvió las cartas, las co- lecciones y manuscritos de sus geógrafos y botánicos, "apresados por los buques ingleses. Ella, en el año octavo "deesa república efímera, cuando los intereses políticos "tenían mas divididas y encarnizadas á estas dos naciones, "mandó áBoloña al Dr. Woodville, para que instruyese á "los Médicos franceses en la práctica y ventajas de la ino- "culacion de la vacuna. Ella. .. .sería muy difuso si pre- tendiera referir los actos de su magnanimidad. Por ello "ha merecido justamente el glorioso título de protectoras "excudo de la humanidad11 Nota 13 página 34. Papel periódico de la Habana del jueves 10 de Mayo de 1792. Homosum: humani nihil á me alienum puto. Tercnt.... SEÑOR REDACTOR: De un mismo objeto pueden formarse diversos y aun contrarios discursos, según los puntos de vista de donde se examinan, porque la diversidad de respetos apártala con- — 72 — fcrariedad. El hombre es todo lo que de él quiera decirse, y no hay inconveniente de llamarle también un conjunto de nada«, y la misma nada; pero el que mas ha estudiado al hombre solo alcanza á ver la dificultad de conocerle, y el que ostenta mas desengaño de la flaqueza de su propio ser, apenas llega ala antesala del Nosce te ipsum. Segura- mente habria en la populosa Atenas hombres mas sensatos que Diógenes, á tiempo que este orgulloso Cínico no en- contraba uno solo en mitad del dia y de la plaza, á la luz de su candil. Lo que no tiene duda es que, un oculto impulso de la naturaleza nos incita á procurar el placer donde quiera que se halle, y ninguno dirá que no es común este apetito. Ca- da cual puede puede probar en sí mismo que, de cuantas cosas desea, muchas están en su elección, sin que su alma sienta inquietud, descontentamiento ó incomodidad que le obligue al acto de aquel deseo, como pretende el sutil filó- sofo Loke en su tratado del entendimiento. Es cierto que, cuando la pasión domina, suele ser el disgusto la causa mo- trix; pero la razón es suficiente á movernos, sin que nues- tro interior padezca alguna desazón. La novedad es un principio vigoroso para producir en nuestro espíritu delec- tación y maravilla, y por un instinto natural amamos la belleza, y buen orden que es la variedad reducida á unidad, y puede hallarse en infinitos objetos, tanto corporales co- mo espirituales. Sentados estos vulgares principios, discúlpeme V. que desconozca al hombre moral que nos describe la edición del examen histórico del Mercurio Peruano en el periódico número 29. Aquel igual martirio que sufre con la memoria de los males pasados, y la incertidumbre de las felicidades que es- pera, es para mí una extraña filosofía, porque frecuente- mente hace el hombre un entretenimiento de los mayores peligros, y males que ya pasaron, y saca un gusto particu- lar de la admiración, lástima ó cualquier otro género de interés, que toman los oyentes en su relación; y si alg-p eonsuela al hombre en la actualidad de los trabajos, es la — 73 — esperanza de que han de pasar, de suerte que, lo presente bueno ó malo, es loque íntimamente conmueve el corazón humano. No puede concebirse un viviente sin amor propio, y seria desnaturalizado aquel hombre que no aspirase á la fe- licidad; pero contra este prurito le asiste y modera la razón. Un sabio escritor exorna, y amplifica este pensamiento. En la naturaleza del hombre, dice, reinan dos principios, el amor propio para excitar, y la razón para retener: ambos caminan á su fin, el uno muere, y el otro gobierna. El amor propio, origen del movimiento impele al alma, y la razón tiene la ba- lanza, y arregla todo. Sin el amor propio, el hombre no podría obrar, y sin la razon.no obraría con un fin. El principio que mueve debe ser mas fuerte; él es el que obra, el que inspira, im- pele, fuerza; el principio que gobierna es mas tranquilo, este debe preveer, deliberar y contener. No es posible considerar en otro estado al hombre sociable, racional y político de que tratamos, porque dejado á su impulso fantástica y ma- quinal, sería un juguete de los engaños, un hipocondriaco eterno, y sus ideas no pararían hasta el reinado de la in- mortalidad y omnipotencia. Desengañémonos, pues, el hombre que nos presenta el Mercurio Peruano, nunca ha existido, aunque suponga- mos falsamente que la felicidad temporal consiste en las inmensas adquisiciones. Epicuro que nada creia menos que la Providencia, escribe á Idomenéo de esta manera. Si quieres hacer rico á Pitocles no le des riquezas; quítale sít la codicia, de tenerlas. Una elocuente pluma dice de otro. Colmado de riquezas y de honores, se hallaba cadadia mas in- feliz que antes; esto es, sentía que la vida pesa mucho al hom- bre que ya no teme ni desea; y he aquí desvanecido el concep- to que se nos pretende dar en aquel rasgo peruano, de las pasiones del hombre, pues cuando este ha llegado á equi- librar sus deseos, con los halagos de la fortuna, cae de re- pente en un profundo abatimiento, se aburre y amortece, como sucede respectivamente en su constitución física á lo« atletas de la salud, porque no hay vida sin movimiento, tom. i. 1° — 74 — y si la esperanza lo recibe déla incertidumbre, mejor le está al hombre para ser feliz, el contraste de afectos, que una posesión plenísima, lánguida y sedentaria de todos los bienes terrenos. Este discurso es un manantial inagotable de reflexiones, que se dejan á la capacidad de los lectores, para no faltar al decoro. El mismo nos insta á concluir la primera parte de razonamiento asegurando que es una frase puramente no- minal, una paradoja improbable, y un estéril modo de ha- blar, el que produce el Mercurio Peruano en la especie de que, el hombre busca la diversión, por huir de su presen- cia. Si esto se dijese de una persona susceptible por su tem- peramento de todo género de sensaciones, podría tolerarse; pero no, que se afirme del hombre en común, que nunca suele estar mas solo que en medio del bullicio, y de una compañía numerosa, y allí es en donde por lo regular se subsitan incidentes que le melancolizan, y le hacen entrar en si mismo, deseando el punto de escapar á su retiro, y protextando interiormente que mas le gustaría en el repo- so de su casa y mesa, un manjar ordinario, que los platos de un magnífico convite, y el que se .tenga por mas hom- bre, esto es, por Filósofo, discurrirá y obrará así, porque en el teatro del mundo, cada uno hace de comediante, y el Filósofo hace propiamente de mirón ó auditorio, porque mas bien que otros sabe observar, y juzgar cuando repre- senta bien ó mal su papel. Ya hemos visto que, el hombre por lo general no ha inventado, ni busca las públicas ó privadas diversiones por atolondrarse y sacudirse de su mismo peso. Ahora indica- remos contra el sentir propuesto en dicho Mercurio, unos principios mas ciertos de los teatros y espectáculos, censu- rando de paso el dictamen que se forma en la materia so- bre el gusto é inclinación favorita de las naciones, y prin- cipalmente de la española. La educación pública, ó por mejor decir, la forma del gobierno puede variar ó depravar los sentimientos morales y hasta la idea de la hermosura real. Yo creo que, en los — 75 — hombres unidos, nacieron de golpe los encuentros, las lu- chas, carreras y tripudios en que los competidores en la pujanza y en los lances de agilidad, se hacían expectables é interesaban sus apuestas. Estos primeros rudimentos se fueron extendiendo progresivamente hasta reducirse á un arts, y profesión, en que no podia menos que intervenir la Autoridad pública para arreglar los juegos, asignar los dias de su ejercicio, y los premios que llegaron á ser exce- sivos. Una religión compatible con los vicios que mas de- gradan (a humanidad, produjo el uso de los Tirsos en las fiestas bacanales, los juegos florales, y dio' mucho valor á cierta clase de rameras. Irritado con esta licencia de cos- tumbres el apetito, se refino la extravagancia hasta el pun- to de inmolarse millares de gladiadores al placer que pre- séntala vista de un combate, exigiendo las mismas damas de los atletas heridos, que al tiempo de espirar cayesen en una postura gentil y graciosa. La malicia tan natural y característica de los hombres es el principio de la comedia. Nosotros vemos por ella en acción los defectos y vicios de nuestros semejantes, y nos hacen reir estas imágenes de la locura y necedad humana, cuando los dardos de esa maliciosa complacencia están afi- lados por la sorpresa dispuesta á hacer tiro seguro en lo ri- dículo: de aquí saca la comedia toda su fuerza y sus me- dios, aunque hubiera sido sin duda mas provechoso, trans- formar esta alegría viciosa en una lástima filosófica. La sensibilidad humana es el principio de que nace la trage- dia, lo patétieo es su medio, y el horror de los graves crí- menes, y el amor de las virtudes sublimes, son los fines que se propone. Es una pintura sacada de la historia; cuando la comedia es un retrato, no de un solo hombre como la sátira, sino como una especie de viciosos esparcidos en la sociedad, cuyo carácter común se halla reunido en una mis- ma figura. Los antiguos romanos, aunque compusieron tragedias no sabemos que las hubiesen representado.'sus comedias se formaron sobre el modelo de las griegas que tuvieron su — 76 — rudeza, indecencia y desnudez, y reinaba en los actores la libertad lasciva, y en los escritores la insolencia y morda- cidad; pero los espíritus romanos eran superiores á estas imágenes brutales, y por eso Livia Drusia, muger de Au- gusto, con esfuerzo y agudeza varonil, decia: que no las diferenciaba de las estatuas. Prevaleció en los últimos siglos, entre los italianos, el género de comedias que llamaron mímico, que es una acción muda, que alguna vez con ex- presiones vivas y burlescas, y comunmente con gestos que hacen al hombre parecido á la mona, se sostiene una tra- ma ó enredo débil, flaco y pobre de arte é ingenio; pero de- ben distinguirse las tragedias óperas tan atractivas y seduc- toras por los hechizos de la música, y la magnificencia del espectáculo. El papel de Lima adopta á los ingleses el malísimo gusto de preferir á otras mil diversiones una comedia de Schakespeare en que se representan espectros, angeles* y demonios, cuando no hace mucho tiempo que los dos tea- tros de Inglaterra y Francia disputaron la preferencia, y aun no se ha decidido este problema. No se puede negar á los ingleses el talento oportuno para la tragedia, tan- *o respecto del genio nacional que se complace de espec- táculos atroces, cuanto por el carácter de su lengua, que es propísima para grandes expresiones. La afectación de no parecerse á nadie, es causa de que los ingleses no se asemejen ni aun á sí mismos: de aquí el que no sean corrien- tes estas ridiculeces, sino singularidades personales que ofrecen materia ala chanza y graciosidad. Tal viene á ser el origen del cómico ingles bastante simple, natural y filó- sofo, donde está observada la verosimilitud, aunque á ex- pensas de la decencia y pudor. En su ensayo sóbrela poesía épica dice un autor célebre que cuando comenzó á apren- der la lengua inglesa no podia comprender como una na- ción tan sabia y exclarecida, admirase las obras de Seha- kespeare; pero luego que adquirió mayor conocimiento del idioma, penetro muy bien que los ingleses tenían razón, y — 77 — también que no e- posible que, toda una nación se engafío en punto de sentimiento. Si el teatro de Holanda es ridiculo, y aun lo son sus re~ presentacioes, responderá.por los agraviados Mr. Zuylichen secretario que fué de decretos del Príncipe de Orange, pro- tector de las musas sabias de Holanda; como las llama el gran Corneillc restaurador y padre del teatro francés en el prólogo de su comedia el Mentiroso. Los poetas españoles han sido sino tan observantes de las reglas teatrales, los mas fecundos aficionados y felices en la invención: han compuesto innumerables tragedias, y sus obras dramáticas han enriquecido al teatro de Francia y á toda la Europa: tenemos muchas comedias de carácter, de situación y de ternura. El co'mico de carácter es el mas útil á las costumbres, el mas fuerte, el mas raro, porque ofrece el origen de los vicios, y los sofoca en su cuna, pone á los ojos un espejo en que se vean las ridiculeces de los hombres, y se avergüencen de su imagen, y se supone en el autor un estudio consumado, un discernimiento exacto y pronto, y una fuerza de imaginación que reúne bajo un solo punto de vista todos los rasgos que su penetración no pudo asir sino por menor. Luego hace honor á los españo. les la preferencia con que distingue estas piezas, según e\ Mercurio Peruano. El teatro español está en un pié muy delicado por las providencias que á este fin se están tomando desde la época de la Sra. Reina D* Bárbara que protejió, é hizo venir á España los profesores mas diestros que se conocían. Ya no ee aprecian generalmente las comedias de vuelos, encan- tos y apariciones, se ven representar con grande aclama- ción piezas de mucha moralidad é ingenio, así traducidas, como compuestas por los naturales. Las corridas de toros que el papel Peruano vincula al gusto de los españoles, no merecen por cierto esta predi- lección que dio motivo el siglo pasado á la censura vehe- mente de Quevedo; un tiempo en que también los discipli- nantes embobaban las gentes, y eran requebrados de las — 78 — damas, á quienes agradaba este deforme galanteo. Conque es menester distinguir el estado de la instrucción y litera- tura nacional, los progresos de la sociabilidad, y el gusto ca«i uniforme de la Europa en las buenas letras, para no incidir en iguales equivocaciones. Es tiempo ya de acabar y de ofrecerse á la disposición de V. con todo afecto. Huyus morte etiam Atheniensium virtus intercidit..... Et cum ^ctoribus nobilissimis que Poetes theatra cele- brant frecuentius saenam quam castra visentes; versificato- res que meliores quam duces laudantes. Justin. Lib. 6 cap. 9. SEÑOR EDITOR. Muy Sr. mió: estoy tan distante de quejarme de V. por haber demorado hasta el 10 del presente mis reflexio- nes al Mercurio Peruano remitidas en 16 de Abril, que ha- biéndome comprometido á su discernimiento para que no omitiera ó publicara según el concepto que de ellas for- mase, me hice la lisonja de persuadirme que estarían fun- dadas, puesto que merecieron su aceptación. No he mere- cido generalmente el mismo obsequio, pues he sabido se trataba de hacer una crítica convenciéndome de plagiario, la que vanamente he esperado con impaciencia para in- demnizarme en este papel; pero viendo que se retarda, y que mi demora parecerá sospechosa, no he querido diferir- lo mas, advirtiendo de paso á ese escrupuloso Aristarcho se imponga en el Abad de Trubelt el significado de esa voz. Yo estoy persuadido de que un anacronismo no pue- de manifestarse sin calcular las épocas, y para esto es in- dispensable usar de los historiadores, cuyos testimonios so- lamente cité en los puntos esenciales del cálculo por no incurrir en una ridicula pedantería y por excusar á V. y á — 79 —> los lectores el gravoso fastidio que causa la hacinación de citas. Por los mismos motivos procederé del propio modo en el presente, y para evitar que se me impute aquel defecto, ú otro semejante advierto que de Justino, de Plutarco con las notas de M. Daci«r, de las Oraciones de Demosthenes, especialmente de las Olinthas ilustradas por Libanio, de la historia antigua de M. Rollin en su orijinal, y del Dic- cionario de los hombres ilustres que tiene este epígrafe: Mi hi Galba, Otho, Vitelliut Ufe, he tomado principalmen- te cuanto voy á decir para manifestar la falsedad del últi- mo período del mismo párrafo del Mercurio Peruano, en que el autor después de exagerar la inclinación de los grie- gos á los ejercicios athléticos concluye así: no podían ser de otra naturaleza los divertimientos de una nación en la cual el sumo mérito consistía en el valor y en las fuerzas personales. Entre las naciones que por su dicha conocieron el mé- rito de la sabiduría, la giiega obtuvo sino el primero, al menos un muy distinguido lugar. Tan fecunda en sabios como en héroes, no cedió al Egipto en los primeros, ni á Ro- ma en los segundos. Licurgo y Solón persuadidos de que la Sociedad debia su origen mas á los suaves hechizos de la música y poesía, que ala violencia de las armas, no se juzgaron capaces de dar leyes á Esparta y Athenas hasta después de enriquecerse con los preciosos tesoros de las ciencias. Para adquirirlas nadie ignora los dilatados viajes que hicieron á los países mas fragosos y lejanos. El primero no conduce otras armas para establecer sus vastas ideas que las poesías de Hornero copiadas por su propia mano en la isla de Chio ni envia otro precursor que disponga y sua- vice el feroz genio de los Lacedemonios que al poeta Tha- les, diestrísimo en reducir los hombres á la obediencia y concor- dia por la dulce fuerza de sus armoniosos cantos. Sus leyes, es verdad, todas se dirigían á formar unos hombres fuertes, aguerridos, inflexibles á todas las adversidades de la fortu- na; pero al mismo tiempo sabios y prudentes. Lejos de in- flamar aquellos espíritus fogosos y fieros, procuraba suavi- zarlos, reprimirlo^, humanarlos. La música marcial, ln — 80 — poesía enérgica, expresiva de rapto y entusiasmo, la política y la moral, la filosofía toda de Dicearcho se enseñaba á la juventud por unos maestros elegidos por la república mas interesada en su educación que sus mismos padres. Ter- pandro y Píndaro nos representan los Lacedemonios igual- mente inclinados á las armas y á la música, pues como dijo otro de sus poetas: tocar la lira es muy propio deunhombre armado.—Homero no dudó ponerla en las manos sangui- narias de Achiles.—Dóciles á la autoridad de los sabios ca- paces solo de la fuerza de la razón, sensibles á la dulce vio- lencia de la música, á la suave voz de Terpandro deponen las armas unos rebeldes transportados de furor y á la de Tynteo las empuñan para subyugar á Mesina. El corazón de los Espartanos estaba en la lira de los sucesores de Or- feo. Pero ló que mas realza el mérito de los sabios y acre- diti el aprecio que les merecieron, es la elección que ha- cían de ellos para ocupar en el Senado las plazas de los que fallecían. Este era- verdaderamente, dice Plutarco, el comba- te mas glorioso y mas importante que, pudieron ver los hombres, en el cual no se elegía el mas ágil entre los ágiles "ni al mas fuerte entre los fuertes, como en los otros com- "bates; el mas virtuoso, y el mas sabio entre los sabios y "virtuosos obtenía el premio de la virtud, y en todos los di- ferentes estados de la vida tenia, por decirlo así, una au- toridad soberana, arbitra de la vida y de la muerte, de "la ignominia ó de la gloría; en una palabra, de toda lafor- "tuna de los ciudadanos." Xenofonte, de quien Plutarco tomó esta idea, aun se explica de un modo mas enérgico. Los combates gimnásticos, dice este filósofo guerrero, son ciertamente muy bellos, pero son corporales; mas aquellos en que se trata de ser elegido Senador pueden llamarse combates espirituales tanto mas preferibles á los otros cuan- to el alma excede al cuerpo. ¿Y qui diré'de los Atenienses? sería interminable si pretendiera referir aun por mayor lo que me ocurre. Solón. ain mas autoridad que el respeto y veneración que le con- — 81 — ciliaba su sabiduría, pretende fijar con leyes la inconstan- eia del pueblo mas voluble de la Grecia. La presencia de Gefrimenides, esta solo, supera tolos los obstáculos que en- contraba el lejislador, y facilita su arduo proyecto. A este quisieron colmarle de honores y presentes, admirados de su v irtud y sabiduría, y á Solón mil veces brindaron y rehuso' el mismo cetro que ambicionaron los mayores héroes. Aun antes de merecerles tantas de..........una de sus ele- gías fué bastante para conquistar á Salamina, y derogar una ley que acababa de publicarse,privando con la última pe- na que senratara sobre el asedio de aquella isla. El mismo dulce ascendiente conservó siempre la poesía. Una república donde todo el pueblo era rey, y cada in- dividuo se juzgaba con todo el poder necesario para deci- dir de la paz ó de la guerra, de la elección de aliados, de la mina délos enemigos; donde los asuntos públicos eran pro- pios de cada individuo particular y todos querían igualmen- te ser instruidos en las operaciones desicivas de su desti- no. Un pueblo donde las ciencias fijaron su domicilio, na- cieron unas, se cultivaron todas, sus alumnos fueron tan- tos como los ciudadanos, y las Aulas proporcionadas á la numerosa posición de aquellos: un pueblo en fin libre y sa- bio preferiría á todos los placeres aquel que igualmente li- sonjeaba su carácter y su inclinación: tales eian los espec táculos teatrales. Los intereses de la república llegaron á ser la materia de los dramas, los autores no dudaron tomar los mismos nombres de los jefes y magistrados, y sus accio- nes representadas con la mayor verosimilitud, eran vitu- perados ó loados por un pueblo que hacia consistir en esto una parte de su libertad. Aristóteles se atrevió á declama!' en el teatro contra el soborno deque usó Lamachó para haber sido elecio general: abominó el peculado, la felonía y arrojo sí; creen reputado por el mas grande Capitán de su siglo, y últimamente le despoja dr. la gloria que se ha- bia abrogado en la expedición de Kphecteria. Su comedia la Lysastnata, nombre propio de una muger de lo* primeros magistrados de Atenas, es una sátira irónica en que la ma" tom. i. 11 — S2 — yor acrimonia y libertad ridiculiza la afeminación, estupi- dez y cobardía de los generales, y la infidencia y codicia de Pisandro y sus concolegas. Nota 14 página 39. No habiéndose resuelto definitivamente en la Curia del Illmo. Sr. Metropolitano la alzada que interpuso el Pbro. Dr. D. Tomas Gutierre» de Piñeres, de la sentencia que en 20 de Agosto último pronuncio' el Provisor auxiliar de esta diócesis en la causa criminal que le sigo por inju- rias inferidas en un libelo famoso; me propuse guardar si- lencio hasta que tan prolongada y desagradable cuestión se terminase de un modo irrevocable por el sufragáneo mas inmediato, adonde apeló el apoderado del contrario y se adhirió el mió. Pero habiendo comprendido que varias per- sonas se empeñan en persuadir» que absolviéndose aireo de la reclusión que se le impuso por un año en el convento de San Francisco, habrá probado la suplantación y falseo- dad que me imputó; no pudiendo concebirse que estando convencido del crimen de calumniador se le dispense la pe- na que prescribe la ley; he resuelto imprimir la sentencia pronunciada en Cuba, con el único objeto de manifestar, que sin embargo de haberse tratado al Dr. Piñeres con la mayor lenidad; no se pudo dejar de indemnizarme de aquel infame delito. "Cuba y Abril 29 de 1S22.—Vistos: absuélvese al Pbro. Dr. D. Tomas Gutiérrez de Piñeres, del año de pri- sión impuesta por la sentencia de primera instancia, confir- mándose en lo restante de su tenor, sin especial condena- ción de costas en esta seguida; declarándose como se decía ra, que las cláusulas y expresiones del impreso de fojas 4 no ofenden ni degradan la conducta y procederes del Dr. D. Tomas Romay, Secretario de la Excma. Diputación pro- vincial de la Habana, su integridad y reputación pública que hasta ahora se ha merecido—Dr. Miguel de Herrera y Cangas.—Manuel Mejía." — 83 — .Absolviéndose solamente al Dr. Piñeres del arresto que se le impuso en la primera sentencia, y confirmándose en lo restante de su tenor, es incontestable que se ratifican los si- guientes períodos contenidos en ella: "dijo Smrd., que ad- ministrando justicia debia declarar y declara que el Dr. D. «'Tomas Romay ha fundado bien su querella, probando "cuanto probar le convino para cincerarse del crimen de fal- sedad que en el mencionado impreso [de fojas 4] le acusó "el Dr. D. Tomas Gutiérrez de Piñerc>; y que este no lo "ha hecho en bastante forma para ju tincar su aserto, "y eximirse de la pena que la ley impone á los autores de "libelos famosos, en el grado en que fué calificado el predi- «'cho que ha dado causa á este procedimiento......debia "condenar y condena a! Dr. D. Tomas Gutiérrez de Pille- ares......y al íntegro pago de las costas causadas." Confirmando estos períodos la sentencia de Cuba, con- dena al Dr. Piñeres al pago de todas las costas de la pri- mera instancia, y me declara exento del crimen de suplan- tación y falsedad que me acusaba en su libelo. Y para no dejar duda ni efujio alguno, se repite del modo mas claro y terminante en las palabras con que concluye: "declaráir "dose como se declara, que las cláusalasy expresiones del im- ilpreso de fojas 4 no ofenden ni degradan la conducta y proce- udcres del Dr. D. Tomas Romay fyc." El Provisor de Cuba no podia hacer esta declaración sin haberse convencido previamente por los autos que eran calumniosas las expre- siones y frases del impreso, envista de las pruebas queexi- bí, conforme á lo prevenido en el artículo 29 del decreto de 10 de Junio de 1813; puesto que la extinguida Junta de censura le habia calificado de libelo famoso, que conte- nia injurias personales que me difamaban atrozmente como Secretario de la Excma. Diputación provincial. Si los prosélitos del Dr. Piñeres aprecian mas verle li- bre de un año de arresto que de la nota de autor de un li- belo famoso, podrán entonces celebrar su triunfo; pero yo pienso de un modo muy diferente. Prefiero vivir con hon- ra en un calabozo, que sin ella en absoluta libertad; porque — 81 — el testimonio de mi conciencia y la opinión pública me atormentarían mucho mas que cuantos suplicios se han impuesto á los delincuentes. El mismo apoderado del Dr. Piñeres en el h^cho de apelar inmediatamente de esa sen- tencia, acreditó que no habia quedado satisfecho: yo con- vengo en que no carece de fundamento. Si se absuelve de la prisión al Dr. Piñeres, dirá ¿cómo se le condena en to- das las costas de primera instancia? ¿Cómo se declara que el Dr. Romay conserva su integridad y reputación pública que hasta ahora se ha merecido? Pero yo puedo y debo re- dargüirle: si se hace tan expresa y terminante declaración, si se confirma en lo restante de su tenor la sentencia de primera instancia, y se condena al Dr. Piñeres al pago ín- tegro de sus costas, ¿por qué no satisface también las se- gundas? ¿por qué se le dispensa el año de arresto? El pago íntegro de las primeras costas ¿será suficiente para purgar un crimen que la ley de Partida llama atroz, y que otras del mismo Co'digo y del Romano, los Cánones, la famosa Cons- titución de S. Pió V. y el Deuteronomio le imponen la pe- na del Talion? El Tio Bartolo, que fué un eco del Dr. Pi- ñeres, en su despreciable folleto de 5 de Setiembre último, citó dos leyes dePartidapor las cuales ya me habría, corta- do una mano dejándome ademas infamado para siempre. Esa sentencia en que se pretendió conciliar extremos muy distantes y contrarios, no solo fué oída por las partes con sumo desagrado, sino también por todos los hombres que se interesan en la conservación del orden y en la obser- vancia de las leyes. Mi defensor arreglándose alas instruc- ciones que le habia comunicado y á lo que le inspiraban su!* propios sentimientos, siguióla alzada que interpuso el contrario, sin embargo de haberse ejecutoriado lo que mas aprecio, y disputaba con el mayor exfuerzo, mi integridad y reputación pública; confirmándose también el pas;o íntegro de las primeras costas por el Dr. Piñeres. La cuestión está ya reducida á las costas de la segunda y á la reclusión. Si el Tribunal donde ocurrimos le absolviere de ella, la vin- dicta pública será la ofendida, y la propiedad mas sagrada — 85 — y apreciable del hombre, la que mas debe respetarse en la sociedad y han protejido los lejisladores, añadiendo los nuestros en las últimas Cortes extraordinarias nuevas le- yes represivas para conservar leso el honor y reputación de los ciudadanos, quedará expuesta á ser mancillada y es- carnecida impunemente la maledicencia y procac dad. Y si acaso fuere yo condenado al pago de todas las últimas cos- tas, aunque no me agradará ese desembolso, tendré al me- nos el consuelo de que por mucho que se aumenten, nunca llegiirán á cubrir la cantidad que ha expendido con tanta profusión D. F. Gola, apoderado en Cuba del Dr. Piñeres. —Habana y Mayo 23 de 1822. Tomas Romay. ADVERTENCIA. Habríamos deseado acompañar también la sentencia del inferior, por la cual se impuso al Dr. Piñeres un año de reclusión en un convento, como igualmente la de la tercera instancia, que confirmó aquella en todos sus extre- mos; pero no nos es posible realizar el propósito, por ha- bei>e extraviado las únicas copias que de dichas sentencias se conservaron h.isra ahora pocos años, en circunstancias de encontrarse los autos originales en el archivo del Juz- gado Eclesiástico de Puerto-Jiico. Nota 15 página 39. Pezuela: Ensayo histo'ricode la Isla de Cuba.—Capí- tulo 29, página 487. — 86 — Nota 16 página 45. Esta vez ha sido la única en que en el Bazar se ha ve- rificado con una competensia notable: después se han fija- do precios á las papeletas, y ha sido una verdadera rifa la que se ha jugado. En aquella ocasión, los concurrentes ponían los precios: y se suscitaba la puja ó almoneda con generosa emulación. Hubo caballero que compró en 306$ un florero y varios objetos: hubo otro tan galante y gene- roso, que dio una onza por una flor que tenia una de las bellas señoras que vendían en el Bazar. Nota 17 página 52. Su lápida solamente contiene la sencilla y modesto inscripción siguiente: TOMAS ROUIAV, NACIÓ EL 21 DE DICIEMBRE DE 1794: Falleció el 30 de Marzo de 1849. Está situada en el nicho número 140 del 4? departa- mento del Cementerio general. PIEZAS JUSTIFICATIVAS. i J €Eamptc&€ieíiES. Como mejor puedo y debo, certifico: que en el Cabildo ordinario celebrado en 4 de Marzo del año pasado de 1804, á que con- currió la Justicia y Regimiento que de él parecerá, entre otras cosas se trató y acordó lo siguiente: Aplazada para este dia la discusión pendiente sobre los medios propuestos por el Dr. D. Tomas Romay parala conservación de la vacuna, convinieron todos los Sres. Vo- cales en que era muy racional el plan que se habia medita- do, y lejos de ocurrir duda sobre el merecimiento que en este asunto tenia el referido Dr., la hubo solamente en en- contrar adecuada recompensa ó arbitrios que presentar al Sr. Presidente para que en esta ocasión se premiase la in- teligencia y celo que en ella y en otras muchas ha manifes- tado aquel juicioso facultativo. El Cabildo, después de una larga meditación fué de dictamen que pues en los negros bozales es donde regularmente nacen, y donde mayores ex- tragos causan las epidemias de viruelas, parece justo que al paso que el Sr. Presidente en conservación de la salud pública, puede y debe exigir que se vacunen antes de ven- derse todos los negros bozales que en lo sucesivo se intro- duzcan; también tiene facultad para conceder al Dr. Ro- may el derecho exclusivo de hacer esta operación señalán- dole la moderada retribución de cuatro reales por persona; en consecuencia se resolvió devolver áS. Sría. con este re- tom. i. 12 — 90 — cuerdo el plano que nos remitió, y suplicarle que se sirva atender la justa y eficaz recomendación que en favor del au- tor se le hace. Es conforme á su original que queda en los libros Ca- pitulares á que me remito. Y en virtud de lo mandado pon- go la presente. Habana 4 de Diciembre de mil ochocientos diez y siete. Miguel Méndez. Consecuente á lo acordado en el Cabildo ordinario cele- brado ante mí este dia á que concurrieron los Sres. que aba- jo aparecerán firmados, certifican en la mas bastante forma que en derecho haya lugar, ser constante á este Excmo. Ayuntamiento cuanto se expone en la anterior instancia, no solo por constar así en los Cabildos ordinarios celebrados en 4 de Mayo de 1804, en 24 de Mayo de 1S05, en 27 de Mayo delS08,yel extraordinario de 25 de Mayo de 1811; si- no también por la propia ciencia y conocimientos que ca- da uno de los Capitulares tienen de los hechos que se refieren, siendo público y notorio que á la eficacia con que solicito' la vacuna el Dr. D. Romas Romay, se debió su adquisición en el mes de Febrero de 1804, propagándola con tanta actividad y generosidad por toda la Isla, que cuando llegó á este puerto en el mes de Mayo siguiente la Real expedición, en que S. M. la remitía á estos dominios, solo tuvo que añadir el director á lo que estaba hecho, la erección de una Junta central que cuidase de su conserva- ción. Reconocido este Ilustre Ayuntamiento á tan impor- tantes servicios, los hizo presente á S.M. en carta de 23 de Julio de 1805, recomendada por el Excmo. Sr. Presidente Gobernador y Capitán general, de cuyas resultas obtuvo los honores de Médico de la Real Familia. Desde la instala- ción de la Junta Central de vacuna ha permanecido dicho Dr. inoculándola en consorcio de otros dos en estas Casas Capitulares dos dias á la semana á todos los que la solici- — 91 — tan, y en los barracones á Jos negros que se conducen de África, con tanta exactitud, acierto y oportunidad, que ja- mas se ha malogrado esa operación en el espacio de once años, ni ha faltado el virus vacuno, loque quizás no habrá sucedido en ningún otro pueblo de las Américas, ni aun en la misma Península, por cuyo especial beneficio se ha pre- servado esta ciudad de aquellas epidemias de viruelas que anteriormente la despoblaban, no debiendo compararse á ellas la que se experimentó el año de 1S0S, en que se lleva- ron algunos negros con dicha enfermedad ala casa que con ese objeto se preparó extramuros por este Ayuntamiento, ni menos Jaque advertimos desde Setiembre del año próxi- mo pasado, pues ningún enfermo se ha conducido á otra casa que desde fines de Marzo se destinó para ellos en el barrio de San Lázaro por disposición del Excmo. Sr. Presi- dente Gobernador y Capitán general, debiendo advertirse por exigirlo así ía Junta y el crédito de los referidos pro- fesores, que en ninguna de nuestras casas ni en otras de las primeras familias de esta población, ni aun en las de los vecinos de la clase media, ha sabido que Ira y a un solo in- dividuo con viruelas, apareciendo esta epidemia en el bajo pueblo y en los negros bozales, procediendo sin duda este mal de la ignorancia ó negligencia de los propietarios y de los abusos que cometen los comerciantes que trafican en negros, ó sus dependientes, vendiéndolos privadamente al- gunos de ellos antes de estar preservados de las viruelas por la inoculación que se hace de la vacuna, eludiéndose de ese modo las repetidas órdenes del Gobierno y la vigi- lancia de los Facultativos encargados de hacerlas observar. Asimismo es constante que el citado Dr. D. Tomas Romay conserva como Médico la mejor opinión pública, y por tanto ha asistido y actualmente asiste á algunas de las pri- meras Autoridades de esta ciudad y á otros vecinos distin- guidos, sin excusarse de ejecutar lo mismo con varias ca- sas Reíij¡osas y de Caridad, y con el resto del pueblo, dan- do las mayores pruebas de humanidad y desinterés, y reu- niendo ademas o'ras cualidades morales y civiles que le 92 — concilian el aprecio y consideración general, y le hacen acreedor á las distinciones que puede optar en su carrera, que merece un vecino honrado y útil. En cuya virtud acor- dáronse le entregue original esta certificación, con los tes- timonios que pidiere, sellada con las armas de esta ciudad, interviniendo en ella para su mayor validación y firmeza su autoridad cuanto pueda y ha lugar en derecho. Sala Ca- pitular de la Habana 14 de Julio de 1815.—Juan Ruiz de Apodaca.—Próspero Amador García.—José González Fer- regut.—Andrés de Zayas.—Agustín Valdés.—Luis Igna- cio Caballero.—Francisco Chacón.—José Armenteros.— Ante mí.—Miguel Méndez. Dr. D. Ángel José Cowley, Secretario de la Excma. Junta Superior de Sanidad de la Isla de Cuba. Certifico: que en sesión celebrada por la Excma. Jun- ta Superior de Sanidad el 23 de Setiembre de 1848, se trató y acordó entre otras cosas lo que sigue:—"Leido un escrito del Sr. Dr. D. Tomas Romay, enumerando sus lar- gos méritos y servicios en el ramo de vacuna, y en el que se queja de la«xoneracion, que se le hizo en la sesión an- terior del cargo de Inspector de vacuna, se acordó manifes- tará S. S. que la Junta Superior no ha desconocido, ni era dable desconociese los buenos servicios de S. S., tanto en la conservación y propagación de la vacuna, como en otros objetos de la atención y cuidado del ramo Sanitario; y que nunca pudo ella imaginarse que al librarle de una carga que creyó harto onerosa para su edad, y hasta incompati- ble con sus achaques, se estimara esta medida como una ofensa, ó desairea su persona, recomendable por muchos títulos. Que conservándole á S. S., como se le conserva, to- do el haber integro que disfruta, por no proceder ninguna parte de él del cargo de Inspector de Vacuna, se le dá una prueba satisfactoria de que solo ha tenido en mira, al dic- tar la disposición de que se muestra S. S. lastimado; hacer que ese encargo se desempeñe con la exactitud y eficacia, que á pesar del celo y entusiasmo de S. S. por la vacuna no pueden exigirse de quien tiene como todos de pagar al tiem- — 93 — po un tributo indispensable. Y por último, que se persua- da S. S. que no por buscar en otro las condiciones físicas necesarias para la mencionada Comisión, se. ha querido la Junta privar de las luces y experiencia de S. S , pues con- tinuará siempre pidiéndole su voto, no solo en los asuntos de vacuna, sino en todo lo demás, en que juzgue que pue- daserleútil su dictamen."—Y en cumplimiento del Supe- rior decreto del Excmo. Sr. Gobernador y Capitán general, recaído á instancia del Ldo- D. Juan José Romay, libro la presente en la siempre fidelísima ciudad de la Habana á 7 de Marzo de 1852 años. Ángel J. CowUy Coronel D. Carlos Benitez, Comandante de Batallón del Real Cuerpo de Ingenieros, y Secretario de la Real Junta de Fo- mento, de Agricultura y Comercio de esta, Isla de Cuba. Certifico: que en el expediente número 381, relativo á la introducción de la vaccina en esta Isla, que existe en el archivo de la Secretaría de mi cargo, se hallan los docu- mentos del tenor siguiente:—"En Junta de Gobierno del Consulado de 19 de Enero de 1803, presidida por el Sr. Marqués de Someruelos; visto el programa que ha extendi- do el Médico D. Tomas Romay para publicar el premio an- tes acordado para el que descubra y produzca el fluido va- cuno de las vacas del pais, pareció'que no debíamos ceñir- nos únicamente á el que se descubriese aquí, sino estimu- lar á que se trajese aun de los países vecinos. A este efec- to se acordó que el primero fuese de 400 pesos, y el segun- do de 200, tomando para su calificación las precauciones que indica el mismo programa —El Marqués de Casa Pe- ñalv.er.—José Antonio de Arregui."—"La noche del 22 de Marzo me entregó el Sr. Presidente Gobernador y Capitán general tres cristales que contenían el pus vaccinoso to- —94— inado en Filadeltia el siete de Febrero y el 22 de Enero y conducido á esta ciudad por D. Felipe Fació. La mañana del siguiente dia inoculé dos de mis hijos con el pus mas reciente, haciéndole á uno cinco incisiones y ai otro tres. En el propio dia inoculé otro niño del Sr. D. Ignacio Pe- droso con el pus de 22 de Enero, y le hice cuatro incisio- nes, observando exactísimamente en todos ellos la* precau- ciones que se recomiendan para conseguir su efecto. En uno de mis hijos concebí al dia subsecuente alguna espe- ranza de lograrlo, porque algunas de las incisiones apare- cieron inflamadas y con algún punto de supuración; mas- prontamente vi con el mayor desconsuelo frustrado lo que tanto( anhelaba, disipándose aquellos pequeños síntomas y no presentándose después alguno otro en ninguno de los tres. El 4 de Abril, habiéndome insinuado el mismo Sr. Presidente que se habia logrado la vacunación de un hijo de D. Pablo Serra, pasé inmediatamente á reconocerlo, y en el brazo siniestro le encontré un grano del diámetro de medio Real que presentaba muy poco pus, bajo una posti- lla de sangre. Sus padres me informaron que el 24 de Mar- zo habia sido inoculado, al mismo tiempo que otro herma- nito, por los facultativos D. Bernardo Cozar y D. Francis- co Martínez con el pus traído por D. Felipe Fació, y to- mado en Filadelfia el 7 de Febrero. A los cinco dias de va- cunados empezó á manifestársele al mayor un grano en una délas incisiones, el cual fué aumentándose progresivamen- te, hasta que el 3 de Abril llegó á su perfecta supuración. pero antes que los referidos facultativos tomasen su pus para vacunará otros, conforme habian acordado el dia an- terior, el niño incomodado con el escozor que sentía en el grano, lo rascó y derramó su pus, por cuyo motivo no pudieron verificar su intento; y aunque lo emprendieron al dia siguiente inoculando cuatro niños de la propia casa con la poca materia que pudieron extraer, no ha producido en esta fecha el menor efecto, ni debe ya esperarse.—El esta- do en que hallé el grano de este niño desde la primera vez que le vi, no me permitía decidir si era verdadera ó falsa vacuna, aumentando mi duda el no haberse propagado la — 95 — vacunación en los otros cuatro. En esta perplegidad, de- seando satisfacer escrupulosamente el encargo queme ha confiado la Real Junta económica de Agricultura y Co- mercio, sin perjudicar al celoso ciudadano que procuro' in. introducir en este pais el muy importante bien de la vacu- nación, consulté á los profesores Cozar y Martínez, y uná- nimes me informaron haber observado en el grano de este niño todos los caracteres de la verdadera vacuna, cuya pro_ pagacion no pudo conseguirse por una fatalidad inevitable Con la mayor sinceridad he referido á V. el resultado de ese ensayo, para que informando á la Real Junta, determi- ne lo que juzgue conveniente; advirtiéndola que D.Feli- pe Fació me ha ofrecido remitirme la vacuna luego que lle- gue al Norte para donde saldrá dentro de pocos dias.—Dios guarde á V. muchos años. Habana y Abril 27 de 1S03.— Dr. Tomas Romay.—Sr. D. Antonio del Valle Hernández." "Por el oficio que V. se sirvió dirigirme en 27 del último pasado mes en orden á las experiencias que se practicaron últimamente en esta ciudad para propagar el pus vaccino- so que á ella trajo de Filadelfia D. Felipe Fació, ha tenido la Junta consular un nuevo testimonio de la recomendable diligencia y celo con que dedicó V. su atención áeste inte- resante asunto A consecuencia, por mas que debamos deplo- rar el malogrado éxito de la operación, aeordó dicha Junta diese á Y. en su nombre las gracias como también al Sr. Fa- ció, animando á este último á que se sirva cumplir la oferta que hace de volvernos á traer el pus vaceinoso en los térmi. nos prevenidos en el papel periódico de 3 de Febrero últi- mo en cuyo caso celebraría poder discernir al mencionado individuo el premio destinado al efecto.—Dios guarde á V. muchos años que deseo. Habana 5 de Mayo de 18 03.—An- tonio del Valle Hernández.—Sr. Dr. D. Tomas Romay." "El periódico del domingo anterior y el adjunto pu- blicado esta tarde, es el informe mas auténtico que puedo presentar á V. S. S. sobre el modo con que se ha introduci- do y propagado la vacuna en esta ciudad. A los que ellos contienen debo añadir que con las póstulas de mis cuatro — 96 — hijos, y con otras seis que han podido conservarse, se va_ cunaron desde el lunes hasta la fecha mas de 150 personas, con las cuales juzgo que la vacuna puede difundirse pron- tamente por toda:la Isla. Esta importante adquisición se ha debido'á doña María Bustamante, ala cual considero muy acreedora al premio ofrecido por la Junta el 3 de Fe- brero del año próximo pasado. Dios guarde á V. S. S. mu- chos años. Habana y Febrero 22 de 1804.—Dr. Tomas Ro- may —Sr. Presidente y demás Sres. de la Junta Económi- ca." Periódico de la Habana del jueves 23 de Febrero de 1804, que se acompaña con el oficio que antecede.—"Va- cuna."—"De las personas vacunadas el dia 12 por la ma- ñana con el pus del niño y de la mulatica mayor, han teni- do la verdadera vacuna, el niño de la Sra. D? Antonia Gar- cía, la niña mayor del Sr. D. Pedro Montalvo, mis cuatro hijos varones, y una negrita del Dr. D. Rafael González. No concibo la causa que impidió la erupción en mi niña y en los otros, habiendo sido uno mismo el pus, y las incisio- nes en igual número. No me tiene tan perplejo el motivo porque no se verificó la vacuna en ninguno de los cinco á quienes se le aplicó la tarde de aquel el pus de la mulatica mas pequeña. En el periódico anterior dije: "que su grano no estaba bien figurado por habérselo rascado." Sin duda el contacto del aire alteró el pus y enervó su virtud. Entre los vacunados el dia 13 lograron la pústula vaccina el niño mas pequeño de la Sra. D? María Luisa Echavarría, la niña del > r. D. Juan Manuel O-Farril, una mulatica de la Sra D? María Eustamante, otra mulatica y un negrito del Sr. D. Martin de Aróztegui y una negra del Sr. D. Juan To- mas de Jáuregui. No debe extrañarse que en las Sras. D* Luisa Echavarría y D^ Micaela Sánchez no se verifícaselo mismo, cuando habiendo manejado ambas sus niños viro- lentos, y aun habiéndose inoculado la primera según el an- tiguo método, no han sido infestadas del contagio. En cuanto á los otros dos niños de la Sra. Echavarría, tengo presente que cuando los vacunaba le insinué que el pus e*- — 97 — taba ya menos líquido y transparente. Esta sola razón bas- taba para que no produjese algún efecto, en ninguno de los criados de losSres. Jáuregui y Aróztegui que se vacunaron posteriormente. Añádese otra, y es, que á excepción de la mulatica de este Sr. á quien se hicieron dos incisiones, y tiene otros tantos granos, á los demás no pudo hacerse mas que una, por haberse agotado el pus. Lo ejecuté con bas- tante desconfianza; pero sus amos asi lo exigieron, pudien- do advertir que cuando á mis pequeños hijos les hice dos, tres y hasta cuatro incisiones no seria por mortifioarlos, si- no porque lo juzgaba necesario. El mayorde mishijos,que tiene seis años, á quien le hice tres incisiones en el brazo siniestro, ha sentido desde el sábado en la tarde y todo el domingo dolor en la parte interior de dicho brazo Iiácia el hombro, experimentando también cierto movimiento febril y displicencia que le obligaban á ponerse en cama muchos ratos, abandonando sus juegos y entretenimientos. En los demás han sido menos perceptibles estas novedades como que solo tienen un grano en cada brazo. Añadiendo á esto el dia en que aparecieron las pústulas, su figura y el orden en que han progresado, uniforme en todos ellos y en los de- mas vacunados, no debia dudarse que todos tenían la ver- dadera vacuna. Sin embargo, para mas cerciorarme, hice que la tarde del dia de ayer los reconociesen el Dr. D. Ber. nardo Cozar, Ayudante Director de Cirujía y Medicina de la escuadra y hospitales de Marina de este puerto D. Jua- Perez Carrillo y D. Francisco Gutiérrez, segundos profeso- res Médicos Cirujanos de la Armada, los cuales habiendo visto la vacuna en España y Puerto-Rico, atestaron unáni- memente que todos mis hijos, y por consiguiente todos los demás vacunados, tenían la verdadera vaccina. Solóme es lícito recomendar su benignidad por propia experiencia: las demás ventajas que se le atribuyen necesito rectificarlas con ulteriores observaciones; pero siendo muy dignos de- mayor crédito los célebres filántropos que la han practica- do muchos años, extractaré lo que me permita este perío- do de los escritos del inmortal Jenner de Woodville, Pear- 13 •-- 98 — 6on, Aikin, Colon y otros; advirtiendo que cuando cito al- gún autor, será observación particular; en lo demás todos convienen unánimemente: 1? La verdadera vacuna preser- va para siempre de las viruelas naturales. (Esta proposición la prueba Jenner con muchos hechos: referiré los mas in- contestables. Inoculo' con el pus de la viruela natural tres personas que 25, 31 y 62 años antes habían tenido la ver- dadera vacuna coinu nicada casualmente por las vacas; nin- guna de ellas experimentó otra cosa que algunas leves pús- tulas en el lugar de las incisiones. En el tiempo intermedio y aun después vivieron sin la menor reserva con varios vi- rolentos sin que nada sintiesen.)—2? La vacuna no es con- tagiosa, solamente se propaga por inserción.—3? En la va- cuna los granos se limitan á las incisiones, las demás par- tes del cuerpo quedan ilesas.—4? La calentura que suele experimentarse en la vacuna, es de poca duración y de nin- gún peligro.—5? En cualquiera edad puede vacunarse; Jenner lo ejecutó felizmente con un niño pocas horas des- pués de haber nacido.—6? Si se teme el contagio varioloso es mas seguro vacunar en el tiempo de la dentición, que exponerse á las viruelas naturales. El Dr. Colon asegura que á muchos niños de los que habia vacunado, les salie- ron los dientes en aquellos dias, y no por eso lo pasaron peor. Nowell vacunó otros endebles, enfermizos y atacados de tos convulsiva; y lejos de empeorarse gozaron después de la mejor salud.—7? En cualquiera estación puede va- cunarse—8? Algunas personas no están en aptitud de re- cibir la vacuna, asi como resisten también al contagio va- rioloso, y á la misma inoculación.—9? Si la pústula se ci- catriza antes de los diez dias, el vacunado no queda preser- vado de las viruelas naturales, es preciso repetir la opera. cion. Aikin añade, que la vacunación no libra de ellas en los cinco primeros dias, aun cuando resulte la verdadera vacuna.—10 Si se vacuna algún sujeto estando ya infesta- do del contagio varioloso, tendrá ambas enfermedades. Al- gunos escritores franceses, dice Hernández, convienen en pesos de premio señalado, para cuyo efecto podrá ocurrir á esta Contaduría á tomar el documento de pago; y que asimismo sépase oficio al Sr. Gobernador, recomendando el particu- lar mérito que ha contraído este sujeto.—El Marques de Casa Peñalver.—José Antonio de Arregui." "Sr. Presidente y demás Sres.—Incluyo tres recibos firmados por D? María Bustamante, para que unidos á los libramientos que devolví á las oficinas de ese Real Cuerpo, aparezca en todos tiempos que he cumplido cabalmente el — 100 — encargo que me confió el 3 de Febrero del año próximo pa- sado.—A nombre de dicha Sra. hago á V.SS. las mas ex- presivas señales de gratitud; y por lo que á mí tpca juzgo que no puedo corresponder á las honrosas expresiones con que V.SS. me favorecen en su oficio de 21 del corriente, sino satisfaciendo sus deseos de propagarla vacuna. Asilo ejecuto con mis escritos y operaciones. Los primeros son bien públicos; y en prueba de lo segundo hago presente á V.SS. con la mayor sinceridad que en la tarde del lunes 27 vacuné en casa de la Sra. D^Mónica Ruiz veinte perso- nas; al siguiente dia por la mañana en la del Sr. D. Carlos Pedroso, trece; en la del Sr. D. Nicolás Peñalver nueve; en lade D. Juan Bautista Lanz catorce; en la de D. Juan Santa Cruz ocho; por la tarde en mi casa ochenta y ocho, en la de D? Josefa de la Torre siete; en el barrio de la Salud casa de D. José Oquendo cuatro. Hoy continuaré la mis- ma tarea, y si los demás profesores me auxilian, dentro de quince dias lograremos ver exterminadas las viruelas en es- ta ciudad. Dios guarde á V.SS. muchos años. Habana 29 de Febrero de 1894.—Dr. Tomas Romay."—Recibo que por duplicado se acompaña con el precedente oficio.—"Re- cibí del Dr. D.Tomas Romay la cantidad de trescientos pe- sos, con los cuales me ha premiado el Real Tribunal del Consulado de esta ciudad por haber introducido en ella la vacuna. Habana 28 de Febrero de 1804.—María de Bus_ tamante.—Son 300 pesos,"—"Sr. Presidente y Sres. Vo- cales.—Habiéndome dispens ado V.SS. el honroso encar- go de solicitar el fluido vacuno, y de propagarlo en esta ciu- dad; me co'nsidero obligado á instruir á V. SS. de mis ope- raciones y de lo que han ejecutado varios otros facultativos para difundirlo por toda la Isla. La adjunta Memoria im- presa por la Real Sociedad Económica, es el informe mas exacto que puedo dar á V.SS. en prueba de mi gratitud y respeto.—Dios guarde á V. S. S. muchos años. Habana y Abril 24 de 1805."—Dr. Tomas Romay.—"En Junta de Gobierno del Consulado de 30 de Abril de 1805, presidida por el Sr. Marques de Someruelos: dirigió el Dr. D. Tomas — 101 — Romay á la Junta la Memoria que por disposición de la Real Sociedad Económica de la Habana se ha impreso pa- ra dar cuenta de los progresos de la vacuna en esta isla, has- ta fin del año pasado; con cuyo motivo dispuso la Junta á unanimidad que se recomendase al Sr. Presidente Gober- nador y Capitán general, los méritos públicos contraidos por el recitado individuo, rogando ásu Señoríase sirva po- nerlos en noticia del Rey, á fin deque S. M. pueda tenerlo presente en la dispensación de sus gracias.—Manuel Gó- mez Villarroel,—Pedro Regalado Pedroso.—Juan José de Iguarán." Igualmente certifico: que en el expediente número 752 relativo á la conservación de la salud de la tripulación de los buques y de los negros en la travesía de la Costa de Áfri- ca á este puerto, se tuvo el acuerdo que sigue.—"En Jun- ta de Gobierno del Consulado habida el miércoles 17 de Julio de 1811; presentes los Sres.: Excmo. Sr. Marques de Someruelos, presidente: Conde de Santa María de Loreto, prior: D. Pedro Juan de Erice y D. Francisco de Layseca, co'nsules: D. Juan de Covarrubias, D. José Mariano de Cár- denas y D. Blas Moran, conciliarios: D. Alonso Benigno Muñoz, síndico: D. Antonio del Valle Hernández, secreta- rio, y D. Ciríaco de Arango, contador. Vióse un oficio del Excmo. Sr. Comandante General de Marina D. Juan María de Álava, en que acompaña un parte del Dr. D, Tomas Ro- may, relativo ala pérdida escandalosa de hombres que en su travesía del África á este puerto, ha sufrido la fragata Bri- llante, su capitán D. Miguel Nuñez; con cuyo motivo pro- pone el referido Excmo. Sr. Comandante de Marina poner- se de acuerdo con esta Corporación para dictar álos arma- dores de las expediciones al África las reglas oportunas, á fin de asegurar la salud á blancos y negros que transporten. Conferencióse latamente el punto, y en medio de la indig- nación que causó en los ánimos déla Junta esta desgracia- da ocurrencia, pareció que si bien debíamos dictar reglas coactivas que pongan un freno á los mal entendidos cálcu- los de la codicia, convenia al mismo tiempo ilustrar á los — 102 — navegantes de la carrera sobre las prácticas mas espcrimen- tadas para asegurar la conservación de sus tansportes, su- puesto que parece que estos accidentes nacen mas de igno- rancia é inexperiencia, que de intención depravada, En es- ta virtud se acordó dar las gracias al Excmo. Sr. D. Juan María de Álava, y ofrecerle la pronta concurrencia del Con- sulado en la consecución de sus ideas, participándole que de pronto se encarga al notorio celo del Dr. Romay, se ocu- pe con preferencia en extender una breve y sencilla instruc- « cion al indicado efecto, por lo que respecta á la parte mé- dica; y que en cuanto al Reglamento coactivo se pase al Sr. Síndico el expediente con la traducción del Reglamen- to que sobre la misma materia promulgo el Parlamento Británico." "Del mismo modo certifico: que en el libro de actas de la Junta de Población, consta: que instalada esta el 12 de Setiembre de 1816, en la primera sesión habida en dicho dia, fué elegido el Sr. Dr. D. Tomas Romay para Secreta- rio de la misma, cuyo empleo desempeñó hasta el 19 de Di- ciembre de IS42 en que cesó por haberse extinguido la ex- presada Junta de Población, á virtud de Real orden de 12 de Noviembre de 8 42, que cometió á la Real Junta de Fo- mento el ramo de inmigración de colonos y demás atribu- ciones de aquella." "Por último certifico: que á fojas 7 de) expediente nú- mero 47401promovido por el Sr. Dr. D. Tomas Romay, soli_ citando el haber que le correspondía como Secretario cesan- te de la extinguida Junta de población, se halla un informe del Sr. Teniente de Síndico de la Real J unta de Fomento, que á la letra dice.—"Excmo. Sr.—Como individuo de la comisión permanente de población blanca, el Teniente de Síndico ha abierto dictamen acerca de la solicitud del Sr. Dr. D. Tomas Romay, Secretario que fué de la Junta de aquel ramo; y no puede ahora desdecirse con este carácter de lo que antes manifestó como individuo de aquella comi- sión. Por el contrario, apoyado por las nuevas ilustraciones y los antecedentes referidos en el informe de la Contaduría — 103 — que precede, no puede menos de concurrir en las mismaa conclusiones; añadiendo sóbrelos precedentes de jubilacio- nes ó cesantías otorgadas á los Sres. Tesorero Armas, y Contador Arango, las que también se concedieron a) pri- mer Síndico que lo fué el Excmo. Sr. D. Francisco de Aran- go y Barreño, y al primer Secretario D. Antonio del Valle Hernández, de que todavía disfruta su viuda por una gra- cia particular, y en memoria de .los buenos servicios que hizo á esta Junta aquel empleado. No es menos digno y meritorio el Dr. D. Tomas Romay; y el Teniente de Síndi- co opina que es de otorgársele la gracia á que aspira. Ha- bana y Febrero 15 de 1844.— Ivvcmo. Sr.—Joaquín Santos Suarez."—Y en cumplimiento del Superior decreto del Excmo. Sr. Presidente de la Real Junta de Fomento, de 5 del corriente, recaído de conformidad á solicitud del Ldo* D. Juan José Romay firmó la presente en la Habana á 6 de Abril de 1S52.