1 SURGEON GENERAL'S OFFICE LIBRARY. ANNflX Section,_____________r____^l_ No. J._^.3_L).L> W ■éüíl •rf^*^».. /TRATADO TEÓRICO PRACTICO DE HOMEOPATÍA o SEA q^GANON DEL ARTE DE CURAR, 5*3 *V FGRS. KAH1UIEKA1T. SEGUIDO DE LA MEDICINA DOMESTICA Y PRECEDIDO DE UN ESTENSO PROLOGO SOBRE LAS ENFERMEDADES MAS COMUNES.EN SANTIAGO, ETC. POR EL DR, B. GARCÍA FERMDEZ, SANTIAGO DE CHILE. IMPRENTA CHILENA, calle de Montevideo (Teatinos), núm. 39, — 1855. — W:bk VU48e> ISS5 i? AL S.i D, SILVESTRE OCHAGAVÍA EX-MINISTRO DE JUSTICIA, CULTO E INSTRUCCIÓN PÚBLICA OE CHILE. MI MUÍ QUERIDO AMIGO : La homeopatía se va haciendo lugar en todas las clases de San- tiago; a la curiosidad siguió la duda, y a esta la convicción. Al principio me llamaban jeneralmente los enfermos desahuciados o los que estaban aburridos con largos e inútiles tratamientos; y algunos otros, con cualquier pretesto, por el vano deseo de conocerme o de conocer el nuevo sistema. Mas ahora, las cosas suceden de otro modo: mi clientela, que es muí numerosa y a la cual no puedo dar cumplimiento, está convencida de que la homeopatía es una verdad práctica, y todos los dias, desde lo mas alto a lo mas bajo, reco^ rro la escala social, viendo enfermos de diferentes dolencias, que no quieren ya curarse con otro método que con el homeopático. Este paso, en el sentido del progreso, tengo la dulce satisfacción de haberlo dado, sin el ruido y escándalo de los demás paises don- de se ha introducido la homeopatía. Los resultados prácticos, sorprendentes muchos de ellos, lian despertado en los aficionados el vivo deseo de conocer los funda- mentos de la homeopatía, y sus aplicaciones prácticas a los enfer- mos, para socorrerse a sí mismos en los casos apurados y para llevar algún consuelo a los pobres de los campos, que mueren en el ma- yor desamparo. Este vacío, que no han podido llenar las librerías de Santiago y Valparaíso., me propuse llenarlo yo, reimprimiendo dos obritas de la mayor importancia; una teórica, que es el órganon de Hahne- man, y otra práctica, que es la Medicina doméstica de Hering, que ha merecido ser traducida a todos los idiomas cultos. Como mi objeto era ofrecer al público un Tratado de homeopa- tía, teórico y práctico a la vez, para que a poco costo satisfaciera las necesidades de lodos, y que al mismo tiempo presentara la ciencia en su estado actual, con aplicación a Santiago, escribí el adjunto prólogo, que es mas í>ien una obiita que una introducción. En él Il BMUCATOUIA. espongo las leves fundamentales de la homeopatía, las virtudes de los medicamentos mas usados, los accidentes que padece la mujer en cierto estado interesante de su vida, las enfermedades de la in- fancia y entre ellas el'ataque al cerebro en los niños, las afeccio- nes del corazón, pulmón e hígado, que son los padecimientos ha- bituales de la capital, terminandocon algunas consideraciones sobre la causa principal de las enfermedades que aquí se sufren. Algunas reglas de Hijiene individual y de Hijiene pública, re- la! ivas a Santiago, con un plan de mejoramiento de la población y los medios de llevarlo a cabo, aumentan todavía este lai*go Prólogo. Yo desconfio de haber desempeñado bien este trabajo, escrito co- mo eslá a latos cortos, robados al sueño y a los enfermos; pero tal como es, yo me tomo la confianza de ofrecerlo a U. de lodo co- razón, como una pequeña prueba de mi amistad y de las simpatías que hacia su persona, despertaron en mí, su vivísimo anhelo de instruir al pueblo y sus acertadas disposiciones para conseguirlo. Todavía hai olio sentimiento que mueve mi corazón a dedicarle esla pequeña oferta. Yo no he nacido en Chile, y Chile me ha dado esposa, hijos, buenos amigos, honrosas distinciones y una tan favorable acojida, cual yo no podía esperar de ningún modo. Y a nombre de tan caros objetos, que forman las deliciasde mi corazón, yole dedicoaU.,no solo la obra, poique esla vale poco, sino el bien que de ella resulte; y mas que todo, la buena intención que yo he tenido al escribirla, deseando hacer algún servicio al pais que, con sus bondades, me hace olvidar el mió propio, en muchas circunstancias. En cuanto a la obrita de Hijiene que, siendo U. Ministro, se dignó encargarme que escribida, con aplicación a Chile, acaso en el verano próximo haga un ensayo, si no me retrae la justa des- confianza en mis propias fuerzas y la seguridad de que otros pue- den mejor que yo desempeñar esta empresa. No puedo concluir aun sin rec'amar su induljencia sobre un de- fecto importante del Prólogo. La infracción de las leyes hijiénicas, así déla hijiene individual coma de la hijiene pública, es la causa mas jeneral délas enferme- dades de Sanliago. Yo he calificado estas faltas con una severidad que acaso no me es permitido, sin que pueda disculparme otra co- sa que el haber escrito esas pajinas a la cabecera de los enfermos.» teniendo en cuenta que sus males eran una especie de suicidio, por quebrantar habitualmente las Ic-yes de conservación. Si este y oíros defectos son mirados por U. con benevolencia, que- darán en gran parte recompensadas las aspiraciones de su amigo BFN1TO GARCÍA FERNANDÍ Z. ADVERTENCIA IMPORTANTE, Mi doctrina sobre el ayuno, pajina lxix, xciv, hasta la c inclusive, cvn y cvm, que tai- vez aparecerá de mal sabor católico a los ojos de ciertas personas, de ninguna manera se ha- lla en pugna con la sabia disposición de la San- ta Iglesia; porque si bien es verdad que según los principios hijiénicos, comprobados por lar- ga esperiencia, abrigo la profunda convic- ción de que en Santiago, por las costumbres radicadas en las familias, por la calidad de los alimentos y por otras circunstancias,, no se puede ayunar impunemente, salvas peque- ñísimas excepciones, también es cierto que, sin embargo de esto, no es mi ánimo estable- cer una doctrina con que se intente vulnerar los fueros de la autoridad competente, para modificar la forma del ayuno: antes bien de- seo y me someto espontáneamente al juicio de la Santa Iglesia. BENITO GARCÍA. FERNANDEZ. ÍNDICE DE LAS MATERIAS CONTENIDAS EN EL PROLOGO. Dinamismo vital................ ■ DOSIS INFINITESIMALES...............,.' VI LEÍ DE LOS SEMEJANTES.............. X'l ESl'EMMENTM.ION PUllA ...'...,.*..... XIV CONSIDERACIONES JENERALES............. XVI NOCIONES JENElíALI.S SOBRE LOS MEDICAMENTOS QUE SE EMPLEAN EN LA MEDICINA DOMÉSTICA......, ....... XXI Acónito.—Agaricus . . ........... id. Agnus casttis.—Alumina.—Antimonium crud.—Árnica .... xxu Arsénico.^Barita.—Belladona . . . . •.....'. . . xxui Brionia Alba.—Calcárea carbónica . ........ xxiv Cannabis. - Capsicum.—Garbo vegétabilis. —Causticum . . . . xxv Chamomifla.—China. — Ciña.—Cocculus .... . . . : . xxvi Goffea.—Colcliicum. — Colocíntliis.— Comium.—Crocus.—Cuprum. — Drosera dulcamara.............. xxvn Euphrasia.—Ferrum.—Hepar.—Hyoseiamus. —Ignalia.-Iodium. — Ipecacuana.—Lachesis.............xxviu Licopodium.— 31ercurio.— Natrum-m.—Nux moschala.— Nux vom. Opium. . . ...'..'..... . . • • • • *v,!t Petroleum.— Phosphorus. — Phosph. acid.—Platina.—Pulsatilla.— Rlieum. — Rhododendron chrisaut . . . ... . ■ . • • XXK Rhus toxic —Rula.—Sarnbucus.—Sécale. —Sepia. —Silrcea. —Spi- gelia. —Spongia. —Slapliisugria........... XXNI Sulfur.—Tailarus eniet.—Thuya........... xxxu Tl'.ATAMIl.NTO HOMEOPÁTICO DE LAS ENFERMEDADES MAS COHENES E>1 SAN1IACO..................XXXIII Hijiene del embarazo...........:, *. * * ,ü" Enfermedades délas mujeres embarazadas. — Plétora,—Vómitos.— Estitiquez . . •............... lJ* ÍNDICE Diarrea.—Cólico o dolores de flato.—Dolores de caderas.—-Ganas frecuentes de orinar.—Insomnio. —Palpitaciones de corazón.— Síncopes.—Dolores de muelas.--Antojos.-Hemorrajias del útero. xxxiv Calambres de las piernas.— Hinchazón de las venas de id.—Grietas del vientre.—Tos.—Opresión al pecho y cansancio.— Hincha- ron de las estremidades inferiores.—Preservación de las en- fermedades hereditarias.—Remedios homeopáticos para que el parlo sea bueno................ xxxv Accidentes durante el parto.—La lipotimia.—Conjestion cerebral. —Convulsiones.—Hemorrajias.—Muerte de la criatura.—Re- tención de la placenta.............xxxví Cuidados en el sobreparto............. id. Cuida del útero.—Lesión de las partes jenilales.—Retención de orina —Incontinencia de orina.—Almorranas.—Entuertos.—Inflama- ción de los pechos.—Grietas de los pezones.—Inflamación del útero..................xxxvu Peritonitis puerperal.—Flemasia alba dolens,—Estitiquez.—Dia- rrea.—Abultamiento del vientre.—Fiebre de la leche.—Falta de leche.—Supresión de la leche.—Leche.—Derrame de leche. —Retirarse la leche.—Supresión de los loquios.....xxxvm Debilidad.—Dolores de caderas...........xxxix Cuidados que reclaman los recien nacidos.—Cuidados hijiénicos. id. Preservación de muchas enfermedades. —Dolores de flato.—Esti- tiquez.—Astixia.—Chichones en la cabeza.—Deformidades.— Quebraduras.—Tupición de narices.—Enfermedades de la vista. —Insomnio.—Retención de orina.—Escoriaciones. ... xl Algorra. —Ictericia.—Diarrea. —Erisipela.—Costras de leche.— Vacuna.—Viruela. — Dentición........... XLl Fiebre.—Odiosidad.—Enfermedades de la vista.—Id de los oidos. — Paperas.—Hinchazón de la nariz y del labio superior.__Vómi- tos.—Diarrea.—Tos.—Lactancia artificial. ....... XLI| Lactancia mista.—Alimentación de la criatura durante la lactancia. Destete.—Cualidades de una buena nodriza....... xliii ATAQUE AL CEREBRO EN LOS NlffOS.......... X( ,y ENFERMEDADES DEL CORAZÓN .......... ,, DE LA CALENTURA.............. I.XVII ENFERMEDADES DEL HÍGADO........... ; LXXXl CAUSAS DE LA DEBILIDAD............ x, „ REGLAS DE HIJIENE INDIVIDUAL, RICLATIVAS AL APARATO DIJESTIVO. XCIV REGLAS DE HIJIENE O SALUBRIDVD PÚBLICA, RELATIVAS A SANTIAGO '. PROYECTO DE CONTRIBUCIÓN MUNICIPAL PARA EL MEJORAMIENTO DK I.A POBLACIÓN CX PROLOGO. Reimprimo el órganon de Samuel Hahneman y la medicina doméstica del doctor Constantino Hering, por ser las dos obritas que de homeopatía con- vieneu mas al público. El que quiera tener una idea de lo que es la homeopatía, puede leer el órganon del arte de curar o sea la esposicion de la doctrina de Hahneman; y el que quiera curar o curarse con el sistema homeopático puede consul- tar la medicina doméstica, donde se encuentran espuestas con bastante cla- ridad, y al alcance de lodo el mundo, las enfermedades que jeneralmente se sufren en todos los climas, con el tratamiento homeopático que la expe* riencia ha confirmado ser mas eficaz. Reúno las dos obritas en un solo volumen para que, con el menor costo posible, se tengan a la mano la teoría y la práctica, los principios homeopá- ticos y su aplicación a los enfermos. Con esta publicación me propongo principalmente tres fines! el i°. es propagar una verdad conocida de mui pocos; el 2.° hacer un gran bien al pais; y el 3.° proporcionarme algún descanso en mi práctica. i ° Propagar una verdad conocida de mui pocos. En efecto, la homeopatía en Chile, es casi enteramente desconocida; todos los que hablan de ella, asi en pro como en contra, no conocen mas que el nombre de homeopatía y a lo su- mo, alguna que otra aplicación empírica. No siendo esta introducción el lugar a propósito para hacer uu curso de homeopatía, me limitaré únicamente a reasumir los principios fundamentales de la teoría hahnemaniana. Las verdades principios, las bases sacramentales que la homeopatía ha creído demostrar, teórica y prácticamente, en todos los paises del mundo, reduci- das a su espresion mas jeneral, son las siguientes: Io dinamismo vital: 2.° dosis infenitesimalcs. 3 ° experimentación pura; 4.° leí de los semejantes: Explicaré rápidamente cada uno de estos principios, sin descender a mi- nuciosidades, para la mayor inlelijencia del público. Dinamismo vital. Se entiende por tal la existencia en el cuerpo vivo de una fuerza, distinta del alma inmortal, distinta también de las fuerzas físi- cas y químicas y distinta, por último, del calórico, electricidad y magne- tismo, la cual preside a todos los movimientos orgánicos, que nos son comunes a los animales y a las plantas. Esta fuerza vital o dinamis- mo preside ala respiración, principalmente en los fenómenos ¡mimos de la II PROLOGO. sanguificaoiun; preside a la dijeslioii en las alteraciones fundamentales que sufren los alimentos en el tubo dijeslivo; presidt a la absorción, asi del qui- lo como de la que se verifica en el intersticio de los órganos; preside a la cir- culación, a la calorificación, y por último preside a la que es el complemen- to de todas las funciones orgánicas, a la nutrición. £]sta fuerza vital es la que únicamente funciona en las plantas y en los árboles; es la que únicamente existe en los animales de orden inferior; es la que únicamente da señales de existencia en la criatura humana durante la vida intrauterina o antes de nacer. En el sueño, sin ensueños, en el letargo completo y en la apoplejía ¿quién es sino la fuerza vital la que conserva nuestra existencia? ¿Quién sino ella ordena y desordena nuestros movimientos orgánicos en la salud y en la enfermedad, desde el instante mismo de la concepción hasta la muerte? Ahora bien, en esta fuerza vital o dinamismo es en la que cree Hahneman y con él toda la Escuela homeopática, que tienen su asiento todas las enfer- medades, asi agudas, como crónicas, pero no un asiento secundario sino pri- mitivo i fundamental. Algunos ejemplos hacen mas patente el pensamiento de Hahneman. Lo que aquí llama el vulgo histérico nervioso, manifestado por convulsiones, so- llozos i llantos, es una enfermedad que tiene sn asiento, no en los nervios, como se cree jeneralmente, sino mas allá, en la fuerza vital. Una fiebre, manifestada por mucho calor, pulso mui desarrollado, gran sed, estraordinaria ajitacion, etc.es una enfermedad que tiene su asiento, «o en la sangre, como se cree jeneralmente; sino mas allá, en la fuerza vi- tal. Una enfermedad del hígado, manifestada por dolor al hipocondrio dere- cho que se estiende al pulmón, ul hombro y brazo del mismo lado, y aun hasta la paletilla derecha; que acompañan a este dolor la hinchazón del mis- mo hígado, la inapetencia, el gusto amargo, el venirse la bilis por sí sola a la boca; la mala dijestion, la cargazón de bilis, flemas y alimentos, al es- tómago, hígado y vientre, etc. etc., no es una enfermedad que tiene su asien- to primitivo en el hígado, como se cree jeneralmente, sino mas allá del hí- gado, en ia fuerza vital. Una hipertrofia o aneurisma, manifestada por grandes palpitaciones del corazón, que se estienden a lo largo de las arterias y se oyen a mucha dis- tancia, como en la cabeza, que acompañan mucho cansancio al menor mo* vimiento, dolor y opresión al corazón, hinchazón de las estremidades etc. etc., son unas eufermedades que tienen su asiento primitivo, no en el co- razón, como se cree jeneralmente, sino mas allá del corazón, en la fuerza vital. Una calentura, manifestada por dolor ¡ ardor al pulmón, opresión al pe- cho, cansancio, tos con desgarro de flema purulenta, en las que hai ya pe- dacitos como de queso añejo acompañado todo este aparato de sínto- mas de fiebrecita con sudores abundantes, evacuaciones que no se pueden contener con nada, enflaquecimiento, suma debilidad etc. etc., es una en- fermedad que tiene su asiento primitivo, no en el pulmón, como se cree jene- ralmente sino mas allá del pulmón, en la fuerza vital. Lo que he dicho del histérico, de la fiebre, del hígado, del aneurisma y de la tisis, es aplicable a todas las enfermedades que padece la especie huma- na, incluyeudo el zaratán y los lobanillos. Eu efecto, el zaratán, que semejándose a un voraz carnívoro va destru- yendo los órgauos que ataca, es una enfermedad que tiene su asiento pri* PROLOGO. III nativo, no en los pechos o en el órgano uterino, donde se manifiesta con mas frecuencia, sino mas allá de los pechos y del útero, en la fuerza vital. Y el lobanillo, que parece la enfermedad mas esencialmente local que se conoce, es una afección que tiene su asiento primitivo, no enire cuero y carne, como se dice y se cree jeneralmente, sino mas allá, en 11 fuerza vital. Aun las berrugas mismas, que aparecen en los dedos de las manos, no es su asiento primitivo el cutis de los dedos, sino la fuerza vital, como lo prueba, entre otras cosas, el que las berrugas desaparecen con una dosis infinitesimal de thuya, ácido nítrico etc., administrado al interior, sin que haya necesidad de tocarles con nada a las mismas berrugas. De modo que, las enfermedades tienen todas su asiento, primitivamente en la fuerza vital o en el dinamismo; y secundariamente en la sangre, el hí- gado, cerebro, pulmón, corazón, riñones, vejiga, glándulas etc. etc., del cuerpo humano. Digamos también cuatro palabras sobre las causas de las enfermedades, para la mayor intelijaneia de la teoría del dinamismo o fuerza vital. Y ya que no*podémó1? estendernos mucho sobre esta materia, por la naturaleza del escrito, valgámonos de algunos ejemplos para mayor claridad. Las causas de las grandes epidemias que azotan a la especie humana co- mo el cólera, la fiebre amarilla, la peste de levante, el tifus, la viruela, la escarlatina, el sarampión, etc. etc., aunque obran sobre la sangre, obran principal y primitivamente sobre la fuerza vital. El aire infecto y corrompido que respiramos en Santiago, alterado en su composición por las sustancias vejetales y animales que inundan las calles, en plena putrefacción, y que es la causa principal de todas las enfermeda- des que sufrimos y de la estraordinaria mortandad que tenemos; aunque este aire así corrompido obra en los pulmones alterando la sangre, obra primitiva y principalmente sobre la fuerza vital, produciendo esa jeneracion débil y escrofulosa, diezmada o quintada en los primeros meses de su exis- tencia y que sucesivamente emigra a la eternidad antes que llegue a su com- pleto desarrollo, salvándose únicamente los que Dios quiere que sobrevivan, porque no hai otra razón plausible para esplicar filosóficamente el por qué no sucumbe eñ pocos años toda la población de Sanliago, atendiendo a la infracción constante de las leyes hijiénicas en que voluntariamente o por necesidad incurrimos. El maldito desarreglo y condenador abuso de los alimentos que, mas o menos, salva alguna que otra mui rara escepcion, lodos tenemos en San- tiago; donde parece que únicamente vivimos para comer y para satisfacer nuestras sensualidades del paladar, estómago y vientre , y que nada nos debemos a nosotros mismos, a la familia, a la patria, a la humanidad y a Dios mismo, este desarreglo digo, causa segunda y mui principal de tan- tas y tantas enfermedades como aqui sufrimos, aunque obra este desorden en el estómago y tubo intestinal desarreglando, entre otras cosas, la secre- ción de la bilis, obra primitiva y principalmente sobre la fuerza vital produ- ciendo el tan crecido número de afecciones al hígado que esperiineuiamos, puesto que, de los cien mil habitantes, mas bien mas que m■"'•.os, que tie- ne la población, acaso ochenta mil padecen del hígado, en mayor o menor escala. El no menor sino mayor abuso de los purgantes y lavativas, desde que se nace hasta que se muere, puesto que el primer alimento del niño es el lamedorcito de aceite de almendras, con palmacristi; y cuando se muere; aunque sea a los cíen años, se va al cementerio con purgantes y lavativas IV PROLOGO. dentro del cuerpo; este abuso, digo, causa tercera de tantas enfermeda- des, y segunda de las del hígado, aunque obre sobre el estómago, higa* do e intestinos, obra primitiva y principalmente sobre la fuerza vital produ- ciendo tantas estitiqueces y almorranas, causas a su vez ambas de los fla- tos e infinidad de males que con ellas tienen relación. El estraordinario y nunca visto abuso del preparativo del purgante, pil- dora mercurial, administrada jeneralmente la noche anterior al evacuante, causa poderosa de muchas enfermedades, pero principalmente de la mala dentadura y sobre todo de la fetidez del aliento, que tan común se va ha- ciendo en Santiago; este abuso del preparativo, digo, aunque obra sobre el estómago, hígado y tubo intestinal y acelera en alto grado la secreción de la bilis, obra primitiva y principalmente sobre la fuerza vital, impiimiéiir dolé una dirección viciosa para mucho tiempo, meses, años y aun toda la vida, dejando huellas indelebles para siempre, y acaso trasmitiendo' a los hijos una infección mercurial, como se trasmite el venéreo, y no menos perjudicial que este. Las demás causas, como el aire, el frió, la humedad, loí^ambios repen-* tinos de temperatura, aunque obran sobre el culis suprimiendo la liaspi« ración, obran primitiva y principalmente sobre la fuerza vital produciendo el sinnúmero de afecciones bronquiales, pulmouales, etc., que aumentan «1 ya bien crecido catálogo de padecimientos que hemos indicado. Lo que de estas pocas, pero eficaces causas, he dicho es aplicable en su acción primitiva a todas las demás, sin esceptuar las causas mecánicas. Un golpe por caida, pedrada, palo, etc., o por una herida por instruí mentó cortante, arma de fuego, etc., es verdad que obra dividiendo o ma«t gullando los tejidos, pero también obra, y mui principalmente sobre la/uer- aa vital, produciendo la reacción nerviosa inflamatoria que, ya en bien, ya en mal, tanta influencia tiene en las lesiones traumáticas. La eúolojia o el estudio de las causas de las enfermedades se encuentra mui lejos de hallarse agotado; yo no he hecho mas que indicar algunas de ellas y el cómo obran primitivamente sobre el organismo vivo; pero las cau- sas en sí no solo son ajentes materiales que, hiriendo el principio vital, inician las enfermedades, sino que son materia y fuerza lodo junto, que si tienen poder etiolójico o productor de enfermedades, lo hacen mas bien como fuerza que como materia. Si el mercurio produce para siempre, en- tre otros males, la fetidez del aliento en las personas que lo han tomado, no tanto lo hace como mercurio sino en virtud de una fuerza o principio imponderable que tiene en sí, análogo, pero distinto de la electricidad, calórico y magnetismo, principio imponderable como el principio vital etc., causa de los bienes y estragos que hace en el hombre. No obra el mercu- rio atomísticamente o en masa sobre el cuerpo vivo, al menos no es esta su acción principal, acción física y química, sino en virtud del principio vital, digamolo así, que tiene retenido en la materia. Porque existe en él este principio vital o dinámico es por lo que tiene poder de curar o dañar, sin negar por esto que pueda obrar física y químicamente cuando se administra en gran can i !ad. Lo que del mercurio acabo de indicar es aplicable al hierro y sus pre- parados ya todos los medicamentos que se conocen. No solo los medicamentos obran sobre el organismo vivo en virtud de la materia de que están formados y de la fuerza principal o dinamismo vital que en sí tienen, sino todos los ajentes naturales, aire, alimentos, bebidas, etc., obran del mismo modo. El aire puro del campo entona a un con vale- PROLOGO. V cíente no sola por ser mas ocsijenado que el de la ciudad y por tener me- nos sustancias putrefactas, sino por el calórico, la electricidad 5 la fuerza, principio o dinamismo vital que retiene en sus moléculas. Las aguas y los alimentos hacen lo mismo; nutren y entonan, cuando son de buena calidad y se toman como se debe, no solo porque reponen nuestras pérdidas, sino por los ajentes imponderables que nos comunican principalmente su fuera* O dinamismo vital. Compendiando este resumen sobre el dinamismo vital, cuya responsabili- dad, no solo pertenece a Samuel Hahneman, sino a los vitalistas de todos los siglos, la cual yo acepto con sumo gusto, digo: que existe en nues- tro globo, umversalmente repartido, ademas del calórico, electricidad y magnetismo, un fluido, imponderable también, que yo llamo vital, común al hombre, a los animales, a las plantas y a los minerales; cuyo fluido en el hombre preside a todas las funciones orgánicas, que cuando está en ar* monia con la organización y los ajentes que la rodean, la salud completa es la forma bajo que se nos revela, y cuando se halla en desacuerdo, la enfermedad bajo sus distintas formas nos indica su estado anárquico: cuyo fluido en los animales y en las plantas es causa de su conservación, desarrollo y propagación: y el cual por último, en los minerales es la cau- sa de que estos cuerpos tengau acción ftsiolójíea, patolójica y medicinal so- bre el hombre. Para que esta teoría tenga en lo escrito la misma significación que yo le doi en mi ¡ntelijencia, y para que ninguna alma escrupulosa pueda escan- dalizarse, según el sentido en que se tomen ciertas espresiones y segun la estension que se le dé al vitalismo, me esplicaró con toda la claridad que me sea posible. Yo admito en el hombre tres cosas: 1.°, un cuerpo que de la tierra sa- lió y a la tierra ha de volver: 2.°, un fluido nervioso, principio vital, dina- mismo o fuerza, o llámese como se quiera, sumamente sutil, impondera- ble como el calórico y la electricidad, pero ma'erial en último resultado, análogo al que existe en los animales, en las plantas y en los minerales, que vela por la existencia desde la concepción hasta la muerte, asi en el sueño como en la vijilía, asi en la salud como en la enfermedad y que, cuan- do la vida se acaba, pasa al depósito común, formando parte del fluido je- neral del globo: y 3.°, un alma espiritual, inmaterial e inmortal que de un modo evidente, aunque misterioso en el cómo, influye en nosotros mis- mos y se eleva a la contemplación de una primera causa etc, En esta unión misteriosa del alma, del cuerpo y del principio vital, las funciones propias del alma son la intelijencia y la voluntad; las funciones propias del principio vital son de tres clases: 1.a, los instintos animales y la sensibilidad están bajo su jurisdicción: 2.a, sirve de mensajero al alma para llevar a los órganos las determinaciones de la voluntad, y sirve tam- bién para llevar al alma las impresiones que se reciben en los sentidos es- temos y en les órganos internos; y 3.a, preside a la» funciones de nutri- ción. ¡El cuerpo es una máquina o instrumento admirable, donde vive el alma durante la vida, y de la cual se sirve por el intermedio del principio vital! En las enfermedades, ni el alma ni el cuerpo sufren primitivamente. El alma no puede sufrir enfermedad porque es un espíritu puro, y los espíri- tus no padecen enfermedades. El cuerpo no sufre tampoco, al menos pri- mitivamente, porque el cuerpo no es mas que materia y la materia es inerte. Solo el principio vital o sensible es el que padece en realidad. Cuando él es- Ví PROLOGO. tá afectado no puede desempeñar bien sus funciones y participa al cuerpo y al alma el estado en que se encuentra. Si no puede desempeñar y presidir bien a las funciones de nutrición, se alteran entonces la dijestion, la circu- lación etc. etc., y viene la numerosa clase de afecciones orgánicas porque se halla enfermo el ordenador de todas ellas; sino preside bien a la sensi- bilidad, viene la numerosa clase de dolores, histéricos etc.; si no sirve a la íntelijeneia, viene el delirio, las aberraciones, la locura, etc. etc. Esto sucede, es decir; las enfermedades tienen Ingar cuando el principio vital preside mal; pero cuando falta enteramente su presidencia, las funcio- nes orgánicas respiración, circulación etc., cesan porque les falta el prin- cipio que lasdirijia; el cuerpo se descompone, el alma no teniendo ya a su disposición el mensajero que le servia, marcha a su destino; el principio de la vida va a formar parte del fluido jeneral del globo, equilibrándose con él como se equilibra el calórico. De este modo concibo yo que tiene lugar la muerte. DOSIS INFINITESIMALES. Los medicamentos en homeopatía se administran siempre a fracciones de grano, ya veces en cantidades tan sumamente pequeñas, que la imajinaeion mas colosal no alcanza a concebir. Este modo de administrar los medica- mentos, que es una consecuencia del dinamismo vital, se considera como uno de los puntos capitales de la nueva doctrina, al cual no se debe fallar nunca según los puristas homeopáticos. Administrar los medicamentos por libras, onzas, dracmas y granos, es seguir el método antiguo u alopático. Pero administrarlos por centésimas, milésimas, millonésimas, bi.. tri... cua- tri.. quinti.. deci.. ventillonésima etc. , parte de grano, es seguir el método nuevo u homeopático; Es ya doctrina corriente el dividir y administrar los medicamentos en cantidades infinitamente mas sutiles que las anunciadas anteriormente, puesto que se dá a un enfermo .una centillonésima, ducenti... tricenti... sexcenti... ochocentillonésima etc., parle de grano. Olías veces se dan en cantidades infinitamente mas pequeñas que estas últimas, no habiendo has- la ahora palabras en ningún idioma con que poder espresar su esíraordi- naria exigüidad y diminutez. Podrá uno formarse idea algo aproximada si se las representa por un renglón de guarismos que tenga la unidad se- guida de diez mil, veinte mil, treinta mil y mas ceros. Los medicamentos que a dosis mas pequeñas he administrado y administro a mis enfermos es- tán representados por un renglón de guarismos que tiene la unidad segui- da de diez y seis mil ceros. El arsénico preparado a este último grado me ha correspondido en los casos que era específico de un modo maravilloso. Estando yo dirijieudo en la Habana un hospital de coléricos el año 50, se presentó entre otros enfermos un cabo de granaderos con el cólera en tercer grado, o sea cuando ya suelen morir casi todos los enfer- mos, presentando los síntomas siguientes: vómitos y evacuaciones violen- tísimos y frecuentes; sed inestinguible y rabiosa; dolores calambroideos en el pecho y vientre y sensación de un fuego como rescoldo ardiendo en es- tas cavidades; calambres agudísimos en todo el cuerpo; cara descompuesta y desencajada espresando la ansiedad, angustia y desesperación que precede PROLOGO. Vil a la muerte, cuando el principio de la vida sufre en tan alto grado, etc. etc. La unidad patolójica de este enfermo era mui característica del arsénico y la certeza de la homeopatía tan grande en este caso que anuncié a los cir- cunstantes, (entre los cuales estaba el actual Párroco de la Caldera), la cu- ra infalible del enfermo y el que se quedaría dormido antes de tres minu- tos, de cuyo sueño dispertaría bueno y sano administrándole un glóbulo de arsénico preparado a la atenuación 8000, cuya cantidad infinitésima se re- presenta por un renglón de guarismos que tenga la unidad seguida de diez y seis mil ceros. Mi pronóstico se cumplió al pie de la letra y a nuestra presencia. El en- fermo se durmió a los dos minutos y medio y dispertó bueno y sano, pidien- do que comer, a las cincuenta y dos horas, con dos momentos de interrup- ción, el primero a las veinte y dos horas y el segundo a las cuarenta y lau- tas, sin haber vomitado, evacuado ni orinado en todo este tiempo. Otro caso mui notable ocurrió en Santiago a los pocos meses de mi llegada. Una señorita, de familia mui distinguida, estaba atacada de disenteria ha- cia ya algunos meses y el tratamiento alopático, acordado en juntas y di- rijido por buenos profesores, no habia dado resultado satisfactorio. Yo me encargué de la enferma en un caso ya casi desesperado.. . Administré en el primero y segundo dia tres antídotos de mercurio, medicamento que se habia empleado a manos llenas... Al tercer dia la enferma estaba muí mal... Y por la noche como a las once y medi.i, se me avisó con urjencia que la enferma se estaba muriendo. . . Y efectivamente, apenas habia ya pulso; un frió como el déla muerte se apoderaba de las estremidades... la voz ca- si apagada... el desencajamieuto de las facciones y una angustia indescrip- tible anunciaban una muerte próxima aquella misma noche. Y yo, en un momento de inspiración, porque también hai inspiraciones en la medicina, vi con toda evidencia, en aquel momento solemne, que el ar- sénico era el medicamento especifico y salvador... Disolví en un poco de agua un glóbulo de arsénico, del grado infinitésimo que dejo referido; di unas cuantas gotas de esta agua a la enferma diciéndole que ya estaba bue- na y anunciándolo asi a toda la familia con la mas completa seguridad, reu- sando quedarme allí toda la noche, pues así me lo exijian los dolientes, por la plena confianza que yo tenia en la virtud casi divina del arsénico en aquel caso tan estraovdiuario. Encargué no le diesen mas medicina a la en- ferma volviendo a reiterar que ya estaba buena sin mas que aquellas gotas que habia lomado. Mi pronóstico se cumplió a las mil maravillas: las evacuaciones se cor- taron completamente aquella misma noche; la enferma entró en calor y se fue reanimando; se alimentó gradualmente y a los diez y ocho dias de esti- tiquez absoluta obró naturalmente, sin haber empleado en este tiempo lava* tivas ni remedio alguno, costándome los mayores esfuerzos el poder con- seguir que en estos diez y ocho dias, en que la enferma no obró una sola vez, se dejara de administrar un purgante suave como aconsejaba sin cesar su antiguo médico de cabecera. Tres años y meses han trascurrido y la enferma no ha vuelto a tener mas disentería. Lo que de la eficacia del arsénico a dosis tan reducida acabo de referir, es aplicable a lodos los demás medicamentos, aun en las enfermedades que parecen absolutamente incurables y superiores a lodos los recursos del arte. Una distinguida señora sufría eu esta capital hacia ya veinte o mas horas un cólico miserere. El diagnóstico se habia hecho por los primeros prole- VIH PROLOCO. sores y so habia confirmado en junta por unanimidad... En el lado derecho del vientre, debajo del hígado, se percibía un bulto, mui sensible al tacto* que semejaba el nudo que forman los intestinos en semejante enfermedad. Antes y después de la junta o juntas se aplicaron a la enferma interior y esteriormente infinidad de remedios, incluyendo un baño hirviendo... El caso se consideraba como desesperado... En estas tristes circunstancias me hice cargo déla paciente... Disolví en medio vaso de agua un glóbulo áecolocynthis (coloquintida) al tricentillonésimo de grano y di a la enferma una cucharadila, de las d*» café, de esta agua milagrosa___Preguntóme an- tes su esposo, qué que iba hacer...; a poner buena ala enferma, contesté...; preguntóme también la enferma, si para una enfermedad tan grave alcan- zaría la homeopatía...; no solo alcanza, dije, sino que, es tan infalible la curación en este caso que yo no salgo de aquí sin que V. esté buena... Dile en efecto la misteriosa cucharadita y a los tres minutos y medio, con relox en mano, la enferma dijo que ya se sentía un poquito mejor... Eran como las diez de la noche...; la enferma siguió mejorándose de momento en mo- mento y antes de las dos de la madrugada la paciente me dijo que ya se sentía buena y que podía retirarme a descansar..-. Ya irán trascurridos cerca dedos años y la enferma no ha vuelto a tener novedad* Cuando yo vi a don Zoilo León y León (cito el nombre porque él mismo se citó en los periódicos) estaba tullido de pies y manos, dándole acciden- tes epilépticos hasta treinta y cuarenta veces por dia, teniendo ademas una aneurisma considerable; según me dijo la familia lo habían visto en los años que llevaba de sufrimiento todos los facultativos de Sanliago, y se ha- bían tenido muchas juntas. El último profesor que lo asistía^ uno de los mejores de la capital, hacía como seis meses que lo medicinaba inútilmen- te...; yo mismo, cuando lo vi flaco como un esqueleto, encojido como un ovillo y con accidentes que, privándole del sentido, le repetían tan ame- nudo, desesperé de la curación...; di medicina, mas por humanidad v con- suelo de la familia que por las probabilidades que yo tuviera en la" cura- ción... ¡Cuál no seria mi sorpresa al saber que al dia siguiente el enfermo estaba bueno...! En efecto, ha cumplido ya tres años que el enfermo tomó ignatia amara]y desde entonces no ha vuelto a tener novedad: bueno y sano recorre a pie todos los días las calles de Santiago.......Si esta fuera una obra práctica y no una introducción, citaría muchos cientos de casos en que la curación ha tenido lugar, no por los esfuerzos de la naturaleza, como quieren los enemigos de la homeopatía, ni por el uso de remedios anterio- res, sino por el eficacísimo poder de las dosis infinitesimales. Mas este punto de doctrina está sujeto, no al capricho de los homeópatas, sino a la experiencia. El que tenga duda de si obran o no los medicamentos a dosis tan estraordinariamente pequeñas, que experimente, sujetándose a preceptos científicos que impone la homeopatía. Hahneman no ha dicho ni los homeópatas decimos créase, sino experiméntese..... El maestro empleó los medicamentos jeneralmente al decillonésimo de grano; sus discipulosson los que han descubierto el que obran tan infinitesimalmente. En la administración de los medicamentos homeopáticos se tienen siem- pre presente dos reglas importantes: la 1.a es que no dañen al enfermo, aun suponiendo equivocación en el remedio, ya sea en niño, ya en anciano, ya en persona mui delicada. La 2.a regla es, que no se den sino en ' ' -uidad puramente necesaria para curar—Si una decillonésima parte de g: lUfiP Áiucz vómica basta para curar una enfermedad crónica del hígado, con estitiquez y almorranas, en un bebedor y tomador de café, que sigue una vida seden- l'ROLOGO. IX taria, en cuyas circunstancias es especifico, la razón natural aconseja que no se dé medio o un grano de estrado alcohólico del mismo remedio. Si ha- ciendo tanteos observamos que el mismo efecto se consigue, pero con mas suavidad y rapidez, administrando una centi o sexcentillonésima parte de grano, la razón dicta que se dé el remedio del último modo y no del primero. Lo que se dice de la nuez vómica, es aplicable al acónito para las fiebres inflamatorias, a la pulsalilla para las aflicciones del corazón, al árnica para las consecuencias de una contusión etc. etc. He dicho antes que los medicamentos homeopáticos jamas pueden hacer daño aunque se padezca una equivocación, y asi es la verdad lillos curan, en esa cantidad tan sumamente pequeña, cuando son semejantes a la enfer- medad, cuando hai afinidad, digámoslo así, entre el mal y el remedio, peto cuando son heterojéueos o desemejantes pasan desapercibidos en el organis- mo y no causan impresión alguna. Otras muchas cuestiones tienen relación con la de las dosis infinitesima- les, de las que voí a hacerme cargo rápidamente. 1.a ¿Cómo puede dividirse un grano de medicamento siendo sólido, en tanta infinidad de partes? Veamos corno se procede y asi podrá formarse juicio cabal de lo que se afirma. Se toma un grano de la sustancia que se quiere preparar y se mezcla con 99 de azúcar d<í leche, y se tritura bien. Cuando la mezcla está hecha, se toma un grano de ella y se une a 99 del azúcar referido; se tritura y mezcla bien. Se toma un grano de esta 2.a mez- cla y se añade a 99 del mismo azúcar y se tritura y mezcla. Hecha esta 3.a trituración todas las sustancias de la naturaleza son ya perfectamente so- lubles en el alcohol acuoso, incluyendo el oro, la plata, la sílice etc. etc. Para seguir en la división se toma un grano de la 3.a trituración y se he- cha en 99 gotas de alcohol acuoso, y se revuelve bien, sacudiéndolo con fuerza. De este modo queda completada la cuarta operación, que se llami atenuación o dilución. Para formar la 5.a se tom» una gola de la 4.a y se hecha en 99 del alcohol referido, y se sacude bien. Por el mismo procedi- miento se eleva el medicamento a la 6." 10.a 100.a 1090.a 20000.» etc. Si el medicamento es el jugo de una planta, el ácido sulfúrico, nítrico etc. etc., se toma una gota y se echa en 99 de alcohol, y se procede co- mo en el caso anterior. De este modo se preparan los medicamentos en la homeopatía, usando siempre frasquitos nuevos para cada operación. Si alguna duda queda de si se hacen o no bien las mezclas y disoluciones, consúltesela farmacopea ho- meopática y se verá que hai todas las garantías científicas que pueden ape- tecerse. Otra cuestión es saber si en las atenuaciones altísimas, en esas que se necesita para concebirlas, espresarlas por la unidad seguida de muchos mi- les de ceios, hai o no hai sustancia medicinal. . Esta cuestión, mas bien de curiosidad que de interés científico, no pue- de resolverse por la esperiencia. Si suponemos que la materia es divisible al infinito y que las divisiones se hacen bien, habrá que estar por la afirmativa. Mas si suponemos lo con- irar*-"* menos que la división no está bien hecha, que es lo mas proba- bli??enjín«¿ique estar por la negativa. En ambos casos la cuestión está llena de dificultades. Felizmente la eficacia de los medicamentos, curando las en- fermedades mas rebeldes, nos saca de la duda y nos enseña que la virtud n X I'ROLOtíO. curativa de los remedios no se bu desvanecido en tantas divisiones y sub- divisiones. Mi opinión en esta materia es la siguiente : los medicamentos son, como ya se dijo en el párrafo anterior, materia i fuerza a la vez. La mate- ria creo que se pierde en las primeras divisiones, por ejemplo, desde la i." a las 100a o 200", pero en pasando de aquí, queda solo el principio vital o la fuerza del medicamento, cuyo principio o fuerza se une al líquido alcohó- lico en que se hacen las diluciones, el cual lo comunica a los glóbulos de azúcar de leche, estos al agua en que se disuelven y de aqui al principio vital del enfermo. El deseo de saber y aun mas la curiosidad hace que me pregunten mu- chas personas, cómo pueden obrar las medicamentos homeopáticos en dc« sis tan pequeñas. Yo no siempre estoi dispuesto a entrar en explicaciones con todo el que me pregunte, por lo poca fructuosas que suelen ser y por- que mis numerosas ocupaciones no me permiten distraer el tiempo que necesito para los enfermos y los libros. Mas ahora, puesto que lo puedo hacer de nna vez para siempre y para todos los enfermos y aficionados, voi a tantear una esplvcacion del cómo obran los medicamentos \ si bien en esta materia los hechos y no las teorías son las que deben hablar. Por lo que llevamos dicho en el párrafo del dinamismo vitad, ya sabemos que las enfermedades son todas vitales y que el principio de la vida, y no el alma y el cuerpo, es el que está afectado : sabemos también que en el medicamento hai una materia que es inerte, y que no tiene virtud alguna, y una fuerza o principio vital en el cual reside únicamente la virtud cu- rativa. Ahora bien, si se me pregunta cómo obran los medicamentos, contesto que no lo sé; pero sí se me obliga e insiste en que dé alguna razón diré : que concibo su modo de obrar del modo que sigue. Sabemos que no es el cuerpo ni el alma los que están afectados, el primero porque es materia y el segundo porque es espíritu, cuyas enfermedades son la igno- rancia, la mentira etc. sino el principio de la vida, el cual, influyendo mal en el cuerpo y sirviendo peor al alma, causa los trastornos que conocemos con el nombre de enfermedades. El principio de la vida se afecta en can- tidad y calidad : en cantidad, mas o menos, como sucede en las fiebres y en la astenia o debilidad : y en calidad, como acontece en las enfermeda- des crónicas, en las cuales existe ademas del principio vital afectado, otro principio vital morboso, verdadera entidad patolojica, que comparte con el principio de la vida sus influencias morbíficas en el cuerpo y en el alma, El medicamento lleva siempre una fuerza vital o dinamismo, por Fo cual es medicamento, que sí no, no lo seria jamas; que tiene la vírtird, en unos casos, de modificar el mas o el menos del principio de la vida del enfermo, y eu otros, el de destruir la fuerza estraña, la verdadera entidad patolójt- ca que estaba unida con él, causando la enfermedad. Si esta modificación del principio de la vida o destrucción de la fuerza estraña qne causa la en- fermedad, se hace por semejanza o por contrariedad, en el fenómeno ínti- mo de la curación, se pudiera ver después al tratar de la leí de los seme- jantes. Si colocados ya en este terreno queremos decir cuatro palabras sobre el modo de obrar de los medicamentos alopáticos o de los que se suministran en grandes cantidades podemos hacerlo ; y aun servirá es>to para el mayor esclarecimiento de un punto que, por cierto, uo deja de ser algo tne- tafisico. PROLOGO. XI Cuantío una gran cantidad de mercurio, dijital, opio, etc. entra en el cuerpo humano, quien cura o daña al enfermo, es la fuerza vital del medi- camento : la |>arte atomística del mercurio, dijílal, etc. o la materia de que están compuestos son en lo interior, lo que una espina en los tejidos cu- táneos, que solo pueden salir del organismo a beneficio de una larga y penosa reacción, que suele durar meses y años y aun toda la vida. Por esto no deben administrarse los medicamentos, principalmente ■*•! mercurio, e* dosis tales, (en granos o cantidades parecidas) que el organismo no pueda desembarazarse de ellos en la primera reacción o esfuerzo : por esto de- ben administrarse de modo que la virtud curativa del remedio *ea llevada al enfermo envuelta o retenida en un vehículo inocente como el agua i el azúcar de leche. Heolio el gran descubrimiento, cuya gloria pertenece a 1a homeopatía, de que los medicamentos pueden obrar en el organismo, conservando todas sus virtudes curativas i aun desenvolviéndolas en mas alto grado, indepen- diente 4e la materia de que están compuestos, es decir, que puede aislarse la virtud medicinal dorque entre ellos hai algunos., el mercurio, sobre lodo., que no saJen jamas del organismo en ia jeneralidad de los casos, produciendo enfermedades medicinales para loda Ja vida. Con ras preparaciones homeopáticas se consigne indudablemente en todos Jos casos despojar al medicamento de su materia, que es iuerie y que no tiene virtud curativa ninguna como lal materia, y conservar su virtud me- dicinal en el alcohol acuoso, con el cual se humedecen los glóbulos de azú- car de leche, trasmitiéndoles por este medio la especie de electricidad me- dicinal o fuer-za vital del remedio, que es en lo que existe el poder cu- rativo, i,a cantidad en que se dan ios medicamentos homeopáticos es otro pun- to de curiosidad para los enfermos y personas que los rodean. Pregúnlanmecon frecuencia icón una especie de asombro.¿qué sucede- ría si se tomase de una sola vez el medio vaso de agua en que yo disuelvo un glóbulo o piídorita? Nada sucede, contesto siempre; porque si está sano eJ que loma el remedio, no guardando dieta homeopática, esla pequeña cantidad no llega a impresionarle; si está enfermo, pero de otro padeci- miento del que curaría el remedio, tampoco le hace nada por ser este he- tserojéneo; mas si el remedio es el verdaderamente curativo, entonces cura siempre pero causaudo en algunos casos una impresión un poco mas fuerte. Todos los dias me oyen decir 1os enfermos, que los medicamentos horneo- páticos cumn o no h%cen n patín que son causa a veces de que la enfermedad haga una metástasis al cerebro y venga la muerte. Sulfur y mercurio soluble curan esta enfermedad porque en el sano producen sintonías bastante parecidos. Lo que se ha dicho de los medicamentos referidos es aplicable a veratrum álbum y arsénico para el cólera moibo asiático y las lipidias de calambres etc. etc.; lo mismo que para todos los medicamentos sin excepción. Curan al enfermo porque en el sano producen síntomas semejantes. Ahora bien, si se quiere investigar la razón de por qué curan los medi- camentos semejantes y no los contrarios o los heterojéneos, se entraría en cuestiones fisiolójíco-melafisícas ajenas de una introducción y del fin partí- XIV MIOl.OOO. cular que me propongo, cual es consignar los principios fundamentales de la homeopatía, esplícando aquellos que sean mas oscuros y que no se hallen suficientemente esplanados en el órganon del arte de curar. ESPERIMENTACION PURA. Preparado un medicamento homeopáticamente, sea mineral, vejetal o ani- mal, se administra a una persona perleclamente sana y se observa bien lo que pasa, así en lo moral como en lo físico. Los cambios que sobrevienen se consideran como síntomas del medicamento administrado. Para que no haya equivocación en atribuir al medicamento lo que pudiera ser efecto de otras causas, se toman las precauciones siguientes. i .* La persona que se somete a la esperimentacion ha de estar perfecta- mente sana. Su ánimo ha de eslar tranquilo todo el tiempo que dure el es- periinento. En la cabeza, ni en el cutis de todo el cuerpo no ha de haber granitos, manchas, ni erupción de ninguna clase. Los órganos de los sen- tidos han de estar sanos y las funciones que desempeñan se han de veri- ficar perfectamente. Todos los órganos que contribuyen a la dijeslion des- de lauoca y dientas inclusive hasta el ano, han de estar sanos y desempe- ñar bien sus respectivas funciones. Los órganos de la jeneracion, de uno y otro sexo, sanos y dispuestos a funcionar bien. Los órganos de la respira- ción y circulación en estado íisiolójico. La locomoción, sueño, vijilia, fa- cultades intelectuales etc. en el estado mas cabal de salud que puede darse. El estado habitual del enfermo ha de ser el de perfecta salud. En Santiago seria mui difícil hacer esperiencías en personas sanas: fuera del señor jeneral don Francisco Antonio Pinto, yo no conozco una sola per- sona que goce de cabal salud. 2.a El medicamento ha de estar preparado según las reglas de Hahne- man, y se ha de administrar a dosis infinitesimales, porque si se adminis- trara como los vomitivos y purgantes, entonces, no se obtendrían los sín- tomas vitales del remedio, sino efectos groseros y mecánicos, trastornos y sacudidas violentas que el organismo verifica para desembarazarse de la gran cantidad de cuerpos estraños que se le ha obligado a tragar, como en el vomitivo hidropátíco. 3.a El que se somete a la esperiencia debe estar en la tranquilidad mas completa. Los esludios serios y forzados, el escribir sobre asuntos que re- quieren gran contracción, las ajitaciones del ánimo por sustos, incomodi- dades, sentimientos, etc. quedan prohibidos; y sí durante el tiempo de la espe- riencia vucede alguna de estas cosas, desde ese momento cesan de anotarse como síntomas del remedio los cambios que tengan lugar. La diela debe ser estricta, en calidad y en cantidad, debiendo comerá sus horas habitua- les. Los condimentos, como la canela, el clavo de especia, la pimienta, el aji, etc. las ensaladas de todas clases, las salsas de todas clases, los gui- sos con aliño, el chancho, el pavo, el palo, los fiambres etc. quedan pro- hibidos. Los perfumes, olores y todas las aguas y pomadas de locador que- dan prohibidas, para toda persona que tome la homeopatía, así sana para esperimentar, como enferma jmra curarse. La perfecta salud del que esperimenta, la pureza del remedio homeopá- tico, y la dieta mas estríela en cantidad y calidad, suprimiendo los licores, vinos, chichas, café, lé, mate, aguas calientes para el flato, como la de ce- prologo, xv dron, hojas de naranjo etc. son las regla» principales que hai qua seguir en una esperimentacion homeopática. Aunque en otro lugar he dicho que un medicamento homeopático no hace efecto cuando lo loma una persona sana ose loma equivocadamente, debe entenderse, que no hace efecto ninguno, ni bueno ni malo, cuando el que lo toma falta a las regias que acabo de indicar. Si equivocadamente un niño, como sucede con frecuencia en mi prácti- ca, se toma, como si fuera agua pura, la medicina del enfermo, no le su- cede nada porque el niño sigue comiendo de todo, juega, corre y salía como antes, todas sus funciones permanecen en una ajitacion comtuua y el remedio ni siquiera impresiona al niño. Para que pudiese hacer algo el me- dicamento era necesario que estuviese en ayunas o con el estómago vacio, tranquilo, etc. y que pasaran muchas horas en este estado. Cualquiera puede salir de dudas sobre el poder o no poder de los me- dicamentos homeopáticos sometiéndose a la esperimentacion, ya esté sano o enfermo, con tal que guarde la dieta mas estricta y se halle en una tranquilidad completa, asi física como moral. Si el que esperimenia se en- cuentra enfermo, se cura o se alivia al menos en llegando a tomar el medi- camento específico y si el remedio no es el que conviene, con lal (pie el en- fermo guarde un réjimen homeopático, sentirá alguna impresión en su or- ganismo aunque mui pasajera. Si el que esperimenta está sano requiere aun mas estrictez en el réjimen, porque en fumando, comiendo y bebiendo de todo, y ajilándose física y moralmeute, el medicamento pasa desaper- cibido en la naturaleza. Algunos compañeros y amigos míos, pero no de la homeopatía, se han to- mado en las casas particulares los remedios que yo habia dejado para los enfermos, con objeto de probar, según ellos, hasta la última evidencia la nulidad de los infinitesimales....; yo podría citar aquí sus nombres y sa- carles los colores a la cara, pero no quiero ofender a nadie poique mi co- razón no tiene híel para ninguno de mis semejantes, y menos para mis comprofesores; ¿cómo han de sentir efectos, si al mismo tiempo fuman, lo- man rapé y se hallan en la mayor ajitacion? Si de buena fé quieren averiguar la verdad sométanse al réjimen homeopático y esperimenten, que yo les ase- guro a fé de caballero que han de sentir efectos de los remedios. Hahneman experimentó los medicamentos en ambos sexos, en todas las edades y en todos los temperamentos, y la serie de esperiencias que hizo sobre un solo remedio es la que se llama patogenesia del medicamento. Una sola esperiencia no da lodos los síntomas del medicamento sino un corto número de ellos y a veces uno solo. Hahneman recojió de sulfur que es la sustancia que tiene mas patogenesia, mil novecientos setenta y nueve síntomas, pero no de un enfermo sino de un crecido número de ellos, y aun recojió también de otros esperimenta- dores lo que estos habían observado. Los medícamenos en homeopatía no se dan al enfermo hasta que se co- nocen bien sus efectos en una persona sana, lo que no sucede en la medi- cina antigua, en la cual de buenas a primeras se administran al paciente sustancias de efectos desconocidos. XVI PROLOGO. CONSIDERACIONES JENERALES. Comparando la verdad, sencillez y grandeza de los principios homeopá- ticos con el raquitismo y estéril nulidad de la antigua medicina, mí enten- dimiento se pasma y asombra al considerar que hombres tan honrados y tan sabios como son mis comprofesores de Sanliago, y lo es en jeneral la respetable clase médica de lodo el mundo, me admira, digo, verlos seguir la rutina de los siglos y adorar como ciencia a un montón de hechos ha- cinados, sin conexión alguna, y que una yerbatera de instinto médico sabe apreciar su significación si es que la tienen, tan bien como mi maestro el Exmo. señor don Bonifacio Gutiérrez, que es el primer médico de los tiem- pos modernos. Yo reto a mis comprofesores de Santiago y de Chile, reto también en nom- bre de todos a la Academia de París, y reto sobre todo a los tres grandes médicos que ha lenido la humanidad* Hipócrates, Sydhenam y mi maestro Gutiérrez, los reto para que me citen un solo principio de su medicina que se aproxime en importancia a los que yo acabo de consignar sobre la ho- meopatía. En homeopatía lodos los hechos fisiolójicos descansan sobre el dinamismo vital, y lodos los actos patolójicos, que llamamos enfermedades, tienen igualmente el mismo apoyo; la' terapéutica, en fin, que forma el complemento de la ciencia de curar, con la acción de los medicamentos, no tiene otra base sino el dinamismo. Por esla razón, el célebre homeópa- ta español, el Exmo. señor don José Nuñez, afirma que la verdad-principio de la homeopatía está en el dinamismo. Este sirve de base única y suficien- te a todo el edificio médico, fisiolojía, patolojía y terapéutica. Las dosis in- finitesimales son una consecuencia y una prueba práctica al mismo tiempo del dinamismo. La leí de los semejantes abraza una sola rama del arle, la terapéutica; y la esperimentacion pura es base úuicainenie de la materia médica. En la antigua medicina no existe nada que se parezca a una ciencia. La fisiolojía es un montón de hechos esplicados de distinto modo por cada au- tor, según su afición a la física y a la química, y cuando los esplican por el principio vital, lo hacen a medias, sin darle la unidad que debe tener un cuerpo de doctrina para que se llame ciencia. La patolojía es con mas razón un amontonamiento de hechos aislados, confundidos con las esplicaciones y teorías mas absurdas que pueden con- cebirse. En esta parte sí que se ha dado rienda suelta a la ¡majinacíon y se han forjado los sistemas mas contradictorios, olvidando casi siempre el principio de la vida. En la fisiolojía se acuerdan una que otra vez del prin- cipio viial, pero en la patolojía el olvido de este es casi absoluto. Aquí ya no se habla mas que de la sangre, de la bilis, de los malos humores, de su acritud, etc. etc., como si estos pudieran vivir ni enfermar por consiguien- te, sin que su principio motor tomara la iniciativa en todos los acios, así -fisiolójicos como patolójicos. La materia médica escrita, que es el repertorio donde el médico debe encontrar las armas para combatir las enfermedades, despojada de las no- ciones físicas, químicas, botánicas y zoolójicas de los medicamentos, des- pojada lambien de las teorías tisiolójicas y patolójícas con que se adornan las sustancias medicínales, queda reducida a cero y puede escribirse loda en una cuartilla de papel. Y si no, dígaseme, qué se sabe en la medicina t>ROLOGO. XVII antigua del opio, sino que calma los dolores, del emético, que hace vomi- tar, de los purgantes que mueven el vientre, del mercurio, que altera la sangre y segrega la bilis etc. etc. En la fisiolojía, patolojía y materia médica hai algo, al fin, aunque amon- tonado sin orden ni método, para constituir una ciencia porque faltan los principios, pero en la terapéutica, que es lo mas práctico que tiene la me- dicina, nada hai absolutamente. Cada médico tiene sus reglas, su método y sus medicamentos; y la única cosa que hace semejantes a los médicos en su práctica, es el no parecerse ninguno a su compañero; y si no compáren- se las recetas de los unos con las de los otros y se verá la diferencia mas grande aun en el tratamiento de una misma enfermedad. Al parecer todos piensan lo mismo, como se ve en las juntas, pero en realidad cada uno re- ceta a su manera. Y si esto no es una prueba evidentísima de que la me- dicina no tiene principios, fijos, y de que cada médico sigue los que él se ha formado, dígaseme entonces loque significa ese espantoso desorden. En homeopatía sucede lo contrario, lodos admitimos el dinamismo vital, la lei de los semejantes, la esperimentacion pura y las dosis infinitesimales, como verdades inconcusas: todos los homeópatas están conformes en la práctica y lo estarán hasta la consumación de los siglos. Todos han dado y darán arsénico y veratrum en el cólera; acónito en el primer periodo de la fiebre amarilla, con el cual se corta la enfermedad; belladona en la escar- latina; nux v. y sulfur en las almorranas, sobre todo cuando están relacio- nadas con una afección del hígado; árnica para las malas consecuencias de una contusión; ignatia para las consecuencias de un pesar profundo, como el que se esperimenta por la muerte de una persona amada; pulsalilla en las indisposiciones del estómago por haber comido cosas grasientas, chan- cho etc.; dulcamara en las diarreas por enfriamiento; chamomilla en los arrebatos de cólera; china en la debilidad por pérdidas de humores, san- gre, etc. Apesar de la calificación algo dura que, por amor a la ciencia y al pro- greso, acabo de hacer de la antigua medicina, no puedo menos de recono- cer con el mayor gusto los importantes servicios que en todas épocas ha prestado a la humanidad la respetable clase médica. No son estos servicios hijos de la ciencia sino de los heroicos esfuerzos de los que a ella se han de- dicado. La ciencia en sí, si se exceptúa la viruela, para la cual se descu- brió la vacuna como preservativo, deja morir a los enfermos en la época actual lo mismo que en los tiempos de Hipócrates, veinte y tres siglos ha- ce. Las enfermedades que eran mortales en jeneral para el Padre de la Medicina lo son actualmente y aun mas sí se quiere; las fiebres tifoideas, los ataques al cerebro, las pulmonías, las tisis, las afecciones del corazón, ele. etc. son hoi lan mortales como en la época griega, apesar de haber trascurrido mas de veinte siglos, trabajando sin cesar con el mayor ahinco, disputando a la rnuerle la vida de los enfermos. Yo no sé que admirar mas, si el heroísmo y abnegación de los médicos esponiendo su vida en los an- fiteatros anatómicos^ en los hospitales y en las epidemias, combatiendo con la muerte al lado del qué sufre, entre ayes y lamentos, o la inutilidad de los resultados prácticos. Es cierto que la Anatomía ha llegado a la última perfección y que la ci- rujía, en su parte mecánica y artística ha marchado a la par con ella; es cierto también que la fisiolojía ha hecho muchos adelantos, al menos en la parte esperimental, descubriendo las funciones de casi todos los órganos- pero ni la una ni la otra sirven gran cosa a la cabecera del enfermo. Uno iii xvm PROLOGO. puede ser gran anatómico y gran fisiólogo y ser al mismo tiempo mui mal médico: y al contrario, ser mediano en los dos ramos dichos y sobresalir a la cabecera del enfermo. Lo que al paciente aprovecha y al médico dá fa- ma y renombre es el curar pronto al que sufre, lo cual se consigue sabien- do la patolojía, la materia médica y la terapéutica. En patolojía algo mas se sabe ahora que en los tiempos hipocraticos, en materia médica algunas sustancias mas se usan al présenle, pero en la terapéutica, que es lo mas esencial, lo mismo o menos se practica ahora que en la cuna del arte, en los tiempos del anciano de Coos. El mérito de la medicina antigua consiste en haber llegado a conocer al hombre, considerado orgánicamente, ya en la salud, ya en la enfermedad, aunque de un modo incompleto; pero en curar sus enfermedades no ha dado un paso que pueda llamarse científico. A la homeopatía estaba reser- vado llenar este importante vacío. La nueva medicina dá importancia a la Anatomía y a la Fisíolojia, pero da mas a la Patolojía, y sobre todo a la Materia Médiea y a la Terapéutica, siendo en estas dos últimas ramas del saber médico donde ha hecho hincapié y plantado su batidera, sacándo- las de la rutina y elevándolas al rango de ciencia. En esla materia quiero esplícarme, sí es posible, con mas claridad que en ninguna, y dejar bien consignadas mis opiniones. Para mi, el mérito de la antigua medicina, como ciencia, e independiente de los que la profesan, consiste en haber contribuido al adelanto de las ciencias naturales, en haber proporcionado dalos útiles a la lejisiacion y a la moral, y mas que todo, en haber dado consuelos morales a los enfer- mos, curándolos algunas veces, jeneralmente de un modo empírico. En los tiempos anteriores a Hipócrates, la medicina era esencialmente re- lijíosa. La cólera de los dioses producía las enfermedades; los enfermos iban a curarse a los templos; los médicos eran los sacerdotes de los ídolos; y las medicinas, ciertas prácticas místicas. Uno de los grandes méritos de Hipócrates consiste en haber sacado la medicina de los templos, haciéndola entrar en el torrente jeneral délos demás conocimientos humanos para que tuviese una vida propia y corriera la misma suerte que lodos ellos. Hipó- crates esplicó las enfermedades por los ajenies naturales, aires, alimentos, bebidas, etc. etc., haciéndolas consistir en alteraciones de la bilis, atrabi- lis, linfa, etc. ele. y esplícando su curación por los solos esfuerzos de la na- turaleza, ayudada muchas veces por los remedios que se empleaban. Desde enlónces, la Anatomía, que casi puede decirse que no habia nacido ha lle- gado ya a la perfección; la Fisiolojía, aunque faltándole unidad, ha descu- bierto las funciones de casi todos los órganos; la Patolojía ha descubierto también las enfermedades que sufren los órganos y líquidos del cuerpo hu- mano, aunque mezclados estos conocimientos con teorías que los oscurecen; sin embargo, esta parte no ha progresado tanto como las dos primeras. Pero, la materia médica, y la Terapéutica que en aquella época eran una colección de hechos y reglas empíricas, han continuado lo misino hasta nues- tros días, salvo alguno que olio hecho o regla empírica mas, que la casua- lidad ha ido proporcionando. En este estado se encontraba la ciencia a la venida del inmortal Hahne- man, y el mérito de este gran reformador consiste principalmente en haber sacado a la materia médica del ciego empirismo en que la dejó Hipócrates hace mas de dos mil años, elevándola al rango de ciencia exacia por medio de la esperimentacion pura; otro de sus méritos es, el haber descubierto la leí de los semejantes o la leí terapéutica, la cual, cuando se aplica bien, la PROLOGO. XÍX curación o el alivio del paciente es tan infalible como la caída de un cuer po si le falta el apoyo que lo sostiene. Es decir, los médicos conocen bien al hombre por medio de la Anatomía y Fisiolojía; conocen al enfermo por medio de la Patolojía, pero como no tienen medicamentos de virtudes bien conocidas, no pueden curar bien por mas esfuerzos que hagan; y si alguna cosa saben de los medicamentos es puramente empírica, cuyo empirismo se aumenta mas al llegar a la Tera- péutica, donde su ciencia no tiene principio ninguno que les sirva de guia segura. Por esta razón, cuando el joven médico, lleno de ilusiones empieza su práctica particular, se le cae el alma a los pies al ver que sus enfermos no se curan, porque los medicamentos tienen virtudes dudosas y porque las re- glas de su administración son aun mas inciertas. Por ia misma razón un médico joven emplea muchos remedios y cree que todo lo va a curar, y un médico viejo, lleno de esperiencía, usa pocos remedios, deja la curación a la naturaleza y desconfia mucho de los libros, escarmentado con tantos desengaños. La homeopatía, al contrario, firme en su materia médica, e infalible en su lei terapéutica, asegura curaciones asombrosas, cuando la otra medici- na tiene que usar un método especiante. En una fiebre angioténica, agudísima, el acónito es infalible, al paso que la sangría puede ser dudosa. En la algorra que sufren los niños en Santiago, mercurio soluble y sulfur son infalibles, al paso que los refregones con la miel de llagas, yerba mo- ra, etc., suelen ser perjudiciales. En las fatigas con ardor al estómago, por el abuso de las frutas, arsénico es infalible; al paso que los vomitivos y purgantes son mui dudosos. En las enfermedades del corazón, con aflicciones, desórdenes menstrua- les, en niñas histéricas, pulsalilla es infalible; y los antiespasmódicos de la otra medicina son ineficaces. En las enfermedades del corazón por grandes pesares, sentimientos pro- fundos, con tristeza concentrada, etc. ignalia es infalible; al paso que la alo- patía tiene que estJrse con los brazos cruzados, o si hace algo no puede ser mas que daño. En la fiebre amarilla acónito en el primer periodo es infalible. En el cólera morbo arsénico, veratrum, camph. cupr. etc. son infalibles si el médico no se separa del enfermo hasta que decline la enfermedad etc. En las gangrenas de la garganta lachesis y arsénico son infalibles. Recien- temente he tenido un caso notable en un niño de doce años; las amígda- las, los pilares anteriores y posteriores del paladar y la campanilla estaban cangrenados: los refregones con un grueso hisopo empapado en un líqui- do antipútrido eran inútiles: en estas circunstancias, cuando uno de los mé- dicos dijo que el paciente no viviría 48 horas, yo aseguré con mi pescuezo la vida del niño...; el uso alternado de arsénico y lachesis tiene al enfermo bueno etc. etc. De lo espuesio y de lo que dice Hahneman y sus discípulos, pudiera in- ferirse que, la homeopatía es la ciencia definitiva, la perfección de la me- dicina y el bello ideal del arte de curar; que con ella se curan todas las enfermedades y se preserva uno de muchas, y en una palabra, que los hombres morirán de viejos el dia que se jeneralice tan sublime ciencia. Estas pretensiones, a corta diferencia, tiene la homeopatía y los discípu- los puristas del inmortal reformador. XX PROLOGO. Pero yo que miro las cosas con mucha serenidad y despreocupación; que me importa poco el triunfo de la homeopatía o de la alopatía, a considerar solo el nombre: si triunfa la primera, nada tengo que temer, porque esos son mis estudios especiales de algunos años a esla parle: si triunfa la alo- patía tampoco tengo que temer nada, porque aquellos esos los estudios de mi juventud, seis años de estudios preparatorios y siete de estudios es- peciales, sacando en ellos desde el primer año de filosolia la nota áesobre- salienle; en la alopatía he recibido el grado de Doctor; en ella hice oposi- ción a una plaza de facultativo en el Hospital Jeneral de Madrid, sacando la primer censura; en ella estoi recibido de Médico Cirujano en Chile y lo es- taré én cualquier parle donde me lleve el viento; en ella tengo a mis maes- tros, amigos y afecciones de colejío; por consiguiente nada tengo que te- mer, caliente el sol que quiera. Y aun si yo considerase solo mi interés y las afecciones de mi corazón seguiría la alopatía esclusivamente y renunciaría para siempre a la homeopa- tía, entre otras cosas, por el aislamiento en que me encuentro. Pero el amor a la verdad, por la cual estoi dispuesto a sufrir alguna co- sa y a dar mi vida si es necesario, hace que me separe de la orgitllosa ig- norancia de los alópatas y de las exajeradas pretensiones de los homeópatas, apesar del respeto santo que me merecen sus personas y las doctrinas quo ellos veneran. La alopatía es una ciencia incompleta y en la homeopatía hai verdades de un valor inmenso, pero la medicina definitiva no ha llegado todavía, como pretenden los homeópatas. Me esplicaré: El conjunto de sistemas médicos, que tienen importancia histórica, vita- listas, humoristas, solidistas y mistos, que han aparecido desde Hipócrates a nuestros días, no son mas que ramas de un árbol, fracciones de un gran todo y verdades particulares», que se utilizarán un dia para constituir la me- dicina completa o definitiva. Para llegar a esta tenemos mucho adelantado. De la alopatía se puede to- mar la Anatomía, cuyo estudio puede considerarse casi acabado; de la Fi- siolojía, se puede utilizar la parte esperímental, que es'muí considerable; de la Patolojía podemos lomar la Anatomía-Palolójíca, que está bastante adelantada. Ésto por lo que hace a la alopatía. De la homeopatía podemos lomar los síntomas funcionales de los órganos y los síntomas vilales o dinámicos de los mismos, cuyo estudio mira con indiferencia la alopatía; de la materia médica se puede tomar la esperimen- tacion pura como base infalible para conocer las virtudes de los medica- mentos, y de la Terapéutica se puede tomar la lei de los semejantes, infalible también cuando se aplica con acierto. Faltan para la medicina definitiva i.° completar el estudio de la Fisiolojía por la via esperímental, relacionando todos sus datos a la unidad dinámica o vital del organismo; 2.° completar el estudio de la Patolojía, bajo el as- pecto alopático y homeopático, en todos los climas: 3.° estudiar con la es- perimentacion pura, todas las sustancias medicinales de la naturaleza; y 4.a descubrir una leí terapéutica mus jeneral que la lei de los semejantes, porque esla lei, aunque es infalible siempre que se aplica bien, no es la lei absoluta de curación. Todos los dias veo en la práctica particular casos de curación, que tienen lugar según una lei, que no es la de los semejantes aunque yo no la pue- do formular aun. El dia que la medicina esté acabada, tendremos preservativos para todas PROLOGO. XXt las enfermedades contajiosas y epidémicas, como lo tenemos para la virue- la; tendremos remedios seguros para curar todas las enfemedades agudas en el primer periodo; las enfermedades crónicas disminuirán en sus cuatro quintas partes, y si la moral con la hijiene vienen en nuestro auxilio, como es de esperar, el término medio de la vida, gozando en todos sus periodos, será de ochenta a cien años, en lugar de veinte y cinco que es ahora. Mis aspiraciones médicas se dirijen a este bello ideal, y, ya que tengo el sentimiento de no poder llevar piedra alguna para la construcción del glo- rioso templo de la salud, me considero dichoso porque puedo amar la ver- dad, independiente de las preocupaciones de mis comprofesores. Sí estos quieren sacudir el yugo de la autoridad de sus maestros y de los libros, yo estoi dispuesto siempre a entrar en discusión pública o privada, con tal que las personas se respeten como una cosa sagrada, y que solo las doctrinas se ventilen con la hidalguía y nobleza que corresponde a nobles caballeros. NOCIONES JENERALES SOBRE LOS MEDICAMENTOS QUE SE EMPLEAN EN LA ME- DICINA DOMÉSTICA. Acónito.—Es una planta que se cria en la cima de los Alpes y altas mon- tunas de Europa; la parte que se usa es el jugo de la yerba fresca mezcla- do con parles iguales de alcohol, lo que constituye la tintura madre de la cual se preparan las atenuaciones al grado que se quieren, mezclando una gota con 99 de alcohol acuoso, etc. El acónito es bueno en las fiebres inflamatorias, en el primer periodo de todas las fiebres; en las inflamaciones locales con fiebre; en el reumatismo agudo o crónico; (acónito curó un reumatismo crónico a la señora doña Rafaela Bezanilla, que se habia resistido muchos meses a todos los remedios de la antigua escuela) en las conjestiones sanguíneas activas, siempre que al parecer haya que sacar sangre; en las fiebres de dentición de los niños; en el primer periqdo de ataque al cerebro; en la pulmonía, particularmen- te cuando hai puntada; en las inflamaciones del corazón y de su cubierta: en las inflamaciones del hígado, intestinos, ríñones, vejiga, etc.; en las infla- maciones de los ojos, de la garganta y en el primer período del crup.; ha- ce bien jeneralmente en las enfermedades que sufren las personas sanguí- neas y biliosas; es bueno en todo dolor agudísimo e insoportable: los ma- les que siguen a un susto, a una incomodidad, a la impresión de una co- rriente de aire, sobre todo frió y seco, suelen ceder al acónito. Cuando las niñas se elevan después de un susto, obra soberanamente para volver la menstruación. El acónito es el remedio que tiene la homeopatía para sustituir con ven- taja las sangrías,, sanguijuelas y ventosas de la otra medicina, excepto en la apoplejía fulminante donde está mas indicado belladona. Agáricus: agárico. Es una seía, de olor desagradable y sabor acre y cáus- tico. Para el uso homeopático se le quita la epidermis, se corta a pedacitos y se riegan con un volumen de alcohol igual al suyo, obteniendo asi la un- tura madre. Este medicamento es de poco uso, pero se ha empleado con buen resul- tado en la debilidad consiguiente al abuso de la venus, en la debilidad en la vista, en las palpitaciones de los párpados, convulsiones, erupciones pru- rilosas, en el estado flatulento del vientre etc. XXII PROLOGO. Agnus castus: cordero casto. Esta planta lleva el nombre de cordero cas- to porque se dice que las mujeres griegas cubrían su cama con las hojas de esta planta durante la ausencia de su marido, porque le reconocían la virtud de moderar los deseos amorosos. Para el uso homeopático se emplea el jugo de las hojas, flores y vainas, mezclado con alcohol, constituyendo la tintura madre con la que se componen las diluciones sucesivas. Conviene esta sustancia en la impotencia, supresión de las reglas, en la fal- ta de leche en las recien paridas, enfermedades del bazo, hidropesía, flujo blanco, reumatismo, gonorrea, etc. Alumina: alumbre. Sustancia bien conocida, de la cual se toma un grano para hacer primero tres trituraciones con azúcar de leche, después se di- suelve y se hacen las demás atenuaciones al alcohol. Es de poco uso en homeopatía, pero se ha usado ya con buen resultado en la debilidad intelectual, jaqueca con vómito, en alguas clases de herpes, irritaciones a los ojos, supuración de oídos, flujo purulento por las narices, dolores de estómago, estitiquez, flujo blanco, etc. Antimonium crudum: antimonio crudo. De esla sustancia se toma un gra- no para hacer las ires primeras trituraciones con el azúcar de leche y des- de la 4.a en adelante se hacen con el alcohol. Es bueno en las fiebres intermitentes, pero donde desplega mas su acción es en el estómago para las incomodidades de una iudijestion, en las indijes- tiones habituales, gastralj'ias, afecciones biliosas, asma, induraciones callosas de los pies, etc. La tintura de anl. crud. acto, es mucho mejor que la creosota, opis ele. para calmar los dolores de una muela cariada. Se empapa un algodoncito en la tintura y se pone en la picadura de la muela. Si el dolor está solo en la muela picada o si depende de ella principalmente, calma el dolor en el acto, de cinco veces tres a lo menos. El antimonio para las muelas, el acó- nito para las fiebres y el árnica para los golpes deben tenerse siempre en casa o llevarlos consigo, sí se sale fuera. Árnica, es una planta que se cría también en la cúspide de las montañas; para el uso homeopático, se esprime la planta entera, cuando está fresca, en la época de la florescencia, y se mezcla el jugo coi? partes iguales de alcohol, y se tiene la tintura madre, con la cual se hacen las atenuaciones que se quieren etc. El árnica es el medicamento mas específico que se conoce para curar y cortar las consecuencias de una caída, golpe, contusión, etc.; las sangrías, sanguijuelas, ventosas, agua blanca, agua con vinagre, agua y sal, etc. son nada en comparación del árnica. El acónito y el árnica deben tenerse a prevención en todas las casas, el 1.a para las liebres y el 2.° para los gol- pes. Se pone uno o dos glóbulos o gotas de una dilución de árnica en me- dio vaso de agua, y se dá por cucharadas al paciente, poniendo pañitos mojados en esta misma agua al sitio del golpe o se dá una frotación con agua cargada de tintura de árnica, si la parte machucada es mui estensa. Si se usa a tiempo el remedio basta tomarlo una o dos veces en el espacio de dos horas y darse una frotación o dos para evitar toda consecuencia gra- ve. Repito, que el árnica es un medicamento sin igual en estos casos y que puede usarse con toda confianza, seguros de que siempre correspon- derá bien. En las reliquias que suelen quedar por meses y años, a conse- cuencia de un golpe, árnica suele curar por si solo alternado con otro es- pecifico; las fiebres que se desarrollan después de las grandes operaciones quirúrjicas, fracturas, torceduras etc., ceden bien al uso del áruica; es es- PROLOGO. XXIII pecífico también para las hemorrajias por la misma causa; una dosis de árnica después del parto prepara una buena convalecencia, sobre todo si ha habido operación; las escoriaciones y grietas de los pezones se curan bien lavándose con agua de árnica, aunque a veces se tiene que alternar con sulfur: las picaduras de insectos, los diviesos, las conjesliones de sangre a la cabeza, y aun la apoplejía sanguínea, la hemorrajia de los pulmones, muchos reumatismos etc., ceden bien al árnica. Arsénico: el que se emplea en homeopatía es el ácido arsenioso, cuyo po- der destructor es bien conocido. Se prepara lomando un grano y mezclán- dolo Gon 99 de azúcar de leche; se mezcla y tritura bien: de esta mezcla se toma un grano y se une a 99 de azúcar de leche; se mezcla y tritura bien. De esta 2.a mezcla se toma un grano y se incorpora con 99 de azú- car de leche, se une a él y se tritura etc., lomando un grano, el cual se di- suelve en 99 golas de alcohol acuoso, se revuelve bien etc. etc., y se pre- paran las atenuaciones que se quieren. El arsénico preparado así jamas puede dañar, aunque sea a un niño a quien se administre. Es uno de los medicamentos mas poderosos que tiene la homeopatía y de un uso mui común en Santiago, con buen resultado casi siempre. En verano y otoño lo uso mucho para los desórdenes del estómago y vientre por el abuso de las frutas, que tantos daños causan en la rotería; hai ma- ñana que lo doi a 23 y 30 enfermos en la Dispensaría de Yungai. Siempre que por el abuso de las frutas los enfermos tienen gran sed, ardor al es- tómago y evacuaciones prueba bien el arsénico; en las lipidias, aunque sea con calambres, por las frutas, con frialdad del cuerpo es divine: en cual- quier enfermedad, en que se presentan ardores internos, sudores fríos abundantes, desesperación y gran sed se puede dar con confianza: convie- ne en los padecimientos de los borrachos, en los que han abusado del sul- fate de quinina, a los que les hacen daño los baños de mar, a las perso- nas débiles; en los herpes, en las úlceras malignas, en las gangrenas, es- crófulas, escirros y cánceres, en las fiebres intermitentes, en las tifoideas con putridez, en el vómito de sangre negra, en la liña, en las irritaciones a la vista con ardor, en las indijesliones por los helados, en los cólicos, en las diarreas y disenterias graves, en las afecciones crónicas de la gargan- ta, de los bronquios, del pulmón, del corazón; en el asma, y sobre lodo en el cólera morbo asiático, en el cual se usa como preservativo y como curati- vo. Con el arsénico, tomado diariamente, me preservé en la última epide- mia y preservé a todos los que lo tomaron, haciendo curaciones maravillo- sas con él en los casos mas desesperados. Barita carbónica: subcarbonato de barita. De esta sustancia mineral se ha- cen tres trituraciones, y luego se preparan las alenuaciones por la vía hú- meda, como en las sustancias secas etc. La barit. carb. es uno de los medicamentos tónicos que usa la homeopa- tía por lo cual conviene en la debilidad física y nerviosa de los niños y de los viejos; conviene en los dolores de muelas y esquinencia sobre todo cuando resultan de un enfriamiento, es bueno en la tina, y masque en nin- guna otra cosa, en los infartos glandulares del cuello, en la especie de rosa- rio nudoso que se presenta desde la oreja hasta el hombro; yo tengo en San- liago curaciones de esla enfermedad con solo el uso repelido de bar. carb.; el infarto crónico de las amígdalas cede a este remedio, cuando se usa con constancia ahorrando la operación que suele hacerse en eslos casos, etc. Belladona: es uua planta que se cria en toda Europa. Se usa en horneo- XXIV PROLOGO. palia la planta entera, qme se toma al principio de la florescencia y se es- prime el jugo, el cual se mezcla con partes iguales de alcohol, obteniendo de este modo la tintura madre, con la que se preparan las atenuaciones sucesivas. Es buena la belladona en las enfermedades de los niños, de las mujere?, en las de las personas linfáticas con disposición a infarto de las glándulas, en las que han abusado déla quina, del opio, de la manzanilla, de la vale- riana, del mercurio, del sécale cornuturn; en los que han tenido un susto o una incomodidad o han sufrido un enfriamiento; es buena en las conjes* tiones sanguíneas al cerebro, en el ataque al cerebro de los niños con con- vulsiones o sin ellas; en el infarto de las glándulas con supuración, en las escrófulas, en los diviesos, sabañones, herisipelas simples o flemonosas, en la escarlatina: en el delirium tremens de los borrachos, en la hidrofobia como curativo y preservativo; (con el uso diario de este medicamento creo haber preservado a un joven mordido por un perro rabioso); en las enfermedades de la vista, esquinencias, cólicos, fiebres de sobre parto, herisipelas de los pechos, afecciones del corazón con susto etc. La bell: hace bien jeneralmente en cualquier enfermedad que ha sido pro- ducida por un susto, o que la persona sea muí asustadiza. Las convulsio- nes que van acompañadas de susto y en que el paciente salta como un pes- cado cuando se saca del agua ceden bien a bell. Brionia alba: es una planta, de la cual se toma la raiz ante que florezca y se prepara la tintura alcohólica para el uso homeopálico: con la cual se hacen las atenuaciones correspondientes, La bri. conviene a las personas nerviosas, biliosas y coléricas, con dispo- sición a las inflamaciones de las membranas; conviene en los padecimien- tos a consecuencia de un enfriamiento, de una vida sedentaria, de esfuer- zos físicos, de una incomodidad; conviene en las fiebres con fuerte escita- cion del sistema sanguíneo y nervioso, en las fiebres tifoideas, sobre todo cuando el enfermo está postrado en cama, guardando por mucho tiempo una misma postura; conviene por regla jeneral en todo padecimiento que se aumenta con el movimiento y el contacto y se mejora con el reposo; es bue- na la bri. en las hidropesías, en los reumatismos articulares, en las erup- ciones con flictenas, en algunos herpes, en las irritaciones de la vista, en las hinchazones de la nariz y del labio superior, afecciones gástricas y bilio- sas, en la estitiquez, en las fiebres del sobreparto, en las bronquitis agudas y crónicas; en las pulmonías después del uso del acónito es un medica- mento soberano etc. etc. Calcárea carbónica, cale. carb. subcarbonato de cal. El que se emplea en homeopatía no está exactamente puro, porque se toma del repino animal, del que suministra la concha de ostra. Para esto se rompe una de las con- chas y se loma un grano de la sustancia calcárea que está entre las dos su- perficies. Se mezcla con 99 de azúcar de leche, se tritura etc., haciendo las atenuaciones que se quieran. Yo no conozco en homeopatía un remedio mas poderoso que calcárea; ni sul- fur, ni arsénico, que prolongan su acción, de una sola dosis a 40 y mas dias, llegan a cale. En Santiago he tenido casos de prolongarse la acción de una sola dosis a 70 dias; en la Habana tuve un caso, (curación de una hemorra- jia intestinal hacia 4G años) que se prolongó una sola dosis hasta cinco me- ses. Cale, es el medicamento tónico por excelencia, usado en la verdadera de- bilidad, en la radical, y en casos en que el hierro, el sulfate de quinina, etc. han sido inútiles,- es uno de los 4 o o medicamentos que yo uso con mas PROLOGO• XXV preferencia y con mejor éxito en Santiago. Los niños escrofulosos y raquí- ticos, cuyos huesos permanecen ternillosos por mucho tiempo, por lo cual no pueden andar, se entonan maravillosamente mil veces mejor que con el aceite de bacalao. Cale, es divino para fortalecer a los que han lenido pérdi- das debilitantes. Como tónico conviene dailo una o dos veces y dejar obrar al remedio por mucho tiempo, guardando una dieta estrictamenie homeo- pática. Ün niño de tres años no se tenia sentado aun por la debilidad de sus huesos, y al mes y medio de haber tomado una dosis de cale andaba por todas parles. Conviene, a las mujeres que se enferman mucho, a las perso- nas débiles, a los borrachos, en los padecimientos que sobrevienen a una mojadura, en los que han abusado de la quina y del mercurio, en las con' vulsiones epilépticas, enfermedades de los huesos; pólipos de la naris, de los oídos y del útero; herpes costrosos y húmedos, úlceras fistulosas, grietas, be- rrugas, delirium Iremens, caída de los cabellos en la convalescencía de en- fermedades graves, afecciones a la vista en los niños escrofulosos, supura- ciones detras de las orejas, hinchazón de la nariz y del labio superior, in- farto en las glándulas del cuello, supuraciones escrofulosas; dolores de mue- las por debilidad, debilidad de la dijestíon, vientre abultado en los niños, estitiquez o demasiada soltura habitual del vientre, diarreas de los tísicos, di bilidad de las funciones jenitales, flores blancas, dolores a las caderas, tisis en todos sus periodos, afecciones orgánicas del corazón, desviación de la columna vertebral: este remedio se repite pocas veces. Cannabis saliva: el cáñamo cultivado es una planta orijinaria de la India y que se cultiva hoi en casi toda la Europa. Para el uso homeopático se toman las estremidades floridas de las plantas machos y hembras, se espri- me el jugo y se hace la tintura madre mezclándolo con partes iguales de alcohol etc. Esta sustancia tiene una acción particular sobre los ríñones y vejiga, por lo cual se emplea con buen éxito en las afecciones de estos órganos; pero el uso jeneral de cann. es en la gonorrea aguda en la que tiene un poder in- menso, sobre todo cuando es mui aguda, y existe un dolor quemante a lo largo de la uretra cuando sale la orina; en las palpitaciones del corazón y en la pulmonía sirve tembien etc. Capsicum: pimienta de Cayena. Para el uso homeopático se toman las cáp- sulas y los granos maduros, se pulverizan y se hacen las tres primeras ate- nuaciones por la trituración y los siguientes por la via húmeda. Es de po- co uso, y se emplea en las fiebres intermitentes, en las afecciones de per- sonas de un temperamento flemático, en la nostaljía, malas díjestiones, en el estado flatulento del vientre, en algunas disenterías, en las irritaciones a las vias urinarias, etc. Carbo vejetabilis: carbón vejelal. El carbón bien quemado de cualquier ma- dera que sea, es uniforme en sus efectos, después que se ha desarrollado convenientemente la virtud medicinal que le es inherente. Hannemann usaba el carbón de álamo blanco. Este es uu medicamento de mucho uso y conviene en las enfermedades por el abuso del mercurio y de la quina, en los padecimientos por un tiem- po caliente; en la sensibilidad a las mutaciones del tiempo, en la debilidad por pérdidas debilitantes; en la sarna y otras afecciones cutáneas, en las úlceras, abeesos linfáticos, aneurismas; en la caida de los cabellos por gra- ves enfermedades, cólicos flatulentos, catarros crónicos, laringitis crónica, etc. Causlicum: cáustico o tintura acre sin potasa. La que se usa en homeopa- tía se obtiene del modo siguiente: se toma una libra de cal recientemente IV XXVI PROLOGO. quemada, y después de haberla empapado por un minuto en agua desti- lada, se coloca en una fuente bien seca, donde después de haber dado mu- cho calor y vapor, se vuelve al ¡lisiante polvo, etc. ele. El causticnm con- centrado es líquido y se preparan sus atenuaciones por la vía alcohólica etc. Es de bastante uso y conviene en las enfermedades mui crónicas; como en la gota crónica con acortamiento de los tendones, en las convulsiones y epilepsias, parálisis, en la sarna, tumores enqaistados, verrugas, herpes, varices, oftalmías escrofulosas, flujo de oídos, sordera, flujo por la nariz, escorbuto, mudez, dijestion difícil, almorranas, estitiquez, flujo blanco, fal- ta de leche, catarros erónicos, afecciones del corazón etc. Este remedio suele tardar mucho en hacer efecto, pero es de una acción poderosa, Chnmomilla: manzanilla común. Se obtiene la tintura madre esprrmiendo el jugo de la plano entera fresca y mezclándole con partes iguales efe al- cohol. Es de muchísimo uso y se emplea en las enfermedades de los niños y de las mujeres, particularmente de los recien nacidos y parturientas; en las malas resullas del café y de los paliativos narcóticos; en los padecimientos por un enfriamiento o por una cólera; en las convulsiones de todas clases, en las escoriaciones de la piel; en las fiebres biliosas y nerviosas; en oftal- mía de los recien nacidos; en los dolores de muelas con hinchazón de la ca- ra y de las glándulas del cuello, con rabia y deeesperacion, afecciones gás- tricas y biliosas, en los cólicos, en las diarreas de los niños, en la tos cata- rral con ronquera; en los dolores de parto cuando son desesperantes y ha- cen gritar a la paciente. China: quina o cascarilla. Sustancia bien conocida. La que se usa en ho- meopatía es la de hoja o la quina amarilla real; las tres primeras atenua- ciones se preparan por trituración y de aquí en adelante por el alcohol. La superioridad de las preparaciones homeopáticas se manifiesta eviden- temente en la quina. Como tónico obra mas radicalmente preparado del úl- timo modo que dándole en bruto. Ademas cura muchas enfermedades sobre las que no tiene poder en grandes cantidades. Conviene a las personas bi- liosas, flemáticas, pituitosas, las que padecen diarreas, en las que han abusado del mercurio, a las que les hace daño el té, o que han tenido una incomodidad que deja señales en el organismo, en las afecciones hidrópi- cas, hemorrajias por debilidad, sangre abundante por las narices, fiebres bi- liosas y de los pantanos, oftalmía escrofulosa, debilidad de la vista, malas dijestiones, obstrucciones del hígado y del bazo, cólicos flalulenlos, diarreas debilitantes, etc. etc. Ciña: semen contra o artemisa de Alepo. Para el uso homeopático se toma toda la yerba y se hacen las tres primeras atenuaciones por trituración. Conviene en Irs enfermedades de los niños, debilidad por pérdida de hu- mores, afecciones escrofulosas, en todas las convulsiones de los niños so- bre todo cuando hai lombrices, para las cuales es específico, fiebres inter- mitentes, debilidad de la vista por pérdida de humores, afecciones gástri- cas, costumbre de orinarse en la cama los niños, tos convulsiva en los ni- ños escrofulosos o que padecen de lombrices, etc. Cocculus: cuesco de levante. Estos frutos van a Europa de Levante, tienen una corteza leñosa que encierra una almendra de sabor amargo y acre. Las tres primeras atenuaciones se obtienen por trituración y las otras por el alcohol. Esta sustancia es de un uso frecuente y conviene, en las personas de temperamento dulce y flemático o biliosas y colérico, que han abusado de PROLOGO. XXVII la manzanilla o qne han tenido un arrebato de cólera; es bueno para el mareo y para combatir las incomodidades que suelen padecer algunas per- sonas cuando van en carruaje; en las parálisis, sobre todo de los miem- bros inferiores, en las convulsiones, sobre todo histéricas y de mujeres mal regladas, fiebres lentas con debilidad nerviosa, afecciones gástricas y bilio- sas, gasiraljia, cólicos espasmódieos y flaiulentos, afecciones del útero, sobre lodo en las que no han tenido hijos. Coffea: café de Moka. Para el uso homeopático se loma el mejor café de Moka, sin tostar y se tritura hasta reducirlo a polvo mui lino con el cual se hacen las tres primeras atenuaciones por trituraciou y las demás por el alcohol. Conviene en la sobre-excitación nerviosa, en las neuraljias excesivamente do- lorosas, en el insomnio por escitacion nerviosa, en los dolores de muelas cruelísimos, en las afecciones de la garganta mui dolorosas, en los dolores de parto insufribles, y siempre que haya dolores tan violentos que parezca que el enfermo va a perder la vida. Colchicum: colchico. Es una planta, de la cual se toma la raiz en prima- vera, se esprime el jugo, se mezcla con el alcohol y se trata como el de las demás plantas frescas. Esta planta es de poco uso en homeopatía, aunque es bueno para los reumatismos, hidropesías, parálisis, cólicos flaiulentos y enfermedades de las vias urinarias. Colocinthis: coloquinúda. En homeopatía se usa el fruto seco de esta plan- ta, preparando las tres primeras atenuaciones por trituración, y las demás por el alcohol. Ek de bastante uso, principalmente en las incomodidades que siguen a una fuerte rabia o cólera violenta. En los cólicos agudísimos, aun los de mise- rere, que reconoeen por causa una rabia o una humillación, es específico. La curación de todo violento cólico debe empezarse por este medicamento, según Hering: es bueno en los dolorex calambroideos, etc. Conium: cicuta Se usa en homeopatía la yerba fresca, lomada cuando empieza a florecer, de la que se estrae el jugo y se trata por el alcohol etc. Se usa con frecuencia, sobre todo en las enfermedades de las personas de una vida casta y de abstinencia sensual o en las que han abusado de estos placeres; en las afecciones de los viejos, de las embarazadas, de los que han recibido contusiones principalmente en las glándulas: los zaratanes, los herpes, los males males crónicos de essómago, los calambres de la ma- triz, los ahogos, sobre lodo en los viejos, las debilidades etc. suelen ceder a este medicamento. Crocus: azafrán. Sustancia bien conocida, de la cual se hacen por tritura- ción las tres primeras atenuaciones etc. Es de poco uso. Sirve para el bai- le de S. Vito, el histerismo, las hemorrajias de la matriz. Capsum: cobre. Se preparan por trituraciones las tres primeras atenua- ciones. Es mui bueno en las convulsiones, afecciones crónicas del estóma- go, cólera asiático, asma etc. Drosera: id. Se recoje toda la planta cuando está en flor; se estrae el ju- go y se trata como el de todas las plantas. Es el mejor remedio para tos convulsiva; es bueno en las ronqueras, afec- ciones gástricas, intermitentes, etc. Dulcamara: id. Se usa el jugo de las hojas y de los tallos, cojiendo la planta antes que florezca. Se nata como el de las demás. Es buena en las XX VIH PROLOGO. enfermedades que sobrevienen aun enfriamiento, sobre todo de laswem- branas mucosas, herpes, diarreas, catarros de la vejiga, etc. Euphrasia: id. De esta planta se toma el jugo y se trata como el de to- das las plantas frescas. Este remedio es soberano en las enfemedades graves de la vista, como nubes, úlceras, inflamaciones, etc. y en las contusio- nes ele. Ferrum: hierro. Las tres primeras atenuaciones van por trituración y las demás por la via húmeda. Es de un uso menos jeneral en homeopatía que en la otra medicina, y cuando se emplea suele hacerse, a corla diferencia, para las mismas enfermedades. Hepar sulfuris calcareum: hígado de azufre calcáreo: sulfuro de cal. Las tres primeras atenuaciones por trituración y las demás por alcohol. Es uno de los grandes y poderosos remedios que tiene la homeopatía para combatir las malas consecuencias del mercurio, las supuraciones de las glándulas, las herisipelas graves, los herpes, tina, la mortal membrana. Con este remedio he salvado a un niño de membrana, de cuya enfermedad ha- bia muerto un hermanito suyo. Hiosciamus: id. Se esprime el jugo y se irata como el de las demás plan- tas frescas. Se usa en homeopolía pero no tanto en la alopatía, principalmente en las convulsiones, histerismo, dolores de muelas, etc. Ignatia: haba de S. Ignacio. Es un frulo, especie de almendra de la cual se preparan por trituración las tres primeras atenuaciones vías demás por el alcohol. Es uno de los remedios mas útiles que tiene la homeopatía sobre todo en las enfermedade que sobrevienen a los grandes sentimientos, como la muer- te de una persona mui amada, padre, hijo, esposo, etc.; en los pesares con- centrados, en que el paciente no puede desahogarse, es un remedio precio- so para tranquilizar el corazón; en los sustos y contrariedades sirve de mu- cho también. Yo he curado una enfermedad del corazón de hacia 18 años, producida por estas causas, con el uso de ignatia. Siempre que una perso- na nerviosa ha tenido mucho que sufrir, ignatia es soberano. Las enferme- dades del corazón que se sufren en Santiago, disminuirían uua tercera par- le con solo jeneralizar el uso de ignatia cuando hai que sentir, que por cierto no falta. Las incomodidades reprimidas, que tan malas consecuencias dejan, con el uso de ignatia se libra uno de ellas etc. Acónito para las fie- bres, árnica para los golpes e ignatia para los pesares e incomodidades con- centradas, los debe uno tener siempre a la mano. Cuando una persona se accidenta por la muerte de una persona amada el mejor cordial es ignatia. Yodium: yodo. De la tintura alcohólica de esta sustancia se forman las ate- nuaciones hasta el grado que se necesitan. Es de poco uso y esto solo para algunos reumatismos, glándulas, raquitis, consunciones, etc. Ipecacuana. Para el uso homeopático se tritura la raiz con el azúcar de le- che en las tres primeras atenuaciones y las siguientes por la via húmeda- Se usa en las indijesliones, hemorrajias bronquiales o uterinas, en las con- vulsiones, tos convulsiva, etc. Lachesis: id. Es el veneno dentario de una culebra que lleva este nom- bre. Tiene de particular este veneno, como el de la culebra de cascabel, el del crotalus, etc.que puede tragarse impunemente, aunque sea en gran- des cantidades, sin que se diferencien sus efectos de los del aceite de al- mendras, y que mata cuando se introduce en una herida. Para el uso ho- I'ROLOGO. XXIX meopático se toma una gota de azúcar de leche; se preparan por trituración las líes primeras atenuaciones, y las demás por la via húmeda ele. Este medicamento es esclusivo de la homeopatía y sirve en los padeci- mientos de los borrachos, en los que han abusado del menurio, debilidad por pérdida de humores, melancolía, romadizo crónico, esquinencias, gan- grenas, istericia afecciones del hígado, estitiquez, padecimientos de las mu- jeres en la edad crítica, enfermedades del corazón etc. Licopodium: licopodio. El polvo de este musgo se une con el de azúcar de leche para las tres primeras trituraciones y luego se procede por el al- cohol etc. Este polvo que es inocente en el estedo grosero, adquiere un poder ma- rabilloso con preparaciones homeopáticas, y llegando a curar las enferme- dades mas crónicas, como los infartos de las glándulas, las varices, escró- fulas, diviesos, liña, calvicie, romadizos, flujo de pus por los oidos, afeccio- nes gástricas, estitiquez crónica, padecimientos de los tísicos, aneurisma etc. Mercurio. En homeopatía se usa jeneralmente el mercurio soluble y el mere. vivo. El primero fué el que preparó Hannemann y el de mas uso. Las demás preparaciones se usan poco. El mere, es de un uso bástame común en el venéreo, escrófulas, supura- ciones, herisipelas, en loda enfermedad con disposición a sudar mucho, en las enfermedades de ojos, de oidos, de nariz, de boca, de garganta de hí- gado, en la disenteria, cólicos, dolores de muelas, loses bronquiales y pulmo- íiales ote. Nutrum muriaticum: sal común. Se prepara como las sustancias minera- rales, primero por trituración y luego por el alcohol. Es un medicamento poderoso en los reumatismos con acortamiento de los tendones, melancolía, jaqueca, enfermedades de la vista, del oido, de la nariz, del estómago, esti- tiquez, impotencia, etc. JSux moschaia: nuez moscada. Se prepara como las sustancias secas etc. Es bueno en las enfermedades de las mujeres, de los niños, en los ma- les ocasionados por el pis, en los histéricos, en los dolores de muelas y mal estómago de las embarazadas, en los infartos del hígado, en las dia- rreas de los niños, asmas, ele. Nux vómica: nuez vómica. Es la semilla de un árbol. Se prepara como las sustancias secas. Es el medicamento que acaso uso mas frecuentemente en Sanliago y]cou mejores resultados. Es el remedio de los que remuelen mucho y de todas maneras, de los de vida sedentaria, de los que estudiau y meditan mucho, de los que abusan de las bebidas y del café. Es bueno en las convulsiones, debilidad, diviesos, males de cabeza, de ojos, de oidos, nariz, dolores de la cara y de muelas, apostemillas en el paladar, Magüitas en la boca, inapetencia, males de estó- mago, de hígado, cólicos, estitiquez, almorranas, hernias, padecimientos de las embarazadas y recién paridas, los convulsiva con vómito de alimentos, asmas etc. Opium. El opio se usa poco en homeopatía y se prepara como las sus- tancias secas: las tres primeras atenuaciones por trituración y las siguien- tes por la via húmeda. Sirve en los padecimientos de los borrachos; afecciones de los viejos, en las malas consecuencias de un susto, en las convulsiones, parálisis, fiebres soporosas, dolores de cabeza coujestivos vómito estercaráceo, estiti- quez, etc. XXX PROLOCO. Petroleum: aceite de petróleo. Se une al azúcar de leche y se hacen por tri- turación las tres primeras atenuaciones. Se usa poco y sirve en los sabañones, herpes, desvanecimientos habitua- les, dolores de cabeza causados por contrariedades, liña, sordera, afeccio- nes gástricas, grietas de las manos y pies etc. Phosphosrus: fósforo. Se toman cinco granos de fósforo puro y 500 go- tas de alcohol lo mas anhidro posible, se deja que el alcohol se salure y se procede por la vía húmeda. El fósforo es de mucho uso y sirve en las personas débiles, y en la de- bilidad física y nerviosa, a consecuencia de largas onfermedades; en los reumatismos crónicos, supuraciones linfáticas, úlceras fistulosas de los pe- chos; vértigos, dolores de cabeza, enfermedades graves de la vista, sudores, dolores en fa cara, enfermedades crónicas del estómago, diarreas, sobre todo en los viejos; diarreas de los tísicos; ronquera crónica, asma; pade- cimientos tísicos; último periodo de la pulmonía, cuando el enfermo pare- ce que ya va a morir. Phosphoricum ácidum: ácido fosfórico. La 1.a atenuación se prepara con el agua destilada; la 2.* con agua y alcohol, a partes iguales, y la 3.a con el alcohol ordinario. Es buen tónico en la debilidad por enfermedades graves, pérdida de hu- mores, onanismo, pesares concenliados, amor desgruciado etc. Sirve en las fiebres tifoideas; enfermedades de los huesos; diarreas después de un sen- timiento; diarreas epidémicas; derrames y poluciones etc. Piatina. El platino se prepara como las sustancias sólidas, por tritura- ción primero y luego por dilución. Es de mucho uso en las enfermedades de las mujeres, sobre todo cuan- do son de reglas abundantes; en el histerismo, dolores nerviosos, dolores de la cara, dolores de lujada, hemorrajias del útero etc. Puhatilla. Se loma el jugo y se irata como el de las demás plantas fres- cas. Es la sustancia que mejor se ha estudiado en homeopatía y de un uso mui jeneral. Sirve principalmente en las enfermedades de las mujeres, sobre todo las de temperamento nervioso, carácter suave, propensas a reír y llorar fácil- mente; en los que han abusado del mercurio, del azufre, de la cascarilla, etc.; en los padecimientos a consecuencia de un enfriamiento en el agua, de una indijestion, sobre todo de cosas grasicntas etc.; reumatismo de las coyunturas, flujos mucosos, clorosis, sarampión, supuraciones; consecuen- cias de golpes, caidas etc.; muchos padecimientos por la supresión de las reglas; dolores de cabeza; enfermedades de la vista, orzuelos, supuración de los oidos; sangre de narices; dolores de la cara y de las muelas; afecciones del estómago y del hígado; dolores cólicos; diarreas; catarro de la vejiga; gono- rreas; inflamación de un testículo a consecuencia de un golpe o de una go- norrea suprimida; diferentes padecimientos de las mujeres cuando mens- trual!; catarros húmedos; asmas; afecciones del corazón y diferentes padeci- mientos de las personas aflijonas. Rheum: ruibarbo. Se prepara como las sustancias secas, por trituración primero y luego por el alcohol. Se usa principalmente en las diarreas de los niños y de las recien pari- das; acedías, cólicos, insomnio y gritos de los niños. lihododendron chrisanlum, oleandro de flores blancas. Se prepara como las sustancias secas. PROLOGO. XX Xl Y sirve en los reumatismos de las coyunturas, hidrocete e induración de los testículos. Rhus loxicodendron: zumaque. Se esprime el jugo y se trata como el de las plantas frescas. Es medicamento de mucho uso y sirve en las enfermedades de los ten- dones, ligamentos y tejidos articulares; parálisis; erupciones ampollosas; her- pes, herisipelas, fiebres tifoideas, afecciones gástricas, incomodidades a con- secuencia del destete etc. Rula: ruda. Se esprime el jugo y se trata como el de las plantas frescas. Es de poco uso, aunque también en la enfermedad de la vista, parálisis a consecuencia de lesiones mecánicas, padecimientos por un tiempo lluvioso, lombrices, etc. Sambucas: saúco. En homeopatía se usa el jugo de la 2.a corteza de las ramas tiernas, el cual se prepara como el de las plantas frescas. Sirve en las gidropesías, en el asma espasmódico, en los calambres de pul- so, sobre todo después de un enfriamiento, fiebres con sudores excesivos ele. Sanguinaria. Se usa el jugo de la raiz y se trata como el de las plantas frescas. Sirve en los reumatismos, afecciones de la garganta, membrana etc. Sécale: tizón del centeno. Se trata como las sustancias secas. Sirve en las hemorrajias, de los sujetos débiles; histéricos de las mujeres caquécticas y débiles; en las diarreas debilitantes; diferentes padecimientos de las partu- rientas sobre todo sí son de constitución débil etc. Sepia: tinta de jibia. Líquido negruzco que tiene el animal con el Cual enturbia el agua cuando se ve perseguido o quiere asegurarse de su presa. Se mezcla con el azúcar de leche y se hacen por trituración las tres pri- meras atenuaciones, siguiéndose después por la via húmeda. Es un remedio de mucho uso y de una acción poderosa para las enfer- medades siguientes: debilidad por el onanismo; escrófulas; tumores linfá- ticos; herpes; manchas del culis; muchos padecimientos de las embarazadas; liña; oftalmia; dolores de muelas; afecciones crónicas de la garganta; afec- ciones de estómago; ebullamiento de vientre en las mujeres de edad; dia- rreas; gonorrea; dolor de hijada; flores blancas; elevación; padecimientos tí« sicos y del corazón etc. Silícea: sílice. En homeopatía se usa la que se estrae del cristal de roca; se preparan por trituración las tres primeras atenuaciones y las siguientes por el alcohol. . . Es uno de los medicamentos mas poderos que tenemos, principalmente en la raquitis, reblandecimiento de los huesos, corbadnras del espinazo, supii- raciones, tumores linfáticos, úlceras, padecimientos tísicos; afecciones orgá- nicas del corazón con mucho cansancio al andar, Estoi curando una corba- dura del espinazo oon este remedio y el joven se sienle mui mejor. Spigelia: espigelia antihelmíntica. Se usa yerba seca con la cual se hacen las tres primeras atenuaciones, etc. Sirve en los dolores de cabeza, de cara y de muelas; en las enfermedades del corazón etc. Spongia: esponja. Se tuestan, se reducen a polvo fino y se trata como las sustancias secas. . ... Sirve para las enfermedades de las glándulas y de los vasos linfáticos; en la membrana o erup., afecciones del corazón etc. Staphisagria: estafisagria o yerba piojera. Se usan las semillas, con las cua- XXX1Í PROLOGO. les se hacen las tres primeras trituraciones y luego se procede por la via húmeda. Es buena en los padecimientos por contrariedades y despechos, debilidad por el onanismo; heridas por instrumentos cortantes, enfermedades de los huesos, tina, dolores de muelas y padecimientos de las encías etc. Slramonium: estramonio. Se loma el jugo de la planta y se trata como el de las sustancias frescas. Sirve para todas las afecciones espasmódicas, convulsiones, epilepsia, etc.; delirium tremens etc. Sulfur: azufre. Con las flores lavadas de azufre se procede por trituración o por la vía alcohólica para obtener las atenuaciones que se quiera. El azufre es el medicamento mas usado que tiene la homeopatía por ser aquel cuya patogenesia de 1999 síntomas corresponde mejor al sin número de enfermedades que padece nuestra especie en todos los climas del globo. En toda enfermedad crónica, sea del cutis, de la cabeza, del pecho, del vientre o de las estremidades, incluyendo las afecciones venéreas, se da sulfur para la curación o bien al fin de ella, si ya está hecha, para confir- marla e impedir una recaída, bien sea de mal agudo o mal crónico. En todo tratamiento homeopático, cuando los medicamentos mas indi- cados no corresponden debe darse sulfur con objeto de disponer el orga- nismo a que los demás remedios obren bien. Cuando no se sabe porque medicamento empezar la curación, adminístre- se sulfur, con el cual siempre se hace bien. Tariarus emeticus: tártaro emético. Con elríarí. emel. se procede por tri- turación como en sustancias secas. Es de poco uso en homeopatía^ y se administra en las afecciones de los bronquios, pulmones, estómago, hígado, etc. Thiya. Es una planta de la cual se estrae el jugo de las hojas tiernas y se procede después por la via alcohólica etc. Este medicamento tiene una acción específica sobre las berrugas, donde quiera que se presenten, manos, partes etc. Para mas detalles sobre estos sesenta medicamentos, debe consultarse la materia médica de Hannemann o el compendio de Jhar, que es mui bueno para los profanos. Yo hubiera quitado algunos de estos medicamentos y puesto en su lugar otros de uso mas frecuente, pero he preferido lo primero por ser estos de los que Heriug hace uso en su medicina doméstica. Si los medicamentos homeopáticos son venenos, como propaga la envidia o la ignorancia, medítese sobre los que acabo de indicar, en cuya reduci- da lista, no falla uno solo de los principales. PROLOGO. XXXUl TRATAMIENTO HOMEOPÁTICO DE LAS ENFERMEDADES MAS COMUNES EN SANTIAGO. Aunque en la medicina doméstica se dan nociones al alcance de todos de las enfermedades mas comunes en todos los climas, no me creo dispen- sado de consignar en este prólogo el fruto de mi esperiencia en la capital de la República, sobre los males que jeneralmente se padecen; limitándo- me únicamente alas enfermedades de la infancia, a las del hígado, cora- zón y pulmón. Las enfermedades de la infancia jeneralmente son precedidas de algunas consideraciones sobre los padecimientos de las embarazadas, alumbra- miento etc. Hijiene del embarazo.—Desde que una mujer sospecha que está embara- zada debe observar las reglas siguientes: 1.a, abandonar el corsé. El corsé perjudica a la madre y a la criatura; a la madre porque la dispone a las enfermedades del corazón y del útero, siendo causa también de las malas posiciones del feto que tanto dificultan el parto: perjudica al feto, produ- ciendo el hidrocéfalo y otros vicios de conformación; 2.a, alijerarse de ro- pa. El cargamento de enaguas, 3, 4, 6, 8 y aun mas, que usan las seño- ras en Santiago, tiene en el embarazo casi los mismos inconvenientes que el corsé, y ademas dispone a sufrir de la cintura; 3.a, usar alimentos de fá- cil dijeslion: el chancho, fiambre, guisos mui aliñados, té, café, vinos, li- cores etc., quedan prohibidos. La esperiencia me hace ver que el uso del té, en las embarazadas es una de las causas de ataque al cerebro de los ni- ños; 4.a, ejercicio suave al aire Ubre y tranquilidad de espíritu. Toda emo- ción viólenla, asi de placer como de pena, debe evitársele a la señora que se halle en estado interesante, por lo impresionable que se halla su siste- ma nervioso, el cual, exaltándose, puede causar los accidentes mas gra- ves; 5.a, abstinencia sexual. Esta regla, útil a todas las embarazadas y que- brantada casi en todos los casos, es de absoluta necesidad en las que es- tán dispuestas al aborto etc. Enfermedades de las mujeres embarazadas.—Comprendemos bajo esta de- nominación los accidentes propios del embarazo, como los vómitos, la es- titiquez, etc., para los cuales poco o nada tiene que hacerla medicíua común. Plétora.— Muchas señoras, hacia el tercer mes del embarazo o hacia el fin, pedecen de cargazón de sangre, como aquí se llama. Este estado de- saparece con acónito dos o tres veces, con un dia de intervalo, seguido de una dosis de belladona si la sangre tiene tendencia a subir a la cabeza, o de nux vom. si el estómago está malo y hai estitiquez. Vómitos.—Los vómitos son el accidente mas común de las embarazadas particularmente los tres o cuatro primeros meses, los cuales desaparecen o se alivian mucho con el uso de acónito, nux vómica, ipecacuana, sepia, co- nium, pulsatilla etc., según los casos. Los remedios se disuelven en bas- tante cantidad de agua y se toman por cucharaditas, una vez al dia. Estitiquez.—Es mui común en Santiago esta enfermedad y mas en las embarazadas. El uso de los purgantes suaves que se acostumbra en tales casos puede causar el aborto y no deben usarse. La homeopatía cu- ra estas indisposicioaes cou el uso de nux v. y sulfur, tomando una dó- v XXXIV PROLOGO. sis de la primera y dejándola obrar tres o cuadro dias, después de los cua- les se dá sulfur. Brionia repelido tres o cuatro veces en una mañana sue- le hacer efecto el mismo dia. Diarrea —La diarrea no es tan común como los vómitos pero es mas peligrosa, porque suele producir el aborto, pulsalilla, dulcamara, chamo- milla, sulfur y calcárea, bastan, según los casos, para contenerla, siempre que se guarde un réjimen melódico. Cólicos o dolores de fíalo.—Chamomilla, si el vientre está movido, nux v. si hai estitiquez, o bien colocijnlis bastan jeneralmente para curar este mal incómodo. Los medicamentos se disuelven en bastante cantidad de agua y se dan por cucharaditas pequeñas, a cortos intervalos. Dolores de caderas.—Mucho sufren de esta enfermedad en Santiago las embarazadas: nux v., árnica, rhus, brionia, sulfur, calcárea c., etc., son los medicamentos, que mejor corresponden, particularmente el primero. Ganas frecuentes de orinar.— Es mas frecuente de lo que jeneralmente se cree esta enfermedad, la cual se ignora porque no la comunican las que la sufren, sino en casos mui estreñios; nux v., y pulsalilla suelen ser es- pecíficos. Insomnio.—El uso del café y del té suele quitar el sueño, pero mas a las embarazadas. En esle caso chamomilla o nux v., bastan para remediar el accidente; en el caso contrario, es decir; cuando no se hace uso del café ni del té, una dosis de coffea (café) preparado homeopáticamente es sufi- ciente para conciliar el sueño. Palpitaciones de corazón.—Es mui común en Santiago esta enfermedad, que alarma tanto mas, cuanto que son mui comunes los padecimientos de esta entraña. Si hai cargazón ¿le sangre, acónito y belladona bastan; sino la hai, pulsalilla lo suele remediar todo. Sincopes.—Es poco frecuente este accidente, y cuando existe cede a ig- valia, si la enferma es de carácter triste y dispuesta a llorar, a chamomi- lla si es de carácter colérica, a nux v., sí es biliosa y estíptica, a china y sulfur sí es de debilidad, a acónito si hai cargazón de sangre, y a árnica si depende de llevar los vestidos apretados. . Dolores de muelas.—Esle accidente es mui común aun sin estar embaraza- da: si es mui violento y ocasiona gritos cede a coffea (café) chamomilla o acónito, si hai cargazón de sangre; si la enferma es apacible y causa aflic- ción la fuerza del dolor, cede a pulsalilla; si se agrava el dolor con el ca- fé, el vino, y la meditación nux v., es buena; si hai conjestion de sangre a la cabeza, belladona es superior; slaphisagria es buena en muchas clases de dolores cuando las muelas están picadas; y sepia conviene cu un sin núme- ro de casos. Ademas oíros muchos medicamentos. Antojos. -Hai muchos medicamentos, según los casos, pero el principal es sulfur. Hemorrajia del útero. — Este accidente es uno de los mas graves que pue- den sobrevenir a una embarazada, por ser precursor del aborto en la je- neralidad de los casos. Conviene tomar desde el principio todas las pre- cauciones hijiénicas y dietéticas que se acostumbran en tales casos y ade- mas usar los remedios siguientes: se usará árnica sí la hemorrajia ha sido producida por un esfuerzo, una andanza, un golpe etc.; ipecacuana si el flujo es continuo, con retortijones al vientre etc.; chamomilla si la sangre sale seguido y hai dolores como de parto etc., brionia sí la sangre es os- cura y hai dolores de ríñones y de cabeza etc.; china es buena si la sangre sale a a chorros o hai ya uua gran debilidad; hyosciamus si a la sangre PROLOGO. XXXV acompañan síntomas nerviosos, como convulsiones etc.; belladona cuando hai un dolor violento al hueso de las caderas y se siente una cosa como si fuera a salir la madre por abajo; platina cuando la sangre es negra etc. ; ferrum cuando la sangre varía de color, la cara está roja etc.; crocus sí la sangre es mui negra etc.; sabina si la sangre es muí roja o sale en coa- jarones etc.; sécale si la sangre es negra y ¡a enferma está muí débil. En estos casos los medicamentos se dan en bástanle cantidad de agua, por cu- charaditas y con frecuencia. Calambres en las piernas.—No son raros e impiden el sueño, mortifican- do mucho. Veralrum, nux v., coffea, sulfur etc., son escelentes. Hinchazón délas venas de las piernas. —Se corrije ose alivia esteaccidente con piUsalilla, nux v. sulfur, silícea, licopodio etc. Grietasen el vientre.—Las fricciones de cuando en cuando con el agua de árnica son mui eficaces. Tos.—La tos seca y nerviosa que sufren las embarazadas se cura con acónito y nux v.; si viene con vómitos ipecacuana; si es húmeda pulsalilla o sepia. Opresión al pecho y cansancio.—Si es después de comer nux v., es especí- fico; si persiste fuera de la hora de la dijestíon y hai cargazón de sangre acónito; si hai sed e hinchazón de pies, arsénico; si hai dolores al pulmón y un estado sospechoso de esta entraña, fósforo. Hinchazón de las eslremidades inferiores. — Si la hinchazón se estiende has- ta los muslos y dificulta el andar, brionia y sulfur son escelentes. Preservación de las enfermedades hereditarias.—Los hijos heredan de sus padres, no solo los bienes de fortuna y las costumbres, sino las enferme- dades y malos humores y aun estos con mas seguridad que aquellos. La prole de padres achacosos y enfermizos es siempre raquítica y miserable. Pues bien, la homeopatía en tales casos puede hacer mucho en favor de los hijos. Medicinándose la madre durante el embarazo, con los remedios homeopáticos adecuados, los hijos nacen sanos y robustos. Mercurio solu- ble si los padres tuvieron venéreo, sulfur si son mui enfermizos y calcárea si son mui débiles, administrados alternativamente y a largos intervalos, son los remedios mas eficaces. Las señoras que tomen remedios homeopáticos durante su embarazo, para remediar los diferentes achaques que son consiguientes a semejante estado, pueden estar seguras de que sus partos serán felices y sus hijos sanos y robustos. Remedios homeopáticos que conviene tomar para que el parto sea bueno.— El parto es una función natural que, en la jeneralidad de los casos, se desempeña con toda felicidad para la madre y para la criatura, sin nece- sidad de auxilio estraño. Y yo espero que los buenos resultados serán mu- cho mayores, el dia que se jeneralice el uso de la homeopatía en las em- barazadas. Por algún tiempo se corrió la voz en Santiago de que yo tenia un re- medio que facilitaba mucho el parto, cuya idea tuvo oríjen en que algunas señoras notables tuvieron partos mas felices que otras veces, por la circuns- tancia de haber tomado un remedio homeopático administrado por mí con tal objeto. Este remedio es la pulsalilla, la cual tiene una virtud particular sobre el útero. Los dolores falsos de parto desaparecen con una sola dosis, de pnls.; los dolores morosos e insuficientes que hacen el parto pesado, so convierten en dolores eficaces que apresuran la salida pronta de la criatura. Está averiguado que las malas posiciones del feto, causa de los iñalos XXXVI PROLOGO. partos, se convierten en buenas posiciones, con una o des dosis, de pnh. cuando el paito no está aun mui avanzado. Una señora habia tenido nueve partos trabajosos, algunos con operación, y el que tuvo tomando pnls. ter- minó bien en cuatro horas. Aunque puls. es el principal remedio para faci- litar el parto, no es el único. Chamomilla tiene también una acción particu- lar. Yo la doi con mui buen resultado, principalmente cuando los dolores son atroces y hacen gritar a la enferma, sin que el parlo adelante mucho. Cuando hai cargazón de sangre y la enferma tiene ansiedad y está mui asustada, acónito obra maravillosamente. Belladona es buena cuando el parlo no progresa, apesar de fuertes dolores, por la rijídez que suele presentar el cuello del útero. Ademas, suelen estar indicados para facilitar el traba- jo del parlo, coffea, nux v., opium, sécale, calcárea, acónito y belladona. Accidentes durante ix parto.—Los principales son la lipotimia, la con- jeslion cerebral, las convulsiones y las hemorrajias. La lipotimia o desmayo se remedia si es de debilidad, con un pocilio de buen caldo, ya solo, ya mezclado con un poco de vino añejo o de cascari- lla; si depende de cargazón de sangre, se dá acónito; si es que hai una gran disposición a esta enfermedad, nux v. es específico; si el desfallecimiento vie- ne al menor movimiento, se dá veratrum. Conjestion cerebral.—Si la parturiente es sanguínea, si la rubicundez de la cara persiste mucho tiempo pasado el dolor, o si hai dolor de cabeza, acónito, repetido, previene todo accidente; si la conjestion está mui ade- lantada con tendencia a parálisis del lado izquierdo, árnica dá buen resul- tado; si el conocimiento se pierde y se inician convulsiones, belladona es buena. En semejantes casos, puede consultarse opium. Convulsiones.—Son un accidente terrible que compromete la vida de la madre y de la criatura, aunque se administren los anii-espasmódicos, se prac- tique una sangría, se apliquen sanguijuelas etc.; acónito, belladona, ihamo- milla, la chésis, coffea, hyoscíamus, stramonium, opium, etc , bastan, según los casos, a remediar este accidente. Hemorrajia.—La hemorrajia durante el parto se remedia con los mismos medicamentos que se han recomendado en el mismo artículo durante el embarazo. Aquí solo mencionaremos el árnica y la pulsalilla. La primera es mui eficaz cuando proviene la sangre de una implantación viciosa de la pla- centa; y la segunda conviene darla para provocar las contracciones del útero, cuando se quiere terminar pronto el parto, sin recurrir a operacio- nes manuales. La muerte de la criatura, aunque haya muchos dias, no exije operación ninguna. Si la persona es débil, china y sécale, aceleran el parlo: si no es débil, pídsatilla es mui eficaz. Una señora en Santiago, parió con prontitud y facilidad, después del uso de pulsalilla, una criatura muerta cuino de ocho dias, y su convalecencia fué buena. Relenc'.o.í de la placenta o parias.—El uso de puls. o de sécale si la per- sona es débil, ahorran todas las maniobras que se practican en semejantes casos para estraer las parias; puls., sobre todo tiene una acción específica para escitar las contracciones del útero. La hemorrajia después del parlo reclama en primer lugar pulsalilla y sé- cale, cuando depende de la falta de contracciones del órgano uterino. Son también buenos en semejantes casos, bellad., sabina, nux v., ipecacuana. crocus, hyos., etc. Cuidados en el sobreparto. —La tranquilidad física y moral es mas nece- saria en este estado que en ninguu otro por grave que sea la enfermedad. 1R0L0G0. XXXVII Como hijiene preservativn, la homeopatía aconseja las lociones a las parles júntales con el agua de árnica, y aun el uso interno de dicho medicamen- to una vez siquiera. Apesar de todos los cuidados médicos, se presentan algunas veces acci- dentes que reclaman un tratamiento particular, cuales son: La cuida del útero.—Es un accidente mui grave que, cuando tiene lu<*ar, suele dejar liciadas a las enfermas para toda su vida, esto es, si se aplica el tratamiento común. La homeopatía tiene en nux v., y en sepia, particu- larmente en el primero un recurso poderoso para volver el útero a su es- lado normal. Yo tengo un caso de curación en Sanliago, en jd cual la caída de la matriz era completa; la enferma, después de curada, ha tenido un hijo, en cuyo desembarazo no sufrió descenso el útero. Lesión de las parles jenitales.—El uso del árnica en lociones e interior- mente basta para curar pronto esle accidente. Los dolores que suelen dejar en pos de si los lirones imprudentes de algunas parteras, ceden como por encanto al árnica. Mercurio soluble es superior sí se forma algún acceso o apostema. De ambos casos tengo curaciones lindísimas. Retención de orina. — Cede al uso de bellad., una sola dosis. Incontinencia de oñna.—Árnica, bellad., sepia y sulfur curan pronto es- ta incomodidad, contra la cual nada puede hacer la otra medicina sino ad- mislrar una buena dosis de paciencia. Almorranas— En algunos partos trabajosos se irritan las almorranas y oausan dolores insoportables, con otros accidentes, en el sobreparto. Pul- salilla es el específico en este caso. Entuertos.—Los dolores consecutivos llamados entuertos, que apenas los sufren las primerizas, son mui molestos en las señoras que llevan muchos partos. Árnica, coffea, cham., nux v., etc., son excelentes para quitarlos en pocas horas. Inflamación de los pechos.—Es esta enfermedad mui común en el sobre- parto y masen Sanliago que en otros países. La homeopatía es de una efi- cacia soberana y el médico que no crea en la homeopatía y quiera ver efectos evidentísimos de los infinitesimales, haga uso de los medicamentos siguientes, suprimiendo las cataplasmas, unturas etc., que jeneralmente hacen daño. Acónito, en el principio y mejor aun si hai fiebre, suele cor- tar la enfermedad en pocas horas; si el pecho está mui hinchado y doloro- so, pero sin rubicundez erisipelatosa, brionia es específico; si hai dicha infla- mación dolorosa con rubicundez, bellud., es soberano; si la supuración ha empezado ya, mercurio soluble y hepar, son particulares; pero el específico por excelencia, cuando hai supuración avanzada, es fósphoro; este mismo remedio y silícea son los curativos cuando hai fistolas en los pechos. Son innumerables las curaciones que tengo hechas en todos estos casos. Grietas de los pezones. — Esta enfermedad, que imposibilita a veces que el niño mame, se cura con toda seguridad lavándose los pezones con el agua de árnica varias veces al dia; y a lo sumo habrá necesidad de administrar sulfur al interior, o lavarse también con agua de este medicamento. Yo he curado siempre con estos remedios; pero otros autores, en casos mui gra- ves, han tenido que recurrir a grafites, calcárea y licopodio. La simple inflamación de los pezones, sin escoriación, se cura con cham. Inflamación del ulero.—Esta enfermedad es grave y solo un médico espe- rímeutado puede tratarla bien, el cual encontrará el específico jeneralmente en nuxv.; acón., bellad., mer. sol., coffea., cham., puls., etc., estarán in- dicados según los casos. "XXXVIII PROLOGO. Peritonitis puerperal.— La peritonitis es mas grave aun que la metritis, y solo un buen profesor puede dirijir convenientemente el tratamiento; el acónito es el remedio principal en el primer período; bellad., brionia, coloc; mere, sol., etc., son remedios excelentes. Flecmasiaalbadolens.—Ha recibido esle nombre la inflamación venosa del bajo vientre y de las estremídades inferiores, con hinchazón dolorosa de estas. Árnica, brvon., y puls. son los principales. Con el úllimo medicamento, puls. curé una enferma, hace tres años, frente a la dispensaría deYungay. Estitiquez.—El estreñimiento en el sobreparto es tan natural y necesario para que los órganos vuelvan a su estado fisíolójico, como el flujo loquíal para que el útero se desengurjite de la superabundancia de humores. La homeopatía respeta este estado y solo cuando han trascurrido muchos dias sin obrar o lo reclama otra necesidad, se administra nux v. o brionia para mover el vientre. Diarrea.—La diarrea en el puerperio es peligrosa porque desarregla la secreción de la leche o el flujo loquial: puls.,dulc, anlim. etc., son exce- lentes remedios para correjirla. Abullamientodel vientre.—A lasque han tenido muchos hijos suele que- darles el vientre mui abultado lo cual no deja de cansar algunas incomodi- dades, prescindiendo de lo que afea. Sepia, repelido dos veces al mes, por bastante tiempo, corrije este estado; y si no basta, calcárea y silícea pueden servir. Con nux v , he curado un caso notable en Santiago. Caída délos cabellos. —Este precioso adorno de las señoras sufre mucho detrimento en el sobreparto, jeneralmente a causa del mucho abrigo de la cabeza y de los sudores abundantes que se provocan en dicho estado. Sul- fur, calcárea, nalrum muúaticum, licop., hepar, siliceay china, si hubo gran- des pérdidas remedian este estado. Fiebre de la leche o ladea.—Esta fiebre jeneralmente es sencilla y para sin necesidad de remedios, pero, cuando es mui fuerte, cede a acónito, co- ffea y árnica, jeneralmente al primero. Falta de leche.- Si es efecto de una disminución en la vitalidad de los pechos, lo que en medicina se llama idiosíncracia, se corrije con puls., caust., rhux, calcárea, etc. Id.— Sí es efecto de un exceso de vitalidad en los pechos, desaparece con acónilo, brionia, chamomilla, etc. Supresión de la leche.—Si tiene lugar después de una fuerte emoción mo- ral, incomodidad, rabia, etc. brionia, coffeay chamom, hacen que reaparez- ca pronto, uno u otro de dichos medicamentos, según los casos. Id.—S'x es efecto de un enfriamiento, una corriente de aire por ejemplo, bellad., cham., dulcam., pulsat., etc., bastan, uno u otro, según el caso, para que reaparezca la leche. Leche mala. — Cuando es mala la leche, mui clara oque repugna al niño, ciña, mercurio, silícea y aun bórax y la chésis, le dan buenas calidades. Derrame de leche.— Cuando la leche se derrama fuera del momento en que el niño mama, y que el vulgo cree que es de debilidad, calcárea suele bastar para contenerla en los pechos. Retirarse la leche.—Cuando una señora quiera retirarse la leche, sin incon- veniente alguno, lo consigue con el uso repetido de pulsatilla. Supresión délos loqnios.— Cuando el flujo loquial se suprime repentina o casi repentinamente, se consigue su pronta reaparición con uno u otro da los medicamentos siguientes: coloc, hyosc., nux v.t pial., país., rhus, séca- le, veralr., zinc, ele, según los casos. PROLOGO. XXXIX Loquiosmui abundantes.—La abundancia del flujo que sigue al parto debí- lita mucho y predispone a enfermedades graves del útero, si se prolonga por mucho tiempo. Esle inconveniente se remedia con el uso de alguno o algunos délos medícaineuios siguientes: brionia, calcárea, crocus, hepar, platina, pulsalilla, rhus, sécale, etc. Debilidad— En algunas señoras es tanta la debilidad, sobre todo cuando el parlo ha sido trabajoso o las pérdidas abundantes y prolongadas, que es- le accidente reclama una terapéutica especial. El uso del sulfate de quini- na o el carbonato de fierro, que se aconseja en semejantes casos, no está exento de inconvenientes: calcárea, kalicarb., nux v., etc., son mil veces mejor y no tienen inconvenientes. Dolores alas caderas.—Este accidente viene a ser una enfermedad aparte, que reclama en Santiago, por su frecuencia y gravedad, toda la atención del facultativo. Muchas veces, estos dolores no son mas que un síntoma de una enfermedad interior bástanle seria; pero en otras, ellos por sí consti- tuyen toda la enfermedad. El uso sucesivo de nux v., calcárea, sulfur, silícea pulsalilla, (arsénico, y caniáridus cuando predomina el ardor) brionia ele, administrado a largos intervalos haceu mas provecho que todas las otras medicinas. Cuidados que reclaman los recién nacidos. Cuidados hijiénicos.—El primer cuidado que reclama el niño es ligarle bien el cordón umbilical, impidiendo siempre la salida de la sangre cual- quiera que sea el eslado en que se encuentre; el 2.° es quitar las flemas de la boca y garganta que suelen obstruir el paso del aire a los pulmones; el 3 ° es lavarle bien, en un sitio abrigado, con agua tibia pura, si la sus- tancia grasienta del cutis se desprende fácilmente, o con agua y jabón si está mui adherida. Lavando y limpiando bien al niño se le preserva de al- gunas enfermedades del cutis que en adelante puede sufrir. El tercer cui- dado es aplicarle el ombliguero y fajero, de modo que no esté mui suelto ni mui apretado. El 4.° que corresponde al facultativo, es ver si tiene al- guna deformidad y si sus aberturas naturales están hábiles para desempe- ñar sus respectivas funciones; 5.° vestir al niño, lo cual debe hacerse con pañales y mantillas; proscribiendo el sistema ingles de los paños. La moda es a la inglesa, pero la moda cuesta bien caro a las criaturas, porque los paños no abrigan mas que la parte inferior del vientre y dejan desabrigadas las parles media o del ombligo y la superior o del estómago. Este abrigo desigualen el vientre hace que la primera parte de la dijestion se verifique con dificultad, sobreviniendo flato y otras incomodidades mas graves. En una obrita de Hijiene que estoi meditando hace tiempo fundaré con mas razones este pensamiento. 6.° Si es niña, perforarle las orejas. Esta operación se hace sin dolor en aquella tierna edad, sobre todo si se aprie- ta primero el pulpejo de la oreja entre las yemas del dedo índice y pulgar, para que la circulación capilar se suspenda por un momento, atrave- sando en seguida el lóbulo de la oreja con una aguja gruesecita enhebra- da previamente. Esta costumbre de hacer un agujero en las orejas, por mas que la clase ilustrada la siga puntualmente, es una costumbre bárbara, antinatural, hija de los tiempos salvajes de la humanidad que, por mi parle queda prohibida para siempre, como un resto de barbarie; y sino ¿qué diferencia existe entre esla costumbre y la de perforar la nariz o el labio como lo hacen algunas tribus africanas? ninguna. 6.° Primer alimento del niño. El único alimento que conviene al recien nacido, es el que la natu- raleza iniiüía le prepara en ei calostro o primera leche de la madre, la cual XXXX PROLOGO. debe darle el pecho pasadas las seis u ocho primeras horas después del parto, cuando haya descansado de las fatigas del alumbramiento. Los chu- pones de aguas para el fíalo y de aceites para mover el vientre quedan prohibidos en la hijiene homeopática. Si se quiere que el niño padezca del flato y tenga mal estómago toda su vida no hai mas que darle desde que nace el chupón antiflaiulento. El aseo y limpieza, mudando de ropa al niño cuando lo necesile, el abrigo y darle de mamar únicamente cuando se conozca que tiene hambre, completan los cuidados que mas reclama la criatura luego que nace. Preservación de muchas enfermedades.—La mayor parte de las enferme- dades que sufre la humanidad son de carácter crónico, y el modo que la homeopatía ha descubierto para verse libre de tantos males, gozando de buena salud toda la vida, consiste en administrar a la criatura lo mas pron- to posible una dosis de sulfur, a una dinamizacion muí alta, otra de calcá- rea a los tres meses con la cual se favorece mucho la dentición, y a veces conviene dar silícea a los cinco meses. La eficacia de estos remedios, solo puede comprenderse viendo los resultados. Hai en Santiago familias con muchos hijos, lodos enfermizos escepio el último que ha sido medicinado con la homeopatía desde el principio. La preservación de los hijos empieza antes de nacer, si las madres loman la homeopatía para las diferentes indisposiciones que hemos indicado. Con este método se consiguen dos fines; uno preservar a los hijos y el otro quedar las madres mucho mas sanas. Dolores de flato.—Estos dolores son los que mas atormentan a los niños en los tres primeros meses, por lo menos. Yo atribuyo esta enfermedad, que lo es en realidad, \ .°,a una disposición hereditaria, 2.°, a la frialdad de la leche, 3.°, al abuso del chupón y 4.° al desorden en dar de mamar al niño. Nux v. y sulfur.—Suelen bastar para dominar este estado; si los gritos son muí fuertes, cham. bellad., rhab. bórax, jalap. ipec. senn. etc. son es- celentes remedios. Estitiquez.—Nux v. sulf. brion. opium y alumina son los específicos. Asficsia.—Si el niño nace asficsíado por cargazón de sangre, acón. tart. emet., y opium son buenos; si es por debilidad, china es preferido. Chichones en la cabeza.—Desaparecen pronto, lavándolos con la tintura de árnica o simplemente con el agua de árnica. Deformidades.—Las deformidades, las monstruosidades, las manchas, lu- nares (cuando convenga quitarlos), desaparecen o por lo menos disminu- yen con el tiempo, tomando de cuando en cuando sulfur, calcárea y silícea. Quebraduras.—Nux v. y sulfur curan las hernias de los recién nacidos. Tupición de narices.—El coriza de los niños, obstruyéndoles las narices, les impide mamar, lo cual molesta mucho a las pobres criaturas: nux v. suele ser el específico y sino, sumbucus, cham. carb.veg., o dulc. curan la enfermedad. Enfermedades de la vista—La oftalmía de los recien nacidos que, a veces se hace tan rebelde, se cura pronto con acón , sulf., cale, y dulc, jeneral- mente con el primero. Insomnio.—Coffea, cham, y opium si la cara está roja, son buenos. Retención de orina.—El niño padece este accidente por lo cual suele llo- rar muchas veces; camph., acón., puls. o nux v., bastan, uno u otro. Escoriaciones.— Las escoriaciones suelen ser efecto del poco aseo pero en ocasiones se presentan como una verdadera enfermedad: sulf., cham. PROLOGO. XLI grafites y licop.. curan; jeneralmente los dos primeros bastan, cham. sobre lodo, cuando el niño llora mucho. Algorra.— La que sufren en Sanliago los niños, la curo siempre con sul- fur y mercurio soluble alternados. Los autores homeopáticos aconsejan ade- mas, ácido sulf., dimimizado y bórax. Ictericia.—El color amarillo de los recien nacidos desaparece por sí mis- mo en la jeneralidad de los casos, pero cuando pasa a ser una enfermedad, mercurio, cham. y chin., la curan en pocos dias. Tengo una curación lindí- sima con china en un niño moribundo; hoi está tamaño de gordo y robusto. Diarrea —Cuando la dentición no puede aun ocasionar la diarrea y esta se presenta, jeneralmente es efecto de un desarreglo de la madre o del ama, en cuyo caso, debe remediarse, sin hacer nada al niño; pero también se presenta naturalmente, sin esta circunstancia. Ipecacuana suele ser es- pecífico o cham., si el niño está mui odioso, o dulcam., si es de costípado, anlim.,si es de indijestion, brion., si es del calor de la temperatura etc. Erisipela.—La erisipela de los recien nacidos, que suele ser mortal sin la homeopatía, se cura con bellad. y rhus, alternados. Costras de leche.—Aparece esla enfermedad jeneralmente en la época de la dentición y aun antes, durando hasta que sale el último colmillo. Aco- nit., si hai fiebre, cham., si sufre mucho de los dientes y tiene insomnio por la noche, rhus si el humor que purga es acre y slaph si el humor es amarillenio, preparan la curación y alivian mucho. El específico es viola- tricolor, seguido de sulf., y calcárea. Vacuna.—Del 3.° al 5.° mes o del 4.° al 6.°, conviene vacunar al niño para preservarlo de la viruela, que es uno de los azotes mas terribles que han aflijido a la humanidad. Cuanto mas sano esté el niño que se vá a va- cunar y mas sano también el que váa prestar el humor vacuno, mucho me- jor. En la vacuna hai una trasmisión de humores, como en la jeneracion y como en la leche de las amas y sino se tiene cuidado, el niño mas sano puede quedar infectado para toda la vida. Viruela.—Si por un descuido de la vacunación, llega a manifestarse la viruela natural, la homeopatía tiene una influencia estraordinaria en esta en- fermedad. Un discípulo de Hahneman, alemán también, Boeninghausen, el cual, sí mal no recuerdo, ha medicinado al señor don Rafael Larrain en uno de sus viajes, ha hecho un descubrimiento mejor que el de la vacuna en la ihuya, con la cual se cura la enfermedad natural en pocos dias sin dejar señal en el cutis. Desde que estoi en posesión de este importante des- cubrimiento, he tenido un caso de viruela natural en una señorita, como de 18 años, la cual sanó sin quedarle señal alguna, haciendo uso de la thuya preparada homeopáticamente. Yo invito a nombre de la humanidad al pro- fesor encargado de la sala de apestados del Hospital de San Juan de Dios a que use este medicamento, el cual remedio lo tengo preparado a satisfac- ción y estoi dispuesto a darlo y a dar las instrucciones necesarias sobre su administración. Dentición. —Si la madre tomó remedios homeopáticos durante el embara- zo para curar o aliviar sus padecimientos, si el niño ademas tomó sus pre- servativos después de nacer, estemos tranquilos con respecto a su dentición, a no ser que una mala leche o ¡nfluencias muí perjudiciales deterioren la organización del niño. Todos los accidentes de la dentición conviene res- petarlos hasta cierto punto; solo la homeopatía, que obra con tanta suavi- dad y seguridad puede encargarse de los niños en esta edad. Enumeraremos algunos accidentes de esie estado. XLU PROLOGO. Fiebre.— Una fiebreeila de carácter sanguíneo anuncia casi siempre el mo- vimiento dentario; acónito es el remedio divino en tales casos; al cuarto de hora y antes el niño está mejor. Dando el acón., a tiempo, no se necesita mas remedio. Odiosidad.— Antes que la fiebre, evacuaciones etc., suele ponerse el niño mui odioso, sin motivo. Esla primera variación de la criatura conviene re- mediarla a tiempo, para impedir oíros males. Acónito, una sola dosis, es el remedio santo. Enfermedades de la vista.— En la época de la dentición son largos y pe- ligrosos estos males; vale mas no hacer remedio alguno o seguir un trata- miento paliativo que apurarla naturaleza con un tratamiento activo; alivian los niños, pero a cada diente, muela o colmillo, el mal se reproduce y li- brando bien, suelen quedar nubes para toda la vida. Algunos padres llo- ran la pérdida de sus hijos por no haber seguido estos consejos. La ho- meopatía, que no destruye la naturaleza, proporciona alivio y aun la cura- ción, teniendo un poco de paciencia: acón., cham., dulcam., mere, bellad., brion., cale, nux v., puls., sulf., son los remedios mas jeneralmente em- pleados. Enfermedades de los oidos.—Sin necesidad de que haya malos" humores, por solo la simpatía que provoca sobre los oidos la irritación de las en- cías, duelen aquellos, purgan y se forman escoriaciones detras de las ore- jas que manan un humor corrosivo. Todo remedio local, como aceitítos, pomad'uas, ungüentos secantes etc., quedan prohibidos. En su rebeldía y en su consecuencias, se parecen estas enfermedades a las de la vista: mere, puls., sulf., cale, silie, hepar., barita etc., son exelenies remedios, se- gún los casos. Paperas y glándulas del cuello.—Bastante común es durante la dentición esla enfermedad: mere, bellad., cham., dulc, barita etc., convienen, se- gún los casos. Hinchazón de la nariz y del labio superior. — Este suele ser un primer síntoma de escrófulas y conviene mirarlo con detención, arn.,ars., aunan., bell., brion., cale, hepar., mere, sep., sulf., etc., convíeuen sucesivamente. Vómitos.—Los vómitos, como síntoma de irritación de las encías, se combaten con acón., nux v., puls., ipecacuana ele Diarrea.—La diarrea de la dentición conviene respetarla mucho, porque si se suprime refluye sobre el cerebro: se combate con puls., cham., dulc, etc. Tos.—La los, independiente de un costipado, se presenta también como síntoma de la dentición y se combate con acón., y nux v., si es seca, y con pulsat., si es húmeda. Lactancia artificial.—Jamas esta puede sustituir a la natural; solo una necesidad imperiosa autoriza recurrir a ella. En esle caso, aunque las leches de vaca y de yegua siguen en buenas calidades a la de mujer, debe em- plearse la de cabra, por la facilidad que hai de tenerla en casa y alimen- tarla como se quiera, y aun por su mansedumbre y por el cariño que le torna al niño, al cual ellas mismas llegan con el tiempo a ofrecerles el pe- cho o a colocarse en la postura conveniente para que esle mame directa- mente del pecho. La cabra debe ser de color blanco porque se ha observado que estas tienen una leche sin olor cstraño y de mejores cualidades. Al animal debe sacársele al campo de cuando en cuando, si posible es todos los dias. Su alimento debe ser pasto sano, cebada y azúcar que se le puede dar para amansarla. PROLOGO. XLIH Lactancia mista.—Si la leche de la madre o de la nodriza no bastan para las necesidades de la criatura, conviene darle una o dos veces al dia lecho de la clase (pie hemos indicado, y si esto no es fácil, dése la leche do vaca, al principio terciada con agua o mejor terciada con buen suero en lugar de agua. Terciada la leche con aguas antiflatulentas o con té no con- viene en una hijiene homeopática; no porque así lo diga el sistema, sino porque esas aguas'conlribtiyen a producir las malas dijestiones, que es lo que con ellas se trata de evitar. Si la madre es la que cria y no le merma la leche dejando de dar de mamar a medía noche, puede dársele al niño la leche estraña a la media noche y que la madre le dé solo de dia, con ob- jeto de librarse de las malas noches. Yo prefiero acostumbrar al niño a que tome su leche con la cuchara a tomarla con mamadera; esta requiere uti grande aseo, porque sino se les llaga la boca y vienen las malas dijes- tiones. Alimento de la criatura durante la lactancia.— Sí todas las cosas marchan bien ; es decir, si el niño goza de buena salud y no le falta la buena leche de su madre o ama, conviene que desde el cuarto al quinto mes, empiece a tomar algún alimento con objeto de que vaya aprendiendo a tomar aquello con que ha de pasar toda la vida. El primer alimento estraño debe ser, como hemos dicho, la leche de animal, terciada con agua o con suero; cuando agregado se vea que lo toma bien y que no le hace daño, se ensa- yará el caldilo de pollo y sucesivamente el chuño [en agua o en leche], el zapayo, las sopitas, el arroz en agua o en caldo, el caldo de vaca, el pollito cocido y luego asado, masamorras, cordero, carnero, vaca, ele, ele Siguiendo esle método, si el ama se enferma, hai el recurso de poder sostener al niño mientras pasa el accidente y después no cuesta trabajo el despecharle. Les queda prohibido a los niños el té y el café [como venenos], las ros- quitas, los bollitos, el dulce, la fruta a discreción y todo alimento pesado. En los cuidados hijiénicos de la infancia conviene evitar dos estreñios; el uno es no darles lodo lo que pidan, todo lo que vean y a todas horas, cuya costumbre dá ocupación a los médicos, a los curas y que sentir a los pa- dres; el otroesiremo es no ser demasiado ríjidos, teniendo a los niños sin otro alimento que el del pecho hasta (pie tienen mas de un año. Destele o despecho de la criatura. — La época del destete debe variar según las circunstancias. Si la criatura está sana y tiene buena ama, debe mamar hasta que salga el último colmillo. Si el niño es enfermizo y tiene una mala dentición, no debe quitársele el pecho hasta que hayan pasado todoá los accidentes, y la lactancia puede prolongarse por mas tiempo si el niño no logra restablecerse pronto, porque es un gran recurso en las enferme- dades de esta época déla vida, tener a disposición una buena leche de pe- cho. Si por el contrario, el niño goza de buena salud, si tiene gusto par- ticular por la comida y el ama no es buena o la leche escasea, o bien el niño no avanza, sin saber porqué, debe quitársele el pecho desda luego, y confiar el porvenir del niño a la sola comida. En este caso conviene que la madre misma sea la que dé al niño de comer o que pase al menos el ali- mento por su mano. Si las circunstancias no son mui apremiantes, bueno es esperar que la criatura tenga uno o dos dientes antes de quitarle el pecho, para ver como se porta su naturaleza a la salida de los primeros incisivos, porque una vez quitado el pecho, jeneralmenie ya no lo vuelven a tomar. Cualidades de una buena nodriza.- Casi es inútil indicarlas, porque a ve- XL1V PROLOGO. ees estamos tan apurados que hai que tomar la primera que se encuentra a la mano. Sin embargo, por si alguna vez tenemos donde elejír, indicare- r mos las principales: 1.a sanidad y robustez aparente, digo aparente, porque no es fácil que el médico entre en un examen interior y reservado: 2 ''abun- dancia de leche y sanidad de los pezones: 3.a leche de consistencia regular, ni mui clara ni mui gruesa, inodora y bastante azucarada: 4.a edad de la leche, es decir, que esla corresponda a la que tiene el niño, poco mas o menos: 5.a buena dentadura: 6.a que el ama no sea ni mui niña u¡ de mucha edad; las mui niñas no suelen alcanzara criar: 7.a que tengan buen jenio y sean cuidadosas de los niños. Esta última circunstancia se conoce al primer exa- men ; son cuidadosas si tienen bien desarrollado el órgano de la filojenitura, que está situado encima del hoyito del pescuezo. Una prominencia en el lugar dicho indica que son cuidadosas : 8.a si es posible que sean del campo : 9.a si es posible que no sean mui brutas y tengan alguna educación. Las prime- ras inspiraciones que recibe el niño vienen del ama y no de los padres. El ama debe cuidarse mejor de lo que se hace jeneralmente; primero por la leche y segundo para que estos cuidados vuelvan al niño con usura. Su alimento debe vijilarse como el del niño, porque las cosas dañinas que ellas comen, al niño esa quien hacen daño. El le, café, mate, chancho y cosas pesadas, frutas verdes, dulces y golosinas les quedan prohibidos ; buenas cazuelas, buenos caldos, bástanle carne de vaca, harinas tostadas y masa- morras son los alimentos que mas le convienen a ellas y a las criaturas. ATAQUE AL CEREBRO EN LOS NIÑOS. La enfermedad que lleva mas niños al panteón, por su frecuencia y su mortalidad, es el alaque al cerebro. A veces se presenta antes de la den- tición y en otras después, pero mas jeneralmente en esta época. Siento no poderla tratar aquí con la estension que se merece y que acaso lo haga en un tratado particular; por ahora me'contentaré con hacer algunas indica- ciones, sin descender a probar los fundamentos en que me apoyo. Las causas las reduzco a las siguientes: 1.a, debilidad del niño: 2.", irri- tabilidad nerviosa: 3.a, retroceso de exantemas o de otros humores; 4.a, causas morales; 5.a, disposición conjénila: 6.a, influencia del tempera- mente de Santiago ¿hai alguna influencia oculta y misteriosa? 1.a Debilidad del niño.—Mis observaciones sobreestá enfermedad y so- bre las que son mui comunes en Santiago, como las del corazón por ejem- plo, reconocen por causa individual y fundamental una debilidad jeneral. Todos los niños muí débiles están naturalmente dispuestos al alaque al cerebro; todos los niños que en el curso de una enfermedad se debilitan con el tratamiento o con el mucho sufrir, témase el ataque al cerebro. Cansa- do estoi de ver casos de esta naturaleza. Al fin de un tratamiento, cuando la enfermedad parece ya vencida, viene el ataque cerebral y se lleva al ni- ño, sin que basten los poderosos recursos que se emplean. 2.a Irritabilidad nerviosa.—Considero esla causa de alaque al cerebro la 4.a en importancia después de la debilidad. Los niños nerviosos, irritables y de inielijencia precoz son los mas dispuestos a esta enfermedad. La cau- sa de esla irritabilidad la encuentro unas veces en el temperamento del niño y otras en el uso que del té ha hecho la madre durante el embarazo « aun que suele hacer la persona que da de mamar a la criatura. Lloran las madres la pérdida de sus amados hijos, y no se privan del té, desde que • sospechan que están embarazadas, ni privan a las amas que se los crian. PROLOGO. XLV Según mis observaciones, mirando las cosas con la mayor imparcialidad y con el deseo del mejor acierto, el uso del té mata a muchos niños dispo- niéndolos al ataque cerebral. 3.a Retroceso de exantemas o de otros humores.—Las erupciones de los niños, cualesquiera que sean y cualquiera que sea el lugar que ocupan, deben respetarse; jamas ala erupción debe hacérsele remedio ninguno, ni aun los purgantes que se cree botan el humor por abajo y curan interior y radicalmente. Esle es un error que cuesta la vida muchas veces. La erup- ción es verdad que suele, aunque no siempre, desaparecer del cutis con unos purgantilos, pero no por eso el humor de la erupción ha sido volado fuera por los intestinos; no ha hecho con este trasiego mas que variar de sitio, trasladarse del cutis, donde no habia riesgo, al interior, donde hace estragos en el hígado, cerebro etc. 4.a Causas morales.—El meter miedo a los niños con entes imajinarios que vienen a llevárselos, cuando lloran, costumbre la mas bárbara y cri- minal que yo he visto en la educación de la infancia. La voz severa de un Padre o de una Madre es la que debe imponer respeto y silencio, pero no las ridiculeces que se acostumbran. Los sustos de cualquier clase que sean, las contrariedades etc., son bastantes para disponer al ataque al cerebro o para iniciarle si hai ya disposición. El aspecto de un objeto feo y horrible, o de una persona espantosa son de una influencia estraordinaria Lo que comunmente se llama mal de ojo, no es otra cosa que la impresión pánica que una cosa horrible, vieja jeneralmente, causa en la ¡majinaciou de la cria- tura. El niño, herido por una fisonomía de máscara, como son las de ciertas personas, no puede desecharla idea de esa fantasma que lo persi- gue hasta en el sueño, por lo cual se entristece, se pone caidiio, nada le gusta, ningún objeto le distrae, le entra como una melancolía, se enfla- quece y muere al fin atacado del cerebro. 5.a Disposición conjénita. — Padres hai, sanos y robustos por otra parte, cuyos hijos mueren todos o la mayor parte atacados al cerebro. Al pare- cer, los cuidados son esmerados y los niños atendidos al primer amago de enfermedad. Bien examina Jos eslos casos, que son muí raros, no puedo yo ésplicarme bien la gran disposición al ataque cerebral, sino admitiendo una disposición conjénita en los niños. 0.a Influencia del temperamento de Santiago ¿hai alguna influencia oculta y misteriosa'!—Con frecuencia oigo en la práctica particular quejarse de este temperamento, por lo que hace relación al alaque al cerebro. Confieso francamente que, después de haber indagado y meditado mucho, no en- ■cuenuo perniciosidad alguna en este lemperamento para el cerebro, ni existe oculto misterio que produzca una enfermedad lan terrible como la que estamos considerando. Las causas anteriormente dichas, particularmen- te las cuairo primeras, son mas que suficientes psra esplicar la frecuencia del alaque cerebral. Como esle iralado eslá destinado para el pueblo y no para los profeso- res, dejaré a un lado las consideraciones sobre si la enfermedad es unas veces meninjilis, cerebrilis, hidrocéfalo, eclampsia etc. Los síntomas de la enfermedad, la marcha jeneralmente insidiosa y trai- cionera, la terminación y lo infructuoso de ios medicamentos, son bien co- nocidos de todos, por la frecuencia con que se observa la enfermedad. Esta enfermedad mas bien debe prevenirse que combatirse. Evítense, en cuanto sea posible, las causas que hemos asignado al mal, trátense las ma- dres durante el embarazo con los remedios homeopáticos adecuados al ca- XLVI PROLOGO. so, medicínense los niños, en sus diferentes padecimientos de la infancia con los medicamentos que hemos apuntado o con otros semejantes, y es- tén seguros los padres que los ataques al cerebro no los veremos mas o los veremos mui raramente. Una de las cosas en que debemos fijarnos mas es en los síntomas pre- cursores o anunciadores de la enfermedad, porque conociendo al enemigo con tiempo y atacándolo desde luego, acaso podamos salir bien en todos o en la mayor parte de los casos SÍNTOMAS PRECURSORES. \.° Cualquier enfermedad, principalmente una fiebre — Sino siempre, en Sanliago al menos, cualquier enfermedad que tengan los niños es necesa- rio mirarla como un despertador del ataque al cerebro; conviene estar siem- pre en guardia cuando el niño está enfermo, porque la disposición a su- frir del cerebro es tan grande que la causa mas distante a veces trae en pos de sí un ataque cerebral, bien sea porque el niño se debilite o por- que se pone mas irritable o porque hai retroceso de algún humor o por todo junto. Pero de todas las enfermedades que disponen al cerebro, nin- guna como la fiebre para traer consigo el ataque. Parece que los niños en Santiago, todas sus fiebres, aun las de coslipado, son fiebres cerebrales hasta cierto punto. El acónito es el remedio soberano casi siempre. 2.° Síntomas de debilidad.—Bien que los niños sean débiles por natura- leza o que siendo fuertecitos, sin motivo alguno, su cuerpo se pone yuyón- cito, como aquí se dice, sus piernas flaquean, tropiezan en cualquier cosa, se caen en el piso mas suave etc., deben atenderse estas y otras señales de debilidad, porque en pos de ellas suele venir el alaque cerebral. Hai t- mann dice haber empleado con éxito en este caso e\ causticum.; puls., cale, silícea, sulf., ele, son excelentes también. Alteraciones morales.—El niño se pone triste, caidito y nada le alegra o bien está odioso, insufrible y llora por todo, aunque cpnsiga lo que pide. En el primer caso puls., e ignatia son los remedios que convienen; en el segundo cham., nux v., brion., acón., etc., son los principales. Exantema. — Algunos homeópatas han observado en la parte posterior del hombro y en la cara un engranujadito, que no purga y que no tiene color particular, el cual suele preceder a los ataques al cerebro: yo no recuerdo haber visto ninguno. Pero si se presentase un caso así, bell., es el especifico. Alteración de la orina.—En algunos casos la secreción de la orina dis- minuye, volviéndose turbia y de un color parecido al suero. Puls'., en este caso es el que conviene. Desgano y estitiquez.—Es frecuente alterarse la dijeslion, disminuyén- dose la secreción de los humores que afluyen al tubo intestinal; de aquí la sed, la inapetencia, la tardanza en la dijestion, y la estitiquez, mas o me- nos completa; nux v., es primoroso en casos de esta clase. Bochornos.—Yo no conozco síntoma precursor mas importante que los bochornos o las alternativas de rubicundez y palidez del rostro, la cabeza suele estar ardiente, auuque el pulso no presente alteración ninguna y el resto del cuerpo esté fresco. Acón., y bell., son tan buenos que, sin es- cepcion, en todos los casos que los he usado, y han sido muchos, siempre me han correspondido perfectamente. Sustos.— Si hai calor a la cabeza o bochornos el niño suele estar asusta- dizo, pero este síntoma de susto se presenta también como una cosa ner- viosa, independíente de otra alteración. Acón., y bellad.; son también en este caso específicos. PROLOGO. XLVIl Sueño ajitado.—Los niños que presentan este síntoma tienen mal dor- mir, despiertan a cada rato, se destapan, dan muchas vueltas y no tienen sosiego. En ocasiones depende esle estado de una dijestion laboriosa y de no tener el vientre corriente, pero en otras es un síntoma nervioso que in- dependíeme de la dijestion, precede al alaque cerebral: acón., coff., cham., y nux v , son los que convienen. Gritos.—Los gritos suelen ser efecto de dolorcitos de flato, de oidos etc., pero también son un síntoma nervioso que prende o acompaña al ataque cerebral. Los tubérculos cerebrales producen esle síntoma con frecuencia, bellad., y cham.,están indicados. Llevarse la mano a la cabeza.—Como los niños no pueden espresar lo que sienten, mas cuando son de corta edad, se llevan maquinalmente la mano hacía la cabeza, unas veces hacía el lado y otras hacia airas. En tal caso puede inferirse que tienen dolorcitos en el cerebro, y que instintiva- mente se llevan la mano hacia la parte dolorida, bell , caust., coccul., cupr., hyose , ign., nux v., stram. , etc., pueden convenir seguu los casos. Vómitos— Por muchos motivos se pueden presentar vómitos en los ni- ños, pero también se presentan como un síntoma precursor de alaque al cerebro, sobre todo cuando hai tubérculos cerebrales; nux v., si el vientre está reseco, ipecacuana y puls., si está corriente o movido son excelentes. Sensibilidad al menor ruido.— Esta exaltación de la sensibilidad, que tie- ne bastante significación en esta enfermedad, se remedia con acón., nux v., cham., y coffea. > Vientre hundido.—Algunos homeópatas han observado que el vientre pe- gado al espinazo, sin que hayan precedido copiosas evacuaciones, es un síntoma precursor de esta enfermedad. La falta de secreciones intestina- les que hemos dicho se presenta algunas veces, puede esplicar este sínto- ma. Nux v., ais., y veratr., están indicados. Rechinamiento de dientes.—Cualquier irritación de los intestinos la pue- de producir, pero a veces es un síntoma nervioso que precede acompaña al ataque. En este caso, acón., bell., hyose, licop., stram., veratr., son excelentes. Lombrices.—Las lombrices es una enfermedad aparte que se debe com- batir con seriedad, no solo por lo que vale en sí, sino por lo que le dispo- ne al alaque cerebral. Los medios hijiénicos ocupan un lugar importante en el tratamiento de esta enfermedad; buenos y sanos alimentos por una par- te; y por otra, prohibición de dulces, frutas verdes etc. En cuanto a me- dicamentos en homeopatía, ciña., mere, sulf., acón., etc., ocupan el lugar preferente. Casi podemos estar seguros que el ataque cerebral no pasará adelante, si combatirnos los pródromos o síntomas precursores del modo que hemos dicho. Pero si apesar de lodo o por no haber llegado a tiempo, emprende- mos la curación cuando la enfermedad eslá desarrollada, procederemos del modo siguiente. Advertiremos que en homeopatía no hai un específico para esta enferme- dad, sino una serie de medicamentos que vienen a ser específicos según los síntomas que se presentan. Aunque en el fondo se parecen mucho todos los casos, en la forma se presenta bajo tres aspectos distintos febril, convulsiva y soporosa. Forma febril. — Esla es la forma mas benigna; hai una fiebre alta, mucho calor jeneral, pulso Irecueute v grande, sed, estraordiuaria ajitacion, cara XLVIll PROLOGO. encendida, cabeza ardiente, mas o menos delirio, desconoce a los suyos, estado semiconvulso y aun tetánico, evacuaciones suprimidas, orinas esca- sas etc. En este estado, acón., repetido, de media en media hora al princi- pio y después de tarde en tarde, seguido de bellad., una o dos tomas, cu- ran en la jeneralidad de los casos; cham., corresponde también a esta for- ma y yo tengo un caso de curación en pocas horas, en una niñíta de tres meses desandada, cuya madre había tenido una incomodidad. Forma convulsiva.—Esta es la alferecía o eclampsia propiamente dicha. El niño, con preludios o sin ellos de enfermedad cerebral, se ve acometido de un ataque como de gola coral; todos sus miembros entran en convul- sión, se tuerce jeneralmente hacia un lado, dando un aspecto horrible a su fisonomía, cuya caray ojos se tuercen también, con un color pálido como la cera, verde o amoratado, dá muchas sacudidas y después de ajilarse por unos cuantos minutos o por mas tiempo, con pérdida de conocimiento, pasa el ataque, quedando bueno como antes. Los ataques se repiten, jene- ralmente sin regularidad, siendo cada vez mayores y dejando en pos de él una modorra maso menos larga, hasta que se convierte en sopor profun- do, si la enfermedad ha determinar mal. Esta forma, a la cual acompañan otros síntomas accesorios, suele encontrar su remedio entre bell., causl., cham., ignat., nux v., plat., cicuta, ciña., stram., ele. Esta misma forma toma otras veces el carácter tetánico; el niño está tieso, ríjidos todos sus miembros, las quijadas apretadas, los ojos fijos, y de cuan- do en cuando se aumenta la ríjidez y tiesura, torciendo un poco las manos, encendiéndose el rostro y a lodo esto el conocimiento perdido; pasa el ataque y siempre queda ríjído y convulso. Esta forma es muí común en Santiago, y mui grave, encontrando su remedio entre alguno de los siguien- tes: ang., bell., brion., camph., cham., ipec, mosch., op., plat., sécale, stram., arn., cann., canlh., cié, cín., ign., lach., nux v., rhus., staun., y otros. Forma soporosa.— Desde el principio de la enfermedad, el síntoma que predomina es un sueño profundo del cual sale el niño con mucha dificul- tad; hai también mas o menos fiebre y un estado semiconvulso algunas veces. También es grave esla forma la cual suele encontrar remedio en alguno de los siguientes: bell., cham., opium., puls., ant., carb., veg., lach., mere, rhus.,tart, etc. Hai otros muchos casos que presentan matices particulares que no pue- den agruparse, para formar una clase aparte. Para facilitar un poco la elección del medicamento, consideraré aislada- mente cada uno de los que convienen en esta enfermedad y en los casos que deben emplearse. Acónito.—La irritabilidad nerviosa, la ajitacion, desasociego, insomnio, sustos, fiebre, sed, encendimiento del rostro, estado convulso mas o menos tetánico, apretamiento de las quijadas, rechinamiento de dientes, en un ni- ño robusto, vivo y que se sospecha tiene lombrices, sobretodo si las ha votado por la boca, cede por encanto todo este aparato de síntomas al acó- nito, diluido en agua y repelido cada media hora o cada hora según la gra- vedad. Belladona.—Este es acaso el medicamento que tiene mas aplicaciones en la enfermedad que nos ocupa: conviene; 1.°, cuando la fiebre tiene un gran predominio en la cabeza y hai sopor, delirios, sustos, estremecimien- tos, pupilas dilatadas, inyección vascular en todos los vasos de la cabeza latidos de las arterias y demás síntomas que indican un agolpamiento de PROLOGO. XLIX Sangre al cerebro; 2.e, cuando las convulsiones son como una especie do sacudidas eléctricas, renovándose por el movimiento o por el confacio del niño; 5.°, cuando el estado convulso es una especie de tétanos, abriendo mucho los ojos, teniendo fija la vista, apretadas las quijadas y tiesos los miembros, sobre todo si esle estado se empeora moviendo o tocando al niño. Hai una especie de convulsión tetánica, esclusiua de bellad., en la que el niño adquiere un color lindísimo y su vista está como la de un magneti- zado. En esle caso es específico. Bollad., es un remedio que no sedebe dar sino con mucho cuidado, porque según mis observaciones es el que obra en los niños con mas enerjia. Brionia. - Cuando al ataque cerebral precede una fiebre tifoidea, de ca- rácter pútrido y adinámico, y el enfermo está soporoso, sin movimiento en la cama, presentándose un estado convulso tetánico, es de utilidad este medicamento. Una niñita, aliviada de esla enfermedad y conociendo ya a sus padres, se quedó estacionaria su mejoría, observándose que lo único que le fallaba para estar buena era darse vuelta en la cama y tener libres sus movimientos; brion., en este estado produjo mu dio bien. Mercurio soluble.—Es bueno en los niños que han tenido erupciones, que padecen de lombrices, con propensión a sudar mucho y que las convulsio- nes son tetánicas, atacando mas por la noche. Nux v.—Es de mucha utilidad este remedio, sobretodo cuando el niño es nervioso, bilioso, de vientre estíptico y que haya usado de café, vino etc., presentándose las convulsiones mas bien de un carácter tónico y con la cabeza inclinada hacia atrás, estremecimiento de los miembros, tos seca, etc. Pulsalilla.—Es buena en los niños de carácter suave, de vientre movido, tos húmeda y en que el ataque es mas bien nervioso cerebral que con- vulsivo. Árnica.—Varios homeópatas la han usado con utilidad cuando empieza el derrame seroso en las membranas del cerebro, particularmente cuando han precedido golpes o contusiones en la cabeza del niño. Arsénico. — En los niños débiles, comedores de fruta, bebedores de grandes cantidades de agua y que sientan ardores en el estómago y entrañas, con convulsiones mas bien tetánicas. Chamomilla. — Es uno de los remedios buenos para esta enfermedad y conviene a los niños irritables, irascibles, biliosos, tercos, que tienen mu- cha fiebre con convulsiones espasmódicas, estremecimientos de los miem- bros etc. Lachesis.—En las convulsiones de carácter epilepliforme, con gritos, pa- lidez del rostro, sopor, latidos del corazón etc. Sulfur.— Cuando los niños son débiles, sudan mucho, tienen lombrices, han sufrido alguna erupción y la enfermedad no cede a los medicamentos indicados. Es esle buen medicamento y acaso no se presente un niño coa este mal en quien no convenga administrarlo. Hyosciamus.—Es bueno cuando hai conjestion cerebral con abutagamien- to del rostro, color azulado de la cara durante las convulsiones, y estas se repiten por accesiones espasmódicas, con mucha angustia, gritos, apreta- miento de las quijadas etc. Ipecacuana.—Bien que las convulsiones sean tetánicas o por sacudidas, sobre todo cuando la respiración es corla, y el paciente tiene náuseas, vó- mitos o diarrea. ignatia.—Es uno de los mejores remedios y conviene cuando los niños son vii L PROLOGO. amables, de carácter dulce y la enfermedad proviene de la. tristeza que les causa el mudarles de ama o haberlos separado de una persona que amaban mucho, especialmente si las convulsiones son de los miembros, ojos, pár- pados, músculos de la cara, labios, etc., con cara azulada o alternativa- mente pálida y roja, bostezos, suspiros profundos, gritos, risas involun- tarias, etc. Opium. — Cuando hai un sopor profundo, accesos de sofocación, insensi- bilidad, convulsiones particular mente de los brazos de carácter tetánico o por accesiones de sacudidas, cabeza inclinada hacia atrás, y que son pro- ducidas por el miedo o un gran susto. Slramonium.—Si la enfermedad proviene de un susto y hai pérdida del conocimiento, insensibilidad, abotagamiento del rostro, aspecto estúpido, risa sardónica, convulsiones de di fe miles clases, particularmente en la parle superior del cuerpo y del vientre, inclinación de la cabeza hacia atrás, etc. Cicuta. — Conviene a losniños a quienes afectan las cosas tristes, miedosos, que han lenido o tienen erupciones herpéticas y que el alaque es mas bien convulsivo que de otra forma. Coffea.—Puede convenir al principio de la enfermedad cuando hai fie- bre con excesiva movilidad de todos los sistemas, insomnio, ajitacion y amagos espasmódieos. Platina. — Conviene cuando los accesos convulsivos se presentan al ama- necer y aunque se pierde la palabra durante las convulsiones no se pierde el conocimiento. Siannum.—Cuando hai desanimo, mal humor, taciturnidad, sueño tardío y poco reparador, ajitacion nocturna, ensueños vivos y ataques como de gota coral. Dijiíal.—Cuando empieza el derrame de serosidad en las membranas del cerebro, con convulsiones, angustia estrema, disposición a llorar, sueño interrumpido con sobresaltos. Zincum.—En la forma no convulsiva, cuando hai sueño no reparador, ensueños la más ti eos, humor colérico, sacudidas y temblor violento de los miembros. Ciña.—Cuando hai insomnio con ajitacion, calor, gritos; humor llorón, caprichoso y antojadizo; convulsiones de todas clases, sobre lodo sí estas tienen relación con la existencia de lombrices. Moschus.—Cuando se presenta somnolencia o insomnio toda la noche con desasosiego: delirios incoherentes, humor excesivamente quejoso, convulsiones de todas clases, sobre todo cuando afectau la respiración y se ¡igravan por el frió. Cuprum.—Cuando el ataque viene con sopor, interrumpido por sacu- didas en los miembros; delirios, demencia, furor, y convulsiones vio- lentas. Helleborus.—Cuando hai somnolencia, con los ojos medio abiertos y las pupilas vueltas hacia arriba; angustia exesiva, melancolía, algunas con- vulsiones, tendencia a parálisis y al derrame seroso del cerebro. Camph.—Alcanfor.—Cuando hai sopor o insomnio, ronquido y ajitacion durante el sueño; delirios, furor, pérdida del conocimiento, convulsiones de todas clases y gran sensibilidad al frió. Existen aun otros medicamentos que pueden tener aplicación en casos escepcionales, pero raros. En esta enfermedad, cuando hai ataques de convulsiones, se dará el me- dicamento pasado el acceso o al terminar este; si apura mucho. Durante PROLOGO. LI las convulsiones no conviene dar remedio a no ser que se prolongue nni« cho, en cuyo caso se dá a oler el espíritu de alcanfor. En todas las enfermedades que llevamos indicadas, así de las embaraza (ha, como de las paridas y los niños, pero mas en el alaque al cerebro, conviene dar los remedios diluidos en bástanle cantidad de agua, lomándolos por cu- cha radi tas de las pequeñas, y repetirlos con mas o menos frecuencia, escepto ia belladona que en los niños de ataque al cerebro no debe repetirse, sino rara vez. ENFERMEDADES DEL CORAZÓN. Reúno en un solo grupo y con esta denominación el aneurisma^ la hiper- trofia,\n pericarditis, la carditis, la endocarditis, y la estrechez de los con- ductos del corazón, no porque dejen de ser enfermedades distintas, sino porque se asemejan mucho en sus causas, síntomas, curso, pronóstico, tratamiento y terminaciones. No tengo noticia de ningún país del mundo en el que las enfermedades del corazón sean tan frecuentes como en Santiago. Apenas se encuentra una persona que no sienta alguna cosa al corazón, y muchas que no sienten, tienen algo a pesar de no sentir. Con frecuencia encuentra uno niños dn cuatro o cinco años y aun de menos edad en los que se nota una palpita- ción que simula un principio de aneurisma o de hipertrofia; es cierto que, en la mayoría de casos, estas palpitaciones son nerviosas o dependen de una cargazón habitual del estómago, hígado y vientre, pero no por eso deja de ser verdad que el corazón tiene una gran disposición a enfermarse. Y no se crea que esta disposición se halla solo en tal o cual dase de 11 sociedad, y que están preservadas las restantes, no; las enfermedades del corazón son un patrimonio que nos pertenece a todos desgraciadamente, hasta los mismos estranjeros. Pocos dias hace hemos tenido que sentir I» pérdida de Mr. Brunet de Bainez, víctima en pocos años de esta enferme- dad. Muchos que han nacido al otro lado de los mares, conozco y visito que al poco tiempo de residir en Santiago han sentido en su corazón la in- fluencia patolójica de este clima. No pasa año, qué digo año, no suele pasar mes, particularmente los de invierno y primavera, que no lamentemos la pérdida de alguna persona notable, muerta de enfermedad al corazón, y lo que es aun peor, muerta repentinamente. • Cualesquiera medida que tomara la autoridad con objeto de estimular a los Médicos a que hicieran un estudio especial de esta enfermedad, descu- briendo, si era posible, sus causas principales y oponiéndoles remedio, estaría justificada por lo importante del objeto. Si hubiera verdadera unión científica entre nosotros, los que ejercemos en la capital siquiera, y nos juntáramos una vez por semana o por mes con un objeto práctico; sí tuviéramos una Academia o Instituto Médico, donde los Profesóles habláramos o hablaran de lo que cada uno observara en su práctica, llevando un periódico de todo lo que se tratase, creo que po- dríamos hacer un gran servicio al país. Camas de las enfermedades del corazón en Santiago.— Aunque en lodos los climas las enfermedades del corazón reconocen a corla diferencia mías mismas causas, en cada uno de ellos hai algo particular que influye espe- cialmente. Yo no tengo la pretensión de haber descubierto el quid ocnltum, como decia Hipócrates, que en Sanliago influye directamente sobre el cora- zón disponiendo a sufrir esla entraña con tanta frecuencia y tan grave- LlI PROLOGO. monte. Pero voi a enumerar las causas que yo he visto y veo obrar todos los dias sobre el corazón, produciendo ya el aneurisma, ya la hipertrofia o alguna de las otras enfermedades que se refieren a este órgano. 1.a causa v lv mas esencial.<—La debilidad.—Al frente de la etiolojía del corazón coloco la debilidad; si se quiere, no como cansa directa, sino como Ja condición mas importante para que el corazón se resienta de la in- fluencia morbífica de los demás ajentes. Es la debilidad al corazón lo que un terreno cultivado a la semilla que en él se quiere fructifique. Si se bola un puñado de-trigo o de maiz en un terreno vírjen, que la mano del hombre no haya tocado, apenas naceiá alguno que otro grano o no echará raices ninguno. Una cosa parecida acontece en un sujeto fuerte. Bien pueden influir en su organismo las causas morbíficas del corazón que, como no sean las traumáticas, golpes y heridas, no hai cuidado que se enferme. Si por el contrario, la industria del hombre ha preparado bien la tierra y elijo para sembrar el tiempo oportuno, el trigo o maiz jerminai á lodo y cada grano producirá ciento por uno. Pues bien, así es la debilidad en nuestro organismo; ella hace lo que ia mano industriosa del hombre en la tierra; prepara el corazón para que sea afectado por cualquier causa morbífica y se desarrolle una enfermedad tanto mas grave cuanto mejor es el terreno, es decir, cuanto mas débil está el organismo. Cuando se ve palpablemente la influencia de la debilidad es en la conva- lecencia de las enfermedades graves, en las que pasada la fiebre, que sos- tenia las fuerzas, se siente el caimiento en su mas alto grado. Entonces la emoción mas tijera, el susto mas leve, la mas sencilla incomodidad o el mas pequeño sentimiento conmueven la organización y el corazón se afecta profundamente. No solo en la convalecencia de las enfermedades, sino en cualquiera situación de la vida en la que la debilidad esté posesionada del organismo, el corazón se resiente desde luego. El mas leve cambio de temperatura, en tales casos, el mas pequeño exeso en la bebida, bastan y sobran para que el corazón salga de su estado normal. La dcbilidud, no solo es condición que favorece las enfermedades del co- razón sino que es causa también, por cuanto la función suya, que es el movimiento impulsivo de la sangre, se aumenta considerablemente en pro- porción de la debilidad, cuyo aumento de función lo dispone ui agranda- miento aneurismálico. Felizmente, esta causa está en nuestra mano poderla remediar. Una buena hijiene basta en casi lodos los casos. Dada ya la debilidad, la homeopatía tiene recursos especíales que acon- sejar en esle caso. Ante todo, si la debilidad es un síntoma de otra enfer- medad, como vemos con frecuencia, es esta la que debemos combatir; pero si es efecto de una gran pérdida de humores, como la que se tiene después de las sangrías, de las sanguijuelas repelidas, de muchos purgan- tes, de sudores copiosos, de escesos sexuales o causas análogas, chin, es muí apreciado, y si no basta, cale carb., cin., laches, nux v., fosfor ae, sulf. y veratr. son exelentes. Causas morales.—Después de la debilidad, las influencias morales son las quemas poderosamente influyen sobre el corazón Las épocas tormen- tosas délas naciones, cuando la sociedad se conmueve hasta sus cimientos son las mas fecundas en afecciones al corazón. Las revoluciones y los alzamientos populares traen en pos de sí, no solo sangre, desolación y ruina, sino cambios de fortuna y de posición social y lo que es peor hu- 1'ROLOGOk LUÍ millaciones, rencores y enfermedades del órgano mas noble de nuestro cuerpo, del corazón. Muchos dolores al corazón y muchos aneurismas lienen la misma fecha que ciertas ajitacíones populares. Asi se ha observado en todos los países y así lo vemos en Santiago, aunque mas raramente que en otros pueblos. Para mayor claridad dividiré esle grupo en tres clases, incomodidades, santimientos y sustos. Incomodidades. — Estas, no faltan en todas partes, viniendo a ser una especie de cruz que llevamos todos constantemente cargada. No es nece- sario que las incomodidades sean mui grandes para que afecten el corazón; basta que sean medianas con tal que se repitan con frecuencia. Las que se tienen con los sirvientes, por su estraordiuaria frecuencia, sobran para enfermar a la persona mas robusta, cuanto mas, las que se tienen con los peones y con la jente con que se lidia todos los dias. Los pleitos, apenas hai uno que no haga enfermar a los interesados. Las incomidades lienen aquí un carácter que no lienen en otros países, en España, por ejemplo, a saber: en Santiago se traga uno las incomodidades, se las come y las aguanta; cuya circunstancia hace que sean peor que un veneno; promueven la bilis, circula esta con la sangre y parece que se deposita en el corazón. Cuando el corazón llega a resentirse una sola vez por una incomodidad, parece que esta no impresiona el cerebro sino que va derechita al corazón y le hiere como un rayo. Una vez herido el corazón, no es necesario te- ner incomodidades para sufrir, basta que uno vea castigar a un perro, ca- ballo o cualquier otro animal para que el órgano de la'circulación se estremezca de rabia y se avíve'el fuego qne estaba medio apagado. Las injusticias en personas estrañas hacen el mismo efecto y no solo las injus- ticias, sino una piedra que eslé mal puesta en medio de la calle basta para estremecer el corazón. Es necesario sufrir de esta entraña por esla causa para comprender lo que voi diciendo y esloi convencido que apenas me creerán lo que digo, si estas pajinas se leen fuera de Chile. En España, o ' al menos en lo (pie yo he visto de rni país, pasan las cosas de otro modo. Cuando se tiene una incomodidad, aunque sea con el sursum corda, como allá se dice, se desahoga uno, diciendo cuatro palabras redondas o rom- piéndole a uno la cabeza. Pasa esto, se sigue su camino y ya no se acuerda uno mas de la tal incomodidad. Pero aquí no, se traga uno el veneno que a la larga mata como si fuera el de una serpiente de cascabel. Uno de los caracteres morales que distinguen al pueblo chileno del español es el que dejo indicado. En España, en una población del vecindario de Santiago, apenas se pasa un dia que no haya puñaladas y aun muertes; en Santiago creo que se pasan años y aun siglos que no se vé tal cesa; en cambio, to- dos los dias tenemos muertes repentinas resultantes de incomodidades que maltratan el corazón. En arsénico y en nux v. he hallado antídoto paliativo para este estado, no solo en mí sino en muchas personas; cham., coloc, sluph., brion., coce, ele son divinos, según los casos. Sentimientos.- Eslos hacen los mismos estragos qne las incomodidades; minan poco a poco el organismo y a la larga el corazón sufre una enfer- medad mortal. Los hai de diferentes clases. Unos, corno los que resultan después de la muerte de una persona amada, padre, hijo, mujer, etc., en- cuentran un bálsamo consolador en ignatia. Esle remedio es tan soberano en los casos dichos, que basta oler el medicamento o tomar una pequeña dosis, para sentir una caima resiguadora que con nada puede conseguirse. La ausencia de un buen amigo o de otra persona que se ame, si deja huella L1V PROLOGO. pn el corazón, rncnentra su antídoto en ignatia. Lo que llaman pensión en los niños, que es mui jeneral, lo cual sucede cuando se les muda de ama o se les separa de una persona a quien lienen cariño, se cura maravillosa- mente con ignatia. Otra clase de sentimientos que se parecen a los anteriores, son las hu- millaciones, vejámenes, desaires y mortificaciones que se sufren en la vida. El marido que humilla a su esposa, dando preferencia a lo que está pro- hibido; el superior que ofende la dignidad del que está a sus órdenes»o posterga injustamente a una persona de mérito distinguido, hieren con una arma terrible y atraviesan mortalmente, a veces, el corazón de la persona vejada. En estos casos, ignatia puede servir de mucho consuelo. Siempre que hai penas que es difícil desahogar, como las penas de amor contraria- do, a ignalia debe recurrirse como a un amigo que siempre dá algún con- suelo. Fosfr.acid., staph., arsen., graph., lach., hyose, pial., puls. y algún otro, curan si ignalia, no hace mas que aliviar. Sustos.