Bik Fbdip 1L Hipa -r Profesor de Química de la Universidad y Jefe de la Oficina Química Municipal ue la Capital EL CLIMA Y LAS CONDICIONES HIGIÉNICAS 18 89 LA CIUDAD DE mmwm BUENOS AIRES Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco Ca/!e. San Martí# número 2$S lBBg EL CLIMA Y LAS CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES EL CLIMA Y LAS CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES EL Dr. PEDRO N. ARATA Prof. de Química en la Universidad V Director de la Oficina Química Municipal BUENOS AIRES Compañía Sud-Americana de Billete? de Banco CALLE SAN MARTIN NÚMERO 258 iBB9 AL DOCTOR al que me liga amistad sincera; fruto de antiguas y estrechas relaciones y del respeto que le tengo por sus dotes de médico distinguido y de filántropo, demostradas en momentos solemnes, en que se prueba el valor moral é intelectual del hombre. P. N. Arata. DOS PALABRAS AL LP2CTOR Este opúsculo es un Capítulo de la Obra del Censo de Setiembre 1887, llevado á cabo con el objeto de conocer la ciudad de Buenos Aires en su composición, por la calidad de sus habitantes, en su riqueza, por los edificios é industrias que prosperan, para tener, en resúmen, una idea exacta de nuestros recursos y condiciones actuales, que nos permitirán deducciones importantes ahora y que servirán siempre de términos de comparación para las estadísticas futuras. El conocimiento de los elementos del clima y de los factores higiénicos de una ciudad, es tan importante como las cifras mismas de su población y encierra la explicación de muchos fenómenos sociales que están ligados entre sí por relaciones de causa y efecto. Desde los trabajos preparatorios hechos por la Comisión que llevó á cabo el Censo, se me propuso tratar en un capítulo este tema. Comprendí sus dificultades y rehusé el encargo; pero debí ceder luego por las repe- tidas instancias de personas á las que me unen lazos íntimos de amistad. La nueva Comisión que se hizo cargo de la publicación de los datos ob- tenidos en la operación, reiteró el pedido, y ligado ya por un compromiso, puse manos á la obra, llevándola á cabo, sino con competencia, por lo ménos con la dedicación y buena voluntad que quiero hacer valer para que se me perdonen los errores en que puedo haber incurrido. Debo declarar que he sido ayudado por el Dr. D. Gualterio Davis, Jeíe de la Oficina Meteorológica Argentina, y tengo aquí el mayor placer de poderle tributar mis más expresivas gracias y manifestar el alto apre- cio que tengo por sus dotes de hombre de ciencia y de caballero. Ha puesto á mi disposición los resúmenes de los últimos once años de observaciones hechas en Buenos Aires que posee la Oficina Meteorológi- VII ca, permitiéndome de esta manera completar los cuadros publicados po el Dr. D. B. Gould—á quien la República Argentina tanto debe y que venera—por los servicios que ha prestado á su nombre y á su crédito creando el Observatorio Astronómico y la Oficina Meteorológica Nacional. Por fin debo también agradecer al Dr. Latzina los datos que me ha proporcionado sobre algunas materias del resorte de sus estudios profe- sionales. VIII EL CLIMA Y LAS CONDICIONES HIGIÉNICAS LA CIUDAD DE BUENOS AIRES EL Dr. Don PEDRO N. ARATA Director de la Oficina Química Municipal INTRODUCCION Para los astrónomos, geógrafos, metereologistas, biólogos y hombres de mediana cul- tura intelectual, la acepción que debe darse á la palabra clima es muy diferente y cada cual la limita según los alcances de su capacidad y conocimientos. En su primitiva acepción, la palabra clima expresa la idea de inclinación de los rayos solares y por consiguiente, la cantidad de luz y de calor que una región cualquiera de la tierra recibe del sol. Los cosmógrafos antiguos llamaban cHvias las zonas del globo determi- nadas por la duración más ó menos larga del dia. El primer clima era el del Ecuador de doce horas y terminaba en el de 12 1/2. El segundo comenzando en 12 1/2 terminaba en el paralelo cuyo dia más largo era de de 13 horas, y asi sucesivamente. Otros denomi- naban los climas por el nombre de alguna ciudad comprendida en los paralelos mencio- nados, como p. e. clima de Alejandría, de Rodas, de Roma, etc., etc. De manera que, según estas ideas, siendo el sol el factor más importante se enten- día por clima el conjufito de fenómenos atmosféricos, que produciéndose en un lugar dado, deter- minan los grados de calor y humedad que se presentan sucesivamente. El estudio de la climatología se ha extendido á otros factores igualmente importantes y hoy se define por clima: el conjunto de influencias que el suelo, el agua y el aire como con- currentes de todos los fenómenos meteóricos ejerce sobre sus habitantes. No son las influencias aisladas de estos elementos del clima las que lo constituyen, sino el resultado combinado de todos ellos, repercutiendo su acción sobre el aire que experimenta modificaciones de densidad, composición, termicidad, luminosidad, etc., etc,, regidas y gobernadas por el Sol, centro del sistema planetario y del que la tierra recibe luz, calor y vida. El clima de una región queda además subordinado á los siguientes factores: distan- cia del país del ecuador; elevación sobre el nivel del mar; situación con relación al mar, lagos, rios, desiertos arenosos, ó regiones heladas; vientos dominantes: naturaleza y con- figuración del suelo y orientación, estado de cultivo del suelo, densidad de población y estado de civilización. Siguiendo, pues, esta acepción de la palabra Clima se ve que nos acercamos, adap- tándole á la concepción que el Padre de la Medicina había formulado en su imitable Jratado de los Aires, Aguas y lugares (irspi aepcov, uSaxcov, to-wv). Hipócrates quería que el médico físico que se propone hacer investigaciones exac- tas sobre la medicina, estudiara la influencia de las estaciones, de los vientos, del suelo, de las aguas, etc., y prometía á los que adquiriesen esos conocimientos, una nocion exacta 3 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. de las enfermedades reinantes y de no quedar «ni embarazado en su tratamiento ni « expuesto á los errores que deben naturalmente cometer los que descuidan estos « conocimientos preliminares.» Adelantándose á las concepciones que reputamos de nuestros dias y conquistas de nues- tro siglo que han inmortalizado los nombres de Lamark y Darwin, subordinaba las costum- bres, los sentimientos, el genio mismo y las condiciones políticas de los pueblos á la in- fluencia de los climas en que estos viven. No se puede admitir mayor extensión para un estudio del clima, ni nosotros pode- mos concebir que se llene medianamente el programa que delineaba desde aquellos remo- tos tiempos el Padre de la Medicina. Aceptando las grandes líneas trazadas por ese genio, cuyas concepciones y pre- ceptos sirven de faro á las generaciones que le han sucedido, los biólogos, al ocuparse del clima, se han empeñado en llenar el programa hipocrático. Por lo que nos toca, reduciendo á límites humanos muy modestos, nuestras preten- siones, nos empeñaremos en presentar al lector de esta obra un cuadro de los pocos conoci- mientos que tenemos acerca del suelo, del aire, de las aguas de Buenos Aires y de las condi- ciones que los agentes físicos determinan en el medio en que vivimos—para que sirvan como datos útiles tanto para los que no los conocen, como para aquellos que, aun sabiéndolos, tengan oportunidad de hallarlos reunidos en forma cómoda y de fácil aplicación á los múltiples problemas que están llamados á resolver. INDICACIONES LOCALES. La ciudad de Buenos Aires está situada en la margen derecha del Rio de la Plata á ciento cincuenta kilómetros de su desembocadura. Su posición geográfica, determinada en diferentes épocas y por distintos astrónomos es la siguiente: Latitud Sud Longitud M. Greenwich - — Mapas antiguos 34° 37’ 58o 25’ Padre Feuillée 34° 34* 3®” — Azara 34o 36’ 28” 58o 20’ 20” W. Parish 34° 36’29” 58o 23’24” Mossotti (Convenio Sanio Domingo) 34° 36’ 35” 58o 21’ 20” Friesach 34° 36’ 10” 58o 19’46” U. S. Hydrografic Office (Aduana) 34° 36’ 29” 8 58o22’14”2 Mouchez (MercedJ 34° 36’ 58o 20’ 9” Fleuriais (Aduana) — ■ S8°2i’ 16” Beuf (Aduana) 34° 3,6’ 27” 7 58o 22’ 14” 2 Conn. du Temps (Aduana) 34° 36’ 3°” 58o 22’ 15” B. Gould (Ministerio del InteriorJ 34° 36’ 21” 4 58o 21’ 33” 3 4 CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. La longitud del péndulo simple de segundos en Buenos Aires es, según Latzina, de metros 0,9927. La constante de la gravedad es 9,™ 7972, y por consiguiente, un cuerpo al caer en el vacío recorre en Buenos Aires durante el primer segundo \ g = 4,m 8986. Este radio se desvia de la plomada hácia el norte, dentro del plano de un meridiano de i0’44”,77, 1° Bue constituye la diferencia entre la latitud geográfica yla geocéntrica. El radio geocéntrico correspondiente á Buenos Aires es de metros 6 370 979. El radio de curvatura en el meridiano es de ó 355 337 metros; el del primer vertical es de 6384268 metros; y el radio medio de curvatura es de 6369 785. La velocidad de rotación de la tierra en el paralelo de Buenos Aires es de metros 382,15 por segundo. El dia más largo en Buenos Aires es el 22 de diciembre con i4h24’ y el más corto el 21 de junio con 9hso’. El crepúsculo más largo es el del 21 de diciembre con ih4B’36” y el más corto en los dias 7 de marzo y 6 de octubre con ih24’36”. En el cuadrito adjunto quedan anotadas la duración del dia y del crepúsculo en los diferentes meses del año. MESES Duración del MESES Duración del Día Crepúsculo Día Crepúsculo Enero i 141120’ 1^46’ 9hS4’ lh32’ » 16 Febrero i » 16 Marzo i 1.28 » 16 Abril r » 16 12,56 Mayo j 13.28 » 16 1.28 » 16 Junio i » 16 9.S1 1.32 H.23 r-47 No poseemos datos seguros sobre el magnetismo terrestre en Buenos Aires. A pesar de poseer la Universidad los instrumentos apropiados para estos estudios desde el año 1870, no se han hecho observaciones por ser inapropiado el local y también por falta de diligencias para conseguir otro que llenase las condiciones debidas. De modo que nada podemos decir acerca de la inclinación media con relación al horizonte, ni poseemos observacio- nes de su intensidad horizontal, mucho menos de sus variaciones, estudiadas con instru- mentos exactos. Solo podemos dar algunos datos recogidos por medio de instrumentos imperfectos por nuestros agrimensores en diferentes épocas. Es sabido que D. Juan de Garay repartió los terrenos de la ciudad de Buenos Aires sin determinar rumbos precisos, de manera que reinaba gran confusión, cuando en diciembre de lÓOB Hernando Arias de Saavedra llamó á personas entendidas para que CENSO DE EA CAPITAL FEDERAL DEL DE SETIEMBRE DE 1887. declarasen el rumbo que debía seguirse en la demarcación del ejido y de las chacras de la ciudad. Quedó fijado que sería de nordeste á sud-oeste, y se empezó por la Plaza princi- pal, hoy de la Victoria, en la calle de San Martin y se lomó con la aguja el rumbo que tie- -71 en las calles que es de norte á sur. Don Pedro Pico, de quien tomamos estos datos (*) supone que emplearon la aguja magnética común, y como la calle San Martin, en su dirección normal, fué trazada del norte 20,8’ oeste rumbo verdadero, resulta que esta era la declinación angular en 1608. De un documento firmado por el licenciado T. A. Moreyra, en el que se fija la norma que debían seguir los agrimensores para establecer el rumbo, resulta también que la declinación en Buenos Aires en 1746 era de 16o al este. De los cálculos del señor Pico se deduce que en 1622 (**) debió verificarse la coincidencia entre los dos meridianos mag- nético y geográfico, y opina por sus propias observaciones, que en 1948 volverá á repetirse el fenómeno. Está demostrado por las observaciones hechas en Europa que el decrecimiento anual no es constante, de manera que, á mi juicio, no es posible sostener esta deducción. En 1878 la declinación era de 9°3o’ al este y el señor Pico calculaba la marcha de aproximación en 6’ por año. Para Mercedes dá io° 21’ E a Chivilf'oy » 10o 54’ » » Bragado » 11o 12’ » » 9de Julio » IIo 42’ » » Trenque Lauquen... » 12o 30’ » He hallado que el Padre Feuillée (***) había determinado en 1708 como declinación de aguja en Buenos Aires 16 \ 454’—comprobando una inclinación sud de 6°, 2o’o”. Pero todo lo que antecede demuestra que nada sabemos sobre observaciones magnéticas en Buenos Aires y que es un trabajo que debe ser emprendido y llevado á cabo por una persona que tenga suficiente amor á la ciencia para dedicarle la atención que merece. La orientación de las calles de Buenos Aires es de norte á sud. Dado el ancho de las calles y la altura de los edificios se tiene como consecuencia una repartición poco equitativa de calor y luz en el interior de las habitaciones. Este grave defecto se hace notable en la parte llamada central de la ciudad, en la que las calles son muy an gostas con relación á la altura de los edificios que no reciben la cantidad de sol necesaria para una buena higiene de las habitaciones. Igualmente es causa de la humedad que se nota en las veredas ó aceras situadas al lado norte, que en dias húmedos se hacen difícilmente transitables. El frente de las casas del mismo lado no recibe luz, ni es herido por los rayos solares sino unos pocos dias del año: en la estación del verano y en las horas matutinas ó vespertinas. Por esto las pare- (*, Anales de la Sociedad Científica Argentina, tomo V, pág. 131 (**) En Europa se verificó este fenómeno en 1660. (***) Journal des observations phys. math. et botaniques I, pág. 238 6 CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. des que miran al sud se cubren de musgos, que es menester eliminar por blanqueos fre- cuentes. El suelo y los materiales de construcción no pueden absorber calórico, de modo que se encuentran á una temperatura más baja que la del aire ambiente, así pues, en los dias en que la atmósfera se halla sobresaturada de vapor de agua, éste se deposita en las partes frías, paredes y piedras de las veredas, que aparecen mojadas. Este fenómeno había sido observado por Azara y mencionado en su libro de Viajes por la América Me- ridional La orientación norte sud, presenta otro inconveniente, y es la incomodidad que ex- perimentan los transeúntes en las calles de la ciudad cuando soplan con alguna fuerza los vientos norte ó el sud que predominan entre nosotros. Entonces las columnas de aire enfilando las calles sin estorbo alguno, levantan nubes de tierra que ciegan á los peato- nes. Este defecto era más grave cuando teníamos muchas calles sin pavimento. Hoy se hace menos notable á causa de las grandes obras de pavimentación llevadas á cabo en estos últimos años. Las casas que tienen frente al norte tienen luz y calor, que entra por las puertas y ventanas, pero en cambio poseen patios húmedos. Para que el lector pueda formarse una idea de la repartición desigual del calórico y de la luz en Buenos Aires, basta decir que suponiendo calles de 10, 15 y 20 metros y edificios de 8 metros de altura, lo que es muy inferior á la verdad, tendríamos á medio- día una sombra proyectada de metros 12,8 en el solsticio de invierno, de manera que en las calles de 10 metros la sombra cubrirá 1*73 de las paredes del lado norte; las calles de 15 metros solo tendrán 2m2ode sol y las de 20 metros quedan iluminadas en un trayec- to de 7m2Q. En el solsticio de verano tendremos una longitud de sombra de 3™ 07 y por consi- guiente las calles de 10 metros solo quedan iluminadas en una extensión de óm93: las de 15 en nm93 y las de 20 metros se reduce la iluminación á 16*93, Si se hubiese adoptado el ángulo de 45o tendríamos: Solsticio de Invierno Solsticio de Verano Sombra 9m05 Sombra SmJ7 Calles de 10 metros de ancho — Porción iluminada....... 7"83 » » 15 ■ » » » — » » 12.83 » » 20 » » » 17.83 Los datos que anteceden se hallan calculados para calles con edificios de 8 metros, y si pensamos que en Buenos Aires hoy se tiende á edificar á alturas de 20 y más metros por el valor excesivo que va adquiriendo la tierra, tendremos entre poco, calles sin luz y sin sol como en las más viejas ciudades de Europa. Estas consideraciones no dejan de tener su importancia higiénica, pues es sabido que el sol es elemento de vida, y queda, por otra parte, demostrado por la estadística que las casas sin sol sufren de una mortalidad mayor que las que lo reciben proporcionadamente. 7 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Los encargados de abrir nuevas calles para las partes nuevas de la ciudad que se va extendiendo rápidamente, deben tener en cuenta estas observaciones, y pensar en la influencia que tiene la orientación sobre la salubridad de las habitaciones. SUELO. La ciudad de Buenos Aires ha sido edificada sobre una loma limitada al Este por el Rio, al Sud por la cuenca del Riachuelo de Barracas y al Norte y Nord-Oeste por la depresión del suelo en que corre el Arroyo de Maldonado. A estos ríos y arroyos afluyen las aguas de lluvia de la ciudad, las que abriéndose camino por la superficie del suelo han producido pequeñas depresiones y pronunciado, por consiguiente, las elevaciones del mismo. Se han constituido de esta manera nuestros terceros, que las nivelaciones para los nue- vos empedrados han tratado de rellenar, pero las inundaciones que han sido su consecuencia nos han demostrado una vez más que no debe irse en contra del trabajo natural de las aguas, sin un conocimiento perfecto del suelo en que se opera, y que ni la precipitación ni los buenos deseos, suplen los conocimientos perfectos que hubiesen sido necesarios para llevar á cabo una obra racional. El suelo de Buenos Aires está formado por la planicie inmensa que se denomina por la palabra quichua: Pampa. La altura del Rio de la Plata sobre el nivel del mar, frente á Buenos Aires, según las observaciones del Capitán T. J. Page (1853) es de 5o piés ó sean metros 15,24. Agregando, por consiguiente, los ig metros, módulo admitido para estable- cer la diferencia de nivel entre el peristilo de la Catedral y las Aguas del rio, resulta que la ciudad en este punto se halla á la altura de metros 34,24 sobre el nivel del mar. Su suelo es casi llano y la planicie se extiende en todos sentidos; al Norte hasta encontrar los contrafuertes de los Andes, al Sud hasta el Estrecho de Magallanes y al Oeste la Cor- dillera, cubriendo una extensión de 25 000 millas cuadradas. La superficie de la Pampa parece perfectamente horizontal á primera vista, pero observándola con atención se aperciben elevaciones y depresiones que dan un aspecto rugoso á esa inmensa sabana de terreno. Muchos ríos, arroyos y cañadas la surcan en las direcciones Oeste hacia Este y Norte hácia el Sud, indicándonos que la Pampa no es sino un plano inclinado en el sentido del curso de esas aguas. La medida de estas inclinaciones son; de i,i por mil para el rumbo O. á E., tomada entre Mendoza y el Rosario, y de o,oó por mil en la dirección N. á S., deducida por la diferencia de altura entre Corumbá y el mismo Rosario. Se ve, pues, que al considerar á la Pampa como un plano inclinado, puede casi despreciarse la inclinación Norte á Sud y tener solo en cuenta la de Oeste á Este, que se presenta por una serie de extensísimas mesetas que descienden lentamente desde la Cor- dillera hasta encontrar el lecho del Rio de la Plata, ó el borde del Océano. La superficie de la Pampa que puede calcularse en 25 000 millas geográficas, solo está surcada por algunas cadenas de montañas de poca importancia y á grandes distancias de la ciudad de Buenos Aires, las que pueden considerarse como contrafuertes ó deriva- ciones de los Andes, - 8 CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. El suelo de la Pampa ha sido objeto de estudio por parte de muchos viajeros y naturalistas: D’Orbigny, Darwin, Burmeister, Heusser y Claraz, Bravard, Stelzner, Ameghi- no, Brackebusch y otros lo han descrito sucesivamente. Las numerosas perforaciones que han sido hechas nos demuestran que la disposi cion de las diferentes capas es la siguiente: i° Humus ó tierra vegetal. 2° Capa de terreno semi-arenoso de espesor que varía entre medio metro y algu- nos metros, según las localidades. Esta capa debe referirse á los aluviones de los tiempo históricos, contemporáneos al depósito de las arenas del Rio de la Plata. 3° Debajo la capa anterior encontrárnosla Formación pampeana de D’Orbigny. Esta se extiende de 38o á 40o latitud Sud y por el Oeste hasta los flancos de la Cordillera, á una altura de 1800 á 2000 metros.— Esta formación está com- puesta de una mama arenosa amarillo-rojiza, de un espesor de 10 á 20 metros en Buenos Aires, y en cuyo seno están sepultados los grandes mamíferos fósiles de la época cuaternaria. Esta capa ha sido denominada Pampean mud ó légamo pampeano por Darwin. 4o Sigue á esta formación característica y uní generis como la llama Burmeister y que tiene alguna semejanza con el Loss de Europa, una capa formada por arena y guijarros, pero sin huesos fósiles, y que puede llegar á tener en algunos puntos hasta 20 metros de espesor: es lo que Ameghino llama formación sub-pampeana. 5° Debajo de las anteriores se extienden otras dos capas sedimentarias más, perte- necientes á la formación terciaria; la formación patagónica más superficial y la guaranítica más profunda.— La formación patagónica corresponde á las capas pliocénicas y á una parte de los miocenos europeos, está formada por estratos de arcilla y arena de origen marino y capas calcáreas proveniente de la trituración de las conchillas y también estratos interpuestos de arcilla plástica. 6n Avanzando hácia abajo se encuentra otra formación marina también, que D’Or- bigny denomina guaranítica, constituida por capas arcillo arenosas, conteniendo en su interior esfero sideritas, pero sin fósiles. Las perforaciones que se han hecho en Buenos Aires, algunas de las cuales han llegado hasta 200 metros, confirman la clasificación anterior de los terrenos y dispo- sición de las capas enumeradas, que tienen su asiento sobre rocas metamórficas primi- tivas de la formación azoica. La naturaleza de este trabajo hace limitar á estas nociones el estudio geológico de nuestro suelo, y aconsejamos á los que desearan mayores datos, á buscarlos en las obras citadas de Burmeister, Heuzer y Claraz y Ameghino. En el terreno pampeano sobre el que descansa nuestra ciudad, la mama amarillo- rojiza varía en su composición química, por el predominio de la arcilla sobre la arena y también por la mezcla de estos elementos del suelo con el carbonato calcáreo, que en algunos puntos los empasta de tal manera que constituye masas considerables, verdaderos bancos, duros y resistentes, que llevan el nombre vulgar de «toscas». 9 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. La composición de lá tosca es muy variable: en unos casos hay predominio de la arena y en otros de la arcilla y carbonato cálcico. En la tosca no he encontrado cáscaras silíceas de diatomaceas, pero Darvin afirma que de las observaciones de Carpenter resulta que en ella han sido hallados restos de conchas y foraminíferas. De la capa superficial tengo muchos análisis hechos y solo trascribo á continuación los resultados analíticos que representan la composición centesimal de tres muestras de tierra tomadas en la ciudad: Capa P» capa capa superficial (l metroJ (2 metros) Aerua v materias volátiles 4-435 2,270 1.860 Arena v sílice 82.925 78.935 82.325 Alúmina 5.895 9.450 9-975 Oxido de fierro 2.183 3-02S 3-253 Carbonato calcico !.255 1.033 1,122 Oxido de magnesio 0.869 0.968 0,984 Acidos fosfórico, sulfúrico, cloro, potasa, sosa, ect.... 2.438 3-3r9 0,481 100.000 100.000 100.000 El aspecto exterior de las diferentes muestras de tierras que se presentan sucesi- vamente en las escavacion.es, nos conducen á hacer notar lo siguiente. La de un metro, masa compacta bastante resistente, de un color amarillento sucio. La de dos metros, semejante á la anterior, pero algo más clara y mezclada á con- creciones blanquecinas y también menos resistente. La de cuatro metros es una masa amorfa de color amarillo naranjado, muy com- pacta y brillante cuando se corta con cuchillo; no se desmenuza sino con dificultad. La de siete metros, menos compacta que la anterior, más friable y más clara en su color. Presenta diseminados en su masa numerosos puntos negros de brillo metálico, que tienen aspecto lamelar y parecen formados por óxido de fierro. La tierra de la capa correspondiente á los nueve metros es mucho más compacta y dura que las anteriores y de un color blanco sucio. La de once metros se parece á la de uno y dos metros en el color, pero es mucho más friable y arenosa y se desmenuza con facilidad. Igual facilidad de disgregación tiene la capa de trece metros, que es aun más are- nosa que la precedente. Por fin la de catorce metros difiere de las anteriores y se acerca al tipo de las primeras capas, aunque es mucho más dura y compacta. Su color es amarillo rojizo sucio. Estas observaciones se refieren á muestras tomadas en la escavacion de un pozo, pero con ligeras diferencias en las muestras, é indicación de las profundidades, en todas partes se puede observar que existe una grande y notable uniformidad en el aspecto de todo el terreno que forma nuestro subsuelo. La observación microscópica de las tierras del subsuelo de Buenos Aires, nos de- muestra que la arena cuarzosa y la arcilla constituyen sus elementos mineralógicos fundamentales. 10 CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. Sus granos redondeados y de una tenuidad extrema, nos representan aun en su aspecto microscópico, los guijarros que forman los lechos de los rios. Además, la masa granular amorfa de arcilla se halla mezclada con algunas diotoemaceas sumamente raras en las capas superficiales y cuyo número aumenta en las más profundas. Hemos podido observar hasta nueve formas distintas. Una redonda y punteada en todo el disco que la forma, dos cuadrangulares alargadas y otra en agujas sumamente delgadas, son las más notables y abundantes entre las observadas. Darvrin llevó muestras del terreno pampeano á Europa y las entregó para su estudio al célebre Ehremberg, quien halló hasta 20 especies de diatomaceas é infusorios: 17 de agua dulce y 3 de agua salada y que fueron descritas por él. No me ha sido posible pro- curarme el trabajo de este naturalista. La temperatura del suelo en Buenos Aires, observada á diversas profundidades, no ha sido objeto de estudio. Hacen tres años hice venir termómetros especiales, pero no me ha sido posible utilizarlos por falta de un paraje apropiado. Solo he tomado la tem- peratura de la tierra á 18 metros de profundidad, á la altura de la primera capa de agua subterránea, hallando como temperatura constante la de + 16°,2 en las diversas estaciones. Las tierras de diferentes profundidades han sido objeto de estudio en lo que se re- fiere á sus propiedades físicas y composición química para fundar aplicaciones higiénicas respecto á los numerosos problemas á que se presta el suelo de una ciudad. Las series de experiencias hechas por nosotros son numerosas, y publicamos á con- tinuación los datos numéricos obtenidos para que puedan ser aprovechados por aquellos que se ocupan de estas cuestiones: Ia SERIE. Tierra proveniente de un pozo cavado en la calle Defensa cerca de Belgrano. metros Densidad de la tierra ATRACCION CAPILAR PARA EL AGUA DE PROFUNDIDAD Suelta Comprimida hora 1 hora 8 horas 3 horas 4 horas 1 cita 8 olías S titas Tierra de 2 metros 1221,20 1422.6 m.m. 20 m.m. 60 m.m. 100 m.m. 160 m.m. 190 m.m. 485 m.m. 650 m,m. 800 » » 3 » 1207,94 1401,7 42 100 160 220 250 555 710 845 » » 4 » 1205,07 1353.3 80 ”5 140 180 220 475 570 660 » » 5 * I234-87 I424.5 55 78 108 130 160 356 445 5*5 » » 6 » II97»^S i295-8 70 lio 1Í9 190 2 3° 550 680 895 » » 7 » “77.S7 i352-9 59 85 i°5 13° 142 308 4°S 490 » » 8 » ---,T 1242.27 1367.0 3° 72 III 145 160 382 435 685 » » 9 * 1180.54 i329>2 220 225 227 140 265 528 680 810 » » IO 8 1221.75 1334.° — — — 3° 5° 34° 500 610 » » II * I234*72 i284.3 34 72 I25 180 200 440 580 690 » » 12 » i234.°7 1264.0 4 3° 70 120 *45 400 555 700 » » 13 * 1179,72 1420.0 — — 20 40 58 350 470 600 » » h * 1217.97 1262.3 38 72 120 165 190 448 490 800 » » 15 » 1262.57 1286.3 — 3° 7° l25 146 389 625 7^5 » » l6 » II77.O7 1268.8 18 56 92 128 148 375 52S 640 » » 18 8 1108.28 1286.9 — 79 128 US 200 465 608 745 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. 2a SERIE. Tierra de un pozo cavado en la calle Santa Fe y Cerrito á 20 metros sobre el nivel del Rio. METROS DE PROFUNDIDAD Densidad de la tierra Poros por el aire, desalojado % COMPOSICION Poder a es >; dente PARA KL AGUA Suelta Comprimida Arena % A in •nina y /ierro '% Car nonato en /.careo Va en peso en volumen Tierra de i metro 1181.69 O vO O rO 36.36 75-49 12.66 0.5 36.40 47.32 » » 2 metros 1207,10 1461.03 35-45 75-35 10.42 3.0 29.44 42.98 » » 4 » 1161.90 1415.54 41.81 70.99 13-72 0.9 33.32 47.15 » » 7 » 1057.28 1288.26 36.00 67.00 15.30 0.2 35.35 45-54 » » 9 » 1215.96 1306.50 37-09 79-75 10.02 0.4 18.57 24.27 » » II » 1184.04 I312.20 41.9° 76.92 12.87 0.1 35-20 46.19 » » T3 » 1207.90 i-313.25 43 • 5,J 85-03 9.41 0. I 30-65 40.25 » » H * 1293.42 1422.60 33-?7 77.28 12.16 0,1 20,97 27-83 METROS DE PROFUNDIDAD 1000 kilóg. de tierra absodben cloruro de amonio 1 metro cúbico de tierra absorbe cloruro de amonio 1000 kiióg. de tierra absorben de urea 1 metro cúbico de tierra absorbe de urea En 48 horas En 6 (lias En 48 horas En 6 (lias En 48 horas En 10 (lias En 48 horas En 10 (lias gramos gramos gramos gramos gramos gramos gramos gramos Tierra de i metro 1088.25 I529.5° 1241.3& 1585.67 3941.2 0 0* fO c> 5047.6 7655.1 » » 2 metros 1088.25 1529-50 i589-96 2634.64 3I02.5 4948.7 4532.8 7230.1 » » 4 » 1748.00 1980.00 2474.36 2802.76 5855-0 8343.7 8287.9 n8io.8 * » 7 » 1980.00 2403.50 2550.75 2696.13 7448.7 7536.2 9595.8 9708.5 » s> 9 * 1092.50 T529•5° I423.35 1998.29 4730.2 5673.7 6187.8 7412.6 » » I I » 1529.So 1748.00 2007.00 2293.72 3941.2 5930.0 5171.6 7781.3 * ». T3 » 874.00 1092,50 H47.78 I434.72 3IS2-5 4328.6 4140.0 5684.5 x » i4 »■ 1529.50 O O 00 2175.86 2496.70 4738.7 5948.5 6741.4 8462.3 Las mismas tierras han dado los siguientes datos en lo que se refiere su atracción capilar para el agua. METROS DE PROFUNDIDAD 15 minutos 30 minutos i hora 2 horas 3 horas 4 horas m. m. m.m. m.m. m.m. m.m. m.m. Tierra de i metro 3° 40 55 80 102 116 » » 2 metros 20 3° 40 55 73 83 » » 4 » 5 8 10 12 16 19 » * 7 * 10 15 17 23 3° 32 » » 9 » 20 29 38 55 70 77 » » ii * 38 45 60 80 100 114 * » i3 * 60 80 115 iS° 190 215 » » r4 1 3° 40 55 76 96 108 1 2 CLTMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. 3a SERIE. La tercera serie se refiere á un pozo cavado en la calle Malabia en el norte de la ciudad. Los datos obtenidos son los siguientes : METROS Densidad DK LA TIERRA Poros por COMPOSICION Poder absorbente PARA EL AGUA PODtR ABSORBENTE 1000 Iñlog. tierra abso1 ben DE PROFUNDIDAD Suelta Compi i- mida desa- lojado A vena Carbonato calcáreo Agua en peso en volumen Urea en .5 dias Clorhidrato de amoniaco en 4 di is Tierra de j á 2 metros 1222.32 1401.15 3°. 5 33.29 0.589 5-6 38.975 54.6 gramos 2922.40 gramos 2400.0 ' *3*4 * .... 1275.36 1454.00 3°.° 52.31 2.286 6.56 41.851 60.84 4459.60 2600.0 ' * 6 » 7 » •••• i°84.53 1300.30 33-0 74.86 2.486 8.63 39.20 50.96 3450.80 2400.0 5 * 8 » 9 » .... 1185.29 1359-9° 32-o 60.38 0.77 6.93 41.40 56.26 3450.80 IOCO.O * * IO » II » .... 1242,04 14I7.55 28.0 66.82 0.180 6.20 35-95 55-94 2922.40 1800.0 » > 12 • 13 » .... 1206.02 1363.95 3°-5 66.48 0.180 7-95 40.60 55-33 3691.20 1400.0 » » i s metros 1301.92 1372.80 29.O 60.58 — 5.5° 38.3° 52.54 3790.40 2400.0 Omito otras series en obsequio á la brevedad y por ser concordantes, sus datos. Debo decir unas palabras sobre los procederes seguidos en la experimentación. El dato que figura como densidad, no es el peso específico de esas tierras sino su peso absoluto, palabra mal apropiada, pero que expresa, en el lenguaje ordinario, el peso de un volumen determinado de tierra tomando como una unidad, igual volumen de agua. Nos valíamos para esto de una vasija metálica de volumen conocido en la que colocába- mos la tierra suelta y comprimida, la que era pesada después. Para determinar los poros, espacios vacíos ó huecos llenos de aire que tiene la tierra, hemos procedido por el método aconsejado por el profesor Flügge en sus Beitrage zur Hygiene•—Leipzig 1879. El poder absorbente para el agua ha sido determinado mojando una cantidad co- nocida de tierra y luego pesando la tierra húmeda y después de secada en una estufa á 1100 durante algunas horas. La absorción de la urea y clorhidrato amónico ha sido practicada por medio de soluciones tituladas de estas sustancias que analizábamos antes y después de haber sido puestas en contacto con la tierra que estudiábamos. La atracción capilar para el agua fué determinada tomando tubos de un metro y medio de largo y 20 milímetros de diámetro cubiertos por ambos extremos que eran lle- nados con berra comprimida y luego inmergidos en una cuba con agua. La elevación sobre el nivel del agua era medida exactamente por medio del cctetómetro pendular de Hofmann. Como complemento de estos datos sobre las propiedades físicas de nuestro suelo, nos ocuparemos del estudio del movimiento de las aguas subterráneas por el valor hi- giénico que tiene y Jas importantes deducciones que se sacan de su observación. 13 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Aguas subterráneas. Las ideas vagas de los antiguos sobre la formación de los depósitos de aguas cor- rientes subterráneas que alimentan los pozos y las fuentes, tienen una forma concreta en los escritos de Bernardo de Palissy (Ouvres, edition Charavay, 1880, pag. 208) quien les asigna por origen las infiltraciones de las aguas de las lluvias que tienden á descender en el seno de la tierra hasta encontrar una capa constituida por una roca ó por arcilla im- permeable que las detiene, obligándolas á abrirse paso por las porciones permeables más declives del terreno que han atravesado. Sin embargo Perrault admitía que la lluvia no penetra en el suelo. La verdad, como siempre, ha tardado en abrirse camino, y un siglo después el célebre físico Mariotte tenia que hacer esfuerzos de argumentación para hacer aceptar la primitiva idea, en su obra sobre el Movimiento délas Aguas. Los estudios hechos posterior- mente en las minas en explotación y la observación atenta de los hechos vinieron á poner fuera de duda estas afirmaciones de épocas anteriores. Hoy ya no se discuten y á todas las aguas subterráneas se les reconoce el origen común del agua atmosférica bajo forma de lluvias, nieves ó hielos. Daubrée (Les eaux souterraines aux ¿pagues anciennes. París, 1887, 1 vol. Les eaux soulerraines ála Vepoque acluelle. París, 1887, 2 vol. in 8o) ha hecho un estudio completo de la cuestión bajo el punto de vista geológico. Las aguas subterráneas tienen una sinonimia muy extensa. Los alemanes las llaman Grundwasser ; los holandeses Welwater ; los ingleses water level, ground spring, waterplain ; los italianos specchio d’acqua, acqua di l¿vello, acqua di centro; los franceses conche acquiflre libre, nappe liquide, nappe. d'eaux de puils, nappe d’ infiltration; á cuyos nombres habría que agregar aún uno nuevo propuesto por Daubrée quien las llama aguas freáticas del griego «psa;, axo? que significa pozos, y cuya palabra indicaría al mismo tiempo el origen y el empleo que es forzosamente el de alimentar estos receptáculos ordinarios de agua de las poblaciones. Las aguas freáticas se hallan en los terrenos permeables á profundidades que varían entre pocos decímetros y cifras superiores á 100 metros. Se puede conocer el volumen de agua contenido en un terreno y avaluar por consiguiente la riqueza de la capa, midiendo los intersticios que dejan las partículas arenosas ó térreas entre sí. Esta operación puede hacerse en una vasija impermeable con esa tierra, de manera que ocupe el menor volumen p"—p' posible: se determina p' al estado seco yp" del mismo lleno de agua. La fórmula -^—7— expresa la dimensión de los intersticios. Estas cifras referidas á la extensión y profundidad de la capa, nos pueden dar una idea aproximada del volumen de agua contenida en una región. Daubrée, estudiando la influencia del Rhin sobre las aguas freáticas, deduce que el crecimiento ó descenso de las aguas de un rio influyen sobre su altura- pero agrega que la correspondencia no es instantánea y que teniendo en cuenta también la de las lluvias, que es directa, la altura de la capa de agua freática experimenta retardos de muchas M CLIMA ¥ CONDICIONES HIGIENICAS DÉ BUENOS AIRES. horas y aún de varios dias en razón de la resistencia que le oponen los terrenos más ó menos permeables que debe atravesar. El profesor José Fodor de Buda-Pest, en su importantísima obra Boden und Wasser Braunschweig, 1882, pag. 82 y siguientes, ha estudiado la influencia de las crecientes y de las bajantes del Danubio, y la curva de nivel del rio concuerda más ó menos con la de once pozos de observación, como lo demuestra la lámina 111 de la obra citada; siendo notable la coincidencia en aquellos muy próximos al rio. A lo largo de los grandes rios sujetos á variaciones frecuentes y rápidas, el agua de los pozos se halla ordinariamente más alta que la ribera, lo contrario se observa rara vez ; siempre las oscilaciones del agua subterránea son muy inferiores en intensidad á las del rio mismo. Esto ha sido demostrado para muchos rios europeos y llamamos la atención sobre las figuras 24 y2sde la obra del profesor Soyka de Praga (Der Boden, pag. 264 y 265), en que están representadas las curvas correspondientes al Aller, lo mismo que la lámina anteriormente citada de Fodor para el Danubio, por las que queda demostrada la afir- mación antes enunciada. Es opinión corriente entre nosotros que el nivel de las aguas de los pozos sigue los movimientos de flujo y reflujo del rio y que este los surte de agua, influenciándolos con- tinuamente. Nuestras observaciones en el pozo de la calle Rivadavia y las del señor Lavalle en el del Hospital Militar, nos conducen á combatir esta afirmación como inexacta para los pozos que se encuentran á cierta distancia del rio. Es posible que en las proximidades del rio mismo ó del Riachuelo de Barracas se verifique el fenómeno de la influencia directa de la marea sobre el nivel del agua freática, pero á distancias mayores de 800 metros la acción de la marea es nula ó se manifiesta muy tardíamente. La causa de este estado de cosas podemos hallarla en la poca permea- bilidad de nuestro suelo para las aguas muchas veces hemos observado que las altas mareas coinciden con grandes bajas del nivel de las aguas subterráneas y vice-versa. Por otra parte, el nivel del agua del pozo principal en que hemos experimentado, se halla á una altura mayor que el de las aguas medias de nuestro rio, según lo hemos podido averiguar por los siguientes datos que nos han sido suministrados por la Oficina de Obras públicas de la Municipalidad. El pozo de observación se encuentra en mi casa particular, casi en el verdadero centro de la ciudad actual: en la calle de Rivadavia en la manzana formada por ésta y las calles de Piedad, Andes y Ombú, uno de los parajes más altos del Municipio y á unas veinte cuadras del rio. El nivel de la calle sobre el de las aguas medias del rio resulta á una altura de 22mßqo. A esta cifra hay que agregar la altura sobre el nivel de la calle á que se halla el tirante en donde se ha fijado la sonda. Esta altura ha sido calculada en 2m200, de manera que el cero de la sonda se encuentra á 25™ 090 sobre el nivel de las aguas medias del rio. La primera vez que se echó la sonda al pozo, se halló una altura de i8mÓ2O entre en el cero de nuestra escala y la superficie del agua, lo que demuestra que el nivel de las aguas subterráneas en este paraje es de óm47o más alto que el de las aguas medias del Rio de la Plata frente á Buenos Aires. 