l 'ry A .< A i & i v AJs t g^í ?. jü % j ' ■■ I-< Yi w n T ¿Tf A¥ A I ' X T T T I A U a 1 I i 11 i 11 I J fl n 11 ni I lllílln i u n I M m '-l ■ M-: f ■ : v- i; f < !' ¿ f / " - :■ • ■ • f 71 . /. •. . / y v i. \ > ¿¿ j\ J > x \ ■•. ^ k /. y •- TRATADO DE PARASITOLOGÍA ANIMAL TRATADO V de PARASITOLOGIA ANIMAL POR EL Dr. PEDRO BELOU M l CON UNA CARTA-PRÓLOGO DEL DOCTOR R. WERNICKE Y UNA DEL DOCTOR PERRONCITO PROE. DEL R. INSTITUTO DE PARASITOLOGÍA DE TURIN Ilustrado con 300 figuras intercaladas en el texto y 16 láminas en cromo-litografía PARTE I «LA CIENCIA MEDICA» LIBRERÍA Y CASA EDITORA DE A. GL'IDI BUFFARIN1 Córdoba 2080 BUENOS AIRES 1908 Señor Pedro Presente Mi joven amigo: Cuando d comienzo del año escolar supe que Vd. pensaba publicar un tra- tado de Parasitología animal, creí con toda seguridad que fracasaría en su em- presa. Hoy, con la octava entrega d la vista, forzoso me ha sido confesar pública- mente mi juicio errado: ¡ Su pziblicación vd bien! Cuando hace cuatro lustros empezó d ocuparme como primero entre nosotros de nuestra fauna entozoica, solo accidental ó incidentalmente tuve que habérmelas con los zoopardsitos del hombre. Director de un laboratorio para el estudio de los animales domésticos, d éstos hube de preferir en mis eshcdios. Dicté en esa época ten curso libre de parasitología en nuestra facultad y recuerdo aún que mis últimas clases en todo y por todo (unas 12) fueron concurri- das por un solo alumno qu,e lo era mi hoy colega y amigo Dr. José Prini.-Quan- tum mutatus ab illo! Hoy meestra escicela posee una cdtedra especial para la materia y necesitamos un tratado especial de confección nacional para responder d las nece- sidades del programa vigente. Los predecesores que Vd. ha tenido en src empresa son Cantón y Garzón Maceda. La obra de Cantón, planteada sobre bases de un gran edificio, ha quedado inconclusa. Garzón Maceda en su libro ha tenido demasiado poco en cuenta nuestra bibliografía nacional,' llega su libro d llenar un vacío sentido y mucho me ha com- placido hallar de cuando en cuando datos que Vd. solo ha podido recojer en mis clases: datos inéditos. Si reasumo en pocas palabras mi juicio sobre su libro: es que es bueno. En algunos puntos discrepamos en el modo d.e pensar. Sigue Vd. demasiado d los textos, especialmente cuando confiere importancia grande d las corrientes de agua y los vegetales que se comen crudos para la propagación de ciertos entozoarios que yo creo propagados por simple coprofagismo. (El caso del camino demasiado corto para verlo con claridad como lo califico en mi conferencia «introducción d la parasitología.») Sensible es que Vd. no haya podido consultar ampliamente la primera edi- ción de Brazm (Thierischen Parasiten des Menschen); creo que de ahí hubiera Vd. seguramente extraído las indicaciones existentes que suministran al estudiante datos que le permitan practicar investigaciones por más elementales que sean. No puedo cerrar esta carta sin mencionar especialmente d su editor que ha puesto todo lo necesario d su disposición para qae su, obra se presente con todo el exterieur de una edición lujosa: mi felicitación también d él. Con los estudios hechos para confeccionar su libro ha acopiado Vd. para sí los elementos necesarios que le permitirán el estudio de laboratorio de la parasito- logía: ¡empréndalo! Salúdalo su affmo. maestro R. Wernicke. B. A. 25. ix. 1903. PREFACIO A LA PRIMERA EDICIÓN Sin presunción alguna de autor, hemos creído prestar un servicio á los estu- diantes de primer año de medicina, publicando el siguiente tratado de Parasitología. Las dificultades con que tropiezan dichos alumnos, en la elección de un texto que satisfaga d las preguntas del programa vigente, han influido en nosotros, para decidirnos á coleccionar en la presente obra lo que ya se ha escrito en muchos y en muy buenos tratados de Parasitología. El doctor Elíseo Cantón, ex catedrático de la materia en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, publicó en el año 1898, el primer tomo de ten excelente resúmen de Zooparásitos, que sirven de texto aún en el aula,' pero este resúmen desgraciadamente no ha sido terminado. Por otra parte, durante este lapso de tiempo, numerosas investigaciones han sido llevadas á cabo por eminentes parasitólogos; á tal punto que muchos capítulos de la zoología animal han sido modificados por completo. Las nuevas investigacio- nes sobre el dimorfismo evolutivo de los coccideos y de los plasmadlas de las fiebres palustres, los conocimientos adquiridos sobre los trypanosomas y otros hematozoa- rios de la sangre, los modernos trabajos de Manson sobre el proceso de la evolución de la Filaría sanguinis hominis han hecho variar enteramente la concepción que sobre muchos parásitos abrigábamos. Hemos tratado, además, de detallar minuciosamente en el transcurso de la exposición de la obra, las investigaciones efectuadas en nuestro país, no queriendo incurrir en el injustificable olvido, muy común por otra parte, de omitir los trabajos originales ó de corroboración de nuestra intelectualidad médica, que aunque muy diseminados en virtud del extenso campo de los estudios, no por eso dejan de cons- tituir una seria bibliografía nacional y una piedra más aportada á la montaña de los conocimientos humanos. No queremos terminar sin agradecer efusivamente á los Eres. B. Wernicke, C. Malbrán y A. Güiraldes las deferencias que para nosotros han ttnido, asi como sus valiosas indicaciones, no debiendo olvidar en esta muy grata reseña, al doctor Alois Bachmann distinguido micrógrafo y jefe del Laboratorio de Patología Gene- ral quien nos ha suministrado más de una vez excelentes consejos y puesto á nues- tra disposición los elementos del bien provisto laboratorio. Finalmente, es menester mencionar, al editor de la obra, Sr. Arsenio G. Buffarini el cual no ha puesto reparo alguno ante las exigencias de la edición y ha contribtiido con todos sus esfuerzos á darle cierto cachet artístico, llevado por sus tendencias editoriales que lo impulsan á engalanar y ataviar lujosamente las producciones nacionales. Método, claridad, concisión, tales han sido los preceptos qzie siempre hemos tenido por delante; ser útil á los estudiantes, tal ha sido nuestro fin. Quedaríamos plenamente satisfechos sí lo hubiéramos conseguido. Pedro Beloü. Distinguido Doctor: Turin 6 Julio 1908 He recibido su excelente Tratado de Parasitología animal de 1903 y al enviarle mis felicitaciones me permito expresar el deseo de poseer un ejemplar para mi laboratorio. Mis expresiones también al distinguido colega Dr. Wernicke. E. PERRONCITO PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN La Plata 15 Febrero 1908 Cuatro años han transcurrido desde la aparición de la modesta recopi- lación que orgullo sámente titulaba Tratado de Parasitología Animal. Su edición, merced d la feliz cooperación de todos, profesores y alumnos, fué bien acogida, llenándome de satisfacción el hecho de haber podido contribuir en algo á la facili- tación de las tareas estudiantiles en esta tan árida parte del programa profesional. La segunda edición que vé luz ahora, modificada en algunos picntos, y agre- gada en otros, ha sido limitada en sil extensión total, suprimiendo el capitulo de artrópodos, que nuestro distinguido colega el Dr. Greenway, piensa tratar en un tomo aparte, con la competencia y sagacidad que le caracterizan. En esta forma las dos obra;; se complementarán, llenando d programa de la materia tal como se dicta actualmente en la cátedra. No quiero dejar estas líneas sin agradecer la amadle recepción hecha á mi humilde recopilación, con pretensiones de obra nacional, y esperar que ella siga siempre desempeñando tan loable fin. Dr. Pedro Belou Parasitología La Parasitología tiene por objeto el estudio de los parásitos.-Re- servamos el nombre de parásitos á aquellos seres que viven sobre otros animales ó vegetales á expensas de éstos, durante todo ó un cierto pe- ríodo de su evolución. Dividense en parásitos vegetales que toman el nombre de fitoparásitos, hongos, bacterios, -y parásitos animales ó soo-pa- rásitos, que son los que van á ser objeto de nuestro estudio. Es menester diferenciar los parásitos de los comensales y de los mtitualistas. El comensal según Van Beneden, se aloja en un huésped, pero no vive á expensas de él. Ejemplo: el Fierásfer que vive en el tubo digestivo de los Holotu- rioídeos, alimentándose de los mismos alimentos con que se alimenta el huésped, el Pinnótero que se aloja entre las valvas de algunos moluscos. Mutualistas son aquellos animales que viven sobre otro sin ser ni parásitos, ni comensales. Considerado así el parásito como un ser que vive en los tejidos de un huésped alimentándose de ellos, quedan excluidos de este grupo, todos aquellos animales que como la chinche de las camas, si bien van evolucio- nando hacia el parasitismo, son hoy por hoy, simples animales de presa, influeciados por dos factores poderosímos de la evolución: el hábito y la herencia. Dividense también los parásitos, según su residencia en el huésped en ecto-parásitos y entoparásitos ó entozoarios. Ecto-parásitos llámanse á los parásitos externos, como por ejemplo el Hypoderma bovis, Dermatobia noxialis, Cephalomya ovis, Lucilia macellaria; y ento-parásítos á los parásitos internos, tales como las Tenias, Distomas, Filarlas, Ascárides, etc. Son estos últimos, de mucho mayor importancia que los primeros por los graves padecimientos que pueden ocasionar, al par que han sufrido en la constitución de su organismo una PARASITOLOGÍA ANIMAL 14 degenerescencia mucho más pronunciada, dada la abundancia y riqueza del medio en el cual habitan. Por otra parte, si bien existen parásitos que ejercen el parásitismo durante todos los períodos de su vida, no es menos cierto que hay otros que solo viven parasitariamente durante uno, ó varios períodos, y por último algunos, que pudiendo vivir durante toda su vida libres, han sido llevados accidentalmente á un medio parasitario. De aquí que se imponga la división del parasitismo en permanente, temporario y accidental. Se dice que el parásitismo es permanente cuando el animal hace vida parasitaria durante todas las fases de su vida; ejemplos: Tenia saginata, T. echinococcus, Distoma lanceolatum, Filaría sauguinis ho- minis. Temporario, cuando el animal ejerce el parasitismo durante un pe- ríodo de su vida quedando libre en los demás; ejemplo: Sarcopsilla pcne- trans, que libre durante el período antes de la fecundación, busca la piel, una vex fecundada, del hombre y de algunos mamíferos, para madurar sus huevos. Por último accidental, cuando se trata de larvas, (numerosos Dípteros), que viviendo ordinariamente en sustancias putrefactas, han sido llevadas por incidencia a seres vivos en los cuales se desarrollan; ejemplo: CallipJiora vomitoria, Ochromia anthropophaga etc. En el estado actual de las Ciencias, la Parasitología se impone por los notables descubrimientos con que esclarecidos sabios han contribuido á fomentarla. Base de numerosas ramas de las Ciencias Médicas, estre- chamente unida con la Patología, la Bacteriología, la Terapéutica y la Higiene, ella ha explicado un sin número de enfermedades antes incom- prensibles, por la ignorancia completa en que se encontraban sobre esas notables evoluciones que explican tan sencillamente en nuestros días su origen y patogenia. Lejos estamos de aquellas falsas teorías con que antaño, fundándose más en el procedimiento aristotélico de la deducción que en el riguroso principio de la observación experimental, se pre- tendían explicar tan extraños fenómenos. Siendo falso el punto de partida debería dar por resultado la falsedad de la conclusión á pesar de la regularidad con que se hacían las deducciones. La Parasitología ha introducido raudales de luz sobre todo en el campo de la Patología y de la Terapéutica. Ella ha explicado con sus magníficos descubrimientos sobre la evolución de los parásitos, lesiones antes las cuales la medicina desesperaba falta de conocimientos; ella ha mo- dificado y transformado el tratamiento terapéutico empírico que se emplea- ba antaño para combatir estas ignotas enfermedades, con un tratamiento razonado, preciso, seguro; al par que ha fomentado considerablemente la Higiene limitando al parásito todos los medios de propagación, una vez conocido el ambiente en el cual se desarrolla, y suministrando consejos y PARASITOLOGÍA ANIMAL 15 reglas que sirven para purificar el vehículo que pueda conducirlo al orga- nismo. Columna poderosa de las Ciencias Médicas, la Parasitología, gracias á los trabajos de notables Helmintólogos entre los cuales citaremos á Leuckart, Manson, Perroncito, Grassi, Blanchard, Davaine, Moniez, Laboul- béne, Max Braum, Neumann etc., ha sido una de las materias que más han progresado y que más se ha separado del caos nebuloso en que yacían en un principio los estudios médicos en general; ella ha recorrido una trayec- toria muy extensa, y ocupa uno de los puesto más avanzados en el famoso principio evolucionista Spenceriano, avance grandioso de lo homogéneo á lo heterogéneo, de lo simple á lo compuesto, de lo indefinido á lo defi- nido, de una homogeneidad incoherente é indefinida á una heterogeneidad coherente y definida. GENERALES BIOLOGICAS DE LOS PARÁSITOS Ya hemos dicho que los parásitos pueden dividirse en dos grandes grupos, ecto y ento-parásitos, según que se hallen radicados en la piel del huésped, ó que vivan en el interior de su organismo, con especialidad en el aparato digestivo. ¿Cuál es el origen de unos y otros? Muchas teorías se han dado para explicar la formación de estos dos grupos: sin embargo hoy en día, la mayoría de los parasitólogos están contestes en admitir como causas fundamentales, la adaptación del animal al medio ambiente perpe- trada por un factor importantísimo, la herencia, propiedad que tiene los seres de legar á sus desciendientes sus caracteres fisiológicos. Es opinión general en nuestros días, que los ecto-parásitos fueron en un tiempo simples animales de presa, de vida libre, que buscaban en animales de organización superior, sustancias alimenticias ya preparadas, para abandonarlos una vez satisfechos. El alimento suministrado por los huéspedes transitorios era mucho más rico que el que podrían encontrar en otras sustancias, y de aquí que los animales de esa especie que se alimentaban con las sustancias del huésped, se desarrollaron mucho mejor. Paulatinamente, con el tiempo, debido á la mejor nutrición sumini- strada por los huéspedes, fueron quedando solamente los animales que se alimentaban de éstos, siendo los demás destruidos por el raquitismo, etc., (selección natural). Más tarde, los individuos de la especie que sobrevivieron legaron (herencia directa), á sus descendientes, esa ten- 16 PARASITOLOGÍA ANIMAL dencia á lanzarse sobre un animal determinado para buscar su alimento, tendencia que cada vez fué más frecuente, hasta que el animal de presa se alojó por completo en el huésped, transformándose en parásito. La atrofia consecutiva de los diferentes órganos fué un hecho correlativo, y la degenerescencia sufrida fué tanto mayor cuanto menor fué la necesidad de servirse de ellos. De modo que el principio determinista de Darwin, con sus dos agentes principales, selección natural y herencia directa, explica perfectamente la evolución sufrida, por el animal de presa hasta convertirse en ecto-parásito. Si este principio fuera cierto, deberían existir en la escala zoológica una serie de formas intermediarias entre el animal de presa y el ecto-parásito, que sirvieran para explicar los diferentes períodos de la evolución parasitaria. La observación se encarga de su- ministrarnos los datos al respecto. La zoología nos muestra que hay una serie de animales que evolucionan hacia el parasitismo, representándonos las diferentes etapas del período intermediario. La Acanthia lectularia, ó chinche de las camas, es animal de presa que tiende á parásito; ataca al hombre para procurarse alimento y huye en seguida á ocultarse en las grietas donde vive. Los Hirudineos, especialmente estudiados por R. Blanchard, comprende una variedad de sanguijuelas que se adhieren, á la piel y mucosas de los mamíferos para sorberles la sangre y aban- donarlos después; el pulex irritans, el pulex serraticeps son otras tan- tas variedades que tienden al ecto-parasitismo y que con el correr de tiempo llegarán á ser lo que son hoy los Sarcóptidos, Demodícidos Trombididos, Ixódidos etc. Por lo que respecta á los ento-parásitos, la mayoría de los parasi- tólogos suponen que provenien en general de animales que poseían hábi- tos saprófagos. Mediante las aguas impuras que podrían ser bebidas por animales de organización superior, llegaron al aparato digestivo de estos últimos, en donde se localizaron. Muchos de ellos seguramente no habrán podido soportar la influencia del medio ambiente, secreciones ácidas, etc., y habrán perecido; pero otros se han sostenido en lucha con los nuevos elementos: aún más, se han servido de dichos elementos para su nutrición, y han legado á sus descendientes los nuevos hábitos ad- quiridos del parasitismo. Luego, la abundancia del medio, la fácil asimila- ción de las sustancias ya digeridas por el huésped, han producido la atrofia de ciertos órganos, especialmente de los órganos de relación y del aparato digestivo. De aquí la profunda modificación morfológica que ha producido el medio ambiente en estos animales. A tal punto ha sido llevada á cabo esta modificación, que hoy en día se tropiezan con serias dificultades en la clasificación de muchos parásitos. La degeneración sufrida por los Cestoi- des ha sido tan profunda, que es difícil reconocer cuales fueron sus ante- PARASITOLOGÍA ANIMAL 17 pasados libres. Existen otros parásitos, en los cuales la deformación no ha sido llevada á un límite tan extremado, tales como los Anguilúlidos, Es- trongilídeos, Ascarídeos, Filarídeos, y por último hay algunos que pueden ejercer indiferentemente vida libre ó parasitaria, tal como el Rhabdonema intestinales que nos presenta en el hombre dos generaciones, una libre y otra parasitaria, sucediéndose indefinidamente. Podríamos citar numerosos ejemplos de animales saprófagos cuyas larvas se desarrollan perfecta- mente en el interior de un huésped, (Gastrophillus equis Piophila Caséis y estos ejemplos nos confirman que están en lo cierto aquellos autores que han ido á buscar el origen de los ento-parásitos en los animales de hábitos saprófagos. Durante mucho tiempo, 1800-1850, fué admitido en la ciencia que el origen de los parásitos era debido á exhudaciones especiales, humores segregados por el huésped, y que la vida de los parásitos era espontánea, es decir que no poseían ascendientes ni descendientes. Leuwoenhoek, fué el primero que hizo notar la falsedad de esta doctrina, comprobando la generación del Pediculus v estimen ti. El gran escollo con que tropezaban los innovadores, y al mismo tiempo el áncora de salvación de la doctrina de la generación expóntanea, residía en la dificultad de poder explicar con claridad las complicadas evoluciones de los vermes, y aún la entonces imposible tentativa de poder dar una explicación satisfactoria sobre el estado vesicular de la Toenia echinococcus. Sin embargo los trabajos efectuados en la última mitad del siglo pasado por notables helmintólogos, sobre las aparentes complicadas evoluciones de los parásitos, han hecho relegar la teoría de la generación espon- tánea á los archivos de las curiosidades históricas, al lado de tantas otras teorías que corno la del flogisto, sirvieron durante un cierto período para poder explicar-el números de fenómenos conocidos, pero que se derrum- baron ante la avalancha de los nuevos conocimientos alquiridos por la observación y la experimentación, llenos de verdad neta y sencilla. Existen parásitos que ejercen el parasitismo durante todos los pe- ríodos de su vida: llámanse parásitos perfectos. Aquellos que durante cierto lapso de tiempo pueden hacer vida libre son parásitos imper- fectos. La vida de los parásitos puede fraccionarse en tres períodos: estado embrionarios que lo pasan en el enterior del huevo, excepto el caso de que seán vivíparos, y en diversos medios; estado larvados transcurrido la mayoría de las veces para los parásitos perfectos en el interior de los tejidos del huésped: y estado adulto que generalmente lo pasan en las cavidades orgánicas en comunicación con el exterior, con especialidad en los aparatos pigestivo, respiratorio y urinario. 18 PARASITOLOGÍA ANIMAL Los parásitos imperfectos pueden ejercer su vida parasitaria en el esta- do larvado y ser libres en el resto de su vida (ejemplo, muchas larvas de Oéstridos, Tetronícidos): pueden ser libres en el estado embrionario y pará- sitos en el estado larvado y adulto (ejemplo, algunos Bothriocephálidos, Distomideos); pueden ejercer su vida parasitaria en un mismo huésped du- rante los dos estados ó pueden evolucionar de dos huéspedes, en cuyo caso el primero se llama intermediario, (para el estado larvado), y el segundo, principal (para el estado adulto); pueden aún ser libres en el estado embrio- nario y larvado, y parásitos en la forma adulta (ejemplo, Rhabdonema inte- stinale, etc.) La parasitología nos ofrece pocos ejemplos de parasitismo completo, y estos es menester ir á buscarlos entre los ecto-parásitos que pasan toda su existencia en la piel del huésped: (Pedicúlidos Sarcóptidos). Si arrojamos una mirada sobre la zoología, veremos que los animales superiores no ejercen el parasitismo y que es menester descender de los ver- tebrados para encontrar los primeros parásitos entre los artrópodos, obser- vándolos luego de lleno entre los vermes y protozoarios. Si por otra parte, al par que estudiamos el parásito, observamos el huésped, podremos inducir de que éste siempre pertenece á un tipo superior al parásito. Así encontra- remos multitud de artrópodos, vermes, etc., parásitos de vertebrados, y aun podremos observar también un parásito protozoario que tenga por huésped un verme, ó un verme que tenga por huésped un artrópodo. Este es el principio de biología que rige al Universo, la subordinación del parásito con respecto al huésped, la inferioridad orgánica del primero con relación al segundo. Los medios de unión de que se sirve el parásito para adherirse al hués- ped, varían con las especies y con los estados. En el estado embrionario, obsérvase la existencia de pequeños ganchos, espolones, dientes, flagelos, que sirven al embrión para abrirse paso á través de los tejidos, buscando el órgano en donde va á radicarse durante el estado larvado. En el período de larva la unión es pasiva; á lo sumo se forma una capa protectora que aísla la larva de los tejidos que le rodean (quiste). En el estado adulto, los órganos de adhesión se han desarrollado y hay algunos que adquieren una energía notable; ellos consisten: en ventosas, cu- yo número suele variar: (cuatro en la denla Sagínata y flavo-punctata, dos en el Distoma Hepaticump, en botridies, como en los botriocéfalos; en ventosas y ganchos á la vez, como en la Tenia Madagascariensis, Canina', y en cápsulas dentadas como en el Ankilostoma duodenale. Los ecto-parásitos se adhieren á la piel mediante espolones que pre- sentan en el rostro, ventosas que llevan en las patas, Sarcóptidos y uñas gan- chosas, Pedicúlidos. PARASITOLOGÍA ANIMAL 19 Son los parásitos en general, animales de reproducción fecundísima, y la naturaleza por compensación, parece haberles dotado de un aparato pro- creador verdaderamente maravilloso. Las evoluciones que sufren en los huéspedes son más ó menos complicadas y hay algunos que se desarrollan desde el estado embrionario hasta el estado adulto en un mismo animal, mientras que otros precisan dos huéspedes para su evolución completa. Los parásitos pueden ser ovíparos y vivíparos. Los primeros, que son más numerosos, se'propagan por medio de huevos que deben ser transpor- tados por diferentes medios, para asegurar su vitalidad y diseminación. Algu- nos, como por ejemplo, el Ascaris lumbricoides, el Ankilostoma duodenale, el Tricocephalus hominis, nos ofrecen un desarrollo directo. Los huevos de- positados á millares por el animal en el tubo digestivo del huésped, son ex- pulsados al exterior con las sustancias excrementicias de este último. Arrastrados luego por los vientos, las lluvias, son diseminados por los campos, las aguas, consiguiendo estacionarse algunos sobre las plantas de cultivos, pastos que sirvieron de alimentación á los animales herbívoros, le- gumbres que, como «las ensaladas, no han menester de cocción, para poder ser ingeridas en el tubo digestivo del hombre, ó sobre las aguas que tanto el hombre como los animales beben sin someterlas á una calefacción pro- longada. De estos huevos, la mayoría se destruyen por infinidades de cau- sas destructoras contra las cuales tienen que luchar los parásitos: exceso de calor ó de frío, sequía, falta de huésped, equivocación de este último, etc.; pero es suficiente con que algunos hayan acertado con él, para que la pro- pagación se efectúe de una manera prodigiosa y no se estirpe la especie. Llegados al aparato digestivo, el jugo gástrico del estómago pone el embrión en libertad y éste adquiere sucesivamente su estado larvado y adulto, para localizarse en el intestino, su mansión habitual. Otros parásitos ovíparos nos presentan evoluciones más complicadas. La Tenia Saginata deposita sus huevos en el tubo intestinal del hom- bre, (huésped principal^ siendo eliminado al exterior con las materias fe- cales. Arrastrados por los agentes externos son llevados á los campos, ríos, lagos, pantanos, y luego introducidos en el aparato digestivo del buey, (hués- ped intermediario), mediante las plantas que le sirven de alimento ó las aguas de consumo. El jugo gástrico del estómago de este animal disuelve la cásca- ra y pone en libertad al embrión exacanto, que, para no ser destruido por el líquido estomacal, se vé obligado á atravesar la pared intestinal, emigrar á través del torrente circulatorio y localizarse en los músculos, en donde estos últimos proliferan formándole una cubierta de protección que lo aísla de los tejidos que lo rodean (formación del Cysticercus bovis). Este cisticerco, que constituye el estado lavardo de la Tenia Saginata, está condenado á una muerte segura, si un animal de organización superior, (el hombre), no ingie- re la carne del buey, y con ella el cisticerco. El jugo gástrico del estómago 20 PARASITOLOGÍA ANIMAL del hombre disuelve las paredes del quiste, pone en libertad la larva, que pasa al intestino para adherirse enérgicamente á la mucosa intestinal me- diante las cuatro ventosas que ha desarrollado. Allí crece hasta adquirir el estado adulto y eliminar huevos que efectuarán el mismo ciclo evolutivo. La Tenia Solium nos ofrece una evolución semejante en dos huéspe- des, con la diferencia de que el huésped intermediario es el cerdo. El Botriocephalus latus nos preséntala particularidad de tener por hués- ped intermediario un pez. Eliminados los huevos al exterior, y después de una estadía de 6 á 8 me- ses en el agua, eclosionan, poniendo en libertad al embrión ciliado que pue- de vivir varios días á la espera del huésped intermediario, sollos y Iotas, ó de otros peces más pequeños en donde estos embriones adquieren un pri- mer estado larvado, para ser devorados después por los sollos y Iotas que dan lugar al estado larvado perfecto. En estos animales obsérvase en el es- pesor del tejido muscular, distribuidas con toda irregularidad, las larvas de Botriocéfalo, que toman el nombre deplerocercoides y que no están enquista- dos como los cistecercos de Tenia Saginata. Estos peces ahumados ó mal cocidos, en los cuales el plerocercoide no ha sido destruido por un exceso de temperatura, son llevados al aparato digestivo del hombre. El plerocercoide pasa entonces al tubo intestinal, en donde se fija enérgicamente mediante sus botridies, crece y desarrolla, originando el Bo- triocéfalo adulto que depositará á su vez huevos que eliminados al exterior ejecutarán iguales evoluciones. El Distoma hepaticum necesita como huésped intermediario un pe- queño molusco, la Lymnoe truncátula. Los huevos del Distoma expulsados al exterior y llevados al agua, deben permanecer en ésta de 40 á 50 días para que se efectúe la eclosión. Llegado á su perfecto desarrollo, el embrión ciliado mediante enérgi- cas contracciones de su cuerpo y con ayuda de su espolón cefálico, sale del huevo, nada con rapidez, busca á la Lymnoe truncátula para penetrar en sus tejidos para transformarse en esporocystos, que á su vez dan lugar á las mórulas, tedias y cercarías. Estas últimas abandonan el huésped, vuelven al agua, nadan y se en- quistan en las hojas de las yerbas y pastos que se hallan en las márgenes de los arroyos y lagunas. Los animales herbívoros se contaminan comiendo los pastos infectados de cercarías, ó ingiriendo el gasterópodo que les sirve de huésped inter- mediario. El hombre se infecta bebiendo aguas contaminadas por cercarías, que no han sido sometidas á filtración ó cocción alguna, ó comiendo berros que crecen especialmente en lugares pantanosos y en los cuales pueden ha- ber cercarías enquistadas. Una vez introducidas las cercarías en el aparato digestivo del huésped PARASITOLOGÍA ANIMAL 21 principal, llegan al duodeno, remontan por el canal colédoco para ganar los canalículos biliares y la vesícula biliar en donde adquieren la forma defi- nitiva. Los entoparásitos vivíparos nos ofrecen también evoluciones bastante curiosas. La Trichina espiralis tiene la particularidad de que los embriones pa- san su estado larvado en el huésped de la madre, pero estas larvas no pueden adquirir su estado'sexual en el animal en el cual han nacido. Las larvas enquistadas viven en el espesor del tejido conjuntivo, en el intersticio de las fibras musculares de numerosos animales, entre los cua- les uno de los más comunes es la rata. Estos quistes están destinados á una muerte segura, si un animal no in- terviene devorando al huésped que los contiene é ingiriéndolos en ellos. Las mismas ratas que se devoran entre ellas, numerosos animales carnívoros que comen fragmentos de carne que contienen larvas del parásito, se encargan de suministrar el huésped deseado. Disueltas las parades del quiste por los jugos estomacales, la larva adquiere uno ó dos días después el estado adulto, y comienza en seguida la reproducción. Los huevos eclosionan el útero de la Trichina, y los embriones caen en la cavidad intestinal saliendo por la vul- va de la madre, seis días después de la infección. Estos embriones se apre- suran en abandonar el tubo intestinal, perforan las parades valiéndose de su extrema delgadez, é introducidos en el torrente linfático ó aún deslizán- dose en el tejido conjuntivo que envuelve las visceras llegan á los diversos órganos y en particular á los músculos, su sitio predilecto. Allí el embrión se arrolla en espiral, produce un proceso inflamatorio que hace proliferar al tejido conjuntivo, y se recubre de una cubierta que forma el quiste y lo aísla de los tejidos vecinos. Los tres períodos de la vida parasitaria se pasan en el mismo huésped. La Filaría sanguinis hominis pone sus huevos imperfectos ó embrio- nes ya formados, en los ganglios ó vasos linfáticos en donde reside. El hués- ped intermediario es la hembra del mosquito, que al sorber la sangre del hombre durante la noche, ingiere cantidades de embriones, pues éstos pre- cisamente invaden la circulación periférica durante el estado de reposo. Esos embriones llegan al aparato digestivo del Culícido, perforan las túnicas intes- tinales y se radican en los músculos del protórax. Poco tiempo después estos músculos degeneran, los embriones los abandonan y se dirigen hacia la trompa, región en donde se acumulan. Las larvas son introducidas luego en el torrente circulatorio del hués- ped principal cuando la hembra del mosquito succiona al hombre y es en el sistema vascular en donde van á adquirir el desarrollo definitivo. La Filaría Medinensis después da fecundada, dé lugar á embriones que caen al suelo con el pús de los abscesos que originan en diferentes 22 PARASITOLOGÍA ANIMAL puntos de la piel del huésped principal. Arrastrados por la lluvia, los vientos, hasta las lagunas y pantanos, buscan el cuerpo del huésped intermediario que se halla representado en este caso por los Cíclopes, pequeños crustá- ceos que viven en las aguas estancadas. Allí adquieren el estado larvado, y esperan que el hombre los ingiera con el agua de consumo que no ha su- frido filtración, ni cocción previa, para ir á radicarse luego debajo del tegu- mento, en donde adquirirán su forma definitiva. El Rhabdonema intestinale nos presenta la particularidad de ofrecer dos fases evolutivas, una libre, otra parásita. La forma parásita, á la cual se le ha dado el nombre de Strongyloides intestinales, por su semejanza con el Strongylus, vive al estado adulto en el intestino del hombre. Este animal, que es seguramente hermafrodita, pues aún no ha sido encontrado el macho, pone en el tubo intestinal los huevos, que van á transformarse inmediatamente en embriones. Eliminados estos últimos al exterior con las materias fecales del huésped, se desarrollan, adquieren el estado de larva Rhabditóidea, que llegan por último á la madurex sexual, efectúan la conjugación, pudiendo las hembras eliminar huevos 24 horas después. En este segundo estado de adultez, en que existe una verdadera diferenciación sexual el parásito toma el nombre de Rhabdonema stercora- lis. A su vez los huevos del Rhabdonema stercoralis, van á pasar sucesiva- mente por las fases de embrión y de larva strongylóidea la cual introducida en el tubo digestivo del hombre, se va á desarrollar, adquirendo de nuevo la forma adulta del Strongyloides intestinalis. La propagación y evolución de los ecto-parásitos se efectuán de una manera muy sencilla. Basta una hembra fecundada de Sarcoptes scabioei, transmitida por contacto de la mano, por las ropas de cama en los hoteles ó ropas de baño en los balnearios, para poner sarnoso á un individuo en poco tiempo. El Pediculis capitis y el Pediculis vestimenti se propagan por con- tacto directo y por las prendas interiores de vestir, entre gentes que olvidan los elementos más rudimentarios de la higiene. El Pthyrins inguinalis se trasmite durante las aproximaciones sexuales. Algunos ecto-parásitos ofrecen la particularidad de ejercer su parasi- tismo durante el período larvado. El Gastrophillus equí es un díptero que deposita sus larvas en la piel del pecho del caballo, irritándola y produciéndole un fuerte escozor, que obliga al animal á lamerse. Introducidas por medio de la lengua al aparato digestivo, se fijan en el estómago mediante desarrolladas mandíbulas, hasta que adquirido el desarrollo completo, son eliminadas al exterior con las ma- terias fecales, que dejan al insecto en libertad. La hembra del Dermatobia noxialis abandona sus larvas en la piel del buey, del perro y aún del hombre. Estas larvas armadas convenientemente, penetran en los tegumentos y determinan la formación de tumores que PARASITOLOGÍA ANIMAL 23 segregan materias purulentas, hasta que una vez terminada la evolución, la larva sale para completar su desarrollo en el suelo. Los medios de defensa de que se sirve el huésped para protejerse del parásito son muchos y causan verdaderamente extrañeza, á primera vista, antes de entrar en meditaciones razonadas, observar como los parási- tos que se vén obligados á sufrir tantos reveses determinados por las incle- mencias de la naturaleza y por hábitos de herencia que les legaron sus antepasados, pueden resistir y propalarse de una manera tan prodigiosa como se propagan. Aquellos que evolucionan en un solo huésped, son destruidos sobre todo durante el período de tiempo más ó menos largo en que el huevo aban- donado á los agentes externos, tiene que dar libertad al embrión y éste bus- scar al huésped principal. La mayoría de ellos se pierden; unos víctimas de de un exceso ó defecto de temperatura: otros condenados á muerte segura por no haber podido dar con el animal que sus padres le legaron como huésped; otros en fin por haberse equivocado y no haber podido resistir al medio ambiente suministrado por el animal en cuyo organismo se alojaron. Los parásitos que ofrecen evoluciones más complicadas, están sujetos á un número mucho mayor de causas de destrución, y son poquísimos los que logran salir triunfantes después de tantos contratiempos y visici- tudes. Recuérdese que están sujetos á los mismo lances que los anterio- res y que aún tienen que luchar con las dificultades de no encontrar ó equivocar al huésped intermediario: y luego después de haber adquirido el estado larvado, poseer la suerte de ser devorado por el huésped prin- cipal que no siempre interviene en un momento oportuno. La edad del huésped parece desempeñar un rol poderoso en el de- sarrollo de los parásitos. El Ascaris lumbricoides abunda frecuentemente en los niños pero no se le encuentra en el adulto; los cysticercus cellulosae ponen leproso al cerdo especialmente en la juventud; la Ir ichina espiralis infecta con mayor facilidad á los cachorros que á los perros adultos. Si á todas estas causas se agregan las precauciones que toma el hombre para evitarse la molestia de tan perjudicial vecino, la destruc- ción mediante los filtros de infinidad de huevos de Ascárides. Tenias, Oxiurios, Distomas, Ankilostomas; la eliminación por medio de la cocción de los cistircercos y cisticercoides de las Tenias, de los plerocercoides de los Botriocéfalos, de las cercarías de los Distomas, se preguntará como después de tantas y tan poderosas causas de destrucción consiguen estos animales no solamente no extinguirse, sino aumentar su número día á día. El factor poderosísimo de defensa del parásito consiste en la maravillosa fecundidad de su aparato reproductor. 