53852 £>.? .. ..:• •¿-.x.-.-.'ar.^acfx-í HR\?BC)BK3t!fJ¡£w«9 'ras f*$P-5 ¿tAr— eV hAelvataV ti- em|itea^ loJ- medica- mento*, á fin de hleieVuaUe ó con¿eaiM.t Ka cwtaaon cotí/ hAontitix) 11 koco coito, oe Ka matiol kaVte de la* enj'eVme<}ade* aiAaCKeé- , u- k.locuAaV*e tuv auuio caót eq luualente á Ka *auu) eni Ka*- irLCMAalH.e* ó clauca*; con un-a colección, oe ca*o* kvácUcoi- e*hañoleí>, 11 *eqiu.ao laucamente en e*ta ttaoucaon oe un, akerwice otiqmat nwu comkleto, duooecima"Édicioim notablemente cotVeiida a coaM.oelai>Kerwente aumentada, uA^iada con. rvuicno* aVal>aao5 en el teai». LIMA. IMPRENTA DE J. M. MASÍAS. Junio de 1856. WB4 \b5¿ ADVERTENCIA, El objeto que so ha propuesto el Autor en la presen- te obrita consiste, no solo en poner al enfermo en disposi- ción de curarse á sí mismo sin necesidad de médico, sino lo que es mas, el que pueda confeccionar por sus propias manos los medicamentos. Para ello debe el enfermo hacer lo siguiente: 1.° Buscar la enfermedad de que adolece en la letra que corresponde á su nombre en el Diccionario de las enfermedades, que empieza en la página 122. 2." Después de haber leido con detenimiento el artícu- lo de su afección, buscar el remedio ó remedios que allí se prescriben en el índice al 6n del tomo, que le señalará la página en que se encuentran. 3.° Buscará la página indicada, y leerá en ella la com- posición del medicamento y le demás que necesita saber para su buen uso. Y también podrá, si quiere, enterarse . del modo de prepararlo. Los pesos y medidas están reducidos á los que hasta ahora se han usado en España, para mayor inteligencia. Las personas á quienes sus ocupaciones se lo permi- tan, á mas de estudiar bien el artículo de su enfermedad vy los remedios indicados, lo cual basta para los que no pueden disponer del tiempo , harán muy bien en leer á mas los capítulos de la obra que tratan de la higiene y de las causas de las enfermedades, to cual les será de grande utilidad. tema un medio seguro de curar la liebre amari- llo, y que le consideraban como un ilm> cuantos lenian resolución suficiente para seguir su método; el se veía hostigado, perseguido, llevado ante los tril>iiiiales\ bur- lado y escarnecido por los que, acaso no supieron curar la mas ligera indisposición. También el celebre autor del Manual de la salud es perseguido con el mas inexplica- ble encarnizamiento, acusado, y bajo prelestos políti' os encarcelado, pero su obra igualmente se hace mas y mas popular; se multiplican sus admiradores, v siguiendo su sistema, desaparecen las enfermedades mas graves, y ha- llan un increíble alivio las que son reconocidas por to- dos como incurables. El Editor de la presente traducción, del mismo modo que lia publicado hace mucho licmpo una tiaduccion de la Medicina curalicn, con un apéndice original que la hace superior á cuantas existen, asi también presenta es- ta traducción del Manual de la salud, enriquecida con una colección de casos prácticos, y con un apéndice tam- bién original, en que se esplanan mas y mas las ideas del autor, se aclaran algunos puntos, y aun se añaden otro.-. conocimientos para la mas seguía aplicación de este méto- do, que juzgamos indispensables para el mejor acierto en la curación de las humanas dolencias. Así le hemos dado una visible superioridad con respecto alas demás edicio- nes existentes. Por último, hemos ilustrado algunos pun- t is por medio de grabados para que ¿ean mas comprensi- bles. Una y otra obra, asi |,i Medicina curativa de Mr. l.e Rov, adicionada, como el Manual de ln salud con sil nup- vo apéndice, se hallan de venta en la librería del Editor Francisco Oliva, calle de los Ranos, núm. 11, Rart clona, y uoduda que esta publicación obtendrá la acogida que sí' merece por la importancia de su objeto y por las altas mi- r >= de humanidad que contiene. PROLEGÓMENOS, observaciones particulares. Es la higiene el arte que trata de la conservación de la salud; y la medicina, el arte de restablecerla cuando se ha perdido, ó se halla mas ó menos gravemente comprome- tida. La salud es el estado normal del hombre, y en ella con- siste el vivir; pues la enfermedad es un estado cscepcio- nal de la vida, es un principio de muerte. La salud pone al hombre en disposición de cumplir con los deberes que la naturaleza le impone hacia la sociedad: procrear y serle útil. La enfermedad le hace inútil y gra- vosa á sus semejantes. Con respecto al enfermo, si ha contraído su afección ■mpleándose en beneficio de la humanidad, de"la patria <> le la familia, en tal caso será una de aquellas gloriosas he- idas en las que todos deben apresurarse á echar un bál- amo y una bendición. Es muy digno de nuestra compasión aquel enfermo cu- o estado de debilidad ó de sufrimiento es hereditario, ó lijo déla casualidad, y si, como el cabrón emisario de los — G — judíos, expía ante Dios y los hombres, por medio de pro- longados padecimientos, los pecados de sus padres, ó los caprichos de la fortuna! Los cuidados que le prodigue la sociedad son una débil reparación de los males que se le han causado al darle la vida. Por otra parte, debe cubrirse de vergüenza aquel en- fermo, que perdió su salud en medio de impuros deleites, de peligros inútiles y sin gloria, o de groseras pasiones! no es la menor de sus torturas el remordimiento. Ea caridad, no la benevolencia, nos obliga á cuidarle, pues nada ha hecho para ser amado. ¡Cuantos hombres de csceicnte temperamento, de cons- titución hercúlea he visto marchitos al impuro soplo de- momentáneas imprudencias y cscesos! Al paso que se predica á nuestros jóvenes una moral que les llena de tedio, ni una palabra se les habla de fisio- logía. Es preciso repetirles que no hay cosa mas necia que arriesgar sus fuerzas y su porvenir en una majadería. Verdaderamente, todo hombre libertino, mentiroso ó falto de probidad es un ente débil, tanto con respecto á J;i parte moral como á su constitución física, y precisamente pecan por el punto mas flaco. El libertino no tiene fuerza bastante para ser buen esposo,ó siquiera para serlo deuna muger robusta. Al mentiroso le falta resolución para de- cir impunemente la verdad. En fin, el hombre falto de probidad, no tiene valor para dedicarse al trabajo; es un j ¡;(,]a ;l \A conservación de la salud y alivio de sus propias dolencia-. — 13 — Elegir un buen médico en caso necesario, es un acto que lo dicta la conciencia, pero la sana razón exijc que aprendamosá no necesitarle. Tomar un médico al acaso y sin tratar de distinguir el charlatán del filósofo es un ac- to de locura y de desidia, que raya en suicidio ú homici- dio, según trate uno de si mismo ó de otra persona. Para ponerse a cubierto de tan culpable equivocación, pongámonos en estado de ser nuestros propios médicos. Ojalá que este librito que dedico á los médicos honrados, yá los pobres enfermos, os inspire el deseo y os proporcio- ne el medio de iniciaros en las reglas del arte de conser- var y de restablecer la salud, que tantas circunstancias amenazan y ponen en peligro en nuostra indolente sociedad. PRIMER! PiRTE. E.sI'Uc.vciones teóricas tocante a las caisas di i as enfermedades, v á los medios generales hioll-mlos 01 E DEBEN liMI'LEAnSE l'.VBA "'RESERVARSE DE EI I \S Ó CfRARLAS. Vamos á tratar en esta primera parte de Jas causas así físicas como morales de que se derivan las enfermeda- des; señalaremos con la misma concisión los remedios ge- nerales, así higiénicos como terapéuticos ó curativos, que convienen á cada una de dichas categorías, ("uando es co- nocido el sitio y la causa de una enfermedad, puede asegu- rarse que está inedia (lirada. CAPULLO PRIMERO. Determinación de las causas de las enfermedades El estado de enfermedad no es un ente de razón, una influencia oculta y euva causa este lucra del alcance de los sentidos, una cosa imajinaria, o un arcano de la naturaleza. Cuando un órgano esta sano ejerce sus funciones de Un modo normal, mientras permanece sin salir délas circuns- tancias favorables á su modo de obrar y cu tanto que esta- circunstancias sean las mismas, no puede dicho órgan„ l>n. lermarv sisólo envejecer. Enera pues absurdo creer ,j„P „„ órgano sano téngala facultad deponerse cnfcrno;quc al co- razón, por ejemplo, se le antoje suspender sus movimien- tos; al pulmón detener sus aspiraciones; al cerebro ahogar el pensamiento; al estómago no digerirlos alimentos, etc.: porque siendo las funciones de un órgano el invariable resultado del concurso de su estructura y de las circuns- tancias en que se halla, no puede dejar de obrar mientras concurran dichas condiciones. Para que un órgano enferme, 6 lo que es igual, para que suspenda sus funciones, se hace preciso, ó que le fal- te materia que elaborar, ó que una causa cualquiera lle- gue á alterar su constitución. La causa pues de las enfermedades es siempre externa con respecto á nuestros órganos, procede del esterior y nunca emana de los mismos órganos. Decir que tal enfer- medad procede de la sangre, de la bilis, délos nentos, de los humores, etc., es hablar en una antigua jerigonza, de que se ha Teido la filosofía durante muchos siglos, y de que hoy no se atreven á reírse. Son tales frases análogas á esta -. la naturaleza siente horror al vacio. Cuando la enfermedad penetra en el interior de nuestros órganos, to- do el cuerpo se resiente y sufre, lo mismo la bilis que la sangre, los nervios y los humores, puesto que en la uni- dad que constituye nuestro ser no puede el órgano mas insignificante suspender sus funciones sin que todo lo de- mas se resienta; la bilis no puede ser sana cuando está enferma la sangre y viceversa; ni el sistema nervioso puede irritarse sin que su irilacion perjudique á la elaboración de la bilis, de la sangre y de los humores. Siendo simples efectos de una causa eterna, se convierten luego en cau- sis de nuevos efectos progresivos: círculo vicioso de males, que originan otros daños, y cuyos estremos se juntan á las puertas de la muerte. Algunos ejemplos perceptibles á simple vista nos con- ducirán por anología á conocer el modo de eliminar las cau- sas que no pueden apreciar nuestros sentidos. Cuando una espina se clava en la piel, los dolores pue- den llegar á ser atroces. ¿Quien nos pone así enfermos? la presencia de la espina, que penetra en nuestra carne. ¿Por qué razón? Porque ha abierto paso al aire estenor basta unos tejidos que antes protegía el epidermis, y por haber dislacerado las expansiones nerviosas superficiales. Es pues evidente que la causa de nuestra enfermedad e- — 16- una pequeña espina, y cada cual, sin ser médico puede apreciarla y distinguirla. Pero supongamos que por efecto de una casualidad que se escapa á nuestra vista, penetre dicha espina en el esto- mago ó en los pulmones: la presencia de este cuerpo es- traño en uno ú otro de estos órganos, tan necesarios para la vida, producirá efectos mucho mas graves, comprome- tiendo la salud en alto grado, pero como nada habrá dado á conocer la causa material de la dolencia, llegará la me- dicina con todo su séquito de hipótesis; el enfermo abdi- cará su libre albedrio y la facultad de raciocinar, v se so- meterá á cosas que no comprende menos que aquellos mis- inos que se han apoderado de su cuerpo, como de un enig- ma que es preciso dccífrar. En tal caso el uno dirá; Es la bilis; otro: Es la sangre, y otro: Son los nervios '• lo que equivaldría á decir : Es simplemente una espina, si muer- to el enfermo, se sujetase á una escrupulosa autopsia. El mismo juicio podríamos hacer tratándose de vene- nos, de miasmas, de insectos, etc.; pues en todos estos casos el estudio de la enfermedad pertenece al dominio de la simple rectitud de juicio cuando la causa esta al alcance de los sentidos; pero desde que se hace imposible apreciar- la cae en el dominio de las ciencias ó de los doctos, en cu- yo caso nadie entiende una palabra, puesto que en medi- cina siempre se ha despreciado seguir el hilo de la ana- logia, el juzgar por inducción y proceder por medio de de- mostraciones. En medicina nunca ha servido la semejanza de los cfei - los. para descubrir la semejanza de las cansas; y cuando estas se han mantenido ocultas, nadie ha recurrido á la analogía para adivinarlas. Por nuestra parle, hemos sc.uidouna marcha distinta, cuyos pormenores se hallarán en nuestra obra grande , 1', con inmensas aplicaciones en los dos lomos que han salido a luz en nuestra Revista elemental de medicina y de far- macia. De esta demostración ha resultado que no existe en el gran cuadro de las humanas dolencias una sola en- fermedad, cuya causa deje de ser apreciable á nuestros sentidos; en términos que cuando no puede verse es su- mamente fácil adivinar, y apreciar, cuando no su natura- 1 Historia natural de la salud y de la enfermedad. Seuiud) edición, 18Í6. — n — Icza especifica, á lo menos su modo de obrar en la eco- nomía. Los que deseen profundizar un asunto que á tan alto grado les interesa,tómense la molestia de estudiar estas dos obras y se convencerán de que es imposible caer enfermo mientras el aire que nos rodea sea respirable, que los ali- mentos sean asimilables, que el periódico movimiento ac- tive el juego de nuestros órganos, que ninguna sustancia da nina se infiltre en la circulación de la sangre, ó corra á á nuestras membranas mucosas; que ninguna causa des- tructora dislacere nuestros órganos, ó produzca graves so- luciones de continuidad; y finalmente que ninguna ¡dea triste ó desesperada, ninguna causa moral, en una palabra, perturbe el juego de nuestras funciones esenciales. Todas las causas de las enfermedades pertenecen á una ú otra de las clases referidas. Si ninguna de dichas causas viniese á turbar el juego de las funciones del cuerpo humano, la muerte no sobre- vendría hasta llegar el término que tiene prefijado la na- turaleza; solo moriríamos de vejez y sin el mas ligero su- frimiento. Pero desgraciadamente en el actual estado de nuestras sociedades, en que reina la indigencia y el amon- tonamiento, la muerte nos sobrecoje casi siempre acciden- talmente y antes del término señalado: muérese por asfixia, por csceso óprivacion, por envenenamiento voluntario ó involuntario, por soluciones de continuidad esternas ó in- ternas, y finalmante á consecuencia de esas causas mora- les que hieren como el rayo, y cuyo remedio únicamente se saca de la resignación ó de la filosofía. 24. Estos accidentes, ó escollos de la salud y de la vi- da, á los cuales se llama causas de las enfermedades, pue- den dividirse en las nueve clases generales siguientes: 1.a Falta de aire, ó impureza del misino; es decir asfixia en primero ó último grado, y envenenamiento miasmático. La mas leve alteración es la constitución de la atmósfera que nos rodea ocasiona perturbación en las funciones del cuerpo y puede ser un germen de enfermedad. El aire pu- ro es el pan de la respiración, pues es tan necesario el aire como los alimentos para la conservación de la vida. El ai- re puro está compuesto de cuatro quintas parles de ázoe y de una quinta parte de oxígeno, cuyas proporciones no pueden variar sin que nuestra salud se resienta. 2a. Falta, esceso, insuficiencia, ó mala calidad de las sus- — 18 — lancias alimenticias. Lo mismo se muere de indigestión que de hambre; y tanto perjudica la una como la otra . La indigestión del rico venga el hambre del pobre; pero al pa- so que con cierta filosofía puede uno guardarse del esceso en la comida; no hay filosolia en nuestra sociedad egoísta que baste á perseverar del hambre. En cuanto a mala ca- lidad de los alimentos, es un deber de la autoridad el vigi- lar á los públicos envenenadores, que adulterando los co- mestibles á impulsos de infame codicia, que no siempre es vigilada ó castigada como debiera, ocasionan incalcula- bles daños á la salud. 3a. La ingestión en el estómago, en el ano, ó en las membranas mucosas de los órganos, la introducción en los pulmones mediante la aspiración, la inoculación por medio de una herida, ó la introducción en las vias circula- torias, de una sustancia que, lejos de ser asimilable y pro- pia para la nutrición de los tejidos, solo se combina con ellos para desorganizarlos y herirlos de muerte. 4a. l'n esceso continuado de frió ó de calor, y el trán- sito repentino de una temperatura á otra distinta. 5a. Las contusiones y soluciones de continuidad, las fracturas, perforación y magullamiento de huesos, las úl- ceras y heridas de cualquier clase que sean, producidas por instrumentos cortantes, punzantes ó contundentes. 0a. La introducción en nuestros tejidos de astillas, es- pinas, aristas de plantas gramíneas, polvo y barreduras de granero, pelos de vegetales; en una palabra, esos innu- merables átomos acerados, retorcidos, punzantes y en for- ma de dardo, q.ue volitan por el aire que respiramos como torbellinos de átomos. La mayor parte de tales cuerpecitos presentan una es- tructura tal, que uua vez introducidos por un lado en la sustancia de un tejido, no pneden salir sino por el opuesto atravesando un órgano de parte á parte. 7\ La introducción en algunas cabidades de nuestros órganos, de semillas que germinan y se desenvuelven, ó de sustancias que se entumecen por la humedad, acaban- do al fin por dilatar y destruir la cavidad de. los órganos que invaden. 8a. El parasitismo en el esterior ó en el interior, dchue- vecillos acuáticos, de lombrices, larvas, moscas y'orinas de ácaros, de insectos perfectos, piojos, pulgas, chinches' eoleópetros; por último de lombrices en el canal iiitc,tjni,|' — 19 — que atacan al hombre desde que nace, sin dejarle á veces hasta el sepulcro para abandonarlo á otros gusanos mas voraces é inevitables. 9.a Por último, las afecciones morales, impresiones, fuer- tes pasiones concentradas ó deprimentes, esperanzas frus- tradas, ambiciones burladas, hastío, desesperación, causas imperceptibles que hieren de improviso, ó nos corroen y consumen al modo de un veneno lento y sutil. No existe enfermedad que no tenga su esplicacion en la realización de alguna de las nueve hipótesis que acaba- rnos de esponer; pero la mas fecunda en toda especie de males, laque desempeña el primer papel en el triste cua- dro de las humanas dolencias es la octava. El parasitismo de los insectos ó animalillos imperceptibles es la causa de las nueve décimas partes de nuestras enfermedades. Contra ella, pues, sediriie con particularidad el tratamien- to á que debemos los mas saludables efectos. CAPITULO II. Medios higiénicos y curativos para precaver los efectos de la primera de las causas de las enfermedades; a saber: la falta ó alteración de los elementos que cons- tituyen el aire respirable. i." Elíjase una buena habitación con esposicion al sol-. v que esté al abrigo de emanaciones de aguas estancadas, rios. etc., asi como de ciertas industrias que producen gases insalubres. 2.° No se habite en pisos bajos á causa de su hume- dad, ni en los entresuelos ó sótanos, por la poca elevación del techo, que nos espone á no respirar otro aire que el mismo que ya salió de nuestros pulmones. Al contrario, deben preferirse los aposentos de techo alto, con chimenea y espaciosas ventanas que den al oriente, al sur ó cuando menos al poniente. El aposento que sirve de dormitorio, no debe conver- tirse en gabinete de estudio, taller, cocina, ni sitio de reu- nión o tertulia; ábranse las ventanas durante el dia. y no se habite mas que por la noche. Quítese cuanto despida olores, ora sean gratos ó desagradables, ó lo que despren- dan gases asfixiantes; por consiguiente, nada de flores, ni — 20 — El pisaverde es un ente afeminado, que hallándose dé- ■ bil para interesar el corazón, trata solo deenuañarala vis- ta; y conociendo que fuera mal esposo y mal padre, con- téntase con desempeñar el papel de genízaro. El joven que gusta de apretarse la cintura, conoce su impotencia y esterilidad. La muger hermosa que sin des- figurar las gracias naturales solo procura indicar sus con- tornos, es sin duda uno de los objetos mas atractivos y bellos. Los vestidos sean cómodos, holgados y sencillos; lo su- ficiente nos procura abrigo; al paso que lo superfino fatiga; el vestido ancho aumenta la fuerza favoreciendo la agilidad. fiero el estrecho escorba y sofoca. Abrigúese bien á los hijos en su infancia sin oprimirlo- y estrecliarlos; pues las envolturas son para cubrirlos, no para aprisionarlos. En verano permítaseles pernear al aire y á la luz. Al tomarlos en brazos, sosténganse por los so- bacos, cuidando que la cabeza no les cai«a hacia atrá-. •ujetando su ancho capillo al corsé por delante; y lleván- dolos así, no haya recelo aunque se incline su cuerpo. Nun- ca he criado á un niño, sino en completa libertad. — 2í— CAPITULO III. Consejos higiénicos y curativos contra la falta de ali- mentos ó su mala calidad. El arte de cocina es con respecto á la higiene lo que el arte de la farmacia es para la medicina: una buena cocina, evita las enlennedades, así como una buena terapéutica las desvanece; por consiguiente, la fisiología debe ilustrar tan- to el uno comoel otro deestos medios de conservar la vida. Para conducirnos cu la práctica de una manera conveniente acudamos á la teoría, que es el arte de raciocinar sobre los resultados de la observación. No hay ninguna sustancia alimenticia que bajo una ú otra forma no contenga el principio sacarino y el principio gelatinoso ó albuminoso. El hombre, que difícilmente se mantiene de solo pan, viviera muy poco tiempo si no tu- viese i su disposición mas que fécula y azúcar Si se espone al contacto del aire, á la temperatura de 1 á 15 grados del termómetro centígrado, aunque sea en un vaso cerrado, una mezcla de azúcar ú otra sustancia sa- carina, tal como fécula por una parte, v gluten ó albumini por otra, en breve se opera una fermentación, cuyo re- sultado es la producción de alcohol; queda un esceso de ■iluten y de albúmina, la reacción de este ascedente sobre el alcohol, le convierte en ácido acético No de otra manera se efectúa la digestión estomacal-v cuando el bolo alimenticio ha adquirido el grado de acidez que conviene á nuestros órganos, pasa al intestino duode- no, en donde la influencia de la bilis viene á «il, Ti acidez y J alcalizar dicha pasta, á YnT qu.f Tuodíelo pueda infiltrarse en la sangre la cual es alcalina Fl res.duo nisoluble é inasimible, su re una nnov> »i„i, ■ res,auo ■ ntenstinos gruesos, dkde lo» LK%e]í¡¡7nc,J-- en J>* cuerpo como un desecho fétido y perjudicial ra dl>1 El bolo alimenticio tiene necesidad de áhuv . i io posible para que presentándose baio el monnl i°- sea mas susceptible de elaborarse. Por esto" "' la cocción, que es una primera división v |a ,« ncresana que es la segunda; de ahí nace igualmente |'nasllcacJ°» ""- ia necesidad — 2o — de mezclar con los elementos asimilables sustancias iner- tes, que los mantengan en el estado de división convenien- te, y multipliquen las superficies y los puntos de contacto interponiéndose entre las moléculas alimenticias. Las sustancias líquidas son por si solas tan indigestas como las sólidas; al paso que mezcladas con estas son propias para la digestión. Una pequeña cantidad de alcohol activa las digestiones tardas y pesadas, por cuanto suministra á la acción del gluten escesivo una cantidad de alcohol que la digestión no puede producir. De ahí proviene la necesidad que tie- nen los hombres del norte de buen vino y de licores alco- hólicos. Cualquier esceso en uno ú otro de dichos elementos es pernicioso, por cuanto desarregla las proposiciones quí- micas, de cuya exacta combinación resulta la buena di- gestión estomacal, la cual debe ser acida. Cuando esta digestión resulta alcalina tiene lugar el vómito; y si predomina la acidez en la digestión duodenal, resulta la diarrea. La indigestión se verifica cuando en la masa alimenticia acaba por ser escesivo uno solo de los elementos complementarios de la digestión estomacal; ó cuando es tan voluminosa dicha masa, y están tan dilata- das las paredes del estómago que la pasta no puede ser re- movida. La indigestión de pan, sobre todo caliente, es la peor de todas, porque á los efectos del entumecimiento de la pasta reúne los del excesivo gluten. Estas ideas teóricas bastan á esplicar como el pobre puede morir de una indigestión, lo mismo que el rico de hambre en el seno de la abundancia. La digestión puede perturbarse tanto á consecuencia de I¡¡ mala composición del bolo alimenticio, como por ma- la disposición en las paredes intestinales; tanto por vicio enla materia digerible, como en el órgano digestivo . Entre las causas que paralizan el juego del aparato de la digestión, las principales son los venenos y las lombri- ces intestinales, ó helmintos. Estas se adhieren á las pa- redes de los intestinos lo mismo que sanguijuelas, y se multiplican de una manera terrible cuando nada -e les opone. Por lo mismo es necesario el uso de condimentos, que son como venenos para las lombrices intestinales. Aunque los condimentos no son sustancias asimilables son elementos que impiden la mala digestión, y la naturale-ia, — 26 — siempre próvida, les ha comunicado un sabor aromático para hacernos grata una cosa que tanta utilidad nos repor- ta. Ni todas las reflexiones de la fisiología médica han sido bastantes á impedir que los hombres condimenten sus guisados, pues nunca falta el sano juicio, hijo de un natural instinto, que nos libra de los descarríos de una docta medicina. Lo mismo matan las orgías que el hambre; y una inge- niosa sobriedad es la verdadera sensualidad. Nunca se coma sin apetito. Después de comer vendrá bien media horade descanso, y luego entregarse á algún ejercicio corporal. Tanto para la bebida como para la cocina, no se em- pleará otra agua que la de fuente ó de rio, v bien pura; puesto que toda agua turvía ó es salitrosa ó pútrida ó ver- minosa. Hay casos de epidemia que no tienen mas vehícu- lo que el agua. En el campo es menester guardarse de apagar la sed con aguas estancadas ó pantanosas, pues sin sentirlo pudiera uno tragarse hasta sanguijuelas. En aquellos pueblos en que son endémicas las paperas ílo que nace de haber filtrado las aguas al través de ve- tas mercuriales), póngase en las fuentes ó en los vasos con que se beba pedacitos de estaño, que pueden mudara ó refundirse cada ocho días. Aunque uno se halle falto de recursos, es menester que ahorre á fin de procurarse vino digno de tal nombre El vino puro es mil veces preferible á los que nos ofrece el comercio bajo las mas hermosas apariencias, y que nos hace pagar á peso de oro; y si no es muy agradable ñor otra parte tan poco es dañoso, y al fin nos acostumbra- mos á su uso; mientras que los demás son un veneno em bríagador. Es menester que el jornalero reflexione que en nineuna parte estara mejor alimentado que en medio de su Emilia- por consiguiente, ¿qué busca en las tabernas y figones liw domingos y lunes, como no sea quimeras v nL l,,,,,'! indigestión? Muy poco conoce el'jornalero'de ,as t id d los verdaderos placeres; pues parece que solo los "oces calenturientos son capaces de dejarle satisfecho- v i sale del encarcelamiento del taller que vuelve á' en pcnas se en el abismo de la taberna; cuando el sol que arT1™1^ la naturaleza entera le invita á elevar el espíritu v á r'v." d teccr su salud v sus fuerzas. robus- — 27 — En la época de mis escursiones á los alrededores de París, encontraba a menudo á la sombra de las arboledas, familias de jornaleros sentados en el césped comiendo las provisiones que habían traído consigo, regresando por la tarde esta buena gente siempre amigos, y mucho mas contentos y felices que nuestros bebedores de taberna, con la conciencia tranquila, el estómago satisfecho, pro- visto aun su bolsillo, y con nuevos bríos para emprender el trabajo de la semana inmediata. El pan de mezcla de buena calidad, formado de cente- no, cebada y trigo, es el principal alimento de los que de- sempeñan ios rudos trabajos del campo; al paso que el pan blanco, ó de flor de trigo, es el de los trabajadores se- dentarios de la capital. Triste es por cierto aquella economía que se funda en los alimentos: la falta de estos engendra pereza, pues es sabido que cuanto mas se ha comido, con mejor gusto y en mayor cantidad se trabaja: un trabajador bien alimen- tado equivale á cuatro que no se hallen en igual caso: en este, como en otros muchos puntos, la mezquindad del industrial se funda en un cálculo evidentemente erróneo; y fuera hablarle en griego decirle que comete un crimen de lesa naturaleza; y sí se trata de pobres niños, un crimen de lesa sociedad. Ciertamente no creo degradar la ciencia si trazo aquí el plan de una cocina común, por las razones que dejo es- puestas; y aunque conozco algunos que acaso se burlen de mis prescripciones frivolas y culinarias, sé también que algún dia se arrepentirán de haber tomado el asunto como cosa de burlas. g. 1. = COCINA HIJIENTCA. Puchero. Escójase la carne, sea de buey ó de carnero de la mejor calidad; y póngase á cocer en una cantidad de agua doble de su volumen. Colócase la olla en un fuego suave para que haga espuma: y quitada esta se echa un puñadito de sal, y una cebolla blanca, en que se habrán introducido tres ó cuatro clavos de especia, y una peque- ña cantidad de nuez moscada,tamaño como la cabeza de un alfiler, un manojillo de puerros, apio, perifollo, tres dicn- es de ajo, un polvo de pimienta, una hoja seca de laurel y una cebolla asada al rescoldo; y en corta cantidad zanaho- rias y nabos. Luego se deja el puchero en una ebullición — 28 — moderada por espacio de tres ó cuatro horas.Esta especie de hervido basta muy á menudo para curar por sí solo la gas- tritis. El pan que venden en las panaderías echa á perder el perfume de este puchero; así que cuando inspire desconfian- za, se hará tostar antes de colar la sopa. Pero lo mejor es hacer la sopa con arroz, fideos, fécula de patatas,ó bien la pasta de estas cocidas y amasadas en un colador, y de esta modo no nos veremos espuestos á echar a perder un buen caldo con el detestable pan que se vende al público. Platos intermedios. Los platos de anchoas,alcaparras, aceitunas verdes, ó mejor negras, los escabeches, las mer- meladas de tomates, los salchichones, rábanos, nabos, las berzas acidas, el jamón y el ayolí de Provenza,y por último los condimentosmas caracterizados, deben llegará la mesa con gran variedad para ofrecer al gusto de cada uno el agente protector déla digestión. No hai que hacer caso de estómagos sujetos alas doctrinas fisiológicas, que,recelo- sos de empeorar la gastritis, miran con horror aquello pre- cisamente que es bueno para curaresta afección. Obligué- mosles á que sigan nuestro ejemplo, séamosles útiles tra- tando de complacerles, y aromaticemos su digestión sin que ellos lo sospechen. Principios. Por regla general, todo guisado que se ha- ce con manteca ó aceite, ó con vino ó vinagre, debe estar fuertemente condimentado con hojas de laurel, un mano- jito de tomillo, estragón, pimienta negra, guindilla, ajo, etc. Los platos de crema ó de leche, deberán aromatizarse con vainilla, canela ó flor de azahar. Los pescados asados en las parrillas se abrirán al sacarlos del fuego, y se servi- rán con una buena salsa de mostaza. Todo asado deberá contener tomillo y hojasde laurel, sobre todo el cerdo fres- co, después de bien salpimentado, rodándolo frecuente- mente con el jugo que de él se desprende. Al guisar pier- nas de carnero, se niecherán con ajo, con perdón de la aris- tocracia cuyos oídos pueda ofender con estas palabras Se humilla por ventura la higiene con emplear el lenguaie de la sensualidad? ° J En una palabra, es menester que la alimentación Heve consigo la medicación, y que jamás esta contrarié la mar- cha de la nutrición; préstense un auxilio reciproco el coc - ñero, el farmacéutico y el médico; y este acuerdo sera ga'- rante de la salud, estableciendo una cordial conformidad — 29 — entre ¡os enfermos y los conocedores, felices por apurar el placer y la salud mezclados en la misma copa. Ensaladas. La buena ensalada es el mas sabroso condi- mento y el mejor estímulo para un estomago al que abru- ma una larga comida. Se disuelve en el fondo de la misma ensaladera la sal y la pimienta en vinagre, añádase una pro- porcionada cantidad de aceite.y se revuelve todo lo posible la ensalada en esta salsa; luego se le añadirá bastante mos- taza cuando se componga de apio la ensalada: y sí de achi- coria, se frotará la ensaladera con un diente de ajo, con al- gunas cortezas de pan que en ella se mezclan; y tampoco va mal un poco de achicoria silvestre y amarga. La ensala- da para el almuerzo se prepara con la lechugaromana,hue- vos duros, perifollo y cebolla picada. §. 2.- ESCABECHES V CONSERVAS. 1.° Legoibues frescas. Tómese: De vinagre fuerte ... 1 azumbre. De- sal común . ... 2 onzas De hojas de laurel . . . . % onza De clavos de especia . . . H id. De pimienta . . . V id. De canela ... 1 id. De nuez moscada.....'í id. Déjese por espacio de algunos días en infusión en una olla bien tapada, en seguida se echará.segun sea la cantidad de líquido, hojas de lombarda, pepinos tiernos.ó pedazos de manzana mondados, ó meollo de nuez verde, habichuelas, espárrago, setas, pedazos de alcachofas, etc. Pasado un mes renuévense toilasestas sustancias después de bien es- curridas. 2. ° Carnes en adobo. Tómese: De vinagre fuerte . . ."> azumbres. De hojas de laurel. . 2 onzas. De pimienta negra . . 2 id. De clavos de especia . v id. De canela . . . . --,- id. De nuez moscada . . 1 adarme De ajo .....r* adarmes 10 granos De sal común . . . . 2 libras 2 onzas. De nitrato de potasa . 3 onzas 8 adarmes — 30 — Póngase en infusión por espacio de 24 horas y por otra parte ténganse prevenidos intestinos gruesos de cerdo, car- nero ó buey, que limpios y pasados por muchas aguas y ade- mas se les quitará todo el mal olor con agua, sal y vinagre. Pónganse los intestinos así limpios en el adobo,de mo- do que los cubra mas de la mitad del liquido, y acábese de llenar con lenguas de buey y solomillos de cerdo del mis- mo tamaño que las lenguas. Después de haber permanecido en maccracion por es- pacio de cuatro días, durante los cuales se manera de cuando en cuando la carne é intestinos dentro de la salsa, se meterán las lenguas de buey ó de cerdo, cada una den- tro de un intestino, atando fuertemente los estremos con un bramante. En cuanto á los solomillos, se untarán bien de grasa de cerdo, antes de introducirlos en la porción de tripa que les corresponde. Hecho esto, se pone todo á her- vir en un caldero de agua salada, añadiendo un manojito de tomillo, hinojos, salvia, laurel, cebolla y cebolleta, y después de hervido durante dos horas sin interrupción, se aparta del fuego. Semejantes adobos tienen la propiedad de conservarse por muchísimo tiempo, y son el mejor y y mas higiénico desayuno. Se dan á rebanadas lo mismo que las morcillas. Los ingredientes indicados se aumentan ó disminuyen en cantidad, lo mismo que el vinagre, á proporción de la mayor ó menor cantidad de carne adobada que se quiera conservar. Debe cuidarse de untar bien de grasa las carnes que no sean de cerdo. §. 3.» VINO DE MESA, VINO DOMESTICO, Y TISANA DE TALLER. El vino de mesa de los alrededores de París tiene un sabor áspero, al que fácilmente se habitúa el gusto lo mis- mo que el estomago; pero puede corregirse en él cstc de- fecto y comunicarle cualidades mas propias al vino echan do en cada tonel de 300 botellas de capacidad una' de co nac. También se produce una inmensa mejora en la cali- dad del vino echando en la cuba cierta cantidad de melazi El fraude ha llegado a producir en materia de vinos imitaciones de los mejores, y con mas facilidad lo ha con seguido en cuanto al vino usual. Pero en vez del fraude ~ aun sustituyendo á la naturaleza, puede emplearse laV ^ 100 parte? 80 id. 0 id. í id. 10 id. s id. 1 id. -Si- guiente preparación: Vino vsial. Tómese: De agua común.....1,000 De aguardiente de 22 grados De raíz de regaliz De ceniza de leña De vinagre fuerte De flores de saúco De canela • . . Échese la canela en infusión en el aguardiente por la tarde; póngase á hervir diez minutos en agua común de llores de saúco, la raíz de regaliz y la ceniza de leña. Des- de que el líquido presenta un color azul, se le echa el aguardiente y el vinagre, y si al cabo de una hora, no ha ad- quirido un color rojo, añádase vinagre á gotas hasta que tome un color rosado vivo. Menéese á menudo la botella y fíltrese á través de un lienzo ó papel sin cola. Solo debe atenderse al color en cuanto demuestra cuando el líquido tiene el suficiente grado de acidez. Tisana de taller. Los jornaleros, en lugar del agua, que beben en abun- dancia, pueden usar con gran ventaja de la siguiente tisa- na, muy saludable y económica: Tómese: De agua.......1,000 partes. De raíz de regaliz .... 4 id. De vinagre...... 4 id. De espíritu de vino ... 20 id. Hágase hervir la raíz de regadiz en el agua, y luego añádansele las otras dos sustancias que se han indicado, y fíltrese todo al través de un embudo tapado con un manojo de espliego, tomillo, ü otra planta aromática. g. 4.» LICORES HIJ1ENTCOS PARA POSTRES. Curazao. 1.» Póngase en infusión al sol por espacio de quince días en una botella bien tapada, 1 onza X y 25 granos de corteza seca de naranja, en cosa de dos cuartillos de aguar- diente ordinario, meneando la botella cada dia. Pasado es- — 32 — te término, hágase derritir al fuego 1 libra de azúcar en igual cantidad de agua, déjese que tome punto como de caramelo, y en seguida échese en el aguardiente saturado de la corteza de naranja. Licor de flor de naranja. Tómese: De alcohol de 21 grados . . . 2 cuartillos. De agua de azahar.....X id. De azúcar........J; id. Licor aromático, para los postres. Tómese: De sumidades y raíces de angélica .... 1 onza. 1 adarme 4 onzas. 1 id. 4 id. 20 granos. 5 id. 1 adarme 4 granos. 1 id. 4 id 7 id. 2 id '» id. 14 id scindirsc de aquellas sus- De nuez moscada . De canela . . . De clavo de especia De azafrán . . De mirra . . . De acíbar . . . De cálamo aromático De vainilla Adviértase que puede pre... tancias que no se encontraren, á cscepcíon del acíbar, la mirra, el clavo, la canela. Si se quisiese que las propieda- des higiénicas preponderasen sobre las del gusto.pudiera aumentarse la cantidad de acíbar hasta siete adarmes y dos granos. Déjese al influjo del sol por espacio de quince días meneándolo cada dia en dos cuartillos de aguardiente co- mún, ó mejor espíritu de vino de 21 grados. Cuélese v'lue go añádase una libra de azúcar derretida al fuego- pudien- do en seguida guardarse. ' r Este delicioso licor es un correctivo casi indispensable en toda comida; y sera muy útil tomar de cuandoen cuan- do una ó dos cucharadas, pues facilita estraordinariamente la digestión. Falsificaciones dk ios aumentos. La mala calidad del pan y del vino es causa n ) ponente de indigestiones y de la pérdida de la salud- 'S~ d^r aliadamente hasta ver losefeclos no se conoce la c^'0 — 33 — sa. El remedio de los males que produce la adulteración délos alimentos corresponde á una policía escrupulosa y rijida. CAPITULO IV. Consejos preservativos contra el envenenamiento. En cuanto á los medios curativos, vea el lector lo que decimos en el artículo envenenamiento, que se halla al fin de esta obritaen el diccionario de enfermedades. El envenenamiento se produce por cuatro distintas vias. á saber, por la respiración, por la alimentación, por la medicación interna ó esterna, y por la introducción de sustancias ponzoñosas en las membranas mucosas, como por el ano, la uretra, etc. No me cabe la menor duda en que los medicamentos inoportunos ó mal administrados, han envenenado mayor número de personas que los envenenadores de profesión; por lo mismo, nunca he dejado pasar la menor ocasión sin protestar altamente contra la aplicación de pomadas mer- curiales y aisenicales, de las sales de mercurio, arsénico, y antimonio, esceptuando los calomelanos y el emético, de las de plomo, cobre, estaño, oro, plata, etc., sea bajo la forma que se quiera; de la morfina, estrignina, veratrina, belladona, beleño, digital, cicuta, estramonio: de toda sus- tancia, en una palabra, que propinada á cierta dosis, pue- da producir la muerte. Cualquiera tiene derecho, inclusos los enfermos de los hospitales, á exijir que el médico no in- cluya en las recetas ninguna de las sustancias enumeradas, y con mas especialidad el mercurio y el arsénico, con sus compuestos: pues el alivio que al principio procuran al doliente es un alivio pérfido y traidor, que siempre deja e n el cuerpo uno de esos gérmenes de trastornos, que se tra- tan como afecciones de cierto carácter particular. Sobre esto he presenciado terribles ejemplos, capaces de llenar de remordimientos al facultativo culpable de tan desastro- sas consecuencias. A mas de los casos que dejo citados en las anic-iores ediciones deeste Manual, pudiera añadir al- gunos otros. xlgunos enfermo- han perdido el uno ó ambos ojos á — 34 — eonsccuencia de haberles tratado una oftalmía por me- dio del mercurio. No faltan tampoco frecuentes ejemplos de jóvenes her- mosas,que se han desfigurado la cara, por haber su médico tratado una erupción cutánea con abundantes preparacio- nes mercuriales. Rabbé, escritor liberal déla época de la restauración, habia merecido en su juventud que le llamasen el hermo- so: pero después, un tratamiento mercurial lo dejó tan completamente desfigurado, que irritándole las miradas de los demás y cansado de sí mismo, tomó un veneno que pu- so fin á su existencia. Entonces no se administraba el mercurio sino en caso de necesidad, y la medicina consideraba su uso como cri- minal. Pero ¿qué podrá decirse déla época actual, en que se someten á la acción desorganizadora y homicida de los remedios mercuriales afecciones las mas púdicas y lijeras? Este modo de conducirse, hijo de la ignorancia y del em- pirismo, presenta todas las trazas de delito de homicidio. ó de heridas por indiscreción. Actualmente tenemos ala vista nopocosejemplos de la funesta acción de estos me- dicamentos desorganizadores. Uno de ellos es un fabri- cante de candelillas fosfóricas, llamado Fontainc,vecino de la calle des Fitos, núm. 10. Hará cosa de medio año que se le dislocó la rama derecha de la quijada: la porción iz- quierda tenia un juego tan libre en la boca, que hace argu- nos dias hubiera sido posible quitarla entera; el tendón del músculo crotáfítes y los ligamentos del cóndilo de la mandíbula, se hallan en estado de desorganización, y la rama ascendiente de la apófisis maxilar se encuentra al descubierto á consecuencia de una herida. Afortunadamente las partes que han quedado al des- cubierto se han como quien dice osificado, y de esta mane- ra han reemplazado en cierto modo á las mandíbulas hue- sosas, sin lo cual fuera imposible el acto de la dclucion En cuanto á la causa del mal, es sumamente probable míe proviene de los vapores fosfóricos. Nuestra etiología, ó nuestro sistema sobre las causas de las enfermedades, se halla confirmada por observaciones llegadas de todas partes. Hoy mismo, tenemos noticia de que muchos franceses empleados en las fábricas de I" f ios. Se encuentran atacados de esta misma enfermedad-U~ también los médicos de Alemania han observado que „,', ]_ — 33 — riros de los que se emplean en la fabricación de fósforos se ven atacados de necrosis en el hueso maxilar. Por consi- guiente, es claro que la acción del ácido fosfórico sobre la sustancia de los huesos es la causa productora de tan ter- ribles efectos. Esto puede ser un aviso para aquellos que usan con frecuencia las candelillas ó cartones fosfóricos, que á proporción pueden padecer daños menores: como la caries de lasmuelas, etc., sino se precaven de las emana- ciones del fósforo. Aconsejamos á los que trabajan con esta sustancia la precaución de hacerlo debajo de anchas chi- meneas queden paso á una fuerte corriente de aire, y se lleven los gases desprendidos del fósforo. Si el mal se halla ya declarado, empléese la curación que señalamos para las heridas, la raíz de rubia, con fre- cuentes gárgaras de agua alcalizada con algunas gotas de agua sedativa, ó bien con algunos cristales de bicarbonato de potasa. El segundo ejemplo lo tenemos en un acerrador me- cánico, de edad de 72 años, llamado Bouquct, habitante en la calle de Saintonge, núm. 8. Hace 20 años que tuvo este hombre una cicatriz en la articulación del pié, que tratada por los mercuriales, vinoá ponérsele la pierna sumamente hinchada y como con una elefantiasis, con una llaga en la parte externa, de la cual mana un humor fétido y nausea- bundo. ¿Qué puede hacerse en estos casos? Cierta joven, robusta así en sus facultades físicas co- mo morales, que ocupa una posicioif brillante en la socie- dad, consultó á su médico acerca de ciertos dolores que sentía en la matriz. A pesar de la repugnancia de la enfer- ma, quiso el médico examinar el hecho por medio del ins- trumento llamado speculum. Negábase la enferma á tan inoportuno reconocimiento: pero al fin hubo de ceder á las instancias del marido. El facultativo halló el órgano en muy buen estado, pero al cabo de algunos dias sintió la enferma desórdenes de un nuevo género; y fué que el mé- dico habiendo limpiado mal el speculum, le acababa de comunicar una afección venérea muy bien caracterizada. Aunque tarde, acordóse el médico que no había limpiado el speculum después de haber reconocido una mujer que padecía una afección sifilítica: esta fué la primera desgra- cia. La segunda fué de mayor gravedad, poi cuanto, alar- mada la joven, como era natural en una persona honesta y púdica, reclamó con ansia remedios eficaces y prontos 3 — 36 — cualesquiera que fuesen. Se le proporcionaron según se acostumbra preparaciones mercuriales, que causaron no pocos desórdenes en la economía de la paciente, es decir, que de resultas de la acción del mercurio, vio la joven per- dida su salud, su hermosura y su intelijencia. Formáronse exostosis en las encías, y en el cráneo, una gordura ficticia desfiguró los graciosos contornos de su cintura, y en me- dio de tan tristes circunstancias, fué que acudió á nuestro método para remediar los desaciertos y males de la medi- cina antigua: pero nuestro método no puede hacer mila- gros.y por lo mismo es impotente para destruir los efectos de un envenenamiento mercurial. Cuantas veces el tratamiento de la sarna ó de la ladi- lla, ó enfermedad pedicular de las partes pudendas por medio de preparados mercuriales, ha regalado al enfermo, en lugar de estas ligeras afecciones, terribles enfermeda- des hidaüdícas que se han vuelto incurables! Los medicamentos en que entra el arsénico y el mer- curio producen afecciones cutáneas que afectan toda es- pecie de enfermedades de la piel, pero que se resisten á todo medio de curación con una tenacidad increíble. Esta resistencia es el mejor medio para conocer cuando una en- leimedadha sido tratada por los arsenicales ó mercuriales. Estas dos sustancias, no solo se usan en clase de me- dicamentos, sino que también los emplea la industria, y sirven en varias de nuestras necesidades. He vístoalgunos v ajeros atacados de afecciones rebeldes contraídas en la posada por haber dormido en sábanas que habían servido á enfermos tratados por el mercurio, y luego se habían lava- do ligeramente. Al pensar en los funestos efectos de estos venenos es natural atribuir á estas sales, que las manufacturas dcian caer en el suelo, un sin número de enfermedades en perso- nas hasta entonces perfectamente sanas. El hombre amante de la humanidad debe clamar ñor que se. destierren de la medicina y de las artes estas vene- nosa, sustancias, pues no habían de faltar otras mas inn centescon que reemplazarlas. Cuando esto se consiga leT aparecerán las diez y nueve vigésimas partes de cnfevrnnl dades incurables, que sin duda son debidas al uso rtó i medicina escolástica. e ,a A mas del arsénico y el mercurio, emplea larnedicin otros venenos vegetales, como el acido prúsico, la Cst "'* — 37 — nina, la morfina, el yusquíamo, la belladona, la digital. etc. Cuantas víctimas de estos venenos no han sucumbido en los hospitales! La lista de las que han llegado á mi no- ticia hace verdaderamente estremecer. Consideramos oportuno continuar aquí el nombre de aquellos medicamentos que emplean los imprudentes mé- dicos, y en cuya composición entra el mercurio ó el arsé- nico : 1.° Remedios arsenicales: Licor y polvos de Fowler; licor de Pearson: de Biett; polvos de Fonteneilles; pildoras asiáticas de Biett, de Barton, de Boudin: poción de Dono- van: polvos de Fray Cosme, de Dupuytren: cigarrillos de Traussau. rusma epilatorio, pomada de S. Luis: colirio de Lanfranc y otros. Remedios mercuriales: Bizcochos de Olivier: licor de Van-Svvieten: jarabe de Larrey, de Bellet, Lagneau. de Cuisinier, de Carlos Albert, de Giraudeau de Sain-Ger- vais, de Velno-. pildoras de Plenck, Napolitanas de Baudo- loque, deRicord, ungüento citrino, napolitano, gris, oscu- ro, pomada de Sichel, agua antipsórica de Mettenberg: po- madas de Dupuytren, de Sain-Ive, de Grand-Jean, de Re- gent, de Dessauít, de Gibert, de Monod, de Villan, de Ze- ller, de Casanave, deDuchesne-Duparc: agua negra alema- na, fajedénica, etc* Si me fuera lícito extractar las notas clínicas de cura- ciones obtenidas en los hospitales por medio del tratamien- to mercurial pudiera presentar infinitos ejemplos. Siempre que mi medicación encuentra tenaz resistencia en caso de úlceras, caries, etc., afirmo que allí se aplicaron remedios mercuriales, y ni una sola vez me he equivocado. Llegará dia en que la íey castigue al médico que en sus recetas ha- ga entrar la menor cantidad de esta sustancia, porque las curaciones que con tales preparaciones se obtienen son ver- daderos envenenamientos. Ruego pues á los farmacéuticos, jueces en la materia que tratamos tan competentes como los mismos médicos, que unan sus esfuerzos á los míos para que se destierre esta práctica dañina, y se tome una senda mas conforme á las leyes fisiológicas y á los senti- mientos de humanidad. No solo esto, sino que faltan á su deber en el dia cuan- do venden el ácido arsenioso, y hasta el que se prepara pa- ra matar ratones, por mas que esté desnaturalizado; por- que puede hacerse mal uso del arsénico cuando hay mala intención. — 38 — A mas de esto, cuando los ratones hallan agua cerca, muy pocos mueren del arsénico, siéndoles mas funestas las ratoneras. A los industriales, les aconsejo que desechen el color verde Sebéele, y en su lugar empleen el que di á conocer hace cuatro años, compuesto únicamente de hierro y cobre; puesá la ventaja de ser mas hermoso reúne la de ser mas barato; y sobre todo la de ser menos dañino. Los malos alimentos son para las familias indigentes un veneno lento para el cuerpo, y muy euégico para el al- ma; pues la miseria engendra tentaciones que nunca siente el rico y el hombre bien alimentado. Para preservarse de envenenamientos accidentales ó involuntarios, se usará bajilla de buen barro, ó de porce- lana, vasos de cobre bien estañados, de hoja de lata ó de hierro colado; pero nunca de metales ó aligaciones que imiten el oro ó la plata. La cocina y el comedor deben ha- llarse libres de todo emanación mefítica, y sin comunica- ción ion los talleres ó laboratorios en que se empleen sus- tancias venenosas. En el aseo de la cocina y utensilios se ve el buen orden de una casa. Los que por su oficio tengan que trabajar en colores antes de sentarse á la mesase quitaran los vestidos de tra bajo y se lavarán la cabeza, y las manos con dos aguas y jabón. D Para los envenenamientos criminales no conozco otro preservativo que no descuidar ningún medio de moralizar a la sociedad. Sobre esto, recuerdo á los que se dedican á a diplomacia, que cuanto mas desmoralicen ala sociedad tanto mas cspucs.os se hallarán á ser víctima de su mí ¡na obra por medio de un veneno. El mal que se siembra, [mojuiiu; cuanuo ios nomnres liuvan del mi|nnr ..... del remordimiento, y hagan el bien ñor oí ni! P ,Cm°l facción de la conciencia; nadie ™£1? a2 — y son: el centígrado,que tiene muy poco uso; el areóme- tro de Cartier, y el de Baumé. El centígrado se llama así porque consta ó se divide en 100 grados; los de Baumé y de Cartier en 50 grados; pero en su graduación no son iguales, pues el grado 20 del de Baumé corresponde al 19 del de Cartier , el 21 B. al 20 C; el 23 B, al 22 C; el 30 B, al 28 C; el 40 B, al 37 C, y el 44 B, al 40 C. Indícanse las graduaciones respectivas poniendo en abreviatura las inicíales de sus autores-, así se dice: El li- quido pesa 22 grados B y 21 grados C; lo que es como de- cir: la densidad de este líquido es tal con relación al agua cargada de sal, que el areómetro de Baumé se inmerje en él hasta el grado 22, y el areómetro de Cartier hasta el grado 21. Para las relaciones entre el areómetro Cartier y el cen- tígrado, véase la tabla siguiente: Areómetro de Cartier. Areómetro centígrado. 16». gs. . . . . . . . . . 37°~,2 í7»...........41°. '♦ 18»...........«.y, i 19"...........49° .1 20»...........52«.0 21°...........5o\8 22"...........í$8»,0 23»...........61».'i 24"...........6í»,3 25»...........66»,8 26°...........69»,3 27»...........71»,6 2S°...........74»,2 29»...........7f>»,3 30»...........78».:i 31»...........80»,5 32»...........82»,.'$ 33»...........84». í 3í°...........86».n 35°...........87»,8 36»...........89".fi 37»...........91«,3 38°...........92»,7 39»...........9'i».2 40». • • •.......93», 4 — 53 — CAPITULO PRIMERO. Acíbar y caldo de yerbas. El aloes ó acíbar de mejor calidad, llamado suc olrino, se presenta en el comercio en pedazos semejantes á los vi- drios de botella sacados informes del hornillo. Su color es negro, lustroso y de una trasparencia que tira á amarillo. su frangibilidad es como la de la concha; el olor es carac- terístico, y el sabor de un amargor intenso. Esta sustan- cia gomo-resinosase disuelve lo mismo en el agua que en el alcohol. Con una onza de acíbar hay para mucho tiempo. Se machacan estos grandes pedazos de aloes hasta qué se reducen á otros menores, del tamaño de un grano de trigo, siendo el peso de cada uno de un grano, poco mas 6 menos. Luego se ponen en una pequeña criba para tener solo pedazos de dicho tamaño, reservando el polvo mas fino para el uso de los niños. Cuando según nuestro método, se hace necesario el uso de este medicamento, pónense en la boca desde uno hasta cinco pedacitos, equivalentes á la dosis de cinco gra- nos, y se tragan por medio de un poco de agua, de mane- ra qne apenas se percibe el sabor amargo del oloes. Mejor es todavía ponerlos entre dos hojillas del pan de la sopa, y se deglute todo junto sin mascarlo. Si se hace preciso propinarlo á los niños se ponen los polvos de aloes en una porción de confitura ó de almíbar, ó bien se introducen dentro déla piel de un grano de uva, ó de grosella, y se Ieshace tragar lo mismo que una pildora. Con todo á no pocos niños he visto tomar este medicamento en la misma forma que los adultos (1). (1) Las pildoras antecibum, pildoras escocesas ó de Anderson, de Boncio, granos de salud, granos de vida, pildoras de aloes y de jabón, las de Horse, de Harvey, de Morrisson, de Peter, tienen por base el aloes unido á veces á la jalapa, escamonea, coloquíntida y goma gutta. Su acción es la misma que la del aloes, aunque menos be- nigna, al paso que son mas caras. — 34 — Los animales mayores necesitan una onza, y los peque- ños media: disuélvese en agua en que se haya hervido sal- vado; y se les obliga a tragar á la fuerza. La dosis para una lavativa es de dos granos, disuellos en agua hirviendo. Tomado el aloes por la tarde, á la hora de la comida en Francia, juntocon la sopa, produce sus efectos délas cinco a las siete de la mañana siguiente, y queda el paciente libre todo lo restante del dia. Para asegurar mas el efecto del remedio, al acostarse se tomará una taza de caído vegetal bien caliente, y otra por la mañana antes de hacer las eva- cuaciones. El sueño favorece la acción del aloes; peí" puede tomarse á la hora que mas convenga al enfermo. Preparación del caldo vegetal: Tómese: De agua.......2 cuartillos. De acederas......1 manojo. De perifollo......1 id. De cebolla......1 id. De manteca......1 cucharada grand? De sal común..... la conveniente. llágase un cocimiento hasta que estén bien desechas lasacederas; lo cual se logra á los cuatro ó cinco minutos de ebullición. Empleo el aloes con preferencia á cualqnier otro pur- gante, porque á mas de las propiedades drásticas que reci- be de su ácido y de sus sales, es extraordinariamente ver- mífugo por su sabor amargo, ven las mugeres goza de la virtud de regularizaré restablecer la menstruación. Lucía- se de vermífugo obra sobre todo el trayecto del canal in- teslinal, lo cual se manifiesta en el color amarillode los escrementos. Ladósis de cinco granos tomados con la sopa á la hora de la comida no es á veces suficiente, tratándose de tem- peramentos robustos, para producir una purgación com- pleta; así las personas que se encuentren en este caso h segunda vez que tomen esta sustancia deberá ser a la dosis de 10, 15 ó mas granos. En otras personas delicadas basta aveces un solo grano para producir los mismos efec- tos que cinco en otras mas robustas. No obstante aunque el aloes no llega á obrar como purgante, siempre obrí como vermífugo. Colma de repente los dolores de vientre que por de pronto no ceden á la acción del alcanfor escita el apetito, desvanece los empachos gástricos, foeilu i la di- — 83 — gestiou y la defecación, vence el mas tenaz estreñimiento. arroja del estómago las lombrices, espelicndolas poco á poco del cuerpo. Por consiguiente lo prescribimos como un buen medio higiénico cada cuatro ó cinco días. CAPITULO II. Baños sedativos, ó ulcalinos ferruginosos. Grandes baños. Échense primero dos oes cubos det agua en el baño,y luego añádase: De amoniaco saturado de alcanfor. ... 7 onzas. De sal común.............4 ' libras. En seguida acábese de llenar el baño á la altura que convenga, y agítese bien el agua con una ó dos paletas enrojecidas al fuego. Adviértase que el amoniaco saturado de alcanfor se pre- para tomando un gran vaso de alcohol alcanforado en siete onzas de amoniaco y revolviendo esta mezcla en una bote- lla bien tapada; hecho esto se sumerge la botella en el ba- ño puesta boca abajo y se lava en él completamente. ISaños medianos. Para estos baños se emplea el amo- niaco en cantidad de tres onzas y media con dos libras y tres onzas de sal común. Baños para los niños. Prepárense del modo que se ha indicado y se emplea el amoniaco en cantidad de dos onzas con medía libra de sal común. La temperatura del baño deberá ser proporcionada á la estación; sin embargo, en un tiempo medio la mejor es de 36 grados, termómetro de Reaumur. Tómese un baño cada cinco ó seis días hasta obtener un completo alivio, y siempre que se sienta un calor inter- no y debilidad o cansancio. Se toman bastante calientes. siendo de unos veinte minutos la duración, ó menos en • aso de que el liquido se haya enfriado. Enjúgase bien el cuerpo, y se unta la cabeza con pomada alcanforada; con la misma se darán fricciones generales, ó á lo menos en las espaldas, pecho y lomos, poniéndose el paciente en pié, sentado, ó tendido en un canapé. Hecho esto se arro- pará bien. Efectos que producen los baños. Los baños alcalino- (Vrrtiüiuosos de que acabamos de hablar dan muy felices resui* dos en cases de calentura, dolores reumáticos, res- — in- friados, parálisis de los miembros, enfermedades del hí- gado, de los ríñones, del útero y vias urinarias, la corea ó baile de S. Víctor, en las manías furiosas, en la borrache- ra, apoplcgía fulminante, y delirium trcinens. Los ingre- dientes que entran en la composición de estos baños no causan la menor alteración en las bañeras estañadas ó de zinc, y mucho menos en las de madera. Baños locales. Lláinanse baños locales aquellos en que se sumergen las estremidades del cuerpo. No solo se diferencian de los anteriores por la cantidad de líquido sino algunas veces también por su composición, seguncual sea la enfermedad que se quiere combatir. Para los baños de piernas se emplea una bañera pro- porcionada en que pueda sumergirse todo el miembro has- ta encima de la rodilla. Echase un cocimiento cargado de saúco y de alquitrán, con media azumbre de agua sedativa i'ii que se apaga una pala de hierro candente. Para los baños de manos ó de pies solamente se echa mano de una bañera también proporcionada; con agua de alquitrán y de saúco, un vaso de agua sedativa, con un puñado de sal común, y se apaga en el líquido un hierro candente, como una llave, un grueso clavo, etc. Baños de asiento. Para las enfermedades del ano ó de las partes pudendas, etc., se arregla el líquido del modo siguiente: !)