—Carlos Benilez, secretario. Ldo. D. Rafael Matamoros, Abogado délas Reales Audien- cias de la Isla de Cuba, individuo de Mérito déla Sociedad Económica de esta capital, y su actual Secretario. Certifico con vista délos antecedentes necesarios, que el Sr. Dr. 1). Tomas Romay, fué admitido socio de número en Junta ordinaria de 17 de Enero de 1793, que fué la se- gunda celebrada por esta Corporación: que en el dilatado tiempo transcurrido desde esa fecha hasta 1849 en que fa- lleció su Sría., y en la época en que las atribuciones de la sociedad eran amplias y varias, pues entendía en material que hoy corresponden á otras corporaciones, presto' servi- cios de consideración así en los ramos científicos y litera- rios, como en los económicos de mas importancia que te- nia á su cargo el cuerpo, poniendo en ejercicio su activa laboriosidad, su fervoroso celo por el bien público y sus distinguidos conocimientos como lo demostró en la redac- — 104 — cion de numerosas memorias é informes, algunas de las cuales fueron premiadas por la Corporación: que por lar- gos años fué Secretario de la Junta de Vacuna en recom- pensa de sus apreciables servicios en este ramo: que obtuvo el título de Socio de Mérito, como un premio, y en 1844 e' de Socio honorario á que ae habia hecho acreedor: que fué electo Presidente de la Sección de Educación, y con poste- rioridad Director de la • Sociedad: que como una singu- lar demostración de aprecio se acordó la colocación de su retrato, costeado por los fondos de la Corporación en la Bi- blioteca pública de la misma, y por último, que habiendo fallecido el Sr. Romay quedó acordado en la Junta ordina- ria de 23 de Abril de 1849, que formó un tributo de justi- cia y de gratitud el que permaneciese su nombre inscrito en la lista de los Socios que se publica en la Guia de Fo- rasteros, juntamente con los del Excmo. Sr. 1). Luis de las Casas y Sr. D. Alejandro Ramírez, explicándose este acuer- do por una nota. Y á petición del Ldo. D. Juan José Romay, y por acuerdo celebrado en Junta ordinaria de 29 de Marzo último, doy la presente visada por el Excmo. é Illmo. Sr Director Obispo Diocesano, en la Habana á 2G de Mayo de 1852.—V? B?—El Director, Francisco, Obispo de la Habana.—Rafael Matamoros, secretario' Dr. D. Ángel José Cowley, Secretario de la Excma. Junta de Superior de Sanidad de la Isla de Cuba &¡-c. &fe. Certifico: que en sesión celebrada por la referida Ex- celentísima Junta Superior de Sanidad el 24 de Noviembre de 1842, se trato' y acordó entre otras cosas lo que sigue:— "Indicándose que se iba ádar cuenta del proyecto de Re- glamento para la conservación y propagación de la vacuna en la Isla, que por encargo de esta Junta ha redactado el Sr. Dr. D. Tomas Romay, Secretario de la Central de ese ramo, manifestó el Sr. Presidente que era de diferirse su lee- — 105 — tura para otra reunión, porque tratándose de gastos con- vendría la presencia del Excmo. Sr. Intendente, acordán- dose así, no obstante la observación, que con respecto á dicha causal expuso el Secretario. Y como el Sr. Dr. Remay hubiese hecho presente que tal vez para la Junta inmedia- ta no tendría la satisfacción de contarse en el número de sus vocales, porque cesando en las funciones de Presidente de la Superior Gubernativa de Medicina y Cirujía, cuya ex- tinción debia participársele muy en breve, perdia con aque- lla investidura el carácter que le constituyó desde el año de 1839 vocal nato de la de la de Sanidad, los votos que comenzaron á pronunciarse con ocasión de ese anuncio» fueron causa de que S. Sría. por modestia se retirase de la Junta. Hallándose ya esta en completa libertad para poder expresar sus opiniones, .«in el inconveniente de ofender la delicadeza bien conocida del Sr. Romay, se penetró de la sensible pérdida que iba á experimentar con la separación de uno de sus mas dignos miembros, cuyo saber, virtud, antiguos y recomendables servicios é infatigable laboriosi- dad, constan en los registros de casi todas las Corporacio- nes de esta capital; teniendo ademas presente que la incor- poración del ramo de vacuna, hace ahora mas que nunca necesaria la cooperación del ilustrado profesor, que desde la introducción, debida especialmente á su celo, del virus vacuno en la Isla, ha entendido en todo lo relativo á ese objeto, ya como primer inoculador, ya como Secretario de la Junta creada en beneficio de tal preservativo. Y siendo unánime y conforme el parecer de todos los Sres. presentes respecto á lo útil, conveniente y aun necesario que es bajo todos conceptos el voto respetable y siempre sesudo del Sr. Dr. Romay en los negocios de esa Junta, se acordó su, plicar al Excmo. Sr. Gobernador político, se sirviese por una excepción honorífica, conservar en su seno, sin embar_ go de lo dispuesto en el artículo primero de la Real orden de 20 de Setiembre de 1338, al benemérito Dr. D. Tomas Romay, vocal, no solo el mas antiguo, sino que el único que Hoy cuenta de sus fundadores, y de cuyos trabajos ha tom. i. 11 — 106 — participado desde el año de 182^, en que fué establecida, habiendo tenido ocasión con motivo de la memorable epi- demia del Co'lera, que sufrió esta ciudad el año de 1833, de compartir con los vocales de la época las penosas tareas en que sin interrupción estuvo ocupada la Junta, no solo durante la epidemia, sino también mucho antes y aun des- pués de ese fatal acontee i miento.—El Secretario expuso con el ánimo de inspirar mayor confianza á la Junta en su solicitud que á su entender la permanencia del Sr. Dr. Romay en ella era de esperarse desde luego, conocida la justificada bondad del Excmo. Sr. Gobernador Político, sin que por esta disposición se quebrantase el ya citado artículo 1. ° de la Real orden de 20 de Setiembre, pues antes bien creía que por ese mismo artículo estaba llamado ahora «a Sría. á continuar en su puesto, "fundándose esta persuacion en el antecedente de que subrogada la Junta Superior de Medicina y Cirujía, por lo que respecta á las principales atribuciones que ejercía, en la Sección de Me- dicina, Cirujía y Farmacia de la Inspección de Estudios, á que digna y afortunadamente corresponde el Sr. Romay, y siendo su Sría el mas antiguo y ameritado de los profe- sores de Medicina que hay en ella, no podia ser dudosa la elección del Excmo. Sr. Gober nador Político, que tantas otras pruebas tiene dadas de su imparcial justicia. La Jun_ taoyó con agrado tan satisfactoria observación, reiterando, sin embargo su acuerdo, para que aun cuando no obtenga el resultado que se promete, ó de oficio lo resuelva confor- me á su deseo el Excmo. Sr. Gobernador Político sirva es- te sincero voto, q ue permanecerá consignado en sus actas, de testimonio y muestra del alto y bien merecido aprecio con que contempla el saber, bellas prendas y servicios del Sr. Ex-presidente de la extinguida Junta superior Guber- nativa de Medicina y Ckujíade la Isla."— Y en cumpli- miento de lo dispuesto por el Excmo. Sr. Capitán Gene- ral, Presidente de la Excma. Junta Superior de Sanidad, libro la presente en lu Siempre Fidelísima ciudad de la Habana á 23 de Abril de 1852. Dr Ángel J Cowley, DISCURSO PBEMIADO POR LA SflCIElllll) PATRIÓTICA DE LA HABANA. UN JUNTA m GELEBROEL DÍA 24 DE JULIO DEL A Ni) D 1799. SU AUTOR, EL DOCTOR DON TOMAS ROMAY, SOCIO NUMERARIO, En otro tiempo apenas levantábamos estatuas bien concluidas á los bienhechores de la patria, y teníamos mu- chos héroes. Phocion. Entretenimientos traducidos por don Martin Fermín de Labiano. Premiarías virtudes cívicas de nuestros mayores; exi- tar su posteridad á imitarlas; estimular nuestros ingenios á merecer los sufragios de un Cuerpo sabio y benéfico: he aquí los grandes objetos que yo concibo haberse propuesto la Sociedad Patrio'tica cuando ofreció "adjudicar una me- dalla de oro que pese cinco onzas, á quien formase el dis- curso en que mejor se demuestre, cuales son los cuatro sugetos de cualquier estado 6 condición, que por sus bue- nas obras sean mas acreedores á la gratitud de toda la Isla de Cuba en común, ó bien en particular de esta ciudad de la Habana, para erigirles otras tantas Estatuas en el paseo público extramuros de ella; excluyendo de estos honorífi- cos monumentos álos que actualmente viven, para cer- rar toda puerta á la torpe adulación." [*] A vista de unos rasgos en que igualmente admiróla gratitud y la sronerosidad, la equidad y el patriotismo, el amor á las virtudes y á la sabiduría, yo me considero trans- portado á las márgenes del Alpheo en los dias mas felices déla Grecia, y desde allí ver consagrarse en aquel valle espacioso el Laccdemonio y Atheniense, el Tebano y el Elide, el Orador y el Poeta, el Rey y el Vasallo, el Sabio (") Papel periódico de la Habana número ^7, año de 1792. — 110 — y el Guerrero para disputarse con los mas vivos y ardientes conatos una guirnalda y una estatua que siempre se adju- dicaba al mérito incontestable de la virtud y sabiduría. Que aquellos jueces, depositarios de la libertad, de la gloria y felicidad de la Grecia, despreciasen con igual for- taleza las promesas y amenazas de Dionisio; que perpetua- sen los nombres de los héroes victoriosos designando con ellos las Olimpiadas, y elevándoles en la selva vecina mas ue seiscientas estatuas; que un padre muriese de gozo abrazando á su hijo que acababa de obtener estos honores; nada era mas necesario ala subsistencia de unos pequeños estados, cuyas fuerzas precarias exigían confederarse para resistir al poder de sus rivales: nada mas conforme al ca- rácter entusiasta y sensible de una nación la mas celosa de su libertad, y la mas amante de la gloria; de una nación, cuyas leyes no reconociendo otro mérito que la agilidad y fortaleza, la virtud y el talento, á todos premiaba con la mayor equidad, á ninguno prohibia aspirar álos primeros honores; de una nación en fin, cuyos individuos tenían in- deleblemante grabada en su corazón esta máxima de Pe- ricles: la felicidad consiste en Ja libertad, y la libertad en la grandeza de alma. Pero que los Socios Patrióticos de la Habana fran- queen las puertas de su Circo á cualquier hombre que la haya beneficiado, sin exceptuar estado 6 oondicion; que sean tan celosos de su libertad, que osen cerrarlas á todo viviente, para evitar se presuma que la vil y torpe adula- ción haya podido arrancar la guirnalda de sus manos, como si esos monumentos de beneficencia y humanidad no fue- ran los mas fieles garantes de su equidad y justicia; que las virtudes republicanas brillen con el mayor explendor en los vasallos de un Monarca, cuando los insurgentes pro- tectores de la humanidad osan comprarlos á Tarquino ce- gando los vastagos de las amapolas que descolloban; quie- re decir, renovando en sus hechos la execrable ley del Os- tracismo; tan generosos, tan heroicos sentimientos nadie pudo inspirárselos sino esa magnánima filosofía, que seme- —111 — jante al luminoso astro de la mañana, se ha presentado en nuestros horizontes arrollando las densas nieblas de la ig- norancia y del orgullo, para hacernos ver que el hombre en tanto es mas grande en cuanto mas útil á sus semejan- te.*; que no puede ser útil sin ser virtuoso; y que las virtu- des le hacen tan libre en todos los países, y entre las mis- mas cadenas, como digno de la gratitud y veneración de todos los hombres. Esta es sin duda la i de t que se ha formado de la gran- deza ese Congreso de filósofos. Prescindiendo al hombre del explendor de la cuna, de las acciones desús progeni- tores, de sus dignidades y riquezas, y de todo lo que no es suyo, según la expresión de Séneca, le admira solamente y le venera cuando lo exigen sus propias obras. Si bis que hicieron nuestros mayores en obsequio de la humanidad y de la patria, pudieran ellos mismos insinuarlas; si á esas respetables cenizas todavía inflamadas con el fuego sagra- do de la beneficencia, les fuera concedido reanimarse, y romper las losas del sepulcro para ocupar los espacios que llenará su gloria eternamente: si les fuera lícito presentar- se en este santuario del patriotismo no para hacer alarde de la agilidad y fortaleza de sus músculos, sino de los ¡efectos y sentimientos de sus corazones; entonces, Señores, no vacilaríais entre la verdad de los hechos, y la energía o' languidez del orador; del orador que puede exagerar d enervar el mérito de las acciones. Pero no interrumpamos el dulce reposo que ellas les hubieren merecido: dejemos que sus almas benéficas dis- fruten tranquilamente el digno premio deesa virtud, que en sentir de Marcos Túlio, asemeja mas que otra alguna los hombres al eterno: ni privemos sus reliquias de aque- llas lágrimas de gratitud y ternura, que la viuda y el pu- pilo, el anciano y la doncella, la humanidad misma derra- ma sin interrupción sobre sus sepulcros, incomparable- mente mas preciosas que las libaciones, los laureles y mir- tos que ofrecían otros pueblos en los mausoleos de sus héroes. La gloria de los hombres benéficos no se encierra ba- - 112 — jo el mármol que los cubre. La tierra entera es su- sepul- cro. Su nombre vive en todas las almas, y su memoria en todos los corazones. La humanidad misma lo perpetua, y conserva sus obras hasta las últimas generaciones. Asi mientras existiere la Isla de Cuba, se alabare á Cristóbal Colon, á Juan Caraballo, á Martin Calvo de Arrieta, y al Sr. D. Carlos Tercero, por admiración, por reconocimien- to, por nuestro mismo interés. El descubrimiento y con- quista de esta Isla; la fundación del Hospital y Escuela de Belén: el aumento de la población de la Habana; su reden- ción y libertad de comercio; ved aquí las obras mas gran- des que admiro en ella, y exigen de vuestra gratitud con- sagréis á sus autores las Estatuas que intentáis elevar. Si yo no tuviese la dicha de hablar á unos patriotas^ ilustrados con la filosofía, y con una re'igion bajada de los cielos, sin duda me abstendría de adocenar al Rey con los vasallos, al Jefe con los subditos: pero á los oidos de un filósofo cristiano, estos nombres pomposos Emperador, Rey, Magistrado, no significan otra cosa que protecto.- de la humanidad, depositario de sus derechos, remunerador de la virtud. ¿Y será justo que un ministerio tan augusto y Bagrado les prive de los homenages que tributamos á la misma virtud que los hace dignos de nuestra obediencia y humillación? ¿El Rey mas benéfico de España, el mas in- teresado en el bien y felicidad de la Habana, será lanzado de su recinto, cuando absolutamente convoca á todo hom- bre de cualquier estado o' condición que por sus buenas obras sea digno de su gratitud? Gelon. Dionisio y Filipo, no se desdeñaron de pre- sentarse en loa juegos Olímpicos, persuadidos de que el título de vencedor en estos combates, no cedia al de con- quistador, y que la palma Olímpica realzaba muy mucho tom. i. 15 — 114 — elexplendor del cetro y la diadema. ¿Y Carlos Tercero, el tierno y benéfico Carlos, rehusará disputar el premio de una virtud que le fué tan grata, teniendo un derecho in- contestable para esperar el laurel inmarcesible? A mi me parece que este triunfo le causaría un placer mas puro y tranquilo que las victorias de Veletri y ('ampo Santo; Y que si todavía es sensible á los homenages que le tributa rnos sobre la tierra, apreciará mucho mas ver colocada su augusta efigie entre unos vasallos amantes de la humani- dad y virtudes cívicas que al lado de Pompeyo y Alejan- dro, de Atila y Tamerlan, á quienes seria preciso repre- sentaren la acritud mas fiera; teñidos con la sangre de sus- semejantes, y apoyados sobro las ruinas sagradas de la hu- manidad, de los pueblos y naciones. jQue espectáculo tan execrable á los ojos da un Rey humano y pacífico, á los tiernos ojos de un filósofo cristiano! Dejemos que los pueblos Isedónios y Antropdphagos perpetúen los nombres de esos misántropos, oprobios del ^rono y de la humanidad, cuyos oidos solamente se deleita- ban con el horrísono eco de I03 ayes y lamentos, y á cuya vista nada era tan hermoso como un grupo de esclavos abrumados con las cadenas, exhalando unos el postrer aliento al rigor de las penas mas acerbas, privados otros de una vida mas terrible que la misma muerte. Pero nosotros^ ilustrados por una ciencia que á un mismo tiempo rasga las entrañas de la naturaleza, conmueve y enternece las nuestras; nosotros, vasallos de un monarca en cuyo cora ron la misericordia y la clemencia han fijado su domici- lio; alumnos de una religión de paz y de dulzura, consa- gremos nuestros votos y sufragios al hombre tierno y sen- sible, que ama sus semejantes, los proteje, los fomenta y divide con ellos los preciosos dones que puso en sus mano8 la Providencia. Tales son los que he juzgado dignos de esos monumentos de vuestra gratitud. Elevádselos pues, vene- radlos y perpetuadlos. El derecho que concibo en el Almirante Colon para exijir el mas público testimonio de vuestro reconocimien- 115 — lo, no se funda precisamente en haber sido el primero de los europeos que imprimid sus huillas en las arena-» de nuestras playas. Si por espacio de 45 años no se hubiese preparado á esta épooa dichosa, ilustrándose con el pro- fundo y constante estudia de las matemáticas; sacudiendo el yugo de ¡as mas respetables déspotas del entendimiento humano; superando muchas veces las barreras que opuso Alcides á la ambición de los conquistadores, á la codicia y osadía de los navegantes; si su espíritu circunscribiéndose á la esfera que acababan de fijar los últimos viajeros, no ^e abriese un nuevo teatro donde esplayar sus talentos, su genio é intrepidez; si á vista de la ignorancia de sus com- patriotas, de la perfidia de los Portugueses, de la pusilani- midad y lentitud de Fernando Quinto, se intimidara, y depusiese por una sola vez la sublime idea quo habia con- cebido; si por unos datos irrecusables no demostrase, que cinglando al Oeste por medio del Océano Atlántico se en- contraría infaliblemente un pais que completase el globo de la tierra; si Colon en fin, antes de superar los grandes obstáculos con que la naturaleza nos habia separado del antiguo continente, no hubiese triunfado de los errores y preocupaciones de su siglo, de la envidia y felonía de los hombres; yo temería consagrar á la audacia, ó feliz casua- lidad aquellos sufragios dignos solamente de un valor in- trépido y reflexivo, de un resultado previsto, de un cálculo científico, de unas virtudes las mas heroicas. Ved aquí los resortes que elevaron al conquistador de Cuba áese punto de vista en que arrebata nuestra admiración. El hombre no se coloca sobre, la esfera común por un solo conato del cuerpo ó del ingenio. La naturaleza le pre- para con mucha lentitud, y él se perfecciona, ó cebando con toda 11 médula de su cerebro la lámpara de Cleantes, ó prodigando repetidas ocasiones sus riquezas y su mas preciosa sangre en obsequio de la humanidad y de* la pa- tria. Descartes, antes de formarse un hipomódio excéntrico á la naturaleza para darla desde allí nueva forma,? analizo7 todos los entes sin respetar ni el rayo extermiuador, ni el — 116 — océano procelo-o ni á su propio espíritu; también habia mensurado la altura de los cielos, la ruta de los astros, la magnitud desús o'rbitas: la potencia de los agentes, la vir- tud centrífuga, las acciones de los animales y hasta el mis- mo infinito lo habia sujetado al cálculo geométrica, cuan- do osó decii: dadme materia y movimiento, y formaré nuevos mundos. Así Colon antes de ofrecer á Fernando la posesión de uno, criado desde el principi o del tiempo, estaba mas sóli- damente convencido del feliz éxito de su empresa. Pero el Rey de Aragón, aunque tan ambicioso como el de Mace- «donia, no dio el mismo crédito al nuevo Anaxárco. Exhau- to el erario, arruinado el ejército, empeñado actualmente en la conquista de Granada, Fernando, tímido por carác- ter, y animoso por reflexión, compara la gloria que podia resultarle con las erogaciones que debia hacer, y sino le desprecia como el Senado de Genova y Juan II, no le es- cucha al menos con toda la deferencia que merecía el pri- mer sabio de su siglo. La existencia de los antípodas se mi- ro como una ridicula paradoja en la patria de los Sénecas, y donde Aristóteles reinaba con depotismo. Los Maestros de la Hesperia desconocen al nuevo Thespis, descubridor de otro mundo, anunciado habia quince siglos por uno de bus poetas. Destituidos de los elementos de la esfera, su- persticiosamente adheridos á la doctrina de algunos anti- guos, émulos de la gloria á que aspiraba, Colon lucha in- í.uctuosamente por espacio de siete años contra la obsti- nación de la ignorancia, contra el orgullo del goticismo, contra las sugestiones de la envidia. Al cabo de este tiem- po una débil centella de consuelo brilla en su alma desola- da. Pero sus esperanzas, mas momentáneas que la luz del relámpago, solo le manifiestan nuevos obstáculos, mayores amarguras. Con todo, su espíritu magnánimo nunca pierde su firmeza y elevación, jamas duda de la infalibilidad de su sistema, ni abandona por un solo momento la grande empresa que habia comenzado. La constancia es el carácter de los héroes. Ella no so- — 117 — lamente conserva en las tribulaciones aquellas virtudes que brillaban en los dias mas serenos y tranquilos, si también descubre otras nuevas que yacian eclipsadas bajo las deli- cias délas prosperidades. Colon desairado dos veces de Fernando V, y de otros Potentados; escarnecido por unos ignorantes presuntuosos, y por un vulgo idiota; reducido á la indigencia y oscuridad de un claustro testigo de los mas fieros combates que ha sufrido el espíritu humano, me pa- rece mas sabio, mas fuerte, mas intrépido y magnánimo, que Colon penetrando impávido por el anchuroso imperio délos mares, pasando el Trópico con universal admira- ción de la naturaleza, y presentándose en las playas de nuestra Isla condecorado con todos los honores que podia dispensarle un Monarca de Castilla. Si hubiese entrado en ella como Alejandro en Tiro, y Lúculo en Cáusia, la espada en una mano y el fuego en la otra, para reducir á pavesas desde la humilde choza has- ta el dorado templo, y precipitaren el sepulcro al anciano que estaba en su borde, y al infante que respira el primer aliento; ó si previendo la felicidad de Alfinger, de los Fili- bustieres y otros desoía lores de nuestro continente, pene- trase en Cubanacan produciendo los fenómenos mas terribles que se h-ui visto en la m>ral[*~¡ yo detestaría su memoria, y abismaría su nombre execrable en las lóbregas regiones del olvido. Camilo restituyendo á I03 Faliscos sus caros hijos en- tregados por la perfidia de un maestro, y triunfando de Vejo mas por su generosidad y beneficencia! que por el va- \ory disciplina de sus legiones; hó aquí la imagen mas pro- pia de Colon, del mas humano de los conquistadores como le llama Raynal, del mas grande á los ojos de Robertson. La paz y la beneficencia eran sus lictores, la misericor- dia y clemencia, las insignias de sus estandartes, la huma- nidad, la santa humanidad presidia en sus consejos, dirigía sus marchas, trazaba sus reales, dictaba suso'rdenes, é im- ponía el suave y leve yugo de los Reyes Católicos sobre ["] Reynal tratando de los Filibustieres. - iiá - las cervice3 de los que habitahan desde el Rio do San Sa'- vador has*a Hayatiquiri, y desde aquí hasta la costa meri- dional de H luigiiituica, sin que ¡amas percibiesen el horrí- sono estallido del cañón, ni los agudos filos del acero. Ad- miremos pu^s su intrepidez, venérenlos su sabiduría, reco- nózcanlo? su humanidad, seamos sensibles al interés cou que solicitó ponernos, no entro las cadenas de un déspota inexorable, sino bajo la protección de una, madre tierna, gensrosa, b-juéfica; de la incomparable Isabel de Castilla. Después de aquel héroe el mas acreedor á la gratitud de toda la Isla de Cuba, seria muy justo colocar la esta- tua del hombro ingenioso, á quien debemos la ventajosa situación de nuestra patria. Un valle espacioso, llano, fér- til, mas delicioso por naturaleza que los jardines de Ornar con los auxilios del arte; un puerto accesible en cualquiera estación, preservado por sí mismo de la impetuosidad de los vientos, de la saña y codicia de los hombres, capaz de Contener en su seno las escuadras de Felipe II, y las flotas de Tiro y de Cartazo. ¿Debió liorna otro tanto á los hijos de Laureutina? Pero su ilustre nombra sirviendo de apoyo á los profundos cimientos déla grande obra que emprendió, ha frustrado la diligencia y perspicacia de los historiado- res. Nosotros le ignoramos, carecemos del dulce placer de repetirle, y solo podemos manifestarla nuestra gratitud eri- giéndolo un monumento semejante al Ara que consagra- ron los Athenienses al Dios no conocido. Pero su lugar le ocupará dignamente entre sus postu- mos el mas interesado en perfeccionar Sus ideas, y en con- servar con sus beneficencias aquellos colonos que habia congregado sin dada por el ejercicio de alguna virtud gra- ta y proficua ala sociedad. No obstante las proporciones que la Habana ofrece á muchos para gozar una vida grata y deliciosa, muchos mas la abandonarían, y querrían mas bien habitar entre las nevadas grutas de los Lapones, ó en las Cabanas del Hotenttote, "si no encontrasen quien les auxiliara cuando con una vos lánguida, y moribunda excitau .nuestra ternura y compasión. Para fomentar la patria, para — 119 — conservarlos débiles, pero útiles individuo» de la humani- dad, para cumplir con el mas sagrado precepto de la reli- gión, D.Juan Caraballo constrnye un monumento mas pre- cioso y magnífico á los ojos del patriota ilustrado y sensi- ble, que los arcos triunfales, y el .mismo Cap'tolio de la so- berbia Roma. Allí no es arrastrado con las cadenas el hom- bre fuerte y robusto para verterle la sangre, elevar sus for- nidos músculos y sacrificar su vida en una oblación que hacia tan detestable al numen que la aceptaba, como ul ministro que la ofrecía. L« misericordia y la clemencia con- ducen en sus brazos á esa mansión ságrala la débil y exá^ nime humanidad para repararlas ruinas que amagaba, mi- tigar sus dolores, disipar sus penas, y restituir á sus micm^ brosdesfallecidos la fortaleza y agilidad que exige para dilatar sus dias. Allí no resuenan las imprecaciones, ni ¡os gritosdola rabia y desesperación. Una boca próxima a exhalar el último aliento se iva ni ¡na para elevar hasta el cielo los votos de su gratitud, bendecir á su benéfico pro- tector, y hacer resonar su nombre éntrelas pajinas chozas de aquellos pueblos que despreciando todas las delicias y comodidades, nO reconocen otro bien que la salud y la vida. Pero no son los infelices valetudinarios el único objeto á que destinó Caraballo todo su caudal: La Religión y la Patria le presentan la humanidad en otro estado no menos digno de su amparo y protección. Lajuventud, esa edad en que el hombre no siendo útil á la sociedad puede esta dis- ponerle para que la proporcione las mayores ventajas; la juventud ha merecido por esta consideración el mayor aprecio y esmero de los verdaderos patriotas. Nada inferior en esta gerarquía á los republicanos mas celosos. Caraba- llo no satisfecho con auxiliar al hombre en lus dias mas terribles de su existencia, conservando á la patria sus pre- ciosos ciudadanos, procura también darla otros nuevos que la llenen de honor y de gloria, instruyéndolos en los eler mentos de la Religión y de las ciencias. Su beneficencia di- latándose á todas las partes que constituyen al hombre, — 120 — ocurre á un mismo tiempo ásus necesidades corporales y á las espirituales. La ignorancia, que produce tantos extra- gos en el espíritu, como la enfermedad en el cuerpo, desa- parece en la juventud habanera desde la fundación de la escuela gratuita de Belén, como la debilidad y languidet con el auxilio de su enfermería de convalecencia, y si toda- vía no se han ocupado en esta todos los lechos que tiene preparados, tampoco se han llenado los escaños de aquella, siempre francos, siempre capaces de recibir ácuantos quie- ran ocuparlos. El Noble y el Prebeyo, el Poderoso y el Miserable, el Blanco y el Negro, todo valetudinario, todo joven encuentra tan abiertas las puertas de la Enfermería de Belén, como las de su Escuela de leer y escribir. [*] ¡Admirable, generosa Beneficencia, tu serás trasmiti- da de una en otra generación hasta el último de los días! ¡Tú serás elogiada mientras el hombre aprecie la salud y las ciencias! Los débiles músculos de su lengua balbucien- te empezarán á ejercitarse articulando el nombre de Cara- ballo, y estos mismos órganos desfallecidos conservarán su uso repitiéndole incesantemente. Entretanto la Habana retiene sus habitadores, y ad- quiere otros nuevos capaces de ejercer las mas augustas funciones de la sociedad. El intérprete de la Religión y las Leyes; el guerrero que desea instruirse en su arte, funesta á la verdad, pero necesaria para contener los insurgentes; el labrador que rehusa observar una práctica monótona y nada ventajosa; el artesano que pretende dar á la materia toda la perfección posible; el indigente que no puede sub- (*) Caraballo costeó él solo toda la fábrica de la iglesia de Belén, y un ángulo del primer claustro. Una muerte violenta, y un pleito suscitado por varios sujetos que se juzgaron con derecho á sus bienes, interrumpieron por espacio de 11 años el curso de sus beneficencias: pero el de 29 de este siglo el Sr. Ayarde, Provisor en sede vacante de esta Diócesis mandó por sen- tencia definitiva que se trasladasen sus huesos déla Iglesia de RR. PP. Agus- tinoB, donde se dio sepultura á su cadáver en calidad de depósito, según eonsta de un auto proveido por el Illmo. Sr. Valdés, al sepulcro que fabricó en lalglesia de Belén, y que á estos religiosos se le entregasen 8U,000$, Iob 20,000 para continuar la fábrica y los 60,000 para gastos de enfermería. El «ño de 86, siendo Provisor el Illmo. Sr. Dr. D. Luis Peñalver y Cárdenas confirmó egta sentencia. En el archivo de los RR. PP. Belemitas existen loa documentos de donde he tomado estas noticias. — 121 — sistir por la fortaleza de sus nervios: el poderoso que de- testa vivir como un autómata sumergido en el oro y en los deleites corporales; el literato que ilustra la patria.con las verdades que fluyen de su pluma; el negociante que la enriquece con sus relaciones mercantiles; todos se actúan en la Escuela de los Belemitas, aprendiendo aquellas no- ciones preliminares, sin las cuales nada podrían empren- der. (2). A pesar de un establecimiento tan vasto y provecho- so, los habaneros no estaban igualmente socorridos, ni sa- tisfechas todas las necesidades de la humanidad. Su por- ción mas débil, mas sensible, mas expuesta á la infelicidad, solo podia evitarla á costa de un sacrificio el mas heroico, y muchas veces involuntario. Sepultarse para siempre en un claustro, o' prostituir su cuerpo á un torpe lucro, ved aqui el terrible dilema que proponía á nuestras infelices donce- llas su misma situación. Pero cuando la naturaleza y el ho- nor luchaban con mas violencia en sus pechos angustiados y redoblaban sus últimos esfuerzos para obtener cada cual la preferencia, termina este fiero combate la presencia de un ciudadano superior al fanatismo de su siglo; de un pa- dre el mas acreedor á este augusto título: de un hombre capaz de perpetuar su especie, sino dilatando la existencia de sus individuos, reprodueiéndolos al menos con nuevas generaciones: tal fué el Sr. D. Martin Calvo de Arrieta. Hombre, Padre, Ciudadano el mas perfecto; de todo ha dado las pruebas menos equívocas, no excitando sus compa- triotas á robar las vírgenes de los pueblos vecinos, ni, lo que es mas execrable, á prostituir sus propias hijas, como hicieron Rómulo y los Ephores de Esparta, después que la arruinaron los Mesinenses; sino de un modo el mas digno de un patriota generoso y benéfico, el mas conforme á- la Religión; destinando un fondo de 102000 pesos con cuyos réditos debían dotarse anualmente cinco doncellas. [*]. [21 No ¡«moro, que D. Juan Caraballo futí posterior alSr. D. Martin Calvo, pero "no me considero obligado á seguir un orden cronológico. (*) El Gobernador Martin Calvo de Arrieta, natural y veeino de esti TOM. 1 16 — 122 — Vosotros----No sé como os llame, y Julio César tam- bién lo ignoraba: no se atrevía á llamaros hombres, por que no habéis dado prueba alguna de vuestra humanidad: ni merecéis el título de ciudadanos, por que lejos de fomentar la patria, os empeñáis en destruirla. Vosotros, egoístas in- sensibles, que reconcentráis en vosotros mismos vuestro ser y vuestros bienes, entes quiméricos y ridículos que te- méis haceros menos felices, dividiendo con otros vuestras propiedades; célibes profanos, que cometéis tantos parrici- dios cuantos hijos rehusáis engendrar, estremeceos y pe- did á la tierra os abisme en sus entrañas á vista de ese ras- go dictado por todas las virtudes sociales. En vano el fanatismo cubriéndose bajo el espacioso velo de la piedad, ha querido persuadirnos que si alguna vez nos es lícito deshacernos de aquellos dones que nos ha concedido la Providencia para dispensarlos á los que ella juzgó indignos de poseerlos, deberíamos precisamente ha- cérselos desfrutar al pié de los altares; en vano el volup- tuoso embriagado en sus placeres juzga necesario para la conservación de su ser cuanto le ha prodigado la natura- leza: en vano la dureza del corazón fascinando la mente ha- ce discurrir con inhumanidad y fiereza, prorumpiendo por la boca del Estoico: ninguno debe dar á otro cosa alguna; Martin Calvo inflexible á todas las seducciones del enten- dimiento y del corazón, rasga el velo de la hipocresía, pe- netra el espíritu de esa Religión dulce y suave, que con- sagra la castidad y el amor conyugal, examina sus necesi- dades verdaderas y facticias, y plenamente convencido por la razón y la gracia exclama con un Sabio: "yo no he nacido para mí mismo, sino para ser útil á mi patria y á mis semejantes: estas riquezas no se me han concedido para que yo solo las disfrute: la fortuna no pudo dispensarme don mas excelente que poder conservar la existencia de muchos con mis auxilios; ni la naturaleza cosa mas apre- ciable que ejecutarlo." ciudad de la Habana, Bffl&wt testamento otorgado en 10 de Noviembre de 1669, mando imponer f$P5¡K)0$! atributo, para que con los 5000 de sus rédi- tos anuales se casen todos los años cinco huérfanas pobres, dando á cada una 1000$ de dote, etc. Papel periódico de la Habana, número 12, año. — 123 — No se demora un instante. Impelido por una fuerza irresistible corre en pos de la débil y sencilla humanidad, la busca entre las ruinas de esos antiguos edificios, testigos de su indigencia y miseria; la encuentra rodeada del dolor y la amargura, y extendiendo su mano generosa y munífica; enjugad, la dice, vuestras lágrimas, tranquilizad vuestro espíritu. Tomad: conservad vuestro honor; sed fieles á la la Religión, sed útiles ala patria. Dadla hijos fuertes y laboriosos que beneficien sus campos, ejerzan las artes, surquen los mares, cultiven las ciencias, pobladlade arte- sanos, náuticos, labradores y sabios que laven todo aquel lustre y opulencia que puede recibir. Pluguiese al cielo no se hubiera elevado á tanta gran- deza, ¡quizas no pareciera entonces tan hermosa á los ojos de una nación siempre émula de nuestras prosperidades ! Jorge III, previendo se desplomaría su trono, arruinado el de Joseph I. de Braganza, no solamente le auxilia con 10000 soldados aguerridos, si también determina contener las rá- pidas conquistas de losespañoles usurpándoles, una plaza la mas necesaria para conservar sus Indias, la mas útil á los proyectos ambiciosos de la Gran Bretaña. Tu fuiste. ¡Oh Habana! tu fuiste la elegida por los ilustrados Ministros de San James. Para ti se prepara una escuadra de las mas respetables que han surcado tus mares; un ejército nume- roso y veterano. Tus muros, baluartes y edificios serán el blanco del bronce exterminador, y sus aceros se embotarán en los cuerpos de tus habitantes. Contra ti marcha el fiero Pokok y el inflexible Abermale, y después de sesenta y ocho dias los mas terribles en tus anales entrarán en tu recinto esparciendo por todas partes los mismos horrores que Lisandro en Athenas. ¡Gracias al cielo, yo no presencié la desolación de mi patria! Vosotros los que fuisteis espectadores de esta catás- trofe horrorosa, acordaos de ella, aunque se os conmuevan las entrañas, para que mejor conozcáis las beneficencias de Carlos.. .Habaneros, Compatriotas ¿qué nombre ha fluido de mi pluma? Yo siento al escribirle palpitar mi corazón, — 124 — inflamarse la sangre en las venas, agitarse los espíritus, y ocurrir á mi mente arrobada las mas gratas y sublimes ideas: ideas de beneficencia, de ternura y generosidad. Alma grande, alma heroica de Carlos Tercero, site es concedido examinar los corazones de tus vasallos, sé tan sensible á los puros sentimientos del mió, como lo fuiste en otro tiem- po á los gemidos y lamentos de mis mayores. Ellos penetraron hasta su trono cuando toda la nación transportada de jubilo por la conquista de Almeida entona- ba alegres himnos. Carlos apenas los percibe, la impone un lúgubre silencio, arroja los laureles que ceñían sus sie- nes victoriosas, y experimenta los mismos afectos que An- nibal cuando supo el asedio de Cartago. La pérdida de la Habana no podia compensarla con todo el Reino de Portu- gal: determina redimirla, y profiere estas palabras dignas de perpetuarse en nuestros corazones: mas quiero ceder de mi decoro, que ver padecer á mis pueblos, pues no seré menos honrado siendo padre tierno de mis hijos. ¿Qué mas diría Ti- to, Tito las delicias del género humano por sus intermina- bles beneficencias? Consecuentes sus obras á sus palabras cede á-los in- gleses cuanto poseía en la América Septentrional; restitu- ye á Joseph 1. todas las plazas que le habia conquistado, y hace retirar sus ejércitos pisando los laureles que aun cortaban en los campos Lusitanos, y en los mismos jardi- nes de su Metrópoli. No fué tan generoso Annibal, ni mas amante á su patria cuando victorioso en Caanas del gran esfuerzo de los Romanos, y próximo á colocar sus estandar- tes en la misma cúpula del Capitolio, abandona aquel tea- tro de sus glorias, y vuela á redimirla de la espada de Scipion. Pero no es esta la única prueba que nos ha dado de su amor y beneficencia. El Reinado de Tito no fué mas feliz á los Romanos que el de Carlos Tercero á los Habaneros. Calculad sus dias y sabréis el número de las gracias que no8 dispensó. Pero el 16 de Octubre de 65, el 23 de Marzo de 68, el 5 de Julio de 70, sobresaldrán tanto en los brillantes — 125 — fastos de nuestra prosperidad, como el Sol y la Luna entre los astros del firmamento. Entonces fué cuando rompien- do las antiguas y gravosas cadenas de nuestro comercio, lo franqueó a los principales puertos de Europa: suprimió una multitud de derechos que aprisionaban la industria y ener- vaban laactividad, y con sola una acción nos hizo á todos felices, proscribiendo aquel detestable monopolio que en- riquecía á cuatro particulares con detrimento de toda la Colonia. Esta es la época de la igualdad en nuestras fortu- nas: este el fecundo cauce de donde han manado nuestra* prosperidades. De aqui el fomento de trescientos y mas in- genios de azúcar: de aqui la fábrica de esos edificios que decoran la Habana, honran las artes, protejenla humani- dad. De aqui.... seria interminable si pretendiera referid- las por menor. De aqui la feliz metamorfosis que ha con- vertido nuestra patria de un caserío informe y mísero, en una ciudad culta, brillante y populosa. ¿Y sofocaremos en el recinto de nuestro pecho los sentimientos que no dudo lo inundan? ¿No daremos un sensible testimonio de nuestra gratitud y fidelidad? Ningu no, es muy cierto, ninguno es digno de la grandeza de Car- los, ni de la menor de sus gracias. Pero si nuestros dones hubieran de proporcionarse á el objeto á quien se consa- gran, ni el hombre tributaria cultos á su Criador, ni el Va-. sallo á su Monarca. El Omnipotente no se desdeña de acep- tar los homenages de sus criaturas; Carlos, siendo su misma imagen, recibirá los nuestros con agrado y complacencia. Tributémosle, pues, el mas público, el mas durable y res- petuoso. Formemos su efigie imitando la que existe en nues- tros corazones. Coloquémosla donde nuestros ojos no se sacien de verla y admirarla. Venerémosla, y levantemos el grito de nuestra lealtad y reconocimiento, cuando una na- ción ingrata y pérfida, enarbolando el estandarte de la re- belión y anarquía, derriba, destruye y profana la del mas grande y generoso de sus Reyes. Corramos en fin á recoger aquellos sagrados fragmentos. Ninguna materia mas pre- ciosa para formar la estatua de Carlos Tercero: ningún — 12G — destiuo puede darse mas honorífico á la de Luis XIV: el cuerpo de Carlos se engendro' de la sangre de Luis, que se forme su imagen de las reliquias de aquel augusto proto- tipo. Sin embargo del incontextable derecho de los sugetos (jue os propongo, yo no me lisongeo de obtener la palma victoriosa: mis lánguidas frases habrán minorado el mérito de unas acciones capaces por sí solas de concillarse la una- nimidad de vuestros sufragios. Pero en una ilusión de mi halagüeña fantasía los vi colocados en el lugar que habéis elegido. Vi también un anciano venerable, que deseando excitar en su pequeño hijo el amor á la patria y á Ja huma- nidad, le conduce á ese nuevo peripato de las virtudes cí- vicas; preséntale esos monumentos honoríficos, y en un ra- zonamiento sencillo, pero enérgico, le hace verla intrepi- dez y humanidad, la beneficencia y generosidad de aquellos ilustres varones, dignos de la gratitud y veneración de la imparcial posteridad. Muéstrale en fin la estatua de Carlos Tercero. Esta.... pero hijo mío, le dice, póstrate en su presencia, bésala tierra en que se apoya, respétala y ben- dícela, aun antes de saber quien es su original. Esta, la mas digna de eternizarse, y en vuestra veneración la primera, es la imagen mas propia del grande, del inmortal Carlos Ter- cero, nuestro Rey, nuestro Padre y Restaurador. Esecaduceo que le ves en la siniestra mano, indica que fomentó nuestro comercio, lo franqueo y nos hizo á todos partícipe» de las prosperidades que solo disfrutaba umcorto número de individuos, las cadenas que rompe con la diestra, son las que arrastramos cuando los ingleses se apoderaron de nuestra patria el año de 62 de este siglo. Feliz tu, querido hijo, y mas feliz yo por no haberte aun en- gendrado. ¿Cómo hubieras podido soportar las indigencias, tribulaciones y trabajos que tu madre y yo padecimos en aquellos funestos dias? Penetrado del dolor mas vehemente fué preciso separarme de esa fiel y amable compañera; ella salid por ese campo sin destino, sin viático, sin guia, sola, acompañada únicamente de las mayores penas y amargu- — 12? — ras: yo quedé en la ciudad defendiéndola de los enemigos, y después que inútilmente derramé la sangre de mis ve- nas. .. .El Padre no puede continuar la historia de nuestra cautividad y restauración. Sus fauces se secan, la voz se enronquece, los ayes y sollozos suceden alas palabras. A vista de un espectáculo tan tierno, el hijo se consterna* Vuelve á postrarse álos pies de la imagen del clementísL mo Carlos, y después que la mira con la mayor admiración los besa segunda vez y los riega eon sus lágrimas; lágrimas de ternura, de gratitud y veneración semejantes á las que derramó el rapar Themístocles al ver la estatua del grande Milcíades. ISSCRIPCIOHS. El Almirante Don Cristóbal Colon, Descubrió esta Isla de Cuba, V la subyugó pacíficamente á la España: La Habana admira su intrepidez, V consagra este monumento á su actividad. Don Juan Francisco Caraballo, Natural de Sevilla, y vecino de la Habana, Hizo magnificas erogaciones Para fundar la Escuela y Hospital de Belén: La gratitud pública eterniza su memoria. Don Martin Calvo de Arrieta, Natural y vecino de la Habana, La dejó un fondo de 102,000 pesos Para el dote anual de cinco doncellas: Pobres, bendecidle; ricos, imitadle. El Señor Don Carlos Tercero Nos redimió del yugo Anglicano, Y franqueo' el comercio de la Habana- Reconocida a tanta beneficencia Perpetúa su nombre, y le bendice. Insertamos las dos memorias relativas al premio que se propuso por la Real Sociedad Econo'mica en 17í»3para la construcción y formación de varias estatuas, según el programa anunciado. No queriendo hacer alteración de nues- tra parte en los trabajos del Dr. Romay, hemos preferido la duplicación, para que el lector vea la primera que fué premiada, y la segunda que con sus propias correcciones y notas se hizo muchos años después en contrario caso. habríamos tenido que alterar el texto primitivo para inter- calar las notas, y para no cometer esta profanación, r epro- ducimos aquella, ignorando los motivos que tendría el ilus- tre escritor para la variación posterior. Sirva esto, para que no se extrañe la duplicidad de este trabajo, aunque su importancia y mérito lo pusiesen á cubierto de toda crítica. TOM. I 17 DISCURSO SOBRE LOS CUATRO SUG1TGS QUE POR SUS BUENAS OBRAS SON MAS ACREEDORES A U GRATITUD DE TODA LA ISLA DE CUBA EN COMÚN, Ó BIEN EN PARTICULAR DE ESTA CIUD Vo DE LA HABANA, PARA ERIJIRUUS OTRAS TANTAS ESTATUAS EN EL PVSEO PUBLICO EXTRAMUROS DE ELLA; PREMIADO POR LA SOf-«D ECONÓMICA DE LA HABANA EN SESIÓN DE 24 DE JUMO ^ 1794. SU AUTOR, EL DOCTOR DON TOMAS F C :AY, INDIVIDUO DE HONOR DEL MISMO CUERPO PATRIÓTICO f.-.-. SEGUNDA EDICIÓN. Agregadas algunas notas por el autor. , A \* A LA MEMORIA SIEMPRE GRATA Y RESPETARLE DEL EXCMO. SR. IUÍS DE LASJ1SAS V ARAGO Rlil, CoN^AUlt/. f'\rít /'(,;/<,/,<7y¿ (/f y//< ¿a 5, el 26 de Ma- vii de 68 y el 5 de Julio de 770 sobresaldrán tanto en los fastos de nuestra prosperidad; como el sol y la luna entre los antros del firmamento. Entonces fué cuando rompien- do las antiguas v gravosas cadenas de nuestro comercio, lo franqueó á los principaks puertos de la Península, su- — 156 — primió una multitud de derechos que aprisionaban la in- dustria y enervaban la actividad, y con un solo rasgo de su pluma nos hizo á todos felices proscribiendo aquel de- testable monopolio que enriquecía á cuatro particulares con detrimento de toda la isla. Esta es la época de la igual- dad de nuestras fortunas, este el fecundo cauce de donde han manado tantos y tan grandes beneficios. De aquí el fomento de trescientos y mas ingenios de fabricar'azúcar, de aquí esos edificios que decoran la Habana, honran las ar- tes, protegen la humanidad. De aquí.... seria intermina- ble si pretendiera referirlas por menor. De aquí la feliz metamorfosis que la ha convertido en una ciudad culta, brillante y populosa. ¿V sofocaremos en nuestros pechos los sentimientos que los inundan? ¿No daremos un testimonio sensible de nuestra gratitud y fidelidad? Ninguno, es muy cierto, nin- guno será digno de la grandeza de Carlos, ni de la menor de sus gracias. Pero si nuestros dones hubieran [de propor- cionarse al objeto á quien se consagran, ni el hombre tri- butaria cultos á su creador, ni el vasallo homenage á su' Rey. El Omnipotente nofse^desdeña'de aceptar los votos de sus criaturas; Carlos, siendo su misma imagen, admi- tirá los nuestros con agrado y "complacencia. Tributémos- le, pues, el mas público, el mas durable y respetuoso. For- memos su efigie imitando la que existe en nuestros cora- zones, coloquémosla donde nuestros ojos no se sacien de verla y admirarla. Esforcemos los votos de nuestra lealtad y obediencia cuando una nación ingrata y pérfida en ar- bolando ePestandarte^de la rebelión y anarquía, derriba, destruye y profana la del mas grande y generoso de sus reyes. [I] Corramos en fin á reeojer aquellos sagrados frag- mentos. Ninguna materia]mas preciosa para erijir la esta- tua de Carlos III; ningún destinopuede darse mas deco- roso á la que fué de Luis XIV.;E1 cuerpo de Carlos se en- gendro' de la sangre de Luis;]formdse, pues, su imagen de aquel augusto prototipo. — 157 — Sin embargo del incontestable derecho de los sugetos que propongo, no me lisonjeo de obtener la palma victo- riosa. Mis lánguidas frases habrán enervado el mérito de unas acciones capaces por si solas de conciliarse la unani- midad de vuestros sufragios. Pero en una ilusión de mi ha- lagüeña fantasía los vi colocados en el- lugar que habéis elegido. Vi también un anciano venerable que deseando escitar en su pequeño hijo el amor de la patria y de la hu- manidad; le conduce á este nueve peripato de virtudes cí- vicas. Preséntale esos monumentos honoríficos, y en un razonamiento suscinto y enérgico le manifiesta la intrepi- dez, sabiduría y perseverancia la beneficencia y generosi- dad de aquellos ilustres varones, dignos de la gratitud y veneración de la imparcial posteridad. Muéstrale en fin la estatua de Carlos III. Esta... pero hijo mió, le dice, pós- trate en su presencia, besa la tierra en que se apoya, res- pétala y bendícela antes de saber quien es su original. Es- ta, aunque última en la serie de los tiempos, pero en nues- tra veneración la primera, es la imagen mas propia del grande, del inmortal Carlos III nuestro Rey nuestro padre y restaurador. Ese caduceo que le ves en las siniestra ma- no, indica que protejió nuestro comercio, lo franqueó y nos hizo á todos partícipes de las prosperidades que solo disfrutaba un corto número de individuos. Las cadenas que rompe con la diestra, son las mismas que arrastramos cuando los ingleses conquistaron esta plaza el año de 62 del presente siglo. Feliz tú, querido hijo, y mas feliz yo por no haberte aun engendrado. ¿Cómo hubieras podido soportar las indigencias, tribulaciones y trabajos que tu madre y yo padecimos en aquellos funestos dias? Penetra- do mi corazón del mas vehemente dolor, fue preciso sepa- rarme de esta fiel y amable compañera. Ella salió por ese campo sin destino, sin viático ni guia, sola acompañada ú- nicamente de las mayores penas y privaciones. Yo quedé en la ciudad para defenderla de los enemigos, y después que inútilmente derramé la sangre de mis venas____ No pudo el anciano continuar la historia de nuestra — 158 — captividad y restauración Inmútase su rostro, la voz se enronquece, los suspiros y sollozos interrumpen las pala- bras. A vista de un espectáculo tan tierno el hijo se cons- terna, contempla con veneración la estatua del clementí- simo Carlos, arrójase á sus pies y los riega con lágrimas de admiración, de respeto y gratitud semejantes á las que vertió' un joven ateniense al ver la imagen ilustre de Mil- ciad es. — 159 — NOTAS. (á) Papel Periódico de la Habana número 87, año 1793. (\>) La Sociedad Económica, la Biblioteca pública, el Papel Periódi- co, las casas de niñas Educandas y de Beneficencia, fundadas por el Exorno. señor don Luis de las Casas, las escuelas primarias gratuitas, la oíase de Química el jardin botánico y el Instituto cubano, proyectado por S. E. (c) Casi a un mismo tiempo Leibnitz en Alemania y Newton en In- glaterra descubrieron el cálculo infinitesimal, y por esta coincidencia «e disputan esas dos naciones la gloria de haber resuelto aquel problema. (i) Venien annis sacecula seris Quibus Oceauus vincula rerum Laxet, et ingenB patcat tellus Tethysque novos detegat orbes, Nec sit terris ultima Thule. Sen. in Med. act. 2 ? scen. 3 f Wasgbinton Irving puso estos versos por epígrafe á su apreciable Histo- ria de la vida y viages de Cristóbal Colon.—El conde de Toreno los cita •n el número 4. ° de su Apéndice al libro 14, tomo 4. ° de la Historia del levantamiento, guerra y revolución de España, y añade: "parece que esta- ba destinado fuese un español el primero que pronosticara el futuro descu- brimiento de la América, y españoles los que le verificaran." Es muy ad- mirable la previsión con que este célebre escritor, natural de Córdoba, no solo anunciara con tanta anticipación el descubrimiento de otras grandes regiones como la América y la Oceanía, sino que también pronosticara en ellibro 7- • Naturalium qucestionum, que llegaría el tiempo en que se co- nociera que los cometas no son meteoros ígneos que aparecen y se disipan en la atmósfera, sino cuerpos eternos como los demás astros del firma- mento. (e) Baynal tratando de los Filibustiers. (f) Historia inédita de la isla de Cuba, escrita por su obispo el limo. Sr. D. Pedro Agustin Morel. (f) El gobernador Martin Calvo de la Puerta, natural y vecino de es- ta ciudad de la Habana, por su testamento otorgado en 10 de Noviembre de 1669 mandó imponer ciento dos mil pesos á tributo, para que con los cinco mil de sus réditos anuales se casasen todos los años cinco huérfanas pobres, dando á cada una mil pesos de dote &c. Papel Periódico de la Ha- bana número 12 año 1792. TOM. 1 20 — 160 — (h) Cicerón en diferentes lugares. (V Silvestres homines sacer, interpresque Deorun» Caedibus, et victu foede deterruit Orpheus; Dictas ob hoc lenire tigres, rábidos que leones. Horat. Epis. ad Pisón, (j) El limo. Sr. D. Diego Evelino de Compostela. (k) Caraballo costeó él Bolo toda la fábrica de la iglesia de Belén, y un ángulo del primer claustro. Una muerte violenta, y un pleito suscitado por varios sugetos que se juzgaron con derecho á sus bienes, interrumpieron por espacio de once años el curso de su beneficencia; pero el de veinte y nueve de este siglo el Sr. Ayarde, provisor en sede vacante de esta dió- cesis mandó por sentencia definitiva que se trasladasen bus huesos de la i- glesia de los BR. PP. Agustinos, donde se dio sepultura á su cadáver en ealidad de depósito, según consta de un auto proveído por el limo. Sr. Val- des, al sepulcro que fabiicó en la iglesia de Belén, y que á estos religiosos se les entregaran ochenta mil pesos, los veinte mil para continuar la fábri- ca y los sesenta mil para gastos de enfermería. El año de 1786 siendo pro- visor el limo. Sr. Dr. D. Luis Peñalver y Cárdenas confirmó esta senten- cia. En el archivo de los RR. PP. Belemitas existen los documentos de don- de he tomado estas noticias aunque no convienen exactamente con lo qu« refire Arrate en el capítulo 41 de su Llave al Nuevo-Muado. (1) Se hace alusión á la magnífica estatua ecuestre de Luis XIV colo- cada en una de las plazas de Paris. (11) Luego que se presentó la escuadra inglesa delante de este puerto el 6 de Junio de 1762, el Gobernador D. Juan de Prado publieó un bando para que inmediatamente salieran de la ciudad todos los hombres que no pudieran defenderla, las mugeres y los niños. En aquel tiempo llovía diaria- mente desde Mayo hasta Octubre, solo algunas familias pudientes tenia» una calesa, que era el único carruage que entonces se usaba, y no permi- tiendo la premura de la orden que se trajeran cabalgaduras del campo, fué preciso que casi toda la población saliera á pié por caminos intransitables sin destino, sin beático ni guia. No exceptuándose ni las monjas, relajaron la clausura y partieron custodiadas unas por el Obispo diocesano, y otra» por eclesiásticos respetables, presentando un cuadro tan lastimoso y en to- do muy semejante al que ofreció Roma cuando aproximándole el ejército de los gaulas dirigidos por Bretno, emigraron precipitadamente sus habi- tantes, y las vírgenes Vestales precedidas del grande Pontífice fugaron ¿ pié conduciendo el fuego sagrado, hasta que encontrándolas Lucio Albino, movido á compasión las hizo entrar en su carro. (m) El Aereópago hizo retratar á Milciades en el pórtico de Aténa«r en «1 acto de arengar al ejército confederado de la Grecia antes de da¿ la batalla de Maratón, que la preservó del cautiverio de los persa*. — 161 — INSCRIPCIONES, El Almirante Cristóbal Colon, Descubrió la isla de Cuba, Y la reunió pacíficamente al reino de Castilla: Admirad su sabiduría, aplaudid su humanidad. 1794. Martin Calvo de la Puerta Impuso ciento dos mil pesos Para dotar anualmente con sus rédito* cinco huérfanas pobres: Ricos, imitadle; indigentes, bendecidle. 1794. Juan Francisco Caraballo, Fundó la escuela primaria gratuita, Y concluyó el hospital de Belén; La gratitud pública Recomienda su memoria. 1794. Carlos III Restaurador de la Habana Y protector de su comercio; El público reconocido. 