24 PARASITOLOGÍA ANIMAL El número de huevos que encerraba un Botriocéfalo examinado por Escrich, era de diez millones, pudiendo llegar á doce millones en el Oxiu- rus vermicular i s, á quince millones en la Toenia Saginata, y hasta á 50 y 60 millones en el Ascaris lumbricoide. La influencia patogénica que los parásitos ejercen sobre los huéspedes es varia, habiendo algunos que pueden desempeñar sus funciones parasi- tarias sin lesionar mayormente los órganos en los cuales viven, mientras que otros producen perturbaciones talmente notables que concluyen con la existencia del animal que les sirve de alojamento. A pesar de la hermosa frase de Davaine, que dice que el ser que vive de otro se le asocia^ y su interés está en conservarlo y no en destruirlo y de la no menos falsa de Moquin-Tandon que sostiene que los verdaderos parásitos no matan al huésped, sino que se adecúan á su vida, sin compro- meter su existencia, porque la muerte del huésped acarrea la del parásito, podemos afirmar en regla general que la presencia de este último es siempre causa para el primero de perturbaciones más ó menos grandes, de lesiones más ó menos extensas que muy á menudo suelen terminar por un desenlace fatal. Los ecto-parásitos no son tan temibles como los ento-parásitos bajo el punto de vista patológico, y esto se explica fácilmente por la diferente radi- cación de unos y otros. Los pedículos, Acaros, Ptirius, ocasionan á veces pruritos insorportables, violentas dermatosis, pero que no pueden hacer peligrar la vida del hombre que los posee. Los ento-parásitos, por el contrario, pueden producir accidentes de grandísima importancia, debido á que los parásitos no pueden vivir en ciertos órganos de la economía sin hacer sufrir á todo el organismo graves alteraciones. La especie del órgano seleccionado es un gran factor, del cual depende en gran parte la gravedad de la lesión. Los parásitos que habitan en el intestino, raras veces concluyen con la existencia del paciente. Los Oxiuros, Tricocéfalos, Ascárides se reducen á provocar frecuentes anemias acompañadas de fenómenos reflejos de parte del sistema nervioso; las Tenias determinan neuralgias y parálisis parciales, dolores gástricos, perturbaciones visuales, prurito en la nariz y en el ano, aumento ó pérdida de apetito, dilatación de las pupilas etc. A veces y en los casos más graves suele manifestarse la acción parasitaria por ataques epi- lépticos, hemiplegias, insomnios, cefalalgias, etc. En cambio aquellos parásitos que se radican en otros órganos suelen producir enfermedades más ó menos funestas. La Bilharzia haematobia que vive en el aparato circulatorio produce una enfermedad endémica, la Bilharziosis, que si no siempre mata, constan- temente debilita y extenúa, por las frecuentes hemorragias vescicales ó rec- tales, por la pérdida del apetito, y por los sufrimientos mortificantes que PARASITOLOGÍA ANIMAL 25 determina en el paciente. La muerte puede sobrevenir; por ruptura vescical, por pielonefritis ascendente, por albuminuria y uremia y por anemia pro- funda. Otro parásito, Filaría Sanguinis hominis, que vive en el sistema cir- culatorio, es el causante de las graves enfermedades conocidas con el nombre de Elefantiasis de los Arabes, quiluria y hemato-quiluria. Entre los animales que se alojan en el tejido conjuntivo que sirve de intersticio á las fibras musculares, se halla la Trichina espiralis. Una sola hembra fecundada puede dar lugar á accidentes medianamente graves, pero un número de ejemplares mayor puede concluir con la vida del huésped, en medio de los dolores más atroces. Los siguientes ejemplos sirven para comprobar el factor considerable que desempeña la calidad del órgano lesionado. Un solo Eustrongylus gigas, ubicado en el riñon, produjo la muerte del paciente, é iguales resultados pueden determinar la presencia de un Echinococcus en el cerebro ó la de un cysticerco que en lugar de localizarse en los múscu- los de la economía, fuera á radicarse en la válvula mitral del corazón. Los quistes hidatídicos son otras de las enfermedades más funestas que pueden sobrevenir al hombre, y que desgraciadamente se han gene- ralizado entre nosotros. Originados por las larvas de la tenia echinococ- cus, y localizados en el hígado, pulmón, riñon y bazo, suelen arrastrar al huésped á la muerte, si no interviene con premura el hábil bisturí de un cirujano. TRASMIGRACIONES Numerosas teorías han sido expuestas para explicar el interesante problema de las evoluciones parasitarias incomprensibles en los primeros pasos de la Parasitología, y que explican tan satisfactoriamente en el presente los fenómenos ante los cuales escollaban los parasitólogos del siglo diez y ocho y primera mitad del siglo diez y nueve. Leuckart, Moniez, Sabatier, con sus constantes estudios y pacientes investigaciones, han tratado de elucidar este punto, mediante una série de teorías, cuyo resúmen claro y suscinto ha sido hecho esmeradamente por el Dr. Cantón, y que nosotros extraemos integralmente de su tra- tado de Parasitología: «Para Moniez, las emigraciones son de origen primitivo y no res- ponden á una causa ó razón de orden morfológico como otros suponen, 26 PARASITOLOGÍA ANIMAL pues no podría explicarse satisfactoriamente el hecho de que, grupos de animales de organización tan diferente como son los Cestoides, Nematodes y Linguátulos, tengan, sin embargo4 emigraciones tan seme- jantes. Según este sabio, los embriones de aquellos animales que se nu- tren con materias putrefactas (saprófagos) al estado libre, pueden llegar, como anteriormente se dijo, mediante el agua ó los alimentos, al aparato digestivo de varios animales. l.° Una vez allí, el jugo gástrico los des- truye en su mayoría; 2.° pero otros de mayor resistencia han conseguido aclimatarse al nuevo medio y desenvolverse in situ; tal acontece con los Ascárides, Oxiurus, Iricocéfalos, etc. 3o Finalmente un buen número de otras especies de embriones, menos desarrollados ó dotados de una fa- cultad de adaptación menor, llevados así algo bruscamente á un medio para el que no estaban preparados, y viéndose expuestos á una muerte segura, perforaron las túnicas intestinales (mediante ganchos ó sin arma- dura alguna, como pasa con los embriones de la Trichina espiraos) yendo á caer en la cavidad abdominal y á los vasos sanguíneos ó linfá- ticos que les sirvieron de canal conductor á diferentes regiones del cuerpo del huésped. Tales fueron las causas primitivas y la manera de producirse la primera faz ó etapa trasmigratoria de los entozoarios. Aquellos de los embriones que fueron á parar al aparato circulatorio consiguieron: unos adaptarse al medio ambiente y adquirir la madurez sexual, como se ve en el Aspidogaster y el Archigetes; otros como la Lígula, no pudieron más que desarrollar los rudimentos del aparato reproductor, y la mayor parte, conducidos á la intimidad de los órganos, fueron enquistados por un movimimiento aislativo, de los tejidos del huésped. Estos, como los que cayeron á la cavidad abdominal, pudieron cre- cer rápidamente merced á la nutrición sobre abundante de que dispo- nían, desarrollando ciertos órganos y aparatos hasta adquirido el estado larvado. Pero estas larvas no pudieron volver al intestino que antes aban- donaron, por el tamaño adquirido, y sobre todo porque la cápsula quística que las rodeaba no se lo permitía, (ejemplo: los diversos Cysticercos), Así establecidas las cosas, tres suertes distintas pueden correr tales larvas; Io permanecen indefinidamente enquistadas si han equivocado de huésped, como se observa en los parásitos erráticos, y entonces les espera segura muerte por calcificación; 2o ó bien devorado el primer huésped por un animal de organización superior, generalmente un carnicero, ingiere los quistes, y las acciones químicas y mecánicas del intestino, destruyen quiste y larva, si la organización de ésta no lo permite resistir las influen- cias del medio que actúa en el segundo intestino que visita. El tercer oaso es el más favorable al parásito; 3o destruido el huésped interme- diario por otro animal carnívoro, cuyo jugo gástrico sea menos activo que PARASITOLOGÍA ANIMAL 27 el del precedente, disuelve el quiste y deja en libertad la larva; ésta, que acaba de efectuar asi una emigración pasiva (pues su voluntad para nada interviene) llega, por obra de la casualidad, á un medio más hospitalario en el que se aclimata, vive y se desarrolla hasta la madurez sexual, favorecida por elementos nutricios más poderosos, como son los que cor- responden á los huéspedes definitivos que tienen organización más elevada. Reproducidos en el segundo medio, la ley de la herencia se encar- garia de perpetuar las trasmigraciones, pues los descendientes lleva- rían en su ser la tendencia á repetir el mismo ciclo evolutivo de sus antepasados. Son estas evoluciones las que ofrecen numerosas lóenlas (solium, saginata, sen ata, etc.), y la misma Tóenla murina, que antes se creía evolucionaba sin previo enquístamiento en un solo huésped y que Grassi ha demostrado que su embrión exacanto, no permanece libre en el in- testino, sino que perfora una papila intestinal y se aleja en su interior hasta desarrollar el aparato de fijación, convirtiéndose en larva. Terminado este período, la papila se rompe y deja caer, á la ¿cavidad intestinal, la cabeza de la futura tenia que se adhiere á las vellosidades y crece. Tan curiosa evolución demuestra que la emigración es un hecho de orden primitivo. Por otra parte, no es el único caso que se podría citar, porque, según Leuckart, el Strongylus equinas se comporta de idéntica manera así como cierta tenia del caballo. Moniez, anticipándose á los argumentos que pueden oponerse á su teoría, plantea y resuelve las tres siguientes cuestiones: l.° ¿Cómo explicar el hecho, tan frecuente, de que el embrión no puede desenvolverse directamente hasta el estado adulto en su huésped definitivo? Si en realidad es esa la regla de que la mayoría de los embriones no se desarrollen directamente en el huésped definitivo no quieren decir que falte un regular número de excepciones, pues se han mencionado anterior- mente varias especies de vermes intestinales que se desenvuelven directa- mente en el aparato digestivo dei único huésped que poseen. Pero no es difícil la explicación del porqué, la generalidad de los em- briones, están imposibilitados para desarrollarse directamente en el huésped definitivo. Por lo pronto ya sabemos que los embriones carecen de órganos de fijación y que, con frecuencia, su organización es tan débil que se ven obligados á emigrar precipitadamente de un medio para el que no están pre- parados, antes de ser destruidos por los jugos digestivos. Por eso emigran, unos al exterior volviendo á la tierra, y otros al interior de los tejidos, hacién- dose así imposible el desarrollo directo; los primeros siguen la evolución na- tural en varios huéspedes, y los segundos quedan expuestos á no pasar de estado lavardo en la intimidad de los tejidos del huésped. 28 PARASITOLOGÍA ANIMAL Un ejemplo hará más evidente la explicación. La Toenia solium tiene por huésped definitivo al hombre, y de intermediario al cerdo; sus embriones no pueden alcanzar el estado adulto en el mismo hombre, porque carece de todo aparato de fijación (ventosas, ganchos) y la organización es imperfecta; entonces son eliminados con las materias residuarias en busca del huésped intermediario, donde deberán prepararse, para adquirir el estado adulto en el huésped definitivo á que irán más tarde. Pero si alguno de sus embriones, por un movimiento de regurgitación intestinal ó mediante el agua de consumo, fuera á parar al estómago del mismo hombre que lleva la tenia al estado adulto, ese embrión, puesto en libertad por el jugo gástrico y ante el peligro de ser disuelto por él, perfora las túnicas, como lo hace en el cerdo, y va á convertirse en larva en el inte- rior de los tejidos, larvas que, como se comprende, no podrán llegar al esta- do adulto porque el hombre no es antropófago. Luego, pues, los embriones pueden desenvolverse en el huésped defi- nitivo y en diversos animales de la misma especie, pero hasta el período lar- vado solamente, por ser muy raro que animales de idéntica especie se entre- devoren, y no les está dado alcanzar el desarrollo completo en el huésped de- finitivo, por la falta de órganos adecuados y de resistencia al medio intestinal. 2.° ¿Porqué las larvas no se desenvuelven y adquieren el estado per- fecto cuando, por casualidad ó experimentalmente, llegan al aparato diges- tivo de otro animal de la misma especie que el huésped intermediario? La influencia hereditaria es la única que puede explicar este hecho de observación común. El hábito, acentuado por generaciones sin cuento, de emigrar en animales de especie determinada, ha adaptado de tal manera las larvas al medio del huésped que, al estado adulto, las albergas ordinaria- mente, que las vuelve inaptas para desenvolverse en animales de otra especie cuando las introduce con fin experimental. Asimismo existen excepciones cuando se trata de entozoarios de ani- males que se entredevoran, como las ratas y á veces los cerdos. La Trichina espiralis vive al estado larvado en las ratas y estas larvas adquieren el es- tado adulto en el aparato digestivo de otras ratas. La T. solium en el cerdo ofrece otro ejemplo análogo. Mas lo común es que seres de la misma especie no se coman entre sí, de manera que la herencia ha intervenido siempre en el sentido de hacerse imposible el desarrollo de las larvas en animales de idéntica especie á la de aquel en que alcanzaron el estado larvado. Por el contrario, las cosas se han establecido de tal manera, que las larvas completan su desorrollo en otros animales de especie diferente al huésped primitivo, y colocados en ran- go superior en el escalafón zoológico. Son los animales de organización más elevada los que destruyen y se nutren de los seres inferiores, y es por esta causa que el estado larvado se ve en los últimos y el de imagen en los PARASITOLOGÍA ANIMAL 29 primeros. Interesante fenómeno biológico que demuestra cómo la destruc- ción de los seres superiores, en la lucha por la vida, es la clave que perpetúa la existencia de otras individualidades inferiores que viven parasitaria- mente. Es así como las larvas que albergan los Invertebrados, adquieren el estado,adulto en los Vertebrados: las que viven en los Vertebrados peci- lotermos (peces, reptiles) completan su desarrollo en los Vertebrados ho- meotermos (aves, mamíferos); las de los Mamíferos inferiores (roedores, in- sectívoros, arciodáctilos, rumiantes y no rumiantes, etc.), en los Mamíferos superiores (carniceros y primates), constituyendo un encadenamiento gra- dual que lleva al zoólogo, una vez conocido el huésped definitivo de pará- sito, á buscar el intermediario entre el grupo de animales que más comun- mente son presa y alimento del primero, con grandes probabilidades de en- contrar la larva en algunos de ellos. 3.° ¿Cómo explicarse que un parásito determinado, no pudiendo radi- carse y crecer al estado embrionario en el instestino del primer huésped del que huye tan luego como llega, y que, sin embargo, pueda más tarde des- envolverse hasta la forma adulta en el intestino de otro animal? Basta recordar los cargos morfológicos que sufre el embrión después de abandonar la cavidad intestinal, para responder satisfactoriamente la pre- gunta. Se ha dicho con verdad que la primera emigración del embrión, emi- gración activa, se efectúa por instinto de conservación, el embrión huye del intestino por temor de ser destruido, pues sus tejidos elementales no están preparados para resistir las acciones químicas y mecánicas del nuevo medio. Al pasar al estado larvado, crece y se organiza mejor proveyéndose de una cutícula ó pellejo resistente de que antes carecía, y que le permitirá substraerse á la acción disolvente de los (líquidos intestinales del segundo huésped. Se provee también de órganos de fijación, consistentes en vento- sas como en los Cestoides, en batridies como en los Botriocéfalos, en trom- pas armadas de ganchos como en los Acantocéfalos, en ventosas y ganchos á la vez que como en las Tenias armadas, etc., etc., aparatos de adhesión que principian á desarrollarse en el período larvado y adquieren completo desenvolvimiento en el estado adulto. Preparado así el embrión primitivo, y convertido en larva, espera la segunda emigración, que es puramente pasiva; el huésped definitivo inter- viene en este momento, por obra de la casualidad, devora al intermediario y pone en libertad la larva, pero ésta, que ya viene provista de un convenien- te revestimiento cuticular, nada tiene que temer á las influencias del nuevo medio; la adaptación, imposible al estado embrionario, se establece sin difi- cultad después del estado larvado, y el aparato de fijación, perfeccionándose al crecer, mantiene sujeto al parásito á las paredes intestinales del segundo huésped, impidiendo su arrastre y eliminación. 30 PARASITOLOGÍA ANIMAL Conviene asimismo recordar que si en la generalidad de las trasmigra- ciones pasan las cosas en la forma descritas, existen algunos parásitos de desarrollo directo cuyos embriones, mejor organizados que los de los gru- pos anteriores, consiguen resistir y adaptarse al medio intestinal del pri- mer huésped, como sucede con el Ascáris lumbricoides, drichocephalus hominis y otros muchos casos que impiden sentar como principio absoluto- la emigración de todo embrión á través de las túnicas intestinales. Resueltas las anteriores cuestiones, Moniez concreta su hipótesis, sobre las emigraciones primitivas, en las cinco conclusiones que reproduciremos textualmente: l.° Han sido en general animales saprófagos los que se han conver- tido en entozoarios. 2.° Algunos de aquellos animales se han desenvuelto directamente (sin emigración) en el tubo digestivo. 3.° La mayor parte de los embriones susceptibles de volverse parási- tos, al ser introducidos en el aparato digestivo, lo han abandonado en el acto, emigrando á los tejidos por causa de su ineptitud actual para resistir á las acciones mecánicas y químicas del intestino. 4.° Las larvas enquistadas fuera del intestino se perdieron general- mente, salvo los casos en que, conducidas por la carne de su primer hués- ped, fueron á desenvolverse en el intestino de un carnicero. 5.° El segundo huésped existió desde el origen de los parásitos para las especies emigrantes. Leuckarty Sabatier, al estudiar el problema de las emigraciones, toman la cuestión de un punto de vista diametralmente opuesto al de Moniez. Para aquellos sabios, las emigraciones no son de origen primitivo como lo acepta Moniez, sino las consecuencias de las modificaciones del medio, en que al principio vivían los entozoarios,y que habrían vuelto insu- ficiente al huésped primitivo para el completo desenvolvimiento del parásito. Encarando, como lo hacen, la cuestión en su faz limitada, estudian preferentemente los parásitos de los Vertebrados, y lejos de aceptar que estos seres inferiores tomaron origen (ó se convirtieron en parásitos) cuando aparecieron en la Tierra los Vertebrados, creen que las mismas especies pa- rásitas de la actualidad vivieron en los Inverterbrados, der donde más tarde pasaron al tipo superior de la creación en que hoy los vemos. Lo que sin duda mueve á Leuckart á raciocinar de esa manera, son consideraciones de orden paleontológico, pues reputa poco 'verosímil que tales parásitos no hayan aparecido más que con los Vertebrados, y piensa que es más lógico aceptar que los entozoarios fueron antes parásitos de los Invertebrados, donde adquirían la forma adulta, y que de ellos emigra- ron cuando las modificaciones del medio en que vivían les impidió adqui- rir la madurez sexual. PARASITOLOGÍA ANIMAL 31 Desde luego se le objeta con razón que no existe inverosimilitud al- guna en aceptar que los parásitos de los Vertebrados hayan aparecido con las especies de este tipo, siendo, por el contrario, muy natural suponer que con la aparición de los Vertebrados en el globo se crearon nuevos ele- mentos de vida y que las especies libres que ya existían consiguieron adapta via á las influencias del nuevo medio, como en la actualidad se vé en ciertas especies de Dípteros cuyas larvas pueden vivir en diversos ma- míferos. Por otra parte, existen entozoarios cuyos períodos larvado y adulto lo pasan exclusivamente en Vertebrados, como se ve la Toenia solhim^ 7. Sa- gmata, etc., y que muy probablemente no fueron parásitos de Invertebrados, debiendo haber tomado origen cuando surgieron aquellos huéspedes supe- riores que brindaron, á los futuros parásitos, un medio ad hoc para sus evo- luciones. Antes al contrario, y en el orden de lo verosímil, satisface más al espí- ritu la manera de raciocinar de Moniez cuando supone que las especies pa- rásitas que hoy conocemos, (y tantas otras que se habrán extinguido con la desaparición de los huéspedes que las albergaban) como peculiares á los animales superiores en organización, vivieron libremente en sus primeros tiempos, hasta que con la aparición de los Vertebrados encontraron un nue- vo y favorable medio, al que consiguieron adaptarse. El problema de las emigraciones tiene para Leuckart sólo dos solucio- nes posibles: Ia Los parásitos realizaban la evolución completa en el hués- ped definitivo que hoy les conocemos, hasta que en un momento dado vino á intercalarse el huésped intermediario en el ciclo evolutivo del parásito; 2o En el principio de la vida parasitaria bastaba el huésped intermediario (es decir, aquel donde pasa hoy el período larvado) para el desenvolvimiento completo del parásito, pero más tarde el medio que le proporcionaba el huésped primitivo se debió volver insuficiente hasta el punto de im- posibilitar la madurez sexual del parásito y obligarlo á emigrar. Por la segunda de estas hipótesis se decide Leuckart, y considerando poco verosímil que los entozoarios de los Vertebrados hayan tomado origen tan sólo con este tipo, prefiere aceptar el supuesto de que antes vivieron y evolucionaron completamente en los Invertebrados hasta que se volvieron poco á poco incapaces, por una complicación embriogénica, de terminar su desarrollo en la cavidad intestinal. Recién fué que los embriones de tales Helmintos abandonaron el aparato digestivo para buscar alojamiento en los tejidos, practicando así la primera emigración. Encerrados aquellos embriones en los quistes formados por el hués- ped, no pudieron alcanzar su completa madurez y se convirtieron en larvas en los tejidos del mismo huésped donde sus progenitores vivían al estado adulto, es decir, en Invertebrados. 32 PARASITOLOGÍA ANIMAL En este oportuno momento debió intervenir el segundo huésped, un Ver- tebrado, para que al nutrirse con el que tenía que pasar de huésped definitivo á intermedialio, pusiera en libertad á las larvas y diera ocasión de obtener su completo crecimiento. Deesa manera se había establecido, en el concepto de Leuckart, el paso de los Helmintos, ó gusanos intestinales, de los Invertebrados al tipo de los Vertebrados, pues, como se deja dicho, no reputa aceptable la opi- nión de que los parásitos de los Vertebrados tan sólo hayan surgido ó con- vertidos en parásitos, posteriormente á la aparición de este grupo de se- res superiores. La parte vulnerable de la teoría de Leuckart se encuentra, á no dudar- lo, en esa especie de desadaptación al medio primitivo en que el parásito se desarrollaba, y donde habría perdido gradualmente, y por razones difíciles de explicar, la facultad de desenvolverse. En efecto, no se concibe como tratándose de medios que no se modifican sensiblemente, como son los que ofrecen los huéspedes, y cuando la tendencia á repetir la misma serie de fe- nómenos evolutivos se acentúe por herencia de generación en generación, pueda haber llegado un momento, en la vida de los parásitos, en que ya no era posible crecer y desenvolverse como otras veces hasta la madurez sexual, y que los puso en el caso de emigrar á través de la pared in- testinal. Resumiendo la teoría de Leuckart, diremos que ella puede concretarse en las cuatro proposiciones siguientes: Io Los parásitos alcanzaron desde un principio su completo desen- volvimiento en el primer huésped, es decir, en el que hoy tienen de inter- mediario. 2° Poco á poco habrían ido perdiendo la facultad de desenvolverse por completo. 3o Hasta que perdida del todo dicha facultad abandonaron el tubo di- gestivo para ir á alojarse en los tejidos. 4o El segundo huésped, ó sea el definitivo, intervino oportunamente en ese momento, y poniendo en libertad la larva le permitió desarrollarse por completo en su interior. Apreciando la importancia de esta teoría, Moniez vierte el juicio que va en seguida y que hacemos nuestro: «Por muy interesante que sean las vistas del ilustre helmintologista sobre esta cuestión, la hipótesis que él adopta para explicar la emigración tiene el inconveniente de ser complicada y de mantenerse en vagas genera- lidades que dejan precisamente por resolver el problema de las emi- graciones». La teoría de M. Sabatier sobre el particular coincide en la parte fundamental con la de Leuckart. Desde luego no acepta la hipótesis de PARASITOLOGÍA ANIMAL 33 las emigraciones primitivas, y se reduce á encarar la cuestión de las transmigraciones del punto de vista de los Cestoides tan sólo, de manera que sus conclusiones no pueden aplicarse á otros grupos de parásitos emigrantes como los Nematodes, por ejemplo. Sabatier rechaza la idea de que los Cestoides hayan tenido desde el principio de la vida parasitaria los dos huéspedes que se les conoce, y sostiene como más lógica la suposición de que primitivamente bastaba el hoy huésped intermediario para el completo desarrollo del parásito, coincidiendo así en la manera de pensar con Leuckart. Para él, antes de la aparición de los Vertebrados, los Cestoides se desenvolvían hasta la madurez sexual en el huésped primitivo y único, que más tarde pasó á ser intermediario. Pero llegó un momento, en el correr de las épocas, en que los embriones sintieron la necesidad de perfeccionar su aparato de fijación, por medio de órganos más completos que los tres pares de ganchos del embrión exacanto, y fué entonces que emigraron, á través de las paredes intestinales, para ir á ubicarse en la intimidad de los tejidos del que hasta ese momento había sido huésped definitivo y que principiaba á convertirse en intermediario. Llegado allí, el embrión fué lodeado de un quiste formado por los tejidos del huésped que le apiisionó, condenándole á la inmovibilidad y limitando á proporciones insuficientes la penetración de las materias ali- menticias. Por esta causa el crecimiento se detuvo, y el embrión, habien- do perdido la vitalidad de sus tejidos, se convirtió en una larva hidrópica, designada con el nombre de cysticerco. En tan crítica situación, la larva era incapaz de ir más allá en desenvolvimiento y organización, viéndose, por lo tanto, condenada á vegetar en los tejidos de su huésped durante un tiempo más ó menos largo y á perecer en seguida. Para que ella pudiera tomar nueva actividad orgánica y alcanzar el último grado de su desenvolvimiento, era necesario que alguien la sustra- jera al medio funesto que la rodeaba, y la transportase á otro sitio, donde nuevas condiciones de libertad y alimentación le permitiesen llegar al estado adulto. Estas condiciones se encontraron reunidas en el momento en que el huésped primitivo (que hasta entonces lo era definitivo) en cuyos tejidos los embriones se habían convertido en larvas, pasó á ser huésped intermediario, por haber sido devorado por otro animal de organización superior, que vino á tomar el puesto de huésped definitivo. Ahora bien; como las larvas habían desarrollado un aparato de fijiación perfecto, compuesto de ventosas y coronas de ganchos, al verse libres en el aparato digestivo del segundo huésped se adhirieron á sus túnicas, y favorecidas por una alimentación abundante y nutritiva consi- Parasitología Animal 34 PARASITOLOGÍA ANIMAL guieron desarrollarse, creciendo por brotación hasta formar las cadenas de anillos sexuados que vemos en los Cestoides de la actualidad. Tales son los términos casi textuales con que M. Sabatíer explica su teoría sobre las emigraciones de los Cestoides. El escolla en el mismo punto que Leuckart, pues nadie conseguirá explicar satisfactoriamente por qué razón, parásitos que habían establecido' y acentuado por herencia antiquísima su evolución en un solo huésped,, haya podido llegar un momento en el cual sus embriones, que hasta en- tonces se habían desarrollado directamente, sintieron la necesidad de proveerse de órganos de adaptación (ventosas y ganchos) más perfectos que los rudimentarios del embrión exacanto, y que, persiguiendo tal objetivo, emigrasen á la intimidad de los tejidos del huésped. ¿Y quién nos garante que los Cestoides de actualidad no tuvieron el mismo aj a- rato de fijación que hoy? ¿Acaso la Toenia solium, cuando vivía en su huésped primitivo y único, no tuvo ventosas ni coronas de ganchos? Pero aceptando qne en tan remotas épocas las tenias hubiesen sido inermes y desprovistas de ventosas, y que los embriones emigrasen en busca de estos aparatos de fijación, ¿qué habría sucedido? Que como no todos los centenares de embriones habrían emigrado á la vez, algunos hermanos, por lo menos, obdeciendo á la ley de sus progenitores, dando de esa manera origen á dos líneas divergentes, una de desarrollo directo en el huésped primitivo y otra de emigraciones. bZntre los diversos argumentos que se han formulado contra esta teoría se encuentra el siguiente: Si la primera emigración de los Cestoides respondía á la necesidad sentida por los embriones de proveerse de ór- ganos de fijación, ¿como explicarse que los Nematodes, que carecen de tales aparatos de adhesión, emigren de igual manera? Las teorías deben ser de carácter general y servir para explicar satisfactoriamente la misma clase de fenómenos, aunque ellos se observen en distintos grupos de seres. Dadas estas dificultades, preguntamos: Ya que de teorías se trata, ¿no es más lógicos aceptar aquella que, por su sencillez, claridad y fuerza de raciocinio, menor número de dudas y resistencias levanta en el espíritu? Pensamos que sí, y en tal concepto optamos por la teoría de R. Moniez, aceptando que las emigraciones son de origen primitivo, que los parásitos de dos huéspedes nunca se desarrollan completamente en el intermediario, y que desde el principio de la vida de estos entozoa- rios, los embriones emigraron no tanto por desarrollar aparatos de fija- ción, cuanto por substraerse á la acción destructora del medio intestinal que no estaban preparados á resistir; opinión corraborada por el hecho indiscutible de que organizándose mejor el embrión y muniéndose, du- PARASITOLOGÍA ANIMAL 35 rante el período larvado, de una gruesa criticóla protectora contra las acciones químicas del aparato digestivo del futuro huésped, va más tarde á parar al intestino de otro animal, y entonces resiste, se radica y desarrolla por completo un medio que ya no le ofrece peligro alguno. A más, la teoría de Moniez reune la ventaja de ser general y aplicable, por lo tanto, á las transmigraciones de todos los grupos de entozoarios. Tipo de los Protozoarios Los Protozoarios constituyen por la homogeneidad de su organiza- ción, el escalafón inferior del reino animal. La mayoría de ellos son unicelulares, y aquellos que se hallan formados por varias células pre- sentan una vida independiente en cada una de ellas. Numerosos proto- zoarios se hallan constituidos por una pequeñísima partícula de proto- plama que desempeña las diferentes funciones de nutrición, respiración, reproducción, inervación. La locomoción la verifican mediante movi- mientos ameboidales producidos por las contracciones del mismo proto- plasma. Estos Protozoarios toman el nombre de desnudos'^ en el número de ellos se encuentran las maneras, las amibas. Existen otros en los cuales la sustancia protoplasmática se ha di- ferenciado y se hallan recubiertos ora por una cutícula producida por la transformación de la porción cortical del protoplasma, ora por una caparazón silícea ó calcárea producto de secreción del mismo, como pasa en los Rizopodarios. Carecen de aparato digestivo. La nutrición se efectúa, por el contacto del protoplasma con la sustancia alimen- ticia ó mediante seudopodios, que son finos tentáculos formados por prolongaciones del protoplasma que sirven, no solamente como órganos de aprehensión, sino como órganos de locomoción. Sin embargo, al- gunos protozoarios más complejos (Infusorios) poseen orificios de in- gestión y de egestión, y con ellos un rudimento de aparato di- gestivo. La reproducción es asexual. La mayoría se reproducen por divi- sión y brotación. Sin embargo se han observado casos (ciertos infu- sorios), en que los fenómenos de reproducción, formación de esporos, son muy semejantes á los de la reproducción sexual (Conjugación). La conjugación opérase á menudo entre células enteramente idén- ticas, y no se han observado en este tipo espermatozoides ni óvulos como se observan en otros tipos del reino animal. PARASITOLOGÍA ANIMAL 37 Los zoólogos dividen este tipo en las cuatro clases siguientes: Ri- zópodos, Esporozoarios, Flagelados é Infusorios. Todas ellas encierran parásitos del hombre. En la clase de los Rizópodos estudiaremos: Amoeba coli, Amoeba vaginalis y Amoeba intestinalis. En la clase de los Esporozoarios: Coccidium oviforme, Ciccidium per- Jorans, Eimeria falciformis, Hoematophillum malarioe y Coccidium neo- placicum. En la clase de los Flagelados: Cercomonas hominis, Monocercomonas hominis, Cystomona urinaria, Trichomonas vaginalis, Irichomonas in- testinal is y Megastoma intestinalis. Y en la clase de los Infusorios: Balantidium Coli. Rizópodos.-Caracterízanse los Rizópodos por estar formados por una partícula de protoplasma que puede ser desnudo ó protegido por una cu- bierta calcárea ó silícea. Esta masa protop^smática emite de trecho en trecho prolongaciones ó seudopodios mediante los cuales efectúa los fenómenos de aprehensión y de locomoción. La mayoría son libres y los que hacen vida parasitaria son general- mente desnudos. Viven en la tierra, en el agua dulce y salada, animales, vegetales, etc. Conócense más de 1000 especies actuales y 2000 fósiles. Divídense en cinco órdenes: Moneras, Amibas, Heliozoarios, Radiola- rios y Foraminíferos. Esporozoarios.-Los brillantes trabajos del profesor Scheneider, las delicadas y pacientes investigaciones de Balbiani, Bütschli y Leuckart, han arrrojado viva luz en la historia aún oscura de estos organismos. Su evo- lución ha sido perfectamente estudiada y se ha podido comprobar que po- dían ser clasificados en el vasto tipo de los Protozoarios. Constituye un gru- po de animálculos que despiertan curiosidad tanto bajo el punto de vista de su reproducción como bajo el punto de vista de su valor patogénico. Se reproducen por medio de esporos (psorospermia, navicelas, pseudo-navice- las) que se forman independientemente de toda función sexual, como si fueran esporos vegetales. Por esta razón, Leuckart en el año 1879, les dió el nombre de Esporozoarios. Clasifícanse hoy en día cinco órdenes: Gregaríneos, Coccideos, Sarcos- porídeos, Mixospondeos, Microsporídeos. Los Gregaríneos son parásitos de invertebrados, los Mixosporídeos de los peces, y los Microsporídeos de los insectos. Flagelados.-Los flagelados forman un grupo numeroso de animales que pueden variar en su constitución desde las formas más complicadas hasta las formas más simples. Estos últimos (Cercomonas ramulosa) tienen 38 PARASITOLOGÍA ANIMAL tanta semejanza con las Amibas, que se podría hacer sin grandes dificul- tades un estudio de conjunto. Caracterízanse los flagelados en que sus órga- nos de locomoción y de apresión, están constituidos por uno ó varios fila- mentos ó flagelos, animados de un movimiento muy rápido. No tienen pes- tañas vibrátiles, pero pueden ser más ó menos amiboideos y algunos poseen membranas ondulantes. En esta clase existen numerosas especies parásitas. Infusorios.