■ agua de alquitrán . • . . media azumbre. 1).: alcohol alcanforado .... 3 onzas. U,' sulfato do zinc . . . . t onza. — 57 — CAPITULO III. Baños de sangre. En ciertos casos he obtenido muy buenos resultados con la prescripción de baños de sangre de buey ó de carne- ro, en el tratamiento de los desvios de la columna verte- bral, y reblandecimiento de los huesos. Tómanse diaria- mente, poniendo la parte enferma inmediatamente debajo del chorro que sale de la vena del animal; y cuando cesa de manar la sangre, se envuelve el doliente en una sábana y se espone al sol, ó cerca de su luz cuando hace mucho ca- lor. Cuando empieza la sangre á cuajarse encima de la piel, se quita frotando la parte con un cepillo blando, y en se- guida se lava con una mezcla deagua y alcohol alcanforado. Cnando no hay otra cosa puede usarse de la sangre de una gallina, palomo ú otro cualquiera animal doméstico; y será mayor el efecto si se aplica luego en caliente la car- ne del mismo animal á manera de una cataplasma. — 58 — Estos baños producen muy buenos efectos en aqueIlo> casos eu que la enfermedad reconoce una causa mercurial. y también en los casos de raquitismo, entumecencia de los huesos, gota, tisis, perlesía general ó parcial y otros. CAPITULO IV. i'ulutnelanos, mercurio dulce ó proto-cloruro de mercurio. Esta sal mercurial es la única que empleo, puesto qin* es la menos peligrosa, á causa de su poca salubridad en el agua; y aun tengo la confianza de que algún dia pueda abandonar enteramente su uso. La empleo actualmente como el último y soberano remedio contraías grandes lom- brices y otros considerables gusanos del conducto intes- tinal, cuando se han resistido á todos los demás vermífu- gos sacados del reino vegetal. Son los colomelanos una sal cristalina, de un ligero color amarillo, o pulverulenta y blanca como la harina, iiisoluble en el agua pura, que se ennegrece en el amonía- co,) por consiguiente en el agua sedativa. Cuando ha to- mado este color negro no deberá usarse, por cuanto esto índica que se ha descompuesto perdiendo su inocuidad. Prefiero siempre los calomelanos de aspecto cristalino .1 los que tienen la forma de polvos; primero porque bajo la forma cristalina es mas fácil de quitarle, lavándole va- nas veces, la cantidad de sublimado corrosivo, o deuto- cloruro de mercurio que haya podido formarse durante la sublimación; y en seguida por que bajo esta formapucde emplearse sin recelo en una dosis mas alta. Modo de ailministrar los calomelanos. Como esta sustancia no tiene sabor particular, con la misma facili- dad la toman los niños que los adultos. Se toma o entre dos pcdaí itos de confitura, ó dentro de una piel de uva o lie üi oscila, entre una miga de pan amasada en figura de una bolita; y se traga sirviendo de vehículo un poco de agua. Este medicamento se da á la dosis de cinco á diez era- res pura los adultos, de tres granos a cuatro~á los niño* mayores de cuatro años, v de dos granos á los niños que — 59 — no llegan a esta última edad; y se repite la toma por es- pacio de tres días cuando á la primera no se sigue alivio. Entiéndase esta dosis para los calomelanos cristalinos. porque los harinosos ó pulverulentos se dan á la dós>s de dos granosa los adultos, uno á los mayores de cuatro años, repitiendo tres dias la toma, y uno por una sola vez á los menores. Si no se logra el efecto apetecido, se repite esta medi- cación á los ocho dias. Después de haber lomado los calomelanos hay que te- ner mucho cuidado en no comer ni beber ninguna sus- tancia acida, para no disminuir la fuerza del medicamen- to aumentando su solubilidad. Apenas se ha ingerido en el estómago este medica- mento, que se siente como las lombrices abandonan esta viscera y bajan á los intestinos gruesos, para librarse (fi- la acción del veneno, el cual, aunque en corta dosis, es de mucha consideración con respecto 4 unos animales tan pequeños. Si por indiscreción se administrasen los calomelanos a muy alta dosis, no tardaría el enfermo en esperimentar grandes retortijones de vientre, y diarrea de materias li- quidas que dejan depositadas en el fondo del vaso los cao- melanos bajo la forma de un polvo negro. En tal caso apliqúese en el abdomen agua sedativa, y una compresa embebida en alcohol alcanforado, adminístrese una lava- tiva también alcanforada, introduciendo cu el intestino recto, ya pomada alcanforada, ó una candelilla alcanforada; y se dará á beber leche después dé mascar un granito de alcanfor. CAPITULO V. ALCANFOR. Es el alcanfor un aceite esencial que á la ventajosísima circunstancia de permanecer en estado sólido hasta en una muy alta temperatura, reúne una propiedad antipú- trida y vermífuga á un grado superior á todas las demás sustancias de las mismas virtudes. Todo el mundo sabe que desde tiempo inmemorial se empica el alcanfor para — 60 — librar á los tejidos y pieles de los ataques de la polilla y otros insectos; y sus propiedades antisépticas y antipútri- das son en tanto grado, que puede dejarse un pedazo de carne por espacio de un año sumergida en un vaso de agua sin que se corrompa, como se pongan en la superficie de la misma algunos granos de alcanfor, los cuales se re- nuevan á medida que se van evaporando. Esta sustancia, aunque en estado sólido, se evapora, lu mismo que las demás esencias,y conoestas también absor- vc el oxigeno del aire atmosférico, quedando solo la parte menos volátil, que separada de la mas evaporable, se redu- ce á un polvo impalpable, lo mismo que el alcanfor quese obtiene por evaporación medíante una disolución alcohó- lica. De ahí resulta que puesto el alcanfor al aire libre, no solo disminuye de volumen, sino que forma ellorecencia en su superficie, reduciéndose a un polvo muy fino, que en ciertos casos pudiera utilizarse tomándolo por las nari- ces á modo de rapé, si al perder parte de su volatilidad no perdiese juntamente parte de su fuerza. Evítase este in- conveniente cubriendo el alcanfor con una capa de semilla de linaza; y así dispuesto conserva peculiares propiedades por un tiempo indefinido, aunque esté destapado el vaso que lo contiene. La observación constante me ha dado á conocer que la mayor parte de las enfermedades son procedentes de los parásitos estemos ó internos que han invadido el cuerpo, y de la infección que nace de los productos de su acción desorganizadora. Por otra parte siendo mi designio sim- plificar la medicación, del mismo modo que acababa de simplificar la teoria médica, no podía presentárseme otra sustancia preferible al alcanfor, en cuanto á mi doble ob- jeto de destruir la causa del mal y al propio tiempo ncu- ralizar los efectos. Ciertamente sí hubiese encontrado una sustancia mas capaz que el alcanfor de llenar dichas dos ¡ndicacíon'cs, no hubiera dado á este la preferencia. Algunos hombres, cuyos alcances é intenciones se dé- jan conocer á primera vista, se propusieron desde luego ridiculizar la importancia que atribuyo á la acción del al- canfor; pero todos sus esfuerzos no íian tenido otro resul- tado que patentizar su ignorancia, y poner de manifiesto las miras torcidas y ocultas que les hacían obrar. Hay hombres, ácuya posición interesa desechar todos los me- dios de obtener curaciones demasiado prontas; v manco- — 61 — munándose la ignorancia con este ridículo empeño la po- bre mujer que apestaba á almizcle á fin de disimular otro olor mas sospechoso, se declaraba con cierta apariencia de pasmo nervioso enemiga del púdico aroma del alcanfor. La fuerza de los hechos ha derribado ese cúmulo de intri- gas, y se compadece á los que aun se niegan á su eviden- cia. Cuando en caso necesario todo el mundo se valga del alcanfor, por muy fuerte que 9ea el olor de esta sustancia, se hará casi imperceptible; pues esta es la consecuencia natural del hábito, embotar la sensibilidad con respecto a aquellas impresiones que muy amenudo se repiten; ven lin, lo que cura nuestros males siempre huele bien. Fi- nalmente, en cuanto á los riesgos ó propiedades veneno- sas del alcanfor, los secuaces de la policía médica, bien podrán decir cuanto quieran, que harto trabajo tendrán si han de convencer de ello á un pueblo que hace un uso con- tinuo de dicha sustancia. Se ha exagerado muchísimo la virtud antiafrodisíaca del alcanfor: no hay duda que favorece la castidad, pero dista mucho de determinar la impotencia; al contrario purificando los órganos, aumenta su fecundidad, hace que la mujer tenga una gestación feliz y el parto fácil. Solo paraliza los abusos, las aberraciones y veleidades inopor- tunas del amor. Estos asertos están fundados en una es- perícncia de mas de diez años. Existen diferentes especies de alcanfor natural; pero no todas gozan de igual virtud. El mejor es el del Japón; pero es may raro en Fraucia, por cuanto los Japoneses con- sumen gandes cantidades para su propio uso, y siempre temen que esta sustancia ha de faltarles. El alcanfor del comercio nos viene de Java, de Sumatra y de Borneo, etc. Pero se distinguen dos especies: la una de acción casi nu- la; y la otra dotada de tal eficacia, que los Javaneses la Mamau el remedio de todos los males ó cúralo todo. Esta última se saca del árbol que llaman laurus Canphora. El comercio nos la trae en bruto, y del mismo modo que se obtiene de las hojas y tallos de dicha planta hervidos cu agua: pero una ycj. en Europa, con especialidad en Holan- da y Francia, la refinan ó purifican mediante la sublima- ción. Cuando al enviar los Indios sus chales y pañuelos á Europa han puesto en ellos alcanfor de mala calidad para preservarlos de la polilla, llegan acá enteramente apelillados. En vista de los prodigiosos efectos que se ob- — 62 — tienen con el empleo del alcanfor en muchas y graves en- fermedades es su coste insignificante. Obtíénese una especie de alcanfor artificial haciendo pasar una corriente de cloro ó de acido hidroclóricoal través de la esencia de trementina. Esta especie de alcan- for solo puede considerarse como una sofisticacion digna de ser tratada con todo el rigor de la ley, pues es menes- ter proclamar que los salteadores de caminos y perdona- vidas de profesión no causan tanto daño ú la sociedad como estos miserables especuladores que hacen su fortuna adulterando las sustancias que sirven para curar ó paru alimentará los hombres. El alcanfor debe desecharse cuando se presenta acri- billado formando pequeños grumos, los cuates por su* puntos de contacto ofrecen la apariencia de una red, cuya* mallas son pentágonas; pues esta sustancia, que se des- menuza entre los dedos, adquiere mucha densidad puestii al aire libre. El verdadero alcanfor, purificado dosveces. es compacto, de fraccionamiento fibroso, y en lugar de condensarse y endurecerse por el contacto del aire, se deshace en ellorescencia. El primero es producido caden- temente por la acción del cloro en el aceite de trementina, y repetimos que debe desecharse; al paso que se aceptará aquel alcanfor verdadero que se nos presente a! romperlo con la superficie estriada como por medio de í'iiras paralelas. Escitamos pues á las juntas de Sanidaó á que redoblen mas y mas su vigilancia, ycastigen severamente la adul- teración de una sustancia de un uso tan general, y que siempre se compra de buena le. Entre las propiedades del alcanfor se observa que es- cita el sueño, clarifica los orines, destierra ó mata bis ani- malitos parásitos así estemos como internos; v por lo mismo disipa los calambres y dolores de estomago v de vi-ieras. la diarrea y disenteria, el mal de piedra v evita la formación de cálculos. Los orines mas encendidos y sedimentosos, recobran su díafaneidad desde que se hace uso del alcanfor en pol- vo tomado inteiiorine.ite. aunque sea por un solo dia; exha- la un olor aromático, y puede permanecer mucho tiempo intacto al aire sin descomponerse ú oler mal. En los casos de úlceras y hrridas, poniendo alcanfor en el aposito no laya cuidado que tenga lugar la gani'rc- ¡\t. la er:»ip-!i. n: una supunuion de mal carácter. — 63 — S. 1.* ALCANFOR QUE EN CASOS DE INSOMNIO DEBE TOMARSE TRES VECES AL DÍA Por la mañana, al mediodía y por la noche se tomara un pedacito de alcanfor del tamaño de una lenteja; se tri- turara entre los dientes, y luego se tragará á beneficio de un sorbo de tisana, de achicoria ó de lúpulo, ó de auiia levemente alquitranada. Reiterase la toma durante la noche cuando hay un insomnio pertinaz. Así que se acaba de tomar el alcan- for se siente gran propensión al sueño, á lo que se siguen sueños sobre cosas indiferentes, simple reproducción o recuerdo de los actos comunes. Así los que acostumbran á tener pesadillas pueden librarse de ellas con este me- dio fácil y poco costoso. Fuera de aquellos casos en que el insomnio es debido á causas muy intensas y profundas. siempre puede esperarse que el alcanfor producirá el efecto que se apetece. En los casos excepcionales se tomara una pildora de opio ala dosis de una quinta parte de grano. Para aumentar el efecto soporífero del alcanfor, se administrará en la forma siguiente: Échense polvos de alcanfor á la dosis prescrita en un vaso de agua azuca- rada, añadiendo dos gotas de éter sulfúrico; agítese el líquido, y tomase ó todo el vaso ó la mitad. Esta bebida produce un sueño sumamente tranquilo, y así conviene á todas las personas que padecen insomnio y agitación por la noche. En las enfermedades de los ganados se sustituye esta medicación por la esencia de trementina, á la dosis de poco mas de una onza para el ganado mayor disuelta en un cubo de agua; y de cuatro adarmes y medio escasos en un cuarta parte de cubo para las reses menores-, se les administra así que se nota pérdida de apetito en los animales. Á falta de trementina, puede hacerse hervir en el agua un leño ó astilla alquitranada. §. 2.° POLVOS DE ALCANFOR.—LOS MISMOS TO- MADOS COMO RAPE.—ALCANFOR PARA FUMAR. Los polvos de alcanfor pueden prepararse de tres mo- dos distintos. I.5 Se echa agua en el alcohol alcanforado, y el al- — 64 — canfor forma un precipitado en polvo blanco, el cual sn reúne en la superficie del agua, sé toma una cuchara o una espumadera, y se recoje con ella dicho polvo, ponién- dolo en seguida á filtrar en un embudo cubierto de papel de estraza. Este polvo cuando está seco por la evapora- non del alcohol y del agua llega á ser impalpable. 2. ° Disuélvese una cantidad de alcanfor en alcohol, y hecha la disolución se deja evaporar el alcohol,'y queda el alcanfor en polvo impalpable. Debe advertirse que estos dos medios, á mas de ne- cesitar tiempo, no proporcionan un polvo del todo exento de mezcla, sino que quedan siempre algunas moléculas alcohólicas, que a la mas leve elevación de temperatura, como la de los bolsillos del vestido, vuelven el alcanfor á su forma primitiva. El mejor medio y que con menos pérdida de tiempo y dispendio produce un polvo mas duradero es el siguiente: 3.° Tómase un pedazo de alcanfor bien rectificado de manera que sea tan sólido como uno de azúcar, y se raspa, pasando luego el polvo que se obtiene por un ta- miz de seda mny fino. La porción que queda dentro del tamiz puede servir para fumarlo haciendo con él cigarri- llos; y también para hacer el alcohol alcanforado, y el polvo mas fino y tamizado se guarda en una cajita bien cerrada para evitar toda evaporación. Usos del polvo de alcanfor. El polvo del alcanfor se toma por las narices lo mismo que el rapé, y produce los buenos efectos del tabaco sin ninguno de sus inconve- nientes; pues no excita en tanto grado el estornudo, y no produce manchas en los pañuelos y la camisa. Con el hábito de tomar el alcanfor por las narices se cura muy á menudo la jaqutea y los resfriados. El alcanfor tomado como rapé dispensa en cierto modo del uso de los cigarrillos; pues lo mismo que estos produce en los conductos de la respiración y en el esófago los mismos efectos vermífugos que los cigarrillos. También se emplea el polvo de alcanfor para cubrir con él las úlceras y soluciones de continuidad, y así se impide la formación de pus de mala calidad y las escaras gangrenosas. Este polvo aplicado á las partes genitales tiene la pro- piedad de desvanecer el espasmo del órgano, v de resta- blecer la calma del'cuerpo y el pudor en Jo moral. Es — 65 — un remedio muy poderoso en los casos de ninfomanía. de priapismo y satiríasis, y también para desvanecer con el tiempo los flujos de mal carácter. Para prevenir y desarraigar los hábitos precoces de la infancia se polvorean con alcanfor por la noche las sa- banas y el colchón, especialmente en el sitio que corres- ponde á la parte inferior del tronco. §. 3.° CIGARRILLOS DE ALCANFOR. Cuando hay necesidad de introducir en las vías de la respiración el alcanfor, entonces es muy útil fumar ci* gárrulos hechos con el polvo de esta sustancia, y aspi- rando el humo para que penetre todo lo posible. En las personas que tienen los pulmones muy débiles, en lugar del cigarro, el enfermo se pondrá un pedacito de alcanfor en la boca, y se tragará la saliva empapada en dicha sustancia. También se coloca en la boca un poco de raiz de angélica ó de resina de pino. Siendo el uso de estos cigarros una de las bases de nuestro método, recomen- damos que se haga un estudio especial de este capítulo. Cigarrillos económicos. Pueden hacerse muy buenos .= ACEITE ALCANFORADO Y DE TREMENTINA. Tómese: De aceite de oliva. . . . ,. j¡v De polvos de alcanfor. . í'ftn;. »\ • onza n granos. El aceite disuelve el alcanfor á la temperatura ordina- ria con solo agitarle cada cuarto de hora; no obstante, si se opera cerca del fuego la disolución c» mas pronta. Puede sustituirse al aceite de oliva cualquiera otro aceite usual, como el de almendras dulces, de haya, de col- sa, de claveles, ú otro craso y no secante, sin olor ni acidez. Como el aceite alcanforado conserva toda su fluidez á la temperatura en que se espesa la pomada, sirve mejor que esta y con mucha mayor ventaja en lavativas, inyec- ciones, y para empapar con él tres veces al dia las ven- das en aquellos casos en que por las circunstancias del aposito ó por el objeto que nos hemos propuesto solo es posible hacer las curaciones á largos intervalos. Enton- ces la frecuente imbibición del aceite alcanforado es equi- valente á la curación nueva y completa. Aceite de trementina. Las enfermedades que en el hombre se tratan con aceite y pomada alcanforada, se cu- ran en los animales con el aceite de trementina: ta'.es son la sarna, la morriña, el carbunclo, las úlceras, etc.. y para ello se puede emplear el aceite mas inferior según esta fórmula. Tómese: De aceite......3 Jí libras. De esencia de trementina 3 onzas 'í Asitese, y déjese en reposo algún tiempo y á cualquiera temperatura. Hácense inyecciones en las narices, orejas, fístulas, etc. La trementina se da en lavativas y bebida, usando de un cubo de agua que contenga una onza y veinte y dos granos de esencia. Podemos proporcionarnos también un escelente reme- dio de esta misma clase haciendo un infuso de hojas de hipericon {hiperícum perforatum) en la epoea de su flo- recencia. en un aceite cualesquiera. Candelillas alcanforadas, buenas para las enfermeda- des uterinas y hemorroidales. Tómese: De grasa de carnero. . . 1 libra. De polvos de alcanfor. . . 5 onzas 3 adarmes. De cera virgen (1). . . 5 adarmes. 1 Cuando el tiempo es frió puede suprimisc la cera, y también cuando las candelillas no deben trasportarsa muy lejos, ó cuando su introducción en el ano presente algunas dificultades, pues entonces deben ser blandas. — 76 — Hágase derretir la cera y la grasa en un baño de María; échesele el alcanfor pulverizado ó disuelto en alcohol. Cuando la mezcla tiene la trasparencia del aceite, apártese del fuego, y échese en un molde cilindrico de cinco líneas de diámetro y una pulgada y ocho líneas de largo. Há- cense estos moldes con un pedazo de papel cuadrado , el cual se arrolla en torno de un lapicero ó de un tubo de pluma metálica; se dobla el papel por un estremo y se pe- gan los bordes con almidón ó goma. Déjansc enfriar, y se guardan después con el papel, sin sacarlas hasta en el ins- tanteen que deben emplearse. Después de introducidas las candelillas en el ano , se mantienen sujetas mediante un vendaje á propósito, ó con una almohadilla, y quedan así puestas hasta que el calor de la parle las derrita, ó que sean espelidas junto con los escrementos. Estas mismas candelillas sirven para las afecciones del útero, y entonces se les dan dos pulgadas y media de lon- gitud: no se introducen hasta después de haber sujetado el estremo inferior por medio de un cordoncito encerado, á fin de poder sacarla cuando sea necesario para practicar inyecciones. g. T.o—POMADA ALCANFORADA. Eoidiula: Tómese. De manteca de cerdo 3 onz. 7 adarm. De alcanfor..........1 id. 22 granos. Preparación. Póncse la manteca de cerdo en una ta- za grande ordinaria, y se pone al fuego en un baño de Ma- na, dentro de una cacerola que contenga dos pulgadas de agua. Derretida ya la manteca y trasparente como el acei- te, échanse poco á poco los polvos de alcanfor, y se mueve lentamente con una pajuela. A^í que los nolvos de alcan- for se han incorporado del todo con la manteca, v aue no enturbia absolutamente el líquido, io cti.i sucede dentro de dos ó tres minutos, se espera todavía un rato después que se ha sacado del fuego; y lUCg0 se echa la pomada en otra taza, con lentitud y precaución para que no se der- ramen las heces que deja la manteca. Por último' se no ne en un sitio fresco, á fin de que se condense Preñara da esta pomada del modo que acabamos de esplicar reini- ta blanca como la nieve y sumamente fina. ' Cuando no tengámosla nuestra disposición mas que 1 — 77 — manteca de cerdo y el alcohol alcanforado, podremos sus- tituir la onza 22 granos de alcanfor pulverizado , por una cantidad doble de alcohol alcanforado, que del mismo mo- do que queda espucsto anteriormente, se echará en la man- teca derretida, con todas las precauciones que requiere la facilidad con que el alcohol puede inflamarse. Para de- jar tiempo al alcohol de evaporarse, dejaráse la pomada en el baño de María lo menos diez minutos, y si aun quedase alguna porción de alcohol, se quitará por decantación. Modo de usar la pomada alcanforada. Empléase en fricciones y para la curación de las úlceras. i.° En fricciones. Después de haber dado lociones en la espalda, pecho y vientre con el agua sedativa en el caso de calentura, ó con alcohol alcanforado en los casos de atonía, cógese con los dedos cierta cantidad de pomada, y se extiende en las mismas partes del cuerpo naciendo cen la palma de la mano una fricción suave hasta que con el tacto se perciba que el remedio ha penetrado en las car- nes. En ciertos casos, añádase á la fricción una especie de amasamiento, es decir, que con las manos bien empa- padas de la pomada se amasan ó comprimen los múscu- los; luego "e toma otra porción de pomada y se repite lo mismo, y así sucesivamente por espacio de unos veinte minutos. Las fricciones constituyen uno de los medios mas importantes de nuestro sistema; y se repiten dos ó tres veces al dia. Es menester haberlo experimentado para formarse una idea del grande alivio que producen en el enfermo; en los pechos y cuello no se fricciona sino que se hace una ligera untura de pomada. 2. ° Para las úlceras. Después de haber limpiado la úlcera, herida ó solución cualquiera de continuidad, se cubre con una capa bastante gruesa de polvos de alcanfor, y encima se pondrán hilas bien empapadas en la pomada alcanforada, la cual debe ponerse en contacto con los pol- vos del alcanfor, y el todo se cubre con un lienzo en va- rios dobleces; encima de este se pone un pliego de papel con el objeto de impedir que la pomada se infiltre por los lienzos y salga hacia el esterior del aposito; en vez del papel puede ponerse una lámina de goma elástica, un pe- dazo de hule, y aun mejor una plancha de hesparadrapo ó diaquilon que cubra todo el aposito y se pegue alas car- nes sanas dc'la circunferencia; de esta suerte la llaga queda á cubierto del contacto del aire hasta que se renuévala cura. — 78 — En las ulceraciones internas de las fosas nasales y en los romadizos rebeldes, la pomada alcanforada se in- troduce en los conductos nasales: también se introdu- ce en el ano siempre que hay almorranas, escoriacio- nes, grietas, etc.; y por último en las partes de la gene- ración en las afecciones propias de estos órganos; como llores blancas, y demás flujos y afecciones de la matriz. Teoría sobre el modo de obrar de la pomada alcanfo- rada en la economía animal. La pomada alcanforada goza de una propiedad doblemente antiséptica ó antipú- trida: primero por la virtud del alcanfor, opuesto á toda especie de fermentación; sea normal ó anormal; y en segundo lugar por la acción de un cuerpo grasiento que forma en las superficies como un barniz impermeable al aire esterior. Por consiguiente sin aire es imposible toda fermentación y descomposición; por otra parte el mismo cuerpo craso suaviza la mano que da las fricciones impi- diendo las escoriaciones resultantes de un roce dema- siado áspero. Cf.rato alcanforad, ó ESPAnAnn.vTO alcanforado simplemente adhesivo. Tómese: De manteca de cerdo. . 3 onzas 7 adarmes. De cera amarilla. . . 1 id. De alcanfor pulverizado . 1 onza 22 granos. Con la cera amarilla se da mayor consistencia á la po- mada, y así no se infiltra tan fácilmente en los trapos y vendas. Luego que este serato ha adquirido el suficiente espesor se esliendo en un trapo con un cuchillo ó con el mango de una cuchara teniendo el parche las dimensiones correspondientes alas de la úlcera; luego se aplica y se cubre todo con un pedazo de hule de seda. Un aposito as, dispuesto en ciertos casos puede suplir por otro cual- quier vendaje, hacendó innecesario el uso de vendas, hi- las vcndoletes. etc., nosotros lo usamos con gran venta a en lascurac.ones de erupciones herpéticas enYa cara En euanto a la cantidad de cera amarilla, puede aumentarse erante' "2Un qUClaP°madascd-^nwró^ nos — 79 — CAPITULO VI. Cataplasmas. El cutis tiene la misma propiedad absorventc quclas membranas mucosas; aunque en ella la absorción es mas lenta, y mas sutiles las partículas absorv idas, y aun lo que se aplica á su superficie no poneti a bien como no se disuelva en agua. Pero el agua mas pronto mojaría nues- tra ropa y seria por ella absorvida que por la piel. De ahí nació la idea de esas mezclas protectoras y como plásticas que conservan mucho tiempo la parte acuosa, y la mantie- nen constantantemente en contacto con la piel: átales mezclas se da el nombre de cataplasmas. Una cataplas- ma, pues, es un remedio muy apropósito para hacer pe- netrar al través de los tegumentos en el torrente de la circulación el medicamento mediante el vehículo del agua. Preparación de las cataplasmas. En general se es- tiende la cataplasma cuadrada en la parte media de un lienzo blando y claro, pero entero; y con el objeto de conservar la mayor limpieza, se doblan superiormente dos de las puntas del lienzo, de manera que el uno caiga encima del otro; y luego se doblan del mismo modo las dos puntas ó ángulos que han quedado sueltos; en cuya disposición se aplica la cataplasma por la cara sencilla del lienzo, y con este medio no queda vestigio alguno ni en la piel, ni en la ropa. Cataplasmas emolientes. Échese tres onzas de hari- na de linaza en un cuartillo de agua hirviendo, y cuando forme un líquido viscoso y glutinoso, apártese del fuego: añádanse en seguida algunas gotas de alcohol alcanforado y una copita de agua sedativa; remuévase la mezcla con una cuchara, y extiéndase después con igualdad encima de un lienzo, del modo que hemos ya esplicado. Cataplasmas vermífugas. A la harina deliuaza men- cionada en las cataplasmas emolientes, añádase dos cabe- zas de ajos machacadas, algunos puerros, una porción de hojas de laurel, un poco de tomillo, y de hinojo, un adarme y cuatro granos de azafétida, amasándolo todo con — SO- la suficiente cantidad de pomada alcanforada; y luego de haber estendido la pasta del modo que dejamos espuesto, se hace una untura en todo el vientre y se renueva cada dos ho;as. L:'a cataplasma puede sustituirse alguna vez, produ- ciendo los mismos efectos favorables, con la simple cata- plasma emoliente rociada con bastante cantidad de agua sedativa, y es lo que receto casi siempre en mi práctica. Cataplasmas salinas. Añádase á la cataplasma emo- liente: 2 onzas de sal común; y al separarla del fuego ¡i -.• adarmes de alcohol alcanforado; después rocíese el lienzo con el agua sedativa por la superficie que debe apli- carse encima de la piel. Es preciso quitar esta cataplas- ma después de diez minutos de puesta. Cataplasmas secas, ó saquitos.En las afecciones eriem .tosas, ó en que el agua se halla infiltrada en los te- jidos, acostumbro usar con el éxito mas satisfactorio unos saquitos llenos de sustancias absorventes de la hu- medad, sin ninguna propiedad desorganizadora. Considero como dignos del primer lugar los saquitos de si común bien molida; y producen los mas admira- bles resultados en los casos de infarto en los pechos, fluc- ción eS de rostro y engurgitacion de las glándulas. En el edema de las extremedidades se echa mano de locciones de alcohol alcanforado, y luego de saquitos llenos de are- na rnuy caliente, y de yeso molido y calentado al horno, ó al fuego en una sartén, ó también de otra harina cualquiera. CAPITULO VIL Agua sedativa. Fórmula l.« Agua sedativa coman. Túrnese: De amoniaco líquido de 22 grados. . . • 2 onz l ada u De alcohol alcanforado. . oada'rm. loTrannf' Kcsalcomun.....2 onz. ladarm 9''r De agua común. . . 2 cuartillos. D — 81 — Formula 2. = Agua sedativa mediana. Tómese: De amoniaco líquido de 22 grados. ... 1" onz. 16 granos. De alcohol alcanforado. 5 adarme.-. De sal común. ... 2 onz. 1 adarm. 9 gr. De agua común. . . 2 cuartillos. Fórmula 3.a* Agua sedativa muy fuerte. Tómese'. De amoniaco líquido de 22 grados.....3 onz. 7 adarm. 15 gr. De alcohol alcanforado. 5 X adarmes. De sal común. . 3 onz. 1 adarm. 9 gr. Deagua común . . 2 cuartillos. Nota. Si se quisiese disimular el olor del agua seda- tiva, pudiera añadirsele la suficiente cantidad de agua de rosas, ú otra esencia cualquiera; pero en general, como el enfermo halla bueno todo aquello de que se pro- mete la curación, puede muy bien prescindirse de seme- jantes superfluidades. Modo de preparar el agua sedativa. Primeramente se echa alcohol alcanforado en la cantidad prescrita de amoniaco líquido; se tapa el frasco con cuidado, y se agi- ta, dejando por un momento en reposo la mezcla. Por otro lado se hace derretir la sal en la requerida cantidad de agua común, con la precaución de echar en ella algu- nas gotas de amoniaco líquido; déjase que se precipiten las impurezas de la sal; y cuando está del todo disuelta, y clarificada el agua, se decanta poco á poco, ó se filtra al través de un papel de estraza; luego se echa en ella el amoniaco alcanforado, se tapa, y se agita, hecho lo cual queda el agua en disposición de emplearse, conser- vándola siempre bien tapada. El agua sedativa mas fuerte es buena para aquellos en- fermos cuya piel es dura ó callosa, y también para curar álos animales. El agua sedativa de mediana fuerza conviene en los casos de mordedura de víbora, ó de picadura de escor- pión y de insectos ponzoñosos. En general, empleo únicamco^ ti agua sedativa mas — 82 — débil; y aun á reces es demasiado fuerte, y me es preciso añadirle agua, particularmente en la curación de enfermos delicados, ó de culis picado de viruelas ó cicatrizado por cualquiera otro causa. El agua sedativa contiene cerca de 1/18 amoniaco; la mediana 1/14, y la mas fuerte 1/11. Para reducir la mas fuerte a mediana ó á débil basta con añadirle una canti- dad de agua. Permaneciendo en un vaso el agua sedativa adquiere cierto olor de almendras amargas, resultante de la combi- nación del amoniaco con el alcanfor. El agua sedativa se puede preparar de un modo mu- cho mas fácil y sin necesidad de pesar los ingredientes. Se echa un puñado de sal en un vaso regular de agua, y se deja disolver y reposar. Terminada esta operación, cuan- do el agua ha recobrado su diafaneidad, se echarán dos cepitas de amoníaco, en una botella de unos dos cuarti- llos de capacidad, y en seguida media copita da alcohol alcanforado; tapando la botella y agitándola. Después se le añade un vaso de agua salada, removiendo otra vez el líquido, y por último se llena la botella de agua común. Si se quisiese preparar mayor cantidad de agua sedativa, pudiera echarse en una botella de mayor cabida un vaso regular de agua saturada de sal común, otro de amoniaco alcanforado, con la espresada cantidad de alcohol alcanfo- rado, y últimamente diez y seis vasos de agua. Cuando el agua sedativa se ha preparado con todas las precauciones de limpieza arriba indicadas, no por ello deja de depositar un polvo blanco, especie de jaboncito de amoniaco y alcanfor. Dicho polvo está muy lejos de ser una superfluidad; pues, muy al contrario, ha de procu- rarse remover bien el líquido de la botella cada vez que quiera emplearse el agua para que el dicho polvo se mezcle con el liquido de una manera uniforme Teniendo á mano el agua salada, en menos de un mi- nuto queda preparada el agua sedativa. Modo de emplear el agua sedativa. Empléase en lo- ciones y en compresas. 1.» En lociones: llénase de dicha agua el hueco de la mano, y se pasa suavemente por las partes del cuerpo que lo necesiten, por espacio de un mí ñuto, cuidando de que el roce no sea áspero. 2 » En presas. Empapase de la misma agua un lienzo en cua°tTñ dobleces, y se aplica al órgano que se quiere medicar. Si es — 83— necesario emplear el agua sedativa en el cráneo, se rodea ia cabeza con una venda muy gruesa, para que no permita ¡vaso al agua que acaso se derrama hacia la espalda ó ha- cia los ojos. La compresa en el cráneo se pone bien em- papada, rodándola con agua sedativa hasta que el enfermo sienta que ha penetrado por entre los cabellos, y se conti- núa después rodándola hasta haber conseguido un alivio completo, el cual se hace esperar muy pocos minutos. La inmediata aplicación de las compresas de agua seda- tiva, pronto c*usa rubefacción, que según en que partes del cuerpo, puede llegar á ser muy incómoda. Deben, pues, quitarse desde que se percibe una sensación de ar- dor demasiado intenso. Sin embargo este inconveniente se desvanece muy en breve con la aplicación de la pomada alcanforada en las partes interesadas. En una palabra, solo se recurre á la acrion de las com- presas cuando las simples lociones no son suficientes para calmar ó disipar el dolor. El efecto deseado puede obtenerse de otro modo tan se- guro como el anterior, aunque algo mas lento: apliqúese en el punto que parece ser asiento del dolor una cataplas- ma bien rociada de agua sedativa, la que puede permane- cer puesta durante toda una noche, sin que se presente el mas leve rubor en la parte. Precauciones que deben tomarse en la preparación y conservación del agua sedativa. Cuando se deslapa el frasco de amoniaco ó se traslada éste á otro, no debemos acercárnoslo á la cara-, las botellas que contengan agua se- dativa se tendrán siempre bien tapadas; se conservarán en un lugar fresco y nunca cerca del fuego, porque el calor haría saltar el tapón y evaporar el amoniaco. Por último, evitaremos el olor del agua sedativa, siem- pre que no esté prescrito como parte del tratamiento de alguna enfermedad. Se erecrá aeaso que somos algo ni- mios al hablar de las precauciones que deben tomarse en la preparación y conservación del agua sedativa, precaucio- nes que no puedo yo tener siempre, viéndome precisado á preparar muchas a'zumbres de la referida agua; pero para aquellas personas que son nuevas en dicha preparación es útil darles todas las advertencias, aunque tal vez puedan parecer exajeradas. Explicación teórica de la acción del agua sedativa en Í3 economía. Cuando por primera vez se observan los —8Í — efectos ton prontos y ciertos del agua sedativa, parece qne la virtud de esta agua es milagrosa. Pero como descamo* abolir de las ciencias esta palabra predilecta del charlata- nismo, ramosa explicar la acción de este medicamento, de un modo tan claro y sencillo, que no solo cada cual Com- prenda perfectamente los motivos que nos inducen á em- plearla en determinados casos, sino que obrando con cono- cimiento de causa, pueda aplicarla en las circunstancias excepcionales que pueden ofrecérsele. La sangre, este líquido esencialmente vital, que por mediode la circulación se presenta á-la elaboración de los diferentes órganos del cuerpo humano, pierde sus propie- dades organizadoras, según sea su mayor liquidez ó con- densación, de la que requiere por su naturaleza: es decir, según que la albúmina, que constituye su base, (1) sobre- abunda ó falta del vehículo ó menstruo que la mantiene en disolución. Dicho vehículo es el agua con algunas sa- les, y entre estas el hidroclorato de amoniaco (sal amonía- co; y el cloruro de sodio (sal común) ocupan el principal lugar. La introducción de un ácido, de un aceite esencial, de un carburo de hidrógeno, de alcohol (aguardiente reclifi- iido: en los vasos sanguíneos coagula la albúmina de la sangre, del mismo modo que lo verifica la elevación de temperatura en la clara del huevo. Un calor excesivo pro- duce iguales efectos por medio de la evaporación de las partículas acuosas. Coagulada la albúmina en un vaso circulatorio , hace necesariamente las veces de un obstáculo que entorpece ó detiene la circulación, ó como el tapón de un cilindro. Si el cuajaron no obstruye enteramente el paso , la circula- ción solo se retardará en aquel punto hasta que el empuie de la sangre triunfe del obstáculo y |e arroje ^otro sitio qraTaratlLnerín;da? y se bcb* — 89 — 2.° En polvos secos. Tómase la cantidad que cabe en un pellizco, con tres dedos, y se coloca en dos pedacitos de confitura; y sí es posible se deglutirán sin mascarlos; cuya operación se repite hasta que el enfermo haya tragado la cantidad de 22 granos. No hay duda que este proceder es muy largo, pero no impracticable. Si la dicha cantidad se toma en un mismo dia, después déla última toma se administrará el aceite de ricino. La raíz del helécho, tomada del modo que acabamos de espo- ner, tiene una eficacia mucho mas enérgica , puesto que pulverizada repugna á las lombrices intestinales, lo mis- mo que lo hiciera el serrín. A cada deglución, podrá beberse un sorbo de agua de lúpulo. 3.° En lavativas. Media onza de polvos de raíz de helécho hervidos por espacio de veinte minutos, bastan para una lavativa. Polvos de la raíz de rubia. Desconfié durante mucho tiempo de poder dar con la causa de las enfermedades de los huesos, por la acción de medicamentos estemos sobre las superficies óseas; sin em- bargo, convenia hallar una sustancia, que, pasando al tra- vés de la circulación, llegase á los huesos sin haber sufri- do alteración alguna en sus propiedades. Ocurrióseme, pues, la raíz de la granza ó rubia, cuya materia colorante tifie la sustancia de los huesos de un color encarnado, con- forme lo ha demostrado la observación-, y no habiendo ob- servado jamas esta planta, roida por insectos, en ninguno de sus puntos, concluí—que lejos de alimentar á las lar- vas cuya destrucción me proponía, sería para éstas un ve- neno, supuesto que existiesen en algún hueso, dando al enfermo un cocimiento de dicha raíz. La primera vez que probé este remedio, fué en un cer- rajero de Gentilly, cuya curación fué satisfactoria. Tenia en la rodilla una especie de osteosarcoma , que en pocos dias se convirtió en un foco de pus: lo vacié y seguí mi tratamiento particular, teniendo el gusto de verle andar al cabo de un mes. Posteriormente este remedio ha producido los mejores resultados, dado en infusión á niños raquíticos y escrofu- losos y á las personas afectas de caries. Recomiéndola, pues, á los facultativos para afecciones cancerosas , aun- — SO- que con las precauciones que luego indicaré. La rubia se administra á las reses mezclando la hoja de esta planta con el heno, pero cuando la hoja no se tiene á mano, sus- tituyesele la raíz en polvo,que se echa en un cubo de agua. Preparación en polvo y cocimienlo de rubia.—Córta- se la raíz á pedacítos, se ponen á secar en un hornillo, cuidando que no se tuesten ó carbonicen, y hecho estose pulverizan en un molinillo, lo mismo que se hace con el café. En seguida se hace el cocimiento, poniendo en dos cuartillos de agua 20granos de polvos de dicha raíz. Llénansc con este cocimiento tres vasos, y se toma uno por la mañana, otro al medio dia y otro á la noche; tenien- do cuidado de mascar antes de cada toma un pedacito de alcanfor del tamaño de un guisante. Sigúese esta medi- cación por espaeio de cuatro dias, y se deseansa ocho. Precauciones. Teniendo la rubia la propiedad de com- .binarse con la base terrea de la sustancia de los huesos,es casi indubitable que el uso continuado de esta sustancia pudiera hacerlos mas quebradizos. Sin embargo , como nuestro objeto puede llenarse en dos 6 tres dias , tiempo suficiente para destruir la causa animada que, corroyendo la sustancia de los huesos, constituye su enfermedad, por esto aconsejamos la suspensión del remedio durante ocho •lias. Creemos, ne obstante, que son infundados nucs- ros temores, puesto que los fabricantes de Mulhousc nos lian asegurado que sus trabajadores se hallan constante- mente sumerjidos en los vapores de la rubia hasta el pun- to de quedar de ella tenidos sus vestidos, y que, á mas (fe ínen í moní'iC0,ll,n,,° P°r media de ,a aspiración, la co- men a menudo por mero pasatiempo, sin nue de ello le* «vsii te el menor daño en la salud; y á masTesto en el mediodía de Francia donde por esfacio £ rnuínos meses so alimentan con rubia los ganados, jamas Tha ohsTv do en las reses el menor daño en la co^sTitucTou Fn el s • .encía recomendamos á los que, padeciendo enfeV inore, uso de este específico hS^Sar^Ea^ „íc La infusión de la rubia tiene un sabor como ,t« - ,• ? las propiedades excitantes del café. E„ \XoC! ^^ el sistema continental se observaba con mavor r quC recomendaba la raiz de la granza, como cqui>Veüte8airrar a- En con- rmc- ru- — 91 — jor cafe. Pero las personas que usasen semejante sustitu- ción deberían reducir la dosis del polvo de rubia, pudíen- do así tomailo por mas tiempo. La materia colorante de la rubia deja en los que usan rsta planta los orines teñidos de color purpúreo, lo mismo que el ácido úrico, sin enturbiarlos: la materia colorante amarilla da este color a los excrementos, lo mismo que hace el aloes, pero estas coloraciones ni son duraderas, ni de mal presagio. CAPITULO X. Gárgaras. Pueden considerarse las gárgaras como lavativas, con respecto á la cavidad de la boca, puesto que la limpian de mucosídades y del virus que se ha fijado en algún punto de sus paredes. Según mi método. las gárgaras se toman con agua sa- lada y vinagre alcanforado diluido en agua. Las gárgaras de agua salada obran de un modo mara- villoso cuando las glándulas se encuentran infartadas, y también cuando hay hinchazón en las encías, un estado edematoso de la glotis ó la afección, reside en las vías res- piratorias: en tales casos, limpiando las glándulas vuelve la interrumpida salivación, y se hacen mas fácilmente los movimientos de la respiración. El agua salada se prepa- ra echando un puñado de sal en una botella de agua fría, meneándola bien, y en seguida dejándola en reposo para que se forme un precipitado de la impureza. Hecho esto se echa poco á poco y como por decantación en un vaso. La* gárgaras de vinagre alcanforado se usan en los ca- sos de putrefacción escorbútica, de fetidez ó de virus y de ulceraciones de mal carácter-, puede sustituírseles con igual rentaja el alcohol alcanforado disuelto también en agua, y también pueden diluirse el vinagre y el alcohol al- canforado en veinte partes de agua. — 92 — CAPITYLO XI. Alquitrán. ( agua de) El alquitrán es una sustancia resinosa, pegajosa, de color negro, que despide cierto olor particular y se saca del leño de pino y abeto, por medio de la destilación. Tu- rnase interiormente, en bebida y en inyecciones, y tam- bién en baños de asiento y locales. En bebida. Untase el dedo en alquitrán líquido, lla- mado de Noruega, y con él se unta el fondo de un vaso de tamaño regular: en seguida se hace fluir sobre el mismo fondo un chorro de agua de bastante fuerza para que sepa- re de la superficie interna del vaso toda la eantidad de al- quitrán que sea capaz de despegarse. Preparado así el va- so, puede usarse durante muchísimo tiempo sin necesidad de untarlo de nuevo. Para que el agua tome la cantidad de alquitrán suficiente, basta con que permanezca por al- gunos minutos en dicho vaso; y si apareciese demasiado cargada,tómese una cucharada de esta agua y mézclase con otro vaso de agua pura. El agua de alquitrán, tomada en bebida, tiene nroníe- fcanteS dení;ñfor.romalÍM " ""*" * ™ "" aUX¡,Íar "CC- Inyecciones para las vias urinarias. Póngase un eran,, de alquitrán tamaño como un guisante en la canti- dad de agua que se quiera, y luego hágase la inyección con una Jeringona de estaño, estando el liquido tibio Clarí- hcada esta agua, puede mezclarse en las lavativas halos baños locales y de asiento. Tómese un miña do de flores de saúco, un grano de «lquitra,i y un " Fvo £ sal común: póngase á hervir en la suficieñtiL",?,Pa i a agua, y en ella apagúese un pedazo de Ero h^' dG Se toman estos baños dos ó tres veces al H^ fch?. aSCUa' mos obtenido los mejores resultados c. afW e,,0S hP" neas. Al salir del bañóse echan en . 'Kr™"" después de enjutas, polvos de alcanfor ó «- . . afect»s< pomada alcanforada y se abrigan. ' nlan con ,a — 93 — CAPITULO XII. Granado. ( Raíz del) Desde la mas remota antigüedad se ha pregonado la eficacia de la raíz del granado para la curación de la tenia, 6 lombriz solitaria; y aun al presente es el mejor específi- co conocido, al paso que es el menos perjudicial al hom- bre. Sin embargo, siendo la intensidad en las propiedades de las plantas, proporcionada á la temperatura del clima en que nacen, es claro que en Francia la virtud del grana- do es mas débil que en otros países mas cálidos , como Portugal, España, etc., así también en países meridiona- les bastará con una sola toma de su granado, y en Francia y países del norte, será necesario repetir las tomas, y aun será mejor emplear el granado traído del litoral del Me- diterráneo. La propiedad vermífuga del granado parece ser mayor en las raicillas que en la corteza de las raíces mas gruesas; sin embargo, en nuestra práctica la corteza de granado nos ha dado felices resultados. Los adultos tomarán 3 onzas, y los niños 2 onzas y 22 granos de corteza, si es entera; pero si se toma en polvos, mas ó menos finos, se rebajará la dosis á la mitad, ó á on- za y media para las adultos y 1 onza y 11 granos para los infantes, y se hará hervir en media azumbre de agua hasta que se reduzca á un cuartillo. Se administra por la ma- ñana, y se toma de una sola vez, ó bien bebiendo parte ca- da veinte ó veinticinco minutos, y se masca una corteza de limón para quitar el amargor y precaver las nauseas. Al cabo de media hora, se administra el aceite de reciño. Des- de algunos dias antes de emprender esta medicación , se cuidará de que los alimentos que se tomen estén bien car- gados de especies, ajos y sal: se tomará el acíbar; pero con especialidad la víspera, y luego cada mañana se beberá una copita de aguardiente alcanforado. La víspera será la comida muy salada, y por la noche se abstendrá cuanto pueda de beber. Recomendamos que se tome la raíz de granado en pol- — 9í — vn, ya mezclándolo con un poco de confitura, ó tragándolo con un sorbo de agua que le sirva de vehículo. La corteza superior del granado, se vuelve negra en el punto por donde se ha cortado, y adquiere cuando se pul- veriza un color amarillo como de serrín. Para reducirla á polvo, puede servir un molinillo de moler café. Es rarísimo en nuestros climas, triunfar de una vez de rste colosal parásito, y lo mas que puede esperarse es ha- cerle morir á fuego lento, por decirlo así. Si quisiésemos procurar su expulsión de una manera pronta, tendríamos que valemos de sustancias, cuyos efec'os, al cabo, fueran al enfermo tan funestos como la existencia de la misma te- nia: venenos en verdad enérgicos contra la lombriz ; pern también venenos lentos para el hombre. Así es como los charlatanes, administrando medicamentos mercuriales y arsenicales, logran en pocos dias, 'a expulsión de tan terri- ble parásito. Algunos han supuesto que la raíz del granado causa convulsiones; pero esto procede de falta de inteligencia, pues en quien realmente las produce es en la lombriz, la • nal por contra-golpe en medio de los esfuerzos que hace por librarse del veneno, azota las paredes del estómago, v de ahí nacen convulsiones como epiléetícas, que, á veces presentan un carácter alarmante. Cuando esto suceda, dense al enfermo lociones con el agua sedativa: se darán sorbitos de aguardiente alcanforado , ó se le administrará un grano de emético. La raíz de granado ejerce su acción contra la tenia y otros lombrices del canal intestinal por medio de su prin- cipio amargo, y por el ácido agállico, que combinándose con la base ferruginosa, tiende á destruir el epidermis de las lombrices, cuya membrana abunda de cierta especie de hollín. err?--..Ksteácidoa«!á,lico iue pone negra la eiCoi ir'' °S,y 1UC.CÍ"-* u"a acción tan intensa " I8»8 lombrices, precisamente debe ejercer dé maneZ '^'^"-b-anas mucosas délos intestinos; b e de u i-Tana n »¡llnT '" Cn?Ua dc cl ont"m<> ™ cu- >re ue un., capa amarillenta, y al mismo tiempo se esoe- len por las v.as inferiores mucosídades memhl.f P unas amarillas y otras violáceas. Sin ZbtZÍZ™*' .dvcrt-r que á tales fenómenos jamás se i"!tarugot'rosyacVUi- El objeto con que se administran las sustancias anti- — 95 — vertnifugosas no solo es la espulsion de las lombrices, sino tambin su muerte, por lo cual puede uno verse libre de la tenia sin que sea absolutamente necesario su espulsion del canal intestinal. Pero la muerte de rste terrible huésped nunca es instantánea, aun cuan- do el remedio deba envenenarle; sino que su lenta ago- nía dura algunos dias, y con sus desesperados esfuerzos causa graves incomodidades al paciente antes que se vea este enteramente libre. De consiguiente, hasta des- pués de algunos diasque se toma la raíz del granado no se siente el alivio que debe producir. Mieutras quede dentro del cuerpo la cabeza de la tenia no debe aban- donarse el remedio, por cuanto lo espelido, por muy largo que sea, es solamente la cola de la lombriz. CAPITULO XIII. Aceite de ricino. Fórmula para los adultos: Tómese: De aceite de ricino . . Diluyase en el mismo caldo vegetal de yerbas en canti- dad de...... Fórmula para los niños. Tómese: De aceite de ricino. . . í onza. Diluyase en el mismo caldo de yerbas en cantidad de. . 2 onzas. Primeramente se moverá la mezcla con una cuchara, v se tomará en tres parles iguales, mediando de una á otra de las tres tomas el espacio de cinco minutos. En- tonces el enfermo se pone en movimiento algo agitado, va paseándose apresuradamenie, ya meciéndose sentado en una silla, á fin de favorecer la acción del remedio. Des- pués de cada deposición tomará una taza de caldo vegetal, pues no tardan en manifestarse después de haber tomado la última porción del aceite de ricino. 1 onza. 3 lí onzas. — 96 — CAPITULO XIV. Decocciones, infusiones, maceraciones y tisanas. Las decocciones son una especie de tisanas que seha- cen poniende á hervir alguna sustancia en el agua. Para que llegue tan solo al grado de infuso, se retira el agua del fuego así que aparece la ebullición. La maceracion se hace dejando la sustancia en agua fria por mas ó menos tiempo. El café es una decocción; el té un infuso, y el agua de achicorias silvestres una simple maceracion. Cnando una sustancia se lia disuelto en el alcohol 6 el éter, entonces toma el nombre de tintura, ya se haga la disolución en caliente, ya en frió. El alcohol alcanforado es una tintura alcohólica. Decocción de semen-contra. Conpónensc el semen- contra de las sumidades de una especie de aromácca de Asia. Se toma medía onza de semen-contra, y se pone á her- v r en un cuartillo de agua retirándose del fuego cada vez que cae un granito al fondo; se echa en un raso por decan- tación, y se toma en ayunas sin azúcar, mascando ense- guida una corteza de limón. Esta sustancia es menos repugnante tomada en polvo A mezclada á un poco de confitura: tómase diariamente a la dosis de 18 á 36 granos. Es un excelente remedio para las lombrices y las ascárides vermiculares. En su lu- gar pueden administrarse las sumidades del ajenjo. Las mismas propiedades se hallan, aunque en muy ligero giado, en las flores de mansanilla. Decocción del liquen islándico. Antes se empleaba esta sustancia solamente por su mucílago; pero hoy tam- ben la usamos por sn propiedad amarga. Tómase la can- dad que pueden cojer los dedos, y se pone á hervir enme- u a azumbre de agua por espacio de diez minutos. Bébese Lúpulo, decocción de las sumidades 6 flores hembras Tómese media azumbre de agua y échese un poco de no! vo amarillo, que cae de dichas flores, ó una sumidad de -97- flores hembras, y póngase á hervir por espacio de diez minutos. Aun mejor, deposítense algunas de dichas flo- res en la botella que contiene el agua de que diariamente se hace uso. Decoccio y maceracion de la achicoria silvestre. Este decocto puede sustituirse al del lúpulo. Pónese á hervir la octava parte de una onza de hojas en media azumbre de agua; ó bien solamente se dejan sumergidas en el agua, sin ponerla á hervir, y se bebe de dicha agua durante el dia. Musgo de Córcega. Se toma un pellizco y se hace her- vir en un cuartillo de agua, filtrando en seguida el líqui- do al través de un lienzo ó de un cedazo fino. Este decoc- to goza de propiedades antihelmínticas muy caracteriza- das en razón de su principio salino é yodurado, así es que en tal concepto hace las veces del yoduro de potasio, que es bastante caro. Usase cu los mismos casos y á la misma dosis que el decocto de achicorias silvestres. Infusión de borraja. La borraja tiene un principio aromático y nitrato de plata, y por esto es muy útil para favorecerlas digestiones lentas, la espulsion de la orina, y muy buen auxiliar del alcanfor. Póngase al fuego una azumbre de agua y así que asome el hervor apártese del fuego y póngase en ella en infusión ■ ojas ó sumidades de esta planta, en número de siete ú ocho, seca ó fresca, aunque mejor en este último estado. Tómase con azúcar lo mismo que el té, después de la comida, cuando el es- tómago se siente sobre cargado: en cuyo caso se echa en el líquido una ó dos gotas de agua de toronjil, mezclan- do entre las hojas de borraja una de naranjo. Es una planta que convendría que se tomase en lugar de té en las familias, para evitar los perjudiciales efectos de las fal- sificaciones con que se adultera esta planta tana menudo. CAPITULO XV. Inyecciones. Son las inyecciones una especie de lavativas de los ór- ganos déla generación, de las narices, oidos, fístulas y heridas punzantes fi efundas. Les jeringas de estaño se — 98 — usan en las afecciones de los órganos genitales, y asi s<- evitan los accidentes que produciría una jeringa de vidrio o cristal si se rompiese en el acto de la inyección. En cuanto al líquido que constituye la inyección v que sirve para limpiar dichas cavidades naturales ó acci- dentales, solamente uso de dos clases: 1 . el aceite al- canforado, que preserva las superficies del contacto del aire, así como también de toda generación pútrida, pri- vándolas del pus que en ellas hoya podido formarse; 2. Decocción de agua de alquitrán, la que limpia las parles no solo del pus, sino del ociele que acaso haya quedado; y evita con su principio aromático toda descomposición pútrida de los tejidos. CAPITULO XVI. Ioduro de potasio. Ignoro si en algún tiempo renunciaré á esta sustancin sobrado cara, y cujas veces puede muy bien hacer el musgo de Córcega. Como no pueden soportarla igualmente todas las constituciones, se dará á la siguiente dosis: Tómese: De agua....., media libra. De ioduro de potasio . . 5 granos. Auméntase gradualmente la dosis cada dia hasta lle- gar ala cantidad de una vigésima parte de onza. Des- pués de llegado á esta dosis no se aumentará ni dismi- nuirá, como el estómago la soporte. Se administra esta cantidad en tres tomas al dia; mascando antes de cada una un grano de alcanfor. Debe tenerse la precaución de evitar toda sustancia acida hasta que haya pasado gran rato de haher tomado esta disolución. En atención á que el ioduro de potasio es una sus- tancia que atrae la humedad, debe tenerse e„ papelitos ydentrodeun frasco bien tapado y seco; pues a menor humedad descompone esta sal, q„e vuelve de color vio- láceo el papel de almidón. Tisana ioduro rubiacea. Los dias en míe se d.-he Uimar el cocimiento de rubia, se echará en el líquido un — 99 — papelito de ioduro de potasio en el acto de apartarlo del fuego. En este caso se llama este remedio: Tizana io* duro-rubiácea. Tisana de Zarzaparrilla iodurada. Tómese: De agua. .*..., 2 cuartillos. De zarzaparrilla ... 1 puñado. Póngase al fuego en ebullición por espacio de veinte minutos, y en seguida échese el induro de potasio en el cocimiento, si puede soportarlo el temperamento del enfermo. El objeto de las lavativas se reduce á k espulsion de ma- terias que dañan ó embarazan el conducto intestinal; ya sean estas escrementos endurecidos, ya lombrices, ya en lin s nstancias de propiedades venenosas que corroen las membranas ó tejidos de los intestinos. Lavativa alcanforada. Tómese: De linaza.....1 onza. De rosas castellanas. . media onza escasa. Póngase al fuego por espacio'de un cuarto de hora en dos cuartillos de agua; lnego se retira y se echa en el lí- quido media onza de aceite alcanforado, y se filtra en un lienzo. Para dar estas lavativas empleanse jeringas de dos corrientes y no de las antiguas para que no produzcan lesión en las partes. Lavativas purgantes. Mientras hierve el líquido, preparado del modo que acabamos de esponer, se echan en él 3 granos de acíbar. Lavativas purgantes mas activas. Si se quiere hacer mas enérgica la acción purgante de la lavativa, añádase á la primera una onza de aceite de reciño. Lavativas vermífugas. Tómese- De agua.......2 cuartillos. De acíbar. . • . . . 3 granos. De tabaco blanco. . . . 3 id. De asafétida.....3 id. De aceite alcanforado.. . media onza. 7 — 100 — Póngase al fuego por espacio de nna hora. Adviértase que la acción purgante del acíbar se dirige á los intestinos gruesos; el aceite alcanforado suaviza los tejidos intestinales, evitando ó cicatrizando las esco- riaciones que puede haber. El tabaco y la asafétida pasan á mezclarse con la sangre, la que dejan impregnada de su olor mortífero para las lombríces, las que van á bus- car hasta en las mayores profundidades de los órganos, sirviéndoles de vehículo la misma sangre. Cuando el en- fermo soporta sin inconveniente la dosis indicada de taba- co, entonces puede duplicarse. Sucede á menudo que las lavativas de tabaco, mayor- mente si el enfermo es una muger, que ocasionan una especie de narcotismo ó embriaguez; pero no acompaña ningún peligro á semejante estado, pues tanto los efectos del medicamento como los de la enfermedad se remedian ron solo permanecer en cama diez ó doce minutos, y oliendo de cuando en cuando vinagre. Lavativas vermífugas para las reses. Tómese: De agua blanca. . . 1 cubo, ó 40 cuartillos. De aceile de trementina. 