1794. ^ o — 1G:J — Pronunciado por el Dr. D. Tomás Romay, en Junta ordina- ria de la Sociedad económica de esta ciudad, celebrada el 21 de Julio de 1794. Cuando el 31 de octubre del año próximo pasado ofre- cisteis, Sres., "adjudicar una medalla de oro que pesase 5 onzas, á quien formase el discurso en que mejor se de- muestre, cuales son los cuatro sugetos de cualquier estado ó condición, que por sus buenas obras sean mas acreedores á ¡a gratitud de toda la Isla de Cuba en común, ó bien en particular de esta ciudad de la Habana, para erigirles otras tantas estatuas en el Paseo público extramuros de ella, ex- cluyendo de estos honoríficos monumentos á los que actual- mente viven, para cerrar toda puerta á la torpe adulación:" ¿Cuan lejos estaríais de preveer que yo, ínfimo miembro de este Cuerpo ilustre, merecería la unanimidad de vuestros sufragios y demás gracias que os dignasteis dispensarme? Pero qué yo mismo Sres. aunque siempre he anhelado por ser útil á la patria y manifestar mi deferencia á vuestras in- (inuaciones, yo mismo me consideraba tan distante de es- ta honra, como el rastrero mimbre, erguirse entre los eleva- dos cipreses. Pero las grandes acciones no necesitando para ser ad- miradas de las figuras y bellezas de la oratoria entre las 8encillas y lánguidas frases de mis discurso percibisteis el mérito incontestable de los sujetos que propuse, y tributan- do á bu» virtudes el mas justo homenaje manifestasteis al ngenioso Autor del programa que se comprometió á vues- — 164 — tro discernimiento, que el Almirante Cristóbal Colon, Mar- tin Calvo de la Puerta, Juan Francisco Caraballo y el señor don Carlos III, han s:d > los cuatro varones mas dignos de los monumentos honoríficos que pretende consagrar á las virtudes sociales ese patriota exclarecido, demasiado respeta- ble para que yo me atreva á citarle, pero demasiado bené- fico para que haya quien ignore su ilustre nombre. Elevado sobre nosotros menos por su dignidad que por su celo y munificencia, descubre su vista perspicaz lo que no han percibido nuestros ojos, y aquellas manos con- sagradas sobre el ara del patriotismo, á reparar las necesi- dades del hombre, á ilustrar y engrandecer este pueblo, co- locar dentro y fuera de su recinto cuanto pueda contribuir á objetos tan nobles y grandiosos. La impericia de nuestros artesanos, el abandono de esas fértiles campiñas, la lentitud del comercio, la extenuación y languidez del anciano, la in" digencia de la viuda, el desamparo y lágrimas del huérfano» la sencillez y riesgos de la doncella; nada se le oculta, to- do se le presenta con los mm vivos y lastimosos colores. Su corazón sensible se conmueve y ocurren á su alma ent«r- ¡ necida las mas gratas y útiles ideas. Sociedad Económica, Biblioteca pública, Papel periódico, escuelas primarias y de Química, Casas de Beneficencia y de niñas educandas; vosotras seréis los mas fieles garantes de su humanidad y de su ardiente celo por la ilustración y prosperidad del pais, las barreras mas inaccesibles contra la ignorancia, miseria y sensualidad. Paseo público, yermo, antiguo teatro de lu- jo y vanidad, tu serás convertido en un jardín ameno y de- * licioso, aun mas fecundo en virtudes cívicas que en las be- llas producciones de Flora y de Pomona. Conciliando lo útil y lo agradable á un mismo tiempo se deleitarán los sen- tidos y se inflamará en las almas sensibles el amor de la humanidad y de la patria. Al contemplar nuestros compatriotas las estatuas que ofrecéis erigir, se complacerán de haber nacido en un pais que remunera tan gerosamente las virtudes sea cual fuera el estado ó condición del bienhechor: los forasteros admirarán — 165 — nuestra imparcialidad y gratitud; y las generaciones futu- ras aspirarán eficazmente á obtener los mismos honores, envidiándonos la dicha de haber disfrutado la presencia y liberalidad del jefe ilustrado y piadoso, que nos hizo espec- table en el siglo de las luces y en la mas remota posteridad. ¿Y podría yo, Sres. sin cometer la mas negra ingrati- tud sofocar en mi pecho los sentimientos que experimenta, al considerar las gracias que prodiga sobre mi patria, y las que acaba de dispensarme en nuestra misma presencia)' ¿De- berá imponerme un silencio respetuoso el temor de ofen der su modestia? Yo la respeto, la venero y admiro en to- das sus acciones; pero en la que ha merecido este débil testimonio de mi doble reconocimiento, descubro un rasgo' de magnanimidad digna de celebrarse por los genios mas distinguidos de Atenas y Roma. Prevenir que las estatuas solo habrán de erigirse á los que ya no existen, para evitar le tributemos un homenaje que por tantos títulos merece; ved aquí una moderación que excede en mucho á las frases mas sublimes que pudieran fluir de mis labios, y que la virtuosa Esparta admiró sola- mente en su Rey Agesislao. Pero si el imparcial y melifluo Xenofonte lo eternizó, consagrándale en su panegírico un monumento mas perfecto y durable que las obras de Fidias y Praxiteles; también nuestro Excmo. Sr. Presidente vivirá en nuestras almas se perpetuará en esos rasgos de ilustra- ción y beneficencia, y su nombre ilustre se inscribirá en los fastos de nuestra prosperidad con los mas brillantes é inde- lebles caracteres. ** NOTA Inserta en las Memorias de 'a Real Sociedad Patrióti- ca tomo 7. c año 1S.3D don le por la vez primera viola luz pública el anterior discurso. Habiendo acordado la Sociedad en el mismo acto que se imprimiera es'e discurso en el papel Periódico, el Re- dactor pasó una copia al censor del oidinario, porque en- Hjfc toncos nada se insertaba en los papel»--* públicos sin que Í precediera su calificación. Advirtiendo el Cuerpo patrióti- co que no se publicaba, después de transcurrir algunos dia-', reconvino al Redactor, y este contestó, rpie sin embargo de haber o unido varias ocasiones al (Ynsnr para que se lo' devolviera aprobado ó reprobado, eludía si despacho. La Sociedad entonces recomendó á los Señores Conde de í a- sa-Bayonay D. José Ricardo O-Farrill, oficiaran respetuosa- mente al limo. Sr. D. Felipe José de Ti; ^palacios,para que se sirviere disponer, que se devolviera el manuscr to con la censura, que mereciera. Pero habiendo observa lo S Sría lima, el mismo silencio qu¿ su censor, quedó convencida la Sociedad deque el discurso nada contenía que mereciera re- probarse; pero qué a la Curia Filípica no con venia se im- primiera con su aprobación unelog o al Evcmo. Sr. D. Luis ríe las Casas \0't témpora, oh morésl Al cabo de cuarenta y cuatro años se presenta por primera vez á la censura de un nneblo mas ilustrado de lo que estaba en aquella épo- ca. Ár.Mved sin duda alas medidas que entonces se toma- ron para mejorar su educación y cultura, y que la Socie- dad económica se ha interesado con el mayor celo y cons. rancia en cine se observen puntualmente. *y l 9- OBRAS ESCOGIDAS DEL D\ D. TOMAS ROMAY. PRECEDIDAS DE UNA NOTICIA HISTÓRICO-BIOGRAFICA DE SI VIDA V ESCRITO» POR $amon Jnuuisto Ibilbrs. TOMO II. HABANA* Librería e imprenta EL IRIS, «le Ma^in Pujóla > i l'ALLE DEL OBISl'o NCMKIlo 121. 1860. i lilis qtii (iberrant á veritate ignoscendum est, qui studio autem mentiuntur, implacabilitcr succedendum. Polyb. lib. 12. (*) Señor Redactor. Muy Sr. mió: El literato es habitante de un pais anárquico donde la verdad solamente merece su respetuosa deferencia. Libre, é independiente por carácter, se juzga capaz de atacar á todo el que faltase á ella por ignorancia, ó impostura, á los unos con lenidad, á los otros con aspereza. Para él dura toda- vía la edad de hierro en que el amigo no estaba seguro del amigo, el pariente del deudo, el maestro del discípulo. Uni- ) camente le son prohibidas las odiosas personalidades. Aristó- , teles prefiriendo la verdad á la autoridad de Platón, aunque tan respetable, reprobó la última y ridicula razón de los Pita- góricos fundada en la decisión del maestro. La religión sola- i mente es digna del sacrificio de nuestro entendimiento, por- que ella sola es infalible. En esta virtud, séame lícito hacer algunas reflexiones sobre el párrafo tercero del Mecurio peruano reimpreso en nuestro periódico núm. 29. Los griegos, dice, erigeron alprincipio los tea- tros para entretenimiento y escuela del pueblo. Luego instituyeron los juegos olímpicos, cuya celebración quincenal hacia época en sus ana- les. Al poeta puede disimulársele un anacronismo; pero el his- toriador, el que hace un examen histórico debe observar la mas exacta cronología. Es verdad que las tablas cronológicas están llenas de errores, á pesar del empeño que han tenido mil au- (*) Publicado en el papel-periódico de la Habana de 10 de junio de 1792. — 4 — tores en conciliarias y corregirlas; (a) pero también es cierto que todos convienen en que Thespis reformador de la tragedia y fundador del teatro (si es que un carro merece este nombre) floreció muchos años-después de perfeccionados los juegos olímpicos. Trece olimpiadas al menos ( b ) mediaron entre Jphito, que ordenó la suspensión de armas en toda la Grecia durante su celebración y el triunfo de Corébo, desde cuya época empezaron á contarse las olimpiadas vulgares; y ha- biendo representado Thespis su primera tragedia en presencia de Solón, que murió al principio de la olimpiada 51 de las vulgares, (c) es constante que los juegos olímpicos antecedie- ron al primer teatro ele los griegos 64 olimpiadas, de las cua- les aunque cercenemos algunos años, por no haber fallecido el legislador de Atenas el mismo que presenció aquel drama, siempre es enorme el anacronismo del Mercurio peruano. Mayor seria la antelación si hiciésemos el computo desde que estos juegos fueron inventados y establecidos por Hércu- les , pues aunque varíen los historiadores en cual de ellos fue- se el fundador, juzgando unos que el Tebano, y otros que el Cretense, es constante que cualquiera de ellos precedió muchos años á Jphito Elio su restaurador. No dudo que antes de Thespis hubo varios poetas trágicos y cómicos; pero ignoro que tuvieran teatros para escuela del pueblo. El mismo Thespis no hizo otra cosa que tiznar el ros- tro de los actores, agregar uno que recitase algunos discursos, para que descansasen los cantores, únicos personages de aque- llas escenas, y llevarlos de ciudad en ciudad sobre un carro desde donde ejecutaban sus piezas (d). Espectáculo tan ridí- culo y nocivo que Solón, viéndole representar el Alcestes, ma- nifestó su desagrado hiriendo la tierra con el báculo, y repren- diendo al poeta sus ficciones, temió se introdujesen en los con- contratos públicos y privados de la sociedad. No obstante pa- reció tan hermoso y perfecto que atrajo á Atenas innumerables gentes, las que transportadas de admiración y de placer, pro- ( a ) Plutar. in vit. Solón. (b) Aristodémo, Phlegon, Syncelo y otros juzgan que mediaron 27. Véase á Mr. Dacier not. 1. á la vid, de Licurg. por Plutarc. (c) El mismo en la vid. de Solón not. 107. (d) El mismo en el propio lugar not. 94. clamaron al poeta inventor de este poema. Hasta entonces, se habia representado en las viñas, en honor deBaco, cuyas cri- minales acciones celebraban un coro de cantores, que in- flamados con el vino, se injuriaban recíprocamente, premián- dose al mas hábil de ellos con una bota de aquel licor. Eschyles, que nació al principio de la olimpiada 60, fabricó en Atenas el primer teatro sólido y permanente, le adornó con bellas decoraciones, mudó el estilo, y el trage de los actores; pero lo mas importante y esencial fué haberlos aumentado, para que tratando en forma de diálogo asuntos nobles, intere- santes, los mas terribles y lastimosos, penetrasen el corazón y escitasen el temor y la compasión, (a.) La Comedia, segunda especie de poema dramático, tuvo su origen y progreso al mismo tiempo que la tragedia. Eupolis, Cratino y Aristópliancs la ilustraron, y aunque pintaron con demasiada libertad los defectos de la vida común, no obstan- te, lisongeó el carácter y constitución de los atenienses. En- tonces fué cuando los teatros sirvieron de entretenimiento y escuela á un pueblo no menos sabio que marcial, que, debien- do su existencia tanto á las armas como á las letras, premió igualmente el mérito del literato y del guerrero. Esta verdad demasiado notoria la exornaré para manifestar la falsedad del último período del mismo párrafo, si V., publi- cando estas reflexiones, alentare mi pusilanimidad con la li- songera esperanza de que, como ha merecido su aceptación, el público me dispensará el mismo obsequio. Habana y Abril 16 de 1792. B. L. M. de V. (a) Mr. Rollin, histor. ant. lib. 10, art. 4. párraf. 2. Cu di cero affectus numerosi sint, cu ¿que eoruut aua est curationis ¿ndicatio. Galen. lib. 9. Metho. Med. cap. 17. (*) Señor Editor. Quien juzgare, que algún medicamento preparado de un propifc modo, y en una misma dosis sea adaptable, sin la mas leve alteración, á muchas enfermedades, á todos los climas, es- taciones, edades y sexos, no solamente carece de las primeras y mas superficiales nociones de la Medicina, si también de dis- cernimiento. Los individuos de la especie human a no se dis- tinguen menos por sus naturalezas particulares, que por sus facciones. Las circunstancias, que concurren á la generación, y existencia de un hombre, siendo imposible conciliarias en la producción de otro, causan una diferencia sensible en su tem- peramento original, y en todas sus operaciones. Alejandro no seria el mismo, dice Santo Tomás, si no hubiera nacido de Olim- pia, ó no le hubiese engendrado Philipo. Este mismo Alejandro preservado de la muerte por algún remedio siendo joven, si se le hubiese administrado su otra región, en distinta enferme- dad, variando el método de vida, ó teniendo mas años, cuando no le sumergiera en el sepulcro, le pondría al menos muy cer- ca de sus bordes. Su médico Philipo seguramente no le cura- ría de un mismo modo en Esparta y en Babilonia. Convencido de la verdad de estos principios, nada me pare- ció tan inverosímil, como la noticia promulgada en el periódi- co número 80 en el cual se recomienda el agua de mil flores, ó de la boñiga de las reses como un antídoto eficacísimo contra (*) Publicado en el papel periódico de la Habana de 10 de Febrero de 1793. la elefancía, la alferecía, hidropesía, y otras enfermedades las mas terribles que afligen la humanidad. Incurriría en un ridi- culo y difuso pedantismo si pretendiera discurrir sobre cada una de ellas, para manifestar la ineficacia de este remedio, bas- ta concebir, el mecanismo del cuerpo humano en las tres que he insinuado para hacerlo despreciable, aun de aquellos que lo han mirado como un específico exótico, estando adocenado en la comunísima Farmacopea de Palacios entre los disolventes temperantes mas vulgares, Debilidad en las fibras de los vasos absorventes, y exhalan- tes hasta hacerse incapaces de ejercer la insensible traspira- ción, falta de tono, de energía y vigor en todo el sistema ner- vioso; laxitud, flaqueza, é importancia en sus resortes: he aquí las causas principalísimas, y los mas sensibles efectos de la hi- dropesía. Sequedad, crispatura, convulsión de los nervios así á su origen, tensión en los músculos, contracción en las fibras de los intestinos, hasta hacerlos arrojar las orinas y otros es- crementos mas difíciles de espelerse; aumento escesivo en la energía del cerebro, tal es el estado de la economía animal en un epiléptico. Supuesta una oposición tan diametral entre estos dos afectos, sería necesario para que un mismo medicamento los superase, que tuviera contrarias virtudes. Debería ser tónico y emolien- te, desecante y humeceante, estimulante y anodino, eléctrico y narcótico, según el sistema del célebre Cullen. No ignoro que hay ciertas especies de epilepsia producidas por laxitud y atonía, en lasque les es necesario usar délos tónicos, y hasta de la misma electricidad; pero esto no prueba otra cosa sino que un medicamento del modo que este se prescribe, no sola- mente no puede ser útil para distintas enfermedades, pero ni aun para una sola, cuando esta pueda producirse por contra- rias causas. No son menos opuestas las constituciones de un elefanciaco ó lazarino, y la do un hidrópico. En el primero sensiblemente aparecen los crueles efectos de una sangre recargada de partí- culas sulfurosas, acres, y corrosivas. En los segundos todo el diámetro de la máquina está mudado de un humor frió, hú- medo, glutinoso y sin acción. Aquellos exijen unos medica- — 8 — meutos absorventes, refrigerantes, hunustiutes, y suavemente diluentes; estos todo lo contrario. Los cálidos y desecantes, los resolutivos y evacuantes mas acres y activos. Cualidades inconciliables en un mismo ente en el grado de actividad que se requiere para poder purificar el cuerpo humano de unas en- fermedades, que infectan todos sus sólidos y líquidos. "¿Y quién podrá concebir, que esta misma agua sea tan as- tringente, que contenga los flujos de sangre y las evacuaciones de mucho tiempo, y tan aperitiva y resolutiva, que haga venir la menstruación d las mugere*, que la tengan detenida,, aunque sea de mucho tiempo, haga arrojar las malas matrices, y deshaga los sir- nos, uno de los mas sólidos tumores, que se forman en el cuerpo humano?" Sin embargo de estas y otras varias razones, que no me per- mite ni aun insinuarlas la naturaleza de este papel, quise eu obsequio de la humanidad deponerlas, y esperimentar este es- pecífico en seis individuos del Hospital lieal de San Lázaro, de ambos sexos, de distintas edades, y en diferentes periodos y especies de elefancía. Sus efectos me ratificaron en el concep- to que habia formado de ser este medicamento disolvente al- calino, como todos los compuestos de los escrementos anima- les. Y si estas fieles observaciones merecen la atención de los facultativos, y se dignaren esponer su sentir, será recibido con el mayor aprecio, por el ínfimo de ellos, y mayor servidor de V. Anuiré Iwent, s¿ pot¿r¿ non licet... Cicer. de Orat. (*.) Si el hombre solo hubiese de anhelarlo que es accesible, ó si su potencia fuerauna barrera insuperable que circunscribiera sus deseos; ni los primeros romanos se propondrían por límites de su imperio los ángulos del universo, emprendiendo al mismo tiempo aquellas maravillosas obras que no podían perfeccionar, ni osaría Platón dictar leyes á una república imposible de existir sobre la tierra, ni Marco Tulio aspiraría á formar un orador que no debia esperarse por el curso ordinario de la naturaleza. Así el ciudadano á quien el cielo ha dotado de una alma bené- fica digna de un poder indefinido, y de una vida interminable lejos de intimidarse, se irrita y esfuerza por superar los gran- des obstáculos que le rodean, y en esta saludable convulsión agitados los espíritus fluyen de su mente inflamada las mas gratas y útiles ideas. Yo no puedo, se dice á sí mismo, defen- der mi patria con los filos de un acero, yo no puedo decorarla con magníficos y suntuosos edificios, tampoco me es concedido disminuir con las riquezas las adversidades de mis semejantes, porque la fortuna me las ha rehusado, y aquel coraje intrépido que nos hace prodigar la mas preciosa sangre; pero siendo ar- bitro absoluto de mis potencias, la desearé, al menos, las ma- yores prosperidades, la ofreceré mis pensamientos, y los co- municaré á los dichosos ciudadanos, que mas favorecidos de la naturaleza, fueren capaces de conseguir, ó aproximarse ala perfección de sus obras. Tales son los sentimientos de mi alma, cuando transporta- do de júbilo, veo una ilustre porción de mis compatriotas con- sagrar sus talentos y tesoros en el ara del patriotismo , y dis- putarse con el mas vivo interés los inmarcesibles laureles con que Neptuno, Ceres y Minerva adornan las sienes de sus alum- nos. Partícipe del mismo celo que los inflama, émulo de la «doria á que aspiran, si no pretendiere usurpársela, contribu- yendo á las prosperidades y deleites del hombre, aspiraré á (*) Inserto en el papel periódico de la Habana del 1.° de Setiembre de 1793. 9 — 10 — consolarle cuando rodeado de dolores y amarguras implora nuestra compasión, para que conservemos á la patria un ciu- dadano útil, y á la humanidad un individuo mas precioso que el decoro y opulencia de todos los pueblos. Agitadas de este mismo deseo las nociones cultas de la Eu- ropa, aun careciendo de los sentimientos de humanidad y pa- triotismo que manan de las Sociedades Económicas como de unas fuentes de beneficencia y de salud, han erigido otras de Medicina donde el hombre halle el alivio de sus penas y deso- laciones en los dias mas terribles de su vida. Como esta por una infeliz condición de la naturaleza, no sea constantemente uniforme, se juzgaron demasiado injustas sí, dirigiendo sus conatos á felicitársela; mas en aquel tiempo menos gravoso, le abandonasen, cuando con una voz lánguida y moribunda esci- ta nuestra ternura y beneficencia. Entre tanto la humanidad misma reconocida á los beneficios que las debe, hace resonar sus nombres hasta en las pajizas chozas de aquellos pueblos que despreciando todas las delicias y comodidades, no recono- cen otro bien que la salud y la vida. La España que en los últimos períodos del siglo XVTH hu- biera disputado el trono de las ciencias, si una revolución tan funesta á los estados, como á la sabiduría, no reprimiera el rá- pido curso á sus ingenios; la España tan sensible á las miserias del hombre, como ilustrada, para no adoptar cuanto pueda evitárselas, después de hacer ver á las demás naciones las gran- des ventajas que resultan de las Sociedades Económicas, reco- noce las que ellas disfrutaban con las de Medicina. La Floso- fía renaciendo en la patria de los Sénecas y Columelas arrolla las demás preocupaciones del orgullo é ignorancia, y hace que los nuevos habitadores de la fecunda Hesperia depongau aquel ceño desdeñoso con que miraban los profesores de una ciencia la mas útil á la humanidad, y que estos abjuren la ridicula su- perstición con que tenazmente adheridos á un sistema metafí- sico creían lo que no palpaban, y concebían la naturaleza se- gún las ideas de un cerebro destemplado. Pero apenas perci- ben la voz del grande Bacon intimando que la naturaleza no debia abstraerse, sino escudriñarse y analizarse, abandonan el Peripato, y todas sus cuestiones nominales, huyen de Galeno, — 11 — detestan á Avicena, abominan á Averroes, y arrojan con in- dignación aquel yugo que habia abrumado sus ingenios mas tiempo, y con mas ignominia que el de Tarif las cervices de sus padres. El hombre es ya el grande objeto de sus medita- ciones, el cadáver del hombre el inmenso libro que con voces inefables, pero demasiado enérgicas, les manifiesta en cada página que rasga le diestra mano.del anatómico el origen, los progresos y efectos de las enfermedades. La inspección de una sola vicera les enseña mas fisiología y patología, que los difu- sos volúmenes de Enriquez, Maroja y Bravo. Instruidos en las funciones de las partes y en la historia de las enfermedades, vuelven los ojos sobre el eterno y delicioso pensil de la naturaleza, y esta madre benéfica les ofrece en sus tres opulentos reinos los auxilios mas poderosos para estermi- narlas. El botánico elige aquellos simples cuyas virtudes apa- recen al primer examen de los sentidos; el laborioso, el infati- gable químico pone en tortura la naturaleza, y la obliga á re- velarle los recónditos secretos que habia ocultado en sus inac- cesibles entrañas. El ente mas precioso y el mas deforme, el que se burla del yunque de Vulcano y el que cede al débil im- pulso de un Céfiro, ambos los toma con la misma indiferencia, los introduce en su elaboratorio, los abrasa, los caleina, los convierte en cenizas, vuelve á sublimarlos hasta reducirlos en hálitos imperceptibles, y hasta que triunfando de su resisten- cia, encuentra lo que jamás pudo preveer. De este modo los médicos españoles se prepararon para zan- jar los fundamentos de la Academia Médica Matritense, de esa grande obra útil á la humanidad, gloriosa á la nación, dig- na del siglo de las luces y de#la protección del sabio y genero- so Carlos III. La erección de las sociedades de Sevilla, Cádiz y Cartagena, ocupará un lugar tan distinguido en los fastos de la humanidad, como en los de la literatura española. La re- cientemente establecida en la capital de Cataluña, las disputará sino la antigüedad, al menos la gloría de ser únicas. La dicho- sa fermentación que sucede á la antigua inercia de los españo- les, el interés con que solicitan la perfección de esta útilísima ciencia, acredita la distinta idea que les merece, y anuncia los grandes progresos que deben esperarse. El mas respetable tri- bunal de la nación, que no omite medio alguno de fomentar el bien público, ordena que para cursarla deba proceder el es- tudio de la Geometría y Física esperimental, y el grande Car- los UI envia pensionados dos célebres facultativos (a) á la pri- mera Universidad de Escocia, para que bebiendo las benéficas aguas que manaban de los labios del Néstor de la Medicina (b) volviesen á fecundar su patrio suelo. La Universidad de Va- lencia, reformando el plan de sus estudios, arroja de las cáte- dras la bárbara medicina árabe, ignominioso resto de su anti- guo cautiverio, para colocar las ciencias esactas, la Física es- perimental, la Botánica y la Química, la Fisiología y Patología del mas erudito y elocuente de sus alumnos (c) y destinando otra para enseñarlos Elementos prácticos del inmortal Cullen, verá en sus aulas reunida la mas provecta juventud de todas las naciones, mientras que Francia y Escocia preveen desier- tos los trillados caminos que la conducían á Mompellery Edim- burgo. Si en la estension de 200 leguas, donde las producciones de la naturaleza son muy análogas, y muchos de los fenómenos meteorológicos suceden bajo un mismo meridiano, se han juz- gado oportunas tantas Sociedades y Academias para observar la alteraron que puede causar en el temperamento de les hom- bres y carácter de las enfermedades la mas leve diferencia en la atmósfera y terreno ¿con cuanta razón no debemos suspirar por un semejante establecimiento los que habitamos en otro mundo separado del antiguo por un mar de 1500 leguas, y por una barrera celeste que se juzgó inaccesible é inhabitable? Com- paremos el clima, producciones y meteoros de un hemisferio con los del otro, hagamos un paralelo entre el europeo y el americano, principalmente el habitador de las Islas, y sin de- primir á este hasta confundirle con las bestias, como hizo el atrabiliario Mr. Paw, ni elevarle con nuestro mayor panegi- rista el Conde de Carli al mas sublime grado de civilización y de cultura, observando justamente la sinceridad de Colon y la imparcialidad de ítobertson, percibiremos una sensible dife- (a) El Dr. D. Ignacio Maria Luzuriaga, y el Dr. Rivas- (b) Asi llama Mr. Pinetal Dr. Guillermo Cullen. Catedrático de Edimburgo. (c) El Dr. Andrés Piquar. — 13 — rencia entre el hombre físico y moral. Examinemos nosotros mismos, y si procedemos de buena fé, confesaremos que aun- que nuestros ingenios sean vivos, perspicaces, sutiles y fogosos, capaces de todas las ciencias y de la mas vasta comprensión, aun no hemos producido obras dignas de tan bellas disposicio- nes, ni que sean comparables con las europeas, ora sea porque carecemos de maestros capaces de ilustrarnos y cultivar nues- tros talentos, hasta adquirir toda aquella perfección de que son susceptibles, ó porque privados de útiles y honrosos alicientes que nos estimulen á perfeccionarnos en las ciencias y artes, nos abandonamos luego que podemos reparar las mayores y mas urgentes necesidades. Pero gracias al justo y piadoso So- berano, cuyo amor paternal superando las columnas de Hér- cules, proporciona al literato y guerrero americano dos sendas brillantes para aproximarse á su trono, y hacerse digno de sus beneficencias. La erección del colegio de Granada y la crea- ción de las Compañías de Guardias de Corps americanas, de- cidirán si la inercia y desidia es natural en estos colonos, ó efectos de su legislación. Entre tanto, siendo incontestable que las causas físicas tam- bién influyen en la economía del hombre, sin esperar la solu- ción de aquel problema, contribuyamos á merecer una deci- sión favorable, precaviéndonos al mismo tiempo con la indus- tria, estudio y meditación de las nocivas impresiones del aire, la primera y mas poderosa de todas ellas; ó evitando, al me- nos, aquellos cuerpos que lo inficionan y corrompen en cier- tos períodos hasta causar unas epidemias de fiebres catarrales, como las que padecimos en los meses de Junio y Julio de 89, y acabamos de esperimentar en la misma estación; las que aun- que leves en sí, predispusieron, no obstante, para que se pro- pagasen otras enfermedades las mas terribles que afligen la humanidad. Lind y Cullen, que residió muchos años en nues- tras colonias, son de sentir que el calor del clima y los vapo- res húmedos y pútridos que se elevan de los pantanos y espe- sos bosques que rodean la mayor parte de nuestros pueblos, producen las disenterias y fiebres intermitentes que tanto nos molestan en el Estío y Otoño; yllobertson, aunque menos ins- truido en las causas de las enfermedades, no dudó afirmar que — 14 — estos dos principios mas poderosos que las armas de los natu- rales de la Isla Española reprimieron los rápidos progresos de sus Conquistadores, cercenando con la mayor violencia los in- trépidos Commilitones de Colon, y mas de mil de la espedicion de Ovando. Los bosques, no lo dudo, están ya tan distante de esta Ciudad que no puede ofenderla el aire detenido en ellos, y después arrojado por los vientos impetuosos; ¿pero acaso estamos igual- mente preservados de otras causas locales tari activas, y capaces de inficionarlo? Los hálitos que desde el principio de las lluvias se elevan de ese inculto valle llamado con tanta propiedad la Ciénega son bastantes para contagiar la atmósfera de todo un reino. Díganlo si nó, los que permaneciendo en el Cerro, pasada la estación de tomar baños sin embargo de abstenerse de ellos y de todo exceso, son arrojados por la fiebres intermitentes que desde allí se propagan hasta esta ciudad. Los rastros y matade, ros situados hacia la parte de donde vienen los vientos reinan- tes solo dudará cuanto pueda ofendernos el que. careciere has- ta del olfato, para no percibir la corrupción y fetidez que exha- lan aquellos inmundos lugares. Las aguas estancadas en las concavidades de las canteras, hasta que el Sol las convierte en vapores después de haberlas corrompido; los pantanos forman- do al rededor de la ciudad por los derrames de la zanja, cuyas ^ aguas permancen en unos todo el año sirviéndoles de márgenes sus muros, y la de otros vuelven á su antiguo cauce llevando las inmundas partículas que contrajeron en los muladares si- tv tuados en sus riberas; el pésimo olor que estos lanzan obligán- donos mil veces á huir con precipitación de esos paseos desti- nados para el recreo y deleite de nuestro sentido; la ninguna precaución con que introducimos en nuestras casas los negros bozales, y hasta los residuos de las armazones, después de haber habitado en unas chozas estrechas y poco ventiladas, donde han fallecido innumerables virulentos, escorbúticos, éticos &c... Pero á que ocurrir á unas causas distantes ó advenedizas, cuan- do dentro del recinto de nuestros muros conservamos y fo- mentamos una demasiado poderosa para esterminarnos, prescin. diendo de los sepulcros y cementerios de la Iglesia? — 15 — EL ATRABILIARIO JüVENAL ATRIBUYENDO A MARCO TULIO ESTE VERSO BÁRBARO: ¡O fortunatam, natam me Consule Román! Ha sido causa de que muchas personas ignoren que fué uno de los mayores poetas de un siglo en que comenzaba la buena poesía. Pero los eruditos, abominando la impostura de aquel Satírico, han decidido, que al mismo Lucrecio le disputaba el laurel. ¿Hay acaso cosa mas bella que los versos que se conser- van de su poema sobre Mario, y que tanto nos hacen sentir se haya perdido aquella obra? He aqui un rasgo: Sic Jovís altisoni súbito pinnata satelles Arboris é trunco serpintis saucia mirsu, Ipsa feris subigit transfigiens unguibus anguem Semanimun, et varia graviter cetvice micantem, Quem se interquentem lanians, rostroque cruentans, Jam satiata ánimos, jam duros alta dolores, Abjicit et flantem, et laceratum at fligitin undas, Seque obitu á solis nítidos convertit ad ortus. Los mayores hombres han conocido que nuestras lenguas no llegan nunca á vertir la energía armoniosa de los versos latinos ó griegos: con todo procuraré sacar un bosquejo de es- te pequeño cuadrohecho por el pincel de aquel grande maestro, para que aun los que no entienden el latin formen una corta idea del talento poético de Cicerón. Como la vida de este ilus- tre romano, couque ha enriquecido nuestro idioma el erudití- — 16 — simo (1) Azara anda en manos de todos, no debe ser desagra- dable cualquiera cosa que se refiera á una persona que no es tan conocida. Asi el ave que sirve al Dios Tonante Al sentirse mordida de serpiente Salta, la punza con garra penetrante, Vuela, suspende firme preponente A la bestia que lucha agonizando La lustrosa cerviz horrores dando, Mas el águila atroz que se encarniza Con el pico la tira y desenreda, La maltrata, la rompe y descuartiza; Y ya que harta de venganza queda Al monstruo arroja, que en el agua espira Y ella triunfando por el cielo gira. (1) En la república de las letras es mas apreciable el título de eruditísimo, que el de excelentisimo. — 17 — DEPRECACIÓN de la ciudad de la Habana á el astro del dia. (*) Antorcha inestinguible, alma del universo, tú, cuya bondad difundida desde el centro de los orbes en que resides hasta los senos tenebrosos de la madre Vesta, te reproduces en esos glo- bos errantes que refrectan tus rayos inmortales, alteras, con- fundes, destruyes los elementos y los seres todos, y vuelves á 'restituirles su antigua existencia, sus gracias y virtudes. Imagen de la Divinidad, fuente inagotable de luz: tú, á quien Manco Capac erige templos, ofrece los mas ricos dones de su opulento imperio, y hace resonar tus himnos desde la cumbre de Pambamarca hasta mas allá del Potosí; tú, á cuya presencia el belicoso Persa tiembla de pavor, suelta el dardo, depone el carcaj, y abatiendo su erguida frente hasta sepultarla en el pol- vo, te rinde aquel culto y homenaje debido solamente al autor de tu hermosura y munificencia. ¡Oh sol! Ser vivificante, que has reunido al rededor de mí cuantas preciosidades esparciste en regiones muy lejanas, cuanto disfruta y envidia el Europeo, cuanto negaste al rudo Africano, y escasamente concediste al voluptuoso Asiático. Sol deseado, amable sol, escucha grato mis fervientes votos, y mezclados con la fragante nube que forman los bálsamos y aromas con que teincensael superticio- so Indio, con los perfumenes que exhalan las flores, y con la dulcísona alborada de las aves suban hasta tu excelso y res- plandeciente trono. Ven, Padre de la naturaleza, ven á vivificarla, ven á vestirla con las galas inmortales del tisú riquísimo que forman tus res- plandores colorativos. Ya Venus con sus plateados fuegos anun- cia tu próxima salida. Sigue en hora buena la brillante ruta * Publicada en el papel periódico de la Habana á 26 de Abril de 1795. 3 — 18 — que te prepara tu fiel y constante precursor. Acelera tu majes- tuoso curso, rasga, penetra, disipa las opaca» nubes, vibra tus luminosos rayos sobre los fornidos baluartes de la invencible cabana, sobre las cimas alterosas de los vecinos montes. Ano- nádense á tu grande poderío esos mezquinos astros de la noche, y reina tu solo, donde solo tu reinaste en el principio del tiem- po. Abandona, deja sumergidas en perpetuas tinieblas aquellas infaustas regiones en que la anarquía y fiereza esparcen por todas partes muerte, desolación y ruina. Cierra tus tiernos ojos desde que percibas los helados Alpes y Apeninos hasta que superes los fragosos Pirineos. Cuando detesto la execrable guer- ra, no ternas te invoque para que presencies alguna catástrofe sangrienta y luctuosa. No te presentaré al fuerte é infeliz Ve- lasco desarbolando y poniendo en fuga las naves de Pakok; no al intrépido Aguiar sorprendiendo y arrojando los Bretones de la trinchera de San Lázaro; ni á otros ochocientos denoda- dos pero inespertos hijos mios, subiendo por las breñas de la Cabana, para atacar en sus mismos reales al numeroso y aguer. rido ejército de Albemarle. Mas grato espectáculo te ofrece mi recinto: dias mas felices han sucedido á dias tan horrorosos. Un espíritu vivificador es- parcido por toda mi atmósfera varía mi faz, y me va dando to- da aquella perfección que conciben mis esperanzas. La mano del labrador movida con masintelijencia, rasga sin intermisión mis fecundas entrañas. El marinero surca mis mares con ma- yor frecuencia, entra en mi seno, y me exhonera de mis frutos superabundantes. El artesano al ver protegida su industria, la esfuerza, aumentando mi auje y brillantez. Tus amadas hi- jas las ciencias exactas y útiles esperan por instantes las prepara un digno domicilio. La piedad ya le tiene. Tú la vistes poco hace entrar transportada de júbilo en aquel macní- fico Santuario, conduciendo en su regazo la porción mas débil y precioso de la Humanidad: tú la veras muy breve reunir en ese sagrado alcázar todos los infelices y desvalidos, desterrando de mis calles y plazas la indijencia y miseria. Sí, lo estoy así esperando del patriotismo, celo, caridad y mu- nificencia de mi muy caro y admirable hijo el Illmo. Sr. Dr. D. — 19 — Luis Peualcer y Cárdenas, cuyas virtudes grabadas con jindele- bles caracteres en esos monumentos de pública beneficencia Berán dignamente premiadas en el momento feliz que presentes en mi horizonte tu hermoso rostro vertiendo resplandores y delicias. Mis habitadores todos te desean con la mayor impa- ciencia. El Oleo Santo que derramado sobre la cabeza de Aa- ron rodó por su venerable barba, y descendió hasta las fimbrias de sus sagradas vestiduras, el nuevo racional, los paramen- tos pontificales, las misteriosas ofrendas del Rey de Salen, to- do está preparado. La Iglesia de la Luisiana su augusta esposa adornada con las ricas galas que la preparó el eterno Salomón, estienda ya su purísima mano para celebrar el mas fiel é indiso- luble desposorio. Porque, pues, tanto te demoras? Llega, pe- netra con tus luces ese templo dichoso, teatro de tan plausible escena, ilústrala con tu presencia, y no te ocultes hasta qne desciendan sobre él todos los carismas, toda la potestad, la glo- ria toda del Sacerdocio de Melchisedech. MEMORIA DE LA CLASE DE CIENCIAS Y ARTES PARA MEJORAR LA ENSEÑAN- ZA DE LA GRAMÁTICA LATINA. (*) Señores: El método que se observa en nuestros estudios exije nece- sariamente el del idioma latino. Las obras didácticas de la ciencia con que nos ilustramos, y tal vez subsistimos, di- fícilmente podrán comprenderse sin un conocimiento perfecto en la regla de la gramática. Pero los progresos que hacen nues- tros jóvenes en estos principios del arte de pensar, no corres- ponden ni á su aptitud, ni al tiempo que permanecen en las aulas de latinidad. Transferidos á la de filosofia y otras facul- tades, admiramos sus bellas disposiciones, compadeciéndonos al mismo tiempo de verlas frustradas, y perdidos los mas pre- ciosos dias de la vida literaria; porque ignoran aquel idioma hermoso es que están escritos los libros elementales de toda clase. No debiendo imputárseles este defecto, es preciso atribuir- lo ó al método con que se les enseña la lengua latina, ó á los ma- estros que lo ejecutan. No les hacemos el agravio de creer que carezcan de cuanto sea necesario para entenderla con propie- dad; pero sí estamos cerciorados que no la enseñan con todo el interés y esmero que merece el fundamento de nuestra ins- trucción. Privados de estímulos, y durando demasiado tiempo la lectura diaria, no hay celo ni constancia que pueda soportar un ejercicio ímprobo, desagradable y dilatado. En algunas ór- denes relijiosas los catedráticos de gramática, después de ha- (*) Impreso en las Memorias de la Sociedad Econonica de la Habana tomo XVIII página 44 año 1844. — 21 — berla leido muchos años, quedan en la Ínfima clase sin opción á los empleos honoríficos; y en otras, si merecen alguna distin- ción, siempre es inferiora la que optan los lectores de filosofia y teología. Para que nuestra juventud se perfeccione en el idioma la- tino, y pueda conseguir en las facultades mayores todas las ventajas que la facilita su ingenio, convendría que la Sociedad suplicase á los prelados, no provean estas cátedras sino por oposición, para que así puedan elegir el mas idóneo, y que á es- te se le concedan los mismos honores y prerogativas que á los catedráticos de filosofia y teología, en virtud de ser su lección diaria mas dilatada, menos agradable, y mayor el número de individuos que pueden aprovecharse de su instrucción. Y para mas estimulará los maestros, ofrecerá la Sociedad algún tes- timonio honorífico de su aceptación á los que en el tiempo pres- crito porsus constituciones para jubilar, la presenten cada año seis discípulos instruidos en el método que les propusiere, de- biendo ella examinarlos y graduar su merecimiento. Creemos seria también muy útil se estableciesen en los con- ventos clases de matemáticas, y que sus Regentes obtuviesen por esta lectura la jubilación y demás grados de sus órdenes. Los buenos geómetras que han florecido en los claustros, nos persuaden que esta ciencia no es incompatible con su estado, antes dando á los maestros mayor ascendiente sobre los alum- nos, se ilustrarán con mas facilidad, y harán los mayores pro- gresos en lasdémas facultades, cuyos principios están felizmen- te subyugados al cálculo geométrico. No tememos que los prelados rehusen aceptar una proposi- ción, que lejos de ofender sus derechos, es muy conforme á sus deseos. Las clases que nos franquean, es un testimonio de su gratitud á la beneficencia pública, á quien deben los conven- tos su fundación y subsistencia; y pues en la Sociedad reside la mayor parte del público, y la mas interesada en su felicidad, bien puede insinuarles aquel plan que juzgare ser mas útil, y que por otra parte .en nadase oponga á sus constituciones. Asi discurrió la Clase de Ciencias y Artes en Juntas celebra- das el 7 de junio y 10 del corriente, y de su orden informo á la Sociedad de estas sesiones, para que reflexionando sobre un asunto tan interesante, decida lo mas conveniente. Habana 20 de setiembre de 1704. nomine vitum suatn etamant sintul, etoderunt. Senec. (*) Señor editor : Muy Sr. mío: Aunque venero demasiado el respetable tí- tulo de sabio, para tener la presunción de arrogármelo, pro- curaré no obstante contestar á la pregunta que se hace en el periódico núm 77, siendo bastante para ejecutarlo el deseo de ser útil á mis compatriotas. Feliz yo si puedo conseguirlo! Pregúntase, pues; ¿la viruela artificial por medio de la inocula- ción puede ocasionar otras tantas enfermedades distintas de la'misma viruela1} De dos modos puede entenderse esta proposición: la Si el pus introducido por insicion á mas de exitar las viruelas es capaz de producir otras indisposiciones: 2a Si no resultando las viruelas después de hecha la inoculación puede aquel hu- mor causar otras enfermedades. El Dr. Maty suscitó estas mis- mas cuestiones, y sin embargo de opinar que uno y otro es posible, lo creyó no obstante tan dificil, que el mismo se hizo inocular. Geraldo Vanswieten con una sinceridad igual á su grande sabiduría confiesa, que aún no habia hecho los ensayos suficientes para decidir sobre la materia. No estuvo tan indeci- so el célebre Haen. Fundado en autoridades muy respetables5 y en varias observaciones, dijo espresamente en distintos lu- gares, que la inoculación podia causar otras enfermedades á mas de producir las viruelas, y aún sin haberlas producido. Lo mismo sienten D. Vicente Gorraiz en su juicio ó dictamen so- bre el proceso de la inoculación, y otros varios autores cuyos fundamentos están compilados en las obras de los dos últimos. Lo contrario defienden Tissot, Condamine', Tronehin, Sutton Gaci, D. Francisco de Salva, y otros muchos, cuyo número (*) Publicado en el papel periódico de la Habana de 29 de Octubre y \". de No- viembre de 1795. — 23 — siendo muy superior al de sus rivales, decidiríamos á favor de los inoculadores, si acaso la verdad y el acierto estuviesen anee- sos á la multitud; pero como la esperiencia y la razón merez- can solamente la deferencia del hombre que piensa, examinare- mos los fundamentos de ambos. Los que producen Haen, Gorraiz, y sus sectarios son varios hechos estractados de los autores mas sinceros y juiciosos, por los cuales consta, que diferentes personas al mismo tiempo que tuvieron las viruelas inoculadas, y otras sin haberles salido, pa- decieron de muy graves y distintas enfermedades; infiriendo de aqui que la inoculación las produjo. Pero como advirtió Sauvage, es muy falaz este modo de argüir post hoc: ergo procter hoc: después de esto: luego por esto. De que otros afec- tos se asocien con las viruelas no se infiere que los haya causado la inoculación. Cada enfermedad tiene sus causas y sus sín- tomas particulares, y los diferentes contagios, dice Tissot, in- festan distintos humores, y aun dañan diferentes partes, por consiguiente la viruela tiene en el cuerpo su determinado lugar y sus propios caracteres. Y así como no debemos imputar á la quina, y á otros remedios las fatalidades que resultan cuando indebidamente se administran, tampoco es justo atribuir á la inoculación los efectos de la casualidad, ó de la ignorancia de los que la ejecutan. Si ella fuese causa de todas las enfermedades que le suceden, también lo seria el contagio virulento comunicado por la ins- piración, pues es constante que con las viruelas naturales pue- dan complicarse otros varios afectos. Amato Lusitano afirma, que en un Estío tuvo mas de ciento cincuenta enfermos de vi- ruelas y sarampión, de los cuales murieron siete, los cuatro de unas úlceras muy malas; y en la epidemia de viruelas que se esperimentó en esta Ciudad el año de 93 asistí á cinco niños de diferentes edades, que al tiempo de la supuración se les formaron varios tumores en los codos y tobillos y sin embargo de ocurrir al auxilio de la Cirugía y pereció uno. No ignoro que cuando empezó á practicarse la inoculación en Europa por sugetos poco instruidos, se esperimentaron al- gunas adversidades, y aun todavía suelen suceder donde no se ejecuta con inteligencia. Pero después que la observación y el — 24 — raciocinio dictaron unas reglas muy sabias y conforme á la na- turaleza, los efectos han sido tan generalmente felices, que sus mas acérrimos impugnadores no han podido escusarse de con- fesar su utilidad. Así Antonio Haen después de emplear re- petidas ocasiones su vastísima erudición y talento para abomi- narla y proscribirla, confiesa en fin, que las viruelas inocula- das deben preferirse á las naturales; preferendas csse variolis sponianeis inoculatas: y que muchos mas perecen por las natura- les, que por la artificiales; convincimur denuo longe plures d natu- ralibus variolis, cuam ab insitis morí, (a) El grande Boerhave sin embargo de que en sus lecciones académicas, y en las primeras ediciones de sus inmortales afo- rismos, no decidió si era ó no útil la inoculación, instruido de los favorables efectos que producía en el Asia, Grecia, é Ingla- terra, añadió en la tercera edición al Aforismo 1403 estas pa- labras: prophylaxis insüiva videtur satis certa tutaque, las mismas que repitió en la quinta edición hecha el año antes de su muer- te: y aunque es cierto que jamás inoculó, sin embargo aconseja á los que no hubieren tenido viruelas, traten y se aproximen á los que las tengan naturales y de buena calidad, después de suficieutemente preparados. Haen, uno de sus mas distinguidos discípulos afirma, que en el aula se retractó de esta opinión; pero usaré de las mismas palabras conque le reconvino Tissot: "si "este grande médico hubiera advertido en sus obras algunos "consejos que pudieran ser nocivos, su probidad que igualaba ''á su talento y á sus conocimientos, no le habria permitido de- jarlo sin corrección;" así como en la cuarta edición alteró el aforismo 755. A mas de esto Vanswieten, á quien no dudaré llamar el primero y mas adicto de sus alumnos, lejos de insi- nuar que su maestro se hubiese retractado, nos recomienda el mismo método. Este puede adoptarse por ese padre, cuyos chicos temen tanto á la lanceta; pero aunque sea el mas benigno, no me pa- rece el mas eficaz. Los chicos acostumbran tomar dos ó tres postillas secas de las que suelta algún niño bien complexionado, que ha tenido viruelas naturales de la mejor calidad, las pul- verizan, y mezclándolas con un grano de almizcle forma una (a) Rat. med. tomo 10 pagina 7 linea 8. — 25 — mecha ó lechino de algodón, y le introducen por la nariz del que han de inocular, conservándole hasta que aparezcan los pri- meros síntomas. También suelen humedecer los lechinos en pus recientes, y aplicarlos al mismo lugar. Vanswieten, funda- do en las observaciones de Mead y en su propia esperiencia, reprueba este método, porque fácilmente se forman úlceras muy nocivas y molestas en la nariz, con otros graves síntomas, por lo cual prefiere la insicion en los brazos. Esta puede ejecutarse de dos modos: ó aplicando el pus en un^s hilas después de hecha la insicion, ó conduciéndole en la misma lanceta, é introduciéndole al tiempo de hacerla. Lo pri- mero se observa en las Indias Orientales, y en Constantinopla donde lo aprendió Timoni, el primero de los Europeos que inoculó, participándoselos el año de 1713 á Mr. Woodwar, mé- dico del Colegio de Londres. En 1721 Miladi Wortley habien- do esperimentado en su propia hija la eficacia de este método, le recomendó en Inglaterra cuando volvió de Turquía. Desde entonces se difundió por Europa, y se prefirió á todos los otros hasta que Sutton despreciando las opiniones de Guiot y Llob, propuso otro mas sencillo y menos arriesgado, el que consiste, como he dicho, en mojar la punta de la lanceta en el pus de las viruelas, y hacer con ellas una picadura, levantaudo horizontal- mente la epidermis algo mas de una línea. Así lo han obser- vado sus mas distinguidos sucesores, y yo le juzgo preferible á todos los demás métodos, siempre que no se penetre hasta la membrana adiposa, pues si llegare á ella la insicion por igno- rancia del que la hiciere, sobrevendrán úlceras, abcetos, eri- sipelas, oftalmías, y todos los demás accidentes que observó Gandoger. Esto y cualquiera otro se evitarán guardando escrupulosa- mente las reglas prescritas por los corifeos de la inoculación, para antes y después de ejecutarla; regla, que el mismo Haen no dudó menos de confesarme?/ sabias, y muy buenas, al propio tiempo que impugnaba la inoculación con tanto ardor y soli- dez, que mereció le hiciese Tissot este magnifico elogio, escri- biendo al Conde Roncalli: si la inoculación se proscribe, la gloria que tá te arrogas, será toda de Haen. No me lisongeo de tener la de haber satisfecho los deseos 4 de ese buen padre que consulta; pero sí de haber hecho todo lo posible para conseguirlo. Tratándose de conservar la vida del hombre, objeto el mas jsagradoy digno de mi atención, na- da he omitido, ningún trabajo me he dispensado para formar este papel, examinando las obras polémicas mas selectas que se han publicado sobre la materia, cuyas citas he omitido por no ser mas difuso; si fuere impugnado con inteligencia, buena lógica, y mejor crianza, las manifestaré con la mayor esactitud. Dios guarde á V. los muchos añoa^que desea su muy afecto servidor. Da espatium vitae, mullos da Júpiter annos (*). A los dias del Rey nuestro Señor (Q,. D. G.) soneto. Suspende, Tiempo, tu veloz carrera, Y en tus fúnebres fastos este dia Nunca se escriba por la mano impía Que flores aja de la Primavera: Con¡tus alas cubre de la Parca fiera Al Jefe de la*Hispana Monarquía, Al grande Carlos que sus pueblos guia Con justicia y bondad muy verdadera. Mas si fueres acaso inexorable A mis votos fervientes respetuosos, Dilata oh Júpiter, su vida amable Con la de sus vasallos^ afectuosos, Y disfrútele en pazjnterminable, Que seremos entonces mas'dichosos. (*) Publicado en el papel periódico de la Habana á 5 de noviembre de 1705. 1 ■I I* 1 Informe dir¿jido á la Sociedad Patriótica, por los diputados que nombró para la elección de ter- renos en que se ha de establecer un Jar- dín Botánico. (*) Señores: Conforme lo acordado en la Junta anterior, pasamos con el Sr. D. Martin Sesé á examinar si el terreno contiguo á la Casa de Beneficencia es apropósito para formar un Jardín Botánico y habiéndolo ejecutado con la mayor prolijidad, advertimos que la mitad de el mas próxima á la fabrica de aquel edificio era de una tierra bastante cascajosa, presentando un fondo de piedra muy sólida á poco mas de tercia de profundidad. E\ otro pedazo mas distante de la casa es de mejor calidad, tiene toda la estension que se necesita para el objeto, y aunque es algo gredoso, fácilmente se abonaría mezclándole un poco de arena. Pero se nos presentaron dos obstáculos que muy difícilmente podrán superarse. El primero son los vientos del Norte, los cuales así como maltratan los árboles mas robustos que hay cerca del referido parage, con mayor facilidad destruirían las tiernas plantas del Jardín no teniendo quien las preserve de su impetuosidad, pues aquel edificio no es suficiente para res- guardarlas. La distancia que hay de allí á la ciudad es el otro motivo que juzgamos dificulta el fin que se ha propuesto la Sociedad. Creemos no sea otro que proporcionar la instrucción en la Botánica; y estando el Jardín en aquel lugar, dudamos que haya quien pueda concurrir á estudiarla, aunque téngalos deseos mas vehementes. Paréeeme oportuno hacer presente á la Junta que en una (*) Publicado en el papel periódico de la Habana de 6 de Diciembre de 1795. — 28 — de las celebradas el año anterior dispuso, con motivo de ha- berla presentado el amigo Espinosa una planta del Sen de España cultivada en nuestro suelo, me diese las suficientes pa- ra hacer algunos ensayos, y la informase de sus efectos; lo cual no he cumplido porque este amigo no me ha proporciona- do lo necesario. El Sr. Sesé, me asegura que cuando compro- bamos el Sen de Levante nos importaba anualmente mas de 80000 pesos, pero después que se beneficia en la Península este útilísimo vegetable, no solamente conservamos aquella suma, sí también nos deja el estrangero casi otro tanto por las cantidades que estrae. Juzgo, pues, que un ramo tan pro- ficuo merece la atención del Cuerpo Patriótico. Para desempeñar en todas sus partes el asunto que nos con- fió, tratamos de presentarle un joven capaz de satisfacer los benéficos fines que se propone, facilitándole instruirse en la Botánica. El Excmo. Sr. Presidente, que tanto se interesa en dar á nuestros proyectos toda la perfección posible, concibió con su muy perspicaz discernimiento, y propuso á la Junta sería convenientísimo que este sugeto tuviese algunos princi- pios de Farmacia ó de Medicina. Si otras veces su respetable autoridad nos ha merecido una ciega deferencia, ahora ningún mérito hemos contraído en adoptar su opinión, estando conven- cidos de las sólidas razones en que la funda. No se trata de aprender únicamente las virtudes de las plan- tas conocidas, sino también de inquirir, esperimentar, clasifi- car, y hacer la nomenclatura de otras muchas ignoradas por Tournefort, y desconocidas al inmortal Linneo. Solicitase que pueda substituir á los vegetables exóticos, secos y enervados de que hacemos uso en nuestras dolencias, otros indígenos, recientes y proporcionados á nuestra constitución, porque es preciso convengamos en que la naturaleza, esa madre munífica que ha prodigado en este clima los mas preciosos metales, no habrá sido menos solícita en conservar nuestras vidas, que en fomentar nuestro lujo. ¿Nos abandonaría á los rigores de la intemperie, y de las enfermedades endémicas? Nuestros cam- pos, cuyas feracidad jamás pudo pintar Colon sin entusiasmo, y no cesan de admirar los forasteros, ¿habrán sido destinados solamente para saciar la voracidad de las bestias, y la gula de — 29' — los racionales? Examínese, pues, desde la humilde grama has- ta el erguido cedro, y nos convenceremos de que así como nos ha concedido una porción numerosa de frutos los mas ári- dos, capaces de refrigerar los ardientes calores del Trópico, así también habrá ocurrido á todas nuestras necesidades, de- positando en las plantas los auxilios mas poderosos para repa- rarlas. ¿Y quien mas apto para hacer estas observaciones que un profesor de aquella ciencia que trata del hombre enfermo? Oídselo afirmar á los Sres. Ortega y Palau, pero como el efec- to de los remedios (dice en su Curso de Botánica, pág. 140), "depende en gran parte del estado y disposición de los órganos en que hacen mas ó menos impresión, de suerte que la misma planta que es provechosa al hombre, es á veces un veneno para determinada casta de animales, y al contrario; y aun al mismo sujeto le trae utilidad ó perjuicio, según la situación en que se halla, de ahí es que aunque debe preceder el cono- cimiento general de las propiedades, no basta para su aplica- ción en particular, si no se une á la observación y estudio me- tódico de las enfermedades, y demás partes de la Medicina." Persuadidos de esta verdad, esperamos satisfacer los deseos de la Junta, proponiéndola á D. N. D. N. D. N. Habana y Noviembre 19 de 1795. — 30 — Ai TRASLAPARSE 1 ESTA CIUDAD LAS CENIZAS DE COLON. (*) Un sujeto que ha manifestado la admiración y gratitud con que mira al Almirante Cristóbal Colon, hizo con motivo de haberse trasladado á esta Ciudad el resto de sus respetables huesos, un retrato histórico de ese héroe, pero juzgándole de- masiado difuso para imprimirse en el periódico, solo publica el siguiente apostrofe con que le concluía. Habaneros: de este hombre son las cenizas que recibisteis el 19 del mes anterior. La pompa fúnebre con que lo ejecutasteis la prontitud con que todos los Jefes y los cuerpos mas ilustres de esta Ciudad se ofrecieron espontáneamente, y casi se dispu- taron la gloria de conducirlas y tributarlas los mas distinguidos honores, el aparato marcial, el numeroso concurso, el silencio respetuoso, los sentimientos de admiración y gratitud que ob- servé en todos los espectadores, escitaron en mi fantasía las imágenes mas grandes y lisongeras. Parecíame que miraba introducir por las calles de Roma el cadáver de Marcos Au- relio, muerto en la guerra de Germania. Parecíame también que cada uno de vosotros repetía el mismo voto que pronun. ció Marco Tulio en el Senado cuando oró en favor de Servio Sulpicio: "pluguiesen los Dioses inmortales que mas bien pudié. ramos tributarle gracias estando vivo, que honores después de Publicado en el papel periódico de la Habana de 28 de febrero de 1796. — 31 — "muerto" (1) Plugiese el cielo se presentase en estas playas del mismo modo que el año 1492. Entonces esos pabellones ahora enrollados se desplegarían por los aires para anunciar á los habitadores de dos mundos el triunfo de su sabiduría, de magnanimidad, de su intrepidez, de su valor. Esos instrumen- tos bélicos que cubiertos ahora de negras bayetas hieren nues- tros corazones con su lúgubre armonía, entonces nos traspor. tarian de júbilo con sus alegres sonatas. Ese triste silencio se convertiría en Víctores y cánticos festivos. En lugar de ese fe- retro le colocaríamos sobre un carro tan magnífico como aquel en que subió Pompeyo al Capitolio. Lejos de conducir nosotros al Templo sus reliquias para tributarle los postumos honores y dirigir al Ser Supremo nuestras preces por el descanso de su alma, él mismo convocaría á sus amigos y conmilitones, como Escipion á los suyos, y postrado antes el ara de Dios de las victorias le ofrecería sacrificios por las que le habia concedido, y entonaría el primero el himno de honor y de alabanza. Entonces nosotros todos con sagraríamos á su Numen tute- lar tres copas de oro en que estuviesen grabados su ilustre nombre, como hicieron los romanos en el triunfo de Camilo: ceñiríamos sus sienes victoriosas con una riquísima diadema semejante á la que presentaron los griegos al Cónsul Haminio; y reuniéndose en un coro todos los hombres sensibles: bendito seas, le dirían porque sacaste estas regiones de la ignorancia y barbarie en que estaban sumergidas, bendito seas, porque conduciste á ellas la verdadera Religión, la Agricultura, el Co- mercio, las Ciencias y las Artes, y las prosperidades todas que de éstas dimanan, bendito seas, porque las subyugaste al bené- fico imperio de los reyes Católicos. "Tu eres aquel Tespis que "superando las barreras que opuso Alcidesala ambición y osa- día délos hombres, reuniste los pueblos separados por el Oc- "céano Atlántico, y dilatastes los términos de la tierra mas allá de la grande Tulo"(2). Tu nombre será perpetuamente el de este hemisferio que descubriste y demarcaste mucho antes que otro alguno surcase sus mares anchurosos......... (1) "Volleen dii inmortales fecissent, ut vivo putiua gratias ageremus, quam mon- tuo honores querereimií. Philipp. 