-Designábanse primitivamente con el nombre de Infuso- rios una serie de animales que vivían en las aguas estancadas y que solo se hacían visibles medíante el microscopio. De este modo los Infusorios de antaño, no solamennte comprendían todos los Protozoarios miscroscó- picos, sino también una gran cantidad de pequeños animales, como los Rota- dores, los Cercarías, los Anguilúlidos y numerosas Algas. Poco á poco el grupo de los Infusorios fué estrechándose y ahora responde á una clase perfectamente definida de los Protozoarios. Los Infusorios fueron descubiertos en 1675 por Leuwenhoek, célebre naturalista holandés. Colocando una sustancia vegetal, una hoja, un frag- mento de tallo, algunas briznas de heno en una porción de agua suficiente para que no se produzca la putrefacción, se observará al cabo de varios días millares de animáculos que surcan el líquido en todas direcciones 5 cuya existencia solo puede ser revelada por el microscopio. Estos animales que han tomado origen de la infusión fueron bautizados por Ledermüller en 1763 con el nombre de Infusorios. La clase délos Infusorios encierra un número inmenso de animales, casi todos invisibles á simple vista. Viven en las aguas dulces y saladas y parásitos de otros animales. En el hombre existe una sola especie parásita. A pesar de su número incalculable, á pesar de la gran variedad de sus fórmulas y extructura, es fácil establecer una clasificación racional de los Infusorios, basándose en la presencia ó ausencia de las pestañas vibrátiles. Los infusorios provistos de pestañas constituyen la sub-clase de los Ciliados que se dividen á su vez en Holotricos, Heterotricos, Peritricos, é Hipotricos, según la disposición de estas pestañas en el cuerpo. Los que carecen de cilias, pero se hallan provistos de tentáculos, forman la sub-clase de los Chupadores ó Tentaculífcros. PARASITOLOGÍA ANIMAL 39 CLASE DE LOS RIZOPODOS ORDEN DE LAS AMIBAS (AMOEBA) Suélense encontrar á menudo en aguas dulces ó saladas, ó aún en la tierra húmeda, seres microscópicos cuya organización es un poco más complicada que la de las moneras. Haciendo macerar en el agua un rami- llete de flores, hallaremos con seguridad amibas. Este ser se asemeja considerablemente á una monera, por su cuerpo desprovisto de tegumento y dividido netamente en dos zonas, ectoplasma y endoplasma, y por su modo de locomoción que se efectúa mediante lobo- podos. Este sistema de progresión había llamado la atención de los natura- listas, antes de que las moneras fuesen conocidas. Se le creyó particular á las amibas y de aquí que se le diera el nombre de movimiento ameboideo. Fig. 1.-Amceba vulgaris Las amibas difieren de las moneras, en que su endoplasma encierra siempre un corpúsculo de contorno neto, el núcleo, en cuyo interior se pue- de observar un segundo corpúsculo más pequeño: el nucléolo. Bajo el punto de vista histo-químico el núcleo nos presenta reacciones que permiten dis- tinguirlo netamente del protoplasma ambiente. El carmín no tiñe el proto- plasma, colorea al núclo de rojo, y al nucléolo con mucho más energía aún. El cuerpo de la amiba encierra además en el endoplasma, vacuolos redondeados, llenos de un líquido claro: observados atentamente puede ver- se como estos vacuolos se contraen esparciendo en el protoplama el líqui- do que contienen: son vacuolos contráctiles, primeros rudimentos de órga- nos de circulación. Estos vacuolos no son un elemento característico de las amibas, pues se han observado también en algunas moneras. (Gloidium). La reproducción en las amibas se efectúa por bipartición, siendo la di- visión del protoplasma precedida por división del núcleo. Parece probable de que en ciertos casos la reproducción se efectúe por enquistamiento y di- visión del quiste en esporos, que puestos en libertad da lugar cada uno de ellos á una amiba. Este modo especial de reproducción vincula las amibas á los Esporozoarios. 40 PARASITOLOGÍA ANIMAL Amoeba cotí-Losch, 1875; En 1875, ingresaba en la clínica dH profesor Echwald en San Peters- burgo, un joven de veinte y cuatro años, que sufría de inflamación ulcerosa en el intestino grueso y diarrea persistente. Losch, examinando al miscrocopio las disposiciones de este enfermo, encontró con un aumento de 500 diáme- tros, más de sesentas amibas en el campo del aparato. Fig". 2.-Amoeba col i Durante el reposo, estas amibas (fig. 2), miden de 20 á 30 p; 35 á lo sumo; durante la locomoción, pueden alcanzar hasta 60 p. de longitud. Emi- ten prolongamientos cortos, blandos, redondeados, se desplazan con gran lentitud. El núcleo es esférico, pálido, incoloro y mide de 5 á 7 ¡i; su consis- tencia es poco considerable, á tal punto que se deforma fácilmente durante las contracciones del animáculo; encierra un nucléolo cuyo tamaño y re- fringencia varían notablemente. El protoplasma, fuertemente granuloso, se halla diferenciado en endoplasma y ectoplasma; los seudopodios están for- mados de protoplasma claro y desprovisto de granulaciones. El cuerpo de la Amiba encierra además uno, dos y hasta seis y ocho vacuolos, que Losch no ha visto contraerse. El enfermo permaneció cuatro meses en el hospital, y sucumbió víctima de pleuresía y pneumonía intercurrentes complicadas de anemia. Durante mucho tiempo las Amibas mostráronse tan numerosas como al principio y solo cedieron á inyecciones repetidas de quinina, coincidiendo su desapari- ción con la cesación de la diarrea, en el mismo instante en que la pleuresía comenzaba á minifestarse. Debemos pues admitir que estos parásitos en- cuentran en el intestino condiciones favorables para su desarrollo. La multi- PARASITOLOGÍA ANIMAL 41 plicación que no ha sido observada, se hace indudablemente por excisipa- ridad. Blanchard aproxima la Amoeba Colí á la Amoeba Jelagínea (flg. 3), que Merejkowsky encontró en los alrededores de San Petersburgo. Esta especie difiere déla Amoeba Coli por su tamaño mayor, sus vacudos más netamente contráctiles y sus seudopodios más numerosos, pero los demás caracteres son totalmente semejantes, que, á pesar de la autoridad indiscutible deLeu- ckart es difícil no admitir que estas variaciones pueden explicarse perfecta- mente por la diferiencia de los medios habitados. Fig. 3-Amoeba ielaginea según C. de Merejkowsky. El valor patogénico del parásito parece menos discutible. El en- fermo de Lbsch presentaba todos los caracteres de una disenteria agu- da y rebelde; en la autopsia se constató una violenta inflamación, al par que una ulceración por placas del intestino grueso sobre todo en su porción inferior. Lósch, supuso que estas lesiones eran producidas por el parásito; ó que por lo menos la Amoeba era un agente patógeno que impedía la curación de las úlceras, produciendo con sus movimientos ameboideos una irritación mecánica sobre las placas ulcerosas. Esta opinión fué confirmada por experiencias que se llevaron á cabo en tres perros, inyetándoles por boca y ano de una á dos onzas de materia diarreica recientemente expulsada por el enfermo. Un cuarto perro fué tratado de la misma manera, después de haber provocado en él una enteritis aguda mediante una inyección de aceite de croton; este último ensayo experimenta] tenía por objeto determinar si las Amibas eran capaces de hacer perdurar una inflamación ya establecida. La ex- periencia solamente dió resultado sobre uno de los tres primeros perros. Al octavo día, después de la última inyección, se encontraron en las de- posiciones un gran número de Amibas vivas, y este número fué au- mentando en los siguientes días, á pesar de que el estado general del perro permaneciera normal. Durante las dos semanas que sigueron á la operación no sobrevino cambio alguno: sacrificóse entonces el animal 18 días después de la última inyección. En la autopsia, se encontró la mucosa rectal inflamada por placas, irregularmente tumefacta, cubierta de un mucus sanguinolento y ulcerada en tres regiones distintas. Las úlceras eran redondeadas, de 4 á 8 milímetros de ancho y circunscritas 42 PARASITOLOGÍA ANIMAL por una mucosa tumecíata, con hiperemia muy fuerte; el fondo era desi- gual y de color rojo oscuro; debajo de ella la mucosa estaba infil- trada y tumefacta. En el mucus rectal y en el fondo del absceso, yacian infinidad de amibas análogas á las inyectadas. La mucosa de la porción restante del intestino grueso permanecía normal. En 1870, Lewis y Cunningham, constataron en Calcuta, la presen- cia de las Amibas en afecciones del intestino grueso. En 1871, Cunnin- gham, prosiguiendo sus estudios, encontró el parásito en las deyecciones del 18 por ciento de los coléricos; estas Amibas son incoloras, más ó menos granulosas y provistas de vacuolos no contráctiles. Pueden en- quistarse y reproducirse por división; las células hijas se separan ó por el contrario viven unidas unas á otras, dispuestas en grupos ó cadenil- las. Deseparecen generalmente veinte y cuatro horas después de efec- tuadas las deposiciones. Estos parásitos observados por Cunningham, no pueden considerarse como la causa del cólera, pues este mismo autor ha encontrado las mismas Amibas en el 28 por ciento de los casos de diarrea simple. Además, existen casos en que no se les observa; el cólera solo determina condiciones favorables para su desarrollo y propa- gación. A estas mismas conclusiones llegó Grassi, quien en 1879 puedo observar 6 veces Amibas en las deposiciones de varios sujetos sanos y diarreicos. Estos parásitos, dice, son muy comunes en Rovellasca, Mesina, Pavía y Milán. El ectoplasma y endoplasma son muy distintos. Este último muy gra- nuloso encierra un gran número de vacuolos no contráctiles, ó que por lo menos se contraen muy lentamente; contiene además un núcleo re- dondeado provisto de dos nucléolos, corpúscolos extraños, sustancias alimenticias, etc. Los seudopodios son cortos, voluminosos, obtusos, hialinos; se re- traen y se estiran lentamente. Las dimensiones de este parásito, tan seme- jante á la Amoeba coli, son variables: en solución de ácido acético, toma una forma redondeada, y mide entonces: Diámetro de la amiba 12 [i, 18 ¡i, 22 ¡j.- Diámetro del núcleo _ 2,3 [i, 5,5 [i, 5,5 ¡i- Grassi supone que las Amibas pueden encontrarse en un sujeto sano en la primera porción del intestino grueso, propagándose en los casos de diarrea y disentería en toda la extensión del intestino. Existe aún un caso observado por el Dr. Normand, en que se tra- taba de Amoeba Coli, ó de una especie muy vecina. En 1879, siendo mé- dico de la Armada, de estación entonces en el puerto de Etong Kong, fué llamado con intervalo de un mes, para curar una colitis de que eran PARASITOLOGÍA ANIMAL 43 víctimas un oficial y un marinero de á bordo. Esta inflamación era debida á la presencia de un número inmenso de Amibas de las cuales las más voluminosas medían 25 ¡x. Su protoplasma era granuloso y presentaba vesículas claras que el Dr. Normand no vió contraer. Amoeba intestinal!» - Blanchard, 1885. Por primera vez fué observada en el Cairo, por Sonsino, en el mucus intestinal de un niño atacado de diarrea. Estos parásitos, en número con- siderable, medían de ocho á diez veces el diámetro de un glóbulo rojo, es decir de 55 á 70 ¡x. * Kartulis, médico del hospital griego de Alejandría, encontró, hace poco tiempo, en el mucus intestinal de individuos atacados de enteritis crónica ó de diarrea, corpúsculos esféricos, refringentes y cuyas dimensiones medias eran de 150 á 222 ¡x. Su forma podía modificarse lentamente bajo la in- fluencia de una compresión ligera. La estructura de estos seres es dema- siado poco conocida para afirmar algo positivo á su respecto, y lo único que podríamos aventurar es que se trata de parásitos que con seguridad no son Amibas. Amoeba vaginalis-Bselz, 1883. Las Amibas no solamente pueden vivir como parásitos en el intestino. El profesor Baelz, de Tokio, encontró en el año 1883, una nueva especie de Amiba en la vejiga y vagina de una joven de 23 años, que sucumbió víctima de tubercolosis al pulmón y á los órganos ge- nito-urinarios. Ingresada al hospital la víspera del día de su muerte, la enferma se quejaba de atroces dolores en la vejiga, dolores que se exagera- ban aún durante el acto de la micción. La orina, extraída con una sonda, era sanguinolenta, purulenta y encerraba un número inmenso de Amibas dotadas de movimientos muy rápidos. Medían 50 |x de diámetro, tamaño mayor que el de la Amoeba Coli con la cual guardaban sin embargo mu- chos puntos de semejanza. El mucus vaginal encerraba estos mismos animálculos; allí se habían multiplicado, y se supone que ascendiendo por la uretra, hubieran podido penetrar en la vejiga. En la autopsia, no se investigó si estas Amibas se habían propagado á lo largo de los uré- teres y habían llegado á los basinetes renales. Existen además algunas otras observaciones de Amibas parásitas en el hombre, como la Amoeba bucalis descripta por Steinberg en el año 1862 y encontrada por este observador en el sarro dentario, la Amoeba dentalis observada por Grassi en la cavidad bucal, y que tal vez no sea más que un simple corpúsculo salivar, etc. . . . 44 PARASITOLOGÍA ANIMAL. CLASE DE LOS ESPOROZOARIOS ORDEN DE LOS COCCÍDEOS Los Coccídeos ó Psorospermias oviformes se asemejan mucho á los Gregaríneos monocistídeos. Semejantes en su tamaño y en su cre- cimiento, se diferencian de estos últimos por su reproducción espe- cial. La mayoría de los Coccídeos son parásitos en el interior de cé- lulas epiteliales; conócense algunas especies que viven en el tejido conjuntivo. En la evolución de estos parásitos se presentan dos generaciones distintas: l.° una generación asexual ó Esquizogonia', 2.° una generación sexual ó Esporogonio,. Para el estudio de las fases evolutivas vamos á elegir el Coc- cidium Schubergi que es el más fácil de estudiar en su ciclo com- pleto. । Esto coccídeo se desarrolla en el tubo digestivo de un minápodo- muy común: el lithobius forficatus. El punto de partida de las fases del coccídeo es el esporozoito (fig. 4-1),. corpúscolo en forma de creciente, que mide 15 á 20 p de longitud por 4 á 6 ¡i de ancho. La extremidad posterior es redondeada, la anterior afilada en punta, y el protoplasma es finamente granuloso, dejando ver en su centro una mancha blanca que representa el núcleo. El esporozoito se halla dotado de tres especies de movimientos, ma- ravillosamente combinados para favorecer su penetración en una célula epitelial. El primero es un movimiento de flexión y de extensión, el segundo consiste en una contracción anular, denominada metabolismo, y el tercero es un movimiento de deslis hacia adelante. Mediante estas tres especies de movimientos, el esporozoito se pone en contacto con una célula epitelial del intestino del Lithobius, la perfora haciendo uso de su extremidad anterior refringente y aguda, alojándose en su interior 5 ó 10 minutos después (fig. 4-II). El esporozoito conti- núa moviéndose durante algún tiempo como si buscara el sitio más pro- picio para su desarrollo, y atraviesa á menudo dos, tres, cuatro células vecinas antes de radicarse y adquirir el estado de reposo. Una vez instalado en la célula, el parásito se inmoviliza durante una ó dos horas. Luego se le vé extenderse, contraerse, tomar una forma ovalar, y constituir en una palabra el esquizonte. (fig, 4, III y IV). PARASITOLOGÍA ANIMAL 45 Este esquizonte se fragmenta á su turno por división directa en un cierto número de células denominadas merosoitos (fig. 4, V). La flag- mentación principia por el núcleo que se divide en un cierto número de núcleos hijas, las cuales se van acumulando en la superficie del proto- plasma del esquizonte (fig. 4, VI). Fig. 4 Alrededor de ellas, se deposita una capa de protoplasma proveniente del protoplasma del esquizonte, y al cabo de un cierto tiempo se ob- serva que el esquizonte está rodeado por un borde dentellado y pedí- culado' en''el cual cada pedículo representa un futuro merozoito. fig. 4, Vil). Terminada la segmentación, los merozoitos en forma de creciente, presen- 46 PARASITOLOGÍA ANIMAL tan dos extremidades, una de ellas libre, y la otra unida á la porción de protoplasma restante {esfera residual} del esquizonte madre. Durante este período de la evolución, la célula epitelial que sirve de huésped, se ha hipertrofiado. Su núcleo es desplazado gradualmente hacia la periferia, mientras que en su protoplasma aparecen numerosas gotitas grasosas destinadas probablemente á la nutrición del parásito. Poco tiempo después la célula estalla, poniendo los merozoitos en libertad los cuales se agitan vivamente en el contenido intestinal del lithobius. Los merozoitos tienen mucha semejanza con los esporozoitos, pero se distinguen en los siguientes caracteres: l.° No tienen forma en creciente; 2.° El protoplasma de los merozoitos presenta dos zonas, (fig. 4, VIII), una de ellas alveolada, la segunda sin alveolos; mientras que el proto- plasma de los esporozoitos ofrece una estructura alveolar fina y uniforme. Los merozoitos no pueden vivir fuera de las células epiteliales. Muchos de ellos son arrastrados al medio exterior con las materias excre- menticias del miriápodo y están condenados á morir, pues el merozoito no puede propagar la infección de un animal á otro. Los restantes bus- can nuevas células epiteliales, para alojarse en ellas, transformarse en esquizontes y luego en merozoitos, que producirán una auto infección interna al par que un número indefinido de ciclos esquizogónieos. A la esquizogonia, ó faz asexual, sucede la esporogonio ó evolución sexual. Esta última asegura la hétero-infección, es decir la propagación de la infección de un animal á otro. Después de un cierto número de ciclos esquizogónieos, obsérvase que los merozoitos evolucionan por tres senderos distintos. Algunos fig. 4, VIII) crecen rápidamente dando lugar á una nueva ge- neración de merozoitos. Otros (fig. 4, X) crecen por el contrario lentamente y encierran poca sus- tancia nutricia de reserva; los microgametocitos ó microgametoblastos que van á dar origen á los micro gametos', y los últimos, finalmente,se desarro- llan lentamente pero acumulan en su protoplasma grandes cantidades de materias nutricias, bajo for- ma de granulaciones numerosas, gruesas y muy re- fringentes. Cada uno de ellos dará limar á un ele- mentó hembra ó macrogameto. Llegado el microgametocito á un cierto grado de desarrollo (fig. 4, XIIa XIP XIIo) el cariosoma palidece, distinguiéndose difícilmente de la porción restante del núcleo. Este, á su vez, se irregulariza, emite prolongaciones muy delicadas á lo largo de las cuales emigran las granulaciones cromáti- casdel núcleo (fig. 5). En un grado más avanzado de su evolución, el nú- Fig. 5 PARASITOLOGÍA ANIMAL 47 cleo ha desaparecido, ofreciendo el microgametocito, en su interior gran cantjdad de corpúsculos refringentes (fig. 6). Estos corpúsculos se aproximan paulatinamente para formar en cier- tas regiones gruesas granulaciones. Poco tiempo después, todos ellos se han dispuesto en la periferia del microgametocito (fig. 7) acumulándose á su alrededor una capa de protoplasma hialino (fig. 4, XIIC). El proceso de multiplicación nuclear para dar lugar á los núcleos hijos tarda 6 horas aproximada- mente. El microgametocito permanece durante algún tiempo en reposo. Luego, los núcleos periféricos se es- tiran y adelgazan lentamente, se encorban afectando la forma de una coma y se rodean de una débil capa de de protoplasma hialino (fig. 9 y 10). De sus dos extremidades anterior y posterior, nacen algún tiempo más tarde, dos largos flagelos que se mueven al principio lentamente, pero después des- ordenadamente, acabando finalmente por desprenderse el microgameto (núcleo con sus dos flagelos), del microgametocito (fig. 11). Una vez que han adquirido su libertad, se agitan en el estrecho espacio Fig. 6 Fig. 7 Fig. 8 que ocupan entre la célula epitelial y el protoplasma residual. Por último la célula epitial estalla, poniendo en libertad los microgametos, con laj es- fera de reliquia. Los microgametos son seres alargados, encorbados, falciformes, que miden 6 á 7 ¡i de largo por 1 ¡i de ancho. La extremidad anterior 'es más reíringente de consistencia más densa que la extremidad posterior; da lugar á un flagelo mayor que el que surge de la extremidad posterior, é igual á dos veces el diámetro del cuerpo del gameto (fig.r12). 48 PARASITOLOGÍA ANIMAL Los microgametos giran constantemente sobre sí mismos, mediante movimientos ondulatorios del flagelo anterior. El flagelo posterior hac§ las veces de un timón que preside la dirección del gameto. Pasemos á estudiar ahora el macrogameto, es decir la tercera forma á que puede evolucionar el merozoito después de su penetración en la célula del epitelio intestinal. El macrogameto (fig. 4, XI1') presenta una estructura análoga á la del esquizonte. Al principio afecta la forma de un guisante, con núcleo granuloso y claro, con cariosoma central. En una faz más avanzada de desarrollo toman una forma esférica. El cariosoma, á su turno, de centra que era, avanza lentamente hacia la periferia del núcleo, estallando en el instante en que se pone en contacto con el protoplasma y fragmen- tándose en un gran número de partieras esféricas (fig. 4, XIC). Fig, 9 Fig. 10 La fuerza de expansión es tan intensa, á menudo, que algunas de estas partículas perforan todo el protoplasma del macrogameto y alcanzan hasta el protoplasma de la célula intestinal en que se hallan alojadas. Poco tiempo después de la expulsión del cariosoma, el núcleo pierde sus contor- nos y desaparece; pero esta desaparición no es definitiva, pues se le ob- serva cierto tiempo más tarde, en la periferia del protoplasma bajo la fór- mula de una vescícula esférica (fig. 4, XIII). El acto de la fecundación en los coccídeos es sumamente curioso. Los microgametos se ponen en busca de los macrogametos, disputándose entre ellos la elección del mejor sitio del gameto hembra para su fecundación. Durante este período de lucha, el macrogameto emite un pequeño mamelón ó proeminencia próximo al núcleo, constituido por protoplasma hialino v dotado de movimientos ameboideos sumamente lentos. La lucha de los elementos machos se hace cada vez más intensa, hasta que uno de ellos consigue ponerse en contacto con el mamelón. Este se retrae inmediatamente formando un infundíbulum ó micrópila, y arrastrando PARASITOLOGÍA ANIMAL 49 al microgameto en el interior del macrogameto. La micrópila se cierra me- diante un fragmento de sustancia refringente, y el elemento hembra para ponerse al abrigo de los demás elementos machos, se rodea de una mem- brana de cubierta. La fecundación ha terminado y el macrogameto ha pasado al estado de cópula (fig. 4, XIV). Un día después de la conjugación, el núcleo de la cópula se encoge y se dirige hacia el centro de la célula, mientras que la membrana de cubierta ha aumentado considerablemente de espesor, transformando al macrogameto Fig. 11 Fig. 12 fecundado en un verdadero quiste denominado ookiste^ y cuyo contenido protoplasmático esférico ha sido llamado esporonte. Los parásitos, arrastrados por las materias excrementicias, abandonan al estado de ookistcs el tubo digestivo del miriápodo, y una vez en el medio exterior, el núcleo se alarga y se ajusta, fragmentándose en dos núcleos hi- jos, que á su turno se fragmentan en un sentido perpendicular al primero, constituyendo así cuatro núcleos bien determinados (fig. 4, XVII) Simultáneamente, el protoplasma se contrae y se separa de la pared del quiste, quedando lleno el espacio así dejado por un líquido cristalino. En un período más avanzado, el protoplasma se divide en cuatro fragmentos, que envuelven cada uno de ellos á un núcleo, dejando en el centro del ookistc una porción de protoplasma residual. El esporonte ha dado lugar por consiguiente á cuatro esporoblastos. Los esporoblastos á su vez se alargan y adquieren una forma elíptica, se rodean de una doble membrana de cubierta, transformándose en esporocystos (fig. 4, XVIII). Estos se fragmentan, luego, en el sentido del diámetro longi- Parasitología Animal 4 50 PARASITOLOGÍA ANIMAL tudinal, por bipartición del núcleo y del protoplasma, y constituyen dos es- porosoitos ó corpúsculos falciformes (fig. 4, XIX). Con la formación de los esporosoitos termina el ciclo evolutivo de los coccídeos. Como hemos visto el objeto de la esporogonia es el de determinar la hétero-infección. PARASITOLOGÍA ANIMAL 51 Cuadro esquemático de la evolución de los Conoideos Las líneas dobles indican que el parásito se desdobla en varias individualidades. Esporozoito esquizonte ESQUIZOGONIA merozoitos esquizonte microgameto cites merozoitos etc. microgametos macrogametos cópula ' o okiste W 02 '-o O W O Q O g esporoblastos esporocystos esporozoitos Coccidium oviforme-Leuckart, 1879 Este parásito vive en el epitelio de los conductos biliares del conejo; se le ha observado también en el hombre. Muy raro en los conejos salvajes, es por el contrario común en los conejos domésticos; su desarrollo y pro- pagación, es favorecido con la acumulación de huéspedes en un mismo local. Los conductos biliares del conejo se dilatan con la presencia del pará- sito, fig. (13); el tejido hepático se rompe y se destruye en más de un punto de modo que se forman verdaderas cavidades, dilatadas por un líquido ca- seoso ó purulento, en el cual se ven nadar un número considerable de cé' 52 PARASITOLOGÍA ANIMAL lulas epiteliales. Estos encierran el parásito en todas sus fases, y se les reco- noce en el interior de ellos, bajo forma de masas más ó menos voluminosas que empujan el núcleo de la célula hácia una de sus extremidades. Estas lesiones modifican el funcionamiento normal del hígado. El teji- do conjuntivo prolifera al rededor de los tumorcitos purulentos y se desarro- lla á expensa del tejido de la glándula pancreática. Los vasos sanguíneos son comprimidos y pueden producirse perturbaciones de la circulación; la secreción de la bilis disminuye, esta última se detiene en su recorrido, ó llega al duodeno, mezclada con sustancias extrañas que la impurifican. En una palabra, la nutrición general se ha alterado de tal modo que la excita- ción del piso del cuarto ventrículo no provoca más la diabetis. El animal adelgaza, pierde el apetito, su respiración se acelera, y por último muere. Veamos ahora cual es la evolución de este Coccídeo. Fig. 13.-Corte de un hígado de Conejo invadido por el coccidiun oviforme. Los canalículos están hipertrofiados. AI seccionar los nodulos blanquizcos localizados en el hígado del conejo, salen junto con una materia caseosa, purulenta, gran número de ookistes que se hallan en el interior de los canalículos biliares hipertrofia- dos. Estos ookistes son ovalares, miden 36 p de largo por 18 p de ancho, pudiendo alcanzar hasta 49 p por 28 p. La membrana quística bastante densa, disminuye de espesor en uno de sus polos para dar lugar á la mi- crópila. La formación de los esporos se efectúa en el medio exterior, encon- trándose siempre en las materias excrementicias recién defecadas, ookistes con esporontes no divididos. El contenido protoplasmático se contrae pau- latinamente en el sentido del diámetro longitudinal constituyendo una esfera central en el interior del o okiste. Esta esfera se fracciona poco tiempo después en cuatro esporoblastos que se rodean de una membrana de cubierta para transformarse en cuatro PARASITOLOGÍA ANIMAL 53 esporocystos (fig. 14, i). Estos, á su vez, dan origen en su interior á dos es- porozitos. Llegados á este grado de desarrollo, los ookistes resisten durante va- rias semanas las variaciones de temperatura y de higrometría atmosférica, hasta que transportados con los alimentos al aparato digestivo del conejo, pasan al estómago en donde el jugo gástrico disuelve las membranas quís- ticas, dejando los esporozoitos en libertad. Estos emigran al duodeno, re- Fig, 14.-a,b, c, merozoitos desarrollándose en el interior de células epiteliales.- d, ookiste-e, f, contracción del vrotoplasma.-g, h, desenvolvimiento de los es- poroblastos.-i, esporocystos.-j, k, l, m, formación de los esporozoitos.-n, es- porozoito en libertad. montan por el canal colédoco hasta los canalículos hepáticos y la vesícula biliar , penetran en una célula epitelial, se transforman en esquizontes y dan nacimiento á generaciones sucesivas de merozoitos. El esquizonte es ovalar, mide 20 á 50 p de largo por 20 á 39 p de ancho, y se divide en un numero de merozoitos que varía de 30 á 200. Los micro y macrogametos han sido también observados. De su fe- cundación resulta el ookiste que es el término último del desarrollo del parásito en el cuerpo del conejo. Las generaciones sucesivas de merozoitos determinan infecciones 54 PARASITOLOGÍA ANIMAL agudas y la muerte del animal al cabo de 8 á 15 días. Hasta el presente, no se han visto todas las fases de evolución de este coccídeo, y solo para- gonando con el coccídeo Schubergi se ha podido establecer el ciclo com- pleto de este parásito. El Coccidium oviforme ha sido observado un cierto número de veces en el hombre. La primera observación fué hecha por Gubler en el año 1858, en un peón de cantera, de cuarenta y cinco años que ingresó al Hospital Beaujon atacado de una cloro-anemia profunda, acompañada de perturbaciones di- gestivas. El hígado estaba muy hipertrofiado; en el hipocondrio derecho, se palpaba un tumor lleno de líquido,sensible á la presión. Gubler formuló el diagnóstico de quiste hidatídico que no fué confirmado por la autopsia. Du- rante su permanencia en el hospital, el enfermo sufrió una caída, de resultas de la cual se le declaró una peritonitis. Se le hizo la autopsia. El hígado, muy hipertrofiado, presentaba una veintena de tumores del tamaño de una nuez; uno de ellos notable por sus dimensiones, tenía el tamaño de una cabeza de feto de seis meses, es decir un diámetro de 12 á 15 centímetros. Todos estos tumores estaban llenos de una sustancia puriforme, de consistencia variable, caseosa ó francamente líquida: se encontraba además en ellos una cantidad prodigiosa de esporos que Gubler tomó al principio por huevos de distoma . El enfermo murió de peritonitis intercurrente, pero seguramente la psorospermiosis lo hubiera arrastrado á igual fin en época más ó menos lejana. En 1860, Virchow hizo una constatación análoga; al efectuar la atop- sia de una vieja, este hábil anatomista encontró en la superficie del hígado, un pequeño tumor, de 9 á 11 milímetros de diámetro, de forma esférica de- primida, que ofrecía un aspecto tendinoso, y que estaba encajado en una ligera depresión. Al practicar una sección del tumor, observó que estaba circunscrito por una condensación del tejido conjuntivo ambiente, al par que estaba formado por una cápsula muy espesa que contenía en su interior un liquido caseoso, poco denso. Este último estaba constituido por una masa albuminosa, infiltrada de granulaciones grasosas y que encerraba coccídeos enquistados de forma oval, de 56 p de longitud, cubiertos por una membra- na muy densa, de doble contorno, estriada ligeramente. El contenido se presentaba bajo un aspecto variable, pero la mayoría de las veces estaba constituido por un gran numero de corpúsculos redondeados, que represen- taban los esporos en via de desarrollo interior. Considerado así el quiste, podría confundirse con huevos cuyo vitelo experimentara un proceso de segmentación, y éste fué precisamente el error que sufrió Virchow, quien los consideró como huevos de Pentastoma. Estos no son los únicos casos de psorospermiosis que se han obser- vado en el hombre. PARASITOLOGÍA ANIMAL 55 Dresler, al practicar una autopsia en Praga, observó en el hígado del cadáver, tres nodulos cuyos tamaños variaban entre un grano de mijo y una judía, y que estaban situadas en la proximidad del borde cortante de la glándula hepática. Estos nodulos encerrraban un número abundante de Coccideos que fueron observados por Leuckart, quien comprobó que no se trataba de verdaderos Coccideos oviformes, sino de una especie afine, pues su tamaño, en el sentido del diámetro mayor no pasaba de 20 ¡i. Leuckart, á su vez, refiere dos observaciones de Coccidium oviforme. En el primer caso se trataba de un hígado, conservado en el Instituto patológico de Gies- sen, que presentaba ulceraciones délos canalículos biliares producidas por los Coccideos; en el segundo, de un hígado observado por el profesor Sattler de Viena, que presentaba los canalículos biliares hipertrofiados y el epitelio proliferado debido á la presencia del parásito. (a) Para mayor claridad damos en la fig. 15 la evolución del coccidium oviforme tomada de Rivolta y Siedlecki. Coccidium perforaos - Leuckart, 1879. Los Coccideos del epitelio intestinal han sido observados igualmente en el hombre, pero se ignoran que accidentes determinan. El Coccidium perporans fué observado por Rivolta en el año 1878, durante tres meses consecutivos, en las deyecciones de un joven; teniendo Fig. 15. (a) Simond refiere haber observado recientemente todas las fases evolutivas del Coccidium oviforme, de modo que los dos ciclos esquizogónico y esporogónico han sido confirmados en todos sus períodos por la observación. 56 PARASITOLOGÍA ANIMAL ocasión de verlo más tarde en las deyecciones de un sujeto atacado do fiebre intermitente. Asignóle el nombre de Cytospermwm homims^ que fué modificado por Leuckart en 1879 con el nombre de Coccidium perforans. Este parásito mide de 24 á 26 ¡i, y excepcionalmente 35 ¡i de longitud por 12 á 20 ¡j. de ancho; presenta una forma ovoidea; y se halla provisto de una doble membrana de cubierta; se desarrolla en el epitelio del intestino del Conejo y de algunos otros mamíferos. Eimer lo observó dos veces en el hombre en el Instituto Patológico de Berlín y en ambos casos el epitelio intestinal hallábase en gran parte des- truido y perforado por los parásitos. Fig. 16.-Coccidium perforans (Railliet) - 1. célula del epitelio intestinal defor- mada por dos esporozoitos. - 2. Ookiste, -3. Ookiste conteniendo cuatro espo- roblastos y un núcleo residual. - 4. esporocysto. - 5. esporocysto mostrando dos esporozoitos. Railliet y Lucet han estudiado con toda detención el parásito, y han comprobado que su evolución es muy semejante á la del Coccidium oviforme. Los coccídeos viven en las células epiteliales del intestino y de sus glándulas, radicándose hasta cinco y seis esporozoitos en cada una de ellas (fig. 16, 1). Estos esporozoitos dan lugar en el interior del tubo intestinal á una serie de ciclos esquizogónicos de esquizontes y merozoitos, hasta que estos últimos dan lugar á la diferenciación sexual formando los microgame- tos y los macrogametos. Efectuada la fecundación y formado el ookiste, PARASITOLOGÍA ANIMAL 57 éste es eliminado con las materias excrementicias al exterior en donde primeramente vá á concentrar su protoplasma (fig. 16, 2), y luego formar los esporoblastos (fig. 16, 3), los cuales á su vez engendrarán los esporo- cystos y los esporozoitos, (fig. 16, 4 y 5), Los ookistes, encerrando en su interior los esporozoitos, son introducidos en el organismo con las plantas alimenticias y agua de consumo, llegando por último al tubo intestinal en donde despojados de su membrana quística ponen en libertad los corpúscu- los falciformes, los cuales se fijan en una célula epitelial para dar principio á nuevas evoluciones. Fig. 17. - Eimeria falciformis del instestino de la Rata, según Eimer. - 1. Espo- rozoito en una célula epitelial cuyo núcleo ha sido desplazado. - 2. Ookiste. - 3. Formación de los esporoblastos. - 4. Esporoblasto. - 5. Esporocystos. 