3 onzas. De acíbar.....media onza. El agua blanca se prepara poniendo á hervir durante diez minutos en un cubo de agua un cuartillo de salvado. CAPITULO XVII. Mostaza del comercio. Tiempo hace que previ los buenos efectos de la mos- taza del comercio para combatir ciertas afecciones cutá- neas, fundando mi teoría en el fosfato amoniacal de que abunda esta planta, de la cnal se estrae disolviéndose perfectamente en el vinagre; y esta teoría la he visto com- pletamente confirmada por numerosos casos prácticos v recientes. Cuando aparece en el cutis algún grano que se resiste á la acción medieatriz del alcohol alcanforado se le aplicará la mostaza del comercio durante unos uic — 101 — minutos, luego se quita con agua cuando está ya seca, se enjuga y vuélvese á cubrir el grano por otros diez mi- nutos con una compresa empapada en alcohol alcanforado; y luego con un pedazo de esparadrapo adhesivo. Emplea- mos también este mismo remedio en las estensas man- chas ocasionadas por algunas afeccionas cutáneas. Elíjase la mostaza de la mejor calidad, sin nada de adulteración; que no suele ser rara en esta como en otras muchas sustancias medicinales, Para evitar, todo fraude puede uno mismo pulverizar las semillas de mostaza blanca del comercio diluyéndola en vinagre la noche anterior á sn aplicación hasta darle la consistencia de una cataplasma. ■ ■ ——— ■ ■ ———— CAPITULO XV11I. Curación de llagas, heridas, úlceras que resulten de operaciones: hilas, vendoletes, compresas, lienzo agujereado, esparadrapo, vegiga de cerdo, etc Toda cura tiene por objeto cubrir la parte en que ha tenido lugar alguno solución de continuidad natural ó artificial con un aposito que preserve dicha parte del con- tacto del aire, impida su descomposición purulenta y gangrenosa, y procure la adhesión de las partes separadas y la cicatrización de las descubiertas. Este problema lo ha resuelto la curación por medio del alcanfor, pudiendo asegurarse que nunca mas se verán contrariados*los facul- tativos en sus operaciones por esos terribles contagios que hacen tantos estragos en los que se operan en los hospi- tales en ciertas estaciones. Pero los aparatos de esta clase no deben usarse mas que de lienzo ya viejo de huV y bien legiado; debiendo desecharse el algodón pues no se empapa como el hilo. Compresas. Estas se componen de un pedazo de lienzo en dos ó cuatro dobleces-, se empapan en el líquido de que dejamos hecha mención para el tratamiento de estas afec- ciones y luego se aplican á la parte. Para la aplicaciou del agua sedativa son preferibles las compresas de algodón. Vendoletes. Son estas unas compresas secas, dobla- das, v en el sentido de sulongitud, ya según su anchura. — 102 — que sirven para contener las hilas, formando así una es- pecie de almohadilla que defienda las partes del roce, y de las variaciones de temperatura. Cuando se doblan según su anchura, y tiene de largo una pulgada y media ó dos, se llaman vendoletes largos. Todo el mundo conoce lo que son vendas, y sabe .que su longitud debe corresponder á la estension de la parle que debe rendarse y dé las vueltas que han de darse á ja venda. Lienzo agujereado. Tómase un pedazo de lienzo cua- drado, y se corta con unas tijeras haciendo en él aguje- ros de unas dos lineas á distancias iguales. Empapase el lienzo en aceite alcanforado y se aplica á la parte, salien- do el pus por los agujeros que se han practicado. Hilas. Se hacen de lienzo ya usado y bien legiado, de tejido flojo y de mediano grosor, el cual se corta en li- ras de dos y media pulgadas de largo y una y media de ancho. Luego de hechas las hilas una por una y cogién- dolas por un estremo, cuando se tiene la cantidad que se necesita, para usarse se hace lo que llaman clavos de hi- las. Para esto se cogen algunas entre los dedos pulgar (• índice de la mano izqeierda; y con estos mismos dedos de la derecha se cogen los estremos, poniendo las hilas bien tirantes á fin de que se pongan paralelas. Se van formando clavos de las dimensiones proporcionadas á las de la úlcera sobreponiendo capas de hilas, con toda igual- dad, después de peinarlas. Luego se estienden en la pal- ma de la mano izquierda, y se cubren de pomada alcanfo- rada que forme une capa de bastante espesor, lo que se hace con una espátula ó el estremo del mango de una cuchara, y se aplican por la superficie que contiene la po- mada. Sí la úlcera presenta una gran circunferencia, se cubre la planchuela de hilas que se ha cubierto de poma- da con otras hilas, v después el lienzo agujereado, cuyos agujeros scpirlvorearán con polvos de alcanfor. Encima délas capas de hilas se esiienden los vendoletes largos, y encima uno ó dos anchos, sujetando todo el aposito con un vendaje conveniente, empapando la venda en alcohol alcanforado. Con este tratamiento se evita que la úlcera degenere en un carácter maligno.se logra muy poca su- puración, y á menudo antes de las veinte y cuatro horas se presenta ya la película que debe cicatrizarla. Parches* aglutinantes, esparadrapo ó diaquilon — 103 — Como algunas veces no basta el simple vendaje para man- tener unidas las partes de una herida, se hace preciso el uso de parches aglutinantes, 6 tiras de lienzo de algodón cubiertas de una sustancia glutinosa que se pega á la piel. Para esto se usan vendas de dos y media á tres pulgadas de ancho; se cstiende por un lado con un pincel la com- posición después de calentarla, y por el otro, cuando esta fría se pasa un cilindro mojado, para que la superficie quede bien lisa. Composición para los esparadrapos óparclies muy aglutinantes. Tómese: De aceite de oliva.....7 onzas. De manteca de cerdo. . . . 7 id. De agua........4 id. De polvos de alcanfor. . . . 1 id. Póngase al fuego y luego de derretida la manteca, échese: De litargirio en polvo (óxido de plomo) 7 onzas. Cuando el compuesto esté claro, se añadirá •. De cera amarilla .... 1 onza. De trementina.....1 id. Apártese del fuego cuando la gota se condensa al caer sobre la tela. Composición para telas simplemente adhesivas: Tómese: De cera amarilla.....1 onza. De manteca de cerdo . . . 3 ¡d. Póngase en el baño de María, y cuando esté derretido, échese una onza de alcanfor en polvo. Estiéndase bien y con igualdad en un lienzo, y en se- guida pásese un cilindro mojado. Para las telas de primera clase, deben proporcionarse vendas de cinco líneas de anchura, para que los bordes ó labios de la solución de continuidad puedan quedar uni- dos; en cuanto á su longitud, será conforme al numera — 101 — de vueltas necesarias para contener el aposito. Para la segunda clase hay rendas destinadas á una cu- ración simple, cuyo objeto se limita á impedir el con- tacto del aire y eritar que la pomada filtre al través del lienzo. Vegigas de cerdo. Uso de estas vegigas para tener sujeto en el cráneo el aposito alcanforado; y también á manera de unos guantes para sujetar en las estremidades sin interrumpir una especie de baño de aceite ó de po- mada. En este último caso, se practica en la vegigauna abertura por la que puede introducirse el pié ó la mano del enfermo, depositando cierta cantidad de aceite 6 de pomada alcanforada, se mojan los bordes de dicha aber- tura, y se cierran en el tobillo ó en la muñeca, mante- niéndola sujeta con una venda, la cual se afloja al hacer la curación. Mojadas estas vegigas en toda su estension, se aplican á la snperficie del pié, y al secarse adquieren la forma de un zapato. Vegigas de tafetán gomado. El uso de estas es man- tener las partes de la generación en una especie de baño de polvosde alcanfor durante el dia, y de pomada alcan- forada [durante la noche. También pudiera emplearse para las manos, aunque en tal caso es mucho mejor cor- tar unos verdaderos guantes de manera que dejen espe- dilo el uso de los dedos. Vegigas, sobretodos, y guantes de goma elástica, a de muselina bien almidonada. Estos medios tienen una aplicación muy ventajosa para evitar la evaporación del alcohol, mantrniendo el líquido en torno de una superfi- ele¡3E0gradeo.alCOhülreSCCarÍa ,a^'g« y ^Pegaría pnr;""ca esl¿ pl botiquín desprovisto de hebras de seda enceradas, ni de esparadrapo adhesivo, de agujas corvas b.stuns para abrir las colecciones de pus, unas tHeras romas para cortar la piel muerta, y unas pinzas con bo- tón para practicar la ligadura de las arterias = i05 = CAPITULO XIX. Pastillas aromáticas. Para corregir el mal olor del aliento no hay mejor me- dio que tomar gárgaras de agua salada; luego limpiarse ?a dentadura con ceniza de leña en un vaso de agua, ó con agua común con dos ó tres gotas de la sedativa. Así se blanquean también los dientes; pero como el mae olor puede reproducirse, recomendamos, como excelente re- medio, las pastillas cuya composición es como sigue: Tómese: De sal marina blanca. . . media onza. De crémor tártaro. ... id. id. De aceite esencial de menta, id. id. De azúcar blanco. . . . media libra. De goma tragacanta, pulver. id. id. En un mortero bien caliente y seco tritúrase el azúcar, las sales y la goma, secándolo antes en el fuego: con la cantidad de agua que se considere bastante y con la esen- cia arriba dicha se forma una pasta. Hecha esta, por me- dio de un cilindro se extiende de manera que presente una capa de dos líucas de espesor, y con un sacabocados se cortan las pastillas redondas, y se ponen á secar en un vaso que obra al modo de una estufa. Luego con un pin- celito se da á su superficie un baño-de goma tragacanta, y se pasan apresuradamente por el fuego. Si no se hi- ciese asi, estas pastillas atraerían la humedad del aire, y quedarían mutuamente conglutinadas. Es mas fácil dar- les una forma esférica á manera de pildoras, cubrién- dolas con una mezcla de harina y azúcar, ó de hojillas de plata pasándolas por encima de estas después de hu- medecidas algún tanto con la esencia. Estas pastillas se cmservarán en una cajita bien cerrada para quenopier- pan su aroma. Presentan á mas mucha utilidad en los casos de tener infartadas las amígdalas y demás glándulas de la boca, para el edema de la glotis, para cuando hay obstáculos ea los conductos respiratorios, y en fin, para las ulcera- 106 cíones de la boca y partes inmediatas, aftas, etc. rige el mal aliento de los fumadores. y cor- CAPITULO XX. Jarabe anti-escorbútico. órnese: De De De De De De hojas de codearía. . . media libra-berros....... íd. id. rábano picante. ... id. id. narenjas agrias. . . . ¡d. id. canela.......líí granos. Déjese en infusión por cinco ó seis días en una azum- bre de riño blanco; luego esprímase en un lienzo, y añá- dase una libra de azúcar, Se usa cada mañana á la dosis de una cucharada á los niños de mala constitución, á las mujeres cloróticas, y á las personas que tienen cierta disposición á criar pio- jos. Este jarabe deberá guardarse en algún sótano, 6 sitio fresco. Fn la estación en que no hay berros, codearía, tré- bol, etc., el jarabe anti-escorbútico se prepara de la ma- nera siguiente: Tómese: De cogollos de abeto. ... i onza. De cascaras secas de naranja ó de limón.......I ¡j De polros amarillos de lúpulo. 1 id De bidroilorátodeamoniaeo. . 72 granos D* canela....... iub¡. **" De riño blanco..... 2 cuartillos De azúcar purificado con igual CUartll-os- cantidad de agua. * y.v,-~ Consérvase y administrase lo mismo que el anterior. — 107 — CAPITULO XXI. Jarabe de achicoria. Fórmula simplificada: Tómese: De raíz de ruibarbo. . . . media onza. De hojas y raices secas de achicoria silvestre. . . media onza. De liquen de Islandia. . . id. Preparación. Póngase al fuego la achicoria y el li- quen islándico en una libra de agua; y hágase hervir hasta que quede el líquido reducido á la mitad: al retirarlo del fuego, se añadirá la raíz de ruibarbo cortada á pedací- tos, y se dejará en infusión hasta el día siguiente. Des- pués se cuela y se añade el azúcar disuelto en agua ca- liente-, mezclado bien el azúcar, queda el jarabe en dis- posición de tomarse. Es muy bueno para los niños de poca edad y que se nieguen á tomar el acíbar, á la dosis de una cucharadita délas de café por la mañana y otra al anochecer cada cua- tro dias. Este jarahé es purgante y vermífugo. CAPITULO XXII. Jarabe de goma alcanforada. Algunos niños eucuentran mucha rcpugnanciaal tomar el alcanfor en estado sólido; y otras personas cuyo estó- mago ha sido á tal punto despojado de su mucosa, ya por efecto de tratamientos enérgicos, ya de sustancia* corrosivas, que el simple contacto de un polvo cualquie- ra les excita el vomito: en esas circunstancias se echa mano del jarabe de goma alcanforado. Prepárase como sigue: — 108 — Tómese: De agua.......media libra. De goma arábiga. ... id. id. De azúcar.......id- De alcohol alcanforado de 28 granos B. . , . . . * de onza. Póngase el azúcar en una libra de agua al fuego; y cuando esté bien disuclto, échese el alcohol alcanforado. Agítese bien basta que las dos sustancias estén bien mezcladas. Hágase disolver la goma en agua fría, y aun mejor en el baño de María, removiéndolo con frecuencia, y em- pleando doble cantidad de agua. Cuélese, y déjese en re- poso para que se precipiten al fondo las impurezas; en seguida se vuelve al fuego ó al baño de María hasta qne por la ebullición se reduzca el líquido á la tercera parte. Por último mézclese el azúcar alcanforado y la goma, removiéndolo á menudo, y cada vez que quiera usarse. Raras veces se re diáfano este jarabe, pero no debe hacerse caso de esto cuando solo afecte á la vista: contie- ne unos dos granos de alcanfor por cada cucharada de jarabe. CAPITULO XXIII. Jarabe de ipecacuana. Táme+c: De estrado alcohólico deipecacuana, media onza. De azúcar muy blanca. • . . 1 libra. De agua.........1 id. Para obtener el |estrato alcohólico de ipacacuana, se e.han cuatro onzas de la raiz de esta planta en una libra de alcohol de 15'» grados; se pone en infusión al sol por espacio de quince dias; y después se filtra y se destila. Este estrado se hace disolver en cualro onzas de agua pura y se filtra; también se disuelve el azúcar en el agua, y haciéndolo hervir, se le mezcla la infusión de ipeca- cuana, no quitándolo del fuego hasta que ha adquirido la cons;stcncia de almíbar. — 109 — m Para escitar el vomito en los niños se les administra una cucharada; yo solo he usado este jarabe en caso de angina muy adelantada. Siendo la preparación de estos jarabes muy engorrosa, como se acaba de ver, es preferible proporcionárselo en casa de algún farmacéutico acreditado; hay muchos que en lugar de jarabe de goma la dan de cogucho ó de azú- car: pero adviértase que este'es trasparente, al paso que el verdadero jarabe de goma siempre se presenta un poco turbio. CAPITULO XXIV. Vinagre alcanforado. Tómese: De alcanfor pulverizado. . . 1 onza. De vinagre purificado. ... 2 cuartillos. Tómese un frasco de vinagre, échense los polvos de alcanfor; 'tápese y agítese bien el contenido hasta que el alcanfor se disuelva, ya naturalmente, ya aumentan- do la temperatura. Este vinagre puede aplicarse á los usos siguientes: 1.° para purificar el aire de los aposentos, echando algunas gotas en los ladrillos ó en un hierro hecho as- cuas; 2.° para aspirar por las narices en casos de des- mayos ó lipotimia; 3. ° en gárgaras en el tratamiento de afecciones escorbúticas, mezclando en un vaso de agua cinco ó seis gotas del vinagre alcanforado; 4.° en lociones poniéndolo en gran cantidad de agua, y c-s muy útil cuando amenaza infección purulenta, ó altera- ciones en la sangre, como en casos de carbunclo, peste, enfermedades contagiosas; y en fin para precaverse de los funestos efectos producidos por las exhalaciones de los cadáveres. Por regla general, siempre que la sangre esté sobrecargada por la absorción de algún ácido, éche- se mano délas lociones de agua sedativa; siempre que por la absorción de una sustancia cuya base es el amo- niaco, sea la sangre sobrado líquida, acódese á las lo- — no- ciones de vinagre alcanforado diluido en agua: en el pri- mer caso se siente calentura; en el segundo debilidad de pulso. CAPITULO XXV. De las supresiones que deben hacerse en la terapéutica. Acabamos ya de enumerar todas las sustancias medi- camentosas y composiciones farmacéuticas que bastan para nuestro método curativo, y que constantemente pro- ducen los efectos mas admirables; falta solo que espon- gamos los motivos que nos han inducido á prescindir enteramente de los antiguos medios curativos. 1.° En primer lugar queda para nosotros suprimida de la práctica la sangría; sea general, ó local, con san- guijuelas, ventosas sajadas ó lanceta; pues jamas se ino- cula sin peligro una enfermedad sobre otra, ni se hiere á un ser que ya está bastante herido por la causa de su enfermedad. De ello, si resulta alivio, es solo aparente, al paso que la debilidad es real, se desahogan y racian los rasos sanos, pero nunca los que están lesiados. Absurdo fuera creer qne con la sangría se depure la sangre; traslada su vicio á otra parte; pues cuando este liquido se halla riciado lo está de una misma mane- ra la porción que se saca por medio de la sangría, como la que permanece en el cuerpo. ¿Con qué objeto recurrir á este medio sanguinario? m es para mitigar la fiebre, ¿acaso no se consigue con «l agua sedativa, aplicada en lociones ó compresas, v un ™* ?csa.paíercr e" .incü mi,,utos c" Ben«a- Y ™ medío ne dh h°ra en,,os, "sos cstraordinarios? l'or ñor minuto'íahgUaKel PU 80 (-ue da 18<> Pulsaciones de manera «.uof,CC bT a,' núm™ de «O pulsaciones; fi-TrVKe»^^ -■ calen- res resultados se pueden apeteced VvLüLTi^'1"' mo enfermo, v él os dirá que se kiento l, SC al mT viado. Abandónese, pues^ese remedio S"mii™nie ol- tamos daños ha cau'sado á U huTanklad de?/ ,,¡nlo,tlue pos de Hipócrates hasta el dia umamdad dcsde los t.em- — 111 — En cuanto á la aplicación de sanguijuelas y á las ventosas sajadas, peores que las sangrías; aquellas irri- tan mas y mas las úlceras, y estas producen la desor- ganización de los tejidos. Suprimidos los vegigatorios y las fuentes, porque son contrarios al objeto que debe llevarse, cual es el de cerrar, las llagas desde el instante en que se notan. Nunca la naturaleza para curar una enfermedad produ- ce otra; esta es una peregrina idea de la medicina es- colástica. Cuando haya acumulación de pus, dásele sa- lida, pero no se crea que por las emisiones que se prac- tican han de salir todas las enfermedades. Otro riesgo llevan consigo los vegigatorios; pues pueden causar un envenenamiento cuando después de haber reventado la empolla, se ponen los restos de cantárida en contacto con el dermis; resultando de ahí una gran dificultad de orinar, el edema y la erisipela, sin hacer mención todavía de la calentura que causan estos grandes vegigatorios tan anchos como el pecho ó como la espalda. En tales circunstancias es comparable el enfermo al reo á quien el verdugo pone en el tor- mento. En los hospitales he presenciado aplicaciones de vegigatorios que me han horrorizado; y creo que la vista de estos bárbaros tratamientos me alejó del deseo de graduarme de médico. Por una parte conocía que me faltaba valor para hacer lo mismo que los demás, pues aun no habia descubierto medios menos repug- nantes. Era entonces demasiado temprano; al paso que fuera hoy demasiado tarde. Mis descubrimientos ofre- cen una sencillez tal, que comprendiéndolos todo el mundo, ninguna necesidad tendrá de mi; á mas deque mal pudiera llamarme doctor, cuando con ellos todos van á ser tan doctos como yo, y con mucho menos trabajo. Suprimo los sinapismos, porque curóla calentura, y por consiguiente son superfluos; suprimo la moxa, por- que temo los indelebles vestigios de la quemadura; en una palabra, mi objeto es curar los males, no acumu- lar otros nuevos sobre los que existen. Suprimo la polifarmacia, puesto que pocos medica- mentos son suficientes. Si los médicos han acudido á nna innumerable multitud de medicamentos, es por ha- ber agotado todos los recursos; en cuyo caso es menes- — 112 — tcr hacer ensayos sobre ensayos á costa del resto de sa- lud, del dinero y de la paciencia del enfermo. Es un espediente que tranquiliza al médico sobre cuanto pue- da ocurrir: y para el enfermo, un germen de ilusiones que rienen al fin á parar en aflictiros desengaños. Suprimo el emético, como que puede producir la rongestion cerebral, escoriaciones en el estómago y esó- fagos y desgarros en el pulmón; para desemborazar el es- tómago son los purgantes mas á propósito, y no ofre- cen tantos peligros. Soy enemigo de la dieta, porque el hombre tanto sano como enfermo necesita de alimento proporcionado á su apetito y á sus fuerzas; y porque la falta de alimento empeora todos los males. Según mi método, come el enfermo cuando tiene apetito, y si el trabajo de la di- gestión ocasiona tal rez algo de calentura, triunfa de ella en pocos momentos el agua sedatira. Siguiendo este método tan racional como contrario á la doctrina escolástica, ni una sola rez he, tenido mal re- sultado; y puedo decir, que á lo menos en adelante, no morirá ningún enfermo por falta de sangre ó de alimento. Juntamente con las sales renenosas, suprimo el sul- fato de quinina y la quina: estas sustancias constituyen un grarísimo error en los médicos; pues si curan la calentura, es siempre á costa de inflamación en el canal intestinal. Vistos los admirables efectos del agua seda- tiva, aplicada al esterior, y de un poco de alcanfor lomado interiormente, ninguna necesidad hay de recurrir á un remedio tan rago y equívoco como la quina y -us sales. Finalmente, detesto todo medio violento; pues el ob- jeto de la medicina es la curación pronta y suave, no torturar al enfermo de manera queel tratamiento parezca un castigo ó una venganza. Con mis remedios sencillos é inofensivos, se obtiene un alivio inmediato y luego si- gue la curación; á menos que la enfermedad sea tan an- rgua que se haya vuelto incurable. Sin embargo, aun en este ultimo estado produce mi medicación un notable alivio, lo que no deja de ser un gran consuelo Suprimo la aplicación del hielo, y con mas* especia- lidad en el cráneo, pues si llega á desvanecer la inflan» i ion, es siempre con alteración de los líquidos v XT composición de los tejidos; y porque si aparentemente — 113 — taina !a calentura cerebral, por otra parte es con gran menoscabo en las facultades intelectuales; esto cuando no sobrerenga la muerte del paciente. ¿Qué puede de- cirse de un sistema que en medio de abandonar el en- fermo á una rígida dieta, le obliga á tomar bebidas he- ladas? Si tal hiciera un charlatán, pronto se vería en- tregado á la acción de los tribunales. Por último, eon el uso del agua sedativa se obtienen en pocoe minutos y de una manera mas suave y menos peligrosa, cuan- tos efectos se esperan del empleo impremeditado del hielo tantas veces mortífero. Es menester oponernos con todas nuestras fuerzas al uso de inhalaciones etéreas y clorofórmicas, porque si evitan el dolor, es con una innecesaria esposicion de la vida. CAPITULO XXVI. Planchas, sondas y pesarios galvánicos. Planchas galvánicas. Aplicase en el punto afecto una laminilla de cobre rojo, y encima de ella,otra de zinc, ambas bien delgadas, mojando con agua salada la laminilla de zinc en la superficie que debe ponerse en contacto con la primera. Inmediatamente se ponen en contacto los dos metales, y empieza muy pronto á po- nerse en acción este sencillísimo aparato. Pasando dichas laminas por el laminador pueden obtenerse del grueso de papel regular de escribir, y asi se adaptan y toman la configuración de la parte que están destinadas á cu- brir. La laminita de zinc será algo mayor que la de cobre; y se remacharán los bordes á fin de que no dañen á la piel. Sondas galvánicas. Tómase una lámina delgada de robre, y con ella se hace una sonda de ñoco calibre, cerrada por un estremo, con algunos agujeritos cerca del mismo á la distancia de pocas líneas. En dicha son- da de cobre introdúcese un hilo de zinc mojado en agua salada, el cual se pone en contacto con el estremo de la sonda. Antes de introducirla en el conducto de — Hi- la uretra, se unta esta sonda con aceite por su snpcr- ficic cstcrior para evitar los daños del roce en unas par- tes tan sensibles. Pesarios galvánicos. Con el cobre y el zinc se fa- bricarán como dos cañutos cerrados y redondeados, y en el de cobre se hará un agujerito oval á corta dis- tancia de su cstremo. Mójase el cañuto de zinc cu agua salada, y se introduce en el primero, evitando el demasiado roce. Teoría sobre el modo de obrar de estos instrumen- tos. Usanse para extraer de los órganos, á través de los tegumentos ó de las membranas mucosas, el mercurio, arsénico y otros metales que acaso se hallen en su tejido. Increíble parece el número de afecciones de esta clase que he curado con la continuada aplicación de estosapa- ratos galvánicos en la parle afecta; sin embargo, raras reces he rísto cubrirse de una capa de mercurio la lá- mina de cobre que puse en contacto con la piel. Aplicación de las planchas galvánicas. Aplíeansc tres veces al dia, y cada una por espacio de una hora, en el punto en que se halla el dolor ó lesión que se cree efecto de la existencia del mercurio ó de otra sustancia tóxica. En seguida se dan lociones en la parte con el agua sedativa, y se cubre con una planchuela de ccrato alcanforado, dejándose asi todo el tiempo que medía entre una y otra aplicación de las láminas galvánicas. En cada curación se limpia con vinagre y se calienta al luego la superficie del metal que debe contactar con la piel. La lamina de zinc con facilidad se arruga y aguje- rea; pero esmuyfácil su recomposición. En el baño sedativo se aplican varios pares de dichas laminas en diferentes partes del cuerpo; en las llagas y punios doloridos por reumatismo, gota, etc., y donde haya llagas, granos, ó tumores. Modo como se emplean las sondas galvánicas. Pri- meramente se untan bien de aceite, y lÜego se^introdu- cen en el canal déla uretra para curar las úlceras del mismo, la blenorragia y otros flujos, y la estranguria ó diticil sahda de la orina. Déjansc pues'estas sondas por el tiempo de cinco á diez minutos, observando con atfn- cion si se presentan obstáculos que dificulten su intr duccion, y si contraen adherencia con la membrana mu- — 115 — cosa de la uretra. Si á pesar de todo el cuidado, esto se verificase, se sacará el hilo de zinc y se inyectará aceite de oliras en la sonda de cobre; y así sucede que, infiltrándose el aceite por el agujero oral inmediato al extremoJel instrumento,lo desprende délas adherencias ú obstáculos quG impide su introducción. Procúrase evitar que el estremo de la sonda llegue á ganar la glándula próstata en el hombre; porque introduciéndose entonces en la vegiga urinaria, podría dar lugar á que se precipitasen las sales de las orinas. Atendiendo á las anteriores advertencias no hay que recelar ningún inconveniente. Igualmente tienen estas sondas aplicación en las en- fermedades residentes en el ano y que provienen de una medicación mercurial. Pesarios galvánicos. De la misma manera que las sondas y con iguales precauciones, se aplican los pasa- ríos galvánicos, cuando existen afecciones de origen sospechoso en la matriz ó en la vagina, en las flores blancas y flujos de mala índole, así como en los dolo- res de los intestinos. Estos pesarios gozan de la pro- piedad de atraer los residuos metálicos, arsenicales ó mercuriales que ha podido dejar en los órganos un tra- tamiento fundado en estas sustancias. CAPITULO XXVII. Tmo blanco granatizado y tratamiento accesorio contra la tenia. Echanse en una botella de vino blanco un puñado de raicillas ó pedacito de cortezas de raíz de granado. y seconserra por espacio de doce horas antes de usarlo. • En un rasito de este riño se bate otro de aceite de oli- ras, y se toma cada mañana cuando la tenia sube á la garganta. Puede también tomarse solo el vino granatizado. Fórmase en dicho vino un agallato de hierro que le comunica un color negro, y cuando este es mas fuerte, tanto mi yor es su eficacia. Cuando los medios que hemos decrito anteriormente, 8 — 116 — y también este remedio, son insuficientes para destruir ía tenia, se tomara tres veces al dia, flores de azufre en cantidad del tamaño de un guisante, envueltas en un pedacito de papel sin cola, y se tragaran con un poco de agua salada; al acostarse se tomará una pil- dora opiada á fin de poder dormir unas cuatro ó cinco horas; y después de este descanso se tomará aceite de ricino. Quedándola lombriz dormida mucho mas tiem- po que el enfermo por efecto del opio, puede que sea espelida antes que se cojo de las membranas intesti- nales. Las llores de azufre son el mejor remedio con- tra las ascárides y lombrices; será muy útil meter un peda/o de azufre en los cantaros ó jarras en que se lepoMta el aguo. CAPITULO XXV III. Baños de sangre. tu los casos de desviación en la columna vertebral t de reblandecimiento de los huesos, me han produ- cido excelentes efectos los baños de sangre de buev ó de carnero. Estos baños se tomaran en verano diariamente se pone al enfermo de modo que reciba directamente cir la parte aleda el chorro de sangre que sale de la vena «leí animal; luego se envuelve en una sábana al enfer- mo y se pone al sol. Cuando la sangre se seca encima del cutis se impía esta con un cepillo suave y des- pués se lava el cuerpo con ag.n y alcohol alcanforado TERCERA PARTE. Medicina doméstica, ó aplicación minuciosa de los principios establecidos en las partes antecedentes á la curación de las afecciones mas comunes. Hemos espuesto brevemente las causas de los acciden- tes que producen en nuestras funciones las alteraciones á que se da el nombre de enfermedades; así como el modo de preparar los medicamentos: falta únicamente, que es- pecificando para cada enfermedad conocida el remedio que la conviene, pongamos á todos en disposición de ser sus propios médicos. Por esto nos espresaremos en tér- minos comprensibles á todos, hasta á las personas me- nos letradas. Disimúlennos los médicos lo vulgar del lenguaje; puesto que el público no podría disimularnos el uso de términos técnicos y facultativos que no com- prendería. A fin de que esta pequeña colección sea tan fácil de consultar como un diccionario, dispondremos las enfermedades por su orden alfabético, y en corres- pondientes párrafos esplicarémos: 1.° las causas de la enfermedad; 2. ° efectos y síntomas que presenta; y 3. c el tratamiento que siempre ha producido mejores re- sultados. Antes de presentar este resumen alfabético, es me- nester que expongamos nuestro método higiénico y pre- servativo, por cuyo medio puede cualquiera conservar -u salud y librarse de las enfermedades. Inútil es ad- vertir que'en el tratamiento de una enfermedad cual- quiera, deben obrar mancomunadamente los remedios higiénicos y preservativos y los curativos. —118— SECCIÓN PRIMERA. fíegimcn higiénico, ó medicina preseryativa reducida a su mayor grado de sencillez. En todas ocasiones es necesario preservarse del frió y humedad en los pies, de las corrientes de aire y de los repentinos cambios de temperatura. No se habite en aposentos que no tengan el techo elevado, y no estén espuestos al sol, con chimenea y ventilación, aunque se evitará que haya corriente de aire á lo menos hasta la altura de un hombre. Per la mañana y por la noche, así como después dr haber esperímentado una transpiración abundante, es menester mudársela camisa y ropa interior; pero cada vez es menester lavarle ya con alcohol alcanforado ó agua de Colonia, si hace frío, y con agua sedativa sí el tiempo es caluroso ó se experimenta calentura; y enton- ces uno se hace dar friegas suaves con pomada alcanfo- rada. Aquellos á quienes sea dilicil hallar quien les su- ministre estas friegas, podrán valerrse de una servilleta ó pañuelo y pomada alcanforada, y plegándolo en forma de banda; y cogiendo un extremo en cada mano, se hará pasar de derecha á izquierda y viceversa alternativa- mcnle: también se fricciona de arriba á bajo del mismo modo y con solo variar la dirección de los movimientos de la servilleta. Échense en la cama cada noche polvos de alcanfor entre el colchón y la sábana; de esta manera se libra uno de los efectos nocivos de una imaginacisn que sueña; > también de los insectos que nos molestan con ^us pica- duras durante la noche. La comida deberá ser á horas regulares. Después de comer hágase medía hora de siesta, r en seguida deberemos entregarnos á alguna ocupación cor- poral ó manual; pero debe evitarse el trabajo de espí- ritu ó de imaginación. r Los trabajos intelectuales procurarán desempeñarse «n ayunas, teniendo en la boca un cigarrillo de alcanfor- aunque no se usará en las ocupaciones sedentarias Al levantarse de la comida sea siempre con al^im apetito. ««tsuM — 119 — Cuando por alguna circunstancia extraordinaria, como algún convite dado ó aceptado, sea necesario salir del acostumbrado régimen, al empezar la comida bébase un poco de vino aguado, y no se beba puro hasta estar cerca de los postres-, estos vinos procúrese que sean generosos. Encargúese echar bastantes especias en los manjares; pues tanto los condimentos, como los vinos generosos. son esencialmente vermífugos. Los manjares insulsos, dulces y mucilaginosos, son un semillero de lombrices, que roen los intestinos, causando enfermedades que lle- gan á ser muy graves. El régimen que consiste en con- dimentar bien con especias los guisados, es conveniente á todas las edades y temperamentos; y es preciso no hacer caso de la antigua medicina que las proscribe: una buena digestión os hará olvidar semejante pros- cripción, si seguís los consejos de mi larga esperiencia. Evítense las vigilias prolongadas, aun cuando se duer- ma de dia, pues este sueño no equivale ni resarce el de la noche: con las veladas lo que se consigue es insom- nio y asfixia. Tres veces al dia másquese un pedazo de alcanfor de tres granos de peso, y tragúese, facilitando la deglución ron un sorbo de agua de achicorias, ó de lúpulo ó agua salada; tomando en caso de insomnio la misma dosis. pues por regla general, tres granos de alcanfor producen dos horas de sueño. Como este régimen, al paso que produce apetito, al fin ocasiona estreñimiento, para remediarlo se toman cada cuatro ó cinco dias, cinco granos de aloes, ó bien entre dos hojas de sopa, ó bien tragándolos con un sorbo de agua, sin variar nada en la comid-a. Antes de acos- tarse y al levantarse de la cama, tómese una taza de caldo vegetal caliente: así se desabogará el rientre todos los dias entre las cinco y las ocho de la mañana; y esta necesidad no turbará nuestras ocupaciones en lo restante del dia. Para algunas personas tal vez sea débil dicha dosis, y en este caso, deberá aumentarse gradualmente hasta que produzca efecto según la constitución del enfer- mo. Para los niños y personas muy endebles, se arregla la dosis á 2 ó 3 granos: y si les repugna, déseles por la mañana uno cucharada de jarabe de achicorias. h loa niños de teta les será útil el régimen que si- — Í20 — i .ni sus amas, lo mismo que un tratamiento directo, pues los medicamentos, particularmente el alconfor inmediatamente pasan á mezclarse con la leche. En las indisposiciones de dichas criaturas se les dan fricciones en el abdomen con pomada alcanforada, y con la misma, en cantidad como de una avellana, se les administran lavativas. Nunca deberemos violentar la naturaleza, ni en los trabajos del cuerpo, ni en los del espíritu, ni en los, placeres. Seamos sobrios y moderados, sabiendo conocer ruando empieza el exceso y retirarnos al amenazar el riesgo. El que busca los deleites á cspensas de la sa- lud, no tiene derecho para quejarse en la enfermedad. El adquirir males que luego han de trasmitirse á los hijos, constituye de antemano un verdadero infanticidio. Nunca pude apreciar al hombre que se entrega á tales excesos, y que debe llegar un dia á ser padre de fami- lia-, es ciertamente despreciable el padre, aunque cOn todos se muestre honrado y generoso, sí se muestra tan inhumano con sus hijos que les trasmita una constitu- ción viciada y enfermiza. Haya en todas nuestras relaciones, ya do amor, ya de amistad ó de comercio, lealtad, franqueza y genero- sidad; pues el interés y la codicia dañan al mas noble de nuestros órganos. Uay actos que sin ser esencialmente malos, al fin llegan á serlo mintiendo con la naturaleza ó con el prójimo. El hombre mentiroso y el hipócrita, se hacen mas daño á sí propios que á los demás, pues úni- camente en la verdad está el principio de la salud v de la tranquilidad. Siguiendo estas instrucciones higiénicas, se conser- vara la salud, y no habrá que recurrir á los buenos principios del médico. MECCION SECUNDA. Aplicaciones particulares y por orden alfabético de lospnncpws de nuestro sistema á las'd7flrZte\ enfermedades. En esta segunda sección vamos á poner a ia vista del lector de un modo conciso los resultados de i mpSÜ constante esperiencia; la cucada de la medicación que —121 — proponemos, nunca en los males curables *e ha visto des- mentida: esto lo juro á fé de hombre de Lien: á mas de que ningún interés tengo en sorprender la credulidad de los dolientes. Ahora siento no haber tomado los nombres de los irnumerables enfermos que acudían á mis consultas gratuitas antes de la desagradable ocur- rencia que me obligó á interrumpirlas. No me limitaba entonces á socorrerlos con mis escritos y consejos; tri- butábanme los que me consultaron tal respeto, y vi en ellos tanta franqueza, que en ella se embotaron los tiros de algunos intrigantes mal intencionados. Prestábanme atención, seguían mis consejos, y la curación de sus do- lencias era pronta y segura. Repitiéndose los casos con muchísima frecuencia, lo exigí en regla como comple- mento de la demostración y esperiencia que á ello me habia conducido y de la confianza que necesita quien, como yo, quiera adoptar esta carrera; pues cuando se vé y oye se cree mucho mas que cuando solamente se lee. Quiera Dios que la sencillez de mi lenguaje pueda en algo suplir por las dificultades de la lectura, haciendo que pueda trasmitir la evidencia de que estoi dominado, á los demás, llevando en su ánimo la convicción para que terminen sus padecimientos sin ser engañados. Los ganaderos y labradores deben tener presente que mi método curativo puede aplicarse lo mismo en buena veterinaria que en medicina, sin mas variación que sus- tituir al alcanfor al aceite de trementina. El agua seda- tiva lo mismo puede aplicarse á los ganados que á los hombres en los casos de fiebre, congestiones sanguíneas, sofocación, etc. En cuanto al aloes es menester subir mucho la dosis. Para hallar en esta enumeración de enfermedades por el orden alfabético el remedio conveniente á cada afec- ción, bastará acordarse de los nombres mas comunes de estas y buscarlos en el índice por la primera letra de dichos nombres. Por demás parece advertir que el régimen higiénico debe siempre obrar de mancomún con la medicación que señalamos para cada enfermedad. — 122 — DICCIONARIO DE LAS ENFERMEDADES. A. ABCESO (claro purulento, depósito, apostema). Causas. Llamamos abeeso á toda acumulación de pu* subcutánea ó submuscular, resultante de la desorganiza- ción de los tejidos. La introducción de un cuerpo es- traño, como una espina, arista, y el parasitismo de una larra, dislacerando los tejidos, son causa de su desor- ganización, de la descomposición de los líquidos, como la sangre y la linfa, transformándolos en una materiaama- rillenta, cuya presencia da margen á la calentura y pueda destruir los tejidos sanos hasta abrirse paso al esterior. Algunas reces los abeesos son resultantes de un trata- miento mercurial. Efectos. Hay entorpecimiento en el miembro en que reside el depósito purulento, entumécese el cutis que lo cubre, esta imflamacion toma después un color amarillo cuando el pus se dirige á esta parte. El enfermo se halla calenturiento, no tiene apetito ni sueño, v enfla- quece visiblemente. Medicación. Cuando el mal ha llegado á este punto que se ha formado el pus en suficiente cantidad, el bis- turí, para procurar su salida, es la mejor medicación que puede adoptarse. Se abrirá, pues, el depósito en su punto mas declive, para que pueda salir iodo el pi," comprimiendo superiormente el tumor. Pero hasta oauí es e tratamiento se limita á quitar los efectos sin subí ser animada. Una vez desembarazada la parte del mis ;Snt£ s sr di te»?0;Vto te -ccile alcanforado: habiendo & J Sodo^ liquido por medio de la compresión de la naS « i esto, se reunirán las p ríes cubr é dolas ?!í, ' ?CCh° agujereado y empapado c„ ac Ueaíínrond0 "S í'^ después polvo:, de alcanfor de modo quSormS'ní?;11*5 de algún -pesor, y enema hilas imlB.-.g fon , P.° alcanforada, poniendo encima tiras de lela |¡m,?J ma-da lando el aposito con vendas rociadas con a"cohSííarUJC" — 123 — orado que no penetre en las carnes. Si sobreviene ca- entura, pronto se calmará con el agua sedativa aplicada mediante compresas en el cuello, en las muñecas y en la cabeza. Siguiendo esta medicación aseguramos que el enfermo podrá hacer tres comidas al dia sin que resulte el mas ligero accidente. Pudiéramos citar aqui innu- merables casos que prueban la generalidad de ese trata- miento; sin otra escepcion que los abeesos resultantes de un tratamiento mercurial. ABCESO EN EL PECHO. (Véase Empiema). ACAR1NAMIENTO. (Véase Hipocondría). ACIDECES DE ESTOMAGO. (Véase Estómago, ó enfermedades de él). APONÍA. (Véase Estincion de la voz). AFTAS DE LAS PERSONAS ADULTAS, HOLLIN EN LOS NIÑOS. Causas. Esta afección consiste en unos granitos que salen en las paredes de la boca, resultantes de la exis- tencia de algún virus, ó de la acción de un acaro ó de una lombriz intestinal. Efectos. Estos granitos cuando son muchos consti- tuyen un obstáculo á los movimientos de la lengua, á la masticación y deglución, y comunica al aliento re- pugnante fetidez. Medicación. Observancia exacta del régimen higié- nico, gárgaras á menudo con agua salada, ó con alcohol alcanforado, puro ó disuelto en agua. Si la enfermedad reconoce un origen impuro, se adoptará el tratamieuto adicional .que señalaremos en el artículo: Enfermedades venéreas. Si se trata de un niño, será bastante para li- brarle de las aftas i;n régimen alcanforado y aromá- tico, al que deberá someterse el ama de cria. Cuando los niños rehusan tomar el alcanfor, se les pondrá en la boca un cigarrillo, comprimiéndoles los labios con los dedos de manera, que el aire en el acto de la inspira- ción, solo pueda pasar por el tubo;óbien cuando duer- men se les pone un pedazo de alcanfor cercado la boca. AGALLAS. (Véase Glándulas). AGNEA, BOTONCITOS AMARILLOS SOBRE UNA AUREOLA ROJA QUE SALEN EN LA PIEL. (Véase En- fermedades de la piel. ALMORRANAS, HEMORROIDES. Cautas. Son las almorranas unos tumores de difé- — 12* — rentes formas y volumen existente en el orificio interno del ano, causados por el roce de escrementos duros, ó por las picaduras de las ascárides vermiculares, impe- lidas hacia el intestino recto por los vapores de la digestión. Medicación. Para curar las almorranas se usa la po- mada alcanforada, la cual se introduce cu el ano tres veces lo menos al dia; ó bien se emplea una candelilla alcanforada, que se lleva introducida por algún tiempo; se dan frecuentes lavativas alcanforadas; aplicanse en los lomos compresas de agua sedativa, ó cataplasmas sali- nas; y se procura mantener el vientre libre tomando el aloes, el cual está muy lejos de producir almorranas, como creen algunos-, con este tratamiento se esperi- rucnla notable alivio en los dolores. Pero el enfermo que apetezca una curación radical, es menester que se arme de una firme resolución, y se introduzca en el ano un lienzo empapado en alcohol alcanforado aguantando todo lo posible el escozor que resulta. En seguida se toma un baño de asiento, haciendo penetrar en el ano pomada alcanforada, que se sostiene por medio de un pelotón de hilas, untadas con la misma pomada, y cu- briendo el todo con un lienzo impermeable á las sustan- cias crasas. Esta operación se repite cuantas veces lo '■^ige la necesidad. A mas se aplican planchas galvánicas. ALIENACIÓN MENTAL. (Véase Enaqenacion). ALOPECIA. (Véase Calvicie). AHORCADOS. (Auxilios que deben darse á los) 'Véase Asfixia. AMAMANTAMIENTO. (Véase Parto) AMAUROSI, O GOTA SERENA. Disminución ó pér- uiua < e la vista acompañada de inmovilidad en la pu- pila. \ease enfermedades de los Oíos) AMÍGDALAS. ÍVease Glándulas). i«r,STAClüNES- (V6a6C ^idai y operaciones qui- VNASARCA. (-Véase Edema). ANEURISMA, (véase enfermedades del Cora-o.,) VNGINA, MAL DE GARGANTA, ASOl \*[*" f V Causas i.» La introducción en la «-amara"posterior de vapores ácidos, amoniacales, ó de cualquiera1 ,¿.'¿1 naturaleza caustica. 2.» Del polvo de malcrías i, cantel «de propiedades .rhtantcs. :i.« De gusanos Úm — 125 — ascáridas verminosas, cuyas picaduras ó roce promue- ven la hinchazón de dichas partes ó el tumor blando de la glotis. Efectos. Sensación de tirantez en las partes posterio- res delaboca, respiración y deglución dificultosas, en especial la deglución de cuerpos sólidos. Medicación. Cuando la angina es efecto de la aspi- ración de gases ácidos, será muy útil tomar gárgaras de agua ligeramente alcalina y una corta cantidad de la se- dativa; cuando procede de vapores alcalinos, los garga- rismos serán de agua levemente acidulada con vinagre alcanforado; si la angina resultase de la introducción de polvo irritante, lo mejor es tomar gárgaras de agua salada. Cuando suben á estas partes las lombrices gás- tricas ó intestinales, basta para arrojarlas el simple uso del cigarrillo de alcanfor, añadiendo para remediar los efectos que resulten las gárgaras de agua salada, y la aplicación de una compresa empapada en agua sedativa ó en alcohol alcanforado al rededor del cuello. Antes de tomar las gárgaras, se introduce en la garganta va- rias veces el dedo ó un fapon mojados en alcohol alcan- forado. En los carneros y cabaílos afectos de angina, se cura haciéndoles tragar durante el dia una onza de eceite de trementina en un cubo de agua blanca, se les administra una lavativa vermífuga, y se les envuelve el cuello con una compresa empapada en agua sedativa; cada tres días se les da aloes interiormente, y seesparce sal en el heno ó paja del establo. ANGINA TONSILAR. Véase Glándulas. ANQUILOSIS, verdadera ó falsa. Causas y efectos. La introducción de una larva de insecto, de una astilla ó de un globulito de mercurio en los cartílagos de las caras articulares de los h»esos; la erocion de estos por efecto de alguna violenta com- presión ó contusión, producen en las,superficies articu- lares contiguas un trabajo anormal de adhesión y depo- sición de sustancia calcárea, que primeramente presenta obstáculo al juego déla articulación, y acaba por esta- blecer la unión y continuidad entre ambos huesos bajo diferentes ángulos. Podemos llamar á la sínfisís una especie de anquílosis normal y natural; al paso que el anquílosis puede considerarse una sínfisis anormal y morbosa. En la primera contamos la sínfisis del mentón. — 126 — que es la unión natural de las dos ramas de la mandí- bula inferior; la verdadera anquílosis es la unión dedos huesos por haberse o ificado los ligamentos ó las ter- nillas que atan sus estremos. La anquílosis falsa con- siste en el desarrollo anormal de la estremidad de uno de los dos huesos lo que no imposibilita enterameute el juego de la articulación. Medicación. La verdadera anquílosis es incurable; pues es la terminación ó el resultado de una enfermedad que ya pasó; y no hay en el arte de curar recurso al- guno para rehacerlos órganos ni las articulaciones. Pero yo que no sea posible remediar la anquílosis después que está formada, puede prevenirse su formación, por medio de la raíz de la granza, y aplicando en las arti- culaciones tres veces al dia compresas de agua sedativa, un el caso deque no esté ulcerada la piel. Estas com- presas permanecerán aplicadas por espacio de diez mi- nutos; y en seguida se cubre la parte con una planchuela de cerato alcanforado. Si existiesen úlceras, solo so aplicará el agua sedativa en los puntos no ulcerados de la piel, y las úlceras se tratarán del modo que indica- mos en el artículo Heridas. Cuando la aplicación del agua sedativa determine en el cutis alguna erupción so- brado fuerte, se emplearán en su lugar cataplasmas salmos; y si aun estas fuesen demasiado irritantes, se suspenderá toda aplicación, untando á menudo las su- perficies inflamadas con cerato alcanforado cstendido e» «na capa de hilas. ^?.?» L^'81"!?8 yfisura de,>> véase grietas en él. AM'RAX. Véase Divieso. ^'OPLEGLV. ratitas. Impelida la sangre por una causa cualquiera hác la cabeza, distiende los vasos que envuelven la masa cerebral, constituyendo una congestión por su penderse la circulación Por consecuencia, elcfrebroes comprimido, y no puede e,erc,, SIIS funciones, que so. pr.nc.p.o déla vida Algunas veces la congestión san gu.nea llega á ser tal, qUC rompe las paredes de los vasos; el enfermo muere porque el órgano que n , I a fuente de vida se ha paralizado á consecuencia de un súbita desorganización ó derrame. Efectos. El enfermo pierde instantáneamente el sen — 127 — tido y movimiento. Cuando esta pérdida es completa, la apoplegía se llama fulminante. Medicación. Se rociará abundantemente el cráneo dei enfermo con agua sedativa, poniéndole antes una venda apretada delante de los ojos para preservarlos del con- tacto de dicha agua. Se mantendrá la cabeza algo incli- nada hacia airas para evitar que el agua sedativa caiga hacia las cejas. Con la misma agua se empapan unas compresas, que se aplican al rededor del cuello y de las muñecas; y con la misma agua se dan lociones en la espalda y el pecho. A les lociones de agua sedativa se- guirán fricciones con pomada alcanforada. Cuando el enfermo parece que recobra el sentido, se le mete con precaución en un baño sedativo, y al salir del mismo se repetirán íasfricciones. Si no hubo rotura de algún vaso, y el consecuente derrame cerebral, el enfermo recobra los sentidos de una manera maravillosa en menos de un cuarto de hora. Cuando esto sucede, se le admi- nistra inmediatamente un pujjjanlc de acíbar en alta dosis y caldo vegetal. Nota. Siendo el agua sedativa el remedio que pron- tamente debe administrarse en la afección de que trata mos, conviene que en las cajas de socorro para los asfi- xiados esté siempre prevenida, en el supuesto de que sino produce buenos efectos, no se obtendrá de otro remedio alguno, porque habrá habido derrame cerebral. ó vendría el ataque de causas muy antiguas. La teoría que hemos espuesto acerca del modo como obra el agua sedativa, esplica perfectamente sus maravi- llosos efectos en la afección que nos ocupa. ARENAS. Véase Cálculos y orinas. • ARDORES DE ESTOMAGO. Véase enfermedades del Estómago. ASCÁRIDES. Véase Lombrices intestinales. ASFIXIA POR ESTRANGULACIÓN O POR INMER- SIÓN.—SOCORROS QUE DEBEN DARSE A LOS AHO- GADOS Y AHORCADOS. Tratándose dé los ahorcados, después de cortar la soga con las precauciones necesarias, se envuelve el cuello * del paciente con compresas de agua sedativa, rodándole con la misma la cabeza y aplicándole lociones en todo el cuerpo. En seguida se le administran friegas con poma- da alcanforada en el vientre, el pecho y la espalda, k* — 128 — que no cesarán hasta que el paciente dé algunas señale» de vida. Luego se le hace inspirar agua sedativa apro- ximándole un frasquíto á las narices, y se le comprime el pecho á fin de cscitar los movimientos de la respira- ción, y hasta que esto se consiga, se continuará dicha compresión. Si se tratare de un ahogado, se empezará por sacar el agua del cuerpo, en seguida se lleva a un sitio caliente y se vuelve ya de un lado, ya de otro, con la cabeza algo in- clinada. Luego se envuelve con unos paños calientes.— Administranscle lociones en todo el cuerpo con alcohol alcanforado y después se fricciona con pomada alcanfo- rada; y también se ejerce una suave compresión en el pecho á fin de restablecer los movimientos de la respi- ración . envuélvesele el cello con compresas impreg- nadas de agua sedativa después de rociarle con la misma la cabeza, y se le hace aspirar en un frasquíto, siguiendo con estos medios hasta que ninguna espe- ranza quede ya de restituirle la vida. No se olvide d« mantener la estancia á irna temperatura conveniente v renovar a menudo el ambiente. v, \S£!XI \P0R Kí GARBON U OTRAS ALTERACK) ac«; M RESPIRARLE. Véase Envenenamientos. ASMA. Causas. Consisten estas en la acumulación de mu- cosídades y de tejidos anormales en-las vías de la respi- ración, ya en la traquea, culos bronquios ó en la base de los pulmones, producidos por la acción de ascárides. és,£ PfJiTZCWl! de pt>,vo -"i-antc, permaneciendo E causas U°liemp0d^pueS de h"-bcr >'a cesadü • osas, dificulta mas y mas la esn.,U Inc'mb,ra,ias «nu- lo* de su cscrecion. «-Pulsión de los prodiu- dedicación Aspiración incesante» de I,,* „ de alcanfor, val mismo tiempo la aplta'o' T" ' pn»,s empapados en agua seíativa .■VedeS? ¿J cu°el —129 — y en el pecho; lociones de la misma agua en todo el cuerpo, y tras ellas friegas de pomada alcanforada, es- pecialmente en los accesos de tos.. Medicación. Contii*ia aspiración de cigarrillo de al- canfor, y simultáneamente se ponen al rededor del cuello y pecho compresas inpreguadas de alcohol alcanforado; lociones en el cuerpo con el agua sedativa, y después de ellas fricciones con pomada alcanforada, y mas par- ticularmente durante las accesiones de tos. Tómase tres reces al dia alcanfor á la dosis de tres granos; y cada tres dias el aloes socolrino, en cuya sustancia se darán también lavativas de cuando en cuan- do. Con frecuencia se toman gárgaras con agua salada. Los alimentos serán nutritivos y aromáticos. Si la aspiración del cigarrillo de alcanfor no produ- jese efectos bastante prontos, en tal caso se tomará un lienzo, poniéndolo en cuatro dobleces, y después que se haya empapado bien en alcohol alcanforado, se aplicará ala boca, y se aspirará con fuerza; ó se meterá un ro- llito de lienzo, empapado también en alcohol alcanfo- rado, dentro del tubo de una pluma, y se hará uso de esta especie de cigarrillo 10 mismo que del de alcanfor. En los caballos y otros animales se trata el asma de la misma manera, dándoles aloes cada cuatro dias, y lavativas trementinadas cada dos dios; de cuando en cuando se les administra la trementina interiormente, dándoles frecuentes lociones con agua sedativa fuerte á lns lados de la boca y del cuello. AIRE RESP1RABLE. Véase Asfixia. AZUL, (enfermedad de los niños) O CIANOSIS. Causas. Si esta enfermedad de los recien-nacidos no procede de la mezcla de las dos sangre? arterial y venenosa, efectuada en el corazón, dependerá sin duda, de algunos gusanillos capilares que se forman debajo del cutis, á travos del cual s•■ manifiestan como unos puntos negros, comunicándole un matiz azul oscuro. Efectos. En ambos casos la asfixia está amenazando al infante, el cual siente mas y mas apretadas sus pe- queñas quijadas; y cuando mas tarda su muerte, tanto mas violentas son sus convulsiones. * Cualquiera que sea la causa á que sea debida esta enfermedad, inmediatamente conviene envolver el cuello drí niño con una corbata de alcohol alcanforado; aplí- —130— rásele una compresa también -alcoholizada encima del corazón; lávasele el cuerpo con el mismo alcohol, y des- pués se le fricciona con toda suavidad el' pecho y la espalda con la pomada alcanforada. Desde quesea po- sible abrir las quijadas, la madre le dará de mamar, chupándola leche por'mcdio de un pistero, ó de una cuchara dónde se ordeña la leche. Si hay calentura y convulsiones, se lavará el cuerpo de la criatura ron agua sedativa, evitando que aspire su olor por mucho tiempo. Por último, se le administrará cada cuatro días jarabe de achicorias. B. BAILE DE S. VÍCTOR. Véase Convulsiones: BAZO (enfermedades del) SPLEEN. Estas afeccione.» tienen el mismo tratamiento quelas del hígado; por lo que, véase Hígado. BORRACHERA. Véase Envenenamiento alcohólico. BOTÓN DE A LEPO. Véase Peste. BOTONES. Véase Divieso. BRONQUITIS, O AFECCIÓN DE LOS BRONQUIOS Véase Catarro. ■" ' ' BULIMIA. Véase Gazuza. C. ■ CABEZA, .dolor de) JAQUECA, FIERRE CEREBRAL. loca e"" ?!;,, f. CaUT, dc esta atóo» «c dividen en ,braS%nTL f CS: áIa,S P^nwas pertenecen lasque membrín L ,SaSKaSalS,S' C" las or^^ 1 en la ÜÍSñn h! .. "-nb°r,; 'a in,rod^cion dc un cuerpo és sufiden e ," a'm" ucír" ÜT* ^^ C0VÍda¿ hasta la fiebre ccrebíal ,i ". '"f1 -aquCCa' - Masque aíedin H ^ *„ *%£"?* ^^ son a1uc- irrfeccion acida, p íc-du™, un.,gCsllV0\.ó 1"° Por c*isli- los rasos así n^ort cT ^™Em" ^'í'"0* e° Efectos. Por lo regular, la n! , c i C(;rcb!°- er.be á una parte de la cabeíll que á '° sc^c,rcunV scr la región frontal y supcrST ,ne""d° SUCle El doior de cabeza oiupa loríala ir., cráneo. Si existe calentura cerebral ", suPcricrd-1 «-"■«'. parece hervir la —131— MQgrc en la cabeza; las arterías de las sienes dan vio lentos latidos; el rostro se presenta inflamado, y lnego todo el cuerpo en general; se sueña con los párpados abiertos, hay delirio, y a tan alarmantes síntomas se sigue pronto la muerte cuando no se acude á tiempo á los recursos del arte. Medicación. El dolor de cabeza se desvanece po- ros minutos rodándola con el agua sedativa, y envol- viendo al mismo tiempo el cuello con unas compresas empapadas en la misma agua. Si con estos medios no se lograse un pronto alivio, seria por depender de mala» digestiones, y en lal caso se administrará el aloes á la dosis de cinco granos* aunque esto último raras veces sucede. Un enfermo que desde muchos años adolecía de violentas jaquecas, y que al fin. sufrió esta medicación, esclamaba: "El agua sedativa me ha quitado los dolores de cebeza romo un grave peso". La fiebre cerebral, después de un alivio instantáneo, re cura á las veinte y cuatro horas con los medios siguien- tes: Después dc haber cubierto la frente con una venda gruesa para impedir que el agua sedativa se derrame á los ojos, con esta misma agua se rocía la cabeza, y se embebe una compresa que se aplica al rededor del cue- llo,- añáiensc lociones en lodo el cuerpo con alcohol al- canforado, y fri'cioncsijmbien generales con la pomada alcanforada. Cuando el paciente vuelve en si, se le dan seis granos de aloes y una lavativa vermífuga y laxante. A mas se le hace beber tisana de borraja, caliente, mas- cando antes de tomarla un pedacito de alcanfor, y se con- tinúan las lociones generalas dc agua sedativa hasta que se halla completamente restablecido. La jaqueca proveniente de alguna causa que reside «ííí las fosas nasales, se cura sin mas que aspirar polvos de alcanfor; y las causas que existen en el conducto audi- tivo se disipan por medio de inyecciones -hechas con el aceite alcanforado. En obsequio de la brevedad omitimos citar innume- rables ejemplos de curaciones obtenidas por este método, pero podemos asegurar que fuera menester la concur- rencia de muchísimas circunstancias estraordinarias para que ei agua sedativa dejase de producir una curación iosUjr.iícea. 9 — i :vjl — So se permita, pues, que nuestros hijos o cualquiera persona que nos interese, traten esta enfermedad con sanguijuelas, dieta ó hielo encima del cráneo, pues todos estos medios son homicidas y destructores. Antes que todo, pángase en práctica mi medicación, y sino surtiese los mejores y mas prontos efectos, esto indicará que el mal viene Mel tratamiento mercurial á que se habrá so- metido el enfermo; por consiguiente debe obrarse contra l»s resultados de dicha sustancia. CABEZA CALVA. Véase Calvicie. LAIDAS. Medicación. Aplicación de agua sedativa encima del cráneo y al rededor del cuello, y con la misma agua lo- ciones y compresas en todo el cuerpo en las contusiones en que no se presenta solución de continuidad, y friegas ron la pomada alcanforada: esto es suficiente á curar en breve la mas violenta caida siempre que no se presente lesión en los órganos esenciales á la villa, añádase el ■loes y lavativas. CAÍDA DE CABELLOS. Véase Calvicie. CAÍDA DE LA MATRIZ. Véase Prolapso. . (ALAMBRES DEL ESTOMAGO. Véase dolor de es- lónngo. CALAMBRES W. LAS ESTREMIDADES. Causas y efectos. Mielen ser los calambres efecto de una enfermedad principal producida por la presencia de lombrices en el conduelo digestivo, las que fijándose en algún centro nervoso, dan margen á las contraceione-. en los músculos, tensión en las partes carnosas antago- nistas, que, comprimiendo las articulaciones, no pueden dejar de producir un aumento de sensibilidad. El arsé- nico ingerido también es causa de fuertes calambres. Medicación. Las lociones con el agua sedativa disi- pan inmediatamente los calambres, hasta en los último-, ■ nsMiite-s de la vida ó en la agonía. Así cuando no bas- '•!