15 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Posteriormente ha llegado á subir más, como lo demuestran las observaciones y puede comprobarse en los diagramas que publicamos. El segundo pozo de observación está cavado hasta la segunda capa de aguas, lla- madas semi surgentes, y que está separada de la primera por un manto de suelo imper- meable ; su profundidad llega hasta 50 metros, pero una vez canalizado, el agua surgente subió en el caño á una altura que sobrepasa de 80 centímetros próximamente la de la capa de agua que forma los pozos ordinarios de la ciudad. El tercer pozo del Hospital Militar se halla sobre la Barranca Santa Lucia, á una altura de ióm 430 sobre el nivel del rio, la profundidad de sus aguas es de Bmgoo8mgoo sobre el nivel del suelo ; de manera que también este pozo se encuentra á una altura mayor que la de las aguas medias del Rio de la Plata y que asciende á ¿"'qgo con las variaciones consiguientes. Métodos de observación. Pettenkofer lia usado para la determinación de las variaciones del nivel del agua, un aparato que consta de una cinta metálica dividida en centímetros, á cuyo extremo inferior se halla unida una barra metálica provista de una serie de platitos circulares colocados á distancias iguales de un centímetro. Introducido el aparato en el pozo, una vez que la barra metálica ha tocado el agua se anota la altura de la cinta con relación á un punto fijo de la superficie del suelo. Se extrae del pozo la cinta y se ve hasta qué número los platitos vienen llenos de agua y para la deducción final de la altura observada, es menester tomar como cero el primer platito seco. Posteriormente, al aparato de Pettenkofer se ha sostituido en algunas partes el método propuesto por Moracho. Consta el aparato de este higienista, de un flotador me- tálico que nada libremente sobre la superficie del agua del pozo. El flotador se halla unido á un hilo también métalico que se envuelve sobre el borde de una polea, que se mueve fácilmente sobre un aparato de suspensión. El otro extremo del hilo lleva un contrapeso que mantiene el equilibrio del sistema. Una aguja marca sobre una escala graduada en centimetros y milímetros, las va- riaciones del nivel del agua del pozo por los movimientos que el flotador trasmite al conjunto del aparato. En el número de La Na/ure de Tissandier, correspondiente al 9 de Enero del 86, vemos que en Boston (U. S. A.) los ingenieros encargados de determinar el nivel de las aguas subterráneas se valieron de una sonda que puede llamarse química, pues se funda sobre la propiedad que tiene el potasio de inflamarse en presencia del agua. Procedían de la manera siguiente; adaptaban á la extremidad inferior de una cinta metálica gra- duada un pedazo de plomo y fijaban en este un tubito de vidrio con un fragmento de potasio fundido en su extremidad inferior, de manera que constituía el cero de la sonda. i 6 DIAGRAMA DEL MOVIMIENTO DEL AGUA SUBTERRÁNEA Y DE LAS LLUVIAS DE OCTUBRE iBB5 Á SETIEMBRE 1888 CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. Introducida esta en el pozo, tenían la nocion exacta de la altura de la superficie del agua por la pequeña explosión y por el fenómeno luminoso que se produce en el momento del contacto del potasio con la capa liquida. El aparato empleado por nosotros consta de una cinta metálica de agrimensor, divi- dida en centímetros y medios centímetros, que se halla sujeta á un tirante de madera fuertemente adherido á los pilares del pozo, y que constituye un punto de partida fijo para cualquier observación. La cinta metálica está en comunicación por el marlgp, con un galvanómetro muy sensible, y el otro polo de éste con el positivo de una batería de dos pilas Leclanché, hallándose el negativo de ésta, puesto en comunicación con el agua por medio de un alambre metálico introducido en el interior del pozo. La cinta metálica lleva en su extremo libre una plomada terminada en punta y destinada á bajar al pozo obedeciendo á los movimientos de manivela que se imprimen á la sonda. Se comprende fácilmente que, una vez que la punta de esta plomada toca la su- perficie del agua, se cierra el circuito de la corriente eléctrica de la pila y se produce una fuerte desviación de la aguja del galvanómetro. En caso de haber introducido demasiado la cinta en el agua del pozo, se vuelve á subir, se deja pasar un rato, para que la aguja del galvanómetro vuelva á su inmovilidad, y se vuelve á dejar caer con lentitud hasta que se perciba un movimiento lijero de la aguja, que nos indica que la punta de la plomada unida á la cinta, toca en ese instante la superficie del agua. Se hace en ese momento la lectura de la altura, tomando como punto de partida la laminilla sobre la que se desliza la cinta. Las observaciones pueden hacerse ó volverse á verificar en pocos instantes, con la precisión necesaria, y permiten avaluar los metros, centímetros y amí hasta los milímetros, que existen entre la superficie del agua y el cero de la escala. En un principio el aparato fué construido interponiendo una campanilla eléctrica; pero la gran resistencia que opone el agua al paso de la corriente, nos obligó á recurrir al galvanómetro como indicador, que hemos hallado superior á cualquier otro medio y que nos proponemos seguir usando en adelante. Después de tres años de experiencia podemos agregar que el aparato funciona admira- blemente y que ninguno le iguala en precisión y regularidad de funcionamiento. Solo hemos debido renovar el líquido de las pilas dos veces en tres años y limpiar la sonda unas pocas veces á causa de la oxidación que experimenta. En el Colegio San José ha sido usado el aparato Morache con flotador, pero á causa de la baja del agua en el tubo de canalización de este pozo surgente, llegó un momento en que el flotador rozó con sus paredes, haciendo irregulares los movimientos de ascenso y descenso y llegó por último á suspenderse la observación á causa de esto mismo. En el Hospital Militar el Sr. Lavalle instaló también un aparato Morache, que fun- cionó con más regularidad, pero nunca obteniendo la sensibilidad que se consigue por el método eléctrico que hemos descrito nosotros y que tenemos adaptado á nuestro pozo de observación. Creemos en definitiva que la precisión de los resultados compensan los mayores gastos de instalación que deben hacerse para nuestro aparato; y por eso no trepidamos CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. en aconsejarlo de preferencia á cualquier otro para este género de observaciones, sobre todo cuando los pozos tienen grandes profundidades como el nuestro. La lámina I que publicamos señala las variaciones de nivel del agua subtérranea durante tres años, observadas en el pozo de la calle de Rivadavia 1077. Una segunda curva punteada señala las variaciones de nivel de la segunda capa de agua, según las observaciones del Padre Pommés en el Colegio San José, y que degraciadamente que- daron interrumpidas á los pocos meses, sin que haya sido posible reanudarlas. Tenemos la curva de un tercer pozo, que señala las variaciones del agua en el Hospital Militar, pero no la publicamos para no complicar demasiado la lámina. El diagrama del nivel del agua de los pozos n° I y II trae señalada también la indicación de las lluvias en milímetros, caída en la ciudad según las observaciones del Colegio Nacional de esta capital. Nos valemos de estas indicaciones, pues son las que han servido para los cálculos de la Meteorología Argentina del Dr. Gould, pero desde ahora debemos declarar que reputamos sus datos inferiores á la verdad, dadas las condiciones en que se halla situado el pluviómetro que sirve para las observaciones. El Dr. Davis para verificar estos datos, ha mandado colocar otro pluviómetro en la azotea del Colegio, y con las nuevas observaciones podrá corregirse el error producido por la influencia de los edificios que rodean al pluviómetro. La lluvia influye sobre el nivel del agua, pero no de una manera inmediata y cons- tante. Mientras llueve y la lluvia es acompañada de un descenso barométrico (*), el agua del pozo sube, pero la baja se pronuncia inmediatamente después de haber cesado la tormenta. Solo después de algunos dias se nota la suba del nivel del agua subterránea producida por el aumento del caudal de agua de los pozos, proveniente de las infiltra- ciones en el subsuelo. Presentamos en la lámina II un diagrama de la curva del agua subterránea (reducida á la mitad de su verdadero valor) durante los tres años, con otra curva que representa la altura en milímetros del agua llovida en el mismo tiempo. Entre ambas curvas se notan relaciones que explican las subas y bajas del agua freática; pero reputamos por ahora insuficientes los datos observados para deducir la ley de estas variaciones con relación á las lluvias. Relación del nivel del agua subterránea con la presión atmosférica. En nuestra primer memoria sobre las aguas subterráneas decíamos: « La presión atmosférica ejerce una acción tan manifiesta que es el primer fenó- meno que se apunta al comienzo de este género de observaciones. « Cuando el agua sube en un pozo, el barómetro baja : cuando el barómetro sube, el agua baja.» Esto que parece una vulgaridad, después de haber visto el diagrama y haberlo {*) Hemos observado varias veces que las fuertes lluvias y con viento del Sudeste, no producen bajas del barómetro, ni subas del agua. NIVEL DE LAS AGUAS CON RELACION A LAS LLUVIAS Lámina II Competía Sud-Americaca de Billetes da Banca B?K CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. comparado con otro de observaciones barométricas hechas en la misma época y paraje de observación, es, sin embargo, algo que se encuentra en oposición con la opinión cor- riente entre los hombres reputados de ciencia, y vemos que hasta en un libro de higiene nacional que corre en manos de los alumnos de nuestra Facultad, se pretende dar una explicación científica á este fenómeno enunciado de una manera inversa á la realidad de los hechos. Más aún: las bajas y subas del agua son proporcionales á las subas y bajas de la columna mercurial. Estos hechos no los hemos visto apuntados en ningún libro científico y nos atri- buiríamos su descubrimiento, si no hubiésemos llegado á saber que nuestros paisanos dicen: « que va á llover porque los ojos de agua de los jagüeles se hallan tapados ». ¡ Cuanta observación y cuánta experiencia en hombres ignorantes y simples ! La relación entre la presión atmosférica y la marcha del agua en los pozos es tan constante, que basta observar ésta para poder conocer la marcha del barómetro y predecir el buen ó mal tiempo, lo mismo que con este instrumento. Las subas rápidas del nivel del agua de la capa subterránea, anuncia las grandes tempestades, como puede verse por el diagrama. En confirmación de esto, debemos llamar la atención sobre la suba rapidísima entre el iq y 20 de Setiembre de 1886, que precedió á la tempestad de la noche del 20 y 21. liemos observado que después de una tormenta acompañada de lluvia fuerte, aún antes de que el barómetro anuncie un buen tiempo por una elevación de la columna mer- curial, el agua lo hace, bajando con mucha rapidez (*). ¿ Qué explicación racional se puede dar del fenómeno de la suba del agua por un descenso de la presión atmosférica? Se nos ocurre lo siguiente: la primera napa de agua subterránea es una capa de una gran extensión que ocupa parte de la provincia de Buenos Aires y es formada por la infiltración de las aguas de lluvia en los terrenos permeables superficiales. Tiene su asiento en un terreno arenoso de un poder de atracción capilar considerable, como lo hemos demostrado en nuestro trabajo anterior sobre el suelo de Buenos Aires. Forma, por consiguiente, un sistema de vasos capilares comunicantes, que sufren la influencia de la presión del aire en los diferentes puntos de la provincia. No es extraño pues, que se manifieste una suba del agua en una parte limitada de este sistema, cuando la altura de la columna de aire que oprime el suelo en ese paraje disminuya relativa- mente á otros puntos en que se mantenga más elevada. Y es oportuno recordar aquí lo que pasa en la segunda capa de agua, llamando la atención sobre la segunda curva de la figura. Esta segunda capa se halla situada a unos veinte metros de la primera, en un ter- reno igualmente arenoso y separada de ella por otra capa de terreno impermeable. Se verá que las oscilaciones de la altura del agua de esta capa se hacen en el mismo sentido que la primera, pero son más pronunciadas, como si una fuerza mayor la impeliera y determinara sus movimientos. (*) Este hecho se comprueba siempre. 19 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. ¿ No podría ser acaso debido el fenómeno á mayor presión atmosférica en los puntos en que ella se extiende? Recordamos como dato pertinente para resolver este punto, que la teoría más pro- bable sobre el origen del agua subterránea que constituye la segunda capa, atribuye su formación á las lluvias que se recojen y coleccionan, más allá del sistema de dunas ó mé- danos que costean los teirenos más alejados del Salado y van á terminar por junin y al Norte de la Provincia. Todos estos fechos confirman y dan mayor evidencia á la explicación que propo- nemos del fenómeno y creemos que podría ser tal vez admitida como racional. » Para demostrar este fenómeno publicamos en la lámina IV las variaciones de nh el del agua páralos meses de Noviembre 1886 á Marzo 1887 conjuntamente con las alturas barométricas aumentadas del doble para hacer más sensible la oposición de las lineas. Podrá observarse que dia á dia, una suba del agua corresponde á una baja del barómetro y vice-versa. Creemos que la demostración del hecho no se presta á dudas. El profesor Hofmann, director del Instituto Higiénico de la Universidad de Leipzig, al observar nuestro diagrama del primer año de nuestras observaciones quedó sorpren- dido de las variaciones diarias del nivel de nuestras aguas y así nos lo hacia saber en carta de Io de Junio de ese año. Nos agregaba, que el hecho no había sido observado en Leipzig, en donde las subas y bajas del agua se hacen con tal lentitud que basta medir los pozos cada ocho dias, para estudiar el nivel de las aguas subterráneas en la ciudad. No conocemos las condiciones el suelo de Leipzig, ni podemos agregar otra cosa, sino que: el hedió observado en nuestro pozo n" I se repite en el nc II del Colegio San José y en el del Hospital Militar, aunque con intensidad diferente, pero siempre en el sen- tido indicado. La influencia por otra parte bien demostrada de la presión atmosférica, lo explica con tal exactitud que no puede ser puesto en duda. Es posible que la constitución geológica de una región, la naturaleza del suelo, su mayor ó menor permeabilidad influyan en el fenómeno y en la manera de manifestarse, y sobre este punto llamaremos la atención de los observadores europeos, pues no dudamos que en condiciones idénticas á las nuestras obtendrán la comprobación del fenómeno por nosotros estudiado y enunciado por primera vez. Relación del nivel del agua subterránea con la mortalidad por enfermedades infecciosas. La lámina 111 presenta tres curvas : la del nivel del agua subterrái.ea negra en un período de ires años representada por las medias mensuales, en una escala reducida á la mitad de la verdadera; la mortalidad por enfermedades infecciosas azul en los mismos meses y años, representando cada milímetro de altura dos defunciones; la tercera ro a representa la mortalidad por la fiebre tifoidea, en la que cada defunción está apreciada por un milímetro de altura en la curva. RELACION DEL NIVEL DEL AGUA SUBTERRANEA CON LA MORTALIDAD POR ENFERMEDADES INFECCIOSAS Lámina 111 CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES, Debemos hacer notar que en la curva déla mortalidad por enfermedades infecciosas no está computado el cólera, que excluimos absolutamente del cálculo por las razones que aducimos en este mismo trabajo en el párrafo correspondiente. Si estudiamos estas curvas veremos que salta á la vista el hecho material; tjue cuando el agua sube, disminuye la mortalidad por enfermedades zimólicas, mientras <¡ue cuando el agua baja aumenta proporc¿on<¡lmente la misma enfermedad. Para la fiebre tifoidea en particular podrá observarse el mismo hecho, aunque menos marcado, que para el conjunto de todas las enfermedades infecciosas. A pesar de lijeras variantes puede decirse que ambas curvas son paralelas, mientras que las mismas líneas son opuestas con relación á las del agua subterránea. Estas consecuencias resultan de los números de las estadísticas municipales puestas en relación con las observaciones. Como lo decíamos en nuestras publicaciones anteriores, nos habíamos propuesto averiguar la exactitud de la teoría ó hipótesis de Pettenkofer, acerca de la relación del agua subterránea con las enfermedades infecciosas entre nosotros, y los fenómenos observados durante tres anos autorizan á afirmar que los hechos enun- ciados por el ilustre higienista de Munich se verifican en Buenos Aires con pasmosa re- gularidad en el sentido de sus afirmaciones. Esta enunciación de un hecho real, no nos obliga á admitir la explicación ni nos liga á la teoría del ilustre Pettenkofer; solo nos conduce á afirmarlo como comprobado entre nosotros. Creemos que la propagación de las enfermedades infecciosas obedece á muchas causas y que una de ellas es sin duda la humedad del suelo, pero no la única y exclusiva, y tenemos la idea de que la explicación acerca de la manera de desarrollarse esos males con todos sus accidentes, está aún lejos de sernos conocida. No admitimos ni rechazamos la Grundwassertheorie; el mismo respeto tenemos para la Jr inckiv as ser th eo rie y pensamos sin restricción que la teoría verdadera y definitiva está por hallarse aún. Murchison en su tratado clásico de la fiebre tifoidea dice (edit. franc. pag. 42): «El profesor Pettenkofer y Buhl de Munich han ensayado demostrar que el desarrollo de la fiebre tifoidea depende solo de la presencia de cierta cantidad de agua en el suelo. El veneno al que atribuyen la enfermedad se multiplica de preferencia en el suelo, y el cuerpo de los enfermos : las condiciones necesarias son un terreno poroso saturado de agua en sus partes bajas y en el que el nivel del agua baja rápidamente después de haber alcanzado una altura inusitada. La relación entre estas condiciones y la presencia de la fiebre tifoidea en Munich durante muchos años, parece claramente establecida en sus investigaciones. Pero esta relación no parece, como Buchanan dice, deber ser siempre aplicada por una infiltración mayor, que en las circunstancias mencionadas habria intro- ducido detritus orgánicos en los pozos cuya agua está destinada á ser bebida. Las opiniones del profesor Pettenkofer sobre el origen de la fiebre tifoidea son á mi juicio demasiado exclusivas y no explican las frecuentes relaciones que han sido observadas en este país, entre los sistemas defectuosos de cloacas ó la impureza de las aguas potables v la fiebre tifoidea, condiciones que son del todo independientes de las variaciones del nivel del agua subterránea; además en Terling el Dr. Thorne ha comprobado que una CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 1.5 DE SETIEMBRE DE 1887. importante epidemiado fiebre tifoidea observada en 1867 ha coincidido con una eleva- ción del agua subterránea después de una seca. » La misma oposición del clínico inglés manifiestan otros insignes higienistas de diversos países. Los estudios y las ideas modernas acerca de los micro-organismos pató- genos que nos ponen de manifiesto las condiciones de su desarrollo y propagación de los mismos y su acción sobre el organismo, nos alejan de las ideas exclusivistas de la Grundwassertheorie y nos hacen vislumbrar horizontes más vastos, que representan la re- gión inesplorada de la etiología de las enfermedades que ellos determinan. Hay que tener en cuenta siempre, la predisposición individual y las de tiempo y lugar que son factores obligados en los desarrollos de epidemias, como lo demuestra la observación continua que se ha hecho en muchos países y por hombres cuya penetración y habilidad en el arte de observar y experimentar no puede ser puesta en duda. La afirmación de Pettenkofer, que la baja en el nivel de las aguas subterráneas es un factor que contribuye al aumento de las enfermedades infecciosas, es para nosotros un hecho demostrado y que no podemos ni discutir; por más que pueda ser discutida y rechazada la explicación que él mismo dá del fenómeno. Consecuentes con el método experimental, debemos limitarnos á dejar bien establecido y comprobado el hecho, dejando que su explicación se produzca más tarde con mayores elementos y mejor ilustrado por el estudio de los demás fenómenos concomitantes, en los que tal vez se tenga la explicación definitiva. Epidemia de cólera de 1886-87. Los primeros casos de cólera se produjeron en la Boca á fines de Octubre de 1886. El primer caso bien comprobado se presentó en la ciudad el Io de Noviembre. La lámina IV demuestra la relación que ha existido entre el nivel del agua subter- ránea, las lluvias, la presión atmosférica y la mortalidad por el cólera morbus asiático. Si fuéramos á establecer una relación entre la mortalidad por el cólera y el movi- miento del agua observando ambos factores en ese conjunto, diñamos que la mortalidad ha disminuido á medida que ha bajado el agua del subsuelo; esto es lo que se deduce de la observación de las curvas y no se halla de ninguna manera conforme con la teoría telúrica de Pettenkofer. Pero si observamos el fenómeno en sus detalles, veremos que la epidemia hizo explosión en una época en que precisamente las aguas subterráneas se hallaban en su más alto nivel; hecho que ha sido, por otra parte, notado por otros obser- vadores y que también resulta de la inspección de la curva del agua subterránea y mortalidad por el cólera en Munich en el año 1873-74, recientemente publicada en el escrito de polémica que desde algún tiempo á esta parte viene publicando el mismo Pettenkofer en sus Archiv für Higiene, tomo VI. La comparación de este cuadro con el nuestro, aparte de peculiaridades que parecen ser especiales, demuestra una entera seme- janza en la marcha de una y otra curva (agua y mortalidad) durante la primera faz de la epidemia, que llegó á desaparecer, como para nosotros, eon una baja considerable de RELACION ENTRE LA MORTALIDAD COI,ERICA, LLUVIAS, PRESION ATMOSFÉRICA Y AGUA SUBTERRÁNEA Lámina IV fampafca SudÁmtncana d&Billeísa d&fiancc BSA! CLIMA t CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. las aguas subterráneas, y solo se distinguen) por reaparición de la enfermedad en Munich, cuando estas aguas se hallaban muy bajas, hecho que no se ha observado en Buenos Aires; notándose aquí en cambio una recrudescencia de la morbilidad y mortalidad por otras enfermedades infecciosas como lo hemos hecho notar más arriba. El cuadro de Munich (*) se ajusta á la hipótesis de Pettenkofer, pero no concuerda en todo á los hechos observados por nosotros en Buenos Aires. Las opiniones de Pettenkofer sobre la propagación del cólera pueden reducirse á lo siguiente: admite la existencia de un virus ó germen exótico, pero sostiene que son necesarias circunstancias de tiempo y de lugar para que éste se desarrolle. Llamando al primero x é y á las segundas, el cólera no se propaga sino cuando x é y sé combinan: x solo puede producir algunos casos aislados, pero nunca epidemia: más aún, cree F ettenkofer que faltando y, cualquiera, sin peligro, podrá absorber deyec- ciones coléricas, mientras que no lo haría impunemente con la coexistencia de y. Pettenkofer cree que el factor y está representado por un estado especial del suelo. Un terreno predispuesto debe ser poroso, permeable al aire y al agua y además contami- nado por materias orgánicas; conteniendo además humedad que le proporciona la capa de agua subterránea. Una gran humedad ó una gran sequedad del suelo son ambas des- favorables para el desarrollo del mal. El grado de humedad se conoce por las variaciones del nivel del agua subterránea ó por las lluvias. Los parajes rocallosos ó arcillosos son en consecuencia dotados de cierta inmunidad ; en las mismas condiciones se hallan los suelos vírgenes de contaminación ó habitualmente áridos ó constantemente húmedos. Una inmunidad pasajera puede resultar de una sequedad pasajera del suelo ó de una humedad momentánea. Los estudios de Koch y de su escuela contradicen en sus detalles las afirmaciones de Pettenkofer y de la escuela de Munich. Las afirmaciones de esta última son insoste- nibles en la época actual; y aún admitiendo la influencia que necesariamente debe tener el suelo en el desarrollo de los espirilos del cólera asiático, pueden oponerse hechos numerosos que están en completa contradicción con sus ideas. Concluiremos repitiendo lo que dice el profesor Flügge, de Breslau : « Las vistas de Pettenkofer no pueden ser consideradas sino como una hipótesis. No debemos atribuirle el valor de una teoría sóli- damente probada, y que pueda tomarse como piedra de toque para averiguar la verdad de los resultados presentes ó futuros. Debemos admitir más bien que causas diferentes cooperan á la diseminación de las epidemias, y nos pondremos en el buen camino dando puerta franca á otra clase de explicaciones posibles. Si nos guiamos por las propiedades del baccilus coma, pisaremos un terreno más sólido y podremos abrigar la esperanza de llegar á la verdad, en vez de obstinarnos en buscar un „r desconocido ó una y también ignorada ». (*) El cuadro de Pettenkofer señala un caso de cólera en Junio 73 con agua alta. Hay una baja del agua y se presentan varios casos en Julio y estalla la ejudemia con intensidad en Agosto con el agua subterránea á su mayor altura. En Setiembre y Octubre empieza á bajar el agua y á disminuir la mortalidad hasta extinguirse casi por completo. La epidemia vuelve á recrudecer en Noviembre y alcanza su mayor intensidad en Diciembre; decrece en Enero del 74 y pro- sigue el decrecimiento hasta Abril, siempre con el agua subterránea muy baja. Esta vuelve á subir a consecuencia de las lluvias de Abril, coincidiendo su elevación al primitivo nivel con la desaparición de la epidemia. CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. AGUA. Las aguas del consumo de una ciudad son elemento esencial de su vida y el estu- dio de ellas reviste importancia capital. Desde algunos años nos hemos ocupado de las aguas de Buenos Aires y toma- mos de una publicación nuestra los datos que el lector hallará á continuación, con los que podrá formarse una idea aproximada del valor de nuestras aguas potables. Hacemos preceder estos datos de algunas consideraciones acerca de la manera de interpretar los análisis de las aguas. En cuanto á la manera como se surte de agua la población de Buenos Aires, el lec- tor hallará algunos datos en las cifras siguientes del Censo: Casas que usan agua comente sola 4 089 » » » » » y algibe 3 124 » » » » » algibe y pozo 938 » » » » de algibe sola ' 3 346 » » » » » y pozo 1 668 » » » » de pozo sola 14 685 » sin agua 2 517 Las casas que se sirven de agua de pozo, por secciones, son las siguientes ; SECCIONES Casas SECCIONES Casas Ia XIIa 553 IIa XIIIa 126 IIIa XIVa 257 IVa XVa 1 795 Va 202 XVIa 388 VIa XVIIa 1 341 VIIa XVIIIa 2 042 VIIIa XIXa 812 IXa XXa Xa 2 606 XIa 89I Total 14685 Los análisis de las aguas bajo el punto de vista higiénico han producido cuestiones en las que se han debatido principios fundamentales é importantísimos y debemos agregar que aún después de muchos años de lucha, después de haber conseguido casi la perfec- ción en los métodos de investigación, estamos muy lejos aún de poderlas considerar como resueltas. CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES A mediados de este siglo se atribula gran importancia á las sales minerales disuehas, se juzgaba por su presencia ó ausencia las cualidades de un agua, sin tener en cuenta para nada de otros elementos de criterio, que hoy, para el higienista, tienen importancia capital y que en algunos casos por sí solos resuelven del rechazo de un agua para beber. El ilustre Chevreul, á mediados del siglo, decía: « Si fuese consultado si un agua natural pertenece á la categoría de las buenas, regulares ó malas, para los usos de la economía doméstica, contestaria: que es de calidad excelente la que dá 0,09 á 0,20 por litro de residuo ñjo ; que debe ser fresca en verano, inodora, insípida y aereada; que si deja un residuo calcáreo de 0,40 á 0,50 y es además inodora, insípida y aereada, puede usarse igualmente como la anterior, si bien le sea inferior en cabdad ; que por fin, que aunque dejara un escaso residuo, tuviese los demás caracteres mencionados, pero tuviese olor de ácido sulfhídrico, debería considerarse como peligrosa. « Las aguas regulares dan por evaporación residuos de una cifra mayor de las in- dicadas y deben considerarse como malas las que contienen muchas materias orgánicas, sobre todo si estas son de origen animal. » El no menos célebre J. B. Dumas, á propósito de una memoria de Monnier, recor- daba á la Academia de Ciencias de París, que no deben tenerse por buenas sino aquellas aguas que se conservan largo tiempo sin alteración, y refirió que en 1867 en la Exposición se habían expuesto aguas del Sena y del Dhuis; que las primeras habían manifestado una descomposición notable, mientras que las segundas nó, y que las aguas del Canal del Ourcq eran aún peores bajo este respecto. Agrega Dumas que esto todavía no basta, y que aún purísima, un agua no debe considerarse potable si no tiene una composición química apropiada, que el agua de lluvia puede ser privada de materias orgánicas, y aún conteniendo rastros de inorgánicas, ser impropia para la alimentación por falta de aire y de algunas sales minerales. Para que un agua no sea indigesta debe contener algunos decigramos por litro de sales de calcio, con tal que no pasen de 5 á 6 por litro. « Las materias fijas de las aguas potables, dice, son las sales de cal, magnesia, las alcalinas y un poco de sílice. Las sales calcáreas son el carbonato, sulfato y rastros de cloruros, de nitrato y fosfatos. El carbonato cálcico casi insoluble en el agua se disuelve en aquellas que contienen ácido carbónico y es favorable á la economía animal en pe- queña cantidad, pues favorecen á la formación del tejido óseo. El sulfato cálcico que se encuentra disuelto en muchas aguas y especialmente en las de fuentes y pozos, si se en- cuentra en proporciones que no pasen de 15 á 20 centigramos por litro, no es un obstá- culo para que el agua pueda ser usada en la economía doméstica. » Fernando Fischer, en una buena monografía sobre el examen de las aguas, indica los siguientes caracteres para una buena agua: i° Debe ser clara, incolora, inodora; 2° Su temperatura en las diversas estaciones no debe variar entre 6 y 12"; 30 No debe contener seres organizados, que son agentes de putrefacción y si se halla materia orgánica, esta debe ser apenas perceptible ; 40 No debe tener ni amoníaco ni ácido nitroso; ime m hÁ HtíMÁt mt t§ m stñÉMím m iBBf.- s" k» nitratos fcloruros tía deheiipasar de tíeríaS 6iíra# líMtes; k° No deben ser duras f sobre todo- no- deben- tener ntósfos- SttUs de «agestó-. defiriéndonos á las saies íHi¿íéfal©B )f de acuerdo coh las ideas de IoS; autotés' iñérí-' éioriados- qüe feprésentán el espíritu de aqfuerfáf épc/háj s’é dividían1 las aguas en) dtííee§ cuando Contenían poca cantidad de sales d'e calcio’ y magnesio- f ctudéé ó' duras Cuando1 predominaban dichas sales. Si bien esta clasificación puede aún tener a%uiíáí irtsfpoHaniéial- - pata jüzgaf dé fin agua destinada á la aliiá'entacioh? de las calderas,- lavadct ¿te f'típal- ¿ib';/ eifc.j iá lía pétdidó éni párté tdvt telaCioh á la's ideas Corrientes en la. ciencial higiénica afctuaí. Es bien sabido por los iiísÍetíié'éaÍ9' qife el' organismó necesita de las Sales calcáreas, y algunos, Como Letheby, llegan á afirníar qbíc ferS aguas duras son más Saludables g -s * í S % el * £ Oxido de calcio II - 12 11 - 12 12 - 13 Oxido de magnesio 4 - 4 — - 4 — - Acido sulfúrico 8 0,2 - 6,3 8-10 — 0,2 - 6,3 8-10 0,2 - 3,0 10 Cloro 3 ‘ S>5 0,2 - 0,8 2 - 3 - 0,2 - 0,8 2 - 3 1,5 - 3,0 2>5 Acido nítrico 2 - 7 0,4 o,S - i,5 o,35 0,4 °,5 - D5 — 2>7 Acido nitroso — — — — rastros — 0 Amoníaco — — — 0,005 — rastros — 0 Residuo seco á 180° - 10 - 50 50 14 - 17 — 50 — 50 Dureza total 3° 32 28 12 — 18 - 20 5 - 3° 32 Oxígeno necesario para oxidar la ma- teria orgánica 0,2 0,05-0,25 0,25' _ 0,05-0,25 0,02 - 0,3 0,1 - 0,2 0,3 Permanganato usado o,8 0,2 - 0,8 0,8 0,2 - 0,80 0,6 - 1,0 — 1,0 Aguas de algibe. La palabra algibe, del árabe alchub, designa al pozo, la cisterna en que se recoge y conserva el agua de lluvia. Indispensable en los países áridos ó desprovistos de buenas aguas corrientes, es la única fuente de las poblaciones y ciudades corno las de Gibraltar, Venecia y Constan - tinopla. Las cisternas son conocidas desde la más remota antigüedad, constituyendo un de- partamento indispensable de la casa de los Romanos; las públicas eran objeto de los CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. mayores cuidados por parte del municipio. Esta solicitud con que se cuidaba de las cisternas nos queda demostrada por la magnificencia de construcción de aquellas cuyas ruinas admiramos. Son conocidas de los arqueólogos las siete ¿alas de las termas de Tito y la Piscina mirabilis de Pozzuoli. La Cisterna Basílica, construida por Constantino, nos dá una idea de la impor- tancia que se atribuía á estos depósitos de aguas en la antigüedad. Los algibes son muy comunes en el mediodía de España y de allí muy probable- mente han sido importados entre nosotros. En Buenos Aires los primeros algibes se hicieron junto con las primeras casas; conocemos algunos de una época relativamente lejana y recordamos todos el inmenso algibe de la casa de Gobierno que formaba parte del antiguo Fuerte. Entre nosotros, los algibes están muy lejos de llenar las condiciones exigidas para, tener una provisión abundante de buena agua potable. En primer lugar su capacidad no se halla en relación con las necesidades de la familia que habita la casa. La mayor parte de ellos apenas alcanzan para dar el agua de bebida necesaria. Si se quisiera construir racionalmente un algibe, de acuerdo con la idea de esta vigencia, dado el número de habitantes de la casa y el consumo, seria necesario conocer la cantidad de lluvia que cae anualmente en el paraje y conocer el área de la superficie total de recepción formada por los techos de la casa. Nada.de esto se tiene en cuenta entre nosotros. Se mandan hacer algibes de 50, de 100 ó más pipas, sin calcular en cuanto tiempo pueden ser llenados y lo que esa agua puede durar para el consumo de la casa. Además, los detalles de construcción no son indiferentes. Los algibes deben ser depósitos cavados en el suelo, más profundos que anchos, para que el agua tenga siempre una temperatura uniforme y evitar la pérdida por evaporación. La mejor forma es la redonda ó cuadrangular con los ángulos redondeados. Los materiales deben ser impermeables al agua y á los gases del suelo. Cuando se construyen algibes en terrenos permeables (como los nuestros), debe tratarse de aislar el agua de las causas posibles de una contaminación, revistiendo el material de construcción con asfalto, brea ó cemento Portland y rebocando cuidadosamente la superficie interna en contacto con el agua, con cemento ó con una mezcla del mismo y arena. Por fin, debe cuidarse de las cañerías que llevan el agua del techo al depósito y el techo mismo debe ser de baldosas ó de pizarra y cuidadosamente limpio del polvo at- mosférico que se deposita diariamente sobre la casa y de las vegetaciones y suciedades que se acumulan en los techos. Es conveniente, además, que la caída del agua al algibe pueda ser evitada por vál- vulas especiales para permitir el lavado de la azotea con la primer agua que cae, no permitiendo sino la recolección de aquella que se halle perfectamente limpia y pura de las diferentes causas de contaminación que residen en los objetos ó en el aire con que se pone en contacto el agua. Raro es entre nosotros el algibe que llena medianamente alguna de estas condi- ciones. Construidos ordinariamente con ladrillos y mezcla de cal, no llenan las exigencias CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DF 1887. de la higiene, sus paredes no son impermeables, pues no puede considerarse tal, aún con el reboque de cal que se dá ordinariamente á sus paredes. Estas son permeables á los gases del suelo, sufren la influencia de las emanaciones de las letrinas, ordinariamente colocadas á corta distancia de estos depósitos y las aguas quedan contaminadas muy pronto. Agréguese á esta condición desfavorable, la poca estabilidad de nuestro subsuelo, que produce fatalmente grietas en las paredes del algibe, lo que aumenta las probabili- dades de contaminación apuntada de las aguas. Las condiciones de nuestro clima, el polvo que fácilmente se levanta al menor viento que sopla, contamina las azoteas que recogen el agua, y muy pronto los algibes son receptáculo de los elementos más diversos de infección para las aguas que en- cierran. Agregaremos como dato ilustrativo para que se forme un concepto del uso que se hace del algibe en Buenos Aires, que existen 8063 algibes en la ciudad, que conjunta- mente con agua de pozo ó corriente sirven á los habitantes de las casas que los poseen. Damos á continuación los análisis de aguas de algibe practicados por esta Oficina. Son 149 en todo: en 114 de los cuales se han hecho las determinaciones más importantes y 35 han sido objeto de mayores investigaciones. Los datos analíticos son lo siguientes : h-1 d t*J o o 00^1 OOi OJ lO O O 00 O Cn Oj NJ *-• c es 2 5 0) « W r m c M H o ■ . . . . O 1 vO 1 i 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 i i 1 > f 0 C o 1 y te 1 o Co 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 I 1 1 1 1 1 1 w ov s* N o a $ * > 1 oo vO 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 i 1 1 5, § * a 1 1 1 1 i 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 i 1 1 Resíduo á 100° o M 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 | PÉRDIDA POR CALCINACION o o M O O O O o O O O O M H O O o o o K) O Ov o vO Ov o CV o CV o Cv O vO Cv 4^ oo vO Cv Cv O po Cv O O O co 4- Cv vO en OV o Oo 4* oo vO Ov en OO VO oo Ácido nítrico » « ¿i' “■£ » « » OV » » vO Cn en Ov 4»- Cv ov p 1 rt- 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Acido nitroso o '■'■ o 1 OJ 1 i 1 1 1 1 1 1 1 1 i 1 1 1 1 i 1 t 1 Amoniaco I 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Cloro 1 1 1 Permanganato eo 4- 4^ oo usado para Cv o O) p oo Cv Ov -p to h oxidar Oí materia orgánica Oxígeno O O O o O OS O oo usado para u¿^ 4¡* en vO 4^ Cv Ov -p OC Oj oo o -o oxidar Ov Cv vó -+*• Ni Ov 4* maieria orgánica CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. C> Q> CM> O O O O O O'Oi üiC/iO'C/ '-O 0OM CVOi JíOj K) - O'O 00 VI O'Cf 04 o Cao OJ ÍO C/ Cn 4 -P* -P* O O 00 V 44 45 46c) 43 4- fNJ 4 Oj C/j Oo OJ OJ 0 O OCn 33 Oj fo OJ O-» íu 0 0 M NJ 00 M ÍO IO NJ Ni OC/i -P OJ t J NJ c « w g* §' 2 W 2 » § 0 N) oo N3 G> 4- OJ ü. ON ON 00 Oo 4 Oo H 0 lili 1 "o» p I «lili 1 vi M Cn M Cn VO p 1 ON Co 1 1 1 1 1 l 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 IO £ 1 bo “ oo N> 0 V G N5 On H o Co w O ON Co Co 10 S 73 lili 1 O ON 1 i 1 1 1 1 1 Co 1 O 0-9 vi 'vi P 1 p IO 1 1 1 1 1 l 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 i cn_ 4 1 5 w Cn On On ¿i ÓN ON 4 ¿i S’ N - 1? > O H M O o Co IO IO M O O II 1 1 1 ON VI 1 ú II M 1 Co 1 Co VJ IO 10 1 ON H 1 1 1 1 1 l 1 1 1 1 1 1 1 l 1 1 1 1 1 1 1 VJ ON 1 « a Cn On Os Cn 45» oo OO ,0 vO s lo £ Co a Oj ¡s Co oo Co Co 4- IO CN en IO lili 1 9> O Cn o 1 1 1 1 1 4- VO OC cn M ON en vO IO -4 1 1 1 1 1 l 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 i 1 1 1 1 4 1 Resíduo Á 100° cA ■* vo Cn O 4* oo Co o Oj « en O 00 en ON PÉRDIDA lili 1 4 o Cn ¿.lili 1 M ÍO ON M Cn IO vO Co 4 Co 1 1 1 1 1 l i 1 1 1 1 1 1 1 I 1 1 1 1 1 1 vO Co 1 O M POR CALCINACION M O M M M M o H O O M O o H o 4- O O O M o CO O O 0 « 00 O O O M O O O e~ to 0 M « 0 0 O H M 0 NJ vj M CO oo ON vO 4S. vj "4 _P» 4* OO 00 Cn 4* VI M 4- co IO co 10 NO IO Co Co O N> O O o üü a\ ■+>■ IO On O IO OO Co p 1 P oo ON Cn 00 r*° p ON O 4. O On 0 ■+* CN p O CN ON o_ VO ON Acido nítrico cA VO ci. o! Cn M “ OO vb M Cn \Q O- 4 vb vO Co 4*. Co vb Ó CO Ón & Cn 00 vO •vi 0; >0 H On Cn vO Co 00 Co vb vi OO vo ON Úx ♦ VO O o O o O O o O o O o O 0 0 O lili 1 o o 4 o 1 ° 11 1 1 1 o o o O o O o O o o p 0 1 1 1 1 I i 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 0 0 0 1 Ácido nitroso ¿i o o o o o o o o o o o 0 O 0 lili i o o “ | P 1 1 1 1 i | oo o Co o p o o o o o 4- o o 0 0 | | 1 | | l 1 1 | | 1 1 | 1 1 1 1 | | 1 | O O 0 0 1 Amoníaco Cn O ■ Cn 0 75 en O ÍO Ov o o o H M o o O 0 0 lili 1 co fH | 1 1 1 1 1 1 M VI '■vi o o M o •VI o 0 | | 1 i | i 1 1 | | | 1 | 1 1 1 1 | | 1 1 0 VJ 1 Cloro K> ON Cn M M Permanganato (£ OX (S O 4- Cn 4 On vj 4 Co \o VI Cn 4 Co ON O ON Co Vi Co Cn vO On Co Cn usado para 'ri 'rTN 10 Cn^ p vj_ 9, vo CN Co VO 4-*- í° ON p rr K> en rM 4* 0 IO V] ON 9 OO 4* vi 4 4 4 Cn Co 00 oxidar CO ON Í0 IO vO materia orgánica Oxígeno M M o O Co H 4 4 Co Co Co Co Co ON O O *M *M Co usado para 4 4 CO ON ríi ■j* * "oc r CN CN CN Co 00 OO p 10 ON ÍO Os 00 4- 4- y1 p ON “vi 4 ÜN Co ON <■£ O CN *io oxida r -o VO M O K> M OO 00 NO vi VO ON Co Cn materia orgánica (•) Letrina á 4 metros. T pf™-. . T . , _ ' ' nna d2O metros. (s) Letrina a 5 metros. (<) Letrina alO metros. (5) Le- trina á25 metros. (6) Letrina á 8 metros. 3, CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. _ __ _ „ W íz c fH —1 — t— —i t—1 -i — o o o o o c Q c O O O o >0 cO rO vf) vfit o o oc OC CC Cx OO CC 00 00 00 OC^J '■ í ' ] X O Oí -C Oj lo o V0 /: a o> -U óo lo C O (X " I 0~Cn -U Oj lo o xd GC^Í Oí -4 Oj INJ - O XD oc I O" Oí X- O- “ 0 O- t? S w 2 w w o Oj £ O o. to Co ON H *o_ ON 'O 1 1 1 1 1 1 1 i 1 1 1 1 1 OJ Cn CO ON i 1 l 1 1 1 1 1 1 1 i 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 H CN r c Nj, c * Y1 ON Co M -P- X 1 1 1 1 1 1 i 1 1 1 1 i 1 Co NO 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 w N (JN O 1o -P- NO S' H S > O o o M to to to oo O 1 i 1 1 1 1 1 i 1 1 1 1 i Co NO to oo Cn 1 1 i 1 1 1 1 1 1 l l i 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 8 Í2 OO ON -*■ s> _ to M H M ON t-l CO (O CN -p* i 1 1 1 1 1 1 i 1 1 1 1 1 oo I OO CA Oj 1 1 i 1 1 1 1 i 1 i l 1 1 1 1 1 1 1 1 i 1 1 1 1 1 1 1 1 Residuo Á o o s O o Cn Co S. 20. -P* GC Pérdida On -<3 O» 1 1 1 1 1 1 i 1 1 1 1 1 i oo I Cn O 1 1 i i 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 i i 1 1 1 1 ¡ 1 1 1 1 1 O o Oj POR CALCINACION M -p* M O « O M o M O M o O H H O o o M « O O Oj o to O O o w H tO o ■^3 Z O O tH Oj O H M O N) Oj o -pJ Co to nO to NO -P* •o co NO M NO c5T NO ON Cn N? NO to tO NO CN w ''J oo nO Cn CN to M fo to -P* M •"J to M NO ON n ON NO to nO -px Cn vÓ ON Oí Ácido nítrico Co ON Cn' CN C7 •^3 có Y* Ó ON V1 Co Co iÓN ON CO Cn Oj ON Oj to i- -p- ON Cn Oj M CC Oí Y Oj ÓN NO Oj O fÓN CÁ Oj 'n- NO Iñ3 Cn to “ ' “ L Cn 00 Cn P> O O O O O c O o 1 1 1 1 1 1 1 1 i i 1 1 1 o o I I 1 O o i 1 1 1 1 i 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 i 1 1 1 1 1 i 1 1 1 1 1 Ácido nitroso o o O o o O O O O *n O O Amoníaco o\ O 1 1 £ o J) 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Co M ÍO O O o O & Cn c7. | 1 1 1 1 i 1 i | | | 1 oo | | | j | 1 1 1 | | | | | 1 1 | i | 1 | 1 | | 1 | | 1 1 Cloro c7. ON Permanganato o N) w O Co O o to o o O O o Co M *■* O M O O O O O c O O O t-1 M O M o M O O O O M O M usado p< CN Co lo Co IV» 4^ -p- 4^. Cn M -P- 4- ON (n OO Oo CN M O' fn 4^ H M m M Cn Oj nC Oj to oo O Oj oo -fx ; a o (O ■+*. lo Co OO p o oo OO p1 To -P> (JO O ''J rCN P0 to -p- ON O w O oo -4- 00 IO -fo to M to 10 Cn to CN NO CN to OA id ai C' materia orgánica O O O o o o o O O M O O o O O O O o O O o O o O O o O 1 O 1 0 O o O o O O O O O O O O o O O O o Oxígeno o> O OD M C7N M M M O Co M Co -fx *S'J 4_ N3 to M M M f.-, M M to H N> M O N3 O Oj N3 to O to M 1 1 1 p OO O ON o o to to Y* O to O ON 00 co ON NO CO O Oj -px Cn ON nO NO ON -~3 oo Cn oo oo 9o 4J O UN M oxid' n •^3 to to -p- _p. cñ c5i n5 nO ■'O 00 nO M Oj ”to NO M NO OO NÓ Cn C'. H NÓ -P* 4x natena orgamca 32 CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. NÚMERO de órden DUREZA Residuo á 100° PÉRDIDA POR CALCINACION Ácido nítrico Ácido nitroso . 0 u < 0 < Cloro PERMANGANATO usado para oxidar materia orgánica •3 O g -i &• -S.5 S? -2 -S a 0 | «2 Total Tem- poraria Perma- nente 1IQ - 4-5 2.16 2-34 48.8 44.7 1,042 0,02 0.5 1.42 1.58 0,40 I 20 1*5*7 0.892 0.624 8.5 2.0 0.4826 0.0 0.0 0.1065 0.48 0,1204 12 I — — — — — 1.2075 — — — 0.608 0.152 122 — — — — — 0.9652 — — — 7.20 — 123 ' - — — - — 1.8075 — — — 3.60 — 124 - — - - — 1.2065 — - - 0.32 0.0809 125 — — — — — 0,9652 — — — 0.96 0.2428 126 — — — — — 1.4478 — — 0.32 0.0809 127 — — — — — 0.4826 — — — 1.34 0.34 128 — — — — — 1.2065 — — — 0.704 0.1781 I29 - — - - - 0.9652 — — - 0.512 0.1295 130 — — - 22.0 16.0 — 0.75 0.50 1.42 6.32 1.60 r3i 6.95 4.726 2.224 9.12 2.46 1.2065 0.001 0.0025 0,71 0.8848 0,224 132 4-895 2.642 2.253 I3-S° 4.0 1.2065 0,001 o.3S O.7I 1.896 0.48 J33 6-95 4.726 2.224 10.5 4.2 1.2065 0.001 0.30 0.781 1.248 0.24 *34 6-95 4.726 2.224 8.0 3.0 1,2065 0.001 0.0 O.7I 1.564 0.248 *35 7-S67 5-55 1.817 60.20 22.30 1.206 0.50 0.005 1.42 3.792 0.96 136 5-94 4.806 UI34 13.20 4.7 I.O42 0.0 0.25 0.355 1.738 — J3 7 — — — — — 1.4478 — — — 0-544 0.1376 138 — — — — — 1.4478 - — — 0.704 0.1781 139 — — — — — 1-4478 — — — 0.384 0.0971 140 - - - — — 1.2065 — — — 0.416 0.1052 *4* — - — — — 0.9652 — — — 0.32 0.0809 142 — - - - - 1.2065 — — — 0.96 0.2428 J43 — — — — — 0.7239 — — — 0.80 0.20 144 — — — — 0.7239 — — - 1.984 0.496 *45 — — — — 0.7239 — - — 0.512 0.128 146 - - - — - 0.7239 - - — 0-544 0.136 H7 — — — — — 1.8075 — — — 0.704 0.176 148 3.21 2.32 0.89 12.10 6.0 0.96 1,0 0.0 1-7 0.544 0.136 J49 — — - — — 0.965 — — — 2.08 0.526 Las cifras de los análisis anteriores se prestan á muchas consideraciones. En primer lugar se notará la poca dureza de estas aguas, debida á la pequeña cantidad de sa’es de calcio que contienen en disolución. Señalamos, sin embargo los números 20, 47, 63, 98, que se distinguen por una dureza elevada. Este hecho puede ser esplicado por la naturaleza misma de las paredes de los algibes; la mezcla del reboque ha sido atacada por el agua, las sales de calcio han sido disueltas á expensas del ácido carbónico atmosférico, formándose el carbonato ácido que aumenta la dureza total del agua, pues su dureza permanente apenas ha sido alterada, con excepción de una, en que probablemente algún otro factor ha intervenido en la producción del fenómeno. Todas las aguas de algibe se distinguen por la exigüidad de su residuo salino secado á 100'’. TOMO 1 38 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. El ácido nítrico ó los nitratos contenidos en nuestras aguas de algibe merece llamar la atención. Como lo hemos dicho, el ácido nítrico representa á las materias orgánicas oxidadas, y su presencia, cuando pasa de ciertos límites, hace sospechosas las aguas que lo contienen. Las 149 aguas con relación á su contenido en ácido nítrico se reparten del modo siguiente : Aguas que contienen de 0.1 á 0.49 ... 18 » o.S o o oo » 0.8 » 1.00 » 1.0 » 2.00 ... 52 » 2.0 » 24.OO Tota! ... 149 Se vé, pues, que según los criterios establecidos por Reichardt, Hassal y la Comisión de Viena, apenas 18 aguas podrian ser aceptadas en 149 ! Pero la observación que hemos podido hacer en nuestras aguas, en aquellas que no podían ser sospechadas de contaminación, nos demuestra que la nitrificacion entre nosotros es sumamente activa, más activa que en Europa, y que las materias oigánicas atoadas se trasforman rapidísimamente en nitratos, lo que ya explica el predominio de estos sobre otros elementos de las aguas. Por otra parte, es menester tener presente que la mayor parte de esos nitratos de las aguas de algibe son debidos á los vejetales que crecen abundantemente en nues- tras azoteas, merced al polvo que deposita el viento sobre ellas, y en este caso su im- portancia, bajo el punto de vista de la higiene, disminuye, ó por lo menos, no tiene la gravedad que tendría si esos nitratos tuviesen un origen animal, Creemos que pueden considerarse buenas las aguas que no sobrepasan de un gramo por 100,000 y entonces la proporción sería de 75 aguas buenas en 149 ; próxima- mente la mitad. Observaciones análogas podemos hacer para la materia orgánica de las aguas re- presentada en el análisis por la cantidad de permanganato necesario para su oxidación ó por el oxígeno empleado en esta transformación. Bajo este punto de vista las aguas examinadas se dividen del modo siguiente : Oxigeno que necesitan las aguas para oxidar la materia orgánica: Menos de o.i por ioo.ooo ... 18 » » » » 0.3 » » Mas » 0.4 » » .. 48 Total ... M9 Con respecto al cloro la cantidad en general varia dentro de límites muy tolerables con excepción de la 54 que tiene más de 6 por 100,000. Otras como los números 20, 49, 50, 55, t>3, 102, 116, 117, 118, 119, 130, 135, 148, contienen más de 1 por 100,000. Clima y condiciones higiénicas dé buenos aires. Rstas cifras son superiores á los límites establecidos por Reichardt y la Comisión de Viena, y llaman tanto más la atención por cuanto se trata de aguas meteóricas ; y si bien la sal podría ser debida á la arena que constituye uno de los componentes del reboque interior del algibe, también podría ser debida á contaminación por líquidos orgánicos que han penetrado por las hendiduras del algibe mismo ó por infiltraciones de las aguas pluviales, que hubiesen adquirido esa sal en el suelo en que está cons- truido. Quedan anotadas las observaciones que sugieren nuestras aguas de algibe, y se verá por ellas que hay motivos suficientes para insistir en que se cuiden mejor las con- diciones higiénicas de los mismos, procediendo á su limpieza frecuente y á la de las azoteas que recogen las aguas, así como también revisando con detención si existen grietas en sus paredes. Pozos de la primera capa de agua subterránea. Los pozos que surten de agua á la campaña y aún á muchas casas de la ciudad, son todos cavados en el terreno pampeano que forma nuestro subsuelo. El pozo ha sido siempre en Buenos Aires la fuente del agua que btbe la población; el Censo revela que existen 27 616 pozos en las diferentes casas de la ciudad, existiendo solo 2517 casas que carecen de agua. Sus habitantes la procuran de los surtidores pú- blicos ó de los aguadores que la reparten á domicilio, ó también de las casas vecinas. La profundidad de nuestros pozos varia considerablemente según la altura del terreno en que han sido cavados. Estos pozos son alimentados por las infiltraciones de las aguas de lluvia que caen en la zona de la campaña de Buenos Aires comprendida entre la ribera del Rio y el primer sistema de médanos ó dunas, que empiezan en el Salado y van á terminar por Junin y al Norte de la Provincia. Al atravesar los terrenos permeables quedan detenidas por una capa arcillosa inferior poco permeable y que se halla á profundidades variables, dando lugar á la primera napa de aguas, cuya inclinación está dispuesta en el sentido del lecho de los riachos que van á terminar en la gran cuenca del Rio de la Plata. Al atravesar estos terrenos disuelven las sales que encuentran á su paso, siendo esta la causa de la fuerte mineralizacion que esas aguas adquieren. El agua de nuestros pozos presenta en general composición variable y es buena como bebida, cuando se hallan alejados de las habitaciones y los residuos humanos no las han contaminado. La composición de las aguas de pozo varia considerablemente según el punto en que se toman: dependiendo de la composición de las diferentes capas atravesadas, las cantidades variables de sales que se encuentran por el análisis. El cuadro siguiente presenta la composición química de las aguas de nuestros pozos, siempre referida á 100,000, como es de práctica en estas operaciones: CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE ISB7. -4 Cn p* -J P* c /i - Ni - P* OJ O O CJ wc 00*4 o • SJ OJ c O'Cn -J *)OJ wc i. 0-1 K) *> OJ - O VJ K) O Ni to 00^1 to OC to s\ K) ÍO >J tO O (s) IZ K> O V kH O t—t kH (s) QI 's I (s) Í7I t—í HH to y 10 11 O 00' 4 5 0 6 P* c NJ 0 $ S i 1 0 Oo 4* M N> 43. ÍO M H H 00 M O NO M NU ON to O 43. to cn to O O H ON 0 N> vp 1 0 Oo | 1 1, 1 1 1 1 K> i l OO 1 1 l 1 O t 1 1 1 4>- 1 1 1 1 1 1 1 1 1 b NO 1 1 P NO M ■j L NO 4* r* 0 NO M IO ÍO c On GO to M NO O to O to OO to M ON 2 y » 4* Oo 1 1 1 Oo 43* 1 1 1 1 1 1 1 i i 1 1 l 1 M 1 1 1 1 rn 1 to 1 1 1 1 1 1 1 1 ON Oo b) 1 1 5 i O O M oo 00 Cn OO O w on Cn w a’ tsi H H M w M M - > H N3 ON H Oo 4* Oo Oo Cn ON ON OO -p 1 1 1 OO NO 1 1 i 1 1 1 1 Cn i l 'Ó 1 1 l 1 OO 1 1 1 1 NO 1 Cn 1 1 1 1 1 1 1 1 Oo M NO 1 1 « a OO *•2 Cn Ni OX «> a H KJ M H to to H Oo to 4. Oo ON 2 1 t t | 1 1 1 1 1 1 Cn O "4 O <1 Cn 1 1 1 1 1 Oo Oo r 1 1 j | 4* Oo OO 1 ON .M r CO Resíduo á 100° O o o 71 o O O O O O Ó 0 NN <1 3. ON 3N 4* -1 Oo J ON On OO M 1 4* C4 1 1 1 1 1 1 1 43* NO 00 o w O NO NO 1 | ON | 1 1 Oo to 4* 1 1 1 1 4* M NO NO 1 C1 4* O oo o Oo o O ,JX O* O NO o Oo cn O O oo O o> NO O O Cn NO O O On O O O O O O POR CALCINACION H Oo M to to N3 w O O M O ÍO ON OO NO M to o H o H H H Oo tO Oo 0 M to ON M ÍO O 43* H O M M O O O Oo ÍO K) \0 ON -^1 ON ÍO O cn 4^ ON 43* ON 4^ 43* 4* <1 ÍO ON P» O ¿o to ON to Cn NO H to O ON to NO 1 O Oo ÁCIDO NÍTRICO Ca Oo O Oo ON Cn 43- Oi M 4*- 43. ON O M O 0 4- 0 Cn 9 9 Oo ÓN ON Ol P*. ÍO NO O U Üi VO 4 Cn OO M ON OO NO Os oj GO Oí GO NO Cn' J Cn' On NO ■ m Cn CN Oo NO ►t H O O o P O ÍP O O O P O O O O O M O 0 O O O CN O 0 O O O o o o 1 Zt Oo 1 1 1 1 1 1 1 O M n o o 1 1 ■ 1 1 O O 1 1 1 O 1 1 1 i 0 O O O OO 0 O O Ácido nitroso M p O O O Oo OOO O 5 T- 73 UJ to O cñ ON o o o o O -t P O O o o 4* O 43* *4 O O O O O 0 O O O O O 0 O O o M M O O O M 1 O 0 -AO O O O O o 4 o 0 1 1 1 Cn 1 p ON O Cn IO o O 1 1 Cn 1 1 1 1 fí° O O O o 73 üi O M Oo t ” o r o V Oo V *4 NO O O .N Cn 4* Oo ON NO ON 'Ó | | NO 1 M 1 £ ON NO 43. 1 1 43. 1 1 1 1 1 On to Cn NO to cn üi , * 'O o P r 43. O to NO O Cn CO ■*} 'p "p CN GO JO ON oxida ' ON GO ON ON CN materia orgánica Oxígeno £ Oo M OO o o Oo O O **4 4* 00 O on 4- O» usado para oo ON ON Oo r°N NU Oo tO 'm °° N) NO OO 43- Oo OO OO o ON CN oo C^_ ON f* ÍO Oo ON ° ON "4 43. OO to OO ON (JO co oxidar hó o NO -n O O ON materia orgánica (’) Oxido de calcio = 17.80. (2) Oxido de calcio = 14. (3) CaO = 6.664 MgO 0.336. (') CaO 8.41. (5) CaO = 17.24. (6) CaO = 11.9 MgO = 4.29. (7) CaO = 7.40- (8) CaO =42 MgO - 1.5. (») CaO = 11.40 MgO = 0.79. (10) CaO = 21.755 MgO = 4.185. («) CaO = 14.45 MgO = 1.85. - la) CaO = 3.40. CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. o oc O MD cc 00 00 OO 00 00 00 00 00 OO'-J 'Vi OCn Cu m >-> O O CC*v| O'Cn 4 0J k) h OO 00 d OCu m O OCa OiCnOiC/iCjiC/iOiOiCn-fcCC-t' 1-1 O O OOd OCíl CU 10 HH P o OOd Os NÚMERO DE ORDEN w H H Oj 4* to H w M K> M M Oj ON 00 ON to di di -4 ON ON Cn di oo to 4 On di Cn O dj as 1 1 1 1 H H 1 1 Co O O 4- I I i I I I I I I O VO ON VO Cn d] .to O i 1 1 1 1 1 1 O 1 1 1 On ON H Cn 4 5o t* 0 H M 10 I G o Cn H Oo Oj M H O o 00 VO OO 4- Co di M 4 C’N to n !? JO oo O 1 1 1 1 d^ O 1 1 O Oj ON Cn I I I I l I I I I I Cn ON 4* ON Cn di .to vO i 1 1 1 1 1 i 4 1 1 1 H 4 - T* w oo Oj -* -4 oo Cn s* i N H H M H M „ V £ > N3 M O' Oj NO Cn Cn Oj Cn 00 ON VO 4 vO 4 to H M Oj oo Cn 1 1 1 1 Oo O 1 1 to ON Oj vD I I l I I I I I I I Cn to to 10 O O O i 1 1 1 i 1 1 ON 1 1 1 Cn JO » § “ CN £ M Sv1 w H M H to to Cn h cn ON 4 M 4 M di Ox Vü dj di vO di to di da H 4 ío 1 1 1 I I I I I I I l I •U O •_l • •U i 1 1 1 1 1 1 1 1 *n Resíduo á 100° O O O o Ó NN H H w Oj Oj O Cn 4 ON On O 1 | | to cn 4 to l | 4* Cn l | | I | I i 4-» 00 di 4- vu CN i | 1 | | 1 | M | 1 to O O o di 00 O o O ON ÍO M H 4a- ON 00 M 1 1 1 1 i M 4^ O bo Oo ON Oo 10 O ON 1 1 1 1 1 VO 1 1 1 1 1 1 « i ON 4- VO ni S || Oo M ON Oo VO ON H M to vO 4a 00 ON H ON OO M r H a Oo 1 P Ca N Oo on Oo' to OO VO O O ON 1 1 1 1 V1 Oo ON ■h 1 1 1 Ca Residuo á 100° O O O o O 'o £ O o O vO 1 .°° 4* 4a Oo Oo o\ VO ON Oo o ÍO ON ON Oo Ca 4J Ca Oo ( 1 1 1 vb Oo 00 03 1 i 1 Oo O PÉRDIDA oo Oo O O 'o Ca O o o 4a o3 o O £ ,20 O oo *o 4J o O O POR CALCINACION vb H M O O o to ÍO O M 4* £ Oo w H H M H ''4 ON W ~ 4a '4 4a Oo O H to 4a -b "4 "4 4a 4a Oo o> ÍO ío vb to to Oo vO Oo O ■4 M ON 4J Ácido nítrico -4* to Oo Oo Oo Oo o •+- VO Oo GO ÍO ON O ON Oo vO VO "*4 o o fON fON 4a .to o 'bo OO vO VO VO vb 0> Oí toJ 1 M Ca 4a 4a 4a VO VO 4' O O O O o o o O O O O O o o O O O O 1 *° M o O o M O M Oo Acido nitroso o ON o o o 1 i O o O O o i M vO O ó 1=1 Ca ON Ca 00 O o o o O O o O O o o O o o O O Oo o 1 2 o 1 1 o o O 4a o O o o o —] 1 1 o o O O 1 1 1 b Amoníaco Cjl o Ca o ON o o o o Oo cü Oo 1 .°° Oo to ■2 « Oo O Oo *4 VO 4a i 1 | 1 1 4a ON Oo b 1 1 1 Oo Cloro 4a M . Oo oo v*j tn H M Ca vO Oo 4a to Ol o V1 H Oo to h vb Oo M Oo M Ca ON ON M M ca Permanganato IO **4 Oo 4a Oo OO VO O Oo M usado para Ca vO ON VO Oo 'J'J 4a ON 4a. Oo Oo Oo H o o= vO_ ON ON OO * to ON oo ON ON ON ON ON to ó 'iiateria orgánica H Oxígeno O ÍO 4^ o 4a o ON O v>0 Oo o b usado para 4a ON to OO g -4 O OO P Ca oo O vO to 4a ON to ON oo ON ON O ON VO to O oxidar 'on ON to nateria orgánica La dureza de las aguas de nuestros pozos, como se verá por el cuadro anterior, varia dentro de limites muy extensos; se han observado 6 grados hidrotimétricos en al- gunas muestras, mientras que en otras ha subido hasta 66.7 grados franceses. Hay que notar que esta dureza total es casi siempre debida á carbonato ácido de calcio, pues la dureza permanente de todas ellas es relativamente baja. La cantidad de óxido de calcio determinada directamente en algunas aguas, ha sido hallada superior á las cifras limites establecidas, como puede observarse en el cuadro de los análisis. El oxido de magnesio, cuando se ha buscado, nunca ha sobrepasado las cifras limites fijadas por los autores. El residuo salino que deja por evaporación, presenta también variaciones de con- sideración. De las 118 aguas analizadas solo en 71 se ha determinado el residuo salino, hallándose: (9 CaO 12.0, CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. Menos de 50 por 100.000 9 » 7° » » » 80 » » 8 » 90 » ' * 5 » » IOO » » » 200 » » » » O O rn 8 Más » 301 x » 8 71 Se vé igualmente que la proporción de 50 partes por cien mil admitida por los autores queda muy sobrepasada por la inmensa mayoría de nuestras aguas de pozo. En cuanto al ácido nítrico encontramos : Aguas que contienen menos de 0.5 por ioo.ooo 5 0.8 » » » » » » » » » 6 » » » » » 2.0 » » » » » » » 5.° 28 » » y> más » 5-0 hasta 265 32 Il8 En cuanto á la cantidad de oxígeno necesario para oxidar la materia orgánica, las aguas estudiadas se dividen así: Aguas que necesitan menos de o. i de oxígeno por ioo.ooo 23 > » » » » 0.2 » » » » . » » » » 0.3 » » » » 22 » » » » 0.4 » * » » * » » » o,6 » » » » II » * » » 1,0 » » » » 7 » » » » * 2,0 » » * » 9 * * » más * 2.0 » * 8 Ii8 En 73 muestras ha sido determinado el amoníaco, hallando las siguientes aguas con las proporciones de: Menos de II IO IO 7 Más y> 73 La cantidad de cloro para algunas aguas de pozo es realmente extraordinaria y muy superior á los límites admitidos por los higienistas. Una parte de este cloro que existe en las aguas bajo la forma de sal común debe provenir indudablemente del cloruro de sodio que naturalmente existe en el suelo que atraviesan esas aguas; pero en otros casos, es indudablemente producto de la contami- nación por residuos de la vida animal. CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Nos confirma en esta opinión el hecho observado en las mismas aguas, de la pre- sencia de grandes cantidades de nitratos y de materia orgánica, muy superiores á los limites tolerados por los higienistas, como lo demuestra fácilmente la comparación de los números obtenidos con las cifras limites establecidas más arriba. Creemos que queda suficientemente fundada la opinión que hemos manifestado en otras ocasiones de que nuestras aguas de pozo en la ciudad, son malas lodas ó casi todas; y que su uso debe ser proscrito de la alimentación. Basta recordar para mayor abundamiento, que nuestros pozos se surten todos de la misma capa de agua que sirve de sumidero á las materias fecales y residuos de la vida animal de esta gran ciudad, sin cloacas y con un sistema de eliminación de los desper- dicios humanos en las peores condiciones imaginables. No ha sido exagerada la opinión muchas veces emitida de que somos una población que bebe sus propios escrementos, y al defectuoso sistema de letrinas debemos gran parte de las enfermedades zimóticas, trasmisibles por el agua, que se han implantado entre nosotros y han prosperado de una manera asombrosa. Sin duda al poder de vida extraordinariamente activo de nuestro suelo, que se manifiesta por la nitrificacion de las materias orgánicas que se le confian, es debido que no nos hayan invadido .otros males y que haya sido la causa aminoradora de los que sufrimos actualmente. Pozos semi-surgentes. Estos pozos se hallan á una profundidad variable entre 30 y 50 metros del nivel del suelo; forman la segunda capa de aguas que existen en el subsuelo de la ciudad. Su origen parece ser debido á las lluvias que caen más allá del sistema de dunas que se extienden al Norte de la Provincia de Buenos Aires. Hemos praticado en la Oficina análisis de ocho aguas provenientes de estos pozos y los resultados obtenidos quedan consignados en el cuadro adjunto : i 00 VI Oül OJ M w NÚMERO DE ORDEN CO m \0 to e>J Cn 1 ON VI M H M 1 m CO si O O GO CO Ül 4* O N to H 0 1 H > r 0 c PO W tsi > CN H GO vo to Oj 1 VO Oj Oj M to Oj 1 en m oo o w oo 4** to •''J en to 2 V s* M o O G*o o H 1 CN 4 CO Oj GO vO 1 1 Cn - 5) I0J.I0 71.8 76.8 49.20 141.0 59-7 S5-6 Residuo á 100° w ÍO en H 4^ | Co 00 en On üi -£* en 0 O -£• 0 co CO 0 PÉRDIDA POR CALCINACION tOHi'eoOHO-f^M to O vO 4 \0 O O Cn O On CN ON Oj N H CN en en en '<1 m en to to -P» en Ácido nítrico ooooogoo OOOOfíToO 0 Co CN 0 0 O m en to Ácido nitroso 000^0000 O O £-0 0 0 0 m 0 3 en 0 0 M en 0 en Amoníaco GO 4* to O to M en I VO O CO 00 4* 10 1 "4 \0 NO M to -4 Cloro 0.1896 0.158 0.576 °.938 o.5o8 i.44 2.686 0.310 Permanganato usado -para oxidar materia orgánica O OOOOO I ON I H tO M O O 1 (X 1 üi OJ 4 4 -fr- ío to 4- 00 Oxígeno usado para oxidar matei ia org ánica (l) CaO— 2.80. (2) CaO 1,103 MgO = 0.636. (3) CaO 6.616. (i) CaO = 9.957. (°) CO2 16.5. CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. Aunque no queremos abrir juicio alguno definitivo sobre estas aguas por la insufi- ciencia de los datos, esperando que un acopio mayor de análisis nos permita hacerlo con mayor seguridad, podemos sin embargo afirmar que estas aguas son superiores en calidad á la de los pozos ordinarios de la primera capa. Son menos duras, dejan menor cantidad de residuo y la mayoría no presentan muestras de contaminación orgánica. Debemos hacer notar, sin embargo, insistiendo en una idea que emitimos hace al- gunos años, que la misma capa de agua que surte á estos pozos sirve indebidamente de sumidero á muchos establecimientos industriales y públicos, bajo la forma de los llamados pozos absorbentes. No seria de extrañar, pues, que sus aguas corrieran la misma suerte de la que han teñido las de la primera capa y que, entre pocos años, multiplicándose esas cloacas, se llegara á inutilizar completamente estas aguas. Como complemento del análisis de las diferentes aguas de pozo de la ciudad, publicamos en el cuadro adjunto otros análisis de aguas provenientes de la campaña, con el propósito de que puedan servir de datos de comparación. c 0 o i) -0 B £ -3 'O (U 73 DUREZA | Residuo á 100° 1. Pérdida POR CALCINACION Acido nítrico Acido nitroso Amoníaco Cloro Permanganato usado para oxidar materia orgánica Oxigeno usado para oxidar materia orgánica Total Tem- poraria Perma- nente i 1.206 2,112 0.554 Pozo de San Isidro. 2 — — - — - 1.689 — — — 0.651 0.168 Pozo de San José de Flores. 3 — — — — — 17.2 — — — 0.96 0.24 Pozo de Barracas al Sud. 4 2.58 1.91 0.66 100.0 IS.o 0.965 — rastros — 1.44 0.36 Pozo del Parque 3 Febrero. 5 12.81 4-45 8.36 14.8 1.65 36.195 O 0.19 2.13 ”295 OO CO O* Pozo del Tandil. 6 i4.03 ”•57 2.46 122.8 41.4 0.482 — 0.0002 51.83 1.734 0.424 Pozo de Olavarria. 7 — — — — — 3-86 — — — 6.24 1.578 Agua de Laguna. 8 — — — 18.3 4.3 1.44 O 0.05 — — — Laguna San Nicolás. 9 14.5 - — 39-3 15. 0.963 0.0 rastros — 0.608 0.152 Santa Eugenia (Sierra Alta) IO 00 O 22.1 18.6 I2S.S 66.3 1.689 0.16 - 10.65 00 O 0.12 Tandil. ii 33-36 26.4 8.9 93-5 25.0 1.206 0,04 rastros 5.32 0.64 0.156 Tandil. 12 I4-S — — 49-3 18.5 1.206 0.04 rastros — 1.216 0.304 Santa Eugeniaa. 13 10.8 — — 42.0 16.0 0.723 0.0 - — 1.92 0.48 Chapaleofú. 14 26.7 — — I08.5 63.5 16.89 O.OII rastros — 0.96 O.24 Pozo Santa Eugenia 15 45.03 33.3 10.6 249.7 37-0 0.723 0.06 _ 58.22 0.764 0.216 Estancia del Sr. Ostendorp. l6 37-7 3°-4 9-2 540.0 53-0 3-T3 0.03 O , 163.07 1.824 0.456 Estancia del Sr. Ostendorp. 17 25-7 22.1 3.5 3I4.° 26,0 0.965 0.06 0 71.0 6.62 i .68 Estancia del Sr, Ostendorp. 18 3S.o 20. 15.0 97-6 26.1 0.965 — — *7.75 0.64 0.16 Estancia del Sr. Ostendorp. 19 IS*7 5.5 10.2 i36-9 77-9 3-3i8 0.1 0.15 0.88 4.64 1 •I73 Departamento de Rojas. 20 9.9 3.6 6-3 46.0 2,20 1.20 0.001 0.25 4.26 O.79O 0.2 Sauce Chico. 21 - - — 681.3 55-4 9.89 0.021 0.0005 164.010 18.836 4.776 Mar Chiquita. 22 — — — 842.8 21.74 18.09 0.02 ' 0.001 723.0 2.212 0.56 Rio Negro. tomo 1 39 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Aguas del rio. Las aguas turbias del Rio de la Plata y el tinte amarillo opalino de las mismas filtradas son causa de sospechas por parte del que las bebe por primera vez. Los extranjeros sobre todo le manifiestan cierta repugnancia. Ni la filtración al través de los filtros ordinarios, ni el reposo prolongado, son suficiente para darles la limpidez que se exije ordinariamente al agua potable. Solo la filtración por un filtro de porcelana sin barniz como el Cham- berland, las deja límpidas, sin perder por eso un lijero tinte amarillento que conservan siempre y aparece al observarse una capa de agua de cierto espesor. La cantidad de materia en suspensión varia según las estaciones y las crecientes ó bajantes del Rio ; en muchas determinaciones que hemos practicado hemos hallado can- tidades variables y cuya media alcanza á 4.62 por 100.000. La materia observada por el microscopio aparece constituida por granos finísimos, amorfos y mezclados á algunas diatomáceas y algas. Puede recogerse fácilmente sobre las bujías de los filtros Chamberland. Esta materia secada al aire presenta la composición química indicada por las cifras siguientes : Agua y materias volátiles Sílice 14.981 40.809 Oxido de fierro Oxido de aluminio 20.829 Oxido de magnesio Oxido de calcio v álcali 9.353 100.000 Se vé, pues, que la materia suspendida es una arcilla ferruginosa impura y de un origen mineral; los residuos organizados que se encuentran conjuntamente son de origen vegetal y proviene el todo de los terrenos por los que atraviesa nuestro gran Rio. La cantidad de aire que tiene en disolución varia entre 30 cm'1 y 20 cm' por litro. La primera corresponde al agua natural y la segunda al agua que ha sido filtrada por un filtro Chamberland. La composición quimica de las aguas del Rio que se distribuyen á la ciudad, queda suficientemente demostrada por el cuadro adjunto. Son unos diez y seis análisis tomados entre un gran número de los que se han hecho y se hacen periódicamente en esta oficina sobre las aguas del consumo. OJ K) « NÚMERO DE ORDEN Mi l H q > o G 50 W N > 1 1 1 1 Tem- poraria lili Perma- nente 1 1 M O Residuo Á 100° 1 1 M On PÉRDIDA POR CALCINACION m O O O ro -b b m O tO -P- "O O Oj 00 Oj NO to Acido nítrico lili Ácido nitroso rastros Amoníaco i i i i Cloro iiii Óxido de calcio lili Oxido DE MAGNESIO N) O O O M OI Oj On «vj en -P>- -P* ON O -£*• o Permanganato usado para oxidar materia orgánica O O O en } *■* Cn 1 ON O en Oxigeno usado para oxidar materia orgánica CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES 4 O -i-i Oj U —1 O O 00 OCa 2 d S * ■n 7Í 0 On Oj Oj Oí ai Oj a> 4* ON o. NO ai H 4* a. ON o o ai o a» O ai ai co H > r 0 Cn to to to Oj H H to 1 1 1 Tem- X O ai ai 4»- *V4 OO O OO poraria w N O o o O „ M „ M 1 1 1 1 Pernio,- > -vj oo Oí ai £ OO oo “ ai ai nenie C/l Co Oj Oj to to a> ai o 4* ai ResÍduo Á O 8 ai OO oo H ON to OO oo O 4* H £ H £ ai to £ lo 4* 10 4*' 4- PÉRDIDA O \o ai ON O oo a> 4» NO Oí O 4* POR CALCINACION „ M O o H O o M 4* O to O -j 'ON OO oo NO to 1 1 Oj M Acido nítrico ON nO £ 4 Oj O O o o O O o O O 1 1 1 1 Ácido nitroso o o o O O o o 1 o 1 o o o O 1 1 O o Amoníaco « O! -£ ° o o o O „ o o 4» M O "•O ON ON nO | 1 (n ¿J Cloro ai Oí o 'vj a> a> NO ON c Oj t 4- to 1 1 1 | | oo 4- Óxido de calcio Co 4- O O ai ON NJ o | 1 1 1 1 1 | | 1 1 1 Óxido DE MAGNESIO Permanganato 1 | 1 1 usado para ON OO a> ON a> ON oí ON -4 O oxidar materia orgánica Oxígeno o | 1 Oj 1 usado para O o oo 00 4* ob o o OJ ON o oxidar maieria orgánica El uso de las aguas corrientes desde su instalación se ha generalizado mucho en la ciudad, pero la falta del gran tanque regulador de presión impide que todas las casas sean provistas del agua del Rio. El número de servicios actual asciende á 8476. Las aguas corrientes presentan una composición constante y las diferencias que se notan en los análisis son debidas á causas que se explican fácilmente. La n° 6 era agua corriente que habia sido estacionada en un depósito durante algunos meses y sujeta á diversas causas de contaminación. Las variaciones de otras en ácido nítrico, materia or- gánica y cloro, son debidas á impurezas de las vasijas que sirvieron para recoger el agua, como pudo explicarse cuando trató de averiguarse la causa de las diferencias en los análisis; pues debemos advertir que los análisis que publicamos son de aguas corrientes tomadas en diferentes puntos de la ciudad. Eliminando las causas de error debidas á contaminaciones accidentales, el agua corriente, tal como se surte á la ciudad, tiene en media la siguiente composición: Gases cmJ por litro 30 antes de filtrar. Gases cm1 por litro 20 filtrada por filtro Chara berland. Dureza total de 30 á 60. Dureza temporaria inj á 5°7. Dureza permanente 0°25 á i°2s. El residuo total salino secado á 1000 de 25 á35 por 100.000. La pérdida por calcinación de 4.4 á 11 por roo.ooo. El ácido nítrico de 0.0482 á 0.120 por 100.000. Acido nitroso o por 100.000. Amoniaco o ó de 0.001 á 0.005 por 100.000. Cloro de 0.39 á 0.80 por 100.000. Oxido de calcio de 2.0 á 4.0 por 100.000. Oxido de magnesio rastros á 0.2 por 100.000. El oxigeno necesario para oxidar la materia orgánica varia de o, 1 á 0,3 por 100,000. (i) Agua filtrada por filtro Chamberland, («) Agua sin filtrar, CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Estas son las cifras, que podemos establecer como límites, deducidas de numerosos análisis que tenemos hechos en la oficina, de estas aguas. Se verá comparándolas con el cuadro de los números límites admitidos por los autores y comisiones científicas que llenan todas las exigencias, aún de los más escrupu- losos. Se puede, pues, afirmar con entera certidumbre que las aguas corrientes son exce- lentes y muy propias para los usos de la alimentación. Durante los primeros dias del mes de Junio se proveyó á la ciudad de un agua completamente límpida y trasparente. Esta agua provenia del túnel de toma en donde se hallaba depositada desde algunos años. Consultada esta oficina sobre la conveniencia de usar esta agua en la alimentación de la ciudad, se hicieron tomar muestras en las diferentes bocas del túnel y los resultados del análisis van consignados en el cuadro adjunto. BOCAS y NÚMEROS 11 11 i 12 12 Í 13 U Total 6.07 5-71 S-71 6.24 ó.24 6.24 Dureza Temporaria 5-53 507 S.17 5-3 5-53 5-35 Permanente 0.53 0.53 0-53 0.89 O.yi 6.89 Residuo á roo0 en 100.000 77.0 78.1 77-o 77-° 79-o 77-7 Pérdida por calcinación en 100.000.. 10.1 10.5 n.7 12.7 13.° 13.7 Acido nítrico en xoo.ooo 0.4826 0.4826 0.4826 0.4826 0.4826 0.7239 Acido nitroso en 100.000 0 0 0 0 0 0 Acido sulfúrico en 100.000 6.26 6.88 7.04 7.°4 6.26 6.96 Oxido de calcio en 100.000 2.52 2.24 2.52 OO O rn 2.52 2.80 Oxido de magnesio en roo.ooo 0.88 0.96 0.68 0.42 0.98 0.70 Amoníaco en 100.000 O 0 0 0 0 0 Cloro en 100.000 Permanganato necesario para oxi- 17.68 15.6 15.62 16.68 16.33 15.62 dar materia orgánica en 100.000 0.64 0.8 0.736 0.576 0.544 O.Ó08 Oxígeno usado tiara lo mismo 0.1619 0.202 0.186 O..X457 O.X375 0.1538 Como se desprende del análisis, esta agua debía ser clasificada como apta para la alimentación y se informó en este sentido á la Comisión de Aguas Corrientes, que ordenó fuera entregada al consumo de la población. El análisis bacteriológico de las aguas es, como hemos dicho más arriba, el com- plemento del análisis químico. Desde su aparición como método experimental, llamó la atención de los investigadores y se fundaron las más halagüeñas esperanzas sobre sus resultados. Se creyó haber puesto el dedo sobre la esencia del contagio mismo, pues se presumía llegar á determinar, no las probabilidades de la contaminación de un agua, sino revelar y poner en evidencia la causa misma del mal, es decir, el agente patógeno despojado de los velos que antes le ocultaban, pudiendo ser cultivado, estudiado en su desarrollo y transformaciones y llevado nuevamente al organismo animal para experimen- tar su acción y resultados como agente de enfermedad. CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. El entusiasmo del primer momento llevó á algunos hasta despreciar el análisis químico, como inútil, como anticuado, y más que todos, le desdeñaban los incapaces de practicarlo, en vista de la facilidad del nuevo método, que permite en pocos dias al me- nos familiarizado con la práctica de laboratorio hacer una determinación bacterio- lógica. Desgraciadamente el análisis bacteriológico no ha correspondido á tantas esperan- zas. El aislamiento del gérmen de una enfermedad está rodeado de muchas dificultades, que solo permiten, en casos determinados, conseguir la separación que antes se creyó tan fácil. Los resultados así lo han demostrado y puesto en evidencia la verdad que encerra- ban las palabras de Tiemann en el congreso de higienistas de Berlín en 1883, en el que decía: que aunque se llegara á caracterizar todos los agentes patógenos de las enfermeda- des infecciosas y se pudiesen perfeccionar los métodos de investigación para las aguas, no podría nunca dejarse de recurrir al análisis químico. En presencia de la dificultad de en- sayar grandes cantidades de agua bajo el punto de vista de cada género de micro-orga- nismos, la química será siempre el faro que dirija los trabajos y que señale el agua que precisa de una investigación microscópica exacta. Y en estas condiciones será siempre necesario, como ahora, considerar la pureza del agua como la garantía más eficaz de su inocuidad y solo la química puede ser consultada por el higienista para obtener esta nocion. Los doctores Plagge y Proskauer, en un estudio interesante sobre las aguas del con- sumo de Berlín, publicado en el Zeiischrift fúr Hygiene 11, 40, llegan á ciertas conclu- siones sobre el análisis bacteriológico, que tienen para nosotros una importancia especial, pues dado el origen del trabajo, hecho en el Instituto Higiénico de Berlin, nos represen- tan las ideas de la escuela de Koch, que ejerce hoy tanta influencia en el mundo cien- tífico por sus importantes trabajos higiénicos. Las conclusiones son las siguientes; Ia El requisito más importante de un agua de bebida, es la ausencia absoluta en ella de sustancias infecciosas. 2a Es imposible la comprobación directa de las sustancias infecciosas por el análisis químico, y solo posible en casos dele7-minados y excepcionales por el método bac- terioscópico. 3a La importancia higiénica del análisis bacteriológico se funda, además de la com probación directa de la materia infecciosa, en la estrecha relación que existe entre los bacterios y las sustancias infecciosas, que nos permiten deducir ciertas consecuencias. No existiendo criterio químico seguro, tenemos en el estudio bac- teriológico un método auténtico y de medida exacta para determinar la bondad de los procederes de purificación de las aguas. 4a La falta de un criterio objetivo seguro para comprobar la presencia ó ausencia de materias infecciosas en el agua, nos obliga á excluir del consumo como sos- pechada de infección toda agua que no parezca bastante preservada de la in- vasión de sustancias infecciosas, haciendo depender la clasificación de su bondad de las circunstancias que la rodean. 5a Cualquier agua superficial y las de rio, por consiguiente, deben considerarse como aptas para ser infectadas y solo deben ser usadas prévia purificación. CENSO DÉ LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DÉ 1887. 6a Solo la purificación que determine la eliminación de todos los micro-organis- mos, es la segura y única protección en contra de la infección. 7a Según las experiencias practicadas puede admitirse para el agua filtrada por arena un contenido en gérmenes de 50 á 150 por centímetro cúbico de agua recien filtrada y de 300 por centímetro cúbico como máximum para las aguas corrientes de una población. 8a El agua subterránea (de pozo) debe considerarse como agua eficazmente filtrada y apta para el consumo, cuando está protejida de la invasión de sustancias infecciosas. 9a Los pozos ordinarios, abiertos ó defectuosamente cubiertos, no ofrecen suficiente garantía en contra de la infección, y su proximidad de las habitaciones les pone en peligro de ser constantemente contaminados, sobre todo en tiempo de epidemia. Es menester reemplazarlos por pozos tubulares. No se trata aquí de los pozos que atraviesan la primera capa impermeable. 10a Los pozos tubulares pueden ser considerados como aparatos de filtración arti- ficial. El exámen bacteriológico es de la mayor importancia en estos casos y de menor valor el exámen químico de sus aguas. El contenido en gérmenes de esta agua que puede ser comparada á la que se obtiene por filtración en grande escala, no debe pasar de 50 á 150 como máximum por centímetro cúbico. 11a No puede tenerse en cuenta el resultado más favorable que se haya obtenido del exámen de un agua de pozo, dada la posibilidad de su contaminación even- tual (véase 9.) Debe, pues, procederse al estudio del agua de estos pozos higié- nicamente defectuosos, por el exámen bacteriológico que comprueba la bondad de la filtración natural, admitiendo un contenido máximum de 300 bacterios por centímetro cúbico, y por el análisis químico buscando especialmente los cloru- ros, ácido nitroso y amoníaco. No se pueden fijar valores límites, siendo estos de una importancia relativa y sujetos á criterios que varían según las localidades [,; a Las relaciones entre los bacterios y especialmente entre las sustancias infeccio- sas y el agua, como medio nutritivo más ó menos favorable por su composición química para el desarrollo de los primeros, son todavía muy poco conocidas para poder deducir de ésta los requisitos higiénicos que están en relación con la composición química. No puede, pues, ser tomada en consideración para dedu- cir la calidad higiénica de un agua. Las conclusiones que anteceden reducen á su justo valor los entusiasmos del pri- mer momento y muestran el verdadero alcance que le da á las determinaciones bacterio- lógicas el fundador mismo del método. Transcribimos á continuación las conclusiones que con relación al análisis de las aguas han sido votadas por el VI Congreso Internacional de Higiene, que ha tenido lugar el año pasado enViena, propuestas por el profesor Dr. A. Gartner de Jena sobre el tema: Apreciación de la naturaleza higiénica del agua potable y del consumo según el estado actual de la ciencia. Ia Las aguas potables y del consumo no deben contener sustancias tóxicas y gér- menes de enfermedad. CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIKES, 2a Debe excluirse totalmente la posibilidad de que las sustancias tóxicas ó gérme- nes de enfermedad se mezclen á las aguas potables ó del consumo; ó, por lo menos, deben tomarse medidas para eliminar estos elementos dañosos. 