6, 7 Esporozoitos. - 8, 9 10 Esporozoitos que han evolucionado al estado ameboideo. Las lesiones intestinales que estos animales determinan en el conejo, se manifiestan por manchas blanquizcas, punteadas, localizadas generalmen- te en el intestino delgado. La mucosa se halla inflamada y á menudo ulce- rada; las manchas corresponden á agrupaciones de coccídeos enquistados ó desnudos, que ocupan las células epiteliales de las vellosidades intestinales y de las glándulas de Lieberküln. Los síntomas de la afección son análogos á los de psorospermiosis he- pática; pero con la única diferencia de que los progresos de la anemia son menores, y la muerte sobreviene por caquexia después de un periodo más ó menos largo. Eimeria falciformis-A. Schneider, 1881. Las células epiteliales se hallan invadidas por esporozoitos que des- alojan hacia una de sus extremidades el núcleo propio de la célula (fig. 17, 1). Estos esporozoitos que tienen un plasma granuloso y un núcleo trans- parente, dan lugar en la misma célula á la evolución esquizogónica, es decir, á los esquizontes y á los merozoitos. Después de un cierto número de evo- 58 PARASITOLOGÍA ANIMAL Iliciones esquizogónicas, los merozoitos siguen tres trayectos distintos: unos dan lugar á esquizontes que reproducirán nuevos ciclos esquizogónicos y aumentarán la auto-infección, otros originan micro y macrogametocitos que darán lugar á su vez á micro y macrogametos que se fecundarán, produci- rán la cópula, luego el ookiste (fig. 17, 2), el cual eliminado con las materias fecales, puede ser ingerido más tarde por otros animales y determinar la hétero-infección. Este ookiste durante su permanencia en el exterior, ha dado lugar á los esporoblastos que se disponen como los meridianos de una esfera (fig. 17, 4), los cuales á su vez se recubren de una doble membrana de cubierta transformándose en esporocystos (fig. 17,5) que originan á su turno los esporozoitos (fig. 17, 6, 7). Introducido luego en el tubo digestivo, la membrana de cubierta del ookiste se disuelve, deja en libertad á los esporozoitos que adquieren una forma amiboidea (fig. 17, 8, 9, 10), y se alojan por último en nuevas células epiteliales para determinar análogas evoluciones. Según Blanchard, sería un Coccídeo vecino de la Eimeria /alciformis, el que observaron Künstler y Pitres en el líquido purulento extraído por tora- cocentesis de la cavidad pleural izquierda de un joven de veinte y siete años, empleado á bordo de los paquetes que hacen el servicio de Burdeos al Se- negal. Los quistes esporulares, relativamente voluminosos, encerraban de diez á veinte esporozoitos unidos á la membrana de envoltura, y con su res- pectivo núcleo residual. Veíanse nadar en el líquido corpúsculos aislados, provistos de un núcleo, y que medían de 18 á 20 ¡i de longitud, pudiendo al- gunos alcanzar hasta 60 y 100 ¡i. Como no se hizo autopsia, no se pudo conocer con toda exactitud el sitio que ocupaban los esporozoarios, así como el rol que desempeñaban en la evolución de la pleuresía. Parece, sin embargo, que ellos fueron la causa de la enfermedad. Dos años antes de su muerte, el paciente experimen- taba opresión, pesantez en el costado izquierdo del pecho, tos sin expec- toración, careciendo de fiebre, escalofríos y sudores nocturnos. Coecidium Posadas - E. Cantón En el año 1898, el Dr. Alejandro Posadas presentó ante la sección de Medicina del Congreso Científico Latino-Americano, reunido por primera vez en la ciudad de Buenos Aires, la comunicación del descubrimiento de un nuevo parásito, de la clase de los Esporozoarios, que había sido objeto por su parte de constantes estudios desde el año 1892. El sujeto de experiencias fué un soldado de 36 años, originario del Chaco, en donde se hallaba de guarnición, que se vió atacado por numero- sos tumores que se radicaban en la piel y ganglios linfáticos, viéndose obli- PARASITOLOGÍA ANIMAL 59 gado por dicha causa á solicitar su baja en el ejército, para dirigirse á la capital y asistirse en el Hospital Rawson, en donde fué considerada al prin- cipio su enfermedad, como un caso de mycosis fungoides. El Dr. Posadas observó detenidamente el caso. Siguió con suma mi- nuciosidad el proceso de la enfermedad, al par que estudió en numerosas preparaciones microscópicas anátomo-patológicas, las neoformaciones pro- ducidas por el parásito así como la constitución y fases evolutivas de éste. Todos los detalles sobre esta coccidiosis tan interesantes fueron con- signados en su tésis inaugural titulada «Psorospermiosis infectante genera- lizada» y luego ampliados en una comunicación que hizo á la Academia de Ciencias Médicas en el año 1897. El Dr. Posadas hizo la historia clínica del enfermo en los siguientes términos: «D. E. - argentino, soltero, 36 años, soldado de caballería en el Cha- co, sin hijos y sin antecedentes hereditarios, en relación con su enfer- medad. «No recuerda haber sufrido otras enfermedades que unos chancros que aparecido hace seis ú ocho meses, y que dieron lugar á un bubón supurado que se abrió él mismo. Parece haber tenido también anteriormente á éste, un chancro indurado, pero no suministra datos ciertos. «En Enero de 1888 partió al Chaco en calidad de soldado. «Al año de permanencia en aquel punto (1889), notó la primera mani- festación de la enfermedad, que él describe del modo siguiente: Durmiendo en la tarima de la cuadra notó al levantarse un punto rojo en el pómulo derecho que atribuyó á la picadura de un insecto. «A los pocos días el punto rojo se había estendido dando lugar á una mancha rojiza, pruriginosa, que se elevó poco á poco hasta hacerse salien- te; al mismo tiempo comenzaron á aparecer otras semejantes diseminadas á su alrededor, que pronto adoptaron el mismo aspecto, se hicieron más y más papulosas, hasta que se ulceraron en su centro, dando salidas á pús y fundiéndose luego en una sola superficie brotante que supuraba poco. « Hoy se presenta esta lesión bajo el aspecto de una superficie violá- cea, irregular, papulosa en algunos puntos, lisa en otros, dando lugar en los primeros á una supuración poco abundante. Se extiende sobre el pómu- lo, llegando por delante hasta un través de dedo de la raíz del pabellón au- ricular y por abajo á la mitad del carrillo. « Después de esta producción apareció la que presenta en el dorso del antebrazo izquierdo en su extremidad inferior y que llega más abajo de la interlínea radio-carpiana. Es ésta una neoíormación de color rojo, de su- perficie brotante, comparable á un coliflor, bajo cuyos bordes salientes se insinúa la piel vecina, como tendiendo á pediculizar la producción. Ocupa 60 PARASITOLOGÍA ANIMAL casi toda la anchura del antebrazo, es redondeada y tiene en su mayor diá- metro una extensión de seis centímetros. Es pruriginosa. « Después aparecieron las producciones de la raíz del muslo izquierdo La piel correspondiente á la región del triángulo de Scarpa se halla sembrada de innumerables pápulas, que tienen un color blanco-mate, semi-transparen- te, de volumen variable, aisladas unas,-otras confluentes. « El tamaño más común es el de una lenteja, pero allí donde conflu- yen, se observan algunas hasta del volumen de un garbanzo. No presentan aquí el color rojizo que tienen en las demás regiones y no hay ninguna ulcerada. Los ganglios inguinales de este lado están muy hipertrofiados Son movibles, no dolorosos, del tamaño de una papa cada uno y dan lugar á un levantamiento bastante pronunciado de la piel que los cubre. No ad- hieren á ella. El enfermo dice que los ganglios se hipertrofiaron antes que aparecieran los tumores cutáneos. Atribuye su aumento de volumen á unos chancros que tuvo y que hicieron supurar uno de ellos. Pero no es menos cierto, sin embargo, que después de la aparición de los nodulos cutáneos su crecimiento ha sido mucho más rápido y siempre perfectamente indoloro. « Un día tuvo una tumefacción difusa de la cara, con rubefacción, ca- lor y picazón. Consecutiva á ella, apareciéronle en la nariz, las mismas man- chas rojas de la mejilla, al mismo tiempo que se le agregaron nuevas á la producción del carrillo. Las manchas de la nariz evolucionaron lo mismo que las de la mejilla: hoy han deformado completamente el lóbulo y se extienden por el dorso del órgano casi hasta su raíz, aunque no confluentes en este punto. Su color es rojizo, su superficie papulosa ulcerada, no dejando entrever en la punta de la nariz ni vestigios de piel sana. « Ofrece hoy, además, este enfermo, numerosas lesiones de la piel. Todos los períodos de su evolución están representados, manchas prurigi- nosas, pápulas, tumores ulcerados. « Las partes más afectadas, donde las neoformaciones son más abun- dantes son el cuello, los brazos, la parte anterior del tórax y la pierna iz- quierda. Los ganglios linfáticos de la ingle derecha están un poco aumen- tados de volumen, mucho menos de los correspondientes de la izquierda y la piel se halla sana en este lugar. « La sensibilidad en los tumores del muslo izquierdo está algo dismi- nuida, pero no abolida. La pierna de este lado suele hinchársele cuando camina: la región externa del muslo izquierdo presenta una sensibilidad bastante marcada. « Estas lesiones vasculares y nerviosas es probable sean producidas por la comprensión que la masa ganglionar de la ingle ejerce sobre los vasos y los nervios del triángulo. « El examen de la sangre muestra los glóbulos blancos más numerosos PARASITOLOGÍA ANIMAL 61 que de costumbre, pero no llegan por cantidad á constituir un estado pato- lógico. Los glóbulos rojos no están deformados ni disminuidos en can- tidad. « El examen de la orina no revela nada normal. « Se le ha hecho al enfermo por largo tiempo un tratamiento antisifilí- tico mixto enérgico, sin conseguir resultado. « Las primeras piezas que me sirvieron de objeto de estudio fueron un nodulo de la ingle izquierda, que estirpé de un tijeretazo, y productos obte- nidos por curetaje del lóbulo de la nariz y del tumor del carpo izquierdo. « El 30 de Agosto del 92 cloroformé al enfermo y le estirpé los paque- tes ganglionares de la ingle izquierda, que en las partes profundas adherían a los vasos; junto con ellos extraje un gran óvalo de piel exuberante, llena de nodulos neoplásicos. « El examen en fresco de jugo obtenido por raspado de la supeficie de sección de los ganglios, me demostró que estos órganos estaban invadidos por el mismo agente que deformaba la piel y que contenía sus mismos ele- mentos. Exámenes posteriores confirmaron este resultado; los ganglios estaban hipertrofiados por la invasión de una neoplasia, que se infiltraba entre el tejido ganglionar, adoptando la misma disposición folicular ó nodu- lar y conteniendo las mismas Psorospermias y las mismas células gigantes que en la piel. «Con los ganglios y la piel extirpados este día se inocularon varios animales. «El 17 de Noviembre del 92 cloroformé nuevamente el enfermo. Una nudosidad que había aparecido en la piel del lado derecho del labio inferior fuése desarrollando poco á poco hasta incomodar por su volúmen al pa- ciente, que reclamó su extirpación. La producción parecía limitada á la piel, la capa muscular estaba libre y la mucosa de la cara bucal del labio presentaba un estado irreprochable. Extraje la piel afectada y suturé los bordes de la herida. «Las vegetaciones del lóbulo de la nariz habíanse hecho muy salientes, deformaban completamente el órgano, que se asemejaba á una frambruesa; las quemé con el termo-cauterio, extirpando antes las más salientes á bisturí. El labio se reunió por primera intención. La nariz, caída la escara, adoptó rápidamente un color rojo uniforme, se hizo lisa y dejó de supurar. «El enfermo pidió luego el alta: se sentía mucho mejor; la pierna y el muslo izquierdo ya no se hinchaban, la insensibilidad en aquél había dese- parecido. La nariz, antes comparable á una coliflor, estaba ahora lisa y de un color rojizo. Las demás lesiones permanecían estacionarias. Tiene ape- tito, no tiene dolores, no pierde las fuerzas. En estos días se le había dado azul de metilo sin resultado aparente. Los demás tratamientos empleados, 62 PARASITOLOGÍA ANIMAL fuera de la intervención quirúrgica, fueron lo mismo en cuanto á su eficacia. «El individuo vuelve al hospital el 28 de Septiembre del 93. «Su estado es el siguiente: en el lóbulo y dorso de la nariz han vuelto á reaparecer las vegetaciones, tan conglomeradas como antes, si bien es ver- dad no son tan salientes. «En el labio inferior, la línea de la cicatriz está rodeada por una indu- ración, pero su superficie rojiza es lisa y no presenta tendencia á hacerse vegetante como las demás producciones. «Las lesiones de la mejilla y pómulo derecho se han hecho más planas; pero han ganado en extensión. Se presentan como una placa rojiza, dura, de bordes mal limitados, que se desplaza en masa, sin adherencia á los órganos profundos; en su periferia se ven algunos nodulos aislados, de un color blanco mate, que se hacen luego rojizos, aproximándose á la placa, y finalmente, fundiéndose con ella. Algunos nodulos forman una hilera que prolonga la placa hasta la comisura palpebral externa y han debido ser tocados hoy con termo cauterio, temiendo' que invadan los párpados. «En el tórax, abdomen y brazos no ha habido aumento sensible de tumores. «El del dorso del carpo se ha hecho también más plano y está cubierto de costras blancas, análogas á las de la psoriasis, sin ganar en extensión. Esta producción es igualmente movible con la piel y no adhiere á las partes profundas. «La ingle izquierda presenta la cicatriz lineal de la interven- ción anterior; en ésta no han desarrollado nodulos; la piel presenta los que quedaron cuando la anterior intervención. Ganglios no se sienten. «En la ingle derecha, las masas ganglionares que antes existían, han aumentado considerablemente. Alcanzan actualmente el volumen de una naranja. Este tumor es movible, consistente, indoloro, lo- bulado por los varios ganglios que para formularlo se encuentran aglo- merados: no adhiere á la piel, que en este sitio no presenta altera- ciones. «La palpación del abdomen no revela nada anormal, los pulmones están sanos. «El corazón tiene un soplo en el primer tiempo en el foco de la mitral. El individuo ha sido bebedor. «Viene al hospital pidiendo se le saque el tumor de la ingle que le in- comoda y el arreglo de su nariz nuevamente deformada. «Se cloroforma y se extirpa el paquete ganglionar. Uno de los gan- glios seccionados con un cuchillo aséptico fué utilizado para hacer inocula- ciones en animales. PARASITOLOGÍA ANIMAL 63 «Se extirpa igualmente este día el tumor del dorso del carpo izquierdo y se hace ignipuntura profunda en el lóbulo de la nariz. «A esta intervención siguió en la placa del carrillo un estado conges- tivo y doloroso, que había sido observado siempre que se hicieron más sa- lientes, presentaron un punto fluctuante central y supuraron: todo ésto rá- pidamente, como si hubieran sido instigados en su evolución. «La herida de la ingle supuró algo después de haberse reunido la piel y de sacados los puntos de sutura, como á los once días de la operación. «Las producciones del resto del cuerpo sufrieron también un nuevo empuje, aumentaron de volumen y se hicieron turgescentes. «El enfermo se queja igualmente de un dolor en la región esplénica: hay ligeros edemas en las piernas. «El estado general se mantiene bueno. «Desesperando curarse, el enfermo pide el alta para irse á su provincia na- tal, San Luis. «En este día se examinó aún un no- dulo del carrillo, de los de la periferia, que tienen un color blanco transparente. Se extrajo con la cureta, y dislacerado se vieron numerosos psoiospermias. «La cicatriz del labio comienza á brotar de nuevo, la nariz presenta una misma tendencia. «Abandona el enfermo el hospital en un nuevo empuje de todas las produc- ciones. Refiere que se levanta por las mañanas con la cara tumefacta y ador- mecida y que abluciones de agua fría di- sipan este estado». Los tumores cutáneos y ganglionares extirpados por el Dr. Posadas en dife- rentes ocasiones le sirvieron para hacer estudios anátomo-patológicos y experien- cias de inoculación en diversos ani- males. Antes de pasar á describir las modifi- caciones y neoformaciones que observó en las diferentes preparaciones, recorde- mos sucintamente las capas histológicas de la piel. Fig. 18.-Corte perpendicular á la superficie de la piel (según Re- naut) - C, Capa córnea. - S L, Estratum lucidum -S G. Estratum granuloso. - C M, Cuerpo mucoso. - C G, Capa^generatriz. -D S, Ca- pa reticular del dermis. - D P, Ca- pa profunda del dermis. D P P, Te- jido conjuntivo subcutáneo. 64 PARASITOLOGÍA ANIMAL Principiando de afuera á adentro, encontramos Io: la epidermis; 2o: la dermis. La epidermis (fig. 18) se halla representada por un epitelio pavimen- toso estratificado y se divide bajo el punto de vista de su estructura, en dos porciones bien distintas: la capa córnea y el Cuerpo mucoso de Mal- pighi. La capa córnea forma la zona más externa de la epidermis y se halla constituida por varias filas de células que pueden agruparse en tres pisos: la capa descamante, la capa lamelosa y el estratum lucidum. Las capas descamante y lamelosa presentan células laminadas, despro- vistas de núcleo; mientras que el estratum lucidum comprende dos ó tres filas de células aplastadas é íntimamente soldadas entre sí. El Cuerpo mucoso de Malpighi se halla situado entre la capa córnea y la cara externa del dermis de la cual se halla separado por una membrana basal. Considerado de afuera á adentro nos ofrece tres capas: el estratum granuloso, el cuerpo mucoso propiamente dicho y la membrana basilar ó ge- neratriz. El estratum granuloso comprende una ó dos hilas de células losángi- cas llenas en su interior de granulaciones. El cuerpo mucoso está constituido por varias filas de células volumi- nosas, poliédricas, con dentelladuras características. La capa generatriz presenta una sola hilera de células cilindricas, im- plantadas perpendicularmente á la membrana basal, de núcleos voluminosos y de protoplasma cargado de granulaciones más ó menos obscuras, que con la variedad de sus tintes dan á las razas sus caracteres distintivos. Inmediatamente por debajo de la membrana basal, se halla el dermis con sus papilas en forma de dedo de guante, y sus dos capas papilar más próxima á la membrana basal y reticular, ambas constituidas por hacecillos conectivos entrelazados con células conjuntivas y fibras elásticas, pero que se distinguen porque las hendiduras y espacios que dejan entre sí los ele- mentos constitutivos de la segunda son más ámplios que los de la primera. En la capa reticular termina el estudio déla piel, encontrándose por debajo de ella, el tejido celular subcutáneo. El Dr. Posadas, con los tumores extraídos al enfermo, efectuó cortes en un sentido perpendicular á la piel, que estudiados miscroscópicamente reve- laron lo siguiente: La capa córnea, con sus tres porciones descamante, lamelosa y estratum lucidum, no ofrece lesión alguna, en los tumores que aún no han supurado. El borde más profundo del cuerpo mucoso de Malpighi forma una cur- va regular de convexidad externa, debida á la presión del nodulo neo- plástico. PARASITOLOGIA ANIMAL 65 Algunas papilas del dermis se hallan hipertrofiadas en ciertas partes del corte, y en cambio existen otras partes en donde ha desaparecido hasta el vestigio de tales papilas. Es en la capa reticular del dermis, en donde se observan las produc- ciones patológicas. En esta región el tejido en parte se presenta alterado, en parte ha desaparecido para dar lugar á nodulos pequeños que se aproximan hacia la capa papilar, y se separan bien de la capa adiposa sub-cutánea. Estos nodulos redondeados, rara vez alargados, se reunen en número de cuatro á catorce, y sometidos á los colorantes histológicos generales ofrecen una capa celular periférica intensamente teñida y una porción cen- tral clara en la cual se observan células de grandes dimensiones, multinu- cleadas, que han sido denominadas células gigantes. Cada nodulo contiene de una á tres células gigantes, hallándose pro- vistas todas ellas de una corona de núcleos con nucléolos refringentes. En el interior de estas células gigantes, se alojan los coccídeos descu- biertos por Posadas, los cuales al posesionarse de ellas desalojan los núcleos y les hacen adoptar posisiones excéntricas. Las células gigantes miden de 20 á 35 [i en el sentido de su diámetro mayor y encierran en su interior de uno á veinte coccídeos. Los nodulos se reunen en número de cuatro á catorce para constituir esos pequeños tumorcitos que se observan en la piel del enfermo. Existen otros nodulos que nos ofrecen un grado más avanzado de des- arrollo. Algunas de las células gigantes encerradas en su interior se han roto, poniendo en libertad los coccídeos que contenían. Por último se han observado nodulos en los cuales todas las células' gigantes habían desapa- recido, y estaban constituidos por un saco que contenía un número muy grande de coccídeos. Una vez que los nodulos han adquirido este desarrollo, véseles alejar- se de la capa reticular, perforar la membrana basal, el cuerpo mucoso de Malptghi, destruir la capa córnea, ulcerarse, y arrojar su contenido al exte- rior, poniendo desde entonces en libertad á los coccídeos. El parásito descubierto por posadas, es, por consiguiente, un Esporo- zoario que vive en el interior de una célula gigante la cual se aloja á su vez en un nodulo neoplásico localizado en la capa reticular del dermis. La evolución del coccídeo seríala siguiente para Posadas: Preséntase al principio, bajo la forma de una amiba, que invadiendo las células epiteliales que tapizan los pequeños capilares, las transforma en células gigantes. La irritación de las células gigantes, así formadas, se propagaría á las del endotelio vecino, las que convirtiéndose en células epitelioides constitui- rían los nodulos que se localizan en la capa reticular. Parasitología Animal 66 PARASITOLOGIA ANIMAL Ya hemos descrito los fenó- menos que se producen durante la madurez del nodulo y pasare- mos directamente al estudio del coccídeo tal como es eliminado en las supuraciones por ruptura de los tumorcitos neoplásicos. El Esporozoario, examinado en preparaciones frescas, se pre- senta con forma perfectamente esférica, y constituido por una cápsula de doble membrana, y un contenidoprotoplasmático. La cápsula es lisa, gruesa, blanca amarillenta, traslucida, y mide 7 de espesor. El protoplasma, de un color amarillo parduzco, puede llenar por completo el interior de la cápsula ó bien condensarse y dejar un espacio entre su por- ción externa y la membrana de cubierta. Cuando se examina al coccídeo en preparaciones coloreadas, se presen- ta en forma de esfera abollada, media luna, observándose á veces en forma de abolladuras dobles. Estas deformaciones son debidas, sin duda alguna, á la acción que sobre los tejidos ejercen los fijadores que se emplean para conservar las piezas histológicas, (fig. 19-2-2). Sus dimensiones son variables pero puede asegurarse como término medio 18 á 24 p, aunque se han visto coccídeos que han adquirido hasta 80 ¡i de diámetro. El protoplasma de este psorospermia, principia poco tiempo después á perder su aspecto uniforme, y á llenarse de granulaciones de gran tama- ño, hasta que termina finalmente por segmentarse en un cierto número de esferas de color blanco transparente y provistas de una membrana de en- voltura simple. Cada coccídeo se fragmenta así de 20 á 30 esferas que repre- sentan los esporoblastos. En un grado más avanzado de desarrollo, estas esferas adquieren do- ble membrana de cubierta (esporocystos) y encierran en su porción central un grano con gran poder refringente. Sus dimensiones alcanzan á 12 y 15 [i, habiéndose observado una que media 42 ¡i, y que era la única que existía en el interior de una cápsula madre de 85 [i de diámetro. Fig. 19 - Psorospermias según Posadas.-1, Forma común del Coccídeo en los exámenes al fresco.-2, Coccídeos libres, como los anterio- res, de las células gigantes, pero deformados por los procedimientos de tinsión.-3, Faz pre- paratoria de la reproducción.-4, Coccídeo con el protoplasma dividido en pequeñas esferas.- 5, Jóvenes Coccídeos puestos en libertad por ruptura de la Ciípsula materna. PARASITOLOGIA ANIMAL 67 Los esporozoitos no han sido observados, pero de cualquier modo es una reproducción esporulada. A primera vista surge de que las fases que hemos estudiado del coc- cidium y que corresponden al ciclo esporogónico, no son las que se encar- gan de difundir y generalizar la enfermedad por todas las partes del orga- nismo. ¿Cuál es entonces la forma que circula, que esparce la afección en las distintas regiones del huésped? Posadas cree que la multiplicación infectante corresponde al ciclo es- quizogónico. En el quiste cuyas parades son más delgadas que en la repro- ducción esporulada, se forman una cantidad enorme de merozoitos que se colocan en la parte periférica de él, dejando una parte central clara; son irregulares y por presión mútua toman forma poliédrica, lo que da al pro- tozoario enfocado superficialmente el aspecto de un mosáico. Los merozoi- tos puestos en libertad por ruptura del quiste, forman los cuerpos vitreos de Posadas é infectan nuevas células para seguir su evolución en unoú otro sentido. Según la formula de evolución que predomine en el organismo del huésped, la enfermedad ofrece un aspecto clínico diferente. En los monos, en los cuales predomina de un modo casi absoluto la multiplicación esporu- lada, la enfermedad tiene una marcha aguda, muriendo estos animales al cabo de 20 ó 30 días y observándose en la autopsia profundas lesiones en todos los órganos. En cambio, en el gato, perro y en el hombre, sobre todo en este último, en el cual es difícil encontrar la forma esporulada, la evolución de la enfermedad es lenta: ha durado 7 años en el caso de Posadas. Posadas hizo una serie de experiencias para probar que el coccí- deo podía trasmitirse directamente del hombre á un animal cualquiera y ob- servó que el paciente inoculado presentaba una serie de síntomas entera- mente análogos á los que determinaba elcoccídeo en el único caso observado por él. Redujo á papilla fragmentos de piel y ganglios extirpados al enfermo, é inoculó una serie de ratas, conejos, chanchitos de la india, perros, gatos, gallos, palomas, monos, que presentaron muy pronto una infección general, que se acentuaba especialmente en los ganglios, serosas, piel, bazo, hígado y pulmones, quedando demostrado perfectamente que el coccídeo era trasmisible del hombre á los animales y determinaba en éstos, la formación de nodulos, que concluían por supurar. Los monos, cinco días después de la infecciop, se ponen tristes, febricientes, ocultan la cabeza entre las pier- nas, pierden el apetito, presentan numerosos tumores en la piel y en los ganglios, y mueren pocos días después por embolias pulmonares y cerebrales. 68 PARASITOLOGIA ANIMAL El doctor Posadas termina su notable trabajo con las siguientes propo- siciones á guisa de conclusión: «l.° Existe una Psorospermia capaz de producir tumores cutáneos y ganglionores en el hombre. «2.° La Psorospermia es trasmisible á los animales y se reproduce en ellos con gran vigor, determinando infecciones múltiples y generali- zadas. «Estas lesiones afectan de preferencia las serosas, el bazo, el hígado y el pulmón. «3.° Es está la primera prueba clara y terminante que una Psoros- permia pueda ser la causa de tumores en el hombre y trasmitida á los ani- males, producir idénticos resultados.» El sitio que corresponde al parásito descubierto por el doctor Posa- das en la clasificación general es fácil deducirlo, basándose, en su forma, constitución y evolución genética. Por su organización tan simple y elemental, así como por su dimi- nuto tamaño cuya observación requiere él auxilio del microscopio, el pa- rásito debe ser comprendido en el tipo de los Protozoarios. Ahora bien, los Protozoarios se dividen en cuatro clases: Rizópodos, Esporozoarios, Flagelados é Infusorios. El parásito no puede ser un rizópodo, pues carece de pseudopodios; no puede ser un flagelado, porque carece de los flagelos que caracterizan á esta última clase, tampoco un Infusorio pues tiene una reproducción especial por esporos que es caracteristica de los Esporozoarios. Los Esporozoarios á su vez se dividen en los siguientes órdenes. Coc- cídeos, Hoemosporídeos. Sarcosporídedos, Gregaríneos, Microsporídeos y Myxosporídeos. Si recordamos el modo de vida particular del parásito neoplásico, alojado en el interior de una célula gigante que le sirve de huésped, y si tenemos presente que los caracteres fundamentales de los Coccídeos son su parasitismo intracelular y su doble reproducción, no vacilaremos en colocarlo en este último orden, al lado del Coccidiicm perforans, de la Ei- meria falciformis, etc. Por consiguiente, el parásito descubierto por el Dr. Posadas es un entozoario que pertenece al tipo de los Protosoarios, á la clase de los Esporozoarios., y ai orden de los Coccídeos. Coccidium Seeberia.-Wernicke, 1900 No queremos terminar esta breve reseña de los coccídeos parásitos del hombre, sin hacer mención del psorospermia encontrado por el Dr. Seeber en pólipos nasales extirpados á un enfermo del hospital del Clínicas PARASITOLOGIA ANIMAL 69 del cual hizo un estudio detallato en su tesis inaugural (año 1900). El coccídeo siempre libre, estaba radicado entre las mallas del tejido con- juntivo del pólipo, y caracterizábase porque sus esporosoitos no afectaban la forma de una virgula común á los esporozoitos de los coccídeos en general, razón por la cual se ha querido clasificar á este esporozoario en un orden intermediario entre los Coccídeos y Microsporídeos que se deno- minaría orden de los Coccidióides. El caso de Seeber no ha sido el único de esta especie de parasitismo coccidioico. El Dr. Malbrán observó, en el año 1892, al examinar al mi- croscopio cortes de una pieza anátomo-patológica de un pólipo nasal, masas circulares de diversos aspectos que con razón attribuyó á las distintas formas de un esporozoario. Este coccídeo fué estudiado más tarde detenidamente por el Dr. See- ber, quién comprobó que se trataba de un parásito enteramente semejante al suyo. ORDEN DE LOS HCEMOSPORÍDEOS Ilaematopliyllum malariae El 6 de Noviembre de 1880, el Dr. Laverán, médico militar y profesor en la Escuela de Val de Grace, hizo el notable descubrimiento del agente patogénico de las fiebres palustres. De paso en Constantina, costa de Algeria fuertemente malárica, apro- vechó de tal ocasión para hacer investigaciones sobre la patología de la malaria. Examinando la sangre de numerosos palúdicos, encontró el pig- mento que había sido observado anteriormente por Virchow en la sangre del corazón de una persona muerta de fiebre intermitente en la Charité. Halló, también, figuras pigmentadas redondeadas, y observó que estos cuerpos redondos y pigmentados, emitían desde su periferia, flagelos en número de tres ó cuatro, dotados de vivaces movimientos, con su extre- midad un poco engrosada, y de una longitud de 20 á 26 ¡i. Su movimiento era extraordinariamente vivaz, al punto que eran ca- paces de desviar los glóbulos rojos que se hallaban á su alrededor; luego se destacaban completamente y se movían como serpientes entre los gló- bulos sanguíneos. Esta forma, que dió la convicción á Laverán de que se trataba de un parásito, es la misma que fué denominada más tarde por Danilewsky con el nombre de Polymitus. Además de ella, Laverán ob- 70 PARASITOLOGIA ANIMAL servó formas ameboidales, en creciente, y segmentadas, de todo lo cual dedujo que el parásito del paludismo podía presentarse bajo cuatro tipos diferentes: l.° Cuerpos esféricos, 2.° flagelos; 3.° cuerpos en creciente; 4.° cuerpos segmentados ó en rosa. Hé aquí la descripción que de ellos hizo. l.° Los cuerpos esféricos representan la forma más común. Se hallan dotados de movimientos ameboideos, por cuya razón han sido denomina- dos cuerpos ameoboideos. Están formados por una sustancia hialina, inco- lora y muy transparente. Miden los más pequeños 1 p pudiendo alcanzar los mayores al tamaño del diámetro de un glóbulo rojo. Sus contornos son netos é indicados por una línea muy fina. Los más pequeños encierran uno ó dos granos de pigmento, y á veces care- cen en absoluto, presentándose entonces como pequeñas manchas claras localizadas en el seno de los hematíes. A medida que estos elementos adquieren mayor tamaño aumenta el número de granos de pigmento; deponiéndose muy á menudo estos úl- timos en forma de una corona regular. Los cuerpos esféricos viven libres en el sérum, (fig. 20 g. h.) ó bien, localizados en los hematíes (c. d. e.), en número de, dos, tres, y cuatro para un mismo glóbulo rojo. Los hematíes que alojan parásitos, palidecen á medida que los elementos parasitarios aumentan de volúmen; y llega un momento en que el glúbulo rojo que ha perdido su forma y su transparencia, acaba de desaparecer. Cuando se examina minuciosamente un cuerpo esférico animado de movimientos amiboideos, puede observarse que este cuerpo se segmenta á menudo en tres ó cuatro elementos semejantes, pero más pequeños, que se separan, ó se vuelven á reunir para constituir de nuevo un cor- púsculo esférico. Los movimientos amiboideos de los cuerpos esféricos coinciden á me- nudo con la agitación de los granos de pigmento. Al cabo de un lapso de tiempo variable que no suele pasar de media hora ó de tres cuartos de hora, los movimientos amiboideos se detienen y los cuerpos esféricos adquieren formas cadavéricas, pierden la regularidad de sus contornos, y el pigmento se acumula en un punto determinado. Los corpúsculos esféricos poseen núcleo; pero su existencia no es fácil de revelar, debido á la dificultad con que £toma las sustancias colo- rantes, teñido con el azul de metileno, se presenta como una mancha clara y redonda. 2.° Flagelos.-Examinando con detención una preparación de sangre en la cual se encuentren cuerpos esféricos, obsérvase á menudo en los PARASITOLOGIA ANIMAL 71 bordes de estos elementos, filamentos, móviles ó flagelos, (fig. 20, p. n. o.), que se agitan con suma vivacidad. Estos flagelos son tan delgados y transparentes, que es imposible verlos al estado de reposo, á pesar de su longitud que llega á medir de 21 á 28 ¡i. Los flagelos provenien de los cuerpos esféricos, pudiendo á veces observarse su excapsulación. Pueden verse en sangre recién extraída de los vasos, pero en general son más visibles 15 ó 20 minutos después. Sus mo- vimientos son independientes, y se desprenden de los cuerpos esféricos que les han dado nacimiento, para deformarse y permanecer inmóviles. 2.° Cuerpos en creciente.-Son elementos cilindricos, afilados en sus extremidades y encorbados en forma de creciente (fig. 20, q. r.). La sustancia de estos cuerpos es transparente, incolora, salvo en la parte media, en donde se observan granos de pigmento idénticos á los de los corpúsculos esféricos. Su longitud es algo mayor que el diámetro de los hematíes, es decir de 8 a 9 |i. A veces suele verse una línea que une las ■dos extremidades del creciente y que representa el vestigio del glóbulo que sirvió de huésped al parásito. Fig. 20-Hematozoarios del paludismo según Laveran Cuando se examinan cuerpos en creciente en sangre fresca, se con- stata á menudo que al cabo de 15 ó 20 minutos, se transforman en cuer- pos ovalares, luego esféricos, los que á su vez dán nacimiento á flagelos que se agitan con movimientos amiboideos. 4.° Cuerpos segmentados (fig. 20 i, j).-Derivan de los cuerpos esfé- ricos; los granos pigmentados se aglutinan y forman una pequeña masa en 72 PARASITOLOGIA ANIMAL el centro del corpúsculo. Los bordes presentan una dentelladura regular y la segmentación se extiende de la periferia al centro (fig. 20, i); el parásito se fragmenta en 8 á 16 segmentos regulares ffig. 20, jj que ofrecen una forma ovalar, y se transforman poco tiempo después en pequeños cuer- pos esféricos (fig. 20, k). Admítese hoy en día, que los hematozoarios descubiertos por Laverán son los agentes patogénicos de las fiebres palustres. A pesar de que no se han podido cultivar dichos parásitos; á pesar de que no se ha podido demo- strar mediante una inoculación pura la causalidad mórbida de estos orga- nismos, numerosas pruebas irrefutables nos demuestran la certidumbre de la aseveración hecha anteriormente. l.° Los hematozoarios de Laverán existen en la sangre de todos los palúdicos. 2.° Fistos microorganismos no existen, en el hombre, más que en la sangre de los palúdicos. 3.° La quinina los mata, haciendo desapa- recer al mismo tiempo los accesos febriles. 4.° La pigmentación de cierto órganos, tales como el hígado y el bazo, observada en casos de malaria debe su origen al pigmento elaborado por los esquizontes. Se han dado á estos hematozoarios infinidad de denominaciones, que si bien atestiguan de parte de los observadores, intensas y profundas inves- tigaciones, han introducido en los tratados un lujo tal de sinonimias, que exponen al lector á múltiples confusiones. Exponemos á continuación los diferentes nombres que les han sido asignados: Oscillaria malarias, por Laverán en 1883, y sustituido por el mismo autor poco tiempo después, con el de Hematosoon malarias. Plasmodium malarias. Marchiafava y Celli, 1885. Hasmatopkillum malarias. Metschnikoff, 1887. Hasmatomonas malarias. Osler, 1885. Laverania malarias. Feletti y Grassi, 1890, para designarlos cuerpos en creciente. Hasmamosba mala-tías. Feletti y Grassi, 1890, para los parásitos de los fiebres terciana y cuartana benignas. Citosoon malarias. Danilewsky, 1891. Hasmosporidium. Lewkowicz, 1897. Hasmomosmas, Ross, 1899, para designar los cuerpos en creciente que habían sido denominados Laverania Feletti y Grassi. El término hsmatosoario, debe ser desechado por razones mismas de su etimología (aqxa, sangre, ^wov, animal^ pues existen otros microorganis- mos que viven parásitos en la sangre. En virtud de la ley de prioridad adoptada por el Congreso internacio- nal de zoología en Moscou debemos dar el nombre de Plasmodium mala- rias, á los parásitos de las fiebres terciana y cuartana, reservando la deno- PARASITOLOGIA ANIMAL 73 minación de Laverania para el parásito de la fiebre tropical, ó estío-autum- nal de los Italianos. Para Laverán, las diversas formas observadas del Hacmatophillum malarias, deben ser consideradas como las fases sucesivas de un mismo parásito polimorfo. Con la poderosa autoridad que tiene en la materia sostuvo desde el instante del descubrimiento del Haematophillum, la unidad de los agentes causantes de la malaria, considerando las cuatro formas como variedades de una misma especies, en diferentes períodios de desarrollo. Sin embargo la inmensa mayoría de los autores admiten actual- mente tres especies de hematozoarios de la malaria, característicos de tres fiebres distintas: la terciana, la cuartana, y la estío-autumnal. ¿De estas dos teorías, cúal es la verdadera? ¿Existen realmente dife- rentes parásitos de la malaria, ó bien no existe más que una sola especie con tres variedades? Preguntas son éstas á las cuales es difícil responder con exactitud. Sin embargo la teoría de la pluralidad de las causas se basa en numerosas consideraciones: l.