9. (2) Senin Modea. — 32 — Vanos, inútiles deseos. La antigüedad injusta privó á este Héroe de esa gloria debida á su grande merecimiento. Amé- rico Vespucio se la arroga, las naciones todas llaman "Améri- ca" á esta parte del globo que habitamos, pero los hombres que han existido en tres siglos, y las generaciones futuras al pro- nunciar este nombre detestarán en su corazón lo que ejecútala lengua. Mil plumas tan imparciales como enérgicas y elocuen- tes forman el apoteosis de Colon. La República de Genova le erige una estatua. Un nuevo Fidiasestá perfeccionando loque hemos de consagrarle en testimonio de nuestra veneración y reconocimiento. Entretanto respetemos sus cenizas; gloriémo- nos de poseerlas; confiemos en ellas mas que en nuestros Mor- ros y Cabanas. Ellas infundirán terror á las potencias enemi- gas de la española, guardarán nuestras costas, defenderán este Puerto; y al ver el sepulcro que las contiene (permitidme usurpe esta espresion al panegirista del Conde de Saxe (1) á vista del mármol que las encierra se elevará el espíritu de to- dos los españoles, les inspira el corage, la magnanimidad, el amor generoso de la gloria, el celo por el Rey y por la Patria. (1) Mr Tomas. s -- 33 — /¿eligió vera est firman/entu/n Reipnblies pías, lib. 2. Reipubs. A. R. de Legib. Demostrada la Divinidad de la Religión cristiana con unos argumentos los mas irrefregables á los impíos y á los que po- dían añadirse otros rasgos nada menos terminantes de Ilieno- cles, Celso, Porphirio, Suliano Apóstata, y sobre todos el enérgico é incontestable paralelo que hizo J. S. Rousseau entre el hijo de Sofronisca y el de Naria, entre Sócrates y J. C. (1); pretendo ahora, usando de la misma especie de argumento, manifiestar la necesidad de una sola Religión para la subsis- tencia é incolumidad del Estado, y que ninguna otra sino cris- tiana puede proporcionar estas ventajas, y merecer el sacrifi- cio de nuestras potencias y de toda nuestra sangre. Los libros dé la República de las leyes de Platón me sumi- nistran abundante materia para desempeñar la primera propo- sición, pero temiendo exceder los límites que me he propuesto copiaré solamente estas palabras: "en toda república bien or- denada debe cuidarse primerante de establecer la verdadera religión, no una falsa ó fabulosa, eligiendo por gefe un sugeto que la haya profesado desde su infancia: el verdadero culto es el fundamento ele un Estado." Del mismo modo discurre Xe- nofonte: "el primer deber de un buen Rey, dice ese filósofo guerrero, es establecer el culto divino." Supersticiosamente adheridos á estas máximas no respeta- mos los griegos ni á sus primeros sabios, condenándolos á la muerte mas cruel cuando ilustrados con la filosofía abomina- ron el Politeísmo y otras ridiculas supersticiones. Los Romanos no fueron nada menos zelosos de la Religión de sus padres. Rómulo se la prescribe en medio de los horro- (1) Pensamientos teológicos del P. Jamin pag. 105. — 34 — res de una guerra continua, y á un mismo tiempo los instruye en las evoluciones marciales y en los ritos sagrados. Numa Pompilio su sucesor los perfecciona, y suaviza con el jejercicio la ferocidad de aquellos colonos. El pretor Pesilio, autorizado por el Senado, hizo quemar públicamente varios libros griegos porqué inducían ó despreciaban la religión. Nuestros mayores^ continua Valeriano Máximo, no quisieron tolerar nada quepudie- ra distraer á los ciudadanos del culto de los Dioses. Fiel observador de estos ejemplos Mecenas, cuando Augusto quiso reformar va- rios abusos del gobierno, le propuso entre los primeros regla- mentos que impidiese toda novedad en la religión. Sabia muy bien que la unidad en el culto es el centro donde se reúnen to- dos los miembros de un Estado, y que la variedad es un fecun- do germen de discordias; pero abusando de esta verdad incon- testable excitó la primera y mas injusta persecución contra la iglesia, cuya doctrina estirpando todos los vicios podia ella so- la proporcionar aquella dulce y tranquila paz á que vanamen- te aspiraba. Oídselo decir al autor de las cartas judías. "Los primeros nazarenos observaban una doctrina tan conforme á la equidad y tan útil de la sociedad que sus mayores enemigos confiesan aun la superioridad de sus preceptos morales sobre todos los que dictaron los mas sabios filósofos de la antigüedad...... La fe de los nazarenos según la enseñan sus primeros doctores, es mucho mas brillante que la nuestra. No solamente observan todos nuestros primeros principios, si también sus mas míni- mos resultados. Nuestra doctrina contiene alguna fiereza, la suya parece dictada por una boca divina. La buena fé alcanza el perdón de los enemigos, todas las virtudes que el corazón puede poseer les son muy familiares. Un verdadero nazareno es un filósofo perfecto. En las otras religiones el hombre vil esclavo, no sirve á Dios sino por interés. Los nazarenos son los únicos que tienen el corazón de un verdadero hijo para el pa- dre mas bueno" ved un retrato fiel y ventajoso del cristianismo trazado por la mano de un hombre que no debe suponerse prevenido en su favor. Rousseau lo hace con otros colores igualmente brillantes y sinceros: "yo no sé, dice, por que se atribuye á los progresos de la filosofía la bella moral de nuestros libros (los católicos.) Es- ta moral sacada del Evangelio era cristiana antes de ser filo- sófica... Los preceptos de Platón son regularmente muy subli- mes; pero cuantas veces erró, y hasta donde no le han precipi- tado sus errores? En cuanto á Cicerón, puede creerse que sin Platón hubiera formado este Bretón sus oficios ? El Evangelio solo, siempre seguro, siempre verdadero, siempre único, siem- pre semejante así mismo." "Su moral, dice el presidente Montesquieu, es el mas bello "presente que Dios ha hecho á los hombres. Ella abomina el "despotismo, y la dulzura tan recomendada en el Evangelio, "se opone á la cólera despótica con que un tirano se cree justo "cuando ejerce sus crueldades. Mientras que los príncipes "mahometanos dan incesantemente la muerte ó la reciben, "la religión cristiana hace á los suyos menos tímidos, y por "consiguiente menos crueles. El Príncipe confia á sus subditos "y estos en aquel. Cosa admirable ! La religión cristiana que "parece no tener otro objeto que la felicidad de la vida futura, "también nos hace dichosos eu la preseute." (1) Si la razón y la autoridad de estos hombres, á quienes los bellos espíritus consagran los mas respetuosos homenages, no son bastantes para hacerles conocer la escelencia de la religión cristiana, recórranse los fastos de los siglos y los anales de las naciones y se verán grabados con sangrientos caracteres, mil hechos horrorosos, funestas consecuencias de la irreligión y del tolerantismo. Guerras intestinas, sediciones, rebeliones, re- gicidios, subersion y desolación... ¿pero á que referir lo que, pluguiese al cielo, no esperimentásemos? (1) E3prit des Lois liv. 24 L. Cap. 3. — 3i; — MEMORIA sobre los obstáculos que han impedido progresen las rol menas en la Isla, de Cuba, y los /liedlos de Jb men- tarlas. Imprímase ái espcnsas de la Real Sociedad Patriótica de la Habana , por haber merecido el ac- cessit en Junta general celebrada el dia \0 de di- ciembre de 1796. Su autor, el Socio I). Tomás Romay. (*) T:im regnat Apollo.—Virg. Eglog. 4. Cuando la opulenta colonia del Guarico convertida en ruinas y pavesas ofrece la imagen mas propia de la insurrección y anarquía, los habitadores de la Isla do Cuba empleando eficaz- mente las muníficas gracias concedidas por uno de sus mas benéficos Soberanos, trasladan al suelo patrio las prosperida- des que despreciaron sus vecinos. Carlos IV, cuyo nombre au- gusto se imprimirá con los mas brillantes caracteres en los fas- tos de nuestra historia; Carlos, verdadero padre de sus pueblos nada omite para hacerles sentir la dulzura de su imperio, fran- quicias, estímulos, protección al comerciante, labrador y arte- sano; cuerpos que los esciten y fomenten; medios con que eje- cutarlo; todo mana profusamente de sus manos clementísimas. Pero entre todos estos vasallos los colonos de la antisua Cu- banacan reciben sin intermisión las pruebas menos equívocas de su amor y beneficencia. Como si una sociedad de hombres ilustrados, y reunidos por el mas ardiente y generoso patrio- tismo no fuera bastante para realizar sus intenciones, el Pió, el Máximo Carlos, al mismo tiempo que se dispersan los fran- ceses de Santo Domingo, se desoían sus feraces campos, y quedan desiertas sus bahías, forma en esta ciuda^l una Juuta (*) Publicada en 17U7, y reimpresa en las Memorias de la Saciedad Patriótica, tomo VIII. I'ag. 105. Año lsí-iu. — 3, — de comerciantes y agricultores, para que congregados los dos mas robustos brazos de la pública prosperidad se auxilien re- cíprocamente, y cooperen al mayor auge y felicidad de esta Isla. El éxito corresponde á sus deseos ¡ Monarca benignísimo ! La Sociedad Patriótica, y la Junta económica del Consulado, valiéndose oportunamente de los estímulos que mas escitau al honrado y laborioso ciudadano, proponen varios problemas dirigidos todos al fomento de la agricultura, y comprometién- dose la una á la decisión de la otra ofrecen premiar el escrito "que mejor manifieste los defectos y errores introducidos en el "cultivo de la cera, cual se practica en el pais en la actualidad, "é indique mas claramente el método que se deba seguir con "preferencia, tanto en la cria de colmenas como en el modo "de castrarlas y beneficiar *u producto, indicando ademas las "enfermedades de las abejas y su curación, ios insectos y de- "mas animales que las ofenden y persiguen, como el modo de "precaver uno y otro daño." (1). Virgilio no se desdeñó de cantar con el mas dulce entusias- mo las sangrientas batallas, la previsión, el orden, las costum- bres, los ejercicios y admirable economía délas abejas, cuando Augusto César coronado cou los laureles que cortaba á las márgenes del Eufrate subía al Olimpo hollando los trofeos de las naciones asiáticas. (2) Yo aunque tan inferior á Publio, co- mo el mimbre al ciprés, osaré escribir sobre el referido teorema confiado en la indulgencia del ilustre cuerpo eucargado de ca- lificar los escritos que aspireu á obtener el premio ofrecido. La misma naturaleza nos provoca á cultivar las colmenas. Un clima donde jamas se esperimenta el frío que hiela; valles perpetuamente adornados con fragantes y copiosas flores- bosques siempre verdes y frondosos, fuentes arroyos cristalinos y perennes; maderas no menos gratas á las abejas que propias para formar las cajas. ¿Han merecido acaso otro tanto los mon- tes Hibla é Ilimeto, y las celebradas costas de Narbona? Así pues, apenas el año de 1704 condujeron á esta Isla algunos pequeños enjambres los prófugos habitadores de la Florida y (1) Paptd periódico núm. 21*. año 17¡n¡. (2) <;«>orK. 4. — 38 — los colocaron en la villa de Guanabacoa, cuando de tal suerte se multiplicaron, que difundiéndose en los campos vecinos lie. garon á ser perjudiciales á los ingenios de azúcar, con cuya sustancia se mantenían: su fecundidad era tanta, que sin tener- las con los resguardos que se acostumbra en Europa, daba ca- da colmena un cmjambre al mes, y á veces dos, el uno regular y el otro pequeño, castrándose mensual mente; y la cera y miel que se sacaba no eran menos abundantes que en España, don- de solo se hace esa operación una, ó cuando mas dos veces al año. (1) Aunque esta noticia sea exagerada no puede dudarse que su multiplicación fué tan rápida que el año de 1770 después de proveernos de la cera precisa para el consumo de esta ciudad se estrageron 5 arrobas para la de Vera-Cruz. El siguiente 8 y 10 libras: el de 1772, 4199, y aumentándose proporcionalmen- te en los años sucesivos, llegaron á salir en el de 1776 de este puerto para varios de Europa y de América 21,187 arrobas. Desde esta época si no se ha disminuido la esportacion de la cera, no ha tenido lo menos aquel aumento que juiciosamente debía esperarse á vista de los anteriores progresos. El año pa- sado de 95 solo se registraron en esta Aduana 26,104 arrobas 15\ libras, y aunque á dicha suma agreguemos otras pequeñas, que de Trinidad y Cuba se llevaron al Contineute, y alguuas que apresaron los enemigos cuando de aquellos y otros puertos de la Isla se conducían á este, nunca podrá ascender á la can- tidad que correspondía tuviese en 20 años, calculando por el aumento progresivo, que se observó en los 7 primeros. (2) Las causas que impiden se adelante e3ta cosecha, si son defectos y errores que se hayan introducido en su cultura ó trabas im- puestas al cosechero, privándole de algunos auxilios, será lo primero que examinaremos. El unánime consentimiento de muchos hombres Reparados en diferentes lugares no puede ser efecto del capricho ó de la intriga; es necesario atribuirlo á una reflexión muy obvia y convincente, ó á una esperiencia universal y constante. Creo (1) Ulloa. Xoticias Americanas, entret. 7 (2) Véanse los estados anuales de esta Aduana. — 39 — que uno y otro ha contribuido á persuadir á todos los abejeros de esta Isla, que la prohibición de la madera de cedro para construir las cajas es el primer obstáculo que se opone á su adelantamiento. Si la fragancia de este leño no fuera gratísimo á un insecto que abandona su trabajo su alimento y habitación cuando percibe inmediato á ella algún olor desagradable; si no le viésemos preferir el cedro á los demás árboles de que abun- dan nuestros bosques, para formar en ellos sus panales cuando proceden con libertad guiados por su instinto; si los naturalis- tas no hubiesen encontrado alguna afinidad entre la resina de esta madera y el Própolis (1) de las abejas; si Bomare y Pre- fontaine no afirmasen que es superior á todas las de construc- ción por ser casi incorruptible, como suele también llamarse en los libros santos, y porque ni los gusanos, ni otros insectos atacan las obras que se hacen con ella; si nuestros campos no estuvieran tan poblados de cedros, que bastan ellos para pro- veer todos los arsenales de la nación; si no fueran mas feraces en producir estos árboles que los de otras especies; si no pre- firiésemos sus maderas á todas las otras para nuestros edificios y menages, por su duración, tamaño y abundancia, por serla mas fácil de encontrarse, conducirse y aserrarse; desde luego yo atribuiría á preocupación ó á una tenacidad reprensible la primera causa á que imputan I03 cosecheros de cera le deca- dencia de este ramo. Pero si á mas de todo esto viésemos que ni la severidad de la ley, ni la vijilancia de los celadores de montes pueden impedir que formen con esta madera algunos de sus corchos, es preciso convengamos en que la razón, la esperiencia, la necesidad, la misma naturaleza les obliga á ege- cutarlo. La misma naturaleza, sí; prescindiendo de la predilección que manifiestan las abejas al cedro; ya lo dije, y no debo re- petirlo. Otra reflexión no menos oportuna se me ofrece. Entre las innumerables y esquisitas maderas que nos ha concedido la Providencia, solo la del cedro es útil para formar las cajas. (1) Própolis, cierta especie de cera glutinosa, ó betún que sirve de fundamento á loe panales y defiende los corchos de las imtcmperies y délos insectos: aquí le llaman Lacre. — 40 — Fuera de que por lo general ninguna otra tiene el diámetro que se requiere, que son mas costosas y muy raras; las tablas de las unas se rajan inmediatamente como las de jocuma, gua- janai, sibicú y todas las llamadas duras; otras son muy cor- ruptibles y propensas á criar gusanos que las corroen como la macagua, el atojo, la ayuda, la ceiba, el jobo; y otros finalmen- te ahuyentan con su mal olor las abejas, tal es la majagua y el moruro. De aquí es que el pobre labrador reducido á valerse de aque- llas que encuentra á menos precio y dificultad, se vé en la pre- cisión de renovarlas cada año, pues las intemperies y sus mis- mos principios la3 destruyen en este período. Sus escasos fon- dos permitiéndole apenas preparar nuevos corchos en que con- servar las antiguas colmenas, mira penetrado de dolor salir los recientes enjambres y dispersarse por los campos después que permanecieron al rededor de él, provocándole á que los recogiera, lo que no pudo ejecutar, porque indirectamente se le prohibe por real orden de 11 de diciembre de 1789. ¡Afectos terribles, que oprimís el corazón de estos infelices en esos ins- tantes, venid á mi pecho, para que derramando por la pluma la amargura que le inunde, conmueva y enternezca las sensi- bles entrañas de los patriotas benéficos que tanto se interesan en consolarlos! Pero no es esta la única traba que coarta los progresos de la cera. Varios reglamentos económicos de la Real Hacienda también han contribuido á conservar estacionaria su estraccion en los últimos 20 años. Por Real decreto de 28 de Febrero de 1789, la cera procedente de Cuba, Trinidad y Nuevitas paga solo la alcabala de primera venta que se verifica entre el co- merciante y cosechero, libertándose también de los 6 reales por arroba, siempre que conste la circunstancia de trasbordo para Ultramar. La que se conduce de los otros puertos de la Isla, aunque se esprese esta calidad, se exime únicamente de la alcabala de segunda venta, pero no de los 6 reales por cada arroba. A estos reale3 derechos se agrega el Municipal de Ar- madilla, que es 1 real que indistintamente paga en cada arroba toda la cera de esta Isla. Tantos gravámenes cercenan una gran parte del lucro que pudiera excitar al colmenero y aun las — 41 — mismas escepciones sobre un ramo de un propio suelo desa- lienta mucho al que ñolas disfruta. La gracia concedida á los puertos de Cuba, Trinidad y Nue- vitas es tanto mas perjudicial al fomento de las colmenas, cuanto que la cera procedente de ellos es por lo general silves- tre y de intima calidad. No así la que se conduce de S. Juan de los Remedios, Villa-Clara, Santi-Espiritu, Matanzas y délos partidos de Gibacoa, Guamutas, Alvares, Macuriges, y otros situados á barlovento de esta ciudad; como también la de Fili- pinas, Piñal del Rio y Consolación, por la parte de Sotavento. Esta es casi toda beneficiada en cajas mas fácil de blanquearse y escede en cantidad á la de los puertos privilegiados. De aquí resulta que estando mas gravada la cera de un pa- rage que la de otro, deja la misma utilidad una porciou en que la mayor parte es mala, que otra igual porción donde casi toda es escelente. Esta igualdad en el lucro, siendo tan diferente la calidad del género, hace que los cosecheros de los lugares no privilegiados se desalienten y abandonen su cultura. El ma- yor precio á que vende la mejor, no es bastante para compen- sar los dobles derechos que pagan, cuando no se espresa la em- barazosa circunstancia de trasbordo, el trabajo personal y los costos de cajas y conducción, para presentarla ásus respectivos administradores. Hasta en esto son mas favorecidos los cose- cheros de Cuba, Trinidad y Nuevitas. Ellos fácilmente la con- ducen á las administraciones de aquellos puertos; los que habi- tan en la parte no comprendida en el Real decreto de 28 de Fe- brero de 8 9 carecen de igual proporción; pues aunque hay admi- nistradores en los pueblos principales, los vecinos de las hacien- das y partidos se ven en la necesidad de abandonar por muchos dias su casa y trabajo para trasportarla por caminos ásperos y dilatados al lugar donde reside el administrador. Y como muchos de ellos no tienen un sueldo fijo, sino una cuota estrai- da de las mismas exacciones como un cinco por ciento, suelen aumentar el precio de los géneros que tasan para acrecer su peculio; de aquí es que la cera de igual mérito y valor resulta mas ó menos cargada según los aforos que la hacen. Si al labrador se le permitiese formar las cajas de una ma- dera durable y barata; si los gravámenes no fueran tantos y — 42 — tan desiguales, su propio interés le habria estimulado á per- feccionar la cultura de este ramo. Lejos de abandonarla intro- duciendo abusos y errores, nada omitiría que pudiera contribuir á su fomento. Para conseguirlo precedería al tiempo de cas- trarlas con menos codicia y mas inteligencia. No tumbaría y quemaría los árboles y con ellos las abejas para aprovechar la miel y cera de los enjambres que posan en ellos; ni con el mis- mo objeto mataría en la caja los huevos y ninfas, ni dejaría como inútiles los panales secos y viejos propensos á criar gu- sanos; ni sofocaría y ahuyentaría las abejas con humo de azu- fre ó de pajas encendidas, ni estraería toda la miel sin dejarlas con que sustentarse en los meses de junio hasta setiembre, que son los menos floridos, ó precisándolas, á que buscando con que alimentarse en otros panales se embistan furiosamente y mueran la mayor parte. Otro defecto originado también de los mismos principios es el lugar en que sitúan las colmenas. Los que han tenido facul- tades para colocarlas bajo un techo sólido capaz de preservarlas de las intemperies, han esperimentado menos quebrantos que aquellos que solo pueden resguardarlas á la sombra de los ár- boles. Si el abejero percibiese todo lo que produce su cosecha, desde las primeras habría tenido lo necesario para fabricar una casa donde preservar sus corchos de las lluvias escesivas, y de las inundaciones que con tanta frecuencia esperimentamos principalmente en el mes de junio de 1791, en octubre de 92, en agosto de 94 y en octubre de este presente año. Las lluvias impiden que las abejas salgan á reeojer la cera y la miel, las obligan á sustentarse con la que tienen en los panales, las aguas penetrando y humedeciendo las cajas las enferman, y las que han estado próximas á los ríos que salieron de madre fueron sumergidas en sus corrientes. A mas de estas causas concibo que también han contribuido á interrumpir y atrasar el fomento de la cera, varios apresa- mientos hechos en las costas de esta Isla durante las guerras seguidas con los ingleses desde 1779 hasta 83, y con la Repú- blica francesa desde mediados de 93 hasta fines del año pró- ximo pasado. ¡Pero gracias al cielo dias mas felices han sucedido á esos — 43 — dias funestos! Un nuevo Octavio tan dignos de reinar en todo el mundo por sus virtudes como por su ilustre sangre sobre el trono de las Españas, Carlos IV, cerrando el aciago templo de Jano restituye á sus amados pueblos la dulce paz, la abun- dancia, la tranquila posesión y uso de sus bienes. Un espíritu vivificador esparcido por toda la atmósfera de su vasto imperio varía su faz, y le va dando aquel auge que puede recibir. E¡ navegante surca los mares con mayor frecuencia, el artesano protegido y estimulado esfuerza su industria, y el labrador no temiendo ya que el cruel soldado arruine sus mieses, ni posea el estrangero sus campos, los fertiliza con el sudor de su ros- tro, y sentado... La idea de la felicidad de mi patria meenage- na hasta hacerme repetir esta frase de un poeta: (1) el anciano y dichoso labrador sentado á las márgenes de las sagradas fuentes y de los rios conocidos recibe el suave zéfiro, y se que- da muchas dormido con el dulce susurro que hacen las abe'as sicilianas chupando la miel de las flores vecinas. Tales son las imágenes que me presenta mi fantasía, cuando medito sobre la Real orden de 5 de octubre de 1765. Nuestro providentísimo Soberano advirtiendo la decadencia en que se halla en esta Isla el comercio le la cera, que con tanta rapidez se fomentó en los 7 primeros años, siendo igualmente proficuo al Estado y á los particulares, previene al Excmo Sr. Goberna- dor y Capitán general se dedique en consorcio del Sr. Intenden- te á inquirir las causas que originan su atraso, y á promover su restauración por todos los medios posibles, ofreciéndoles conceder los auxilios que juzguen necesarios para conseguirlo. (Cuando nuestro clementísimo Rey nos convida á que le pi- damos; cuando nos franquea el munífico tesoro de sus gracias ¿temeremos nos rehuse lo que necesitamos para nuestra pros- peridad? Y cuando el conducto por donde han de dirigirse nuestras súplicas son dos gefes mas distinguidos por su ilus- tración y beneficencia que por su escelso carácter ¿podré yo escogitar alguna cosa que no esté ya, prevista por su alta y perspicaz comprensión? Pero si no tuviera la complacencia de proponer nuevas ideas, la tendré al menos de manifestar lo que deseo para el bien de mis compatriotas. (1) V¡rqU. Eolnjr. 1. — 44 — Juzgo, pues, necesario al fomento de la cera, que se permita para construir las cajas toda la madera de cedro que se solicite con este objeto sin escepcion de personas, lugar ni tiempo, es- cusando cuanto posible sea los trámites que retardan y dificul- tan las licencias. Cualquier demora es muy perjudicial al la- brador que abandona su familia y sus principales atencioues, y cuando se trata de amagarlos y estimularlos, deben remover- se todos los obstáculos capaces de embarazarle. Yo no puedo persuadirme que S. M. intentase por la Real orden de 11 de diciembre de 1789 privarnos de un don que tan profusamente nos ha concedido la Providencia. Cuando tanto se interesa en fomentar la agricultura y población de esta Isla, cuando permite el uso de la madera de cedro para las grandes fábricas de ingenios y de todas nuestras habitacio- nes, cuando el 21 de Abril de 1793 concedió á los vecinos de Cuba envasar sus azúcares en cajas de esta madera; cuando en cinco Reales órdenes nos estimula á cultivar la cera dispen- sando varios favores á los cosecheros y comerciantes (1) ¿les ne- garía lo que mas necesitan, lo que es mas indispensable para este objeto? ¿Que falta pueden hacer en nuestros astilleros las despreciables, las mezquinas tablas con que se forman las col- menas? ¿En que puede compararse el consumo de éstas con el de los ingenios de Cuba? Las cajas de azúcar son mayores que las de la cera, aquellas salen fuera de la Isla, y estas permane- cen en ella; las primeras es preciso renovarlas todos los años, y las segundas durarán mucho construyéndose de cedro. ¿Cuál será, pues, el detrimento que resulte á los montes? Mayores perjuicios y menos utilidades esperimentamos con el abuso de cortar los árboles y quemarlos para cojer los enjam- bres; abusos que no ha podido contener la vigilancia de los zeladores, como lo acredita la multitud de cera silvestre que se trae de Cuba, del Príncipe de las Nuevitas, Baracoa, Bayamo, Trinidad y de otros lugares interiores de la Isla. ¿Y subsistirá una prohibición ilusoria, abominada por la razón y esperien- cia, y á cada instante conculcada? No. ¡Dias de la prosperidad de mi patria ya veo brillar en (1) De 12 de junio de 1774, de 2 de junio y 28 de diciembre de 76, de 25 de agosto de 89, 6 de octubre de 95. — 45 — su horizonte vuestra aurora luminosa ! Dos cuerpos patrióticos y sus gefes esclarecidos aceleran esta época deseada. La reve- rente súplica que hicieren para conseguir á los cosecheros de cera el libre uso de la madera de cedro, redundará en utilidad de toda esta Isla. Ellos conciliando con su notoria prudencia y discernimiento los intereses del vasallo y del Monarca, favo- recerán á los primeros sin ofender al segundo en el beneficio de los montes y uso de sus maderas. No es la derogación de la Real orden de 11 de diciembre de 1789, la única gracia que debemos solicitar de S. M. para el intento. Paréceme también muy conducente eximirla de to- do derecho Real, municipal, ó personal. Séale lícito á cual- quiera vecino de esta Isla conducirla á este puerto y remitirla á los de América y á los habilitados de España, no pagando á su estraccion mas que seis reales por arroba y quede libre de toda contribución al tiempo de introducirla en ellos. Redímase de pagar el diezmo á la cera de esta Isla por es- pacio de diez años, así como se concedió igual gracia al café, añil y algodón de el'a, por Real decreto de 22 de noviembre iñ 1792. Si S. M. ha dispensado de todo derecho el dinero que de Ve- ra-Cruz se retorna á esta Ciudad producido por la venta de la cera; si el Consulado suplicó al Rey concediese la misma es- cepcion á todos los caudales que se conduzcan de aquel puerto á este; parece muy debido manifieste su desinterés y patriotis- mo renunciando el medio por ciento que le pertenece de avería. Para estimular y distinguir másalos cosecheros de cera, de- clare S. M. equivalentes á 10 cajas $ de bienes raices el bene- ficio actual de 1000 colmenas en uno ó mas parages de la pro- piedad del dueño; y que concurriendo en él las demás circuns- tancias que se exigen por la constitución del Consulado, puede teuer voz activa y pasiva para obtener los empleos de este Cuer. po en la clase de hacendado. Finalmente, que la propiedad de 500 colmenas en los referidos términos se repute por 4000 de fondo y que acreditando su cosechero poseer otro terreno cul- tivado que valga 6000, goce de dicha voz activa y pasiva. Tales son los defectos v obstáculos que han obstruido el cul- — 46 — tivo de la cera; tales los ausilios con que juzgo debe escitarse y fomentarse; véase ahora el método que debe seguirse para reformar aquellos y aprovecharse de estos. Entre todos los insectos criados por el Omnipotente, la abe- ja ha aparecido el mas admirable á los naturalistas. Su estruc- tura, el orden que reina en sus diferentes funciones económi- cas, su gobierno, su industria, la utilidad que nos redunda de sus'trabajos, todo ha merecido la atención de los filósofos an- tiguos y modernos, y sobre todo han escrito profusamente des- pués que pasaron la mayor parte de la vida observándolas. Aristómaco se dedicó por espacio de 58 años á este solo estu- dio. Hilisco permaneció tanto tiempo en los desiertos que le llamaron agreste. Aristóteles reunió á sus especulaciones las de todos los que le antecedieron. (1) Virgilio con la misma pluma, con el propio entusiasmo escribió la Geórgica IV y la inimitable Eneida. Plinio demasiado sucinto en la historia de otros animales empleó 16 capítulos en la de este ¿usecto. (2). Mousset, Swammerdam, Maraldi, Réamur (3) á quien estrac- taron Valmont de Bomare (4) y los sabios AA. de la grande, obra publicada por Diderot y D'Alambert (5) rectificaron los escritos de los antiguos despreciando muchas supuestas mara- villas, y enriqueciéndolos con varias observaciones muy útiles, ciertas y curiosas. De aquí tomaré lo que me parezca debe ob- servarse en este pais para multiplicar y conservar las colmenas ciñéndome á los límites de una memoria y á los puntos que contiene el problema. El lugar en que deben situarse ha de ser, dice Virgilio, lo primero que se elija. La tierra desmontada es preferible á las sabanas. Estas son menos feraces que aquellas, donde abunda el romerillo que nace en todos tiempos, el bejuco llamado le- ñatero y otras plantas florígeras. Proporciónese el número de colmenas á la fertilidad del terreno, examínese prolijamente, para que calculando las que pueda alimentar, no se pongan 100 (1) De hist. anim.. lib. 8, cap. 27, et lib, 9 cap. 40. (2) Natur. hist. lib. 11 á cap. 5, ad 20. (3) Memoir, pour servir á l'hist. des insect. vol. ¿. (4) Diction, Raison mot Abeille. (5) Dtction. Raison de seienc. etc. art. Abeille-. — 47 — donde solo 50 encontrarán con que subsistir. Xi será tan ele- vado que los vientos impelan las abejasy las dispersen sin per- mitirlas llegar fácilmente á las cajas, ni tan abajo que pueda ser inundado por las copiosas lluvias que casi anualmente es- perimentamos. Las que han perecido por esta causa desde el año de 1791 y por las extraordinarias crecientes de los ríos, per- suaden que será convenientísimo separarlas de estos cuanto posible ruera y preservarlas de aquellas. Para esto no basta co- locarlas en parage alteroso, es esencia, escribe Valmont de Iíomare, que las cajas estén resguardadas de cualquier modo de las lluvias y de los grandes ardores del sol. Aunque la ma- dera de que se forman los corchos fuese la menos porosa, y aun- que el Própolis sea indisoluble en el agua, como esperimentó Mr. Reaumur, con todo, las repetidas lluvias conservando hú- meda la caja, é impidiendo la salida á las abejas las enferma, y aun la misma inacción es muy nociva al mas laborioso de los vivientes. Para evitar estos daños no se coloquen á la sombra de los árboles como suele practicarse, sino bajo de un techo só- lido y espacioso, donde puedan volar y respirar un aire menos húmedo. Algunos de los que han construido en nuestra Isla esas ca- sas exentas, afirman haber observado ahuyentarse las abejas, rqjiusando habitar en consorcio de otras. Pero no sucediendo semejante dispersión en otros países donde se conservan bajo de techado, es preciso atribuirlo á (pie colocan las cajas dema- siado inmediatas, ó á que forman los techos de guano, ú otras pajas en que se anidan y procrean los ratones, y varios insectos que persiguen á las abejas. Hágase, pues, una casa no muy elevada; cúbrase con tablas la parte superior, y los costados, dejando descubiertas las fa- chadas, para que entre el sol al salir y ponerse. Sitúese de Nor- te á Sur inmediata á algún palmar, cuyas flores conservándose todo el año, suministran á las abejas un pasto perenne muy grato y proficuo. Cérquese el colmenar con estacas firmes para impedir que entren las reses, cabras, cerdos y cualquier animal capaz de derribar los corchos. Palteau recomienda unos com- puestos de muchas piezas creyendo que reúnen las mayores ven- tajas para conservar, multiplicar y castrar las colmenas: pero á -- 48 — mas de ser mas costosos que los comunes, no son tan sencillos que puedan fiícilmente manejarse por todos los cosecheros. Estos forman los mejores con cuatro tablas de cedro de vara y cuar- ta de largo, media de ancho y una tercia de alto, haciendo en una cabeza varios barrenos para que entren y salgan las abe- jas, y cerrando la otra con tres clavos sin remacharlos á fin de quitarla cuando convenga reconocerla. Se colocarán horizon- talmento en un tendal elevado una vara sobre la tierra, sepa- rada una caja de otra media vara. Conviene que el colmenar diste al menos una legua de los ingenios de azúcar y de los pueblos. Las abejas cebándose en el azúcar recogen muy poca cera, perecen muchas en la miel y en otras sustancias glutino- sas. Apártese de los ríos caudalosos y de los pantanos y lagu- nas, porque el ruido de las aguas en las peñas y la hediondez del cieno las ofende, y los sapos las persiguen. Plinio y Virgi- lio aconsejan no se quemen cangregos donde puedan percibir su humo cualquier olor fétido y desagradable, cualquiera in- mundicia es muy perjuicial al mas pulcro de todos los insectos, como las llama Aristóteles. Haya fuentes y arroyos cristalinos inmediatos á ellas, ó há- ganse estanques muy aseados, cuando no para que con menos dificultad puedan conducir el agua alas ninfas, como equivoca- damente creyó este filósofo, al menos para impedir se distrai- gan las abejas solicitando la que ellas necesitan y se alejen de su morada. Pónganse piedras que sobresalgan, y algunos ramos donde descansen cuando beban y quieran bañarse. Fórmese al rededor del colmenar un bosque de árboles coposos y floridos, como cafetos, paraísos, granados, jazmines, naranjos y limo- nes: también les agradan mucho las flores del dagame, guama, bibóna y guásima. Pero no se coloquen ni tan próximos á la casa que impidan lleguen los rayos del sol alas colmenas en el invierno, ni tan distantes que no las preserven de los vientos impetuosos. Servirán también estos árboles, dice Virgilio, para que posen en ellos los nuevos enjambres mientras se prepara la caja en que han de recibirse. El tiempo en que regularmente salen es desde principios de marzo hasta fines de junio; en se- tiembre y octubre aparecen algunos, pero constan de muy po- — 49 — cas abejas, y es preciso reunir dos ó mas para formar una bue- na colmena. Estas llegan á tener hasta 18 cajas abejas, y las pe- queñas nopasan de 8 cajas. Todas constan de tres especies di- ferentes: las obreras que son en mayor número, llamadas así porque recogen la cera y la miel y forman los panales. Están armadas con un aguijón y varían de color según la edad. Las mas recientes son morenas y tienen los pelos blancos; cuando pasan de un año el vello es rojo y el cuerpo menos oscuro. L>s zánganos ó abejones carecen de aguijón, son mas grandes que las obreras, la cabeza mas redonda y mas cargada de pelo, y el color mas negro. La reina es mas larga que los zánganos, me- nos gruesa; los antiguos juzgaron que no tenia aguijón, Aristó- teles lo descubrió, y los modernos han observado que es ma- yor que el de las obreras, pero no lo tiene recto como ellas, sino encorvado. Sus alas son las mas pequeñas, pues no pasan del tercer anillo, cuando á las obreras y á los zánganos les llegan hasta la estremidad del cuerpo. (1) En cada enjambre no habrá mas que una sola reina, y ella es bastante para poner en 7 ó 9 semanas mas de 12 cajas huevos los que se fecundan por el mismo calor de la colmena en 2 ó 3 dias. Pero un solo macho no es suficiente para fecundarla. Co- mo la Reina de Achen tiene un Serrallo de jóvenes de donde elige al que quiere favorecer con sus caricias; así la madre abe- ja después de establecida su nueva colonia, concédela vida por 6 semanas á800 ó 1000 zánganos que la respetan, afirma Virgi- lio, mas que los egipcios y parthos á sus Reyes, disfrutándola solamente el que merece sus halagos. Antes que llegue el tiempo de salir los enjambres debe el co- sechero prevenir suficiente número de cajas en que recibirlos. La próxima salida se auuncia, lo primero, por la aparición de los machos. Habiéndolos destinado naturaleza tan solo para la procreación, los matan las abejas luego que fecundan á la reina; y mientras viven, como carecen de instrumentos con que re- coger la cera y la miel, permanecen dentro de la caja alimen- tándose con la que hay en ella. Así, pues, cuando se vieren muchas fuera de ella se esperará un nuevo pueblo. Lo segundo, (1) Solo indico aquellos caracteres que pueden percibirse por el ¿ombre menos ilustrado, añadir otros, 6eria confundirlos. 7 — 50 — cuando son tantas las abejas que gran parte de ellas no entran en el corcho. Lo tercero, cuando se percibe de noche un zum- bido estraordinario. Últimamente, se conocerá que el enjambre ha de salir aquel mismo dia, cuando estando éste muy sereno, no se ven fuera de la caja tantas abejas obreras como acostum- bran ir al campo; cuando éstas permanecen cargadas en con- torno de ella sin querer entrar. Si después de haber estado nublada la atmósfera y descen- dido alguna lluvia se despeja y aparece el sol ardiente, causará tal caloren la colmena, que precipitará la salida. Regularmen- te la ejecutan entre las diez del dia y las tres de la tarde. Un profundo silencio sucede al fuerte zumbido que hacen toda la noche. En un minuto desfilan todas las abejas que componen el enjambre: en él las hay de todas especies y edades instruidas en diferentes funciones. Si hubiese viento, se elevan mucho, si no vuelan mas bajo. Entonces el colmenero las arrojará are- na, tierra ó agua con una gran jeringa de hoja de lata, que tenga varios agujeros en la punta á modo de regadera, y ellas descenderán á preservarse en la caja que ya tendrá prevenida, untándola interiormente con miel, frotándola con yerbas olo- rosas, ó zahumándola con incienso ó gálbano. Muchos las atraen sonando los calderos y sartenes ú otras piezas de hierro y cobre; Aristóteles no se atreve á decidir si es temor, ó la complacencia que les causa este ruido quien las obliga á cau- tivarse. Nada facilita tanto la captura del enjambre como coger la reina, quitarla una ala y ponerla dentro del corcho; al instan- te todos la siguen y al tercer dia empiezan sus trabajos, dice este filósofo. Si no lo ejecutaren pasado este tiempo, y se observare que están inquietas y se persiguen, es señal de que hay varias rei- nas en aquel enjambre. En este caso, si la mas fuerte no ven- ciere á las otras y las matase, deberá hacerlo el cosechero, re- servando solamente la que le parezca mas robusta y fecunda. Cuando no sea muy numeroso el enjambre juntará dos ó mas, usando de la misma precaución. Esto deberá observar princi- palmente con los que se cogieren en el mes de octubre; los que salen desde marzo hasta junio son mucho mayores. Los que así fueren, podrán castrarse en diciembre y febrero. — 51 — Esta operación se ejecutará siempre después de puesto el sol, una vez por la parte anterior y otra por la posterior, ahuyen- tando las abejas con humo de paja ó de boñiga de reses. Tres colmenas de tabla de cedro con las dimensiones que he referi- do producen regularmente poco mas de una arroba de cera al año, y cinco ó seis botijas de miel. Pero deberá repetirse la castración en agosto y octubre, no tanto para aprovechar la ce- ra y miel, que es muy poca en estos meses, como para quitar los panales secos, que no cubren las abejas, limpiar el corcho y destruir los insectos que hubiere. La escasez ó abundancia de flores causa esta diferencia. Cuando en Europa no se vé ú- na sola en el valle mas espacioso, y cuando las abejas amorte- cidas y encerradas se alimentan con su antigua provisión, en- tonces las nuestras hacen la mas copiosa cosecha. La hermosa variedad y multitud de aguinaldos que adornan estos campos en el invierno, las prestan la cera y la miel mas blanca y sa- brosa. En las otras estaciones están menos floridos, por eso no son tan abundautes las recolecciones; pero jamás nos vemos precisados á conducir las cajas de un lugar á otro para pro- porcionarlas mejores pastos, como las llevaban los egipcios por el Nilo, y aun suelen ejecutarlo los italianos vecinos alPó. Al tiempo de castrarlas es preciso que el cosechero no atien- da solamente á la utilidad presente; debe también cuidar de la futura. No por aprovechar toda la cera arrume los ovarios y mate las ninfas; ni le quite aquella miel que necesita el en- jambre para alimentarse. Asilo espondrá á morirse de hambre ó á destruirse unas á otras, buscando el alimento en las agenas cajas. Ni tome solamente la cera blanca y útil dejándola vieja V oscura y los polvos en que se desmorona. Quite toda la que no les haga falta ni perjudique. La generosa abeja trabaja pa- ra él, no le prive de lo necesario ni consienta lo nocivo. En la cera vieja y seca están los huevos del mas cruel de sus enemi- gos, aquellos polvos son sus escrementos. Una mariposa noc- turna pequeña, de color gris oscuro, que vuela con las alas caídas paralelas al horizonte, entra en la caja burlándose de las centinelas, y atravesando indefensa por una armada fermi- dable pone sus huevos donde mejor le parece. De aquí sale un gusano ó polilla que introduciéndose en la cera se nutre con — 52 — ella y á proporción que se aumenta dilata su habitación. De este modo va penetrando los panales, desmoronándolos y ha- ciendo impunemente los mayores estragos, hasta que propa- gando su raza estraordinariamente, aumenta sus hostilida- des y obliga á las abejas á dejar su morada. Como el aguijón de estas no es capaz de penetrar la cera donde se oculta, á el hombre pertenece redimirlas de este contrario, cuando no im- pidiéndola entrada de la mariposa, al menos destruyendo su feto y prole. Fácilmente lo conseguirá, sacando toda la cera vieja y roida, y limpiando prolijamente la colmena al tiempo de cas- trarla con un hierro ancho á modo de escoplo para que no quede cera alguna, y con una esponja mojada quitará toda la miel que se hubiere derramado. Las abejas, principalmente las antiguas, suelen criar dentro de sus escamas un piojo bermejo del tamaño de la cabeza de un alfiler; pero este les incomoda muy poco, escribe Val- mont de Bomare; no obstante sahúmese la colmena tres ó cua- tro veces con hojas de romero, naranjo ó salvia, y rocíese in- teriormente con aguardiente de vino. En Europa las persiguen fuera del corcho otros varios ene- migos, de los cuales unos son desconocidos en este país, y o- tros no las ofenden mucho. En una noche de invierno cuando las abejas están entorpecidas por el frío, un ratón campestre basta para asolar la colmena mejor poblada. El largarto, la ca- landria, la golondrina, el gorrión, el tábano, las abispas, el a- bejarruco, el abejorro y abejón destruyen una gran parte. Al- gunos viageros refieren que este último insecto no consiente se propaguen las abejas en varias islas de las Antillas, masen es- ta no es rival muy formidable. En otros países hay una especie dearañaque se introduce en las colmenas y consume las mieles; aquí solo cazan algunas abejas tendiendo sus redes por donde suelen transitar. La inmunda cucaracha venciendo la resisten- cia de las centinelas también suele penetrar en la caja; pero el grueso del enjambre cae sobre ella cousus aguijones empon- zoñados, y después de matarla la cubre toda con el própolis para preservarse del mal olor que exhalaría el cadáver, y tam- bién para evitar que percibiéndolo las moscas, entrasen apo- ner sus huevos en él, y se propaguen los gusanos; así discur- ren Réaumur y Pluche. V \ ^ _ _53_ Í( El arriero, el pitirre, el totí en su rápido vuelo pillan mu- chas abejas. Si es difícil impedirlo cuando andan por el aire, H se podrá al menos ahuyentarlos de las inmediaciones del col- 3menar, matándolos con escopeta, y registrando los árboles co- posos donde puedan anidarse. Mayores daños harían los pa- vos, las gallinas y otras aves domésticas si pudieran aproxi- f ruarse á las cajas; pero fácilmente se precaverán cercando el ^ f parage donde se situare, según he insinuado. Mas arduo parece preservarlas de las hormigas. Estas aun- Íque no persiguen á las abejas, devoran sus panales y sus nin- fas, consumen sus mieles, y llegan á ser tan tenaces y nume- rosas que las hacen dejar su habitación: el vigilante abejero puede evitarlo no consintiendo inmundicias ni yerbas junto á ■ * - la casa; introduciendo en sus agujeros agua hirviendo, cal ó ceniza, ó apretando con pisones el suelo, para que no les sea T tan fácil penetrarlo. Si á pesar de todo esto la intrépida hor- ^ miga subiere á las cajas, será preciso ocurrir á otro arbitrio, que aunque mas costoso es muy eficaz. Fórmese una zanja de tercia de ancho y media de hondo, en cuyo centro queden los pies que sostienen el tendal, enladríllese, ó cúbrase con unator- ta de mezcla fina del grueso necesario para quepueda conservar- se llena de agua. Esta se renovará cada tres ó cuatro dias, y á los y veinte se fregará la zanja para quitar lababilla y evitar los in- sectos. Conservándose aseada podrán las abejas usar de ella po- niendo unas piedrecillas que sobresalgan. Para cada línea de pies del tendal será preciso una zanja, ó hágase una sola que i -¿ circunvale todos los pies y entonces bastará un solo desagua dero hecho en la parte por donde hubiere algún declive; pa- * ra preservar los pies de una pronta corrupción convendrá ha- L cerlos de mangle negro ó quiebra-hacha. i El sapo no se engulle solamente las abejas al tiempo que ellas beben en los arroyos y lagunas; también se oculta de dia f bajo de las cajas, y de uoche se introduce en ellas y las desoía. \ Lo propio ejecutan los grillos, murciélagos y otras sabandijas nocturnas. El colmenero frustrará sus astucias, haciendo los ^ agujeros de la caja por donde han de entrar las abejas tan pe- Jt queños que ellas únicamente puedan introducirse, y no dejando uA. abierta la parte opuesta como algunos observan, sino cerráu- A / ^ A- — 54 — dola enteramente con una tabla conforme he dichoya; ahuyen- tará las aves y demás animales que las persiguen; quitará las telas de arañas; arrasará los panales de las abispas, y no per- mitirá cerca de las colmenas la menor inmundicia donde pue- dan ocultarse las cucarachas y otros insectos. No son necesarios tantos rivales para destruir todos los añoc un gran número de abejas. VA abate Ferriere afirma que de muerte natural perecen en el Otoño mas de un tercio de cada caja y casi otro tanto en la Primavera. De aquí infiero que e- IIas no viven siete años y aun mas, como juzgaron Virgilio, Plinio y otros autores. Valmont de Bomare y Réauniur creen con mas probabilidad, que solo duran uno ó dos; y aunque las esperienciasque hicieron no son bastante ciertas para decidirse sin embargo, yo me adhiero á ellos inducido, entre otras razo- nes, por esta sublime reflexión del Plinio de la Francia: la na- turaleza dice, gira sobre dos ejes inalterables, la destrucción sin número y la multiplicación sin número: si es escesiva la producción anual de estos insectos, la mortandad ha de ser igualmente considerable. Cáusanla varias enfermedades. La primera que refieren Aris- tóteles y Plinio, es el clerus blapsigonía; esto es aborto; consis- te, en que se esteriliza tanto la madre abeja que no resulta de sus huevos un perfecto enjambre, sino un insecto de otra es- pecie. Aunque es muy respetable la autoridad de estos escrito- res, no creo pueda suceder semejante fenómeno. No obstante, si se observare que dejan de salir enjambres en el tiempo natural pudiendo faltarle la virtud prolífiea á la rei- na por la edadú otro accidente, se matará esta y se pondrá en su lugar otra mas joven y robusta. En el invierno cuando el frío es muy escesivo se enervan los músculos de todos estos insectos, quedan inmobles, insensibles casi exánimes. El calor del verano vuelve á restituirles la sen- sibilidad y movimiento, les cura esta parálisis universal, ó los resucita, como se esplieaban los antiguos. Ellos mismos procu- ran preservarse reuniéndose unos con otros para conservar al- gún calor. El cosechero deberá también resguardarlos cubrien- do los corchos con mantas, y tapando las rendijas con mezcla fina y estiércol de reses. >, La disentería es la mas cruel de todas sus enfermedades. An- tes que Reaumur, Plinio comprendió que provenía de alimen- tarse únicamente con miel, faltándoles la cera bruta, ó la me- tería con que forman la cera. Cuando la padecen, se ponen estenuadas, débiles, torpes, mudan el color y abandonan el trabajo: óyese dentro de la caja un zumbido estraordinario y arrojan fuera muchos cadáveres. La debilidad no permitién- doles escrementar donde acostumbran cuando están sanas, ni r~ <■ ponerse en una actitud que no se ofendan, obliga á las que es- tán arriba á que arrojen sobre las de abajo una materia gluti- ▼ nosa, que les cierra los órganos de la respiración. A Aunque nuestros campos mas fértiles que los de Europaja- I ¥ más carezcan de flores de donde sacan miel y la materia de la ,' cera, si acaso no fueren suficientes para alimentarlas, y se ad- advirtiese en ellas las señales que he referido, se les pondrá en ^ platos un licor hecho con media azumbre de vino tinto, media libra de azúcar y otro tanto de miel; sahumándo°e interior- t mente los corchos con incienso ó gálbano. ¿ Yo me persuado que esta es la misma enfermedad que refie- L re Virgilio sin nombrarla. Los síntomas son los propios, y tam- bién recomienda el gálbano, la miel mezclada con agallas y rosas secas, y el vino que se haya espesado hirviendo en él las uvas pasadas, el tomillo y la centaura. En los meses de mayo y junio suelen verse algunas abejas j^- como frenéticas volando precipitadamente, embistiéndose unas L. v con otras, arrojarse en el suelo y morir agitadas de convulsio- nes. Atribuyese este accidente á la miel (pie chupan en los cá- 'f lices de algunas flores venenosas como el rebienta-caballo, cu- ^. ramagüey y rompe saragüej. Estermínense, si posible fuere, semejantes plantas, no tanto por el daño que causan á las abe- f jas, como por el que puede resultarnos si llegan á depositar en ^> sus pauales estas mieles. El sabio y valeroso Xenofonte refiere en la historia de, la gloriosa retirada de los Diez mil, que ha- biendo llegado cerca de Tresibonda donde habia muchas col- f** menas, luego que los soldados comieron sus mieles les sóbre- la vinieron vómitos y diarreas y como furiosos y borrachos se ten- » dian en tierra sin poder estar en pié. A las 24 horas cesaron * las convulsioues y demás síntomas sin que ninguno pereciese, — 56 — pero quedaron tan débiles y quebrantados que fué preciso sus- pender la marcha por algunos dias. El ilustre Tournefort en- contró viajando por este lugar una planta muy venenosa, que llama Chamerodendros, y juzga que su miel estraida por las abejas pudo haber causado aquella catástrofe. Finalmente, el modo mas seguro de que no se destruyanlas abejas, ni por las enfermedades, ni por los insectos, ni por las intemperies es conservarlas muy pobladas reuniendo dos ó mas enjambres. Ejecútase, uniéndose por las cabezas que estarán destapadas las cajas que contienen los enjambres, y por la par- te opuesta de la que se quiere desocupar se introducirá humo con el cual las abejas aturdidas se refugiarán en el corcho ve. ciño. Cuando todas estén en él se cerrará perfectamente bastí el otro dia, en que se examinará si trabajan pacíficas ó están inquietas; si sucediere lo segundo, matando una de las madres cesará la discordia. Así siendo mayor el número de las obreras será mas copiosa la provisión; se hará menos sensible la falta délas que mueran, y el calor que se escitan reuniéndose unas con otras, contribuirá mucho á fecundar los huevos y dilatar su existencia. ¿Y bastará para tantas atenciones un solo hombre que tenga otros ejercicios y cuidados? No es posible. (1) El haberse mirado el cultivo de las colmenas como un entre- tenimiento accesorio, ha sido una de las principales causas que impiden sus progresos. Muchos después de haber cojido los en- jambres, que casualmente seles presentan, colocan la caja ba- jo de un árbol, y no vuelven á verla hasta el tiempo de castrar- la. Para cada 100 colmenas me parecen necesarios dos ó tres hombres vigilantes y laboriosos. Deberán examinarlas diaria- mente con la mayor atención á fin de ver si trabajan ó dejan de hacerlo por enfermedad, persecución de los insectos ó de (1) Tanto es el cuidado que requiere la cria de las abejas, según Higinio, que de- be durar todo el año. Y que es lo que debe observarse en las diferentes estaciones, lo prescribe muy prolijamente en el libro que escribió sobre ellas, cuyo método copia y adopta Columela en el lib. 9 de Rerust. cap. 14. Este y otros pasages de los referidos AA. que he leido en el lib. 9 parraf 9. de la Historia Literaria de España me ha hecho solicitar sus obras con el mayor empe- ño, persuadido deque habiendo tratado el asunto mas como Labradores que como Fi- siólogos, hallaría en ellas noticias muy útiles; pero no he podido encontrarlas. — 57 — ellas mismas. En el primer caso les proporcionará los ausilios convenientes; en el segundo ahuyentará y destruirá sus enemi- gos; y en el tercero contendrá las riñas rociándolas con agua, orines ó tierra, encerraudo en su corcho á las invasoras, tras- ladándolo á otro lugar y poniéndoles yaguas untadas con miel si acaso el hambre las obliga á cometer semejantes hostilida- des. A mas de estas ocupaciones y de las otras que llevo referidas, resta aun la principal á la que todas se dirigen y las compen- sa profusamente; tal es la separación de la miel de la cera y beneficio de estas sustancias. Al tiempo de castrar procurará el que lo ejecuta preservarse de los aguijones de las abejas cu- briéndose la cara, el cuello y cabeza con una gran máscara ó careta de cartón; bramante ó coleta en varios dobleces pega- dos con engrudos; en el hueco de los ojos se formará un enre- jado con alambres de modo de defiendan los ojos sin privar de la vista; en las manos se pondrá unos guantes dejando descu- biertas las puntas de los dedos para que maniobre con destre- za. Así podrá sin riesgo de ser picado sacar los panales con un cuchillo y echarlos en un barril que conservará tapado para impedir que entren las abejas y se ahoguen en la miel. Trans- portado á su casa tendrá prevenido un gran jibe, en el cual es- primirá suavemente los panales con la mano, los que probará antes de ejecutarlo para separar aquellos cuya miel estuviere agria. Bajo del jibe habrá una batea ú otra vasija donde se re- cibirá la primera miel, llamada virgen por ser la mas pura, usada constantemente desde la primera época del mundo en todas las naciones como un alimento muy grato y proficuo, y recomendada en la medicina por su virtud detersiva, vulnera- ria y laxante. Pasadas seis ó siete horas se pondrán los panales en un saco de bramante, y se meterán en una prensa compuesta de dos ta- blones, cuyos tornillos se apretarán cuanto posible sea á fin de extraer