—Los sustos conmueven el corazón y enferman como las otras emociones morales. Los temblores, la presencia de ladrones u otras cansas poderosas, si llegan a dañar una vez el corazón lo dejan tan impresionable que el mas leve ruido o la cosita mas sencilla basta para escitar las con- tracciones del corazón, disponiendo a sufrir continuamente. Acón., bell., puls., lach., hyose, ign., opium , veratr., etc., bastan/para que no dejen huella los sustos o para aliviar y aun curar las que dejaron. Una mujer vino a consultarme sobre una enfermedad al corazón que sufría diez y ocho años; en su curación habia gastado cuanio tenia y ¡la habían visto muchos mé- dicos; tenia dolor y palpitación como en el aneurisma, y le bahía provenido todo de un gran susto por la presencia en su casa de las ánimas, según ella creía. Ignalia, repetida, la sanó radicalmente. Las personas enfermas del corazón por causas morales se afectan mas por una emoción que por otra, según la que haya provocado el mal, cuya distinción conviene hacer siempre a la cabecera del enfermo. Hai otras causas morales, como la alegría y la nostalgia (deseo de volver al país donde se ha nacido) que juegan aquí poco en las enfermedades del corazón, pero que tienen remedios particulares cuando hacen daño al es- píritu. 3.a causa.—Enfermedades de otros órganos.—Los males del pulmón, del hígado y los dolores golosos de las coyunturas, influyen particularmente en el corazón. En estos casos la curación debe empezar por separar la causa, atendiendo al mismo tiempo o con preferencia al pulmón, hígado, etc. El diagnóstico en estos casos suele confundirse y de esto vemos equivoca- ciones en la práctica todos los dias. Es bien conocido este orden de causas para que me detenga mas en él. 4.a causa.—Cambio de temperatura. — Por primera vez en mi práctica, he venido a ver en Santiago costipados al corazón; es decir, dolores y palpi- taciones que se curan, como se cura un coslipado común, sudando y abri- gándose. Muchas enfermedades del corazón se hacen graves, por desconocer esta causa en su oríjen. Un sudor a tiempo lo hubiera remediado lodo. 5.a Bebidas—'Las bebidas alcohólicas, vino y duchas, aumentan las con- tracciones del corazón, irritando al sistema nervioso y enardeciendo la sangre, por cuva razón son causa de las enfermedades de esla entraña. El aguardiente y las diferentes clases de licores obran del mismo modo, pero de una manera mas intensa. El café se encuentra en el mismo caso; estimula los nervios e irrita la sangre, aumentando por estas dos vias las PROLOGO. LV contracciones del corazón. El té, por el estraordinario abuso que se hace de él en Santiago, es una de las causas mas poderosas para provocar toda clase de enfermedades al corazón. Su acción es muí directa sobre los ner- vios de esta entraña, siendo temibles sus enfermedades porque no se le conoce antídoto como al café, vino, aguardiente, ele Las personas que estén afectadas del corazón por cualquiera de estas causas, o que conozcan que les hace daño evidentemente alguna de las be- bidas enunciadas, pueden hacer uso de los remedios siguientes: Si los padecimientos son a consecuencia de un esceso en la bebida, nux v., sulf., carb v. luch. o bien ars., bell., chin., mere, natr.e, puls., etc. suelen correjir y aun curar algunas enfermedodes. Si son efecto del abuso del café, nux v., cham., coce, ign. o bien bell., carb v., mere, rhus., puls. y sulf., curan o a lo menos alivian. Si son efecto del abuso del lé, china, ferrum, thuya y coffea, suelen hacer algún bien. 6.a Intemperancia.—El desorden en las comidas y el mezclar toda clase de alimentos, fríos y cálidos, dificultando la dijestion y desarrollando una gran cantidad de flato, hace subir el diafracma, oprime el corazón y le hace salir de su estado normal. Sí esta causa obra seguido, todos los dias, se convierte en un verdadero motivo de euferuiedad al corazón. El remedio es bien conocido, la moderación. 7.a Abuso délos placeres sexuales. —De todas las causas enumeradas hasta aquí, esla es una de las mas poderosas, particularmente en el hombre. Lle- ga a tal grado su influencia que, en el tercer grado de la aneurisma, puede ser mortal repentinamente uñado sexual. Si los padecimientos del corazón reconocen esta causa, adminístrense los remedios que hemos recomendado para la debilidad. Hai ademas otras causas, pero las dichas son las principales. Evítense en cuanto se puedan, que si bien el corazón recibe las simpatías de todos los órganos; si por él pasa la sangre con lodas las alteraciones que sufre durante la vida; si su función es continua, empezando antes de nacer y con- cluyendo al tiempo de morir, siendo por todos estos motivos mas suscep- tible de enfermarse que otros órganos, el sabio autor de lodo lo creado lo ha dispuesto así para que admiremos mas sus portentosas maravillas. El vivir, en medio de tantos ajentes que tienden a destruirnos, es un milagro continuo, y si la mano protectora de la Providencia nos abandonara un solo instante, en aquel mismo concluiría nuestrafrájíl existencia. Síntomas.—El conjunto de enfermedades que sufre el corazón se mani- fiesta por uu sin número de manifestaciones, como dolores de diferentes clases, palpitaciones, angustia, opresión, ardor, ruidos estraños, cansancio, dificultad de acostarse de tal o cual lado, disnea, irregularidades del pulso, alteración del semblante, pesadillas, hinchazón de las estremidades, etc. En cada caso no se presentan todos los síntomas; basta uno o dos de los principales para conocer la enfermedad. Con el objeto de facilitar el uso de los remedios convenientes, estudia- remos separadamente algunos de estos síntomas, procurando no omitir nin- guno de los esenciales. Dolores.—El dolor al corazón es un síntoma mui frecuente y el primero que suele nolar el enfermo. Ocupa jeneralmente la rejion del corazón, es- tendiéndose al hombro y al brazo izquierdo; otras atraviesa el pecho de parle a parte y se deja sentir en el pulmón izquierdo, a diferente abura. Unas veces se présenla bajo la forma de ardor o de punzada; otras bajo la LVI PROLOGO. de opresión, peso, ocupación o llenura. Las diferentes clases de dolores ocupan jeneralmente la cubierta del corazón o pericardio y algunas la sus- tancia misma del órgano. Pero hai una numerosa clase de enfermedades del corazón, que lienen su asiento en la membrana interna o en los orifi- cios, las cuales no presentan dolor alguno. Ardor o dolor quemante al corazón. — Ocupa la rejion de este órgano en nna estension mas o menos grande, desde un peso, por ejemplo, hasia muchas pulgadas. El ardor es uno de los síntomas de la pericarditis o de la carditis (inflamación o irritación de la cubierta del corazón o de su propia sustancia); jamás corresponde al aneurisma ni a la hipertrofia, por mas que estas puedan cohexislir con aquellas. El ardor lo siente el enfermo como si tuviera un fuego o un rescoldo en el corazón; cree percibirlo con la mano aplicada a la rejion cardiaca, y encuentra alivio aplicando cosas frías al sitio del ardor. El ardor, cuando existe, es de los síntomas mas constan- tes, acompañando al enfermo a todas partes, noche y día; disminuye a cier-' tas lloras y se aumenta en otras; la renovación de la causa que le produ- jo incomodidad, bebida, etc., lo exacerba mas que nada. Cuando este síntoma es el predominante, aunque acompañe alguna palpi- tación, con tal que falte el cansancio y otros síntomas, puede y debe aten- derse al ardor de un modo especial, teniendo siempre en cuenta el conjunto. Carbo vejetabilis: carbol vejelal, que es uno de los remedios mas pode- rosos contra las enfermedades- del corazón, sobre todo en el aneurisma, es también uno de los remedios indicados en este caso, particularmente si en la enfermedad ha tenido influencia la debilidad por pérdida de humores o la que se esperimenta en la convalescencia de las afecciones graves. Convie- ne, sobre todo, si el paciente se constipa fácilmente, si es mui sensible a las mutaciones de tiempo, si el tiempo caloroso le afecta mucho, si padece del flato y este se gana a veces a la cavidad del pecho, si tiene almorranas y sufrimientos del hígado; si es bilioso, colérico y asustadizo: esto es por lo que hace a las condiciones del enfermo. En cuanto a la enfermedad, el remedio es soberano «si el ardor se estíende ademas al pecho y hai ardo- res parciales en los miembros; si junto con el ardor hai conjestion dé sangre al pecho y viólenlas palpitaciones de corazón, sintiéndose las pul- saciones en diferentes partes del cuerpo; si hai gran dificultad de la res- piración, opresión y ansiedad al pecho, necesidad frecuente de respirar profundamente y falta de aliento sobre lodo en la cama.» Opium, (opio).— El opio tiene aplicación en esta enfermedad, no como paliativo, sino como curativo, sobre todo cuando el ardor está concentrado en la rejion del corazón, estendiéndose el dolor quemante al pecho. Aumén- tase su indicación, cuando existe una respiración sonora y estertorosa; o cuando es difícil, lema e intermitente; o cuando va asompañada de angus- tia y sofocación. Si ademas, acompañan pesadez, pulsación y eonjesüoH a la cabeza, mucho mas seguro es el alivio. Pulsalilla.—Está indicada en los temperamentos suaves, en el secso fe- menino, en las personas aflijonas y en la sensación quemante del corazón. Se aumenta su indicación cuando hai pesadez, presión y ansiedad al cora- zón; accesos frecuentes y violentos de palpitaciones al corazón, principal- mente después de comer, o después de emociones morales, o provocadas por la conversación; opresión de la respiración, sobre lodo acosláudose del lado izquierdo. Si el conjunto de síntomas, dolores, palpitaciones, opresión, cansancio etc., indican otro medicamento, aunque no abrace el ¡sintonía' del ardor* Pitorreo. lvii debe darse el tal remedio, que el ardor se aliviará también por si mismo. La enfermedad al corazón que yo tengo, presenta esta fisonomía, la de do- lor quemante, el cual se me alivia también con arsénico y nux v., aunque en su patogenesia no tiene esle síntoma. Punzadas, dolor punzante o de clavo en el corazón.—Esta clase de dolor es de muchas variedades y tiene tantos matices que no es posible especifi- carlos con toda claridad. La verdadera punzada suele ser pasajera, y da en determinadas circunstancias, al reir, toser, estornudar, al hacer tal o cual movimiento, etc.; otras, sin dejar de tener el dolor la circunstancia de pun- zante, es fijo y seguido como un puñal, atravesanJo a veces el pecho de parte a parte; otras es de un carácter poco marcado, pero se aproxima a punzante mas bien que a otra clase de dolor. El dolor punzante, fijo y seguido, es muí propio de la pericarditis, (y no del aneurisma o hipertrofia); la punzada fina, seca y pasajera, es mas bien de la carditis (irritación de la sustancia del corazón). Cuando en la enfermedad del corazón predomina el síntoma de dolor pun- zante y quiera atenderse a esta circunstancia, no olvidando el conjunto, pue- den consultarse muchos medicamentos, pero los principales son : Sulfur.—Conviene, no solo cuando hai punzadas sino en muchas clases de enfeimedades al corazón, particularmente cuando hai conjestion de san- gre al pecho y al corazón, sensación de vacío en la rejion de este órgano, presión, y como si el corazón no pudiera dilatarse bien, ansiedad y grandes y frecuentes palpitaciones, etc. Calcárea.—Este es un medicamento precioso en las enfermedades del co- razón. Las punzadas en que este remedio conviene son tan fuertes que llegan a cortar la respiración; si ademas de esle síntoma hai ansiedad a la rejion del corazón; palpitaciones enormes y mui fuertes, con pulso desigual, presión dolorosa y constricción espasmódica, calcárea es divino. Anacardium.- Las punzadas en que conviene este medicamento parece que atraviesan el corazón y se suceden rápidamente, de dos en dos; otras veces las punzadas se manifiestan en la inspiración, y otras son de uu carácter pulsativo y se presentan un poco encima de este órgano. Nux v.—Las punzadas en que conviene aparecen o se agravan por la ma- ñana, un rato después de haberse levantado; otras se presentan a distintas horas, o son golpes dolorosos en la rejion del corazón, isócronos al pulso; otras hai constricción al corazón que dificulta la respiración; palpitacio- nes violentas a distintas horas, o acostándose a dormir después de comer; o frecuentes y pequeños accesos de palpitaciones. Zincum.—La esfera de acción de zinc sobre el corazón, se manifiesta del modo siguiente: fuerte punzada en la rejion cardiaca, que se aumenla al espirar; punzadas encima y debajo del corazón, a prima noche; ardor en el costado izquierdo del pecho; pulsaciones dolorosas en el costado iz- quierdo, al medio dia; palpitaciones frecuentes, con ansiedad; palpitaciones dolorosas que son cada una acompañadas de una punzada. Existen, ademas, muchos otros medicamentos, que tienen influencia so- bre las enfermedades del corazón, cuando predomina el dolor punzante. Dolor de opresión al corazón.—La opresión al corazón es un síntoma que puede acompañar a casi todas las enfermedades de éste órgano. Unas veces se presenta como sí el corazón estuviera encerrado en una capacidad que no le pudiera contener, o bien como si lo empujaran hacia adentro, o co- mo si él rechazara las partes inmediatas, etc.—Los medicamentos que pueden consultarse cuando predomina este síntoma son: vm LVIII PROLOGO. Cannabis.—La esperiencia ha confirmado que cann. es uno de los mas poderosos remedios cuando, en un ataque violento, ha pasado la fiebre y queda un estado semicrónico, caracterizado por tensión; opresión y ple- nitud en la rejion cardiaca: su esfera de acción es punzadas violentas ai corazón, calor al rededor de este órgano ; martilleo y palpitaciones en el costado izquierdo; palpitaciones con ansiedad, y pulsaciones grandes que se oyen un poco mas abajo. Cuusticum.—Su esfera de acción en este órgano es, grande opresión ni corazón, al costado izquierdo y al pecho ; violentas punzadas al corazón y al costado, y grandes palpitaciones con ansiedad y pulso desigual, etc. Para los males crónicos del corazón es soberano este remedio. Magnesia muriáiica. — Su esfera de acción es opresión en la rejion del corazón; punzadas en el corazón, que suspenden la respiración; palpitacio- nes de corazón estando sentado, que desaparecen poniéndole en movi- miento. Hai mas medicamentos que convengan en la opresión al corazón. Ansiedad y angustia al corazón. — Este síntoma corresponde principal- mente al aneurisma e hipertrofia de las cavidade^ derechas del corazón, a la estrechez de los orificios y a la hidropesía del pericardio. Es también un síntoma nervioso. Los remedios que convienen en este caso, sin olvidar el conjunto , son: Arscnicum. — En las enfermedades crónicas y avanzadas cuando el edema de las eslremídades, la anasarca y el sudor frió se manifiestan ; cuando la dificultad de la respiración llega a su mas alto grado con opresión y an- gustia excesiva; cuando las palpitaciones del corazón son violentas o inso- portables, principalmente acostado sobre la espalda, o cuando estas palpita- ciones son irregulares y angustiosas, se puede alcanzar algo del arsénico aun en este avanzado período. Platina.—Su esfera de acción es, angustia excesiva de corazón con miedo a la muerte que se cree mui cercana, acompañada de temblor, palpitación al corazón y opresión de la respiración; latido angustioso del corazón; respi- ración oprimida y angustiosa, etc. Veratrum.—Su esfera de acción es, palpitación violenta del corazón, con accesos de fuerte angustia; pecho mui oprimido con dolor en el costado. angustia un rtal; desanimo y desesperación, sueños angustiosos, etc. Moschus.—Su esfera de acción es, temor excesivo a la muerte; angustiosa palpitación del corazón, etc. Otros muchos medicamentos tienen también este síntoma. Aflicción al corazón.—Este es un síntoma nervioso que existe casi siem- pre independíenle de loda enfermedad orgánica; suele ser también un sín- toma de debilidad que desaparece con los tónicos comunes; vá acompañado de opresión, peso y a veces susto al mismo corazón, y se alivia llorando. Cuando la aflicción es mui grande y prolongada o seiepite con frecuencia, las palpitaciones se presentan cada vez mas fuertes; y a la larga, se hace orgánica uua enfermedad que solo era nerviosa en un principio. En este caso el específico es pulsalilla, repelida, y seguida de sepia o licopodium. Tristeza, pena o pensión al corazón. — Es distinto esle síntoma de la aflic- ción; esta va siempre con sollozos y llantos, con los cuales se desahoga y alivia; aquella, la tristeza, es una especie de melancolía al corazón que nos presenta de un modo triste y oscuro el porvenir de todas las cosas. En algunos casos va acompañada de un abatimiento al ánimo que parece que se concluye la vida; no hai lágrimas ni desahogo ninguno, y solo los con- PROLOGO. UX suelos de la amistad vienen a servir de algún paliativo Este síntoma jene- ralmente es nervioso, pero lo he visto también acompañando a uu aneuris- ma considerable. lgnat. fosf.-acid. rhus. nitri-ae y staph. se pueden consultar en estos casos con seguridad de alivio al menos, particularmente ignat. Susto al corazón:—Este síntoma, esencialmente nervioso, es muí común en Santiago. Las personas que lo sufren sienten conmoverse su corazón al menor ruido, al hablarles fuerte, al darles cualquiera noticia, al crujir los muebles de la habitación, etc.,ect. En estas personas se han cambiado los frenos; no es el cerebro ya el que siente, percibe y juzga, es el corazón ei que se ha encargado de estas funciones. La palpitación viene a ser en es- tos casos uu estado tumultuoso y un aleteo del corazón. La continuación de este estado trae en pos de sí las enfermedades orgánicas si no se combate a tiempo. Acón., bell., opium, son los tres medicamentos que bastan jene- ralmente para curar esta afección nerviosa, y si no bastan, véase Emociones morales. Desesperación al corazón— Es lo mismo que el susto un síntoma nervioso, pero mas ligado ya con afecciones orgánicas. Asi es, que se manifiesta sin necesidad que una causa eslerior venga a probarlo; el solo impulso interior basta. La persona que sufre este síntoma se pone insufrible aun para ella misma; no quiere que le hablen; si está sola se aburre y si acompañada todu le disgusta. Aunque el enfermo sufre en el ánimo, conoce que hai algo en su corazón que le pone en este estado, durante el cual se aumentan todos los padecimientos. La desesperación dura un rato, algunas horas y aun dias; pasa sin hacerse remedios y vuelve aun sin motivo. Ars. es buen medicamento, sobre todo cuando la desesperación viene acompañada de disgusto de la vida, tendencia al suicidio, temor excesivo de la muerte, impaciencia, despecho, deseo de criticar, repugnancia por la conversación, etc ; aur., cale, carb.-v., coce, etc., están indicados. Sensaciones diversas en el corazón. — Algunas veces parece que el corazón está comprimido, en cuyo caso conviene árnica. Esla conviene también cuando hai palpitaciones y punzadas dolorosas con accesos de desfallecimiento. Otras veces se esperimenta en el pecho la sensación como si el corazón estuviera contraído. Kali. y cale convienen en este caso; o como si estuviera escoriado; magu. c. conviene para esta circunstancia; o como sí se estreme- ciera; natrum. m. Si el corazón parece que da vueltas conviene tart.-emet ; si se siente ondulación en el mismo, spig.; si se siente como una rueda en el pecho y en el corazón, spig; si hai tiranteces en la rejion del corazón, bell.. nux-m. y rhus; si hai temblor en el corazón, spig.; si se siente como un vacío en el corazón, sulf.; si se esperimenta la sensación como si el corazón diese un vuelco, bell. Síncopes.—En el síncope el corazón cesa de latir, la circulación de la sangre se suspende y el cerebro y demás órganos no recibiendo el estimu- lante de ia vitalidad, cesan en sus funciones. Si el síncope es completo, la muerte inmediata es su consecuencia; si es incompleto, la vida h:;ce una pausa y tenemos la muerte aparente. En esle último caso, no hai respiración, ni movimiento alguno; la sensibilidad jeneral está apágala y no pudíendo apreciar, por los actuales medios de investigación, los restos de circulación que existen, se cree que la muerte es verdadera y enterramos a una persona viva, creyéndola un cadáver. El enterramiento de vivos, creyéndolos muer- tos, está desgraciadamente mui justificado. De algunos dalos que tengo a la vista resulta que, de 181, recojidos por Biuhier, I2i fueron enterrados LX PROLOGO. vivos, cuatro abiertos por el cirujano antes de morir, cincuenta y tres vueltos a la vida espontáneamente después de estar encerrados en la caja. Leguern cita ciento diez y ocho casos, de los cuales veinte y cuatro fueron enterrados vivos, y los restantes volvieron a la vida al tiempo de enterrar- los. Muta, refiere casos análogos, y trae también el de una señera de Ma- drid, de la ilustre familia de los Lasos, que fué tenida por muerta y ente- rrada a los tres dias de estar de parto sin haber podido parir. La madre y la criatura se creyeron muertos. Algunos meses después abrieron la sepul- tura, y encontraron que el cadáver de la señora tenia un feto muerto en el brazo deivdio. La ¡nfdiz madre parió en la sepultura y recobró la vida para perecer en tan lóbrega mansión. Hoi mismo me ha referido el señor don Salvador de Tavira, digno Encargado de Negocios de España, el caso de una señora de la grandeza española, a cuyas tertulias dice haber asistido muchas veces, que estuvo ocho días en el ataúd, y que pasados los cuales volvió a la vida. Todos la creían muerta, y cuando se la iban a llevar al panteón se opuso su marido, teniendo probablemente algunas dudas. Cuando la afortunada señora volvió a la vida, contó los tormentos horribles que habia pasado. Ella oia todo, lemia que la enterrasen viva, quería hablar y no podia. Una respetable señora de Santiago, bien conocida de todos, me contaba hace dos años que en uno de sus ataques nerviosos, en los cuales queda como muerta, sus hijitos pequeños la encontraron en esla situación, en la cual le iban a punzar los ojos para ver $>i despertaba; quería moverse y quería ha- blar, pero lodo inútil. Felizmente, algún ánjd la sacó de aquella horrible situación, antes que sus hijos le atravesaran o sacaran los ojos. Yo, apenas he hablado en Santiago de lo que ahora escribo; pero no ha- bían trascurrido dos meses de mi llegada, sin saber que un caballero, per- sona algo visible, empleado, habia sido enterrado vivo. El conocimiento de estos hechos, despertó en mí, cuando era estudiante, el deseo de conocer los signos ciertos de la muerte, sobre los cuales tengo hecho estudios especiales. Y a instancias mías se estableció en Madrid, en una sociedad de socorros mutuos, de la cual soi fundador, un artículo de los estatuios, en el que se manda que a ningún asociado se le dé sepul- tura sin que un profesor entendido en la materia, examine el presunto ca- dáver y certifique que real y verdaderamente está muerio. {La tiesura del cadáver es uno de los signos ciertos de la muerte, y mientras no se haya presentado, conviene que el cuerpo permanezca en la cama sin to- carle). La importancia del asunto, en donde las muertes repentinas son tan fre- cuentes, algunas de ellas por sincope ha hecho que me estravie en esta digresión. El síncope se presenta: 1.° como síntoma de una enfermedad grave del corazón: 2.° como resultado de una emoción moral mui fuerte: 3 o por la violencia de dolores agudisunos: i.° por pérdidas debilitantes: 5.° en la convalecencia de enfermedades largas y graves. Como acompañante de enfermedades del corazón, el sincope es el síntoma mas grave que puede ocurrir. Se presenta en la pericarditis, carditis y en- docarditis en un periodo avanzado de la enfermedad, acompañado o pre- cedido de un susto mortal y de una angustia eslraordinaria. Nuestro des- graciado amigo don Santiago Meló, cuya prematura muerte sentimos toda- vía, tuvo esle síntoma en las últimas horas de su enfermedad, y terminó en uno de ellos. En este periodo avanzado del mal son inútiles todos los reine- PROLOGO. LXI dios: acón , carb.-v., lach., veratr., ars., etc., pueden prestar algún alivio, según los casos. Cuando el sincope reconoce por causa una afección moral, dése acón., cham., coff., ígn., lach., op., etc., y consúltese el artículo Emociones morales. Cuando proviene de la violencia de los dolores, acón., cham., coff., etc. Cuando las pérdidas de sangre u otros humores es la causa, consúltese chin., carb.-v., nux.v., veratr., y véase el articulo debilidad; y los mismos remedios sirven cuando se presenta en la couvalesceucia de las enferme- dades graves. Palpitaciones.—Si exceptuamos la atrofia o pequenez del corazón y la hidropesía del pericardio, las demás enfermedades del corazón todas tie- nen de común la palpitación, pero se diferencian las de cada enfermedad. Así es que en la hipertrofia son grandes, levantan las costillas y se perciben a simple vista; ademas son seguidas, percibiéndose distinla- inente aunque el paciente eslé en la mayor tranquilidad; si se aplica el oido al enfermo, el médico las oye en loda la circunferencia del pecho y aun fuera de esta cavidad. En el aneurisma son tambieu grandes y esiensas, pero no tan seguidas, y enjel mayor sosiego el corazón tiene un latido mucho mas suave. Las palpitaciones son nerviosas en una infinidad de casos. Cuando esle sintonía es el que predomina, y no hai dolor, ni opresión, ni angustia, ni aflicción, ni otra señal de padecimiento, o si lo hai ocupa el segundo lugar en importancia, pueden convenir alguno de los medicamen- tos indicados ya o bien cualquiera de los siguientes: Asa-fétida. — Está indicada cuando hai palpitaciones en el corazón; pulsa- ción y latido en el pecho; pulsación visible y sensible en el epigastrio (boca del estómago); pulsación mui sensible en el dedo gordo del pie; presión en el pecho; opresión de pecho, con respiración acelerada y pulso pequeño, inquietud y angustia, etc. Cocculus.—Su esfera de acción es, palpitaciones de corazón; conjestion en el pecho con ansiedad; cansancio al pecho leyendo en alta voz; cons- tricción del pecho con embarazo de la respiración; presión en el pecho co- mo por una piedra; sueños angustiosos; propensión a ausentarse; grande aprensión con inquietud y miedo de la muerte. Phosphorus. — Su esfera de acción es, palpitaciones de corazón de diversas naturalezas, sobre lodo después de la comida, a consecuencia de las emo- ciones morales; palpitacioues con opresión de la respiración; conjestion de sangre en el pecho con sensación de calor qne sube a la garganta; angus- tia en el pecho; presión en el pecho: respiración difu.il, latido y pulsación en los oidos; zumbido de oidos; ensueños augustiosos, espantosos y ho- rribles; angustia sobre el éxito de su enfermedad, y disposición al suici- dio, etc. Veratrum. — Su esfera de ación es, palpitaciones violentas de corazón que levantan las costillas, con sofocación y accesos de angustia excesiva; pecho mui oprimido con dolor en el costado al respirar: presión en el pecho, so- bre lodo en la rejion del esternón; respiración corla al menor movimiento; grande disposición a asustarse; sueños angustiosos, ele Thuija. — cHervidero de sangre en el pecho y palpitaciones viólenlas de co- razón, sobre todo subiendo; palpitación de corazón con náuseas; sensibi- lidad incómoda en la rejion del corazón; palpitación en el espinazo; palpi- tación en el centro del epigastrio (boca del estómago); angustia y palpita- ciones después de comer; martilleo pulsativo en el oido por la noche; LXH PROLOGO. pulsación en las sienes; opresión en el costado izquierdo; dificultad de la respiración con necesidad de respirar profundamente; en cuanto se duerme, ensueños penosos de peligros y de muerie, sobresaltos y gritos, sobre todo acostándose del lado izquierdo.» Plumbnm. — «Hervidero en el pecho con angustia en la rejion del corazón y palpitaciones sensibles; palpitación profunda en el vientre; accesos de sofocación; opresión y presión en el pecho; inquietud, angustia y disgusto de la vida, etc.» Casi todos los medicamentos de la materia médica pueden convenir, se- gún los casos, para curar o calmar este síntoma. Las palpitaciones del corazón tienen algunas circunstancias que en homeo- patía significan mucho. Si son irregulares conviene ais. hídrae; si se sienten en la cabeza, bell.; si se manifiestan después de haber bebido, co- nium, si después da la comida, cale, caniph., licop., nux v., puls., thu- ya, etc.; si por la violeucia de los dolores del pecho, lach., si acostado de espaldas, ars., si acostado de lado, barit. car., natr., nux v., puls., ele; si después de emociones morales, phosf. y puls.; si después de un esfuerzo corporal, am.-e: si después de haber hablado, pul.; si inclinándose hacia adelante, spig.; si andando, nitr.-ae; si por el trabajo intelectual, ígn. y staph. Ademas de las dichas, hai otras circunstancias que suelen ser mui aten- dibles, según los casos. Las palpitaciones son ansiosas, irregulares e inter- mitentes, comunicando o no al pecho estas variaciones. En el curso de la enfermedad, las palpitaciones que eran mui visibles en un principio, se van alejando y apagando después, no obstante que la gravedad vá en aumento. Esto sucede jeneralmente en la pericarditis con derrame. La matidez del corazón aumenta en estension y viene el abovedamiento de la rejion car- diaca. Esta faz de la enfermedad tiene pocos remedios, Solo ars., dig., hell , sulf., etc., pudieran producir algún alivio. En muchos casos, sobre todo en los orgánicos, se presentan ruidos anor- males en el corazón, que el médico conoce eon los nombres de fuelle, de li- ma, de escofina, etc. Estos ruidos se oyen en mas o menos estension y en partes mui distantes del corazón, como en el costado derecho, en la cabeza, en el hombro, y yo le he oido en un caso auscultando la arteria poplítea (en la corva). Contra estos ruidos, no tiene remedios específicos la horneo- tía. Solo spigelia ha manifestado algo en la esperimentacion pura. No puedo abandonar estas consideraciones, sin decir algo sobre las sim- patías que desarrollan estas enfermedades en olios órganos, particular- mente en los pulmones. La disnea o dificultad de respirar, acompaña casi siempre a las afeccio- nes del corazón, manifestándose con un sin número de formas, indicando por este medio el sitio de la enfermedad en muchas ocasiones. Sí la enfermedad del corazón es mui grande, según los síntomas, y la dificultad de respirar mui poca, indica que tiene su asiento en el ventrículo izquierdo del corazón. Si al contrario, la enfermedad parece mediana o pequeña y la dificultad de respirar es mni grande, índica que tiene su asiento el mal en las cavida- des derechas dd corazón. La dificultad de respirar, conocida vulgarmente con el nombre de can- sancio, y que, según acabo de decir, indica que tiene su asiento en el lado derecho del corazón, encuentra su remedio en silícea. La acción de silícea PROLOGO. LX1II sobre las enfermedades del lado derecho del corazón que toman la forma aneurismática es poderosa y evidentísima. Puede que asciendan a trescientos los casos en que he usado esle remedio, siempre con buen resultado, es decir, aliviando por lo menos. Si el aneurisma 0 o 56 es la mas predispuesta. Los niños y los viejos la sufren también pero no tanto. Si en esta edad de 18 a 56, se sufre mas la calen- tura es porque en esta época está sujeta la naturaleza a trastornos consi- derables que gastan las fuerzas y debilitan el organismo. Conformación tísica.—La estatura alta, la cavidad torácica reducida, el pecho aplanado, los homóplatos o paletillas elevados, el cuello largo y del- gado, (el temperamento linfático, el culis fino, los ojos azules y el cabello rubio, son los rasgos mas característicos de esta conformación). Herencia —Los padres trasmiten a sus hijos una parle de su vida, una parle de su sangre y de sus humores, y con esta trasmisión vú el tempera- mento, la fisonomía, el semblante, el aire de familia y la conformación interna y oculta de los órganos. La enfermedad no se trasmite, pero sí se trasmite la disposición orgánica y con ella la predisposición a la enferme- dad. La esperiencia confirma todos los dias que los hijos de padres tísicos corren un riesgo inminente al llegar a la edad en que murieron sus padres y aun antes. Coninjio. — Esta no es una causa de calentura porque en realidad no se pega la enfermedad, como vulgarmente se dice y se cree; y sí la menciono aquí es mas bien para combatirla y para contribuir a desterrar esta preocu- pación. Si la calentara se pegara ¿dónde estaríamos los médicos, viendo como vemos lodos los dias tanto calenturiento'! Lo que en realidad hace daño es el respirar el ambiente del enfermo, no porque tenga calentura sino porque está enfermo. Excesos sexuales.—Todas las causas juntas, enumeradas hasta aquí, no Contribuyen tanto a producir la calentura como los excesos de la Venus, Nada mas debilitante que la cópula cuando se lleva al eslremo, y nada tampoco que tenga mas relación con el pulmón que los órganos de la je- neracion. Abusar de las funciones de estos órganos es abusar de la vida del pulmón, y el que está ya un poco resentido del órgano respiratorio muere pronto si dá rienda suelta a la pasión sexual. Vicio solitario.—Todas las causas dichas, incluyendo la anterior, y las qne me restan por decir; no valen nada en comparación del inmenso po- der que tiene este vicio en la calentura. Creo yo que si una persona na- ciera con todas las disposiciones anti calenturientas imajinahles y se entre- gara a e-te vicio, llevado al eslremo, llegaría a t-icumbir de calentura. To- dos los médicos, de todas las edades y países, han dado y dan a esla causa una importancia estraordinaria, colocándola al frente de todas ellas. Enfermedades del hígado. — Estas enfermedades, cuando son aginias sue- len inflamar el pulmón del mismo bulo y cuando son crónicas, comunican también al pulmón su estado paiolójico por contigüidad de tejidos. Si el hígado sufre, aunque no haya dolor en esta entraña, suele haber dolor en PROLOGO. LXIX el pulmón derecho y en el hombro del mismo lado. Este dolor al pulmón se hace causa poco a poco de que la función respiratoria se debilite, empe- zando así un estado morboso lento que puede traer mui malas conse- cuencias. Sarna y erupciones—La curación de estas enfermedades por medio de pomadas o ungüentos secantes que retiran el humor del culis, trae consigo la tisis muchas veces. Elevación [amenorrea].—La elevación en una joven es en Sanliago causa casi infalible de calentura. Esta palabra la hemos oido por primera vez en Chile y creo que está tan bien aplicada que no encuentro ninguna que tenga tanta significación. La sangre huye de las parles inferiores y circula con mas actividad en los órganos torácicos, en el pulmón principalmente, dis- poniéndolo así a la calentura. Corsé.—La costumbre del corsé y la peor costumbre aun de apretar a las niñas desde mui chiquitas con objeto de formarles la cintura, oprime el pecho, impide que sus cavidades se ensanchen y los pulmones permane- cen aplanados, pudiendo apenas funcionar. Y como los pulmones peque- ños no pueden elaborar bastante cantidad de sangre para nuirir todos los órganos, la constitución se debilita y tenemos una causa mas de ca- lentura. Lactancia. — En otros países es saludable para la madre el dar de mamar a sus hijos, pero aquí, al menos las hijas de Santiago, sobre todo las se- ñoras, les cuesta' caro a las que se dedican a criarlos. Jeneralmente no pueden criar arriba de un mes, algunas solo lies o cuatro y ninguna o casi ninguna alcanza a criara su hijo hasta el fin porque pronto se resien- ten del pulmón la que no se mete a valiente. Yo que soi mui partidario, o mejor dicho era, de que las madres criaran a sus hijos, he tenido aquí que modificar mis convicciones. A ninguna madre aconsejo que crie, sobre todo sola: ayudándose con una ama les suelo permitir que den de mamar unos cuantos meses, pero nunca hasta el fin de la lactancia, y la que lo hace es sin mi consentimiento, porque veo lo que esto debilita el pulmón. Me com- place mucho ver en algunas casas buenas, como curan a las amas que se enferman del pulmón Ayunos.—Si en España u otro pais católico se dijera que el ayuno es cansa de tisis nadie lo creería, pero las cosas que uno vé con sus propios ojos, por masque sean contrarias a lo qne parece sentido coman, no hai mas remedio que darles asenso. Los ayunos continuados privan directa- mente a la sangre de sus cualidades reparadoras, empobrecen este líquido, poniéndolo mas acuoso; debilitan el sistema jeneral y el pulmón se resien- te. Si ademas de esla causa existen otras, esternas o internas, la tisis se declara y el ayunador peligra. No hai médico en Santiago que no vea pere- cer todos los años a muchas personas de las que han ayunado la cuares- ma; poro no solo las personas casadas contraen esta enfermedad por el ayuno y los pobres que viven de su trabajo, sino los célibes que tienen mas motivos para estar robustos. Ejercicios espirituales. — La vida recojida y sedentaria que se tiene en las casas de ejercicios; los ayunos, mortificaciones y maceraciones que los pe- nitentes se imponen en los nueve dias de recojimienio; la influencia debi- litante de la santa palabra sobre el espíritu quitanda una parle de la vida al organismo y amortiguando las pasiones; el espíritu de compunción, el apo- camiento y timidez con que vuelven al mundo los ejercitantes; la vida de privaciones que después se imponen por algún tiempo los arrepentidos, in- LXX PROLOGO. fluyen extraordinariamente en la organización, la debilitan en alto grado; y por escasa disposición que haya a la tisis, esta se inicia y el enfermo sucumbe si no pone remedio a liempo. No hai necesidad de advenir que esta influencia solo tiene lugar en la clase pobre o ignorante, que toma las cosas a pecho y no sabe contenerse en el justo medio; asi en lo mui bueno como en lo malo. A la dispensaría de Yungai van de cuando en cuando hombres y mujeres, de la rotería por supuesto, atacados de esta enfermedad, siendo la causa principal del mal el motivo que vengo consi- derando. Causas estertores.—Cambios atmosféricos.—No he vivido en ningún país, ni tengo noticia que exista otro igual, donde sean las mutaciones atmosfé- ricas tan frecuentes, tan repentinas y tan notables. Eu el rigor del verano y del invierno tenemos a veces en un mismo dia las cuatro estaciones del año: verano, a las dos de la tarde; invierno, a las tres o las cuatro; primavera y otoño, por la noche y por la mañana. En los dias mas hermosos, suele venir de repente un aire de nieve que lo deja a uno helado; o al contrario, sale uno abrigado por la mañana y a las once del dia tiene calor. Estas bruscas variaciones nos ponen muí sensibles el cutis y los bronquios, por cuyas puertas entra a veces la tisis. Por esla razón, sin que en Santiago se tengan fríos bajo cero, ni excesivos calores, siente uno aquí mas el frío que en el norte de Europa. Los alemanes que yo he tratado y curado sienten aquí mas el frío que en su país, siendo así que aquí apenas cuaja la nieve y en su tierra nieva una vara y mas, permaneciendo semanas y meses sin derretirse. Constipados.—La causa anterior, las mutaciones atmosféricas, traen con- sigo los frecuentes y tenaces constipados, los cuales, si caen al pecho, como se dice jeneralmente, pronto atacan al pulmón, viniendo la tisis en seguida. Un constipado mal curado es aqui, mas que en otra parte, una causa frecuente de calentura. Es por esta razón, que no están de mas las precau- ciones que se tomen para no constiparse, y para curarse bien, como si fuera una enfermedad grave, luego (pie se sienta uno con el enemigo en- cima; cuántos y cuántas no tienen que arrepentirse, aunque tarde, por no haberse curado un simple constipado! Supresión de la traspiración. — Felizmente, aquí se suda mui poco, aun en el rigor del verano. El temperamento es mui seco y el aire se roba el humor de la traspiración antes que se acumule en el cutis bajo la forma de sudor. Sin embargo, la pequeña traspiración que por regla jeneral aquí se tiene, conviene respetarla como si fuera un sudor copioso en otros países; ¿qué digo, pequeña traspiración? hasta el desabrigarse estando el cuerpo acalorado para que se resientan los bronquios y todo el órgano pulmonar. Suprimida la traspiración o espantada, digámoslo asi, la acción vital del cutis y trasladada al pecho, tenemos uu motivo mas de calentura a los numerosos que hemos apuntado. Aire infecto y corrompido.—El aire cargado de miasmas vejetales y ani- males que se hallan en plena putrefacción envenena la sangre, y a lo que mas dispone es a sufrir del pulmón, porque allí es donde el aire funciona y se pone en contacto con la sangre y con la vida. En otras partes hai la ventaja que en saliendo a los paseos o alejándose de ciertas calles, se res- pira buen aire, pero en Santiago no: vivimos en el centro de una atmós- fera corrompida que yo no sé cómo podemos resistir. Habitaciones.—Los sirvientes que tenemos son desaseados; las acequias interiores que atraviesan son uu canal continuo de inmundicias; las esteras PROLOGO. LXX1 y alfombras de nuestras piezas nos sirven para tener encubierto el polvo y otras cosas, todo lo cual contribuye, con lo que ya viene de la calle, a que tengamos un aire irrespirable. Luces en los cuartos.—Es mui jeneral en otros paises dormir a oscuras y aquí, a causa de los temblores, es casi de necesidad el dejar luz en los cuartos de dormir. Si esta luz fuera de fina esperma o de cera pura no tendria mas inconvenienie qne el consumir el oxijeno del aire y dejarnos una porción de ácido carbónico, que es un gas irrespirable; pero todas las luces no son de esperma ni de cera, sino que son de hediondo aceite o de asqueroso sebo, que al inconveniente indicado de consumir el oxijeno y producir ác ido carbónico, se agrega el tufo de óxido de carbono y de gases enipirreumáiicos que envenenan mas el aire, y lo hacen casi irrespirable. El buen alumbrado de esperma no ha pasado aun de los salones y me dá no sequé de lástima cuando en las piezas interiores, donde viven los niños chiquitos con sus amas, veo un velón de sebo con tamaña pavesa, hedionda como la misma hediondez, qne quisiera sustraer a las pobres criaturas de aquel foco inmundo, en una época en que necesitan respirar el mejor aire para que su sangre se robustezca y sus órganos adquieran solidez. Esto mismo sucede en los cuartos de los pobres enfermos. Están sufriendo acaso del pulmón y tienen a su lado la hedionda vela de sebo que los mata; ¡qué efectos han de producir las medicinas si no se quitan las causas de los males! Mala alimentación.—Los alimentos de mala calidad o insuficientes, los consideran lodos los autores como una poderosa causa de tisis. Aqui na- die se muere de hambre y los alimentos pasados, como se dice, o adulte- rados tampoco los hai; pero en cambio, el exceso de una alimentación fria como son las frutas, empobrecen la sangre, debilitan y predisponen a la calentura. Helados.—No sé que en ningún pais se tomen tantos helados como en Santiago, ni que se tomen en tanta cantidad. Esta causa, unida a otras muchas, entorpece la dijestion, roba uua gran cantidad del calor natural al organismo, corta el cuerpo como se dice jeneralmente, y costipa el pecho; empezando así la afección al pulmón que se agravará cada dia con la re- petición de la misma causa. Golpes al pecho.—Las vueltas dea caballo, las ajitacíones que sufre el órgano pulmonar después de grandes galopes y otras causas semejantes, contunden los tejidos internos, infiliran la sangre y se forman focos de inflamación que con el liempo llegan a-ser apostemas que ponen en peli- gro la vida del enfermo. El mucho escribir. —Parece que el suave movimiento de la mano al es- cribir y el líjero peso de la pluma no podrían influir en el pulmón hasta el punto de ser esla una causa de calentura; pero la esperiencia me enseña todos los dias ejemplos notables de lo que influye en el pulmón el mucho escribir. Empiézase por sentir al pulmón derecho o a toda la espalda un dolor como de cansancio, pasajero al principio y permanente después, que debilita poco a poco la respiración de ese pulmón; se infiltra de hu- mores blancos y viene la calentura en seguida, sino se echa a un lado, por algún tiempo siquiera, las pesadas tareas de la pluma. La postura encor- vada que se toma para escribir, impidiendo que se dilaten bien los pulmo- nes, contribuye al daño que el uso de la pluma hace en el pulmón. De todas las personas, cuyo oficio o profesión es la pluma, ninguno se resiente tanto como los pobres taquígrafas sino fuera porque su trabajo dura una I.XXU PROLOGO. parte del año nada mas, morirían todos del pulmón en poco tiempo, corno los birlocheros de la carrera, echando sangre por la boca. La costura.—Esta causa es poderosísima para la tisis; obra del mismo modo que la anterior, el pulmón derecho se pone dolorido, se debilitan sus funciones i pronto s;í pica de calentura si no se vota a un lado la costura . Todos los días veo enfermas del pulmón por esta causa en la Dispensaría de Yungai. El canto, los gritos y la costumbre de hablar alto fatigan el pulmón, lo debilitan y disponen a esta enfermedad. El estudio de las causas que dañan el pulmón no lo creo agotado, ni con mucho; pero me contento con haber señalado todas las principales in- fluencias para que cada uno evite aquellas que mas daño le hagan, o en cuya esfera de acción está metido. Ya que el estudio de la 1.a cuestión que me habia propuesto lo consi- dero concluido, aunque no agotado, voi a resolver la 2.a cuestión que es la siguiente: ¿Puede prevenirse la calentura en Santiago?—Mi contestación es afirma- tiva, pero afirmativa en el mas alto grado. La razón es muí sencilla: todas las causas enumeradas, y cuidado que no falta una siquiera de alguna im- portancia, todas, tienen su antídoto en la hijiene o en la materia médica, pero no un antídoto cualquiera sino uu antídoto poderosísimo, capaz de destruir toda predisposición. Y sino recorramos las principales. El temperamento linfático, el culis fino y la conformación tísica tienen su correctivo poderoso en el ejercicio al aire libre, en la jimnasia y en la buena alimentación. La edad, el sexo femenino, el corsé, ¿quién no conoce lo que puede hacer en su favor la hijiene y la terapéutica? La herencia parece escapar a nuestra influencia, pero la hijiene, la jim- nasia, los viajes y la separación de las causas que puedau debilitarlo, bastan a mi modo de ver para destruir su predisposición. Los excesos sexuales, el vicio solitario y las demás enfermedades que tie- nen relación cou el pulmón bien pueden evitarse, y cuando ya existen, la homeopatía sabe curarlas radicalmente. Las influencias atmosféricas, los constipados etc., bien pueden prevenirse con las ablusiones hidropátícas o mejor aun con los remedios que la ho- meopatía aconseja. La respiración de un aire de malas condiciones, puede evitarse por los remedios que están al alcance de todo el mundo. Santiago debía ser el país mas sano del mundo, porque aquí naturalmente no hai epidemia ninguna y por lo que hace al pulmón, falla siempre la causa principal que en otros países produce la calentura; a saber, el aire frió y húmedo. Aquí al contrario, tenemos todo el año un temperamento seco. En Santiago se padece de calentura a fuerza de debilitar lanío la natura- leza; que sino, no se vería un solo caso de tisis. Si tuviéramos un tempera- mento frió y húmedo, la calentura no podría evitarse, pero no teniéndolo, es lo mas fácil si no dejamos que se debilite la naturaleza o si la fortificamos cuando ya está debilitada. ¿Hui alguna persona que tema padecer calentura? no se debilite y pasará el peligro. ¿Hai alguna persona que ya sufra calen'ura? fortifiqúese y aun puede tener remedio. A esta tan poca cosa se reduce la calentura. Sin embargo, por si en un PROLOGO. LXXIII caso los iónico* comunes no alcanzaren a contener la enfermedad, voi a in- dicar los tónicos homeopáticos que convienen, según los casos, para que el enemigo desaparezca. 5.a cuestión.—¿Se puede curar la calentura una vez que se haya manifes- tado?—Cuando la enfermedad ha llegado a un periodo mui avanzado, son pocos los recursos que cuenta la medicina para curarla. Yo dejo a un lado los recursos, mas o menos poderosos, de la otra medicina en su aceite de hígado de bacalao, que entre paréntesis es muí bueno (porque es tónico), en sus fuentes, en sus revulsivos y en sus espectoranles. Dejo también a un lado los consejos hijiénicos que lodos pueden deducir del estudio de las causas, que anteriormente hemos enumerado; y me limi- taré únicamente a considerar la enfermedad en sus manifestaciones o sín- tomas, prescindiendo del sitio que ocupa en los pulmones, de las fases que presentan los tubérculos, etc., etc. Síntomas de calentura.—Tos. — Es la tos el síntoma mas constante de la ca- Zcnítca, acompañándola desde el principio hasta el fin: a veces este es el pri- mer simonía que se presenta, sin necesidad de que haya precedido un cons- tipado. La tos es producida por la irritación que producen en los conductos aéreos los tubérculos incipientes que se diseminan en las partes pulmonares: a veces es una comezón, cosquilleo o una irrítacioncita nerviosa de la trá- quea o larinje la que provoca la tos; otras es una flemíta que se adhiere a lal o cual parte de la tráquea o bronquios lo que obliga a toser. La tos sospechosa es la que se presenta sin antecedente alguno, es mas bien loseci- lla que verdadera los; aparece indistintamente a cualquier hora y es seca jeneralmente. Esta tos que llaman los nerviosa, conviene atenderla cuando otras circunstancias nos hagan temer, porque la tos por sí sola es un sín- toma mui insignificante. La curación de esla tos se obtiene pronto con acón. nuxo., bri. o sidf.; ademas pueden estar indicados bell., cham., cin., dros., hep., hyose, mere, lach., phos., rhus., spon., spig., etc. Ademas, si el aire frió provoca la tos está indicado phosf. Si se manifiesta después de haber bebido, ars. y phosf. Si es lo mismo, a corta diferencia, por el dia que por la noche, licopo- dium, spong. Si se manifiesta mas estando acostado, ciña, hijos., sulf. Si viene después de un enfriamiento, nux m. Si es mayor por la mañana, alum. ant , chin. Si es mayor por la noche, acón., bell., bri. cale, nux v. Si es mayor ala tardecita y a prima noche, ars., bar., cale,hep., mere, sulf. Hai otra tos, losecilla también, que conviene atender desde el principio; no es seca como la anterior, sino húmeda, la cual se manifiesta en los su- jetos linfáticos, humorosos y pituitosos: precede o no a la los la comezón en la ollila del cuello y se especlora una flemita mucosa que viene de los bronquios: los tubérculos incipientes promueven esta secreción en la mucosa bronquial y la í05 consiguiente para arrojarla. Esla los, por sí sola, nóvale nada, pero si se agregan otras circunstancias, y la losecilla que se manifestó naturalmente, sin previo constipado, se vé que no desaparece, en- tonces conviene atenderla como síntoma de importancia. Puls. es jeneral- mente específico en este caso, pudiéndose consultar ademas dulc, cale, carb. v., caus.,líe, mere, sep., sulph., stann., etc. Si la tos húmeda se manifiesta al aire Ubre, nux v., ú después de comer, x IXXIV PROLOGO. bell., si por la mañana; cale, sile, ele, si por la tarde, sep., slaph., etc., si por la noche, lart. Puede haber una los mista, seca por el dia y húmeda por la mañana; en este caso nux v. es específico. La los, por lo mismo que acompaña a todas las variedades que presenta «sta enfermedad, es unas veces hueca y profunda; otras viólenla, convul- siva, espasmodica y sofocante; otras áspera y sonora, invílanie, corta o de inspiraciones pequeñas, etc., etc. Estas particularidades de la tos son mui atendibles en homeopatía, y yo me remito al mismo artículo tos en la medi- cina doméstica. Los que hayan tenido los muchas veces saben qne, ademas de las varie- dades dichas, y las circunstancias enumeradas, hai síntomas que acompañan a la tos, los cuales contribuyen a hacerla mas incómoda. La íes viene acompañada de dolores en la cabeza, en el pecho, en la espalda, en el ts- tómago, en los vacíos, en el vientre y aun en otras partes del cuerpo; otras varía de color la cara; hai sangre por las narices, por la boca, por los ojos y por los oidos; se presentan vómitos, evacuaciones, orina, ele To- das estas particularidades influyen en la elección del remedio de tal modo que ellas por sí bastan para indicarle muchas veces. Si con la tos viene disnea, sofocación y padecimientos asmáticos, están indicados alum., ani., ars., bell., cin., cupr., lie, nux m., op., etc. Si con la tos viene agua a la boca, lach.; si hai conjestion de sangre a la cabeza, anae; sí viene con dolores a la cabeza, a manera de golpes o sa- cudidas, ars , ele, ipee, natr. m., rhus.; sí el dolor de cabeza es como si ésla fuera aabrirse, bri., caps., natr. m,,uux v.T sulf., phosf.; si es simple- mente dolor de cabeza, arn., bri., cale, nux v., sulf., etc.; si los dolores son en los brazos, dig.; si en las caderas, bell., caust., sulf.; si punzadas en el dorso, mere, puls., sep.; si los dolores que acompañan a la tos obligan a gritar, chin ; si la tos empieza con dolores al estómago, bell.; si los dolores de estómago son al mismo tiempo que la tos, bell., ipee, licop., nitr. ae, phosf., rhus.; sí los dolores son en la misma boca del estómago, ars., bri., lach., phosf., thuya; si son en la garganta, caps., carb. an., chin., hep., nux v., phosph.; si son punzadas en la garganta, kali., nitr. ae, nux vom., mere; si dolores en el pecho, ars., bell., cale, carb. v., chin., dros., natr. m , phosf. ae, rhus., sulf, veratr., zinc; si el dolor en el pecho que acompaña a la tos es como de quebrantamiento o magullamiento, arn., ferr., veratr., zinc; sí es como una debilidad en el pecho, sep.; si con la tos se siente el pecho como lastimado, ars., cale, carb v., caust., lach , magn. m., mere., nitr. ae, nux v., phosf., sulf., spong., spig.; sí parece que el pecho vá a estallar o abrirse, brion., mere, zinc; si hai presión, chin., sil., sulf.; si punzadas, acón., bri., sulf. si los dolores son en el vien- tre, ars., bell., coloc, con phosf., stann., sulf , verat, ele En todos estos casos, parece que la tos vá a herir las parles indicadas, y que forman una sola enfermedad la tos y los dolores que la acompañan, viéndose palpable- mente la unidad paiolójica. Si se desatiende est unidad, el enfermo viene a curarse únicamente por los solos esfuerzos de la naturaleza, al cabo de mucho tiempo; al paso que, si se dá el remedio indicado, el alivio se siente desde luego después de una lijera agravación homeopática, si se ha dado mas remedio del necesario. Algunas veces con la tos se vomita lo que se ha comido o bien las fle- mas y bilis del estómago; no es la fuerza de la los la que hace vomitar, sino una circunstancia morbosa del estómago. En este caso, si son los ali- PROLOGO. LXXt memos losquecon preferencia se vomitan, conviene anne, bri., dig\, d/us.^ ferr., ipec, phosf. ae, rhus., stann., tart.; si con preferencia los vómitos son de bilis o flemas, etc., anae, bri., cale, carb. v., dig., dros., (er., kali., lach., nux v. phosf. ae, puls., sep., sil., sulf., tart., veratr., zinc; otras no alcanza a vomitarse, sino que es una náusea con vomituracion; en este caso conviene bell., carb. v., clin., dros., hep., ipec, kali., kreos., mere, mezer., natr. ni., nux. v., puls., sep., stann., sulf., etc. Aunque la tos de los calenturientos es jeneralmente toseeilla, sin embargo conviene no despreciar las circunstancias dichas, porque en estos últimos tiempos la tos convulsiva, con sus infinitas variedades de ios nerviosa, ha invadido también a los adultos, ocultándose así la calentura. Tísicos estamos viendo todos los dias, cuyo primer periodo de la enfermedad ha sido lo que podemos llamar una rama de los cononlsiua, que se hubieran curado radicalmente si su tos, nerviosa como se dice jeneralmente, se hubiera atacado como con esponde, sirviendo de guia las circumancias que acabo de indicar. ' Hai algunas otras círconslancias de la tos, mas o menos interesantes, que conviene tener en cuenta y que omito por no estenderme dema- siado. Espectoracion.—Es un síntoma tan constante de la calentura la espcclora- cion que puede decirse que no falta nunca, como la tos: es cierto que hai calenturientos que espectoran mui poco, pero por regla jeneral los pulmo- nes se van arrojando poco a poco con el desgarro. Tiene muchas varie- dades; unas veces es serosa, acuosa, acida, amarga, amarillenta, blanque- cina, y otras salada, dulzaina, fétida, herbácea, etc., etc. Cada una de estas circunstancias influye en la elección del medicamento; si es acida, conviene lach.; si acuosa o serosa, magn. e, stann.; si amari- llenta, cale, con., puls., staph., sulf., thiuja., etc.; si blanquecina, acón, chin., puls., sulf.; si dulzaina, cale; phosf.; stann.; si espumosa, ars., lach.; si fétida, ars., cale, sulf., stann., natr. e; si jclalinosa, laux ; si grisácea, dros., lie, thuya.; si en masas redondeadas, magn. e, thuya.; «i mucosa, am. c,ars.,bell., bri.,carb. v., dulc, hep., laeh., mere, phosf., puls., sep , si/., tlann.sntf., thuya., etc.; si es purulenta cale, carb. an, chin., dros., lie, phosf., sil , sulf., etc.; si mucosa-sanguinolenta, acón., arn., ars., bri., ferr., lae, nalr. m.. phosf., zinc , etc.; si es verdosa, catín., carb. an., carb. v., dros., lie, magn. c : phosf., sep., stann., sulf., thuya.; síes viscosay tenaz, ars., can»., cham., chin., nux v., phosf., puls., stann. staph., etc. Ademas, si la espectoracion es mui abundante, reclama euphras., hep., lie, puls., samb., sep., sil., stann., sulf., veratr.; si es difícil de despren- derse, ars., chin., kali., lach., sep., stann., sulf., aur., zinc, si es mui fácil, kreos , verair.; si se aumenta al aire Ubre, nux v.; y si después de comer, bell.; si por la mañana, cale, carb. an., cham., dros., eufr., kali, magn. e, nux v., phosf., sep., etc.; si por ia noche, cale, staph., tart.; si por la tarde, phosf., sep., staph., etc. Hemoptisis o sangre por la boca. — Este síntoma es poco común en San- tiago, comparativamente como yo lo he visto en otros países; se presenta en el primer periodo de la enfermedad; suele desaparecer en el segundo para volverse a presentar en el tercero. Al principio la sangre proviene de la mucosa bronquial y es producida por la violencia de la tos: al fin de la enfermedad proviene de las úlceras o cavernas y es producida por la rotura de algún vaso pequeño. Independiente de los remedios que exije la tisis, requiere este síntoma XXXY1 PROLOGO. que se le atienda especialmente. Cuando la sangre proviene de las infla- maciones parciales que se forman en la circunferencia de los tubérculos, en lugar de las sanguijuelas que se aplican jeneralmente, el acón, es el re- medio específico; y si proviene de la rotura de algún vaso arn. debe pre- ferirse. Ademas, están indicados, segtin los casos, ars., bell., bri., cale, carb. v., chin.,-dulc, fer., hep., hyose, ipec, lach., nux v., op., puls., rhus., sil., staph., sulf., etc. Opresión al pulmón o al pecho —Este síntoma es muí común y a veces viene con la tos y antes que la espectoracion: aparece en uno u oiro pulmón, mas arriba o mas abajo, o en medio de la espalda; otras se es- perimenta en la tabla del pecho o a los lados, debajo de la islilla. Cuando este síntoma sobresale parece que se tiene un peso enorme en la parte afecta que impide sacar la respiración; su existencia y constanie perma- nencia tiene bástanle valor. Suele ser nada mas que un síntoma nervioso, y otras, que es lo mas jeneral, proviene de la debilidad del pulmón en el sitio correspondiente y aun alguna vez acompaña a una aglomeración de tubérculos. Como en homeopatía no hai ningún síntoma desprecia- ble, los remedios que en esle caso convienen son . acón. , anuc., ant., ars., asaf. , bell., bri., cale, ramph., canth., carb. v., cham., chin., cin., dulc, ign., lie, phosf.^plat., rhus., see, sep., silíe, stann., sulf., zinc, etc. Sensación de escoriación o de lastimadura. — El dolor de lastimadura ocupa el mismo lugar que la opresión, bien el pulmón, que es lo mas jeneral, bien el pecho o los costados. Este síntoma no siempre, ni con mu- cho acompaña a un estado ulceroso del pulmón o de los bronquios; es, por el contrario, mas bien un síntoma nervioso, que cuando la tos re- tumba en el lugar que ocupa merece la pena de atenderlo mui particu- larmente. Los remedios que pueden convenir, según los casos, souicalc, carb. v., colch., ipec, lach., lie, magn. e, mere, phosf, rhus., sep., stann., slaph., etc. Prendimiento al pulmón o al pecho.—Luí palabra prendimiento, aplicada a cierta clase de dolores que se sienten en la caja del cuerpo, la he oido por primera vez en Chile, y creo que tiene mas significación que la de constricción, que se aplica en otros países con igual objeto. El prendi- miento se puede sentir en los mismos sitios que la opresión y la escoria- ción; cuando existe, impide bastante sacar la respiración; tiene menos sig- nificación que la opresión, y la escoriación; es alguuas veces un síntoma flatulento. Cuando incomoda mucho y es constante merece una atención particular. En otro caso, consúltense acón., alum., arn., ars., aur., carb. an., carb. v., caust., cham., bell., ign., ¡pee, magn. e, magn. m , phosf., plat.,puls., sil., spig., stann., sulf., etc. Pero el medicamento por exce- lencia para estos dolores y que la esperiencia me ha confirmado en algu- nos miles de casos, es nux v. Ademas de estos dolores, que son bien marcados, hai otros que afectan en distintas formas, como cortantes, dilacerantes, punzadas, ele, los cua- les corresponden mas bien a lesiones de las pleuras que de' los pul- mones. Matidez o sonido a macizo en los pulmones o el pecho.—Cuando el pulmón está permeable o penetrable al aire, dá un sonido hueco la percusión que se hace en el pulmón o en el pecho, excepto en la rejion del corazón. Pero cuando el aire no puede entrar en d pulmón bien sea porque lo ¡m- dida una masa tuberculosa bien por debilidad, el sonido es a cosa maciza. PROLOGO. LXXVII Este signo, que jeneralmente ocupa una pequeña parte del pecho o del pulmón, tiene mucho valor en la enfermedad que nos ocupa. El, por sí solo, puede marcar la estension del mal y cuando se aplican remedios loca- les, indica el punto donde debe ponerse el cáustico, el parche o las san- guijuelas. Aveces ocupa toda la estension de un pulmón; otras solo un pequeño punto; y algunas, aunque raras, dos porciones considerables de ambos pulmones. Cuando aparece en un punto estenso, en olio hai un sonido mucho mas claro que lo ordinario; y es común auscultar el médico un pulmón y si encuentra en él una respiración parecida a la de un niño, ya sabe que recorriendo toda la cavidad, ha de enconirar matidez en algún punto. Conviene distinguirlo de otras enfermedades. La homeopatía no tiene remedios qie en la esperimentacion pura, hayan dado esie síntoma; por consiguiente, cualquiera que sea el remedio que se dé en este caso, como sulf, cale, sil., etc., se vá lan a ciegas como van los médicos de la otra escuela. Lo mismo digo de los ruidos anormales que se presentan a la ausculta- ción en el cuiso de la enfermedad. Estos ruidos, como la egofonia, bron- co fonia, tañido metálico, gorgoteo, estertor cavernoso, etc., tienen mucha significación para el diagnóstico y para el pronóstico, pero ninguua para el tratamiento, asi en una medicina como en otra. Alteración de la voz.—Es esta a veces el primer síntoma de la tisis, apa- reciendo antes que la tos misma y que la opresión. El que una vez haya percibido esle síntoma le queda grabado para siempre y lo sabe distinguir de otras alteraciones de la voz. Esta es una voz como de tiple, si es que puede compararse con alguna cosa. Esle simonía, que lo he observado mu- chas veces, es de mal pronóstico y no conozco remedio particular que le esté indicado. Banquera y afonía.—La ronquera es un síntoma común también a muchas clases de constipados que tiene grande importancia para d diagnóstico; depende de que la irritación bronco-pulmonar se ha propagado a las euerdas bucales situadas en la larinje; cuando este síntoma persiste y acompaña a la enfermedad es de mal agüero. La afonía o falla de voz es mas rara: también acompaña a ciertos constipados, pero desaparece o disminuye mas pronto que la ronquera; cuando se manifiesta gradualmente en el último periodo de la enfermedad es un signo mortal jeneralmente. La homeopatía tiene un gran número de poderosos medicamentos que aplicar, según los casos, sir- viendo de guia estos síntomas accesorios o concomitantes de la calentura. Asi es que pueden consultarse bell., bri., carb. v., caust., cham., dros., dulc, hep., mere, natr. e, nux v., phosf, puls., rhus., sil., sulf., etc. Para la ronquera catarral ordinaria, con los o sin ella, consúltense, cham., carb. v., dulc. mere, nux v., puls., rhus., sulf, etc. Para la ronquera crónica, carb. v., caust., liep., phos., sil., sulf., etc. Para la afonía están indicados los mismos remedios que para la ronquera. Disnea.—A los síntomas enumerados ya como la los, espectoracion, etc. acompaña la dificultad de respirar en un grado mas o menos alto. Esle síntoma es mui variable; suele fallar en los dos primeros períodos de la enfermedad y manifestarse únicamente al fin de ella: otras existe desde el principio un poco de cansancio, sobre todo cuando se ajila el paciente, que puede confundirse cou el que se esperimenta en las enfermedades del corazón. En la disnea o respiración difícil se pueden consultar muchos medica- mentos, casi todos los de la materia médica, pero principalmente, acón., i.xxvnt prologo. agar., alumb., amb., am. e, anae, ars., aur. bar. c, bell., case, cnnn., carb. an., carb. v., caust., con., dig., dros., dulc, dros. , hep., kali., lie, lach., mere, natr. e, natr. m., nitr. ac , nux. v., plum., puls., sep., sé7., stann., sulf, ele, etc. Fiebre . — La fiebre de los tísicos es mas bien una fiebrecilla (pie se suele manifestar por la tarde y a prima noche; se suda por la madrugada y el resto del dia se está bueno. Tiene bastante imignificacion este síntoma, cuando persisiepor mucho tiempo y lo acompañan otros, por que la esperien- cia ha confirmado que entonces es cuando se empiezan a reblandecer los tubérculos. Por sí solo este síntoma no requiere una medicación especial, a no ser que él sobresalga mucho y los demás síntomas estén adormeci- dos. En este caso pueden consultarse a cale, ars., chin., coce, phosf., sil., sulf, etc. Coloración de las mejillas.—Con la fiebre y hacia la misma hora en que esta aparece , y por el mismo motivo, se presenta una ehapeta lacre en una délas mejillas, con mucho calor enja parle que disminuye o desaparece con la fiebre. Este síntoma no es mui común en Santiago; yo lo he visto con mas frecuencia en otros países. Tienen tanto o mas significación que la fiebre porque si es contante todos los dias, indica un foco de supuración en el pulmón del mismo lado. Si a este síntoma acompañan los demás, el diag- nóstico llega a ser evidente. Como síntoma aislado no merece un trata- miento particular, pero si se presentan algunas dudas entre los remedios que deben darse al paciente, se da la preferencia al que en igualdad de cir- cunstancias tenga esta particularidad. Puede consultarse a cale, acón., dulc, lach., lie, phosf., sulf., etc. Si estos remedios no están indicados por el con- junto de síntomas, en lugar de dar al enfermo cosas frescas que pudieran agravarle latos, se le dá una dosis deaeou. que sirve para moderar la in- flamación del foco pulmonar. Ardor en la palma de las manos.—También con la fiebre viene en el último periodo de la enfermedad un ardor en la palma de las manos que es bas- tante mortificante. Si por los demás síntomas, hai dudas de cual es el re- medio que debe preferirse, el ardor de las manos indica lie, petr. phosf , sep., stann. Ardor en la planta de los pies. —Se presenta este síntoma en la misma épo- ca y por el mismo motivo que el ardor de las manos: él por sí solo indica a calcárea, amb., anae., kreos., licop., magn. m , phosf. ae,fuls., sulf., sil., etc. Frió en lospiés.—El hielo y frialdad constante de lo9piéses muí común en Santiago, y personas hai que ni aun en la cama logran calentarse sino a fuerza de friegas y botellas calientes. Este sintonía, que se esperimenta aqui aun en la mejor salud, sí es que salud cabal puede haber con él, es común a muchas enfermedades. Cuando está relacionado con la calentura se pre- senta mas bien en el principio de la enfermedad: no tiene jamas tanto va- lor diagnóstico como el ardor. Cuando se duda en la elección del remedio, y existe el frió de pies, consúltese a carb. an , alum., anae, caus'í., coce, con., graph., kali., licopodíum, natr. e, nitr. ae, phosf., sep., sil., sulf., Biauu., etc. Síntomas morales.—Los enfermos de verdadera calentura o sea tisis tu- berculosa presentan con frecuencia el fenómeno raro de no tener aprensión y creer que no lienen nada o que están mejores cuando se están muriendo. Hablan de sus negocios, de todos sus proyectos y del porvenir como si estuvieran sanos y buenos, aunque les quede solo unos cuantos días de vida. PROLOGO, LXXIX Cuando yo veo un paciente de esta enfermedad, o que se sospecha que tiene calentura y lo veo mui aprensivo, digo para mí mismo, esta es buena señal; el enfermo no tiene calentura. Si por el contrario, los síntomas son cíenos o casi ciertos y el enfermo oculta su enfermedad y la busca en otra parle, mala señal. Si en este síntoma consistiera la elección del remedio, por equilibrarse los demás, debe preferirse a sulf.; carb. an., lie mang., phosf. ae, pliun., stann., etc. Diarrea.- En toda enfermedad del pulmón la diarrea es mal síntoma. Se presenta jeneralmente a lo último del mal y proviene de la irritación ulce- rosa jjue hai en los intestinos: aunque la sangre se depura mucho con esta evacuación y la espectoracion disminuye, sin embargo, ella por sí sola de- bilita mucho al paciente y conviene atenderla cuanto se pueda, mereciendo a veces un tratamiento particular, aunque paliativo: ar., chin., veratr., phosf., phosf. ae, secal., etc., so» excelentes. Sudores.—Como el temperamento de Santiago es seco, no hai aquí mucha disposición a traspiarr; con todo no dejan de presentarse algunos casos en que los sudores son abundantes desde el principio del mal. Lo mas jene- ral es que solo vengan en el último periodo y compartan con la diarrea, y la espectoracion la depuración de la sangre. Asi es que si con algunos reme- dios se logra disminuir la abundancia de los sudores, aumenta la especto- racion o la diarrea y vice versa. Los sudores son comunmente de medio cuerpo para arriba; a veces se limitan al pecho, cuello, cabeza, etc., o solo a una de eslas parles, y suelen ser lan abundantes que llegan a pasar el colchón y a humedecer las labias del caire. Cuando son tan abundantes y acompañau a la enfermedad en todos sus periodos, ellos por sí solos pue- den variar la elección del remedio, con tal que no se halle en oposición con olios síntomas característicos. El remedio cuando hai sudores copiosos, se encuentra en sulf. ó mere, jeneralmente; también convienen chin., ars., cale, phos., sil., veratr., ele Decúbito oposlura que puede lomar el enfermo.—Sobre esto hai muchas ano- malías, aun en el estado de salud: personas hai, y es lo mas jeneral, que duermen indistintamente, ya de un lado ya de otro; otras que solo duermen del lado del hígado, o solo del lado del corazón. Todo esto debe averi- guarse antes de darle importancia a la postura que ahora loma el enfermo. Este duerme a veces mejor del lado sano, otras del lado afecto y aun en otras solo puede descansar de espaldas o incorporado. Si estas circunstan- cias son" mui marcadas, deben tenerse en cuenta al elejir el remedio. Si se duerme de espaldas, convienen acón., ars , dros., nux v., puls., plat., sulf.; si se duerme del lado izquierdo bar. c.;siuo se puede estar acostado, lie, sulf.; si no se puede estar acostado del lado derecho, bri.; si del lado iz- quierdo, lie; si-de espaldas, phosf. Los síntomas esenciales de la enfermedad se encuentran jeneralmente en un corto número de ellos; hai tisis que es un toser noche y dia de no aca- bar; oirás en que la espectoracion es abundantísima, sin que la los sea de- masiada; en otras preponderan las diferentes clases de dolores; en otras los sudores, la fiebre, ele, etc. Pues bien, en eslos casos, conviene bus- carle el específico a la enfermedad por la vía analítica que he seguido. El trabajo no deja de ser improbo, pero la recompensa es grande, pues solo así se llevan todas las garantías de acierto que pueden apetecerse. Los mejores medicamentos para la tisis, segúneljórdeiijcon que los colocan algunos son; en primer lugar: cale, hep., kal., lie, phosf., puls., stann., spong.; en segundo lugar, ars., chin., dros., ferr., lach., nitr. ae, sep., LXXX PROLOGO. sil., sulf.: en tercero bri., carb. v., con., dulc, kreos., laur., mere, natr. m. La tisis que sobreviene a una pulmonía mal curada reclama: l.° lie, 2.° ferr., hep., lach., mere, sulf.; la que viene después del abuso del mercurio, carb. v., hep., lach., nitr. ae, sulf. Cuando no queda duda de la existencia de tubérculos, hep. alternado con espongia; o cale, kal., lie, phosf., puls., stann.; o ais., carb. v., lach., mere, nitr. ae, samb., sil., sulf., etc. En el primer peí iodo conviene particularmente, amm., cale, carb. v., lie, phosf., nitr. ae, sulf.; en el segundo" hep., spong., o cale, kal., lach., líe, phosf., puls., sep., sil., sulf. En las familias de muchos hermanos que algunos hayan muerto de ca- lentura, licop. puede prevenir la enfermedad tomándolo a la aparición de /os primeros síntomas sospechosos. Creo tener un caso de curación de esta clase en Santiago; hace año y medio o mas que el paciente tomó licop. con el cual se suspendió la losecilla, la opresión al pulmón, etc., y después acá no ha tenido quebranto su salud. Algunos hermanos habían muerto de litis tuberculosa. No he descendido a la distinción de las diferentes clases de calentura por- que no las considero de mucha importancia para la elección de los me- dicamentos, aunque sí lo sea para el pronóstico. El curso de la enfermedad es mas o menos rápido y su duración desde algunos meses, a uno, dos o mas años. Se presentan algunas veces calenturas de un curso mui rápido y termina- ción fatal, cuyo asiento parece ser mas bien la sangre que los pulmones mismos, aunque en realidad no es así. Los síntomas culminantes son una fiebrecilla continua, con lijeras exacerbaciones; un calor abrasador en las entrañas y una sed insaciable; acón, ars., y canth., a dosis pequeñas y re- petidas, solos o alternados, me han producido siempre alivio. Cuando esta enfermedad ha llegado al enflaquecimieuto colicuativo, con sudores, diarreas, postración en la cama, etc., cuenta pocos casos de curación; yo solo he oblenido hasta ahora dos, uno en la Habana, en una señorita asistida largo liempo hacia por los primeros médicos, de la cual me encargué después de una junta en laque se confirmó ser una tisis tuberculosa en tercer periodo e incurable absolutamente; nuxv.y sulf. la curaron en poco tiempo. El enfermo de Sanliago no lo cito por si acaso él no lo tomase a mal. Pero aquí también hubo juntas a la que asistió uno de los catedráticos de la Facultad de Medicina, y en ellas se consideró el caso fuera de los recursos comunes. Vimos todos la espectoracion tuberculosa: sulf., cale y mere curaron radicalmente; van ya tres años y el enfermo está bueno; Tengo ademas, según aparece, curaciones en el primer periodo, en per- sonas que mis comprofessres creyeron tuberculosas. Indico ettos casos porque no se desespere de la curación, cualquiera que sea el estado del enfermo y el periodo de la enf rmedad. Los tónicos comunes y al frente de ellos el aceite de hígado de bacalao, veo que produce muí salifactorios resultados en manos de mis compañeros, lo cual no tiene nada de estraño, si consideramos que la calentura es siempre una debilidad esencial. Este trabajíto sobre la calentura, estoi mui distante de considerarlo acabado. PROLOGO. LXXX1 ENFERMEDADES DEL IHGADO. Llegamos por fin a la enfermedad por excelencia de Santiago; todos los padecimientos juntos que aquí se sufren no igualan en número ni en con- secuencia a la enfermedad del hígado. Los sufrimientos del pulmón son mui comunes, los del corazón mucho mas, pero los del hígado son en mayor número que todos ellos. Según mis observaciones, sufren del hígado en Santiago, calculando en grande y contando en números redondos, ochenta mil, de los cien mil habitantes que tiene la población. La enfer- medad del hígado la considero aquí en toda su estension y en todas sus variedades, desde el simple estado bilioso o de superabundancia de bilis, que poco o nada altera la salud, hasta la hipertrofia, la apostema y los cálculos biliarios. Una monografía o tratado especial de la enfermedad del hígado seria un trabajo digno de mis comprofesores, particularmente de los que llevan 2í) y mas años de práctica en la capital. Yo no voi a considerar aquí mas que las causas, las manifestaciones o síntomas de la enfermedad biliosa y el tratamiento homeopático, reserván- dome para otro tiempo acaso el hacer otra cosa mas completa. La hepatitis aguda o ataque violento y febril al hígado lo voi a dejar a un lado, \.° porque no es mui frecuente; y 2.° porque su tratamiento es mui sencillo y mui seguro en homeopatía: acón., cham., nux v., y sulf., bastan jeneralmente para curar pronto y bien esta enfermedad. Lo que importa saber curar es el estado crónico del hígado, ese estado que parece que no es nada y dura toda la vida. Sobre esto es sobre lo que yo llamo la atención y voi a ocuparme. Causas—1 .* la debilidad.—También la debilidad la cuento en los padeci- mientos del hígado como causa principal, o mas bien como una condición indispensable para que hagan mella las demás causas que voi a enumerar. El hígado necesita cierto grado de vida, de enerjía y de tono para segregar la cantidad de bilis necesaria a los actos dijestivos, cualesquiera que sean los estimulantes de su vitalidad, con tal que no recorran en poco tiempo una escala de muchos grados. La tonicidad funcional del hígado conviene que esté a cierta altura, para que la secreción biliaria no se altere, por el poco mas o poco menos estímulo de las cosas que habitualmente operan sobreestá entraña. Sí el hígado está mui débil, todo lo que llega al estó- mago, refiriéndonos solo a e¿te orden de causas, juega, por decirlo así, con la bilis o con el órgano que la produce; este no resiste la impresión que recibe y la debilidad misma convierte en bilis la gran cantidad de sangre que pasa por el órgano hepático. Por el contrario, un hígado entonado, con tal que esté sano, contiene su secreción biliaria en ciertos límites y no dá la bilis que le piden, sino la bilis necesaria para la dijestion de los alimentos. La práctica viene también en apoyo de esta teoría. En jeneral, los tónicos bien dirijidos hacen provecho a todas las enfermedades del hígado; yo no he visto, en mi numerosa clientela y en aquellos que me consultan solo por curiosidad, que les hagan daño los tónicos, mas que a cuatro o cinco en- fermos; y aun a estos creo que les hacen daño Ios-tónicos comunes, porque en un principio les irritaron su estómago con una medicación enérjica; pues veo que les sientan los tónicos homeopáticos. En uno de ellos, a quien le hacía daño el hierro y el sulfate, hice ia prueba de darle acónito, que es XI LXXXll PROLOGO. un remedio fresco, pero anübilioso, y vi con admiración que le había hecho daño, aunque mui pasajero. Idiosincrasia biliosa. — Llámase asila preponderancia vilal del órgano he- pático, que otros lo llaman temperamento bilioso. Es demasiado evidente y está al alcance de todo el mundo esta influencia, en pro de las enfermeda- des del hígado, para que me detenga a probarla. Plétora abdominal— Doi este nombre a la abundancia de humores en el vientre, así en el hígado como en todas las entrañas de esta cavidad. La circulación en esle caso es mas activa, las venas llevan al hígado mas can- tidad de sangre y de humores, sobre todo si el snjeto es comedor y el mo- vimiento orgánico del parénquíma hepático es mucho mas activo; de donde resulla la mayor disposición a enfermarse. Mal réjimen.—Aquí es donde yo he venido a conocer la inflnencia perni- ciosa de esta causa que, por ser tan jeneral en la capital, podemos llamar la causa santiaguina. El comer a toda hora, desde la mañana basta la noche, haciendo un revoltijo de alimentos lo mas incoherente que puede imajinar- se, es la costumbre que se sigue en todas partes. No hai horas para almor- zar, ni para comer, ni para cenar; o bien si en esto se signe algún orden, en los intermedios se come de todo lo que se encuentra a mano. El niño empieza el dia comiendo algo al instante que despierta; si se le viste ha de ser comiendo, si se te entretiene ha de ser con alguna cosa de comer, que tenga en la mano: llega la hora de almorzar y apenas prueba de lo que se pone en la mesa, a no ser quesea el té, la mantequilla, etc.; sigue el resto del dia como empezó la mañana y sude quedarse dormido con algo en la boca que lo entretenga. Esta costumbre viene desde mui chiquitos. Así que nacen, y a veces antes de lavarlos, ya se les pone el chupón en la boca: em- piezan después a mamar y siempre están con el pecho en la boca, fuera de las horas del sueño; si lloran, aunque sea por dolorcitos y no por hambre, allá vá el pecho; con nada parece que se les puede acallar sino mamando. Crece la criatura y va hemos visto lo que sucede; come de lodo: crece mas y se hace grande, y entonces pocas veces se tiene el estómago vacio a no ser que la naturaleza misma rechace lodo alimento. Esta continuidad de alimentarse pervierte las seci esiones del hígado y de todos los actos dijes- livos, que desde el primero, que es la masticación, hasta el último, son esencialmente intermitentes. El hígado, acosado por la continua necesidad de saturar los alimentos que llegan al duodeno (el primer intestino que es don- de desagua la bilis), trastorna el orden funcional a que Dios lo había some- tido y enpieza a enfermarse para siempre. La plétora abdominal y la idio- sincrasia biliosa dependen casi siempre de este desorden de alimentarse. Es- la causa ocupa un lugar preferente entre las que hacen enfermar al hígado. Las frutas.—Estas son muí ricas en la provincia de Santiago y necesita uno ponerse en guardia para no estar comiéndolas a toda hora. La fruta es un alimento sano y un recurso para los pobres en todas partes donde se dá con abundancia, pero aquí por lomarla verde y comerla hasta reventar, es causa de muchas lipidias y de muchos ataques al hígado. Aquí se llama fruta madura la que está pintona nada mas; y no creerían en otros países, como yo lo he visto en Santiago, en tiempo de brevas, que un brevero no venda su carga enlodo el dia si están bien maduras, y que las despacha luego si están liesecitas. Lo que de las brevas digo pasa con los durasnos, con las peras, etc. La frota verde, sobre todo cuanto se loma en gran canti- dad y se comea toda hora, aunque sean las doce de la noche, necesita para dijerirse una gran cantidad de bilis, obligando de este modo al hígado a que PROLOGO. EXXXIH aumente sus funciones secretorias, que es lo que constituye ya un primer grado de enfermedad. Dulces.—Con dificultad habrá un pais donde se consuma, proporcional- menie, mas azúcar y se coma mas dulce que en Santiago. El dulce se toma a toda hora, no solo los niños para quienes es veneno, sino los grandes. El desengraso es tomar una gran cantidad de dulce, jeneralmente variado, co- mo si fuma el único alimento. Personas hai cuyo alimento es un poco de asado y postres, frutas, dulces, etc. El dulce, casi todo se convierte en fle- mas, que necesitan una gran porción de bilis para dijerirse, lo cual obliga al hígado a funcionar como en un primer grado de enfermedad. Helados. — Los helados después de la comida o cuando la dijestion está a medio hacerse son perjudiciales al hígado, por cuanto interrumpen la di- jestion misma y alteran la secresion biliaria, iniciando así un primer grado de padecimiento bilioso. Los helados suspenden en su primera impresión las secresiones mucosas de las partes que atraviesan y del estómago, cuyo re- troceso de humores vá al hígado y le dispone a enfermar. Agua fria.— Obra del mismo modo que los helados, aunque en un grado inferior. La esperiencia nos enseña que el beber agua fria durante la comida o cuando la dijestion no está hecha, interrumpe esta función, lo cual no deja de afectar al hígado también. El agua fria en el estómago, bebida du- rante la comida, conjela la grasa que se ha tomado en los guisos, la apelo- tona en el estómago y hace que se demore la dijestion; y como todo retardo eu esta función perjudica al hígado, viene a convertirse en causa morbífica por esle medio, una cosa tan inocente, al parecer, como es el agua fria. Grasa.— El aceite de olivo y la manteca de chancho están desterrados aquí de nuestras cocinas, teniendo que hacer uso de la grasa de vaca, mez- clada con sebo, para todos los guisos, fritos y demás aliños que necesitan las cosas que comemos. Aunque esta sustancia parece inocente, como se usa en gran cantidad jeneralmente y tiene disposición a conjeiarse eu el estó- mago, su dijestion es diiícíl y obliga a que el hígado funcione con mas activi- dad de lo ordinario, constituyéndose así en causa morbífica de esta entraña. Agua de Sanliago.—Esta es de mui mala calidad poique o se loma barro- sa, lal como viene de Maipo, o se toma filtrada o destilada en nuestras piedras, privada del aire atmosférico, que es lo que la hace dijeslible. Eu el primer caso, el concho barroso que deja el agua en reposo, lo deposita en el estómago e intestinos, el cual, parle se absorve y vá al hígado; y par- te se ad'iiere al estómago e intestinos, para dificultar la secreción de los jugos necesarios a la dijestion, convirtiéndose de este modo en causa mor- bífica del hígado. En el segundo caso, es decir, cuando el agua está filtrada o destilada, y por consiguiente privada de su aire atmosférico, su dijestion es de lo mas penoso que puede imajinarse, lo cual como es sabido perju- dica al hígado. Para conocer lo mala que es el agua de Santiago, no hui mas que tener en cuenta lo siguiente. En todas partes las aguas de pozo son de inferior calidad y aquí son al contrario, mucho mejor que el agua des- tilada; es verdad que hai que tener en cuenta la corriente subterráuea que tienen las aguas, lo cual las hace mas saludables. Falta de condimentos.—Antiguamente, según los datos que yo he adqui- rido, se usaba ají picante en lodos o en la mayor parte de los guisos, lle- gando a tomarse por este medio una comida cálida, confórtame y iónica, que la hacia mas agradable y sabrosa que la del presente: privada como está de este y otros condimentos, que la hacen de fácil dijestion. La razón que yo veo para esle cambio, es la siguiente. A un médico de Paris se le LXXX1V PROLOGO. ocurrió decir un dia, que todas las enfermedades provenían de irritación: esta proposición fué probada entonces o al menos todos los médicos creye- ron que la habia probado, cuya creencia se esparció por todo el mundo, donde llegaron los apóstoles del nuevo Hipócrates. En Santiago se predicó esta doctrina y se creyó en ella, por cuya razón se desterró el picante y demás condimentos estimulantes, llegando a prepararse por esle medio una comida fria y pesada, como un plomo, en lugar de la cálida y tónica que se tomaba antes. Esla influencia llegó hasta Talca inclusive; es decir, hasta donde llegaron los médicos; porque desde el Maule para allá el picanle está en uso como aquí lo estaba hace cuarenta años. Cuando yo tuve el honor de acompañar, hace tres años, a S. E. el señor Presidente de la República, en su viaje a las provincias dd sud, hice esta observación. Las comidas que nos dieron en Raticagua, Rengo, San Fernando, Curicó y Talca, estaban to- das aliñadas con poco o ningún ají y otros estimulantes; pero lo mismo fué pasar el Maule y llegar a Longomilla, que se nos preparó una comida con tamo ají que parecía que tenia fuego. Desde Longomilla en adelante, el ají y los estimulantes se prodigaban eu las comidas a manos llenas, y cuál no seria mi sorpresa al ver que a lodos nos sentaban bien estas comidas cálidas, sin causarnos inflamaciones de las entrañas, como yo esperaba que sucedie- ra, ni aun a los mismos enfermos que llevábamos en la comitiva. Todo lo cual me llamó mucho la atención y no he cesado desde entonces de hacer mis observaciones sobre este particular. La comida sin estimulantes tarda mu- cho en dijerirse, y es'uiia causa poderosa de enfermedad al hígado. Por ser esclusivameme mias estas ideas y estaren oposición con las que veo profe- sar a todo el mundo, no las emito, sino después de numerosas observacio- nes y de mucha meditación. Comer demasiado.—La demasiada cantidad de alimentos en una sola comi- da, llenando el estómago hasta que no cabe mas, hace las dijesliones difí- ciles, y el hígado tiene que funcionar doblemente para saturar de bilis el alimento, lo cual es ya un principio de enfermedad. El alimento debe to- marse lo bastante para vivir y que nuestra regla de conducta en la mesa sea, comer para vivir, y no la contraria vivir para comer. Mala masticación.—La mala dentadura, que en Santiago es mui común, hace que no se puedan mascar bien los alimentos, y que lleguen al estóma- go lal y como vinieron a la mesa. Esta circunstancia hace que el estómago ejecute dos funciones, la suya propia y ia de los dientes, lo cual retarda mucho la dijestion y refluye sobre el hígado esta demora, obligándole a que prolongue su función. Bebidas a medio fermentar. — Las diferentes clases de chicha, los vinos del paisa medio fermentar, y los vinos estranjeros aliñados en Valparaíso, de- sarrollan una gran cantidad de gases en el estómago e intestinos, cuya cir- cunstancia, flatulenia en alto grado, altera la secreción biliaria y dispone a la enfermedad del hígado. Mate.—El uso del mate, particularmente en ayunas, con mucha azúcar y pan de lújente, produce una gran cantidad de flemas y estimula altamente la secreción de la bilis, llegando a constituir por esle medio uu primer grado de sufrimiento hepático. I so de remedios. — Entre las poderosas causas de que el hígado sufra tan- to en Sanliago, cuento, como una de las principales, el uso diario de medi- cinas, desde que se nace hasta que se muere. No he visto ningún pais, ni tengo noticia de que lo haya en el mundo, donde se lome mas remedios que en Santiago. Pura cualquier indisposición, por insignificante que sea, PROLOGO. LXXXV alia van drogas y mas drogas al estómago, sin reflexionar que los pequeños males está encargada de curarlos la ;*áb¡a naturaleza. Los remedios que entran en el estómago, van todos al hígado o influyen sobre la secreción de la bilis, como los purgantes; cuya circunstancia activa las funciones bilia- rias y dispone el hígado a enfermarse. Vomitivos.—-Eslos, dicho se está por sí mismo, al hígado van a parar, y no hacen buen efecto sino cuando se arroja con ellos una gran cantidad de bilis. Por de pronto, el hígado queda desahogado y el estómago limpio, pe- ro al día siguiente tenemos la misma ocupación o mayor aun, porque el im- pulso secretorio, que recibió el hígado, de los vomitivos, sigue todavía y la cargazón aumenta. Purgantes.—De los vomitivos se hace uso mediano en Santiago, pero de los purgantes se hace el mayor abuso que yo he visto. No tanto culpo a quien aconseja los purgantes, sino a los mismos enfermos y allegados, que se empeñan en que se les recele siempre purgantes. Esta es una me- dicina que todos los pacientes reciben a gusto, y cuando les hace obrar bastante, aunque estén peor de sus males, ellos se hallan muí satisfechos. Cualquier medicina, aunque sea buena, la suelen rechazarlos enfermos, pe- ro los purgantes rara vez o nunca. Eu diciéndoles que su enfermedad con- siste en una cargazón de bilis y flemas o en un ocupación de los intestinos, y que, para sacarlos, es necesario tomar unos purgantítos, aunque sean inedia docena, sedan por mui satisfechos y aceptan la medicación. Los pur- gantes obran todos sobre el hígado y lo disponen a enfermarse, corno una poderosa causa morbífica. Mercuriales. — El mercurio, bien como preparativo la noche anterior, bien como ayudunle de la purga, se dá con tanta jeneralidad y profusión que yo no sé, corno no se mueren todos los enfermos. Es verdad que la fetidez de su aliento, la boca corrompida, la dentadura en el aire o picada, y su con- tinuo sufrir del hígado, indica que no han tomado impunemente el mas per- judicial de lodos los medicamentos conocidos. Es tama la influencia que el mercurio tiene sobre el hígado que, el que quiera estar enfermo de esta entra- ña, no tiene mas que tomarlo de cuando en cuando, aunque no sea mas que como preparativo, y halagado con la ¡dea de que el purgante del dia siguien- te se lo hará botar. El mercurio, una vez que se apodera del organismo, no sale jamás, ni con todos los purgantes de la droguería, ni con todos los sudores que se pueden tomar en los baños de Chillan o de Cauquenes. Lavativas.— También las lavativas, por el estímulo que producen en el rec- to, cuyas simpatías con el hígado son tan conocidas, aumentan la secreción de la bilis y disponen al hígado a enfermarse. Almorranas.—Esta enfermedad, que suele ser nada mas que un síntoma de padecimiento al hígado, se convierte a su vez eu causa morbosa de esta entraña, por el estímulo secretorio que produce en la función biliaria. Los remedios estemos, que se aplican a las almorranas, si calman la irritación de estas, perjudican al hígado, porpue refluye a él la vilalídad hemorroidal, que estaba acumulada en el recto. Tanto peor son los remedios eslos para el hígado, cuanto mus bien hacen a las almorranas. Disenteria.—La irritación intestinal, que acompaña a la disenteria, y sobre todo, la del intestino recto, determinan simpáticamente un aumento de se- creción biliar que, continuado por algunos dias, semanas, etc., produce una afección hepática, mas o menos grave, que dura mucho tiempo, y es causa a su vez de que se reproduzca la disenteria bajo el aspecto bilioso. Supresión de diarreas.—La supresión ¡ntespesliva o repentina de una dia- LXXXVI PROLOGO, rrea, sobre todo en los niños cuando están dentando, es tina causa poderosa de enfermedad al hígado o al cerebro, porque refluye a estas entrañas la irritación intestinal, que producía la evacuación. Supresión de erupciones.—La desaparición de cualquiera humor cutáneo, bajo la influencia de ciertas pomadas o de otros remedios, aunque sean pur- gantes, suele traer consigo afecciones hepáticas, tanto mas rebeldes, cuanto es mas difícil el que vuelva a su lugar primitivo el humor cutáneo. Lombrices.—Los vermes intestinales, cualquiera que sea el punto que ocupen, estómago o intestinos, irritando la mucosa, aumentan la secreción biliar y disponen a las enfermedades del hígado. Golpes, caídas, ele—Las lesiones traumáticas del hígado son causas de- terminantes de su influencia, pero esta entraña tiene ademas la particula- ridad que no tiene ninguna otra, cual es la de afectarse por golpes que se reciben en partes mui lejanas, como en la cabeza, o por caídas, que magu- llan el cuerpo a mucha distancia del hígado. Los golpes y vueltas de a caba- llo son mui apropósito para conjestionar el hígado e inflamarlo. Enfriamientos y constipados.— Esla es una causa poderosa de enfermedad al hígado; la supresión de la traspiración refluye sobre el hígado, lo mismo que cualquier enfriamiento por variación de temperatura o por tomar una cosa fria, aunque sea fruta, estando el cuerpo acalorado. Todos los autores dan importancia a esle orden de causas, pero no creo que en ningún país se puedan apreciar mejor sus efectos que en Santiago. Constipados hai pu- ramente del hígado, sin tos, sin romadizo, sin dolor a los huesos, etc., que se curan, o se alivian al menos, guardando abrigo y sudando. Los cons- tipados al hígado, yo no los habia visto mas que en Sanliago, los cuales, si se descuidan o no se conoce la causa, se convierten en padecimientos crónicos que duran toda la vida; porque un constipado del hígado mal cu- rado, tiene ios mismos resultados que uno del pulmón. Afecciones morales.—Las incomodidades, las rabias, la ira, el despecho y todos los arranques del ánimo que conmueven d espíritu, refluyen mas o menos sobre el hígado, donde parece que tienen su asiento y morada natu- ral. Los afectados del hígado por estas causas, parece que tienen su órgano de percepción en el hipocondrio derecho, donde van a impresionar las mas pequeñas incomodidades. Cuando estas se tragan, sin el consuelo del desa- hogo, se convierten en veneno para la bilis. Esla adquiere cualidades irri- tantes, y el hígado del pobre enfermo esquíen lo paga. Trabajos intelectuales.—El estudio y la meditación tienen sobre el hígado una influencia morbosa, apreciada en lodos tiempos. Parece que el cere- bro en estas circunstancias, atrayendo hacia sí indas las influencias vitales, dificulta ia secreción biliaria y deja que esta se eslague en el hígado, convir- tiéndose de este modo en una poderosa causa de enfermedad biliosa Vida sedentaria.—El modo de obrar de esta causa morbífica, se parece al de la anterior; también en esta circunstancia la bilis no se segrega con fa- cilidad y se queda reposada en el hígado, paria convertirse en una especie de espina o cuerpo estraño, que lo irrita e inflama. Para que el hígado funcio- ne bien, necesita un reposo completo del cuerpo y del espíritu, como en el sueño, o una suave ajitacion jeneral, como la que resulta de un paseo a pié, conversando agradablemente con unos amigos. Andar a pié.—Las señoras, acostumbradas como están al poco ejercicio, se resienten mucho del hígado, cuando andan a pié unas cuantas cuadras. El peso del hígado, aumentado como está de volumen, no teniendo en que apoyarse, gravita perpendícularmente y se resienten todos los ligamentos PROLOGO. LXXXTI] que lo sostienen en su lugar, poniendo delicadas las partes y aumentando el dolor. Cargar macha ropa.—Ya en otra parte hemos hecho mención de esta cau- sa, según la cual las muchas enaguas que llevan las señoras, lastiman el hígado, y hace que se resienta toda su sustancia parenquimatosa. Hincarse o ponerse de rodillas. — Esta postura, la mas violenta que puede adoptarse para el hígado, es matadora en los padecimientos de esla entra- ña. Estos tres órdenes de causas se parecen mucho en su modo de obrar, y la última no deja de ser aquí una causa bastante jeneral. Otras enfermedades.—Los padecimientos de los órganos vecinos al hígado o de los que con él lienen muchas simpatías, son causa también de la en- fermedad hepática. Clima.—Los autores señalan un clima cálido como la influencia mas po- derosa de enfermedad al hígado, pero en Santiago fdízmenle no tenemos que sufrirla. Edad y sexo.—La edad adulta es en todas partes, y el sexo femenino en la época crítica, los mas dispuestos a sufrir del hígado; pero en Santiago padecen a corta diferencia lo mismo uno y otro sexo; y en cuanto a la edad desde mui niños se empieza a padecer. Yo he reconocido hipertrofias en los niños a los siete meses de edad y aun a los seis. Indicadas ya las principales causas de los padecimientos del hígado, aun- que no agotado su estudio, pasemos a considerar sus manifestaciones o sín- tomas. Síntomas de las enfermedades del hígado,—Dolor.—El dolor es uno de los síntomas que aparecen primero yque acompaña a la enfermedad en todos sus períodos, sin que jamás le abandone. El dolor se siente en toda la re- jion que ocupa el hígado, o bien un poco mas arriba o un poco mas abaja. Criando ocupa la rejion posterior es común que se eslienda a lo largo del pulmón derecho, hasta la paletilla esclusive, o inclusive otras. Cuando ocu- pa la rejion lateral o la anterior, suele también propagarse hacia arriba, pero no tanto ni tan frecuente, como cuando ocupa la parte posterior. El dolor se propaga también hacia abajo hasta la mitad del vientre, y hasta el hueso de las caderas, por los lados y por atrás. Cuando el dolor se eslíen- de hacia arriba por contigüidad de órganos, lo verifica, conservando su mayor intensidad en el mismo hígado y disminuyendo hacia la periferia; mas cuando lo hace hacia abajo, no siempre es así: el dolor es algunas ve- ces mas intenso fuera del lugar que ocupa la entraña; y aun algunas veces, hai muí poco o ningún dolor en el hígado, y sí lo hai un poco mas abajo, en circunstancias que todos los síntomas de la enfermedad revelan un pa- decimiento hepático. El dolor salta a veces a parles distantes, dejando ¡le- sos los órganos intermedios: yo lo he observado mas de quinientas veces en alguno de los puntos siguientes: 1." en la islilla o rejion supra clavicular; 2.° en la articulación del hombro; 3.° en la paletilla solo y no en la articu- lación del hombro; 4.° en la articulación dicha y en la paletilla; 5.° en el brazo derecho, desde el hombro hasta el codo; 0.° en toda la estremidad derecha, hasta las últimas falanjes de los dedos inclusive; 7.°'en la articula- ■cion de las caderas con el muslo; 8° en el muslo hasta la rodilla inclusive, y no mas abajo; 9.° en toda la estremidad derecha inferior, basta el pie inclusive; 10.° en lodo el lado derecho, incluyendo ambas estremidades. En todos estos casos la enfermedad del hígado era evidentísima y se podía diagnosticar, prescindiendo absolutamente de todos los dolores simpáticos. Es muí frecuente en el estado crónico encontrar estos dolores simpáticos, qtU3 LXXXVItt PROLOGO. los ve uno disminuir y desaparecer según los progresos que hace la cura- ción hepática. Cuando existen estos dolores simpáticos, hai siempre o casi siempre dolor al hígado; es común que se estiendan mas en la estremidad superior, en parte o en todo, que a la inferior; suelen aparecer en una estremidad y no en otra; yo he visto dos casos de existir solo el dolor en la esiremídad inferior. Eslos dolores simpáticos parece que lienen su asiento en el centro mismo de las articulaciones y a lo largo de los huesos. Cualquiera que sea la naturaleza de los dolores hepáticos y cualquiera que sea la enfermedad del hígado, todos los dolores simpáticos tienen de común, el que se parecen a un quebrantamiento, molimiento o caimiento de Ja parte que ocupan. Los pacientes se acusan de estos dolores, diciendo que tie- nen caído el hombro o caído el brazo; pesada la pierna o caída la pierna o que tienen caído y sin fuerzas todo el lado; que no pueden tomar la aguja o la pluma en la mano, que llevan la pierna a la rastra, etc. Esto es por lo que hace a la estension del dolor que por lo que hace a su naturaleza, tiene infinitas variedades, siendo las principales, las que siguen: Dolor quemante o ardor al hígado.—Se siente en la misma parte del higa- gado, hacia el lado, mas bien que airas o adelante, y ocupa a corta dife- rencia la estension de la mano. Parece que tiene su asiento en la superficie del hígado y se alivia con la aplicación de cosas frías a la parte afecta: acón., am. e, ch., kal., labry., mere, stann., ele, son los remedios que convie- nen a este síntoma. Dolor constrictivo o de prendimiento.—Este dolor es mui común en las enfermedades que se sufren en Santiago. Suele ocupar toda la estension del hígado, y se propaga con frecuencia al estómago y a una parte del vientre o del costado: nux. v., es el que yo he visto mas eficaz, y después sulf., puls., acón., bell., carb. an., chin., etc. Dolor punzante o de clavo. — También este dolor es muí común. Convie- nen para este síntoma acón., bri., cale, carb. v., caust., chin., kal., lie, nux. v., mer., sep., sulf., etc. Para las punzadas pasajeras convienen los mismos remedios y algunos mas como mag. e, magn. ni., natr. e, natr. m., etc. Dolor presivo o como si apretaran el hígado.— Convienen acón., am. c, anae, arn., cale, carb. an., carb. v., chin., con., nux v., phost., stann., sep., sulf., etc. Dolor pulsativo o como si estuviera madurando alguna cosa.—Convienen nux v., sep., sil. Dolor incisivo o como si estuvieran cortando o revanando el hígado.— Convienen carb. an., lach. Dolor de escoriación o de ulceración o como si el hígado estuviera lasti- mado.—Convienen lact., sabad., sil. Dolor al hígado, que se parece a un calambre; phosf., ae Dolor sordo y constante al hígado; hyose, acón., amb., dig., nux v., mere, etc. A veces parece que hai una venda al rededor, en cuyo caso conviene con. o lie; en otras ocasiones es tan variable y tan raro que los pacientes no pueden compararlo a ninguna cosa conocida, sino al dolor mismo. En este caso conviene elejir el remedio según el resto de síntomas. Hinchazón al hígado (hipertrofia).—La hipertrofia del hígado se considera en homeopatía como un síntoma de la enfermedad y no como la enfermedad PROLOGO. LXXX1X misma. Esta es siempre dinámica o vital y sus síntomas son dolor, hiper- trofia, secreción aumentada de bilis, etc. Cuando el síntoma hipertrofia se presenta en un padecimiento hepático y las circunstancias del caso exijan que se atienda a él con preferencia, con- vienen acón, ars., cale, cann., chim., graph. lie, magn. e, magn-m., mere nux v., sil., sulf., ele Aumento de secreción biliaria.—El aumento de bilis es uno de los sínto- mas mas constantes de la enfermedad que nos ocupa; unas veces se re- tiene en el mismo órgano y forma una conjestion biliosa, que se derrama por cámaras o viene al estómago y se presenta en el vómito. El acón., el mere, la nux v., sulf., son los medicamentos que pueden correjir mejor esta disposición. Diarrea biliosa o bilis por el ano. — Sí la bilis es amarilla convienen, ars., asaf., cham., chin., coce, coloe, ign., ipec, magn. m., mere, natr. e, phosf., plumb., puls., etc.; si la bilis es verdosa, conviene am. m., ars., bell., cantb., cham., coloc. dulc.', hep., ¡pee, magn. e, mag. m., mere, nux v., phosf., puls., sep., stann., sulf., veratr., etc.; si la bilis es oscura y negrusca, convienen agar., amb., ars., asa f., camph , dulc, magn. e, magu. m., ipec, mere, op., phosf., sulf., veratr., etc. Si la bilis se retiene en el hígado y el escreinento es blanquecino, con- vienen, acón., ars., bell., cale, caust., chin., cham., cin., colch., dig., hep,, ign., mere, nux v., puls., sulf., etc. Si la bilis no corre bien y hai estitiquez, convienen ars., bri., cale, cann., caust., con., graph., lach., natr. m., nux v., jflp., plat., puls., sep., staph:, sulf., veratr., etc. Si por no correr bien la bilis, el escremento es duro, conviene acón., agar., am.e, am. ni., ant., asa., bri., cale, coce, con., hep., ign., mere, nux v., plumb., sil., sulf. Si por la misma causa el escremento sale en forma de pelotillas (escre- mento caprino) conviene, magn. m., plumb., sep., bar. e, carb. am., caust., cale, graph., plumb., sil., stann., sulf, etc: Sí por la misma causa, la necesidad de obrar se presenta, pero sin re- sultado, conviene anae, arn., carb. an., caust., ign., lie, mere, natr. c.t natr. ?n., nuxv., sep., sil., sulf. Si por la misma causa, el vientre anda perezoso, convienen am. e, hyose, lach., magn. m., nux m., phosf, rhus., sep., sil., staph. Si por la misma causa el estreñimiento alterna con la diarrea, convie- nen, ant., bri., lach., nux v., rhus., etc. Si la bilis se presenta por vómitos amargos, convienen acón., ant., ars., eann., cham., ipec, nux v., phosf., puls , sep., sulf., etc. Si la bilis vomitada es verdosa, acón., ars., cann., ipec, lach., lie, phosf., plumb , puls., etc. SiJa bilis vomitada es negruzca, art., cale, chin., ipee, nux v., phosf., plumb., sulf., veratr., etc. Sí la superabundancia de bilis se manifiesta bajo un gusto mui amargo, convienen acón., ant., arn., bri., cale, carb. am., carb. v., cham., chim., lie, natr. e, nux v., puls. sil., veratr., etc. Si la bilis se presenta en la lengua bajo de una capa amarillenta, con- vienen bell., bri. cham. chin., coce, coloc, ipec, nux v., plum., puls., veratr., etc. Sí la bilis se présenla en el culis y en los ojos bajo la forma de ictericia, xu XC PROLOGO. convienen mere, chin,hep., lach., nux v., sulf., bell., cale, ars., acón., carb. v., dig. etc. Si se presenta en la orina, dándole a esta un color ictérico o amarillento, conviene ngar.,carb. v., cham, natr. c, veratr. Si la bilis afecta al ánimo y pone colérico y violento al paciente, convie- nen acón., bri., nuxv., ars., cham., sulf. coloc, coce, ele Si la bilis pone al enfermo triste y melancólico, conviene nux v., sulf., ign., staph-, etc. Si el estado bilioso quita la gana de comer, convienen ant., arn., bri., cale, chin., hep., mere, nux v., puls., sulf., etc. Si el estado bilioso retarda la dijestion y la hace pesada, difícil, flatolen- ta, convienen arn., bri., cale, carb. v., chin., lach., natr. e, natr. m., mere, nux. v., puls., sep., sil., hep., ¡ulf. Si el agua fria es lo que mas daño le hace, convienen ars., caps., cham , chin., natr. e,nux v., sulf, etc. Para los demás estados gástricos consúltese la medicina doméstica. La fatiga o acabamiento al estómago depende de la presencia de la bilis en esla entraña y el acónito es buen remedio. Para tos padecimientos hepáticos, que afectan los órganos respiratorios y circulatorios, nos referimos a lo que se ha dicho ya hablando de sus en- fermedades. El agrietamiento délos labios y el desprendimiento del cutis, de tas pal- mas de las manos, en partes pequeñas, revelan jeneralmente un estado crónico del hígado y reclaman, sulf., cale, graph., etc. Para el ardor de las manos y pies, y para la frialdad de estos, que tam- bién se presentan en las enfermedades del hígado, nos referimos a lo dicho en las del pulmón. En la cabeza se presentan también dolores simpáticos para los que con- vienen consultar acón., bell., mer., nux v., puls., ele Las almorranas sintomáticas de una enfermedad del hígado, reclaman principalmente, nux v. y sulf., y también acón., ant., ars., bell., cale, carb. v., caps., cham., ign., puls., etc. Lo dicho hasta aquí se refiere principalmente al estado crónico, que es lo que se sufre en Sanliago; los ataques al hígado violemos son fiebre alta, ect., se presentan pocas veces y ya hemos dicho que su curación es mui sencilla, con acón., nuxv., cham., sulf, etc. Sí una enfermedad del hígado ha terminado por supuración y se forma una apostema, lach. es soberano, y también sil. y sulf., para favorecer su resolución o el que esta se abra paso al esterior sin comprometer la vida. Si junto con un padecimiento del hígado se presentan señales evidentes de cálculos biliarios, bien porque se arrojen algunos de estos o porque el curso y tenacidad de los dolores así lo indiquen, junto con otros síntomas, convienen dos clases de medicación, una durante los dolores, y otra en los intermedios. Durante los dolores conviene elejír el medicamento, según los síntomas que se presenten, que jeneralmente corresponden a bell., mere, nux v., cham., coloc, y sus semejantes; pasado el ataque conviene su//"., nux v., lie, cale, y algún otro según los antecedentes del enfermo. Cham. me calmaba en el acto los violentísimos dolores calculosos de una paciente, cuyos gritos se oían a mucha distancia; p3ro reaparecían mas tarde y al fin no sirvió ya cham.: nux v. me hizo lo mismo, aunque no tan pronto el efecto, pero la calma era por mas tiempo; ars. producía igual efecto y demoraba el ataque algunos meses. Al fin todo fué inútil; los cal- PROLOGO. XG1 culos no pudieron salir de la vejiga de la híel y terminó mal el caso: treinta y dos gruesos cálculos formaban el depósito. En otro caso, los padecimientos se prolongaban indefinidamente y a las primeras dosis de nux v. y de sulf. alternados, el paciente empezó a arro- jar cálculos hasta el número de cuarenta próximamente, de lodos tamaños. El paciente sanó radicalmente al parecer. Este enfermo, que padecía del hígado hacia mucho liempo, lomó dos años antes del último ataque, en otro parecido, nux v., y el mal desapareció por entonces, sintiéndose los efectos del medicamento en los primeros instantes de haberlo tomado. Otros casos he tenido que han pasado los ataques con alguno de los medicamentos dichos, pero no se ha confirmado la existencia délos cálcu- los en las deposiciones. Reasumiendo ahora las indicaciones que corresponden a cada medicamen- to, resulta: que el acón, debe emplearse al principio del ataque, sobre to<« do cuando hai fiebre o irritación; es uno de los medicamentos antibiliosos por excelencia que basta por sí solo para disipar muchos síntomas o para preparar el camino, y que otro remedio haga el bien; cuando hai fatiga, causada por la presencia de la bilis en el estómago o bien que haya vómitos biliosos y verdosos, o que la bilis eslé retenida en el hígado, presentándose blanquizco el escremento, acón, repetido sienta muí bien. El dolor queman- te, las punzadas, la presión y la delicadeza del hígado corresponden al acón. Nux vómica. — La esfera de acción de este remedio es muí estensa, así en el esiado agudo como en el crónico. Está indicado cuando el hígado se halla sensible a lodo contacto ya cualquier movimiento, aun los de la respi- ración; cuando los dolores del hígado son pulsativos, lancinantes, presivos y tensivos; cuando los dolores se eslienden al hombro y brazo derecho, hasta la mano; y lo mismo a la estremidad inferior; cuando el hígado está hinchado y duro; cuando la bilis no corre bien por los intestinos y se pre- senta la estiliquez, el conato inútil de obrar y el escremento es duro; o hai alternativas de estreñimiento y diarrea; o inapetencia, gusto amargo y vó- mitos de bilis, almorranas, humor bilioso, etc. Sulfur.—Su esfera de acción es, cuando hai tirantez, presión, tensión y punzadas en la rejion del hígado; cuando los dolores se estienden a la es- tremidad superior e inferior derecha; cuando hai plenitud, pesadez y ocu- pación en la boca del estómago e hipocondrio; cuando hai estreñimiento y deposiciones duras, nudosas e insuficientes; deposiciones blanquizcas, ver- dosas; almorranas que dan sangre; olor fétido de la boca, sabor malo y amargo, inapetencia, dijestion mui difícil; vómitos amargos, negruzcos, etc. Sin usar estos tres medicamentos, yo no podría curar en Santiago, sino un reducido número de enfermedades del hígado, porque apenas habrá un caso en que no estén indicados, uno u otro o los tres alternativamente. De cien casos en que se administren en Sanliago para esta enfermedad, ten- dremos por lo menos alivio en los noventa. Podría presentar ahora la cuestión de si es o no curable en Santiago Ta enfermedad del hígado. Mas ya se despreude naturalmente la contestación de las consideraciones que preceden. Creo, pues, que todas son curables, cuando se medicinan con tiempo y es bien dirijido el tratamiento homeopático, separando por supuesto las causas de la enfermedad. XCII PROLOGO. CAUSAS DE LA DEBILIDAD. Hemos visto que la causa primera, y la fundamental por escelencia, del ataque al cerebro en los niños, y de las enfermedades del corazón, del pul- món y del hígado, es la debilidad, unas veces como causa directa y olías como una condición indispensable para que hagan mella en los órganos los demás ajenies morbíficos. Fáltanos, pues, para completar estas ideas, indi- car las causas de la debilidad, lo cual voi a hacer de un modo mas rápido de lo que yo deseo, atendida la importancia del asunto. Herencia.—Es una lei de la naturaleza orgánica el que, de una mala se- milla, sembrada en un terreno, malo también, no puede resultar una planta jigantesca. Y lo que en las plantas vemos, se observa en los animales do- mésticos, en los ganados y, en jeneral, en lodos los animales. La especie humana, en su reproducción, obedece a la misma lei que los anímales y las plantas. Los hijos de padres achacosos nacen enfermizos, y los de padres robustos, jeneralmenle vienen al mundo con todas las señales de una larga viavilidad. Esto, que es la lei jeneral, en lodos tiempos y países, lo vemos confirmado en Santiago. Las criaturas nacen todas, salvo alguna que otra excepción, con señales evidentísimas de una debilidad radical. La primer señal de debilidad, aun en medio de la robustez aparente, que presentan los niños es, el estado flalulento de su vientre; mas tarde, el entorpeció miento de su dijestion, con alguna tendencia a la estitiquez; tendencia que suele quedar para toda la vida; mas adelante, se presentan, como señales de debilidad, un temperamento linfático, la predisposición escrofulosa, la impresionabilidad a las causas morbíficas, y la frialdad de pies, que tam- bién suele durar toda la vida. Desorden en las horas de tomar alimento.—De esta causa ya nos hemos hecho cargo, hablando del hígado, y nos volveremos a ocupar de ella en las reglas hijiénicas. Aquí solo diremos, que este desorden gasta las fuerzas dijestívas; del mismo modo que el mucho leer a poca luz gasta la vista, y que se agota la facultad jeneratriz con los goces continuos. Uso prematuro de alimentos pesados que gastau la fuerza dijestiva.—No es la misma la lei del estómago, en su dijeslibilidad, que la de los músculos en sus movimientos. Piensan muchos, que asi como los antiguos esparla- nos adquirían una constitución atlética con los ejercicios jiniuástícos, así también puede tenerse un estómago robusto, acostumbrándolo desde mui temprano a dijerir alimentos pesados. De aquí la costumbre de cargar el tierno estómago de un niño con las cosas mas indijestas que comen los adultos. Esta costumbre consume en poco tiempo las fuerzas dijestívas y, en lo sucesivo, no puede bastar para proporcionar el nuirimenlo necesario de los órganos; de lo cual resulta una debilidad conslaute por ¡uanicion y falta de alimento. Abuso de las frutas y helados.—Todas las frutas, si exceptuamos las- nueces y los higos secos, son alimentos frios y esencialmente debilitantes. El uso o mejor el abuso que de ellas se hace en Santiago, causa lipidias, llena de flato y debilita en el mas alto grado, proporcionando a la sangre y a los órganos, en lugar de un qnilo reparador, un quilo acuoso que lleva la debilidad a todas partes. Los helados, entorpeciendo la dijestion y sus- trayendo una gran cantidad de calórico al estómago, vienen a debilitar del mismo modo. PROLOGO.. XC5I1 Dulces, bollos, rosquilas, pan de huevo, etc.—Todas estas sustancias son flemosas y biliosas en el mas alio grado, cuyas flemas y bilis, ocupando el estómago y los intestinos, quitan la gana de comer, entorpecen la dijestion de los buenos alimentos y debilitan de este,modo el horganismo. Té, café, mate y aguas calientes.— Estas bebidas agradables y que sientan bien cuando la comida es una alimentación sustanciosa, se convierten en ajentes dañinos, debilitanies, cuando de ellas se hacen un abuso tan grande como el que aquí vemos todos los dias. La comida sin condimentos.—Ya en otra parle nos hemos hecho cargo de esta causa, ia cual es una de las mas poderosas de la debilidad que se sufre en Santiago. Enorme cantidad de alimentos.—Creo que con el alimento que se consu- me en Santiago, podria mantenerse bien una población de trescientas mil almas. Si el autor del ensayo sobre el principio de la población Malthus, hubiera escrito su libro en Santiago, en lugar de haberlo hecho en Ingla- terra, otros hubieran sido sus cálenlos sobre el crecimíenlo de la población. Los muchos alimentos, no robustecen, sino al contrario, debilitan masque los pocos, con lal que no pasen de cierto límite. Uso prematuro de remedios.—Podemos asegurar sin temor de equivocarnos que, por la via dijestiva, entra la debilidad en el organismo, mas que por ningún otro sistema; y si los alimentos, cuando son ¡ndijestos o se toman en mucha cantidad, debilitan en alto grado, gastando las fuerzas dijestívas ¿qué no harán los remedios, sobre lodo los vomitivos y purgantes? Creo que esta causa es una de las mas destructoras de la vida y una de las mas causantes de enfermedades, por la circunstancia especial de usarlos desde que se nace. El agua bautismal de la criatura suele ser un purgante de aceite o un chupón antiflalulento. Abuso de remedios durante el curso de la vida.—Como si fuera la cosa mas natural del mundo, lo mismo se loman aquí las medicinas de enero a enero que si fueran alimentos; cuando no son vomitivos o purgantes, son las pildoras A. o B , o lavativas o cualquiera otra droga venenosa; todo lo cual debilita o destruye el estómago y aun la vida. La jestacion mui repelida.—Acaso no hai pais en el mundo, donde la mu- jer sea tan fecunda como en Chile, y sabido es que ios muchos partos acaban y destruye la naturaleza. Lactancia. — La lactancia es en todas partes una causa poderosa de debi- lidad, y siéndolo en todas partes, con mas razón en Santiago, donde la naturaleza es de suyo ya mui débil. La comida de viernes.—El único alimento regular que tenemos en Santia- go es la carne de vaca, y como en las vijilias nos privamos de él, el resto de la comida es altamente flatulenta y debilitante. Los ayunos. — Eslos son, no diré causa debilitante, sino la muerte del cuerpo, y todos ios años mueren personas excesivamente piadosas, víctima de los ayunos llevados al eslremo. Aire impuro.—El aire privado de una gran canlidad de oxijeno por los miasmas que lo alteran, es una de las causas mas destructoras de nuestra salud en Santiago. Ya eu otra parle nos hemos hecho cargo de esla cir- cunstancia. Uso prematuro de los órganos de la jeneracion y abuso de los mismos en los primeros años de la pubertad.—Como esta causa se refiere solo al sexo mas- culino, no hago mas que indicarla porque con esto basta para que se mo XCIV PROLOGO. comprenda. Después de la via díjesliva, este es el otro camino por donde mas se debilita la organización. Aunque hai otras causas de debilidad en Sanliago, las principales son las indicadas, y para mas pormenores puede verse la eliolojia del cerebro, co- razón, pulmón e hígado. De modo, que sí se me pregunta, el por qué en Santiago hai tantas en- fermedades, contesto; porque la naturaleza es mui débil. Y si se me exije que enumere las causas de la debilidad, digo, que son, la herencia, d continuo y mucho comer, el gastar las fuerzas dijestívas an- tes de tiempo en los niños, con alimentos indijeslos, el olvido del condi- mento antiguo (ají picante), el abuso de alimentos fríos, (como las frutas), el uso de remedios, particularmente los purgantes; el aire cada vez mas impuro que se respira en la población, ele Aun queda otra cuestión que resolver, a saber: ¿es ahora la población mas enfermiza que ahora cuarenta anos? Mi esperiencia personal no alcan- za, afortunadamente para mí, a esa fecha; pero la razón y los datos que he recojido me permiten resolverla desde luego. Anteriormente, las costumbres eran mas sencillas, las afecciones mora- les que ahora juegan lanío en la producción de las enfermedades, se han aumentado mucho, las comidas no eran acaso tan variadas y eran mas tó- nicas, aliñadas como estaban con su picante correspondiente; era descono- cido el té, que aquí hace tanto daño; el aire que se respiraba era mas puro; porque la población uo estaba tan estendida; la vejetacion del llano de Santiago era distinta; pues al sano espino se ha sustituido el álamo, que acaso sea enfermizo, y por último, a la clara agua de Mapocho, ha reem- plazado el barroso Maipo. Por todas estas razones, y acaso porqus las cos- tumbres no son tan puras, y porque el vicio venéreo se haya estendido mas, Santiago es mas enfermizo. REGLAS DE HIJIENE INDIVIDUAL, RELATIVAS AL APARATO DIJEST1V0. Alhnenlividad.—Así llaman los Frenólogos al instinto, impulso interior, propensión o inclinación de alimentarse que tienen los animales y el hom- bre, desde el momento que nacen. En virtud de este instinto, el niño y los mamíferos loman el pecho luego que vienen al mundo, el polluelo pica el trigo y no ios granos de arena, los rumiantes comen la buena yerba en un potrero donde el pasto saludable está mezclado con el venenoso, etc. Esle instinto nos acompaña toda la vida, y sino fuera por él sucumbiríamos de inanición, distraídos con las obligaciones continuas, que reclaman nues- tra presencia en todas partes. Cuando en una enfermedad se les toma odio a los alimentos, porque el órgano de la alimentividad participa del con- sensus jeneral, hai otro instinto, que es el de la propia conservación que viene en nuestro auxilio y nos obliga a tomar alimentos, a veces con la mayor repugnancia y como si fueran amargos remedios para no sucumbir. Gall y Spuszheim presintieron la existencia de un órgano cerebral que presidiese al instinto de alimentarse, pero no llegaron a describirlo. Esta gloria se le debe al Dr. Hoppe, de Copenhague, al Dr. Crook, de Londres y al Dr. ingles Jorge Combe, autor de una esceleute obra de Frenolojía; todos tres, por distintas vías, llegaron al mismo resultado desde el año 4 819 al 1825, colocándolo en la pane inferior y posterior de la fosa cigomáticu PROLOGO. xcv encima del arco cigomnlico, delante del conducto auditivo eslerno o un poquito mas arriba; es decir, delante de la destructividad y debajo de la adqnisividad. La existencia de un órgano cerebral que presida a la alimen- tividad y la situación que he indicado en la fosa cigomática, se consideran en Frenolojía, evidentemente demostradas. Ahora bien, sí el insumo de alimentarse tiene en el cerebro un órgano que lo represente y dirija en todas las situaciones de la vida, se presentan naturalmente tres cuestiones de la mayor importancia: 1.a ¿puede dirijirse el instinto de alimentarse'! 2.a debe dirijirse? y 5.a si puede y debe dirijirse, ¡jicsde cuándo ha de empezar su educación! 1.a ¿Puede dirijirse el instinto de alimentarse?—Los instintos todos son unas inclinaciones ciegas a satisfacer algunas necesidades de nuestro orga- nismo, sin reparar en los medios, ni preveer las consecuencias. Hai idiotas, cuyos órganos morales e intelectuales fallan enteramente, pero que con- servan ilesos sus instintos, entre otros el de la amalividad o inclinación al otro sexo. En este caso procuran satisfacer su desordenado apetito del mo- do mas escandaloso, sin reparar en los medios ni preveer las consecuen- cias; en otros sobresale el instinto de destruir, o bien tienen enfermo el órgano de la destructividad, en cuyo caso hacen daño y matan a los anima- les o a sus semejantes, por solo el gusto de satisfacer al instinto que pre- domina. Seria una ofensa imperdonable al Anlor de todo bien, si llegáramos a du- dar por .un momento, que el inslin'o sexual y el de la destructividad, así como los demás instintos que nos igualan con las bestias, no los'hubiera co- locado Dios en el hombre bajo la autoridad y pleno dominio de los órganos morales. ¿En qué nos diferenciaríamos de los anímales, sí los instintos nos dominaran en todas las situaciones de la vida? ¿para qué nos servirían los órganos morales sí su poder no habia de alcanzar a tener sujetos, hasta cier- to punto siquiera, los órganos de los instintos? Lo que es cierto en jeneral de los instintos, y en particular de la amati- vidad y de la destructividad, loes igualmente de la alimenlividad. ¡Lástima fuera que el instinto de alimentarnos, brutal corno el mas brutal de los ins- tintos, se escapara a nuestra influencia! La esperiencia nos enseña todos los dias que podemos comer o dejar de comer, a voluntad, tas cosas que se nos presentan a la vista. Es cierto que en una convalecencia o cuando el ór- gano está irritado por una larga abstinencia, se obscurece la razón, esta abandona las riendas del gobierno y el instinto brutal se proclama rei y se- ñor de nuestro cuerpo, satisfaciendo su necesidad; pero también es verdad que, hasta cierto punto, lo podemos dominar y tenerlo sometido a la razón. 2.a Supuesto y probado que la razón puede dírijír el instinto de alimen- tarnos ¿debe hacerlo? ¿Debe la razón mezclarse en estos asuntos, interponien- do su autoridad entre el instinto, que pide alimento hasta saciarse, y los sabrosos manjares que se presentan a nuestra vista en una mesa opípara- mente servida? o ¿debe dejarnos como si fuéramos unos animales? ¡También aquí se presenta la doble leí o naturaleza de que habla San Pablo y que han reconocido los SS. Padres y con ellos todos los pensadores que ha tenido la humanidad; doble lei o naturaleza que todos sentimos en nosotros mismos! Por una parle, tenemos una inclinación brutal, igual a la que tie- nen los anímales, a satisfacer la sensualidad de alimentarnos; y por otra una voz interior que nos grita ¡basta!..... ¡no mas allá!--- ¡come pero nada mas que lo necesario para vivir!.... ¡Si pasas de esla línea. ... eres un bruto...] un animal,.... como el que se alimenta de pasto! XCVI PROLOGO. Preguntar ahora si la razón debe mandar en el instinto de alimentarnos, es lo mismo que preguntar da razón debe mandar en las pasiones? porque en realidad, el apetito desordenado a comer y beber, no es otra cosa que un estado pervertido de la alimentividad. La razón, aquí, está en su esfera de acción, en su justo dominio y debe mandar con todo el imperio que en otros instintos o pasiones, en el del amor desordenado, por ejemplo, o en el de la adquisividad o codicia. Debe, pues, mandar siempre, y si no puede en todas ocasiones salir victoriosa, debe luchar hasta morir. ¿Qué es el ayuno católico? el ayuno, ademas de ser un precepto obliga- torio de nuestra santa madre la Iglesia Católica, y del cual nos dio el Sal- vador del mundo un tan divino ejemplo en los atúrenla dias del desierto, considerando hijiénicamente, es un mandato a la razón para que luche con el instinto de alimentarnos, el cual lo satisfacemos algunas veces mas allá de lo necesario para vivir, igualándonos por este medio a los brutos que viven en los montes. En la santa y divina Institución del ayuno, reconozco, no solo una ins- titución cristiana y obligatoria a los católicos, sino una Institución obligato- ria a toda la humanidad, cualesquiera que sea su civilización y su relijiou. El espiritu que dictó la lei del ayuno, no fué otro que el espíritu divino, entre otras razones, porque es una lei universal, obligatoria, como son todas las leyes de Dios, hasta para los mismos que viven fuera de nuestra santa relijiou: esto es, considerando el ayuno como un precepto hijiénico. Probado ya que la razón puede y debe mandar en el instinto de alimen- tarnos, falta saber ¡jcuándo debe empezar esle mandato? ¡jdebe dejarse a la ra- zón individual y personal de cada uno o dr.be intervenir la razón ajena, al me- nos en cierta edad y en ciertas circunstancias? Cuestión es esta de una importancia tan grande en Santiago, que si se diera asenso a mis razones y se pusieran en práctica mis consejos, estoi firmemente persuadido que desaparecerían las cuatro quintas partes de las enfermedades que se sufren. La razón natural dice, que una planta debe dirijirse desde que empieza a crecer, porque la planta, abandonada a sí misma, toma cualquier direc- ción, lo mismo la buena que la mala. Pues bien, el instinto de alimentarnos es una especie de planta también, ian ciego en sus resultados como la plan- ta misma que crece al aire libre, cuyo instinto debe dirijirse desde el mo- mento que empieza a funcionar, así como la planta desde que empieza a crecer. Y como este instinto dá señales de vida, así en los anímales como en el hombre, desde el momento que se nace, es por esta razón que desde dicha época debe empezar su educación. A la razón de que debe educarse el instinto de alimentarnos desde el dia en que se nace, puesto que desde ese dia empieza a funcionar, hai que agregar otra de mas importancia todavía, puesto que es la causa de la fun- ción del órgano; a saber: el órgano cerebral de la alimentividad es el único que está completamente desarrollado y formado al liempo de nacer; sus fibras tienen ya en esta época la misma consistencia que las de otros órga- nos a los 20 años de edad: todo el cerebro eslá blando y pulposo cuando nace el niño, y solo el órgano de la alimentividad o instintos de alimentar- nos es el que está perfectamente desarrollado. Por este cabal y pronto de- sarrollo, es por lo que el niño llora cuando le falta el sustento; por esto, sin que nadie le haya enseñado, sabe tomar el pecho, y distinguir pronto el verdadero alimeuto de los remedios o de otras cosas estrañas h la di- jestion. PROLOGO* XCVII Si el órgano cerebral, donde liene su asiento el insumo de alimentarnos, está desarrollado al nacer, como lo ha probado la ciencia fienolójica; si desde las primeras horas de ver el niño la luz dd dia, el órgano empieza a funcionar, no hai razón plausible para negar el que desde esa misma épo- ca debe empezar su educación: al contrario, la Anatomía frenolójica, la Físiolojia del cerebro, la Hijiene, la Patolojía y la Terapéutica, prueban, ca- da una en su esfera, q\\j la educación de la ulimentiuidad o del instinto de alimentarnos, debe empezar desde el dia en que el órgano empieza a fun- cionar. Mas, como en esta época, las facultades intelectuales y morales del niño no están aun desarrolladas, la razón natural dice que es la iiiielijencia de los padres la que debe intervenir hasta que el niño pueda dirijirse por sí mismo. Hai también algunas circunstancias de la vida, en épocas mas adelanta- das, como sucede en las enfermedades graves, en las que ia razón ajena, como la del médico y asistentes, debe intervenir con plena autoridad. Si por lo esclavos que somos de la carne, en el instinto brutal de alimen- tarnos, se nos castiga en la otra vida con penas proporcionales a las que en esta sufrimos con las enfermedades que nos vienen por esta causa, creo que nadie se salva, sobre todo en Santiago, donde, desde d virtuoso céli- be y ministro del Altísimo hasta el ignorante roto, se vive tan esclavos de este instinto, como viven los animales. Si Dios toma en cuenta a los padres, como lo lomará, las faltas que se co- meten con los hijos, dejándolos sometidos al imperio brutal de la carne, en el instinto animal de sustentarnos, creo que no habrá penas en la otra vida, a no ser las terribles de la eternidad, con que poder satisfacer las deudas que se contraen. La razón es lo último que se desarrolla en un niño, y mientras este de- sarrollo no llega, la razón de los padres es la que debe dirijir los instintos del hijo. Si un niño, en virtud del órgano de la destructividad, que es un instinto como el de la alimeniividad, rompe, mala o pega fuego con intención ¿quién duda que debe correjírsele? Si un niño, en virtud del órgano de la adquisividad, que es un instinto como los anteriores, pilla y roba cuanto encuentra a la mano ¿quién duda que debe correjírsele? Y si el matar y robar se toma como un hábito ¿con cuánto mas motivo no debe intervenirse en la educación del niño/ Lo mismo que digo de estos instintos es aplicable al de la alimentividad. Hai instintos, cuya satisfacción inmoderada, perjudica al prójimo, como el robar y el malar; otros que perjudican a la especie, si se satisfacen in- moderadamente, como el de la amalividad o instinto sexual; y otros, por Último, que perjudican principalmente al individuo, como el de la alimen- tividad, sise le dá rienda suelta. Una sociedad sin ideas morales es inconcebible; un pueblo en el que el instinto sexual se satisfaciese a voluntad seria una reunión de beslias; un pueblo en el que la adquisividad no tuviera sus leves, seria un pueblo— Prondhon; un pueblo en el que la destructividad reinase libremente, solo podría subsistir con el despotismo absoluto que concebía Oübes; y un pue- blo, por último, en el que el instinto de alimentarse se satisface hasta re- bentar, es un pueblo enfermizo como el de Santiago, en el cual apenas hai persona que pueda cumplir con su deber a causa de su mala salud. Esas sociedades de templanza, de que nos hablan algunas veces los dia- XIII XCVIÍ1 PROLOGO. rios de Norte-América ¿que son, sino una protesfa de la razón contra el insiiuto de alimentarnos, cuando se satisface brutalmente? Pero estas so- ciedades no prestan utilidad a los pueblos, porque los pueblos no se corrí- jen en cabeza ajena, ni por consejos que les vienen de sus iguales o infe- riores. Solo Santiago entre todas las poblaciones de la cristiandad, presenta las circunstancias mas favorables para una corrección completa; porque solo aquí es donde concurre mas pueblo a la casa de Dios a oir la palabra di- vina, y a tributar el culto que debemos al Soberano de los cielos y de la tierra. Mas para esto seria necesario que las ideas emitidas, miradas bajo el aspecto moral, las tomara por su cuenta la única clase que tiene autoridad sobre el pueblo, la clase sacerdotal, y que les diera el desarrollo que puede y debe hacerse, so pena de aniquilarse la especie o de llegar a una debi- lidad tan grande que no se sirva para nada. Probado ya que puede jk debe educarse el instinto de alimentarnos, y que su educación debe empezar desde el dia en que se nace, conviene saber ya ¡xual debe ser esla educación? Todas las cuestiones anteriores están resueltas para mí de un modo ab- soluto, y con aplicación a todos los países y a todas las épocas de la hu- manidad, mas por lo que mira a su aplicación podemos variar según las localidades. Por lo que hace a Santiago, yo aconsejo lo siguiente: 1.° Nada debe tomar el recien nacido hasta qne, con sn llanto, (que et' su único lenguaje en aquella tierna edad) nos indique que lienen hambre o necesidad de satisfacer el instinto de alimentarse. 2.° Jamás debe tomar alimento el niño, sino cuando con su llanto o con otro signo de importancia indique que tiene hambre. 3.° Jamás, en el curso de la vida debe tomarse alimento, sino cuando el hambre, la fatiga, etc., indique que hai necesidad de reparar las pérdidas de los óiganos. A.° Satisfecha que sea la necesidad, no debe volverse a tomar alimento hasta que el hambre nos dispierte otra vez la obligación que tenemos de alender a la alimentividad. 5.° Debe acostumbrarse al niño a que mame a ciertas horas, por ser bue- no para su dijestion y bueno también para quien le dá de mamar. 6.° Cuando el niño no mama ya, conviene que tome alimento variado cuatro, cinco o seis veces al dia, porque su dijestion es mas rápida que en los grandes, cuidando que no adquiera la costumbre de estar siempre con la papa en la boca. 7.° En el niño debe irse sucesivamente de los alimentos mas sencillos a los mas pesados, para que se acostumbre a aquellos cou los cuales ha de pasar toda la vida. 8.° Los niños no deben tomar dulce, a no ser en corta cantidad y des. pues de una buena comida. 9.° En tiempo de frutas, puede dársele al niño este alimento una vez al dia por única comida, y una vez mas en lugar de dulce, después de co- mer, cuidando que esté madura. 10. El uso habitual de las rosquitas, bollitos, alfajores, caramelos,, bo- litas de goma, pan de huevo, etc., queda prohibido a los niños. 11. Las frutas son todas un alimento esencialmente frió, debilitante y flatulemo. PROLOGO. XCIX 12. De todas las frutas, la mas indijesta, la mas fria y la mas biliosa es la sandia. 15. El alimento azucarado y todas las cosas en que prepondera el azúcar, son mui flemosas, biliosas y esencialmente debilitantes. 14. Las diferentes clases de leches, el chuño, arroz, huevos frescos blan- dos, hulpo, dieta de pollo, zapayo, sopa de caldo del hervido y la carne de vaca son los alimentos, cuya escala debe recorrer el niño sucesivamente, antes de acostumbrarlo a los guisos y fritos, que son las formas mas pe- sadas que se les dá a los alimentos. lo. De lodos los alimentos que tenemos en Sanliago, la carne de vaca es el mejor de todos, sobre todo el lomo en forma de beaftek, hecho a la parrilla. 10. El té y café, a no ser mui claro y con bastante leche queda prohi- bido a los niños. 17. El té, café y aguas calientes de todas clases son mui secantes y es- típticas. 18. El chocolate es un alimento muí pesado y debe estarles prohibido a los niños. 49. La estitiquez y el flato, que ee una de sus consecuencias, debe bus- cársele la contra en los alimentos, ya en la calidad, ya en la cantidad, ya en las horas de tomarlos, y solo en un caso ostremo debe recurrirse a los remedios. 20. La debilidad debe correjirse -con el uso bien dirijido ert alimentos sanos y nutritivos, y solo en un caso estremo debe recurrirse a los ióni- cos, aunque sean el hierro, la cascarilla, el sulfate, etc. 21. El alimento animal, usado esclusivamente, predispone a la estitiquez. 22. La comida en el adulto debe ser de animales y vejeules, y debe es- tar aliñada con el ají, usado con mucha moderación. 23. El hombre, en el estado sano por supuesto, puede y debe lomar de todas las cosas que Dios ha criado, pero de tiempo en tiempo y con mo- deración. 24. Habilualmente debe uno levantarse con hambre de la mesa, mas bien que repleto. 25. Dicen los autores de Higiene que, en el estado sano, conviene hacer algún disparate de cuando en cuando. 26. Lo mismo sea tener algún síntoma de enfermedad, lo primero que debe hacerse es no comer o a lo sumo tomar cosas muí sanas y en corta cantidad. 27. En la convalecencia de las enfermedades debe recorrerse la escala de alimentos sucesivamente, desde lo mas sencillo a lo mas pesado. 28. El hombre tiene bastante para vivir con una comida buena cada vein- te y cuatro horas, y dos medias comidas mas en horas proporcionadas. Dos comidas fuertes en el dia, a no ser los peones, no lo considero sa- ludable. 29. Debe comerse despacio y masticarse bien, para que el estomago no tenga que trabajar demasiado, desempeñando también la función de los dientes. 50. En la infancia, antes que se desarrolle la razón, y durante una en- fermedad en la edad adulta, conviene que intervenga la razón ajena en el alimento que debe lomarse. El niño, a quien sus padres han acostumbrado desde chiquito a gobernar el órgano de la alimentividad, posee un bien precioso al desarrollarse su G PROLOGO. razón, y empezar él mismo a dirijir por su cuenta y riesgo las Inclinacio- nes de sus órganos; se encuentra a cierta edad, con que su naturaleza tiene ya dominio sobre uno de los instintos que mas nos acercan a los anima- les. Como el hábito es una segunda naturaleza, si el niño a cierta edad manda, por hábito, en el instinto de alimentarse, él mandará también ra- i'ionalmente después en sus demás instintos; alejándose por este medio cada vez mas de los animales, y acercándose en la misma proporción a su oríjen celestial. Si el hombre ha de vencer todos los obstáculos que se opo- i,e-i a su dicha y a la de sus semejantes, hacióndoce digno de recompensas temporales y eternas, es necesario que empiese por vencerse a sí mismo, y que lo haga primero en el órgano de la alimentividad, que es el primero que se desarrolla, para lo cual tendrá mucho adelantado si desde mui chi- quito sus padres lo acostumbraron a vencerse. El niño, a quien sus padres dejaron abandonado al instinto de alimen- tarse, satisfaciéndolo caprichosamente, se encuentra esclavo de este instinto brutal cuando llega la edad de la razón, sin que jamás pueda verse libre y mandar como hombre; es siempre el juguete de la carne, y aunque su razón le advierta el deber, el hábito mismo de ser vencido, lo lleva siempre de derrota en derrota hasta la esclavitud absoluta de sus pasiones, que es su perdición, así temporal o carnal como espiritual y eterna. ¿Qué es el vicio de la bebida, sino una perversión del órgano de la ali- meniividad, causado por una mala educación de este instinto? ¿Qué otra cosa es el vicio del cigarro, sino un estado pervertido de la alimentividad? ¡Y cuan pocos pueden vencerse para dejar este vicio! ¡Y cuán- tos no lo conseguirían si tuvieran bien educado el órgano de la alimenti- vidadl REGLAS DE HIGIENE 0 SALUBRIDAD PUBLICA, RELATIVAS A SANTIAGO. La Higiene individual, que también se llama privada, tiene por objeto conservar la salud de las personas, consideradas aisladamente, cualquie- ra que sea su edad, temperamento, estado, profesión, etc.; y la Higiene pública examina las cuestiones de salubridad que lienen relación con una población, una provincia o toda una nación. Los médicos, por los conocimientos especíales que tenemos en la mate- ria, y por estar siempre en contacto con los enfermos, nos hallamos en las circunstancias mas favorables para apreciar las influencias morbosas, qne influyen sobre el organismo y traen en pos de sí tañías enfermedades como .iof. aquejan. De aquí resulta que, si el médico se interesa por el bien de sus seme- jantes, no puede mirar con sangre fria los obstáculos, mas o menos reme- diables, que se oponen al mayor de los bienes que deseamos tener en esta vida, cual es la salud. Por esta razón, deseando como deseo con el mayor ahinco la salud del pais y en particular la de Santiago, voi a indicar, aunque con alguna des- confianza, las medidas que yo creo convendría adoptar para que se mejo- rase la salud pública de la capital; porque no solo nos enferman las fallas de réjimen, sino que contraemos muchas enfermedades por el mal aire que se respira, por las malas aguas que bebemos, por las humedades que recibe uno en las calles, por las malas costumbres, etc., etc. En esta materia, poco o nada nuevo tengo que decir, que no esté ya prologo. a poniéndolo en práctica la Municipalidad o bien que su necesidad no se haga sentir por lodo el mundo. Como yo no conozco población que esté situada en mejore» circunstan- cias (pie Sanliago, para ser una de las mas sanas y hermosas del mundo, me dá pena el ver que se haya descuidado su hijiene en tales términos que, de la mas sana que podría ser, es una de las mas enfermizas, por cuya razón apenas podemos sanar a uu enfermo radicalmente sino lo mandamos al campo o a la costa, Primera regla hijiénica.— Proveer de agua buena y abundante a toda la poblucion.—Felizmente la Municipalidad se está ocupando ya de esla medida y dentro de poco tiempo tendremos agua clara en la Plaza de Arinasy aun en las casas particulares, las personas que quieran hacer un pequen* sa- crificio. Mas, para que esla medida sea verdaderamente hijiénica con viene llevar el agua, no solo al centro o parte pelucona de Santiago, sino ú to- dos los barrios adyacentes, y aun mejor a estos que al centro, porque Vis pobres no tienen destiladeras que les pongan clara el agua. Ademas, las fuentes que hai son mui pocas para tanta jeme y conven- dría aumentarlas mucho, para que fuera fácil satisfacer esla necesidad. En las partes escéutricas de la población convendría hacer pequeñas plazuelas, como la de la Compañía, por ejemplo, de dos en dos cuadras, con una pe- queña fuente en medio, de agua buena y clara, y no de la de Maipo. Muchos creen que, teniendo una buena destiladera, no necesitan otra cosa para beber siempre un agua mui rica; pero este es un error. La destiladera mejora el agua, aclarándola y privándola de muchas impurezas, pero también es cierto que la priva del aire atmosférico que se interpone entre sus moléculas, haciéndola indijesia en alio grado. Asi es, que vemos todos los dias personas delicadas, a quienes les hace daño el agua en San- liago, y les sienta bien la que beben en el campo tomada de la que corre en una quebrada. Las casas que puedan proveerse del agua pura de Ramón, que la Muni- cipalidad está trayendo, se quitan de encima una causa poderosa de enfer- medades, con tal que no destilen el agua, aunque no venga uiu clara como la que filtra una buena destiladera. Las aguas de Ramón, de Pcñalolen y en jeneral las de todas las quebra- das de la cordillera, incluyendo las del cristalino Mapocho, creo que son pguas excelentes para la población de Santiago. Segunda regla hijiénica. — Limpieza de las calles.—La policía d<> las calles está en el mayor abandono, barriéndose solo de tarde en larde las del cen- tro, y las de afuera nunca o casi nunca; y no es raro ver animaWs muer- tos, perros y gatos en medio de ellas, permaneciendo allí hasta \a plena putrefacción. Ll 27 de marzo de este año, estuvo muerto un enorme perro hasta su corrupción completa, en la Plaza de Armas, en uu pequeño imuiou de escombros del edificio del Sr. Tagle; el viento era sud y tuve que ctrrar los balcones de mi casa, que dista media cuadra, porque el olor infeclo no podia resistirse en las habitaciones. Yo que recorro todos los dias las diie.- renies calles de Santiago, veo mas que nadie el abandono en que se eu- cuentean; no hai día que no tropiece con animales muertos y corrompidos. El modo como se hace la policía viene a aumentar mas la hediondez y suciedad de las calles; los carretones de la basura se pasean todo el día por la población, parándose de puerta en puerta con un montón de inmundi- cias, que impiden la libre entrada en las casas. Apenas huí dia, que no tro- piece con ellos en Ja puerta de los enfermos. # CII PROLOCO. En otros países, donde la policía so hace como debe, he visto lo siguien- te- a las doce de la noche los sirvientes de las casas sacan la basura a la calle, y desd« esta hora hasta el amanecer, los carretones la llevan a su destino. Al cmanecer se hace una segunda policía: las calles se barren del centro a la circunferencia, y al mismo tiempo es recojida por los carreto- nes correspondientes, quedando la población barrida y limpia y concluida toda la operación a la salida del sol. Yo no veo imposibilidad para que una cosa semejante se hiciera en San- liago, con la pequeña variación de empezar a la una de la noche, en ve- rano al menos. Tercera regla.—Acequias délas calles y casas,—Las acequias que corren a lo largo de Tas calles deben quitarse, porque sirven de obstáculo al libre tránsito, y porque solo vienen a servir para receptáculo de inmundicias; el agía que algunas veces corre por ellas, valia mas que no corriese, porque p?ra todo serviría menos para el aseo y limpieza. Felizmente ya se vá adop- tando esta medida, así de hijiene como de comodidad. Los puentes de las calles atravesadas deben mejorarse, procurando que no tengan por los lados piedras levantadas, viniendo a ser cada uno de estos agujeros un lugar común, donde con la mayor desfachatez, ofendiendo el pudor de los transeúntes, hacen sus necesidades así los hombres como las mujeres, a cualquiera hora del dia. Confieso francamente que no he po- dido aun acostumbrarme a ver esto sin causarme la mayor repugnancia, y estaría dispuesto a hacer cualquiera sacrificio con objeto de que desapa- reciese esla costumbre india. Me parece que no es digno de una población civilizada consentir esto por mas tiempo. Las acequias que atraviesan lo interior de las casas, conductoras de las aguas sucias, son el mayor foco de inmundicia y corrupción qne tenemos, envei.enando el aire del patio que atraviesan y espesando algunas veces el aire de tal modo que parece podría cortarse con un cuchillo. Este aire es el que penetra en las habitaciones y es también el que respiramos loda la noche y gran parte del dia. Las cocinas dan jeneralmente al patio en que atraviesan estas acequias y mas de cuatro veces acaso depositará el aire en los alimentos que tomamos un concho miasmático como el que dejan en una vasija las aguas barrosas. Las habitaciones de nuestros sirvientes están jeneralmente también en este palio. Y en visia de esto ¿estrañaremos toda- vía el estado sanitario de Santiago? Lo que yo estraño es que aquí podamos gozar de salud un solo dia en la vida. La nivelación de estas acequias no siempre está bien hecha, y la corrien- te de Us aguas por consiguiente no es uniforme, resultando de aquí uu depósLo inmundo, en los sitios bajos de las mismas, que aumenta la in- feccicn. P#r otra parte, a las acequias se bota, no solo las aguas sucias sino lo- do? los desperdicios de la cocina, cascaras de todas frutas, medias sandías, platos rotos, etc., todo lo cual se amontona de uecho en trecho y forma mi taco que impide la corriente del agua, y esta se derrama en los patios de las casas, entra en las habitaciones, lo inunda todo, pone en alarma y movimiento a loda la casa, y se pasan horas a veces hasta que se logra corlar el mal. Escusado es decir que esta inundación, que así la llaman, deja un concho blando en la casa, que por mucho tiempo se hace sentir en el olfato. Si esto tiene lugar de noche, como sucede coa frecuencia, la confusión y los males son mayores. PROLOGO. C1II Ahora bien, indicado ya el mal ¿cuál es el remedio y el modo de llevarlo a cabo? Por de pronto, lo que yo recomiendo para 'remediar esta gran necesidad, que es la mayor de Sanliago, es hacer lodos un esfuerzo, así los particu- lares como la Municipalidad y el Gobierno, y sin reparar en sacrificios, cueste lo (pie cueste, hacer una reforma radical, consultando antes a los hombres mas entendidos. Mi opinión, la cual emito con alguna desconfianza, es la siguiente: l.° su* presión de las acequias de las calles largas: 2." nivelación de las calles atra- vesadas, dejando solo donde ahora esláu los puentes una pequeña altura, un pié o menos, para favorecer la corriente de las aguas a las calles lar- gas: 5.p sistema completo de uivelacion de acequias, con ramales laterales en las cuadras que necesiten para favorecer la limpieza en todas las casas: 4.° profundizar y agrandar mas las acequias para que la humedad no se es- tienda tanto en las casas, haciéndolas de cal y ladrillo, con toda la soli- dez posible: o.° que en la travesía por las casas estén bien cubiertas, escepto en el sitio donde haya de estar el lugar común y otro punto cual- quiera, de pequeña estension que sirva de botadero para las aguas malas: 6.° y último, que se ponga en la acequia a la conclusión de cada pertenencia una reja de fierro inamovible, de una medida igual para todas, con objeto de que no puedan pasar los cuerpos estraños qne suelen formar el taco. De este ñiodo se tendrá cuidado de no botar a la acequia las medias sandias y otros cuerpos voluminosos que impiden la corriente del agua; y si se botan no pasarán de la misma pertenencia para hacer el daño al vecino inferior. Cuarta regla. —Empedrados y veredas.—Los empedrados contribuyen in- directamente a la salubridad pública, favoreciendo la corriente de las aguas en liempo de lluvia, impidiendo la estancación de estas y la formación de lagunas y pantanos que llegan a ser unos focos de infección por la acu- mulación de las sustancias, vejelales y animales que allí se reúnen. El estado de las calles es tan pésimo que, cualquier camino del campo está mucho mejor que ellas. Las veredas contribuyen a mejorar la salud pública impidiendo que haga daño el andar .a pié, como en un desigual empedrado, y enjutando pronio el piso en tiempo de lluvia para que la humedad sea menor y no haga daño. Veo con placer que, en este último liempo, la Municipalidad no descuida este asunto. No sé lo qne haya vijenteen esta materia con respecto a los particulares, pero sino se les obliga a que pongan vereda en en su pertenencia y a que empiedren su calle bajo el plan que adopte la Municipalidad al tiempo de edi- ficar o reedificar sus casas, creo (pie se les debia obligar a ello: a lo mismo creo que debería obligárseles a los que tienen sitios donde termina la po- blación, y levantan tampias para cercar sus pertenencias, indicando que se prolonga la calle en aquel sentido. Quinta regla. — Ensanchamiento de las calles.—En los tiempos de la con- quista se concibe la utilidad del apiñamiento de las casas, como se ven en el lugar donde se situó Valdivia, atendida la inseguridad de aquellos tiempos y la necesidad que tenían de estar unidos. Pero ahora que tales temores no existen, que la población ha crecido de un modo pasmoso, que el tráfico se ha estendido mucho y que los carruajes son ahora mas en número que en- tonces eran los habitantes, las calles, que para aquella época eran mui an- chas, son para nosotros mui estrechas. Yo creo que siguiendo un sistema que está adoptado en Europa, en de- CtV PROLOGO. terminadas circustancias, podrían aun ensancharse las calles de Santiago. Esle sistema consiste en obligar a lodo el que edifique lina casa, a que se retire una, dos o mas varas para adentro, dejando en beneficio de la calle las varas o píes que se haya retirado- Si este sistema se hubiera seguido desde la independencia, a la fecha ya tendrían las calles de Sautiago la an- chura que debían tener. Lo que hubiera podido hacerse de 50 años a esta parle, verían nuestros hijos dentro de un siglo, si la reforma empezase ahora. La estrechura de las calles cada dia ha de tener mayores inconvenientes, no solo desde qne los ferro-carriles partan de la capital para todas partes y por su medio se aumente el tráfico, sino por lo que la población se irá estendiendo, y así tendrá cada dia mayores dificultades que vencer para re- novarse. Yo propondría el ensanchamiento forzoso de dos varas en cada lado en el centro de la población, y en las de afuera lo necesario para que las calles fueran tan anchas como es la Cañadilla. Nuestros descendientes, hasta la última jeneracion, nos agradecerían esla medida, aunque la jeneracion actual sufriese algo. La población que en Chile, tiene calles mas anchas, es laque fundó hace dos años el ilustrado marino Si*. Martínez, en el puerto Montt. Sesla regla —Altura de los edificios.—Si a las calles estrechas, que son mas o menos insuluhles, porque impiden o dificultan la circulación del aire", y porque el suelo no puede ser bañado por el sol, se agrega la manía que se va lomando de ponerles altos, se aumenta doblemente su insalubridad por las dos razones espuestas. En las viejas poblaciones de Europa, donde la altura de las casas es estraordinaria, las Municipalidades han tenido que intervenir en la altura de los edificios, para que no pasen de cierto número de pies. Y en Sanliago, por las razones dichas y por la de los temblores, creo que se está en el caso de impedir el que se edifique con altos, al me- nos con altos que den a la calle. El airé, la luz y el 90I de una población, no pertenecen a ninguno en particular sino a lodos sus habitantes en jene- ral. Y como los altos roban al público el aire, el sol y la luz, es por esta ra- zón que la Municipalidad que representa los intereses jenerales esiá en su derecho si quita el que se hagan mas casas con altos. También creo que estaría cu su derecho si impusiera una contribución especial a las casas con altos, uno o dos pesos por vara, etc. Al paso que vamos, dentro de pocos años tendremos todas las casas con altos, porque esta es la moda. Séptima regla.—Conviene que intervenga la Municipalidad en que sean ha- bitables las casas donde viven los pobres.—Los cuailos redondos que son de una sola pieza, donde no hai departamento para cocina, ni se tiene agua corriente, ni lugar común donde hacer las necesidades del cuerpo, no son habitaciones para seres humanos, y si se quiere ni aun para animales; ¿qué policía hemos de tener en las calles, ni qué aire hemos de respirar, vivien- do los pobres en estas habitaciones sin ventilación y sin desahogo? El due- ño que quiera alquilar una habitación debe alquilarla con las comodidades necesarias a la conservación de la salud, y sino lo hace, la autoridad puede y debe intervenir para bien de la comunidad. Después de los cuartos redondos, que los tenemos en el centro de la po- blación, vienen los casuchos y ranchos que hai en la parte escénti ica de Santiago. Yo he visto los ranchos de Arauco y los bohiyos de los negros de África, pero en poco o nada se diferencian é¿tos de los que tenemos PROLOGO. ' CV eiv Santiago. Todos los dias visito enfermos en las habitaciones, si asi pue- den llamarse de estos desgraciados: y confieso francamente que cuando contemplo desde allí la mortalidad de Santiago me asombra, no el que mueran tantos, sino el que muera un número tan reducido! ¡cuando con-, templo desde uno de esos miserables ranchos las sumas que se invierten en la inmigración, dejando morir a tantos chilenos, que tienen mas derecho que los estranjeros a que se mire por ellos, desapruebo altamente la mala inversión que se dá a los caudales públicos! ¡cuando veo a esos infelices en tan tristes habitaciones y peores camas, y miro el superfino lujo de cier- tas casas, mi corazón se llena de amargura! ¡cuando miro, por último, la pobreza en todo su desamparo, muriendo nuestros semejantes en habita- ciones que no parecen hechas para hombres, y recuerdo los gastos que se hacen, aunque santos y buenos, en importar monjas y relijiosos donde hai bastantes para las necesidades espirituales de la capital, digo que mejor empleada estaría la plata en socorrer a nuestros hermanos! El que quiera ver con sus propios ojos lo que yo digo, vaya al otro, lado del puente y vea las habitaciones en que viven los que eslan entre la Reco- leta Francisca y el Carmen bajo. En vista de estas razones, que son hechos mas bien que razones, creo, que la autoridad debe intervenir con todo su poder en qne las habitaciones de estos pobres se mejoren cuanto sea posible. En la calle Angosta hai unas casitas que llaman del Jeneral Blanco, que son un modelo bellísimo que poder imitar. Tienen todas las comodidades de una casa grande, con su agua corriente, y hasta hace poco tiempo solo \aliau cuatro pesos al mes. Séptima regla.—Desagüe de las acequias*—La acequia atravesada que hai antes de llegar a Yungai donde desaguan las acequias de la población, es un foco de enfermedades para aquellos barrios, y conviene hacerla de cal y ladrillo, llevando cubiertas las aguas hasta un paraje mui distante de San- tiago. Octava regla.—Los carretones de la basura no deben descargar en cualquier parle.—Las basuras deben llevarse a un sitio distante de la población y no a la orilla del rio, en toda la estension del tajamar; y menos descargar eu las plazuelas como suelen hacerlo en la que hai ert la calle de Duarte afuera, o en la cañada arriba, etc.; tal como se hace ahora, las basuras quedan siempre dentro de la población y nos infeccionan el aire que respiramos. De este modo se esplica el por qué revive un convaleciente cuando se aleja una legua de Santiago. Nona regla. — Blanqueo de las calles paralas fiestas del 18.—Un bando de la autoridad anuncia todos los años al aproximarse las fiestas del 18, que se blanquee el frente de las casas y que será multado el que no lo haga, etc. Esta es una contribución forzosa de quince o veinte mil pesos que se impone todos los años a Santiago. Mirado este asumo bajo el aspecto hijíénico, es altamente perjudicial a la vista. Muchos se enferman de los ojos en esta época por la fuerte refleccion de la luz en las paredes blanqueadas. Yo creo que esta contribución po- dría dedicarse a remediar alguna de las necesidades dichas o si se quiere blanquear no se use el color blanco, ni el rojo, qué son los mas fuertes y los que mas daño hacen. Décima regla.—Alumbrados y escombros en las calles.—A juzgar por el alumbrado parece Sanliago a la me*dia noche una ciudad de difuntos; y para tan poca cosa, lo mismo daría el vivir a obscuras, pudíendo dedicarse a otra cosa los gastos que se malgastan para estar siempre en tinieblas. Santiago XIV CVI PROLOGO. merece un alumbrado de rico gas, por el número de sus habitantes y f or los capitales que representa; haciéndose esto tanto mas necesario, cuanto que apenas hai calleen que no tengamos un montón de escombros donde rom- perse la cabeza, o bien un hoyo o un puente desbaratado donde dejar una pierna. El mejoramiento del alumbrado para poder evitar los precipicios que hai en las calles, impidiendo las desgracias que suceden todas las noches, es de una necesidad mui grande. Undécima regla.—Advertencia, Médico legal.- Hablando del síncope en las enfermedades del corazón, pajina lix, he dicho que el enterramiento de personas vivas, creyéndolas muertas, tiene lugar de cuando en cuando en otros países; y que Santiago, donde las muer les repentinas son tan frecuen- tes, no estará eesento de esta horrible fatalidad. Con objeto de evitar que esto suceda, aunque no sea mas que una vez en cada jeneracion, conven- dría que un profesor intelijente examinara todos los dias los cadáveres en el panteón antes de darles sepultura. Duodécima regla.—Debe de haber un facultativo dotado por la Municipalidad para que asista de noche los casos graves estraordinarios. — En una población tan grande y de tantos enfermos como Sanliago, apenas hai noche en que no se ande a carrera buscando médicos para algún enfermo que se eslé muriendo, sin que se nos pueda encontrar a ninguno. La prensa que es hasta cierto punto el intérprete de la opinión pública y de las necesidades de los pueblos, se lamenta de cuando en cuando de que a ios médicos no se nos halle a deshora de la noche y de que los enfermos se mueran por falla de asistencia, calificando de mas o menos inhumanos nuestra conduc- ta, sin hacerse cargo de los pod* rosos motivos que nosotros tenemos para negarnos a salir de noche. El médico que está viendo enfermos todo el dia, desde la mañana temprano hasta las 10, 11 o 12 de la noche se retira a descansar, fatigado de tanlo trabajo, como puede estar el peón que ma- neja una herramienta de sol a sol. La necesidad del descanso y la no me- nor de reparar las fuerzas para tener alientos-al dia siguiente y emprender de nuevo nuestra tarea, es la causa principal de que no dejemos nues- tras camas tan fácilmente. A esla causa se agrega otra que no deja de tener bastante influencia: a saber, la falta de recompensa de estas visitas nocturnas. En todas partes, estas visitas estraordinarias se agradecen y se pagan bien; pero aquí no es esto lo que sucede por regla jeneral. Sí a todo lo dicho se agrega el que no es impune levantarse a media noche porque le suele costar una enfermedad al pobre médico, tendremos esplicado el porque no se nos encuentra siempre que se nos busca. Yo creo que para las necesidades estraordinarías de la media noche, debería haber uq facul- tativo pagado por la Municipalidad, el cual cobraría ademas su honorario correspondiente por cada visita, situándose en un paraje céntrico para ma- yor comodidad de todos. Décima terciaregla.—Costumbres de Santiago contrarias a lasalud.—Ln cos- tumbre de sacar dulce o fruta a las personas que vienen de visita, instándolas y aun obligándolas a que coman algo, es altamente perjudicial, no solo por ser dañino el dulce y la fruta, sino por tomarlo a deshora y cuando el cuer- po está acalorado, oprimido ademas con el traje y compostura de etiqueta. Persona hai que la obligan a que tome dulce, fruta o helados, según la estación, 4, 6 y ocho veces, según el número de visitas, en el corlo liempo de dos horas a corta diferencia. Décima cuarta regla.—Andar con zuecos.— El peso de los zuecos, cuyo uso en tiempo de aguas, por lo malo de las calles, es de necesidad, predispone PROLOGO. CVtl a las enfermedades de la cintura en las mujeres, y a las del hígado y pul- uion a los dos sexos. Décima quinta regla. —Ropa larga.— Los vestidos a la rastra que lle- van hasta las sirvientes, son perjudicíalísimos a la salud en liempo de aguas. Los pisos se ponen mui malos, y la humedad y el barro se propagan vesti- do arriba hasta la rodilla, y mas aun, resultando de aquí una gran frialdad de pies, las elevaciones, los constipados, etc. Décima sesla regla.—Cargamento de ropa en las señoras. —Las 4, G,-8 o 12 enaguas que se ponen las señoras algunas veces, hacen un duño'eslraor- dinarió a la salud. La cintura, las caderas, y el útero que con ellos está re- lacionado, el hígado, el pulmón, etc., sufren horriblemente. Décima séptima regla.—Prohibición de las vijilias. — Las comidas de viernes son altameuie flatulentas y debilitantes en el mayor grado; y como aquí a nadie hai que debilitar, y por otra parte, todo el mundo padece de flato, resulta que jamas debe comerse de viernes, ni aun el viernes San'o, sí es que se quiere mirar por la salud. Décima octava regla.—Prohibición de los ayunos.—La dispensa del ayuno en Santiago seria el bien mas grande que la Iglesia podría hacer a la salud pú- blica. Por lo mismo que Santiago es la primer población del mundo con respecto al ayuno, y donde se observa mas esle precepto católico, afectan sus mortíferas consecuencias a toda la sociedad. Aquí ayunan los dueños de casa y ayunan los sirvientes; hallándose en pié, aunque se eslén cayendo de fatiga y debilidad y el médico les prohiba el ayuno, ellos hacen poco juicio y se salen con la suya, cumpliendo el precepto de la iglesia. Todos los años se nos mueren muchos enfermos a consecuencia del ayuno; y es tan jeneral de enfermarse después de ayunar que no conozco a ninguna persona que ayune impunemente. En la actualidad estoi curando a un respetabilí- mo sacerdote, bien conocido en todo Santiago, que se halla desahuciado de los médicos, siendo el ayuno la única causa de su enfermedad. ¿Qué mé- dico en Sanliago, por poco que visite, no tiene todos fos años casos morta- les a consecuencia del ayuno? ¿Cuántos enfermos no se nos mueren del pulmón por haber ayunado? Las vijHias y los ayunos, considerados hijiénicamente, quedan prohibidos de un modo absoluto. Yo creo que la autoridad eclesiástica, apoyada en un dictamen que podríamos dar todos los médicos de la capital, debia elevar a Su Santidad una representación con este objeto. No se crea que yo quiero desterrar este precepto y dejar la libertad de comer a todo el mundo, a la hora que quiera, no; lo que yo quisiera fuera conservar el precepto en los dias por lo menos que son de obligación, y variarlo en la forma, del modo siguiente: Ayuno hijiénico. —En el ayuno que me tomo la libertad de proponer, sustituyéndolo al ayuno de la iglesia, el ayunador puede almorzar, comer y cenar bien, tomando en los intermedios una taza de caldo si tiene fatiga o una rebanada de beafstek; pero le está prohibido la fruta, el dulce, el ma- te, las aguas calientes, el té, el café, el chocolate, bollitos, rosquistas, pan de huevo y el comer a deshora. El cigarro, los vinos, chichas y licores que- dan también prohibidos, fuera de las comidas. El ayuno hijiénico liene las ventajas siguientes para la salud, sobre el ayuno de la Iglesia: 1.a es observable por lodo el mundo hasta por los en- fermos mismos, evitando de esle modo el pecado que se comete con no ayu- nar: 2.a es fortificante en lugar de ser debilitante como es el otro; y 3.a es ujus meritorio porque tiene prohibiciones mas duras. cvm PROLOGO. De modo que si a mi so me consultase, en conciencia, por la autoridad competente, mi dictamen seria, que se prohibiese el ayuno y las comidas de viernes; pero con la añadidura de sustituirlo con el ayuno hijiénico que he propuesto. Décima nona regla.—Lavaderos públicos.—Una ciudad europea de medio millón de habitantes no dá al lavado tanta ropa como Santiago; sin que las pobres lavanderas tengan aquí el recurso de lavaderos públicos, ni abun- dancia de agua clara con qne lavar, ni espaciosos sitios donde poderlo ha- cer desahogadamente y secar su ropa. En muchas casas el lavado se hace en el último patio con agua clarificada por el alumbre o por el mucílago de la tuna. Esta costumbre es perjudicial a la salud de la casa, por cuan- to se convierte en un foco de corrupción un departamento importante, cual es uno de sus patíos; y si esta costumbre es jeneral en muchas casas, se convierte en una de enfermedades que abarca toda la población; por lo cual yo recomiendo el mayor aseo en esta operación hijiénica o mejor aun el que se lave fuera de las casas. Las lavanderas de oficio y que viven en sus casas de este trabajo, se en- cuentran aun en peores circunstancias, porque viven en un cuarto redondo, en un rancho o en una cuartería con puertas a un largo y estrecho patio, teniendo que traer o comprar el agua con que han de lavar, agua que, co- mo les cuesta plata, la aprovechan cuanto pueden, llegando a estar co- rrompida cuando la botan al suelo o mejor cuando lá dejan caer allí mismo donde lavan, o bien la botan a la calle si viven en un cuarto redondo. Esla corrupción envenena el aire de estas pequeñas localidades, que como son tamas, llega a influir perniciosamente en la atmósfera jeneral de la po- blación. Para obviar estos inconvenientes pueden ponerse lavaderos públicos, dis- tribuidos metódicamente, donde las pobres puedan ir con su ropa, lavando al abrigo en invierno y a la sombra en verano, teniendo a su disposición el agua clara que necesiten. Vijésima regla.—Baños públicos.—Los baños en toda estación y particu- larmente en el verano, son una medida hijiénica muí importante, porque limpiando el cutis desostruyen los poros y favorecen la traspiración; ade- mas roban al cuerpo una gran cantidad de calórico y refrijeran la sangre por este medio. Los pobres en Sanliago, a pesar de que no falta el agua, no tienen donde bañarse, y creo yo que a muí poco costo podría haber ba- ños públicos, con separación dé sexos por supuesto, colocados a cierta distancia unos de otros de modo que pudieran satisfacerse bien las nece- sidades de los pobres. Vijésima priinera regla. — Que no andén perros por las calles.—Los perros en Santiago se pasean libremente como en una pampa sin que nadie se lo impida. Creo yo que este ramo de policía no habrá estado abandonado siem- pre y que alguna ordenanza debe haber que tenga relación con esto; pero exista o nó,.lo cierto es que las calles de la capital se ven llenas de perros a cualquiera hora del dia, resultando de aquí varios perjuicios. Uno de ellos es, que suelen morder a los muchachos que andan por la calle y a veces a los grandes también; rara es la semana que no van'algunos mordidos en las calles por estos animales a la Dispensaría; los sustos que suelen dar a los niños y a las personas nerviosas, no están siempre exentos de in- convenientes: la locura o rabia que es tan común en ellos puede ocasionar las consecuencias mas terribles. Poco liempo hace que una señora en la calle de la Merced fué acometida por un perro rabioso; felizmente no al- PROLOGO. CIX canzó con los dientes a depositar en las carnes su mortífera baba, y se con- tentó con desgarrarle el vestido de alto a bajo. Agregúese a lo dicho lo que aumenta la suciedad de las calles la presencia continua de estos animales. Dispensarías.—Yo, que soi mui aficionado a las instituciones de bene- ficencia pública y que he procurado siempre estar al corriente de los ade- lantamientos y formas distintas que toma la caridad para alivio y consuelo de nuestros semejantes, me sorprendí agradablemente cuando encontré en Chile esta nueva institución. En Sanliago tenemos tres Dispensarías, una en San Juan de Dios, otra en la Cañadilla y la tercera que está a mi cargo hace cuatro años, se halla situada en la calle de Santa Ana abajo, cerca de Yunga y. El Gobierno dá 3,000 pesos para todo gasto, y con ellos se paga local, médico, practicantes y botica. En la que está a mi cargo sucede lo siguiente: a las 8 de la mañana se reúnen todos los enfermos que quieren, en el local de la Dispensaría, y a la misma hora concurren un practicante farmacéutico, otro de cirujía, que saca también muelas, y yo, que soi el médico. Examino los enfermos uno por uno y mando que les den la medi- cina que juzgo conveniente, la cual toman allí mismo o se la llevan a su casa, con las instrucciones correspondientes. Al dia siguiente se repite la misma operación y así lodo el año. Está por demás el advertir que en mi Dispensaría no se usa en la actualidad otra medicina que la homeopática; y en el liempo que eslá a mi cargo he visto ya en ella ochenta mil enfermos, próximamente. Con el pequeño sacrificio que hace el Supremo Gobierno resulta un bien inmenso a los pobres, porque así tienen el recurso de que los vea un mé- dico todos los dias y que puedan curarse en sus casas con la medicina que se les proporciona, evitando que se pongan en mano de las médicas. Si los enfermos están mui graves y no pueden trasladarse a la Dispensaría, sus deudos suelen ¡r a pedir un remedio, el cual se les manda también por si algún bien pudiera hacerles. Sensible es que no se pueda aumentar el número de Dispensarías, parti- cularmente en invierno, por lo trabajoso que es poder venir los enfermos media o una legua en busca de médico y botica. Con 3,000 pesos y un pequeño auxilio que creo dá el Hospital, propor- cionando algunas medicinas, se logra poder asistir todos lósanos asésenla mil enfermos próximamente. Me consta que el Supremo Gobierno tiene los mayores deseos de poner Dispensarías en todas las poblaciones de alguna importancia. Me parece que si todas las capitales de provincia hicieran algún sacrificio pecuniario, acaso no seria difícil conseguir 1,000 pesos para una Dispensaría en cada población grande. Por el mucho bien que hacen las Dispensarías, considero su institución como una medida importante de hijiene pública. El señor don Tomas Reyes es el digno Director de estos establecimientos de caridad; el señor don Joaquin Iglesias el Tesorero, y el boticario que hace una rebaja considerable en la medicina, el señor don Vicente Bustillos. Hermandad de caridad o Instituto de caridad evanjélica.—Hai otra institu- ción d« caridad, de la cual también es Director mi muí amigo el señor don Tomas Reyes, cuyos fondos salen de la caridad particular, con la que ise socorre a domicilio a los pobres enfermos que no tienen otro amparo que el de Dios, proporcionándoles también un real diario para dieta. El enfermo que quiera ser asislído por el Instituto de caridad, tiene que sacar un certificado del Párroco, donde conste que es pobre de solemnidad. Con ex PROLOGO. este certificado se dirije al Director del Instituto, el cual le dá una tarja impresa que dice: Instituto de caridad, y con ella busca a cualquiera de los médicos que pertenecemos al Instituto, los cuales tenemos obligación de hacerles cuantas visitas sean necesarias, las que se pagan al fin del mes, según la cuenta que pasamos, abonándolas a la mitad de como se lleva a los particulares. Con esta institución, cuyas limosnas creo que se recojen principalmente en la Compañía, se hace también mucho bien a los pobres, por lo cual la considero como una medida hijiénica interesante. Al hablar de estas benéficas instituciones, omitiendo otras muchas que hai en Sanliago, me complace el consignar aquí una verdad frenolójica. El órgano de la benevolencia, donde Dios ha colocado el deseo innato de ha- cer bien a nuestros semejantes está desarrollado en Chile tamo como yo no lo he visto mas en ninguno otro país del mundo. Por esta razón las insti- tuciones de caridad tienen tan hondas raices en el pueblo chileno, y su hos- pitalidad es tan grande. Y ya que de Frenolojía hablo, no puedo prescindir de consignar otras dos buenas cualidades innatas en el pueblo chileno. La una es el estraordínarío desarrollo de la filojenilura en la mujer, donde Dios ha colocado el instinto de amar a los hijos. Las chilenas tienen este órgano en el mayor desarro- llo que se conoce en Frenolojía. El otro órgano, altamente desarrollado, es el de la veneración, donde Dios ha colocado el deseo innato en el hombre de amarle y reverenciarle. Un pueblo que tiene esta feliz organización cree siempre en Dios y obe- dece a la autoridad. PROYECTO DE CONTRIBUCIÓN MUNICIPAL PARA EL MEJORAMIENTO DE LA POBLACIÓN. En las reglas hijiénicas que preceden pedimos a la Municipalidad: i.• abundancia de agua potable, bien distribuida en toda la población: 2.° que quite las acequias de las calles largas, y que las calles estén todas bien em- pedradas y con veredas: 3.° que las acequias interiores se agranden y se profundicen, haciéndolas de cal y ladrillo, en forma de alcantarilla o con- ducto para que las aguas sucias vayan cubiertas, dejando en cada casa dos agujeros, uno de botadero y otro para el lugar común, y poniendo al fin de toda pertenencia una rejilla de fierro, inamovible, igual en todas partes para que no deje pasarlos cuerpos voluminosos que forman el taco: 4.° que la policía de las calles se haga de las doce de la noche en adelante; que se obligue al ensanchamiento forzoso de las calles; que se prohiba edificar con altos; que el alumbrado sea de gas, etc. Como la mayor parte de las medidas de Higiene pública que he aconse- jado, por creer que mejorarían el estado sanitario de la población, deman- dan gastos considerables; me voi a tomar la libertad de hacer algunas in- dicaciones en el sentido de proporcionarle recursos a la Municipalidad; porque si bien nosotros tenemos derecho a pedirle el mejoramiento de las calles, acequias, alumbrado, etc., también es verdad que tenemos la obli- gación de pagar estos servicios. Los gastos que demandan estos servicios no los debe tampoco pagar la nación, sino que deben salir de los habitantes de Santiago; no de sus personas, ni de sus industrias, ni de sus capitales en movimiento, sino de sus terrenos y de sus edificios. PROLOGO. ¿SI Al terreno que ocupan los edificios impondría de uno a cinco centavos por vara cuadrada, (quien dice esta cantidad, dice mas o menos). Como medida de Higiene pública, y también para contribuir al embelle- cimiento de la población, debe la Municipalidad fijar la altura media de los edificios, que deben ser de un solo piso. Fijada ya la altura de los edificios, el que pase de ella, edificando altos, por ejemplo, pagará un lanío por cada pié o vara que se eleve de la altura convenida. Dada ya la anchura que tienen las calles, cuyo espacio pertenece al público, el que ocupe parte de este espacio con las puertas, columnas, ventanas, etc., de sus casas, pagará mu tanto por cada pulgada que tome de la calle. El aire de una población pertenece a la comunidad y no a los partícula-" res, y como regla de Higiene importante debe conservarse lo mas puro que se pueda. Por esta ruzon, el que haga uso de este aire en perjuicio de la jeneralidad, justo es que lo pague. Y como las puertas, ventanas y balco- nes, son otras tantas vías o respiraciones por donde se hace uso del aire esterior, unas veces tomándolo y otras impregnándolo con los miasmas que salen de la casa, impondría yo un tanto por cada puerta, balcon,*ven- tana o agujero que tuviera la casa. Pagarían un tanto los edificios que causaran daño por las aguas que caen de los tejados y de éstos van a la calle, bien sea por las canales comunes que la dejan caer en medio de las veredas, bien sea por los tubos de zinc, hoja de lata, etc., que la botan fuera en perjuicio del público. Los tejados qqe sobresalen de la perpendicular del edificio, invadiendo la atmósfera del público; de modo que las calles son dos varas mas estre- chas al nivel de los tejados que en el suelo, pagarían un tanto, etc. Los que ponen escombros, madera, etc., en la calle, o sea en lo que es propiedad pública, con notable perjuicio de los transeuntes, ademas de poner una luz que dure toda la noche para que no se mate nadie, pagarán un tanto diario mientras ocupen la propiedad ajena. Los que, por razón de tener enfermos en sus casas, quieran impedir con notable perjuicio del público, que pasen carruajes por las calles, pagarán un tanto diario, mientras disfruten de este beneficio. Las aguas que, de los palios de las casas, salen a la calle perjudican al público, porque le inundan su propiedad, que es la calle, y le infecían el aire por las inmundicias que arrastran consigo. Por esta razón yo impon- dría un tanto a las casas que hicieran este perjuicio. Las chimeneas de las casas, las de herrerías u otros establecimientos donde se consume carbón de piedra o bien oiro combustible, infeccionan la atmósfera en perjuicio del público; yo impondría un tanto por este daño que nos causan. Las calles, el aire, la luz y el sol son propiedades de todos y el que en una población haga uso de ellos en perjuicio de la jeneralidad, justo es que lo pague. Sobre estas bases, a corta diferencia, establecería yo un impuesto sobre la población; y una vez que estuviese aprobado y se supiese a cuanto ascen- día, levantaría un empréstito de uno o dos millones de pesos y con ellos baria las reformas que acabo de indicar. El Gobierno o la nación debe coniribuir con un tanto por los edificios públicos que ocupe, los cuales de ninguna, manera deben exhimirse de lu contribución. r.xit PROLOGO. Los conventos deben contribuir con sus continjentes, como si fueran edificios particulares. Quedan exceptuados de la contribución: l.°los edificios que ocúpela Municipalidad: 2.° los establecimientos de beneficencia: 3.