° A cada una de las fiebres, terciana, cuartana ó tropical, correspon- de un tipo parasitario diferente, pero que es siempre único para tina misma enfermedad. 2.° En el curso de la enfermedad, se constata la invariabilidad del tipo parasisario. Un sujeto atacado de fiebre terciana, no presentará durante el período de la afección, parásitos de las fiebres cuartana ó autumnal, salvo el caso que se haya producido una segunda infección. 3.° La especie de fiebre palustre es siempre la misma para una misma localidad. Corroboramos esta tercera consideración citando el siguiente ejemplo anotado en las clínicas de Trousseau. <Tours y Saumurson dos ciu- dades situadas en la margen izquierda del Loira que presentan idénticas con- diciones climatéricas y telúricas. Todos los casos de malaria registrados en Tours corresponden á la fiebre terciana, y los pocos que he observado de cuartana lo fueron en individuos que recién habían venido de Saumur ó de Rochefort. El siguiente hecho ha llamado mucho mi atención. Catorcq soldados acuartelados en Saumur, fueron llamados á presentarse ante un consejo de guerra establecido en Tours. Diez días después de haber llegado á esta ciu- dad, nueve de ellos se vieron obligados á ingresar en el hospital atacados de cuartanas cuyo germen habían evidentemente contraído en Saumur, pues en Tours y en sus alrededores solo se observan casos de terciana». 4.° Existe en nuestros climas, relación entre el tipo parasitario y las es- taciones. De tiempo muv atrás se sabe que las tercianas y cuartanas se producen especialmente en primavera, mientras que las fiebres malignas abundan en otoño. 5.° Las inoculaciones de sangre malárica provocan en el inoculado la 74 PARASITOLOGIA. ANIMAL misma forma parasitaria y el mismo tipo de fiebre que los que existen en el sujeto cuya sangre se empleó para la inoculación. Golgi, es uno de los observadores, que más han contribuido á la des- cripción de las diterentes fases de la evolución de los parásitos en la sangre humana. Este mismo autor observó además que los cuerpos en creciente no existen en las fiebres terciana y cuartana, encontrándose únicamente en las fiebres malignas. Describiremos por consiguiente: l.° El Plasmodium malariae tertianum Golgi, ó Plasmodium vivas Grassi y Feletti. 2.° El Plasmodium malariae quartanum Golgi, ó Plasmodium mala- ria e Laveran. 3.° El Laverania malariae Grassi y Feletti ó Plasmodium praecox. Pero antes de pasar á describir los diferentes parásitos maláricos del hombre, vamos á exponer la evolución general de estos hematozoarius. Durante mucho tiempo creyóse que el parásito introducíase en el orga- nismo mediante las vías respiratorias, y de tiempo inmemorial atribuíanse las tercianas y cuartanas á desprendimientos ó exhalaciones propias del suelo, que al flotar en la atmósfera, llegaban hasta nuestros pulmones. De esa creencia, tomó origen la dominación de mal-aria, con que los italianos designan estas especies de fiebre. Suponíase que la vía de entrada al organismo se efectuaba indistinta- mente por medio de aire ó del agua de consumo, por cuya razón aconsejá- base como medidas profilácticas la filtración y cocción del agua, y el evitar parajes pantanosos, bañados y esteros, lagos de poca agua, charcos, terre- nos húmedos y fangosos délos climas cálidos y templados, que constituían caldos de cultura admirables, según se creía, para el desarrollo del Haema- tophillum malariae. Felizmente, hoy en día, conócense bastante bien, las evoluciones de este parásito ó mejor dicho de estos parásitos, gracias al vigoroso impulso dado por la escuela italiana representada por Grassi, Marchiafava, Celli, Big- nami, Golgi, Bastianelli, etc. Fué Patrick Manson el primero que emitió la hipótesis que el plasmo- dium de la malaria evolucionaba en dos huéspedes, y que el huésped inter- mediario era el mosquito. Indújolo á ello, numerosas observaciones hechas durante tsu estadía en Hon-Kong, sobre un nematode parásito de la sangre del hombre: la filaría sanguinis hominis. Manson encontró examinando mosquitos que habían chupado la sangre de enfermos de filariosis, que, des- pués de un cierto tiempo, las larvas de filarías atravesaban las paredes in- testinales del mosquito, se acumulaban entre los músculos del tórax y au- mentaban notablemente de dimensiones. Este hecho que llamó la atención de Manson, le hizo pensar que los PARASITOLOGIA ANIMAL 75 nosquitos pudieran ser de algún modo la vía intermediaria, mediante la cual :1 parásito pudiera abandonar la sangre humana, puesto que los mos- pfitos hembra que, como es sabido, son únicamente los que chupan sangre, leponen sus huevos en el agua y á menudo encuentran en ella su tumba. De este modo los plasmodium llegarían al agua para vivir en estado libre, nultiplicarse y poder llegar á infectar al hombre mediante el agua de con- umo. Manson sostenía que el parásito no era inoculado por la picadura del nosquito, sino que después de haber abandonado al mosquito y adquirido su ibertad, eran introducidos en las vías digestivas ó respiratorias mediante el gua no sometida á una cocción prévia. La teoría que sostiene que la infección malárica es producida por a picadura del mosquito, fué debida á Bignami. Este sabio adhirióse á la mtigua creencia popular existente en Italia, tal vez desde los tiempos de □s romanos, de que malaria y mosquitos tienen entre sí muchos puntos de :orrelación. Bignami sostuvo que el agua y el aire no son los vehículos le infección. Adujo como ejemplos de que las campiñas romanas se surten le la misma agua que la ciudad de Roma (l'acqua marcia), y sin embargo :n una parte se observan fiebres palustres y en la otro no. Afirma además pie la teoría de la infección por medio del aire es impotente para explicar >orqué las horas del crepúsculo y de la noche son tan peligrosas, y porqué :s fatal dormir en dichas campiñas al aire libre. Bignami creyó como Manson, que los plasmodium poseían un período le vida libre, y supuso que la larva del mosquito tenía la propiedad de apo- lerarse de los parásitos durante este período de libertad. El estado libre de os hematozoarios se produciría según Bignami, antes de la picadura, y egún Manson después. Ambos autores hacen concesiones á la antigua eoria de la infección por medio del aire y del agua, y creen solo, que el nosquito es el agente vehículo entre la sangré y el agua, la cual según Man- on y Bignami la restituiría á su vez al hombre; pero ambos autores no están le acuerdo en la forma como se produce este hecho. Bignami no se contentó con enunciar a priori estas teorías, sino que lesde 1893 inició una serie de investigaciones al respecto. Por una parte ndirectamente, puesto que trató junto con Celli de proteger de las picadu- as de los mosquitos, en los lugares maláricos, un gran número de hom- )res, en tanto que muchos otros que se encontraron en igualidad de :ondiciones de vida, pero sin defensa contra los mosquitos, servían de :ontrol. Por razones independientes de su voluntad tuvo que abandonar ales experiencias. Efectuó también experiencias directas, en colaboración :on Dionisi, haciendo chupar por los mosquitos la sangre de pájaros nfectados, y exponiendo nuevos pájaros á la acción de los culícidos. Estas investigaciones tuvieron todas resultado negativo, pero dejaron isentado un principio muy importante: el número de pájaros infectados es 76 PARASITOLOGIA ANIMAL mucho mayor después de la muda, que es período durante el cual se hallan más expuestos á la picadura de los mosquitos. Entre tanto Roberto Koch habría echado todo el peso de su autoridad sobre el platillo de la balanza, en favor de la teoría de los mosquitos. Ba- sábase para ello en las investigaciones que Smith y Kilborne, realizaron para conocer la evolución del Púosoma bigeminum^ y que dieron por resul- tado el descubrimiento del huésped intermediario, representado por un Ixodo, el Booplzilus bovis. Koch confirmó en Africa, que el pirosoma bigeminzim, parásito de la sangre del buey, era absorbido por una garrapata, Boophilus bovis. Este Ixodo, ingiere el pirosoma que se reproduce luego de una manera inmensa, y puede, haciendo picaduras en otros bovinos, comu- nicarles la fiebre de Tejas. Por otra parte, los huevos del Boophilus también se infectan; y como éstos van á dar lugar á larvas y luego á ixodos perfectos, resulta que con la misma infección del Boophilus bovis madre, se inoculan todas las garrapatas hijas, engendrando por consiguiente, otros tantos focos de trasmisión. Koch pensó que tal vez podría suceder lo mismo con los parásitos maláricos. Por lo tanto inició una serie de investigaciones que le dieron un resultado negativo. Koch infectaba experimentalmente huevos, recogiendo cuidadosamente las larvas y luego los mosquitos perfectos á que daban lugar. Con estos mosquitos se hacían picar numerosos sujetos, en cuya sangre se investigaba después el parásito. A pesar del mal resultado de sus experiencias, Koch permaneció firme en la brecha, y sostuvo más su opinión después del descubrimiento de] huésped intermediario del Trypanosoma Evansi, representado por un múscido: el Tsetsé. Pero antes de que los investigadores italianos, bajo la influencia de la autoridad de Koch, pulieran repetir en mayor escala sus experiencias, en otra región se hacían los primeros descubrimientos. Aconsejado por Mansón, Ronald Ross en Calcuta, después de haber obtenido con la malaria del hombre resultados negativos, empezó á estudiar los parásitos de los pájaros, y llegó á descubrir algunos estados y más tarde todo el ciclo evolutivo del Proteosoma y del Laverania. Los descubrimientos de Ross, fueron completados y confirmados por Koch, Kossel, Bignami, Dionisi y Grassi. El proteosoma y el Laverania viven parásitos en los glóbulos rojos de la sangre de algunas aves tales domo la cigüeña, la alondra, el pichón, la garza, la corneja, etc., en donde sufren una serie de evoluciones. Introducidos, luego, con la sangre en el aparato digestivo, del mos- squito {mosquito grey), cuando éste viene á succionar dichos pájaros perforan las túnicas intestinales y por un mecanismo desconocido, tal vez LAM. I I <1 1. Fases de desarrollo y formas varias del Pirosoma bigeminum.-2. Fases de la evolución del Boophilus bovis.- 3, Huevos.-4. Larva de Boophilus bovis.-5. Macho.-6. Hembra.-7. Fragmento de piel de bovino con Boophilus bovis. Pirosoma bigeminum y su huésped intermediario, Boophilus bovis PARASITOLOGÍA ANIMAL E. PERRONCITO, "la CIENCIA médica" 2080 CÓRDOBA 2080 PARASITOLOGIA ANIMAL 77 arrastrados pasivamente por la sangre, llegan á la glándulas salival ó venenosa del mosquito. A la primera picadura de éste, mezclados con una pequeña cantidad de saliva, se introducen los esporozoitos en la sangre del pájaro picado, el cual muestra después de un cierto tiempo, numerosos hematozoarios en sus glóbulo rojos. Imponíase, por consiguiente de nuevo, el problema de la malaria humana, debiéndose, resolver ante todo porque razón habían fracasado las experiencias para transmitir la malaria por medio de los mosquitos. Surge en este período de vacilaciones y dudas la notable figura del célebre sabio Bautista Grassi, quien abordó la cuestión bajo el punto de vista de los zoólogos, é hizo constatar de que existían un gran número de espe- cies de mosquitos. Llamóle la atención de que á pesar de que en casi todas las regiones del mundo existen mosquitos, en muy pocos lugares, afortunadamente, existe la malaria, deduciendo de aquí que solo una ó muy pocas especies de mosquitos serían las encargadas de transmitir el parásito al hombre. Recogió entonces de todos los lugares maláricos posibles y de los no maláricos, innumerables cantidades de mosquitos. Determinó y con- frontó entre sí las especies encontradas en las diversas localidades; obser- vó, comparando los resultados obténidos, que hay ciertas especies de mos- quitos que son característicos de las regiones palúdicas, y retuvo como sospechosas algunas especies del género, Culex, y una especie de Anophe- les denominada Anopheles claviger. Inmediatamente después, Grassi hizo una serie de experimentacio- nes sometidas á la más escrupulosa vigilancia, que debían suministrar á la ciencia un feliz resultado. Las primeras investigaciones fundamentales sobre la inoculación de la malaria humana por medio de los mosquitos fueron hechas por la es- cuela romana, á fines de otoño de 1898, siendo Bignami el primero que señaló resultado positivos. Tratábase de un enfermo crónico que hacía ya seis años que estaba en el hospital de Santo Spírito, atacado de una enfermedad nerviosa, y que se adaptaba, según Bignami, especialmente para la experimentación, puesto que había permanecido seis años bajo la vigilancia médica y nunca había tenido malaria. Hízole dormir durante el periodo 26 de Sep- tiembre 23 de Octubre, en una habitación del primer piso de dicho hospital cuyas ventanas estaban cerradas con tul. En esta pieza introdujo numerosos mosquitos recogidos en Macca- rese, comarca muy palúdica de Italia. Estos mosquitos pertenecían á las especies Culex vexaus y Culex penicillans. El 20 de Octubre introdujé- ronse además 10 mosquitos del género anopheles. El L° de Noviembre el enfermó manifestó fiebre, haciéndosele tres días después, una punción 78 PARASITOLOGÍA ANIMAL de sangre que examinada al microscopio reveló poseer plasmodium de la fiebre estío-autumnal. Así se había cumplido el primer experimento fundamental, y la teoría que sostenía que el mosquito era el huésped intermediario, asentábase como una verdad inconmovible. Faltaba únicamente decidir cual de las especies era la trasmisora de las fiebres palúdicas. Basándonos en la experiencias precedente, podríamos suponer que el huésped intermediario era un mos quito del género Culex, puesto que estos se hallaban en un número mucho mayor y por consiguiente tenían más probabilidades de picar. Pero Grassi, de tiempo atrás, sospechaba de los Anopheles como agentes patogénicos de la malaria. En colaboración con Bignami y Bastia- nelli efectuó una ulterior experiencia, cuyo resultado no dejó duda alguna de que efectivamente el Anopheles claviger era el verdadero huésped in- termediario. Después de haber recogido, con la más escrupolosa elección, Anopheles claviger, expuso á la acción de éstos á un joven que hacía tres años que estaba en tratamiento de una enfermedad nerviosa en el Hospital Santo Spírito. Desde el 13 de Noviembre hasta el 2 de Diciembre de 1898, durmió en una habitación en la cual habíanse introducido 100 Anopheles provenientes de Maccarese. El 3 de Diciembre el paciente presentó sín- tomas de terciana típica, comprobándose la existencia del Plasmodium en Culex Fig. 21 Anopheles En Diciembre del año de 1898, Grassi, Bignami y Bastianelli continua- ron las experiencias sometiendo un enfermo palúdico á la acción de nume- rosos anopheles. Estos mosquitos alimentados así con la sangre del malá- rico, fueron recogidos y puestos en un termóstato á una temperatura de 18 á 22 grados. Observados algunos de ellos al microscopio, revelaron poseer en el interior de su organismo y en diversas fases de evolución, hematozoa- rios del paludismo. Tres de los restantes picaron el dos de Enero de 1899 á un sujeto que jamás había padecido de malaria. El 5 de Enero el individuo LAM. II 1. Glóbulo rojo normal.-2 á 8. Id. con Laveranias en diferentes fases de desarrollo.-9 á 12. Laveranias que han ad- quirido una forma semilunar.-13, 14. Proteosoma endoglobular esférico.-15. Proteosoma con un vestigio del glóbulo.- 16, 17. Proteosomas libres.-18. Proteosoma flagelado: el flagelo representa un espermatozoide. Glóbulos de sangre de pichón. Dibujo de Laverán. Evolución del Proteosoma y del Laverania en la sangre del pichón PARASITOLOGÍA ANIMAL E. PERRONCITO. "la CIENCIA médica" 2080 CÓRDOBA 2080 PARASITOLOGÍA ANIMAL 79 es sometido por segunda vez á la acción de los anopheles. El 14 de Enero presenta los síntomas de la malaria, con una fiebre muy intensa, y el examen microscópico de la sangre permite observar Plasmodium Praecox^ ó pará- sitos de la fiebre estío-autumnal. En el verano de 1899, Bignami y Bastianelli, realizaron nuevas expe- riencias. Pusieron en libertad Anopheles Claviger que habían nacido en el laboratorio, y sobre los cuales se abrigaba por consiguiente, la más com- pleta inmunidad, é infrodujéronlos en una habitación en donde habían nu- merosos enfermos de terciana, .dejándolos desde el 14 hasta el 26 de Julio. Seis de estos mosquitos fueron sacados el 25, para llevarlos al termóstato á 30° c. Dos de ellos picaron el 28 de Julio á un sujeto que jamás había tenido malaria, picándolo de nuevo dos días después. El 2 de Agosto los mosquitos revelaron al microscopio la presencia de parásitos en diferentes faces de desarrollo. El 16 de Agosto la temperatura del enfermo alcanzó á 39° c. y el examen de su .sangre reveló la presencia de los hematozoa- rios de la terciana. Por la mañana del 17, observóse apirexia y el número de parásitos en la sangre había aumentado considerablemente. Una última experiencia concluyente fué realizada por Grassi. Un Anopheles Claviger infectado doce días antes con terciana, picó á una mujer. Grassi examinó en seguida el anopheles, y encontró cápsulas vacías en la parte externa del estómago. Quince días después la mujer vol- vió enferma de terciana, que había sido producida, como hemos visto, con una sola picadura de Anopheles Claviger. Este experimentador demostró de idéntico modo que la trasmisión de la cuartana se efectuaba mediante el mismo mosquito. Las conclusiones á que arribó Grassi son las siguientes: 1.° El Anopheles Claviger es el huésped intermediario de los parási- tos del paludismo. 2.° Las tres especies de hematosoarios (Plasmodium malariae, Plas- modium vivax y Laverania malariae^ se desarrollan perfectamente en el cuerpo de los Anopheles. Es la hembra de los Anopheles Claviger, que sirve de huésped inter- mediario á los Plasmodium de la malaria. Los Anopheles machos se alimentan exclusivamente de jugos vege- tales, mientras que las hembras prefieren la sangre de los animales y del hombre. El Dr. Annet, durante su permanencia en el Niger, tuvo la curiosidad de observar el sexo de un gran número de Anopheles capturados en el interior de habitaciones de europeos y de indígenas y contó 22 machos para 293 hembras. Los machos observados han permanecido en la habita- ción para asegurar la fecundación de las. hembras; una vez efectuada ésta, se alejan para reaparecer á la noche siguiente; de modo que durante el 80 PARASITOLOGÍA ANIMAL día existen únicamente en la habitación hembras fecundadas y repletas de sangre. ¿El Anopheles claviger es el único huésped de los parásitos maláricos? Esta pregunta es difícil contestarla en el estado actual de las observacio- nes. Por lo pronto, numerosos trabajos é investigaciones que se han em- prendido en multitud de comarcas han confirmado que el Anopheles cla- viger se halla siempre en las regiones palúdicas. Sin embargo, algunos observadores creen que otros mosquitos pueden servir de huéspedes intermediarios, y así Ross afirma que el Anopheles punestus y el Anopheles costalis son los agentes etiológicos de la malaria en Sierra Leona: Celli Fig. 22.-Cabeza de Anopheles hembra supone que estos agentes se hallan representados accidentalmente en Bél- gica por el Culex pipens y el Culex nemerosus, habiendo aún observadores que atribuyen dicho rol en ciertas comarcas al Anopheles bipurcatus y al Anopheles pseudopictus} pero faltan experimentaciones comprobantes al respecto. Los plasmodias de la malaria constituyen con otros parásitos endo- globulares, que radican en los mamíferos, aves, reptiles y batracios, un orden especial: el de los haemosporídeos. Hasta hace muy poco tiempo, se consideraban á los Coccídeos y Hoemosporídeos como animales entera- mente distintos. Esta opinión era consecuencia natural de la deficiencia de PARASITOLOGIA ANIMAL 81 conocimientos que se tenían aún sobre unos y otros parásitos. Trabajos más recientes nos han demostrado que ambas órdenes nos ofrecen dos períodos semejantes de evolución, uno asexual ó esquizogónico, el segundo sexual esporogónico. Estas analogías nos obligan á colocarlos uno al lado del otro en la escala zoológica. Fíg. 23.-Cabeza de Culex hembra Pasamos ahora á estudiar la evolución de los plasmodias, tomando como punto de partida, los esporozoitos que se hallan alojados en las glán- dulas^salivales del mosquito (fig. 24). Los esporozoitos son cuerpos alargados, fusiformes, terminados en punta en sus dos extremidades;tienen un núcleo ovalar y central; miden 14 ¡i de longitud por 1 p de ancho. Examinados en preparaciones microscópicas, no presentan movimiento alguno. Ross cree que esta carencia de movimien- tos'es debida á la acción de la solución de cloruro de sodio que se emplea para aclararlos en las preparaciones frescas. Introducidos en el torrente sanguíneo junto con la saliva que segrega el insecto en el instante de la picadura, cada uno de ellos se apodera de un glóbulo rojo y allí se instala para sufrir nuevas modificaciones. Poco tiempo después de su penetración en el hematíe, el parásito se redondea y se transforma en un esquifante, figura 33 a-t). Este esqui- Parasitólogia Animal 6 82 PARASITOLOGIA ANIMAL zonte presenta movimientos ameboideos más ó menos acusados, por cuya razón ha sido designado con el nombre de amíbula por algunos au- tores. Durante su desarrollo, transforma paulatinamente la hemoglobina del glóbu- lo rojo en un cierto número de corpúscu- los pigmentarios, que constituyen los gra- nos de melanina ó pigmento malárico. El núcleo del esquizonte se fragmen- ta por división directa, y alrededor de cada' núcleo hijo así formado, se deposita una capa de protoplasma que proviene de la fragmentación del protoplasma madre. El esquizonte se divide entonces en un cierto número de segmentos ó merozoitos^ y deja un porción de protoplasma sin utilizar que contiene granos de melanina. y que cons- tituye la esfera residual. En esta esfera residual se insertan los merozoitos, los cuales poco tiempo después se desprenden para buscar en el plasma sanguíneo nuevos glóbulos rojos. El protoplasma residual se disocia y el pigmento malárico es absorbido por los fagocitos. (Fig. 33 g-h). Los merozoitos á semejanza de los esperozoitos, penetran en el inte- rior de un glóbulo rojo, se transforman en esquizontes, y éstos á su vez dan. nacimiento á nuevos merozoitos. Esta esquizogonia se repite así un número muy grande de veces, pro- duciendo en el individuo un auto-infección intensa. Después de un cierto número de estados] esquizogónicos, se manifiesta1 en la evolución del parásito cierta desorientación, es decir que al lado de merozoitos que continúan desarrollándose asexualmente, aparecen otros que evolucionan con caracteres de sexualidad. Llega'un período determinado en que los merozoitos continúan por tres senderosjdistintos sus faces evolutivas ulteriores. Algunos de ellos siguen transformándose en esquizontes que á su vez dan lugar á nuevos merozoitos; otros pasan al estado de microgame- tocitos, que engendrarán numerosos microgametos ó elementos machos; otros por fin, se transforman en macrogametocitos, que formarán respecti- vamente un macrogameto ó elemento hembra. ¿Porqué semejante modificación se manifiesta así repentinamente? Lo ignoramos aún, así como no sabemos cual es el número absoluto de esqui- zogonias ó períodos asexuales de evolución, que deben efectuarse antes de- que se produzca esta modificación. Fig. 24.-Corte de una glándula salival de Anopheles claviger. En la extremidad interna de las célu- las se observan numerosos esporo- zoitos (Según Grassi). PARASITOLOGIA ANIMAL 83 Después de un cierto número de estados esquizogónicos, se ven apa- recer en los hematíes, además de los esquizontes, elementos machos ó microgametos y elementos hembras ó macrogametos Fig. 33, i-j). Los macro- gametos elaboran finas y numerosas granulaciones pigmentarias, y tienen un protoplasma granuloso constituido por sustancia nutricia de reserva. Su núcleo es muy pequeño. Los microgametos, por el contrario, tienen un pro- toplasma hialino y elaboran gruesos granos de pigmento. Presentan un nú- cleo mayor que el de los macrogametos. Los cuerpos semilunares que se encuentran en la forma tropical ó estío-autumnal de la fiebre intermitente, y cuyo conocimiento data desde el descubrimiento de Laverán en 1880 han sido objeto de numerosas contro- versias, y fueron considerados durante mucho tiempo como producto de degenerecencia, actualmente se les considera como gametos, no pertene- ciendo por consiguiente á los estados esquizogónicos. En los plasmodias de las tercianas y cuartanas, los gametos no tienen forma semi-lunar. Son redondeados ú ovalares y se asemejan mucho á los esquizontes, razón por la cual han pasado desapercibidos durante mucho tiempo. Los macrogametos llegados á completo desarrollo, son aptos para ser fecundados. Sin embargo esta fecundación no se efectúa en el torrente san- guíneo del huésped principal; y solo se puede llevar á cabo en el tubo digestivo de un mosquito del género anopheles. A su vez el núcleo de los microgametocitos se divide en un cierto número de fragmentos; los núcleos hijas así formados, emigran inmediata- mente hacía la periferia, mientras que el protoplasma se segmenta igual- mente, y cada una de las partículas, segmentadas rodea á un núcleo hija. Cada núcleo nuevo, provisto así de su pequeña capa de protoplas- ma, constituye un mi ero gameto. Estos microgametos envuelven la por- ción central del protoplasma que no ha sido utilizada, y que representa la esfera residual. De esta esfera, que encierra en su interior granulacio- nes pigmentarias, van á desprenderse más adelante los microgametos Fig. 33, o). Los cuerpos flagelados descubiertos por Laverán y observados en la sangre de numerosos palúdicos, son sencillamente microgametocitos que han llegado á un grado completo de desarrollo,(esfera residual y microgametos). Los microgametocitos y macrogametos son transportados al estóma- go del insecto con la sangre succionada por el mosquito. Allí se separan de los hematíes en los cuales están alojados y adquieren mayor volúmen. Los microgametos se desprenden de la esfera residual y buscan los macrogametos. Estos, á su vez, emiten un pequeño mamelón con el cual se pondrán en contacto los microgametos para fecundarlos. De esta fe- cundación surge la cópula. 84 PARASITOLOGIA ANIMAL Cabe preguntar ahora: ¿Porqué esta fecundación no puede llevarse á cabo en el torrente sanguíneo del hombre, y se efectúa tan naturalmen- te en el tuvo digestivo del mosquito? A esta interrogación, solo podemos responder con suposiciones más ó menos verosímiles. Schaudinn cree que la causa eficiente de esta copulación es la refri- geración que sufre el parásito al abandonar la sangre caliente del hom- bre para pasar al frío tubo digestivo del mosquito. Parece confirmar esta hipótesis el hecho de que la formación de los microgametos se produce bastante rápidamente al observar los microgametocitos en un porta obje- to más ó menos frío, mientras que se les encuentra raramente en prepa- raciones de sangre fijadas al calor. La verdadera significación de los microgametos fué desconocida du- rante mucho tiempo. Manson fué el primero que sospechó su naturaleza sexual, confirmada en el año 1897 por Mac Cahuín al observar la fecun- dación de un macrogameto por un microgameto. Fig. 25-Corte del estómago de ano- pheles claviger, hay varios ookinetes en el-contenido estomacal, y dos de ellos en el epitelio (según Grassi). Fig. 26-Corte de estómago de ano- pheles claviger: el ookinete se transfor- ma en ookiste en la pared estomacal; ep. int. epitelio estomacal; par. ookinete; cad. cuerpo adiposo. (Según Grassi). Debemos hacer constar, sin embargo, de que este fenómeno no fué observado en plasmodium malarise, sino en un hemosporídeo muy vecino: el 'Laverania, agente parasitario de la malaria de las aves. Marshall efectuó una experiencia de cuyos resultados dedujo una segunda hipótesis. Habiendo observado que la adición de agua destilada favorece, en la sangre malárica, la maduración de los gametos, supuso que la cópula era debida á la imbibición que los gametos sufren en el estómago del mosquito. Ross sostiene la opinión de Marshall, y apoya esta teoría con una serie de experiencias llevadas á cabo sobre los cuerpos semilunares Constató este autor que los cuerpos semi-lunares se transforman PARASITOLOGIA ANIMAL 85 rápidamente en esferas cuando se agrega una regular cantidad de agua á los glóbulos rojos; que forman numerosos microgametos cuando la can- tidad es pequeña; y por último que no se produce transformación alguna, cuando la cantidad es muy poca ó se halla en demasía. Una vez efectuada la fecundación, el organismo que resulta de ella, denominado cópula, adquiere paulatinamente la forma de un verme, y me- diante movimientos bastante activos, se pone en contacto con el epitelio estomacal del insecto, para perforarlo luego y alojarse en él. Danilewsky había observado estos cuerpos hace mucho tiempo, designándolos con el nombre de vermículos, nombre que es usado por varios sabios, espe- cialmente por Koch. Sin embargo es preferible desechar este nombre, y adoptar el término de ookinetcs creado por Schaudinn. El ookinete no se desarrolla en el estómago de todos los mosquitos' En el género culex, la evolución cesa después de la fecundación, y la Fig. 27-Estómago de anopheles infectado: los puntos negros representan ookistes (Según Ross). cópula muere y desaparece. Es única y exclusivamente en el estómago de los anopkeles, en donde puede proseguir su desarrollo el ookinete, el cual pasa á través del epitelio estomacal, pierde su movilidad, y se transfor- ma en un ookiste esférico. Este ookiste (fig. 27) crece rápidamente, se carga de materias nutri- cias. se introduce en la capa músculo-elástica, y produce durante su crecimiento, una eminencia de más en más saliente en la superficie externa del estómago. El ookiste, cuya dimensión primitiva era próximamente la de un glóbulo rojo, alcanza al cabo de ocho días á 60 ¡i de diámetro, lo que significa que su diámetro inicial se ha octuplicado durante este período. Grassi ha contado hasta 500 ockistes en el estómago de un mismo ano- 86 PARASITOLOGIA ANIMAL pheles. Cada uno de ellos dibuja una pequeña eminencia en la superficie externa del estómago, que adquiere por esta razón un aspecto particular (figuras 27 y 28). Mientras que el ookiste así se desarrolla, su núcleo se divide en un gran número de fragmentos. El protoplasma se fragmenta á su vez, y se reparte alrededor de los diversos núcleos hijas. Fracciónase entonces el ookiste en un gran número de células, que son otros tantos esporoblastos (fig. 29. a). Estos esporoblastos no se rodean de una membrana quística; es decir, que no se transforman en esporocytos. Hállanse reunidos entre sí por numerosas tra- véculas, protoplasmáticas y se desarrollan tanto en la capa periférica como en el centro del ookiste. El núcleo del esporoblasto se divide un gran número de veces; los núcleos hijas, así formados, emigran á la superficie, y se rodean de una capa de protoplasma hialino (fig. 29, c y d). Cada esporoblasto se en- cuentra así transformado en una capa periférica de esporozoitos en forma- ción, y en un núcleo central de protoplasma que constituye el cuerpo residual. Estos esporozoitos en formación adquieren paulatinamente mayor diámetro longitudinal, hasta que se transforman en esporozoitos perfectos (fig. 30 y 31). Poco tiempo después, la membrana del ookiste estalla; los esporozoitos se desprenden del cuerpo residual del esporoblasto respectivo, y adquieren su libertad en la cavidad del cuerpo del insecto. Una semana transcurre entre el momento de la infección del mosquito y el instante en que recuperan la libertad los esporozoitos. Estos esporozoitos, tal vez transportados por la linfa del insecto, al- canzan hasta los órganos más alejados del estómago del anopheles. Há- llanse en todos los tejidos, pero donde seles observa especialmente con suma abundancia, es en las glándulas salivares. El por qué de esta preferencia nos es desconocido, y cobijamos nuestra ignorancia con teorías más ó menos hipotéticas. De las glándulas salivares, los esporozoitos son arrastrados por la sa- liva á los conductos excretores, pasan luego el canal formado por la trompa y finalmente son introducidos junto con la saliva del mosquito en el torrente sanguíneo del hombre durante el momerto de la picadura. Es Ross quien estableció esta última etapa de los esporozoitos en el aparato salival del anopheles, y quién indicó la manera como el parásito abandonaba el cuerpo del mosquito para evolucionar en el hombre. Fig. 28-Corte transver. sal del estómago de anop heles claviger, con ookis tes. (Según Grassi). PARASITOLOGÍA ANIMAL 87 ¿El Anopheles es la única vía de transmisión del parásito al hombre, ó puede evolucionar el mosquito infectando directamente al individuo medían- te el aire ó el agua de consumo, sin necesidad de huésped intermediario? Este problema muy importante, y que es digno del más alto interés, no ha sido resuelto aún satisfactoriamente por los parasitólogos. Fig. 30 Ookiste,nue- pg. 31-Protoplasma ve días después de la in- fección en el cual pue- iesldual con esporozoi- den observarse los espo- tos nueve días después rozoitos alrededor de los c¡e ja infección. (Según protoplasmas residuales. (Según Grassi). Grassi). Fig. 29 - Los sectores repre- sentan cuatro faces sucesivas del ookiste. (Según Grassi). Ross, cuya autoridad en la materia es indiscutible, cree que el mosquito es la única vía de transmisión. La evolución del parásito, según este autor, es ya suficientemente compleja. Si fuera cierto que pudiera vivir libremente en el aire ó en el agua, que pudiera penetraren nuestro organismo por las vías aéreas ó digestivas, ó que pudiera pasar directamente de un mosquito á otro sin necesidad de un huésped intermediario, su evolución sería dema- siado complicada. Además de las faces de adaptación que le permiten vivir y multiplicarse en el cuerpo del mosquito, debería presentar un sinnúmero de faces aptas para su evolución en el suelo, en el agua, en el aire, para perfo- rar el epitelio de nuestras mucosas, etc., faces que lo harían totalmente poli- morfo, que es menester violentar la razón para creer en la existencia de un parásito semejante. Sin embargo, contra la teoría de la unidad del huésped intermediario se eleva una poderosa objección: Se han observado numerosos casos de in- fección malárica en localidades en donde no existe el anopheles. 