-■ a vencer este doloroso accidente la acción del frío, pues á muchos les basta para ello ponerlos cu el suelo se recurrirá desde luego á dichas lociones de a-ua'seda- hv.t. Con un buen régimen higiénico se ;.nóvenlos hambres. CÁLCULOS (i MAL DE PIEDRA. '■■miar. .Todo ciclo es debido á la concreción da — 133 — una materia disuelta primero y que se precipita des- pués en el liquido de algún órgano; así, por ejemplo, si vertemos un ácido en el silicato, al punto veremos que el sílice forma un precipitado y se concreta adquiriendo la dureza de un calculo. Por consiguiente pueden for- marse cálculos en cualquier órgano en que concurran dos líquidos, cuya acción recíproca sea capaz de descompo- nerlos. Ciertamente solo se forman cálculos en las cavi- dades de. los órganos escretorios en los conductos del hígado, en los intestinos, ríñones, vegiga y en los con- ductos de las glándulas salivales. El hombre está mu- cho mas propenso á padecerlos que las mugeres y los niños. E/ectos. Los cálculos del hígado, ó biliares, al parecer solo son bilis endurecida, los intestinales consisten en los animales en pelotones de pelos entretejidos á que se dá el nombre de bezoares; y en el hombre, están formados por la concreción dc las materias fecales por medio de una materia calcárea; los cálculos de los órganos urina- rios, se diferencian así en color como en magnitud, se- gún cual sea su composición química y su precipitación. La reunión de pequeñísimos cálculos forman las areni- llas, al paso que la reunión de arenillas constituye los cálculos gruesos. Principalmente entran en la composi- ción de los cálculos urinarios, las sustancias siguien- tes-, fosfato de cal, ácido úrico, uriat© de amoniaco, y fosfato de amoniaco magnesiano. Los cálculos biliares obstruyendo loscondudos de la bilis y oponiéndose á la salida de este humor, dan lugar á la enfermedad llamada ictericia, con todos sus graves síntomas. Los cálculos intestinales pueden producir el miserere y la disenteria. Cuando los cálculos urinarios residen en los ríñones, cau- san unos dolores atroces, que no cesan hasta que el cál- culo ha descendido á la vegiga urinaria, en cuyo caso empieza una nueva serie de padecimientos por el obsta- culo que oponen á la emisión de la orina. Medicación. No hay medicación alguna que sea capaz de disolver los cálculos en la vegiga, únicamente es po- sible precaver su formación mediante la exacta obser- v.ir.i ¡a del régimen higiénico, y por el uso del alcanfor y del agua de alquitrán, y fuera menester que estuviese muy adelantada la lesión délos riñónos, para qt e con -1SÍ— este régimen no salióse muy clara la orina imüs scdimen- tof.a y saturr.da dc ácido úrico. En el caso deque el cálculo se haya formado en la vegiga, ó de que'haya des- tvndftlo á e\ú, no har mas recurso que las operaciones quirúrgicas de la toíia ó litrontrícía; la primera para lis cálculos muy gruesos ó que tienen ¡idberencias, y se hallan atascados en las ¡medes de la vcg¡;:a; y la segunda ■ira los de menor tamaño y que pueden í.i ilmeutc tritu- rarse. Cualquiera que el enfermo e-cojü, siempre ba- lará un medio escelente para calmar sus dolores en la aplicación dc cataplasmas salinas en los ríñones y en el cajo vientre, que ha dc renovar con mucha frecuencia, y te do los trganos gerút. les como sumergidos en po- n í"-1 ■■ clcapfoirda. Amas de esto observará rigorosa- incr.ic el régimen higiénico, y también podra darse algu- nas u.yrcí iones con el aceite alcatifen -do. Para combatir la i-nneret ion de los escrementos se emplearán lavativas alcanforadas con el aceite dc ricino, y alctü a vez cataplasmas salinas- y dc cuando en cuan- do se támara pa< a bebida agua ligeramente avinagrada. ¡Miemos repetir que todas estas enfermedades se ■ vitan con lo observancia del régimen higiénico. CALVICIE, ALOPECIA, CAÍDA DE LOS CABELLOS, CABEZA CALVA. Causas. Los cabellos caen por la desorganización del bulbo debida á la existencia de algún insecto cutáneo, ó subcutáneo; á alguna violenta pasión del ánimo, á algún esceso espasmódico,ó al abuso de los licores fuertes que ocasionan la parálisis del cuero cabelludo; aunque jene- ralmcntccs la calvicie efecto del tiatamiento mercurial v ;.rsc¡iic,;.¡. Medicación. Tres veces al dia se rociara la cabeza con r-íiis sedativa, y en seguida se untará el cuero cabe- l.uco co-i pomada alcanforada mezclada con ron So- íiretodo 1.0 se empleen los polvos epilatorios, ám no hactí. mas queauadir una enfermedad -rave á lo que no ra mas imc vn simple defecto; y i:ntom-V»á ía t-ilv tcic sucede la ralvmisicic. 1,1 agua seda-^a llama la acción ra;;.:,r I, cía la expaiiMon ic; :„ ,, quc forma c| buJbo Jci , iLein., y le imprime nuevo dc-irrol!o por otra purte el agua sedatiri no de.-tiuye. el color del cabello ■r.uy iJioi.'.r&Do, ruche de color castaño la blancura da — 133— las canas, y no enrojece el color negro, como algunos equivocadamente se han imaginado. * La espcriencia dia- ria nos muestra el crecimiento de los cabellos en los que usan el agua sedativa pararcmeciar la jaqueca. CALENTURA. Véase Fiebre. CALLOS, OJOS DE GALLO, BERRUGAS ACCIDEN- TALES Y NO CONGENITAS. Causas. El roce del calzado con la piel produce los callos y ojos de gallo; las berrugas que nacen de una causa indeterminada, soy de opinión que se comunican por medio del contacto. Medicación. Sobre los "callos y ojos de gallo se :: carán hilas untadas con pomada alcanforada, y estup- ran con un pedacito de tafetán engomado para impedir que se ensurkn las medias, mudándose las reces que haya necesidad. Este medio tiene la ventaja de impedir desde luego el roce, y proporcionar, por lo mismo, ua alivio notable. Las berrugas se curan quemándolas tren veces al dia con un tubo de vidrio mojado en su cslrem-v con amoniaco líquido; ó bien se mete la berruga en uno de losestiemos de un caño de pluma de escribir, y se echa por el otro una gota de amoniaco. Al cabo de diez minutos se apartara el canon y se baña la mano con una mezcla de dos partes dc agua; tibia ó fria, y una de agua sedativa. Al sacar la mano de este baño se unta con la pomada alcanforada, y así se deja por espacio de un cuarto de hora lo menos. CÁNCER EN VARIOS ÓRGANOS, PERO ESPECIAL- MENTE EN LOS PECHOS. Causas. El estímulo de desarrollo dado á una glán- dula, ganglio linfático, nervio ó hueso, ya por efecto ce un golpe, por una punzada, ó por la corrosión de algur* insecto. Esto hace que poco á poco se vaya formando una excrescencia parásita ó dc superfetacion, que absorve todos los productos de la vida general. El uso de fric- ciones mercuriales, sinodá m^igen á un verdadero cán- cer, por lo menos produce una llaga que va corroyesdt las carnes, y hace que se desprendan á pedazos. Efectos. La forma del cáncer varia á lo i:.íir.;io se- gún eí órgano y los tejidos que afecta. Muy a menudo se nota en el centro ó foco del desarrollo canceroso ur.t red de v*na3 azules, que manifiesta la falta de circula — 136 — • ion en aquel punto. Propiamente hablando, el cáncer no despega la picl.*sino que forma cuerpo en ella, va i■orroyendo todos los tejidos que le rodean, cstendíén- dose cada vez mas en varias formas de ganglios obstrui- dos. Otras veces, en vez dc aumentar sus dimensiones estendiéndose superficialmente, lo verifican hacia el este- rior formando masas de gran relieve y de varias formas, tamañas á veces como una pera ó un meloncito. La sustancio interna del cáncer se compone de grandes no- dulos cerebriformes, en medio de un tejido esquirroso mas ó menos abundante de vasos. El cáncer del pecho empieza por una glándula y va ganando el sobaco, y hasta la espalda: he visto un cáncer en ambos pechos de tan extraordinaria estensíon, que llegaba por ambos lados hasta la espalda, en términos que para cstirparlo hubiera sido precisa la imposible operación de cortar el cuerno por su mitad. r Medicación. Desde el instante en que un (ejido sC in- larla. .se hincha ó endurece, es necesaria la aplicación •le compresas con agua sedativa, y cuando presenta indu- raciones, cataplasmas salinas. Si el tejido se reblandece debe continuarse como indicio dc una próxima cura- ción: peros, con toda la eficacia de este medicamento no desapareciese la induración, entonces debe abrirse el tumor ronc bisturí, y hacer penetrar cq la incTsio, :ÍeacdUenCnolveoravn!Íd,ad d° Cáu8l¡C0 dc V¡o,I.^una7n«cl. de dlor.-SflríriaSa,CnpartCS igualcs) on el objeto de d. soipanizar los tejidos en su raíz; se observa al pro- pio tiempo el reg.m.-n alcanforado, tomando mté.¡oí- mente .sana dc rubia, en que cada día habrán ¿" do verse algunos granos dc ¡oduro dc potasio SS se es t.rpa en su origen l:i.a afección sumamente terrible v que mas tarde reclamaría una onerae on ,h. .„. i ■ ' J mayor gravedad. Cuando son insu fríentes I n 'ma incisión del bisturí y consiguienter„»iJ • • Pr,mero pite otra vez lo mismo! SlTu™™"™1?"' SC ." punto indurado, ni el mas leve ?«" men d?i r^ "" »'0 otra parte, la incisión y d ca"ust cT. ?„?Cl camor dolor, y lo sufren mu/ «cimente hastat?*" mUCb° mas delicadas. asta ,as personas Sí por atemperarse ala costumbre dela™.;„. d.cina, que nunca operaba el cáncer hastaquMiáb.¡ — 137 — adquirido grandes dimensiones, las hubiese adquirido tales que hiciesen necesaria una operación mas grave. entonces el cirujano operador deberá cxcindir todos los tejidos amoratados y cancerosos. Terminada la opera- ción se tratará del modo que diremos en cl artículo He- ridas; el enfermo puede comer á la tarde del mismo dia y pasar muy buena noche. Pero cuando pasa mucho tiempo, y se ve que no se ha formado la película de cica- trización en el resto de la úlcera, se deberá aplicar el cáustico de Viena en la superficie, y curar como se indica. pues es señal de que el cáncer vuelve á retoñar; aunque si sepuede lograr que la cicatrización llegue á hacerse completa, ya no habrá nada que recelar. Tal vez podrá sustituise al cáustico de Viena la mez- cla hecha en el almirez de estas tres sustancias-, arena, cal. y potasa. 1 Finalmente, el medio mas breve y seguro de curar e cáncer es atacarlo en sus principios-, ningún cirujano os podrá negar su auxilio siempre que se le reclame. Ade- mas, será muy útil hacer uso de la tisana de rubia por todo el tiempo posible. Esta enfermedad constituye mi pesadilla; con todo. aun no desconfio de hallar para su curación un remedio de los de mi sistema. El no poder practicar pública- mente la medicina me impide hacer en el tratamiento de esta afección los progresos que deseara; así invito á las personas afectas de tan terrible dolencia á que hagan ensayos con los remedios que dejo indicados. CANCROS DE LAS PARTES GENITALES. Véase En- fermedades secretas. CARBUNCLO. Véase Divieso. CARDIALGÍA. Véase Estómago. CARIES DE LOS HUESOS. Causas y efectos. Algunas veces procede la caries de los huesos de su denudación y consecuente esposicion ¡¡I contacto inmediato del aire; otras veces del uso de medicamentos mercuriales, y otras, en fin, de la corrosión dc una larva de algún insecto, especialmente de la mos- ca. Cuando es esta última la causa que produce la ca- ries, el enfermo siente en la parte terribles punzadas, como producidas por un barreno que penetrase en I a sus- tancia del hueso; y el paciente sufre unos dolores esteo- — 138 — -opos insoportables. Esto no acontece cuando la cane- es efecto del contacto del aire ó del uso del mercurio j sus preparados. Entonces la desorganización del hueso *e opera de un modo horrible, pero sin mas dolor que d producido por el roce ó por algún sacudimiento. Medicación. Obscrraic a del régimen higiénico. Ti- sana ioduro-rubiácea y ioduro de potasio; tratamiento alcanforado completo; añadiéndose inyecciones de agua de alquitrán tibia y de aceite alcanforado cuando hay fístula en el hueso; aplicaciones de ar„ua sedatira en las partes de encima y debajo de la úlcera, y cuando raya el mal acompañado de calentura no se olvide dcaplicaí compresas dc agua sedativa al rededor del cuello y en las muñecas. Con frecuencia se mojarán las rendas del apo- sito, y hasta la úlcera, con alcohol alcanforado, sí so recela que existan efectos de la acción mercurial, á fin de que se desprendan los pedazos de carne desorganizada. CATALEPSIA, ó apoplegía instantánea, sin caída, y que inrade al enfermo estando de pié. En este caso con- »*<"• ".' cl mismo tratamiento que para la apoplegía y !> upilepsia. CATARRO PULMONAR, TOS, REUMA DEL PECHO, C.RIPPE, INFLUENZA, COQUELUCHE, etc. Causas. Es cl catarro una afección que pertenece a lodos las estaciones. La grippc, conocida en sus prin- cipios con los nombres de coqueluche ó de fuerte roma dizo, y que en ciertos países se ha conocido con las de- nominaciones dc «nete, influenza etc.,» constituye una de aquellas afeciones epidémicas y estacionales propias de los tiempos húmedos, fríos y nebulosos. Sin em- bargo, se llama especialmente coqueluche al romadizo de los niños que va acompañado de violentos accesos de tos. Dase el nombre de catarro al flujo mucoso que carac- teriza esta enfermedad, y el dc coslipado, al desagüe de las membranas mucosas dc la nariz y dc los conductos de la respiración. La voz catarro se aplica á todos lo- órganos que tienen comunicación con el aire eslerior; > csi decimos, catarro de la vegiga, del útero, del mismo modo que decimos catarro del pecho, Iiajo esta ultime aplicación tratamos ahora esta enfermedad T.\ utarro ó costipado del pecho es efecto de las titi lacones de cuerpos estraños inorgánicos ú on-Wcos — 139 — como, por ejemplo, el polvo de los graneros,ó la invasión de ascárides vermiculares en las inemr,ranas mucosas de la traqueartcria y en especial de l.i laringe. La grippe es producida por la tenaz acumulación de parásitos en la garganta y en las mucosas de la laringe, los cuales infiltran su rirus, obstruyen ia linfa y entorpecen los músculos del cuello, de h espalda y del pecho. Las mismas causas que en los riejos producen cl ca- tarro, ocasionan el romadizo en los niños, consistiendo la diversidad de los caracteres que presentan estas afec- ciones en l.i diferencia de las edades y de ias constituciones. Efectos. Siendo la respiración la fuente de que sacan su alimentólas demás funciones, es evidente que el me- nor obstáculo en aquella, debe dar nv¡rgen á una indis- posición general; así ve... .s que un romadizo mal curado ó descuidado, ocasionad marasmo, y muchas veces la tisis pulmonar. Los estragos de la gripe son mucho mayores, y por lo mismo presenta unos caracteres mu- cho m-.'s graves, y marcha con mayor rapidez á una ter- minación funSsta, y según cual sea el tratamiento que se adopte, puede causar una terrible mortandad. Medicación. Cuando ma; nuestro plan de curación so va difundiendo, tanto mas van desapareciendo los costi- pados y catarros descuidados; y hasta la grippe, que en Paris causaba tantos estragos anualmente, apenas da ya señales de su existencia: pues con. los cigarrillos de al- canfor secura cualquier afección reciente de pecho; y añadiendo á ellos la aplicación dc una corbata mojada alternativamente en alcohol alcanforado y en agua sedativa en el cuello, hay seguridad de disipar la tos y así quederá la enfermedad radicalmente curada. Si aun persistiesen los accesos espasmódicos del perno, seria conveniente cubrirlo, juntamente con el cuello, con una ancha com- presa de alcohol alcanforado; y añadirle fricciones dc po- mada alcanforada en los lomos y espalda. Los adultos tomarán, lómenos tres veces aldií, gárgaras dc aguo saladj.cn pelicular cuando el catarro cuenta ya alguna fecha y es ríe curación difícil, tomando después un peda- cito dc alcanfor, y deglutiéndolo mediente un sorbo do agua de alquitrán ó de lúpulo: por la mañana y por la no- che es tomarán fricciones de pomada alcanforada y locio- nes con el agua sedativa; purgoute de tüocs esds cuatro — no— dias; lavativas vermífugas, y cada quince dias se tomaran unos 20 granos de calomelanos no porfirizado. 1 n los niños se usará el jarabe de achicorias cnvezdclnl.es. Son rarísimos aquellos casos en que es necesario em- plear toda esta medicación, puesto que pronto sienten los enfermos un alivio inesperado, y en particular, es tal el que producen las fricciones, que equivale por algunas horas a una completa curación. No es inútil repetir que solo el uso del cigarrillo de alcanfor en los principios de la afección, es suficiente para curarla, ó causar una gran mejora. Insiguiendo el plan que acabo dc esponer, puedo asegurar que no se me na presentado un solo enfermo á quien no haya curado. Acabo de reconocer en la raíz del granado y en la corteza de su fruto la propiedad de hacer desaparecer como por encanto los catarros y romadizos que comparecen á prin- cipios del invierno: basta para esto mascar un rato dichas •ustancias y tragar la saliva, para percibir como des- ciende al estómago la causa dc la tos y del resfriado, ce- sando inmediatamente tanto la tos como la*espcctoracion. CATARRO NASAL. Véase Coriza. • D U.ALGIA. véase Jaqueca. CLAVO. Véase Divieso. CIANOSIS. Véase Azul. C1STOTOMIA. Véase Cálculos. t.LOROSIS. Véase Ictericia. COXALGIA. Véase Reumatismo. fOLERA MORIR), COLERA ASIÁTICO, FIEBRE \MARILLA ft otras afecciones análogas*. Causas. Acumulación en cl cubo digestivo, y espe- cialmente en el intestino delgado, las larvas pemeñitas que por analogía conjeturo que son de moscas ' Como el innumerable parasitismo de la causa de 11 enfermedad desorganiza las paredes de los intestinos, h sangre se coagula los tejidos se secan y enflaquecen, el stomago sufre violentas contracciones, dc las qwcresi.l- ta cl von.ilo de materia, negruzcas. Por la misma causa •I color vana y las depos,, ,onesadquieren pé-imo carác- ter-, los miembros se ven atacados de convulsiones y el cuerpo se enflaquece, se pone denegrido v sem»iante <. una iiinmia. J ¡>'.m-J8nit a una momia. dedicación. La fatalidad quiso que en el año de 18í'J. — 141 — de la misma manera que en 1832, me hallase sepultado en un calabozo, mientras el cólera morbo estaba haciendo en Paris los mayores estragos, asi es, que solo por medio de mis discípulos he podido recoger algunas observacio- nes. En vano dos mil propietarios pidieron al gobierno que me permitiera salir provisionalmente dc mi encierro bajo caución; en vano veinte ciudadanos se ofrecieron voluntariamente á ocupar mi lugar fiados en mi palabra de honor; el gobierno, temiendo sin duda los auxilios que pudiera yo prestar á los enfermos se hizo el sordo á tan vivas instancias. Por esta causa, en vez dc haber aplicado por mí mismo el tratamieuto, hube dc conten- tarme con dirigirlo; y á pesar de todo, el mejor éxito dejó cumplidas mis esperanzas. Con el régimen preser- vativo se libraron del mal cuantos lo siguieron, y de los que adoptaron mi plan curativo en los principios de la enfermedad, ninguno murió, salvándose con el mismo las cuatro quintas partes de aquellos en quienes el mal había hecho ya algún progreso. En los hospitales de Paris fue- ron Tos estragos de esta terrible dolencia tanto mas espan- tosos, cuanto que en ellos se encastillaron los médicos en su antiguo plan de curación, sin hacer el menor caso del nuestro-, así en la Salpctriére (1) fué la mortandad dc 5 sobre 7 enfermos, pues allí la medicación se separó mas de la nuestra. En Gros Caillon, (2) en donde los médicos militares seaccrcarou masa nuestras prescripciones, fué la mortandad de uno sobre cuatro atacados. Las víctimas del cólera en Paris desde el 9 de mar- zo hasta el 5 de agosto fueron 9,121 He aquí loque dijimo1* sobre el cólera en la «Revista elemental de medicina y farmacia domésticas». En el diario de Odesa dc 31 de agosto dc 1847, léese una receta que produjo los mejores efectos en aquel punto. v que no consiste en otra cosa que en un elíxir, equiva- lente al que indicamos en el Manual, con adición del hi- droclorato de amoniaco, y equivalente también ánuestr.i agua sedativa. Dicha fórmula escomo sigue: Tómese: De aguardiente De vinagre . 9/20 de azumbre. 2-20 » — 142 — De amoniaco......5 escrúpulos. Dc salitre. ...... 4 » De agua fuerte '.... 2 » De aceite de olivas. ... 3 » De pimienta. . • . . . 4 » De nafta.......3 » De mentí piderita. . . • 23 » Agítese bien, y déjese macerar al sol ó en un sitio caliente. Así que se presentan las primeras señales del cólem, adminístransc al paciente treinta gotas de este elixir mez- cladas con aguardiente ó con un i iluso dementa ódeme- lis.r, en seguida se le arropa bien, y si se manifiestan es- pasmos, se le. dan fricciones. Sí la primera cucharada no ha producido efecto,se leda otra. Llaman á este alcoho- lizo '-"lixir de veranesa" Asi pues, si con esta preparación hay bastante p;:.i triunfar dc la enfermedad, ¿qué recelo podremos tener dc administrar nuestra medicación, mucho mas completa y mejor combinada, y de que aquella es un simple elemento? 1-*- Tratamiento curativo que deberá emplearse con toda la posible prontitud en, los casos de .oler ¡ morbo. i." Se tomarán dos granos de calomelanos en miel ó pnn tostado, y al instante aloes. it'° Iava,ivas rermifugas con sal común morena y asa- rólida, un polro dc cada cosa formando amasijo con una pornon^lepomada alcanforada del «amañodeunaarellana. 3.» Compresas de alcohol alcanforado en el vientre, y con el mismo lociones en la espalda, lomos y pecho. *.• Rociar la cabeza con agua sedativa, y aplicación de la misma al rededor del cuello. ^ 5.» Tomar la cuarta parle de un vaso regular ¿2 aguí saladi (un pu.iado de sal dc cocina en medir, azumbre de agua.) 0.- Interiormente tisana dc borraja en caliente me- neando un pedacito de alcanfor entre los dientes a' 1 * de beber. ' ,-,-'"»T'u — 143 — 7.° Caldo sustancioso y aromático. 8." Continuo uso del cigariilo de alcanfor. 2.° Medio preservativo del cólera. Observancia completa del régimen higiénico descrito pn este Manual. También se preservará del colora con la medicación alcanforada y aloética, con el uso de sustancias alimenti- cias sustanciosas, bien condimentadas con ajos, pimienta y géngibre; frecuentes lociones dc alcohol alcanforado ó agua de Colonia, seguidas de fricciones con la pomada de alcanfor; y en fin, licor aromático por las mañanas. Aumentando esta medicación prescrvaliva, desde que aparezcan los primeros síntomas del cólera, también se conseguirá su curación, y no se abandonará hasta que haya desaparecido todo recelo. Apliqúense cataplasmas rer- mífugas encima de toda la estension del rientre, las que se renuevan cada cuarto de hora, y en tanto que se pre- para la cataplasma se darán fricciones de alcohol alcan- forado. Inmediatamente se tomará aloes y caldo vegetal, y lavativas vermífugas y con tabaco. Cada tres cuar- tos dc hora se tomaran interiormente tres granos de alcanfor disuellos en agua de alquitrán. Compresas dc agua sedativa encima de cráneo y al rededor del cuello y muñecas; con la misma agua se darán lociones en la espalda, luego lociones desde la cerríz hasta el ano, y por último gárgaras de agua salada. Al cabo de algu- nas horas de haber empezado esta medicación, se to- marán 18 granos de calomelanos cristalizado y que- brantado, pero no reducido á polvo, y media hora des- pués aceite de risino. Pasada la crisis, un baño alcalino ferruginoso, y a! salir dc él fricciones de pomada alcan- forada. Luego que el enfermo se sienta con apetito, tome alimentos bien nutritivos, y cargados de especias, con agua salada para bebida. Causas. El cólico, ó dolor que se fija en los intesti- nos gruesos, depende, ya de la introducción de una sus- tancia metálica venérea; ya de la formación de cálculos entre las materias fecales, producidos por alimentos so- — 144 — brccargados de ácido tartárico, como las uras y frutas verdes. A propósito, debemos advertir que el abuso cu la comida de estas frutas y de las uvas, produce al cabo un depósito de ácido tartárico, que puede dar lugar al cólico llamado Miserere. Esta misma enfermedad puede ser el resultado de una gruesa lombriz, que, replegándose, llegue á invagi- nar una porción dc intestino. También puede resultar dc la fuerte compresión de una asa intestinal; y por úl- timo, igualmente puede ser efecto de la invasión dc gran- de» lombrices y ascárides vermiculares en el intestino colon. Con respecto, al cólico de plomo ó de los pintores, véase el artículo •'Envenenamiento". Efectos. Cuando el célico procede de la compresión de una asa intestinal, ó déla formación de cálculos en los escrementos Miserere , al punto aparece el vómito dc materias fecales, nc< inpañndo de intensos dolores. II cólico ordinario suri" ser caracterizado por ardor, romezon, borborigmos, v ruido de tripas y agudos dolo- res en la porción transversa superior del abdomen, v á »ecesse sienten también dolores convulsivos. Medicación. Tratánd.'sc del cólera Miserere, se to- mará el aceite de risino, .-.i por la boca como por cl aix., .* con el mismo aceite se amasa una cataplasma emoliente ■¡ue se aplica en el abdomen. En toúo cl cuerpo lociones de agua sedativa, seguidas de fricciones con pomada al- aniorada. Cuando se conoce que I., enfermedad pro- viene déla formación de cálculos fecales, resultantes de ¡mi.mt comido irutas verdes, tomará el enfermó una diso- lución de bi....l ,,.ato ,1, potaN . o bien una cucharada dc a-ua sedativa en un vaso de agua, y en seguida otro raso de aceite d. olivas Por ultimo, se administrara una la- vativa con una mi hurada dea k,--i..i;«o „ j bre de agua común c M ' L ,Va Por cada £m""- Para la curación del cólico ordinario, se torna interior- menle alcanfor y bo.raja, aloes v lavativa, vern focas ' *c ..phran alterna.,;.ámenle cataplasma yirSiumy .empresas de alcol,,. alcanfor,,,, en el abdomen-3, ti l ■fas frico,:. - con la pomada en todo lo largo dch «i palda y di espinazo: r si aim con esto persisto *i « tomarán calecíanos; sin embargo. « ¿í,'^?^ — 148 — sean necesarios todos estos medios, pues comunmente algunos de ellos bastan para disipar todos los síntomas. Muchas veces basta la aplicación de una compresa de alcohol" alcanforado en el vientre, para que cese el cóli- co inmediatamente. A los niños que se niegan á tomar el alcanfor y el aloes, se les da en su lugar una ó dos cucharadas dc jarabe de achicoria, y una lavativa alcanforada, y se les aplica una cataplasma, con cl agua salada para toda bebida. Son innumerables los ejemplos de curaciones instan- táneas del cólico por medio de este tratamiento, como también del cólico miserere. Si se sospecha que la en- fermedad es debida á la presencia d-3 la tenia, se echara mano de la medicación que se hallará espuesta en el ar- tículo -'Lombrices' intestinales". COLORES PÁLIDOS. Véase enfermedades del Hígado. CONCRESIONES. Véase Cálculos. CONGESTIONES CEREBRALES. Véase Fiebre cere- bral, y Jaqueca. CONSTIPACIÓN, (vulgo estreñimiento;. Causas. Las de la constipación son: 1.° estancación de la bilis, que debe completar la digestión. 2.° El abuso de licores alcohólicos, los cuales absorviendo el humor acuoso dc las membranas internas dc los intestinos, ha- cen que el bolo alimenticio resulte mas concreto coagu- lando sus jugos albuminosos. 3.° La acumulación de lom- brices en el estómogo y en el intestjno colon, las que ab- sorven los jugos necesarios para el primero y último acto digestivos. Efectos. Hay inapetencia, defecación tardía y dificul- tosa, pasadrz de cabeza, vahídos, zumbidos, y entorpeci- miento de las facultades intelectuales. Sucede á veces, seguu el lado sobre que se acuesta el enfermo, que siente en él como un peso, y se presenta duro. Medicación. Cuando la afección dc que tratamos es efecto de la presencia de lombrices, lo es casi siempre dc una vida sedentaria; y en tal caso, se debe corregir me- diante el ejercicio, el cual facilita cl curso déla bilis: es enfermedad muy común entre literatos y empleados en oficinas. Pero es de advertir que el cstremo opuesto, ó un ejercicio sobrado activo, produce el mismo efecto, — 146 — porque la abundante traspiración qne excita priva dc hu- mores alas materias fecales, resultando de ahí la deseca- ción y estreñimiento. Por esto recomendado? el uso de! aloes cada cuatro días á la hora dc comer, pues conélnl punto se recobra cl apetito, y se precaved estreñimiento. No hay que olvidar que cl aloes reúne igt:<:!mrrtc las pro piedades pur¡ inte y vermífuga. Las personas habituadas á una vida sedentaria debe- rán hacer un moderado i ¡cilicio que las preserve « M cían.-, con agua sedal ¡vi, y con la mi su-.., ugua" ™"m- — 149 — paparán unas compresas para aplicarlas al rededor del cuello y en las muñecas. A mas se hace aspirar un poco de vinagre alcanforado. DESVIACIONES DEL ESPINAZO. Véase Raquitismo. DIABETES SACARINO. Enfermedad de las vias urina- rias en que domina cl principio azucarado en los orines. Véase URINARIAS, {enfermedades de las vias.^ DIARREA. DESPEÑO,DISENTERÍA. Causas. La causa de la diarrea es la invasión de lom- brices en los conductos de la bilis que se opone al paso del quimo ácido en los intestinos. La disentería, cuando no es efecto de envenenamiento, se debe á la acumulación de larvas en los intestinos gruesos, cuyas membranas cor- roen; ó bien al depósito dc cálculos ó concreciones forma- das por elácido tartárico, depositado por las uvas ylas fru- tas verdes. La escabrosidad de estas concreciones desgar- rando las paredes intestinales, dan margen á hemorragias. Efectos. Las deposiciones de la diarrea, son líquidas. de color por lo común amarillento, y gredosas; las de la disenteria son sanguinolentas. Es fácil concebir que este estado, cuando es muy duradero, ha de producir graves desórdenes en toda la economía. Medicación. Lavativas vermífugas; régimen higiénico completo: compresas en el vientre, de alcohol alcanforado y de agua sedativa alternativamente, y por último agua íle ostras. Ademas, véase el artículo Lombrices intestinales. Si se sospecha que la causa de la disentería, es cl abu- v de comer uvas y frutas verdes, se mezclarán en la lava- tiva 30 granos de bicarbonato de potasa, tomando igual cantidad en dos cuartillos de agua de borraja por arriba; luego aceite de ricino por ambas vias (véase ademas Có- lico). En la diarrea de los ganados agua de trementina por ambas vias. aloes y lociones de alcohol alcanforado. DIENTES, {mal de) Véase Muela. DIGESTIONES DIFICELES Y PENOSAS. Véase indi - gestiones. DISENTERIA. Véase Diarrea. DIVIESO, {clavos FLEGMONES, GRANOS CARBUN- CLOS. Causas. La introducción de un cuerpo estrauo irri- tante, ó de una espina ó dc un acaro, entre el cutis y el — 150 — (ejido celular; las picaduras de un insecto, etc., cuyo aguijón se ha impregnado de ponzoña en cl cuerpo de al- guna res muerta: la inoculación por una escoriación ó cortadura en la piel ó en las membranas mucosas del pro- ducto de la descomposición ó putrefacción de un cadáver, v también la ingestión dc carne dc animales muertos de un carbunclo. Efectos. La piel se pone rubicunda, apareciendo un tumor duro é inflamado, que al cabo revienta presentando en su interior una masa de tejidos infiltrados de sangre. El tumor, que se ofrece á la vista bajo un aspecto negruz- co, puede dar margen á los mas graves desórdenes, adqui- riendo la naturaleza de la pústula maligna ó del carbun- clo. A medida que aumenta de volumen el grano, aumen- ta á la par la intensidad de la calentura, y cuando aquel se descompone, se convierte en una atonía de muy mal pre- sagio. 1.a picadura de un mosquito ó dc una abispa pue- de producir tan fatales consecuencias, cual la mordedura dc una víbora. Medicación. Desde cl instante en que se recibe la pi- cadura, se aplicará en cl mismo sitio una compresa de agua sedativa; cúbrese el grano inflamado con una gruesa • apa dc alcanfor,- y encima se ponen hilas untadas con po- mada alcanforada, todo esto se mantiene sujeto con par- < lies aglutinantes. Dansc lociones de agua sedativa en tor- no de la picadura; con lo cual cesa la fiebre y se cierra el grano. Este mismo tratamiento impide que el tumor de- genere en pústula maligna*, en especial si se aplican á su alrededor compresas dc alcohol alcanforado. Si se presen- ta erisipela ó hinchazón en la parte, se multiplican las lo- ciones de agua sedativa hasta que todos los síntomas se hayan üi-ipado enteramente. Declarado ya el carbunclo, se menudean las ¡oí iones con vinagre alcanforado, añadién- dole cierta cantidad de agua, lociones que se unirán a los demás medí-., que dejamos espuestos. También se toma- ra interiormente e alcanfor; se fricciona la parte con la pomada alcanforada, y en seguida se dan locionc- cor. «igiia M-dalivü. DOLOR DE ESTOMAGO. Véase Estómago. — 131 — E. ECLAMS1A. Véase Convulsiones. EMBARAZO. Véase Parto. EMBRIAGUEZ. Véase Envenenamiento alcohólico. ÍVIPIEMA. Causas. Abceso en la cavidad del pecho, ó colección de pus entre la plenra y el pulmón, por efecto de la ¡utro- dnccion de algún cuerpo estraño. espina, alfiler, ó arista, etc., en el tejido pulmonar. Efectos. Calentura ardiente, sensación de peso y ar- dor local, sofocación y pérdida de apetito. Medicación. Se administra el aloes y aceite de ricino; compresas de alcohol alcanforado encima del tumor, y de agua sedativa en torno del cuello y en la región cardíaca; frecuentes fricciones de pomada alcanforada en la espal- da y los lomos, y algunas veces lavativas sobrepur gantes y alcanforadas por la mañana y por la tarde. ENAGENACION MENTAL, FURIA, MANTA, IDIOTIS- MO, LOCURA. Causas. Estas son-, una mala conformación del cere- bro, ya congénita, ya por un accidente, herida, etc.. la desorganización mas ó menos profunda, ó la compresión de una parte cualquiera de la masa pulposa cerebral, por efecto de haber penetrado un cuerpo estraño, ó hidátides, etc.; de la corrosión dc una larva ó gusano de mosca; uní congestión cerebral producida por algún efecto físico ó mo- ral, dc cualquiera pasión que haga afluir la sangre á la cabeza; y en fin, del abuso de medicamentos mercuriales. Efectos. Estos se presentan de varios modos, como son el idiotismo, la simple manía, la locura ó furia de di- ferentes caracteres; los que serán pasageros, curables o incurables, susceptibles de alivio ó de simple vigilancia, según que la causa obre con mas ó menos energía, en una mayor, ó menor estension del cerebro. Medicación. Para desvanecer la locura procedente de congestiones cerebrales ó de flujo de sangre al cerebro. bastan las lociones de agua sedativa encima del cráneo, al rededor del cuello, y délas muñecas, y desaparece con o por encanto la enfermedad. Cuando la afección es xuLUti- hle. este tratamiento produce un gran alivio, particulai- — 132 — mente en los accesos, añadiendo el frecuente Uso de los baños sedativos. Finalmente, se ensaya todo el tratamiento vermífugo. (Véase Gusanos intestinales). La demencia incurable debe ser en estremo vigilada, y tratada con sua- vidad, sin que jamás se pongan en uso medios violentos y bárbaros para hacer entrar en razón á los desventurados que la perdieron. El gefe de una casade locos, que se con- vierte en verdugo de los infelices que tiene á su cnidado, es un ser execrable. El enfermo furioso, por muy robus- to que sea, está convencido dc la inferioridad dc su inte- ligencia, inferioridad que mantiene sometido á la voz de un niño al buey, al caballo y al elefante; tiembla cuando conoce que no puede hacer temblar á los demás, y se hace afectuoso, agradecido y sumiso cuando el hombrecu- ya vista le intimida, le trata con suavidad y dulzura, y le amonesta con espresiones afables. Deben aprovecharse los intervalos de calma para prevenirle; procúrase diver- tirle y distraerle, y desde luego se le verá olvidar el mal que iba á ejecutar en su delirio. Nunca se le contradiga abiertamente, y trátese de ganar su voluntad. Son muchos los ejemplos de demencia producidos por el empleo del mercurio, ya en clase dc medicamento, ya como objeto de ciertas artes. EDEMA, HINCHAZÓN, ANASARCA. Causas. La filtración é hinchazón parcial ó general de los tejidos producida por la descomposición local ó gene- ral dc la sangre, á falta de la significación ó digestión. El aneurisma del corazón, la ascilis ó hidropesía, cl reblan- decimiento del cerebro ó dc la médula espinal, la consti- pación durante el estado de embarazo, y por último, una tuerte compresión determinan el edema. Efectos. La serosidad se infiltra en todo cl sistema de va*.* linfáticos y enlodas las mallas del tejido celular, luntamentecon los gases; y paralizando el movimiento <* os músculos, vuelve la piel fofa, dc modo que conscr- Mancoq,r"S1°n qUC le ,mPrime °» ^» y adquiere color Medicación. La curación del edema resultará dc la curación déla enfermedad deque es consecuencia En tanto que esto no se verifique, se logrará disminuir la hn cha on con repetidas lavativas, aplicación de compresas de.'nhol alcanforado, saquillos, planchas, a veeeSE — leg- ues con el agua de Goulard ó el estrado de Saturno, aun- que con la precaución indispensable cuando se toma esta sal interiormente. En fin, la tisana iodurada-rubiáceo. ENCÍAS SANIOSAS. Véase Escorbuto. Medicación. Se pasa á menudo por las encías el dedo mojado en el alcohol alcanforado: se tomarán gárgaras de agua salada, y tisana de rubia. ENFERMEDAD PEDICULAR. Invasión de la piel por piojos y otros insectos. ENFERMEDADES VERMINOSAS. Véase Gusanos in- testinales. ENFERMEDADES DE LAS MAMAS Ó PECHOS. ENFERMEDADES SECRETAS Ó SIFILÍTICAS. Causas. Comunicación de un virus por contacto de las membranas mucosas, ó por alguna escoriación del cu- tis; el cual se presenta desde luego en puntos determina- dos, pero lentamente se va propagando á toda la economía, cuando no se atajan sus progresos con una medicación oportuna. La localizacion y algunos caracteres de la pro- pagación de esta enfermedad, al parecer indican la acción de una causa animada, á la que cuando menos se deberá la propagación é inoculación del mal. Efectos. Induraciones, manchas rojas dispersas por el cuerpo, granos de color rojo amoratado, con un cerco verde, de muy mal presagio; que toman distintos aspec- tos según las partes que ocupan, presentándose como co- liflores, crestas de gallo, úlceras, etc., que aparecen en el ano o inmediaciones de las partes genitales; llagas de mal carácter, aftas, aliento fétido, bubones en las ingles y en los ganglios linfáticos; dificultad en los movimientos délos músculos acompañada de dolor. Sin embargo, tén- gase presente que muy á menudo suelen atribuirse á la en- fermedad efectos que se deben únicamente á los medica- mentos mercuriales. Medios preservativos. Puesto que tratamos de una enfermedad que es el resultado de nuestras perversas cos- tumbres, ya que no podemos estirparla enteramente, no podemos hacer mas que recomendar primero, la mas se- vera vigilancia de los padres con la juventud de uno y otro sexo, y atenuar todo lo posible las consecuencias del detestable vicio de que se originan. Siempre que después de un contacto exista algún re- — 154 — celo, es menester lavarse bien y con preferencia con el aguadc alquitrán en caso dc ser posible. Inmediatamente conviene cubrir las partes exterior ó interiormente, según cl sexo, con polvos de alcanfor, los cuales si bien al prin- cipio escuecen bastante, cesa cl escozor al cabo dc un ra- to. Tómese un vaso de agua con azúcar, un poco dc alcan- for y dos ó tres gotas dc éter. Este es un medio seguro de prevenir la infección. Medicación curativa. Cuando la infección se ha ya manifestado, se recurre á los medios curativos. En pri- mer lugar, todo enfermo debe exigir del médico que le asista que se comprometa a no echar mano dc ninguna es- pecie de tratamiento mercurial, pues el mercurio y cual- quiera de sus preparados deben ser considerados como venenosos, tanto si se aplican al csterior como interior- mente. Si el enfermo quiere adoptar el mejor partido, cual es el de emprender su tratamiento por sí mismo, seguirá la siguiente medicación. Tres veces al dia tomará 3 granos de alcanfor en un vaso dc tisana dc zarzaparrilla iodurada, y beberá á pasto agua ligeramente alquitranada. Mantendrá continuamente las partes genitales cubier- tas de pomada alcanforada durante la noche, y de polvos de alcanfor dc dia, introducidas en una vejiga de cerdo,ó degoma, y así por la mañana como por la tarde tomaráun nano local. Tres veces al dia aplicará en las -úlceras, crestas de gallo berrugas y toda especie de vegetaciones, alcohol alcanforado; y sí el mal se resiste, las tendrá por espacio ue iliez minutos en un baño después de cada cauterización con el alcohol. Entre el prepucio y el glande pondrá al- gunas hilas untadas con la pomada alcanforada.- laleV Ti?Ü, „ °Sl° XAmV& .-ny°-,cion<-s en las partes gení- \loes cadiT.,nfrUa v ^Vllrni.,> Ja Cü" aceite alcanforado; ie se usííin u\2 í'aS y ,a?livas "rmífugas. Finalmen- te, se usaran planchas, sondas ó pesarios galvánicos. . Cocones generales dc alcohol alcanforado, seguidas de Iriccioncs con la pomada; uso del ciuarrilln ,i/~ r continuado A mas de esto, es ncr^^^ manchas uberas, vegetaciones, escres, ,nc¡ara tas mp •on la aplicación dc pequeñas compresas de alcol oí al" — loo — eanfowdo, las cuales se mantendrán sujetas con una planchuela de cerato alcanforado. Continúase así hasta que las escrescencias se desprendan convertidas en cos- tras. Siempre que se presenten manchas en el cutis deberá el enfermo acostarse con la camisa, calzoncillos y medias untado con la pomada alcanforada. La alimentación será nutritiva y condimentados los manjares con abundantes especias. Si hay calentura, se combate con el agua sedativa. Son infinitas las curaciones que hemos obtenido con la medicación espuesta; y puede decirse, que cuando no ha precedido el tratamiento mercurial, cl éxito es seguro r pronto, siendo dc lo contrario mucho mas lento. ENFERMEDADES DE LA PIEL: HERPES, SARNA. SARAMPIÓN, TINA. LEPRA, ETC. Causas. Las enfermedades de la pielson siempre efec- to de la corrosión mas ó menos profunda, producida por la presencia de piojos, ácaros, gusanillos, larvas de pul- gas y de otros insectos; pero también son, con sobrada frecuencia, cl resultado de tratamientos mercuriales ó ar- senicales. Efectos. Comezón como la producida por un insecto. Demacración y prurito insorpotable, el cual llega á pro- ducir hasta calentura é insomnio. Créese que hay retro- pulsion, cuando arrojado el insecto, que es causa del mal, por la fuerza de los medicamentos, se ha fijado en algún órgano interno, ó también cuando el tratamiento mercu- rial ha producido otra enfermedad. Medicación. Consideradas las enfermedades superfi- ciales, debemos dividirlas en las que tienen su asiento debajo del epidermis, y en las que son profundas y cuyos estragos se estienden mas allá de la sustancia de la piel. A la primera clase pertenecen los herpes secos y la sar- na, al paso que la tina, los herpes húmedos y la lepra son propias de.la segunda. Una enfermedad cutánea se cura en pocas horas, ó á lo menos en una noche, cuando se puede mantenerla super- ficie af- da cubierta dc compresas dc alcohol alcanforado ó de pomada alcanforada. Así es, que cuando la sarna ata- ca unicamcute las manos, tienen toda la noche metidas en una vegiga de puerco que contenga alcohol alcanforado, y lo mismo se practica en los casos de herpes en estas — 136 — mismas partes. Si la enfermedad hubiese invadido toda la piel, será preciso mojar á menudo el cuerpo con el al- cohol alcanforado, y tomar diariamente un baño de agua sedativa alcalino-ferruginosa, con fricciones de pomada alcanforada al salir del baño, las que durarán unos veinte minutos. Todas las noches se acostará con la camisa, cal- zoncillos y medias untadas con la pomada alcanforada; alcanfor tres veces al dia, acíbar cada cuatro días, y lava- tivas alcanforadas de cuando cu cuando. Si la afección tiene su sitio á alguna profundidad, y en particular si es producida por el mercurio y cl arséni- co, la curación es mas lenta. Por tres veces al dia, cada una por espacio de diez mi- nutos, se aplicará en la parte una compresa de agua seda- tiva, de manera que muchas veces aun aparece mas infla- mada la piel y parece que cl mal va ya empeorando.- sin embargo, es preciso no hacer caso de ello. Al punto se cubren las mismas partes con una planchuela de cerato alcanforado, y no se quita hasta la curación siguiente. Cuando los estragos del agua sedativa hayan sido tales que no permiten hacer de ella nuevas aplicaciones, se suple *u uso por medio dc compresas de alcohol alcanforado que se conservan también dos minutos en su lugar; lue- go vuelve á cubrirse con la planchuela dc cerato alcanfo- rado, ó bien con un lienzo untado en pomada elcanforada y encima un parche aglutinante. Pasados ocho dias desde que se empezó este tratamien- to, se cubren con buena mostaza todas las partes colora- das, ó los granos que haya; dos minutos después lávanse .01. agua tibia,se enjugan, se ponen otra vez por espacio de diez minutos compresas embebidas en el alcohol alcan- lorado, que se reemplazan por la planchuela de cerato al- canforado hasta la siguiente cura. Dado que la piel se hinche en dcmas,a se pondrán cataplasmas salinas por in- tervalos que se levantarán al cabo de diez minutos, sus- tituyéndoles una planchuela de cerato alcanforído- los ba- ños sedativos ó los de mar son unos excelentes auxilio. para esta curación. Ademas cada ocho días se mudarán fieramente las ropas de la cama y vestidos, lavándolo.. Cuando la piel solo presenta cl rubor que es efecto del agua sedativa., entonces se limitará á tener siempre cu- — 187 — bicrta* las superficies con planchuelas dc cerato alcanfo- rado, para poner al abrigo del contacto del aire la nueva piel que progresivamente se va formando. Esta es la medicación general para las afecciones cu- encas profundas ó inveteradas, y en especial contra las que reconocen por causa la administración del mercurio y del arsénico, y los preparados de estas sustancias, ya tengan dichas enfermedades su asiento en cl cuerpo, en la cabeza, en el rostro, en el escroto, el ano ó el perineo. Tan solo para el interior del ano y de los órganos genita- les, se limita á emplear alcohol alcanforado en lugar del agua sedativa, y entonces no se hace uso de la mostaza; en vez de las compresas de cerato alcanforado, se echa mano de frecuentes inyecciones con el aceite alcanforado y de la introducción dc candelillas alcanforadas. Para las afecciones de la cara, se hace una careta de lienzo de co- lor de carne, la cual se untará bien de cerato alcanforado. Si durante cl tratamiento fuesen apareciendo todavía algunos granos, se reventarán al instante apretándolos en- tre los dedos, y en seguida se cubrirán con mostaza, al- bohol y una planchuela de cerato alcanforado. Si las úl- ceras tardasen á cicatrizarse, se pasarán por ellas un pin- rel mojado ya en una disolución de estradqde Saturno, ó agua de Goulard, ya de sulfato de zinc con todas las pre- cauciones que requiere el empleo de estas sales. Este tratamiento no se ha visto desmentido ni una so- la vez en cuantos enfermos han tenido tiempo y constan- ria para someterse á él. Con él curamos á las 24 horas la sarna, la enfermedad pedicular, cl prurigo formicans, los herpes; y en muy pocos dias la liña, la lepra, el agnea, los herpes inveterados, las picazones arsenicales y la nu- merosa comitiva de las afecciones de la piel, producidas por el uso del mercurio. El tratamiento bien dirigido, no deja ninguna señal después de la curación; ni produce nin- guna cicatriz sobre la piel. ENFERMEDADES DEL HÍGADO. Véase Ictericia. ENFISEMA. ■Causas y efectos. Infiltración de gases en el tejido celular subcutáneo {hinchazón), ó en el pulmón y la pleura 'enfisema pulmonar) que levanta las costillas é bincha los muslos intercostales, á consecuencia de bis progresos dc .una enfermedad de pecho. — 158 — Medicación. A mas del tratamiento para la afección del pecho, apliqúese constantemente sobre la piel com- presas de alcohol alcanforado, locionando repetidas veces la espalda y los ríñones, practicando en seguida friccio- r.es de pomada alcanforada en la espalda entre los on.o- • platos. ENTRAÑAS. (Enfermedades de las) Véase CÓUco. constipación, enfermedades del estómago, hígado, etc. ENVENENAMIENTOS. Advertencia general. En los casos de envenenamien- to, lo primero que debe hacerse, y esto con toda la pron- titud que reclama la urgencia del peligro, es administrar el antídoto. Es necesario que todos se hallen en disposi- ción de curar á los que son víctimas de tan terrible acci- dente, antes de la llegada del médico; pues siendo tan instantáneos y rápidos los estragos del veneno, comun- mente, el mal ya no tiene remedio cuando aquel llega. Reduciré, pues cuanto debe practicarse en tales casos á algunos principios prácticos y de fácil ejecución. Los onvenamicntos pueden diridirsc en cuatro cate- gorías principales: 1.» Envenenamiento por los ácidos sul- fúrico, nítrico, muríático, acético concentrado, oxálico. prúsico, etc. ¿í.» Por los álcalis cáusticos: cal viva, po- tasa, sosa, amoniaco liquido, magnesia, barita, etc. 3.» Por los óxidos y sales solubles y descomponibles de mer- curio, arsénico, plomo, cobre, oro, plata, platina, estaño. «te. 4.° Por los narcóticos ó sus preparados farmacéuli- ••».-.: opio, belladona, tabaco, yusquíamo , estramonio. nuez vómica, zetas venenosas, etc. 3.» Por la respiración de ácido carbónico y del tufo del carbón encendido, del hidrogeno sulfurado y de gasesmíasmáticos, y deletéreos <».• Por los licores alcohólicos: vino, cerveza, etc loque constituye la borrachera y el delirium tremens. '..«Medicación en los envenenamientos por los áci- dos. II ácido prúsico hiere al modo del rayo, dc modo que deja muy pocas esperanzas de vida; pero en cuanto a los deinass.. neutralizan con leche, creta, polvo de már- mol blanco ó de piedra calisa pasado por tamiz, en las si- guientes proporciones. Polvos calisos, ó de creta. . . : . i onza v 1 pchc • • •............ '¿ MUirtillos. —139 — Hágase beber al enfermo toda la cantidad posible de esta mezcla. A mas se hace tomar medio vaso de aceite, y si no le exita el vómito se la dará un grano de emético en un vaso dc agua. Si los accidentes producidos por el veneno ácido se reprodujesen, vuelva á darse la creta con leche y hasta el emético. Simultáneamente se hace aspi- rar al paciente cl agua Sedativa, rodándole con ella el puerpo, y aplicándole compresas dc la misma en el cuello y la cabeza. También se le hace gargarizar un vaso de agua en que se habrán disuclto 72 granos de bicarbonato de potasa. 2.° Medicación en el envenenamiento por los álcalis. Adminístrase al enfermo bastante aceite y limonada sul- fúrica, compuesta con 18 gotas de ácido en dos cuartillos de agua: aveces vinagre alcanforado disuelto en agua y después en leche; en seguida, un grano de emético si la acción del aceite no exita al instante el vómito. Se dáel aceite en estos dos casos, no solamente para promover el vómito, sino el hacer mas resbaladizas las paredes del es- tómago y del esófago, y de este modo preservarlas de la acción corrosiva del veneno al tiempo de vomitar. 3.° Medicación para los envenenamientos por los óxidos y sales de arsénico, mercurio, plomo y cobre. Contra los óxidos y sales de arsénico y mercurio, se hace tomar al paciente leche y creta, como en el número; 1.- Inmediatamente tomará cosa dc un dedo de vino, y luego el aceite y emético del modo que llevamos referido. Para las sales de plomo se administra la limonada sulfú- rica lo mismo que en el número 2.°, y en seguida leche. aceite y emético como en los demás casos. Para los otros óxidos, desde luego se administrará la leche con creta y tras ella el emético. Contra los envenenamientos crónicos resultante de losmcrcuríares,hago mucho uso déla leche. por intervalos prescribo lociones con una disolución de cinco granos de sulfato de zinc en un vaso de agua y fríe- piones con pomada alcanforada por encima. Por último. iavatívas con clara de huevo. 4.° .líeí/tcacton para los envenamientos producidos por los narcóticos, belladona, zetas, opio, cicuta, yus- quiamo,nuez váxnicá, etc., y las sales estraidas de es- tas plantas. Se administrad con la mayor prontitud el emético á la dosis que hemos indicado; de cuando en — IfiO — cuando un vaso de agua con algunas gotas dc vinagre al- canforado, se lociona el cuerpo con la misma agua, se dan continuas fricciones con la pomada alcanforada en la es- palda, pecho, lomos y vientre. Se rociará la cabeza cou agua sedativa dando de tiempo en tiempo una infusión caliente de borraja fresca. 3.° Medicación en caso de envenenamiento por eluci- do carbónico y gases mtfíticos. Lociones generales con agua fría; frecuentes friccione» con pomada alcanforada, en el pecho, y con especialidad en los hombros; se hace aspirar el agua sedativa, y se dan de la misma interiormente algunas gotas disueltas en un vaso de agua, luego que se halle uno en disposición de deglutir, poniendo en la cabeza y cuello compresas de agua sedativa. 6.° Medicación en la borrachera y en el delirium tre- mens. Esta medicación es la ¡aisma que para el caso ante- rior, añadiendo al fin los baños alcalino-fcrruginosos con el agua sedativa, se disip; n los vapores del vino, y poi intervalos se dan al paciente cucharadas dc aceite. yola. Los que se pendren bien del espíritu y letra de las anteriores prescripciones, nunca se hallarán apurados en ningún caso de envenei amiento, y estarán en disposi- ción de salvar muchas víctimas del peligro de una muerie tan súbita, y á la llegada del facultativo, no podrá menos que dar su aprobación á lo hecho antes de venir él. EPILEPSIA. Véase Convulsiones. EPISTAXIS. Véase Hemorragia. EPIDEMIV. Enfermedad cualquiera que causa estra gos en una población. Llamase epidemia á la gripe, co- queluche, viruelas,cólera norbo, ele cíe. EOCÍMOSIS. v,.ase c„ ttusiones. IíiHIPELA. C'ihSa.i. La erisipela es semejante á un sabañón, sin embargo, no reconoce como causa la variación de tem- peratura, sino una congestión producida por la infiltra- ción subcutánea de cierta acidez, que procede ya de 11 fermentación purulenta de una úlcera, ya del parasitismo de una larva ó insecto. Efectos. Entumécense é inflámanse las carnes v el ■;onto»... ..¡estinid.