3a Las aguas potables y del consumo deben tener caractéres físicos de pureza que las haga apetitosas é incitantes para beber. 4a La prueba de la presencia de las sustancias tóxicas las dará el análisis químico; y el exámen microscópico y biológico debe revelar los gérmenes de enfer- medad. 5a La posibilidad de una intoxicación óde una infección será tanto mayor, cuanto mayores sean las pruebas que se tengan de que el agua ha sido contaminada por deyecciones humanas. 6a La prueba de estas infecciones la dará el análisis químico en primera línea y en seguida el análisis microscópico y bacterioscópico. Para apreciar debida- mente el resultado deberán tenerse en cuenta las condiciones de la localidad. 7a Para que un agua sea apetitosa es menester que sus cualidades no den lugar á críticas, que los componentes solubles no difieran en calidad y cantidad de los que se hallan contenidos en las aguas de la localidad reputadas buenas, y que los animálculos ó pequeños vejetales—ó sus residuos—no se hallen en pro- porción notable; y, por fin, debe haber exclusión absoluta de toda contamina- ción proveniente de los residuos de la economía humana. 8a Para juzgar de las calidades de un agua es menester recurrir al exámen comparado de muchas aguas de la misma especie, provenientes del mismo paraje. En el mismo Congreso las conclusiones propuestas por el doctor T. Hueppe sobre el Relación del agua potable con las enfertnedades infecciosas, son las siguientes; tema Ia La comparación de las cifras de morbilidad y mortalidad por el tifus ó cólera en las ciudades, que están ó no provistas de agua potable ó de un sistema de canalización, antes y después de haberlo sido, no da una contestación decisiva á la cuestión propuesta. 2a En algunas epidemias, parajes provistos de un agua determinada han sido ata- cados epidémicamente por el tifus y el cólera. 3a Pero estas observaciones no tendrían en último caso fuerza demostrativa, sino cuando el hecho y la marcha de la infección del agua hubiesen sido positiva- mente comprobados por la aparición de la epidemia después de haber usado del agua infectada, y por la extinción de la misma después de haberse prohibido su uso, abstracción hecha del tiempo determinado de incubación. Hasta ahora, en ningún caso se han satisfecho estas exigencias. 4a La propagación del cólera y del tifus por las materias alimenticias y especial- mente la de este último por la leche, ha sido positivamente comprobada, lo que hace verosímil la posibilidad de la infección por el consumo de agua infectada. 5a Se deduce de las experiencias hechas sobre la vitalidad de los bacterios del tifus CENSO DÉ LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE ISB7. ó del cólera en el agua potable, esterilizada ó no, que las condiciones para su propagación son muy desfavorables; pero á veces—á pesar de la concurrencia de los saprofitos—algunos gérmenes pueden conservarse durante mucho tiempo. 6a La prueba de la presencia de los organismos mencionados en el agua, ha sido en efecto obtenida en algunas epidemias, sin embargo—excepción hecha de las observaciones de Koch sobre los spirochaetes del cólera en Calcuta—la rela- ción entre la aparición y el curso de la epidemia con el consumo ó uso del agua, no ha sido hasta ahora demostrada en parte alguna. En ningún caso la marcha de la infección del agua ha sido probada de una manera segura, y cada vez los bacterios no han sido hallados sino después de la extinción de la enfer- medad. No se puede, con relación á la epidemia, sacar provecho de estos casos á pesar de la presencia de los bacterios, y nos hallamos en el mismo estado an- terior, cuando con otro género de observaciones no llegábamos á determinar su existencia. 7a No debe olvidarse que existe una relación indirecta entre el agua del consumo y las enfermedades mencionadas provenientes de un trastorno en la digestión que predispone á ellas. Sin embargo es difícil llegar sobre este punto á un re- sultado positivo. 8a Aunque no se tenga una prueba definitiva de la relación del agua del consu- mo con las epidemias de tifus y de cólera, las experiencias hechas y las consi- deraciones generales á las que se ha llegado, permiten sin embargo reconocer como posible la participación de este factor, y, en algunos casos, como verosí- mil. Se deduce de esto, que en la práctica debe remediarse este peligro de infección. qa Para satisfacer este deber se recomiendan las siguientes medidas; a) preservar los pozos y fuentes del agua atmosférica y de las aguas de los ter- renos contaminados, construyendo paredes impermeables que desciendan has- ta el agua del subsuelo y más altas que el nivel del suelo mismo: constru- yendo los pozos y las fuentes lo más lejos posible de las letrinas. b) sostituir el agua corriente ála de pozos y fuentes. c) canalizar las aguas que brotan del suelo purificadas por la filtración natural ó á las aguas del subsuelo usando la perforación. d) para las demás aguas usar la filtración por arena 6 por el proceder de Thiem, haciéndola pasar por el suelo y recogiendo el agua filtrada. e) acción continua y tan activa como sea posible de !a m,'quina hidráulica. Evitar, en lo posible, la acumulación del agua estancada conservada en reserva Las determinaciones bacterioscópicas sobre aguas, practicadas en el laboratorio, as- cienden á muchos centenares. Los resultados numéricos obtenidos pierden todo el valor que les atribuía al prin- cipio de mi trabajo, una vez demostrada la facilidad con que estos bacterios se multiplican en pocas horas. Las muestras de aguas de pozo, algibe, rio, etc., estudiadas, eran recogidas Ccmpafta Sud-Anwricana de Billetes de Banco Bs A» A. SaRAVI »D NATUH Díl CLtMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. en vasijas limpias y lavadas con la misma agua, pero no se tenía la precaución de man- tenerlas á cerca de cero grados para evitar la germinación rapidísima que tiene lugar, pues la mayor parte de las muestras eran traídas por el público que no podía estar al cabo de estos detalles. Cuando se hicieron numeraciones de colonias, siempre se usó el método de Koch y se empleó el aparato de Wolfhugel para contarlas. En las muestras de aguas tomadas en buenas condiciones de examen de la cañe- ría de aguas corrientes que surte á la ciudad, el número varió entre los límites 10 á 200 colonias por centímetro cúbico. Las aguas de pozo se mostraron casi siempre relativa- mente poco pobladas de micro-organismos, lo que se explica por la filtración que las aguas experimentan en la capa de arena y arcilla que forma el lecho de la manta de nuestras primeras aguas subten áneas. Una cantidad de gérmenes aun menor se mani- fiesta en las aguas provenientes de la segunda capa de aguas subterráneas. Las aguas provenientes de los algibes y de algunos pozos se mostraron, por el con- trario, sumamente ricas en bacterios, y á tal extremo de no poderse contar su número, sino recurriendo á diluciones extremas con agua esterilizada. En algunas aguas de algibe hemos notado que predominan ciertos mohos. Dejando pues á un lado las experiencias de numeración, cuyos datos omito por las causas mencionadas, paso á describir algunos bacterios más comunes de nuestras aguas. Dividimos las colonias en dos categorías: las que fluidifican la gelatina y las que no la liquidan. La lámina adjunta V. demuestra el aspecto que todas eflas presentan en cultura en tubo y vamos á describir rápidamente. a) Es un Coccus de ¡x = 0,5 de diámetro que no fluidifica la gelatina y que presenta en cultura en chapas el aspecto de botones blancos deprimidos de aspecto de cera. La forma y disposición que se observa por el microscopio queda repre ■ sentada en la figura A de la lámina. Su cultura sobre agar-agar se extiende como un manto blanco irregular. b) El bacterio designado por esta letra también aparece como un Coccus, pero de un diámetro algo mayor ¡x = 0,7. La cultura en tubo tiene la peculiaridad de dejar ver después del segundo dia, numerosas burbujas gaseosas que au- mentan en los dias siguientes. No fluidifica la gelatina. La cultura en agar- agar no tiene ningún signo característico. c) Este es un badilas verdadero de ¡x 2,8 á 3,0 de largo por ;x=r 0,4 á 0,5 de diámetro; liquida la gelatina con rapidez, en forma de embudo en los prime- ros dias y de dedo de guante en los siguientes. La cultura en agar-agar es blanquizca é irregular. d) El bacterio de esta especie es un badilas que forma colonias que apare- cen á las 24 horas, afectando una forma irregular y serpentosa en los dias siguientes con abundante depósito globular. Su diámetro es de p 1,5 por ¡x = 0,3, á 0,5. e) Este es también es un badilas de ¡x= 3,0 á 2,5 y 1,0 por ¡x 0,5—0,4—0,2 de CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL Í5 DE SETIEMBRE DE 1887. diámetro. Después de dos dias fluidifica débilmente la gelatina en forma de embudo; se desparrama rápidamente el tercer dia sin penetrar hasta el fondo de la picadura de la aguja y toma un tinte verdoso muy característico. Su cultura en agar-agar se extiende con mucha rapidez y le comunica al me- dio de cultura el mismo tinte verdoso indicado. La observ ación micros- cópica lo presenta bajo la forma dibujada en la lámina bajo la letra E. f) También un hacülus que se acerca al C, pero de menor longitud y mayor diámetro l=p. = 2,5 y d = 0,5. Liquida más rápidamente la gelatina, hasta llegar á completar la fluidificacion en 4 dias. En agar-agar se desarrolla igualmente produciendo colonias irregulares blancas. La figura F de la lámina nos presenta á los bacillus tal como se ven con el apocromático 2 m-m- y ocular 12 de compensación Zeiss. g) Bacillus cuyas culturas en tubo afectan la forma de una campana invertida y en agar-agar la de una mancha gris poco extendida. h) Es un Coccus que no fluidifica la gelatina, de un diámetro de ¡j. =0,85, que toma la forma de un boton blanco prominente de color de huevo batido y que apenas se desarrolla en el agar-agar. La figura H de la lámina adjunta nos presenta su aspecto observado por el microscopio. De la observación de todas estas colonias resulta que ninguna de ellas tiene los caracteres asignados á las que forman los bacterios patógenos conocidos Su semejanza por los caracteres exteriores de desarrollo manifestados en los experi- mentos de cultura, las hace clasificar entre los bacterios saprofíticos inocentes y de ninguna acción sobre el organismo, descritos por Hauser y Rosenbach. Nuestros conocimientos sobre la morfología de los bacterios son tan limitados que no nos permite atrevernos á hacer una clasificación de ellos. Hemos recurrrido á los especia- listas, y el profesor Flügge, el eminente bacteriologista de Breslau, nos ha prometido su concurso, de modo que nos será posible dar una clasificación exacta de las especies que hemos aislado, limitando nuestro papel al del viajero que recoje piedras por placer y que solo las recoje para enriquecer los museos y presentarlas al minerálogo que ha de darles su verdadero mérito y asignarles un lugar entre los minerales conocidos. 5o CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. AIRE. El aire de una ciudad está formado por los mismos elementos normales de la at- mosfera y solo se advierte la presencia de elementos anormales, como residuos prove- nientes de la vida animal ó de las industrias que se establecen en el radio de la misma. Durante muchos años se ha profesado el principio de la constancia de composición del aire en todas las épocas y lugares, pero los estudios higiénicos volviendo á examinar con atención esta composición nos han demostrado su extrema variabilidad. Es menester agregar que estas variaciones apenas alcanzan á pocas milésimas: pero si se tiene en cuenta la enorme cantidad de este pabulum vitae con que el organismo humano se pone en contacto diariamente, se comprende que importa muchísimo cualquier diferencia cuantitativa por insignificante que parezca, estudiada en su simple relación centesimal. Aunque no se tenga, en el lenguaje corriente, al aire como un alimento, lo es y muy importante, pues constituye nuestro principal elemento de vida. Los que desean aire puro para sus pulmones en momentos de cansancio y de hastio, no hacen figuras retóricas, sino expresan una necesidad orgánica, de un rigurosísimo origen fisiológico. En nuestra manía de seguir las ideas de moda, ponemos grande atención al agua de bebida, pero no cuidamos con igual solicitud del aire que respiramos, y sin embargo, las causas de contaminación de uno son iguales á las de la otra y tal vez de la misma impor- tancia etiológica, estudiadas con relación á la producción de las enfermedades. Esta reflexión adquiere mayor gravedad cuando pensamos que el agua de bebida puede ser elegida, mientras que el aire debe Jorzosamenie respirarse tal como se presenta en el medio en que vivimos. En cuanto á las facilidades de producirse una infección del organismo por el aire, quedan aumentadas pór la gran extensión de la superficie pulmonar que se pone en contacto con el aire, sin existir mas defensa para el organismo que el mucus bronquial y la secreción pul- monar, favoreciendo la eliminación los movimientos reflejos del epitelio vibrátil que espulsa con dicha secreción las partículas sólidas que podrían ser causa de un mal inmediato y de una cotaminacion real del organismo que respirara un aire infestado con gérmenes de enfermedad. El activo poder de absorción de la superficie pulmonar está demostrado por los rápidos envenenamientos que se producen por los gases deletéreos, que atraviésala las deli- cadísimas paredes que separan la sangre que lleva la vida, del aire que con igual facilidad puede ser vehículo de muerte. Buenos Aires, situado en el borde de la llanura inmensa de la Pampa, goza de un aire purísimo fácilmente renovado: los vientos soplan sin estorbos sobre nuestras plazas, calles y casas, contribuyendo á la eliminación de los gérmenes que tienden á estancarse y á desarrollarse, produciendo luego contaminaciones que encontrarían terreno muy apropiado, á causa de los materiales, disposición, orientación y humedad de nuestros edificios Los elementos normales de la atmósfera, el oxígeno, ázoe, ácido carbónico y agua, han sido objeto en la Oficina Química de algunos trabajos, no tan detallados como hubiese deseado, pero que bastan para demostrar que entre nosotros la composición de la atmós- CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. fera no varia dentro de limites muy considerables, pues los resultados son comparables con los obtenidos en Europa. Las determinaciones del oxígeno del aire de la ciudad practicadas en el Laboratorio de la Oficina Química Municipal, siguiendo el método de Hempel, ha dado los siguientes resultados : 1 6 Fdbrcro 1888,, O = 21.30 °/Q 2 25 » » O = 22.0 » 3 1 Marzo » O = 21.70 » 4 3» » * 0 = 21-33 9 56» » O 21.27 * 6 7 » » 0 = 21,26 » 7 8 * * O = 21.ss # 8 Marzo 1888 O == 20.93 % 8 » » O = 21.20 » 9 * * O = 21.54 » 12 * * ...... O 21.44 * *3 * * ..... O = 21,86 » r3 * * O = 21.91 » 2o * * O ~ 20.8 X La media de estas 14 determinaciones es de O = 21,48 % La media de lác análisis hechos en diferentes ciudades de Europa es de 20.9 Ó %, y por consiguiente, inferior de 0,52 á las practicadas en Buenos Aires en nuestro Labo- ratorio. ¿Esta diferencia es debida acaso al método seguido en el análisis? No podríamos resolver la cuestión y nos limitamos á su simple enunciación. Los que desearen mayores datos sobre la discusión de este tema, recurran á la obra de Renk Die Luft—Leipzig 1.886 pág. 6, que omitimos en obsequio á la brevedad. Otro elemento normal de la atmósfera es el ácido carbónico del que se han practi- cado en el Laboratorio algunas determinaciones con los siguientes resultados, empleando el método de Pettenkofer modificado: xó Agesto 1888 Azotea del Laboratorio,, ~.. 0,030 °/0 l 8 » * >s » » 0,049 » 20 >s » » » >i 0,038 » 21 » » » >s ~... 0.040 >) 23 » » » >* » 0,050 » 29 Setiembre » Centro de la Ciudad * o*o3o » 29 » x Sud Oeste de la Ciudad ó.030 » 30 » » Oeste » » v , 0.030 » 6 Octubre » Norte » » » 0,036 » 6 s> » Sud » » « 0,029 » 9 » » Oeste » á » 0,040 >) De cuyos datos se deduce la media de CO2 = 0,0365 % Estas cifras acercan la ciudad de Büeños Aires á aquellas que gozan de un aire lo ínás puro, lo que por otra parte se concibe fácilmente dado el corto número de causas de contaminación, por el ácido carbónico, que obran sobre la atmósfera de la ciudad. Ozono. El ozono es uno de los elementos normales del aire, se produce por la acción de las descargas eléctricas sobre el oxígeno atmosférico y también por muchos otros fe- Cowptlto Sud Anwncana de BiHeíss de Banco B*A* CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. nómenos de composición y descomposición que tienen lugar sobre la superficie del suelo en presencia del aire. Abunda en el aire del campo y disminuye su cantidad en los parajes poblados, en donde al parecer se emplea en determinar fenómenos de oxidación de las materias orgánicas, destruyéndose él mismo y quedando bajo la forma de oxígeno ordinario. El ozono llamó la atención desde la época de su descubrimiento por la originalidad de sus reacciones. Demostrado su poder oxidante enérgico y destructor de las materias or- gánicas se creyó poder inducir que era también agente de destrucción de los miasmas del aire y de allí se indujo que durante las epidemias faltaba el ozono del aire, estableciéndose una relación de causa y efecto entre el ozono y las enfermedades contagiosas. Pero estas afirma- ciones están muy lejos de ser hechos probados. La dirección de la Estadística Italiana, comparando y estudiando observaciones de muchos años y de varios observadores, deducía el año 1868 las siguientes concluciones: Io Que dividiendo el dia en dos períodos de 12 horas, los papeles ozonoscópicos expuestos en el período nocturno (de 9 p. m. á 9 a. m.) tienen un tinte más subido que los de diurno (9 a. m. á 9 p. m.) 2° Que subdividiendo en períodos de 6 horas, los papeles de la mañana acusan mayor cantidad de ozono. 30 Que la producción de ozono es mayor en los parajes altos. 40 Que las oscilaciones del barómetro no tienen ninguna influencia. 50 Que la cantidad mayor de humedad hace más notables los fenómenos de colo- ración en los papeles ozonométricos. La lluvia, sobre todo, hace muy sensible el fenómeno. En cuanto á la relación que existe entre el ozono y las enfermedades contagiosas, caemos en un dédalo de informaciones contradictorias de los observadores de diferentes países. Unos niegan el hecho, otros lo sostienen con calor. La buena lógica nos aconseja rechazar todo este cúmulo de observaciones, en que la buena fé hace ver relaciones en donde no existen sino coincidencias. Por otra parte, la etiología de las enfermedades contagiosas, que ha hecho tantos progresos en estos últimos años, nos demuestra que la palabra miasma nada vale ni nada significa, y nos ha puesto de manifiesto que muchas enfermedades contagiosas, antes re- putadas de origen aéreo, son por el contrario, producidas por infección del organismo por medio de las aguas de bebida, y precisamente en estas enfermedades se había creído ver una relación entre su desarrollo y la ausencia del ozono en el aire. Comparando observaciones ozonométricas con estadísticas de mortalidad se ha creído poder deducir también que existe una relación directa entre el ozono y la mortalidad por enfermedades pulmonares. Entre nosotros se han hecho observaciones ozonométricas con diversos intervalos y por varios observadores, usando del papel de ioduro de potasio y almidón. Pero dado el poco valor del método y de la importancia de la observación misma, las omitimos en esta reseña. No tenemos en Buenos Aires observaciones sobre las variaciones periódicas de las cantidades de los elementos normales de la atmósfera, que es menester emprender y 53 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. de que tal vez se encargue, á pesar de sus muchas ocupaciones, el Laboratorio de la Oficina Química Municipal que dirijo. Carecemos igualmente de determinaciones de la cantidad de amoníaco, ácido nítrico y nitroso, de agua oxigenada que se encuentran en el aire, ya sea accidental ó normalmente. Son estudios todos estos que para poder ser llevados á cabo con el rigornecesario se han menester elementos, materiales que no faltarían, pues la Municipalidad hardotado el Laboratorio con una liberalidad desconocida en otras ciudades, y sobre todo, obreros entu- siastas y trabajadores que se hallen penetrados de la importancia del asunto y que estén dispuestos á dedicarle su tiempo y su actividad, no por la recompensa venal de un sueldo, sino por el amor que inspira el culto de la ciencia y el entusiasmo que solo nace de un convencimiento perfecto de la importancia del asunto y del cariño que se le toma á me- dida que van brotando las semillas que echan en su suelo la inteligencia, la laboriosidad y la empeñosa tarea del observador. Desde tres años hemos emprendido observaciones aeroscópicas, pero los resultados obtenidos no son tales que hayan merecido una publicación especial nuestra. La deficiencia de estos estudios es debida á la falta de tiempo para llevarlos á ( abo á la par de tantos otros que por apremio inmediato debo preferir, pues importan servicios públicos, cuyo desempeño no se puede eludir, ni deferir. El tema me ha preocupado y he tratado de ensayar métodos primero y luego po- nerme en condiciones de aplicarlos al estudio de los organismos contenidos en nuestro aire. Después de muchos ensayos me había detenido en el método de las culturas sobre substractos sólidos siguiendo el proceder de Hesse y por fin el del Dr. Petri con el filtro de arena esterilizado. Los resultados obtenidos hasta ahora son tan variables que no nos atrevemos á metodizarlos para presentarlos a! público. Los principios establecidos por Michel en sus memorables trabajos en el Observatorio de Montsouris, tienen en general una confirmación para nuestra atmósfera y las diferencias notadas solo deben responder á causas que no nos es posible determinar por ahora. Debido sin duda á la humedad que reina habitualmente en nuestro clima tenemos un predominio de los mohos y de las sacaromicetas, sobre los bacterios ó esquistomicetas propiamente dichos en el aire que respiramos. Los mohos y sacaromicetas del aire provienen, principalmente, del suelo y de los residuos vejetales húmedos que por las fermentaciones á que están sujetos, son semilleros de gérmenes que multiplican su acción por espacirse con facilidad suma por la atmósfera merced á los vientos que soplan sin estorbos sobre nuestra ciudad. Los vientos secos los arrastran en las nubes de polvo que son características de nuestra región y que tanto llaman la atención de los viajeros que las observan por pri- mera vez. Los pólenes de vejetales son arrastrados por los vientos en estas condiciones con la mayor facilidad, y si no son muy abundantes, solo es debido á la pobreza de nuestra vejetacion arbórea en los alrededores de la ciudad. -/A la presencia de estos cuerpos de origen vejetal deben atribuirse las lluvias coloreadas que han sido observadas alguna vez entre nosotros, una de ellas roja, que se produjo el CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. año 1877, y que no fué estudiada por ninguna persona competente que pudiese indicarnos la naturaleza del cuerpo que era causa del color que se notó entonces en el agua llovida. Entre los bacterios observados por nosotros en el aire podríamos señalar muchos, pero cuya clasificación es dudosa. Nos limitamos á mencionar: varias sarclnas, entre las que una amarilla, probablemente la N. lulea: Muchísimos micrococcus entre los cuales el prodigiosas, ureae. Del género Bácterium, hay especies sumamente comunes como el B. termo y otros congéneres. También se notan Racillus como el B. fluidificans, el B. /aclis y muchos otros inde- terminados. De la pobreza de los datos que anteceden se deduce que el estudio bacteriológico del aire aun está por hacerse entre nosotros, y es obra que la seguiremos, sino con toda la competencia que exije la cuestión, por lo menos con la buena voluntad y dedicación que no nos falta para este estudio, en el que tendremos la ayuda de especialistas europeos, entre otros del célebre profesor Flügge de Breslau, quien nos la ha ofrecido completa y sin restricciones y que agradecemos tanto mas, cuanto menos merecimientos tenemos para haber osado pedírsela. Desgraciadamente los estudios sobre el aire en general, hechos entre nosotros, son insignificantes con relación á la importancia del asunto y referirlos ha sido tarea fácil, pues se limita á los pocos datos que hemos expuesto. La misma deficiencia y pobreza de ellos, creemos que excitará el espíritu investigador de aquellos que, hallándose en condiciones de poder llevar á cabo una investigación experimental, quisieran acometer la tarea de estudiarlos, discutirlos y complementarlos, para suplir una de las tantas desiderata que tenemos en el estudio de las cosas que atañen al medio que nos rodea. CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. CLIMATOLOGIA. Después de esta breve descripción de las condiciones de nuestro suelo, agua y aire, pasemos á ocuparnos de las variaciones de los fenómenos meteorológicos que tienen lugar en Buenos Aires. La climatología argentina ha tenido por legislador al Dr. D. Benjamín A. Gould y por obreros de primera hora y casi ignorados, pero con la conciencia de la importancia de su labor, á los primeros observadores Cebados, Cervino, Manuel Moreno, el fundador de la cátedra de química en Buenos Aires, más conocido como tribuno que como sabio, al verdadero sabio Mossotti, quien durante los tres años de permanencia entre nosotros echó las bases de observaciones científicas importantes que ilustraron su nombre, y á los miembros del Departamento Topográfico. Durante la tiranía de Rosas hubo una época de inacción en que no se registraban las variaciones atmosféricas. Desde 1856 aparece un modesto agrimensor, D. Manuel Eguia, que con la intuición del bien y del adelanto del país se puso á practicar observaciones meteorológicas y las siguió durante 20 años con una cons- tancia y una tenacidad que seria entonces considerada como una manía, pero cuyos tra- bajos sirven para salvamos de la tacha que pudieran hacernos los hombres de estudio que llegan á nuestras playas, de no haber tenido ni las nociones más elementales de nuestros primordiales deberes para con las ciencias y que nos dan el derecho de consi- derarnos hombres medianamente civilizados. El nombre de D. Manuel Eguia será eternamente recordado por todos aquellos que tengan un corazón para amar y venerar nuestras glorias nacionales, entre los que debe ser contado, pues es menester habituarnos de una vez á saber apreciar al que sirve la patria, lo que no solo se hace derramando sangre y escribiendo ó virtiendo palabras que lleva el viento, sino también recogiendo observaciones que son utilizadas después y que representan ideas, progreso. Las observaciones de Eguia han servido de base á todas las deducciones de Gould y esta obra ha hecho conocer al país, su clima, los recursos de que puede disponer el agricultor, el navegante, y han servido á las compañías de seguros para establecer sus cálculos sobre los elementos naturales que son el patrimonio de un país, cuando como el nuestro se hallan favorecidos extraordinariamente por los beneficios de los fenómenos mete- reóricos, elementos de la fertilidad de nuestro suelo y de la benignidad y condiciones favorables de nuestro clima. Por estas observaciones afluye inmigración, nos vienen brazos que remueven nuestro suelo y hacen centuplicar las fuerzas vitales del país sin que lo sospechen aquellos que se figuran que sus metáforas y los discursos mueven los capitales. Deben convencerse todos que más vale para un financista un dato meteorológico que toda una hilera de palabras huecas que nada importan para traer capitales que solo se mueven á impulsos de la conveniencia y de la mayor ganancia. Aparte de todos estos datos que solo interesan al capitalista, inmigrante, industrial ó agricultor, las observaciones climatológicas tienen también importancia para el higienista, CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. el médico, el viajero, que ven en la climatología un auxiliar poderoso de sus actos pro- fesionales. Un diario, «La Nación», ha iniciado un servicio meteorológico nacional en el que se registran diariamente observaciones en diferentes puntos de la República. Esto ha sido tomado de broma por algunos, ha sido mirado en seriedad por otros y todos muy pronto se convencerán de su importancia cuando un número de colaboradores, extendidos en la superficie de la República y fuera de ella en Chile, Solivia, Paraguay, Uruguay y Brasil, formen una red completa de puntos, que nos permita prever las variaciones atmosféricas, evitar Jos efectos desastrosos de las tempestades, salvar nuestras naves y anunciar el peligro con muchos dias de anticipación—¡Cuánta riqueza, cuántas vidas salvadas por una simple cifra, que nada dice....al que no la sabe leer! Para desenvolver los datos climatológicos que tenemos adquiridos por las obser- vaciones recogidas entre nosotros, las iremos exponiendo en párrafos sucesivos con las consideraciones que creemos pertinentes para cada punto que se trate. OBSERVACIONES HELIOMÉTRICAS. Es conocido el papel que desempeña el sol en el sistema del mundo y la influencia que ejercen sus rayos sobre los fenómenos terrestres y atmosféricos como agentes de com- posición y descomposición de los elementos que forman los minerales y los organismos vegetales y animales que pueblan la tierra. Alumbrando las maravillas del mundo orgánico, el sol proporciona el calor nece- sario para su conservación y reproducción, y almacena en los vegetales el carbono que mas tarde mueve las locomotoras que surcan la tierra y los mares proporcionando como- didad y bienestar al hombre. En los países en que el sol luce sin estorbos, regulariza el clima determinando los fenómenos atmosféricos más complejos, reviste la tierra de plantas que constituyen la riqueza de las zonas templadas y tropicales, y determina por la abun- dancia de las cosechas el aumento de los seres que viven en ellas y es la causa de muchos otros fenómenos que nos hacen considerar al sol como el regulador de la economía del mundo. De esta enumeración de hechos se comprende la importancia de las observaciones del número de horas de sol, que real y efectivamente aprovecha una zona sin estorbos de nubes, lluvias y otras causas que ocasionan su ocultación. Las observaciones heliográ- ficas tienen especial interés para la agricultura y pueden reputarse mas provechosas que las termométricas é higrométricas, pues de cierta manera nos dán una medida de la acti- vidad de la clorofila de los vejetales que, como es sabido, encierra todo el secreto del crecimiento, almacenamiento del carbono, en el fenómeno de la respiración de las plantas. No menor importancia tiene para la higiene la determinación de las horas en que el sol alumbra con sus rayos la tierra, desde que es conocido el hecho enunciado por la escuela de Pasteur, que demuestra la acción atenuante que ejerce la luz del sol sobre la virulencia de los bacterios patógenos. CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Estos pierden por la exposición á la luz del sol sus propiedades virulentas, se trans- forman en bacterios, de acción atenuada ó vacunas, y luego mueren. No de otra manera se explica la acción desinfectante del aire sobre las ropas ú objetos infectados por agentes de enfermedad segregados por el hombre ó animales domésticos. Bien entendido que la luz es un factor del fenómeno que obra conjuntamente con el aire y la humedad, determinando oxidaciones en condiciones no definidas aun por la ciencia, pero que no dejan por eso de ser un hecho bien comprobado y conocido desde la mas remota antigüedad y que nos esplica la razón de la operación de la aereacion como medio de purificación y desinfección de lo que se consideraba contaminado, según las ideas vulgares de otra época. Igual fenómeno pasa en el suelo y en una escala mayor cuando una materia infectada se echa sobre él y sufre la acción de los rayos sol: res. La acción desinfectante de la tierra es multiplicada por esta influencia de la luz. La influencia del sol sobre la vegetación está fuera de discusión. Es conocido el hecho, sorprendente á primera vista, que en algunas localidades del Norte de Europa á latitudes inferiores á 6o° y con temperaturas medias anuales inferiores á 50 se obtienen cosechas de trigo, centeno y cebada en un número de dias, contados desde la siembra, menor de los que ocurren en latitudes mucho mas bajas y con temperaturas medias más elevadas. Yla razón del fenómeno está en que el número de horas de sol es mayor que en el de las regiones templadas á que hemos hecho referencia. De todos estos hechos enumerados se deduce la importancia que tienen las obser- vaciones lucimétricas practicadas con el heliógrafo de Campbell. Puede considerarse como nn instrumento nuevo, pues según noticias que tengo, desde muy poco tiempo ha pasado de Inglaterra al Continente europeo, y entre nosotros fué puesto en observación desde hacen dos años en Córdoba, por el distinguido Director de nuestra oficina meteorológica Argentina el Dr. G. Davis, desde un año por nosotros en Buenos Aires y, según me informan, desde algunos meses en La í'lata por el Sr. Beuf. Estas observaciones han sido emprendidas por mí en el local de la Oficina Química y llevadas á cabo con la ayuda del ordenanza Pablo Flores, que con una dedicación y escrupulosidad rarísimas en personas de su condición y que se ha encargado de seguirlas con un empeño, muy superior á todo elogio. El instrumento me fué generosamente pro- porcionado por el Dr. G. Davis, quien no me permitió cubriese los gastos originados por la compra del aparato y de los papeles heliográficos, como deseaba. Así pues deben considerarse estas observaciones como propiedad de la Oficina Meteorológica Argentina, bajo cuyos auspicios lian sido emprendidas y para cuya publicación he sido debidamente autorizado por su Director. El heliógrafo ingles ó de Campbell, es llamado también Sunshine y es de construc- ción de la conocida casa de Negretti y Zambra. Está formado por una esfera maciza de vidrio fija á un eje, el que se dirige paralemente al eje de rotación de la tierra yse dis- pone en el meridiano del paraje de observación con una inclinación correspondiente á la latitud del mismo. Es evidente que variando las horas de cada dia, variará la posición del punto de concentración de los rayos solares que hieren una parte de la superficie de la esfera mencionada con relación á la superficie de un papel compacto dispuesto pa- CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. raídamente á la superficie de la esfera misma y en posición adecuada á las diversas esta- ciones. El calor concentrado de los rayos solares determina la combustión del papel y deja un rastro indeleble, ya continuo ó interrumpido, según el estado de nebulosidad del cielo. También se comprende que este rastro será mas ó menos ancho, según la intensidad de la luz solar que lo ha originado y en relación con la mayor ó menor transparencia del aire y altura del sol sobre el horizonte del paraje de observación. Renovando diariamente las tiras de papel sobre el que están trazadas las horas de tiempo con relación al meridiano del lugar, se consigue dia por dia, bajo la forma de una línea curva, el surco de combustión producido por el sol de la localidad. De esta manera se puede medir el número exacto de horas de sol de una localidad, y aun si se quisiera aproximadamente su intensidad. Este es el instrumento usado por nosotros ylo tenemos colocado sobre la azotea de la Oficina Química (Moreno 32) á una altura de 30 metros sobre el nivel del Rio y en paraje que recibe los rayos del sol desde que aparece sobreseí horizonte del Rio hasta que se pone en las llanuras inmensas de nuestra Pampa, sin que estorbo ninguno limite el campo de su acción. Las observaciones empezaron el 21 de setiembre de 1887 y en el cuadro que pu- blicamos se anotan hasta el 20 de setiembre de 1888, de manera que comprenden 366 dias, (ano bisiesto) de Primavera á Primavera. La lámina reproduce fielmente dia por dia los trazados hechos por el sol mismo y nos exime de dar un cuadro de cifras, que, á nuestro juicio, tienen menos valor que la representación gráfica que publicamos. El sol Aires brilla sobre el horizonte el número de horas marcadas en el cuadro siguiente; Enero hs. 435.o' Agosto .... hs. 332.4' Febrero » 382.9' Setiembre .... » 352.6 Marzo . 376-s' Octubre .... » 378.0' Abril » 332.o' Noviembre .... » 414.6' Mavo * 3*5. Diciembre .... » 442.0' Junio » 291.4' Julio * 308.0' Total hs. 4377.41 Según nuestras observaciones consignadas en el cuadro y medidas cuidadosamente resulta que hemos tenido las horas del sol siguiente: MESES Días Mañana Tarde Total Setiembre .. 1887 IO hs. 48.35' hs. 45.40' hs. 94.15' Octubre .. » 31 132.10 » 112,20 » 244.3o' Noviembre .. » 3° » 137.3°' » 137.3°' » 275.00' Diciembre .. * 31 i36-3°' « I24.IO » 260.40' CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. MESES Días Mañana Tarde Total Enero 31 hs. 148.10 hs. 168. 50' hs. 317.00' Febrero 29 » 126.40' » I03.5S' » 230.35' Marzo 3.1 » 122.15 * 107.30' » 229.45' Abril 3° » » “3.4o' » 226.55' Mavo » 31 » II4#IO » 9I.207 » 205.30' Junio 3° » 5° -os' » 34.40' * 84.45' Julio .. » 31 » 79 - 45^ » 6g.00' » 148.45' Agosto 31 » 79.4°' » 70.I07 » 149.50' Setiembre 20 » SQ.SS' » 37.3o' s 97.05' Estas cifras reunidas en estaciones del año nos dan los siguientes resultados : Mañana Tarde Total Primavera hs. 405.55' hs. 377-45' hs. 783.40' 21 Setiembre á 20 Diciembre Verano » 396-1S' » 3%i30' » 779-45' 31 Diciembre » 20 Marzo Otoño » 3*°.4°' » 268.50' » 579-3°' 21 Marzo » 20 Junio Invierno » ' 235-3°' » 186.10' t » 421,40 21 Junio » 20 Setiembre Totales hs. 1348.20' hs. 1216.15' hs. 2564.35' Debemos hacer notar que el número total de horas resulta inferior á la verdad comparado con el de las cifras teóricas. En efecto, en el primer cuadro se calcula el número de horas en que el sol aparece sobre el horizonte, mientras que los cuadros de observaciones solo señalan las horas en que el mismo sol ha quemado el papel. Ahora es fácil comprender que durante la primer media hora de la mañana y la úl- tima de la tarde, á pesar de lucir el sol sobre el horizonte y figurar en el cuadro, su intensidad luminosa no es suficiente para dejar un rastro visible sobre el papel del heliógrafo. Esto lo hemos podido notar muchas veces. También podríamos señalar otro error del instrumento y es el que se verifica en los dias de sol, pero en los que numerosas nubes surcan el cielo. El sol aparece y desaparece con intermitencias tan frecuentes, que no permiten ser marcadas por el instrumento. Si sumamos estos errores podríamos agregar como corrección un diez por cie7ito más del sol anotado por el heliógrafo, sin temor de exagerar la verdad. Si nos guiamos por las cifras del cuadro de observaciones resulta que aprovechamos un sesenta por ciento del sol que debe alumbrarnos; pero si introducimos la corrección que juzgamos equitativa, tendremos que en Buenos Aires se disfruta un sesenta y seis por ciento de la parte de sol á que tenemos derecho por nuestra latitud geográfica y por las fa- vorables condiciones de nuestra atmósfera. 