toda la miel: esta contiene varias impuridades, por tan- to no debe mezclarse con )a primera. De la prensa se pasarán los panales á una toya de agua muy limpia donde se les quita- rá la miel que les haya quedado. De aquí se llevarán á una pai- la con un poco de agua para derretirlos, y después que hayan 8 — 58 — hervido se colará la cera por un jibe de heuiqueu. Antes de en- friarse se harán las marquetas en cajones de hojas de lata ó de tablas, que pueden separarse cuando se quiera sacar la cera. Los cajones que comunmente se forman de yagua y llaman catau- ros, suelen desbaratarse derramándose en el suelo la cera líquida. De esta suerte se hace el primer beneficio á toda la cera así de caja como silvestre; mas para purificarlas y darles toda la blancura de que son capaces es necesario proceder con alguna diferencia. Derretida segunda vez la cera silvestre en una pai- la, se pasará á otra colocada á la cabeza de un estanque lleno de agua, en cuyos bordes descansará horizontal mente un ci- lindro de madera dura cuyo diámetro no escederá de dos ter- cias. Movido el cilindro con moderada velocidad por un ma- nubrio de hierro que tendrá en un estremo y humedecido con el agua del estanque que deberá tocar, se echa sobre él la cera líquida, la cual cuando llegue al agua formará sobre ella unas láminas muy delgadas. De aquí se sacarán para tenderse en los tableros que regularmente tienen seis varas de largo, y dos y media de ancho, una de alto inclinados un poco por uno de sus estremos. La cera silvestre que se pusiere en ellos por octubre deberá permanecer hasta febrero, enrehojándose diariamente y derritiéndose del modo que he dicho cada quince dias. Si las lluvias no fueren continuas no se llevará á las pailas hasta que esté enteramente seca. En verano estará en los tableros tres meses y medio ó cuatro, moviéndose todos los dias y rodándo- se con agua según lo exigiere el calor del sol; la baticion será mas frecuente y se repetirá hasta que llegue á blanquearse. Las resinas que esta contrae de los árboles donde las abejas la de- positan, impiden que nunca quede tan blanca y trasparente co- mo la de la caja, aun cuando se le agrega el cristal de tárta- ro. La de caja se purifica en verano en dos meses y medio, y en invierno en tres, pocos dias mas ó menos, repitiendo la ba- ticion y eurehojándola en los tableros conforme hiciere el tiempo. Antes de volverla á enmarquetar se colará por un lien- zo muy ralo, para quitarla cualquier paja que le hubiese caido mientras estuvo en los tableros. Pero dia vendrá en que toda la cera de la Isla de Cuba se beneficie en un mismo término. Cuando se hayan removido — 59 — los obstáculos que retardan sus progresos; cuando se con- cedan las gracias que llevo insinuadas, y procedan los cose- cheros con mas inteligencia que hasta el presente; entonces no habrá cera silvestre, toda será de caja, se perfeccionará su cul- tivo, se conocerá la utilidad de las abejas, y de los Cuerpos muy ilustres y benéficos que proponiéndoselas por modelo, trabajan incesantemente en hacer feliz esta Isla, empleando con la mayor generosidad y eficacia su talento, su celo, sus fondos y autoridad. AL CABELLO DE PRADIM 4 — mentó de mi opinión, él era bastante para convencerme, y me pareció que con él solo podia persuadir que los mulos son ca- paces de engendrar, y las hembras de fecundarse y parir. V., sin embargo de tratar al ilustre autor que publica ese hecho con toda deferencia qce merece, le llamamiento, voz que suena á consejas, ó á las historietas con que suelen divertir á los ni- ños. Xo, amigo mió; es un caso que mereció la atención de la Academia de las Ciencias de París, esto es, del cuerpo mas sa- bio y sensato de la Europa, quien disputo, noá la Obtectrix de Sisselia, ni á la Comadre de Amsterdam, sino á uno de sus mas distinguidos miembros, para que examinase su realidad y cir- cunstancias. Es un hecho que pareció el mas cierto y mejor au- tenticado al conde de Buffbn, nombre respetable á que están anexas las ideas de erudición vastísima, de juicio y de criterio. Si V. preocupado de que era emento no le mirase con indiferen- cia, hubiera ocurrido al original como lo insinué, y convenci- do por unas razones las mas sólidas, y por observaciones y ex- periencias muy comprobadas sabría: "que el mulo y la muía "tienen ambos, como los demás animales, todos los órganos, y "el licor necesario para la generación: que nunca han produ- cido en los climas fríos, pocas veces producen en los países "calientes, y aun mas rara vez en las regiones templadas: que "los animales de especie mixta son menos fecundos, y siern- "pre mas tardíos que los de especie pura... aunque algunos ca- "si igualan en fecundidad á sus padres: y que tal vez no ha- biendo otro animal sino el elefante que sea menos fecundo "que el caballo y el asno, es preciso que el mixto que de ellos "resultare sea el mas infecundo." A vista de esto no preguntaría V. por que son tan raros los partos de las muías? Ni afirmaría que por declaración de los mejo- res anatómicos se sabe que no pueden ser fecundadas por defecto de la organización necesaria, no habiendo citado otros disectores de bestias que á Empedócles, Demócrito y Aristóteles, en cuyo tiempo, añadió V., estaban los ingenios muy preocupados. Ni tam- poco se aturrullaría con la precisión de evadir los insuperables es- collos que -trae anexa la fecundidad de las terceras especies, sin acor- darse que poco antes habia dicho con el implicado Aristóteles, que en el África todas las terceras especies brotaban sus fenómenos con o — 9F> — motivo de juntarse en un mismo bebedero diversas especies de anima- les...: palabras que legalmente trae el docto monje, á quien V. aca- ta puesto de hinojos. Bien pudo V. omitir los siete primeros párrafos, puesá mas de ser impertinentes al objeto de su carta, hubiera evitado con- tradecirse y cometer una felonía. Solo se dirigen á zaherir al pobre anónimo, bien le conocía V., que en nada le ha ofendid antes siempre le ha dado pruebas de amistad, y lejos de opo- nerse á su sistema le facilitaba fundarlo. Sí Sr. D. F. F. V. Yo me propuse únicamente manifestar que las muías podian fe- cundarse y parir, precindiendo del modo y tiempo en que lo ejecutan. Si á V. no le parecieron bastante sólidas las razones que expuse, debió haberlas esforzado; pero hizo lo contrario: procuró enervarlas, y suponiendo lo que habia intentado des- truir, quiso hacer ver que la muía no parió porqué fué cubierta, sino por que nació fecundada. La cuestión es peregrina; mucho mas la lógica de V., sin embargo de hacinar tantos axiomas muy comunes. Después de haber decidido que la naturaleza escaseó á las terceras especies los órganos necesarios para la generación: después de creer que ni las hembras fueron hechas para concebir, ni los ma- chos para engendrar, por defecto de virtud en el licor, y de pro- porción en los vasos destinados para este efecto: quiere V. per- suadir que la muía puede fecundarse mas fácilmente cuando sus órganos están mas imperfectos, y cuando los animales mas fecundos están menos aptos para concebir y engendrar. ¿Pere- grino modo de superar obstáculos, es añadir otros nuevos ? V. para esplicar un fenómeno, un prodigio un caso insólito, cual es que las muías paran, admite dos: primero, que se fecunden no teniendo vasos capaces para ejercer esta función: segundo que lo hagan cuando estos mismos órganos aun no han recibi- do aquella escasa perfección que adquieren con la edad. Des- cuente que no podrá decirse de V. que cavó en Scila por huir de Caribdis, sino que se estrelló contra una y otra sirte. Cuando una sola razón es suficiente para probar alguna co- sa, decia Leibnitz, todas las demás que se añadan serán supér- fluas. Esta redundancia debe evitarse principalmente en los papeles periódicos, establecidos no para publicar disertaciones — 96 — ni obras didácticas, sino discursos muy cortos que insinúen cuando convenga aquellas obras maestras que tratan con es- tension sobre el asunto. Menos ahora, siempre he procurado ser muy sucinto, y por esto no encontraría V. en mi carta de 22 y 26 de febrero todas las razones que esperaba. La que he referido me parece bastante para manifestar la improbabi- lidad de la opinión de Y.: examinemos ahora sus funda- mentos. Estos se reducen primeramente á varios hechos, copiados todos menos uno de las memorias eruditas de sala franca, y aun suponiendo que sean ciertos, sou impertinentes. Que nacie- ra una becerra preñada de otra, los ratones de ratones, los gu- sanos y lombrices de otros semejantes, no es del caso. Estos animales siendo de los mas fecundos; tienen todos los órganos necesarios para procrear; la mala, dice V., carece de ellos, por una obra acertada y completa de la naturaleza. El caso que refiere el pa- dre Feijoó á mas de esta escepcion tiene otra cosa, y es que la nina preñada y la contenida murieron ambas á los siete dias. Es- to indica que la naturaleza no pudo soportar mas tiempo la vio- lencia que sufría. La muía en cuestión vivió tres años antes de abortar sana y robusta, y permanece en el mismo estado. El parto nunca oido que refiere Bartolillo como noticia cierta, es lo mas inverisímil y ridículo que he leido. Redúcese á que unv muger dio á luz un hembrion, en cuyo vientre, que era hembra, se halló otro feto también del secso femenino con todas las partes de su cuerpo perfectas, largo cerca de tres palmos, con uñas y pelo, como atestiguó la obtetrixde Sisselia (persona muy abonada, lugar muy conocido). Debe advertirse que ambos embriones, el prégnante y las molas preñadas eran iguales. Yo prescindo del embolismo que hace V. de fetos en el vientre de embriones, de embriones preg- nantes y molas preñadas, equivocando unas cosas en otras, y confundiéndolas todas; pero no puedo disimular creyese V. co- mo noticia cierta que en el vientre de un embrión tres palmos con pelos y uñas, cupiese un feto también de tres palmos con uñas y pelos, y que estos dos cuerpos unidos saliesen... yo no sé por donde, V. que lo ha concebido, lo sabrá. Quien esto cree como noticia cierta, creerá también á pié juntillo que Epéo fabricó un caballo tal como le pinta Virgilio, y que introducido — 97 — en Trova echó de su vientre un egército de Griegos armados con lanzas y espadas, broqueles y morriones. Y que diré de las molas preñadas, la una semejante á un pó- lipo y la otra á una carpa? Que si estos pedazos de carne in- forme engendrados porcoapulacion pudieran probar el sistema que V. ha imaginado, Moriseau le suministraría un cente- nar de casos aun mas raros. Trátase de un animal perfecto (pie ha vivido muchos años, y abortó un feto con todas sus partes rectamente organizadas. Las molas no son cuerpos ani- mados. El único caso oportuno que V. cita, es el de la yegua que parió una muía preñada de otra; pero aun este no le hallo bas- tante calificado para formar una rigorosa pauidad. Ignórase el tiempo que vivió la muía preñada, que es una circunstancia muy esencial. Eusebio Nieremberg, de quien copió Salafranca este pasaje, me parece, que fué mas apropósito para escribir obras místicas y ascéticas sobre la Historia Natural. Para esto se requiere amas de una erudición vastísima }T una crítica muy fina, varias proporciones que no pudo tener un pobre re- ligioso. Alejandro suministró á su maestro ochocientos talen- tos y algunos cazadores y pescadores para que pudiese escribir su Historia de los animales. Plinio en las diferentes comisio- nes importantes que le dispensaron la amistad y estimación de Tito y Vespasiano examinó muchas cosas por sí mismo y otras por sus subditos. El conde de Buffon se correspondía con los los primeros literatos del mundo, mereció la protección de Luis XVI, y tuvo un empleo que le facilitaba escudriñar la na- turaleza. Ignórase que Eusebio Nieremberg tuviese estas pro- porciones, por tanto su Historia Natural merece poco aprecio. Pero supongamos que todos los argumentos que V. produ- ce son ciertos y oportunos, resta todavía un reparo muy difícil de resolver, y es ¿cómo pudo la muía contener en su vientre por tres años aquel feto? V. lo previno, y procuró disiparle dicien- do con Francisco Bayle que una muger estuvo preñada 23 años y otra 16 según refiere Bauchando. ISo tengo el honor de co- nocer á este caballero, pero sí á Bayle, y aunque le respeto en la Física, no doy crédito á todo lo que cuenta. El y Bartolino, á quien V. cita en otro lugar, traen varios egemplos de niños 13 — 98 — que lloraron dentro del vientre (1) y es inconcuso que si res- pirasen solamente, se ahogarían con el licor linfático en que nadan. Mas fácilmente pueden equivocarse en el tiempo del preñado, cuyo cálculo dependo de los informes que dan las mugeres. Estas, unas veces por ocultar sus crímenes, y otras por error, mienten mucho. Así se esplican Sunqueno, Piquer, Pablo Zachias y todos los médicos sensatos, cuyas autoridades produciría si fueran necesarias para probar que el preñado no pudo esceder de un año, y si alguna vez ha pasado de este tér. mino, el feto se ha visto ú osificado, ó sin aquellas dimensiones correspondientes al tiempo que ha mediado entre la concep- ciony el parto, por que la mola donde se contenia le ha impe- dido vivir y perfeccionarse. Es demasiado frecuente juzgarse las mugeres embarazadas desde que les falta la mestruacion, y ratificarse en esta idea al v'er que el vientre se eleva y endure- ce, cuando por mil causas puede suprimirse aquella evacuación y de aqui resultan obstrucciones y tumores de un tamaño y du- rosa estraordinaria: el mismo caso de Bayle lo acredita. Final- mente las leyes fundadas en una autoridad de Hipócrates, y usando de la mayor piedad solo reconocen legítimos los hijos postumos que nacieren dentro de los diez meses de fallecido el esposo de su madre (*). Pero no son necesarias estas cazones para despreciar la historieta de Bayle; basta decir que la dura- ción de aquel preñado se atribuyó á hechizo de una muger lla- mada Boneta (2). A estos hechos agrega V. algunas reflexiones, pero funda- das todas en un supuesto falso. Se sabe, dice V, por declaración de los mejores anatómicos que no pueden ser fecundas por defecto de la organización necesaria. Que se sigue de esto ? Indubitablemente que nació fecundada. Si estuviésemos en clase le negaría V. el supuesto, el testimonio, la hilacion y consecuencia. Empe- dócles, Demócrito y Aristóteles, los únicos anatómicos de bru- tos que V. ha citado, no dijeron que las muías no podian fecun- darse por defecto de organización, sino que no podian conser- var el feto hasta hacer un parto natural. Para esto se requiere (1) Marti a Martin. Anatom. Complet. cap. 5. (*) Partida 4. tit. 23. Ley 4. (2) Memorias Eruditas de Salafranca, tom. 2. ?■ 2* } * - 99 - » W tnas perfección en los vasos que para lo primero, aunque para i. uno y otro se necesita una parte donde se ejerza esta función- ] Si las muías carecen de ella ¿donde reciben el principio de la ^ generación? Donde le conservan por tres años, donde forman un feto semejante á ellas? A mi me parece que V. solamente *» probará que la muía sin tener matriz nace fecundada y retiene Y el feto, cuando cite un ejemplo de algún animal del sexo mas- A . culino en quien se observase este fenómeno. Entretanto suponiendo un hecho ciertísimo y notorio, cual t es, que varias muías hayan contenido dentro de sí, y arrojado i ¥ un cuerpo que se les parece, conservándose antes y después de ejecutarlo sanas y robustas; infiero que tienen todos los órga- ^ nos necesarios para concebir y perfeccionar. Y si pueden ha- ^ cerlo en el tiempo que V. dice, cuando para que suceda en los . animales mas fecundos, es preciso trastornar las leyes que la na- ¥ turaleza ha observado con esta operación; mas fácilmente se 1 M* verificará en aquel periodo prescripto á todos los seres, y menos ■ dificil de comprenderse. Pero no es la razón solamente quien me hace diferir de la 0 opinión de V. Yo no ignoro que los misterios de la generación están ocultos bajo un velo impenetrable al entendimiento hu- mano: la observación y la esperiencia serán mi mas firme apo- t yo. VA conde Buffon, ya lo he dicho, asegura que el mulo y la I ^ muía tienen, como los demás animales, todos los órganos y el li- cor necesario para la generación. M. Cazavant, que vió lo que abortó en la isla de Santo Domingo y le escribió sobre este he- 1 -• cho, le dice, que la muía tenia las tetas abultadas y llenas de le- ( ohe, Blasio refiere que Stenon habiendo disecado los testículos f de dos muías halló que los de una eran iguales á los del asna, y contenían en sus cavidades varios huevecillos, uno de ellos de un tamaño estraordinario y lleno de un licor amarillo, y otro semejante en su figura á una glándula comglomerada. Los tes- tículos de la otra eran mas pequeños y no contenían algún hue- vo. Hace una descripción muy prolija de la matriz y conclu- ve, que la muía en cuyos testículos se encontrasen huevos po- dría engendrar sin algún prodigio (1). (1) Anaton des animaux. ^ í — 100 — Algunos han creído, dice M. Lemerí, que las muías son tan incapaces de fecundarse como los monstruos persuadidos de que ellas lo son; pero se engañan. Ha sucedido muchas veces, y en diferentes países que las muías hayan parido. El año de 1703 en Palermo de Sicilia parió una de edad de tres años un pollino, y le nutrió con su leche, que tenía muy abundante. (1) Este mismo caso se encuentra en los diarios de Trevoux, en el mes de Octubre de 1703 pág. 82. Aristóteles asegura que en la parte de la Siria mas inme- diata á la Tenicia todas las muías conciben por coito y paren y aunque no son de la misma especie que las nuestras son muy semejantes. (2) Sin leer la historia natural de Buffon pocos ignorarán que las muías se dejan cubrir por caballos, asnos y mulos. Sabido es por una esperiencia muy común que para conservarlas lozanas conviene echarles algún macho, y yo las he visto no solo condescender ultróneas, sino excitarle y hala- garle. Esta condescencia, esta inclinación de la naturaleza de- be tener algún objeto. Paréceme, pues, haber manifestado que las muías pueden fecundarse del modo ordinario y menos comprensible, sin ser necesario suceda el estraordinario fenómeno á que V. ocurre sosteniendo y disculpando estas dos peligrosísimas proporcio- nes: la hembra puede nacer fecundada; el preñado puede durar has- ta 25 años. Juzgóme también indemnizado de los cargos que me hizo: y si en alguna espresion le hubiere ofendido, repito á V. estas palabras proferidas por S. Agustín en una ocasión al- go semejante: da veniam si quid liberius dixi non ad contumeliam tuam, sedad defensionem meam. Créalo V. así, y viva persuadi- do de que las disputas del entendimiento jamas alterarán la voluntad con que le estima. (1) Suite de la Matiere Medie, M. Geoffroy par Mra. Arnault et salerne tom. :5 pig. 288. (2) Histor Animal, lib. 6. cap. 24. 4t > — 101 EL03I3 DEL ARpiTECTü GADITANO D. PEOR] MEDINA. roa T •> TOMAS ROMAY. r i A Sí O 1TT9. Elogiar á un hombre cuya honradez ha sido el fundamento de su mérito, yo no osaría comprenderlo en aquellos siglos de tinieblas, cuando la voz del orador resonaba solamente ó en los campos de batalla entre las ruinas sagradas de la humani- dad ó en los palacios de los potentados donde su lengua mer- 0 cenaría se habia prostituido á la adulación y á la lisonja. Pero después que la Filosofia disipando las densas nieblas de la ig- norancia y del orgullo, nos ha hecho ver que el hombre en tan- f to es mas digno de nuestra gratitud y veneración, en cuanto ¿á». haya sido mas útil á sus semejantes; después que varias acade- mias y Sociedades adoptando el ejemplo del Cuerpo mas sabio , de la Europa, han querido perpetuarla memoria de sus alum- •^jV nos conservando la sencilla historia de su vida; solo temeré, J que cuando á nombre de esta Sociedad económica vengo á •" pronunciar el elogio de nuestro difunto amigo D. Pedro Medi- *Vm na, no sea digno de los espectadores que me escuchan, y del X sugeto á quien se consagra. La ciudad del puerto de Sta. María fué el lugar en que na- '/* ció, el 2 de Febrero de 1738.—Ni puedo, ni necesito pintar su j> cuna adornada de trofeos y blasones: yo estoy persuadido de que el hombre se recomienda mucho mas por sus propias obras que por las proezas de sus mayores. Los padres de nuestro so- Í, ció D. Juan de Medina yD. * Petronila Galindo, menos dis- — 102 — carecian de facultades para proporcionarle aquella elucacion luminosa que se adquiere en los colegios y en las aulas, y aun- que no pudieron presentarle las brillantes acciones de sus as- cendentes para estimularle á imitarlas; se le ofrecían ellos mis- mos por modelos fieles de probidad y honradez, procurando eficazmente inspirarle iguales sentimientos. El éxito correspondió á sus deseos. Apenas tuvo siete años desprecia los entretenimientos pueriles, deja la casa de sus pa- dres, sale de su patria, y se dirige á Puerto Real donde uno de sus hermanos ejercia con crédito la arquitectura. Bajo su dis- ciplina, progresa estraordinariamente en este arte. Se ha di- cho que Tournefors nació botánico, Pascal geómetra, Racine y Lope poetas; yo no temeré afirmar que D. Pedro Medina fué naturalmente arquitecto: si los padres consultasen el genio de sus hijos mas bien que á sus intereses personales; si no los vio- lentasen á seguir una carrera áque no se inclinan; sin duda en lugar de tantos miembros inútiles, estaría llena la sociedad de artífices y profesores distinguidos. Los talentos naturales pa- ra perfeccionarse en la facultad que adoptan, necesitan la mi- tad menos de tiempo y estudio, que los que la abrazan sin su- ficiente dicernimieuto, ó con repugnancia. Así lo acreditó nuestro difunto amigo: á los 18 años de su edad ya trabajaba de maestro en la fabrica de los pabellones en la puerta de Tier- ra de Cádiz. Allí presenció sus operaciones y su conducta el Sr. D. Silvestre Abarca, el cual luego que llegó á esta ciudad con el cargo de reedificar el castillo del Morro, arruinado po- co antes por los ingleses, escribe al Presidente de la casa de Contratación de Indias para que procurase con el mayor inte- rés remitirle á D. Pedro de Medina, testigo de su inteligencia, de su celo y desinterés Abarca compren desque ninguno era tan apropósito para maestrar la fabrica de este Fuerte; el que sien- do niño no temió abandonar la casa y el suelo patrio, resignán- dose á subsistir con el trabajo de sus débiles manos, mucho menos dudaría salir de un lugar estraño para egercitar sus for- nidos músculos en servicio del Rey y de la nación. Los ries- gos del mar; los peligros que ofrece una región tan distante, las lágrimas de su esposa D. * Luisa Ramírez con quien habia contraído matrimonio en Cádiz; nada es bastante á retenerle. — 103 — Insensible á los sentimientos de la naturaleza, solo escucha la voz del honor; los clamores de la Habana desolada. Se presen- ta en ella el año de 63, satisfaciendo plenamente la espectati- va del ingeniero director de sus fortificaciones. El Morro fué el teatro en que acreditó la vez primera que no habían sido va- nas las esperanzas de aquel gefe. De aquí le conduce consigo ala Cabana; pero antes de concluirse esa grande obra, se ve en la necesidad de privarse de su ausilio, permitiéndole que fuese á Cádiz en busca de su familia. Llega á su puerto el afio de 72: cuando va se preparaba para regresar á la Habana, el marques de Real Tesoro, Presidente de la casa de Contrata- ción le dirigeá Pto. Rioo con su muger y uno de sus hijos en virtud de Real orden de 17 de Junio del mismo año, por la cual le nombra S. M. maestro mayor de las obras de fortifica- ción de dicha plaza. Parece que la Providencia habia destina- do á Medina para que hiciese inespugnables las ciudades de nuestra América, y como la Habana es la mas importante de todas, vuelve á ella antes de estar dos meses en Pto. Rico. La Cabana le espera, y en ella da nuevas pruebas de su pericia, de su honradez y actividad. Terminando esta fábrica es trasladado sucesivamente á la puerta Xueva, á los arcos del Boquete, y en la guerra del año de 80 al fuerte del Príncipe. Los gofos de esta plaza considerándola espuerta á los insultos de la nación Británica, si inmediatamente no se ponía aquel puesto en el mejor estado de defensa, reeligen á nuestro difun- to socio, para (pie con su acreditado celo y eficacia realizase sus proyectos. Xo pudo ser mas acertada la elección. Medina siempre obediente á los preceptos de sus superiores, siempre ansioso de ser útil al público; nunca renuente al trabajo, aban- dona sus propios intereses: y no satisfecho con emplear su per- sona lleva todos sus esclavos, y á un mismo tiempo dirige las canteras, labra las piedras, acopia los materiales, levanta ios muros, cierra las bóvedas, y deja aquel castillo capaz de disi- par nuestros temores, sin haber querido recibir otro premio por tantos servicios, sino la complacencia que esperimenta el alma benéfica cuando ejecuta algún bien. No se limitaban sus conocimientos á la arquitectura militar. La Santa Iglesia Catedral, la casa de Gobierno y Consistoria- — 104 — les, la reparación de las enfermerías de Belén, del Coliseo^y de la casa de Correos, el cuartel de Milicias, el puente del Ca- labazal, el empedrado de nuestras calles recomendarán_su in- teligencia en la arquitectura civil, é igualmente su desinterés tan digno de elogiarse, como que si esceptuamos la fabrica de los cuarteles y el empedrado, las calzadas desde la puerta de Tierra hasta el Horcón, y fuesen encargo de la ciudad ó del Real Consulado, por ninguna obra admitió jamas el menor es- tipendio: generosidad que nuestro M. Y. Ayuntamiento qui- so de algún modo compensar concediéndole el título de Maes- tro mayor de todas sus fábricas. Entre tanto la Habana y todas las almas sensibles miraban con estupor á dos hombres menos distinguidos por sus escel- sas dignidades, que por su beneficencia y patriotismo: dos hombres que parecían animados por un solo espíritu, según la uniformidad de sus pensamientos y deseos. Por estos ras- gos aunque demasiado imperfectos conoceréis, Señores, que os hablo del Escnio. Sr. D. Luis de las Casas y del Illmo. Sr. D. Luis Peñalver y Cárdenas. Casas! y Peñalver! nombres gra- tísimos á nuestras vidas, dignos de repetirse incesantemente en este lugar y que nunca los pronunciará mi lengua sin que esperimente mi corazón los mas tiernos afectos de gratitud y respeto á estos patriotas esclarecidos, los mas interesados has- ta entonces en el bien y prosperidad de nuestra patria: trata- ban con aquella eficacia, que todos admiramos, de organizar este Cuerpo y de zanjar los fundamentos de ese alcázar de piedad, de ese asilo de la inocencia y miseria, á los gemidos de la humanidad exhalados sin intermisión por las bocas de esos varones benéficos se congrega aquí mismo una porción numero- sa de hombres virtuosos. Medina llega entre ellos adornado con unos caracteres mas respetables que los que graba el or- gullo y vanidad. La modestia, la mansedumbre, la honradez, la generosidad, el patriotismo, la fidelidad conyugal, la pie- dad, varias otras virtudes recomendarán su persona; ellas lo incorporaron en esta Sociedad, y ellas también sufragaron para que fuese diputado de la casa de Beneficencia todo el año de 94. Su generoso caritativo zelo, permitidme repetir esta houorífica — 105 — espresion copiada de nuestra memoria del propio año (1) su generoso caritativo zelo no podia satisfacerse en el corto periodo de la Diputación. La sociedad lo habia así comprendido cuan- do lo nombró maestro mayor de la fábrica de dicha casa. Nin- gún título pudo serle mas plausible. Reanimando con el fuego de la Caridad aquellos miembros enervados por el continuo egercicio de una vida laboriosa concurre con prontiud y egem- plar desinterés al progreso de la fábrica (2). Abrevia cimien- tos, edifica casi todo lo que existe y desea con impaciencia co- locar la imagen de la Piedad sobre la Cúpula de ese augusto monumento. Pero la muerte arranca de las manos aquellos instrumentos con que preservó tantas vidas, con que fortificó y decoró nuestra patria, y levantó templos al Dios verdadero. El dia 27 de Setiembre del año pasado de 96 le entregó cris- tianamente su espíritu á los 58 años de su edad, dejando un va- cío en la fábrica de la Beneficencia que aun uo se ha llenado. Cuando la Habana espera con impaciencia saber cuales me- dios propone este ilustre cuerpo para que pueda cumplirse la novísima Real Cédula que prohibe el comercio de los neutra- les, guardaríamos nosotros respetuoso silencio, á no ver que este mismo Ilustre Cuerpo suspende aquella tan importante discusión, hace silencio, y nos presta atento oido sobre otro asunto diverso. Sin du 1 ~ habrá comprendido por una triste esperiencia, que ningún tie^^ será tan oportuno para mani- festar nuestra gratitud al Sr. D. José Pablo Valiente, y sentir su ausencia de este lugar que la primera y mas critica ocasión, en que su talento sublime, su patriotismo y prudencia habrían eficazmente contribuido á conciliar nuestra obediencia al sobe- rano con la prosperidad de esta colonia. Nosotros carecien- do del dou de la palabra, que le es concedido en grado tan excelso, temeríamos hacer un elojio indigno de su grande me- recimiento, y de la espectativa de esta Junta, si el número y t carácter do sus acciones necesitaran para ser admiradas los tropos y figuras. Pero tratándose únicamente de referir las I obras de un hombre tan benéfico, la sencilla y afectuosa elo- r cuencia del corazón, es muy bastante para conservar lamemo- ,4 (1) Pág.48. (2) Ibideni pág. 47, -o 14 — 106 — ría de la menor de ellas, mientras la Habana exista, y el pa- triotismo no abandone este Santuario. La guerra nerviosamente sostenida contraía Gran Bretaña desde el año 1779 hasta el de 83, no solo había dejado exhaus- to el Erario de esta plaza, sino también empeñado en mas de millón y medio de pesos. La rápida fortuna de algunos de sii6 dependientes dio motivo para que presumiese nuestra corte; que la dilapidación y el monopolio habrían quizá contribuido á su engrandecimiento. El comercio privado de aquellos fon- dos, sin numerario para girar, sin arbitrios que facilitasen sus especulaciones, perdía en sus letras una suma considerable. Careciendo de un muelle en que verificar cómodamente la importación y esportacion de sus efectos, y de un lugar donde resguardarlos de las intemperies; obstruido con las formalida- des lentas y multiplicadas de la Aduana; y mas que todo, es- torsionado por los apremios rigorosos de la Intendencia, iba á destruirse necesariamente, si el ministerio de estos reinos (fué el ministerio Gal vez) no se hubiera valido de una mano no me- nos ingeniosa que fuerte, para contener su ruina, repararle y engrandecerle, desempeñando el Real Fisco, descubriendo las usurpaciones que se le habían hecho, examinando sus archivos, revisando sus mas antiguas cuentas, confrontándolas, repro- bando unas y aprobando otras y estableciendo un plan inalte- rable en todas sus oficinas. No, esto lo hizo después de que fué Intendente, su comisión fué solo para pesquisar y descubrir los robos, y ladrones en Real Hacienda. Tal fué el objeto de la misión con que se pre- sentó en la Habana el Sr. D. José Pablo el año de 1786. Igual encargo inmortalizó á Colbert y no hizo menos célebre á Sully que las batallas de Ivrea y de Aumale. No intentamos rasgar el velo impenetrable de que cubrió el Juez pesquisidor un juicio, donde se calificaba la honradez y fidelidad de varios Ministros caracterizados. Nuestro silencio será el mayor elo- gio de su conducta en una comisión secreta: respetemos con admiración lo único que nos constaba, su infatigable constan- cia en el despacho; y hagámosle la justicia de creer que esta virtud presidió en todos sus decisiones. Dias mas gratos á la Habana y al corazón bondadoso del Sr, — 107 — Valiente, sucedieron á esos dias de pesquisa y de pavor. El depósito sagrado de la autoridad y tesoro real le fué concedido el año de 87, en el empleo de intendente de Ejército y Hacien- da de esta Isla. Lejos de intimidarle la estension inmensa de sus atenciones y los precarios recursos con que satisfacerlas, se irrita y esfuerza para superar los obstáculos que por todas par- tes le circundan; y eu esta saludable convulsión de su talento y patriotismo, ocurren á su alma inflamada las mas grandes y útiles ideas. Conociendo que la opulencia del Estado depende de la prosperidad del Comercio, y ésta del fomento de la agri- cultura, prorroga por dos años mas la exhibición de la alcaba- la en las ventas de tierras montuosas. Esta determinación sin egemplar, confirmada por el Soberano, es la ley fundamental para conceder iguales gracias. Entonces no era Intendente, es- to es, cuando asistió á estas Juntas; me parece. Órgano de la legislación, y Tribuno de nuestra patria, asiste de orden de S. M. á las juntas celebradas sobre el comercio de negros por na- cionales; vota, y se terminaron aquellas agitadas discusiones. No eran menos rápidos ni felices los efectos de las providen- cias que dictaba para recaudar los reales derechos. Pues si ad- mira' la prontitud con que introdujo en sus arcas mas de 600000 pesos; aun es mas loable y digna de maravillar la dulzura y suavidad de que se valia, temperando la integridad de su mi- nisterio con la humanidad de un ciudadano. Aunque el fuero prescribe ciertos trámites que se juzgaron necesario para des- cubrir la verdad, la avaricia de algunos hombres habia conver- tido la ciencia de la justicia en una rapacidad impune. Para abolir en su tribunal semejantes abusos, el Intendente de la Habana simplifica las formalidades que enervaban el derecho de los litigantes aniquilándolos lentamente, y cebando con su ruina á los bárbaros patronos; contiene las ejecuciones vio- lentas, y los apremios exterminadores; y hace ver que la des- trucción de un vecino laborioso es una calamidad pública. Demasiado ruinosa era la que esperimentaba Cuba con la introducción de los vales. Careciendo aquellas cajas de nume- rario, fue preciso ocurrir á ellos para el pago de las tropas, y demás urgencias del E§tado. La alteración y el fraude los des- acreditó considerablemente, haciéndoles perder un 30 ó 40 por — 108 — ciento de su valor. La Real Hacienda sufría al fin estos que- brantos recogiéndolos y abonándolos después de graves proce- dimientos criminales. Su redención costó al Sr. Valiente mas de 200000 pesos, tomándolos de unos fondos que solo podian encontrarlos su zelo, y sus luces. Estos recursos inagotables también le proporcionaron los medios con que satisfizo varios créditos antiguos, y fabricó en la Aduana esos pórticos donde los intereses del comercio se preservan de las lluvias. Sus miras benéficas deseaban ser mas grandiosas; pero la na- turaleza, alguna vez deforme en sus operaciones, no propor- cionó la robustez de su cuerpo al vigor y energía de su alma. La acción continua en que la tenia, sus fuerzas y reiterados conatos debilitaban mas y mas aquella lánguida salud. Nuevo Cursio no temería sacrificar su vida por la felicidad de la na- ción si las circunstancias lo hubiesen exigido; mas juzgando que varios otros Mininistros desempeñarían la Intendencia, hi- zo dimisión de este brillante y fructuoso empleo, reservándose el mas obscuro y estéril, el menos conforme á la dulzura de su carácter; el de Juez pesquisidor. La Corte condesciende á sus instancias para darle después un testimonio nada común del alto concepto que le merScía. Poco antes se lo significó por el conducto del Escmo. Sr. D. Fr. Antonio Valdés en una Real orden tan digna del justo Monarca que la dictaba, como del subdito que la recibía. Esta favorable prevención estimuló de tal suerte los votos del Ayun- tamiento, de los hacendados y comerciantes, de los habitado- res todos de la Habana y de esta Isla, que unánimes y eficaz- mente deseaban se restituyera al Sr. D. José Pablo Valiente la dignidad que habia abdicado S. M. mirándole como uno de aquellos hombres raros, nacidos para ser el instrumento de la prosperidad de los pueblos, vuelve á concederle el año de 92 la Intendencia de esta Plaza. No fué mas aplaudido en Roma el Consulado del Padre de la Patria, ni con menos verdad pu- do nuestro reelecto Intendente repetirnos las mismas palabras que dirigió el nuevo Cónsul á sus compatriotas: no fui elegido por los sufraqios particulares de los ciudadanos, sino por aclama- ción general de la Ciudad. * El éxito correspondió a sus esperanzas. Colocado entre el — 109 — trono y el pueblo, fiel al rey, fiel á sus vasallos, vela sobre loa intereses del príncipe sin oprimir los subditos; aumenta el te- soro público sin disminuir los particulares: es justo sin ser severo. Los grandes proyectos formados en su anterior administra- ción se realizan con la misma facilidad que los habia concebi- do. Porque á la verdad ¿quién no admira la fecundidad de su imaginación, la facundia de su lengua, la energía de su bra- zo? Sus discursos todos son Geométricos, y sus palabras, tole- radnos esta espresion, sus palabras son criadoras; dice, y todo se hace. Se reforma el gravoso plan de recaudación en la Real Aduana; se amplia el muelle; se reúne bajo un mismo techo la Tesorería General y la Contaduría de Egército, estinguiendo mil inútiles y prolongados trámites; se pagó millón y medio de pesos sin las remesas de Mégico. Como si en sus manos tu- viese todas las riquezas de Motezuma y de los Tucas, asi su- ple á la Marina en todas sus urgencias, y á otros ministerios fue- ra de la Isla: compra varias casas contiguas al miserable hospi- tal de S. Ambrosio, le reedifica, le hace decoroso á la piedad del Soberano á quien sirve, aumentándolo y abasteciéndolo de cuanto pueda necesitarse, para asistir con la mayor comodidad y abundancia 700 enfermos, cuando antes mezquinamente se curaban 200. Atiende con profusión á los grandes y estraordi- narios gastos de la pesada y presente guerra; y lo que mas atur- de, le sobra con que redimir los censos consignados sobre las rentas Reales. Adonde, preguntarían enagenados de admira- ción y gratitud, donde encontró, el Sr. D. José Pablo un teso- ro tan inmenso? En el fondo de su alma. La naturaleza le ha- bia concedido una humanidad y un talento ilimitado. Con su humanidad se hace dueño de los corazones de todos nuestros comerciantes y hacendados, de sus bienes todos sin que nada le reserven. Con su talento ahorra 12000 pesos anua- les demoliendo el ruinoso hospital del Pilar, y trasladando sus enfermos al de S. Ambrosio. Aumenta el Real Erario exami- nando prolijamente el ramo de Diezmos. Por espacio de mu- chos meses preside sus Juntas todos los dias, imponiéndose de los abusos introducidos en su administración; de la naturaleza de los terrenos: de su feracidad ó arides; de. sus producciones — 110 — mas análogas; de los obstáculos que impedían sus progresos; y cuando hubo investigado todo esto, divide varios partidos para proporcionar mayor concurrencia de postores, y facilitar la recaudación de sus rentas. De este modo consiguió en solo un cuatrienio aumentarlas en otro tanto de lo que producían en los tiempos anteriores. Antes de esta época, ya nos habia dado otra prueba luminosa de su economía, sacando de la Aduana en los diez primeros meses de su Intendencia 330000 pesos fuertes. Tantos arbitrios y ahorros no eran bastantes para ocurrir á todas sus urgencias. El comercio y la agricultura de esta Isla se arruina con la presente guerra; la guarnición se aumenta, los gastos se multiplican, son mas urgentes, mucho mayores: nuevas necesidades exigían nuevos recursos; el Sr. Valiente los encuentra. Pide á S. M. con aquella energía que le es tan propia, se envíen de Veracruz á este puerto cada cuatro meses comboyes cargados de granos y frutos de aquel pais, retornan- do con los de este; socorriéndonos así recíprocamente con se- guridad y provecho del Estado. Y para mas facilitar las espe- culaciones de los comerciantes y hacendados, él mismo remi- te todos los meses al Sr. Virrey una lista circunstanciada de los precios á que corrían los víveres en esta plaza. La vigilancia de nuestros enemigos frustruó unas providen- cias tan bien combinadas. Los Corsarios ingleses, y los buques de la Marina Real inundan nuestros mares, y nos privan de to- da comunicación con las demás posesiones de Kuropa y Amé- rica. Aislados dentro de nuestras costas, abandonados dentro de la Metrópoli y de nuestros paisanos; bloqueando este puer- to; insultados por los piratas hasta en las mismas haciendas marítimas; amenazados de una invasión, sin pertrechos con que equipar nuestras fortalezas, y embarcaciones, sin lienzos de que vestirnos; agotadas en fin las producciones de este suelo, la Habana y toda la Isla de Cuba iba á presentar muy pronto la imagen mas viva de la estrema miseria y desolación. El Intendente yaveia un pueblo inmenso convertido en es- pectros, presentarles sus secas y trémulas manos, pidiéndole con que saciar el hambre que le devoraba, y cubrir su desnu- dez. Y ¿cómo hubiéramos evitado esta inminente y terrible — 111 — catástrofe, si el Sr. D. José Pablo de acuerdo con el Escmo. Sr. Conde de Sta. 'Clara, no hubiesen franqueado este puerto á los neutrales? Mas antes de ejecutarlo, con qué reflexión y cor- dura, con qué zelo y humanidad no discutieron tan ardua re- solución ! Las leyes terminantes de estos Reinos la prohibían: el comercio de la península se arruinaba; nuestros frutos y todas las riquezas de esta Isla pasaban á los estrangeros y de ellos al enemigo: ved aquí los obstáculos verdaderamente grandes que embarazaban á nuestro Intendente; pero no eran insupera- bles. ¡ Y que la naturaleza no nos haya dispensado toda la ener- gía y facundia de su lengua, para repetir las mismas reflexio- nes que hizo en este propio lugar, tantas veces ilustrado é infla- mado con las luces de su entendimiento, con el fuego de su corazón! Las leyes lo prohiben; ¿pero cual es el objeto sagrado de las leyes sino conservar nuestra existencia y propiedades, hacer- nos útiles al Estado, y respetables á los enemigos? ¿Cómo po- dremos vivir, disfrutar de nuestros bienes, y sostener un ase- dio, faltándonos con que alimentarnos y defendernos? ¿Podia acaso la previsión del mas sabio Legislador prevenir todas las casualidades futuras?.¿Deberían ser todos los Ministros como aquel Jurisconsulto, que miraba con indiferencia la guerra es- terminadora de su país, porque esto no pertenecía al edicto del Pretor? Los Jueces no son unos instrumentos egecutores de las penas y suplicios, sino unos órganos de la voluntad de los Príncipes, unos intérpretes de la Legislación, para hacer observar las leyes ó modificarlas respetuosamente, cuando las circunstancias lo pidan, consultando luego al punto al Sobera- no. Así lo dicta la equidad, esa proporción general que suple lo que falta á las leyes particulares. El comercio de la Metrópoli se arruinará. ¿Y porque no ha tomado mas providencias vigorosas y activas para mantenerse y proveernos? ¿Es justo seamos nosotros víctimas de su inac- ción' ;La fortuna de unos particulares es preferible á la sub- sistencia de toda una Colonia? ¿ Serán ellos mas útiles al Esta- do que la opulenta Isla de Cuba?. Nuestras riquezas pasarán al Estrangero y de aquí al ene- migo. ¿Y no están pasando inmediatamente á ellos por el — 112 — contrabando sin que pueda contenerle ni la severidad de las leyes, ni la vigilancia de los Ministros, ni los mas terribles ana- temas de la Religión? (1) Si en los tiempos de abundancias y prosperidad no ha sido posible evitarse, ¿cómo lo conseguire- mos cuando carezcamos de lo necesario ? Se llevará, pues, á las Colonias enemigas todo el numerario de esta, y sus frutos quedarán estancados, cuando los neutrales transportaran estos, y nos dejaran aquel. Semejantes razones precisaron al Sr. D. José Pablo á permi- tir que los españoles nos tragesen de los puertos neutrales, y en sus buques, víveres y géneros no prohibidos, confiado en que la piedad del mas benéfico de los Reyes aprobaría tan ur- gente disposición. Sus esperanzas no fueron vanas. El Sobe- rano por Real orden de 18 de Noviembre de 97 confirmó cuan- to habia hecho y en un instante mudó de aspecto nuestra Is- la. Floreció la agricultura, prosperó el comercio; se estra- geron nuestros frutos con estraordinario lucro; fuimos abaste- cidos con profusión,; cesó el contrabando, y entraron en las Reales arcas por el derecho de importación y esportacion, des- de Febrero de 97 hasta Julio del presente año 2.221,988 pesos fuertes. Si tantos y tan recomendables beneficios no son suficientes para perpetuar nuestra gratitud al Sr. D. José Pablo, referire- mos otros nada menos distinguidos. La casa de Beneficencia, ese monumento que delata la constitución de nuestra patria por el objeto á que se ha destinado, pero que al mismo tiempo recomienda nuestra humanidad por los socorros que le pres- tamos: la casa de Beneficencia participó también los efectos de esta virtud que forma su carácter. Desde el año de 95 contri- buía para su fomento con una pensión mensual. Mas después que la sociedad económica de esta ciudad se ilustró nombrán- dole por aclamación socio honorario; después que en las ¡últi- mas Juntas generales para una elección la mas acertada y aplau- dida, le colocó á su cabeza confiándole el empleo de Director, se renovaron los dias felices que este cuerpo y aquella casa disfrutaron bajo los auspicios de su muy esclarecido y Escmo. (1) El Illmo. Sr. Echavarría publicó una pastoral contra el execrable vicio del Contrabando. — 113 — Fundador. Con su ausencia habia faltado el alma, el espíritu vivificante de esos establecimientos; el fuego patriótico se es- tingue; la sociedad se disuelve; su sala está desierta; sus tareas se interrumpen; la fábrica de la Beneficencia en inacción, y su existencia la debia tan solo á la solidez de sus fundamentos. El nuevo direct®r con su presencia y patriotismo lo recibe en el corazón de los socios; reúne los dispersos; hace mas concur- ridas las Juntas sociales; fomenta sus proyectos; proporciona arbitrios, y gratifica con cien pesos al maestro que enseña á es • cribir las niñas educandas; concede á la casa el privilegio es- clusivo de torcer tabacos para la Real Factoría, y edifica una sala de 25 varas de largo, y 15 de ancho con dos pasadizos y cocina, destinada para las indigentes, cuyo importe pasa de 6500 pesos. En virtud de lo espuesto los Diputados de esta Junta creen que por un deber el mas sagrado, está comprometida á dar un testimonio público de su reconocimiento al Sr. D. José Pablo Valiente. Y no pudiendo egecutarlo con un monumento pro- porcionado á su merecimiento, y á nuestros deseos; los Dipu- tados proponen se envié á S. Sria una diputación protestándo- le, que la memoria de sus mas grandes y numerosas obras quedará indeleblemente grabada en nuestros corazones; y que en primera ocasión se hará presente al Rey que lejos de haber desmerecido la justa recomendación de sus méritos, que hicimos á S. M. el 23 de Marzo del año próximo pasado, cada dia se ha hecho mas digno de nuestra perpetua gratitud, y de todas las gracias que S. M. se digne concederle. Habana 22 de Agosto de 1799.—Gabriel Raimundo de Azcaraie.—El marques de Cár- denas de Monte Hermoso. (1) (1) Redactado por el Dr. Romay. 15 } 1 < — 115 — ANTIGÜEDADES HISTÓRICAS REFERENTES A LA ISX.A DE CUBA. Apuntes para la Historia de la Habana sobre la fundación y progresos del Hospital de San Francisco de Paula de esta ciudad hechos en el año de 1T98, por el Doctor D. Tomás Romay. (») Tiempos en que ya el sexo fuerte y robusto tenia en la Ha- bana un hospital donde curar sus dolencias, las infelices de la porción mas débil de la humanidad carecían de semejante asi- lo, siendo sus enfermedades mucho mas numerosas que las del hombre. (1). La Religión que descendió de los cielos; la policía de esta ciudad; el carácter benéfico de sus habitantes, los gemi- dos y lamentos exhalados sin intermisión entre las chozas y arruinados edificios, únicos espectadores de las penas y mise- rias de tantos pobres, pedían eficazmente se reparara esa falta. Oyéronse en fin los clamores de la Religión, de la Naturaleza (*) Nuestros suscritores han tenido ocasión de conocer cou cuanta justicia y oportunidad hemos insertado en este periódico, (Memorias de la Real Sociedad económica año 1845), los trabajos útiles, las escelentes producciones de nuestro res- petable amigo el Sr. D. Tomás Romay, que aunque impresas separadamente algu- nas, las poseian pocos individuos, esponiéndolas de este modo á que quedasen per- didas para siempre; y como en este número no es de las que presta menor interés la que aquí insertamos, nos atrevemos á asegurar que nuestros lectores recibirán con agrado la consignación que les hacemos, eligiendo la sección de Antigüedades, pues el objeto á que se refiere es sobre la fundación de uno de nuestros mas útiles y benéficos establecimientos. (1) Sexoentorum morborum autor estuterus.—Democ. — 116 — y de la Política, y por un orden admirable de la Providencia, el santuario y el pueblo, el Sacerdote grande y el gefe de esta provincia emprenden con el mayor interés la ejecución de esa importante obra. ¿on Nicolás Estévez Borges dignísimo cura rector de la Ha- bana, provisor y vicario general de este obispado, y deán elec- to de la catedral de Cuba, mandó en la cláusula 49 de una Me- moria hecha el 10 de diciembre de 1664 se edificase una capi- lla dedicada á San Francisco de Paula en el lugar que mejor les pareciese al limo. Sr. D. Juan de Santo Matías, obispo de esta diócesis, y al Sr. D. Francisco de Avila Orejón Gastón, Maestre de campo, gobernador y capitán general de esta ciu- dad é Isla: en el propio capitulo les nombra por albaceas, y les deja el poder necesario para que á su nombre testasen, y dis- tribuyeran el resto de sus bienes, después de hecha la fábrica y dotado el capellán, en aquellas obras-pías que juzgasen mas proficuas á su alma. En virtud de este poder los muy ilustres y piadosos albaceas otorgaron el siguiente año ante Domingo Fernandez Calaza, escribano público, un testamento que hará perpetuos y respe- tables sus nombres, y les conciliará las bendiciones de todos los que ejercen y esperimentan los efectos de la misericordia. En él disponen que concluida la ermita, y fundada una capellanía bastante para la subsistencia del capellán, se emplease el cau- dal remanente en erigir un Hospital donde se curasen muge- res pobres, y si posible fuera, se destinase una pieza para reco- ger las que convenga tener reclusas, nombrándose patronos perpetuos de dichas obras-pías, con plena y absoluta facultad de administrar sus rentas, y elegir sucesores. Si nos fuese concedido penetrar las oscuras regiones del se- pulcro, sin duda encontraríamos al Pbro. Borges transportado de un gozo santo al ver el destino que á sus bienes se habia da- do. Después de la erección de un templo, en ningún otro pu- dieron invertirse que mas sufragase por su alma. En los hospi- tales no solo se suministra al hombre todo lo preciso para con- servar la presente vida, sino también para adquirirla futura. En ellos se ejercen las mayores virtudes; se cumplen los pre- ceptos sagrados del cristianismo: se celebran sus Augustos Sa- — 117 — cramentos, y se reúne cuanto hay de meritorio en otras obras de misericordia. Esta no necesita que la Religión la recomien- de. La misma naturaleza pide enérgicamente se establezcan esos monumentos de humanidad. Platón lo ordena en una de sus leyes: los Incas del Perú lo ejecutaron; y los musulmanes lo observan. A la verdad, si la vista de un pobre enfermo des- valido, abandonado á sus dolores y miserias, y espuesto á la desesperación no conmueve nuestras entrañas ¿qué objeto será capaz de enternecernos? ¿Para cuando reservamos nuestra compasión y caridad ? Convencidos de estas y otras varias razones el limo. Sr. San- to Matias, y el Sr. D. Francisco de Avila, no demoraron la eje- cución de su provecto. En el mismo año de 65 nombraron por administrador de los bienes destinados para esa obra al capitán D. Pedro Valdespiuo. Inmediatamente compró á diferentes propietarios el terreno donde existe ese edificio en precio de 1950 pesos efectivos, y procedió á edificar la capilla y habita- ción del capellán. El 27 de febrero de 1668 se puso la primera piedra en pre- sencia de los gefes de esta ciudad, siendo sumo Pontífice el Sr. Clemente IX, Rey de España el Sr. D. Carlos II, y gober- nando por su minoridad la Sra. Doña Maria de Austria su au- gusta Madre. Terminada la fábrica y proveída de lo necesario para el culto Divino, emprende la de una sala donde se coloca- ron cuatro camas, y el caudal restante se impuso para asistir con sus réditos otras tantas enfermas, dotar un presbítero ad- ministrador de estos intereses, un médico, y una enfermera con su criada. Estos censos se concedían por el juzgado eclesiásti- co, participándoselo antes al Sr. D. Francisco de Avila como albacea del difunto Dean, y compatrono de dicha obra-pia. No omitiendo el limo. Sr. Santo Matias diligencia alguna pa- ra fomentarla, erigió en cofradía el año de 1666 y después tras- ladó á ella la hermandad de San Francisco de Paula, fundada el 13 de febrero de 1605 en la iglesia Mayor de esta ciudad por todos sus hacendados. Dio motivo á esta devota congregación la esterilidad de la tierra, y la grande mortandad que se habia esperimentado en los ganados en los años anteriores. Juntá- ronse en la parroquial de San Cristóbal los dueños de ingenios — 118 — hatos, y estancias para elegir un abogado en aquella pública calamidad, y habiendo caido la suerte en el Patriarca de los Mínimos, acordaron se estableciese la referida hermandad, y anualmente se celebrase al Santo una solemne fiesta en aquel templo mientras se le edificaba una ermita, comprometiéndose cada cual á contribuir para estos objetos con una porción de sus respectivos frutos. El celo del Sr. Santo Matías se transmitió á sus sucesores. Por la Constitución primera del título segundo del Sínodo de este obispado, presidido por el limo. Sr. D. Juan García Pala- cios, el año de 1681 se agregó la dicha cofradía al hospital de mugeres, para que en lo adelante corriese su administración conjunta á la de aquella casa, y á cargo de su mayordomo y administrador. Su beneficencia no se satisfizo con solo esta de- mostración. Cuando en la Constitución tercera del título quin- to se trató de determinar, cuales habia de ser las mandas for- zosas, incluyó entre ellas la hospitalidad de San Francisco de Paula, ordenando que todos los que testasen en esta ciudad, des- tinaran al menos dos reales para la asistencia de sus enfermas, obligaudo también á lo mismo á los que falleciesen en cual- quier lugar de esta diócesis, donde no hubiere algún hospital. Pero como la estabilidad no es concedida ni á las obras mas piadosas de las manos del hombre, un recio temporal que por espacio de treinta dias continuos afligió esta ciudad el año de 1730 desplomó toda la ermita, sepultando bajo sus ruinas la Magestad Sacramentada, y dejando inhabitables las enferme- rias. D. Pedro Lodares Cota, capellán administrador que en- tonces era, procuró con una eficacia y caridad digna de los mayores elogios, reparar prontamente esa catástrofe mejorando uno y otro edificio. El ocho de Enero del año siguiente ben- dijo la primera piedra déla nueva iglesia el Sr. Dr. D. Pedro Ignacio Torres de Alaya, Magistral de la catedral de Cuba, Provisor y Vicario General en Sede vacante, y la colocó el Sr. Brigadier D. Dionisio Martínez gobernador y Capitán Gene- ral de esta ciudad é Isla. Después que el Lie. Lodares Cota, consumió los fondos que habia colectado, y una gran parte de sus bienes, sacando los cimientos de toda la iglesia, y conclu- do el prebisterio y sacristía, suplicó al Rey el año de 1735 des- < \ \ — 119 — tinase los espólios del Illmo. Sr. D. Fr. Gerónimo Valdés pa- ra terminar esa obra, y reedificar el Hospital. Al mismo tiem- po solicitó de S. M. la confirmación del empleo de Capellán administrador que le habia concedido este Prelado, ratificán- dolo su sucesor el Ilustrísimo Señor Fray Juan Lazo de la Vega. El Rey le negó esta última gracia en Real cédula de 18 de Diciembre del propio año por haberse hecho aquel nombra- ( miento sin intervención del Vice-patrono; y encarga el Rdo. j Obispo, que en lo sucesivo el espresado empleo de Capellán administrador del hospital de S. Francisco de Paula, se confie- ra conforme á lo dispuesto por el real despacho de 10 de Mayo de | 1730, en el cual se previene que las mayordomías de las iglesias A parroquiales, y demás beneficios se provean según leyes y reglas del real patronato; y para determinar en lo primero que suplica- ba el Lie. Lodares Cota, pidió S. M. en la misma R. cédula á di- ' . chollmo. Sr. y al gobernador de esta plaza, le informasen sobre la fundación de la enunciada hospitalidad y si era de su Real pa- Y tronato; el estado de la ruina que habia padecido, y lo que po- w- diacostar su reparación. En cumplimiento de esta orden sobe- t rana su Sría. lima, dispuso que los albañiles y carpinteros mas peritos recociesen ambos edificios, y con vista de los planos ya a formados calculasen loque importaría concluirlos y perfeccio- narlos. Estos profesores después de un prolijo examen convi- nieron en que eran necesarios veinte y tres mil seiscientos y ^ cuarenta pesos para lo que restaba á la obra. Incluyendo este- certificado, informó al Rey el 17 de octubre de 1736 sobre todo lo que S. M. le habia prevenido. En vano he solicitado con la mayor eficacia en varios archi- vos la Real resolución; solo me consta que no obstante haber quedado sin efecto las súplicas de D. Pedro Lodares Cota, su caridad y predilección