° la catedral y todas las parroquias: y 4° el convento de las monjas Capuchinas. Adoptada la idea del ensanchamiento de las calles, exhimiria de toda con- tribución, convenida ya en su anchura fija, a lodo edificio que fuera edifi- cado según la nueva lei; pero lo exhimiria no para siempre, sino por 13, 20, años, ele; o bien calculando el perjuicio que se le seguiría y la contri- bución que debería pagar. El vivísimo deseo que yo tengo de ver mejorada la población y de que nuestros hijos vivan en la mejor ciudad del mundo, ha hecho que me estra- vie en estas consideraciones, que espero me dispensarán, atendido a mis buenos deseos y a ta importancia del asumo. ¡Dichoso mil veces esle hermoso país donde pueden hacerse las reformas, sirviendo de escarmiento la esperiencia ajena! ¡Cuánto no progresaría hoi la vieja Europa sí para sus reformas no tuviera que luchar con las preocu- paciones de tantos siglos de eslravios! Bien poco se dejan recomendar nuestros padres si los miramos bajo el pumo de vista de la Hijiene Pública; nos fundaron a Santiago en una délas situaciones mas bellas del mundo, en un eslenso y bien ventilado valle, en un plano uniformemente inclinado, a la orilla de un cristalino rio aunque no mui abundante, sin aguas pantanosas en sus inmediaciones, y a tres leguas de los encumbrados Andes, cuyas nevadas cimas, con sus pintorescas vistas a la postura del sol, no se cansa de contemplar el estranjero que por prime- ra ocasión ve tanta maravilla. Pero a tanto bueno como la naturaleza ha prodigado a Sanliago para ser una de las ciudades mas bonitas y sanas del mundo, viene desgraciadamente a unirse el criminal abandono de nuestros mayores, dejándonos suciedad e inmundicias por do quiera y angostas ca- lles que nos impiden el libre tránsito por cualquier friolera, etc. etc. Pero aunque el mal es tanto, no es irremediable, y a nosotros, que so- mos sus hijos, herederos también de todas sus glorias, nos corresponde dar un avanzado paso en el sentido del progreso, mejorando la capital para que nuestros descendientes lengan ia noble satisfacción de vivir en la primera ciudad del mundo. Las grandiosas miras de un gobierno altamente reformador que tiene la gloría de conducir su pueblo por la senda pacífica del verdadero progreso, favoreciendo las grandes asociaciones de los primeros capitalistas para las empresas de utilidad pública, que él mismo promueve y fomenta, quedarían defraudadas, lo mismo que los esfuerzos de todos, si nuestras viviendas y la mansión habitual de nuestras familias fueran por mas liempo el manan- tial perpetuo de padecimientos y dolencias que amargan #nuestra ya bien penosa vida. A remediar tanto mal tienden mis esfuerzos; y ya que no puedo contri- buir con gran cosa al logro de lan buena causa, dejo consignado el peque- ño «cominjeute de mis ardientes deseos para que esta población sea la ciu- dad-paraíso del globo. B. GARCÍA FERNANDEZ. EXPOSICIÓN DE LA DOCTRINA MÉDICA HOMEOPÁTICA, U ÓRGANON DEL ARTE DE CURAR. INTRODUCCIÓN. Ojeada sobré los métodos alopático y paliativo de las es- cuelas que lian dominado hasta el dia en medicina. Desde que existen los hombres sobre la líerra han estado espuestos indi- vidualmente o en masa a la influencia de causas morbíficas, físicas o mora- les. Mientras que han permanecido en el estado de pura naturaleza, les ha bastado un corto número de remedios, porque la sencillez de su jénero de vida les hacia accesibles a pocas enfermedades. Pero las causas de alteración de la salud y la necesidad de socorros se han aumentado en proporción a los progresos de la civilización. Desde entonces, es decir, desde los tiempos que han seguido de cerca a Hipócrates, o hace dos mil quinientos años, hubo hombres que se dedicaron al tratamiento de las enfermedades, cuyo número se aumentaba cada dia, y a los que la vanidad condujo a buscar en su ima- jinacion medios para aliviarlas. Tantas cabezas diferentes produjeron una infinidad de doctrinas acerca de la naturaleza de las enfermedades y de sus remedios, a las que se condecoró con el nombre de sistemas, y que todas estaban en contradicción las unas con las otras, como consigo mismas. Cada * una de estas teorías sutiles admiraba al mundo en un principio por su pro- fundidad inintchjíble, y atraía a su autor una multitud de entusiastas pro- 2 OJEADA sélítos, de los que sin embargo ninguno podia sacar de ella nada que le fuera útil en la práctica, hasta que un nuevo sistema, muchas veces del lodo opuesto al precedente, hacia olvidar éste, y a su vez se apoderaba por algún tiempo del renombre. Mas ninguno de eslos sistemas estaba conforme con la naturaleza, ni con la esperiencia. Todos eran un tejido de sutile- zas fundadas sobre consecuencias ilusorias que no podían servir de nada a la cabecera de los enfermos, y que solo eran a propósito para sostener vanas disputas. Al lado de estas teorías, y sin ninguna dependencia de ellas, se formó un método que consiste en dirijir mezclas de medicameutos desconocidos con- tra formas de enfermedades arbitrariamente admitidas, todo con arreglo a miras materiales en contradicción con la naturaleza y la esperiencia, y por consiguiente sin resultado ventajoso. Esta es la antigua medicina que se llama alopatía. Sin desconocer los servicios que un gran número de médicos han hecho a las ciencias accesorias del arte de curar, a la física, a la química, a la historia natural en sus diferentes ramos, y a la del hombre en particular, a la anlropolojia, a la fisiolojía, a la anatomía, etc., me ocuparé aquí de la parte práctica de la medicina, para demostrar cuan imperfecto es el modo con que se han tratado las enfermedades hasta ahora. Mis miras se elevan mucho sobre esa rutina mecánica que juega con la vida tan preciosa de los hombres, tomando por guia colecciones de recetas, cuyo número cada dia creciente prueba cuan estendido se encuentra todavía por desgracia su uso. Mas dejo este escándalo a la plebe del pueblo médico, y voi a ocuparme solamente de la medicina reinante, que imajina que su antigüedad la da real- mente el carácter de ciencia. Esta antigua medicina se alaba de ser la única que merece el título de racional, porque también es ella sola, dice, la que se detiene a investigar y separar la causa de la enfermedad, es la única también que sigue los pasos de la naturaleza en el tratamiento de estas. Tolle eausam! grita sin cesar; pero se limita a este vano clamor. Se figura poder encontrar la causa de la enfermedad; pero no la encuentra en reali- dad, porque no se puede ni conocerla, ni por consiguiente encontrarla. En efecto, siendo la mayor parle, la inmensa mayoría de las enfermedades, de oríjen dinámico, su causa no puede someterse a nuestros sentidos. Se veia, pues, reducida a ¡majinar una. Comparando, por una parte el estado normal do las parles internas del cuerpo humano después de la muerte (anatomía) con las alteraciones visibles que estas partes presentan en los sujetos muer- tos de enfermedades (anatomía patolójica); por otra, las funciones del cuer- po vivo (fisiolojía) con las aberraciones infinitas que éstas sufren en los innumerables estados morbosos (patolojía semeyótiea), y deduciendo de esto consecuencias con arreglo al modo visible con que se efectúan los cambios en el interior del hombre enfermo, se llegaba uno a formar una iinájeu vaga y fantástica, que la medicina teórica miraba como causa primitiva de la en- fermedad (1), de la cual se hacia en seguida la causa próxima y al mismo (1) Su conducta hubiera sido mas conforme a la sana razón y a la naturaleza de las cosas, si para ponerse en estado do. curar una enfermedad hubieran tratado de descubrir su causa ocasional, y si, después de haber puesto fuera de loda duda la eficacia de un plan de tratamiento en todas las afecciones dependientes de una mis- ma causa ocasional, hubieran podido después aplicarle igualmente con buen resul- tado a aquellas cuyo orijen era el mismo, como por ejemplo el mercurio, que con- viene en todas las úlceras venéreas, es apropiado también a las úlceras del glande SOTmE LA JIRTIICINA ALOPÁTICA. 5 tiempo la esencia íntima de esta enfermedad, o la enfermedad misma, aun- que el buen juicio diga que la causa de una cosa no puede serlo la cosa misma. Ahora bien: ¿cómo se podia, sin querer engañarse a sí mismo, hacer de esta esencia inapreciable un objeto de curación, prescribir contra ella medicamentos cuya tendencia curativa era igualmente desconocida, al menos de la mayor parle de ellos, y sobre todo acumular muchas de estas sustancias desconocidas en lo que se llaman fórmulas? Sin embargo, el sublime proyecto de encontrar apriori una causa interna e invisible de la enfermedad se reducía, al menos en los médicos reputados por los mas razonables de la antigua escuela, a investigar, tomando también, a la verdad, por base los síntomas, lo que se podia presumir que era el ca- rácter jenérico de la enfermedad presente, (I). Se quería saber si era el es- pasmo, o la debilidad, o la parálisis, la fiebre o la inflamación, la induración o la obstrucción de tal o cual parte, la plétora sanguínea, el exceso o la falta de oxijeno, de carbono, de hidrójeno o de ázoe en los humores; la exaltación o la disminución de la vitalidad del sistema arterial, venoso o capilar; una alteración en las proporciones relativas de los factores de la sensibilidad, de la irritabilidad o de la nutrición. Estas conjeturas, honradas por la escuela con el nombre de indicaciones procedentes de la causa, y miradas como la única racionalidad posible en medicina, eran demasiado hipotéticas y falaces para que pudieran gozar de la menor utilidad en la práclica. Incapaces, aun cuando hubiesen sido fundadas, de dar a conocer el mejor remedio que se podia emplear en tal o cual caso dado, halagaban demasiado el amor propio del que las habia construido a fuerza de labo- riosidad; pero en la mayor parte de casos les inducían a error, cuando pretendían obrar con arreglo a ellas. Obraban así mas bien por ostenta- ción, que con la esperanza real de que les sirvieran de algún provecho para llegar a la verdadera indicación curativa. ¿Con cuánta frecuencia no sucedía que el espasmo y'la parálisis parecía que existían en una parte del organismo mientras que la inflamación apa- rentaba encontrarse en otra? Por otra parte ¿de donde podían salir remedios seguros para cada uno de estos pretendidos caraciéresjenerales? Semejantes remedios no hubieran po- dido ser otros que los específicos, es decir, medicamentos análogos i la determinadas por un coito impuro; si hubiesen descubierto, repilo, que todas las demás 'enfermedades crónicas (no venéreas) reconocen por causa ocasional la infec- ción reciente o antigua del miasma psórico, y hubiesen encontrado con arreglo a esto un método curativo común, modificado solamente por las consideraciones terapéuti- cas relativas a cada caso individual, que permitiese curarlas todas; enlónees hubie- ran podido decir que tenían a la -visla la única causa de las enfermedades crónicas no venéreas, de la enfer- medad contra cuya totalidad no hubiera habido remedio mas verdadero y pronto que un medicamento elejido con arreglo a la analojía de los fenó- menos determinados por su acción sobre el hombre sano; o en otros térmi- nos, un remedio homeopático. Como todo cuanto hace la grosera naturaleza para aliviarse en lac enfer- medades ya agudas, ya sobre todo las crónicas, es mui imperfecto y aun constituye una enfermedad, es mui natural creer que, trabajando los esfuer- zos del arle en el mismo sentido de esta imperfección, para aumentar su» resultados, perjudican todavía mas ; y que al menos en las enfermedades agudas no pueden eorrejir lo que tienen de defectuoso las tentativas de la na- turaleza, puesto que no encontrándose / el médico en estado de seguir las vías ocultas, por la que la que fuerza vital efectúa sus crisis, no podría obrar mas que al esterior con medios euérjicos, cuyos efectos son menos benéficos los de la naturaleza entregada a sí misma, pero en cambio mas perturbado- res y mas funestos. Porque este alivio incompleto que la naturaleza llega a conseguir por medio de derivaciones y de crisis, no puede él alcanzarlo si- guiendo el mismo camino; se queda todavía, por mucho que haga, muí in- ferior a este miserable socorro, que al menos puede proporcionar ia fuerza vital abandonada a sus propias fuerzas. Se ha tratado, sacrificándola membrana pituitaria, de producir hemorra- jias nasales imitando las epístasis naturales, para aliviar, por ejemplo, los accesos de unacefalaljía crónica. Sin dudase podría asi sacar bastante san- gre de las narices para debilitar al enfermo; pero el alivio era mucho me- nor del que se habia conseguido en otra ocasión en que, por su propio im- pulso, la fuerza vital instintiva habia hecho correr solamente algunas gotas de sangre. Eno de esos sudores o diarreas llamadas crrücas, quola fuerza vital ac- tiva incesantemente, escitada a consecuencia de una incomodidad súbita pro- ducida por un disgusto, el terror, un enfriamiento, un cansancio, tiene mu- cha mas eficacia para disipar, momentáneamente al menos los agudos pade- cimientos del enfermo, que lodos los sudoríficos o purgantes de una ofi- cina, (pie solo consiguen empeorarle. La esperiencia diaria no permite dudar de esto. Con todo eso, la fuerza vital, que no puede obrar por sí misma mas que de una manera conforme a la disposición orgánica de nuestro cuerpo, sin intelijencia, sin reflexión, sin juicio, no nos ha sido dada para que la mire- mos como la mejor guia que hai que seguir en la curación de las enfermeda- des, ni mucho menos para que imitemos servilmente los esfuerzos incom- pletos y morbosos que hace para restablecer la salud, añadiendo a ellos ac- tos mas contrarios que los suyos al objeto que se propone alcanzar, para que nosotros nos ahorremos el trabajo de intelijencia y de reflexión necesario para el descubrimiento del verdadero arte de curar : en fin para que en el lu- gar del mas noble de todos los artes humanos pongamos una mala copia de los socorros poco eficaces que la grosera naturaleza puede dar, cuando se la abandona a sus propios recursos. ¿Qué hombre de sano juicio querría imitarla en sus esfuerzos conservado- res? Estos esfuerzos son precisamente la enfermedad misma, y la fuerza vital afectada morbosamente, esla que crea la enfermedad que se ve. El arle SOP.RE LA MF.DIC1NA ÁI.OpXtÍCA. i\i pues debe por necesidad aumentar el mal cuando la ¡mita en sus procede- res, o suscitar mayores riesgos cuando suprime sus esfuerzos Pues la alopa- tía hace lo uno y lo otro. ¡Y es esto lo que ella llama una medicina racional! ¡No! esta fuerza innata en el hombre, que dirije la vida déla manera mas perfecta durante la salud, cuya presencia se hace sentir con igualdad en to- das las partes del organismo, en la fibra sensible como en la fibra irritable, y que es el resorte infatigable de todas las funciones normales del cuerpo, no ha sido creada para socorrerse a sí misma en las enfermedades, para ejercer una medicina digna de imitación. ¡No! la verdadera medicina, obra de la reflexión y del juicio, es una creación del injenio humano; que, cuando la automática enerjía de la fuerza vital ha sido arrastrada por la enfermedad a acciones anormales, sabe imprimirla por medio de un remedio homeopáti- co, una modificación morbosa análoga, pero un poco mas fuerte de manera que la enfermedad natural no pueda ya influir sobre ella, y que después de la desaparición, que no se hace aguardar mucho liempo, de la nueva enfer- medad producida por el medicamento, vuelva a las condiciones del estado normal, a su destino de presidir al sosten de la salud, sin haber sufrido, du- rante esta conversión, ningún ataque doloroso o capaz de debilitarla. La me- dicina homeopática enseña los medios de llegar a esle resultado. Ungían número de enfermos tratados segun los métodos déla antigua es- cuela que acabamos de examinar, se libraban de sus enfermedades, no eu los casos crónicos (no venéreos), sino en los casos agudos que presentan menos peligro. Sin embargo solo conseguía esto por medio de rodeos tan penosos, y de una manera tan imperfecta, que no podia decirse que fuesen deudores de sus curaciones a la influencia de un arte agradable en sus pro- cederes. En las circunstancias en que el peligro no era nada inminente, unas veces se contentaban con reprimir las enfermedades agudas por medio de emisiones sanguíneas, o por la supresión de uno de sus principales síntomas a beneficio de un paliativo enantiopálico; otras veces se las suspendía por medio de irritantes y revulsivos aplicados sobre sitios distantes del órgano enfermo, hasta que se hubiese terminado el curso de su revolución natural, es decir, que se les oponían medios indirectos que causaban una pérdida de fuerzas y de humores. Obrando de este modo, la mayor parte de lo que ha- bia que hacer para destruir enteramente la enfermedad, y reparar las pér- didas csperimentadas por el sujeto, quedaba a cargo de la fuerza conserva- dora de la vida. Esta, pues, tenia que triunfar del mal agudo natural y de las consecuencias de un tratamiento mal dirijido. Ella era la que, en ciertos ca- sos designados solo por la casualidad, tenia que desplegar su propia ener- jía para volver las funciones a su ritmo normal, lo que no hacia muchas ve- ces sino con trabajo, de una manera incompleta, y uo sin accidente de na- turaleza diversa. Es dudoso que esla marcha, seguida por la medicina actual en las enfer- medades agudas, abrevie o facilite realmente un poco el trabajo a que debe entregársela naturaleza para proporcionar la curación, pues que ni la alo- patía ni la naturaleza pueden obrar de un modo directo, porque los métodos derivativo ¡ antagonista de la medicina solo son a propósito para producir un ataque mas proiuudo en el organismo, y ocasionar una pérdida mayor de fuerza. La antigua escuela posee también otro método curativo, que se llama escitante y fortificante (l), y que obra con el auxilio de sustancias llamadas (1) Esto es propiamente hablando enanliopático, volvere todavía a ocuparme de él en el texto del órgmon. 20 0 J CADA escitantcs, nervinas, tónicas, confortantesy fortalecientes. No puede uno menosdesorprendersealverque.se atreve a ostentar semejante método. ¿Ha conseguido jamás disipar la debilidad que produce y sostiene o aumen- ta con tanta frecuencia una enfermedad crónica, prescribiendo como lo ha hecho tantas veces, el viro del Rhin o el de Tokay? Como este método no podia curar la enfermedad crónica, orijen de la debilidad, las fuerzas del enfermo disminuían tanto mas, cuanto mas vino se le hacia tomar, porque a las escitaciones artificiales, opone la fuerza vital un descaecimiento duran- te la reacción. ¿Se ha visto jamás a la quina, o a las diversas sustancias que se conocen con el nombre colectivo de amargos, volverá dar las fuerzas en estos casos que son tan frecuentes? Estos productos vejelales, que se suponía que eran tónicos y fortificantes en todas circunstancias, no tenían, como las prepa- raciones marciales, la perogativa de añadir frecuentemente nuevos males a los antiguos en consecuencia de su acción morbífica propia sin poder hacer cesarla debilidad dependiente de una enfermedad antigua desconocida? Los ungüentos nervinos, o lo demás lópicos espirituosos y balsámicos, ¿han disminuido jamas de un modo verdadero, ni aun solamente momentáneo, la parálisis incipiente de un brazo o de una pierna, que proceda, como sucede tan a menudo, de una enfermedad crónica, sin que esla misma haya sido curada? Las Conmociones eléctricas y galvánicas, ¿han tenido jamás otro resultado, en semejantes circunstancias, que el de hacer poco a poco mas intensa i final- mente total la parálisis de la irritabilidad muscular y de la escitabílidad ner- viosa (1)? Los escitantes i afrodisíacos tan decantados, el ámbar gris, la tintura de cantáridas, las criadillas de tierra, las cardamomos, la canela y la vainilla, ¿no concluyen constantemente por convertir en una impotencia total la debi- lidad gradual dejas facultades viriles, cuya causa es en todos los casos un miasma crónico desapercibido? ¿Cómo se puede decantar- una adquisición de fuerza y de escitacíon que dura algunas horas, cuando el resultado quea esto se sigue acarrea el es- tado contrario, que dura para siempre, con arreglo a las leyes de la natura- leza de todos los paliativos? El poco bien que los escitantes y fortificantes proporcionan a las personas tratadas de enfermedades agudas según el antiguo método, es mil y mil ve- ces superado por los inconvenientes que resultan de su uso en las enferme- dades crónicas. Cuando la antigua medicina no sabe que hacer para atacar una enferme- dad crónica, usa aciegas medicamentos que designa con el nombre de al- terantes. Echa mano de los mercuriales, los calomelanos, el sublimado co- rrosivo, el ungüento mercurial, terribles medios que estima sobre todos los de- mas basta en las enfermedades no venéreas, i quedispensa con tanta pro- digalidad, y hace obrar durante tanto liempo sobre el cuerpo enfermo, que la salud acaba por ser arruinada completamente. Ella produce sí grandes (I) Un boticario lerna una pila de volta, cuyas descargas moderadas mejoraban por algunas horas el estado de las personas atacadas de dureza de oido. Bien pronto es- tos sacudimientos no producían efecto, y se veía obligado, para obtener el mismo resultado, a hacerlos mas fuertes, hasta que a su vez negaban estos a ser también ineficaces; después de lo cual los mas violentos, tenían todavía al principio la facul- tad de devolver el oido por algunas horas a los enfermos, pero concluían por dejar- los sujetos a una sordera absoluta. SOBRE LA MEDICINA ALOPÁTICA. 21 cambios; pero estos cambios jamás son favorables, y la salud se encuentra constantemente destruida, sin recurso por un metal que es pernicioso en alto grado, siempre que no se sabe usarlo con oportunidad. Cuando en todas las fiebres inierininentes epidémicas, estendidas con fre- cuencia en vastas comarcas, prescribe a altas dosis la quina, que solo cura homeopáticamente la verdadera fiebre intermitente de los pantanos, aun admitiendo que la psora no se oponga a ello, da una prueba palpable de su conduela bjera e inconsiderada, pues que estas fiebres afectan un carácter diferente cada vez, por decirlo así, que se presentan, y por consiguiente re- claman también casi cada vez otro remedio homeopático, del cual una pe- queñísima dosis, única o repetida, basta entonces para curarlas radicalmen- te en algunos dias. Como estas enfermedades vuelven por accesos periódi- cos; como la aniigua escuela no consideraba mas que el tipo en todas las fiebres intermitentes , filialmente, como no conoce ni quiere conocer otros febrífugos mas que la quina, se persuade que para curar estas fiebres lebas- la estínguir, el tipo con dosis acomuladas de quina o de quinina, lo que el instinto inconsiderado, pero bien inspirado en este caso, de la fuerza vital, trata de impedir con frecuencia durante muchos meses. Mas el enfermo, en • ganado por esle tratamiento falaz, jamas deja, después qne se ha suprimido el tipo de su fiebre, de esperimentar padecimientos mas vivos que los causa- dos por la fiebre misma. Se pone pálido y asmático, sus hipocondrios parece que están comprimidos por una ligadura ; pierde el apetito ; su sueño jamás es tranquilo ; no tiene ni fuerza, ni ánimo; la hinchazón se apodera frecuen- temente de sus piernas, de su vientre d aun de su cara y de sus manos. Sale así del hospital, curado, según pretenden, y con muchísima frecuencia son necesarios después años enteros de un tratamiento homeopático penoso, no para volverle la salud, sino para libertarle de la muerte. La antigua escuela se jacta de que con el auxilio de la valeriana, que en semejante caso obra como medio antipático, consigue disipar por algu- nas horasd profundo estupor deque van acompañadas las fiebres nerviosas. Pero como el resultadoque obtiene no es de duración; como se ve precisada a aumentar incesantemente la dosis de valeriana para reanimar al enfermo al- gunos Listantes, no tarda en ver que las mas altas dosis no producen ya el resultado qne espera, mientras que la reacción determinada por una sustancia, cuya impresión estimulante no es mas que un simple efecto primitivo, para- liza enteramente la fuerza vital, y entrega al enfermoa una muerte próxima, que este pretenso tratamiento racional hace inevitable. Sin embargo, la es- cuela no conoce que mata con seguridad en semejante caso, y solo atribuye la muerte a la malignidad del mal. Un paliativo quizá mas temible todavía esla dijital purpúrea, con la cual la escuda reinante se muestra tan ufana, cuando quiere hacer lento el pulso en las enfermedades crónicas. La primera dosis de este medio poderoso, que obra aquí de una manera enantiopática disminuye sveguramenleel númerode pulsaciones aliénales durante algunas horas; pero el pulso no larda en re- cobrar su frecuencia. Se aumenta la dosis para conseguir que se retarde to- davía un poco, lo que en efecto se consigue, basta que las dosis cada vez mas fuerte y no producen ningún resultado ; y durante la reacción, que ya no se puede impedir, la frecuencia dd pulso es mui superior a la que habia antes de la administración de la dijital : el númerode pulsaciones se aumenta en- tonces en términos que ya no se las puede contar, el enfermo no tiene na- da de apetito, ha perdido todas sus fuerzas, en una palabra se ha trasforma- 23 OJEADA do en un verdadero cadáver. Ninguno de los que se tratan así se libra de la muerte, a no ser para caer en una manía incurable (I). Hé aquí cómo dirijía el alópata sus tratamientos. Mas los enfermos se veian obligados a someterse a esta triste necesidad, pues ninguna mejora hubieran hallado etilos demás médicos, porque todos habian tomado su instrucción en un mismo manantial, y este era impuro. La causa fundamental délas enfermedades crónicas no venéreas y los me- dios capaces de curarlas eran desconocidas de estos prácticos que se pa- vonean con sus curaciones diríjidas, según ellos, contra las causas, y con el cuidado que dicen que lienen que remontarse en el diagnóstico al orijen de estas afecciones. (2) ¿Cómo habrán podido curar el inmenso número de las enfermedades crónicas con sus métodos indirectos, imperfectas i peli- grosas imitaciones de los esfuerzos de una fuerza vital automática, que no han sido destinados para servir de modelos de la conducta que debe seguirse en medicina? Mirando lo que creían que era carácter del mal como la causa de la enfer- medad, y con arreglo a esto dirijian sus pretendidas curaciones radicales contra«el espasmo, la inflamación (plétora), la fiebre, la debilidad jeneral y parcial, la pituita, la puridez, las obstrucciones, etc., que imajinaban disi- par con el auxilio de sus autiespasmódicos, antiflojísticos, fortificantes, es- citantes, antisápticos, fundentes, resolutivos, derivativos, evacuantes, y otros medios antagonistas, que los mismos no conocían mas que de uu modo su- perficial. Mas no bastan indicacíoues tan vagas para encontrar remedios que sean de iin verdadero auxilio, y menos que en cualquiera otra parte en la materia médica de la antiagua escuela, que como he hecho ver en otro lugar (3), se fundaba las mas de las veces en simples conjeturas, i eu consecuencias de- ducidas de efectos obtenidos en las enfermedades. Se procedía igualmente de un modo del todo aventurado, cuandi dejándose guiar por indicaciones todavía mas hipotéticas, se obraba contra la falta o superabundancia de oxijeno, de ázoe, de carbono o de hidrójeno en los hiíJ mores ; contra la exaltación o la disminución de la irritabilidad, de la sensibilidad, de la nutrición, de la arterialidad, déla venosidad o déla capí- laridad ; contra la artenia, etc., sin conocer ningún medio de conseguir irios fines tan quiméricos. Todo esto era pura ostentación. Eran sí tratamientos, pero que ninguna ventaja reportaban a los enfermos. Mas hasta toda apariencia de tratamiento racional de las enfermedades de- saparece con el uso consagrado por el tiempo, i aun erijido en leí, de aso- ciaren conjunto sustancias medicínales diversas para constituir lo que se (1) Y sin embargo uno de los corifeos de la antigua escuela, Hufeland,* alaba to- davía la dijital para llenar esta indicación «Nadie negará, dice, que la enerjí a de la circulación puede ser calmada por la dijilal.» La esperiencia diaria niega esle efecto por parle de un remedio enantiopálico en grado heroico. (2) En vano quiere Hufeland honrar a su vieja escuela diciendo que se entrega ae-ta investigación, porque sabe que, antes de la publicación de mi Tratado de las enfermedades crónicas, la alopatía habia ignorado durante veinte i cinco siglos el verdadero orijen de estas. Debió pues asignarles olro, que era falso. (3) Véase en los Prolegómenos de mi tratado de materia, médica pura el capitulo sobre las fuentes ¡496. (4) En Haller Arzneimülellehre, p. 319. (5) En Vicat, Plantes veneneuses, p. 125. (6) Ratio medendi, P. I, p. 13. (7) Geschichet der Krankh. in Neapcl, t. I, párrafo 17o. (8) Obs. on the discases of thc army. ed. 7, párrafo 143. (9) Observationes clinicce, Lubeck, 1737. (10) C. Cruger, en la M>sc, nat. cur., dec. III, año 2, obs. 88. Kaau-Boerhaave, Impetum faciens. Leidcn, 1745, p. 282. Kellner, en Brcscl. Samml. 172. (11) Veckoskrifit for Lcekare VI, p. 40. (12) Diss. de stramonii usu in malis convulsivis. Upsal, 1773 (13) Diss de stramonii usu. Ups. 1773. (14) Diss morborum casus, spee I. Ups. 1785. (.15) Chir. und. medicin. Vorfaclle. Leipzkk, 1781: p. 178. (16) EnSchenckl. obs. 139. DEBIDAS A LA CASUALIDAD. 31 síncope (D. Cruger y Morlón), una gran debilidad, una especie de ictericia (Thomson, Richard, Stahl y C. — E. Físchez) amargor de boca (Quarin y Fris- cher), en fin tensión del bajo vientre. Pues precisamente cuando estas in- comodidades y estos estados morbosos se encuentran reunidos en las fiebres intermitentes, es cuando Torti y Cleghorn recomiendan recurrir solamente a la quina. Del mismo modo, el uso ventajoso que se hace de esla corteza en las dijesliones laboriosas, en la falla de apetito y el eslado de estenuacion que son consecuencia de las fiebres agudas, sobre todo cuando han sido tratadas por medio de la sangría, de los evacuantes y los debilitantes, se funda en la propiedad que tiene de producir una postración estreñía de fuer- zas, de anodadar el cuerpo y el alma; de hacer la dijestion penosa, y de abolir el apetito, como lo han observado Cleghorn, Fríborg, Cruger, Romberg, Stahl, Tomson y otros. ¿Cómo se hubieran detenido mas de una vez flujos desangre con la ipe- cacuana, como lo han conseguido Baglivio Barbeyrac, Gíanclla, Dalberg, ^ Bergiris y otros, si no encerrase en sí misma la facultad de escitar hemorra- jias, lo que efectivamente han notado Murray, Scott y Geoffroy? ¿Como po- dría ser saludable en el asma espasmódico, como Akenside (I), Meyer, (2), Bang (31, Stoll [41, Fonquel (5) y Ranoé (6) nos lo enseñan, si no poseyese la facultad de producir por sí misma, sin escitar ninguna evacuación, el asma en jeneral, y el asma espasmódico en particular, que Murray (7), Geoffroy (8) y Scott (9) han visto nacer de su acción sobre la economía? ¿Pue- den exijirse pruebas mas claras de que los medicamentos deben ser aplica- dos para la curación de las enfermedades en razón de los efectos morbosos que producen? Seria imposible comprender como el haba de S. Ignacio ha podido ser tan eficaz en una especie de convulsión, como lo afirman Herrmann (10), Va- lentín (11) y un escritor anónimo (12), sino promoviese por sí misma convul- siones semejantes, como se han convencido de elloBergíus (15) Camelli (14 y Din¡us (lo). Las personas que han recibido golpes y contusiones esperimenlan dolores de costado, ganas de vomitar, punzadas y ardor en los hipocondrios, todo eslo acompañado de ansiedad, de temblores y estremecimientos involunta- rios semejantes a los que ocasionan las conmociones eléctricas; durante la vijilia y durante el suefiG hormigueo en las partes afectas, etc. Pues pu- (!) Medical, trans., I, numero 7. p. 39. (2) Diss. de ipccac. refracta dosi usu, p. 34. (3) Praxis medica, p. 346. (4) Prcelectioncs, p. 221. (5) Journal de médecine, t. 62, p. 137. (6) En las Act. rcg. soc. med. Hafn. II, p. 163 III, p. 361. (7) Medie- pract. Bibl. p. 237. (8) Traite de la maliére medícale, II, p. 157. (VJ En Med. comrnent. of. Edimb. IV, p. 74. (10) Cynosuramat. med. II, p. 331. (11) Hist. simplic. reform., ¿>. 194 párrafo'4. (12) En las Act. Berol., dec. II, voi. 10, p. 12, (13) Materia médica, p. 150 fl-i) Phüos. trans., voi. XXI n.° 250. (15) Miscell. nal. cur. dec. III, ann. 9, 10. 32 curaciones homeopáticas diendo el árnica producir por sí misma síntomas semejantes, como lo ates- tiguan las observaciones de Meza, Vicat Crichthon, Collin, Aaskow, Sloll y J-C. Lange, se concibe fácilmente que esla planta cure los accidentes que proceden de un golpe, de una caída o de una contusión, según lo han espe- rimenlado hace algunos siglos una multitud de médicos y pueblos enteros. Entre los desórdenes que la belladona produce en el hombre sano, se encuentran síntomas cuyo conjunto compone una imajen que se parece mucho a la especie de hidrofobia que causa la mordedura de un perro ra- bioso, enfermedad que Mayherne (1), Munch (3>, Bucbh ilz (3) y Neimike (4) han curado real y perfectamente con esla plañía (5) El sujeto no puede dormirse; tiene dificultad de respirar; le devora una sed ardiente y acom- pañada de ansiedad; apenas se le presentan líquidos cuando inmediata- mente los rechaza; su cara está encendida, sus ojos fijos y centelleantes (F.-C. Grimm); esperimenta sofocación al beber (É- Carnerarios y Sauter); s jeneralmente no puede tragar nada (May, Lotlinger, Sicelius, Buchave, D' Hermon, Maneti, Vicat, Cullen); esperimenta alternativamente terror y de- seos de morderá las personas que le rodean (Sauter, Dumouün, Buchave, Mardorf); escupe a su alrededor (Sauter); trata de escaparse (Dunioulm, E. Gmelin, Buchcl ); en fin, su cuerpo está en mía continua ajitacion (Boucher E. Gmelin y Sauter). La belladona ha curado también varias especies de manía y melancolía en los casos referidos por Evers,- Schmuker, Schmalz, Munch padre e hijo y oíros, porque posee en sí misma la facultad de produ- cir ciertas especies de demencia, tales como las que han sido señálalas por Rau, Grimm, Hasenest, MardOrf, Hoyer, Ditlenius y otros. Hvnning (6) des- pués de haber tratado inútilmente por espacio de tres meses una amaurosis con manchas abigarradas delante de los ojos, con una multitud de medios diversos, llegó a imajinarse que esta afección podia mui bien ser debida a * la gota, de la que no obstante el enfermo no habia tenido ningún ataque, y la casualidad leeondujo así a prescribir la belladona (7), que proporcio- (\) Praxeos inmorbis internis syntagma alterum. Víena, 1697 p. 136. (2) Beobacchtungen bey angwendeter Belladonne bey den Menschen. Stendal 1789. (31 Heilsame ~Wirkungen der Belladonne in ausgebro chener Vfuth. Erfurt. 1785. (4) En J.-H. Munch' S. Beobacchtungen, Th I, p. 74. (5) Si ha sucedido con frecuencia que la belladona no ha tenido buen éxito en la rabia declarada, no se debe perder de visla que solo puede curar en esle caso por la facultad que liene de producir electos semejantes a los de la enfermedad, y que de consiguiente no debería h.iber sido administrada, sino a dosis sumamente peque- ñas, como todos los remedios homeopáticos, loque se demostrará en el Órganon. Pe- ro la mayor parle de las veces se la ha administrado a dosis enormes, de modo que los enfermos.se veian morir necesariamente no de la enfermedad sino del remedio. Sin embargo, puede mui bien suceder que haya mas de un grado o de una especie de hidrofobia y de rabia, y que por consiguiente, según la diversidad de los sínto- mas, el remedio homeopático mas conveniente sea unas veces el beleño y otras también el estramonio. (6) En Hufeland' s Journal, XXV, IV, p. 70*74. (6) Solo por conjetura se ha dispensado a la belladona el honor* de colocarla en el numero de los remedios contra la gota. La enfermedad que podrió tener todavía algún derecho a abrogarse el nombre de gota, ni puede ni podrá jamas curarse con la belladona. DEBIDAS A LA CASUALIDAD. 33 no una curación rápida y exenta de todo inconveniente. Nadie duda que él hubiera elejido este remedio desde el principio, si hubiera sabido que no se puede curar mas que con el auxilio de medios que produzcan síntomas semejantes a los de la enfermedad, y que la belladona no podia dejar, se- gún la lei infalible de la naturaleza, de curar homeopáticamente en este caso, puesto que según el testimonio de Sauter (1) y de Buchholz (2), escita ella misma una especie de amaurosis con manchas abigarradas delante de los ojos. El beleño ha hecho desaparecer en presencia de Mayerne (3) Stcerk, Co- Uin y otros, espasmos que tenían grande semejanza con la epilepsia. Ha pro- ducido este efecto en razón a la facultad que posee de escitar convulsiones mui análogas a la epilepsia, como se halla indicado en las obras de E. Ca- rnerarios, C. Seliger, Hunerwolf, A. Hamilton, Planchón, Da Costa y otros. Folhergill (4) Stoerk, Hdlwig y Qfierdinger han empleado el beleño con buenos resultados en ciertos jéueros de enajenación mental. Pero hubiera probado aun mucho mejor en semejantes casos en manos de mayor número de médicos sino se hubiera tratado de curar con su auxilio otras enajenacio- nes mentales, que la que tiene analojía con la especie de locura estúpida que Van Helmont, Wedel, J.-G. Gmelin, Laserre, Hunerwolf, A. Hamilton, Kier- nander, J. Stendmann, Tozzetti, F. Faber y Weudt han visto seceder a la acción de esta planta sobre la economía. Reuniendo los efectos que estos últimos observadores han visto producir al beleño, se forma la imájen de un histerismo llegado a un grado conside- rable. Pues encontramos en J.-A.-P Gesner, en Sicerck y en las Actas de los curiosos de la naturaleza (3), que un histerismo que tenia mucha seme- janza con el referido fue curado con el uso de esta planta. Schenkbecher (6) no hubiera podido curar jamás con el beleño en vértigo que contaba veinte años de duración, si este vejetal noposeyese en alto gra- do la facultad de producir jeneralmente un estado análogo, como lo ates- tiguan Hunerwolf, Blom, Navier, Planchón, Sloane, Stedmann, Greding, Wepfer, Vicat y Bernigau. Mayer Abramsom (7) atormentaba hacia mucho tiempo a un maniaco ce- loso con remedios que no producían en él ningún efecto, cuando al fin le hi- zo lomar como soporífico el beleño, que produjo una rápida curación. Sí hubiera sabido' que esta planta escita los celos y manías en los sujetos sanos, y hubiera conocido la lei homeopática, única base natural de la terapéutica, hubiera podido desde el principio administrar el beleño con toda seguridad, y evitar asi el molestar al enfermo con remedios, que no siendo homeopáticos, ' de nada podrían servirle. Las fórmulas complicadas que Kecker (8) empleó con el mejor resultado en un caso de constricción espasmodica de los párpados hubieran sido inú- (1) En Hufeland' s. Journal, XI. (2) Ibid., V, I, p. 252. (3) Prax. med., p. 23. (í) Mem- of (he. med. soc. of. JLondon, 1, p. 310, 314. (5) IV, obs. 8. (6) Von der Kinkina, Schierling, Bilsenkraut,'u. s. W. Riga, 1769, páj. 1G2 Anhang. (') En Hufkland' s Journal XIX, II, p. 00. (V Ibid-., I, p. 354. 34 CURACIONES homeopáticas tiles, si felizmente la casualidad no hubiera hecho entrar en ellas el beleño que, según Wepfer (I), produce una afección análoga en los sujetos sanos. Wilhering (2) no llegó tampoco a triunfar de una constricción espasmodi- ca de la larinje con imposibilidad de tragar, hasta el momento en que admi- nistró el beleño, cuya acción principal consiste en determinar una constric- ción espasmodica del istmo de las fauces con imposibilidad de ejecutar la deglución, efecto que Tozzetti, Hamilton, Bernígau, Sauvages y Hunerwolf le han visto producir y en alto grado. ¿Cómo podría el alcanfor ser tan saludable, como pretended verídicoHux- bam (5), en las fiebres llamadas lentas nerviosas, en las que el calor está dis- minuido, la sensilidad embolada y las fuerzas jenerales considerablemente disminuidas, si el resultado de su acción inmediata sobre el cuerpo no fuese la manifestación de un estado semejante en un todo a aquel, conioG. Alexan- der, Cullen y Hoffmann lo han observado? Los vinos jenerosos tomados a pequeñas dosis curan homeopáticamente la fiebre inflamatoria pura.C. Criveilati [4|, H. Augenius (5), A. Mundella(G), y dos anónimos (7) han recojído todas las pruebas de esto. Ya Asclepiades (8) habia curado una inflamación del cerebro con una pequeña dosis de vino. Un delirio febril acompañado de respiración estertorosa y semejante a la pro- funda embriaguez que el vino produce fué curado en una sola noche con vi- no, que Rademacher (9) administró al enfermo. ¿Es posible desconocer aquí el poder de una irritación medicinal análoga? Una fuerte infusión de té ocasiona a las personas que no están acostum- bradas a él palpitaciones de corazón y ansiedad : asi tomado a pequeñas dosis es un excelente remedio contra eslos accidentes producidos por otras cau- sas, como lo ha puesto fuera de loda duda GL Rau [19]. Uu estado semejante a la agonía, en el cual el enfermo esperimentaba con- vulsiones qne le privaban del conocimiento, y que alternaban con accesos de respiración espasmodica y entrecortada, a veces también suspirosa y ester- torosa, y que se acompañaba de un frío glacial en la cara y en el cuerpo, con lividez de los pies y de las manos y debilidad del pulso (estado enteramente análogo al conjunto de accidentes que Schweikert y otros han visto resultar de la acción de^opio) fué al principio tratado sin éxito por Slulz (11) con el álcali, pero se curó en seguida de un modo rápido y duradero con el opio. ¿Quién no reconoce aquí el método homeopático puesto en práctica sin sa- berlo el mismo que le emplea? El opio produce también, según Vicat, J.-C. Grimm y otros, una fuerte y casi irresistible tendencia al sueño, acompaña- da de sudores abundantes y delirio. f'\) De cicuta aqualica Bále,T1716, p. 60. fl) Edinb. med. comment, dcc. II, B, VI. páj. 263. (3) Opera, t. I, p. 172, t. II, p. 84. <'4J Trattafo dtW uso e modo di daré il vino nelle fcbbri acute. Roma 160O. (5) Epist. T. II, lib. 2-ep. 8. (6) Epist. 14. Bale, 1538. (7) Eph. nal. cur., dcc. II, ann. 2, obs. 53 Gazette de santé, 1788. (8) Co¡l. Aurel. Acut. lib. I, c. 16. (9) En Hufeland' s Journal, XVI, I, p. 92. (10) Vebcr den Vfcrth des homeopatíaschcn Hcilf. Heídclbcrg, 1824. p. 75. fll) En Hufeland' s Journal, X, IV, DEBtDAS A LA CASUALIDAD. 38 Este fué un motivo para que Osthoff [1] no le administrase en una fiebre epidémica que presentaba síntomas mui análogos; porque el sistema cuyos principios seguía prohibía recurrir a él en semejante circunstancia. Sin em- bargo, después de haber agotado inútilmente todos los remedios conocidos, y creyendo a su enfermo próximo a morir, tomó el partido de darle un poco de opio, cuyo efecto fué saludable, y efectivamente debia serlo según la lei eterna de la homeopatía. J. Línd confiesa iguarmente (2) que el opio quita los dolores de cabeza con calor en la piel y dificultad de sudar, que la cabe- za se despeja, el calor ardiente de la fiebre desaparece, la piel se pone flexi- ble y bañada de un sudor abundante. Pero Línd no sabia que este efecto sa- ludable del opio es debido a que a despecho de los axiomas de la escuela, esta sustancia produce en el hombre sano síntomas mui análogos a aquellos. Han existido sin embargo algunos médicos por cuya imajinacion ha pasado esla verdad como un relámpago, pero sin dar orijen a la mas mínima sospe- cha de la leí homeopática. Alston (o) dice que el opio es un medio calefacien- te, pero que no es menos a propósito para moderar el calor cuando ya existe. De la Guerenne (4) administró el opio en una fiebre acompañada de un violento dolor de cabeza, detención y dureza del pulso, sequedad y aspere- za de la piel, calor urente, en fin de sudores debilitantes, cuya difícil exha- lación era continuamente interrumpida por la ajitacion estraordinaria del enfermo. Este medio le produjo buenos resultados; mas no sabia que si el opio había producido efectos ventajosos, había sido porque posee la facul- tad de producir uu estado febril enteramente análogo en los sujetos sanos, según lo han reconocido muchos observadores. En una fiebre soporosa, en que el enfermo privado de la palabra se hallaba tendido con los ojos abier- tos, los miembros ríjidos, el pulso pequeño e intermitente, la respiración difícil y estertorosa, síntomas perfectamente semejantes a los qne el opio puede escitar por sí mismo, según relación de Delacroix, Rademacher, Crum- pe, Pyl, Vicact, Sauvages y otros muchos, esta sustancia fué la única a que CE. Hoffmann (3) vio producir buenos efectos, que fueron naturalmente un resultado homeopático. Wirthenson (6), Sidznham (7) y Marcus (8) han con- seguido también curar con el opio fiebres letárjicas. El letargo que De Meza (9) curó no pudo ser vencido mas que por esta sustancia que en semejante caso obra homeopáticamente, pues ella misma ocasiona el letargo. Después de haber atormentado largo tiempo con remedios inapropiados a su situa- ción, es decir, no homeopáticos, a un hombre atacado de una enfermedad nerviosa pertinaz, cuyos principales síntomas eran la insensibilidad y entor- pecimiento de los brazos, de los muslos y del bajo vientre, C.-C.Máthaei [10] le curó por último con el opio, que, según Stutz, J. Young y otros, tiene la (1) En Salzb. med. chirurg. Zeitung, 1805, III, p. 110. (2) Vers. ucbcr die Krankheiten dencn die Europcecr in heisen Klimatcn unter~ v:arfen sind. Riga 1773. (3) En E'limb. Ver suelten. V. P. I. art. 12. (4) En Roemf.r, Annalen der Arzncimittellhcr. I, II, p. 6. rí») Von Scharboch, Lusiscuche, u. s. w, Munster, 1787, p. 295. (6) Opii vires fibrae cordis debilitare, ctc, Munster, 1775. (7) Opera, p. 65i. (8) Migazin fuer Therapie, I, I, p. 7. (9) Act.. rcg. soc. med. Hafn. III, p. 202. (10) En Struve' s Triumph. der Heilk. IIL 56 CURACIONES HOMEOPÁTICAS propiedad de escitar por sí mismo accidentes semejantes de una grande in- tensidad, y que por consiguiente como cada uno ve no ha verificado la cu- ración en este caso si no de una manera homeopática. ¿Con sujeción a qué lei se verificó la curación de un letargo que databa de muchos dias, y que Hufdand obtuvo por medio del opio, (I) sino con sujeción a la homeopatía que ha sido desconocida hasta el présenle? Un enfermo padecía una epilep- sia que no se manifestaba nras qbe durante el sueño ; De Haen conoció que no era aquel un sueño natural, sino un adormecimiento lelárjico, con respi- ración estertorosa, semejante en todo al que el opio suscita en los sujetos sanos; y únicamente con el auxilio del opio fuá como le transformó en un sueño sano y verdadero, al mismo tiempo que libró al enfermo'de la epilep- sia (2) ¿Cómo podría el opio, que según nadie ignora, es entre las'sustancias veje tales aquella cuya administración a pequeñas dosis produce el estreñi- miento mas fuerte y mas pertinaz, ser sin embargo uno de los remedios con que mas se puede contar en las astricciones de vientre que ponen la vida en peligro, sino en virtud de la lei homeopática tan desconocida, es decir, sí la naturaleza no hubiese destinado los medicamentos a vencer las enfermeda- des naturales por una acción peculiar que les es propia., y que consiste en producir una afección análoga? El opio, cuya primera impresión están po- derosa para estreñir el vientre, fué para Tralles (3) el único medio de salva- ción en un caso que habia tratado inútilmente hasta entonces por medio de los evacuantes yde otros medicamentos no apropiados a las circunstancias. Lentilius [4] y G.-W. Wedel (o) Wirthenson, Bell, Heister y Richter [6] han comprobado igualmente la eficacia del opio, aun administrado solo, en esta* enfermedad. Bolín se habia convencido también por la esperiencia deque los opiados por sí solos podían desembarazar a las entrañas de su conteni- do en el cólico llamado miserere [7]; y el grande Hoffmann, en los casos mas peligrosos de esle jénero, se limitaba solo al opio combinado con el licor anodino [8]. ¿Todas las teorías contenidas en los doscientos mil volúmenes de medicina que pesan sobre la tierra, podrían darnos una esplícacion ra- cional de este hecho y de tantos otros semejantes, siendo todas ellas ente- ramente estrañas a la lei terapéutica de la homeopatía? ¿Son por ventura sus doctrinas las que nos conducen al descubrimiento de esla lei natural tan francamente espresada en todas las curaciones verdaderas, rápidas y dura- bles, a saber: que, cuando se aplican los medicamentos al tratamiento de las enfermedades, es preciso tomar por guía la semejanza de los efectos que producen en el hombre sano con los síntomas de estas afecciones? Raye (9) y Wedekind [10] han detenido meirorrajías alarmantes con el auxilio déla sabina, que, como todos saben, determina hemorrajias uterinas, (1) En Hufeland1 s Journal, XII, I. (2) Ratio medendi, V. p. 126. (3) Opü usus et abusus, sect. II, p. 260. (4). Eph. nat. cur., dec. lií, ann. !. App. p. 131. (5) Opiolojia, p. 120. (6J Anfangsgruendc der Wundarzncikunde, V, § 328. Cronischc lirankliciten- Berlín, 1816. II. p. 220. (1J De officio medici. ($) Mediein.:,ral. sysiem. t. IV, P. II, p. 297. (9) Beobai'htungcn uncí Schlucsse, II, p. 7. (10) En SIi i-el\nd' s Journal, X, I, p. 77. DEBIDAS A LA CASUALIDAD. 37 y por consiguiente el aborto en las mujeres sanas. ¿Podrá desconocerse aquí la leí homeopática que prescribe curar similia similibus? ¿Sería el almizcle especifico, con muí pocos escepciones, en las especies de asma a que se ha dado el nombre de Millar, sino produjese por sí mismo sofocaciones espasmódicas sin tos, como lo ha observado F. Hoffmann? (1) ¿Es posible que la vacuna garantice de las viruelas mas quede una mane- ra homeopática? Porque, sin hablar de otros gtandes rasgos de semejanza que existen con frecuencia entre estas dos enfermedades, tienen de común, el. que no pueden manifestarse mas que una sola vez en el curso de la vida ; que dejan igualmente cicatrices profundas ; que las dos determinan la tume- facción de las glándulas axilares; una fiebre análoga, una rubicundez infla- matoria al rededor de cada grano; y en fin la osialmia y las convulsiones. La vacuna destruiría bien la viruela recien manifestada, es decir, curaría esta afección ya existente, sino la escediesen las viruelas en intensidad. No le fal- ta, pues, para producir este efecio, mas que un exceso deenerjía que, según la lei natural, debe coincidir con la semejanza homeopática para que pueda efectuarse la curación (§ 152). Así la vacuna, considerada como medio ho- meopático, no puede tener eficacia sino cuando se la emplea antes de que aparezcan en el cuerpo las viruelas, que son mucho mas fuertes que ella. De esta manera provoca una enfermedad mui análoga a la viruela, y por consi- guiente homeopática, después de la cual el cuerpo humano que, por lo jene- ral no es atacado mas que una vez de este jénero de enfermedad, se encuen- tra en adelante al abrigo desemejante contajio [2]. Se sabe que la retención de orina es uno de los accidentes mas frecuentes y penosos que producen las cantáridas; aserción que ha sido puesta fuera de toda duda por J. Camerarius, Baccius, Fabricio de Hidlen, Foreest, J. Lanzoni, Van der Wiel y Werihoff (5). Por consiguiente las cantáridas admi- nistradas al interior con precaución, deben ser un remedio homeopático mui saludable en casos análogos de iscuria dolorosa. Pues esto es lo que efecti- vamento sucede. Sin contar todos los médicos griegos, que en lugar de nues- tra cantárida usaban Meloe cichorii de Fabricáis, Fabricio de Agnapendente, Capo di Vaca, Riedlin,Th. Bartolillo [4], Young (:>), Smiih (tí), Raimond (7) de Meza (8), Brisbane (9) y otros han curado perfectamente con las cantári- das iscurias mui doloiosas, que no dependian de un obstáculo mecánico. Sidenham ha visto a esle medio producir los mejores efectos en casos del mismo jénero, le alaba mucho, y le hubiera empleado gustoso sí las tradicio- nes de la escuela que creyéndose mas sabia que la naturaleza, prescribe dul- (\) Med. ration. sistem. III, p. 92. 02) Esta curación homeopática anticipada (que se llama preservación óprofilaxia) nos patere posible también en algunos oíros casos. Así creemos que llevando uno consigo azufre pulverizado puede preservarse de la sarna de los trabajadores en lana, y que lomando una dosis de belladona, por pequeña que sea, se libra también de la liebre escarlatina. (3) V. mis Fragmenta de viribus medicamentorum positivis. Leipzick, 180o, I, p. 83. *{AJ Epist. 4, p. 345. (b) Phil. Trans., número 280. (6J Medie comunicalions, II, p. 505. (7) En Auserles. Abhandl. fuer pract. Aerzte, líi, p. 460. (8) Act. rcg. soc. med. Hafn., íí, p. 302. (9) Auserles. Fuelle, Altcnb. 1776. 38 CURACIONES HOMEOPÁTICAS cificantes y demulcentes en semejantes circunstancias, no le hubiesen induci- do, contra sus propias convicciones, a no emplear el remedio que es específi- co u homeopático (1). En la gonorrea inflamatoria reciente en que Sachs de Lewenhein, Hannaens, Barttolíno, Lister y antes de todos estos Werihoff han administrado las cantáridas a pequeñísimas dosis con un completo resultado; esta sustancia ha hecho desaparecer manifiestamente los síntomas mas gra- ves que empezaban a declararse (2). Solo ha producido este efecto en virlud de la propiedad de que goza segnn el testimonio de casi lodos los observa- dores, de ocasionar una iscuria dolorosa, ardor al orinar, inflamación de la uretra (Wendt), y aun por su simple aplicación al esterior, una especie de gonorrea inflamatoria (Wichmann) (3). El uso del azufre al interior causa con frecuencia en los sujetos iritables un tenesmo acompañado algunas veces de dolores en el bajo vientre y de vómitos, como lo afirma Wallher (4). Pues solo eu virtud de esta propiedad concedida al azufre es como se han podido curar por medio de él (3) afec- ciones disentéricas, y un tenesmo hemorroidal, según Werlhof (6), y, según Rave(7), cólicos acasionados por las hemorroides. Es bien sabido que las aguas deTaeplitz, como todas las demás aguas sulfurosas tibias y calientes, determinan la aparición de un exantema, que se parece mucho a la sarna de los trabajadores en lana. Pues esta virtud homeopática es la que justamente las hace a propósito para curar diversas erupciones psóricas. ¿Qué medio hai mas sofocante que el vapor del azufre? Sin embargo, Bucquet (8) cita el vapor del azufre en combustión como eb medio que mejor prueba, para rea- nimar a los sujetos asfixiados por cualquiera otra causa. Leemos en los escritos de Beddoes y otros, que los médicos ingleses han encontrado en el ácido nítrico un poderoso medio contra la salivación y las úlceras de la boca ocasionadas por el uso del mercurio. Este ácido no hubie- ra podido ser útil en semejante caso, sino poseyese la facultad de producir. pof sí mismo la salivación y úlceras en la boca, bastando, para que se ma- nifiesten dichos efectos, aplicarle en baño a la superficie del cuerpo, según testimonio de Scott [9] y Blair (10), y como se ve sobrevenir igualmente des- pués de su administración al interior, como lo atestiguan Alyon (11), Lucke (12), J. Ferriar (13) y G. Kellie (14). (1) Opera, ed. Reichel, t. II, p. 124. <(£) Digo «los síntomas mas graves que empiezan a declararse», porque lo restan- te del tratamiento exije otras consideraciones; pues si bien hai algunas gorroneas lan leves que pronlo desaparecen por sí misma, y casi sin auxilios, existen otras muchas mas graves, principalmente aquella que tanto se ha jeneralizado desde las campañas de los Franceses, y que se comunica por el coito como la sífilis, aunque sea de una naturaleza enteramente diversa. (3) Ausivahl aus den Numberger getehrten Unterhaltungen. I, p. 249. (4) Prog. de sulphure et marte. Leipzick, 1743, p. 5. (5) Med. Nacional-Zcüung,\7'98. p. 153. (6) Observat. de febribus, p. 3, §. 6. (7) En Hufkland' s. Journal, VII, II, p. 168. (8) Edimb. med. commcnt., IX. (9) En HuFKLANn' s. Journal, IV, p. 3753. (10) Ncueste Efabrungen. Glogau, 1801. (11) En las Mém. de la Soc. d' émulalion, I, p, 195. (12) En Beddoes. (13) En Sammlung auserles. Abhandl. fuer pract. Aerzte, MX, II. {lí) bid. XIX, I. DECIDA* A LA CASUALIDAD. S9 Fritze (I) ha visto a un baño cargado de potasa cáustica producir-luna es- pecie de télanos, y A. de Humboldt (2) ha llegado por medio de la sal de tártaro fundida, especie de potasa semi-cáustica, a aumentar la irritabili- dad de los músculos hasta el punto de producir la rijidez tetánica. La virtud curativa que la potasa cáustica ejerce en todas las especies de tétanos, en que Slutz y otros la han hallado tan ventajosa ¿podría esplicarse de una ma- nera mas sencilla y mas verdadera que por la facultad deque goza este álcali de producir efectos homeopáticos? El arsénico, cuya inmensa influencia sobre la economía hace que no se atreva uno a decidir si puede ser mas temible en manos de un imprudente, que saludable en manos de un sabio, el arsénico no hubiera hecho tan sor- prendentes curaciones de cánceres de la cara a la vista de una multitud de médicos, entre los cuales citaré solamente a Falopio(3) Bernhardí (4) y Boe- nnow (o), si este óxido metálico no tuviera la facultad homeopática de dar orijen _en los sujetos sanos a tubérculos mui dolorosos y mui difíciles de cu- rar, según Amalus Lusitanus (6), a ulceraciones mui profundas y de mal ca- rácter, según Heinreich (7) y Knape (8), y a úlceras cancerosas, según el tes- timonio de Heinze (9). Los antiguos no estarían unánimes en el elojio que hacen del emplasto magnético o arsénica! de Anjel Sala (10) contra los bu- bones pestilenciales y el carbunco, sino tuviese el arsénico, como aseguran Degner (11) y Pfann (12), la propiedad de producir tumores inflamatorios que pasan prontamente a la gangrena, y carbuncos o pústulas malignas, co- mo lo han observado Verzascha (13) y Pfann (14). ¿Y de dónde le vendría la virtud curativa que manifiesta en algunas especies de fiebres intermitentes, virtud confirmada por tantos millones de ejemplos, mas para cuya aplica- ción práctica no se tiene todavía bástanle precaución, y que proclamada ha- ce ya muchos siglos por Nicolás Myrepsus, ha sido después puesla fuera de duda por Slevogt, Molitor, Jacobí, J.-C. Bernhardt Jungken, Fauve, Brera, Darwim, May, Jackson y Fowler, sino fuese por la facultad que tiene de pro- vocar la fiebre que han señalado casi todos los observadores de los incon- venientes de esta sustancia, en particular Amalus Lusitanus, Degner, Bu- chholz, Heun y Knape? Podemos creer a E. Alexander (15), cuando dice que el arsénico es un remedio soberano contra la anjina de pecho, puesto que Tacheniús, Guilberl, Preussíus, Thileuius y Pyl le han visto ocasionar una (1) En Hufeland1 s. Journal, XII, I, p. 116. (2) Vcrssuch neber die gereizte Munskcl und Nervenfaser. Posen y Berlín, 1797. (3) De ulceribus et lumoribus, lib. 2, Venecia, 1563. (4) En el Journal de méd., chir. et pharm., LVII, 1752. Mars. (bj Konigl. vclensk. Handl. f. a. 1776. (6) Obs. et cur., cent. II, cur. 34. (7) Act. nat. cur., II, obs. so. (8) Annalen der Slaatsarzneykunde, I, I. (9) En Hufeland' s. Journal. 1813, setiembre, p. 48. flO) Anatom. vitrioli, Ir. II. In Opp. med. chym., Francfort, 1647, p 381,463. (\ 1) Act. nat. cur., VI. (12J Annalen der Slaatsarzneykunde, loe. cit. (13) Obs. med. cent. Bale, 1677, obs. 66. (U) Sammlung merkwuerd. Falle. Nurcmberg, 1750, p. 119, 130. (15) Med. comm of Edimb., dcc. II, t. I, p. 85. 40 CURACIONES HOMEOPÁTICAS viva opresión de pecho, Griselius (I) una disnea que llegaba casi hasta la so-' focacíon; en fin, Majault sobre todo (2) accesos de asma excitados repenti- namente por la progresión y acompañados de una grande postración de fuerzas. Las convulsiones que determinan el cobre, y segnn Tondi, Ramsay, Fa- bas, Pyl y Cosmíer, el uso de alimentos cargados de partículas cobrizas; los ataques reiterados de epilepsia que han producido a la vista de J, Lazer- ne (3), la introducción de una moneda de cobre en el estómago, y a la de Pfuridel (4), la injestion de la sal amoníaco cobriza en las vías dijestívas, esplican sin dificultad a los médicos que se tomen la molestia de reflexionar cómo el cobre ha podido curar la corea, según refieren R, Willan (5), Wal- cker (ü), Thuessimk (7) y Delarives (8); como las preparaciones cobrizas han proporcionado con tanta frecuencia la curación de la epilepsia; como lo testifican los hechos referidos por Batty, Baumes, Bíerlig. Boerhaave, Causland, Cullen, Duncan, Feuerstein, Hevelius, Lieb, Magennis, C.-F Mi- chaélis, Reil, Russel, Slisier, Thilenius, Weissmann, Weizenbreyer, Whi- thers y otros. Si Poleiius Wepfer, F. Hoffman, R.-A.. Vogel, Thierry y Albrecht han curado con el estaño una especie de tisis, una fiebre héclica, caíanos cró- nicos y un asma mucoso, es porque esle metal tiene la propiedad de pro- ducir por sí mismo una especie de tisis, como Stahl (9) habia ya podido convencerse de ello. ¿Y cómo hubiera podido curar unos dolores de estó- mago, como se lo atribuye Geischlaeger, sino pudiese determinar por sí mismo una cosa semejante? Pues ¡esta facultad de que goza la ha puesto fuera de toda duda el mismo (10) Geischlaeger yantes que este Sthal (Id)» El desagradable efecio que liene el plomo de ocasionar una atriccion pertinaz de vientre y aun la pasión ilíaca, como lo han notado Tbuniberg, Wilson, Luzuríaga y oíros ¿no nos da a entender que este metal posee tam- bién la virtud de curar estas dos afecciones? Porque debe, como todos los demás medicamentos del mundo, poder combatir y curar de un modo du- radero, por su facultad de esciiar síntomas morbosos, los males naturales que tengan semejanza con los que él enjendra. Pues Anjel Sala (12) ha cu- rado una especie de íleo, y J. Agrícola (13) un estreñimiento, que compro- metía la vida del enfermo, con el uso del plomo al interior. Las pildoras saturninas con las que muchos médicos, Chirac, Van Helmont, Naudeau, Gererius, Rivinus, Sydenhuin, Zacutus Lusitanus, Bloch y otros han curado (1) Mise, nat. cur., decl, ann. 2, p. 149. (2) En Sammlung aurserles. Abhandl., VII, I. (3) De morbis int. vapitis. Amslerdam, p. 17 48, 253. (4) En Hufeland' s. Journal, II, p. 264; y según testimonio de Burdacb, en su System, der Arznien. I, Leipzick 1807, p. 284. (5) Samml. auserles. Abhandl., XII, p. 62. (6) Ibid. XI, 3, p. 672. (7) Waarnemingcn n.° 18. (8) En Kuhn' s. phys; med. Journal 1800, Enero, p. 58, (9) Mat. med., cap. 6. p. 83. (10) En Hufeland' s. Journal, X, III, p. 165. (11) Mat. med. loe. cit. (12) Opera, p. 213. (13) Comment. in J. Poppii chynt. med., Leipzick, 1638, p. 223. DEBIDAS A l.A CASUALIDAD. 41 la pasión iliaca y el estreñimiento inveterado no obraban solamente de una manera mecánica y por su peso; pues si de esto hubiera dependido su efi- cacia, el oro, cuyo peso específico escede mucho al del plomo, se hubiera mostrado mas eficaz en semejante caso; sino que producían su efecto sobre todo como remedio saturnino interno, y curaban homeopáticamente. Si Ot- ton Tachenius y Saxtorph han curado en otro tiempo hipocondrías pertina- ces con el auxilio del plomo, es preciso recordar que ese metal tiende por sí mismo a producir afecciones hipocondríacas, como puede verse en la des- cripción que hace Luzuriaga (l) de sus efectos perjudiciales. No debe causar admiración el que Marcus (2) haya curado rápidamente una hinchazón inflamatoria de la lengua y de la farinje con un remedio (el mercurio) que, según la esperiencia diaria y mil veces repetida por los mé- dicos, posee una tendencia especifica a producir la inflamación y la tume- facción de las partes ¡memas de la boca, fenómenos a que da también lu- gar solo por su aplicación a la superficie del cuerpo bajo la forma de ungüento o de emplasto, como lo han esperimentado Degner (5), Friese (4), Alberti (3), Engel (6) y otros muchos. La debilidad de las facultades intelectuales (Swediauer) (7), la imbecilidad (Degner) (8), y la enajenación mental (Larrey) (9), que se han visto resultar del uso del mercurio, unidas a la facultad ca- si especifica que se conoce en este metal de producir la salivación, esplican como G. Perfect (10) ha podido curar de un modo duradero con el mercurio una melancolía que alternaba con una sialorréa. ¿Porqué los mercuriales han tenido tan buen éxito en manos de Sedig (II) contra la anjina acom- pañada de púrpura, en las de Hamilton (12) Hoffmann (13), Marcus (14), Rusíi (15), Coldeii (16), Bayley y Micaélis (17),contra otras esquinencias de mal carácter? Evidentemente ha sido porque este metal suscita por sí mismo una especie de anjina de las mas incómodas (18. ¿No es homeopáticamente como (1) Recueil, periód.de litterature, I, p. 20. (2) Magazin, II, II. (3) Act. nat. cur. VI, app. (4) Geschichte und Ver suche einer chirurg. Gesellschaft. Copenhague, 1774. (5, Jurisprudentia médica, V, p, 600. (6) Specimina médica, Berlín, 1781, p. 99. ' (7) Traite des maladies venér., II, p. 368. (8) Loe. cit. (9) En la Descript. de l'Egipte, t. I. (10) Annalem einer Austalt fuer Wahnsinnige. Hanovre. 1804. (II) En Hufelad' s Journal XVI, I, p. 24. (12) Edinb. med. comment., IX, I, p. 8. (13) Medie Wochenblatt, 178, núm. I. (14) Magazin fuer specielle Therapie, II, p. 334. (15) Medie inquir, and observ., núm. 6. (16) Med, obs. and. inquir., núm. 19, p. 211. (17) En Riciiter' s, chirurg. Bibliolh., V, p. 737-739. (18) Se ha tratado también de curar el croup por medio del mercurio, pero casi siempre sin buen resultado; porque este metal no puede producir por sí mismo en la membrana mucosa de la traquea arteria un cambio análogo a lá modificación particular que ocasiona en ella esta enfermedad. El hígado de azufre calcáreo, que es- cila la los dificultando la respiración, y mejor tadavía como lo he probado Ja espon- ja qucnnda obran de una manera mucho mas homeopática en sus efectos especiales, 6 42 CURACIONES HOMEOPÁTICAS Sauter (1) ha curado una inflamación ulcerosa de la boca, acompañada de aftas y de una fetidez del aliento semejante a la que acompaña al ptyatis- ino, prescribiendo gargarismos con la disolución del sublimado; y como Bloch (2) ha hecho desaparecer las aftas de la boca con el uso de las pre- paraciones mercuriales, puesto que esla sustancia, entré oirás ulceraciones bucales, produce particularmente una especie de aftas, como nos lo asegu- ran Schlegel (3) y Th. Acrey [&)? Hecker (3) ha empleado con éxito muchas mezclas de medicamentos en una "caries sobrevenida a consecuencia de las viruelas. Por fortuna entraba en todas eslas mezclas el mercurio, a cuya acción se concibe que podía ceder la enfermedad, puesto que es uno de los pocos ajentes medicinales que tienen la facultad de producir por sí mismos la caries, como lo prue- ban tantos tratamientos mercuriales exajerados, ya contra la sífilis, ya tam- bién contra otras enfermedades, entre otros los de G.-P. Michaélis (6). Este metal, lan temible cuando se prolonga su uso, a causa de la caries de la que se hace entonces causa escitante, ejerce sin embargo una influencia homeo- pática mui saludable en la caries que sucede a las lesiones mecánicas de los huesos, de lo que J. Schlegel, (7), Joerdens (8) y J.-M. Muller (9) nos han irasmitido ejemplos mui notables. Las curaciones de caries no venéreas y de diferente jénero que las anteriores, obtenidas igualmente con el mer- curio por J.—F.—G- Neu (10) y J. — D. Melzger (11), suministran una nue- va prueba de la virtud curativa homeopática de que eslá dotada esta sustancia. Leyendo los escritos que se han publicado acerca de la electricidad médi- ca, se sorprende uno al ver la analojía que existe enlre las incomodidades o accidentes morbosos que a veces ha determinado este ajenie, y las en- fermedades naturales, compuestas de síi.tomas en lodo semejantes, cuya curación permanente ha proporcionado-por homeopatía. Es inmenso el nú- mero de los autores que han observado la aceleración del pulso entre los primeros efectos de la electricidad positiva; mas Sáuvages (12), Délas (t3) y Barillon (14) han visto paroxismos completos de fiebre que habían sido escitados por la electricidad. Esta facultad, que tiene de producir la fiebre, y prestan por consiguiente un auxilio mucho mas eficaz, sobre todo a las dosis mas pequeñas posibles. (I) En Hufeland' s Journal, XII, II. (2) Medie Bemcrk., p. 161. x (3) En Hufeland' s Journal, Vil, 14. (4) Lond. med. journ., 1788. (b) En Hufeland' s Journal, I, p. 362. (<¿J En Hufeland' s Journal, 1809, VI, junio, p. 57. (7) Ibid. V, p. 60S, 610. (8) Ibid. X, II. (D) Obs. med. chir., II, cas. 10. flO) Disi.med. pract. Gottinga, 1776. (11J Adversaria, P. II, sect. 4. (12) Bertho!on de St.— Lizare, Mcdizinische Elektricitact. Loinzick, 1788, T. I. p. 239, 240. ii»» (13) Ibid.,v. 232. (14) Bertholon de St.—Lazare, Mcdizinische Elektricitact. Lcipzick, 1788, T. I, p. 233t DEBIDAS A LA CASUALIDAD. 43 es la causa a que se debe atribuir que solo ella haya bastado a Gardini (I), Wilkinson (2), Sime (3) y Wefey (4), para curar una fiebre terciana, y a Zetzel (5) y Willermoz (G), aun para hacer desaparecer fiebres cuartanas. Se sabe que la electricidad determina ademas en los músculos, contrac- ciones que se asemejan a los movimientos convulsivos. De Saus (7) podia también producir por su influjo, siempre que quería, movimientos convulsivos duraderos en el brazo de una muchacha. Pues en virtud de esta facultad propia de la electricidad es por lo que De Saus (8) yFranklin (9) la han aplicado con feliz éxito al tratamiento de las con- vulsiones, y Theden (10) ha llegado a curar con su auxilio a una niña de diez años, ala que un rayo la habia privado de la palabra y del movimiento del brazo izquierdo, todo ello dando lugar a un movimiento involuntario continuo de los brazos y de las piernas acompañado de una contracción espasmodica de los dedos de la mano izquierda. La electricidad determina igualmente una especie de ciática, como Jallabert (II) y otro (12) lo han ob- servado: así ha podido curar homeopáticamente esta afección, según lo han demostiado Hiortberg, Lovet, Arrigoni, Daboueix, Mauduyt, Syme y Wesley. Muchos médicos han curado una oftalmía con electricidad, es decir a benefi- cio del poder que tiene esta última de producir por sí misma inflamaciones de los ojos, como resulta de las observaciones de P. Dickson (13) y Bertho- lon (14). Últimamente en manos de Fushel ha curado también varices, y debe esta virtud curativa a la facultad que Jallabert (lo) ha demostrado que tiene de producir tumores varicosos. Albers refiere que un baño caliente a cien grados del termómetro de Fahrenheit disminuyó mucho el vivo calor de una fiebre aguda en la que el pulso lalia cíenlo treinta veces por minuto; y que redujo el número de pulsaciones a ciento diez. Ea?ffler ha reconocido que los fomentos calientes son mui útiles en la encefalitis producida por la in- solación o por la acción del calor de las estufas (10), y Callisen (17) mira las afusiones de agua caliente sobre la cabeza como el medio mas eficaz en la inflamación del cerebro. Sí se hace abstracción de los casos en que los médicos ordinarios han llegado a conocer, no por sus propias investigaciones, sino por el empirís- (t) Ib. p. 232. (2) Bcrlholon de St.—Lazare, T, I, p. ib\: (3) Ib. p. 250. (h) Ib. p. 249. (5) Ib. p. 52. (6) Ib. p. 250. (7) Ib. p. 274. (8) Ib. p. 27 4. (9) Recueil sur 1' élect. medie. II, p. 386. (10) Njuc Bemerkunjcr und Erfahrunjcn, III. fl 1) Expérienccs et observations sur, l'éleclricilé. 112) Philos. trans., voi. 63. (13J Berlholon, loe cit., p. 466. (li) Loe cit., II, p, 296. (lo) Loe cit. (1C) En Huffland' s Journal, III, p. 690. (17) Ait. soc. med. Iltfn, IV, p. 419. 41 CURACIONES HOMEOPÁTICAS ido del vulgo, el remedio específico de aquellas enfermedades que permane- cen siempre semejantes a sí mismas, por consiguiente aquel con cuyo au- xilio puede curarse-de un modo directo, como el mercurio en las enferme- dades venéreas, el árnica en las producidas por contusiones, la quina en las fiebres inlermiienles délos pantanos, el azufre en polvo en la sarna re- ciente, etc. ; sí, repito, se dejan a un lado estos casos, veremos que por to- das parles, casi sin ninguna escepcion, los tratamientos de las enfermeda- des crónicas, emprendidos con tan grandes apariencias de capacidad y suficiencia por los partidarios de la antigua escuela, no han tenido otro re- sultado que atormentar a los enfermos, agravar su situación, conducirlos al sepulcro, e imponer gastos ruinosos a las familias. Algunas veces también una mera casualidad les conducía al tratamiento homeopático (I); pero conocían Ja lei natural en virtud de la cual se veri- fican y deben verificarse las curaciones de este jénero. Es pues de la mayor importancia para el bien del jénero humano averi- guar cómo se han verificado, hablando en propiedad, estas curaciones tan (l) Así, por ejemplo, creen espeler de la piel la materia de la traspiración dete- nida, según ellos, en esla membrana después de los enfriamientos, cuando en medio del frío de la fiebre dan a beber una infusión de flores de saúco, plañía que tiene la facultad homeopática de hacer cesar una fiebre semejante, y de restablecer ai en- fermo, cuya curación es mucho mas pronta y segura, sin sudar, tomando poca can- tidad de esta infusión, y no haciendo uso de otra cusa. Cubren eon cataplasmas calientes frecuentemente renovadas los tumores agudos y duros, cuya escesiva infla- mación acompañada de dolores insoportables, no permite que se establezca la supu- ración: bajo la influencia de este tópico no tarda en ceder la inflamación, los do- lores se mitigan, el absceso empieza a manifestarse, como se conoce por el aspecto reluciente del tumor, por su tinte amarillento i por su blandura. Entonces ercen que se ha reblandecido el tumor por la humedad, cuando no han hecho mas que destruir homeopáticamente el esceso de inflamación por el calor mas fuerte de la cataplasma, y hacer posible de esle modo la pronla manifestación de la supuración. ¿Por qué emplean con éxito en algunas oftalmías el óxido rojo de mercurio, que forma la base de la pomada de Sainl-Ivcs, y que si se concede a alguna sustancia el poder de inflamar el ojo, debe necesariamente poseerle? ¿Es difícil conocer que obran en esto homeopáticamente? ¿Cómo un poco de jugo de perejil produciría un alivio instantáneo en la iscuria tan frecuente en los niños, y en la gonorrea ordi- naria, que se conoce principalmente por los inútiles y dolorosos esfuerzos para ori- nar, que la acompañan, si esle jugo no gozase ya de la facultad de eseilar por sí mismo en los sujetos sanos conatos dolorosos para orinar, que casi es imposible sa- tisfacer; sí de consiguiente no curase- homeopáticamente? La raiz de saxífraga ma- yor, que promueve una abundante secreción de mucosidades en los bronquios y en la larinje sirve para combatir con buenos resultados la anjina llamada mucosa, y se detienen algunas melrorajias con una pequeña dosis de las hojas de sabina que po- see la facultad de determinar por si misma hemorrajias uterinas: en una y otra cir- cunstancia se obra sin conocer la lei homeopática. En el opio a pequeñas dosis que produce el estreñimiento, se ha encontrado uno de los remedios mas principales y seguros contra el estreñimiento que acompaña a las hernias estranguladas y al íleo sin que este descubrimiento haya conducido al de la lei homeopática, cuya influen- cia sin embargo era tan sensible eri semejante caso. Se han curado úlceras no vené- reas en la farínje con corlas dosis de mercurio, que obraba entonces homeopática- mente. Se ha detenido muchas veces la diarrea por medio del ruibarbo que determina evacuaciones albinas. Se ha curado la rabia con la belladona, que ocasiona una especie de hidrofobia. Se ha hecho cesar como por encanlo el coma, tan peligroso en las fiebres agudas, a beneficio de una pequeña dosis de opio, sustancia dolada de virtudes calefacientes y estupefacientes. ¡Y después de lautos ejemplos que lan alio hablan, se ve todavía que los médicos persiguen la homeopatía con un encarniza- miento que no puede anunciar mas que el despeñamiento de una conciencia atoi- menlada de remordimientos en un corazón incapaz de enmcndarsel DKB1DAS A LA CASUALIDAD. 43 notables por su rareza como por sus efectos sorprendentes. El problema es de grande ínteres. Efectivamente encontramos, y los ejemplos que acaban de citarse lo demuestran demasiado, que estas curaciones solo se han hecho con medicamentos homeopáticos, es decir, que poseían la facultad de pro- ducir un estado semejante a la enfermedad que se irataba de curar. Se han verificado de una njanera pronta y duradera por medicamentos de que se habían servido por casualidad los que ios prescribían; apesar de estaren contradicción con todos los sistemas y lodos los principios terapéuticos de su tiempo, muchas veces sin saber lo que hacían, ni porque obraban de este modo, confirmando así con los hechos y contra su voluntad la nece- sidad de la única lei natural en terapéutica, la de la homeopatía, lei a cuya investigación no han permitido entregarse hasta el dia las preocupaciones médicas, a pesar del gran número de hechos y de indicios que debían ha- ber puesto en estado de descubrirla. La medicina doméstica misma, ejercida por personas estrañas a nuestra profesión, pero'dotadas de un sano juicio y de un jenio observador, habia conocido que el método homeopático era el mas seguro, el mas racional y el menos espuesto a fallar. Se aplica colicostra helada sobre los miembros que acaban de conjelarse, o bien se los frota con nieve (I). (1) M. Lux ha establecido sobre estos ejemplos sacados de la práctica doméstica su método curativo, per idem (aequalia sequalibus), que designa con el nombre de Isopatía, y que algunas cabezas escéntricas miran como el ncc plus ultra del arte de curar, sin saber como podrían realizarle. Pero si se juzgan sanamente estos ejemplos, aparece ya la cosa bajo mui diferen- te aspecto. Las fuerzas puramente físicas, son de una naturaleza mui diferente de las dinámi- cas de los medicamentos en su acción, sobre el organismo vivo. El calor y el frió del aire ambiente, del agua o de los alimentos y bebidas, no ejercen por cí mismos una influencia n5civa absoluta sobre el cuerpo sano. Una de las condiciones para el mantenimiento de la salud, es que el frío y el calor allernen, y por si mismos no son medicamentos. Así que cuando obran como medios curativos en las enfermedades del cuerpo, no es envirtud de su esencia, o como sustancias noci- vas por sí mismas, como lo son los medicamentos, aun a las dosis mas pequeñas, si- no únicamente en razón de su cantidad mas o menos considerable, es decir, del gra- do de temperatura; del mismo modo que, para tomar otro ejemplo de fuerzas pura- mente físicas, una masa de plomo aplasta dolorosamente mi mano, no porque es de plomo, puesto que una lámina delgada no produciría esle efecto, sino porque tiene mucho metal y es mui pesada. Si pues el frió y el calor son útiles en ciertas afecciones del cuerpo, tales como las conjetacíones y las quemaduras, solamente lo son en razón de su grado, del mismo modo que solo atacan la salud del cuerpo, cuando llegan a un grado eslremo. Esto bien establecido, hallamos que en ios ejemplos de la "práctica doméstica, no es la aplicación prolongada del grado de frió a que so ha conjelado el miembro el que le restablece isopáticamen'e, puesto que mui lejos de eslo, extinguiría en él la vida sin recurso, sino la de un frió aproximado solamente a aquel (homeopáticamente), y llevado poco a poco hasta una temperatura soportable. Así la colicostra helada que se aplica en una habitación sobre un miembro conjelado, no tarda en deshelarse, en tomar por grados la temperatura de la habitación, y en curar así al miembro de un modo físicamente homeopático. Del mismo modo, una quemadura hecha en la mano con agua hirviendo no se cura por la reaplicacion de agua hirviendo, sino solamente por la acción de un calor un poco menos vivo, por la inmersión del miembro en un líquido a sesenta grados, cuya temperatura disminuye a cada instante hasta igualar- se con la del aposento. Asi también, para presentar otro ejemplo de acción física, el dolor y la tumefacción causados por un golpe recibido en la frente, disminuyen ho- meopáticamente, cuando se apoya el pulgar sobre la parle, primero con vigor, y des- 4G CURACIONES HOMEOPÁTICAS El cocinero, que acaba de escaldarse una mano, la presenta al fuego a una cierta distancia, sin atender al aumento de dolor que de cfcto resulta en un principio; porque ha aprendido de la esperiencia que de este modo pue- de en mui poco tiempo, y muchas veces en pocos mininos, curar perfecta- mente la quemadura y hacer desaparecer la menor señal de dolor [1]. Otras personas iiilelijenles, igualmente estrañas a la medicina, por ejem- plo los barnizadores, aplican sobre las quemaduras una sustancia que por si misma escita una sensación semejante de ardor, a saber : el espíritu de vino (%) caliente o la esencia de trementina (5J, y se curan así en pocas ho- puescon una fuerza siempre decreciente, mientras que un golpe semejante al que los ha ocasionado, léjós de calmarlos no haria masque aumentar isopáticamente el mal. Respecto a los hechos, que refiere M. Lux como curaciones isopáticas, tales como algunas contracluras en hombres, y una ,parálisis de los ríñones en un perro, oca- sionadas unas y otras por un enfriamiento, y que cedieron al poco tiempo al baño frío, no tiene razón para pretender esplicarlos por la isopalía. Los accidentes queso designan con el nombre de enfriamientos, se atribuyen impropiamente al frió, pues- to que se los vé sobrevenir en los sujetos predispuestos después de la acción de una rápida corriente (¡e aire, que ni aun podia llamarse fresco. Los diversos efectos del baño frió sobre el organismo vivo en el estado de salud y de enfermedad, no pueden tampoco mirarse bajo un solo punto de vista de modo que se esté autorizado para fundar sobre ellos un sistema tan atrevido. Que el medio mas seguro de curar la mordedura de las serpientes venenosas sea el aplicar sobre la herida porciones de es- tos animales, como lo dice M. Lux, es una aserción digna de archivarse entre las fá- bulas que nos han transmitido nuestros padres, hasta que se haya confirmado por es- perimentos que no dejen la menor duda. En fin, que un hombre hidrófobo haya si- do curado, según se dice, en Rusia con la administración de la saliva de un perro rabioso, este se dice, no es suficiente para inducir a un médico concienzudo a repetir semejante prueba, ni para juslificar la adopción de un sislema tan poco verosímil, como el de la isopalía. (1) Fernel (Therap., lib. VI, cap. 20) consideraba ya la esposicion de la parte quemada al fuego como el medio mas a proposito para hacer cesar el dolor. J. Hun- ter (On the blood, p. 218) refiere los graves inconvenientes que resultan del trata- miento de las quemaduras con el agna fria, y prefiere mucho el método de aproxi- mar las parles al fuego. Su separa en esto de las doctrinas médicas tradicionales, que prescriben los refrijeranles contra la inflamación (contraria contrariis); porque la esperiencia le habia enseñado que un calor homeopático (similia similibus) era el medio mas saludable que habia. (2) Sydenham {Opera, p. 271) dice que las aplicaciones reiteradas de alcohol son preferibles en las quemaduras a todos los demás medios. B. Bell (sistem of surgery, 1789) respeta igualmente a la esperiencia, que indica los remedios homeopáticos co- mo los únicos eficaces. He aquí como se espresa : «el alcohol es uno de los mejores medios contra las quemaduras de loda especie. Cuando se le aplica, al principio pa- rece nuc se aumenta eljiolor (véase mas adelante. 16i) pero este no tarda en dismi- nuirse para ser reemplazado por un* sensación agradable de calma. Nunca es tan po- deroso e;le método, eomo cuando se sumerje la parte en alcohol ; pero si no puede verificarse esta inmersión es preciso tener contiguamente cubierta la quemadura con una compresa empapada en dicho líquido». Yo añado que el alcohol caliente, y aun muí cilienl,: alivia de un modo mas pronlo y seguro, porque es mucho mas homeo- pático que ei alcohol frío. Esto es lo que la esperiencia confirma. (3) E. Kentish, que tenia que tratar a los quemados, con frecuencia de un modo horrible, en las minas de uila, por la esplosion de gases inflamables, les hacia apli- car esencia de trementina caliente o alcohol, como el mejor remedio que se podia em- plear en las quemaduras graves (Essay ou burus, Londres, 1798). Ningún tratamien- to puede ser mas homeopático que este, ni hai tampoco otro que tenga mas eficacia. Heisler, cirujano hábil y lleno de buena fé, recomienda también esta práctica por su propia esperiencia flnstil. chirurg., t. I, p. 333); alaba la aplicación de la esen- cia de trementina, del alcohol y de las cataplasmas Un calientes como pueda resis- tirlas el enfermo. DEBIDAS A LA CASUALIDAD. 47 ras, sabiendo mui bien que los ungüentos llamados refríjerantes no produ- cirían el mismo resultado en igual número de meses, y que el agua fria no baria mas que empeorar el mal (\). Un segador ya algo antiguo, por poco acostumbrado que esté a los lico- res fuertes, no bebe jamás agua fria cuando el ardor del sol y el cansancio del trabajo le han puesto en un estado de fiebre ardiente; conoce muí bien el peligro de obrar de este modo, y toma un líquido escílante, por ejemplo, un trago de aguardiente. La experiencia, orijen de todas las verdades, le ha convencido de todas las ventajas y de la eficacia de esle proceder homeopá- tico. El calor y la laxitud que espcrimentaba no tardan en disminuir (2/ Ha habido también de cuando en cuando médicos que han sospechado que los medicamentos curaban las enfermedades, por la virtud de que gozan de producir síntomas morbosos análogos [3]. Médicos menos antiguos han conocido y proclamado igualmente la verdad del método homeopático. Así Boulduc (4) ha visto que la propiedad purgau- Pero nada demuestra mejor la asombrosa preeminencia del método homeopático, es decir, de la aplicación a las partes quemadas de sustancias que excitan por si mis- mas una sensación de calor y de ardor, sobre el método paliativo, que consiste en ha- cer uso de medios refrijerantes y frigoríficos, que las esperiencias puras en las que para comparar los resultados de estos dos procederes contrarios se los ha aplicado si- multáneamente sobre un mismo sujeto y en quemaduras de igual grado. Así J, Bell, teniendo que tralar a una señora que se habia quemado los dos brazos con caldo, cubrió el uno con esencia de trementina, e hizo sumerjir el olro en agua fria. El primero, a la media hora, no causaba ya dolores, mientras que el segundo continuó doloroso por espacio de seis horas ; luego que la enferma le sacaba del agua, senlia en él dolores mucho mas agudos; y la curación de este brazo exijió mu- cho mas liempo que la del otro. J. Andcrson (en Kentish., loe cit. p. 43) ha tratado del mismo modo a una mu- jer que se habia quemado la cara y los bracos con manteca hirviendo. «Pocos minu- tos después del accidente, se cubrió la cara, que estaba mui roja y dolorosa, con aceite de trementina;.en cuanto al brazo, le habia ya metido la misma en agua fria, y manifestó deseos de esperar algunas horas el efecto de esle tratamiento. Al cabo de siete horas estaba mejor la cara, y la enferma mui aliviada. En cuanto al brazo, al que se habia renovado con frecuencia el líquido en que eslaba sumerjido, se hacían sentir en él vivos dolores, luego que se le sacaba del agua, y la inflamación había au- mentado de un modo manifiesto. Al dia siguiente supe que la enferma habia pasado grandes dolores; la inflamación se habia estendido por encima del codo; se habían reventado muchas y grandes ampollas, y se habían formado escaras gruesas en el bra- zo y en la mano, que se las cubrió entonces con una cataplasma caliente. La cara no causábala menor sensación de dolor; pero fuénecesario emplear los emolientes por mas de quince dias, para conseguir la curación del brazo». ¿Quién no ve aquí la inmensa ventaja del tratamiento homeopático, es decir, de un ájente que produzca efectos semejantes a los del mal, sobre el método antipático que prescribe la antigua escuela? (I) J. Hunlcr no es el único que señala los graves inconvenientes del tratamiento de las quemaduras con el agua fria. Fabricio de Hilden (De combustionibus libellus, líale, 1607, cap. V, p, II) asegura igualmente que los fomentos frios son mui per- judiciales en esta clase de accidentes, que producen los mas desagradables efectos, y que con su resultado la inflamación, la supuración y la gangrena. (2) Zimmermann (De l' Esperience, t. II) nos enseña que los habitantes délos países cálidos usan también de él con el mejor éxito, y que acostumbran a beber una corta cantidad de licor espirituoso cuando se sienten mui acalorados. (3) Mi intención al citarlos pasajes siguientes de escritores que han presentido la homeopatía, no es la de probar la escelencia de este método que se establece por sí mismo, sino la de evitar qoe se me luche de haber pasado en silencio estas espe- cies de presentimienlos, para apropiarme la prioridad de la idea. (4) Moni, de l'Ac. roy., (710. ¿8 CURAí.IONliS HOMEOPÁTICAS te del ruibarbo, era la causa de la facultad que liene esta raíz de detener la diarrea. Detharding ha descubierto (1) que la infusión de sen alivia los cólicos en los adultos, en virtud de la propiedad que tiene de producir cólicos en los sujetos que gozan de buena salud. Berlholon (2) dice que la electricidad disminuye y llega a hacer desapare- cer en las enfermedades, un dolor mui artálogo al que ella misma provoca. Thoury (3) asegura que la electricidad positiva acelera el pulso; pero que también le hace lento cuando tiene ya demasiada aceleración por causa de la enfermedad. Slcerck |4] ha imajinado que, teniendo el estramonio la propiedad de de- sarreglar el espíritu produciendo la manía en los sujetos sanos, se le podría administrar á los maniacos, con el objeto de volverles la razón, determinan- do un cambio en la marcha de sus pensamientos. Pero de todos los médicos, aquel cuya convicción respecto de esto se en- cuentra espresada de modo mas formal y convincente, es el Danés Stahl (5), que habla en estos términos : «La regla admitida en medicina, de tratar las enfermedades con remedios contrarios u opuestos a los efectos que estas producen (contraria contrariis), es completamente falsa y absurda. Estoi persuadido que por el contrario las enfermedades ceden a los ajentes que determinan una afección semejante (similia similibus); las quemaduras, con el ardor del fuego a que se aproxi- ma la parle ; las conjdaciones, con la aplicación de la nieve y del agua fria; las inflamaciones y las contusiones, con la de los espirituosos. De este modo es como he conseguido hacer desaparecer la propensión a las acedías con pequeñas dosis de ácido sulfúrico, en casos en que se habían administrado inútilmente una multitud de polvos absorventes». Así mas de una vez se ha estado cerca de la grande verdad ; pero jamás se ha pasado de una idea fujiliva, y de este modo la indispensable reforma que la antigua terapéutica debía sufrir para reemplazarla por el verdadero arte de curar, por una medicina pura y cierta, no ha podido establecerse hasta nuestros dias. (I) Eph. nat. cur., cent. X, obs. 76. (2) Medizinische Elektricitaet, II, p. 15 y 282. (3J Mém. leida en la Acad. de Caen. (4) Libell. de stramon., p. 8. (5) J. Hummel, Comment. de arlhrítide tam tartárea, quam scorbulica, scu poda- gra et scorbuto. Budingae, 1738, en 8, p. 4C-42. ÓRGANON DE li MEDICINA. 1. La primera, la única misión del médico, es la de dar la salud a los enfermos (I); esto es lo que se llama curar. 2. El bello ideal de la curación consiste en restablecer la salud de un modo pronto, suave y duradero; en quitar y destruir completamente la en- fermedad por el camino mas corto, mas seguro y menos nocivo, procedien- do según inducciones fáciles de comprender. 3. Cuando el médico percibe claramente lo que hai que curar en las enfermedades, es decir, en cada caso morboso individual [conocimiento de la enfermedad, indicación]; cuando tiene una noción precisa de lo que hai de curativo en los medicamentos, esto es, en cada medicamento en particular (conocimiento de las virtudes medicinales); cuando, guiado por razones evi- dentes, sabe elejir l*a sustancia que por su acción es la mas apropiada a cada caso (elección del medicamento), adoptar para ella el modo de prepara- ción que mas conviene, estimar la cantidad a que se la debe administrar y juzgar del momento en que esta dosis necesita ser repetida, en una palabra, hacer de lo que hai de curativo en los medicamentos a lo que hai de indu- dablemente enfermo en el sujeto una aplicación tal que deba seguirse la curación; cuando, en fin, conoce los obstáculos que se oponen al restable- cimiento de la salud en cada caso especial, y sabe alejarlos para que sea (1) Su misión no es, como lo han creído tantos médicos que han perdido su vida y sus fuerzas en alcanzar eelebridad, la de forjar sistemas, combinando vaciedades e hipótesis sobre la esencia íntima de la vida, y la producción de las enfermedades en el interior invisible del cuerpo, o la de tratar incesantemente de esplicar los fenó- menos morbosos y su causa próxima, que se nos ocultará siempre, sumerjiendo todo esto en un fárrago de abstracciones inintelijibles, cuya pompa dogmática engaña a los ignorantes, mientras que los enfermos suspiran en vano por socorros. Bastante número tenemos de estos desvarios científicos, a que se dá el nombre de medicina teórica, y para los que hasta se han establecido cátedras especiales. Ya es tiempo de que todos los que se llaman médicos, ces^n al fin de engañar a los hombres con pa- labras que nada significan, y que empiecen a obrar, es decir, a aliviar y curar real- mente a los enfermos. 42 exposición duradero, entonces solamente obra de un modo racionaf y conforme al oh*- jeto que se propone conseguir, entonces solamente merece el título de ver- dadero médico. 4. El médico es al mismo tiempo conservador de la sattrd, cuando cono- ce las cosas que la desarreglan, que producen y sostienen las enfermedades, y sabe separarlas del hombre sano. o. Cuando se trata de efectuar una curación, el médico se sirve de todo lo que puede ilustrarle, ya con relación a fa causa ocasional mas verosímil de la enfermedad aguda, ya respecto de las principales fases de la enferme- dad crónica, que le permitan encontrar su causa fundamental, debida las mas de las veces a un miasma crónico. En este jénero de invesiígacrones, se debe atenderá la constitución física del enfermo, sobre todo si se trata de una afección crónica, al cambio de su jeníoy de su carácter, a sus ocupacio- nes, a su jénero de vida, a sus relaciones sociales y domésticas, a su edad, a su sexo, etc. 6. El observador exento de preocupaciones; el que conoce la futilidad de las especulaciones metafísicas a las que la esperiencia no presta apoyo, por mucha perspicacia de que esté dotado, no vé en cada enfermedad individual mas que modificaciones accesibles a los sentidos del estado del cuerpo y del alma, simples signos de la enfermedad, accidentes, síntomas, es decir, des- viaciones del precedente estado de salud, que son sentidas por el enfermo- mismo, notadas por las personas que le rodean, y observadas por el médi- co. El conjunto de eslos signosapreciables representa la enfermedad en to- da su estension, es decir, que constituye su forma verdadera, la única que se puede concebir (l). 7. Como en una enfermedad en la cual nada hai que separar de la causa que manifiestamente la ocasiona y la sostiene [causa occasionalís] (2), no pue- (1) No sé como ha podido suceder que a la cabecera del enfermo, sin observar con cuidado los síntomas, y dirijir el tratamiento en su consecuencia, se haya imaT jinado que no se necesitaba buscar, y que ni aun se podría hallar lo que una enfer- medad tiene que curar, sino en el interior del organismo que es inaccesible a nues- tros sentidos. No concibo como ha podido tenerse la ridicula pretensión de recono- cer el cambio sobrevenido en ese interior invisible, sin atender a los síntomas; de volverle a las condiciones del orden normal por medio de medicamentos (jdescono- cídos!), y de presentar este método como el único fundado y racional. Lo que se ma- nifiesta a los sentidos por medio.de los síntomas ¿no es para el médico la enferme- dad en si misma, puesto que nunca puede ver el ser espiritual, la fuerza vital, que crea esta enfermedad, que no necesita verla jamás, bastándole la inluiciou de sus efectos morbosos para ponerle en estado de curar? ¿Pues qué mas quiere la antigua escuela con esta prima causa, que va abuscar en el interior sustraído a nuestros sen- tidos, miénlFas que desdeña la parte sensible y manifiesta de la enfermedad, es de- cir, los síntomas, que nos hablan un lenguaje lan claro? «El médico, que se entre- líene en investigar cosas octillas en el interior del organismo, puede engañarse todos los dias. Pero el homeópata; trazando con cuidado el cuadro fiel del grupo entero de los síntomas, se proporciona un guia, con que puede co»tar, y cuando ha conse- guido hacer desaparecer todos los sí tilomas, ha destruido también con loda seguri- dad la causa interna y oculta de la enfermedad». (Rau loe cit., p. 103). (2) No hai necesidad de decir que todo médico que raciocina, empieza por separar la causa ocasional; la enfermedad cesa después ordinariamente por si misma. Asi se quitan las flores demasiado olorosas que oeasionan el síncope y accidentes histé- ricos, se estrae de la córnea el cuerpo estriño que produce una oftalmía, se levanta, para aplicarle mejor, un aposito mui apretado, que amenaza producir la gangrena de un miembro, se pone a descubierto y se liga la arteria, cuya rotura da lugar a una hemorrajia alarmante, se lrata de hacer salir con el vómito las bayas de belladona que se han tragad >, se eslraen los cuerpos cslraños que se han introducido «n las DS LA DOCTRINA HOMEOl'ÍTlCA. 43 de verse otra cosa mas que los síntomas, es preciso también, teniendo en cuenta la presencia posible de «n miasma y las circunstancias accesorias (V. o), que los síntomas solo sirvan de guia en la elección de los medios apropiados para curar. El conjunto de los síntomas, esa ¡majen reflejada al esterior de la esencia interior de la enfermedad, es decir de la afección de la fuerza vital, debe ser el principal o el único medio por el que el mal dé a conocer ei medicamento que necesita, el único que determine la elección del remedio mas apropiado. En una palabra, la totalidadt(l) de los síntomas es lo principal, lo único de que el médico debe ocuparse en cualquier caso morboso individual, lo único que tiene que combatir con el poder de su ar- te, a fin de curar la enfermedad y de transformarla en salud. 8. Nose[podria concebir ni probar por ningún esperimento del mundo, que después de la esiincíon completa de los síntomas, y del conjunto de ac- cidentes perceptibles, quede, o pueda quedar otra cosa que la salud, y que el cambio morboso que existía en el interior del cuerpo, no haya sido ente- ramente extinguido [2]. 9. En el eslado de salud, la fuerza vital que anima dinámicamente lapar- te material del cuerpo, ejerce un poder ilimitado. Sostiene toctos las partes del organismo en una admirable armonía vital, respecto del sentimiento y de la actividad, de suerte que el espíritu dotado de razón que reside en nos- otros, puedeemplear libremente estos instrumentos vivos y sanos, para con- seguir el devado objeto de nuestra existencia. íü. El organismo material, supuesto sin fuerza vital, no puede ni sentir, ni obrar, ni hacer cosa alguna para sn propia conservación (3). Únicamente aberturas naturales del cuerpo (la nariz, la farinje, el oido, la uretra, el recto, la vajína), se trilura la piedra en la vejiga, se abre el ano iraperforado del recien naci- do, etc. (1) La antigua escuela, no sabiendo muchas veces a que otro espediente recurrir, ha tratado mas de una vez de combatir y suprimir con medicamentos solamente una de los síritomas que producen las enfermedades. Este método se conoce con el nom- bre de medicina sintomática. Ha escitado con razón el desprecio jeneral, no so'wi porque no produce la mas pequeña ventaja positiva, sino también porque de él re- sultan graves inconvenientes. Un síntoma solo no constituye la enfermedad en sí misma, como tampoco una pierna constituye un hombre entero. Este método era tanto mas perjudicial, cuanto que atacando a un síntoma aislado, únicamente se le combatía con un remedio opuesto (es decir, de un modo enantiopático o paliativo), de suerte que después de un alivio de corta duración, se ie veia reaparecer mas gra- ve que antes. (2) Cuando un hombre ha sido curado por un verdadero médico, de modo que no quede la menor señal, ni el mas lijero síntoma de la enfermedad, y cuando todos los signos de la salud hayan reaparecido de un modo verdadero, ¿se puede suponer, sin ofender al entendimiento humano, que todavía existe la enfermeda"d entera en el interior? Esto es, sin embargo, lo que pretende uno de los corifeos de la antigua es- cuela, Hufeland, cuando dice que sjla homeopatía puede mui bien hacer desaparecer los síntomas, pero que la enfermedad, permanece.» ¿Obra de este modo por despecho de los progresos que hace ¡a homeopatía para la felicidad del jénero humano, o porque tiene aun formada una idea muí grosera de la enfermedad, porque la considera, no como una modificación dinámica del organismo, sino como una cosa material, capaz de permanecer escondida después de la curación en algún rjncon del interior del cuerpo, y de tener cualquier dia el capricho de presentarse, aun en medio de la sa- lud mas florecienle? lié aquí hasta donde llega todavía la ceguedad de la antigua pa- tolojía. Con estoa antecedentes, no debe causar admiración que esto haya podido producir una terapéutica, cuyo único objeto es barrer el cuerpo del pobre enfermo. (3) Se halla muerto y sometido desde entonces a la potencia del mundo físico es- terior, entra cu putrefacción, y se resuelve cu sus elementos químicos. u EXPOSICIÓN al ser inmaterial que \t anima en el estado de salud y de enfermedad, es a que debe el sentimiento y el cumplimiento de sus funciones vitales. VI. Cuando el hombre cae enfermo, esta fuerza espiritual, activa por sí misma y presente en todas las partes del cuerpo, es la única que al principio siéntela influencia dinámica del ájente hostil a la vida. Ella sola, después de haber sido desarmonizada por esta percepción, puede proporcionar al orga- nismo las sensaciones desagradables que esperimenta, y compelerle a las ac- ciones insólitas que llamamos enfermedad. Siendo invisible por sí misma y apreciable únicamente por los efectos que produce en el cuerpo, esta fuerza no espresa, ni puede espresar su desarmonía mas que por una manifestación anómala en el modo de sentir y de obrar de la porción del organismo acce- sible a los sentidos del observador y del médico, es decir, por síntomas de enfermedad. 12. Solo la fuerza vital desarmonizada es la que produce las enfermeda- des (I). Los fenómenos morbosos accesibles a nuestros sentidos espresan, pues, al mismo tiempo todo el cambio interno, es decir, la totalidad de la desarmonia de la potencia interior. En una palabra, ponen la enfermedad toda entera en evidencia. Por consiguiente la curación, es decir, la cesación de toda manifestación morbosa, la desaparición de todos los cambios apre- cíables que son incompatibles con el estado normal de la vida, tiene por con- dición y supone necesariamente que la fuerza vital esté restablecida en su in- tegridad, y todo el organismo vuelto a la salud. 4 3. Se sigue de aquí que la enfermedad, inaccesible a los procedimien- tos mecánicos de la cirujía, no es, como la pintan los alópatas, una cosa distinta del todo viviente, del organismo y de la fuerza vital qne le anima, oculta en el interior del cuerpo, y siempre material, cualquiera que sea por otra parte el grado de sutileza que se la quiera atribuir. Semejante ¡dea solo podía nacer de cabezas imbuidas en las doctrinas del materialismo. Ella es la que durante millares de años ha llevado a la medicina a los falsos caminos que ha recorrido y en los que se ha separado de su verdadero destino. 14. De todos los cambios morbosos invisibles que sobrevienen en el in- terior del cuerpo, y cuya cuvacion se puede realizar, no existe uno solo que no se dé a conocer al observador atento por medio de los signos y los síntomas. Así lo ha querido la bondad infinitamente sabia del soberano conservador de la vida de los hombres. 13. La desarmonia invisible para i\osoiros de la fuerza que anima a nues- tro cuerpo, no forma, en efecto, mas que un ser, con el conjunto de sínto- mas que esta fuerza produce en el organismo, que impresionan nuestros sen- tidos, y que representan la enfermedad existente. El organismo es sí el ins- trumento material de la vida; mas no se le podría concebir no animado por la fuerza vital, que siente y gobierna de una manera instintiva, del mismo modo que no puede concebirse esta fuerza vital independientemente del or- ganismo. Los dos no forman mas que uu ser, aunque nuestro espíritu divida esta unidad en dos ideas, pero únicamente por su propia comodidad. 4 6. Siendo nuestra fuerza vital una potencia dinámica, la influencia no- civa sobre el organismo sano de los ajentes hostiles que vienen del esterior a turbar la ai moniu del juego de la vida, no podría, pues, afectarla mas que (1) De ninguna utilidad podría ser al médico saber, como la fuerza vital dctcr* mina al organismo a producir los fenómenos morbosos, es decir, cttmo crea la enfer- medad; y lo ignorará también eternamente. El dueño de la vida no ha hecho accesi- ble a sus sentidos mas que lo que le era necesario y suficiente' conocer en la enfer medad, para poderla curar. 1)K LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 45 de una manera puramente dinámica. Así, pues, el médico solo puede reme* diar sus desarmonías (las enfermedades), haciendo obrar sobre ella sustan- cias dotadas de fuerzas modificadoras, igualmente dinámicas o virtuales, cu- ya impresión percibe por medio de la sensibilidad nerviosa, presente en to- das partes. Así los medicamentos no pueden restablecer, y no restablecen realmente la salud y la armonía de la vida, mas que obrando dinámicamen- te sobre ella, después que la observación atenta de los cambios accesibles a nuestros sentidos en el estado del sujeto (conjunto de síntomas) ha suminis- trado al médico nociones déla enfermedad, tan completas como necesita te- nerlas, para encontrarse en estado de curarla. 17. La curación que sucede a la estincíon de todo el conjunto de signos y accidentes perceptibles de la enfermedad, teniendo al mismo liempo por resultado la desaparición del cambio interioren que se funda esta última, es decir, en todos los casos, la destrucción del total de la enfermedad [1], es claro, según esto, que el médico solo tiene que quitar la suma de síntomas, para hacer desaparecer simultáneamente el cambio interior del cuerpo, y cesar la desarmonía morbosa de la fuerza vital, es decir, para eslinguir el to- tal de la enfermedad la enfermedad misma (2). Mas destruir la enfermedad, es restablecer la salud, primero y único objeto del médico que está penetra- do de la importancia de su misión, que consiste en socorrer a su prójimo, y no emperorar con un tono dogmático. iS. De esta verdad incontestable que, fuera del conjunto de síntomas, nada puede encontrarse en las enfermedades, por lo que sean susceptibles de espresar que necesitan de auxilios, debemos concluir que tampoco puede haber en ellas oirá indicación para la elección del remedio, mas que la su- ma de síntomas observadas en cada caso individual. 19. No siendo las enfermedades mas que cambios en el estado jeneral del hombre, que se anuncian por signos morbosos, y no siendo posible la curación masque por la conversión del estado de enfermedad al de salud,se concibe fácilmente que no podrían los medicamentos curar las enfermeda- des, sino tuviesen la facultad de cambiar el estado jeneral del hombre, que consiste en sensaciones y acciones, y que únicamente en esla facultad se funda su virtud curativa. 20. No hai medio de reconocer en sí misma, solo por los esfuerzos de (I) Un sueño, un presentimiento, una supuesta visión forjada por una imajina- cion supersticiosa, una profecía solemne de muerte infalible a cierlo dia o a eierta hora, han producido muchas veces todos los síntomas de una enfermedad incipiente y progresiva, los signos de una muerte próxima, y la muerte misma en el momento indicado; lo que no hubiera podido suceder, si no se hubiese verificado en el inte- rior del cuerpo un cambio correspondiente al estado que se espresaba al esterior. Por la misma razón en casos de esla naturaleza se ha llegado a veces, ya engañando al enfermo, ya insinuándole una convicción contraria, a disipar todos los signos morbosos que anunciaban la aproximación de la muerte, y a restablecer la salud, lo que no hubiera podido suceder, si el remedio moral no hubiese hecho cesar loscam- bios morbosos internos y estemos, cuyo resollado debia ser la muerte. (2) El soberano conservador de los hombres no podia manifestar su sabiduría y su bondad en la curación de las enfermedades que losaflijew mas que haciendo ver claramente al médico lo que tiene que quílar a estas enfermedades, para-destruir- las, y restablecer así la salud. ¿Qué deberíamos pensar de su sabiduría y de su bon- did, si, como pretende la escuela dominanle, que afecta introducir una mirada adi- vinadora en la esencia íntima de las cosas, lo que se necesita curarse en las enfer- medades, se encontrase envuelto de una mística oscuridad, y encerrado en el inte- rior oculto del organismo, y el hombre se viese por esti razón en completa imposi- bilidad de reconocer el mal y por consiguiente de curarle? 40 EXPOSICIÓN la intelijencia, esta facultad, oculta en la esencia íntima de los medicamentos, esta aptitud virtual para modificar el estado del cuerpo humano, y por con- siguiente, para curar las enfermedades. Únicamente por la esperiencia y por la observación de los efectos qué produce, influyendo sobre el estado jeneral de la economía, es como llega uno a conocerla, y a formarse una idea clara de ella. 21. No siendo apreciable en sí misma la esencia curativa de los medica* memos, lo que nadie se atreverá a poner en duda, y no pudiendo los espe* rimemos puros, hechos aun por los observadores dolados de la mas rara perspicacia, darnos a conocer nada que sea capaz de hacer los medicamen- tos o medios curativos, sino esta facultad de producir cambios manifiestos en el estado jeneral de la economía, sobre todo en el hombre sano, en el que suscitan muchos síntomas morbosos bien caracterizados, de esto debe- mos concluir que, cuando los medicamentos obran como remedios, no pue- den igualmente ejercer su virtud curativa, mas que por esla facultad que poseen de modificar el estado jeneral de la economía, dando orijen a sinto* mas particulares. Por consiguiente, es preciso atenerse únicamente a losac* cideules morbosos que los medicamentos producen en el cuerpo sano, como a Tá única manifestación posible de la virtud curativa de que gozan, si se quiere saber, con respecto a cada uno de ellos, las enfermedades que pueden curar. 22. Mas como nada se descubre que quitar en las enfermedades para convertirlas en salud, mas que el conjunto de sus signos y síntomas ; como nada se vé tampoco de curativo en los medicamentos, mas que su facultad de producir síntomas morbosos en los hombres sanos, y de hacerlos desa- parecer en los enfermos; sigúese de esto, que los medicamentos no toman el carácter de remedios, y no son capaces de estinguir las enfermedades, sino escitando ciertos accidentes y síntomas, o, para espresarme con mas clari- dad, una enfermedad artificial que destruye los síntomas ya existentes, es decir, la enfermedad natural que se quiere curar. De aquí se sigue también, ptie para disipar la totalidad de los síntomas de una enfermedad, es preciso buscar un medicamento qne tenga tendencia a producir síntomas semejan- tes o contrarios, según que se haya aprendido de la esperiencia, que el mo- do mas fácil, mas cierto y mas permanente de quitar los síntomas de la en- fermedad, y de restablecer la salud, es el opouer a estos últimos, síntomas medicinales semejantes o contrarios (I). 23. Pues todas las esperiencías puras, todos los ensayos hechos con cui- dado nos enseñan que síntomas morbosos continuos, lejos de poder ser bo- (1) El otro modo, diferente de estos dos, de emplear los medicamentos on las en- fermedades, es el método alopático, en el que se administran remedios que produ- cen síntomas que no tienen ninguna relación direcla con el estado del enfermo, y que no so.i, ni semejantes ni opuestos, sino absolutamente heterojéneos. Ya he de- mostrado en la introducción que esle método es una grosera y nociva imitación de los esfuerzos imperfectos que una impulsión ciega y puramente instintiva obliga a la fuerza vital, desordenada por cualquiera influencia desagradable, a tentar para sal- varse a todo trance eseffando y sosteniendo una enfermedad en el organismo; porque la ciega fuerza vital no ha sido creada mas que para sostener la armonía en el orga- nismo mientras dura la salud, y una vez desarreglada no es ya apta para restituirse al estado normal, así como los síntomas no eonstiluyen la enfermedad misma. Sin embargo a pesar de sus inconvenienles se sirve de él hace tanto tiempo la escuela actual, que no puede ya el médico pasarle en silencio, así como el historiador no puede callar las opresiones que el jénero humano ha sufrido durante millares de años bajo los gobiernos despóticos y absurdos. DE LA DOCTUIJíA BOJl£oi ÁTICA. 47 rrndos y estingnidospor sintonías medicinales opuestos, como los que escita el método antipático, enanliopátíco o paliativo, reaparecen por el contrario mas intensos que lo habían sido hasta entonces, y agravados de una manera bien manifiesta, después de haberse calmado al parecer durante algún tiem- po. (V. 38, (32 y 69). 24. No queda, pues, otro modo de emplear con éxito los medicamentos contra las enfermedades, mas que recurrir-al método homeopático, en el que se busca, para dirijirle comea la universalidad de los síntomas del caso morboso individual, entre lodos los medicamentos, aquel cuyo modo de obrar sobre el hombre sano se conoce bien, y que posee la facultad de producir la enfermedad artificial mas semejante a la enfermedad natural que se tiene a la vista. 23. Mas el único oráculo infalible del arle de curar, la esperiencia pura (I), nos enseña en todos los ensayos hechos con cuidado, que en efecto el medicamento que obrando sobre hombres perfectamente sanos ha podido producir síntomas los mas semejantes a los de la enfermedad que nos pro- ponemos tratar, posee también realmente, cuando se le emplea a dosis suíi- cíentemenle atenuadas la facultad de destruir de una manera pronta, radical y duradera, la universalidad de los síntomas del caso morboso, es decir, (V. 6, 16) la enfermedad presente toda entera; ella nos demuestra qne lodos los medicamentos curan las enfermedades cuyos síntomas se asemejan, todo lo posible a los suyos, y que entre estas últimas, no hai ninguna que no ceda ¡l sn acción. 26. Esle fenómeno se funda en la leí natural de la homeopatía, lei desco- nocida hasta el dia, aunque se haya tenido alguna vaga sospecha de ella, y apesar de haber sido en todos tiempos el fundamento de toda curación ver- dadera, a saber : que una afección dinámica, en el organismo viviente, es ex- tinguida de un modo duradero por una mas fuerte, cuando esla, sin ser de la. misma especie que ella, se le asemeja mucho en cuanlo al modo de manifestar- se (2). (1) No quiero hablar de una esperiencia semejante a la de que se alaban nuestros prácticos vulgares después de haber combatido duranla largos años con un montón de recelas complicadas una multitud de enfermedades que jamás han examinado con cuidado, pero que, fieles a los errores de su escuela, han mirado como suficientemen- te conocidas por los nombres que tienen en la patolojía, creyendo ver en ellas un principio morbífico imajinario u otra cualquiera anomalía interna no menos hipoté- tica. A la verdad, ven siempre en ellas alguna cosa, pero no saben lo que ven. y lie- sran a resultados que solo un Dios podría desembrollar en medio de un tan gran con- rurs.0 de fuerzas diversas que obran sobre un sujeto desconocido, resultados de los queno se puede sacar ninguna inducción. Cincuenta años de semejante esperiencia san como cincuenta años pasados en mirar por un caliscopio, que lleno de cosas des- conocidas y variadas, jirára continuamente sobre si mi?mo; se habrían ví;lo milla- res de figuras que variaban a cada instante, sin poder esplicar ninguna de Hlas. (2) Asi es como se tratan también los males físicos y morales. ¿Por qué el bri- llante Júpiter desaparece con el crepúsculo de Ja mañana de los nervios ópticos del que le contempla? Porque una potencia semejante, pero mas fuerle, la claridad del nuevo día, obra entonces sobre nuestros órganos. ¿Con qué se acostumbra a calmar los nervios olfatorios ofendidos por olores desagradables? Con tabaco, que aféela'«i la nariz de un modo semejante pero mas fuerte. Ni con la música, ni con sustancias azucaradas se podria curar el disgusto del olfato, porque eslos objelos son relativos a ios nervios de otros sentidos. ¿Por qué medio se sofocan en el oido compasivo de los concurrentes los lamentos del desgraciado condenado al suplicio de los azotes? Con el agudo sonido del pilo unido al ruido del tambor. ¿Cómo se disfraza el ruido lejano del cañón enemigo, que causaría terror en el alma del soldado? Con el eslrc- 48 r.Xrosicios 27. La potencia curativa de los medicamentos está fundada (V. 12, 16) en la propiedad que tienen de dar orijen a síntomas semejantes a los de la enfermedad, y que esceden en fuerza a estos últimos. De donde se sigue que la enfermedad no puede ser destruida y curada de un modo cierto, radical, rápido y duradero, sino por medio de un medicamento capaz de producir el conjunto de síntomas lo mas semejante a la totalidad de los de la enfermedad, y dotado al mismo tiempo de una enerjía superior a la que ella posee. 28. Como esla leí terapéutica de la naturaleza se manifiesta altamente en todos los ensayos puros y en todos los esperimenlos con cuyo resultado se puede contar; y como por consiguiente el hecho es positivo, poco nos im- porta la teoría científica del modo como se verifica. Yo doi mui poca impor- tancia a las esplicaciones que se pudieran proponer al efecto. Sin embargo, la siguiente me parece que es la mas verosímil, porque se funda únicamen- te en los datos que suministra la esperiencia. 29. Toda enfermedad que no pertenece esclusivamente al dominio déla cirujía, no proviniendo mas que de una desarmonía particular de nuestra fuerza vital, respecto al modo de desempeñarse las sensaciones y las accio- nes, el remedio homeopático ocasiona a esta fuerza una enfermedad medici- nal o artificial análoga, pero un poco mas fuerte, que reemplaza a la enfer- medad natural. Cediendo entonces a la impulsión del instinto, la fuerza vi- tal, que ya no está enferma mas que de la afección medicinal, pero que lo está un poco mas que antes, se vé obligada a desplegar mas enerjía conija esta nueva enfermedad; mas teniendo poca duración la acción de la fuerza medicinal que la desarmoniza (1), no larda en triunfar de ella, de suerte que, como había sido librada en primer lugar de la enfermedad natural, queda también libre entonces de* la enfermedad medicinal artificial, sustituida a aquella, y que por consiguiente, capaz de volver la vida del organismo a la salud. Esta hipótesis, que es mui verosímil, se funda en las proposiciones siguientes : 30. Los medicamentos, sin duda también porque depende de nosotros pitoso ruido délos tambores.Esta compasión y este terror no le hubieran podido re- primir, m las amonestaeiones, ni la distribución de uniformes brillantes. Del mismo modo la tristeza y los disgustos se estinguen en el alma con la noticia, aunque sea falsa, de una desgracia mayor que ha sucedido a otra persona. Los inconvenientes de una alegría mui viva se evitan con el café, que por sí mismo dispone el alma a im- presiones agradables. Ha sido preciso que los alemanes, sumerjidos después de mu- chos siglos en la apatía y en la esclavitud, fuesen arruinados bajo el yugo tiránico del eslranjero para que el sentimiento de la dignidad del hombre se despertase en ellos, y levantasen al fin la cabeza por primera vez. (1) La poca duración de acción de las potencias aptas para producir enfermedades artificiales, a que damos el nombre de medicamentos, hace que, a pesar de su supe- rioridad sobre las enfermedades naturales, le cueste mucho menos trabajo a la fuerza vital el triunfar de ellas, qne de estas úllimas. Teniendo las enfermedades naturales una duración mui larga, las mas de las veces tan larga como la misma vida (psora, sífilis, sicosis), no pueden ser vencidas por la fuerza vital sola. Es preciso, para es- tinguirlas, que el médico afecte mas enéticamente a esta, por medio de un ájente capaz de producir una enfermedad mui análoga, pero dotado de una potencia supe- rior (remedio homeopático). Este ajenie introducido en el estómago, o respirado por la nariz, violenta en cierto modo a la ciega e instintiva fuerza vital, y su impresión reemplaza a la enfermedad natural existente hasta entonces, de suerte que la fuerza vital solo queda sujeta en adelante a la enfermedad medicinal, y esto por poco tiem- po, porque la acción del medicamento (o el curso de la enfermedad producida por él) no dura mucho liempo. La curación de enfermedades que contaban ya muchos años, proporcionada (V. 46) por la aparición de la viruela y del sarampión, (que una y otro solo duran algunas semanas), es un fenómeno del mismo jénero. nn lA doctrina homeopática. 49 variar su dosis, parece que tienen un poder de desarmonizar el cuerpo hu- mano mui superior al de las irritaciones morbíficas naturales; porque las enfermedades naturales se curan y se vencen con medicamentos apropiados. 51. Las potencias enemigas, tanto físicas como morales, que atacan nuestra vida acá en la tierra, y que se llaman influencias morbíficas, no po- seen de un modo absoluto la facultad de alterar la salud (I); solamente en- fermamos bajo su influencia cuando nuestro organismo eslá suficientemente predispuesto a sentir los ataques de las causas morbíficas, y a dejarse po- ner por ellas en un estado en el que las sensaciones que esperimenta. y las acciones que ejecuta son diferentes de las que tienen lugar eu el estado nor- mal. Así, pues, estas potencias no determinan la enfermedad, ni en todoslos hombres, ni en un mismo hombre en todas ocasiones. 32. Pero es mui diferente lo que sucede con las potencias morbíficas na- turales que llamamos medicamentos. Efectivamente, en todos tiempos y en todas circunstancias, un verdadero medicamento obra sobre todos los hom- bres, escita en ellos los síntomas que le son propios, y aun produce algunos apreciables por los sentidos, cuando se le administra a dosis bastante fuer- les ; de manera que todo organismo humano viviente, cualquiera que sea, debe en todos tiempos y de una manera absoluta, ser atacado y en cierto modo infectado por la enfermedad medicinal; lo que, como acabo de de- cir, no sucede respecto de las enfermedades naturales. 33. Resulla pues incontestablemente de todas las observaciones (2), que el organismo humano tiene mucha mas propensión a dejarse desamor- nizar por las potencias medicinales que por las influencias morbíficas so- lo tienen un poder subordinado, y aun con frecuencia mui condicional, de producir enfermedades, mientras que las potencias medicínales le tienen ab- soluto, directo e infinitamente superior; 34. La mayor intensidad de las enfermedades artificiales que se producen por medio de los medicamentos, no es sin embargo la única condición exiji- ble para que aquellas tengan el poder de curar las entermedades naturales. Es necesario, ante todas cosas, para que se efectué la curación, que haya la mayor semejanza posible entre la enfermedad que se trata de combatir y la que el medicamento puede suscitar en ul cuerpo humano, a fin de que esta semejanza, unida a la intensidad qn poco mayor de la afección medicinal* permita a esta reemplazar a la otra, y quitarle así toda su influencia sobre la fuerza vital. Tan cieno es esto, que la misma naturaleza no puede curar una enfermedad ya existente añadiendo a ella otra desemejante, por fuerte que esta sea, e igualmente el médico no puede efectuar curaciones, cuando (1) Cuando digo que la enfermedad es una aberración o una desarmonía del esta- do de salud, no trato de dar una esplicacion metafísica de la naturaleza íntima de las enfermedades en jeneral, o de cualquier caso morboso en particular. Solo quiero decir Con eslo, lo que ni son ni pueden ser las enfermedades, es decir, espresar que no consisten en cambios mecánicos o químicos de la sustancia material del cuerpo, que no depende de un principio morbífico material, y que son esclusivamente altera- ciones espirituales o dinámicas de la vida. (2) Hé aquí un hecho notable de este jénero : cuando antes del año de 1801 rei- naba todavía de cuando en cuando de un modo epidémico entre los niños la liebre es- carlatina lisa de Sydenham, atacaba sin escepcion a los que no la habían padecido en una epidemia precedente; mas en la epidemia de que yo mismo fui testigo en Koenigslutter, todos los niños que tomaron con anticipación una pequeñísima dosis de belladona se libraron de esla enfermedad sumamente contajíosa. Para que puedan los medicamentos preservar de una enfermedad epidémica, es preciso que su potencia de modificar la fuerza vital sea superior a ella. 8 • &0 EXPOSICIÓN emplea medicamentos incapaces de ocasionar en el hombre sano un estado morboso semejante a la enfermedad que tiene a la vista. 35. Para hacer resaltar mas estas verdades, vamos a examinar tres casos diferentes, a saber : la marcha de la naturaleza en dos enfermedades natura- les desemejantes, que se hallan a la vez en un mismo sujeto, y el resultado del tratamiento médico ordinario de las enfermedades con medicamentos alo- páticos, incapaces de producir un estado morboso artificial, semejante al que se trata de curar. Este examen demostrará, por una parte, que la mis- ma naturaleza no puede curar una enfermedad ya existente, con otra enfer- medad desemejante aunque sea mas fuerte; y por otra, que los medicamen- tos, aun los mas enérjicos, jamás podrían producir la curación de una en- fermedad cualquiera, no siendo homeopáticos. 36. I. Si las dos enfermedades desemejantes que se hallan a la vez en el hombre tienen igual fuerza, o si la mas antigua es mas fuerte que la otra, la nueva enfermedad será rechazada del cuerpo por la que existía ya antes que ella, y no podrá establecerse en él. Así un hombre, atormentado ya por una'afección crónica grave, no será atacado de una disenteria otoñal, ni de ninguna otra epidemia moderada. Según Larrey (I), la peste de Levante no se presenta en los lugares en que reina el escorbuto, ni las personasque pa- decen herpes, sufren tampoco su infección. El raquitismo impide, según Jen- ner, que la vacuna se desarrolle. Hildenbrand asegura que los tísicos no se resienten de las fiebres epidémicas, a no ser que estas sean mui violentas. 57. Del mismo modo una enfermedad crónica antigua, no cede al método ordinario de curación con medicamentos alopáticos, es decir, que no pro- ducen en el hombre sano un estado análogo al que la caracteriza. Resiste a los tratamientos de este jénero, prolongados aun durante años enteros, con tal que no sean demasiado violentos. Esta aserción se verifica cada dia en la práctica, y no necesita ser apoyada por ejemplos. 38. II. Sí la enfermedad nueva, que no se parece a la antigua, es mas fuerte que esta última, la suspende hasta que ella haya acabado su curso o se haya curado; pero entonces reaparece la antigua. Tulpius dice (-2) que dos niños que contrajeron la tina, dejaron de sufrir accesos de epilepsia que ha- bían padecido hasla entonces; pero que volvieron a presentarse después de la desaparición del exantema de la cabeza. Sehcepf ha visto esiinguirse la sarna por la manifestación del escorbuto, y renacer después de la curación de esta última enfermedad (3). Un tifus violento ha suspendido los progresos de una tisis pulmonar ulcerosa, que siguió su marcha inmediatamente des- pués de la cesación de la afección tifoidea (4). La manía que se declara en nn tísico borra la lísís con todos sus síntomas ; pero la enfermedad del pulmón renace y mala al enfermo sí llega a cesar la enajenación mental (3). Cuando reinan a la vez el sarampión y la viruela, y han atacado los dos a un mismo niño, ordinariamente ei sarampión ya declarado es detenido por la viruela que empieza a manifestarse, y no vuelve a seguir su curso hasla después de (1) Mémoires et observalions dans la description de l'Egyplc, t. I. (2) Obs. lib. I. obs. 8. (§j En el Journal de Huffeland, XV, II. (4; Chcvalier, en los Nouvelles Aúnales de la Médecine francaise de Huffeland» II, p. 192. (5) Manía thisi superveniens eam cum ómnibus suis fenomenis auffert, verum mox redil thisis et occidit, obcunlc mania. Rcil, Memor fase, III, V, p. 172, • DR LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. :$l la curación de esta; con todo, Manget ha visto también (I) a la viruela com- pletamente declarada a consecuencia de la inoculación, ser suspendida duran- te cuatro dias por haber sobrevenido el sarampión, y después de la desca- mación de este se reanimó para recorrer en seguida sus periodos hasta el fin. Se ha visto también a la erupción del sarampión, al sesto dia de la inocula- ción, detener el trabajo inflamatorio de esta última, y no presentarse la vi- ruela hasla que el exantema hubo terminado su periodo septenario (2). En una epidemia rubéolica, se presentó el sarampión en muchos inoculados cuairo o cinco dias después de la inserción, y retardó hasta su entera desa- parición la erupción de la viruela, que no se hizo hasta entonces, y marchó después de un modo regular (5). La verdadera fiebre escarlatina de Syden- ham (4) con anjina, fué eclipsada al cuarto dia por la manifestación de la va- cuna, que continuó hasta su fin, y solamente después de su terminación se vio a la escarlatina manifestarse de nuevo. Pero como estas dos enfermeda- des parece que son de una fuerza igual, se ha visto también ser suspendida la vacuna al octavo dia per la erupción de una verdadera escarlatina, y desa- parecer su areola roja, hasta que esta terminó su curso, en cuyo momento la vacuna continuó el suyo, y le acabó con regularidad (3). Una vacuna eslaba próxima a su perfección, al octavo día, cuando se presentó el sarampión, que al punto la hizo estacionaria, y solo después de la descamación de esle con t'utuó y acabó aquella su marcha, de modo que, según Kortum (6), tenia al décimo sesto dia el aspecto que ordinariamente presenta al décimo. Se ha visto a la vacuna prender aun en medio del sarampión desarrollado, mas no ha empezado a recorrer sus periodos hasla que la olra afección ha pasado; estoes loque nos demuestra igualmente Kortum (7). Yo mismo he tenido ocasión de ver desaparecer una antigua paralidea luego que se estableció el trabajo particular de la vacuna. Solo después que la vacuna acabó su curso, y desapareció la aureola roja de ¡os granos, fué cuando se manifestó en las glándulas parótidas y maxilares una nueva inflamación acompañada de fiebre, y recorrió su periodo ordinario desieledias. Lo mismo sucede con todas las enfermedades desemejantes; la mas fuerte suspende a la mas débil, a me- nos que se compliquen mutuamente, lo que rara vez sucede a las afecciones agudas; pero jamás se curan recíprocamente» 39. La escuela médica ordinaria ha sido testigo de estos hechos hace mu- chos siglos. Ha visto a la misma naturaleza impotente para curar ninguna enfermedad, con la adición de olra, por intensa que fuese esta última cuando la nueva no es semejante a la que ya existe en el cuerpo. ¿Qué se debe de pensar de ella, puesto que por eso no lia dejado de continuar tratando las enfermedades crónicas con medios alopáticos, es decir, con sustancias que las mas de las feces solo podían producir por sí mismas un estado morboso (1) En Edimb. med. comment., t. I, L (2) Juan Hunler, Traite' des maladies véneriennes. (3) Rainay, en Med. comment. ofEdimb.Ul, p. 480. (4) Ha sido descrita con mucha exactitud por Wiihering y Plenciz. Pero se di fe" rencia mucho de la miliar purpúrea (o del Roodvonk) a la que se tenia placer en dar H nombre de Gebre escarbuina. Solo en estos últimos años es cuando esias dos enfer* medades, orijinariamenlemui diferentes, se han parecido la una a la otra por sus sín- tomas. (5) Jenner, en Medizinische Annalen, 1800, agosto, p. 7íT. r$) En el Journal de Huffeland, XX, III, p. 50. (7) Loe cit. 32 EXI'OSICtOX deseméjame déla afección, cuya curación estaba en problema? Y aun cuan- do los médicos no hubiesen observado hasta entonces a la naturaleza con bastante atención, ¿no habrían podido conocer por los tristes efectos de sus procedimientos, que se encontraban en un camino estraviado, a propósito únicamente para alejarles de su objeto? ¿No advertían qne empleando, segnn su costumbre, medios alopáticos violentos contra las enfermedades crónicas, no hacían mas que crear una enfermedad artificial, desemejante de la primi- tiva, que acallaba a esta sí, y la suspendía durante todo el tiempo de su pro- pia duración, pero la dejaba reaparecer, luego que la disminución de las fuerzas del enfermo no permitía ya continuar minando el j¡ incipio de la vi- da, por por los vivos ataques de la alopatía? Así es como los purgantes enér- gicos y frecuentemente repetidos limpian realmente con bastante prontitud la piel del exantema psórico; pero cuando el enfermo no puede ya soportar la afección desemejante que se ha producido violentamente en sus entrañas, cuando se ve obligado a renunciar a los purgantes, la erupción cutánea rea- parece lal como exislia antes, o bien la psora interna se manifiesta por un síntoma cualquiera desagradable, atendido que ademas de la afección primi- tiva, que no ha disminuido nada, el enfermo tiene entonces desarregladas sus dijestiones, y sus fuerzas aniquiladas. Del mismo modo, cuando los mé- dicos ordinarios producen y sostienen ulceraciones en la superficie del cuer- po, creyendo destruir por medio de ellas una afección crónica, jamás consi- guen el objeto que se proponen, es decir, que jamás curan ; porque estas úl- ceras facticias son del todo estrañas y alopáticas al mal interno. Sin embar- go, como la irritación causada por muchos cauterios es a menudo un mal su- perior, aunque desemejante, al estado morboso primitivo, le sucede a veces que reduce a este al silencio por algún tiempo; pero no hace mas que sus- penderle, debilitando por grados al enfermo. Una epilepsia qne habia sido suprimida durante un gran número de años por medio de cauterios, reapare- cía constantemente y mas violenta que nunca, cuando se trataba de supri- mir el exutorio, como lo atestiguan Pechlin (\) y otros. Pero ni los purgantes son mas alopáticos respecto de la sarna, o los cauterios respecto de la epi- lepsia, que las mezclas de ingredientes desconocidos, de que se hace uso en la práctica vulgar, lo son rdalivameme a las oirás formas innumerables de enfermedad. Eslas mezclas tampoco hacen mas que debilitar al enfermo, y suspender el mal durante un espacio de tiempo mui corto, sin poder curar- le, ademas de que su uso repetido jamás deja de añadir un nuevo eslado mor-! boso al antiguo. - 40. 111. Puede también suceder que la nueva enfermedad, después de ha- ber obrado largo tiempo en el organismo, concluya por aliarse con la antigua afección, a pesar de su falta de semejanza, y que de aquí resulte una enfer- medad complicada de lal modo, sin embargo, que cada una ocupe una rejion especial en el organismo, y qne se instale en los órganos que la convienen, abandonando los demás a la que no se la asemeja. Así uu sujeto sifilítico pue- de también hacerse sarnoso, y vice-versa; porque siendo las dos eufermeda- der desemejantes no podrían destruirse y curarse recíprocamente. Los sínto- mas venéreos se obscurecen al principio cuando la erupción psórica empie-< za; mas con el tiempo, siendo la enfermedad venérea al menos tan fuerte como la sarna, se alian las dos afecciones la una con la otra (2), es decir, qne (1) Obs.phys. med. lib. *2, obs. 30. (2) Esperimenlos exactos y curaciones que he obtenido de esta especie de afeccio- nes complicadas me han convencido que no resultan de un amalgama de dos enfer- DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 53 cada una se apodera únicamente de las partes del organismo que la son rnas apropiadas, y con esto el sujeto se pone mas enfermo y mas difícil de curar. En caso de coincidencia de dos enfermedades agudas conlajiosas que no tienen semejanza entre sí; por ejemplo la viruela y el sarampión, ordinaria- mente la una suspende a la otra, como ya queda dicho. Sin embargo, se han visto algunas epidemias violentas en las que, en casos raros, dos enfermeda- des agudas desemejantes han invadido simultáneamente a un mismo cuerpo, y se han, por decirlo así, complicado la una a la otra duranie un corlo espa- cio de liempo. En una epidemia en que las viruelas y el sarampión reinaban a la vez, hubo trescientos casos en que una de estas dos enfermedades sus- pendió a la otra ; en que el sarampión no brotó hasta veinte días después de la erupción de la viruela, y la viruela diez y siete o diez y ocho dias después déla del sarampión, es decir, después del curso total de la primera enferme- dad : pero hubo uno en el que P. Rusell (1) halló estas dos enfermedades de- semejantes simultáneamente en el mismo sujeto. Rainey (2) ha observado las viruelas y el sarampión a la vez en dos niños. J. Maurice (3) dice que no ha encontrado mas que dos casos de esle jénero en su práctica. Se encuentran también ejemplos semejantes en Ettmuller (4) y también en algunos otros. Zencker (5) ha visto a la vacuna seguir su curso regular juntamente con el sarampión y la fiebre miliar purpúrea, y Jenin r ha visto también a la vacuna recorrer tranquilamente sus periodos en medio de un tratamiento mercurial dirijido contra la sífilis. 41. Las complicaciones o coexistencias de muchas enfermedades en un mismo sujeto, que resultan de un largo uso de medicamentos no apropiados, y que deben su orijen a los malhadados procederes de la medicina alopática vulgar, son infinitamente mas frecuentes que las a que dá lugai la misma na- turaleza. Repitiendo sin cesar el uso de remedios que no convienen, se con- cluye por añadir a la enfermedad natural que se traía de curar los nuevos estados morbosos, muchas veces mui pertinaces, que eslos remedios son lla- mados a producir por la naturaleza misma de sus facultades especíales. No pudiendo estos estados curar, por una irritación análoga, es decir, por ho- meopatía, una afección crónica con la que no lienen ninguna semejanza, se asocian poco a poco con esta última, y añaden así una nueva enfermedad fac- ticia a la antigua, de suerte que el sujeto se pone doblemente enfermo y mu- cho mas difícil de curar, y con frecuencia también incurable. Muchos hechos, consignados en los diarios o en los tratados de medicina, apoyan esta aser- ción Se encuentra una prueba de esto también en los casos frecuentes, en que las úlceras sifilíticas, complicadas, sobre lodo, con la afección psórica, y aun con la gonorrea o la sicosis, lejos de curarse por tratamientos largos o repetidos, con dosis considerables de preparaciones mercuriales mal elejidas, se colocan en el organismo al lado de la enfermedad mercurial crónica, que medades, sino que estas existen simultáneamente en la economía, ocupando cada una las partes que están en armonía con ella. En efeclo, la curación se verifica de un mo- do completo, alternando oportunamente el mercurio y los medios apropiados para curar la sarna, administrados unos y otros a dosis y bajo la forma de preparación mas adecuadas. (1) Transactions of a soe for the imyrovcw. of med. and. eliir. Knowl, II. (2) Med. comment. of Edinb., III, p. 480, <'3) Med. and phys. journal, 1805. (4) Opera, II, p. I, cap. 10. (5) En el Journil de Huffdand, XVII.. 31 RXP0SICI0N «e desarrolla poco a poco (I), y forman con ella una monstruosa complica- ción, designada con el nombre de sífilis larvada, que si no es absolutamente incurable, no puede al menos convertirse al estado de salud sino con la ma- yor dificultad. 42. La misma naturaleza, como ya llevo dicho, permite a veces la coinci- dencia de dos y de tres enfermedades espontáneas en un mismo cuerpo. Mas se debe notar mui bien que no existe esta complicación mas que con respec- to a enfermedades desemejantes, que según las leyes eternas de la naturaleza no pueden extinguirse y curarse recíprocamente. Esta complicación se efec- túa a lo que parece de tal manera, que las dos o tres enfermedades se re- parten, por decirlo así, el organismo, y cada una de ellas ocupa en él las partes que mas la convienen, división que puede hacerse sin perjudicar a la unidad de la vida, a causa de la falta de semejanza que tienen entre sí, 43. Pero es muí diferente el resultado, cuando dos enfermedades seme- jantes llegan a encontrarse en el organismo; es decir, cuando a la enferme- dad ya existente se une otra mas fuerte que la es semejante. Entonces es cuando se vé como la curaciun puede efectuarse por la vía de la naturaleza, y como debe conducirse el hombre para curar. 44. Dos enfermedades que se parezcan, no pueden, ni rechazarse mutua- mente, como en la primera délas tres hipótesis precedentes, ni suspenderse la una a la otra, como en la segunda, de suerte que la antigua reaparezca después déla estincion de la nueva, ni, en fin, como en la tercera, existir la una al lado de la olra en un mismo sujeio, y formar una enfermedad doble o complicada. 45. ¡ No ! Dos enfermedades que difieren la una de la olra en cuanto al jénero (2), pero que se asemejan mucho en cuanto a sus manifestaciones y sus efectos, es decir, los síntomas y sufrimientos que determinan, se destru- yen siempre mutuamente luego que llegan a encontrarse en un mismo orga- nismo. La,mas faerte destruye a la mas débil. Este fenómeno no es difícil de concebir. La enfermedad mas fuerte que sobreviene, teniendo analojía con la antigua en su modo de obrar, ataca, y aun de preferencia, las parles que habia atacado hasta entonces esta última, que mas débil que ella se esiingue, no encontrando ya donde ejercer su actividad (3). En otros términos : luego que la fuerza vital, desarmonizada por una potencia morbífica, llega a ser afectada por una nueva potencia mui análoga, pero superior en enerjía, no siente mas que la impresión de esta última sola, y la precedente, reducida a la condición de una simple fuerza sin materia, debe dejar de ejercer una in- fluencia morbosa, y por consiguiente de existir. 46. Se podrían citar muchos ejemplos de enfermedades que la naturale- za ha curado homeopáticamente por otras enfermedades que producen sín- tomas semejantes. Mas si se quieren hechos esactos y esentos de toda duda, es preciso ate- (\) Porque independientemente de los síntomas análogos a los de la enfermedad venérea, que le permilen curar homeopáticamente esla última, el mercurio produce también otros muchos, que no se parecen a los de la sífilis, y que cuando se le admi- nistra a altas dosis, sobre todo en la complicación tan común con la psora, produ- cen nuevos males, y ejercen grandes estragos en el cuerpo. (2) Véase anteriormente 26 la ñola, Ci) Del mismo modo que la imájen de la llama de una lámpara desaparece rápi- damente del nervio óplico por un rayo de sol que impresiona nuestros ojos con mas fuerza. DE LÁ DOCTItlNA HOMEOl'ÁTICA. 8." nerse al pequeño número de enfermedades siempre semejantes a si mismas que nacen de un miasma permanente, y que por esta razón, son dignas de recibir un nombre particular. Enire eslas afecciones se presenta en primer lugar, la viruela, tan famosa por el número e intensidad de sus síntomas, y que ha curado una multitud de males caracterizados por síntomas semejantes a los suyos. Uno de los accidentes mas comunes de las viruelas, son oftalmías violen- tas, que amenazan la abolición de la vista. Pues Dezoteux (I) y Leroy (2) re- fieren cada uno nn caso de oftalmía crónica, que se curó de una manera perfecta y duradera por la inoculación. Una ceguera que databa de dos años, y que habia sido causada por la repercusión de la tifia, cedió completamente a la viruela, según Klein (3). ¿No ha sucedido muchísimas veces a la viruela ocasionar la sordera y la disnea? J. F. Closs (4) la ha visto curar estas dos afecciones, cuando llegó a su máximun de intensidad. Es también un síntoma frecuente de la viruela, una tumefacción mui considerable de los testículos. Así se ha vistoj según Klein (5 a este exantema curar homeopáticamente una tumefacción volumi- nosa y dura del testículo izqui* rio, que era el-resultado de una contusión. Se curó igualmente con ella un infarto análogo del testículo, a la vista de otro observador (6). Se cuenta también una especie de disenteria en el número de los acciden- tes desagradables que determina la viruela : por eso ha curado esta afección homeopáticamente la disenteria en un caso que refiere F. Wendet(T). Nadie ignora que, cuando sobreviene la viruela después de la inserción de la vacuna, aquella destruye inmediatamente a esta de un modo homeo- pático, y no la permite llegar a su perfección, tanto porque tiene mas fuerza que ella, como porque se la parece mucho. Mas, por la misma razón, cuando la vacuna llega al término de la madurez, su grande semejanza con la viruela hace que homeopáticamente disminuya y modere al menos mu- cho esta última, cuando llega a declararse, y la imprime un carácter mas benigno, como lo testifican Muhry (8) y otros muchos autores. La vacuna, ademas de las pústulas preservativas de las viruelas, produce tombien una erupción cutánea jeneral de otra naturaleza. Consiste este exan- tema en granos cónicos, ordinariamente pequeños, rara vez gruesos y su- purantes, secos, apoyados sobre aureolas rojas poco extensas, mezcladas con pequeñas manchas redondeadas, de un color rojo y acompañadas a ve- ces del mas vivo prurito. En muchos niños precede este exantema algunos dias a la aparición de la aureola roja de la vacuna; pero las mas veces se declara después, y desaparece al cabo de algunos dias, dejando en la piel unas manchíias encarnadas y duras. Únicamente en razón de su analojía con esle exantema es como la vacuna, tan luego como ha prendido hace homeopáticamente desaparecer de un modo completo y duradero las erup- V (1) Traite de l'inoculatíon, p. 189. (2) Heilkunde fiir Mutter, 384. (?0 Interpres clinicus, p. 293. (A) Neué Heilart der Kinderpocken. U!m, 1769, p. 68; y Specim, obs. p. 18, (5) Interpres clinicus. (6) Nov. act. nat. cur., voi. I, obs. 22. (7) Nachricht von dem Krankeninstitut zu Erlangcn. 1785. (8) En Robert Willam, sur la Vaccine, SG EXPOSICIÓN ciones cutáneas con frecuencia mui antiguas e incómodas que existen en ciertos niños, como 1 oaseveran un gran número de observadores (1). La vacuna cuyo síntoma especial es cansar una tumefacción del brazo [2], ha curado después de su erupción, un brazo que estaba hinchado y medio paralizado (3). La fiebre de la vacuna, que sobreviene a la época en que se. forma la au- reola roja, ha curado homeopáticamente dos fiebres intermitentes, como nos lo demuestra Hardege(4); lo que confirma la observación hecha ya por J. Hunter (5) que dos fiebres (o enfermedades semejantes) no pueden sub- sistir juntas en un mismo cuerpo (6). El sarampión y la coqueluche tienen mucha semejanza entre sien cuanto a la fiebre y el carácter de la tos. Así Bosquillon (7) ha notado en una epidemia en que estas dos enferme- dades reinaban a la vez, que entre los niños que tuvieron el sarampión^ hubo muchos que no fueron atacados de la coqueluche. Todos se hubieran librado de ella, y para siempre, del mismo modo que quedaban inaccesibles un adelante al contajio del sarampión, si la coqueluche no fuese una enfer- medad que solo se asemeja en parle al sarampión, es decir, si tuviese un exantema análogo al de esta última; he aquí por qué el sarampión no pudo librar homeopáticamente de la coqueluche mas que a cierto número de ni- ños, y esto tan solo durante aquella epidemia. Pero cuando el sarampión encuentra una enfermedad que se parece a él en su síntoma principal, el exantema, puede sin dificultad estinguirla y cu- rarla homeopáticamente. Así es como se curó un herpe crónico (8) de un modo pronto, perfecto y duradero por la erupción del sarampión como lo ha observado Kortum [U], Una erupción miliar que hadaseis años que cubría la cara, el cuello y los brazos, donde causaba un ardor insoportable, y que se renovaba siempre que habia variación atmosférica, se redujo por la aparición fl) Principalmente Clavier, Hurel y Désormeaux, en el Bulletin des Sciences dé l'Eure, 1808. V. también Journal de médec. continué, XV, 206. (2) Balhorn. en el Journal de Huffeland. X, II. (\) Stevenson, en los Aunáis of Medicine de Duncan, voi. I, p. II, núm. 9. (4) En el journal de Huffeland, XXIII. (5) Traite de la maladie vénerienne. París, 1787; en 8, fig, (G) En las anteriores ediciones del Órganon he citado en este lugar ejemplos de afecciones crónicas curadas por la sarna, que según los descubrimientos que he comunicado al público en el pri mer tomo de mi Tratado de las enfermedades cróni- cas, solo pueden considerarse b.->jo cierto punto de vista como curaciones homeo- páticas. Los grandes males disipados asi (asmas sofocativos y tisis ulcerosas) eran ya de orijen psórico desde el principio; eran los síntomas, que babian llegado a amenazar la vida, de una antigua psora completamente desarrollada en el interior, a los que la aparición de una erupción psórica producida por una nueva infección reducía a la forma simple de una enfermedad psórica primitiva, lo que hacia desaparecer.el mal antiguo y los síntomas alarmantes de la-existencia. Esta vuelta a la forma primi- tiva no puede por consiguiente considerarse como un medio curativo homeopático de los síntomas mui desarrollados una psora antigua, sino bajo el concepto de que la nueva infección pone a los enfermos en el estado infinitamente mas favorable de poder cu- rarse en lo sucesivo mas fácil i completamente de la psora con el uso de los medica- mentos antipsóricos. (7) Elementos de medie.prácl, de Cullen, p. II, 1. 3, cap. 7. (8) O al menos desapareció este síntoma. (9) En él Journal de Huffeland, XX, III, p, 50 nr, la DotfrnivA iiúmeoi ática. 57 del sarampión a uiiu simple tumefacción de la piel, que cesó también en>- loramente cuando aquel hubo desaparecido, y no volvió a reproducirse jamas (1). 47. Nada puede enseñar al médico de un modo mas claro y mas persua- sivo cual es la elección que debe hacer entre las potencias capaces de sus- citar enfermedades artificiales (los medicamentos), para curar de un modo cierto, permanente y pronto, a imitación de la naturaleza. 48. Todos los ejemplos que acaban de exponerse hacen ver que jamas, ni los esfuerzos de la naturaleza, ni el arte del médico, pueden curar una enfermedad cualquiera con una potencia morbífica desemejante, por enerji- ca que sea, y que solo es practicable la curación a beneficio de una potencia morbífica capaz de producir síntomas semejantes y un. poco mas fuertes. La causa de esto se encuentra en las leyes eternas e irrevocables de la natura- leza, que han sido desconocidas hasta ahora. ' 49. Hallaríamos un número mucho mayor de estas verdaderas curacio- nes homeopáticas naturales, si por una parte", los observadores hubiesen fija- do mas la atención en ella, y si por otra la naturaleza tuviese a su disposi- ción muchas mas enfermedades capaces de curar homeopáticamente. 50. La naturaleza misma casi no tiene a su disposición otros medios homeopáticos que las enfermedades miasmáticas poco numerosas que rena- cen siempre semejantes a sí mismas, como la sarna, el sarampión, la viruela (2). Mas de estas potencias morbíficas, las unas (la viruela y el sarampión) son mas peligrosas y mas alarmantes que el mal que podrían remediar; y la otra r¡a sarna; exije ella misma, después de haber efectuado la curación, el uso de medios capaces de extinguirla a su vez ; circunstancias que una y olra hacen su uso, como medios homeopáticos, difícil, incierto y peligroso. iY por otra parte, cuan pocas se encuentran ademas en el número de las enfermedades del hombre que pudieran tener un remedio homeopático eu las viruelas, el sarampión y la sarna! La naturaleza, pues, solo puede curar mui pocas enfermedades con estos medios arriesgados. No puede servirse de ellos sino con peligro para el en- fermo; porque las dosis de estas potencias morbíficas no son, como las de los medicamentos, susceptibles de ser atenuadas eu razón de las circuns- tancias, y para curar la antigua enfermedad análoga de que un hombre se encuentra atacado, le abruman con la pesada y peligrosa carga de la en- fermedad en totalidad, variólica, rubeólica o psórica. Sin embargo, se ha vis- to que su concurso ha producido a veces hermosas curaciones homeopáti- cas, que son otras tantas pruebas irrecusables en apoyo de esla grande y única lei terapéutica de la naturaleza: curad las enfermedades con remedios que produzcan síntomas semejantes a los de aquellas. 51. Estos hechos habían de haber bastado ya para revelar al jénío del médico la lei que acaba de enunciarse. ¡Mas véase que ventaja tiene aquí el hombre sobre una naturaleza qne obra sin reflexión! ¡Cuánto no multi- plican los medicamentos esparcidos por toda la creación, las potencias mor- bíficas de que él puede disponer para alivio de las dolencias de sus herma- nos! Enellos encuentra los medios de escilar estados morbíficos tan varia- dos como las innumerables enfermedades naturales a que deben servir de remedios homeopáticos* Constituyen otras tantas potencias morbíficas cuya (U Rail, loe cit., p. 85» (i) I el miasma, exantemático que coexiste con el de la vacuna en la linfa vacú- nica. 0 58 EXPOSICIÓN fuerza se extingue por sí misma después de haber producido la curación, y que noexijen, como la sarna, otros medios para extinguirla a su vez. Son verdaderas influencias que el médico puede atenuar al infinito, y cuya dosis puede disminuir hasta no dejarlas mas que una fuerza un poco superior a la de la enfermedad natural semejante,,en cuya curación deben emplearse. Con tan preciosos recursos, no se necesita dirijir violentos ataques al or- ganismo para estirpar un mal antiguo y pertinaz, y el paso del estado de enfermedad al de salud duradera se verifica de un modo suave e insensible, aunque con frecuencia rápido. 52. Después de ejemplos de una evidencia tan palpable, es imposible a lodo médico que raciocine, el perseverar todavía en la aplicación del méto- do alopático ordinario, en la administración de medicamentos cuyos efeelos no tienen ninguna relación directa u homeopática con la enfermedad, y que atacan al cuerpo en sus partes menos enfermas, escitando evacuaciones, contra irritaciones, derivaciones, etc. (I) Lees imposible persistir en la adopción de un método que consiste en producir, a expensas de las fuerzas del enfermo, la manifestación de un estado morboso enteramente diferente de la afección primitiva, con dosis elevadas de mezclas de medicamentos, la mayor parte desconocidos. El uso de semejantes mezclas no puede tener otro resultado que el que dimana de las leyes jenerales de la naturaleza cuando una enfermedad desemejante se une a otra en el organismo huma- no; es decir, que la afección lejos de curarse se encuentra siempre agrava- da. Tres efectos podrán resultar entonces: 1." Si el tratamiento alopático, aunque mui largo, es suave, la enfermedad natural permanecerá en el mis- mo estado, y el enfermo solo habrá perdido parte de sus fuerzas, porque, eomo se ha visto mas arribadla afección que existia antiguamente en el cuerpo, no permite a una afección nueva desemejante y que es mas débil establecerse también en él. 2." Si los remedios alopáticos atacan la econo- mía con violencia, el mal primitivo parecerá que cede por algún liempo, y reaparecerá animado al menos con la misma fuerza, luego que se inte- rrumpa el tratamiento; porque como se ha dicho ya igualmente, siendo la nueva enfermedad mas fuerte, acalla y suspende por algún tiempo a la mas débil y desemejante que existía antes que ella. 3.° En fin, sí se emplean las potencias alopáticas a dosis elevadas y durante largo tiempo, este tratamien- to, sin curar jamás la enfermedad primitiva, no conseguirá mas que añadir a ella nuevas enfermedades facticias, y hará mas difícil de obiener la cura- ción, porque como hemos visto ya también, cuando dos afecciones crónicas desemejantes y de igual intensidad llegan a encontrarse, se colocan la una al Jado de la olra eu el organismo, y se establecen en él simultáneamente. 53. Las curaciones verdaderas y suaves se verifican, pues, únicamente por el proceder de la homeopatía. Este proceder, como lo hemos reconoci- do ya anteriormente (7—25), consultando a la experiencia y valiéndonos del raciocinio, es el único con el cual el arte puede curar las enfermedades del modo mas seguro, mas rápido y mas duradero; porque se fundan en una lei eterna e infalible de la naturaleza. 54. Ya he hecho nolar antes (45 — 49) que el proceder homeopático es el único cierto; porque de los únicos tres modos como pueden emplearse los medicamentos contra las enfermedades, solo aquel es el que conduce en linea recta a una curación suave, segura y duradera, sin perjudicar al (\) V. anteriormente la Introducción, y'mas adelante el opúsculo acerca de la alopatía. t>12 LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 59 enfermo por otro lado, o sin debilitarle. El método homeopático puro es también seguramente el único con el que el arte del hombre puede efectuar curaciones, del mismo modo que es cierto que no se puede tirar masque una línea recta de un punto a otro. 55. El segundo modo de emplear los medicamentos en las enfermeda- des, al que, yo llamo alopático o heteropático, es el que se ha empleado con mas jeneralidad hasla el dia. Sin atender en lo mas mínimo a lo que pro- * píamente hablando hai enfermo en el cuerpo, ataca las parles que mas ha respetado la enfermedad, para derivar o atraer el mal hacia ellas. Ya he Ha- lado de esle método en la Introducción (l),^ y no hablaré aquí mas de él. 56. El tercero y último modo (2) de emplear Jos medicamentos contra las enfermedades, es el antipático, enantiopátko o paliativo. Esie es el mé- todo de que mas se han servido los médicos hasla el dia para hacer creer que aliviaban a los enfermos, y con el que mas han contado para ganar su confianza, engañándolos con un alimento instantáneo. Vamos a demostrar cuan poco eficaz es, y hasta que punto es nocivo en las enfermedades que no lienen un curso mui rápido. A la verdad, es lo único que, en la f jecucion del plan de tratamiento de los alópatas, tiene relación con una parte de los padecimientos causados por la enfermedad natural. ¿Mas en qué consiste esta relación9 vamos a ver que por su naturaleza es precisamente la que mas se debiera evitar, si no se quisiera engañar a los enfermos, ni burlar- se de ellos. 57. Un médico vulgar que quiere proceder con sujeción al método an- tipático, solo atiende a un síntoma, aquel que mas aqueja al enfermo, y des- cuida todos lo^demas por numerosos que sean. Prescribe contra este síntoma un remedio que se sabe produce el efecto directamente contrarío; porque según el axioma contraria conlrariis proclamado hace mas de mil y quinien- tos años por la antigua escuela, de este remedio es del que debe esperar el puxílio (paliativo) mas pronto, Así, da grandes dosis de opio contra los dolores de toda especie, porque esta sustancia embota rápidamente la sen- sibilidad. Prescribe la misma droga contra las diarreas, porque en poco tiempo detiene el movimiento perisiállico del canal intestinal al que priva de su sensibilidad. Le administra igualmente contra el insomnio, porque produce prontamente un estado de estupor y de entorpecimiento. Emplea los purgantes cuando el enfermo se halla molestado después de algún liem- po por el estreñimiento. Hace meter en agua fria la mano escaldada, que por su frialdad parece que quita de pronto, y como por encamo, los dolo- res escocientes de la quemadura. Cuando un enfermo se queja de que tiene frío y deque le falta el calor vital le hace meter en un baño caliente, que le reanima al instante. Al que acusa una debilidad habitual, le aconseja beber vino, que le reanima inmediatamente y parece restablecerle las fuerzas. Se empleau igualmente algunos otros medios antipáticos, es decir, opuestos a los síntomas; sin embargo, quedan mui pocos después de los que se acaban (1) v\ la Introducción. (2) Podria quererse admitir cuarto modo de emplear los medicamentos conlra las enfermedades, a saber: el método isopátko, el de tratar una enfermedad por el mismo miasma que la ha producido. Mis, aun suponiendo que esto fuera posible, lo que ciertamente sería un descubrimiento precioso, como no se administra el miasma a los enfermos sino después de haberle modificado hasta cierto punto por las pre- paraciones que se le hacen sufrir, no se verificaría la curación en este caso, sino oponiendo simillimum simiUimo^ 60 EXPOSICIÓN do enumerar, porque el médico ordinario' solo conoce los efectos propios o primitivos de un cortísimo número de medicamentos. 58. No insistiré en el vicio (veáse 7, la nota) que liene este método de no sujetarse mas que a un solo síntoma, y por consiguiente a una pequeña parle del todo; conduela de la que evidentemente nada puede esperarse para alivio del conjunto de la enfermedad, que es lo único a que el enfermo as- pira. Sin embargo, consultaré a la esperiencia para saber de ella, si, entre los casos enque se ha hecho así una aplicación antipática de medicamentos contra una enfermedad crónica o continua, .podría citarnos tan solo uno en el que, el alivio de corta duración que por medio de él se obtiene, no haya sido seguido de una agravación manifiesta, no solo del síntoma así paliado desde luego, sino de la enfermedad toda entera. Pues lodos los que han ob- servado con atención convendrán en que después de este lijero alivio anti- pático, que no dura largo tiempo, el estado del enfermo empeora siempre y sin excepción, aunque el médico .vulgar trate ordinariamente de esplicar este aumento demasiado evidente, atribuyéndole a la malignidad do la en- fermedad primitiva, o a la manifestación de una enfermedad nueva (I). 59. Jamas se ha tratado todavía ningún síntoma grave de una enferme- dad continua con dichos remedios opuestos o paliativos, sin que al cabo de algunas horas haya dejado de reaparecer el mal, aun agravado evidentemen- te. Así, para disiparla tendencia habitual a adormecerse, se administraba café, cuyo efreto primitivo es mantener despierlo al sujeto; mas luego que esla acción habia pasado, reaparecía la propensión al sueño mas fuerte que antes. Cuando un hombre padecía insomnio sin cuidar lo mas mínimo de los demás síntomas de su enfermedad, se administraba, en el momento de me- terse en la cama, opio, que en virtud de su acción primitiva le proporcio- naba por aquella noche un sueño de entorpecimiento y de estupor ; pero el insomnio se hacia mas pertinaz las noches siguientes. Se oponía el opio a las diarreas crónicas, sin atender a los otros síntomas; porque su efecto primitivo es producir la astricción ; mas el flujo de vientre, después de ha- ber sido suspendido por algún liempo, reaparecía mas molesto que antes. Los dolores vivos y que se presentaban por accesos frecuentes se calmaban momentáneamente bajo la influencia del opio, que embota la sensibilidad ; pero jamas dejaban de renovarse con mayor violencia, y aun a veces tam- bién en un grado insoportable, o eran reemplazados por otro mal mucho mas incómodo. El médico vulgar no conoce ninguna cosa mejor que el opio, «ontra una tos anjigua cuyos accesos se presentan principalmente durante la noche; porque el efecto primitivo de esta sustancia es estinguir loda es- (\J Aunque los médicos no hayan acostumbrado hasta el dia observar, sin embar- go, no ha podido ocultárseles que el uso de los paliativos es seguido infaliblemente de nna agravación del mal. Se encuentra un ejemplo sorprendente de esle jénero en J.—II, Schulze (Diss.qua corporis humani momentanearum altcrationum specimina gucvdam expendmitur. Halle, 1741, §28). Una cosa semejante vemos testificada pof Willís. (Pharm. ral., sect. 7. cap, I, p, 298): opiata dolores atrocissimos plerttjn- qve sedant atqueindolenliam...procurant, camquc.alicuamdiu etpro slaíe quodam tempore continuant, quo spalio elapso dolores mox recrudescunt ct brevi ad solitam f'tr'írciam augentur. Y p 29o: Exaclis opii viribus illicoredeum formina, r.ce. airo- citatem suam remittunt, nisi dum ab codem pharmaco rursus incantantur. Del mismo modo J. Humter (en su tratado de las enfermedades venéreas) dice que el vi- no aumenta la enerjía en las personas débiles, sin comunicarlas un verdadero vigor, y que las fuerzas disminuye en seguida en la misma proporción que habían sido cs- ciladas-, de-manera que nada gana el sujeto con el, y por el contrario pierde la n}A' yor de sus fuerzas, DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 61 pede de irritación : puede mui bien suceder qne note el enfermo algún ali- vio la primera noche; pero en las noches siguientes la tos se presentará mas molesta que nunca, y si se obstina el médico en combatirla con el mismo paliativo, aumentando gradualmente la dosis, se juntan a la los la fiebre y los sudores nocturnos. Se ha creído disipar la debilidad de la vejiga y la re- tención de orina, que es su consecuencia, administrando tintura de cantári- das qve estimula las vías urinarias; de esto resultan sí al principio algunas evacuaciones forzadas de orina; pero la vejiga se hace después menos irrita- ble, menos susceptible de contraerse, y eslá próxima a la parálisis. Se ala- ban de poder combatir una disposición inveterada al estreñimiento con pur- gantes a altas dosis, que promueven abundantes y frecuentes deyecciones; pero el efecto secundario de esle tratamiento es poner el vientre mucho mas estreñido. Un médico vulgar aconseja beber vino para hacer desapare- cer una debilidad crónica; pero este líquido solo estimula mientras dura su efecto primitivo, y la reacción que se sigue a él tiene siempre por resultado disminuir todavía mas las fuerzas. Se espera calentar y confortar un estó- mago frío y perezoso con el uso de los amargos y de las especias; pero el efecto secundario de estos paliativos, que solo excitan durante su acción primitiva, es acrecentar la inacción de la viscera gástrica. Se ha imajinado que convenían los baños calientes para remediar la falta habitual de calor vital; pero, al salir del agua, so encuentran los enfermos todavía mas de- caídos, mas sensibles al frió, y entran en calor con mas dificultad que antes. La inmersión en el agua fria alivia instantáneamente los dolores ocasionados por una fuerte quemadura; pero este dolor se aumenta después a un grado increíble, la inflamación se esliende rápidamente en las partes circunveci- nas (1), y adquiere por este procedimiento mucha mas intensidad. Se preten- de curar un romadizo antiguo con los estornutatorios, que excitan la secre- ción de las mucosidades nasales, y no se ha notado que este medio conclu- ye siempre por agravar el accidente, para cuya curación se le cree apropósi- lo. La electricidad y el galvanismo, potencias que en unprincipio ejercen una grande influencia-sobre el movimiento muscular, restituyen con prontitud ía facultad de obrara miembros largo tiempo debilitados y casi paralizados- pero su efecto secundario es la eslincion absoluta de toda irritabilidad mus; cular, y una parálisis completa. La sangría es a propósito, según dicen, pa- ra hacer cesar el aflujo habitual de sangre a la cabeza; pero de su uso se sigue siempre que la sangre se dirije en mas abundancia a las parte* supe- riores. Lo único que la jeneralidad de los médicos sabe oponer al aniquila- miento casi paralítico de lo físico y de lo moral, que es un síntoma predomi- nante en muchas especies de tifus, es la valeriana a altas dosis; porque esta planta es uno de los mas poderosos estimulantes que se conocen; mas seles ha ocultado que la excitación producida por la valeriana es un puro efecto primitivo, y que después de la reacción del organismo, el estupor y la im- posibilidad de obrar, es decir, la parálisis del cuerpo y la debilidad del espí- ritu aumentan infaliblemente : no han notado que los enfermos a los que se ha prodigado la valeriana en semejante caso opuesto o antipático, son preci- samente los que la muerte arrebata casi con seguridad. Cuando el pulso es pequeño y acelerado en las caquexias, los médicos de la antigua escuela (2) consiguen el hacerle lento por bastantes horas con una sola dosis de dijital purpúrea, cuyo efecto primitivo es inducir lentitud en la circulación; pero (I) Véase la Introducción al final. (2) Véase Huffeland en su opúsculo titulado : Die homeopaiic, p. 20, C2 EXPOSICIÓN el pulso no tarda en recobrar la misma celeridad qne lenia; las dosis repe- tidas y sucesivamente mas fuertes de dijilal cada vez tienen menos éxito, y concluyen por no poder hacerle mas lenio; lejos deesio, el número de pul- saciones se hace incalculable durante la reacción, se pierde el sueño, el ape- tito v las fuerzas, y una muerte pronta es inevitable si no se declara la ina- nia. En una palabra la antigua escuela no ha tenido jamás en cuenta cuántas veces sucede que el efecto secundario de los medicamentos antipáticos es acrecentar el mal o aun ocasionar alguna cosa todavía peor; pero la espe- riencia nos suministra bastantes pruebas de esto, capaces de llenar al alma de horror. 60. Cuando estos desagradables resultados, que deben naturalmente es- perarse de los medicamentos antipáticos, llegan a manifestarse, el médico vulgar cree salir de la dificultad administrando una dosis mayor, cada vez que el mal empeora. Pero tampoco se sigue de esto mas que un alivio de corta duración; y de la necesidad en que se encuentra de aumentar incesan- temente la dosis del paliativo, resulta unas veces que se declara una enfer- medad mas grave, otras que la vida se halla en peligro, y aun mas que el enfermo sucumbe. Pero jamas se obtiene así la curación de un mal que hace algún tiempo que existe, o con mas razón inveterado. 61. Sí los médicos hubiesen sido capaces de reflexionar sobre los tristes resultados de la aplicación de los remedios antipáticos, hace mucho liempo que hubieran encontrado esta grande verdad : que solo siguiendo una marcha directamente opuesta a aquella es como se debe, llegar a un método de trata- miento que produzca curaciones reales y duraderas. Hubieran conocido que así como un efecto medicinal contrario a los síntomas déla enfermedad (re- medio administrado antipáticamente) no proporciona mas que un alivio de corta duración, después del cual el mal empeora constantemente, del mis- mo modo el método inverso, es decir, la aplicación homeopática de los me- dicamentos, su administración fundada en la analojía éntrelos síntomas que producen y los de la enfermedad debe proporcionar una curación perfecta y duradera, con solo tener cuidado de sustituir a las enormes dosis deque ha- cen uso, las mas débiles que sea posible emplear. Mas a pesar de las pocas dificultades que presenta esta serie de raciocinios; a pesar de que es un he- cho demostrado que ningún médico ha producido una curación duradera en las enfermedades crónicas, sino cuando en sus fórmulas entraba por casuali- dad un medicamento homeopático predominante; a pesar de este otro he- cho, no menos positivo, que la naturaleza jamás ha conseguido una curación rápida y completa, sino por medio de una enfermedad semejante añadida por ella a la antigua; a pesar de todo esto, no han podido, durante una serie tan dilatada de siglos, llegar a una verdad, la única en que se encuen- tre la salud de los enfermos. 02. Tratando de esplicarme a mí mismo, por una parte los perniciosos resultados del tratamiento antipático o paliativo, por otra los felices efectos que produce por el contrario el método homeopáiho, lo he conseguido con el auxilio de las consideraciones siguientes, que emanan de hechos nume- rosos, y que nadie ha encontrado antes que yo, aunque se les tenía, por de- cirlo así, a la mano, aunque eran de una evidencia perfecta, y de una im- portancia por la fuerza medicinal y por la fuerza vital. 63. Toda potencia que obra sobre la vida, todo medicamento desarmo- niza mas o menos la fuerza vital, y produce en el hombre cierto cambio que puede durar mas o menos tiempo. Se dá a este cambio el nombre de efecto primitivo. Aunque producido a la vez por la fuerza vital, pertenece DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 63 sin embargo mas a la potencia cuya acción se ejerce sobre nosotros. Pero nuestra fuerza vital tiende siempre a desplegar su enerjía contra esta influen- cia. El efecto que de aquí resulta, que pertenece a nuestra fuerza vital de conservación, y que depende de su actividad automática, llena el nombre de efecto secundario o de reaecion. 64. Mientras dura el efecto primitivo de las potencias morbíficas artifi- ciales (medicamentos) sobre un cuerpo sano, la fuerza vital parece que de- sempeña un papel puramente pasivo, como sí estuviera obligada a sufrir las impresiones de la potencia esterior, y a dejarse modificar por ella. Mas algún tiempo después parece que se despierta en cierto modo. Entonces, si hai algún estado directamente contrario al efecto primitivo o a la impresión que ha recibido, manifiesta una tendencia a producirle, que es proporciona! a su propia enerjía y al grado de influencia ejercida por la potencia morbosa ar- tificial o medicinal; si no existe en la naturaleza un estado directamenie opuesto a este efecto primitivo, trata de establecer su propia preponderancia borrando el cambio que ha sido producido en ella por una acción esterior (la del medicamento), y sustituyendo a él su propio estado normal. 65. Los ejemplos del primer caso resaltan a la vista de todo el mundo. Una mano que se ha tenido sumerjida en agua caliente tiene desde luego mu- cho mas calor que la olra que no ha sufrido la inmersión [efecto primitivo]; pero que algún tiempo después de haberla sacado del agua y enjugado bien, se enfria y lle^a a tener mucho menos calor que la del lado opuesto (efecto secundario). El gran calor que procede de un ejercicio violento [efecto pri- mitivo], es seguido de escalofríos y de frió [efecto secundario]. El hombre que se habia calentado ayer bebiendo vino con abundancia (efecto primitivo), es sensible hoi a la menor corriente de aire [efecto secundario]. Un brazo que ha permanecido largo liempo en agua de nieve está desde luego mas pá- lido y mas frió que el otro (efecto primitivo); pero sáquesele del agua y en- jugúesele con cuidado y se pondrá no solo mas caliente que el otao, sino aun quemante, rojo e inflamado (efecto secuudario). El café fuerte nos esti- mula al principio (efecto primitivo); pero nos deja después una pesadez y una tendencia al sueño (efecto secundario^, que dura largo tiempo, si no las hacemos desaparecer de nuevo por algún tiempo y de un modo puramente paliativo, volviendo a tomar café. Después de haberse proporcionado el sue- ño, o mas bien un entorpecimiento profundo por medio del opio (efeeto pri- mitivo), se tiene mucho mas trabajo para dormirse a la noche siguiente (efec- to secundario) Al estreñimiento producido por el opio (efecto primitivo), su- cede la diarrea (efecto secundario): y a las evacuaciones determinadas por los purgantes (efecto primitivo), un estreñimiento, una astricción de vien- tre que dura muchos dias (efecto secundario). Asi es como al efecto primi- tivo de las alias dosis de una potencia que modifica profundamente el estado de un cuerpo sano, la fuerza vital, por su reacción, jamás deja de oponer un estado directamente contrario, cuando puede producir alguno. 66. Mas se concibe fácilmente que el cuerpo sano no da ningún signo de reacción en sentido contrario después de la acción de una dosis débil y homeopática de las potencias que cambian el modo de su vitalidad. Es ver- dad que aun una pequeña dosis de todos estos ajentes produce efectos pri- mitivos apreciables, cuando se emplea para ello la atención necesaria; pero la reacción que ejerce en seguida el organismo viviente no excede jamas al grado necesario para el restablecimiemo del estado normal. 67. Estas verdades incontestables que se nos presentan por sí mismas cuando consultamos a la naturaleza y a la experiencia, esplican por una 64 EXPOSICIÓN parte, por qué el método homeopático es tan ventajoso en sus resultados^ y demuestran por otra lo absurdo del que consisle en tratar las enfermeda- des con medios anlípácos o paliativos [I]. 68. Vemos a la verdad, examinando lo que sucede en las curaciones ho- meopáticas, que las dosis infinitamente pequeñas que bastan para vencer y destruir las enfermedades naturales, por la analojía que existe entre los síntomas de estas últimas y los de los medicamentos, dejan al principio en el organismo, después de la eslincion de la enfermedad primitiva, una Tijera afección medicinal que sobrevive a aquella. Pero la exigüidad de las dosis hace esla enfermedad tan lijera, pasajera y susceptible de disiparse por sí misma, qne el organismo no necesita desplegar contra ella una reacción superior a la que es necesaria para elevar el estado presente al grado habi- tual de la salud, es decir, para restablecer completamente esta úllíma. Pues habiendo sido estinguidos todos los síntomas de la enfermedad primitiva* no necesita grandes esfuerzos para conseguir este objeto (V. 65), 69. Pero lo contrario precisamente sucede en el método antipático o paliativo. El síntoma medicinal opuesto por el médico al síntoma morboso [como el entorpecimiento que constituye el efecto primitivo del opio, opues- to a un dolor agudo], no es del todo estraño y alopático a este último. Hai entre estos dos síntomas una relación evidente, pero inversa. La destrucción del síntoma morboso debe efectuarse en este caso por un síntoma medici- nal opuesto. Pues hé aquí loquees imposible. Es cierto que el remedio an- tipático obra precisamente sobre el punió enfermo del organismo, tanto como podría hacerlo un remedio homeopático; pero se limita a cubrir en cierto modo el síntoma morboso natural, y a hacerle insensible por cierto (0 Solo en casos mui urjentes en que el peligro que corre la pida y la inminen- cia de la muerte no diesen liempo para obrar a un medicamento homeopático, y no admitiesen una espera de algunas.horas y a veces ni aun de algunos minutos en en- fermedades sobrevenidas de repente en sujetos que poco ánles estaban buenos, como las asfixias,, la fulguración, la sofocación, la conjelacion, la sumersión, etc., solo en estos casos es permitido y conviene empezar al menos por reanimar la irritabilidad y la sensibilidad por medio de los paliativos, tales como tijeras conmociones eléctri- cas, labativas de café fuerte, olores escitanles, la acción progresiva del calor, etc. Luego que la vida física se encuentra reanimada, el juego de los órganos que la sos- tienen recobra su curso natural, porque no habia aquí enfermedad (a), sino solamcn* te suspensión u opresión de la fuerza vital que, por otra parte, se encontriba por si misma en el estado de salud. Se Colocan también en este caso diversos antidolos en los envenenamientos repentinos : los álcalis contra los ácidos minerales, el hígado de azufre contra los venenos metálicos, el café, el alcanfor fy la ipecacuana) contra los envenenamientos por el opio, etc. No se debe creer que un remedio homeopático hi sido mal elejido contra un caso dado de enfermedad, porque algunos de sus síntomas solo correspondan antipática- mente a algunos síntomas morbosos de mediana o ninguna importancia. Con lal que los otros síntomas de la enfermedad, los que son ñus fuertes y mas marcados, en fin, los que la caracterizan, encuentren en el remedio síntomas que los cubran, los eslingan y los aniquilen; los síntomas antipáticos poco numerosos, que han podido manifestarse, desaparecen por si mismos luego que el remedio ha dejado de obrar, sin retardar en lo mas mínimo la curación. (a) La nueva .secta ecléctica (la de los insufieicnlislas), se apoya, pero en vano, en esta advertencia para admitir por todas parles escepciones de Ja regla en las en- fermedades, y poder aplicar a su gusto los paliativos alopáticos; se podría decir que no obraba asi, mas que para ahorrarse el trabajo de buscar el remedio homeopático que conviene exactamente a cada caso morboso, o mis bien por no toinirse el de ha^ cerse médico homeópata, al mismo tiempo que se dá el aire de tal; pero sus hechos corresponden a sus principios, y se reducen a mui poca cosa. DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 63 espacio de tiempo. En el primer momento de la acción del paliativo no sien- te el organismo ninguna afección desagradable, ni por parte del síntoma morboso, ni por la del medicinal, que parece que se han destruido recípro- camente y neutralizado de una manera, por decirlo así, dinámica. Esto es lo que sucede, por ejemplo, al dolor y a la facultad estupefaciente del opio; por- que en el primer momento el organismo se siente como en estado de salud, no experimentando ni sensación dolorosa ni entorpecimiento. Mas no pu- diendo el síntoma medicinal opuesto ocupar en el organismo el mismo sitio de la enfermedad ya existente, como sucede por el método homeopático, en que el remedio excita una enfermedad artificial semejante a la natural, y so- lamente mas fuerte que ella, no pudiendo por consiguiente la fuerza vital en- contrarse afectada, por el medicamento que se emplea, de una nueva enfer- medad semejante a la que la atormentaba hasta eiuónces, no puede extin- guirse esta última. La nueva enfermedad hace ciertamente insensible el or- ganismo en los primeros momentos, por una especie de neutralización diná- mica (1), si puede espresarse así, pero no tarda en extinguirse por sí misma, como toda afección medicinal; y entonces no solamente deja a la enferme- dad en el mismo estado en que se hallaba anteriormente, sino que también, como jamás pueden administrarse los paliativos masque a grandes dosis para proporcionar un alivio aparente, pone a la fuerza vital en la precisión de producir vn estado opuesto (V. 63 — 65) al que habia producido el medica- mento paliativo, de deierminar un efecto contrarío al del remedio, es decir, de dar orijen a un estado análogo a la enfermedad natural, todavía no des- truida. Proviniendo, pues, esta adición de la misma fuerza vital (la reacción contra el paliativo) no puede dejar de aumentar la intensidad y la gravedad del mal (2). Así el síntoma morboso (parte de la enfermedad) se agrava lue- go que el efecto del paliativo ha cesado, y tanto mas cuanto mayores han si- do las dosis que se han administrado de él. P.ara no salir del ejemplo de que nos hemos servido ya, cuanto mayores la cantidad de opio que se ha dado para calmar el dolor, tanto mas se aumenta este sobre los límites de su vio- lencia primitiva, después que el opio ha dejado de obrar. (3). (I) Las sensaciones contrastantes u opuestas no se neutralizan de un modo per- manente en el cuerpo del hombre vivo, como las sustancias dotadas de propiedades opuestis lo hacen en un laboratorio de química, donde se vé, por ejemplo, que el ácido sulfúrico y la potasa forman, uniéndose, un cuerpo enteramente diferente de ellos, una sil nenlra, que ni es ácido, ni álcali, y que no se descompone en lo mas mínimo por el fuego. Tales combinaciones, que producen alguna cosa do estable y de neutro, no se verifican jamas en nuestros órganos sensitivos relativamente a im- presiones dinámicas de naturaleza opuesta. Hai ciertamente al principio una aparien- cia de neutralización o de destrucción recíproca, pero bis sensaciones opuestas no se borran una a otra de un modo estable. Un aflijido solo suspende un instante la es- presion de su dolor a la vista de un espectáculo divertido : olvida bien pronlo las distracciones y vuelven a correr sus lágrimas con mas abundancia que nunca. (2N Por clara quesea esta proposición ha sido no obstante mal interpretada, y se ha objetado conlra ella que un paliativo debe curar por su efecto consecutivo, queso parece a la enfermedad existente, tan bien como lo hace un remedio homeopático por su efecto primitivo. Pero, al poner esta dificultad no se ha reflexionado que el efecto consecutivo jamas es un producto del medicamento, y que resulta" siempre de la reac- ción que ejerce la fuerza vital del organismo, que por consiguiente esta reacción de la fuerza vital, cuando se emplea un paliativo es un estado semejante al síntoma de la enfermedad que ha quedado intacto por el medicamento, y que aun se encuentra aumentado por el mismo. (3) Así en el obscuro calabozo, en que el prisionero apenas distingue los objetos que le rodean, si se enciende un poco do alcohol esparce al rededor de él una claridad 40 66 LXP0SIC10N 70. Después de lo que acaba de decirse no podrán desconocerse las ver- dades siguientes : 1.° El médico solo tiene que curar los padecimientos del enfermo y las alteraciones del ritmo normal apreciables por los sentidos, es decir, la tota- lidad de los síntomas por medio de los cuales la enfermedad indica el medio mas apropiado para socorrerla; todas las causas internas que podrían atri- buirse a esta enfermedad, todos los caracteres ocultos que se pretendiera asignarla, todos los principios materiales de que se quisiera hacerla depen- der, serian otros tantos sueños vanos. 