6 o observaciones ÍRVACIOIÍES heliográficás Compañía Sud-Amerrcana de Billetes de Banco B? A! Clima y condiciones higiénicas de buenos AírES. Igualmente de nuestras observaciones resulta que los meses de más sol entre no- sotros son por orden decreciente: Enero, Noviembre, Diciembre, Octubre, Febrero, Marzo, Abril, Mayo, Setiembre, Agosto, Julio y Junio. Para las estaciones en el mismo orden, la Primavera, el Verano, el Otoño y el Invierno. De la observación de las cifras se deducé igualmente que nosotros tenemos más horas de sol útiles en las diversas estaciones durante las horas de la mañana que durante las horas de la tarde, asi como que las estaciones que dan mayor número de horas de sol utilizables son por orden decreciente la Primavera, Verano, Otoño é Invierno. Este primer año de observaciones no nos permite mayores deducciones, que po- drán más tarde sacarse por la comparación que se haga de los resultados de diferentes períodos entre sí. 61 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. NEBULOSIDAD. Como complemento de las observaciones anteriores y para dar al lector una idea de la cantidad de nubes del cielo de Buenos Aires, prescindiendo de su forma y disposición, publicamos más abajo el cuadro del Dr. Gould basado sobre 20 años de observaciones. En electo, la nebulosidad es el dato correlativo de la luminosidad, cuya mayor in- tensidad solo registran las observaciones heliométricas de que damos cuenta en el párrafo anterior. Es oportuno recordar que la luz solar encierra rayos caloríficos, químicos y lumi- nosos, que estos últimos son los amarillos, verdes y naranjados, que los caloríficos tienen su mayor intensidad en el rojo del espectro, mientras que los químicos se manifiestan lo más activos en el violeta y en una región no visible del espectro llamada precisamente ultra violeta. Se sabe que el mayor número de rayos químicos los tiene nuestro clima en los meses de Enero, Diciembre y Noviembre, y la menor cantidad en los de Julio y Agosto, y que el máximum siempre se manifiesta en las horas meridianas como en otros países. Igualmente resulta que la luminosidad es mayor en el aire dilatado y puro, lo contrario sucede cuando está cargado de vapores, no olvidando que además de la luz del sol la tierra goza de los efectos de la luz que reflejan las nubes, pero desgraciadamente debemos agregar que nada positivo se conoce sobre la influencia de estas diversas especies de luces; á las que podríamos añadir las que la luna y las estrellas reflejan sobre la tierra. Estos estudios presentan dificultades extremas para poder apreciar cuantitativamente su influencia sobre el hombre, y quedan justificadas pensando que estos efectos son inseparables de los de calor, humedad, presión, composición del aire, que obran simul • tánea y constantemente sobre todos los organismos que pueblan la tierra. Los médicos que habitan países nebulosos, han tenido ocasión de comprobar muchas veces en los extranjeros una nostalgia especial, tristeza, falta de energía, inapetencia y trastornos digestivos, que desaparecen cuando luce el sol sobre el horizonte. Casos mas característicos se citan y que demuestran la influencia del sol yse se- ñalan entre los que habitan sótanos y parajes pocos iluminados, en cuyas habitaciones están sujetos á fiebres que presentan alguna semejanza con las interminentes, pero que desaparecen por la exposición del que las sufre á la luz solar. Debe existir indudablemente alguna influencia entre estos hechos y la atenuación que experimentan los bacterios por la luz del sol, bajo cuya influencia pierden sus pro- piedades virulentas, como está demostrado por los estudios de Downes y de Blunt, Du- claux y otros. Experiencias de fecha muy anterior practicadas por el célebre Moleschott habían demostrado que los bactracios, bajo la influencia de la luz y á igualdad de temperatura, exhalan mayor cantidad de ácido carbónico que expuestos á la influencia de oscuridad, y que la cantidad de ácido carbónico aumenta en razón directa de la intensidad de la luz. Por otra parte, W, J. Edwards en sus estudios célebres sobre la influencia de los agentes CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. físicos sobre la vida, habia demostrado que la luz es necesaria para el desarrollo de las por- ciones del cuerpo que caracterizan el tipo de la especie. Los cuadros que publicamos han sido formulados teniendo en cuenta las observa- ciones de Eguia en las que el o representa la claridad absoluta y el 10 un cielo comple- tamente cubierto: para dar mayor valor á las fracciones que resultan de los promedios, la escala decimal se ha convertido en centesimal; pero es menester agregar que este dato es simplemente aproximado, pues el Sr. Eguia no ha dispuesto de ningún instrumento, ni la ciencia los tiene tan perfectos que permitan dar un carácter de exactitud á este género de observaciones. He aquí los cuadros para que sean aprovechados con las restricciones del caso. Variación de la nebulosidad media en escala de 100. DÉCADA Nebulosidad observada DÉCADA Nebulosidad observada 7 .7, m. 2 i>. m. 9 p m. Pro- medio 7 a. m. 2 P, m% 9 p. m. Pro- medio Enero I 45 49 31 42 Julio I S2 58 44 5i » II 42 43 31 39 » II 51 58 39 49 * III 41 46 32 40 » III 51 57 40 49 Febrero I 47 5° 3° 43 Aerosto I 5° 54 39 48 » II 49 46 33 43 » II 52 55 38' 48 » III 44 45 34 41 * III 56 53 37 49 Marzo I 42 49 28 40 Setiembre I 49 52 40 47 * II 47 47 35 43 » II 46 5° 40 45 * III 4i 44 30 38 * III 5° 5° 42 47 Abril I 41 44 29 38 Octubre I 63 60 43 56 * II 46 47 27 40 » II 53 56 44 5i * III 48 5i 28 42 * III 55 59 44 53 Mayo I 56 55 I * II 54 60 44 53 II 44 5° 0*) 38 44 * III 53 57 45 S2 * III S3 5i 36 47 Junio I 6l 65 5° 59 Diciembre I 44 48 35 42 II 60 es 49 58 » II 43 42 31 39 * III 59 65 5i 58 * III 45 44 32 40 Es un hecho demostrado que los vientos ejercen una notable influencia sobre el estado del cielo, acumulando ó disipando las nubes que se presentan en el horizonte. El Dr. Gould analizando las observaciones de Eguia, llega á formular el cuadro adjunto, en el que está consignada la influencia que los vientos ofrecen sobre la nebu- losidad en 4 épocas características del año. Censo de la capital federal del 15 de setiembre de 1887. Rosa nublométrica de los vientos, en la escala de 1000. MARZO 111. O M — Xj W Oo 4»* 4* O -P- M O H N Oo -P» -£* O O OI NNE Oo Ca -P* Ca NE Oo 4a- CA CO o tO O to O ENE Oo CA -P* 'O O -P» (A to E -£*■ Ca Ca CA *vj (J\ O Cn ESE 6x8 632 4S4 SE Oo CA CA CA W 0 ON 00 0 SSE Oo -P* O O tO CA GO S to Oo Oo VO vO Oo Ca ssw ÍO Oo Oo —J -P* ON CO GO sw tO Oo Oo -P> vO Cv VO CA -P* wsw tO Oo Oo O CA w w Oo tO to M GO 00 H WNW VO -P? *<1 to O NW to Oo Oo Ca '-J 10 O to O NNW GO O 4a. M M tO M hj po p n O O JULIO I. 7 a. ni 531 567 493 650 626 731 743 622 447 418 458 450 429 43i 386 418 52S 2 p. m 579 591 638 6[i 678 758 776 f>59 533 497 5°7 5°° 473 474 407 489 575 g p. m 447 462 429 53° 568 644 599 498 361 396 406 355 358 292 263 368 435 SETIEMBRE 111. 7 a. m 5 00 516 565 568 604 684 702 585 459 423 433 426 399 401 333 416 501 ? p. m 499 491 661 510 607 662 686 573 496 453 433 427 394 395 3°S 438 502 9 P- m 420 4iS S05 452 55° 601 562 4&S 377 4°5 385 335 332 266 214 37° 416 DICIEMBRE 111. 7 a. m 444 473 441 S41 S79 656 610 508 403 406 418 366 369 3°4 2 74 c 00 447 2 p. m 438 443 S32 478 577 629 589 491 435 43i 4i3 362 359 293 241 397 443 9 p. m 3i8 32 6 335 379 479 S27 424 342 27S 342 324 229 256 123 IO9 288 316 Si estudiamos ahora la influencia de la estación sobre los dias claros, tenemos por las observaciones de Eguia los siguientes resultados, que se presta á los comentarios que el lector podrá hacer fácilmente : Enero 18.44 Julio 15.59 Febrero r7.89 Agosto 15.49 Marzo 18.44 Setiembre 15.89 Abril 18.19 Octubre 14.49 Mayo 14-24 Noviembre Junio Diciembre CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DÉ BUENOS AIRÉS. De las mismas observaciones el Dr. Gould ha deducido las variaciones de nebulo- sidad en todas las horas del dia, llegando por el cálculo á formular el cuadro que publi- camos á continuación. HORA. Claros Nublados HORA Claros Nublados i a. m 245 120 i p. m 167 i99 2 » 2 » » » 185 188 s » Z » 6 » I/O 6 » 156 7 » 184 x8i 7 » 220 J4S 8 » 23O 135 Q » Q » 238 IO » IO » 245 II » 202 II » 249 n6 12 m 164 201 12 m 248 “7 De manera que la hora más clara del dia es la que corresponde á las nlli5mp. m. y la ménos clara las Hhi5m a. m., siendo el número de dias claros del año 250 en aquello y 162 en este CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. FENÓMENOS ELÉCTRICOS. A pesar de lo frecuentes que son entre nosotros los fenómenos eléctricos, que se manifiestan bajo la forma de truenos, rayos, relámpagos, átal extremo de ser excepcionales según el testimonio de los marinos y viajeros, no tenemos observaciones eléctricas regulares. Son célebres, en los anales de la ciencia, los rayos en Buenos Aires, y Azara men- ciona una tormenta en la que cayeron 37 rayos matando 19 personas. Esto sucedió en Enero de 1793. Nosotros recordamos muchas tormentas eléctricas, en las que había verdadero lujo de descargas eléctricas, sin darse punto de reposo en ese cambio de electricidades de dife- rente potencial, que se exaltaba y neutralizaba durante horas enteras, produciendo uno de los espectáculos más hermosos y sorprendentes. Cuando esto notábamos, no teníamos en unos casos la menor idea sobre el valor de estas observaciones y posteriormente cuando comprendíamos su importancia, otras ocupaciones absorbían nuestra actividad, como sucede al presente también; y careciendo de instrumentos apropiados para estudiarlos cuantitativamente como sería menester, nunca hemos podido recoger un dato experimental que nos permita basar afirmaciones acerca de estos importantes fenómenos meteorológicos. Otro tanto debemos decir para el granizo, que se presenta á veces con una inten- sidad y de un tamaño capaz hasta de romper los vidrios de los tejados y de las ventanas, causando casi siempre daños considerables á la agricultura. TEMPERATURA. Dada la naturaleza del suelo arcillo-arenoso sobre que pisamos, la escasa vegetación que caracteriza á nuestras llanuras, la falta de abrigo de las montañas que protejan á la ciudad de la acción de los vientos, no son de extrañar las oscilaciones de la escala ter- mométrica entre nosotros, y tienen así una fácil explicación las variaciones diurnas, men- suales y anuales que se notan. No es inoportuno recordar que el sol es la causa del calor de la superficie de la tierra y de la atmósfera que la rodea, pues el calórico que emana de la luna, estrellas y del centro de la tierra es relativamente mínimo. Recibimos calórico por radiación directa, por reflexión, por comunicación directa con la tierra y por las corrientes atmosféricas. Por radiación directa se tienen cantidades apenas apreciables de calórico, pues el CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. aire se deja penetrar por los rayos solares, reteniendo una pequeña porción de su calórico merced al vapor de agua : esta porción de calor es menor en las capas altas de la atmósfera en donde el vapor de agua es escaso, y mayor en las inferiores en que abunda. Asi pues la cantidad de calórico obtenido por radiación se halla en relación directa con la cantidad de humedad contenida en el aire. Los rayos caloríficos irradiados por el sol llegan á la tierra, una porción de ellos son absorbidos por el suelo y otra reflejados á la atmósfera y en el espacio, quedando interceptados cuando encuentran á su paso nubes ó vapor de agua condensado. La renovación continua de la atmósfera y su contacto con un punto calentado de la superficie del suelo, determina una calefacción de las capas atmosféricas que contienen vapor de agua, las que se cargan de calórico yse elevan en la atmósfera, determinan cor- rientes de aire que reparten el calórico en puntos más lejanos y que no sufren la acción directa de los rayos solares caloríficos. Junto con estas causas múltiples de calefacción del aire ejercen su acción otras fuerzas que podemos llamar de refrigeración y que son las siguientes : Io la radiación constante de calórico en el espacio cuya temperatura es muy baja; 2o la evaporación del líquido contenido en el suelo, los ríos, las plantas, que determina una pérdida cons- tante de calórico; y 30 el suelo enfriado que absorbe calórico del aire para llegar al equilibrio de temperatura. Dados los datos que anteceden se comprende que si la tierra fuese una bola per- fectamente esférica, sin rugosidades en su superficie, con una uniforme repartición de las aguas, en ríos, lagos, ventisqueros y su atmósfera no tuviese vapor de agua ó tuviese condiciones de evaporación pefectamente iguales en todos sus puntos, podríamos deter- minar el clima de un punto cualquiera de la tierra con el solo dato de su latitud. Pero la existencia de montañas, depresiones del suelo, mares, lagos, ríos, determinan una des- igualdad de condiciones, que hace imposible la determinación de un clima, sin observa- ciones continuadas de temperatura en el mismo paraje. Las influencias que determinan variaciones á estos climas teóricos, son las siguientes que enumeramos en lo que á nuestra ciudad se refiere, para que pueda ser aplicado debidamente por el lector. Entre las causas que determinan el aumento de temperatura de un clima en las latitudes medias debe tenerse en cuenta, según Humboldt, la proximidad de la costa occidental de un continente y las corrientes calientes, una escotadura grande del conti- nente, casos perfectamente aplicables á nuestra región, pues el primero y último se realizan exactamente en el caso de la ciudad de Buenos Aires, y en cuanto á corrientes de agua caliente, vemos por las cartas del Capitán Maury, que la costa nuestra es influenciada por la gran corriente ecuatorial, hasta mas abajo de la latitud de Buenos Aii es. La temperatura de un clima es modificada por las grandes masas de aguas como el mar y los grandes ríos. Aparte déla influencia que tienen las aguas por su evaporación en la producción de la humedad atmosférica, es menester recordar que la temperatura del agua con la de la tierra se encuentra en la proporción de 4 á 1, y aunque se caliente con más lentitud que la tierra, retiene el calórico con mayor tenacidad y la reparte en el suelo en grandes extensiones. Irradiando menor cantidad de calórico y la porción de CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. atmósfera que cubre el agua hallándose cargada de vapores, tenemos como consecuencia que en las noches claras el enfriamiento del agua yde la capa atmosférica que la cubre es menos considerable que el del suelo. Pasaremos ahora á hacer una exposición de los datos que se tienen sobre la tem- peratura en Buenos Aires. Estudiando el Dr. Gould en su clima de Buenos Aires (tomo T, pág. 3 de los Anales de la Oficina Meteorológica Argentina) las observaciones de Cervino, Moreno, Mossotti, Eguia, De Boer y las hechas por Celestino Zambra bajo la dirección de Rosetti, se ex- presa de la manera siguiente : «Para conseguir valores fidedignos que expresen la temperatura normal, y sus cambios regulares, según el ciclo de las estaciones, se han agrupado por décadas de dias aquellas series de observaciones cuya extensión y forma lo permiten. Los promedios correspondientes nos proporcionan así treinta y seis valores de la temperatura media observada : perteneciendo estos valores á un número igual de fechas, que en la práctica podemos considerar como equidistantes. Representando el trascurso completo del año solar por la circunferencia de un círculo, cada década de dias se halla representada por un ángulo, ó arco, de diez grados. La sencillez de esta relación facilita mucho los cálculos; mientras que la pequeña inexactitud que hay en la suposición no dá lugar á ningún error de consecuencia. Así un grado de circunferencia corresponde próximamente á un dia; ó, más exactamente, el ángulo que corresponde á la fecha, la que puede ser señalada por la letra t, representa la anomalía media de la tierra en su órbita, contada desde el prin- cipio del año. Así pueden introducirse en la fórmula tantos términos como se quiera, dependientes de las funciones goniométricas del ángulo /; deduciéndose los valores de los coeficientes por sencillas operaciones numéricas. Por ejemplo, la temperatura normal que corresponde á una fecha representada por t puede ser expresada por la fórmula A + B sen t + C sen 2/ + D sen 3/, etc. en la cual A significa la temperatura media del año entero; Bla mayor desviación normal que depende directamente de la estación del año, llegando á sus valores positivos y negativos en épocas que distan la una de la otra por el intervalo de seis meses; C, el importe de cualquier influencia regular cuyos efectos recorren su ciclo entero dos veces al año, sobreponiéndose á los ya mencionados ; D, el importe análogo de alguna influencia que puede existir, cumpliendo su período cabalmente tres veces al año, etc. De esta manera pueden introducirse cualquier número de términos dependientes del seno ó coseno de los múltiples del ángulo variable /; y de los valores numéricos de la función, que las observaciones nos proporcionan para las 36 fechas distintas, se determinarán fácilmente los valores de las constantes A, B, C, D, etc. Entonces tendremos una fórmula numérica que exprese la temperatura normal correspondiente á cualquier valor de la variable t; de suerte que sustituyendo en esta fórmula el valor de i que representa una fecha dada, resulta la temperatura normal correspondiente. CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. No hay en este procedimiento ninguna hipótesis insostenible, pues si no existen, en la ley que rige la temperatura, términos verdaderos de los periodos supuestos, los coe- ficientes de tales términos tienen que salir sin valor en la fórmula. El único peligro es que los datos originales no basten para proporcionarnos resultados dignos de confianza, sea por la imperfección ó inexactitud de las observaciones, ó por no ser suficiente el nú- mero de años durante los cuales fueron practicadas. Esto puede averiguarse, sin embargo, muy fácilmente, mediante la conformidad entre los resultados deducidos de observaciones hechas de diferentes maneras y en distintos años, y también por el mayor ó menor acuerdo entre los valores dados por la observación y los correspondientes que resultan de la fórmula. El efecto de cada nuevo término que represente una influencia verdadera tiene que mostrarse por una disminución de los residuos, que indican la diferencia entre el cálculo y la observación. Es evidente que ha de haber tales residuos cuando el número de los datos fundamentales sobrepase al de los desconocidos que se han determinado. Esto sucede casi siempre, y debe tener lugar, en tales casos; asi solo tendremos los valores más probables de las constantes numéricas cuando el importe de los residuos quede reducido á su minimo. No es menester entrar más prolijamente en la consideración del método, pues que los inteligentes en la materia no lo necesitan, á la vez que un tratado rudimentario seria inoportuno». Comparando las observaciones de temperatura directa, con las temperaturas calcu- ladas según la fórmula anterior, se tiene Temperatura media anual = i7°23 + °os°s sen/, y con la que el Dr. Gould ha construido el siguiente cuadro comparado de la; Temperatura media en Buenos Aires, por cada diez dias del año. DÉCADA JE G VÍA. 20 años B O S E T TI 2 i AÑOS X) .B B O E R 4f años Temperatura Temperatura Temperatura DIFERENCIA Observado Calculada 0 1 O Observado Calculada O.-C. Observada / ah ulada o.-c. Enero ... I 24»i7 23°97 -|-0°20 23°4I 24-24 rO OO 0 1 2307S 24°09 —0*34 » II 24-S4 24.30 +0.24 24.09 24.38 0.29 2 3-77 24.22 —0.45 > III 23.94 24-31 1 O "ch 23.00 24.26 —1.26 23.64 24.09 -o.4S Febrero ... I 24.00 24.08 —0.08 24.74 23.86 -j-o.88 24.08 23.77 -fo-31 II 23.67 23.63 0.04 24.52 23.27 + 1.25 24.29 23.27 -I-I.02 III 22.71 22.97 — 0.26 24.27 22.56 fi.71 23.45 22.68 4-0.77 Marzo ... I 22.36 22.12 +0.23 20.73 21.76 —x.03 21.70 21.97 0.27 » II 21.72 21. IO 4 0.63 19-59 20.86 1.27 20.79 21.17 —O.38 » m 19.80 19.95 —0.14 19.63 19.88 —0.25 20.19 20.26 — 0.07 Abril ... i 18.81 18.68 4-°.*3 19.16 18.79 +0.37 18.91 19.22 -0.31 * ii ’D-1? 17.36 — 0.21 17.92 17.56 +0.36 18.09 18.02 4 0.07 ni JS.31 16.02 --O.7I 14.70 16.17 —1.47 15.81 16.70 —0.89 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE lBBj. Temperatura media de Buenos Aires, per cada diez dias del año (Conclusión) DÉCADA E Cr UÍA 20 AÑOS Ft O S E T TI 2I AÑOS DE B O E H 4| AÑOS Temperatura Temperatura Temperatura Observada . Calculada O.-C. Observada Calculo da 0.—c. Observada Calculada 0.—C. Mavo T 14°6i 14 °73 — 0°I2 16-58 14-72 4 i“86 i7°oi 15-26 4i°75 » II *3-7 0 I3-53 +0.17 11.48 13.22 -i.74 .12,42 13.78 — i.36 » III 12.58 12.47 -f 0.11 12.91 11.81 41"!0 12.30 12.36 —0.06 Tunio I 12.40 11.60 40.80 12.65 10.56 +2.09 12.19 11,14 +1.05 » II 11.23 10.95 J-O.28 8.32 9,66 -1.34 9.95 10.20 — 0.25 » III i°.3S 10.55 — 0.19 8,26 9.18 —0.92 9.61 9.64 —0.03 Julio I 9.S8 10.47 —0-.88 9.09 9.11 — 0.02 9-34 9-47 —0.13 » II xo. 08 10.42 -0.34 8.84 9-49 -0.65 8.99 9.72 —0.73 » III 10,42 10.67 —0.25 10,29 10.24 4o.os 9.71 10,29 -0.58 Agosto T 12.16 II.O9 4 O 00 12.88 11,20 41.68 12,21 11.13 4i.°8 » II 11.6r 11.65 —0.04 10.74 12.29 -1.55 12.06 12.09 -0.03 s III 12.24 12.31 — O.07 14-4I I3-37 41.04 13.76 13.12 40.64 Setiembre I 12.84 13.09 —0.25 13-97 H.40 -0.43 13.99 H.09 —0,10 y> II 13.88 13.92 — O.04 15.94 iS.29 40.65 15.06 1S.01 40.05 y> III 14.86 14.83 +0.04 15.95 i6.o6 —O.II 15.7° 15.86 — 0.16 Octubre T 16.25 15.81 ■J0.44 16.80 16.77 40.03 17.19 16.67 T 0.52 II 16.99 16.84 Jo.15 16.79 17.48 —0.69 16.68 17.51 -0.83 * III 17-35 17.92 -0.57 17-54 18.25 — O.7I 18.08 i8.37 — 0,29 Noviembre... . I 18.26 19.02 —0.76 18.21 19.13 — O.92 18.36 19.31 —0.95 » II 20.44 20,11 Jo.32 22.11 20. 14 +1.97 21.25 20.31 J 0.94 III 22.02 21.16 J-o.86 21,24 21,17 40.07 21.73 21.31 40.42 Diciembre T 22.19 22,11 J0.07 23-65 22,19 41.46 23.27 22.23 4 1.02 » II 22.69 22.95 —0.26 22.15 23.10 -o.9S 22,11 23.09 — 0.98 !> III 23.38 23.38 —0.23 23.65 23-79 0,14 23.69 23.69 0.00 Promedio I7°23 i7”23 4o”42 17-23 17-23 4i”io 17-36 17-36 4o° 69 Del estudio comparado de las temperaturas calculadas por la fórmula con las ob- servaciones que tuvo entre manos á las que se aplicaron correcciones locales, y que en casos necesarios fueron referidas á la escala centígrada, el Dr. Gould, deduce los siguientes promedios mensuales que publicamos á continuación sacados de la obra citada, pág. 486. 7° CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AÍRÉS. TEMPERATURA DE BUENOS AIRES PROMEDIOS MENSUALES. MESES 1805 1822 1831 1832 1833 1834 1856 1857 1858 1859 1860 1861 1862 Enero 22*34 22*15 2s*95 24*56 25*56 24*50 25*14 24*07 25*28 21° 12 24*54 23*82 23*86 Febrero 22.98 22.82 25.23 24.45 24.34 23.89 22,90 22.56 26.65 20.88 22.98 23.47 22.68 Marzo 20.34 21.60 22.89 *9.73 22.84 19.62 21.36 23-52 21.46 O O 18.88 22.03 22.80 Abril 17.92 16.93 18.89 18.06 16.67 17.62 O O OO 17.07 19.17 17 • 37 r3-97 18.20 19.36 Mayo 15.09 14.63 *4.5° 13.89 15.28 14.39 12.93 O.85 13-23 14.22 IO.7I 11.42 15.48 Junio 11.89 12.43 11 .o5 11.56 11.67 10.67 12.35 14.16 10.30 11-93 9.36 10.44 *3.35 Jubo 13.29 n.48 9-73 n.34 8.56 9.84 IO.7I 13.29 9.46 n.94 10.87 9.38 7.83 Agosto 11.65 II.04 IO-39 *4.73 11.84 12.50 12.35 13.08 12.28 12.18 12.38 14.40 10.23 Setiembre 13-56 12.60 14.12 14-45 13.62 r5 • I7 J3"97 15.28 1S.27 I3-5I *3-3° I3-53 12.II Octubre 17.61 14.98 18.84 15.39 15.89 H-34 16.67 17.44 16.25 16.81 17.r5 14.92 15.03 Noviembre 22.10 20.26 I9-95 19.28 20.73 20.62 21.33 23.20 17.27 19.32 19.65 22.37 !9.32 Diciembre 21.62 21.65 23.78 24.4S 22.39 21.78 23.38 22.79 20.67 23-45 21.74 IO 22.30 Anual 17.53 16.88 17.94 17.66 17.45 17.08 17.59 18.44 17.23 16.93 16.30 16.92 17.03 PROMEDIOS MENSUALES (Continuación) MESES 1863 1864 1865 lS66 1867 1S68 1869 1870 1871 1872 1873 1874 1875 1876 Enero 22-8.5 23-76 23-26 24-74 24-52 25“9S 24-70 23-88 24-5° 24-04 2565+ 24-32 23-09 23'57 Febrero 23.55 24.36 24.15 23‘39 23.01 24.29 22.53 25.00 24,16 22*97 23.43 24*20 24.03 23,60 Marzo 19.25 23.13 24*10 23-95 20*92 21.54 20.93 22.02 19.94 19-58 21* II 18.75 20.24 22.05 Abril 16.31 17.22 17.72 17‘39 14.66 17.56 18.25 16.35 15.4° 17,26 16.88 16.37 16.55 17.99 Mavo I2-3S 14.75 13*44 15.12 14.75 15.12 18,67 M.36 13.15 n.96 13-41 11.75 14,20 14.16 Junio 11.32 11.22 I4.IO 10.22 10.44 12.43 9-79 II.21 10.47 II.70 10.73 10.14 8.51 10.78 Julio 9.6? 9-5° n.28 II.42 9.90 9-75 7.67 IO.4I 9.83 10.43 8.62 8.77 9.24 12.38 Asrosto 11.59 IO.I2 II.29 11.44 12.13 11.83 11.51 IO.27 II.42 12.31 12.00 12.72 12.20 11.66 Setiembre 12.45 12.60 13.98 14-52 14.20 14.09 1S.17 13.29 12.66 14.50 15.19 13-4° 15.00 15.26 Octubre 15.80 16.97 18.93 16.48 17.13 19.44 1S.48 17.43 15.21 20.25 17.17 1S.31 16.60 1S.65 Noviembre 20.64 20.82 21.57 19.29 21.34 20.21 19.37 18.84 20.39 20.39 2I.O4 18.94 19.97 17,11 Oiciembre 23.58 23.45 24.78 22.92 23-35 21.95 22.52 24.70 23.01 22.81 22.4O 22.48 22.19 20.53 Anual 16.61 17.33 I'1.22 17.57 17.20 17.84 17.21 17.31 16.68 17.35 17.29 i6.43 16.82 17.06 Los que anteceden son los datos publicados por el Dr. Gould. En el cuadro que sigue el lector hallará la continuación de esas observaciones: CÉNSO DE LA cápital federal DEL ±5 dé sEtíéivíbre de 1887. PROMEDIOS MENSUALES (Conclusión) MESES 1877 1878 1879 1880 1881 1882 1883 1884 1085 1886 1887 Promedio Enero 24*°S 23»46 22003 22#I9 2I°82 23°28 23*01 24*02 24°o6 24*22 22*97 23*19 Febrero 22.60 21.86 21.78 21.73 23.58 21.82 21.58 22.63 22.31 22.48 20.88 22.11 Marzo 23.78 21.13 20.19 18.94 22.20 18.56 20.69 22.08 20.35 20.74 19.76 2O.77 Abril 18.93 16.02 16.41 15.29 16.13 14.50 14.71 15.53 14.23 14.80 14-74 15.57 Mavo i3.04 12.40 00 O «■o 12.35 12.87 12.01 12.78 10.99 11.58 12.58 12.05 12.34 Junio 11.28 8.86 9-99 12.05 10.00 9.93 n.76 8.47 8.68 9-33 11-99 10.21 Julio 12.24 9-24 10.98 10.51 9.26 9.24 10.38 8.72 8.14 9.27 10.16 9-53 Atrosto II.12 10.58 11.33 12.50 11.52 n.89 10.57 13.42 9-73 IO.9O 13-05 n.51 Setiembre 13.64 13.46 Oo O O ”.77 13.97 12.50 12,19 13.82 i3.5o 12.63 12.68 13.01 Octubre 17-65 15.31 15.82 14.07 17.48 fO OO 16.64 16.44 16.51 15.16 15.75 16.60 Noviembre 20.46 r9.99 20,02 19.29 20.28 19.50 19-83 19.86 20.49 18.81 O OO hT 19.84 Diciembre 22.58 20.46 21.50 23.42 23.84 20.21 22.79 22.58 20.98 22.92 21.52 22.07 Anual 17.61 16.06 16.34 16.18 16.91 15.99 16.41 i5.55 15.88 16.15 16.28 16.40 Debo, como lo he expresado más arriba, copia de las observaciones hechas poste- riormente en el Colegio Nacional, por el mismo Celestino Zambra y Miguel Tnvernizzi de- bidamente calculadas y reducidas, al actual Director de la Oficina Meteorológica Argentina Dr. G. Davis, quien me las ha facilitado con la mayor espontaneidad y buena voluntad, acompañándolas de las observaciones siguientes que copio textualmente por la importancia que tienen sus palabras : « También se han encontrado diferencias pronunciadas en las temperaturas debidas á las diferentes condiciones locales que rodearon los instrumentos. Esto era de preverse, porque es casi imposible colocar termómetros en dos puntos distintos exactamente en iguales condiciones, especialmente en las ciudades en donde la libre circulación del aire está tan estorbada. Para determinar la corrección por localidad he empleado todos los medios á mi alcance y me parece que con el mejor éxito. Hasta el fin del año 1877 los termómetros en el Colegio Nacional estaban colocados en el patio que dá entrada al jardin, de cuya posición suscitáronse sospechas de que las temperaturas registradas eran viciadas por la radiación de las paredes antiguas y del piso de piedra del patio. Hacia el fin del año 1877 el Sr. Rosetti hizo trasladar los termómetros á una ca- silla en el jardin del Colegio, punto en el cual estarían lo menos expuestos á la radiación dejando otros termómetros ya comparados en el patio, y practicó observaciones simul táneas en las dos posiciones, durante un mes. De esta confrontación resultó que la temperatura del mes registrada en el jardin era 170,01 yla del patio 170,72, demostrando así la diferencia deo°,7i en la nueva posición. Desde el principio del año 1878 los termómetros han quedado en la posición nueva. Las temperaturas observadas en el patio eran enteramente de acuerdo con las observadas CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DÉ BUENOS AIRES. por Eguia, por consiguiente los' añós'súbsigúientés de 1877, necesitarían la corrección por localidad deo°,7i para quedar conformes con las publicadas en el tom. I délos Anales. No se ha aplicado esta corrección en los cuadros que le remito, porque me ha parecido que las temperaturas dadas por los termómetros en su colocación actual son más cerca de las verdaderas, y po” eso seria más á propósito el restar esta cantidad de las temperaturas de Eguia. Por medio de la confrontación de los valores anuales de la tempe- ratura de Buenos Aires con los otros puntos cercanos, he podido cerciorarme que la cor- rección de o'\yi deducida de la comparación de Rosctti en las dos colocaciones, no puede diferir por una cantidad apreciable de la verdadera». Estudiando las cifras de los promedios mensuales de temperatura en los diferentes años, el Dr. Gould deduce que existe una regularidad aun en las desviaciones del término medio de los valores obtenidos para diferentes años, que él calcula se pasa en un período de 11 años. Cree además hallar algo más que una simple coincidencia en el período de 11 1/9 años fijados por el astrónomo Wolf, como período de aumento y de crecimiento regular en la cantidad de las manchas solares. Nosotros, valiéndonos de los cuadros de las manchas solares de Wolf hasta el ano 1884, publicados en la Meteorología de Scott, hemos reconstruido el diagrama del Dr. Gould, y hallamos que la relación entre el número de esas manchas y la tempera- tura media anual en Buenos Aires se revela de una manera manifiesta. No publicamos el diagrama para no demorar la impresión de esta obra. Trascribimos á continuación una série de cuadros en los que se registran las máximas y las mínimas de temperaturas observadas en Buenos Aires desde el año 1856 hasta el 1887, así como el de las diferentes temperaturas medias en las décadas de los mismos años. Para estos cuadros debemos repetir que las observaciones de 1877 hasta la fecha han sido generosamente puestas á nuestra disposición por la Oficina Meteorológica Ar- gentina. CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. I. Máximas de la temperatura, en observaciones hechas á las 7 a. m., 2 p, m. y g p. m. DÉCADA 1856 1857 1858 1859 1860 1861 1862 1063 1864 1865 1866 Enero T 32°2 3°“° 3C6 28°7 31"0 28°4 2 9° 7 29°5 34°4 29"6 30°0 » 11 30.0 3°.3 31 *8 27.O 28.2 34-° 34-° 3x.x 28.4 28.7 31.8 * III 28.3 28.8 32.8 27,0 29.9 34-° 34-4 35-0 34-5 3°-3 3°.7 Febrero I 26.5 23.0 31 -8 3!-5 29.5 37-5 27Ó 29.9 33-7 32.2 3°.5 » II 28.0 26.7 3°.° 3t.o 33-° 33-° 3i.1 28.8 32.3 3t.6 3°.° » III 30.8 27.2 32.2 25.4 25.0 32.0 27.8 3X.3 28.8 29.7 28.0 Marzo I 26.2 O O CO 27.0 28.0 26.5 33-° 29-S 29.7 32.8 27.8 3U-9 » II 23.8 27.2 28.6 27-5 24.O 32.2 3°-3 3°-x 31 -4 27,2 3°.3 » III 24.8 — 27.2 23.8 24.4 — 25.8 26.6 28.6 — 29.6 Abril I 25.0 21 . I 26.5 26.6 23.0 28.3 29.0 23.8 29.0 24.5 26.0 » II 24-5 24.2 25.5 25.5 24.4 29,2 23.9 27,2 24.1 23.9 26.0 » III 23.° — 23.8 24.O 18.0 26.2 22,0 23.8 21.8 24.O 23.6 Mayo T J9.3 l8, I 21. I 20.0 IS-5 21.0 18.0 22.0 D-3 l9-5 25.S » II 20.6 22.2 T9-4 22.1 17.7 19.6 23.2 16.0 20.2 X9.4 24.2 * III D-5 21.9 18.3 20.0 16.6 2O.4 l8. I 17,0 22.9 19.5 18.6 Junio T *3.7 I9- 7 15.5 17.7 l6. I J5.3 18.1 17.6 22.4 19. S iS-5 » II 22.3 18.3 15.5 20.0 1S.0 21,0 ii .6 18.2 I4.O 22.2 16.9 * III 16,0 — 14.4 19-4 13.6 21.3 21.8 X3-5 13.° 13.9 12, I Julio T I7.O l8. I 14.0 15.0 15.x 13.6 16.0 16.8 12.6 XS.2 x6.5 * II 18.0 17.8 16.6 15.5 15.x 14.6 12.6 16.8 14.0 17,2 x8.7 » III 21.0 x8.S 15.0 19.8 16.9 20.1 17.s J4.7 14.2 16.3 I3-3 Agosto T D-4 15.3 21.0 18.5 19.9 18.7 19.8 20.0 15.8 18.8 1S.2 II IQ.O 24.2 20.0 16.9 14.4 23.0 14.6 16.3 19.0 D.5 15.4 * III iS.S 20.6 IÓ. I 16.4 23.4 22.4 16.4 22,9 19.5 18.8 18.0 Setiembre I 21.0 18.0 21.6 18.4 16.6 — 18.7 15.0 17.2 - 19.7 » II 21.0 22.5 22.0 21.4 22.8 15.0 18.3 21.6 17.8 — 19.8 * III 18.0 21.0 21.7 18.4 25.x 22.2 21.0 22.7 19.0 — 20.9 Octubre T 23.3 22.9 21.3 20.2 23.4 2O.4 21.6 22.8 19.6 26.0 19,0 » II 22.0 21.1 22.8 21.7 23.0 18.8 21.0 22.3 24.3 3°.° 27.7 » III 26.4 22,7 22.8 20,4 27.0 22.8 23.° 25.8 24.0 25-5 22.5 Noviembre T 29.O 28.8 23.2 2O.7 27.8 22.6 26.0 25.3 26.1 26.0 22.6 » II 3°-° 3°.° 25.6 23-3 26.6 26.0 29.6 29.7 3°-5 25.6 22.5 * III 33.° 28.3 28.1 28.5 29.7 32.1 28.3 35-2 32.5 3°.8 3°.° Diciembre.. .. I 27.7 26.1 29.0 25.3 31.6 31.8 33-3 3°-5 3°-7 35-6 30.0 » II 29.8 3°.° 29.I 28.9 3°.° 30.2 28.5 3°.5 30.0 33-4 3D3 * III 3°.° — 3°-s 3°-S 3x.o 3°-7 29.6 35.5 28.6 37-8 Anual.. 33"° 3°°3 32“ 3 3C5 33"° 37°5 34°4 35°5 34°5 37° 8 31*8 CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. I. Máximas de la temperatura {Continuación) DÉCADA 1867 1868 1869 1870 1871 1872 1873 1874 1875 1876 1 77 Enero . I 33”° 32”° 29°0 3X°9 29°2 31"2 3l03 — 3°”2 35 0 32°° > II 30.2 32.2 30.6 27.9 30.8 29.7 31.0 3°. 4 32.5 32.5 » III 30.6 3*.7 29.7 3r-7 3°-3 32.2 29.4 — 28.0 3x-5 34.o Febrero . I 3X»9 29. I 19.4 31-6 29.7 30-1 28.0 — 32-4 33-° 39-5 » II 26.4 3°.4 28.7 29.8 28,7 31.0 29-3 — 28.6 3I-S 31.0 » III 28.7 29.2 26.6 27.3 28.7 27.7 26.9 3°.° 29.4 32.5 3°.5 Marzo . 1 27.0 32.4 26.8 27.6 — 28.9 27.6 — 28.0 30.5 3x-° » II 32.1 23.6 27-3 27-3 28.1 24.8 27.7 25.8 29.5 32.0 * III 25.3 — 24.6 28.0 28.0 25.0 27.0 24.5 28.0 20,0 34-0 Abril . I 19,2 23.2 24.5 22.9 26. I 23.6 24.1 22.4 27.2 27.O 27-5 » II 20.1 21 . I 22.8 21.3 23.2 26.4 — 21.8 23.6 26.0 26.5 * III x9-1 — 23.7 22.0 18.8 x9-7 21.0 21.6 21.8 21.5 23.5 Mayo . I — 20.0 24.5 21.3 23-3 18.8 20.3 19.2 20.0 23.0 23.5 » II 17.7 18.6 22.4 19.6 18.6 x4-3 17.7 x3.° x7-4 21,0 19.0 * III 20.4 20.9 — 18.8 17,0 I5-5 19.9 IS*° 19.6 *8.5 18.5 Junio . I 17.6 24.O 19.9 15.8 x9.5 - 17.9 18.0 16.8 I8.S 20.0 » II x3*7 22,2 I5-7 x9-3 r3-9 21,0 I5*7 x3-4 12.0 I9.O I4.O * III 18.9 14.6 n.4 T3*4 16.8 x3.2 x5-3 13.6 14.2 l8.S 16.4 Julio . I x5.o 19.8 14.0 16.5 15.2 I3-° 12.9 14.8 X5-2 x7-5 17,0 » II x7-7 14.2 12.3 16.7 i3.6 17-7 16.4 16.6 12.3 x9-5 24.3 * III M-4 13.0 x3-8 *5.2 II . I 16.7 23.2 14.4 16.3 21,0 14.2 Agosto .. I 20,0 16.6 x5-5 HA 19.2 18.5 21.8 20.0 18.6 J9*5 16.3 » II 17.7 — 19.6 x3.8 21.4 x3*9 x7-7 x3.8 16.6 20.0 19.0 III 17.7 — 17.6 20.1 IS.9 16.4 20.6 18.0 20,2 22.0 22.1 Setiembre . I *9-4 *5.9 21.6 x7-9 15-7 21.7 21.2 19.2 16.2 22.5 23.3 » II T7*7 *9-4 20.1 19.6 18.6 20.9 22.2 20.6 23-3 21.5 21,0 » III 19.2 19.0 28.7 22.6 29.9 22.4 23.0 — 20.4 26.5 21,0 Octubre . I 19-9 — 24.4 24.2 — 24.6 21.6 23.0 22.Ó 26.0 25.0 » II 18.8 24.2 i8-3 24.6 — 26.6 25.0 21.0 2 } .2 24.O 25-4 * III 23.8 26.s 22.8 25.2 — 25.7 26.2 22.8 25.2 26.5 28.1 Noviembre • I 25.3 25.8 26.8 27.6 - 26.0 27.O 25.8 23.6 24.O 27.0 II 26.6 27.9 27.4 24.6 23-7 23.8 28.0 29.O 28.4 23.0 3°-3 » III 31.6 28.6 29.0 24.2 26.8 28.2 31 •1 29.4 29.8 27.5 3°-2 Diciembre . I 32.5 28.1 29.7 28.8 28.1 26.6 28.7 30.8 30.6 O O* 30.2 » II 30.o — 29-3 34-2 28.0 27-5 28.1 26.0 26.0 27.5 32.0 » III 31*0 - 3J-S 30.2 28.1 3D4 33-0 28.4 32.6 28.0 3i.1 Anual. 33°o 32*2 3i°5 34”2 30“ i 32°2 33°° 30*8 32°ó 35°o 39° 5 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 13 DE SETIEMBRE DE IBSV.- I. Máximas de la temperatura (Conclusión) DÉCADA 1873 1879 1880 1S81 I~82 1883 1884 1885 1886 1887 Enero . I 32°3 3°"° 29°0 3°»2 29°0 37°° 3I"2 33°° 32°i 31-2 » II 31-2 35-o 29.0 31-0 32.0 29.1 35.0 31.2 29.4 30.3 * III 30.0 32-4 32-3 31-2 34.0 35-o 3°.° 34.2 28.3 33-1 Febrero . I 29.4 32-2 3°-° 3D2 29.0 27.4 29.4 32-° 33-1 27.2 » II 30.1 31-2 27.2 3°.° 31.0 29.O 3°-3 29-3 28.3 33-i * III 27.0 27,0 29. I 30.3 20.0 3Do 31 •1 29.3 31-2 28.2 Marzo . I 32-2 28.0 23-° 3°.2 25.0 31 -2 29.0 25.0 29.0 26.3 » , II 29-4 25.1 25.° 26.3 27.4 27-3 33-1 28.0 3°.° 25.0 * III 25-3 25.2 27.O 28.0 29.0 29.O 3°-° 25.2 24.4 26.0 Abril . I 21.1 21 -4 23-2 23.2 23-° 23 • 4 23.2 25.° 24.4 24.1 » II 21 -3 23.o 2Ó.I 22.0 20.0 24.2 24. I x8.o 23.2 24,0 » III 21.0 21 -3 21.4 22.0 21.3 20.3 21.4 20.0 l6. I 21.4 Mayo . I 20.0 18.4 19.2 18.0 20.2 18.0 17.0 21.3 l8. I 20.4 » II I/.O T9.4 18.4 I9-'- I9.O 19.4 18.2 I7.O IÓ. 2 21.2 » III 18.2 18.0 *7.3 18.0 l8.I 16.0 18.2 16.3 20.0 I9.O Junio . I I4.O *5.0 19.0 16.3 13.0 16.4 16.3 16.4 J3.1 18,2 » II 16.0 I7-1 15.2 18.2 16.2 20.4 12.4 *3-3 I3*3 I9.O * III 13.0 16.) 20.0 13.2 l6. I 16.0 12.0 16.0 18.3 I/.O Julio . I 12 • 4 I5*° 14.2 14.2 17.1 18.4 18.0 I4.O 15.0 16.2 » II 16.2 20.0 !5.2 D.3 l6. I 18.3 T3-4 12. I 14.0 14,2 51 III í/.r I9.0 I5*4 16.4 I4.O T3-3 20.3 I3-3 17.2 20.2 Agosto . I 21.2 M.3 20.0 14.1 17.1 15.1 19.3 I5-o 16.0 21, I » II iS-2 IQ.O 18.1 l8. I IQ.O 20,2 *7-3 *5-3 18.2 19.3 » ii r IÓ.O 22.0 20.0 21.3 21 -4 21.4 23-4 22.3 23.3 18.0 Setiembre y. . i 22.3 I7.O 23-3 19.2 16.4 16.2 21.2 16,4 22.0 17.1 » ii 20.0 I9.2 T3-3 22.0 18.2 20.0 22.1 2O.3 21.4 19.3 » III 18.4 21.3 18.3 I9.O 24.4 J7-4 18.4 18.2 18.4 27.2 Octubre . i 21,2 26,0 23-3 21.3 27.2 21.4 22.2 23.0 22.3 24.3 » n 24.2 19.1 24.0 26.2 22,2 24.3 22.1 23.3 25.C) 20.3 in 24.O 20.0 I9.O 25 •2 27-4 22. I 26.0 25.0 22.3 23.2 Noviembre . i 24-4 28.3 3°-° 29.O 26.0 29.O 23.4 28.1 29-3 26.4 » ii 3°. 3 2Ó.3 25.2 28.3 26.3 25-4 26.4 20.0 25.0 27,0 * m 27.0 29.I 28.0 29.O 28.0 29.3 32.4 29.4 28 0 27,0 Diciembre . i 27.4 28.0 3T-4 34.o 28.0 31-0 33.0 30.3 32.3 27.3 » n 30.4 3°.2 29-3 33-° 29.3 30.4 31.2 28. t Oj O O 32.2 * m 30.0 35.0 35-0 30.0 30.0 28.4 31-0 27-3 33-° 28.1 Anual. 3 2"3 35“3 35"° 34“° 34"o 37»o 35°o 31"2 33"i 33“ 1 CUMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. 11. Mínimas de la temperatura, en observaciones hechas á las 7 a. m., 2 p. m. y g p. m DÉCADA 1856 i®57 1858 1859 1860 1861 1862 1863 1864 1865 i806 Enero . I 20° 8 I7°2 23°3 I9°7 15*7 i4°6 12 °4 i7°6 i6*S i3°7 x8°o » II 19.2 20.5 22.5 19.7 17.3 20.2 16.2 11.3 15.6 19.2 21.6 * III 16,9 16.2 20,0 10,0 23.2 17.0 2 t .0 10,7 21,2 15.7 20.2 Febrero . I 19.7 16.9 21.6 .9.0 19.6 15.4 14.8 13.2 20.0 19.7 16.7 * II 18.0 17.8 ió.ó 19.6 17.7 16.8 15.4 16.4 20.0 14.3 16.7 » III 15.8 19.8 17.8 20,0 14.6 14.8 14,2 19.0 17.4 21 . I 16.2 Marzo . I '3.0 18.4 12.7 I4.O 17.1 12.0 18.7 15.0 13.6 19.6 11.9 » II 18.4 14.7 I5«5 19.6 8.8 7.6 21,7 8.0 20.6 17.8 16.7 * III 17.8 — h.8 12.0 6.4 — II .2 7-4 16.0 — 19.9 Abril . I II .0 12,2 I3.3 11.4 J7.2 13.0 11.9 8.0 10.3 15.1 9-3 » II «.5 8.9 12.7 9.4 2.2 10.0 14-4 3-9 9.7 II . I 6.9 » III II.4 — 2.2 9.2 1.7 8.2 11.7 9.0 7-9 7.6 II . I Mayo . I 8.8 7-8 3-3 10.0 2.3 5.8 8.6 6.0 8.0 4.0 11.7 » II 7.o 11.5 ir .6 4.2 5.5 I .0 11.5 2.4 4.7 3-5 7-7 * III 2.5 7-8 8.3 4-5 0.5 3.2 3-8 4.0 5.0 5-9 4.o Junio . I 6.5 6.4 8.3 3-8 3.8 3.0 5.8 6.8 6.4 9-7 4-2 » II 8.5 7-8 1.3 8.9 0.5 0.0 0.0 # 3-0 5.2 9-5 2.7 * III I .0 — I . I H.9 X .5 1.6 8.8 I .0 5.3 2.5 o-3 Julio 1.0 3-3 3-3 6.7 2.3 1.0 3-4 2.1 2.5 3.° 10.3 II 1.5 7.8 I . I 4-4 3-0 1.0 -2.0 1,0 3-2 4-8 4-5 * III 7.0 9.2 I . I 7-2 5.o 1.6 1.5 2.3 °-3 6.5 9.0 Agosto . I 9.2 6.2 7.2 7.0 6.3 ó.o 3.8 3.5 2.5 1-3 0.0 » II 3.2 5.8 3-2 6.0 5-0 6.8 5.4 i .6 6.8 3-° 7.0 * III 7.0 lo. 1 3-9 8.4 3-8 8.6 1,0 6.4 4.0 2.0 5.0 Setiembre . I 7.0 *3-7 2.7 7-1 I . I — 0.6 7.6 10.6 _ 7.2 » 11 <3.5 11.6 D.i 6.6 4-i 3-6 7.3 0.7 3-3 - 8.8 » III 9.6 9-7 9.o 7.0 8.9 9.2 10.8 5.2 5-8 — 11.6 Octubre ... . . I 9.0 10.0 7-8 13-9 7-8 OO 6.0' 4-5 9-3 12.2 7-5 » II 12,0 11.6 '2.2 17-7 12.0 7.0 7.3 10.0 ’3-9 IO.9 9-7 * III 12.5 12.7 8.0 18.4 8.1 II .O 9.0 4.0 10.S 9.5 11.5 Noviembre II .O 12,7 8.4 9.0 10.0 i°-5 12.0 8.2 11.7 9.6 12.2 * II IÓ.9 2I.I 11,6 12.7 3:4.0 13-6 10.2 12.3 14.8 17.3 10.3 » III 15.0 j8.3 -4 17-3 1 r, 1 II .2 12.2 12.2 14.5 00 15.4 Diciembre . I 14.4 iS.7 r3.° ' 14.5 r3.° 12.7 14.2 15.2 16.7 18.9 15.8 » II 15.0 20.0 13*° 19.1 I4*4 13.° 15.8 17.0 13.3 16.0 17.0 * III 19.0 — II .O 20.0 14.8 16.6 12.9 15.9 19.3 14.8 • — Anual. i°o 3° 3 1° I 3“ 8 °”5 o°o -2°0 I°0 °°3 i°3 o°o CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DF 1887. 11. Mínimas de la temperatura (Continuación) DÉCADA 1867 1868 1869 1870 1 71 1872 1873 1874 1875 1876 1877 Enero...., 22 01 i9°o 10°2 I5°9 I4#6 13*2 i8»3 I2°8 I5“5 i6“5 a 11 20,0 19,2 J5<9 15.5 17.4 12,9 18.0 - 18.0 12.0 16.5 * III 12.5 17,0 20.4 16.5 14.8 D.9 21.4 — 16.2 13.