á este establecimiento no se disminuye- ron. Después que en vida apuró todos los recursos para repa- rarla y engrandecerle, dejó en su muerte impuestos de su pro- pio peculio 16,780 pesos destinando sus réditos á la dotación 4 de camas. Con estos ausílios, con la renta de la mitra, y varias limosnas de los fieles, el limo. Sr. Lazo concluyó toda la igle- sia y el altar mayor: renovó la enfermería aumentando sus ca- V* u — 120 — mas hasta doce, y además de las piezas necesarias al Hospital, fabricó otras para los capellanes y administradores. Fiel imitador del egemplo de este meritísimo prelado, dig- no de inmortal memoria y gratitud, el Illmo. Sr. Dr. D. San- tiago José de Hechavarría, auxiliado del Escmo. Sr. marques de la Torre, Gobernador y Capitán General de esta Isla, es- tendió las viviendas el año de 1772 y edificó otras tres salas co- locando en ellas treinta camas dotadas, y muchas otras que se asistían con 1200 pesos que anualmente daba S. Sría. Illma. y con varias limosnas eventuales. Al mismo tiempo por in- tercesión del Vice-patrono reunió en un solo individuo los empleos de Capellán y administrador, eligiendo en su cle- ro con la mayor reflexión los sugetos mas aptos para estos mi- nisterios, y velando continuamente sobre el desempeño de sus respectivas obligaciones. El éxito correspondió á su celo y vigilancia. Quisiera que el catálogo de estos hombres benéficos fuera menos difuso para recomendar el mérito de cada uno; pero la Religión lo egecu- tará de un modo infinitamente superior á los lánguidos elogios de mi pluma. Entre tanto diré al menos que todos se han dis- putado la preferencia por la ternura y compasión con que tra- taban las enfermas; por la economía, exactitud y honradez en el manejo de los intereses; por su anhelo en fomentar esa casa; por su permanencia en ella, y por los legados que después de sus dias le han dejado. # A pesar de todo esto, y de la caridad ilimitada con que el Illmo. Sr. Dr. D. Felipe José de Trespalaeios, desde su ingre- so á esta silla episcopal franqueó las puertas de ese Santuario á cuantas infelices ocurrían á él, faltábale aun mucho para lle- gar á la perfección de que era susceptible. Su capacidad y sus rentas no sufragaban para proporcionar á todas las enfermas cuantas comodidades y auxilios eran necesarios. Ellas publi- caban las faltas y escaceses del único recurso que tenían en sus dolores. Nadie ignoraba que el hospital de Paula exigía socor- rerse; todos conocíamos la obligación que tenemos de hacerlo: muchos lo verificaban; y muchos otros solo esperaban una oca- sión oportuna en que hacer mas útiles sus limosnas. Esta época feliz deseada ansiosamente por la piedad y pa- _ 121 — triotÍ8mo de los habaneros, debia proporcionarla la Escma. Sra. D. * Teresa de Sentraanat, esposa muy digna del Escmo. Sr. conde de Sta. Clara, Gobernador y Capitán General de esta Isla: dotada de un corazón tierno y sensible no ha necesitado esperimentar en sí las desolaciones de la indigencia para com- padecerse de los miserables. Estas bellas disposiciones de la naturaleza se han rectificado por los preceptos de la Religión. Si un sentimiento natural conmueve y enternece sus entrañas al ver las calamidades de sus semejantes, la caridad cristiana que le preceptúa ame al prójimo como así misma, estiende su mano sobre el hambriento, el desnudo y el enfermo. De este modo esa ilustre señora ha confundido y detestado la fiereza cínica del Estoico y la impiedad del Maniquéo; del Estoico que se atrevió á decir que la compasión y sensibilidad lejos de ser virtudes eran flaquezas de ánimo; y del Maniquéo que prohibía saciar el hambre del necesitado, porque así se conservaba la carne que hipócritamente afectaban abominar, procediendo ésta del principio malo que ellos suponían. Dios, la Sabiduría Eterna, ha creado igualmente el alma y el cuerpo de todos los hombres, dispensándole los dones espi- rituales y materiales que graciosamente ha querido. El sabio y el necio; el perfecto y el deforme; el poderoso y el misera- ble, todos son obras de sus manos. ¿Y podrá creerse que la Pro- videncia ha reunido en unos hombres grandes talentos y teso- ros para fomentar su orgullo y molicie, abandonando los otros á su estolidez y miseria? ¿Sería este fin digno de su bondad y sabiduría? Ella pues, ha concedido á unos lo que á otros ha negado, para que los primeros egerciten la caridad, y los se- gundos la paciencia: aquellos se enagenan de lo superfluo, y estos reciban lo necesario; luego estas riquezas que poseo no debo yo sola disfrutarlas, sino dividirlas con los infelices y ali- viarle sus penas. Así discurría la condesa de Sta. Clara, y por una propensión natural á su sexo, ó mas bien por un conocimiento íntimo de las mayores necesidades de las mugeres, las solicitaba con pre- ferencia á los hombres para socorrrerlas con sus liberalidades. Pero ya el patriotismo y generosidad de un ente privilegiado habia recogido cómodamente las niñas huérfanas, y las pobres 16 — 122 — mendigas en eso alcázar de piedad, en esa casa de Beneficen- cia, monumento eterno que trasmitirá el nombre y las virtudes de su esclarecido fundador hasta las últimas generaciones (1). Sin embargo, la misericordia de nuestra Escma. Goberna- dora no queda sin egercicio. La humanidad se le presenta en los instantes mas terribles de su existencia, cuando abrumada con las enfermedades yace en el lecho del dolor aumentadas sus amarguras, y pudiendo apenas con una voz lánguida im- plorar nuestra compasión. De esta suerte la encuentra en el hospital de Paula. No espera escuchar sus gemidos para en- ternecerse, ni las lágrimas que vierten sus ojos impiden que su vista penetrante comprenda todas sus necesidades; mas no le es lícito socorrerlas todas. Su mano benéfica se enerva cau- sándole el tormento de no poder ejecutar cuanto le inspira su corazón. Para verificarlo era preciso alterar la economía de esa casa, aumentar las salas, multiplicar las camas, crear mu- chas plazas, proveerla suficientemente, y sus facultades eran muy limitadas. Necesitaba la anuencia del Illmo. Sr. Diocesano como patro- no de esa obra. Solicítala eficazmente manifestándole los auxi- lios de que carecía la referida hospitalidad, su estrechez, y los medios con que se proponía ampliarla y abastecerla. ¿Y po- dría nuestro Illmo. Prelado, el padre de los pobres, podría negarse á una súplica tan piadosa, tan santa y tan conforme á sus paternales deseos ? El oficio que dirigió S. E. el 30 de Ju- nio del año pasado de 1797, es un testimonio muy sensible de la complacencia que le causó aquella solicitud: en él manifies- ta que recibió el mayor gozo que podía desear su espíritu. Nómbrala su coadjutora; concediéndole toda la plenitud de sus facultades, para que libremente y con independencia absoluta no solo disponga cuanto le dictare su prudencia, sino también asigne las personas que fuesen mas de su agrado y confianza para que administren las rentas destinadas á la fábrica en con- sorcio del Capellán. Autorizada de esta -suerte la Escma. Sra. trató inmediata- mente de mejorarar el establecimiento. Ante todas cosas, hizo (1) El Escmo. Sr. D. Luis de las Casas. f — 123 — arrojar y quemar los muebles y ropas contagiadas cedidas á la enfermería juzgándolas perjudiciales. Sustituyó éstas con un crecido número de sábanas, almohadas, colchones, y cuanto mas era necesario para la comodidad y aseo de cuarenta camas. Reparó las antiguas salas, y les dio mas ventilación; preparó otras distante de estas para las enfermas de contagio: dotó plazas de médico, cirujano, sangrador, boticario, mayordomo, despensero, cocinero, una madre, y tres enfermeras. Formó un reglamento de las raciones que debían darse con cuanto mas pareció conveniente al mejor orden y servicio de un hos- pital. Arreglado todo esto se empezó á observar el nuevo plan el dia dos de Agosto el citado año de 97, celebrándose una so- lemne función en la iglesia de la misma hospitalidad con asis- tencia de los gefes. Para consuelo de las enfermas, y para que velasen sobre sus asistentes, interesó S. E. la notoria piedad de las señoras dis- tinguidas de este pueblo, estableciendo que alternasen por se- manas á presenciar los actos de comida y cena en calidad de enfermeras. Las señoras á porfía admitieron este encargo de- sempeñándole ejemplarmente, y dejando copiosas limosnas en las arquillas de la Casa. Almas ardientes y generosas, repeta- ble porción del sexo devoto, permitidme os exhorte á perfec- cionar lo que habéis empezado. Una asociación de caridad re- glada por las leyes que esta virtud y la prudencia os dictare, autorizada por el Illmo. Sr. Diocesano, y por el muy ilustrado y piadoso Gefe que tanto propende á fomentar vuestros deseos será el medio seguro de satisfacerlos perpetuamente en bene- ficio de la humanidad. De otra suerte el tiempo, que todo lo trastorna, no respetará vuestra beneficencia. También nombró la condesa de Sta. Clara sugetos de acreditada humanidad pa- ra que la ayudasen en la dirección de esta obra, asistiendo diariamente por turno á la fábrica y á las enfermerías. Conociendo la necesidad de aumentarlas amplió otra de sus salas, á quien tituló de S. Rafael, colocando en ellas treinta ca- mas, y quince en la de S. Francisco de Borja destinadas para las éticas, surtiéndolas todas con tanta ropa y muebles como las anteriores; de suerte que no habiend > antes del mes de Agosto de 97 mas que 32 camas de número, y algunas otras — 124 — provisionales, en el propio mes de 98 existían 78 perfectamente habilitadas y servidas. En ellas fuera de las pobres de esta ciudad de cualquier estado y color, se curan asimismo las que enferman en la casa de Beneficencia, y el Sr. Intendente visi- tador instruido del buen orden del Hospital solicitó se admi- tiesen en él las infelices emigradas de la Isla de Santo-Domin- go, y las esclavas del Rey destinadas al Palenque, abonando las correspondientes hospitalidades. Esta insinuación era de- masiado útil á la humanidad, al Estado, y á la misma Casa, para que no accediese muy gustosa la Escma. Sra. Condesa de Sta. Clara. Su caridad no se limitaba á socorrer las mujeres, que hoy viven miserablemente; también se estiende á las que han falle- cido en esa hospitalidad, y á las que pueden en lo sucesivo en- trar en ella. La Religión y la beneficencia de este pueblo le suministran los fondos con que egecutarlo. A las primeras auxilia haciendo celebrar en aquella iglesia el 28 de Noviem- bre de 1779 unas piadosas exequias en sufragio de sus almas; y á las segundas preparando un nuevo asilo donde ampararlas. Ya lo dige y no temeré repetirlo, la beneficencia de loa haba- neros era el fondo con que S. E. contaba para emprender esa obra: la esperiencia le hacia concebir esta confianza. A sus primeras insinuaciones D. José de la Guardia condesciende en proporcionar según se le pidiesen 12.000 pesos que legó su pa- dre con la espresada condición de invertirse solamente en la fábrica de salas altas. Las gruesas limosnas y censos con que otras muchas personas caritativas contribuyeron prontamente, han servido para que no se faltase ni un ápice á la voluntad de aquel piadoso testador. Empréndese pues la fábrica de dos piezas dobles sacadas desde el cimiento, una baja y otra alta de 40 varas de largo y 14 de ancho, capaces de contener 109 camas con el mayor des- ahogo. Sus progresos han sido tan notorios que no debo dete- nerme en referirlos; pero faltaría á la gratitud y á la justicia si omitiera significar la gran parte con que ha contribuido el Escmo. Sr. conde de Sta. Clara. Al propio tiempo que por sí solo fortificaba y decoraba nuestra patria con útiles monumen- tos, quiso también asociarse á su ilustre esposa en la erección — 125 — de éste consagrado á la piedad. Ademas de haberle cedido una porción considerable de los gajes de su empleó, destinó un gran número de presidiarios y encarcelados, que han servido peones, y aun algunos oficiales de albañilería y de otros ofi- cios, á quienes solo se les daba ración eon utilidad del hospi- tal, ventaja del Estado y provecho de los mismos reos. No es menos acreedor al público reconocimiento nuestro Illmo. Pastor. Su celo en fomentar esa casa de refugio y de con- suelo no podia satisfacerse con franquear á la condesa de Sta. Clara todas sus facultades: para que las egerciera prontamente derogando y estableciendo cuanto útil juzgase, puso en manos de S. E. 7.000 pesos que colectó del venerable clero'y de otros vecinos, permitiéndole también emplear en la fábrica 13.627 de censos caídos pertenecientes á la hospitalidad. Con estos fondos y con todos los recursos de la caridad mas ingeniosa y activa consiguió una débil muger, en menos de 18 meses concluir las cuatro salas, y trasladar á ellas las enfermas, presentando á la Habana, á la humanidad, al mundo todo el espectáculo mas grato que ofrecerse puede á los ojos de la Re- ligión y de la naturaleza. ¡ Oh vosotros individuos del sexo ilustrado y vigoroso, que el 12 de Junio de 99 presenciasteis esta escena, confesad para confusión nuestra, para gloría y honor de las mugeres, confesad francamente cuales fueron los afectos de vuestros corazones! Paréceme que atónitos y euagenados de admiración no acertabais á decidir, si os mara- villaba mas el orden, el aseo, la alegría y magnificencia que respiraba aquel lugar; ó la economía la vigilancia, la pruden- cia y caridad de su ilustre fundadora. Decid, si no juzgabais que bastaba solo entrar allí, para que los dolores se mitigasen, las enfermedades desaparecieran, y que la misma muerte no osaría aproximarse donde todo inspiraba salud y vida. Pero la condesa de Sta. Clara, yo os lo aseguro, no aspira á merecer nuestros vanos estériles elogios del Ser Supremo, del Justo Remunerador espera el premio de sus acciones. Y á voso- tras almas sensibles y benéficas, dignas compañeras de sus pia- dosas tareas, á vosotros solo os pide, y eficazmente ruega no abandonéis la obra de vuestras manos: que la reconozcáis per- petuamente: que vuestro corazón tenga en el hospital de Paula — 126 — todas sus delicias: que sea la escuela donde conduzcáis vues- tras hijas á enseñarles prácticamente las virtudes cristianas y sociales, y que la llevéis al colmo de la perfección fomentándo- la y protegiéndola con vuestra presencia, constancia y limosnas. Manifestar los objetos en que ha invertido lasque le confias- teis, y exhortar átodo el pueblo á continuar sus liberalidades, ha sido el fin de este discurso. Lo primero se demuestra por el adjunto estado; lo segundo no me lisongeo de haberlo conse- guido con los rasgos de mi pluma. El cielo no me ha dispen- sado el don de la palabra, ni poseo el arte de enternecer y per- suadir con frases patéticas; sin embargo las obras grandes de piedad y beneficencia no necesitan de los sublimes esfuerzos de la oratoria para hacerse interesantes: ellas mismas se reco- miendan, y de un modo el mas enérgico nos recuerdan las obligaciones de hombre, de ciudadano, y de cristiano. Como hombres debemos compadecernos y socorrer á nuestros seme- jantes: como ciudadanos no podemos dejar de contribuir para aquellos monumentos que decoran la patria, y favorecen á los demás compatriotas; y como cristianos estamos obligados por un precepto divino á amar: y hacer todo el bien posible á los mismos que nos ofenden. Para comprobar lo que se refiere en las páginas 8 y 9 de es- te discurso, me ha parecido conveniente trasladar la Real cé- dula que allí se cita, según está del principio de un testimonio del informe dirigido á S. M. por el limo. Sr. D. Fr. Juan Lazo de la Vega, el 17 de octubre de 1736. EL REY.—Reverendo en Cristo Padre Obispo de la iglesia catedral de la ciudad de Santiago de Cuba, de mi Consejo: Por parte de D. Pedro Lodares Cota, presbítero se ha representado que en virtud de nombramiento de vuestro autecesor D. Fray Gerónimo de Valdés, hecho en 31 de julio de rail setecientos veinte y cinco, y confirmación vuestra se halla sirviendo la ca- pellanía y administración del hospital de S. Francisco de Pau- la de la ciudad de la Habana, fundado para reclusión de mu- geres enfermas; y con el continuo embate de los temporales antigüedad de su iglesia, y descubierto sitio en que se halla padeció su última ruina el año de mil setecientos treinta; como — 127 — también ol hospital que por instantes la amenazasen el todo, sin embargo de que á solicitud suya se habia reedificado la iglesia en la mayor parte, cuya perfección no alcanzaban sus fuerzas, ni la cortedad de limosnas que ministraban los fieles: suplicándome fuese servido despacharle confirmación del es- presado nombramiento de capellán y administrador del referi- do hospital, y aplicar para su fábrica los rezagos de la vacante de ese obispado, que se hallan en mis Reales cajas, mediante el común beneficio que resultaba á aquella ciudad. Y habién- dose visto en mi Consejo de las Indias, con lo espuesto por el Fiscal, y teniéndose presente, que por despacho de diez de ma- yo de mil setecientos treinta, tengo dispuesto se provean las mayordomías de las iglesias parroquiales y demás beneficios conforme á las leyes y reglas del Real patronato, cuyacircuns- cia no limita en el nombramiento del enunciado D. Pedro Lo- dares, por haber sido sin intervención de mi Vice-patrono: ha parecido denegarle su confirmación, encargándoos (como lo hago) que el espresado nombramiento de capellán y adminis- trador del hospital de San Francisco de Paula, se ejecute en conformidad de lo dispue sto por las leyes, y el citado despacho de diez de mayo de mil setecientos treinta; y que en la prime- ra ocasión que se ofreciere, me informéis con justificación, así sobre la fundación del enunciado Hospital y sus circunstan- cias, como en orden á sí es de mi Real patronato, el estado de la ruina que ha padecido, y el coste que puede tener su reedi- ficación: En inteligencia de que por despacho de este dia orde- no lo mismo al gobernador de esa Isla, y oficiales de mi Real Hacienda de ella, por ser así mi voluntad, fecha en Buen Reti- ro á diez y ocho de diciembre de mil setecientos treinta y cin- co.—YO EL REY &c.—Por mandado del Rey nuestro Señor, 1). Juan Ventura de Matturana.—Y al pié de dicha Real cé- dula están tres señales de rúbricas diferentes, y después acor- dado.—Corregido con la dicha Real cédula que original queda en mi poder, para entregar á su Sría. Illma. el Obispo mi Se- ñor: Y en virtud de lo mandado pongo el presente en la Haba- na, en veinte y dos de setiembre de mil setecientos treinta y dos años.—En testimonio de verdad.—Pablo de Quiñouez, no- tario mayor. — 129 — DEL ESO10. SESOR D. LUIS DE LAS CASAS Y ARRAGORRI, FUNDADOR, PRIMER PRESIDENTE Y SOCIO NUMERARIO DE LA SOCIE- DAD ECONÓMICA DE LA HABANA: LEÍDO EN ELLA POR EL 0." O. TOMAS ROMAY, Socio Numerario y Académico corresponsal de la Real Academia de Medicina de Madrid, ADVERTENCIA DEL DIRECTOR. Hace algún tiempo que nos ocupamos en buscar en los ar- chivos de la Real Sociedad Económica aquellos documentos que allí parecen olvidados, y que si alguna vez estuvieron en circulación, han escaseado hasta dejar de existirá poco tiempo. Ya hemos ofrecido á nuestros suscritores algunos de estos úti- les trabajos de variado género, y el que hoy les damos mere- cerá sin duda la general aceptación. Diferentes circunstancias hacen que hoy sea oportuna esta publicación: incluimos entre ellas la reciente inauguración de un puente que se construye por la Real Junta de Fomento con el título de Las Casas en memoria del ilustre gefe que nos ocupa; la relación que se hace en esta Nota Biográfica de los servicios y de las obras importantes con que favoreció á la ilustración y los progresos materiales de este pais; la conducta y el espíritu del estimado Capitán general que hoy nos gobier- na, tan en armonía con los del Sr. Las Casas; en fin un justo tributo á los talentos, á la erudición del autor de esta Biogra- fía, cuyos escritos se leen siempre con agrado y verdadero en- 17 — 130 — tusiasmo, por su pureza y sublimidad del lenguaje; he aquí su- ficientes motivos que nos inducen á consignar en nuestro pe- riódico un bello monumento al verdadero mérito. (*) Quidquit amabimus, quidquid mirati Hu- mus, manet mansurumque est in animis hominum in ceternüaie temporum, etfama rerum. Tacit in vita Agricol. Elogiar á un gefe donde ha ejercido su autoridad protegien- do la virtud y estirpando el vicio, donde se conservan tan re- cientes los rasgos de su clemencia y los de su justicia; elogiar en la Habana, y en medio de este Santuario de la patria á su Escmo. Fundador D. Luis de las Casas y Arragori; elogiarle después que un elocuente orador (1) privándome de la gloria de ser su primer panegirista, apuró las bellezas del aticismo castellano; elogiarle en fin según desea este ilustre cuerpo, y quisiera mi amor y gratitud ejecutarlo, es ciertamente el en- cargo mas honroso que pudiera confiarme, pero tan arduo que juzgo muy difícil el acierto. Sopuerta, aldea de las encartaciones en el Señorío de Vizca- ya, nos será en adelante mas conocida por el nacimiento de de D. Luis de las Casas y Arragorri, (2) que por existir en ella el solar de esta noble familia. En aquellos siglos de barbarie; cuando las densas nieblas de la ignorancia y del orgullo no ha- bían sido arrolladas por la filosofía; cuando se calificaba el mé- rito de los hombres por las proezas de sus ascendientes, y el esplendor de la cuna ¿ qué campo tan espacioso no eucoutra- ríab aquellos oradores genealogistas para exornar el elogio de- Sr. Las Casas con muchos hechos brillantes, pero que en reali- dad no eran suyos? Creyéndolo así, y conservando entre las (*) Memorias de la Real Sociedad Económica, Año de 1849. (1) El Dr. D. José Agustín Caballero queriendo manifestar su gratitud al Escmo. Sr. D. Luis de las Casas, leyó en Junta celebrada el 15 de Enero un elogio que vo- luntariamente le hizo. (2) Nació el 25 de Agosto de 1745. — 131 — tinieblas del sepulcro aquella ilustración y sinceridad que siem- pre admiramos en sus discursos y en sus acciones, la sombra airada del Sr. Casas, me impondría un silencio pavoroso si yo intentase recomendar su merecimiento con unos rasgos tan precarios y postizos. Lejos de mi semejantes recursos: yo los abomino por su im- pertinencia y mezquindad, y porque degradaría con ello á ese hombre en nada inferior el mas esclarecido de su progenitores. El me ofrece cuanto es digno de alabanza en esa época de la vida, cuanto puede hacer aplausible su nacimiento á la patria y á la humanidad. La Providencia le ha concedido un alma grande, generosa, inflamada con la llama celestial del superior talento. Sus ojos se abrieron á la luz del dia en un pais que fielmente sometido al gobierno monárquico, no obstante cierto entusiasmo de libertad menos acreditado en el celo de sus pri- vilegios, exenciones y fueros, que en la observancia de aque- llas costumbres que hicieron tan respetables las primeras re- públicas. Por fin, los padres de D. Luis de las Casas le inspi- ran mas con el ejemplo que con les palabras, aquellos honrados sentimientos con que ha conservado inmarcesibles los laureles que cortaron sus abuelos en defensa de la Religión y del Estado. Y aunque no se hubieran esmerado en rectificar sus natura- les disposiciones recordándole las virtudes domésticas, propor- cionándole una educación culta, ilustrada y viril; cuando sus conveniencias no le preservaran de las sórdidas tentaciones del interés, y su origen y dignidades de aquella elevación que suele causar el paso repentino de la oscuridad á los empleos brillantes; cuando nada de esto hubiera contribuido á dilatar la esfera de sus conocimientos y virtudes, la misma mano que formó el espíritu de Las Casas aumentaría sus luces, perficio- naria también su corazón, y ella sola completaría sn obra. ÜSTi la buena educación, dice Fortenell, forma los grandes caracte- res, ni la mala los destruye: los héroes en todo género salen formados de la mano de la naturaleza, y con unas cualidades indelebles (1). D. Luis de Las Casas manifiesta las que habia recibido des- (1) Eloge du Czar Fierre. 1. — 132 — de que pudo elegir aquella profesión donde la fortaleza y agi- lidad, la pericia y el valor se disputan la preferencia, ó mas bien donde todas reunidas constituyen un soldado perfecto. Dejaría de serlo si permaneciera tranquilo en las ciudades cuando sus compatriotas iban á regar con propia y enemiga sangre los campos de Portugal. Esta nación émula de la Espa- ña por interés y por envidia, sojuzgada á la Inglaterra por de- bilidad y apatía, no teme insultar á una Potencia limítrofe y poderosa, violando los pactos mas solemnes. Su insensatez y felonía fué castigada desde el momento que el ejército español pisó sus fronteras. Miranda se rinde, y el Sr. Casas no es sim- ple espectador de ese triunfo. No temiendo ningún peligro donde buscaba la gloria, se alista entre las tropas ligeras, por ser las primeras que se presentan al enemigo, y porque las co- mandaba al conde de O-Reilly. Apenas se le presenta, descubre en su cliente, como Pauli- no en Agrícola, "una modestia muy admirable entre los jóve- "nes que siguen la milicia. Advierte que solo anhelaba cono- cer aquel pais, ser conocido del ejército por sus acciones, "instruirse de los peritos en el arte de la guerra, é imitar el "ejemplo de los varones mas ilustres. ÍTo apetecer nada por "ostentación y vanagloria, no rehusar ningún peligro por te- "mor; proceder siempre con cautela y vigilancia" (1) ved aquí los motivos que tuvo el conde de O-Reilly para distinguir á don Luis de las Casas con aquella amistad que después estrechó la Religión con los vínculos sagrados de afinidad, manteniéndo- se indisoluble hasta el último instante de la vida. Bajo sus auspicios descubre un nuevo rasgos no menos apre- ciable. Mientras que otros guerreros enardecidos en los com- bates solo intentan dar ó evadir la muerte, y sin que arredrar- los pueda ni el peligro ni la disciplina, suelen quedar sepulta- dos en su mismo triunfo; Casas, tranquilo en medio del fuego y del estruendo de las armas, rodeado de cadáveres y cubierto de sangre, escucha atento la voz del gefe para inflamar ó re- primir su ardor, para retroceder ó invadir: siempre superior á las mas impetuosas pasiones, las contiene y las deprime, se domina á sí mismo y se acredita capaz de dirigir á otros hom- (1) Cornel, Tacit. vita in Agricol. — 133 — bres. Al través del humo y del polvo, su vista perspicaz reco- noce en Villaflor la fuerte posición del enemigo, y obligando no obstante á cinco mil de ellos á rendir las armas, adviértelas ventajas que habia adquirido nuestra táctica adoptando la de Federico II. Restábale ver comprobadas prácticamente sus nociones en aquella parte de la ciencia militar que tanto ilustraron Vauban y Cohorn, dándola después mayor perfección Mauricio conde Saxé. Almeyda, que te gloriabas de frustrar la constancia es- pañola, en tus ruinas encontró resueltos D. Luis de Las Casas algunos problemas de la Polémica. Después de esa conquista España y Francia se reconciliaron con Inglaterra y Portugal en el tratado de Fontainebleau. Las Potencias del Xorte ya habían arrojado con indignación las armas ensangrentadas por espacio de siete años casi sin moti- vo. La Europa asolada desde el Oby hasta las columnas de Hér- cules, descubría el brillante y anhelado iris de la paz: el piísi- mo Carlos rompe nuestras cadenas y nos constituye á su impe- rio: parecía que Octavio reinaba en todo el Orbe, cuando el fatal genio de la guerra acosado de ambos hemisferios se refu- gia en la provincia de Luisiana, y sacudiendo su hacha ester- minadora iba á encender el fuego de la rebelión y anarquía: El conde de O-Reilly vuela á sofocarle, lleva consigo al Sr. Ca- sas, y le confia el empleo de Sargento mayor de la Nueva Or- leans. Estas pruebas de su merecimiento yo las habria omitido si hubiese encontrado su nombre entre otros varios que la hu- manidad, la desolada humanidad inscribió con caracteres de sangre en los ciprés planteados á las riberas del Misisipi. Tranquilizada aquella Colonia vuelve á la Península cum- plidos seis años de ausencia, y sin que pudiera detenerle ni los halagos de sus deudos, ni los hechizos del suelo patrio, solicita inmediatamente pasar á Rusia á servir en los ejércitos del ma- riscal Romanzow, pudiéndosele aplicar por la estension y ve- locidad de su carrera aquel hipérbole de Homero; dio ti*es pasos »/ llegó al termino del mundo. En efecto, atravesar rápidamente la mayor parte de los dife- rentes climas situados entre el trópico de Cáncer y el polo Ár- tico sin esperimentar alguna alteración en la salud: despreciar — 134 — las delicias y las comodidades de la corte de Catalina segunda por los Reales de sus tropas; preferir á los espectáculos de Pe- tersburgo la batalla de Kiab, el paso del Danubio, el ataque de Silistria, y las repetidas incursiones en la Bulgaria hasta obli- gar al ejército del Visir á firmar una paz ignominiosa para él; parece recomendable en un hombre cuya especie por su ancia- nidad, ó por la corrupción de las costumbres, ó por el despre- cio de los ejercicios atléticos ha perdido en nuestro siglo aque- lla fortaleza, robustez y energía que gozaba en los tiempos heroicos. D. Luis de las Casas acredita que la humanidad no se halla tan exhausta que deje de producir algunos cuerpos insensibles á todas las vicisitudes de la atmósfera, y á todos los rigores de una guerra activa. El deseo de instruirse en ella no fué el úni- co objeto de su peregrinación, por Sócrates y Descartes, que sabiendo la filosofia no es incompatible con la milicia y que las marchas y viages ilustran mucho mas que la lectura y me- ditación, el Sr. Casas recorre la Francia, Alemania, Holanda, Flandes, Inglaterra, mirando con un ojo filosófico sus costum- bres y usos, sus opiniones y errores, sus vicios y virtudes, y co- noce cuanto influye en el hombre físico y moral la educación, el clima, la política, las lej^es y la religión. Su alma se eleva y engrandece al entrar en la Rusia; parecíale que la naturaleza se le presentaba con todo el vigor y lozanía de sus primeros lustros. Por todas partes arrebata su admiración aquel héroe cuya sabiduría y munificencia hizo ver ala Europa atónita que los Moscovitas eran hombres. Examina con la mayor proliji- dad sus academias, sociedades, colegios, bibliotecas, escuelas públicas; y si entonces se acreditó de literato por el aprecio que hizo de las bellas humanidades, en el campo de Batalla mereció que el mismo Romanzow, testigo de sus operaciones en tres campañas, recomendase á la emperatriz su talento mi- litar, y ella á nuestra Corte de un modo el mas honroso y es- presivo. No pudo entonces presentar á Carlos III ese documento in- contestable de su conducta. Hallábase en París, adquiriendo aquellos conocimientos políticos con que proporcionó á los pueblos que estuvieron después bajo su mando los mayores be- — 135 — neficios, cuando recibió una carta del conde de O-Reilly y di- eiéndole en pocas palabras mucho mas de lo que ofrecían á otros ojos menos linces que los sujos. Presintiendo que el ho- nor se interesaba en aquel énfasis, academias escuelas milita- res y económicas, sabios, amigos, todo lo abandona; su mismo hermano (1) no pudo detenerle. Toma la posta y desde los Pi- rineos comprende que su regimiento estaba en Cartagena pró- ximo á salir para una espedicion. Impaciente por conducirle á cualquiera que fuese su destino, vuela, llega al punto donde se reunían las tropas, se embarca......Yo quisiera correr un velo sobre esta escena sin ventura ¿ Pero acaso no ocurrirá ni una sola acción capaz de conservar el decoro de España ? ¿La admiración y los aplausos estarán precisamente reservados pa- ra las conquistas y victorias ? No lo sintieron asi los pueblos mas sabios y guerreros. Xe- nofente retirándose con diez mil soldados desde el centro de la Persia hasta Pérgamo, fué sin embargo aplaudido y venerado. Y si Mario derrotado por Syla y entre las ruinas de Cartago pareció mas grande á un célebre orador (2) que el mismo Ma- rio entrando triunfante en el Capitolio; el conde de O-Reilly abandonando las playas de Argel con veinte mil hombres ro- deados por mas de cien mil sin perder una sola bandera, y sal- vando casi toda la artillería y muiciones, me parece menos di- choso, pero no menos intrépido y perito que este mismo conde de O-Reilly militanndo bajo los estandartes de la victoria por los campos de Italia y Portugal. D. Luis de Las Casas contribuyó notablemente á observar el orden en medio de esa catástrofe horrible. Resuelto á sacrifi- car su vida porque no pereciesen sus compatriotas, convierte en un muro de bronce su regimiento de Saboya, y aquellos inflexibles soldados defendiendo hasta con sus cadáveres el propio lugar que ocuparon vivos, rechazan y desordenan la caballería del Rey de Mascara que desbocada corría con impe- tuosidad y fiereza, á cortar la retirada del egército español. Yo cometiera un hipérbole muy desmesurado si pretendiera comparar la firmeza y constancia que manifestó Las Casas en (1) El Escmo. Sr. D. Simón. (2) Mr. Thomas, eloge de'Dugnay Trovia. — 136 — esta ocasión con el heroísmo de Leónidas, cuando resistió en el paso de las Termopilas con trescientos Espartanos al egér- cito innumerable de los Xerxes, mientras que el resto de las falanges griegas se internaba en su país. Bastante le recomien- da haber respetado el egemplo de aquel magnánimo cauudillo haciendo ver, cuanto supera la grandeza de alma á la fuerza del cuerpo, el amor de la gloría, al amor de la vida, el verda- dero corage al furor impetuoso, y una tropa aguerrida y dis- ciplinada á una multitud confusa. El grado de Brigadier fué el premio de esta acción, y fué también otro estímulo que le empeñó á distinguirse mas y mas en el sitio y bloqueo de la plaza de Gibraltar, y en la conquis- ta de la Isla de Menorca: el comandante de la brigada de Sabo- ya entró el primero á su frente en el castillo de S. Felipe. Nue- vos servicios merecían nuevas recompensas. En el mismo año de 81 recibe el Gobierno interino de la ciudad de la Coru- ña, y poco después el empleo de Mariscal de Campo. Su instrucción militar acredita en tres partes del mundo contra enemigos y táticas diferentes le hicieron acreedor al aprecio de los mismos estrangeros. El conde de Estaing, cuyo juicio es muy respetable, pidió á nuestra corte le nombrase General del egército español que debia pasar bajo sus órdenes á estas Islas. Razones de Estado que no me es lícito investi- gar; disolvieron aquella espedicion pronta ya á dar la vela en el puerto de Cádiz; pero D. Luis de Las Casas no quedó sin egercicio. Inmediatamente se le encarga pasase revista de ins- pección á todos los regimientos de infantería que se hallaban en las plazas de Ceuta, Oran, Algeciras; Málaga, Cartagena, Alicante, Valencia, Barcelona y en la Isla de Mallorca. Para desempeñar esta comisión con acierto no se necesita menos pericia, menos práctica, menos rectitud y previsión que para dirigir un egército á la victoria, ó hacer una plaza incon- quistable manteniendo en ella el orden y la disciplina. Así lo comprendió Carlos III, y encontrando reunidas en D. Luis de Las Casas todas estas cualidades, le confía la comandancia ge- neral de Oran en la crítica ocasión de provocar los ingleses á os argelinos á repetir sus irrupciones contra aquel presidio, para que divirtiendo nuestras fuerzas y atención quedase Gi- — 137 — braltar menos oprimido. Las sanguinarias sugestiones del can- ciller Pitt, nombre siempre funesto á la humanidad, fueron ineficaces, y el Gobernador de Oran respetado por su pericia marcial de los enemigos que le rodeaban, se dedica á conci- llarse el amor de sus subditos egercitando aquellas virtudes que le hicieron aun mas célebre en el Senado y en los comi- cios que en el campo de Marte. Muchos juzgan, escribe Cornelio Tácito, que los militares acostumbrados ala severa y áspera jurisdicción castrense, y procediendo casi siempre con ímpetu y violencia, carecen de aquella fina sutileza de ingenio tan necesaria en el foro. Para desvanecer esa injuriosa prevención, refiere las virtudes socia- les que brillaron en Agrícola súbitamente trasladado de un ejér- cito á la perfectura de Aquitania. Yo empero probaré el talen- to político del Gobernador de Oran con un solo hecho, para mí decisivo. Los desmedros de su salud lo obligaron á regresar á España; recuperada aquella vuelve á instalarse en su gobierno ¿pero qué espectáculo se ofrece á mi vista? La entrada que hizo el donde de Montemar en aquella misma plaza el año de 1732 no me parece mas gloriosa. Este conquistador cubierto de pol- vo, empuñando el acero teñido con sangre de sus semejantes hollando las reliquias sagradas de la humanidad, precedido de hombres que abrumados con cadenas exhalaban horrísonos gritos de rabia y desesperación; llega, y sus triunfantes conmi- lotones conduciendo con violencia los gefes de las familias le rinden el mismo homenage que el tímido esclavo de su señor. D. Luis de Las Casas, solo, acompañado únicamente de sus anteriores buenas obras, se presenta en la puerta deTremecen. Apenas le divisa el pueblo, ese juez tan calumniado y muchas veces el mas justo, trasportado de gozo corre hacia él, y se felicita de que sus votos se hubieran aceptado preservándose aquella vida. No hubo persona á quien ni la edad, ni el sexo, ni la condición impidiese concurrir á una 'escena tan plausible. Los vecinos todos llenando las calles y las plazas, y queriendo satisfacer á un mismo tiempo su anhelo por verle y bendecir- le, no le permiten dar un paso; fué preciso que la tropa le abrie- se una estrecha senda para que continuase recibiendo por todas 18 — 138 — partes las mas sinceras demostraciones de amor y de complacen- cia; espresiones que no ha podido arrancar del corazón humano la autoridad mas poderosa. Y ¿cuál espectáculo será mas pre- cioso á los ojos del hombre sensible? Yo me comprometo á vuestra decisión, patriotas benéficos, que esperáis con impaciencia el momento en que mis palabras os esciten la grata ilusión de ver en vuestro suelo á ese protec- tor de la humanidad. Ya le tenéis. Vosotros mismos le con- dugisteis á este propio lugar (1) el 9 de Julio del año de 1790 y poniendo sus mauos sobre esta Ara de la fidelidad me pare- ce que le oigo decir: "Yo juro ¡ Oh Habana! consagrar á tu defensa y prosperidad toda la sangre que corre por mis ve- nas , todos los instantes que exista en tu recinto: será cor- to ese tiempo, y mis recursos muy inferiores á mis deseos, pero si no consiguiere la gloria de hacerte feliz, tendré al me- nos la complacencia de haberte sido útil. Vosotros, Habane- ros, auxiliadme con vuestras luces, con vuestra generosidad y patriotismo á ilustrar y engrandecer la patria." Tales fueron desde entonces los votos del Escmo. Sr. D. Luis de Las Casas, mas antes de emprender la obra que habla concebido, reconoce el terreno donde debia zanjar sus funda- mentos esplorando nuestros corazones, é insinuándose en ellos. Presidiendo en el Santuarrio de la justicia, donde muchos gefes no hacen otra cosa que autorizar con su presencia la mas augusta función de la humanidad, Casas dirigido por la an- torcha luminosa de un talento ilustrado, comprende que el ob- geto de la legislación es precisamente conservar la propiedad, la seguridad, y la libertad individual para que resulte el orden y armonía social. La misma razón le persuade que los hom- bres jamas hubieran renunciado la independencia que go- zaban entre las selvas, si no esperasen que reuniéndose en sociedad se auxiliarían recíprocamente, vivirían tranquilos, disfrutarían de sus bienes y dispondrían de ellos libremente. Las leyes son los garantes mudos de esta confianza, y el Magis- trado dice Marco Tulio, la ley que habla: loquentem legem. Para desempeñar esta obligación la mas sagrada de la auto- (1) La Sociedad celebra sus Juntas en la Sala Consistorial. — 139 — ridad, D. Luis de Las Casas franquea las puertas del templo de Themis á cuantos infelices imploran su protección. Todos le encuentran accesible, y á todos escucha sin aquel fastidio que suele causar la importunidad y difusión de los juicios verbales. Entre los errores y sofismas de los procesos busca el derecho y la verdad: inquiere la razón de la ley, porque ninguna debe ser dictada por el depotismo; suple con la reflexión y equidad las que se escaparan' á la previsión del Legislador; previene muchas veces el juicio de sus asesores; consulta á otros de ma- yor probidad y literatura cuando no le convence el primer dic- tamen; y para facilitar el pronto despacho de todas la causas coloca en su mismo palacio los archivos de los Ministros de la pública fidelidad. Los gemidos de esos desgraciados que esperimentan con an- ticipación los horrores del sepulcro, llegan al tribunal del Go- bernador de la Habana. ¡ Santa humanidad ! yo no te insultaré hasta el estremo de elogiar al Sr. Casas porque descendía con frecuencia á esos inmundos y lóbregos calabozos donde ni la luz del dia puede introducirse! Tampoco realzaré su terneza y* sensibidad, cuando descubriendo un reo que conducían al patíbulo se aparta de aquel lugar, y volviendo los ojos arrasa- dos hacia su sobrino esclamó: ¡Ah qué duro es el oficio de Juez! Semejantes lágrimas pueden proceder de una piedad mo- mentánea que ha solido penetrar las entrañas de los mas crue- les tiranos. Solo es digna de elogio aquella sensibilidad pro- funda y constante de un corazón verdaderamente humano, que sabe apreciar la vida del hombre, y esperimenta el mas vivo dolor cuando no puede remediar sus miserias. Sufríalo D. Luis de las Casas encontrando esa cárcel llena de hombres que miraban la muerte como término de sus desdi- chas. Concedíales cuantos auxilios reclamaba la naturaleza y no desmerece el mas criminal de los reos; cede para alimen- tarlos una parte de sus emolumentos; aplica el producto de una lotería y de algunas multas; les nombra un abogado que es- ponga sus derechos con el título de Defensor de pobres, título mas honroso que cuantos ha inventado la vanidad; y él mismo ¿cuántas veces no intercedió por ellos en esta misma sala? Dí- ganlo si no los varios acuerdos que á su benéfica instancia dic- — 140 — tó el muy ilustre Ayantamiento sobre la manutención y aseo de los encarcelados. El temor de ser comprendidos entre ellos, el respecto á las leyes, la humanidad del Juez, nada es bastante para contener á ciertos hombres que se hacen atroces con la indulgencia y lenidad. Tiempos hubo en que estos medios los mas propios para dirigir á los racionales, se atribuyeron en la Habana á negligencia y pusilanimidad de su gefe. La relajación se au- menta mitigando el rigor de las penas, y las mejores leyes se hacen ineficaces corrompidas las costumbres. Nuestros campos se inundan de foragidos y desertores, y la ciudad de vagos y gentes viciosas, que propagaban el libertinaje en los jóvenes y domésticos, sin que la vigilancia del mas celoso padre de fa- milias alcanzase á precaver su contagio. Lo sublime de la ciencia del Gobierno consiste en aplicar aquella parte del poder que exigen las diferentes circunstan- cias. En el cuerpo político así como en el físico, los grandes males necesitan grandes remedios: inutilizados los lenitivos es preciso ocurrir al hierro; y aunque se mortifiquen y padezcan las partes sanas, deben separarse las gangrenadas para que nó infesten y destruyau el todo. A tan calamitoso estado llegó nuestro pais el año de 94, me lleno de rubor al pronunciarlo: pero la justicia y la verdad exigen este sacrificio. Descendían sobre mí las mas terribles execraciones si ofendo á mi patria con una calumnia tan denigrativa por vindicar la conducta de D. Luis de Las Casas. ¿Qué puede moverme? Yo no debo ni esperar sus beneficios, ni temer su indignación. Y si todavía soy sospechoso, yo interpelo á todos los vecinos honrados, á todos los hombres imparciales y rectos que presenciaron con igual estupor aquel desorden y su eficaz reparación. Se reformaron las costumbres; los hijos y ios esposos descar- riados volvieron al regazo de sus padres y consortes; la paz y la seguridad se restituyeron en nuestras calles y caminos; el egército y la marina recuperaron sus desertores; y aquellos mismos hombres que en esta Isla eran perjudiciales, se hicie- ron útiles en la Nueva Orleans y en la Florida, cuyas débiles guarniciones no podian defenderlas del enemigo que las ame- nazaba, y que llegó á tomar una batería en el rio de S. Juan. — 141 — Con esos auxilios D. Luis de Las Casas que como Capitán ge- neral de aquellas provincias, estaba obligado á socorrerlas, no se vió en la necesidad inevitable de alistar al ciudadano pací- fico, al honrado labrador, á el artesano industrioso para ocur- rir á unas urgencias tan egeciitivas, ni tampoco en la de dis- minuir la tropa veterana de esta plaza harto cercenada con la espedicion á la isla española. Su vecindad, su insurrecion, la ciudad y la campaña llena de emigrados y de otros estrangeros, los prófugos naturales del Cobre, la estraordinaria propagación de aquella raza in- troducida con violencia en estas regiones por otro Casas me- nos humano y político......Vosotros sabéis hasta que grado llegó la timidez y desconfianza de ciertas almas vulgares y pu- silánimes, cuya imaginación ya presentaba á sus ojos despavo- ridos los sangrientos horrores y desolaciones de esa colonia des- venturada. Casas, confiado en su vigilancia, en la firmeza de su alma inaccesible al pánico terror, y muy satisfecho de la fidelidad de este pueblo, desprecia unas sospechas tan injuriosas y livianas. Ese formidable espectro quedó desvanecido, y cincuenta mil almas tranquilizadas con un bando impreso en medio pliego de papel. Jamas celoso Magistrado, (1) jamas ha conseguido un triunfo mas glorioso tu elocuencia, si por ella entendemos el arte sublime de dominar el espíritu escitando ó reprimiendo sus afectos. ¿Y quién presumiría, que después de un prodigio que juz- garíamos fabuloso si no le hubiésemos presenciado, después de unas providencias las mas eficaces y menos gravosas, habría quien se atreviese á censurarla conducta de Casas? No temáis, fieles amigos, que os mortifique repitiendo las torpes espresio- nes con que injuriaron á ese hombre digno del mayor respeto, y al Ministro á quien encargó la honorable y peligrosa comi- sión de asegurar nuestra existencia y propiedades, imputándo- le los abusos que si acaso se cometieron por sus comisionados subalternos son indignos de compararse al grande bien que dis- frutamos. (1) El Sr. Teniente de gobernador D. José de Ilincheta hizo ese bando. — 142 — Pero D. Luis de Las Casas inalterable, sordo á las detrac- ciones y libelos los arrolla con su probidad y constancia llevan- do al cabo su importante empresa. En lugar de valerse de los grandes recursos que podian sugerirle su ingenio y su autori- dad para confundir á los impostores, y evitar la prisión de su Ministro pesquisidor, lo encierra en un castillo estando muy seguro de su integridad por los informes que había tomado de personas fidedignas, y ocurre ala pluma para indemnizarse, contestando á los dicterios con. razones, á las calumnias con dichos auténticos, á la rabia con mansedumbre, repitiendo en fin á sus acusadores las mismas palabras que dirigió el incorrup- tible Epaminondas á los ingratos habitadores de Tebas. (1) ¡ Habana abre tus ojos abcecados ! Cuando mas ofendías á D. Luis de Las Casas, entonces se llamaba el mejor de los pue- blos de las Américas españolas. Confúndete, reconoce la predi- lección que le has merecido, y tus injustas preocupaciones, de- téstalas, y derramarás sobre su sepulcro la mas grata libación que puedes consagrarle. A los votos de todos tus vecinos vir- tuosos que siempre le veneraron, júntense los del resto de tu pueblo, y unánimes tributen á su memoria el homenage que no recibió cuando vivo. Su sombra que unida á sus Lares no se aparta de estos muros, lo apreciará como una graciosa obla- ción teniendo tanto derecho para merecerla después, que un Magistrado muy respetable por su alto carácter, por su rectitud y literatura decidió con la mayor solemnidad, que su Ministro comisionado no abusó de las facultades que la habia conferido, y que estaba inocente de todos los crímenes que le imputaron (2). Quizás me habré escedido; ¿ pero qué menos podia decir para vindicar la justicia, la firmeza y desinterés, esas virtudes que tanto brillaron en D. Luis de las Casas, y siempre le distinguie- ron? ¿Ni como podia dejar muy erguido el padrón injurioso que la ignorancia ó la malicia suplantaron en medio de su go- bierno. ¡Feliz yo, si consigo transmitir ilesa su memoria á las generaciones futuras! (1) Parte tercera de las revoluciones periódicas de la Habana página 29. (2) Estracto legal de la sentencia pronunciada, en virtud de comisión del Conso- jo de Indias, en 5 de Agosto de 1799 por el Sr. D. José Pablo Valiente, Intendente de ejército etc., en la causa seguida contra el Ldo. D. Pablo EsteveR. — 143 — Ellas gozarán también de aquellas obras que emprendió para mejorar nuestra economía urbana y agraria. Tales son, su Au- to de buen gobierno; la reimpresión de nuestras leyes munici- pales, cuyos ejemplares eran ya muy raros; el empedrado de las calles; el paseo público estramuros; la calzada de Guadalu- pe; la abertura del camino de Güines, y la reparación de otros varios; los puentes de San Juan y Yumurí en Matanzas; la pronta construcción del provisional sobre el rio de la Prensa; y los proyectos para realizarse la reedificación del antiguo lla- mado vulgarmente las Puentes grandes (1). No son suyas todas estas obras eon esclusion absoluta de otros sugetos, ni tampoco debimos á él solo todos los progre- sos que hicieron en su Gobierno las ciencias y las artes. ¿ Pero quien podrá negarle aquella perspicacia y tesón con que descu- bría y ejecutaba cuanto nos era favorable? ¿Quién le privará de aquel tino delicado y casi infalible con que eligió, y supo emplear y proteger á los vecinos capaces de renovar la faz de la patria ilustrándola y engrandeciéndola? ¿De qué arbitrios no se valia para estimularlos y sacar cuantas ventajas ofrecían sus bellas disposiciones ? Distinguíalos con su amistad y estimación; tratábalos fami- liarmente deponiendo de su rostro aquella gravedad que le hacia tan respetable en el tribunal, difundiéndose entonces su corazón como si hubiera estado violentamente reprimido. La virtud y el ingenio, no el carácter ni el nacimiento, merecieron únicamente estas señales de su aprecio. Mas en el instante que se le insinuaba algún asunto perteneciente al empleo, se re- vestía de toda su dignidad, imponía respeto su semblante, ya era el Gobernador de la Habaua (no un amigo confidente). Tan inflexible era aun con aquellos ilustrados y generosos ciu- dadanos que siempre le ausiliaron en sus patrióticas y científi- cas empresas. El papel Periódico fué la primera ruta que trazó á nuestro espíritu, dirigiéndolo aunque con pasos lentos al Santuario de las Ciencias. Ya habia conocido que los Habaneros tenían in- o-enio, y deseaban cultivarlo; pero carecían de estímulos, y di- (1) Testimonio del acuerdo celebrado por el muy ilustre Ayuntamiento de esta Ciudad el 16 de Diciembre de 1796, impreso por uno de sus Magistrados. — 144 — rectores: tenían ideas, pero yacían aletargadas según las conci- bió Platón. Necesitaban ejercitarse y herirse por una luz que las reanimara, que indicase los medios de rectificarlas, descu- briera los errores y preocupaciones, divulgase las útiles verda- des, y reuniera los hombres esparcidos con la recíproca comu- nicación de sus pensamientos. Tal fué el objeto que se propuso su Escmo. Fundador. "Conviene publicar, le oí decir, todos los discursos que se remitan, á menos que puedan ofender la mo- ral y la política; los buenos instruirán á los lectores, y los ma- los á su autor, haciéndole conocer por las críticas que merecie- re los errores en que haya incurrido." Y cuando procuraba de este modo que se hablase y escri- biese con pureza y propiedad el idioma patrio, se promoviese el gusto de leer y escribir, reservando á mejor oportunidad otros medios mas eficaces para reformar la educación física y moral del sexo fuerte y robusto; ¿abandonaría á la indigencia y prostitución aquella parte mas débil y frágil de la humani- dad? ¿ Podia mirarla con indiferencia sumergida en las ma- yores calamidades? No era compatible ni con su política, ni con los sentimientos naturales de su alma, ni con la piedad y terneza que infunde la religión bajada de los Cielos, esa divi- na religión, que se gloriaba de profesar sin fanatismo ni hi- pocresía. Cuanto ella, la humanidad y la ciencia económica podian es- poner en su favor, cuantos efectos son capaces de enternecer el corazón mas compasivo, tantos esperimentaban el suyo en el momento dichoso que tres patriotas, (1) tan distinguidos por su beneficencia, como por otras nobles calidades, le pre- sentan una suscricion de treinta y seis mil pesos, hecha por otros varios piadosos ciudadanos con el objeto de un hospi- cio. Por mas fecunda que fuera mi lengua, nunca me lison- gearía de haber espresado con propiedad la deliciosa sorpresa que le causó aquella misión. Hay ciertas emociones inefables al pincel de la Oratoria, y yo desfiguraría la que entonces sin- tió D. Luis de Las Casas, si emprendiese pintar lo que única- mente pueden concebir las almas privilegiadas. Básteme in- (1) Los Sres. Marqueses de Casa-Peñalver y Cárdenas de Montehermoso, conde- sa de San Juan de Jaruco. I > ¿I - 145 - .'V sinuar que ni la escasez del fondo, ni los grandes obstáculos que presentaba el proyecto le hicieron vacilar. El talento des- Y cubre arbitrios inmensos, donde los hombres vulgares juzgan agotados todos los recursos. A los seis dias convoca una junta de hacendados, comer- ciantes y demás vecinos pudientes: propóneles la idea con aque- y lia elocuencia nerviosa, que nace mas bien del vigor de los senti- mientos que de las luces del espíritu. ¡Qué éxito tan fausto para el orador! Las riquezas de los ciudadanos se prodigan á su voz en beneficio de la humanidad y el interés personal ce- de al bien de la patria. Ciento nueve mil quinientos pesos se f colectaron en aquella sección, (1) y aun le fué mas agradable ♦ * descubrir en ella á un hombre que ^le pareció animado por su U propio espíritu, según se le asemejaba en los pensamientos, en los deseos y hasta en el nombre. ¿ Con qué resta premiar el [ * merecimiento que entonces contrajiste, dignísimo pastor de Guatemala? (2) Trasladándote á este rebaño para que colo- ques la imagen de la piedad sobre la cúpula del grandioso tem- plo, cuya base pusiste en consorcio de Casas compitiéndole en ^ generosidad, celo y constancia. Pero nadie le ha disputado el feliz pensamiento de estable- I eer una casa provisional donde se recogieran y educaran algu- nas niñas huérfanas. A él solo le ocurrió formar este plantel de tiernas vírgenes, porque su beneficeneia era demasiado im- ' / / paciente para esperar que el edificio fuese capaz de recibirlas. "f* Quiso anticipadamente ejercitar con esas desventuradas cria- turas, todas las funciones de un padre el mas religioso y vigi- lante. Asígnales cien pesos mensuales de sus emolumentos y no les rehusa ninguna de aquellas caricias (pie pudiera con- cederles el autor de sus dias. Y ¿Mas quién es el que descuella euseñoreáudose entre todos esos monumentos? D. Luis de Las Casas viene á la cabeza. numeroso respetable concurso de ciudadanos le acompañan. Las ciencias y las artes, el comercio la industria y agricultura le rinden sus trofeos: la casa deEducandas y la casa de Bene- (1) Actas de la Sociedad del año 1793 página 16. (2) El limo. Sr. D. Luis de Peñalver y Cárdenas. 19 '■ ^ r — 146 — fieencia se ponen bajo sus auspicios, el Papel Periódico le de- be sus progresos; todo lo absorviste y agitaste, ilustre Sociedad Económica. Tu fuiste el punto de intercesión donde se toca- ron cuantas líneas habia tirado D. Luis de Las Casas sobre el cuadro de este suelo, para trazar el grupo hermoso de su pros- peridad. Colocado en su centro, comu el Sol en medio del uni- verso, mueve, ilustra y anima las anteriores obras que habia creado y promovido. Desde aquí el elogio de D. Luis de Las Casas será la histo- ria de este cuerpo, que en su primera junta le aclamó socio ho- norario, protector y primer presidente. Nuestra gratitud ná- dale reservó, ni él pudo hacer entonces mas de lo que hizo pa- ra establecerlo y organizarlo. En adelante su presencia, sus facultades y sus luces le franqueaban con profusión cuanto po- dia contribuir á su fomento. Por espacio de tres años solo de- jó de presidirlo seis ocasiones, manifestando la complacencia con que lo egecutaba prolongando sus sesiones y jamas inter- rumpiéndolas; todos sus acuerdos ó fueron inspirados por él, ó tuvo una influencia señalada en sus discusiones, ocupándo- se constantemente en inquirir y prever lo que á nosotros se ocultaba. La prueba de esta aserción es el libro de nuestras actas: aquí le tenéis, registradlo. Haced reminiscencia de todo lo de- mas que observasteis, y no pudo haberse escrito, porque no hay palabras con que espresar vivamente los afectos. Renovad en vuestros corazones los que esperimentaba cuando le veia, inculcar con el mayor interés los ramos mas proficuos de la agricultura de este suelo, para introducir en él aquellos artífi- ces capaces de perfeccionar sus producciones, arrollando los antiguos errores, y estableciendo nuevas máquinas rurales. Las que entonces teníamos para estraer el jugo de la caña no eran menos imperfectas que el método generalmente adop- tado en la cristalización de sus sales. Un ilustrado patriota (1) cuya pérdida nunca dejará de sentir este Cuerpo, le mani- festó la necesidad que teníamos de un maestro de química que enseñase á nuestros jóvenes la elaboración del azúcar, sacando (1) El Sr. D. Nicolás Calvo. _. 