88 PARASITOLOGÍA ANIMAL Cuadro esquemático de la evolución de los Plasmodias de la malaria Esporozoito ESQUIZOGONIA en la sangre del hombre Esquizonte gametos * Picadura de un palúdico por ® un anopheles sano que se inlecta merozoitos esquizonte microga- macro- metocitos gametocitos merozoitos microgametos macrogameto ESPOROGONIA (en el cuerpo del mosquito) esquizonte etc. cópula ookinete ookiste esporoblastos esporozoitos * Inoculación^de los espo- rozoitos en el hombre por un anopheles infec- tado- LAM. III Desarrollo del parásito de la fiebre terciana Fig. 3, 4 y 8: el glóbulo rojo presenta degeneración cromática. » 6, 7: el hematíe que alberga al parásito ofrece numerosas granulaciones. PARASITOLOGÍA AAÍMAb LAM. IV Fig. 10-15: segmentación esquizogónica del parásito de la fiebre terciana. » 16: gameto de fiebre terciana. » 17-18 : cuerpos en creciente de la fiebre tropical. "la CIENCIA Médica" 2080 CÓRDOBA 20B0 PARASITOLOGIA ANIMAL 89 Ross explica el hecho, basándose en el período de incubación relativa- mente largo de las fiebres maláricas. Así como un individuo, dice Ross, pro- veniente délos trópicos, puede sufrir ataques de fiebre intermitente á su lle- gada en Europa, del mismo modo sujetos infectados en regiones maláricas,, pueden ofrecer síntomas de enfermedad en regiones no palúdicas á donde han llegado poco tiempo después. Más difícil de explicar es la otra objeción que hacen los partidarios de la inoculación directa: Existen localidades que poseen anopheles y en donde ja- más se han observado casos de malaria. Algunos autores la han refutado diciendo que si la infección no se pro- ducía, á pesar de la picadura del mosquito, era debido á un defecto de tempe- ratura. Sin embargo, esto último no es cierto, por lo menos de un modo ge- neral, pues existen comarcas que tienen anopheles y fuertes temperaturas, y sin embargo carecen de malaria. El hecho parece explicarse mejor de la manera siguiente: En las comarcas que poseen anopheles y carecen de malaria, suele producirse de vez en cuando, algún caso de paludismo, que, por su misma rareza, es tratado inmediata y enérgicamente por la quinina. Los anopheles no han tenido tiempo, por consiguiente, de infectarse en gran escala con la sangre del paciente. Este número limitado de anopheles infectados va á buscar su alimento sanguíneo casi siempre en los animales, que se hayan en número mayor y son más fácilmente accesibles que el hombre. Por es- tas razones es difícil que la fiebre se propague. Por el contrario, en las regiones en que la malaria es frecuente, el tratamiento de esta afección no se hace siempre á tiempo y enérgicamente; la enfermedad es considerada á menudo como una fatalidad, como una afec- ción necesaria, y por estas causas el anopheles tiene sobrado tiempo para infectarse y para infectar. Estudiada la evolución de los plasmodias en general, pasamos á des- cribir ahora cada uno de ellos particularmente. PARÁSITO DE LA FIEBRE TERCIANA ó «Plasmodium VIVAX» Las dos fases del desarrollo del parásito de la fiebre terciana débil,, constituyen el ciclo completo de la reproducción de los hemosporídeos. La fig. 32 muestra este ciclo completo: 90 PARASITOLOGÍA ANIMAL En I se vé un glóbulo rojo, que contiene un joven parásito ameboi- deo, con su núcleo vescicular y con el cariozoma. En II se tiene el mismo parásito que creciendo ha invadido una buena porción del glóbulo rojo, tiene granulos de melanina; y debido á una proliferación del núcleo y de la cromatina, se encamina hacia la división, ó reproducción monogónica. Esta es completa en IIP Los esporos ó merozoítos libres en el plasma, invaden un glóbulo rojo sano y allí pueden seguir dos caminos: l.° recomenzar el ciclo Fig. 32-Parásito de la fiebre terciana (de Schaudinn) asexual y así sucesivamente por tantas generaciones sucesivas y por con- siguiente por tantos accesos febriles sucesivos; 2.° pueden diferen- ciarse sexualmente (IV) é iniciar la producción de dos series de ga- metas, los femeninos y los masculinos; en Va, VIa, VIIa se vé el desarrollo endoglobular progresivo de los macrogametas ó gametas femeninos; en Vb, VP, VIP, se vé el desarrollo de los microgametocitos ó de los gametas masculinos, hasta la producción de los microgametas ó flagelos ó esperma- tozoos. Uno de estos VIII penetra en la célula ovulo ó macrogameta y la fecunda. PARASITOLOGIA ANIMAL 91 Desde aquí en adelante, el desarrollo ulterior ó sexual no puede tener lugar sino en el estómago del mosquito, aquí los IX, X, XI, XII, XIII de la fig. 32 representan la evolución de los anfiontes, la formación de kistes, cuyo contenido por una división y proliferación nuclear directa, conduce á la formación de una aglomeración de esporozoitos (XIII), los cuales roíala pared kistica, son puestos en libertad (XIV), van á las glándulas salivares y con la saliva, por medio de la picadura del mosquito penetran de nuevo en la sangre, donde invaden (XV) glóbulos rojos sanos, volviendo á empezar la infección. El ciclo esquizogónico de este parásito dura 48 horas, razón por la cual el tipo febril se traduce clínicamente por períodos de un día de fiebre y un día de apirexia. La forma más joven, se le encuentra en la sangre al fin del acceso febril. Vésele entonces con el aspecto de un pequeño cor- púsculo semejante á un vacudo y alojado en un hematíe cuyo tamaño es próximamente cuatro veces mayor. Se halla dotado de movimientos ame- boides muy vivos que se acentúan y se hacen más perceptibles á medida que el parásito crece. De la periferia de su protoplasma surgen prolonga- mientos ó pseudopodios que modifican continuamente la forma del plas- modium. Estos movimientos son tan enérgicos, tan pronunciados y tan ca- racterísticos que han contribuido á hacer denominar al parásito con el nombre de Plasmodium vivax. La formación de los pseudopodios puede observarse al microscopio du- rante media y aún una hora, no habiendo necesidad de calentar el porta- objeto sobre el cual se ha extendido la sangre, como para la observación de los movimientos ameboideos del parásito de la fiebre cuartana. Veinte y cuatro horas después, el parásito ocupa la tercera parte y aún la mitad del glóbulo rojo, y presenta diseminados en la periferia de su protoplasma, pequeños gránulos pigmentados, que se han ido elaborando lentamente á expensas déla hemoglobina del hematíe en el cual el plasmo- dium se halla alojado. Estas granulaciones pigmentarias (melanina) son ex- cesivamente finas, mucho más delicadas y menos oscuras que las que se ob- servan en el parásito de la fiebre cuartana. Arrastradas pasivamente por la corriente protoplasmática, estas gra- nulaciones se desplazan con gran celeridad, gracias á los movimientos enérgicos del Plasmodium vivax. A medida que el pigmento se acumula en la periferia del parásito, los movimientos ameboideos de este último disminuyen, y el hematíe sufre pro- fundas modificaciones, hipertrofiándose considerablemente. Treinta y seis horas después del acceso febril, el parásito ha aumentado de tamaño y ocupa las 3¡4 partes del glóbulo rojo. Los movimientos ame- boideos son menos pronunciados, mientras que el glóbulo huésped se pre- senta, netamente hipertrofiado y casi enteramente descolorido. La cromati- 92 PARASITOLOGÍA ANIMAL na nuclear principia entonces á dividirse, fragmentándose en dos, luego en cuatro, ocho, dieciseis, etc. segmentos, quedando finalmente el núcleo re- presentado por 14 á 20 pequeras masas cromáticas diseminadas en el seno del protoplasma. 12 horas más tarde, es decir en el momento en que el acceso llega á su máximum de intensidad, el parásito adquiere un tamaño algo mayor que el de un glóbulo rojo normal, y ha perdido enteramente sus movimientos ameboideos. La descoloración del hematíe es completa y su hipertrofia con- siderable. En el protoplasma se producen incisiones profundas, dirigidas de la periferia hacía el centro y que dibujan así un cierto número de radios. Las granulaciones pigmentarias arrastradas á lo largo de las incisiones, progre- san hacia el centro del parásito. Cuando la fragmentación del protoplasma es completa se forman un cierto número de segmentos ovalares que varían entre 14 y 20 y que desde su formación, envuelven á los núcleos hijas. Estos segmentos son los merozoitos. El glóbulo rojo estalla poco tiempo después, y los merozoitos se separan para nadar libres en el plasma sanguíneo. . El número de plasmodias que encierra un sujeto palúdico es verdadera- mente notable. Recordando que la fiebre se produce entre el 6o y el 20° día después de la inoculación, podemos hacernos de él una idea aproximativa por el siguiente cálculo: Supongamos que el primer esporozoito dé nacimiento el tercer día des- pués de la infección á 15 merozoitos. El 5o día después de la inoculación, es decir dos días después de la formación de los primeros merozoitos el número será de 15X15=225 El 7° día » 225X15=3375 El 9o día » 3375X15=50625 El 11° dia » 50625X15=759375. Si recordamos por otra parte que el anopheles, durante la picadura, no lleva á la sangre del hombre uno, sino muchos esporozoitos, nos formare- mos aproximadamente una idea del número de merozoitos que encierra un malárico 11 días después de la inoculación. Para resistir á una infección tan intensa, el organismo debe eliminar, matar un número considerable de parásitos, y fabricar al mismo tiempo can- tidades inmensas de glóbulos rojos para sustituir los hematíes destruidos. Estaríamos en un error si creyéramos que todos los parásitos que se encuentran en la sangre se hallan en un mismo período de evolución. Algunos esquizontes se segmentan dos ó tres horas antes de que se manifieste el escalofrío, la mayoría lo hace durante el mismo momento del escalofrío, otros se segmentan cuando la fiebre llega á su máximum y los restantes finalmente dejan en libertad á los merozoitos durante el descenso de temperatura, es decir durante el período de apirexia. PARASITOLOGIA ANIMAL 93 La fiebre es exclusivamente debida á la segmentación; impropiamente denominada «esporulación». Si el enfermo presenta amagos de fiebre dos ó tres horas antes del escalofrío, es debido á que un cierto número de esqui- zontes han esporulado en ese momento. Cuando el escalofrío aparece, la fiebre sube bruscamente porque en ese instante esporulan la inmensa mayo- ría de los esquizontes. Estas eclosiones sucesivas nos explican por qué la fiebre dura varias horas y aún medio día. En resumen, la fiebre es la expresión de la intensidad de la «esporula- ción». Por qué razón se produce, no lo sabemos aún. Algunos autores ad- miten la existencia de una toxina elaborada por el parásito en el interior del glóbulo rojo, y explican la exacerbación febril, diciendo que el hematíe al desgarrarse en el plasma sanguíneo, pone en libertad esta toxina. La apire- xia[ suponen que es debida á la producción de una antitoxina elaborada na- turalmente por el organismo. A veces se ha observado el desdoblamiento de los parásitos en dos generaciones que se segmentan con 24 horas de intervalo. Así se explican las dobles tercianas, que se caracterizan por presentar un acces^o febril diario. Puede suceder también que la evolución esquizogónica del plasmodium se verifique en un período de tiempo menor de 48 horas, dando lugar enton- ces á las fiebres denominadas anteponentes. Si, por el contrario, la segmen- tación de los esquizontes se pro luce con intervalos mayores de 48 horas, llámase á la fiebre, posponente. Además de las formas que hemos descrito, obsérvanse aún en la sangre de los maláricos, después de varios accesos tebriles, parásitos esféricos, cuyo tamaño es igual ó dos ó tres veces mayor que el de un gló- bulo rojo, y que no sufren segmentación. Estos curpúsculos fueron consi- derados en un principio como formas estériles, hidrópicas, degenerescentes. El estudio, bastante reciente, de la evolución ulterior del parásito en el cuerpo del mosquito, ha puesto en evidencia el carácter sexual de estas formas parasitarias que han sido designadas con el nombre de gametos. Los gametos no sufren modificaciones en el torrente sanguíneo del hombre. Dilatados, redondeados, esféricos, llenan por completo el glóbulo rojo fuertemente hipertrofiado, ó bien flotan en libertad en el plasma san- guíneo. Se distinguen fácilmente de los esquizontes adultos porque la mela- nina se presenta bajo forma de gruesas granulaciones ó bastoncillos, y que esta misma melanina, en lugar de formar una masa central, se halla dise- minada en todo el territorio protoplásmático. Aveces suele observarse al microscopio, la emisión de flagelos por parte de algunos gametos. Estos gametos son los microgametocitos, y los flagelos los mi erógamelos, elementos sexuales machos, cuya función recién se mani- fiesta en el estómago del anopheles. Principia entonces el ciclo esporogó- 94 PARASITOLOGIA ANIMAL nico del parásito. La duración es próximamente de ocho días, á una tempe- ratura de 20 á 30° centígrados. Con una temperatura menor, la duración aumenta, y por debajo de 17° el ciclo no se produce. PARÁSITO DE LA FIEBRE CUARTANA ó PLASMODIUM MALARIAE Este plasmodium efectúa su ciclo esquizogónico en un período de 72 horas. El tipo febril que determina caracterízase porque los accesos se pro- ducen con intervalo de dos días de apirexia. Durante las 12 primeras horas que siguen al período de fiebre, el pará- sito se presenta bajo la forma de una mancha clara de dos ¡i de diámetro. Coloreado por los procedimientos de tinsión usados en histología, adquiere mayor intensidad de coloración en la periferia que en el centro, y ofrece un aspecto más regular que el parásito de la fiebre terciana. 12 horas más tarde el parásito ocupa la cuarta ó quinta parte del gló- bulo rojo y presenta un principio de pigmentación. En este momento es fácil distinguir el plasmodium de la fiebre terciana del plasmodium de la fiebre cuartana. Caracterízase la primera, por presentar un plasmodium que está dotado de movimientos amiboideos muy activos, de pigmentación muy fina, observándose simultáneamente un proceso de descoloracíón en el hematíe que le sirve de huésped. En la segunda, por el contrario, el parásito ha perdido sus movimientos amiboideos, las granulaciones pigmentarias son más gruesas, obscuras y casi inmóviles: finalmente, el glóbulo rojo, en vez de descolorarse é hiper- trofiarse, se hace más pequeño y adquiere una coloración más intensa. 48 horas después del acceso febril, es decir 24 horas antes del segundo ataque, el parásito ocupa la mitad ó los dos tercios del glóbulo rojo. Percíbese entonces una fuerte pigmentación de gruesas granulaciones ó bastoncillos inmóviles. Los movimientos amiboideos han desaparecido. En un grado más avanzado de desarrollo el plasmodium llena por completo el glóbulo rojo, pero este no se hipertrofia. La cromatina nuclear se frag- menta. El pigmento penetra en las fisuras que aparecen en el protoplasma, y se dirige de la periferia hacía el centro del parásito. 12 horas después del acceso febril, es decir en el período en que va á producirse un nuevo acceso, todo el pigmento se acumula en el centro del plasmodium y su protoplasma se divide en 9 a 12 segmentos, que constituyen PARASITOLOGIA ANIMAL 95 los merozoitos. Una pequeña presión en el cubre-objeto basta para hacer estallar el glóbulo rojo y producir la disociación de estos merozoitos. Esta disociación se efectúa naturalmente en el torrente sanguíneo, por medio del frotamiento de los hematíes contra las paredes arteriales. Fig. 33--Plasmodium de la «Cuartana» a-g-. Evolución progresiva del parásito- desde el momento de su penetración en el glóbulo rojo hasta el instante de su segmentación, h, merozoitos puestos en libertad, i, j. gametocitos. (Según Tayer y Hewetson). Como para la terciana y la fiebre tropical, el acceso es debido á la segmentación de los esquizontes y á la libertad de los merozoitos en el plasma sanguíneo. Debemos recordar que no todos los parásitos se hallan en la misma faz evolutiva. Aunque la mayoría de los esquizontes «esporu- lan» en el período del escalofrío, existen algunos cuya segmentación se efectúa dos ó tres horas antes de principiar el acceso febril, y otros que lo hacen en el momento en que éste ha llegado á su paroxismo. Así se ex- plica por qué la fiebre comienza 1 ó 2 horas antes del escalofrío y porqué asciende tan violentamente en el momento en que se produce este último. La intensidad de la fiebre se halla en razón directa del número de esquizon- tes en vía de esporulación. El acceso febril va seguido por dos días de api- rexia, durante los cuales los nuevos parásitos crecen pero no se segmentan. Puede suceder que la «esporulación» se produzca en un período en que aún los plasmodium no hayan adquirido su tamaño normal, y en este caso se dice que la esporulación es precoz. La evolución del parásito de la cuartana es generalmente más regu- lar que la del «Plasmodium vivax», razón por la cual las cuartanas ante- ponentes y posponentes son raras. Sin embargo, se ha constatado el desdoblamiento de parásitos en dos generaciones que «esporulaban» con un intervalo de 24 horas; esta modifica- ción evolutiva origina la fiebre doble cuartana, cuya existencia aunque rara, ha sido demostrada de una manera incontestable. La cuartana triple, aunque más rara aún que la precedente, existe igualmente. Es debida la evolución simultánea de tres generaciones de pa- rásitos, cuyas segmentaciones se producen con 24 horas de intervalo. 96 PARASITOLOGIA ANIMAL Los gametos del Plasmodium malariae son esféricos y poco numerosos. Unos presentan el tamaño de un hematíe, otros son una ó dos veces más grandes. El protoplasma está lleno de granulaciones pigmentarias anima- das de vivos movimientos. PARÁSITOS DE LA FIEBRE TROPICAL ó PLASMODIUM PRAECOX El Plasmodium praecox es el único parásito de la malaria que puede dar lugar á cuerpos en crecientes; y por consiguiente la presencia de uno de éstos en el campo del microscopio basta para diagnosticar inmediatamente la fiebre tropical. Al principio del acceso febril, y durante varias horas después, se en- cuentran en la sangre periférica muy pocos esquizontes que se presentan bajo la fórmula de pequeños corpúsculos anulares cuyo diámetro es cinco ó seis veces menor que el de un hematíe. Estos parásitos encierran en su interior un pequeño gránulo de cromatina nuclear. Veinte á veinticinco horas más tarde, adquiere un tamaño doble, pu- diendo llegar al fin del acceso á medir la mitad del diámetro de un gló- bulo rojo. Caracterízanse estos esquizontes porque son siempre más pequeños que los correspondientes á los parásitos de las fiebres terciana y cuartana, y luego son más visibles al microscopio, porque se destacan mejor en el hematíe. Están dotados de "movimientos amiboideos muy vivos, y el pig- mento que elaboran es fino, poco abundante, de un color pardo oscuro, que se deposita especialmente en la periferia del plasmodium. El glóbulo rojo que sirve de huésped al parásito, se contrae y se os- curece. A veces suele observarse un hematíe infectado por dos parásitos, siendo más raro aunque no imposible, observar glóbulos rojos con tres, cuatro y cinco. Cuando los plasmodium han adquirido su completo desarrollo, emi- gran á los capilares de los órganos internos (hígado, bazo, médula de los huesos, cerebro) para segmentarse. Para observarlos, entonces, es menester recurrir á la punción del bazo. Los esquizontes se dividen allí en un cierto número de merozoitos que varían de 7 á 12, y cuya pequeñez es mayor que las de los correspondientes al plasmodium vivax, y al plasmodium malariae. PARASITOLOGÍA ANIMAL 97 Después de un determinado número de estados esquizogónicos, se ven aparecer en la sangre periférica cuerpos en creciente: son los gametoci- tos (fig. 34 k-1). Los cuerpos en creciente, denominados también semi lunares, son corpúsculos cilindricos, de contornos netos, adelgazados en ambas extre- midades. Tienen un núcleo rodeado de un conjunto de granulaciones pig- mentarias más ó menos abundantes, que se pueden observar diseminadas también en otras partes del creciente. Miden 8 á 9 p de longitud por 2 p de ancho. Carecen de movimientos amiboideos, pero pueden cambiar lenta- mente de forma, y volverse fusiformes, ovalares, esféricos. Nadan libremente en el plasma sanguíneo, ó están aprisionados en el interior de los glóbulos rojos. Algunos presentan flagelos; son los gameto- citos machos. Varias hipótesis han sido emitidas para explicar la naturaleza de estos cuerpos; Bastianelli, Bignami, y la mayoría de los autores los consideraban como formas estériles, degeneradas. Laverán suponía que eran parásitos 'enquistados; para Mannenber eran el producto de la copulación de dos plasmodium qtfe se enquistaban, y se basaba este autor en el hecho tan fre- ■cuente de encontrar dos plasmodium en un mismo glóbulo. Fíg. 34.-Parásito de la fiebre tropical.-a-j, diversos aspectos del plasmodium- g. dos parásitos en un glóbulo; k-1, cuerpos en creciente (gametos); m, gameto que ha adquirido forma esférica; o, microgametocito, que emite micrcgametos. (Según Tliayer y Hewetson). Los estudios efectuados en estos últimos años han echado por tierra todas estas hipótesis, y han comprobado que estos cuerpos son gametoci- tos que pueden evolucionar en dos direcciones: micro y macrogameto- citos. Los flagelos emitidos por los gametocitos que han adquirido la forma Parasitología A ni mal 98 PARASITOLOGIA ANIMAL esférica, son simplemente microgametos. Estos microgametos, una vez lle- gados al estómago del mosquito, se agitan y mueven, en busca de los ma- crogametos, para fecundarlos y engendrar así la cópula. La duración del ciclo esporogónico del plasmodium es próximamente de 8 días á la temperatura de 28 á 30° centígrados. Por debajo de 17o c. se interrumpe la evolución, pues los microgametocitos no dan lugar á mi- crogametos. ✓ Podríamos resumir los caracteres diferenciales de los tres plasmodium' que hemos estudiado de la siguiente manera: FIEBRE TERCIANA. í.° El parásito efectúa su ciclo en dos días, es decir, en 48 horas. 2.° Los movimientos amiboideos son muy pronunciados; el plasmo- dium cambia sin cesar de forma á la vista del observador. 3.° La pigmentación es producida por finas granulaciones, muy móvi- les, de color marrón claro. 4.° El tamaño del plasmodium adulto es mayor que el de un hematíe; el glóbulo se hipertrofia y se descolora, razón por la cual, es difícil percibir el parásito en el glóbulo al estado fresco. 5.° El número de merozoitos formados varía entre 14 y 20. FIEBRE CUARTANA.' l.° El parásito efectúa su ciclo en 3 días, es decir en 72 horas. 2.° Los movimientos amiboideos son lentos; el plasmodium no varía de forma á la vista del observador. 3.° La pigmentación es producida por gruesas granulaciones, poco móviles, muy oscuras. 4.° El tamaño del parásito no es mayor que el de un hematíe. No descolora, ni hipertrofia el glóbulo rojo. 5.° El número de merozoitos varía entre 8 y 12, y el tamaño de éstos es menor que el correspondiente á los merozoitos de la terciana. 6.° Los gametos son más pequeños y menos numerosos que sus congéneres de la terciana. FIEBRE TROPICAL. l.° La duración del ciclo del plasmodium no ha sido determinada con exactitud porque la esporulación se efectúa exclusivamente en los órganos PARASITOLOGIA ANIMAL 99 internos. Sin embargo, según Koch, sus períodos son muy semejantes á los de la terciana. 2.° Los movimientos amiboideos del parásito son muy vivos. 3.° La pigmentación es producida por finas granulaciones. 4.° El diámetro del plasmodium es igual á la cuarta ó quinta parte del diámetro de un hematíe. 5.° Los gametos tienen forma característica en creciente. Un solo cuer- po en creciente observado en una preparación de sangre fresca de un suje- to palúdico, basta para diagnosticar la fiebre tropical. Los efectos patógenos producidos en el organismo por los plasmodias de la malaria se traducen por la sucesión clásica de tres períodos durante los cuales se manifiestan fenómenos característicos de cada uno de ellos. Después de un cierto malestar general,el paciente experimenta el período de escalofríos, luego el de calor, y por último el de sudación, con que termina el acceso del chucho, ó fiebre palustre, dejando al enfermo sumido en un agotamiento general de todas sus fuerzas y en un profundo desfalle- cimiento moral. Las fiebres tropicales determinan en el enfermo afecciones mucho más graves que la terciana y cuartana, habiendo sido denominadas por esta razón «fiebres malignas» ó «fiebres perniciosas». Ellas son las que conducen generalmente á la «caquexia palustre» y preparan el terreno para la hemo- odobinuria. O La anemia es el síntoma más constante de las afecciones maláricas, siendo espantosa la destrucción que sufren los glóbulos rojos. El Dr. Klesch demostró que en ciertos casos, puede verse bajar la cifra de cuatro millones y medio de hematíes por milímetro cúbico de sangre, á tres millones y me- dio durante un solo ataque de fiebre, pudiendo descender aún 20 ó 30 días después, á la pequeña cantidad de un millón y medio por mm. c. En la autopsia, los órganos hematopoiéticos, bazo é hígado, presentan violentas congestiones, y se observan las formas típicas del parásito en la pulpa del bazo y en los capilares cerebrales en donde suelen acumularse formando embolias, que explican los accesos cerebrales, delirios, convul- siones que se observan en muchos casos de caquexia palustre. Los plasmodias de la malaria se hallan hoy en día sumamente extendi- dos, á tal punto que son raros los países de las zunas tórrida y templada que por lo menos durante un corto período delaño no han tenido casos de pa- ludismo. Las comarcas de clima cálido, con numerosos baños y sedimentos de aguas estancadas, constituyen un excelente medio para la propagación del parásito, pues en ellas se desarrolla admirablemente el anopheles clavi- 100 PARASITOLOGIA ANIMAL ger que le sirve de huésped intermediario. Existen regiones tropicales, sin embargo, que se hallan exentas de fiebres, tales como las mesetas de la re- gión montañosa de la provincia de Jujuy, en la República Argentina, y esto se explica porque en ellas el huésped intermediario carece de los medios suficientes para su perfecto desenvolvimiento. En América, el paludismo azota ricas y grandes regiones de Estados Unidos, Méjico, Centro América, Cuba, Ecuador, Colombia, Brasil, Vene- zuela, Perú, Bolivia y República Argentina. En esta última, el chucho es endémico en las provincias del norte, tales como Jujuy, Salta, Tucumán, es- pecialmente en la segunda, en donde el paludismo ha adquirido proporcio- nes alarmantes. Los departamentos más fustigados de la provincia de Jujuy por las fiebres palustres son Ledesma, San Pedro y Perico del Carmen. Eláse observado el chucho, aunque con menos intensidad, en las pro- vincias de Tucumán, Corrientes, Catamarca, La Rioja, Territorios naciona- les del norte, y accidentalmente en Santa Fé, Córdoba y San Luis. El tratamiento del paludismo tiene por objeto destruir los plasmodias de la malaria ó preservarse de ellos. Por consiguiente puede dividirse en profiláctico y curativo. Como el huésped intermediario es el anopheles claviger, la profilaxia consiste en evitar por todos los medios posibles que el mosquito inocule el plasmodium al hombre. Dos procedimientos pueden seguirse entonces: destruir el anopheles ó evitarlo. Para la destrucción del insecto se aconseja en primer lugar los traba- jos de saneamiento. Desde tiempos remotos se sabe que la malaria abunda especialmente en comarcas que presentan pantanos y lagunas de aguas es- tancadas, dormidas; por esta razón los higienistas de todos los tiempos, aún ignorando hasta hace poco el factor etiológico desempeñado por «el mos- quito», aconsejaban grandes trabajos de saneamiento en las comarcas in- fectadas. Para ello, progonaban drenajes por debajo del suelo, canales para desagotar bañados de aguas inmóviles, plantaciones de árboles, especial- mente de Eucaliptus, que desecan los terrenos baldíos, y que han dado un excelente resultado, tanto bajo el punto de vista higiénico, como agrícola, pues han transformado en fértiles y hermosas selvas lugares pantanosos é inservibles. En las grandes ciudades estos procedimientos han mejorado notable- mente el estado sanitario, produciendo en gran parte, la extinsión-gradual de la malaria. La ciudad de Roma nos ofrece un ejemplo comprobante al respecto, al presentar actualmente muy pocos casos de paludismo, cuando hasta hace muy poco se hallaba flagelada por la epidemia. Aconséjase en segundo término la destrucción de los huevos y lar- PARASITOLOGIA ANIMAL 101 vas de anopheles, para lo cual se hace uso de numerosas sustancias, de las cuales es el petróleo la que ha dado el mejor resultado. El petróleo tiene la propiedad de extenderse en una débil capa, cuando se le echa sobre la superficie de un pantano ó de un estanque, y hace pe- recer las larvas por asfixia, impidiendo que éstas puedan ponerse en con- tacto con el aire mediante sus estigmas. Como profilaxia individual se aconseja el uso de mosqueteros alrede- dor del lecho, de redes matálicas en las puertas y ventanas, y de habitacio- nes portátiles de tela metálica, que sirven de dormitorio al viajero, garanti- zándole el acceso de todo anopheles inoportuno. Recomiéndase también á la persona que quiera precaverse de la mala- ria, no viajar durante el verano por regiones endémicas, y en caso que así lo hiciere, el uso de vestidos adecuados que lo preserven de la picadura del mosquito, como también la ingestión diaria de 20 á 30 centigramos de sulfa- to ó clorhidrato de quinina, que matan inmediatamente al plasmodium recién inoculado. El tratamiento curativo de las fiebres maláricas se basa en la podero- sa acción destructora que posee la quinina y sus sales sobre los hemato- zoarios en general. Adminístrase por vía estomacal en forma de sellos y soluciones. Los primeros ofrecen la ventaja de que se ingieren fácilmente y no dejan percibir el amargo sabor de la quinina. Pero bajo el punto de vista de la asimilación, las soluciones son supe- riores á los sellos. Las inyecciones hipodérmicas constituyen una excelente vía de absorción para la quinina. Haremos uso de ellas, cuando el vómito obstaculizo la ab- sorción del medicamento por vía estomacal. Las sales de quinina empleadas comúnmente para las inyecciones, son el clorhidrato básico y el clorhidrato neutro. El primero es menos irritante, y doloroso que el segundo, pero ofrece el inconveniente de que es más caro. Ambos se disuelven perfectamente en el agua, en presencia de la antipi- rina. Una fórmula muy empleada es la siguiente: Clorhidrato de quinina gr. 3 Antipirina gr. 2 Agua dest gr. 6 1 c3 de esta solución contiene 0.30 gr. de clorhidrato de qui- nina. El profesor Baccelli ha efectuado últimamente inyecciones intraveno- sas de sales de quinina, inyectando 40 á 60 centigramos de clorhidrato de quinina en una vena del pliegue del codo. 102 PARASITOLOGÍA ANIMAL La solución empleada consistía en: Clorhidrato de quinina gr. 1 Cloruro de sodium . . gr. 0.75 Agua destilada gr. 10 El procedimiento de inyección intravenosa se reserva para los casos de peligro inminente. CLASE DE LOS FLAGELADOS Cercomonas hominis - Davaine, 1854. Este parásito fué descubierto por Davaine, durante la epidemia colé- rica de 1853 1854, al examinar las deposiciones de numerosos enfermos asistidos en el Hospital de Caridad. La abundancia de este flagelado era talmente considerable, que una gota de sustancia fecal revelaba al micros- copio la presencia de un número bastante grande de ellos (fig. 35).' Davaine asignó á estos parásitos el nombre de Cercomonas Jio- minis, é hizo de ellos la siguiente descripción: «Cuerpo piriforme, variable, de 10 á 12 ¡i de longitud; extremidad pos- terior delgada y rematando en un espeso filamento caudal tan largo como el cuerpo; filamento flageliforme, delgado, animado de movimientos rápidos, situado en la extremidad anterior, opuesto al precedente, y que alcanza á medir dos veces la longitud del cuerpo. Carece de núcleo, y ofrece en la extremidad anterior una mancha longitudinal que representa un vestigio de orificio bucal. Locomoción rápida, y el animal oscila como el péndulo de un reloj, hasta desprenderse, cuando el filamento caudal se adhiere á los elementos que le rodean». No fué éste el único caso observado por Davaine, pues refiere haber visto en grande abundancia cercomonas semejantes, en las deyecciones de un individuo atacado de fiebre tifoidea (fig. 35). Estos parásitos se diferenciaban de los precedentes en los siguientes carácteres: «Más pequeño; cuerpo menos piriforme, de contornos menos redon- deados, 8 ¡i de longitud; dos filamentos, uno anterior, otro caudal, situados algo lateralmente, y de tamaños variables, locomoción muy rápida.» Estos animales de vida efímera, mueren cuando las materias fecales comienzan á enfriarse. La observación exacta del parásito es un tanto difícil de hacer dada su pequeñez, y la rapidez de sus movimientos, máxime cuan do es imposible completarla después de la muerte, pues, los cercomonas se PARASITOLOGÍA ANIMAL 103 confunden con las células epiteliales más ó menos alteradas entre las cuales se encuentran. Fuera de las dos observaciones de Davaine, numerosos autores han citado casos de flagelados que, aunque estudiados superficialmente, se dife- rencian del precedente en pequeños caracteres, y que podrían ser conside- rados como Cei comonas hominis ó clasificados en especies muy afines. De todas estas observaciones se deduce que bajo el nombre de Cercomonas hominis se consideran un cierto número de parásitos no diferenciables por ahora, pero que con el tiempo y con apreciaciones más exactas podrán es- tudiarse como parásitos de especies muy semejantes. El Cercomonas hominis no es tan raro como lo suponía Davaine. Se le ha observado en el intestino no solamente en casos de cólera y fiebre tifoidea, sino también en diarreas agudas y crónicas, y Losch refiere haber- le encontrado tan á menudo en las deposiciones de los diarréicos, que lo creyó un parásito habitual. Ekeckrantz lo observó dos veces en Estockolmo (1868); el primer caso se refería á un hombre de 34 años; el segundo á un joven de 29. La conformación del parásito coincidía con la descripción de Davaine. El agua los mataba rápidamenre, pero vivían largo tiempo en la saliva y la orina, con una temperatura de 16 á 18° c. se conservaban cinco ó seis horas después de la evacuación. .En climas templados no se h a observado la presencia del parásito en sujetos normales, pero en la India, Lewís y Cunningham le han comprobado en el 66 por 100 de los coléricos y el 28 por 100 de los casos de diarreas comunes y aún en sujetos sanos. En las deposiciones de los coléricos existen varios parásitos, pero los cercomonas son los que se hallan en mayor abundancia. Si los Cercomonas son incapaces de producir la diarrea, no es menos cierto, sin embargo de que su presencia se halla en relación con el estado del intestino, siendo su nú> mero tanto más considerable cuando mayor sea la gravedad de la lesión, y coincidiendo la desaparición de la enfermedad, con la desaparición del pa- rásito. Apesar de que las obesrvaciones hechas al respecto sean muy incom- pletas, Blanchard opina que la presencia del Cercomonas en el intestino no es la causa directa de la diarrea, pero que en cambio la afección deter- mina una serie de condiciones muy favorables para el desarrollo del flagela- do. El parásito llega sobre la mucosa ya enferma, se multiplica activamente y puede prolongar y aún exacerbar la enfermedad. El aumento del número de parásitos coincide con evacuaciones más frecuentes, y la diarrea ad- quiere en estos casos caracteres especíales que permiten reconocer fácil- mente su causa y naturaleza. Las deposiciones afectan una coloración par- Fig. 35. - Cercomonas hominis. 104 PARASITOLOGIA ANIMAL do-amarillenta y emiten un repugnante olor putrefacto; son viscosas y tienen la consistencia de un caldo espeso debido á la presencia de numerosas aglo- meraciones de mucus. Los Cercomonas no viven únicamente en el intestino. Destrée los en- contró en el líquido extraído, mediante la sonda gástrica, del estómago de una mujer que padecía de una gastritis crónica; aunque es probable que los Cercomonas hubieran pasado del intestino al estómago, como lo hace su- poner una cierta cantidad de bilis que se encontró en éste último. Eran ani- málculos que medían de 10 á 12 p- de longitud, de cuerpo piriforme, de- filamento caudal corto y rígido, y que llevaban en la extremidad anterior una cilia de 3 á 4 ¡i. Animales de la misma especie, fueron observados por Zunker, en la boca y en la superficie de la lengua de un enfermo que padecía de un cáncer al estómago; nótese que las cámaras de este enfermo encerraban po- cos Cercomonas. Steinberg refiere, en un estudio microscópico hecho sobre el sarro dentario, haber encontrado doce especies de flagelados, de los cuales cinco fueron clasificados entre los Cercomonas. De estos cinco Cercomonas, el primero {Cercomonas intestinalis) era conocido como parásito accidental del recto de los Batracios; el segundo era observado por primera vez, y la existencia de los tres últimos era cono- cida como animales libres de vida acuática. Este último detalle nos podría explicar como se produjo la infección: el individuo, olvidando los elemen- tos más rudimentarios de la higiene, habría podido beber aguas sucias quo encerraban dichos flao-elos. o El Cercomonas hominis ha sido encontrado en el hígado por Lambí.. Tratábase de un jardinero enfermo de un quiste hidatídico al hígado y que murió de peritonitis. Al practicarse la autopsia, doce horas después de la muerte, se le vio en la glándula hepática, un voluminoso quiste de 32 cen- tímetros de largo por 18 á 20 de ancho que encerraba, además de Equino- coceos, un líquido viscoso en el seno del cual nadaban Vibriones de tama- ño variable y una enorme cantidad de Cercomonas vivos, de 5 á 14 p de longitud, animados de movimientos sumamente vivos y que se agrupaban frecuentemente por docenas alrededor de un punto común. Sus formas elípticas ó fusiformes se modificaban según el estado de contracción vol- viéndose piriformes, cilindricas. El flagelo y el filamento caudal eran bien netos, haciéndose notar el primero por su extrema delgadez, y faltando uno y otro en algunos individuos. En la base, del flagelo se encontraba un orificio, rudimento de boca, rodeada de bordes contráctiles. El parénquima del cuerpo era hialino, salvo alguna granulaciones muy refringentes y en- cerraba en su mitad posterior dos vacuolos contráctiles. Lambí pudo conservarlos vivos durante semanas enteras en el mismo. 