° 18.5 Éebrgfo ., I 18,4 18,8 IS<3 23.0 18.4 14.7 0-7 — 18.4 M-5 14 5 ir I7<3 19*5 13,0 17<5 16,4 13.° 18.4 — 20.6 I4.O !3-o $ lli I5<2 15.8 !3<2 J9<3 17,2 x3<9 17.2 19.7 10.8 18.0 16.0 Márzb . .. 1 ±3¡6 0*4 I4*5 - 15.0 14.2 — r3-2 14,0 13.° » ii i3.5 14.6 ii .8 10. I 10*7 9.i D.3 — 10.6 12.5 20.0 * ni 12.6 — 12.0 15.1 9.0 9-9 ii .6 11.6 9.0 II .0 18.0 Abril .. i J3-1 13.2 n-3 IO.9 s.o 17.8 9.8 8,6 II .0 12.3 13-° » ii 8.1 10,2 14.2 11,8 5.9 19,2 — 10.2 8.2 10.5 12.5 » m 5-0 — 12,8 6,0 2.0 6.0 7.3 7.7 7.4 II .0 9-5 Mayo .. i — 10.6 15.0 8.9 4.7 9.8 s.o 10.6 11.2 4-5 7-5 » ii 8.3 3.° 9-5 3.9 0.4 4.9 6,1 4.0 4.0 5-5 6,0 » m S.o S.o — 7.9 4.0 5.6 0,6 3-° 5.2 4-5 4.5 Tunio .. i 0.0 8.4 7-7 5.8 7-8 — 2,0 5-° 4.2 4.0 2.3 » ii 1.9 * 6.0 2.4 2.2 3-8 7.8 0.9 1.8 2.0 0-5 5.0 » m 5-9 4.0 2,0 0.5 1.6 3.2 8.3 3.° -0.2 1.0 5.0 Julio .. i 3.2 4.0 1.9 4.9 5.2 3.3 2.4 i-4 5.4 3.5 6.0 » ii 2.4 1,2 -0.2 0.8 4.9 5.° i.S 2.2 0.8 3.5 6.4 * m 2,2 3-° 0.0 4.2 -!.5 4.0 3-1 3-° 1.2 4-5 3.2 Agosto .. i 6.1 4.2 3.2 -0.5 0.6 5.7 2.0 II .O s.o 2.5 2.0 » ii 6.4 — 5.9 0.2 7.7 9.o 1.4 1.4 3-° i.5 5.2 ■» m 6.0 — 4.2 5.5 2,6 8.7 6.8 9-4 6.4 7-5 2.2 Setiembre i 3.4 11.4 7-5 36 3-1 6.9 7.6 8.2 6.0 7.0 9-3 » ii 10.3 8.8 6.1 8.3 7-3 8.8 3-5 6.8 11.2 6.5 4-3 » m 7-7 9-2 6.8 9-1 6.8 5-9 4.0 — 13.5 12,0 6,1 Octubre . i 12,1 — 10.0 10.9 — 16.6 9.6 12.2 10.6 13.° 9.2 » ii 16.0 11.9 7.4 7-5 — 14.6 8.5 8.6 9.8 7.0 ii ,0 » ni 8. t 12.8 9.3 6.1 — 21.5 Ii.7 6.4 8.2 5.c 11,2 Noviembre .. i 9-8 12.6 7.8 9.0 — 9-1 Il«7 7.2 10.8 I2.5 9.3 » ii 14.7 i3.9 9.6 8.1 11.8 IO.9 19.0 II.0 13.8 II .0 7.4 m 16.7 16. 16.1 12.0 17,2 i3.7 14.6 17.2 11.4 12.0 12.2 Diciembre .. i 19.1 16.7 17.7 15.3 O-4 14.9 r5.9 13.2 I/.O 12,0 13-° » ii 15.0 — 12.2 18.7 14.0 17.4 r5.8 17.0 II . 2 11.5 20.0 » m 19.2 — !5.o 18.9 14.0 14.2 17.6 12.6 18.0 14.5 I3.0 Anual o°o I°2 - 0°2 - °"5 -i”5 3#2 o°6 i°4 - 0°2 °“5 2°0 CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AlfeES, 11. Minimas de la temperatura (Conchision) DÉCADA 1878 1879 1880 1881 1882 1883 i8?4 IS85 1I86 1887 Fuero . I I7°4 17.0 io°4 ió°o i7°3 I5°° 20°9 i8”o I5*1 I9°2 12°0 » II 0.4 15.3 12.2 18.0 14.3 16.1 16.4 17.3 17.1 III *5.3 13.° 14.3 16.0 iS.o II .2 18.2 18.2 17.0 IQ.O Febrero . I 15.° 11.4 16.3 15.0 15.0 12.3 12,2 O-2 14.2 13.2 » II *50 16.0 14.3 18.0 17.0 12.2 I7.O 14.2 II. I IO.O » III 18.0 15.0 14.2 18,0 12.3 !5-4 17.4 12.0 22.1 12.0 Marzo . I í6.3 13 2 10,3 17.4 10.3 II .0 15.0 16.0 13.0 16.2 » II ÍI .O 11.1 11.0 18.4 10.3 12.2 14.2 12. I I4.O II.O > III 10.2 9.3 9.0 9.0 7.2 12.0 12,1 11,0 13-1 10.2 Abril . I 8.1 8.0 8.3 II , I 9.0 10.2 8.0 II .0 8.0 9.2 » II 8.2 10.3 8.4 7.0 7-3 6.0 8.2 5.2 3.3 6.4 » III 8.0 7.4 5.2 6.0 4.o 4.1 10.0 7.4 4.4 4.0 I 3.0 5.° 2.0 9-1 2.0 5-i 5.3 2.4 II 1.0 3-2 5.3 8.0 5.0 4.2 5.° i.4 4.0 6-3 » III Io. I 5.o 0.4 5.0 5.3 2.3 2.0 6.0 4.0 8.0 Junio I 1.4 2.0 5-3 2,0 I . I 6.2 4.0 4.3 S-o 4-3 » II 4.0 so 5.0 1.8 3-3 3-° 2.2 0,0 2.2 4-3 * III 0.0 0.4 4.2 1.4 5.1 3-° -1.0 2.3 2.0 2.0 Julio . I 0.0 2,2 5-4 1.3 3.° 6.3 0.3 3.3 I .O 0.3 » II 4.0 4.2 7.0 -0.3 -0.4 5-4 0.0 0.0 I .0 5.4 » III 4.1 3.4 4-4 3.4 -0.2 0.4 0.0 0.0 5.2 4.0 Agosto . I 9.0 1.0 3.° 0.0 5.4 S.o 8.1 0.3 3.0 7.0 » II 0.1 6.0 6.2 4.0 5.3 2,1 8.1 0.4 1.3 5.2 III 2.2 8.0 7-4 10.2 4.0 4-4 6.0 4.2 2.4 3-3 Setiembre . I 5.3 4-i 4.o 5.0 3-3 6.0 4.0 4.0 9.3 S-o » II 5.3 6,0 3-2 9.2 5-4 6-3 4-4 8.3 6.1 6.0 * * III 7.3 7.0 10.0 9.0 7.0 9.0 7-4 s.o 4.2 6-3 Octubre . I 8.3 12.0 4.0 11.0 8.4 12.0 9-3 6.2 B 7.0 7-0 » II 5-3 8.0 8.3 12.4 8.0 II,I II .0 9.0 10.0 5.i » III 8.1 8.3 7.0 10.0 16.4 9.0 10.0 9.1 11.2 8-3 Noviembre . I 12.2 10.0 14.0 11.0 10.0 15.3 II .2 15.0 11.1 12,1 » II 16,1 16.0 9.3 13.0 14.3 13.° 13.° 8.1 8.4 14.1 III r3.° 13.0 II .0 n-4 14.4 12.4 I4.O 15.2 12.4 13.0 Diciembre . I II .0 13.0 16.0 15-0 16.3 13.0 l6.1 11.3 9.0 15.3 » II *2.4 12.2 17.3 17.0 9.1 19.4 16.2 12. I 20.2 I4.O * III ÍI .0 17.0 14.2 IQ.O 13.3 14.4 15-0 14.2 16.2 15.1 Anual. 0*0 °”4 °"4 -o*3 - o"4 0.4 - Iu0 0°0 I°0 0° 3 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. 111. Promedios de la temperatura por décadas. DÉCADA 1856 1857 1858 1859 1860 1861 1862 1863 1864 1865 1866 Enero .. I 27”o4 24-38 26-82 22-89 23-46 21-46 20°6o 22°7 2 23-89 23-32 23-32 » II 24.85 25.3° 27.08 23.08 23.25 26.32 24.88 23.33 22.55 23.69 26.89 » III 23.66 21.52 26.10 18.33 26.70 23.67 25.60 22.71 26.18 22.64 24.06 Febrero .. I 23.39 21.72 26.85 20.04 25.08 24.89 21.78 22.35 25.16 24.04 24.82 » II 22.81 22.13 24.62 22.69 22.92 23.69 23.64 24.15 24.65 23.73 22.74 » III 21.70 24.83 24.78 19.56 20.73 21.14 21.93 24.28 21.65 24.80 22,42 Marzo .. I 21.04 24.S8 20.10 20.63 21.70 22.97 24.54 22.65 22.63 24.10 23.16 » II 21.36 22.33 22.57 22.87 17.46 21.09 26.19 18.80 24.41 — 24.99 » III 21,91 — 21.69 17.17 17.61 — 18.15 17-47 22.43 — 23.82 Abril I 18.42 17.80 2I.4O 18.69 21.83 21.31 20.20 16.73 18.45 — 18.42 » II i7.83 — 21.53 16.38 12.66 16.80 19.34 16.27 16.82 19-31 17,02 * III 17.64 16.33 14.60 16.65 10.52 15.73 18.54 15.99 16.26 16.13 16.73 Mayo . I 12.77 11.84 12.14 16.57 10.83 12.13 14.73 13-94 14.31 13.61 18.17 » II I4.Ó7 17,20 «5-47 14-35 12.03 11.82 18.18 IO.27 15.18 12.22 16.30 * III 11.26 iS.S2 12.19 12.18 9-79 10.79 13-71 12.54 14.75 M.39 11,24 Junio .. 1 10.56 «3-94 12.92 10.15 12.07 9.89 13-04 13.57 14.75 16.22 12.29 » II 16.39 - 9.77 14.07 6.59 10.36 9.36 n.26 9-25 16.47 10.83 » III 10.10 «4-37 8.20 ”•57 9-44 11,17 15.19 9. T2 8.95 9.61 7 -55 Julio .. I 7.75 12.91 9-39 10.68 8.65 5-33 9.48 ”.23 8.91 9.49 13-25 » II ío.94 «4.56 10-33 9.90 10.51 8.60 5.02 9.29 10.47 II.42 10.89 » III 14.60 12.32 8.72 14.57 13.20 11.49 9-49 8.61 9.15 12.78 11.14 Agosto . I iS.M 11.27 13-54 13-65 13.03 13-14 II.64 u.96 9.24 ”.39 ”.47 » II II. II 14.88 12.74 9.91 10.94 14.29 10.89 10.08 ”.48 ”.31 10.52 » III II.O7 — 10,72 12,90 13.09 15.92 8.62 13.47 10.79 II . 19 12.26 Setiembre .. I 14.36 15.42 i3.83 13-79 Tt* ON CO — 8.58 12.27 13.31 — 12.83 » II z3 • 83 «5.76 «6.63 13.71 14.84 II .01 12.23 11.18 ”•37 - 14.38 » III 13.64 14.67 15.35 13-03 16.43 16.04 15.53 14.18 i3.25 16.33 Octubre .. I 1S.84 «6-34 16.44 i7.23 15.13 14.27 14.17 15.0° 14.87 18.87 14.13 » II 15.96 «7.36 17.41 17.00 l8.34 12.90 14.61 17.84 18.28 18.14 19.25 » III 18.08 18.50 15.02 16.25 17.90 17.35 16.23 15.09 17.70 19.66 16.10 Noviembre .. I 19.14 19.14 14.80 16.66 18.80 22.13 17.19 18.66 17.67 18.49 16.69 » II 23.18 23.18 18.01 18.18 20.02 21.40 19.S4 20,33 23-72 21.57 18.56 » III 21.66 21.66 19.01 23.” 20.43 23.87 21.05 22.92 21.08 24.65 22.53 Diciembre, .. I 22.33 21.18 21,01 20.84 20,41 15.94 22.69 23.OO 24.31 24.86 21.50 >> II 23-49 - 19.63 24.34 22.05 20.49 22.63 23.54 21.96 24.87 24.34 * III 24.24 24.40 21.30 25.03 22,66 20,87 21,64 24,10 24.03 24.89 — 8o CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS ÁIÉÉS. IJI- Promedios de la temperatura por décadas (Continuación) DÉCADA 1867 1868 1869 1870 1871 1872 1873 1874 1875 1876 1877 Enero .. I 26-69 26°i8 23*07 24°40 25-07 24°3S 25*13 2i°85 25*40 22-38 * II 24.46 26.83 24.70 23.10 24.68 23.25 25.96 - 24.OO 22.78 23.87 * III 22.80 24.94 25.50 24.11 23.81 24-47 25-52 — 23.38 23.21 25.89 Febrero .. I 24.37 24.51 23.69 27.42 25.08 23.84 23,00 _ 25.13 23.55 22.43 * II 22.78 24.99 23.66 23.46 23.23 23-74 23.95 — 24.53 23.05 22.62 III 21.59 23.27 19.67 23.75 24.15 21.13 23-33 24.82 22,04 24.94 22.75 Marzo... . I9.93 22.87 22.32 22.26 — 23.18 21.38 — 21.38 23.15 22.60 * II 23.48 rg.óg 21.51 20.94 20.26 18.78 22.59 — 20.25 21.43 24.63 III 18.97 19-15 22.79 19.66 17-05 19.66 18.7S 19.18 22.20 24.12 Abril 15.S8 18.22 17-75 17.80 18.34 21.30 18.48 17.90 19.15 19.28 19.53 * II 1S.46 15.90 19.33 17.06 1S.27 — — 17.38 i6.53 18.50 19-65 III *2.74 — 17.68 14.68 12.59 13.22 15.28 14.24 13.97 16.82 17.60 Mayo .. I — 16.28 20.10 16.91 13-96 14.23 14.78 15.76 16.22 17-53 14.S0 * II 13-98 13.80 15.81 12.35 13-29 10.56 13.06 9.92 11-57 14.48 12.28 III 15-18 1S.27 13.87 10.77 10.52 12.50 9-97 14.74 11-39 12.33 junio .. I 9-31 16.44 n.96 n.26 — — 10.20 12.17 II.4O 11.88 12.18 * II 10. 12 12.69 10.15 12.15 9.61 i5.64 9.26 8.16 7.76 9.22 10.02 * III 11.88 9-77 7.89 10.21 n-33 7-73 12.58 10.08 5.47 11.87 n.63 Julio .. I IO.O4 11.61 8.08 11.12 10.67 8.50 7.36 7-6 5 10.72 10-43 11.66 * II 11.22 8.90 7.72 9-37 12,92 11.84 8.40 9.18 7.39 13.67 16.32 III 8.57 8.83 7.26 10,70 6.28 IO.QI 9.96 9.42 10,20 13.58 8.75 Agosto .. I 11.82 11.83 9.48 8-75 9.48 12.46 9.81 15-02 — 11-73 8.30 * II n-73 — 13.09 9.29 15-09 n.03 11.45 9.19 — IO.O7 13-03 * III 12.79 — II .QI 12.54 9.84 12.89 14.28 3.85 - 13-64 12.03 Setiembre .. I 12.40 13.67 14.68 10.74 11.29 13.26 15.63 13-34 II .00 13-78 14.48 * II 15-33 14.06 14.04 13.85 13.66 14.77 iS.72 13.53 17.29 14.92 14.04 III 14.87 14.34 16.80 15.27 13.05 15-71 14.21 — 16.70 17.72 12,40 Octubre .. I 17.02 - 16.76 18.06 — 20.64 15.13 17.37 15.94 18.40 16.53 * II I7-25 i8.59 13-61 17.23 — 20.87 17.20 13-94 17.41 13-25 16.59 >y III I7-I9 19.91 16.22 17.03 — 19.48 18.98 15.62 16.48 15.86 19.84 Noviembre 16.84 i8.79 16.91 20.35 — 19-34 19.23 15-14 17.94 16.7S 18.61 * II 21.42 19-93 19.08 17.92 18.79 19.13 22.73 20.03 21.61 16.40 22.00 III 25.76 21,74 22.10 18.24 21.51 22.70 21,17 21.65 20.36 18.82 2O.77 Diciembre. 23-95 21.95 23.20 23.31 23.19 22.33 21.84 23.72 23.04 19.30 20.58 II 20.84 — 20.53 26.13 23-43 22.91 21.51 22,10 19.71 17-83 24.24 » III 25.08 — 23.69 24.65 22.48 23-15 23.66 21.52 23.66 20.74 22,91 CENSÓ DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DÉ 1887. 111. Promedios de la temperatura por décadas (Conclusión) DÉCADA 1878 1879 1880 1881 1882 1883 1884 1885 1886 1887 Promedio de 1877-87 Enero .... I 24*33 i9°S3 22»03 22*82 2i°77 26,30 21 *98 22*28 24*78 2i”73 22072 * II 23.84 23-39 21.78 20.37 24-57 20.77 25.70 23-65 24.08 23.77 23.25 * III 22»21 23.18 22.75 22.26 23.S1 21.97 24.37 26.24 23.79 23.42 23.60 Febrero I 21.78 23.13 23.16 23.79 20.54 21.50 21.74 24-55 22.56 21.42 22.42 II 21.63 22,19 21.32 23.49 22.65 20.88 23.68 21.64 19.42 21.39 21.90 * III 22,17 20,01 20,71 23.46 22.26 22.36 22.48 20.73 25.46 19.84 22.02 Marzo .... I 23.93 21.50 l8.22 23.24 19.77 21.85 22.49 21.33 21.22 20.91 21.55 » II 21.12 19.69 19.41 23.72 18.99 19.85 23-°3 20.35 21.34 19.39 21.05 III 00 Oj 19.39 19.18 19.65 16.91 20.38 2O.7I 19.38 19.65 18.97 19.70 Abril I i6-57 16.87 16.59 17.53 16.42 17,20 15.23 16.64 17.76 16.68 17,00 * II 15.87 16.93 16.86 15.28 14,20 15.09 15.36 12.36 14.58 14.63 15.53 » III 1S.63 15.43 12.43 15.S7 12.87 11.85 15.99 13.39 12.05 12,92 14.18 Mayo I 13.72 14.09 12.63 13.11 12.09 14.42 10.66 13.22 12.16 10.75 12.85 » II 9.6S 13.77 12.71 13.63 11.60 13-25 II. II O 00 Oj II.24 12.64 12.06 » III 13.84 n.38 IÍ,72 11.86 12.34 10.68 11.20 IO.7O 14.33 12.77 12.10 Junio I 00 MD 8.64 13.07 11.06 8.01 12.58 12.15 10.18 10.21 12.84 IO.9O » II 11.44 n.46 II.OS 10.37 II . 10 12.85 7.98 6.48 9*°4 13.01 10.44 * III 6.18 9.88 12.03 8.56 10.67 9.84 5.29 9-37 8.73 10.13 9.30 Julio I 6.89 11.26 9.84 9-SS 10.94 12.34 8.76 10.63 7-45 8.51 9.80 * II 10.39 n.31 II.67 8.78 9.34 12.40 9.17 6.51 8.42 10.12 9.49 * III 10.45 10.36 10.02 9-44 7-45 6.40 8.22 7.28 11.93 11.86 9.29 Agosto I i3.24 7.41 10.80 7-8i 12.10 9.79 12.84 7.18 9.89 14.90 10.39 » II 8.25 12.56 12.98 11.34 11.33 10.43 12.47 9.61 •10.05 13.1° 11.38 » III 10.25 I4.OI 13.72 15.42 12.25 ii.S° 14.9S 12,41 12.7S 11.16 12.77 Setiembre 13.66 n.46 I2.9O 12,29 10.63 10.08 13.26 ii.S8 14.19 10.63 12.29 » II 12.84 13.08 7.84 15.99 n-93 12.99 14.46 14.95 12.51 12.03 12.97 * III 13.88 14.45 14.57 13.62 14.93 13.49 13.73 13.96 11.18 15.39 13.78 Octubre .... I 14.82 16.82 12.30 16.37 17.72 16.84 15.48 16.24 13.68 16.17 15.72 » II 15-74 15-32 15.41 19.31 17.03 17.64 16.74 15.64 i6.45 14.72 16.42 » III 1S.38 15.31 14-51 16.75 20.54 15.45 I7.IO 17.66 15.34 16.36 17.66 Noviembre .... I 17.14 18.67 20.87 18.74 18.64 21.42 17.83 21.73 18.71 18.66 19.18 * II 22.74 20.81 17.66 21.32 19.46 18.71 19.79 18.24 18.16 20.58 19.92 • III 20,09 20.58 19.33 20.78 20,40 19.36 21.96 21.50 19-55 20.15 20.41 Diciembre .... I 18.57 19.56 23.97 23-37 20.16 22,21 22.15 20.54 22.31 21.47 21.35 * II 21.8x 21.26 22.84 23.64 20.12 24.70 23.11 21.00 23.61 22.00 22.58 » III 21.00 23.67 23.44 24.51 20.36 21.46 22,47 2I.4O 22.84 21,10 22,29 fcLIMÁ Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. De estos cuadros resulta que la temperatura máxima observada en Buenos Aires corresponde al sexto dia del mes de Febrero de 1877 en (lue termómetro subió á39°,5; y la menor de—2, o al 14 de Junio de 1862. (*) Temperaturas medias de los meses del año; Si con las temperaturas medias de las décadas construimos una curva que representó los números que nos dan las observaciones practicadas durante el año, tendremos el dia- grama que nos señala las variaciones de la temperatura durante ese periodo. Publicamos adjunto el diagrama que representa la figura y que es el resúmen de los últimos once años de observaciones hechas en Buenos Aires. Con estos diagramas, que abarcan períodos largos, pueden fácilmente deducirse las temperaturas normales de los puntos de observación, libres de las causas perturbadoras accidentales que podrían influir sobre observaciones aisladas. Diagrama de las temperaturas, construido sobre los promedios de las observaciones de los últimos once años (1877-87) {*) Por las observaciones hechas durante 20 años en la estancia de San Juan por Don Leonardo Pereira, á pocas leguas de Buenos Aires, resulta: que la temperatura máxima de que se tiene noticia fué de 40,*3 á las 2p. ra. del dia Censo dé la capital federal del 15 de setiembre de 1887. Variaciones de la temperatura durante el dia. Por las ideas generales que sobre temperatura emitíamos al principio de este ca- pítulo, el lector comprenderá las variaciones que sufre la temperatura durante las 24 horas. Se concibe que el calor, que recibe una región, crece hora por hora desde la salida del sol hasta mediodía y disminuye en seguida hasta su ocaso. El poder irra- diante que aumenta por la acumulación de calórico, no puede mantenerse á la par de éste, y por consiguiente, el aire se hace más caliente á medida que avanzan las horas del dia. El calor recibido por la tierra comienza á disminuir después del medio dia, pero la cantidad emitida no es igual á la que recibe sino hacia las 2 p. m, en invierno, algo más tarde en verano, resultando, por consiguiente, que las horas de mayor calor son de las 2 á las 3 p. m. La temperatura más baja se observa antes de la salida del sol, pues ese es el instante más lejano, desde que el calor solar recibido ha cesado de obrar, habiendo la tierra en el intervalo trascurrido, irradiado parte de su calor en el espacio. Es natural que la variación diurna de la temperatura del aire es con un cielo sereno y sol despejado, mayor que con un cielo cubierto, pues las nubes no solo im- piden la calefacción por los rayos solares, sino también el enfriamiento debido á la irra- diación de la tierra. Por consiguiente, ccn un cielo nublado, ni el calor del dia ni el frió nocturno son tan intensos como con un cielo sereno. Estas son causas que explican las variaciones que se experimentan en los cambios horarios de temperatura en las diferentes épocas y con los diferentes vientos y estados atmosféricos. Las variaciones de la temperatura en las 24 horas quedan señaladas por el diagrama adjunto, que sacamos de la Meteorología Argentina, tomo I, referente al clima de Buenos Aires construido por el Dr. Gould. Las cinco curvas señaladas en la figura cor- responden: ála 111 década de Setiembre, 111 de Diciembre, 111 de Marzo y I de Julio, mientras que la curva quinta corresponde á las variaciones de las temperaturas medias del año durante las 24 horas del dia. Este cuadro representa las variaciones de las temperaturas horarias y es producto del cálculo, pues no tenemos observaciones regulares que nos permitan construir un diagrama, deducido de las medias que se obtendrían por este sistema de investigación. 6 de Febrero 77, dato que coincide con las observaciones de Buenos Aires. En cuanto á la temperatura mínima resulta que en la misma estancia el 31 de Mayo del 73 se observaron -4*,2 á las 7 p. m., mientras que en Buenos Aires la mí- nima de la 111 década de ese mes fué de 0*,6. CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. VARIACION DIURNA DE LA TEMPERATURA Influencia del viento sobre la temperatura. El Dr. Gould ha estudiado en el cúmulo de datos, que ha tenido entre manos, la influencia del viento sobre la temperatura y ha llegado ¿formular el cuadro adjunto para las cuatro épocas características de las diversas estaciones, en que se indican las varia- ciones que experimenta la temperatura media bajo la influencia de los diferentes vientos que soplan entre nosotros. CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. N NNE NE ENE E ESE SE SSE s ssw sw wsw w WNW NW NNW 7 a. m + 2.39 + x.91 -)- 2.01 -|- 2.10 + 2.41 + 2.10 + 1.91 + 2.14 + 2.52 2.02 -■)- 1.21 — 0.10 — 2.37 — i.73 1.92 — 3-25 — 2,11 — I,8l — 0.93 4' °-93 + o.8S 4" X.2I 4- 2.70 2 p. m 4- °-93 4- 0.12 — 1.83 I.OQ — 2.01 2.22 — 2.23 - i-44 — O.II + 0-34 4- °-57 4- 1.01 4- x-93 o p. m + 2.23 4- 1.14 4- 0.42 I.8l 2.19 — 3.08 — 3.81 — I.72 — 1,12 4- 0.12 4- 2.14 4- °-33 + °-9I 4- 2.32 Promedio + 2.26 4- 1.09 + 0.15 — 2.00 — 1.67 — 2.33 — 3-°9 — 2.02 — 1.46 — 0.31 4- X.14 4- °-58 4- 1.04 4- 2.38 7 a. m + 2.31 + I.°5 + 1.83 -f- 1.02 + 0-97 — 0.21 — 0.93 — 2.59 — 4.18 — 2.20 — 1.03 — 1.26 — 1,12 4- 1.33 + 1-79 + 3-22 2 p. m -f- I.IO -f- 2.22 + 2.05 + i-23 + 0.84 + 0.27 — 0,21 — 0.23 — 3-34 — 3-°2 — 2.17 — 1.13 — 0.48 + o.si -j- 1.16 -f- 1.20 9 P- m + 2,11 + I*I7 + i.99 1.01 -f- 1.12 + °.s° — O.72 — 2.33 — 1.91 — 3.12 — 2.08 — 0.97 — O.I4 — 0.13 -f- 0.29 -p 2.21 Promedio + 1.84 -(- I.8l + 1.96 + i.°9 -f- 0.98 -f- 0.18 — 0.62 1.72 — 3- *4 — 2.78 — 1,76 — 1,12 — 0.58 + o.S7 -4- 1.08 -j- 2.21 7 a. m + °-9I + 0-54 + 0.37 -|- 0.80 + 0.43 — 0.46 — i.79 — 1.62 — 2.05 — 1.48 — o.6i + 0-74 4- 0.87 -p 1.00 + 1.23 -p I.12 2 p. m + °.92 + 0.23 -f- 0.27 + 0.38 -p 0.12 — o.S4 — 0.85 — 1.88 — 2.08 — 1.03 — 0.49 — O.II + 0-71 + 1.55 + 1.63 + I.I7 9 p. m -p x.io + 0.70 + 0.22 + 0.53 + 0.41 + 0.14 — 0.31 — 0-93 — 1.97 — 2.49 — 1.08 — 0.31 — 0.22 + 0.56 + 1.07 + 2.58 Promedio + 0.98 + 0.49 + 0.29 + 0.57 + °-32 0.29 — 0.98 — 1.48 — 2.03 — 1.67 — 0.73 -p 0.11 + 0.45 + 1.04 + I.31 -p I.62 y a. m + 3.°4 + 0.94 + 2.17 + 2.05 4- 2.54 + 2.10 + i.°4 4- i-°s 4- O Oj ON — 1.13 — 3-3° — 2.50 — 3-92 — 0.88 — I-7I + 0.01 - 0.78 + 2.35 4- T-73 2 p. m + °-89 + 1*89 + I>77 + 0-95 + i.39 + 1.48 4- 1.18 4- 0.18 0.55 — 2.05 — 1.77 — 4-5° — 1.17 4- °-45 — 0.22 4- 0.38 4- 2.42 4- 0.76 4~ 2.11 0 n. m 4~ 0.81 4- 0.58 4- 0.42 0,27 — 0.58 — o.99 — 2.55 2.41 — 1.00 4- 0.43 — 1.04 4- °-79 4- 0.36 Promedio 4- 1,01 4- 0.60 4- 0.08 — i.iS — 1.88 — 2.66 — 2.54 — 0.95 — 0.98 + O.27 4- 0.20 4- i.3° 4- r-4° INFLUENCIA DE LOS VIENTOS SOBRE LA TEMPERATURA. M A U Z O XII. JULIO I. SETIEMBRE 111. DICIEMBRE 111. CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. La influencia de la temperatura sobre el hombre no ha sido suficientemente es- tudiada, á pesar de tenerse algunas experiencias fisiológicas de importancia. Las investi- gaciones de Pflüger, Voit, Marcet y del Duque Cárlos Teodoro demuestran que el frió es un excitante cuya acción determina una actividad mfiyor del organismo con aumento de la proporción del ácido carbónico exhalado; y que, vice-versa, en verano la combustión de los materiales del organismo queda disminuida al punto de que una alimentación que es insuficiente en invierno, es hasta capaz de producir el engorde en la estación calurosa. Pero en. todos estos fenómenos en que interviene como objeto de experimentación el organismo humano, es menester tener también en cuenta influencias múltiples, que modifican extraordinariamente las condiciones experimentales á punto de hacer variar y cambiar los resultados que se han creido obtener. Sobre este mismo tema no tenemos datos suficientes para comprobar tantas otras afirmaciones corrientes, y cuya exactitud podrá ser demostrada por medio de estudios posteriores. Se pretende que el calor provoca numerosas enfermedades: del hígado, de los ór- ganos digestivos y de los hematopoiéticos, pero se dice esto sin tener en cuenta la in- fluencia de los factores concurrentes : la humedad, la luz, el viento, etc., pueden tener acción tan importante como la misma temperatura, á todo lo que debemos agregar la alimentación y los abusos que hacen algunos de bebidas fermentadas. Entre nosotros la mortalidad, sobre todo de los recien nacidos, aumenta en la estación calurosa, manifestándose la enfermedad por diarreas, vómitos, etc., pero no de- bemos atribuirla al calor, sino á la influencia que ejerce este sobre la leche y otros ali- mentos, contaminados por el aire ó por las aguas, y el desarrollo de cuyos gérmenes patógenos es favorecido por la temperatura. CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. VAPOR ACUOSO DE LA ATMÓSFERA. El agua al estado de vapor existe como elemento normal del aire. Siendo transpa- rente é incoloro no es visible en la atmósfera, y si en condiciones especiales manifies- tándose bajo la forma de nubes, neblina, lluvia, nieve ó granizo: fenómenos que en meteo- rología se distinguen con el nombre de precipitaciones. La humedad atmosférica proviene de la evaporación, y es tan necesaria como el oxígeno para la vida orgánica. La humedad atmosférica es la que reparte el calórico con uniformidad sobre la tierra, detiene el calor directo de los rayos solares y el que pierde la tierra por irra- diación ; el calor así aprisionado recorre la atmósfera en los movimientos que en ella se producen. Así, pues, la humedad no solo atempera la reverberación del suelo sino que también amortigua la acción de los rayos solares directos, ya sean luminosos ó caloríficos; evitando un exceso de acumulación de luz y calórico y dando uniformidad á los climas. La humedad atmosférica tiene gran papel en la formación del rocío, de la lluvia y de otras precipitaciones, teniendo grande influencia en la formación del ozono y en la pro- ducción de los fenómenos eléctricos. En los climas secos se observan grandes variaciones de temperatura entre la parte expuesta al sol y á la sombra, mientras que en los húmedos, hay mayor uniformidad y cambios menos bruscos. De estas breves consideraciones se deduce la importancia de la humedad atmosférica para determinar las condiciones higiénicas del clima. Del estado de sequedad de la atmósfera se deduce también la influencia que ejerce sobre la salud de los que en ella viven aunque son condiciones difíciles de determinar con precisión, por la relación íntima que hay entre ella, el calor, movimiento y presión atmosférica. El aire seco es más estimulante que el aire húmedo, y se soporta más fácilmente el calor con un aire seco, pero cuando baja la temperatura, el aire seco provoca una disposición á las enfermedades inflamatorias, principalmente de las vias respiratorias. El aire húmedo y frió predispone k los catarros, bronquitis y afecciones gotosas y reumáticas. Por el contrario, un aire húmedo y caliente calma la irritación de las mem- branas mucosas, exige menos gastos de fuerza, pero á la larga disminuye el apetito y debilita los órganos digestivos y el sistema nervioso, causando un estado de postración que predispone á sufrir las consecuencias de las influencias perniciosas sobre el orga- nismo. Cuando el aire es muy húmedo la pérdida de agua por el pulmón y la piel se halla disminuida y aumenta la actividad renal. Además, la humedad ayudada por el calor activa la formación y desarrollo de los organismos inferiores y He las bacterias, mientras que el aire seco detiene la producción de estos agentes de enfermedad en algunos casos. La cantidad de humedad contenida en un espacio determinado de aire se llama humedad absoluta, y la que contiene un espacio comparado á su capacidad de saturación se llama humedad relativa. CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. Por aire seco se entiende una débil cantidad de humedad relativa, mientras que por aire húmedo se designa al que se acerca á ioo° (máximun que expresa la completa satu- ración). El grado más débil de humedad hallado es de 23 %. En cuanto al valor conven- cional de la humedad relativa debemos hacer presente que menos de 55 por 100 equivale á aire muy seco de 55 á 75 » » » » » seco » 75 á go » » » » » húmedo » go á 100 » » » » » muy húmedo Estos valores deben juzgarse siempre en función á la temperatura, que tiene una grande influencia en su apreciación. Diagrama de la humedad relativa, construido sobre los promedios de once años de observaciones (1877-87) El aire absorbiendo mayor cantidad de vapor de agua á medida que se eleva la temperatura, la proporción de humedad con relación al grado de saturación es menor CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. durante los grandes calores, pues la humedad no aumenta tan rápidamente como la tempe- ratura. Asi, pues, con relación á las estaciones, la humedad relativa es menor durante los meses de verano, y mayor en invierno. Como lo demuestra el diagrama, tenemos un minimun en los meses de Noviembre, Diciembre y Enero y un máximum en los de Junio, Julio. En cuanto á las variaciones diurnas, el máximum de humedad se presenta en las horas matutinas de la salida del sol y su mínimum en las primeras horas que siguen al mediodía. Estas diferencias son mucho .más pronunciadas en la estación del verano. Las variaciones cuantitativas de humedad relativa durante el año fluctúan para nosotros entre 25 á 30 por %. La causa de la existencia del vapor acuoso en la atmósfera es, como se comprende, debida á la evaporación del agua que se encuentra sobre la superficie de la tierra. Contribuyendo á esta producción todos los mares, rios, lagos y objetos que tienen agua y la ceden á la atmósfera, como los vegetales y plantas, se comprende que este factor meteorológico se halla en razón directa con todos los elementos que contribuyen á formar estas causas. Ordinariamente se entiende bajo el nombre de cantidad de evaporación, la cantidad de agua que se convierte en vapor, evaporada por una superficie de una unidad deter- minada, por ejemplo, de un metro cuadrado. Con mayor simplicidad puede tomarse como una unidad de evaporación el espesor de la capa de agua que se evapora en una unidad de tiempo, como se hace para la lluvia que queda determinada por la altura que resul- taría del agua caída, hecha abstracción de la evaporación y absorción del suelo. La cantidad de la evaporación depende de diversas causas. Una superficie libre de agua desarrolla, por ejemplo, más vapor de agua que el terreno húmedo, pero la cantidad es mucho menor si se compara con la que evapora un prado cubierto de vegetación y mo- jado por aguas de regadío. La temperatura del aire tiene grande influencia sobre la evaporación del agua. Cuanto mayor es la temperatura tanto más rápida es la evaporación. Por consiguiente, en verano el agua se evapora más rápidamente que en invierno, y expuesta á los rayos solares, más lijero que á la sombra, y en la zona tórrida más que en la templada y en la fria. Cuando el aire está saturado de vapor y no puede recibir, por consiguiente, mayor cantidad de agua, la evaporación se detiene, cesando completamente. Cuanto más se halla el aire distante del punto de saturación, ó en otros términos, cuanto mas seco, tanto mayor es la evaporación. De esto se deduce que las regiones que se distinguen por su sequedad en el aire, se caracterizan por una evaporación muy activa. Por fin, la rapidez de la evaporación depende de los movimientos del aire y el viento que los determina influye notablemente sobre el fenómeno. Se comprende fácilmente que si el aire no se renovara alrededor de una superficie evaporante, muy pronto esta atmósfera llegaría á su punto de saturación y esto traería como consecuencia la cesación de la evaporación. CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. Pero, si por el contrario, el viento sopla sobre la superficie de evaporación, mueve masas considerables de aire seco, que se cargan de vapor de agua y que son reemplazadas por otras en las mismas condiciones de absorción. Así, pues, el viento es uno de los fac- tores más importantes de la evaporación. Entre nosotros el Pampero, viento seco por excelencia, produce una evaporación rápida en los terrenos mojados, fenómeno que se apercibe apenas empieza á soplar. La evaporación varia considerablemente con los países y sus circunstancias cli- metéricas. En América á 10 grados de latitud, la evaporación llega á 3520 mil. por año. En Córdoba á 2232. No tenemos observaciones para Buenos Aires, lo que es un grave defecto que nos proponemos remediar estableciendo observaciones regulares; y con estos propósitos hemos encargado á Europa instrumentos apropiados para llevarlas á cabo. Volviendo á nuestro tema de la humedad relativa del aire, presentaremos al lector los datos que poseemos al respecto y que le darán una idea de la intensidad del fenó- meno entre nosotros. Trascribimos á continuación dos cuadros numéricos de observaciones, uno sacado de la obra de Gould citada, y otro que nos ha sido remitido por el Dr. D. Gualterio Davis, calculado sobre las observaciones del Colegio Nacional de Buenos Aires en los últimos once años. CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Humedad relativa media por décadas de dias. DÉCADA 1858 1859 1860 1861 1862 1S63 1864 1865 1866 1867 1868 Enero .. I 64.3 70,2 67.4 67.9 6S.S S2.9 56.6 60. s 63.S 63.4 » II 65.6 76.0 75.i 62.7 6l.I — 57-3 67.4 63.5 59-9 52.5 » III 65.S 73-4 80.s 60.4 72.6 67.6 53-6 63.0 61.5 65-4 64.1 Febrero . I 67.0 69.4 78.4 66.1 79-4 69.1 68.0 63.0 66.3 60.6 57-8 » II 66.5 73-7 78.5 7X.7 71.0 79.1 70.8 61.6 60.1 63.1 73-7 » III 67.4 76.2 70.2 59.1 66.x 73-° 63.4 62.3 51.2 57-8 63.8 Marzo .. I .74-3 73-1 87.2 57-8 66.2 — 65.4 65-4 57-1 57-3 68.4 » II 76.7 78.4 73-4 65-9 71.1 77.2 67.7 — 66.4 S6.1 — » III 77-2 — 77-9 — 68.8 79-5 67.8 — 75.6 64.7 — Abril .. I 81.9 80.3 81.8 77.8 73-9 65.7 79-2 69.9 69.4 — 75-4 » II 8l.I — 83.6 75-3 79-5 80.9 77-2 70.5 65.1 80.9 — » III 84.1 78.6 83.6 72.4 8l , I 86.0 69-5 66.3 64.S 71.7 — Mayo .. I 80.3 75-7 73-3 7D3 86.1 85.9 76.5 67.6 67.2 — 78.0 » II 92.4 79-3 88.5 66.2 91.1 8l,I 78.0 81.4 87.2 68.3 65.7 * III 87.4 80.8 87.3 61.7 84.4 85.6 79-9 77-9 74-9 79-6 80.2 Junio .. I 9°. 5 81.8 92.4 85.8 87.6 84.8 86.0 89.0 82.6 70.8 84-3 » II 87.9 89.4 84.4 78.6 — 78.6 — 82.3 80.7 78.3 83.0 » III 82.2 89.6 85.1 80.6 95-3 78.9 84.1 81.8 86.2 68.9 82.2 Julio .. I 85.6 88.8 80.3 75-9 86.0 79-0 79-7 83D — 75-4 78.8 » II 85.5 87.4 87.4 83-5 79-0 79-4 79-4 78.8 79-i 76.2 73-2 » III 86.9 95.2 91.0 75-3 88.4 82.5 81.0 80.4 81.4 67.8 74.1 Agosto .. I 76,6 85.0 80.9 84.1 83.1 78.6 81.9 74-9 76.6 66.9 75-9 » II 72.6 78.7 79.9 85.5 83.0 76.3 — 74-9 82.9 66.7 — * III 80.2 85.8 85.6 77-7 69.2 85.0 79-2 65.0 74-3 74-7 — Setiembre • I 79-9 89.8 74.o 78.1 75.2 — — — 66.2 69.9 97.° » II 84.6 79-6 71.9 75-9 69.9 76.6 75.1 — 69.8 71-9 78.0 * III 80.7 80.9 88.2 — 86.5 70.8 77-7 — ' 76.6 72.7 84.6 Octubre .. I 78.4 85.2 84.3 85.2 70. I — 75.2 70.8 73-1 69.5 - » II 76.x 8l . I 81.4 79-4 78.2 79-4 75-8 70. I 63.6 — 76.1 » III 79-7 82,7 74-8 85.2 85.1 64.8 65-5 69.S 79-° 62.3 67.9 Noviembre .. I 81.7 84.2 77-6 67.9 76.5 72.8 66.3 6 3-7 7i.4 63.6 62,6 » II 79-4 74-6 72.9 68.0 74-2 68.9 62.5 63-3 68.7 64.2 64.6 » III 78.2 75-7 68.1 57-7 74-3 54-3 65.3 66,6 59-1 58.3 73-3 Diciembre ... I 80.0 72.9 68.0 57-8 70,0 50-9 58.9 S0.2 58.5 62.7 65.6 * II 74-8 75-7 71.6 65.5 62.5 57.1 58.8 58.1 71 -4 59-0 — III 68.6 68.6 62,9 7I.8 66.0 SI-2 69,8 51-2 — 63.0 — 92 CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AÍRES. Humedad relativa media por décadas de dias [Continuación) DÉCADA 1869 1870 1871 1872 1873 1874 1875 1876 1877 1878 1879 Enero .. I 76.5 58.7 53-6 61.9 72.5 64.8 77-4 80.4 73-5 72.7 » II 70.1 60.5 59-3 61.9 69.7 — 75-9 79.2 79-3 72.2 64.6 » III 69.1 64.2 58.7 59-8 73-4 — 69.8 74-4 78.4 75.6 62.1 Febrero .. I 78.3 68.4 66.6 55-1 74.2 — 65.3 77-2 7°. 7 81.3 7x.x » II 7x-9 63.4 71.6 57-3 69.2 — 74-4 ; m 75-3 79.3 74-3 » III 69.8 64.9 7°-3 óg.S 77-° 70.1 66.3 8i.s 83.2 81.3 82.0 Marzo .. I 70.8 67.6 — 76.6 65.3 — 72.0 71-4 83.4 83.3 75-2 » II 78.8 77-4 7x-5 73.° 69.7 — 68.0 80.6 86.0 83.0 82.8 * III 74.6 72.9 75.8 68.4 72.8 78.8 69.8 84.3 87.3 82.4 8l . 2 Abril .. I 66,0 77-2 80.2 72.8 75.5 66.6 68.0 83.7 80.2 85.4 84.9 » II 77-3 76.8 72 . I 76.1 — 66.6 69.9 8l. I 81.4 84.0 87.8 - III 75-5 67.2 73-5 72.3 67.1 76.1 81.2 87.2 85.4 89.4 85.8 Mayo I 84.7 81.2 82.8 79-7 66.0 81.0 87.6 88.5 86.2 87.S 86.4 » II 84.6 78.7 80.0 68.9 7I.8 74-2 82.x 80.1 79-9 80.5 83.8 » III — 85.0 — 70.2 70.6 80.6 83.4 82,1 83.2 9°.5 91.8 Junio .. I 74-4 76,9 — — 73-3 88.9 85.3 87.6 82.8 9°, 9 7Ó.2 » II 7°-3 CO 00 8i.3 78.4 80.0 85.0 83.8 84.5 86.3 85.3 86.4 - . III 64.2 86.0 82.2 74-4 88.6 86.8 76.3 88.1 88.2 82.2 87.4 Tubo .. I 66.1 85.0 87.6 82.6 78.9 81.0 76.6 85.9 84.9 77-4 95.6 ¡> II 75-7 78.1 80.8 82.4 80.6 81.2 75.4 89.8 86.0 87.1 81.3 * III 69-3 75-5 75.6 67.7 72.8 85.9 81.0 84.x 86.9 84.7 83.0 Agosto ... I 79.1 72-3 73-0 82.5 73-3 84.5 — 87.4 83.1 93-7 81.2 , II 79-6 65.7 76.6 82.3 72.7 75-0 — 76.2 90.6 85.8 83.9 » III 71-1 68.7 74-3 82,2 77-6 88.5 — 83-4 73-7 86.1 84-5 Setiembre I 83.0 64.1 69.5 76.4 80.9 77-4 84.8 80.2 85.6 76.5 78.8 » II 79-4 72.5 7i.4 74-3 74-6 80.1 81.7 83.0 77-3 81.2 82.5 * III 73-6 64-3 69.1 7i.7 67.3 — 85.2 82.2 62.9 83-3 79-3 Octubre .. I 82.6 73-5 — 7i.3 70.2 82.1 78.5 69.2 72.1 84.3 77-5 » II 76.4 67.8 — 68.6 66.3 70.2 61.7 76.8 72,0 74-9 81.3 » III 66.5 67.1 — 59-2 70.6 75.1 7I*3 78.7 7°-3 69.7 76.2 Noviembre 67.4 61,2 — 60.6 74-9 7°.5 71"1 78.1 73.1 79-7 69.1 » II 65.7 47-8 67.4 67.4 63.7 68.9 67.0 79-° 80.4 81,0 80.8 * III 70.8 69.8 64.9 63.0 69.8 72.2 70.8 80.2 75.2 79-6 72,1 Diciembre .. I 62.x 61.5 66.1 55.5 65.9 62.4 7°*7 74.2 79-2 68,8 66.x , II 60.1 52.4 .58.6 57-5 58.2 58.2 64.4 87.x 79.6 70.6 70.6 » III 63.2 62.5 65.0 58.8 66.5 V 56.1 69.4 83.8 76>5 72.2 69.7 CÉNSO t)É LÁ CABÍTÁL FEDERAL DÉL í¿ t)É SETIEMBRE DÉ 1887. Humedad relativa media por décadas de dias (Conclusión) DÉCADA 1880 1881 1882 1883 1SS4 1885 1886 1887 Promedio 1877-87 Enero .. I 82.3 77-5 73-4 83-7 80.8 7D4 72.3 73-° 76.5 * 11 73-7 7°.7 72,1 83.6 80,4 71.7 80.8 70.0 74-5 * III 72.6 77 •1 80.0 83.4 79-4 71 -5 79-7 74.1 75.8 Febrero .. I 73-9 67.7 77-8 78.7 64.0 73-5 75.6 76.5 73*7 * II 72.6 70.4 74-1 73-7 77-8 78.2 73-8 65.0 74-0 * III 72.6 73.8 76.4 75.8 78.1 73-2 77.2 75-3 77-2 Marzo .. I 72.6 73-5 81. S 80.1 85.0 87.1 78.9 7D9 79-3 » II 83.6 80.3 75.7 76.0 85.0 78.2 74.o 74.2 79-9 * III 81.4 72,5 71.6 85.8 90.4 77-5 86.0 75.9 8l,I Abril .. I 89.1 83-1 76.3 89.0 83.7 80.4 85.4 82.3 83.6 » II 81.1 7b.3 72.1 80.9 88.1 81.9 8l,6 77.5 81.2 » III 88.7 82.3 83.5 85.4 92.8 85.0 OO CO 72.1 85.4 Mayo .. I 88.3 79.9 79-5 94.6 83.3 78.9 79.7 69-4 83.1 » II 86.9 91.4 85.0 92,1 90,4 80.8 87.2 83.3 85.6 * III 86.8 82.2 82.4 89,8 92.1 90.6 89,6 87.1 87.8 Junio .. I QI.O 90.6 84.9 90.9 94.3 81.7 87.8 84.3 86.9 » II 90.2 88.1 92.1 94.2 89.8 82.6 87.8 86.5 88.1 * III 85.6 84.0 89.8 92.9 88.3 90.0 84.6 82.5 OO Cn 'Ó Julio .. I 90.0 87.6 86.8 96.4 87.0 93-0 75.3 85.9 87.3 * II 94.0 79.7 87.3 93-5 94.6 84.8 83.1 91.8 87.6 * III 89.0 88.9 85.8 84.8 85.7 83-5 81.6 92.1 86.0 Agosto .. I 87.9 80.8 89.9 89.6 87.7 79.7 69-S 88.2 84-7 II 86.3 89.2 89.4 86.5 94-8 90.3 65.5 9D3 86.7 * III 83-7 89-9 86.1 90.4 92.6 82.1 76.7 72.0 83.4 Setiembre .. I 75-5 91.2 84.3 89.7 89.2 83.8 84.6 76.7 83.3 » II 86.4 85.0 88.1 88.1 87.1 79-3 76.0 73-7 82.2 * III 9D9 76.7 78.7 92.3 87.6 80.2 82.9 73-8 80. g Octubre .. I 73-4 87.5 7^.6 88.1 74-8 8l.4 80.4 84.1 79-8 * II 77.2 89.2 85.7 89.0 82.8 73-8 76.2 76.1 79.8 * III 82.1 75.i 92.3 , 73-7 . 83.6 73-3 77-0 74-2 76.1 Noviembre .. I 7T-S 75-9 82.3 76.2 82.8 77-4 78.0 64.0 75.5 * II 76.2 74-5 75-4 78.7 85.3 69-4 73.6 67.0 76.6 * III 66.2 76.3 79-7 82.0 74-4 85.4 67.8 77.o 76.0 Diciembre 70.0 69.5 85.1 79.6 84.2 82.9 64-5 68.8 74-4 * II 76.9 75-9 83.2 85.4 63.8 82.8 78.7 71,2 76.2 * III 68.9 80.9 8l.2 74.4 73-4 83.1 74.i 76-4 75-5 CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. El cuadro siguiente representa las variaciones de la humedad media anual del aire espresada en centésimos de saturación por décadas y en tres horas diferentes del dia, cal- culado por el Dr. Gould y según las observaciones de Eguia. • - Diciembre.. • Noviembre. - - Octubre * Setiembre .. - • Aeosto « • <-4 0* • * Junio * - £ 6 - - Abril * Marzo - * Febrero Enero d d' o > 0 44 1—1 44 1-4 44 44 44 44 44 44 44 44 í> 44 |-1 l-1 l-l M I-1 I-i M 44 44 44 44 •-i I-I 44 44 44 44 44 44 44 I-I 44 |-1 44 1—1 44 1—1 44 44 l-l 44 os Os Os va va va va 00 00 OO m co 00 co CO CO OO 00 co CO co CO va va va va va va OS OO SO O Oj Os OS Os Oj Oj so sO Os Os O» O SO Observada 01 OO en sO 'Vi SO OO Os efí en 00 m va en 00 M 44 co -4* S OS c2? 00 fe Oj 4* va OS Os va va Va va va va CO 00 00 co OO 00 co 00 CO va va v.a va va ¡M M Oj en va 'O 0 to to to Oj 44 44 en CS Os en en 4^ to M O O sO co 00 Os en -f1* to O so Calculada M to M Os Os va Oj to M SO sO 00 sO M 4^ 00 O sO va ■ . O' Os M M M SO en va M va 4- Oj O Oj SO en en co +- OS sO Oj 00 en 00 Oj O 4. 3 4- 4- 1 4- 1 1 4- ■ 1 4- . 4- 4- 1 1 1 4- 1 4- 4- 4- i 1 l 4- 4- 4. 4- _j_ 1 I 4- ¡ 4- l 1 O O O 0 O O 0 O O O H O 0 O O O O O O O O O O H O 0 to 0 0 O O O | M Os Os 4 Oj 'O Oj Oj to to M M SO va en H CO H b Os to IH 00 00 SO en Ój fs w Oj 10 va Oj H 4- sO co os SO Oj va Os Oj to M O OO en to to en CaJ ■**“ 0 Cs va Ca Cn en en Os Os Os Os V] Os os V] va va va va va Os OS Os os Os OS en en Os Os Cn Cn *+** en M va M sO va O sO 0 to 44 en •+*■ OS co CaJ to en va 4-* Oj SO M O Cs en Observada 4 Cn 0 4 Oj Oj to to (X) va M CaJ 4^ >va to M b> SO SO M 00 OO 4 4» 4-* SO 4 O en en H CO H OS Os Cs to en va va H 00 en CaJ -4» to to so 00 os to Cn en en ea Os Os Os Os O» Os Os va va va va va va va va va va va Os Os os OS Os Os Os OS ea en en en Os O Os OO so SO O O Caj 44 Os Os üs Os O co OS -4» CaJ O 0 va Cs Calculada VO VÓ O) SO SO sO 4 Co aa Oj so CO "2 co va ái sO va Oj vO Os só Os CaJ co 00 oT Cn co 3 1 1 1 4- 4- 1 ! 4-, + 4- 1 4- 1 1 4_ + 4- 1 4- 1 4- 1 1 i + 4- 4- 4- 1 1 -i- 4- 4- 4- 4- 0 O O O O O w O O Oj O w O O 0 O >4 O 0 to O to to to O to CaJ 0 O 0 0 i tO -p*. OS M to M Os Oj lo to Oj SO os to SO 4 00 >^a M cn to OS va M b sO CaJ va va va to va fS Cn en 4 OI OO en Os H Oj O O va O va en to H CaJ O 00 01 sO en 4* OS 4* M en SO 00 Os os O'. va Vv1 OO co co 00 00 co va va 00 va va va va va 4 00 O sO so sO O so e>j Os co sO 0 CaJ O O 00 Observada 4* SO OO Os K> Oj O SO va Os O va ló 'es en OJ cS to 'S 4^ IO CaJ 'o en sO Os Os SO va co H cS 10 Os Os Os va •vi ■vj V4 va 00 co CO 00 00 va va va va va va va OS 4 Os va 00 SO sO so O ü Oj Oj 4- 4^ Oj SO va va Cs Cn Oj O 00 va Calentada Tj M w Os O sO 00 M “ “ H sO Os ¿. SO 10 M *00 en Os Os • H O 3 + 1 ! + 1 4- l 1 4- 1 4- 1 4- 4- 1 1 4- ! 4_ ; 1 •4- 1 + + + + i l 4- 4- 4-4-4- O O ÍO O H O O O O H 0 O O O H O O O O O O M O O O H O -£*• Oj Oj O H 0 H O | Oj 00 00 va to 00 4* H Oj to O) IO to M M ea 0 to M Oj to to to to to O» 10 co Os va OS w O en to en ü en SO e?s sO va M Oj Oj 4^ to en en en sO Oj H va 0 CaJ os Os Os va va _ , va va va TO 00 va va va „ j va va va “1 4- Oj ■f O ,n T va Os ai I4 , va OO O CaJ r CaJ CaJ sO co va en Os V1 CaJ Co sO O sO va Cn 4* Observada c2 V] sO O? a. * Oj 00 Oj va os en O sO 0 S só Os só Os V? va en SO5 V] va SO D W O Os —a va va v4 va Vvl va va va va va va va CS Os os 1 4 en °s OO O 4* en Os Os 00 so O M sO 00 o. CaJ O SO CO Os en Calculada s CaJ "> en 44 00 s¿ só so va co M CO O CaJ O 10 N. S O» H sO of 1H CA. sO O p) 0 4- 1 1 4~ 1 1 1 i + 4- 1 1 -1- J 1 4- 4- 1 + 1 + 1 1 1 1 + 4- 4- 4- ; 1 4- 4- + + 4- 0 0 O 0 0 O 0 O O to O M 0 0 M 0 O hl m O 0 w O O O h O O O 0 0 O 1 (X) 00 N) O O b M M 0 0 10 to eo O to Oj sO en va OS Os sO b en Oj OS 00 00 sO 00 M 0 M to Os en 10 co Oj sO 10 Oj OS co O'. en en CO sO Os OS co CO sO • ■ CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. N NNE NE ENE E ESE SE SSE S SSW SW WSW W WNW NW NNW 7 a. m + 2-1 + 3-5 -I- 3-7 + 4*9 6.2 + 1.9 + i-3 -4- o.i — 2.4 — 3-4 — 4.2 — 4-7 — 7-4 I . I — 0.8 + o.3 2 p. m + 2-3 + 3-7 + 3-8 + 5-2 + 7-° 4" 2.2 + o.8 — o,6 — 0.9 — 2.7 - 4.8 — 5-5 — 7-6 — i.7 — 2.1 + 0.9 9 p. m + 1.9 + 3-7 + 4.2 + 4-3 + 6.8 + 2.6 — °.3 — 0.9 — 1-3 — 2.5 — 4.