147 ~ de la caña todas las utilidades que nos brinda, y consiguiendo ellos un oficio noble, científico y menesteroso que en breve tiempo remediara su pobreza. Muchas y muy grandes ventajas ofrecía esta moción para que D. Luis de las Casas no la celebrase y esforzase. Repeti- das veces instó con la mayor eficacia por la adquisición de ese profesor. Se encarga de recomendar al marques de Iranda lo solicite en Madrid, y en toda la península, y dificultándose en- contrarle en ella, escribe á su hermano el Escmo. Sr. D. Si- món, Embajador entonces en la corte de Londres, para que lo procurase en aquel reino. No eran menos activas las providencias que tomaba á fin de realizar las escuelas gratuitas de primeras letras. Nos recuer- da y presenta en varias sesiones el artículo de nuestros Estatu- tos, y la Real Cédula en que S. M. nos encarga su observan- cia. Autorizado por ella pide al muy ilustre Ayuntamiento y al Illmo. Sr. Diocesano sufragasen para una obra tan necesa- ria y loable, llevando sus oficios hasta el punto en que vió es- puesta á comprometerse su dignidad. No fué esta la única ocasión en que sostuvo con igual fir- meza los acuerdos y el decoro de este Cuerpo. Citaría otro ejemplar, si no me fuera demasiado lisongero. ¿Pero callaré aquel pensamiento sublime que tanto recomienda su respeto á la virtud? Lo acreditó honoríficamente estimulando también nuestros ingenios, cuando ofreció premiar con una medalla de oro el discurso en que se demostrase, quienes habían sido en- tre los difuntos los cuatro varones mas dignos por sus buenas obras de la gratitud de esta ciudad y de toda la Isla, para de- corar con sus estatuas el paseo público de estramuro*. Pensa- miento sublime, vuelvo á decirlo: con él intentaba remune- rar la beneficencia de nuestros mayores escitáudonos á imi- tarlas: convertir ese teatro de lujo y de vanidad, en una es- cuela de virtudes sociales: conciliar lo útil con lo agradable, para que á un mismo tiempo se deleitasen nuestros sentidos, y se inflamara en los corazones el amor de la patria y de la humanidad. No admiréis hubiese prevenido, que esas estatuas solo ha- bían de erigirse á los bienhechores que ya no existían para evi" — 148 — tar se presumiese que él aspiraba á obtener algunos sufragios. Otro testimonio de su modestia nos dio todavía menos equí- voco: testimonio que mereció aplaudirse por la virtuosa^Es- parta en su rey Agesislao. Traed ala memoria aquella Junta en que abrumados eon la recordación de sus grandes benefi- cios, y escogitando algún medio para exonerar nuestro agrade- cimiento, se propuso colocar su imagen en la alameda intra- muros. Apenas percibe la moción, sorprendido, y aparecien- do el rojo del pudor en sus mejillas, la interrumpe, suplica y ruega no se continúe, ni se acuerde. "El bien que resulte á la patria por nuestros servicios, nos dice, es la única recompen- sa á que debe aspirar un ciudadano: en ellos, y no en vanos monumentos, se'conserva su memoria." Grata y perpetua será la suya en este Cuerpo, testigo desús acciones y deseos, y en quien depositó cuanto había concebi- do para nuestra ilustración y felicidad. Nos confia la redac- ción del papel Periódico, no por eximirse de aquel trabajo, si- no porque esperaba se desempeñaría con mas utilidad, entre- gándonos mil pesos que habia producido. Este fondo acumu- lado por los que deseando instruirse leian aquel papel, le pa- reció que debia invertirse en un objeto que satisfaciera ese an- helo, facilitando la pública instrucción. Destínase, pues, para aumentar la biblioteca patriótica á quien habia cedido genero- samente varios volúmenes; pide ^un reglamento para su me- jor orden y gobierno; propone y consigue se coloquen eu ella un telescopio, la máquina eléctrica, y otros instrumentos; y ma- nifiesta cuanto se propagarían los conocimientos franqueando la lectura de sus libros á ciertas personas, que sin embargo de no ser Socios, concurrirían á ella con decencia y decoro. Infructuosos serían estos auxilios, estraviada la razón con los vanos delirios del Perípato. Su filosofia prevalece en nues- tras aulas, venerando alEstagirita como único intérprete de la naturaleza. Galeno es todavía el corifeo de aquella ciencia, cuyo sistema ha sido trastornado muchas veces en el último siglo por los descubrimientos de la química, de la botánica y anatomía. Casi se ignora cuanto contribuyen estas facultades para egercer la medicina con acierto, y cuanto es preferible la clínica á las teóricas hipótesis. Justiniano tiene mas proséli- W — 149 - -v tos que Alfonso décimo; y Euclides carece hasta de quien dic- te sus elementos. Para disipar las tinieblas en que las ciencias abstractas abis- t man nuestros ingenios, frustrando la mejor época de la vida li- teraria, D. Luis de Las Casas dirige respetuosamente á S. M. una representación de este Cuerpo, esponiéndole la necesidad * de reformar el plan de nuestros estudios. Suplícale permita establecer una cátedra de matemáticas en el colegio seminario cuyas rentas superabundantes sufragan para dotarla, según él 4 mismo habia reconocido: y nos presenta un profesor de botá- nica correspondiente de Real Jardín de Madrid, (1) como el mas apto para establecer otro en esta ciudad, y descubrirnos las costumbres (ic los ve^'t.iK's indígenos, concedidos con tan- ta profusión que de ningún exótico necesitarnos. La planta á cuya sombra viven casi todo-, los habitadores de 4 esta Isla, y estiende sobre nuestro comercie el ramo mas fron- 4 doso, no fué la única (pie mereció la atención de D. Luis de Las Casas. Cuanto podia interesar á nuestra industria v aímcultu- * . , . .o ra tanto promovió sin desdeñarse de intervenir en ciertas peque- neces que omito por no hacerme mas difuso, aun siendo muv dignas de referirse en una Sociedad Económica, donde es mas apreciable el pacífico ciudadano que proporciona un instru- mento ó alguna planta útil, que el conquistador de un reino. Esos oscuros ensayos y lucubraciones en que D. Luis de Las Casas reprimía los conatos de su ingenio elevado, ni le envile- cieron, ni fe acostumbraron á pensar con mezquiudad desaten- diendo otras brillantes atenciones. Semejante á él Alma uni- versal de los Estoicos, se hallaba todo en todas partes. Aque- 11 lias manos que cultivaron el árbol déla cera, y ejercieron otras operaciones mecánicas, también dirigían tres vastas provincias, v levantaban tres muros sagrados de la casa de Beneficencia. Pusiéronla, en fin, con una rapidez admirable, en estado de albergar la porción mas desvalida del objeto santo á que fué destinada. El S de Diciembre del año 1TÜ4 D. Luis de Las Casas ofreció á la Habana un espectáculo que jamás habia vis- * to, y que la misma Roma acostumbrada á otros muchos admi- ¡ (l») El amigo D. Pedro Locompter. — 150 - ró solamente, cuando el religioso Numa adornado con toda la magnificencia de sumo sacerdote y de rey, condujo en triunfo las vírgenes Vestales para colocarlas en el suntuoso templo que les habia erigido. Con menos pompa, pero con mayores y mas puros afectos, D. Luis de Las Casas acompañado de noso- tros y de un pueblo innumerable, que esplicaba eon sinceras bendiciones su estupor, su gozo y su terneza, traslada treinta y una niñas huérfanas de la casa donde interinamente se edu- caban, á ese Alcázar de piedad, á ese monumento el mas glo- rioso de nuestra religión y munificencia. Los victores que prorrumpieron los espectadores de aque- lla escena, resonaron en esta sala: la oratoria y la poesía qui- sieron inmortalizarla con sus gracias y bellezas; y yo ínfimo miembro de este cuerpo ilustre, yo también arrebatado por la fuerza irresistible con que la virtud exige nuestros homena- ges, interrumpí el curso de vuestras tareas, en aquella noche esclarecida que jamás se borrará de mi memoria; y si no me- recí la reputación de orador, satisfice al menos los deberes de ciudadano. Y cuando entonces os felicitaba por el hecho mas plausible que se registra en los fastos sociales; cuando os incitaba á subir á la inmortalidad siguiendo las huellas del gran- de Patriota á quien no cesábamos de admirar y bendecir. ¿ Quién hubiera dicho entonces, de aquí á seis años, esta voz que es ahora el intérprete de nuestro júbilo, también lo será de nuestra mayor pena y amargura? Esta voz que ahora nos anuncia dichas y prosperidades bajo la presidencia de D. Luis de Las Casas, en la noche mas luctuosa para estas Sociedades le anunciara esta misma, que ya solo le queda la triste memo- ria de sus beneficios? ¡Ah, que ministro tan diferente, y que lejos estaba yo de preveerlo! Pero no interrumpamos con tan funestos presagios el placer que nos causa la narración de sus obras. Todavía nos restan algunos momentos en que D. Luis de Las Casas sea el alma, el espíritu vivificante de este cuerpo: todavía sus manos con- servan tanto vigor para recoger las pobres mendigas en ese refugio de la inocencia y miseria, y para establecer en la Ha- bana otro manantial fecundo de abundancia y de riquezas. — 151 — Tuya fué la idea, ilustre joven, tuya sea la gloria. (1) Lejos de tu patria, pero íntimamente unido á ella por el celo de su prosperidad, conociste que solo podia obtenerla reuniendo en el Real Consulado, y en su junta de agricultura y comerciólos dos mas robustos brazos de esta Isla, para que reciprocamente se auxilien cooperando á su mayor auge y opulencia. Este proyecto tan bien combinado y deducido de datos in- contestables, quizás se hubieran desgraciado á no encontrar el gobierno del Escmo. Sr. Luis de Las Casas la mejor y la mas oportuna ocasión de establecerse. Desde el 20 de Mayo de 1795 en que comenzó sus tareas la Junta Consular, hasta que entre- gó el mando de esta plaza el 6 de Diciembre del siguiente año, solo ausente ó enfermo dejó de presidirlas. Seria interminable si pretendiera dar una exacta idea de todos los asuntos que en ellas se trataron, y de la energía con que los agitaba su activo gefe. El mismo cuerpo ha presentado una relación circustan- ciada de uno y otro, acordando al mismo tiempo "se impida al Soberano con todo encarecimiento, son sus palabras, que en caso de realizarse el Instituto literario, que en nuestra compa- ñía promueve la Real Sociedad por instigación, é influjo de aquel digno presidente, se llame el Instituto de Casas, recor- dando de este modo á todos nuestros descendientes el nombre de su bienhechor, del que tanto se afanó por propagar las lu- ces, y mejorar en la Habana la educación literaria." (2). Sin duda fué esta la única sesión á que dejó de concurrir en calidad do espectador, no desdeñándose de tomar el ínfimo asiento, cuando poco antes habia ocupado dignamente el mas distinguido. Igual ejemplo de moderación y celo por el bien público también recibimos nosotros, asistiendo á estas juntas sociales sin admitir ninguna distinción, y aceptando con el mayor agrado diferentes comisiones, unas que debia evacuar- las en esta ciudad, y otras cuando estuviese en la Corte. Parte á ella escoltado por las afectuosas preces de los veci- nos virtuosos, que sintieron su ausencia con una pública cala- midad. Consolaos: ni ella, ni el tiempo podrán arrancaros del (1) El Sr. D. Francisco de Arango. (2) Acuerdo de la Junta de Gobierno del Real Consulado celebrada en 21 de Di- ciembre de 1796. — 152 — corazón de D. Luis de Las Casas. Apenas llegó á Madrid, soli- cita el espediente que habia dirigido, suplicando al mas benig- no de los revés confirmase los arbitrios propuestos para subsistir la casa de Beneficencia, y el reglamento económico que debía observarse en ella. Recoge los fondos remitidos por esta Socie- dad para espensar al profesor de química: elige al que juzgó mas idóneo, y le ofrece cuanto fué necesario para conseguir lo que tanto anhelaba. Xo admitiréis se interesase eficazmen- te por sus obras predilectas, aquellas que le merecieron los mayores afanes, cuando todos los habaneros, así escribía el Escmo. Sr. D. Gonzalo de O-Farrill, todos los habaneros te- nían en D. Luis de Las Casas, el mas eficaz agente de sus pre- tensiones. Entre tanto el Monarca Máximo á quien habia servido fiel- mente, derramando sobre este pueblo todas las prosperida- des que manaban de las gracias concedidas por su instancia, este Príncipe justo, remunerador del mérito, lejos de recibirle con la envidia y desconfianza que Domieiano al virtuoso agrí- cola, cuando regresó de la Gran Bretaña, le ofrece la Capita- nía general del reino de Valencia. No permitiéndole las vicisitudes de su salud separarse de Madrid, hace dimisión de aquel brillante y fructuoso empleo, protestando á S. M. que aceptaría el mas oscuro y estéril, como no fuese incompatible con sus achaques. El Rey tan compla- cido de su moderación, como de los deseos de servirle que aun le manifestaba, le nombra Ministro de la Junta Suprema de Caballería. Con este encargo permaneció en la Corte, no siendo menos útil al Estado que á sus amigos, hasta que circunstancias muy arduas y urgentes le hicieron aclamar Gobernador de Cádiz con honores de Capitán general de provincia. Patriota mag- nánimo no rehusa esponer su vida, para salvar el decoro y tranquilidad de la nación. Reconoce aquella importante plaza donde fué colocado sin merecerle á su corazón ni un deseo, y la encuentra capaz de intimidar al quemas la hubiera pretendido: arruinado su comer- cio; exhausta de municiones, de víveres, consternados sus fie- les habitadores, y las gentes perversas, oprobio de todos los — 153 — países, alentadas con la presencia de una respetable escuadra enemiga que bloqueaba aquel puerto. Abdicar su mando en situación tan aterrante se hubiera atri- buido á pusilanimidad. Impone, pues, sobre sus débiles hom- bros un peso exorbitante, y procura restituir á Cádiz su anti- guo esplendor y fortaleza, empleando cuanto le sugiera el ar- dor de la fidelidad y la sangre fria de la prudencia. Precave la mas despechada invasión: honra y protege á los hombres de bien; reprime á los que se indicaron sospechos y castiga los delincuentes, sin exasperar con atroces ruidosos suplicios la vacilante lealtad de algunos genios ultramontanos. No es posible dejara de ser muy aplaudida una conducta tan conforme á la razón y á la equidad, y cuya observancia costó á D. Luis de Las Casas esfuerzos y conflictos que postra- ron su lánguida salud, abatiendo aquella grande alma. En va- no el arte mas necesario á la existencia del hombre apura to- dos sus recursos: en vano el Rey interesado eu conservar ese fiel infatigable Ministro, le concede ultróneo trasladarse donde mas prontamente pudiera restablecerse, confiando el Gobierno de aquella plaza al gefe que juzgase digno de sustituirle: honro- sa pero ineficaz retribución. Retírase al Puerto de Sta. María, buscando en la soledad, en el testimonio de su conciencia, en el seno piadoso de la re- ligión los consuelos que ya no encontraba entre los jhombres. Con la frecuencia de los Sacramentos, con la meditación del Ser Supremo, y de sus infalibles bondadosas promesas confor- ta su espíritu, y según iba desprendiéndose de esta sustancia terrena y vil que lo deprime, esperimentaba la inalterable tran- quilidad; el vigor, la confianza y los demás rasgos sublimes que inspira la paz interior del hombre de bien. Este senti- miento que fue, digámoslo así, el alma del carácter de D. Luis de las Casas, y que presidió en todas las acciones de su vida, también le acompañó y sostuvo en el lecho del dolor, hasta mo- rir con la dignidad de un filósofo y con la resignación de un cristiano (1) La ciudad de Cádiz no escuchó con las mismas disposicio- (1) El dia 19 de Julio de 1600. 20 — 154 — nes esa infausta noticia. Desvanecidas cuantas lisongeras espe- ranzas habia concebido recibiendo en ocho meses grandes be- neficios, se abandona á los escesos del dolor: el ínfimo pueblo esplica sus sentimientos con demostraciones que carecen de egemplar; y el muy ilustre Ayuntamiento no menos penetrado de amargura y de gratitud, pide y clama se le restituya el ca- dáver de aquel hombre que con tanto derecho le pertenecía, para inhumarlo dentro de su recinto, y hacerle los fúnebres honores, ya que el Cielo no le habia concedido tributarle gra- cias cuando regresase vivo. La voz tremenda exhalada en la ciudad del Puerto de Sta. María atraviesa los mares, y su eco horrísono hiere los muros de la Habana. ¡ Ya no existe nuestro fundador! repiten las obras de su beneficencia y patriotismo! Falleció nuestro me- jor amigo! prorrumpen los que merecieron ese precioso título. ¡Murió el mas tierno de los padres! esclaman las niñas edu- candas. Sí, nuestro amparo, sí, nuestro bien hechor, el que sos- tenía estas ruinas de la humanidad; sí, el piadoso D. Luis de Las Casas ha perecido, ¡ adorable Providencia! ¿Para qué di- latas nuestra inútil vida? Así clamaban con desfallecido ron- co acento las pobres del Hospicio. Los oradores sagrados no temieron profanar la Cátedra de la verdad lamentando su muerte y aplaudiendo sus acciones. Pero suspended un instante vuestra justa consternación y ad- vertid que D. Luis de Las Casas no yace todo entero en el sepul- cro. Vive en nuestras almas, donde permanecerá indeleble su memoria: vive en este Cuerpo inflamado con el amor sagrado de la patria, que le inspiró su constante presencia, su ingenio ilustrado, su ardiente celo: vive en este asilo de la indigencia y norfandad, residiendo especialmente en aquel monumento glorioso que le consagramos como el mas grato á su benigno corazón (1) por haber establecido en esta ciudad un papel (1) Esta Real Sociedad Económica en Junta general celebrada el 9 de Diciembre de 1796, penetrada del reconocimiento que debe al Escmo. Sr. D. Luis de las Casas» declaró: que su nombre merece conservarse en la memoria de la posteridad; y que- riendo dedicarle un monumento mas durable y augusto que guantes ha inventado la vanidad de los hombres, acordó que se fabrique en la Casa de Beneficencia una sa- la destinada a la educación de niños, bajo las mismas reglas de las educandas gra l — 155 — Periódico, una Sociedad Económica, una Biblioteca pública, la Junta de agricultura y comercio, el tribunal del Consulado y una casa de Beneficencia. Viven finalmente sus virtudes en su dignísimo sucesor (1) y desde aquella mansión augusta au- torizado por la fiel amistad que se profesaron, por su carácter por sus años, y sobre todo por la independencia y energía que infunde el sepulcro, le dice incesantemente: "O tu, de quien pende la suerte de esta grande Isla concede á sus habitadores lo que esperan con los brazos tendidos hacia tu persona, y note es lícito negarles: justicia, orden, prosperi- dad. Yo hice cuanto pude por satisfacer su anhelo, y el solem- ne voto que tu también pronunciastesá la faz del Cielo y de los hombres. Consolábame de haber cumplido todos mis deberes; mas rasgado el velo que oculta á nuestros ojos la verdad y el bien, he conocido que su idea fué muchas veces aparente. Des- confia, pues, de tus luces y deseos, y por mas rectos que los concibas no presumas que algunos de los mortales puede ser in- falible en sus consejos. Dia vendrá en que la severa posteridad de cuyo juicio no están exentas ni las testas coronadas, exami- nando tus obras decidirá para siempre si eres merecedor de olvido ó de aplauso. Ese mismo Cuerpo que ahora presides, será el órgano de su fallo irrevocable. Tu noble alma libre de viles pasiones pued^ hacerte digno de obtenerlo favora- ble. Sigue su benéfico impulso: conluyé y perfecciona lo que yo empecé con tanto afán; y no dudes que este puebío recono- cido, pero sin bajeza, á quien debo los mas sensibles testimo- nios de amor por haberle trazado el plan de su felicidad, si tu le dispensas cuanto aun le falta para conseguirla, bendecirá perpetuamente tu memoria," Tibí providendum est, ne d bonis desidiretur. Tacit. bandose en el centro de ella una inscripción que esprese fue construida y dedicada á la memoria del Escmo. Sr. D. Luis de Las Casas por los muchos beneficios que ha hecho á esto ciudad, y particularmente porque en ella estableció un Papel Periódi- co, una Sociedad Económica, una Biblioteca pública, y una Casa de Beneficencia. (1) El Sr. Marqués de Someruelos, presidente de la Sociedad Económica y de la Real Audiencia de eítu Isla, Capitau general de ella, y Gobernador de la Habana. — 156 — Copiamos del periódico en que se dio cuenta de la introducción de la vacuna en esta Ciudad: \i VABUMA. Cuando una epidemia de viruelas habia empezado á arran- car del regazo de los padres á sus tiernos hijos; cuando mas aterrados preveíamos que en la próxima estación serian gené- reles y funestos sus estragos; y cuando en este conflicto mirá- bamos muy distantes de nuestras costas la espedicion que por orden de S. M. debe traernos la vacuna, se presenta en fin en nuestro suelo ese preservativo tan anhelado y tantas veces en- sayado ineficazmente por nosotros. El dia 10 del presente mes llegó á esta ciudad la Sra. Doña María Bustamante, procedente de la Aguadilla de Puerto-Ri- co, de donde salió el 2 del corriente. A las doce del dia ante- rior á su partida hizo vacunar á su único hijo de edad de diez años, y á dos mulaticas sus criadas, la una de ocho y la otra de seis años. Entre el cuarto y quinto dia de la vacunación empezó á formarse á cada uno de ellos un solo grano vaccino sin haber esperimentado la menor incomodidad; y cuando en- traron en este puerto estaban todos en su perfecta supuración. Io-noraba esta Sra. el bien que nos habia conducido; igno- raba nuestros votos por conseguirle, y le era también descono- cida nuestra actual consternación. Una madre, ¿y qué titulo puedo darle mas precioso ? una madre que ama tiernamente á sus dos únicos pequeños" hijos fué á visitarla como paisana al anochecer del siguiente dia, muy distante de encontrar lo que tanto habia deseado. Apenas lo descubre toma el niño vacunado y corre alborozada hacia mi casa; no me encuentra en aquella noche, me deja anunciado el — 157 — objeto de su solicitud, lo manifiesta y ofrece volver el dia sub- secuente. Yo no puedo expresar los efectos que sentí cuando supe que que habia tenido dentro de mi propia casa y en la ocasión mas oportuna lo que inútilmente habia hecho venir de Europa y de las colonias anglo-americanas. Imprecaba el inocente motivo que me habia privado de tan inestimable adquisición; y mi es- píritu agitado entre el temor y el júbilo no descansó un instan- te en aquella larguísima noche. Me lisonjeaba de conseguir lava- cuna dentro de pocas horas pero temia que estas mismas horas fueran bastantes para enervar su virtud y frustrar mis esperan- zas: temia también que mis hijos podian ser contagiados en aquella misma noche por la viruela natural teniendo en casa dos criados con ellas. Estas tristes ideas privándome del sueño me obligaron á dejar la cama, y para disiparlas me pwse á re- pasar lo mejor que habia leído sobre los caracteres de la vacu- na, y el modo de introducirla en el cuerpo humano. Previne después las agujas preferidas para esta operación por la Junta Médica de París; desperté á mis mas pequeños hijos, y con la mayor impaciencia esperaba á quien podía redimirlos de lae viruelas. Llegó en fin á las siete de la mañana la Sra. Doña Antonia García, natural de Santo Domingo, llevando el mas pequeño de bus hijos, y á la mayor de las mulaticas vacunadas, cuyo grano tenia una figura que jamas habia observado en otro al- guno, pero correspondía exactísimamente con la descripción que hacen los vacunadores, y con el diseño que presentan. No me quedó la menor duda de ser la verdadera vacuna; y estan- do en tiempo oportuno de tomar su pus, vacuné inmediatamen- te en ambos brazos al niño de dicha Sra., y á mis tres mayo- res. Poco después vino el niño que habia sido vacunado en la Aguadilla; y advirtieudo que su grano tenia los caracteres aun mas sensibles, y que el pus era mas líquido y transparente, va- cuné á mis dos hijos pequeños, y dos negritos del Dr. D. Ra- fael González. A las once de aquel dia ejecuté lo mismo con una niña y tres criados de la Sra. García, y con las dos niñas mas pequeñas del Sr. D. Pedro Montalvo. Por la tarde se vacu- naron con el pus de la mulatica menor, cuyo grano no estaba — 158 — bien figurado por habérselo rascado, una niña del Sr. D. Juan Zayas, un criado del Sr. Provisor, y tres del Sr. D. Juan To- más de Jáuregui. El dia 14 los granos del niño y déla mulatica menor estaban enteramente secos, el de la otra mulatica conservaba algún pus pero tan espeso, que juzgué podría producir la falsa vacuna y algunos síntomas inflamatorios. Por esta razón me abstuve de vacunar con el, y si lo hice con dos de mis criados con unos hilos que mojé en el pus del niño el domingo por la mañana; los demás hilos los di al Dr. D. Bernardo Cozar, primer profe- sor de la Armada, para que los aplicase por su mano. En este presente dia he visto en ocho de los vacunados ini- ciado el grano, }r algunas otras señales que me hacen concebir las mas lisonjeras esperanzas. Cualquiera que sea el efecto de estos ensayos, lo publicaré en el siguiente periódico. • Resulta, pues, de esta fiel y exacta relación que han sido 42 las personas vacunadas por mí con el pus de tres granos. Entre ellas las hay de todas edades, sexos y condiciones; desde el mas pequeño de mis hijos, que solo tenia veinte y nueve dias de na- cido, hasta varios hombres y mugeres que pasaban de cuarenta. De las personas vacunadas el dia 12 por la mañana con el pus del niño y de la mulatica mayor, han temdo la verdadera vacuna, el niño de la Sra. Doña Antonia García, la niña ma- yor del Sr. D. Pedro Montalvo, mis cuatro hijos varones, y una negrita del Dr. D. Rafael González. No concibo la causa que impidió la erupción en mi niña 3^ en los otros, habiendo sido uno mismo el pus, y la8 incisiones en igual número. No me tiene tan perplejo el motivo por que no se verificó la vacuna en ninguno de los cinco á quienes se le aplicó la tarde de aquel dia el pus de la mulatica mas pequeña, "en el perió- dico anterior dije: "que su grano no estaba bien figurado por habérselo rascado." Sin duda el contacto del aire alteró el pus, y enervó su virtud. Entre los vacunados el dia 13 lograron la pústula vaccina el niño mas pequeño de la Sra. Doña María Luisa Echavarría, la niña del Sr. D. Juan Manuel O-Farril, una mulatica de la Se- ñora doña María Bustamante, otra mulatica y un negrito del Sr. D. Martin de Aróztegui, y una negra del Sr. D. Juan To- — 159 — mas de Jáuregui. No debe estrañarse que en las Sras. Doña Luisa Echavarría y Doña Micaela Sánchez no se verificase lo mismo, cuando habiendo manejado ambas sus niños virolentos y aun habiéndose inoculado la primera según el antiguo méto- do, no han sido infestadas del contagio. En cuanto á los otros dos niños de la Sra. Echavarría teugo presente que cuando los vacunaba le insinué que el pus estaba ya menos líquido y transparente. Esta sola razón bastaba para que no produjese algún efecto en ninguno de los eriadosdelosSres. Jáuregui, Aróztegui que se vacunaron posteriormente. Añádese otra, y es, que á escep- cion de la mulatica de este Sr. á quien se hicieron dos incisio- nes, y tiene otros tantos granos, á los demás no pudo hacerse mas que una, por haberse agotado el pus. Lo ejecuté con bas- tante desconfianza; pero sus amos asi lo exigieron, pudiendo advertir que cuando á mis pequeños hijos les hice dos, tres, y hasta cuatro incisiones no seria por mortificarlos, sino porque lo juzgaba necesario. El mayor de mis hijos, que tiene seis años, á quien le hice tres incisiones en el brazo siniestro, ha sentido desde el sábado en la tarde y todo el domingo dolor en la parte interior de di- cho brazo hacia el hombro, esperimentaudo también cierto movimiento febril y displicencia que le obligaban á ponerse en cama muchos ratos, abandonando sus juegos y entretenimien- tos. En los demás han sido menos perceptibles estas novedades como que solo tienen un grano en cada brazo. Añadiendo á es- to, el dia en que aparecieron las pústulas, su figura, y el orden con que han progresado, uniforme en todos ellos y en los de- más vacunados, no debia dudarse que todos tenían la verda- dera vacuna. Sin embargo, para mas cerciorarme, hice que la tarde del dia de ayer los reconociesen el Dr. D. Bernardo Co- zar, Ayudante Director de Cirujía y Medicina de la escuadra y hospitales de Marina de este puerto, D. Juan Pérez Carrillo y D. Francisco Gutiérrez, segundos profesores médico cirujanos de la Armada, los cuales habiendo visto la vacuna en España y en Puerto-Rico, atestaron unánimemente que todos mis hi- jos y por consiguiente todos los demás vacunados, tenían la verdadera vaccina. — 160 — Solo me es lícito recomendar su benignidad por propia es- periencia; las demás ventajas que se le atribuyen necesito rec- tificarlas con ulteriores observaciones; pero siendo muy dignos del mayor crédito los celebres filántropos que la han practi- cado muchos años, estractaré lo que me permita este Periódi- co de los escritos del inmortal Jenner, de Woodwille, Pearson, Aikin, Colon y otros, advirtiendo que cuando cito algún autor será observación particular; en lo demás todos convienen uná- nimemente. 1.° La verdadera vacuna preserva para siempre de las virue- las naturales. (*) 2.° La vacuna no es contagiosa, solamente se propaga por inserción. 3.° En la vacuna los granos se limitan á las incisiones; las demás partes del cuerpo quedan ilesas. 4.° La calentura que suele esperimentarse en la vacuna, es de poca duración y de ningún peligro. 5.° En cualquiera edad puede vacunarse; Jenner lo ejecutó felizmente con un niño pocas horas después de haber nacido. 6.° Si se teme el contagio varioloso es mas seguro vacunar en el tiempo de la dentición, que exponerse á las viruelas na- turales. El Dr. Colon asegura que á muchos niños de los que habia vacunado, les salieron los dientes en aquellas diaa, y no por eso lo pasaron peor. Nowel vacunó otros endebles, enfer- mizos y atacados de tos convulsiva; y lejos de empeorarse go- zaron después de la mejor salud. 7.° En cualquiera estación puede vacunarse. 8.° Algunas personas no están en aptitud de recibir la vacu- na, asi como resisten también el contagio varioloso, y á la mis- ma inoculación. 9.° Si la pústula se cicatriza antes de los diez dias, el vacu- nado no queda preservado de las viruelas naturales, es preciso repetir la operación. Aikin añade, que la vacunación no libra (*) Esta proposición la prueba Jenner con muchos hechos: referiré los mas in- contestables. Inoculó con el pus de la viruela natural tres personas que 25, 31 y 62 anos antes habian tenido la verdadera vacuna comunicada casualmente por las va- cas; ninguna de ellas esperimentó otra cosa que algunas leves pústulas en el lugar de las incisiones. En el tiempo intermedio y aun después vivieron sin la menor re- serva con vanos virolentos sin que nada sintiesen. — 161 — de ellas en los cinco primeros dias, aun cuando resulte la ver- dadera vacuna. 10. Si se.vacuna algún sugeto estando ya infestado del con- tagio varioloso, tendrá ambas enfermedades. Algunos escrito- res franceses, dice Hernández, convienen en que no han visto en este caso viruelas confluentes y malignas. Los médicos de Ginebra, entre ellos el ilustre Odier que tan felizmente ha vacunado muchos centenares, compusieron una exhortación, la misma que recitan los párrocos á los padrinos al tiempo de administrar el Bautismo, exhortándolos á que in- mediatamente hagan vacunar á sus ahijados. Finalmente la Junta Central de la vacuna, establecida en Pa- rís, y compuesta de los mas distinguidos profesores de la repú- blica, al cabo de tres años de reiteradas indagaciones y espe- riencias, ha pronunciado su dictamen; y el ciudadano Guillotin, diputado por ella para presentar al primer cónsul ese precioso volumen el 5 de noviembre próximo pasado, le dice en aquel acto: "ya no dudamos, ciudadano primer cónsul, que desapa- rezcan las viruelas, y con ellas esas deformidades horrorosas, enfermedades crueles y horrible contagio á que sucede tan fre- cuentemente un fin funesto. Las generaciones futuras se mejo- rarán y serán mas hermosas." Habana y Febrero 20 de 1804. Según los informes mas exactos que he podido tomar, pasan de doscientas las personas vacunadas por diferentes profesores con las pústulas délos nueve primeros niños que se vacunaron en los dias 12 y 13 del presente mes. Pero desconfio mucho se verifique la erupción en todos los vacunados en mi casa la tar- de del martes 21. El estraordinario concurso que hubo en ella, y el empeño con que muchos pretendían ser despachados á un mismo tiempo, privaba á los facultativos que operaban de la luz, de la acción en las manos, y de aquella tranquilidad nece- saria para ejercer una operación delicada aunque muy sencilla. No pude hacer mas en obsequio del público que presentar ge- nerosamente á los tres de mis hijos quo podian serle útiles, pa- 21 — 162 — ra que cuatro profesores á la vez tomásemos de sus delicados miembros el pus benéfico que preserva de la muerte mas hor- rorosa. Esta consideración superaba al justo temor que tenia de que pudieran ser lastimados en medio de aquel desorden y confusión. No incluyo entre esos doscientos vacunados los que han sido inútil y aun perjudicialmente mortificados. Con el mayor sen- timiento he sabido que unos pretendieron vacunar con el pus de ciertos granos que tenia en las manos la mas pequeña de las mulaticas que vinieron de Puerto-Rico; y otros con el pus de sus pústulas vacunadas pasados ya catorce dias de la erupción, y después de haber sido agotadas por mí. Las resultas de seme- jantes operaciones pueden desconceptuar la vacuna entre aque- llas personas que ignoran el modo y tiempo de practicarla con utilidad. A estas advierto, que solo debe tomarse el pus de la pústula que sale en la misma incisión, y esto cuando esté per- fectamente caracterizada por verdadera vacuna. El pus de cual- quier otro grano que hubiese en el cuerpo por otro motivo y aun el de aquellos muy pequeñitos que suelen salir al rededor de la incisión, y se disipan prontamente, no solo es inútil, sino también perjudicial. Pasados trece dias es muy dificil que el verdadero grano va- cuno sea capaz de producir otro semejante, mucho menos si le han arrancado la postilla, y queda el pus expuesto al contacto del aire. Tampoco deberá tomarse del mismo parage del gra- no donde ya se ha estraido, aunque el dia siguiente se advierta otra vez lleno. El aire enerva tanto la virtud de ese pus, que después, de hecha la insicion, si no se conserva cubierto por dos dias con el tafetán de Inglaterra ó con un cabezal, deja de verificarse muchas veces la erupción. "La constante esperiencia enseña, dice Aikin, que el méto- do de hacer la incisión no es una materia indiferente, bien se inocule con vaccina, bien con el pus varioloso......Jenner va- cunó primero haciendo dos pequeñas incisiones en el brazo; mas Woodville prefirió las picaduras introduciendo horizontal- mente dos ó tres líneas la punta de la lanceta humedecida con el pus. Ignoro que esta práctica se haya alterado en la Euro- pa; al contrario, la he visto recomendada en todos los vacuna- — 163 — dores que he leido, y para ese objeto, se inventaron en Francia las agujas, y en Madrid el instrumento que refiere el Dr. Her- nández en la Memoria que tradujo. Siendo este método tan general, estraño que un profesor de esta ciudad la haya des- preciado, y ejecute la vaccinacion haciendo tres sajaduras en el brazo, y aplicando encima el pus con el plano de la lanceta: deseo ver el resultado de esta novedad. Las personas á quienes hubiere vacunado, y no conozco ó no tengo presentes, pueden llamarme del dia séptimo al duo- décimo: ofrezco visitarlas con el mismo desinterés que practi- co aquella operación. Solo aspiro á ver sus efectos, y advertir- las si es verdadera ó falsa vacuna, para comunicar á otras su pus si resulta lo primero, ó volverlas á vacunar si se verifica lo segundo, pues en este caso no quedan preservadas de las virue- las naturales. Habana y Febrero 23 de 1804. Nada e3 tan dificil como intentar convencer á ciertos hom- bres que solo saben formar inducciones, y que suponiendo en ellas principios erróneos se atreven á deducir consecuencias que juzgan incontestables. A los que así discurren es preciso impugnarlos de dos modos: el primero, manifestándoles la fal- sedad de los fundamentos en que apoyan sus raciocinios, el se- gundo, oponiéndoles un mayor número de casos contrarios á los que ellos alegan. De semejantes argumentos es necesario valerme para vindicar la vacuna, cuya principal prerrogativa se impugna en esta ciudad, sin examinar los hechos, ni siquie- ra iniciarse en los elementos de la materia. Se ha creído que basta hacer dos ó cuatro picaduras en los brazos para que desde aquel momento el vacunado no solo que- de seguro de contraer las viruelas naturales, sino que también estas pequeñas incisiones sean capaces de extirpar y destruir ese mismo contagio si se ha contraído anteriormente. Error cra- sísimo origen de todos los casos en que vemos aparecer las vi- ruelas naturales despueside la vacuna. Esa vana confianza, y el terror que infunden los estragos producidos por la actual epidemia, ha impelido á muchos á vacunar sus hijos y domésti- — 164 — eos sacándolos de unas casas contagiadas, y quizás de las mis- mas camas de los virulentos; y á otros á no preservarlos des- pués de la vacunación de las causas capaces de infestarlos. En mi papel publicado en el Periódico núm. 17 dije con Ai- kin, que la vacuna no preserva de las viruelas naturales en los cinco primeros dias. No estoy obligado á sostener una opinión particular, pero tampoco tengo motivos para adjurarla. Cuan- tos casos se alegan por losanti-vacunistas de esta Ciudad nin- guno de ellos prueba que el contagio se ha contraído pasado ese término. Del dia primero de la vacunación á el noveno inclu- sive es el período en que se ha notado la fiebre variolosa en to- dos los vacunados que la han tenido hasta la fecha. Este hecho cuya verdad he investigado tomando los informes mas exactos y fidedignos para desmentir con la mayor confianza todas las imposturas que se han suplantado; este hecho incontestable no destruye la opinión de Aikin. Cuando se advierte esafiebre ha- ce ya muchos dias que el contagio está contraído y obra en nuestro cuerpo de un modo imperceptible. No se ha decidido aun, ni es posible determinar que número de dias existe dentro de nosotros sin manifestarse por el mas ligero síntoma; pero es inconcuso que comunicado por el medio activísimo y eficaz de la antigua inoculación pasaban lo menos siete dias sin que el inoculado experimentase la menor incomodidad en su consti- tución. "Que las viruelas no se hayan manifestado hasta el dia no- "veno eu el niño Peyrigne, no debe sorprendernos, así discur- "reu unos profesores muy distinguidos tratando de cierto va- "euno-virulento; y seria muy posible que en otro caso seme- jante se declarasen todavía mas tarde. Por que ¿acaso sabe- "mos cuantos dias antes de su primera aparición pudieron estar "contraidas? Circunstancias particulares, conocidas ó descono- cidas, y opuestas á sus progresos, pueden en tal ó tal caso re- Cardarlos y enervar su secreto movimiento parala erupción. "La mayor ó menor energía del miasma varioloso, el grado de "vitalidad del sugeto infectado, su idiosincrasia, el régimen, "el temperamento atmosférico, pueden acelerar ó retardar el "insensible efecto del germen morbífico y la manifestación de "sus primeros síntomas. Por otra parte, las mismas razones que — 165 — "algunas veces retardan el descubrimiento de la viruela, pue- "den también influir en que el efecto del virus vacuno se verifi- "que con mas lentitud en ciertas personas, y efectivamente le "hemos visto no manifestarse hasta el dia diez, quince y veinte "y uno de la insicion; siendo indubitable que hasta el mo- "mento en que empieza su acción puede siempre contraer las "viruelas el sugeto vacunado." (1) La estension de este Papel no me permite discurrir por todos los casos que tanto se vociferan; me contraeré á los mas nota- bles. Estos son los que han sucedido en la casa del Sr. Coronel D. Martin de Aróztegui. Cuando empezé á vacunaren ella el 13 del mes anterior, estaban actualmente con las viruelas natura- les una nieta de dicho Señor y nueve de sus criados. A estos han sucedido otros cinco, de suerte que son quince los que has- tas la fecha las han padecido, entre ellos, cuatro con viruelas confluentes y malignas, de los cuales pereció una negra. ¿ Co- mo, pues, podian preservarse los que se vacunaron en medio de un contagio anticipado y sostenido con tanto vigor y cons- tancia? Lejos de sorprenderme el que seis de ellos hayan teni- do al mismo tiempo las viruelas naturales, admiro como pu- dieron escaparse los cinco restantes; y aun admiro mucho mas la virtud preservativa de la vacuna cuando contemplo que ha- biéndosele notado á uno de esos vacunados la fiebre que suele presentarse, juzgando la madre que era la variolosa lo puso en la misma cama donde tenia otro hijo con muchas viruelas na- turales, de la cual salió ileso y permanece sin novedad alguna. Lo propio ha sucedido en la casa del Sr. ü. Francisco Basabe. Se advirtió febricitante y con una leve erupción (2) á una mu- latica vacunada de edad de 15 meses. Creyendo fuesen virue- las naturales se puso en un cuarto donde habia otras tres cria- das con ellas, entregándosela á una para que la cargase, dur- miera y cuidara. Al siguiente dia desapareció la erupción, y después de haber permanecido otros cinco en aquel lugar tan (1) Primer Informe de la Comisión de la vacuna establecida en Paris, dado en 6 de junio de 1801. (2) En otros seis niños vacunados he visto durar la misma erupción hasta cinco dias. Odier la observó también en Ginebra; en Cádiz han sido muy frecuentes, y los ciudadanos Ane' y Cullerier advirtieron otra en Paris aun mas común y permanen- te: algunos juzgaron ser variolosa; pero la Comisión demostró lo contrario. — 166 — tan infestado, salió de él sin mas pústulas que las vacunas. En los vacuno-virulentos de la casa del Sr. Aróztegui, y en todos los demás que he reconocido en otras varias, he observado que según el incremento que tenia el grano vacuno cuan- do invadió la fiebre variolosa, ha sido la erupción tanto mas discreta y benigna; en ninguno he observado una sola vi- ruela maligna: de aquí infiero, que aun cuando la vacuna no produjera otro beneficio debería adoptarse. Y si es capaz el vi- rus vacuno de enervar el varioloso cuando se ha desarrollado y obra con toda su energía ¿ no podrá mas fácilmente destruir la predisposición á su contagio ? Contra la anterior observación se objetará la desgraciada muerte del hijo del Capitán de fragata D. José Elizalde, y de un nieto del Licenciado D. Silvestre García. Es muy notorio que cuando se vacunó el primero la tarde del 22 del pasado por el Maestro D. Juan Odillay, ya tenia la fiebre variolosa, y que la pústula vacuna nunca llegó á presentarse; solo aparecieron en las incisiones otras sanguinolentas, semejantes á las que tenia en todo su cuerpo. El segundo de estos niños se vacunó el miércoles 29 del pasado, el domingo 4 del corriente se sintió la fiebre variolosa, el martes tuvo una erupción tan discreta y benigna, que según la espresion de sus padres, podian contar- se las viruelas: el jueves á las Oraciones estando muy despeja- do y alegre, y teniendo las viruelas como unas perlas, así se me esplicaron, á la media noche le asaltó un afecto al pulmón que en pocos momentos lo privó de respirar y de vivir. No es posible que unas viruelas tan benignas pudieran quitarle la vi- da, y mucho menos en tan pocos dias. Sus mismos padres atri- buyen esa muerte prematura á los abusos que se cometieron en su curación aquella misma noche, cuando no necesitaba de ningún ausilio. Quiero suponer que en esta ciudad hay treinta vacuno-viru- lentos; supongo también que ninguno de ellos es de los mu- chos que han tenido la falsa vacuna, ni de los que fueron ino- culados con el pus de las pústulas que tenia en las manos una de las mulaticas que vinieron de Puerto-Rico; concedo por úl- timo que las viruelas sean naturales, y no una erupción seme- jante la observada en Ginebra, Paris, y aun en esta propia Ciu- — 167 — dad: ¿y preponderará ese número en descrédito de la vacuna ha- biéndose salvado por ella cerca de tres mil personas en el mis- mo tiempo de la epidemia? Por el diario que llevo consta que yo solo he vacunado 831 fuera de otras muchas que no he po- dido numerar; y si la inducción es tanto mas convincente cuan- to mayor es el número de los hechos que se alegan; debe deci- dirse la ventaja en favor de la vacuna. Cítase al menos un solo ejemplar de haber invadido la fiebre variolosa pasado el dia décimo de la vacunación; pero cítese no con la notoria y abso- luta falsedad que se ejecuta en la niña déla Sra. Da María de Jesús Basabe, en un niño del Sr. D. Juan de Orozco, en otra niña del Sr. D. Juan Manuel O-Farril, en la del Sr. Conde de Casa-Montalvo y en muchos otros vacunados. Finalmente no debe estrañarse que en esta Ciudad, se haya complicado la vacuna con la viruela natural, pudiéndose con- siderar toda su atmósfera infestada con los hálitos que exhalan tantos virulentos como en ella existen. En todas partes ha sucedido lo mismo en los tiempos de epidemias, y no por eso se ha proscripto la vacunación. Ya cité un caso observado en Paris, y en el mismo Informe pueden verse otros muchos. Odier lo observó en Ginebra diferentes ocasiones; y Woodvi- lle refiere que cuando se vacunaba en Londres en el mismo hospital de los virulentos, 206 de los vacunados tuvieron igualmente las viruelas naturales. Rebajemos del número de nuestros vacuno-virulentos los que han tenido la falsa vacuna, y aun tendremos menos dere- cho para imputar á la verdadera todas las fatalidades que se exageran, si consideramos que muchos se han vacunado en el tiempo de la dentición con diarreas, con tos convulsiva, con erupciones herpéticas y sarnosas, y con otros achaques que se habrían respetado si el temor de las viruelas no hubiese impe- lido á preservarlos de aquel mayor peligro. Si la vacuna se hu- biera introducido en esta Ciudad en tiempo mas benigno, solo se contarían prosperidades, sin embargo cuando se disipen esos rumores esparcidos por la ignorancia y el goticismo, se cono- cerá o-eneralmente el bien que ha producido salvando muchas vidas, y redimiendo nuestra generación de tantas deformidades. Habana 12 de Marzo de 1804. — 168 -■ Sr. Presidente Gobernador y Capitán General Desde fines de diciembre de! año próximo pasado, se advir- tió en esta Ciudad una epidemia de viruelas naturales, que em- pezó á consternar á sus habitadores. Sin embargo del frío mo- derado que se esperimentó en el mes de Enero, y principio de Febrero, viendo que progresaba esa enfermedad haciendo mu- chos estragos, presagiamos que aun serian mucho mayores entrando la estación calorosa del verano. En este conflicto, sa- biendo que estaba muy distante de nuestras costas la espedi- cion en que la beneficencia del soberano nos envia en la vacuna el mas eficaz preservativo de dicho mal, nos juzgábamos casi sin recursos para salvar las vidas de nuestros hijos y domés- ticos. Tal era nuestra situación el 10 de febrero, cuando una fe- liz casualidad introdujo en este puerto á doña María Busta- mante, la cual antes de salir de la Aguadilla de Puerto-Rico el 2 del propio mes, hizo vacunar el dia anterior á su único hi- jo y á dos mulaticas sus criadas. Por los adjuntos periódicos conocerá V. S. que sin perder un momento, y sin que ninguna consideración pudiera retraerme, vacuné primero á todos mis cinco hijos, y sucesivamente en los dias 12 y 13 otras 36 perso- nas. De todos estas solo en nueve se verificó la erupción, y aun admiro como pudo conseguirse teniendo tantos dias el grano de donde se extrajo el pus. Como encargado por la Junta Económica del Real Consula- do para solicitar la vacuna dentro y fuera de esta Isla, la infor- me del modo con que la habia conseguido; y acordado adjudi- car por mi mano á doña María Bustamante el premio de 300 pesos que tenia ofrecido á quien primero le introdujese con utilidad y permanencia. — 169 — Tuve la dicha de haber logrado en mis pequeños hijos, á cos- ta del mayor cuidado y vigilancia, nueve hermosos granos va- cunos, y juzgando que no podia hacer á esta Ciudad afligida, un obsequio mas grato, se los presenté todos con el mas gene- roso desinterés los dias 21,22 y 23 del pasado sin esceptuar clases, ni condiciones. Yo solo no siendo capaz de satisfacer el anhe- lo con que sus vecinos me presentaban sus niños y criados para que los vacunase, fué preciso valerme de otros tres profesores, los cuales con el mismo desinterés que yo, difundimos aun mismo tiempo en un concurso innumerable el pus benéfico que preserva de la muerte mas horrorosa. El éxito correspondió á mis deseos. En la siguiente semana ya habia en esta Ciudad mas de 200 vacunados, cuyo pus, se ha esparcido con tanta rapidez, que pueden llegar á 4000 los que han logrado el mismo beneficio, dentro de sus muros. No he circunscrito á ellos ese bien inapreciable: personalmente he vacunado en los arrabales de San Lázaro, el Señor de la Salud y Jesús del Monte, en la ciudad de Santa María del Rosario, y en una hacienda, seis leguas distante de esta plaza donde re- sidía la familia del Sr. Conde de Casa Bayona. Al mismo tiem- po he remitido el pus vacuno entre cristales al limo. Sr. Obis- po que se halla en la villa de Santa Clara, á las de Puerto-Ri- co, San Juan de los Remedios, y Sancti Spiritus: y dos de mis hermanos han llevado el grano vacuno en sus propios hijos al partido de Güines, y á la villa de Guanabacoa, por cuyo me- dio se ha propagado en esos pueblos, en las haciendas vecinas y también en la ciudad de Matanzas donde han conducido seis personas vacunadas por mi mano. Pero no basta Sr. Presidente, para la prosperidad de esta Is- la haber adquirido la vacuna difundiéndola por toda ella con tanta rapidez. Pudiéndose vacunar dentro de pocos dias todos los sugetos que actualmente lo necesitan, carecerán las genera- ciones futuras del bien que nosotros disfrutamos si eficazmen- te no procuramos transmitírselo. Semejante al fuego sagrado de las Vestales, necesita la vacuna de un pábulo continuo y de una constante vigilancia. Si llega á estinguirse no debemos es- perar que S. M. vuelva á costear otra espedicion para remitir- lo- ni es posible reunir muchas veces las felices circunstancias ' 22 — 170 ~ que ahora nos lo han introducido, no podemos confiar en que se nos envié el pus vacuno entre cristales de los países ultra- marinos: yo lo he recibido cuatro ocasiones de ese modo, una de ellas en 23 dias, y siempre ha llegado á mis manos su enerva- da su virtud. Perdamos pues la esperanza de conseguirlo por unos medios tan remotos y busquemos los que sean capaces de conservarlo. Propongo los siguientes: 1.° Elegirá el Gobierno dos facultativos, por I03 cuales se harán vacunar todos los almazones de negros bozales que lle- guen á este puerto, antes de abrir su venta, no haciendo cons- tar haberío ejecutado anticipadamente. 2.° A cualquiera de estos dos profesores se avisará inmediata- mente que se esponga algún niño en la Casa-Cuna, para que lo vacune antes de salir de ella. o.° Se ejecutará lo mismo con los que nacieren en el palen- que de los negros del rey. 4.° A los 12 dias de haber nacido cualquiera niño en esta Ciudad, en sus arrabales, ó en otro lugar de la Isla, se vacuna- rá por uno de los facultativos comisionados por el gobierno. 5.° Estos cuidarán de poner el pus vacuno entre cristales con todas las debidas precauciones, cuando el orario esté para secarse, y no se presentare entonces á quien comunicarlo. 6.° Llevarán un diario de todas las personas que fueren va- cunando con espresion de sus padres y de la casa, para dirigirse con toda seguridad, debiéndolo presentar mensualmente al gobierno. 7.° Se recomendará á los hacendados de esta Isla, y aun se estimularán ofreciendo algún premio ó adquirir, si nuestras va- cas suelen tener el grano vacuno, y encontrándose alguna que lo indique, se presentará á un profesor capaz de discernirlo. 8.° En los tiempos que estos animales suelen tener algunas erupciones en las ubres, se inherirá en ellas el pus vacuno to- mado del hombre, del mismo modo que se ejecuta en este, ob- servándose, si resulta el verdadero grano vacuno. 9.° Se me destinará una sala en el Hospital Real de San Ambrosio, con 16 ó 20 camas para ir vacunando sucesivamen- te los reclutas que llegaron á los regimientos de esta plaza el ano anterior, y los que fueron viniendo de Europa con tres ob- — 171 — jetos. El primero preservar de las viruelas á los que no las hu- bieren tenido, conservando en ellos la vacuna inalterable. El segundo inquirir si el grano vacuno que resulta á los que han tenido ya las viruelas naturales, es capaz de preservar á otros de ellas. He observado, contra lo que afirma cierto escritor, que en cuatro personas vacunadas muchos años después de haber sufrido las viruelas naturales, el grano vacuno se presentaba con todos los caracteres de verdadero; pero hasta ahora nadie ha consentido vacunarse con su pus, habiendo vacunadores que afirman ser ineficaz para preservarse délas viruelas. Si este en- sayo resulta favorable, tendremos otro medio mas fácil para conservar la vacuna. El tercero y último objeto con que pretendo dicha sala, es, observar si vacunándose los Europeos no aclimatados, se pre- servan también del vómito negro. A los fundamentos que es- pone en el adjunto Suplemento al Periódico núm. 18, puedo añadir, que conozco cuatro jóvenes españoles, los cuales per- manecieron ilesos en la epidemia del año anterior, sin tener otro motivo que atribuirlo, sino al haberse vacunado para preca- verse de las viruelas antes de salir de la Península, uno de ellos es D. José Veles, page del limo. Sr. Obispo, cuya edad, tempe- ramento, y robustez lo predisponen para contraer dicha en- fermedad. Este ha sido Sr. Presidente Gobernador, el modo con que la vacuna se ha introducido y propagado en nuestra Isla: los pe- riódicos que acompaño comprueban esta sencilla relación. Por ellos conocerá también V. S. que no solo he procurado con- tribuir á sus progresos con mi ejemplo y con mis operaciones corporales, sino también recomendando en mis escritos sus ventajas y utilidades, declamando contra los abusos que se iban introduciendo por algunos profesores, vindicándola al mismo tiempo de los que han pretendido impugnarla. Propongo final- mente los recursos, que el patriotismo y la humanidad me han inspirado para no llegar á carecer de una adquisición tan im- portante. El carácter benéfico de V. S., su ilustrado y superior talento, y el eficaz interés con que no ha cesado de solicitarnos ese importante beneficio, le dictaran otros medios mas solidos y eficaces para conservarlo.