2.° La desarmonía, que nosotros llamamos enfermedad, no puede transfor- marse en salud mas que por otra desarmonia exciuída por medio de medica- mentos. La virtud curativa de estos últimos consiste pues únicamente en el cambio que hacen experimentar al hombre, es decir, en la provocación de síntomas morbosos específicos. Los experimenlos hechos en personas sanas son el medio mejor y mas puro de conocer esta virtud. 3.u Según todos los hechos conocidos, es imposible curar la enfermedad natural por medio de medicamentos que poseen por sí mismos la facultad de producir en el hombre sano un estado morboso o un simonía artificial dese- méjame. Así el método alopático jamás proporciona realmente la curación. La misma naturaleza tampoco produce jamás una curación en la que una en- fermedad se extinga por medio de una segunda enfermedad desemejante aña- dida a la anterior por fuerte que pueda ser esla nueva afección. 4.° Todos los hechos concurren también a demostrar que un medicamento susceptible de dar lugar en el hombre sano a uu síntoma morboso opuesto a la enfermedad que se nata de curar no produce mas que un alivio fujilívo en una enfermedad ya antigua, no proporciona jamás su curación, y la deja siempre reaparecer al cabo de cierto tiempo, mas grave de lo que era ante- riormente. El método antipático y puramente palialivo es, pues, en un todo contrario al fin que uno se propone en las enfermedades antiguas y de algu- na importancia. 5.° El tercer método, el único que queda a que poder uno dirijirse, la ho- meopatía, que calculando bien la dosis, emplea contra la totalidad de los síntomas de una enfermedad natural, un medicamento capaz de producir, en el hombre sano, síntomas tan semejantes como es posible a los que se ob- servan en el enfermo, es el único realmente saludable, el único que destru- ye las enfermedades o las aberraciones puramente dinámicas de la fuerza vi- tal de una manera fácil, completa y duradera. La naturaleza misma nos dá un ejemplo de esto en ciertos casos fortuitos en que añadiendo a una enferme- dad existente una enfermedad que se la asemeja, la cura con prontitud y pa- ra siempre. 71. Como no se puede ya dudar que las enfermedades del hombre solo consisten en grupos de ciertos síntomas; y que la posibilidad de destruirlas con-medícamentos, es decir, de volverlas a la salud, objeto de loda curación verdadera, depende únicanienle de la facultad inherente a las sustancias me- dicinales de producir simonías morbosos semejantes a los de la afección na- tural, la marcha que se debe seguir en el tratamiento está reducida a los tres puntos siguientes : i.° ¿Porqué via llega el médico a averiguar lo que necesita saber relati- vamente a la enfermedad, para poder emprender su curación? consoladora, pero cuando se ha apagado la llama, cuanto mas brillante ha sido esta, mas profundas le parecen al desgraciado las tinieblas que le envuelven ; y le cuesta también mucho mas trabajo que antes el distinguir todo lo que le rodea. DP. LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 67 2.° ¿Cómo debe estudiar los instrumentos destinados a la curación de las enfermedades naturales, es decir, la potencia morbífica de los medicamen- tos? 3.° ¿Cuál es el mejor modo de aplicar estas potencias morbíficas artificia- les (los medicamentos) en la curación de las enfermedades? "72. Por lo que respecta al primer punto, es necesario que entremos pri- meramente en algunas consideraciones jenerales. Las enfermedades de los hombres forman dos clases : las unas son operaciones rápidas de la fuerza vital salida de un ritmo normal, que se terminan en un tiempo mas o menos largo, pero siempre de mediana duración. Estas se llaman enfermedades agu- das. Las otras, poco darás y aun con frecuencia imperceptibles al principio, se apoderan del organismo cada una a su modo, le desarmonizan dinámica- mente, y poco a poco le alejan de lal modo del estado de salud, que la auto- mática enerjía vital, que se llama fuerza vital, destinada al mantenimiento de este, solo puede oponerles una resistencia incompleta, mal dirijida e inútil, y que en la impotencia en que se encuentra de extinguirlas por sí misma, se vé obligada a dejarlas crecer, hasta que al fin ocasionan la destrucción del or- ganismo. Estas se conocen con el nombre de enfeimedades crónicas, y de- penden de la infección por un miasma crónico. 73. Respecto a las enfermedades agudas, se las puede dividir en dos ca- tegorías. Unas que atacan a.hombres aislados por efecto de causas morbífi- cas cuya influencia han sufrido. Los excesos en comer y en beber, la falta de los alimentos necesarios, las violentas impresiones físicas, el enfriamiento, el acaloramiento, las fatigas, los esfuerzos, etc., o las excitaciones, las afec- ciones morales, son frecuentemente su causa. Mas la mayor parte de las ve- ces dependen de recrudescencias pasajeras de una psora latente que vuelve a su estado de sueño e inacción cuando la enfermedad crónica no es mui violenta, o cuando ha sido curada de una manera pronta. Otras atacan a mu- chos individuos a la vez y se desarrollan aquí y allá (esporádicamente), bajo el imperio de influencias meteóricas o telúricas, cuya acción se encuentran dispuestos a sentir por el pronto pocos hombres. A esta clase pertenecen las que aiacan a muchos hombres a la vez : dependen entonces de una misma causa, se manifiestan con síntomas mui análogos (epidemias) y suelen hacer- se contajiosas cuando obran en masas unidas y apiñadas de individuos. Estas enfermedades o fiebres (1) son todas de naturaleza especial; y como los ca- sos individuales que de ellas se manifiestan tienen el mismo orijen, ponen lambien constantemente a los que atacan en un estado morboso idéntico en todo, pero que abandonado a sí mismo, se termina en poco tiempo por la muerte o la curación. La guerra, las inundaciones y el hambre son frecuen- temente las causas de estas enfermedades; pero pueden depender también de miasmas agudos, que reaparecen siempre bajo la misma forma, y a los que por consigníente se dan nombres particulares : de estos miasmas los unos solo atacan al hombre una vez en el curso de su vida, como la viruela, el sarampión, la coqueluche, la fiebre escarlatina (2) de Sydenham, etc., y (l) El médico homeópata, que no participa de las preocupaciones de la escuela médica ordinaria, es d^cir, que no asigna como ella a estas fiebres un número de- terminado del cual no pueda pasar la naturaleza, ni les impone nombres que le obli- guen a seguir tal o cual mircha determinada en el tratamiento, no reconoce tampo- co las denominaciones de fiebre de las cárceles, fiebre biliosa, tifus, fiebre pútrida, fiebre nerviosa, fiebre mucosa; cura todas las enfermedades tratando cada una según Jo que ofrece de particular. (2) Después de 1801 han confundido los médicos una miliar purpúrea venida del 68 EXPOSICIÓN los otros pueden atacarle repetidas veces, como la peste de Levante, la fie- bre amarilla, el cólera morbo asiático, etc. 74. Desgraciadamente debemos contar también en el número de las en- fermedades crónicas, estas afecciones tan jenerahzadas que producen los alópatas con el uso prolongado de medicamentos heroicos a dosis crecidas y siempre en aumento, con el abuso d." los calomelanos, del sublimado co- rrosivo, del ungüento mercurial," del iodo, del opio, de la valeriana, déla quina y de la quinina, de la dijital, del ácido prúsico, del azufre y del acidó sulfúrico, de los purgantes propinados durante años enteros, de las sangrías, de las sanguijuelas, de los cauterios, de los sedales, etc. Todos estos medios debilitan desapiadadamente la fuerza vital, y cuando esta no sucumbe a ellos poco a poco y de una manera particular a cada uno, alteran su ritmo nor- mal de tal modo, que para garantir a la vida de ataques hostiles, se vé obli- gada aquella a modificar el organismo, a extinguir o exaliar sin medida la sensibilidad y la excitabilidad en un punto cualquiera, a dilatar o estrechar, endurecer o reblandecer ciertas parles, a producir acá y allá lesiones or- gánicas, en una palabra, a mutilar el cuerpo tamo al exterior como al inte- rior fl). No le queda otro recurso para preservar la vida de una destrucción total, en medio de los ataques sin cesar teiierados de potencias tan destruc- tivas. 75. Estos trastornos de la salud, debidos a las fatales prácticas de la alo- patía, y de las que jamás se han visto mas tristes ejemplos que en los tiempos modernos, constituyen las mas peligrosas e incurables de todas las enferme- dades crónicas. Siento decir que parece imposible [descubrir o imajinar ja- más un medio para curarlas, cuando han llegado a cierto grado. 76. El Todo-poderoso al crear la homeopatía solo nos ha dado armas contra las enfermedades naturales. En cuanto a estos desórdenes, que un falso arte ha fomentado con frecuencia por espacio de años enteros en el in- terior y el esterior del organismo humano, con medicamentos y tratamien- tos nocivos, solo pertenece a la fuerza vital el repararlos, cuando no ha si- do debilitada demasiado, y cuando puede, sin que nada la turbe, consagrar muchos años a una obra tan laboriosa. Todo lo mas que puede hacerse es auxiliarla con medios dirijídos contra algún miasma crónico que pudiera mui bien encontrarse todavía oculio. No hai ni puede haber medicina humana para reconducir al estado normal estas innumerables anomalías enjendradas con lauta frecuencia por el método alopático. 77. Con mucha impropiedad se dá el epíteto de crónicas a las enfermeda- des de que son atacados los hombres que están sometidos incesantemente a influencias nocivas, de las que podrían sustraerse, que hacen habilualmeiiie uso de alimentos o de bebidas perjudiciales a la economía, que se entregan Oeste (roodvon) con la fiebre escarlatina, aunque los signos de estas dos afecciones son enteramente diferentes, aunque el acónito es el medio curativo y preservativo de la primera y la belladona el de la segunda; en fin, aunque la primera afecta siem- pre la forma epidémica, mientras que lá otra no se presenta las mas veces mas que de un modo esporádico. Estas dos afecciones parece que se han confundido en varias localidades, en eslos últimos tiempos, con una fiebre eruptiva de especie particular, contra la cual no han sido perfectamente homeopáticos ni el uno ni el otro de eslos dos remedios. (1) Si el enfermo sucumbe al fin, el que le ha tratado, descubriendo a la abertu- ra del cadáver los desórdenes orgánicos, que son el resultado de su impericia, jamás deja de presentárselos a los parientes inconsolables como un mal primitivo e incu- rable (Véase mas adelawte mi opúsculo sobre la Alopatía). Los tralados de anatomía patolójica contienen los producios de eslos lastimosos errores. DE LA DOCTUTlN'iL HOMEOPÁTICA. 60 a excesos ruinosos para la salud, que carecen a cada instante de los objetos necesarios a la vida, que viven en parajes mal sanos, y sobre todo en sitios pantanosos, que no habitan mas que cuevas u otros lugares pequeños y sin ventilación, que carecen de aire o de movimiento, que se debilitan por tra- bajos excesivos de cuerpo o de espíritu, y que se encuentran continuamente devorados por el pesar, etc. Estas enfermedades, o mas bien estas privacio- nes de salud que se acarrea uno a sí mismo, desaparecen solo con el cambio de réjimen, a menos que exista algún miasma crónico en el cuerpo, y no se les puede dar el nombre de enfermedades crónicas. 78. Las verdaderas enfermedades crónicas naturales, son aquellas que deben su orijen auq miasma crónico, que hacen progresos incesantemente cuando no se les oponen medios curativos específicos, y que, a pesar de to- das las precauciones imajinables relativamente al réjimen del cuerpo y del espíritu, abruman al hombre con padecimientos, que siempre van en aumen- to hasta el término de su existencia. Estos son los tormentos mas numerosos y mas grandes de la especie humana, puesto que el vigor de la constilucion, la regularidad del jénero de vida y la enerjía de la fuerza vital nada pueden contra ellos. 79. Entre estas enfermedades miasmáticas crónicas, que cuando no se las cura, solo se extinguen con la vida, la única qne se ha conocido hasta el dia es la sífilis. La sicosis, de la que tampoco puede triunfar la fuerza vital por sí sola, no ha sido considerada cumo una enfermedad miasmática cróni- ca interna, que formase una especie aparte, y se la creia curada después de la destrucción de las escrescencias de la piel, sin atender a que su foco o manantial existía siempre. 80. Pero un miasma crónico sin comparación mas importante que estos dos, es el de la psora. Los otros dos revelan la afección interna específica de donde dimanan, el uno por medio de úlceras y el olro por escrescencias en forma de coliflores. Después de haber infectado todo el organismo, es úni- camente cuando la psora anuncia su inmenso miasma crónico interno por una erupción cutánea del todo particular, a la que acompañan un prurito voluptuoso e insoportable y un olor especial. Esta psora es la única verda- dera causa lundamental y productora de las innumerables formas morbosas (I) que bajólos nombres de debilidad nerviosa, isterismo, hipocondría, ma- nía, melancolía, demencia, furor, epilepcia y espasmos de toda especie, re- (4) Me han sido necesarios doce años de investigaciones para encontrar el orijen de este increíble número de afecciones crónicas, para encontrar esta grande verdad, que se habia ocultado a todos mis predecesores y contemporáneos, establecer las ba- ses de su demostración y reconocer al mismo liempo los principales medios curativos apropiados, pira combatir todas las formas deeste monstruo de mil cabezas. Mis ob- servaciones relativas a este punió se encuentran consignadas en el Tratado de enfer- medades crónicas que publiqué en 1828. Antes de haber profundizado esta importante materia solo podia enseñar a comba- tir todas las enfermedades crónicas como individuos aislados con las sustancias me- dicinales conocidas hasta entonces por sus efectos sobre el hombre sano, de modo que mis discípulos trataban cada caso de afección crónica como una enfermedad aparte, como un grupo distinto de síntomas, lo que no impedía el que las aliviaran con frecuencia lo bastante, para que la humanidad doliente tuviera que felicitarse de los beneficios de la nueva medicina. ¡Cuánto mas satisfecha debe estar la escuela moderna ahora que se aproxima mucho mas a la perfección, y que ha encontrado para la curación de las enfermedades crónicas debidas a la psora remedios todavía mas homeopáticos (los anlípsóricos;, entre los que el verdadero médico el ¡je aquellos cuyos síntomas medicinales corresponden mejor a la enfermedad crónica que quiere curar.' 70 EXPOSICIÓN blandecimicnto de los huesos o raquitis, scoliosis y cífocis, caries, cáncer, fungiift hemalodes, tejidos accidentales, gota, hemorroides, ictericia y cia- nosis, hidropesía, amenorrea, gastrorrajía, epistaxis, hemoptisis, hematu- ria, melrorrajía, asma y supuración de los pulmones, impotencia y esterili- dad, hemicránea, sordera, catarata y amaurosis, mal de piedra, parálisis, abolición de un sentido, dolores de toda especie, etc., figuran en las patolo- gías como otras tantas enfermedades propias, distintas e independientes unas de otras. 81. El paso do este miasma al través de millones de organismos huma- nos en el curso de algunos centenares de jeneraciones, y el estraordínarío desarrollo que ha debido adquirir con este motivo, esplícan hasla cierto pun- ió, como puede en la actualidad manifestarse bajo formas ínn diferentes, sobre todo si se atiende al número infinito de circunstancias (I), que contri- buyen ordinariamente a la manifestación de esta gran diversidad de afeccio- nes crónicas (síntomas secundarios de la psora), sin contar la variedad infi- nita de complexiones individuales. Así, pues.no es sorprendente que orga- nismos tan diferentes penetrados del miasma psóríco, y sometidos a tantas influencias nocivas exteriores e interiores, que muchas veces obran sobre dios de un modo permanente, ofrezcan también un número incalculable de afecciones, de alteraciones y de males, que la antigua patolojía (2) ha cilado (l) Algunas de estas causas que, modificando la manifestación de la psora, le im- primen la forma de enfermedades crónicas, dependen evidentemente, ya del clima y de la constitución natural especial del sitio que se habita, ya de las diversidades que presenta la educación física y moral de la juventud, en unas partes descuidada, en otras retardada largo tiempo, y en otras llevada al exceso, del abuso que se hace de ella en las relaciones de la vida, del réjimen, de L.s pasiones, de las costumbres, de los usos y de los hábitos. (2) ¿Cuántos no se encuentran en el número de estos nombres, que tienen un do- ble sentido, y por cada uno de los cuales se designan enfermedades mui diferentes no teniendo muchas veces relación las unas con las otras mas que por un solo síntoma, como fiebre intermitente, ictericia, hidropesía, tisis, leucorrea, hemorroides, reuma- tismo, apoplejía, espasmo, histerismo, hipocondría, melancolía, manía, anjina, pa- rálisis, etc., que se tienen por enfermedades fijas, siempre semejantes a sí mismas, y que en razou del nombre que se les h i dado, son tratadas siempre con el mismo plan? ¿Cómo justificar la identidad del tratamiento médico con la adopción de se- mejante nombre? Y si el tratamiento no debe ser siempre el mismo ¿a qué un nom- bre idéntico, que supone también coincidencia en el modo de ser atacado por los ajentes medicinales? Nihil sané inartem medicara pestiferum magis unquám irrep- sit matum, quam generalia quídam nomina morbis imponere, iisque aptare velle generalem quamdam medicinam .• así es como se espiesa tluxham (ópp. phys. med., t. I), médico tan ilustrado como concienzudo. Fi it/.e se lamenta también (Annalen, I. p. 80), de que se dé el mismo nombre a enfermedades esencialmente diferentes. «Hasla las enfermedades epidémicas, dice, que probablemente se propagan por un « miasma especifico en cada epidemia, reciben nombres de la escuela médica reinan- « le, como si fuesen enfermedades estables, ya conocidas, y se presentasen siempre « bajo !a misma forma. Asi es que se habla de una fiebre de los hospitales, de las « cárceles y de los campamentos, de una fiebre pútrida, biliosa, nerviosa y mucosa, « apesar de que rada epidemia de estas fiebres erráticas se muestra bajo la forma de « una enfermedad nueva, que jamás se habia presentado aun, y que varia mucho, a tanto en su curso, como en sus síntomas ma estables, y en el modo de compor- « tarse. Cada una de ellas se diferencia de tal modo de todas las epidemias anterio- « res, que no dejan por eso de llevar el mismo nombre, que seria necesario querer « oponerse a todos los principios de la lójica para dar a enfermedades tan diversas « uno de los nombres que han sido introducidos en la patolojía, y arreglar después « su conducta médica con arreglo al nombre de que se hubiera abusado asi. Syden- « hun es el único que ha comprendido esla verdad; (Opp. cap. 2, Morb. epid. p. DF. EA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 71 hasta ahora como otras tantas enfermedades distintas, designándolas con una multitud de nombres particulares. 82. Aunque el descubrimiento de este gran manantial de afecciones cró- nicas haya hecho dar a la medicina algunos pasos mas hacia el de la natura- leza del mayor número de enfermedades que se presentan para curar, sin embargo, en cada enfermedad crónica (psórica) para cuyo tratamiento es llamado el médico homeópata, no debe cuidar menos que antes de apode- rarse bien de los síntomas perceptibles, y de todo cuanto tengan de particu- lar; porque no es mas posible, en estas enfermedades que en las otras, el obtener una verdadera curación, sin individualizar cada caso particular de un modo rigoroso y absoluto. Solamente hai que distinguir si la en fermedad es aguda o crónica, porque en el primer caso, los síntomas prin- cipales se manifiestan con mas rapidez, el cuadro de la enfermedad se traza en mucho menos liempo, y hai muchas menos preguntas que hacer, por presentarse por sí mismos la mayor parte de los signos a los sentidos del observador (I). 85. Este examen de un caso particular de enfermedad, que tiene por objeto presentarle bajo las condiciones formales de la individualidad, solo exije de parle del médico un espíritu sin prevención, sentidos perfectos, atención a observar, y fidelidad al trazar el retrato de la enfermedad. Me limitaré a poner aquí los principios jenerales de la marcha que se debe se- guir, y solo se adoptarán aquellos que son aplicables a cada.easo especial. 84. El enfermo hace la relación de lo que esperimenta ; las personas que le rodean refieren deque se ha quejado, cómo se ha conducido, y cuanto han notado en él : el médico vé, escucha, en una palabra, observa con to- dos sus sentidos lo que existe de alterado y de estraordínarío en el en- fermo. Lo escribe todo en el papel, en los mismos términos de que se han o 43); porque insiste en que no se debe jamás creer en la identidad de unaenfcrme- « dad epidémica con otra que ya se ha manifestado, y tratarla en consecuencia de « esta semejanza ; porque las epidemias que han estallado en diversos tiempos, han « sido todas diferentes las unas de las otras : Animum admiratione- percellit, qaam « discolor et sui plañe dissimilís morborum epidemicorum facies ; quee tam aperta « horum morborum diversitas tum propiis ac sibi pecularíbus symtomatis, tum « ctiam medendi ratíone, quam hi ab Mis disparent sibi vindicant, satis illucescit. « Ex quibus constat, morbos epidémicos, ulut externa quatantenus specíe et symp- « tomatis aliquot utrisque pariter conv'enire paullo íncautioríbus videantur, re ta- « men ipsa, si bene adverteris animum, alienae esse admodum indolis et distare ut « aera lupinis». Es claro, después de eslo, que todos esos nombres inútiles de enfermedades, do que tanto se abusa, no deben tener ninguna influencia en el plan de Iratamienlo adoptado por un verdadero médico, que sabe que no debe juzgar ni tratar las enfer- medades con arreglo a la semejanza nominal de un síntoma aislado, sino con suje- ción al conjunto de todos los signos del estado individual de cada enfermo, pues su deber es estudiar escrupulosamente los males, y no el presumirlos a beneficio de hi- pótesis gratuitas. Sin embargo, sí se cree necesitar algunas veces de nombres de en- fermedades para hacerse ¡ntclijible en pocas palabras al vulgo, cuando se habla de un enfermo en particular, no deben al menos emplearse mas que palabras colecti- vas. Puede decirse, por ejemplo, el enfermo tiene una especie de corea, una especio de hidropesía, una especie de fiebre nerviosa, una especie de fiebre intermitente, etc. Pero no se debe jamás decir : tiene el corea, la hidropesía, la fiebre nerviosa, la fie- bre intermitente, etc.; porque seguramente no existen enfermedades permanentes y siempre semejantes a si mismas que merezcan estas denominaciones. (1) Según esto, la marcha que voi a trazar para entregarse a la investigación de los síntomas, solo conviene en parle a las enfermedades agudas. 72 EXPOSICIÓN servido el enfermoy los asistentes. Les deja concluir sin interrumpirles [I], a menos que no se pierdan en digresiones inútiles. Tiene cuidado solamente al empezar de exhortarles a que hablen con lentitud, a fin de poder seguir- les al escribir todo cuanto juzgue necesario anotar. 85. A cada nueva circunstancia que el enfermo x> los.asistentes refieran, debe el médico empezar un nuevo renglón, a fin de que los síntomas estén todos escritos separadamente los unos debajo de los otros. Procediendo de este modo, le será fácil añadir a cada uno de ellos, ademas de las noticias vagas que le hayan sido comunicadas al principio, las nociones mas exactas que pudiera adquirir después. 86. Cuando el enfermo y las personas que le rodean- hayan acabado lo que tenian que decir por su propia impulsión, el médico se informará con mas precisión de cada síntoma, procediendo para esto del modo siguiente. Vuelve a leer todos cuantos le han sido señalados, y al tratar de cada uno en particular, pregunta, por ejemplo : ¿a qué época se verificó tal accidente? ¿fué antes del uso de los medicamentos que el enfermo ha lomado hasta el dia, mientras que los lomaba, o solamente algunos dias después de haber de- jado su uso? ¿Qué dolor, qué sensación, exactamente descritos, se han ma- nifestado en tal parle del cuerpo? ¿Qué sitio ocupaban con exactitud? ¿Se hacía sentir el dolor solamente por accesos? o bien ¿era continuo y sin ce- sar? ¿Cuánto liempo duraba? ¿A qué época del dia o de la noche, y en qué situación del enerpo era mas violento, o cesaba del todo? ¿Cuál era el carác- ter exacto de lal accidente, de tal circunstancia? "^ 87. El médico hace que le precisen de este modo, cada uno de los indi- cios que le habían dado al principio, sin que jamás estén concebidas su pre- guntas de suerte que en cierto modo dicten la repuesta (2) o pongan al en- fermo en caso de no tener que responder mas que sí o nó. Obrar de otro mo- do seria esponer al que se pregunta, áTafirmar o a negar por indiferencia o por complacer al médico, una cosa falsa, o verdadera solamente a medias, o del todo diferente de loque realmente sucede. Así, pues, de esto resultaría un cuadro infiel de la enfermedad, y por consiguiente una mala elección de los medios curativos. 88. Cuando el médico halla que en esta relación espontánea no se ha he- cho mención ya de muchas partes o funciones del cuerpo, ya de las dispo- siciones del espíritu, pregunta si no tienen todavía alguna cosa que decir rdalivameme a tal pane o a lal función, o a tal o cual disposición moral (3); pero tendrá gran cuidado de sujetarse a términos jenerales, a fin de que la persona que le suministre las aclaraciones, se vea obligada a explicarse de un modo categórico acerca de estos diversos puntos. 80. Cuando el enfermo (porque a él es, escepto en las enfermedades s¡- (\) Toda interrupción rompe el enlace de las ¡deas del que habla, y no le vuel- ven después las cosas a la memoria del mismo modo que queria decirlas al principio. (2) Por ejemplo, el médico no debe decir, ¿tal o cuál cosa ha sucedido de este modo o del olro? Dar semejante jiro a sus preguntas es sujerir al enfermo respuestas falsas o indicaciones engañosas. (3) Por ejemplo : ¿hace del cuerpo el enfermo? ¿cómo orina? ¿cómo es el sueño durante el dia y durante la noche? ¿cuál es la disposición de su espíritu, de su hu- mor? ¿hasta qué punto es dueño de sus sentidos? ¿dónde siente la sed? ¿qué gusto esperimenta en la boca? ¿qué alimentos y bebidas le gustan mas? ¿cuáles son los que mas le repugnan? ¿encuentra a cada alimento y a cada bebida el sabor que debe te- ner, o algún olro gusto estraño? ¿cómo se encuentra después de haber bebido o co- mido? ¿tiene alguna cosa que decir relativamente a su cabeza, a sus miembros o a su vientre? DÉ LA DOCTUird HOMEOPÁTICA. 73 muladas, a quien debe uno referirse de preferencia en lodo lo que tiene re- lación con las sensaciones que experimenta) ha suministrado de este modo por sí mismo todas las noticias necesarias, y completado bastante bien el cuadro de la enfermedad, puede el médico hacerle algunas preguntas mas especiales, si no se encuentra todavía suficientemente ilustrado (I). 00. Después que el médico ha acabado de poner por escrito las respues- tas, anota ademas lo que él mismo observe en el enfermo (2), y trata de sa- ber si lo que él vé exisla o nó mientras que el enfermo gozaba todavía de salud. 01. Los síntomas que existen y los que el enfermo esperimenta mientras hace uso de uií^medicameiito^poeo liempo después, no representan la ¡majen pura de la enfermedad. Por el contrario, los síntomas y las incomodidades que se han manifestado antes del uso de los medicamentos, o muchos dias después que se ha cesado de administrarlos, dan una verdadera noción de la (U Por ejemplo : ¿cuántas veces ha obrado el enfermo? ¿de qué naturaleza eran las materias? ¿y las deyecciones blanquecinas eran mucosas o fecales? ¿la salida de los escrementos iba acompañada de dolores o nó? ¿de qué naturaleza son precisamen- te estos dolores, y dónde se hacen sentir? ¿qué es lo que el enfermo ha espelido por arriba? ¿el mal gusto de boca es pútrido, ácido, amargo o de otra naturaleza? ¿se ha- ce sentir antes, durante o después de beber y comer? ¿a qué época del dia se esperi- menta particularmente? ¿qué gusto tienen los eruptos? ¿la orina sale turbia o solo se pone así algún tiempo después de su espulsion? ¿de qué color es el en momento de su salida? ¿cuál es el color del sedimento? ¿cómo se comporta el enfermo mientras duerme? se queja? jime? habla? grita? ¿se despierta sobresaltado? ¿ronca al inspirar o al espirar? ¿está siempre echado de espaldas, o de qué lado se echa? ¿se tapa bien por sí mismo o no puede aguantar la ropa? ¿se despierta fácilmente o tiene un sue- ño mui profundo? ¿cómo se encuentra al despertar? ¿se manifiesta con frecuencia. tal o cual incomodidad? ¿y con qué motivo? ¿es cuándo el enfermo está sentado, echado, de pié o andando? ¿es solamente en ayunas, por la mañana temprano, o so- lamente por la noche, o después de la comida? ¿cuándo se ha presentado el frío? ¿ha sido solamente una sensación de frío o tenia a) mismo tiempo un frío verdadero? ¿tenia la piel caliente mientras se quejaba de frió? ¿esperimenlaba solamente una sensación de frió sin escalofríos? ¿tenia calor sin que' estuviera encendida la cara? ¿qué partes del cuerpo se advertían calientes al tacto? ¿se quejaba el enfermo de ca- lor sin tener la piel caliente? ¿cuánto tiempo ha durado el frió y cuánto e1 calor? ¿cuándo se ha pretenlado la sed? ¿durante el frió, el calor, antes o después? ¿era uaui intensa? ¿qué deseaba beber el enfermo? ¿cuándo se ha presentado el sudor? ¿ha: sido al principio o al fin del calor? ¿cuánto tiempo ha transcurrido entre uno y otro? ¿ha sobrevenido durante el sueño o estado despierto? ¿cuál era su abundancia? ¿era. caliente o frío? ¿en qué partes del cuerpo se présenlo? ¿qué olor tenia? ¿de que se quejaba el enfermo antes, o durante el frió, durante o después del calor, durante o después del sudor, etc? (2) Por ejemplo : ¿cómo se ha conducido el enfermo durante la visita? ¿estaba: de mal humor, irritado, brusco, lloroso, tímido, desesperado o triste, tranquilo o confiado, etc.? ¿se hallaba sumido en el estupor o en jeneral no estaba en su sano juicio? ¿está ronco? ¿habla mui bajo? ¿dice cosas que no vienen al caso? ¿se ñola al- go de insólito en su conversación? ¿que color tienen su cara, sus ojos o su piel en je- neral? ¿cuál es el grado de espresion y de vivacidad del rostro y de sus ojos? ¿cómo están la lengua, la respiración, el olor del aliento y el oido? ¿las pupilas están dila. tadas o mui contraidas? ¿con qué prontitud y hasta qué grado se mueven en la luz y en la obscuridad? ¿cuál es el estado del pulso y del vientre? ¿la piel está madoro- sa o caliente? ¿fría o seca? ¿en lal o cuál parte del cuerpo o en lodo él? ¿está echa- do el enfermo con la cabeza doblada hacia airas, con la boca medio o enteramente abierta, o con los braoos cruzados por encima de la cabeza? ¿está acostado de espal- das o en cualquiera olra posición? le cuesta mas o menos trabajo el incorporarse en la cama? En una palabra, el médico tiene en cuenta todo lo que ha podido observar y que le parece digno de ser anotado. M 74 EXPOSICIÓN forma orijinaria de esta enfermedad. Estos son, pues, los que el médico de- be anotar de preferencia. Cuando la afección es crónica, y ha hecho ya uso el enfermo de remedios, puede dejársele algunos dias sin administrarle nin- guno, o al menos sin administrarle otra cosa que sustancias no medicina- les, y se defiere durante todo este tiempo el examen riguroso; porque esle es el medio de obtener los síntomas permanentes en loda su pureza, y de poder formarse una imájen fiel de la enfermedad. 02. Mas cuando se trata de una enfermedad aguda, que presenta dema- siado peligro para* no permitir ninguna dilación, y cuando el médico nada puede averiguar respecto del estado que ha precedido al uso de los reme- dios, entonces se limita a observar el conjunto de síntomas lal como le ha- yan modificado aquellos, a fin de apoderarse o comprender bien el estado presente de la enfermedad; es decir, de poder abrazar en un solo y mismo Cuadro la afección primitiva y la afección medicina! adjunta, que, hecha or- dinariamente mas grave y mas peligrosa que la otra con medios las mas ve- ees contrarios a los que habrían debido administrarse, reclama frecuente so- corros muí prontos, y la rápida aplicación de un medicamento homeopático apropiado, para que el enfermo no perezca del tratamiento irracional que ha sufrido. 05. Si la enfermedad aguda ha sido ocasionada poco tiempo antes, o si la enfermedad crónica lo ha sido hace mas o menos tiempo, por un suceso notable, que el enfermo o sus parientes preguntados en secreto no quieren descubrir, es preciso que el médico se sirva dev destreza y circunspección para llegar a conocer esta circunstancia (I). 04. Cuando se informa del estado de una enfermedad crónica, es nece- sario pesar bien las circunstancias particulares en que ha podido encontrar- se el enfermo respecto a sus ocupaciones ordinarias, a su jénero de vida ha- bitual, y a sus relaciones domésiieas. Se examina, sí no hai nada en estas cir- cunstancias, que haya podido dar orijen o que sostenga la enfermedad, a fin de contribuirá la curación separando las que se creyeren sospechosas (2). 05. El examen de los síntomas enumerados precedentemente y de todos los demás signos de enfermedad, debe pues en las afecciones crói.icas, ser (1) Si las causas de la enfermedad tienen algo de hum-illanle o ruboroso, y los enfermos o los que les rodean vacilan en confesarlas, o al menos en declararlas es- pontáneamente, el médico debe tratar de descubrirlas con preguntas hechas con con- templación, o por medio de informes tomados en secreto. Se colocan en el número de estas causas las tendencias al suicidio, el onanismo, el abuso de los placeres del amor, los desórdenes contra-naturales, los excesos en la comida o en la bebida, el abuso de alimentos nocivos, la infección venérea o psórica, un amor desgraciado, los celos, las contrariedades domésticas, la indignación, la tristeza debida a las desgra- cias de familia, los malos tratamientos, la imposibilidad de vengarse, un terror su- persticioso, el hambre, una deformidad en las partes jenítales, una hernia, un pro- lapsus. ele. (2) En las enfermedades crónicas de las mujeres, es preciso sobre todo tener en consideración el embarazo, la esterilidad, la propensión al acto venéreo, los partos, los abortos, la lactancia y el estado del flujo menstruo. Por lo que concierne a este último, jamás se debe olvidar de preguntar si se presenta a épocas demasiado apro- ximadas o distantes, cuanto tiempo dura, si fluye la sangre sin interrupción o por intervalos, cuál es la cantidad del flujo, si la sangre es de color subido, si se mani- fiesta la leucorrea ánles que aparezca este o después que ha cesado de fluir ; pero se cuidará sobre todo de averiguar cuál es el estado físico y moral, qué sensaciones y qué dolons se manifiestan antes, durante y después de las reglas; si la mujer es ala- cada de llujo blanco, de qué naturaleza es, cuál es su abundancia, qué sensaciones le acompañan, en fin, en qué circunstancias y en qué ocasiones ha aparecido. DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 75 lan rigoroso como sea posible, y aun descender a minuciosidades. En efecto, en estas enfermedades es en las que son mas pronunciados, en las que se ase- mejan menos a los de las afecciones agudas, y en las que se exíjen ser es- tudiados con mucho mas cuidado, si se quiere que el tratamiento tenga buen éxito. Por otra parte, los enfermos se han acostumbrado de tal modo a sus largos sufrimientos, que fijan poco a nada la atención en síntomas Hjeros, muchas veces característicos y aun decisivos para la elección dd remedio, mirándolos, por decirlo así, como enlazados de una manera necesaria con su estado físico, como forman lo parte de la salud, cuya verdadera sensa- ción han olvidado después de quince o veinte años que hace que padecen, y respecto de los cuales ni aun les -viene a la imajinacion que puedan tener la menor conexión con la afección principal. 06. Por otra parle, los enfermos mismos tienen un humor tan diferente, que algunos, notablemente los hipocondriacos y otras personas sensibles e impacientes, pintan sus padecimientos con colores demasiado vivos, y se sir- ven de espresiones exajeradas para inducir al médico a que los socorra con prontitud (I). 07. Oíros por el contrario, ya por pereza, ya por un pudor mal enten- dido, ya en fin, por una especie de melindre y timidez guardan silencio res- pecto a muchos males, solo los indican en términos oscuros, o los señalan como de mui poca importancia. 98. Si, pues, es cierto que debe uno referirse sobre todo a lo que el mis- mo enfermo diga desús males y sensaciones, y preferir las espresiones que le sirven para pintarlos, porque sus palabras se alteran casi siempre al pa- sar por la boca délas personas que le rodean, no lo es menos que en todas las enfermedades, pero especialmente en las que tienen un carácter cróni- co, el médico necesita poseer en alto grado circunspección, tacto, conoci- miento del corazón humano, prudencia y paciencia para llegar a formarse una imájeu verdadera y completa de la enfermedad y de lodos sus detalles. 00. En jeneral, el estudio de las enfermedades agudas y de las que se ban declarado recientemente, presenta mas facilidad, porque el enfermo y los que le rodean lienen muí presente en la imajinaciou la diferencia que existe entre el estado de cosas actual y la salud destruida hace tan po- co liempo, cuya imájen conservan todavía recientemente en la memoria. El médico debe igualmente saberlo lodo en este caso; mas no necesita antici- parse a los indicios, que, la mayor parte, se presentan por sí mismos. 100. Por lo que concierne a la investigación del conjunto de los sínto- mas de las enfermedades epidémicas y esporádicas, es enteramente diferente que haya o no existido ya eirel mundo, bajo tal o cual nombre, una afección semejante. La novedad o el carácter de especialidad de una afección de este jénero no induce ninguna diferencia, ni en el modo de estudiarla, ni en el de tratarla. En efecto, se debe mirar siempre la ¡majen pura de cada enfer- medad que domina actualmente como una cosa uueva y desconocida, estu- (l) El hipocondriaco, aun el mas insoportable, jamás imajina accidéntese inco- modidades que no sienta en realidad. Puede uno asegurarse de esto comparando sus quejas a épocas diferentes, mientras que el médico no le dá nada, ojal menos no le administra ninguna sustancia medicina!. Solo se debe rebajar alguna cosa de sus la- mentaciones, o al menos atribuir la enerjía de las espresiones de que se sirve a su excesiva sensibilidad. Bajo este aspeólo, la misma exajeracion del cuadro que hace de sus padecimientos se convierte en un síntoma importante en la serie de los de que se compone la imájen de la enfermedad. El caso es enteramente diferente en los maniacos, y en los que finjen eslar enfermos por malicia o cualquiera otra causa. 73 EXPOSICIÓN diarla a fondo en sí misma, si se quiere ser verdaderamente médico, es de- cir, no reemplazar jamás la observación con la hipótesis, y no mirar jamás un caso dado de enfermedad como conocido, ya en totalidad, ya solamente en parte, sino después de haber profundizado con cuidado todas sus mani- festaciones. Esta conduela es tanto mas necesaria en este caso, cuanto qne toda epidemia reinante es bajo muchos aspectos un fenómeno de especie particular, que, cuando se le examina con atención, se encuentra que difiere mucho de otras epidemias antiguas, a las que sin razón se habia puesto el mismo nombre. Es preciso, sin embargo, esceptuar las epidemias que proce- den de un miasma siempre semejante a sí mismo, como la viruela, el saram- pión, etc. 401. Puede suceder que el médico que trata por primera vez a un hom- bre atacado de una enfermedad epidémica no encuentre inmediatamente la imájen perfecta de la afección, puesto que no se llega a conocer bien la to- talidad de los síntomas y signos de estas enfermedades colectivas, sino des- pués de haber observado muchos casos. No obstante, un médico ejercitado podrá muchas veces, desde el primero o segundo enfermo, acercarse de tal modo al verdadero estado del mal, que conciba una imájen característica de él, y aun que posea los medios de determinar el remedio homeopático a que debe recurrirse para combatir la epidemia. 402. Sí se tiene cuidado de poner por escrito los síntomas observados en muchos casos de esta especie, el cuadro que se ha trazado de la enfermedad va siempre perfeccionándose. No se hará ni mas estenso, ni mas verboso, si- no mas gráfico, mas característico y abrazará mejor las particularidades de la enfermedad colectiva. Por una parte, los síntomas jenerales (por ejemplo, la falta de apetito, la pérdida del sueño, etc.) adquieren un grado mayor de precisión; por otra, los síntomas que mas sobresalen, especiales, raros, aun en la epidemia, y propíos ademas solo de un pequeño número de afeccio- nes, se diseñan y forman el carácter de la enfermedad (I). Las personas atacadas de la epidemia tienen todas, ciertamente, una enfermedad proce- dente del mismo orijen, y por consiguiente igual; pero la estension toda en- tera de una afección de este jénero, y la totalidad de sus síntomas, cuyo co- nocimiento es necesario para formarse una imájen completa del estado mor- boso, y elejir en virlud de ella el remedio homeopático que esté mas en ar- monía con este conjunto de accidentes, no pueden observarse en un solo en- fermo; es preciso para conseguirlo deducirlos por abstracción del cuadro do padecimientos de muchos enfermos dotados de una constitución diferente. 405. Este método, que es indispensable seguir en las enfermedades epi- démicas, que la mayor parte son agudas, he debido aplicarle también, de un modo todavía mas riguroso de lo que se ha hecho hasta d dia, a las enfer- medades crónicas producidas por un miasma que permanece siempre seme- jante a sí mismo en cuanto al fondo, y particularmente a la psora. Estas afecciones exijen en efecto que se estudie el conjunto de sus síntomas; por- que cada enfermo no presenta mas que algunos, no ofrece, por decirlo así, mas que una porción de los fenómenos morbosos cuya colección entera íov- ma el cuadro completo de la caquexia considerada en su conjunto. Así, pues, únicamente observando muchas personas atacadas de estas clases de (1) Entonces es cuando el estudio de los casos subsiguientes mostrará al médico que con el socorro de los primeros ha encontrado ya un remedio aproximativamente homeopático, si la elección fué buena, o si debe recurrir a un medio mas apropiada lodavía, DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 77 afecciones es como llega uno a apoderarse de la totalidad de los síntomas que pertenecen a cada miasma crónico, y al de la psora en particular, condi- ción indispensable para llegar al conocimiento de los medicamentos, que siendo apropiados para curar homeopáticamente la caquexia entera, son al mismo tiempo los verdaderos remedios de todos los males crónicos indivi- duales de que ella es orijen. 404. La totalidad de los síntomas que caracterizan el caso presente, o en otros términos, una vez puesta por escrito la imájen de la enfermedad (I) es- tá hecho lo mas difícil. El médico debe después tener siempre a la vista esla imájen, que sirve de base al tratamiento, sobre todo en las enfermedades crónicas. Puede considerarla en todas sus partes, y hacer resaltar de ella los signos característicos, a fin de oponer a estos síntomas, es decir, a la en- fermedad misma, un remedio exactamente homeopático, cuya elección haya sido determinada por la naturaleza de los accidentes morbosos a que él mis- mo da orijen en su acción pura. Durante el curso del tratamiento se infor- ma de los efectos del remedio y de los cambios sobrevenidos en el estado del enfermo, para borrar del cuadro primitivo de simonías los que han de- saparecido en totalidad, anotar aquellos de que todavía quede alguna cosa, y añadir las nuevas incomodidades que han podido sobrevenir. 405. El segundo punto del deber del verdadero médico es el examinar los instrumentos destinados a la curación de las enfermedades naturales, es- tudiar la potencia morbífica de los medicamentos, a fin de que, cuando se trate de curar, pueda encontrar entre ellos una cuya serie de síntomas cons- tituya una enfermedad facticia tan semejante como sea posible al conjunto de los síntomas principales de la enfermedad natural que se propone hacer desaparecer. 406 Se necesita conocer en toda su estension la potencia morbífica de los medicamentos. En otros términos, es preciso que todos los síntomas y cambios que son susceptibles de sobrevenir por la acción de cada uno de ellos sobre la economía, hayan sido observados en lo posible antes de poder uno entregarse a la esperanza de encontrar entre ellos remedios homeopáti- cos contra la mayor parie'de las enfermedades naturales. 407. Si para llegar a este objeto, no se administrasen los medicamentos (l) Los médicos de la antigua escuela se encuentran mui descansados en este pun- to. No solo no se entregan a una investigación rigurosa de todas los circunstancias de la enfermedad, sino que frecuentemente interrumpen al enfermo en la relación de- tallada que quiere hacer de sus padecimientos, para apresurarse a escribir una rece- ta compuesta de ingredientes, cuyo verdadero efecto les es desconocido. Ningún mé- dico alópata se informa con precisión de todas las particularidades de la enfermedad que tiene a la visla, y ninguno de ellos ha pensado todavía mucho menos en poner- las por escrito. Cuando vuelve a ver al enfermo, al cabo de bastantes dias, ha olvi- dado en gran parle o del todo las 1 ¡jeras nociones que le habian dado, y que han horrado de su memoria las visitas multiplicadas que ha hecho a otras personas. To- do ha entrado por un oido y salido por el otro, lin su nueva visita se limita igual- mente a algunas preguntas jenerales, aparenta que loma el pulso, mira la lengua, e inmediatamente, sin motivo racional, escribe olra receta o hace continuar la antigua. Después, despidiéndose corlcsmenle, corre a la casa de los oíros cincuenta o sesenta desgraciados entre quienes liene que dividir la mañana, sin que se fatigue su inteli- jencia por el menor esfuerzo. lié aquí como, lo que hai de mas serio en el mundo, el examen concienzudo de cada enfermedad y el tratamiento basado en esta csplora- cion, es tratado por hombres que se llaman médicos y que pretenden ejercer una medicina racional. El resultado es casi jeneralmente malo, como se debia mui bien esperar de eslo, y sin embargo los enfermos se ven obligados a dirijirse a estas jen- Ics, ya porque no hai oíros mejores, ya por seguir la costumbre. 78 EXPOSICIÓN mas que a personas enfermas, aun prescribiéndolos simples y uno auno, se veria muí poco o nada de sus efectos puros ; porque mezclándose los sínto- mas de la enfermedad natural ya existente con los que los ajentes medicína- les son aptos para producir, seria mui raro que se pudiesen percibir estos úl- timos de un modo bien claro. 408. No hai, pues, medio mas seguro y mas natural para encontrar infa- liblemente los efectos propíos de los medicamentos sobrejel hombre, que en- sayarlos separadamente los unos de los otros y a dosis moderadas sobre personas sanas, y anotar los cambios quede esto resulten en el estado físico y moral, es decir, los elementos de enfermedad que estas sustancias son ca- paces de producir (I), poique, como hemos visto anteriormente [V. 24 — 27], toda lajvirtud curativa de los medicamentos está fundada únicamente en el poder que tienen de modificar el estado del hombre, y procede de la obser- vación délos efectos que resultan del ejercicio de esla facultad. 400. Yo he sido el primero en seguir este camino con una perseverancia que no podia nacer ni sostenerse (2) mas que por la última convicción de es- ta grande verdad, tan preciosa para el jénero humano, que la administra- ción homeopática de los medicamentos es el único método cierto de curar las enfermedades (5). 410. Recorriendo lo que los autores han escrito sobre los efectos noci- vos délas sustancias medicinales que por descuido, intención criminal o de otro cualquiera modo habían llegado-en gran cantidad al estómago de perso- nas sanas, he visto cieña coincidencia entre estos hechos y las observacio- nes qne habia recojido en mí mismo y en otros, con motivo deesperimentos cuyo objeto era reconocer el modo de obrar de las mismas sustancias en el hombre sano. Se las cita como casos de envenenamiento y como pruebas de los efectos perniciosos inherentes al uso de estos ajentes enérjicos. La mayor parle de los que los refieren se han propuesto en ello señalar un peligro. Al- (1) Ningún médico, que yo sepa, escepto el grande e inmortal Hallcr, ha sospe- chado, en el curso de veinte y cinco siglos, esle método tan natural, tan absoluta- mente necesario y tan únicamente verdadero de observar los efectos puros y propios de cada medicamento, para concluir de aquí cuales son las enfermedades que seria apto a curar. Solo Haller, antes que yó, ha comprendido la necesidad de seguir esla marcha (véase el prefacio de su Farmacopea Helvet , Bale, 4771, en fol., p 12) : Nempé primum in corpore sano medela tentanda cst, sine peregrina ulla miseela; odoreque et sapore ejus exploratis, exigua illius dosis ingerenda et ad omnes, qua¡ respíratio, quacnam excretiones, attentlendum. Inde ad ductum phaenomenorum, in sano obviorum, transcas ad experimenta in corpore aegroto, etc. Mas ningún médi- co se ha aprovechado de este precioso pensamiento, ni aun ha "fijado nadie en él la atención. (2) He consignado los primeros frutos de mis trabajos, tales como podían ser, en un opúsculo titulado : Fragmenta de viribus medicamcnlorum posítivis, sive in sa- no corpore humano observatis, p. I, 11, Leipzick, 1805, en 8.° Oíros mas maduros lo han sido en las diversas ediciones de mi Materia médica pura, y en mi Tratado de Jas enfermedades crónicas. (3) No puede haber otro método mas verdadero de curar las enfermedades diná- micas (es decir, no quirúrjicas) que la homeopatía, del mismo modo que no se puede tirar mas que una línea recta entre dos puntos dc'dos. Es preciso, pues, haber pro- fundizado mui poco el estudio de la homeopatía, no haber visto jamás ningún tra- tamiento homeopático bien motivado, no haber sabido juzgar hasta qué punto están •destituidos de fundamento los métodos alopáticos, e ignorar qué consecuencias, las unas malas, las otras h.isla espantosas, ocasionan, para querer hacer marchar estos detestables métodos a la par con la verdadera medicina, y presentarlos como herma- nos sin los que esta no podría pasarse. La homeopatía pura, que casi nunca falta ,i su objeto, que tiene feliz éxito casi siempre, rechaza toda asociación de osle jénero* DE l.A D0CTP.IKA nOMEOPÁTICA. 79 gnnoslos enuncian también para hacer ostentación de la habilidad que han desplegado, encontrando medios de restablecer poco a poco la salud de hombres, que la habían perdido de una manera tan violenta. Muchos, en fin, para descargar su conciencia de la muerte de los enfermos, alegan la malignidad de eslas sustancias, que llaman entonces venenos. Ninguno de ellos ha sospechado que los síntomas en quienes solo querían ver pruebas de la venenosidad de los cuerpos capaces de producirlos, eran indicios ciertos que revelaban la existencia, en estos mismos cuerpos, de la facultad de es- tinguir, a título de remedios, los síntomas semejantes de enfermedades na- turales. Ninguno ha pensado que los males que excitan, son el anuncio da su homeopaticidad saludable. Ninguno ha comprendido que la observación de los cambios a que dan lugar los medicamentos en las personas sanas, era el único medio de reconocer las virtudes curativas de que aquellos eslán dotados; porque no se puede llegar a este resultado ni por raciocinios a prior i, ni por el olor, el sabor, o el aspecto de las sustancias medicinales, ni por el análisis químico, ni administrando a los enfermos recetas en que se hallen asociadas en mayor o menor número otras drogas. Ninguno, en fin, ha presentido que estas relaciones de enfermedades medicinales suministra- rían un día los elementos de una verdadera y pura materia médica, ciencia que, desde su orijen hasta el dia, solo ha consistido en un cúmulo de con- jeturas y de ficciones, o que en otros términos, no ha tenido todavía olra existencia real (1). 414. La conformidad de mis observaciones sobre los efectos puros de los medicamentos con estas antiguas advertencias que habían sido hechas con miras muí diferentes, y aun las de estos últimos con otras del mismo jé- nero que se encuentran esparcidas en los escritos de diversos autores, nos proporcionan fácilmente la convicción que las sustancias medicinales, dando orijen a un cambio morboso en el hombre sano, siguen las leyes naturales, positivas y eternas, y qne en virtud de estas leyes son capaces de producir, cada una en razón de su individualidad, ciertos síntomas morbosos que ja- más dejan de excitar. 112. En las descripciones que los autores antiguos nos han dejado de las consecuencias frecuentemente funestas que acarrean los medicamentos to- mados a dosis tan exajeradas, se encuentran también síntomas que no se han mostrado al principio de estos tristes sucesos, sino solamente hacia el fin, y que son de naturaleza enteramente opuesta a los del período incipiente. Es- tos síntomas, contrarios al efecto-primitivo [V. 65] o a la acción propiamen- te dicha de los medicamentos sobre el cuerpo, son debidos a la reacción de la fuerza vital del organismo. Constituyen el efecto secundario (V. 62—67) del que rara vez se observan señales cuando se emplean a dosis moderadas, a título de ensayo, y del que nunca o casi nunca se vé el mas pequeño vesli- jio cuando las dosis son mas débiles; porque en las curaciones homeopáticas la reacción del organismo viviente no pasa mas allá de lo que es rigurosa- mente necesario para establecer el estado natural de salud (V. 67). 1 15. Las sustancias narcóticas son las únicas que se esceptuan en esla parte. Como en su efecto primitivo, estinguen tanto la sensibilidad y la sen- sación, como la irritabilidad, sucede con bastante frecuencia, cuando se las ensaya en sujetos sanos aun a dosis moderadas, que se observa durante la (\J Véase lo que con respecto a esto he dicho en mi memoria sobre las fuentes de la Materia médico ordinaria (Prolegómenos de la Malcría médica pura, t. Ij, 80 EXPOSICIÓN reacción una exaltación de la sensibilidad y un acrecentamiento de la irrita- bilidad. 114. Pero, escepmando los narcóticos, todos los medicamentos que se ensayan a dosis moderadas en sujetos sanos, solo dejan percibir sus efectos primitivos, es decir, los síntomas que denotan, que modifican el ritmo habi- tual de la salud, y que excitan un estado morboso destinado a durar mas o menos tiempo. lio. Entre los efectos primitivos de algunos medicamentos, se encuen- tran muchos que son opuestos en parte o al menos bajo ciertos aspectos ac- cesorios, a otros simonías que aparecen ya antes, ya después. Esta circuns- tancia no basta, sin embargo, para hacerlos considerar como efectos conse- cutivos propiamente dichos, o como un simple resultado de la reacción vi- tal. Forman solamente una alteración de diversos paroxismos de la acción primitiva, y se les dáél nombre de efectos alternantes. 416. Algunos síntomas son producidos por los medicamentos frecuente- mente, es.decir, en un gran número de sujetos; otros lo son rara vez, o en pocas personas, y algunos solo en un pequeño número de individuos. 117. A esta última categoría es a la que pertenecen las idiosincracias. Por estas se entiende las constituciones particulares que aunque sanas, tie- nen sin embargo tendencia a dejarse poner en un estado mas o menos pro- nunciado de enfermedad por ciertas cosas, que parece que no hacen ningu- na impresión, ni producen cambios en muchas personas [1]. Mas esta falta de acción sobre tal o tal persona no es mas que aparente. En efecto, como la producción de todo cambio morboso cualquiera supone en la sustancia medicinal la facultad de obrar, y en la fuerza vital que anima el organismo la aptitud a ser afectada por ella, las alteradones manifiestas de la salud, que se observan en las idiosincracias, no pueden atribuirse únicamente a la cons- titución particular del sujeto. Es preciso referirlas al mismo tiempo a las co- sas que las han dado orijen, y en las que debe residir la facultad de ejercer la misma influencia sobre todos los hombres, Con la sola diferencia que, en- tre los sujetos que gozan de salud, no se encuentra mas que un corto núme- ro que tenga tendencia a dejarse poner por ellas en un estado tan evidente- mente morboso. Lo que prueba que estas potencias hacen realmente impre- sión sobre todos los hombres es, que curan homeopáticamente, en todos los enfermos, los mismos síntomas morbosos que aquellos cuya manifestación parece que ellas mismas producen solamente en las personas sujetas a las idiosincracias (2). 148. Cada medicamento produce efectos particulares en el cuerpo del hombre, y ninguna olra sustancia medicinal puede dar orijen a otros que sean exactamente semejantes [5], (I) El olor de las rosas produce desmayos a algunas personas, oirás contraen en- fermedades, a veces alarmantes, después de haber comido almejas, cangrejos o hue- vos de barbo, o después de haber tocado las hojas de ciertos zumaques, ele. (2) Así es como la princesa Maria Porphyragénéte, en presencia de su tia Eudo- xia, hacia volver en sí, rodándole con agua de rosas a su hermano, el emperador Alexis, que padecía con frecuencia síncopes. (Hist. byz. Alexias, lib. 15, p. 503, ed, Posser.) Horstíus (Opp. III, p. 59) ha encontrado mui eficaz en el síncope, el vi- nagre rosado. (3) Esta verdad habia sido también reconocida por Haller, que dice (prefacio de su Hist. stirp. Helv.): Lcttet immensa virium diversitas in iis ipsis plantis, qua- rum ficics externas dudum novimus, animus quasi et quodeumque ccelestius hdbent, nondum perspeximus. DE. LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 81 419. Del mismo modo que cada especie de planta difiere de todas las demás por su configuración, su modo propio de vejetar y de crecer, su sa- bor y su olor; del mismo modo que cada mineral difiere de los demás res- pecto a sus cualidades esteriores y a sus propiedades químicas, circunstan- cia que habría debido ya bastar por sí sola para evitar toda confusión, así también lodos eslos cuerpos difieren entre sí respecto a sus efectos morbífi- cos y por consiguiente a sus efectos curativos (l). Cada sustancia ejerce en la salud del hombre una influencia particular y determinada que no permite se la confunda con ninguna otra (2). 4 20. Es menester, pues, distinguir bien los medicamentos unos de otros, puesto que de ellos es de quien dependen la vida y la muerte, la enfermedad y la salud de los hombres. Para esto es necesario hacer con cuidado espe- riencias puras, que tengan por objeto el manifestar las facultades que les pertenecen, y los verdaderos efectos que producen en los sujetos sanos. Procediendo de este modo se aprende a conocerlos bien, y a evitar toda equi- vocación al aplicarlos al tratamiento de las enfermedades; porque solo un remedio bien elejido puede volver al enfermo, de un modo pronto y durade- ro, el mayor délos bienes de la tierra, la salud del cuerpo y del alma. 421. Cuando se estudian los efectos de los medicamentos en el hombre sano, no se debe perder de vista que basta administrar las sustancias llama- das heroicas a dosis poco elevadas, para que produzcan cambios aun en la salud de las personas robustas. Los medicamentos de naturaleza menos fuer- te deben administrarse a dosis mas elevadas cuando se desee también expe- (I) El que sabe que la acción de cada sustancia sobre el hombre se diferencia de la de todas las demás, y aprecia la importancia de esle hecho, tampoco tiene dificul- tad en comprender que, médicamente hablando, no puede haber succedáncos', es de- cir, medicamentos equivalentes o capaces de reemplazarse mutuamente. Únicamente aquel, para quien los efectos puros y positivos de las sustancias medicinales son des- conocidos, puede incurrir en la insensatez de querernos persuadir, de que un reme- dio puede reemplazar a otro y producir el mismo efecto saludable en un caso dado de enfermedad. Asi es como los niños en su simpleza confunden las cosas mas esencial- mente diferenles, porque apenas las conocen mas que por su esterior no teniendo la menor idea de sus propiedades íntimas, ni de su verdadero valor intrínseco. (2) Si esta es exactamente la verdad, como no cabe duda, un médico deseoso de pasar por un hombre razonable, y de tener tranquila su conciencia, no puede pres- cribir en lo sucesivo mas medicamentos que aquellos cuyo verdadero valor conozca perfectamente; es decir, aquellos cuya acción haya estudiado en el hombre sino con bástanle esmero para estar persuadido de que aquel que elije entre todos ellos es el único que puede producir un estado morboso el mas análogo a la enfermedad que se trata de curar; porque, como anteriormente se ha visto, ni el hombre, ni la natura- leza proporcionan jamás una curación completa, pronta y permanente, sino con el auxilio de un medio homeopático. Asi, pues, ningún médico puede evitaren adelan- te el entregarse a investigaciones de este jénero, sin las cuales tampoco podría ad- quirir respecto a los medicamentos los conocimientos indispensables al ejercicio de su profesión, y que tan descuidado ha estado hasta el dia. La posteridad creerá di- fícilmente que se hayan limitado hasla aquí los prácticos a administrar siempre a cie- gas, en las enfermedades, remedios cuyo verdadero valor ignoraban, y cuyos efectos puros y dinámicos jamás se habían estudiado sobre e| hombre sano; que luyan teni- do la costumbre de asociar muchas de estas sustancias desconocidas, cuya acción es tan diversificada, y que hayan abandonado después al azar el cuidado de arreglar to- do lo que de esto podía resultar para el enfermo. Así es como un insensato entra en el taller de un artista, coje con ambas manos lodas las herramientas que se le pre- sentan a la vista, y se figura que con su auxilio podrá concluir una obra que vé bos- quejada. ¿Quién puede dudar que la echará a perder por su ridiculo modo de traba- jar, y también que acaso la mutilará irreparablemente? 42 82 EXPOSICIÓN rimentar su acción. En fin, cuando se trate de conocer la de las sustancias mas débiles no se pueden elejir para sujetos de la esperiencia mas que per- sonas exentas de enfermedad, (es cierto; pero dotadas ademas de una consti- tución delicada, irritable y sensible. 4 22. En tas esperiencias de esle jénero de donde depende la certeza del arle de curar y la conservación de todas las jeneracíones venideras, solo se emplearán medicamentos que se conozcan bien, y respecto de los que se ten- ga la convicción de que están puros, que no han sido falsificados y que po- seen toda su enerjía. 425. Cada uno de estos medicamentos debe tomarse bajo una forma sim- ple y exenta de lodo artificio. Por lo que toca a las plantas indíjenas se es- prime sujugo, que se mezcla con un poco de alcohol, para impedir que se corrompa. "Respecto a los vejetales exóticos se los pulveriza, o bien se pre- para con ellos una tintura alcohólica, qne se mezcla con cierta cantidad de agua, antes de administrarla. En fin, las sales y las gomas no deben disol- verse en agua hasta el momento mismo que se van a tomar. Si no se puede proporcionar la planta mas que en estado seco, y si tiene esta por su propia naturaleza virtudes poco enérjicas, se la ensaya bajo la forma de infusión, es decir, que después de haberla picado en pedazos mui menudos, se vierta sobre ella agua hirviendo en la que se la deja permanecer durante algún tiempo : la infusión debe beberse inmediatamente después de su preparación, y estando todavía caliente; porque todos los jugos de las plantas, y lodas las infusiones vejetales, a que no se añade alcohol, pasan rápidamente a la fermentación y a la corrupción, y pierden así su virtud medicinal. 4 24. Toda sustancia medicinal que se somete a ensayos de este jénero debe emplearse sola y perfectamente pura. Debemos guardarnos mui bien de asociar a ella ninguna sustancia estraña y de tomar ningún medicamento, ya el mismo día, ya menos todavía en los siguientes, mientras que se quiera observar los efectos que es capaz de producir. 42o. Es preciso que el réjimen sea mui moderado mientras dure la espe- riencia. Hai que abstenerse todo lo posible de especias, y limitarse a alimen- tos simples y que solo sean nutritivos, evitando con cuidado las legumbres verdes (1), las raices, las ensaladas, las sopas de yerbas, alimentos que, a pesar de las preparaciones de cocina qne han sufrido, conservan siempre algo de enerjía medicinal, que turbaría la acción del medicamento. La bebida será la misma que la de que se hace uso diariamente, solo se tratará de que sea todo lo menos estimulante posible (2). 4 26. El que intenta la esperiencia debe evitar, mientras esla dure, en- tregarse a trabajos penosos de cuerpo y espíritu, a excesos y a pasiones de- sordenadas. Es preciso que ningún negocio urjente le impida observarse con cuidado; que por si mismo ponga una atención escrupulosa en todo lo que suceda en su interior, sin que nada le distraiga de ello, en fin, que una a la salud del cuerpo el grado de intelijencia necesario para poder designar y describir claramente las sensaciones queesperimente. 127. Deben ser esperimentados los medicamentos tanto en hombres co- (1) Se puede permitir el uso de los guisantes, de las judías verdes y aun de las zanahorias, por ser legumbres verdes que tienen mui poco o nada de medicinales. (2) La persona que se somete a las esperiencias, debe no estar acostumbrada al uso del vino puro, del aguardiente, del calé o del té, o al menos ha de hacer ya lar- go tiempo que ha abandonado eslas bebidas nocivas, de las cuales las unas son exci- tantes y las oirás medicinales. DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 83 moen mujeres, a fin deponer en evidencia las modificaciones relativas al se- xo que son aptos a producir. 128. Las observaciones mas recientes han demostrado que las sustancias medicinales no manifiestan, ni con mucho, la totalidad de sus fuerzas ocul- tas cuando se las loma en estado grosero, o tales como la naturaleza nos las presenta. No desarrollan completamente sus virtudes sino después de haber sido llevadas a un alto grado de dilución por medio de la trituración y la snc- cncion, modo mui sencillo de manipulación, que desarrolla a un grado in- creíble, y pone en plena acción sus fuerzas oculias hasla entonces, y hasta cierto punto sumidas en el sueño. Está reconocido en el dia que el mejor modo de ensayar aun una sustancia reputada débil, consiste en tomar duran- te muchos dias seguidos, cuatro o seis glóbulos empapados en su trijésima dilución, que se humedecen con un poco de agua y se toman en ayunas. 420. Si esla dosis produce decios mui débiles, se puede, para hacer es- tos mas pronunciados y mas sensibles, aumentar cada dia algunos glóbulos, hasta que el cambióse haga apreciable; porque un medicamento no afecta a todos los sujetos con la misma fuerza, y en este punto reina mucha diversidad. Se vé algunas veces que una persona, que parece delicada, apenas se afecta por un medicamento que se sabe es mui enérjico, y que habia sido administrado a dosis moderada, mientras que lo es de un modo demasiado fuerte por otras sustancias mucho mas débiles. Así mismo hai sujetos mui robustos que es- perimentan síntomas morbosos considerables por parte de ajenies medicina- les suaves en la apariencia, y que por el contrario sienten poco los efectos de otros medicamentos mas fuertes. Pero como jamás se sabe de antemano cual de estos dos casos tendrá lugar, conviene que cada uno empiece por una dosis pequeña, y que después la auinenle de dia en dia sí lo juzga ne- cesario. 450. Si desde el principio, y por primera vez, se ha dado una dosis de- masiado fuerte, resulta de esto una ventaja, y es que la persona qne se so- mete a la esperiencia aprende cual es el orden con que se suceden los sínto- mas, y puede anotar con exactitud el momento en que cada uno aparece, cosa muí importante para el conocimiento del carácter de los medicamen- tos; porque así se manifiesta del modo menos equívoco el orden de los efec- tos primitivos y el de los efectos alternantes. Así también muchas veces basta una pequeña dosis, cuando el sujeto que se somete a la esperiencia está dolado de una gran sensibilidad, y ademas se observa con mucha aten- ción. En cuanto a la duración cíela acción de un medicamento, solo se llega a conocerla comparando entre sí los resultados de muchas esperiencias. 451. Cuando se vé uno precisado, para adquirir solamente algunas no- ciones, a da;-por espacio de muchos dias seguidos dosis progresivamente mayores del medicamento a un mismo sujelo, se aprende mui bien de esle modo a conocer los diversos estados morbosos que esta sustancia puede producir en jeneral; pero no se adquiere ninguna noticia acerca de su suce- sión ; porque la dosis siguiente cura con frecuencia algunos de los síntomas provocados por la precedente, o produce en su lugar un estado opuesto. Los síntomas de esta naturaleza deben ser anotados enire dos paréntesis, como equívocos, hasta que nuevas esperiencias mas puras hayan decidido si se de- be ver en ellos una reacción del organismo, o un efecto alternante del me- dicamento. 152. Mas cuando nos proponemos únicamente la investigación de los síntomas que una sustancia medicinal, sobre lodo débil, puede producir por sí misma, sin atender a la sucesión de estos síntomas y a la duración de ac- 84 exposición cion dd medicamento, es preferible aumentar diariamente la dosis por ps- pacio de muchos dias seguidos. De esta manera se manifestará el efecto del medicamento, todavía desconocido, aun el mas suave, sobre todo si se le en» saya en una persona sensible. 135. Cuando la persona que se somete a la experiencia siente una inco- modidad cualquiera por parle del medicamento, es útil y aun necesario, para la determinación exacta del síntoma, que tome sucesivamente diversas posi- ciones y observe los cambios que de esto se sigan. Así examinará si por los movimientos cumnnicados a la parle que padece, andando en la habitación o al aire libre, manteniéndose de pié, sentada o echada, el simonía aumenta, disminuye o se disipa, y si vuelve o nó, tomando la primera posición, sí cam- bia bebiendo o comiendo, hablando, tosiendo, estornudando o desempeñando cualquiera olra función del cuerpo. Debe observar igualmente a qué hora del ciia o de la noche se manifiesta de preferencia. Todas eslas particularida- des descubren lo que hai de peculiar y característico en cada síntoma. 4 54. Todas las potencias exteriores, y principalmente los medicamentos, tienen la propiedad de producir en el estado del organismo viviente cambios particulares que varían para cada una de ellas. Mas los síntomas propios de nna sustancia medicinal cualquiera no se manifiestan todos en la misma perso- na, ni simultáneamente, ni en el curso de una misma experiencia; por el con- trarío, se vé a una misma persona sentir de preferencia ya este, ya aquel, en una segur-.da o tercei a experiencia, de manera, con todo eso, que en la cuar- ta, octava décima, etc., personas se verán quizá reaparecer muchos de los síntomas que se han manifestado ya en la segunda, sesla, novena, ele. Tam- poco los síntomas vuelven a presentarse a las mismas horas. 4 55. Únicamente por medio de observaciones multiplicadas en un gran número de sujetos de ambos sexos convenientemente elejidos y tomados de todas las constituciones, es como se llega a conocer de un modo casi com- pleto el conjunto de todos los elementos morbosos que un medicamento tie- ne la facultad de producir. Solo se tiene la certeza de estar al corriente de los síntomas que un ajenie medicinal puede ocasionar, es decir, de las facul- tades puras que posee para modificar y alterar la salud del hombre, cuando las personas que le ensayan por segunda vez advierten mui pocos accidentes nuevos, y solamente observan casi siempre los mismos que habían sido ob- servados por otras antes que ellos. 456. Aunque, como acaba de decirse, un medicamento sometido a la es- perimentacion en el hombre sano no pueda manifestar en un solo sujeto to- das Jas alteraciones de salud que es capaz de producir, y no las ponga en evidencia mas que en cierto número de sujetos diferentes los unos de los otros, respecto a la constitución física y a las disposiciones morales; sin em- bargo, tampoco es menos cierto que una lei eterna e inmutable de la natu- raleza le ha dispensado la tendencia a excitar dichos síntomas en todos los hombres (V. 410). De aquí procede el que determine todos sus efectos, aun los que se le ven producir rara vez en las personas sanas, cuando se le ad- ministra a un enfermo atacado de males semejantes a los que nacen de él. Administrado entonces, aun a dosis las mas débiles, promueve en el en- fermo, sí ha sido elejido homeopáticamente, un estado artificial parecido a la enfermedad natural que la cura de un modo rápido y duradero. • 4 57. Cuanto mas moderada sea la dosis del medicamento que se quiere ensayar, sin pasar con todo eso mas allá de ciertos límites, tanto mas pronun- ciados serán también los efectos primitivos, que son los que importa conocer sobre lodo; no se verán mas que eslos, ni habrá ninguna señal de reacción. DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA/ 85 Suponemos desde luego que la persona a quien está confiada la experiencia ama la verdad, que es moderada bajo todos conceptos, que tiene una sensi- bilidad bien desarrollada, y que se observa con toda la atención de que es ca- paz. Al contrario, sí la dosis es excesiva, no solamente se manifestarán mu- chas reacciones entre los síntomas, sino que también los efectos primitivos se presentarán de un modo tan precipitado, tan violento y confuso, que será imposible hacer ninguna observación precisa. Añadamos también el peligro que de ello puede resultar al esperimentador, peligro que no es dado mirar con indiferencia al que respeta a sus semejantes, y vé uu hermano hasla en el último hombre del pueblo. 4 58. Suponiendo que todas las condiciones asignadas precedentemente auna esperimentacion pura para que sea válida (V. 424-427) hayan sido cumplidas, las incomodidades, los accidentes y las alteraciones de la salud que se manifiestan, mientras que dura la acción de un medicamento, depen- den de esta sola sustancia, y deben anotarse como pertenecientes esclusiva- menie a ella, aunque el sujeto hubiese mucho antes esperimentado espontá- neamente síntomas semejantes. La reaparición de estos sintonías en el curso de la experiencia prueba solamente que en virlud de su propia constitución, esle sujeto tiene una predisposición especial a que se manifiesten en él. En el caso presente son efectos del medicamento ; porque no se puede admitir que hayan venido por sí mismos en una ocasión en que un poderoso ájente medicinal domina toda la economía. 450 Cuando el médico j\o ha experimentado el remedio en sí mismo, y le ha hecho ensayar por otra persona, es preciso que esta escriba las sen- saciones, incomodidades, accidentes y cambios que experimente en el ins- tante mismo que las sienta. Es preciso que indique también el tiempo trans- currido desde que tomó el medicamento hasta la manifestación de cada sín- toma, y que haga conocer la duración de esle, si se prolonga mucho. El mé- dico lee esla relación en presencia del que ha hecho la experiencia, inme- diatamente después de concluida; o si dura muchos dias, hace la lectura ca- da dia, a fin de que el experimentador, conservando todavía fresca la me- moria, pueda responder a las preguntas que juzgue conveniente dirijirle re- lativam'euie ala naturaleza precisa de cada sintonía, y ponerle en el estado ya de añadir los nuevos detalles, que recoje, ya de hacer las rectificaciones y modificaciones necesarias [I]. 4 íü. Si la persona no sabe escribir, será necesario qne el médico la pre- gunte cada dia, para saber de ella todo cuanto ha experimentado. Pero este examen debe limitarse en gran parle a escuchar la narración que haga ella misma. Se guardará el médico cuidadosamente de querer adivinar o conje- turar alguna cosa : preguntará lo menos posible, o si lo hace, deberá ser con la misma prudencia y la misma reserva que he recomendado anterior- mente (V. 84-00) como precauciones indispensables, cuando se toman las informaciones de que se necesita para formar el cuadro de las enfermedades naturales. 141. Mas de todas las experiencias puras relativas a los cambios que los medicamentos simples producen en la salud del hombre, y a los síntomas morbosos cuya manifestación pueden promover en las personas sanas, las me- (1) El que comunica al público el resultado de semejantes experiencias, es tes- ponsahle del carácter (le la persona que se ha sometido a ellas y de las aserciones que cmilc refiriéndose a esta misma persona, lisia responsabilidad es de derecho, puesto que se trata del bienestar de la humanidad dolióme, 86 EXPOSICIÓN jores serán siempre las que un médico dotado de buena salud, exento de preo- cupaciones y capaz de analizar sus sensaciones, haga en sí mismo con las precauciones que acaban de prescribirse. Nunca se está mas cierto de una cosa que cuando la ha experimentado uno por sí mismo(I). 442. Por lo que hace a saber el modo de conducirse en las enfermeda- des, sobre lodo las crónicas, que casi todas permanecen semejantes a sí mis- mas, para descubrir entre los síntomas de la afección prímiiiva algunos de los que pertenecen al medicamento simple aplicado a la curación (2), es un objeto de investigaciones, que exije una grande capacidad de juicio, y que es preciso confiar a los maestros el en arte de observar. 445. Cuando, después de haber esperimemado de este modo un gran nú- mero de medicamentos simples en el hombre sano se hayan anotado cuida- dosa y fielmente todos los elementos de enfermedad, todos los síntomas que pueden producir por sí mismos, como potencias morbíficas artificiales, en- tonces solamente se tendrá una verdadera Materia médica, es decir, un cua- dro de los efectos puros e infalibles (5) de las sustancias medicinales simples. Así se poseerá uu código de la naturaleza en el que estarán escritos un nú- mero considerable de síntomas propíos a cada uno de los ajenies que se ha- yan sometido a la esperimentacion. Estos síntomas, pues, son los elementos de las enfermedades artificiales con cuyo auxilio se curarán algún dia muchas enfermedades naturales semejantes. Esios son los únicos verdaderos instru- mentos homeopáticos, es decir, específicos, capaces de producir curaciones ciertas y duraderas. , (1) Las experiencias hechas en uno mismo tienen también una ventaja que es im- posible obtener de otro modo. En primer lugar proporcionan la convicción de esta grande verdad; que la virlud curativa de los remedios se funda únicamente en la facultad que lienen de producir cambios en el estado físico y moral del hombre. En segundo lugar enseñan a comprender sus propias sensaciones, sus pensamientos, su moral, orijen de toda verdadera sabiduría, y hacen adquirir el talento de la observa- ción, sin el que no puede pasarse el médico. Las observaciones hechas en otros no tienen el mismo atractivo, que las que uno hace en sí mismo. El que observa a los demás siempre debe temer que no esperimenle exactamente lo que dicen, o que no espliquen de un modo conveniente lo que sienten. Jamás hai una seguridad de no ha- ber sido engañado al menos en parle. Este obstáculo para el conocimiento de la ver- dad, que jamás puede evitarse enteramente, cuando se observan los síntomas morbo- sos escitados en olro por la acción de los medicamentos, no existe en los ensayos que hace uno en si mismo. El que se somete a la experiencia sabe con exactitud lo que siente, y cada nuevo ensayo, que hace en su propia persona, es para él un molivo de dar mas estension a sus investigaciones, haciéndolas con otros medicamentos. Se- guro, como lo está, de no engañarse, se hace por lo mismo mucho mas hábil en el arle tan importante de observar, y redobla al mismo tiempo su celo, porque esle le enseña a conocer el verdadero valor de los recursos del arte cuya escasez es todavía tan grande. No se crea tampoco que las pequeñas incomodidades que se contraen en- sayando los medicamentos son perjudiciales a la salud. Al contrario, la experiencia prueba que hacen al organismo mas apio para rechazar todas las causas morbosas, naturales o artificiales, y le endurecen contra la influencia. La salud se hace mas só- lida, y el cuerpo mas robusto. (2J Los síntomas, que en el curso de loda la enfermedad, solóse han hecho notar mucho tiempo antes, o que ni aun han sido observados jamás, y por consiguiente son nuevos y pertenecen al remedio. (3) En eslos últimos tiempos se ha confiado el cuidado de esperimentar los me- dicamentos a personas desconocidas y distantes que se hacían pagar retribución por este cargo, y cuyas observaciones se publicaban después. Pero este método parece que priva de garantía moral, de certeza y de lodo valor real a este importante traba- jo, sobre el que deben fundarse las bases de la .única medicina verdadera. DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 87 144. Esclúyasc severamente de esta Materia médica todo lo quesea con- jetura, aserción gratuita o ficción. En ella solo debe hallarse el lenguaje pu- ro de la naturaleza interrogada con cuidado y buena fé. 445. Se necesitaría seguramente un número mui considerable de medi- camentos, cuya acción pura sobre los sujetos sanos fuese bien conocida, pa- ra que nos hallásemos en estado de encomiar un remedio homeopático con- tra cada una délas innumerables enfermedades naturales que afiijeu al hom- bre, es decir, una potencia morbífica artificial que fuese análoga a cada una de ellas (I). Sin embargo, gracias a la multitud de elementos morbíficos que cada uno de los medicamentos enérjicos que se han ensayado basta el dia eu el hombre sano han dejado ya observar, solo quedan en el dia un pequeño número de enfermedades contra las que no se pueda encontrar entre estas sustancias, un remedio homeopáüco razonable (2), que restablezca la salud de una manera suave, segura y duradera, es decir, con una seguridad infini- tamente mayor que la que se tendría recurriendo a las terapéuticas jenerales y especiales de la medicina alopática, cuyas mezclas de medicamentos des- conocidos no hacen mas que desnaturalizar y agravar las enfermedades cró- nicas, y retardan mas bien que aceleran la curación de las enfermedades agudas. 4 iü. El tercer punto del deber de un verdadero médico es emplear las potencias morbíficas artificiales (medicamentos), cuyos efectos puros ha com- probado en el hombre sano, del modo mas conveniente para efectuar la cu- ración homeopática de las enfermedades naturales. 4 47. Aquel, de entre estos medicamentos, cuyos síntomas conocidos tie- nen la mayor semejanza con la totalidad de los que caracterizan una enfer- medad natural dada, debe ser el medicamento mas apropiado, el mas cier- tamente homeopático que se puede emplear contra esta enfermedad, es su remedio específico. 4 48. Un medicamento que posee la tendencia y la aptitud a producir una enfermedad artificial semejante en lo posible a la enfermedad natural contra la que se emplea, y que se administre a justa dosis, afecta precisa- mente, en su acción dinámica sóbrela fuerza vital morbosamente desarmo■ nizada, las partes del organismo que hasta entonces habían eslado sujetas a la enfermedad natural, y excita en ellas la enfermedad artificial que puede producir por su naturaleza. Pues esla, en razón de su semejanza y prepon- derancia, se sustituye a la enfermedad natural. De aquí se sigue que, desde el momento en que la.fuerza vital no sufre de esta última, solo está afectada de la otra. Mas habiendo sido muí débil la dosis del remedio, la enfermedad medicinal desaparece mui pronto por sí misma. Vencida como loes toda afección medicinal moderada por la enerjía desarrollada de la fuerza v'ual, deja al cuerpo libre de todo padecimiento, es decir, en un estado de salud perfecta y duradera. 140. Cuando ha sido bien hecha la aplicación del medicamento elejido de (1) En un principio fui yo solo para estudiar los efectos puros de los medica- mentos, que era la principal y mas importante de mis ocupaciones. Después me han ayudado en esle trabajo algunos médicos jóvenes, cuyas observaciones he examinado escrupulosamente. Pero ¡qué no se conseguirá hacer en materia de curaciones, en el inmenso dominio de las enfermedades, cuando numerosos observadores, de cuya exac- titud podamos eslar seguros, hayan contribuido con investigaciones hechas en sí mis- mos a enriquecer esta materia médica la única verdadera que puede haber ! El arle de curar se aproximará entonces a las ciencias matemáticas en cuanto a su certeza, (2/ Véase anlcriormcnlc 10(.> la ñola. 88 EXPOSICIÓN modo que sea perfectamente homeopático fl), la enfermedad natural aguda que se trata de combatir, por maligna y dolorosa que pueda ser, se disipa en pocas horas, siles reciente, y en un pequeño número de dias, si es un poco mas antigua. Toda señal de mal desaparece; "no se vé ninguno o casi ningún vestijio de enfermedad artificial o medicinal, y se restablece la salud por una transición rápida e insensible. Por lo que toca a los males crónicos y princi- palmente a los que están complicados, exijen mas tiempo para curarse. Las enfermedades medicinales crónicas que la medicina alopática produce con tanta frecuencia al lado de la enfermedad natural que no ha podido destruir exijen sobre todo un tiempo muí largo, y aun frecuentemente son incura- bles a causa de las sustracciones de fuerza y de jugos vitales que son el re- sultado de los medios de tratamiento que gustan emplear los partidarios de esta medicina. 450. Si alguno se queja de uno o dos síntomas poco pronunciados, que hace poco tiempo ha notado, el médico no debe ver en esto una enfermedad perfecta que reclame seriamente los auxilios del arte. Una pequeña modifica- ción en el réjimen y en el jénero de vida basta ordinariamente para disipar tan lijeras indisposiciones. 151. Mas cuando los síntomas poco numerosos de que se queja el enfer- mo lienen mucha violencia, el médico observador descubre ordinariamente muchos mas que no se hallan tan bien marcados, y que le dan una imájen completa de la enfermedad. 4 52. Cuanto mas intensa es la enfermedad aguda, tanto mas numerosos y pronunciados son ordinariamente los síntomas que la componen, y es mas fácil también encontrar un remedio que le convenga con tal que los medica- mentos conocidos en su acción positiva, y entre los que debe elejirse, sean bastante numerosos. Entre las series de síntomas de un gran número de me- dicamentos no es difícil encontrar uno que contenga elementos morbosos de los que se pueda componer un conjunto de síntomas muí análogo a la tota* (1) A pesar de las numerosas obras destinadas a disminuir las dificultades de esta investigación, a veces mui trabajosa, del remedio mas apropiado homeopáticamente bajo todos conceptos a cada caso especial de enfermedad, exije todavía que se estudie en los mismos manantiales, que se proceda con la mayor circunspección, y que nada se resuelva, sin haber pesado seriamente una multitud de circunstancias diversas. La mas hermosa recompensa del que se entrega a este estudio, es la tranquilidad de una conciencia segura de haber desempeñado fielmente sus'deberes. :Cómo un Ira- bajo tan minucioso, tan penoso y sin embargo, el único apto para poner en estado de curar con seguridad las enfermedades, podría agradar a los partidarios de la nue- va secta bastarda que. no adoptando mas que las formas exteriores de la homeopa- tía, prescriben los medicamentos, por decirlo así, sin reflexión (Quidquid in buccam venil), y que, cuando el remedio mal elejido no alivia inmediatamente, se alienen no a su imperdonable incuria, sino a la misma doctrina que acusan de imperfecta? Estas hábiles jenles se consuelan mui pronto con el mal éxílo de los medios apenas medio-homeopáticos que emplean, recurriendo en seguida a los procederes de- la alo- patía, que les son mas familiares, como algunas docenas de sanguijuelas, las inocen- tes sangrías de ocho onzas, ele. Si el enfermo sobrevive, esclaman que no hubieran podido salvarle con ningún olro método, dando claramente a entender que estos me- dios tomados, sin molestarse mucho la cabeza, de la rutina de la anticua escuela han lenído en el fondo todo el honor de la curación. Si sucumbe consuela°n con ellos me- jor a sus allegados, luciéndoles que se ha hecho cuanto humanamente era posible ha- cer para salvarle. ¿Quién querrá honrar a eslos hombres inconsiderados y peligrosos con admitirlos entre los adeptos del arle penoso pero saludable a que se dá el nom- bre de medicina homeopática? DE LA DOCTUIXA HOMEOPÁTICA. 89 lidad de los déla enfermedad natural que se líenea la vista. Pues este medí* camento es justamente el remedio que se desea. 133. Cuando se busca un remedio homeopático específico, es decir, cuan- do se compara el conjunto de los signos de la enfermedad natural con las series de síntomas de los medicamentos bien conocidos, para hallar entre estos últimos una potencia morbífica artificial semejante al mal natural cuya curación está en problema, es necesario sobre todo y casi esclusivamente, atenerse a los síntomas predominantes, singulares, estraordinarios y carac- terísticos (I) porque a estos es principalmente a los que debeií corresponder los síntomas semejantes en la serie de los que nacen del medicamento que se busca, para que este último sea el remedio, con cuyo auxilio convenga mas emprender la curación. Por el contrario, los síntomas jenerales y vagos, co- mo la falta de apetito, el dolor de cabeza, la languidez, el sueño ajilado, el malestar jeneral, etc., merecen poca atención, porque casi todas las enfer- medades y casi lodos los medicamentos producen estos efectos y Otros bas- tante análogos. 154. Cuanto mas efectos semejantes contenga la contra-imájen formada con la serie de síntomas del medicamento, que parece merecer la preferen- cia, y cuanto mas parecidos sean eslos a los síntomas estraordinarios, pro- nunciados y característicos de la enfermedad natural, tanto mayor será de una y otra parte la semejanza, y con tanta mas razón será el medicamento conveniente, homeopático y específico en esta circunstancia. Una enferme- dad que no cuenta mui larga fecha, cede ordinariamente sin graves incomo- didades a la primera dosis de esle remedio. 4 55. Digo sin graves incomodidades, porque, cuando un remedio perfec- tamente homeopático obra sobre el cuerpo, solo son eficaces los síntomas correspondientes a los de la enfermedad que trabajan en extinguir eslos úl- timos ocupando su lugar. Los demás síntomas, con frecuencia numerosos, que la sustancia medicinal produce y que en nada corresponden a la enfer- medad presente apenas se manifiestan, y el enfermo se mejora por instan- tes. La razón de esto es que la dosis de un medicamento de que quiere ha- cerse una aplicación homeopática, necesitando ser mui pequeña, se encuen- tra dicha sustancia mucho mas débil para manifestar aquellos síntomas, que no son homeopáticos, en las partes del cuerpo exentas de enfermedad. No de- ja, pues, obrar mas que a sus síntomas homeopáticos sobre los puntos del organismo que están ya atacados de la irritación que resulta de los síntomas análogos de la enfermedad natural, a fin de excitar a la fuerza vital a produ- cir una afección medicinal análoga, pero mas fuerte,, que extinga la enferme- dad natural. 156. Sin embargo, casi no existe remedio homeopático, por bien elejido que haya sido, que, sobre todo a dosis poco atenuadas, no produzca al me- nos, durante su acción primitiva, incomodidades lijeras, o algún pequeño sín- toma nuevo, en enfermos muí irritables y sensibles. Es casi imposible, en efecto, que los síntomas del medicamento cubran tan perfectamente a los de la enfermedad, como un triángulo puede hacerlo respecto a otro que tenga ángulos y lados ¡guales a los suyos. Pero esta anomalía, insignificante en un caso favorable, es obscurecida sin trabajo por la enerjía propia del organis- mo viviente, sin que ni aun lo note el enfermo, a menos que no sea de una sensibilidad excesiva. El restablecimiento de la salud no deja de progresar (I) M. de Bcenninghauscn ha hecho un gran servicio a la homeopatía con su Ex« posición de los sínlomas que caracterizan a los medicamentos anlipsóricos, 43 90 EXPOSICIÓN por esto, si no lo impiden influencias medicinales estrañas, como errores de réjimen o pasiones. 157. Pero, aunque sea cierto que un remedio homeopático administrado a corta dosis extingue suavemente la enfermedad aguda que le es análoga, sin manifestar otros de sus síntomas no homeopáticos, es decir, sin exitar nuevas y graves incomodidades; sin embargo, se observa casi siempre que produce poco después de haberle tomado el enfermo, al cabo de una o mu- chas horas, según la dosis, una especie de pequeña agravación tan parecida a la afección primordial, que el mismo enfermo la toma por un aumento de su propia enfermedad. Pero en realidad solo es una enfermedad medicinal mui análoga al mal primitivo, y que le excede un poco en intensidad. 138. Esta pequeña agravación homeopática del mal durante las primeras horas, presajio feliz que las mas veces anuncia que la enfermedad aguda ce- derá a la primera dosis, nada ofrece que no sea regular; porque la enferme- dad medicinal debe naturalmente ser un poco mas fuerte que el mal a cuya extinción se la deslina, si se quiere que le venza y le cure, del mismo modo que una enfermedad natural no puede destruir y hacer cesar otra que se le asemeja, sino cuando tiene mas fuerza y mas intensidad que ella (V. 45-48). 150. Cuanto mas débil es la dosis,del remedio homeopático, tanto mas lijero y de corta duración es también el aumento apárenle de la enfermedad-. en las primeras horas. 400. Sin embargo como es casi imposible atenuar bástantela dosis de un remedio homeopático para que este no sea susceptible de aliviar, de exceder y curar las enfermedad que le es análoga (véase la nota de 240), se concibe fácilmente que toda dosis de este medicamento, que no es la mas pequeña posible, puede todavía ocasionar una agravación homeopática durante la pri- mera hora que transcurre después que el enfermo la ha tomado (1). 161. Si refiero a la primera o a las primeras horas la agravación homeo- pática, o mas bien la acción primitiva del medicamento homeopático, que paiece (pie acrecienta un poco los síntomas de la enfermedad natural, esle plazo se aplica solo a las afecciones agudas recientes (2). Mas cuando medica- (I) Esta preponderancia de los síntomas medicinales sobre los morbosos natura- les, que simub\una exasperación de la enfermedad, ha sido notada también por otros médicos cuando la casualidad ponía en sns manos un remedio homeopático. Cuando el sarnoso después de haber tomado azufre se queja de que se le aumenta la erupción, el médico que no conoce la causa de eslo, le consuela diciéndole que es preciso que salga al exterior toda la sarna para poderla curar, pero ignora que es un e canlema provocado por el azufre, que toma la apariencia de una exasperación de la sarna. Leroy asegura que el pensamiento (Viola tricolor) empezó por empeorar una erupción de la cara, cuya curación produjo después; pero no sabia que este aumento aparente del mal provenia únicamente de que se habia administrado a mui fuerte dosis el medicamento que en esle caso era homeopático. Lysons(i¥«¿. trans., voi. Ií, Londres, 1772) dice que las enfermedades de la piel que ceden con mas seguridad a la corteza del olmo, son las que esla sustancia hace aumentar al principio. Si él no hubiera administrado, según la costumbre de la medicina alopática, la corteza del olmo a dosis enormes, sino que como exijia su carácter homeopático, la hubiera he- cho tomar a dosis mui pequeñas, los exantemas contra que la prescribía se hubieran curado sin experimentar este aumenlo de intensidad, o al menos hubiera sido mui poco pronunciado. (-) Aunque el efecto de los medicamentos que están dotados por sí mismos de la Eccion mas prolongada, se disipa rápidamente las enfermedades agudas, dura largo tiempo en las crónicas (que preceden de la psora), i de aqui proviene que los medicamentos anlipsóricos no producen muchas vece esta exasperación homeopática en las primeras horas; pero la determinan mas tarde i a horas diferentes de los echo o diez primeros dias, DE LA DOCTftWX HOMEOPÁTICA. 01 mentos cuya acción se prolonga mucho tienen que combnlir un mal antiguo y mui antiguo, que por consiguiente una dosis debe continuar obrando durante muchos dias seguidos, entonces se ven pronunciarse de cuando en cuando durante los seis, ocho o diez primeros dias algunos de los efectos primitivos de estos medicamentos, algunas de estas exasperaciones aparentes de los sín- tomas del mal primordial que duran una o muchas horas, mientras que el alivio jeAeral se pronuncia de una manera sensible en los intervalos. Una vez transcurrido este pequeño número de dias, el alivio producido por los efec- tos primitivos del medicamento continua todavía durante muchos dias casi sin qne nada le turbe. 462. Siendo todavía mui limitado el número de medicamentos cuya ac- ción verdadera y pura sobre el organismo se conoce exactamente, sucede algunas veces que solo se encuentran en la serie de síntomas dd medicamen- to mas homeopático una porción de los síntomas de la enfermedad que hai que curar, y que por consiguiente se vé uno obligado a emplear esla imper- fecta potencia morbífica artificial a falta de otra que lo sea menos. 4(35,. En este caso no debe esperarse del remedio de que se ha hecho uso, una curación completa y exenta de inconvenientes. Se ven sobrevenir du- rante su uso algunos accidentes que no se notaban ánies en la enfermedad, y que son síntomas accesorios dependientes de un medicamento imperfecta- mente apropiado. Este inconveniente no impide, es verdad, que el remedio extinga una gran parte del mal, es decir, los síntomas morbosos semejantes a los medicinales, y que de aquí resulte un principio de curación bien pro- nunciado; pero tampoco deja de observarse la provocación de algunos males accesorios, que lienen la ventaja de ser siempre mui moderados cuando se ha cuidado de atenuar suficientemente la dosis. 464. El pequeño número de síntomas homeopáticos que se encuentra en- tre los del medicamento al que hace recurrir la falta de olro mas apropiado, jamás perjudica a la curación, cuando se compone en gran parte de los sín- tomas extraordinarios que distinguen y caracterizan la enfermedad; no deja de seguirse la curación sin graves incomodidades. , 465. Mas cuando entre los síntomas del medicamento elejido, no se en- cuentra ninguno que se asemeje.perfectamente a los síntomas mas marcados y característicos de la enfermedad; cuando el medicamento no corresponde a eata última mas que respecto a los accidentes vagos e indeterminados (des- fallecimiento, languidez, dolor de cabeza, etc.); y cuando entre los medica- mentos conocidos no se puede elejir olro mas homeopático, no debe el mé- dico prometerse un resultado veutajoso inmediato de la administración de un remedio tan imperfecto. 466. Sin embargo esle caso es mui raro, porque el número de medica- mentos cuyos efectos puros se conocen ha aumentado mucho en estos últi- mos tiempos, y cuando se presentan los inconvenientes que de él dimanan disminuyen luego que se puede emplear en seguida un remedio cuyos sínto- mas se asemejen mas a los de la enfermedad. 4 67. En efecto, si el uso del remedio imperfectamente homeopático, que se emplea al principio, acarrea males accesorios de alguna gravedad, no se aguarda en las enfermedades agudas a que la primera dosis haya concluido completamente su acción; antes que esto suceda, se examina de nuevo el estado modificado del enfermo y se añade lo que queda de los síntomas pri- mitivos a los síntomas recientemente aparecidos para formar de lodo una nueva imájen de enfermedad. 468. Entonces se encuentra mas fácilmente entre los medicamentos co- 02 EXPOSICIÓN nocidos un remedio análogo, del que bastará hacer uso una sola vez, fino para destruir enteramente la enfermedad, al menos para hacer la curación mucho mas fácil. Si este nuevo medicamento no basta para restablecer com- pletamente la salud, se vuelve a examinar loque queda del estado morboso, y se dije en seguida el remedio homeopático mas apropiado a la ¡majen que se obtenga. De este modo se continúa hasta haber llegado a nuestro fin, es decir, hasta volver al enfermo el pleno goce de la salud. 460, Puede suceder que examinando por primera vez una enfermedad, y elijiendo también por primera vez el remedio, se encuentre que la totalidad de los síntomas no esté suficientemente cubierta por los elementos morbífi- cos de un solo medicamento, lo que depende del pequeño número de estos cuya acción pura es bien conocida; y que dos remedios rivalicen en conve- niencia, siendo el uno homeopático para lal parte de los síntomas de la en- fermedad, y siéndolo el segundo mas para tal olra. Sin embargo no es ad- misible emplear aquel de estos dos remedios que se juzgue mas convenien- te, y dar inmediatamente después el otro; porque habiendo variado las cir- cunstancias, esle último no convendría ya al resto de los síntomas todavía subsistentes, y porque en semejante caso se necesitaría examinar de nuevo el estado de la enfermedad, para juzgar, segnn la imájen que de ella se for- mase, cual seria el remedio que homeopáticamente convendría mejor enton- ces a su nuevo estado. 4 70. En este caso, como siempre que se ha verificado algún cambio en el estado de la enfermedad, es necesario examinar lo que queda todavía ac- tualmente de los síntomas, y elejir un remedio tan conveniente como sea po- sible al nuevo estado présenle del mal, sin atender en lo mas mínimo al me- dicamento que en el principio había parecido ser el mejor, después del que se ha empleado. Pocas veces sucederá que el segundo de los dos remedios que al principio se habían juzgado convenientes, lo sea todavía en este mo- mento. Mas si después de un nuevo examen del estado del enfermo se en- contrase que entonces todavía convenía, este seria un motivo mas para darle la preferencia. 471. En las enfermedades crónicas no venéreas, las que por consiguien-? te proceden de la psora, se necesita frecuentemente para curar, emplear uno después de otro muchos remedios, cada uno de los cuales ya se dé solo una dosis de él, ya se le repita muchas veces consecutivas, debe ser elejido homeopático al grupo de síntomas que aun subsista, después que el prece- dente ha agotado su acción. 4 72. Semejante dificultad nace del demasiado corto número de síntomas de la enfermedad, circunstancia que merece igualmente fijar la atención, pues que en llegando a separarla se vencen casi todas las dificultades, que ademas de la penuria de los remedios homeopáticos conocidos pueda pre- sentar el mas perfecto de todos los métodos curativos. 4 75. Las únicas enfermedades que parece qne tienen pocos síntomas, y que por lo mismo se prestan con mas dificultad a la curación, son las que se podrían llamar parciales, porque no tienen mas que uno o dos síntomas principales y predominantes que encubren a casi todos los demás. La mayor parle de eslas enfermedades son crónicas. 474. Su síntoma principal puede ser o un mal interno, por ejemplo, una cefalaljía de muchos años de fecha, una diarrea inveterada, una antigua car- dialjía, etc., o una lesión esterna, Estas últimas afecciones son las que con. mas particularidad se llaman enfermedades locales. 4 75. Por lo que respecta a las enfermedades parciales de la primera es/i DE LA D0CTH1NA HOMEOPÁTICA. 95 prcie, la falta de atención de parte del médico es con frecuencia la única causa que le impide ver los demás síntomas con cuyo auxilio podría com- pletar el cuadro de la enfermedad. 476. Hai, sin embargo, algunas enfermedades, en corto número, que a pesar de todo el cuidado con que se las examine en el principio (V. 84 08) solo muestran uno o dos síntomas fuertes y violentos, y lodos los domas no existen sino en un grado poco pronunciado. 477. Para tratar con buen éxito este caso, que por otra parte se presen- ta rara vez, se empieza por elejir, según la indicación de los síntomas poco numerosos que se observan, el medicamento que parece ser el mas homeo- pático. 4 78. Podrá mni bien suceder que esle remedio, elejido según todas las exijeucías de la lei homeopática, ofrezca la enfermedad artificial que su ana- lojía con la enfermedad natural hace apropiada para verificar la destrucción de esta última; y esto será tanto mas posible, cuanto mas notables, mas pronunciados y mas característicos sean los síntomas del nial natural. 4 70. Pero lo que mas frecuentemente sucede es que solo convenga en parte a la enfermedad, y que no se adapte a ella de un modo exacto, por no haberse podido hacer la elección, fundada en un número suficiente de sín- tomas. 480. Así, el medicamento, obrando entonces sobre una enfermedad a la que no corresponde mas que en parte, producirá males accesorios, como en el caso (V. 462 y siguientes) en que la elección ha sido imperfecta por la penuria de remedios homeopáticos. Dará, pues, orijen a muchos accidentes pertenecientes a la serie de sus propios síntomas. Mas eslos accidentes son igualmente síntomas propios a la enfermedad misma, los cuales no habia no« lado el enfermo hasta aquel momento, o no los habia esperímentado mas que rara vez, y que no hacen entonces mas que desarrollarse en un grado superior. Se manifestarán o se exasperarán accidentes que poco ánles no percibía el enfermo, o que solo los semia de un modo muí vago. 481. Se objetará quizá que los males accesorios y los nuevos síntomas de enfermedad que entonces aparecen, deben atribuirse al remedio que acaba de iser administrado. Tales su orijen en efecto [1]. Sin duda provienen de esle remedio (V. 105). Pero no son menos por eso síntomas que la enfermedad era apta por sí misma a producir en el sujeto, y el medicamento, en su ca- lidad de provocador de accidentes semejantes, los ha hecho solamente ma« nifeslarse, los ha obligado a aparecer; en una palabra, la totalidad de los síntomas que entonces se manifiestan, debe considerarse como pertenecien- te a la enfermedad misma, como constituyendo su verdadero estado actual, y bajo este punto de vista se la debe considerar también al tratarla. 482. Así es como la elección de los medicamentos casi inevitablemente imperfecta a causa del demasiado corto número de síntomas presentes, hace sin embargo el servicio de completar el conjunto de los simonías de la en- fermedad, y facilita de este modo la investigación de un segundo medio mas homeopático. 485. A menos, pues, que la violencia de los accidentes nuevamente de- sarrollados exija prontos socorros, lo que debe ser muí raro a causa de la exigüidad de la dosis homeopática, y lo es sobre todo eu las enfermedades mui crónicas, es necesario, cuando el primer medicamento no produce ya (O A menos que no sean debidos a un gran exceso en el réjimen, a una pasión violenta o a un movimiento tumultuoso en el organismo, como el establecimiento q cesación de |as reglas, la concepción, el parto, etc 04 EXPOSICIÓN nada ventajoso, trazar un nuevo cuadro de la enfermedad, con arreglo al cual se dije un segundo remedio homeopático, que sea exactamente confor- me a su estado actual. Esta elección será tanto mas fácil, cuanto mas nume- roso y mas completo se haya hecho el grupo de síntomas (l). 181. Se continua del mismo modo, después del efecto completo de cada dosis, anotando el estado en que queda la enfermedad, señalando los sínto- mas todavía subsistentes; la imájen que de aquí resulla sirve para encontrar un nuevo remedio tan homeopático como sea posible. Esta es la marcha que es preciso seguir hasta la curación. 485. Entre las enfermedades parciales, las que se llaman locales ocupan un lugar importante. Se entienden por estas últimas los cambios y padeci- mientos que sobrevienen en las partes exteriores del cuerpo. La escuela ha enseñado hasta el dia que en semejante caso solo estaban afectadas las par- tes exteriores, y que el resto del cuerpo no tenia parte en la enfermedad ; proposición absurda en teoría y que ha conducido a aplicaciones terapéuti- cas las mas perniciosas. 486. Délas enfermedades llamadas locales, aquellas cuyo orijen es re- ciente y que proceden únicamente de una causa exterior, parecen ser las úni- cas que tienen realmente derecho a este nombre. Mas entonces es preciso que la lesión sea mui poco grave, porque, cuando tiene alguna importancia, el organismo viviente se resiente todo entero, se declara la fiebre, ele. A la cirujh es a la que pertenece tratar eslos males, mientras que se necesita dis- pensar socorros mecánicos a las parles dolientes, para alejar y extinguir los obstáculos igualmente mecánicos, que se oponen a la curación, la que solo debe esperarse de la fuerza vital: en esta categoría se colocan, por ejemplo, las reducciones, la reunión de las heridas, la estraccion de los cuerpos es- Iraños que han penetrado en las partes vivientes, la abertura de las cavida- des esplánicas, ya s«i para estraer un cuerpo que molesta a la economía, ya para dar salida a derrames o colecciones de líquidos, la coactacíon de las estremidades de un hueso fracturado, la consolidación de una fractura por medio de un vendaje apropiado, etc. Mas cuando a consecuencia de seme- jantes lesiones el organismo entero reclama auxilios dinámicos activos para poder desempeñar el trabajo de la curación, cuando por ejemplo se necesi- ta recurrir a medicamentos internos para hacer cesar una fiebre violenta procedente de una grande contusión, de una disiaceracion de las partes blandas, carnes, tendones y vasos; cuando es preciso combatir el dolor cau- sado por una quemadura o por una cauterización, entonces empiezan las funciones del médico dinamista, y se hacen necesarios los auxilios de la ho- meopatía. 4 87. Pero es mui diverso lo que sucede respecto a los males, cambios y padecimientos que sobrevienen en la superfieeie del cuerpo, sin ser causa- dos por una violencia exterior o al menos a consecuencia de una lesión ex- terior casi insignificante. Estas enfermedades tienen su orijen en una afec- ción interna. Es, pues, tan absurdo como peligroso el tomarlas por sínto- mas puramente locales, y tratarlas esclusivamenteo con corla diferencia por (I) Un caso mui raro en las enfermedades crónicas, pero que se encuentra con bastante frecuencia en las agudas, es aquel en que, a pesar de la pequenez de los síntomas, se siente no obstante el enfermo mui mal, de manera que puede atribuirse este oslado al entorpecimiento de la sensibilidad, que no permite al sujeto percibir distintamente los dolores y las incomodidades. En semejante caso el opio hace cesar este eslado de estupor del sislema nervioso, y los síntomas de la enfermedad se mai «ilieslan claramente duranle la reacción de) organismo. DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 05 medio de aplicaciones tópicas, como si se tratase de un caso quirúrjico, se- gún lo han hecho hasta el dia los médicos de todos los siglos. 488. Se dá a estas enfermedades el epíteto de locales, porque se las creo afecciones fijas exclusivamente en las partes exteriores, y en las que el or- ganismo loma poca o ninguna parte, como si eu cierto modo ignorase su existencia (i). 480. Sin embargo, basta la menor reflexión para concebir que un mal esterno, que uo ha sido ocasionado por una grave violencia ejercida del ex- terior, no puede ni nacer, ni existir, ni menos todavía empeorar, sin una causa interna, sin la cooperación del organismo entero, por consiguiente sin que este último eslé enfermo No podría manifestarse si la salud jeneral no estuviese desarmonizada, si la fuerza vital dominante, si todas las partes sen- sibles e irritables y todos los órganos vivientes del cuerpo no tomasen parte. Ni aun seria concebible su producción, si no fuese el resultado de una alte- ración de la vida entera. ¡Tan íntimamente enlazadas están entre sí las unas con las otras las parles del cuerpo y forman un todo indivisible, atendido el modo de sentir y de obrar ! 100. Todo verdadero tratamiento médico de un mal sobrevenido en las partes exteriores del cuerpo sin violencia ejercida del exterior que haya da- do lugar a él debe pues tener jjor objeto la estincion y la curación, a benefi- cio de remedios internos, del nial jeneral que padece el organismo entero. De este modo es solamente como puede ser racional, seguro y radical. . 4 01. Esla proposición está puesta fuera de duda por la experiencia que manifiesta que todo remedio interno enérjico produce, inmediatamente des- pués de haber sido administrado, cambios considerables en el eslado jeneral del enfermo, y en particular en el de las parles exteriores afectadas, que la medicina vulgar mira como aisladas, aun cuando estas partes estén situadas en las estremidades del cuerpo. Y estos cambios son de una naturaleza la mas saludable; consisten en la curación del hombre todo entero, que hace desaparecer ai mismo tiempo el mal local, sin que se necesite emplear nin- gun remedio exterior, con tal que el remedio interior, que se dirije contra el todo de la enfermedad, haya sido bien elejido, y sea perfectamente homeo- pático. 402. El mejor modo de llegar a este objeto consiste en tomar en consi- deración, cuando se examina el caso de enfermedad, no solamente el carác- ter exacto de la afección local, sino también todas las demás alteraciones que se observen en el estado del enfermo, sin que se las pueda atribuir a la ac- ción de los medicamentos. Todos estos síntomas deben reunirse en una imá- jen completa, a fin de que se proceda a la investigación de un remedio ho- meopático conveniente entre los medicamentos, de los que se conocen los síntomas morbíficos que son capaces de determinar. 4 05. Este remedio, dado únicamente al interior, y del que una sola dosis bastará si el mal es de orijen reciente, cura simultáneamente la enfermedad jeneral del cuerpo y la afección local Un efecto semejante por su parte debe probarnos que el mal local dependía únicamente de una enfermedad de todo el cuerpo, y que es preciso considerarle como una parle inseparable del to- do, como uno de los síntomas mas considerables y mas predominantes de la enfermedad jeneral. 104. No conviene en las afecciones locales agudas que se han desarrolla- do rápidamente, ni en las que existen ya de larga fecha, hacer la aplicación (1) Esle es uno de los numerosos absurdos perniciosos de la antigua escuela. 00 EXPOSICIÓN sobre la parle enferma de ningún tópico, aun cuando este fuese la misma! sustancia que tomada interiormente seria homeopática o específica, y aun cuando se administrase simultáneamente este ajenie medicinal al interior. Pues las afecciones locales agudas como las inflamaciones, erisipelas, etc.* que han sido producidas no por lesiones externas de una violencia propor- cionada a la de aquellas, sino por causas dinámicas o internas, ceden de or- dinario a los remedios interiores susceptibles de producir üu estado interno y externo semejante al que existe actualmente (1). Si con estos medios no desapareciesen enteramente, si, a pesar de la regularidad del jénero de vida, queda todavía algún vestijio de la enfermedad que la fuerza víial no ha po- dido volver a las condiciones del estado normal, entonces la afección local aguda era, como sucede con frecuencia, el producto de la animación de una psora adormecida hasta entonces en el interior del organismo, y que se halla ya a punto de manifestarse bajo la forma de una enfermedad crónica. 405. En estos casos, que no son raros, es preciso, para obtener uní curación radical, dirijir un tratamiento antipsórico apropiado a la vez, contra las afecciones que persisten todavía, y contra los síntomas que el enfermo esperimentaba antes ordinariamente. Por lo demás, el tratamiento antipsó- rico interno es el único que se necesita en las afecciones locales crónicasj que no son manifiestamente venéreas. 406. Podría creerse que la curación de estas enfermedades se efectua- ría de una manera mas pronta, sí el medio reconocido homeopático por la totalidad de los síntomas se emplease no solamente al interior, sino también al exterior, y que un medicamento aplicado también al punto enfermo debe- ría producir en él un cambio mas rápido. 407. Mas este método debe desecharse, no solamente en las afecciones locales que dependen del miasma de la psora, sino también en las que pro- ceden del miasma déla sífilis o del de la sicosis. Porque la aplicación simul- tánea de un medicamento al interior y al exterior, en las enfermedades que tienen por síntoma principal una afección local fija, ofrece el grave iuconve- nienle de que In afección exterior [2] desaparezca de ordinario mas pronto que la enfermedad interna, lo que puede hacer creer injustamente que la curación es completa, o al menos hace difícil y a veces imposible el juzgar si la enfermedad total ha sido extinguida por el remedio dado interiormente. 408. El mismo motivo debe hacer desechar la aplicación puramente lo- cal, a los síntomas exteriores de una enfermedad miasmática, de los medica- mentos que pueden curar esta última, cuando se les administra al interior. Porque si nos limitamos a suprimir (ocalmente eslos síntomas, una obscuri- dad impenetrable se difunde en el tratamiento interno, necesario para el restablecimiento perfecto de la salud ; pues el síntoma principal, la afeécion local, ha desaparecido, y solo quedan los demás síntomas mucho menos sig- nificativos y constantes, que con frecuencia son mui poco característicos pa- ra poder deducir de ellos una imájen clara y completa de la enfermedad. 400. Si no se hubiese hallado todavía el remedio homeopático de la en- fermedad [3], cuando ha sido destruido el síntoma local por la cauterización, la escisión o las aplicaciones desecantes, el caso se hace mucho mas embara- zoso, a causa de la incertidumbre y de la inconstancia de los síntomas que quedan todavía ; porque el síntoma externo que mejor que otra circunslan- (I) Por ejemplo el acónito, el rhus, la belladona, el mercurio, etc. (2) La erupción psórica reciente, las úlceras, las verrugas. (3) Como suceda ánlcs de mí respecto a los remedios anlipsóricos y antisícósicos. DK LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 97 Cía hubiera podido guiar en la elección del remedio e indicar cuanto tiempo se le debe emplear al interior para extinguir enteramente la enfermedad, se halla sustraído de la observación. 200. Si existiese todavía este síntoma, se hubiera podido encontrar un remedio homeopático conveniente al conjunto de la enfermedad ; una vez descubierto esle remedio, la persistencia do la afección local anunciaría q-ue la curación no era todavía perfecta, mientras que. su desaparición piobaria que se habia extirpado el mal de raíz, y que la curación era absoluta, venia- ja quejamás se sabría apreciar lo bastante. 201. Es evidente que la fuerza vital, abrumada ponina enfermedad cró- nica de la que no puede triunfar por su propia enerjía, no se decide a pro- ducir una afección local en una parte exterior cualquiera, mas que para ali- viar, abandonándole órganos cuya integridad no es absolutamente necesaria a lá existencia, un mal interno que amenaza romper los resortes esenciales de la vida, y destruir la vida misma. Su objelo es transportar en cierto modo la enfermedad de un punto a otro, y sustituir un mal externo a otro interno. La afección local acalla de esta manera la enfermedad interior, pero sin po- der curarla ni disminuirla esencialmente (I) Sin embargo, el mal local nun- ca es otra cosa que una parte de la enfermedad jeneral, pero una parte que la fuerza vital orgánica ha exajerado mucho, y que ha transportado a la su- perficie exterior del cuerpo, donde el peligro es menor, a fin de disminuir otro tanto la afección interior. JVias por eso no se cura esla última, todo al contrario, hace progresos poco a poco, de suerte que la naturaleza se ve forzada a aumentar y agravar también el síntoma local, a fin de que pueda continuar reemplazándola basta cierto punto, y proporcionarle cierto alivio. Asilas úlceras antiguas délas piernas hacen progresos, mientras no se cura la psora interna, y las úlceras venéreas aumentan mientras no se combale la sífilis interna, a medida que con el transcurso del tiempo la enfermedad to- tal toma mas desarrollo y adquiere mas intensidad. , 202. Si el médico imbuido en los preceptos de la escuela ordinaria des- truye el mal local con remedios exteriores, en la persuacion en que está de curar así la enfermedad toda entera, la naturaleza reemplaza este síntoma despertando los padecimientos interiores y los demás síntomas que si bien existían ya, parecía sin embargo que habían estado adormecidos hasta enton- ces, es decir, exasperando la enfermedad interna. Es, pues, falso que, como se acostumbra a decir, los remedios exteriores hayan hecho entrar entonces el mal local en el cuerpo, o que le hayan repercutido sobre los nervios. 203. Todo tratamiento externo de un síntoma local que tiene por objeto extinguirle en la superficie del cuerpo sin curar la enfermedad miasmática interna; qne se propone, por ejemplo, hacer desaparecer la erupción sar- nosa de la piel por medio de unturas, cicatrizar una úlcera venérea cauteri- zándola, destruir una vejeiacion por medio de la ligadura o del hierro rusien- te, este pernicioso método, tan jeneralmente empleado hoí dia, es el princi- pal manantial de las innumerables enfermedades crónicas, que tienen nom- bre o que están sin él, bajo cuyo peso jime la humanidad entera. Es una de las acciones mas criminales de que ha podido hacerse culpable la medicina. (I) Los cauterios de los médicos de la antigua escuela producen un efecto análo- go, listas úlceras, que el arte produce en el exterior, apaciguan ciertamente muchas enfermedades crónicas internas, pero solo las reducen a silencio por un espacio da tiempo mui corto, sin poder curarlas; por otra parte debilitan el organismo, y le causan una impresión mucho mas profunda que la que le producirían la mayor par- te de las metástasis producidas instintivamente por la fuerza vital. 44 OS EXPOSICIÓN Sin embargo, así es como jeneralmente se ha procedido hasta el presente, y no se enseña todavía olra regla de conducta en las escuelas [4], 204. Si se esceplúan los males crónicos que dependen de la insalubridad] del jénero de vida habitual, y las innumerables enfermedades medicinales (V. 74) producidas por los falsos y peligrosos métodos de tratamiento, cuyo uso gusta tanlo prolongar en afecciones frecuentemente lijeras a los médicos de la antigua escuela, todas las demás enfermedades crónicas, sin escepcíou, dependen de un miasma crónico, de la sífilis, de la sicosis, pero sobre lodo de la psora, que se hallaba en posesión del organismo entero y penetraba to- das sus partes, aun desde antes de la aparición del síntoma local primitivo, erupción psórica, úlcera y bubón, o vejetacion, y que cuando se le quita es- te síntoma, estalla inevitablemente tarde o temprano, dando orijen a una multitud de afecciones, de las cuales ninguna seria tan frecuente, sí los mé- dicos se hubiesen entregado siempre a curar los miasmas mismos, y a extin- guirlos en el organismo con remedios homeopáticos internos, sin atacar sus síntomas locales, por medio de tópicos. 205. El médico homeópata jamás irala los síntomas primitivos de los miasmas crónicos, como tampoco los males secundarios que resultan de un desarrollo, con medios locales que obren, ya de un modo dinámico (2), ya mecánico. Cuando llegaría aparecer los unos o los otros, se dedica única- mente a curar el gran miasma que constituye su base, y de este modo los síntomas primitivos y los secundarios desaparecen por sí mismos. Mas como no era este el método que se seguía antes de él, y como desgraciadamente encuentra las mas de las veces los síntomas primitivos (5) borrados ya del exterior por los médicos que le han precedido, casi siempre tiene que ocu- parse de los síntomas secundarios, de los males producidos por el desarrollo délos miasmas, y sobre todo de las enfermedades crónicas nacidas de una psora interna. Remito, acerca de este punto, a mi tratado de las enfermeda- des crónicas, en el que he indicado la marcha que hai que seguir de un modo tan riguroso como era dado a un hombre solo hacerlo, después de largos años de experiencia, de observación y meditación. 206. Antes de emprender la curación de una enfermedad crónica, es ne. (I) Porque todos los medicamentos que se prescribían al interior en semejantes casos solo servían para agravar el mal, puesto que no poseían la virtud especifica de curarle en su totalidad, pero que sin embargo atacaban el organismo, le debilita- ban y le ocasionaban otras enfermedades medicinales crónicas. (2) En consecuencia, no puedo aconsejar, por ejemplo, la destrucción local del cáncer de los labios o de la cara (¿fruto de una psora muí desarrollada?) con la po- mada de Frai Cosme ; no solo poique este método es mui doloroso, y falla muchas? veces, sino también, y sobre todo porque semejante medio dinámico, aunque libre localmente al cuerpo de la úlcera cancerosa, no disminuye en lo mas mínimo la en- fermedad fundamental, de suerte que la fuerza conservadora de la vida se vé obliga- da a trasladar el foco del gran mal que existe en el interior, a una parte mas esen- cial (como sucede en todas las metáslasis), y a producir de este modo la ceguera, la sordera, la demencia, el asma sofocativo, la hidropesía, la apoplejía, etc., pero la pomada arsenical tampoco llega a destruir la úlcera local, sino cuando no es mui es- tensa, y la fuerza vital conserva grande enerjía; pues en tales circunstancias todavía es posible curar enteramente el nial primitivo. La estirpacion del cáncer, ya en la ca- ra, ya en el pecho, y la de los tumores enquistados dan absolutamente los mismos resultados. La operación es seguida de un estado un poco mas peligroso todavía, o a lo menos se ha anticipado la época de la muerte. Estos efectos han teuido lugar en un sin número de casos; pero la anligua escuela no por eso persiste siempre menos en su ceguedad. C¿¡ Erupción psórica, úlceras (bubones), vejelaciones. DP. LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 09 cosario investigar con el mayor cuidado (I) si el enfermo ha sido infectado de sífilis o de gonorrea; porque, sí así fuese, el tratamiento debería recibir un impulso especial en este sentido, y aun no tener otro objeto si solo exis- tiesen signos de sífilis o de sicosis, lo que en el día es mui raro. Mas, aun en los casos en que tenga que curar la psora, es preciso ignalmente tratar de saber si ha habido una infección de este jénero, porque entonces habría complicación de las dos enfermedades, lo que sucede cuando los signos no son puros ; porque siempre o casi siempre cuando el médico cree ver una anti- gua enfermedad venérea es' mas bien una complicación de la psora y de la sí- filis lo que tiene a la vista, por ser el miasma psórico interno la causa fun- damental mas frecuente de las enfermedades crónicas, que tan a menudo desfiguran y exasperan monstruosamente las aventuradas maniobras de la alopatía. 207. Si lo que precede es cierto, el médico homeópata debe también in- formarse de los tratamientos alopáticos a que ha podido estar sometida has- ta entonces la persona atacada de la enfermedad, de los medicamentos que se han usado de preferencia, y mas frecuentemente, de las aguas minerales a que se ha recurrido y.de los efectos que su uso ha producido. Estas no- ciones le son necesarias para concebir basta qué punió ha dejenerado la en- fermedad de su estado primitivo, correjir en parte estas alteraciones artifi- ciales, si es posible conseguirlo, o al menos evitar o huir de los medicamen- tos de que se ha abusado hasta entonces. 2o8. Lo primero que hai quebacer en seguida es informarse de la edad del enfermo, de su jénero de vida, de su réjimen, de sus ocupaciones, de su situación doméstica, de sus relaciones sociales, ele. Se examina sí estas di- versas circunstancias contribuyen a aumentar el mal, y hasta qué punto pue- den favorecer el tratamiento o serle desfavorables. Tampoco se descuidará en investigar si la disposición del espíritu y el modo de pensar del enfermo ponen obstáculo a la curación, sí es preciso imprimirles otra dirección, fa- vorecerlos o modificarlos. 200. Únicamente después de muchas conferencias consagradas a pro- porcionarse todas estas nociones previas, es cuando el médico procura tra- bar, seguirlas reglas precedentemente espueslas, un cuadro tan completo co- rno sea posible de la enfermedad, a fin de poder anotar los síntomas predo- minantes y característicos, con arreglo a los cuales elije el primer remedio antipsórico u otro, tomando por guia al principio del tratamiento la analojía tan grande como sea posible de los síntomas. 210. A la psora se refieren casi todas las enfermedades que antes he lla- mado parciales, y que parecen mas difíciles de curar en razón de esle mismo carácter, que consiste en que lodos sus demás accidentes desaparecen delante de un gran síntoma predominante. A esta clase pertenecen las enfermedades del espíritu y de la moral. Sin embargo, estas afecciones no forman una cía- (i) Cuando se loman informes de esle jénero, es preciso no dejarse engañar con las aserciones de los enfermos y de sus parientes que asignan por causas a las enfer- medades crónicas, aun las mas graves e inveteradas, un enfriamiento sufrido muchos años antes, un susto recibido en otro tiempo,fin esfuerzo, un pesar, etc. Ettas cau- sas son demasiado lijeras para enjendrar una enfermedad crónica en un cuerpo sano, para sostenerla años enteros, y hacerla mayor cada año, como sucede a todas las afec- ciones crónicas que proceden de una psora desarrollada. Causas mucho mas podero- sas que estas deben haber presidido al nacimiento y progresos de un mal crónico, grave y pertinaz, y las que acaban de enumerarse son, a lo mas, a propósito parí sacar a un miasma de su adormecimiento letárjico. 400 EXPOSICIÓN se a parle y enteramente separada de las demás ; porque el estado de la mo- ral y dd espíritu cambia en todas las enfermedades llamadas corporales (1), y se le debe comprender entre los síntomas principales que importa anotar, cuando se quiere irazar una imájen fiel de la enfermedad, con arreglo a la cual se pueda en seguida combatirla homeopáticamente con éxito. 211. Esto llega a tener tal importancia, que el estado moral del enfermo es muchas veces el que decide sobre lodo en la elección del remedio homeo- pático; porque este estado es,un síntoma característico, uno de los que me- nos debe dejar escapar un médico habituado a hacer observaciones exactas.. 212. El criador de las potencias medicinales ha atendido también singu- larmente a este elemento principal de todas las enfermedades, el cambio del estado de la moral y del espíritu,' porque no existe un soio medicamento heroico que no produzca un cambio notable en el humor y en el modo de pensar dd sujeto sano al que se le administra, y cada sustancia medicinal produce uno diferente. 215. Jamás, pues, se curará de un modo conforme a la naturaleza, es de- cir, de una manera homeopática, mientras que a cada caso individual de en- fermedad, aun aguda, no se atienda simultáneamente al síntoma del cambio sobrevenido en el espíritu y la moral, y se escoja por remedio un medica- mento susceptible de producir por sí mismo no solamente síntomas seme- jantes a los de la enfermedad, sino también un eslado moral y una disposi- ción dd espíritu semejantes (2). 214. Lo que tengo que decir del iratamiento de las afecciones del espí- ritu y de la moral se reducirá, pues, a mui poco, porque no se las puede cu- rar de otro modo que todas las demás enfermedades; es decir, qué en cada caso individual es preciso oponerles un remedio que tenga una potencia mor- bífica tan semejante como sea posible a la de la enfermedad misma, aten- diendo al efecto que produce sobre el cuerpo y sobre el alma de personas sanas. 215. Casi todas las enfermedades que se llaman afecciones del espíritu y de la moral no son otra, cosa que enfermedades del cuerpo, en las que la al- teración de las facultades intelectuales y morales se ha hecho tai. predomi- nante sobre los demás síntomas, cuya disminución se verifica mas ,o menos rápidamente, que concluye por tomar el carácter de una enfermedad parcial y casi de una afección local. 216. No son raros los casos en las enfermedades llamadas corporales que (1) ¿Cuántas veres no se encuentran enfermos que, a pesar de estar sujetos Irce muchos añosa afecciones mui dolorosas, han conservado sin embargo un humor apaci- ble y complaciente, de suerte qne se siente uno lleno de respeto y de.compasion p.ir.*i con ellos? Pero cuando se ha triunfado del nial, lo que frecuentenieule es posible por el método homeopático, se vé a veces presentarse un cambio de carácter el mas te- rrible, y reaparecer la ingratitud, la dureza de corazón, la maldad refinada y los ca- prichos repugnantes, que formaban el carácter del sujeto antes de que cayese enfer- mo. Muchas veces un hombre que era pacifico, cuando estaba bueno, se luce atolondrado, violento, caprichoso, insoportable, o impaciente y desesperado cuando cae enfermo. No es raro que la enfermedad embrustezca a un hombre de talento, que haga de un injenio limitado una cabeza mas capaz, y de un ser apálico un hombre lleno de presencia de espíritu y resolución. (2) Rara vez produce el acónito, o acaso nunca, una curación rápida y duradera, cuando el humor del enfermo es igual y apacible; ni la nuez vómica, cuando el c;'- ráeter es suave y flemático', ni la pulsatila, cuando es alegre, sereno y obstinado ; nj el haba de San Ignacio, cuando el humor es invariable y poco sujelo a sentir penas, ni susios, DF. \A DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 401 amenazan la existencia, como la supuración del pulmón, la alteración de cual- quiera otra viscera esencial, la fiebre puerperal, etc., en los que el síntoma moral aumentando rápidamente en intensidad, la enfermedad dejenera en lina especie de manía, de melancolía o de furor, lo que aleja el peligro de muerte que resultaba hasta entonces de los síntomas físicos. Estos se alivian hasta el punto'de volver casi al estado de salud, o mas bien disminuyen de tal modo, que ya no puede percibirse su presencia mas que poniendo mucha perseverancia y destreza en las observaciones. De este modo dejeneran en una enfermedad parcial, y por decirlo así, local, en la que el síntoma moral amos muí lijero, lia lomado una preponderancia lal, que se ha hecho el mas predominante de lodos, que ocupa en gran parte el lugar de los demás, y que alivia su violencia, obrando sobre ellos a la manera de un paliativo. En lina palabra el mal de los órganos groseros del cuerpo ha sido trasladado a los órganos casi espirituales del alma, que ningún anatómico ha podido lo- car todavía y ni locará'jamás con su escalpelo. 217. En las afecciones de esle jénero es preciso proceder con un cui- dado del lodo particular a la investigación dd conjunto de signos, tanto bajo el aspecto de los síntomas corporales, cuanto notablemente bajo el del sín- toma principal y característico el estado del espíritu y la moral. Este es el medio de (legar en seguida a encontrar, en el número de los medicamentos cu- yos efectos puros están conocidos, .un remedio homeopático que tenga la po- tencia de extinguirla totalidad del mal a la vez, es decir, cuya serie de sínto- mas propios contenga los que se asemejan todo lo posible no solamente a los síntomas corporales del caso presente de enfermedad, sino también y so- bre todo a sus síntomas morales. 218. Para llegar a poseer la totalidad de los síntomas es preciso en pri- mer lugar describir exactamente todos los que la enfermedad corporal ofre- cía antes del momento en que por el predominio del síntoma moral, ha dege- nerado en afección del espíritu y del alma. Estas nociones la suminístraián las personas que rodean al enfermo. 210. Comparando eslos síntomas precedentes de la enfermedad corpo- ral con las señales que aun subsisten de ella actualmente, pero casi borra- das, y que aun a esla época se hacen a veces bastante sensibles cuando hai algún momento lucido, o cuando la enfermedad mental sufre una disminu- ción pasajera, nos convencemos plenamente de que, aunque encubiertos, jamás han dejado de existir. 220. Si a iodo esto se añade el estado de la moral y del espíritu que las personas colocadas al rededor del enfermo y el médico mismo han observa- do con el mayor cuidado, se obtiene una imájen completa de la enfermedad y se puede después proceder a la investigación del medicamento honieopáti-. co apropiado para curarla, es decir, si la afección mental tiene ya algún tiem- po de duración, de aquel de entre los medios anlipsóricos que lenga la pro- piedad de producir síntomas semejantes, y principalmente un desorden aná- logo en las facultades morales. 221. Sin embargo, si el estado de calma y de tranquilidad ordinario al enfermo, ha sidosúljíiamente reemplazado bajo la. influencia del miedo, del pesar, de las bebidas espirituosas, etc., por la demencia o por el furor, ofre- ciendo así el carácter de una enfermedad aguda, no se puede, aunque la afección proceda casi siempre de ur.a psora interna, traiar de combatirla des- de luego con el uso de los remedios antipsóricos. Es preciso primeramente oponerle los medicamentos apsóricos, por ejemplo, el acónito, la bellado- na, el estramonio, el beleño, el mercurio, ele, a dosis muí débiles, a fin de 402 r.xposic.toN disminnirla lo bástanle para volver la psora a su ulterior condición latente, lo que hace que el enfermo parezca restablecido. 222. Mas hai que guardarse mui bien de mirar como curado al sujeto que se ha librado así de una enfermedad aguda de la moral o del espíritu con remedios apsórícos Mui lejos de esto, es menester apresurarse a hacer- le sufrir un tratamiento antipsórico prolongado para librarle del miasma cró- nico que se ha hecho latente, es verdad, pero que no está menos dispuesto a reaparecer de nuevo (4). En efecto, no hai que temer un acceso semejante al que se ha hecho cesar, cuando el enfermo observa fielmente el jénero de vida que se le ha prescrito. 225. Pero si no se recurre al tratamiento antipsórico, se puede estar ca- si seguro deque bastará una causa mucho mas lijera todavía que la que pro- dujo la primera aparición de la manía, para ocasionar un segundo acceso mas grave y mas prolongado, durante el cual la psora se desarrollará casi siempre de un modo completo, y dejenerará en una afección mental perió- dica o continua, cuya curación será mas difícil obtener después por medio de los anlipsóricos. 224. En el caso en que la enfermedad mental no estuviera todavía ente- ramente formada, y hubiese duda de si resulta realmente de una afección corporal, o si es mas bien la consecuencia de una educación mal dirijido, de malas costumbres, de una moralidad pervertida, de un espíritu descuidado, de la superstición o de la ignorancia, el medio siguiente podrá hacer salir de la dificultad. Se exhortará amistosamente al enfermo, se le presentarán mo- tivos de consuelo, se le harán serias amonestaciones, se le propondrán ra- ciocinios sólidos : sí el desorden del espíritu no procede de una enfermedad corporal cederá muí pronto; pero si por el contrario fuese esta su causa, el mal empeorará rápidamente, el melancólico se hará todavía mas sombrío, mas abatido y mas inconsolable, el maniático mas malicioso y exasperado, y d demente mas imbécil (2). 225. Pero hai también, como acaba de verse, algunas enfermedades men- tales en corto número, que no proceden únicamente de la dejeneracion de nna enfermedad corporal, y que estando el cuerpo mismo muí poco afecta- do, traen su orijen de afecciones morales, como un pesar prolongado, las mortificaciones, el despecho, las ofensas graves, y sobre lodo el miedo y el Terror. Estas influyen también con el liempo en la salud del cuerpo y mui a menudo Ja comprometen en alto grado. 2-26. Únicamente en las enfermedades mentales producidas así y alimen- (l) Sucede mui rara vez que una afección del espíritu o de la moral, que tenga ya algún tiempo de fecha, cese por sí misma (por la traslación de la enfermedad in- terna a los órganos mas groseros del cuerpo). En eslos casos poco comunes es en los que se vé a algunos hombres salir de las casas de Orates curados en apariencia. Fue- ra de estos casos, dichos establecimientos están siempre llenos, y los nuevos enajena- dos no encuentran cabida en ellos, hasta que la muerle ha establecido algunas va- cantes. ¡Ninguno sale curado de un modo real y duradero! Prueba evidente entre otras, de la nulidad de la medicina, a que ridiculamente se dá el epíteto de racio- nal. ¿Cuántas veces, por el contrario, no ha conseguido la pura y verdadera medici- na, la homeopatía, devolver a los enajenados la posesión de la salud del cuerpo y del espíritu, restituyéndoles al mundo, para el cual ya estaban perdidos? (2) Parece que el espíritu conoce, a pesar suyo, la verdad de estas representacio- nes, y obra sobre el cuerpo como si quisiera restablecer la armonía destruida ; pero este se rehace por medio de su enfermedad sobre los órganos del espíritu y del alma, y mímenla el desorden, que ya cxislc en ellos, descargándose sobre estos mismos de sus propios padecimientos. Dl¡ LA D0CTUINA UOMEOPÁTICA. 103 ladas por el alma misma, es en las que se puede contar con los remedios morales, pero solamente mientras son todavía recientes, y no han alterado mucho la salud del cuerpo. En esle caso es posible que la confianza que se demuestra al enfermo, la3 exultaciones afectuosas que se le prodigan, los ténsalos discursos que se le diiíjen, y muchas veces un engaño disfrazado con arle, restablezcan prontamente la salud del alma, y mediante un réjimen con- veniente vuelvan también el cuerpo a las condiciones del estado normal. 227. Mas estas enfermedades deben igualmente su orijen a un miasma psórico, que no estaba todavía a punto de desarrollarse de una manera com- pleta, y la prudencia exije que se someta al sujeto a un tratamiento antipsó- rico radical, si se quiere evitar que se reproduzca la misma afección mental, lo que sucede con mucha facilidad. 228. En las enfermedades del espíritu y de la moral producidas por una afección del cuerpo, cuya curación se obtiene únicamente con un medica- mento homeopático antipsórico, ayudado de un jénero de vida sabiamente calculado, es bueno no obstante unir a estos medios cierto réjimen, al que debe estar sujeta el alma. Es preciso que bajo este aspecto el médico y los que rodean al enfermo observen escrupulosamente, para con él, la conduc- ta que se haya juzgado conveniente. Al maniaco furioso se opone la calma y la sangre fria de una voluntad firme e inaccesible al temor; al que se de- sahoga desús padecimientos con lágrimas y lamentos, se le manifiesta una compasión muda con la espresion délas facciones y el caráter de los jestos; se escuchan en silencio las habladurías del insensato, sin aparentar sin em- bargo que do se le-atiende a nada, como se hace al contrario con aquel cu- yos°acios o discursos son repugnantes. Por lo que hace a los estragos que podría cometer un maníaco hai que limitarse a prevenirlos o impedirlos sin reprenderle jamás por ellos, y es preciso disponerlo todo de modo queja- más haya que recurrir a los castigos y tormentos corporales (I). Esta últi- ma condición es tanto mas fácil de cumplir, cnanto que el uso de los medios coercitivos no puede tampoco jusikicarse con la repugnancia de los enfer- mos para tomar los remedios; porque en el méiodo homeopático son tan pe- queñas las dosis, que jamás se descubren por el gusto las sustancias medí- cíñales, y se le pueden hacer tragar al enfermo en su bebida sin que llegue a recelarlo. . . 220. La contradicción, las amonestaciones muí vivas, las exhortaciones demasiado acerbas y la violencia son tan perjudiciales como una condescen- dencia débil y tímida, y no perjudican menos que esta en el tratamiento de las enfermedades mentales. Pero sobre todo la ironía y el engaño qne pue- den llegar a notar, es lo que mas írrita a los maniáticos, y agrava su estado. El médíco y el que los vijila deben siempre aparentar que creen, que gozan de su razón. Deben también dedicarse a alejar de ellos todos los objetos ex- teriores que pudieran turbar sus sentidos o su alma. No hai distracciones m Nunca se admirará uno demasiado de la durezi y del rigor absurdo que des- nle>an en muchas casas de locos en Inglaterra y en Alemania, los médicos que sin Conocer el único método verdadero de curar las enfermedades mentales, el emplear matul ienoi antes o pere/.uou¿, ,,...■■ «-..—— — — . . rece que solo ejercen lanía crueldad sobre enfermos inocentes, de rabia de que no los pueden curar. 404. exposición para su espíritu nebuloso. Para su alma sublevada o esclavizada en las ca- denas de un cuerpo enfermo, no hai ni recreos saludables, ni medios de ilus^ irarse, ni posibilidad de calmarse con palabras, lecturas o de otro cualquier modo. Nada puede proporcionarles la calma mas que la curación. La tran- quilidad y el bieuestar no vuelven a su alma, mas que cuando su cuerpo ha recobrado la salud. 250. Sí el remedio antipsórico que se ha elejido para un caso dado de enajenación mental, afección que, como se sabe, se encuentra diversificada al infinito, es perfectamente homeopático a la imájen fiel, del estado de la en- fermedad; conformidad tanto mas fácil de encontrar cuando el número de los medicamentos bien conocidos es bastante considerable, cuanto que el síntoma principal, es decir, el estado moral del enfermo, se pronuncia alta- mente; entonces la mas pequeña dosis basta con frecuencia para producir en poco tiempo un alivio mas pronunciado que el qne se hubiera podido ob- tener de lodos los demás medios alopáticos administrados a dosis las mas fuertes, y prodigadas casi hasta d pumo de ocasionarla muerte. Puedo tam- bién afirmar, después de una larga experiencia, que la superioridad de la homeopatía sobre todos los demás métodos curativos imajinables, en ningu- na parte se manifiesta con mas brillo que en las enfermedades mentales anti- guas, que deben su orijen a afecciones corporales, o que se han desarrollado al mismo liempo que ellas. 251. Hai todavía una clase de enfermedades que merece un examen del todo particular. Estas son no solamente las que reaparecen a épocas fijas, como las innumerables fiebres intermitentes y las afecciones en apariencia no febriles que afectan la misma forma, sino también aquellas en las que ciertos estados morbosos alternan con otros a épocas irregulares. 252. Estas últimas, las enfermedades alternanies, son igualmente mui diversificadas (I), pero pertenecen todas a la grande serie de las crónicas. La mayor parte son uu resultado del desarrollo de la psora, algunas veces, aunque mui raras, complicada con un miasma sifilítico. Por esta razón es por la que se las cura en el primer caso con los medicamentos antipsóricos, al- ternando con los antisífilíticos, como lo he enseñado en mi Tratado de las enfermedades crónicas. 255. Las enfermedades intermitentes propiamente dichas o típicas son aquellas en las que, un estado morboso semejante al que existía anierior- (1J Es posible que dos o tres estados diferentes alternen a la vez. Puede suceder, por ejemplo, por lo que concierne a la alternativa de dos estados diversos, que se manifiesten ciertos dolores en las eslremidades inferiores luego que desaparece una oftalmía, y que vuelva después esta apenas hayan cesado los dolores; o que los es- pasmos y las convulsiones alternen inmediatamente con otra cualquiera afección, ya de lodo el cuerpo, ya de alguna de sus partes. Pero también puede suceder en casos de una triple alianza de estados alternativos en una enfermedad continua, que a una superabundancia apárenle de salud, a una exaltación de las facultades del cuerpo y del espirilu (alegría insólita, viveza excesiva, sensación exajerada de bienestar, ape- tito inmoderado, etc.), se vea suceder repentinamente uu humor sombrío y melan- cólico, una insoportable disposición a la hipocondría con desarreglo de muchas fun* ciónos vitales, de la dijestion, del sueño, etc., y que a este segundo eslado reemplace de un modo mas o menos pronto la sensación del mal estar que el sujelo experimen- ta habitualmente. Muchas veces no existe el menor veslijio del estado antcr.or cuan- do se establece el nuevo. Muchas veces también quedan aun algunas señales de él. En ciertas circunstancias los estados morbosos que alternan a la vez, son por su na- turaleza enteramente opuestos el uno al otro, como por ejemplo, la melancolía y la locura alegre y el furor, Dr. LA dootiuxa HOMEOPÁTICA. 40o mente, reaparece después de un intervalo bastante regular de bienestar apa- rente, y se extingue de nuevo después de haber durado un espacio de tiem- po igualmente determinado. Esle fenómeno se verifica no solamente en las numerosas variedades de fiebres intermitentes, sino que tambien,en las en- fermedades en apariencia apiréticas, que aparecen y desaparecen a épocas fijas. 254. Los estados morbosos en apariencia apiréticos que afectan un tipo bien pronunciado, es decir, que reaparecen a épocas fijas en un mismo suje- to, y que en jeneral no se manifiestan de una manera esporádica o epidémica, pertenecen todos a la clase de las enfermedades crónicas. La mayor parte de- penden de una afección psórica pura, rara vez complicada con la sífilis, y se las combate con feliz éxito con el jénero de tratamiento que exije esta enfer- dad. Sin embargo es a veces necesario emplear como medio intecurreme una pequeña dosis homeopática do quina para extinguir completamente su ■'tipo intermitente. 255. Respecto a las fiebres intermitentes (1) que reinan de un modo es- porádico o epidémico, y no de las que son endémicas en lugares pantanosos, encontramos con frecuencia que cada uno desús accesos o paroxismos está compuesto igualmente de dos estados alternantes contrarios, frió y calor o calor y frío; pero lo mas frecuentemente es de tres, frió, calor y sudor. Por (1) Hasta ahora la patolojía, que todavía no ha salido de la infancia, no conoce mas que una fiebre intermitente, a la que llama taitíbien fiebre fria. Tampoco admi- te otra diferencia mas que las del tiempo en que se reproducen los accesos, y en esto están fundadas las denominaciones de fiebre cotidiana, terciana, cuarlaDa, etc. Pero ademas de la diversidad que ofrecen relativamente a sus épocas de reaparición, pre- sentan todavía las fiebres intermitentes otras diferencias mas importantes. Entre es- las fiebres hai muchas a las que no se puede dar el nombre de frías, porque sus ac- cesos consisten únicamente en calor; otras que no están caracterizadas mas que por el frió seguido o no de sudor; y todavía en otras el cuerpo del enfermo está helado,. y sin embargo le hacen experimentar una sensación de Calor, o bien excitan en él la sensación de frió, aunque su cuerpo parezca mui caliente a la mano que le loca ¡ ett muchos, uno de los paroxismos se limita a escalofríos o a frío, que reemplaza inme- diatamente el bienestar, y el que sigue a aquel no consiste mas que en calor seguido o no de sudor; en unos casos, el calor es el que primero aparece, y el frío se declara. después; en otros, al frío y al Calor reemplaza una apírexia completa, mientras que el paroxismo siguiente, que frecuentemeute no aparece sino al cabo de muchas ho- ras, está caracterizado únicamente por sudores; en ciertos casos no se observa nin- guna señal de sudor; en otros, los accesos se componen únicamente do sudor sin íriu> o sin calor, o de sudor que se presenta solamente durante el calor. Todavía existen una infinidad de diferencias, relativas sobre lodo a los síntomas accesorios, al carác- ter particular del dolor de cabeza, al mal gusto de boca, al dolor de estómago, a l.i diarrea, a la falta o al grado de sed, al jénero de los dolores que se sienten en el cuerpo y en los miembros, al sueño, al delirio, a las alteraciones del humor, a los espasmos, etc., que se manifiestan durante el frió o después de él, durante o después del calor, durante .o después del sudor, sin contar todavía otra multitud de varieda- des. Todas estas fiebres intermitentes son seguramente mui diversas unas de oirás, de las que cada una reclama un método de tratamiento homeopático que le sea pro- pio. Verdad es, debe confesarse, que casi todas ellas pueden ser suprimidas (lo quo sucede mui a menudo) por grandes y enormes dosis de quina o de sulfato de quini- na, es decir, que estas sustancias impiden su reaparición periódica, y destruyen su tipo; mas cuando el medicamento ha sido empleado contra fiebres intermitentes a que no convenia, el enfermo no está curado porqua se haya extinguido el lipo de su afección; está enfermo de otro modo, y muchas veces lo está mucho mas que ánles; eslá sujeto a una enfermedad quiníca especial y crónica, que es mui difícil a la ver- dadera medicina poder curar en un corto espacio de tiempo. ¡Y esto es lo que se quiero llamar curjr! 4S 106 EXPOSICIÓN esto es por loque se necesita que el remedio que se eíije contra ellas, y que se toma en jeneral de la clase de los absóricos esperiinentados, pueda igual- mente, que es lo mas seguro, excitar en las personas sanas dos (o tres) esta- dos allernantes semejantes, o al menos que tenga la facultad de producir por sí mismo, con todos sus síntomas accesorios, aquel de los dos o tres estados alternantes, frío, calor y sudor, que sea mas fuerte y mas pronunciado. No obstante deben servir de guia, principalmente para dejir el medicamento homeopático los síntomas del estado del enfermo durante la apirexia(l). 256. . El método que mas conviene y que es mas útil en estasrenfermeda- des, consiste en dar el remedio inmediatamente, o al menos mui poco tiem- po después del fin del acceso. Administrado de este modo tiene tiempo de producir en el organismo todos los efectos que dependen de él, para resta- blecer la salud sin violencia y sin desorden; al paso que si se le hiciera to- mar inmediatamente antes del paroxismo, aun cuando fuese homeopático o específico en el mas alto grado, su efecto coincidiría con la renovación natu- ral de la enfermedad, y determinaría en el organismo un combate tal, una reacción tan viva, que por lo menos perdería el enfermo mucha parte de sus fuerzas, y aun su vida podría correr riesgo (2). Mas cuando se dá el medica- mento inmediatamente después del fin del acceso, y antes que el paroxismo próximo se prepare aun de lejos a reaparecer, el organismo se encuentra en la mejor disposición posible para dejarse modificar tranquilamente por el re- medio, y volver así al estado de salud. 257. Si el liempo de la apirexia es mui corto como en algunas fiebres graves, o si está caracterizado por accidentes que se refieren al paroxismo precedente, entonces es necesario administrar el remedio homeopático tan luego Como el sudor o los demás síntomas que indican el fin de acceso em- piecen a disminuir. 258. Solo cuando el medicamento conveniente haya extinguido con una sola dosis muchos paroxismos, y devuelto manifiestamente la salud, pero que sin embargo se ven reaparecer al cabo de algún tiempo indicios de un nuevo acceso, es cuando se puede y se debe repetir el mismo remedio, con tal que la totalidad de los síntomas sea todavía la misma. Mas esta reapari- ción de la misma fiebre después de un intervalo de salud no es posible, sino cuando la causa que ha producido la enfermedad por primera vez continúa todavía ejerciendo su influjo sobre el sujeto, como sucede en los lugares pan- lanosos. En semejante caso no se llega muchas veces a obtener una cura- ción duradera, mas que alejando al sujeto detesta causa ocasional; por ejem- plo, aconsejándole ir a habitar a un pais montañoso, si la fiebre de que está atacado es producto de los efluvios de los pantanos. 250. Como casi todos los medicamentos, en el ejercicio de su acción pura, excitan una fiebre particular, y aun una especie de fiebre intermitente, que difiere de todas las fiebres producidas por olios medicamentos, la nu- merosa lista de sustancias medicinales nos ofrece los medios de combatir ho- meopáticamente todas las fiebres intermitentes naturales. También encon- tramos ya muchos eficaces contra estas afecciones entre el corto número de medicamentos que han sido ensayados hasta el dia en personas sanas. (1) M. de Bsenninghausen ha sido el primero que ha discutido esta vasta materia, y ha facilitado con sus investigaciones la elección del remedio que conviene en las diversas epidemias de fiebres intermitentes. (2) Se tiene la prueba de esto, en los casos desafortunadamente poco raros, en los que una dosis moderada de opio, administrada durante ti frió de lá fiebre, ha caus;»do de un modo pronto la muerte del enfermo. DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 407 240. Cuando se ha reconocido que un medicamento es homeopático o específico en una epidemia reinante de fiebres intermitentes; cuando se en- cuentra sin embargo un enfermo que no se cura de un modo completo, y na se opone a la curación la influencia de una comarca pantanosa, el obstáculo procede constantemente entonces de un miasma psórico oculto, y por con- siguiente se deben usar los medicamentos anlipsóricos, hasta que se haya restablecido perfectamente la salud. 241. Las fiebres intermitentes que se declaran epidémicamente en luga- res en que por otra parte no son epidémicas, son enfermedades crónicas compuestas de accesos agudos aislados. Cada epidemia especial tiene su ca- rácter propio común a todos los individuos que ataca, y que cuando se ha re- conocido con arreglo al conjunto de síntomas comunes a todos los enfermos, indica también el remedio homeopático o específico qne conviene en lodos los casos. En efecto, este remedio cura casi jeneralmente los enfermos que antes de la epidemia gozaban de una salud soportable, es decir, que no esta- ban atacados de una afección crónica debida al desarrollo de la psora. 212. Mas si en una epidemia de fiebres intermitentes se han dejado pa- sar los primeros accesos sin curarlos, o si los enfermos han sido debilitados por falsos tratamientos alopáticos, entonces la psora, que desgraciadamente existe en un tan gran número de individuos, aunque en estado de sueño, se desarrolla, reviste aquí el tipo intermitente, y hace en apariencia el papel de la fiebre intermitente epidémica, de suene que el medicamento que hu- biera sido saludable en los primeros paroxismos, y que rara vez pertenece a la clase de los anlipsóricos, deja de convenir, y ya no puede ser de ningún auxilio. Desde entonces ya no se tiene a la vista mas que una fiebre inter- miten le psórica, de la cual se triunfa ordinariamente con una pequeñísima dosis de azufre o de hígado de azufre, que rara vez hai necesidad de repetir. 245. En las fiebres intermitentes, con frecuencia mui graves, que afectan a uu individuo aislado, exento de loda influencia de emanaciones pantanosas, se debe, así como en las enfermedades agudas en jeneral, alas que se apro- ximan bajo el punto de vista de su orijen psórico, empezar por ensayar, por espacio de algunos dias, un remedio no antipsórico, homeopático al caso que se presenta; mas si larda en conseguirse la curación, es prueba de que se tra- ta de una psora que está próxima a desarrollarse, y que desde entonces los anlipsóricos son los únicos medios de que se puede esperar un socorro eficaz. 244. Las fiebres intermitentes endémicas en los parajes pantanosos y en los países sujetos a inundaciones, embarazan mucho a los médicos de la es- cuela reinante. Sin embargo, un hombre puede acostumbrarse en su juven- tud a la influencia de un pais cubierto de pantanos, y vivir en él sano, con lal qne se sujete a un jénero de vida regular, y que no sea asaltado por la miseria, las fatigas o las pasiones destructivas. Las fiebres intermitentes en- démicas le atacarán a lo mas a su llegada al pais; pero una o dos dosis de quina preparada liomeopálicamenie bastarán para librarle de ellas con prontitud, si en lo.demas no se separa de la regularidad en su modo de vi- vir. Pero cuando un hombre que hace bástanle ejercicio, y qué sigue un ré- jimen conveniente en todo lo que hace relación al espíritu y al cuerpo, no se cura de una fiebre intermitente de los pantanos por la influencia de este solo medio, se debe estar cierto de que existe en él una psora próxima a desa- rrollarse, y que su fiebre intermitente solo cederá a un tratamiento antipsó- rico (1). Sucede algunas veces, si este sujeto abandona sin dilación el lugar (l) Dosis considerables y frecuentemente repetidas de quina y el sulfato de quiñi- 108 EXPOSICIÓN pantanoso para ir a habitar otro 6eco y montuoso, que parece que renace en él la salud, que la fiebre lo abandona cuando todavía no había echado raices profundas, es decir, que la psora vuelve a pasar a su estado latente, porque no habia llegado todavía a su último grado de desarrollo; pero jamás se.cu- ra, ni goza nunca de una salud perfecta si no se somete al uso de los remo dios anlipsóricos. 245. Después de haber visto que consideración se debe tener en los trata- mientos homeopáticos a ias variedades principales de las enfermedades y a las circunstancias particulares que pueden ofrecer, pasaremos a los reme- dios mismos, al modo de servirse de ellos, y al jénero de vida que el enfer- mo debe observar mientras está sometido a su acción. Todo alivio en las enfermedades agudas o crónicas que se descubre fran- camente y hace progresos continuos, es un estado que, por mucho liempo que dure, prohibe formalmente la repetición de un medicamento cualquiera; porque aquel de que ha hecho uso el enfermo, continúa todavía producien- do el bien que de él puede resultar. Toda nueva dosis de un remedio cual- quiera, aun del que se ha dado últimamente, y que hasta entonces se ha ma- nifestado saludable, no tendría olro resultado que turbar el trabajo de la cu- ración. 2-iG. Sucede ciertamente algunas veces, cuando la dosis del medicamen- to homeopático es mui pequeña, que sí nada turba a esle remedio en su ac- ción, continúa aliviando lentamente el estado del enfermo, y hace en cuaren- ta, cincuenta o cien dias lodo el bien que se puede esperar de él en la cir- cunstancia en que se le emplea. Mas por una parte este caso es mui raro, y por olra importa mucho al médico, del mismo modo que al enfermo, que es- le largo período se reduzca a la mitad, a tres cuartas partes o aun mas sí puede ser, a fin de obtener una curación mucho mas pronta. Observaciones hechas recientemente, y repelidas un gran número de veces, nos han demos- trado que se puede llegar a este resultado bajo tres condiciones, sin embar- go : primeramente, que la elección del medicamento haya sido perfectamen- te homeopática bajo todos aspectos, en segundo lugar que se administre a la dosis mas pequeña, la que es menos susceptible de desordenar la fuerza vi- tal, conservando no obstante bastante enerjía para modificarla conveniente- mente; en fin, que esta débil pero eficaz dosis del medicamento, elejido con un cuidado escrupuloso, se repita en los intervalos (1) que la experiencia en- seña que conviene mejor para acelerar cuanto sea posible la curación, sin que con lodo eso la fuerza vital que debe crear por medio de él una afec- ción medicinal análoga a la enfermedad natural pueda sentirse impelida a reacciones contrarias al objeLo que se quiere conseguir. 247. Con estas condiciones, las dosis mínimas de un remedio perfecta- mente homeopático pueden repetirse con un resultado manifiesto, muchas veces increíble, a distancias de catorce, doce, diez, ocho y siete dias. Se las puede todavía aproximar mas en las enfermedades crónicas que difieren po- co de las afecciones agudas, y que demandan socorro con urjencia. Aun pueden disminuirse los intervalos en las enfermedades agudas, y reducirse na pueden librar al enfermo de los accesos típicos de la fiebre intermitente de los pantanos; pero no por eso queda menos enfermo de otro modo, mientras no se le administren remedios anlipsóricos. (4) El aulor coloca en este lugar una larga nota que nosotros suprimimos, por- que la hemos reproducido entera en el primer tomo de nueslra traducción del Tra- tado de materia médica pura. (Prolegómenos, sobre la rcpcUcion de un medicamento homeopático).—(IVota del traductor), l)E LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 100 a veinte y cuatro, doce, ocho y cuatro horas. En fin, p'uednn ser de una ho- ra y aun de cinco minutos solamente en las afecciones agudísimas. Finalmen- te, servirá de regla para la conducta que debe seguirse en estos casos la ra- pidez mayor o menor del curso de la enfermedad y de la acción del medica- mento que se emplea. 248. La dosis de un mismo medicamento se repite muchas veces en ra- zón de las circunstancias. Mas solo se la reitera basta la curación, o hasla que dejando el remedio de producir alivio, el resto de la enfermedad ofrez- ca un grupo diferente de síntomas, que reclame la elección de otro remedio homeopático. 240. Todo medicamento prescrito para un caso de enfermedad, que en el curso de su acción produce síntomas nuevos y graves no inherentes a la afección que se quiere curar, no es a propósito para producir una verdade- ra curación (I). No se le puede mirar como homeopático. En semejante caso es preciso, si la agravación es considerable, apresurarse a recurrir al antí- doto para extinguirla eu parte, antes de dejir un medicamento cuyos sínto- mas se asemejen mas a los déla enfermedad, o si los accidentes no son mui graves dar en seguida otro remedio que tenga mas conformidad con d esta- do actual del mal. 250. Esta conducta será todavía mas indispensable si en un caso urjen- te el médico observador, que espía con cuidado los resultados, advierte al cabo de seis, ocho o doce horas que se ha equivocado en la elección del úl- timo remedio, porque el estado del enfermo empeora un poco de hora en hora, y porque se manifiestan síntomas nuevos. En semejante caso le es per- mitido y aun está obligado a reparar la falla que ha cometido, elijiendo otro remedio homeopático que no convenga solamente de un modo mediano al estado presente de la enfermedad, sino que sea también el mas apropiado posible. [V. 101]. 251. Hai algunos medicamentos, por ejemplo, el haba de San Ignacio, el zumaque venenoso y quizá también la brionia, cuya facultad de modificar el eslado del hombre consiste principalmente en efectos alternantes, especié* de síntomas de acción primitiva que son en parte opuestos los unos a los otros. Si después de haber prescrito una de estas sustancias en consecuencia de una elección rigurosamente homeopática, el médico no viese sobrevenir ningún alivio, una segunda dosis tan exigua como la primera, y que podría administrarse ya al cabo de algunas horas si la enfermedad fuese aguda, lo conduciría prontamente a su objeto en la mayor parle de los casos (2). 252. Mas si en lo que concierne a los demás medicamentos se viese en una enfermedad crónica, (psórica) que el remedio mas homeopático (antip- (4) Habiendo probado la experiencia que es casi imposible atenuar tanto la dosis de un remedio perfectamente homeopático, para que no baste a producir un alivio pronunciado en la enfermedad contra quien se dirije (véase 161-179), seria obrar en sentido inverso al objeto que nos proponemos, y querer dañar al enfermo, el imitar a la medicina vulgar, que cuando no obtiene alivio, o que aun véempeorarel eslado del enfermo, repite el mismo medicamento, y aumenta todavía su dosis, porque esla en la persuacion de que no ha servido, por haberlo administrado en una cantidad de- masiado pequeña. Si el enfermo no ha cometido ningún estravío en el réjimen, ya fí- sico, ya moral, todo aumento, loda agravación que se anuncia por síntomas nuevos, demuestra solamente que el remedio elejido no era adoptado al caso; pero nunca prueba que la dosis haya sido demasiado pequeña. (2) Como lo he demostrado ampliamente en los Prolegómenos del artículo consa- grado al haba de San Ignacio. {Tratado de Malcría MJJica Pup, luaio 3.° de la tra- ducción castellana). {10 EXPOSICIÓN sórico) administrado a la dosis conveniente (la mas pequeña posible) no pro- porcionaba ningún alivio, esle seria un signo cierto de que la causa que sos- tiene el mal subsiste todavía, y que hai en el jénero de vida del enfermo, o en lo que le rodea, alguna circunstancia que debe empezarse por alejar, si se quiere hacer duradera la curación. 255. Entre los signos que en todas la enfermedades, sobre todo aquellas cuyo carácter es agudo, anuutian un lijero principio de alivio o de agrava- ción, que no todos tienen el talento suficiente para discernir, los mas mani- fiestos y mas seguros se deducen del humor del enfermo, y del modo con que se conduce bajo todos conceptos. Si el mal empieza a aliviarse, por poco que sea, el enfermo se encuentra mas a su gusto, está mas tranquilo, tiene mas libertad de espíritu, renace en él el ánimo, y todas sus maneras se hacen, por decirlo así, mas naturales. Lo contrario sucede si el enfermo empeora. aunque sea mui lajeramente ; en este casóse advierte en el humor y en el es- píritu del enfermo, en lodas sus acciones, en todos sus jestos y en todas las posiciones que toma alguna cosa de insólito, que no se oculta a un observa- dor atento, pero que se encuentra mucha dificultad en describir (I), 254. Si se añade ademas, ora la aparición de nuevos síntomas, ora la exasperación de los que existían ya, o por el contrario, la disminución de los síntomas primitivos, sin que se hayan manifestado oíros nuevos, el mé- dico dolado de un espíritu observador y penetrante no podrá menos de co- nocer bien pronto si el enfermo se ha agravado o mejorado, aunque en el número 3e los enfermos se encuentren algunos incapaces de decir si están mejor o peor, y otros también que no quieren decirlo. 255. Sin embargo aun en este último caso se puede obtener una plena y entera convicción, volviendo a servirse de todos los síntomas que se han anotado en el. cuadro de la enfeimedad,.y revisándolos uno después de otro de acuerdo con el enfermo. Cuando este último no acusa otros síntomas di- ferentes de aquellos de que habia hablado antes, cuando ninguno de los ac- cidentes se ha agravado, en fin, cuando se ha notado ya cieno alivio en las facultades morales e intelectuales, es indispensable que el medicamento ha- ya producido usía disminución esencial de la enfermedad, o si todavía ha transcurrido poco liempo desde su administración, que esté próxima a pro- ducirla. Mas sí habiendo sido bien elejido el remedio lardare mucho en ma- nifestarse el alivio, deberá atribuirse o a alguna falta cometida por el enfer- mo, o a la excesiva duración de la agravación homeopática (V. 57) producida por la sustancia medicinal, y en este úllimo caso concluir que la dosis no ha sido bastante pequeña. 250. Por otra parte, si el enfermo se queja de algún síntoma importante desarrollado recientemente, y que anuncia que el medicamento no ha sido (1) Los signos de alivio relativos al humor y al espíritu del enfermo se manifies- tan poco tiempo después que ha tomado el remedio, cuando la dosis ha sido suficien- temente atenuada, es decir, tan pequeña como sea posible. Una dosis mas fuerte de lo que exije la necesidad, aunque sea del remedio mas homeopático, obra con mucha violencia, y produce en seguida un desorden demasiado grande y prolongado en las facultades intelectuales y morales, para que pueda conocerse con tiempo el alivio en el estado de estas últimas. Haré notar aquí que esta regla tan importante es una de aquellas contra la que mas pecan los homeópata? principiantes y los médicos que pa- san de la antigua a la nueva escuela. Estos, alucinados por las preocupaciones, temen en semejante caso recurrir a las dosis mas pequeñas de las mas alias diluciones de los medicamenlos, y así se privan de las grandes ventajas, que mil y mil veces reite- radas se han obtenido de elias; no pueden hacer lo que realiza la verdadera homeo- patía, y se creen injustamente sus adeptos. DE LA DOCTRINA* HOMEOPÁTICA. 1 l 1 perfectamente homeopático, por mas que lenga la condescendencia de decir que se skmte mejor, el médico lejos de creerle debe por el contrario consi- derar su estado como mas grave que antes, y tendrá mui pronto ocasión de convencerse de ello por sus propios ojos. 257. El verdadero médico se guardará mui bien de tomar cariño o afi- ción a ciertos remedios que la casualidad le ha proporcionado con frecuencia ocasión de emplear con iéliz resultado. Esta predilección le baria descuidar muchas veces otros que serian mas homeopáticos, y por consiguiente mas eficaces. 258. Evitará igualmente el tener prevención contra los remedios que le hayan hecho sufrir algún revés por haberlos elejido mal, es decir, por cul- pa suya. Deberá tener siempre presente en la memoria esta grande verdad, que de todos los medicamentos conocidos uno solo merece la preferencia, aquel cuyos síntomas lengan mas semejanza con la totalidad de los que ca- racterizan la enfermedad. Ninguna pasión miserable debe escucharse en un asunto tan serio. 250. Como es necesario en la práctica homeopática que las dosis sean mui pequeñas, se concibe fácilmente qne es preciso separar del réjimen y del jénero de vida de los enfermos todo lo que pudiera ejercer sobre ellos una influencia medicinal cualquiera, a fin de que el efecto de dosis tan exi- guas no sea extinguido, vencido o turbado por ningún estimulante estra- ño(l). 260. En las enfermedades crónicas sobre todo es donde importa alejar con cuidado todos los obstáculos de este jénero; pues que ya se hallan or- dinariamente agravadas por estos o por otros errores del réjimen frecuente- mente desconocidos (2). 261. El réjimen que mas conviene en las enfermedades crónicas mientras (f) Los dulces sonidos de la flauta que, oidos desde lejos y en el silencio de la no- che, disponen a un corazón sensible al entusiasmo rclijioso, hieren en vano al vien- lo, cuando están acompañados de gritos y ruidos disonantes. (í) Por ejemplo, el café; el té, la cerveza que contiene sustancias vejetales dotadas de propiedades medicinales que no son apropiadas al estado del enfermo, los licores preparados con aromas medicinales, tod;is las clases de ponche, el chocolate con es- pecias, las aguas de olor y perfumes de todo especia, los ramilletes de flores mui olo- rosas, las preparaciones dentriíicas, pulverulentas o liquidas, en que entran sustan- cias medicínales, las boláilas perfumadas, los manjares mui condimentados, las pistas y sorbetes aromatizados, las legumbres que consisten enyerbas, raices o renuevos medicinales, el queso añejo, las carnes manidas, el tocino y la mmteca de puerco,de ganso y de pato, la ternera mui joven, los alimentos ácidos. Todas estas cosas ejer- cen una acción medicinal accesoria, y debe abstenerse de ellas el enfermo. Se prohi- birá también el abuso de los placeres de la mesa, aun del azúcar y de la sal. Tam- poco se permitirán las bebidas espirituosas, el calor excesivo de las habitaciones, los vestidos de franela sobre la piel 'que deben reemplazarse en verano con vestidos, primero de algodón y después de lienzo), la vida sedentaria en lugares no ventila- dos, el abuso del ejercicio puramente pasivo (a caballo, en coche, o en columpio), y de la lactancia, el hábito de acostarse para dormir la siesta, el dormir mucho liem- po, los placeres nocturnos, la falta de limpieza, los placeres sexuales conlra-natun- les, las lecturas eróticas. Se evitarán los motivos de cólera, de pes ir, y de despecho, el juego tomado con pasión, los trabajos corporales e intelectuales forzados, la per- manencia en sitios pantanosos, el habitar lugares en que no se renueva el aire, lis necesidades urjentes, etc. Todas estas influencias deben evitarse o alejarse en lo posi- ble, si se quiere obtener la curación, que estos obstáculos harían difícil o acaso im- posible. Algunos de mis discípulos parece que quieren hacer mas d.ficii de observar el réjimen a los enfermos, prohibiendo todavía oirás cosas bastante indiferentes, lo que no merece aprobarse. 112 EXPOSICIÓN se hace U30 de medicamentos consiste en alejar todo lo que pueda estorbar la curación, y en proporcionar según la necesidad las condiciones inversas, prescribiendo por ejemplo las distracciones inocentes, el ejercicio activo al aire libre y sin atender al tiempo, los alimentos convenientes, nutritivos y privados de virtudes medicinales, etc. 262. Por el contrario, en las enfermedades agudas, excepto la enajena- ción mental, el instinto conservador de la vida habla de un modo tan claro y tan preciso, que el médico solo tiene que recomendar a los asistentes que no contraríen la naturaleza rehusando al enfermo lo que pide con instancia, o tratando de persuadirle a tomar cosas que podrían perjudicarle. 265. Los alimentos y bebidas que pide una persona atacada de enferme- dad aguda no son, es verdad, la mayor parte mas que cosas paliativas y ap- tas a lo mas para proporcionar un alivio, momentáneo, pero no lienen, pro- piamente hablando, cualidades medicínales, y corresponden solamente a una especie de necesidad. Con tal que la satisfacción que bajo este aspecto se proporciona al enfermo no salga de los justos límites, los débiles obstáculos que podría oponer a la curación radical de la enfermedad (\) eslán compen- sados y con exceso por la potencia del remedio homeopático, por la libertad en que quédala fuerza vital, y por la calma que sigue a la posesión de un ob- jeto ardientemente deseado. La temperatura de la habitación y el número de cubiertas de la cama deben igualmente regularse según los deseos del en- fermo, en las enfermedades agudas. Se cuidará de evitar todo lo que pudie- ra causarle una fuerte atención de espíritu o conmover su moral. 264. El verdadero médico no puede contar con la virtud curativa de los medicamentos, sino cuando los posee tan puros y tan perfectos como es po- sible. Asi que, es preciso que sepa apreciar él mismo su pureza. 265. Es para él un caso de conciencia tener una íntima convicción de que el enfermo toma siempre el remedio que le conviene realmente. 266. Las sustancias que proceden del reiiío animal y del vejelal no gozan plenamente de sus virtudes medicinales, mas que cuando están crudas (2). (1) Sin embargo, esto sucede rara vez. Así, por ejemplo, el enfermo casi nunca liene sed mis que de agua pura en las enfermedades francamente inflamatorias, que reclaman tan imperiosamente el acónito, cuya acción seria destruida por la introduc- ción en el organismo de bebidas activadas con ácidos vejetales. (2) Las sustancias animales y vejetales crudas tienen todas ellas mas o menos vir- tudes medicinales, y pueden modificar el eslado del hombre, cada una a su moq>. Las plañías y los animales de que s,e alimentan los pueblos civilizados tienen sobre los demás la ventaja de contener mayor cantidad de parles nutritivas y virtudes me- dicínales menos enérjicas, que disminuyen todavía con las preparaciones que se les hace sufrir, como la espresion del jugo nocivo da cazabe, en América), la fermenta- ción (la de la pasta de que se hice el pan, la de la colicostra, etc.), las fumigaciones, la cocción, la torrefacción, etc., que destruyen o disipan las partes a que se adhieren estas virtudes. La adición de la sal (salazón) y del vinagre (salsas, ensaladas/ produ- ce también esle efecto, pero resultan de esto otros inconvenientes. Las plantas doladas do virtudes medicinales las mas enérjicas, se despojan igual- mente de ellas en todo o en parte, cuando se las trata del mismo modo. Las raices de lirio cárdeno, de rábano silvestre, de peonía y de aro seguino se hacen casi iner- tes por la desecación. El jugo de los vejetales mas violentos se reduce frecuentemen- te a una masa totalmente inerte por la acción del calor que sirve para preparar ¡os eslractos ordinarios. Basta dejar quieto algún liempo el jugo de la plañía mas peli- grosa para que pierda todas sus propiedades; pasa rápidamente por sí mismo a la fermentación vinosa, cuando la temperatura es moderada, in med i a lamen le después se agria, en seguida se pudre, lo que acaba de destruir en el loda virtud medicinal; el sedimento que se deposita entonces en ci fondo no es ñus que una fécula inerte! DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA! 4 13 207. El modo mas perfecto y seguro de apoderarse de la virtud medici- nal de las plantas indíjenas, y que pueden obtenerse frescas, consiste en es- primirel jugo, que se mezcla en seguida exactamente con partes iguales de alcohol. Se deja quieta la mezcla por espacio de veinte y cuatro horas en un frasco tapado, y después de haber decantado el líquido claro, en el fon- do del cual se encuentra un sedimento fibroso y albuminoso, se le conserva para uso medicinal (I). El alcohol que se ha añadido al jugo se opone al de- sarrollo de la fermentación, así para el presente como para el porvenir. Se tiene el líquido al abrigo de los rayos del sol en frascos de vidrio bien tapa» dos. De esle modo se conserva la virtud medicinal délas plantas entera, per- fecta y sin la menor alteración (2). 268. En cuanto a las plantas, cortezas y raices exóticas que no pueden obtenerse en el estado fresco, un médico prudente jamás se fiará de otro pa» ra proporcionárselas en forma de polvo. Antes de usarlas en su práctica de- be procurar tenerlas enteras, y no preparadas, para poderse convencer de su pureza (5). Las yerbas verdes, que se ponen en montones, pierden también la 'mayor parte de lo que tenían de medicinal por la especie de exudación o de sudor que esperi- mentan. (1) líuchobz (Taechenbuch fuer Schcidekuenstler und Apothcker, 1815, L VI) ase* gura a sus lectores (y el que ha dado cuenta de su libro en la Leipziger Lileratur- scitung, 1816, núm. 82, no lo censura), que se debe este excelente modo de preparar los medicamentos a la campaña de Rusia (1812), de donde ha venido a Alemania. Pero refiriéndole en las mismas palabras de la primera edición de mi Orgxnon, se le ha olvidado decir que soi yo el inventor : ya le habia yo publicado dos años ánles de la campaña de Moscou (en 1810). \ Se prefiere mas bien aparentar que se cree que un descubrimiento ha venido de los desiertos del Asia, que atribuir el honor de él a un compatriota! Antiguamente, es verdad, se mezclaba el alcohol con los jugos de las plantas, con el fin, por ejemplo, de poder conservarlas algún tiempo ánles de preparar con ellas los estrados; pero jamás se ha hecho esta adición con la mira de administrar después esta mezcla como remedio. (2) Aunque jeneralmente convenga mezclar partes iguales de alcohol y de jugo re- cientemente esprimido para hacer que se precipite la materia fibrosa y la albúmina, sin embargo, hai plantas mui cargadas de mucosidades, como la consuelda, el pen- samiento, etc., que exijen ordinariamente doble cantidad de alcohol. En cuanto a las plantas poco ricas en jugo, como el oleandro, el boj, la sabina, el galo (cerezo de Luisiana), el lódano, etc., es preciso empezar por machacarlas hasta que formen una pasta homojénea y húmeda, a la que se añade después doble cantidad de alcohol, que se une al jugo vejetal, y permite obtenerle por la acción de la prensa; pero pueden también triturarse eslas plantas secas con azúcar de leche hasla el millonésimo grado de atenuación, disolver entonces un grano de este polvo, y servirse de la disolución para obtener las diluciones siguientes. (V. 271). (3) Para conservarlas en formado polvos se necesita una precaución no usad» hasta el dia en las boticas, donde no pueden guardarse, sin que se alteren, ni aun los polvos bien desecados de sustancias animales y vejetales. Esto consiste en que las ma- lcrías vuélales, aun cuando estén perfectamente secas, conservan todavía cierta can- tidad de humedad, condición indispensable para la coherencia de su tejido, que no impide que la droga permanezca incorruptible mientras se conserva entera, pero que se hace supérQua luego que se la pulveriza. De aquí se sigue que una sustancia ani- mal o vejetal, que estaba bien seca de entera, da un polvo lijeramentc húmedo, que no tarda en alterarse y enmohecerse en los frascos, por bien tapados que estén, aí antes no se ha tenido el cuidado de privarles de loda su humedad. Ei modo mejor de conseguirlo consiste en cslcnderle sobre un plato de hoja de lata de bordes elevados, que se calienta en un baño de María, y en moverle hasla que sus partes no se aglo- meren en burujones, sino que se deslicen las unas sobre las otras, como arena finí. Secados de este modo, y conse.