- y comunica gradualmente hanta'afoc- — 161 — lar á veces toda la economía. Según cl método de curación antiguo, la erisipela era un contagio reinante en algunas estaciones y en las salas quirúrgicas de los hospitales; al paso que, según nuestro sistema, la erisipela traumática no presenta ningún cuidado. Medicación. Apliqúense compresas de agua sedati- va en las partes inflamadas, y cuando es tal la comezón que produce que nos obliga á levantarlas, se unta el cutis con la pomada alcanforada; otras veces en especial tratán- dose de erisipelas en la cara, se aplican cataplasmas sali- nas, las cuales sí bien su acción es mas lenta, no obstan- te se soporta mucho mejor. Si la erisipela se va esten- diendo, se opondrán á esta tendencia compresas de alco- hol alcanforado. Durante las intermitencíasde la curación, y siempre que se forman grietas, se echa mano de la po- mada alcanforada, ó mejor se usan planchuelas untadas con cerato alcanforado; y finalmente, se aplicarán plan- chuelas galvánicas. ESCARLATINA. Véase Sarampión. ESCORBUTO. Causas. Invasión de insectos acuáticos en las encías y paredes de la boca; si son dc agua dulce producen el es- corbuto de tierra, y si de agua salada, dan lugar ai escor- buto marítimo; pero en ambos casos desorganizon los tejidos por la infección que comunican á los líquidos de la economía. Efectos. Desde luego se comprende hasta que punto pueden variar los síntomas déla afección de que tratamos. según que los medios curativos se empleen ya en sus prin- cipios ó mas tarde, y conforme al Iratamiento empleado en combatirla. Corréense las encías y se descarnan los dientes; el aliento es fetidísimo, y al principio el enfermo siente entorpecimiento, viniendo luego la calentura y la muerte de debilidad. Medicación. El escorbuto marítimo se cura con los aires del campo y los berros, y el terrestre se remedia ha- ciendo algún viaje por mar. Las personas acostumbradas á beber aguardiente, de- berán con frecuencia enjuagarse la boca con dicho licor disolviéndolo en él por cada copita un grano de alcanfor. Las mujeres podrán sustituir al aguardiente el agua de Co- lonia me/elada con agua. A menudo setoma el aloes, y se - 162 - administran lavativas vermífugas; danse á mas lociones, ya con cl alcohol alcanforado, ya con el agua sedativa, ó con vinagre alcanforado debilitado con agua; se mascará alcan- for y se tomará esta sustancia en polvo por las narices á modo de rapé; fumase tabaco ó el cigarrillo dc alcanfor, de cuyos polvos se echa en los vestidos y en las ropas de la cama. Alimentación aromática y vino generoso, usando cl jarabe antiescorbútico. He visto á no pocos capitanes dc buques destinados á hacer largos viajes, quienes con- vencidos dc la utilidad del tratamiento que dejamos es- puesto, han encomendado á algún farmacéutico que les arreglase botiquines portátiles, aunque por otra parte ha- yan resultado dc monstruoso volumen. La esperiencía ha demostrado que ninguno de las tripulantes adoleció de escorbuto ni de otra enfermedad. ESPASMOS. Véase Corea , Convlsiones. Histérico^ Lombrices intestinales. ESQUIRRO. Véase Cáncer. ESCORIACIONES. Véase Heridas. ESCRÓFULAS. Véase Lobanillos. ESPUTOS DESANGRE. Véase Hemorragia. ESQUINENCIA. Véase Angina. ESGUINCE Ó TORCEDERA DE PIE, CORIiADl KA esfuerzo de bala, paso falso en caballo; esfuerzo de 'taigas, de ríñones, de rodillas y de muslo.) Causas. Estas consisten en luxaciones incompletas y efímeras de las articulaciones; relajación de un estremo articular sobre el otro. Cuando la relajación se efectúa en la mano toma el nombre de esguince; del pié torcedura. y del espinazo ó colima vertebral, se llama corvadura. Medicación. Cuando no hay desolladura, se aplica a la parte una compresa de agua sedativa; pero si no re- sultase de esta aplicación un alivio pronto, en lugar dc di- chas compresas, se pondrán cataplasmas salinas rociadas con agua sedativa. Sin embargo, por lo común al cabo de un cuarto de hora se haya ya cl miembro en disposi- ción de hacer ejercicio; en cuyo casóse envolverá la arti- culación con lienzos untados con la pomada alcanforada EST1NC10.N DÉLA VOZ Ó AFONÍA. Siempre que la voz se estingue, no á consecuencia del uso de preparados mercuriales, ni de lesión particular de las cuerda> lócale-, sino de resultas dc una afección ra- — 163 — tarral, generalmente bastan para su curación el uso del cigarrillo de alcanfor, gárgaras frecuentes de agua salada, v compresas de agua sedativa alrededor del cuello. En la actualidad casi todos los actores de los teatros de París ha- cen uso por via de precaución del cigarrillo de alcanfor, y á mas de esto puede usarse el agua de ostras. ESTÓMAGO {dolor de), CALAMBRES DE ESTÓMAGO, DOLORES DE ENTRAÑAS, GASTRITIS, GASTRALGIA. FIEBRES BILIOSAS MALIGNAS, FIEBRE TIFOIDEA, Ó TIFUS DE LOS COLEGIOS, CÁRCELES Y HOSPITALES. Causas. Cuando el dolor del estómago no es debido á" tas cualidades acidas ó acres de los alimentos ó bebidas, siempre es resultado de la presencia de ascárides ó lom- brices. En las calenturas biliosas y malignas pululan de manera que se estienden á todo el tubo digestivo; y los de- sórdenes subsecuentes siguen, por decirlo así, la progre- sión ascendente de intereses compuestos.' Esta calentura. ó mejor, esta afección verminosa, se contagia en las cár- celes y hospitales y demás sitios, en que muchos hombres reunidos se alimentan con sustancias bastas y de dificul- tosa digestión. Los estragos que la fiebre tifoidea causa en las cárceles y hospitales, son tanto mas terribles, cuan- to que regularmente en ellos está prohibido el uso del ta- baco, de ese poderoso vermífugo compañero del proletario y del soldado. Efectos. En las afecciones del estómago á que se ha dado el nombre de gastritis, gastralgia etc., sufren dolo- res agudos y duraderos en dicha entraña, y á menudo se estienden hacia el corazón. En ayunas son estos dolores intolerables: pero se calman algún tanto con la comida, reapareciendo durante la digestión y agravándose por el uso de medicamentos mucilaginosos, y por la privación de alimentos aromáticos y del vino. Hay ocasiones en que «ienten náuseas , sin embargo es muy dificultoso el vómito. La fiebre tifoidea, á veces se manifiesta súbitamente y á consecuencia de un tratamiento irracional, mediante á arrojar unas materias negruzcas y fétidas, á lo que acom- paña, estupor, delirio y calentura cerebral: sobrcexilaci«n subseguida de un estado de atonía y somnolencia que ter- mina en una muerte sin agonía. Otras veces la fiebre ti- foidea solo ataca á consecuencia de un tratamiento antiflo- — 16 i — ¡rístico, compuesto de sanguijuelas y dieta; y esta es L .msa mas común dc los calenturas hospitalarias, puesln que en estos asilos se entra muchas veces con una simple jaqueca, y se viene á morir dc una tifoidea. Con la medi- ación siguiente, no hay que temer tan funestos accidentes. Medicación. Primeramente se observará un régimen 1-ugicnico, completo, y así se evitará la fiebre tifoidea; la dieta es una causa predisponente dc la misma; y la mala alimentación es causa ocasional que tarde ó temprano la produce. Asi que se presentan los primeros síntomas, se envuelve el cuello y las muñecas con una corbata empapa- da en agua sedativa, y con la misma se rocía el cráneo, con las precauciones anunciadas, para que no chorree por la frente hasta los ojos; se dan lociones generales con di- cha agua, y después fricciones con pomada alcanforada, v por último, se aplican cataplasmas vermífugas en el ab- • iúmen. " A los adultos se le administra seis granos dc aloes, cal- do de yerbas, y lavativas vermífugas. Tara los niños dc poca edad, en lugar del aloes, se les dá una cucharada grande de jarabe dc achicorias, dos veces al dia por lo menos, teniéndoles puesto siempre junto á la boca un pedazo de alcanfor: y tisana de achicoria con un polvo dc alcanfor en cada vaso. El alivio no se hace esperar: el paciente comerá así que se sienta con apetito y descansará al dia siguiente. Como se deja comprender, la curación es mas lenta, siempre que la enfermedad data dc mas anti- guo y ha sido mal cuidada: sin embargo nunca deja de ob- lent i se un alivio notable. Necesario fuera (pie los intesti- nos se hallasen descompuestos y desorganizados para no >acar algún provecho de nuestra medicación; y aun en es- te cn¿-> tampoco pudiera aprovechar cosa alguna. Las afecciones dc estómago, antes de la publicación dc estaobrita, constituía la principal clientela de los médi- cos; pero en la actualidad se curan tan pronto, que ya cada cual se cura por sí mismo. Cuando un médico nos hable de fiebre tifoidea, no va- cilemos en contestarle: fiebre verminosa; y échese mano de la medicación espuesta. Tengase presente que los medios preservativos de es- lía enlennedades se fundan princi[lilimente en una ali- mentación arr mática y lien condimentada, cl vino gene- • roso,di — 166 — ESTRABISMO. Llámase así la acción de mirar atra- vesado, falta de paralelismo en los ojos. Para remediar es- ta afección, huyase de toda operación quirúrgica. El es- trabismo interminente procede casi siempre de la existen- cia de lombrices intestinales. (Véase su artículo). Cuando el estrabismo es congénito, ó dc nacimiento, constituye un hábito que deberá combatirse con un apa- rato que no permita ver sin que los ojos se pongan antes paralelos; para lo cual se fabrican unos anteojos á pro- pósito. ESTRANGULACIÓN. Véase Asfixia. ESTREÑIMIENTO. Véase Constipación. EXOSTOSIS. Véase Tumores de los huesos. F. FIEBRE. FIEBRE CEREBRAL, FIEBRES INTERMI- TENTES, FIEBRE TIFOIDEA. Causas. Todo cuanto es capaí de congestionar la san- gre, es causa de calentura: la indigestión, el abuso dc li- cores, la constipación, la infiltración de un ácido en la sangre á consecuencia de la putrefacción purulenta, ó del parasitismo de una causa animada. La intermitencia diaria, terciana y cuartana dc la calentura, generalmente procede de la intermitencia del reposo y de la nutrición de una causa orgánica ó de un animal parásito. La acción de un insecto en el cerebro, atrayendo ó congestionando la sangre en dicho punto, ocasiónala calentura cerebral. Efectos. Las pulsaciones son precipitadas é irregula- res, y alternativamente se siente calor y frió: en las inter- mitentes, la cara se pone pálida y macilenta y el cuerpo cae en un marasmo. Medicación. Constante uso del cigarrillo de alcanfor; y se toma al interior esta sustancia tres veces al dia; cada dos dias se tomará el aloes, y lavativas vermífugas. Com- presas de agua sedativa ó cataplasmas vermífugas, rocia- das con agua sedativa sobre el vientre, frecuentes lociones en todo el cuerpo, alternando el agua alcanforada con el agua sedativa; y también compresas al rededor del cuello y en la cabeza. Dos dias después el calomelanos: repitién- dolo cada ocho dias hasta haber obtenido una curación ¿'jmpleta. — ífifi — Con esta medicación, al instante cesa la calentura ce- rebral; y siendo así, habría grande inhumanidad en valer- nos de sangrías, sanguijuelas y del hielo en la frente. De ningún modo se empleará la quina, ni el sulfato de qui- nina, cuyos inconvenientes son de gravedad; y tanto me- nos cuanto nuestro método corta pronto y sin riesgo to- da calentura. Contraía verdadera liebre tifoidea, réase Estomaga enfermedades del) Para las demás clases de fiebre, como, biliosa, gástri- ca etc., véase Enfermedades intestinales, ó lo que es igual, cólico, estreñimiento, diarrea, lombrices intesti- nales, y sobre todo Estómago (enfermedades deP. FIEBRE AMARILLA. Véase Cólera. FIEBRE TRAUMÁTICA. Véase Heridas. FÍSTULA LAGRIMAL. Aplicaciones frecuentes de compresas de alcohol alcanforado en cl trayecto; tomen alcanfor por las narices y báñense los ojos con una gota de agua sedatira en un raso lleno dc agua; sórbase el agua salada por las narices. FISURA Ó FÍSTULASEN EL ANO. Véase Fístulas en rl ano. FLEMAS. Véase Estómago (dolor de;. FLATOS. Véase Cólico. FLEMONES. Véase Divieso. FLUXIÓN. Véase Erisipela y catarro. FLUJO ó FLORES BLANCAS. Causas. Introducción de un ser parásito, y especial- mente de ascárides en los órganos genitales del bcllosexo. Efectos. Insufrible comezón: flujos ni mayor ó menor cantidad, y masó menos acres; debilidad de estomago, di- gestión penosa y enloquecimiento. Medicación. Después dc observar un rigoroso regí men higiénico, se administrarán inyecciones en la partes ron el agua de alquitrán tres reces al dia; y de noche se introducirá pomada alcanforada en la mayor profundidad del órgano que sea posible, ó en su lugar candelillas al- canforadas; y si bien produce alguna comezón, cesa á los dos ó tres minutos. De cuando en cuando se aplican com- presas de alcohol alcanforado en el rientre: aloes cada ruatrodias. A esta medicación nunca esta enfermedad ha resistido; y la enferma pronto ha recobrado su s¡lud ro- bustez r fecundidad. ' — 167 — FORÚNCULO. Véase Divieso. FRACTURAS SIMPLES DE LOS MIEMBROS. Envuél- vese el miembro en que reside la fractura con vendas mo- jadas en un líquido compuesto de mezcla de cola de fécu- la dc patatas 100 partes, y 30 partes de alcanfor. Cuando dichas rendas se secan, adquieren la forma del miembro, y de este modo mantienen sujetos los estremos de los fragmentos, favoreciendo así su reunión, sin que quede ninguna desviación. Este proceder es debido al Sr. Sroutteitein. FRENESÍ. VéaseEnagenacionmental. FURIA. Véase Enagenacion mental. FUROR UTERINO. Véase Enfermedades de la matriz. G. GANGLIOS LINFÁTICOS. Véase Glándulas. GANGRENA-FERMENTACIÓN PÚTRIDA DEL PUS. Véase Heridas* úlceras. GANGRENA SENIL: GANGRENA SECA. Para esta afección se emplea igual tratamiento que para las grietas vcostras. GARROT1LLO, Ó ANGINA MEMBRANOSA QUE ATA- CA Á LOS NIÑOS. Causas. Invasión de un ser animado en la laringe j y traquearteria, tal vez distinto de las ascárides vermi- culares. Efectos. La acción de dicho insecto produce en lo in- terior de la traque un desarrollo anormal de tejidos mem- branosos, que llegan á obstruir completamente cl con- ducto de la respiración é interceptan el paso del aire. cuando no se administran los remedios oportunos con la mayor prontitud, el niño muere irremisiblemente as- fixiado. La invasión del garrotillo se anuncia por una es- pecie dc ronquido, que han llamado canto de gallo, can- to crupal, efecto del angostamientoprogresivo déla larin- ge y déla traquea. Medicación. A los primeros síntomas, inmediatamen- te se administra al niño el jarabe de Ipecacuana en cre- cida dosis; se le hace fumar un cigarrillo de alcanfor, y si se niega á ello se le pone un pedazo dc esta sustancia jun- to á los labios; envuélvese el cuello con una corbata era- — 168 — bebida en agua sedativa, ó alcohol alcanforado; y si con estos remedios preparatorios la enfermedad no calmase, lo cual no es probable, ó solo se echase mano dc ellos cuando el mal estuviese muy adelantado, entonces con- vendría dar al niño un grano de emético, á fin de promo- verle el vómito, y ver si con los esfuerzos puede espelersc la membrana que obstruye la laringe ó la traquea. Pero si la medicación primera se emplea con oportunidad, la afección se calma hasta tal punto, que se cura el garro- tillo cual si fuese un simple coslípado. Entonces se somc- ►e al enfermo á un régimen vermífugo, dásele un grano de calomelanos una ó dos veces en dos días, y luego agua salada. GASTRALGIA. Véase Enfermedades del estómago. GASTRITIS. Véase Enfermedades del estómago. CAZUZA, HAMBRE CANINA. SED ARDOROSA. Causas. Cuando esta hambre devoradora no procede de una constitución congenita ó dc una organización es- cepcional es efecto de la existencia de una grueza lombriz intestinal, ven especial dc la solitaria ó tenia. Medicación. La segunda de las causas de esta enfer- medad puede disiparse, pero no la primera, la cual solo permite satisfacer su insaciabilidad. En cuanto á la se- gunda que hemos -eñalado, véase el artículo Lombrices intestinales. Cítanse no pocos ejemplos de esa gazuza dc temperamento: Percy habla de un tártaro que para satis- facer su horrorosa varacidad, adoptaba el mediode desen- terrar los cadáveres. La sed es tan apremiante como cl hambre: cl conde Ranzeau (en el reinado de Luis XIV) se hallaba atontado y para nada era bueno, hasta que había bebido diez ó doce botellas de vino dc Champaña, y cuan- do había bebido la mitad se encontraba lo mismo que si nada hubiese bebido; como estos, se citan otros muchísi- mos casos. GIRA. Véase Raquitismo. GLÁNDULAS PARÓTIDAS, AMÍGDALAS Ó Mi V- LLAS (infarto délas). Causas. La picadura de una lombriz intestinal ó de cualquiera otra; la introducción de un cuerpo estraño en una glándula ó ganglio linfático. Muchas veces basr un instrumento cortante. p<,r la corrosión de un s'-i — 173 — animado, ó por la descomposición química. La hemorragia déla nariz se llama epistaxis; la del estómago, ó vómito de sangre, hematemesis; el flujo dc sangre por el conduc- to de la orina, hematuria; los esputos de sangre ó flujo del pecho, hemoptisis; el de la matriz metroragia ópér- didas; el de los intestinos gruesos disenteria; y el que resulta de una herida toma la denominación de hemor- ragia traumática. Efectos. Debilidad progresiva, desmayos, y si no pue- de atajarse cl flujo, muere á veces el enfermo desangrado. Medicación. Siempre que sea posible coger la arte- ria que da la sangre, se hace su ligadura, como indicamos en el artículo Heridas, y si no se lava la sangre y se in- yecta el punto hemorrágico con el siguiente preparado: Agua de alquitrán........1 libra. Alcohol alcanforado.......5i granos. Vinagre rectificado........54 id. Cuélese en un lienzo fino y se usa frió ó caliente, ha- ciendo inyecciones con esta composición en el útero, na- riz ó en cualquier otro punto en que exista la hemorragia, y con la misma se lavarán las partes circunvecinas. En seguida se aplican compresas de agua sedativa en la na- riz, oidos. vientre, según cual fuere cl punto en que re- side la hemorragia. En caso dc hemoptisis se aspira con fuerza; para la hematemesis se toma interiormente; en las úlceras y heridas, se dan inyecciones con la misma, y después con aceite alcanforado. Si hay recelo dc que cl vómito de sangre es efecto de haberse tragado alguna san- guijuela, ú otra cualquiera larva, lo que no es raro entre los campesinos que acostumbran á beber del agua estan- cada, entonces, á mas de le dicho, se da al enfermo una fuerte disolución de sal común, y tras ella un grano de emético, con el objeto de exitar mas pronto el vómito. En seguida se da interiormente aguardiente alcanforado, y lociones con el alcohol. HEMOPTISIS. Véase SANGRE (esputos de). HERIDAS, CORTADURAS, AMPUTACIÓN, SOLU- CIONES DE CONTINUIDAD (Curación délas) Medicación. El horror que nos causa el derramar sangre humana, no debe llegar al cstrcmo de impedirnos — 174 — rl contenerla. Desde el instante en que vemos una herida que mana sangre, se ligarán inmediatamente las arteria», sin aguardar la llegada del cirujano. Para ello se coje la arteria con unas pinzas, y se dá algunas vueltas para retorcerla, y luego se ligan con Tin hilo encerado ó unta- do con pomada alcanforada. Limpiase la herida con agua clara, quitando con precaución todo cuerpo estraño que en ella se note. Si no existe fractura, se abocan las car- nes, caso de que lo permita la solución de continuidad. Si hecho esto aun no llegase el cirujano, se mantienen aproximados los labios dc la herida ó solución de continui- dad de las carnes, con telas dc emplasto aglutinante, y se cubren ron una densa capa de polvos de alcanfor; luego con una planchuela dc hilas untadas con pomada alcan- forada, y se sujeta cl aposito con vendas largas dc tela, rociadas por abajo y por arriba con alcohol alcanforado. Al menor amago de fiebre, se rodea el cuello y las muñe- cas con compresas de agua sedativa. Cuando el enfermo tenga apetito, puede comer sin ningún temor. Hecha la pri- mera curación, no se renueva el aposito hasla pasados cua- tro días, para que no se separen otra vez las carnes; pero después se hace una curación diaria lavando la llaga con una esponja embebida en agua de alquitrán tibia. Cuando no es posible aproximar los labios de la heri- da, la curación se renueva al dia siguiente, y así cada veinte y cuatro horas, lavando la llaga con una esponja » agua tibia, cubriéndola con tela agujereada untada de aceite alcanforado, y echando por encima una buena capa de polvos de alcanfor y después con hilas untadas con po- mada alcanforada; lodo lo cual se sujeta con vendas y ti- ras aglutinantes. Esta medicación preserva de la fiebre traumática, de la gangrena, del tétanos, de la formación de pus de mala calidad, de lo que están bien persuadidos los médicos y cirujanos que no se han desdeñado dc ensayar mi método"; y evitándose la formación del pus, la curación esmuv pronta. HERNIA, Medicación. Desde que empieza á manifestarte la bernia, se acuesta el enfermo dc manera que la cabeza es- te mas baja que los lomos; v puesto así, se Icaplican com- presas de agua sedativa, y se le dan fricciones suaves so- — 178 — bre la misma; y esto á veces basta para curarla. Pero cuando la hernia es antigua y se hace necesario llevar vendaje, se untará siempre la almohadilla con pomada alcanforada. Por regla general un vendaje no debe cau- sar daño ni molestia, y cuando esto suceda es menester desecharlo como perjudicial. HERPES FÚRFUR ACEO Y ENFERMEDADES SUPER- FICIALES DE LA PIEL. Causas. Anidación de helmintos ú otros insectos de- bajo del epidermis: erupciones arsenicales ó mercuriales. Efectos. Comezón molesta que obliga al paciente a rascarse de continuo, con lo que el virus se inocula mas profundamente en el dermis. Fiebre, insomnio seguido de demacración. Medicación. Aplicanse en el herpes compresa? dc alcohol alcanforado, cuando la erupción no es muy eslensa,y en caso contrario, se tomarán baños sedativos- alcalino-ferruginosos, con fricciones de pomada alcanfo- rada en la parte al salir del baño. El enfermo se acostará con medias, calzoncillos y camisa, todo ello untado con dicha pomada. Obsérvese con rigor cl régimen higiénico y tómese interiormente 24 granos de ioduro de potasio. Si el herpes no cede con esta medicación, se cubrirá con mostaza tres veces al dia, por espacio de diez minutos cada vez, lavándolo con agua de alquitrán. Se aplicarán compresas de alcohol alcanforado también por espacio dc diez minutos, y si es posible, se pondrán planchuelas dc cerato alcanforado; por último, se usarán planchuelas galvánicas. Los herpes que reconocen por causa la existencia de insectos debajo de la piel, no exigen tanto cuidado como los que provienen de haber seguido un tratamiento arsé- nica! ó mercurial, pues estos son los mas rebeldes y cuya curación requiere mayor constancia (Véase Enfermedades de la piel.) HIDRARTROS1S. Acumulación^e líquido entre los ligamentos y las cápsulas de las articulaciones, y especial- mente en la rodilla, sin ir acompañada de dolor, y sí solo de estorbo en los movimientos regulares de la articula- ción. Aplicanse cataplasmas alcalinas, y compresas de al- cohol alcanforado en la articulación, por espacio de diez minutos-, aquellas para que el líquido sinovial sea reab- — 176 — sorvido por la articulación; y las segundas con objeto de absorverlo por la grande afinidad que tiene el alcohol con el agua-, en seguida se cubre con una planchuela de cerato alcanforado. Se tomará tisana iodurada todo el tiempo que sea posible; y por último se observará cl régimen hi- giénico. HIDROCELE. Hidropesía del escroto y de los testícu- los. Cuando la hidropesía no es enquistada, se echará ma- no de los baños locales y demás remedios que señalamos para la hidropesía en general; pero si el mal no cede, en- tonces se hará la operación de la punción y se curará la huida como todas. ¡Véase el artículo Herida* Por últi- mo se usarán planchas galvánicas en cl ano. HIDROPESÍA. Causas. La existencia en el abdomen y en las glándu- las en él mismo contenidas de kidárídes ú otras lombri- ces , las que pegándose a las paredes del peritoneo ó del mesenterio, dan lugar á la formación de una serosidad tan abundante, que hinchi el vientre de una manera cs- traordinaria. hf'¿( tos. Comprimidos los intestinos por la masa li- quida, se hace muy dificultosa la digestión estomacal; el flujo de la bilis se hace mas y mas escaso, y se halla com- primida la arteria corta descendente y el tronco de la vena cava; la cual interrumpe la circulación , naciendo dc ahí todos los desórdenes generales en tod.i la economía; tales como la ictericia, e.-tcnu. cien, hinchazón de las estremi- dades inferiores y marasmo. Medicación. Esta consistirá en la frecuente aplicación dc compresas sedativas en el vientre; y si á esto se opone la aparición dc granos, entonces se usa en su lugar una planchuela de cerato alcanforado, aplicando las compresas sedativos en los lomos, dc donde se trasladan al abdomen, si en aquellos salen granos y en este han desaparecido. Lociones sedativas en todo cl cuerpo seguidas de friccio- nes con la pomada alcanforada: interiormente se tomará un pedacito de alcarfor lies veces al dia, y dc tres en tres dias se tomará cl aloes. Ademas, frecuentes lavativas ver- mífugas, vino aguado con el agua de alquitrán. Alimento-. aromáticos-, uso moderado dc vino generoso y de licores irom.iiicos; tisana ioduro-rubiacca y planchas galvánicas ['< r ultimo, véase el míenlo Glándulas abdominales de ''.: < niños. HIDROPESÍA DE LA MÉDULA ESPINAL . Ó HI- DROBRAQUTS. Esta enfermedad es muy grave, y debe combatirse por medio de repetidas fricciones de pomada alcanforada; lo- ciones ya de alcohol alcanforado, ya de agua sedativa al- ternativamente , y por último uso completo del régimen higiénico. HIDROPESÍA DE PECHO: HIDROTORAX. Igual tra- tamiento que la Pleuresía. Véase Enfermedades del pul- món . HIDROFOBIA. Véase Rabia. HINCHAZÓN. Véase Edema. HIPERTROFIA DEL CORAZÓN. Véase Corazón, (en- fermedades del) HIPO. Movimiento convulsivo del diafracma produci- do por una digestión dificultosa. Remediase mojando en agua sedativa la región del epigastrio con la mano y be- biendo agua salada. HIPOCONDRÍA Ó SPLEEN. Véase Constipación é ic- tericia. HISTÉRICO, NINFOMANÍA, MAL DE MADRE Ó DE MATRIZ. Causas. Introducción de cuerpos cstraños inertes ó animados, con especialidad de ascárides vermiculares, en las partes genitales de la muger. La palabra histérico solo debe entenderse bajo este úl- timo sentido; pues en la medicina antigua abrazaba todas aquellas afecciones propias de la muger, y para las cuales no hallaba un nombre particular. Efectos. Comezón ó prurito que promueve deseos ve- néreos perturbando todo el sistema nervioso; perversión del gusto, antojos estraordinarios y ensueños con los ojos abiertos. Medicación. Régimen higiénico y vermífugo; lavati- vas vermífugas; frecuentes inyecciones con agua de alqui- trán en cl órgano, ó la introducción de candelillas alcan- foradas, en particular dc noche; finalmente uso continúe dc los cigarrillos de alcanfor. HOLLÍN DE LOS NIÑOS. Véase Aftas. HONGOS VENENOSOS. Véase Envenenamientos. — 178 — I. IIIITIYOSIS. Afección cutánea semejante á las esca- mas de los pescados. (Véase Enfermedades de la piel . ICTERICIA, CLOROSIS Ú OPILACIÓN, HEPATITIS, OBSTRUCCIONES V TUMORES DEL HÍGADO, «OLO- RES PÁLIDOS, ENFERMEDADES DEL HÍGADO. ('ansas. Acumulación dc insectos en cl hígado, espe- cialmente dc la fasciola hepática, los cuales obstruyendo los canales hepáticos y el conducto colidoco determinan bi coagulación de la bilis y su trasformacion en cálculos bi- liares, impiden la secreción dc este humor ; paralizan la digestión duodenal, es decir la trasformacion del quino en quilo, y quitan á la sangre sus sustancias esenciales y el principio colorante. La existencia de estos seres animados en el hígado, produce á veces trastornos gravísimos. Las hidátides se alimentan y desarrollan á espensas de la sus- tancia del órgano; las grandes lombrices y la tenia alteran su tejido. Ademas, otras causas dan margen al esquirro. el cual se estiende á todo cl abdomen; estas causas son el tratamiento mercurial. Por último, pueden introducirse en dicha entraña varios cuerpos estraños haciendo estra- gos que se manifiestan por un entumecimiento inflamato- rio, ó por un abeeso. Efectos. Inapetencia é hinchazón de vientre progresi- vas; ictericia en todas las partes del cuerpo, eseepto en los carrillos; diarrea mucosa, y abeeso en la región de los lomos, á la cual cuando cesa de dar pus, reemplaza la des- organización del órgano. Las mugeres afectas dc esta en- fermedad, y principalmente las jóvenes, presentan una depravación del apetito que las impele á comer sustancias insólitas y fuera de lo natural, como cenizas, carbón, tier- ra, y hasta se ha visto algunas delirantes por comer materias escrementicias. Medicación. Como medio preservativo, deberá obser- varse el régimen higiénico establecido; pero una vez Id enfermedad se halla declarada, á él se añadirá el calome- lanos tomado dos días seguidos, dejando ocho de tiempo intermedio. Al dia siguiente aloes, y aceite de ricino cada cuatro dias; frecuentes lavativas vermífugas y aplicación de cataplasmas también vermífugas en el abdomen, alter- — 179 — nando dichas cataplasmas con las compresas dc agua se- dativa. Lociones en los lomos con alcohol alcanforado; y si se formase abeeso en esta región, se harán inyecciones con aceite alcanforado en la fístula. Se hará uso de la ti- sana ioduro-rubiácea por tres dias seguidos , dejando ocho de intervalo. Con respecto al esquirro, el cual apa- rece tarde ó temprano, se aplicará una compresa de agua sedativa de la mas fuerte en el vientre, sin temor de la es- coriación que acaso resulte; la cual se mantendrá puesta por espacio de diez minutos, y esto se repetirá tres veces al dia, cubriéndola otras tantas con una planchuela un- tada de cerato alcanforado, que puede emplearse varias veces consecutivas. INCLINACIONES PRECOCES EN LOS NIÑOS. Véase Priapismo. INCONTINENCIA. Véase Orina. INDIGESTIONES: DIGESTIÓN PENOSA Y LENTA. Causas. Así las indigestiones graves como la dificul- tad en la digestión ordinaria, puede proceder de las cuali- dades dc las sustancias alimenticias, como de la falta ó es- ceso de alimento; y también del poco ó ningún ejercicio corporal, y del modo irregular de distribuir nuestros ac- tos en las horas del dia. Tanto el hombre como los ani- males, solo digieren aquella cantidad que corresponde á la capacidad y fuerza individual del estómago. La diges- tión tiene sus periodos y su duración, los cuales están en razón compuesta de la robustez del temperamento, y de la fuerza impulsiva que le comunica el ejercicio corporal. La elaboración del cerebro y la del estómago , no pueden efectuarse simultáneamente ; pues la digestión de las ideas, si se me permite la espresion, solo se verifica á be- neficio de la digestión estomáquica. Finalmente, siendo el estómago un órgano digestivo, debe funcionar mientras exista la vida; pues un órgano cualquiera, por el hecho de ser tal, debe obrar, y si no tuviese de que nutrirse, se ali- mentaria con su propia sustancia, se suicidaría. La dieta tiene sus indigestiones cuando no es una hambre ó un en- venenamiento lento. Medicación preservativa.—Nada hay que indicar al campesino, puesto que este se halla, por decirlo así. m su estado natural, y solo padece indigestiones cuando quiere acercarse al estado del ciudadano. Así que. tan so- 12 — 180 — lo me dirijo a los habitantes dc las grandes poblanones luciéndoles: haced diariamente un moderado ejercicio, que obligue a inclinar el cuerpo para que comprima la ve- giga de la hiél, habituándose á estos ejercicios gradual- mente. Terminado cada ejercicio, se darán fricciones eon pomada alcanforada, durante 20 minutos ; luego una lo- ción de un minuto con agua sedativa; después un ama- gamiento ó sobadura en todas las estremidades; y por úl- timo, quítese la grasa mediante una loción con el alcohol alcanforado. A masdeesto.es menester guardar una com- pleta observancia del régimen higiénico. Para estimular una digestión penosa, basta á veces el igua azucarada; y por esto con frecuencia la recomenda- mos, particularmente al acostarse. Es innegable, que el azúcar es una sustancia que sirve de complemento á la digestión. Mcíicacion curativa. Desde que la digestión se hace con trabajo ó molestia, dése el enfermo lociones dc agua sedativa en el epigastrio. Al instante tomará el aloes y una lavativa alcanforada, con añadidura de una onza de aceite dc ricino, borraja, y luego aceite dc ricino por arri- ba en caso que la indigestión se resistiese aun á los reme- dios índií ados. INFLAMACIÓN. Esta palabra que juega un papel tan importante en la antigua medicina, soio debe considerarse como una de las manifestaciones de la enfermedad, cuya causa es muy dis- tinta. La inflamación dc los tejidos es efecto de sus lesio- nes. Cúranse estas atacando la causa, y entonces desva- nécese la inflamación. Así estamos muy lejos dc concep- tuar á la inflamación como una enfermedad especial, sino romo un simple efecto dc la enfermedad. Así, pues, remitimos al lector para las inflamaciones del estomago é intestinos, al artículo estómago (dolor de para la-, de pecho al artículo pecho {enfermedades de i: para las de los ojos véase 'ojos ( enfermedades de ) , v así para las demás. INFLUENZA. Véase Catarro. INMERSIÓN. Véase Asf.na. INSOLACIÓN. Medicación. Procúrese estar, durante algún tiempo mera del influjo de los ravos solares: v dense lociones en — 181 — la piel, unas veces con agua sedativa, y otras con alcohol alcanforado-, lavándose el rostro con agua de jabón de olor. INSOMNIO. Medicación. Antes de acostarse lómese un vaso de agua azucarada, con una pequeña cantidad de polvos de alcanfor y dos ó tres gotas de éter; ó bien másquese un pedacito de alcanfor, tamaño como un guisante, y tragúe- se con una pequeqa porción dc agua. Con esto se logran unas dos horas dc un sueño dulce y profundo. IRRITACIÓN. Véase Inflamación. Esta palabra es á veces sinónima dc irritabilidad nerviosa, procedente de la inflamación de los tejidos. ISCURIA. Supresión de la orina. Véase trinarías Enfermedades de las vías.) J. JAQUECA. Véase cabeza (dolor de). L. LACTANCIA. Véase Parto. LARINGITIS. Véase Angina. LEPRA ESCAMOSA. Véase Enfermedades de la piel. LETARGO. Véase Desfallecimiento. LOCURA. Véase Enagenacion mental. LOBANILLOS, ESCRÓFULAS, TUMORES FRÍOS. Causas El uso de remedios mercuriales trasmite á los niños esta disposición congénita á la degeneración de to- dos los tejidos. Las personas que se hallan afeetas de este vicio constitucional, tienen una predisposición innata á* las causas morbíficas animadas. Efectos. Las glándulas se engurgilan con facilidad, y en su superficie aparecen manchas encendidas y húmedas; descompóncse su tejido y se rompe sin dolor, dejando después de curado el tumor una profunda cicatriz. Tratamiento preservativo. Nuestro método no tiene ciertamente la propiedad dc hacer los órganos de nuevo, ni las constituciones; lo que hace es preservar á los fuer- tes y aliviar á los débiles, en cuanto lo permiten las con- diciones de su desarrollo. El verdadero preservativo de — 182 — las escrófulas para las generaciones futuras, es la mode- ración y la moral en los placeres: ser cuerdo cu cl amor, solícito en los maternales cuidados, y huir de todo trata- miento mercurial ó arscnícal. Observando estas precau- ciones, aunque tengamos aun temperamentos débiles, no los tendremos escrofulosos. Las personas de temperamento linfático y que tienen predisposición á las afecciones escrofulosas, se lavarán con frecuencia el cuerpo, ya con alcohol alcanforado, ya con agua de Colonia. Observarán con rigor el régimen hi- giénico. Tomarán la tisana dc zarzaparrilla simple ó iodu- rada, baños de mar y en su defecto se tomarán sedativos. Tratamiento curativo. Se cauterizan tres veces al dia las úlceras con compresas de alcohol alcanforado , antes de cada curación. En seguida se pondrán unas plancha;* galvánicas. Las úlceras escrofulosas deben tratarse dc la misma manera que las demás. VV éasc la palabra Heridas) Se so- mete el enfermo á un régimen rigorosamente higiénico y aromático: lociones frecuentes de alcohol alcanforado, fricciones dc pomada alcanforada de un cuarto dc hora de duración, tisana ioduro-rubiácea. Con este tratamien- to se han curado úlceras al parecer escrofulosas en cl es- pacio dc dos meses. LOMBRICES INTESTINALES, Ó HELMINTOS. Todos los animales llevan dentro dc sus entrañas su gusano roedor, de que se desembarazan cuando han pu- lulado demasiado recurriendo á los mismos antihelmín- ticos que nosotros indicamos. El hombre no puede librar- se enteramente dc esta ley de parasitismo, por la cual los animales pequeños hacen su paslo dc los mayores, y á su vez son devorados por estos últimos. El hombre acostumbrado á fumar y que recurre de cuando en cuando á los elíxires y otros licores alcohóli- cos, tiene menos esposicion á padecer lombrices que los demás; las mugeres y los niños, en especial, son los qne están mas dispuestos á esta afección, por efeelode su alimentación insípida, acuosa y azucarada. Las lombrices á que estamos mas espucstos cuando abandonamos el régimen antihelmíntico son las ascárides vermiculares; que son como unos filamentos blancos con aguijón acerado, largos de unas cinco lineas semejante*- — 183 — ¡i los gusanos de tierra, aunque carecen de la especie de coselete que tienen estos. Algunos niños he visto de tres y cuatro años arrojar mas de treinta de estas lombrices. LOMBRIZ INTESTINAL. Estas lombrices, y en especial la ascáride vermicular. pueden introducirse en todo el trayecto del tubo intesti- nal, en el estómago, esófago, laringe, traquearteria, pul- mones, fosas nasales, trompa de Eustaquio, etc. Las lom- brices en el ano ocasionan picazón en el intestino recto, desde cuyo sitio penetran en los órganos déla generación, causando grandes trastornos en los mismos, así físicos como morales. Cada vez que la lombriz muda de sitio, produce una enfermedad que se conoce bajo distinto nombre. Por último estas lombrices ponen sus huevos en los tejidos submusculares, cuyos movimientos en- torpecen y perturban, mientras adquieren su desarrollo. Las hidátídes proceden de huevos de tenia, llevados por medio de la circulación al cerebro, á la cabidad del peritoneo, ala matriz y otros órganos. Los niños que juegan con perros ó gatos sucios y mal cuidados, se esponen á recibir de estos animales, la tenía que arrojan con los escrementos, y la llevan colgante del ano. Efectos. 1.° La persona que padece de ascárides, pre- senta las señales siguientes: ojeras, comezón en las nari- ces, el aliento dc un hedor ácido particular; esperimenta punzaditas como de alfiler en los intestinos; pierde el co- lorido, se demacra y cae en un estado soñoliento y triste que nada es capaz de distraer. 2.° Cuando se adolece de ascárides lumbrícoides, se se perciben en los intestinos del enfermo ruidos como de espuma que se agita, y siente que á menudo (c sube como una pelota hasta la garganta, lo que en las mujeres puede atribuirse á histérico. Los niños acometidos por la tenia perruna cspeleu unos escrementos semejantes á carne mascada y medio digerida. 3." No se conoce en el cuadro nosológico de las hu- manas dolencias, enfermedad alguna, cuyos caracteres no hallen esplieacion satisfactoria en la existencia déla tenia del hombre; así cl hambre canina, como cl tétanos, la epilepsia, etc., según que la cabezo dc esta tcrrife}e lombriz se fija en las mucosas del tubo digestivo, ó en al- gún centro nervioso. El enfermo siente en cl estómago pulsaciones lacinantes, punzadas en los tegumentos, y una sensación como de resbalamiento dc un cuerpo glu- tinoso y frío en los intestinos. Percibe en las fauces cier- to ruido como dc espuma que se agita, cl cual procede sin duda del esófago, y hasta se oye á alguna distancia del paciente; pero cesa y desciende al estómago al tomar gár- garas dc agua salada, y mas si se tragan algunas gotas. En algunos enfermos la ingestión dc una gotita de agua salada ocasiona á veces náuseas, y vómitos de mocosida- des filamentosas y frías, con tales esfuerzos, que parece se desgarran las entrañas. Cuando la tenia asoma su cabe- za por las fauces, ocasiona tos y determina la formación de grumos mucosos azulados, los cuales por mediode gargarismos, se espelen sin tos, ni el menor esfuerzo. Mota. Las lombrices intestinales, dc las que basta con las especies que dejamos designadas, causan casi las cuatro quintas partes dc las afecciones que aílijen á la hu- manidad y cuya «ausa se desconoce. Por consiguiente, es tanto mas prudente emprender cualquier tratamiento por los remedios antihelmínticos, que forman la base de nuestro sistema, en cuanto que dc ningún modo y en ningún caso agravan la enfermedad, cuya causa ha sido imposible determinar. Insiguiendo nuestro sistema, vemos desvanecerse en dos ó tres dias ciertas afecciones que, medicadas según los principios comunes, adquieren poco á poco un carác- ter alarmante, que exijc dos ó tres meses de régimen de- bilitante, y un espacio de tiempo igual parala convale- cencia, dado que no acaben por una afección tifoidea ó ron la muerte del doliente. — 18o — Las afecciones verminosas pueden lleg¡:i .': ser incura- bles, ya por acudir tarde á su tratamiento, ya p r que cuan- do se trata de remediarlas, las lombrices han causado los estragos que le son peculiares, ha dislacerado ó taladra- do las membranas de los intestinos, ó se han agarrado al esófago, produciendo la oclusión de la traquearteria. Por lo mismo el paciente puede morir por las espresadas cau- sas, y también por asfixia y estrangulación. Contra es- tos casos son impotentes los recursos humanos; y fuera solemne impotencia atribuir estos desgraciados acciden- tes á la administración de tal ó cual medicamento. Es- tas refleccioncs me parecen bastantes para convencer de la necesidad de no retardar la medicación por los reme- dios vermífugos, Medicación contra las ascárides vermiculares y lom- brices. Muchas veces la rigurosa observancia del régimen higiénico, basta para desembarazarnos de tan peligrosos huéspedes, y siempre es dicho régimen un excelente pre- servativo. Con todo, si las lombrices pululan en térmi- nos que se resistan a dicho régimen, deberá adoptarse el siguiente tratamiento.- Tratamiento para las criaturas de leche. Las enfer- medades intestinales de los niños de esta edad se consi- deran'siempre como verminosas, y se tratan por el régi- men aromático y antihelmíntico. Cada cuatro dias, por la mañana y al anochecer, se ad- ministra á las criaturas una cucharada dc jarabe de achi- corias, se les dan pocos dulces y se condimentan bien los manjares: danseles lociones de alcohol alcanforado, y friegas con la pomada alcanforada. En las crisis y som- nolencias, se les aplica al vientre una cataplasma vermí- fuga, con una pequeña lavativa antiverminosa; y si esto no les calma, se les darán los colomelanos. * Tratamiento para los niños mayores decinco a;;os. Se les hace mascar por la mañana y por la noche un pe- dazo de alcanfor del tamaño de un guisante, el cual tra- garán con un sorbo de agua salada ó de jarabe de achico- ria. Por la mañana y por la noche, se aplica encima del estómago una cataplasma vermífuga; en seguida se les dan lociones de alcohol alcanforado, luego friegas con la pomada alcanforada; de cuando en cuando se les adminis- tra una lavativa vermífuga pero sin tabaco. — 186 — Finalmente, sedan dos granos del calomelanos en una cucharada de almíbar ó en una bolita dc papel. Igual- mente produce muy buenos efectos la mixtura siguiente Tómese: De aceite de olivas .... 3 cucharadas. De vino blanco...... 3 id. De azúcar......... 1 id. Agítase la mezcla y se esprime en ella el zumo de un limón. También puede dárseles en almíbar polvosde raíz de helécho macho, ó dc sémen-contra, ó musgo de Cór- cega. Tratamiento para los adultos. Es igual al preceden- te, sin mas variación que el aumento proporcional de las dosis del calomelanos y demás sustancias, y tomar ente- ras lavativas vermífugas. A mas, de cuando en cuando beberán un raso de alguno de los licores higiénicos di- que hemos hablado, ó un rasito de coñac alcanforado. Alimentación aromática y régimen higiénico rigoroso. Con frecuencia se siente grande alirio sin haber arro- jado del cuerpo ni una sola lombriz en su forma ordina- ria; puesto que las lombrices, lo mismo que otra cual- quiera materia organizada, se digieren desde que están muertas, y la digestión todo lo transforma. T'AIA Ó LOMBRIZ SOLITARIA. — 187 — Medicación contra la tenia ó lombriz solitaria. Cuando todos los medios que acabamos de presentar son insuficientes, puede asegurarse que existe la tenía, esc terrible enemigo de nuestras entrañas. En tal caso, se masca lo menos tres veces al dia, un pedazo de corteza de granado, tamaño como una moneda de diez reales, y luego se traga facilitando su deglución con beber medio vaso de vino blanco ó la cuarta parte de un raso de agua de ostras. Todas las mañanas se toma vino blanco gra- nizado; esta bebida se repite cada vez que la lombriz su- be á la garganta, y entóuces se aspirará alcohol alcanfo- rado diluido en agua. Danse lociones con alcohol alcan- forado ó agua sedativa en todos aquellos puntos en que se perciban las picaduras de la lombriz. De cuando en cuando se tomarán cuatro granos del calomelanos y la- vativas vermífugas; fúmanse cigarrillos de alcanfor, y si no bastase, el tabaco. Cómese á menudo ensalada con ajo. Vamos á esponer un remedio muy eficaz para estos casos: Póngase á cocer en dos cuartillos de agua: De raices frescas de granado. . . . 2 onzas. De raiz de helécho pulverizada. . . 1 id. De aloes..............5 granos. De ajos.............. 1 diente. Reducido el líquido por el hervor á la tercera parte, se aparta el fuego y se cuela en un lienzo grueso. Cada cuarto de hora tómese un vaso de esta bebida en caliente, oliendo i:n pedazo de limón, para evitar las náuseas. Si la lombriz asoma á la garganta, se tragan al- gunas gotas de alcohol alcanforado, y del mismo alcohol se empapan compresas, que se aplican á todos los pun- tos irritados por la tenia. Una hora después del último vaso se tomará: Deaceitede ricino .... 2 onzas 1 adarme9 granos. En de caldo de yerbas. . 1 taza regular. Después se dá un paseo. Cada vez que se siente la necesidad dc obrar, se toma una taza de caldo de yerbas, echando en el servicio le- che ó agua caliente, antes de sentarse en él. — 188 ~ De cuando en cuando se toman fricciones con pomada alcanforada; y si después de este procedimiento, l.i tenia no cstubiesc muerta, ó no se hubiese espelido, se conti- nuará el mismo tratamiento al cabo de ocho dias. El remedio mas eficaz que he empleado hasta ahora, aun cuando no son prontos sus efectos, es el siguiente: Tómese cada dia por la mañana en ayunas un polvo de raíz dc granado y de helécho entre dos pedacitosde confitura, ó en un vasito dc vino blanco-, al cabo dc media hora una copita de aguardiente alcanforado dc la fuerza que cada uno pueda soportar. A cada toma seguirán gárgaras de agua salada, tisana de rubia al pasto, y por intervalos una lavativa vermífuga, en todo lo demás, se sigue del modo indicado. Dase á los niños 1 onza dc raíz de granado, media dc raíz de helécho pulverizada, las (pie se habrán cocido en un cuartillo dcagua, icduciéndola por medio de la ebu- llición á la tercera parte, y después se administra 1 onza de aceite dc ricino. Siempre que se observa una lucha entre la fuerza del medicamento y la tenia, es menester no cegar en su pro- secución, sino que se aplicarán compresas empapadas en alcohol alcanforado. Cuando sobreviene desmayo, se em- pleará cl agua sedativa, rociando la cabeza y poniendo compresasen torno del cuello. .Suevo remedio preservativo y curativo de las lom- brices intestinales y la tenia. Tómese: De agua salada......2 cuartillos. Dc sal de cocina..... 1 puñado. Después de haberse filtrado, se añadirá cl zumo del limón, y se dejarán en maceracion algunos pedacitosde cortezas de naranjo. Cada mañana se tomará de esta be- bida la cuarta parte de un vaso en ayunas, y siempre qui- las lombrices suban á la garganta. A esta agua doy el nombre de agua de ostras aromatizada, ó limonada sa- lada. V la llamo así, por cuanto puede esta bebida suplir á las ostras que suelen tomarse antes dc almorzar. LOMBRIZ SOLITARIA, TENIA. Véase Lombrices. LUMBAGO. Véase Esguince. LUX-VCION. Véase Esguince. LLAGAS. Véase Heridas. — 189 — M. MAGULLAMIENTO DE CARNES. Véase Contusiones. MAL OLOR DEL ALIENTO. Régimen higiénico complejo, con el uso de pastillas de buen aliento; frecuentes gárgaras de agua salada; al- canfor en polro tomado á modo de rapé; enjuagársela boca con agua salada, en la que se haya disuelto una lige- ra cantidad de vinagre alcanforado; y uso de la yerba bue- na, ya mascando las hojas, ya teniendo una sumidad cu la boca, ó ya en pastillas. MAL DE SAN PABLO. Véase Epilepsia y Convul- siones. MAL DE MADRE. Véase Histérico. MAL DE COSTADO. Véase Pecho. MAL DE GARGANTA. Véase Angina. MANCHAS HEPÁTICAS- Véase Hígado. MANÍA. Véase Enagenacion mental. MANSTURBECION. Véase Priapismo. MARASMO. El marasmo ya es procedente de la tisis tuberculosa, ya déla existencia de lombrices intestinales, ya por enve- nenamiento, dc resultas de haber tomado sustancias ar- senicales y mercuriales, administradas como medicamen- tos ó absorv idas por los que ejercen ciertos oficios en que se emplean tales sustancias. En efecto, es enferme- dad muy común en los pintores que emplean el verde de Scheele, el cual, no tardaremos mucho en ver sustituido por nuestro verde. MAREO. Causas. El mareo reconoce por causa, el vacío que los movimientos de un buque ocasionan en los pulmones y el estómago por mediode la aspiración. Medicación. Uso del alcanfor y del cigarrillo, para conservar la fuerza de las aspiraciones: fricciones encima del estómago con alcohol alcanforado, ó agua de Colonia. Es menester estar en ayunas al embarcarse, y luego de estar ó bordo, tomar un buen almuerzo, y beber vino generoso. MATRÍZ (enfermedades de la), O ENFERMEDADES DEL ÚTERO. Causas. Contagio del útero, ya de resultas de un un- — 190 — puro contado, ya-por el uso de medicamentos mercuria- les y venenosos. Inflamaciones y ulceraciones de este ór- gano, producidas por la introducción dc cuerpos eslra- ños, y de ascárides vermiculares. Ahora solamente nos concretaremos en esta última categoría de causas mor- vosas. A mas, véase Prolapso ó descenso de la matriz. Efectos. Titilaciones que imitan á los placeres lúbri- cos, y tarde ó temprano flujos blancos ó rojos, acompa- ñados á menudo de cuajáronos de sangre, y hasta en al- gún caso de pedazos dc carne. Con harta frecuencia se confunde el cáncer del útero con las úlceras procedentes del uso de los mercuriales y de otras sustancias mine- rales. El verdadero cáncer adquiere desarrollo; al paso que el que resulta de los mercuriales, se ceba en pedazos de carne y en cuágulos de sangre. Medicación. Las enfermedades del útero deben cu- rarse desde sus principios; pues mas adelante solo es posible aliviarlas. Repetidas inyecciones dc agua de alquitrán, introduc- ción todavía mas frecuente de pomada alcanforada; apli- caciones en el abdomen y en los lomos dc compresas empapadas en agua sedativa, ó de cataplasmas salinas; tisana dc zarzaparrilla y de ioduro de potasio, tres veces al dia alcanfor; esto es, cuantas veces tome tisana: agua dc achicorias en todas las bebidas: aloes cada cuatro dias, y lavativas alcanforadas; frecuentes fricciones con la poma- da alcanforada; pesarios galvánicos, é inyecciones de sul- fatode zinc de medio grano disuclto en un vaso de agua. Los alimentos sosos, y la leche de que usan las mujeres en las grandes ciudades, juntamente con sus habitaciones húmedas y oscuras, son una de las causas ocasionales de tantísimas afecciones de la matriz como en todas se pa- decen. París puede compararse á unaciieva a donde van á marchitarse las mas lozanas complexiones, privadas de luz, de aire, y de buena alimentación. MÉDULA ESPINAL, (enfermedades de la . El mismo tratamiento que para los casos dc parálisis. MELANCOLÍA. Véase Constipación. MESTRUOS. Véase Realas. METORISMO, O TIMPANITIS. Causas y efectos. Esta afección se presenta con hin- chazón en los intestinos, y á veces dc toda la cavidad del — 191 — vientre ó del peritoneo y tejido celular, por la acumula- ción de una cantidad estraordinaria de gases, ya de hi- drógeno sulfurado, ó ácido carbónico, que causando una compresión en los .grandes vasos y en los pulmones, ha- cen inminente la asfixia ó la apoplegía. Medicación. Desde que se observa esta afección, es necesario que el enfermo tome interiormente agua seda- tiva, disuelta en veinte reces su volumen de agua. Luego se darán lociones con agua sedativa pura en el pecho y vientre, hasta que los síntomas desaparezcan enteramente. Se administra una lavativa vermífuga, á la cual, al sepa- rarla del fuego, se le añade para los ganados un vaso de ugua sedativa, la que se reducirá para el hombre á una cuartapartedevaso. MIASMAS. Véase Envenenamiento. MILIAR. Véase Sarampión. MISERERE. Véase Cólico. MORDEDURAS de víbora, ó de otro animal veneno- so, picadura de abejas, obispos, arañas y escorpiones. Aplicación inmediata de agua sedativa en la herida, ó amoniaco puro si se tiene mas á la mano: frecuentes lo- ciones de agua sedatira en torno del sitio en que reside el daño, y hasta en todo cl cuerpo, cuando los resultados lian trascendido á otras partes, cuyo tratamiento habrá de continuarse hasta que cesen del todo los fenómenos morbosos. Interiormente se toma con frecuencia un ra- so dc agua alcoholizada con algunas gotas de agua seda- tiva. MUELAS Y DIENTES, (dolor y caries) DENTICIÓN DIFÍCIL. Causas. Estas son el abuso de sustancias acidas, y de medicamentos mercuriales y otros, corrosión de una mue- la ó diente por una larva ó lombriz intestinal. Efectos. Inútilmente quisiéramos dar una idea de lo insufrible del dolor de muelas-, pero debe notarse que cuando acompaña fluxión cñ el carrillo, indica que la ca- ries se halla en la encia, y ha penetrado hasta la raiz de la muela, ó bien la corrosión es tal, que con las puntas hue- sosa desgarra la encía y las paredes de la boca, llevando á ellas la infección. Los remedios mercuriales ennegre- cen y descalzan los dientes y los hacen brandear y caer sin dolor. — 192 — Hay aguas que filtrando al través de filones mercuria- les, producen, aunque mas lentamente, los mismos efec- tos que el abuso de remedios mercuriales. Medicación preservativa. Cuídese dc limpiar cada mañana la dentadura con aguadc ceniza de leña,la cual se cuela después de haberla bien agitado. Después dc cada comida, se lavan bien los dientes y se enjuaga la bo- ca con cl último sorbo dc vino; y las personas que no lo beben, se pasarán por los dientes el dedo mojado en agua de Colonia. Obsérvese cl régimen higiénico. Medios curativos. Si la caries no es muy profund'. basta para disipar el dolor mas intenso, el introducir en la muela cariada un pedacito de alcanfor. Cuando no e:< suficiente este sencillo mcoio, lo cual indica la existencia de algún abeeso en el álveo!;), se frota la encía con el dedo mojado en alcohol alcanfor do, y se aplica en el carrillo correspondiente, una cataplasma salina, rociada con agua sedativa. Asi hemos visto desvanecidas como por encan- to las fluxiones dc muelas. Con esto ninguna necesidad hay dc recurrir al dentista para arrancar las muelas. ln buen régimen evita que el mal se reproduzca. Si, no obs- tante el depósito alveolar fuese tal, que no bastasen los remedios indicados, no quedaría mas recurso que arran- car la muela. En este caso se enjuaga inmediatamente la boca con agua tibia, hasia que ya no sale sangre, aña- diéndole algunas gotas de alcohol alcanforado. Varias ve- ces al dia se introduce en el alvéolo alcanfor pul rerizado. Con esto se está al abrigo de las fluxiones y dc los efec- tos de un golpe de aire. MUERMO DE LAS CABALLERÍAS V DE LOS F\ CARGADOS DE CUIDARLAS. Causas. La invasión dc los ácaros ó larvas en las fo -us nasales ó en el velo del paladar, que inoculando en los tejidos el viciado producto dc su parasitismo, llevan la infección al torrente generad de la circulación, propa- gan el contagio causando al fin la muerte. Efectos. Desde luego se presenta un flujo muí oso. el cual fluye continuamente de I is narices del caballo, y va adquiriendo cualidades mas y mas dañinas; acompañan tos seca y asmática, torpeza y pesadez en los movimien- tos, infartos en los ganglios. La autopsia nos muestra los huesos de la nariz cubiertos de bolletus medalla pan is — 193 — Esta afección puede contagiar á los que cuidan los caba- llos en la euadra, y á los que los montan, aunque no por inoculación de los humores purulentos, sino por comu- nicárseles la causa morbífica. Los síntomas qne se ma- nifiestan en el hombre son-, somnolencia y pesadez debi- lidad producida por una calentura lenta, erupciones en las narices, boca y demás partes del cuerpo, de unos gra- nos que muy fácilmente se descomponen, y sobreviene la muerte á los tres ó cuatro dias si se sigue el método antiguo. . Medicación preservativo. En vez de pesebres de ma- dera, se usarán de piedra; tápensen los agujeros del sue- lo v se enjalbegan cada año las paredes dc la caballeriza, lavando con frecuencia el pavimento con cloruro de cal; límpianse las telarañas, y se perfuma de cuando en cuan- do la cuadra quemando tabaco y plantas aromáticas. Si el mozo duerme encima de ella, obligúese á encerar bien el suelo, á tener bien limpias las paredes, y á dormir en una hamaca. No privarle nunca de fumar y hacer que ca- da mañana y cada noche tome lociones en todo el cuerpo ron alcohol alcanforado. #P Medios curativos. Así que un caballo presenta el menor síntoma de flujo nasal, se le dan inyecioues de aceite de trementina en las fosas nasales, á las que segui- rán otras de agua de alquitrán muy fuerte. Con el mis- mo aceite de trementina se lava la cabeza, ó mejor, con alcohol alcanforado; y se cura la calentura por medio del agua sedativa. Se administran lavativas de agua blanca y trementina, y la misma agua se toma en clase de bebida, sin abandonar esta medicación hasta haber desaparecido todos los síntomas. Mézclase cada dia con la paja un pu- ñado dc raíz de rubia. Si al animal no le incomoda la tos, se le hace beber en infuso una onza dc raiz de rubia. Los que cuidan caballos enfermos, deben lavarse las manos con alcahol alcanforado, antes y dkspucs de curar- los-, deben fumar tabaco, ó aspirar cl cigarrillo de alcan- for, y también por la nariz alcohol alcanforado de cuando en cuando, diluyéndolo en una cantidad de agua veinte veces mayor; tres veces al dia tomarán alcanfor; se rocia- rán a menudo la cabeza con cl agua sedativa, y se purga- rán con el aloes, dándose por intervalos lavativas vermí- fugas. Si sale alguna erupción, se cauteriza con el aleo — 19'* — bol alcanforado, lavándose con frecuencia el cuerpo con vinagre alcanforado diluido en agua. Se inyectará en las narices alcohol alcanforado también disuelto en agua; se tomarán frecuentes gárgaras con lo mismo; agua sedati- va en la cabeza y al rededor del cuello, y fricciones. Ti- sana ioduro-rubiácea tomada diariamente. La rubia u granza parece ser un remedio especifico para este mal. así que desearíamos que los veterinarios nos comunicasen los resultados que dc ella obtengan. N. NARIZ final olor de) OZENA. Se lava la nariz con agua salada, y con la misma se to- man gárgaras. Tómese alcanfor y apliqúense encima de la nariz compresas empapadas en alcohol alcanforado. NINFOMANÍA. Véase Histérico. NAUSEAS, conatos dc vomitar. Véase Estómago (do- lor de) y Vómitos. NECROSIS. Véase Caries de los huesos. Llámase ne- cMBis á la muerte de una porción cualquiera de hueso. que permanece aislada ó circunscrita entre las partes que la rodean cual si fuera un cuerpo estraño, Hasta ahora no se conocía otro medio curatiro dc la necrosis que la operación, pero ya nuestra medicación la ha hecho inne- i esaria. NEFRÍTICO (Cólico.) Causas. La formación de un cálculo en un riñon, ó en ambos, obstruyendo el conducto de los uréteres, opo- ne un obstáculo á la secreción dc las orinas, y distiende los órganos aumentando su capacidad y causando inten- sísimos dolores en el punto que llamamos vulgarmente ríñones. Debemos pues contar como causas del cólico nefrítico todas aquellas que pueden determinar la forma- ción dc cálculos. Mas terribles aun que los efectos de un caíanlo son los de la presencia dc uu ser animado, conu. lombriz, etc. que se lija y obstruye dichos órganos. Efectos. Nada puede compararseá la violencia del có- lico nefrítico, como no sea el cólico miserere. Enfermos he visto que se arrastraban cual si abrigasen una legión de espíritus malignos; y el doliente puede contarle por dichoso, siMle-ra á orinar, aunque no sea mas que sangre pura, pues esto indica la salida del obstáculo. — 195 — iledicacion. Consiste en la aplicación de agua sedati- va por medio de compresas en la región de los lomos, y en seguida fricciones con la pomada alcanforada. Inte- riormente se toma un grano de polvos de alcanfor en un \aso de agua de alquitrán. Adminístranse frecuentes in- yecciones de aceite alcanforado en el canal de la uretra; lavativas alcanforadas, y baños sedativos. Riguroso régi- men higiénico, con cl cual tal vez se evitan los funestos efectos del cólico. NERVIOSA ENFERMEDAD. Véase Neuralgia. NEUMONÍA. Véase Enfermedades de pecho. NEURALGIA ó ENFERMEDAD NERVIOSA. Esta palabra en el significado que comunmente se le dá es inútil. Siendo los nervios los agentes de la sensi- bilidad, y hallándose distribuidos formando una densa rédenla sustancia de los órganos, ¿cuál es la afección que no merezca cl nombre de neuralgia? Así cuando una enfermedad es desconocida en su esencia, dicen que es nerviosa. NIÑOS DE PECHO, (enfermedades de los). Los ni- ños de pecho en general están sujetos á poquísimos ó ningún accidente, pues es la leche su panacea universal; pero una vez destetados y entregados á la vida de familia. empiezan ya á perder su hermoso colorido, á enflaquecer y á sufrir no pocas incomodidades en su salud. ¿De qué viene esta diferencia? De la impureza del aire, de la fal- ta de sol, y principalmente de la diferencia en los alimen- tos. La lactancia les proporcionaba la esencia de todos los condimentos que usaba la aldeana; al paso que al res- tablecerse la criatura en la ciudad se la envenena, por decirlo así, con una alimentación insípida y verminosa. mirada por los ricos como una de sus mas deliciosas pre- rogativas. Todas las enfermedades que presentan los niños deben tenerse por resultado de las lombrices, y en consecuencia tratarlas con un método aromático y antihelmíntico. Por la mañana y por la tarde se les administrará una cuchara- da de jarabe de achicoria; prohíbeseles la leche y los dul- ces, dándoles los manjares bien condimentados con espe- cias. Lociones de alcohol alcanforado seguidas de fric- ciones con la pomada alcanforada. Durante las crisis y somnolencia se les aplicará en el vientre una cataplasma — 196 — vermífuga y una corla lavativa también antiverminosa. Si con todo esto no calman los síntomas se les dará un grano de calomelanos. Cuando el reciennacido se niega á lomar el pecho, v hay que darle la leche por medio del biberón, se dará diaria- mente á la vaca de que se saque la leche un manojo de heno espolvoreado con alcanfor. Dándole por interva- los cl jarabe de achicorias, lavativas alcanforadas, fric- ciones en cl vientre con la pomada alcanforada, y un pe- dazo de alcanfor al lado de la boca mientras la criatura esta durmiendo, se puede tener una seguridad de criai al chiquillo tan sano y robusto como si le amamantase una ama de leche bien complexionada. NUBE. Véase Ojos. O. OBESIDAD. Buen régimen higiénico: diario ejerci- cio, por ejemplo, jugar á los bolos ú otros juegos, y frir- i iones de pomada alcanforada antes de quitarse la ramisa después de cada ejercicio. Por último, lavativas alcanfo- radas todas las mañanas. OBSTRUCCIONES DEL HÍGADO. Véase (Enferme- dades del; OFTALMÍA. Véase Ojos. (Enfermedades de los) OÍDOS (enfermedades dc los) Disminución de oído, zumbido, sordera. Causas. La introducción de algún cuerpo estraño en el conducto auditivo estenio ó interno, de una semilla que germine, ó dc un insecto que á menudo roe la terni- lla y los hu. sos. El zumbido y la debilidad del oído provienen con liar- la frecuencia dc la introducción de una lombriz intestinal en la trompa d« Eustaquio; es decir, en cl conducto audi- tivo interno. También proviene de la compresión que en dicho conducto ejerce el desarrollo anormal délas glándu- las amígdalas ó délos ganglios linfáticos adyacentes. Efectos. Se han visto casos en que la introducción de una simple pulga en el conducto auditivo, ha producido una calentura tan intensa, que ha ocasionado el delirio v el furor. "/■ iicacion. Se echara en el oído aceite alcanforado, — 197 — y se mantendrá por algún tiempo mediante una pelotilla de algodón, y esto basta para matar ó expeler al insecto; á menos que se haya refugiado en el interior de la por- ción petrosa del hueso, donde el aceite necesita mas tiempo para penetrar. Si al instante no se calmase el do- lor, se pondrán unas compresas de agua sedativa detrás de las orejas. Después que el dolor haya desaparecido se lavará el conducto del oido con agua de alquitrán, y por último, si ninguno de estos medios es suficiente, se lla- mará un cirujano para que proceda al examen del oido y á la estraccion del cuerpo estraño. Para el zumbido procedente del entumecimiento dc las amígdalas, véase el artículo Glándulas. Si se trata dc una lombriz intestinal que há penetrado en la trompa de Eustaquio, basta muchas veces el humo del tabaco, ó el uso del cigarrillo de alcanfor, y mucho mejor aun si se añaden gárgaras de agua salada. Alguna vez acontece que el zumbido y el dolor de oí- dos provienen de un vicio herpético en el conducto audi- tivo externo á consecuencia de alguna medicación sospe- chosa; entonces debe echarse sin temor alcohol alcanfo- rado de cuando en cuando en el conducto auditivo, cui- dando cada vez de cubrir la oreja con la pomada alcan- forada. Por intervalos se aplican á la oreja placas galvá- nicas, y se usa la tisana de zarzaparrilla iodurada, y hasta ioduro-rubiácea. Pero en todos los casos se toman fre- cuentes gárgaras dc agua salada. OJOS, (enfermedades de los). Causas. Las afecciones de los ojos proceden de la in- troducción de los cuerpos estraños, de la absorción de sustancias corrosivas, tales como los medicamentos en que entra el mercurio, el arsénico ó cualquiera de los preparados de estas sustancias en una ú otra región del globo del ojo; y con mucha frecuencia se deben á la intro- ducción de un insecto muy pequeño. La enfermedad lle- va diverso nombre según cl sitio que ocupa el insecto, ya sea en el nervio'óptico, en la retina, en el humor vitreo, en el cristaliiio,*cn el espesor de la córnea ó de la conjun- tiva en la glándula lagrimal ó en el conducto nasal. Efectos. Los medicamentos mercuriales ó arsenica- les empleados con una profusión tan funesta y poco medi- tada para los males