—Habana y Marzo 20 de 1804. — 172 — Cttjuvis hominis est errare: nullius nisi insipientis in errore perseverare. Cicer. Orat. 54. Cuando el dia 23 de Marzo presenté á dos de mis hijos, y á otros dos niños vacunados para que se inoculasen con las viruelas naturales, me tuvieron algunos por un padre desna- turalizado que no temia exponerlos al contagio de una en- fermedad que hace tantos estragos; y otros atribuyendo mi re- solución á una fé pitagórica, me creyeron servilmente sometido á la autoridad de escritores muy lejanos. Los que asi discurrían no conocen ni la terneza de mi corazón, ni las reflexiones que me hicieron sofocar sus afectos. Si para los progresos de la va- cuna en esta ciudad se exigía una prueba convincente de su virtud preservativa ¿cual otra pudo excogitarse mas pública é incontestable? Y si yo hubiera rehusado exponer ella á mis propios hijos ¿qué padre me habria entregado los suyos ? La opinión unánime do los primeros médicos de la Europa, y de los hombres mas respetables por su carácter y literatura; la au- tenticidad y el número de los hechos en que se apoyan; la com- probación de ellos en los Estados-Unidos, en Puerto-Rico y en las vecinas colonias extrangeras, finalmente la determinación de un Monarca benéfico que después de consultar á sus mas ilustrados Ministros y Profesores, costea una espedicion para remitirnos la vacuna; ved aquí los fundamentos que tuve para vacunar á todos mis hijos, estimulando al mismo tiempo á mis compatriotas por ese medio mas eficaz que todas las razones, á que adoptasen aquella operación. Y si entonces estaba persuadido de que por ella se preservaban de las viruelas naturales ¿cómo podía dudarlo después que por espacio de cuarenta dias obser- vé varios hechos capaces ellos solos de convencerme plenamen- te? De aqui concluía, que inoculando á mishijos solo los esponia á sufrir el dolor de unas leves incisiones. Y por esa pena mo- mentánea ¿debería preponderar el amor paterno al amor sagrado de la Humanidad y de la Patria? — 173 — El éxito ha correspondido ámis esperanzas. En el Suplemen- to al Periódico número 34 (l),se publicó el resultado de aquella operación, egecutada en presencia del Real Tribunal del Pro- tomedicato de esta ciudad, de otros profesores distinguidos por su inteligencia y por las plazas que ocupan, y de varios suge^- tos caracterizados á quienes aquel acto no era indiferente, tan- to por el interés de sus propias familias, como por lo que debia influir en el bien público. Ademas de haber visitado casi dia- riamente á los vacuno-inoculados aquellos facultativos, el doc- tor D. José Caro ha visto con mucha frecuencia al hijo de don Joaquín de Córdoba, y el Licenciado D. Alonso Romero á los mios. Todos estos profesores atestan unánimemente que en ningu- no de los cuatro vacuno-inoculados han descubierto el mas pe- queño grano que se parezca al vorioloso, ni síntoma alguno de esa enfermedad. La pústula que se formó en una de las incisio- nes al mas pequeño de mis hijos, muy semejante á las que se han observado en Europa en tales circunstancias, desmiente la negra calumnia con que se ofendió mi probidad, suponiendo que yo extrage inmediatamente el pus de las incisiones hechas á mis hijos, y las lavé ejecutando otras maniobras indignas de un hombre de bien, que solo se ha interesado en los progresos de la vacuna por la prosperidad de su pais. Los anti-vacunado- res, no satisfechos con desacreditarla, suponiendo hechos y exa- gerando fatalidades, dirigen ya co/itra mí las imposturas que les dicta su procacidad; recursos muy precarios y juntamente proscriptos, no solo en la república literaria, si no también en- tre hombres de una mediana educación. Si no están convencidos todavía, si exigen otras pruebas pa- ra adjurar su error, yolas presentaré nada menos irrefragables. Por ser demasiado numerosas y conocidas no citaré las casas en que de propósito se han puesto los vacunados en la misma ca- ma de los virulentos, han comido y dormido con ellos, sin que de nada se hayan reservado en todos los periodos de esa enfer- medad. No es tan público, y por eso lo refiero, que el Dr. don José Bohorques arrancó á uno de sus criados la postilla del gra- (1) Suplemento al periódico número 34. — 174 - uo vacuno húmedo aun, y puso en ella una plancha de hilas empapada con el pus varioloso, conservándola cinco dias sin efecto alguno. Un hijo de Don Mauuel María Castellanos, Ayudante Mayor del regimiento de Cuba á los 8 dias de va- cunado mamó mucho mas los pechos de una criada, con los niales se alimentaba también el hijo, de esta, cubierto de vi- ruelas naturales. D. Vicente Uriarte, Cirujano del primer ba- tallón de Milicias de esta Plaza, en la lista que presentó al Se- ñor Gobernador y Capitán General de las personas que habia vacunado hasta el 4 de Abril, pone la siguiente nota: "Doña María Alfonso y otras tres hijas que vacuné el 16 de Marzo, han tenido la vacuna legítima. Esta Señora dejó otras dos ni- ñas mas pequeñas para vacunarlas después que viese en sí misma Jos efectos de la vacuna: en este tiempo á la niña de pe- cho que criaba dicha Señora le dieron viruelas confluentes de las que ha muerto, y la otra niña las está padeciendo también confluentes con gran riesgo. Esta madre alimentó con su leche y tuvo en sus brazos á la hija hasta que murió, y la misma á la otra que las está padeciendo; y ni ella, ni las otras tres vacu- nadas han tenido novedad." El Licenciado D. José Gregorio de Lezama, médico del pue- blo de Regla, con fecha de 25 de Abril me escribe en estos mismos términos: "María de los Dolores, de cuatro meses de nacida, hija de Faustina, esclava de doña Rosalía Mantilla, á los 13 dias de haberse vacunado le acometieron á su madre las viruelas naturales,' y no teniendo proporción de otra criandera, estuvo mamando la leche de su madre variolosa hasta el dia décimo de la enfermedad, en cuya época las viruelas que in- festaban los pechos de Faustina, y que estaban supurando, se lastimaron en ocasión que la hija actualmente mamaba, de donde resultó que se le llenase la boca de pus sanguinolento, desde luego de mal sabor, pues desde aquel acto aborreció el pe- cho y no quiso tomarlo hasta de allí á cuatro dias, en que es- tando secas la mayor parte de las pústulas, no tenia postillas el pecho izquierdo, del que volvió á tomar su alimento, y po- cos dias después del otro, sin que hasta la fecha, en que han corrido 26 dias, se le haya advertido á la hija la mas leve alter- nación en su salud. En esta Ciudad ha sucedido otro caso mnv — 175 — semejante en la casa del Sr. Don Luis Toledo, Capitán de navio déla Real Armada. Persuadido de que la nodriza del mas peque- ño de sus hijos vacunados habia tenido las viruelas naturales, no le privó de su pecho en los tres primeros dias de la fiebre eruptiva; se presentó al fin la viruela y dudándolo aun, mamó el niño otros dos dias, sin esperimentar otra cosa que una fie- bre la noche del quinto dia, pero sin la mas pequeña erupción. Yo juzgo estos dos casos todavía mas decisivos que la misma inoculación con el pus varioloso. Si á pesar de su fuerza irresistible los anti-vacunadores no es- tan confundidos, inventen otras pruebas, ejecútenlas, y publi- quen sus resultados; pero publíquenlos con toda la sinceridad que merece un asunto del cual depende la vida de muchos hombres. No alteren las circunstancias esenciales, ni autorizen sus imposturas con el voto de aquellos facultativos que están muy distantes de apoyarlas, como lo han ejecutado en el caso de las nietas del farmacéutico Don Antonio Pineda. Es cierto que estas niñas tuvieron las viruelas naturales después de 25 dias de vacunadas, y que murió una de ellas; pero es falso que su vacuna fué verdadera, y que portal la caracterizaron el doc- tor D. Andrés Terriles, y el Licenciado D. Ambrosio Aragón. El primero de estos profesores, que fué el que vacunó esas ni- ñas, me asegura que no volvió á verlas hasta los 14 dias de aquella operación, en cuya época ya estaban los granos con postilla; y tanto por esta razón, como por haber observado que habían tenido la falsa vacuna todas las demás personas que se vacuuaron con el grano de donde se tomó el pus para aquellas niñas, advirtió á sus padres que la vacuna era falsa, en lo cual se ratificó, habiéndole dicho una Señora de la propia casa, que al tercer dia ya estaban los granos muy hermosos y supurados. El Licenciado Aragón no vió esas niñas hasta los 25 dias de vacunadas, y entonces ni el mismo Jenner era capaz de decidir si su vacuna era falsa ó verdadera, por lo cual no dijo una sola palabra sobre su carácter: así me lo ha referido, y está pronto á ratificarlo. También se vocifera la erupción variolosa, aunque discreta, que aparecióá una niña deD. Juan de Fromesta, álos 22 dias de vacunada; pero D. Luis Mesías, que la reconoció desde los — 176 — primeros momentos de aquella operación, advirtió á sus padres que la vacuna era y debia ser falsa, por haberse tomado el pus de los granos que tenia en las manos una de las mulaticas va- cunadas que vinieron de Puerto-Rico. La muerte de la hija del Dr. D. Juan Ignacio Rendon es otro de los argumentos que oponen los anti-vacunadores. En 29 de febrero le vacuné uua niña como de 4 meses, la cual á princi- pios de abril ha tenido una leve erupción de viruelas volantes, llamadas vulgarmente chinas, y el sexto dia ya estaban todas enteramente secas. Esta niña vive aun, y está muy sana. Casi al mismo tiempo que me llevaron esa niña, la Señora suegra del Dr. Rendon me presentó otra poco mayor, y rehusé vacu- narla por tener todo su cuerpo lleno de ciertos granos conoci- dos con el nombre de malditas. Pocos dias después volvió á presentármela, y yo la rechazé segunda vez. Por último el 18 de marzo me obligó á vacunarla, haciéndome ver que si le da- ban las viruelas en aquella situación perecería irremediable- mente. He sabido ahora por el mismo Doctor Rendon, que esa niña se la remitieron del Calvario para vacunarla, á donde re- gresó luego que le hice aquella operación; y que al octavo dia de ella fué invadida de unas viruelas malignas por las cuales pereció. Se citan otros casos de haber aparecido la fiebre variolosa pasado el dia décimo; pero bien examinados resulta ó algún error en el cálculo, ó una erupción de chinas, cuya epidemia es en el dia tan frecuente como la de fiebres escarlatinas, ó co- lorado, invadiendo ambas indistintamente á los vacunados y á los que han tenido viruelas naturales. Pero como el Pueblo es- tá tan intimidado con los estragos que causan la viruelas, ape- nas se descubre algún grano en los vacunados, se sobresalta, llama facultativo; y si por desgracia ocurre á los impugnado- res de la vacuna, sea por falta de discernimiento ó por sobra- da malicia, lejos de tranquilizarlo advirtiendo que son chinas, fomentan sus recelos y suponen peligros con dos objetos; el primero desacreditar la vacuna, y el segundo engrosar su pe- culio repitiendo inútilmente las visitas. Miserables, pues ocur- ren á unos medios tan sórdidos para sostener su capricho. Parecerá exajeracion? Pues he visto, me estremezco el pro- — 177 — ferirlo, yo le vi, y también lo presenció el Dr. D. José Bohor- ques, y al Dr. D. Francisco de Córdoba se lo refirieron en la propia casa, dejar perecer á un vacunado á quien el séptimo dia sobrevino una erupción variolosa muy discreta y benigna, por tener la bárbara complacencia de vociferar, que los vacu- nados mueren de viruelas. Mal he dicho, no se dejó perecer, porque las tales viruelas no podian privarlo de la vida; se la quitó directamente el facultativo no prescribiéndole otro ali- mento y medicina que leche, naranjas de china y cocimiento de lentejas. Ese abuso criminal le causó una diarrea que lo ani- quiló y lo puso convulso. En este infeliz estado lo vimos el Doc- ctor Bohorquesy yo, y ni aun entonces habia alterado aquel profesor su abominable método. ¿ Quién me concediera toda la energía de Odier para repetir á los anti-vacunadores lo que escribió á Baume, cuando por sus instigaciones pereció de viruelas un ciudadano de Ginebra que habia pensado vacunarse? "Si el apreciable Ginebrino, le dice, que habéis privado del beneficio de la vacuna fuese mi pariente ó amigo, os citaría en los tribuuales; y á falta de un castigo que la ley no podría tal vez imponeros, os cubriría con el desprecio é indignación de todos los hombres virtuosos, sen- cillos y amantes de la humanidad." Moureau, transportado de un celo ardiente y filantrópico, no dudó proferir, que los anta- gonistas de la vacuna deberían mas bien ser castigados con la vara de la justicia, que por el látigo de la sátira." A la verdad ¿ qué perjuicio produce la vacuna, para que tan- to se abomine ? ¿ Acaso es dolorosa la operación ? ¿ Se exije al- go por ejecutarla ? ¿ Obliga la vacuna á permanecer en casa y observar una dieta rigorosa ? ¿ Necesita de la asistencia de un facultativo, ó de tomar alguna medicina desagradable ? Por fin, ¿es de alguna manera molesta ó costosa? ¿Pues en que perjudica cuando no aproveche ? No imagino haya algún hom- bre tan infatuado que se atreva á decir, que la vacunación ace- lera la erupción de las viruelas, y las hace de peor carácter, porque han visto en algunas personas aparecer estas después de la vacuna y morirse con ella: post hoc; ergo propter hoc. Lógi- ca bárbara, axioma absurdo, que nos permitiría discurrir de es- te modo: la noche sucede al dia; luego el sol es causa de las oq — 178 — tinieblas. La muerte sucede á la vida; luego el principio de nuestra existencia es la causa de nuestra corrupción. Los sec- tarios de semejante Dial etica son incapaces de convencerse con razones; valgámonos de hechos. Se habrán vacunado en esta Ciudad mas de cinco mil perso- nas; quiero conceder que la mitad de ellas, ó dos tercios, ó lo que parezca á los anti-vacunadores, han tenido las viruelas en- tre los diez primeros dias de la vacunación. Y por qué causa se ha preservado la otra mitad ó el otro tercio ? ¿ Como se han libertado aquellos que después de cierto número de dias se han rosado con los virulentos, han comido y dormido con ellos, se inocularon con su pus, mamaron la leche de nodrizas virulen- tas, y de todos modos se han espuesto á su contagio ? ¿Qué pri- vilegio han tenido para permanecer ilesos, cuando la presente epidemia no ha respetado ni á los que anteriormente habían tenido las viruelas naturales, ni á los inoculados t Luego si estos se preservaron por la vaeuna, es imposible que haya inficionado á los otros. Supongo por último que en algún vacunado se hubieran ad- vertido las viruelas pasados 10 ó 12 dias. "Esto, que probaria? Pregunta el C. Moreau. ; Acaso la naturaleza no tiene mas que un tipo ? ¿No sigue todas las sendas, y produce monstruos y anomalías ? En fin, ¿ están demarcados los límites de lo posi- ble? ¿No existen ejemplos de algunas personas que han pade- cido varias veces las viruelas, sin que por esto nadie haya du- dado del efecto preservativo de la inoculación ? Efectivamente se han observado algunos de estos casos en la actual epidemia: referiré solo cuatro por haber ocurrido en personas muy cono- cidas. El primero es una niña del Señor Brigadier Don Fran- cisco Gelabert, la cual habiendo dos años que tuvo viruelas, asistidas por el Doctor Córdoba, las ha vuelto á padecer ahora con una erupción muy numerosa: aun ha sido mayor la de don Antonio, hijo del difunto brigadier D. Matias de Armona, sin embargo de haber sido inoculado hace 5 años por D. Vicente Uñarte. A otro hijo de D. José Miguel Soler, que conservaba en el rostro y en la espalda algunas cicatrices de las antiguas viruelas, le han repetido en el mes de Marzo. Por último ha vuelto á tenerlas un hijo del teniente del regimiento de Cuba — 179 — D. Francisco Cabello, á quien se las habia curado hace dos años el muy distinguido profesor D. José Collet, y para mayor prue- ba de ser verdaderas, se inocularon entonces cun su pus algu- nas personas verificándose erupción. No obstante si los anti- vacunadores se atrevieren á decir que algunas de estas erupcio- nes no han sido variolosas sino de chinas, con mayor derecho podré afirmar lo mismo de las que han tenido los vacunados. 'Yo respeto la prudencia de algunos de nuestros médicos, los cuales por cierta circunspección que nadie puede vituperar, observan un silencio inviolable sobre la vacuna, suspendiendo por ahora su dictamen. Ellos lo estiman no como una opinión fi- siológica que puede admitirse ó despreciarse sin ofender la sa- lud pública, sino como una sentencia decisiva de la vida ó de la muerte de muchos hombres. ¡ Qué diferente es la conducta de otros profesores! Sin calcular los perjuicios que puede infe- rir su voto prematuro; sin considerar la autenticidad y el nú- mero casi indefinido de las pruebas en que se apoya la virtud preservativa de la vacuna; sin respetar el dictamen de tantos sa- bios que la veneran como un dogma físico; y sin que la misma autoridad del Soberano sea capaz de reprimir su goticismo ó sus intereses personales; la desprecian, la abominan y retraen á muchos incautos con hechos desfigurados ó supuestos. Infeli- ces! Ellos han privado á la Patria de muchos útiles ciudada- nos; ellos han cubierto de luto y desolación muchas familias. Diavendrá en que disipadas las tiniehlas que obcecan sus ojos, huirán de la presencia de aquellos padres á quienes hicieron verter amargas lágrimas. Atormentados por los remordimien- tos de su propia conciencia; hechos el objeto de la público ec- secracion y del ludibrio popular, adjurarán en vano su obsti- nación y pertinacia. Los anatemas de la humanidad los segui- rán hasta el sepulcro; la Patria detestará su memoria, y los ciudadanos virtuosos colocarán sus nombres entre los de Atila y Robespierre. — 180 — Estracto del oficio dirigido por el Dr. D. Mcoláf del Valle, Protomédico Regente en esta Ciu- dad, al Sr. Marques de Someruelos, Presidente Gobernador y Capitán General de la misma Ciudad é Isla. Deseando el Dr. D. Tomás Romay manifestar de un modo incontestable que la vacuna preserva de las viruelas naturales, participó á V. S. que intentaba inocular con el pus varioloso algunos niños vacunados. Adoptó V. S. un esperimentó tan decisivo, y para autorizar aquel acto, dándole toda la autenti- cidad posible, me insinuó en oficio de 22 de Marzo seria con- veniente lo presenciase este Real Tribunal y algunos otros fa- cultativos. Así se ejecutó al siguiente dia 13 á las once de la- mañana en la casa de D. Francisco Laboyé, donde concurrí con el segundo Protomédico Dr. D. Roque Oyarvide, con el Dr. D. José Bohorques, que hizo de Fiscal por ausencia del propietario; el Dr. D. Bernardo Cózar, Ayudante Consultor de los Reales Hospitales de Marina, el Dr. D. Francisco Javier de Córdoba, profesor de Medicina y Cirujia, y primer cirujano del Hospital de San Ambrosio, el cirujano D. Marcos Sánchez Rubio, D. Cayetano Pontón, Secretario de este Tribunal, pre- sentes los Señores D. Juan de Miralles, Caballero de la Real y distinguida Orden de Carlos HL, D. Juan Bautista Galainena, y el citado D. Francisco Laboyé. Reconocido por todos un niño de este como de diez meses de edad, que tenia las viruelas naturales en su perfecta supu- ración, nos presentó el Dr. Romay dos de sus hijos, uno nom- brado Tomás de seis años, y otro Pedro como de cuatro, am- bos vacunados el 12 de febrero, otro niño de D. Joaquín de Córdoba que tenia seis años llamado Francisco, vacunado en 23 de 'dicho mes, y una parvulita parda de la casa del Sr. Don Francisco Basabe, como de dos años nombrada Juana Floren- cia, y vacunada el 27 del propio mes. Encargamos al Dr. Có- zar que ejerciera la operación de inocularlos, y después de — 181 — acordar el modo con que debia ejecutarse, tomó en nuestra presencia de los granos variolosos la porción de pus suficiente para comunicar su contagio á cualquier sugeto que fuese capaz de recibirlo, y lo introdujo en las incisiones que hizo en los brazos de los cuatro niños, renovando el pus para cada una de ellas. Desde el siguiente dia no he dejado de visitarlos en todos los que han corrido hasta el 8 del presente mes, para observar las novedades que pudieran ocurrir, y dar á V. S. un informe muy exacto y prolijo. No satisfecho con mis propias observaciones, y considerando la importancia del asunto, resolví citar á los espresados facultativos, esceptuando el Dr. Romay, para que espusiesen con libertad cuanto habían visto en los vacuno-ino- culados desde el dia que se ejecutó aquella operación hasta el presente; y después de haber conferenciado dos horas, conveni- mos sin discordia en los resultados siguientes. "En D. Tomás, novedad ninguna digna de atención: en su "hermano menor, se formó en una de sus incisiones un grano "linfático que sin supurar se desvaneció al séptimo dia de la "inoculación: en D. Francisco, apareció fiebre por espacio de "48 horas que, según la causa antecedente y curación de ella, "fué mesentérica: y en la parvulita una leve erupción igual- "mente linfática y sin fiebre que se atribuyó á producto de la "dentición. "Y últimamente resumiendo todo lo que tengo observado, "leido, visto, y oido, concluyo en que han sido las resultas de "la vacuna en nuestro Pais idénticas á las de Europa hasta el "presente y que lo mismo es de presumirse para lo futuro." Dios guarde á V. S. muchos años. Habana 16 de abril de 1804. — 182 — Ñeque nos studium exquirendi defotiganti relinque- tnus. Cic. Sres. Editores de la Aurora. Sospechando que la carta del Dr. Wooclwille publicada en el número 216 del periódico de Veis, puede hacer desconfiar de la vacuna que he propagado en esta Ciudad, y que no falta- rá quien se intimide por los síntomas peligrosos con que, dice ese autor, suele presentarse; he juzgado conveniente manifes- tar con la mayor prontitud los defectos de esa observación, pa- ra evitar los perjuicios que pueden causar semejantes recelos. Y si acaso se hubieren aumentado con la otra carta del doctor Panchón impresa en el núra. 34 del periódico de esta Ciudad, contestando á la primera satisfaré en alguna parte á la segunda. Dice, pues, el Profesor de Londres: "En mi relato compren- de mas de 500 casos, noté que la materia de la enfermedad va- cuna produce muchas veces menos pústulas y menor incomo- didad que la de las viruelas; pero que el mismo tiempo se habia observado que en algún caso estraordinario llegó á ser la va- cuna una enfermedad de bastante cuidado, y que un niño ha- bia muerto de accesiones espasmódicas causadas por la fiebre eruptiva." Debo advertir que el doctor Woodville, médico del hospital de los inoculados en Londres, hizo en aquel propio lugar sus primeros ensayos sobre la vacuna, asistiendo al mismo tiempo un número considerable de inoculados. Esta sola circunstan- cia acredita la poca precaución con que procedía ese vacuno- inoculador esponiendo al contagio de las viruelas á los que eran capaces de recibirlo, y comunicándoles con una sola ope- ración ambas enfermedades, si es que la vacuna merece este nombre. De sus mismas palabras se infiere que las erupciones generales que observaba con tanta frecuencia, eran variolosas — 183 — y no de granos vacunos. Hasta ahora ningún vacunador ha di- cho, ni 70 tampoco lo he observado en mas de mil casos, que las pústulas vacunas son precedidas por alguna fiebre; esta no suele advertirse hasta pasado el quinto dia. Al contrario, nadie ha dudado que á la erupción de las viruelas antecede una ca- lentura llamada eruptiva, algunas veces tan ardiente que excita convulsiones, delirios, vómitos y otros síntomas peligrosos. Sin duda esa fué la que advirtió Woodwille en el niño muerto de ac- cesiones espasmódicas causadas por-la fiebre eruptiva. Esta solo reflexión es bastante para persuadir que las pús- tulas esparcidas en todo el cuerpo de los vacunados por ese observador, eran viruelas naturales, producidas por la com- plicación de esa enfermedad con la vacuna; complicación de- masiado frecuente en esta ciudad con motivo de la presente epidemia variolosa. Mas por si alguno dudase que ese antiguo profesor fuera capaz de equivocarse reputando por vacunos los granos variolosos, transcribiré los siguientes párrafos de la excelente obra publicada por Moreau de la Sarthe. (1) "No me detendré mas tiempo en reflexionar sobre los di- ferentes resultados que pueden sacarse del catalogo de Mr. Woodville; por lo que terminaré este capítulo con la imparcial esposicion de tres circunstancias que han complicado estos es- perimentos, y que respecto á su exactitud y utilidad no se pue- den comparar con las indagaciones de Jenner y Pearson, di- rijídas por aquel jenio observador que es tan raro, y por lo mis- mo tan útil de encontrar." "Estas tres circunstancias son la el poco intervalo que dejó pasar el Dr. Woodwille entre la vacunación y la inoculación de las viruelas ordinarias: 2a la mansión que la mayor parte de los vacunados han tenido en el hospital de inoculados, donde estuvieron constantemente espuesto al contagio: 3a la ninguna precaución con que el mismo Woodwille procedió haciéndose él mismo un hogar ambulante de miasmas valiorosos, de los que todas las partes de su cuerpo y sus vestidos debían hallarse impregnados, á causa de su continua asistencia en el hospital de los inoculados." (1) Tratado histórioo y práctico de la vacuna, pag. 88 y 89. — 184 — "No debe dudarse que estas circunstancias han influido nesesariamente sobre la enfermedad; y pues que según las observaciones de Mr. Woodwille pueden desarrollarse á un mismo tiempo el virus vacunal y el varioloso, es de creer que en muchos de sus esperimentos haya habido una doble afec- ción, respecto haberse manifestado granos en otras partes del cuerpo, distintas de aquellas en que se hizo la vacunación, lo que es constantemente extraño ala vacuna. En apoyo de esta opi- nión basta reflexionar, que el humor vacunal empleado por Woodwille produjo granos en mas de la mitad de sus vacuna- dos, y no hizo salir ninguno en los veinte sujetos que feliz- mente vacunó Jenner con él; debiéndose tener presente ade- más, que el humor vacunal enviado de Berkeleyá Mr. Wood- wille, ha causado siempre una erupción de granos en todas las vacuciones que ha practicado por si mismo, y no se ha visto tal fenómeno en manos de otro vacunador." No ha sido Moreau el único que ha juzgado muy defectuosas las primeras observaciones de Woodwille, también se esplica en los mismos términos el C. Husson. "Hemos visto, dice, que Mr. Woodwille, médico de un hospital de inoculados viviendo por consiguiente siempre en una atmósfera variolosa, y formando él mismo un hogar contagioso, observaba fre- cuentemente en su hospital erupciones variolosas entre sus vacunados. Por otra parte este médico convino, luego que llego á Paris, en que era muy cierto que estos niños habían adquirido las viruelas en su hospital, y que tal vez él mismo habia sido quien les habia comunicado el contagio. ¿Luego se debe admirar que un niño vacunado viviendo en medio de miasmas variolosos, sea atacado de estos al siguiente dia de la vacunación, ó tal vez cinco ó seis dias después y que la enfermedad sea tan peligrosa y mortal para él, como lo es para tantas otras vic- timas de las viruelas ? Los redactores de la Biblioteca británica (l) opinaron que si los esperimentos de Jenner y Pearson sobre la virtud preser- vad va de la vacuna, no hubiesen sido mas decisivos que los de Mr. Woodwille, dudaríamos aun sobre la duración de este efecto tan saludable, y exigiríamos para creerlo nuevas obser- (1) Tom. 12, ciencias y artes, pág. 159 y siguientes. — 185 — vaciones; pues las de este autor mas bien parecen dirigirse al examen comparativo entre la vacuna y las viruelas, que á dar solución al problema, que tiene por objeto las ventajas de la inoculación de la vacuna substituida á la antigua. Podia añadir un catálogo de escritores que afirman ser sufi- cientes las pústulas en las incisiones para constituir la verdadera vacuna, y preservar de las viruelas naturales: los citaré cuando conteste el Dr. Panchón por medio del Papel-periódico. Habana y Abril 26 de 1803. SEÑOR DOCTOR PANCHÓN. Muy Sr. mió: no debiendo mirar con indiferencia cualquier obstáculo que se oponga á los progresos de la vacuna en esta Ciudad, no estrañará V. conteste á su carta publicada en el nú- mero 34 de este Periódico. Dice V., que desconfia de la virtud preservativa de la vacu- nación que se está practicando en la Habana por dos motivos: el primero es, que álos mas de los vacunados no les ha resul- tado ninguna especie de viruelas vacunas, como se ha verifica- do en la Europa, pues aquí solo se ven las dos pústulas ó una sola, donde se ejecuta la operación, la cual debe mirarse como una variación ó defecto muy considerable." Si los primeros ensayos que hizo el Dr. Woodwille con la va- cuna fueron los fundamentos de la desconfianza que V. mani- fiestan la Aurora n.° 221 podrá V. ver el juicio que han forma- 24 — 186 — do de esas observaciones los médicos críticos que non jurant in verba magistri. Ademas, para que profiriese V. una proposición tan absoluta era preciso que Woodwille refiriese lo que se ha observado en toda la Europa, ó que V. hubiera visto lo que di- cen todos los vacunadores de esa parte del globo; pero se cono- ce que V. ni siquiera tiene noticia de lo que han escrito los mismos compatriotas y coetáneos de Woodwille. Eduardo Jenner, el primero á quien debia V. consultar para escribir sobre la vacuna, este hombre inmortal, paisano y ami- go de ese escritor, en la^pág. 5a de sus Investigaciones sobre las viruelas de las vacas, se esplica en estos términos: "algunas ve- ces se observan granos en los labios,'en la nariz, en los párpa- dos y en otras partes del cuerpo; mas esto no sucede sino cuan- do el enfermo se rasca ó araña, en esos parages con los dedos infectados con el pus. Escepto un solo caso, jamás he observa- do que en la declinación de los síntomas febriles se hubiese manifestado alguna erupción en la cutis, y aun entonces fue muy poco considerable en ios brazos: las pústulas eran muy pequeñas, de un rojo vivo, y desaparecieron prontamente an- tes de llegará supurarse, de suerte que yo no puedo determi- nar exactamente si esta erupción tenia alguna conexión con los síntomas precedentes." Recomiendo á V. que Jenner trata en este lugar de la enfer- medad comunicada inmediatamente por las vaoas, en cuyo ca- so la alteración general se manifiesta de un modo mas sensi- ble, que cuando se produce por inserción del pus tomado de otro hombre. En el resto de la obra no da á entender otra cosa sino que los granos se limitan á las incisiones cuando artificial- mente se ejecutan, ó á los dedos tocando las pústulas de las va- cas. Por último en la pág. 51 comparando las ventajas de la vacuna sobre la antigua inoculación, concluye así: "el número escesivo de granos es lo que tenemos principalmente en las vi- ruelas naturales; mas esto nunca acontece en las viruelas de las vacas." Aikin, que escribió en Londres su examen sobre la inoculación de la vacuna, considera las pústulas generales como una rara ocurrencia en la verdadera vacuna, y cuando aparecen lo atri- buye á dos causas: primera á la incisión muy profunda hasta — 187 — penetrar la membrana celular: segunda, al contagio de la vi- ruela comunicado en el primer periodo de la vacuna. Esta úl- tima es la que en su juicio produjo las frecuentes erupciones pustulares que se advirtieron en los primeros ensayos ejecuta- dos en aquella Capital, y á ella también imputa la muerte del niño que refiere Woodwille en su carta al Editor del Monthly Magazine. No se alteró la vacuna en el continente de Europa. De Carro, el primero que en él la introdujo y propagó en Viena, refirien- do en una carta álos Editores de la Biblioteca británica el éxito de sus tres primeras vacunaciones, les dice: en el cuerpo del se- gundo no se presentó erupción alguna. Este fué el único de sus tres hijos en quien se logró la vacuna, álos otros dos nada resultó. En mayor número de vacunados esperimentó lo mismo Hus- son en la ciudad de Reims, "Ninguno, dice, tuvo mas granos que uno en cada picadura: en una palabra, la enfermedad ha sido tan benigna en Reims como en todas partes. La Junta médica, establecida en Paris para observar los pro- gresos de la vacuna, en su primer informe dirigido á la escue- la de Medicina el 10 de Noviembre de 1800, teniendo presente no solo cuanto habían advertido sus respetables miembros, si- no también los primeros esperimentos ejecutados en Boloña, y las observaciones remitidas de Ginebra por Odier, afirma en uno de sus corolarios: "esta enfermedad no produce ninguna erupción general, ni han aparecido jamas granos en los ensa- yos hechos, sino solamente en las incisiones ó picaduras de la inoculación, y esto uno en cada cisura. "Nada se innovó sobre este particular en el informe presentado á la Sociedad de Me- dicina, por otra Comisión encargada del mismo objeto en el mes de Julio de 1801. No ha sido la vacuna menos benigna en nuestra España: el Doctor Piguillen, de Barcelona, traductor de la Memoria del Dr. Colon, nada ha tenido que notar á esta espresion del ori- ginal en la pág. 16. "En la vacuna no hay jamas erupción ge- neral, esta se limita á cada incisión; de modo que si se hacen dos, salen dos granos y no mas." El mismo silencio observa en Madrid el Dr. Hernández; por último el Dr. Balmis en su Pró- logo á la traducción que hizo de la obra del C. Moreau, se es. — 188 — plica de este modo en la pág. 18. "No se presenta erupción al- o-una cutánea, ni mas grano vacunal que una en cada cisura; de manera que se pueda asegurar el número de granos que sal- drán por el de las picaduras que se han hecho." Lo expuesto me parece suficiente para probar que las erup- ciones generales no han sido tan frecuentes en Europa como V. ha querido suponer para desconfiar y hacer que otros duden de la legitimidad de la vacuna que he propagado en esta Ciu- dad. ¿ Pero que mayor prueba de ser verdadera, que el éxito de la inoculación ejecutada sin efecto alguno en cuatro niños vacunados, y algunos otros hechos todavía mas decisivos, com- pilados en un discurso que publicó este mismo dia ? Los estre- chos límites del presente Periódico, no me permiten satisfacer al segundo motivo en que funda V. su desconfianza, y lo insi- núa en la citada carta: lo ejecutaré con la mayor prontitud. Habana y Mayo 4 de 1804. Muy Sr. mió: el segundo motivo que tiene V. para descon- fiar de la vacuua de esta ciudad "es porque el humor introdu- cido en el brazo debe padecer alteración, y sufriendo un grado siquiera de ella en cada cuerpo ha de llegar á variar de cua- lidad, por consiguiente perder la que estrajo de la vaca, la cual creo por mucha razones que es la que posee la virtud preservativa de las viruelas." Si V. hubiera apoyado esta desconfianza con las observacio- nes de Pearson, quizás habria dado alguna verosimilitud; pero entonces yo contestaría con las reflexiones que hace sobre ellas Moreau de la Sarthé. V. ha querido le creyésemos sobre su pa- labra en asunto de tanta importancia, manifestando ignorar ab- solutamente la historiade la vacuna, y sin prevenir ni esta reflec- sion demasiado obvia. Algunos ingleses han sido los únicos que se vacunaron con el pus tomado'inmediatamente de las vacas ¿luego ellos solos estarán preservados de las viruelas natura- — 189 — les? Mil hechos los mas auténticos, ejecutados en toda la Eu- ropa y en diversas partes de la América manifestarán la false- dad de esta ilusión. El virus vacuno se llevó de Inglaterra á Francia hace mas de cineo años, y en este tiempo dos Juntas de París y muchos otros distinguidos profesores no han ces-ado de ejecutar felizmente los ensayos mas decisivos y solemnes, sin advertir la mas leve alteración en su benéfica virtud. Las vacas de España tampoco padecen el cowpox, fue preciso traer ese líquido de las personas vacunadas en la república francesa. Este ha circulado por toda la Península, y en todos sus pue- blos ha producido el mismo efecto que el condado de Glo- cester. Ademas, bastaba haber mirado atentamente uno de los ver- daderos granos vacunos de esta Ciudad, confrontándolo con los caracteres que describe el mismo Jenner y todos los vacu- nadores europeos para inferir que no habiendo degenerado en ninguno de ellos, tampoco se habrá enervado su virtud. El 12 de febrero hice las primeras vacunaciones, y hasta la fechaban corrido noventa dias. Suponiendo que cada diez se ha tomado el pus de los granos (1) resulta haber existido ya en sola esta Ciudad en nueve personas de diferentes edades, sexos, tempe- ramentos y condiciones. Aqui se trajo de la Aguadilla de Puer- to-Rico trasmitiéndose de brazo á brazo desde la Capital don- de llegó de Santómas el 28 de Noviembre próximo pasado. De este dia al 12 de febrero se cuentan setenta y seis, y por consi- guiente pasó un mismo pus vacuno por siete sugetos. ¿ Y en cuantos no existiría antes de llevarse á Puerto-Rico? No puedo calcularlo porque ignoro cuando llegó á esa Colonia: lo cierto es que á ella se condujo de los Estados-Unidos ó de Dinamarca. Me consta porRedman Coxe (2) que no habiéndo- se encontrado en las vacas de las provincias anglo americanas el grano vacuno, fué preciso ocurrir por ese pus á su antigua Metrópoli. Si de Diuamarca vinoá Santóma3 no fue menos di- (1) Mientras el Termómetro de Reaumur se mantuvo entre los 13 y 18 grados se conservaba el pus muy líquido hasta el dia décimo, y alguna vez lo apliqué feliz- mente al duodécimo, mas después que desde fines de Abril se ha elevado alternati- vamente hasta los 25 grados, me ha sido preciso estraerlo al dia séptimo, porque el octavo ya estaba casi seco. (2) Observación as práoticas sobre la vacuna, impresas ©n Filadelfia año 1802. __ l!K> — latada su carrera, á menos que se hubiese tomado del condado de Holstein donde asegura Moreau se habia descubierto en sus vacadas el año 1801. (í). Pero siempre resulta que el virus va- cuno que tenemos hace tal vez un año que circula por muy diferentes climas, y por treinta y seis personas. Sin embargo permanece tan inalterable como lo acreditan sus caracteres y las pruebas que hemos observado en esta Ciudad de su virtud preservativa (2). A estas puedo añadir, que el Licenciado D. -losé Gregorio de Lezama vacunó en el pueblo de Regla los pezones de una vaca con el pus tomado de un niño. Tuvo una erupción en las incisiones que reconocí muy semejante á la que descríbela Jun- ta médica de Reims en otro igual ensaco. Con su pus se vacu- naron varias personas á quienes resultó la verdadera vacuna. De estos torné el virus el 4 de abril, y lo comuniqué en el mis- mo pueblo á otras veinte, algunas de ellas fueron de esta Ciu- dad; en todas se verificó una perfecta erupción, y en el dia produce aquel pus el mismo efecto después de diferentes trans- misiones. D. Esteban Gonezara, cirujano del Ingenio San Jo- sé, propio de la Sra. Doña Bárbara O-Farril, me escribe con fecha de 27 del propio mes haber vacunado otras tres vacas en las cuales se perfieionó el grano vacuno con todos sus caracte- res, verificándose lo mismo en varios sugetos á quienes comu- nicó su pus inmediatamente, y de estos á muchos otros. De semejantes observaciones puedo concluir con la citada Junta de Reiras, en su informe dirijido á la Junta médica de Paris, "que el virus vacunal lejos de alterarse y perder su acti- vidad sobre la especie humana, la conserva aun bastante des- pués de muchas transmisiones sucesivas para comunicar á las vacas una enfermedad absolutamente semejante á la que el Dr. Jenner observó en estos animales de los cuales sacó el vi- rus para inocular ala especie humana." Otros propios esperimentos confirman también que el pus vacuno es inalterable, y produce solamente la verdadera va- cuna aun cuando se tome de algún sujeto que padezca otra (1) Se ha descubierto también el grano vacuno en las vacadas del departamento de Landes, de la Lombardia, y en el centro de la República Cisalpina. (2) Están recopiladas en un Discurso que se halla en esta Imprenta. Í— 191 - cualquiera enfermedad. El 28 de Marzo inoculé en la casa de Beneficencia con el pus vacuno de una niña que tenia una an- tigua erupción sarnosa, quince personas de la misma casa: á todas resultó la verdadera vacuna, y á ninguna la sarna. El 26 r de Abril reconocí el grano vacuno de un niño de 1). Antonio , Maria de Cárdenas que contaba diez y ocho dias de nacido, y lo encontré con todos los caracteres de verdadero, escepto te- ner muy amarilla la parte superior. Juzgué que este color no fr se comunicaría al pus, limitándose solamente á la epidermis tinturado como toda la de mas de su cuerpo, de aquella icte- •\ ricia que produce en esa edad la detención del meconio en el > duodeno. Piqué la borbojay salió un pus no muy líquido y tan amarillo como una fuerte tintura de azafrán. Me detuve un momento considerando que podia producir la falsa vacuna; pero ocurriéndome el modo de evitar sus perjuicios si acaso resultaba, me resolví á observar hasta donde llegaba la inal- terabilidad del virus vacuno. Lo comuniqué al Teniente de Navio D. Francisco Javier Pineda, y á D. Pedro Ruiz, de- pendiente de la casa del Sr. Contador D. Francisco de Arze. Quedé tan desconfiado del éxito de esta operación que resolví revacunarlos al tercer dia. Entonces ya no temi resultase la falsa vacuna, pues las incisiones estaban ilesas; pero juzgando ineficaz aquel pus los volví á vacunar con otro en diversos puntos. Fue inútil esta segunda operación: al dia siguiente se '* presentaron en D. Francisco Pineda cuatro granos en las pri- meras punturas que le hice, y al séptimo manifestaban todos los caracteres de verdaderos. No volvi á observarlo porque al ¡' siguiente dia salió al campo con objeto de que vacunasen con ellos. D. Pedro Ruiz tuvo otros tres granos perfectos en las primeras incisiones, y por habérselos rascado el dia séptimo no pude comunicar su pus á otras personas. Esta observación acredita que el virus vacuno no degenera aun mezclándose con otro humor, y que jamás produce una en- fermedad mixta: véase una prueba de su inalterabilidad. Don Manuel Hernández, Cirujano del escuadrón de Dragones de es- ta Plaza, vacunó un negro del Teniente Coronel retirado don José de Cotilla. Verificóse la erupción vacuna, mas el quinto dia le invadió la fiebre eruptiva variolosa, y al noveno ya estaba — 192 — cubierto de sus pústulas. No obstante, el grano vacuno siguió su curso, como en otros muchos casos idénticos que hemos ob- servado. Pero D. Manuel Hernández tuvo la animosidad de comunicar aquel mismo dia el pus vacuno de ese varioloso á otros dos negros de la propia casa: resultó á entrambos la ver- dadera vacuna, sin una sola viruela natural. Estos ensayos compruedan los que hizo el C. Voisin, los cuales habiendo sido examinados por la comisión de la vacuna establecida en el Louvre, informó en estos términos á la So- ciedad de Medicina de Paris en el mes de Junio de 1801 "Angélica Huhn, que tuvo al mismo tiempo las viruelas y la vacuna, suministró virus vacuno para dos niños, en quienes re- sultó una felicísima vacuna sin complicación. En apoyo de este hecho se halla en la misma obra otro no menos admirable. Fué vacunado un niño cubierto de una fuertísima sarna, y sumi- nistró vacuna para otro3 dos niños, los cuales tuvieron igual- mente hermosas pústulas sin complicación alguna. Estos ejem- plos, á que se podrían añadir otros muchos, se dirigen á probar que el vacuno es un virus per se que conserva, como dice el ciudadano Voisin, su particular carácter en medio de las en- fermedades que pueden coexistir durante el curso de su desar- rollo; y que la materia vacunal no se combina con ninguna otra especie de virus, como ya lo habían reconocido, respecto al va- rioloso, los buenos inoculadores." (1). Esta es en fin, Sr. Dr. la opinión unánime de los mas célebres vacunadores, fundada en una esperiencia universal y constante. Si contra ella le ocurriese á V. algunas razones muy atendibles no se desdeñe de comunicarlas siendo un asunto tan importante que ha merecido toda la consideración de los primeros sabios de la Europa. En su dictamen ha confiado nuestro benéfico Soberano para remitirnos la vacuna no en vacas inglesas, sino en los mismos brazos de sus vasallos, transmitiéndose de unos á otros desde el mes de Setiembre último que salió de Madrid esa costosa espedicion. Seamos, pues, menos presuntuosos y • mas reconocidos á tanta beneficencia, aun cuando la vacuna no fuera por si misma uu bien inapreciable. Habana y Mayo 11 de 1804. (1) Página 33. • — 193 — Habiendo probado la esperiencia que los síntomas de la vacuna son constantemente mas simples y benignos en los ni- ños de mas tierna edad lejos de presentarse algún obstácu- lo para diferir la vacunación,-se consiguen mayores ventajas cuando se ejecutan desde los primeros dias de la vida. La pri- mera es, preservarlos de las viruelas que no exceptúan ni ese delicadísimo periodo, y que por lo general son mas graves en los adultos que en los párvulos. La causa de esta diferencia es la pureza é inalterabilidad de la constitución de los niños, la cual no ha sido todavía contaminada y pervertida con los ex- cesos corporales, las pasiones y los vicios. Esta misma favora- ble predisposición contribuye igualmente á que sea en ellos mas benigna la vacuna. Inoculándosela con la mayor anticipación se precaven tam- bién aquellas indisposiciones que con tanta frecuencia se les comunican con la leche de las crianderas enfermizas y mal complexionadas; defectos que ellas ocultan por ignorancia ó por sus intereses personales. No es menos importante evitar que la vacuna se complique eon la dentición, la cual no te- niendo un periodo fijo y constante, se anticipa ó retarda al- gunos meses, y suele presentarse con síntomas demasiado pe- ligrosos. Los mas distinguidos vacunadores aconsejan no se añada este nuevo estimulo á los conatos que entonces hace la naturaleza agitada, y solo en las epidemias de viruelas permi- ten vacunar en ese estado para evitar un riesgo mucho mas grande. Finalmente en los niños recien nacidos, como que son in- capaces de rascarse y de moverse, se conserva el grano vacuno mas fácilmente que cuando adquieren alguna agilidad y forta- leza. Esta circunstancia es muy recomendable tanto por el bien que podemos hacer á nuestro semejantes sin que nada nos cueste ni espongamos, como porque nosotros mismos estamos espuestos á necesitarlo para nuestros futuros hijos y domésticos v si no cuidamos de comunicarlo á las generaciones interme- J 25 — 194 — dias, necesariamente se estinguirá la vacuna, y volveremos á quedar espuestos á los estragos de las viruelas. El inmortal Jenner vacunó un niño á las veinte y dos horas de haber nacido, y corrió todo su curso sin ninguna incomo- didad. Veinte y nueve dias contaba el mas pequeño de mis hi- jos cuando adquirí la vacuna el doce de Febrero, y confiando en el ejemplo de ese ilustre filántropo no dudé un momento comunicarle su benéfico pus. Después he vacunado varios niños á los ocho dias de su nacimiento; y si antes me los presentaron ejecutaré la misma operación con la mayor confianza de un éxito el mas feliz. Yo no puedo esplicar la complacencia que esperimenté la otra tarde vacunando un parvulito que condu- cían inmediatamente del mismo templo donde acababa de re- cibir el Sacramento del Bautismo. Todavía se percibía en su cabeza el precioso olor del crisma sagrado, y casi á un mismo tiempo su alma quedó purificada y fortalecida por las aguas estrales, y su cuerpo preservado con el pus vacuno de las vi- ruelas, y quizás de otras consecuencias del pecado no menos funestas que aquellas. ¡ Ejemplo digno de imitarse por todos los padres virtuosos y sensibles! Y supuesto que en cada sema- na se vacuna dos ocasiones, está en su arbitrio elegir el dia que las sea mas cómodo para proporcionar de una vez á sus caros hijos la vida espiritual y corporal. Con este objeto los médicos de Ginebra compusieron una exhortación para que los párracos la reciten á los padrinos al tiempo de administrar el Bautismo: la transcribiré con aquel respeto religioso que merecen los sentimientos filantrópicos y virtuosos. "Entre los varios peligros á que está espuesto el niño que acaba de bautizarse, debe contarse el de las viruelas, enferme- dad que desde el siglo octavo se ha propagado por la Europa hasta el estremo de ser moralmente imposible preservarse de ellas, sino por la inoculación." "Afortunadamente y por especial favor de la Providencia se ha descubierto en estos últimos tiempos un remedio apoyado en la esperiencia, sencillo, seguro y aplicable en todas estacio- nes á los recien nacidos débiles y tiernos; un remedio que nun- ca es acompañado de malos síntomas; al contrario es de la mas — 195 — benigna naturaleza, á saber la vacunación: esta es una enfer- medad ligera y suave: tiene la ventaja imponderable de no ser contagiosa, en términos que uno puede inocularse en su casa sin perjuicio del vecino, y queda libre para siempre de la des- gracia de las viruelas." "Si vosotros, Padres, queréis libertar á este hijo de semejan- te peligro, os conjuro á que inmediatamente le inoculéis con la vacuna. Daos prisa á preservarle de una enfermedad peligrosa que lastima vuestros corazones, y á cada momento espone vuestros hijos al contagio. No los entreguéis á las crianderas hasta no haberlos asegurado de este riesgo. Sírvaos de estimu- lo el ejemplo de los médicos y cirujanos que vacunaron los su- yos á pesar de la terneza de padres. A nombre de la humani- dad, y por todo lo que mas amáis, requiero de vosotros la imi- tación: si no quisiereis, nosotros quedaremos justificados cuando lloréis la muerte de vuestros hijos, y os diremos que no quisis- teis aprovecharos del remedio que se os presentaba siempre y fácil; que dudasteis contra la razón y esperiencia aplicarlo oportunamente aun á vista de las graciosas vacunaciones que hacían los profesores abajo firmados, los cuales ninguna tribu- cion han exijido de las personas incapaces de pagar. Firmados: Rieusseux, Odier, Rignier, Monget, Rieillard, Coindet de la Rivé, Peschier, Doctores en medicina; Tariné, Tiné, Maunoin, Ciru- janos." Habana y Julio 10 de 1804. Deseando la Junta Central de la vacuna, establecida en esta Ciudad, hacer tan familiar esa nueva inoculación que hasta las madres puedan vacunar á sus hijos, me encargó formase una instrucción sucinta y sencilla espresando el modo de ejecutar- lo, los caracteres del grano vacuno, y el tiempo oportuno de tomar su benéfico pus. (a). En este pequeño escrito he procu- rado satisfacer esta importante comisión, ofreciendo el resulta- do de mis propias observaciones, y de las que han publicado los mas ilustres vacunadores. Si el éxito corresponde al fin que (a) Ce n'esf pas du pus c'est une sórvité de nature contagieuse. — 196 — se ha propuesto la Junta, la isla de Cuba se hará inaccesible al contagio varioloso. Caracteres del grano racimo. En la verdadera vacuna no se percibe alguna alteración en las picaduras hasta después de las cuarenta y ocho horas de haberlas hecho, (b) Del tercero al cuarto dia presentan un punto encarnado se- mejante á la señal que deja la picadura de un mosquito. Se aumenta del quinto al sesto, y en la parte superior pre- senta una borbogita blanca. Al séptimo es mucho mayor el grano, lo rodea un círculo encarnado, el centro se deprime, y en su circunferencia se for- ma un rodete lleno de un líquido claro y transparente, (c). La inflamación que circunscribe el grano se estiende el dia octavo, y suele esperimentarse algún movimiento febril, bos- tezos, dolor bajo los brazos, picazón en los granos, calor y dis- plicencia en todo el cuerpo. Desde el dia noveno al once se disipa gradualmente la infla- mación, y se empieza á formar la postilla en el centro del gra- no, la cual al principio es amarilla, y después se ennegrece: del dia veinte y cinco al treinta se cae y deja un hoyo pe- queño. Picado el grano no se derrama de una vez todo el pus con- tenido en el rodete, sino saldrá de cada picadura una pequeña gota tan cristalina como la clara del huevo. Tiempo y modo de aplicar el fluido. Habiendo conocido por propia esperiencia que el calor ace- lera los progresos del grano vacuno, y que el frió los retarda, en los meses de mayo hasta setiembre puede tomarse su pus (b) Au plutót. (c) Cela n'est p;is ainsi prompt en France. * — 197 — en esta Isla el dia séptimo de la vacunación, esto es, contando siete veces veinte y cuatro horas desde el momento en que se hicieron las picaduras; de Octubre hasta Abril podrá diferirse al noveno y décimo. Cuando se rebienta algún grano casualmente ó de propósito aunque vuelva á llenarse, este nuevo pus producirá la falsa va- cuna, (d) Se conocerá que el grano se ha rebentado, en su figura irre- gular, y en que conserva esteriormente algunas partículas del pus secas y brillantes. Si no se perciben estas señales, se picará muy ligeramente en el rodete del grano, evitando sacar la mas pequeña gota de sangre; no obstante esa precaución si llega á presentarse, no se usará de aquel pus ensangrentado, (e) Tomado el fluido cristalino en la punta de la aguja, se in- troducirá horizontalmente bajo la epidermis, estendiendo con la otra mano la piel del brazo. Se procurará que las picaduras que se hagan'para ingerir el pus sean tan superficiales que no lleguen á penetrar toda la cu- tis; cuando mas se permite que la arañen y tinturen de sangre pero sin que fluya una sola gota. En los negros deben hacerse las picaduras un poco mas pro- fundas que en los blancos, y en la parte interior del brazo. No es necesario cubrir las picaduras con algún cabezal, ni con tafetán de Inglaterra. Pasadas ocho horas de haberse picado un grano para tomar su pus, dificilmente producirá la verdadera vacuna aunque vuelva á llenarse, (f) La costra del grano vacuno que no se ha rebentado, pulve- rizada en un mortero de mármol ó de vidrio, y humedecida con agua fria, produce la vacuna con tanta facilidad como el fluido mas cristalino, (g) El mismo humor seco, disolviendo con una gota de agua, (d) Est ce bien vrai ? J'ai l'éxperience du contraire. (e) La precaution de ne pas se servir du fluide vaccir, melangé au sang est inutile: on reussil de méme. (f) Cela n'nest pa vrai. (g) L' inoculation de la matiére delayés de la cronte produit la vrai vaccine; mais il n'est pas rare que sur 30 ou 40 piqüree il n'y en au q'une qui prenno. — 198 - ' que se tomará en la punta de la aguja, producirá igualmei grano vacuno. Si se vacuna algún sugeto que ha tenido las viruelas rales, aunque el grano que resulte presente todos los caí res de verdadero, su pus producirá siempre la falsa vacuna. Pueden vacunarse los niños á las cuarenta y ocho horas de haber nacido. Si un solo grano es suficiente para preservar de las viruelas, no se mortificarán inútilmente los parvulitos haciéndoles mu- chas picaduras, y esponiéndolos á la inflamación que esperi- mentarian si resultasen todos los granos: bastará una sola pi- cadura en cada brazo, (i) Se duplicarán en los adultos, y en los de mayor edad podrán aumentarse hasta tres ó cuatro en cada brazo: la excitabilidad se disminuye según se aumenta la edad. Si después de vacunado algún sujeto, no se verifica la erup- ción de los granos vacunos, se repetirá la misma operación hasta que se consiga, aumentando el número de las picaduras; hay ejemplar de no haber resultado hasta la novena vacu- cion. Para facilitar la erupción es muy conveniente aplicar tres horas antes de hacer las picaduras, un emplasto vegigatorio en el mismo lugar. Solo cuando se tema el contagio varioloso podra vacunarse en el tiempo de la dentincion ó de cualquiera otra incomodi- dad; el perfecto estado de salud es el mas oportuno para la vacunación. Cuando el círculo inflamatorio que rodea el grano se aumen- tare mas de lo ordinario, se bañará frecuentemente con el co- cimiento de malvas tibio, y un poco de vinagre, (j) Si en el grano se formase alguna úlcera por haberlo rascado, se bañará con agua y unas gotas de extracto de saturno. (h) Les medecins de Milán ont prouve le contraire. (i) Comme on nest jamáis certain du nombre de boutons qui se developeront il faut faire plusieurs piqúres. (j) X'employes jamáis de vinaigre. — 199 — Falsa vacuna. f .las veinte y cuatro horas de hecha las picaduras, y aun ^ntes, se siente en ellas dolor y picazón. Desde entonces se per- cibe un pequeño grano que se .aumenta con mucha rapidez. Al dia sesto llega el término de su incremento, tiene una figura irregular, y lejos de estar hundido por el centro, se eleva en punta. Si se pica derrama de una vez todo el pus que contiene con cierta amarillez quele es peculiar. Este grano se seca y des- aparece con la misma celeridad que se presenta, crece y supura. Habana y Julio 30 de 1804. Elegidos por un cuerpo ilustre y benéfico para conservarla vacuna en esta ciudad, faltaríamos á su confianza, á los debe- res de la humanidad y á los sentimientos naturales de nuestro corazón, si por la negligencia, la timidez y las preocupaciones le ciertas almas vulgares y pusilánimes omitiésemos un solo medio capaz de contribuir á ese importante objeto. La comisión de la vacuna no ha cesado de recomendar la incontestable vir. tud de ese eficaz preservativo de las viruelas; con el mayor empeño ha incitado á este pueblo á aprovecharse de las ven- tajas que proporciona, y dos veces en cada semana lo ha comu- nicado generosamente á todos los que han querido recibirlo- Mas ahora esforzándose sus insinuaciones, anuncia que las viruelas naturales, ese terrible azote de la especie humana se ha presentado en diferentes casas de este pueblo. No creemos haya alguno tan insensible y desnaturalizado que no se estre- mezca al oir esta noticia, si recuérdalos estragos que produjo la anterior epidemia en los primeros meses del presenil año; estragos que hubieran sido aun mayores si la vacuna no hubie- ra sido aun mayores si la vacuna no hubiese preservado de su contagio á muchos centenares de individuos. Entonces mirando el peligro muy inminente, y no dudando de unos hechos tan auténticos, se depusieron las desconfianzas y temores solicitándose la vacuna con el mayor anhelo; pero según iba disipándose el contagio y eran menos frecuentes las víctimas que devoraba, se depuso al horror que nos infundía, — 200 -~ y como si las viruelas jamas hubieran de volver á presenta en este suelo, por una criminal negligencia se ha lleg* . _ juzgar la vacuna innecesaria para aquellas personas mas ñas de nuestro amor y compasión. La Junta Central quedó sorprendida cuando la informó 1. comisión que en el mes de Octubre solo se habían vacuna catorce personas blancas, y que las de color llegaron á doscie tas cuarenta y ocho, siendo incontestables que en.el espacio d^ un mes nacen en esta ciudad y sus arrabales muchos mas de ratorce niños blancos. Y cuando se rehusa vacunar á estos presentando los esclavos con tanta confianza, ¿no podrá presumirse que se aprecia mas el valor de ellos que la vida de un hijo? Asi podrá juzgarlo quien ignore la sensibilidad y terneza de nuestros padres; pero nosotros creemos que estos mismos afectos los retraen para es- poner sus amados hijos, ó sufrir el dolor de unas'leves picadu- ras, aun estando cerciorados de que por ellas los preservan de la muerte mas horrorosa. La humanidad abomina tan indiscreta compasión, y en esta fecha la han llorado amargamente diferentes padres que espe- raban vacunar á sus hijos cuando se presentasen las viruelas, como si ellas se anunciasen con anticipación para que nos previniésemos á recibirlas. Es un enemigo demasiado alevoso que nos sorprende en to- das estaciones y edades, frustrando siempre las mas activas precauciones. En las cabanas de los pastores, y en los palacios de los Reyes se ha presentado impávido cuando le juzgaban mas distante, y sin repetar ni la dignidad, ni el sexo ni los años, á todos ha cubierto de horror y de luto. No apartemos jamas de la fantasía los funestos espectáculos que tantas veces han excitado nuestro terror y compasión; de- pongamos esa nimia sensibilidad que puede causarnos el dolor mas apurado; cuidemos de nuestra propia existencia conser- vando la de nuestros hijos, y no despreciemos el precios© don que nos ha concedido la Providencia. Habana y Noviembre 20 de 1804. FIN DEL TOMO SEGUNDO. NLM032766828