-vados en frascos bien tapados y sellados, son inaltera- bles para siempre, y conservan completamente sus virludes primitivas, sin enmohe- 46 114 EXPOstCíOft 4 260. La medicina homeopática por un procedimiento que le es propio, y que jamás se habia ensayado antes de ella, desarrolla de tal modo las vir- tudes medicinales dinámicas de las sustancias groseras, que proporciona a todas ellas una acción de las mas penetrantes, aun a aquellas que antes de haber sido tratadas de este modo no ejercían la menor influencia medicinal sobre el cuerpo del hombre. 270. Se toman dos golas de la mezcla de partes iguales de un jugo veje- lal fresco y alcohol, se las echa en noventa y ocho gotas de alcohol, y se dan dos fuertes sacudidas al frasco qne contiene el líquido. Se tienen en seguida otros veinte y nueve frascos Henos en sus tres cuartas partes con noventa y nueve gotas de alcohol, ven cada uno de los cuales se echa una gota del liquido contenido en el precedente, cuidando siempre de dar dos sacudidas? a cada frasco [I] El último o el trijésímo contiene la dilución al decillonési- mo grado de potencia (X), (2) la cual se emplea con mas frecuencia. 271. Todas las demás sustancias destinadas a los usos de la medicina ho- meopática, como los metales puros, los óxidos y sulfuros metálicos, las de- más sustancias minerales, el petróleo, el fósforo, las parles y jugos de las plantas que solo pueden proporcionarse en el estado seco, las sustancias animales, las sales neutras y otras, etc., se llevan al millonésimo grado de atenuación pulverulenta por medio de una trituración que dura tres horas; después de la cual se disuelve un grano de polvo, y se trata la disolución en veinte y siete frascos sucesivos, del mismo modo que se ha hecho respecto dolos jugos vejetales, a fin de elevarlas al trijésimo grado de desarrollo de su potencia (5). 272. En ningún caso es necesario emplear mas de un medicamento a la vez (i). 275. No se concibe que pueda quedar la menor duda respecto a si es mas razonable y mas conforme a la naturaleza no emplear a la vez en una en- carsc jamás, ni criar mitas. Debe tenerse singular cuidado de poner los frascos al abrigo de la luz, en cajas o en gabelas. Cuando penetra el aire en eslos frascos, cuando están espuestos a la acción de los rayos del sol o de la luz difusa, las sustan- cias animales y vejetales pierden cada dia mas sus virtudes medicinales, lo que ya las sucede cuando están en grandes porciones, y principalmente bajo la forma de polvo. (1) Fundándome en experiencias multiplicadas y observaciones exactas, y que- riendo fijar un término preciso y medio al desarrollo de la virtud de los medicamen- tos líquidos, he prescrito que no se den mas que dos sacudidas a cada frasco, en lu- gar de dar mas, como lo hacia antes, lo que desarrollaba demasiado la potencia de Jos remedios. Hai homeópatas que llevan consigo los medicamentos homeopáticos en forma líquida, mientras hacen sus visitas, y que pretenden que las virtudes no ad- quieren exaltaciones con el tiempo por este medio. Sostener semejante té^is, es pro- bar que no se tiene un jénio de observación bien riguroso. Yo he dísucllo un grano de analron (sal común) en medía onza de agua mezclada con un poco de alcohol, y he ajilado sin interrupción durante media hora el frasco que contenía el líquido, y que ocupaba las dos terceras partes de él; y he visto después que esla mezcla igualaba en enerjía a la trijésima dilución.- (2) En un principio se emplearon en homeopatía los números romanos para de- signar las diluciones, y con cada uno se designaban Ires : asi, por ejemplo, el diez romano (X) espresaba la 30.a el VI, la 18.a, etc.; en el dia para mayor claridad se emplea el sistema de numeración arábigo. (IV. del T). (3) Como se ha dicho con mas estension todavía en los discursos que preceden a la cxporic'mn de los sintonías de los mcdicamenlos que comprende el primer tomo del Tratado de Materia Médica Pura. (-i) A la verdad, algunos homeópatas han ensayado, en los casos en que un me- dicamenlo convenía a uua pule de los síntomas y olro a olra, el dar dos medicamen- Í>E LA DOCTRINA U01IE0PÁTICA. \ 1.5 fermedad, nías que una sola sustancia medicinal bien conocida, o prescribir una mezcla de muchos medicamentos diferentes-. 274. Como el verdadeio médico encuentra en los medicamentos simples y no mezclados todo lo que puede desear, es decir, potencias morbíficas ar- tificiales que por su facultad homeopática curan completamente las enferme- dades muurales, y como es un precepto mui prudente no emplear nunca mu- chas fuerzas para lo que puede hacerse con una, jamás le ocurrirá dar a la vez como remedio mas que un sólo medicamento simple : porque sabe que aun cuando se hubieran estudiado en el hombre sano los efectos específicos y puros de todos los medicamentos simples, no podríamos por eso encon- trarnos en estado de prever y calcular el modo con que estas sustancias mezcladas entre si pueden contrariarse y modificarse recíprocamente en sus efectqs. Tampoco ignora que uu medicamento simple administrado en nna enfermedad cuyo conjunto de síntomas se asemeja perfectamenie a los suyos, basla por sí solo para curarla de una manera perfecta. Eslá bien convenci- do, en fin, deque, aun en el caso menos favoiable, aquel en que el remedio no esiuvíese enteramenie en armonía con el mal, respecto a la semejanza de los síntomas, produciría al menos algún provecho a la materia médica, con- firmando, los nuevos síntomas que eu semejante caso excítase, los que ha- bia producido anteriormente en las experiencias hechas en sujetos sanos, ventaja de que se priva haciendo uso de medicamentos compuestos (1). 275. La apropiación de un medicamento a un caso dado de enfermedad no se funda solamente en su elección perfectamente homeopática, sino tam- bién en la precisión o mas bien en la exigüidad de la dosis a que se le ad- ministra. Si se dá una dosis demasiado fuerte de un remedio, aunque sea del todo homeopático, perjudicará infaliblemente al enfermo, a pesar de ser sa- ludable por su naturaleza la sustancia medicinal; porque la impresión que . En 181.7 asistía yo casi diariamente a. las consultas de Hahnemann y oía con frecuencia preguntar a los enfermos si habían tenido sarna. Poco tiem- po después, decía de un modo terminante : U. ha tenido sarna; y me sor- prendía sobremanera la .respuesta afirmativa de la mayor parte de los. enfer- mos. Desde esta época, jamás descuidé interrogar a mis enfermos respecto ;> este punto y puedo decir que antes que Hahnemann hubiese publicado su Tratado-de enfermedades crónicas, muchas veces hallé en el sulph., o hep-ndph., el remedio apropiado. Esta pregunta llamaba mí atención y me conducta a creer que Hahnemann consideraba las enfermedades crónicas bajo un pumo de vista diferente que los demás médicos. Continuando sus investigaciones, creía ver en los hechos la confirmación de la idea que abrigaba respecto a la existencia de una afección psórica hítenle, orijen de las enfermedades cró- nicas y de la naturaleza miasmática crónica déla enfermedad primiva, «por- que nunca, dice Hahnemann he visto que la enerjía vital haya sido suficiente para combatirle, ni que ceda a los esfuerzos de una constitución vigorosa, al réjimen mas severo, o al jénero de vida mas regular, ánles por el. contra- rio, se perpetua hasta el fin de la vida, se agrava sin cesar tomando forma» pías o menos graves». — Llamaba psora (afección psórica interna, con o sin erupción) a la. enfermedad primitiva, orijen de tantas otras y por consiguien- te anlipsóricos, a los medicamentos cuya eficacia contra las mismas-habia ya experimentado. La acción curativa de estos ajentes terapéuticos en mucha* enfermedades crónicas, le sirvió de prueba en favor de la naturaleza psóri- ca, resultándole ademas la firme convicción de que «casi todas las enferme- dades de la piel, la mayoría de lasseudoorganizaciones desde las verrugas de los dedos hasta los tumores enquisiados mas voluminosos, desde las sim- ples deformidades délas uñas hasta la hinchazón de los huesos, las devia- ciones déla columna vertebral y muchos otros reblandecimientos o distor- siones de los huesos, eu la infancia o en la edad avanzada; que las hemo- rrajias frecuentes de la nariz, las conjesliones sanguíneas en las venas del recto, los flujos de sangre por el ano, la hemoptisis, la hemaiemesis y la he- maturia, la amenorrea y la melrorrajn, los sudores nocturnos habituales y la aridez de la piel que se pone seca como pergamino, las diarreas habitua- les, el estreñimiento pertinaz, los dolores crónicos erranies acá y allá por el cuerpo, y las convulsiones reproduciéndose muchos años seguidos; que las ulceraciones y fleemasías, las atrofias, la sobreescitacion, los diversos vi- cios de la abolición de la vista, del oído, del olfato, del gusto y del tacto, los excesos y la estiucion del apetito venéreo las perversiones de las. faculta- des intelectuales,, desde la demencia al éxtasis, desde la melancolía, hasta el furor, las lipotimias, los vértigos y las enfermedades del corazón, las»afec- ciones del bajo vientre con todo el síndrome de los padecimientos llamados- histeria e hipocondrio, en una palabra, que los millares de afecciones cróni- cas a las cuales la patolojía, asigna nombres diferentes, no son, con pocas escepciones, mas que reproducción de la psora polimorfa (2). Sus observa-; cior.es .y esperiencias posteriores le enseñaion que las-afecciones.'Crónicas que tanto varían bajo el aspecto de los simonías que determinan y de las for- (1) Docítjne et traitcment homoeopalhique des. maladies chroniqnes. trad. de Palíemand par J. AL. Jourd.in, 2 édition ; Paris,. 4JJ46 ; t. 1. p. 6 el suiv. (2) Doctrine el traileincnl homoeopathique des maladies ciiroiviqu.es, t. l,"p. ¡2 el. suiv. . .' ;r ■-'•:■•' ■ 128 É.NFCRMEDADES CRÓNICAS. dones duras o diarrea, hemorroides secas, o fluéntes, orina encendida ; ve- nas hinchadas, y dilatadas en las piernas (varices); sabañones y dolores en los mismos aun en eslío; dolores en los clavos sin presión esterior del calzado ; disposición a las luxaciones ; crujido en las articulaciones durad té el movi- miento ; dolores tiramos, tractivos en la nuca, dorso, miembros y sobre to- do en los dientes; agravación de los dolores en el reposo y alivio con el mo- vimiento ; renovación o agravación de casi lodos los síntomas por la noche, cuando el barómetro está mui bajo, con los vientos de! Norte y de Esle, en invierno y primavera; sueños ajilados, piel enfermiza, forúnculos frecuentes y panadizos; piel seca en los miembros, y con mas frecuencia en las meji- llas; descamación déla piel en diferentes sitios, acompañadas algunas veces de prurito y ardor; aparición de vesículas ^aisladas que se llenan de pus y producen un prurito voluptuoso, seguido de ardor». Estos son los síntomas lijeros y poco incómodos dé la psora latente que pueden existir por años enteros, sin tomar un carácter de gravedad, hasta que en una edad avanzada, influencias esteriores les despiertan y producen una alteración mas considerable. Entonces es, cuando se exaltan los sínto- mas e incrementa el desarrollo de las enfermedades crónicas como Hahne- mann lo ha probado con los hechos recojidos de diferentes autores y que ha consignado en su Tratado de enfermedades crónicas (I), cuales son : Asma con o sin tumefacción jeneral; catarro sofocante ; asma e hidropesía; pleuresía e inflamación del pecho, con punzadas y tos riolenta ; espectora- cion sanguinolenta, hemolisis y tisis pulmonar; colecciones de pu.i eii d pe- cho, y en el mesenlerio, alteración notable de gran número de visceras; hi- drocéfalo ; úlceras en el estómago; esfacelo de este y el duodeno; ascilis ; líidrocele; ictericia; infacto de las parótidas y jánglios linfáticos del cudlo; oscurecimiento de la vista y presbiopia, catarata y amaurosis ; sordera; infla- mación dé las visceras, diabetes, supresión de orina ; erisipela ;• flujos acres, ¡corosos; úlceras, caries; exostoses en larodiila; dolores osteocojios; ra- quitismo y tabes mesentérica en los niños; fiebres de diferentes especies y lipos; vértigo y pérdida tola! délas fuerzas; vértigo epileptiforme ; convul- siones; epilepsia; apoplejía, parálisis; melancolía; enajenación mental, etc. § V. Tratamiento de la sama según Hahnemann. Cuando él exantema se présenla bajo la forma de granos primero transpa- rentes, qu? se llenan después de pus, con una pequeña aureola roja, y del volumen de las papilas miliares, aisladas, y con el aspecto ya de granos es- coriados, ya de pequeñas costras, no puede dudar el médico un solo instante en que la erupción es sarnosa, máxime si el niño frota y rasca sin cesar el punto afectado, o Cuando el adulto esperimenta un cosquilleo pruiiiosó iu- s-oportable, particularmente por la tarde y la noche que le impele a' rascarse y que después produce un ardor quemante. Cuando el médico nota estos síntomas a tiempo, le basta, evitando toda aplicación esterior, administrar uno o dos glóbulos empapados en alcohol sulfurado y dinamizado para curar prontamente un niño en dos, tres o cua- tro semanas, de la afección psórica entera, es decir, de la erupción y dé bi psora interna. En algunos casos es necesario tula dosis de carb—v., diiíami- zado y en otros una dosis de sepia. Cuando la enfermedad es antigua, pero manifestada todavía por su eiaaíe- (\) T. I, p. 28 y siguientes, ENFERMEDADES CRÓNICAS. 120 ma primitivo y que no ha bastado una dosis de sulfur, es menester antes de repetirle, administrar uno o dos glóbulos de n—v., 50 para combatir sí ha lugar la sensibilidad excesiva que impide alsulph., desplegar su acción. Este medicamento está ademas indicado cuando el enfermo ofrece los síntomas siguientes : repugnancia al aire libre; grande propensión a estar sentado o echado; humor hipocondríaco y apesadumbrado y resistencia tenaza los de- seos de otro. La segunda dosis de sulph., qne se dará en seguida y cuya ac- ción se aguardará por treinta y seis a cuarenta días, no tardará en manifes- tarse, cuando una enfermedad crónica cualquiera tiene el síntoma tan incó- modo de un estreñimiento de muchos dias con deposiciones duras y nudo- sas y con conato frecuente e inútil de deponer. Héaquí, pues, en pocas pa- labras el resumen de la terapéuiica de la sarna indicada por Hahnemann en su Tratado de enfermedades crónicas (1). (1) T. i, p. 139, ct suiv. 13 MEDICINA HOMEOPÁTICA DOMÉSTICA, •o PARA QUE PUEDAN TRATARSE POR SI MISMOS HOMEOPÁTICAMENTE KN LAS INDISPOSICIONES LUERaS V PRESTAR Al'XIEIOS EFICACES A LOS ENFERMOS EN LOS CASOS LRJENTES HASTA LA LLEGADA UEL MEDICO. POR EL Dr. C. HERING (de Filadelfia.) REDACTADO \ Con cityícjVo a \as mqovís o\ixc\s \vom(.opu\Vavs \j a su ^ro^Va rs^mincYa co\v aiUdoYits ¡k\os docAovts GOMYAAO'N, Gft.OSS \j ST APW. TRADUCIDA AL CASTELLANO POR 0. ROMÁN FERNANDEZ DEL RIO , Doctor en medicina y cirujía , socio fundador y secretario jeneral de la Sociedad Hahnemanniana Matritense, socio corresponsal de la Sociedad líahnemaniiiana de Paris, etc. etc. La esperiencia es el medio mas seguro de conocer la verdad. Washington. SANTIAGO DE CHILE. IMPRENTA CHILENA, CALLE DE SAN CARLOS, \." 43. INTRODUCCIÓN. Este libro ha sido escrito para enseñar a los profanos a la medi- cina a aliviar un gran número de enfermedades, ora con remedios domésticos inocentes, ora por medio de medicamentos homeopáti- cos que jamás perjudican y siempre son útiles cuando se los admi- nistra oportunamente. Se ofrece a aquellos a quienes la esperiencia ha convencido de las ventajas de la medicina homeopática, con la familiaridad de un antiguo amigo, y reclamando de los que no han tenido ocasión de adquirir esle convencimiento, de los que nada han oido hablar de la homeopatía o solo han oido hablar mal de ella, que la examinen sin prevención. A estos últimos les bastará hacer algunos ensayos en esas enfer- medades de poca importancia que se presentan diariamente, como dolor de muelas, de cabeza, dolores reumáticos, ele, para los cua- les ordinariamente no se llama al médico, o en los casos graves hasta que llegue, les bastarán estos ensayos, repito, para conven- cerse de la acción real, pronta y sorprendente de los medicamentos homeopáticos. El que haya sido testigo una sola vez de los efectos de estos medicamentos, se opondrá en adelante a ese hábito banal y funesto de tomar dosis masivas de medicamentos, tales como pur- gantes, pildoras, opiatas, etc., etc. ; se opondrá también a las san- grías y sanguijuelas, ventosas, vejigatorios, emplastos y toda clase de remedios que, como eslos, hacen sufrir mucho, alivian muí po- co y frecuentemente también agravan la enfermedad. Ésta obrita puede considerarse ademas como un médico domés- tico, al cual pueden recurrir los padres en un gran número de en- Aol INTRODUCCIÓN. iérmedades de su familia, evitándoles el consultar al médico en ca- da caso frivolo que en ellas ocurra. A las personas que viven en pueblos pequeños o que acostumbran a pasar algunas temporadas en el campo, les será particularmente útil, puesto que a causa de las distancias no es fácil tener al médico en el momento que se le necesite, ni puede frecuentemente obtenerse tampoco esla asisten- cia sino a costa de mucha incomodidad, gasto y retardo. Con esta guia en la mano cualquiera puede obviar estos inconvenientes y al- canzar alivio siguiendo las reglas pue prescribe. Como este libróse dirije a la gran masa de la sociedad, para ha- cer el mélodo homeopático intelijible y útil a lodos, el autor ha procurado que haya en él loda la claridad y sencillez posible, pre- firiendo aun la redundancia, con el fin de ser jeneralmente com- prendido, al crítico laconismo en el que hai probabilidad de ser os- curo para algunos. Estando todos sujetos a enfermedades, se ha esforzado el autor en presentar esta obra en un estilo familiar, pa- ra conseguirasí que todos, ya el estudiante en su gabinete, ya el viajero, el sencillo labrador, o el opulento comerciante, la madre que cria a sus hijos, o el marinero sobre el Océano, sean hasta cierto punto médicos de sí mismos. Nubes de obstáculos, y objecio- nes cargadas con no pequeña parle de envidiosa malignidad, se han agrupado de cuando en cuando sobre los estudiosos y entusias- tas discípulos de Hahnemann, empero antes de mucho tiempo se- rán disipadas o dispersas por los rayos de la esperiencia práctica, así como la densa niebla se desvanece ante el sol de la mañana. La objeción (única de que tenemos tiempo y deseo de hacernos cargo), de que los médicos homeópatas no han juzgado útil ni absoluta- mente necesario el estar impuestos en el antiguo sistema de medi- cina, es indudablemente errónea en todos conceptos. No puede ser aventajado discípulo de Hahnemann el que no está bien versado en el conocimiento de las escuelas médicas, y le seria tan imposible obrar juiciosamente sin un conocimiento de la anatomía, cirujía y materia médica, etc., juntamente con la mineralójia, química y bo- tánica, etc., como fuera para un hombre ignorante de la navega- ción y de la maniobra de un buque, el dirijirlo con seguridad al puerto sin compás ni caita. Al dar al público esta pequeña obra, resultado de mucho trabajo, ha cedido el autor tan solo al deseo de introducir un sistema de práctica doméstica mas juicioso.y racional, y de ponera ia sociedad alerta contra los notorios absurdos del antiguo sistema de medicina, según al presente se practica, y en muchos casos, se persevera obs- tinadamente. MODO DE SERVIRSE DE ESTE LIBRO. Deben observarse exactamente en el uso de este libro las siguientes pre- venciones. Cualquiera que sea la indisposición que haya que tratar, se consultará la tabla de los capítulos y la tabla alfabética de las materias que van al fin de la obra : en ellas se encontrará la pajinacion que debe servir de guia. La obra está dividida en dos parles; la primera irata de las causas mas comunes de las enfermedades y los medios curativos que las convienen, y la segunda de las enfermedades mas comunes. Por esta razón cuando la causa de la indisposición sea conocida o presumible examínese primero lo que de ella se dice en la primera parte y luego véase lo que se dice de la enfermedad en la segunda. Estas están clasificadas según un orden anatómico, a fin de facilitar las investigaciones concernientes a los diversos estados morbosos, empezando por la cabeza para llegar sucesivamente a cada órgano y a la en- fermedad que le es propia; Concluyendo con las enfermedades que afectan todo el organismo; a saber las enfermedades jenerales, las del sistema ner- vioso, las fiebres intermitentes, etc. Espliquémoslo con un ejemplo. Supongamos que a consecuencia de un en- friamiento es uno atacado de dolor de cabeza y de diarrea, se buscará pri- meramente el artículo enfriamiento, y después dolor de cabeza y diarrea ; y en una afección cuya causa no se puede apreciar, pero que se manifiesta en muchos sitios a la vez, pregúntese a cada uno de los óiganos que padecen. Si se queja uno de dolor de cabeza, del cuello y de un dolor en el lado de- recho, diríjase la atención a estas tres partes. De este modo, será mas fácil encontrar el remedio apropiado a este conjunto de padecimientos. Regla jeneral.—Nunca se lia de dar mas que un remedio a la vez, y no de- be recurrirse a un segundo sino cuando el primero haya cesado de obrar. Cuando alguno se sienta indispuesto o esté seriamente enfermo; o también cuando la enfermedad interese muchos órganos a la vez, es bueno anolar to- dos los sintonías antes de consultar el libro j porque, preguntar al enfermo j36 MEDICINA DOMÉSTICA. por el libro es esponerse a no lener el cuadro fiel de sus sensaciones. Guia- do o sujerido por el interrogatorio dirá mas bien lo que le parezca que espe- rimenta, que lo que sienta realmente. Sus respuestas pueden inducir a error en cuanto a la elección del medicamento. Así, pues, se escribirá antes lo que el enfermo diga, después se le preguntará acerca de cada punto en par- ticular, y de este modo se completará el cuadro de los síntomas. En esle cuadro, se anotará : i.° el sitio preciso del órgano que padece; 2.° cuáles son las manifestaciones de este padecimiento, a qué puede com- pararse, si con una sensación de tirantez, de punzada, de latido, de ardor, de corladura, etc. ; 3.° cuándo y por qué influencia el dolor se agrava o se mejora ; a qué hora del dia, si es por la mañana, por la tai de o por la noche: según el estado de la atmósfera, por el aire húmedo, seco, frió o caliente ; según la situación del cuerpo, durante el reposo o durante el movimiento, estando sentado o echado ; antes o después de la comida, después,del sueño, - o todavía por la presión o el contacto de las cosas estertores, etc. ; 4.° los síntomas que coinciden, como por ejemplo la tos con dolor de cabeza, o do- lor de cabeza con gana de vomitar, o bien náuseas con escalofríos, etc. Después de haber anoiado todo esto con el mayor cuidado, se procederá a buscar en la guia cada síntoma característico; obrando así, no se puede dejar de encontrar el remedio apropiado. No se debe desmayar porque se encuentre dificultad para elejir con prontitud el remedio; esia dificultad se irá desvaneciendo según vaya uno familiarizándose con el libro. Si no se encontrase un remedio apropiado al conjunto de los síntomas, tómese entonces el que cubra el mayor número, cuidando siempre de que sea el que corresponda mejor a los padecimientos agudos del enfermo. Dando un remedio que no corresponda a la enfermedad no se proporcio- nará ningún alivio; pero tampoco se perjudicará el enfermo* como sucede con tanta frecuencia en la medicina alopática. El método homeopático es tal, que alivia si se le aplica bien, y no perjudica esencialmente si se le emplea mal. En este caso la enfermedad continúa lo mismo y frecuentemente tam- bién sufre una lijera modificación. Entonces debe buscarse un medio mas análogo a los padecimientos que queden. Se puede no obstante perjudicar con los remedios homeopáticos : 1.° cuan- do se les da en mucha cantidad : 2.° cuando se les repite mui a menudo : 5.° y cuando se les cambia sin haber esperado a que acaben completamente su acción. Para evitar esto, es preciso dejar a los medicamentos el tiempo necesario para el completo desarrollo de sus efectos; esta advertencia es importante y esla es la razón de por qué se encuentra consignada muchas veces en este libro. Respétese siempre un principio de alivio, y, por poco pronunciado que sea, permánezcase con firmeza en inacción, y espérese el momento oportuno de dar otro medicamento, si hai necesidad de ello. ©el niodo de emplear los medieamefialos. Los medicamentos se emplean de diferentes modos : l.'en olfacion; 2.» en uno o muchos glóbulos; 5.° disueltos en agua ; 4.° en fricción y en loción, estando también disuelto en agua el medicamento. 1.° En olfacion, en los padecimientos violentos que sin embargo no ofre- cen peligro, como en los dolores de cabeza, de muelas, en los cólicos y las afecciones de pecho, y principalmente en los niños y en las personas mui sensibles y que se impresionan fácilmente por la acción de los medicamen- tos. En estos diversos casos hai que limitarse a hacer oler el frasco desta- ttlíblCÍNA DOMÉSTICA. 137 paYCISA DOMÉSTICA. cér en esputación, en las enfermedades agudas, una ó dos horas f en la* enfermedades trónicas un dia. Esle tiempo basta para producir e alivio o agravación, o en fin para ver si la enfermedad permanece estacionaría. Si hai alivio, por poco que sea, hai que abstenerse de repetir el medica- mento mientras que dure este alivio, pero, luego que se suspenda hai qoe" volver a repetir el mismo medicamento. — Si se ha agravado hv enfermedad, hai o exacerbación en ios mismos síntomas sin ningún cambio en su natura" leza, o bien la agravación se ha aumentado con nuevos padecimientos, es-» traños a la enfermedad. En caso de agravación con cambio en la naturaleza de las m.inifestacionesr cambíese de medicamento. —Por el contrario si hai solamente exacerbación en el estado primitivo de? mal, sin que liaya síntomas nuevos, debe"esperar- se mas. Cuando inmediatamente después de haber tomado el refnedio, se- exaspera el eslado del enfermo es una buena señal; es prueba positiva áe que el medicamento ha obrado doi7i< n a los médicos hemos creído con veniente poner la lista de la edición francisa (JV. del T), i 41 MEDICINA esto es mui prudente, porque lo qu< muchas vece* mas que una opinión. Aconitum. Aconilum. —6. Agaricus. Agnur castus.— 3. Alumina. Antimonium ckudim. Antimonium crudutn.—3. Aunica. AllNICA. —(í. Árnica.—T. Arsemum. Bl.LLADONA . Bkyoma. Brionia. —12. Calcárea OAimoNiCA. Calenihi.a.—T. Capsicum. Capsiccm.—6. Caiibo VEOETARILIS. Curbo vegetabilis.— 3. Causthxm. Causticum^ —3. ClIAMOMlLlA. Chamomilla.—6. ClllNA. China.—3. Ciña. Ciña.,-6. Cocculus. Coffea. Coffea.—ü. Colciiicuin. COLOCIKTHIS. Coiicinihib.—6. Coniuni. Croccus. Croccus.—3. Cui'RUM AC1.TICUM.—3. Drosera. Dulcamara. Dulcamara.—3. Euphrasia. Eui'IlRASIA.— 3. Fmiiium aceticum. ííl.l'AR sulfuris calo. HePAí». SUl.FURIS CALC. — 3. Hidrophobin. HlOSUAMUS. DOMÉSTICA nosotros llamamos esperiencia no es Hipericum. Hhericum.—T. ICNATIA. Ignalia.—3. iodiuni. Ipecacuanha. Ipeca cu an ha. — 3. Lachesis. Licopodium. ml.rcurius solubilis. Mf.kcukius soluuilis.—3. mercurius sublima! us. Natrum muriaticum. Nux moschata.—5. Nux VÓMICA. Opium. Opium. —d. Petroleum. Phosphorus Phosphorus.—T. PlIOSI'HORICUM ACIDUM. Phosphoricuní aciduni.—6*. Platika. Pulsatilla. Pulsalilla. —12. Rheum. Rheum.—3. Rhododendron. Rhus toxicoue«dro?í. RuLa. Ruta.—T. Sambucus. Sanguinaria. Sécale. Sécale.—3. Sepia. Silícea. Spigelia. Spongia.— 5. Staphisagiua. Stramoniuni. Sulphur. Sulphur. —3. SlMPHlTUM.—T. Tarlarus emelicus. TaIíTARUS LMET1CUS.—3. Theridion. Thuya. MEDICINA U0MÉST1GA 443 Única Dioica. ~T. Vi ratrum. Vaceinn. Veratruin.—6. Vaccínn.—3. Estos medicamentos se pueden comprar en las boticas homeopáticas don- de los venden en cajas convenientemente preparadas. Recomendamos que se tengan en cajas separadas si es posible los medi- camentos a bajas y a altas dinamizaciones, asi como el tener de reserva al- gunos frascos vacíos y sin estrenar. No es indiferente tapar cuidadosamente los frascos siempre con el mismo tapón; una confusión en esto infalible- mente echaría a perder los medicamentos y no seria posible valerse de ellos confruto. Tampoco debe descuidarse el tener la caja de los medicamentos en un paraje seco, y libre de todo olor o vapor fuerte, etc., ele. De la elección del médico. Pueslo que se ha hablado en esta obra de la necesidad de servirse de au- xilios y luces de un médico, no estará demás decir cuatro palabras acerca de la elección qne de él deba hacerse. No espondré aquí el grande arte de elejir un médico; seria preciso decir sobre esto cosas que no les agradaría a muchos oír; pero desde el momento que se ha establecido que hai entre los homeópaias subdivisiones y sectas, no es malo hablar un poco de ellas. Como todas las cosas, los homeópatas se dividen en diferentes especies. í.° Se dividen en homeópatas puros o enteros y en medio-homeópatas. No debe sin embargo entenderse esta espresion en el mismo sentido que en el sistema monetario, en el que dos medias pesetas hacen una peseta entera o dos medios duros un duro entero; no. Los medio homeópatas se encuen- tran, es cierto, a la mitad del buen camino; y una vez allí, o adelantan o se hacen progresivamente homeópatas completos, o se reducen a la nada. Abandonad a estos últimos. 2." Entre los homeópatas puros, los hai buenos y malos. Los primeros deben ser preferidos, sin duda; y en esto, deberá uno conducirse como en la elección de mujer.....¿Pero cómo juzgarlos de antemano? ¿Si sobre esto se escribiese un grueso libro, quién le leería? ¿Y aun cuando fuese leido^ quién seguiría sus consejos?...En materia de matrimonio, como en la elec- ción de médico, los hombres mas razonables cometen con frecuencia estra- va^antes yerros ...Elija pues cada uno su médico como él lo entienda, es decir, conforme a su carácter y a su modo de ver. Se comprenderá mui bien, que en este consejo, yo indemnizo a los malos, no pueden pues tenerme ma- la voluntad. o.° Entre los buenos, se cuentan todavía tres especies. —Los de la prime- ra dan gustosos muchos medicamentos, y hasta muchas gotas; creen demos- trar de esle modo mucho valor : también pretenden que obtienen muchas curaciones, y hai otra cosa mejor, y es que un gran número de jenles les creen. Ellos se dirijen conforme a la conducta que Hahnemann ha seguido desde t790 hasta 1810, y aun hasta 1820.—A contar de esta época, su vie- jo maestro, al cual muestran el mas grande respeto después de que ha muer- to, le consideran como un niño, o un loco inofensivo.—Los déla segunda especie dan pocos remedios, algunos glóbulos acá y allá, y nada mas. Sos- Hl MEDICINA DOMÉSTKU. tienen que en esto muestran mas valor,'y por tanto mas ciencia ; y que tie- ne uno tanta mas seguridad de lo que hace cuanto mejor sabe, esperar el efecto del remedio. Toman por regla lo que hacia Hahnemann en los diez" últimos años de su vida. Creen que su maestro eslaba entonces en toda la madurez de su razón; y si seesceptúan algunas lijeras eslravagancias, vie* jos restos de ciertas ideas del siglo pasado, encuentran que ha conservado .ese ojo recto y seguro, que le ha proporcionado ha'cer las mis sorprenden* les curaciones, hasta la víspera de su muerte. ¡ Quieren, con todas sus fuer* zas, imitarle y aun ir mas adelante! Uno de ellos se ha elevado tan alto, qiié ha tenido la audaGia de pasar del punto donde Hahnemann se había deteni- do! ha descubierto las altas potencias : y así es como esta segunda especie se ha aumentado con una nueva rama, que se distingue por el uso de las al- tas dinamizaciones. Pero, para esto, es preciso saber elejir bien el medica- mento, y esto no se llega a conseguir no estando bien versado en la materia médica, lo cual no es mui fáciL—Los homeópatas de la tercera especie obran como parle de la segunda; pretenden que hai circunstancias particulares y determinadas en que el uso de las tinturas o de las gotas y trituraciones de- be ser preferido, y que, en la mayor parte de los casos, las altas potencias se- rán de mejor uso para los que sepan servirse de ellas. Ademas, hai que convenir en que entre estas diferentes sectas que tienen todavía sus subdivisiones y sus jéneros transitorios, hai discusiones frecuente- mente mui útiles. Hé aquí porque nosotros aconsejamos prudentemente a los profanos que no se mezclen en ellas; deben dejar a estos doctores que de- batan entre sí, esto no debe impedirles el elejir.su médico ; pero que lo ha- gan siempre conforme a sus opiniones propias, con arreglo a sus conviccio- nes particulares. MEDICINA HOMEOPÁTICA DOMÉSTICA, PRIMER! PARTE DE LAS C.VISAS MAS FRECUENTES DE ENFERMEDAD. . A.—Causas morales. t,as emociones morales súbitns van acompañadas frecuentemente de con- secuencias desagradables que se manifiestan o inmediatamente o mas tardc\ Será siempre bueno remediarlas. Si la causa produce una sorpresa agrada- ble, que a pesar de la satisfacción que proporciona, produce una grande os- citación, un temblor» nn estado de síncope o pérdida de conocimiento, co- mo sucede con frecuencia en las mujeres y en los niños» dése coff., y si no basta repítasele, pero en disolución. En caso de un susto ordinario, producido por un ruido repentino o cual- quiera otra impresión, deseen seguida op.; pero si ha pasadjo ya media o una hora después de esla emoción, acón., conviene mejor. Si no produce efeclo, dése op., una hora después; luego debe esperarse media o hasla una hora, entonces dense alternativamente estos dos medicamentos. Si el susto va acompañado de una sensación de miedo, op. es el medio que debe preferirse, en cuanto a los demás ajentes, se irata de ellos en el articu- lo miedo.—Si el susto es seguido de contrariedad acón, es el que conviene; si producé tristeza b pena prefiérase ign. Pero el susto puede tener consecuencias mucho mas graves como ir acom- pañado de un dolor frontal, de eruptos o vómitos ácidos, de debilidad con sudor frió; de estupor con calor interno, ajitacion y pesadez del vientre; a frió jeneral cou temblor o estirones nerviosos, coubtriccion del pecho, riji- 20 146 Mr.RlC.is.t DOMÉSTICA dez de los miembros, somnolencia con ronquido y dificultad de respirar, etc : en este caso dése op. diluido una cucharada de café cada cuarto de hora; si, una hora después, no liar alivio, samb. níg, o. Si otra hora después no se ha pronunciado todavía el alivio, dése acón, muchas vece» repitiéndole cada dos o tres horas. Si el susto es seguido de estirones en los miembros y convulsiones, y el enfermo pierde el conocimiento, no ve, tiembla, respira difícilmente,, o tiene evacuaciones involuntarias, dése op. oo; si después de inedia hora no bai wu alivio considerable, adminístrese ign. ooo. Cuando los niños tienen accesos de sobresalto, que grifan, tiembla», es- perimentan sacudidas y estirones en los brazos y en las piernas, tienen la cabeza ealiente con rubicundez y sudor de la cara, dése op., y después bell. sino hai alivio. Si se ponen pálidos, dése ign.; si se ponen fríos y tienen evacuaciones involuntarias, dése veratr. alb. En caso de simple vómito y do- lor de estómago acón. En las diarreas a consecuencia de una sorpresa, de ansiedad o de alegría, dése op., en caso de recaída, y continuando el en- fermo bajo la influencia del miedo o temor, acón., y sino basta adminístrese media hora después veratr. alb. En los desmayos producidos por el sobre- salto op. Si el enfermo se pone frío rocíesele la cara con agua fria y láven- sele igualmente los pies £Q>n agua fria, si se desmaya de nuevo, hágasele oler el alcanfor. Cuando, a consecuencia de un snsto o sobresalto, la sangre se dirije con violencia ala cabeza, dése primero op.; si no basia acón. Si este estado se renueva algunos momentos después, al dia siguiente o a los dos dias, dése bell., pero una sola toma. Si el enfermo después de haberse asustado, per- manece en una larga ansiedad, y los deiíras medios no ban tenido b»en éxi- to, adminístrese bell; una vez solamente. Si el susto o cualquier otro motivo de moTíifícaeío'B producen enajena- ción mental, dése bell. Si bell. no produce efecto, © se muestra insuficiente para cortar la enfermedad, y sobre todo si el paciente tiene indiferencia & profunda tristeza, interrumpida por carcajadas de risa, o si maestra orgullo o desprecio hacia los demás, si manifiesta grande ansiedad y temor de una muerte próxima, y si, relativamente a las mujeres, la regla» Huye e» demasia- da abundancia, dése pial.; y si el flujo monstruo es escasor úésepuls. Si después de haber administrado bell., el enfermo continúa inquieto-, y la me- nor ocupación le hace temblar, le ajila la sangre y le turba el sueño con vi- siones espantosas, si padece mas por la noche que por el día, no puede so- portar el calor de la cama, quiere escaparse, se pone pendenciero, se que- ja de su familia y de sus amigos, entonces désele mere. viv. . El miedo "o el temor va frecuentemente acompañado de sobresalto; esla es la razón de por que convienen para él los remedios de que se acaba de ha- blar. Cuando los niños son miedosos se les dá con éxito acón, por la noche o bell. por la mañana. En la diarrea causada por el miedo, dése veratr. alb: Si el vientre está caliente y los miembros (ños puls. es el que conviene. Cuando sobrevienen los demás síntomas, particularmente si hai estupidez, dificultad de tragar (disfagia), convulsiones, risa durante el sueño, sobresal- tos, temor continuo y deseo de escaparse, dése hyose Las penas morales, tristeza o pesar, tienen consecuencias mas desagrada- bles (pie las demás afecciones del alma; estas consecuencias son o inmediatas o súbitas, o se declaran a la larga o se hacen a menudo peligrosas. Se pue- de siempre contener las primeras, pero rara vez es posible contener las se- gundas. Si eu esto tratamiento no se cuenta con una acción culeramente WaiClSA J>ÓM&TÍCA Í47 moral, se debe esperar poco de los otros medios; y el que no encuentre ^s- U palanca moral, se lisonjeará eu vano de obtener efectos saludables con los remedios que tenemos que aconsejar. Para un pes'ir profundo y silen- cioso en que el amor propio ha sido ofendido; para una indignación concen* irada, seguida de una grande aflicción que no puede uno dominar: para las penas que nacen de uu amor desgraciado; para los cuidados que proceden de grandes pérdidas; en fin para una tristeza profunda que roe el.espíritu, ' tómese ign. que en algunos casos puede repetirse uno o dos dias. Cuando a consecuencia de estos pesares, hai vómito, indisposición del eslómag, do- lor de cabeza y vérligo, dése también ign.; si no produce efecto ácid, phosph.=*En la epilepsia producida por esLas causas; adminístrese primero ign. Si no basta déseop. durante ei alaque, y después ácid. phosph. que de- berá repetirse después de cada acceso, y iodos los dias durante ,1411a se- mana diluido en medio vaso de agua. Eu las pbnas dk amor, dése primero ign. y algunos dias después acid. phosph. si no hai alivio, o si el enfermo está silencioso, concentrado en sí mismo, o si hai una lijera fiebre lenta. Si el enfermo padece por efecto de una viva y profunda simpatía, los padecimientos físicos o morales de uní persona ami- ga, o por consecuencia de largas y penosas vijilias, dése acid phosph. aun a la tintura madre, una o dos veces al dia. Si desvaría, está celoso y enco- lerizado, conviene hyose. o. Eu las alteraciones mentales causadas por otras penas morales debe pre- ferirse bell, y después acid. phosph. Empléense también mere viv. y pial, si la alteración de las facultades intelectuales se presenta en las circunstancias indicadas en el artículo susto. Si depende del deseo de volver asu pais, (Nos- talgia) y hai insomnio con rubicundez y calor de la cara, dése hyose Si, después de algunos dias, no hai alivio, dése caps. Si estos medios no bastan, y el enfermo es acometido de una especie de enflaquecimiento, que no ha- b'a, transpira mucho por la mañana, y está soñoliento y como estúpido, adminístrese acid. phosph. Cuando tiene grande debilidad, tiembla, está in- quieto y tijitado, principalmente por la noche, -cuando tiene escalofríos y sudor nocturno, dése mcr-c. viv. En las mujeres si la impresión moral, el susto, el temor, el miedo, el pesar y la cólera provocan las reglas, algunas veces basta demasiado abundantes, acompañadas de fuertes padecimientos, o si ocasionan sti supresión, dése plat. En las afecciones crónicas por consecuencia de pesares y -cabilaciones, y si el enfermo eslá irritable, inquieto, miedoso, triste, temeroso del porve- nir, se preocupa siempre y ss apesadumbra, sobre iodo si duerme por el dia y eslá despierto de noche, -cuando transpira casi continuamente, cuando se le cae el pelo y se debilita la voz, dése siaph.; si no habla por obstina- ción, si se enflaquece y está ajitado a causa de fiebre, dése acid. phosph. Si se pone quisquilloso, contrariante, irritable y se apodera de él r-'junas ve- ces una sensación de temor y de ansiedad, adminístrese mere. viv. La vejación, la indignación, o lu contrariedad son impresiones del alma unidas coa frecuencia apenas ocultas, sea vergüenza e pesar: en este caso dése hjii.-Sí se esperimentan escalofríos, si el frío se esliende atodo el cuer- po y si el enfermo se pone irritable,-dése bryon; y mm, vom. si bryon. no basta. Cuando la vejación provoca una justa indignación con sentimiento de horror hacia el que es la causa de ella^ cuando el enfermo está furioso y se irrita hasta el punto de tirar lodo ¡loque tiene a mano, rechaza lodo lo que eslá delante de él y a su alcance sobre la mesa, dése staph. Algunas *eues csiei'emedio es insuficiente, y no se hace saludable sino alternado con 14S uf.dícíra T>o«£stici coloc. En una disposición a encolerizarse, si hai padecimiento del vientrf, sobre lodo si se manifiesta o se agrava después de la comida, dése colon* Cuando la indignación va acompañada de una grande cólera seguida de ira y de calor, prefiérase cham., que conviene siempre después de un acceso de cólera. Si la,contrariedad llega hasla el punto de provócanos, palpitaciones de corazón, y grande dificultad de respirar con espasmo y constricción del pecho, y con inminencia de sofocación, dése cham,; entonces también es bueno meier las manos en agua fria durante algunos minutos, y si esto no basta, introdúzcanse los brazos en agua caliente hasla que este eslado se mejore. Si a consecuencia de fuertes contrariedades, la-boca se pone amarga, hai vomiturición o vómito bilioso, dolor de cabeza, presión precordial, cólicos, diarrea, fiebre con calor, gran sed, cara y ojos rojos, fiebre biliosa con co- lor ictérico (ictericia), dése cham. Después de seis, ocho o doce horas se puede repetir una segunda toma, pero es raro que sea necesaria. Esto de- pende de las circunstancias. Pero si el enfermo esperimenta al contrario frió y escalofríos, dése bryon. Si después de ocho horas no hai alivio adminís- trese veralr. alb. Si alguno se ha enfadado poco después de haber lomado una infusión de manzanilla, o también si ha tomado esta infusión por fiebre, dése coff ; si nó basla nux vom. Si después de esto quedan todavía algunas incomodidades^ dése cham. Si el enfermo es de un carácter .imable y cham. no ha produci- do ningún alivio, adminístrese puls. Si, después de una contrariedad, se co- me o se bebe, y de aqui resultan mal gusto de boca, eruptos amargos, vó- mito bilioso, dolores de vientre, calor a la cabeza, inquietud, sueño ajilado^ etc., dése cham. una o dos veces. Si este estado se renueva, sin ser aliviado* por cham., recórrase a puls. o nux vom. La cólera que estalla en las personas de un temperamento violento y de vin carácter impetuoso, exije nux vom. Si la cólera va acompañada de uu justo .motivo de indignación en un enfermo de humor hipocondriaco, dése sinph.; si va seguida de trastorno de la razón, plat. A los niños pequeñilos que tienen una rabia de .cólera tan viólenla que les hace perder la respira- ción y que les ataquen convulsiones, dése cham. Si los gritos y las lágrimas provocan tos, am.; si lloran mucho liempo y no se dejan consolar, dése bell.; si esle remedio no basla, hep. sulf. Una vez dado este último no se de- bela repetir. La impresionabilidad y la irritabilidad son, en cienos individuos, orijen de padecimientos tanto mas deplorables, cuanto que se afectan por todo, poi* la causa mas lijera, la mas pequeña emoción moral. Si la sensibilidad va uni- da a penas, a cuidados que se tienen ocultos i que causan insomuio, desa» rrollan dolor en las partes afectas, y hacen fáciles y escocientes las lágri- mas, dése coff. muchas veces. Téngase cuidado de prohibir su uso ordina- rio.— En una fuerte sobre-escitacion del sistema nervioso y de los órganos de los sentidos, con facilidad de asustarse, de acongojarse, con disposición a eslar echado y a huir del aire libre, cuando se eslá violento, indómito, y 1-erco ; cuando, en las mujeres la regla se adelanta, dura mas tiempo y re¿ «•orre su periodo de un modo irregular, nux vom. conviene. Pero si el pa- ciente está sosegado, con inclinación a las lágrimas, y cuando, en la mujer las uiensiruacioues se retardan o corren poco o nada absolutamente, dése puls. Si estos medios no producen efecto, y cuando el enfermo eslá inquie- to y triste, adminístrese ign.; si está irascible y violento, cham.; si está so- bre- escitado, forma constantemente proyectos y está licuó de viveza, sobre MEDICINA DOMÉSTICA |J0 todo por la tarde, dése chin.; si la pena le exalta coff. es el remedio qué conviene; si no produce efecto, y cuando hai simonías de fiebre con dureza y celeridad del pulso, dése acón, y si no basta cham. Cuando alguno es demasiado sensible al dolor y cuando por él se exaspe- ra hasta el estremo, o cuando siente que se agravia de un modo insoportable* por el cambio de tiempo ox;l menor enfriamiento o presión, dése chin. Si no hai alivio a las seis horas, dése mere viv. ; y si el dolor se exaspera hasta hacer perder ia razón, adminístrece entonces 'veratr. alb-. B-DE LOS ENFRIAMIENTOS. Los enfriamientos producen varias indisposiciones o enfermedades, seguir el lemperarffenlo y las disposiciones de los sujetos. Ya es un romadizo coi» tos y fiebre; otras veces, son dolores de muelas, de oidos o de los miem- bros, como se verá mas adelante. Algunos enfriamientos se diferencian también según que son producidos por un frió seco o húmedo, por una corriente de aireo por la lluvia, y segu» que estos efectos coinciden con una temperatura mas o menos elevada, o con el cuerpo caliente y transpirando. La primera regia qne hai que observar para evitar las consecuencias de- sagradables de un enfriamiento es procuar conservarse moderadamente ca : lieule, tener los pies secos, abstenerse de licores espirituosos que pueden agravar el padecimiento; es preciso también privarse de alimento animal y con especias. Cuando no se sienten en seguida los efectos manifiestos del frió, y cnan-J do hai motivos para temerlos, tómese acón., o por la noche, nux vom., val acostarse un buen vaso de agua fria, sea en verano o en invierno, y espérese asi que se establezca la transpiración. Al dia siguiente por la mañana, o a lo mas al-mediodía, se sentirá la mejoría. Cuando no se puede hacer que los niños beban agua fria, o cuando se ha convencido uno de que no produce ia transpiración, dése entonces leche y agua, parles iguales de una y otra, bien caliente y azucarada. Eu las mujeres paridas cham. o, hace volver la transpiración. Si tienen dolor de cabeza, sobre lodo en el lado derecho, a consecuencia de una co-1 rriente de aire, o dolor en la nuca por haber estado destapadas estando sen- tadas, dése bell.; si hai ademas dolor en los hombros, por la fatiga que re-i sulta de tener al niño, dése rhus. ; si eslos padecimienlos ocupan el lado izquierdo, con sensación de punzada y de latido, conviene dar bryon. r* spig;—el primer remedio cuando tas sensaciones se esiienden a ia mandí- bula inferior, a los hombros y al pecho; el último cuando se esperimentar» en las sienes, en los ojos, en la mandíbula inferior o en el pecho, hacia la rejion del corazón. En cuanto a los hombres de una constitución fuerte y a las mujeres ro- bustas por Jo demás, que se han enfriado después de haberse acalorado1 mucho, déseles, "por la noche, una mezcla de agita azucarada-y de aguar- diente o de ñor. £1 que, en invierno, se siente tieso o como entumido a consecuencia de un frió húmedo, tome una tasa de cafe mui fuerte; y si está desvelado, ad- minístrese por la noche nux vom. Si, consecutivamente a una supresión de la transpiración por el frío, so- breviene dolor de cabeza, do oidos, de muelas o de .vientre conviene cham. Si, duranie un sudor copioso, es uno sorprendido por nna fuerte lluvia; i50 MEDICINA DOMESTICA y se siente uno,acometido de frió, dése entonces rhus, ooo;- y si lió bas* tase y hubiese grande fatiga bryon. Hacia el fin del eslío, cuando, después de un fuerte calor la temperatura se enfria súbitamente, y cuando todo el mundo se queja y eslá incomodado por ella bell. convendrá en la mayor parte del liempo. Para eslablecer la transpiración de los pies suprimida por el frió o por cualquiera otra causa, después de haber hecho calentar mucho en un hor- nillo una cantidad suficiente de salvado de trigo o de centeno, se pone en un barreño de dar baños de pies o en una cubeta, la cantidad necesaria pa- ra cubrir el fondo a la altura de cuatro traveses de dedo, y después de ha- ber metido las piernas en el barreño o en la cúbela se vierte encima salva- do, siempre mui caliente, hasta que llegue por encima de las paniorrillas. Se debe permanecer en este baño inedia hora.—Si no es seguido de ningún efecto, tómese silie o dos mañanas seguidas, y si fuese necesario, otra ter- cera dosis una semana después. Si, después del enfriamiento, se declara un romadizo (coriza) y se ha per- dido el olfato y el gusto, dése pu's.; si el romadizo va acompañado de mu- cho calor a la cabeza y a los ojos, y duele la nariz,- bell., si las narices es- tán completamente obstruidas nux vom., y algunas.veces ipec. Si hai tos o se ha resisiido a los otros medicamentos, y es seca, adminís- trese nux vom. si es tan seca que llega a producir el vómito ipec.; si es ca- vernosa y produce vómitos carb. veg.; si va acompañada de una espectora- i-ion lenaz, pero particularmente en los niños, en invierno, dése cham.; si es húmeda dése dulc. o puls. En cuanto a los demás remedios véase el artí- culo tos.—Si la tos se reproduce siempre que se recibe un poco de aire frió, dése acid. plwsph.; si se renueva siempre que se descubren en la ca- ma los brazos o los pies, y si, por otra parle es cavernosa y faügante, ló- mese hep. sulf. 30. Cuando la tos, proviniendo de aire frió, es seca y convulsiva, con vómito y aun espectoracion sanguinolenta, entonces dése o bryon. si va acompaña- da de doior punjitivo en el costado, o si a cada esfuerzo ha habido dolor de cabeza y dolores en las costillas, si se anuncia por sensación de arañamiento en la larinje, y si, ademas de esto, el pecho duele como si estuviese disla- cerado, si el pulso eslá frecuente y duro : o bien desecaré, veg. si el pulso está menos duro, si hai dolor de escoriación constante en el pecho, menos punzada, pero mas ardor, opresión y palpitación de corazón. Cuando el romadizo es repercutido por el enfriamiento, dése puls. ; si hai agravación de los padecimientos después del mediodía, o si el enfermo está abatido y dispuesto a llorar; si padece por la noche o hacia la madrugada, si eslá triste, sensible, e irritable, dése chin. Si hai retropulsion de una erupción, ipec. cada dos horas ; si esla no basta bry. una o dos veces ; y si esta no produce efecto, dése puls. Si, después de la supresión del romadizo se declara dolor de cabeza por encima de los ojos con padecimientos mas pronunciados del lado derecho, y la cara está roja, tómese bell.; si el lado izquierdo es el asiento del mal o la cara eslá pálida, spig. Si, a consecuencia de un enfriamenio, sobreviene opresión de i>echo, co- mo si el enfermo se fuera a sofocar, dése ipec. D. de hora en hora, y si es necesario, cada media hora; si esto no basta arsen. alb. D. de hora en ho- ra, hasla que haya alivio. Algunas veces conviene también dar los remedios de que se 'trata en el artículo asma, pero mas particularmente nux vom. Si sobreviene una diaiihea repentinamente después de un enfriamiento, dése op ; si esle no alivia, o si la diarrea no se ha declarado innieuiatamen. MEDICINA DOMÉSTICA i oí Ee después del enfriamiento, o si cuenta ya algunos dkis de duración, d sí hai, al mismo liempo, dolor y cólico abdominales, dése dulc. Si no hai có- licos, y la diarrea ha empezado después de mediodía y ha disminuido por la noche, entonces debe administrarse ferr.; pero si la diarrea se agrava des- pués de media noche o hacia la madrugada, dése phosph. Para la diarrea provocada por el uso de los helados o por las bebidas frias véase la segunda parte de la letra D, en la que se trata de las enferme- dades por desarreglos del réjimen. Bryon. conviene en las diarreas a consecuencia de enfriamientos que pro- ceden de la impresión del agua fria cuando se eslá sudando, después de un fuerte calor, y sobre todo si va acompañada de calor a la cabeza, procedido de un lijero cólico, o si el dolor en el epigastrio y en el vientre se manifiesta por cualquiera presión, sea la de la mano o por cualquiera otra causa, y si los materiales de la diarrea esian cargados de materias no dijeridas; y cuan- do bryon. no basla, entonces déserftin.: si va acompañada de flatulen- cia, de cólico al rededor del ombligo durante la cámara, con tenesto y gran- de debilidad, siendo mucosas las cámaras y hasta sanguinolentas, y si el enfermo está habituado a las bebidas fuertes, dése nux vom.—Si es de nial carácter y tiene moco y sangre, dense los remedios apropiados a la disen- teria ; y si se prolonga este estado, sulf. Si se esperirneniau dolores de tri- pas (cólicos) y son violentos, calambroideos y prcsivos, precedidos de dia- rrea, y siesta es líquida, pardusca, acre y ardiente, dése chin. Si el dolor de vientre va acompañado de flato, si es tan intenso y dilace- rante que el enfermo se ve obligado a andar de un lado a otrj, si experi- menta una sensación como si una bola gruesa se hubiese roto en uno délos vacios, o si el vientre le parece como vacío, hai nauseas y vómitos acompa- ñados de diarrea acuosa, mucosa o verdosa, con olor a huevos podridos, dése cham. Si el enfriamiento procede de la frescura de la noche, y la diarrea es ver- de y acuosa, si va acompañada do grandes esfuerzos para espeler cámaras en corta cantidad; si hai disposición a desmayarse; si el dolor presivo que hai en el ombligo toma el carácter de retortijones y van acompañados de constante malestar y tenesmo; o también si el enfermo conoce que va a te- ner diarrea y esperimenta borborigmos, dolores de estómago, dolores dis- laceranles en el abdomen, que entonces parece frió al laclo, y si estos di- versos síntomas van acompañados de náuseas, temblores y frío, dése en- tonces mere viv» Si a esle enfriamiento se une descomposición de vientre por el uso de carne de puerco, alimentos grasientos, masas de pastelería, etc., etc. , y si el cólico es mas fuerte después de mediodía, y sobre todo por la tarde y por la noche; si los flatos se mueven y suben al estómago, o si el abdomen está doloroso y sensible a ia presión de la mano, dése puls. El mismo re- medio debe darse a las mujeres embarazadas en las que los cólicos se pare- cen a los dolores del parto. Si el enfriamiento da lugar a doloues acompañados de grande sensibili- dad, de insomnio y de disposición a llorar, dése coff. Cuando los dolores son tan violentos que ponen al enfermo fuera de sí, cham. es el qne conviene. En el dolou de caukzá por enfriamiento, con disposición de In sangre a dirijirse a la cabeza, el cual se agrava por *1 andar, a cada paso i al menor movimiento, ya subiendo una, escalera o inclinándose hacia delante; si es mas fuerte en una corriente de aire, y se esperimenta una sensación como m la cabeza fuese a estallar con pulsación o latido interior, lómese bdl.-$\ 13$ mrdiclní doméstica ia eefabdjia es mns bien compresiva, y está limitada a algunos punías y va acompañada de zumbido en los oídos y dificultad para oir, dése dulc. Si el dolor de cabeza es ocasionado por una corriente de aire y es este- rior, dése nux vom.; si esinterioir btll. Si es producido por un baño, y bell, no basta, y sobre lodo si hai náuseas, vértigos y descomposición de vien- tre, si se agrava por el humo del tabaco, dése entonces antim. crud. Las afecciones de los ojos por enfriamiento reclaman los mismos medios, pero conviene dar mas amenudo bell. y dulc, ya el uno, ya el olro, o los dos consecutivamente. Si hai dolor, calor, inflamación de los ojos, fotofobia y lagrimeo, désef>eZL; si no basta este mere viv.; y si este no produce efecto, hep. sulf. Si el doíor no es intenso, y el enfermo tiene dificultad para ieer y para fijar la vista en los objetos; si ve ehlsoas dehnte de ios ojos, o pade«e de los ojos después de cada enfriamiento, dése dulc, y después sulf. ü; y si es- te no basta cale. carb. Con frecuencia se declaran por un enfriamiento afecciones de ios oidos. Si hai zumbido con torpeza del oído, dé.-.e dulc, si reaparece después de algunas semanas, sulf. Ademas si hai presión en los oíiios, tirantez esterior, punzada por den- tro; si los oídos islán secos y el enfermo de mal humor, dése cham. En los mismos casos dése también nux vom. Si el enfermo es de un carácter dulce, llora fácilmente, si sus oidos están húmedos y supuran, o si están calientes y rojos, son asiento de sacudidas dislacerantes que se propagan algunas veces a la cara, entonces puls, es preferible; cuando hai punzadas y esti- rones con gran zumbido, con calor y rubicundez moderados; cuando la ore- ja eslá escoriada por el pus y sangra, y cuando las glándulas del rededor de las orejas y del cuello eslan i nf.-. riadas, dése mere viv-, y si este no cura completamente y queda un poco de calor, rubicundez y estremecimiento, si., al sonarse, se sienten punzadas, latidos y zumbidos, dése hep. sulf. una vez; si queda un flujo purulento con zumbido y ardor en los oídos dése entonces sulf* Los doloiu:s dr muelas producidos por un enfriamento se curan ordina- riamente, con cham, o con í7i/tsvConsú'tese para esto el artículo dolores de muelas. Si estos medios no bastan, dése dulc. Si, a cada enfriamiento, vuel- ven los dolores de muelas, empléense entonces chin, y sulf. Esle último re- medio se administrará solamente cada ocho dias, o bien se tomará en di- solución. El dolor de garganta por enfriamítvío se cura las mas veces con bell. y dulc, pero es preciso saber esperar con paciencia el resultado de su acción. Cuando procede de haber tomado agua fria es preciso preterir bell.; cuan- do es consecuencia de un frío jenera!, dése entóneos dulc tuai.lo la gar- gansa eslá constantemente caliente y stea, con esfuerz..» frecuciies para li-^ür, y se llena la boca de saliva, las amígdalas esiá.i hinchadas y ''.oloro- sas al hablar o al tragar; cuando el enfermo escupe mucho, u.iga con di- ficultad, con temor de ahogarse, la garganta le parece que está estivdia al ir a tragar, las bebidas que loma salen por las narices, y está imp .cíente y colérico, dése bell. I), si no hai alivio sulf,, segunda ti ilinación. Cando el dolor es menos fuerte, la lengua eslá como paralizada, hai mucho sudor hasta de un olor desagradable, sin alivio, estando el enfermo de un humor pendenciero, dése entonces dale. Sí estos medios no bastan, adminístrese mere viv., o cualquier olro remedio de los que se citan en el articulo angh i*a, como subordinados a indicaciones panieularcs. MEDICINA DOMÉSTICA. 153 Las - nmjseas y vómitos después de un enfrianiiento, sobre todo cuando Coinciden con la retropulsion del sarampión o de cualquiera otra erupción, reclaman el uso de ipec. cada dos o tres horas. Si esta no basta y el vóinilo es ácido, amargo y seguido de muchos esfuerzos impotentes, dése bell. Si el enfermo vomita mucosidades espesas, dése dulc. D. Si se. reproduce sin cesar, acompañado de náuseas, sobre todo después del ejercicio, las comi- das, la palabra, el sueño, o el paseo a caballo o eu carruaje, dése coce. ; si se manifiesta a cada movimiento del cuerpo y sin embargo el paciente no puede estarse quieto, aunque eslé mui débil, si tiene sed y no sopona las bebidas, entonces dése arsen. alb. ü; y si lo vomita arsen. o. En los casos del enfriamiento por bulas, agua de nieve, véase el fin del artículo de la letra 0. Si a consecuencia de un enfriamiento se manifiestan dolores en los mium- dros (reumáticos) si hai sensación de inquietud en la parte afecta, que obli- ga al enfermo a cambiar constantemente de sitio, si por lodos lados encuen- tra la cania mui dura; o si el miembro eslá como entorpecido, dislocado y doloroso, sobre lodo durante la marcha; y si el enfermo esperimenta un efecto penoso de la menor conmoción producida al rededor de él, y esio hasla el punió de hacerle gritar antes de la conmoción que va a sentir por los pasos de las personas que andan en la habitación, o bien sí se habla de- masiado alto o cuando se le toca o también cuando se acerca uno a él, en- tonces désele arn. que es el medicamento indicado. Si hai calor y fiebre, dé- se acón, ; y dos horas después, arn. Hai casos en que es bueno alternar es- los dos medicamentos; pero antes, cuando hai agravación de los padeci- mientos, se debe siempre emplear otro remedio. Si quedau todavía algunos síntomas de la enfermedad, adminístrense los medicamentos indicados eu el artículo reumatismo. Si los dolores son mas fuertes durante la quietud, por la noche, s' hai frió y entorpecimiento en los miembros, con pulidez de la cara y calor de los pies, o hinchazón roja de los dedos gordos de los pies ; si hai rijidez de la nuca, piel seca, o transpiración fétida, y si esta uo ali- via , dése dulc; y si no basta, mere, vio. Si se recae con frecuencia de estos dolores después de un nuevo enfria- mieivio, y sobre todo, cuando el enfermo teme que se acerquen a él las per- sonas que le rodean, o también durante la deglución; sise aumentan duran- te la quietud y se alivian paseándose en la habitación, y si hai hinchazón, tirantez, ardor y pulsación en los dedos gordos de los pies, dése ácid phosph. Si hai al misino tiempo hinchazón de la rodilla, nodosidades en las articu- laciones de la mano y de los dedos, dése sulf., y después cale carb. Cuando el enfriamiento produce calor y fiebre, dése acón. Si la fiebre se aumenta o lleva ya algunos dias de duración, elíjase uno de los medica- mentos que se citan en el artículo fierre, en el que están mejor determi- nados; tales son, nux vom. o cham. bell. o dulc. , ign. o puls. y aun otros que fuesen mas apropiados. En jeneral, eu las afecciones producidas por un enfriamiento, que, siendo agudas, van acompañadas de dolor, hai que dirijirse las mas veces'a coff. o a acón. , cham. , rhus. , nux voin. , o a puls. , bell. o coloc. Si son poco do- lorosas dése dulc. o ipec. Si son crónicas y reaparecen con frecuencia, y si el enfermo ha lomado antes mucho mercurio, adminístrese carb. veg. o sulf. ; después de estos, silie o hep. sulf. , cale. carb. Si reaparecen después de haberse bañado, dése antim. crud. o sulf.; ) algunas semanas después, carb, vg. o cale carb. Si el enfermo padece por faltado transpiración, dése cham, o chin., bclL U Í."U MEDICINA DOMÉSTICA. o dulc.; y si el sudor no alivia silie. Si los padecimientos dependen de una transpiración excesiva, será con frecuencia útil dar mere viv. o acid. phos- ph.. después chin, o carb. veg., o también sulf. o hep sulf. y sep. seguí* los síntomas concomitantes. La excesiva sensibilidad al trio, cuando no puede uno librarse de él con- venientemente, se remedia bebiendo mas bien frió que caliente, moderando el uso de las bebidas fuertes y absteniéndose de café; y esta susceptibilidad desaparece mas completamente empleando, según las circunstancias, los re- medios siguientes: coff., bell., nux vom. , chin. , dulc ; y sobre todo silie. carb. veg. y cale oarb. a largos intervalos. Durante esta especie de trata- miento, debe uno lavarse con agua fria y acostumbrarse insensiblemente al aire frió, en lugar de evitarlo; es preciso igualmente acostumbrarse a loa cambios de tiempo. Pero si no puede uno habituarse a esto y la menor frescura produce es- calofríos, dése nux. vom. o cham. Si el frió provoca mas particularmente dolores, lómese ars. alb. Si sé tiene disposición a sabañones eu los dedos o en la nariz, y el estado jeneral no reclama ningún tratamiento, es preciso friccionar estas parles con alcohol alcanforado; si los sabañones Se han de- senvuelto ya, recórrase a los remedios indicados en este artículo. Si enfer- ma uno siempre que se é'sponc al aire frió, entonces, según las circunstan- cias, se emplearán bryon. o rhus- veratr. alb. o mere. viv.; y si estos reme- dios no producen efecto, tómese carb. veg. o eale carb.; si no se puede so- portar el viento, carb. veg.; si se tiene mucha sensibilidad a las corrientes de aire bell. , sulf.; silie o cale carb., unos después de otros, en el inter- valo de cinco a seis semanas. Sí no se tiene sensibilidad masque al aire de la tarde ysi se le soporta' difí- cilmente mere viv. es el que entonces es útil, y después, pasado cierto tiem- po, sulf. o mejor carb. veg. Si sulf. no produce efecto, si es el aire húmedo el que causa el trastorno, dése la preferencia a dulc., rhus. o veratr. alb., y mas larde, carb, veg. o cale carb.; si es el pecho el que sufre sus efectos, dulc. o carb. veg. Si no se puede aguantar el mal tiempo sin padecer, dése bry., después silie o rhodod. Sulf. empleado durante el mal liempo, produce también buenos efectos. Si se padece a cada cambio de tiempo, empiécese por dar mere viv. , rhenm. o rhus. Si esto no' basta sulf. y después silie En las transiciones del calor al í'íio dulc. y algunas veces rhus. ; del frío al calor, carb. veg o taches.; durante la tempestad rhodod.; en liempo húmedo mix mosch. En los enfriamientos durante la primavera, se dan apropósito y a menú lo veratr. alb., rhus. o carb. veg.; en estío, bell. bryon., earb. veg.; en otoño veratr. alb., mere viv., o rhus.; durante el invierno, si es seco, acón, o bell. bryon. o nux. vom., cham. sulf. , algunas veces ipec; si es húmedo, dulc. veratr. alb., carb. veg. Todavía, antes de hacer uso de estos diversos remedios, es necesario es- tudiar con cuidado las afecciones especiales de que se trata en cada capítu- lo; allí se encontrarán las razones para hacer una aplicación mas esacta de estos medicamentos, de que hacemos mención aquí con solo el objeto de" enseñar cuales son los que deben ser los preferidos. MEDICINA DOMESTICA m C.—D?l nealorninicnto, «le3 cansancio y del aniquila- miento o extenuación. Después de todo esfuerzo excesivo será bueno tomar un baño caliente de media hora; y si el quebrantamiento de los miembros es intenso, friccione-. s< les en el baño con la disolución alcoholizada de jabón.: esto hace desapa- recer el dolor y alivia el ardor. Después de un gran acaloramiento por el trabajo, en estío, es bueno tomar algunas gotas de rom o aguardiente fuerte en un terrón de azúcar, o un sorbo de vino mui fuerte; y después de un buen rato bébase agua fria., Si «e eslá cansado, tómese una laza de una infusión lijera de té verde; y cuando se eslá cansado por un liempo frió, es mejor beber cerveza fresca, cuando hai necesidad de volver a salir al frío ; y un caldo de pollo mezclado con cerveza caliente, si se ha de permanecer en casa. Las bebidas fuertes, no son buenas-en invierno puesto que aumentan la sensibilidad al frió, no convienen en eslío sino cuando uno se ha acalorado; pero tomadas en gran 'Cantidad producen una debilidad que se nota al dia siguiente. Si se esperi- menta un poco de abatimiento por efeclo del calor, es conveniente lomar uu poco de café pero es preciso abstenerse de bebidas espirituosas. Los que, después de haber eslado espuestos mucho tiempo a un gran frió, sienten una especie de estupor y una propensión invencible al sueno, se libran con prontitud y seguridad de esle accidente y del peligro de la con-, jelacion con la olfacion del alcanfor o del alcohol alcanforado, o también tragando un pedacito de esla sustancia. Entonces es útil que el que se ve obligado a permanecer espuesto mucho liempo a un frío rigoroso, tenga con- sigo un frasco de alcanfor. Contra los efectos de una insolación, después de haber eslado o haberse dormido con la cabeza y el cuello descubiertos bajo la influencia de los ra- yos de un sol ardiente, o también cerca de un hornoencendido, dése acón.;. repítasele si el caso se agrava, y dése después bell , que casi siempre es se- guida de buen resultado. En el dolor de careza por efecto del calor, que va acompañado de una sensación de plenitud como si se dislocara el cráneo, que se agrava bajando la cabeza y que se hace sentir sobre todo en la frente, como si ei cerebro fuese a salir por ella; si se exaspera andando, subiendo, por la menor im- presión moral; si es seguido de fiebre ardiente como sed o si hai vómitos e -insomnio, dése bell. o bry. Bell será preferido, si hai grande ansiedad e inquietud, furor real o ac- tividad incesante de ideas y grande abatimiento susto y miedo de las cosas presentes, con llanto fácil, jemidos y gritos: bry., si el enfermo eslá débil y de mal humor por la mañana, si no puede soportar sus vestidos, y si está mas bien colérico e irritable que abatido y llorón y si tiene miedo del por- venir Pero si el menor calor provoca dolor de cabeza, y si hai pesadez, pulsa-i cion, presión por encima de los ojos, y si el ejercitar la vista los pone dolo- rosos, dése entonces carb. veg. Si esle dolor es producido por el calor del eslío, después de haberse can- sado, espuesio al sol o a causado un acaloramiento cerca del fuego, o tam- bién aplanchando, y si entonces se esperimenta uua sensación como si la 4?>6 medicina doméstica. cabeza estuviese demasiado llena, falta el apetito, sobro todo por la mañana, y si hai ademas gran sed, fiebre, temblor, y algunas veces basla náuseas y vómitos, o también diarrea, en este caso está indicada la bryon. Las diarreas causadas por los calores del estío, sobre todo cuando la leche produce cólicos y hai fiebre, se curan mui pronto con el uso de bryon.— Algunas veces hai necesidad de repetirla al dia siguiente. Si no se pueden soportar los calores del eslío, o si no se puede trabajar al calor, sobre todo si hai sudores nocturnos, mucha propensión al sueño,, y dolores de estómago y de vientre, y si no ha bastado bryon., en esle ca- so, dése antirú. crud.—Si el calor produce náuseasy estas reaparecen a pe- sar del uso de los medios indicados, adminístrese entonces silie El cansancio después de haber andado mucho, después de un trabajo ex- cesivo, particularmente en verano, es n veces tan grande que no permite descansar, y en estos casos, hasta lo que debería aliviar no hace mas que aumentar la mala disposición del cuerpo. Si no se tiene proporción de to- mar un baño caliente, tómese al menos un pediluvio, con un puñado de sal íomun. Si por este medio no se llega a descansar, tómese coff. — Lo mas que alivia en este caso es una laza de una infusión moderada de lé verde de bue- na calidad. Si la fatiga llegase hasta el punto de producir el desmayo, veratr. alb. eslá perfectamente indicado en este caso; si hace bastante tiempo que no se ha comido, dése coff. —Si h:i sobrevenido debilidad por efecto de su- dores excesivos, o si se está ya débil o aniquilado por sudores nocturnos, adminístrese chin. Si el acaloramiento es interior, hasta el punto de ser la respiración calien- te, y el pulso frecuente, dése acón.; y si no disminuye bryon. Si después de algunos dias se siente una ajitacion de la sangre, o si, después de una nue- va fatiga, la sángrese dirije a la cabeza, la cara y el pecho, dése mere viv. Pero si se sienten los miembros, sobre todo las carnes, como quebranta- dos, arn. aliviará con prontilud; si los pies están hinchados y duelen al an- dar, échese una cncharadila de tintura de arn. en media taza de agua fresca, y después de haber lavado los pies con agua pura, mójeselos con esta agua así preparada y llágaselos secar al aire. Cuando duelen las articulaciones por esfuerzos hechos para levantar o lle- var peso, y cuando estos dolores se aumentan moviéndolas y aun teniéndo- las quietas, dése rhus., o bryon. cuando se manifie.-tan principalmente en los ríñones y se hacen fuertemente lancinantes por el movimiento. Si no es posible hacer el mas pequeño movimiento de la espalda sin provocar horri- bles padecimientos, dése entonces sulf.—Compárese esle con los medios empleados contra las torceduras. Si alguno, aun en eslado normal, se cansa fácilmente por el menor traba- jo y el mas pequeño esfuerzo; si todo le desazona, hasta la conversación, désele coce; si no basta veratr. alb. dos veces en algunas horas, y en fin cale carb. Cuando a causa de una carrera precipitada se queda uno como ahogado y casi sin aliento, o ruando sobrevienen tos, punzada en el costado y dolores en los miembros, adminístrese cada dos o tres horas acón.; si queda el do- lor del costado dése arn. , y doce horas después, si el dolor sigue, bryon. ; si el ahogo continúa o se agrava andando de prisa o subiendo rápidamente, si la tos complica este estado y va acompañada de esputos mucosos, dése silie. En el mareo, dése coce ; conviene .siempre, pero es preciso cuidar de repetirle. No todos los individuos se afectan igualmente por el vaivén o balance de MEDICINA DOMÉSTICA. |«%7 Un buque; unos se habitúan a él fácilmente, otros con dificultad y a algunos les hace padecer sin interrupción. Conviene entonces tratar a cada enfermo según las incomodidades que le produce el mareo. Unos tomarán agua con aguardiente, otros jamón crudo espolvoreado con pimienta negra; siempre será conveniente hacer mucho ejercicio, esforzarse en comer, aplicarse a la boca del estómago un papel de estraza empapado en ron o aguardiente fuer- te. Si no se puede soportar el olor del navio, ni el del alimento, tómese colch.; si incomoda el ruido therid., sobre todo si se esperimenta fuerte do- lor de cabeza. Si se apetecen ácidos o sustancias cordiales, entonces convie- ne tomar sep. una o dos veces; en los casos de debilidad mui grande, petrol. Para la imposibilidad de orinar y para el estreñimiento producido por el mo- vimiento del navio, se hará uso del polo ñor de una barra imantada. Si se declara un gusto pútrido de boca, con hemorrajia de las encías y estreñi- miento, staph. Las vijilias prolongadas debilitan siempre, y no obstante es bueno que lo- dos se encuentren en estado de soportarlas encaso de necesidad. Si pi orill- een una debilidad mui considerable, mas grande de lo ordinario, y no pue- de uno lener ni una hora de descanso, adminístrese coce o una gota de acid. phosph. en agua. Cuando por trabajar de noche y por velar se encuen- tra uno mui desazonado, en términos de hacerse insoportable la cosa mas pequeña, y cuando el olor más lijero sobre todo el de los alimentos, inco- moda, tórnese colch. Si, efeclo de las vijilias, sobreviene dolor de cabeza "y se ha procurado estar despierto con el uso del café o del vino y de oirás bebidas fuertes, dése nu.v vom. Si no se han usado bebidas espirituosas, y si aunque se padezca, no es posible acostarse, o se sienten ganas de vomitar, adminístrese ipec.—Si hai agravación por la larde, y por la mañana se está mejor, o, en las mujeres, cuando pueden descausar un poco por la mañana, dése puls. Si las vijilias producen conjestion de sangren la cabeza, si ocasio- nan pesadez por el movimiento de los ojos, si estos padecimientos se au- mentan al aire libre, durante el movimiento, por la conmoción que produce el andar, sobre todo en los individuos ardientes y vivos, dése nux vom. Si la cabeza está como vacia y lijera, o si hai pesadez con imposibilidad de soportar la luz fuerte, con alivio al aire libre, y exasperación estando echa- do, y con quebrantamiento mientras se anda, y si se trata de personas ama-. bles y de un carácter deferente, adminístrese puls. Si la cabeza está comple- tamente lijera y quemante, con sofocos a la cara, los ojos rodeados de uu circulo azulado (ojeras), la boca seca sin sed, con repugnancia a los alimen- tos, eruptos, náuseas hasta el desmayo por accesos, plenitud en el vientre, respiración oprimida; si hai agravación al aire libre, hablando, con el uso del café; si los sujetos están tristes, se despiertan sobresaltados y están aji- lados por sueños penosos, dése coce Cuando se eslá mui irritado por la lar- de, cuando se ha tenido mal sueño y se eslá cansado por la mañana, tómese chin.; sintiéndose como quebrantado, arn. es el que conviene. Para la pesadez de cabeza, como por embriaguez, con zumbido de oidos y palidez, alteración de la cara, pesadez de la frente, hasta el punto de no po- der sostener la cabeza, acompañada de náuseas, escalofríos, debilidad y tris- teza, dése nux vom. Después de una noche de broma, se debe dar puls. o nux vom. con arre- glo a los caracteres que son propios de cada uno de estos remedios ; o bien carb. veg : todo eslo consultando el artículo relativo al abuso de las bebidas espirituosas. » La vida sedentaria y los esludios serios debilitan el cuerpo, como lo ha 158 MEDICINA DOMÉSTICA. observado ya-Sirach; si se puédese deben reducir las ocupaciones, y pasear lodos los dias una hora al aire libre. —Pero si por estas causas hai ya pade- cientes del vientre, o se tiene el hábito de tomar café o bebidas ardientes,. tómese nux vom. por la tarde; y si el mal reaparece después de cuatro o cin- co dias, sidph. D. durante cinco o seis dias, todas las mañanas; si hai neee-. sidad, se le podrá repetir a las cuatro semanas. Si los padecimientos ocupan de preferencia la cabeza, nux vom. será también en este caso el mejor re- medio; después bell.; algunas veces puls.; véase para esto dolor de cabeza., Si todos estos medios no van seguidos de buen resultado, y si cada esfuerzo intelectual produce el dolor de cabeza, hágase uso de cale carb. en olfa- don. Si no hai mas que una sensación de embriaguez y de deslumbramiento, dése para los temperamentos violentos nux vom.; para los flemáticos puls. Durante el dolor de muelas, la los y otras indisposiciones a consecuencia de fuertes atenciones del espíritu, conviene nux vom., o algunos otros de los remedios citados. Los escesos mantienen al cuerpo y al alma en la mayor tensión. Por lo que respecta a los escesos de comida y bebida, se tratará de ellos en el artículo D.—Pero si eslos escesos son de lal naturaleza que ocasionan la pérdida de los producios esenciales al organismo, entonces es preciso, observando una abstinencia indispensable, hacer uso de los medios siguientes. El medicamento principal que se debe emplear desde el principio, y tam- bién después que se han usado otros, es chin. Mas tarde, y cuando el enfer- mo se aflije por sus vicios, dése acid. phosph. Finalmente, búsquese mas adelante la naturaleza de los padecimientos del enfermo, y elíjanse entonces mas particularmente los remedios entre chin., acid. phosph., phosph. staph., nux vom. o sulf. y dulc. según el que convenga mejor. Los mismos preceptos son aplicables a los enfermos estenuados por vicios contra-naturales: se empezará por darles chin./o slaph., o nux vom.; des- pués acid. phosph., o sulf., o cale carb. Al mismo liempo es preciso reani- mar lu moral del enfermo, animarle para que haga un esfuerzo sobre sí mis- mo, y sustraer a la tentación su imajinacion desordenada, por medio de i\n trabajo atento y sostenido, dándole poco de comer, dejándole dormir poco, * aconsejándole la abstinencia de loda bebida escilanle, la cesación de toda re- lación peligrosa, y la supresión de la lectura de malos libros. Y si a eslo se bne una irritación morbosa, lo que sucede con frecuencia en los niños, re- cúrrase entonces de preferencia a los medios siguientes chin., mere viv., carb. veg., nyxvom., puls., staph , o antim. crud., silie, pial., cale carb., coce, sep. Mui a menudo, cuando chin, y carb: veg. son insuficientes, mere viv. produce buenos efectos, y sino sulf —En el intervalo de estos medica- mentos, que rara vez deben repetirse, se administrarán, según la ocasión, coff., op., acón., ign. Si a consecuencia de eslos viciosos hábitos se ha debilitado la naturaleza en términos de sentir sus funestas consecuencias en el matrimonio, aun cuan- do sea con moderación, y si entonces se esperimenta turbación en la cabe- z:>, dése cale carb. En el caso de una grande debilidad a consecuencia de. una cópula, con temblor de las piernas, dése el mismo remedio. —Contra la opresión, slaph.; contra la sensación de ardor en las parles, mere. viv. o carb. veg. Si después del coito hai debilidad en las piernas, quebrantamiento y pesadez délos miembros, aturdimiento, mal humor y abatimiento, coce obra con prontitud. — Para hacer cesar a la mayor brevedad el dolor de es- trangulación en los cordones espermáticos y en las tripas, producido por el acto sexual; adminístrese una dosis de iod. MEDICINA DriÉsTICA. 150 La perdida dé humores efecto de sudores abundantes, supuraciones, dia- rrea-de larga duración, lactancia mui prolongada y de un flujo espontá- neo de leche, asi como por efeclo de sangrías copiosas u otras pérdidas ile sangre produce con frecuencia enfermedades incurables, si no se admi- nistra pronto chin., que se repetirá segnn las circunstancias a ciertas épocas. Solamente en algunos casos, será necesario dar después staph. o sulf. Si a consecuencia de la misma causa, y por la efusión inmoderada de sangre en los niños, consecutivamente a la aplicación de sanguijuelas, que se ha hecho en la misma noche eu que se verifica el flujo, sin advertirlo los asis- tentes, y que ocasiona el desmayo o convulsiones, dése inmediatamente chin, y nada mas: o bien, hágase una infusión caliente de la raíz de cá- lamo aromático y dése una cucharada de las de sopa de esla infusión cada dos horas. Luego que el enfermo vuelve en sí, si siente sequedad en la boca, o ajila y mueve la lengua, hágasele tragar un poco de agua fresca: Si vuelve a desmayar» y a tener convulsiones, o si no recobra completa- mente los sentidos, adminístresele una cucharadita de buen vino añejo, y poco tiempo después, si es preciso, repítanse la chin, y la cucharadita devino. — Después, permítasele beber toda el agua fresca qne quiera; pero al prin- cipio poca a la vez.—Si quedan algunos padecimientos consecutivos, qué chin, no ha podido quitar, dése acid. phosph.; y si es insuficiente nux vom, pasados ocho dias, y después ars. alb, D.—Déla indijestion y de la plenitud del estómago. Cuando alguno ha comido mucho o ha hecho uso de alimentos pesados, y siente inmediatamente después o un poco mas tarde, indijestoel estómago; désele café puro, mas si llegan a presentarse dolor de cabeza u otra indis- posición, sobre todo la opresión, dificultad de respirar, i en los niños tem- blor y escalofríos, adminístrese inmediatamenls puls. en disolución, una do- sis cada media hora, hasla que sobrevenga un vómito o hayan desaparecido los síntomas. Sí, después del dolor de cabeza, quedan todavía pesadez y presionen el estómago con náuseas, dése cham., y si pasadas dos horas no hai alivio,-nux. vom. Si al dia siguiente por la mañana se siente todavía incomodidad, si se esperiinentan náuseas, vomiturición, eruptos de mal gusto y de olor do moho, o un gusto que recuerde los alimentos que se han tomado, adminístrese ant. crud.; para los eruptos amargos bry ; podri- dos nux. vom.; de olor de huevos podridos, arn., ácidos, puls ; grasicntos', puls.; acres y amargos, ars. alb. Véase para algunos otros padecimientos lo que se dice mas adelante. En lodos los casos, es preciso abstenerse, du- rante muchos dias de una alimentación sólida, no deben permitirse mas que caldos lijeros, para que el estómago pueda restablecerse. Una alimentación demasiaüo abondante en los niños, sobre todo si se compone de manjares difíciles de dijerir, como pastas farináceas, pan mal cocido, etc., es orijen de frecuentes indisposiciones, sobre todo cuando están mui fajados o se les acuna a menudo, y cuando por otra pane se les atormenta con purgantes, como ruibarbo, sal de Giaubcr, aceite de.rici- no, etc. Ante todo, es preciso suspender el uso de todas estas cosas que son perjudiciales; después, contra el vómito, dése muchas veces ipec, principalmente si hai diarrea; si eslo no produce un alivio pronto, déáe puls. Si solo hai diarrea de materias no dijei idas i el niño está ya debilitado por el uso délos purgantes o la larga duración de la diarrea, adminístrese chin., y coima, el estreñimiento con vómito nux vom. 160 MEDICINA DOMESTICA No debe alimentarse a los niños constantemente con las mismas sustancias; la leche debe de ser cocida, pero no mucho. Hai niños que soportan medio cocidos los mueilagos lijeros de harina de avena mondada; no deben darse papillas farináceas, conviene preferir la harina de cebada mondada. Vale mas hacer hervir durante tres horas en una muñeca de lienzo un poco de harina de trigo, y después de haberla dejado enfriar, se separa del lienzo el grumo endurecido, se desmenuza, y se hace de él papilla con leche, o con caldo, o simplemente con agua y azúcar Los bizcochos convienen a los niños, pero no deben estar demasiado cocidos. Las descomposiciones de vientre debidas al uso de grasa, carne de puer- co, masa de pastelería, manteca rancia, s¿ curan con puls., y sino con carb. veg. La misma indisposición a consecuencia de otros alimentos, pero con erup- tos que tienen el gusto de los alunemos que se han tomado, náuseas y vomi- turición, se cura también con amim. crud. y puls., algunas veces alternán- dolos. La iudijestion por frutas se cura con puls. La iudijestion ocasionada por un vino ácido malo, acompañada de mu- chas náuseas, exije antim. crud.; por vino azufrado puls.; por cerveza acida o vinagre; acón., sobre lodo si hai dolor presivo en el estómago, náuseas, vomiturición, vómito mucoso o sanguinolento. Pero cuando el vómito es áci- do, con ardor en la garganta, cólico y diarrea, hep. sulf.; cuando hai vómi- to de los alimentos, ardor eu el estómago y en el vientre, cólico con escalo- frió, ansiedad y sed, dése ars. alb.; si a esto se agrega gran debilidad, con impresionabilidad por el tiempo caliente o frió, seco o húmedo, adminístrese verb. veg. Si el padecimiento del estómago depende del uso de pescados o de car- nes podridas, dése inmediatamente carbón reducido a polvo mui fino, mez- clado con aguardiente; si pasado algún tiempo la ¡ndijesiion continúa, chin.; si todavía quedan eruplos pútridos, con el mismo guslo en la boca, adminís- trese puls. Si la afección del estómago depende de alimentos salados empléese carb. veg., en la ¡ndijesiion por abuso de la sal común, ars. alb., ola olfacion del éter nítrico o sulfúrico. La ¡ndijesiion por la berza y sobre todo por la colicostra exije bry. Para la iudijestion por queso añejo, salchichón rancio, carnes ahumadas o podridas etc., véase mas adelante el artículo envenenamientos. El dolor de cabeza consecutivo a una iudijestion, como si el cráneo estu- viese magullado hasta la base de la lengua, con náuseas, exije ipec. Para el dolor da cabeza presivo con calor en el cerebro, agravado después de haber comido, andado o leido, con guslo pútrido en la boca, dése arn. Si este do- lor es pulsativo, lancinante, mas fuerte hablando y con grandes ganas de vo- mitar, dése acón.; si es jeneral, obtuso; si se aumenta subiendo una escale- ra, o fumando, y va acompañado de falta de apetito, boca amarga, eruptos, hipo, náuseas y vomiturición, y sobre todo si se agrava con el uso del vino, adminístrese amim. crud. Contra el dolor de cabeza quemante, presivo, es- plosivo, mas fuerte inclinándose hacia adelante con una sensación como si todo fuese a salir por la frente, huido, dislaeeraciou, lancinacioues al andar, o fluctuación como de agua en el cráneo, que se exaspera la mas veces por la mañana, y es seguido de escalofríos, dése bry. para el dolor dilacerante, pulsativo y por sacudidas, que se agrava por la noche cuando se eslá acos- tado, o que ocupa la mitad del cráneo, acompañado de gusto pútrido o te- MEDICINA DOMÉSTICA 161 rreo de la boca, sin sed, puls. Contra la pesadez de cabeza, que eslá sensi- ble esleriormenle, con temblor de las mandíbulas, guslo salado, calambre de eslómago, sobre todo en las personas que han hecho uso del mercurio, dése carb. veg. Para los padecimientos de la misma naturaleza, véase cefa- lalgia. El vómito a consecuencia de ¡ndisjestion, si la lengua eslá sucia, exije ipec.: cuando está limpia tari. emet. Por esceso en el pan, con presión eu la boca del estómago y en el vientre, bryon. Después de haber comido mu- cho, cuando los alimentos lienen un gusto amargo masticando, y si queda una sensación de ardor en el gaznate después del vómito, puls.,si hai erup- tos ruidosos, caloren la cara y palpitación de corazón, sep. Los calambres de estomago por efecto de indisjesiion se curan a menudo, con los mismos remedios que están indicados en la ¡ndisjestion.—Para los demás medios, véase el artículo calambres de estómago. La flatulencia, que distiende el vientre, oprime y dificulta la respiración, y después del uso de un alimento flatulenlo, como berzas o colicostra, se cura con bry.; síes producida por cerveza recien hecha y otras bebidas análogas, con chin., pero, sobre todo, si el vientre está dolorosamente dis- tendido, si hai cólico, presión al rededor del ombligo, con salida de vento- sidades fétidas, y cada vez que se bebe, se manifiestan escalofríos y frió; o con nux vom. si, después de haber bebido, se declara una presión en el epi- gastrio que impide la respiración, hace insoportable el contacto de los ves- tidos sobre las costillas, y comprime el vientre como con una piedra. Puls. conviene cuando la tlaiulencia es producida por comidas grasientas, encima de las cuales se ha bebido agua fresca, con rotación de flatos en el vientre que está entonces tenso y duro, y si se exaspera por la noche. Cuando los gases se concentran en el pecho y ocasionan, en muchos sitios sucesivamente, punzadas y sacudidas dolorosas, y cuando el epigastrio y los hipocondrios parecen tensos, sin hinchazón real, y hacen imposible el me- nor descanso, entonces phosph. 30/00 será útil. Para combatir la grande dis- posición á la reproducción de flatos y a la salida frecuente de ventosidades fétidas, se empleará con fruto,carbón pulverizado, del que se lomará uu po- quito con la punta de un cuchillo una o dos veces todos los dias. r E1v.ólico por iudijestion o por exceso en la comida, si se manifiesta sú- bitamente, desaparece de ordinario con el uso del café negro; si no basla ton puls. o cualquiera olro medio de los indicados en el artículo cólico. La diarrea producida por la misma causa, se trata con puls.; en los niños que esperimenlan al mismo liempo náuseas y vómitos, con ipec; si lienen insomnio, están de humor irritable o despiertos, con coff.; con dolor de vientre, que sube de abajo arriba, produce malestar y grande debilidad des- pués de cada deposición, con nux vom. y oíros remedios aconsejados con- tra la diarrea. El insomnio que sobreviene después de haber comido mucho, cede con frecuencia a coff., sobre todo en los niños, o a puls. o. Si proviene del uso del café nux vom. Si se ha cenado mucho, conviene tomar un vaso de agua azucarada, si produce agrio en el estómago, lómese agua pura. No debe pensarse en prevenir la pesadilla, si depende de excesos en la co- mida, un vaso de gua azucarada a lo sumo la alivia. El que eslá sujeto a ella debe abstenerse de un alimento demasiado abundante y deberá lomarlos medicamentos aconsejados contra la pesadilla. La fierre que sobreviene con escalofríos y frió, y va acompañada de uu desarreglo constante del vientre, sea diarrea, sea estreñimiento, cu los 22 \m MEDICINA DOMÉSTICA' individuos de carácter viólenlo y arrebatado, se cura con bry. En las" per* sonas flemáticas, pesadas, y qiie loman las cosas en mal sentido, con caps: Si reaparece la fiebre, al tercero dia dése antim. crud.; si es cotidiana,- ípee En el dia libre de fiebre se dan cuaire dosis de ipec. 3j en el dia de liebre,, dos veces, con el cuidado de no darla durante el frió o el calor". El sétimo din, dése nux vom. 50. Durante este iraftimicnüo conviene abs- tenerse de frutas. El sarpullido ola miliar a consecuencia de una ¡ndijesiion, con esea'- lofrios y mal humor, desaparece a menudo con puls., con náuseas y di" licultad de respirar, eonipee; y si este medio no basta con bry. Si la al-' teracion que se verifica en la piel depende de la injestion de cosas niaf sanas, véase el artículo envenenamientos.—Para otras especies de erup- ciones, consúltese el artículo exantemas. Todo el inundo debe poder soportar el agua por bebida; pero las per- sonas adultas pueden usar la cerveza y también1 el vino, principalmente si se han entregado a trabajos penosos. Si alguno, después de haber be- bido agua, se encuentra indispuesto, esto prueba que eslá enfermo su estómago o alguna olra parte de su organismo. Entonces puede recurrir a los medies siguientes-; Si se encuentra descompuesto por haber tomado esta bebida, y espe- rímenta turbaeio» en la cabeza , con náuseas y calor, tome coce; dolor de cabeza y tos acón.; tos, vómitos y escalofríos ars. alb. Si deja mal guslo en la boca, como si er agua estuviese podrida , y provoca sensa- ción de frío en el vientre^ cólicos y escalofrío, adminístrese ehin. Si hai1 náuseas y dolor de vientre,, empléese puls., y si esto no basta rkus. Algunas veces se cura un grave dolor de estómago erónreo qne s-e repro- duce siempre que se bebe agua lomando »n poco de sal' coman, fa canu- da d que se puede cojer con la punía de un cuchillo. Si el agua produce hipo, lómese ign.; si presión en el estómago, ferr. aeel. Si el vientre eslár mui meteorizado, eomo por flatos, con presión en el epigastrio,, ^opresión? de la respiración y escalofríos, dése nux vom. Contra el tenesmo y la dia- rrea, caps.; contra el dolor en el pecho y escalofríos, veratr. alb. Para combatir el dolor de muelas ocasionado por el uso del agua, empléese bry* o,, según las circunstancias, mercur. viv. o staph. Si hai solamente sensibi*- Bduds sin dolor real mercur. viv. o sulf. Cuando una persona siente habkualmenle frió en eF estómago por beber agua fria, O por olra razón, se ha acostumbrado a mezclarla eon algan licor espirituoso, y desea perder esta costumbre,, debe ensayar los medicamentos» que acabamos de recomendar. Si esto no basta, es preciso poner una gota- de ácido sulfúrico puro en un cuartillo de agua, mezclarlo perfecto mente pa- sándolo d« un vaso a olro, y lomar una o dos cucharadas por la mañana* ero ayunas, de este modo se entonará el estómago, y volverá a poder soportar eí agua fria. Si se descompone el estómago por deber agua gon mücua precipitación, empléese silie Cuando solamente el agua fkia es la que causa incomodidades, enton* ees será útil el uso de nux vom., slaph. o cate carb. Si los padecimientos producidos por el agua de nieve, o por el agua fría durante el fuerte calor, se manifiestan de pronto y se anuncian peligro- sos, serán combatidos felizmente por op., sobre todo si hai conjestion de sangre a la cabeza, pérdida de conocimiento, convulsiones en los músculos üe la cara, y vértigo hasta caer. En los bebedores de licores fuertes, será MEDICINA DOMÉSTICA ÍOo ¡preciso nnx vom.i Si la cara está pálida, si se han hecho esfuerzos para vomitar, y si hai estreniada debilidad, se podrá administrar aguardiente al- canforado. Contra la indisposición consecutiva, y sobre lodo contra el dolor ■de raheza con conjestion haca esta rejion, dése bell. Si el dolor es fuerte- mente lanciiianie, bry. Para las indisposiciones de vientre con fiebre y olías, carb. veg. o or*. alb. como va a verse en lo que sigue. En los padecimientos crónicos a consecuencia del uso del agua de nieve en eslío, acompañados de grande debilidad, de poco apetito; si ademas el aliuieu- lo produce peso en el estómago, o si es vomitado con un gusto acida, si el estómago eslá doloroso: si hai al tacto, hinciiaRon al epigastrio y del vien- >tre por la presencia de flatos, cuando estos flatos fatigan con mucha fuerza y los sufrimientos se agravan al aire libre, dése carb. veg. Cuando el estómago está doloroso, y llegan a manifestarse los demás ac- cidentes, después de haber tragado pedazos de hielo, como hacen los niños, •convendrán an. alb , o algunas veces puls. Ars. alb. convendrá también si hai presión viólerfla en él estómago, sobre lodo si hai sensación de ardor en un punto, y ardor en todo el estómago y el vientre, acompañado de angustia, de inquietud y de una fisonomía que espresa'la ansiedad; cuando hai ademas sequedad de la lengua, gran sed, sabor salado de lodo lo que se toma, náuseas por el movimiento y des- pués de haber bebido, hasta el vómito, algunas veces -bilioso. Se usará puls. cuando haya presión como cálambroidea en él centro epi- gástrico y en el estómago, cuando sea mas-fuer-te después de la comida, y cuando llegue hasta producir el vómito de los alimentos; cuando la cara esté triste, la lengua mucosa, y conserve un gusto insípido de paja; cuando la sed sea nula haya náuseas después de haber comido o bebido, con exacer- bación por la tarde y por la noche, seguida de eruplos ácidos o con él gusto de los alimentos injeridos. Los mismos medios serán igualmente útiles en Jos desórdenes de la di- jestion ocasionados por el] uso de fuutas frías u otras sustancias frías, he- ladas, etc. Casi todos los individuos de buena salud soportan bien la leche, y es preciso que su estómago no se encuentre en estado normal para que les pro- duzca incomodidades. En este caso, deben remediarse. Si produce un .gusto agrio en la boca, dése nux vom.; si cólicos y diarrea, -bry. o lycop., si hai eruptos y vómito mucoso, con otros padecimientos gástrieos, y si eslos re- medios 110 han producido éfecio, empléese sulf:; si después de haber tomado leche se sienten náuseas continuas, dése cale carb. Si la cerveza incomoda, lo mejor es abstenerse de ella, y sobre todo si es •cerbeza fuerie^ÜLque ordinariamente se confecciona con sustancias veneno- sas, a fin de hacerla mas amarga y mas activa- Pero si la cerbeza es buena y 110 se puede evitar tac Hmerite él bebería, lómese por la mañana, si aféela la cabeza rhus; si no alivia bell. una sola vez, y si la cerveza provoca cons- tantemente vómitos, ferr. acet; si náuseas ars. alb., si cólicos, coloc. La cerveza buena debe prepararse con cebada moderadamente desecada y lú- pulo puro. Todas las adiciones y mezclas artificiales son mas o menos noci- vas, muchas hasta eminentemente peligrosas. —Si después de haber bebido •cerveza por la tarde, se esperimenta por la mañana ai despertarse o des- pués de haberse levantado dolor de cabeza, eslo indica que esta bebida de ningún modo es conveniente, al menos al que la bebe. j£i el uso del aguardiente produce padecimientos, el que lo esporimoma 4(M MEDICINA DOMÉSTICA debe felicitarse por ello; porque el mejor medio es evitarlos, y al mismo* tiempo el mas racional es abstenerse de beberlo para siempre. E.—Consecuencias) de las hebillas escalantes y espirituosas. del tabaco, de las especias y de los ácidos. embriaguez.—Esta vergonzosa condición, en la cual vemos aun tantas personas, no necesita descripción. Algunas veces se requiere el auxilio mé- dico para volver al que la sufre a su conocimiento. Todos sabemos que para cualquiera que esté borracho, el mejor medio es dejarle dormir; pero algu- nas veces puede ser necesario volverlo en sí mas pronio, alo menos hasta el punto que pueda ser alejado de la escena de sus excesos. El mejor reme- dio es una aplicación esterna de agua fria. Asi cuando un borracho esté tendido en el suelo, rocíesele con agua lo mas fria qne pueda hallarse; sí esto no produce resultado, échesele agua con un cubo... desde cierta al- tura, de modo que le dé con gran fuerza. Si vomita y tiene náuseas désele café puro, tanto como quiera beber, pero mui caliente. Cuando la embriaguez no ha llegado hasta tal punto es suficiente a me- nudo para disiparla aplicar lienzos mojados con agua fria, en el abdomen y las partes inmediatas. Si la borrachera ha sido producida por ia cerveza, dése té verde con leche; si por el vino, dense a comer una o dos almendras amargas (pero no a los niños); si por licores o aguardiente dése a beber agua salada, y si esto no produce ningún efeclo póngase un ajo machacado en la boca. Si la cara de un hombre embriagado tiene un color rojo oscuro, si sus ojos están fijos, si no vuelve en sí y el echarle agua fria produce un solo efecto momentáneo, si los músculos de la cí.ra están convulsos o un ca- lambre le impide abrir la boca—en este caso no se use nada excepto agua fria en la cabeza, y servilletas mojadas, y adminístrese op cada cuarto de hora hasta que se mejore; si se advierte que op. ha cesado de obrar favorablemente adminístrense acón, o bell. según las circunstancias. Los niños suelen sera veces emborrachados por personas descuidadas, impruderM.es o culpables; o beben aguardiente inadvertidamente; en eslos casos lávense su cabeza y abdomen con agua fria; y déseles cada cuarto de hora una cucharadita de agua caliente, en un cuartillo déla cual, se haya echado en infusión una almendra amarga. Si no caen pronto en un buen sueño, déseles nux vom. Si caen en un sueño lelárjico , con ron* quido, si la cara está encarnada y la cabeza caliente, déseles op. Si están demasiado animados y alegres, y no pueden dormir, déseles coff. Si tie- nen fiebre violenta déseles acón, y si esto no la alivia al cabo de dos ho- ras, dése bell, D. Si les dan calambres o convulsiones, dése primero op. a; 6¡ esle no alivia, nux vom. o, y si esta no produce efeclo, cham. Muchas mujeres recién paridas beben, ya por ignorancia, ya por cos- tumbre tonta o por consejo de parleras estúpidas, licores espiriuosos para lograr dormirse ellas y su hijo. Esla es una costumbre vergonzosa y abo- minable, que las espone a sí mismas y a su hijo a los mayores peligros; y si no va seguida de malas consecuencias inmediatamente puede dar lu- gar a que el niño se haga un borracho cuando crezca. En estas circuns- tancias dense a la madre y al niño los medicamentos arriba mencio- nados. Ademas de los borrachones confirmados o de costumbre, hai otros que solo lo son ocasionalmente, consintiendo ellos mismos en estraviarse; y MEDICINA DOMÉSTlfií l6¡? qne se avergüenzan después, de su conducta. Aconsejamos a estos que pon- gan uno o dos glóbulos de nux vom. en un vaso de agua que los disuelvan bien, y los beban antes de irse a la cama. A la mañana siguiente pueden tomar los remedios prescritos gontra las consecuencias de la emrriagvjez. Hai, sin embargo, muchos que han caído en este vicio por despecho, pe- sar o inquietud. Su propia conciencia, si lo piensan bien, les hará ver cuan abominable y absurdo es el medio a que han recurrido para consolarse. Les exortamos encarecidamente que tomen al instante la resolución de abandonar para siempre los licores y se esfuercen * en beber diariamente agua fria, hasta que su estómago se debilite enteramente por este medio; y tomen los medicamentos recomendados para las consecuencias-de los exce- sos en las bebidas, como también los (pie convienen contra el despecho y •I pesar. Cuando así hayan vuelto a ser hombres olra vez, dirijan fervientes súplicas implorando el auxilio de aquel que nos enseña a sufrir todas bis tribulaciones, y que ha prometido que será el consuelo de todo el que lo implore con perseverancia, con fervor y sinceridad. Hai otros bonachones, encadenados, por decirlo así, a este vicio, y que son impelidos a beber por alguna disposición de su organismo, por una enfermedad, o por una acrimonia particular del estómago. Estos merecen nuestro perdón y nuestra compasión; pero aunque les compadezcamos, y perdonemos, no hai suficiente fundamento para disculparlos; porque un eslado morboso a uno lo estimula a la cólera, a olro lo induce a la pereza, y a un tercero a la incontinencia; pero esto no debe ser escusa ni para unos ni para otros; porqne si asi fuese cada uno hallaría una pronta disculpa para su vicio favorito, y se imajiuaria fácilmente que podia lavar su impureza en una sentina. Cuando el hombre arrebatado no reprime su cólera, el lascivo sus deseos, y el borracho su inclinación a las bebidas, su sensibilidad mor- bosa se aumentará, listas personas deben seguir un rumbo directamente opuesto. El que es dado a la cólera debe forzarse a sí mismo en sujetarla ¡mu hasta sufrir un ultraje no merecido; el voluptuoso debe reprimir to- dos los pensamientos voluptuosos, y evitar cualquiera tentación, el pere- zoso debe trabajar hasta que esté enteramente sin fuerza; y el que anhela las bebidas alcohólicas no debe ni aun oler aguardiente, vino o cerveza, aunque fuera casi a morir de sed. Cada uno debe decir para sí:—Dios ha permitido que yo sea aftijido con esla horrible enfermedad, no debo entregarme pues al pecado, sino que debo probar mis fuerzas, y aprender a resistir la tentación, y el que ven- za será doblemente fuerte para caminar después hacia el bien, y las ben- diciones del cielo le seguirán. Así sucedió a Job que supo resistir. Al que haya fortificado asi su alma le recomendamos los siguientes re- medios, que contribuirán a ayudarle a vencer esla perniciosa inclinación. Tome sulf. D. todas las mañanas, durante siete dias. Si el deseo se dismi- nuye, pero vuelve a presentarse, tome ocho o catorce dias después de la última dosis de sulph., nux vom. por la noche; y si el deseo vuelve otra vez después de dos o ires dias sulf., y después de descansar siete dias, re- petirá estos remedios en el mismo orden. Si esto no produce resultados eficaces tome ars. Si este no va seguido de buen éxito y el mal reaparece, le aconsejamos un dia nux vom. y cuatro dias después ars. Aunque este tratamiento dará buenos resultados en la mayor parte de los casos, sin embargo, puede haber algunos en que sea ineficaz. Si sucede así, póngase una gota de ácido sulfúrico en un vaso de agua, mézclese bien y bébase mui temprano por la mañana. Esto puede hacerse cada 460 medícínA doméstica dos o tres dias que se empiece a sentir algún dolor. El mejor antídoto entonces es oler frecuentemente el alcanfor. Si aun entonces el enfermo no se encuentra bien, diríjase a un médico homeópata, que él sabrá soco- rrerle. Si una persona tiene pasión por los licores hasla el punto de embriagarse y no se le puede inducir a que la refrene, aconsejaremos a su desgraciada mujer, o hijos, o hermanos, y amigos que Je administren sin que lo sepa el siguiente remedio. Póngase una anguila viva en una cubeta o en uu cubo pequeño, llénesele de vino, y déjese a la anguila que se muera en él. Se echa este vino en botellas, y se le dá al enfermo lodo lo que quiera beber. La misma operación debe hacerse con el aguardiente. Si este medio no produjese ningún resultado, tómese ácido sulfúrico puro, mézclese con agua de modo que tenga solo un sabor ácido agradable y désele al borracho en todo lo que coma y beba, y tanto y tan a menudo como sea posible; échesele igualmente en el café, té, caldo, en todo, aun- que otras personas tengan que participar de ello; mézclese partieularmenla en salsas acidas y en limonadas. Si este remedio le debilita el estómago, désele una infusión hecha de yerbas o de raices amargas, o de cascaras de naranjas agrias, continuando al mismo tiempo el agua acidulada, hasta que la boca se le ponga dolorida, y entonces se suspende. Si no se pre- sentan otros síntomas de mas consideración, no debe emplearse ningún antídoto, pero si apareciesen diarrea permanente, debilidad de estómago, vómitos y vahídos dése puls.: si produce úlceras de larga duración eu la boca dése mere viv. Las consecuencias no son peligrosas y pueden cu- rarse fácilmente. consecuencias de la embriaguez. Frecuentemente después de haberse embriagado por la noche, y algunas veces con solo haber bebido algunos vasos de vino, se esperimenta desde por la mañana nial estar, pesadez y aturdimiento de cabeza, palidez y desencajamienlo de la cara, la luz mo- lesta a los ojos, hai sequedad y aspereza de la boca, náuseas y dolor de estómago, sequedad en la garganta, ardor en las manos, quebrantamiento, languidez y sensación como de dislocación en los miembros; se siente' uno con propensión al sueño, frió, débil, irritado y violento, hai ademas algu- nas veces epistasis, calambres de estómago, etc.: eu todos eslos ¿casos em- pléense earb. veg. o nux vom. Si el dolor de cabeza es pulsativo o presivo por encima de los ojos, y se disminuye al aire libre, lómese carb. veg., si produce una sensación como si hubiera metido un clavo en uno de los lados de la cabeza, si se aumenta andando y a cada movimiento, asi como al aire libre por la intensa aplica- ción del espíritu, o inclinándose hacia adelante, tómese nux vom., si solo se siente debilidad carb. veg.; si hai ganas de vomitar, nux vom.; si las cá- maras son claras y pálidas, carb. veg.; sí hai diarrea con tenesmo, de ma- terias mucosas, nux vom.; también nux vom. si hai vértigo, rubicundez d« los ojos, supuración en sus ángulos, grande sensibilidad a la luz y losecilla seca. Si no se encuentra alivio poco después de haber tomado car6. veg., hágase respirar de cuando en cuando alcanfor, del mismo modo, si el dolor de cabeza no disminuye algunas horas después del uso de nux vom., tómese coff. Si el mal no cede a estos medios y el estómago está mui debilitado lómese"antim. crud. nux vom., produce ordinariamente buenos resultados, aun contra ciertas consecuencias persisientes de la embriaguez, como dolo • res de cabeza crónicos, plenitud y pesadez en la cabeza, o calambres y de- bilidad del estómago, estreñimiento, hemorroides y padecimientos beino- SÍI.DÍCINA ñOMÉS'flCÁ i(ñ rroidales, dolores de linones, erupciones miliares y prurito jeneral. É'n estos» casos, es preciso lomar él remedio por la noche, y mientras produzca uil efeclO saludable, abstenerse de cafe, de vino, y de toda bebida espirituosa. Después, en caso de necesidad, tómense por la mañana carb. veg. o lach , et primero cuando se está peor por la mañana al aire, el último mando la peoría se siente después de dormir, sobre todo después del medio dia y1 durante los calores. En los casos de dolor de cabeza crónico, producido por el abuso de loS licores, y empeorado continuamente por la misma cansa, asi como por la aplicación forzada del espíriiu, por el hablar, o estando encorvado, sobre todo si el enfermo esiá debilitado por leer o escribir con exceso, si es grueso y sanguíneo, hágasele respirar cale carb.; si es delgado silie y espérese* repitiéndoles de cuando en cuando hasla que el mal empiece a aumentar. Lach. es también eficaz en esle caso. El que después de haber bebido vino solo se siente excitado, nervioso, trémulo, si esperimenta un calor seco y desagradable, y eslá continuamente de mal humor, debe tomar coff. Con frecuencia, es imposible prestar el menor auxilio en el delirio con temblor, esa triste enfermedad que alaca a menudo a los borrachos (ma- nía a potu dcliríum tremens), que exalta su imajinacion y les hace ver seres estravagantes, monstruos, animales, etc.; acompañado esto de movimientos furiosos, gritos, calambres y convulsiones. Sin embargo, convendrá dar al enfermo en vez de esos medicamentos desagradables y debilitantes, que se emplean ordinariamente, op. de hora en hora: y si no se mejora después de veinte y cuatro horas, nux vom., si reaparece el paroxismo op. Al misino tiempo puede emplearse agua fria. Si después de dos o tres dias estos re- medios no producen ningún resultado, con frecuencia cale carb., adminis- trada por mañana y tarde, puede aliviar el padecimiento. Se puede simul- táneamente dar a beber agua fria, o algunos vasos de cerveza floja, sobre todo a los sujetos que están acostumbrados a esla bebida y que la desean. Lo mismo puede hacerse respecto del tabaco. En los casos menos giaves, cuando los enfermos creen de cuando enl cuando que lienen miedo de los animales o del fuego, se ajitan y quiereri escaparse, se les puede dar 'bell., tres dosis en una hora; o bell. y acón. alternativamente, cada hora una dosis, y al dia siguiente por la mañana cale. curb. Cuando bell. no alivia, sino que produce dolores en la garganta, si los paroxismos reaparecen con mas frecuencia después de medio dia, o después del sueño, y si los enfermos hablan mucho, pasan rápidamente de un ob- jeto a otro, y no pueden soportar la camisa o la corbata al rededor del cuello y la arrancan lach. puede aliviarlos. Cuando se perciben en un borracho los primeros síntomas de apoplejía, bell. a bajas dinamizaciones es mui eficaz. de las conseguencias perniciosas del cafe. Cuando no se eslá acostum- brado al café; cuando se le toma en demasiada cantidad, o cuando se le toma mui fuerte, puede producir indisposiciones que es fácil remediar in- mediatamente. Nux vom. basta casi siempre para combatir el insomnio, las palpitaciones de corazón, y la grande irritabilidad de los nervios, cou calambres de es- tómago. Ign. o nux vom. pueden emplearse ventajosamente en los casos de gran- des dolores de cabeza como si fuesen producidos por un clavo, en caso de IC.8 MEDICINA DOMÉSTICA pesadez y de dolores que se suceden. Si se encuentra uno mejor encor- vándose hacia delante, si se sienten laudos en toda la cabeza, dése ign., sobre todo si el caracteres inconstante e indeciso; si está uno peor en- corvándose hacia adelante, andando, sí al mismo tiempo se esperimenian vértigos, la cabeza está confusa o llena de ¡deas sombrías, y el carácter es ardiente y activo, dése nux vom. Nux vom. cura ordinariamente los dolo« res violentos de cabeza de un sido lado; si van acompañados de jemidos, de gritos y de grande sensibilidad, dése cham. Cham. cura casi siempre los dolores de muelas que se sienten inmediata- mente después de lomar café, y en jeneral las odontaljías de las personas acostumbradas al café. Si el enfermo está fuera de sí como loco, désele coff. y después cham. En los calambres violentos de estómago, sise umeutan después de tomar café, empléense nux vom. acoe, si el enfermo se encuentra bien por nu momento, pero poco tiempo después peor, cham. Contra los dolores violentos de vientre y los cólicos dense cham. o nna; vom; frecuentemente convienen también coloc. o bell. El remedio esencial contra las consecuencias crónicas del uso frecuente del calé, que persisten, ya se le tome con moderación, ya se le abandone completamente es nux vom. Algunas veces sin embargo ni esle remedio ni cham. producen efecto, ensáyense entonces: Coce, si el menor ejercicio produce un sudor debilitante, frecuentes tem- blores, sobresaltos durante el sueño, calor pasajero, dolores de muelas co- miendo, sensación de vacío en la cabeza, tristeza e inquietud; sobre lodo si todos estos síntomas se aumentan al aire libre, con ei movimiento, comer, beber, dormir o también fumar tabaco. Ign. cuando hai grande debilidad, una sensación de vacío en el epigas- trio, calambres frecuentes en el vientre, así como soñolencia o dolor en los miembros, semejante ordinariamente al que es producido por la presión de cuerpos duros y puntiagudos y cuyos padecimientos obligan a cambiar Continuamente de posición; y si cada movimiento produce un alivio momen- táneo, cuando el humor eslá inconstante y pasa fácilmente de la alegría a una tristeza que llega a hacer arrojar lágrimas. Nux vom. quita los dolores que se sienten en el anillo inguinal, y que se parecen a una hernia en el momento de manifestarse. En los casos en que estos medios no produjesen ningún alivio, tomados en algunos dias, una o dos veces, dése mere, viv., y si aun este remedio no alivia, después de siete dias, sulf, En los padecimientos producidos por el uso del té, sobre todo del té ver- de, dése ign.; y si el enfermo no se encuentra mejor después de algunos dias, chin. Eu los dolores crónicos producidos por el uso inmoderado del té, empléense chin, o ferr. acet. Puls. hace desaparecer casi todos los malos efectos del tabaco en las personas que todavía no esláu acostumbradas a él. En los dolores de cabeza violentos acompañados de náuseas empléese acón.; en los vérti- gos que casi llegan a producir el desmayo, y producen vómitos de bilis y diarrea, cham.; y si el remedio no alivia inmediatamente, o si el en- fermo siente gran frió, veratr., y si después de esto no se encuentra me- jor, hágasele respirar alcanfor. Las convulsiones violentas acompañadas de otros síntomas, ceden a cupr. Para los demás remedios véase el capitulo ENVENENAMIENTOS. Si un sujeto acostumbrado al tabaco empieza a sentir sus malos efec- MEDICINA DOMÉSTICA. i 69 tos, désele coce. r>ú/n. Conira los dolores de muelas empléese bry., y algu* ñas veces chin.; conira las náuseas ign. o puls.; contra el mal estar con inquie- tud y náuseas slaph.; esle mismo remedio puede servir igualmente conira los padecimientos producidos por masticar tabaco ; se emplean sin embargo de preferencia nux vom. cham., puls. o coce; algunas veces cupr. Los efectos crónicos del uso escesivo del tabaco se destruyen difícilmen- te; en caso de grande sensibilidad y de debilidad del estómago pueden em- plearse ventajosamente ítux vom., o cace; en los estreñimientos pertinaces, dése nux vom.. slaph., mer. viv. Las enfermedades de los trabajadores de las fábricas de cigarros son to- davía mas difíciles de curar; será casi imposible hacerles recobrar la salud, sino evitan, al menos por algunos meses, el olor del tabaco y si no toman cualquiera otra ocupación. Los mejores remedios son también ars. alb., co- loc. y cupr. disueltos en agua. En los males producidos por las especias, pimienta, jenjibre, etc., dése 11 ux vom. Los malos efectos de los ácidos se neutralizan prontamente con nux vom. luego que aparecen con diarrea por la tarde o por la noche; si es por el dia, antím. crud.; acompañado de retortijones, staph y caldo caliente; con bell-, si están atacados la cabeza y el pecho, y en los casos en que a esto se agre- gue un gran frió con veratr.; en fin si va seguida de fiebre con calor lach. La erupción roja escarlatiniforme, y miliar con dolores de garganta produci- dos por las naranjas, los limones y otras frnias acidas, desaparece con el uso de bell. y de ruhs; cale, caust., ferr. o sep. se emplean ventajosamente, se- guirlas circunstancias, conira sus efectos de larga duración. '¥.—Bíel abuso de lo que basta ahora se lia llamado remedios* Cuando, después del uso de lo que se ha llamado hasla ahora remedios, sobreviene un efecto pronto y nocivo, es preciso ver en él un envenenamien- to, para el cual remitimos mas adelante al artículo de los antídotos. Esto depende de que efectivamente nobai en la lierra veneno, que no haya sido empleado como saludable en la antigua medicina, y que no se haya ensaya- do en los enfermos. Y los médicos que dicen hipócritamente que curan to- das las enfermedades solamente con plantas y remedios vejetales, son toda- vía peores, porque no deben ignorar que hai algunos vejetales mucho mas violentos que los minerales, el mercurio, por ejemplo; no hai médico razo- nable ni naturalista que no sepa esto perfectamente. El veneno de un animal a su vez, es mucho mas peligroso, que el que procede de un vejelal, como por ejemplo el de las serpientes y el sapo. Asi que la pretendida inocuidad de los medicamentos vejetales no es, de ordinario, mas que una decepción y una mentira. Es verdad no obstanle que hai algunas plantas que no producen efecto al- guno peligroso, y algunos medicamentos cuyo efecto pernicioso no-siempre es sensible, pero aun en esle caso conviene administrarlos con prudencia, y no darlos por mucho liempo, ni a grandes dosis. Porque es cosa demostra- da que si se emplea un remedio realmente saludable, debe bastar una pe- queña cantidad, mientras que una sustancia ineficaz puede llegar a ser peli- grosa en razón de la cantidad empleada. De aquí se sigue que todo remedio puede a la larga convertirse en veneno. La infusión de manzanilla ha hecho morir mas niños que la escarlatina, y la quina ha malado mucha mas jente que las fiebres intermitentes. Pero co» 23 470 MEDICINA DOMÉSTICA. dio no se conocía la causa real de la muerte se la daba nombre diferente. Dé cien individuos que mueran de hidropesía, hai de cierto ochenta que se han puesto hidrópicos a consecuencia de una medicación irracional. Pregúntese a estos enfermos cuanta sangre les han sacado, o cuantas drogas han loma- do, ora mercurio, quinina, purgantes, azufre o sal de nitro, ora opio, dijital y otros remedios narcóticos, y se sabrá entonces la verdadera causa de su hidropesía. El que por ignorancia ha hecho uso de estas drogas nocivas o se las ha dado a sus hijos, por consejo (Fe su médico o de su farmacéutico qne no sa- bían mas, todavía puede conjurar sus malos efectos, si quiere seguir el con- sejo que vamos a darle. La infusión de manzanilla produce con frecnencia grandes dolores, o em- peóralos padecimientos del enfermo : en este caso adminístrese coff., y des- pués si es necesario nux vom. Si produce espasmos del estómago, dése nux vom,; si náuseas y vómitos, puls. Si los cólicos y dolores que preceden a las reglas se agravan y se hacer» insoportables por la manzanilla, dése puls. ca- da media hora. Los ataques y las convulsiones de los niños, producidos por la infusión de manzanilla, ceden a ign.; la fiebre y el calor unidos a una grande sensibilidad, a coff.; la fiebre, el calor y los dolores dislaceranles o de estirón que se disminuyen con el movimiento, a acón. Después del uso del opio o del láudano, pueden sobrevenir a menudo, y de un modo inesperado, accidentes peligrosos, sobre todo cuanido un médi- co ignorante emplea el opio en lavativas bajo cuya forma obra con di^z ve- ees mas fuerza : para remediar estos accidentes, véase mas adelante el artí- fulo Envenenamientos. Poco hai que hacer contra las consecuencias crónica» del opio que jamás dejan de sobrevenir, y que se manifiestan infaliblemente en lodos los que hacen uso de él. El mejor medio es dar de cuando en cuan- do coff., y algunas veces mere viv., dejando uua semana de intervalo; se pueden dar igualmente nux vom. o bell. La corteza de quina o de quinina se encuentran entre los medicamento» que, después del opio, minan mas frecuentemente la salud y producen afec- ciones a menudo incurables. El enfermo que tiene la felicidad delibrarse de la muerte, no queda menos atormentado por espacio de bastantes años por ías terribles consecuencias del uso de la quina: estos tristes efectos son to- davía mas difíciles de destruir que los que son producidos por el mercurio. Solo una grosera ignorancia puede pretender que las sales purgantes tienen la virtud de librar al cuerpo humano de la quina. Pasa a lu sangre y a todos íos humores, y ningún purgante del mundo puede librarlos de ella; el pur- gante no hará mas que sustraer algunos de los jugos mus necesarios a hi sa- lud. Se necesita pues mucha paciencia, y solo lentamente y con el auxilio de los remedios siguientes es como se podrá librar al enfermo de las conse- cuencias de esta perniciosa droga. El medio principal, en el mayor número de casos, es ipec , una o dos ve- ces al dia, hasta que haya un alivio mui pronunciado. En caso de dolores reumáticos, pesadez, atonía, dolor en todos los miembros como si estuviesen rotos, estirones en los huesos, grande sensibilidad en todo el cuerpo y au- mento de los dolores por el movimiento, ki conversación, la acción de so- narse los mocos, los ruidos penetrantes, dése ant.; si el cuerpo está frió.y cubierto de sudor frió, con astricción o diarrea, empléese veratr alb. conira la tos tísica y la espectoracion, dése una infusión de liquen de Islandia; con- tra la ictericia mere viv., y quizá mas tardetc/Z.; conira el calor de la cara, el movimiento rápido de la sangre hacia la cabeza, el dolor intenso de cabe- Hl.BTClNA DOMESTICA. 471 za y de mudas, dése bell.; contra los dolores de oidos prih.; contra el ede- ma de los pies ferr. acet.; conira las úlceras en las piernas, contra la hidro- pesía, una tos corta y el asma, ars. alb. En caso de otros padecimientos véa- se mas adelante, y elíjanse de preferencia, ademas de los remedios ya di- chos, sulf. cale, carb., carb. veg , c'm. Cuando la fiebre intermitente suprimida por este medicamento, ha sido convertida en alguna otra enfermedad mucho mas peligrosa, como sucede de ordinario, o cuando continúa, y se hace mas difícil de curar que lo era al principio, empléense los medios siguientes. Si la fiebre desaparece y es reemplazada por dolores en Jos miembros, los oidos, los dientes o la cabeza, dése puls., y si el mal persiste cale carb.; conira las afecciones del estómago, empléense ipec o puls.; contra los ede- mas, arn., ars. alh. o ferr. acet. En jeneral, elíjanse según las circunstancias entre les remedios que hemos indicado, o también entre bell., veratr. alb., mere, viv., puls., arn., sulf., ars. alb., ipec, cin., carb. veg. Si la fiebre intermitente continúa, cosa bastante frecuente, empléese une délos medios indicados en esta enfermedad: este será primero ipec, que casi siempre va seguido de buen éxito en segundo lugar, y lo mas frecuen- temente ars. alb. o carb. veg.; rara vez cin., veratr. alb., arn., mas rara vez todavía bell., mere viv. o sulf., cale carb. Si las pociones que el doblemente desgraciado enfermo, se ha visto pre- cisado a tomar durante mucho tiempo, contenían algunas de las plantas si- gruientes: cicuta Acuática o cicuta jiaíqr,dijital, laurel cerkzo, o ácido HiDiieciANico, es casi imposible salvarle, a no ser que le salve la naturaleza por sí misma, ayudada por un buen alimento, el aire fresco, y beber mucha agua. Es también mui malo obligar hasta cierto punto a las personas a que to- men en gran cantidad asafiítida o valf.riana. Las consecuencias de la asaftj- tida pueden ser neutralizadas algunas veces con chin, y mere. viv. La iudi- jestion y sobre todo los eruptos ceden inmediatamente a puls. Los padeci- mientos producidos por la valeriana ceden en parte a coff., nux vom., cham. & sulf. Contra el cólchico empléense puls. o nux vom. La fatal diarrea producida por las grandes dosis de este pretendido anti-gotoso cederá imnediatamenta a algunas golas de la tintura de op. no diluida, una cada dos horas, cuatro o cinco veces seguidas. Contra la polígala senega empléense bell., bry. o arn.; conira la zahzaiarrilla, algunas veces mere viv. o bell.; mui a menu- do sidl., pero sobre todo sep. Si el enfermo siente grandes dolores inmediatamente después de la apli- cación del daphne mezereum (torbisco) empleado como vesicante, o si esla aplicación ha sido hecha con frecuencia, y sisólo mas tarde se han empeza- do a sentir sus consecuencias, hágase primeramente respirar al alcanfor, y dése después, si el mal tiene su asiento en la boca o en los huesos mere. viv.; si te tiene mas bien en las articulaciones, bry. o rhus. En los padecimientos causados por el uso de las cantáridas dése a res- pirar a menudo alcanfor, y si el mal no cede acón, o puls. A los niños que están malos a consecuencia del uso del lycopodio, como sucede algunas veces, dése primero a respirar alcanfor, después puls.; si es- perirneuiau al mismo tiempo estreñímieuto de alguna duración, nux vom,} si convulsiones, cham.; si fiebre o calor acón. Cuando los niños padecen a consecuencia del abuso del ruibarbo, si lienen flatos v diarrea de materias mucosas, déseles .Max vom.: en caso de vóroi- 17*2 MEDICINA DOMESTICA. tos ácidos durante la noche asi como de diarrea saburral, puls.; si tienen cámaras acidas, verdes o sanguinolentas, mere viv.; contra los djlores de vientre y las deyecciones verdes, dése cham., y si los dolores no se calman, coloc. o. Contra las malas consecuencias de toda especie de laxantes, a escepcion del mercurio, y si los remedios no han producido efectos, dése sep. Si un enfermo después de haber tomado magnesia, sobre lodo magnesia calcinada, se encuentra peor, désele a respirar espíritu de nitro (spiritns n't- tri dulcís): si hai insomnio, désele coff.; si hai dolores violentos de vientre; empléese cham., y si el dolor se hace insoportable con o sin evacuaciones coloc, y si no ha habido deposiciones, aun después de veinte y cuatro horas, nux vom.; si ocasiona dolores violentos y sobre todo quemantes, acompaña- dos de fiebre, ars. alb. Cuando la magnesia, que tan a menudo se emplea contra varias enfermedades, produce diarrea acida y clara con dolores de vientre, dése rhcum.; y si el enfermo no se alivia, puls. Los mismos medios pueden emplearse ventajosamente conira los padecimientos de la misma na- turaleza ocasionados por las sales purgantes, como, por ejemplo, la sal de- i.LAUEER O el SULFATO DE MAGNESIA. El azufre es tan perjudicial como el mercurio; con frecuencia es igual- mente difícil destruir sus desagradables accidentes. El que se encuentre in- dispuesto poco después de haberle tomado, debe respirar el alcanfor; y si el mal no cede o si el dolor es demasiado violento sobre todo en la cabeza, acompañado de calor, es preciso tomar acón. Después, y pura neutralizar sus consecuencias crónicas, vale mas empleármele, viv. o puls.; y segnn las circunstancias, mui a menudo también sep. Contra los dolores producidos por el vapor del azufre, la ignición de las pajuelas, cuyo efecto es provocar algunasvec.es en los niños tos, respiración corta, dolores en la garganta y en el pecho, el mejor medio es puls. Si los niños después de haber lomado azufre, lo cual consideran mui sa- no algunos padres, por ejemplo, al principio de lu primavera, son acometi- dos de fiebre con dolores de vientre, o si hai retrocesión de alguna erup» ion conira la cual se le ha empleado, o lambiea diviesos mui dolorosos, se les podría aliviar con bell., repetida a menudo; basta luego librarles de los re- friados, no teniéndoles encerrados en una habitación calienie, sino impidién- doles esponerse a las corrientes de aire, sentarse en el suelo, etc. Contra el uso prolongado del iodo (iodium, kalihidriod., hidriod. pol) y sus malas consecuencias, dése hep. sulph. El principal medio de los medicastros en el tratamiento de casi todas las enfermedades es el mercurio; no saben que empeoran el estado de sus en- fermos en vez de curarlos. Así, pues, se debe esiar prevenido contra las re- retas en que se vean figurar los calomelanos, mere subí, corros., mere pre- cip., chloretum hig.,bicl., hydrarg., argent. viv., y sobre lodo contra el uso esterior del ungüento napolitano, que produce tanto mal, asi como de las pil- doras laxantes mercuriales. Mui a menudo se engaña a los enfermos hacién- doles creer que no tienen mas que lomar un purgante para verse libres al ¡momenio del mercurio. El hombre que teniendo pretensiones de ser médi- 1:0, dice semejanies palabras, prueba o su ignorancia la mus completa o la mas insigne mala fé; porque aun admitiendo que fuese lan fácil espeler el mercurio como introducirle en el cuerpo, la impresión que ha ejercido en lodo el organismo no puede desaparecer inmediatamente: permanecerá en él contra la abertura que deja en una pierna un clavo que se ha sacado de ella inmediatamente. La herida, es cierto, podrá cicatrizarse después, pero MEDICINA doméstica. 175 Se necesita tiempo, y ademas un tratamiento racional, porque de otro modo, resultarían consecuencias graves. Dar laxantes conira las consecuencias de! mercurio, seria tan poco razonable como introducir un pedazo de madera en la herida hecha por un clavo de hierro, y pretender que así está hecha la curación. No es fácil librar de esle modo a nadie del mercurio, y menos todavía por las evacuaciones de vientre. Se repai te rápidamente por todo el cuerpo, se mezcla con todos los humores y así ataca a las glándulas y a los huesos. De esto depende que esos envenenamientos lentos producidos por los re- medios mercuriales sean mucho mas difíciles de curar que cualquiera otra enfermedad natural; casi siempre se necesita un tiempo infinito, y en un gran número de casos solo pueden aliviarse los padecimientos. En jeneral, sea poco liempo después de la absorción del mercurio, sea mucho tiempo después, se podrá emplear ventajosamente hep. sulf., sobre lodo conira los males siguientes: dolores de cabeza durante la noche, caí- da de los cabellos, granos dolorosos en la cabeza, inflamaciones de los ojos con dolores en la nariz por la presión, erupción al rededor de los labios; grande salivación y ulceración de las encías con acumulación de murosida- des en la garganta; si, ademas, las amígdalas están hinchadas, las glándu- las del cuello endurecidas con sensación de picazón ni tragar, durante la los y el acto de respirar y aun volviendo el cuello Convendrá contra: tumores inflamatorios y supurantes en las ingles, en las axilas o en el pecho; contra cámaras diancicas con tenesmo, algunas veces sanguinolentas, mucosas; verdes; si la orina es encendida, oscura, caliente y acre; contra la losa consecuencia del enfriamiento de las manos o de los pies, o la tos después ^ de haber bebido, que va acompañada algunas veces de espuicion de sangre; contra el panadizo o la hinchazón roja o caliente que se ve en las manos y en ios dedos y aun en la rodilla simulando entonces la gota, si la piel está enferma, difícil de cicatrizarse, y se ulcera por la menor causa, supura y se corroe; si los tegumentos de las manos y de los pies se agrietan, si las ul- ceraciones, que sangran fácilmente, están de noche quemantes, y producen dolores pulsativos o lanxiuanies; si se eslá friolento y sensible al aire libre, al frió durante la noche, que hacen despertar ios dolores de los miembros; conira la fiebre nocturna que va acompañada de un sudor viscoso y ácido, y en fin contra la sobreimpresionabilidad y el dolor que llega hasta el desva- necimiento. Se deberán esperar por espacio do algunos dias los efectos de hep. sulf., y sí se advierte un lijeroalivio, se aguardará al menos catorce dias; enton- ces, si el alivio no adelanta ya, se podrá repetir la dosis; si no durase, y fue- se preciso absolutamente dar algún remedio, bell. seria entonces el mas con- veniente; y se le podrá dar igualmente cuando hep. sulf. tomado dos o tres veces a distancia de catorce dias, cese de producir su efecto. Conira los padecimientos de la boca y de la garganta, cuando los medios precedentes cesan.de obrar favorablemente, dése staph. que también se podrá emplear ventajosamente conira la hinchazón de las amígdalas y la sordera. En caso de grande sensibilidad a la impresión del aire, de grandes dolores que se hacen sentir sobre todo de noche, y que se aumentan al tacto; en los casos de grande atonía consecuencia de la debilidad ocasionada por frecuen- tes evacuaciones o una larga salivación, dése chin.; y si esle remedio admi* nislrado dos o tres veces cada cuatro o cinco djas, deja de obrar favorable- mente, sobre todo si el estado de la atmósfera agrava de nuevo la enferme- dad, dése carb. veg. 474 MEDICINA DOMÉSTICA. Si, después del uso de todos estos medios, los dolores persisten ; como ti- ranteces en los huesos, hinchazones artríticas, dése dulc, y después acid. sulf., phosph.; contra los esostoses, empléese acid. phosph., y después slaph. Solo cuando estos remedios no producen ya efecto, conviene cale. carb. en olfacion. . Si d mal se resisle a estos medios empleados largo tiempo, dése una sola vez sulf.; y algún tiempo después, vuélvase a uno de los medicamentos men- cionados: o si sulf. produce resultados satisfactorios, adminístresele duran- te muchas semanas, dése después cale carb. o, y detrás de este olro reme- dio conveniente, quizá li-jcopd. Al enfermo que ha empezado por hacer un uso prolongado del mercurio y en seguida del azufre, será bueno administrarle mere viv., y en seguidu bell. o puls. Mercuviv. puede ser empleado ventrosamente solo en este caso, ja- más se le debe administrar en ningún otro padecimiento producido por el mercurio. Si se cree, conforme a las reglas precedentes, que hep. sulph. no convie- ne al enfermo que ha tomado mucho mercurio, pero sin tomar azufre des- pués, désele sulph. En las enfermedades crónicas ocasionadas o empeoradas por el uso del mercurio, elíjase de preferencia uno de los remedios siguientes: hep. sulph., bell.,ciún., acid. phosphor., carb. veg., dulc, staph., lach. Frecuentemente en los casos en que es deseable una medicación rápida, se podrá recurrir a vp., puls., o a uno de los medios indicados coutru el envenenamiento; con- vendrá servirse aunque raras veces de ars. alb., ferr. acet, rhus., silie Si los padecimientos son producidos por el uso del plomo que se encuen- tra en ciertos medicamentos, como los ungüentos blancos y emplastos que se emplean para secar y hacer desaparecer una erupción o una úlcera; o como el aguado Goulard que se administra eu las erupciones, úlceras, con- tusiones, heridas, quemaduras, y cuyo uso esterior puede envenenar lam- bien como su uso interior, ocasionando de ordinario estreñimiento, cólicos, afecciones de pecho, dése op. muchas veces o nux vom. y después bell., y en caso de necesidad después de bell., plat. Contra los penosos efectos del arsénico empleado como remedio en las fiebres intermitentes, en las que la quinina no ha producido resultados, y usado en el cáncer al interior y al esterior, que, como sucede de ordi- nario, lia agravado el estado del enfermo, dése ipec. repitiendo las dosis cada una o dos horas según que sufra mas o menos el enfermo; y cuando el alivio se suspenda, dése una vez nux vom. En caso de que estos dos re- medios fueran ineficaces, o si las circunstancias lo ex.¡jen déuse veratr., alb. o chin. Mui de ordinario se administra a los enfermos el hierro en forma de pildo- ras, de «otas, etc., y lo que debería curar no hace mas que empeorar el mal. —Si la regla no aparece a su tiempo, y sobre lodo si las enfermas están pá- lidas y débiles, los señores médicos creen que pueden ponerlas encarnadas aplicándolas el color ni interior, o creen también que el hierro se introduce eu los huesos y aumenta las fuerzas. Pero el hierro es nocivo como todos ios demás metales; solamente tiene una acción tóxica mas lenta: puede uno conveucersedeesto observando las fuentes ferrujinosas que dejan depositar su herrumbre; ni los hombres, ni los animales que beben de ellas, sacan de esto ventaja alguna, y hasta los que se habitúan a su uso lienen que arre- pentirse de ello mas pronto o mas tarde. En esle caso, si se quiere prestar uu auxilio pronto, dense puls. o chin.; y si no dan resultado estos dos reme- medícina Domestica. Í7S dios, hep. sulph ; y algún liempo después, empléense de nuevo los medios precedentes chin, y puls. En todos los envenenamientos* farmacéuticos, consúltense siempre los ca- pítulos especiales, y dése la preferencia a los remedios que acabamos de in- dicar. El que ha abusado de medicamentos, y el que con ellos se ha empeo* rudo, hará bien de abstenerse, ciíanlo pueda, de toda clase de drogas, cual- quiera que sea el nombre que tengan. Si algún tiempo después no se ha me- jorado su eslado por sí mismo, y si los medios indicados no le alivian sufi- cientemente, que se dirija entonces u un médico homeópata, pero que no es- pere milagros. Ordinariamente es una cosa mui difícil destruir las malas con- secuencias de los remedios de que se ha abusado; frecuentemente al cabo de un año es cuando la curación empieza a ser rápida y duradera, admitien- do todavía que el enfermo no tenga ninguna lesión irremediable, irremedia- ble ya por* el auliguo, ya por el nuevo método. G. — líe les cMvenacEaasiaaoMács. Rara vez sucede que un hombre administre a sabiendas un veneno a otro* y mas rara todavía que un individuo le lome con intención de suicidarse; la mayor parte de los envenenamientos son el resultado de la neglijencia con que se manejan las sustancias venenosas, o de la ignorancia que se tiene de su acción dañosa, o ya en fin de la criminal falsificación de los alimentos y bebidas. A lodo el mundo interesa saber conocerlos venenos para evitar sus funestas consecuencias: mas como para ello son necesarios algunos conoci- mientos, empezaremos por indicar los medios apropiados para descubrir las falsificaciones; después señalaremos las circunstancias mas ordinarias délos envenenamientos, y últimamente indicaremos a continuación los remedios que deben emplearse, para correjir sus efectos El que tenga a su disposición un manual a propósito para guiarle en su vida habitual (lo que es tan útil para la economía doméstica, como puede serlo el Diccionario de la conversación eu los salones) hallará en él consejos mas eslensos que los que yo puedo darle aquí. La sofisticacion de los alimeívtos y de las Debidas es mas frecuente de lo que se cree, sobre lodo en las grandes poblaciones en las cuales ha lle- gado al mas alto grado de perfección esta industria ejercida bajo la garan- tía de un titulo, o de un privilejio de invención; si bien los pueblos peque- ños ne se han quedado atrás en este punto. £1 vino es, sin dispula, el artículo mas sujeto a falsificaciones, tanto en España comoen el estranjero. Nuestra intención es dar aquí algunos conse- jos sobre el modo de conocer los vinos falsificados. Los vinos están mezclados con sustancia?, o inocentes, o nocivas. El que falsifica el vino con sustancias inocentes, no está mui lejos de hacerlo con las que no lo son ; porque en el camino del fraude se traspasan fácilmente los limites y la práctica de uno conduce a la de otro. Por esla razón señala- remos el modo como deberá precederse para descubrir las mezclas inofen- sivas. Uu catador que tenga el paladar esperimeiiiado descubrirá fácilmente la mezcla de diferentes vinos; pero esta especie de combinación de los vinos no la tenemos por una falsificación, puesto que pueden realmente mejorarse los vinos medianos, para el uso diario, por la adición de otros de buena ca- lidad, sin el menor inconveniente para la salud: La azúcar se descubrirá haciendo evaporar el vino en una cuchara de me- tal puesta sobre carbones ardiendo; en cuyo caso, deja un residuo como uu 176 MEDICINA DOMESTICA. jarabe viscoso, dulce, fllameutoso, y de un gusto azucarado. Por lo demás esta adición no es nociva. El aguardiente se reconoce cuando bebiendo el vino quema la boca, o bien m echando un poco en la palma de la mano y frotando las dos hasta la se- quedad, se advierte un olor a espíritu de vino. Los principios colorantes se encuentran frecuentemente en el'vino, lo- que prueba que esle era malo y a propósito para la falsificación. Para asegu- rarse de ello, se llena una pequeña botella de esle vino, se lapa con la yema del dedo y se sumerje en un baño de agua con la boca hacia abajo; luego 6e relira suavemente el dedo dejando en el agua la botella sin moverla. Si el vino tiene alguna sustancia colorante, esta se difundirá poco a poco en el agua, lo que no sucederá nunca con el vino natural; o bien se filtra un poco de vino por un papel blanco de estraza al cuul quedará pegada la. sustancia colorante: o ya echando algunas gotas de amoniaco líquido en un vaso lleno de vino, este se pondrá azul si es que está falsificado con alguna sustancia colorante. El vitriolo verde (sulfato de hierro) disuelto en agua, si se mezcla con vino adulterado con cortezas de árbol, da por resultado una gran can- tidad de precipitado negro. Todus estas sofisticaciones no son demasiado nocivas; pero demuestran que el que hace estas hará otras peores. Las mezclas de que vamos a hablar son verdaderamente ponzoñosas y pueden ocasionar largas enfermedades, frecuentemente refractarias a toda medicación. Lu greda, o carbonato de cal, se emplea con frecuencia para despojar al vino picado de su acidez, o para dar al vino nuevo el gusto de vino hechOi En uno y olro caso es perjudicial al que lo bebe. Para asegurarse de esta falsificación, se disuelven algunos granos de sal de acederas (ácido oxálico) o un poco de ácido acético en algunas cucharadas de agua destilada, cuya di- solución (por sí nociva) se echa en un vaso de vino: si esle se enturbia y pone blanquecino, y sí al dia siguiente deja sedimento también blanco, es in- dudable que el vino contiene cal. Todos los vinos se enturbian lijeramente; pero cuando se hace la comparación con el precipitado de cal, se ve que los otros sedimentos son menos blancos. El uso de este vino por mucho liempo produce cálculos en la vejiga, infartos en las glándulas, tumores, ulceracio- nes, oftalmías, dolores crónicos, diarreas, etc. El vino contiene con frecuencia una pequeña cantidad de azufre, y hai quien pretende que no puede menos de ser así, en razón del uso que se ha- ce de esle para conservar aquel; pero uu esceso de azufre no puede obrar de olro modo sino como veneno, especialmente en los individuos delicados de pecho, o en los que padecen del hígado y de los órganos del bajo vien- tre: es igualmente perjudicial aun para los que gozan de buena salud des- pués de su uso por algún liempo. Se demuestra la presencia del azufre en el vino del modo siguiente : se mete un huevo fresco con su propia cascara en una vasija que contenga vino, dejándole sumerjido en él toda una noche: si el vino condene azufre, se hallará al dia siguiente el huevo cubierto de una capa negra Puede obtenerse el mismo resultado poniendo en vez del huevo una cuchara de plata bien bruñida. Puede emplearse otro medio que consis- te en echar en el vino algunas golas de una solución de potasa cáustica, cu- ya operación dará por resultado un sedimento pardusco si el vino tiene azufre. El alumbre se halla algunas veces mezclado con el Vino para fijar el color artificial que se le quiere dar, y para escitar la sed al mismo tiempo; este vino es mui perjudicial sise bebe, con frecuencia f a veces basta medio vaso * ■MEhIC'lXA domkstícv 177 de él para causar una indisposición. Puede cualquiera asegurarse de la pre- sencia del alumbre echando en un poco de vino una solución de potasa ; si de esla mezcla resulta un sedimento agrisado, es probable que contenga alum- bre. Si se quiero tener un convencimiento completo se somele este sedimen- to al examen de un químico; o bien se pone en ácido sulfúrico dilatado, y después de haber añadido sal policresla, se deja evaporar hasta la cristaliza- ción, si se gustan estos cristales se les hallará el sabor acerbo del alumbre. El plomo y otras sustancias metálicas se hallan frecuentemente en los vi- nos dulces y en otros que no lo son. Estas mezclas son mucho mas nocivas que los otros ingredientes que se emplean en la sofislicacion, y constituyen un veneno de una acción lenta. El que tenga un gusto delicado descubrirá sui trabajo este tóxico metálico, que por otra parte tiene en su dulzura algu- na cosa de incitativo. Si echando algunas golas de una solución de sulfato decaí en uu vaso de vino, este se pone negro, es indudable que contiene uu veneno metálico. Si se suspende una lámina de zinc bruñida en un vaso de vino, el plomo que este contenga sube a la superficie. Disuelta hasta la satu- ración en agua caliente la sal deGlauber (sulfato de sodio) se deja enfriar es- ta solución, y la parte clara de ella mezclada con el vino, dará lugar después de reposado una noche, a un sedimento blanco de plomo. Últimamente si después de haber añadido a un vaso devino algunas gotas de ácido sulfúrico dilatado se pone aquel turbio y da por resultado un precipitado blanco, es señal de que contiene plomo. Si se echan algunas gotas de amoniaco liquido en un poco de agua, y esta mezcla echada en un poco de vino, produce un lijero precipitado, puede de- cirse que el vino tiene sublimado. Se somete entonces esle vino a la prueba siguiente: se une una lámina de zinc a un<\ moneda de oro, se las ajusta a una hendidura hecha en un pedazo de madera, y se meten en un vaso de vino: si sobre la superficie tersa del oro se deposita un polvo grisáceo hai pleno convencimiento de que el vino contiene sublimado corrosivo. Si después de haber disuelto hasta la saturación en el agua un pedazo de cal, y estraido al dia siguiente el liquido claro de la superficie en un vaso trasparente, se añade a esta disolución de cal un poco de vino, y resulta de esta mezcla la formación de nubes blancas, puede sospecharse la presencia del arsénico. Para asegurarse mejor de ello, se disuelve entonces sal de Saturno en agua fuerte (ácido nítrico) se echa como uu vaso en uua botella de vino al que se baya añadido de antemano sal de cuerno de ciervo, se ajita esta mezcla, se deja reposar hasta el dia siguiente que se decanta con cuidado la parle que esté clara, se ajita después el resto que se filtrará por papel de filtro. Lo que qi.eda en el papel debe secarse, y si puesto sobre carbones ardiendo espar- ce un olor como el del ajo debe atribuirse a la presencia del arsénico. Esta sustancia no se halla en el vino de una manera intencional, porque los que cuidan los vinos ignoran que el azufre mas escojido de que se sirven contie- ne un poco de arsénico, El vinagre que se vende en las tiendas eslá frecuentemente falsificado. Por esta razón conviene prepararlo uno por sí mismo siempre que se pue- da. El vinagre contiene ordinariamente las mismas sustancias tóxicas que las que hemos señalado en el vino de donde procede; con mucha frecuencia se le echa ácido sulfúrico, lo cual se descubre fácilmente con la solución de la sal de Saturno que le hace depositar un sedimento blanco. También suele mezclarse con algunos vejetales acres para darle mas fuerza, lil vinagre asi falsificado deja cu los labios una sensación quemante, lo cual no sucede 24 d"8 MEDICINA doméstica. cuando es natural. Eu eí paladar se nota mr\ especie de ardor y de corrosión impropia del vinagre ordinaria cuyas cualidades son menos penetrantes. Se prueba mas exactamente esta falsificación, añadiendo una solución de pota- sa hasta tina completa saturación, o por mejor decir, hasta que el papel de tornasol no se enrojezca. Entonces el vinagre paro pierde toda su fuerza y adquiere un gusto salino y un poco alcalino; en tanto que el vinagre altera-1 do con las sustancias acres vejetales conserva su gusto acre y ardiente. Las falsificaciones de la cerveza son mui ordinarias, pero difíciles de des- cubrir sino es por sus efectos nocivos. El porler (I) ingles estar fuertemente cargado del fruto de la coca do levante o de nuez vómica. Se reconoce la presencia de estas sustancias por una pronta embriaguez o dolor de cabeza que se declara al día siguiente, o bien todavía cuando una persona sana se siente indispuesta después de haber bebido un vaso de ella en ayunas. Tado cervecero que echa en la cerveza otra ctisa que cebada y lúpulo pro- para por si mismo el veneno. Todo lo mas que puede añadirse es sal o azú- car, cualquiera olra sustancia hará que se resienta el bebedor. Siempre es un fraude perjudicial echar raices o plantas amargas eu lugar de una canti- dad determinada de cebada y lúpulo. La coca de levante es casi tan nociva como el arsénico. Se añade también algunas veces alumbre y vitriolo cuya presencia se reconoce por el procedimiento que hemos indicado en el artí- culo PAN. aguardiente. Algunas veees se descubre veneno en el aguardiente, en don- de se halla con intención o sin ella; lo que sucede según que se active o prolongue la fermentación. El mejor medio de asegurarse de la presencia del ajenie tóxico, consiste en hacer evaporar una botella de aguardiente al baño de maria hasta la evaporación completa del alcohol. En el residuo se hallará la sustancia estraña, que se reconocerá por el gusto corrosivo y nau- seabundo que deja en el paladar, la cual puede someterse a los ensayos in- dicados en el artículo vi-xo--. Regularmente se halla el plomo. El aceite eslá falsificado con frecuencia con el plomo o* et cobre, flecha una disolución acuosa de sulfato de cal y mezclada por medio de sacudidas con igual cantidad de aceite, si esta se pone parda o negra contiene veneno. La leche unas veees está adulterada con la potasa cáustica : en cuyo caso, si se la echa un poco de agua fuerte [ácido nítrico] entrará en efervescencia. Otras veces se falsifica con el almidón, entonces si se le hace cocer se espesa, o si se cuela por un paño fino de hilo queda en este una pequeña cantidad de aquella sustancia. La manteca suele estar adulterada con greda o arena, o algún principio colorante; en cuyo caso, si se funde la manteca en agua caliente, las sus- tancias estrañas se precipitan o se mezclan con el agua. El pan eslá falsificado con frecuencia con la potasa, cuya adición en pe- queña cantidad, no es nociva sino a las personas débiles e irritables; pero cuando el pan contiene una porción escesiva de aquella sustancia, acarrea funestas consecuencias aun a los individuos mas robustos, ocasionando afec- ciones gástricas y aun lu tisis. Para asegurarse de la presencia de la potasa en el pan, se toma un pedazo de este, se le cubre de agua caliente, y cuando esta se haya enfriado, se hace sumerjir en ella una lira de papel azul torna- solado, enrojecido de antemano con vinagre debilitado: si el papel recobra su color azul, el pan contiene potasa, y en tunta mas cantidad, cuanto ma- yor sea lu prontitud con que el papel recobre su color. (l) Porter, nombre que dan los ingleses a una cerveza negra mui fuerle4 MEDICINA DOMESTICA. 170 El carbonato de macnesia suele también hallarse mezclado con el pan con el objeto de que parezca bueno el que está confeccionado con harina de ma- la calidad. Esle pan es nocivo especialmente a los niños, y a los individuos delicados de estómago. Hai personas que conocen esta falsificación por un sabor lijeramenle amargo que notan en e1 pan. Si se quema una libra de él basla reducirle a cenizas, en ellas se hallará la magnesia. También se emplea el alumbre con grande perjuicio de las personas que le comen. Los panaderos ingleses se sirven de él con frecuencia ; se les ven- den también mezclas de harina y alumbre, o bien una mezcla de sal y alum- bre qne emplean para hacer pan blanco con una harina averiada y de mala calidad : de este modo los que le comen sufren dos engaños, el uno la ha- rina mala, nociva por sí misma, el otro, el consumo de una cietM cantidad de sdumbre. Hai no obstante, panaderos que fabrican este pan sin sospechar el mal que hacen a sus consumidores, a quienes emponzoñan lentamente.— Se amasa con agua un pedazo de este pan hasla reducirle a papilla, se le deja reposar toda nna noche, al día siguiente se filtra para separar el agua, esla se pone a cocer y kiego se la deja reposar: entonces se forman crista- les de alumbre que se conocen por su sabor característico. El c.obiie es el mas nocivo de todos los venenos. Puede sospecharse su presencia en el pan cuando este presente un aspecto mui fino y blanco, pe- ro pesado. Si se quema un pedazo de este pan se verá que la llama es así como verdosa. Si se quiere tener mayor seguridad, se echan muchas libras d.' pan en ag.;a, se deja fermentar hasta que el agua se clarifique: si se moja en este líquido un pedazo de hierro bruñido suspendido de un hilo, y el hie- rro se pone un poco rojo, es cierto que el pan contiene cobre, y que los in- dividuos que le usen pueden contraer enfermedades incurables. Vamos a tratar en pocas palabras, de los venenos que deben conocerse para preservarse de ellos. En primer lugar hablaremos del aire. Con el aire pueden respirarse sus- tancias nocí vas- No conviene jamás aproximarse sin precaución a las cisternas o aljibes; a las grutas, a los sepulcros, y sobre todo a los lugares comunes muí anti- guos, sin que antes se hayan ahumado con paja ardiendo, o con pólvora: Es imprudente dormir en una habitación cerrada donde haya carbón eneen* dido o leña que desprenda humo, porque puede acarrear la muerte. Se evitará igualmente habiiar lugares cuyas maderas o paredes esien en» mohecidas: ya en liempo de Moisés se sabia que el moho-producía enfer4- medades peligrosas.-Por consiguiente, conviene reconstruir las habitaciones4, o destruir los productos insanos que haya ^n ellas por los medios quemas abajo indicaremos. Los vestidos y camisas enmohecidos son perjudiciales a la salud, por mas que se hayan limpiado y lavado. Son mal sanas las casas recién hechas,, o recientemente blanqueadas con cal, o barnizadas o pinta- das al óleo >con sustancias verdes o encarnadas, porque el aire que en estas casas se respira está viciado. Conviene guardarse de dormir en habitaciones en donde se haya puesto a secar ropa blanca, sustancias de un olor fuerte; como plantas, flores, heno freseo, materias en feí mentación, remedios, mer- curio, etc., poique el aire que en ellas se respira es perjudicial especial- mente a los niños y a las señoras paridas; y porque durante el sueño está espuesto cualquiera a sufrir mas fácilmente los efectos nocivos de los cuer- pos que Je rodean; muchas veces durante la víjilia suele pasar desapercibi- da la.acción de algunas sustancias, que durante el sueño pueden ser nocivas ,y aun ocasionarla muerte. Lié aquí porque el dormir sobre un terreno-bu- Í80 medicina doméstica . medo, o o la corriente de! aire, al sol, o a la luna, cerca de una estufa en- cendida, o en un local reducido y oscuro en donde no se renueva el aire, ocasiona una alteración sensible de la salud. Sucede que el aire asi viciado dispone mui particularmente al sueño. ¡Cuantas veces no se ha visto en las capillas pequeñas, que no se habían ventilado por espacio de ocho dias, amodorrarse o dormirse durante el sermón, todo el pueblo devoto, a pesar del talento y buenas dotes oratorias del predicador! Los convalecientes es- pecialmente, por grande que sea el fervor que les anime, caen enfermos bajo? la influencia del aire que allí respiran. Hai parajes, en donde el agua no es buena, y por consiguiente su uso pro- duce frecuentes indisposiciones. Sucede con frecuencia que el hombre bebe agua de fuente o de pozo que deposita un sedimento encarnado u oscuro, al paso que los animales inslintivamenie evitan todo lo posible el beber esta agtia, de que el hombre se sirve. ¡ Cuando se reflexiona en el tiempo que al- gunos individuos o toda una familia pierden por padecimientos largos y so- portables, que les ponen perezosos e indiferentes para el trabajo, por el uso de agua mala, se admira uno de que no empleen parte de esle tiempo en pro- porcionarse agua potable ! Es también preciso abslenerie de beber agua pro-t cedente de un rio en el que haya, por cima del punto donde se coja, fábri- cas¿ de las cuules se desprendan partículas nocivas. Las aguas de pozos y fuentes son crudas algunas veres, y contienen fre- cuentemente cal y hierro en tanta cantidad que el jabón se disuelve en ellas con dificultad. Estas aguas deben cocerse a fin de despojarlas de los cuer- pos estraños que contienen. Deben beberse poco y de larde en tarde de ellas, debiendo preferir las pluviales conservadas en aljibes, o en toneles ii- jeramente cubiertos. No deben beberse las aguas sulfurosas o salinas, sino en una grande necesidad. No hai medios conocidos de hacerlas potables, ni aun por la cocción. No deben usarse las aguas pútridas o estancadas, tales como las de los estanques, zanjas, fosos, etc., sino después de haberlas aso- ciado un pedazo de carbón groseramente pulverizado y filirádolas por uu lienzo doble. Sabido es que, las aguas que contienen principios pútridos im- perceptibles, como el d< sove de ciertos animales que procrean en ellas, pro- ducen calenturas y enfermedades interminables. Es inútil tratar de correjir- las con la adición de vinagre, de jarabe o de alguna otra agua, etc. La sola acción del carbón las purificará bien para hacerlas potables. Todo pozo debo estar limpio, y si estuviera mal situado convendrá protejerle a fin de que no caigan en él ojas de árbol y otros despojos vejetales cuya podredumbre haga el agua malsana. Las bombas y conductos de plomo, de zinc o cobre comu- nican al agua sus efectos nocivos, por cuya razón conviene siempre dar sali- da de antemano al agua que en ellos ha eslado detenida, para servirse luego de la que empiece a correr. La leche de las vacas enfermas es casi siempre dañosa, y aun puede ser venenosa. Es mejor y mas conveniente sufrir una lijera pérdida <¡ue esponer a los consumidores a enfermedades positivas. Puede suceder que la vaca es- té buena y sin embargo su leche sea mala por efecto del mal pasto que se le dé que puede sin perjudicarla, dar no obstante por resultado uua leche de mala calidad para el hombre. Sucede esto rnas particularmente cuando Jas vacas se alimentan con los residuos de la destilación del aguardiente que se hace de las uvas. Con este motivóse han hecho indagaciones minuciosas, y eslá fuera de loda duda que esta leche produce enfermedades, qne aunque 110 se desenvuelvan repentinamente, no por eso dejan de ser igualineute gra- MEDICINA DOMÉSTICA. Igj ves y peligrosas Esta forma de enfermedad no desaparecerá hasta que se" baya destruido el orijen de aquella especie de borrachera. Nada hai tan nocivo corno las carnes de los animales enfermos, especial- mente de aquellos que »e matan antes que sucumban a manos de la enfer- medad, sobre todo la curne de los que padecen de lu piel o de tas visceras. Aunque las funestas consecuencias debidas al uso de estas carnes, no se es- perimenten al instante, o en algunos dias, mas tarde son inevitables. Las consecuencias son mucho mas funestas si la carne pertenece a un animal en- fermo alimentado con el residuo de la destilación del aguardiente hecho de uvas; pero de todas las carnes, lu peor es la del cerdo si se halla en estas condiciones. Hai carnes mal preparadas que contienen un tóxico tan violento que ma- tan algunas veces prontamente, o producen enfermedades largas y difíciles de curar. Tales son las carnes nial curadas que no han eslado espuestas constantemente a los efectos del bunio, ni preservadas de la acción del frió;. las salchichas, las morcillas y chorizos pasados del humo, o rancios y mui crasos; los jamones que no están suficientemente salados o sumerjidos en salmuera, o que no están constantemente al humo, o ahumados con inter- rupción especialmente en la primavera, en cuya estación están espuestos a los efectos de las variaciones del tiempo tan pronto caliente como frío, o los que se hacinan antes de estar secos, en cajones cerrados, con cuyo motiv» contraen un guslo rancio y un olor desagradable debidos al ácido cebácico. Esle ácido se desenvuelve con mas facilidad, cuando en lugar de humo se em- plea el ácido pirohñoso. Conviene guardarse mucho de comer estas carnes. El veneno que se enjendra en la grasa, el queso añejo y el jamón, se recono- ce fácilmente untando en ellos uu papel azul de azúcar o de tornasol: sí este papel se pone rojo o rojizo, no debe locarse u esla sustancia grasicnta ni u las salchichas, porque son venenosas. El tocino goiido, la manteca, la guasa y aceite rancios contienen frecuen- temente el mismo veneno, pero en menor cantidad. Es prudente no servirte do ellos, y en caso de necesidad conviene al menos lavarlos primero con agua fria, y después hacerles cocer por espacio de diez minutos, volviéndo- les u lavar con agua fria; pero untes de servirse de ellos deben someterse a la prueba del papel azul de tornasol de la niauera que se ha indicado ante- riormente, Todo lo que está podrido, sean carnes, sangre, huevos, queso, o fru- tas, y en estas especialmente las guindas, es mui nocivo, y algunas veces venenoso. Ningún correctivo basta. La carne conservada en nieve en el ve- rano, si pierde el olor que le es natural y adquiere un color rojizo, siem- pre hará un plato insano. La pesca mala, pasada y blanda, es un alimeuto nocivo, n pesar del esmero del arte en prepararla. La bilis, pertenezca al animal que se quiera, constituye un veneno. El queso añejo, el mui blando que no tiene suficiente sal contiene tam- bién uu principio léxico. Desde que se ha podido reconocer que uia sustanlancia venenosa se ha- llaba en el queso, en la grasa y en los salchichones, se ha sabido que un gran número de individuos han estado gravemente enfermos por esta causa, y que muchos han sucumbido a una muerte dolorosu y lamentable. ¡Y cuánta jenle perece sin que haya podido saberse la causa real de su muer- te! Para prevenir esle resultado,-debe abstenerse el hombre de comer man- jares añejos y los que estén malos. La limpieza y la sobriedad son sobre lodo los medios mas eficaces contra 182 MEDICINA DOMÉSTICA. r los efectos de los alimentos muí sanos. Se han visto familias enteras que han eaido enfermas súbitamente, y reclamando con urjencia los auxilios de un médico, que en vista de los vómitos y deposiciones diarréicas repelidas ha- bría podido creer la existencia del cólera, o de un "envenenamiento. Estos accidentes eran el resultado de algunas partículas del color con que eslaba pintada la mesa sobre la cual se habían picado imprudentemente las carnes y las legumbres; lo que no es de estrañar, puesto que la mayor parte de las pinturas al oleo contienen venenos metálicos. Entre muchos ejemplos que pudiéramos citar, haremos mención de los siguientes : dos hombres, después de haber bebido en una taberna, cayeron muertos casi inmediata- mente. El tabernero para disculparse no vio otro medio mejor que beber del mismo vino, y también murió. De las dilijencias al efecto practicadas resultó hallar en la pipa que contenía el vino una vívora que habia pene- trado en él antes de llenarle. Se habla también de diversos envenenamien- tos de personas por la presencia de insectos y de sapos que habían comu- nicado su veneno a las sustancias alimenticias. Una cocinera asó un ganso; la familia antes de ponerse a la mesa comió pan mojado en la grasera o cazuela que recibía lu grasa que desprendía el ganso mientras se asaba, y todos murieron. Interrogada l» cocinera por el médico y la justicia, declaró que no se habia tocado mas que a la grasa.- Para asegurarse de la verdad de esta alegación, se le dio a un perro que murió prontamente: Entonces se abrió el ganso y se halló un sapo en su vientre. A un niño se le aplicó una cantárida detrás de las orejas para cu- rarle una sordera; la madre hizo la primera cura con una hoja de berza cu- bierta de oruga, y contentándose con sacudirla sin limpiarla, se ia aplicó a la oreja. A poco liempo el niño esperimentó un dolor ardiente; pero la ma- dre atribuyéndolo a! efecto de la curación o a un capricho del niño, no se alarmó; y esle niño murió al tercero dia en medio de los padecimientos mas crueles de una gangrena que se había estendido sobre todo el dorso. Nos- oíros hemos esperimentadoel veneno de las serpientes, de los sapos, de las orugas y de las arañas, y nos hemos asegurado de que, aplicados ul esterior o al interior, estos venenos producen consecuencias las mas fu- nestas. He aquí porque no sabríamos recomendar bastante la limpieza y la pru- dencia, a fin de no esponerse a tantos daños. Los insectos depositan con frecuencia su veneno sobre las legumbres, y mas particularmente sobre las berzas. La niebla de los granos que pone la harina negra, es también venenosa. Igualmente el tizón que se enjendra sobre las espigas es perjudicial ni hom- bre y a los animales, Lo mismo sucede con el joyo y otras plantas que se recojen con el trigo. Eu las legumbres secas se encuentran insectos y gusa- nos que es necesario guardarse de comer. Todo hombre razonable debe evitar el uso de legumbres y raices que no conozca exactamente, y debe acostumbrar a sus hijos que no coman sino lo que les sea bien conocido. Las uvas, Iosiiiüos y las ciruelas son frutas buenas y sanas, sino están pasadas o podridas. No falla quien crea qne son purgantes, pero nosotros en vez de entrar en discusión sobre las supuestas propiedades purgantes, nos parece mejor examinar la cosa mas de cerca ; y el que cree ver solo en la superficie de estas frutas la azúcar de que se cubren con frecuencia, encon- trará alguna vez por medio de un examen atento, flequillos como de coral, Henos de animalil'los provistos de aguijones, lio aquí porque es prudente MEDICINA DOMESTICA. 18," antes de servirlas a la mesa, lavarlas con cuidado primero con agua fria, y luego con agua caliente. Nada tiene de estraño que los niños lengan dia- rreas, si llegan a sentir el aguijón de estos huéspedes incómodos. Las nueces pueden conservar su dulzura y tener sin embaí go un princi- pio acre. Por esta razón, las mejores son nocivas cuando son añejas o es- tán rancias, estas producen especialmente en los niños loses pertinaces y diarreas que suelen atribuirse a un enfriamiento. La mitad de las setas son venlnosas. No es cierto que la cebolla se en- negrece con el contacto de las setas venenosas; sin excepción alguna, no deben comerse setas que desprendan un jugo lechoso, o que sean viejas, que estén mui blandas y carcomidas. Ademas de esto, conviene saber distinguir las setas que pueden comerse, de las que deben arrojarse- deben gustarse crudas, y si dejan un guslo al- gún tanto acre, nauseabundo, y si al mismo tiempo tienen un olor repug- nante, conviene arrojarlas. Si parecen buenas, deben lavarse bien con agua fria, se pelan, se las quita la parte que esté mordida o empezada, y des- pués de haberlas escaldado con agua cociendo, vuélvuse a lavarlas con agua fria antes de aderezarlas. Las frutas que están maduras por un lado y pasadas o podridas por otro, no deben comerse sino después de haber quitado la parte podrida. La mitad de los niños no padecerían de diarreas, y mas tarde no serian débiles de estómago, si tuvieran, o si se les hiciera tener esta pre- caución. Puesto que la bondad de la sal es de tanta importancia para la salud, todo padre de familia debe cuidar de que aquella sea buena y sana. Si la sal se liquida fácilmente al aire, es mala : si veinte centigramos de sal pul- verizados no se disueiven completamente en diez y seis gramos de agua llovediza fria, es prueba de que contiene yeso, y por consiguiente es nociva. Debe tenerse también cuidado con los utensilios de cocina. Los pu- cheros y otras vasijas de barro están con frecuencia barnizados con sustan- cias tóxicas mui violentas. Para asegurarse de ello, se echa vinagre, en la vasija, se deja en ella toda una noche, al dia siguiente se añade una disolu- ción de hígado de azufre, [sulfuro de calj, si el vinagre se ennegrece, es prueba de que el barniz contiene veneno, y por consiguiente no debe pre- pararse en la vasija ni conservar en ella nada que tenga ácido. No conviene fiarse demasiado de las vajillas de hierro cubiertas de un esmalte de porcelana. El utensilio de cobre no debe servir nunca para la preparación de sustancias acidas; conviene tenerle siempre limpio y bri- llante, y no dejaren él ninguna especie de comida a enfriar, porque enton- ces hai masesposicion aque esta se impregne del principio tóxico. La mis- ma precaución debe tenerse con las vasijas eslañadas. No hai que udrni- rarse de ver tantas enfermedades lentas y rebeldes, sabiendo la facilidad con que se desprende el eslaño a consecuencia del frote que necesaria- mente se hace en el fondo de la vasija, eon una cuchara u olro instru- mento de cocina en la preparación de los alimenlos. Es necesario mucha ignorancia para preparar los pepinillos y habichuelas crudas en vasijas de cobre, y para comerlos en seguida por la bolla apariencia que entonces presentan, o bien sacar el vinagre de un barril por una llave de cobre, lo que sucede todos los dias eu Inglaterra, en donde los que cometen esta imprudencia se quejan después de dolor de estómago, de cólicos, de ca- lambres, y da otras enfermedades nerviosas, que por entonces no exijen Í8Í MEDICINA DOMÉSTICA. mas que u i m^dio que les desembarace del cobre que han bebido, y tam- bién del que fácilmente pueden haber absorvido. El cobre es menos dañoso en el estado de metal, que cuando se ha bebido con el vinagre, entonces se convierte en un verdadero veneno. He aquí la razón porque los fundidores de cobre no están lodos enfermos, y porque el que iraga una pieza de cobre la vuelve sin haber sufrido inco- modidades. Del mismo modo uñábala de plomo puede permanecer intro- ducida en las carnes años enteros, y esta misma bala disueliaen un ácido, mala en pocas horas. Asi pues las dlntuhas son tan nocivas porque eslán hechas con sustan- cias metálicas. El albayalde y otros colores blancos no son otra cosa que preparaciones saturninas; los blancos desestaño y de bismuto son también dañosos. El minio no es olra cosa que plomo, y el cinabrio es mercurio. El albayalde calcinado, el amarillo de Ñápeles, el amarillo de cromo, el amarillo de Cassel, son también combinaciones de plomo; el rejalgar, el eropimente lo son del arsénico. Las pinturas azules contienen con frecuen- cia,cobre, como el ocre azul, o bien encierran sustancias ponzoñosas las mas sutiles, tales como el ácido prúsico que entra en el azul de Prusia, el azul de Paris y el azul mineral; en el carinin azul, tales como el cobal- to, que si no es tan dañoso como el arsénico, es al menos mui a propó- sito para producir efectos tan nocivos como el azul de esmalte, el azul de rei, el almidón azul. Las pinturas de color verde proceden casi todas del cobre, como el cardenillo, el verde de montaña, el verde mineraly los verdes de Brunswick, de Viena, ele. El verde de cromo es menos no- civo, el verde de Sebéele es de todos el mas perjudicial, puesto que con- tiene arsénico y cobre, y es tanto mas nocivo cuanto que daña por solo la evaporación Fácilmente puede reconocerse si lu pintura tiene arsénico, si poniendo una porción sobre uscuas da un olor a ajos, no hai duda de que este veneno se halla en la pininra. El oro y la plata falsos con que suelen cubrirse algunas alhajas, contie- nen cobre, mercurio, zinc, estaño y bismuto. Por lo dicho se convencerá cualquiera de la* prudencia que se necesita para el uso que debe hacerse de estos colores. Es necesario guardarlos bc¡i, cuidando de que sus átomos pulverulentos no se esparzan por el aire. No deben emplearse jamas en la casa que se habita pinturas prepa- radas con arsénico, y mucho menos servirse de vajillas cuyo barniz le cm tenga. No debe darse a los niños cajas o juguetes de color, sino quie- ie ponerse el veneno a su disposición, prohibiéndoles igualmente los ju- guetes de plomo y las obleas de colores. El papel fresco de cartas que se usa hoi dia, y especialmente el que tiene un blanco de leche o verdoso, contiene sustancias nocivas, y aun el mismo arsénico también, que se descubre en quemándole por el olor de ajo que se percibe. Aunque los colores minerales sean mas dañosos, no por eso dejan de serlo también los que no lo son. La gutabamba que se emplea para el color amurillo, es una susluuciu eminentemente purgante; el añil provoca calambres violentos y meteorismo, la cochinilla produce dolores de muelas y dificultad de ori- nar. Oíros muchos ejemplos podríamos citar. Sin embargo, si los colores son necesarios, prepárense con la greda, la cúrcuma, el añil, el ocre, la cochinilla, el carinin y el achiote. Podríamos dispensarnos de hablar del afeite o de los cosméticos, porque lodo el mundo sabe que las preparaciones que se emplean para hermosear la tez, contienen todas sustancias nocivas. Los cosméticos de esta especie MEDICINA DOMÉSTICA. Í8a que no están compuestos con sustancias metálicas, resisten poco liempo* la acción de la piel; así como se adhieren a ella fuertemente los que las contienen. No hai mas que un verdadero afeite, y no debe usarse otro al- guno: lal es el aire fresco, el agua fresca y un réjimen conveniente. El me- dio infalible de quitar la costumbre a las mujeres y doncellas de que em- pleen cosmético, es recomendarlas después que se hayan servido de ellos que se laven la cara con agua sulfurosa. Este medio no puede dañar y se- guramente será útil, porque entonces la mujer aprenderá a preferir sus colores naturales, a el color negro que resulta de la descomposición del cosmético por el contacto con el del principio sulfuroso. ciertas materias metálicas deben sustraerse a la curiosidad de los ni- ños y de los ignorantes. No se exceptuará ninguna, \a sea seca, salina o líquida, y sobre todo si es acida. El aceite de vitriolo [ácido sulfúrico], el agua fuerte [ácido nítrico], el ácido muriálíco,el agua rejia [ácido nitro-nui- riático], el ácido oxálico, que se emplea para la limpieza, son ajenies de una acción violenta y mui peligrosa. El ácido sulfúrico mui dilatado no tiene una acción tóxica, el ácido nítrico mezclado con espíritu devino puro,noes muí da- ñoso, pero los otros ácidos, por mui dilatados que estén, obran infalible- mente como venenos. La sal inglesa odorífera [ácido acético concentrado], la potasa, la piedra cáustica, el ácido tartárico, la-sosa, el amoniaco líquido y la sal de cuerno de ciervo, la cal viva y la apagada, constituyen ajenies mui nocivos. No faltan ejemplos de que el amoniaco líquido y el espíritu de cuerno de ciervo hayan ocasionado la muerte, cuando por ignorancia se han hecho oler por fuertes aspiraciones frecuentemente repelidas en algu- nos cusos de fallecimiento; no deben aspirarse estas sustancias sino mui lijerumente y dilutadas en mucha agua. El alumbre, el vitriolo, la sal de nitro, la sal amoniaco y el hígado de azufre, son mui nocivos si se emplean en cantidad exajerada. Las preparaciones en donde entran el arsénico, el plomo, el mercurio y el cobre, no son las solas nocivas, hai otras también <\ue no lo ,son menos que ellas, tales son: las que contienen aniimonio, -el tártaro emético, la manteca de antimonio, el azufre dorado de antimo- nio, el óxido blanco de antimonio, el kermes mineral y otros muchos, las composiciones que encierran zinc, bismuto y estaño, la piedra infernal, y por último todo lo que sale de las boticas, sean sustancias minerales p químicas, son mas o menos dañosas, aun las mas inocentes, sino se em- plean convenientemente. Los venenos que encierrra el reino vejetal y el mineral son innumera- bles . Asi sucede, que con frecuencia se juega sin pararse en ello, con la salud de sus semejantes. Yo conocí a un mai gracioso, que por hacer una burla a una joven, la hizo tomar la dijital triturada, de sus resultas falló poco para que muriera después de haber sufrido las mas horribles angus- tias, y para que el gracioso pagase en la prisión su necia imprudencia.. Se cuidará de no dar a los niños los medicamentos vermífugos, como si fueran sustancias inofensivas. Al que, sin conocerlos, dá a sus hijos esta es- pecie de remedios, encargaré únicamente que antes de hacerlo, lome él una dosis todas las mañanas, para que asi pueda juzgar de sus efectos. Lo mismo sucede en los medios que se emplean contra los piojos, pul- gas, etc., pues por lo jeneral casi todos son venenosos. Por esta razón no se deben usar mas que los que no perjudican al hombre. El mejor remedio contra los piojos es la limpieza y peinarse a menudo, si esto no basta frótese la cabeza con aceite, y si es necesario, con tabaco en polvo mojado, o con el zumo del mismo. Contra las pulgas, la limpieza también es un buen me- lS'f» MEDICINA DOMESTICA. dio, recúrvase no obstante al zumo de limón o al vinagre fuerte, con el cual se debo regar el suelo y rociar la madera de la cama. Se puede emplear también un vaso lleno de pelos de perro que se pone debajo de la cama, to- do» los dias por la mañana se le escalda, y después se seca bien para vol- verle a colocar debajo de la cama. La lana de oveja puede servir también para este objeto.—Contra las chinches se empleurá el proceder siguiente, que consiste en lavar con una lejía fuerte la nlcobu o habitación donde se duerma y las junturas del catre o tarima, y después se untan estas con uu cuerpo grasiento o con jabón negro. También puede impediré la reproduc- ción de las chinches tapando todas las rendijas o hendiduras de la pared con yeso, o colocando an chinchero (I) debajo de les colchones, el cuul se sacudirá con fuerza todos los dias, y de este modo podrán matarse bien estos incómodos insectos. Conviene también calentar los chincheros de cuando en cuando^ De esle modo no hai necesidad de emplear con- tra las chinches medios tóxicos, que contienen jeneralmente sublimado corrosivo o alguna sustancia semejante, peligrosa ya por su fácil evapo- ración. Asi es como con una esmerada limpieza se llega a destruir loda clase de insectos. Se emplean con frecuencia contra fas mitas fo polillas] que se adhie- ren a las ropas de lana o a las pieles, el alcanfor y también el almiz- cle. Eslos olores son nocivos en las habitaciones de dormir. — El alcan- for perjudica ul color, y el almizcle produce una alteración particular que hace que persista el olor aun después de evaporado el almizcle. Es mu- cho mejor servirse del serpolio silvestre y de la alhucema o espliego. Las hojas de tabaco estendidas entre las ropas impiden la producción de las mitai o polillas. El mejor modo de preservar al trigo consiste en rodearle de plantas aromáticas y moverle a menudo, en vez de emplear sustancias peligro- sas. El gordolobo vulgar, cojido durante la efloresceucia, y estendido so- bre el trigo bastará para esto.—Hai también varios medios para matar los ratones, lales son llenar los agujeros de ollin, o taparlos con paja cu- bierta de brea qne.se cubro después con yeso o con una argamasa com- puesta de cal y de vidrio molido, o bien darles a comer unas tortas he- chas de harina, tocino gordo y vidrio molido; o una mezcla de harina, yeso y jarabe, con cuyos alimentos no podrán vivir mucho tiempo. Eu las casas y en las cuevas donde se encuentran en gran número eslos uni- males, el mejor medio de destruirlos es colocar 6ti el suelo una cúbela o rubo poco hondo lleno de una mezclafdo cidra, cerveza dulce, cal y aguar- diente. Si la beben, se emborrachan, y éste es el momento de entregár- selos a los perros y a los gatos. La época del año mas oportuna para esta caza, son los meses de junio, julio y agosto, época en que los rato- nes son todavía jóvenes. Estos diversos medies son mucho mas razona- bles que no el echarles veneno; pues no faltan ejemplos de casos en los que con la mejor intención, i a pesar de todas las precauciones, se ha enve- nenado a las personas en vez de a los ratones, i ademas, porque, ana en los casos en que el veneno ha dado el resultado que se deseaba, hai que sufrir el mal olor de los ratones muertos. De todas las sustancias venenosas no hai ninguna peor que los remedios (.1). Chinchero, tejido de mimbre» o lisiónos de madera con varios agujerillos, qus se pone a la cabecera de la cama para recojer las chinches y sacudirlas despue^ IKMCIXA DOMESTICA,1 i 37 socrctosque se venden con los mas seductores y pomposos títulos. Ningún médico negará que se obtienen con ellos curaciones, pero saben también qu» estas son mui raras. Todo medicamento es bueno cuando se le usa a propósito; pero empleado fuera de tiempo, debe perjudicar, aunque esté preparado conforme a las fórmulas adoptadas. Los anuncios y prospectos que se emplean para ponerlos en voga, prueban suficientemente a todo el mundo, que se trata mucho mas del despacho de una mercancía que del interés de la humanidad. El considerable número de remedios secretos qne se ponderan como es- pecíficos de una enfermedad determinada, son sin disputa un grande opro- bio para los ciudadanos de una nación civilizada; pues denotan la ignoran- cia y la credulidad del comprador. El que compra y usa estos medios puede ser comparado al tonto qu Disminuir la acción del veneno. Al principio hai que atender a ambas alternativamente, después a la úfi¡< ma únicamente. Como los eméticos usuales son venenosos por sí mismos y pueden por lo lauto ser perjudiciales, será mas conveniente escitar el vómito por los me- dios siguientes : A.—Bebiendo agua templada, tanta y lan amenuda como lesea posible al enfermo ; y si esto no basla ; B.—Haciendo titilaciones en la campanilla, y cuando eslas no sean su- ficientes ; C.—Aplicando tabaco de rapé sobre la lengua, y cuando no produce efecto; D.—Empleando harina de mostaza y sal disueltas en agua, en los indivi- duos acostumbrados al tabaco; y en fin, cuando asi no se obtiene ningún resultado o cuando nada puede introducirse por la boca; E.—Lavativas de humo de tabaco. Los remedios principales, para debilitar los efectos del veneno cuando es desconocida su naturaleza, son el agua con la clara de huevo si hai dolo- res ; cuando predomina la insensibilidad el café. Al momento que se sepa que el veneno que se tiene que combatir es un ácido, un melal o un álcali, si es ácido o metal se dará agua de jabón ; si álcali, vinagre, ir, 19 í MUDICINA DOMÉSTICA', Los oíros antídotos tienen aplicación únicamente, cuando se sabe de qtuf clase de veneno es del que se trata. Tratamiento que debe emplearse cuando el veneno se conoce. En jeneral, hai que conducirse con sujeción a las reglas que acabamos de dar; en cuanto a escilar el vómito se administrarán inmediatamente los me- dios que quedan ya recomendados; solamente, luego que cese, convendrá atenerse a lo que nos falla que dar a conocer. Los antídotos indicados contra cada veneno en particular, se han colo- cado según su eficacia, ocupando el primer lugar los mas activos.