mas lijeros, acaban por dir.jirse a la — 198 — bóveda del paladar, á las paredes dc las fosas nasales, pe- ro con mas frecuencia hacia los ojos, en los cuales produ- cen los mayores estragos, y en tal caso parece que el fa- cultativo se lava las manos achacando tan tristes efectos a la enfermedad. Tarde ó temprano la práctica futura maldecirá de la presente por cl uso homicida dc estos in- discretos medicamentos. La existencia de una lombriz, que constituye una de las causas mas comunes de las afecciones de los ojos espontánea, ocasiona estragos tan desastrosos como variados; con todo queda la esperanza de librar de los mismos al enfermo; ¿pero cómo ha de ser posible desembarazar un órgano de sustancias que se han combinado con sus tejidos átomo por átomo? Medicación. Para combatir los efectos del mercurio y detener en su marcha la circulación dc este veneno, cu- bro la nariz y rodeo las órbitas con compresas embebidas en alcohol alcanforado, y al mismo tiempo lo hago aspi- rar por las narices. A mas de esto, se recurrirá á la apli- cación de planchas galvánicas en las sienes y alrededor dc los ojos. Por último, se tomará tisana de zarzaparrilla iodurada. Pe ro en los demás casos se añade lo siguiente á la anterior medicación: al acostarse se cubren los ojos con pomada alcanforada, de manera que al abrir los párpados se estienda por la conjuntiva, y como se dice vulgar- mente dentro de los ojos. Entonces se siente un fuerte escozor, que es preciso sufrir, y aun á veces parece que la conjuntiva se inflame mas; lo cual no debe alarmarnos. Puede renovarse esa untura cuantas veces el enfermo se despierte. Por la mañana se echa una décima parte de agua sedativa en un vaso de agua, y con ella se lavan los ojos. Interiormente se tomará tres veces al dia alcanfor. cada tres ó cuatro días aloes, y sí la enfermedad es resul- tante del virus venéreo, se administra ioduro de potasio. En este caso se sostituye al baño de agua sedativa el de 20 granos del sulfato de zinc disueltos en un vaso de agua. Aplicanse las planchas galvánicas, ya en las sienes, ya encima de los párpados, y hasta se introducen las sondas galvánicas en las fosas nasales. Tómase: tisana de zarza- parrilla iodurada. y lavativas con un grano de sulfato de zinc. — 199 — Asi hemos curado un sin número de afecciones de lo» ojosde todas clases. OJOS DE GALLOS. Véase Callos. ONANISMO. Véase Priapismo. OPERACIONES QUIRÚRGICAS. Véase Heridas. OP1ES10N DE PECHO. Véase Catarro. ORINA (incontinencia y retención de la). Niños que se ORINAN EN LA CAMA; HÁBITOS PRECOCES OE LOS NlñüS. ORINAS SEDIMENTOSAS, ARENOSAS Y FILAMENTOSAS. Causas. En general todos estos accidentes son debi- dos á la introducción de ascárides verminosas en las vias urinarias ó en los órganos de la generación, donde con las continuas titilaciones que promueven son capaces de cau- sar los mayores desórdenes, así físicos, como morales, según cual sea la región que invaden de dichos órganos. Medicación. Régimen aromático completo. Cubrir continuamente las partes ya con polvos de alcanfor, ya de pomada alcanforada, especialmente durante la noche. En los adultos frecuentes inyecciones de agua de alquitrán y aceite alcanforado. Se usarán los calzoncillos higiénicos de que hablamos en el articulo Priapismo. Cada noche se echarán en la cama polvos de alcanfor entre las sábanas y el colchón. No se hacen esperar mucho tiempo los feli- ces efectos de esta medicación. Es necesario que los ríñones ó los órganos digestivos, presenten una desorganización muy profunda para que los orines filamentosos, sedimentosos y hasta arenosos, no se presenten claros y aromáticos de la noche á la mañana con solo tomar tres veces diarias el alcanfor alternativamen- te. Todavía mas; con esto, los orines se conservan en medio de los mayores calores sin exhalar la mas mínima cantidad de gas amoniacal, y á pesar de estar expuestos al aire, despiden por mucho tiempo cierto olor de benjuí. Para los que orinan sangre, ó que adolecen de hema- luria, se aplican cataplasmas salinas rociadas con agua sedativa en los ríñones. En seguida fricciones con poma- da alcanforada; lociones de alcohol alcanforado; alcanfor interiormente tres veces al dia con infuso de agua dc bor- raja é inyecciones de aceite alcanforado. ORZUELO. Véase OJOS (enfermedades de los) OSTEOSARCOMA. Véase Tumores rojos de los hue- sos. — 200 — OVARIOS (infarto, inflamación, esquirro de) Tratamiento de las enfermedades de la matriz (véase rl artículo correspondiente á esta palabra). Ademas se añadirá la aplicación en la región del dolor, dc compresas embebidas de agua sedativa de la mas fuerte que la enfer- ma pueda sufrir por espacio de diez minutos. Enseguida -e cubrirá el punto que se presenta entumecido con cera- to alcanforado. Cuando el agua sedativa haya determi- nado una viva escoriación, se quitarán las compresas y se aplicarán en su lugar cataplasmas salinas. Observancia del régimen higiénico. OZENA. Véase .Variz. P. PALPITACIONES. Véase CORAZÓN (enfermedades del) PANADIZOS. Causas. La introducción dc una espina, de un cuerpo estraño, dc un insecto, ó de un gusano entre la uña por debajo de la raíz, ó en la última articulación del dedo. Efectos. Dolores lancinantes, acompañados de calen- tura, insomnio, hinchazón é inflamación del dedo afecto; abeeso que por el método antiguo deja siempre trazas mas ó menos profundas dc los estrago?, produciendo á veces deformidad en cl dedo; y aun se han visto casos en que se ha hecho necesaria la amputación del mismo. Medicación. Envuélvese el dedo afecto con una venda bien empapada en alcohol alcanforado, y así envuelto se introduce en un dedal de piel ó de vegiga de puerco, que se mantendrá fijo con dos cordones atados á la muñeca. Cesa la calentura como por encanto: échase alcohol alcan- forado dentro del dedal, siempre que se ha secado cl tra- po y que ruelrc á sentirse las punzadas. A los dos ó tres días revienta la piel, se pone mustia, y se desprende en el sitio en que residió el mal. Entonces se quita el apo- sito, y se lava bien el dedo con agua de alquitrán tibia: en lugar del alcohol, se usa solamente de la pomada alcan- forada, con la cual se unta una planchuela de hilas, y con «•lias se envuelve el dedo, y se introduce luego en ..n de- dal de suficiente capacidad. Cuando solo se siente una li- gera comezón y que se conoce que las hilas están ya se- — 201 — cas. se echa en el dedal aceite alcanforado; mudase de es- la misma manera el aposito cada veinte y cuatro horas. Si la piel, debajo de la cual se halla acumulado el pus, no revienta por sí misma, se abre con la punta de un alfiler ó de un cortaplumas, en cuyo caso el alivio será instan- táneo apenas haya salido el pus con la incisión. Córtase la piel muerta con unas tijeras, á fin de facilitar el lavar la parte con el agua de alquitrán. La curación se hace con pomada del modo dicho. El panadizo de los animales se cura de la misma ma- nera, empleando aguardiente de mala calidad, y sustitu- yendo la pomada de alquitrán ó dc trementina á la poma- da alcanforada; y al dedal una vegiga de puerco entera. PAPERAS. Causas. Las paperas se deben al uso de bebidas muy frías y de aguas mercuriales que filtran al trarés de algún lilon mercui¡al emlas minas; á veces son causadas por la picadura de algún insecto deestos que tienen la propie- dad de producir, con la simple succión, cl desarrollo de órganos parásitos de figura mas ó menos estraña. Medicación. El tratamiento general es el mismo que para las glándulas, al cual se añade la aplicación de com- presas de alcohol alcanforado; de cuando en cuando se tomará el ioduro de potasio, cuyo uso se continuará por mas ó menos tiempo, y se pondrá una pequeña cantidad de esta misma sal en las cataplasmas salinas. PARÁLISIS GENERAL Ó PARCIAL. Causas y efectos. La parálisis es efecto de la intro- ducción en algún centro nervioso que preside al movi- miento, de un cuerpo estraño, gusano, insecto, de una base intoxicante ó desorganizadora, que intercepta dc un modo mas ó menos duradero y reparable la comunica- ción del influjo nervioso con los órganos de la locomoción y del movimiento; es decir, con una porción cualquiera del sistema muscular. La apoplegía (véase su artículo; es la parálisis de toda la masa encefálica: la parálisis es la apoplegía mas ó menos duradera de la raíz de uno ó mas nervios que dc la misma emanan. La hemiplegia (véase su artículo) afecta únicamente un lado del cuerpo; y tie- ne su asiento en la bóveda del cráneo. La paraplegia únicamente afecta los miembros inferiores; y tiene su si- tio en la porción estrema dc la médula espinal. El reu- — 202 — matismo solo afecta algunos ramos secundarios de ner- vios, y no produce mas que el entorpecimiento momen- táneo paralitico de una superficie muscular muy limitada. Como el sistema nervioso forma una red que se sub-divi- dc hasta el infinito, hasta en el límite de un órgano, si- gúese que nunca el reumatismo es una parálisis, puesto que únicamente proviene de la parálisis dc una pequeña porción dc filamentos nerviosos de la región muscular afectada. Medicación. La medicación principalmente local de- be aplicarse, no sobre el miembro enfermo, sino con mas especialidad sobre la porción de la masa cerebral que es al parecer asiento de la enfermedad: sobre el cráneo y to- da la porción del espinazo en la parálisis general; en cl lado del cráneo opuesto al dc la parálisis cuando la hemi- plegia invade la mitad dc la cara, y á lo largo del espinazo en la hemiplegia incompleta, y en la paraplcgia ó paráli- sis de las estremidades inferiores. Se aplicarán lo menos tres veces al dia, y por espacio de diez minutos cada vez, cataplasmas salinas á lo largo del espinazo; se rociará cl cráneo con agua sedativa, y después, por espacio de unos veinte minutos, se darán fricciones con pomada alcanforada en la espalda y los lo- mos, y luego se irán como amasando los miembros para- líticos. Cuando le sea posible jugará el paciente á los bo- los ó trucos, etc. y después se dará frecuentes fricciones, y lavativas purgantes. Rigurosa observancia del régimen higiénico; baños sedatiros, lo menos dos reces á la semana, ••on fricciones y sobaduras al salir del baño. Con este tratamiento, seguido con constancia, he visto desaparecer afecciones de mucha gravedad. Contra la pa- rálisis mercurio', (véase ENVENENAMIENTO y contra la parálisis de la mitad del cuerpo (véase el articulo HEMI- PLEGIA.) PARAPLEGIA. Véase Parálisis. PARÓTIDAS. Véase Lobanillos. PARTO. Véase Embarazo. Medicación preventiva y curativa. Las mugeres en cinta tendrán un feliz embarazo, y se preservarán contra los accidentes de un parto laborioso, haciendo todas las mananas una inyección con agua de alquitrán ; introdu- icndose por la noche cierta cantidad dc pomada alcanfo- — 203 — rada en los órganos genitales, guardando ademas un rigu- roso régimen higiénico, y no olvidando , sobre todo , las fricciones de pomada alcanforada. Al asomar el mas lige- ro síntoma de calentura, se aplicarán compresas de agua sedativa al rededor del cuello y de las muñecas, y lociones en las espaldas: se purgarán lo menos cada diez dias con el aloes, y añadirán frecuentes lavativas alcanforadas. En lo respectivo á las mugeres paridas, se tomarán precauciones para la fiebre láctea, la peritonitis, etc. por * medio de frecuentes fricciones eon la pomada alcanforada y del régimen que dejamos espuesto. Así que se presen- te el mas lijero síntoma, se darán lociones en el rientre con agua sedatira, ó con alcohol alcanforado , y después compresas untadas con pomada alcanforada , principal- mente en el empeine. Cuando no hay alguna causa poderosa que impida á la madre criar á su hijo, de ningún modo debe renunciar á este derecho; pues si nada pueden con ella los maternales sentimientos ni el interés de la salud del recién nacido, no d«be olvidar que será la primera en recibir el castigo por el crimen de abandonar su hijo á una ama mercenaria. He visto á varias madres débiles que se han fortalecido y co- brado vigor con la lactancia; y á hermosos niños , que al salir de manos de las nodrizas llevaban indelebles seña- les de una leche viciada. ( Pero si la madre por algún motivo poderoso, como la falta de leche, etc. se vé obligada á apartar de sí al hijo, obrará muy bien observando el régimen arriba espresado, lomando tisana, ya de grama y de borraja, ya de agua de alquitrán, y dándose lavativas" de pedacítos de aloes y dos puerros. Con frecuencia se ha dicho que el uso del alcanfor da- ñaba las funciones de la generación; pero esto es un ab- surdo desmentido por una constante esperiencia. Al con- trario, con el uso del alcanfor, las mugeres recobran la fecundidad y tienen hijos robustos. Los maridos qne guardan el mismo régimen higiénico son mas fieles á sus mugeres, supuesto que cl alcanfor solo es un calmante de los delirtis de la imaginación, de los cuales nace el libcr- * tinaje. PECHOS 'enfermedades de los) Véase Cáncer y Glán- dulas. — 20i — PECHO {enfermedades de): INFLAMACIÓN DE PE- CHO, PLEURESÍA, COSTIPADOS DESCUIDADOS, DO- LOR DE COSTADO, TISIS. Causas. Cuando se congestiona la sangre en los pulmones. constituyela inflamación del pecho. Procede dicha conges- tión de la acción del frió, de calentura ó dc la aspiración dc vapores ácidos. Cuando una causa orgánica ó inorgánica produce titilaciones en las paredes internas dc los pulmo- nes, da margen á la aparición del reuma, catarro , asma, etc. Véase estas palabras. Si esto sucede en las paredes ó superficies esternas, que están en contacto con la pleu- ra, ó en cl tórax, fórmase un foco dc serosidades, las cua- les primero producen un dolor de costado, que al fin que- da convertido en pleuresía, y aun en empiema (depósito de pus), ó enfisema (reunión dc gases). La acción conti- nua de causas animadas en las paredes internas del pul- món da lugar á la formación de tubérculos que inficionan y descomponen este órgano: esta fatal enfermedad es la ti- sis, que el mas ligero accidente vuelve incurable, produ- ciendo cl marasmo, la estenuacion, y por último la con- sunción. A menudo las afecciones dc pecho son efecto dc cosos que uno no cree, y hasta por la tenia ó lombriz solitaria. En efecto, no tengo duda de que cuando esta lombriz ha introducido en la garganta su cabeza, causa una violenta tos, y también catarro seguido de romadizo , pues dicha cabeza se introduce en las fosas nasales, por detrás del velo del paladar. En este caso cuando el enfermo se lim- pia las narices, observa que las mucosídades son iguales á las que constituyen los esputos; pero mascando la raíz del granado, todos estos incómodos accidentes se desvanecen como por encanto. Tocante á la tisis, es en las grandes poblaciones efecto del mercurio, que casualmente se ha depositado en cl pulmón. Efectos. En la inflamación se sienten sofocaciones: la pleuresía va acompañada de dolores agudos, y en loscos- tipados mal curados ó descuidados, hay accesos de tos. que fatigan y agotan las fuerzas. Los caracteres dc la tisis son mas pérfidos, y á medida que los tubérculosívan mul- tiplicándose, obstruyen los capilares é impiden de este modo la oxigenación de la sangre-, cuando supuran desor- ganizan la sustancia del pulmón, formando loque se ha lia- — 205 — mado cavernas. El paciente sera estenuando sin padecer; los esputos al principio son blancos, espumosos y nacara- dos , y sucesivamente van adquiriendo un color de mal presagio, que en los últimos periodos de la enfermedad es verde. En esta clase de dolientes es la existencia una len- ta agonía, sin remordimientos ni pesares, y la muerte les sorprende con toda la entereza de los sentidos , ya sea en la primavera de la Vida, ya sea en la vejez. Medicación. Para el caso de inflamación dc los pul- mones, se aplicará de cuando en cuando en el pecho y la espalda, una cataplasma de sal y linaza, rociada con agua sedativa. Cada vez que se muda la cataplasma, se enjuga la piel, y por espacio de 20 minutos se dan fricciones con la pomada alcanforada. De cuando en cuando se pone al rededor del cuello una corbata empapada en agua sedati- va. Cada dos días se purgará con el aloes; frecuentes la- vativas laxantes, aceite de ricino, y alcanfor tres veces al dia. Cuando se arrojan esputos d.e mala índole y la espec- toracion es dificultosa, no haya temor en emplear el alco- hol alcanforado, con el cual se tendrán siempre impreg- nadas algunas compresas aplicadas al rededor del cuello y sobre el pecho, con la precaución del sobretodo de muse- lina, á fin de preservar al enfermo de la acción dc los va- pores alcohólicos. Á mas de esto, con la mira de purificar el ambiente, se quemará papel, de modo que arroje llama, y por intervalos se echará vinagre encima de una paleta de hierro hecha ascua, la cual se paseará al rededor del enfermo. Se darán lociones en la espalda y r¡entre con cl alcohol alcanforado, y si la acción del alcohol aumentase la calen- tura, se dará una loción con el agua sedativa y aloes. Igualmente se dará al enfermo como bebida, un vaso dc agua con algunas gotas ó una cucharadita de agua sedati- va. Cuando cl paciente ha perdido el apetito, se le alimen- ta con caldos aromáticos tomados con frecuencia, y dc- Irás de cada toma una cucharada dc vino rancio. En se- guida se administrarán lavativas alcanforadas, y en ellas se echará un buen pellizco de sal común. La pleuresía, ó dolor de costado, se cura aplicando en el sitio del dolor una compresa de alcohol alcanforado, con fricciones dc la pomada cada vez que se muda: cigar- — 20f> — rillos de alcanfor, y por intervalos purgas de aloes. Con respecto á la tisis, prevénganse por medio del ré- gimen higiénico que en esta obrase recomienda,unido al uso del cigarrillo. No hay necesidad de guardar dicta, ni de beber leche de burra, ni de otros animales. Condi- méntense bien los manjares con especias; y desde cl ins- tante en que aparezcan algunos síntomas, apliqúense en el pecho y al rededor del cuello, compresas de alcohol al- canforado, y dc cuando en cuando cataplasmas salinas. rociadas con vinagre alcanforado, debilitado con la sufi- ciente cantidad de agua. Multipliqúense las fricciones al- canforadas, y después agua sedativa. Tómese alcanfor tres veces al día, facilitando su deglución mediante un sorbo dc tisana dc lúpulo, ó dc agua de alquitrán. Hága- se continuo uso del cigarrillo dc alcanfor, ó del alcohol al- canforado, cuando no aspire el enfermo con facilidad. Paseos al sol, alimentación fuerte con poco alimento y ;í menudo. Diariamente lavativas vermífugas, y se mascara la corteza dc la raíz de granado. Advertencia. Desde que someto los enfermos del pe- cho á las fricciones entre los omóplatos ó espaldillas, be notado constantemente que el punto correspondiente al de la inflamación ó de los tubérculos, se pone mas y mas rubicundo por la loción del agua sedativa; dc modo, que cada una de aquellas manchas rubicundas'dcsignan mejor que lo hiciera la percusión ó la auscultación la exacta dispo- sición dc los estragos internos. La curación completa coin- cide siempre con la entera desaparición de tales manchas. Esta particularidad me ha parecido útilísima para estable- cer un buen diagnóstico. PÉRDIDAS SEMINALES. Véase Priapismo. PERDIDAS UTERINAS. Véase Hemorragia y enfer- medades de la matriz. PERINEUMONÍA. Véase Enfermedades de pecho. PERITONITIS. Subsiguiente ya á un parto, ya a una operación quirúrgica. Aplicación alternada de cataplas- mas salinas y de compresas de alcohol alcanforado, fre- cuentes lavativas alcanforadas, aloes, inyecciones dc acei- te alcanforado-, he ahí los medios de triunfar prontamen- te de la peritonitis puerperal. La curación de las heridas preserva dc la peritonitis en todos los casos de operacio- nes quirúrgicas y de talla por cl alto aparato. — 207 — PESADILLA, Ó ENSUEÑOS FATIGOSOS. A mas de la escrupulosa observancia del régimen higiénico, se to- mará todas las tardes, un vaso dc agua azucarada con un polúlo de alcanfor vuna ó dos gotas de éter. PESTE, BOTÓN DE ALEPO, TIFUS. Causas. La peste se manifiesta por un flemón ó tumor de carácter maligno, cuya causa únicamente puede atri- buirse al parasitismo de un acaro, ó de otro insecto pon- zoñoso. Efectos. Los síntomas de esta afección son al princi- pio calentura ardiente é inapetencia; y luego al propagar- se la infección por el sistema circulatorio, el paciente se demacra y pierde con mas ó menos rapidez sus fuerzas. cayendo en una estrema postración. En tal estado per- manece de continuo soñoliento, hasta que llega pronto la muerte en medio de una multitud de variedades, según el temperamento, la imaginación y susceptibilidad de cada cual. En los climas cálidos la peste es hereditaria, y ade- mas contagiosa, del mismo modo que la sarna, comuni- cándola cuantos objetos son capaces de retener los gér- menes animados. Medios preservativos. Por la mañana y por la tarde se tomarán lociones "de vinagre alcanforado, diluido en la suficiente cantidad de agua; y en seguida fricciones ge- nerales y sobaduras con pomada alcanforada. Lavativa vermífuga completa cada dos dias. Régimen higiénico ri- guroso uso del cigarrillo, y espolvorear los vestidos con polvos de alcanfor. Medicación curativa. Así que aparece el flemón, de- be cubrirse con compresas de alcohol alcanforado, las cuales no se quitarán, contentándose con rociarlas fre- cuentemente y cubrirlas con una muselina almidonada. frecuentes lociones de vinagre alcanforado, diluido en la conveniente cantidad de agua; y tras ellas fricciones de pomada alcanforada. Con frecuencia se beberá un vaso de agua azucarada con algunas gotas de vinagre alcanfo- rado. Agua de alquitrán en todas las tisanas; régimen hi- giénico completo. Los que trabajan el aceite, no se con- tagian de la peste, por consiguiente, importan mucho las fricciones de pomada alcanforada. PIEL. Véase (enfermedades de la). PIERNAS 'Mal de las) Véase Heridas y herpes. En — 208 — igualdad de circunstancias, el mal de las piernas es mas difícil de curar que el de los brazos, por causa de la ac- ción muscular en la progresión, y la distensión que esta produce en la úlcera ó herida. • PILORO. (esquirro del). En muchos casos el esquirro del piloro solo ha adqui- rido tal carácter por consecuencia dc las medicaciones adoptadas; puesto que cu su origen acaso no es mas que un dolor del estómago. En este caso se aliviará la dolen- cia adoptando del todo cl tratamiento antiverminoso que designamos en el artículo Estómago (enfermedades del;; á menos que el piloro se halle completamente obstruido. Se hará una aplíiacion continua de cataplasmas abundan- temente rociadas con agüe sedativa en todo el lado dere- cho del vientre; sin abandonar empero la medicación prc- servativa; después se seguirá cl tratamiento designado en el articulo Gusanos intestinales. PLEURESÍA. Véase Enfermedades de pecho. PLICA DE POLONIA. Enfermedad peculiar del cuero cabelludo, que aglomera los cabellos multiplicándolos de una manera anormal. Para está enfermedad es menester rociar muy á menudo el cráneo con agua sedativa, y en seguida cubrirlo con la pomada alcanforada. Esta afec- ción es desconocida en nuestros climas. PÓLIPO DE LA NARIZ. Varias veces al día se apli- cará á la narices una muñeca de ,lienzo empapada en alco- hol alcanforado; y se cubre con compresas de este mismo liquido; y en seguida de cada curación, se aspirará la po- mada alcanforada. POLUCIONES NOCTURNAS. Véase Priapismo. PREÑEZ Ó EMBARAZO. Véase Pacto. PRIAPISMO, SAT1RIASIS, PÉRDIDAS SEMINALES E INVOLUNTARIAS, ONANISMO, POLUCIONES NOC- TURNAS. Causus. La principal causa es la invasión de ascári- des vermiculares en los órganos genitales, asi de los adul- tos, como de los niños, cuyas lombrices, por medio de las titilaciones que producen en dichos órganos, ocasio- nan deseos precoces é intempestivos en los niños, j de- gradantes é inmorales delirios en el anciano á quien es- tenuan y dejan exhausto. Impulsado cl niño á un roce que cree ha de librarle de la causa de tal desorden, llega — 209 — á contraer habito* funestos de la mas terrible trascenden- cia para cuando la naturaleza reclama sus derechos. Medicación. Todo ese espasmo físico y esa lascivia moral se disipa envolriendo las partes genitales en una buena capa de polvos de alcanfor, durante el dia, y por la noche se untarán bien con pomada alcanforada. A esto debe añadirse el uso del cigarrillo y el régimen higiénico completo. Por la noche se echarán polvos de alcanfor en- tre el colchón y la sábana. Alimentación nutritiva y bien condimentada* Hace mas de cuatro años que recomendamos á los padres de familia, directores de colegios y autoridades que apliquen álos niños los calzoncillos de natación, con una bolsita de alcanfor en la parte correspondiente al pe- rineo espacio intermedio entre el ano y las partes geni- tales : pues estamos persuadidos de los estragos del ona- nismo, que la esperiencia nos ha mostrado en millares de ejemplos. PRALAPSO, Ó CAÍDA Y RETROVERS10N DE LA MATRIZ. La matriz puede caer ya hacia la derecha, ya hacia la izquierda, ya adelante, ya atrás, y también v cri- ticar su descenso hacia la vagina, á consecuencia de de- bilidad ó atonía y de la relajación de los ligamentos, que en el estado regular están destinados á mantener el ór- gano en la posición conveniente. En este caso, se apli- caran frecuentemente en el bajo vientre y en los lomos compresas embebidas en alcohol alcanforado, y repetidas inyecciones de agua de alquitrán en la vagina. Por la no- che se introducirán candelillas alcanforadas. Cuando ta- les medios no basten, se aplicará un ceñidor en el hipo- gastrio, provisto dedos pelotas al nivel del pubis, y se continuará el tratamiento. Se desterrará completamente el uso de los pesarios, pues debieran prohibirse. PRURIGO. Véase SARNA 'enfermedades de la piel). PRURITO DE LA SANGRE. Véase. Enfermedades de la piel. PULMÓN enfermedad del). Véase Enfermedades de pecho. PURGACIONES- Véase Enfermedades secretas. — 210 — y. 01 EBRADURAS. Véase Hernias. OUEM VDURAS. Causas. Las quemaduras lo mismo pueden producir- se por los álcalis y los cáusticos, que por el fuego, su- puesto que la quemadura no es otra cosa que la desorga- nización de los tejidos. Medicación. Cuando la quemadura es cfeclo de la aplicación de los álcalis ó cáusticos, se debe lavar inme- diatamente la úlcera con agua y vinagre, en cl primer caso, y en el segundo con agua y ceniza; y en seguida la curación se seguirá lo mismo que en las quemaduras por el fuego. Estas últimas no se lavarán, sino que en lugar de ello, se cubrirán con polvos dc alcanfor, y encima hilas bien impregnadas de pomada alcanforada; luego se pon- drán vendoletes, y sobre de estos hojas de papel para qui- la pomada no se infiltre hasta las sábanas; todo lo cual se mantiene sujeto por medio de un vendaje. Cúrese dos veces al dia. por la mañana y por noche, evitando en la úlcera el contacto del aire. Cuando la quemadura es en el rostro, se hace una careta de papel, y á su misma me- dida se corta el vendaje dc modo que permita el paso del aire por los puntos correspondientes á las narices y á la boca, y á la luz por los puntos que correspondan á los ojos. Después que se haya aplicado el aposito del modo modo dicho, se sujeta con una careta, la cual se ata de- trás del cuello y encima del cráneo. Las partes inmedia- tas que están ilesas, se lavarán dc cuando en cuando con el agua sedativa. Diariamente vemos jóvenes con el rostro y cuello lle- nos de cicatrices por efecto dc quemaduras, las cuales se evitan seguramente siguiendo nuestra medicación. 0UI>TE. Es el quiste una especie dc bolsa, comun- mente bilobular, cuyas paredes son muy densas y carti- laginosas; llenase de agua que saca de las articulaciones. A veces puede confundirse con un ganglio infartado. El mejor medio es abrir el quiste, ya con el cáustico de Viena, ya con la punta de una aguja, ó bien se estirpa qui- rúrgicamente; después la curación se prosigue lo mismo (¡ne sj fuese una ulcera simple. — 211 — R. RABIA, HIDROFOBIA. Causas. La invasión de un insecto, acaro, ó lombriz grande ó pequeña en un centro nervioso, y en los perros en el frenillo dc la lengua. La inoculación del virus rabí- fico causa los mismos daños que la presencia del insecto ó lombriz. Efectos. Son estos: horror al agua-, accesos frenéticos que impulsan al enfermo á morder á cuautos tiene cerca: boca espumosa, y convulsiones que conducen á una muer- te de las mas horribles. El periodo de incubación, ó el es- pacio que media desde que el enfermo fué mordido hasta que se presentan los primeros síntomas del mal, es in- determinado. Medicación. Desde el instante en que una persona se halla mordida por un perro rabioso ó que se recela que pueda estarlo, se da muerte al perro para que el espectá- culo de la rabia no impresione vivamente la imaginación del enfermo, ó se le enría á emprender su curación en otra parte. En seguida se le aplican compresas de agua sedativa en la herida por mas que escueza. Cuando las compresas están secas, se cubre la herida con polvos de alcanfor, y encima hilas untadas con pomada alcanfo- rada y manteniéndolas sujetas del modo que queda es- puesto. Se aplicarán compresas embebidas en agua seda- tiva al rededor de la herida, dando lociones con la misma agua. Régimen aromático completo. Si se presentan síntomas del malj se introduce el paciente en un baño muy alcalino-fcrruginoso con las precauciones de cos- tumbre. Pénense alrededor del cuello compresas dc agua sedativa y con la misma se rociará la cabeza. Cuando el enfermo demuestra intenciones dc morder á los circuns- tantes, se le pone en la boca un poco de pasta compuesta del modo siguiente-. Tómese: Dc ajos......2 dientes. De cebollas. ... 1 id. De alcanfor. ... 36 granos. Estas sustancias se aplastan y amasan con la suficiente li — 2P2 — r jnt.dad de aceite de ricino. En tanto que la pasta se es - ti preparando se echarán en la boca del enfermo polvo dealcanfcr. Al salir del baño se le darán fricciones con pjmada alcanforada, continuando las lociones en el crá- neo con agua sedativa, y también en todo el cuerpo has- ta que se calmen los accesos. Entonces se le administra como purgante el aceite dc ricino, lavativas vermífugas, y frecuentes fricciones de alcohol alcanforado. En mi con- cepto si alguno, después dc haber leído lo que dejamos e-puesto, dejase perecer un hidrofobíco sin practicar este tratamiento, sería altamente criminal. RAQUITISMO ó REBLANDECIMIENTO DE LOS HUE ?OS. , , Causas. Rcblandéccnse ios huesos cuando la presen cia de algún ácido se opone al depósito de la sustancia calcárea en su tejido; pero la principal causa es ya una constitución endeble y quebrantada; triste legado de pa- dres disolutos, ó que han tenido imprudencias, contra- tiempos y pasiones dc ánimo; ya cl influjo de habitaciones húmedas" y oscuras, de un ambiente viciado; ya en fin, par cl parasitismo dc un ser animado que desorganiza la v.-stancia ósea; y también á menudo resulla esta enfer- medad de la acción directa ó hereditaria dc los medica- mentos mercuriales. Efectos. Una vez reblandecidos los huesos, ceden y se doblan en virtud de la ley dc gravedad y dc la acción V-je. en elljs ejercen los músculos-, por esto se tuercen, ,í?sfiguran y apartan de su posición natural, adquiriendo a veces figuras tan cstrañas y ridiculas, que hacen mirar c >:. horror á los mismos individuos cuya especie fuécria- d) i imagen dc Dios. Medicación moral. Lo hecho no tiene remedio, pues el arte no puede reformar los órganos, pero sí puede dc- tc-ier la marcha dc las enfermedades. En primer lugar, debe respetarse al que tiene la des- g-icia de padecer alguna dc las deformaciones resultan- tes del raquitismo; y por cierto que me lleno de indigna- ción cada vez que se insulta á un giboso; pues en un cuerpo diforme se encierra á veces un alma sublime. Medicación curativa. Se repetirán las lociones con el alcohol alcanforado ó con agua de Colonia en todo el c ierpo; pero mas particularmente sobre los miembros — 213 — tnyos huesos presentan señales de reblandecimiento Dense á menudo fricciones de pomada alcanforada y lo- ciones con agua sedativa: régimen aromático: tisana io- duro-rubiácea. Esta medicación surte muy buenos efec- tos en la época del crecimiento y desarrollo de los niños, auxiliada de aparatos ortopédicos adecuados á la desvia- ción de los huesos, pero que sean tales que no les sirran de tortura. Algunos ejercicios gimnásticos se hacen de- sempeñar á veces á los niños, los cuales les estropean y desgarran sus pulmones; así cuando tienen mala confor- mación del cuerpo no deberá hacer que se suspendan de las manos-, el aparato debe llevar el objeto de desarro- llar bien el órgano, y no el violentarlo cuando está ya for- mado. Ademas se aplicarán planchuelas galvánicas, y se darán al enfermo baños dc sangre. No se olvide que el enderezar un hueso no es obra de dia, sino que es una operación tan lenta como lo es el mismo desarrollo del hueso. RECTO (caida é inflamación del intestino). Medicación. Así de dia como dc noche, se llevarán candelillas alcanforadas; frecuente aplicación de compre- sos de alcohol alcanforado en los ríñones y bajo vientre; lavativas alcanforadas mañana y tarde, y observancia del régimen higiénico. REGLAS O MENSTRUOS (supresión, retardo, supe- rabundancia é irregularidad de) De la supresión dc los menstruos que resulta de la ac- ción del frió, nace una especie de meteorismo. En ¿al caso todas las noches se aplicarán candelillas alcanfora- das; pondránse polros de alcanfor entre las sábanas y los colchones, y se pondrán calzoncillos higiénicos (réase Priamismo) para las adultas. Cada cuatro dias tomarán el aloes observando el régimen en todas sus parles; ha- rán bastante ejercicio corporal, seguido de fricciones. Muchas veces con solo tomar el aloes adquieren los mens- truos toda su regularidad. Si hay hinchazón en el vien- tre se aplicarán cataplasmas salinas, y si con ello el mal no cede, se pondrán en el mismo vientre compresas de agua sedativa. RESFRIADO. Véase Coriza. RETROVERSION DE LA MATRIZ. Véase Prolapso. REUMA Ó REUMATISMO. DOLORES REUMÁTICOS. — 214 — Causas. Estas son: la humedad dc la nocl.c, la supre- sión dc la traspiración, el ti;.nsito súbito dc una tempe- ratura caliente á otra fría, introducción dc un cuerpo es- traño ó de una lombriz en el tejido dc los músculos: en este último caso el dolor es punzante. Medicación. En el punto en que reside el dolor se aplica tres veces al día y cada una por espacio de diez mi- nutos cataplasmas salinas; en seguida se dan lociones con alcohol alcanforado, y se fricciona por veinte minutos sobando las carnes con pomada alcanforada; cada maña-* na se da una lavativa vermífuga y se observa en rigor cl régimen higiénico. Se liarán ejercicios graduados, como el jugar á los bolos, cultivar un jardín, etc., y en segui- da fricciones. En los intermedios dc las tres fricciones diarias se pondrá una planchuela untada con cerato al- canforado en el punto doliente, y cada cinco días se lo- mará un baño dc agua sedativa ó de mar, seguido cada vez de fricciones. Cuando la afección no es cl resultado de algún tratamiento mercurial, podemos asegurar que la medicación que acabamos dc designar es la regla gene- ral para los dolores reumáticos. REUMA DE PECHO. Véase Catarro pulmonar. RÍÑONES (Enfermedades de los). Véase Cálculos. ROMADIZOS DEL CEREBRO. Véase Coriza. ROMADIZO DEL PECHO. Véase Catarro. ROMADIZO DÉLOS NIÑOS. Véase Catarro pulmonar. RONQUERA. Véase Catarro y Estincion dc la voz. S. SABAÑONES. Causas. Aflujo y congestión de la sangre en los vasos capilares de los tejidos subcutáneos por el repentino trán - sito del calor al frió. Efectos. Los sabañones aparecen por lo regular en lasmanos, en los pies, en la punta déla nariz v en las orejas. Sus caracteres son: entumecimiento, rubicundez, y después grietas é intolerable comezón al menor calor. Medicación. Dispónesc un baño con partes iguales de agua tibia y agua sedativa, y en él se introduce el miem- bro en que reside cl sabañón; después se enjuga y envuel- *ecu paños untados con pomada alcanforada, v se cubre — 215 — ron un guante ancho ó una vegiga de cerdo. Con estos medios, oportunamente aplicados, el sabañón se cura pronto. Si existen grietas, se cubren con pomada alcan- forada. En los sitios donde no las hay se aplica una ven- da empopada en agua sedativa, suprimiendo en este caso los bañes, que serian intolerables. SANGRE POR LAS NARICES, Ó EPISTAXIS. Véase Hemorragia. SANGRE (esputos de) HEMOPTISIS. Causas. La hemorragia de las superficies pulmonares es efecto de las soluciones de continuidad, causadas por la acción demasiado duradera de vapores ácidos ó alcali- nos; del abuso dc licores y del tratamiento mercurial ó arsenical; y por último, de la disolución de costumbres. Sin embargo, lo mas comunmente es producida por la in- troducción de cuerpos cstraños organizados ó inertes, los cuales desgarran sus membranas. Efectos. La sangre procedente de los pulmones es es- pumosa, cuya circunstancia no se halla en la que viene del estómago 6 de la garganta. Medicación. En el caso de que la hemoptisis sea efec- to de la acción de vapores ácidos, ó del abuso de licores y otros excesos, se pondrán compresas dc agua sedativa en el pecho, seguidas de suaves fricciones con la pomada al- canforada. Con la acción de los vapores alcalinos y amo- niacales, compresas de alcohol alcanforado con algunas gotas de vinagre, y también se hará oler al paciente el vi- ragre alcanforado. Pero sea cualquiera la causa de la he- morragia, hasta que cese se hará aspirar alcohol alcanfo- rado, y después se hará un uso habitual del cigarrillo de alcanfor. Por otra parte se seguirá rigorosamente el ré- gimen higiénico. SARAMPIÓN, ESCARLATINA, VIRUELAS, SUDA- MINA MILIAR. Causas. El sarampión reconoce por causa la infiltra- ción de un virus en el dermis subcutáneo por un insecto desconocido que acaso sea el acaro roedor. Efectos. Erupción de granos semiesféricos, rubicun- dos, aislados; pero muy aproximados en la escarlatina, ir- regulares, confluentes y mucho mas numerosos en el sa- rampión; purulentos, aislados, y después confluentes, con la base rubicunda en las viruelas, y acompañados de tra- — 216 — sudaciones copiosas en la miliar. En todas estas enfer- medades se manifiesran escalofríos y fiebre, dejando al paciente enteramente postrado, con peligro de rctropul- sion hacia las vías de la respiración é intestinales, é infi- cion del sistema sanguíneo. Medicación. Así que se presenta la menor erupción, inmediatamente se dan lociones de agua sedativa en todo cl cuerpo y fricciones con pomada alcanforada. Se echa- rán polvos de alcanfor entre cl colchón y la sábana, y por tres veces al dia tomará cl enfermo un pedacito de esta sustancia del tamaño de un guisante, el cual tragará con un vaso de tisana dc borraja muy caliente, y alguna que otra rez con agua ligeramente alquitranada. Se darán frecuentes lociones con alcohol alcanforado ó agua de Co- lon ia. Continuo uso del cigarrillo de alcanfor. Cuando el n iño es muy pequeño, se le mantiene junto á la boca un pedacito de alcanfor. Cada ruatro dias el aloes, ó en su lugar una cucharada de jarabe de achicorias, y por úl- fimo una lavativa vermífuga eada mañana. El enfermo llevará, así dc dia como de noche, las medias,calzoncillos. camisas y gorro untado con pomada alcanforada. Con la misma pomada se untará una careta, la que se aplicará así al enfermo, y unos guantes para poner en ellos las ma- nos. Tomará una alimentación sustanciosa y aromática, bebiendo vino generoso. Si hay desolladuras en la pic|, se lavarán las superficies con agua alquitranada tibia, cu_ briéndolas con pomada alcanforada y preservándolas de aire y déla luz. Empleando exactamente esta medicación, la enferme- dad no ofrecerá mal resultado, mientras se combata des- de sus principies, y si mas tarde apenas se notarán ves- tigios dc sus estragos. Ni un solo caso hemos risto en que se'haya desmen- tido esta regla general. La vacuna es un medio preserva- tivo escelente para las viruelas; pero con nuestro trata- miento se hacen tan benignas que puede considerarse su- perior á la racuna, pues prerieue y cura, sin dejar cl me- nor vestigio. Si las viruelas no fuesen una verdadera pla- ga no habría vacuna; por lo que destruidas desde su rair va no seria nada esa enfermedad tan terrible. SARNA. Causas. Débese la sarna á un acaro mas diminuto — 217 — que un piojo común, ei cual royendo la piel produce una insoportable romeron. Efectos. En todos los puntos de la piel en que el aca- ro deposita sus huevos se desenvuelve una pustulilla de figura cónica con un cerco rubicundo, la que se desgarra en cl acto de rascarse, con esto el mal progresa y se es- tiende mas todavía. La sarna es contagiosa por medi'i del insecto que la produce, lo mismo que toda enferme- dad pcdícular. Medicación antigua. Algunos facultativos que consi- deraban la afección de ta verdad incontestable, que al parecer no han tenido pre- sente muchos de los que han escrito de medicina, y en es- pecial en la obras destinadas al común de las gentes, no podía olvidarla nuestro sabio autor Mr. Raspaill; así es, que empieza su libro por la parte higiénica, Entienden los médicos por higiene aquel ramo de la Medicina que nos enseña el uso que conviene hacer de los medios natu- rales, entendiendo por tales aquellas cosas que natural- mente están en continua relación con nosotros, y de que no podemos prescindir; como los alimentos y bebidas, el aire y la temperatura, los vestidos, el ejercicio y movi- mientos, el sueño y la vigilia, las pasiones del animo, etc. Debe abrazar igualmente la higiene el conocimiento del modo de corregir los defectos é irregularidades de los es- puestos objetos cuando por ellos puede eomprometerse la salud. Al observar la conducta general de los hombres con respecto á lo nue nuede hacerles perder uu bien tan es- timable como la salud, ciertamente nos admira y se nos bacc inconprensible su ceguera voluntaria y el descuido — 226 — ■con que miran un objeto de tanto interés. No obstanle, todos los dias oiinos decir: A fulano le dio un aire, y ha- ce tantos dias que se haya enfermo de gravedad: lleva va gastado mucho dinero en médicos, medicinas, asistentes caldo de gallina, baños, etc., etc. El otro hizo un exceso en la comida, y lo paga caro; pues del empacho vino la ir- ritación, y esta se ha convertido en una calentura pútrida que lo tiene postrado hace un mes. Aesie amigo se le mueren todos los hijos atacados dc la enfermedad escro- fulosa; y no hay modo dc hacerle abandonar la habitación húmeda y poco ventilada en que vive. En fin, no hay cosa mas común que ver enfermedades agudas y crónicas y muertes por el mal uso de los medios naturales; como na- da mas común tampoco que el ningún caso que de ellos se hace, y basta cl llamar maniáticos y enfermos de imagi- nación á los pocos que quieren seguir los importantes pre- ceptos de la higiene. Rogamos al lector que desprecie esos dicterios, hijos de la ignorancia y de la vanidad que á ca- da uno le hace creer un ser privilegiado é invulnerable; considere que el hombre es naturalmente liego en lo que no le conviene; que si el soldado en medio dc las balas y las bombas no ve cl peligro en toda su realidad fpucs si lii viese nadie iría al combate;^ y no obstante, el peligróse le presenta en cuerpos visibles y palpables; mucho menos ha de verlo cuando se hace inperceptible, envuelto en el aire que respira, ó en las sustancias que le alimentan. Pero para esto nos dio el Criador la razón, para iluminar- nos y descubrir la falsa dirección que la vanidad, la preo- cupación y otros sentimientos erróneos é instintivos tien- den á comunicarnos. Nuestro Autor, pues, considera la parte higiénica co- mo una délas principales y que mas debe inculcarse al pueblo; así es,que se estíende en ella dc un modo admira- ble, y da reglas dignas del mayor estudio. Como los me- dios naturales que forman el objeto dc la higiene, cuando de ellos no se hace uso del modo que la razón y la ciencia reclaman, se convierten en causas de enfermedad, Mr. Raspaill ha tenido la feliz id^a de involucrar en su, estu- dio cl de la etiología, 6 de las causas que producen un estado morboso, reduciéndolas á las nueve categorías si- guicnles. á iaber: aire ó ambiente, alimentos, sustancias — 227 - ¿añinas inyectas ó introducidas en el cuerpo, temperatu- ra, contusiones y soluciones dc continuidad, penetración áe semillas que germinan dentro de un órgano ó tejido del cuerpo humano, insectos parásitos, y finalmente cau- sas morales. Este cuadro está trazado con tal conocimiento* que en él entran todas las causas de enfermedad, tanto las que provienen de tos cuerpos que se hallan necesariamente en relación con nuestro ser, como las que obran en nosotros de una manera accidental. Diremos sobre ellas algo pa- ra la mejor inteligencia de esta obra, que es el fin que nos proponemos en este Apéndice. Entuantoal primer grupo de causas morbíficas for- mado por el ambiente que nos rodea; á mas de lo que juiciosamente observa nuestro autor, hay que advertir que á veces no puede hablarse sobre él de un modo ab- soluto; pues el ambiente que para uno es convenien- te, para otro es daqtso; el aitetnas puro y oxigenado per- judicará al hombre de constitución sanguínea y pletórica, y al mismo tiempo producirá grande utilidad en las perso- nas linf^Jácas y nerviosas; asi también á unos convendrá que sea algo húmedo, á otros que sea seco; á estos caliente, á aquellos frío; y sobre estos puntos, en que es necesario que cada uno tenga un conocimiento especial de su cons- titución para saber arreglarse á una situación higiénica, es fácil consultar á un facullativu. Pero bajo el nom- bre ambiente se comprende toda especie de gases y exha- laciones que pueden estar mezclados con el aire; asi como los miasmas y principios deletéreos á que son debidas las epidemias, y hasta la cantidad de luz y de calor que hay difundido por la atmósfera de que estamos rodeados. Por regla general, dañará el aire siempre que ande mezclado con otros gases, auque estos en sí no sean dañi- nos, puesto que por cl lugar que ocupan en el ambiente, desalojan cierta cantidad de aire que hace gran falta pa- ra la respiración. Ademasque existen gases de cualidades esencialmente perniciosas, y de ellos debemos apartarnos con el mayor cuidado: tales son los que Se levantan de las cloacas y letrinas; las emanaciones de los cementerios, de los hospitales, cárceles y demás sitios donde viven reu- nidos muchos individuos. Igualmente es dañoso cl vivir cerca de las aguas estancadas. — 228 — Empezaremos diciendo algo del aire considerado sin- mezcla de otros gases y mirándolo únicamente en l.isrua- i .lados que puede presentar, con los efectosmorbososquo producen en la economía. El aire frió y seco condensa ó comprime todos los cuerpos, asi los solidos como los fluidos que están espucs- tosá recibir su impresión. Cuando la constitución del aire frío y seco subsiste mucho tiempo y en alto grado, aumenta la sequedad y elasticidad dc las fibras, estrecha > disminuye,el diámetro de los vasos, se acelera la circu- lación y se hace mas vivo cl roce de los fluidos con los sólidos'; así es, que cl calor interno del cuerpo llega á ser considerable, al paso que disminuye en los parles es- ternas. Disminuye la traspiración. Estas causas pueden producir toses, pleuresías, pc- iipnoumonías, verdaderos garrotillos, calenturas agudas y ardientes, irritaciones dc los nervios, vivos dolores dc costado, hemorragias, y rcumatisrao|(.cuyos efectos son mas marcados en los temperamentos robustos, y que usan alimentos difíciles dc digerir, los que beben licores, y los que teniendo mucho calor se exponen al aire frió, ó beben frió. Ll aire frío y húmedo causa efectos contrarios al an- terior, pues relaja las fibras; pero también irrita los ner- vios é impide la traspiración, y disminuye el calor necesa- rio á la vida y al desempeño dc las funciones del cuerpo. La circulación se afloja, se hacen con dificultad las secre- ciones y excreciones; cl cuerpo es abrumado por su pro- pio peso y el del aire, etc. Por poco que dure esta tempe- ratura del aire, se advierte que reinan las toses, fluxiones, catarros sofocantes, insultos asmáticos, dolores dc mue- las, pleuresías y perípneumonias, hinchazón en los píes y piernas, males dc garganta de toda especie; afecciones febriles, intermitentes rebeldes, dolores errantes, golosos y reumáticos, la hidropesía, el escorbuto etc. Ll aire cuando es moderadamente cálido y seco, favo- rece en gran manera la salud, pues es cl mas a propósito para que bajo su influjo benéfico se ejerzan debidamente las funciones del cuerpo. Pero si á un calor excesivo del aire se junta una grande sequedad, todo puede temerse de esta fatal constitución del aire atmosférico si dura mucho tiempo. El aire seco y caliente produce el enrare- — 220 — cimiento y cspansion délos fluidos del cuerpo; acelera la circulación: dilata los sólidos hasta hacerles perder su elasticidad: disipa la serosidad que favorece la circulación.* disuelve las materias crasas y aceitosas; produce una fer- mentación ó movimiento intestino que corrompe ó des- truye la naturaleza de los fluidos y sólidos del cuerpo; causa la aspereza y sequedad de las fibras, la espesura dc los fluidos relaja su circulación; y aun la detiene en al- gunas partes, y por último disminuye las secreciones vescreciones, las vicia ó las suprime. Estos son los efectos del aire muy caliente y muy seco respirado por mucho tiempo, y la causa de la debilidad, de la consunción, de los vómitos,del orinar sangre, de las hemorragias nasales, disenterías, cólicos biliosos, cólera morbo, calenturas agudas, ardientes y malignas, de la de- mencia, pleuresías, fluxiones dc pecho, crups, y otras afecciones inflamatorias, que son muy frecuentes bajo la constitución atmosférica de que tratamos. El aire caliente y húmedo que subsiste mucho tiempo, es el mayor enemigo de una parte de la naturaleza; pues la fermentación ó movimiento intestino que escita, pro- duce la corrupción de las sustancias animales, y poco des- pués su destrucción. Estas cualidades del aire lian sido la causa mas común, ó tal vez la única, dc las pestes y en- fermedades epidémicas. Sus perniciosos efectos son la relajación de los sólidos y la rarefacción de los fluidos, y todos los resultados con- siguientes; como la lentitud en la circulación, la escasez de las transpiraciones etc. A mas de los estados que acabamos de suponer en la constitución atmosférica, daña escesivamentc al cuerpo la inconstancia en sus cualidades; por consiguiente, cuan- to mayor sea la variedad en estas, y cuanto mas repenti- no el transito de unas á otras, tanto mayores son los peli- gros á que está espuesta la salud. Influjo de las estaciones. A los peligros de las diferentes condiciones de la at- mósfera sigue naturalmente que hablemos del influjo que ejercen en nuestra salud las estaciones. Las dos estacio- nes del año mas templadas, y por consiguiente mas agrá- ~ 23(1 — dables, no van acompañadas de menos enfermedades qne- los excesos en su temperatura de que hemos hablado. Las que entonces se manifiestan en gran número, proceden de dos causas*, primera déla grande y pronta variación del estado del aire dc un dia á otro y hasta muchos veces en un mismo dia; y segunda del estado en que se hallan en- tonces los fluidos y sólidos del cuerpo, estado que es efecto de la estación que ha precedido y del modo de go- bernarse que en ella se ha tenido. La primavera vuelve á traernos él calor, qne rarifica los fluidos y relaja los solidos que habían condensado el inviei nOj escita una fermentación en todos los humores, buenos ó malos. En los principios de la primavera deben temerse los efectos de la abundancia y rarefacción dc la sangre y dc todos los fluidos del cuerpo, dc la efervescen- cia dc la bilis, y de la cscrccion que se hace de todos los humores que se hallaban acumulados y espesados antece-1 deniemente en las glándulas- y en todos .los vasos. Enton- ces resultan los dolores dc cabeza, lasitudes, inapetencia, hemorragias, calenturas dc toda especie, pleuresías, an- ginas, peripncumonías verdaderas y falsas, biliosas, cóli- cos reumáticos, enfermedades cutáneas, etc. Los medios de precaver estas enfermedades son: un buen réjimen en cl invierno, y sobriedad en la primavera, bebidas diluentes y refrescantes y alimentos suaves y li- geros. En el principio del otoño se Ven reinar tantas enferme- dades como en la primavera, y son mas graves y funestas. Estas enfermedades, entonces son producidas por dos gé- neros dc causas: 1.» por la supresión que el frío ocasiona en la transpiración; -2.» por el estado dc acritud y conden- sación dc los humores, que es consecuencia del calor de la estación precedente, y de los alimentos que en ella se han u^ado. Reinan entonces reumas, fluxiones, reumatis- mos, diarreas, disenterías, erisipelas, enfermedades cu- táneas, calenturas intermitentes, y malignas. Los medios de preservarse de estas afecciones son defenderse de los efectos del estío, purgarse cuando hay necesidad, usar dc vegetales diluentes y saponáseos y acostumbrarse poco á poco al frío. No hablaremos de los peligros del verano ó del invierno, porque la primavera y cl otoño disponen á ellos. — 231 — Ofroi peligros del aire. En las poblaciones muy numerosas, como en las capi- tales, etc., el aire ademas de poder perjudicar por sus cualidades, propias de frialdad, calor, sequedad ó hume- dad; llega á ser nocivo por las exhalaciones ó vapores im- puros que con él se mezclan. Así pues, las partes hetero- géneas que tiene el aire, y que deben ser consideradas como dañosas, son las exhalaciones animales y vegetales, y también minerales, según diremos en otra parte. La atmósfera de Madrid, por ejemplo, recibe la mate- ria de transpiración de los hombres sanos y enfermos: de una multitud de animales de toda especie, los que casi todos tienen un olor fuerte que se aproxima mucho á la corrupción, el cieno, laslctrinas, la basura, loscscrcmen- tos de un número infinito de animales, la orina, las aguas de los tintes y de los lavaderos, las inmundicias de las carnicerías y puestos donde se vende el tocino, la que re- sulta dc desengrasar las ropas, de curtir los cueros, de las fábricas de almidón, jabonerías, fabricas de productos químicos, de fósforos, etc., etc., etc.; de las pescaderías, carnicerías, hospitales, cocinas, almacenes donde hay de- pósito de trapos viejos, bacalao y otras materias, y de una infinidad de mananíiales de exhalaciones dañinas que so- lo el numerarlas fuera asunto interminable. A todas estas causas se junta tal vez otra que por sí sola basta á producir todos los males imaginables cuan- do llega á cierto grado: quiero decir la estancación de las aguas después de grandes inundaciones. Cuanto mas calor bace, y mas en calma está cl aire, la corrupción de estas exhalaciones es mas pronta y ma- yor, y por consiguiente, mas nociva á nuestros cuerpos, en los que penetra sirviéndoles el aire de vehículo. Los miasmas corrompidos que se mezclan con cl aire hacen del mismo un verdadero veneno, que lentamente consu- me las gentes mas robustas, produce las enfermedades pútridas, que á menudo se hacen epidémicas y contagio- sas Al mi^mo aire impuro debe atribuirse lo mucho que tardan los niños en romper á andar, la mala salud que go- zan la palidez de su rostro, y el gran numero que mue- ren antes de los ocho años, los muchos que hay raqu¿U- — 232 — eos. escrofulosos, contrahechos, y con tanta enfermedad crónica y rebelde como nos muestra la observación dia- ria. A la misma causa es debido el color pálido de las sol- teras en especial, y en general de todos los habitantes dc las grandes ciudades; la dificultad que ofrece la curación dc las úlceras; el mal éxito de operaciones quirúrgicas; la frecuente gangrena en los viejos, y dc un estado escor- bútico en todas las edades y estado. Para evitar ó á lo menos minorar todo lo posible, los inconvenientes de un aire impuro, no se olviden absolu- tamente los medios que tan á propósito propone cl sabio autor dc esta obrita para purificar el ambiente. A mas de los peligros resultantes la impureza ca- si constante del aire en las poblaciones numerosas, hay otros estados dc la atmósfera producidos por causas pa- sajeras, dc las cuales vamos á decir algo sucintamente. Una dc estas causas consiste en las inundaciones. sucede algunas veces que los ríos crecen y salen dc madre: las aguas se introducen en los pueblos y en algunas casas, llenan las bodegas y los fosos, llevando consigo las inmun- dicias que encuentran. En estos casos, dañan las aguas por la grande humedad que resulta en las casas donde han entrado, y en las inmediatas. Esta inundación por lo re- gular dura poco; los ríos vuelven á su cauce; la mayor parte del agua se filtra por la tierra; y sigue á la del rio ó se embebe y sume mas profundamente en la tierra sin embargo, queda no poca humedad en los sitios donde pe- netró la inundación; esto ocasiona putrefacción en las sus- tancias que dc ellas son susceptibles, y exhalaciones muy dañosas á la salud. En tales circunstancias, no deben habi- tarse las casas en que el agua se haya estancado ó dete- nido mucho tiempo, hasta que se haya quitado todo el lé- gamo que ha quedado y esté todo bien seco. No debemos pasar por alto los perjuicios que resultan dc las exhalaciones minerales. Los cuerpos minerales, aunque duros y pesados, pueden ser alterados y muda- dos por la naturaleza y por el arte, de modo que pueden levantarse y esparcirse por la atmósfera en pequeñas par- tículas bajo forma dc humo ó polvo, penetrando en cl es- tómago, los pulmones, etc. Estas exhalaciones dañan, ya sea por su forma ya por su naturaleza; de este modo el azogue, cobre, estaño, plomo, oropimente, el ar cuito y — 233 - olios diferentes preparados de estas sustancias minera- les, como el minio, el albayalde, y el cardenillo, son ab- sorbidos del mismo modo por mezclarse en sus exhalacio- nes con el aire en los talleres donde estas sustancias se fa- brican ose emplean en las artes. De estas se habla en el cuerpo de este Manual; por lo que nada debemos añadir aquí. Otra de las eausas que perjudican temporalmente la salud, son las nieblas, conforme sea su naturaleza. Algu- nas no son mas que vapores acuosos, suspensos en la re- pon inferior de la atmósfera: estas conducen la humedad á todas las partes por donde pasan, y comunicanla á to- dos los cuerpos, así como á las paredes, que se llenan de unas gotas como de rocío. Estas nieblas ocasionan las mismas enfermedades que hemos enumerado al hablar del aire húmedo; como son tos, catarros y todas las afec- ciones resultantes de la supresión de la transpiración. Pero no siempre son las nieblas de naturaleza simple- mente acuosa; también se componen de exhalaciones en mayor ó menor cantidad-, á veces espiden mal olor, y se vé en las plantas, y principalmente en el agua, unas gotas cono dc aceite, ó de agua algo roja, crasa y acre, que co- me y destruye las flores y tiernos retoños de todos lps vc- jetsles, á menos que después de esta especie de nieblas Hueva mucho, y venga el agua á lavar cuanto tocó la nie- bla, de modo que nada deje que pueda dañar. Esta especie de nieblas perjudican á la salud; porque amas de suprimir la transpiración, su acritud causa afec- ciones de garganta, de ojos, y de pecho por la irritación que les comunica. Las nieblas de los sitios bajos y cena- gosos son nocivas por las exhalaciones pútridas que con- tienen. Cuando reinan mucho tiempo causan calenturas intermitentes rebeldes. Peligros délos vientos. Us constante que los vientos son una de las principales causas délas variaciones del calor y de' frío, de la sequedad y humedad del aire, que obran continuamente en nuestros cuerpos y de un modo que in- teresa mucho á nuestra salud. Cada cual, pues, debe atender al efecto que en él producen los vientos; y deci- mos cada uno, porque á mas de las cualidades excesivas que ellos dan al aire, de las cuales se han referido ya los peligros lo» vientos son también saludables o nocivos se* — 231 — gun los temperamentos y los lugares en donde se habita-. Hay país en que el viento del medio día es saludable, y otro en que el mismo viento es nocivo. Hay temperamen- tos que enferman cuando sopla cl viente norte, y otros qué jamas se encuentran mejor que cuando este reina. Pero hablando en general