105 PARASITOLOGIA ANIMAL medio líquido y observar que la multiplicación se efectuaba por división, tanto en los Cercomonas móviles, como en aquellos que, desprovistos de flagelo y de filamento caudal, se habían contraído adoptando la forma esférica. A pesar de atentas y minuciosas investigaciones, no se encontraron Cercomonas en el intestino del enfermo de Lambí. Sin embargo, es proba- ble que los parásitos habitaron primeramente en el intestino, para remon- tar luego por el canal colédoco, hasta llegar al hígado. Lo que nos debe llamar la atención es ver como una masa tan gran- de de animálculos puede vivir y pulular durante varios meses en un líqui- do que se debe considerar, á priori, como enteramente desprovisto de exígeno. En condiciones tan defectuosas viven igualmente los parásitos de la vagina y aún del intestino. Estos < hechos, aparentemente paradoxales, pueden explicarse fácilmente mediante la teoría que dice la absorción del oxígeno solo sirve parala producción del calor, y que aquellos animales que reciben suficiente calor del medio ambiente, tienen, por así decir, necesidad de oxígeno para su existencia. Bunge ha confirmado recientemente esta opinión con sus hermosas investigaciones sobre el Ascaris myxta, nema- todo parásito del intestino del gato. Monocercomonas liominis - Grassi, 1882 Fué observado por Grassi en las deyecciones de un centenar de indi- viduos que padecían de diarrea aguda y persistente. Es un parásito deforma ovoidea, que mide 4 á 10} |x de longitud por 3 á 5 ¡i de ancho. Lleva en la extremidad más gruesa tres ó cuatro flagelos, en la base de los cuales suele observarse á menudo una'especie de boca (Fig. 36). (fig. 36). Es probable que los flagelos estén siempre en número de cuatro, pudiendo imputarse á la extrema delicadez de estos apéndices, los casos en que solo se observan tres. La extremidad caudal es claviforme como en el Trichomonas. El cuerpo encierra vacuolos y un núcleo situado en la base misma de los flagelos. Estos animálculos mueren á la temperatura de 45 á 50° c; desapare- 106 PARASITOLOGÍA ANIMAL cen en las deyecciones acidas, pero pueden vivir hasta un periodo de tiempo de 50 días en materias fecales neutras é im putrefactas. Es raro observarlo en los casos de disentería, pero se le encuentra, co- munmente en las deposiciones délos diarréicos. Seles encuentra también en la enterocolitis ab ingestis no manifestándose su presencia por ningún síntoma especial, y pudiendo por otra parte faltar á menudo. En las deyec- ciones diarréicas provocadas por purgantes, se les suele hallar en cantidades notables, y faltan en las diarreas causadas por alimentos tales como la ce- bolla, la leche coagulada así como en las evacuaciones diarréicas de niños de pecho, y en los casos de diarreas crónicas. De todas estas observaciones Grassi dedujo que el Monocercómonas es un parásito muy común, que aparece acompañando en principio de las diarreas no ácidas y desaparece con la extinción de la enfermedad. Es entre los Monocercomonas que debemos clasificar los Flagelados observados por Cunningham en el intestino, y que fueron considerados por dicho autor como una simple faz del desarrollo de un parásito al cual dió el nombre de Protomyxomices coprinariiis que pasaría sucesivamente por los estados de Monera y de Amiba reproduciéndose, por esporos. Cystomonas urinarias-Blanchard, 1885. Blanchard ha denominado asi á un flagelado cuyo carácter más importante es la presencia, en la extremidad anterior, de dos largos flagelos de igual tamaño, y de un flagelo más largo aún, en la extre- midad posterior. En 1868, Salisbury observó, en la orina y mu- cus vaginal de una joven alemana de 16 años ra- dicada hacía diez meses en Filadelfia, un parásito cuyas dimensiones no dió, pero cuya descripción corresponde á la del Cistomonas urinaria., á pesar de que el observador consideraba como extremidad caudal la porción del cuerpo que sostenía los dos largos flagelos. Más tarde Künstler tuvo oportunidad de exa- minar las orinas frescas de un enfermo atacado de pielitis crónica que le sobrevino depués de una operación de la talla. En el seno de una multi- tud innumerable de glóbulos de pús, descubrió pequeños monadas, difíciles de ver al principio, gracias á su pequeñez, transparencia y agilidad. (Figura 37), y que medían de 10 á 15 p. de longi- Fig-. 37. - Cystomonas urinaria, según Künstler. PARASITOLOGÍA ANIMAL 107 tud. Estos organismos poseen en la parte anterior del cuerpo dos largos filamentos movibles, de extrema delicadeza, observándose á veces tres y cuatro, indicio sin duda alguna de una división longitudinal. El cuerpo de forma piriforme, obtuso é hinchado hácia adelante, atenuado hácia atrás, presenta dos caras, una algo cóncava qué podría- mos llamar ventral, la otra convexa, dorsal. La estremidad posterior del cuerpo se afila considerablemente y termina por un largo flagelo mucho más grueso que los dos precedentes y que está animado de un movimiento de rotación y ondulación, constituyendo así un poderoso órgano de pro- pulsión. En la base de los flagelos anteriores se observa un espacio claro, circular, que representa el núcleo. Hassall, en 1859, observó en la orina de los coléricos y en la orina albuminosa, flagelados á los cuales dió el nombre de Bocio imnarüts. De forma oval ó redonda, más anchos en la extremidad anterior que en la posterior, reproducíanse por división y estaban provistos de uno, des, ó tres largos flagelos mediante los cuales se movían con gran rapidez. Este parásito muy semejante al Cystomona no debe comprenderse, en el número de los parásitos del nombre: Hassal, en efecto, no dice haberlos visto inmediata- mente después de la micción, sino en orinas alcalinizadas cuya exposición al aire databa de varios días. Trichonomas vaginal is-Donné, 1837. En 1837, el célebre micrógrafo Donné, jefe de clínica médica en la Facultad de Medicina de París, descubrió en el mucus vaginal de una niña un parásito del grupo de los Flagelados, al cual dió el nombre de Trichono- mas vaginalis. Desde entonces, este animal ha sido observado varias veces por numerosos parasitólogos entre los cuales citaremos Henle, Kolliker, Scanzoni, Hausmann y especialmente Kunstler, que ha hecho de él una completa descripción- Davaine tuvo ocasión de verlo en la orina de mujeres atacadas de derrames leucorreicos, y Salisbury, pudo hacer también una constatación análoga. El mucus vaginal es normalmente muy ácido, lo que parece consti- tuir una excelente condición para el desarrollo del parásito. Jamás se le ha observado en la vulva ni en el útero debido á que las mucosas de estas dos regiones segregan un mucus alcalino. Sin embargo parece que Gasser ha constatado que las variaciones de la reacción de la secreción vaginal no tienen influencia apreciable sobre su existencia y desarrollo, encontrándosele tanto en las secreciones pútridas de reacción ácida como en las alcalinas, y especialmente en los casos de hipersecreción moderada del cuello y de la vagina. Donné formuló la opinión de que este parásito no puede vivir en 108 PARASITOLOGÍA ANIMAL nn mucus vaginal sano y normal, hecho que han confirmado todos los autores. No se le vé, aún cuando las secreciones aumenten, siempre que sus principios constituyentes no sufran alteración. Pero en el catarro vi- rulento de los órganos genitales, acompañado de secreción muco-purulenta abundante de reacción fuertemente ácida, pululan y se propagan de tal modo pue la décima parte de este mucus-pús se compone de parásitos vivos, unidos unos á otros. El mucus presenta entonces un aspecto espu- moso que Donné consideró como característico. Las inyecciones de agua en la vagina producen consigo la cesa- ción de todo movimiento, y luego la muerte del parásito; el tanino, el ácido crómico, las soluciones débiles de benzina, de ácido fénico, de sul- fato de cobre ó de bicloruro de mercurio, etc. suministran iguales re- sultados. El efecto mecánico del parto y 'la sangre menstrual destruyen tempo- rariamente al parásito. El 'hichomonas vaginalis es un parásito sumamente frecuente. Se le observa en las mujeres adultas, y también en niñas de 6 á 7 años, como en mujeres que han pasado la edad de la menopausia. Henning refiere no haberlo observado jamás ni antes de la pubertad, ni después de los cuarenta años. Kolliker y Scanzoni lo han encontrado tanto en mujeres embarazadas, como en mujeres no grávidas. Hausmann acusó su presencia 75 veces sobre 200 mujeres grávidas examinadas, lo que dá una proporción de 37 °/0. Según las observaciones hechas en el hospital San Andrés de Burdeos por Kunstler, este autor ha podido convencerse que estas cifras son demasiado bajas, y que en regla general se puede decir que existe el parásito en toda mujer atacada de derrame purulento siempre que no se administren inyecciones frías ó alcalinas. Es difícil determinar si el Tríchomonas vaginalis es la causa del estado patológico que afecta al huésped, y á pesar de la negativa de varios autores, Kunstler está por la afirmativa. Según él, el parásito se desarrolla en las vaginas afectadas de pérdidas blancas; provoca la irritación de la mucosa y causa así progresivamente una vaginitis purulenta y ácida. El cuerpo del Tríchomonas, habitualmente ovoide ó fusiforme es va- riable en su forma y se presenta bajo aspectos diversos. Cuando se halla libre en el mucus, conserva su forma característica y la translación se hace exclusivamente por medio de flagelos; cuando por el contrario la acumu- lación de glóbulos de pús lo comprimen el flagelado se desplaza arrastrándo- se de un modo semejante al de las sanguijuelas. Una temperatura de 20 á 37 grados favorece sus movimientos adquiriendo entonces su máximo de actividad; vésele modificar sus contornos al par que emitir seudopodios de tamaño considerable. El descenso de temperatura disminuye y suprime los movimientos; el PARASITOLOGIA ANIMAL 109 Fig. 38.-Trichomonas vaginalis, según Kunstler. El polo posterior del cuerpo se prolonga ordinariamente en una cola cuya forma y dimensiones no son constantes, variando desde una punta fina más ó menos rectilínea, hasta un apéndice encorvado, arrollado en espiral, aplastado ó claviforme, que asciende frecuentemente sobre la su- perficie del cuerpo, bajo forma de cresta saliente. Desde el punto de implantación de los flagelos, hasta el apéndice cau- dal, se extiende una membrana ondulante cuya naturaleza fué reconocida por Klünsler. Esta membrana, poco elevada, nos presenta un borde libre más largo que su borde adherente, de tal modo que se muestra plegada y festoneada como la cresta de los espermatozoides del Tritón. En la porción posterior del cuerpo es más baja, y puede pasar desapercibida, aún al ojo más escudriñador. Además del papel importante que desempeña en los fe- 110 PARASITOLOGIA ANIMAL nómenos de locomoción, Künstler observó que esta membrana, con sus mo- vimientos especiales, determinaba en el líquido que contenía al parásito, una corriente que venía á pasar por delante de su peristoma. Esta boca ó peristoma se halla situada en la vecindad del punto de inserción de los flagelos, y está constituida por una hendidura infundibili- forme que dá acceso á una especie de tubo exofágico, rígido, y netamente limitado por una doble hilera de corpúsculos que se hallan sumergidos en el seno del parénquima del cuerpo. Estos corpúsculos son probablemente bac- terios digeridos. El parénquima del cuerpo es punteado; en el centro, y hacia adelante, se observan conjuntos de granulaciones. Se halla limitado exteriormente por una débil cutícula anhista; está desprovisto de vacuolos contráctiles, y en- cierra en su interior un núcleo único, ovalar, alargado, sin nucléolo, y apli- cado contra el tubo exofágico. El modo de reproducción de este parásito no ha sido observado aún, pero ciertos datos suministrados por Hausmann y por Henning, tienden á hacer creer que la multiplicación se efectúa por simple división longi- tudinal. Trichomonas intestinalis.-Leuckart, 1879. Este flagelado fué descubierto por Marchand en 1875 en las materias excrementicias de un tifoideo y fué observado después siete veces por Zunker en diversas afecciones graves del intestino. Ofrece con el Trichomonas vaginalis grandes semejanzas en su tamaño, forma y filamento caudal; por esta razón Leuckart le asignó el nombre de Irichomonas intestinali?. (Fig. 39). Los autores que lo han observado no le des- criben flagelos, pero es probable que se les hayan pasado desapercibidos gracias á su tenuidad y delicadeza. El cuerpo mide 10 á 15p.de longitud, por 7 á 10 ¡i de ancho: lleva además un apéndice caudal que mide de 2 á 3 ¡i. Presenta en uno de sus lados, una membrana ondulante ántero-posterior, que fué descrita primeramente como una hilera de ci- lias vibrátiles, pero sobre cuya significación no abrigamos duda alguna, después de las delicadas observaciones que, sobre las misma membrana, hizo Künstler en el Irichomonas vaginalis. Su cuerpo, de forma piriforme, está constituido por un protoplasma transparente, que encierra algunas granulaciones, y que contienen en su porción posterior, uno ó dos pequeños espacios claros que representan Fig. 39.-Trichomonas intestinalis. (Según Zun- ker). LAM. V a, b, c, d, e, f, g, h, i, k. Trichomonas intestinalis observados poco tiempo después de la emisión de las materias feca- les.-Z, m, n, o. Trichomonas que han perdido sus flagelos.-g, k, in. Trichomonas con un glóbulo rojo en el interior de su protoplasma. Trichomonas intestinalis en el hombre PARASITOLOGÍA AMMAL E. Perroncito. "la CIENCIA Médica" 2080 CÓRDOBA 2080 PARASITOLOGIA ANIMAL 111 tal vez los vacuolos. La extremidad posterior termina en un apéndice claviforme, mientras que la extremidad anterior es roma y redondeada. La membrana ondulante está animada de movimientos incesantes. El Trichomonas intestinalis es sumamente ágil, pero, cuando las condiciones de existencia le son desfavorables, vésele disminuir sus movimientos, detenerse, girar sobre un polo posterior describiendo cír- culos, y unirse por su prolongamiento caudal á alguno objeto extraño efectuando oscilaciones pendulares que cada vez se hacen más lentas. Cuando por último le sobreviene la muerte, la membrana ondulante desaparece, se redondea, y toma el aspecto de una simple célula de contenido granuloso. Según Zunker este parásito es más frecuente que el Cercomonas hominis, pues mientras que ha observado siete veces el primero, solo ha visto dos veces el segundo, y según él se le encuentra tanto en los casos crónicos (diarrea), como en los agudos (fiebre tifoidea, perito- nitis, diarrea profesa correlativa á la ictericia ó á la pneumonía). El parásito se localiza en el colon y en el recto, y es capaz según Zunker, de provocar una viva irritación en la mucosa, así como de pro- longar y aún agravar inflamaciones ya existentes. Rappin observó el flagelado en su propia boca y en la de un tifoideo, considerándolo, como un Cercomónade, pero la descripción que de él hace y que transcribimos en seguida, nos permite ver que se trata de un Tri- chomonas. «.El cuerpo es largo, ovalar, de forma variable. Posee en una de sus extremidades, un delgado flagelo cuya longitud llega á tener una vez y media el largo del cuerpo; y en la otra extremidad un espolón claviforme mediante el cual se fija álas partes sólidas de la preparación. En uno de sus bordes se perciben con pura nitidez cilias vibrátiles que se mueven con gran rapidez y en el interior del cuerpo, se puede observar en la mayoría de los ca- sos, un núcleo vesiculoso». El Trichomonas intestinalis puede por consiguiente encontrarse en individuos sanos, puesto que Rappin gozaba de perfecta salud, cuando hizo la observación sobre sí mismo. Sabemos, por otra parte, que la hi- lera de cilias vibrátiles de que hace mención Rappin corresponde á una membrana ondulante; y que si los flagelos no fueron observados, fué debido á que el au- tor citado no los había distinguido, dada su extrema delicadeza (Fig. 40). Fi§'- dO.-Trichomo- „ . . ñas intestinalis, según Irichomonas intestinalis deben ser también los ani- Rappin. males que Leuwenhoek descubrió en sus materias fe- cales, y tres de los flagelados que Steimberg constató en la boca, y á los 112 PARASITOLOGIA ANIMAL cuales designó con el nombre de Trickomonas elongata, Tíickomonas Ca- redata y Irickomonas flagMata. Megastoma Intestinalis.-Blanchard. 1885. Este parásito, de forma irregular, ha sido bien estudiado por Grassi. Se le puede comparar á una pera partida por mitad en el sentido longitu- dinal. (Figs. 41 y 42). Los dos quintos anteriores están escotados y profundamente deprimi- dos, alojando una ventosa reniforme y transversal de hilio posterior. El cuerpo transparente é incoloro, se halla limitado exteriormente por una membrana quitinóidea de suma delicadeza, ligeramente espesada alnivel déla depresión. Detrás de esta última, y hacia la línea media, se observa una ligera cresta ánteroposterior que recorre el cuerpo en toda su longitud. En el íondo de la ven- tosa, suelen verse á menudo, dos pequeñas manchas (vacuolos) claras y elípticas, cuyo eje ma- yor es paralelo al gran eje del megastoma, susceptibles de colorearse por el carmín. (Fig. 41 y 42 A. B.) Además, §1 flagelado nos presenta en la extremidad anterior de la cresta, un pequeño corpúsculo redondeado, incapaz de fijar los colorantes nucleares. El animal mide 5 á 10 ¡i de longitud por 4 á 6 p de ancho. Camina girando sobre su eje, pero á veces se desplaza sin efectuar el más mínimo movimiento de rotación. Se halla provisto habitualmente de ocho flagelos más largos que el cuerpo, de los cuales dos se insertan en la extremidad posterior, y los otros seis se disponen simétricamente á ambos lados de la cresta, fijándose en el borde de la ventosa. Este parásito ha sido encontrado en lauchas, diversas especies de ra- tas, campañoles y con mayor rareza en el gato. Vive habitualmente en el duodeno y yeyuno, siendo raro en el 'íleon y no habiéndosele observado jamás en el intestino grueso. Con su ventosa, se adhiere á las células del epitelio intestinal, viviendo á expensas de ellas; sin embargo parece que la vida del huésped no se perturba con la presencia del parásito, pues Grassi lo ha observado en campañoles que lo encerraban en grandes cantidades, y cuyos intestinos no ofrecían la más mínima alteración. LAM. VI a, b, c, e, f. Megastomas libres con un número vario de flagelos.-d. Megastomas sin flagelo vistos por su cara dor- sal.-g al v. Formas vanas de megastomas.-1 al 10. Formas diversas de megastomas sometidos á la acción de la tintura de yodo. Lambeta tntestinalis PARASITOLOGÍA ANIMAL E. PERRONCITO. "la CIENCIA médica" 2080 CÓRDOBA 2080 PARASITOLOGIA ANIMAL 113 El Megastoma ha sido observado tres veces en el hombre. En los tres ■casos, se trataba de campeemos de Rovellasca atacados de diarreas crónicas ó hiper agudas. Las deposiciones de estos enfermos encerraban millones de parásitos. Sin embargo debemos creer que el parásito no es el causante de la enfermedad, pues Grassi tragó repetidas veces un buen número de Me- gastomas, sin que en sus materias fecales viera jamás un solo ejemplar. Este autor supone que el flagelado prospera en intestinos predispuestos por una irritación anterior, contribuyendo á mantener y aún á agravar lesiones intestinales ya existentes. Para Grassi, la presencia del Megastoma en las deposiciones, serviría además de excelente comprobante, para diagnosticar una afección en la porción superior del intestino delgado. La transmisión del parásito se efectúa directamente de la rata al hombre. Los campesinos de Rovellasca tienen la costumbre de conservar el pan en los graneros en donde las ratas pueden depositar muy fácilmente sus materias excre- menticias. Megaslomas intestinalis son también, sin duda alguna, los parásitos descubiertos por Lambí en 1859, en las mucosidades gelatinosas de nume- rosos niños, y á los cuales el autor designó con el nombre de Cerco-monas intestinalis. Este animal que mide 18 á 21|i de longitud por 8,6 á 11 ¡x de ancho, tiene un tamaño mayor que el precedente, pero los demás caracteres son enteramente semejantes. Lambí no les describió flagelos, pero nada de particular hay en ello, si pensamos en la delicadeza y minuciosidad de obser- vación que es menester desplegar para descubrirlos, y que micrógrafos tan hábiles como Donné, Leuckart y Butschli han observado un número diferente de flagelos en las mismas preparaciones de Trichomonas va- ginalis. Hé aquí la descripción que de él hace Lambí: «El parásito nos pre- senta la forma de un Escorpena; está provisto, en su extremidad truncada, de una ventosa oval-redonda, en cuyo interior brillan dos corpúsculos nucleiformes. La cola mide de 3 á 4 ¡i de longitud por 0,8 á 1,6 ¡x de espesor. La locomoción se efectúa por movimientos de rotación, y durante el reposo la cola vibra como la de un espermatozoide. Durante la agonía, el bor- de de la ventosa se mueve con ondulaciones repe- tidas que simulan un movimiento respiratorio. Este movimiento puede observarse durante horas enteras en substancias excrementicias frescas. Los Megas- tomas más jóvenes parecen corpuscúlos mucosos, ovales é hinchados.» Entre nosotros ha sido visto por los Drs. Mendez y Lynch. Fig. 43 - Megastc- ma intestínalis, se- gún Lambí. Aumen- tado 540 veces. Parasitología Animal 114 PARASITOLOGIA ANIMAL TRYPANOSOMAS Los Trypanosomas son flagelados que viven parásitos en la sangre de diversas especies animales. Descubiertos en 1841 en la trucha por Valen- lentin, fueron encontrados en 1843 por Gruby en la sangre de ranas vivas y adultas. Examinando preparaciones frescas, tuvo ocasión de ver un animál- culo alargado, aplastado, transparente, que medía de 41 á 80 p de largo por 5 á 10 p de ancho, y que presentaba un borde liso y el otro aserrado en toda su extensión. Sus dos extremidades terminaban por un delgado filamento, de los cuales el anterior era el más móvil y medía 10 á 12 ¡i de longitud (fig. 44). El modo de locomoción era sumamente curioso, efectuándolo mediante movimien- tos rotatorios semejantes al de un tornillo y cumpliendo cuatro revoluciones sobre su eje en un segundo, lo que importa 144,000 rotaciones en el período de una hora. Ray Lankester, encontró de nuevo este parásito en 1871, en la sangre de numerosas ranas que fueron examinadas. Creyéndole nuevo, le asignó el nombre de Undulina ranarum, y lo describió como un flage- lado que presentaba su cuerpo desarrollado en abanico, estirado longitudinalmente en su superficie y provisto de un núcleo vo- luminoso, ovoide, pero que carecía de va- cuolos contráctiles. En una de sus extre- midades presentaba un prolongamiento que podría adquirir mayor longitud y transformarse en un flagelo móvil tan largo como el cuerpo (fig. 45). 1 Lewis. describe, en 1878, un trypanosoma que observó en el 29 % de ratas examinadas en Calcuta. Desde entonces, las observaciones se han multipli- cado y los flagelados han sido observados en el cobayo, en el conejo, en los pájaros, etc. Los trypanosomas de los ma- míferos se presentan, en sangre fresca, como vermículos extre- madamente móviles, provistos Fig. 44-Trypanosoma sanguinis, según Gruby. Fig. 45.- Trypanosoma sanguinis, según Ray Lankester. PARASITOLOGÍA ANIMAL 115 de membrana ondulante y de un largo flagelo. Hacia su tercio' poste- rior, y en el interior del protoplasma se halla un núcleo granuloso, esférico ú ovolar, en la proximidad del cual se encuentra el centrosoma. Estos parásitos se reproducen por división longitudinal. Fragméntase primero el núcleo y otras veces el centrosoma; esta fragmentación va acom- pañada de la división del flagelo, á la cual sigue inmediatamente la del protoplasma, de modo que no es raro ver en preparaciones de sangre fresca,, trypanosomas en vía de división más o menos acusada, cuyos segmentos va separados se agitan como para apresurar la separación de la parte aún unida. El estudio de la morfología de estos parásitos, nos permite deducir que los trypanosomas encontrados en los mamíferos difieren délas especies encontradas en los peces, batracios, pájaros y roedores. Conócense actualmente numerosos trypanosomas que determinan en los animales graves enfermedades, de las cuales muchas de ellas presentan puntos desemejanza. Caracterízanse todas ellas por determinar en el animal enfermo una anemia progresiva, acompañada de parálisis de la porción posterior del cuerpo, y de emaciación muscular considerable. En cambio los animales atacados de trypanosomiasis conservan el apetito y la integridad de las gran- des funciones de la economía, siendo el estado fetal de la médula de los huesos largos la única alteración constante que se ha reconocido. El rol etiogénico de los trypanosomas es considerable. Repartidas en todas las comarcas del globo, las infecciones de trypanosomas hieren casi todas las especies de animales, determinando perjuicios enormes. Varias de ellas son temibles por su potencia de expansión. El Nagana enfermedad producida por el Trypanosoma Brucéis ha invadido el Africa entera, el Sttrra originado por el Trypanosoma Evansi azota la mavor parte del Asia. Ejemplos recientes nos demuestran los peligros inminentes que trae aparejado para los países indemnes la importación de animales in- fectados. En 1901, el surra estalló en las islas Filipinas, habiendo sido origi- nado por la infección que determinaron las muías del cuerpo expedicionario de la China, transportadas al archipiélago. En 1902, observóse en la isla Mauricio una epidemia de surra que coincidió con la introducción de bueyes provenientes de la India. Pasamos á estudiar ahora en párrafos distintos los trypanosomas co- rrespondientes a las enfermedades conocidas con el nombre de Surra, Na- gana, Durina, Mal de caderas y enfermedad del sueño producida esta úl- tima por el Trypanosoma Cambíense, debiendo decir que Penning, Hu- benet, Carougrau, Theiler, han encontrado nuevos trypanosomas que son las causantes de enfermedades cuya importancia es menor que la de las anteriores. 116 PARASITOLOGÍA ANIMAL Trypanosoma Evansi.-Steel, 1885. El Trypanosoma Evansi, fué descubierto en 1881, por el inspector vete- rinario Evans, del ejército inglés de la India, quien encontró la presencia constante del parásito en la sangre de numerosos caballos, muías, camellos, atacados de una enfermedad que ha sido designada por los indígenas con el nombre de «sz/rra». El parásito jamás ha sido observado en sangre de animales normales ó que no padecieran de surra', y la enfermedad se ha podido transmitir experimentalmente á caballos y perros mediante la inoculación hipodérmica de animales infectados. Este trypanosoma ha sido estudiado más adelante por Steel, Croopshank, Lingazd, Koch y especialmente por Rogers, cuyas interesantes investiga- ciones demuestran la transmisibilidad del surra por intermedio de los insec- tos y determinan las condiciones en que se puede producir dicha infección. El Trypanosoma Evansi es muy semejante al que Lewis encontró en la sangre de las ratas, y se diferencia de este último, en que su extremidad posterior es menos afilada y se halla como truncada. Mide de 23 á 28 p. La multiplicación se efectúa como en los demás trypanosomas, es decir por división longitudinal. El surra ataca preferentemente al caballo, asno y mulo, viniendo en segundo lugar el camello, elefante, gato y pe- rro. Los pájaros y el hombre son refractarios^ Los caballos y mulos atacados de trypanosomas presen- tan al principio la piel caliente, un poco de fiebre, disminu- ción de apetito, locomoción penible y oscilante. Aparece luego una urticaria localizada ó generalizada que presenta gran importancia para el diagnóstico. La sangre examinada al microscopio revela la presencia de parásitos fáciles de observar. Poco tiempo después la temperatura varia entre 30° y 40°; el pulso es rápido, el apetito disminuye; el animal rechaza los forrages secos. Pre- senta una hipersecreción de la glándula lacrimal, se desarrollan edemas en la extremidad de los miembros, al par que la emaciación muscular hace progresos enormes en varios días. El número de parásitos aumenta con la temperatura. Después de un período variable de uno á seis dias, la temperatura desciende y se vuelve normal y aún más baja que la normal; reaparece la vivacidad; el apetito es excelente; los edemas se reabsorben en parte, la sangre no encierra parásitos. Unicamente la atrofia muscular, el empasta- miento de las regiones edematizadas y la debilidad del pulso dejan sospe- char la enfermedad. Fig. 46.-Try- panos o m a Evansi PARASITOLOGÍA ANIMAL 117 Cuatro ó cinco días después, la temperatura sube á su máximum: el animal enfermo, débil y somnoliento tiene una respiración precipitada é irregular, formada por siete ú ocho inspiraciones cortas que van seguidas de una expiración profunda y sonora. El edema ha invadido los miembros, la región inguinal y la cara inferior del abdomen. El apetito ha aumentado, las funciones digestivas se efectúan normalmente; la sangre contiene nume- rosos flagelados. Los períodos febriles y apiréticos alternan así durante varios me- ses. El proceso de la enfermedad varía, pero cada acceso aumenta la gravedad del enfermo. Eñ un último período, la parálisis invade la por- ción posterior del cuerpo, haciendo la locomoción difícil; el animal va- cila y cae. Los latidos del corazón adquieren una violencia extrema; la muerte sobreviene súbitamente; otras veces el animal sucumbe después de una corta agonía. La evolución general de la enfermedad ha du- rado de 45 á 60 días, siendo la muerte el deselance final si no se ha administrado al animal enfermo un tratamiento apropiado. El surra es transmitido de un animal á otro mediante insectos ar- mados y especialmente por el tábano de los trópicos. Los indígenas creen que el agente intermediario es una mosca denominada Bhibra- dhang que no pica el buey ni al asno, produce en el hombre una tumefacción dolorosa y determina en el caballo y en el camello la en- fermedad del surra. Lingard, en el año 1890, demostró la presencia frecuente de try- panosomas en sangre y líquidos orgánicos de moscas recogidas sobre caballos y perros infectados. Fué Rogers quien demostró terminantemente el rol que desempeña- ban los múscidos en la transmisión de la enfermedad. Un tábano que acaba de picar un animal enfermo puede transmitir la enfermedad á un animal sano siempre que el período que transcurra entre las dos picaduras no sea mayor de un día. Examinado detenida- mente el tabadus tropicus, se ha observado que el trypanosoma se halla en estado latente sin modificarse, ni pasar por un cierto número de fases evolutivas como ya hemos visto que ocurría con los plasmodias de la malaria. De modo que si el tábano desempeña las funciones de un simple vehículo, otros animales armados pueden transmitir é inocular la enfer- medad y ésta puede producirse en todas las latitudes. Curray cree que el agente intermediario del surra en las Islas Filipinas es el Stomoxys calcitrans y Lingard ha llegado á admitir que los cuervos pueden servir de vía de transmisión de la enfermedad, al desgarrar cadáveres infec- tados y luego acosar á animales sanos. Sin embargo, no está probado aún que todos los casos de surra 118 PARASITOLOGÍA ANIMAL se produzcan de esta manera, y la teoría de la transmisión por las moscas deja sin explicar numerosos fenómenos. Nada sabemos sobre la evolución del trypanosoma y es probable que ciertas faces evolutivas las pase en huéspedes intermediarios desconocidos hasta el presente por nosotros. Lingard, y con él varios observadores, creen que existe afinidad entre la aparición del surra y algunas condiciones climátericas. La afección es excepcional durante el verano, á pesar de la abundancia de moscas, y en cambio se manifiesta en todo su vigor durante la pri- mavera poco tiempo después del período de las lluvias. La en fermedad se localiza preferentemente en terrenos bajos y húmedos, en comarcas surcadas por ríos y arroyos después de las inundaciones. Los forrages frescos provenientes de estas localidades son peligrosos, así como las aguas son nocivas. Algunas de estas influencias pueden interpretarse favorablemente al admitir la transmisión de las moscas. En efecto, las larvas de los tábanos se desarrollan de preferencia en terrenos húmedos y en las aguas; depuestas en la superficie de las hierbas pueden ser transporta- das con ellas é infectar los pastos de esas regiones. Sin embargo mu- chos fenómenos quedan sin explicar y es probable que la inoculación por los insectos represente una de las varias maneras como puede pro- ducirse la infección. Como medidas profilácticas se aconseja el evitar la inoculación de las moscas por todos los medios posibles. Con este objeto se hacen grandes hogueras en los campos y al- rededor de las habitaciones, con sustancias que arden con dificultad y producen mucho humo, para ahuyentar á las moscas. Otro procedimiento consiste en cubrir á los animales con sustancias que repelan á los insec- tos, tales como las infusiones de hoja de sauce, de tabaco, el sulfuro de carbono, etc.; pero esta medida profiláctica no ha dado un resultado satisfactorio.. Mucho mejor es proteger á los animales con cuerpos grasos y aceites, especialmente con el aceite de alquitrán. Llénase una vasija, previamente tapizada interiormente con alquitrán de hulla, de agua adi- cionada de una pequeña cantidad de aceite de alquitrán ó Me trementina y con ella se fricciona al animal una ó dos vez por día. En las caballerizas, el desprendimiento de vapores amoniacales es un excelente preservativo. Como tratamiento curativo, la única sustancia que actúa con efi- cacia es el ácido arsenioso que se administra en dosis crecientes princi- piando por 30 centigramos, siendo la dosis máxima de 50 centg. Se suspende la medicación cuando se manifiestan signos de intoxicación, reanudándola algunos días después. PARASITOLOGÍA ANIMAL 119 Aconséjase al mismo tiempo una alimentación abundante y selecta, «cortos paseos y masajes en las regiones infectadas. Trypanosoma Brucei.-Plimmer y Bradfort, 1899. Este flagelado es el causante de una enfermedad sumamente cono- cida en el Africa central que azota á los animales domésticos á tal punto que en ciertas regiones es imposible criarlos y el hombre tiene que sus- tituirlos para el tiro de los convoyes. Los indígenas saben que esta afección es debida á la picadura de una mosca; el tsetsé, recibiendo por dicha razón el nombre de «enfer- medad del tsetsé». En 1866, Bruce estudió esta enfermedad en ciertas regiones del Natal, en donde se le denomina «nagana», nombre que ha sido adop- tado hoy en día por todos los autores. Este observador reconoció, en la sangre de los enfermos de nagana, la presencia constante de un try- panosoma análogo al del surra. Fig. 47-1. Trypanosoma Brucei, (a, núcleo; b, centrosoma: e, membrana ondulante; d, flagelo.-2. Trypanosoma al principio de la segmentación, con dos centrosomas, y el flagelo y núcleo en via de división.-3, 4, 5. Faces más avanzadas de división. Los estudios fueron continuados, luego, por Koch, quién indicó que los asnos de Massai eran refractarios á la infección natural y experimen- tal; por Plimmer y Branford que estudiaron el ciclo evolutivo del pará- sito y su distribución en el organismo; y por Laveran y Mesnil que completaron el estudio morfológico del trypanosoma y suministraron datos precisos sobre la evolución de la enfermedad experimental en diversas especies. El Trypanosoma Brucei mide en el caballo, comprendiendo el flagelo, 120 PARASITOLOGÍA ANIMAL de 28 á 33 ¡i de longitud por 1 tI á 2 y, ¡i de ancho; su largo es algo mayor que el correspondiente á los trypanosomas de la rata, cobayo, conejo y perro. La extremidad posterior puede presentarse bajo dife- rentes aspectos, terminada en punta, redondeada, ó truncada netamente. El flagelado presenta movimientos muy vivos, pero poco ámplios. Suele observarse á menudo al parásito en vía de división. El núcleo, situado en el tercio posterior, es fusiforme y granuloso. El trypanosoma se mul- tiplica por división longitudinal, fragmentándose primeramente el centro- soma y el flagelo, luego el núcleo y por ultimo el protoplasma. Plimmer Fig. 48-6, 7. Trypanosomas que han adoptado una forma esférica, observados en sangre de caballo.-8. Trypanosomas en el mismo estado pero en vía de segmentación.