—Cuando no se hallen a mano se dará el que primero pueda uno procurarse. Si una persona ha tomado, por ejemplo, ácido sulfúrico, seria una locura esperar hasta que trajesen de la botica magnesia o jabón blanco; si no lo hai en ca- sa, se toma un puñado de ceniza, se pone en agua, y se administra en se- guida, aun que nó es tanta su eficacia. Asi debe obrarse en todas las oca- siones. De los gases mefíticos o venenosos» En las alcantarillas profundas que no se han limpiado hace mucho tiem- po, en los parajes poco ventilados en que se tienen en putrefacción restos de animales, en los comunes y en los muladares donde el aire no se renueva, se desarrolla un gas venenoso de olor a huevos podridos que ennegrece el metal pulimentado, especialmente la piala : este gas inspirado ocasiona náu- seas, ansiedad y dificultad de respirar, el pulso se hace intermitente, la vis- ta se ofusca, los ojos se ponen empañados, se siente frió en las-orejas, el abdomen se contrae, y si no se retira el paciente de esta influencia, se si- guen convulsiones y una muerte aparente (la asfixia), que sin el auxilio de medicó se convierte en verdadera El mejor remedio, que se encuentra en todas las boticas, es el cloruro de ea!, o cualquiera otra preparación cloru- rada. Es mui prudente proveerse de estas sustancias cuando por oficio u olra cualquiera causa, se encuentra uno espuesto a estos peligros. Bastará. * una mezcla acuosa de cloruro de cal y ácido sulfúrico, para neutralizar con prontitud el aire envenenado, y hacer de este modo que los trabajos ejecu- tados en una atmósfera infectada no sean peligrosos. Las emanaciones-de los pozos de inmundicia se corrijen también, pero lentamente, por la acción de ía cal recientemente calcinada, que se echa en ellos a paladas, algunos dias antes de emprender su limpia. El que tenga a su disposición cenizas de carbón de piedra, hará bien en echarlas en los pozos de aguas inmundas; porque al mismo tiempo que destruyen los malos olores, producen un es- celente abono. Hai carbón de piedra sulfuroso, que arrojado en las letrinas quebrantado, hace un abono notable, sin dejar de correjir la fetidez de los gases que de ellas se desprenden, y librando al mismo tiempo de lodo pe- ligro a los trabajadores. A la persona atacada de un accidente de esta clase, se la pondrá al aire fresco, se la desnudará, y se la colocará boca arriba con el pecho elevado, rodándola con agua fresca la cara y el pecho. Si se tiene una disolución acuo- sa del cloruro de cal, se empapa una esponja en ella, y se le aplicará de cuando en cuando a la nariz. La disolución deberá no ser mui concentrada, SIIíWClNA domíístí'ca' Í93 de modo que no escite la tos en una persona sana que la respire. Se pone ademas una cucharada de la disolución en un vaso de agua y se le administra media cucharada al paciente, repitiéndola cada cinco o cada diez minutos, y a mayores intervalos según que el enfermo se mejore. El vinagre puede tenerse siempre mas a mano; se mezcla con una canti- dad igual de agua, se rocia con esto la cara, aplicando una esponja empapa- da en vinagre en la nariz y la boca. Durante este tiempo se darán friegas al paciente con franela calienie. Si se ha rociado la cara con agua fresca o vi- nagre se enjuga de cuando en cuando, repitiendo las friegas y las aspersio- nes. Los pies, el vientre, el pecho y los brazos en particular, deben frotarse bien, y en las plantas de los pies y el espinazo se darán las friegas con un cepillo fii"rte. No debe procederse con precipitación ni violencia sino con suavidad y perseverancia, porque a veces no vuelve la vida sino al cabo de tres o cuatro horas. Si el asfixiado no respira, es inútil colocarle la esponja delante de la na- riz. Entonces convendrá asegurarse de si reaparece la respiración, colocán- dole de cuando en cuando delante de la nariz y de la boca un espejo o unas hebras de plumazo. Se le deberá insuflar aire en la. boca de liempo en tiem- po; y si a consecuencia de la insuflación se observa queso le eleva el pecho, déjese entonces que el acto de la respiración se efectúe por sí mismo. Si el aireño sale naturalmente de los pulmones, rodéese entonces el pecho con una toballa, y estréchesela suave y progresivamente de modo que se haga salir el aire insuflado. En este procedimiento que sostiene una especie de respiración artificial, y que será mas eficaz, mezclando ul aire insuflado algunas emanaciones de vi- nagre, lo cual se consigue enjuagándose con esle líquido la persona encar- gada de hacerlas insuflaciones, se llega con frecuencia a volver a la vida in- dividuos que estaban casi muertos. En el momento que se ha efectuado por *í solo uu acto vital de inspiración o espiración, se debe cesar de introducir aire en los pulmones. Este es el momento de obrar por medio de la ventila- ción, echando con suavidad al paciente aire fresco, por ejemplo, con un abanico; y entonces que la respiración es mas libre, es cuando conviene co- locar debajo de la nariz la esponja empapada en vinagre o agua clorurada. Es necesario siempre proceder con la mayor circunspección y progresiva- mente para no esiinguir una vida reanimada con grande dificultad. Cuando el enfermo ha recobrado sus sentidos, dénsele algunas gotas de agua cloru- rada debilitada o de vinagre. Si se queja de frió, de ganas de deponer, de náuseas, y el vinagre no alivia-este estado o si le incomoda, désele un poco de cafó puro. Sí se queja de calor, de postración, hágasele tomar un poco de vino puro y añejo. Algunas veces es útil la olfacion del alcanfor. En cuanto a esto, conviene conformarse con los deseos del paciente; se le debe dar lo mas que le agrade ylea'-vie con prontitud. Existen otras especies de aires mefíticos, tales son los que se desprenden de los pozos de grande profundidad, de las cuevas o bodegas y de los hor- nos de cal, cuya acción no'es menos peligrosa. No tiene el olor del de las al- cantarillas; s;¡ acción es mas bien estupefaciente, produce soñolencia, em- briaguez, y en fin, el síncope. Se vuelve prontamente a la vida a los asfixiados de esta especie, esponién- dolos en el móntenlo al aire libre, rodándoles con agua fresca o vinagre, y sobre lodo haciéndoles tragar café puro.—No deben emplearse eslos auxi- lios con demasiada precipitación, una prudente Ic¿íLiiud es mas convicnle.— Si uo se recobra la respiración será necesario recurrir a luinsuOacioo del airo. '19(5 ' iildicína doméstica; El vapor o tufo del carbón constituye un gas mui peligroso, sobretodo para las personas que están dormidas. Por esta razón se cuidará mucho do no acostarse en habitación en que no tenga fácil acceso el aire esterior, y en la que haya encendido carbón de piedra o de madera. — Ha sucedido que vigas viejas se han quemado sin llama y sin humo, y que los habitantes, per- cibiendo el olor u quemado, se han asfixiado áutts de que se descubriese la combustión. Es denotar que todos los que han estado espueslos a los efec- tos del vapor del carbón, caen eu una especie de inercia, que les quita la pna y lu posibilidad de salir al aire libre, de abrir lu ventana-o la puerta, y í\h peiiir auxilio. Lo misino sucede a los individuos que durante un frió ri- goroso, se ponen ¡^descansar al aire, y que sabiendo bien lo que les espe- ra, pierden la voluntad de resistir a esta inclinación, Los signos que indican la invasión y la marcha gradual de la asfixia por el carbón, antes que llegue a su complemento son; dolor de cabeza con náu- seas, vo'miluraciones y vómitos; algunas veces sanguinolentos; parece que un peso enoime comprime el pecho; Ja cara se pone roja e ingurjitada de sangre, sobrevienen después sollozos convulsivos, involuntarios, la divaga- ción, la cuida del cuerpo con espasmo y convulsiones, y en fin, pérdida com- pleta de conocimiento y asfixia. Eu esle estado, es preciso poner al asfixiado al aire fresco, frotarle con vinagre v ha» e» le respirar los vapores de este. Si la cara está mui encendi- '.;, y si ¡¡vaga, échesele agua fria por la cabeza. Es conveniente calentar sos pies en el momento en que se refresca la cabeza. Luego que el paciente pueda tr?gar, désele café puro si ha recobrado sus sentidos, désele op.; y si op. no produce mas que uu alivio pasajero, se le debe repetir. Si algunas1 íioras después op. no ha producido ningún efecto, dése bell. y déjesele obrar un poco mas de tiempo. —Si el asfixiado tiene sobre escitacion, locuacidad con viveza, si se queja de dolores vagos, si tiene vértigos estando echado,. désele café puro, y espérese el momento oportuno de emplear bell. o nux vom. Una acción análoga, pero mas lenta que el vapor del carbón, ejerce su influencia en los hombres que habita* casas en que vejeta el miírulio (espe- cie de hongo.) Para remediar esle inconveniente, lo mejor seria, o abando- nar la habitación, o reedificarla ; y cuando esto no pueda hacerse, procúrese destruir este criptógamo por medio del carbón de tierra. Con esle fin, éche- se una gran cantidad de él por encima y por debajo de los sitios en que se verifica esta vejelacion, y viértase por el suelo una fuerte disolución de vi- triolo azul (sulfato de cobre), después, para destruir los malos efectos del 'merulio, tómese a bocanadas y de cuando en cuando agua acidulada con áci- do ; íúnco (algunas golas en unos dos cuartillos de agua). Se obrará con eficacia contra los malos efectos del vapor del cloro, fu- mando tabaco, o teniendo en la boca un'terrón de azúcar empapado en aguar- diente o en ron. El mejor medio de combatir los accidentes debidos al vapor del ácido ¡-1. úsico o de los ácidos minerales, es el espíritu de cuerno de ciervo o el amoniaco líquido. Pero no se conseguirá aliviar haciendo respirar fuerte- mente estas sustancias, sino teniendo el frasco destapado a cierta distancia <•>' ¡a nariz, de modo que el olfato solo se afecte lijeramenle, y repitiendo ie medio cuanto sea necesario. Bastaría también llevar debajo de lu nariz ■.:■•< fiasco en que se hubiese echado una gota de eslos álcalis. —Si estos da- sos vapores fuesen alcalinos seria inútil recurrir a los medios de que uca- -..mos de ocuparnos, se necesitaría en este caso preferir a ellos las emana- MT.nierNA doméstica. 497 cíones de vinagre. Se conocerá la naturaleza acida o alcalina de estos vapo- res por la tintura de tornasol. Los ácidos la enrojecen, los álcalis la vuelven a su primitivo color azul. En los padecimientos graves por la inspiración de vapores ácidos, se puede también dar el amoniaco al interior; se echa una gota de él en un vaso de agua, y se da cada diez minutos una cucharada de las de café; y conira los efectos de los vapores alcalinos, se administra de cuandocn cuando una cucharada de las mismas de vinagre. Nada hai tan nocivo como dormir en habitaciones que han estado cerradas mucho liempo, y en las cuales no se ha renovado el aire; en estos sitios el aire mismo contrae algo de mefítico y detenido, como sucede con las aguas pantanosas. En estos sitios el sueño es turbado por pesadillas, por ensueños angustiosos, por visiones fantásticas, por Sobresaltos espantosos. Una venti- lación bien estendida es el medio mas eficaz para hacer sanas estas habita- ciones; eslaba de haceise, no solo teniendo abiertas las puertas y las ven- tanas, sino que también ajitando el aire con servilletas a modo de abanico, y poniendo lumbre en la chimenea o bien por medio de braseros. Convendrá al mismo tiempo, colocar en algunos puntos de la habitación anchas cubetas llenas de agua. Si se ha descuidado el saueamento y sobrevienen los acciden- tes que de esto pueden resultar, dése acón.; en el estado de grande espanto, op ; si dura la impresión de miedo con horripilación, veratr. alb. En los do- lores de cabeza provocados duranie el sueño por las emanaciones de flores olorosas, o por el heno fresco, será ventajoso dar a respirar el alcanfor o la nuez vómica, al mismo liempo deberá respirarse el aire libre y lavarse con agua fresca. Cuando los padecimientos son ocasionados por haber dormido en habita- ciones recien blanqueadas, en las que está puesto a secar lienzo, o en las que se guardan ropas recién secas, o bien yerbas frescas, frutas y raices que sirven para el uso diario, en esle caso dése bry., o algunas veces bell.% pero siempre conformándose a los preceptos indicados en el artículo dolor BF CAREZA. En las indisposiciones determinadas por los colores al oleo que se em- plean para pintar las habitaciones y los muebles, y que no se disipan con el aire fresco y el agua fria, se emplearán con éxito acón. bry. sulf. y algu- nas veces op.—Es igualmente útil tener en las habitaciones de dormir cube- tas de agua fria, que debe renovarse todos los dias; esta precaución es con- veniente para absorver los miasmas esparcidos en el aire ambiente. Entién- dase que aquí no hablamos mas (pie de las habitaciones de los pobres. Con- cluiremos recomendando que no se usen las pinturas mas que en otoño cuando es seco y fresco: en esta estación las emanaciones son menos pene- trantes o fatigantes, los colores se secan fácilmente, se adhieren con mas firmeza, y están menos espuestos a degradarse por el polvo y por los in- sectos. Eüe los ácidos minerales j otros. Acido sulfúrico o aceite de vitriolo, ácido muriálico, ácido nítrico o agua fuerte, ácidit nitr o-muriálico o agua rejia, ácido oxálico, ácido fosfórico, ácido acético, ácido piroleñoso, vinagre ordinario concentrado lomudo en gran cantidad. Se los reconoce en el gusto ácido, ardiente, en el olor; en la sensación de color mordicante y quemante que dejan en ¡a garganta y en el estoma- 198 MEDICINA DOMÍSTlCA. go, por el dolor lancinante, de que se afectan éste y los intestinos; las bebi- das ordinarias aumentan estos dolores; la respiración se hace prontamente fétida: el material de los vómitos es agrio, espumoso y enrojece el papel azul de tornasol. El interior de la boca eslá con frecuencia como quema- do y salpicado de manchas. Medios: 1° Agua de jabón libia en gran cantidad, como anteriormente se ha dicho: 2.° la magnesia [1) una cucharada en una taza de agua, repeli- da después de cada vómito, mientras dure y se aumente el dolor, 3.° gre- da machacada y disuelta en agua, 4.° ceniza de leña, una cucharada llena en un vaso de agua caliente; ñ.° potasa o sosa; en cada dosis, la cantidad que puede cojerse con la punta de un cuchillo, disuelta en un gran vaso de agua caliente. ** Se pueden emplear alternativamente el agua de jabón y la magnesia; las otras sustancias solo se administrarán hasta que se hayan podido obtener las dos primeras. Después de que el enfermo haya vomitado suficientemente dénsele bebidas mui mucilajinosas de cebada de avena mondada, un coci- miento de linaza o de arroz; en una palabra, de lo que se tenga mas a mano, y déjesele algunos dias sin hacer nada. Cuando haya pasado el primer peligro, dése si el envenenamiento ha sido de ácido sulfúrico p»/s., si de ácido muriáiico, bry.; si de ácido nítrico, sep. sulf. o; si de ácido fosfórico, coff.; si de los demás ácidos acón. Antes de recurrir a estos medios se pue- de emplear la olfacion de alcanfor. Si caen en los ojos los ácidos concentrados, el mejor medio es aceite de almendras dulces o manteca fresca sin sal; de cuando en cuando agua puesta lechosa con un poco de greda machacada; el agua pura perjudica, solo pa- sado un poco de tiempo se la podrá emplear en lociones. Si se quemase uno al esterior con los ácidos, empléense el agua de cal o un linimento hecho con aceite y agua de cal, o también algunas golas de agua de caust. de la sesia dilución, mezcladas con un poco de agua tibia, en embrocación. I5e los venenos alcalinos. Potasa, cenizas graveladas, piedra cáustica, lejía, sal de tártaro, sosa, amoniaco, amoniaco líquido, cuerno de ciervo, cal viva y calcinada. Se los reconoce en su sabor alcalino, urinoso, quemante, acre. .El mate- rial de los vómitos ni es ácido ni espumoso; enrojece el papel de tornasol y le vuelve a su color primitivo. Por lo demás, van acompañados-de los mismos accidentes que ocasionan los venenos ácidos. Medios: 1.° Vinagre, dos cucharadas de las de sopa mezcladas con un vo:»o de agua, de preferencia caliente: cada cinco minutos se debe dar una dosis igual; Io zumos dilatados de limón y otros ácidos; frutas agrias mez- cladas con azúcar; 5.° leche agria; 4.e bebidas mucilajinosas y lavativas. Todo efecto vomitivo, excepto el producido por lu titilación de la campa- nilla y las bebidas abundantes, es mui perjudicial. En los envenenamientos por la barita, especie de tierra pulverulenta y blanca, que se emplea paia matar los ratones, el uso del vinagre puro es nocivo. Dense en este caso, las bebidas mucilajinosas, el aceite; provóquese el vómito mientras que se proporciona el sulfato de sosa, que se deberá disolveren vinagre, y darle dilatado en agua. Después, se hará inspirar a menudo el alcanfor, y si esto no baslu, empléese en olfacion el espíritu de (I) La ungncsici calcinada no es tan buena como la común. MEDICINA DOMÍSTV.A. 199 nitro dulce. Después de la potasa, se puede también emplear coff. y des- pués crb. veg.; después del amoniaco hep. sulf. o. De algunas otras sustancias nocivas. migado de azufre.—Contra el envenenamiento por el higado de azufre tómese agua acidulada con vinagre o zumo de limón, bebidas oleosas o mu- cilajinosas y lavalivas. Si no se logra promover el vómito con bebidas abun- dantes y la titilación de la farinje, dése una débil solución de tártaro esii- biado. Cuando el vómito ha cesado, dése o vinagre, si proporciona alivio, o si no produce efecto, bell. una dosis, y no se vuelva a emplear después el vinagre. iodo.—Esta sustancia que desgraciadamente se emplea con demasiada frecuencia como remedio, produce algunas veces accidenies prontos y pe- ligrosos.—Empléense 1.° almidón diluido en agua; 2." mucilago de almidón cocido; 3.° harina de trigo. Después, bebidas lijeramenle mucilajinosas. Contra los padecimientos consecutivos hep. sulf., algunas veces bell. fósforo.—El aceile y toda especie de grasas son mui peligrosas en este caso, porque disuelven el fósforo y le esparcen asi con mas seguridad en el estómago. Bastará excitar a la mayor brevedad el vómito, y hacer uso de bebidas mucilajinosas. Si no sobreviene instantáneamente el vómito con el uso de los remedios indicados en la pajina 94, es preciso obtenerle forzosa- mente con el tabaco y la mostaza; dése después café puro. Después de tras- currido cierto espacio de tiempo, convendría hacer tomar una cucharada de magnesia. Si esle último medro.no es seguido de buen éxito, como tam- poco la olfacion del alcanfor, adminístrese entonces la nux vom. que mas tarde será mejor apropiada. Si el enfermo apetece vino o aguardiente, dén- sele unas gotas en un lerron de azúcar. El alcohol (espíritu de vino) y el éter, pueden producir accidentes pe- ligrosos cuando se los toma inadvertidamente. Para remediarlos, frecuente- mente bastará tomar bebidas mucilajinosas y leche. Si estos medios no obran con prontitud, dése entonces una gota de amoniaco líquido disuelta en un vaso de agua azucarada, a cucharadas de las de café. Se emplearán al mismo liempo fomentos fríos a la cabeza y compresas mojadas al epigastrio. Si esto no basta, dése nux vom. y continúense las bebidas mucilajinosas mien- tras que el estómago pueda soportarlas, mas tarde café puro. acido músico. —Se le conoce por el olor a almendras amargas. Su ac- ción es ameutido tan rápida, que es preciso emplear a toda prisa reme- dios eficaces. Apenas hai tiempo para pensar en promover el vómito, há- gase oler inmediatamente el álcali volátil a cierta distancia. Para esto pue- den echarse algunas golas de él en un pañuelo y colocarle debajo de la nariz, de modo que solo impresione al enfermo un olor débil; o también póngase una sola gola de álcali en medio vaso de agua, y se dá una cu- charadita de las de café cada tres o cuatro minutos. Luego que se tenga café, hágasele beber al enfermo en gran cantidad y aun adminístresele en lavativas. En casos urjentes, hai que apresurarse a hacer respirar el vina- gre o el alcanfor hasta que puedan emplearse los vapores de amoniaco. Después dense coff. o ipec, y si no basla adminístrese nux vom. alumbre.—El agua de jabón o el agua azucarada hasta producir el vó- mito; después puls. o veratr. vitriolo azul, blanco y verde. —El agua azucarada caliente, o el agua 200 "MEDlCÍNA DOMESTICA. albuminosa fria, hasta obtener vómitos frecuentes. Después bebidas muci- lajinosas. nitro y sal amoniaco. — El agua tibia, manieca derretida mezclada con agua, hasta producir vómitos abundantes; después bebidas mucilajinosas abundantes-. ÍDe las sustancias metálicas. arsénico.—Entra esta sustancia en los polvos para matar los ratones, en el veneno contra las moscas, en el cobalto, en los colores amarillos, llamados de rei> en el oropimente, en las gotas antifebriles, en el un- güento y el emplasto contra el cáncer, y en muchos otros remedios se- cretos que se venden, principalmente contra las enfermedades de los cu* ballos y del ganado. Empléense: d.° agua de jabón; 2.° agua albuminosa; 3.° agua azucarada; 4.° leche. Después de cada vómito, llágase tomar dé estas bebidas. El peligro no es grande cuando el enfermo arroja con el vómito la materia tóxica. El vinagre es enteramente inútil, y el aceité mas bien es nocivo, ir. El peróxido de hierro, recientemente preparado, ha producido excelen- tes efectos, mezclado con agua y lomado a cucharadas de las de café. En, los casos urjentes puede emplearse también el pozo que se forma en las pilas en que los herreros y cerrajeros apagan el hierro hecho ascua. Se ba propuesto como medio preferiblo la sangre fresca. Se han hecho esperiencias con la sangre de vaca, no obstante, en un caso urjen te, sé puede emplear la sangre de otros animales', como la de pichones, rollos, etc. Se debe dar por cada grano de arsénico, dos cucharadas de las dé sopa de sangre. —Es preciso bebería lentamente y no de un solo trago; sí se hiciera esto se coagularía en el estómago llegando a él en masa. Se dejará pasar cierto tiempo después de la injestíon de la sangre, así se evi* tara la regurgitación y se la dejará obrar. Dense después varias dosis de ipec Si el enfermo está todavía mui irri- table e inquieto por la noche, si tiene fiebre, désele chin; si está peor dé dia, después de haber dormido, si está estreñido o si tiene diarrea mucosa, nux vom.; si después de ipec. quedan todavía náuseas frecuentes, o vómitos con calor o frió, acompañados de grande debilidad^ adminístrese veratr. El color que se emplea para teñir los sombreros finos, contiene arsénico. Cuando se llevan sombreros de esta especie suelen formarse a menudo gra- nos en la frente, o presentarse afecciones de los ojos. En este caso hága- selos forrar bien con seda y cuero; contra las consecuencias, empléese hep. sulf. ¡En tiempos pasados se preparaba papel con el arsénico, y quizá se hace esto todavía! sublimado corrosivo.—1.° agua albuminosa; 2.° agua azucarada; 3.° le- che; 4.° disolución de almidón; 5.° gluten. El medio principal es el agua albuminosa; el agua azucarada se empleará alternada con la primera; los padecimientos consecutivos se tratarán como se ha dicho en los envenenamientos por el mercurio. COBRE, CARDENILLO Y OTRAS PREPARACIONES DEL COBRE. — Empléense: 1.° da1- ras de huevo: 2.° azúcar; una y olra pueden emplearse sin disolverlas en agua; 3.° leche; 4° lodas las demás sustancias mucilajinosas. Si se lienen que prestar auxilios prontos en el envenenamiento por el cobre, puede emplearse el azufre que se tiene a mano fácilmente. Para esto será preciso enrojecer un plato o Una taza de hierro, dejar que el MT.DÍCÍNA DOMESTICA". 201 azufre se funda en él, y en disposición que pueda recojerse en estado de fusión en una vasija llena de agua; se ajila esta agua, y luego que se ha formado el sedimento o pozo, se le dá a beber al enfermo a tazas peque- ñas, una tras otra. Este medio es igualmente útil en los envenenamientos por los demás metales. Si no se puede emplear inmediatamente el azufre, hágase uso de la clara de huevo. plomo. —l.° Sulfuro de hierro, como se ha dicho en el articulo cobre; 2.° sulfato de magnesia; 3.° sulfato de sosa, o sal de Glauber; el primero de estos medios es el mejor, el segundo podría suplir al primero, si no le hubiese: disuélvanse treinta gramos (veinte granos) de esta salen una botella de. agua caliente, y dése a beber de esta disolución mucho y a menudo, en razón de la cantidad del veneno: 4.» clara de huevo: li.° jabón; C.° leche. Después de la sal o el jabón, adminístrense lavativas o bebidas mucilaji- nosas . pieduv infernal (azoáto de piala).— Sal común disuelta, tomada engrande cantidad, auxiliada después con bebidas mucilajinosas. antimonio, emético (tártaro estibiado). —1.° Cocimiento de nuez de aga- llas, de corteza de encina o de granada; 2.° café puro en grande cantidad: 3.° bebidas mucilajinosas. Contraías convulsiones, op. oo; contra las náuseas y otras incomodida- des, ipec. ooo. estaño. —1.° Clara de huevo; 2.* azúcar; 3.e leche.—Los envenenamien- tos por las preparaciones de plomo son mui frecuentes, porque mui a me- nudo se dejan permanecer en platos de estaño sustancias acidificabas, de que se hace uso después; y es bien sabido que el plomo entra con frecuen- cia en combinación con ei estaño. Asi pues, todo lo que es ácido o agrio no se debe dejar mucho tiempo en los utensilios de meial para que se en- frie en ellos. La misma precaución hai que guardar respecto de las cucharas de plata, de estaño y estañadas. No deben quedarse los alimentos ácidos mas que en vasijas de madera, de cristal o de loza. Los padecimientos crónicos consecutivos debidos a los efectos del estaño, se modifican mui bien con puls. Pe los venenos vejetales. de las setas venenosas.—Los efectos de estas setas se hacen sentir al- gunas horas después de su injeslion. El vientre se infla, y se sienten cólicos bacía la rejion epigástrica. Casi al mismo tiempo sobrevienen sed, náuseas, hipo, ansiedad, vómitos y diarrea: ademas frió en las estremídades, pulso pequeño, aturdimiento, vértigos, desvarios y convulsiones.— En este caso, promuévase el vómito principalmente con agua fria y en gran canlidad; en los intervalos dése el carbón vejetal pulverizado y mezclado con aceite hasta la consistencia de cerato; si esto no alivia, dése a oler lijeramente el amoniaco líquido.—Contra los padecimientos consecutivos, convendrán las mas veces el vino o el café. del centeno atizonado.—El centeno atizonado es nocivo a los hombres y los animales. El mejor medio-de obrar conira sus malos efeclos consista en hacer respirar el vapor de una infusión de yerba mora negra. En los ani- males se podrá emplear en fomentos. El mismo resultado se obtendrá con tint. solan. nigr. dilatada en agua. Las plantas que contienen un jugo lechoso, acre, como las euforbiáceas y otros vejetales que crecen en los jardines, y cuya acción es corrosiva al 27 202 MEDICINA DOMÉSTICA. contado, reclaman lociones con agua de jabón, y después con aguardiente. Si el jugo toca al ojo, empléense aceite de almendras dulces, manteca sin sal o leche; si penetra en el estómago, convienen agua de jabón, leche, etc.; pero deben evitarse todos los ácidos y los eméticos. La misma regla se apli- ca a todas las plantas acres, corrosivas, cáusticas, como las euforbiáceas, la gutagamba y otras. Contra las molestas consecuencias de las plantas narcóticas, cuyo efecto- es embriagar, privar del uso de los sentidos y producir accesos de locura y de rabia, se empleará el café puro en gran cantidad y en lavativas, Ei vi- nagre será un medio eficaz contra la mayor parte de ellas, como el opio, el láudano, las cabezas de adormidera, el estramonio, el beleño, el acónito, etc.; y si el enfermo tiene la cara animada, los ojos rojos, la mirada fija y huraña, será mui útil emplear las aspersiones de agua fria. En los casos en que el envenenamiento sea efecto de sustancias que con* tengan ácido prúsico, el cual se reconoce en el olor a almendras amargas,- y se encuentra en las almendras propiamente dichas, en las ojas del laurel real, asi como en las aguas destiladas de estas sustancias, y cuya acción- tóxica se revela por la pesadez, la embriaguez, la ansiedad, sobre todo del pecho, por ia aceleración del pulso, que no tarda en hacerse lento, por un entorpecimiento paralítico, o por una sensación como si faese a sobrevenir «na parálisis; en eslas diversas circunstancias, el café negro es er media principal, asi como el amoniaco cuando se presenta un peligro inminente : en este caso, se empleará el amoniaco en olfacion fujitiva; se echarán al- gunas gotas de él en un vaso de agua del que se dará de cuando en cuando una cucharada de las de café. En los envenenamientos por el opio, ya sean debidos af opio en bruto ya al láudano, o a las grandes dosis de adormideras o al cocimiento de las ca- bezas délas mismas, administrado imprudentemente y sin reflexión a los ni- ños para proporcionarles un poco de sueño, el café es también el mejor me- dio. Mientras que se le prepara, empléese vinagre. Si el enfermo ha caido en una insensibilidad completa, se puede recurrir a la flajelacion en el dor- so y en las nalgas hasta que vuelva en sí; el emético es inútil; y si el café no produce el vómito, es preciso determinarle con bebidas de agua fria o con la titilación do la campanilla. Algunas veces será útil una infusión de avena, y se preparará echando tres tazas de agua hirviendo en un buen pu- ñado de avena previamente lavada. Será bueno dar después algunas dosis de vpee , y si quedan algunos padecimientos consecutivos, adminístrese al- gunos dias después mere. su&L—Contra los efectos del estramonio, dense igualmente o el vinagre o el café en grande cantidad, y si no sobreviene vó- mito, empléese el tabaco ; contra los padecimientos consecutivos, nux vom. En el envenenamiento por el zumaque venenoso (rhus loxicodendron), que produce una afección semejante a la erisipela, no seria conveniente practi- car fuertes fricciones cutáneas, y todavía menos emplear medios repercusi- vos, como el agua de Goulard y varios ungüentos. Pero deben hacerse lo- ciones esmeradas con agua de jabón, y si no baslan, se tratará de aliviare] prurito y el ardor con almidón o polvos de peinarse empleados en fricciones con mucho cuidado: no debe darse interiormente ninguna cosa ardiente y fuerte, y adminístrese bry. , que no se repetirá mientras que los síntomas vayan disminuyendo, pero que se dará de nuevo después de cada agrava- ción. Si esta afección ataca mas bien a la cara, o si va acompañada de gran* de calor, contra lo cual bry. no produce efecto, adminístrese bell. En los envenenamientos por la espijelia, que se da conira las lombrices,. Hr-DÍCTNA DOMESTICA 203 hágase oler el alcanfor, dése al interior el café puro, y si después» de algu- nos dias quedan todavía algunos síntomas consecutivos, como palpitaciones de corazón, vértigos, etc., adminístrese mere. viv. En los envenenamientos por el alcanfor, dése café puro hasta producir el vómito. Contra sus consecuencias, op. de hora en hora, hasta que ha- ya alivio. Conira ios efectos del azafrán, empléense los mismos medios. Contra ias-consecuencias del i.ceite de trementina, op. bell. o bry. Contra los efectos nocivos de cualquiera olra sustancia vejetal, dése n oler el alcanfor ; si no basta, dése a beber café puro ; si sus efeclos son •..;,-; aturdimiento, empléese el vinagre aguado; si producen grandes dolores, el agua de jabón y la leche. ©e los venenos del reino animal. Las moscas de cantáridas y los emplastos que las contienen, encierran un veneno violento, cuya acción se hace mui funesta, si se introducen en el estómago o en los ojos. Resulta de esto un ardor mui intenso, que se aumen- ta por la aplicación del aceite y délos cuerpos grasientos. — El mejor medio de combatirle al interior y al esterior, es la clara de huevo o las bebidas mucilajinosas tibias. Para hacer su aplicación en los ojos, se tendrá cuida- do de emplearla en un estado de consistencia mui espesa, y aun, en caso de necesidad, se hará uso de la harina. Se cuidará de no lavarlos ni frotarlos con fuerza, y se procurará estraer de ellos con la estremidad de un peda- cito de lienzo arrollado las partículas de veneno, y las sustancias que ha- yan sido empleadas como medios para aliviar. En las molestas^consecuencias de las cantáridas, de los emplastos vejiga- torios y,de otros insectos, el alcanfor es el medio principal. Hágasele oler a cada momento, y fricciónense las parles que padecen con alcohol alcanfo- rado: las sienes, cuando hai cefalaljia; los lomos, las ingles y la rejion su- perior einterna délos muslos, cuando se declaren dolores violentos de los ríñones o de la vejiga. Se empleará también el alcanfor en olfacion y en fricciones conira los efec- tos de la miel venenosa ; al interior se darán té y café puro. El pelo de las orugas velludas produce algunas veees violentas inflama- ciones. No deben frotarse las partes que han sido locadas por la oruga ; no se hariacon esto masque aumentar el mal; apliqúense aellas compresas empapadas en alcohol alcanforado. Los mariscos venenosos, se encuentran algunas veces mezclados con los buenos, y producen accidentes tóxicos que se combaten, ya provocando el vómito si hai náuseas, ya dando una mezcla de carbón de leña pulverizado, de azúcar y de agua ; haciendo oler en seguida el alcanfor, y dando a beber después café puro. Si sobrevienen erupcioues y una hinchazón de la cara, ■dése bell. Si los accidentes tóxicos sobrevienen después de haber comido un pesca- do venenoso, dése carbón machacado y mezclado con aguardiente; si esto no alivia, adminístrese algunas horas después café puro; si eslo tampoco produce efecto, dése a comer azúcar en gran cantidad, o a beber agua azu- carada; y si este último medióos impotente, se empleará al interior y al esterior el vinagre aguado. Si el veneno de los sapos, de los lagartos y de las ranas llega a caer en los ojos, láveseles bien por dentro, y dése acón, de hora en hora, siempre 204 MEDICINA doméstica que haya agravación. Si este veneno se ha introducido en la boca, tómese primero una cucharadita de las de café de carbón machacado; que se mez- clará con leche o con aceite; y si produce súbitamente accidentes peligro- sos, desea oler el espíritu de nitro. Después adminístrese ars. Se desarrolla un principio tóxico en la grasa rancia, en el queso, en tos salchichones añejos, en las carnes podridas, en las morcillas, en toda clase de embutidos como tortas de chicharrones, jamones, etc. , cuando estas di- versas sustancias no han sido bien preparadas para una larga-conservacion; entonces adquieren un gusto oleoso, agrio, desagradable, acre y rancio Este veneno se produce algunas veces mui rápidamente; y hasta tal punto que puede suceder que lo que hoi está bueno mañana sea nocivo. El signo prin- cipa! de esta especie de envenenamiento consiste, ademas de nna verdadera pirosis (rescoldera) y de causeas inmediatamente después de haber comido, en la seq.iodad de la garganta, que algunas veces se esliende a la boca, a Jas fosas nasales, los oidos y aun los ojos,, después a los párpados y a las narices; lu estremidad de los dedos se deseca y se agrieta, y frecuentemente también se alroíia completamente. La voz se pone ronca inmediatamente y el pulso lento y débil; el hambre y la sed se pronuncian de un modo estre- mado y ei enfermo apenas puede tragar. Estos síntomas van acompañados de grande debilidad, los párpados están como paralizados, la pupila dilata- da, y la vista está débil como si se cubriese con un velo; y también puede haber diplopia. El vientre está tenso, hai dolor y estreñimiento ; al fin se agrega a esto rijidez de las articulaciones de la rodilla y del pie. Si no so- breviene la muerte al cabo de algunos días, resulta de esto en todos los casos una enfermedad larga e incurable. Si alguno que haya hecho uso de estas sustancias, llega a esperimentar poco después alguno de estos accidentes, y advierte que se aumentan gra- dualmente, no liene que perder tiempo en empezarse a curar. Si el mal se manifiesta en las cuatro o cinco primeras horas después de la comida, y si hai disposición a vomitar, dése a beber agua libia y escítese el vómito. Con frecuencia se miran los síntomas de ardor y sequedad de la garganta como dependientes de la acidez del estómago, y se emplea al momento la magne- sia; en este caso es enteramente inútil. Sucede también que se los conside- ra como efectos de un veneno cáustico, y se dan a beber aceite y leche;: tampoco producen efecto. Los ácidos son el único medio que puede aliviar* Luego que el estómago esté desocupado, tómese vinagre aguado, y emplée- sele en lociones y eu gargarismos. Debe darse la preferencia ni zumo de li- món . Para variar, dése azúcar, si los ácidos cansan. Puede igualmente permitirse una laza de café, y todavía mejor una infusión fuerte de té ne- gro. No obstante, si la sequedad persiste o aparece siempre, si después del uso de lavativas mucilajinosas no hai deposiciones dése bry. y espérese tran- quilamente seis horas. Si algunos síntomas se alivian, pero por poco tiem- po, repítase la bry. Siempre que haya agravación, empléense lavativas com- puestas solamente de agua tibia mucilajinosa, acidulada con el vinagre o el zumo de limón. Loque bry. no quite, cederá a veratr. oaa id. phosph-, si quedan todavía síntomas de parálisis o de atrofia, entonces ars. es algu- nas veces útil. Se desarrolla en los hombres y en los animales enfermos, cualquiera que sea el jénero de afección que lengan, una especie de miasma, análogo al que hemos visto, que se produce en las sustancias animales en descomposición. Esle miasma varia como las enfermedades que le enjendran. De una influen- - ia poco marcada algunas veces en los individuos que reciben su impresión, MEDICINA doméstica. 20t> se hace en otras de una acción mui poderosa cuando penetra en el estóma- go o en el torrente circulatorio. Es mui bien hecho ponerse al abrigo de las emanaciones de los enfermos, y por un movimiento puramente instintivo de repugnancia, se siente uno advertido de su nociva influencia. Desde en- tonces, es preciso tener la precaución de no servirse de las ropas de lienzo y de los vestidos de las personas que han estado mucho tiempo y gravemen- te enfermas. Pero no se tiene bastante prudencia respecto de esto, y nos precavemos mui poco en cuanto a los animales enfermos, y deben aumen- turse lus precuuciones. Se sabe cuan peligrosa es esta emanación en el muer- mo, que puede trasmitirse al hombre bajo las apariencias de una enferme- dad diferente. Los escrementos de los animales enfermos son todavía mas nocivos; su saliva y la materia icorosa que fluye de sus úlceras y de sus abscesos son siempre tóxicas. No se deja de malar cerdos cubiertos de pús- tulas y de exantemas para que sirvan de alimento, aun teniendo la certeza de que su carne es nociva. La enfermedad mas peligrosa, en esto orden, es el carbunco del ganado vacuno. Su veneno puede, con solo caer sobre la mano, tener un efecto contajioso. Se ha visto sobrevenir este accidente por desollar estos ani- males, práctica a la que solo se entregan las personas por codicia y por ig- norancia. Lo mismo sucede en la preparación y el curtido de la piel. Su car- ne es un veneno aun cuando esté salada y ahumada, ocasiona siempre la muerte o una enfermedad lenta e incurable. La ufeccion del bazo es la causa constante de esta enfermedad carbunco- sa ; se conoce en los animales en un estado de tristeza repentina, en el va- ciamiento, en el temblor que esperimentan sobre todo después de darles de beber, en el calor seco, en la respiración corta : durantela manifestación de estos padecimientos es cuando se forma el carbunco. Si no se puede sal- vur a los aniniules con fuertes y frecuentes aspersiones de agua fria o con el arsénico, la muerte sobreviene mui pronio. En este caso, se atenderá a pre- servar a los demás animales con el uso esterno del agua fria. Se deberá enterrar a bastante profundidad al animal muerto, y se tendrá gran cuida- do de no tocarle con las manos. Todo lo que haya tenido el mas lijero con- tacto con él debe ser quemado, enterrado o purificado con agua clorurada (disolución de cloruro de cal). El individuo al que ha sido comunicada esta enfermedad se siente abati- do, débil, friolento, se le presentan acá y allá algunas manchas con un pun- to negro en medio, que se convierte bien pronto en un grano azulado y después en un carbunco gangrenoso. Es preciso guardarse de aplicarle ca- taplasmas, ni nada caliente y húmedo; practicar una sangría es muí nocivo. Los únicos medios convenientes son el reposo, la dieta ausoluta, acompaña- dos de una gran cantidad de agua fresca al interior y ul esterior, cuidundo de enjugur el tumor al instante. Se lomará al mismo tiempo ars. que se re- petirá a cuda agravación. Los objetos infectados por un caballo deben ser sometidos a las lociones de agua clorurada; no obstante, pueden todavía perjudicar mucho si no se les espone bastante tiempo al sol. Si una persona ha tocado a un caballo afectado de carbunco, y ha sido infectada por esto, debe esponer la parte coniaminadaala acción de un calor fuerte, como se aconseja para las mor- deduras de las serpientes. Si se han declarado ya los síntomas de infección, dése lach. cada seis, ocho o diez horas ; y si esto no alivia, acid, phosph. , v si este último no produce efecto, ars. Después si es necesario.se puede dar sulf.: y si pasadas algunas semanas todavía no han desaparecido totalmente 506 medicina" doméstica las consecuencias de la infección, cale carb. Eslos diversos medios se admi- nistrarán cada cinco o diez dias, y no se repetirán mientras continúe el ali- vio. Los caballos pueden curarse con frecuencia con acón., rhus. y ars. De los envenenamientos g»or lesiones esternas o ino- culación. Las picaduras de las arañas, de los cientopies, de las escolopendras ar- madas de un dardo en la boca, de los escorpiones que tienen su lanza en la estremidad de la cola, de las abejas, de las avispas, de los abejones, de algunas especies de moscas, de las chinches con su chupador, rara vez son peligrosas; pero frecuentemente se hacen mui incómodas, y pueden tener consecuencias molestas, por la multitud de Magüitas que dejan si atacan las partes sensibles, como se ve en los niños y en las personas impresio- nables. El medio principal en esle caso, es el alcanfor y lavarse con agua fria. Si se puede cojer el insecto que ha hecho la picadura, se le despachurra y se le aplica sobre la parle afecta. Si se puede soportar el ardor del fuego, se aproximará al mal, ya un carbón hecho ascua, ya un estilete de hierro enrojecido al fuego, ya un cigarro puro encendido, ya una pipa, todo lo cerca que se pueda, y hasta que haya desaparecido el dolor. Cuando se encuentre uno perseguido por las abejas, cuídese bien de no espantarlas ajitando las manos, porque esto es enteramente inútil y no hace mas que exasperarlas. Si, después de haberse uno librado de un primer alaque acaecido en la proximidad de un bosque de lomillos, vuelve a ser sor- prendido por un nuevo enjambre, y se le colocan a uno en la cabeza, si no íiai en las inmediaciones agua en la que poderse sumerjir, no queda en- tonces otro recurso que echarse en lierra boca abajo resguardando las orejas y las sienes con las manos y permanecer en esla posición hasta que los insectos se hayan marchado. Se mojarán las picaduras con saliva, y des- pués se las rascará con las uñas de modo que se haga salir de ellas el dar- do y el veneno. Después, se les aplicará tierra negra y fresca que se cojera lo mas profundamente que sea posible, la cual se renovará tan amenudo co- mo el dolor lo exija, o también sé raspa greda sobre la picadura^ la cual alivia instantáneamente. Se puede también frotar con miel las partes vulne- radas, o emplear uno de los medios precitados. Si una abeja llega a picar en los ojos o en la boca, entonces es bueno servirse de miel ; se hará todo lo posible para hacer salir el dardo de la boca rascándose, y del ojo por me- dio de unas pinzas finas. Enlónces es cuando se hace respirar el alcanfor, o se dan bell., arn. y puls. Lo que acabamos de decir respecto de las picaduras de las abejas se aplica a las picaduras de las avispas; solamente hai que advertir que en las pica*- dura de las avispas, asi como en las de todos los demás insectos, el dardo no queda en la herida.—Se cuidará de recomendar a los niños que no muer- dan, o que lo hagan con precaución, las manzanas o peras podrida?, porque con mucha frecuencia se encuentran en ellas avispas, y una picadura en la boca no deja de ser peligrosa. En los casos en que las picaduras hayan sido hechas en parles mui sen- sibles, y haya rubicundez, hinchazón y fiebre, hágase aspirar el alcanfor liasia que produzca alivio. Si se aumenta la inflamación, dése acón.; si es- te medio es insuficiente, arn. Si está inflamada la lengua y«con. desoues de MEDICINA DOMÉSTICA. 207 media hora no ha producido ningún efecto, ni am. después de una o dos horas, dése entonces'cada medía o una hora bell. una cucharada hasta que haya alivio manifiesto. Si estos medios no bastan absolutamente, dése del mismo modo mere viv. Si el ojo está inflamado, acón, y arn. alternados son un medio eficaz. Por lo demás en este caso es mejor no aplicar masque agua fresca Contra los dolores consecutivos que no desapareciesen des- pués de algunos dias, conviene las mas veces mere viv. Se llega a nuyentur los cínifes que han invadido una habitación, que- mando azúcar terciada en una badila de hierro enrojecida; algunos instan- tes después se abren las ventunus para que salga el humo y se cuida de volverlus a cerrar al momento. En cuanto a las picaduras que hacen, has- ta, para destruir su efeclo, frotar las partes picadas con zumo de limón. Cuando las picaduras de los insectos sean mui numerosas, no se las de- be hacer desaparecer con demasiada prontitud, porque esto lendria el in- conveniente que sigue a la repercucion de las erupciones; conviene dar primeramente acón., y algunas horas después arn., y si al dia siguiente no hai alivio hep. sulf. Este es el mejor procedimiento que se puede recomendar contra las mor- deduras de los insectos venenosos, y se debe continuar su uso mientras que persistan los padecimientos. Relaiivamente a la picadura de las serpientes, es importante saber en se- guida si el reptil es o no venenoso. Todas las serpientes venenosas lienen en la mandíbula superior los dientes que son mui largos y mui grandes. Los anímales de esta especie que lienen dos filas de dientes en la mandíbula superior y en la inferior no son venenosos. A consecuencia de la mordedura de una serpiente venenosa, se siente ordinariamente un dolor violento, lan- cinante y algunas veces quemante. Si la serpiente no es venenosa, bastará poner en la herida un poco de sal o de pólvora. —En el caso contrario, si la mordedura es venenosa, se colo- cará por encima de la herida una venda de dos traveses de dedo de ancha, o bien un pañuelo, o lo que se lenga a mano, aunque sea una correa, o una cuerda, que se apretará con fuerza y de modo que se impida que se dirija la circulación hacia el corazón. Se dejará esle aparato colocado lodo el tiem- po que el enfermo pueda sufrirlo, o hasta que haya pasado el peligro. El mejor remedio es la esposicion a un calor fuerte. Lo que mas pronto se encuentre es bueno, sea un hierro enrojecido o un carbón hecho ascua, y en caso de necesidad un cigarro encendido que se aproximará a la parte herida todo lo posible, pero no tan cerca que se queme la piel o se produzca nn dolor mui violento. Debe pues cuidarse de no quemar la herida, porque asi se destruirán los vasos sanguíneos. Luego que el instrumento que obra por el calor se enfrie, es preciso reemplazarle inmediatamente por otro en- rojecido también al fuego. Por consiguiente, se tendrá para este objeto un pequeño hornillo encendido constantemente. Este calor deberá obrar sola- mente sobre la herida, y en una pequeña circunferencia. No deberá soplar- se el instrumento que esté colocado en frente de la herida, porque con esto la piel se enfriaría. Si se tiene aceite o grasa se untará con ella la piel al rededor de la herida en la estension de dos o tres traveses de dedo, y se renovarán estas unciones a medida que se sequen. Si no hai ni aceite ni grasa, empléense el jabón y hasta la saliva. Se lendrá el cuidado de lim- piar con precaución todo lo que salga de la herida. Se continuará aplican- do el calor hasta que el enfermo empiece a esperimentar escalofríos y esti- rones, Si los escalofríos y los estirones sobrevienen mui pronto, se conti- 20$ MEDICINA DOMÉSTICA. nuará aplicando el calor por espacio de una hora, con lal que el enfermo pueda soportarlo, o hasta que hayan cesado los efectos inmediatos del ve- neno. Si se reproducen los padecimientos es preciso volver a empezar el procedimiento de lodo. Se emplearán al mismo tiempo, remedios al interior, un poco de agua salada o un polvito de sal, o de pólvora, o también un poco de ajo. Si a pe- sar de esto, persisten los padecimientos, dense unas gotas de vino o de aguardiente, o una media cucharada de café a la vez, haciendo esto cada dos o tres segundos hasta que el dolor haya cedido. Se vuelve a empezar del mismo modo siempre que el mal reaparezca. Si los dolores lancinantes se hacen mas vivos y se diiíjen de la llaga al corazón; si la llaga se pone azulada, abigarrada o hinchada; si hai vómitos, vértigos y desmayos, dése al instante ars. Si, a pesar de esto, los accesos se aumentan, se repetirá la la misma dosis algunas horas después. Si no hace nada, vuélvasele a dar a la media hora. Si hai alivio espérese hasta que desaparezca el mal. Si se han empleado dos o tres veces estos diversos medios sin éxito, dése bell.; scneg. es bueno algunas veces en infusión. Conira los dolores consecutivos y persistentes se hace uso con frecuencia y con ventaja de phosph. ae o al- gunas veces de mere. vio. Se ha recurrido algunas veces a la succión de la herida, lo que, en todos los casos, no perjudica sensiblemente a la persona que se encarga de ella, con tal que no tenga arañazos o aftas en la boca ni en loslabios. Sin embar- go es bueno enjuagarse antes con un poco de agua salada o masticar un ajo. Se debe hacer la succión con fuerza y de seguido, después de haber ensanchado y aplanado la herida estirándola con los dedos : y durante la suc- ción conviene dar friegas al rededor de la herida con fuerza, y diríjirlas.so- bre todo hacia la rejion del corazón. Inmediatamente después se frota la herida con un poco de sal pulverizada, tanta cuanta quepa en ella, o con pólvora, o ceniza de tabaco, o tabaco mascado, ceniza comun^ o en una pa- labra, con lo que se tenga a mano: sin embargo, los primeros medios son los mas eficaces. Mientras que se los aplica deberá el enfermo estarse todo lo quieto posible, porque cada movimiento y cada emoción de temor em- peora su posición. Las mordeduras de los perros u otros animales rabiosos, o también de cualquiera animal enfurecido, se tratarán desde el principio como las de las serpientes. Se hará y durará la aplicación del calor hasta que se declaren escalofríos^ y se repetirá tres o cuatro veces por espacio de una hora, hasta que la lla- ga esté cerrada y la cicatriz sea completa. La ustión de ía llaga, su inci- sión, el hacerla supurar y todos los demás medios crueles que se emplean en estos casos, son al menos inútiles, porque cuanto mas se mortifica la llaga, mas pronlaes la difusión del veneno en el organismo. Muchos médi- cos obran asi solo por darse importancia, o por satisfacer su deseo desor* denado y sanático de operar; por otra parte es sabido que esta especie de maniobras jamas ha producido el menor efecto ventajoso.—Después de ha- ber empleado los medios precitados, abandónese la llaga simplemente a sí misma, que ella sabrá hacer su cicatrización; se emplearán los medios que mas adelante se indican, por pura precaución, o cualquiera oíros que ins- piren confianza, y esto, hasta que la cicatriz haya tomado el color natural de la piel; se empezará de nuevo el tratamiento si la llaga se vuelve a po- ner dura, azulada, roja o inflamada.—Algunas veces después de siete dias, y umbieu mas tarde, y si el enfermo tiene bjeros accesos de fiebre, se le MEDICINA DOMÉSTICA 200 forma debajo de la lengua una vesícula, que es preciso abrir con las tijeras u otro cualquier instrumento, y despuesliucer que se enjuague con agua sa- lada.—Se ha empleado el baño de vapor como un medio mui eficaz. Si des- pués de haber sido mordido se puede recurrir a él bastantes veces, será de mucha utilidad. Empléesele inmediatamente a la menor apariencia de signos sospechosos, como si se declara una sed repentina eslraordinaria, escalofríos, repugnancia alasjbebidas, y horror a lo que brilla y contra la im- presión del viento, grande tristeza con abatimiento; puede emplearse el baño de vapor aun cuando hayan empezado los calambres. Este aparato de vapor se establecerá de modo que el vapor envuelva herméticamente al en- fermo, y no se escape la mas pequeña parte de él, que le prive de sus efec- tos. Si se han declarado los calambres, se envolverá al enfermo en una sá- bana de modo que tenga los pies y las manos sujelos; el cuello y la cabe- za deben estar libres.— Si se hace uso de este baño a fin de prevenir los accidentes, deberá durar dos horas, y si la enfermedad se ha manifestado, durar todo el tiempo que los calambres persistan. Como medio preservativo, puede emplearse por mañana y larde, hidrophob. que se repetirá cada siete dias, y eslo hasta que sobrevenga fiebre, diarrea, una hemorrajia u otros síntomas semejantes; después de lo cual se dará canih. 3 todos los dias ; hasta \a reacción morbosa. Si se manifiestan erupciones a la piel, no hai que combatirlas Con remedios esteriores, sino dejarlas que desaparezcan por sí mismas. Si después de haber empleado estos diversos medios, cuando me- nos se declara un verdadero horror al agua, entonces el mal será mas fácil de atacar. Si se declaran los sínlomas de hidrofobia se dará bell. t al prin- cipio de las convulsiones. Si la intensidad del acceso se aumenta, repítase oirá vez y continúese mientras que se acrecienten los accidentes; y si se mantienen en el mismo grado, dése hyose r diluido en agua. Si este no ha- ce efecto, dése canih. t (1). En cuanto a todos los demás remedios que se preconizan contra la hidrofobia y los que constantemente y por todas punes se estaíi inventando, ningún caso se debe hacer de ellos, porque ninguno ha curado jamas a un perro rabioso. No se les dá un gran crédito mas que como preventivos del mal ; pero, como por regla jeneral, de veinte perso- nas mordidas, solo una se pone rabiosa o es atacudu de hidrofobia, hayan- se empleado o no estos medios ; jamás se probará que hayan prevenido la enfermedad en las otras personas, porque en muchas no es mas que imaji- naria, y entonces lodos los medios son buenos. He aquí por qué no se pue- de fiar en las virtudes tan alabadas de estos ajenies. Desde entonces es un absurdo esponer a todo individuo mordido a las diversas torturas, del fue- go, sangrías abundantes, etc. En la mayor parte de ellos, todo esto no es necesario, y en los que el veneno se ha introducido realmente no sirve pa- ra nada. Entre los medios vulgares deben señalarse las lucérnigas, o gusanos bri- llantes ; pero esto necesita ser examinado. (1) Siendo diferente el tratamiento de la hidrofobia de la edición inglesa del de la francesa, hemos creído conveniente ponerle a continuación. (N. del T.) He aquí el tratamiento de la hidrofobia según la edición inglesa: «Si se declara « la hidrofobia, dése lach., al principio de las convulsiones: si el acceso siguiente « es mas fuerte, aguárdense otros dos o tres mas antes de repetir la dosis : si es me- « nos fuerte no debe darse nada* Luego que el acceso vuelva a hacerse mas violento « repítase la misma medicina, y si no hii variación continúese con ella por espacio « de tres horas. Cuando se vea que no ts eficaz lach., dense bell. o hyose. » 28 210 MI'DICINA DOMÉSTICA. Si a consecuencia de la mordedura de un animal furioso, o aun del hom- bre, se declaran accidentes desagradables o abcesos, empléese hidrophob. Cuando una sustancia animal en putrefacción, ora sea pus o materia en detritus procedente del hombre o de uu animal, ha tocado a una herida, dése ars. alb. Si caen en la llaga sangrel o saliva procedentes de animales enfermos del bazo, se emplearán los remedios recomendados en lu páj. i22 en que io trata del muermo de loscabullos. El remedio principul que puede emplearse en estas circunstancias, y de- be aplicarse en seguida, es el agua clorurada que se encuentra eu todas lus boticas. En toda mordedura de animal furioso, en los casos en que ha habido impregnación de los jugos morbosos pútridos y de sangre alterada, cuando se ha tenido precisión de tocar a lo£ animales o ul hombre atacados de enfermedades contajiosas o peligrosas, el mejor medio será tener espuestas las manos a un calor tan elevado como pueda resistirse, por espacio de cinco o diez minutos, después de lo cual se lus lavará esmeradamente con agua caliente y jubón. I.—De las hernias o lesiones mecánicas. Las conmociones del cuerpo a consecuencia de una caida, de i\n golpe o de cualquier olro accidente de la misma naturaleza, pueden producir dolo- res y padecimientos de diversas especies. Las parles internas esperimenian algunas veces por estas causas una especie de estension o dislaceiación; sobrevienen entonces dolores que se aumentan ul diu siguiente, como do- lor de cabeza violento, vértigos, padecimientos del pecho, respiración cor- ta, tusiculación, esputo de sangre, dolor en los ríñones, dolores de estirón y otras especies. El remedio principal en eslos diversos casos es am. El en- fermo deberá estarse todo lo quieto que sea posible, beberá agua fria en abundancia, lavará a menudo las parles que padecen con agua fria, se abs- tendrá de comer y beber cosas estimulantes, vino, aguardiente, café, té, especias, sal en exceso yacidos. Si en medio de todos sus padecimientos el enfermo hubiese esperimentado un sentimiento de terror o de susto violento se le dará op., y algunas horas después or». Si se encuentra mal y ha per- dido el conocimiento en el momento del accidente, bastará mojarle la cabe- za, la cara y los brazos con agua, y administrarle acón, o; y cuando haya recobrado los sentidos, o después de algunas horas, arn. La sangría en esle caso es enierameiite inútil; porque siempre se puede moderar la iuílamacion con acón., y favorecer la curación con am. Si esperimenta dolores abdominales una mujer embarazada, a consecuen- cia de una caida, un mal paso, o cualquiera olra conmoción violenta, loque sucede principalmente en los primeros meses del embarazo, y de lo que puede resultar el aborto, se encontrará bien con arn. guardando una com- pleta quietud; estará fechada durante algunas horas, y procurará evitar por espacio de muchos dias toda clase de esfuerzos o fatigas. Si después de ha- ber lomado arn. los dolores son lodavia viólenlos algunas horas después, dése cham. o algun otro medicamento de los indicados en el abono. Si después de uua conmoción qgedan dolores de cabeza, y arn. no ha producido ningún efeclo, dense bell. o acid. phosph., según los sintonías que están indicados en el articulo dolor de cadlza. MEDICINA DOMÉSTICA 211 Arn. es mui útil contra las violentas contusiones del pecho, rara vez se necesita recurrir a acón, o a rhus. [Véase mas adelante el artículo relativo a los padecimientos del picho dkrrcnüadura y esfuerzo. Cuando se ha hecho uno daño interiormente después de haber levantado un peso enorme, o cuando se le ha levantado con mucha precipitación, o cuando se ha llevado un gran peso, dése rhus. S¡ después de esle accidente hai dolor de cabeza, y rhus. no produce efecto, dése a oler una vez cale carb. Si los dolores son violentos y lancinantes, y cuando se aumentan a cada movimiento del cuerpo, sobre lodo en los ríño- nes, dése bry.; si después de esto no hai alivio sensible, dése sulf. Cuando el cuerpo eslá envarado como en una fuerte tensión, y cuando se han hecho esfuerzos excesivos o se ha recibido algún golpe, como encara- mándose sobre una pared, luchando al aire libre y cuando algún tiempo después se encuentra uno mal de repente con ganas de vomita»-, dolor vio- lento en una parte limitada del vientre, y cuando se esperimenta una sensa- ción come si todo quisiese salirse por aquella parle, lo que produce al enfer- mo una grande inquietud i mucha ansiedad, y le obliga a hacer movimien- tos involuntarios desordenados, con un semblante que espresa un terror mortal, entonces se dura una o dos veces veratr. Se preferirá G o 12. Des- pués de lijeras derrengaduras que se sufren liabitualmenle, lómese cada vez sep. malpaso i\ troplzon. Produce algunas veces dolores semejantes a los del esfuerzo; entonces conviene administraran/.; mas rara vez rhus. Si se esperimentai¡ padecimientos del estómago bry. o puls. Cuando suceda que se dé un tropezón a consecuencia de una debilidad natural, se lomará cada vez phosphor. magullamientos o contusiones. No pueden curarse estas lesiones mas pronto que lomando interiormente arn., y cubriendo las partes contundidas con compresas frias. Pero si se agravan los dolores y sobreviene fiebre, se dará acón.; y seis u ocho horas después arn. Es raro que algunos dias des- pués sea necesaria una nueva dosis de arn. Cuando un miembro ha sido completamente aplastado en una de sus parles, debe tratarse de restable- cerlo y consolidarlo por medio de un apoyo de cartón a fin de mantenerlo en su posición nalu.al; se le comprimirá de cuando en cuando con cuidado para volverle a su estado normal. Son absolutamente inútiles toda clase de emplastos o de fricciones, y las mas de las veces son perjudiciales. Adop- tando los medios que se acaban de indicar, el uso del agua fria y un réji- men convenieifle, se consigue la curación mucho mas pronto que con ei auxilio de ningún otro procedimiento—En los individuos de mala salud, y en los que la supuración se hace abundante, se dará a oler algunos dias después hep. sulf. Si se ha descuidado uno en emplear estos medios y la inflamación pasa a la gangrena, dése chin. Nunca se debe proceder precipi- tadamente a la amputación; muchas personas que se han resistido a este remedio estremo han conservado su miembro. Si en este magullamiento ha sido herido un hueso, la tibia por ejemplo, ya consecutivamente a un choque, a una caida o a un golpe, entonces será preciso emplear compresas empapadas en agua fría, en la que se hayan puesto algunas gotas de symph. Este medio es eficaz sobre lodo cuando la lesión es mui violenta, y cuando parece que el dolor parte del centro del hueso; sí los padecimientos se hacen senlir al esterior, y si son mas fuertes por el tacto, o cuando la parte está roja, y cuando esta rubicundez se es- tiende rodeándose de una aureola rosada, y asi como en toda caida leve, em- 2hi MIHIC1NA 1KVMÉST1CA. pléese rut. o bien el jugo de esta planta, al interior y al esterior, como se acaba de decir del symph. de los ciiiciionks. Los chichones que se hacen los niños en la cabeza, nunca deben ser comprimidos con cuerpos planos, si son el resultado de una fuerte caida. Apliqueseles agua fria con compresas, y dése arn. Si a pe- sar de estos cuidados el mal se agrava, si el niño, ul menor movimiento de la cabeza, esperimenta vértigos o dolores, o desvanecimientos, si ajílala cabeza sobre la nuca estando echado, si se declaran fiebre y convulsiones, entonces es de temer que se forme un derrame en el cerebro: dense bell. o hyose o también hell. nig. Las gontusiones de los ojos a consecuencia de i\n puñetazo, de un palo, de una pedrada o cualquiera otro accidente, se tratarán como en los ca- sos precedentes; pero cuídese de renovar las compresas con frecuencia a medida que se calienten o incomoden al enfermo; tápense umbos ojos con- venientemente dé modo que se impida que hieran la vista el aire o la luz. Se darán alternativamente acón, y am , y siempre que los dolores se ha- gan mas vivos. La contusión consiste en un dolor violento que se esperimenta en un miembro a consecuencia de una caida o de otra causa mecánica. Cuando no se puede mover sin dolor el miembro contundido, cuando se inflama y se pone rubicundo convieue aru., y después se podrá recurrir a bry. Se apli- carán siempre compresas frías; se tratará al mismo tiempo de mover el miembro de cuando en cuando, pero no obstante sin fatigarlo. La luxación consiste en la salida del hueso de su articulación. En este caso, los dolores son excesivos; el movimiento es casi imposible, y va se- guido de grandes dolores. Esplorando el mal, se asegura uno fácilmente de que el hueso se ha dislocado, ya tocando la parte, ya comparándola con el otro miembro. Sucede también que el miembro se poneomas corto o mas largo, o que afecta cierta inclinación. Mui a menudo estos accidentes van acompañados de hinchazón, de dolores violentos, y en fin, de tensión en el miembro y de fiebre. El remedio mejor para el momento es arn., o sí se declara la inflamación acón, con compresas de agua fria. A falta de médico o de cirujano, es raro encontrar alguna persona que sea capaz de restablecer el miembro en «u posición natural, ya tire por encima de él, ya fe empuje hacia arriba. Fácilmente se comprenderá cuan imprudente es hacer ensayos al menos inútiles-; en consecuencia se mandará a buscar al momento a un buen cirujano; y cuanto mas pronto se haga será mejor. Así, en muchos casos, es preferible trasportar al herido en una camilla a casa del médico, aunque se tenga el trabajo de volverle a llevar después. Las compresas de agua fria y arn. producen siempre un grande alivio, y una vez compuesto el miembro es inútil hacer otra cosa; asi deberá continuarse con esto, pues cualquier otro procedimiento, ora sean sangrías, ora fric- ciones, etc., es nocivo. Hai que contentarse con hacer una cura convenien- te; pero luego que la inflamación empiece a desaparecer, lo que sucede des- pués del uso del arn. y en algunos casos después de el del acón-, se cui- riará de hacer mover el miembro con precaución, para que no contraiga rijidez. fracturas. Se reconocen las fracturas cuando a consecuencia de una le- sión mecánica o de un movimiento repentino y violento, se siente en el mismo instante en un punto de hueso un dolor punzante, y cuando tocán- dole se le encuentra mas grueso y desigual, o cuando se advierte un vacío mui sensible, o si el miembro se pone mas corlo o se dobla; y si la fractura MEDICINA DOMÉSTICA. 213 es incompleta y las partes uo están divididas, el miembro se encorva. En esle caso, no puede servir para ningún movimiento, y si siente en el nunto fracturado como una nueva articulación, todavía se le puede mover. Aproxi- mando entonces el oido, se oye claramente la crepitación de los puntos fracturados. Hai que dirijirse en este caso a un cirujano práctico; porque es difícil reparar una mala operación. Asi vale mas esperar todo un dia para ir a bus- carle, que entregarse al primero que se encuentre en un momento de ur- jencia, porque la curación de los huesos fracturados no se verifica con prontitud. Sin embargo, en los niños no debe diferirse mucho. En los casos mas ordinarios, no bui grande inconveniente en esperar cuarenta i ocho horas. Con lodo, no debe perderse de vista la hinchazón que se forma y que se debe tratar covenientemente. Se recomendaiá que se mantenga el miem- bro en completa inmovilidad. Se aplicarán compresas frias ala parle afec- ta; se dará al interior, si ei enfermo está mui afeciado y pierde el cono- cimiento, acón., y algunas horas después arn. Si sobrevienen dolores mui violentos, dése cham. y después arn. En los casos mas raros en que el dolor se hace intolerable de lodo punto, y en que se declaran los ac- cidentes mas graves, se puede proporcionar algún alivio haciendo sufrir al miembro una lijera estensiou. Se le deberá rodear con una servilleta por debajo del sitio de la fractura, y se hará lo mismo por encima. A estos dos lazos se atarán dos cuerdas que se fijarán sólidamente u los dos estreñios de lu cama, y en esta situación, se ejercerán en el miembro lijeras y frecuentes estensiones. Después de haber puesto en relación los estremos del hueso fracturado, se dará symph. Procediendo así, sucede con frecuencia que la curación se efectúa mas pronto que de ordinario; sin embargo, si se hace esperar la curación y lasestremidades del hueso no se adhieren, como sucede princi- palmente en los viejos, échense algunas gotas de ácido fosfórico debilitado en agua de cal; se formará un precipitado que se dejará secar, y dése al in- terior un polvito de él cada tres o cuatro dias. de las heridas. Es preciso saber distinguir las heridas queso curan por sí mismas de las que necesitan de un tratamiento médico; es preciso cono- cer también el modo de favorecer la curación, o lo que conviene hacer en los casos mas graves, hasta que llegue el médjeo. Toda herida que no es mortal se cura espontáneamente, sin ninguna es- pecie de ungüento, drogas, fricciones, etc. Los remedios esteriores son casi siempre nocivos; también hace algún tiempo que los han abandonado las personas sensatas. Hai que limitarse a una cura conveniente, humedeciendo la llaga con agua fria. Si es necesario, dése al interior un medicamento cuya acción se auxiliará con el réjimen. La parte mus importante del tratamiento para curar una herida, es aproxi- mur sus bordes y sustraerlos así a lu influencia del aire. Las heridas peque- ñas superficiales se curan con la aproximación de los tejidos divididos, que se mantienen unidos por medio del aposito. La de los dedos a menudo di- ficultan las fuuciones de la mano por mucho tiempo, pero se cicatrizan prontamente en las personas sanas, si se tiene el cuidado de dar en segui- da un punto de sutura, operación bien sencilla cuando se está un poco ha- bituado a hacerla y que, por lo demás, es poco dolorosa,. Se aproximan los bordes de la herida con los dedos para detener la hemorrajia, pero de modo que se deje la herida a descubierto, y que se pueda aplicar el punto de :'.li MEDICINA DOMÉSTICA. sutura, que deberá hacerse con una aguja mui fina, enhebrada con una he- bra de hilo o de seda. Si la herida no liene mucha estension bastará dar un solo pumo de sutura. Se tendrá cuidado de no hacer nudo en la estremidad del hilo. Si la herida es profunda y forma ángulo, se dará una puntada en cada lado de ella con la aguja y se atan los hilos por encima; se los cortará y se continúa asi el punto de sulura empezado. En este cuso se empleará de preferencia un hilo corlo: así se evitan muchos dolores y quizá una desga- rradura inútil. Asi pues se procurará emplear varias agujas para hacer mas breve la operación. Si la herida es profunda y penetra en las carnes, se renunciará a los me- dios precitados por insuficientes; en este caso se empleará esparadrapo fuertemente aglutinante; se cortarán tiras que en el medio deberán ser mas estrechas que en las estremidades; y después de haberlas ablandado líjeramente al fuego, se las aplicnrá metódicamente de modo que la parle estrecha caiga sobre la herida. Esta cura se hará de modo que la aproxi- mación de los labios déla herida sea tan íntima en su superficie como en el fondo, y por esto convieue que las liras sean largas, a fin de darlas un punto de apoyo mas estenso. Entre cada lira se dejará un pequeño espa- cio, y principalmente en la superficie de la herida, para que si llega a es- tablecerse la supuración, pueda correr el pus fácilmente. v El miembro herido se colocará en la posición mas favorable para la aproximación de los labios de la herida y se encargará ul enfermo que guarde esla posición. En las heridas profundas de la cara, del cuello, de la cabeza, délos ojos, etc., es preciso algunas veces hacer una sulura mui larga, la cual solo puede practicar convenientemente un profesor. En las heridas penetrantes y otras heridas estrechas que tienen una gran- - de profundidad, no se doberá proceder como se ha dicho anteriormente, porque seria esponerse a no obtener mas que una cicrlriz superficial, mien- tras que en el interior se establecería un foco de supuración; sin embargo, si fuese posible comprimir hasta la profundidad de la lesión, aunque se cosa la abertura, puede hacerse hasta que venga el médico, porque siempre será preciso consultarle en este caso. Toda herida, ya se hayan dado punto de sutura o se la haya aplicado em- plasto aglutinante, se la debe curar de modo que se favoiezca la adherencia :ie sus bordes y jamas pueda penetrar en ella el aire, sin que no obstante sea comprimido el miembro con exceso. Si se puede cerrar la herida con un emplasto adhesivo sencillo, prefiéra- sele, porque siempre será mejor que el esparadrapo llamado inglés, el cual es las mas de las veces mui incómodo, porque los ingredientes que le componen producen a menudo inflamación. Por consiguiente, deberá cada uno preparar por sí mismo el emplasto como sigue: se machaca cola de pescado que se hará ablandar en agua, se añade agua hirviendo y un poco de espíritu de vino, y se hace cocer el todo hasta que la cola esté enteramen- te fundida: se fija después en una mesa un pedazo de lienzo o de tafetán y se estiende sobre él la cola. Cuando el lienzo o el tafetán se hayan secado se corta de ellos para el uso. Se puede también hacer entrar en la confec- ción de este emplasto, árnica, caléndula, hypericum, ruta, u otras plan- las cicatrizantes, y se podrá emplear en muchos casos con grandes ven- tajas. Cuando se quila la piel que cubre las partes huesosas, como las articula- ciones, los dedos, la rodilla, etc., resultan heridas que pueden hacerse de MEDICINA DOMÉSTICA. 213 mala especie; esle accidente, sobre iodo en los niños, no deja de tener im- portancia En este caso, he aquí lo que hai que hacer: se desprende con cuidado la película que lapiza la cascara de un huevo fresco y se la aplica sobre la herida por el lado que corresponde a la clara del huevo, y esto en la mayor estension posible. Aun que se curen las heridas como acabamos de indicar, puede sin em- bargo resuliar de ellas una hemorrajia; algunas veces, es necesario entonces aplicar a la herida compresas en muchos dobleces, cuidando de mantener- las aplicadas por medio de una venda que se apretará gradualmente. Para detener la hemorrajia, se auxiliará esta operación, humedeciendo a menudo el aposito con agua fria. En algunos casos, enteramente excepcionales, esto es también insuficiente. Si la hemorrajia se efectúa por una herida del cuello, de los muslos o de los brazos, y el aparato precedente no basta, es preciso apresuarse a ejer- cer una fuerte compresión en todo el miembro y eu una parte del cuello; y llamar al momento al médico. Si la sangre que sale de la herida es roja, rutilante y clara, y sale a sal- tos, la hemorrajia presenta entonces un peligro mucho mayor; no debe per- derse un instante en recurrir a los auxilios de un médico; pero hasla que llegue debe comprimirse el miembro por encima de la herida, porque cada minuto que se pierda, agrava el mal; Esta compresión se hará entre la he- rida y el corazón por medio de una servilleta cuidadosa y fuertemente apli- cada. Búsquese después el latido del pulso por encima de este aparato, hasta que se le haya sentido. Luego que se le haya edcontrado, se aplica sobre él un tapón de corcho en el sentido de su lonjitud, se le cubre con uu cabezal de lienzo y se fija el todo con fuerza con muchas vueltas de venda, de modo que se detenga la circulación. Algunas veces, después de hecha la compre- sión, la sangre sale con nías fuerza todavía, pero esto solo es momentáneo. Durante este tiempo se~ cuidará de aplicar agua fria o hielo a la herida. Se aceptan con frecuencia para detener lu sangre, prácticas enteramente inútiles y aun nocivas. Con la preocupación o la precipitación, se cubre la herida con muchos trapos para detener la hemorrajia, y no se hace con esto mas que ocultarla, se impide ademas que el agua fria penetre al través de este montón de lienzo.—En los -casoa mas graves se deberá aplicar un ap irato de compresión por encima y algunas veces por debajo, y estos dos apositos se unirán con una venda común de modo que no formen masque uno; se le mojará después con agua fria y se seguirán las demus prescrip- ciones. Frecuentemente se emplean para detener las hemorrajias, remedios em- píricos que todos son mas o riiénos nocivos, porque hacen mas difícil la cicatrización ensuciando la superficie de ia herida y depositando en ella cuerpos estraños de que tiene que desembarazarla el trabajo de la supura- ción: tales son el vinagre, toda clase de bálsamos, las telas de araña, el aguardiente, la yesca, agua de vejeto, colofonia, clara de huevo, sebo y otros de la práctica de las comadres y de las boticas. Cuando la compresión, el agua fria, el hielo y el reposo de nada sirven para contenerla hemorrajia, llámese u un médico, y hasla que llegue pro- cédase como sigue. Se echará sobre la lengua del enfermo un polvito de sal; si esto no sirve de nada, désele vinagre aguado; no se le debe hacer beber mucho y sobre todo ninguna coso caliente; coloqúese hiparte herida en una posición ele- vada, y cúidese de no comprimir ninguna parte del cuerpo. Si el herido se 2iG MEDICINA DOMÉSTICA desmaya no se le debe incomodar con el olor, de esencias penetrantes; este desmayo es saludable, porque durante esle accidente la circulación se efeciua con mas lentitud y se cuaja la sangre en la herida mus fácilmente por, la aplicación del agua fria. Solamente cuando el enfermo se ponga enteramenie pálido y lívido, y se advierta que hai movimientos convul- sivos de la cara o de los miembros, empieza el caso a hacerse gravísi- mo; entonces désele a oler chin, una vez en un tapón; después, si hai agravación, un poco de vino añejo puro, y en seguida, si es necesario, repitase chin. Los mismos medios deben emplearse en Jas hemorrajias fuertes; pero luego que la sangre se detenga, hágasele beber al enfermo agua fresca en corlas cantidades, y tan a menudo como la pida. Cuando la primera cura y el uso del agua fria no bastan para detener la hemorrajia, dése arn.; sino produce efecto dése ipec. En un ca^c >ir- jente se puede hacer uso de la materia resinosa empireumál'ca que rezu- ma en las.paredes de la chiminea, bajo la forma de golitas reljcieutes y resinosas: tómese como el grosor de un guisante y disuélvasele en una cucharada de aguardiente hasla que se ponga consistente, añádase medio vaso de r-gu-i, écheselo gota a gola en la herida, y eslo en caso que no haya sido posible propnrcíoniírse la creosota. Las picaduras de ¡as sanguijuelas corren algunas veces mucho y de- masiado tiempo, y se ha visto a muchos niños que se han muerto du- rante le noche a consecuencia de la hemorrajia. Lo mejor es no servirse de ellas.—Se detendrá la snepe en esle raso, colocando el dedo sobre la herida o comprimiéndola conveaieuieiii'vite y aplicá-ulola un taponcilo de cera de modelar, y ala noche inmediata se cuidará de observar de cuando en cuando ia cutn. — !/•" ni óuias precauciones deben tenerse de una san- gría hecha con ianena. — El enfermo mediante estos auxilios se dormirá descuiii.-u.io; pero se tundra siempre una persona a su lado para asegu- rarse de que no hai hemorrajia. Para obtener la mas pronta curación de una herida, es preciso cui- dar de limpiarla antes de hacer la cura. Si una herida contiene alguna porquería, arena, astillas, pedazos de vidrio, espinas de pescado, perdi- gones o tacos, o pedazos de vestido o de lienzo; si el hierro que ha hecho la herida estaba oxidado ; todas estas diversas causas agravan la posición y hacen mas difícil la curación. Así es que, téngase el cuidado de lavar la herida con bastante agua, y procúrese con el auxilio de in- yecciones hacer salir estos diversos cuerpos estraños. Si no se puede conseguir quitarlos a la primera vez , hai que contentarse con hacer una simple curación; bastará por el momento impedir la influencia del aire, y renovar con frecuencia este aposito. En todos los casos este jénero de heridas exije lu asistencia de un médico. Cuando una uña, una espina, una astilla o un pedazo de cristal se han clavado en el pié, no siempre se las puede sacar completamente. Sucede entonces que el cirujano se vé obligado a hacer una incisión crucial, y muchas veces sin éxito. En estos casos, debe introducirse en la herida un poco de bálsamo vulnerario, y el mejor en estas circunstancias es el del Perú; pero si no es fácil proporcionárselo se puede usar el del Cana- dá, y se aplica encima un cabezal de lienzo que se sujeta con una ven- da. Si se trata de una picadurra profunda, se la llenará poco a poco con gotas de bálsamo; y se renovará esta cura todos los dias, hasla que la he- rida esté curada en su fondo. Es mui esencial obligar al enfermo a que MEDICINA DOMÉSTICA 217 ande, aunque tenga dolores, porque el andar limpia la herida ¡ncesante- menle. Si sobreviene uua fuerte inflamación, recúrarse a las uplicacioues de agua fria al estertor; y al interior empléense los medios citados ante- riormente. Si una llaga en la planta del pié está enteramente cicatrizada, pero al andar se esperimentan en ella dolores violentos, debe suponerse que queda algún cuerpo eslraño en el pié; entonces se fijará al pié una plantilla de corcho, de cartón grueso o de madera compacta, a lu que se hará un agu- jero en la parte correspondiente al dolor, después se le encargará al enfer- mo que ande bástanle de prisa, y se le dará un glóbulo de silie. dos maña- nas seguidas; y si esto no produce efecto, siete dias después, hep. sulph., y otros siete dias después si todavía hai dolor silie—Este tratamiento jeneral* mente va seguido de la salida del cuerpo eslraño que estaba secuestrado en la herida. Si el dolor es superficial y la piel eslá unida y flexible en esle sitio, llágase una incisión para dar salida a la materia que sostiene el mal. Independientemente del detenimiento de la hemorrajia y de la cura de la herida, es necesario, para completar su curación, acompañar estos me- dios de un tratamiento y de un réjimen convenientes. En los casos de he- vidas estensas, el enfermo debe guardar una completa tranquilidad de cuer- po y de espíritu, beber mucha agua fria, y abstenerse de sustancias estimu- lantes, saladas, ahumadas, o que tengan especias, etc. Cuando se quita el esparadrapo, es preciso hacerlo de modo que se des- prenda a la vez, cojiéndole por las dos puntas y levantándole sobre el centro. Se le reemplazará inmediatamente con otro que se aplicará de modo qne la herida no quede entreabierta. Si eslá en buena posición no se lle- gará a la cura hasla que la herida se cicatrice. En eslío, convendrá reno- var a menudo el vendaje, sobre todo en 1as heridas que supuran mucho. Los hilos de lu sulura sé dejará que se caigan por sí mismos. El agua fria sirve no solamente para calmar el movimiento de la sangre y para limpiar la herida, sino que también, contribuye después a la cura- ción. En consecuencia, se humedecerán frecuentemente las compresas que cubren la herida, sobre todo si hai hinchazón, dolor y rubicundez. Cúbrase después el aposito con un papel o tela encerados, a fin de resguardar de la humedad u las demás partes. Al principio de la enfermedad se renovarán eslas abluciones tres veces por dia, después dos veces. Cuando la inflama- ción empieza a disminuir y la herida a curarse se las hará mas de llarde en tarde, y se las suspenderá cuando la inflamación haya cesado enteramente. Cuando uua herida haya supurado mucho tiempo y con abundancia, será preciso continuar el tratamiento, empleando el que conviene a las úlceras, como se dirá mas adelante, y en lugar de agua fria se empleará agua ca- liente. Toda herida dislacerada y por contusión, y cuyos bordes no pueden ser aproximados, se la reunirá sobre sí misma lodo lo posible, y se la tratará con agua fresca, salvo el aplicarla después agUa caliente si dejeneru eu úlcera. Toda herida situada sobre los huesos, ora sean los huesos de la cabeza, ora el esternón, ora los del cuello, las articulaciones de los dedos, los huesos de los ojos, sobre la tibia, ele, se la iratará siempre con agua fria, con eselusion de todo vendaje compresivo, de emplastos o aplicaciones balsámicas, etc. Solamente al principio, si hai que detener la sangre, se aplicará un aparato de compresión suficiente, e inmediatamente después una simple venda para oponerse a la acción del aire. Es preciso estar bien 29 218 MEDICINA DOMESTICA; persuadido de q.ie toda otra cosa, cualquier nombre que tenga, es mui no- civa, porque puede ocasionar úlceras que infaliblemente se estenderiun a la sustancia huesosa. Solamente pueden emplearse al esterior los ajenies que hemos indicudo al tratar de las fracturas; cuidando de hacerlo en di- solución acuosa. Debe favorecerse la curación de las heridas con medicamentos apropiados, y se los empleará luego que ti enfermo haya vuelto de su primera emoción y esté mas,tranquilo. Cuando se presenta fiebre, la piel está seca, y eí enfermo inquieto, dése acón., si su inquietud vu acompañada de grande exilacion, dése coff., si ha perdido mucha sangre, chin, cada seis, siete u ocho horas, o aun mas a me- nudo. Si hai alivio, dése uno de los medicamentos api opiados a los diversos casos de heridas. Arn. conviene mejor en las heridas por contusión que por incisión, asi como cuando la pane afectada se ha puesto parduzca o azulada, cuando se ha podido cerrar fácilmente la herida, cuando es simple y superficial. Calendul. conviene cuando la herida es por dislaceracion ; cuando es grande, abierta y profunda y difícil de cerrar; cuando después de cada cu- ra, el menor movimiento produce un dolor vivo; cuando hai desprendidos fragmentos de piel i la herida es irregnlar y como festoneada. Slaph. conviene en las heridas hechus con instrumentos cortantes, y cuando penetran profundamente en las earnes como una cuchillada, una cor- tadura con vidrio o por una operación quirúrjica, Hyperic. es bueno cuando la herida es debida a un instrumento punzante, dislucerante, contundente o cortante; cuando los dolores son mui violen- tos, y sobre todo si duran mucho tiempo y se parecen a un dolor de mue- las; cuando son en forma de rayos y se propagan a lo largo del miembro. Conviene también este medicamento a los niños, cuando a consecuencia de una herida lijera, lienen calambres y convulsiones. Si han sufrido la lesión los huesos, no se olvidarán ios medios que se acaban de indicar. Estos remedios se administrarán al interior en glóbulos y al esterior en tintura disuelta en aguu en la que se empaparán las compresas. En las personas de mala salud, estas heridas supuran mucho y se curan lentamente, entonces se dará cham.; si esto no basta hep. sulf.; cuando se forman abcesos silie Si los accidentes se presentan de modo que sobrevengan contracciones espasmódicas de la mandíbula, [trismo] no hai que detenerse un instante en llamar a un médico; pero si se présenla un caso de esta naturaleza, de nin- gún modo debe recurrirse a un médico ordinario; porque no podría reme- diarle; y si en esta grave circunstancia no hai medio de tener un médico homeópata, procúrese suplirle bisa o mal. Si el herido se queja de dolor en la nuca, de rijidez eslraordinaria que se estiende desde aquella al dorso; si esperimenta una lijera constricción de la mandíbula, si se asusta por la cosa mas pequeña, y se pone mui irritable por el menor motivo; si no pue- de abrirla boca y tiene la respiración difícil, désele ign. lies o seis glóbu- los cada dos horas, hasta que se declare algún alivio. Si esta posición se agrava y las mandíbulas se hacen el asiento de un verdadero trismo con rijidez y tensión de los músculos del dorso, dése entonces mere; si esto no va seguido de buen resultado y sobre todo si el herido tiene la cara encen- dida, désele bell., si la cara eslá alternativamente pálida o roja, acón. En algunos casos en que el eufermo se pone frió, se remedia esto con bry. o MEDICINA DOMÉSTÍCA 219 veratr. Si e.l calor agrava dése sec Se concibe, no obstante, que una perso- na estraña a la medicina tenga dificultad para comprender estas diversas indicaciones. —Si al menor contacto o impresión se esperimenta una crisis, el principal remedio es ign. ; si esto depende de la lesión de un nervio hi- peric.; si se presenta rubicundez al rededor de la herida, rul.; si se ha to- mado ya mucho mercurio angust. Se hayarán también medios mui útiles en rhus. tox. , hyose, stram., campk. etc., pero es preciso saber elejir el momento oportuno de emplearlos. A veces sangran mucho liempo las heridas que son consecuencia de la estraccion de un diente o una muela. El vinagre es siempre nocivo ; se procurará detener la sangre con agua fresca; si esto no basta apliqúese a la mandíbula un taponcito de lienzo o un pedacito de corcho, y téngasele apretado hasta que la sangre deje de salir. Si tampoco esto no es bastante, empléese agua de hollín, como se ha dicho anteriormente, empápese en ella un trapo y colóquesele en la herida alveolar; sise desenvuelven mucha hinchazón y dolor, dése am., con fiebre acón. Algunas veces será útil al- ternar estos dos remedios. Si se siente frío, y estos medios han sido insu- ficientes, rhus. tox. , y bry. podrán emplearse ventajosamente. En caso de dolor pulsativo e insoportable del hueso, que puede ir acompañado de fie- bre, dése hyose ; si hai hinchazón de la encía y supuración abundante, si- lie cada siete dias, hasla completar la curación. Cuando los niños a consecuencia de una caída han recibido una fuerte conmoción en la cabeza, vomitan, gritan poco o dan griios ahogados, si tie- nen un sueño largo y penoso, dése siempre arn. y cuídese de que no cojan ni frió ni calor; „0 se fes (je t1 beber ni comer nada estimulante, ni se les deje dormir mucho tiempo; y luego que sobrevengan convulsiones y fiebre, dése bell. y téngase mucho cuidado de que no cojan frió; si esto no basta, hyose ; si llevan a cada instante el dedo a la nariz, cin.; si tienen mal es- tar, inquietud, si ajitan la cabeza en la almohada, y tienen grandes deslum- bramientos, no solo después de despertar o por la noche en la oscuridad, {lo que es natural), sino que también durante el dia, dése bell.; si esla es insuficiente, aun después de una segunda dosis, dése cuatro o cinco horas después hep. sulph. que se dejará obrar por espacio de algunas semanas ; si, a pesar de esto, quedan algunos síntomas de este estado, si la cabeza se abulta poco a poco, y entre las suturas se hincha la piel y al tocarla de- ja sentir una lijera pulsación, dése cale. carb. En todos estos casos, es to- davía mejor llamar a un médico homeópata. Las heridas de la cabeza, en la que están fracturados los huesos, como lus de la cura, del cuello, del pecho, del vientre, en fin, lodas aquellas eu que las articulaciones están desorganizadas, deben ser tratadas por un médico. Cuando un miembro ha sido magullado o Aplastado parcialmente, se le puede conservar algunas veces aplicando compresas de agua fria o de hielo, y dando interiormente arn. y algunas veces acón., alternativamente; aun en el caso en que se declare un principio de gangrena, todavía es posible salvarle dando chin. , y después cuando la piel empieza a ponerse negra * lach. Sin embargo a un médico corresponde solamente juzgar de la oportu- nidad de lo que hai que hacer, y aqui no hacemos mas que proponer los medios que convienen cuando el enfermo se resiste a la operación o que no haya un cirujano bastante práctico pura hacerla, o si ha pasado el momen- to favorable para amputar. En las grandes ¿bridas del abdomen, a consecuencia de las cuales existe 220 MEDICINA DOMÉSTICA lina ancha abertura por donde salen los intestinos, no debe abandonarse ul herido, aunque parezca que este grave accidente presenta el mayor peligro, porque a menudo pueden ser fácilmente curadas. Procédnse desde luego a colocar los intestinos en su lugar, pero no sin haberlos limpiado en caso de qne estuyiesen sucios, lo cual debe hacerse lavándolos con agua tibia, sin frotarlos, procurando que no caiga una gota de agua en el vientre; cuí- dese de no cojer los intestinos.con las manos desnudas sino al través de un trapo, y de no permitir al enfermo lomar ni oler nada. Solo cuando el herido esté enteramente indiferente y atolondrado, désele op. ; si está exaltado fuera de sí coff. ; si se presentan calambres y convul- siones, ign. ; si se pone pálido, con la nariz afilada y las estremidades frias, chin.; pero luego que haya pasado la primera emoción, arn. o calend. Si no puede encontrarse un médico, cósase la herida con hilo encerado, pero con el cuidado de dejaren la parte mas declive una abertura que se cubrirá con un vendaje para impedir que entre el aire, y trátesela como antes se ha dicho sin hacer otra cosa. Si después, como sucede algunas veces a conse- cuencia de esta operación, se declara un cólico violento, dése colocynih., y después todavía, si hai agravación, staph. Puede continuarse administrando alternativamente estos dos medicamentos, hasta que el eslado del enfermo inspire seguridad. En los casos mas graves, lach. y phosphor. han produci- do buenos efectos después de algunos dias. líe Sos euerpos eslraños introducidos en el organismo En los ojos. El lavarlos simplemente solo es útil para hacer salir el polvo; pero si la sustancia introducida es soluble, deben agravarse las incomodida- des con esta operación. El frote es todavía mas peligroso ; es mejor lavar- los, sobre todo cuando se tiene cuidado de meter el ojo en una vasija llena de agua. El aceite es un calmante contra los ácidos y las sales cáusticas, pe- ro ofrece inconvenientes contra el polvo de las cantáridas y de oíros insec- tos muertos. La clara de huevo es mui buena, cuando se han inlroducido en el ojo partículas agudas de sustancias minerales, de colores, o de cual- quiera otra cosa acerada. Si han entrado cal, ceniza, algún pedazo de color no fundido o tabaco, se encontrará alivio con el uso de la leche cuajada o la crema agrias. Si se ha entrado en el ojo un cuerpo pequeño que ocasiona una viva pre- sión, sepárense los párpados, y trátese de hacerle salir por medio de un pedacito de papel arrollado y mui flexible en la estremidad que haya de to- car al ojo; se le empleará a manera de un pincel. El ojo deberá moverse en todas direcciones mientras estén los párpados separados, y se examinará si hai en el interior otros cuerpos estraños. Será preferible para esto el papel sin cola, porque los cuerpos pequeños se adhieren a él mas fácilmente. Si se necesita introducir profundamente esta especie de pincel, mójesele antes en saliva. Los forjadores, por ejemplo, están espuestos a que se les introduzcan en los ojos chispas de hierro hecho ascua, que se adhieren fuertemente; se las puede hacer salir por medio de un pelo grueso doblado o una cerda que se introduce entre el párpado y el ojo y que se le mueve en todas direcciones,- o también con un limpia-oidos bieíi limpio.—El imán ha servido muchas veces para eslraer eslas partículas de hierro; el que quiera puede em- plearle. Como lodo frote es siempre nocivo, es preferible, sobre lodo en los ni- MEDICINA DOMÉSTICA. 221 nos, aplicar un pequeño aparato de compresas empapadas en agua fria y una venda. Frecuentemente los padecimientos se alivian con el sueño. Cuan- do hai rubicundez o inflamación del ojo, dése acón., que es también úlil cuando aun no ha salido el cuerpo estraño, y cuando se esperimenlan algu- nas dificultades para estraerle. Este remedio calma mucho los dolores, lo cuul es ventajoso cuando se está esperando a que llegue el médico; o a que se pase la noche, porque es mas fácil la inspección del ojo de dia. Si des- pués de haber continuado acón, el ojo sigue sensible y rojo, dése sulf. ; si este no basta, dése cale carb. después del sélimo dia. En los oídos. Si se han introducido insectos en un oido, permanézcase acostado sobre el del lado opuesto, a fin de recibir en el otro aceite gota a gota, hasta que llegue a dejarse ver el insecto, entonces se le sacará con un pedazo de papel arrollado. Si se introduce en el oido de un niño alguna cosa que sea susceptible de hincharse con la humedad como una semilla, un garbanzo, etc. , hai que apresurarse a sacarla, porque cada hora de re- tardo hace el caso mas grave. Tómese una horquilla y dóblesela en su cen- tro de suerte que forme un ángulo obtuso, lo cual puede hacerse fácilmen- te por medio de una llave, en términos que forme de esle modo una espe- cie de cuchara cuyas estremidades libres deben colocarse en un corcho. El que haya de proceder a la estraccion del cuerpo estraño deberá colo- carse detras de la oreja, la cual tirará hacia arriba y hacia la nuca, de modo que pueda ver en el conducto del oido lodo lo profundamente posible. Se untará con aceite el instrumento, y se le deslizará resueltamente en el in- terior del oido, de modo que se coja el cuerpo estraño por detrás, y una vez abrazado, se le levanta lijeramente y se le saca. Si hai inflamación y dolor en el oido, dése arn.; algunas horas después, puls. ; si la inflamación es tan grande que, la hinchazón del oido impide la estraccion del cuerpo estraño, dése entonces puls. ; si sucede por ejemplo, que el niño tiene fuertes dolores, fiebre, delirio, si se ajita con rabia, ya no basta puls. y es necesario dar bell.; y después, cuando queda dolor, se pue- de curar con sulf. Después qne los accidentes inflamatorios hayan desaparecido, procédase a la estraccion del cuerpo estraño. En la naiíiz. En este caso se dejará al enfermo que haga nna fuerte ins- piración ; se le tapa en seguida la boca a fin deque el aire salga por la nariz, o bien se hacen cosquillas en el interior de esta con las barbas de una plu- ma ose la estimula con un poco de polvo de tabaco. Puede también emplear- se para estraer los cuerpos estraños de la nariz, el instrumento descrito an- teriormente, dándole proporciones a propósito-para poderle introducir bas- ta la garganta. Es peligroso hacer muchas tentativas, y es mas prudente diirijirse a un médico, el cual ademas de intelijencia y práctica tiene instru- mentos adoptados a estos casos.—La inflamación que sobreviene e impide a veces operar, y la que se declara consecutivamente, se cura con acón, y arn. Cuando esto no baste, dense bell. y rhus. Conira los dolores persisten- tes y la supuración consecutiva, dése sulf. En la garganta. Procúrese echarlo fuera con fuerza y lo mas pronto posible, dando golpes al paciente entre las paletillas; hágase abrir la bo- ca ; deprímase la lengua con una cuchara y manténgasela fija en esta po- sición, para poder examinar la garganta y asegurarse de si hai en ella al- guna cosa que pueda cojerse con los dedos y sacarla. Si lo que se ha detenido en el fondo del gaznate es un bocado grande de comida, es urjente, a causa de su volumen y de su dureza, promover la re- 23$ MEDICINA DOMESTICA. gurjitacion, sobre todo cuando comprimiendo la garganta, »e advierte que el bocado se dirije hacia arriba. A fin de facilitar la regurjilación bastará hacer cosquillas en la garganta, y en caso de necesidad poner un polvo de tabaco sobre la lengua, o también se inyectará una infusión de esta misma sustancia.—Si puede uno asegurarse por el esleri->r de la presencia del bo- lo alimenticio, basta algunas veces una simple presión dirijida de abajo arri- ba para hacerle salir. Si se trata de un niño, es preciso empezar por ha- cerle arrojar con fuerza lo que ha tragado, sin i;<«e sea con demasiada vio- lencia. Si el bocado ha descendido ya bastante pura que no pueda vérsele examinando el fondo de la garganta, y al contrario ha llegado ya a la re- jion del pecho, es preciso favorecer su caida ai estómago, lo cual será tanto mas fácil y conveniente cu mto mas viscoso y diieslible sea. Si el pa- ciente nota que el bolo alimenticio empieza a desc ider, no haga nada, porque caerá por sí mismo ; solamente para ayudarle-; b"h \ á de cuando eu cuando un sorbo de agua, con tal que el cuerpo que se Ir detenido no sea de naturaleza capaz de hincharse con la humedad, ;jor¡vxe en este caso-, ■seria preciso lomar manteca derretida: o si la de<.^: - ■ ! os mui difícil, trátese de favorecerla con una varila flexible; o mejor \ Chamom. remedia los dolores de cabeza ocasionados por un enfriamiento o por el uso del café, cuando ocupan todo un lado de aquella hasta la bar- ba, y son dislacerantes y tirantes, agudos en las sienes, con pesadez por encima de la nariz o con golpeo muí sensible, especialmente si una mejilla está encendida y la otra pálida, o si la cara eslá hinchada y duelen los ojos, cuando se siente una especie de frió en el corazón o en el pecho, y el gusto de boca es amargo y pútrido. Este remedio conviene principalmente a los niños y a los individuos poco sufridos e irascibles. Chin, es apropiada a los individuos voluptuosos, cuando el dolor es pre- sivo e impide dormir, o cuando es dilacerante en las sienes desde donde parte en forma de rayos, o perforante en el vértice, en cuyo punto parece que está molido el cerebro: cuando el dolor es estremeciente, díslacerante, de golpeteo, q como si la cabeza fuera a estallar agravándose a cada paso que se da cuando se anda, a cada movimiento, y abriendo los ojos; o cuan- do hai alivio estando echado; cuando la piel eslá sensible al menor coniac- to; en las personas tristes; en los niños tercos, desobedientes y glotones, que lienen la cara pálida y solo alguna vez roja y caliente. 238 MEDICINA DOMÉSTICA Se da algunas veces ant. crud. en los desórdenes del estómago, o por consecuencia de un enfriamiento o de una erupción repercutida, de lo que resultan dolores que se hacen sentir principalmente en los huesos, o en las sienes y la frente, con sensación perforante, de estallido y dislacerante; cuando los dolores se alivian por el aiie fresco, o se agravan subiendo una escalera. Precedido de puls., surte mejcr efecto, cuando el estómago es'á desarreglado, y cuando a consecuencia de los dolores de cabeza se cae el cabello en abundancia. CciájC. es eficaz en el dolor de cabeza muí intenso, cuando el dolor es di- lacerante, unilateral, tirante, presivo y constrictivo; con presión sobre la frente, que se agrava bajándose o echándose sobre el dorso; cuando los accesos se presentan después de medio dia o hacia la noche, sobre el lado izquierdo, con una grande inquietud y ansiedad, particularmente si los su- dores tienen un olor urinoso, o bien si las orinas son raras y fétidas, al pa- so que durante los dolores su emisión es mui abundante y mui clara. Caps, se ha empleado algunas veces contra el dolor de cabeza pulsativo, estensivo, estallante y comprímeme con una sensación escénlrica; sí se agra- va por andar y el movimiento, o si los dolores son dislacerantes y lancinan- tes durante el reposo; cuando empeoran por el movimiento de la cabeza o de los ojos, como también esponiéndose ul aire y al frió; en las personas flemáticas, perezosas y susceptibles; o en los niños mui obstinados y difí- ciles de correjir, especialmente cuando lemen salir y rehusan el movimien- to, y sienten frío después de haber bebido. Cuando los remedios de que se ha hecho mención no obran pronto y de un modo favorable, pueden ensayarse los siguientes; los que convendrá ad- ministrar en disolución poniendo en un vaso de agua uno o dos glóbulos, tomando de ella una cucharada de las de tomar café cada dos o tres horas. Se empleará sulph. contra los dolores pulsativos y dislacerantes con lá- grimas y sollozos, principalmente si se presentan por la mañana o por la no- che; con náuseas, agravación al aire fresco y mejoría en la habitación; con dislaceracion sorda y presión que se siente incesantemente; con caida de los cabellos a consecuencia de erupciones y úlceras repercutidas, o de su- presión del sudor. Ars. conviene en el mismo caso, siempre que el enfermo se agrave en la habitación y se mejore a! aire fresco. Silie conviene cuando los dolores son pulsativos y a latidos acompaña- dos de calor y de conjestion a la cabeza; cuando son provocados por esfuer- zos intelectuales, por el habla o bajándose; con dolores nocturnos que van desde la nuca al vértice; con dislaceracion antes de medio dia, cuando el dolor se dirije a la frenie y sobre los ojos; cuando la cabeza se cubre de escrescencias, se caen los cabellos, y la piel se pone estremadainente sen- sible, y el dolor va eslendiéndose a la nariz y la cara y se suda con facili- dad por la cabeza. Sep. es útil sobre todo contra el dolor de cabeza lancinante o perforante, como también si es pulsativo en las sienes, o por bajo de una de las eleva- ciones frontales, en cuyo punto el contacto es insoportable y arranca ^ri- tos al enfermo, si hai náuseas y vómitos que se agravan por el movimiento pero que al contrario se calman cou la quietud absoluta, en la oscuridad- si cerrando los ojos hai propensión al sueño y se duerme fácilmente, desapa- reciendo los padecimientos cuando se despierta. Un dolor virulento de cabeza seguido de una grande debilidad , de indife- rencia y melancolía, es el indicio de alguna enfermedad grave, que puede MEDÍCTNA DOMÉSTICA 230 prevenirse por medio de verat. alb. y ars. alb. siempre que estos remedios sean apropiados al caso, cuando no, se dará acid. phosph. Cuando a consecuencia de la supresión de afecciones reumáticas, goto- sas o cutáneas, se esperimenla un dolor de cabeza intenso, conviene tenerlo presente, en cuyo caso se darán los remedios apropiados a estas enfermeda- des como se verá mas adelante. No debe perderse tiempo cuando a conspouencia de la retropulsion de la escarlatina, del sarampión, de la miliar, de la púrpura, se declara una ce- falaljia que es bien pronto seguida de delirio, o después de una fiebre cata- rral suprimida repentinamente, o durante el trabajo doloroso de la denti- ción: en este caso se empleará cupr. acet. Se dará la preferencia a la pri- mera trituración, se tomará un polvito mui pequeño que se desleirá en un vaso de agua y se administrará una cucharada de las de tomar café cada Cuarto o cada medio cuarto de hora. Si hai mejoría se dará mas de tarde en tarde. Para los adultos, la dosis será una cucharada de las de lomar dulce. Cuando haya un médico homeópata debe llamársele. Cuando el dolor de cabeza se fija en el fondo de la órbita, con punzadas al través del cerebro, acompañado de debilidad de los ojos, puede mirarse como un principio de ceguera. Si bell. ni sulph. en disolución no alivian con prontitud, debe llamarse a un médico homeópata. Cuando el dolor aparece siempre en un mismo lado, atacando profun- damente el cerebro, y el otro lado doi cuerpo eslá casi paralizado, con hor- migueo, espasmos y otros padecimientos análogos, la curación es muí difí- cil; no obstante, no debe descuidarse el reclamar los socorros del arte. Para la liña y los exantemas de la cara, véase mas adelante el artículo ERUPCIONES. caída de los carellos. Cuando nace tanto pelo como se cae, no debe ha- cerse olra cosa que lavarse, acepillarse y peinarse a menudo; pero sí el cabello disminuye de dia en dia, debe corlarse todos los meses en luna nue- va. Cuando se reproduce con una fuerza vejelativa pobre, puede remediar- se lavándose a menudo la cabeza con agua fria especialmente por la noche y cubriéndola después con un pañuelo; si esto no fuere suficiente, pueden ensayarse las lociones con cerveza. Cuando los cabellos están mui secos, son perjudiciales los aceites, las grasas y pomadas ordinarias ; deben prefe- rirse las lociones de cocimiento de salvado una vez por semana. En el caso de que los cabellos sean friables o quebradizos, o que estén cubiertos de grasa yd3 películas, conviene lavarlo cada dos o tres meses con una lejía lijera hecha con la ceniza de haya, lo que se practica mojando el peine en esla lejía, después de lo cual se lava la cabeza con agua común. Si los ca- bellos sé hienden, se untarán con grasa de oso, cuidando de cortar las es- tremídades cada dos dias, durante la luna nueva. Sí algunos puntos quedan absolutamente desprovistos de pelo, es úiil afeitarlos a menudo compren- diendo también los cabellos inmediatos; si este procedimiento no da resul- tados después de catorce o quince dias, se frota la calva una vez a la sema- na por la noche con media cebolla, o bien con la pomada de tuétano de va- ca, a la cual se añade una gota de tintura de cantáridas y se mezcla bien. Si a consecuencia de una violenta y larga enfermedad encalvece un indivi- duo, se lavará la cabeza con agua viva todas las tardes o lodas las mañanas. Cuando la calva es hereditaria lodos los medios Son ¡núlíles; si se presenta prematuramente, empléese la pomada siguienie: se derrite al baño de mu- ría el luélauo de vaca ; se echa en uua copa una sola gola de linlura de can- táridas, y se va añadiendo poco a poco el luétano de vaca fuudido movien- 2í() MEDICINA doméstica do sin cesarla mezcla hasla que la copa se llene. Preparada así la pomada, tómese lo que cabe en una cuchara de tomar café y frótese con ella la ca- beza cada tres o cuatro dias por la noche al acostarse. Si la caida del pelo es efecto de causas mui debilitantes, dése chin, y después ferr. acet. En la traspiración grasienta de la cabeza, chin puede serúlil. Si el pelo se cae a consecuencia de sudores abundantes, mere viv. es mui útil; después deluso de la quina, bell.; después del uso del mercurio hep. sulph. A consecuencia de enfermedades inflamatorias, de fiebres ner- viosas, hep. sulph., cale, silie, y lycop.; después de dolores de cabeza, a consecuencia de afecciones histéricas y gotosas, acompañadas de una gran sensibilidad que obliga a tener la cabeza cubierta, hep. sulph. y acid. nit. Después de dolores de cabeza producidos por desórdenes de las vias dijestívas lycop.; este medicamento conviene igualmente si se siente pica- zón en el cuero cabelludo y si al mismo tiempo está cubierto de películas furfuráceas. Si a pesar de estos diferentes medios no se consigue detener la caida del pelo, puede usarse el aceite de laurel o de almendras amargas, mez- clando una gota de estos con el tuélano de vaca fundido, o con el aceite mejor de almendras dulces, y frotándose los cabellos con una pequeña can- tidad de esla mezcla. La caida del pelo en las mujeres es, también ocasio- nada por trenzárselo mui apretado o mui flojo. B.—Enfermedades de los ojos. Toda especie de colirios, de bálsamos y de linimentos perjudican esen- cialmente a los ojos, porque casi todos contienen sustancias tóxicas; y si por casualidad en casos raros alivian alguna cosa, en el mayor número, provocan tarde o temprano una enfermedad mas grave y peor que la pri- mera. El que estime la conservación de sus ojos debe guardarse del uso de remedios venenosos, nocivos o por lo menos inútiles, tanto mus cuanto que hai remedios mui simples que administrados al interior, pueden siem- pre hacer mucho bien, especialmente cuando no se han atormentado los ór- ganos con malos remedios. £1 agua pura y fresca es el único colirio que conviene emplear^como medio eslerno; casi siempre es suficiente en los casos en que los ojos es- tán dolorosos, rojos y quemantes, y cuando hai complicación catarrul con tos; conviene iguulmente en los padecimientos crónicos de los ojos, con aversión a la luz uumentundo ésta los dolores, especialmente en un tiempo frió y húmedo; puede también aplicarse encima una rebanada de pan blan- co lierno. Siempre que no pueda soportarse el agua fria, o que el enfermo no es- perimente alivio alguno ; o si no solamente se queja de una sensación de ardor y una impresión de arena en los ojos, con aversión a la luz, sino también de dolores violentos con lagrimeo abundante y acre, debe prefe- rirse entonces el agua templada aplicada por medio de compresas, o de rebanadas de pan blanco, repitiendo este procedimiento mientras dure la agravación de los dolores. Si los ojos están mui secos, y los párpados se cierran espasmódicamen- te, úcese el aceite fresco de olivas. Cuando los ojos están afectados de erisipela, y esta se estiende por las partes adyacentes, no debe aplicarse ninguna humedad, comentándose so- lo con el uso de saquíios de salvado culieulc. Si los ojos padecen a cou* i ÑRDIÜINA DOMESTIC^, 2íl tenencia del contacto con el zumaque venenoso, no debe emplearse nin- guna aplicación eslerior, circunscribiéndose a los remedios internos que ya se han indicado en el artículo ex enenamiento. Pero el que absolutamente quiera hacer solo uso de algún medio esternó deberá tomarla clara de an huevo fresco, a la queso añadirá una cucha- rada de las de café de uzucur refinado y un poco de alcanfor, y después de bien batido hasta que haga espuma puede aplicarse esta sobre los ojos. Siempre se obtiene una curación mas pronta por medio de los remedios siguientes, renunciando enteramente durante su uso a la preparación pre- cedente. Los párpados pueden estar inflamados, rojos e hinchados, sin estar afecta- do el globo del ojo. En la hinchazón roja, con ardor y sequedad, dése aeon.; si el alivio que, se sigue a su administración es momentáneo, repí- tasele. Si los párpados están pálidos, de un rojo amarillento e hinchado, con un lustre casi transparente, y se esperimenta en ellos una sensación de ardor con tensión ; cuando hai grande acumulación de mucosidades no solo en los ojos sino también en la nariz, y por otra parte hai calentura, dése también acón., como remedio principal y el mejor: y si a beneficio de él no hai una curación completa, dése algunos dias despue shep. sulph., principalmente si hai un dolor presivo con una sensación de aplastamiento y de contusión en los párpados. Cuando el infarto es mui malo y acón, no ha producido mas que una pequeña mejoría, odiándolos párpados están mui inflamados y rojos con escresion de mucosidades o de pus ardientes, sulph. es preferible a hep. sulph., sobre todo si el enfermo abre con difi- cultad los ojos por la mañana y no puede soportar la luz. Si no hai una pronta mejoría, repítase acón, que da entonces mejores resultados. Si hep. s.ulp. no producé efecto, especialmente cuando los párpados están queman- tes y pruritosos con hinchazón y rubicundez de sus bordes libres; «i es- tos se pegan y sangran al abrirlos y tienden a volverse hacia afuera, o si se abren con dificultad y parece que están comoparalizados, dése bell. Si los párpados están inflamados en su cara interna, principalmente si están rojos, dolorosos y mui ardientes y que apenas pueden abrirse, dése an. alb ; pero sí parece que no se pueden cerrar sino con trabajo, si es- tán hinchados, si se abren con dificultad, si el dolor es mas 3gudo, si hai ■qlceracion en los bordes, o costras al esterior, adminístrese mere viv.; y si esle remedio no diese resultados satisfactorios, dése algunos dias después íiep. sulph. Cuando la cara interna de los párpados está inflamada, como suele verse a menudo en los 'recien nacidos y en los niños de alguna mas edad, si hai dificultad en abrir los ojos contruidos espusmódicamente, si hai tu- mefacción roja con emisión abundante de mucosidades, dése rhus. toxic. •eu disolución. Se administrará euphr. en las enfermedades crónicas y largas de los pár- pados ; cuando durante el dia son el asiento de una picazón molesta, cuando se pegan por la noche, están rojos y un poco hinchados, con ulce- ración de los bordes, húmedos y lijeramente supurantes, cuando hai pes- tañeo frecuente, aversión a la luz, catarro continuo, dolores intensos de cabeza, con calor en la misma. Si hai ardor y picor en los bordes, y si el contacto los pone mas dolorosos y como magullados, especialmente pol- la mañana, y en esta época del dia supuran, dése nux vom. , que conviene con frecuencia cuando euphr. no basta ; en el caso de que ni uno ni otro probasen, su recurrirá a puls. Ea la inflamación cou inversión de los par- 242 MEHÍCINA DOMÉSTICA. pados, con punzadas quemantes y picazón, o aunque aquella no sea dolo- rosa, dése mere. viv. : después si fuera necesario, hep. sulph. ; alguna vez puede convenir la minen bell. Si no fueran suficientes estos remedios, y los bordes de los párpados estuviesen enteramente rojos, con secreción do mncosklade» espeses eu Jos ángulos de los ojos, impresionables estos a fa luz, y con punzadas dolorosas, dése ant crud. Si el dolor es quemante e incisivo especialmen- te leyendo, dése sulph., que aliviará »n poco, y de1-pues ealc carb. quedará mejores resultados. Cuando se siente una grande picazón en el inlerior de los párpados, con agravación por la tarde y lagrimeo, dése chin. Eu la pi- cazón escociente con torpeza de los párpados eomo si estuvieran paraliza- dos, dése rhus. loxie Si hai contracción trspasniódica con oclusión hyose. si pesadez del párpado superior chamom; si tina grande sequedad no obstante de haber lagrimeo, dificultad en el movimiento y cal o ry dése verai alb. El orzuelo, se cura fácilmente con puls. ; puede también disiparse alguna vez tocána\.\'e con un chivo frió. El agua fria es nociva; es mas conveniente aplicar por toda una noche una cataplasma de miga de pan y leche calien- te. Si los orzuelos se reproducen a menudo dejando durezas sobre el pár- pado, o si no supuran y urjan induraciones, sobie todo cuando los ojos- propenden a cerrarse y supuran, ?n sus ángulos se siente escozor y ardor, o hai todos los dias colección de pus concreto, dése staphtf*. ; si quedasen induraciones sobre los párpados, dése a los quince o veinte días una dosis de cale. carb. o de sep. Thuya. curará los quistes que duran hace mucho lípmpo», que reaparecen con pertinacia, especialmente si se siente calor y sequedad en. los ángulos de los ojos, con lagrimeo al aire esterior. Cuando eu la inflamación de los ojos (oftalmía), enferman a la vez los pár- pados y los ojos, o bien solo se afecta el globo del ojo, el mejor remedio es sin disputa acón. ; especialmente si la enfermedad se ha manifestado re- pentinamente, y hace rápidos porgresos; si el globo del ojo eslá rubicun- do o cubierto de venas inyectadas de sangre, con lagrimeo y dolores agudos. Acón, en todos los casos mitiga el dolor y hace desaparecer principal- mente los simonías inflamatorios mas intensos, dando mucho mejores re- sultados ({lie las aplicaciones de sanguijuelas. Pero si el enfermo se queja de picazón, de presión, de ardor, de sensación, de escoriación en los ojos y en los párpados; si escuecen mucho los ojos, especialmente cerrándo- los, no obstante de tener necesidad de cerrarlos a menudo y de pestañear; si el enfermo se los enjuga con frecuencia, si le parece que están hinchados, como después de haber llorado mucho, con sensación de sequedad ^cuan- do los párpados se pegan por la noche, y durante el dia se esperiinentan punzadas y movimientos convulsivos frecuentes, en este caso el mejor re- medio es coce Cuando los ojos enferman a consecuencia cíe un enfriamiento y exisle catarro, dolor de cabeza, tos, ronquera, ele. , se emplearán los remedios siguientes : Nux vom. conviene cuando los ángulos de los párpados están mas en- cendidos que el globo del ojo, o cuando este se halla inyectado de san- gre, con sensación de escozor como el que produciría la sal ; cuando hai una sensación de ardor y de presión como si hubiera arena en ellos; cuando haya lagrimeo abundante, horror a la luz, especialmente por la mañaua, con calentura, y agravación por la mañana y por la tarde. MP.DICÍNA DOMESTICA. 243 Chamom. contiene principalmente a los niños, cuando esperimentan en los ojos pinchazos, presión, ardor, como si el calor irradiase, si hai por la mañana hinchazón y aglutinación de los ojos, o bien eslán secos, y si el enfermo sufre los dolores con inpaciencia. Bell, conviene cuando el blanco del ojo eslá enteramente rojo, o si hai una ingurjiíacion considerable de los vasos sanguíneos, con calor intenso, con lágrimas corrosivas y quemantes, o bien cuando los ojos están secos, mui dolorosos e impresionables a la luz, si los dolores son casi espasmó- dieos y se dirijen profundamente al fondo de la órbita, si la afección ca- tarral se ha pronunciado de lal modo, que se hayan ulcerado las narices, con granos al rededor de estas y de la boca ; si la tos es corla, seca, pe- nosa y convulsiva, y se manifiesta por accesos de larga duración. Euphr. conviene cuando se siente en los. ojos una fuerte presión, con escresion de mucosidades y lágrimas corrosivas, cuando los párpados se contraeu ; y todo el ojo eslá rubicundo, con grande dolor de cabeza y caiarro, y agravación por la noche. Ign. conviene cuando el dolor es mas intenso y menor la rubicundez ; si hai fuerte presión, abundante lagrimeo, grande aversión a toda claridad, catarro nasal intenso. Se repite este remedio si hai necesidad cada doce o veinle y cuatro horas. Puls. de cuyo medicamento se hablará detalladamente mas adelante, se emplea lambien alguna vez en esla especie de enfermedad de los ojos. Si no se ha administrado ya nux vom., se usará después de los otros reme- dios, para desunir la grande sensibilidad que ordinariamente queda en los ojos. Bell, conviene igualmente cuando ha padecido ía vista, o si se ven chis- pas, o se esperimentan ofuscaciones u oscurecimientos. Cuando a consecuencia de un reumatismo enferman los ojos, y el interior de estos se pone enteramente rojo y no pueden soportarla claridad ; cuan- do hai abundante lagrimeo corrosivo; cuando los dolores son lancinantes y dislaceranles, no solo interior, sino también esieriormente, y se siente agravación por el calor, he aquí los remedios que convienen: Cuando la inflamación se ha moderado a beneficio de acón, dése puls. si se sienten lodavia dolores lancinantes, perforantes y cortantes, si no pue- de soportarse la luz, si todos los síntomas se agravan por mañana y tarde; si ha habido repelidas recidivas que han desazonado al enfermo y le han ocasionado llantos, y si después de haber llorado se siente peor. Cuando los dolores se han mejorado con puls. dése bryon. Si queda to- davía rubicundez en los ojos; sí se siente en el interior de ellos un esco- zor quemante, o sensación dearenas entre los párpados; si hai agravación por la tarde y por la noche; si los bordes de los párpados eslán infartados, y si al abrirlos se siente dolor en la cabeza. Cuando después de la bryon., que no ha aliviado sino a medias; queda una sensación de escozor, de presión y de punzada; cuando hai lagrimeo abundante y los párpados se pegan, o se hinchan por la noche, y en las partes inmediatas hai una especie de inflamación erisipelatosa, dése rhus. loxie, Dése verai. alb. cuando los dolores son dislacerantes e impiden dormir por la noche, acompañados de un dolor de cabeza intolerable, y de un gran calor en los ojos, con sensación de una sequedad escesiva. En las inflamacipnes reumáticas, nux vom. , ign. y cham. convienen algu- nas veces, como se verá mas adelante, pero habrá que servirse también 211 MEDICINA DOMÉSTICA. mas n menudo de mere. viv. y sulph. Como se dirá después1? Euphr, es apli- cable algunas veces, y principalmente cuando se forman »>n los ojos vesí- culas llenas de agua; cuando siendo menos incómoda la acción de lu luz, son mas fuertes los dolores, y la rubicundez de los ojos demasiado consi- derable para ocasionar la inyección de los vasos. Si a un sujeto, gotoso, le da un ataque de esta enfermedad en los ojosy désele primero acón.: después amim. crud. o sulf. como >e ha indicado en el tratamiento de las afecciones de los párpados, o igualmente coce del cual se hablará mas adelante. Bill, produce frecuentemente buenos efectos ad- ministrada según los síntomas enunciados en el artículo bell., sobre todo si el dolores fuertemente presivo al rededor de los ojo9 por encima o al lado; si ba\ punzadas violentas por encima, con sensación de arrancamiento o co- mo si el ojo estuviese comprimido; si los dolores aparecen y desaparecen ; sise ven chispas o como relámpagos, o un círculo luninoso tachonado de negro, o cuando se ven los objetos envueltos en una niebla, o como al ira- vesde una gasa, al mismo tiempo vértigo y dolor de cubeza lan intenso que puede hacer perder el conocimiento. En otras especies de enfermedades de Jos ojos, dése coloc si los dolores son violentos, quemantes y como de cor- tadura, si penetran en la cabeza, sobre todo en la frente, o en un lado del cerebro, con sensación de presión, de esliron y de dislaceracion, o sise es- tienden a la nariz o a todo el cuerpo, con grande ajitacion y debilidad. Muchas enfermedades crónicas de los ojos proceden de las escrófulas, que se conocerán en la descripción de los síntomas enumerados mas adelante, ya en los niños que eslán atacados de ellas, ya en los adultos que las han padeci- do en su infancia. Si los ojos han sufrido uua especie de debilidad a conse- cuencia de las escrófulas, estarán mas espuestos a recaídas con motivo del frió o de cualquiera otra causa, y se contraerán mas fácilmente oscurece míenlos de la vista o ulceraciones de la córnea. Empléense en este caso los remedios indicados ánles; pero si los padecimientos se reproducen con demasiada frecuencia, lo mejor es tratar al enfermo como atacado de escró- fulas, y para esto es preciso dirijirse a un médico homeópata. Sin embargo, pueden ensayarse con éxito los medios siguientes : Puls. conviene con frecuencia al principio, cuando empiezan a ponerse rojos los bordes de los párpados, cuando se siente en ellos ardor, se agluti- nan y segregan mucho; cuando las lágrimas son corrosivas y queman las mejillas; cuando se forma una especie de hinchazón edematoza y los ojos no pueden soportar la luz; o según lo indiquen los sinlornas detallados ánles en el articulo puls. Si esle remedio ha obrado favorablemente pero no de un modo completo, dése ocho dias después ferr. acet. Bell, cuando una presión intensa, qne se agrava abriendo los ojos; cuan- do eslán inyectados los vasos, y se forman pústulas y pequeñas ulceraciones eu los ojos; sí hai catarro coincidenle u otros síntomas de los indicados en el articulo bell.: s\, independientemente, estos padecimientos son consecuen- cia de un enfriamiento, de la humedad, o de la influencia de uu viento frío y húmedo. Mere. viv. conviene a los niños que no le han usado alopáticamente ; cuan- do los dolores son como de cortadura, sobre todo si los ojos están cansa- dos ; cuando hai agravación por la noche y ai calor de la cama ; si el aire fresco produce ardor en los ojos y lagrimeo; si no se puede soportar la luz que produce turbación y oscurecimiento de lu vísiu; si se forman púslubts en la córnea, y cuando reaparecen estos padecimientos a consecuencia de uu MEDICINA DOMÉSTICA. 24<1 enfriamiento. Mere viv. es conveniente sobre lodo cuando bctl. ha obrado de ocho a quince dias. Hepar sulf. conviene después de bell. o mere viv., cuaado los niños han lomado ya calomelanos; cuando los bordes de los párpados y los ojos es- tán rojos y dolorosos; cuando el tacto produce en ellos una sensación dé escoriación ; cuando se cierran convulsivamente, si los mueve con dificultad, no se puede soportar la luz y están alternativamente oscurecidos y claros, o se esperimenta una presión como si el ojo quisiese salir de la órbita; mian- do hai úlceras y manchas en la córnea, y alrededor del ojo pústulas pe- queñas. Después de administrado esle medicamento, aguárdese por lo me- nos quince dias antes de repetirle, a no ser que la enfermedad se áarave mucho accidentalmente y exija otro remedio. Adminístrese sulf. en vez de hep. sulf. cuando se han administrado bell. y mere viv., pero no después de hep. sulf.; y en los casos siguientes: cuando los párpados eslán contraídos desde por la mañana, el enfermo no puede soportar la luz del dia, ni aun vé enieramente sino a media luz, cuando vé como una niebla delante de los ojos, la pupila está turbia y como cubierta de polvo, o los párpados están particularmente afectados, como se ha dicho an- tes. Convendrá igualmente cuando el ojo (córnea opaca) está rojo y como si fuera a salir sangre de él; si eslá lleno de pequeñas vesículas, con lagrimeo abundante, aversión a la luz y sensación de presión en el globo, que se aumenta al sol. Se administrarán en este caso dos glóbulos cuda dia o cada dos dias, según las circunstancias. Dulc. es mui eficaz cuando la afección de los ojos es consecuencia de un enfriamiento; cuando al leer hai una sensación de presión y todo parece turbio y como cubierto con un velo; algunas veces parece que sale de los ojos chispas y llamas con un dolor supra-orbilarío. Si el enfermo se siente mejor durante la quietud, y peor con el movimiento, y si desea estar sen- lado, en lugar de dulc. dése bell.. —Pero si su estado se agrava con la quie- tud y prefiere el movimiento, dése dulc. y espérese a que se desenvuelva su acción. Cal. carb. es conveniente algunas veces después de dulc, o cuando se forman en los ojos úlceras y manchas, con sensación de una presión fuer- te, con picazón y punzadas; o cuando se siente ardor y dolor incisivo por la noche al leer; cuando hai oscurecimiento y como si revoloteasen plumas delante de los ojos, sobre todo después de haber comido, o al leer, coser, etc., y también cuando se siente frió en el interior de la parte afectada. Chin, conviene cuando los dolores se aumentan por la noche como si hubiese arena en los parpados, o se introdujese en ellos con fuerza alguna cosa; cuando la córnea trasparente ha perdido su brillo, o mirándola aten- tamente se vé en ella una especie de bunio o de niebla. Ars. se emplea algunas veces cuando los dolores se parecen a los que produciría un ascua, y cuando se han formado manchas en el ojo. En los últimos casos que acabamos de indicar, se dan también algunas veces, de entre los remedios de que hemos hablado átites, ign. y nux vom , y cuando hai manchas- antes de todo euphr. Algunas veces dependen las enfermedades de los ojos de que se han in- troducido en ellos pequeños insectos. En este caso, se usará un poco de alcanfor raspado en un pedazo de lienzo (pie se aplicará, o bien se empleará el bálsamo alcanforado de que se ha tratado ya. La supresión de las enfer- medades de la piel, de úlceras o de otros padecimientos es el orijen de of- talmías; en este caso, debe llamarse a un médico homeópata. Si i>on conse- 210 MEDICINA DOMÉSTICA. cuencia de las viruelas, del sarampión, de la escarlatina, véanse los articules consagrados a estas enfermedades. Las manchas o nubes de los ojos jamas deben tratarse con remedios vió- lenlos y corrosivos, millares de personas les deben la pérdida de la vista. Vale mas no hacer nada; y si no se puede consultara un médico, empléense los medios indicados antes, y déjense pasar una o dos semanas para que tengan liempo de desarrollar su acción. Serán eficaces en este caso, prin- cipalmente euphr. o puls.; bell. y después hep. sulf. o sidf., y después cal. carb. y silie—Si el enfermo no tiene bastante paciencia para esperar, puede hacer uso del aceite de nuez fresca del uño; se le esprimirá a una tempera- tura^uave y se echará en los ojos todas las noches una o dos gotas. En los casos en que las nubes sean mui gruesas, hinchadas y blancas, apliqúese al ojo, por medio de un pincelito, un átomo de sal seca y porfirizada. Si se forman nubes que invaden todo el ojo, empezando por los ángulos, échese en ellos todjs los dias un poquito de azúcar blanca pulverizada, y dése spig. Cuando la córnea trasparente se parece a un cristal deslustrado, lómese grasa de s«rpiente, fúndasela a un calor suave, y apliqúese una poca todas las mañanas. Es buena igualmente la bilis de los pescados, pero solo cuando la nube mui gruesa ocupa toda la superficie del ojo como sucedía en To- bías. Esto es para los enfermos que no saben tener paciencia (I). Debilidad de la vista. Se ha dado propiamente esle nombre a todas las afecciones déla vista; pero es mas exacto aplicarle a ese eslado de los ojos que resulla de la menor fatiga, en el cual o no pueden desempeñar sus funciones, o las desempeñan mal, sin que pueda reconocerse en ellos la causa.—La vista corta no es una debilidad, porque existe con los ojos mejor organizados, como se ve en los jóvenes cuya ocupación exije que los objetos sean colocados mui cerca de la vista; esta es una impotencia que no permite distinguir claramente los objetos distantes; cuanto mas lejos están tanto mas confusos nos parecen, y únicamente fijando la vista en ellos largo liempo es como nos parecen tales como son ; de cerca, todo es mucho mas claro y se notan los menores detalles. La vista larga tampoco es una debilidad, se encuentra en los ojos mejor organizados, sobre todo en los viejos, y principalmente en los individuos que, por su ocupación, tienen que ejercer la vista a largas distancias. Cuunio mas cerca eslá un objeto menos se le distingue. Cuando los ojos eslán realmente débiles, es una mala costumbre servir- se de anteojos. Solo es útil su uso para las vistas larga y corta. Como el abuso de los anteojos ha causado ya tantos males, no es inútil que las per- sonas que quieran conservar su vista estén advenidas de los errores gro- seros en que podrían incurrir. Nadie que no sea de vista larga o corta deberá usar jamas anteojos ni (1) Estriñamos mucho que el sabio doctor llering aconseje a los enfermos que no tienen paciencia el azúcar y la sal pulverizadas, la hiél de los pescados, etc.; y hu- biéramos suprimido este párrafo en la traducción a no ser porque en jeneral son ino- centes los medios que en él aconseja. Sin embargo, bueno será que el lector este ad- vertido de que las manchas de la córnea se curan cou mas prontitud y seguridad con el mútodo homeopático que con estos medios, y que solo puede parecer largo aquel tratamiento a los enfermos a quienes cueste trabajo sujetarse al réjimen ho- meopático, teniendo ademas dicho tratamiento en este caso como en todos la ventaja de no producir molestia alguna, y por consiguiente ser mas apropórito para los ni- ños, que son también los que con mas frecuencia padecen de estas dolencias. (Nota del T.) MEDICINA DOMÉSTICA. 247 constantemente ni solo algunas veces. Si se tiene realmente una u otra de estas imperfecciones,, y ademas los ojos eslán débiles, no debe recurrir- se a los anteojos sino mui rara vez; porque los ojos no pueden menos de perder de su facultad con el uso de los anteojos, de cualquiera especie que sean, si es que no se pierde también enteramente la vista. Los anteojos verdes, casi sin escepcion, son eslremadamente nocivos, y es una falta inperdonable de parte de los médicos el recomendar indistin- tamente su uso. Cada uno puede convencerse por sí mismo de sus perju- diciales efectos, si después de haber mirado algún tiempo ul través de un cristal verde, papel blanco espuesto al sol, se le sustrae de repente, se verá entonces una mancha sobre el papel. Eslo prueba que el ojo se ve forzado a producir una mancha roja en lugar del verde; de aquí resulta evi- dentemente una oscitación anormal del ojo, que le quila su potencia visual. Existen mil ejemplos de los malos efectos de los anteojos verdes. Son para los ojos lo que el aguardiente para los nervios. No convienen mas que en un pequeñísimo número de circunstancias, y solamente cuando es útil producir una lijera escitacion de la vista, o bien en los casos de ceguera en que es necesario resguardar a los ojos del escesivo resplandor de la luz del sol; y aun en eslos dos casos, no carecen de graves inconvenientes, si se los usa sin discernimiento. Los miopes usarán anteojos de cristajes cóncavos, que hacen que los ob- jetos parezcan mas distantes, mas pequeños y mas claros. Los que lienen la vista larga [présbitas] deben servirse de cristales convexos, que hacen que los objetos parezcan mas cercanos, mas grandes y mas claros. Como cada par de anteojos está calculado para ver a cierta distancia, no se pue- den emplear mas que para esla distancia; por consiguiente no deben em- plearse indistintanienlH. Se elejirán, pues, los anteojos adecuados a las dis- tancias a que se ejércela vista habitualmente.—Los miopes tomarán anteo- jos cuyos vidrios disminuyan los objetos en cierto grado, y lo menos será lo mejor; porque si disminuyen mucho pueden perjudicar.—Los présbitas elejirán los anteojos apropiados a su vista y en las condiciones de la distan- cia a que se quieran para leer, pero siempre con el cuidado de no tomarlos de demasiado aumento, porque, cuanto menos aumenten, mejor serán, y los que aumentan mucho son igualmente nocivos. Sucede algunas veces que se necesita un cristal diferente para cada ojo; el que es bueno para ei ojo izquierdo puede perjudicar al derecho [jeneralniente el ojo derecho es mas fuerte], así para ia elección de los cristales se los debe ensayar alternativa- mente en cada ojo.—No se deben eleiir inmediatamente después de comer, y todavía menos después de haber bebido, tampoco deben ensayarse mu- chos cristales de una vez, porque la vista varia y puede uno equivocarse fá- cilmente; ensáyese cada dia un número nuevo, hasta que se hallen los cris- tales mas convenientes. Los cristales no deben cansar los. ojos, esta e3 una señal de que son de- masiado fuertes, y.por consiguiente'de que son malos; o en algunos caso?, de que los ojos tienen demasiada debilidad para soportar los anteojos. Es raro que los anteojos mui débiles perjudiquen a la vista. Se deben cambiar los cristales basta que se haya encomiado el número conveniente, o si no se le encuentra, renunciar enteramente al uso de los anteojos. Se los debe- rá abandonar cuando al usarlos causen mal estar, presión en los ojos y en la cabeza; cuando de su uso resulte propensión al sueño, rubicundez y calor en los ojos, cuando se advierta que eslos lienen necesidad de descan- sar o cuando después de haberse quitado los anteojos *e advierta una espe- 248 MEDICINA DOMÉSTICA cié de desvanecimiento. En el caso de que los objetos llegasen a parecer o mas gruesos o mas pequeños que lo eran antes de servirse de los anteojos, es tiempo de cambiar de cristales, si no se quiere perjudicar a los ojos. Así es como con un cambio estudiado y conveniente de números, se puede a me- nudo mejorar la vista. La armadura de los anteojos debe ser todo lo lijera posible, y sin embargo estar hecha de modo que ocupe invariablemente la raíz de la nariz. Cuanto mas grandes sean los cristales, serán mejores; debe- rán tenerse mui limpios; deberán ser claros y transparentes, sin el menor matiz de rojo o de verde, ni faltas, ni rayas, ni hendiduras, ni nudos ; en fin, perfectamente unidos y pulimentados. Los cristales divididos eu dos sec- ciones son mui perjudiciales, se cuidará pues de no hacer uso de ellos, y apenas se concibe como se ha podido pensar en semejante clase. Los ópti- cos tendrán uu cuidado mui minucioso para conservar los cristales limpios y claros. Jamás se los limpiará mas que con un paño fino, y nunca con otra cosa; se cuidará de colocarlos Sobre el través de la armadura, cuando se quiten los anteojos. Se puede esperar remediar la debilidad de los ojos y otros defectos de la vista, lavándose todos los dias la cabeza con agua fria activada con unas golas de aguardiente añejo de Coñac, este medio es útil a menudo aunque no lo sea siempre. Contra la debilidad de la vista en que todo parece turbio y envuelto en una nube que impide distinguir claramente a lo lejos y que es la consecuencia de lecturas prolongadas, de un trabajo prolongado de coser y otras ocupa- ciones análogas, algunas veces con coincidencia de un movirnienio espas- módico de los párpados, dése raí.; contra la debilidad de lu vistu, confusión y aparición delante de los ojos de manchas pardas, y en la cual se sienteH estremecimientos en el párpado superior y movimientos espasmódieos en los ojos, agar. La vista corla que es reciente se cura principalmente con puls., si pro- viene de una inflamación de los ojos; con carb. veg. si es consecuencia del abuso del mercurio; con phosph. acid.%\ han sido suoríjeu causas debilitan- tes o uua fiebre nerviosa. La visia larga que depende del abuso de bebidas espirituosas se cura con nux vom ; si al leer se pierde la vista, si las leiras se confunden y a la luz peí mediodía los ojos esperimentan desvanecimientos, dése dros., si esto no basta, dése sulph., y después si es necesario silie a las personas delgadas; cale carb. a las corpulentas. Sin embargo, en estas circunstancias aun vale mas csnsullar a un médico. En los casos de ceguera momentánea y repentina, dése acón., si reaparece con frecuencia, mere, viv., si es consecuencia de los calomelanos silie Cuan- do se pierde la vista de noche (nictalopia) a la caida de la tarde, dése bell., y particularmente cuando hai apariciones de colores rojos y brillantes o flamíjeros, o cuando huí una aureola al rededor de la luz artificial ; si es- tas apariciones son mas bien de manchas negras y de chispas, dése veratr. alb.; si no produce efecto, hyose Eu la ceguera de dia, es decir, cuando el enfermo no puede ver mas que por la noche, dése sulf., y después silie si es necesario. A la fotofobia (aversión a la luz) se unen ordinariamente otros padeci- mientos; es preciso en este cuso elejir los remedios apropiados. En la foto- fobia simple, dése dos mañunus seguidas acón., por la noche nux vom. Si esto no basta, dése tres dias después mere viv., y todavía otros ocho dias después hep, sulf.; algunas veces también cale carb. tercera potencia se ha MEDICINA DOMÉSTICA 2Í0 mostrado mui eficaz.—En él caso en que los ojos buscan con avidez la luz, dése primeramente acón., en seguida bell. y después sulf. En la fotofobia con dolor de cabeza, en que la luz artificial parece som- bría y vacilante, dése eufr. Cuando se la ve rodeada de uu círculo de fuego, o cuando la vista eslá iHrbia y se tiene necesidad de limpiarla a cada mo- mento ; cuando todos los objetos parecen dobles, o lodo parece igual mente oscuro, dése píds.; cuando al rededor de la luz se ve un círculo abigarrado de manchas rojas u oscuras, cuando los objetos se duplican a la vista con un principio de ceguera, bell.; contra las visiones de manchas negras, con chisporroteo y duplicación de los objetos, veratr. alb. Si sucede que la vista esté turbia y que aparezcan rayos negros y chispas durante el dia, y por la noche meteoros ígneos o un círculo al rededor de la luz, dése en esle ca- so slaph. El estrabismo en los niños que lienen la cabeza mui caliente,-se cura fre- •Cueutemente con bell. Si depende de lombrices, dése hyose ; si esta afec- ción proviene de que se ha colocado la luz siempre de un misino lado de la cama del niño, bastará algunas veces cambiar la luz de sitio, a fin de acos- tumbrar al niño a mirar al lado opuesto ; y después cuando se haya resta- blecido el equilibrio, uo debe olvidarse el echar al niño de un modo con- veniente, sea poniéndole la tuz en frente, o colocándola una pantalla.—Pri- mero todos los días por espacio de algunas horas, y después continuamente, se cubrirá con un pañuelo o una venda él ojo sano de modo que se le sus- traiga a la luz ; así escomo se acostumbra al ojo que se tuerce a mirar con regularidad. Si el estrabismo existe en los dos ojos y es hacia fuera o diverjeifle, fíjese 'en la nariz un pedazo de tafetán negro; si es converjeute o hacia adentro coloqúese en ambas sienes un pequeño aparato de tafetán'brillante-,-que se •dirijirá hacia delante. Si estos medios no producen efecto, el mal entonces ■depende de un eslado espasmódico de los ojos y debe consultarse a 'un mé- dico. C.—De los oiilos. Por lo que hace relación alas erupciones situadas detras o en las orejas, véase el articulo erupciones. La parótida es un infurto délas glándulas salivares gruesas que se encuen- tran por delante y un poco por debajo de las orejas. Frecuente en los niños, nada tiene de grave si no se la repercute. Algunas veces la hinchazón se es- liendo a toda la garganta ; el enfermo no puede masticar* ni tragar, y los síntomas siguen en aumento de tres a cuatro dias, pero nunca hai peligro que temer. El mal desaparece del quinto al sétimo dia para trasladarse al pe- chón a los testículos que, algunas veces están rojos y dolorosos ; se decla- ran en esle caso dolores de tripas y otros síntomas. Este es el período mas crítico de la enfermedad. Así pues, téngase al enfermo abrigado, pero sin esceso{ se deberá cuidar de que ni se acalore ni se enfrie; se le privará de todo alimento y bebida escitantes. No se hará ningún remedio esterior, la única precaución que se debe tomar es lu de rodear al cuello un pañuelo de algodón o de hilo, y nunca de lana o seda. El principal remedio es mere viv., que rara vez hai necesidad de repe- tir. Cuando la enfermedad loma un carácter inflamatorio, o cuando la hin- chazón se ha puesto enjarnada parecida a la erisipela, o si desaparece para trasladarse al cerebro lo que se conoce en la depresión súbita de h» mejilla, 33 23(5 ' iftüDtCIN.l DOMESTICA en la pérdida progresiva del conocimiento, o en el delirio, dése entónceí bell. Si el caso se hace mui gravé, disuélvase este remedio en agua, paraad* ministrarle de hora en hora a cucharadas de las de dulce, hasta que haya disminución en el mal. Cuando el enfermo es atacado de fiebre lenta; cuan- do fa hinchazón eslá dura y se circunscribe; si desaparece y se traslada al pstómago, dése carb. veg.; si carb. veg. no basta para disipar la fiebre lenta, dése coce o; sí bell. no consigne hacer cesar la fiebre influmaloría en el es- pacio de treinta y seis bofas, dése hyoje o; si mere viv. adniinislrado al principio del mal, no ha producido alivio, y el enfermo ha tomado anterior- mente calomelanos, dése inmediatamente carb. veg. Si la parótida va acompañada de dolor de garganta, consúltese el capítu- lo que está consagrado a ella. Si hai grande ronquera carb. veg. es nn medio casi siempre eficaz. Cuando se complica con otras afecciones, ya de los oidos o de los dientes, con fa tifia, con uua inflamación erisipelatosa, o si la complicación provie- ne del abuso del mercurio, de la fiebre escarlatina, de la viruela, del saram- pión, o de otras fiebres graves, véase el capitulo relativo a cada una de es- tas afecciones. En la inflamación de los oidos, hai rubicundez, calor, hinchazón y dolor; el conducto auditivo se oblitera ul instante, y el dolor se hace tan violento, que apenas se puede tocar a la oreja ; se anuncia a veces por sensaciones sumamente dolorosas, tales como dislaceracion, estirones, perforav.ion, lati- do, lancinacion y ardor; si estos síntomas llegan al punió de producir de- lirio, dése puls. En el caso en que la inflamación, esteudiéndose al cerebro, es seguida de una grande ansiedad, de vómito, dv frío en las estremidades y de otros síntomas peligrosos, bell. será mui útil. Cuando la ótuljíu y cualquier otro padecimiento de los oidos reconocen por causa el enfriamiento, la supresión de la traspiración, cuando se llegan a sentir dolores agudos y aislados como si se recibiesen navajadas; cuando el oído interno eslá seco y sin cerumen, cuando los dolores dislacerantes se eslienden hasta el lóbulo; ponen al enfermo irritable e impaciente, y cuan- do en fin se hacen intolerables, dése cham. Si se presenta transpiración y no alivia; si se esperimentan estirones que llegan hasta la mejilla, y si el do- lor interno es de estirón, quemante, lancina ule y presivo, o si el ardor Se hace sentir al esterior, o el frió al interior, con violentas punzadas y Tiran- teces, particularmente cuando el oido está húmedo, adminístrese mere vñV. Cuando la oíaljía proviene de un ataque de reumatismo, con dolores lanci- nantes, y como si todo se dirijiese hacia afuera con violencia; cuando el oido esterno está rojo, caliente e hinchado, cuando el dolor atraviesa toda la cara, particularmente en las personas friolentas y propensas a las lágrimas, dése puls.; en las personas afectuosas, coléricas, si los dolores son lanci- nantes y dislacerantes, dése nux vóm. Cuando se encuentran personas muí sensibles y en las cuales eslos padecimientos se renuevan con frecuencia, con presión y punzada en y detras del oido, y también con dislaceracion y una sensibilidad excesiva al menor ruido, dése arn., pero si el dolor es mas excesivo con tirantez y rubicundez, y cuando en el interior hai punzada y tintineo, dése chin. En otros casos semejante* con picotazos, en \ detras del oido, y dolor perforante y constriclivo, con tiranteces y punzadas hasta en la garganta, acompañadas de limineo, de ruido y de zumbido; si están afec- tados al mismo tiempo la cabeza y los ojos, cnando se empeoran estos do- lores durante los accesos por el contucto y el movimiento d«se heH. Guando MEDICINA DOMÉSTICA á°»l no basta, y al sonarse loa mocos se esperimenta un dolor mas vivo con tin- tineo y ruido, hep. sulph. o. Cuando los dolores han llegado al último paroxismo y se eslienden aun $olo lado con un fuerte latido, el cual produce padecimientos internos tan vivos que el enfermo llega a desesperarse, entonces dése ealc. carb., que ss repetirá lan a menudo como el mal lo exija, o sulf.—Si el dolor es del lado izquierdo, si se presenta por la tarde o por la noche con agravación, dése sulf.; si es del lado derecho con agravación hacia media noche, o por la mañana al medio dia, cale carb. Si estos padecimientos son violentos como si se estuviese comprimido en un torno, con sacudidas, tirones, rotación y zumbido, sensación de sordera, de frió y de hormigueo hasta en la cara, dése plat. o. En casos análogos, y si son debidos a un enfriamiento, cuando, los dolores se aumentan durante la quietud y no con el movimiento, so- bre todo durante la noche, y van acompañados de náuseas, dése dulc.—¡ Pueden también emplearse oíros remedios igualmente favorables, como acid. phosph., amim. crud», etc., los cuales se adoptarán según las indica- ciones. No debe emplearse ningún remedio esterior; aun el aceite puede tener sus inconvenientes; los vapores calientes pueden quemar el oido: en este caso el mas pequeño accidente se repara con dificultad. Un pedacito de es- ponja empapada en agua caliente o tibia es lo único que se puede permitir para disminuir los dolores, esto es también mui ¡nocente. Si con el auxilio de los remedios de que se ha hecho uso se obtiene algun resultado, es inútil poner algodón en el oido. En jeneral, no se hará uso de él sino en los casos de una necesidad real, como se dirá en el artículo elcjo, de los oídos. S¡ los remedios prescritos no obran con bastante prontitud en los niños,, coloqúese eu el oido una mecha empapada en azufre; esté inedio basta con frecuencia para producir un flujo y para aliviar los padeci- mientos. del rtujo ee los oídos. E| flujo de los oídos es una afección que se ne- cesita saber soportar con la mayor paciencia, porque la supresión del flujo mas insignificante puede tener las mas graves consecuencias. Cuando se ha hecho crónico es mui difícil de curar. Bajo ningún pretexto debe permitirse hacer inyecciones de cualquiera especie quesean; hasta el aceite es peligro- t¡Q, porque siempre so queda un puco eu el oido, el cual se enrancia. Las sustancias asiriujenlesson todavía peores. El agua tibia sola, mientras que se la emplea para mantener la limpieza del oido, no perjudica. Puede ser útil en el oido un poco dé lana fina, en invierno para oponerse ul frió, y en eslío a los insectos, que se introducen algunas veces en el oido, y de- positan en él huevos que son el orijen de grandes padecimientos. Cuando el enfermo siente un hormigueo debido a gusanitos, es necesario echar en el oído aceite dulce gota a gola hasla que se lleoe, y después se procederá como se ha dicho en el párrafo que trata de los cuerpos eslraños en el oido. Aunque es importante tener alguna cosa en los oidos, sobre lodo cnaudo la materia del flujo huele mal; es preciso lomar precauciones mas grandes en eslío y durante el sueño: porque si el lapou es mui grueso el oido sufre por esta causa: si es muí pequeño, puede hundirse en el interior, y entonces es muí difícil estraerle. Asi pues, será prudente envolver el tapón en un pe- dazo de lienzo fino, que impedirá por una parte que penetre demasiado ^dentro, y por otra hará fácil su estraccion.—En todo e.;to, será preferi- ble elejirun pedazo de esponja mui fina que se cortará conveniente.nenie; su naturaleza *e presta fácilmente al objeto que uno se propone, porque 2rí2 lIEDICtNA DOMÉSTICA. lapa el oido herméticamente sin ofenderle. Se puede cambiar frecuente- mente este tapón, o hacerle servir siempre con tul que se le lave con cui- dado, primero con agua tibia y después con agua fria. Cuando el flujo de los oidos es consecuencia de una inflamación, o cuando va acompañado de un dolor con ef carácter de una presión que em- puja hacia el esterior: o cuando el oido eslá caliente y rojor ossr se cubre de cosas prtiritosas, o cuando esle flujo proviene del sarampión, dése pulir. si se ha empleado ya sin éxito, sulf.; si viene después de la fiebre escar- latina, bell.; y algunas horas después mer. viv. si es necesario, y después todavía bell. Si estos medios no bastan, hep. sulf. Si el flujo se presenta después de las viruelas, y si se complica con dolores lancinantes y hemo- rrajia auricular, si. sobrevienen ulceraciones en el es terror y la materia del flujo huele mal, dése mere. viv. Pero si el enfermo ha abusado de los ca- lomelanos se dará la preferencia a sulf. ; si ha abusado del azufre, a puls, y después mer. viv. Si el finjo es purulento y crónico, dése mere viv. y ocho días después? sulf., y repítase este último tres veces con la distancia de una semana. Si a pesar de esto, no se manifiesta alivio, dése cal. carb. o. Si al miéino liempo hai grande dolor de cabeza, y mere. viv. y sulf. no producen efec- to, dése bell. y después lach. Si esto no basla aun, dése dos mañanas se- guidas silie, y si es preciso repítasela cada ocho o quince días.— Caust. es algunas veces mui útil en los flujos crónicos, sobre todo,, cuando el en- fermo ha sufrido mucho liempo reumatismo. Sí el' flujo ha sido suprimido repentinamente, sea que haya durado poco o mucho tiempo, esto constituye un eslado grave. Examínese con cuidado el oido con una horquilla para asegurarse de que no le han tapado las cos- tras u otra cosa cualquiera: intiodúzcase en el conduelo auditivo vapor tibio, de una temperatura conveniente y apropiada para reblandecer et cuerpo que pudiera encontrarse en él; pero si el oido no eslá obstruido y está libre al* esterior, apliqúese entonces al pabellón un pedazo de pan re- cién sacado del horno, y lodo lo (aliente que pueda soportarse.—Repíta- se de cuando en cuando este procedimiento, eurdando de renovar el pan a medida que se enfrie. Si, a consecuencia de la supresión del flujo, las glán- dulas del cuello se infartan y se endurecen, dése pufo, después mere. viv. y bell.—Si sobreviene un gran dolor de cabeza con fiebre, dése bell. ; si no basta, adminístrese bry. Si esta supresión es consecuencia de un en Cria- miento o de haberse mojado los pies, y el enfermo se alivia moviéndose, dése dulc; pero si se encuentra mejor cuando está tranquilo, bell., si se encuentra peor al calor de la cama mere viv. Si a consecuencia de la su- presión del flujo sobreviene un infarto de las parótidas, dense los reme- dios apropiados a esta afección. Pero si se infartan las partes jenitales, dé- se por la noche nux vom. , y si no hai alivio, por la mañana puls.—Algunas veces sobrevienen un dolor de cabeza violento, que después se hace obtu- so, con sensación de tensión, como si el cráneo fuese demasiado estrecho; los ojos se ponen rojos, duelen al moverlos, y van acompañados de fiebre ; algunas veces se ven movimientos espasmódieos de la cara, con hinchazoú O infarto de la piel de la cabeza, pérdida de la memoria, etc. , y a con- secuencia de estos diversos síntomas se declaran zumbidos y ruidos de los oídos, sordera y flujo repentino de pus. No debe hacerse nada conira esle flujo ; hai que limitarse a solo los medios de aseo y se hará acostar ul enfermo sobre el cido afecto: se evitará el que se ensucie la almohada colocando sobre ellu muchas compresas. Si se conoce el mal antes de que MEDICINA DOMÉSTICA. 25o se presente el flujo, deseen olfacion hep. sulf. y espérese el resultado ; si no hai alivio ni cubo de algunos dias, dése mere viv. nmr vez, y espérese también su efecto veinte horas. Si no produce un resultado definitivo, adminístrese lach., y uno o dos dias después hep. sulf. lEs preciso esperar después de la administración de cada remedio de cinco a seis horas. Si el flujo se suprímese volverá a empezar el mismo tratamiento. Si se presenta la supuración el enfermo está salvado, y es preciso abstenerse de lod'o otro remedio. Si no se presenta, el enfermo muere, y el médico mus hábil nada puede hacer. De los zumbidos di; oídos. Hai en jeneral en esta afección, flujo, dureza del oido y otros padecimientos de estos órganos ; algunas veces también, dolores de cabeza con conjestion desangre. Si existe solo zumbido de or- dos, si es reciente y consecuencia de un enfriamiento, dése nux vom. sí hai agravación por la mañana, y puls. si la agravación es por la larde; dulc. si se presenta por la noche ; mere viv. en las personas que sudan mu- cho; chamom. en las que no pueden traspirar; chin, en los casos en que el enfermo ha abusado del mercurio, cuando es de una sensibilidad escesi- va, ha tenido calenturas o alguna enfermedad del hígado ; o cuando el zum- bido tiene un carácter mas pronunciado de silbido, de tintineo y de can- to; -carb. veg. , si es mas fuerte y produce un ruido sordo, y chin, no ha producido buen resultado. En los viejos, cuando no existe mas que de'uri lado esta enfermedad, cuando la sangre se dirije a la cabeza, y cuando, por consiguiente, el zumbido parece que depende de esto, dése arn, ?> o 6 y repítasela a cada agravación. Si tiene ya algún tiempo de duración, Hámes« a un médico. Cuando los oidos eslán mui sensibles al menor ruido dése sulf. una vez, y después acón, muchas veces. Si esle no produce buen efecto, carb. veg. una vez, y después coff. muchas veces. Si coexiste esla afección con una grande sensibilidad, producida por la influencia de los vienios frios, o cuando a cada paso que da el enfermo, a cada palabra que habla, oye un retumbó o una especie de eco, o si ha padecido frecuente- mente estirones-en los miembros, dése caust. dos mañanas seguidas,'y es- pérense sus efectos algunos dias. De la dureza de oído. Esta afección procede con frecuencia de la obtu- ración de los oidos por el cerumen que se ha endurecido. Téngase pues el euidado de examinar eslos órganos como se ha dicho en la pajina en que se traía de la introducción de cuerpos estraños; con ese objeto se pondrá al enfermo de modo que los rayos del sol iluminen el fondo del oido; después sé empleará con precaución el instrumento esplorador, que se introducirá en el interior del oido hasta el punto en que produzca un dolor algo vivo. Si se descubre que se ha formado una especie de tapón algo sólido, esirái- gase de él lo que se pueda; en seguida se harán inyecciones con agua ti- bia, por mañana y tarde, o bien se echará en el oido un poco de agua que se dejará permanecer en él algunos minutos. La enjundia derretida en ba- ño de maria, puede ser mui útil en muchas circunstancias echando algunas gotas de ella en el oido : lo cual no impedirá emplear |as inyecciones.—Si esla enfermedad proviene de la demasiada sequedad del órgano y de la falta de secreción del cerumen indispensable para la función, dése carb. veg. que mui a menudo es seguido de buen resultado. Si va acompañada de ruido, de tintineo, de una especie de canto, se la cura a veces muí pronto con veratr. Si hai flujo de oído dense los remedios apropiados a esla complicación, sobre lodo puls., mere viv., sulf., cale carb. y caust.''Si ha sobrevenido después del sarampión, puls. y carb. veg. ; después de la 531 MKDICINA DOMESTICA. warlalina bell. o hep. sulf ; después de las viruelas, mere viv. o s\df. Si coincide cou catarro, dolor de garganta, con alivio tragando, es útil ha- cer gárgaras con agua caliente; si esto no basla, dense cham. o ars. alb. , o lach. o. Si proviene de una afección reumática, que cesa bajo la influen- cia del frió, para trasladarse al oido, dense los medicamentos que convie* ne» a los padecimientos reumáticos, y después dulc. y sulf. Si es la con- secuencia de la supresión de erupciones cutáneas o de una úlcera artificial, como un cauterio, adminístrense los remedios apropiados a estas circuns- tancias y principalmente sulf. y amim. crud. Si el enfermo padece herno* rróides, puede darse algunas veces con éxito nux vom.; si es la consecuen- cia de una fiebre nerviosa, arn. o phosph. acid. Si están hinchadas las amígdalas y ocasionan la dureza del oido, mere. viv. o staph. Si esta en- fermedad es de naturaleza crónica, sígase un buen réjimen y bébase mucha agua, y si eslo no basta llámese a un médico homeópata. Si complican la dureza de oido otros padecimientos, elíjase el re» medio entre los que curan mejor estos nuevos padecimientos ; indicaremos, veratr. alb., staph. , ars. alb. e hyose , y en los casos mas graves, silie y cale. carb. Pero ante todo cuídese mucho de no recurrir a los medios estemos. Es un grande error creer que los oidos son mas sufridos o menos delicados que los ojos. Por el contrario los oidos son mucho mas sensibles, solamente que el mal uo aparece tunde pronto, y secura mas difícilmente; algunas veces también no se cura; mientras que las afecciones de los ojos se curan mas fácilmente y se soportan con mas paciencia. M>Asi evítese el aplicar ajentes estenios, duros o líquidos; empléese sola- mente en algunos casos agua tibia al interior y fria al esterior. D.—-De la nariz. Para los dolores de la cara, de la nariz y de las mejillas véase el capí-* lulo de las enfermedades de los niEvrEs; para las erupciones de la nariz, véase el artículo erupciones; pólipos en la nariz, véase el capítulo res- pectivo. De la hinchazón. Cuando la nariz está hinchada a consecuencia de un golpe o de una causa indeterminada, y e¿ta hinchazón va acompañada da hormigueo y de un dolor en los huesos, semejante al que quedaría después de un golpe, dése ana. Si coincide con un catarro, sobre todo si las aber- turas de la nariz están hinchadas y ulceradas, con rubicundez, calor y do- lor, que se dirije algunas veces há ia adentro con sensación de ardor, delan-» cinacíon i de sequedad, algunas veces con el olfato exaltado o débil, dése bell., si esta no basla hep. sulf, Si el coriza es fluente, acuoso y determina irritación ; si ademas la nariz está roja, hinchada y reluciente, con picazón y dolor en los huesos comprimiéndolos, es mejor empezar por mere, viv., y después hep. sulf. o acaso también bell. A las personas que han abusado del mercurio, dése primero hep. sulf. y después mere viv. Contra la hin- chazón crónica y dolorosa, conviene algunas veces bry. ; si hai en la nariz manchitas negras sulf. ; si manchas rojas pliosph acid.; verrugas caust.; si la punta de la nariz está roja rhus. tox.; si eslá de un color rojo cobrizo después del abuso de las bebidas alcohólicas; ars. alb.; si la hinchazón es roja, reluciente y tensa dése caust., de la tercera a la sesta dilución. De la hemorrajia nasal o epistaxis. Al fin dé una enfermedad, aparece eon frecuencia una hemorrajia de lu nariz que produce 1111 alivio iomedia» to. También está conforme con este beneficio de la naturaleza no iuterrum.- «r.DtciNA domestica. 2S3 pirla, con tal que no obstante, no sea ni mui abundante ni de mucha duración. Conviene pues desechar todos esos medios vulgares que se em- plean para reprimirla, tales como el agua fria, el hielo, el vinagre, el agua de mar, el aguardiente, la esponja, lu yescu o cualquier olro lapon. Es inútil tapar la nariz, vale mas comprimirla uu poco, y examinar después de cuando en cuando, si continúa corriendo ysrle por la garganta, o si se ha detenido.—Si la sangre sale por una sola nariz bastará algunas veces le- vantar el brazo del mismo lado y colocarle sobre la cabeza; pero sucede a menudo que después de haberle bajado, la hemorrajia empieza de nuevo. Si esta hemorrajia es ocasionada por un golpe, o es precidida de un hor- migeo en la nariz y en la frente, cuando la nariz está caliente y la sangre es roja y líquida, particularmente en los hombres, dése arn. ; en las mu- jeras, sobre todo en las de un carácter dulce y Iranquilo, dése puls. Si la hemorrajia de la nariz es consecuencia de un grande acaloramiento o sofoco; o si el paciente durante la hemorrajia se halla mui acalorado, dése acón. ; y si esto no basta bry. Si hai agravación inclinándose, o si la he- morrajia es consecuencia de grandes esfuerzos, o de haber querido levantar mucho peso, dése rhus. toxic. Si la epistaxis es consecuencia de una conjestion a la cabeza, y si va precedida de los síntomas indicados anteriormeni * en el artículo conjes- tion de sangre, o si existen actualmente, el mejor medio en el mayor número de casos, es acón, o los demás remedios recomendados en el ar- tículo precitado, tales como nux vom. , bell. , cham., chin. , rhus'.—No es conveniente, en eslos casos, sorber agua por la nariz. Vale mas, cuando no puede contenerse la sangre en seguida con los remedios, o cuando no se tienen, empapar un paño en agua fria y aplicarle al vientre, como se dice en el capitulo E. Si la epistaxis es debida a un acaloramiento o a un esceso en el vino o en las bebidas espirituosas, y no se detiene inmediata- mente después del uso de los remedios indicados en este caso, como acón., bell. . bryon. y nux vom. , hágase que el enfermo meta lus manos en agua caliente y que se mantenga tranquilo. Si la sangre se coagula al salir y forma coágulos crónicos, mere viv. Cuando la hemorrajia coincide con uu catarro, lan p*onto fluente como seco dése puls. Si sobreviene en los ni- ños a consecuencia de lombrices, o mas bien después de un prurito que obliga a atormentar la nariz rascándola, cin. En los individuos débiles y enervados, en los cuales la epistaxis reaparece con frecuencia y dura mu- cho tiempo, dése chin. Si se presenta diariamente después de mediodía, por la larde o antes de media noche, o a épocas periódicas, piils. Si so- breviene durante el sueño, dense rhus. loxie o bry., o bell.; si reapai e- c; todas lus muñanas, nux vom., bryon. o bell.; a consecuencia de grandes hemorrajias, chin, para combatir la debilidad. Conviene igualmente en el caso de que la hemorrajia ha sido tan abundante que han resultado de ella palidez, frió en las esiremidades y convulsiones. A las personas que tienen disposición a las hemorrajias, dése sulf. a las que están debilitadas, sce cor. a dosis pequeñas y repelidas. En los casos en que la hemorrajia nasal es abundante sin ir acompañada de ningún otro sintonía, dése carb. veg. y también sep. del catdrro nAsal o romadizo.—El remedio principal en caso de un catarro ordinario., y que afecta a muchas personas a la vez, es mere, viv., ven las personas qne están bajo la acción mercurial, hed. sulf. Si el cata- rro va acompañado de estornudo frecuente y de un flujo acuoso abundante, si lu nariz eslá uu poco infirmada, si eslá dolorosa, si eljnoco qne sale de 2o6 MEDICINA DOMÉSTICA ella huele mal, si se sienten dolores en la cabeza y hasta en las mejillas dése siempre y ánles de lodo mere viv. un glóbulo, o lycop. Mere viv. con- viene también cuando, después» de haber sudado por la noche, vuelve el ca- tarro por la mañana, cuando el enfermo tiene frió, cuando no quiere es- lar solo, tiene gran sed, teme al calor y no puede soportar el frío. Si los síntomas se han aliviado después de doce horas, no hará nada rnas, pero sí después de un alivio el nial empeora, dése hep. sulf. Adóptese el misino remedio cuando la mas pequeña corriente de aire renueva el caiarro o el dolor de cabeza, o cuando solo está afectada una nariz, o cuando el dolor de cabeza se empeora a cada movimiento. Si después de doce horas hep. sulf. no ha producido alivio, dése bell. — En el culurro de cada especie, en que la nariz fluye en ubumlanciu y todus lus purtes están hinchudas y doloro- sas, dése lach. o. El cuso es mui diferente, si se nota menos rubicundez, ca- lor y sed; sí el enfermo se encuentra mejor en un sitio cúbente, si bebe poco yu menudo, si eslá mui debilitado, inquieto, ajitado; cuando se queje de un ardor como producido por carbones hechos ascuas, sin pue no obs- lanie pueda notarse en él calor o rubicundez; o si el moco nasal, sin tener precisameule olor es mas bien acre y corrosivo; cuando la afección de la nariz es considerable e incómoda, cuando el ejercicio y el calor alivian y el.mas pequeño enfria «lento agrava, dése en este caso ars. alb., dulc, nux vom. y algunas veces también ipec. -Ars es bueno cuando la nariz, auu- que obstruida, deja sin embargo fluir un moco tan acre, que ocasiona ar- dor interior y esterior; cuando no se duerme por las noches, sin que pue- da atribuirse u causa alguna; cuando sobreviene hemorrajia nasal y el en- fermo no puede estar echado ni quieto. Sí no hai alivio después de doce horas, si el corazón fluye por el dia y se detiene por la noche; si la boca eslá seca y hai poca sed, si el pecho está seco y las deposiciones son duras, dése nux vom. Si el catarro participa de la una y de la otra especie, y si el enfermo esperimeniu; alivios con el movimiento y agravación con la quietud; cuando la mas pequeña corriente de aire ocasiona un romadizo, dése dulc, o cuando parece que convienen ars. y nux vom. pero no alivian, dése ipec Si el enfermo esperimenta alivio repítasela, lo cual no puede hacerse con los otros remedios. Si el catarro no es esclusívameme nasal, y suprime inmediatamente el apetito y el olfato; y provoca una espectoraeion espesa, amarilla, verdsy aun fétida, dése puls. Si es mui abundante y blanquecina y los ojos lloran, dése euphr. Cham. conviene mui comunmente en el caso que el catarro existe con la nariz líjeramenle escoriada, los labios hendidos, y una mejilla roja y la otra pálida, escalofríos y sed. Mere viv. principalmente en los niños, si In en- fermedad procede de un sudor suprimido, y está acompañada de fiebie y de dolores en diferentes partes de los miembros. Nux vom. cuando alternan la fiebre y los escalofríos, sobre lodo, por la tarde, con caloren la cubeza, en la cara y por todo el cuerpo. Silie es apropiada al coriza crónico que reaparece mui a menudo y que pin pronto es fluente como seco con obturucion. Adminístresela dos maña- nas seguidas. Cuando el catarro ha sido suprimido, y de esto resulta dolor de cabeza. dése acón., y si el catarro no reaparece, dése puls. y chin Cuando el pecho eslá afectado con dificultad de respirar, dése ipec, dos o tres veces, y si esto no basta, bry. Déjese entonces al enfermo que beba leche mezclada cou MEDICINA DOMÉSTICA. 2í>7 agua caliente y azúcar, y que aspire vapores por la nariz. Si todo esto no basla, dése sulf. en disolución. Si el catarro se complica con otros síntomas, y principalmente con los de que se vu a tratar en el capítulo siguiente, y si ataca ai pecho o a los pulmones, cou ronquera y ios, consúltese entonces lo que se dirá ulterior- mente. E.—Del pecho. ronquera. Eulre los remedios que se emplean ordinariamente, se en- cuentran algunos que presentan inconvenientes, y oíros que si van seguidos de algún alivio, no quitan por eso los jérmenes de la recidiva, Se puede, sin disputa, 'hacer uso déla leche de pollo (yemas mejidas] o comer uvas frescas, o por la noche envolver el cuello con una media de lana caliente, que haya llevado una persona de buena salud, lodo esto ciertamente no perjudica, pero vale mas todavía emplear los medios siguientes: En la ronquera con coriza.acompañada de espectoracion pegajosa, de se- quedad, de ardor y de sed, con cosquilleo que provoca la tos, coh fiebre por la tarde, con humor inquieto y taciturno, cuando naturalmente se eslá serio y tranquilo, dése principalmente a los niños, cfeaiu,— Con tos ronca, seca y profunda, que indica una sequedad de la garganta, con tensión y dolor pertinaz en ella; cuando uno se pone indiferente para la lectura, si la fiebre alterna cou el calor, si hai una predisposición morosa, áspera y obs- tinada, dése nux vom —Con picotazos y ulceraciones de la garganta y del paladar, con dolor al tragar, cou catarro y espectoracion amarilla, verde y fétida con tos que conmueve, acompañada de dolores de pecho, con esca- lofríos sin sed y con gustos caprichosos, dése puls.-; y este remedio convie- ne tanto mejor, si el el enfermó ha permanecido muchos dias sin poder pronunciar una palabra; sí esto no hasla, a las veinte y cuatro horas, dése sulph. diluido.—Pero uno de los principales remedios es mere. viv. cuando la voz eslá ronca y áspera, con ardor y cosquilleo en la larinje, con dispo- sición a sudar, sin que el enfermo esperimenie alivio, y cuando la mas pe- queña corriente de aire empeora los padecimientos. Dése-caps, si hai hormi- gueo y cosquilleo en la nariz, con obturación seguida de «na tos que pro- voca dolores erráticos.—Pero si con la ronquera se esperimenta en la gar- ganta cierta aspereza seguida de estornudo frecuente y flujo de moco, sin que haya catarro propiamente dicho, o si se tiene la respiración corla, dése ihus ioxie En caso de respiración entrecortada, de tos profunda y hueca. riu espectoracion catarral y acompañada de bostezos, de inquietud y de &cd. dése samb. nig.—En la ronquera crónica, que eslá peor por la mañana o por la lurde, que se agrava después de haber hablado mucho; o que es ■consecuencia del sarampión, dése carb. veg.—En los casos mas pertinaces, sin complicación con otros síntomas, o cuando hai coincidencia de los y de catarro y casi lodo el pecho y la garganta eslán afectados de una sensa- ción de aspereza y de escoriación, dése cuust. Si la ronquera coincide con un catarro crónico, silie. conviene a menudo'; si la voz es hueca y mui pro- funda, droser. tos. La tos es al pecho lo que el coriza a la nariz, existe con o sin afec- ción catarral; en esle caso elíjanse los remedios apropiados. Puede también depender de otros padecimientos) que dau lugar a sintonías diferentes, los que será preciso tener eu cuenta. Por ejemplo, si latos es seca y corta, 34 23ÍJ MEDICINA DOMÍSTTCA. con dolor violento en el pecho, sobre todo al respirar; cuando el <*nfermo después de haber tenido escalofríos, esperimenta calor; con pulso acelera- do o duro, se nata entonces de una inflamación de pecho, contra la cual será preciso emplear los remedios que se recomiendan en el artículo dolo» i»: costado. La tos crónica secura mui rara vez con los remedios de que se va a hablar; en este caso será preciso recurrir a medicamentos cuya acción sea mas larga, y de que se tratará mas adelante. Se encuentran a veces toses tan pertinaces, que no pueden ser tratadas con éxito mas que por un médico homeópata; las mas veces no son mas que el síntoma de una enfermedad anterior, que, cuando la tos se ha declarado, era ya incurable; por ejemplo, cuando la espectoracion es de espuios pegajosos, densos y casi cartilaginosos. Nux vom. Eslá indicada en la tos seca que es producida por una sensación de aspereza, de raspamiento y de sequedad, y por un cosquilleo del pala- dar; cuando es persistente y fatigante, con dolor de cabeza comu si fuese a estallar, o con sensación*, como si estuviese magullado el epigastrio, con dolor por debajo de las costillas, particularmente cuando la tos despierta al enfermo temprano, o cuando es peor por la mañana, o bien cuando la es- pectoracion es difícil y los esputos son raros y pegajosos. El mismo reme- dio convendrá cuando la tos es pequeña, dura todo el dia y va acompañada de dolor a la entrada de la garganta, cuando se agrava por la tarde y se ali- via por la noche, y se encuentra entonces oprimida la respiración, con sen- sación de peso en el pecho; en este estado el enfermo tiene mucho calor y grande sequedad en la boca. Está indicada también en. las personas pictóri- cas y de carácter vivo que usan el café y los licores alcohólicos, y cuya tos se agrava por la lectura, el pensar o el movimiento. Cham. Es igualmente apropiada a la tos seca que se aumenta por la noche durante el sueño, y que es ocasionada por cosquilleo en el istmo de las fauces, con la sensación de un cuerpo que sube o que corta la respiración, •particularmente en los niños, y en invierno a consecuencia de un enfria- miento. Conviene también en la los de cosquilleo excitada particularmente por la conversación, por la mañana y por ia tarde, pero que se calma cou ■el calor de la cama, y cuando se es peí en por la mañana por medio déla espectoracion mucosidades pegajosas y amargas. Hyose Este remedio corresponde a la tossi-ca que se aumenta por la no- che e impide dormir, que se agrava estando echado, y se alivia estando sen- tado, con cosquilleo en la traquearteria; o cuando es espasmodica y va acompañada de dolores punzantes en los ojos y de un dolor de magulla- miento en los músculos del vientre, con ruido de esterior mucoso en la tra- quearteria. Ipec Está indicada principalmente en los niños, aun en los mas chicos, cuando parece que están amenazados de sofocación por la acumulación de mucosidades, cuando la los es espasmodica o demasiado intensa para impe- dirles respirar, cuando lu caru se les pone roja y nzulada, y se quedan tie- sos; cuando Jiui una sensación de cosquilleo a la entrada de la traquearteria ,y de constricción; cuando la loses enteramente seca y la espectoracion rara o de mal gusto; cuando produce náuseas y vómitos y se vomitan mucosida- des. Ademas de estos síntomas, se esperimenta un dolor en el abdomen, sobre todo ul rededor del ombligo, o una presión en In vejiga que impide el paso de la orina, o una pulsación en la cabeza, o en la boca del estóma- go, o una sensación de escoriación en el pecho, y después del acceso, la respiración es corla y la frente está bañada de sudor> y se agrava andando MEDICINA DOMÉSTICA. 2í»'$ al aire fresco. Esto remedio obra con mas prontitud y mejor disuello en agua. Se le dará cada hora o mas a menudo según las circunstancias. Bell, conviene en la tos espasmodica que impide al enfermo tomar aliento, cuando es de conmoción y producida por un cosquilleo continuo u insoportable de la larinje, con falta completa de mucosidades; o cuando, se esperimenta la sensación de un polvo vaporoso o délas barbas de una pluma detenidas en la garganta; o en el cerebro una presión espansivo y: como si fuera a estallar, con sensación en la nuca como si fuese a rom- perse; o si con fa ios hai espectoracion estriada de sangre, con punzadas dolorosas en el pecho debajo del lado izquierdo de las costillas; con dolo- res dislacercntes en el pecho, respiración corta, precipitada y angustiosa, con agnetamiento de los labios, rubicundez de la cara y nolor de cabeza, o cuando los accesos se determinan con estornudos acompañados de coriza, como se ha dicho en este artículo, al hablar de hep. sulf.; o de dolores lancinantes en las caderas y en el vientre en el que son profundos y dis-, lacerantes. Mere viv. conviene en la Iqs seca, fatigante y que conmueve particular- mente por la noche; o en la tos cosquilleante en el momento de dormirse; algunas veces con espectoracion de sangre, dolores lancinantes en el pe-, cho; en los niños si va acompañada de hemorrajia nasal, de náuseas y de dolores como si el pecho y la cabeza fuesen a estallar; si hai al mismo tiem-. po ronquera, coriza fluente y diarrea. \ Carb. veg. se dirije a la tos espasmodica, cuyos accesos se repiten por el dia o por la noche, con esfuerzos para vomitar y vómitos, con calor y su- dores prontos; si hai dolores quemantes en el pecho; si la espectoracion es blanca, verdosa o amarillenta, con espuicion de sangre, dolores de escoria- ción en la traquearteria, y con punzadas en la cabeza. Caps, se emplea con éxito en la tos seca que se agrava por la tarde y por la noche, y da algunas veces ganas de vomitar; con dolores que pasan al- ternativamente de un miembro a olro, y sobre, lodo a la cabeza, con sen- sación de esiallamiento, algunas veces va acompañada de un dolor presivo en el oido y en la garganta, con picotazos en el pecho y en el dorso, pre- sión en la vejiga y dolores lancinantes que se^dirijen interiormente, o pi- cotazos y dislaceraeiones que pasan de las caderas a las rodillas y a los pies. Bhus loxie conviene algunas veces cuando la tos es seca, corta y noc- turna, con cosquilleo en el pecho; cuando causa ajitacion y provoca asma, particularmente por la tarde y antes de media noche, y conmueve fuerte- mente la cabeza y el pecho; o con tensión y punzadas en el pecho, dolores en el estómago, algunas veces punzadas en los lomos, y sobre todo cuando. el aire fresco empeora la tos y el calor y el movimiento la calman; asi como cuando hai gusto de sangre en la boca. Cin. se administra en la tos seca acompañada algunas veces de especto- racion mucosa, en los niños, si esperimentan sobresaltos y se desmayan con facilidad, si buscan el aire con avidez, ansiedad, jemido y palidez de la cara, o si la tos es pequeña y ronca todas lus tardes, particularmente en los niños que lienen lombrices, odiando la tos va unida a una coriza fluente, con sensación de ardor en la nariz, con estornudo violento que les bucé gritar. Ign. se emplea contraía tos seca diurna y nocturna, con una sensación en la fósela esternal como si hubiese en ella vello; cuando es mas fuerte por la larde y cuanto mas se tosü tanto mas excitada eslá la tos; o cuando sé 200 MEDICINA DOMÉSTICA. esperimenta en !a foséta del cuello una constricción espasmodica con co- riza fluenle, y principalmente en las personas que se aflijen con facilidad; o cuando ¡a los es mas fuerte durante el dia después de haber comido, por la noche después de haberse acostado, y por la mañana después de levan- tarse. Algunas veces conviene repetir ign. después de seis horas. Euphr. conviene en la tos con coriza de mala especie que afecta también a los ojos cuando durante el sueño hai espectoracion difícil, y algunas ve- ces con dificulraden la respiración, que cesa por la noche para volver por la mañana con agravación, y con una abundanie espectoracion de muco- sidades. Pnls. se emplea cuando la tos ha empezado siendo seca una parte del día, con esfuerzos para vomitar; cuando es seguida de una espectoracion fácil, y mezclada algunas veces con un poco de sangre; por la mañana la espec- toracion es de un amarillo vi yo, salada, amarga y nauseosa; hai con fre- cuencia sensación de sofocación, al mismo tiempo sensación de aspereza en la traquearteria, el vientre y los vacíos duelen como si estuviesen magu- llados; o el dolor se mueve y pasa de un miembro a otro, de una articula- ción a la otra, ya a los brazos, ya a los hombros, ya a la espalda; o se escupa la orina involuntariamente durante la tos. Bry. conviene para la tos húmeda y seca: para la tos seca cuando es producida por un cosquilleo en la garganta, o se presenta después de ha- ber comido y hasla llega a hacer vomitar, o cuando empieza asi que se entra en una habitación caliente, o cuando va acompañada de una punzada violenta en el costado, y después la espectoracion eslá mezclada con un poco de sangre.—Para la tos húmeda cuando la espectoracion es amari- llenta y cada golpe de tos corresponde a la cabeza, o si hai dolores lanci- nantes en la cabeza, la garganta y el pecho. Chin, se emplea cuando la excitación a toser es como si fuera producida por el vapor del azufre, sin espeetoraeion de materia mucosa; pero sin embargo cou lu sensación de si se tuviera alguna cosa que espectorar, cuando durante la respiración hai silbido y mujido; cuando hi espectora- cion después está estriada de sangre, con dolor presivo y lancinante en el pecho y en la traquearteria, o cuando existe con un moco claro y pegajoso que se desprende difícilmente, y dolores en los hombros acompañados al- gunas veces de vómitos biliosos. Conviene también en la hemorrajia del pul- món, lo que quiere decir que se ha roto un vaso, sobre lodo, cuando eu esta ocasión se ha tenido la imprudencia de abrir uno para cerrar olro. Arn. se emplea en la tos con espectoracion de moco y de sangre coagu- lada, o de sangre clara y espumosa, con accesos de asma, todas las costillas y el vientre están como magullados y distaeerudos, hai punzudu en lu ca- beza, en el pecho, el vientre y los ríñones, asi como en la ios seca de los niños, acompañada por la mañana o durante el sueño de lágrimas y gritos. Veratr. alb. contra la te* profunda y hueca,- que parte del abdomen, con retortijones, salivación abundanie, cara azulada, orinas involuntarias, dolores violentos en los costados, respiración difícil y una grande debilidad; algunas veces cou punzadas que se estietiden hasta el interior del vientre como si fuera a formarse una hernia. Ars.' alb. contra la tos húmeda, sin que no obstante haya espectoracion, la cual se queda como pegada al pecho y pone asmático al paciente; con- tra la tos después de haber bebido; si es nocturna, con espulo de sangre, calor quemanle de todo el cuerpo, fulla de respiración, fuligu y debilidad estreñías; o contra la tos seca que reaparece todos los dias, que debilita MEDICINA DOMÉSTICA. 