el viento norte perjudica í los que tienen el pecho delicado, débil,•irritable y el sis- tema nervioso muy sensible, á los que están propensos • reumatismos, tos, pleuresías, crups y eslínciones de viu El viento sur. perjudica á los que están cargados dc hu- mores de mala calidad, como son los biliosos, melancóli- cos, etc. El este ó levante, daña á los que acostumbran á padecer asma convulsiva ó seca, enfermedades del pecio, inflamaciones; y por último, el poniente, es nocivo álos que padecen catarros, fluxiones, gota, reumatismo, asma húmeda, etc. Sin embargo, es menester no olvidar que la topografía respectiva de cada pueblo, provincia etc., modifica en ti- les términos las propiedades de los vientos, que uno mis- mo en distintos lugares adquiere cualidades diamelal- íñente opuestas-, el húmedo se hace seco, el frío cálídc, y del mismo modo es opuesta su influencia y efectos ei la economía y en la salud del hombre. Peligros de las tempestades. Regularmente las tfin- pestades van precedidas y acompañadas de un estado del aire, que pone á los que están enfermos y á las personas delicadas, con especialidad aquellas que tienen muy irri- table cl sistema nervioso, en un estado violento de inquie- tud y agitación del cuerpo y del ánimo. Las personas ro- bustas sienten igualmente mucha pesadez y desazón, y esperimentan una sensación desagradable en lodo su ht. Esta impresión es tan vehemente y contraría al bienestar de la naturaleza, que hasta se oye gritar á los aninules que se encuentran en los establos, y se ve su influjo tim- bien en los que no están encerradas. Semejantes chelos son debidos á la electricidad de que el aire está sobre- («rgado. Eu estos casos debe cesar todo trabajo, así del caerpo como del espíritu, y los sujetos muy saguíncos i> que es- perimenlan cierta pesadez ó estado congestíonal en la ca- beza *c rociarán esta y el cuello con cl agua sedativa, q«o — 23o — nuestro autor tanto recomienda para casos análogos. Sobre el ambiente particular de las habitaciones se estiende el autor de este Manual lo suficiente, por lo que nos creemos dispensados de repetirlo aquí. PELIGROS DEL SOL EN EL ESTÍO. La acción fuerte y continua del sol en estío sobre nuestros cuerpos, es ori- gen de no pocas enfermedades, de las que no siempre se conoce bien la causa: desécalas fibras, enrarece la san- gre y demás humores, y ó predispone á las inflamaciones, ó las produce. Por robusta que sea una persona, debe temer los efec- tos del gran calor del sol, y defender lodo cl cuerpo, pero especialmente la cabeza. Los que viajan, los labradores, cazadores, militares, etc., deben emplear cuantos medios la industria les sugiera para librarse de la acción solar. A mas dc la sombra, la renovación del aire ó ventilación, convendrá usar de bebidas refrescantes y ácidos. Pero so- bre todo, las lociones del alcohol alcanforado y su aplica- ción á la cabeza, cuello y muñecas, con los demás medios que prescribe nuestro autor convendrán muchísimo en estos casos. PELIGROS DEL CALOR DEL FUEGO. El fuego deseca las fibras y las endurece, rarifica la sangre, y si un calor suave escita la transpiración, cl calor fuerte y seco la de- tiene y hace extravasar la sangre, y esto forma á veces manchas en las piernas. Si la rarefacción de la sangre lle- ga aun alto grado, puede producir la apoplegía, mayor- mente sí preexiste ya alguna disposición a esta enferme- dad. Es funesto dormir con la cabeza cerca del fuego, y puede causar muchos males. Circunstancias del agua considerada como bebida. Después del aire, no bav cosa de que se haga mayor uso que del agua, la que nos es" casi igualmente indispensable parala conservación dc la vida. Así debemos poner toda nuestra atención en que la que usamos sea buena y reúna todas las cualidades que para ello se requieren. Si solo se usa de agua mala una que otra vez, los efectos se reduci- rán á digestiones difíciles ó malas y á la disposición a en- fermedades; pero con el uso continuo de las malas aguas crecen poco los niños, los achaques de la vejez vienen an- tes del tiempo regular, y en cualquier edad los que las — 236 — usan son víctimas de una infinidad de enfermedades, así esternas, como internas. Los Romanos conocieron dc tal modo la necesidad de tener buenas aguas para las usos de la vida, que nada omitieron para lograrlas, y estaba pro- hibido bajo penas muy graves cl ensuciarlas; solo po- dían servirse de ellas para beberías, ó para prepararlos alimentos, teniendo otras aguas para los demás usos, co- mo para los animales, lavaderos, baños, oficios, etc. Para ser buena el agua no debe tener sabor, olor, ni color sensible, aunque no puede negarse que produce cierta sensación por la cual se conoce que es buena. De- be ser ligera, transparente, calentarse y hervir con facili- dad, evaporarse muy pronto, y enfriarse igualmente, lim- piar la porquería, disolver al jabón en poco tiempo, cocer pronto las legumbres y apagar la sed; pasar prontamen- te por las vías urinarias, no hacer poso, ser buena para hacer cl pan, las infusiones y cocimientos, disolviendo y cargándose de los principios dc las plantas, y conserván- dolos sin alterar sus cualidades; también debe ser buena para criar y blanquear cl lino. Una parte dc las aguas que hay en la tierra, se levanta de continuo al aire, de donde vuelve á caer en forma dc niebla, de roclo, de lluvia, dc nieve, dc granizo, etc. Esta agua no es tan pura como se cree. Cuando no se puede tener otra agua que la llovida, no se ha de coger la primera que cae, ni la primera que cor- re dc los tejados, porque está cargada dc cuerpos cst ra- nos de la atmósfera, y de la suciedad de los tejados, cuya cantidad y mala calidad son proporcionadas á loque ha du- rado cl tiempo seco, y al grado dc calor que ha precedido á la lluvia. En los países donde no hay buena agua para beber, y demás usos dc la vida, se sirven déla agua dc lluvia, h que recojen y conservan en depósitos subterráneos que llaman algibes. Esta agua puede llegar á ser muy nociva, si no se tiene cuidado dc que los algibes estén bien lim- pios, de limpiar dc cuando en cuando cl poso que deja precipitar el agua, dc tener igualmente muy limpios los tejados y demás partes por donde corre cl agua para ir á los algibes. A mas de estas precauciones, será conveniente hacer queel agua llovida pase por entre arena antes dc entrar en cl algibe, y que los materiales de que este se — 237 — halle construido no puedan comunicar malas cualidades al agua. Algunos consideran como causa de paperas el beber agua resultante de la nieve detenida ó del granizo. A mas causa enfermedades de pecho, tos, catarros, daña el siste- ma nervioso, enfria el estómago y le irrita con sus sales. El agua de pozo recibe sus cualidades de los terrenos por que filtra pudiendó llegar á ser muy dañosas. Ya ha dicho nuestro autor los bocios que producen las aguas que filtran por terrenos en que pasan filones metálicos, espe- cialmente de mercurio. La simple estancación de las aguas las hace poco sa- ludables; pues la misma falta de movimiento la descompo- ne, y en ellas se crian yerbas, insectos etc. Todo cl mundo conoce los funestos efectos que produ- cen las aguas en que se embalsa el lino y el cáñamo; que no solo dañan á los hombres produciendo calenturas in- termitentes y malignas, sino á los mismos animales. El modo de subsanar algunos inconvenientes del agua cuando es turbia á corrompida, es hacerla filtrar por va- rias capas de arena y de carbón puestas alternativamen- te, y dc este modo hasta cierto punto se quita su mala ca- lidad. Peligros de las bebidas artificiales. En el cuerpo de esta obrita da el autor algunas recetas de bebidas artifi- ciales que la esperiencia ha demostrado ser sumamente útiles. Con este respecto, no podemos menos que decir algo de los inconvenientes que traen consigo algunas de las que se usan. En primer lugar, trataremos dc los vi- nos: cuando las uvas, las manzanas, las peras dc que se hacen licores para bebida, no están bien maduras, los li- cores son acerbos, y astringentes é acres, cualidades que se hallan en tanto mayor grado, cuanto las frutas están menos maduras, ó mas acerbas. El efecto dc estos lico- res, tomados en demasiada cantidad, es irritar, compri- mir, causar vivos dolores, cólicos en el estómago é intes- tinos, espesar la bilis y cerrar las vias; de que resultan inflamaciones y obstrucciones en Jas visceras, en especial en el hígado y gran torpeza de vientre. Así que debemos abstenernos de semejantes licores, lo mismo que de las frutas que no estén maduras. Cuando la cerveza es reciente y cuando está preparada 4 — 238 — par» ser lo que llama cerveza fuerte, cualidad que se le co- munica deteniéndola en su fermentación, para lo cual se la encierra en botellas al tiempo que está fermentando, es muy dañosa. Esta cerveza fermenta en el estómago des- pués que se ha bebido, se desenvuelve en cl misino la par- te espirituosa y produce varios desórdenes. El vino hecho de frutas distintas de la uva, puede ser dañoso, tanto por la especie de fruta de que se hace, como por el modo de prepararlo. Hay años en que las fruías son dañosas, ya por no haber madurado debidamente, ya por alguna otra causa ó influencia desconocida. Los vi- nos preparados con ellas dan margen á enfermedades epi- démicas. Hay gentes que se entregan sin cordura á la excesiva bebida de licores espirituosos. Comprendemos bajo este nombre, á mas del aguardiente de que hace uso el pue- blo, todos los licores preparados con el aguardiente y el espíritu de vino. Estos licores, bebidos en cierta canti- dad, debilitan y destruyen el cuerpo, enervan el espíritu, abrevian la vida, anticipan los achaques y enfermedades de la vejez; en los casados son causa de que tengan menos hijos, y dañan á los que esta causa no impide nacer. Los efectos del té son diferentes según su especie, el modo de prepararle y las disposiciones de aquellos que usa n.es t a bebida. Cuando la infusión es muy lijcra,es de- cir, que se han echado poquísimas hojas de té en bastante agua, y esta tiene poco color, es una infusión que solo obra como diluente, limpia el estómago, llevándose lo que en él há quedado dc los alimentos después dc la digestión; tal es el efecto del té en algunas personas que lo toman con moderación algunas horas después dc comer, por lo cual dicen que ayuda la digestión. Esta utilidad es sen- sible cuando se ha comido demasiado y la digestión es pe- sada y dificultosa. Pero sí se toma esta bebida en mucha cantidad y sobrado caliente, puede relajar las fibras del estómago, y hacer difícil la misma digestión que en otro caso favorece. Cuando cl té es muy cargado, de color subido, tiene cierta acritud que se disminuye mediante el azúcar. Esta infusión obstruyelas boquítas de los pequeños vasos, v aumenta la elasticidad y fuerza dc las libras, lo que no deja de ser peligroso: muchas veces acomete á los nervio- y causa temblores en algunas personas. —239 — El té es una bebida que conviene á los que comen mu- cho, y es nociva á los que comen poco y llevan una vida sedentaria. El té puede ser útil después de violentos ejer- cicios, y cuando se ha suprimido la traspiración. El café que ha llegado á ser de un uso muy común, ora sea por moda, ó porque lisonjea el gusto de muchas per- sonas, algunas veces produce los mayores daños en la economía. En efecto, la preparación que se le dá tostán- dolo, convierte su aceite, que en el estado natural es dul- ce y suave, en un aceite acre y empireumático. El coci- miento del café irrita y calienta, pasa á la sangre, irrita los vasos, aumenta la circulación y produce insomnio, ó acaso escita el sueño y lo favorece lo mismo que cl opio cuando el movimiento que imprime á la sangre llega á causar cierta compresión en el cerebro. Produce todos los fenómenos de una ligera calentura, deseca las fibras, disipa la parte mas fluida de los humores, de que resulta la condensación de la sangre, y congestiones en diversas partes del cuerpo. El café perjudica muchas veces la digestión y sin ra- zón se le atribuye la virtud de acelerarla y favorecerla. Esta creencia nace del principio de que las cosas calien- tes ayudan al acto digestivo; y si bien es cierto que el ca- lor lo favorece, debe ser suave y no súbito y fuerte como el que produce el cafe. El café es una bebida dañosa para las personas bilio- sas; pues comunica á la bilis un grado dc color nocivo, y aumenta los embarazos y obstrucciones, ó acaso los lor- ma en los vasos que llevan dicho humor. Su uso puede producir accidentes peligrosos en el caso de que haya ple- nitud en los vasos, causada por la abundancia dc la san- gre, ó por la grande rarefacción de este fluido. A muchas personas, particularmente de letras, produce vigilias, tem- blores, estenuacion y una vejez anticipada .Al uso.diario del café deben atribuirse muchas veces la palidez, los do- lores de cabeza pertinaces, la falta ó depravación del ape- Uo, y la poca regularidad cl retardo y el esceso en la menstruación, tratándose dc mugeres jóvenes. Pehnras de ciertos alimentos de malas cualidades. Cuando los granos de trigo se hallan amontonados en un i ,«.- w,mi>fin v caliente, ó tan solo húmedo, se recahen- laT fennenta,., «dquieren un olor feudo y en breve se — 2i0 — apodera de ellos la corrupción. El pan que se hace con tales granos, puede causar enfermedades pútridas, la gangrena y las enfermedades convulsivas. Puede impedir- se que se pudran los granos, procurando que estén siem- pre muv secos, lo que se consigue teniéndolos en lugares altos y bien ventilados, removiendo el grano con frecuen- cia y íimpiándolo. Si tales medios no fuesen suficientes, y hubiese necesidad dc servirse dc dichos granos, se pon- drán á secar bien en el homo antes de molerlos, y aun se dejara que se tuesten algo, con lo que se corregirán sus malas cualidades. En algunas provincias se observa que pica á los gra- nos un inseclo.pero principalmente á la cebada y centeno, cuando aun están en espiga. Entonces se forma en estos granos picados una pequeña cscrccencía , que se llama cucrnccillo. por la semejanza que tiene con esta parte ani- mal. El pan que se hace con ellos, en especial si son nue- vos, es muy nocivo al hombre y á los animales, y si se co- me mucho tiempo, sobrevienen calenturas pútridas y ma- lignas, calenturas con modorra , estancaciones y muchas veces la gangrena, la que haciendo grandes progresos en lo interior, sin manifestarse, causa la caída dc los miem- bros antes que llegue á conocerse, y por consiguiente an- tes que se piense en atajar el mal. Los animales por ins- tinto se abstienen de este alimento, al hombre la razón de- be obligarle a examinar si sus granos tienen cucrnecillo, y en este caso no servirse dc ellos, ó á lo menos guardar- los hasta que estén añejos, pues sus efectos son tanto mas perniciosos, cuanto son mas nuevos. Cuando los granos están señalados por un cstrcmo con una mancha negra, la cual es efecto dc estar enmohecidos, cl pan que con ellos se hace, es nocivo á la salud y produ- ce calenturas pútridas, malignas, é intermitentes!! La mancha negra de que se trata es producida por una materia crasa, de color oscuro que tira á negro y de mal olor, de que están llenos los granos de tizón ó carcomidos. Cuafndo se trillan las mieses, se destrozan algunos granos de tizón, y el polvo negro que de ellos sale, se pega á las barbas que tienen los granos en el extremo opuesto á la parte donde brotan, y allí forma una mancha negra, que según los países dan á estos granos los nombres de man- chados, ó que tienen las barbas negros. — 2íf— Peligros del pan no fermentado, del pan caliente y del pan corrompido y mohoso. La masa de que se hace el pan es menester que fermente para que sea nutridor y sauo, sin cuya circunstancia no puede digerirse , fer- metila, se pone agrio en el estómago, ocasiona flatos, cóli- co y obstrucciones. Si el pan no se ha esponjado lo sufi- ciente, no puede cocer bien, está demasiado compacto ó apelmazado, y no se digiere. El pan caliente no se tritura ni se deshace en la boca* se aprieta, se arrolla y forma una bola en lugar de mascar- se, y absorve poca saliva, es muy pesado al estómago, y cuando llega á digerirse da un quilo viscoso y denso, y pro- duce flatulencia. Cuando Se guarda mucho tiempo cl pan en sitio húme- do se enmohece, y con poco calor que haga fermenta y se corrompe-, entonces, en lugar dc ser un alimento gustoso y sano, tiene mal gusto y es poeo nutritivo, y si se usa de él mucho tiempo causa enfermedades pútridas. Peligros de comer carne corrompida ó de animales enfermos. El pueblo muchas veces come carne corrompi- da de los animales mas comunes por lo moderado del precie proporcionado a sus facultades. Estos alimentos, á mas de no nutrir, aumentando el calor del cuerpo al gra- do de putrefacion que ya tienen, llevan en muy poco tiem- po la corrupción á los humores, y son causa de diarrea, disenteria, escorbuto , fiebres pútridas é intermitentes. Como no es regular que el pueblo se contenga por temor de la enfermedad que aun no siente, corresponde á una buena policía el inquirir y castigar la venta de tales ali- mentos. De cuando en cuando se ven reinar epidemias en los animales; y casi siempre acontece que en los países en donde usan la carne de estos animales, las personas que de ella comen se ven acometidas de calenturas pútridas, malignas y epidémicas. I'eligros resultantes de comer pescados de concha en tiempo caloroso y en especial de las almejas. Hay pes- cados de tal naturaleza, que se corrompen con la mayor prontitud cuando hace algún calor-, de esta especie son to- dos los que tienen concha, como las langostas, cangrejos, salicoques , ostras, etc. No deben comerse cuando hace calor, no solo por temor de que sean pasados, sino tam- — ti- bien aunque sean fréseos, pues son por su naturaleza acres, irritantes y cálidos. Las almejas han producido, á veces, accidentes tales, que han obligado á mirarlas como venenosas. Sobre esto, véase el caso que refiere Mr. Raspaill, como sucedido a él mismo. A mas algunas personas, por haber comido dc este marisco, tuvieron convulsiones, ansiedades y náuseas acompañadas dc erupciones cutáneas , cuyos .síntomas prueban la presencia del veneno» El hábito dc comer carnes ó pescados salados ó ahuma» dos tiene no pocos inconvenientes, pues son en estremo irritantes, muy indigestos, y el quilo que producen es acre y cálido. Peligros de las frutas no muy maduras. Cuando la fruta es madura y buena, produce efectos muy saludables; pero si es verde, ya porque se cogió antes dc sazón, ya que el calor del sol haya sido insuficiente para madurarla, son entonces muy nocivas, especialmente para aquellas porsonas que las comen durante algún tiempo. Los efec- tos consisten en dolores dc estómago, diarreas y otras in- comodidades. Hay espericncía dc que en ciertos años las frutas, es* penalmente las dc últimos del verano, como las peras y molocotoncs, producen diarrea, disentería y cólico, atri- buyéndose la causa á una niebla ó moho que dicen cae sobre estas fruías. Es menester abstenerse de comer las primeras frutas y las que han madurado antes de tiempo, ó que deben su madurez anticipada á la picadura de algún insecto, ó á medio artificial: semejantes frutas causan diarreas, cólicos y disenterías. Peligros de los hongos. Suele suceder por ignoran- cia ó imprudencia de los que compran, los que venden, ó los que cogen las yerbas en el campo, que se comen vene- nos en lugar de yerbas nutritivas. ¿Á cuántos ha sucedi- do, comer la cicuta por el perifollo y el peregíl; la raíz dc beleño, la de la misma cicuta y la de enante por la zana- horia; la raíz de belladona por la de achicoria, ó la del re- núnculo de los prados por la del pcregil dc los prados? La policía debe estar muy vigilante para que no se come- tan tan trascendentales errores en la venta dc las yer- bas. Cuando alguna persona ha sido víctima de tales equivocaciones, luego que ha lomado cl veneno, procu- — 243 — rá arrojarlo del estómago mediante vomitivos, y si está algo mas abajo se darán algunos diluentes como el agua de pollo, la leche y un purgante; si la sustancia dañina fuese el beleño, la cicuta acuática, la belladona, los líqui- dos ácidos son el mejor remedio; al mismo tiempo se ad- ministraran lociones de alcohol alcanforado en el abdo- men y fricciones con la pomada alcanforada. Pero los errores que se cometen con mas frecuencia y que se ven casos mas fatales, son con respecto á la venta de hongos. Los hongos han sido estimados en ti»dos tiem- pos, porque son muy sabrosos, no obstante el dictamen poco favorable que sobre su naturaleza han dado los mé- dicos, vistos los accidentes que han ocasionado hasta las especies tenidas por mas sanas. No obstante, continúa haciéndose de los bongos un uso general. Cuando los hongos son dc mala calidad, después que se han comido, ó que únicamente se han usado salsas en que se han coci- do, han producido náuseas, vómitos, congojas vehemen- tes, dolores de estómago é intestinos, opresión, sofoca- ción, sed, diarrea, disenteria, hipo, temblor, convulsio- nes, gangrena, y en una palabra, todos los síntomas de los venenos, y también la muerte. No se estrañan estos efectos sabiendo que el polvo de muchas especies de hongos, introducido en el pecho con el aire, y aun su olor solo, causan grave daño. Una per- sona fué envenenada solo con haber manoseado hongos de cualidades venenosas. Estos efectos son tanto mas temi- bles, en cuanto no hay señales ciertas que distingan los hongos nocivos do los que no lo son. Del vestir. Pudiéramos hablar aquí de los alimentos mas saluda- bles y de lo concerniente á la bebida, pero Mr. Raspaill, en cl cuerpo de esta obrita loca estos puntos, dc manera que hay bastante para conservarse en buen estado de sa- Iuz, teniendo presente lo que deja espuesto. Así pues, nos contentaremos con añadir algo al artículo de los ves- tidos, en que hay abusos dignos en verdad de corregirse, y ganaría en ello muchísimo la salud. Peligros del calzado. Para andar con libertad yi< hacerse daüo en los pies, es menester evitar los estremos 16 — 244 — en el calzado, de manera, qne no sea demasiadamente an- cho ni sobrado estrecho. Si los zapatos son mas largos o anchos de lo que conviene, el pié vacila, se vuelve con facilidad, se tuerce, y no es posible andar con firmeza, ni de priesa, ni por mucho tiempo. Las chinelas de las mugeres tienen todos los dichos in- convenientes. Pero es mucho mas coniiin caer en el cs- trcmo cuyos daños vamos á enumerar. En Europa y en Asia, principalmente, es moda y se tiene una ¡dea común de que un pié es tanto mas pulido, cuanto es mas peque- ño, esto es lo que obliga a los hombres y á las mugeres á traer los zapatos mucho mas estrechos y cortos de lo ne- cesario: estando el pié asi muy comprimido de todos la- dos, no crece, los dedos no pueden alargarse, se ponen achatados, disformes, nacen callos, bundense las uñas en la carne, hínchanse las piernas, los pies duelen, el sudor de los pies, que en muchas personas es considera- ble, no sale con facilidad, la materia que lo forma no pue- de detenerse en esta parte, ni rolrer á la circulación sin causar enfermedades; no es posible caminar de priesa ni durante mucho tiempo, ni tenerse en terrenos que no estén muy firmes. Peligros de las cotillas. Desde qne está en uso este armatoste que no han cesado los facultativos, y hasta las personas simplemente dotadas de sensatez, de clamar con- tra él, mayormente después que la esperiencia ha demos- trado que los estragos causados en la salud han sobrepa- sado de mucho á los temores que sobre este punto se te- mau; sin embargo, la moda ha sido mas poderosa que la razón y que el interés de conservar la salud. En efecto, basta considerar las partes, tanto esternas como inter- nas, no solamente del vientre, sino también del pecho, que las cotillas ó corsés comprimen las unas contra las otras, para ver cuanta perturbación debe resultar de ello, no solo en la configuración de los órganos, sino en el desempeño de sus funciones. Cuanto mas he reflexionado sobre estas compresiones, estos desórdenes y estas torturas, y cuanto mas he con- siderado al mismo tiempo las enfermedades crónicas y lentas que se ven padecer con frecuencia á las muchachas y a las mugeres dc cierta clase, pero muy rara rez á las criaturas pequeñas y á las aldeanas, y con especialidad, — 2Í5 - acordándome de las diferentes circunstancias que tengo observadas , después de haber examinado con toda la atención posible muchas de estas enfermas, me parece que con mas eridencia puede atribuirse su primer origen ó la compresión que ha causado en las entrañas el uso continuado de las cotillas; por ejemplo, la ictericia, á la compresión del hígado; las indisposiciones del estómago, las náuseas, vómitos, indigestiones, á la del estómago, y del duodeno; el color pálido, á la de las glándulas linfáti- cas; finalmente, las obstrucciones, tumores, durezas, es- cirros, á la acción compresiva y contundente de las glán- dulas mesentéricas, del páncreas, del omento, del hígado, délos ovarios y de las demás partes internas del vientre. No solo las visceras abdominales se resienten de la com- presión de los corsés, sino también las del pecho y de la cabeza, naciendo de ahí las afecciones propias de estas partes tan esenciales á la vida. Estas enfermedades se forman con lentitud, y algunas no se sienten hasta después de años, y á veces mucho tiempo después que se ha abandonado ya cl uso de los corsés; en particular los tumores indolentes y los escir- ros, que no se sienten hasta que han llegado á un cierto volumen palpable. Efectos de la compresión del cuello. Tengo observa- do, dijo ya hace tiempo Winslou, que el apretar el cuello con las corbatas, corbatines, ó con el cuello de la camisa, ha sido la única causa primitiva é inmediata de los ma- les de la cabeza, de los ojos y de la garganta, de los aturdi- mientos, de los vértigos, de los amagos de síncopes, de ar- rojar sangre por las narices, etc. y que por no haber aten- dido á esta causa, se habían empleado muchos remedios sin efecto-, muchas reces he remediado estas incomodida- des, como en un abrir de ojos, con solo aflojar estas espe- cies de garrotes que impedían el tránsito de la sangre de la cabeza por la presión dc las renas yugulares. Inconvenientes del sueño excesivo ó de las vijilias dema- siado prolongados. Tan dificultoso le es al hombre detenerse en la acción cuando ejecuta alguna cosa que le agrada, como el mode- rar sus pasiones: entonces no conoce al justo medio, no — 246 — oye bis horas ni atiende a sus necesidades. Si la aplica- ción del espíritu ó la disipación no basta para tenerle des- velado, se sirw de los violentos movimientos del cuerpo y de otros medios. Estas vigilias serán largas ó demasiado repetidas con respedo al que las pasa; se hará una disi- pación y una gran pérdida dc los espíritus animales, que no se reemplazarán; la materia de la traspíiacion y de otras muchas secreciones se consumirá sin n novarse; no se hará la nutrición; los fluidos se espesai.in por la disipa- ción de la parte mas tenue; las fibras perdeían su elasti- cidad, y su aptitud al movimiento por la tensión y acción demasiado duradera: si la vigilia continúa, faltará cl fluido nérreo, y todas las acciones que dc el dependen, como la circulación, la transpiración, etc., no se harán, ó solóse harán imperfectamente; dc lo que resultara una pérdida y gasto general do todos los fluidos. Todos cfMos daños pueden evitarse concediendo á la naturaleza el sueño que necesite; y én caso que sea necesario velar, se precaverán o disminuirán los peligrosos efectos dc la vigilia,toman- do dc cuando en cuando algún alimeulo ligero y bebidas diluentes y fiescás. El sueño C9 necesario para reparar las fuerzas consu- midas por el trabajo y la vigilia, para dar tiempo á la pre- paración del fluido nérveo, que sirve á todas las funciones del cuerpo y del espíritu, y hacer que se olviden por cier- to intervalo los placeres como las penas, en «¡ue el espíri- tu no podría estar ocupado largo tiempo sin que padecie- se igualmente que el cuerpo. Pero el sueño, al paso que tan buenos efectos produce cuando es moderado, es causa dc varios males si se prolonga escesivamentc, pues enton- ces la sangre circula con mas lentitud; los sentidos tanto internos como estemos se entorpecen; se espesan los hu- mores y se detienen en ciertas partes; las escrecíones se hacen dilicilmente; las fibras se aflojan y pierden la elas- ticidad que es tan necesaria para la circulación; la traspi- ración se hace imperfectamente ó falla del todo; lo que debe salir del cuerpo se detiene en él y adquiere cualida- des nocivas, la orina, los escrementos y la saliva se ponen acres, el cuerpo está pesado, tiene poca aptitud para el movimiento, y se pone mas sensible al frío, las operacio- nes del espíritu son imperfectas y se anticipa la vejez. Se puede hacer juicio que no se ha dormido mas dc lo nece- — 247 — sario, cuando después de levantado el sujeto se encuen- tra ligero, con todos los sentidos perspicaces, cl cuerpo dispuesto al movimiento, y el espíritu proporcionado para el trabajo. Cuando se duerme bien, cuando el sueño no es agitado ni penoso, y cuando al despertar no se halla el sujeto fa- tigado, es indiferente que se eche sobre el lado derecho ó el izquierdo, boca arriba ó boca abajo, pero para ciertas personas, algunas de estas posiciones no están exentas dc peligros. El echarse boca abajo es peligroso, porque no teniendo el pecho libertad para sus movimientos,se fatiga la respi- ración, la boca y las narices se hallan tapadas muchas ve- ees; y estando comprimido el vientre, se ponen los intes- tinos sobre el estómago y el diafragma, lo que incomoda ala digestión y á la respiración. El estar echado boca arriba ofrece aun mayores incon- venientes-, el cerebro comprime al cerebelo, la secreción y distribución de los espíritus animales se efectúa con ma- yor dificultad; y por esto á muchas personas les cuesta di- ficultad el respiraren esta disposición: tienen pesadillas, poluciones involuntarias, y el incubo de los antiguos. A estas dos posiciones es preferible la de estar echado de lado, y con preferencia del lado derecho, aunque varian- do alguna vez del lado izquierdo cuando fatigue una mis- ma posición; los brazos y piernas en una semiflexion, y la cabeza un poco mas levantada que lo restante del cuerpo. En cuanto alas circunstancias higiénicas que convie- nen en los dormitorios, dice ya lo suficiente nuestro au- tor, por lo que nos dispensa de hablar de ellas. SOBRE EL MOVIMIENTO Y LA QUIETUD. Inconvenientes de estar mucho tiempo en pié, y de la vida sedentaria. Las personas que permanecen mucho tiempo en pié, como sucede á muchos artesanos y mercaderes, a los que andan al lado de los grandes personages, a los soldados, etc están espucstasá muchas i icomodidadcs y enferme, dades que vienen de estar mucho tiempo en una posición — 218 — rcrtical; pues la sangre y los humores bajan y cargan so- bre las partes ínfimas, se acumulan en ellas, y con difi- cultad vuelven á subir; así los que tienen que estar en pié la mavor parte del tiempo, están sujetos á padecer hin- chazones y úlceras en las piernas, almorranas, dolores en la nuca, en los ríñones y en las pantorrillas, debilidad en las articulaciones, dolores nefríticos y hernias; á orinar sangre, á sentir una tirantez ó sensación dcsagradablc.que se estiende al hueco del estómago, desmayos y laxitud ge- neral producida por la acción continua de los músculos que tienen al sujeto en esta postura. Las mujeres están dispuestas á los descensos del útero y de la vagina, á las reglas inmoderadas y á los malos partos. Para precaver semejantes molestias, será bueno que la persona que por su oficio, etc. deba permanecer en dicha posición vertical, se acostumbre á ella desde la infancia, y aun cuando adulto, deberá sentarse ó tenderse horizontal- mente los ratos en que sus ocupaciones se lo permitan. Igualmente trac no pocos perjuicios á la salud la vida sedentaria, pues permaneciendo la mayor parte del tiem- po sentado y en reposo, no se ayuda á la naturaleza, segun es menester ayudarla en muchas de sus funciones con el movimiento de diferentes partes del cuerpo, y en particu- lar con el de los músculos, los cuales por esta inacción pierden también la aptitud para sus usos, se entorpecen y se relajan; la circulación se hace con mas lentitud, las se- creciones y escreciones son menos abundantes y quedan imperfectas, los humores no se depuran lo suficiente, cl cuerpo se sobrecarga dc gordura, de que se sigue la acu- mulación y estancamiento de los humores; resultando afec- ciones cutáneas, cl escorbuto, la corrupción de la sangre, las obstrucciones del hígado, del bazo y demás visceras abdominales. Para prevenir tan molestas consecuencias, es necesario interrumpir las ocupaciones después dc algunas horas, y andar, aunque no sea mas que pasearse por una sala, des- tinar algunas horas á algún ejercicio, como los juegos de bolos, etc. que propone Raspaíll, agitar en fin, el cuerpo de un modo conveniente. Convendrá de cuando en cuan- do el uso dc bebidas diluentes, y dc purgantes ligeros á Gn de impedir el cúmulo de humores y evitar que causen obs- trucciones. — 249 — La posición encorvada trae consigo pésimas resultas. No solamente hablamos del encorvamiento de las infles, en los que tienen la vida sedentaria, sino de otras según la ocupación del sujeto, como son la corvadura debajo del pecho, la del cuello y la de las rodillas, cuyos efectos son nocivos cuando se está mucho tiempo en esta misma posición: pues en toda corvadura existen vasos" y nervios comprimidos, lo que entorpece y tal vez detiene la circu- lación, produciendo el entorpecimiento de las partes que están debajo de la corvadura. Esta situación y quietud del cuerpo dan margen á la corvadura del espinazo, que ya se dobla á la izquierda, ya á la derecha. Cuando por es- lar escribiendo, leyendo, ó ejerciendo algún arte, se halla el cuerpo encorvado por debajo del pecho, el estómago y demás partes contenidas en el vientre sufren una compre- sión de muy malas consecuencias; las costillas no tienen su movimiento enteramente libre, ni se dilatan bien los pulmones. Cuando se tiene la cabeza inclinada mucho tiempo, como acontece á los literatos, con especialidad si son cor- tos de vista, ó la tienen cansada, la sangre y demás humo- res no descienden con libertad; se acumulan en ella, car- gan el cerebro, van á la parte anteiior de la cabeza, hin- chan y ponen colorados les ojos, causan cefalalgias y aturdimientos que corresponden ala frente, sintiéndose suma pesadez en este sitio. Muchos de estos daños pue- den evitarse tomando un asiento alto, y teniendo delante una mesa ó atril de bastante altura para que no haya nece- sidad de bajar la cabeza ni de encorvar el cuerpo para leer ó escribir; la misma altura recomendamos en los telares, bastidores y otras máquinas para poder trabajar en ellas estando de pié, ó á lo menos en asientos tan altos que per- mitan tener las piernas estendidas y el cuerpo recto. Las personas de estatura muy alta se hallan mas es- puestas que las demás á los peligros que acabamos de enumerar. Cuando un sugeto muy alto, delgado y delica- do tiene una vida sedentaria y poco ocupada, ó si aquello en que con mas frecuencia se ejercita le tiene en una po- sición encorvada, ya sea hacia delante ó á alguno de los lados insensiblemente irá encorvándose y adquiriendo su figura cierta deformidad. Ademas se curva la respiración, y "según el lado á que se está inclinado se comprime cl es- — 250 — lómago, el hígado 6 el bazo, resultando los efectos consi- guientes á tal compresión. De la (tpUcacion mental. La unión del alma con el cuerpo, y la acción de aquella sobre éste son tales, que en un estudio ó meditación pro- funda, la naturaleza da, digámoslo ;i-;i, toda su atención á lo que pasa en el cerebro: las fuerzas, fluidos ó espíritus vitales, cualquiera que sean , que constituyen un instru- mento necesario de las operaciones del alma, asi como de las del cuerpo , acuden al cerebro en abundancia, y una parte dc las funciones del cuerpo , en las cuales se em- pleaba, se suspenden; ademas de esto pueden temerse las enfermedades del cerebro, los efectos de la congestión y aflujo de sangre a la cabeza, y el calor, el dolor y la infla- mación dc las partes que la componen. Debemos, pues, evitar las meditaciones profundas y demasiado largas, y los estudios que piden una atención sostenida por mucho tiempo, particularmente sobre un mismo punto. Es menester descansar; distraerse de cuan- do en cuando, ó á lo menos mudar dc asunto en la aplica- ción. Cuando se ha hecho algún trabajo mental escesivo, conviene esparcirse, hacer ejercicio y vivir con un buen régimen. Después de haber comido, la naturaleza acumula, por decirlo así, su atención en el estómago, y trabaja en la di- gestión; si entonces se la aparta aplicando el espíritu, de- jándose llevar de algún sentimiento, ó de alguna pasión violenta, la digestión se perturbará, y no se hará ó se hará mal. Es necesario tener la prudencia de no comer, cuan- do se cree que inmediatamente después podrá hallarse el sugeto en las circunstancias de que acabamos dc hablar. De las pasiones del alma. La acción del espíritu sobre cl cuerpo no está menos demostrada por los efectos que producen I is pasiones en la economía animal, que lo está la del cuerpo sobre el es- píritu por los efectos q¡n producen las sensaciones y las enfermedades en las facultades del entendimiento. Cuan- — 2ot — do una de estas partes de nuestro ser obra con fuerza so- bre la otra, y cuando una sola de las dos sale de su estado natural por estar gravemente enferma, las operaciones de la otra padecen bien pronto. El hombre de talento parece un fatuo cuando se halla con una calentura maligna, y aun bastante tiempo después. El hombre mas tranquilo, el mas pacifico, está furioso en la pleuresía con el delirio de la calentura; aquel que tiene un espíritu de los mas vivos, está estúpido y se muestra inferior á un irracional en cuanto corresponde al entendimiento y á las sensaciones durante una calentura lenta, nerviosa, y aun después; las sensaciones vehementes, como son el dolor y las cosqui- llas, interrumpen la mayor atención, y la meditación mas profunda; los hipocondríacos y melancólicos; los que pa- decen de histérico y afectos vaporosos , esperimentan la influencia y poder del cuerpo sobre el espíritu y el del es- píritu sobre aquel-, en una palabra, vemos debilitarse y fortificarse á la par el espíritu y el cuerpo, salir á un mis- mo tiempo de su estado natural, obrar alternativamente el uno sobre el otro, y finalmente, ir al mismo paso á la madurez, como á la decrepitud. Debemos , pues, incluir cu el número de las principales causas que amenazan la salud del cuerpo, las sensaciones y las pasiones vehemen- tes, que son unos estados violentos del espíritu y del cuerpo, que obran necesariamente uno sobre otro , y en particular sobre los nervios, por los que se efectúan to- dos los fenómenos que vamos á esponer como efectos de las pasiones y de las sensaciones intensas. No es cosa estraordinaria que las sensaciones muy vi- vas, ó las impresiones fuertes, hechas de pronto y sin que hayan aumentado gradualmente, produzcan, ya en la es- tructura de los órganos de los sentidos, ó ya en las cuali- dades que éstos deben tener, un desorden que disminuya la delicadeza de las sensaciones, y aun las destruya del to- do. Alguna vez se ha visto perder cl sentido del oido por un ruido fuerte como el de un cañonazo, ó de un trueno, cegarse ó disminuirse la vista por la acción de una luz demasiado viva. Las sensaciones que sin llegar á un grado escesivo, duran mucho tiempo en suficiente grado para causar una impresión de que el dma no pueda distraerse , disminu- — 232 — yen igualmente la sensibilidad de los órganos de los sen- tidos: por esto los que oyen un ruido continuo ; como un salto de agua, el de un molino, los caldereros , tienen el oído duro; los que están espuestos á mucha luz; los que trabajan en cuerpos muy blancos ó muy brillantes, como piedras preciosas, pierden la vista. El medio de precaver los accidentes, en el primer caso es disminuir las impresiones que causa la mucha luz y el mucho ruido en los órganos de los sentidos, interponien- do algún cuerpo que disminuya la sensación, embarazau- do en parte ó en su totalidad el órgano; v. g. cerrando en parte los ojos, y tapándose en parte los oídos. En cuanto al segundo caso, si no es indispensable aguantar estas sen- saciones, se harán muy bien en huir de ellas, ó á lo menos en apartarse de cuando en cuando. Entran en la clase de las sensaciones perjudiciales los olores fuertes que producen cefalalgias, vómitos y afectos histéricos; las cosquillas, que ponen los nervios en un es- tado convulsivo y toda la máquina del cuerpo en un esta- do violento; los dolores, que ocasionan inquietudes, con- gojas, desfallecimientos, vigilias, contracción espasmódi- ca de los miembros, calentura, convulsiones, delirio, fre- nesí y eretismo de todo el sistema nervioso, que perturba todas las funciones del cuerpo. Entre las pasiones del alma que mayor trastorno pro- ducen en la economía, debemos contar el furor y la cólera. Esta fatal pasión pone al sistema nervioso en un estado convulsivo, los músculos se contraen, y ejecutan movi- mientos involuntarios, siempre mas violentos de los que podrían hacer en el estado normal. Las operaciones del espíritu, lo mismo que las acciones del cuerpo, son incier- tas poco reflexivas, y muchas veces independientes de la voluntad; la rubicundez y palidez del rostro se suceden rá- pidamente; el pulso, ya se presenta lleno, ya concentrado, pero siempre frecuente. Semejante desorden en toda la economía, pronto descompone las funciones animales, vi- tales y naturales; la bilis se calienta, se inflama y es echa- da fuera de sus vasos; sobrevienen vómitos, convulsiones, calenturas ardientes é inflamatorias, hemorragias, desma- yos, la apoplegía y la muerle repentina. Muchas veces se ha visto renovarse entonces los dolores de piedra, dc gota, las afecciones hipocondríacas y las histéricas ó rapo- — 253 — rosas. A los que se hallan en semejante estado, es nece- sario impedirles que se espongan al aire frió, que beban cosas cálidas y ardientes, ó muy frías, y que coman. Luego que ha pasado el acceso, es bueno tomar bebidas diluen- tes. frescas, con nitro y los ácidos. No es necesario adver- tir la necesidad de emplear todos los medios para que el furor, la cólera ó el enfado , cesen lo mas pronto posible. El miedo ó temor es otra pasión muy nociva, lo mismo que el temor, el susto, el espanto y todo movimiento re- pentino del alma, ocasionado por los males que nuestra imaginación se representa, mas bien que por los que real- mente existen ó amenazan. Entonces se produce una vio- lenta emoción en todo el sistema nervioso , cuyos efectos son causar convulsiones en los músculos y estreñimiento en los vasos, lo que disminuye su diámetro, empuja la sangre de los vasos mas pequeños que va á llenar los ma- yores, en especial en lo interior, y relajar los esfincteres poniendo paralíticas ciertas partes. Tales son las causas de la palidez, del frío esterno, de la congoja , desmayos, dificultad de respirar, síncopes, palpitaciones, abortos, involuntaria evacuación de los orines y de los escremen- tos, de la alferecía, del estupor y de la locura. En estos instantes es menester no comer, ni usar de bebidas muy frías; pero debe tomarse un poco de vino bueno, de algún licor espirituoso ó cordial. Son útiles las friegas en todo el cuerpo con el alcohol alcanforado, pues vuelven á lla- mar la sangre del centro á la circunferencia. El uso de los cigarrillos alcanforados, lo considero también de gran- de utilidad. . . Del amor pocos han tratado como principio dc enfer- medad; por lo mismo no podemos pasar por alto el de- cir al<*o de esta pasión tan general. Una persona enamo- rada "que está continuamente ocupada en su objeto, que no puede conseguir el goce, que teme no poder alcanzar- lo ó ncrderlo , sin querer ó sin poder distraerse dc tales aprensiones y pensamientos; queda espuesta á los efectos dc la mucha aplicación del espíritu, de la inquietud y de la tristeza La circulación de la sangre y de los espíritus vitales se efectúa con irregularidad, sobrevienen inapeten- nsomnio y muy pronto la ineptitud del espíritu y Síi' cuerpo para el trabajo, la palidez, la debilidad, la es- tenuacion y la melancolía; por último, algunas veces tam- — 254 — bien la manía erótica, y una especie de delirio, en que cl doliente escusa los medios de conservar la vida, y hasta le conduce á veces al suicidio: el furor y el fren sí son las consecuencias de esta funesta pasión, cuando llega al esceso. Es mas fácil no dejar que tome cuerpo esta funesta pasión, huyendo de los objetos desde las primeras impre- siones, particularmente cuando cl sugeto está dotado dc un temperamento vivo y dc un carácter constante, que de- tener los efectos: los medios conocidos, que las mas veces no bastan, consisten en la distracción, l¡.s giv.ndes ocupa- ciones y ei viajar. De otras pasiones. Todas las pasiones del alma pueden reducirse en cuan- to á su modo de obrar en la economía, á dos (lases ; á sa- ber: unos que producen en el cuerpo un movimiento del centro á la periferic , las cuales se llaman espansivas; y otras que causan un movimiento general diainctralmcnte opuesto; esto es, de la circunferencia al centro, y se lla- man comprimentes, la alegría, cl placer, y otras análogas, pertenecen á la primera clase; y al contrario, la tristeza, el odio, el rencor, la envidia, son propias dc la segunda. Unas y otras traen sus peligros en cuanto á la salud; por lo que es indispensable moderarlas. En la alegría y el placer, por ejemplo, se acelera la circulación de la sangre, las secreciones se hacen con facilidad; todos los movimientos del cuerpo son fáciles, y se siente mayor agilidad de la acostumbrada. Pero cuan- do la alegría pasa de los límites de la mude ación , enton- ces se precipita con csceso el curso de la sangre y cl jue- go de los nerv ios, y varían á cada instante; los movimien- tos en todas las partes del cuerpo son irregulares é in- ciertos, y el espíritu se halla en una especie de delirio; acude la sangre á la cabeza, y entonces aparecen síncopes, insomnio, temblores, palpitaciones, convulsiones, espas- mos, apoplegía y locura; muchos ejemplos hay de muer- tes repentinas ó de locura por efecto dc una grande y sú- bita alegría. Por otra parte, las pasiones deprimentes, como la en- vidia, la tristeza, cl pesar, la nostalgia, son unas sensacio- -—2S3 — nes desagradables del alma que no pueden subsistir mu- cho tiempo sin que se altere el cuerpo, de modo que su- fra un trastorno la salud mas robusta; muy pronto el prin- cipio de las fuerzas vitales, cualquiera que sea, se debilita ó deja de obrar, la circulación de la sangre se hace tam- bién de un modo débil y lento; faltan las fuerzas así al es- píritu como al cuerpo, y éste no es capaz de un movimien- to vigoroso, ni aquella dc un pensamiento grande; los flui- dos se espesan y ponen viscosos; la traspiración con todas las escrccioM°s y secreciones se hacen mal , cl cuerpo se sobrecarga de humores de mala calidad ; siguiéndose de allí indigestiones, diarreas, obstrucciones en las visceras, ictericia, almorranas, calenturas lentas é hidropesías. El antídoto dc estas pasiones deprimentes es la dis- tracción , el viajar, cl ejercicio corporal y la aplicación á alguna cosa que agrade. Aquí entra el sistema higiénico de Mr. Raspaill; es decir, que se comerán alimentos fuer- tes y bien cargados de especias, buen vino, etc. Efectos del onanismoi Los infinitos y espantosos males que resultan del ver- gonzoso vicio dc la masturbación , el gran número que á él se entregan y los perjuicios tan graves que hace á la so- ciedad, son suficientes razones para no omitir en la expo- sición de los peligros que amenazan á la salud, los que na- cen de esta infame costumbre. Espero que esta pintura espantosa, pero fiel, hará estremecer de horror á los que cometen esta acción abominable, luego que vean en ella la causa de los males que padecen, y de los que les están re- servados para el resto de sus dias; y que los que aun no la han cometido, ó solo lo han hecho rara vez, temblarán le- yendo los dos efectos terribles que desde luego produce este pernicioso vicio en el espíritu y eh el cuerpo. 1.» El espíritu se halla en una especie de furor ó delirio tan vio- lento, que ni las mayores resoluciones, ni los remordi- mientos, ni los dolores mas crueles, ni la vista de un fin cercano, ni la vergüenza é infamia pueden detener su ma- no. Esta falta de poder sobre sí mismos les atormenta, les causa disgustos, y los conduce ala desesperación; lloran de coraje, y solo les falta ánimo y fuerza para darse la muerte. 2.» Las facultades del entendimiento se debili- tan, se depravan y aniquilan en estos desdichados; la me- moria se disminuye y se pierde, las ideas se oscurecen y faltan: pónense estúpidos, fatuos y tontos ; cmbotanscles los sentidos, se depravan y obtunden; tienen congojas, aji- tacion, vértigos, inquietud, remordimientos y melancolía la mas tétrica, indiferencia y hasta aversión á las diversio- nes y para la sociedad, se les relaja todo el sistema ner- vioso, fáltales la acción tónica, y casi se destruye la elasti- cidad y sensibilidad de las fibras musculares; tienen suma debilidad, y sienten un continuo é insuperable desfalleci- miento; no encuentran actitud ó postura cómoda ; todos los movicntos, así generales como particulares, les son di- fíciles y dolorosos; su cuerpo se deseca, se estenúa, se po- ne de color oscuro;no crecen, ó á lo menos no crecen tanto como hubieran crecido; los mozos parecen viejos, y tienen las enfermedades de la vejez; la estatura se encorva, el cuerpo se pone árido, las piernas no tienen fuerza para sostenerlo, y á menudo les acomete la parálisis en algún miembro; esperimentan una notable disminución del ca- lor natural; ya se quejan de un ardor seco é interno, y dc que sienten frío en el esterior; ya de un frío general, aun- que al mismo tiempo tenga su piel un calor regular: acci- dentes que demuestran hallarse mas ó menos viciado el principio vital. Comunmente no duermen, aunque algu- nas veces están soñolientos; pero su descanso se halla aji- lado y turbado por sueños pesados ó lascivos, que dan motivo á nuevos actos pecaminosos; sienten intensas cefa- lalgias, y vivos dolores en cl pecho, en el estómago é in- testinos, en la espalda, en los huesos, en los músculos y en las articulaciones; los que padecen de gota, de reuma- tismo ó de escorbuto, también suelen sentir entorpeci- miento en todas las partes del cuerpo, aunque al mismo tiempo las tengan tan sensibles, que la menor compresión les causa dolor, esperimentan una sensación incómoda, ó especie dc hormigueo que desciende dc la cabeza á lo lar- go del espinazo; padecen dolores en lo esterior y en lo in- terior de la cabeza, los cuales ya son lentos, ya muy riros; se les pone pálido el rostro; hundenseles los ojos; su mi- rar es fijo y estúpido; la rista se les disminuye; perciben un ruido incómodo Ó zumbido dc oidos, y este sentido — 257 — también se les obtunde ; la voz se debilita y pone ronca, les salen granos y á veces pústulas supurantes en la cara, y en particular en la frente, en la nariz, en el pecho, en los muslos, en los genitales y sus inmediaciones ; debili- tanse los órganos de la respiración, y ésta se vuelve lenta y fatigosa; con frecuencia tienen tos, y á veces palpitacio- nes y sofocaciones; con cualquiera movimiento algo fuerte se fatigan y les falta el aliento, lo que es un ligero grado de asma; su apetito es irregular ó depravado, ó les falta enteramente; padecen dolores de estómago y vómitos, do- lores en el hígado y en los ríñones; unos están muy estre- ñidos, y otros tienen cursos, ó un flujo muy frecuente de materias saniosas, acuosas y fétidas; muchos padecen al- morranas y dificultad de orinar, tumores muy dolorosos en las partes genitales esternas é internas; algunas veces contraen por esta infame costumbre indiferencia hacia los actos venéreos legítimos del matrimonio; unos son ator- mentados dc un priapismo, otros no tienen erección, y les es imposible cohabitar en cualesquiera circunstancias que se hallen-, en muchos se derrama el semen con la mas dé- bil erección, con un ligero prurito, con los esfuerzos que hacen para obrar, con que alguno de los sentidos esté ocu- pado en un objeto lascivo, ó que la imaginación represen- te ideas del mismo género; el semen está depravado, de manera que no tiene virtud prolifica, ó mejor no es verda- dero semen, sino una evacuación de humores linfáticos y nerviosos del cuerpo que la irritaccion atrae á los recep- táculos destinados al semen. Aun no he hablado de las convulsiones, espasmos, tem- blores, apoplegía, letargo, modorra, delirio, epilepsia y parálisis que se observa cuando el mal está arraigado y cerca de acabar por la muerte de los desdichados que se encuentran en una situación tan deplorable. Cuando pa- decen enfermedades agudas los que han contraído este há- bito detestable, acompañan á dichas afecciones los sínto- mas mas molestos, irregulares y estraordinarios ; en ellas no se observan los períodos ni las crisis, ó son imperfectas; á cada instante aparecen contraindicaciones, haciendo la curación muy diíicil, y larga la convalecencia, sujeta á re- caídas y propensa á terminar en enfermedades crónicas. No parecerá fuera del caso añadir á esta horrorosa pin- -«¿Sa- tura dc los efectos dc una costumbre criminal, la histe- ria y las declaraciones de algunas desdich; is victimas, para no omitir ninguno dc los medios de eseitar al arre- pentimiento á los que se les parecen. N.....relojero, había sido prudente y go ni i de buena salud hasta la edad dc diez y siete años. En esta época se entregó á la mansturbacion, la que reiteraba todos los dias y algunos hasta tres veces. La cyaculacion iba siem- pre precedida y acompañada de una ligera pérdida de co- nocimiento, y de un movimiento convulsivo en los mús- culos estensores dc la cabeza, que la tiraban mucho hacia atrás, y al mismo tiempo se le hinchaba el cu'-llo consi- derablemente. No había transcurrido un año, cuando em- pezó á sentir una grande debilidad después de cada acto. Este aviso no fué suficiente para apartarlo del cenagal: su alma, del todo abandonada á estas torpezas, no era capaz de otra cosa, y las repeticiones de su acto brutal, fueron todos los días mas frecuentes, hasta que llegó á tal estado que le hizo temer la muerte. Aunque tarde, reconoció su yerro; pero el mal había hecho ya demasiados progresos para poder curarse, y las partes genitales se habían pues- to tan irritables y débiles, que no era necesario nuevo ac- to dc parte de este desgraciado para que se derramase el semen; la mas leve irritación cscilaba inmediatamente una erección imperfecta, que al instante era seguida del derrame de esle liquido, lo que aumentaba diariamente la debilidad de este infortunado. El espasmo que antes es- perinientaba solo al tiempo dc la consumación del acto, y que cesaba simultáneamente, llegó á hacerse habitual, y muchas veces le acometía sin ninguna causa aparente, y de un modo tan violento, que en todo cl tiempo del acceso que duraba algunas veces quince horas, y nunca menos de ocho, esperimentaba unos dolores tan violentos en to- da la parte posterior del cuello, que regulan icntc se que- jaba, no dando !:ritos sino aullidos; y en todo este tiempo estaba imposibilitado de tragar, ya fuese líquido ó sólido; tenía la voz ronco, y había perdido enteramente las fuer- zas: obligado á dejar su profesión, incapaz dc todo, y abrumado de miserias, hacia algunos meses que padecía casi sin socorro, y su situación era tanto mas lastimosa cuanto que un resto de memoria, que no tardó en perder — 230 — enteramente, solo servia para representarle dc continuo las causas dc su desgracia y anmentarle todo el horror de los remordimientos. Supe su estado, fui á su casa, y en- contré no tanto un ser viviente, como un cadáver, que yacía en la cama yerto, seco, pálido, sucio, exhalando un olor fétido y casi incapaz de todo movimiento: con frecuen- cia arrojaba por las narices una sangre pálida y acuosa; salíale continuamente la baba dc la boca; acometido de diarrea, arrojaba los escrementos en la cama sin advertirlo, ) el flujo seminal era incesante, tenia los ojos legañosos. turbados y apagados, sin el menor movimiento; el pulso sumamente pequeño, vivo y frecuéntenla respiración muy fatigosa, la estenuacion cscesiva, y los pies empezaban á hinchársele. El desorden del espíritu no era menor que el del cuerpo: sin ideas, sin memoria, incapaz de juntar dos frases, sin reflexión, sin inquietud acerca dc su suerte, sin otro sentimiento que el del dolor, el mal se reproducía con todos los accesos, á lo menos todos los dias. Conside- rar un ser dotado de razón, reducido á un estado que le ponía inferior al del bruto, es un espectáculo, de cuyo hor- ror no puede uno formarse una verdadera idea: difícil- mente podía conocerse que aquel ser habia pertenecido un tiempo á la especie humana. A pesar dc los remedios que se le administraron, murió al cabo de algunas sema- nas, habiéndose hinchado su cuerpo estraordinariamente. i Es imposible que no horrorice la descripción que pre- cede. Yo tuve la desgracia, escribe otro hallándose en la edad madura, de dejarme señorear dc una costumbre tan perniciosa para el cuerpo como para el alma; la edad auxiliada de la razón corrigió hace algún tiempo esta fu- nesta inclinación, pero el daño estaba ya hecho. A la afección y sensibilidad estraordinaria del sistema ner- vioso v á los accidentes que de esto se ocasionan, se jun- ta una'debilidad, una desazón, un disgusto y una pena que me aflijen á porfía. Hallóme consumido por una eva- cuación de semen casi continua, mi cara se va desfigu- rando- la debilidad de mi cuerpo hace difíciles todos mis movimientos, la de mis piernas es tal, que apenas puedo sostenerme en pié, y no me atrevo á salir de mi cuarto; las • dio-ostiones, las hago tan mal, que á las tres ó cuatro ho- ras después' dc haber tomado alimento, se presenta tan natural como si acabara dc enviarle al estómago; mi pe- — 260 — cho se llena de flemas que me causan mucha congoja, y la espedoracion me consume. Esta es en compendio la untura de mis miserias, las que se aumentan aun con la triste certeza que tengo de que el dia que sigue será mu- cho mas penoso que el antecedente: en fin, no creo que haya jamás habido criatura humana afligida de tantos males como yo lo estoy, pues sin un especial socorro de la providencia me fuera muy penoso soportar una tan pe- sada carga. __Yo tuve decía otro, la desgracia de contraer desde mi tierna juventud esta perniciosa costumbre, que bien pronto arruinó mi temperamento; pero con especialidad de algunos añosa esta parte estoy con una fatiga cstra- ordinaria, tengo los nervios sumamente débiles; mis ma- nos están sin fuerza, siempre temblonas, y con un sudor continuo; padezco violentos males de estómago, dolores en los brazos y en las piernas, algunas veces en los ríño- nes v en cl pecho, y tos frecuente, mis ojos están siem- pre débiles y apagados; mi apetito es voraz, y no obstan- te he enflaquecido muchísimo y cada dia tengo peor sem- blante. Concluyo estos ejemplos con una frase en que termina la caria dc una de las victimas dc la masturbación, y que debe hacer temblar á los que se hallan culpables dc seme- jante infamia: «Si la Religión no me contuviese, hubiera' acabado ya una vida tanto mas cruel, cuanto lo es per mi propia culpa.» No son solólos hombres los criminales, y las únicas victimas de este vicio detestable, cuyos fatales resultados lamos exponiendo. Las muchachas y las mugeres dc edad son también excitadas á él por la sensabilidad é irratíbili- dad de sus órganos, y la viveza de su imajinacion, y en ¡•oco tiempo esperimentan los terribles y funestos efec- tos á causa de la debilidad de su temperamento y consti- tución. Sus declaraciones sobre este asunto causan hor- ror, y la espericncia demuestra que en ellas las conse- cuencias son tanto ó mas espontosas que en los hombres. Las mujeres no solo esperímentan los males que quedan referidos, sino que también padecen terribles