° — 5.i ~ 7-3 — i.8 — 1.0 + 0-7 Promedio + 2.1 + 3.6 + 3-9 4*8 + 6.7 J- 2.2 -(- o.6 — o.S — i.5 — 2,9 — 4-3 — 5.i — 7-4 — i.5 — !-3 + o.6 7 a. m -(- 2.0 -i- 2,1 + 2.8 \ 3-9 + 4-7 4- 2-4 — 0,1 — 0.7 — 0.2 — 1.4 — 3-0 — 4.2 - 5.8 — 1,6 — 2.0 4- i.i 2 p. m + *-° + 2-3 + 3.i + 3-8 4- 5-4 4- 2-5 4~ 0.3 — 0.4 — 0,6 — 2-3 — 3-1 — 3-5 — 6,i — 2.0 — 1.2 4- o,8 9 P- m + °.9 + J-2 + 3-0 + 3-7 4- 4-9 4- 1.1 4~ 0.4 — 0.9 — 0.9 — !.3 — 2-5 — 2.9 - 5.8 — 1.3 — I , I 4- 1.5 Promedio + i-3 J_ 1.9 + 3-° -p 3*8 4- 5.0 -p 2.0 4- 0.2 — 0.7 — o,6 — 1.7 — 2.9 — 3-5 — 5-9 — i,6 — i.4 4- i.i 7 a. m + 4-9 + S.i + 6- 7 + 7-3 + IO. I + 4.2 + 2.3 — 3.2 — 3-9 — 4-7 — 6.8 — 8.6 — 10.4 - 3-8 — 2.5 + 3-3 7 p. m + 5.i + 6.o 4- 6.8 + 7-9 + II. I + 4.2 + 2.7 — 2.8 — 3-5 — 4-4 — 8.2 — 9-1 — 10.6 — 5.o - 3-8 + 3-7 g p. m -J- 4.2 1 7-1 + 6.6 ■f 8,o 10.7 + 3.9 + 3.1 — 3.7 - 4.8 — 5.o — 7-6 — 8.2 — 10.3 — 4-7 — 2.9 + 3.6 Promedio + 4-7 + 6.i + 6*7 + 7-7 10.6 + 4.1 + 2.7 — 3.2 — 4.1 — 4-7 — 7-5 — 8.6 10,4 — 4-5 — 3.i + 3.5 7 a. m + 5.2 + 9-6 + 7-4 + 9-4 + S.o + 4-2 + 6.4 — 2.7 — 3.8 i — 2.6 - 8.5 — 9.6 — 7-2 - 9-8 — 6.4 •p 3*4 2 p. m •p 5-4 + 9-3 + 7-7 + 10.2 + 5-8 H- 5.2 + 6.9 — 3.5 — 4-2 — 3-2 - 8-7 - 9.8 — 7-6 — io.6 — 7.i + 4-2 9 P- m + 5.i + 9-6 + 7-5 + 10. I + 5-2 "P 6-1 -p 6.ó — 0.2 — 4.i — 4-1 — 9-° — 9-7 — 6.9 — 10.7 — 8.2 + 2.7 Promedio + 5.2 + 9-5 + 7-5 + 9-9 ■p 5-3 + 5.2 4- 6.6 — 2.1 — 4-° ( ~ 3-3 - 8.7 — 9-7 - 7.2 — 10,4 - 7.2 + 3-4 Influencia de los vientos en las desviaciones de la humedad relativa. SETIEMBRE 111. DICIEMBRE 111. MARZO XII. JULIO I. 96 CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. Si comparamos ahora las observaciones de los cuadros anteriores en lo que se refiere á la humedad del aire de la serie de observaciones publicadas por el Dr. Gould con los datos de Eguia y las nuevas de los últimos once años, observaremos con el Dr. Davis que hay una notable diferencia, debida sin duda á causas locales. Las observaciones del Colegio en los años 1879-87 dan para la humedad media la cifra 80,7, mientras qne las de Eguia (1856-75) dán 73,9. Si se confrontan las observaciones de Eguia, De Boer y Rosetti hechas simultánea- mente, tendremos : Eguia De Boer 74.2 - 80.9 = 4- 6,7 Eguia Rosetti = 74.2 80.3 = + 6,1 Es evidente que la humedad deducida de las observaciones de Eguia es muy poca y con una deficiencia no menor de 6 por ciento. Asi, pues, para hacer concordar ambas series seria menester aumentar los resultados de Eguia, de 4-6,1, ó disminuir las observa- ciones del Colegio Nacional de la misma cantidad. CENSÓ DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. PRESION ELÁSTICA DEL VAPOR ATMOSFÉRICO. La humedad atmosférica absoluta, se llama también presión del vapor de agua y se mide por la altura de una columna de mercurio. El aire saturado á o° tiene una presión de 4mrasi » » á 12°5 » » » » iomm6B » » á 25o » » » » 23mra4o y como el aire calentado absorbe mayor Diagrama de la presión media del vapor atmosférico, construido sobre los promedios de las observaciones de los últimos once años (1877-87) io6 CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. Se verá por la curva, que la presión del vapor de agua alcanza su máximum en el mes de Enero y tiene su mínimum en los de Mayo, Junio y Julio. Para indicar la cantidad de vapor de agua que existe en el aire, se determina su peso con relación á un volumen dado de aire, ó se determina la presión que el vapor por su fuerza elástica ejerce sobre una columna de mercurio. Esta medida de la fuerza elástica del vapor atmosférico nos dá una idea suficientemente exacta del agua conte- nida en un volumen determinado de aire, pues, como es sabido, son cantidades propor- cionales, de manera que doble presión representa doble cantidad de vapor. Si indicamos el estado higrométrico del aire por medio del número de gramos que están contenidos en un metro cúbico de aire, y por otra parte, el número de milí- metros que representa la altura de la columna de mercurio correspondiente á la presión del vapor, se obtiene en ambos casos cifras casi iguales. Si, por ejemplo, un metro cúbico de aire contiene cinco gramos de vapor de agua, la presión será de 5 milímetros y vice- versa. Esta regla es general y aplicable en la práctica. i oy CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Presión media del vapor atmosférico por décadas de dias. DÉCADA 1858 1859 1860 1861 1862 1863 1S64 1865 1866 1867 i863 Enero ,. I 16.85 15.16 13.00 11.96 13.15 11,8g 12.16 12.75 16.49 15.85 * II DOS 15.59 16.23 iS.92 13.90 — II.7O 14.76 16.51 12.90 13.70 * III 16.40 00 0 <0 21 .07 12.75 16,89 13.67 13.33 13.24 13.67 13.74 15.20 Febrero .. I 17.44 11.95 18.68 14.48 15.53 13.92 16.07 14.37 15.46 13-72 13.27 » II 14.84 14.42 16.23 15.0° 1S.65 17.68 16.31 13.59 12.67 12.94 17.19 * III 15-55 13.S1 12,72 10.05 1.3* 12 16.42 11.68 14.38 10.36 II . TO 13.99 Marzo .. I 12.88 13.34 16.85 ii.5° 15.16 — 13.19 14.53 12.04 10.06 13-17 * II 15.74 14.65 II.04 11.56 17.86 14.41 15.35 - iS.42 12.65 — * III 15.21 — 12.02 — 10.73 12.10 13.65 — 16.76 10.76 — Abril .. I 15.73 12.90 15.98 15.11 12.96 9.05 13.28 14.19 11.56 11-39 " II 15.64 — 10,02 10.OI 13.35 n.35 10.95 II .81 9.61 i®.97 — * III 10.77 IO.7O 8.14 9.42 12.97 11.53 9.74 9.30 9.38 8.63 — Mavo . I 8,66 10.07 7.2 3 7.56 10.87 10.26 9.33 7.86 11.06 — 10.68 * II 12,19 9.85 9-45 6.77 14.27 7.76 10.28 8.78 12.50 8.41 7-99 * III 9-45 8.95 8.10 5.97 10. II 9-45 10.36 9.66 7.66 io-43 10.52 Junio.. ., I IO.I7 7-75 9.99 7.84 10,25 9.95 9.70 12.66 8.84 6.52 13.00 » II 8.13 10.84 6.35 7.86 — 8.08 - 11.81 8.13 7-39 9.50 * III 6.82 9.27 7.7i 7.65 12,94 6,98 7-39 7-54 7.01 7.35 7.56 Julio .. I 7.66 8.59 6.84 4.89 7.59 8.05 6.87 7.64 — 7,10 8.38 » II 8.25 OO O 8.41 7.30 5.17 7,20 7.61 8.23 8.41 7.91 6.52 * III 7-55 12.15 10,40 7.86 8.60 7.12 7.19 8.97 7.84 5.78 6.23 Asrosto . I 8.98 9.97 9.24 9.59 8.56 8.46 7.28 7-75 7.98 7.12 8.05 » II 8.14 7.28 7.92 10.92 8.03 7.01 - 7-77 7.9i 6.99 — » III 7.80 9.63 10.00 10.38 5.84 9.98 8.19 6.54 8.13 8.32 — Setiembre .. I 9.57 10.84 6.41 7.64 6.34 — — — 7-39 7.70 10.68 » II 12.04 9.48 9.56 10.38 7-34 7.28 8.04 - 8.67 9.36 9-44 * III 10.62 9.09 12.75 — 11,42 8,42 9.06 — 10.61 9.51 10.46 Octubre .. I II,10 12.56 II. 12 10.45 8.59 — 9-59 12.51 9.07 10.13 — * II ii-39 11.84 13.01 8.78 9.64 11.71 11.82 10.93 10. g6 — 12.51 * III 10,24 11.43 n.56 12.66 11.66 8.28 9.79 12,14 10.88 9.13 11.84 Noviembre .. I 10.37 11.98 12.80 9.19 n.51 n.58 10.00 10.46 10,08 9.39 10.17 * II 12.18 11.86 12.74 12.33 12.64 12.05 13.68 12.17 11,14 12.26 11.69 * III i3.04 16.14 12.35 10.37 14. co 11.07 12.28 15.40 11,90 14.24 14.19 Diciembre .. I 14.89 13-48 12.15 11,72 14.47 10.22 13.09 11.46 11.15 13.68 12.79 * II 12.63 17.36 14.33 12.52 12.55 12.20 11.44 13.89 16.14 10.93 — » III 13-07 16.40 12.93 15.86 12.76 12.51 15.44 12,29 — 15.00 — loo CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. Presión media del vapor atmosférico por décadas de dias (Continuación) DÉCADA 1869 1870 1871 1872 i 73 1874 1875 1877 1878 1879 Enero .. I 16.55 13.82 12.64 14.46 17.31 12.85 16,17 16.42 12.45 * 11 i6.54 12,72 13.76 13.42 17-56 - 16.87 17.42 15-47 13.49 * III D.03 14.57 13.22 13-31 17.76 — 14.93 19,22 14.82 13-53 Febrero .. I 17.06 18.94 15.73 12.12 15.46 — 15.29 14.42 15.69 15.25 » II i5.84 13.69 15.21 12,86 15.34 - 16.92 15.41 15.21 H.56 * III II.9O 13.97 11.61 13.00 16.44 16.30 13.39 17.05 16.14 14.33 Marzo .. I I4-I3 13.41 — 16.47 12.35 — 13-55 17.16 18.56 14.26 » II 15.45 14.51 12.77 12.03 14.35 — 12.25 19.85 15.84 14.22 * III 12.34 15-07 I3 • 35 10,04 12.96 12,70 n.77 19.59 13.22 13.72 Abril .. I 10.00 12.04 13-I4 12.88 12.33 10.12 n.32 13.79 12,21 12.23 * II 12.87 11.28 9.53 15.65 - 9.75 9.91 13.76 11.44 12.67 * » III 11.43 8.44 8.20 8.39 8.75 9.41 9.93 12.98 12. II 11.39 Mayo .. I 14.82 11.83 IO.OI 9.74 8.27 10.90 I2.O7 II.O4 10.28 10-43 * II 11.52 8.83 9.11 6.57 8.14 6.70 8.49 8.52 7-37 10. 14 * III — 10.13 — 6.67 8.16 7.52 10.74 9.05 10.76 9.43 lunio .. I '7.77 7.90 — — 6.97 9-57 8.6S 8.99 7-94 6.41 » II 6.63 9,21 7.30 10.56 7.21 7.00 6.66 7-93 8.79 8.go » III 5.10 8.00 8.60 6.01 9.80 8.08 5* 18 9.23 5.92 8.14 Julio .. I 5.4o 8.44 8.47 6.95 6.10 6.36 7-31 8.74 5.82 9.69 * II 5.99 7.31 9.21 8.64 6.64 7.16 5.99 12.13 8.34 8.40 * III 5.33 7-34 5-44 6.98 6.86 7.58 7.58 7-43 8.09 7.87 Agosto .. I 7.00 6.26 6.66 9.04 7,02 10.78 — 6.84 10.72 6.43 » II 9.10 5-66 10.05 8.00 7.46 6.50 — 10.24 7.25 9.i5 * III 7.45 7-74 6.85 9.16 9.52 10.56 — 7.98 8.16 10.26 Setiembre . I 10.51 6.14 6.97 8.83 10.80 8.86 8.39 10.64 9.02 , 8.25 » II 9.60 8.55 8.46 9.34 10,22 9.36, 12.02 9.3i 9.08 9-25 * III 10.89 8.35 7.82 9.69 8.27 — 12,07 6.74 9.87 9-77 Octubre .. I 11.87 11.36 — 13-04 9.n 12.28 10.57 10.OI 10.6i 11,09 * II 8.92 9-93 - 12.69 9.69 8.46 9,12 10.02 10.II 10.65 * III 9.17 10,12 — 10. 10 11,78 10,20 10.09 12.17 g.06 9.88 Noviembre .. I 9.99 n.13 — 10.20 12.42 9.20 10.96 H.56 11.61 10.78 » II 10.63 7.46 10.86 n.33 !2.97 12.14 12.85 16.12 16.56 14.73 » III 13.89 xo.82 12.40 13-05 13.13 13.85 12,66 13.82 13.97 13.09 Diciembre .. I 13-11 13.16 1:5.08 II.40 12.80 14.07 14.77. 14.43 10.82 II . 10 » II 11,07 12.85 12.57 II.90 II. 10 ti.36 11.05 17.84 13.77 13.30 » III 13.86 14.36 13.12 12.56 14.47 10.85 15.02 15.97 13.43 15.05 101 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Presión media del vapor atm jsférico por décadas de dias (Conclusión) DÉCADA 1880 1881 1882 1883 1814 1885 1886 1887 Promedio JS77-S6 Fuero .. I 16.19 1S.91 14.29 20.91 15-9° 14.22 16.74 14.31 15.77 » II 14,12 12.44 16.71 15.22 20.09 15.51 18.O5 15.22 15.79 III 15.26 15.32 17,22 16.49 18.00 17.91 17.47 15-82 16.46 Febrero .. I 15.59 15.02 14.5° 15.00 12.41 16.74 15.47 14.65 14.98 » II 13-75 15.27 15.55 13-36 16.80 !5.°6 12.76 12.24 14.54 III ■*3.39 15 • 84 16.17 15-24 15*75 10.67 18.54 12.94 15.10 Marzo .. I II . II 15.32 14.12 16.02 J7.23 16.45 14.87 13.22 15.30 » II 14.28 17.52 12.44 13. i° 18.07 13-89 13.79 12.53 15.05 » III 13.7° I3-°I IO-45 15.43 16.88 13.08 14.66 12.60 14,21 Abril .. I 12.65 I2-47 10,70 13.11 IO.9O 11.47 ! 3.2 ! 11.85 12,24 * » II 11.78 9-98 8.74 10.56 11.63 8.89 10.56 9-55 10.87 * III 9.76 11,22 9-55 9.08 12.81 10.OI 9-39 8.26 10.60 Mayo .. I 9-99 9.12 8.68 11.66 8.19 9.00 8.52 6.59 9.41 » II 9.72 IO.72 8.76 10.82 9.04 8.12 8.81 9.02 9.19 » III 9-36 8.69 8.89 8.84 9.32 8.79 11,22 9-59 9-45 Junio .. I 10-49 9.26 6.86 9-95 10.10 7-73 8.22 9.42 8.67 » II 8.96 8.77 9.16 10.79 7.28 6,01 7.60 9.86 8.55 * III 9-47 7.16 8.67 8.51 6.04 7-93 7.29 7.91 7-93 Julio .. I 8.24 7-99 8.56 10-43 7-55 8.98 5-87 7-37 8. ii » II 9-71 6.7O 8.12 10.25 8.37 6.19 6.96 8.54 8.52 » III 8.24 8.01 6.81 6.12 7-*9 6.48 8.58 9.65 7.68 Agosto .. I 8.76 6.52 9.65 8.14 9.76 6.15 6.32 n.30 8.24 » II 9-79 9.12 9.18 8.42 10.33 8.26 6.00 10.42 8.92 » III 9.88 11.81 9.48 9.28 12.61 9.06 8.29 7.42 9.42 Setiembre,. .. I 8.68 9-95 8.05 8.34 10.37 8.75 10.19 7.19 9.04 » II 6.92 n.49 9.22 9.98 10.88 10.08 8.26 7.88 9-3° » III 11.46 8.99 10.08 10.63 10.55 9.68 8.37 9.68 9.63 Octubre .. I 7-94 12.27 ii.3° 12.63 9.89 H .59 9-37 11.76 io.77 » II IO.O4 15.°° 12.62 13-30 11.68 9.8o ■ 10.70 9.72 11.24 * ni 10.23 10.78 16.71 9.68 10.70 11.04 9.95 10.44 io.97 Noviembre .. i i3.27 12,32 13.12 o.46 12,71 15.02 12.35 10.23 12.50 » ii n.52 I4.IO 12.81 12.69 14.75 II . 14 11.66 12.02 13-46 » m 10.88 14.21 14.31 13.86 14.75 16.32 11.45 13.47 13-65 Diciembre .. i 15.42 14.95 M.93 16.18 16.68 14.97 12.97 13-27 14.16 » ii 15-74 16.83 15.00 19.77 13.28 15.32 i6.94 13.97 15-61 » m 14.67 18.43 14.54 14.05 14.90 15.91 15.28 14.09 15.12 I 10 CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. Estudiando los cambios que experimenta durante el dia la presión del vapor de agua, dependientes de la influencia de la temperatura como hemos dicho, se observan va- riaciones á medio dia y en las horas que siguen, pues el aire entonces calentado se eleva, sustrayendo el vapor de agua que contiene, y la humedad que se escapa del suelo no puede marchar á la par de la temperatura. Esto sucede principalmente en verano. Como consecuencia de lo expuesto, se notan dos máximum y dos mínimum ; el primer máximum se produce varias horas después de la salida del sol por la abundante evapo- ración ; el primer mínimum entre 2 y 4 horas p. m.; después el segundo máximum de 7 á 10 de la noche causado por la disminución de la corriente ascendente y aumento de la cantidad de vapor de agua; y por fin, el segundo mínimum determinado por la baja de la temperatura y condensación del vapor atmosférico. Para terminar publicamos el cuadrito adjunto que expresa la relación entre la presión del vapor y la dirección del viento. RUMBO MARZO III JULIO I SETIEMBRE III DICIEMBRE III Observada Calculada O.-C. Observada Calculada O.-C. Observada £ o.—c. Observada Calculada o.—c. N 4-2.7° 42.72 —0,02 4 2.20 +2.32 — 0.12 4-1.55 41.58 —0.03 42.19 4-1-99 4°.20 NNE 4 2.95 -|2.72 1 0.23 4-2.57 42.44 4-0.13 4-1.98 4-1-47 40.51 4”i .98 4 2.03 —0.05 NE + i .90 4-2.31 —O.4I 4I.8g 42.12 —0.23 40.94 41.26 —0.32 4-1.82 41.78 4 0.04 ENE 41.84 4-!.Ó2 _i 0.22 41.77 4-1.59 4°. 18 40.81 4i .02 — 0.21 4-1.30 4-1-43 -0.13 E ■■ 0.36 40./1 - o.3S 40.96 4 0.92 4 0.04 4°.73 4°.68 -1-0.05 4° .60 40.80 - 0,10 ESE -O.S4 -0.53 --0.0I —0.08 —0.07 — 0.01 +0.14 4 0.15 —0.01 —0.03 - O. 12 40.09 SE -i.61 —1.98 4-0-37 -1.19 —1.42 4-0.23 —0.76 —0.84 4°. °8 -1.47 - 1.34 -0.13 SSE -2.79 -3.20 4°.41 -2.85 —2.68 — O.I7 —1.82 -1-77 -o.os —2.30 --2.53 4 0.23 S — 4.20 —3.66 —0.54 3.23 —3.28 0.05 —2.38 —2.36 —0.02 —2.98 —2.97 - 0.01 ssw — 2.97 —3-!4 40.17 -2.35 2.7O 4°. 35 -1.94 — 2.13 t 0.19 - 2.71 —2.59 0. 12 s\v ~2.29 1 -97 -0.32 1.8l — 1.62 — 0.19 —1.62 I.4O — 0.22 — 1.00 —1.60 4 0.60 wsw -0.31 — 0.72 4 0.41 — 0.62 —0.63 4 0.01 -0.33 —0.56 40.23 -0.83 -0.51 -0.32 w 4o.i7 -0.23 - 0.06 —0.21 - 0.06 —0.15 -0.05 4 0.10 -0.15 40.38 4°. 18 4o. 20 WNW "f 1.2 7 4 0.95 4 0.32 4 0.11 +o-33 — 0.22 4°. 26 4-0.51 -0.25 4-0.27 4°.68 -- O.4I NW 4"i.62 4 1.64 0.02 4-1.07 4o.92 -0.15 4i.ii -fo.98 4-0.13 4 !.29 41.16 40.13 NNW +1.90 4-2.30 — O.4O 4-1.77 41.72 4-o.os 4-1.38 4-I.31 40.07 4 x«39 41.61 — 0.22 De esto se vé que la mayor cantidad de vapor atmosférico acompaña al viento NNE, y la menor al viento Sud. 111 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. PRESION ATMOSFERICA. El estudio de la presión atmosférica tiene la mayor importancia en climatología. Nos dá una medida segura de la densidad del aire que varia según los grados de latitud, elevación del suelo y horas del dia, estaciones y otras causas. El aire ejerce una presión sobre todos los objetos con que se pone en contacto; por su elasticidad llega por dilatación al mayor grado de rarefacción, y por compresión al mayor grado de condensación, sin perder por eso sus caracteres en condiciones nor- males de temperatura. Por presión atmosférica se entiende la presión que el aire ejerce en todo sentido á causa de su elasticidad. No debe cofundirse la presión del aire con la presión del viento que es el mismo aire en movimiento, y de éste hablaremos al ocuparnos de este factor meteorológico. Sobre cada partícula de aire operan constantemente dos fuerzas. La fuerza espan- siva que obra tendiendo á alejar las partículas de aire entre sí, y la gravedad que tiende á hacerlas descender hacia la superficie de la tierra. La gravedad produce el peso del aire y la presión sobre la superficie que oprime. Cada capa de aire sufre, por consiguiente, el peso de toda la masa de aire que se encuentra entre el mismo y los límites superiores de la atmósfera. Su presión que deriva de la gravedad obra en sentido contrario á la presión que deriva de la elasticidad. El equilibrio solo se verifica cuando en un punto, la presión iguala al peso de la masa de aire que gravita sobre el mismo. En la superficie del mar el aire es comprimido por el peso entero de la atmósfera. Cuanto más nos elevamos en la atmósfera, tanto menor es el espesor de la misma, y por eso disminuye su peso y la pre- sión que deriva del mismo. De lo expuesto se deduce que cuando se quiere comparar la presión atmosférica de dos lugares diferentes, es menester determinar por el cálculo qué presión le corres- pondería si se hallara á la altura del otro; ordinariamente se toma como punto de partida el nivel del mar. Las primeras observaciones depresión hechas en Buenos Aires se remontan á 1801 y fueron hechas por el Sr. D. A. J. Ceballos; en seguida poseemos otras de D. P, Cerviño en 1805, de D. Manuel Moreno en 1821-23, del Departamento Topográfico de 1829 á3O del célebre Mossotti de 1831 á 34, del Dr. Kennedy de 1853 á 56 las del Sr. D. Manuel Eguia de 1856 á 1876, y posteriormente las de muchos otros observadores. El Dr. Gould en la compilación de la obra sobre el clima de Buenos Aires tuvo entre manos todos estos datos y los calculó nuevamente para presentarlos metódicamente en los cuadros siguientes, á los que agregamos las observaciones de los últimos once años que nos han sido proporcionadas por la Oficina Meteorológica Argentina. En este cuadro, para conservar la congruidad de las séries de presiones, las obser- vaciones del Colegio Nacional están referidas al nivel del barómetro de Eguia, es decir, á 21,8 metros sobre el nivel medio del Rio. He aquí los cuadros : i o 4 CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. Presión media barométrica observada en Buenos Aires en milímetros de mercurio. DÉCADA 1 1822 C23! 183c 1831 f 1832 1833 1834 1856 1857 | 1858 Enero I 749.94 i 762.04 — 762.42 765.9° 761.09 II — 751-75 761.27 758.84 757-39 757.65 — 761.64 767.47 761.78 » III - 747-59 762.49 — — — — 763.34 767.54 761.98 Febrero I 752.11 751.8° 761.81 — — — - 763.82 762.98 760.99 » II 750.15 752.11 761.15 7S9-98 756.75 756.60 — 763.52 763-49 759-95 » III 753-86 752.o8 764.40 — — — — 762.08 767.80 759.51 Marzo 1 751.06 750.08 762.44 — — — — 761.92 765.09 759.66 » II 753-3° 752.74 765-85 OO o’ VO^ 757-68 758.65 759-74 760.60 766.92 758.48 * III 749-77 751•7° 764.66 — — — — 763.09 758.63 Abril I 756.12 751.72 761.93 — — - - .760.03 770.24 762.27 , II 754-67 754-47 767.50 759.83 762.87 760.03 762.68 755.19 770-95 760.96 - III 754-34 755-53 768.79 — — — ' 761.44 765,60 760.70 Mayo . I 75I-19 755-74 766.74 — — - - 762.75 765.05 759.32 II 753-89 758.97 766.3S 763.18 763.02 760.77 760.61 763.30 764-85 755.89 » III 760.80 759.07 768.79 — — — 763.24 ,763.71 760.97 Junio . 1 755-33 752.94 768.11 — - - 763.07 76i.55 761.29 i 11 753-63 756.07 765.54 762.82 761.24 760.51 762.98 757.48 — 758.58 ' » III 7S2-87 752.74 768.01 — — — — 758.47 765.94 759.35 Julio . I 75i.24 769.20 — — — — 763.85 765.72 762.21 » 11 748.40 — 759.68 764.30 764.29 764.24 761.05 764.29 768.14 766.65 111 761.27 - 769.94 - — . — — 763.63 764.60 762.88 Agosto I 755.69 767.17 — — — - 761.02 - 758.9° II 754.85 _ 7Ó7.93 766.14 760.86 760.21 762.71 76i.95 766 47 757.76 III 757-01 - 766.35 — — — __ 761.92 769.59 764.56 Setiembre .. I 753.65 767.20 — — — 766.66 769.69 766.OI II 757-46 — 767.77 761.55 76i.33 760.49 761.26 763 4° 767.48 762.36 III 755-77 - 766,66 - — — — 764.34 766.83 759-44 Octubre .. I 761.71 1 , 767.04 _ - — — 759.87 766.49 761.94 » II 7S1- 7° — 763.81 OO O 76i.37 758.96 762.55 767 r4 767.74 761.93 III 749.72 - 760.97 - — — — 765.92 764.60 763.65 Noviembre .. 1 753-18 763.74 — . — — — 767.74 766.67 761.07 II 752.87 — 759-7° 762.87 760.44 759.55 760.24 765.33 764 29 756.94 III 75°.18 - 761.20 — — - — 766.03 764.07 759-!5 Diciembre .. I 748.88 __ 765.42 — — - 764-13 766.53 754-94 » 11 750.94 — 762.02 758.10 757-74 756.58 757.90 764.88 — 751.13 » III 747.84 - 761.93 - — — — 767.09 761.64 752.48 Anual .753.243 753.372 764. 78 761.602 760.415 759.520 760.552 762.961 765.696 760.150 GENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Presión media barométrica observada en Buenos Aires en milímetros de mercurio. (Continuación) DÉCADA iS59 1S60 1861 1862 1863 1864 1865 1866 186*7 1868 Enero .. I 758.04 758.33 761.51 760.95 757.22 759.36 760.26 760.51 759.46 754-8i 8 II 760.03 758.10 760.15 757.71 — 761.5S 757.8o 757-66 758.61 753-75 * III 760.90 758.oi 757.56 756.97 761.69 757.89 757.82 759-26 756.92 756.96 Febrero 761.13 755-74 754-93 757.29 760.45 760.52 759.86 757-19 758.63 758.03 * II 757-91 758.30. 756.23 760.32 760.63 760.63 760.60 759.17 759-35 755.76 J> III 757-62 761.47 7S6.69 760.84 760.77 766.62 760.85 760.66 759.17 756.83 Marzo .. I 761.99 755-99 756.46 — 756.67 759.08 759-10 762.02 759.94 757-54 8 II — 760.58 757-41 758.64 758.96 761.61 - 758.88 758.42 760.74 III — 759-43 — 760.99 757-73 762.75 — 757-92 761.08 — Abril .. I 761.98 763.45 759-77 763.32 758.54 758.45 — 760.90 7S9.o8 759.25 * II 768.01 773-08 756.74 762.32 757-33 761.82 759.98 761.78 760.97 761.52 * III 763.76 772.69 7S7.67 758.48 758.15 761.93 760.78 761.90 759.45 - Mavo .. I 760,18 763.66 761.67 760.51 761.72 759.85 764.14 758.52 — 762.57 8 II 761.92 760.99 758.99 759.04 765.00 764.28 758.51 759.07 760.27 759-79 * III 764.08 760.27 761.89 76i.S9 763.99 762.72 759.41 764.32 757-68 7S9.69 Tunio .. I 763.42 761.08 767.27, 759.84 763.65 759.48 762.19 762.45 760.64 760.28 8 II 762.18 762.11 761.29 761.13 762.56 766.99 759.36 761.29 760.95 763.87 * III 762.92 764.82 764.71 756.94 762.40 767.63 765.44 770.86 761.50 762.33 Ju’io .. I 763.74 762.23 767.85 759.96 760.84 763.88 761.22 7S9.46 766.70 760.08 * II 762.22 759.84 764.02 760.26 765.85 767.29 764.57 765.99 760.56 760.91 * III 761.06 758.05 760.98 762.28 766.25 767.84 762.89 764.44 762.83 764.62 Agosto .. I 7S9.°4 758.86 761.28 760,60 764.51 763.90 761.34 758.11 761.23 763.79 8 II 765.58 761.90 764.58 760.10 763.27 756.64 761.70 762.45 762.42 — * III 763.58 759.41 763.44 764.72 762.06 761.87 765.26 760.83 764.45 — Setiembre 763.31 767.26 — 766.98 762.46 758.23 — 762.55 764.16 754-94 8 II 763.40 761.12 768.51 763.92 761.43 762.99 — 763.9° 766.43 759.46 * III 764.72 759.42 763.61 760.75 760.52 763.61 — 761.44 764.89 757-01 Octubre .. I 761.78 762.58 761.9S 760.18 761.16 765-72 760.03 760.60 762.41 — 8 II 760.96 760.49 764.39 762.93 762.96 763.77 760.72 7S8.8o 764.27 760,20 * III 759.04 761.66 757.78 758.28 760.66 762.73 758.49 760.80 760.13 758.i8 Noviembre... .. I 759.58 761.93 760.08 758.34 764.05 766.04 763.26 758.82 763.29 757.8o 8 II 763.71 760.10 760.00 757-11 763.22 76i.95 760.49 760.41 761.41 759-39 III 758.52 757.77 758.27 759.26 758.91 762.58 757.98 756.25 756.8o 758.99 Diciembre .. I 761.02 759-57 760.21 756.82 758.11 763.90 752.08 756.90 756.48 757.97 8 II 760.35 760.26 759.96 755.82 757.69 759-01 757-34 758.oi 758.76 — * III 758.60 757.25 76i.45 758.14 759.39 757-95 758.18 — 757-45 — Anual,. 761.576 761.050 760.979 760.052 761.121 762.307 760.794 760.611 760.750 759.o6g 98 CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. Presión media barométrica observada en Buenos Aires en milímetros de mercurio. ( Continuación) DÉCADA i85g 1870 1871 1872 1^73 1874 1875 1876 1877 i873 Enero .. I 752.46 755.6o 754-31 757.6x 755.48 758.51 756.82 757.64 761.69 758.13 II 755.«7 758.90 757.44 758.74 758.69 759-92 756.65 756.49 758.37 757-34 » III 760.67 754.78 758.66 757-24 758.14 761.3S 758.64 757.96 756.16 760.39 Febrero .. I 758.50 756.47 759.81 757.78 760.09 761.09 758.30 756.74 757-49 757-33 » 11 757-12 760.16 758.i6 756.38 758.46 760.65 757-38 759-55 760.24 759.83 III 760.96 758.77 758.42 7S9-11 758.44 758.18 757.84 755-68 758.21 759-i6 Marzo .. I 757-77 758.08 — 757.01 762.04 — 758.73 756.74 758.51 758.86 » II 759.67 761.99 758.32 759.6o 760,38 — 762,58 756.28 760.19 756.30 * III 760.81 756.45 758.47 763.93 763.30 761.06 762.60 760.10 757.63 760.30 Abril ... I 762.60 761.24 762.15 762,49 760.85 763.64 758.49 761.91 758.52 760.66 » II 760.79 762.06 762.09 761.29 - 760.71 760.38 7S9-81 756.37 757.63 * »II 763.13 761.90 763.17 763.94 758.14 765.24 760.88 760.92 758.57 761.43 Mayo ... I 760.58 759.6i 762.74 763.62 761.09 761.71 758.53 760.10 760.30 762,26 » II 755.6x 761.69 765.52 762.56 761.32 762.46 764.06 761.97 760.31 762.63 » 111 — 761•53 762.95 764.96 759.70 766.90 759.27 760,62 762.53 760.84 Junio ... I 761.36 763.29 760.34 — 760.06 761.14 762.35 761.12 760.23 762.50 » II 76i.55 758.63 763.80 759.92 763.78 766,21 763.73 765.68 768.58 758.59 » III 763.36 762.34 759.87 768.92 759-90 762.34 763.36 762.90 762.01 763.70 Julio ... I 765.51 763.87 764.42 761.98 763.11 761.88 757.69 761.18 759-53 763-72 * II 765.96 762.22 760.33 762.63 762.59 766.03 766.63 761.12 757.19 763.03 . III 761.71 761.30 765.59 761.33 762.38 767.22 761.35 763.75 761.98 762.38 Aeosto 761.41 766.56 763.SS 762.43 763.10 763.58 — 762.50 764.91 761.10 * II 762.19 765.91 757.31 760.21 764.84 765.80 - 764.24 702.64 767.07 III 760.06 763.19 763.89 759.92 762.49 762.04 — 759-41 761.23 768.67 Setiembre . ... I 763.07 764.77 762.66 76i.59 762.09 763.89 764.33 763.88 764.12 760.88 » II 761.44 765.05 761.94 763.66 759.86 757-23 760.79 761.18 758.76 761.og * III 762.65 763.60 764.40 760.26 759.30 — 761.13 758.95 760.73 763.79 Octubre . . ... I 758.i6 758.55 — 759.89 762.65 757.69 761.15 759.08 761.21 759.46 » II 761.56 761.79 — 759-95 763.68 760.62 758.63 765.57 758.48 760.08 » III 761.08 761.67 — 760.71 761.34 763.7S 761.98 761.05 758.71 758.78 Noviembre ... I 762.52 758.27 — 757.88 761.8- 761.29 761.77 760.02 760.44 761,89 » II 759-15 758.93 760.57 757-97 759- '■ ■' 761.97 758.24 760.05 757.83 757-82 » III 756.15 760.56 759.i8 758.37 761. •,. 758.46 758.26 758.44 759.91 755.69 Diciembre ... 1 754.69 759.00 758.08 757-00 755-4 760.26 755.85 759.24 755-99 757-55 » II 7S4.6s 754.63 757-27 755.54 757.83 760.42 756.93 758.86 754.91 757.68 »• III 756.17 7S6.oo 757.0° 754-37 757-07 758.29 757-34 759-10 756.57 754.70 Anual. 759.991 760.535 760.809 760.336 760.575 701.661 760.530 700.273 759.75 760.37 99 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887 Presión media Barométrica observada en Buenos Aires en milímetros de mercurio (Conclusión) DÉCADA 1879 1880 l88l 1882 1S83 1884 1885 1886 1887 Promedio de J877-87 Enero .. I 759.89 754-75 755.87 756.01 755.21 759-92 756.50 755.89 759-13 757-55 * II 757-75 7S3.48 758.36 757-86 757.6i 7S7-6i 758.54 754.85 756.07 757.08 * III 755.04 756.41 757-77 754-75 759.26 757-61 755.85 758.11 756.97 757.13 Febrero .. I 756.67 755.88 756.42 7S6.91 759.82 757-39 756.84 760.66 757.92 757.58 II 756.33 758.98 760.67 758.63 757.58 756.91 759.22 760.49 757.76 758.79 * III 758.18 759.26 758.88 759-9° 756.88 758.33 755-53 7S6.56 758.53 758.17 Marzo .. I 758.91 759.96 758.29 760.24 756.38 759.57 758.57 7S7.36 762.56 759-03 » II 762.61 757-93 759-42 759.67 760.85 758.50 760.89 7SS.69 758.94 759.19 * III 762.01 759-46 759-77 7S9.8i 755.55 7S8.42 759.38 762.94 758.82 759-47 Abril ... I 761.ig 762.37 761.37 760.04 762.63 761.08 757-82 757-27 760.94 760.35 » II 761.12 758.37 761.67 761.12 757-31 759-38 761.63 762.58 760.63 759.8o » III 761.48 762.41 759.74 7D3.95 763.48 758.26 761.60 763.89 757.69 761.10 Mayo ... I 761.14 763.02 759-68 760.31 761.15 762.09 757.8o 760.36 763.15 761,02 » II 761.55 758.39 761.01 760.07 758.26 764-35 761.58 765.14 763.90 761.56 * III 762.57 762.21 758.6o 759.96 765.31 761.24 761.40 758.67 763.87 761.56 Junio ... I OO rr> vo^ 761.70 764.01 763.26 758.79 757-92 760.89 759.92 758.63 760.93 * II 760.09 760.59 762.35 762.62 758.89 763-73 766.61 762.19 758.33 762.03 * III 761.10 761.98 763.77 766.01 761.25 766.41 765.28 763.22 759-21 763.09 Julio ... I 764.11 762.32 763.28 704.19 761.36 759.85 759.83 763.01 768.20 762.67 » II 759.92 758.19 761.56 761.41 763.18 765.21 762.07 765.74 765.32 762,07 » III 760.15 761.27 702.23 765.55 764.51 765.05 761.78 761.87 765.32 762.92 Agosto ... I 765.32 759.87 766.27 762.81 763.79 756.75 763.09 764.71 756.30 762.27 » II 760.98 760.33 763.19 761.34 764.88 758.66 761.11 761.52 757.6o 761.76 » III 759.77 759.51 761.12 762.45 763.84 761.90 760.68 765.10 760.67 762.27 Setiembre .. I 764.46 762.03 761.69 763.17 763.21 761.S7 761.27 759.30 762.ig 762.I7 » II 764.70 766.31 759.57 762.61 764.59 764.81 761.53 761.89 762.39 762.57 III 764.47 765.15 761.61 762.85 762.12 761.66 764.67 764.76 760.44 762.93 Octubre ... I 761.25 764.39 758.46 759-93 760.93 764-37 758.87 762.93 758.79 760.96 » 11 761.34 758.86 758.13 762.21 759.85 761.25 761.16 761.22 763.92 760.59 * III 761.16 759-16 759.79 757-81 760.52 759-41 760.33 761.65 762.56 759-99 Noviembre ... I 757.60 757-J3 754.71 755.94 757-75 759.6i 758.47 760.83 759-9° 758.57 * 11 757.19 7S9.58 756.99 758.92 758.01 758.38 760.91 759.74 758.35 758.52 * III 756.24 75908 758.97 757.8i 7S7.36 758.62 758.87 755-7° 757-39 757.76 Diciembre ... I 755.61 757.64 755.22 758.79 758.81 758.68 758.97 759.53 757.18 757.63 • II 755.62 754-93 756.29 755-94 755.90 756.20 758.59 757-02 756.91 756.36 * III 755.78 758.08 755-79 757-74 756.44 755.32 756.57 754.70 757.94 756.33 Anual. 760.16 759.77 759.79 760.35 760.09 760.17 760.10 760.47 760.12 760.10 i oS CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. De estos datos se deduce que la mayor presión barométrica observada ha sido de 779,87 milímetros al nivel del barómetro de Eguia (781.70 m. m. reducido al nivel del Rio) los dias .6 y 23 de Abril de 1860 con viento S. E. en ambos casos. La mínima más baja observada fué de 741.76 (al nivel del Rio 743.70) con viento N. W. y correspondiente al 24 de Diciembre de 1858. (*) Agregamos á las cifras que anteceden el cuadro siguiente calculado por el Dr. Dould, que demuestra la influencia de los vientos sobre la presión atmosférica expresada en la forma de las diferencias de los promedios respectivos. (*) Este dato lo tomamos de la obra del Dr. Gould sobre el clima de Buenos Aires, pero pareciéndonos excesivo, hemos tratado de verificarlo, consultando las observaciones y hallamos que; el 24 de Diciembre de 1858 la presten bajó solo á 747,60 que reducido al nivel del Rio serian "ll!1750,50. Con todo, el error se repite en el mínimo del mes que en esa página está señalado por 742,00 sin que haya cifra ninguna en el cuadro que le corresponda. En el cuadro de las presiones mínimas de Gould, que trascribimos más adelante, en la lIIa década de Diciembre 1858 se registra la cifra 741,76, sin que hayamos conseguido conocer el orijen de ella, debiéndola atribuir á algún error de trans- cripción ó de cálculo. log CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. N NNE NE ENE E ESE SE SSE S ssw sw wsw w WNW NW NNW 7 a. m 2,yO I . II — o.95 — 0,83 4 0.35 4 1.87 -f 2.34 -f- 2.20 4 2.98 4 2.23 + 1.70 4 0.54 — 1.31 — 2.40 2,40 — 2.51 2 p. m — i.93 — 2.12 2.04 — 1.92 — o.75 4 0.18 4 1.25 4 2.31 4 2.27 4 2.33 4* 2.86 4 1 -97 — 0.58 — 0.49 - 1,21 — 2.15 9 P- m — i.93 — 2.21 — 1.14 — I.OI — 0.73 4 1.52 4 2.34 -r 2.92 4 3.58 4 2.34 4- 1.00 — 0.64 — 0.88 - x.31 — I,8l 2.04 Promedio 2.19 — I,8l — 1.38 — 1.25 — 0-37 4 1.19 + 1.98 + 2.48 -i 2.94 ■r 2.30 4 1.85 — 0.62 0.92 — 1.40 — I.8l — 2.23 7 a. m — 2.52 — 1.34 — 1.41 — 1.17 — 0.28 -f- °-43 -f I.OI 4 2.13 . 4 3-75 4 3.10 4- 2.11 + °-75 — 0.88 — 1.39 — 2.21 — 2.08 2 p. m — 2.23 — 2.07 — °-93 — 0.85 — 0.97 — 0.56 4 °-83 4 0.78 T 2.59 4- 2,11 -i-2.08 4- 1.89 4 0.99 — 0.46 — 1.23 — 1.97 9 P- m — 2.05 — 2.38 — 2.01 — 1.83 — 1.03 — 0.01 -r 0.51 4- 1.88 4 1.93 4- 2.30 4-2.10 4- 1.99 ■f 0.20, 4 °. 12 — 0.35 — *.37 Promedio — 2.27 — 1.93 — 1.45 — 1.28 — 0.76 — 0.05 -j- 0.78 4- 1.60 + 2.76 4 2.50 4- 2.10 -1- 1.54 4 0. JO — 0.58 — 1.26 — 1.80 7 a. m — 0.83 O.7I — 0.50 — 0.55 — O. 12 ■f 0-52 + °.93 + 2.25 + 2.31 -> 1.19 + O.43 — 0.58 — I ,02 — 1.17 — 1.20 — 0.95 2 p. m — o-73 — 0.52 O.4I — °-39 — O.29 + 0.41 4- 1.00 -f 1.8g + I.92 + 0-99 + 0-73 — 0.57 — °*97 — 1.03 — 1.22 — 0.81 9 P- m — i.95 — 0.87 0.72 — 0-43 — O.4I — 0.21 T O.29 + °-87 -f 1.54 -f 2.73 + 1.72 + 0.51 + 0.18 — 0.43 — °-95 — 1.87 Promedio — 1.17 O.7O — o.54 — 0.46 — 0.27 + 0,24 4- 0.74 r 1.67 -( 1.92 T 1.63 + °-9Ó — 0.21 — 0.60 — 0.88 — 1,12 — 1,21 7 a. m — 2.43 — 2.39 —1.96 - T.63 — 0.07 4 °-35 0.73 4- 1.54 -j- 2.00 4- 2*72 4- 3-°4 4 2.46 — 0.63 — 0.81 — 1.48 2.04 2 p. in — i.49 —1.49 4- °*32 — 0.37 ~r 1.28 4 0.42 j_ 1.80 4 2.07 -i- 3.29 4 r-56 4 1.5° — 0.18 — 0.99 — 2.50 — 3-°7 — 2,14 9 P- — i, 18 —1.70 — 1.17 O.7O + °.97 — 0.39 0.01 * 0.54 4 i.si 4 3-°9 4 2.1° f 0.13 — 0.22 — 0.84 — o.99 — j.14 Promedio — 1.70 —1.86 — 0.94 1 O 0 + °-73 O.I2 -r 0.84 4 1 • 38 4 2.47 4- 2.46 4 2.21 -4- 0.80 — 0.61 — 1.38 — 1.85 — 1.77 PRESION ATMOSFÉRICA EN RELACION A LOS VIENTOS. DICIEMBRE 111. MARZO 111. JULIO I. SETIEMBRE 111. 102 CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. Agregamos como complemento otro cuadro, en el que se halla anotada la presión media en Buenos Aires, bajo la influencia de los diferentes vientos y en los 4 periodos característicos del año. N NNE ÍCE ENE E ESE SE SSE S ssw sw wsw w WNW NW NNW Promedio 7 a. ni 758.33 759.92 760.08 760.20 761.38 762.90 763.37 763.23 764.01 763.26 762.73 761.57 759.72 758.63 758.63 758.52 761.03 2 p. m 758.32 758.13 758.21 758.33 759.50 760.43 761.50 762.56 762.52 762.58 763.11 762.22 759.67 759.76 759.04 758.10 760.25 9 P- m 758.64 758.36 759-43 759.56 759.84 762.09 762.91 763.49 764.15 762.91 761.57 759.93 759.69 759.26 758.76 758.53 760.57 7 a. in 760.85 762.03 761.96 762.20 763.09 763.80 764.38 765.50 767.12 766.47 765.48 764.12 762.49 761.98 761.16 761.29 763.37 ? p. m 760.12 760.28 761.42 761.5° 761.38 761.79 763.18 763.13 764.04 764.46 764.43 764.24 763.34 761.89 761.12 760.38 762.35 9 P- m 760.82 760.49 760.86 761.04 761.84 762.86 763.38 764 .'65 764.80 765.17 764.97 764.86 763.07 762.99 762.52 761.50 762.87 lO Ov OJ M vO vO VO r' o vO O M O* o* vO vO vO 10 CNJ OI Ov H O VO vO vO C^. OO O O w iO W O M r>. •v f>s »^5 vO M *“• M OI vO vO vO r-s t>* c^. vO oo M o* ÍVJ vO VO vO OO vO io °°, M. vO 'O vO vO* r^. 01 vO o \Q OI vO vO vO 1" vO xn O Tí- fO OI vO vO vO *■" O OJ O fO oo -1- rO OI vO vO vO •30 fO OI ro -*• OI OI OI vO vO vO 1" tí- OI Cv OO OI M vO vO vO tJ- OI rO M lO O) M M vO O vO O Ov O vO VO vO 10 OI Ov 0 01 vO vO VO w vO Ov O M O vO vO OJ O OO vO Ov M O Ov O vO s m ci d d m o 7 a. m 755.37 755.41 755.84 756.17 757.73 758.15 758.53 759-34 760.40 760.52 760.84 760,26 757-Í7 756.99 756.32 755.76 757.8o 2 p m 755.03 755-°3 756.84 756.15 757.8o 756.94 758.32 758.59 759.8i 758.08 758.02 756.34 755-53 754.02 753-45 754.38 756.52 9 !>• ™ 755.68 755.16 755.69 756.16 757.83 756.47 756.85 757.40 758.37 759.95 758.96 756.99 756.64 756.02 755.87 755.72 756.86 ROSA BAROMÉTRICA DE LOS VIENTOS. MARZO 111. SETIEMBRE 111. DICIEMBRE 111. io3 CENSO DE LA CAI ITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Las variaciones de presión por décadas durante el año han sido reducidas á la forma de una curva que constituye el diagrama adjunto, construido tomando el promedio de los últimos once años de observaciones. Diagrama de la presión atmosférica construido sobre los promedios de las observaciones de los últimos once años (1877-87) En las variaciones diurnas del barómetro, sé observa que la presión atmosférica tiene en las 24 horas una doble oscilación con dos máximos, uno en las horas antimeri- dianas y otro en la noche, y dos mínimos uno en la mañana y otro en las horas postme- ridianas. El máximo de las horas antimeridianas y el mínimo de las horas postmeridianas señalan la mayor desviación de la presión media de todo el dia, es decir, que las varia - dones de presión son más fuertes de dia y más débiles de noche. Los dos máximos varían en las horas anti y postmeridianas entre 9 y n, y los dos mínimos entre 3 y 5 anti y post-meridianas, como se puede observar en la lamina adjunta.. 1 I 2 VARIACION DIURNA DE LA PRESION ATMOSFÉRICA CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. A continuación se transcriben los cuadros en los que quedan anotadas las máxi mas y mínimas de presión, observadas desde 1858 hasta 1887. DÉCADA 1858 1859 1860 1861 1862 1063 1864 1865 1866 1867 Enero .. I 763.96 764.26 763.86 768.26 765.96 760.26 765.76 767.58 765.32 765.10 * II 765.76 764.46 766.96 765.66 761.76 — 764.26 763 78 764.67 762.77 * III 767.26 765.76 761.26 762,06 760.66 767.l6 764.26 765.81 766.09 760.06 Febrero .. I 764.76 765.76 761.06 757.76 767.76 767.56 772.06 763.69 761.01 765.34 * II 764.26 763.36 777.76 760.76 767.56 766.36 771-26 764.42 764.71 768.48 * III 765.46 765.76 768.16 758.86 766.06 763.36 772.16 764.84 764.92 761.66 Marzo . I 763.76 765.76 760.46 760.76 764.26 760.06 768.06 763.27 765.89 763.74 11 11 701.56 762.76 768.26 765.26 760.76 761.16 767.16 761.67 761.23 763.23 * 111 764.76 764.26 766.36 — 768.76 761.76 766.56 — 761.83 767.65 Abril . I 767.76 768.76 771.76 763.26 765.06 765.76 766.76 767.39 767.88 764.90 * II 764.76 773-76 779.76 765.26 768.96 759.66 765.46 766.88 768.31 766.22 * m 765.56 768.76 779.76 763.56 762.76 762.06 765.26 766.63 767.41 765.23 Maj o . i 763.36 765.66 766.96 763.16 765.06 763.76 767.66 77O.II 763.11 » ii 762.26 772.26 764.76 763.76 766.16 768.56 767.66 765.54 763.30 765.92 * ni 766.76 772.96 764.96 769.26 767.76 769.56 767.96 764.25 771.93 763.71 Junio . i 765.76 770.56 766.76 772.76 ■ 767.16 769.39 769.36 771.27 768.86 * ii 766.96 770.26 766.46 773.56 766.76 769.16 769.36 769.33 773.01 770-94 * m 763.76 770.76 770.36 773.86 764.76 77i.i6 770.26 772.26 773.97 766.33 Tubo . i 767.16 773-76 768.06 773.76 762.16 769.26 774.i6 769-54 767.09 771.62 * ii 775.16 774.56 768.36 768.76 764.26 771.76 773-06 771.76 776.93 769.20 y> m 767.76 764.26 763.26 766.76 770.06 770.96 773-86 770.87 773.40 772.23 Agosto . i 764.76 764.26 767.36 766,76 768,76 771.36 771.76 770.48 766.12 77i.7i » ii 764.76 776.76 761.76 768.56 765.26 769.06 770.76 768.43 770.64 769.26 m 779.56 772.76 769.56 770.26 774.i6 765.16 770.76 775.15 768.77 774.8o Setiembre 771.26 776.06 773.76 — 774.76 767.76 759.06 771-79 769.29 * ii 770.66 770.96 766.56 772.26 769.46 765.66 771.06 — 769.52 770.36 m 768.66 771.26 763.76 766,76 766,26 763.76 769.76 - 768.48 771.25 Octubre . i 765.96 769.46 775.76 766,76 769.76 764.76 768.76 766.70 766.10 768.57 * ii 764.76 766.46 767.76 770.86 770.26 766.16 768.76 767.75 766.14 765.72 * m 770.76 767,26 770.76 762.76 760.86 768.36 768 76 766.75 769.06 769.08 Noviembre . i 765.76 765.26 769.56 765•S6 762.46 768.26 771.36 769.58 767.02 770.44 * ii 761.96 769,86 765.16 767.36 766.46 768.56 769.76 765.75 767.36 764.38 * m 766.96 762,76 763.26 762.26 766.96 768.26 770.76 762.57 760.34 761.98 Diciembre ... i 763.36 764.76 764.66 764,86 760.26 765.96 764.09 759.09 762.31 760.73 * n 755.36 765.2'' 765.96 767.76 760.46 761.86 763.21 762.46 762.70 764.34 > m 758.26 763.8; 762.66 767.76 762.76 765.76 762.92 767.53 - 763.82 Máximas de la presión atmosférica, observadas en Buenos Áirps 113 CEnSO DÉ LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 18S7. Máximas de la presión atmosférica, observadas en Buenos Aires (ContinuaciónJ DÉCADA 1858 1869 1870 1871 1872 1873 1874 1875 1876 1877 Enero .. I 758.42 758.77 761.51 759-77 762.39 760.42 763.11 766.67 766.99 II 756.60 758.47 764.19 763-43 766.50 762.35 — 759-45 765.89 763.64 » III 761.17 766.18 761.26 766.76 762.52 761.67 — 763.15 766.37 762.09 Febrero .. I 766.80 761.95 759.19 762.41 764.19 766.21 — 763.55 760.79 764-43 » II 759.93 760.65 764.02 764.42 76i.45 764.22 — 763.22 765.31 766.39 s III 762.22 766.77 762.20 766.83 762.31 761,62 762.23 763.13 760.42 761.40 Marzo .. I 764.76 764.49 761.88 — 763.37 764.77 — 766.22 762,52 761.82 » II 766.25 764.27 767.04 763.77 763.92 764.98 — 765.67 76i.37 766.98 » III — 765-3° 760.17 764.26 768.97 769.36 765.50 772.18 764.01 76i.34 Abril .. I 765.06 767.00 764.84 768.13 764.60 765.65 769.03 762.52 766.20 764.36 s> II 766.82 767.05 764.66 770,64 764.41 — 764.36 769.00 766.98 762.24 * III — 768.12 766.37 771.72 773.41 764-31 770.28 768.43 766.13 763.64 Mavo .. I 764.46 765.29 764.25 771.48 770.37 766.38 765.31 763.60 765.69 765.63 » II 763.57 757.91 765.37 769-45 775-22 764.56 667.98 769.21 768.61 762.22 * III 763.21 — 767.7S 768.63 770.91 766.04 772,92 765.39 767.27 766.86 Junio .. I 768.16 763.88 768.96 765.89 — 763.00 766,63 766.14 767.10 770.49 » II 77I«I5 769.82 767.32 769.22 764.58 770.91 774-47 767.53 773.41 772.44 III 773.00 770.82 772.15 765.02 778.04 766.84 768.87 768.97 771-65 770.15 Julio .. I 768,59 768.87 77°.9S 768.14 768.29 769.07 770.16 762.64 766.31 765.48 » II 771,22 775.96 768.50 766.50 766.42 767.49 771.21 773.14 764.72 766.73 III 773.13 769.42 767.27 772.29 768.03 771.85 772.36 774.25 769.87 775.28 Aerosto ... I 772.53 766.90 775.13 771.54 770.20 772.18 769.28 — 769.53 773.48 > II — 765.15 77I.3I 765.23 762.90 770.25 77C7I — 771.16 772.81 , * III — 764.93 768.06 769.56 764.05 766.26 766.43 — 768,72 772.23 Setiembre .. I 758.62 767.10 771.81 767.52 765.23 769.81 769.37 769-65 769.81 770,69 » II 768.40 765-58 768.64 769.37 768.96 765.49 762.62 766,66 765.56 768.66 » III 764.81 771.18 768.07 771.IO 767.20 765.34 — 763.74 764.S2 761.57 Octubre .. I — 761.27 762.72 — 764.07 769.30 761.54 766.77 768.95 768,50 » II 763.47 766.72 767.57 - 764.81 768.03 768.17 763.82 773.20 768.73 * III 764.13 766.65 770.34 — 770.33 767.22 769.10 769.34 766.94 763.60 Noviembre • • I 764.28 766.10 765.97 — 763.23 768.57 767.10 765.67 766.13 768.73 » 11 763.42 763.56 765.18 764.50 764,20 762.32 767.72 766.48 765.78 761.IO * III 763.60 760.01 756.77 763.24 762.30 766.91 763.71 762.98 761.44 766,09 Dici embre .. 