261 mucho y oprime, con contriccion del pecho subiendo escaleras, y al aire frió, con palpitación de corazón y ansiedad nocturna. Dulc. conviene en la tos húmeda,-particularmente después de un en- friamiento, con ronquera, acompañada algunas veces de espectoracion de sangre roja durante la noche; o contra una tos chillona y tenaz, cscitada por una respiración profunda ; contra la que es consecuencia de un enfria- miento, y se agrava estándose quieto en la habitación y se alivia por el movimiento. Uros, contra la tos húmeda y seca, con ronquera, dolor en el pecho y debajo de las costillas, hasta el punto de obligar al enfermo a aplicar las manos a las partes doloridas ; algunas veces con esfuerzos para vomitar y pujos en el vientre, cuando la espectoracion es tardía, con vómitos de los alimentos, de mucosidudes y de agua; con espectoracion amarga y como purulenta; o con una opresión tal, que parece que se suspende la respi- ración eu el pecho durante el acceso de tos, de modo que impide toser o hublar. Slaph. contra la tos, con espectoracion de materias mucosas amarillen- tas y como purulentas, sobre todo por lu noche, con dolor de escoriación y de ulceración en el pecho, con afluencia de agua, algunas veces con espuicion de sangre, después de una especie de rascamiento en el pecho; como también con orina involuntaria. Phosph. acid. contra la tos con espectoracion, grande ronquera, si es la consecuencia de un cosquilleo en la boca del estómago y eu la garganta; seca por la larde, y por la mañana con espectoracion blanca o amurillen-' la; contra la tos con presión en el pecho, acompañada de espectoracion purulenta • durante la tos, dolor de cabeza, como si fuera a estallar, náu- seas, ardor en la garganta y en el pecho. Silie conviene en la los crónica con espectoracion abundante de muco- sidades, de grumos transparentes o de pus amarillento, acompañada de presión en el pecho ; o cuando la tos conmueve de tal modo que iodo due- le en la garganta y en al vientre; o en la tos hueca y profunda con espec- toracion sanguinolenta, o en la tos seca con dolor de magullamiento o de rotuia del pecho; o eu la tos sofocante durante la noche, acompañada de asma y de emaciación. Sulph. contra la tos seca crónica, con hormigueo en la traquearteria que comprime el pecho y produce esfuerzos para vomitar, en la los noc- turna que quita el sueño; o en la tos seca nocturna acompañada por el dia de una espectoracion amarillenta verdosa y fétida, o de un moco espeso, o de pus mezclado con sangre; o cuando se sienten durante la tos punza- das aisladas en el pecho-o debajo de las costillas del lado derecho; o si estornudando o tosiendo parece que el pecho se va a abrir; el pecho pa- rece estrecho y que está lleno, la respiración es difícil, con ronquido, sil- bido y palpitación de corazón, lo cual obliga al enfermo a sentarse por la noche ; o cuando durante la los esperimenta un dolor de cabeza como si fuese a abrirse, oscurecimiento de los ojos, calor en la cabeza y en lu cara, pero las manos frías. Cale carb. contra la tos crónica producida por un cosquilleo, o como por una sensación de vello que se hubiese agarrado a la garganta : que se agrava por la tarde o por la noche con latido de los vasos sanguíneos; o por la noche durante el sueño : o si es seca, con dolor en el pecho, o ron- quido, sobre todo en los niños mui gordos, en que ipec. ha producido buenos efectos sin haber bastado completamente, o con espectoracion abuu- 962 MHIUCINA DOMÉSTICA. danto diurna, con espulsion de grumos purulentos y de un color amari- llo, verde, pardo, y tan pútrido que algunas veees ocasiona el vómito ; du-; rante la tos se sienten picotazos en el costado y el pecho ; dislaceraciones y punzadas en la cabeza ; ademas, punzadas dolorosas en el costado cuando se respira profundamente, al, bajarse y paseándose; por la larde calor, después escalofríos y sed, sudor nocturno, sobre todo del pecho, grande debilidad y mutdia ansiedad por su eslado. Lach. se emplea en la tos eseilada por la menor presión de la gargan* ta ; si el enfermo no puede soportar nada en el cuello y lose por la noche durante el sueño; o si hai cosquilleo en la fósela del cuello, si todo el pe-> cho eslá dolorido hasta en los hombros, como por magullamiento, con pun- zada en el coslado y espectoracion de sangre ; o en la tos cuando parece que cae un líquido en la traquearteria ; en la tos viólenla, que proviene de ulceración en la garganta, con esfuerzos de vómitos, espuicion de flemas y grande salivación; con espectoracion difícil, y mas todavía después de haber comido o dormido, como después de haberse levantado, acompaña- da de dolores en la garganta, los oidos, la cabeza y los ojos. Caust. en la tos pertinaz y antigua, seca y corta, o hueca, con dolor de escoriación o de ardor en el pecho y la traquearteria, con rascamiento en la garganta y estertor en el pecho, dolor en las caderas, como si todo fue- se a romperse, u otros dolores reumáticos; durante latos se escápala orina involuntariamente. Se. emplean parlicularmeate conira la tos crónica los remedios que se acaban de indicar, entre los cuales se distinguen caust., lach., cale carb., sulph., silie , phosph. acid. ; y si se resiste, o si la curación no dura, fal- la elejircrilre aquellos de que también hemos hablado; tales son slaph., dulc. ,- ars., carb. veg. En cuanto a los demás remedios, pueden emplearse útil- mente si la tos es de lasque tienen una duración corta. Cuando se pré- senla los de repente y va acompañada inmediatamente de tensión en el pe- cho, de respiración difícil, de dolor de escoriación en la garganta y en la traquearteria, con sensación de ardor durante la noche, y cuando la voz Ste hace ronca y áspera, y hai al mismo liempo fiebre y pulso precipitado y duro, dése acón. , y cinco o seis horas después o al dia siguiente, los de-. mas remedios apropiados. Cuando la tos es mui fatigante y sofocante, con abundancia de mucosidades en el pecho, empiécese por ipec. , y dos o tres horas después, dése el remedio mas homeopático ; si es ronca, hueca yi pesada, o sibilante y de jemido, sobre todo en los niños, véase lo relativo a la coqueluche, al croup y a la sofocación, y compárense y elíjanse los re- medios que eslen indicados. Cuando un catarro reciente va acompañado de coriza, es preciso estar abrigado y guardarse por espacio de dos o tres dias de enfriamientos ; sin embargo, no debe emplearse cou esceso esta precaución, porque el que sea habitúa a estar encerrado en casa se pone mas sensible a la impresión del, frió. Conviene también sobretodo a los niños salir todos los dias cuando hace buen tiempo; seles lavará habilualinenie con agua fria; como tam- bién si están espuestos a mojarse los pies, no se les darán medias, sino que se les pondrán eu el calzado unas plantillas de papel de estraza que se renqvaráu lodos los dias. Touipoco deben permanecer los enfermos que tengan los en una habitación húmeda, fria u oscura, que dé al norte o al nordeste, sino que deben estar en una habitación que dé al sud o al éste a fin de que estén mas abrigados. Los que licúen mucha disposición a resfriarse y a adquirir dolores de MEDICINA DOMÉSTICA'; 2G3 garganta, reportarán mucha utilidad para su salud de tomar la coslumbre de lavarse y friccionarse el cuerpo, como también de llevar una corbata de seda blanca o negra, o un pedazo de un tejido de punto de seda que se deberá aplicar inmediatamente sobre la carne en el cuello; se cubrirá-igual- niente el cuerpo con tejidos de algodón, con esclusion de la lana, que no conviene mas que a los marineros u hombres de mar, y a lodos los que están espueslos a mojarse constantemente. Los tejidos de lana son frecuen- temente mas nocivos que útiles. Durante la tos convendrá dar, sobretodo a los niños, cosas dulces, co- mo el jugo de regaliz, el azúcar de cebada, etc.; es bueno también tener en la bocu un poco degomu arábiga. En cuanto a las pastillas que se ven* den en las boticas, ya precio subido, a título de remedios espectorantes, no valen pura nada; es preciso abstenerse de ellas. Esta cluse de drogas contiene siempre susiuucias casi inútiles, sino nocivas, y cuya confección no siempre es perfecta. La miel es mui conveniente en algunas circuns- tancias; sin embargo, no debe permitirse durante el uso de los remedios homeopáticos»—Cuando se está atacado de un coriza violento, es peligro- so sorber agua fria por Ja nariz; se la puede usar solamente cuando es crónico. No deben permiliise los baños de pies mas que en el caso en que la tos sea angustiosa y sofocante, y el pulso pequeño y duro; pero enton- ces valen mas los baños de manos. Jamás debe rehusarse el agua fria al enfermo, aunque la tos se exaspere cada vez que la tome; no y$ le debe obligar a lomar bebidas calientes o estimulantes, esta es una preocupación detestable que prolonga las enfer- medades, cuando no ocasiona la muerte a los" enfermos. ' La esperiencia diaria prueba que el agua fria, cuando el enfermo la alpe* tece, es favorable en estas diversas circunstancias; las bebidas calientes al contrarío lo son mui rara vez, y sus efectos no son ventajosos mas que momentáneamente, y dejan detrás de sí una debilidad real y larga ; sola- mente para favorecer la transpiración, se podrá beber al acostarse-un poco de leche aguada caliente y azucarada. En cuanto a las bebidas o pastas mu- cilajinosas, no son buenas mas que para sobrecargar el estomago. Hai una preocupación mui vulgar a la que han permanecido hieles cer, tos médicos; esta es la de purgar a los enfermos después de un resfriado, sin embargo, es preciso convenir que apenas emplean estos medios la gran mayoría de prácticos. Es un medio enteramente sin eficacia, que n© puede producir el menor alivio, y que siempre es para el enfermo una vei> dadera molestia y a menudo no carece de peligro. La practica inconside- rada de hacer vomitar con motivo de un resfriado, por temor de una agra- vación seíosa que solo es in.ajina.ia, es Coda vi a mas cscusable. Sus conse- cuencias, sin embargo, no son inocentes; frecuentemente a consecuencia de esto el estómago ha quedado mas o menos debilitado. Coqueluche o tos feiiina. No hai una prueba mejor que oponer al uso de los remedios que se han preconizado contra la coqueluche, que la^ per- sistencia de la misma.coqueluche, que deja detras de si padecimientos tanto mas pertinaces, cuanto ...as tiempo se ha hecho uso de estos remedios Es cosa reconocida jeueraln.enie que cuando se deja a la coqueluche abandonada a sí misma, se la ve durar tres veces seis semanas [diez y ocho semanas]; y que si se recurre a un médico habd y prudente, ¡oh! e. curr ees dura dos veces nueve semanas (diez y ocho semanas); pero si se recu- rre a un médico mui amigo de recetar, dura entonces mucho mas tiempo. -Usándolos remedios que vamos a indicar, su duración apeoas sera la 26i MEDICINA DOMÉSTICA mitad de esle liempo; ordinariamente no es mas que de tres semanas, on muchos casos de dos solamente, otras veces de algunos dias, pero con la condición de que los remedios estén bien elejidos y se siga exactamente el réjimen. Cuando se trata de niños que tienen mucha disposición a res- friarse y a los que se ha hecho abusar de remedios enérjicos, o si se han empleado ya contra la coqueluche diferentes medios, es preciso esperar verles restablecerse con mucha lentitud. Entonces lo mejor es todavía tener paciencia, y no descuidar nada en lo sucesivo, haciendo uso de medios apropiados para hacer desaparecer prontamente la tos, Cuando la coqueluche es epidémica y los niños empiezan a toser, dése in- mediatamente uno de los remedios indicados anteriormente contra la tos,- y elíjase siempre el que convenga mejor. En muchos casos »e conseguirá con esto acortarla.— Si la ios empieza siendo seca y sibilante con fiebre, o los niños se quejan de ardor en la liaquearteria, e indican con lo mano el punió doloroso, dése en seguida acón, y espérese algunas horas y aun medio dia. Sí a consecuencia de un enfriamiento empieza siendo húmeda y fácil, y al mismo liempo va acompañada de ronquera, dése date Si siendo húmeda produce vómitos, puls. Si es seca, y hai también vómilos y ansie- dad, con peligro de sofocación, si el niño tiene la cara purpúrea cuando empieza a estar malo, y cuando la los se présenla principalmente después de media noche y dura hasla la mañana, dése nux vom.; y si después se huce húmeda y libre, puls.; si habiendo cesado el vómito queda peligro de sofocación, ipec. Al usar de estos diversos medicamentos es preciso con- sultar lo que sobre ellos se ha dicho anteriormente.—Cuando no se ha llegado a prevenir la coqueluche, o se declara repentinamente por accesos aislados y espasmódieos, si los niños losen por intervalos, con un ruido hueco, si eslos accesos se aproximan por el dia y principalmente por la tarde y en la primera mitad de la noche; si el fondo de la boca eslá mas rojo que de ordinario, o si al tragar hai dolor de garganta con lagrimeo, dése en seguida carb. veg., que es el remedio principal ; será preciso re- petirle después de veinte y cuatro.horas, si no ha producido ningún alivio. Carb. veg. es también conveniente cuando los niños sienten punzadas en la cabeza, dolores de pecho y de garganta, o si al mismo tiempo les sobre- viene una erupción en la cabeza y en el cuerpo. Conviene también perfec- tamente cuando la coqueluche empieza a declinar. Si los niños bostezan mucho, y están amenazados de sofocación sobre todo al toser, y si los- accesos se aumentan por la tarde y por la noche, dése tari, emet: este remedio es bueno también para prevenir la enfermedad y, si se declara, para curarla. Eu la coqueluche verdadera, el niño esperimenta algunos accesos per- fectamente caracterizados; entonces se refujia en el pecho de su madre con grande ajitacion o se agarra con fuerza a lo que encuentra a mano; tose con violencia estremada y con uu ruido sonoro y estrepitoso, y con tanta precipitación, que apenas tiene tiempo de tomar aliento; o lu tos no es mas que un largo jernido con silbido; entonces se aterroriza y parece que se va a sofocar; su cara se pone roja y azulada; estira el cuello con lal fuerza que lodo en él eslá contraído, y no puede soportar el mas lije- 10 contacto. Los accesos se terminan con ganas de vomitar y con vómitos de mucoridades, acompañados de hemorrajia de la boca y de la nariz. Des- pués de » sia escena, el niño vuelve a ponerse alegre ; pero como devuelve lodo lo que come, se enflaquece y se debililu, si los accesos se repiten mui a menudo. Medicina domestica . 2G3 Contra estrt especie de tos, dése cale carb., que será preciso alternarla con carb. veg. , si cale. carb. no conviniese; en esic periodo del mal, re- cúrrase siempre a vcralr. alb., dros. y1 cin. , ya él uno o d otro, algunas veces el uno después del otro, ya alternativamente con los remedios indi- cados ames, particularmente con nux vom. y carb. veg. Veratr. alb. obra con mucha prontitud, he aquí porque es preciso em- plearle desde luego en la mayor par^e de los casos ; se dá un glóbulo de él inmediatamente después de un acceso y se espera él siguiente. Si él acceso es mas fuerte dése otro glóbulo y espérese veinte y cuatro horas y aun treinta y seis, y aun mas tiempo si el alivio continúa ; cuando ha- ya jgravacion dése otro glóbulo.—Cuando la tos tiene ya algún tiempo de duración,se puede dar esle remedio con éxito; del mismo modo cuando los niños eslán ya mui débiles, cuando hai fiebre; sudores fríos, particu- larmente en lu frente, pulso pequeño, ucelerado y débil, con gran sed. Eslá indicado sobre todo cuando los niños se orinan durante los accesos, o cuando se quejan del pecho, del vientre y de las ingles; cuando entre los accesos no recobran su alegría y el deseo de moverse ; cuando, habién- dose debilitado su cuello, dejan caer la cabeza; si esperimentan escalofríos y están alterados; si no tienen gana de hablar, si al mismo tiempo lienen el cuello cubierto de una erupción seca y fina o si solo se presenta en las manos y en la cara. Conviene igualmente después de-tiras, y carb. vecf. Dros. se administra dos veces seguidas del mismo modo que verai. alb., y se espera dos o tres dias mas; si se présenla alivio, se aguarda mientras que dure; si se detiene, se élije otro remedio. Dros. conviene principal- mente en los casosenque los síntomas son análogos a los 4pie la^on pro- pios. Su indicación es tanto mejor si ol enfermo sufre mas durante la quie- tud que durante el movimiento, si los escalofríos no van seguidos de sed que es inminente, sí la transpiración no es Tria, sino mas bien caliente, o solamente por la noche; o cuando los paroxismos son mui violentos, con nna tos estrepitosa, sin o con fiebre que afecta cierta regularidad y va acompañada de escalofríos o de calor, pero que no tiene la lentitud de que se hace mención en él artículo veralealb. Cin. conviene cuando los niños, durante la tos, se ponen enteramente tiesos, y cuando después de los paroxismos se oye un ruido de clu, clu, que baja de la garganta al vientre. Se la administrará antes que ningún olro remedio, cuando los niños se rascan o pellizcan incesantemente las nari- ces, cuando tienen retortijones y prurito en el ano, o citándose hayan ob- servado antes otros síntomas verminosos, o haya espedido lombrices el enfermo. Tienen algunas veces los niños una tos que se parece a la que hemos descrito en el artículo mere viv.; tiene solo de particular que los accesos se presentan de noche, dos se suceden en poco tiempo, y después pasa uu intervalo mas largo antes de otro acceso. Mere viv. eslá entonces mui indicado, pero sobretodo si dnranie el vómito se presenta una hemorrajia nasal, y si la sangre se coagula fácilmente; cuando los niños traspiran mu- cho por la noche, son mui sensibles, si han sufrido de lombrices y han tenido convulsiones consecutivas. Después de mere. viv. sedarác«rb. vea. Algunas veces se verifica un cambio en el cual la tos toma el carácter de la de bell., asi como se ha dicho en el artículo erupción y cefalaljia : eu esle caso dése bell:, y después cualquier otro remedio convenienie. Eu algunos casos de coqueluche el enfermo se pone completamente lie- go, la respiración cesa enteramente, y en este estado los niños lienen mu- 33 266 MT.D1CÍNA DO'MÉSTfCÍ': vimiehtos convulsivos; algunos insiantes después vuelven poco a poco en sí, vomitan y no se reporten de esta crisis sino poco á pecó. Después de la cesación dé la tos, sé oye un mido en él pecho que es ocasionado por la presencia de mucosidades; en este Caso dése primeramente cupr. , y des- pués jeneralmente veratr. alb. Luego que dejan de ser frecuentes los accesos, la tos no es tan seca y se hace blanda ; no va ya acompañada de vómitos, sino mas bien de es- pectoracion fácil de mucosidades claras: en este caso no hai qué apresu- rarse á emplear otros medios, espérese todo el tiempo qlié dure el alivio : pero si después de una Semana no ha habido ningún cambio, es preciso elejir un nuevo remedio o tomarle de entre los que no se han empleado todavía, y en este caso, jeneralmente corivíene puls. En las recaídas, o cuando persisten los vómitos, dése carb. veg. ; cuando los niños lloran mu- cho después de haber tosido, arn. Cuando lo tofc se aminora, pero todavía es hueca, sonora o seca, ronca y después nauseosa, acompañada dé gritos, hep. snlf. Cnoue o GAnhóirLLo. Esta enfermedad tan temible puede, en la mayor parte de los casos, curarse con facilidad y prontitud con los remedios ho- meopáticos, en términos de perderse apenas uiía quinta parte dé los niño* que mueren tratados por el método antiguo. Con todo, esto no es posible si los interesados no saben notar los menores síntomas para comunicárse- los al médico, el que debe Conducirse según circunstancias precisas. De ordinario, algunos dias antes de la invasión del crOup, tosen los ni- ñcs un peco; tienen la voz ronca, y la tos so hace sensiblemente hueca y sorda. Sien esté período se sabe elejir un remedio apropiado, se puede prevenir el mal. Cuando la tos es hueea y sibilante, él mejor remedio es siempre hep. sulf. Después de este, adminístrense samb. nig., hyose cih. y algunas veces lumbien nux vom., veratr. alb., cham. # chin., dros,, u otros que se pueden consultur anteriormente. Si los niños se despiertan repentinamente por la noche, tosen con peli- gro de sofocación, o porque l*>s falta la respiración, o porque tienen mu- cosidades acumuladas en la gartanta, tómese uh grano de tártai o emético o un glóbulo de la primera trituración, pótiguse en un vaso de agua, dilu- yasele con cuidado, y dése al niño una cucharada de las de té, y repítasela según la gravedad del caso, cada diez, veinte o treinta minutos, hasta que haya alivio. El croup propiamente dicho ataca de ün modo repentino por la noche: los niños se despiertan a media noche con la tos croupal, que se caracteri- za por un sonido penetrante y agudo semejante al rebuzno de un asno, o a la voz de un pollo que todavía no sabe cantar. Es ronca, tiene algo de aguda o sibilante, o es enteramente ronca, profunda y hueca, como el la- drido de un perro ronco. Al mismo liempo el enfermo respira con dificul- tad, y espira lentamente y por sacudidas. Está mui angustioso y estira él cuello todo lo que puede. Si la enfermedad ha llegado a este grado, por grave qne parezca este caso, el peligro no es tan grande como puede creer- se, solamente es preciso no descuidar nada. El mejor medio pai-a cambiar la ansiedad y para detener la gravedad del mal es un baño de brazos mui calienle. Se hará meler en él los brazos lo mas pronto y lo mas profunda- mente posible, y el agua deberá estar a nna temperatura tan eb.váda como pueda resistirse. El baño durará basta que la los haya cedido;"al mismo tiempo se dará acoh. varios glóbulos diluidos, que se repetirán cada diez, veinte o treinta minutos, o de hora en hora, según las circunstancias. MEDICINA DOMÉSTICA 267 En la mayor parte de los casos, esta primera crisis pasa pronto, pero los niños quedan inquietos, y conservan la voz ronca. .Será prudente tenerlos abrigados ni dia siguiente; no se les dejará que se sienten en el suelo, so- bre los ladrillos, se les sujetará a un buen réjimen y se les envolverá ul cuello una franela un poco usnda. En invierno, se les deberá acostar eu uua habitación, templada. Désele varias veees spqng. en disolución (j). Si la enfermedad no se cura en seguida, sino que por el contrario se de- sarrolla veloz y se hace mas grave, entonces los niños se quejan de ardor en lu garganta, llevan la mano o señalan con el dedo la larinje, la cual se ha puesto mui sensible, sobre todo al tacto; y eslá'mui hinchada o al me- nos mui caliente. Los accesos son mucho mas violentos, hasta el punto de hacer temer la sofocación : se declara al mismo tiempo una fiebre alta acom- pañada de gran sed. El enfermo se'duerme,'pero es para despertarse un poco después eon una crisis mas fuerte. Durante el sueño, la respiración es anhelosa, angustiosa, y obliga al enfermó a echar la cubeza hacia airas, de suerte que la garganta se encuentra mui estirada y no puede sufrir el menor contacto. Si no se ha dado ya acón, este es -el momento de hacerlo, y si es preciso repítasele mientras qué el mal se agrave [2]. Son también mui útiles en esle periodo los baños calientes de los brazos ; debe dejarse la cabeza libre y descubierta, pero ténganse los pies abrigados. Adminístre- se también una lavativa de agua caliente. Si después de acón, hai alivio, si las crisis son mas rarus y menos fuertes, si se presenta transpiración, espérese cinco o seis horas 'después del acón, y repítasele; pero si no hai alivio, y la enfermedad aumenta, dése spong. diluida a cucharadas de las de café después de cada acceso y ademas de hora en hora. Si do se pre- senta ningún alivio después de'la'administración de eslos medios, dése hep. sulf. diluido; un pocp después se pueden alternar estos dos remedios, lia,sia que al fin haya mejoría, pero sin'precipitarse. En el caso de que no hubiera ningún cambio favorable y decisivo después de spong. y hep. sul. dése ars. Spong. y hep. sulf. serán útiles a la tercera o cuarta potencia y ars. a ia treii la o mas elevada. Durante lodo este tiempo se deberá tener a los niños en la mas comple- ta tranquilidad, y .00 darles a beber sino mui rara vez bebidas calientes y mucilajinosas, y aun para eslo será preciso que la deseen. Sí la enfermedad se agrava incesantemente; las manos y los pies se po- nen fríos, el pulso completamente pequeño y el enfermo deja caer entera- mente hacia atrás la cabeza. A cada respiración el vientre se eleva consi- derablemente y baja al momento; pero el pecho permanece iumóvíL Nó debe levantarse la cabeza con demasiada violencia, porque esto podría so- focar al enfermo. Escuchando la respiración se oye un ruido de estertor, que parece que está en la traquearteria. Durante latos hai a veces náuseas, con las qjue se espectoran falsas membranas. Entonces los niños no están (!) Habiendo encontrado diferencias bastante notable? entre las ediciones ingle- sa y francesa de esta .oh™, respecto del tratamiento de} croup, las ponemos en las nulas que van a continuación. (N. del T.) c¿ Aquí en vez de spong en la edición inglesa se aconseja el uso del hep. por la mañana, cuando por la noche se ha admistrado acón. » (2) En la edición inglesa dice como sigue: «en este caso dése acón, que se repeti- rá cada treinta minutos por espacio de dos horas^ o dense acón, y bell. alternativa- mente si fuese necesario. » 268 MEDICINA DOMÉSTICA tan rojos.'aun a veces eslán pálidos; y luego que la tos croupal reapare- ce, su cara se pone azulada, parece que los ojos van a salirse de las órbitas con una grande espresion de ansiedad, y tratan de eojerse convulsivamen- te con fas manos a lodo. Si después de haber administrado los remedios precedentes, prosigue la enfermedad su marcha fatal, puede ensayarse entonces todavía phosph. [1] que produce a veces buen resollado, en los casos en que todos los de- mas medicamentos no son seguidos de efecto; se le alternará con carb'. veg. una vez cada hora (2). Ars. alb. («">) ha salvado niños que estaban próxi- k mos a espirar. Parala ronquera o carraspera que queda dése hep. si es que no se le ha usado ya; entonces dése bell. , y si con esta no se coi.sigue resultado carb. veg.; si tampoco esta produce resultados, arn.—Para los padecimientos consecutivos escójanse los remedios convenientes. Presérvese al niño de cojer frió, y repítase hep. si cada quince días o mas tarde volviese la tos- bucea. Conjestion de sangre en el pecho. En esta afección parece que el pedio está demasiado lleno, con latido o palpitación del corazón, ajitacion, res- piración difícil, corta, anhelosa y oprimida : dése entonces nux vom. por la tarde.—Cuando la dificultad de respirar es mui mala y va acompañad* de una los constante, seca y corta, que quita at paciente el sueño, si hai al mismo tiempo mucho calor y sed, y aparece el caso peligroso, dése una lavativa de agua caliente y después acón. Si no produce un efecto favo- rable en una hora o si vuelve de nuevo el acceso, dése bell. uua vez. En cuanto a la indicación de otros remedios, véase lo que se ha dicho en el artículo conjestion de SANCHE a lá cabeza. Cuando las causas sean fdéhf ticas deberán emplearse los mismos remedios. Frecuentemente una suc- ción en la nuca o ventosas secas hacen bien. Ferr. es también un remedio' escelen le. Las personas sujetas a esta enfermedad evilaráu el correr, Tos licores es- pirituosos y la cerbeza fuerte, deben beber mucha agua, lavarse el pecho y los brazos todos los dias con agua fria, no dormir mucho tiempo por la mañana, y levantarse temprano. EsrUTO DE SANGUE Y HEMORRAJIA DE LOS PULMONES,—CllUndÓ lOSÍendo Se especlora un poco de sangre, esto no constituye en la mayor parte de los casos un estado peligroso, como jeneralmente se cree. Frecuentemente procede la sangre de la nariz, de los dientes cariados, o solo de la garganta. Cuando es realmente del pecho, va casi todas las veces acompañada de una sensación como si saliese de una gran profundidad, es caliente, jeneral- meute sale dulce, se siente también esle sabor algún liempo ánles, o hai al mismo tiempo una sensación dolorosa y ardiente en el pecho. En estas circunstancias evítese todo lo que pueda producir la tos, tal como una conversación larga y fuerte, llamar a alguno, gritar, cantar, o tocar instrumentos de viento; hai que abstenerse también de todo ejercicio viólenlo de los brazos, carrera viva, o ascensión, particularmente las esca- leras que se acostumbran a veces a subirlas de priesa y de dos en dos. Al- gunas veces la enfermedad es efeclo de la inspiración de sustancias fuertes (1) En la edición inglesa se recomienda el lach. ademas de] phosph. (•2) Nada se dice en la edición inglesa de esta alternativa de phosph. y carb. veg. {3) La edición inglesa recomienda el ramb. nig. ademas del ars. MEDICINA DOMÉSTICA. 200 reducidas a polvo o vapores, tales como la cal, yeso o ostuco, limaduras dé metales, despojos de lana, tabaco o ácido sulfúrico, y ácido hidroeló- rico, etc. Cuando la espectoracion de sangre es casi insignificante, y la tos que le acompaña es de una naturaleza tal que reclama el uso de un remedio aná- logo a sus síntomas, elíjase uno que sea apropiado a esta tos con esputo de sangre: tales son, como ha podido verse, bell., mere viv., carb. veg., puls., bry., chin., arn., dulc, slaph., sil. y lach. Pero cuando la enfermedad es ya grave, y se arroja la sangre en canti- dades considerables, o cuando empieza por una violenta hem rrajia, hai pe- ligro verdadero, pero no en un grado tal que el enfermo deba alarmarse; pues esto no haría mas que empeorar su estado. Rara vez es *an crítica como se cree en jeneral. Con todo, cuando han precedido muchos ataques; cuando el paciente ha sufrido largo tiempo atrás otras enfermedades y es consecuencia de ellas; cuando la sangre viene en gran cantidad y es de un color negruzco, entonces la vida del paciente puede considerarse en un inmediato peligro. En otros casos, que son los mas ordinarios, cesa pron- to la sangre por si misma. El objeto mas importante es emplear siempre un tratamiento conveniente cuando la hemorrajia ha cesado, porque aquella ocasión es la mas crítica; pues la enfermedad puede hacerse peligrosa de un momento a olro, ya sea porque la hemorrajia repila frecueiuemeiiie, o ya porque se cambie en una enfermedad incurable de los pulmones. No se puede esplicar el por qué se permite abrir una vena durante o después de la hemorrajia délos pulmones; esle remedio es peor que la en- fermedad, porque la agrava infaliblemente y sin excepción. Las personas que han tenido algunos ataques, y han sido alguna vez ali- viadas con sangrías, están realmente en un estado mas peligroso; en este caso, en efecto, cada sangría da mas fuerza al principio del mal, ya faci- litando las recaídas que entonces son mas intensas, ya disminuyendo la fuerza de la constitución, que no permite que los remedios obren- eficaz- mente. En estas circunstancias es urjenle ponerse en manos de un médico homeópata para seguir un tratamiento largo y regular si es que aun hai tiempo. Lo mas perjudicial es sangrar por hemorrajia de los pulmones a las perso- nas que sufren hemorroides, o a las mujeres que lodavia tienen sus mens- truaciones, porque entonces la sangre puede tomar un curso opuesto. En estos dos casos no hai peligro alguno. —Cesará por sí misma la hemorrajia con la mayor facilidad; y lodas las malas consecuencias pueden prevenirse por un tratamiento conveniente. En la hemolisis después de una caida grave, golpe o estocada en el pe- cho, etc., es también perjudicial la sangría; en muchos casos perjudica! mas que el mal mismo, y es una gran desgracia el que se crea que no hai olro remedio mejor a que recurrir. En estos casos, dése arn., y ordénese dieta; si después de algunos días se pusenian dolores en él pecho y fiebre, dése acón., y si después este estado se empeora olra vez, dense alternati- vamente estos dos remedios. Lo primero que se debe hacer en una hemorrajia violenta es atar un pa- ñuelo al rededor de la parte superior del brazo izquierdo tan fuerte como el paciente pueda sufrirle; lo mismo al rededor del muslo derecho; y si esto no basta pura detener la hemorrajia se hará olro lanto con los oíros dos miembros. Cuando la hemorrajia ha cesado enteramente, debe tenerse la precau- 270 MEDICINA DOMÉSTICA. cion de quitar las ligaduras por grados y una después de otra. Durante esta operación déjese al pacieule permanecer quieto en una posición medio sen- tado, medio echado, sosteniéndole con almohadas la cabeza y el pecho. Aunque la hemorrajia haya cesado, será prudente obligarle a estarse quieto por bastante tiempo y siempre en una atmósfera fresca, y no se le permi- tirá beber ninguna cosa caliente en diez dias, ni licores de ninguna espe- cie, sino solamente una tisana refrijeranle y atemperante, como el agua de cebada o de arroz. Se le evitarán todas las emocipnes morales fuertes, se le dejará dormir algunas veces durante el dia, particularmente antes de la comidal Cuando lus ligaduris no producen inmediatamente alivio, o cuando el paciente no puede sufrirlas bastante, apliquensele ventosas secas alabase del pecho, a las costillas y también a la boca del estómago. Puede suplirse a las ventosas verdaderas con un vaso en el que se queniará un' pequeño pedazo de papel o de otra sustancia semejante; se le vuelve boca a bajo, se deja caer el papel, y se aplica tan caliente como se pueda a la parte- Cuánto mas liempo esté agarrada la ventosa* tanto mejor; esto prueba que lu san- gre ha afluido con mas prontitud y mas abundancia. Lo tercero que se puede hacer es empapar un paño con agua fria, y apli- carle al vientre: sin embargo deberé suspenderse esta aplicación y la ad- ministración de bebidas frias cuando agravan la tos; porque perjudicarían en vez de aliviar. Se administra algunas veces en estas circunstancias un poco de sal de co- en polvo, que no deja de aliviar, pero cuando agrave la tos es mejor no dar nada. Cuando la los continúa y produce esputos de sangre, dése entonces lá clara de huevo con azúcar, una cucharadita de las de café por cada yez; o échese una gola de ácido sulfúrico eu un vaso de agua y tómese una cu- charada de las de lé cada hora o mas a menudo. Inmediatamente después hai que ocuparse de escojer para'el paciente un medicamento (pie no solo acelere la curación sino que prevenga lus recaídas; en cuanto sea posible. En los casos mas graves, dése desde luego la preferencia a acón., ipec, arn., chin- uop, Cuando a consecuencia de los mas pequeños ataques de tos se arroja sangre, cuando el paciente siente previamente una especie de hervor de sangre en el pecho, o si este le parece mu,i Meno, con una sensación de ar- dor, palpitación del corazón, ajitacion, incomodidad, y eslQS sinlornas se empeoran estando echado; si está pálido y ajilado, si l,a sangre, saje de cuando en cuando, y mucha a la vez, dése uu glóbulo de acón., y espérese el resultado por un par de horas; si hai apariencia de recaída, repítase acón,, si después de algunas horas continúa un sabor de sangre, con una pequeña tos, una evacuación de flema estriada de sangre, náuseas y debi- lidad, dése ipec. Si acón, no produce resultados, si la palpitación y ajitacion del corazón aumentan, e impiden al paciente dormir, o no puede permane- cer eu la cama con un calor seco y ubrasúder, désele entonces ars.; es pre- ciso administrarle de dia y en olfacion, dejándole el tiempo necesario para que pueda obrar. Si el caso empeora, olra vez dése ipec. o, nux vom. o sulph. o arn. Si después de estos remedios aun se agrava el paciente, désele am. otra vez. Con el uso de estos medios puede curarse la enfermedad y evitarse algu- nas veces las recaídas. MEDICINA DOMÉSTICA 271 Citándola sangre sale no por efecto de una tos corta y seca como fa mencionada anteriormente, sino de una los.violenta que fué afiles mui seca y después ronca v dolorosa, con un sabor a sangre; cuando el paciente siente escalofríos con bochornos; si eslá mui débil, quiere echarse constante- mente, transpira algunas veces pero no mucho liempo, empieza a temblar1 con oscurecimiento de la vista e confusión en las ideas, o cuando ha per- dido bastante sangre para desmayarse, si esüí pálido, y frió, y se presentan movimientos convulsivos de las manoá y tacara, désele chin., y espérese el resultado, aunque el caso empeorase un poco al principio. Después ferr. Conviene frecuentemente, y si hai ocasión también arn., y algunas ve- ces, ars. Si se arroja la satigre fácilmente sin náuseas, no en mui grandes cautída- dades, si es enteramente pura y de un encarnado claro, si va acompañada de dolor entre los hombros, de accesos de asma, particularmente durante la noche, si el paciente no puede Sentarse y sé siente mejor mientras se pa- sea despacio, pero con necesidad de echarse de cuando en cuando; si eslá mui débil, particularmente después de hablar, y cuando después de cada es- fuerzo tiene que toser, dése ferr., especialmente a las personas delgadas que no duermen bien por la noche, y que tienen un color amarillento. Cuando la'sangré sale coagulada, negruzca, se arroja sin ninguna dificul- tad, y hai al mismo tiempo síntomas de asma, dolores punzantes en el pe- cho, ardor, contracción, palpitación del corazón, gran calor en el cuerpo, con debilidad y frecuentes amagos de síncopes, conviene arn. Cuando lá sangre se espele con esfuerzo de vómito y los, si es de un co- lor rojo claro rutilante, espumosa y eslá llena de grumos de sangre coagu- lada y de mucosidades espesas, algunas veces seguidas dé una sensación como dé cosquilleo debajo del hueso del pecho, y si mientras se lose se sienten dolores punzantes en lu cabeza, y todas las costillas parece que eslán Como magulladas, dése ¡ríni. Si la hemolisis ha continuado ya por algún tiempo, si la sangre es negra y coagulada, si el paciente eslá ajilado durante la noche, siente frió, se queja de debilidad, dé dolores en la base del pecho, con tina sensación de languidez en el eslómago, es de un carácter tímido, melancólico y flemático, désepuís., y fdgunas veces también, segürt las circunstancias, sec. cokq- En un caso semejante, pero en el que la sangre es de un encarnado ^aas vivo, o el ánimo está mas ajilado," de mal humor, incómodo, y se agrava después de una contrariedad, o hai mucho cosquilleo en el pecho, dése rhus. Cuando el mismo cosquilleo aparece en personas coléricas, está peor por la mañana, no tanto durante la noche, si la tos fatiga y afecta la ca- beza, dése nux vom. < Cuando-la causa probable de esputar sangre es la supresión de almorra- nas, o si es consecuencia de un enfriamiento, de una contrariedad il otras causas, dése nux vom. por la tarde, y si no hai alivio hasta el dia siguiente al medio dia, dése sulph., o algún olro de los remedios recomendados que convengan mejor a los síntomas. Si la espectoracion de sangre es efeclo de la supresión de la menstruación, dése pías., y después cócc. u otros reme- dios apropiados para promover la evacuación de la regla. Opv conviene cuando la sangre espectorada es mui espesa y espumosa, éslá mezclada cou flemas, particularmente en las personas entregadas a las bebidas,-o cuando la tos se agrava durante la deglusion y va acompañada de asma, ajitacion, ardor en lu rejion precordial, temblor de los brazos, algunas veces debilidad estreñía de la voz, soñoleneia y estremecimiento re- 27-2 táEIUCINA DOMÉSTICA peutino, frío, particularmente en las estremidades, o calor particularmente en el pecho, y también en el Cuerpo, sin transpiración. Se le puede repelir- despues de un par de horas o mas pronto si es necesario. Hyose conviene cuando el esputo de sangre se presenta con tos seca particularmente por la noche, obligando al paciente a salir de la cama; cuan- do despierta sobresaltado y espantado al irse a dormir, etc.,: también con- viene en las personas acostumbradas a licores espiríluosos: cuando op. y nux vom. no han producido resultado, y en seguida ars. cuando estos no han aliviado. Bell, cuando a consecuencia de un cosquilleo en la garganta hai exilacion a toser y esto agrava la enfermedad, con una sensación penosa como si hu- biese demasiada sangre en el pecho, y cou dolores punzantes, agravados por el movimiento. Dulc. si el paciente sufre mas estando echado, y si se siente lo mismo que en bell., particularmente cuando arroja sangre encarnada clara; cuando la enfermedad depende de un enfriamiento, o de una tos corta descuidada por mucho tiempo. Carb. veg. cuando hai una sensación de ardor violento en el pecho, aun después que la hemorrajia ha cesado, particularmeuie en las personas que padecen a consecuencia de los cambios del tiempo, o que han tomado mu- cho mercurio. Para la debilidad que es consiguiente, no deben darse demasiados medica- mentos; un buen réjimen servirá mas; que coma el paciente a menudo, pero no demasiado de una vez, poca carne, mucha leche, huevos frescos, alimentos feculentos y farináceos, y haga ejercicio moderado en buen tiem- po. Si a pesar de esto el paciente queda débil y demasiado sensible, dé- sele chin ; siesta débil, pero ul mismo tiempo demasiado animado, désele alternada con coff., y si está de mui mal humor, inquieto y colérico, ign. palpitaciones de corazón.—Las causas de esta enfermedad indicarán frecuentemente los remedios; es efecto jeneralmente de emociones violen- las del ánimo o del uso de licores espiríluosos; beber agua fria, particular- mente antes de acostarse, y comer poco por la noche es el mejor remedio para evitarlas, principalmente en los jóvenes. Recomiéndese a las perso- nas que tienen palpitaciones de corazón, que se acuesten sobre el lado de- recho y con la cabeza alta. Si son efecto de contrariedades, dése cham.; de miedo veratr.; de alegría, coff.; de un susto repentino, op. o coff.; de una grande emoción y ansie- dad, dense en olfacion op. o una almendra amarga estrujada entre los dedos. Las palpitaciones en las mujeres embarazadas, cuando el ataque va acom- pañado de debilidad del sistema nervioso, de espasmo y de desmayo, y re- pite frecuentemente, se calman dando de tiempo en tiempo unas gotas de vino de España o de aguardiente.—Durante el ataque es mejor algunas veces dar una cucharada de agua caliente, particularmente cuando la piel eslá muí seca; las mujeres de un color pálido pueden esperimentar algnn beneficio con oler vinagre. Los que están sujetos a esta enfermedad no de- ben beber café ni té. A las personas pletóricas dése acón., que es jeneralmente mejor; des- pués de este nux vom. o bell.: a las personas nerviosas ign. y si se empeo- ran cuando se echan de lado, puls. Chin, conviene siempre para las personas que se han debilitado muCho por la pérdida de humores o por las sangrías. MEDICINA DOMESTICA. 27" Bell, cuando la palpitación del corazón produce zumbido o ruido en lá cabeza, cuando el pecho se siente como lleno, o cuando hai incomodidad y sensación de palpitación en él, particularmente en las mujeres después del parto, cuando falta la leche y después de una herida. En el último caso, dése chin, algún tiempo después. Sulph. convendrá en las mismas circunstancias, cuando bell. no produce resultado, particularmente cuando las palpitaciones de corazón son efeclo de la supresión de una erupción, o de la curación repentina de una úlcera; como también cuando la enfermedad se aumenta por subir escaleras o una cuesta. Ars. puede darse algunas veces después de sulph., cuando este no basta, particularmente cuando la desaparición de una erupción, o la desecación de alguna úlcera sea la causa del mal. Conviene también cuando la palpi- tación se aumenta durante la noche, con grande ajitacion, y por otra parte tiene por sí misma cierta gravedad; con calor abrasador en el pecho; con respiración difícil y agravación eslando echado, y alivio durante el movi- miento. Veratr. conviene en casos semejantes cuando va acompañado el mal de respiración y ajitacion, particularmente cuando el paciente eslá mejor echado que levantado o en movimiento. En las palpitaciones crónicas del corazón, cuando los remedios prescri- tos producen solo un alivio temporal, acódase a un médico, y sujétese el enfermo a su tratamiento por mucho tiempo, si no, el resultado puede ser una enfermedad incurable. RESPIRACIÓN CORTA, ASMA, ESPASMOS EN EL PECHO V OTRAS DIFICULTADES de respirar. — En estas enfermedades atiéndase primero a investigar la causa. Algunas veces consiste en cosas que se consideran como mui ino- centes, tales como la infusión de chamomilla, de té, el uso de la ipecacua- na, .la aspiración del vapor de azufre, etc. En estos casos será bueno dar a oler alcanfor, o espíritu de nitro dulce, o tomar algunas veces un poco de café negro. Si ha sido producida por el azufre, dése puls. En los ataques repentinos, puede algunas veces obtenerse alivio metien- do las manos en agua caliente, o aplicando ventosas secas a la base del pecho o a la boca del estómago, como se recomendó anteriormente en el artículo hemorrajia de los pulmones La colocación de Una ligadura fuer- temente apretada al rededor de la parte superior del brazo, puede tambian hacer bien; primero aplicándola al brazo izquierdo, y si esto no alivia al olio miembro, según se ha dicho en el mismo artículo. Cuando el ataque se presenta después de las comidas, o particularmente después de dormir en seguida de comer; cuando el paciente no puede res- pirar, reliene el aliento, y estiende el cuello como si se fuese a sofocar; si la garganta la siente seca y le parece demasiado estrecha (con tal que sin embargo no haya demasiado ansiedad), désele a masticar un poco de jen- jibre con azúcar. Cuando es efeclo de un enfriamieuto, y cuando ha resultado de esto una tos persistente, dése una lijera ¡níusiou de ¡mis, una cucharadita de las de café de cada vez, particularmente por la tarde. Las personas sujetas a esta enfermedad deben tomar bebidas calientes en abundancia y darse friegas por todo el cuerpo con frecuencia, y también fumar todas las mañanas. • Sin embargo, es mejor usar los remedios siguientes, de los cuales se debe hacer una cuidadosa elección y que se darán siempre en olfacion 36 $74 MEDICINA DOMÉSTICA. lijera colocando el frasquito debajo de la nariz durante la inspiración. Por ejemplo, cuando el pecho aparezca estrecho, como si estuviese apretado, y haya respiración anhelosa; un ruido de estertor en la tráquea, como por la presencia de mucosidades que se moviesen arriba y abajo ; o cuando el paciente sienta como si el aire estuviera lleno de polvo, que le impidie- se respirar : si tiene anhelo grande de aire, como si temiera sofocarse; si están la cara pálida y los pies fríos, dése en este caso ipec en disolución. Si es necesario, se lu puede repetir, algunas veces después de dos o tres horas.; después de ésta, ars. conviene jeneralmente, asi como bry. onux vom. En los accesos mas violentos cuando dependen de un catarro suprimido y recaen en un sujeto cuyo pecho es delicado ; cuando lu afección se agra- va hacia media noche, haciéndose la respiración cada vez mas difícil, cuando hai un ruido de estertor en el pecho, con ajitacion, aflicción, sus- piros y movimientos desordenados e involuntarios del cueipo; o particu- larmente, cuando el acceso se presenta durante el andar sobre todo en los viejos; cuando el respirar no proporciona alivio; cuando se siente el co- razón comprimido ; cuando esta sensación da y se quita ; cuando se pre- senta agravación al menor movimiento o ejercicio, particularmente al subir a la cania, dése ars. o ; después de esto, si hai agravación, conviene ipec. o. Algunas veces si a la mañana siguiente no hai todavía alivio, nux vom. Después éd ipec. se puede dar también bry. , cuando el ejercicio agrava el mal, particularmente después de erupciones suprimidas, o cuando eslas no brotan convenientemenle; cuando el paciente suspira a menudo, cuan- do el alaque da durante la noche y va acompañado de dolores en el vientre, como si se fuese a deponer. Bell, conviene cuando el ejercicio empeora, y el paciente sin embargo no puede estarse quieto; cuando el mal se presenta siempre por accesos acompañados de una respiración unas veces corla, oirás larga, o acelera- da y corta, seguida de una tos seca, y cuando el pecho está como mui lleno. Arn. cuando no solo el ejercicio, sino aun el hablar o sonarse las nari- ces empeora, si la respiración es anhelosa, con dolores punzantes en el pecho. Chin, cuando la respiración es sibilante y ruidosa, o las flemas en el pecho amenazan sofocar al paciente ; si da cuando se despierta por la no- che estando durmiendo o el mal no permite dormir; o si la respiración no es posible sino cuando la cabeza está mui alta, si el enfermo transpira fá- cilmente, y se enfría del mismo modo. Coff. es bueno para las personas mui sensibles, que están sujetas a esla enfermedad después de una grande oscitación iulelectual; cuando la ins- piración puede solo ejecutarse a cortos golpes con ajitacion, ansiedad, ca- lor y transpiración. Si eslo no produce alivio, dése acón, o ambos alter- naiivamante. Conviene dar después puls. a los sujetos tímidos y propensos a llorar, y nux vom. a ios de un temperamento violento y apasionado: si una mortificación silenciosa o una contrariedad son la causa del mal dése ign.; si depende de un violento acceso de cólera o de una disputa cham. Cham. conviene también cuando hai una disposición a toser, sin tos efectiva, con grande presión en el pecho o en el corazón, o cuando el pa- ciente no puede transpirar. Puls. conviene cuando hai vahídos y debilidad en la cabeza, soñolencia, palpitación del corazón, calor en el pecho, y cuando la respiración solo se verifica en la pane superior de él. MEDICINA DOMÉSTICA. 27,1 Vera/, conviene a menudo después de ipec , ars., chin. , arn. particular- mente cuando el paciente está como sofocado, ya sea estando sentado o moviéndose ; si hai dolores en el costado, los profunda y hueca de cuan- do en cuando ; si se declara una traspiración fria, o cuando la cara y los miembros se ponen fríos; particularmente cuando el paciente se encuentra algún tanto mejor estando tranquilo. Pleuresía, dolor punzante en el costado, inflamación de pecho y de los pulmones. Según el antiguo sistema estas afecciones se curan siempre con sangrías. Muchos creen también que sin sangrar es imposible la cu- ración ; y algunos llegan basta asegurar que cuando el paciente se resta- blece sin sangrarle, no puede haber existido una verdadera inflamación: Cuando se les apura mucho y se les presentan curados sin sangrías en- fermos en los que han admjiido ellos mismos que la inflamación existia, insisten hasla el último trance en que deben haber tenido una hemorrajia de los pulmones aunque personas dignas de crédito testifiquen lo contrario; o sostienen que no existía verdadera inflamación de estos órganos; prefie- ren todavía convenir en que se han equivocado en el diagnóstico, que re- nunciar a su inveterada preocupación. Pero por mas que griten que la san- gría es indispensable, estas pretendidas autoridades médicas van perdiendo ya su influencia con el público. El que comprende el espíritu de la homeopatía, puede dispensare siem- pre de recurrir a'la sangría y curar no obstante loda inflamación de-Ios pulmones, al menos que el mal no esté ya demasiado avanzado, que el corazón o los pulmones eslén profundamente alterados. Llegado este es- lremo, no hai curación posible. Eu la mayor pa te de los casos, la inflamación sencilla y ordinaria se cu- ra mui pronto y mui fácilmente. Importa ante todo asegurarse bien del carácter de la enfermedad, pri • mero a causa del peligro que la sigue, y después para no confundirla con el asma, la respiración corta, y otros padecimientos análogos, como tam- bién pura distinguir los casos en que la sangrría es no solamente inútil, sino que también nociva. Los rrncipalcs síntomas son: respiración difícil, aliento abrasador como el que exhala una persona que ha trabajado con ahinco a un gran calor. En el asma el aliento no está mas caliente que de costumbre. En la infla- mación délos pulmones siempre hai los, comunmente sin espectoracion o simplemente de la misma saliva, que algunas veces está mezclada con un poco de sangre pura, espumosa y oscura. Los dolores de pecho varían como las diferentes especies de esta enfermedad. Los viólenlos dolores punjitivos que se manifiestan durante la respira- ción no deben tomarse siempre por pleuresía. Cuando no hai tos o cuando es mui insignificante y cuando el ataque no da con calofríos, no hai ver- dadera pleuresía. La pleuresía falsa empieza jeneralmente por dolores reu- máticos en el cuello, en la nuca y los hombros. Se conoce sobre todo pol- la mudanza fácil v frecuente de los dolores del pecho, por la grande sen- sibilidad que produce el menor contacto; particularmente cuando se.colo- ca el dedo y se arrastra con fuerza entre las costillas. Siempre que la im- pr sion de los dedos aplicados a las costilhs causa dolor vivo, se puedo asegurar que no hai verdadera inflamación, y aun un doctor racional de la antigua escuela no sangrará para esta enfermedad. Arn. basla casi siempre, si no dense bry. o nux vom. Véase el artículo reumatismo. Algunas veces se sienten los dolores en la parte inferior del pecho, y el 276 MEDICINA DOMÉSTICA. paciente no puede respirar fácilmente, el lomar el aliento es mas fácil que espelerle; lo contrario sucede en la verdadera pleuresía. Examínese el abdomen por ambos lados, si a lu allura de las costillas la presión produ- ce dolor particularmente en un costado, no se debe sangrur; puls. o arn. son en este cuso mui útiles, y algunos otros remedios contra el reuma- tismo. Cuando un individuo es atacado de dolores reumáticos, que repenti- namente afectan el pecho, sintiéndose este como oprimido por un peso, con grande ansiedad; sí el corazón empieza a latir violenta y rápidamente, la respiración se hace cada vez mas difícil, con grande ajitacion; si es en- teramente imposible toser, y cuando los miembros de que se han retirado los dolores, se ponen fríos, entonces la muerte es inminente, y el sangrar la acelera. Muchos enfermos, llegados a este estado, se han curado oliendo acón., que puede repetirse tan a menudo como sea útil; si este no basta, dense puls. y sulph. alternativamente. Pleuresía verdadera. Empieza con escalofríos con una tos particular y fiebre ; la respiración es caliente, el pulso fuerte, es decir, que late con mas fuerza que en el estado normal y no se le puede comprimir tan fácil- mente; un dolor agudo y lancinante, situado comunmente debajo délas costillas, y en un costado, sobre el que el paciente prefiere echarse, im- pide la respiración. La los es mui dolorosa y violenta ; solo se espectora saliva estriada algunas veces de sangre, la cara está pálida y el paciente no puede hablar sin dolor. Hacia la mañana hai algún alivio, la piel se po- ne húmeda ; y cuando el paciente empieza a espectorar se mejora. Esta enfermedad no es mui peligrosa, y puede curarse fácilmente; la sangría es completamente inútil. Dése primeramente acón., y si hai agravación des- pués de un par de horas, o si acón, no ha producido ningún alivio, repítase esta dosis una vez; si el alivio no se pronuncia o no progresa, adminístrese bry. que se puede dar dos veces. Si después que el paciente se ha curado, quedan algunos síntomas incómodos que no le impiden salir, dése sulph. PULMOMA O INFLAMACIÓN VERDADERA DE LOS PULMOINES. — Es Ullicho OIUS grave. También empieza con escalofríos. La fiebre no se mitiga por la ma- ñana; la piel está siempre caliente y seca, el pulso es blando al principio y late cinco veees durante cada respiración, en seguida se vuelve duro ; el alíenlo también es caliente, la respiración no se halla tan impedida por los dolores lancinantes de que se ha hablado en la pleuresía, en lu pul- monía son nías bien presivos y ocupan el cenlro del pecho ; pero la res- piración es mucho mas acelerada, la tos no es tan frecuente, pero sí mas molesta, dura mas liempo en cada acceso y produce frecuentemente dolor de cabeza. La cara eslá desde el principio de un color azulado purpúreo, y las mejillas encarnadas; el paciente casi no puede echarse de lado sino de espaldus ; desea estar quieto y no hablar, está frecuentemente taciturno e indiferente a todo lo que pasa a su alrededor. Una de las arterias grue- sas situadas en el cuello eslá comunmente hinchada, y mas fuerte que la del lado opuesto; frecuentemente esla del lado izquierdo. Esta circuns- tancia no se presenta en las demás enfermedades de este jénero. Con fre- cuencia la tos empieza siendo enteramente seca en el principio; después la especioraciou se vuelve un poco sanguinolenta. Luego que se establece una espectoracion de mucesidad abundante y espesa, cuando la tos, aunque frecuente, alivia el pecho, y la piel per- manece húmeda y flexible; puede considerarse el peligro como pasado; pero no por eso se debe dwjur de sujetar al enfermo a réjimen por dos o tres remanas; y no se Je permitirá comer sino poco de cada vez y a menudo. MEDICINA DOMÉSTICA. $77 Sucede con frecuencia que cede esta enfermedad a acón. , seguido de dos o ires tomas de bry. ; si esto no basla, dése rhus. y después si todavía esto no es* suficiente, ; sulf. ; y algunas horas después, si es preciso, vuél- vase a dar acón-. En algunos casos es preciso emplear bell., mere viv. o puls; cuando el enfermo se encuentra en un estado de estupor op. es mui útil; en los casos mas peligrosos se hallarán convenientes ars., acid. phosph. o hyose Tales son las indicaciones que hai que dar aqui relativamente a los remedios que habria que prescribir. Véase respecto a esto, el artícu- lo fiebre y otros padecimientos. Si se ha cortado el estado inflamatorio de los pulmones, y queda al mis- mo tiempo una espectoracion mucosa-purulenta ; si el enfermo pierde las fuerzas y tiene sudores nocturnos, désele lycop. ; frecuentemente ha sido muí útil en este caso. Hai olra especie de inflamación del pulmón particularmente peligrosa ; esta es para la que se emplea ordinariamente la sangría, que la hace com- pletamente incurable. El enfermo esperimenta inmediatamente después de cada sangría una mejoría sensible, pero que dura poco tiempo, y cada ves es mas corta esta mejoría después de cada sangría; llega un momento en que la falla de sangre produce la muerte, o bien la inflamación pisa al es- tado de supuración. En este caso el enfermo se estenua y muere como en la tisis; solamente no dura tanto tiempo, pues bastan para ello dos o tres semanas. La inflamación de que hablamos, y en laque la sangría es tan fatal, se co- noce en los síntomas siguientes : pulso grande y acelerado, latidos preci- pitados y pequeños; falla de dolores lancinantes, presión no dolorosa en las costillas, pero respiración profunda que produce punzadas en los cos- tados, sentimiento de tristeza y sensación de un peso eu los pulmones : la respiración es mui acelerada ; no larda eu presentarse la tos que es mui frecuente y corta, y desde los primeros dias se presenta y se aumenta sin cesar la espectoracion de sangre ;~la voz es débil y corta, e insensiblemen- te se hace sibilante ; el hablar produce inmediatamente una tos violenta. A pesar de esle eslado, el enfermo no está tan taciturno, ni su cabeza tan afectada como en la forma precédeme de esla enfermedad ; por la mañana la fiebre cesa un poco, la piel permanece húmeda, pero sin alivio. Cuando se presenta una espectoracion espesa, entonces la respiración sé hace mas lenta, los intervalos entre la fiebre mas largos, y el paciente no larda en entrar en convalecencia. Al principio de esta enfermedad dése acón. , que reemplaza a la sangría, y si el eslado empeora, mere viv., que si es necesario puede repetirse ; si los pulmones conservan una especie de constricción con tos corla y seca, dése bell. Cuando hai una grande debilidad, cuando el pulso se pone mui pequeño, apenas sensible, la piel fria, cuando ya no es caliente el aliento, y de liempo en tiempo hai vómitos mucosos de un rojo pardo, dése curb. veg. Si queda respiración fuertemente sibilante, dése cham.; después de la cual conviene alguna veces nux vom. Si no hai alivio, después de mere viv., y la respiración queda anhelosa y mui acelerada, dése ipec y repí- tase dos o tres veces; si hai siempre constricción y angustia y los miem- bros se ponen frios, dése veratr., que debe repetirse poco después. Cuan- do el paciente se debilita gradualmente y hace esfuerzos vanos pura res- pirar, désele ars. Si luego que la inflamación ha cedido, se establece una espectoracion purulenta, y no es posible proporcionarse por el pronto un médico ho- 278 MEDICINA DOMÉSTICA meópata, dése mere viv. , después h^p. , en seguida chin. , después dulc. , alguna veces también puls. , y cuando hai mucha fiebre acón. , hasla que haya llegado un médico, cuya presencia es absolutamente necesuriu, y no debe dilatarse un momento. Hai olía especie de inflamación de los pulmones, cuya marcha es lenta y maligna y en la que la sangría es absolutamente mortal. Cuando no se ha recurrido a la sangría hai una esperanza ; cuando se ha hecho uso de ella no hai ninguna. Esla enfermedad se caracteriza por su invasión lenta, mientras que en las otras es repentina y violenta ; el paciéntese siente indispuesto por unos pocos dias sin saber definir bien lo que tiene, le falta el apetito, no puede dormir, 5 siente dolor de cabeza ; después aparecen los escalofríos, que van seguidos de grande peso eu el pecho y de respiración corta. En se- guida se presenta espectoracion mucosa, rara vez mezclada con sangre; al mismo tiempo sobreviene una fiebre fuerte, de la que el paciente no se queja, y que le deja jeneralmenle mui tranquilo. Sus ojos turbios o em- pañados, una traspiración viscosa en la frente, la palidez de su cara, la na- riz seca, la lengua negra y seca, manifiestan la gravedad del muí. Murmura y habla constantemente, como sí durmiese, sin embargo contesta acorde cuando se le pregunta ; la orina se evacúa involuntariamente, y después de algún liempo, también los escrenientos; la respiración se hace cadu vez mas corta, desigual y estertorosa ; el pulso pequeño y acelerado se vuel- ve irregular, la palidez y debilidad aumentan, hai estertor y lu lengua se pone enteramente negra y seca. El paciente asegura que se halla 111141 bien, pero se queja de cosas imujinarias ; se le figura, por ejemplo, que alguien eslá serrando madera, sensación que loma del estertor de su pecho, o bien cree que está a oscuras cuando el cuarto está perfectameiile iluminado por la luz del día. Cuando se establece una transpiración suave en todo el cuerpo, o se hallan pequeños granos briltunles en la orinu, el peligro por lo común ha pasado ; pero si se ha acudido a la sangría en el curso de la enfermedad, el paciente está irremisiblemente perdido. Las personas privadas de todo consejo médico en estas circunstancias, deben ensayar con esperanza de aiiviurse, op. repetido según sea necesa- rio; lo que en algunas ocasiones produce buen efecto; después de esto dése arn. ; si el caso no se alivia después de esla, verat, es algunas veces mui útil adniinislrado una o dos veces. Si la debilidad y el estertor aumen- tan, a pesar de esto dése ars.; conviene frecuentemente ipec. , y después de esta, otra~vez ars. En los casos en que verat. y ars. han producido un poco de mejoría déselos alternativamente ; si el alivio obtenido es solo tem- poral, y va seguido después de agravación, dése sulph., y después un gló- bulo de uno de los medicamentos que haya probado mas eficazmente. Cuan- do la piel del paciente eslá desollada de estar echado, o cuando liene oirás heridas que se vuelven gangrenosas, como acontece frecuentemente, dése chin. , y désele ullernativanienle con ars. Si aparece ceguera como se ha indicado anteriormente, dése bell. ; si no obstante esto las fuerzas disminuyen gradualmente, natr. mur. en disolución, a cada agravación y por gotas puede aun cambiar favorablemente el eslado del enfermo. En todos los casos, estas diversas indicaciones pueden aliviar con mas esperanza de buen éxito que lo haria cualquiera otra práctica de la anti- gua medicina, con la que es raro conseguir algún bien. Comisión o conmoción violema del pecho.—En la primera parte de este MEDICÍNA DOMESTICA. 279 libro se ha manifestado qne se debe dar am. y que será siempre mejor que la sangría. En caso de hemorrajia se han indicado las circunstancias en las cuales debe darse alternativamenie con acón. ; y en los casos en (pie la fiebre después de haberse manifestado, couliuú.i, y hai agravación por la larde, acompañada de un dolor, como si hubiera una úlcera en el pecho, dése en seguida puls. ; pero si la tos permanece, cou espectoracion do mucosidad espesa y amarilla, dése mere viv.; si hai espectoracion algo dulce con síntomas de asma, nux vom. ; si quedan otros síntomas, tales como los corta y seca, respiración oprimida, cara pálida, pérdida del ape- tito o fulla de sueño, dése chin. F.—De In garganta. Muchas enfermedades diferentes que producen un dolor incómodo en la garganta, en la que lienen su asiento, se conocen jeneralmente con la de- nominación de mal de garganta. Sin embargo, deberán tenerse en cuenta las diferencias que hai entre estas enfermedades. También será preciso siempre examinar con cuidado el fondo de la garganta, lo que se hará, co-» mo se practica ordinariamente, haciendo abrir In bocu y bajando la lengua con la estremidad de una cuchara. Respecto de los niños, se tendrá la precaución de colocar entre las mandíbulas un tapón'de corcho, cuidando de no comprimir la lengua con demasiada fuerza, por terror de que esto tenga consecuencias desagradables. Entonces compárese todo lo que el paciente diga o lo que se pueda ob- servar, con los síntomas de los medicamentos recomendados. Si el caso ac- tual va acompañado de ronquera u otros padecimientos, consúltenselos ca- pítulos relativos a ellos. Cuando un remedio no produce una curación completa, siempre será fácil hallar un segundo medicamento que no pueda menos de corresponder u los padecimientos, mucho mejor que toda otra medicación tomada de los medios ordinarios. Si se quiere hacer uso de alguno de los medios domésticos ordinarios, se puede encontrar alivio en algunos easjs, con la aplicación al cuello du- rante la noche, de una media de estambre de una persona sana y vigoro- sa, y si es posible de diferente sexo. Cubrir demasiado y por largo tiempo el cuello no es bueno, porque esto no impido que el nial vuelva a presentarse. Las personas que han padecido frecuentemente de dolor de garganta deben acostumbrarse a ir con el cuello descubierto, o a llevar solo una lijera corbata. Algunos dicen que es mas eficaz una cinta ancha de lana negra. El hacer gárgaras es una mala y antigua coslumbre, que ha sido entera- mente abandonada aun por los mejores médicos de la antigua escuela. Cuan- do esto hace bien, puede alcanzarse un alivio mayor por la inhalación de vapores calientes, y principalmente de leche fresca. Cuando la garganta está seca e hinchada y la enfermedad es viólenla, aspire el pacienle el vapor de un cocimiento de leche con higos. Se pueden también tomar pequeños pe- dazos de higo o beber un poco de la leche. Si la enfermedad es crónica y lu deglusion difícil, será bueno en esle cuso hacer coser flor de harina sim- plemente en agua. Desde lu invasión del mal, o cuando la enfermedad es de una considerable duración, se podrán hacer gárgaras con un poco de aguar- diente y agua caliente. Si esto empeora, dése coff. o nux vom. Acón, se emplea frecuentemente en este caso, y debe repetirse de tiem- po en liempo; conviene cuando el paciente esperimenta dificultad o dolor 280 MEDICINA DOMÉSTICA, al tragar, Cuando hai la misma sensación al hablar; cuando la garganta eslá mucho mas encarnado qne de ordinario, y se sienten en ella ardor, punza- das y una especie de constricción con fiebre, ajitacion, impaciencia, ansie- dad e inquietud. Cham. conviene a menudo para los niños, o cuando el mal es efecto de un enfriamiento producido por una corriente de aire o por beber cosas frías durante la transpiración, cuando hai ademas de los síntomas mencionados en acón., sequedad en la garganta con sed; cuando al tragarse esperimenta la sensación de un obstáculo incómodo, asi como cuando se dobla el cuello; cuando parece que hai alguna cosa que se ha detenido en la garganta, pero que los esfuerzos que se hacen para arrojarla son inútiles; o cuando siente como si hubiera un tapón en la garganta; cuando las glándulas de la man- dídula inferior están hinchadas, hai un dolor pulsativo en ellas y fiebre que aparece jeneralmente por la larde, algunas veces con calor y otras con frió; otras veces puede haber catarro y cosquilleo en la garganta con pro- vocación a la tos; como también punzadas en el vértice de la tráquea y ron- quera de la voz. Después de haber lomado cham. espérese a que el pa- ciente transpire. Ign. conviene en las mismas circunstancias que cham., pero particular- mente cuando sin tragarse esperimenta una sensación como de un tapón que estuviera detenido en la garganta, y se siente también un dolor de es- coriocion. Se esperimentan también dolores punzantes, algunas veces sin tragar. Son mas difíciles de tragar los líquidos o la saliva que los alimen- tos sólidos. El mismo remedio conviene cuando las glándulas eslán hincha- das e inflamadas, o ulceradas o duras. Sin-*!Ínbargo, en este último caso conviene ensayar primero bell. y mere viv., como lambieu hep. y sulph,. Cuando estas glándulas son asieuto de úlceras planas, dése primero ign. y después lycop. Nux vom. se administra en casos semejantes a los mencionados en cham. e ign. cuando se esperimenta una sensación como si hubiese un lapon O pedazo de alguna cosa en la garganta, particularmente mientras se traga; cuando hai dolores mas bien presivos que punzantes, especialmente al tragar la sativa, cuando la garganta se siente como rugosa y escoriada^ arañada y áspera. El aire frió afecta la garganta dolorosamenle; algunas veces la campanilla está hinchada y encarnada. Puls. lo mismo que en nux vom., cuando hai la misma sensación mientras se traga, o la garganta aparece demasiado estrechn y obstruida por la hin- cha on; cuando hai la misma rubicundez y el mismo arañamiento, acompa- ñados de sequedad, pero sin sed; se sienten dolores punzantes en la gargan- ta cuando se traga, y mas aun sin tragar : adamas de eslo hai tensión en la gargauía: las glándulas del cuello duelen cuando se lus toca por dentro, la garganta se pone de un color rojo azulado; la fiebre es sin sed; por la tarde se sienten calosfríos y después calor. Bry. cuando la garganta duele al tocarla y principalmente moviendo el cuello; cuando la deglución es difícil y penosa, como si hubiera alguna cosa dura en la garganta; los mismos dolores punzantes y escoriación, pero se- guidos de sequedad, o de una sensación como si la garganta estuviese seca y que hace difícil el hablar. Estas sensaciones aparecen de ordinario des- pués de haberse acalorado o después de tomar helado; frecuentemente hai fiebre con sed o sin ella, y grande irritabilidad. Bhus casi siempre en los mismos casos que bry., sobre todo si los dolo- MEDICINA DOMÉSTICA. 281 res son mas profundos, y el paciente está mas inclinado a llorar, ó también cuando bry. no ha producido una completa curación. Caps, cuando los síntomas son semejantes a los arriba mencionados; se puede dar cuando los otros remedios no son suficientes, cuando la fiebre continua con calosfríos y sed, y después con calor. Los dolores son parti- cularmente presivos, el gaznate eslá contraído espasmódicamente; hai esco- riación y ulceras en la garganta y también en la boca, con sensación de ardor; al mismo tiempo tos, con violento dolor eu la garganta, particular- mente cuando el enfermo desea estar en la cama y quiere dormir, tie"ne miedo del aire y del frió. Coff. cuando la afección va acompañada de coriza seco, disposición a to- ser y se pone peor al aire; si el enfermo está desvelado, ardoroso, propenso a llorar y muí impresionable. Se le puede repetir dos o tres veces. Conviene particularmente cuando el dolor pasa del paladar al gaznate; cuando es continuo, y se empeora tragando; cuando la parte del paladar que corres- ponde al gallillo está hinchada y aun prolongada; cuando el enfermo piensa que se acumulan flemas en la boca y hace esfuerzo para deglutirlas; cuando al mismo tiempo se sienten sequedad y calor en la garganta. Bell, conviene casi en los mismos casos que coff. pero aquí el esterior de la garganta está hinchado, el beber produce espasmos en ella, los fluidos se arrojan por la nariz; hai constante disposición a trugar, con dolor lanci- nante aumentado por el tacto; la deglución es difícil, produce espasmos, o se hace enteramente imposible, la gargunta se siente como si estuviese dema- siado estrecha, o como si hubiese un tapón en ella; sensación de sequedad y ardor, y disposición a arrojar alguna cosa; sin tragar, se siente un dolor dislaceratue que se estiende a lu mandíbula inferior y a lu cabeza, mui pronto se forman úlceras en la garganta, que aparecen repentinamente y se estíenden a bastante distancia- las amígdalas y la campanillu están hincha- das y de un color rojo vivo y algunas veces amarillento, o existe esta ru- bicundez sin hinchazón; violentos dolores al tragar, esforzándose para gar- gajear, algunas veces aun Cuando se habla; dolor punzante en las glándu- las, como sí fuesen a abrirse; las glándulas al esterior están hinchadas, al mismo liempo hai fiebre violera, algunas veces también con gran sed, mu- cha saliva en la boca, dolor de cabeza frontal, y la lengua está sucia. Mien- tras que reinan la fiebre escarlatina, o enfermedades análogas, conviene bell. contra la mayor parte de las afecciones de la garganta, que alo-u- nas veces se debe dar alternando con mer. viv. Mere. viv. como bell. conviene en los dolores de garganta, con ulcera- ción; se le administra cuando bell. no es suficiente; sobre todo si la gar- ganta continúa mui encarnada, pero particularmente si hai úlceras y cuan- do estas son indolentes, y se han formado lentamente. Eu este caso mere viv. está perfeclamenie indicado; es preciso algunas veces alternarlo con hep. En el principio de la enfermedad conviene mejor que los precedentes; este último remedio (hep) cuando los dolores punzantes son mui violen- tos mientras se traga, eslendiéndose a los oidos o a las glándulas de la garganta y hasta lu inundíbula inferior; cuando el ardor en la" garganta ape- nas permite tragar, con dolores punzantes eu las lousilas, y un sahor mui desagradable en la boca; las enrías y lu parte inferior de lu lengua están hinchadas con salivación abundante; por la larde tan pronto calosfríos, co- mo calor; y después transpirarion sin alivio, durante la noche inquietud o agravación de los sinlornas que se aumentan al aire fi io/ al mismo liempo 37 282 Medicina doméstica. hai dolor de cabeza y tirantez de la nuca. Después de bell, y mere viv. se cuidará mucho de no lomar frió. . Hep. frecuentemente conviene después de mere viv. particularmente des- pués de un enfriamiento; después de hep. se puede dar mere. viv. otra vez, si no hai alivio. Se da lach. cuando bell., mere viv. o hep. no bastan; partienlarmente si el paladar está hinchado al rededor del gallillo, si la deglnsion es mas do- lorosa; si hai salivación abundante y muchas flemas en In garganta, cuando las úlceras son malignas, o un estado de espasmo impide beber. Todos los sufrimientos se empeoran jeneralmente por la larde, algunas veces también por la mañana, particularmente en los sujetos que han abusado del mer- curio. Verat. conviene cuando la garganta está mui áspera con una sensación de raspamiento y de presión como si estuviera hinchada, con dolores y es- pasmo al tragar. Coce conviene cuando la enfermedad eslá en lo mas hondo de la gar- ganta, cuando hai dolor al tragarlos alimentos sólidos, o la parte inferior de la garganta está muí seca, o cuando al beber se produce un ruido sordo. Chin, cuando las partes afectadas eslán secas y se sienten dolores lanci- nantes al tragar, si hai agravación por las corrientes de aire; si ha» alterna- tiva en los dolores cuando perturban el sueño y reaparecen ios padecimien- tos a cada enfriamiento. Sulph. conviene ordinariamente en los dolores de garganta que reapare- cen frecuentemente y son de larga duración, sobre todo cuando el interior de la garganta, las glándulas y In cumpunillu están hinchadas; cuando eslá impedida la deglnsion, y ademus de estos dolores hai punzadas y la sensación de un tapón que estuviese detenido en la garganta y estrechase el paso, con escoriación y sequedad. Sin embargo, esle remedio no debe darse sino a lu segunda trituración. Silie es útil sobre todo cuando hai dolores pulsativos y lancinantes, y cuando una hinchazón roja oscura del gallillo índica una supuración próxi- ma. En esle cuso, cataplasmas calientes de harina de linaza, que se renova- rán frecuentemente, producen un grande alivio, asi como el hacer gárgaras von leche caliente y agua de avena. Estos medios bastan muchas veces para culmar los dolores y favorecer lu abertura espontánea del absceso. G. — ©e los «Sientes. El dolor de dientes se estiende con frecuencia a todas las partes de la cabeza, la mandíbula inferior, los oidos, la mandíbula superior y los hue- sos déla cara; y recíprocamente los dolores de eslas parles se reflejan so- bre los dientes. Hé aquí porque hemos colocado al fin de este capitulo un articulo sobre las enfermedades de la cara. Esta conexión prueba ya que no siempre debe buscarse la causa del dolor en la caries de los dientes.__ Los dientes agujereados no duelen solo por la razón de que lo están, sino mas bien porque hai otra causa; pueden estar agujereados y caerse comple- tamente sin hacer padecer, como también se pueden tener dientes cariarlos sin dolores, y por el contrario, los dientes que no lo eslán pueden ser orijen de dolores ¡nlolerables. — Decir que los nervios pueden estar al des- cubierto, es decir un contrasentido, el que sepa lo que es un nervio y se medicina doméstica 28ó tome el trabajo de reflexionar, lo comprenderá fácilmente. No debe permi- tirse la estraccion de un diente mas que cuando haya una fístula incurable, una úlcera en su raiz, etc., y en los niños antes de la segunda dentición; eu todos los demás casos la estraccion es un medio mui malo, porque arran- cando la raiz, no se puede menos de perjudicar a la quijada, y porque la raiz puede permanecer en esla sin inconveniente cuando se la sabe tratar. Olra razón que debe hacer rechazar esle medio es que inmediatamente que se arranca un dienteagujereado, no tarda olio en estarlo. Cuando los dientes permanecen en su puesto, la alteración que les ataca no se comunica sino mui lentamente, a excepción de algunas enfermedades particulares que les afectan con prontitud a lodos o parte de ellos, y los carian. Cuando el mal tiene esla fuerza, de nada serviría hacer la estraccion de los dientes, por- que si se llegare a sacarlos lodos, la enfermedad atacaría a los huesos No se crea pues que uu diente enfermo hace enfermar a otro, le pone negro y le comunica la caries. Todo esto no es mas que una pura invención de los sacamuelas, que no saben curar diferentemente las enfermedades que son llamados a tratar. Cuando tenga que pedirse consejo sobre el estado de los dientes, y par- ticularmente cuando se trate de reemplazar los vacíos de la mandíbula, lo cual en muchos casos es útil, hai que dirijirse a un dentista hábil y concien- zudo; cou demasiada •frecuencia está uno espuesto a muchos engaños y de- cepciones,— La mayor parte de los polvos y elíxires odontáljicos, sou me-; dios que perjudican de diez veces nueve, no producen efecto alguno en cien casos, y cuando alivian una vez es por casualidad. Los dienies y las encías no deben ser molestados con el monda dienies, esta coslumbre es mui mala.—Téngase cuidado de no comer y beber ni mui cábeme ni muí frió: ténganse los dientes limpios enjuagándoselos mui a menudo, pero so- bre lodo por la mañana y después de cada comida; empléese si se quiere un cepillo suave, que se pasará üjeramente por la corona. No se olvide el enju- gar y frotar bien la parte interna, llevando el cepillo de la raiz a la corona de los dientes. Los que crean que es indispensable emplear polvos hagan uso de azucar de leche, que basta para librara la boca y a los dientes de toda clase de residuos que dejan los alimentos. El medio mas agradable para tener los dientes limpios y quitarles el tártaro de que se cubren, sin tener necesidad de raspar con acero, es tomar nata agria y frotar con ella los dientes. Cuando se lavan los dientes con agua libia, no se tarda eu advertir cuan limpios se han puesto. Esta propiedad déla nata agria, de- pende de la acidez que contiene entonces y que basta puru disolver las in- cruslacioues dentarias y todo lo que se encuentra en la boca: su poder es lal, que podría alterar los dientes si este alimento ácido fuera demasiado fuerte. Ahora, lo que no puedo saber aun es, si este ácido empleado en do- sis pequeñas y debilitado por la saliva, puede perjudicar a la duración de los dientes. Cuando se tiene dolor de muelas, recórrase lo mas pronto posible a los remedios apropiados de que se trata mas adelante: ellos le harán des- aparecer prontamente en la mayor parte de los casos. Si no producen efecto recórrase a un medico homeópata, que dará lo que convenga mejor para un pronto alivio. Los mas peligrosos de lodos los remedios son el opio o el láudano, por- que perjudican siempre. Los dolores que se han disipado cou opio reapare- cen infaliblemente, con doble violencia. Es muí raro que el opio sea el ver- dadero remedio; en esta duda, lo m^jor es tomar un pedazo de él del grosor 28i MT.DICINA DOMÉSTICA de un guisante y aplicarle al esterior de la mejilla.—La resudación aceitosa de humo o la creosota es igualmente un mal medio; en lu mayor parle de casos es impotente; y en olro calma el dolor momentáneamente; pero en- tonces vuelve los dientes muí frájiles, y produce ademas ulceraciones en la boca, la garganta y el estómago; y solo con que se lu aplique a la boca padece el estómago. Es mui peligrosa para las personas que tienen el pe- cho débil y delicado. Todo el que padezca de dolores de muelas debe abstenerse enteramen le del café, porque jeneralmente le perjudica. Los que hacen uso de remedios homeopáticos debeu guardarse mucho, aun bastante tiempo después, de todo lo que destruye la acción de los remedios. \]n remedio homeopático bien elejido produce un efeclo inmediato, .ya se le ponga sobre la lengua, ya se le dé a oler. Frecuentemente determina una agravación pasajera que es preciso dejar pasar con paciencia. Luego que el mal se alivia es preciso saber esperar. Si reaparece cou los mismos sinlornas, vuélvase a lomar el mismo remedio; pero si se presentan síntomas nuevos, elíjase otro. El dolor de muelas es un padecimiento tan jeneral, y hace tan amarga la vida, que nos hemos esforzado cuanto nos ha sido posible para hacer fácil la elección de los remedios, porque si se elijen mal, quedan sin efecto, por esto piv sentamos dos modos de hacer esta elección. Primeramente indica- remos el jénero de dolor y al lado el remedio; en segundo lugar, indicamos el remedio y al lado el jénero de dolores que cura. Considérese primero, que no basta solamente encontrar en el enfermo to- dos los síntomas propios al remedio, sino que tampoco debe olvidarse des- pués que el remedio que se elija debe reunir todos o casi todos los sin lo- mas de la enfermedad. Espliquémonos cou el ejemplo siguiente : un enfermo esperimenta dolo- res violentos, de estirón o dislacerantes en diversas partes, con dislacera- cion en la encía [a]; algunas veces con dislaceracion hasta en lu cubeza [b\; el aire frió le exita primero y después le agrava [ó]; el mal se presenta las mas veces por lu mañana [d] con conjestion sanguínea a lu cabeza [e]. Entre eslos diversos sínlomus encontramos puru— [a] Dolor en lus encías mere, viv., puls., staphys hep., sulf., ars., carb. veg., hyose, cale. carb. [b] Kemedios que estienden su acción a la cabeza : mere viv.} staphys., nux vom., cham.. sulf. ars., antim. crud., rhus loxie, hyose [c] La ngruvucion ul uire frió : bell., mere viv., staphys.,bryon., nux vom., ehin., sulph.. ars., hyose [d] La agravación hacia lu mañana: iyn., mere viv., puls., phospk., acid., staphys., b.tyon.,nux vom., chin., sulph., ars., hyose fe] Conjestion de sangre a la cabeza: acón.; puls., chin., hyose, cale. carb. Todos los remedios que solo se citan una vez, o que se repiten dos veces, deberán borrarse, y después se verá que puls., staphys,, sulf. y ars. tres ve- merc viv. cuairo veces, e hyose cinco veces. Este último remedio será pues el que será preciso elejir, y no se tardará en adquirir la seguridad de que él es el que corresponde mejor a los síntomas y el que debe aliviar. Encías hinchadas: acón., bell., mere viv., phosph., acid., staphys., nux vom , hep., sulff., chin., rhus toxie Encias hinchadas y dolorosas; mere, viv., puls., staphys., hep., sulf., ars. alb., carb. veg., hyose,.cate carb. MEDICINA DOMÉSTICA. 2$íj Dientes flojos, movibles o vacilantes: mere viv., bry., nux vom, arsr., rhus., hyose; dientes mui largos o crecidos.* bry., am., sulph., ars.; den- lera: phosph., acid., sulph.. dulc. Dolores, particularmente en los dientes cariados: mere viv. puls., staph , nux vom, chin., ant. crud.; también coff., phosph. acid., bry., cham., sulph. silie, cale carb.; en todu In tila de los dienies mere viv. slaph.i cham., rhus; solo en uu ludo mere viv,, puls., cham., rhus. Dolores que se estienden u los huesos du las quijadas y a lu cara: mere viv., nux vom., sulph., rhus, hyose; a las mejillas, bry., sil., a los oídos, mere.vio., puls., slaph., bry., cham., sulph-,ars., rhus; a los ojos, puls., a lu cabeza, mere. viv. slaph., nux vom, cham., sulph., ars., ant. crud.,rhus, hyose Con conjeslion a la cabeza: acón., puls., chin., hyose.f cale; con las venas hinchadas en las manos y en la frente, hyose'. cafe; calor en la ca- beza, acón., puls.. hyose; quemazón o ardor en los ojos, bell., mejillas encar- nadas, acón., bell., cham.; cara pálida, puls., ars. Hinchazón de las mejillas : bell., mere viv., puls., slaph., bry., nux vom., cham., arn., sulph., ars. alb. Con salivación: bell.. mere, viv., puls., con boca seca y sed, chin.; sin sed, puls.; garganta seca y sed, bell.; con escalofríos, puls. Con diarrea: cham., dulc, rhus.; con astricción, mere viv., slaph., bry., nux vom. Con estrema sensibilidad nerviosa: coff., acón., bell., hyose A consecuencia de un enfriamiento: acón , ign., bell., mere viv., puls., nux vom., cham., dulc, rhus., hyose Agravación por el frío : mere vio., phosph. acid., sulph., ars , ant. crud , cale- agravación con el aire frió, bell., mere viv., slaph., sulph., hyose; por el agua fria, bry , nux vom., sulph., ant. crud., cale,; bebiendo frió, mere viv., puls., slaph., nux. vom., cham., sulph. cale; baño frió o lavar- se en agua fria, mere viv., sulph., cale; entrando aire frió eu la boca, bell., mere viv., phosph. acid., bry., nux. vom., sulph. Alivio poniendo sobre la mejilla la mano fria: rhus ; por el aire frió, puls.; por el agua fria momentáneamente, bry.; por los dedos mojados en agua, cham. Cuando agrava el aire libre, bell., staph., nux vom., chin., sulph., rhus; el viento, puls., rhus; la corriente de aire o el beber, chin., sulph., cale; agravación en la habitación, cham., sulph., ant. crud. Alivio al aire libre, puls., bry., hep., ant. crud. Agravación por un fuerte calor, bell., phosph., acid.; por un calor mo- derado, coff., pnls., bry., cham., sulph.; bebiendo caliente, mer. viv., nux. vom., cham.; comiendo cábeme, bry.; en una habitación caliente, o por el calor eu jeneral, puls., phosph., acid., hep., chum., sulph.; por el calor de lu cuma, bell , mere viv., puls., phosph. acid., bry., cham. Alivio por el calor, mere viv., nux vom., sulph., ars., rhus. Empeoramiento fumando tubuco, ign., bry., chin.; alivio fumando ign., mere viv. Agravación tomando café, ign., nux vom., cham.; tomándote, ign.; vino, nux vom , ign.; bebiendo en jeneral, cham. Agravación comiendo, bell., mere viv.,puls., phosph. acid., slaph., bry., hep. sulph., carb. veg.; después de comer, coff., ign., bell., sluph., bry., nux vom., cham., sulph., ant., crud.; algún tiempo después de comer, bell. Cuando se mueve la boca: nux vom., ihum.; masticando, mere, vio., 286 MEDICINA DOMÉSTICA. Staphys., bry . nnx vom., sulph., ars. alb , carb. veg., hyose ; mordiendo. coff., bell., puls., nux vom., hep. sulf, rhus t<¡x.; apretando los dientes, hep. sulf., chin.; alivio después de esto, coff., chin., ars.; tocándolos, bell , mere vio., acid. phosph., staphys., bry., nux vom.. am., hep. sulph., ars , carb. veg.; locándolos con la lengua, ign., mere, viv , chin , carb. veg. Si hai alivio apretándolos , bell. , puls. , chin. , rhus. ; frotándolos, mere viv. Cuando hai agravación limpiándolos, puls.; alivio cuando sale de ellos sangre, bell. Agravación por el movimiento, bry., nux vom-, chin.; alivio con la quie- tud, bry. Agravación estando sentado, puls., rhus.; alivio estando sentado en la cama, mere viv., ars., rhus. Agravación estando echado, ign.; echándose sobre el lado doloroso, ars.; sobre el lado opuesto, bry. Alivio estando echado, mere viv.; echado sobre el lado doloroso, bry. Agravación durante la noche, coff.; bell.., mere viv., puls., acid. phosph., bry., cham., hep. sulf., ars., silie, rhus. cale, carb , por la noche . Arn. es buena algunas veces en el dolor de dientes ; cuando el dolor es presivo, pulsativo, como si el dienlefuese empujado hacia afue- MEDICINA DOMÉSTICA . 287 ra por esfuerzo de la sangre, o como si estuviese desencajado, o cuando se agrava tocándole; cuando las mejillas permanecen duras e hinchadas, cuando los demás remedios han hecho ya cesar el dolor. Dése coff. eu los dolores mas violentos, cuando el enfermo está fuera de si, cuando llora y tiembla, está lleno de ansiedad, y no sabe ya qué hacer, ni describir el estado real de sus padecimientos, liste remedio se repetirá según se necesite. Si es insuficiente dése acón, o veratr. alb,, sulf., hyose Pero para los dolores espasmódieos por sacudidas, punzan les, y presivos con iuierinitencia, o que se renuevan moidiendoo masticando, coff. será siempre preferible a cualquier olro remedio. Dése acón, eu los casos mus graves, cuando los enfermos eslán fuera de sí y no pueden espresar sus padecimientos, y si coff. se ha mostrado in- suficiente. Conviene sobre todo en los dolores pulsativos a consecuencia de un enfriamiento, acompañados de conjestion de sangre a la cabeza, de ardor a la cara, y principalmente en los niños. Se le puede repetir ; y si no basta enteramente, dense cham. o bell. Cham. conviene en un gran número de casos particularmente en los ni- ños y en las personas (pie se dejan contrariar fácilmente y que hacen uso del café; contra los dolores de los dientes cariados, en las mujeres, antes de la regla; cuando se ha recibido frió estando sudando, o cuando los dolores ponen al enfermo inquieto, y de mal humor; cuando los dolores son insoportables, y a ratos mas intensos; se empeoran por la noche; cuan- do no se sabe decir qué diente es el que duele; o cuando el diente cariado parece demasiado largo y se mueve (y si solo parece que s- uíueve, no conviene esle remedio sino bry.); o cuando el dolor ocupa loda uua fila de dientes, y todos ellos parece que están demasiado altos; o cuando el dolor so '-.omuuicaa los oidos al través de las mandíbulas, o a los ojos al través de las sienes, pero principalmente si no ocupa mas que un solo lado de los dientes, de las mandíbulas, de los oidos y de la cabeza; cuando es hormigueante y produce una sensación desagradable de raspamiento, o como si se arañase o raspase el nervio del diente cariado, y cuando va en aumento; cuando es dislaceraute y de estirón, o pulsativo y de escavamien- lo; cuando llegado a su paroxismo, es punzante y lancinante, por sacu- didas en el oido; cuando el enfermo no puede soportar el calor déla cama; cuando los padecimientos empiezan principalmente después de ha* ber bebido o comido mui caliente ; cuando llegan al mas alto grado bebien- do cosa fria o tomando café; si con nada se alivian, a no ser con la aplicación de los dedos mojados en agua fria ; si, durante el dolor, está la mejilla encarnada y caliente, o las encías y las mejillas están hincha- das y de un color rojojpálido; si las glándulas submaxilares están hinchadas y dolorosas, acompañadas de grande debilidad, particularmente en las ar- ticulaciones ; si hai dolor en la articulación déla mandíbula abriéndola boca ; dolor que se estiende debajo de los dientes. En eslos diversos ca- sos, cham. es uu remedio seguro. Si no produce efeclo mas que a medias y si apenas obra, y esto en caso de tratarse de un dienle cariado, dése desde luego la preferencia a anlim. crud., y después consúltense los reme- dios siguientes : Nux vom. conviene a los sujetos de un temperamento violento, con ca- ra encendida, que son aficionados al café y a las bebidas espirituosas, que tienen una vida sedentaria, o que padecen a consecuencia de un enfria- miento ; en el caso en que el dienle, estando sano, se pone doloroso y parece que se mueve, o cuando parece que los dientes son demasiado lar- 288 MEDICINA DOMÉSTICA go> ; cuando se esperimenian en la mandíbula inferior dolores lancinantes y por sacudidas ; cuando un dolor de estirón se estieude hasta las sienes, o cuando el dolor de uu diente agujereado pasa atravesando toda la cara hasta los huesos; alando el dolor ocupa lodo un lado, o cuando un dien- te cariado produce dolores de estirón y perforantes, como si el diente es- tuviese desencajado, acompañados de punzadas aisladas y tan viólenlas que conmueven todo el cuerpo, particularmente al hacer una fuerte inspiración; cuando un dolor sordo en los huesos se cambia en una dislaceracion que pasa al Iravés de los dientes y de las mandíbulas, o cuando uno de los la- dos es asiento de un dolor perforante, hormigueante, como erosivo y di- lacerante; o si se esperiinenlan dolores estremecientes o reumáticos cou una sensación punzante aguda; cuando eslos padecimientos se manifiestan de ordinario por la mañana en la cama o por la tarde: si impiden masticar y se agravan masticando, o si reaparecen abriendo la boca al aire frió, le- yendo o meditando; o cuando las dislaceraciones se aumentan hasla el úl- timo punto por la impresión de un líquido frió en el diente agujereado* y por el contrario hai alivio al calor, en jeneral cuando hai agravación des- pués de haber comido y después de haber hecho un poco de ejercicio ; cuando mientras ha durado el dolor dislacerante, las glándulas y la man- díbula inferior se han puesto dolorosas; pero sobre todo cuando durante los padecimientos dentarios se presenta eu la encía uu absceso que tiende a abrirse. Puls. conviene alas personas amables, pacíficas y tímidas, a las mujeres y a los n¡ño>v.de un humor inquieto; cuando el dolor solo ocupa un lado* y el dolor de muelas se reproduce lodas las primaveras, con dislaceracion en los oidos y cefalaljiu unilateral; cuando en el diente agujereado se produce un dolor lancinante, y al mismo liempo todo el lado de la cara está mui sensible hasla el oido; cuando al misino tiempo hai caloren la cabeza y escalofrios en lodo el cuerpo ; pero particularmente cuando el dolor es en la encía, corre y punza como con un alfiler, y cuando se esperimenta en el diente mismo un estirón y un estremecimiento como si tirase uno hacia sí del nervio y le solíase de repente; o cuando existen un estreme- cimiento y una dislaceracion como si el dienle se desprendiese, o una pun- zada y una pulsación que se agravan por el agua fria ; pero principal moi. le cuando el mal se agrava en una habitación caliente, por el calor de la cuma, o teniendo en la boca alguna cosa caliente, y cuando por el contra- rio, el mal se alivia al aire frió y al aire libre ; cuando el dolor se aumenta estando sentado, y se disminuye paseándose; agravación limpiándose los dienies y alivio apretándolos fuertemente ; cuando no hai agravación mas- ticando; cuando el nial aparece principalmente a la caida de la larde y rara vez por la mañana, acompañado de una sensación de escalofrío, con cara pálida o ascensión de la sangre a la cabeza ; o con calor» pero sin sed, aun después de haber lomado infusión fuerte de manzanilla. Iqn. se emplea en los casos en que parece que convienen los remedios precedentes ; pero será preciso que el enfermo tenga un temperamento mas delicado y mas impresionable; si es amable y pacifico, si tan pronto eslá alegre como irisie; eslá indicada sobre lodo en las personas que se entris- tecen mucho; cuando los dientes molares duelen como si estuviesen rotos; cuando hai hormigueo en los ditules incisivos, y en iodos los demás, se esperinienia una sensación de escoriación; cuando hai agravación después de haber lomado café, después de haber fumado o comido, por lu noche después de haberse acostado, y por la mañana al levantarse. MEDICINA DOMÉSTICA 280 Hyose. conviene principalmente a las personas mui sensibles, nerviosas e impresionables ; cuando se esperimenta ul través de la mejilla y de lá mandíbula inferior un dolor tan viólenlo y dislacerante que se tenie vol- verse loco ; o cuando se siente un dolor dislacerante y rabioso en las en- cías, con sensación de un ruido sordo en el diente, el cual se muevo y pa- rece quererse caer al masticar ; o cuando hai estremecimiento, latido, es- tirón y díslaceranion hasta en la frente; dolores viólenlos y de estirón que cambian de sitio y se diiíjen de un diente a otro, acompañados algunas veces de calor fugaz y de conjestion de sangre a la cabeza; cuando estos dolores son causados por el aire frío jeueraluiente por la mañana; algunas veces con ajitacion estremeciente en les dedos y en los brazos, en las per- sonas que padecen afecciones espasmódicas. Bell, conviene con frecuencia a las mujeres; tambiett a los niños, y je- neralmente cuando están ajilados y mui inquietos a causa del dolor, y co» rren de un lado para otro, o cuando están tristes y dispuestos a las lágrimas; cuando las encías y los dientes están como escoriados; cuando al morder parece que la raiz de los dientes está ulcerada , con dolor estreme- ciente, cortante, dislacerante y punzante; pero principalmente en el do- lor de estirón, qne se agrava por la tarde después de haberse acostado y se empeora por la noche; o cuando hai dolores agudos en un diente agil- jereudo día y noche; o si el dolor es en uu diente molar agujereado, y pa- rece e*ai alb., rhux totie; gnsto a cosa quema- da y a Iiuíuo, puls., nux vom., sulph; gusto herbáceo, verat., alb., nux vom.; gusto de menta picante, veratr alb. gusto terreo, puls., h"p., sulph., chin., insípido y soso, puls; rheum., staphys., bryon., chin., su'ph., dale, rhus., lorie, ipec, caps ; guslo mu- coso, bell., rheum., arn., rhus loxie, pial.; aceitoso y grasicnto, silie, caust,; viscoso, acid. phosph.; acuoso, staphys., chin., caps. gcsio pútrido, arn., mere vio., bell, bryon., chamom., puls, acón , ve- ratr., alb., acid. phosph., sulph., rhus loxie, natr. muriat., cup. caust.; por la niiñana, sulph-, rhus loxie; después de comer, rhus loxie ; purulento, puls. Cuando el tabaco tiene el gusto acre, staphys,; amargo, coce.; nauseabun- do, ipecae; desagradable, igual., puls., nux vom., am., cale carb., coce. Cuando no se saca gusto a los alimentos, mere viv., puls., staphys., bryon , onx vom,, ars., si falla el gusto enteramente, verat. alb., bell., puls., rheum.. bryon , hep. sulph., hyose; en los casos crónicos, silie, nalr., muriat. mal oeok del Ai.iE.Nio.—Debe cuidarse de limpiar la boca y los dientes todos los días, por la m mana, después de comer, por la tarde, y al acos- tarse, con agua templada, no importa que esta remídíe el nial o no; con- viene enjuagarse a ui-niuJo, y gu trJarse del uso de sustancias o lonferas que no sirven masque para disfrazar el mil olor sil hacerle desaparecer, haciéndosele aun mis desagradable pira los demás. Si por respeto a otras personas, se cree útil hacer alguna cosa, háganse gárgaras coi carbón bien pulverizado dis'ielto eu agua. Si el nvd olor depende de alguna muela o diente cariados, debe empezarse por limpiarles con un pedazo de papel se- cante para quitar la humedad pútrida, y después tupar el agujero con un poco de cera, procurando introducirla bien para que después de haberla estraido con mucho cuidado pueda servir de modelo para hacer otro igual de nuez de agalla; esle reemplazará al de cera, procurando colocarle de modo que lu porción de corteza correspondiente ul pedizo de ugallu de que se ha formado el lipón quede fuera. Este procedimiento basta algunas veces para quitar el dolor y el mil olop. El olor de ajo o de rábano picante, desparece tomando muí ;dialuin¿iite un vaso de agua, o comiendo una pera, o un poco de remolacha encarnada cocida. Cuando el mal olor se deja sen- tir solo por la mañana, dése nux vom , silie; si por la mañana y por la tarde, puls.; después de comer, sulph. y también chamom. Ademas de eslos remedios pueden emplearse lodavia mere viv., bryon., am., ars. e hyose escorbuto de la iioca o esiomatitis.—Las encías se ponen mui calien- tes, rojas y mui sensibles; se hinchan, se reblandecen, se separan de los dienies y se llenan de pequeñas ulceraciones que exhalan un olor mui fé- tido. Olro tamo sucede en los labios, en el interior de los carrillos, en el paladar y aun en la lengua; el aliento liene uu olor púlrido y repugnante, y lo mismo los esputos y la saliva, las glándulas submaxilares se hinchan con frecuencia, el enfermo se debilita y es atacado de uua fiebre lenta. En la mayoría de los casos es eficaz el mere, viv.; exceptuando aquellos en que la enfermedad haya sido producida por el abuso de esle medicamento; en cuyo caso se darán carb. veg. o acid. nitr , como los mejores antídotos del mer- curio. Se dará la preferencia al acid. nitr. cuando haya ulceracione. En los sujetos indolentes y corpulentos que padecen esta enfermedad, suele ser la causa de ella el desaseo y la falla de ejercicio al aire libre. En este caso. deberá preferirse el caps.; pero en los individuos irritables, flacos, que tie- nen una vida sedentaria, nux vom, Si lu causa ha sido el uso de uliinentos MEDICINA DOMESTICA. 2í)a excesivamente salado*;, earh. veg. o nn.; »¡ esto no fjera suficiente, se haiá lomar al enfermo una o dos veces cada dia, una gola de espíritu de nitro dulce. * Mere subí, conviene cuando la enfermedad comienza por invadirla muir, y ruando las mucosidades de la boca caen en el estómago, ocasionando padecimientos y provocando diarreas dolorosas. Ars cuando las úlceras han llegado aun ulto grado de virulencia y de quemazón; si el enfermo eslá sumamente decaído y debilitado, o cuando mere viv. haya sido ineficaz. Dulc puede administrarse en el principio de la enfermedad, cuando esta provenga de un enfriamiento, y si las glándulas del cuello eslán hiu- c'indas y endurecidas. Cnr6. veg. si la enfermedad ha sido producida por el mercurio o las sala- zones, esta indicado mui particularmente cuando los tejidos sangran Hin- cho, desprendiéndose do ellos un olor fétido; si no fuera suficieute debe recurrirse a otros remedios. Natr. muriat. alivia cuando las ulceraciones de la boca marchan lenta- mente, y cuando no se han conejillo con los medicamentos anteriormente empleados, sobre todo cuando las encías sangran y están hinchadas, con grande sensibilidad, lanío a la acción de lo frió como de lo caliente, ya a lus alimentos y ya a las bebidas, y principalmente también cuando se for- man sobre la lengua pequeñas flictenas y ulceraciones que dan lugar auna sensación de mordedura y quemazón, que impide hablar. Entre el gran número de remedios domésticos que están en voga para esla afección, puede recomendarse sin inconveniente el que sigue, en el caso de que el e.ifermo no se haya aliviado por el uso de los medios que hemos indicado mas arriba: consiste en friccionar las encías con una raja de limón, desde el principio de la enfermedad, en el verano, y a bordo de los navios. En algunos casos podrá ser útil el uso de la salvia, teniendo cuidado de enjuagarse la boca con buen aguardiente. Contra las aftas dolorosas que se presentan en las comisuras de los la- bios sobre la lengua, y cuya duración es de ocho dias lo menos, dése una o dos veces (y una dosis al dia) piper nig. 6. En la inflamación e hinchazón de la lengua, dése acón., y algunas horas después mere viv. ; si eslos dos medicamentos no fueren suficientes, o bien estuvieren dolorosas y ulceradas algunas otras partes de la boca, désete// ; si la enfermedad es dependiente de una lesión esterna, como la que puede resultar de la picadura de uua abeja o de otro insecto, dense acón, y arn. alternativamente. En los casos graves, * cuando no sea posible la presen- cia de un medico, dése nr.s y después lach. Contraías induraciones de la lengua se emplean mere viv. y bell.; si la induración es dependiente de la cosmnibre que lenga uu individuo de morderse la leugua durante el sue- ño, dése acid. phosph. I.—Del estómago, falta de apetito. Eos medios ordinarios qne se emplean para restable- cer el apetito, son precisamente los que agravan la enfermedad. Toda sus- tancia de sabor fuerte o estimulante, ya sea salada, picante o acida, las es- pecias, las plantas y raices o las cortezas amargas que se pone» en itifu- ¿ion o en ínaceraciou en aguardiente pura convenirlas en bebidas estoma- 29G MEDICINA DOMÉSTICA. ticas, son tan exitantes que no pueden alimentar de ningún modo Todos estos ingredientes son sin duda excelentes remedios que conviene emplear en tiempo oportuno y en dosis convenientes, y cualquiera ha podido juzgar |ior propia o ajena esperiencia que son saludables en ciertos casos. Pero co- mo lodos los medicamentos en jeneral son nocivos si se toman con exceso, con frecuencia y sin oportunidad, se espoue cualquiera a perjudicarse gra- vemente si los toma sin discernimiento, siendo lo peor do todo eu este ca- so, la coslumbre; porque cuanto mas uso se haga de las sustancias medi- cinales, mayores son los inconvenientes. ¿De qué sirve provocar el apetito por uu dia para perderle mas completamente de3pues? Del mismo modo que (pieda cu el cuerpo una parte de los alim-utos que se toman, asi también quedan restos de los exitantes del apetito, que se fijan en una parte del organismo. Mas como estos ingredientes nó tienen el carácter propio de nutritivos, no pueden reparar las fuerzas del cuerpo humano, se establecen poco a poco en los óaganos, y son el orijen y punto de partida de enfer- medades incurables. Entonces empieza a suponerse que la enfermedad eslái eu los intestinos y que se la puede espulsar, o en la sangre y que se la puede arrojar por medui de sangrías: esta es una verdadera y fatal preo- cupación. Todo médico que sepa un poco de anatomía, no ignoran que esto suceda así, que nada se fija en los intestinos, ni en la sangre; esta se re- nueva incesantemente, y solo las partes sólidas del cuerpo humano sufren un cambio, nna especie de transformación. Por consiguiente, el que haga nn uso moderado de estas sustancias se perjudicará menos. El uso de estas sustancias saladas o acidas en pequeña cantidad, y alguna que olra vez, principalmente en el verano, puede dar excelentes resultados, sobretodo cuando hai apetito y después de haberle satisfecho no se renueva esla necesidad; pero si por el contrario a poco tiempo se esperimenta deseo de tomar aquellas sustancias, es una prue- ba de que el uso que puede hacerse de ellas, acabará por ser nocivo. La mejor de todas las costumbres es lu de beber agua fria. Conviene beber uu vaso de ella todas las mañauas en ayunas, olro algunas horas después de comer, y olro al acostarse; durante la comida debe beberse moderada- mente, después de una comida copiosa, tómesela en pequeñas cantidades y con frecuencia. UF.UILIDAD Y DESARREGLO DEL ESTOMAGO. Ya Se lia dicho lo UiaS esencial respeto a esto en la letra D, cuando la debilidad del estómago proviene de los alimentos y bebidas recien tomadas. Respecto a las demás causas tam- bién se hizo mención en lus letras A, B, C; pero bui ciertos pndecimien- tos producidos por diversas causas que obran a lu vez, y otros en que aquellas son desconocidas; la duración de algunas es pasajera, In de otras larga y pertinaz; eutonces se dice que hai dispepsia; otras son todavía el principio de enfermedades violentas y peligrosas.—Vamos a manifestar aquí lus afecciones de estómago que cudu uno puede tratar en su casa. Pero hai algunas que solo las puede tratar un médico y estas son las que com- prendemos bajo el nombre de dispepsia. Esta es una palabra técnica y nu- da mas, con ella nada se dice; cuando uu médico la pronuncia, no" dice mas que lo que sabe el enfermo, esto es, que su estómago no dijiere bien. 5;>to en resumidas euentus, no esotra cosa que un espediente de que se i-nve el médico para, hacer comprender ul enfermo que es>tá iniciado eu sus padecimientos; en el mero hecho de servirse de esle término, el médico dá unapnieba de su ignorancia, porque hai un gran número de enfermedades del estómago y d# lado el apárala dijestivo dependientes de una dijestion MEDICINA DOMESTICA. 297 difícil, y el que no sabe discernirlas bien para tratarlas individualmente por los medios convenientes, les dá a pesar de todo e indiferentemente el nom- bre de dispepsia (dijestion difícil), y las trata, sin pensar mas, con remedios que lejos de producir el mas pequeño alivio, agravan la situación del en- fermo, con cuyo procedimiento para uno que haya podido salvar, ha mata- do millares. En el principio de la enfermedad puede esta curarse, pero cuando ya ha hecho progresos, es imposible h curación en el mayor número de casos, si no se observa una dieta rigorosa y se emplean los medios indicados, o bien si estos no fueran suficientes, recurriendo a un médico homeópata. El réjimen estricto consiste en evitar los alimentos que son pesados, los salados y las carnes curaéns al humo, las sustancias medio corrompidas o secas, por ejemplo, la manteca rancia, el desayuno debe ser Iijero, no debe componerse de cosas pesadas, poco o nada de carnes y cuando mas de un huevo; nada que esté frito con grasa o manteca, nada de pan mui tierno y caliente, haciendo solo uso del pan sentado, y jamás del que esté tostado, porque este eslá medio alterado yes indijesto; pura comer, se tomarán al- gunas legumbres con carne cocida o asada; para cenar, un pedazo de pan sentado con manteca o alguna otra cosa lijera; esta alimentación basta ordi- nariamente: es necesario abstenerse de comer pastas mal hechas, cuya masa no esté bien esponjada, privándose igualmente del café y té. y bebiendo solo agua fria. Se equivoca el que crea que las sustancias acidas pueden convertirse en dulce por medio de la azúcar; el gusto es el que se engaña, pero el estó- mago jamás. Olro lanío sucede con las sustancias amargas y fuertes. La primera de todas las condiciones es la adopción de un réjimen bien entendido, esto es, una alimentación sana, abundante, reparadora y varia- da, porque el estómago es como un campo sobre el cual se puede sembrar siempre una misma semilla. Conviene acomodarse a este réjimen de una ma- nera invariable, siempre y por todo. En el caso de faltar repentinamente el apetito, o bien si hai náuseas, dolores, y especialmente retortijones, sueño ajilado y debilidrd, úsense Ins remedios que se indicarán mas abajo; mas adelante se hablará de los medi- camentos que deben emplearse en los casos crónicos. Arn. conviene no solo cuando este padecimiento [la falta de apetito] es ocasionado por un golpe recibido en el estómago, por un esfuerzo que ha producido en el momento un dolor, o por una derrengadura, sino también cuando es efeclo de la falta del sueño; fatiga del espíritu, grande exitabili- dad e irritabilidad (como cuando se dice que el enfermo se halla en un es- tado nervioso); si la lengua eslá seca, cubierta de una capa amarillenta, con guslo pútrido o amargo y agrio, mal sabor de boca, repugnancia al taba- co, apelilo de cosas agrias, eructos alguna vez de olor a huevos podridos; cuando después de comer, se esperimenta plenitud en la boca del estóma- go, ansias y esfuerzos para vomitar; vientos y flatos; vientre inflado; y al mismo tiempo pesadez en todos los miembros, quebrantamiento en los hue- sos, vértigos, embarazo en la cabeza, especialmente por encima de las ór- bitas, aturdimiento y calor en la cabeza; cuando se esperimenta un calor desagradable, cuando el sueño es ajilado, despertando con frecuencia y c«m sobresalto, acompañado de ensueños desagradables. Sí am. no bastara, dése nux vom., y en defecto de esta chamom. Nux vom., si la enfermedad es consecuencia del desarreglo en comer y en beber, del abuso del café, y principalmente del vino; si el enfermo ha 39 $98 MEDICINA DOMESTICA cojido frío, si tiene la boca seca y sin alteración, si la lengua eslá cubierta de una capa blanquecina, si la boca está inundada de flemas agrias, si el gusto de lodos los alimentos es insípido o nulo; saliva acuosa y abuudante, vómitos, presión en el estómago, abuliamieuto de vientre, deposiciones pequeñas y duras o raras; vacilamiento, vértigo o entorpecimiento de la cabeza; pesadez de la nuca, zumbido de oidos, tirón en las muelas, ya su- periores, ya inferiores, lirón en los miembros, falla de enerjía y pereza de espíritu; el enfermo está inquieto, quimerista, irritable, algunas veces siente calor en la cara, o tiene en ella chapas rojas. Si nux vom, no es bastante dése chamom. Conviene chamom. cuando después dé haber comido o bebido, se presenta inmediatamente el mal a consecuencia de una vivir contrariedad, si la boca está amarga, si hai eructos biliosos seguidos de vómitos de materiales verdo- sos o de bilis pura; ajitacion durante el sueño, siendo esle interrumpido; o bien hai dolor y plenitud en la cabeza, cara caliente y roja, ojos rubicun- dos y quemantes; mucha impresionabilidad de espíritu. Si chamom. no bas- la, dése puls., y sí puls. no es suficiente, mere viv. Puls. conviene cuando se ha comido y bebido de diferentes platos y bebi- das que se contrarían, principalmente si los alimentos son flaiulentos; des- pués de haber comido cosas grasicntas como carne de puerco, de carnero o salchichas, o alguna otra cosa compuesta con manteca, sobre todo si está rancia; si el gusto es amargo, salado, o de carne podrida, o de sebo; cuan- do cada bocado de pan o de olro alimento deja en la boca un sabor amar- go; cuando el tabaco parece insípido; cuando hai abundantes flemas en la boca, aspereza en la garganta, eructos biliosos, acidez en el estómago, aversión particular a los alimentos calientes, tensión e inflazon del vientre, particularmente debajo de las costillas; si bai borborigmos, retortijones, deposiciones atrasadas, difíciles y pequeñas, o diarrea, tirantez en los miem- bros, como en las calenturas intermitentes, frió, debilidad; si el enfermo está débil, displicente, taciturno; irritable por el mas pequeño motivo y con poca disposición para hablar. Se usará chin, cuando el -nbiente eslá cargado de vapores nocivos, o en la primavera y el otoño, cuando a un liempo húmedo se sigue una gran se- quía; en los países donde se huyan abierto recientemente canales, o se ha- yan secado las tierras, y en los parajes donde hai muchas nieblas; en los casos en que por razón de la profesión se respiran malos olores y se vé uno privado del aire fresco; en los padecimientos que preceden y hacen faltar Ja fiebre intermitente. Conviene igualmente cuando se esperimenta saciedad e indiferencia por los alimentos y bebidas, cuando aquellos permanecen mucho liempo en el eslómago; cuando hai muchos eructos, y vómitos de alimentos indíjestos; cuando hai deseo de cosas exitantes, fuertes y acidas; cuando se esperi- menta una debilidad jeneral y necesidad de acostarse, sin poder permane- cer quieto en el mismo sitio; el enfermo puede estender y doblar sus miem- bros, pero por la mañana están estos completamente ríjidos, siente fre- cuentemente calor y esperimenta escalofríos a la menor corriente de aire; las orinas son ardientes y mui sedimentosas; no puede dormir, y si alguna vez conciba el sueño, este es interrumpido; está melancólico y de mal humor. Amim. crud. cuando se siente un malestar en el eslómago con deseo de vomitar; si la lengua está cargada o cubierta de pequeñas vesículas; fre- cuentemente eructos con sabor de los alimentos que se han tomado última* MEDICINA DOMÉSTICA 299 mente; secura de boca o salivación abundante con grande sed, especial- mente por la noche; mucosidades en la garganta, o vómitos mucosos o bi- liosos; sensación de plenitud eu el estómago, o sensibilidad dolorosa en el epigastrio por el contacto: o bien flatos y retortijones con estreñimiento y diarrea. Si tardan en manifestarse los buenos efectos de antim. crud., dése drynn. Bryon. si el estómago está descompuesto y al mismo tiempo hai escalo- fríos y frió, estreñimiento, lengua cargada y cubierta de una capa amari- llenta, o de vesículas como en el ant. crud. y la misma sed; con la diferen- cia de que por el día y la noche haya un poco mas de secura en la garganta y el estómago, especialmente en verano, o en liempo caliente y húmedo. Debe empezarse por bryon. que se repetirá pasadas seis o doce horas si con- viniese, y mas tarde ant. crud., si no bastase bryon. Ipecae cuando el estómago está sobrecargado de mucosidades o bien está debilitado de cualquiera otro modo; cuando a pesar de las náuseas o de los vómitos del enfermo, la lengua está limpia; conviene especialmente en los casos caracterizados por uu disgusto mui pronunciado para toda especie de alimentos, como también para el tabaco, y cuando los vómitos son fáci- les y violentos, y van acompañados de diarrea; y mas particularmente cuan- do estos accidentes se repiten diariamente, o cada dos dias a una mis- ma hora. Hep. sulph. cuando se desarregla el eslómago con facilidad, no obstante el buen método de vida y toda especie de precaución, cuando hai apetito de cosas acidas, fuertes, acres o de vino; si hai náuseas, dolores de estómago y eructos, principalmente por ia mañana; cuando lia i vómitos ácidos, bilio- sos y mucosas; si hai ranchas mucosidades en la boca, dolor de vientre, deposiciones duras y secas, sobre todo si ánles se ha hecho uso del mer- curio. Cuando no baste el hep. sulph. se dará lach; si los padecimientos se pre- sentan después de comer, o por la mañana temprano, o si pasan muchos dias sin mover el vientre. Los casos crónicos y mas pertinaces de dispepsia pueden curarse con hep. sulph. o sulf. siempre que no se repitan mui a me- nudo, sin esperar a una agravación notable; si uno de estos remedios no produjese efecto se empleará el otro, y si los dos fuesen ineficaces, dése bell., o alguna vez mer. viv., y después sulph. embarazo mucoso del estomago. Existe este estado cuando el estómago eslá sobrecargado de mucosidades, cuando hai mucha saliva en la boca y esta se arroja en abundancia, o bien cuando los síntomas se asemejan a los que hemos mencionado ya en la letra 1 [primera parte]; con la diferencia de que el gusto es mas insípido y dulzoso; cuando antes de comer, los en- fermos se sienten mui débiles y lánguidos, y después de haber comido, mui llenos e inquietos. Dése primero ipec. dos o tres veces, y después elíjase entre los demás remedios, aquel que mejor convenga. Si al mismo tiempo hui una pequeña diurrea oscura, mucosa, de un olor agrio y mohoso, dése rheum. Si hai vómitos de bilis y deposiciones biliosas con violentos pade- cimientos, veratr. alb. una o dos veces; si al mismo tiempo hai ardor que- mante en la garganta, en el estómago, o durante las evacuaciones, dése caps. Los individuos propensos a embarazos mucosos, deben habituarse a beber diariamente de seis a doce vasos de agua, y a gargarizare a menudo con agua fria. flROSIS O RESCOLDERA 0 AGRIOS DEL ESTÓMAGO. Esta afeCCÍOII COnSÍSt© di 300 MEDICINA DOMÉSTICA. eructos quemantes, agrios y acres, que suben del estómago a la boca; estos accidentes van jeneralmente acompañados de oíros padecimientos del esló- mago que pueden combalirse con los remedios indicados en esle caso. Uno délos que se emplean con mas frecuencia es nux vom.; si estos padecimien- tos se presentan después de comer, chin. Si nux vom., chamom. o puls. no alivian, dése caps.; si chin, no surte efeclo, dése carb. veg.; si esta afec- ción se presenta después de haber fumado slaphys.; si hai grande sed, bell. Cnondo estos y algunos otros remedios son insuficientes en las señoras em- barazadas, puede ensayarse una raja de limón azucarado. Algunas veces es bastante un vaso de agua azucarada, bebido por la mañana; al mismo tiem- po puede ensayarse el beber agua en abundancia, aunque al principio pueda causar desazón. De ninguna manera deben usarse la magnesia, la cal y otras sustancias análogas, que pueden producir enfermedades incurables, dejando en el estómago una sensación como de un cuerpo duro, principalmente cuando se hace uso de purgantes para desembarazarse de ellas mas fácil- mente. nauseas i vómitos En esta enfermedad conviene tener presentes todas las causas para administrar los remedios convenientes. Jeneralmente cesan los sinlornas por sí mismos después del vómito; por cuya razón conviene pro- vocarle bebiendo en abundancia y a menudo agua templada, por la titila- ción en la campánula con las barbas de una pluma, o por el café negro. Jamas debe emplearse en estos casos el emético, que puede atacar grave- mente al estómago, es mucho mejor reemplazarle con ant. crud. que no tiene estos inconvenientes, cuando la lengua está cubierta de una capa blanca y amarilla, o por ipec. cuando la lengua está limpia. Las náuseas y los vómitos pueden ser ocasionados por el miedo, por un pesar, por una contrariedad, por un enfriamiento, por un acaloramiento, por vijilias, por plenitud del eslómago, por excesos en las bebidas, por el tabaco, por el uso de la manzanilla, por el del ruibarbo, o por abuso de oíros re» medios (1). Cuando es consecuencia de envenenamiento, véase el artículo señalado con la letra G. Si las náuseas o los vómitos son efecto de un golpe recibido en la cabe- za, dése arn., y véase lo que se ha dicho sobre las heridas de la cabeza. Si son dependientes de la presencia de un cuerpo estraño en la garganta, véase lo que se ha dicho. Cuando estos padecimientos están acompañados de vértigos, si de do- lor de cabeza, véanse las pajinas que tratan de ello; y si los remedios allí propuestos no bastasen, dése lach. una o dos veces, y después bell. Si el vó- mito es provocado por la tos, véase la letra B, primera parte, en el ar- tículo enfriamiento; después ipec, mere viv., caps., puls., bryon., chin., dros., phosph. acid., sulph., cale carb. y lach., véase en el capítulo de las enfermedades del pecho; si es efecto de la coqueluche, véase el artículo que trata de esta enfermedad. Cuando el vómito es producido por el movimiento del carruaje, dése coce, si por el de un barco o el de un navio, coce una o dos veces todos los dias; en muchos casos dense sulph. y silie. El vómito después de comer, a consecuencia de debilidad del estómago, reclama puls. o nux vom., alternativamente con bryon. Cuando ."I estómago se halla en un estado tal de debilidad que no puede soportar mas que una fl) Véanse las pajinas que tratan de estas afecciones. medicina doméstica. 501 pequeña cantidad de alimentos, y cuando el mas pequeño aumento de estos provoca en seguida vómitos, acompañados de calambres y retortijones en el vientre, o de vértigos y vómitos de materiales blancos, pegajosos y muco- sos, de diarrea y debilidad en los miembros, que llega hasta el desfalleci- miento, dense puls. o coce, si no fueran suficiente dése nux vom., y después bryon.; si aun no bastase examínense todos los síntomas, y elíjase enire chin, y ferr., que pueden alternarse si hai necesidad, o sulph. y después ars. alb. En algunos casos violentos, conviene hyose, y en los casos crónicos, cale carb., principalmente después de haber usado sulph. Respecto a los vómitos de los niños causados por las lombrices, véase lo dicho en el capítulo correspondiente. calambues y dolores de estomago. Sabido es de todos que la medicina antigua carece enteramente de recursos para combatir estos crueles padeci- mientos, la homeopatía por el contrario, es de una utilidad incontestable aun en las personas de una edad avanzada, y cura estos males pronta y radicalmente por medio de un tratamiento regular y continuo. La mayor parte de los remedios que emplea la alopatía son mui nocivos : el opio y la morfina en ningún caso son tan perjudiciales como en esla enfer- medad. Los medios que pueden ensayarse y que algunas veces alivian, son nn poco de leche, fricciones en la boca del estómago con aceite de olivas caliente o interiormente una toma de aceite de linaza; se han acon- sejado también el caldo de pollo y sopicaldos, igualmente la aplicación de un papel de estraza mojado en rom a la rejion del estómago; pero es mucho mejor que todo esto tomar nux vom., cuyos efectos son mas prontos y mas durables, absteniéndose de los olores fuertes, de los li- cores espirituosos y del café principalmente. Puede también tostarse un puñado de avena, pero un poco rnénos de lo que suele tostarse el café. y puesta caliente en uu saquito. aplicarle al eslómago. Este procedimiento ¡>erá útil a los enfermos que hayan tomado opio o láudano, cuyos re- medios no hacen otra cosa que agravar la situación del paciente. Nux vom. conviene a los bebedores de aguardiente y café, y a los que han renunciado enteramente al uso de estjs bebidas, cuando el dolor de estómago es constrictivo, pellizcante y compresivo como por una garra, si incomoda la presión de los vestidos, o como si los flatos estuvieran acu- mulados debajo de las costillas del lado izquierdo; si hai agravación des- pués de comer, por la mañana al levantarse o durante el sueño. Eslos dolores van algnnas veces acompañados de opresión al pecho, o de una sensación como si el pecho estuviera apretado por una faja y ésta abra- zase al mismo tiempo la espalda y los ríñones; suelen también esperímen- tarse náuseas, o acumulación de agua en la boca; o un liquido amargo, agrio y quemante que viene de la garganta; vómito de alimentos, gusto agrio y pútrido en la boca, abultamiento del vientre por la presencia de gases, y estreñimiento. Algunas veces las incomodidades van acompañadas de dolor de cabeza unilateral, o de un dolor presivo en la frente, o de palpitaciones de corazón con ansiedad. Dése un glóbulo por la noche, y si no hai mejoría repítasele al dia siguiente, y espérense sus efectos por es- pacio de ocho dias. Si antes de este término hai agravación, dense puls., chamom. o ign.; si la agravación no se presentase hasta pasados los ocho dias, repítase nux vom.; y si no fuese suficiente, dése carb. veg.; si desde el principio fuese ineficaz, nux vom. elíjase entre chamom. y coce Si la agravación se presenta después de tomar café, dése nux. vom. ; si al contrario, después del café hai un poco de alivio, dése chamom. T»02 MEDICINA DOMÉSTICA. Conviene chamom. citando se siente en el estómago un dolor gravativo como por una piedra ; cuando la boca del eslómago y las parles coloca- das inniediaiainente debajo de las cosiillas del lado izquierdo, parece que están indiadas de lal modo, que parece que el estómago va a estallar; se esperimentan accesos asmáticos, principalmente por la noche; ei enfermo se ajila y suda en la cuma, siente alguna vez un dolor lancinante y pulsa- tivo en lo alto de la cabeza que le obliga a salir de la cama. El dolor de estómago disminuye algún tanto cuando el enfermo se encoje en la cama, y permanece tranquilo en esta posición. Cuando los dolores son mui vio- lentos, dése caps.; y después si no fuese suficiente dése olra vez chamom., y si fuese ineficaz, bell. Los calambres de estómago durante la menstruación se curan ordinaria- mente con nux vom., o algunas horas después por chamom,; pero si la menstruación es escasa, dense puls. o coce Se dará coce cuando después de haber aliviado nux vom., se reproduce el dolor, cuando este vaya acompañado de deposiciones duras y atrasa- das, si los padecimientos del estómago coinciden con un dolor presivo y constrictivo en el abdomen, que se alivia por la espulsion de gases; si durante los padecimientos del estómago se esperimentan náuseas, y acu- mulación de agua en la boca ; si el enfermo no está irritable, colérico ni violento (en cuyo caso convendría mejor nux vom.) sino mas bien disgus- tado y taciturno. Bell, conviene cuando chamom. es ineficaz o ha aliviado mui poco, y principalmente en las señoras delicadas y sensibles; sí hai una opresión dislacerante o una tensión espasmodica que obliga al enfermo a echarse boca arriba o a contener la respiración, cou lo cual se alivia ; también cuando el dolor se renueva después de comer; cuando es lan violento que el enfermo pierde el conocimiento y cae desfallecido, esperimentando al mismo tiempo una sed viva, y si después de beber se aumenta el dolor; si las deposiciones son tardías y pequeñas, y el sueño es imposible. Debe emplearse bryon. cuando haya una presión análoga a la de cha- mom. principalmente cuando este padecimiento se presente durante la co- mida, o inmediatamente después de haber comido, con sensación de hin- chazón en la rejion del estómago; esta presión dejenera alguna vez en espasmos, pellizcos y retortijones, disminuyendo por la compresión del estómago y por los eructos; los padecimientos se agravan por el movi- miento (lo contrario sucede con chin.); al mismo tiempo hai estreñ'unientto, dolor presivo en las sienes, en la frente y el occipucio, como si los hue- sos de la cabeza fueran a desarticularse; la compresión de un pañuelo ata- do a la cabeza alivia los dolores. Puls. cuando los dolores son lancinantes, agravándose por el paseo, y particularmente cuando se da un paso en falso, van siempre acompañados de náuseas y vómitos; las deposiciones son muí pequeñas y muí claras, no hai sed, escepto cuando los dolores llegan al mas alio grado de inten- sidad.; cuando hai una gran tensión y una sensación de apretamiento, o pulsación con ansiedad, que disminuye comiendo; o si se agrava durante la comida, se esperimenta entonces un dolor presivo y pellizcante. Esle medicamento conviene especialmente a los individuos sensibles y de ca- rácter amable, y también cuando lu enfermedad ha sido ocasionada por co- mer con esceso empuñadas o alimentos grasicntos. Igual, cuundo puls. no ha bustado a correjir la enfermedad al cabo de algunos dias : cuando los dolores son parecidos a los de nux vom., con la medícina doméstica oOj diferencia de no ser tan duras las deposiciones, ni tan frecuentes los vó- mitos; cuando después de cada comida, se siente una presión en la parle superior del estómago, o en la parte inferior de la garganta ; conviene a las personas que han estado mucho tiempo sin comer, o que por algún tiem- po no han comido lo suficiente. Chin, conviene a las personas debilitadas y que han abusado de los vo- mitivos y purgantes, como también de las sangrías y ventosas, a las que han padecido hemorrajias, o sufrido otras pérdidas de humores, ya por sali- vación o por sudores abundantes. Se dará este remedio especialmente a las mujeres que acaban de criar, mucho mas si la secreeion de la leche ha sido mui abundante (se dará después bell.) o cuando han criado mas tiem- po del regular, esto es, mas de nueve meses ; en jeneral, cuando el enfer- mo dijiere mal y el estómago está cargado de mucosidades, de agrios y de una acrimonia biliosa; si el estómago duele como si estuviera ulcerado, cuando los alimentos y bebidas causan una presión y abult amiento en el estómago, cuando hai alivio por el movimiento, y agravación por el reposo. C'ur6. veg. conviene principalmente después de nux vom , cuando í»sle medicamento alivia, pero sus buenos efectos no son duraderos ; cuando hai dolor quemante, presión dolorosa, constante y angustiosa con agra- vación por el contacto; si el enfermo esperimenta una sensación de con- tracción espasmodica que le obliga a encorvarse, que le quita la respiración y se agrava estando echado; acompañan frecuentemente a estos síntomas la acidez del estómago, náuseas y estreñimiento de vientre, produciendo un disgusto la sola idea de comer. Cale carb. conviene en los dolores crónicos, o cuando bell. haya produ- cido un alivio pasajero; si hai dolores presivos, secos, compresivos, es- pasmódieos y pellizcantes, con ansiedad ; los padecimientos del enfermo se aumentan después de comer; algunas veces hai vómitos de los alimen- tos; hai agravación por la noche y se aumentan los dolores por la presión esterior, particularmente en las señoras cuyas menstruaciones son o han sido abundantes; o en los individuos que han propendido a sangrar por las narices. Una gola de phosph. en un terrón de azúcar es útil en las fuer- tes presiones de estómago por el ayuno, o que se aumentan después de comer. Inflamación del estómago.—Véase mas adelante inflamación del vientive. K.—Del vientre. Los retortijones o cólicos son provocados frecuentemente por un en- friamiento, sobre todo a consecuencia de la supresión de la transpiración: en cuyo caso puede verso la letra B, primera parte (enfriamiento), y con- súltense nux vom., chin., chamom., mere viv., puls.: o por un desarreglo del estómago : para cuyo tratamiento, véase lo dicho en el capítulo prece- dente, y también la letra D, primera parte. Suelen ser también producidos por sustancias purgantes o tóxicas, como el plomo, para cuyo caso hemos consagrado un artículo al cual remitimos al lector. Si son debidos a pade- cimientos dependientes de la menstruación, véase igualmente lo que se ha dicho relativo a este objeto. Chamom. conviene principalmente a los niños, y a las personas que in- dependientemente de los síntomas propíos del enfriamiento (véase la paji- na J, tienen circuios azules 'al rededor de las órbitas, la boca llena de 501 medicina doméstica: saliva, dolor dislacerante al rededor del ombligo con sensación de quebran- tamiento en los ríñones; si chamom. no baslase* dése puls. Chamom. es mui útil en los flatos que se estienden por diferentes pun- tos del vientre como si fueran a espelerse; cuando se sienten punzadas al través del pecho; cuando se esperimenta aumento de volumen en el estó- mago y debajo de las costillas, con ajitacion, inquietud y sudores viscosos; y al mismo tiempo borborigmos con deseo de mover el vientre, evacuando pequeñas deposiciones mucosas y acuosas. Nux vom. cuando cesan completamente las deposiciones, o bien estas son mui duras; si hai sensación de un peso enorme en el vientre con rui- do, borborigmos y calor desacostumbrado; cuando los dolores son pun- zantes, tirantes, compresivos como si los intestinos estuviesen cojidos y apretados entredós piedras; cuando bai presión en la boca del estóma- go, el vientre tenso y doloroso al tacto ; si la respiración es corta y di- ficil, con sensación de plenitud y como si estuvieran hinchadas las partes contenidas debajo de las costillas; durante la violencia de los dolores se enfrian las manos y los pies; algunas veces se pierde el conocimiento ; los flatos y los cólicos se dirijen hacia la parte inferior del vientre; se sien- te uu dolor agudo como por cuchillos en la vejiga y el recto, como si los gases quisiesen salir a la fuerza; el enfermo se encorva y siente aumentar- ve por momentos sus padecimientos (véase bell.) Estos disminuyen con el reposo, estando sentado y echado. Jeneralmente hai al mismo tiempo do- lores de cabeza y de ríñones. La mayor parte de eslos dolores se atribu- yen a las obstrucciones, y los ignorantes creen que es la mejor ocasión de dar un purgante. Véase lo que sobre esto se ha dicho en el artículo estre- ñim ento. Mere viv. conviene en los cólicos violentos, gaseosas y con sensación de torsión : cuando hai aumento de volumen en la rejion umbilical, notán- dose en la superficie del vientre un movimiento espasmódico palpitante, con hinchazón y dureza del abdomen ; cuando hai hormigueo en la gar- ganta, con hipo, voracidad y repugnancia por las cosas dulces : náuseas, vomituriciones con grande aflujo de agua a la boca y necesidad apremiante de mover el vientre; o cuando estos' cólicos van acompañados de tensión y ardor en la rejion umbilical; cuando hai abundanie secreción de saliva, eructos, diarrea, deposiciones viscosas y una debilidad considerable; estos padecimientos se agravan hacia media noche; si en este úliimo caso no alivia pronto mere viv. y ademas hai prurito en la nariz, dése cin. ; y si este medicamento no produce un completo alivio, dése sulph. Debe administrarse puls. en los cólicos agudos, con palpitaciones en el eslómago y una tensión desagradable en el vientre como si esiuviera mui lleno; borborigmos y retención de gases; calor en el vientre, qne in- quieta al enfermo; abubamiento del vientre ; calor jeneral; abultamiento de las venus de la frente y de las manos; el calor y la tensión obligan al enfermo a despojarse de sus vestidos; el bajo vientre está doloroso al lacio como si estuviera magullado; lodos los síntomas se empeoran du- rante el reposo y se alivian con el movimiento; parece que los ríñones eslán rotos al levantarse; durante ios retortijones y las punzadas el enfer- mo se empeora por el contacto j dislaceracion y punzadas por encima del ombligo; inquietud, pesadez en el vientre, conteiision dolorosa y exacer- bación por el conlaclo; vomituracion, afluencia desaliva blanca y espumo- sa a la boca; diarrea, evacuaciones amarillentas y grisáceas, con dolores violentos en el estómago ; cara pálida, cireulos azules al rededor de las MEDICINA DOMÉSTICA . nos órbitas (compárese con chamom.); contracción de todo el cuerpo (compá- rese con nux vom., bell.); dolor de cabeza presivo y tensivo. Si estos do- lores son electo de estar sobrecargado de alimentos el estómago, dése pri- mero café negro, y después, si es necesario, puls.; si no es suficiente, dése bell. En algunos casos análogos a los de puls., se afecta la vejiga, y el enfer- mo esperimenta violentos dolores; la rejion de la vejiga se contrae es- pasmódicamente, con necesidad continua de orinar sin poderla satisfacer, acompañada de ansiedad y de inquietud y de una grande sensibilidad del vientre; en este caso dése acón, una o des dosis, y mas tarde si es ne- cesario nux vom. Coloc. es el remedio principal en todo cólico intenso. Cuando los dolo- res son mui violentos, constantes, o bien cesan momentáneamente para reaparecer con mas violencia, debe principiarse siempre por este remedio. Conviene especialmente cuando el dolor se hace sentir con intensídud sobre un punto de la rejion umbilical, apareciendo por intervalos de cinco o diez minulos (compárese con bell.); cuando comienza por una lijera ti- rantez sobre un costado para dirijirse en seguida sobre el vientre, aumen- tando incesantemente, y concluyendo por dolores de apretamiento, de pre- sión, de escavacion y dislaceracion tan intensos, que arrancan gritos íil enfermo y le obligun a rechazar a todos los que le rodean; se revuelca y da vueltas semejantes a las de un gusano, suda copiosamente, comprime el bajo vientre con las manos, o le apoya desesperado sobre el borde de la cania o sobre una mesa, etc.; se echa boca abajo colocando las almo- hadas debajo del vientre, en cuya posición encuentra ei enfermo algún alivio. En los cólicos producidos por una viva contrariedad, dése coloc. si cha- mom. no ha sido suficiente. Si alguno ha tenido que sufrir ataques de cólicos que han durado todo el dia o por intervalos, y para cuya curación ha tenido la desgracia.*de to- mar opio, debe esperar de un momento a otro un nuevo ataque-*'<é-n cuyo caso, luego que se insinúen íos síntomas del ataque, debe tomar coloc. , especialmente si los ataques precedentes han dejado cierta debilidad en los intestinos, con una sensación de magullamiento, o como si las tripas estuvieran suspendidas por hilos, pareciéndole al enfermo que van a rom- perse a cada paso. En esle caso conviene esencialmente coloc.¡ a cuyo medicamento debe atenerse el paciente. Si la primera dosis no da resul- tado pronto, no debe esperarse mas de una hora ; si los padecimientos se agravan , dése algunos minutos después una pequeña cucharada de café negro, que se repetirá sí alivia; si el estado se agrava* vuélvase al uso de coloc. y después repítase el café y continúese lo mismo. Si el café no da resultados, dése todavía coloc. hasta la desaparición del mal. Mientras que los dolores sean soportables, no debe repetirse el medicamento. Si después de lu administración de un glóbulo de coloc, no se manifiesta agravación, notándose por el contrario una mejoría progresiva, debe cesarse en el uso del caféi dejando obrar si es posible al remedio por espacio de dos o tres semanas. Jeneralmente bastan dos dosis, rara vez tres aun en los casos de mas intensidad. Luego que han cesado completamente los dolores, dése caust. dos dosis, una por la mañana y otra por la tarde. Cuando un enfermo que ha padecido con frecuencia cólicos ha tenido la desgracia de lomar para ellos opio o láudano (medios jeneralmente em- picados en estos casos por la alopatía), désele primero café y después eo- 40 30G MEDICINA DOMÉSTICA. loe; si esto no fuese suficiente, ensáyese chamom. y vuélvase después a coloc. Suele baber cólicos en los que no es suficiente coloc, en cuyos casos conviene recurrir a uno de los remedios que vamos a indicar, y prin- cipalmente a bell. Conviene bell. cuando durante el dolor se forma transversnlinente en lai superficie del vientre un lumor oblongo; cuando el enfermo se alivia por la presión o doblándose; cuundo se esperimenta un dolor pellizcante y tirante en el bajo vientre como si los ¡ntesliuos fuesen a salir, síntoma que se agrava estando en pie y andando, y particularmente sí ul mismo liem- po bui una deposición pequeña y purulenta. En esle último caso seda con ventaja mere viv. que disipa el resto de los síntomas. Por regla jeneral, bell. conviene cuando la cara está mui encendida, con aflujo de sangre a la cabeza e hinchazón de lus venus, y dolores tan violentos que ponen al enfermo como loco. Conviene también cuando se fijan los dolores en la rejion umbilical como sí se apretaia con las uñas los intestinos; estos dolores vienen siempre acompañados de dolores de ríñones que se curan también con bell. Coce conviene en los casos análogos a los de nux. vom.: principal- mente si se siente opresión en el vientre, con presión hacia abajo y afuera, acompañadas de náuseas; o cuando la espulsion de gases no alivia, por renovarse estos constantemente y detenerse ya en un punto ya en otro» (compárese con chamom.) ocasionando dolores; cuando los gases deslien- den la rejion superior del vientre y del estómago con ruido y opresión en el epigastrio, ansiedad y presión debajo de las costillas, síutomus que cesan luego que se han espelido los gases completamente. Chin, es conveniente para los cólicos gaseosos, semejantes a los de coce. y de chamom.; cuando se esperimenta una sensación de contracción do los intestinos en la parte inferior del vientre y como sí fueran empujados hacia afuera, con un dolor tensivo y presivo, acompañado de tensío.i de- bajo do las costillas falsas y de ansiedad, principalmente de noche, eu los individui^i debilitados, o después do un sudor copioso, o en las nodrizas. Ign. se emplea eu los cólicos que principian durante el sueño, o cuando se sienten dolores lancinantes en el pecho y en las cusidlas ; si los gases se espelen con dificultad, y sí su espulsion alivia los padecimientos \ con- viene en las mujeres sensibles. Cuando esta enfermedad se presenta hacia la noche y el flato produce vómitos, debe preferirse puls. Los cólicos que son precedidos de un gusto amargo, lengua amarillenta, sed escesiva, y por úllímo los que son efecto de la bilis, acompañados algunns veces de vómitos y deposiciones biliosas, se curan con una o dos dosis de cha- mom.: los casos mas graves con coloc, y si eslos remedios no bastasen, dése sulph. flatulencia. La presencia de gases o flatos en los intestinos ocasionan a menudo cólicos para los cuales hemos indieudo yu los remedios. Cuun- do estos flatos no producen dolores vivos, sino so lamen le-calor, incomo- didad o inflazon del vientre, si la respiraoion es difícil o trabajosa, como sucede con frecuencia después del uso de alimentos flaiulentos, de la cer- veza, etc,; si se manifiestan a consecuencia de la injestion de agua, bebi- da después de sustancias grasientas, dése entonces chin.; después a las personas apasionadas nux vom.; a las personas amables, puls.; después de haber comido carne de cerdo, puls., cuando chin, no ha bastado. Si los padecimientos reaparecen con frecuencia, dése sulf. ; si estos remedios no sou seguidos, de ningún efeclo, llámese a un médico homeópata. MEDICINA DOMÉSTICA. 507 DE I.A INFLAMACIÓN DE LOS INTESTINOS Y DEL ESTOMAGÓ. Tan peligroso OS Iratar esta enfermedad con remedios domésticos como con los procedi- mientos alopáticos. Es imposible dar aquí detalles completos para todos los casos, pero valdrá mas todavía arreglarse a lo que vamos a esponer, que recurrir a un tratamiento violento. Si es posible dirijirse a un mé. dieo homeópata, esto será preferible. Se debo siempre suponer que existe un estado inflamatorio, cuando el enfermo acusa en una parte cualquiera del vientre un dolor quemante, algunas veces lancinante o dislacerante: esla parte eslá sensible a la pre- sión, y el dolor se aumenta por el movimiento, por la menor sacudida, cuando se tose, se estornuda o se rie. Esta parte puede estar tensa e hin- chada; si está en las inmediaciones del pecho, la respiración es difícil, principalmente al tomar aliento; estos padecimientos casi siempre van acom- pañados de vómitos o de eructos, que no alivian ; al mismo tiempo casi siempre hai estreñimiento. Este estado es el que ha sujerido la idea de los purgantes, verdadero método de envenenamiento, como los vómitos l.i idea del vomitivo, que puede ser también un medio de muerte.—No se debe pues molestar el vientre, hai que contentarse con prescribir agua, y a lo mas de cuando en cuando alguna bebida mucüajinosa y nada mas : cuanto mas dure la astricción, tanto mejor. Cuando el enfermo se restable- ce y empieza a comer, las funciones recobran su curso. He visto casos de los mas graves, en los cuales el estreñimiento ha durado quince dias, y sin embargo el enfermo se ha curado y recobrado sus fuerzas. A estos síntomas añádanse los siguientes: cara pálida, aplomada, desen- cajada, fiebre violenta, pero con pulso pequeño; moral abalida y angus- tiosa. Cuando este eslado llega a su apojeo se declaran vómitos de una gran violencia, asi como dolores escesivos y desmayo: los brazos y las piernas se enfrian, sobreviene hipo, y el vientre se infla en esceso. Si el mal tiene su asiento en el eslómago, el paciente esperimenia un dolor en la boca de él mismo, dolor que se esliende debajo de las costi- llas, hacia el dorso y lambien hasta el vientre; los alimentos y las bebi- das producen ganas de vomitar; una sed ardiente va acompañada algunas veces de aversión ul aguo'. Si el mal tiene su asiento en olro punió, se hace seniir el dolor penosamente en él ; el vientre se pone caliente, y no so- brevienen los vómitos sino algún tiempo después de haber comido. En estos diversos casos, dése desde los primeros momentos acón. ; re- pítasele de hora en hora; inmediatamente que haya alivio, se esperará, y no se volverá a dar hasla que se presente agravación ; si no se declara alivio, entonces es preciso elejir entre los remedios siguientes: Si los dolores se hacen sentir con mas viveza en la parte anterior y a la izquierda debajo de las costillas, de donde se propagan hacia el dor- so y el abdomen, con hinchazón de la rejion del estómago, grande ansie- dad y vómitos frecuentes, que empeoran el estado en vez de mejorarle, se pueden calmar los vómitos, con spigel. ; y si hai alivio, se le puede re- petir ; pero si la lengua está cubierta de una capa mucosa o amarilla, con- viene entonces dar antim. crud. una o dos veces. Si la causa primera ha sido una ¡ndijesiion se pueden dar puls. o nux vom.—Cuando los dolores y la fiebre son mui intensos y han sido producidos por un enfriamiento, particularmente después de haber bebido agua fria oslando sudando, dense iiirnedialamenle después, acón., ipec. o bry., que se repetirán tan amenudo como los síntomas se agraven, pero si eslos remedios no producen efecto, vuélvase u nux vom. Cuando parece que el enfermo eslá atontado, cuando 308 MEDICINA DOMÉSTICA, delira, o no se esplioa sobre su estado, dése hyose,y repítasele tan a me- nudo como sea necesario; si no produce resultados favorables, dése bell. y espérese su efecto por espacio de un día, si es posible .* si las esireini- dades se ponen frias, si disminuyen las fuerzas, si la cara se pone pálida o está mui descompuesta, dése veratr. alb. a dosis repelidas ; si esle no basta ars , que rara vez se administrará mas de dos veces. Después de ars. se puede repetir de cuando en cuando acón., y volver a dar ars.; se al- ternan entonces estos dos remedios. Si hai agravación después de ars., dése nux i>«m. Cuando los dolores se hacen sentir principalmente en el lado izquierdo, debajo de las costillas, y de aqui se estiendeu hacia abajo, la enfermedad puede complicarse con titi vómito de sangre. Si in fiebre es violen lu désa acón. ; pero untes de que este estudo empeore, dése chin., un glóbulo re- petido a medida de la agravación de los padecimientos. Se obtiene asi un bnen resultado en el mayor número de casos ; sin embargo en uquellos en que no sueede esto se dura arn., particularmente si hai un dolor presivo y lancinante, que impide la respiración, o si los accidentes morbosos se asemejan a los de la fiebre nerviosa : si el enfermo eslá apáiico, o si per- manece acostado y como en un estado de enlori ecimieuio, si no se queja de su mal y di< e que nada necesita. En la mayor parte de los casos dése nux vom., sí huí estreñimiento y la presión del eslómago dura cieno tiem- po sin alivio. Cuando el estreñimiento va acompañado de un dolor agudo que se aumenta a cada movimiento, dense dos dosis de bryon.; pero si huí diarrea sanguinolenta sin alivio de los dolores, si hai ardor cou dismi- nución de las fuerzas, dése ars.; si el mal se empeora cada tercer dia, dése chin, una dosis el dia libre, e inmediatamente después uua segunda dosis al principio del dia siguiente que corresponda malo, y si esto uo bus-* tu dése algunos dias después ars. Cuando son mas los dolores debajo de las costillas del lado derecho, cuando ocupan todo el lado y se estienden por delante, hacia arriba o ha- cia abajo, dése uno de los remedios siguientes : Si los dolores son obtusos y presivos, si no se aumentan por la presión esterior, ni volviéndose de un lado a otro, ni por la inspiración ; si van acompañados de presión en el eslómago con lension en los vacios, respi- ración difícil, lengua amarilla, gusto amargo, ictericia y accesos de angus- tias, dése chamom. ; si estas angustias se hacen mas frecuentes por la no- che y van acompañadas de una diarrea verdosa y de languidez de estómago, riese puls.; pero al contrario, si hai estreñimiento, si la piel está menos amarilla, pero está mas afectado el pecho, dése bryon. Se administrarán a la vez dos o tres glóbulos de estos remedios; y si después de media o una hora no hai alivio, se dará otro glóbulo. » En el dolor presivo que no permite al enfermo estar echado del lado de- recho, que va acompañado de boca amarga, de mas sed que hambre, de escalofríos continuos, de ictericia mui pronunciada de la piel y de los ojos, dése mere viv., algunas veces, alternado con bell., y en los casos mus malos, lach. — Si los dolores presivos se trasmiten al interior del pecho y se esiienden basla debajo de los hombros; sí la boca del estómago eslá hinchado, con tensión en la rejion umbilical que ocupa al través el abdo- men, con respiración difícil y ansiedad; cuando al mismo tiempo hai con- jeslion sanguínea Lacra la cabeza, desvanecimientos, vértigos hasla el des- mayo, a menudo con sed ardiente, con ajitacion continua c insomnio, dése UU., que se repetirá dos o tres dias después si no hai alivio. Si al dia MEDir.ÍNA DOMESTICA. 300 siguiente el enfermo no está mejor, dése lach. en dos dosis, del mismo modo que si hai agravación; cuando lach. cese de obrar, dése de nuevo bell. o uno de los remedios indicados. —En los dolores presivos que vau acompañados de lalidos y de una especie de palpítucion y de una sensibi- lidad escesívn de lus purles al tucto ; si hai al mismo tiempo guslo agrio y amargo, náuseas o también vómitos, respiración corta y oprimida, como si los vestidos estuviesen demasiado apretados y si al quitárselos resultase de esto aun una agravación mas fuerte; si ademas hai sed, manos encarna- das, cefalaljia presiva, dése^nua; vom., si esto no basta y los dolores lan- cinantes continúan, dése sulf. Para los casos en qu > estos remedios no fuesen seguidos de un alivio pronto en el espacio de algunos dias, o si hai alivio que no hace progresos, dése también sulf. ; y si el alivio no se de- clara en diez o doce horas, dése olra nueva dosis. Después espérense con paciencia sus efectos por espacio de cuatro o cinco dias; sí hai intermi- tencia, dése chin., como se ha dicho para los dolores del ludo iz- quierdo. Cuando el dolor ocupa principalmente el abdomen, el ombligo o la par- te inferior, cuando se agrava por el movimiento o por la presión, y cuan- do el punto mas doloroso está hinchado, dése acón., repetido cada tres o cuatro horas hasla que haya alivio, o cada vez que el dolor reaparezca ; si esle remedio no produce efecto y el abdomen continúa siendo el asiento del mal y se ha hecho cada vez mas sensible al lacio, dése lach., que se repetirá una hora después; si lach. no produce buen efecto, désete//. En muchos casos se pueden dar hyose, bryon ; nux vom., ars., algunas veces también mere viv.; este principalmente después de lach. Para este caso, véase lo que se ha dicho con moiivo de la indicación de este re- ¿nedío. Se cuidará mucho de no hacer uso de evacuantes en esta enfermedad, cuyo principal carácter es uu estreñimiento pertinaz; porque cuanto mas dura, mas pronia y mas completa es la curación de la enfermedad : si al contrario, se adoptan los purgantes o los vomitivos, es preciso esperar una agravación mortal o una afección crónica que será difícil de curar. De suerte que es una verdad decir que el estreñimiento es una buena señal en esla enfermedad, y que las disposiciones claras frecuentes e involun- tarias, constituyen un signo desfavorable. Se puede tumbien esperar aun en este caso, salvar al enfermo con hyose, que será preciso repetir, si no eslá aliviado, después de dos o tres horas; y si la enfermedad no se agra- va, espérese sin dar ningún medicamento. Los niños están sujetos a este jénero de padecimiento: cuando tienen el abdomen doloroso, la bocu del eslómago y la parte del vientre que co- rresponde debajo de las costillas hinchados, dése cham. una o dos veces, o mere viv. Véase mus udelante el articulo consugrudo a lus enfermedades de la infancia. conjestion sanguínea del vientre. En esta enfermedad se esperimenia una sensación penosa de calor y de ardor, con dureza, tensión, dolor ob- tuso, incomodidades que parece que dependen de un empacho reciente o antiguo del eslómago, como sucede en los hipocondriacos habituados a una vida sedentaria o que padecen hemorroides: el remedio principal en este caso es sulf,—Pero si al mismo liempo se sienten dolores en los rí- ñones, con sensación de quebrantamiento, con una laxitud que. quila la fuerza para andar, dése nu> vom.: si hai diarrea mucosa, escasa y clara, dése caps. : si hai grande debilidad, ars. En cuanto a los demás remedios, 310 MEDICINA DOMÉSTICA. véase el srticoño Almorranas. Se pueden emplear con éxito bell., veratr., puls., bry., cham., rhus loxie üe las lombuic.es.—Se atribuyen a las lombrices un gran número de enfermedades, y las lombrices mismas proceden de diferentes causas. Asi se dice que provienen de que los niños se han hartado de papilla, de tor- tas o bollos, o porque la madre se alimenta, durante la lactancia, con mucha ca-rne, pescados y alimentos salados o cocidos con grasa, y se su- pone eniónces que esto es lo que pone a los niños naturalmente enfermos, o lo que los predispone a estarlo ; o también porque se los empaña mui abrigados y no se los pone al aire libre, y también porque se los jaropea para las lombrices, administrándoles ya lavativas, ya purgantes, lo cual lejos de destruir estos incómodos parásitos, no puede menos de enjeudrar- los y hacerlos prosperar. Luego que se advierta que puede haber lombrices, lo primero que hai fcana y tarde o viceversa. Cuando la evacuación de sangre es demasiado copiosa, lómese acón.; si ésta nose suspende y continúa fluyendo la sangre como en una hemorrajia, no se espere mas tiempo y dése ign.; y si esto rto produce resultados efi-' ¿aces en diez minutos, dése sulf. y después acón.; y si aun esto no la detiene todavía, dense bell. y después cate en olfacion. Cuando con alguno de eslos' medicamentos hai algun alivio no debe darse nada mas; si hai alguna agra- ciou empléense los mismos medicamentos segunda vez.- solamente se recu- rrirá a otro remedio cuando el precedente haya agotado su acción. Si eí paciente está ya mui débil, désele chin, en olfacion. Los remedios arriba mencionados son suficientes para los casos de ur- jencia, y pueden también a veces curar radicalmente esta crónica enferme- dad: si con ellos no se consiguiese buen éxito recórrase a un médi- co homeópata, y hágaseJe una exacta descripción de todos los padeci- mientos. diakrea-. Esta enfermedad proviene frecuentemente de las causas señala- das en la primera parte de esta obra; por ejemplo, de un susto repentino, de miedo, de una contrariedad, de uU enfriamiento, de un acaloramiento; de una iudijestion, a consecuencia délas quemaduras, etc. Muchas personas tienen todavía la errónea idea de que la diarrea es un beneficio de la naturaleza, necesario para e1 restablecimiento de la salud alterada. Es verdad, que muchas enfermedades terminan por una diarrea; pero ella no deja por esto de ser una enfermedad; y también principian Con ella otros padecimientos. La falsa sensación dé alivio y debilidad que se csperimenia después de una diarrea artificial, es considerada por muchas personas como saludable y agradable, por la razón de que el estado actual es diferente del que precedía al desarreglo o indisposición, líai también alj gunos que consideran el uso dé la cerveza fuerte y del aguardiente como provechoso por la especie de embriaguez que de él resulla; les parece qué se encuentran tanto mejor, cuanto peores están. Algunos creen que no pue- den continuar gozando de buena salud sin hacer uso de purgantes (diarreas1 artificíales); estos deberán cuando se sientan estreñidos, hacer uso pimerd de los inedicameiuos apropiados para el estreñimiento, y verán que pueden curarse sin producirse diarrea'. Pero cuando esté uno afectado de una dia- rrea, natural o artificial, no se la debe detener artificialmente como cur el vino, el aguardiente u otros medios semejantes; sino dejarla qué siga su curso, y no usar m is que los medicamentos que la son apropiados; Supri- mir la diarrea no siempre es peligroso, pero puede serlo a menudo; parti- cularmente eh los niños y las personas de edad, o eu los individuos que es-» táu niñeados ul mismo tiempo dé otra enfermedad. Pueden resultar de esto afecciones gruves, tales como la dispepsia, la he- patitis (enfermedad del hígado), etc.; palubras mui sabias que alucinan u los intentos vulgares, que nada enseñan, y'que hacen olvidar el mal principal; lo peor de todo es que no siempre es fácil curar las malas consecuencias de una diarrea suprimida.—Pero el creer que es peligroso suprimir una diarrea, porque esta impide la salida a las impurezas del cuerpo, es también r»l6 MEDICINA DOMÉSTICA. nn error. El suprimir una diarrea es solamente peligroso porque es cam- biar uua enfermedad en olra, y porque no podemos saber cuál será la que vendrá a reemplazar ; jeneralmente es mas grave. La mayor parle de estas impurezas existen solo en la imajinacion ; véase lo que sobre esto se dice en el articulo estreñimiento. Si realmente hubiera verdaderas impurezas en el cuerpo serian arrojadas mucho mas pronto con la escrecion natural que durante una diarrea, la que a la verdad, siempre deja impurezas tras sí, que la escrecion natural arran- ca después. Cuando las evacuaciones son tardías y penosas, nada permanece en los intestinos, y este hecho es tan evidente que ninguno puede negarle. Los intestinos son uu tubo, primero estrecho y que se ensancha después gradualmente. No son una manga unida a nna bomba a la que 6s necesario aplicar presión a un eslremo para hacer que lo que contiene salga por el olio; no son un tubo muerto sino lleno de vida, que está en una constante actividad ; esta actividad cuando es regular no deja nada tras sí; solamente cuando no es regular o cuando cesa, puede llegar esle caso. Guando vuelve la diarrea, pero particularmente después del uso de medicamentos pingan- tes, esia actividad o uccion es mui irregular y precipitada, y procura liluar al cuerpo de los venenos purgantes, que cuando se han tomado dejan los intestinos naturalmente mui débiles y relajados. Si los purgantes no fueran un veneno, no harían efecto alguno, porque solamente aquellas cosas que el cuerpo aborrece y rechaza puedeu obrar como purgantes. Los venenosos efectos de estas medícii.as llegan a ser mas violentos cuando se queduneii el cuerpo; porque cuando el cuerpo no puede espelerlus obrun como un veneno. Los médicos dirán que entonces es la enfermedad la que produce estos síntomas, pero no se les debe ere r, es falso. Mas personas mueren por abusar de la magnesia y del aceite de castor, y mas niños de ruibarbo, que de arsénico, al cual todos temen. Cuando lus evacuaciones son difíciles, la actividad de los intestinos es mayor, pues sino, los escremenlos no po- drían ser arrojados; y por consiguiente ninguna impureza puede quedar en el cuerpo, porque los escremenlos duros llenan los inieslinos completa- mente, lo que no sucede nunca cuando hai diarrea. Cuando ia acción de los intestinos se suspende, es una verdad que lodo queda detenido; pero se puede exilar fácilmente olra vez esta acción, como se ha muuifeslndo eu el articulo estreñimiento. Los'médicos que han abierto millares de cadáveres, han hallado siempre impurezas en los de los sujetos que dtirunte lu vidu tuvieron diurren, pero nunca eu los que habían eslado estreñidos. Cuando una diurren lijera clara alivia o cura a un sujeto de otra enfer- medad que está padeciendo, espérese algún tiempo antes de emplear medi- camentos; pero es preciso recurrir a ellos cuando esta continúe o produz- ca otras afecciones. Escójase en este caso de entre los niedícumentos apro- piados a los síntomas. En la diarrea de dentición no debe hacerse nada, a menos que dure mu- cho liempo y debilite a los niños. Al principio bastará evitar lodos los áci- dos, el café, el lé, y toda sustancia salada ; son siempre nocivos, la fruta fresca o seca, los huevos, los pollos y otras aves, no se debe lomar nada, excepto alimentos mueilajiuusos, y un alimento feculento, como la harina de avena, de arroz, etc. Si se conserva el apetito, el paciente puede lomar caldo de carnero, sopa con o sin fécula, asi como leche de vaca o cabra, si e gusta, pero no debe tomarla en demasiada cantidad, para que no agrave a diarrea. MEDICINA DOMESTICA. 517 Ipee. conviene cuando el niño llora, eslá inquieto, ajilado, incómodo, tiene mucha saliva en la boca, inflazon del abbómen con esfuerzos inefica- ces para obrar, evacuaciones frecuentes, pequeñas y amarillentas con do- lores intestinales, o evacuaciones mucosas claras, espumosas, como fer- mentadas, de un olor muí malo; al mismo tiempo esperimenta debilidad, inclinación a estar echado, soñolencia, cara pálida con ojeras, horripila- ciones, irritabilidad y disposición a enfadarse. Si ipee no basta, dése rheum. ; si las deposiciones tienen un olor agrio es mejor preferir desde el principio rheum. Cham. conviene particularmente para los niños que gritan hasta perder el sentido, y se retuercen y se encorvan y quieren que se les tenga siempre en los brazos ; cuando los niños pequeñitos encojen sus piernas ; cuando el vientre eslá tirante y duro ; cuando hai evacuaciones frecuentes, viscosas o acuosas o verdes y parduzcas, o indijestas y que huelen como a huevos podridos ; cuando al mismo liempo hai borborigmos o movimiento en los intestinos, falla de apeüto, sed, lengua sucia, frecuentes eructos y náuseas como si se fuese a vomitar. Esle remedio convendrá particularmente pa- ra las personas adultas cuando las deposiciones sean verdes, acuosas, ar- dientes y fétidas : cuando haya sabor amargo en la boca, eructos amar- gos, vómitos biliosos, plenitud de la boca del eslómago retortijones de tripas y dolor de cabeza. Puls. conviene para la diarrea con evacuaciones de consistencia seme- jante u papilla, o cuando esla es liquida, de' mal olor, escoria el ano, y va acompañada de un dolor ardiente, repugnancia, náuseas, eructos de- sagradables, retortijones, mas frecuentemente durante la noche que por el dia. Para la diarrea semejante a papilla, que solo se présenla después de media noche, precedida de dolores en los intestinos que cesan después de la evacuación, dése rhus.—Puls. es también úiil en la diarrea riscosa, cuando cada evacuación es de un color diferente ; si las evacuaciones de- bilitan mucho, dése coloc, y si este remedio produce sintonías incómodos, dése un poco de café sin leche. Si las evacuaciones son claras, verdosas, mezcladas cou sangre, y vari acompañadas de pujo, dése mere. viv. Mere. vio. es conveniente cuando los dolores hacen gritar y hai congo- jas con ganas urjentes e ineficaces para obrar, con sudor frió y temblor ; cuando las evacuaciones son verdes, acuosas y mucosas, algunas veces biliosas con estrías de sangre habiendo al mismo tiempo gran debilidad, mal olor del aliento, como si estuviera eu ayunas, falta de apetito con ganas de vomitar, y vómitos y diarrea al mismo tiempo. Conviene también cuando la diarrea es tan corrosiva que produce una sensación ardiente y pruritosa. Sulf. se dará para la diarrea que es lan acre que escoria las partes de al rededor del ano, o produce erupciones miliares ; frecuenlemenie laminen si va acompañada de enflaquecimiento, o en los niños con un abdomen duro y distendido; cuando el mas pequeño enfriamiento reproduce la diarrea aunque se hayan empleado oíros remedios que la habían hecho cesar. Ant. crud. es bueno para la diarrea acuosa con descomposición del estómago, cuando la lengua eslá cargada y blanca ; pero, cuando al mismo tiempo que el ano eslá escoriado, hai dolores espasmódieos en el ano y la espalda; cuando iodo alimento causa dolor presivo en el eslómago; cuando los ojos eslán mui débiles, y la cara está pálida y como sucia, déte ferr. acet.; conviene sobre lodo contra las diarreas sin dolores. Si 318 MEDICINA doméstica: la diarrea acuosa ha continuado por largo liempo, y los- otros remedios no han producido efeclo, dése phosph. acid. a dosis repetidas y cada vez mas fuertes. Rheum. conviene para la diarrea aguda, mucosa y como fermentada1 (compárese con ipee), y particularmente a los niños que gritan y síe que- jan de cólicos o encojen las piernas hacia el vientre, si lienen la boca lle- na de saliva y la cara pálida. (Si la caraeslá> roja déseles cham., y si esla* no basta, bell.) En los casos en que cl>niño huele a agrio, a pesar de la- varle a menudo, si rheum. no produce ulívio, y los dolores persisten mui violentos, dése cham., y si esta no es suficiente, si el dolor disminuye pero la debilidad continúa, con distensión del vientre, dése sulph-. Chin, conviene no solamente para lodas las diarreas de personas debi- litadas, sino que también en los casos en que durante los mas viólenlos dolores, que son espasmódieos, de contracción y compresivos, se evacúa una grande cantidad de materias claras de color casi castaño, acompaña- das las mas de las veces de dolores ardientes en el ano, con gran debi- lidad en el abdomen, borborigmos y eructos, Sela podrá dar también cuan-1 do, después de un enfriamiento, se despierta uno durante la noche con' eslos dolores espasmódieos, que cesan entonces casi inmediatamente an- tes de que la diarrea pueda manifestarse. Bry. conviene frecuentemente en el calor del verano, después dé beber" agua fría, y tomar frió de otro cualquier modo ; o cuando la diarrea es producida por comer demasiado, sobre lodo fruta; o cuando se presenta inmediatamente después de haber comido a consecuencia del uso de algún alimento fermentado, de una fuerte contrariedad y que cham. no haya- podido curarla. Dulc. es conveniente para la diarrea que aparece después de un enfria- miento, particularmente en verano o en otoño; que se empeora por la noche, y va acompañada de evacuaciones frecuentes y mas acuosas, con o sin dolores o cólicos. Si dulc no produce alivio en seis horas dése bry. y' repítasela cada seis, ocho o doce horas. Si la diarrea va acompañada de mas debilidad que dolor, si se presenta después de la comida, los alimentos salen sin dijerir, chin, produce jeneralmente alivio ; algunas veces también bry.. o rhcum., que será preciso consultar. Pero cuando la-debilidad es considerable y coincide con los dolores en los intestinos, dése ars. y si este no produce un pronto alivio, nux vom. Para las evacuaciones de ali- mentos iií) dijeridos, ferr. acet. es útil frecuentemente, alternado con chin. o cale carb. y algunas veces con mere viv. Para la gran debilidad con diarrea, ordinariamente ipee es el mejor remedio, con verat. y ars.; para la diarrea sin dolor alguno es mejor ferr. Cuando lu diarrea y el estreñi- miento se presentan alternativamente, como sucede con frecuencia en per- sonas de edad, los reiré líos que convienen mejor son ant. crud. y cale. acet. sobre lodo si no hai dolor de ninguna especie. Parala diairea: de las mujeres embarazadas, y recien paridas, véase er capítulo de lus enfermedades de las mujeres, y para la diarrea de' los niños duramc el verano, véase el capílulo de las enfermedades de'los niños. de la Disp.NTtera.v. Cuando en esta afección las evacuaciones contienen po-" coso ningunos escrenientos, ademas de los remedios deque se va hablar se consultarán también con fruto los de que se ha tratado en el artículo diarrea. Mere. vio. conviene cuando hai un deseo vehemente e impotente de eva- MEDICINA DOMÉSTICA. 319 cuar, como si los intestinos fuesen a salirse ; cuando después de muchos esfuerzos hai una evacuación de sangre clara; o después de evacuaciones verdes y como picadas, mezcladas con sangre, y cuando después de la eva- cuación hai mas pujo que antes; en los niños cuando chillan y lloran mu- cho, y cuando los que maman rehusan tomar el pecho. Acón, cuando se esperimentan dislaceraciones en los miembros, la ca- beza, el cuello y los hombros ; si un par de dosis no producen resultado, dése chfim., en muchos casos puls. , cuando ordinariamente se arrojan piucosidades mezcladas con sangre, o rhus., y para esto véase el artículo PJARREA. Acón, es también el mejor medio en la disenteria que sobreviene cuan- do los dins son escesivumente calientes y lus noches frías, y v.i acompaña- da de los, escalofríos, mucho calor y sed; si este no produce resultado, véase lo que arriba se ha dicho en los artículos bry., nux. vom., o mere. viv., que frecuentemente eslá indicado. Chin, es conveniente cuando la disenteria afecta a muchas personas a la vez en lugares pantanosos, o en los que se lian abierto canales, particu- larmente cuandp la enfermedad ataca y se empeora sensiblemente todos los dias. Mere. subí, es el principal remedio en la disenteria durante el otoño; pariicularmenie después de acón., cuando va acompañada de mucho pujo y cólicos, cuando desde el principio hai cámaras biliosas, y después de Sangre y mucosidades. Si el paciente se siente mejor después déla primera dosis, y se agrava luego, repítasele; si no alivia, compáresele con otros remedios, y particularmente con lo que se ha dicho de los cólicos y de la diarrea en el párrafo consagrado a coloc. Coloc. es conveniente cuando se siente dolor en los intestinos, como si fuesen oprimidos entre dos piedras; el paciente se ve obligado a enconvar- se, está mui ajilado, las evacuaciones son mucosas, algunas veces mezcla- das con sangre; el abdomen eslá mui distendido, y alguuas veces limpa- nizado como un tambor; se siente una presión como si el vientre estuviese demasiado lleno, escalofríos en el abdomen, que se estiendeu a todo el cuerpo ; la lengua está cubierta de mucosidades blancas. Compárese lo que se ha dicho de coloc. en el articulo cólicos. Sulph. se dará en todos los casos en que los demás remedios produz- can alivio, pero no una completa curación. Ars. conviene curmdo las evacuaciones lienen un olor pútrido y repug- nante, se salen involuntariamente, y lu orina huele mui mal; cuando el paciente pierde sus fuerzas, se pone completamente indiferente, como si estuviese aturdido y atontado con olor punido y repugnante de la boca ; cuando aparecen manchas encarnadas o azuladas en diversas partes del cuerpo ; hai inquietud y el enfermo se ajita en la cama sin encontrar el me- nor descanso y desea la muerte; si al mismo liempo lu respiración es casi fria, hai sensación de ardor; cuando ars. no produce resultados, después de una o dos dosis, dése carb. veg. si después de ars. hai agravación, dése nux vom., y si después del carb. veg. persiste el olor pútrido, dése chin.; y después otra vez carb veg. Algunas veces después de ars., phosph. es el mejor remedio que puede recomendarse. estreñimiento.—La primera observación que hai que hacer acerca de esta enfermedad, y que mucho* considerarán como problemática, es que aquel que la padezca, puede felicitarse de no tener una enfermedad mas grave que esla. Obsérvese en efeclo que casi todas las persenas que ordi- 320 MEDICINA DOMÉSTICA nariamente están estreñidas, llegan a una edad avanzada y permanecen fuertes hasla su muerte, si no se suicidan abusando de los purgantes ; mientras que por el contrario, los que están predispuestos a lu diarrea pierden prematuramente las fuerzas, y rara vez llegan a viejos. La diarrea no puede aparecer cuando no hai algún elemento nocivo que altere el orga- nismo, mientras que una grande transpiración y uu abundante alimento animal causan frecuentemente el estreñimiento. La opinión popular de que las purgas contribuyen a conservar la salud, y que previenen las enfermedades; asi como de que las impurezas del cuerpo son las que las ocasionan, es enteramente enónea y no tiene fun- damento alguno. Este no es mas que un deseo de los doctores y botica- rios de vender sus drogas ; pero lo han repelido tan auienudo durante millares de años, que ellos mismos han llegado a creerlo hace mucho tiem- po; esta idea es también una parte tradicional de la creencia de la mitad del jénero humano, y nadie se alreve a ponerla en duda. Mticlus médi* eos han eslendido y alabado esla idea, porque toda su ciencia consiste en sangrar, purgar, y dar eméticos. Esta creencia es el eje sobre el cual jira lodo el auiiguo sistema, y este es el cebo con que atraen a los crédulos pacientes; porque cuando hablan de estas cosas con una peculiar solemni- dad, encuentran bien dispuestos todos los corazones y todos los bolsillos; y aun las personas que gozan de buena salud sienten un verdadero deseo* de ser restregadas y limpiadas interiormente, en toda regla. Cualquiera que haga el esperimento siguiente con un caballo o consigo mismo, se convencerá de que nuestra oposición a las purgas es mui bien fundada. Dejad que una persona tome medicamentos purgantes por espacio de una semana, y por sano que se encuentre al tomarlos se verá que a la terminación de esle periodo arroja las materias mas abominables. Esto su- cede particularmente después del uso de la jalapa y los calomelanos. Como este resultado se observa tanto en los hombres como en los animales que gozan de perfecta salud y nunca han estado enfermos, es preciso atribuirle a los purgantes. Frecuentemente se pueden conocer, por la naturaleza de las materias evacuadas, la drogas que se han usado. Cuando se toman sales purgantes, las evacuaciones huelen siempre a huevos podridos; si se loman resina* drásticas, las evacuaciones son ne- gruzcas y acuosas; si se toma mercurio, verdosas; si se toman magnesia y ruibarbo, son jeneraimenie de un olor mui malo y agrio, etc. Toda sustancia tóxica que es introducida en el cuerpo, obra como pur- gante o como vomitivo : por consiguiente, los remedios que obran en este doble sentido son también venenosos. Hai la diferencia de que los vene- nos activos lomados en pequeña cantidad destruyen las fuerzas y desorga- nizan el estómago, mientras que los mismos ajentes tomados como pur- gantes obran en menor dosis y matan mas lentamente. Las personas que padezcan de estreñimiento y quieran aliviarse de tiempo en liempo, o que tengan ademus otras enfermedades, deben hacer uso de los remedios que vamos a indicar; pero antes de lodo, deben observar un réjimen conveniente, no deben comer demasiada carne, ni tampoco cosas saladas, masticarán su alimento lo conveniente, cortarán cada cosa en pe- queños pedazos, y tomarán una cantidad suficiente de legumbres, vejetales, frutas secus o frescas y pan con la comida; deberán comer mucha sopa y abstenerse del té, de los licores espirituosos etc., y beberán mas bien leche agria o suero de manteca, que muchas personas desprecian, pero que sin MEDICINA DOMÉSTICA 321 embargo es la mas sana producción de la vaca, tanto para los niños como pura lus personas crecidas ; tomarán a la comida, en vez de manteca y que- so, manzanas en conserva; no masticarán tabaco, o lo deberán hacer an- tes de la comida, y lo mejor será que abandonen completamente esta cos- tumbre sucia y perjudicial para lu saliva; finalmente, cuidarán de tomar un vaso de agua fresca todas las noches antes de acostarse. Enlre los remedios domésticos, el único que puede recomendarse son las lavativas, que se usarán de cuando en cuando, compuestas simplemente de agua y sin abusar de ellas, aun cuando el acostumbrarse a ellas no sea ni con mucho tan perjudicial como el uso de los purgantes.—Las lavati- vas no son un medio curativo sino solamente paliativo ; auxilian podero- samente la acción de los remedios apropiados, y contribuyen un poco a la curación. Cuundo de tiempo en liempo se padece de estreñimiento, se pue- de curar con el uso de lavativas frías; y para esto lomarlas en corta do- sis todas las noches antes de acostarse, procurando contenerlas. Dos sema- nas de esta práctica han destruido a menudo esta disposición al estreñímien- lo, y las deposiciones concluyen por regularizarse si se observa un réjimen conveniente. —Hai que nbstenerse de ellas cuando hai hemorroides; pero lo repetimos, el agun fresca y la leche bebida son los líquidos que se deben emplear para los niños.—El paseo a pie, y particularmente en un suelo montuoso, contribuye mucho a restablecer la regularidad de las deposi- ciones ; se tomará la costumbre de adoptar una hora fija para satisfacer esta necesidad, por ejemplo todas las mañanas antes del desayuno. Nux vom.. conviene a las personas que tienen una vida sedentaria y que acostumbran a usar de las bebidas espirituosas, o cuando el estreñimiento sobreviene después de una comida abundante de manjares mui variados y después de haber recargado el eslómago, o cuando ha sido precedido de diarrea, o cuando la diarrea ha sido suprimida; cuando hai falta de ape- tito, gusto desagradable, lengua cargada de mucosidades, languidez de estómago, náuseas, inflazon y presión del abdomen, calor, punzadas fuga- ces, sensación de uu peso, cólicos y retortijones profundos, calor de la cara, cefaluljia, repugnancia para el trabajo, sueño inquieto, opresión; irritabilidad y lágrimas frecuentes.—Cuando el estreñimiento va acompa- ñado de humor malo, taciturno, cuando se han comido cosas de pasta, manteca rancia, ele , dése puls.; si al mismo tiempo el sujeto eslá irri- table y sensible al frió, dése brg. Bry. conviene principalmente en estío, o cuando éste estado del vientre se aumenta en esta época; a las personas que padecen con frecuencia de reumatismo; se dará uua.dósis por mañana y tarde, y se esperará l2o 3 dias. Op. conviene cuando, con la necesidad de obrar, se esperimenta una sensación como si el ano estuviese cerrado, y cuando no se tiene necesi- dad verdadera; si se llegan a sentir pesadez en el abdomen, latido con presión en el eslómago, boca seca, sed y falta de apetito. Se le puede to- mar muchas veces, por ejemplo, cada seis horas. Pial, cuando después de grandes esfuerzos, solo sale un poco de es- cremento, cuando hai pujo y hormigueo, en el ano, cuando se esperimenta después de las deposiciones un escalofrió por todo el cuerpo y una sen- sación de debilidad eu el vientre, y ademas una contracción, una presión hacia abajo y una opresión en el eslómago, acompañada de esfuerzos im- potentes para eructar. Lach. está indicado en el estreñimiento crónico, con la misma opresión en el estómago, y una impotencia igual para espeler flatos. 42 5-22 MEDICINA DOMÉSTICA, Mere viv. cuando esta indisposición va acompañada de mal gusto de la boca, las encías se ponen dolorosas y se conserva el apetito. Si mere viv. no produce efecto, dése slaph. Nati', mur. conviene en lodos los casos en que no han tenido éxito los medios precedentes, y cuando no se tiene gana ninguna de deponer ; pero si hai ganas frecuentes con tenesmo o pujo, dése sulf. dos veces. PADECIMIENTOS DE LAS VÍAS URINARIAS, O EMISIÓN DOLOROSA, DIFÍCIL E IN- TEunuMPiDA de la ouiNA. Estos padecimientos con frecuencia son ocasio- nados por otras enfermedades, dependientes de los ríñones o de la vejiga, ya sean venéreas o crónicas. En estos dos últimos casos es preciso llamar a un médico homeópata ; con todo, desde el principio se debe recuirir a los remedios apropiados para combatir el eslado agudo. Con ellos se pue- de impedir uua enfermedad mas grave que con frecuencia es el resultado de los remedios alopáticos tomados a fuertes dosis. Si estos padecimientos no proceden de las causas que acabamos de indicar como presumibles, quedan pocas dificultades que vencer para curarlos. La escrecion de la orina es una función mui importante; mas peligro hai en retener la orina veinte y cuatro horas que en pasarse ocho dias sin deponer. La retención voluntaria de la orina puede dar lugar a muchas enfermedades. Ninguna consideración del mundo debe ¡npedirnos el satis- facer esta necesidad, y en lodas circunstancias deberá uno tomar sus me- didas, para no tener que sufrir una retención forzada. No se concibe, en verdad, que un hombre de sentido pueda esponerse, por ningún motivo, a las consecuencias desagradables de semejan-te violencia, que ha sido el principio de tantas muertes crueles. Se puede sin inconveniente retener las materias fecales durante veinte y cuatro horas; pero la orina (nunca se repetirá demasiado) hai peligro en retenerla solamente una hora. En segundo lugar, se cuidará de no orinar espuesto a una corriente de aire; de esto deberán guardarse sobre todo las personas que padecen de las vías urinarias. Tercero, espérese el liempo necesario para orinar, y no se detenga la evacuación antes de que la vejiga esté completamente vacía. En fin, se beberá una gran cantidad de agua, particularmente cuando se perciba que la evacuación de la orina es mas rara.—Se observará acerca do eslo a los niños pequeños, a los cuales se deja muchas veees padecer sed, en la idea de que no pueden soportar el agua fria. Las bebidas calien- tes y azucaradas que se les dan no hacen sino esciiarles mas la sed. Si se ve disminuir gradualmente la cantidad de la orina, debe verse en esto la señal de una próxima enfermedad que puede hacerse mui peligrosa. En esle caso, es bueno tomar un pediluvio libio, beber regularmente mucha agua, y de cuando en cuando algo de suero; pero cuídese mucho de no recurrir, en esle cuso, a las bebidas llamadas diuréticas ; porque frecuen- temente hai un obstáculo que se opone al curso de la orina, y cuanto mas se le quiere forzar lauto mas debe agravarse el nial; úsense entonces los remedios indicados a continuación, que frecuentemente bastarán para ven- cer este obstáculo. Tampoco deberá descuidarse el hacer fomentos de agua caliente. Si al orinar se siente algún dolor o una sensación de ardor, etc., hágase uso de sustancias mucilajinosas, como la harina de avena mondada, y no se coma nada salado o ahumado. En los casos mas ordinarios, empléese acón., sobre todo cuando se cs- pcrimeuu una gana dolorosa de orinar, cuando sale poca orina 5a a golas, MT.niofNA DOMESTICA. 