afecciones histéricas, ictericias incurables, crueles calambres del estómago y del dorso; vivos dolores en las narices, flujos bhncos cuya acritud es una causa continua dc dolores — 261 — acompañados del mayor escozor, de dolores agudos, infla- maciones, escirros, cánceres, abcesos y ulceraciones del útero; descensos de esta entraña, y furores uterinos que quitan el pudor y la razón. Los medios de evitar los funestos males de que hemos hecho una verídica pintura, son el no tocar, oir, ni ver co- sa que pueda escitar sensaciones voluptuosas y lascivas; procurar que los jóvenes nunca estén solos, ni dc diá ni dc noche, y que cerca de ellos no haya sino hombres ó mujeres virtuosas, de quienes se tenga una completa se- guridad, no darles maestros para que los celen é instru- , yancuyascostumbresseansospechosas-.no permitirles ningún libro que les enseñe lo que deben ignorar, ó les deje inquietudes que esciten su imajinacion. Uno de los medios que para muchos seria no menos eficaz, consiste en darles á leer la esposicion espantosa de los males que resultan de esta infame costumbre: esto sin duda haría mas impresión en los jóvenes y les corregiría mas que el hacerles presente sus obligaciones. Es necesario huir la ociosidad, la inacción, el estar mucho tiempo en la cama y que esta sea demasiado blan- da ó caliente; el cenar demasiado poco antes dc acostar- se el vino y los licores, el café, los actos licenciosos, los malos ejemplos, ó consejos que inclinan á cometer ó man- . tienen la mala costumbre. El baño frío, cl ejercicio, el i buen aire y las frutas que refrescan, son también medios muy útiles en iguales casos. Sobre todos los medios que acabamos de indicar, es necesario observar lo que prescribe para estos casos Mr. ' Raispaill; esto es, adoptar para los niños unos cortos calzoncillos que tengan una bolsa llena de polvos de alcan- for yque corresponda al periné. Por la noche se polvorea- rán las sábanas con alcanfor, y se echarán dichos polvos entre las sábanas y los colchones. Pero si todas estas precauciones no bastasen, desde que se preséntenlos primeros efectos morbosos, se cu- brirán los órganos genitales con polvos de alcanfor de dia, y se untarán bien con la pomada alcanforada durante la noche- se hará uso del cigarrillo alcanforado siguiendo cl ► plan que nuestro autor desenvuelve en el artículo que trata del priapismo. Lo dicho me parece suficiente para que cl lector se — 2(')-2 — forme una idea dc los medios de conservar la salud, que forman la primera parte del Manual de Mr. Raspaíll. Si me hubiese propuesto dar aquí un tratado completo de higiene, hubiera debido poner á la vista otros muchísi- mos actos de la vida, que ejecutados sin regla, conducen ala pérdida de la salud; pero entre lo que espone cl autor en el cuerpo dcla obra y lo que añadimos nosotros en es- te apéndice hay lo suficiente. Hemos procurado establecer un cuadro general de las circunstancias que disponen á contraer enfermedades, y así por analogía cl lector apreciará muy fácilmente ej influjo dc otras que no espresamos. Por ejemplo, al leer los inconvenientes que trae consigo la posición encorvada en los literatos, cualquiera comprenderá, aunque nosotros nolo espresemos, que iguales inconvenientes tiene esta posición para los sastres, para los bordadores, etc.; al ver los inconvenientes dc la compresión en los vestidos, se deducirá los que resultan de la estrechez del calzado; al tra'ar dc los perjuicios del amor como idea que ocupa esclusivamcntc el espíritu, se concibe que otras pasiones cuyo tema sea una idea fija, ocasionarán daños análogos. como cl odio, la ambición, etc. Es de mucha importancia atender á todos los actos de nuestra vida: cl hombre debe ser un vigilante perpe- tuo de sí mismo, un perenne fiscal dc sus propias accio- nes, así se conservará en estado dc salud. Es menester tener presente también, que cuando se ha cometido algún abuso contrario á las reglas higiénicas, antes no se declara el estado verdaderamente morboso que es su consecuencia, se manifiestan ciertos desarre- glos precursores de la afección que amenaza; de modo, que si se consigue corregir estos desarreglos vuelven las cosas al estado normal, y entonces no se presenta ningu- na enfermedad. Bajo este supuesto, diremos, que si la medicación de nuestro Autor tiene la suficiente eficacia para curar una enfermedad caracterizada y hasta aquellas que se han resistido á otros recursos del arte, con mucho mayor motivo tendrá virtud para corregir cualquiera de- sorden producido por falta de observancia de las reglas que prescribe la higiene: esas incomodidades que llama- mos simplemente indisposiciones. Lis obra- de medicina hablan siempre de enfermada- — 263 — des bien pronunciadas; es decir, con el cortejo de sínto- mas que a cada una acompaña; aquí conviene tratar de las simples indisposiciones. Para ellas se adoptará la mis- ma medicación que se seguiría en una enfermedad análo- ga; por ejemplo: una persona á consecuencia de haber faltado al principio higiénico que prohibe pasar muchas horas en el bufete, siente pesadez en la cabeza, zumbido de oídos, somnolencia, etc., para remediar este estado, empicará los medios que nuestro Autor señala para las congestiones cerebrales, para la apoplegía, etc., y acu- dirá inmediatamente á rociarse la cabeza con el agua se- dativa, defendiendo de su acción á los ojos por medio de una venda atada al rededor dc la frente y las sienes; se aplicará compresas embebidas en la misma agua al rede- dor del cuello, y hallará un remedio pronto y eficaz que le volverá al estado normal. Lo mismo entiéndase déla» demás indisposiciones: seguro de que todas estas ceden al uso metódico del agua sedativa, del alcohol, pomada y cerato alcanforados, ala administración interior del al- canfor, del aloes, de los calomelanos, de la la rubia y de- mas sustancias que forman la farmacopea dcMr. Raspaíll, y cuyas propiedades, se manifiestan estensamente en el cuerpo del presente Manual. FIN OEL APÉNDICE. GM Curación de un anquílosis. Un caso muy notable refiere el autor, de un niño hijo de Mr. Quatreinére, abogado de París: hallábase aquel afecto dc una anquílosis en la rodilla que no le permitía abandonar la cama. Determinóse á seguir cl método que en este Manual de salud se recomienda para dicha enfer- medad; al poco tiempo solo quedaban leves restígios de hinchazón en la rodilla, y con auxílo del aparato, aquella interesante criatura se entregó diariamente á sus juegos y ejercicios; y hasta el Autor ha tenido la satisfacción de verle jugar en el campo con su propio hijo, andar y cor- rer sin aparato, con la pierna curada, tan recta y libre co- mo la otra, sin mas diferencia que la falta de juego en la articulación. Curación de un prolapso de la matriz. Entre las numerosas curaciones obtenidas por el mé- todo consignado en esta obra, es sumamente notable lo siguiente: Madama Rollin, habitante en París en la calle ile Saint Jacques, á consecuencia de una dislaceracion en el perineo, por el desgraciado uso de pesarios, y por ope- raciones quirúrgicas infructuosas, habia llegado al estre- mo de que la matriz se presentaba prominente al esterior con el volumen de la cabeza de una criatura que estaba para nacer. Esta incomodidad se hallaba complicada con una úlcera descuidada , que se estendia muy adelante en la vagina. Como último y desesperado recurso, Madama 5235 — 265 — Rollin apeló á nuestro sistema; y al cabo de cuatro dias la pomada alcanforada introducida en la parte, las aplica- ciones de compresas embebidas en el alcohol alcanforado, en el vientre y región lumbar, habían triunfado de la úlcera , disminuido el volumen de la matriz y dado principio á su reposición. El régimen higiénico, las fric- ciones en los lomos y el uso del agua sedativa disi- paron la calentura, restableciendo la salud general del cuerpo, que se hallaba aniquilado por el cansancio de los anterieres tratamientos. En esta situación le hice lle- var puesto un pesarlo articulado unido á un cinturon hi- pogástrico, cuya articulación permitía ala enferma ejecu- tar todos los movimientos del cuerpo sin causarle la me- nor incomodidad. Consistía este pesario en una especie de cubeta de plata con aberturas, la cual se adoptaba al hocico de tenca*. Estaba sostenida por un tallecito, arti- culado por debajo de la cubeta, y mas abajo, encima del punto de apoyo ó estremo de un tallo corvo por delante que se adheria por su estremo superior al ceñidor hipo- gástrico. Gracias á este aparato muy pronto se hallóla enferma en estado de desempeñar sus quehaceres, lo mis- mo que cuando disfrutaba la salud mas completa. Curación de la urticacion resultante de haber comido almejas. Este caso lo refiere el Autor como esperimentado en su propia persona, del modo siguiente-. El dia 12 de abril de 1830, mi familia me trajo á la mesa un plato de alme- jas; mí esposa y mi hijo las habían comido al medio día, y yo las comi á las cuatro y media dc la tarde. A las cin- co salí á dar un paseo por espacio de una hora, y regrese ámi casa en un estado de transpiración tan copiosa, que tenía todos mis vestidos empapados en sudor A eso de las seis y media me múdela camisa y a ropa; y apoco sen- í en h nimia V en especial en la ingle izquierda, una co- L?oniCpirt.ble, que al principio atribuí al frote del Sa"on; pero como dicha comezón se hiciese mas y mas insufrible, creí que en el jardín me habrían p.cado.algu- ños in ectos de primavera: me lavé la pierna con agua se- dativa me di fricciones con la pomada alcanforada, y de- sapareóla comezón de dicho punto. Pero entonces se — 266 — me apoderó del abdomen, y en seguida de los lomos: aun- que desapareció con los mismos medios que he indicado, á las nueve y inedia, habiendo examinado la piel, observé en ella todos los caracteres déla urticacion por las alme- jas. Qrnse preparar un decocto de borraja, pero no encon- tré disponible mas que una pequeñísima cantidad deagua, y ademas tenia mi habitación cerrada con tres puertas. El mal va cobrando estension, y le combalo por medio del agua sedativa y del aceite alcanforado; tomé la corta cantidad de infuso de borraja que había podido hacer, con algunas gotas de agua sedativa, y después el aloes. Me sentí mejor y me dormí con un pulso muy agitado. A media noche tuve una fuerte accesión; y cl mal va ganan- do el cuello, cl rostro y las orejas; dc modo, que la piel del mentón se pone dura y como insensible; cntumécense los labios, inflamase la cara y la cabeza se hincha, hiérve- me la sangre en la cabeza, al andar vacilo, y se me turba la vista. Echo mano del agua sedativa, del resto de borra- ja alcalizada , aceite alcanforado, agua sedativa en las paredes de la boca. Sentíme aliviado, aunque con recia calentura y grande ardor en las orejas. Volví á dormirme con esc ligero alivio. A las dos hubo reincidencia de sín- tomas, que combatí de nuevo con los misinos medios, y logré un éxito completo, pues no me disperte ya hasta las siete, conservando únicamente la cara algo inflamada y las manos hinchadas. Entonces tomé una loción alcanfo- rada v un baño de pies con agua salada, y acabó mi cura- ción; salvo que las orejas permanecieron aun ardorosas por espacio dc dos dias. Fui cl único dc cuantos comimos almejas, queme vi atacado dc esa afección. Caso de curación de afecciones nerviosas.- Aun cuando á la señorita N. que fué el objeto de la cu- ración que vamos á referir, no le convenga que publique- mos su nombre, por cuanto nunca conviene álos indivi- duos del bello sexo que sean conocidos del publicólos achaques de que adolecen: no obstante, como el nombre por otra parte ni añade ni quita un ápice á la relación que intentamos, diremos solo aquellas circunstancias que directa ó indirectamente influyen en cl asunto dc dicha curocioi. En primer lugar sépase que se trata dc una — 267 — muger de 30 años, habitante en Barcelona; de tempera- mento nervioso en el mas alto grado. Desde la infancia se manifestó en ella el predominio del sistema ncrv ioso en todos los actos y funciones déla economía, pues se vio afectada de lombrices intestinales, se presentaron síntomas que ninguna duda podían dejar sobre la naturaleza de su temperamento, y hasta comía con delirio sustancias es- trañas, como jabón, yeso, etc. Con el mayor cuidado que podía tener con ella su fa- milia, fué creciendo dicha niña , y al aparecer la época de la menstruación se desacollaron mucho mas los sínto- mas nerviosos, hasta que llegó á esperimentar con la ma- yor frecuencia convulsióneos, desmayos,desazones, llegan- do á veces a un estado de mucha gravedad, particular- mente después de casada. Por ciertos disgustillos de fa- milia, que son generalmente insignificantes, pero que re- cayendo en sujetos constituidos como el que motiva esta relación,pueden producir los mas funestos resultados. Como tanto los padres de la enferma, como su esposo, gozaban dc una posición muy desahogada, no se escasearon las visitas de los médicos, ni las consultas; en términos que puede decirse que esta mujer estuvo toda su vida en manos de facultativos. Los recursos que para esta clase de afecciones tiene la medicina, todos los conocen; todos saben los antiespasmódicos que se emplean, las prescrip- ciones de ir al campo, etc., etc.; pero todos saben igual- mente que ningún enfermo ha logrado verse curado con tales remedios. Por último, habiendo cl marido de nuestra enferma leído casualmente el Manual de la salud, por Mr. Ras- paíll, movido por varías curaciones que le habían dicho obtenidas casi milagrosamente por cl sistema de dicho au- tor, se penetró hiende esta obra, y determinó poner en práctica sus prescripciones. Desde luco le roció la cabeza con el agua sedativa, le aplicó un lienzo á modo de corbata empapado en la mis- ma al rededor del cuello, y compresas en las muñecas. Así vio disminuir notablemente las congestiones cerebra- les á que la señora se hallaba propensa, así en intensidad como en frecuencia, y con ello se mitigaron los desmayos Y demás síntomas procedentes de la acumulación de sanare en la cabeza. Añadió á esto lociones generales con — 268 — alcohol alcanforado, seguidas de fricciones con la pomada alcanforada todos los dias á la mañana y á la caída de la tarde, y purgóla cada cuatro dias con tres granos di; aloes. Como digo, la diminución dc síntomas se manifestóá los cinco días después de la primera toma de aloes, y á los veinte dias había la afección desaperecido completamente; no obstante que había durado tanto, puede decirse corno la vida de la enferma, pues desde la infancia había sufrido las molestias propias de las afecciones que se llaman ner- viosas, y que son siempre efecto del parasitismo de lom- brices intestinales, cuando no resultan de los medicamen- tos mercuriales. Desde que la enferma se vio radicalmente curada has- ta ahora; esto es, en el espacio de tres años y siete meses, no ha vuelto á padecer ninguna de las anteriores indispo- siciones, se ha puesto alegre, tiene buen apetito y ha en- cordado regularmente. Curación de una afección escrofulosa. En aquellas grandes poblaciones, que mas adelanta- das se creen en la senda dc la civilización (que mejor se llamaría senda de la prostitución y del vicio), es donde se acumulan de una manera terrible los gérmenes de esas enfermedades que siembran el estrago en las criaturas mas inocentes, y matan á los seres humanos en los um- brales dc la vida. Las lombrices, el raquitismo, las afec- ciones escrofulosas, son el patrimonio de la infamia, tris- te legado de padres inconsiderados ó viciosos. Cuando á esta influencia hereditaria se unen otras causas, como una alimentación poco nutritiva, el desaseo y descuido, quo en general no puede menos de tener la gran masa prole- taria que amontona en las ciudades la manía industrial dc nuestro siglo; cuando coinciden, decimos, todas estas cau- sas, entonces son espantosos los estragos que hacen las afecciones escrofulosas, son innumerables las víctimascon que anualmente paga su funesto tributo una sociedad mi- serable y corrompida. El niño cuya curación vamos á referir es uno de los que al venir al mundo llevan consigo las manchas de age- nas culpas. Por confesión propia declaró su padre haber padecido diferentes afecciones sifilíticas, y á mas dc esto — 269 — que se le habia tratado por medio de los mercuriales. Efectivamente, laesperiencia no ha demostrado los fata- les resultados á que da margen la administración del mercurio y sus preparados, como muy oportunamente recuerda á cada paso nuestro autor; y también nos ha demostrado la práctica que tales resultados se comuni- can de padres á hijos. Nació el niño que nos ocupa suma- mente débil, y como la habitación donde vivía su familia era húmeda, poco ventilada, y sombría particularmente en invierno, por estar situada en una de las mas angostas calles de Barcelona, puede decirse que se reunieron y se concentraron en nuestro inocente enfermo todas las cau- sas debilitantes y capaces de sofocar todo germen de vida. Bajo su triste influjo pasó esa criatura los cinco primeros años de su existencia; siendo su desarrollo penoso, de mo- do que á dicha edad de cinco años, presentaba todas las señales de una afección mortal profundamente radi- cada. Su estatura era menor que la correspondiente á su edad; estaba flaco, con la piel pálida, fina, delgada y como lustrosa, las piernas algo torcidas, las rodillas abultadas, el rostro descolorido, con el cutis transparente, en que se distribuían ramificaciones venenosas de un azul muy mar- cado, ojeras de color plomizo, ojos limpios, lucientes con cierla espresion de inteligencia y de melancolía, la cabeza abultada y las orejas diáfanas. Manifestaba una compre- sión y perspicacia intelectual muy superior á sus años; y por fin de cuento tenia las glándulas del cuello entume- cidas y en un principio de supuración, á lo que se unia un pulso muy irregular algunas veces, y otras febricitante. Los padres del niño, aúneme de escasos recursos pe- cuniarios, consultaron sucesivamente á varios facultati- vos, quienes agotaron sus medios de curación con muy po- co fruto- y si bien por intervalos la afección se aliviaba, luego presentábase una recrudecencia de síntomas que dejaba burladas las esperanzas que primero había hecho concebir. En honor de la verdad, debo decir que los mé- dicos que visitaron al niño, todos unánimes ponían como condición indispensable de curación cl substraer el enfer- mo del maléfico influjo de las causas debilitantes que le rodeaban; todos le aconsejaron la vida del campo: perc esta condición no podían llenarla debidamente los padres del niño, porque sus posibilidades no les permitían man- — 270 — tenerle en cl campo todo cl tiempo que era nccesano;y únicamente lo mandaron á casa de un labrador pariente suyo por breves temporadas, que á lo mas producían una momentánea mejora. Ensayáronse los amargos, los tónicos, los baños marí- timos, se le administró entre otros medicamentos cl pon- derado iodo; lodo lo cual, sí algo conducía, era á prolon- gar los padecimientos de aquel niño desgraciado. Fre- cuentaba la casa dc sus padres una persona que Labia leí- do la obra dc Raspaíll, y como aquella criatura le intere- sase vivamente por su aspecto melancólico, su fisonomía dulce y como resignada, y los rayos de inteligencia que brillaban á menudo en su conversación, no pocas veces había oconsejado á su padre que ensayase el método cu- rativo de Mr. Raspaíll; pero obstinado este en la preocu- pación de que el hacer caso de estos remedios era cosa del vulgo, y como ya se sabe que nadie quiere pertene- cer ala clase vulgar, y que todos tenemos aristocráticas aspiraciones, no hubo medio de convencerle, hasta que vio que su hijo era víctima de una liebre lenta y consuntiva, y su aspecto cadavérico le llenó de espanto. Entonces con- sintió en la propuesta como en un recurso desesperado. Con efecto, se puso en práctica al pié de la letra la me- dicación que propone i\' Manual de la salud: aplicáronse- Ic compresas embebidas en alcohol alcanforado, cuya ope- ración se repetía tres veces al dia; por la mañana, al me- dio dia, y al anochecer; además púsose al niño al ré- gimen higiénico y antihelmíntico esplicado en el mismo Manual; dos veces al dia, después que se habían secado las compresas, lavábaselc el abdomen y todos los puntos en que existen glándulas linfáticas, como son cl cuello, los sobacos, las ingles, la parte interna délos muslos, etc.. con alcohol alcanforado; hecho lo cual se le daba por es- pacio de un cuarto de hora suaves fricciones con la po- mada alcanforada. Por último administrábascle la tisana ioduro-rubiásea. A mas de esto le fué administrado cl calomelanos á la dosis dc dos granos. A pocos dias de tratamiento, las cosas empezaron á mejorar de aspecto. Desde luego empezó disminuyendo aquella espresíonde tristeza y aba- timiento en que cl enfermo estaba sumergido, y á los ocho dias de tratamiento, dos después que había tomado el — 271 — calomelanos, sacó el enfermo dos lombrices de cosa de un pié de largo y del diámetro poco mas ó menos del caño de una pluma. De ahí se dedujo que las escrófulas se ha- llaban complicadas con una afección verminosa, lo que ya antes habíase sospechado. Bajo este supuesto, á los re- medios que dejamos indicados se anadio la aplicación dc cataplasmas salinas en el abdomen. Desde que fueron evacuadas dichas lombrices con una cantidad inmensa de materias mucosas é incalificables, el aspecto de la enfer- medad esperimentó un cambio muy notable: el enfermo recobró poco á poco su alegría, disminuyeron las ojeras, la piel adquirió un colorínas sano, y así gradualmente de- saparecieron los síntomas que tantos temores habían in- fundido, y que hacían proveer como fatal é inevitable la muerte del paciente: regularizóse el pulso; el apetito, que antes se presentó unas veces casi nulo, y otras excesivo. se puso en estado normal, y recobró el niño una salud perfecta, sin embargo dc que su complexión quedo muy débil: y por último los tumorcitos de las glándulas del cue- llo dejaron de supurar y se verificó la resolución de los infartos glandulosos. En este estado sus padres le envia- ron al campo cosa de dos meses, y volvió bastante robus- tecido sin haberse aparecido el menor síntoma de la enfer- medad escrofulosa ni de la verminosa. En el enfermo que antecede estaba la afección escrofu- losa bastante adelantada; reconocía causas muy profundas, y por decirlo asi, identificadas con la constitución del en- fermo: con todo, los resultados de la medicación de Mr. Raspaillfueron los mas satisfactorios/Por ahi se ve que siem- pre que los padres ó encargados dc algún niño escrofuloso empleen este tratamiento con toda oportunidad, yantes que la afección hava hecho progresos, pueden contar con una curación pronta, segura y nada dispendiosa. En el caso que acaba de referirse curóse á la par la enfermedad ver- minosa; y esta enfermedad que es cl azote de la infancia, consigue"indudablemcnte su curación por los medios que el autor indica. Dc ello hemos visto una multitud de ejem- plos los que no continuamos aquí por la facilidad con que rada cual puede asegurarse de ello en razón á los infinitos niños que hav atacados de lombrices, y a la facilidad con que puede aplicárseles el tratamiento de nuestro autor. Bastí ('c i,-que esta enfermedad es la que ha estudiado — 272 — Mr. Raspaill con preferencia a todas, teniendo la satisfac- ción de haber arrancado dc las garras de las muerte innu- merables víctimas. Relación de un embarazo y parto feliz á beneficio del método Raspaill. Raimunda Baldrich, muger dc Antonio Baldrich, alba- ñil, habitante en la calle de San Pablo de esta ciudad de Barcelona, forma el objeto de la siguiente observación: Habiéndose casado á la edad de 26 años, á los nueve me- ses de matrimonio se hizo embarazada , siguió el periodo de la gestación sin mas incomodidades que las regulares en una muger de su temperamento sanguíneo. Llegado el término del parto, díó á luz un robusto niño y se restable- ció pronta y felizmente. Al cabo de siete meses recibió un susto de considera- ción, que produjo un choque terrible en la constitución de esta muger; de modo que la daban frecuentes espasmos, palpitaciones y hahitualmentc sentía un dolor sordo en la región del estómago, por lo que tuvo que dar á criar su hijo: concibió de nuevo, y su embarazo parece que suspen- dió las incomodidades que sufría, siguiendo con toda re- gularidad. Vino el parto antes dc cumplir los nueve me- ses de embarazo, y la criatura salió muerta. Siguió Rai- munda presentando todos los fenómenos del puerperio, ¡mnque la calentura fué mas duradera y apareció un prin- cipio de peritonitis, que curó la naturaleza, auxiliada por los medicamentos que le administraron los medióos. Desde entonces tuvo dos embarazos, y en ellos sucedió lo mismo; á saber, que poco antes de los nueve meses sa- cal a al mundo un ser muerto. Después de esto, fué cuan- do ensayó el método de Mr. Raspaill, pues tuvo noticia de que con él se habían logrado admirables curaciones. Se propuso, pues, ensayar dicho sistema Raimunda, desde el punto en que se manifestase una nueva preñez. No se hi- zo esperar mucho, pues parece que el trastorno sufrido después del primer paito , en nada había alterado la fe- cuididad de esta muger. Desde luego, así que se mani- festaron las primeras señales del embarazo, se la sujetó al régmen higiénico que se recomienda en el presente Ma- nual, haciendo que diariamente se administrase Paimun- — 273 — da unas inyecciones de agua de alquitrán en las partes ge- nitales, introduciendo en seguida , en las mismas , uno porción de pomada alcanforada, la que derretida por el ca- lor natural, barnizaba la superficie interna de la vagina, el hocico del útero, y absorvida por estas superficies, era llevado el medicamento 'á los órganos internos. Como esta muger perseverase constante en seguir di- cha medicación preventiva, tuvo la suerte, cuando llegó el plazo marcado por la naturaleza, de dar á luz una niña, no solo viva , sino enteramente sana y con toda la robustez que pudiese desearse. Después del parto se administraron á la parida friccio- nes en las regiones abdomidal é hipogástrica con la poma- da alcanforada, y también en los pechos. A mas se le die- ron lociones diarias con el alcohol alcanforado y el agua sedativa debilitada, alternando el uso de estos líquidos; y la parturienta se restableció, á los diez dias, enteramente. Desde entonces, á la menor incomodidad que siente, aunque sea de naturaleza muy distinta de la que tratamos, al punto acude al uso del agua sedativa, de la pomada y del alcohol alcanforado, y siempre con el mejor éxito. Caso de epilepsia. José Cantal, labrador, natural del pueblo de Abrera, hacia ocho años que padecía de ataques epilépticos. Sien- do esta una enfermedad por lo regular abandonada de los médicos cuando recae en sugetos pobres, como casi siem- pre sucede, el desgraciado Cantal iba sobrellevando su mala suerte del mejor modo posible; es decir, preparán- dose cuando conocía que le amenazaba un ataque para no lastimarse en una caida. En esto dio la casualidad, ó me- jor por un efecto de la providencia, que á veces nos vuel- ve la salud cómo y cuando menos pensamos , sucedió que el cirujano de Castellbisbal se hallase por sus asuntos par- ticulares en la casa del cura de Esparraguera, y al mismo tiempo se encontraba también el pobre Cantal con su mu- ger El dicho cirujano, persona muy entendida no solo en su arte sino en otras varias materias, era uno de los po- cos nue tienen suficiente desinterés para no burlarse de la medicina de nuestro autor, y para darle todo el mérito que verdaderamente tiene. Como el Reverendo cura pregun- — 274 — tase al labrador, qué tal le iba con su dolencia, cl cirujano se enteró dc su estado; y llevado por una parte de un sen- timiento caritativo, y por otra dc su amor á los adelantos del arte de curar, se propuso ensayar con aquella ocasión la eficacia dc la medicación de Mr. Raspaill. En efecto, cl caso lo merecía: una afección tenida por incurable, y ade- mas de ocho años de fecha, valía la pena dc hacer un ensa- yo; y si se lograba buen éxito, bastaría esto solo para acre- ditar cl tratamiento. Aunque manifestando el enfermo cierta desconfianza é incredulidad, prometió que se sujetaría á todo cuanto el cirujano le prescribiese: añadiendo que era tanto lo que deseaba curar, que nada absolutamente dejaría dc hacer, aun cuando se necesitasen los mayores sacrificios. A esto añadió la muger del enfermo, que sin duda no le conven- dría á su pobre marido cl recobro de la salud, por cuanto se había encomendado á todos los santos del ciclo y á la Virgen, bajo todas sus invocaciones, sin haber alcanzado ningún fruto. Con todo, hizo promesa de contribuir en cuanto estuviese dc su parle para que cl enfermo se suje- tase al tratamiento. Estando asi las cosas, mandó cl facultativo que se pro- veyeran.de agua sedativa, dealcohol alcanforado, dc po- mada alcanforada, y dc aloes, repartido en papelitos de cinco granos; para todo lo cu»l les espidió la competente receta, que fueron por su ordena buscar en casa de un entendido farmacéutico de la rica villa dc Martorell, situa- da muy cerca del pueblo del enfermo. Presentábase sin embargo la dificultad de que no ha- biendo en el lugarejo de Abrera una persona capaz dc ins- truir ó dirijir á aquella pobre gente en el modo, tiempo y urden de aplicar los remedios, era facilísimo y casi inevi- table que olvidasen desde luego la esplicacion dc nuestro cirujano; pero al fin quedó resuelta, con que fuese la mu- ger del enfermo á Esparraguera cada dos ó tres días, y cl cura le daría las instrucciones convenientes, conforme á un plan escrito que le dejó cl cirujano. Así se hizo en efecto. Empezó la curación con fre- cuentes lociones dc agua sedativa en la cabeza , tomando la precaución de poner al paciente una venda al rededor dc los ojos y sienes para que no los dañase el agua se- dativa que se escurriese por la frente. Púsosele ademas — 278 — una corbata empapada en la misma agua. Dos veces al día se daba al enfermo lociones de alcohol alcanforado en el es- tómago y pecho, y á lo largo del espinazo; tras de cuyas lo- ciones se administraban friegas en las mismas partes con la pomada alcanforada. Con esto solo continuado por el espacio de quince dias, notó el enfermo una gran mejora, y cierto sentimiento de bienestar que sin duda presagiaba su curación completa; los ataques ni eran tan frecuentes, ni tan_duraderos. Administróse el aloes cada cuatro dias, y se añadieron al tratamiento las cataplasmas salinas y dos granos de alcanfor tomados interiormente cada dia. Insiguiendo esta medicación, quedó el paciente com- pletamente curado en el espacio de unas seis semanas, sin que reapareciese ningún ataque. Curación de una ninfomanía. Según nuestro autor, la causa de esta enfermedad co- munmente consiste en la existencia de lombrices en los órganos de la generación ó en sus inmediaciones, los cua- les produciendo una especie de titilación en los tejidos, dan margen á los deseos impuros y á los irresistibles im- pulsos de lubricidad. Sin que neguemos absolutamente esta verdad, es menester convenir que en esta vergonzosa afección tienen tanta parte por lo menos las causas mo- rales como las físicas, tanto dependen á veces de la educa- ción , como de la organización ó del temperamento. La ninfomanía es una enfermedad mas común de lo que se cree, sino que por el bien parecer, la sociedad, y hasta los médicos, le cambian el nombre, llamándola, según sus diferentes grado?, histerismo, enagenacion mental, etc., denominaciones, que si reúnen la ventaja de sonar mejor á los púdicos oídos, tienen el inconveniente de distraer al facultativo del verdadero tratamiento, privándole de cono- cer la esencia de la afección que trata de curarse. En las grandes ciudades, en las sociedades corrompidas por el amor á los placeres, con frecueneia existen esta clase de enfermas; y sin embargo no se vé ninguna: y ía razón es porque sus familias, desde el momento en que temen es- cándalos por el proceder de la ninfomaniática, la hacen pasar por loca, metiéndola en un encierro, donde se le im- — 276 — pone un tratamiento cruel, propio de una enfermedad de que está libre, y se descuida la medicación que conviene á la afección que realmente padece. No solo esto, sino que, aun encerrada la infeliz que se halla en tan triste es- tado en medio de dementes, es reclusa aisladamente y se- parada hasta dc la luz del dia, para que nadie se escanda- lice con sus gestos ó espresiones obscenas que le arranca su delirio erótico. Fuera de desear que hubiese establecimientos destina- dos á tener reclusas y poner en curación á las ninfomaniá- ticas en tercer grado, adoptando una medicación especial que considerase el delirio como un simple efecto , como un accidente secundario, y dirijiesc toda la atención al es- tado de los órganos sexuales y á las causas que obran en ellos. Hechas la9 precedentes observaciones que nos ha suge- rido el caso que vamos á referir, pasemos á esponerlo, tal como pasó: Antonia X. de edad de 29 años, dc tempera- mento sanguíneo, con gran predominio del aparato uteri- no, hija única dc una familia respetable por su posición social: desde su infancia había sido cl ídolo dc sus padres, y por consiguiente no se le escascaba ningún gusto, sien- do satisfechos sus menores deseos apenas manifestados. Para que se vea cuan de lejos vienen á veces los males, es- ta niña había heredado de su madre una afección herpéti- ca, ;,ue aparecía y desaparecía por interyalos y le cogía gran parte de la región lumbar. Desde muy joven pusié- ronla sus padres de pensionista en uno de los mas renom- brados colegios de señoritas, donde las maestras le ensc- r.aron las labores propias del sexo, y todos los conoci- mientos dc adorno como el dibujo, la música, el baile y el cumplímenterismo, que no quiero llamar verdadera urba- nidad ; y simultáneamente, algunas condiscípulas le die- ron secretas lecciones de coquetería y de onanismo. Asi volvió á la casa paterna, y sus padres se hallaron muy con- tenta viéndola instruida en todas las futilidades del gran tono. Desde entonces empezó á frecuentar los teatros, tertulios, bailes, etc., y sobre todo, contrajo algunas amis- tades con jóvenes de su mismo sexo. Este comercio le pro- porcionaba libros eróticos y obscenos, con láminas impú- dicas, á cuya lectura cobró una afición decidida y bebía el — 277 — veneno con el mismo afán y deleite que si fuera ambrosía. Desgraciadamente en una de las reuniones que frecuenta- ba, contrajo relaciones amorosas con un joven de escasa fortuna, del cual se enamoró perdidamente. Sus padres, si bien descubiertamente no consentían tales amoríos, di- simuladamente los toleraban por no aflijir demasiado á la bija á quien idolatraban. Pero vino un suceso fatal á de- cidir la suerte de estos amantes. El mancebo, cuya con- ducta no era muy arreglada, cometió al parecer uno de aquellos actos que degradan, y desde entonces los padres de la joven cortaron enteramente aquellas relaciones, y la misma joven, al paso que estaba enamorada, se convenció l deque era aquello una necesidad imprescindible, tanto mas fácil de poner en ejecución por su parte, cuanto que su amante habíase espontáneamente ausentado de latciu- dad. Entonces apoderóse del ánimo de la joven una pro- funda melancolía ; buscaba el retiro, y parecía como que la sociedad la molestase, devoraba con afán las novelas y los libros que fomentaban su pasión; la vista de un joven la hacia poner sonrosada y como avergonzada, perdió el apetito y presentaba el pulso unas veces recio, otras com- primido. Permaneció en este estado por espacio de unos cinco me- ses, al cabo de los cuales sufrió su naturaleza un cambio muy notable: abandonó la soledad, gustábale la conversa- ción y las reuniones, particularmente con las jóvenes, y aun con mas especialidad la de los mancebos; al tomar la con- versación un giro inmodesto, ó á una mera espresion de es- ta clase, poníase colorada, animábanse sus ojos, manifesta- ba una alegría descompasada, y aun ella misma suscitaba dichas conversaciones. Por último, gradualmente, por unos pasos que juzgamos innecesario describir particular- mente llc*ó á un estado de delirio,á un verdadero frenesí, •á lo que con tanta propiedad se ha llamado furor uterino. Hemos entrado en estas individualidades, porque ellas realzan la eficacia de la medicación de Mr. Raspaill; por cuanto se trata de una afección dependiente de. un enca- denamiento de causas que parece debían ser invencibles; hasta en el humor herpético hereditario debemos recono- cer como nnadelas circunstancias que desde que la en- ferma vino al mundo empezaron ya á favorecer ó á produ- — 278 — cir una disposición favorable al desarrollo de la afección terrible de que era víctima. No obstante,con la antigüedad y constancia de las cau- sas, con unas circunstancias, asi naturales, como acciden- tales, sumamente propias para producir la enfermedad; la enferma curó completamente. En primer lugar, se la sujetó á un régimen del todo antihelmíntico: se le administraron lavativas vermífugas, y frecuentes inyecciones con el agua de alquitrán en las Íiartes sexuales y alternativamente, en especial de noche, levaba puestas unas candelillas alcanforadas; hacia un continuo uso del cigarrillo de alcanfor. Tres veces al dia le daban lociones de alcohol alcanforado en el bajo vientre, en los pechos y en los ríñones, lociones en la cabeza con cl agua sedativa debilitada, y compresas con la misma en el cuello. Por último, tomaba interiormente alcanfor á la do- sis de dos granos, uno por la mañana y otro por la tarde. Este tratamiento produjo los mas inesperados y felices efectos-, desde luego aquella especie de delirio que la im- pelía á echarse en brazos del primer hombre que se le pre- sentara, veníale á largos intervalos de dos y tres dias. Es- tos intervalos fueron aumentando, hasta que desapareció enteramente toda accesión; y en el espacio de dos meses del tratamiento, quedó completamente restablecida. En- tonces siguió por algún tiempo tomando el alcanfor inte- riormente y la» inyecciones con el agua de alquitrán. Su estado llegó á ser tan satistactorio, que contrajo matrimo- nio, y en el dia es una digna esposa. Curación de un tumor escirroso. Margarita Fraginellas, easada, dc edad de 3í años, á consecuencia de una fuerte contusión recibida en el pecho izquierdo, habiéndola al principio tratado con emolientes, presentó al cabo de algún tiempo varios puntos indurados é indolentes. Empleáronse los resolutivos, que sin duda irritaron mas y mas la parte; de modo , que adquirió un carácter escirroso; sentíase ya uno que otro dolor lanci- nante, y todo anunciaba la degeneración en cáncer. En es- te estado, se le aplicó la medicación de Mr. Raspaill, me- nudeando las compresas de agua sedativa y el cerato alean- — 279 - forado, cubriendo la parte enferma con un aposito de hi- las, compresas y vendas, todo embebido en el alcohol al- canforado: curábanla dos veces al dia. Igualmente se le hicieron fricciones y lociones alcanforadas en los ríñones, en el bajo vientre, por la estrecha simpatía que une la ma- triz á los pechos, por medio de la cual se obraba indi- rectamente sobre la parte afecta. Con este tratamiento se resolvió el tumor en breves dias, y la enferma nunca mas ha vuelto á percibir el me- nor desarreglo en el sitio que fué del mal. No hay duda que abandonado este escirro á los infructuosos medios que en general se usan, hubiera degenerado en un verda- dero cáncer, y exigido una operación sumamente dolorosa y bastante arriesgada. Curación de la sífilis. Esta enfermedad que tantos estragos causa no solo en los individuos que por disolución ó imprudencia se es- ponen voluntariamente á contraerla, sino hasta en el fru- to inocente de amores impuros, debería llamar serií men- te la atención de todo gobierno ilustrado. Sobre este pun- to existe un gran problema que resolver, á saber: supuesta la imposibilidad ó las fatales consecuencias de destruir en- teramente la prostitución en un país, ¿és preferible que, para evitar el escándalo de aprobar un vicio contrario á la religión, el gobierno simplemente la tolere , y la persiga cuando pase de ciertos límites, sin intervenir directa ni indirectamente en reglamentarla; ó que la permita, la vi- gile, proteja á los viciosos y libertinos que á ella se entre- gan librándolos de un contagio funesto por medio de una vigilante policía, lleve el registro de las prostitutas, les dé como quien dice, el diploma del libertínage, y les señale sus deberes y el régimen de las casas de prostitución al por mayor,' como vemos que se verifica en Francia? La materia no deja de ser ardua, y no siendo este lugar pro- pio para dilucidarla, solo diremos que cl gobierno debiera estudiarla con incesante empeño , buscando un término que conciliase ambos estremos. Estas ideas nos las ha su- iretído el caso que vamos á referir: José N., vino á encontrarme comunicándome su estado — 280 — y la enfermedad que mucho tiempo hacia estaba pade- ciendo. Era tan desgraciado*, según la estensa relación que le exijí de sus males, que no podía cometer ninguna cala- verada de la especie que nos ocupa, que no quedase con- tagiado de la ponzoña venérea; el virus hallaba en él una constitución tan favorable á su inoculación, que una vez cohabitaron tres con una misma muger, y él quedó conta- giado, mientras que sus dos compañeros ninguna novedad esperímentaron. Bajo este supuesto, no es estraño que por cuatro ó cinco vece» hubiese tenido que acudir álos recursos de la medieina. Aunque el enfermo no pudo de- tallarme los tratamientos que había tenido por su ningún conocimiento de los medicamentos, con todo, bien conocí que no se habían escaseado los mercuriales. Cuando le aconsejé el tratamiento de Mr. Raspaill, se hallaba en una situación verdaderamente lastimosa. Tenia una gonorrea crónica y habitual, úlceras en el prepucio que por causa de la inflamación habían producido un recio parafímosis; úlceras de carácter sifilítico en las encías, de manera, que su aliento apestaba; y sobre todo se me quejó dc los in- tensos dolores osteócopos que le hacían pasarlas noches sin poder pegar los ojos y en un continuo quejido. Desde luego le dije que no todos sus padecimientos eran debi- dos á la afección que le consumía y devoraba, sino que parte se debían á los remedios que se le habían adminis- trado, y entre ellos los dolores nocturnos dc los huesos que tanto le atormentaban, no eran efecto mas que de los preparados mercuriales. ISo solo esto, sino que temí que todavía habrían de oponerse á los admirables resultados de la medicina de Mr. Raspaill. Sin embargo,'no desconfié del todo, y le aseguré que curaría como se sometiese exactamente al régimen y á las prescripciones que iba á imponerle. Me prometió sujetar- se á mi dirección, y puse en práctica el siguiente plan curativo: En primer lugar,.le prescribí el agua de alquitrán á to- do uso; por la mañana y por la tarde le mandé tomar un vaso dc tisana de zarzaparrilla iodurada, echando cada vez tres granos dc alcanfor. En cuanto á la medicación local, le cubrí el miembro con pomada alcanforada, renovándola dos veces al dia, y antes de cada renovación le hacia lavar — ti- bien el órgano con alcohol alcanforado , haciéndole tomar en este mismo líquido un corto baño local. Después del baño volvía á cubrir la parte con la pomada alcanforada, poniendo en particular hilas empapadas en la misma en el prepucio, y el glande. Asi también por medio de un pin- celilo muy blando le lavaba las úlceras de la boca con al- cohol alcanforado. Siguió este tratamiento por mas de tres semanas , al cabo de las cuales las úlceras ofrecían un aspecto mucho mejor; las del prepucio presentaban una notable mejora y la inflamación del glande, efecto de la compresión que producía el parafímosis, habia ya casi desaparecido com- pletamente. En tal estado, desde que fueron practicables las inyecciones le ordené que se inyectase la uretra alter- nativamente con alcohol alcanforado y aceite alcanforado. Olvídábascme decir, que desde que empecé el tratamiento, según se contiene en el Manual de la salud, le hice to- mar el aloes cada cuatro dias. Como digo, pues, al cabo de un mes de tratamiento hubo una notable remisión de síntomas, v á los dos meses y medio se hallaba completa- mente restablecido, habiéndose disipado los dolores os- teocopos producidos, á mi entender, por la anterior ad- ministración de los mercuriales. No dudo que á no haber mediado esta última circunstancia, hubiera obtenido una curación mucho mas pronta, no obstante lo que la afec- ción habia profundizado en la economía de mi enfermo, y del estado crónico de la misma. Curación de una gastritis. Juan Míralles, de oficio panadero, vecino de Barcelona, de 32 años de edad, temperamento nervioso sangu.neo objeto de la presente relación; nunca durante el curse dc cÍ^Ó«abu«^ raban algún anvion,,, ^«/csto, sin0 que el ú 1- ^roTe¿"™Sr^nd«6«^° en la dCCCͰn d° — 282 — los remedios ó en el plan curativo, que nuestro enfermo empeoró visiblemente. En este estado se me consultó des- pués de haber despedido al facultativo. Fui averie y je encontré en la cama, con regular calentura, un dolor fijo en el estómago; los bordes y punta de la lengua bastante encendidos y un poco de dolor de cabeza. El facultativo que me precedió le habia puesto á die- ta absoluta, le habia hecho aplicar unos fomentos de agua y vinagre, y le hacia tomar cada dos horas una pequeña Jicara de alcohol nítrico. A mas de esto, últimamente ha- ia ordenado la aplicación de una docena dc sanguijuelas en la región epigástrica, la cual no solo no se llevó á cabo, sino que la grande repugnancia que el enfermo sentía por estos animalejos, fué causa de que al instante despidiese al facultativo; y habiendo tenido noticia rio sé como de que el que esto escribe trataba por un método particular, que hacia grandes curaciones, me mandó á llamar, y acudí inmediatamente como acostumbro. Aquí se presenta naturalmente una cuestión de etique- ta médica que tiene á veces funestas consecuencias. Cuan- do un enfermo quiere cambiar de médico, después que ha despedido al primeroque le visita, el otro á quien acude se niega á visitarle pornoséque'delicadezamal entendida,que deja al paciente sin auxilio y presa del mal,que en tantopro- gresa y le conduce ó puede conducirle al sepulcro, y dejar sumida en la horfandad y desamparouna familia entera.En- tonces al enfermo no lequedamas recurso que permanecer en manos del primero á quien fué á buscar en un momen- to de premura y apuro, por mas que luego resulte igno- rante ó inepto (pues nadie me negará que hay algunos), ó acudir al medio dispendioso é insuficiente dc las consul- tas-, dispendioso porque una consulta cuesta lo mismo que diez visitas, é ineficaz porque el espíritu y compadrazgo de la facultad hace mal visto no disimular los disparates de un comprofesor o variar de un modo opuesto cl trata- miento, con otros respetos no menos perjudiciales para cl enfermo. Por último, la enfermedad presenta cada dia nuevas exigencias, ó llámense indicaciones; para lo cual fueran menester dos consulta diarias, arruinarse entera- mente: conque ó morir víctima de un ignorantón, ó de la tuerza dc la enfermedad abandonada á sí misma. — 283 — En cuanto al caso presente, debo decir, que cuando el enfermo me llamó, ignoraba que le hubiese visitado otro médico, y añadiré que aunque lo hubiese sabido, no hu- biera variado en un ápice mi conducta; pues pueden mas conmigo las consideraciones de humanidad y fi- lantropía, que la egoísta delicadeza de temer que se me atribuyan ideas interesadas. Asi pues, no tuve el menor reparo en encargarme de esta curación. Por supuesto, lo primero que ordené fue- ron lociones con alcohol alcanforado en el pecho y en el abdomen, seguidas de fricciones con la pomada alcan- forada dos veces al dia, y la aplicación de compresas de agua sedativa en la región epigástrica, para que por medio de la virtud diluenteque tiene esta agua, se resolviese la congestión sanguínea y condensación de este líquido en el estómago, circunstancias que constituyen toda inflama- ción. Por la noche hacia respirar al enfermo teniendo en la boca un pedacito de alcanfor del tamaño de un guisante; así impregnado el aire de dicha sustancia, la conducía á los pulmones, y de un modo indirecto obraba sobre el es- tómago, que era el órgano principalmente enfermo. De cuando en cuando le hice administrar lavativas vermífu- gas. Con esta medicación tuve el gusto de verlo entera- mente curado en cl espacio de once dia9. Caso de enfermedades secretas. Por el método indicado al tratar de las enfermedades secretas hemos curado en quince dias á un lapidario, cu- yo cuerpo estaba todo^cubierto de manchas del diámetro de un ochavo. Todos nuestros amigos saben el caso de M.N... que habia sido acometido además de una enfermedad de pecho muy grave, á consecuencia de haber sido curado con dieta y agua de goma. Su cuerpo estaba cubierto de rosetas, con todos los indicios de una evacuación sospecho- sa, y sin poderse tener en pié. Para sacarle de manos de sus padres y de las del medicóse usó del pretcsto de que necesitaba respirar el aire del campo. El primer día comió con nosotros como si estuviese enteramente bueno. Al cabo de unos veinte dias regresó al seno de suJaim ha, sano y robusto. El médico que le había asistido atribuyó tal maravilla al aire del campo, al sueno y á la dieta. — 284 — Caso de calvicie. Mr. A. Krayowan,que habitaba en París, calle dcJou- bet, número 21, nos ha presentado un caso de calvicie en un niño sometido por mucho tiempo á las lociones de agua sedattva sobre el cráne), por una enfermedad del cOcrpo cabelludo. Apenas curada esta, volvióse á poblar la cabe- za dc muy hermosos cabellos. Caso de alivio de gota. Los ejemplos de alivio de gota pueden reputarse do-cu- raciones completas, y son tan frecuentes, que cada cual podrá recordar muchos de ellos. El doctor Debouttevílle, director de la casa de orates de Rúen, y unodc los mas célebres estadistas dc Norman- día, nos ha escrito que, merced á nuestra medicación, su señor padre ha logrado curar de unos depósitos calcáreos, ulcerados quince meses había procedentes de gota muy antigua. Casos de ictericia ó enfermedades del hígado. Por los medios indicados en el artículo Enfermedades del hígado, hemos curado una ictericia en Julia Miguel, lechera de Sceaussic, de edad de 45 años. Esta mujer no podia trabajar poco ni mucho, eslenuada como se hallaba por la dieta y por la enfermedad; pero ahora, si bien no se encuentra en perfecta salud por padecer la tenia, viene todas las semanas á Paris. El prensista Coqueret padecía en 1844 un tumor en el hígado que le mantenía hinchado el vientre. Bastaba mirar su rostro para conocer cualquiera que el infeliz padecía del hígado. Siguió la medicación prescrita en este Manual, y á los seis meses se encontró radicalmente curado. Caso de mordedura de perro rabioso. Hay mas de un año que un trabajador que habitaba en el piso bajo de mi casa, un dogo suyo le pasó con sus colmillos la mano de parte á parte. Dicho perro habia cl — 285 — día anterior sido mordido por otro rabioso. La mano del trabajador se hallaba en estremo hinchada y caliente; I09 ojos parecían salirse de las órbitas, y el color dc su rostro era amoratado. Víle yo á las do6 horas de la desgracia, y le apliqué sobre el brazo y mano herida, compresas dc agua sedativa por diez minutos, á pesar del escozor que produjeron desde el momento. Desvanecióse como por encanto la fiebre: quité las compresas de la mano y la curé con pomada alcanforada. Encargué no tocaran las com- presas de agua sedativa aplicadas en el brazo. A la media hora éste se habia deshinchado: el enfermo se hallaba tranquilo, y volvió á dedicarse á sus quehaceres. Mandé malar el perro para que su presencia no exasperase al he- rido. Este hombre jamás ha presentado después ningún síntoma de rabia. Si hubiese tratado de amontonar casos de curaciones por el sistema de Mr. Raspaill, hubiera podido añadir muchísimos casos que han llegado á mí noticia, ó que yo mismo he tenido la satisfacción de obtener; pero para dar una idea de lo que es en sí toda la medicación de nuestro Autor, me parece quebastan los espuestosque he escojido, por ser curaciones de alguna dificultad por los método co- munes de la medicina. Particularmente de afecciones ver- minosas, son infinitos los niños que he curado; y no puede menos de haber sido así, cuando la base dc la medicina de Raspaíll, es la suposición de que las cuatro quintas par- tes de las enfermedades que afligen á la humanidad pro- ceden dc la existencia de insectos, ó lombrices en diferen- tes partes del cuerpo. Bajo este supuesto, cl autor ha reu- nido todas las sustancias que ejercen, según ha demostra- do la esperiencia, una acción venenosa contra tales insec- tos, de modo que las enfermedades causadas por las lom- brices son aquellas que con mayor seguridad se curan. Los felices resultados que se obtienen en otras afeccio- nes, que hasta ahora nadie tuvo por producto de una cau- sa animada, nos demuestran que el autor ha dado en la verdad, al decir que á la presencia dc insectos ó lombrices — 286 — se debían casi todos nuestros males. La ciencia microscó- Eica viene en apoyo de lo que decimos: antes de descu- rírsc la verdadera causa de la sarna, á nadie le ocurrió pensar que fuese insecto;.y si Id sarna se debe á la presen- cia de una causa animada, ¿por qué no se deberá á otra se- mejante el herpes, la Uña, la lepra? ¿porqué no serán tam- bién insectos lo que altera los tejidos de los órganos inter- nos perturbando sus funciones, y dando margen á males infinitos? Con el microscopio se han descubierto in- sectos en el semen, en los orines y otros humores del cuerpo; ¿no indica esto que con microscopios de mayor aumento, ó con observaciones y esperimentos mas repe- tidos y minuciosos, se descubrirían insectos en otras mu- chas partes? Entonces , nada tiene de estraño que los insectos y las lombrices constituyan una causa perenne de enfermedades, ni que los medicamentos que son un vene- no para ellos, sean como inefables remedios para las mismas. FIN DE LOS CASOS PRÁCTICOS. EL EDITOR..................... 3 Prolegómenos, ú observaciones particulares .... íí PRIMERA PARTE.—Esplicaciones teóricas toeante á las causas de las enfermedades, y á los medios generales higiénicos que deben emplearse para preservarse de ellas ó curarlas.......... 14 Cap. I. Determinación délas causas de las enfer- medades .......* ............ id. Cap. II. Medios higiénicos y curativos para precaver los efectos délas causas délas enfermedades. . . 19 Cap. III. Consejos higiénicos y curativos contra la falta de alimentos, ó su mala calidad....... 24 §. 1.° Cocina higiénica............... 27 g. 2.° Escabeches y conservas............ 29 8. 3.° Vino de mesa, vino doméstico y tisana de taller....................... 30 g. 4.<> Licores higiénicos para postres........ 31 Cap. IV. Consejos preservativos contra el envenena- miento ............. • • • • • • • • • 33 Cap. V. Consejos higiénicos contra los estremos de frío y calor y variaciones repentinasy temperatura. 39 Cap. VI. Medios curativos de las contusiones, heri- das y úlceras .........•......... 42 Cap. VIL Precauciones para impedir que penetren en nuestros tejidos astillas, espinas, aristos y polvo irritante........•........•••-•• "*• Cap. VIII. Medios preservativos y curativos para los casos de introducción de cuerpos estraños que 56 ÍNDICE germinan ó se entumecen en el interior de nues- tros órganos................... 4í Cap. IX. Medios preservativos y curativos contra el parasitismo de los insectos............ id, Cap. X. Medios preservativos y curativos do las en- fermedades que reconocen causas morales. ... 46 SEGCNDA PARTE —Farmacia doméstica y portátil,. ó instrucción práctica parala preparación y em- pleo de los medicamentos del nuevo método ... 49 Areómetro ó pesa licores..........."... 51. Cap. I. Acíbar, ó caldo de yerbas.......... 33 Cap. II. Baños sedativos, ó alcalinos ferruginosos. . 53 Cap. III. Baños desangre.............. 57 Cap. IV. Calomelanos, mercurio dulce ó protocloru- ro de mercurio.................. 58 Cap. V. Alcanfor.................. 59 §.1.° Alcanfor que en caso de insomnio debe tomar- se tres veces al dia ................ 63 §. 2.° Polvosde alcanfor.—Los mismos lomadosco- morapé.—Alcanfor para fumar........... id. §. 3.° Cigarillos de alcanfor............. 65 §. 4.° Aguardiente y alcohol alcanforado...... 69 §. 5.° Aceite alcanforado y de trementina. . . . • . 7í Candelillas alcanforadas.............. 73 g. 7.° Pomada alcanforada............. 76 Cap. VI. Cataplasmas................ 79 Cap. VIL Agua sedativa............... 80 Cap. VIH. Agua de ostras aromatizada, ó limonada salada; agua salada................ 88 Cap. IX. Helécho macho (polvos dc la raíz de). ... id. Polvosde la raíz de rubia.............. 89 Cap. X. Gárgaras.................. 91 Cap. XI. Alquitrán íagua de)............ 92 Cap. XII. Granado (raíz del)............. 93 Cap. XIII. Aceite de ricino ,............ 95 Cap. XIV. Decocciones, infusiones, maccracíones y tisanas....................... 96 Cap. XV. Inyecciones................ 97 Cap. XVI. ioduro dc potasio. . ,.......... 98 Tisana de zarzaparrilla iodurada.......... 99 ÍNDICE Lavativa alcanforada................. 99 Lavativas vermífugas................ id. ídem para las reses.................100 Cap. XVII. Mostaza del comercio.......... id. Cap. XVIII. Curación de lasllagas, heridas, úlceras, que resulten de operaciones: hilas, vendoletes, compresas,lienzo agujereado, esparadrapo, vegiga de cerdo, etc...................101 Cap. XIX. Pastillas aromáticas...........105 Cap. XX. Jarabe antiescorbútico..........106 Cap. XXI. Jarabe de achicoria............107 Cap. XXII. Jarabe de-goma alcanforada....... id. Cap. XXlll. Jarabe de ipecacuana..........108 Cap. XXIV. Vinagre alcanforado...........109 Cap. XXV. De las supresiones que deben hacerse en la terapéutica..................110 Cap. XXVI Planchas, sondas y pesarios galvánicos. . 113 Cap. XXVII. Vino blanco granatizado y tratamiento accesorio contra la tenia..............115 Cap. XXVIII. Baños de sangre............ 116 TERCERA PARTE.—Medicina doméstica, ó aplica- ción minuciosa de los principios establecidos en las partes antecedentes á la curación délas afec- ciones mas comunes............... 117 Sección primera.—Régimen higiénico ó medicina preservativa reducida á su mayor sencillez. . . . 118 Sección segunda.—Aplicaciones particulares y por orden alfabético de los principios de nuestro sis- tema alas diferentes enfermedades........120 Diccionario de las enfermedades. . .........122 Apéndice en que se demuestra el influjo de algunas causas naturales, como ampliación de los prin- cipios de Mr. Raspaill; y aplicación en ellas del tratamiento del Autor...............225 Influjo de las estaciones...............229 Otros peligros del aire................231 Circunstancias del agua considerada como bebida. . 235 Peligros de ciertos alimentos de malas cualidades. . 239 Del vestir......._........... ... . 243 Inconvenientes del sueno excesivo ó de las vijihas demasiado prolongadas..............243 índice ¿éttcfC v Sobre el movimiento y la quietud..........217 De la aplicación mental........,......250 De las pasiones del alma..........«... id. De otras pasiones..................254 Efectos del onanismo................. 255 Casos prActicos.—Curación de un anquílosis. . . . 264 Curación de un prolapso de la matriz........ id. Curación de la urticacion resultante de haber comi- do almejas...................... 265 Caso de curación de afecciones nerviosas......266 Curación de una afección escrofulosa........268 Relación de un embarazo y parto feliz á beneficio del método Raspaill..................272 Caso de epilepsia................v . . 273 Curación de una ninfomanía............275 Curación de un tumorescirroso...........278 Curación de la sífilis. . . *.............279 Curación de una gastritis..........'. . . . 281 Caso de enfermedades secretas...........283 Caso de calvicie...................284 Caso de alivio de gota................ id. Casos de ictericia ó enfermedades del hígado .... id. Caso de mordedura de perro rabioso......... id. FIN DEL ÍNDICE. \-ti- / 4" \ 1 .4¡r AS. NLM041401320