1 703.31 759-1° 764.74 762.73 763.27 761.77 765.03 762.10 764.5i 762.05 » II — 760.05 765-74 764.20 760.31 766.79 765.36 765.70 762.72 758.84 » III - 760.49 766.23 759.85 759.56 763.36 763.81 768.85 763.66 764.69 1 H CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. Máximas de la presión atmosférica, observadas en Buenos Aires fConclusiónJ DÉCADA 1878 1879 1880 1881 1882 1883 1884 1885 1886 1887 Enero .. I 764.39 767.36 760.33 761.18 761.81 759-53 765.S6 761,66 760.76 763.23 » II 763.88 761.97 757-39 765.56 765.98 762.47 765.53 764.81 758.33 762.11 * III 765.71 760.20 760.68 765.81 758.82 770.79 764.39 759-53 761.96 762.74 Febrero .. I 762.08 760.33 760.39 765.18 767.64 762.91 761.80 761.50 766.39 764.74 » II 765.56 758.58 763.21 765.69 762.05 759.76 761.88 764.45 767.36 763.71 * III 761.24 762.81 765.85 762.47 766.29 763.69 762.24 760.27 759.73 764.00 Marzo .. I 766.75 762.41 763.83 764.03 765.76 766.21 762,78 761.43 762.61 764.85 * II 761.81 767.72 761.56 761.26 766.20 767.34 765.85 764.23 760.45 765.09 * III 765.87 768.82 767,16 768.04 765.33 760.67 765.44 763.9S 768.19 762.55 Abril .. I 765.65 768.01 766.18 766.41 765.88 768.22 762.92 768.85 * II 763.05 766.22 764.82 765.89 768.11 762.76 767.13 770.74 768.86 765.20 III 767.68 767.22 767.36 764.35 770.43 769.34 766.96 765.57 768.01 763.36 Mayo .. I 767.85 765-17 771.16 766.61 766.84 767.69 769.31 765.79 764.38 771.19 » II 77r-42 768.34 766.96 764-43 764.54 762.46 771.28 769.59 768.45 767.96 III 767.53 769.97 769.18 764.89 764.69 773-29 768.93 766.66 764.26 767.44 Junio .. I 772.39 767.24 766.54 77I,20 772.15 765.25 765.30 765*5° 766.36 764.82 » II 765.58 766.88 766.23 766.91 769.23 771.35 768,64 775-02 767,29 763.99 III 770.82 768.80 771.28 771.63 768.98 773.16 769.96 770.63 770.00 769.62 Julio .. I 772.4i 77I-40 767.04 773.77 769.37 771.75 765.71 768.30 772.35 773.86 * II 772.03 769.88 765.09 768.59 772.OO 769.22 770.80 770.61 770.83 770.40 » III 767.78 765.79 768.58 768.93 771-93 772.67 771.28 768.41 768.23 773.42 Aeosto... .. I 766.39 775.02 772.12 777.18 769.03 773-52 762.53 769.79 772.09 76Ó.48 * II 774.39 765.03 772.03 772.44 768,38 771.80 767.10 766.36 770.97 768.23 * III 777.89 768.38 768.73 765.59 768.82 775-33 766,79 771.19 772.48 768.85 Setiembre .. I 768.3S 769.65 773-17 762.24 766.S4 769.68 773.69 768.05 765.26 770.18 » II 767,16 768.23 773-57 764.H 767.32 775.27 771.53 766.09 771.26 768.98 * III 768.31 767.63 772.13 768,63 771•79 766.64 769.71 769.03 772.36 769.39 Octubre ... .. I 765.76 769.87 77I-I3 764.19 764.42 765.72 769.37 765-76 766.79 766.27 * II 769.16 770.10 762.98 766.55 766.71 765.9° 768.43 766.17 766.96 772.77 » III 766.71 763.91 766.91 765.62 763.64 764.77 767.68 766.61 768.28 770.53 Noviembre .. I 768.38 763.27 763.00 758-19 760.47 763.ii 769.71 761.66 768.23 768,68 » II 762.25 760.12 768.23 760.95 763.90 765.98 764.77 768.48 770.03 763.33 * III 760.71 760.32 767.54 765.55 , 766.35 766.23 765.95 763-15 761.54 763.15 Diciembre ... I 765.40 760.84 764.43 762,70 764.99 764.00 764-93 763.70 » II 766.15 760,08 759-33 762.03 764.05 760.35 762.37 765.28 759.63 764.55 » III 760,25 761.24 767.45 762.81 764.72 762,31 762.02 762.80 761.25 764.22 115 CENSO DÉ LÁ CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Mínimas de la presión atmosférica observadas en Buenos Aires. DÉCADA 1858 1859 1860 1861 1862 1863 1S64 1865 1866 1867 Enero .... i 756.06 749.76 750.46 755.96 754-76 7S3-76 752.36 752.59 755.13 752.99 » ii 757.56 755.26 750.06 752.96 751.86 — 751.76 751.67 752.40 748.58 » m 757-76 752.96 752.76 753.36 753.26 755.96 751.76 750.16 753.84 750.96 Febrero .. i 755.96 755.26 751.76 751.56 750.96 756.96 754.76 755.52 753-21 751.84 » 11 754.76 751.76 753.16 751.56 754.56 752.16 753-16 755-50 751.62 752.38 * m 749.66 750.96 756.16 754.56 758.16 753-79 755.26 754.28 754-12 755-28 Marzo i 756.76 757.96 749.66 749.76 753-96 753.46 755.86 753-79 755.96 754.46 » ii 754.06 757.76 755.76 753.76 755.76 757.46 757.66 749.78 749.13 753.78 * m 748.36 755.76 749.46 — 749.96 752.76 756.56 754.C5 753-03 Abril .... i 757.76 750.76 758.46 754.76 759-86 752.76 753.26 756.40 752.95 754.59 » ii 757.26 760.26 764.76 748.56 758.46 752.76 752.76 755.38 749.77 753.98 » m 755.26 756.36 762.76 749.26 745.66 7S3.46 751.26 750.70 757.58 755-44 Mayo i 756.26 751.56 758.76 759-86 75DS6 755.96 754.16 754-18 753-86 — » ii 749.76 751.46 758,26 751.76 744.96 758.66 754.76 749.05 753-88 756.28 * m 749-76 754.76 752.26 746.96 752.76 757.76 75S.i6 751.04 755-07 753-29 Junio i 755.26 756.86 754.96 7Ó2.76 753.46 759-36 753-26 754-75 755-47 748.34 » n 752.16 755.76 757.76 750.46 755.26 751.96 755.56 749-33 753.58 749-11 * m 755.46 755.46 755.76 75D76 751.86 757•16 757-06 760.95 762.99 754-66 Julio i 752.96 754.26 756.36 759.56 754.66 751.16 758.16 752.97 754-'65 759-21 » ii 761.76 746.76 751.26 759.76 753-°6 760.26 758.76 75D76 754-95 752.51 * m 757-96 753-26 751.96 752.96 754.86 760.06 759.76 749-M 755.18 747-44 Agosto i 750.76 752.76 750.96 750.66 754.06 754.26 752.76 744.46 747-99 752.59 * ii 749.26 759.06 752.36 757.36 749.86 753.46 75D36 753-55 755-34 756.07 » m 749.66 753-26 749-76 756.96 753.76 758.36 753.36 750.50 752.81 75i.91 Setiembre 761.96 753-96 757-76 — 7S6.76 755.36 756.16 — 75D58 754-91 » ii 748.26 756^26 755.96 761.86 753.76 756.46 754-46 - 756.74 760.61 » ni 747.76 754.26 754.76 760.26 752.76 756.16 757-10 750.93 760.50 Octubre i 757-46 753.26 750.76 755.76 752.76 755.76 754.76 749.81 75D58 755-43 » ii 757-76 755.26 750.76 754.o6 757.26 758.96 755.76 751.°8 753.8° 762.51 » m 747-56 754.76 755.26 752.56 758.76 753.76 754.76 75O.82 745.10 752.77 Noviembre i 755.76 753-96 755.96 754.26 754.26 761.36 754.76 7S2.09 751.26 752.15 » ii 749.76 755.26 755.16 754-96 749.26 756.86 754.76 756.42 751.93 756.72 » m 753.26 754.26 747.26 7S3-76 755.76 751.66 754.06 753.48 749-93 752.53 Diciembre i 747.76 756.16 755.26 753.96 752.76 749.76 749.78 745.32 748.11 751.98 » ii 743.76 756.76 733.76 753.76 750.26 75*-26 749.65 753.90 754.24 747-29 * m 741.76 752.96 748.36 755.96 749.i6 751.26 749.39 750.45 752.62 i i 6 CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. Minimas de la presión atmosférica, observadas en Buenos Aires {Continuación) DÉCADA 1868 1869 1870 1871 1872 1873 1874 1875 1876 1877 Enero .. I 751.69 744-01 749-48 747•01 752.66 747-34 — 75'.02 750.93 755-01 * n 750.35 749-57 753.03 748.85 749-44 753.65 — 7S3.o8 750.07 753-44 ni 749.42 756.95 745.88 750.20 747-86 752.45 — 754-94 75i.i8 747.58 Febrero .. i 750.67 752.83 752.50 754-'3 750.33 752.82 — 752.34 748.07 749.i6 » ii 753-86 752.90 755.32 752.96 752.72 75D47 — 752.32 753.78 7S3-!4 * m 746.35 756.47 752.94 750.92 753-57 7S4.84 755.24 750.22 7S'.o8 755.72 Marzo .. i 745-93 750.67 750.48 — 748.19 758.96 — 753-26 752.22 754-79 » ii 757-32 752.83 755-97 752.68 754.01 756.72 - 756.37 747-57 755.78 » ni — 753.38 747.84 747 •16 757.92 755.86 754.03 753-22 752.31 754-9° Abril .. i 752.44 757-14 7S6.8i 757.24 760.74 754.91 753.42 750.39 757.56 753-21 » ii 754-86 756.68 758.42 751-05 757-57 — 755-'7 751.82 754.76 749.17 » ni — 757-57 757.87 754.85 754.67 750.87 754.30 754-22 755.i8 752.37 Mayo .. i 752.33 754.86 753-95 752.30 75S.76 749.30 756.19 752.52 754-43 746.06 » ii 752.6i 750.89 754.91 762.54 753.70 756.94 756.47 755.83 757.97 757-25 » ni 754.58 — 753-11 756.79 760.91 752.13 754.91 750.08 752.90 751.35 Junio .. i 755-73 755.84 753.67 754-03 — 755-33 751.99 753-33 754.79 752.38 * ii 751.25 756.10 750.05 755.05 756.38 755.67 755.6i 758.33 756.68 762.79 * m 753-55 756.43 750.21 753.71 759.99 752.73 855.44 754-49 754.6i ON O Julio .. i 752.28 759-47 757-79 759-77 753-5' 753-21 750.31 752.91 756.08 752.89 » ii 755.52 755-49 749.82 75D42 755.8' 756.60 759.49 762.48 757-53 748.45 » m 757-26 753-47 750.06 7S7-98 749-44 752.01 760.77 754-94 756.52 7S6.29 Agosto .. i 759-70 755.6o 753-1° 751.93 749-39 745-00 753-54 — 750.03 758.67 » ii — 756.98 760.45 746.94 752.70 758.36 753.0° — 758.87 754.95 * m — 750.78 755-57 758.57 757-12 753-57 7S4.o8 748.03 750.43 Setiembre .. i 749-59 754-27 756.62 754.01 754.32 756.06 754-77 759-45 758.i6 752.12 » ii 749.42 750.24 759-35 752.23 757.23 752-i2 752.95 756.83 755.22 751.42 » m 750.99 754-97 755.36 754.6o 745.46 750.02 - 757.48 749.05 755.87 Octubre .. i — 7S3-6t 752.22 — 753-35 752.24 752.60 756.58 743.92 753.84 * ii 755.18 753-53 755.64 - 753.91 755.13 75I.48 752.57 756.76 750.91 » m 751-64 759.46 751.64 — 753.83 753-86 755-68 755-'9 752.78 747.51 Noviembre .. i 75D43 756.47 752.84 — 753-44 755.65 752.52 755-06 752.57 7S0.67 » ii 757.15 753-82 747.26 755.48 753-55 855.07 756.09 748.46 750.15 753-95 * m 7SI.2Ó 751-59 755-53 75I-°6 752.44 753-09 748.31 751-91 754-99 753.65 Diciembre .. i 752.87 748.23 753-29 750.76 751-39 747-58 7S6.04 746.64 752.17 750.74 » ii - 749-02 750.15 7SI.I7 750-83 750.45 747*12 747-88 752.20 751.10 » m - 752.40 75'.02 7S3.64 749-05 750.85 749-53 750.87 753.27 749-45 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Mínimas de la presión atmosférica, observadas en Buenos Aires {Conclusiónj DÉCADA 1878 1879 1880 1881 1882 1883 1S84 1885 1886 1881 Enero I 756 33 754.07 747.04 7Si 34 750 14 750-74 753 42 750 53 752 25 754 22 > II 752 15 749.04 748.24 750 74 753 7° 753.56 751 98 752 60 750 9° 750 22 III 7SS J3 748.43 749.75 752 6l 750 61 751.48 753 90 749 iS 753 76 747 18 Febrero I 752 76 750.62 749-97 750 OO 7Si 47 754.10 749 49 749 OO 752 19 7Si 13 » II 753 82 753-75 751.5° 753 4i 75i 32 754.91 75i 98 753 51 750 08 75i So > III 757 45 . 754.07 754-97 754 10 753 60 750.24 754 95 749 °3 752 23 750 93 Marzo I 753 II 755-72 752.83 755 10 754 42 751.6o 754 46 754 85 754 4i 757 '98 > II 749 91 759-71 754.12 756 96 748 49 755.98 7Si 08 757 86 752 12 752 65 * III 753 40 756.43 751.47 754 35 752 09 749.13 75i 26 754 17 759 3° 754 7° Abril I 755 58 757.69 758.04 757 57 752 56 758.57 756 77 750 OO 750 96 756 94 II 749 57 757-04 748.23 753 41 753 27 749.85 752 27 754 74 755 97 757 4i III 753 20 757-42 755.33 753 77 756 20 749.38 752 95 759 41 757 6i 750 09 Mavo I 7Si 72 757-51 758.87 754 60 7Si 19 758.50 756 20 7Si 48 756 03 756 88 II 75i 21 756.85 750.05 756 20 754 25 746.98 758 20 752 60 759 3i 757- 38 III 752 44 752.35 754.32 75i 70 753 9° 756.02 753 50 756 04 748 3i 756 47 Junio 75° OI 757-01 752.28 756 50 753 07 753.06 748 73 753 69 746 i5 753- 22 » II 752 72 OO O O Dv 751.8o 755 Ó2 758 3° 753-13 760 48 760 54 753 59 750 23 » III 755 28 754.89 752.45 754 61 762 °9 753-49 761 04 761 25 757 18 749 08 Julio I 755 18 756.69 758.00 754 94 756 49 754.31 775 75 749 97 758 17 762 73 » II 754 81 751.25 746.44 749 94 749 58 754.15 755 08 75i 34 756 78 760. 80 * III 753 69 753-24 750.82 753 75 752 81 755-43 755 59 75i 50 753 77 755 60 Agosto I 7S2 °3 753-04 748.58 752 75 752 81 750.59 750 56 752 93 757 95 748 35 » II 758 74 756.76 750.23 750 70 754 72 7S8.6i 750 78 754 91 75i 36 749 53 III 754 75 750-63 749.14 752 96 7Si 45 753.76 754 S6 75i 15 758 5i 7Si 20 Setiembre I 749 13 758.81 751.85 75i 85 757 25 755-66 750 Ó2 75i 46 753 44 747 OI » II 753 13 759-31 7S2.40 752 40 755 l6 754.50 757 18. 752 64 755 39 753 94 * III 757 91 761.15 7S7-6i 750 21 750 76 755-44 753 74 761 68 749 41 754 88 Octubre I 745 10 752.37 755-01 753 64 745 7i 754.0° 759 OÓ 752 17 758 18 750 65 » II 752 40 755.20 754.20 752 46 757 21 753-71 753 82 755 79 753 02 754 75 III 7S1 °7 7S7.o6 750.29 753 33 752 59 755.45 753 9i 75i IO 753 42 755 17 Noviembre I 754 88 751.25 75°.01 742 22 750 37 750.00 748 iS 752 S6 755 6l 753 02 II 754 55 753-59 753-59 7Si OÓ 755 52 754.42 753 59 753 59 749 75 750 44 III 746 49 748.75 751.39 753 53 752 67 750.25 753 29 748 6l 75i 17 7Si 65 Diciembre I 75° 84 748.11 752.05 749 19 753 32 75o.8i 752 96 752 43 749 20 75i 87 > II 75J 17 749-74 748.74 75i 78 749 49 753.38 747 78 748 OÓ 754 67 746 24 » III 75i 2Ó 749.30 75D25 7Si 95 75° 66 750.14 745 78 750 36 749 6l 7Si 75 CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIKES. VIENTOS. Se llama viento al aire en movimiento; este movimiento se hace en sentido hori- zontal á lo largo de la superficie del suelo. Las corrientes de aire ascendentes ó descen- dentes son difíciles de observar y no quedan comprendidas en la definición. En el fenómeno del viento es menester considerar dos factores: la dirección y su velocidad ó fuerza. La dirección del viento se refiere á los puntos del horizonte de donde sopla con relación á la brújula, hecha la debida corrección de la influencia del magnetismo sobre la aguja. Todos los vientos y corrientes atmosféricas pueden ser considerados como el resul- tado de las variaciones de la presión atmosférica: en efecto, según la ley de la gravitación, el aire más pesado que se encuentra bajo una presión más fuerte, se dirije hácia los puntos en que la presión es menor, y como la variación de la presión atmosférica está basada sobre los cambios de temperatura y humedad, debemos considerar al viento como el resultado de las diferencias y de los cambios que sobrevienen en la temperatura, humedad y presión barométrica. Para formarse una idea clara de las diferentes condiciones del viento, es menester recordar que el calor dilata el aire y lo hace más liviano, y que entonces se eleva hasta las alturas, de donde, siguiendo las leyes de la gravitación, es arrastrado en otra dirección, ocupando su lugar el aire más pesado. La frecuencia de cada viento, tomando como base las observaciones practicadas, queda puesta de manifiesto por los cuadros siguientes, hechos con relación á la escala de 1000 y para los tres períodos más característicos del dia. Frecuencia relativa de los vientos. 7 a. m. MESES N NE E SE S sw W NW Calma TOTAL Enero 252-3 161.5 121.6 107.1 139.7 78.1 52.6 87.1 0 1000 Febrero 192.0 188.2 146.5 129.3 125.5 100.8 47-5 70.3 0 1000 Marzo 214.6 155-9 109.3 129.5 133-6 II9-4 62.7 70.9 4-i 1000 Abril 241.S no.7 78.5 104.6 124.6 160.9 84.5 88.6 6,1 1000 Mayo 172.0 100,2 51.0 94-5 121,0 213.6 105.9 141.8 0 1000 Junio 204, I 115.3 75-6 I4O.O iog.6 172 . I 88.8 90.7 3.8 1000 Julio 190.5 112.6 9i.9 9i.9 145.6 171 6 79-7 110,9 5.2 1000 Agosto 209,1 103.6 100.0 « 7.3 132.7 167.3 60.0 98.3 1.8 1000 Setiembre 166,7 142.9 131.0 144.8 176.5 129.0 Si-6 57-5 0 1000 Octubre 150-4 148.4 166.7 158.6 132.1 132.1 58.9 52.8 0 1000 Noviembre 198.2 176.4 90.9 125.4 112,7 156.4 47-3 92.7 0 1000 Diciembre 250.4 159.1 84.1 124.3 120,7 104.2 58.5 98.7 0 1000 Año 203.5 139.6 103.9 123.1 131.2 142. I 66.5 83.3 1.8 1000 ug CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Frecuencia relativa de los vientos (Conclusión) 2 p. m. MESES N NE E SE S sw W NW Calma TOTAL Enero 245-4 148.4 283.9 87.9 67.8 58.6 36.6 7i.4 0 IOOO Febrero 166.7 153.3 274.0 145-6 68.9 88.x 38.3 63.2 ,1.9 , 1000 Marzo 214.5 186.4 180.2 141-7 87.0 105,2 32.4 50.6 2.0 1000 Abril 239.2 160. g 123.7 101.0 84.5 142.3 70. I 74-2 4.1 1000 Mayo 218.5 D5.i 79-3 89.0 79-3 178.0 IOI.4 102.5 3.9 1000 Junio 240.0 116.ó 95.6 153-0 86.1 162.5 74.6 68.8 1.9 1000 Julio 202.1 126,2 124.7 108.9 102.0 158.2 73-8 102.0 1.8 1000 Agosto 177.9 121.6 136.1 154.3 105.2 148.8 58.1 98.0 0 1000 Setiembre 150.8 174.6 202,3 180.6 97.2 125.0 29.8 39.7 0 1000 Octubre 1,14.7 154.° 235-6 168.0 108.6 13S.2 53-2 30.7 0 1000 Noviembre 153.6 188.3 234.0 104.2 71.3 i37.i 47.5 64.0 0 1000 Diciembre 187.9 2T9,2 215.5 92. I 58.9 99.4 66.3 58.9 1.8 1000 Año 192.7 157.9 182.1 127.2 84.7 128.2 57.i 68.6 1.5 IOOO g p. m. Enero IS7.7 123.1 334-6 151-9 84.6 84.6 iS-4 48.1 0 1000 Febrero 108.2 lio.2 318.6 200.4 80.2 112,2 3°. 1 40. I 0 1000 Marzo 136.0 133-9 240.6 146.4 108.8 108.8 54-4 64.8 6.3 1000 Abril 189.1 138.7 134-4 I24.O 113.4 132.4 84.0 7i.4 12.6 1000 Mayo 198.8 122.8 III. I 107,2 87.7 177.4 89.7 95-5 9.8 1000 Junio 199.6 99-8 122.9 132.4 124.8 159.3 76.8 72.9 11.5 1000 Julio 150.4 139.5 141.3 88.8 IOI.4 181.2 88.8 96.0 12.6 1000 Agosto IÓ0.2 121.6 I3I.3 152.5 144.8 144.8 59-9 83.0 i.9 1000 Setiembre 152.1 119.7 211,0 206.9 i°7"S 95-3 44-6 54.8 8.1 1000 Octubre I09-3 99.0 261.8 200.0 121.6 136.1 37-1 28.9 6,2 1000 Noviembre 119.6 129.0 276.6 162.6 93-5 130.8 4i.1 44-9 i-9 1000 Diciembre 136.2 108.2 292,9 162,3 95.i 121.3 28.0 54.i 1.9 1000 Año 151.4 120.4 214.8 152.9 105.3 132.0 54.2 62.9 6.1 ICOO Los cuadros que anteceden se explican por si solos y dan una idea clara de la re- partición del viento en Buenos Aires, No nos detenemos en hacer consideraciones sobre los vientos dominantes, la influen- cia de los meses y de las horas en que soplan con mayor insistencia, para no prolongar demasiado este trabajo. El lector estudioso, llegará por medio de la observación atenta, á todos estos co- nocimientos á que los cuadros responden, por la manera como se hallan presentados los resultados de las observaciones. CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. Para determinar la dirección media anual del viento se usa la formula de Lambert: E-W + (NE + SE-SW-NW) ros tanS- ?-N —S + (NE + NW—SE —5>W) c.» 45o en la que 'f representa, en grados, la desviación media del viento del Norte pasando al Este ; es decir, el ángulo que la dirección media del viento hace con la línea meridiana calculado del Norte hacia el Este. La dirección media anual de los vientos en Buenos Aires queda expresada en el cuadro adjunto, en el que se notará una diferencia con los datos publicados por el Dr. Gould. Los que publicamos nos han sido remitidos por el Dr. G. Davis, quien rectificando los cálculos anteriores, ha encontrado un error que se habia deslizado y que queda salvado, en esta publicación. Dirección media anual del viento 1856 81*14' 1857 95*s' 1858 77* ó' 1859 38"31' 1860 113*59' 1861 63*50' 1862 63*25' 1863 61*41' 1864 89*47' 1865 57”4i' 1866 89*45' 1867 66*51' 1868 43°40' 1869 98*38' 1870 77*6' 1871 84*55' 1872 67*10' 1 73 67*34' 1874 80*14' 1875 73*33' 1876 75*36' 1877 77*44' i 78 1879 73“18' iB3o 61*47' 1881 55*20' 1882 59*7' 1883 64*31' 1884 58*45' 1 85 88*25' 1886 80*22' 18 7 89*43' Se llama fuerza del viento la presión que ejerce sobre una superficie ó también la velocidad del mismo, factores que tienen entre sí estrecha relación y que por medio de uno puede calcularse el otro, usando la conocida formula de James p— v* x 0,005 en la que p indica la presión y vJJa velocidad. El Sr. Eguia, en sus importantes observaciones meteorológicas, no ha usado ane- mómetros, se ha limitado á calcular la fuerza del viento por medio de la escala decimal en la que el o representa la calma absoluta y 10 un huracán de la mayor fuerza. Para mejor inteligencia de esta escala damos á continuación los valores que repre- sentan sus indicaciones en presión y en velocidad, con las indicaciones vulgares que sirven para designar los vientos. CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. GRADO Velocidad Metros por segundo Presión Gramos por metro otead rodo Designación común I o.6 38 Brisa apenas perceptible. 2 2.0 455 Brisa suave. 3 5-5 3.710 Viento débil. 4 10.o 12.000 Viento fresco. 5 15.0 28.000 Viento fuerte. 6 21.0 52.000 Ventarrón. 7 26.0 84.000 Tempestad. 8 32-0 I25.OOO Borrasca. 9 38-0 I77.OOO Huracán. IO 4S.o 238,000 Pluracan violentísimo. Se comprende que en la aplicación de un número ú otro para designar en los cuadros de observaciones la intensidad de un viento, se pueden cometer errores de con- sideración ; pero no dejan por eso de tener gran valor cuando es una sola persona la que ha intervenido en las observaciones durante tantos años, como en el caso del Sr. Eguia. Extractamos de la obra del Dr. Gould los cuadros siguientes que nos dan una idea suficientemente clara del factor fuerza en los vientos nuestros, considerado en las diferentes horas del dia y los diferentes meses del año. Resúmen de las observaciones de la fuerza del viento según las horas de observación. GRADO 7 a.tn. 2 p.m. Q p.m. Total 9. IO 4 8 7 19 8 20 29 18 67 7 62 IOO 93 255 ó 159 246 232 637 5 ••••■• 328 396 3°4 1028 4- 704 816 S43 2063 3 i325 1552 1181 4208 2 2249 2163 2076 6490 1 1630 GIS 1971 49x6 0 II 9 39 59 Sumas 6702 6636 6464 19802 Faltan 603 669 S41 2113 CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. Total de las observaciones. Faltan.... Sumas.... o O.» •£* Cn O'VI g. io 8 GRADO Cn <0 VJ 00 . Co O Co 'o VJ 4 oí VJ Cn O H o Enero cn cn CT> to VO H Co cn Cn O O O 4* O Cn vO O cn oo 4 O to Febi'ero co o to Cn Cn 00 cn 4*. Cn « 00 Co 4» Oj Cn Oj » Co to O Marzo tO Cn to cn 4 00 2 Cn Cn cn Co vj - 4 4 cn O Abril 211 cn 4 co co Cn O vj cn Cn O) vO Cn vj Coo o Co s s O So o H Junio VD O vj vj O S CC» VO Co Cn vO ot^ Co cn 4 o Julio Cn » vJ O 00 00 Cn ON Oj Oj 3 a O o ? Oj CN 4- NO en oí nO X NO CN 4^ o £ M Lo CN jo CN a Enero o to IO Oj o en o o O O o O O O o O O O o O O Cn co 'on o CO o Oj CC OO NO C' CN NO en Oj °o 4 NO NO 00 c Oj Febrero 4j o O CN Oj Oj o C' NO en Oj Oj C>J NO CN O M 0 o o O O o O O O O O O o o o VO oo 'cn (X CN en o Cj o 00 00 o cc 4 Oj 'o cc en - CN oo Oj O Marzo M to Oj 41 en o '-O 00 Oj to (X IO M Ln O 0 o O O o o o o O O O o o o O a» vo oo NO 4J 'cn c>j o «S Cn Oj 4 00 4» Cn £ 4 ü NO 41 to 44. NO 4 Oj Abril en 4! oc o oo en Oj to 44- O 4- M fn M Cn Ln o ü c o O O o O Ü O O o O o O co 4j j* Oj 00 en 43 Cn en _£ NO •o 00 oo g c^j 43 cc o 43 i Oj Mayo O "4 en O on en IO M M NO 4 to to M Cn o O O o O o o o 4- O o o O o o O a> VO Oj 41 vO O Cn 4- Oj co 4 4- 00 en of CN NO 4 44* £ Cn 4 4- 44? N4 Junio on O 41 en _ Oj 4 4 O o to to O en O O O O O O o O o O o o O O o -fc. N) M Cn **•4 j — 4 CN :J¡ oo eo Oj £ 1 en o Octubre vo 4-* _o 4 o O CN -*■ o O O O c o o o o o o o o LO 1 1 5, - O c - e£ Cn O NO NO On 'cn 4- Oj NO g r°° Noviembre o c>j O NO ON NO CN CN o O o o o o O o o O o 93 1 -£- NO O Oo o cc £ CN o Lo £3 CN o NO oo o Oj CN o ■•o Oj •43 Diciembre M CN OO Cn NO to oo Lo _(s. 00 O o ü o o o o O O o O o o O O Ü OO NO NO NO 4 oo « s ON 00 4 O CN O en H Cn 1 c 4* O NO oo ’to O W Cn CN ti 4- 4* Oj H to M to (n en oo NO to OO M 4_ NO oo en O O en o en O ■*" o o o O o C ü En cuanto á la manera como se reparten las lluvias en las diversas estaciones, el lector hallará en el cuadro adjunto los datos necesarios para destruir la idea vulgar de que entre nosotros llueve más en invierno que en verano. CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Octubre Novbre Dicbre Enero Febrero Marzo Abril Mayo Junio Julio Agosto Setbre a B Este diagrama que antecede se ha construido con los datos provenientes de las observaciones de los últimos once años. De esta representación gráfica se deduce que los meses de mayor lluvia son los de Diciembre, Marzo, Junio y Setiembre, y los que presentan menor cantidad de lluvia, los de Febrero, Julio, Agosto, Octubre, Noviembre y Mayo. El cuadro adjunto que sacamos de la obra del Dr. Gould sobre el clima de Buenos Aires, representa la repartición de la lluvia por estaciones, calculada según las observa- ciones de Eguia. CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. Cantidad de lluvia, por estaciones del ano. AÑO VERANO l>ie., En., Feb., OTOÑO Vial y.o, Abril, Mayo INVIERNO Junio, Julio, Ag. PRIMAVERA Set., Oet., Nov. TOTAL mm mm mm mm mm 1861 106.10 106.50 85.60 231.70 583.90 1862 282.80 261.40 228.80 287.40 1060.40 1863 298.10 158.50 165.80 79,00 , 701,40 1864 146.40 263,10 157.30 177.30 744-10 1B65 102.60 249.30 253.3° 169.60 774.8o 1866 145.4° 238.90 139.90 358.00 882.20 1867 153.3° I93-4° 147.60 112.60 606.90 1868 4°2-.5° 235-34 171.30 337.70 1146.84 1869 374.7° 388.30 65.90 342.60 1171,50 1870 120,90 472.50 138.04 105,10 836.54 1871 190.S0 228.50 198.20 135.25 752.45 1872 299,20 213.30 126.50 139.20 778.20 1873 344.6o 185.3° 67.20 192.05 779.15 1874 162.00 139.50 253.5° 415.2° 960.20 1875 300.40 303.6° 33-20 297,00 934.20 1876 262,25 164.25 264.25 226.00 916.75- Promedio. 233.48 237.61 156.02 224.73 851.84 Como complemento délos cuadros anteriores delasobservacion.es deD.M. Eguia, publicamos las que nos han. sido proporcionadas por la Oficina Meteorológica Argentina y que abarcan el periodo de los últimos once años. Cantidad de agua caída, observada en el Colegio Nacional de Buenos Aires. MESES 1877 1878 1879. 1880 1881 1882 1883 1 84 1885 1886 x’87 Enero 29.0 0.0 12.0 122.0 129.0 196,0 54.0 52.0 5i.o 113.0 54-0 Febrero... 32-° 47.0 54.0 43-0 0,0 60.0 0.0 44-0 68.0 27.0 14.0 Marzo 115-° 289.0 69.0 90,0 56.0 40.0 140.0 i53.o IOI.O 57-0 37-o Abril 116.0 65.0 79.0 29.0 82.0 38.o 62.0 212.0 55.0 136.0 87.0 Mayo 211,0 65.0 46.0 136.0 5.0 28,0 167.0 4.0 93-o 112,0 0.0 Junio. 37-° 63.0 138.0 IOI.O 122,0 43.0 172.0 57-o 28.0 90.0 121,0 Julio 166.0 46.0 J3.o 72.0 20,0 65.0 148.0 12,0 77-0 3.0 61.0 Agosto 26.0 91.0 27.0 21,0 62.0 167.0 36.0 I7.O 63.0 0.0 58.0 Setiembre i3-° 78.0 12.0 44.0 170.0 37-o 173.0 349-0 28.0 143.0 73-0 Octubre... . 57-° 24.0 ÓI.O 90.0 86.0 35.0 93-0 77.0 149.0 96.0 56.0 Noviembre... . 42.0 98.0 79-o 52.0 99.0 91.0 62.0 89.0 163.0 36.0 44.0 Diciembre 150.0 64.0 41 .O IOI.O 215.0 149.0 43-0 39.0 153-0 102.0 103.0 Anual 994.0 930.0 631.0 901.0 IO46.O 949.o 1150.0 1105.0 1029.0 915.0 708.0 I 27 CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Presentamos bajo la forma de un diagrama las observaciones de la lluvia caída durante los últimos once años y formado con las observaciones del Colegio Nacional. clima, y al mismo tiempo sirve de comple- mento á las observaciones sobre la variación de nivel del agua subterránea, de la que Este diagrama nos demuestra los límites dentro de los que varia la lluvia en nuestro nos hemos ocupado al comenzar este Centímetros bajo. En cuanto á las determinaciones de agua caída en el Colegio Nacional, durante los dos últimos años, no merecen mucha confianza á causa de un edificio que ha sido construido cerca del pluviómetro colocado en el jardín de ese establecimiento. En un trabajo publicado por nosotros sobre las aguas subterráneas de Buenos Aires, en el que tocábamos la cuestión de las lluvias, y que se halla reasumido en este opúsculo, comparábamos estas observaciones con las de la Escuela Naval que dan resultados mu- chos más elevados. El Dr. G. W. Davis hizo colocar otro pluviómetro en la azotea del Co- legio, nos comunica que las diferencias entre ambos pluviómetros no son muy notables, y que el error observado por nosotros estaba probablemente en la Escuela Naval, pues hubo necesidad de cambiar la probeta me- didora, y que ésta muy posiblemente no se hallaba en proporción con la superficie de la boca del pluviómetro. CLIMA Y CONDICIONES HIGIÉNICAS DE BUENOS AIRES. EL TIEMPO. Para las necesidades de la vida es de la mayor importancia conocer el estado del tiempo en las divtrsas estaciones, en los distintos meses del año y aun en dias determi- nados. Entendemos por tiempo el conjunto de manifestaciones climatéricas que determinan un estado dado del medio que nos rodea y al que atribuimos gran valor por el bienestar ó desazones que nos causa. La climatología como ciencia, se propone darnos estos conocimientos y lo consigue hasta cierto punto, presentando elementos positivos de juicio, que son el resultado de las observaciones anteriores, debidamente estudiadas y discutidas, y que deben ser tomados en cuenta para contestar las preguntas que se pudieren formular en el sentido indicado. Si queremos hacer historia sobre los datos que tenemos sobre el clima de Buenos Aires, veremos que Azara, observador exacto y concienzudo, pero que no hizo observaciones meteorológicas propiamente dichas, por falta de instrumentos, hace observar que el calor es fuerte en verano y que en el invierno el agua puede helarse supe rficialmente 3 ó 4 veces al año : que los vientos son excepcionalmente violentos : que los del ocaso son muy frecuentes; que las del Sudeste traen con frecuencia las lluvias en invierno y nunca en verano: son menos violentos en otoño y que en primavera y estío son más frecuentes y más violentos, que levantan nubes de polvo que ocultan á veces el sol y que no dejan de incomodar ensuciándolo todo. Los vientos más fuertes son los del sudoeste al sudeste. Los huracanes son raros, pero algunos de una violencia extrema. * La atmósfera es relativamente húmeda y deteriora los muebles, sobre todo en Buenos Aires, en donde la exposición al sud es causa de vejetaciones de muzgos en las paredes y pisos—agrega, sin embargo, que todo esto no daña la salud. Rara vez se observan neblinas: el cielo es claro y sereno, y según se le refirió, una sola vez cayó nieve en Buenos Aires, lo que causó tanta sorpresa como la lluvia causaría en Lima. El granizo es poco frecuente. El signo más seguro de lluvia es una faja oscura al oeste á la puesta del sol. Un viento norte algo fuerte, que causa á menudo dolor de cabeza, anuncia lluvia para el dia siguiente. Debe suceder lo mismo cuando se aperciben rayos al sudoeste, cuando hay calor sofocante y cuando se llegue á divisar la costa opuesta del Rio. En todas las estaciones, y más frecuentemente en verano, llueve con muchos rayos y estos son diez veces más frecuentes que en España, sobre todo si la tormenta viene del noroeste. El 21 de Enero de 1793 el rayo cayó 37' veces en Buenos Aires y mató 19 personas. En cuanto á fríos, Azara haciendo notar la igualdad de latitudes de Cádiz y Buenos Aires, observa que en la primera se emplean estufas y en Buenos Aires rara vez se tiene necesidad de ellas. Por lo que toca á la salubridad general, concluye Azara, que no hay país que le iguale y que aún entre pantanos y parajes inundados, nada hay que altere la salubridad de la región CENSO DE LÁ CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. Estas observaciones de Azara, que trascribimos extractándolas con fidelidad, han sido confirmadas por los viajeros, que han visitado nuestro país posteriormente. Entre muchos solo mencionamos al Dr. Burmeister que vive en el país desde un cuarto siglo, y que á pesar de su severidad al juzgar nuestras cosas, las apoya en todas sus partes, y agrega que á pesar del primer aspecto desfavorable con que se presenta para un europeo nuestro clima, nada tiene de dañoso. Antes por el contrario se pone él mismo como ejemplo, pues sufriendo en Piuropa de continuas molestias por los cambios climatéricos, entre no- sotros, en donde al parecer son mayores, ha mejorado completamente de sus dolencias; lo que debe ser verdad, y agregaremos nosotros que lo ha probado su vida mas allá de 80 años, y todos los argentinos le deseamos que cumpla su centenario, contribuyendo á realizar nuestro crédito por sus trabajos que han ilustrado la República y con su persona de- mostrando la salubridad del clima y el amoi hácia el país que le corresponde con la ve- neración y respeto que todos le profesamos. En cuanto á los medios que se tienen para conocer las variaciones de nuestra clima debemos apuntar lo siguiente : Toda ciencia tiene en los pueblos nuevos manifestaciones empíricas cuyos funda- mentos se han formado por la observación lenta y se han modelado con elementos los más heterogéneos, encerrando muchas veces datos seguros y que no deben ser despreciados. La historia nos enseña que en las manifestaciones más vulgares hay un fondo de verdad; y que no es de filósofos despreciar lo que no se presenta con todos los atavíos de la ciencia oficial en la plenitud de sus goces y atributos para ser acatada respetada y creída bajo su palabra. Para nosotros, lo que muchos creen : nos hace suponer causas sérias que motiven esa creencia y debemos buscar la hilacion de esa idea con el fenómeno que trata de explicar, aunque no sea en el idioma ó terminología que es la habitual ó científica, como se dice en palabra corriente y hoy hasta común pues todos la invocan y usan como de su propia cosecha. El arte de predecir el tiempo es tan antiguo como el hombre : todos los pueblos y países tienen sus reglas, hasta sus refranes, que se repiten y pasan de generación en ge- neración, y que agregaremos sin ambajes deben ser fundados y verdaderos, pues de otra manera no llegarían á la posteridad, pues las mentiras, como dice otro refrán, tienen las piernas cortas. Siguiendo ideas de este orden se han formulado hasta tablas para predecir el tiempo, que se les atribuye un origen muy antiguo y que se dan como infalibles. Nos ha caido entre manos una de ellas que lleva la muy expresiva nota : esta tabla es el resultado de una larga serie de observaciones v cálculos hechos en Buenos Aires por los Jesuítas y rige según los movimientos de la luna. No hemos podido resistir á la tentación de publicarla íntegra. CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. HORA DK LOS MOVIMIENTOS UE LA LUNA INVIERNO VERANO Noche de 12 á 2 Con viento Sud — Heladas Buén tiempo » » 2 á 4 » » > — Tempestuoso Frió y con frecuentes aguaceros » » 4 á 6 » » » — Lluvia Lluvia Mañana » 6 á 8 » » » — Tempestuoso Viento y lluvia » » 8 á 10 Con viento Este— Frió y agua — Si O. nieve Variable ' » » 10 á 12 » » » — Frió y muy ventoso Frecuentes aguaceros » » 12 á 2 » » » — Lluvia ó nieve Muy lluvioso Tarde » 2 a 4 » » » — Buen tiempo y benigno Variable » » 4 á 6 » » » — Buen tiempo Buen tiempo » » 6 á 8 Con viento Sud — Buen tiempo — Con JV. nieve Con S.E. ó .S'. buen tiempo — Con /V. lluvia Noche » 8 á 10 » » » — Idem Idem Idem Idem » » 10 á 12 » » » — Buen tiempo con heladas Buen tiempo Los observadores podrán verificar la verdad que encierran esas recomendaciones. Puede recomendarse corno infalible para esta región. No comprometemos la seriedad de esta publicación con este documento, pues personas fidedignas nos han asegurado que la han encontrado de una exactitud admirable cuando la han consultado. De cualquier manera, queda entregada al público para que sea juzgada, y sírvanos de salvaguarda el principio que profesamos de que la ciencia debe muchas de sus conquistas al empirismo, por más vulgar que se le quiera hacer aparecer. Dejando á un lado estas deducciones empíricas, á las que no debemos atribuir sino un valor relativo, veamos cuales son los principales fundamentos que tiene la ciencia para juzgar de lo que se llama el tiempo. El estado del tiempo en un lugar dado depende principalmente de la dirección actual del viento, pues que por el viento las propiedades que tiene el aire del punto de partida se trasladan á otros puntos. La dirección del viento depende de la distribución de la presión atmosférica que actúa en ese momento. Así, pues, debe observarse la altura del barómetro y conocer las leyes de la distribución y variaciones de la presión atmos- férica. Entre los muchos datos que se tienen sobre este punto debe mencionarse en primera línea la ley de Buys Ballot. que establece que; el observador que dé la espalda al viento tendrá en las regiones situadas á su derecha una presión menor que la que actúa á su izquierda. Esto se verifica constantemente en nuestro hemisferio mientras que en el emis- ferio norte sucede lo contrario. Además, como la fuerza del viento depende de las diferencias de presión, es me- nester agregar que los meteorólogos para uniformar su lenguaje, han convenido expresar estes diferencias de presión en función á una cantidad convencional que llaman gradiente. Los gradientes son las diferencias de presión para distancias determinadas : las unidades adoptadas son el milímetro para la altura del barómetro y para las de longitud el grado geográfico de 6o millas. En la práctica, dada la falta absoluta de horizontalidad de la superficie terrestre y la circunstancia de no soplar los vientos horizontalmente, no puede obtenerse una cifra constante que represente al gradiente de los meteorólogos. CENSO DE LA CAPITAL FEDERAL DEL 15 DE SETIEMBRE DE 1887. De cualquier manera que se considere el problema, se puede sacar como consecuencia la facilidad que hay de deducir de la distribución de la presión la dirección del viento y vice-versa. Considerando una gran superficie de tierra en la que actúan presiones bajas y altas de aire superpuesto, tendremos algo como fosos ó profundidades, ó sino algo como eleva- ciones ó montañas de aire. Los fosos que representan las depresiones barométricas son los sistemas ciclónicos, del griego xuxXoc círculo, pues el viento se revuelve á su alrededor y las elevaciones por contraposición y correspondiendo á las presiones barométricas altas se llaman anticiclones Ambos sistemas son diferentes en el aspecto del tiempo que les acompaña. En ge- neral se puede admitir que las depresiones son acompañadas de dias nebulosos con aire húmedo y con lluvias, lo que ocasiona dias calientes en invierno y frescos en verano. Los anticiclones, por el contrario, son acompañados de una atmósfera seca, con cielo sin nubes, aunque predominen alguna vez las nieblas originando estas condiciones un tiempo túo en invierno y cálido en estos. Además en las depresiones de altura barométrica, las isobarces (se llaman así las líneas de igual presión que unen diferentes puntos de un territorio) se hallan muy próximas unas de otras si los vientos son muy fuertes, mientras que en los anticiclones los isobares están mas separados y los vientos son débiles. Los anticiclones suelen ser más ó ménos estacionarios: por el contrario, las depre- siones se mueven de Oeste á Este en Europa; para nuestra región debería decirse de Sudeste á Noroeste. De modo que para juzgar del clima de Buenos Aires, tiene el lector que considerar la influencia del viento sobre cada uno de sus elementos, lo que le será fácil hallar en los cuadros que acompañan á cada uno de los párrafos en que se tratan de los elementos meteorológicos que lo constituyen. Una recapitulación de todo lo expuesto nos expondría á alargar demasiado este trabajo de suyo extenso, y la omitimos en obsequio á la brevedad, pues el que nos haya hecho el honor de tomar á lo sério nuestra exposición, leyéndola por completo, habrá hallado en cada punto tratada la cuestión, sino con competencia suma, por lo ménos con buena voluntad y creemos que de una manera clara y precisa. Hemos llegado al término de la tarea que nos impusimos, á pesar de reconocer nuestra insuficiencia y solo accediendo á pedidos reiterados de amigos que no podíamos desatender. Este trabajo ha sido compilado en las condiciones desfavorables del que por deberes de oficio se halla en la obligación de trabajar diariamente en el despacho de los innume- rables y variados asuntos que se presentan para resolver, sin tener el derecho de CLIMA Y CONDICIONES HIGIENICAS DE BUENOS AIRES. elejir ni el tiempo de meditar muchos de ellos, como desearíamos de dgunos de la natura- leza del presente que exigen estudios muy serios, tan serios, que el solo pensarlo, nos hace arrepentir de habernos atrevido á tratarlos. Lo dicho bastará para justificar el pedido que hacemos de que se nos juzgue con benevolencia, pues no se trata de un trabajo escrito para adquirir gloria, sino para cumplir un compromiso impuesto por el deber. Oficina Química Municipal, Octubre de 1888. PEDRO N. ARATA. 133