323 acompañadas de gran dolor, ya también cuando absolutamente sale ningu- na; o cuando la poca que se espele es enteramente roja, oscura y turbia. Esle remedio conviene particularmente a las mujeres y a los niños; a cada agravación sedará un glóbulo de él. Después de acón el remedio mas importante es puls., sobre todo cuando en la rejion de la vejiga, inmediatamente por encima de los huesos, y pro- fundamente en el abdomen, se esperimentan dolores intensos con presión y retortijones, o cu indo la parle eslá caliente y encarnada. Sucede con frecuencia que este accidente es debido, principalmente en los niños, a un golpe, una caida, una corrección o castigo manual recibido en la espalda o en la vejiga: en este caso dése siempre arn. que se alter- nará algunas veces con acón. Puls. está indicada cuando se encuentran los síntomas siguientes: deseo frecuente de orinar, pero en pequeña cantidad, acompañado de dolores y esirías rojas y oscuras en la orina; al mismo tiempo dolor lancinante y presión en el dorso, en los vacíos, jeneralmente en uno solo, y sobre el cual no puede estar echado el enfermo; algunas veces dolor de la vejiga, fiebre y sed ; otras veces el testículo del lado malo está afectado y retraído, y el muslo del mismo lado eslá como adormecido. Cuando los padecimientos de la vejiga dependen de vejigatorios reciente- mente aplicados, o cuando por efeclo de una intención reprobada se han tomado algunas gotas de tintura de cantáridas, hágase oler alcanfor o bé- banse algunas cucharadas de agua alcanforada. Esle procedimiento es igual- mente bueno, cuando estos síntomas son ocasionados por otras sustancias tóxicas. En los demás casos, dése primero acón, y después nux vom., sobre lodo si la afección es ocasionada por la desaparición o supresión de las almorranas, o también cuando se esperimenta una fuerte tensión cou ardor y presión en el dorso, entre las costillas y en la cadera. Puls. con- viene en los casos análogos, principalmente si reconocen por causa la su- presión de la regla, o cuando ésta es tardía y escasa. Bell, conviene mejor cuando los dolores son mas lancinantes y vienen del dorso hacia la vejiga, cuando se agravan de cuando en cuando, seguidos de mucha ajitacion, de inquietud, de cólicos; y si no se obtiene mas que un alivio pasajero, dése hep. sulf* Cuando la gana de orinar es mui grande, y el chorro de la orina es mui delgado, y el enfermo suda fácilmente, dése mere viv., particularmente cuando la orina es de un rojo oscuro, se enturbia con prontitud y adquiere un olor repugnante; si es acre, corrosiva, o si es seguida de un poco de sangre, se le alternará con hep. sulf. Cuando la orina se hace viscosa yje- lalinosa y los dolores son intolerables, se puede dar coloc. Si mientras que se hace sentir la gana de orinar, q"Ue es urjente y no cesa, y cuando ai mismo liempo la vejiga eslá dolorosa, sucede que la re- jion vesical se hincha y eslá sensible al laclo, que los dolores se empeoran durante la espulsion de la orina, que esta liene un color de sangre, o que salen pequeños grumos sanguinolentos, dense muchas dosis de acón. Solo en el caso de acción tóxica debe pensarse en el alcanfor. Después de acón., dense nux vom. o puls., como se ha dicho mas arriba, y algunas veces también hyose Si en los niños de pecho se suprimen la orina y las deposiciones a con- secuencia de un susto o un miedo que haya esperimenlado la madre, y si se les detiene el vientre, hai que guardarse mucho de darles purgantes, nada harian ; acón, conviene entonces perfectamente si la piel del niño se 324 MEDICINA DOMÉSTICA. pone caliente y seca ; cuando ordinariamente está fresca y flexible, dése op. Se obrará del mismo modo en los casos mus gruves, y se continuará esle remedio cada cuarto de hora, hasta que haya alivio. En la retención completa, o bien cuando la orina no sale masque en no chorlito muí delgado y mui lento, con sensación de ardor en el canal y calor quemante en el vientre; será preciso recurrir al alcanfor, que alivia ordinariamente, pero se le usará a pequeñas dosis, ya en olfacion, ya en disolución en un poco de agua caliente, de la que se lomará una cucharada de las de lé de cuando en cuando. Cuundo sucede que los padecimientos urinarios son consecuencia de las almorranas mal tratadas, como sucede de ordinario, por ejemplo, cuando se hace la ablación de ellas, ele., el caso es muí difícil de tratar; enton- ces los dolores y el ardor son muí intensos, notablemente cuando la orina no corre mas que gola a gota ; algunas veces se hace sanguinolenta, de lo que se sigue en ocasiones un líjero alivio. En este caso, se usarán util- mente lavativas de agua tibia ; acón, y mere viv. alivian los padecimientos, y sobre todo sulf. : después si los dolores se agravan, acón. ; tambieu nux vom. alivia los dolores, principalmente si se deben al uso de bebidas es- pirituosas o si se han aumentado inmediatamente después de haberlas to- mado ; si la agravación es producida por un enfriamiento, dése dulc. que calma temporalmente. Cuando de tiempo en tiempo salen con la orina grumos de sangre o de materia, dése cale carb. en dos dosis, pero des- pués de haber empleado sulf. Si el ardor reaparece y se ha agravado, en- sáyense carb. veg. y ars. alb. No puede obtenerse una curación completa sino con los auxilios continuados bastante tiempo de un médico ho- meópata. La ematuriao salida de sangre por la uretra, afección que frecuentemen- te depende de otras enfermedades, debe tratarse con los remedios arriba mencionados. Si es debida a una violencia esterior, dése arn. ; a las be- bidas espirituosas, nux vom. ; a escesos, chin. Si durante el sueño huí flujo de sangre > de esperma, dése mere viv. : si esle accidente ^e pre- senta a menudo, hep. sulf. Si se esperimenta una sensación quemante en la estremidad del miembro, están contraidos espasmódicamente el escroto y el pene, y se hacen sentir dolores espasmódieos en los muslos, las ro- dillas y las ingles, acompañados de contracciones y de retortijones en los ríñones, Insta en la rejion umbilical y los vacíos, dése puls. flujo de la uretra. Esla afección varia mucho; algunas vaces es lije- ra, y otras veces reviste un carácter mui grave ; frecuentemente es espon- tánea, como también puede reconocer por causa el flujo blanco, enferme- dad común en las mujeres. Vamos a indicar aqui los medios de aliviar los casos mas intensos y de curar los mas lijeros; acaso asi conseguiremos que los enfermos no se dirijan a los médicos de la antigua escuela ni a los charlatanes. He visto con frecuencia a estas afecciones benignas transfor- marse en enfermedad grave a consecuencia de un tratamiento contrario, dejando detrás de sí padecimientos largos y pertinaces, y algunas veces incurables; y nadie ignora las terribles consecuencias de la supresión re- pentina de de loda blenorrajia contajiosa. Hai que someterse en esle caso al réjimen indicado anteriormente en el artículo retención i>e orina. Se logrará calmar los dolores con lavati- vas de agua tibia; hai que abstenerse de las inyecciones de que tanto se abusa y que son Km nocivas ; se empapará el miembro en aceite libio, o bien se le envolverá en compresas empapadas en aceite. Lus remedios em- MEDICINA DOMÉSTICA 323 pleados en semejantes casos, la copaiba y la cubeba, perjudican con fre- cuencia, y únicamente curan porque se les emplea a fuertes dosis. Después de haber recibido la infección, el enfermo hará mui bien en estender sobre la planta de los pies una cantidad de bálsamo de copaiba del tamaño de un guisante, y colocar encima las medias ; o si siente frecuentes ganas de ori- nar, colocará algunas hojas de perejil en las plantas de los pies ; en los casos crónicos, seempleaiá uua cucharada de las de lé de cubeba en pol- ■\o. Es una verdadera locura tomar estas drogas ; nunca es la caniidad la que produce la curación; porque si no se consigue detener el flujo, resul- tarán del bálsamo de copaiba padecimientos de los pulmones, como de la.pimienta de cubeba padecimientos del estómago; hai mas, y es que el efecto que resulta de la absorción de eslas sustancias por los pies es mucho mas rápido que el que puede prometerse injiriéndolas en el es- tómago. El verdadero tratamiento consiste en el uso del acón., del que se darán algunos glóbulos para calmar los dolores mas violentos; después se admi- nistrará mere. viv. tres dias seguidos , si es necesario ; cuando han desa- parecido los dolores agudos, se puede quitarlo réstame en una semana con sulf. En el dolor quemante, intenso, con flujo de materia verdosa y amarillen- ta, dése mere viv.; si el flujo es blanco como crema de leche, dése caps., particularmente cuando al orinar, ademas del ardor, se esperimentan do-i lores incisivos; si el dolor es mas bien de estirón y presivo, con espasmo, y cuando haya al mismo liempo dolor al orinar, nux vom. quita lo restante de los síntomas; y sí queda un flujo lechoso, dése ferr. acet.—Si el flujo procede únicamente de la leucorrea, y de ningún modo de infección vené- rea, dése natr. mur. El marido y la mujer deberán lomar una dosis por ma- ñana y tarde, y esperar sus efectos quince o veinte dias. enfermedad del i'ENE. Si la enfermedad consiste en hinchazón, rubicun- dez y dolor del prepucio, cuyo orijen sea una causa física, como el frote, la presión, ele, dése acou. primero, y algunas horas después arn.; y si después del alivio el mal se empeora, adminístrense alternativamente el uno y el otro. Pero si arn. no conviene, dése rhus tox. dos veces.—Si el mal procede de falta de aseo, dése acón, y algunas horas después, mere. viv. Los niños están espuestos a este jénero de afección; empléense en ellos los mismos remedios. Si la causa del mal es el haber tocado con las manos plantas venenosas, dense brg. o bell.; algunas veces es mejor alternarlos con acón. Si se presenta un flujo de materia purulenta por el miembro, mere. viv. es el remedio principal, y si la sensación de ardor que esta oca- siona no cesa, dése caps. Si algunos dias después quedan huellas del flujo, dése hep. sulf.; si quedan en la piel partes endurecidas, dése lach dos ve- ces; cuando los síntomas son mui malos y hai acá y allá manchas azuladas, dése ars. alb. una o dos veces. A los niños pequeños, cale carb. una o dos veces, si acón, y mere viv. no producen efeclo. En los casos en que los testículos eslán dolorosos e hinchados a conse- cuencia de un golpe, de una caida, etc., dense acón, y arn. alternativamente; después de una gonorrea suprimida, puls., algunas veces también mere viv.; después de una esquiuancia, véase el artículo que se refiere a ella. Cuando el dolor es intenso y presivo en todos sentidos, y va acompañado de punza- das violentas en el vientre, dése spong.; cuando el dolores mas compresivo y las punzadas mas quemantes, dése slaph.;s¡ la causa es el abuso del mer- curio,*consúltese el articulo envenenamientos. Si esle estado lleva mucho 52G MEDICINA DOMÉSTICA. tiempo de duración, tómese sulf. y llámese ¡nmedialamenle a un médico homeópata. hernia. Esta enfermedad puede curarse en la mayor parte de los casos con remedios internos, si no se la ha descuidado mucho liempo: no se la curará ciertamente con los procedimientos de la antigua escuela; esta es la razón porque los médicos alópatas sostienen obstinadamente que no hai tra- tamiento alguno interno eficaz. Se han perfeccionado los vendajes en lodas partes, pero hai en esto mas especuladores que personas ilustradas. Del mis- mo modo que un buen vendaje es de grande importancia, asi también uno malo es muí perjudicial. Si no se adapta bien, sea que comprirna con de- masiada fuerza o que esté mui flojo, entonces puede hacer incurable la her- nia. Un buen vendaje no debe incomodar; cou lodo no puede impedirse que moleste un poco al principio; el enfermo sabrá soportar esta moles- tia. No se le aplicará nunca hasla haber introducido enteramente la hernia; y solo entonces es cuando se la mantendrá completamente sujeta. Luego que se advierta que sale un poco la hernia, es preciso quitar al momenio el vendaje, y hacer acostar al enfermo para volvérselo a aplicar con mas cuidado. Si la hernia se sale mui a menudo, téngase por seguro que el ven- daje no es bueno. El qtie no quiere llevar vendaje, el que le lleve malo, o también el que se fatigue mucho o hace imprudencias, se espone a la es- trangulacion de la hernia, que pasa fácilmente al eslado de inflamación. En esla circunstancia es mas esencial saber reducir una hernia. El que por primera vez es afectado de una hernia, debe empezar por acostarse boca arriba, y colocar debajo de sus nalgas dos almohadas u otra cosa análoga, de modo que la parte en que esiá la hernia se encuentre mas alta que el resto en que está el abdomen; se inclinará un poco mas del lado enfermo, y de este modo el vientre no estará tenso en nin- gún pumo. Será siempre mas conveniente que sea otro y no uno mismo el que re- duzca la hernia, pero en caso de necesidad, puede hacerlo uno mismo. Se procede aplicando la mano sobre la hernia, se la coje como si se la quisiese contener, y después, con los dedos de la otra mano se la empuja hacia el abdomen; de cuando en cuando se hacen con los dedos y después con las manos fricciones lijeras y suaves que deben ser progresivamente mas fuer- tes. El enfermo se mantendrá en esta posición lodo el tiempo que sea ne- cesario para la reducción de la hernia. Las hernias estranguladas mas graves pueden introducirse con este sencillo procedimiento, pero cuidundo de dur acón, o nux. vom. Si la hernia no puede sufrir la menor presión, es preciso quitar la irritabilidad con remedios apropiados, y entonces se introduce algunas veces ella sola. Eu algunos casos es útil aplicar sobre el saco hemiario compresas libias. Algunos médicos han hecho uso en estas circunstancias de agua fria y aun de hielo, por medio de una vejiga. Esla aplicación no debe continuarse por mucho tiempo, y aun no debe hacerse si el tumor hemiario está caliente y encarnado. En los casos de hernia, en que el dolor del vientre es violento y queman- te, como si hubiese carbones ardiendo, cuando el menor contacto exalta los padecimientos, cuando hai náuseas, vómitos acres y biliosos, ansiedad y sudores fríos, dése acón, que se puede repetir siempre que haya agravación. Si no se verifica la reducción, y el vómito se hace agrio, deseen seguida sulf.; déjese entonces el enfermo quieto, y si se duerme déjesele dormir. Cuando el dolor es menos violento en las partes que han sufrido cierta compresión, y cnando el vómilo es menor, pero la respiración se luce difi- MEDICINA DOMÉSTICA . 327 cil, si la causa consiste en un enfriamiento, en un acaloramiento, en una contrariedad, en un estravío en el réjimen, dése nux vom. Si después de dos horas no hai alivio, repítasela. Si la cara se pone encarnada, el vientre inflado, si los eructos y los vómitos tienen mal olor y mal gusto, dése op. cada cuarto de hora hasta que sobrevenga un cambio; si el vómito va acompañado de sudor frío o las estremidades se enfrian, dése verat. alb.; y si esle remedio en dos dosis no obra, dése bell. Luego que el abdomen se ponga sensible y doloroso ul tacto, dése acón, y sulf. como'anteriormen- te. Si el saco hemiario bu adquirido mal color, y cuando los síntomas se agravan, dése lach. a falta de médico; y si después de un alivio el estado se empeora, repítase lach. Sí en algunas horas el alivio no se restablece, dése ars. En lodos los casos de hernia estrangulada, es preciso mandar llamar a un cirujano; pero no se descuidarán mientras llegue los medios de que se acaba de tratar; si se han mostrado eficaces, tanto mejor; sí no, él verá lo que le conviene hacer. Ademas, lo hallará todo mas fácil, como lo han pro- bado ya mil esperiencias. Si pretende que los remedios empleados lian com- prometido el estado del enfermo, es o uu ignorante o uu charlatán, y se le deberá tratar como tal. L.—Enfermedades de las mujeres. El establecimiento de la menstruación en la edad de la pubertad es una ocasión frecuente de enfermedades, y después, cuundo la regla se ha fijado, la mujer eslá sujeta a otro orden de padecimientos, como histérico, etc.; In cesación de la regla constituye también un nuevo orijen de afecciones mucho mas graves. Estas diversas enfermedades son en jeneral la conse* eueucia de padecimientos anteriores, que no pueden ser tralados conve- nientemente mas que por uu médico homeópata. La mayor parte de las ve- ces toman su orijen de un modo de vivir vicioso, y lo mas a menudo'de la insuficiencia de los vestidos, que, demasiado Ajeros en los climas de una temperatura variable, son una causa de alteración mas sensible en las mu- jeres que en los hombres. Pero la mayor parte de estas enfermedades reco- nocen otras causas que no pueden ser combatidas mas que por un trata- miento bien entendido, porque el réjimen solo no basla. Cuando no puede establecerse la regla, o cuando es demasiada escasa o > mui tardía, cuídese de no promoverla con medios empíricos, que han coí- lado la salud a tantas jóvenes. Empléense los remedios siguientes, y si no son seguidos de buen éxito, llámese a un médico homeópata. Primeramente dése puls.;si no hai alivio después de ocho dias, dése sulf., y después de algunas semanas vuélvase a puls. Cuando esla afección va acompañada de accidentes nerviosos o la sangre que corre es poco abundante y negra, dése coce una o dos veces. Cuando con otros síntomas se encuentran las manos y los pies fríos, dése veratr. alb. dos o tres veces. Cuando faltan los meses o son reemplazados por un flujo de sangre por la nariz, dése bry. dos ma- ñanas seguidas; si no produce efecto, lach. dos veces, y lycop. cuando este no ha bastado Si se ha suprimido la regla a consecuencia de una emoción moral, ya por un miedo, ya por una contrariedad, etc., o por un enfria- miento, óbrese como se ha indicado en los artículos que le conciernen: en este caso conviene también lycop. Si en lugar de la regla hai espasmos que se sienten profundamente en el vientre bajo, acompañados de presión en el pecho, opresión en el corazón, ansiedad, suspiros lastimeros y una f 328 MEDICINA DOMÉSTICA. debilidad tan grande que la enferma apenas puede hablar, dése coce Pero cuando los espasmos suben a las partes superiores y producen vómitos, o se fijan en las estremidades y hacen dar gritos, dése cupr. Cuando se llega a sufrir un enfriamiento durante la regla, hágase uso en seguida de los remedios que se emplean en estos casos, y singularmente de cham. Si se esperimenta un susto repentino, una viva contrariedad, no se esperen las malas consecuencias de estas emociones, y dése inmediata- mente acón.; y después si es preciso, algún otro remedio. Sucede algunas veces que antes y durante la regla, se manifiesta un es- tado de espasmo que produce ectremecimientos de los miembros, movi- mientos convulsivos acompañados de gritos y sudor frío, mientras que la paciente brega o se revuelca por el suelo; en este caso dense coff. o scc corn.—Si la enferma acostumbra a tomar café, o si es friolenta y propensa a llorar, y si su estado se empeora por la tarde, dése puls. Algunas veces conviene recurrir a los remedios indicados para el estado de espasmo que sustituye a la menstruación; estos son coce y cup. Cuando se esperimen- tan náuseas, desmayos, frió jeneral con palidez de la cara, debilidad de la vista, o sensibilidad demasiado grande de los ojos a la luz, o al menor rui- do, o calor de todo el cuerpo; cuando el vientre está distendido, duro, cuando hai dolores de escavamienlo con una sensación de presión y de-dis- laceracion, dése. ign.. Los cólicos durante la regla se curan con cham. cuando los dolores se parecen a los del parto, cuando hai una presión en los ríñones que se dlrijen hacía el vientre, y de delante atrás. Veratr. conviene en las mismas circunstancias, cuando hai ademas frialdad de los pies y de las manos. Puls. cuando se esperimenta la sensación de un peso, de una piedra en el vientre, una presión violenta mui profunda en las mismas partes y en los ríñones, estirones, que descienden a los muslos, que permanecen dormidos mientras que se está sentado; un dolor presivo en el recto, como si se pintiese necesidad de deponer, seguido de dolor en el dorso. Bell, cuando Jos síntomas se parecen a los depuls.. pero con la circunstancia de que hai una sensación presiva como si todo fuese a salirse. Nux vom. cuando se esperimenta una especie de remolinos en el abdomen, acompañada de náu- seas, dé dolores como por dislocación, punzadas y espasmos en la rejion pelviana, en los huesos del pubis, como de magullamiento, y crisis de do- lores presivos y de estirón ; contracción de la vejiga y sensación en el vien- tre como si todo fuera a romperse. Coff. conviene en los mismos sínto- mas, como si el vientre fuese a estallar, acompañados de plenitud y de pre- sión, y de espasmos mui violentos que llegan hasla el pecho; como si fue- sen a ser cortados los intestinos; las enfermas pierden el conocimiento, hacen contorsiones y tienen movimientos desordenados de los miembros, rechinan los dientes, gritan con fuerza, esperimentan un frió jeneral, se ponen liosas, jimen, y respiran con trabajo. Si la regla es demasiado pronta o adelantada, a consecuencia de una so- breesciíacion intelectual, véase el artículo que es relativo a ella ; si es conse- cuencia de una grande fatiga, véase igualmente este artículo ;'si sucede sin icausa apreciable, dése ipec. Si la menstruación es. mui abundanie, si reaparece antes de veinte y ocho dias, si dura mas de cuairo, si se detiene y vuelve a aparecer, dése nux vom , con la precaución de abstenerse de café, de vino, etc., y sobre todo de pasti- llas de menta y de bebidas, exitantes durante algunos meses. Si este estado va acompañado de dolores tirantes con eucojimiento, que van desde los ri« MEDICINA DOMÉSTICA. 329 ñones hacia delante, con sed, frió de las estremidades, debilidad, desmayos y sangre negra y coagulada, dése entonces cham. Si no obstante el trata- miento precedente, la menstruación continúa siendo mui copiosa y larga, o si es demasiado adelantada, si va acompañada de uu eslado de histérico, calambres, espasmos, dése ign. hacia el cuarto dia de su aparición, y repíta- sela una o dos semanas después; y a la próxima menstruación désela también el tercer dia Cuando una primera dosis no lia producido efeclo o no ha sido mas (píe momentáneo, dése doce horas después, una nueva dosis. Si estos diversos medios no van seguidos de buen éxito, la causa del mal de- pende o del modo de vivir o de otra enfermedad: en este caso, dése, algu- nos dias después de la regla sulf., y repítasele ocho dias ánles de la próxima reaparición; y si al mes siguiente nada ha cambiado, dése carb. veg. dos mañanas seguidas. wenorrajia o fll'jo de sangue particularmsnte durante el embarazo o durante el parto. En esta afección, tanto los remedios domésticos como los que ordinariamente prescriben los médicos, son casi siempre nocivos, aun cuando alivien momentáneamente. Por ejemplo, el agua fria, que se mues- tra eficaz por un momento, no tarda en producir la inflamación, por esta razón este medio es peligroso particularmente durante el parto; las fric- ciones etéreas ocasionan con frecuencia ataques de nervios; el alumbre produce induraciones u otras enfermedades peores ; la creosota ocasiona úlceras, etc. El taponamiento no sirve de nada ; no hace mas que poner un dique a la sangre porque la hemorrajia no se detiene, pues continúa en el interior. Las hemorrajias fulminantes que sobrevienen inmediatamente después del parto, antes de que llegue el médico se detendrán con la ma- yor seguridad con sec. com. a la dosis de medio grano cada cuarto de hora hasta que cesen. Hé aquí porque es preciso siempre tener prevenido este gran remedio, cuando se asiste a un parto. En esta grave circunstancia, es esencial que la mujer permanezca echada, que tenga tranquilidad de cuerpo y de espíritu, y que al rededor de ella reine el mas profundo silencio. Cuando se renueva la hemorrajia conviene hacer uua ligadura fuerte en la parte superior del muslo con una servilleta; y mejor todavía cou un pañuelo de seda: se aplicará olra al brazo. Será ventajoso hacer tomar a la enferma algunas cucharadas de agua fria ; y si la cara empieza a palidecer y se teme un desmayo, dense algunas gotns de vino puro, pero solamente ulgunas golas a la vez. El vinagre en olfacion tiene también su ventaja, y en muchos casos se le puede usar útilmente en fricciones a la nariz, las sienes y otras parles; pero no se le debe emplear en gran caniidad como sucede de ordinario ; bastará lomar a lo mus una cucharada de las de café en la palma de la mano, y mojar en ella los dedos para en seguida hacer las fricciones convenientes, este es el medio de evi- tar a la enferma la impresión demasiado fuerte del vinagre, que, en este caso, puede tener inconvenientes.—En las hemorrajias crónicas de las mu- jeres de cierta edad y que no son debidas ai parto, es indispensable prohi- bir durante un año el uso de bebidas calientes; por el contrario, se pres- cribirá el uso de leche fría cuatro o cinco veces al dia. Pero el caso es siempre demasiado importante pura hacer intervenir a un médico ho- meópata. Durante el embarazo o después del parto, se empleará con ventaja la tintura de canela, una gota disuelta en media lazu de agua; después de Jiaberla movido, se lomará una cucharada de las de café siempre que haya agravación. Será también útil este remedio en ios casos en que ia fiemo- 43 330 MEDICINA DOMESTICA. rrajia fuese consecuencia de un esfuerzo, o después de haber llevado un peso, ya después de haber eslendido con demasiada fuerza los brazos, o dado una pisada en falso. Si no se tiene tintura se hará masticar un poco de canela. Si esle medio no produce efecto con demasiada prontitud, dése am. En los casos de una hemorrajia continua mui abundanie, particularmente en las mujeres embarazadas, en las que no se ha suspendido la regla, cou dolores secantes al rededor del ombligo, fuerte presión que se fija en la matriz y el ano, con frío y escalofríos por lodo el cuerpo, cou bocanadas de calor a la cabeza, debilidad muí pronunciada, y gana de estar echado, dése ipec y en seguida arn. Cuando estos síntomas van acompañados dedo- lores semejantes a los del parto y no se alivian pasado un cuarto de hora, dése difluí,, y véase al mismo tiempo lo que se ha dicho respecto de esle remedio cuando la regla es muí abundante.—El remedio principal en las hemorrajias que pueden seguir al parto es ipec. Cuando la sangre sale en grande abundancia y es de un color rojo os- curo, si va acompañada de dolores presivos en los ríñones, de cefaluljia principalmente en las sienes, con una sensación como si la cabeza fuese a estallar, dense bry. o croe Chin, es un remedio esencial en los casos mas graves, cuando hai pesa- dez de cabeza, vértigos, pérdida del conocimiento y soñolencia, cuando hai debilidad repentina, desmayos, frió de las estremidades, palidez de la cara, movimientos convulsivos de la boca, contorsiones de los ojos, o si la cara y las manos se ponen azules, o si se esperimentan estirones aislados eu todo el cuerpo; se puede al mismo tiempo friccionar lijeramenle el vien- tre, y dar después algunas gotas de vino. También se debe hacer uso de este medicamento cuando la sangre sale de un modo intermitente y con espasmo, si los dolores de que van acompañados estos srntomus se parecen a los dolores de parto y se fijan en el uno, y si la hemorrajia se aumeata cada vez mas. Se la empleará ¡guulmente cuando los síntomas van acompa- ñados de cólicos, de gana frecuente de orinar, y de tensión seusibL* eu el vientre. En jeneral este remedio es bueno cuando después de la hemorra- jia queda todavía algún padecimiento. Hyose conviene en los dolores semejantes a los del parto con estirón en los muslos o en los ríñones; cuando se esperimenta dolor jeneral con pulso acelerado o lleno, con hinchazón de las venas del dorso de las manos o de la cara; cuando hai grande inquietud, ajitacion excesiva, temblor en to- do el cuerpo o torpeza de los miembros, pérdida de conocimiento, turba- ción de la vista, delirio y salto de tendones o de las estremidades, sacudidas y movimientos de flexión de los miembros, alternados con rijidez de las ar- ticulaciones. Bell, cuando la sangre que se pierde ni es mui clara ni mui oscura, cuan- do se esperimenta una presión en las partes jenitales como si todo fuera a salir por ellas, con dolores violentos en los ríñones, como de quebranta- miento, y acompañados de otros síntomas que se han mencionado en el articulo ADORTO. Plat. se prescribe cuando la causa de la hemorrajia es una emoción vió- lenla, cuando la sangre es oscura, espesa, pero sin ser cuajada o coagula- da, el dolor de los ríñones no es corno si estuviesen rotos, sino que mas bien es uu estirón que se dirije por delante hacia los intestinos, que comprime las partes internas y pone el aparato jenital mui sensible, y exalta los ape- titos. MEDICINA DOMÉSTICA. .»•>! Ferr. acet. conviene cuando la sangre es ya negra y coagulada, ya clara y líquida, acompañada de dolores como los de parto,"con cara roja y pulso ordinario, después de ferr., chin, conviene con frecuencia. Si la sangre es muí negra y coagulada, y los remedios indicados no bastan, tómese un poco de azafrán entie los dedos, deshágasele, y desea oler: o también vale mas dar croe. 1/3. tarto prematuro.—arorto.—Se puede prevenir el parto prematuro, aun después de que la hemorrajia se ha declarado y han empezado ya los do- lores departo; y si no es posible, se pueden calmar los padecimientos y hacer soportable las desagradables consecuencias de este estado. Todo esto depende de la causa que ocasiona el aborto; es algunas veces un caso de grande gravedad. Este estado no puede menos de agravarse con los proce- dimientos alopáticos, porque la antigua escuela no conoce, hablando en propiedad, remedio que le sea racionalmente aplicable. Cuando, en una mujer embarazada, se declaran dolores que se estienden al ano, o sisón realmente dolores de parto, acompañados de una pequeña hemorrajia y de mucosidades, hai que informarse primero de la causa : si es por haber recibido un golpe, o haber hecho un esfuerzo para levantar peso, o consecuencia de una estension fuerte y rapenlina de los miembros, o de una caída u otra cualquiera sacudida violenta, se dará am. con buen resultado. Si depende de una emoción fuerte, véase sobre esto el artículo relativo a la influencia de lo moral. Cuanto mas pronto se da el remedio, tanto mejor. Contra los dolores violentos, cham. conviene antes que ningún otro re- medio; contra un estado hemorrájico mui activo, ipec.; contra el estreñi- miento crónico, nux vom ; y si esla no obra, bry. ■•■.- Cham. está indicada particularmente en los retortijones violentos que se dirijen desde los ríñones a los hipocondrios hasta el medio del vientre, con necesidad de deponer o de orinar; estos dolores son periódicos, y se pa1- recen a los dolores de parto, y no lardan de ser seguidos de hemorrajia, eu la que se notan algunos coágulos. Bell, conviene en los dolores presivos y violentos, con tensión en todo el vientre, particularmente hacia la rejion inferior, cou una sensación de contracción o de hinchazón, o al mismo tiempo con una presión hacia abajo, como si todos los intestinos fuesen a salir ; se siente en los ríñones un dolor como de quebrantamiento, Hyose responde al estado de espasmo, con movimientos convulsivos y sacudidas, acompañados de rijidez en todo el cuerpo, con pérdida del co- nocimiento ; hai al mismo tiempo hemorrajia de una sangre roja y fluida^ mas fuerte durante los espasmos. ipec corresponde al mismo estado de espasmo, pero sin pérdida del co- nocimiento, con dolor secante al rededor del ombligo, cuando el flujo de sangre va acompañado de presión hacia las partes jenitales. Plat. y c'pk convienen algunas veces en este caso, sobre todo si va unido,a otros pade- cimientos que reclaman su uso. Sep. dada en dos dosis, previene ordinariamente el aborto cuando hai predisposición a él unida a un eslado de plétora. Nux mosch. es conocida lince mucho tiempo, entre el pueblo, como un remedio abortivo, y merece su reputación en homeopatía. dolores falsos dk parto.—Cuando estos dolores son mui violentos e in- ducen a la desesperación, dése coff. en disolución, a cucharadas de las de café; si sus efectos no bastan, o solo son momenlátieos, úéioacon.; cuando 332 MEDICINA DOMÉSTICA. al mismo tiempo hai gana constante de deponer, dése nn.r vom ; si no basta, cham.; y si esle último no produce ulivio alcabodeuna hora, dése bell. Cuando los dolores son prematuros, es decir, cuando se présenla ánles de la époce, y no se efectúa el parto, dése nux vom. Si estos dolores son mui débiles, dése puls.; si se suspenden repentina- mente y son reemplazados por síntomas peores, como temblor, sueño pe- sado con ronquido, dése op.; en los casos en que no se observa esla gra- vedad, se puede administrar un poco de canela, ccmo se ha recomendado en el artículo menorrajia. Cuídese mucho de no hacer uso del centeno cornezuelo, que se da ordi- nariamente a fuertes dosis, que mata algunas veces a la madre y al niño, o les produce enfermedades de languidez. Si en los dolores débiles de parto puls. se muestra iueficaz, dése entonces sec. corn , preparado homeopática- mente. De ordinario no tarda en verificarse el parto ; sino repítase el mis- mo remedio una hora después. Los dolores consecutivos al parto son ocasionados frecuentemente por las drogas que han sido empleadas a altas dosis durante o a consecuencia de un parlo prematuro y forzado por la impaciencia del médico o de la partu- rienta, cuando no han dejado a la naturaleza el liempo de emplear sus pro- pias fuerzas. Otras veees estos dolores provienen de la estraccion demasiado precipitada y violenta de las secundinas, lo que se practica de ordinario, sea dicho para vergüenza de los médicos y de las comadres ; ya se sabe cuan g* aves son estos casos. Se pueden dejar las secundinas hasla veinticuatro horas sin inconveniente: es bueno que esta espulsion no se haga de prisa, y que se verifique naturalmente.—La mayor parte de las enfermedades graves que siguen a eslos partos laboriosos, estas afecciones de la matriz que se han hecho tan frecuentes, eslos padecimientos histéricos, esas fiebres lentas que se atribuyen a la leche, etc., son consecutivas a las maniobras contranaturales, y no reconocen otras causas. Cuando estos dolores consecutivos a un parto natural, son moderados y soportables, no hai nada que hacer, porque son saludables y vale mas que se hagan sentir un poco que no nada. Pero cuanto mas cortos y débiles son estos dolores, tanlo mas fácilmente también puede caer mala la parida. Si son tan violentos que quitan lodo reposo, dése entonces coff. unas cuan- tas veces, en seguida arn.; si una hora después no hai alivio, cham. y aun nux vom. Puls. conviene particularmente cuando los dolores duran mucho tiempo o vuelven muchos dias de seguido. Si a consecuencia de un parto difícil la mujer esperimenta dolores inlen- sos en las caderas, en los ríñones, etc., y si son persistentes y van uconi- pañudos de cefalaljiu violenta, dése hyperie Cuando la purida sigue con una grunde debilidad, si ha tenido muchos hi- jos que sucesivamente han sido mas pequeños y mus débiles, o si no ha es- pedido mas que una mola, y cuando en jeneral los partos son seguidos de una debilidad esiraordinariu, dése entonces sec corn : este es el remedio por excelencia para remediar los padecimientos consecutivos.—Se le podrá emplear igualmente con éxito cuando la recien parida se queje de una sen- sación de ardor y no pueda soportar el menor calor; si al contrario, esperi- mentaudo esle ardor, el calor alivia, dése ars. fierre de leche. Después de todo parto difícil, dése arn., a fin de favo- recerlas partes contundidas. Si lu fiebre de leche es moderada, abandóne- sela a sí miíina ; pero si se hace mui fuerte, se la puede aplacar con acón. y coff. alternados cada seis horas. Después conviene lambien dar bell., bry. MEDICINA DOMÉSTICA. 333 y rhus. y para esto véanse los síntomas que le son propios. La mayor par- te de las paridas no lienen fiebre; no están todavía los médicos de acuer- do sobre sí estu fiebre existe reulmenie, o si no será mas bien una fiebre traumática a consecuencia de las lesiones y padecimientos insuperables del trabajo del parto : en este caso se le tratará con arn. el estreñimiento durante el puERPEiuo no exije remedio alguno aun cuando dure de cinco a seis dius; porque esto uo es unu prueba de que la recien parida se restablece y se fortifica ; pero si el estreñimiento pasa de siele dias, dése entonces un remedio indicado contra esta indisposir cíon, particularmente bry ; si después de doce horas no ha producido efec- lo, repítasela; y si después de esta repetición no hai resultado ul cabo de dos o ires horas, apliqúese unu lavativu do agua tibia. Si durante el esludo de estreñimiento, se agregan otros síntomas reales y no iinujiñutios, dense entonces los remedios que rechinen las circuns- tancias. Si todavía la mujer se deja preocupar demasiado vivamente por temores vanos, dense todos los dias algunas cucharadas de aceite fresco de almendras dulces. Se puede también hacer uso de un cocimiento de lentejas, que algunas veces facilita las deposiciones, a la dosis de una ca- za cada dia. diaukea durante el puerperio. Esta afección es grave. Ante todo debe atenderse a investigar sus causas o cualquiera otra circunstancia qne pue- de servir para elejir convenientemente el remedio; se le encontrará en puls., dulc, rheum., sec. corn., ant. crud. o hyose. flujo o pérdida de la lecue. Puls. conviene perfectamente en este ca- so, y mejor todavía agn. casi. ; no son estos los únicos remedios que pue- den emplearse; huí oíros, y se los elejirá según los simonías que coexis- tan. La mujer cuya leche sea escasa, clara y mala, debe hacer uso de lentejas cada dos dias, pero sin que estéu guisadas con especias, sino simplemente cou manteca. grietas de los pezones. Se las puede prevenir cuidando, de lavarlos fre- cuentemente con agua fria, un poco antes de la época del parlo:.luego que el mal empiece se los lavará también con uu poco de agua fresca, eu la que se hayun disuelto cinco o seis glóbulos de arn. Si esto no lus remedia muí pronto, dése sulf. por larde y mañana, y continúense las lociones, pero con lu disolución de sulf. ; y si dos dias después no hai alivio, dése cale carb. del mismo modo que el remedio preeedenie. Si todo es infruc- tuoso, dése sulf. al interior y cale carb. al esterior; y algunos dius después, en cuso de que el ulivio no se presente pronto dése al interior cale earb., y al esterior sulf. Sucede algunas veces que eslas escoriaciones se cicatri- zan con mucha dificultad, pero siempre es preciso guardarse de emplear sustancias toxicasen disolución, como el alumbre, el vitriolo, o cualquiera otra sustancia ; siempre queda en los pezones demasiada cantidad de ellas para perjudicar al niño. Frecuentemente convendrán lyc, sep. o silie Si el niño no quiere mamar, esto depende o de los pezones o de la leche, o del niño cuando hai leche. En este caso Hálese de hacerle mamar; prué- bese la leche, y dése al niño la punía del dedo mojada en agua azucarada, Algunas veces el niño iusiiiilivameule tiene inclinación a beber agua fría, y esto es lo que le impide tomar el pecho. Otras veces depende de que lu madre ha comido cosas saladas o con especias. Algunas veces el pecho está mui caliente, y es preciso refrescarle con ugna fresca, o por medio de uua servilleta mojada.—Si depende de lu calidad de lu leche, dense eiilóiices mere viv., y doce horas después cin, . . "34 MEDÍCIN.l DOMÉSTICA dolor en los pechos. Si proviene de flujo o pérdida de leche, dése puls. Si es a consecuencia de un infarto provocado por un aflujo escesivo de leche, de que se haya tardado en poner al pecho el niño, o de que no mama bastante, entonces es preciso procurar favorecer la salida de la le- che. Lo mejor será hacer mamar el pecho por alguna persona, o hacer aplicar ventosas u otra cosa análoga sí no se tienen ventosas. Si no se ob- tiene un resultado inmediato, esta no es una razón para no volver a em- plear el mismo procedimiento un poco mas larde. —Si la causa de este infarto ha sido un golpe o una emoción, una contrariedad o un susto, dése entonces uno de los remedios indicados en cada uno de estos casos. Si persiste o si depende de otras causas, dése uno de los remedios indi- cados mas abajo, y cuídese de no emplear ninguna clnse de línimenios o unturas, porque agravan el estado de los pechos, y ocasionan consecuti- vamente padecimientos pulmonares, que se han visto dejenerar en afec- ciones crónicas. Luego que el infarto haya dejado de ser un obstáculo para la lactancia, preséntese inmediatamente el niño a la madre. Dése primeramente bry. que se repetirá a las seis horas ; si al tercer dia todavía no hai alivio, dése bell. también dos veces; sí el pecho después de cuatro días, permanece endurecido en varios puntos, dése «tere. viv.; si continúa encarnado, dése bry. Si la hinchazón y la rubicundez se resisten, dése samb. nig. que se repetirá seis horas después. Pero el remedio por escelencia es fosf. Sí el infarto llega a supurar, continúese fosf. Si no hai alivio después de dos o tres dias, dése cada veinte y cuatro horas una do- sis de rhus. hasta que le haya, y si esto no basta adminístrese silie, que se repetirá doce horas después, en caso de que todavía no haya alivio. Si el pecho inflamado, infartado y supurado es el izquierdo, bry. y fosf. son los principales remedios. —Si el pecho derecho, bell., mas tarde también rhus. y cale carb.—Para la supuración hep. sulf. es el que conviene. Luego que el mal se alivie, sépase esperar, y no se repetirán los remedios si los síntomas no reaparecen. leche de mala calidad. Cuando el niño no engorda, cuando llora, o la madre se halla debilitada y suda mucho, se puede remediar este estado dan- do chin. ; dos dias después, si no hai alivio dése mere, viv.; dos dias des- pués sulf. Cuando el niño no engorda y está alterado, examínese la le. che ; sino parece buena, dése al niño un poco de caldo ; si estuviese es- treñido, caldo de vaca : si tuviese diarrea, de preferencia caldo de carnero. El éaldode aves conviene poco; seria mucho mejor hacerle con pichones viejos. debilidad que sigue al destete. Cuando la madre no puede dormir bien, ruando siente mal estar por la mañana al levantarse, cuando no tiene ape- tito, transpira también mucho o empieza a sufrir un poco, cuando está mui sensible a la menor impresión del aire, cuando se enflaquece mucho, se remedia este conjunto de síntomas con chin. Es preciso al'mismo tiem- po cambiar el réjimen, y segnn el apetito de la enferma, se darán a beber ya comer sustancias mucilajinosas y amiláceas o feculentas, ya de cebada o centeno, o chocolate o harina lijeramente tostada ; pero, sobre lodo, deberá comer lentejas. Si la enferma exhala un olor como de calentura hágasele usar sagú, salep, arrowaoot, o fécula de patata, o harina de flor, que se prepara como una papilla poco espesa, a la cial se añadirán azú- car y algunas golas de vino. Sedará este alimento por mañana y larde. Lo esencial para la mujer que deja de criar, es tomar lodas las mañanas alguna cosa nutritiva, aun entre Jas principales comidas. medicina doméstica. 335 En cuanto al niño, se le puede acostar con su madre, pero se deberá cuidar desde luego de regularizar su sueño y su aliinemo. ¡VI.—Enfermedades de los niños. los niSos nacen algunas veces en un eslado de muerte aparente. En la mayor parte de los casos, se les puede reanimar, si el parlo no ha sido mui largo. Ya nazca el niño bueno o casi muerto, nunca debe corlarse el cordón umbilical mientras que se sienta en él pulsación. Se le limpiará la boca con el dedo cubierto con un trapo, para sacar las mucosidades que se encuentren en ella : se limpiará todavía con mas cuidado la nariz. Al niño que nazca en un estado de muerte apárenle se le deberá envolver en paños calientes ; y se le darán friegas en el pecho con lana suave o fra- nela. Si poco después no empieza a pulsar el cordón, se le cortará como si el niño estuviera bueno ; se le meterá en un baño caliente, todo el cuer- po, escepto la cara. En el baño, se continuarán lus fricciones en el pecho y los miembros comprimiéndolos suavemente con las manos, como por una especie de amasamiento.—Si después de cinco a diez minutos no da señales de vida se tomará con la punía de un cuchillo un poco de tártaro emético que se disolverá en un vaso lleno de agua, y sin esperar a que la disolución sea completa, se echará con el dedo en la boca del niño una sola gota. Si pasado un cuarto de hora no ha habido ningún cambio, dése otra. Olro cuarto de hora después mézclese con una taza de agua libia una cucharada de las de sopa de estu disolución emetizada, y échese con ella al niño una lavativa. Durante este tiempo, es preciso abstenerse de todo otro medio, como fricciones, olfncíones, etc. Cunnto mas se precipi- ta el uso de eslos diversos medios, o se aplcan sin orden y sin método, menos seguridad se tiene de obtener buen éxito y hacer volver al niño a la vida. Si, después de haber procedido como acaba de decirse, no hai cam- bio al cabo de media hora, dése op. si la cara está azulada ; chin, si está pálida; se hacen disolver igualmente algunos glóbulos de estos medica- mentos en una taza de agua y se administrará en lavativa. —Sí esto no ha tenido buen éxito al cabo de una o dos horas, ensáyese lach. Pueden em- plearse útilmente en el momento que va a empezar la deglución dos o tres gotas de agua, en la que se haya disuello un glóbulo de lach., echadas so- bre la lengua. Entonces es la ocasión de poner en práctica los medios que se han indicado para facilitar la respiración. En el intervalo, se puede hacer correr por el pecho, y principalmente sobre el lado izquierdo, un pequeño chorro de agua fria que caiga de algunos pies de altara ; y se repetirá de cuando eu cuando. Después de esla maniobra, se volverá a las fricciones y al amasamiento con las manos calientes, y se alternarán estos dos medios durante algún liempo. Lns personas de edad no son lan apropósíto para esto como las jóvenes, fuertes y robustas. Luego que se manifiestan los signos de la vida, lo cual algunas veces no sucede sino después de dos o tres, es preciso suspender en seguida las fricciones y los chorros ; se de- jará al niño sumerjido en un baño caliente hasla que empiece a respirar y a llorar; se le envolverá después en un paño bien caliente, y se le colocará al lado de su madre o de una joven robusta. Si la cara del niño eslá encarna- da y azuludu, entonces conviene dar acón.; y sí está pálida chin. los tumores en la cabeza, que sobrevienen después del nacimiento, de- saparecen ordinariamente mui pronto, mojándolos y frotándolos con una disolución de algunos glóbulos de ara. en uua cucharada de agua de las T»3G medicina doméstica. de té. Uno o dos dias después, se dará, si es necesario, rhus- interior y esieriormente. Si todavía dos dias después el estado no cambia, hágase una lijera punción en la punta del tumor declarado, y dése de nuevo arn. Si a consecuencia de uu tratamiento mal entendido se forman úlceras, dése silie. No debe uno dejarse inclinar con demasiada facilidad a operar a los niños que nacen deformes, espérese para lodo esto el liempo posible. Es preciso esplorar dos veces antes de intentar a operarle en la lengua, a menos que haya en ella alguna cosa que impida al niño el mamar, aun con la pumita del dedo. Tampoco debe tocarse a las escrescencias, a los nevos (luna- res), a los dedos múltiples; déjeselos hasta que el niño tenga mas fuerza, porque la mayor parte de estas escrescencias o tumores conjénitosse caen por sí mismos. Las manchas de nacimiento desaparecen también con fre- cuencia por sí mismas, si ?e colocan de intento las picaduras de la vacuna sobreestás manchas. Los dedos supernumerarios de los pies o de las ma- nos tienen algunas veces una articulación común, y si se hace su ablación, el inmediato no puede dejar de padecer por ella. Los niños sucumben fá- cilmente de resultas de las mutilaciones que se les pueden hacer sufrir. Se ha visto a algunos morir a consecuencia de la simple perforación de las orejas. En el caso en que los huesos de la cabeza monten uno sobre otro y per- manezcan en esta situación hasla el tercer dia, cuando el niño toma un as- pecto estraño, cuando bebe mucho y llora igualmente; cuando no engorda sino que enflaquece, cuando se deteriora y arruga como uu enano llegado al estudo de viejo, dése op. 30. La intumecencia o hinchazón del pecho es frecuentemente ocasionada por una compresión accidental del pezón del niño ; dése entonces en seguida am. Si el pezón está encarnado cham.; después, bell. ; si esto no basta, bry. : todo al interior. Si se forma un absceso que contenga pus, dése hep. sulf., y algunos dias después, silie; si es eu el lado derecho del pecho, bell. y hep. sulf. convienen mejor; si es en el lado izquierdo, bry. y silie. El hipo, en los niños, desaparece ordinariamente por efecto del calor que eslos pequeños seres encuentran en el pecho de su madre, y dándoles una o dos veces media cucharada de agua fria, o bien echándoles en la bo- ca un polvito de azúcar o un poco de agua azucarada, y nunca jarabe: podría ocasionar agrios y flemas. En el romadizo de los niños, que les impide respirar cuando maman, se les frotará el esterior de las narices ya con enjundia de gallina o aceite de almendras dulces o crema de leche ; será también bueno meter una poca en el interior, con las barbas de una pluma ; dése nux vom. Si esto no ha aliviado al dia siguiente, dése samb. nig. cada seis horas y aun mas a menudo; si hai flujo por la nariz, cham. ; si la afección se agrava todas las tardes, carb. veg.; si se agrava al aire, dése dulc. INFLAMACIÓN DE LOS OJOS DE LOS RECIÉN NACIDOS.— Es preCÍSO SUStraer- los a la acción de la luz; dése acón., y si no hai alivio después de seis horas, ign. ; si toduviu no hai ulívio después de diez o doce horas, dulc Algunas veces cham. y mere viv. están indicados. Véase, sobre todo, el artículo INFLAMACIÓN DE LOS OJOS. El estreñimiento en los niños, procede con frecuencia dfl modo defec- tuoso con que vive la madre; en esle caso es preciso que le cambie. No se esperara mas de veinte y cuatro horas, y se les aplicará una lavaiiviui MEDICINA DOMÉSTICA 337 {le leche y agua tibia ; si esto no basta la primera vez, póngase un poco de azucaren una segunda lavativa, y al mismo tiempo hágase uso de los re- medios indicados en la letra K, artículo estreñimiento. Si bry., núx vom. li op. no bastan, conviene entonces administrar estos remedios a la madre b a la nodriza y no al niño; este deberá recibir sus efectos por medio de la leche materna. , insomnio. Este estado depende jeneramente de la mala alimentación de la madre, como, por ejemplo, si bebe café, té, infusión de anís, o cual; quiera otra infusión tan poco conveniente como estas : es necesario que lome un alimento bien adoptado a su estado. El insomnio depende también de estar acostado el niño con la cabeza mui alta, pues todos los niños pe- queños deben tener la cabeza baja. Se dará coff.; si no basta, y la cara es- tá encarnada, déseop.; si hai flatos y cólicos, cham.; si el insomnio de- pende del destesle, bell. Si los niños sin estar sobrexcitados, están sola- mente desvelados, cuando en lugar de dormir se entretienen o quiere que- se les entretenga, dése ranúnc. bulb.; cuando es consecuencia dé debilidad, dése bell. de los gritos de los niños sin causa Aparente. Si la madre quiere to- marse el trabajo de hacer, sobre esto, un examen atento, la encontrará eri una de las circunstancias siguientes: o si al niño le está picando algún. alfiler, o está mui apretado, no importa el sitio (falta bastante común en las nodrizas), o está incómodo en una posición cualquiera, por un pliegue o por cualquiera otra causa, o tiene dormidos un brazo o una pierna, y en este caso, será preciso frotarle suavemente el miembro adormecido, o es- perimenta en alguna parte prurito o escozor, y en este caso conviene ras- carle lijeramente y en particular en la cabeza, lo cual proporciona cierto. placer a los niños.; o está frió y se le debe calentar, p está mui caliente y" necesita refrescarse. Bastará las mas de las veces, dar algunas gotas de, agua fresca al niño para calmarle. Algunas veces también ha podido caer alguna cosa en el ojo o en el oido, o tiene dolor de oidos, o no puede dor- mir. Solo con paciencia es como se encontrará la causa de estos gritos. ¡Pero si el niño grita dia y noche y a cada Ínstameles una sinrazón el creer que es malo y caprichoso, y maltratarle. Bajo este aspecto, los animales y ios Salvajes son mas razonables, porque no hai un niño de menos de un año que grite sin una causa real, y es un deber de los que están encarga- dos de cuidarles y velar por ellos, hacer todo cuanto sea preciso para cal- marlos. Solo por malos sentimientos se puede emplear el rigor contra un pequeño ser que no tiene conciencia de su existencia. Su voluntad empieza a manifestarse solamente en la época de la d:\nticion, y entonces y cuando empieza a andar solo, puede uno ocuparse de educarle y obrar sobre sus gustos. El dar opio, láudano o cocimiento de adormideras a los niños que gritan es un crimen. Valdría mas dejarlos gritar hasta que se les estinguíeran las fuerzas, que no hacerlos comedores de opio. Eslos pobres niños jamas lle- gan a viejos : no son ni sanos, ni robustos, como lo hubieran sido sin esto. La mayor parte de ellos son imbéciles o viciosos. Asi pues a las ma- dres es a quienes toca tomar sus precauciones para que las niñeras o amas de cria no les den estas sustancias embrutecientes que acallan momentánea- mente sus gritos, para proporcionarse un sueño tranquilo y no interrum- pido: deberían comprender todo lo que tiene de funesto y de cruel para Jos niños ser tratados asi. Cuando los gritos reconocen por causa el dolor de cabeza o de oidos, 4 i 338 MEDICINA DOMÉSTICA, o cualquiera otra causa, dése cham., conviene también este remedio cuan- do los niños, al gritar se ponen liesos y elevan el vientre levantando la cabeza hacía atrás; si eslán ajitados y ardientes dése coff., y después acón.; bell. conviene cuando los gritos se prolongan mucho tiempo; si los gritos van acompañados de tenesmo y de evacuaciones agrias, dése rheum., sí hai ventosidades o fíalos, dése jalap. Si los niños gritan de cólera (lo cual es hereditario para algonos), dense ácon o cham., y véase el artículo cólera ; si es por consecuencia de miedo o susto, véanse los artículos respectivos; reconocida la causa ella indicará el remedio que conviene. />ése tari. emel. en los gritos mui violentos acompañndos de una especie de rubia que obliga a los niños a golpearse como locos, lo cual es alguna» veces consecuencia de una enfermedad de la que acaban de salir; si tienen la cara encarnada y corren de un lado para otro, aeort. hernia umbilical o exonfalo. Si forma prominencia el ombligo, esta- blézcase al rededor del cuerpo un pequeño aparato de compresión. Si la compresa que está aplicada sobre el ombligo, no se puede sujetar bien, es preciso fijarla con nn emplasto adhesivo. Se hará la cura con esmero ; la compresa, que se mudará a menudo, se colocará exactamente en su lugar. Esto exije paciencia, pero una buena madre siempre debe tenerla. Al le- vantar la compresa a cada cura, se cuidará de contener el exéntalo con la otra mano hernia inguinal. En este caso no se debe poner bendaje, seria nocivo* Casi siempre se obtendrá una curación fácil con nux. vom., o después ve- ratr. alb.; algunas veces también con cham.; si eslos remedios no bastan, con sulf; y algún liempo despnes, con alguno de los remedios precitados. Si no se consigue resultado, llámese a un médico homeópata. retención de orina. La olfacion del alcanfor o acón., repetidos muchas veces, producen buen resultado jeneralmenle en este caso, algunas veces también puls. Véase sobre esto el artículo enfermedades urinarias, letra K. Sulf. 1/1 conviene en muchos casos, en otros lo son hyose e ign. 1/6. Escoriaciones, particularmente entre los muslos. Lávese al niño todos ios dias con agua templada, cuídese de no frotarle al enjuagarle. Todo lo que procede de la botica es nocivo, ya sean bálsamos o aguas aromáticas. Estos medios las hacen desaparecer momentáneamente, pero con frecuencia oca- sionan una enfermedad peor. Nunca sucumben los niños de esta afección; basta tener paciencia, y no querer librarles de ella con demasiada prontitud. Luego que se perciban las primeras escoriaciones es preciso dar cham.; si esto empeora, carb. veg.; si el niño eslá amarillo y la parte escoriada está como roja, y la escoriación se estiende hasta detras de las orejas, dése viere viv.; y algunas veces, cuatro o cinco dias después, sulf. o carb. veg. Cuando va acompañada de inflamación miliar, dése sulf.; si este nial de- pende de una diarrea, véase el artículo diarrea. En los casos en que sulf. no basta, dense silie, lye o sep. Es útil dar a la madre el mismo remedio, como al niño. Algunas comadres tienen la mala costumbre de espolvorear en los primeros dias el ombligo, aun no cicatrizado, con casca, que se pro- porcionan en casa de los curtidores. Es preciso impedir eslo, porque se encuentran en ella partículas de cal, y se ha observado que los niños a quienes se ha hecho una aplicación semejante, han muerto de calambres en las mandíbulas. Sulf. y silie serán buenos en este caso. aftas. El aseo basta en la mayor parte de los casos; es preciso lavar a menudo al niño, Vale mas lavar con lejía lodo el cuerpo, que limpiarle la mf.mo.in.4 domí.sticX. o30 boca hasla hacerle sangre, como hacen algunas nodrizas. Por lo demás, esto de nada sirve, puesto que Kis aftas reaparecen, y quedan restos en el fon- do de la garganta, donde no se puede alcanzar. Ante todo, hai que abste- nerse de toda especie de chupadores, sin los cuales sabrá pasar una madre cuidadosa. Vale todavía mas dejar llorar al niño, que llenarle la boca con estas muñequkas.—Las aftas se curan con prontitud con mere viv. seguido cinco o seis dias después, de sulf. Se puede también emplear con ventaja una lijera disolución de bórax, con la cual se lavarán las aftas por medio de un pincel. Si el niño tiene la tez amarilla, se le lavará también la boca con uua disolución compuesta de una gota de ácido sulfúrico eu una botella de agua. diarrea de los niños durante el estío. Téngase a los niños al fresco,— dénseles bebidas frescas, sáqueseles con frecuencia al aire ;—cuídese mucho de su réjimen, y no se les dé ánles de que tengan dos años, ni té, ni café, ni cerveza, etc., nada agrio, ni salado o picante; y que la madre se prive también de todo esto. No se les dé fruta que no esté bien madura ; y luego que la diarrea empiece es preciso privarles enteramente de ella, Nada de bollos o tortas, nada de masas de pastelería hechas con manteca o con gra- sa ; nada de huevos o aves ; pero désele carne de carnero y mucha manteca fresca. Con estas precauciones se les evitará la diarrea ; si no se detuviese, se les curará cou algunas dosis de ipee Si esta no bastase, dése por ma- ñana y tarde una toma de nux vom. Si la diarrea reaparece siempre que se aumenta el calor, y va acompañada de sed, dése bry.; algunas veces, si es necesario, repítasela. Si los efectos de esle remedio no son mas que momen- táneos, dése carb. veg.—Cuando reaparece la diarrea siempre que el tiem- po refresca, dése dulc; si la lengua está blanquecina o amarillenta, dése ant. crud.; si el niño está débil y pálido, désele una vez ars. alb. En los casos mas pertinaces, estarán indicados sec corn. y nux vom. Según testi- monios fidedignos, niños que se encontraban en el último estremo se han curado con manteca fresca sin sal derretida al fuego, de las que se daba una cucharada de las de café de cuando en cuando.—Tampoco de- ben descuidarse las lavativas de almidón o de pan cocido; han sido mui útiles administradas cada cinco o seis horas.—Se cuidará de privar a los niños de los pescados, las carnes ahumadas y saladas a que son algunas veces tan aficionados; seles privará igualmente de leche sospechosa; sobre todo de la procedente de vacas que se alimentan en los pantanos, donde se encuentran plantas venenosas. En cuanto a la leche ordinaria, será pre- ciso asegurarse de su calidad, y a falta de ella valdría mas tomar leche de cabra. asma, espasmos del pecho. Los recien nacidos esperimentan algunas ve ees uua especie de calambre de pecho, que les impide respirar regular-" mente, y dá a su cara un color violado; en este caso dése ipee y repítasela si es preciso. Cuando el niño se despierta sobresaltado y da un grito como sí se fuese a sofocar, si esta ansiedad va acompañada de una tos sorda, hueca y seca seguida de mucha ajitacion, bastarán entonces algunas pasadas magnéticas, hechas poruña persona fuerte y sana, para hacer cesar esle es- tado. Personas llenas de ciencia y de malicia tomarán esta práctica por una verdadera superstición, y los necios por una brujería.' Sin embargo, este fenómeno es mui natural, y la esperiencia no deja de demostrarle: está probado de una manera perentoria. El que no crea en él, que no le emplee. Si reapareciese uu acceso igual y la acción magnélica no bastase, dése samb. nig. o una vez, y si es preciso dos veces, 340 medicina doméstica cardialgía. En esta afección los niños eslán ajilados, inquieto?, conside- rablemente oprimidos, se inclinan a 1111 lado y a otro, estiran y encojen es- pasmódicamente las piernas y gritan ; algunas veces se detiene la respira- ción ; hai hinchazón del epigastrio y elevación de las cosullas hasta el jímtito que apenas se las puede bajar : estos sintonías dependen ordinaria- mente de un enfriamiento o de una corriente de aire. Se curará este es- tado con cham. Se podrán usar últimamente las fricciones ; pero en jeneral son nocivas porque no se las sabe dar. 'convulsiones, espasmos y ataques nerviosos de los niños. Cuando sé coiioée la causa es fácil elejir el remedio. No hai que preocuparse ni apre- surarse mucho a obrar: no debe quererse hacerlo todo a la vez. Si estos1 no son signos precursores de la muerte, (y en este caso todo auxilio es iriúV til) soq decórta duración, vale mas dejarlos pasar. —Pero si se prolongan demasiado tiempo, o si se suceden rápidamente, o cuando el ataque actual es mas fuerte que el precedente, es preciso dar en seguida el medicamento apropiado, aun durante el acceso. La violencia del alaque se cambia fre- cuentemente con la olfacion del alcanfor. Los demás remedios se adminis- trarán algún tiempo después del acceso, o a su declinación. Si después de la administración del remedio hai agravación, espérese el resultado. Cuan- do ño se produce cambio pronto después de la primera dosis, y el eslado permanece el mismo, repítase el remedio luego que el acceso reaparezca» Si hai un cambio én mejoría, entonces espérese para asegurarse de que eí alivio continuará; pero si huí cambio de carácter en los padecimientos, cambíese lambien de remedio. Coff., ign. y cham. son los remedios prin- cipales. A los niños débiles y cacoquímicos que están sujetos a- estos ataques o a oíros padecimientos, dése coff. Cuando un niño esperimenta una sacudida convulsiva en los miembros o en oirás partes, o si sus carnes palpitan, ya en un punto ya en oiro, con calor por accesos, acompañados de un sueño lijero, del que sale sobresal- tado, cuando grita y se ajila en todo su cuerpo; si estos paroxismos sobre- vienen en jeneral sin causa conocida, y cuando se cree vagamente que son las lombrices, la dentición, etc.; sí se presentan todos los dias a la misma hora, seguidos de calor y de transpiración, o solamente cada dos dias, ya mas pronto, \a mas larde, dése ign., y repítasela después de cada acceso. En el úliimo caso, está también indicado mere viv. Cuando las convulsiones son en los brazos y en las piernas, y cuando los niños ajitan su cabe?a a derecha e izquierda; cuando permanecen echa- dos con los ojos medio abiertos, sin conocimiento ; cuando tienen una mejilla pálida y la otra encarnada, cuando lloran y quieren beber siempre, déseles cham., que según las circunstancias se repetirá dos veces. Si los niños eslán oprimidos, esperimentan padecimientos del eslómago con eruc- tos y vómitos; si lienen diarrea, si ponen tieso espasmódicameiite su cuer- po, antes, durante y después del acceso, déseles entonces ipee y repítasela si hai agravación. " Cuando un niño siente en todo el cuerpo un gran temblor, cuando ajita sus brazos y sus piernas, grita fuerte durante los accesos, sin que tenga conocimiento de ello ; si eslá echado como alomado, o cuando el vientre está ahuilado; cuando hace algún tiempo que no ha depuesto, ni orinado; si la madre ha tenido un sobresalto o susto violento o uu acceso de cólera [en cuyo cuso se dura después cham.], y cuando los ataques proceden de esta causa, dése op. y repítasela mientras el niño eslé en este estado. MEDICINA DOMÉSTICA. 34b Cuando el abdomen está duro y tenso, y si los otros síntomas uo co-, rresponden al remedio precedente;' cuando hai mas bien eructos, aflujo de agua a la boca, fiebre y grande debilidad después de los accesos, dése, mere viv. En los casos análogos al último, y en los que mere viv. no basta, o cuan- do el niño se frota mucho la nariz, o cuando hai lombrices, dése cin.—En muchos casos se ha encontrado alivio con la aplicación de una tira de lienzo empapada en aceite de treinenlina, y aplicada a lo largo de la colum- na vertebral. de la dentición.—Empieza cuando los niños tienen las encías doble' gruesas, los cuales pican, se ponen blanquecinas, particularmente en los bordes; al mismo liempo tienen la boca caliente, están inquietos, ajilados, principalmente por la noche; esperimenlan un calor fugaz, y después están pálidos, en este estado todo lo llevan a la boca para morderlo; muerden también al mamar, y algunas veces maman con dificultad; las encías, se hinchan, se ponen dolorosas y calientes. Las incisiones son un medio muí malo: no se debe recurrir a ellas como paliativos, mas que en los niños cuyos padres están atacados de escrófulas o de sífilis, y eslán enfermizos. Y todavía no se las deberá practicar sino después de haber ensayado los remedios que vamos a indicar, porqne siem-, pie vale mas que la dentición se haga por sí misma. Si se recurre a la incisión, debe ser mui lijera y superficial, y solamente cuando se sienta el diente mui claramente debajo del dedo.—Si se la hace antes y denia-, siado pronto, la incisión se cierra y deja una cicatriz, que hace todavía mas difícil la salida de diente. En la salivación y la diarrea que los niños esperimenlan durante la den- tición, no hai nada que hacer, a menos que no se hagan demasiado fuer- tes : y entonces, eu este caso, se darán mere, viv. y sulf; igualmente ipec. varias dosis, pero solamente una al dia. Si los signos precursores de lu dentición duran mucho tiempo, y las en- cías no se hinchan conviene, cuando no se ponen blanqnecinas, o cuando esto se verifica irregnlannente, o el trabajo no eslé bastante adelantado para la erupción de los dientes, dése entonces durante lies o cuatro sema- nas cale, carb. una vez cada ocho dias. En los niños débiles bastará la ol- facion de este remedio; si sobrevienen otros padecimientos, hágase oler el alcanfor, o el espíritu de nitro dulsíficado. Cuando el niño eslá muí ajítado, no duerme, tan pronto está inquieto., como alegre, y no hai fiebre dése coff; sí esto no basta, repítasele o dése ign.; si esla es también insuficiente, dése acón.; en fin, si nada de esto basta, dése cham. Cuando el niño tiene una fuerte fiebre, si tiene calor, sed, griía con fre- cuencia, se lleva siempre la mano a la boca, si se despierta sobresaltado, déuse igualmente acón y cham. Si el primero o el segundo bastan, espére- se ; si el estado se agrava, repítase el mismo remedio, y solo cuando no produzca efeclo, se debe recurrir al siguiente; cuando este eslado va acompañado de estreñimiento y de una tos seca, nux vom. conviene mejor que cham. Cham. está indicada particularmente cuando los niños tienen al mismo tiempo una tos seca y nerviosa, cuando están ajilados por la noche, cuan- do se echan a un lado y al otro, cuando beben a menudo, cuando esperi- mentan calor con ardor de la piel, si tienen los ojos encarnados, si están angustiosos y se quejan, si la respiración es corta, precipitada y ruidosa, 342 MEDICINA DOMÉSTICA. eon fuerte opresión de pecho- si les tiemblan los miembros y esperimentan estremecimientos aislados en las esiremidades, tan pronto en la una como en la olra: si cham. no basta, dése bell. Las convulsiones o ataques son precedidas ordinariamente de los sínto- mas que va hemos descrito, o de diarrea, o de palidez de la cara; los ojos eslán apagados, falta el apetito, el niño liene cierta debilidad que hace que quiera estar en brazos y deja caer la cabeza sobre el hombro de la nodri- za.—Se puede prevenir el ataque con ign.; también le prevendrá cham. si eslá indicada por los síntomas que la son propios. Si, después de haber tosido con frecuencia, y a esto se sigue fiebre, el niño se pone a toser y bostezar mucho una vez tras otra, y cuando en el in- tervalo, grita casi sin cesar; si la materia diarreica es verde, la cara está angustiosa, si está aletargado y se declaran en la cara pequeños movimien- tos espasmódieos, dése tari, emet. 3 o un grano, lal como se eucuenlra en la botica; se le disolverá en un gran vaso de agua para administrarle a cucharadas de las de café. Siempre que los accesos reaparezcan acompa- ñados de gritos violentos, y los movimientos espasmódieos se declaren de nuevo, repítase la disolución emetizada. Cuando las convulsiones se presentan repentinamente, antes que se haya podido administrar otro remedio, o antes deque sea posible hacer la elec- ción del remedio conforme a los síntomas actuales, déjese primeramente pasar el grado mas alto del paroxismo, y dése entonces a oler ign. si so- breviene un nuevo acceso tan fuerte como el primero, désela todavía a oler: pero si el acceso es mas débil, espérese. Si no resulta alivio alguno del uso de esle remedio, adminístrese cham. una o dos veces, y en seguida cale carb., que casi nunca deja de producir efecto. Bell, produce buen resultado cuando ign. o cham. no han bastado. Este remedio conviene también cuando a la crisis sucede un sueño profundo y dura mucho liempo, aun hasta el ataque próximo. Se la dará inmediata- mente antes de ningún olro remedio, en el caso en que el niño sale súbi- tamente y con sobresalto de su sueño, y que mira con aire angustioso y con una espresion estraña; cuando la pupila está dilatada, la mirada eslá fija y se asusta de todo ; cuando se pone lieso y contrae todo su cuerpo, particularmente si (¡ene las manos y la fíenle calientes, y cuando frecuen- temente se orina en la cama. (Compárese con cin.) Cin. conviene sobre todo a los niños que, aun antes de estar enfermos se meaban babilualmente en la cama, o que estaban precedentemente ata- cados de una tos seca, ya antigua y bastante semejante a la coqueluche, teniendo frecuentes agravaciones, y que ha sido reemplazada por espasmos <]p pecho y movimientos convulsivos de los miembros.—Cin. conviene a los niños llegados a In segunda dentición, acompañada de calambres, sobre lodo si se frotan la nariz antes y después del acceso.—Se podrá consultar igual- mente ipee., que sedará algunas veces ; hyose., cale carb , sulf., eupr. acet. merecen también ser empleados, cuando a falta de accidentes nerviosos, parece que está afectado el cerebro, y si los niños tienen los ojos vidriados y empañados, si duermen mucho, demasiado o nada, si hunden la cabeza en la almohada o la mueven, si tan pronto están pálidos como encarnados, o si muerden el vaso al beber. claudicación o luxación espontanea del fémur. Todo el mundo sabe que hai niños que no pueden andar, porque tienen una pierna mas larga que la otra. En la parte superior del muslo, se forma al rededor de la articulación un tumor, que produce mas tarde uno o muchos abscesos. Esta enfermedad MEDICINA DOMÉSTICA . 3-43 es mui difícil de curar: algunas veces es incurable, cuando tiene mucho tiempo de duración, porque la articulación ha sufrido un cambio de posi- ción orgánica, que ya no se la puede hacer entrar en las condiciones nor- males. He aquí porque los padres deben poner la mayor atención, a fin de poder llamar con liempo a un médico homeópa.ia, para que trate esta afec- ción desde el principio. Se asegurará uno, preguntando al niño, si hai luxa- ción o fractura del fémur, lo que, por lo demás, harán conocer igualmente el dolor y la hinchazón. En este último casóse dará arnic. y confiará el niño a un buen cirujano. Pero si el mal sobreviene sin causa esterna, si no hai dolor, y el niño cojea al andar y particularmente del mismo muslo, dése en seguida mere viv.; si no hai alivio al cabo de dos o tres dias bell., y algu- nos dias después se dará de nuevo mere viv. y después todavía bell., si no hubiese alivio la primera vez.—Cuídese de confiar cuanto antes el enfermo a un médico homeópata; si no hai en las inmediaciones, lláme- sele ; y si aun fallase este recurso, ensáyese primero el dar rhus toxie dos o ires veces, disuello en agua y a cucharadas de las de sopa, una al dia hasla que haya alivio. Después se darán sulf., cale carb., y si eslo no bastase coloc. tartamudez. Cuando empiezan los niños a tartamudear, es el momento de correjir esta enfermedad, mas larde, es mui difícil remediarla. Es pre- ciso no regañar a los niños, si no se la quiere aumentar. Deberá uno ha- cerlos aproximar hacia sí todos los dias, para enseñarlos a respirar lenta- mente, ya detener, por consiguiente, la respiración todo el tiempo que puedan , como también a soltarla con lentitud, palmoteando con cadencia. Después de eslo se les harán pronunciar algunas palabras durante la espi- ración, y se cuidará bien de no obligarles a hacerlo durante el tiempo de la inspiración. El niño procederá a este ejercicio lodos los dias durante muchos meses,- y haciéndolo así concluirá por perder este defecto. En este caso, se pueden también usar últimamente ulgunus dosis de bell., y des- pués mere viv. o pial.; eufr. muchas veces, y después sulf. y bovist. N.—Esafes-asscslades de 5a gsiel c«sa faeSíve. dfl sarpullido o alfombrilla. Le hai de muchas especies. Cuando esta afección va ucompañndu de fiebre, el enfermo cuidará de no cojer frió ; sin embargo, no debe abrigarse mucho : eslos dos estreñios son nocivos. Sí no hai fiebre, la enfermedad no tiene gravedad ninguna. Con todo, es bue- no evitar los enfriamientos, y si no ha podido hacerse, tómense en se- guida remedios. Toda repercucion exantemática febril debe tratarse como la enfermedad misma, y contra las erupciones de un carácter indetermi- nado se emplearán ipee, después bry., sulf. o cale carb. Eu los casos mas graves y mas pertinaces, caps. Véase lo que se ha dicho eu el artículo en- fermedades de la cabeza, y se elejirá el remedio que convenga mejor, ^ si no hai un médico homeópata de quien aconsejarse, se podrá probar con confianza uno de estos remedios sucesivamente y de hora en hora, o mas a menudo o mas de tarde en tarde, según las circunstancias. Cuando reina epidémicamente en un punto una enfermedad eruptiva, y cuando ha atacado a una o a muchas personas en la misma casa, y cuando al mismo tiempo otras personas caen enfermas sin que aparezca al este- rior el mal; cuando en ellas se afecta el pecho, se hace dificil la respira- ción; cuando esperimentan vértigos, desvanecimientos, temblores, debilida- des de estómago, vómitos, retortijones y diarrea, ajitacion, grande tuquie- olí MEDICINA DOMÉSTICA. tud, debilidad y otros sintonías, dése ipee, que se repetirá algunas horas después. Por este medio se hará salir la erupción y se prevendrá la enfer- medad. Los niños, y algunas veces también los adultos, son atacados, particu- larmente a consecuencia de un enfriamiento, de una especie de erupción que se caracteriza por manchas rojas, lisas y del tamaño de una cabeza de alfiler; son aparentes, y la piel está fria o caliente, son pituitosas y pican por la noche, lo que turba el sueño ; por la tarde hai escalofríos y por la iioche calor. Los niños están entonces mui ajilados, irritables ; están in- quietos y lloran mucho. En este caso dése acón., que se podrá repetir después de seis o doce ho- ras; y si al dia siguiente no hai alivio, dése cham , y después de algunos días. sulf. si es necesario. Después de estos dos últimos remedios se pre^ seuta una transpiración que no se debe contrariar. de la urticaria. Consiste en una erupción ya lisa y plana, ya elevada y semejante a las picaduras de ortiga, acompañada de picazón y picotazos, como causados por pulgas, particularmente hacia media noche ; el apetite es malo, hai plenitud de eslómago; y el enfermo eslá inquieto y débil. Si esla afección procede de una mala alimentación se la cura con puls.; a con^ secuencia de legumbres malas, rhus; a consecuencia del zumaque bell. q bry.; a consecuencia de un enfriamiento, dulc; si va acompañada de fuerte cefalaljia y rubicundez de la cara, bell.; de un calino malo, hep sulf.; si la erupción se asemeja completamente a las picaduras de ortiga, dése url. —La urticaria repercutida, será reproducida prontamente por cale. carb. o ars. 30. Cuando la urticaria se establece en una parte aislada, cuando es roja y lisa, si va acompañada de fuerte picazón y de un dolor de escoriación, particularmente en los bebedores de aguardiente y de vino, dése nux vom., y si esto no basla, sulf. del sarampión. Desde la aparición de los primeros síntomas, dése puls.; si es epidémico, dése puls. yl menor enfriamiento, por poco romadizado que se esté o por poco que se tosa, cada tres o cuatro dius; si vu acompa- ñado de fiebre, dése acón., y si no huí alivio, dése sulf. 3, en disolución, a cucharadas de las de café, cada cinco o seis horas, y después, si hai agra- vación, acón. Si no quiere salir la erupción, dése puls.; si hai opresión de pecho, ipee; si hai ingurjitacion de las glándulas parótidas, dense amie o dulc— En los casos mas graves, camph 30 puede remediarlos, cuando los ñiños, por ejemplo eslán en un eslado desesperado y tienen el alíenlo que- mante. El alcanfor es bueno también para las afecciones consecutivus ul sarampión; en esle caso es preciso emplearle eu tintura, o bien se recu- rrirá todavía al carb. veg. de la roseóla. En la mayor parte de los casos puede abreviarse la du- ración de esta afección y atenuarse su violencia con acón.; si hai una grande ajitacion, coii coff., o ademas con los remedios arriba indi- cados. de la miliar purpurea. Essta afección consiste en una erupción, roja purpurea, semejante a las manchas de vino tinto; imprimiendo el dedo so- bre ella no pierde su color; en las placas purpúreas el laclo encuentra de- bajo de la piel una granulación manifiesta. Acón, conviene aquí, pero es preciso repetirle muchas veces, o bien se le alternará con coff. según las hre^vn^vS8' ^ ñ° ^^ d¿Se tulf''> * deSPUeS SÍ Se au^Illa ^ ** Die,- \uelvasé a acón. «KYUClNA DOMÉSTICA 313 dé la escarlatina propiamente dicha. Se caracterial por una erupción de un color rojo escarlata, que se entiende ordinariamente a todo el cuer- po; su desarrollan granitos jusiapuestos, cuya aspereza siente la mano cuando se la pasa por la piel; si sí la comprime cou los dedos, queda una impresión blanca como en la escarlatina lisa. Ha sucedido que estas dos variedades de la escarlatina han exisiido a la vez, y que la una ocupaba la parte superior del cuerpo, y la otra la parte inferior. Esta afección se cura con acón, y bell. administrados alternativamente. Si sobreviene una anjina y principalmente la inflamación de las amígdalas, dense varias dosis de sulf. 3. En la escarlatina lisa, la erupción es de un rojo claro, que tira a, amarillo ; la impresión de los dedos deja en -ella un espacio blanco ; y no tiene granos miliares. También conviene en esla afección bell. y en los ca- sos graves, mere viv., y después se vuelve a bell. Las enfermedades consecutivas a la escarlatina son mas peligrosas. Fre- cuentemente se forman infartos glandulares al rededor del cuello, que van a parar algunas veces al interior, y producen una supuración de mal olor: Los niños mueren de ordinario si no se alivian con kali carb. o cale carb. —Si el mal se agrava después de media noche, háciu lus dos déla mañana, dése kali carb.; si lu agravación continúa hasta las cuatro o las cinco de la mañana, dése cale carb.—Si el niño liene ganas de comer un huevo, antes, y durante el desarrollo de las glándulas, dése cale carb.—Eu los casos en que las úlceras toman un carácter peligroso y van acompañadas de uua sa- livación viscosa, seneg. 30 encuentra su indicación. Muchos niños se han curado con algunas cucharadas de las de café de leche caliente activada con uu poco de aguardiente, administradas de hora en hora. Ha sucedido que ae nilr. y lye han salvado enfermos próximos a espirar. Algunas veces los niños se hinchan por todo el cuerpo, déseles entorfces bry. y bell. ya menudo se curan mui pronto; si no, dése después cale carb. Eu estas diversas circunstancias, consúltese siempre a un médico homeó- pata —Se podrán ciertamente evitar estas afecciones consecutivas teniendo al niño en una habitación cerrada, no sentándole en et suelo, y en invierno no esponiéndole a un balcón o a una ventana. Mientras que se pele la piel es preciso guardarse de sacar el niño a la calle y de enviarle a la escuela, por temor de que comunique la enfermedad a otros, aurfque esté curado. Durante este periodo se puede lavar a los niños con agua de salvado, se les puede vestir de franela, y permitirles hacer ejercicio dentro de casa. La viruela loca desaparece ordinariamente por sí misma; sí va acom- pañada de fiebre, dése acón.; si hai gran dolor de cabeza bell.; si los gra- nos son mui numerosos, ant. crud. La viruela propiamente dicha, se trata eficazmente con vacó., una o muchas dosis; algunas veces con rhus, sulf. o hep. sulf.; y a la declinación de la enfermedad, se dará de cuando en cuando y por intervalos canth.; si los granos se ponen negros, tart. emet. Se sustraerá al enfermo a la luz luego que hayan salido los granos : sé evitará así algunas veces toda ci- catriz. " La varioloide se cura muchas veces con bell., cuando hai mucha cefa- laljia y lengua cargada; y con sulf. para acelerar el niaduramiento de los granos. Hai sin embargo casos que exijen tanto cuidado y tiempo como la viruela verdadera; entonces se debe buscar a un médico homeópata. Si a consecuencia del sarampión se presentan granos de viruela falsa, el caso se hace mui grave. • »£ la EiusiruLA. Conforme a una antigua regla se dice que no puede con- 45 ~>4<¡ MEDICINA DOMÉSTICA. venir en esta afección nada grasicnto ni húmedo. Todo fomento o cata- plasma es peligroso, y un médico de la antigua escuela, por poco racional que sea, los proscribirá. No debeu aplicarse mas que tópicos secos; solo conviene lu harina de centeno. El almidón en polvo calma la picazón. Si la fiebre es violenta, dése acón ; si el exantema se irradia y estiende, bell.;y algunos dias después, una segunda dosis si es necesario.~S¡ la erisipela ocupa las articulaciones, dése bry. y después sulf. Si estos medios no son seguidos prontamente de buen éxito, dése lach ; si se forman ampollas pe- queñas y anchas, rhus.—Los casos mas graves de erisipela son los de la cubeza y de la cura: se curarán algunas veces con aceite de trementina, sobre lodo si hai dolor quemante; se le empleará también al esterior, pero con la mayor moderación, y solamente en algunos puntos.—En la erisi- pela crónica con resudación y picazón, es preciso abstenerse de la tremen- tina, seria peligrosa. 0.—De las enfermedades crónicas de ¡a piel. Todas las afecciones crónicas de la piel, como herpes, úlceras sanio- sas, ele, no pueden ser tratadas fructuosamente sino por un médico ho- meópata. Casi siempre son nocivos los remedios estemos-, y por consiguiente no- deben usarse sino rara vez. Desde eí principio deben administrarse inte- riormente los medicamentos, teniendo mui en cuenta el jénero de vida del enfermo, porque la causa de estas afecciones está ligada ordinariamente a los hábitos viciosos que se hun contraído en el réjimen. El enfermo debe bañarse y lavarse con frecuencia, y al mismo tiempo beber mucha agua, porque esla al salir del cuerpo, siempre arrastra consigo algunas impurezas; debe abstenerse de alimentos fuertes, de carnes mui asadas y de sustancias saludas. de la picazón. Estos dolores prurijinosos son jeneralmente dependien- tes de otros padecimientos que es necesario tener en cuenta pra dirijir el tratamiento convenientemente Cuando no baya otros síntomas mas que la picazón, deben ensayarse primero para calmarla fricciones secas y lociones de agua caliente e de jabón. Si no fuere suficiente, dése sulph. Si el prurito se siente solo en una o muchas partes aisladas, obligando a rascarse hasla hacerse sangre, puede darse una untura de aceite fresco de olivas, echándole sobre la parte y frotándola con la maño hasla la seque- dad. Si esla incomodidad se presenta especialmente per la noche, pueden lavarse las partes afectadas por la larde con aguurdieute. Si la picazón es universa! y recae en una mujer o en un niño, pueden espolvorearse todo el cuerpo con polvos de almidón, o simplemente de espíritu de vino alcan- forado, y después de haber dilatado en agua el uno o el otro, lávese con ella la parte prurijinosa. Lu mayor parte de las afecciones pruritosas serán tratadas con mas se- guridad y mejor éxito con remedios internos. Cuando comienzan después de haberse desnudado, dése mía; vom. o ars. Si después de acostarse se siente un prurito como si picaran pulgas y este desaparece rascándose, dé- se ipee Cuando no incomodan hasta después de haberse calentado bien en la cama, puls., y si no bastase, dése mere viv. particularmente si la pica- zón molesta durante loda la noche. Si con eslos medios no hubiese mejoría, dése algunos dias después sulph. y mas adelante carb. veg. Sí acompaña al prurito uua violenta quemazón, dése hep. sulph.-, si después de rascarse sau« MEDICINA DOMÉSTICA. Ul ?rra mucho la piel, dése merc.viv. o sulph. alternativamente cada ocho dias, hasla la curación completa. sarna.—Ninguna dificultad ofrece el hacer desaparecer esta erupción, ni se necesita una gran ciencia para obtener su curación aparentemente; pero toda repercucion da lugar a otra enfermedad que puede manifestarse después de quince o veinte dias o al cabo de muchos años, con la particu- laridad de que cuanto mas tarde en manifestarse, tanto mas dificil es su curación. Por consiguiente, es mui imprudente esponer a los enfermos a tanto peligro, sin evitar por esto que los padecimientos sean después mas incómodos. Pueden emplearse para moderar la picazón los remedios indicados en el artículo precédeme, lomando interiormente los medicamentos apro- piados para destruir la enfermedad. Primero se tomará mere viv., y algu- nos dias después sulph., continuando así alternativamente; cuidando de de- jar obrar el remedio si hai mejoría, o de darle mas a menudo si hai agra- vación. Si hai cambio en el carácter de la enfermedad, se tomarán los me- dicamentos mas apropiados. Asi, pues, si la sarna es seca y pequeña, con- viene ordinariamente administrar cada dos dias carb. veg. o hep. sulph., una dosis mañana y tarde. Cuando la sarna es húmeda y vesicular, dése mere viv., luego sulph. y después caust. disueltos en agua, por mañana y larde. Si estos remedios no surtiesen efecto, disuélvanselas flores de azu- fre en espíritu de vino; de cuya disolución se tomará una pequeña cucha- rada y se mezclará con cuartillo y medio de agua, lavando con esta por mañana y tarde las parles mas atacadas. Si a consecuencia de estas locio- nes desapareciere mui pronto la erupción, se emplearán luego sulph. o ars. al interior hasta hacerla reaparecer, porque de olro modo se espondria el enfermo a los peligros de la repercucion. Si las vesículas son anchas y loman un color amarillo y azulado, dése lach. en el caso que los dolores se aumentasen. Conviene tener paciencia por espacio de algunas semanas pura obtener la curación de la sarna. Si los remedios ya indicados, no fuesen suficientes, llámese a un médico ho- meópata. costua de leche.—Esta afección ataca a la cabeza, a la cara y a otras parles del cuerpo. Nunca se aplicarán remedios al esterior, a no ser el al- midón en polvo, y alguna vez una lijera solución de jabón. Cuando las partes subyacentes de la piel eslán muí inflamadas y el niño muí inquieto, dése acón., y seis o doce horas después rhus loxie, repelido después del mismo espacio de tiempo. Si al cabo de algunos dias no hai mejoría, dése sulph.; y pocos dias después repítase rhus loxie, y así suce- sivamente. Puede darse también lodas las mañanas una taza de una infu- sión lijera de pensamientos silvestres. tina.—Cuando independientemente déla cabeza, se manifiesta esla en- fermedad eu el cuello, la cara y los ojos, poniéndose estos rubicundos y dolorosos, dése hep sulph.; si las glándulas del cuello y de la nuca se in- fartan, se ponen rojas y dolorosas, dése bryon.; sí solo están duras y sin dolor, dése dulc. Si la liña es húmeda, dése slaph. y después rhus loxie Si la cxhudacion es corrosiva y produce ulceraciones, dése ars. y después rhus loxie Estos remedios se rendirán cada dos o tres dias, ya haya mejo- ría, ya haya agravación. Pueden también disolverse en agua algunos glóbu. los de estos medicamentos para humedecer con ellos los bordes de la tina. —Si la enfermedad ocupa toda la cara y la picazón es universal, cubrién- dose al mismo tiempo la cabeza de uu grueso casquete de costras, de.se ant. crud. 3 en disolución acuosa cada dos o tres dias. Si la picazón es tan 34S MEDICINV DOMÉSTICA;: fuerte que obliga a los niños a rascarse hasta hacerse sangre, debe impa- rtírseles que se hagan mal sujetándoles las manos por medio de unu especia de camisola. Ia picazón mas molesta se atempera por el uso estenio da una lijera infusión de sanco, en la cual se mojarán unas compresas y se aplicarán a las partes pruritosas, continuando ul mismo tiempo la admir nistracion de los medicamentos al interior. divieso, forúnculo.—Se forma en la piel un pequeño tumor rojo, duro y doloroso, que se eleva poco a poco y adquiere las proporciones del tamaño de una avellana, y algunas veces mayor: el centro, que es la pane mas culminante del tumor, está duro, de un color rojo oscuro, de cuyo punto sale un poco de pus sanguinolento espeso, que se evacúa con alguna difi- cultad y poco a poco; el dolor cesa y la curación se efectúa espontá- neamente. No deben hacerse aplicaciones medicinales, cuando mas, pueden usarse algunas cataplasmas de miga de pan o de manzana cocida. Cuanto mas se intenta acelerarla supuración por ia aplicación de algunas sustancias, lales corno la miel, azúcar, cebollas cocidas, ele, tanto mas frecuentemente se reproduce el mal en las parles mas incómodas. Tómese primero arn ; si el mal reaparece, repítase el mismo remedio ; y cuando la cicatrización se ha verificado, tómese sulf ; y asi sucesivamente. De este modo, la enfermedad se reproduce con menos frecuencia, y se previenen al mismo tiempo las afecciones, de que solo era precursora. —Nunca se debe procurar oponerse a la erupción de los diviesos por medio de los laxantes, que solo pueden llamar el mal a los intestinos y ocasionar accidentes mucho mas graves. Los diviesos de uu carácter maligno son mui dolorosos, al mismo liempo que tienen un color azulado (ántrax o carbunco) y crecen con rapidez; se lostcuru prontamente con lach.; los que son muí estensos y tienen muchos puntos abiertos o ulcerados, cou hep. sulpf., y después, si no hai un alivio sensible, silie; si el enfermo se pusiese débil y sensible, ars. del panadizo.—No hai, en este caso, que hacer otra cura que aplicar una cataplasma de miga de pan remojado en leche cociendo. Si el dolor es muí violento, se le puede calmar metiendo el dedo en un huevo fresco, en el que se le tendrá mientras dure el dolor. Pero los medicamentos lomados interiormente valen mas que todo esto. Luego que empiece a formarse el panadizo, tómese mere, viv., y si no líai alivio, hep. sulf. o caust. Si persiste el mal, dése silie, y siempre que el dolor se empeore, dénsehep.sulf. y silie alternados. En los casos malignos cuando el dedo se pone amoratado y los dolores son excesivos, dése lach ; si se juzga conveniente, repítase esle me- dicamento o altérnesele con hep. sulph. Sí a pesar de todo dejenera en nn absceso negruzco, quémame, lómense ars. alb. o carb. veg. alter- nados. los absceos y otros tumores que contengan supuración serán tratados de la misma manera. En este caso conviene aun mus, no emplear otro un- tamiento que el que hemos indicado mas arriba. El azafrán, la miel, la ce- bolla, etc., no hacen olra cosa que aumentar el dolor o acelerar la forma- ción del pus, y la enfermedad se reproduce o reaparece bajo diferente forma. La abertura del tumor es algunas veces necesaria, especialmente cuando no haya un médico homeópata a quien consultar. Pero si los re- medios recomendados p;ra el panadizo, no bastasen a disipar el tumor, y el volumen de esle aumentase, entonces conviene abrirle, exceptuando los casos en que el absceso esté situado en la ingle o en el ano. Vn médico es- pei ¡mentado no procederá a la abertura de un tumor, si colocando el dedo MF.RIC.INA DOMESTICA. 349 sobre él percibe una pulsación cualquiera; para esta especie de tumores, conviene dar sulph. ars. y lach. a largos ¡inérvalos; siendo eslos casos graves, conviene mejor consultar a un médico homeópata. Lo mismo deben tratarse loda especie de cánceres, o tumores endureci- dos con dolores lancinantes, que dan lugar mas larde al cáncer.—En es- tos casos, no deben hacerse jamas aplicaciones esternas. Si hai induración en las glándulas del cuello y de la nuca, dése mere viv., y algunos dias después dulc. Se repetirán estos remedios pasadas al- gunas semanas si fuese necesario, y si con ellos no hubiera alivio, es ne- cesario consultar a un médico homeópata. los sarañoni s producidos por el frió en invierno, que molestan también en el verano, y mas particularmente en otoño y primavera ; los miembros helados que no supurando, se hacen un foco de prurito y quemazón, dan lugar con mucha frecuencia los unos y los otros a grandes padeeimiím- tos ; se forman en ellos grietas y estas dan sangre. Eslos padecimientos se curan fácilmente con puls. ; si la piel loma un color rojo oscuro y azu- lado, con cycl.; si las parles afectas presentan el aspecto de un rojo cla- ro, puede emplearse, nux vom. ; y si todo esto no fuera suficiente, sulph. Contra los dolores mui violentos, dése chamom., y después ars. alb. — Res- pecto a los remedios domésticos, pueden emplearse cuando la piel eslé ulcerada, tiras de papel grueso mojadas en cola de pescado y aplicadas calientes a la parte; si esta está encarnada, dolorosa, y el dolor se au- menta por el movimiento, puede aplicarse aceite de pescado y grasa. Si el mal ocupa muchas partes a la vez, como las manos, los pies y la cara, pueden untarse con un ungüento que se compondrá derritiendo a la luz de una bujia un pedazo de tocino y recojiendo la grasa que destile sobre hielo machacado. Pero sí el mal está situado mas bien en los huesos y en las articulaciones, se hará uso de un ungüento de ¡entejas hecho de la ma- nera siguiente: se pulverizan unas lentejas bien escojidas y se mezclan exactamente con grasa fundida de ganso ; este ungüento se esliende sobre un lienzo y se aplica a las partes dolorosas. Los individuos predispuestos a estas afecciones, pueden emplear estos medios para prevenirlas. Las personas propensas a padecer sabañones, dtfben abstenerse lo mismo en invierno que en verano, del uso de las carnes de puerco y de ganso, como también de los alimentos preparados con grasa. las varices se forman en las piernas, en los píes y en algunas otras par- tes, particularmente en lus mujeres enib.irazudas. Esle fenómeno es produ- cido por el aumento de volumen de las venas superficiales y subcutáneas, poniéndose estas de un color azulado ; cuando se eslá algún liempo de pie o se comprime una pierna con otra se hinchan mas sucediendo lo con- trurio estando echado; la compresión no ocasiona dolor en ellas. Suelen abultarse considerablemente, y por último se abren dando salida a una gran cantidad de sangre sin producir alivio ulguno. En este caso conviene apli- car un vendaje metódicamente compresivo al rededor del miembro pero siempre moderadamente apretado ; un bolín atacado llena perfectamente esta indicación ; pero no es bastante para efectuar la curación. Las varices que se hacen desaparecer de una parle suelen aparecer en otras, y algunas veces suelen establecerse en un punió en donde no puede hacerse lu com- presión; entonces es mucho mejor dur arn. y puls. exacta mente todas las mañanas. Si una mujer embarazada tiene muchas varices, conviene que no eslé 530 MEDICINA DOMESTICA. mucho tiempo de pie, ni tome alimentos mui pesados; esto podría ser muí perjudicial durante el parto. las ulceras son alteraciones de los tejidos en supuración y mas o menos profundas, en las cuales se verifica una exudación acuosa. Si son la con- secuencia de una variz abierta, puede recouocerse por el estado varicoso de las venas inmediatas, por el color negruzco de la úlcera, por los buru- jones de sangre cuajada alli reunidos y porque sangran con facilidad, espe- cialmente si se lava la úlcera con agua caliente; en este caso es aplicable lodo lo que se ha dicho acerca de las varices. Solamente se verá si hai lu- gar a dar lach., y si no surtiese efecto, silie Puedeu igualmente emplearse eslos remedios al esterior, disolviendo algunos glóbulos en una cucharada de agua, en la cual se mojará un dedo o una compresa para humedecer la úlcera. Hai úlceras de un olor insulso, nauseabundo, con los bordes desiguales y dolorosos, semejantes a las que se forman a consecuencia de una peque- ña herida : estas úlceras se tratarán con cataplasmas de ia pulpa de zana- horias frescas. Eu cuanto a las úlceras crónicas, lo mejor es consultar a un médico homeópata. Las úlceras difíciles de curar, o que se reproducen de tiempo en liempo, deben tratarse con mucho cuidado y por largo tiempo, porque de olro modo podrían convertirse en uua enfermedad muí grnve. Hai que guardarse sobre todo de desecarlas, por medio del ácido sulfú- rico o las preparaciones de plomo. Cuando la úlcera es el asiento de dolores violentos, lancinantes y que- mantes, lómese un poco de cebada que haya servido para hacer cerveza, y después de bien pulverizada hágase uua pasta con ella y la levadura de la cerveza; de esta pnstu humedecida suficientemente con cerveza, se harán cataplasmas que se aplicarán a la úlcera, renovándolas dos o tres veces al dia. Si las úlceras son mui profundas y no hai un médico homeópata a quien consultar, puede emplearse la trementina, del modo siguiente : se loma ine- dia onza de trementina d« Venecia que se fundirá a un fuego lento, y a la cu3l se añadirán dos onzas de cera amarilla depurada ; hecho esto, se se- ca la úlcera hasta el fondo con un lienzo fino, después se toma una cucha- rada de esle ungüento en el momento que lome alguna consistencia y que no esté mui caliente, y se llena la úlcera. Este procedimiento se repetirá tres dius seguidos con buen éxito; pero esto no siempre es suficiente; por tanto, conviene consultar desde luego a uu medico homeópata. Las úlceras poco profundas pueden curarse con compresas mojadas en agua caliente, tomando al mismo liempo una dosis de slaph. cada ocho dias, con lo cual se obtendrá la curación en el mayor número de casos. Pura las úlceras con dolor quemante dése ars. ; si ademas del dolor que- mante lienen mal olor, carb. veg.; sise estienden superficialmente y los contornos se llenan de vejiguillas que tienden a ulcerarse, lach. Las ulceras de los dedos de los pies, especialmente en los viejos, y que comienzan por una vejiguilla como si hubiera sido producida por una quemadura, se curan con silie; cuando comienzan por un color apizarra- do, y los coriornos eslán acardenalados, se curaián con ars., particular- mente cuando se alivian con el calor; pero si esle aumenta los padecimien- tos, sce corn., con tal que todavía se esté a tiempo. Las preparaciones do plomo en estos casos son siempre perjudiciales. Las ulceras situadas al rededor de anticuas verrucas, los callos en los medicina doméstica. 331 pies, etc., »e curan ordinariamente con ant. crud., como también con otros remedios apropiados. Las preparaciones de plomo o de mercurio suelen secarlas en poco liempo, pero también la muerte puede ser su conse- cuencia. Cuando el individuo es de tan mala encarnadura que el menor rasguño en la piel termina por supuración, véase la letra 1, en el capítulo he- didas. La introducción de los dordes de las ufUs en las carnes puede ser cau- sa de úlceras de mal carácter. El modo ordinario de tratarlas consiste en ^portar el borde de la uña que se ha introducido y tanto cuanto se crea útil. Pero ¿qué sucede con esto? que la uña se rejenera con mas fuerza y hai que repetir la operación. No conviene recurrir a este procedimiento sino en el caso de que el enfermo tenga absoluta necesidud de andar. Es mucho mejor tratar de introducir entre la uña y la piel unas hilas finas con mu- cha precaución. Las personas diestras pueden por sí mismas tomarse es- te cuidado, dándose antes un baño de pies en agua templada. Si hai car- nes fungosas se las espolvorea por mañana y tarde con un poco de azueur reducidu a polvo fino, absteniéndose de andar durante muchos dias, si es posible. Conviene algunas veces raspar la uña en su parle media con un vidrio u olra cosa análoga hasta que quede reducida a su mas delgado es- pesor. Si se raspa con un vidrio hai que poner el mayor cuidado, porque podrían quedar adheridos algunos pedacitos de él ; también debe tenerse la precaución de soplar frecuentemente sobre la uña. De este modo los la- dos de la uña se curan mas pronto y permiten deslizar mas fácilmente un pedazo de lienzo en la llaga. Cuando los bordes de la uña están rugosos, ráspeselos, pero no se deben cortar. El único medio de curar esta enfermedad es cortar frecuentemente las uñas, no en la forma del dedo del pie, es decir, en redondo, sino en sen- tido inverso, de modo que la parte inedia eslé corlada lo mas cerca posi- ble de la carne, y los dos lados que se introducen en esta se corlen poco. No es necesario hacer esla operación de una vez sino poco a poco, y des- pués de haber tenido los pies previamente en agua caliente. De este modo el centro o parte media de la uña se rejenera con mas fuerza, mientras que los lados permanecen estacionarios. Si estos lados se alargan mucho, no se les cortará tan profundamente como la parle media, y se cubrirá el dedo con un poco de piel para resguardarle de la cálcela. Solo un año después se dejará a la uña que crezca libremente; pero nunca se cortarán las uñas mas que en cuadro, y sin atacar profundamente los ángulos, por- que esto es lo que da lugar a que se introduzcan en la carne: La úlcera y la inflamación, que son consecuencia de la introducción de la uña en la carne, se curan ordinariamente mui pronto cuando se han introducido bastantes hilas éntrela uña y la carne. Con todo se cuidará de hacer la cura con una disolución de arn. Si este medio no es seguido de buen éxi- to, o si las partes empiezan a ulcerarse, dése entonces nux vom. Hai algu- nas personas quedan la preferencia a caust. 3 o 6 puesto en disolución en media onza de agua, en la que se empapa una compresa que se aplica a Ja uña, y que se renueva lies o cuatro veces al dia. Esto basta para hacer desaparecer las carnes fungosas.—Si se ha formado ya una ulceración re- belde a los remedios precedentes, hai que guardarse siempre bien de hacef arrancar la uña o de hacerla hender. Se podrán ahorrar al enfermo los dolores atroces de este arrancamiento, si el médico quiere tomarse la mo- lestia de ello y emplear el, liempo necesario. Se continuará raspando al 332 MEDICINA DOHESTICA lado herido de la uña, de modo que se la ponga en camino de curación; y esto se logrará tanto mejor lomando remedios homeopáticos : estos son en- tre oíros sulf., ars , silie y carb. veg. darros. Estos consisten en puntos negros que se fijan en la piel, en la nariz y las partes inmediatas. Se los puede estraer como se baria con una espina. Para eslo se unta la parte con grasa, y después se aproxima a ella un hierro hecho ascua. El calor hace sobresalir ul barro y unu lijera corn* presión de la piel le hace salir. Si se tiene el cuidado de lavarse la cara con agua caliente, e inmediaiamenie después con agua fria, eslos barros no se^ reproducen tan fácilmente. '^ callos en los pies. Métanse los pies en agua caliente un cuarto de ho- ra, y córtense a pedazos delgados los callos con un cortaplumas bien afi- lado, hasta que empiecen a doler; después disuélvanse algunos glóbulos de árnica en un poco de agua, y lávese con ella el callo. Si se repite esta operación a menudo, concluyen por desaparecer; sin embargo si se reje- neran, lómese algunas veces ant. crud. y aplíquesele también en disolu- ción, después de haber cortado previamente los callos. En el cambio de liempo, que los dolores se avivan, tómense rhus., y algunas veces bry. alternados. verrugas.—Por mas que se las corte reaparecen, sin inconveniente sin duda, pero sin embargólas consecuencias pueden ser desagradables, par- ticularmente en los niños y los viejos. Desaparecen fácilmente, sobre todo si son carnosas o pediculadas, con caust.; cuando son planas, duras y friables y están colocadas cerca de las uñas, con unt. crud.; si se encuen- tran en el dorso de los dedos, cou dulc, en las partes laterales cou carb. veg. LAS ESCORIACIONES A CONSECUENCIA DE LA PERMANENCIA EN LA CAMA Sé tra- tarán con lociones frecuentes de agua fria; y manteniendo aplicadas a ellas compresus, se llegarán a disminuir y quiz'á a curar la rubicundez y las decentaduras.—Si el agua sola no basta, se la pueden añadir algunos gló- bulos de arn. ; si la llaga se mortifica y toma un nial carácter, dése chin., y lávense las parles afectadas con una lijera disolución acuosa de quina , solo después de algunos dias es cuando se volverán a emplear lus lociones de arn. ; si In úlcera es mui eslensa, apliqúese a ella una cataplasma de zanahorias dulces ralladas. P.—líe algunas enfermedades jenerales. DE LOS DOLORES EN LOS MIEMDROS, DEL REUMATISMO Y DE LA GOTA. —Es di- fícil curar lu gota, pero se pueden quitar muí fácilmente los dolores que! ocasiona. El tratamiento homeopático tiene la grande ventaja de poder prevenir muchos padecimientos que son la consecuencia fatal del uso de los remedios ordinarios, tales como mercurio, calo.nelu.ios, valeriana, di- pial cólchico, opio, láudano y oirás drogas nocivas que arruinan la salud del hombre para toda la vida; ahorra igualmente a los enfermos esas tor- turas que se sufren por la aplicación de los cauterios, vejigatorios, se- Uilll o. V IC . Se remediará fácilmente un primer ataque eu los bebedores de licores fue tes con nux vom. ; si se manifiesta fiebre con acón., que se podía re- PordPuTf* i -US° dG °lr°S reír'ed¡os> tales como sulf. Cuando el do- ubicunir^ I0" ,searsemeÍa a «« «olor de luxación, con un poco de lubicundez, cuando el enfermo tiene miedo de tocarse, cuando eslá inquie- MEDICINA DOMÉSTICA. a¿K> to y le parece que todas las panes en que descansa el miembro eslán duras, dése arn.; si la rubicundez es mui fuerte y mui estensa, bell. ; si el dolor se muda fácilmente de sitio y pasa de una articulación a olra, si se disminuye dejando el miembro descubierto, pnls., si el enfermo se siente mejor cubriendo el miembro, y está débil e inquieto, ais., si la cara está pálida y flaca, y el dolores lancinante y dislacerante, se empeora por la noche, y obliga al enfermo a mudar de sitio frecuentemente el miembro, dense ferr. acet., o rhodod., alternado algunas veces con rhus. Si el mo- vimiento empeora los dolores, dése bry. ; si el meto, chin.; si huí náuseas y la lengua eslá blanca y cargada, ant. crud., y después si es necesario otro remedio ; si los accesos se renuevan a cada cambio de tiempo, cale carb. Si estos padecimientos se prolongan mucho, dése, en todos los ca- sos, sulf. ; y si después de sulf. hai agravación, dése de nuevo aton. ;. si el miembro permanece ríj ¡do, coloc > siesta rijidez procede de un antiguo tumor gotoso, cansí, por mañana y larde, y después de esto, todavía dos dosis cada semana dnranie cuatro o cinco semanas. Los dolores de las articulaciones, llamados reumatismo agudo, deben tra- tarse del mismo modo. Se dura con frecuencia acón., después arn. o bry., algunas veces puls., según loí síntomas predominantes. Se puede, después de eslos remedios, si la enfennedud se hace mui violenta, dar hep. sulf. ; y si después de veinte y cuatro horas, no hai cambio, lach. que se da so- lo, o alternado con el primero, y se le repetirá mientras dure la agrava- ción. Mere viv. eslá algunas veces bien indicado (véase mas abajo reuma- tismo) o bell. La sangría, en esta afección, es un medio que solo sirve para prolongarla. Pero si se la ha practicado, como sucede de ordinario, dése entonces chin., y después los otros remedios, si se declaran nuevos acci- dentes. Los dolores que constituyen el reumatismo ordinario provienen con fre- cuencia de un enfriamiento, y se tratarán según las indicaciones dadas ni tratar de la cabeza, de los ojos, de los oidos y de los dientes ; pero si los dolores eslán eu los miembros, entonces elíjase entre los remedios si- guientes : cham. si los dolores son intensos sobre todo por la noche, o cuando disminuyen cambiando con frecuencia de sitio en la cama ; cuan- do los miembres eslán como paralizados, no se los puede mover, cuando el dolor se fija nlgunus veces en lu cabeza, en los oidos y en los dientes, cuando el enfermo tiene necesidad de estar echado, cuando está friolento, no puede dormir bien, y al despertarse se encuentra cansado y como que- brantado. Si los síntomas corresponden a lo que acaha de decirse, y se agravan después de medio dia y per la larde, dése puls. (véase lo que so- bre eslo se ha dicho en el artículo gota.) Si ios dolores se fijan particu- larmente en el p«cho, entre los hombros, en el dorso y en los ríñones, dése nux vom. Mere viv. conviene cuando hai tirantez, dislaceracion, punzada y ar- dor, cuando hai agravación después de inedia noche y hacia la mañana ; cuando el aire frío y húmedo aumentan los dolores, y cuando se agravan al calor de ia camu ; cuntido están hinchadas las articulaciones ; cuando los dolores son mas bien articulares, y se siente en ellas un movimiento pulsativo; o cuando parece que eslán mas fijos en los huesos, y cuando de aquí se estienden a las partes carnosas. Si el enfermo ha hecho va abu- so de los calomelanos, y mere. viv. no le alivia con prontitud, dése lach.; pero si mere v'w. ha producido alivio y los accesos se renuevan, repítase mere. viv. Si los dolores suu mus bien cu lo» músculos que en los huesos, 46 534 MEDICINA DOMESTICA. y duran mucho ; cuando no son articulares, pero se empeoran a cada mo- vimiento y van acompañados de frió en los miembros, dése bry. Es preciso dejar tratar el reumatismo crónico por un médico homeópata,' pero si no le hubiera cercano, se puede dar con esperanza de éxito, sulf, una vez por semana. Sí alivia no debe repetirse mientras que dure la me- joría. Después dése caust., siempre en dos dosis la una por la mañana y la otra por la larde, y espérese después de ocho a quince dias. Es bueno esle remedio particularmente cuando los miembros están ríjidos. En los dolores de ríñones es preciso guiarse siempre con arreglo a la causa. Cuando provienen del uso de bebidas espirituosas, de estreñimien- to, de vida sedentaria, o de frió en los pies, dése nux vom. Si dependen de una caida, de un grande esfuerzo para levantar peso, dense arn. o rhus toxic. Véanse eon este objeto los remedios indicados en el articulo hemo- rroides O ALMORRANAS. los calambres en las pantorrillas, fas plantas de los pies u otras par- tes, turban con frecuencia el sueño, y pueden causar también mucho en- fado y padecimientos durante la vijilia. El mejor medio de hacerlos cesar es apoyar fuertemente los pies conira la cama, o apretar con las manos lus partes que padecen. Pero el remedio preventivo es veralr. alb. Se le toma- rá por In mañana o por la tarde; se le repetirá solamente una vez doce o veinte y cuatro horas después. Si esto no bastase, tómense sulf. o coloc ; si el calambre se hace sentir aun estando sentado, tómese rhus loxie El espasmo jeneral o parcial varía tamo, que es imposible indicar aquí el modo absoluto de curarlo completamente. Es preciso siempre en esle caso, consultar a un médico homeópata. Bastará que señalemos al pr sen- te lo que hai que hacer en el primer momento. Cuando la causa que pro- duce la reaparición de cada ataque es conocida, y sucede lo mismo con la que provoca el primero, ahí está la indicación de la elección de los re- medios. Op. no solo eslá indicado cuando los espasmos provienen de sus- to, sino que también si son la consecuencia de reconvenciones, de uua disputa y de ofensas. Pero el principal remedio contra las diferentes espe- cies de espasmos es ign. Cuando el enfermo siente que se aproxima una erisis, podrá prevenirla o por lo menos atenuarla, por la olfacion del al- canfor. Deben abandonarse todos los olores y fricciones medicamentosas ; uo hacen mas que debilitar o irritar al enfermo. Durante el primer periodo de paroxismo, no debe darse nada absolutamente, y aun conviene abste- nerse de remedios homeopáticos ; no se recurrirá a ellos basla que haya pasado o disminuido. Es verdaderamente muí aflictivo, ver empleada la sangría en una afección de esta especie ; porque en la mayor parte de los casos, los enfermos se empeoran con ella ; y la enfermedad que hubiera cedido por sí misma para no volver mas, estalla de nuevo, y siempre con mas intensidad y pertinacia a cada paroxismo. La sangría, en esta afección, nunca ha sido útil, y ni aun ha servido para alejar un peligro inminente. La pesadilla es una enfermedad tan frecuente y tan importuna, que nada se debe descuidar para curarla.—Ante iodo, debe comerse poco por la noche, y que esto se componga de alimentos lijeros, poco vino o cerveza, nada de cafe, a lo mas una taza lijera de té negro, o mejor todavía, un poco de leehe o un caldo. Hai también un buen medio, este es lavarse to- das las noches con agua fria, en eslío deberá hacerse al aire libre, en in- vierno se frotarán, con una toalla mojada y fria, la cabeza, el cuello, los hombros, la cara, el pecho y el abdomen, etc. Antes de acostarse, será bueno beber un vaso de agua fria; si no se la puede soportar se tomará MEDICINA DOMESTICA' 5SS un vaso de agua azucarada. Si esto no basla continuando la misma práctica, lómense los remedios siguientes : Si la causa es el uso de licores fuertes, uua alimentación demasiado abun- dante y demasiado suculenta, una vida mui sedentaria, tómese, por la no- che ames de acostarse, nux vom. o empléesela en olfacion después de una primera crisis. En los niños y en las mujeres, Cuando la pesadilla va acompañada de calor, de sed, de palpitación de corazón, de un movimiento de sangre a la cabeza y ul pecho, de respiración dificil, de ajitacion, de inquietud y de oíros síntomas del mismo jénero, dése por tarde y mañana acón, hasta que este estado cese. Es igualmente bueno tomar este remedio después del ac- ceso, y si se sienten calor y fiebre. Si el ataque es mui violento, cuando el enfermo tiene los ojos medio abiertos, la boca entre abierta, si ronca y tiene un sonido como esterior en el pecho, si la respiración es irregular, la cara está angustiosa con sudor frió, cuando los miembros eslán ajilados convulsivamente, dése op. y repí- tasele mientras sea necesario. Si a pesar de esto, el ataque reaparece, dése sulf. en disolución, una cucharada todas las mañanas, hasta que haya cesado la pesadilla. Cuando se le ha dado durante una semana, puede suspenderse su uso una o dos semanas; si después reaparece el alaque, dése silie dos mañanas se- guidas. El insomnio depende, en la mayor parte de casos, del modo de vivir. Algunos individuos no pueden dormir por poco que coman ; a oíros su- cede lodo lo contrario. El ejercicio al aire libre es siempre mui útil, pero es preciso que no se escedan las fuerzas; porque así se conseguiría el efeclo opuesto. Y cuando el insomnio procede de los acontecimientos del dia, que han escitado una viva satisfacción, dése coff.; si han producido un sentimiento de sobresalto y de terror, dése op. ; si han ocasionado in- quietud y ansiedad, acón ; si han causado pesar o abatimiento, ign., etc., según el orden y la naturaleza de las causas. Las causas mas ordinarias son el uso abusivo del té y del café. ; (véanse acerca de esto los remedios indicados.) Cuando se ha comido demasiado, está indicada puls.; nux vom. cuando se ha cantado o leído mucho ; cham. cuando se tienen flatos o padecimientos abdominales ; si en los sueños se ven figuras o diversas apariciones que ahuyentan el sueño, dése op.; si este no obra prontamente bell. A los niños dése de preferencia coff.; a los viejos op. — Si la causa reside en un eslado particular de padecimiento, se- rá preciso consultar para la elección del remedio; valdrá todavía mas diri- jirse a un médico homeópata. dk las fiebres intermitentes. Son comunes según los lugares y las es- taciones. En los parajes pantanosos, reinan a la entrada de los tiempos secos, de lu primavera y el otoño. Cuando a eslas épocas sea posible ale- jarse de dichos sitios, será lo mejor que podrá hacerse. Los que no tengan facultad para eslo, pongan su atención en la disposición de su habitación de dormir. Deberán tenerla tan seca como sea posible, tendrán cuidado de cerrarla por la tarde temprano, y por la mañana de renovar el aire durante algunas horas; que aislen la cama separándola de la pared, y colocando la cabeza hacia el sud.—En cuanto a los individuos que se ven obligados a dormir en casas húmedas, y particularmente en el cuarto bajo, deberán lijar su cama sobre una capa de carbón, encima de la cual se co- locará naturalmente el jergón.—Los que trabajan al aire libre, pueden es- 333 MEDICINA DOMÉSTICA perar librarse de la fiebre, llevando sobre la piel y sobre la rfjíon ept- gástriea, saquilos de polvo de quina. Sí se ha padecido ya la fiebre, se prevendrán las recidivas espolvoreando las calcetas con flor de azufre. Lo esencial es el réjimen. No debe comerse nada que cause peso eu el estó- mago, hai que abstenerse de loda sustancia frita o asada al horno, dema- siado grasienta, o mal preparada: dése la preferencia a las carnes asadas en asador; evítense los alimentos con especias, y cómanse solo legumbres cocidas. En cuanto ul jamón ahumado, vale mas comerle tal cual le venden, que prepararle con salsas, que le hacen mas pesado para el estómago. De ningún modo convienen las cosas grasicntas o acidas durante la estación de las fiebres; los ácidos son buenos en estío, y las sustancias grasicntas en el invierno. Las personas que tengan calenturas deben sujetarse al réjimen mas severo, del mismo modo que los q le acaban de ser curados de ellas, y esto a la aproximación de la época en que reaparecían,, porque el qne las ha tenido ya una vez las contrae mas fácilmente que otro. Duiante el periodo del frió, el enfermó debe eslar tapado, pero sin es- ce¿o, esle no sirve de nada; pero cuídese de que lus cubiertas estén bien secas; se pueden envolver los pies y el abdomen con tejidos de sed», si le agrada esto al enfermo.—Durante el periodo de calor, se quitarán las cubiertas, una sábana sencilla puede ser suficiente. A fui de templar el calor febril, será bueno enjugar al enfermo con un paño mojado y caliente; durante la transpiración, no se le deberá cubrir mucho ; sin embargo, no conviene dejarle descubierto. Después del acce- so, se le mudará de cama y de las ropas de lienzo; estas deberán estar perfectamente secas ; deberá frotarlas y calentarlas con las manos una per- sona sana, y eslo"hasta que haya perdido el olor de lejía; se tomarán estus precauciones después de cadn acceso. Si el enfermo se queja de sed, désele a beber agua fria a discreción ; sr el agua no es buena, hágase agua apañada o acidulada. Si prefiere beber caliente durante los escalofríos o el frió, désele; no hai ningún inconve- niente en que lome agua gomosa o mucilujinosa. Cuando el enfermo vo- mita mucho, y cuando el frió le ha causado una gran debilidad, désele café puro. Durante el estadio del calor, será preferible el agua fria; pero si el enfermo padece mucho, y desea cosas acidas, désele limonada pre- parada convenientemente, pero en pequeña cantidad. No se le de, duran- te los sudores, mas que agua fria. Las fiebres intermitentes parecen mas incómodas desde los primeros accesos que después: esto depende de que entonces obran mas violenta- mente en el interior, y de que el enfermo no tiene la menor conciencia de esto. Estos efeclos internos se manifiestan por la hinchazón o dureza del abdomen en los vacíos, y principalmente al lado izquierdo.—En los primeros tiempos, cuando quedan padecimientos cutre los accesos, es muí peligroso suprimir la fiebre con quina; no debe hacerse esto mas que en el cuso de unaesiremu necesidad. En este caso, el mejor inélodo es el tra- tamiento homeopático, y reconocemos que muchas personas se dejan ya tratar por este medio. —En el segundo periodo, en que la fiebre está con- firmada, y no hai pudecimíentos entre los accesos, es mus dificil curarla • y si por falta de conocimientos no se logra curarla con los remedios ho- meopáticos, se la puede cortar con quina, aunque esto puede ser causa de otras enfermedades,—En el último periodo, cuando el vaso y el hígudo están hinchudos, cuídese de no hacer uso de la quina o el sulfato de qui- nina : en muchos, no hacen mas que acelerar la hidropesía y oirus enfer- MEDICINA DOMÉSTICA . 357 medadrs.—-El tratamiento homeopático soto puede obrar muí lentamente en esta circunstancia, y lo mejor es llamar a un médico homeópata. La ho- meopatía posee un gran número de remedios para curar la fiebre; pero no podemos mencionar aquí mas que los principales, con los cuales se pue- de, desde el principio y siempre, curarlas rápidamente sin ningún peligro. Los posee igualmente para remediarlos padecimientos consecutivos al abuso de la quina o de la quinina, y aun del arsénico, sustancia que entra en la mayor parte de los remedios secretos para el tratamiento de las fiebres in- termitentes. Las personas que viven en comarcas pantanosas o en las orillas de un canal o en los lugares que se desmontan y se desecan, y en los que rei^ nan fiebres, deben, luego que se encuentren indispuestas, tomar chin., 3 glóbulos, y doce horas después, si no huí alivio, una segunda dosis; ob- servarán severamente el réjimen, y si pueden, harán bien en no dormir en el sitio doude existen estas fiebres. Si en veinte y cuatro horas no hai alivio, tómese ipec ; y doce horas después otra vez chin.; y veinte y cua- tro horas después, es preciso repetir In ipec, y así sucesivamente alter- nándolos, hasta que haya alivio. Si a pesar de esto, reaparece la calen- tura, trátesela como las otras fiebres. Eu todas las fiebres, es preciso poner la atención en los síntomas, y en la sucesión de los periodos de frío, calor y sudor, en el grado de la sed del enfermo y en todo lo que pase entre los accesos. El remedio se elejirá conforme a todos eslos datos. Si no se tiene suficiente motivo puru pronun- ciarse particularmente en favor de uu remedio, dense primero algunos glóbulos de ipee, y repítasela cada tres o cuatro horas hasta el dia siguien- te, y coulínúesele de modo que la última dosis se tome ires horas antes del acceso próximo. Si fulla la fiebre, suspéndase el remedio; pero como in fiebre puede tener el tipo de terciana, dése ni dia siguiente la misma dosis de ipec , algunas horas antes de aquella en que la fiebre pueda pre- sentarse. Si apesar de esto aparece la fiebre, no puede menos de conocerse su tipo, y se estará mas en disposición de elejir el remedio. Ordinariamente se le encuentra entre los siguientes: ign., nux. vom., chin., am., coce, o cin., carb. veg., ars. o alguu otro.—Si todavía se tiene incerlíduuibre para hacer la elección, repítase la ipec. como se ha dicho antes. Pero después de un tercer acceso es preciso decidirse por otro remedio, y casi siempre será por uno de los que se acaban de indicar.—Después de un cuarto ac- ceso, elíjase uu remedio con todo el cuidado posible. Cuando los síntomas del primer acceso son semejantes a los del remedio, désele la preferencia inmediatamente, pero debemos repetirlo; cuando no hai motivo para elejir tal o cual remedio, dése ipec. como ánles se ha dicho, hasta que In elección pueda hacerse definitivamente, es decir, por la comparación de los simo- nías del mal con los del remedio.—Si se fija uno en alguno de los medica- mentos indicados mas adelante, es preciso administrarle, en primer lugar, algunas horas después de la cesación del acceso; en segundo lugar, án- les de la invasión del próximo. En caso de recaída, empiécese por dar el remedio que corresponda a la causa que la ha producido, y después repiíase el remedio que habia curado la fiebre. Cuando la liebre ha sido agravada o desnaturalizada por la quina, el emé- tico o el arsénico, es mui dificil curarla; sin embargo se dará en esle caso puls. como remedio principal, y después lach. para repetir la puls. Con frecuencia se lia vislo que han tenido bu.-n éxito bell. y ferr. acet. Conv- 33S MEDICINA DOMESTICA. párese sobre este punto todo lo que se ha dicho de los antídotos en el ar- tículo veneno; se han empleado igualmente con éxito contra esta especio de fiebres intermitentes arn., ars., alb., cal. carb., caps., carb. veg., cin., ipec, mere viv., natr. mur., sulf., veratr. alb., etc. Cuando la fiebre reaparece uu año después y a la misma época, dése primero lach., y después carb. veg. o ars. que es el que mejor conviene de estos medicamentos. En la fiebre cotidiana simple que se presenta con regularidad y sin com- plicación, es preciso parar la atención mui particularmente en los dias siete y catorce, y asegurarse de que no hai que temer ninguna recaída; y entonces sí la hai, repítase en seguida el remedio que habia hecho cesar la fiebre en su último acceso.—En la fiebre terciana, fíjese igualmente la atención en los dias catorce y veinte y uno. En la fiebre cuartana, atién- dase a los dias vijésimo y cuadrajésimo segundo.—Hasta estas épocas los enfermos no deben apartarse del réjimen severo que les haya sido pres- crito.— Por regla jeneral, la enfermedad no eslá curada con la cesación de los síntomas; continúa en eslado latente sin que se lu puedu comprobar. Se concibe después de eslo, que el menor estravio en el réjimen puede re- producirla ; y en efecto la fiebre reaparece. Independientemente de chin., de ipec. y de nux vom., se han empleado en América en estos últimos años como remedios principales, y que han producido mejores resultados que los otros, ars., carb. veg., natr mur. y veratr. alb. En los climas cálidos durante el eslió, se darán de preferencia bry., carb. veg., ars. y lach. En primavera, después de lach. y carb. veg., se darán bell., natr. mur. y veratr. alb. Con todo esta indicación jeneral no de- berá guiarnos por sí sola con ventaja en la elecion del remedio ; no debe determinarnos sino cuando hai duda entre dos remedios. En las fiebres cotidianas, tercianas y cuartanas, conviene dar chin., ign., nux vom., ars., carb. veg. y natr. mur. En las fiebres cotidianas y tercianas de la primavera y del eslío, ademas de los remedios antes indicados, se darán particularmente bell., cale, carb., caps., cin., ipec, sulf. y veratr. alb. En la fiebre terciana, independientemente de estos remedios,bry., ant. crud., am. y staph. Pero cualquiera que sea el período de la fiebre, los remedios obrarán eficazmente si corresponden exactamente a los síntomas. Ipec. conviene cuando la fiebre empieza por escalofríos internos, que se sienten en el interior del organismo; si el periodo del frío es mas fuerte, estando el enfermo en una habitación caliente (\é;\se nux vom.); cuando hai poca o ninguna sed durante los escalofríos, pero mucha durante el calor; cuando hai náuseas y vómitos ánles (véase cin), durante y entre los acce- sos; estando la lengua poco cargada o limpia, con opresión de pecho antes o durante la fiebre (véase ars. alb.) Ars alb. conviene cuando se presentan al mismo liempo los escalofríos y el calor (compárese con nux vom. puls. y acón ), o cuando alternan con frecuencia (véanse chin., veratr. alb., nux vom., mere viv. y cale carb.), o cuando el calor es al esterior y los escalofríos al interior (véanse ign.. nux vom. y lach.); y sise trastorna esle orden (veratr. alb. y cale carb.), cuando la transpiración no se establece del todo o no se manifiesta sino algún tiem- po después del calor;—cuando durante la fiebre sobrevienen otros pade- cimientos, o cuando se agravan por ella; cuando el enfermo se pone estre- ñí adámente débil (véase chin.), o cuando hai vértigos, náuseas, violentos dolores de eslómago, temblor, palpitación de corazón, inmovilidad de los miembros, o dolores insoportables;—cuando durante el período del frío el MEDICINA DOMESTICA. 3ii9 enfermo está contristado; cuando por el menor movimiento o por hablar esperimenta calores fugaces; cuando siente espasmos y opresiones de pe- cho [véase iucc. j Dolores universales, gana de vomitar, boca amarga y do- lor de cabeza. Durante el calor, inquietud y presión frontal; durante el su- dor, zumbido de oidos; después de la fiebre, dolor de cabeza. Chin, antes de la fiebre, si hai náuseas o sed, apetito voraz, dolor de ca- beza, ansiedad, palpitación de corazón, estornudo u otros síntomas, sed or- dinariamente entre los escalofríos y el calor, o después del calor o durante la traspiración, o durante el tiempo que separa los accesos; escalofríos y calor alternados (véase ars.) o si el calor no aparece hasta bastante tiempo después tde los escalofríos; si hai grande debilidad durante la fiebre y des- pués .(•véase ars.] sueño ajilado durante la noche; si la cara está amurilla [véase tach ] Fer. acet. Los síntomas se parecen a los de chin.; pero van acompañados de conjestion sanguínea a la cabeza, hinchazón de las venas, abotagamiento al rededor de los ojos, presión del estómago y del abdomen, aun después de haber comido poco, o vómitos de los alimentos, tensión del vientre, que hace la respiración corta; al mismo tiempo se esperimenta una grande de- bilidad como de parálisis; plenitud y dureza del lado derecho o izquierdo del vientre [compárese lach.]; principio de hidropesía e hinchazón de los pies. Arn. cuando el período del frió aparece jeneralmente por la mañana o antes del medio dia; cuando la sed es rnas pronunciada antes del frió; si hai estirones y dolores en los huesos antes de la fiebre: cuando el en- fermo no puede guardar ninguna posición y la muda siempre, y cuando al mismo tiempo hai indiferencia o estupor, mal olor de la transpiración o del aliento. Veratr. alb. con frió esterior, sudores fríos, orinas oscuras, o al mismo tiempo grande calor interno [véase cale, carb.]; o escalofríos solamente, escalofríos con sed, náuseas ; escalofríos y calores alternados [compárese con ars. y chin.], con vértigos, estreñimiento [véanse nux vom., coce, slaph., bell.], o vómito y diarrea durante el calor O durante el frió. Samb. nig. cuando la transpiración es mui mala y dura hasla ei próximo acceso, y cuando por lo demás los simonías son semejantes a los que se han indicado desde ipec hasta veratr. Amim. cmd. cuando la lengua eslá mui cargada, gusto amargo o malo, onorexia, náuseas, vómitos; cuando hai poca o ninguna sed {véase pula,); cuando hai estreñimiento o diarrea. Bry. cuando los síntomas recuerdan los precedentes, pero hai mucha sed, (véase cham.), o calor antes de los escalofríos ; si durante el período del frío las mejillas eslán encarnadas; bostezos y dolor en el costado durante el calor; si hai mas frió y escalofríos que calor, con estreñimiento y diarrea. Cin. Vómitos y apetito voraz antes, durante o después de la fiebre; sed durante el frío, cara pálida durante el frió y el calor; picazón continua en la nariz. Ign. cuando hai sed durante el frió y no durante el calor (véase carb. veg.); cuando el calor comunicado debilita los escalofríos (lo contrario se encuentra en ipec. y nux vom.); se siente al esterior un calor parcial eu ciertas partes del cuerpo, mientras que las otras están frías o heladas; asi es que se tienen los pies frios mientras que lo restante del cuerpo está ca- liente; o dolor de vientre con horripilación ; y en seguida calor con debi- lidad y sueña. 300 medicína doméstica. Rhus tox. Frió en ciertas partes y culor en otras (véase ign.); o calor an- tes y después de los escalofríos; fiebre colidinna, pero que varía cnda din, particularmente por lu tarde y por la noche; en seguida hacia media noche o hacia la mañana, sudores; durante lu fiebre, sarpullidos como por orti- gas, dolor de vientre con diarrea, presión eu la boca del estómago, palpi- tación de corazón y ansiedad. Nux vom. Grande inmovilidad y falta de fuerzas al principio de la fiebre (véanse chin, y ars.); en seguida escalofríos y calor alternados; o calor an- tes de los escalofríos, o calor esterior cou escalofríos interiores, o vid versa. El enfermo desea eslar tapado no solo durante el frió, sino también durante el calor y el sudor, porque de lo contrario tiene frío, esperimenta punzada en el costado, (véase bry.); y en el vientre punzadas, vértigos y an- siedad. (Véase ars. alb ) Cham. Lengua cargada (véanse antim. crud. y bry.) blanca o amarilla; náuseas, vómitos, ordinariamente amargos, grande sed, aun durante la transpiración ; presión en el eslómago, dolor en el costado derecho, apetilo nulo, calor v sudor mus marcados que el frío, seguidos mui comunmente de diarrea o deposiciones blandas. Puls. Padecimientos del estómago (semejantes a ant. crud , bry. y cham); gusto amargo, vómitos de mncqsídudes, de bilis y de muieriules agrios, sed nula o solamente durante el calor, o a un mismo liempo escalofríos, calor y sed, que jeneralmenle son peores después del mediodía y por la tsrde, con diarrea; en los intervalos el enfermo eslá friolento. Eslá indicada particularmente cuando uua iudijestion es la causa de una recidiva, o des- pués de lach. Caps. Escalofríos y sed (véanse ign, y carb. veg.) que no vuelven con el culor, o sed que duru todo el tiempo de lu fiebre; los escalofríos son in- tensos y con ardor interior o culor esterno; grande incomodidad de flemas que se acumulan en la boca, la garganta y el estómago; diarrea mucosa y ardiente; grande aversión a lodo ruido. Coff. Grande sensibilidad, grande exitacion al paso que la fiebre es mo- derada; o solamente calor y sed, cara encendida con actividad, vivacidad de espíritu; después transpiración jeneral, con sed continua, cámaras blan- das o diarrea. Coce Grande exitacion o espasmos de diferentes especies, particularmente calambres de estómago entre los accesos, con estreñimiento pertinaz. Slaph. Estreñimiento y pérdida del apetito, con gusto pútrido de la bo- ca, y encías que sangran. Natr. mur. Dolor de cabeza intenso durante los escalofríos, o mas fuerte durante el calor; escalofríos de larga duración; durante el período del ca- lor el enfermo queda sin conocimiento; se oscurece la vista, no puede ver nada con claridad aun durante la apírexia; erupción en los labios después de algunos accesos, sin que por eslo huya cesado enteramente la fiebre. [Para este último caso convienen también ign. y ars. alb.) Lach. Los escalofríos se hacen sentir frecuentemente después de habeo comido o a lo menos al medio dia, con dolor en los miembros y en el dor- so, lo que hace que el enfermo apen?s pueda estar estirado y se ajile en lodos sentidos para encontrar una posición ; o con opresión de pecho, se- guido algunas veces de movimientos convulsivos ; durante el periodo del ca- lor, grande dolor de cabeza, con locuacidad y cara encarnada; o durante el calor esterno, escalofríos interiores, con color de la cara pálido, amurí- llenlo, aun durante la apirexia, particularmente cuando los ácidos, las sus* MEDICINA DOMÉSTICA. 561 tancias crudas, el vinagre y otras cosas semejantes han producido una re- cuidu; o cuundo lu fiebre ha sido cortada con quina, pero reaparece, y la cual podría ser combatida en este caso con buen éxilo por sulf. Lach. con- viene sobre todo en las fiebres de primavera o del principio del estío. Bell, cuundo los escalofríos son moderados y el culor intenso, o si sucede todo lo contrurio ; cuando el calor aparece después de los escalofríos ó cuando hai muchos accesos el mismo dia; sí falta enteramente la sed, o cuando es muí violenta, con grande sensibilidad y propensión a llorar; estreñimiento o evacuaciones insuficientes o raras, algunas veces también con oolor de cabeza violento, calor o estupor. Hyose Síntomas semejantes al precedente, pero con tos seca durante la noche, que turba el sueño del enfermo* Hep. sulf. La fiebre va acompañada de catarros, de tos y padecimientos del pecho (antes o después, frecuentemente también bell.); o al principio, gusto amargo, en seguida escalofríos y sed, y después calor con sueño. Mere viv. Frió y calor alternativos; durante el calor ansiedad y sed; transpiración mala, incómoda, agria, con palpitación de corazón. Sulf. Todas las tardes, escalofríos; por la noche, calor; por la maña- na, transpiración ; fiebre con palpitación de corazón, fiebre a consecuencia de la relropulsion de la sarna. Cale carb., cuando el frió y el calor alternan (frecuentemente después de sulf.); escalofríos esteriores y calor interno (véase veratr. alb); cara ca- liente y manos friás ; primeramente calor en la cara, y después escalofríos; durante la fiebre, vértigos, pesadez de cabeza y dé los miembros; dolores de esliron y dislaceracion en los ríñones, inquietud. Carb. veg. Ames o durante la fiebre, dolor en los dientes y en las estre- midades, sed solamente durante los escalofríos y ninguna durante el ca- lor [ véanse ign. y caps.]; durante el calor, vértigos, náuseas y cara en- carnada. Acón, cuándo los escalofríos, en seguida el calor, se manifiestan al mis- mo tiempo con grande violencia; calor que se dirije principalmente a lá caía y a la cabeza, y con ansiedad; o escalofríos y calor en coincidencia, los unos al eslerior, y el olro al interior o a la cara; cuando el calor va acompañado de punzada en el costado. (Véase bry.) Op. Sueño durante el calor (Véanse natr. mur., ign., etc.), o durante el frío; ronquido con la boca abierta, movimientos convulsivos de las estremi- dades; durante la transpiración, hai siempre un calor quemante. Conviene particularmente a los viejos y algunas veces a los niños.—Sep. está indicada con frecuencia , cuando predomina la sed durante los esca- lofríos. La ictericia es dé muchas especies ; algunas veces dura mucho tiempo sin ningún peligro; otras veces va acompañada de fiebre, la cual, en algu- nos casos, es mui buena señal, y en otros, una complicación peligrosa; lo que puede apreciarse por el eslado jeneral del enfermo.—Frecuentemente, el color amarillo dé la piel es la consecuencia del uso del mercurio, de lá quina y del ruibarbo ; y en éste caso es preciso administrar los antídotos.— Si provienen de una contrariedad viólenla, dése cham.; y si el enfermo es de una irritabilidad la1, que a la menor ocasión esperinrenta ataques de icte- ricia, debe emplear entonces otros remedios que estén en relación con los síntomas restantes ; los más importantes son sulf. y lach. Los niños pequeños padecen también la ictericia, pero minea tiene gra- vedad, adminístreseles mere viv. Esle remedio conviene igualmente a los 47 362 MEDICINA DOMÉSTICA: adultos, con tal que no hayan abusado ya del mercurio. En este último caso, dése primeramente chin, y después mere viv. Si esto no basta, hep. sulf., y después mere viv.; después de eslo, sulf. y lach. Eu muchos casos ipec es mui útil, repítase cada tres o cuatro horas. del cóllra. En los ataques repentinos o ul principio de la enfermedad, se empleará el alcanfor, mezclado con agua o disuelto en espíritu de vino; esle es un remedio descubierto y preconizudo por Hahnemann, el cual des- pués se ha hecho popular en todos los países, y ha salvado centenas de mi- llares de individuos. Solamente es preciso no exajerar su dosis, ni querer que la enfermedad desaparezca repentinamente y no emplearle a cada paso, y cada vez que se tenga un poco de diarrea, poique, eu este caso, podría producir un cólera artificial, como lo he visto muchas veces en JFiladelfia, y que por lo domas, yo lo hacia cesar con café negro. En los ataques lijeros de cólera, dése ipec, que se podrá repetir cada dos © tres horas; pero si hubiese aumento del frió, vómitos y diaraea, si se de- claran calambres en las piernas o en otras partes, veratr. alb. es en este caso el remedio principal, el cual será preciso repetir mientras que duren y se agraven los calambres^ Si determinan movimientos convulsivos délos miem- bros, dése cupr. que se repetirá mientras duren las convulsiones espasmó- dicas. En los casos mas graves, en los casos peligrosos, será preciso darle cada cinco o diez minutos. Cuundo el corazón está ajitadopor palpitaciones violentas y tumultuosas, cuando el enfermo está inquieto, cuando se ajila en la cama sin encontrar una posición cómoda, y cuando hai unu sed insa- ciable, dése ars.; si el estado del enfermo no se mejora, y la lengua está pastosa, dése fosf. acid. a dosis frecuentes, si el aliento se pone frió, dése carb. veg-.; si los vómitos y el frió disminuyen, y cuando el enfermo se en- cuentra en un sufrimiento estremo, cuando se haya en un eslado de estupor o de trastorno de la razón, con la cara roja y vultuosa, dése hyose cada media hora; si esto no produce buen efecto al cabo de algunas horas, y cuando el sueño no cesa, déseap.; y si eslo no bastase todavía, lach., que se repetirá tan a menudo como dure la agravación del mal. Si este tratamiento no produce lan buen éxito desde el principio y con bastante prontitud, dése tabae; y si este no produce efecto, dése un gló- bulo de sulf., y luego los otros remedios diez o quince mininos después. Por lo demás, es preciso administrar en esta enfermedad, de seis a diez glóbulos y algunas veces mas. El tratamiento preservativo del cólera epidémico consiste en el uso alter- nado de veratr. y cupr., dados todos los dias a altas diluciones, durante todo el tiempo do la epidemia. Estos dos remedios han bastado para preservar a todos los que los han usado. Por lo demás esla práctica es vulgar en Ingla- terra y en Alemania, y ha sido adoptada en Francia desde la reaparición de la enfermedad. DEL DESMAYO, DEL SINCOPE O DEL DESVANECIMIENTO. Este éStado inspira en jeneral mucho susto a las personas que le presencian, y que, en su preocupación emplean toda clase de remedios,.con los cuales ningún alivio consiguen, sino agravación ; se sabe que de dar el espíritu de asta de siervo a respirar (amoniaco líquido) con exceso, puede seguirse la muerte. Asi que, la primera regla es no apresurarse demasiado. Se empezará por librar al enfermo de todas las ataduras y botones que le incomoden; colóquesele des- pués en una posición cómoda; y sepárese de él, todo lo que pueda serle desagradable cuando recobre sus sentidos; en seguida rocíesele la cara con agua fria, aplíquensele ademas, compresas frías y mojadas en la nuca y eu MEDICINA DOMÉSTICA. 303 la boca del estómago. Si todo esto no produce efecto alguno, y cuando el enfermo eslá frió, hágasele oler la tintura o el espíritu de alcanfor. Sí la causa es conocida, apliqúese él remedio apropiado: por ejemplo, si es el miedo, coff., op. y acón.; síes una pérdida considerable de sangre, o consecuencia de un debilitamiento cualquiera, chin.; en este caso es mui eficaz un poco de vino bueno, pero a muí corta dosis, por golas:; después de una fuerte emoción de espíritu, ign. o cham. Si el desvanecimiento so- breviene a consecuencia de una impresión dolorosa, dése hep. sulf.; de un dolor violento, acón., algunas veces también coff, cham. Si los dolores que han precedido al desvanecimiento han sido fuertes en términos de po- nerle a uno como loco, dése veratr. alb. : empléese el mismo remedio si el desmayo sobreviene a consecuencia del menor movimiento; si aparece por la mañana, nux vom. y particularmente a las personas que han gastado sus fuerzas por un trabajo intelectual o por abuso de bebidas espirituosas; carb. veg. a las personas que han abusado del mercurio; si sobreviene después de comer, conviene también mix vom.; sino fosf. acid.; si la debi- lidad es precedida de vértigos, cham. o hep. sulf. Estos remedios se darán en olfacion, y solamente en dos inspiraciones cada vez, cada cinco o diez miiruus, sí la primera olfacion no ha produ- cido efecto. Elíjase después, si es necesario, otro remedio; pero si el que se ha empleado desde luego ha aliviado, y solo ha sido momentáneamente, repítasele luego que el mal desaparezca. Si sobrevienen vómitos después de haber recobrado los sentidos, no se debe hacer nada para impedirlos. Si después de eslo el enfermo se duerme, déjesele porque esto es bueno. El letargo consiste, así como otros estados análogos, en ia pérdida del conocimiento a consecuencia de la cual el enfermo permanece sumerjido cu un sueño profundo, acompañado frecuentemente de ronquido, y del que no puede salir. Vn práctico ignorante no tiene un medio mas pronto a que recurrir que la sangría. Puede mui bien con ella sacar al paciente de su sueño, pero también puede ocasionarle la muerte. Cuando el pulso eslá lento, pero lleno, la cara está encarnada o pálida, dése op. en olfacion, y échense algunos glóbulos de él sobre la lengua; — si esto no basta, prescríbase una lavativa de agua simple en la que se hayan disuelto algunos glóbulos de op.;—si el pulso está mui débil, dése lach. del mismo modo. Por lo demás, las causas y principalmente los síntomas precursores son los que deberáu servir de guia.—Si lia habido náuseas o ganas de vomitar, o si el vómito ha sacado un momento al enfermo de su estado de soñolen- cia, dése una cucharada de las de café de una disolución mui dilatada de tártaro emético, un grano (0.03 centigramos) en un vaso de agua ; prescrí- basele también en lavutivu si es necesario.—En cuanto a los remedios prin- cipales, elíjanse entre acón., veratr., puls., phosph. acid., nux vom., ars., ant. crud., hgosc. muerte aparente o asfixia. En esta circunstancia, jeneralmente se co- mete la falta de precipitar sin reflexión los medios de acción, de darlos mui de prisa o en demasiada cantidad, o de no hacer absolutamente nada, y esto en la suposición de que todo es inútil. Eu el caso de muerte súbita a consecuencia de una causa esterior, puede mui bien no estar la vida mas que suspendida; y si se obra -entonces como eu un cadáver que se quiere resucitar, porque se le supone uu resto do vida, se puede realmente oca- sionar la muerte. Hai muchos estados de enfermedades en que la muerte ciertamente no es aparente, y que todo médico esperimcntado debe cono- 364 medicina doméstica. cer; por el contrario, hai otros en el que la muerte no es mas que una suspensión de lu vidn,particulurmente en las mujeres embarazadas o en las paridas. No hai signo mas cierto de In muerte que lu descomposición del cuerpo, que procedente del inierior al eslerior, se manifiesta a la vista por manchas lívidas. Hai casos en que es al menos incierto que la vida esté suspendida; esto se vé sobre todo si el estado de muerte ha sobrevenido i-epentinamente y sin causa apreciable, y no existe todavía uu principio de putrefacción. Hai que abstenerse al menos de todo acto que pudiera oca* sionar una muerte real. Suspéndase pues todo preparativo de sepultura ul menos husln el tercer dia. E-^te liempo es suficiente de ordinario para de- terminar en el cuerpo cambios que quiten toda incerlidumbre. Si no huí signos de descomposición desde el tercer dia, se esperará todavía, aun una semana si fuese preciso. En el caso en que la actividad vital ha sido suspendida por una causa es- terior violenta, debe tratarse el cuerpo con el mayor cuidado, y ser tocado con prudencia y suavidad: obrando así se consigue a menudo, restituir la vida a los desgraciados que se encontraban en este estado de muerte apá- renle.—Se colocará al sujeto en las condiciones de un calor suave, cuanto mas frió eslé tanta menos prisa se debe tener para calentarle: se reanima- rá gradualmente el calor. Si la muerte aparente ha sobrevenido por refri- jeracion, se deberá calentar al paciente todavía con mas respeto, porque, en jeneral es nocivo volver prontamente el calor a los cuerpos al parecer inanimados. Es igualmente nocivo ensayar las sacudidas eléctricas o galvá- nicas, que no pueden menos de determinar la muerte real. Es preciso pro- ceder con las fricciones y el amasamiento; se colocará el cuerpo en un si- tio en que el aire sea sano y puro, y lejos del ruido. No se debe precipitar nada, si todavía existe la vida no seestinguirá tan pronto. muerte aparente po¡í inanición. A los individuos que a consecuencia de la privación completa de alimento, caen de inanición y parece que están muertos, se les reanimará con pequeñas lavativas de leche caliente, repeti- das a menudo; luego que empiece a hacerse sentir la respiración, déseles leche gota a gota, después algunas cucharadas de café, y gradualmente mas. Solo cuando empiecen a pedir por sí mismos e insistan, es cuando se les puede dar agua panada, y después caldo, y luego algunas gotas de vino. Antes de hacerles tomar comidas cortas, es preciso que hayan dormido y hayan tomado ya algunas fuerzas. Continuarán todavía no haciendo masque comidas pequeñas, y solo se les permitirá entrar en sus hábitos alimen- ticios progresivamente. El comer demasiado y mui pronto, pone en peligro la vida. muerte aparente a consecuencia de una caída. Se deberá colocar al en- fermo con precaución en su cama, con lu cabeza alta y en un sitio donde pueda permanecer tranquilo, después se le echarán en la boca algunas go- tas de una disolución de arn. hasta que llegue el médico, el que tendrá que examinar si hai alguna fractura, o si quedan todavía algunas señales de vida. Eu esle caso puede repetirse el arn. Si el enfermo ha perdido mucha sangre por sus heridas, se le dará chin, o un poco de vino, pero solamente a golas; después arn. que podrá emplearse también en lavativas. de los individuos estrangulados, suspendidos o ahorcados , sofocados pon falta de aire o por compulsión. Debe principiarse por desnudar com- pletamente a los que se bullen en este caso; se les pondrá en cama colo- cándoles en una posición conveniente, la cabeza un poco elevada, y el cue- llo enteramenie libre y sin apoyo que pueda inclinarle adelante o alias; MEDICINA DOMÉSTICA. 363 después se les darán unas friegas lijeras con una franela caliente que so continuarán por algún liempo; luego se disolverán de diez a veinte glóbulos de opium en suficiente cantidad de agua, con la cual se pondrá una lava- tiva, procurando empujar el émbolo de esla con suavidad y lentitud, y re- pitiéndola cada cuarto de hora, volviendo después a las friegas que se darán en las partes internas de los miembros. Se aplicará de vez en cuando un espejo pequeño a la boca y a la nariz, para poder juzgar del estado de la respiración. Se abrirán los párpados para asegurarse por la sensación súbita de la luz, del grado de dilatación de las pupilas; se envolverán los pies en un p:.ño en el cual se colocarán un ladrillo o un hierro caliente, todo e| cuerpo se envolverá del mismo modo y asi es como se le calentará umver- salmente. Sí una o dos horas después no se ha efectuado ningún cambio, tómese una almendra amarga, y después de haberla despachurrado completamente, se pondrá en un vaso de agua, con la cual se humedecerá la boca y la na- riz, y procurando derramar algunas gotas sobre la lengua, y con el resto se pondrá una lavativa. Si esta no se retiene, se pondrá otra con una cá- nula mas larga dejándola colocada algunos instantes, o bien tapando la abertura del ano cou un dedo. Pueden también practicarse algunas pasadas magnéticas, por un individuo de buena salud, haciéndolas desde lo alto de la cabeza hasta los pies, como ya se ha dicho en el artículo enfermedades DE LOS NIÑOS. No sirva de obstáculo para llevar a cabo esle procedimiento la opinión de los que tienen esta práctica por una locura; su ciencia no íes permite com- prender la vida de olro modo que bajo un punto de vista limitado y vulgar; a estas jentes se las debe alejar lo mas pronto posible. a los afixiados in el aguA o ahogados se les desnudará en seguida, se les limpiará la boca y garganta, y después se les inclinará lijeramente el cuerpo y la cabeza hacia adelante con el objeto de facilitar la salida del agua que hayan tragado; luego se les acostará en una cama caliente, cuyas cubiertas también lo estén, o rodeándoles de harina o cenizas calientes. En el verano, puede esponerse al asfixiado a la acción del sol, cubriéndole el cuerpo con una sábana, manta o cosa equivalente, la cara espuesta al sol, y la cabeza lijeramente cubierta: en seguida se le aplicará una lavativn y se le duran friegas con una franela caliente, las que se combinarán por espacio de dos horas, pudiéndose ensayar igualmente las pasadas magnéticas. Eu este caso la sangría es una locura. Si las fricciones o las lavativas no pro- dujesen efecto alguno, se administrarán algunos glóbulos de lach. en lava- tiva, volviendo a lus friegas continuadas mucho liempo. Se han visto perso- nas sumerjidas en el agua media hora, a las que se ha vuelto a la vida a costa de grandes e infatigables cuidados. El que se sumerje en el agua no muere luego; la vida no se esiingue sino mucho tiempo después, lo que jeneralmente no sucede hasta el tercer dia. La mayor parte de los casos desgraciados son debidoii a la falta de ciencia o a la poca paciencia. de la sofocación por un aire viciado. Los mejores remedios en este caso son el aire fresco y ei agua fria, recurrir a la sangría es una ignoran- cia. Op. y acón, responden frecuentemente mui bien a los padecimientos consecutivos, al restablecimiento de la acción vital. di: la conjei.acion. Algunos individuos helados han vuelto a la vida des- pués de muchos dias. Conviene levantar el cuerpo cou mucha precaución, porque la menor compresión puede producir ia fractura de algún miem- 300 MEDICINA DOMÉSTICA. bro. Se pondrá a la persona helada en una habitación fria, deshabitada, o en una panera, cuidando de que no haya corriente de aire: teniendo pre- sente que eu tales casos, por moderado que sea, causa la muerte. Se cu- brirá todo el cuerpo con una capa de nieve de cuatro dedos de espesor, dejando únicamente a descubierto la boca y la abertura de la nariz. Se co- locará al helado de modo que el agua, producto de la nieve, que se vaya fundiendo, pueda correr libremente, renovando la nieve en los puntos que se haya licuado. Si uo hubiese nieve, se le meterá en un baño de agua enfriada con hielo. S> hubiese hielo pegado al cuerpo o a los vestidos con- viene quitarle. Asi es como se da principio a deshelar el cuerpo con buen éxito ; cuando los miembros se ponen blandos y flexibles, es prueba de que el éxilo es feliz. Se comenzará por quitar los vestidos cortándolos con lijeras, y de ningún modo quitándolos a la fuerza con riesgo de romper algún órgano. Luego que los miembros hayan recobrado la flexibilidad, se dará friegas con nieve en las partes que hayan perdido la rijidez, y se con- tinuarán hasta que se pongan rojas ; después de las friegas se pondrá al enfermo en una cama seca, y se le darán friegas con una franela fria, etc. Si después de este tratamiento no se percibe alguna señal de vida, tómese un pedaso de alcanfor o de éter alcanforado que se desleirá en agua y con ella se pondrá una lavativa, que se repetirá cada cuarto de hora. Si la vida se reanima a beneficio de las friegas o del alcanfor, adminístrense entonces lavativas templadas de café negro ; y luego que se haya resta- blecido la deglución, dense pequeñas cucharadas de café. A medida que se aumentan las señales de vida, se alejará lodo lo que sea húmedo, y se frotará el cuerpo hasta que esté enteramente seco, pero nunca hasta el punto de producir calor. Conviene que el enfermo se caliente por sí mismo en la cama; no se le prestará calor alguno, esceptuando los niños con quienes se acostará una persona sana. No deben perdonarse ni trabajo ni cuidados para volver a la vida a cual- quiera; algunas veces es necesario empleur muchas horas para obtener es- te resultado. Frecuentemente entonces sobrevienen doloies mui violentos, en cuyo caso dése carb. veg. que se repetirá cuantas veces convenga ; si no fuese suficiente, dése ars. alb. Si los dolores son lanciuaiiles con ca- lor a la cabeza, adminístrese acón en disolución. Si el enfermo tiene de- seos de beber vino o aguardiente, conviene dárselo ; pero cuando mas por gotas y de ve? en cuando hasla que cese el deseo. Las personas vueltas asi a la vida deben guardarse por mucho tiempo del calor del fuego; porque de él pueden resultar enfermedades de los huesos que no se manifiestan hasla el verano siguiente. accidentes ocasionados por él rayo. Los individuos heridos de un rayo serán colocados en semiflexíon con la cara al sol, en un hoyo reciente- mente hecho en la tierra y cubierto enteramente con ella, menos la cabe- za. Luego que el individuo mueva los ojos, se le hará sombra en la ca- beza. Se le pondrán algunos glóbulos de nux vom. sobre la lengua, y si pasada media hora no da señales de vida, se repetirá este medicamento. Un cuarto de hora después se harán fricciones en la nuca con uua diso- lución del mismo medicamento ; pasado otro cuarto de hora, se le des- cubrirá toda la espalda, y se le pondrá una lavativa con una disolución de diez o veinte glóbulos de nux vom. Entonces se tapará el uno con al- godón, a fin de impedir la salida de la lavativa, y volverá a cubrirse do tierra al enfermo; se le dejará en esta posición hasta que comience a res- pirar ; después de lo cuul se le descubrirá el pedio, y se le pondrá en medicina doméstica. o67 tina habitación bien espuesta a la luz. Conira los padecimientos consecu- tivos, dense vux vom. y sulf. la muerte aparente, a consecuencia de una violenta cólera o de una indignación, ha desaparecido a beneficio de chamom. Si ha sido provocada por un despecho o pesar concentrado, dése ign. ; si por un pavor acom- pañado de grande cólera, acón.; si por un amor contrariado que afecta dolorosamente el corazón, dése lach. tétanos. En esla afección los enfermos están unas veces enteramente ríjidos, sin movimiento posible de los miembros o de los músculos ; otras, y esto es lo mas frecuente, sus miembros se doblan hacia atrás de tal mo- do que algunas veces locan los talones en la nuca. Cuando haya que com- batir los síntomas del primer orden se emplearán bell., lach., kyosc,, op. ign. y natr. mur.; para los del segundo orden, se recurrirá a op.. rhus y bell.; y para el último caso, a rhus e ign. alternativamente. Lach. puede preve- nir el ataque cuando se preveesu aproximación, y nal. mur. será preferido cuando la causa sea una grande y persistente contrariedad; op. y hyose. cuando la causa sea esterna ; los demás medicamentos se administrarán según el valor de sus síntomas. Pero como la enfermedad es grave y pe- ligrosa, conviene llamar desde el principio a un médico homeópata. apoplejía. Los síntomas precursores de esta enfermedad son una cierta pesadez del cuerpo, oscurecimiento de la vista, zumbido y dureza de oidos, grande propensión al sueño, sueño interrumpido por ensueños desagrada- bles; Este estado puede prevenirse por medio de remedios apropiados, tules como ign., puls., lach. y nux vom., según el carácter y el predomi- nio de la causa y de los síntomas; pero cuando la enfermedad se ha mani- festado, es dificil curarla, por cuya razón conviene llamar al instante a un médico homeópata. Los que no puedan tenerle a mano podrán ensayar nux. vom. si el enfermo es de un carácter colérico, y si los dolores de ca- beza ocupan el lado derecho; y lach., sí el enfermo es melancólico, y el dolor ocupa el lado izquierdo; a los riejos se les dará op. Muchos casos se han curado cou ign. y bell. FJN, ÍNDICE DE LAS HATERÍAS COÍÍTBMDAS ES ESTE LIBRO, Páj. PROLOGO. . i;'..;:.. *..........:....;..... I. Introducción.............................. 1 Ojeada sobre los métodos alopático y paliativo de las escuelas que han dominado hasta el nía en medicina...........• . . . ibid. Ejemplos de curaciones homeopáticas hechas Involuntariamente por médicos de la antigua escuela.................... 25 Entre las personas estrañas al arte de curar, se han encontrado algu- nas que han reconocido que los tratamientos homeopáticos eran los únicos eficaces...................•..:... 4 í ISOPATIA.................• . . . ,.......... 4:j lia habido también en todos tiempos médicos que han mirado este modo de tratar las enfermedades como el mejor de todos..... 48 Órganon de la medicina....................... 41 bis 1—2. La única misión del médico es curar las enfermedades de un modo pronto, suave y duradero................... ihid. No consiste en forjar teorías, sistemas y esplicacíones........ ibid. 3—4. El medico debe investigar en las enfermedades lo que hai que curar, y en los diversos medicamentos, lo que ejerce el poder cura- tivo, a fin de poder apropiar este a aquello. Debe también saber conservar la salud de los hombres................. ibid. o. Para curar se sirve de todo lo que pued i ilustrarle acerca de la causa ocasional, la causa fundamental y demás circunstancias. ... 42 bis 6: La enfermedad no consiste para el médico mas que en la totalidad de. sus síntomas........................... ibid. Inutilidad de los esfuerzos de la antigua escuela para descubrir la esencia o cansa primera de la enfermedad.............. ibid. 7. Atendiendo a las circunstancias (o), el médico no necesita, para curar la enfermedad, mas que hacer desaparecer la totalidad de los síntomas.............. . ,............... ibid. Es preciso quitar la causa que evidentemente ocasiona y sostiene la enfermedad............................. ibid. El método paliativo que solo se dirije contra un síntoma, debe ser desechado.............................. 43 bis 8. Cuando lodos los síntomas han desaparecido, está curada la enfer- medad ............................... : ibid. La antigua escuela niega sin fundamento esta proposición, ..... ibid, 44 bis. ibid. ibid. ibid. 37Q ÍNDICE. 9. Durante la salud, una fuerza espiritual (aulocrática, fuerza vital) ^ riie el organismo y mantiene en él la armonía. . ........ 10. Sin esla fuerza espiritual, que le vivifica, el organismo «la muerto. ibid. II En la enfermedad la fuerza vital sola eslá desarmonizada primi- tivamente de un modo morboso, y espresa su padecimiento (el cam- bio interno) por anomalías en el modo de obrar y de sentir del or- J 2"'1paiS31,cunir es'inútií sJber'córño la fuerza vital produce los sín- tomas ........................." '. •',';' 1m La desaparición de la totalidad de los síntomas, pone también fin al padecimiento de la fuerza vital, es decir, al eslado morboso entero, interno y externo........................: ; * 13 Admitir que las enfermedades no-quirúrpcas son cosas especiales Y anirle, que se fijan o se alojan en el cuerpo del hombre, es una idea absurda, a la que la alopatía debe el haber producido tanto 1 i. Todo "lo" qué en'la" enfermedad essuceptible de curación, se mani- fiesta al médico por medio de lossíntomis............. ,bld- 4 5. El padecimiento de la fuerza vital y los síntomas morbosos que de él resultan, son un lodo indivisible, una sola y misma cosa. . . ibid. 4 6 Nuestra fuerza vital espiritual, no puede ponerse enlerma mas que por la influencia virtual de las causas morbíficas, y tampoco puede ser restituida a la salud mas que por la acción dinámica de los medicamentos................ ........ ibid. 17. lil médico solo tiene que quitar la totalidad de los síntomas para ^ destruir la totalidad de la enfermedad............... 45 bis: Ejemplos en apoyo de esta proposición.............. *.* • únd' 4 8. La totalidad de los síntomas es la única indicación, con sujeción a la cual debemos guiarnos en la elección del remedio....... . wnd. 19. El cambio que las enfermedades producen en el modo de sentir y de obrar (el conjunto de los síntomas) no puede ser curado por los medicamentos, sino porque estos lienen la facultad de determinar igualmente un cambio en el modo de obr.iry de sentir del hombre. ibid. 20. Esta facultad que tienen los medicamentos de producir cambios en el modo de sentir y de obrar, no puedo ser reconocida mas que por su acción en hombres sanos..................... ibid. 21. Los síntomas morbosos que los medicamentos producen en el hom- bre sano, son el único medio de poder .conocer la virtud curativa que poseen............................, . . . . 46 bis. 22. Si la esperiencia prueba que los medicamentos que dan orijen a "sinlornas semejantes a los de la enfermedad, son los ajenies tera- péuticos que curan esta última del modo mas seguro y mas dura- dero; a estos medicamentos es a los que hai precisión de recurrir para'efectuar la curación. Si al contrario, demuestra que la cura- ción mas cierta y mas duradera es la que se obtiene con sustancias medicamentosas que determinan sintonuis opuestos a los de la en- fermedad, los ajentes capaces de producir este resultado, serán los que se deberán elejir........................... ibid,; El uso de medicamentos cuyos síntomas no lienen, hablando en pro- piedad, relación con los de la enfermedad, y que afectan al cuerpo de olro modo que ella, constituye eP método alopático, que debe ser desechado...............................• ibid. 23. Los síntomas morbosos que son pertinaces no pueden ser curados por síntomas medicinales de un carácter opuesto al suyo [método antipático). ■................................ ibid. 2 i. — 25. El método homeopático, o el que emplea medicamentos que producen síntomas semejantes a los de la enfermedad, es el único cu va constante eficacia demuestra la esperiencia............ 47 |jiSt 2f>. Esla preeminencia suya eslá fundad:» en la lei terapéutica de la. naturaleza, que quiere que en el hombre vivo loda afección dina- IXDIDE. o i I mica sea eslinguida de un modo durable por otra mas fuerte que se la pirezca mucho, y no difiera do ella mas que como una espe- eie difiere de olra especie del mismo jénero.............. 47 bis. Esta lei se aplica a los males físicos igualmente bien que a las afec- ciones morales................................ ibid. 27. La virtud curativa de los medicamentos se funda pues toda ente- ra en la semejanza de sus sintonías con los de la enfermedad. ... 48 bis. 28.—29, Ensayo de una esplicacion de esta lei terapéutica déla na. turaleza.................................... ibid. 30.—33. El cuerpo del hombre es mucho mas accesible a la acción perturbadora de las potencias medicinales que a la de las enferme- dades naturales............................... 49 34.-35. La exactitud de la lei terapéutica natural resulta de que los tratamientos homeopáticos no son siempre coronados de buen éxito en las enfermedades inveteradas, y de que dos enfermedades natu- rales coexistentes en el mismo cuerpo no pueden estinguirse y cu- rarse mutuamente cuando son desemejantes.............. 49 50 3f>.—I. Una enfermedad existente en el cuerpo rechaza de él uní en- fermedad nueva desemejante, con tal que tenga mas o al menos . tanta intensidad como ella........................ ibid. 37. Por la misma razón los tratamientos no homeopáticos que no son violentos no curan las enfermedades crónicas.............. ibid. 33.—IL Una enfermedad nueva sobrevenida en un hombre ya en- fermo, cuando escede su intensidad a la que la precedía y no se asemeja a ella, suspende esta última mientras ella dura, pero no la cura jamás................................. ibid. 39. Por la misma razón, un tratamiento alopático violento no cura las enfermedades crónicas, sino que las suspende solamente por tanto tiempo cuanto dura la enerjica acción de medicamentos que no pueden producir síntomas, semejantes a los de la enfermedad; des- pués de la cual esta última reaparece con tanta o mas gravedad que anles................................... 51 40.^111. Puede también suceder que después de haber obrado largo tiempo sobre el cuerpo, la nueva enfermedad se una a la que exis- tia ánles que ella y que no se la asemejaba ; de esto resulta una complicación de dos enfermedades desemejantes, de las cuales nin- guna destruyo a la otra........................... 52 41. Con mas frecuencia todavía que en el curso de la naturaleza, su- cede en el de los tratamientos dirijidos conforme al método ordi- nario, que una enfermedad artificial producida por el uso prolon- gado de un medicamento alopático violento, se une a la antigua enfermedad natural que no se la asemeja, y que por esla razón no era curable por ella; de suerte que el hombre atacado de la afec- ción crónica se encuentra entonces doblemente enfermo....... ,'>;> 4 2. Las enfermedades que se complican así, loman, en razón de su desemejanza, el lugar conveniente a cada una de ellas en el orga- nismo ..........................'.......* • • • '■> í 43.-44. Pero-es mui diferente lo que sucede cuando a una enferme- dad ya existente llega a unirse una semejante mas fuerte, porque entonces esta última eslingue y cura la primera............ ibid. 45. Esplicacion de esle fenómeno...................... ibid. 46. Ejemplos de enfermedades crónicas quo han sido curadas por la aparición accidental de otra enfermedad semejante, pero mas in- tensa................................,...... ibid. 47.—49. Aun entre las enfermedades que se asocian entre si solo por obra de la naturaleza, únicamente aquellas entre cuyos síntomas hai semejanza, pueden curarse y estinguirse la una a la otra. Ja- más pertenece esta facultad a la enfermedad desemejante. De donde el médico concluye cuáles son l< s medicamentos con los que puede curar do un modo cierto, es decir, los remedios homeopáticos ... 57 y, 2 ÍNDICE. 50. La naturaleza solo tiene un corto número de enfermedades que poder emplear homeopáticamente conira otras, y todavía este me- dio de salud , cuando se sirve de él, presenta una multitud de in- convenientes ...............• • i................ ü' Sil. El médico, al contrario, posee innumerables ajentes de curación, que tienen grandes ventajas sobre los de que la naturaleza puede disponer................................... . ibid. 52. Lo que sucede en la naturaleza ie enseña que no debe tratar las enfermedades mas que con los remedios homeopáticos, y no con los ;¡jenles alopáticos, que jamas curan al enfermo, y no hacen mas que empeorar su situación. . •......................... 58 '.• < —5 i. Solo de tres modos pueden empleare los medicamentos con- ira las enfermedades...........,................. ibid. ; • El homeopático, el único eficaz y saludable.............. >9 5-j 2.° El alopático o heteropático..................... ibid. 56. '.'." El antipático o enantiopático, que no es mas que paliativo . . ibid. Ens yus arriesgados con la isopalía..................... 59 57. Exposición del método según el cual se prescribe contra un sinto- nía aislado de enfermedad, un remedio que produce nn efecto opuesto (contraria contrariis)....................... ibid. Ejemplos.................................... . ibid. ü8. Este método antipático no solamente es vicioso, porque confor- mándose con sus preceptos no se combate masque un solo síntoma, sí que también porque en las enfermedades crónicas, después de haber disminuido el mal en apariencia durante algún tiempo, le deja reaparecer después mas grave que lo era antes .......... 60 59. Ensayos nocivos de algunos tratamientos antipáticos......... ibid. 60. El aumento gradual de las dosis, cuando se insiste en el uso de un paliativo, tampoco cura nunca las enfermedades crónicas, y no hace mas que exasperar el eslado del enfermo............. 62 61. Los médicos hubieran debido juzgar conforme a esto, que la única marcha buena que se podia seguir era adoptar el método directa- mente contrario, o el homeopático.................... ibid. 62. Hazon por la que el método paliativo es nocivo, y el método ho- meopático el único saludable....................... ibid. 63. Se funda en la diferencia que exisle entre el efecto primitivo pro- ducido por la acción de un medicamento cualquiera sobre el cuer- po, y el efecto consecutivo determinado en seguida por la reacción del organismo o de la fuerza vital..................... ibid. 64. Esplicacion del efeclo primitivo y del efecto consecutivo...... 63 65. Ejemplos del uno y del otro....................... ibid. 66. Las mas pequeñas dosis posibles de medicamentos homeopálicos son las únicas que hacen que la reacción de la fuerza vital se mani- fieste únicamente por el restablecimiento del equilibrio de la salud. ibid. 67. Sigúese de estas verdades que el método homeopático es el único saludable, y que el método antipatice o paliativo obra en sentido inverso del objeto que se propone..................: ibid. Únicos casos en que puede todavía ser útil recurrir a la administra- ción antipática de los medicamentos................... gj 68. Como de estas verdades dimana la excelencia del método homeo- pático...................................... ¡|(¡d 69. Como de este se deduce el carácter nocivo del método antipático . ibid Las sensaciones opuestas no se neutralizan en el sensorium del hom- bre; no obran pues la una sobre ia olra como lo hacen en química las sustancias doladas de propiedades opuestas............. g« Ejemplos en apoyo de esta aserción..............'..".'.'* \\j\.\ 70. Idea sumaria del método homeopático............] tí(! 71. Tres cosas son necesarias para curar: I.° conocer la enfermedad 2." conocer el efecto de los medicamentos: 3.° saber emplear estos oportunamente . . . , ,...........y........ ¡. •, ÍNDICE. 3 72. Ojeada jeneral sobre las enfermedades agudas y crónicas.....? 67 7 3. Enfermedades agudas esporádicas epidémicas, miasmas agudos . . ibid. 74. De todas las enfermedades crónicas las mas peligrosas son las que produce el falso arte de los alópatas.................... 68 7 5. Estas son las mas incurables de todas................. ibid. 76. Únicamente la fuerza vital es la que puede, cuando se halla toda- vía bastante vigorosa, reparar los desórdenes causados por la alopa- lia, y frecuentemente también necesita para esto de mucho tiempo, cuando al mi*smo liempo se destruye el miasma primitivo con me- dios homeopáticos....................,......... ¡b¡d. 77. Enfermedades impropiamente llamadas crónicas........... ibid. 78. Enfermedades crónicas propiamente dichas; todas ellas proceden de miasmas crónicos............................. 09 79. Sífilis y sicosis......................... ..... ibid. 80.—81. Psora. Esta es la madre de todas las enfermedades crónicas propiamente dichas, exceptuadas las sifilíticas y las sicósicas. ... 69. 70 Enfermedades nominales de la palo ojia vulgar.............. 70 82. Cada caso individual de enfermedad crónica exije que se haga una elección rigorosa entre los remedios específicos que se han des- cubierto para estos miasmas, notablemente para la psora....... 71 83. Cualidades necesarias en el que quiere hacer el cuadro de la en- fermedad...........................•........ ibid. 84.99.—Modo de couducirse el médico para descubrir los caracteres de la enfermedad y trazar el cuadro de ella.............. 71. 75 100.—102. Estudio de las enfermedades epidémicas en particular. . . 75.76 403/Seria preciso seguir la misma marcha para encontrar la causa fundamental de las enfermedades crónicas no sifilíticas y trazar el gran cuadro jeneral de la psora.....:................ ibid. 404. Utilidad del cuadro de la enfermedad puesto por escrito para empezar y seguir el tratamiento..................... 77 Modo de proceder los médicos de la antigua escuela a la investigación del estado morboso.............'............... ibid. 105.—114. Reglas que hai que observar en el estudio de los efectos puros de los medicamentos en las personas sanas. Efeclo primiti- vo. Efecto consecutivo........................... 77. 80 115. Efectos alternantes de los medicamentos..............: ibid. 116.— i 1 7. Idiosincrasias.......*................... ibid. 4 18.—119. Cada medicamento tiene efectos diferentes de los demás. . 80.81 No puede haber succedáneos......................... ibid. 120. Cada medicamento exije pues que se investigue con cuidado lo que hai de particular en sus efectos propios.............. 8 i 121.—140. Conducta que debe observarse cuando se ensayan los me- dicamentos no sobre uno mismo, sino sobre otras perdonas sanas. 81. ñ.'j 4 41. Las esperiencias que el médico sano hace en sí mismi; con los medicamentos, son preferibles a todas las demás. ... ...... a'5 4 42. Es dificil llegar a conocer los efectos puros de los medicamen- tos por su uso en las enfermedades.................... 86 143.—145. Solo del estudio de los efectos puros que resultan de la ac- ción de los medicamentos en los hombres sanos, puede resultar una verdadera materia médica......................... 8C>. 87 146. Modo el mas conveniente de aplicar a la curación de las enfer- medades los medicamentos, cuyos efectos propios se- coiiooeii. . . ibid. 147. El medicamento mas homeopático es el que con*..ene mejor, •> el remedio especifico..................'......... ibid. 148. Conjeturas respecto al modo probable de efectuáis la curación homeopática...............................• • ibid. 149. La curación homeopática de una enfermedad solneveitiJj rápi- damente se verifica con prontitud, pero la de las enfermedades cró- nicas exije un tiempo proporcionalmenle mas largo......... Hi(\i Diferencia entre la homeopatía pura y la seela que pretende combinar 374 ÍNDICE. entre si los métodos homeopático y alopático. ....:...:.... 88 150. Indisposiciones lijeras.......................... ibid. 151. Las enfermedades considerables tienen muchos síntomas..... ibid. 152. Las enfermedades que tienen muchos síntomas mui pronuncia- dos, son para las que eslá uno mas cierto de encontrar un remedio homeopático.........*....................... ibid. 4 53. Sintonías a que debe atenderse mas particularmente........ 89 154. Un remedio tan homeopático como sea posible cura sin grandes incomodidades................................'. ioid. 155. Causa que hace que la curación homeopática eslé exenta de in- convenientes................•................ ibid. 4 56. Causas de las cortas escepciones que se observan resp cto a este punto...............•...................... ibid. 4 57.—160. La enfermedad medicinal que se parece mucho a la enfer- medad natural, y la escede un poco en intensidad, se llama tam- bién agravación homeopática....................... 90 í 61. En las enfermedades crónicas (psóricas), las agravaciones homeo- páticas producidas par los medicamentos homeopáticos(antipsóricos) aparecen de-cuando en cuando durante muchos dias.......... ibid. 162.—171. Marcha que hai que seguir en el tratamiento cuando el número de les medicamentos conocidos es demasiado pequeño para que se pueda encontrar un remedio perfectamente homeopático. . . 91*92 I7¿.—184. Marcha que hai que seguir en las enfermedades que tie- nen mui pocos síntomas........................... 92.94 185.—203. Tratamiento de las enfermedades que tienen síntomas lo- cales; el tratamiento local es siempre perjudicial en esle caso. . . . 94.97 204.—205. Todas las enfermedades crónicas propiamenle dichas, las que no son causadas ni están sostenidas por mal jénero de vida, deben ser tratadas únicamente por losjnedicamentos homeopáticos apropiados aj miasma que las fomenta y administrados al interior. 98 206. Investigación preliminar del miasma que forma la base de la en- fermedad, ya sea simple o esté complicado con uu segundo o con un tercero................................. ibid. 207. Informaciones relativas a los tratamientos que se han emplea- do precedentemente............................ 99 208.—209. Otros informes preliminares que es necesario tomar antes de trazar el cuadro de la enfermedad crónica............. ibid. 210.—230. Tratamiento de las enfermedades llamadas mentales. ... 99. 104 231.—232. Las enfermedades alternantes.................. ibid. 233 —234. Las enfermedades que revisten un tipo............ 401. 105 235.—244. Las fiebres intermitentes.................... 405.107 245.—251. Modo de emplear los remedios................. 108. 109 252.—256. Signos del alivio incipiente.................. 409. 110 257.-258. Predilección ciega por ciertos remedios favoritos, e in- justa aversión para otros......................... «| \ 259.—261. Rcjimeu en las enfermedades crónicas............ ibid. Cosas nocivas en el modo de vivir . ,.................. ibid! 262.-263. Réjimen en las enfermedades agudas............ 112 264.—266 Elección de los medicamentos, los mas enérjicos y los mas puros . . ............................... ¡Ij¡(j Cambios producidos en algunas sustanc.as por las preparaciones que las hacen aptas para servir de alimento................. ibid, 267. Preparación de los remedios, los mas enérjicos y los mas dura- bles con las yerbas que pueden obtenerse frescas.. . . •....... 113 268. Sustancias vejetales secas........................ ¡|,¡(j Preparación de los polvos que se quieren conservar........'.'.*. ibid] 269.—271. Modo de preparar los remedios homeopáticos con lasdro- jíassimples pira desarrollar sus virtudes medicinales todo lo posible 444 272.—274. No se debe dar al enfermo a la vez mas que un solo me- dicameulo ¿imple. ................... . 114 115 ÍNDICE. S7S 275—287. Fuerza de las dosis páralos tratamientos homeopáticos. .Modo de aumentarlas o disminuirlas. Modo de aumentar su enerjía. 115. 119 288..—292 Qué parles del cuerpo son mas o menos accesibles a la acción de los medicamentos.......................'. . 119. 120 293.-294. Magnetismo animal....................... 120. 121 De las enfermedades crónicas en jeneral.................. 123 MEDICINA HOMEOPÁTICA DOMESTICA. introducción 133.—Modo de servirse de este libro 135.—Del modo de emplear fos medicamentos, 136.—Réjimen que debe seguirse durante el tratamiento homeopá- tico, 138.—De la provisión de los medicamentos, 141.—De la elección del mé- dico, 143. PRIMERA PARTE. I)E LAS CAUSAS MAS FRECUENTES DE ENFERMEDAD. Páj. A. causas morales.—Emociones súbitas, alegría susto.—Miedo.—Pe- nas morales.—Tristeza, pesar, penas de amor, alteraciones menta- les.— Noslaljía (deseo de volver a su pai*), vejación, indignación, contraridad.—Cólera.—Impresionabilidad e irritabilidad. ...... 4 15 a 149 B. ve los enfriamientos.—Precauciones conira romadizo o coriza.— Opresión, diarrea.—Dolores, dolor de cabeza.—Afecciones de los oíos, de los oidos, dolores de muelas, de garganta.—náuseas y vó- mitos, dolores de los miembros.—Calor y fiebre.—Sensibilidad al frió, frescura, estado de la atmósfera, estación............. 1Í9 a Í54 C. DKL ACALORAMIENTO, DEL CANSANCIO Y DEL ANIQUILAMIENTO O ES- te.nuacion.—Esfuerzo excesivo, insolación.—Dolor de cabeza, dia- rreas, cansancio—Mareo.—Vijilias prolongadas, vida sedentaria.— Excesos, pérdida de humores........................ 155 a 159 D. DE LA INDMESTION Y DE LA PLENITUD DEL ESTOMAGO.—Alimenta- cion demasiado abundante en los niños.—Grasa, ácidos, pescados y carnes podridas, alimentos salados.—Dolor de cabeza, vómitos, ca- lambres.—Flatulencia, cólico, diarrea, insomnio.—Fiebre, sarpu- llido —Bebidas, asna fria, de nieve, leche, cerveza, frutas...... 459 a 164 E consecuencias de las bebidas Exnantes y espirituosas, del ta- baco, de L\s especias Y de los ácidos.—Embriaguez.—-Conse- cuencia de la embriaguez.—Delirio trémulo {mama a potu).—Ca- fé —Té.—Tabaco.—Especias y ácidos .................. 164 a 169 F DEL AUL'SO DE LO QUE HASTA AHORA SE HA LLAMADO REMEDIOS.— Manzanilla.—Opio y láudano.—Quina y quinina.—Cicuta acuática, 376 INDicé. dijital, laurel real.—Asafétida, valeriana.—Zarzaparrilla, torbisco» —Cantárida*.—Licopodio, laxantes.—Magnesia calcinada, sales pur- gantes.—Azufro.—Mercurio.—Arsénico ................. 169 a 175 G. DE LOS ENVENENAMIENTOS. a) Sofisticacion de los alimentos y de las bebidas.—Del vino con la azúcar;—con el aguardiente, con principios colóranles, con la greda, con el azufre.—Con el alumbre, el plomo y otras sustan- cias metálicas.—Vinagre, cerveza, aguardiente, leche, manteca. —Del pan, con la magnesia, el alumbre, el cobre.—Agua.—Le- che, carne.—Sustancias rancias —Queso añejo.—Limpieza y sobrie- dad.—Frutas secas.—Setas.—Frutas frescas.—Sal.—Utensilios de cocina.—Pinturas.—Materias melálicas.—Medicamentos vermífu- gos.—Sustancias conira los insectos.—Trigo.—Remedios secretos. . 175 a 18"7 b) Conducta que debe seguirse en los casos de envenenamientos .—Ja- bou (agua de).--Vinagre.—Aceite.—Leche.--Azúcar.—Café.—Al- canfor.—Resumen .............................. 187 a 194 c) Tratamiento que debe emplearse cuando el veneno se conoce.— De los gases mefíticos o venenosos.—Asfixia.—Vapor o tufo del carbón.—Ácidos minerales y otros.—Venenos alcalinos. — De algu- nas otras sustancias nocivas; lujado de azufre, iodo, fósforo, alcohol. Acido prúsico, alumbre, vitriolos, nitro y sal amoníaco.—Sustan- cias metálicas: arsénico. —Sublimado corrosivo, cobre, plomo, pie» dra infernal, antimonio, emético, estaño.—Venenos vejetales: setas venenosas.—Centeno atizonado.—Plantas acres, narcóticas, opio.-- Zumaque venenoso, espijelia, alcanfor, azafrán, trementina»—De los venenos del reino animal: cantáridas, orugas velludas, mariscos venenosos.—Veneno de los sapos, lagartos, grasa rancia.—Miasmas procedentes del hombre y délos animales enfermos, carbunco. . . 194 a 206 H. DE LOS ENVENENAMIENTOS POR LESIONES ESTERNAS O INOCULACIÓN. —Arañas; abejas.—Avispas, cínifes, serpientes.—Perros y otros ani- males rabiosos, enfurecidos.—Hidrofobia.—Mordedura del hombre o de un animal furioso........................... 206 a 210 I. heridas o lesiones MECÁNICAS*—Conmociones.—Derrengadura y esfuerzo.—Mal paso, magullamiento o contusión.—Chichones, con- tusiones de los ojos.—Luxación, fracturas.—Heridas.—Heridas di- versas.—Hemorrajias.—Picaduras de sanguijuelas.—Curación de las heridas. — Espasmos a consecuencia de las heridas, etc.—Estrac- cion de los dientes.—Consecuencias de una caida de cabeza,—Miem- bro magullado.—Heridas del abdomen.—Cuerpos estraiios intro. duc-iños en el organismo.• en los ojos;—en los oidos;—la nariz y garganta:—Vidrio, espinas, huesccitos, alfileres, agujas, introduci- rlos;—en el estómago y los intestinos;—en la larinje y la traquear* teria;—en la piel.—De las quemaduras con el fuego, la trementina, el espíritu de vino—Se tratan con el orujo; el algodón cardado, el agua de jabón;—con el agua de cal, la creosotí, la tintura de orti- gas.—Quemaduras producidas en las partes interiores por diversas sustancias; el ácido sulfúrico, el fósforo.—Espasmos a consecuencia de estas lesiones.—Necesidad de abstenerse de las preparaciones del Piomo.......:........................., . . . 210 a 229 SEGUNDA PARTE, DE LAS ENFERMEDADES MAS ORDINARIAS. A. de la íabeza.—Vahídos o vértigos.—Debilidad de la memorid aflujo de sangre a la cabeza.—Dependiente de un estado catarral reumático goloso.-Del estómago.-Del eslrcñimiento.-Du lus ner- ■1 y/* ■.♦.«; t TRATADO TEÓRICO PRACTICO