-9, Aglutinación de Trypanosomas en bola-10, Trypanosoma en vía de desintegración.-11, Flagelo libre lle- vando en una de sus extremidades el centrosoma.-12, Aglutinación en rosa de trypanosomas.-13, Dos trypanosomas unidos por su porción posterior. y Bradford dicen que el parásito se reproduce también por conjugación,, pero Laverán y Mesnil creen que esas formas que han hecho suponer á los autores precitados en una reproducción sexual, son probablemente la faz última de la segmentación longitudinal, durante la cual los dos elementos neoformados se hallan solamente unidos por la extremidad posterior. El nagana afecta especialmente al caballo, mulo, asno, zebra, el hombre y los pájaros son refractarios. La enfermedad, en el caballo, presenta los siguientes síntomas: el animal está triste, tiene hipersecreción de las glándulas lacrimales, y fluye de sus narices un líquido mucoso. Poco tiempo después, los miembros PARASITOLOGÍA ANIMAL 121 y la porción inferior del abdomen se hallan invadidos por el edema; el animal enflaquece rápidamente, á pesar de que el apetito no dis- minuye. En un período más avanzado el estado general se agrava; las mu- cosas están pálidan y en la conjuntiva y pituitaria se manifiesta un ca- tarro purulento. El pene, en estado de semi-erección, tiene la piel ede- matizada la sangre encierra parásitos en abundancia; la temperatura oscila entre 38 y 40°. Hacia el fin de la evolución, el animal se halla en un estado de ane- mia y de caquexia extrema; los músculos están atrofiados á tal punto que el animal no puede caminar; las mucosas están descoloridas y la córnea ede- matosa y á veces ulcerada; el apetito se conserva. Finalmente la muerte sobreviene por caquexia y asfixia después de un corto período de de- cúbito. Fig. 49-A, Tsetsé con las alas plegadas y aumentado tres veces de tamaño.-B, Id:, con las alas desplegadas. -C. Cabeza de Tsetsé aumen- tada cinco veces.-t, trompa. El nagana constituye hoy por hoy un peligro considerable para nu- merosas regiones del Africa, y cede muy lentamente á las medidas profi- lácticas que la civilización ha introducido. En el Natal y en el Transvaal va desapareciendo paulatinamente, pero aún azota el Zambeza, Sudán, Congo, Belga, Somalis, Abisinia, etc. Todos los medios preventivos consisten en evitarla picadura del tse- tsé, para lo cual se aconsejan procedimientos profilácticos análogos á los del surra. Como medidas curativas se ha ensayado la acción del ácido ar- senioso y especialmente del arsenito de sodio con el cual Laverán parece haber obtenido resultados favorables. Schilling no tuvo éxito con la quinina y las inyecciones intravenosas de sublimado corrosivo. El hombre parece ser enteramente refractario á esta temible enfer- 122 PARASITOLOGÍA ANIMAL medad; y sin esta feliz particularidad le habría sido imposible penetrar en el centro del Africa. Todos los viajeros que han atravesado regiones en donde abunda el tsetsé, cuentan haber sufrido millares de picaduras sin experimentar otros accidentes más que pequeños pruritos locales análogos á los que determi- nan los mosquitos. Livingstone, á pesar de haber permanecido dos meses en una región poblada de tsetsé no sufrió el más pequeño malestar, y re- fiere que los niños expuestos continuamente á las picaduras de estos insec- tos, no presentan síntoma alguno de trypanosomiasis. Sin embargo, aún cuando se considera al hombre como refractario, parece que se han observado en éste dos casos denagana: La primera observación, no muy comprobante, fué hecha por el Dr. Barron en Londres, quién observó en la sangre de una mujer que padecía de anemia, numerosos flagelados muy semejantes á los trypanosomas. La enferma curó dos meses después sometida á un triple tratamiento de arsé- nico, aloes y hierro. La segunda, es debida al; Dr. Dutton, quién tuvo ocasión de ver en Bathurst (Sambia) numerosos trypanosomas, al examinar la sangre de un europeo que estaba atacado de fiebre remitente y presentaba la cara hincha da, edema en los párpados y en las extremidades inferiores, frecuencia anormal del pulso y de la respiración, debilidad general. El bazo estaba hi- pertrofiado. Los Trypanosomas encontrados en la sangre se hallaban en pequeño nú,mero pero eran típicos, y análogos á los trypanosomas del nagana. Trypanosoma equiperdum - Duflein, 1901. Este trypanosoma determina en los équidos una enfermedad contagio- sa denominada «durina», trasmitióle por el coito. Constatada por primera vez en Europa, en el año 1816, fué observada de 1821 á 1838 en Bohemia y Hungría, en donde, por sus analogías con la sífilis se le dió el nombre de «enfermedad venérea del caballo». Estudiada más tarde por Lafosse, Blaise, Nocard, fué Roget quien encontró los trypa- nosomas en preparaciones de sangre de caballos que padecían de du- rina. El trypanosoma equiperdum se asemeja mucho al del súrra; tiene las mismas dimensiones, y la extremidad posterior es redondeada, á menudo truncada oblicuamente. Se multiplica como los precedentes por segmenta- ción longitudinal, ensanchándose en lugar de alargarse en el instante de la división. El proceso de la enfermedad es generalmente lento y la sucesión regu- lar de los síntomas permiten reconocer tres periodos: El primero está carac- PARASITOLOGÍA ANIMAL 123 terizado por alteraciones locales de los órganos genitales. En el macho once á veinte dias después de la aproximación sexual, se produce edema en la piel que envuelve al pene, infiltración de los ganglios inguinales, dilatación del glande. La micción es dolorosa,y el coito muy difícil por el volumen anormal del órgano y el dolor que el animal siente en el momento de introducirlo en vagina. En la hembra, cinco ó seis días después del contacto sexual, los labios de la vulva se hallan tumefactos, edematosos; la mucosa, llena de manchas rojas, es el sitio de erupciones diversas que determinan en el animal un pru- rito intenso; la yegua toma el aspecto de las hembras ninfómanas; un líquido abundante, denso, y amarillento corre por la comisura inferior de la vulva. En un segundo periodo el animal presenta perturbaciones de la inerva- ción, que se manifiestan por parálisis momentáneas ó persistentes de los músculos de la oreja, labios, ojos; prodúcese al mismo tiempo debilida'des- pasmódica de la porción posterior del cuerpo, y la aparición de placas cu- táneas salientes, circulares, cuyos tamaños varían entre el diámetro de una moneda de dos centavos al de la palma de la mano. La manifestación de las placas cutáneas es un síntoma de gran valor diagnóstico porque se puede decir que es el único síntoma patognómico de la durina. En un tercer período las perturbaciones paralíticas predominan, los miembros se arrastran, y la locomoción es vacilante; el apetito desaparece, las mucosas adquieren una coloración rosa pálido; la orina es densa, se producen edemas, ulceraciones de la córnea y abcesos superficiales. Finalmente la paraplegia se establece, el animal cae para no levantarse más y la muerte se produce veinte á treinta días después del principio de la parálisis. La durina ha sido observada en Hungría, Francia, España, Turquía, Algeria, Siria, Persia, Estados Unidos, etc. Las medidas profilácticas son muy sencillas. Recomiéndase las vi- sitas saninarias á los caballos que se destinan para la reprodución. Como tratamiento curativo ha dado buen resultado el ácido arsenioso. Trelut obtuvo buen éxito administrando á los équidos atacados de du- rina de tres á seis gramos de ácido arsenioso junto con seis á nueve gramos de esencia de trementina y hierro reducido. Blaise recomienda una mezcla de arseniato de sodio y arseniato de estricnina. Novkoft aconseja la siguiente fórmula: Acido arsenioso 5 gramos Carbonato de sodio crist .... 5 » Agua destilada 75 » Glicerina pura neutra 25 » 124 PARASITOLOGÍA ANIMAL (Adminístrese inyecciones subcutáneas y en dosis crecientes de 1 á o gramos.) La solución de ácido cacodílico al 20 °/o ha dado también resul- tado satisfactorio. Trypanosoma equinum-Voges, 1901 El «.mal de cadera» es una enfermedad endémica del caballo que azota numerosas comarcas de la America del Sud, producida por un trypanosoma semejante al que hemos descrito precedentemente. Descu- bierto por Elmassiann, el año 1901, en el Instituto bacteriológico de la Asunción, fué estudiado en 1902 por Zabala, por Voges que hizo un estudio clínico y experimental de la enfermedad y por Ligniéres que rectificó los datos adquiridos aportando materiales nuevos. El Trypanosoma equinum mide 24 á.26 ¡i de longitud por 1 á 2 ¡i de ancho. El flagelo mide la tercera ó cuarta parte del largo del cuerpo. Estos flagelos tienen un centrosoma pequeño y se multiplican por di- visión longitudinal. Los animales atacados de «mal de cadera» tienen al principio suma debilidad de las extremidades posteriores; al caminar arrastran las patas; los miembros adelgazados no tienen fuerza suficiente para sopor- tar peso alguno, y á cada paso que hacen, la silla se balancea de derecha á izquierda. El apetito permanece normal. En un período último, el animal no puede sostenerse sobre sus extre- midades: separa los miembros ante- riores y posteriores y permanece in- móvil. Poco tiempo después cae; la parálasís progresa, la micción se sus- pende; se produce aceleración de la respiración ó díspnea. El animal en- tra finalmente en un estado comatoso y sucumbe dos ó tres días después. La vía de infección de la enferme- dan, parece que es un insecto ar- mado como pasa en el surra y en el nagana. Zabala y Voges sospe- chan de la «mosca brava» (Stomoxys calcitrans) que se alimenta de sangre y sustancias vegetales. Otros au- tores creen que el animal intermediario se halla representado por dife- rentes especies de tábanos y mosquitos. No se puede, hasta el presente, aconsejar una profilaxis segura, pues no se conoce á ciencia cierta cual ó cuales son las vías de infec- Fig. 50-Trypanosoma equinum PARASITOLOGÍA ANIMAL 125 ción, y en cuanto al tratamiento curativo Ligniéres ensayó, sm éxito, las sales de quinina y los cacodilatos administrados por vía digestiva y por inyecciones subcutáneas. Trypano^oma Ganibieitse Este trypanosoma mide de 18 á 28 ¡i de largo por 1.40 ¡i de ancho. Pre- senta una membrana ondulante como todos los trypanosomas y un flagelo en su extremidad anterior. Se distingue un núcleo y un centrosoma donde va á terminar el flagelo. La extremidad posterior que no lleva flagelo es más ó menos afilada y de forma cónica. Observando el centrosoma, que se dis- tingue bien con la coloración, se ve una vacuola que lo rodea ó situado de- bajo de él. El núcleo que es de forma redonda ú oval se encuentra en la parte media del cuerpo. La membrana ondulante es estrecha. El protoplasma contiene numerosas granulaciones cromáticas, espe- cialmente en su parte anterior. La parte libre del flagelo es igual al tercio de la longitud total del cuerpo. La multiplicación se efectúa por bipartición, desdoblándose el centro- soma, el núcleo y el flagelo y, en seguida, el resto del protoplasma. Este trypanosoma es el agente productor de la enfermedad del sueño en el hombre. La existencia de esta enfermedad ha sido señalada en el año 1803 por Winterbotton entre los ne- gros de la costa occidental de Africa y desde entonces ha sido objeto de numerosos estudios con el fin de de- terminar su agente patógeno, entre otros podemos citar los de Bétten- court, Broden, Castellani, Manson, etc., que sucesivamente la han atri- buido á pneumococos, estreptococos y el último á la Filaría perstans. Los trabajos que han arribado al descubrimiento del trypanosoma datan del año 1901 en que el Dr. Forde de Bathurst en la Gambia prestó sus servicios á un marino europeo de 42 años de edad y que había padecido de numerosos ataques febriles que se consideraban palúdicos. En el examen de la sangre que se practicó, en lugar de encontrar los hematozoarios típicos se descubrieron unos animálculos vermiformes sobre cuya naturaleza quedaron indecisos. Más tarde el Dr. Dutton exami- Fig. 51. - Tripanosoma Gambiense (Dutton) 126 PARASITOLOGÍA ANIMAL nando nuevas preparaciones de sangre del mismo enfermo reconoció en ellas la presencia de trypanosomas y les dió el nombre de trypanosoma Gambiense. A partir de esta observación fueron numerosos los hallazgos de trypanosomas en la sangre humana en el Congo, la Gambia y la Uganda. En el año 1902 la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool envió una expedición á la Gambia que constató la existencia de numerosos casos de trypanosomiasis humana. Algo más tarde Castellani estudiando en la Uganda la enfermedad del sueño constató la presencia en el líquido cerebro-espinal de los negros atacados de esta enfermedad, de un trypanosoma que denominó trypanosoma Ugandense. Estos estudios de Castellani fueron confirmados por Bruce. El estudio comparativo de estos dos trypanosomas y su acción patógena en los animales siendo idéntica se ha llegado á la conclusión que ambos no son sino una sola especie y que constituyen el agente pa- tógeno de la enfermedad del sueño. Por prioridad se le ha dejado el nombre de Gambiense. La trypanosomiasis humana no es endémica sino en el Africa equatorial. Se encuentra principalmente en la Uganda, el Congo y la Senegam- bia y predomina sobre las orillas de los rios sobretodo en regiones con bosques. Se encuentra en todas las edades y puede atacar también á los que no son del país. En la evolución de la enfermedad del sueño se pueden distinguir dos períodos. En el primero queda latente ó se manifiesta por accesos de fiebre irregular y anemia. En el segundo periodo aparecen los sín- tomas nerviosos de la enfermedad y siguen agravándose hasta producir la muerte en estado comatoso. Durante el primer período los trypanosomas se encuentran única- mente en la sangre y en los negros no se [observa, por regla general ningún síntoma mórbido, al contrario en los blancos aparecen notable- mente los síntomas anémicos con aumento de volúmen del bazo y del hígado. Durante el segundo período se encuentran en el líquido céfalo raquídeo; y los síntomas son muy notables especialmente los nerviosos la fiebre se hace remitente, elevándose á 39 ó más á la noche. Antes de la muerte se manifiesta durante una ó dos semanas una hipotermia que es de pronóstico fatal. Los síntomas nerviosos son en primer lugar una cefalalgia intensa y constante que se complica a veces, con raquialgia. PARASITOLOGÍA ANIMAL 127 Hay temblor de las manos y de la lengua y sobreviene una apatía que poco á poco nada vence y que gradualmente se convierte en coma. En el último período hay incontinencia de orina y materias fecales. El grado de la anemia es variable. Manera de difusión de la enfermedad. - De las investigaciones de Bruce y sus colaboradores en la Uganda se deduce que la mosca Glossina palpalis es el principal Agente de propagación de la trypanosomiasis humana. Los cercopitecos, que han sido punzados por la Glossina palpalis después de haber punzado á negros enfermos, se han infectado. En la Uganda la distribución de la enfermedad coincide con la de la Glossina palpalis, y además en todas partes donde hay trypanosomia- sis hay Glossina palpalis. Profilaxia.-Siendo trasmitida por la Glossina palpalis (Tsetsé) hay que proteger á los habitantes contra sus picaduras. Se elegirá para habitaciones los puntos lejanos de los pantanos y serán protegidas por telas contra la penetración de las moscas. Tratamiento.-Los ensayos de sueroterapia é inmunización no han dado resultados satisfactorios hasta ahora. Nos vemos reducidos á los me- dicamentos tónicos y antiparasitarios como el arsénico y la quinina; últi- mamente se ha usado el trypanroth. LeÍMhinania.-R. Ross 1903 Es la enfermedad conocida en la India y Africa bajo el nombre de Es- plenomegalia y por los naturales por el de Kala Asar, Leíshman y Donovan han encontrado en la sangre y en el bazo unos parásitos que algunos au- tores como Laveran y Mesmil atribuyen al grupo de los piroplasmas bajo el nombre de Piroplasma Donovanüy otros incluyen entre los Trypano- somas. Esta cuestión no ha sido resuelta aún, por lo cual no insistiremos en la descripción del parásito. Entre las formas encontradas hay muchas que son flageladas y otras que desarrollan estos flagelos al cabo de tres ó cuatro días colocadas en sangre citratada á la temperatura de 22°. t 128 PARASITOLOGÍA ANIMAL El cuerpo del parásito tiene una forma de huso más largo que ancho y posee un flagelo en su extremidad menor donde se encuentra la masa cromática que es pequeña siempre en rela- ción al cuerpo. Estos cuerpos han sido vistos por Christophers en los leucocitos y en las cé- lulas endoteliales del bazo, el hígado, la médula del hueso, el intestino y los pulmo- nes. Se observan también en las úlceras de la piel que se encuentran en esta enfer- medad. Bentley, que ha hecho un estudio extenso del parásito, no ha podido encon- trarlo fuera del cuerpo humano. No se conoce aún la forma en que se efectúa la inoculación al hombre. En los enfermos atacados de espleno- megalia además del aumento del bazo que es característico, hay una anemia pronunciada y la terminación fatal ge- neralmente proviene de infecciones secundarias. GLASE DE LOS INFUSORIOS Orden de las heterotricos Los infusorios que pertenecen á este orden tienen el cuerpo re- cubierto en toda su extensión de cilias muy delgadas. La boca se halla situada en el fondo de una depresión en embudo ó peristoma, cuyo borde está además provisto de una hilera de cilias largas y robustas que sirven para la aprehensión de los alimentos. A este grupo pertenece el único infusorio que haya sido encontrado como parásito en el hombre. Balantidium Coli. - Stein, 1862. Este parásito íué descubierto en 1856 por el profesor Malmsten de Es- tockolmo, en el intestino de un sujeto de treinta y dos aros de edad, que dos años antes había sobrevivido á un violento ataque de cólera, pero que se quejaba aún de perturbaciones digestivas constantes, acompañadas alternati- PARASITOLOGÍA ANIMAL 129 vamente de constipación y diarrea. Un exámen detenido del recto permitió ■constatar, á una pulgada próximamente del ano, la existencia de una peque- ña llaga que producía un pus sanguinolento en el cual nadaban gran cantidad de infusorios (fig. 53). La úlcera curó pronto, pero los dolores persistieron, al par que siempre se encontraban parásitos en el mucus intestinal. El profesor Sven Loven, encargado del exámen del parásito, lo clasifi- có con vacilaciones entre los Holotricos y le dió el nombre de Paramoe- cium cali. Poco tiempo después, encontróse el mismo parásito en gran cantidad, en una mujer, que, hacía varios años, sufría una colitis crónica y cuyas de- posiciones eran sanguinolentas y purulentas. La enferma murió. Hecha la autopsia, se le encontró en el intestino grueso un número considerable de pequeños abscesos gangrenosos. Desde la S ilíaca, el intestino estaba lleno de un pús fétido que contenía pocos pa- rásitos. Estos pululaban en toda la porción sana déla mucosa del intestino grueso, es decir en el caecum y en el apéndice íleo-caecal, y faltaban en el intestino delgado y en el estómago. A partir de esta época, el Balan- lidium coli, ha sido observado por varios médicos. Stieda lo vió dos veces en Dorpat en sujetos atacados de fiebre tifoidea. En Suecia, Ekec- krantz, Belfrage, Winbladh y Wi- sing señalaron su existencia; Peter- son lo observó tres veces y He- nschen seis. En el caso de Belfrage el intestino grueso y particularmente el caecum presentaban numerosos abscesos que concluyeron con la vi- da del paciente. En uno de los casos de Henschen, la infección del intestino grueso iba acompañada de un cata- rro agúdo al estómago é intestino; pero debe considerarse este hecho como excepcional. En 1870, Losch observó dos casos en San Petersburgo, en la clínica del profesor W. Eck. Uno de los enfermos egresó del hospital antes de su curación; el otro murió, y en la autopsia se le encontraron ulceraciones en el intestino grueso. Raptchevsky, en 1880 y 1882, observó tres veces el parásito en la clínica del Doctor Losch, en el hospital Nicolás. El primer caso referíase á un sujeto de veinte y tres años de edad, guardián del hospital, que ingresó con una diarrea abundante que databa de veinte días; las deposiciones eran líquidas, pardo-amarillentas, fétidas y encerraban mucus purulento teñido Fifi. 53.-Balantidium coli en las deposi- ciones. Parasitología Animal 130 PARASITOLOGIA ANIMAL de sangre. El exámen microscópico permitió observar la existencia de un número considerable de Balantidium, á tal punto que con un aumento de 300 diámetros se podían observar 5 y 6 ejemplares en cada campo visual. El mucus, extraído del recto, por medio de una sonda, contenía también Balantidium en gran abundancia. Insinuado por Losch, Raptchevsky probó la acción parasiticida del áci- do salicílico, para combatir el infusorio, y comprobó que una solución al milésimo mataba al parásito al cabo de un minuto y medio, después de mo- dificarlo en su forma y estructura. Una vez constatada esta acción nociva, Raptchvesky recetó al enfermo abundantes lavativas de ácido salicílico al milésimo, haciéndole ingerir por vía gástrica 15 gramos de ácido salicílico adicionado de sulfato de soda y ácido clorhídrico; este último agente tenía por objeto impedir la formación de salicilatos cuya acción es menos enérgi- ca. Tres días después de aplicado este tratamiento, el parásito se hizo raro en las deposiciones; al cuarto día desapareció. Poco tiempo después la diarrea cesó, las deposiciones recobraron su aspecto normal, los cólicos desaparecieron y el enfermo curó. La segunda observación fué hecha en un individuo de veinte y un años, soldado de la guardia imperial. Sus deposiciones acusaban la presen- cia de un gran número de parásitos; cinco días después desaparecieron, con la administración de lavativas de solución salicílica. La tercera y última observación también fué hecha en un sujeto do veinte y tres años en el hospital Nicolás. El tratamiento con ácido salicílico- dió resultado, pero el enfermo murió de extenuación general. Hecha la au- topsia, se le encontró el intestino delgado hiperhemiado, los folículos hiper- trofiados y pigmentados en los bordes. La mucosa del intestino grueso lívi- da, espesa, de aspecto esponjoso; algunos folículos presentaban ulceraciones crateriforme. La mucosa del colón descendente, y particularmente de la S ilíaca, presentaba un color apizarrado, había aumentado de espesor, y estaba cubierta de anchas ulceraciones extendidas á menudo sobre la capa muscu- lar. El exámen microscópico del intestino grueso permitió reconocer lesio- nes ordinarias de inflamación crónica. Hasta el presente, las observaciones del Balantidium coli, han sido hechas en un área geográfica muy limitada. Se le ha visto en Estockol- mo, Upsal, Dorpat, San Petersburgo, pero su existencia no ha sido cons- tatada ni en Francia ni en Inglaterra, ni en Alemania. Sin embargo,, durante la campaña de Cochinchina, en 1874, el Dr. Trefile observó en un cierto número de oficiales y marineros atacados de disenteria aguda. Este autor, ha hecho notar al mismo tiempo que, en oposición á la opinión de Malmsten, el parásito no muere inmediatamente después de la evacuación de las materias fecales, pues se le ha encontrado vivo- seis horas después de efectuadas las deposiciones. PARASITOLOGIA ANIMAL 131 Grassi y Perroncito (1880) observaron por último el Balantidium, en obreros del San Gotardo, atacados de anemia de mineros. El Balantidium coli (fig. 54) es un animal de forma ovoide, que mide 70 á 100 ¡i de longitud por 50 á 70 ¡i de ancho. La forma de su cuerpo es constante. Se compone de una masa finamente granulosa en la cual se ven á me- nudo, sobre todo en la región posterior, gotitas adiposas de tamaño varia- ble y corpúsculos más gruesos, granulosos, que son sin duda excre- mentos. La nutrición parece efectuarse por osmosis, á expensas de materias elaboradas por el individuo que le sirve de huésped; Niesing ha visto Ba- lantidium que encerraban en el interior de su cuerpo glóbulos sanguíneos, y Leugkart, ha constatado en Balantidium extraídos de cerdos infectados y alimentados con patatas, la existencia de gránulos de almidón. La masa granulosa de la cual acabamos de hablar está rodeada por una especie de capa cortical de protoplasma claro y transparente en la cual se encuentran encerrados el núcleo y los vacuolos contráctiles. El núcleo, si- tuado en la mitad anterior del cuerpo, es elíptico, débilmente encorvado, de aspecto reniforme pálido, homogéneo, de contornos mas ó menos netos y desprovistos de nucléolo. Los vacualos contráctiles se hallan generalmente en número de dos: uno de ellos situado en la extremi- dad posterior del cuerpo, el otro variable en su posición: A veces se observan tres vacuolos, y existen casos en que no se ha comprobado más que la existencia de uno solo, siendo siempre el vacuolo posterior el cons- tante. Estos vacuolos están animados de contracciones sumamente lentas, á tal punto que pueden pasar desa- percibidas; cambian frecuentemente de posición. Stein refiere haber observado casos en que los dos vacuolos comunicaban entre sí mediante un trayecto lacunoso, vertiéndose todo el contenido del anterior en el vacuolo posterior. En el polo anterior, á penas truncado, se halla situado el peristoma que es una depresión infundibiliforme que penetra oblicuamente hácia el centro del cuerpo del parásito. El peristoma no es propiamente la boca, si- no el vestíbulo, que comunica con un corto canal que perfora la zona pe- riférica del protoplasma claro, y termina en fondos de saco en los confines de la masa granulosa interna. Cuando el animal va á nutrirse pueden ob- servarse los movimientos de contracción y dilatación^deljperistoma. El bor- de más próximo adquiere mayor longitud y movilidad_que el otro. A menudo los movimientos de contracción no se observan más que al nivel del peris- Fig. 54-Balantidium coli. 132 PARASITOLOGÍA ANIMAL toma y sobretodo al labio anterior, que se estira adoptando la forma de un cuello. El ano difícilmente visi- ble, está situado en el polo poste- rior. El cuerpo está recubierto por una débil membranacuya superficie nos presenta una serie de estrías longi- tudinales extendidas desde el pe- ristoma hasta la extremidad pos- terior. Estas estrías son netamente apa- rentes sobretodo en el polo anterior al irradiar del peristoma, y- dejan entre ellas espacios que sirven de base de implantación á las cilias vibrátiles, que cubren el ^cuerpo de este parásito. El peristoma carece de pestañas vibrátiles pero presenta en su borde posterior una hilera de largas cilias que están animadas de vivos mo- vimientos. La multiplicación tiene lugar generalmente por fisiparidad ó división (fig. 54). Stein, Wising, Leuckart la han observado muy á menudo. El primer fenómeno que se observa es la aparición hacia la parte me- dia del cuerpo, de una cintura de largas cilias vibrátiles, al nivel de la cual el cuerpo se estrangula profundamente. El núcleo, los nucléolos y los vacuo- Ios contráctiles se desdoblan; el segmento inferior se excava formando un infundibulum que más tarde dará lugar al nuevo peristoma. Los dos individuos así formados se separan cada vez más hasta que por último se rompe el delgado pedúnculo. El fragmento de este pedúnculo se retrae, pero persiste durante algún tiempo bajo la forma de una pequeña masa esférica que ha dado lugar á interpretaciones diversas. Algunos auto- res lo consideraban como un vestigio excrementicia!, Ekeckrantz suponía que era un brote, induciendo de aquí que la reproducción del parásito po- dría hacerse por gemiparidad. La conjugación parece tener lugar entre estos seres, pues refiere Wi- sing haber observado dos Balantidium unidos por el peristoma y fusionados intimamente en esta región. El autor citado no ha visto sufrir al núcleo mo- dificación alguna (fig. 56). En la primera edición de la gran obra que publicó Leuckart sobre los parásitos del hombre, dió á conocer que el Balantidium Coli se hallaba en grandes cantidades en el colón y caecum del Cerdo de Sajonia. Basta para observarlos introducir una sonda por vía anal extrayendo del recto un poco de materia fecal ó de mucus intestinal. Observado al microscopio, pueden Fig 55.-Balantidium coli. Reproducción fisipara según Leuckart. PARASITOLOGIA ANIMAL 133 verse los Balantidium como puntos blancos que se desplazan en todas direc- ciones. Esta observación de Leuckart fué confirmada por Stein en diversas localidades de Alemania, por Ekeckrantz y Wising en Suecia y por Grassi en Italia. Raptchevsky pudo confirmarla en San Petersburgo, pues de 18 cer- dos examinados, tres presentaban el Balantidium en gran cantidad. Si las investigaciones de Blanchard hechas en Pa- rís sobre cerdos, no dieron resultado, fué debido probablemente al pequeño número de ellos que fueron examinados. Por consiguiente podemos decir que el verdadero huésped del Balantidium Calí es el Cerdo, y que es este mismo cuadrúpedo que lo trasmite al hombre. Si se pone el animálculo en contacto con el agua, su vivacidad no disminuye inmedia- tamente, sino paulatinamente, hasta que se le vé detenerse, contraerse y perder sus ci- lias; de éstas, las últimas que desaparecen son las del peristoma. El cuerpo toma entonces el aspecto de una bola de 80 á 100 ¡i y se halla recubierto por una cutícula espesa que lo aísla. En su in- terior, se distinguen perfectamente la zona clara periférica y la masa central granulosa, que encierra gotitas de grasa. Igual fenómeno se observa al exa- minar sustancias excrementiciales secas de Cerdo. El Balantidium huyendo de la fuerte humedad como de la extrema sequía se ha enquistado. Estos quistes, en los cuales el Balantidium, permanece en estado de vida latente, están dotados de un poder de resistencia muy grande contra las causas de su destrucción. Diseminados con los excrementos, arrastrados por los vientos y las lluvias, se diseminan por los campos, se depositan so- bre sustancias alimenticias pudiendo llegar de este modo al aparato digestivo de otros cerdos, ó al aparato digestivo del hombre, introducidos juntos con legumbres que no sufren cocción ó con el agua de consumo. Este modo de propagación del parásito nos explica el fracaso obtenido por Ekeckrantz, Wising, y Raptchevsky, cuando trataron de infectar perros y otros animales haciéndoles absorber por boca y ano materias fecales con- taminadas por el Balantidium Coli. El quiste resiste á la acción del jugo gás- trico, mientras que el animal adulto, imperfectamente protegido por una tenue cutícula, no puede atravesar impunemente el estómago. El valor patogénico del Balantidium Coli es aún muy oscuro. En el cerdo, puede vivir en un intestino enteramente sano y no produce pertur- bación alguna, pero se ignora si en el hombre puede vivir en condiciones semejantes. Fig. 56.-Balantidium coli en conjugación, según Wising. 134 PARASITOLOGIA ANIMAL Hasta ahora solo se le ha observado en casos de enfermedad; queda por averiguarse si es él la causa determinante de la enfermedad ó si la enfer- medad le suministra el terreno favorable para su desarrollo. Según estudios recientes el Balantidium Coli se le encuentra también en la submucosa en el centro de focos hemorrágicos al estado de pureza. Para combatir al parásito, Malmsten recurrió al ácido clorhídico dilui- do, Henschen prefería lavativas de ácido acético y de tanino. Se puede igualmente emplear la benzina ó el ácido fénico; y ya hemos hablado de los resultados obtenidos por Raptchevsky con las soluciones de ácido salicílico al milésimo. Tipo de los Vermes Los Vermes son animales que se caracterizan por tener el cuerpo alar- gado, cilindrico ó aplanado y por carecer en absoluto de extremidades arti- culadas, llevando algunos de ellos ventosas y cerdas para efectuar sus mo- vimientos de locomoción. Se hallan recubiertos por un tegumento muy á menudo ciliado, que tapiza una doble capa muscular de fibras longitudinales y circulares. La constitución interna de estos animales varía muchísimo y es difícil dar caracteres generales al respecto. Como dice muy bien Moniez, es un grupo demasiado vasto y heterogé- neo, y comprende todos aquellos animales que no han podido ser clasifica- dos en los otros tipos. La agrupación de los Gusanos es el refugio de los invertebrados pluricelulares que no son ni Artrópodos, ni Moluscos, ni Equi- nodermos, ni Celenterados. La respiración tiene lugar al través de la superficie cutánea ó median- te branquias filiformes que se insertan en la extremidad cefálica y en el dorso. El sistema de inervación es variable, limitándose en algunos el órgano centra] á un ganglio faríngeo que desprende un cierto número de filamentos nerviosos, y teniendo otros, como los Hirudíreos, un ganglio suprafaríngeo un anillo exofágico y una cadena de ganglios ventrales unidos por comisu- ras nerviosas. La reproducción varía, pudiendo observarse desde la reproducción por brotación y división, hasta la sexual, siendo muy común encontrar gu- sanos que nos ofrecen los dos géneros á la vez Pueden ser ovíparos y vivíparos. Muchos de ellos son parásitos, abundando más los ento que los ecto- parásitos. Clasificanse en cinco clases: Platelmintos, Nematelmintos, Gefireos, Rotatorios y Anélidos, siendo las dos primeras las únicas que tienen interés (para nosotros por encerrar parásitos del hombre. 136 PARASITOLOGÍA ANIMAL CLASE DE LOS PLATELMINTOS Los Platelmintos son animales de cuerpo aplanado, de simetría bila- teral, dorsiventrales, más largos que anchos. Algunos presentan el cuerpo formado por anillos, mientras que otros no tienen proglótides. Carecen de sistema vascular, pero tienen un sistema acuífero perfec- tamente simétrico. Se reproducen sexual y asexualmente por brotación, siendo herma- froditas y ovíparos. Los que viven parásitos en el hombre son todos entozoarios. Divídense en cuatro órdenes: Cestoides, Trematodes, Turbelarios y Nemertinos. Los dos primeros son los únicos que comprenden parásitos del cuerpo humano. ORDEN DE LOS CESTOIDES Los Cestoides, son vermes de cuerpo chato, de suma importancia para el naturalista como para el médico, por sus evoluciones tan complicadas, como por la gravedad de las afecciones que provocan en los órganos que lo alojan. Todos ellos se desarrollan en dos huéspedes, siendo el intermediario generalmente un Articulado ó vertebrado inferior, mientras que el principal está representado por un vertebrado de organización superior. Se reproducen por huevos y por brotación del cuello. Este orden comprende dos familias: Temados y Botriocefdiidos. FAMILIA DE LOS TEMADOS Caracterízanse los Teniados por comprender Cestoides que presentan- en su extremidad cefálica cuatro ventosas. Están constituidos por una serie de anillos ó proglótides en cadena que llevan en sus bordes laterales los poros genitales. Carecen de glándulas vitelinas. Esta familia comprende un número de especies que presentan muchos caracteres diferenciales, razón por la cual, Dujardin, en 1845, quiso frag- mentarla en siete secciones basándose en la disposición de los orificios ge- nitales y en la presencia ó ausencia de ganchos. Tomando en consideración los datos embriogénicos, Leuckart, la di- vidió en dos grandes grupos denominados: Tenias vesiculares ó císticos y Tenias no vesiculares ó cisticercoides. PARASITOLOGIA ANIMAL 137 Las císticas se caracterizan por pasar el estado larvado en el interior de- una vesícula llena de líquido y aislada de los tejidos del huésped por un quiste adventicio. A ellas pertenece la Toenia saginata, solium, acantho- trias, marginata, echinoccus. Las cisticercoides se distinguen porque el período larvado lo pasan en Invertebrados y por carecer de toda cubierta quística, que las aislé de los tejidos del huésped. Hállanse comprendidas en este grupo la Toenia cucumerina, nanar flavo-punctata, madagascariensis, etc. TENIAS VESICULARES Ó CÍSTICAS Taenia Saginata-Goze, 1782. Sinonimia: 1 cenia solium Lineo, 1767. T, cucurbitula Pallas, 1781. T. inermis Brera, 1802. l.dentata................... Nicolai, 1830. T. medio canellata Diesing, 1854. T. trópica Moquin Tannon, 1860. Etc. etc Descubierta en 1700 por Nicolás Andry, y descrita con el nombre de Toenia Solium, ha sido estudiada después por numerosos observadores. En 1767, el célebre filósofo C. Bonnet, observó que la cabeza presen- taba un color negro y estaba provista de cuatro ventosas agrupadas por pares, que dejaban entre ellas una depresión característica. En 1767, Lineo describió con el nombre de Taenia solium, un verme parásito del hombre, cuyos anillos eran alargados y presentaban un orificio en el borde lateral. Pallas confirmó la observación, pero asignóle una corona de ganchos. Durante mucho tiempo fueron confundidas la Taenia saginata y la Tae- nia solium. Góze fué el primero que propuso separarlas, designando á la primera con el nombre de Taenia cucurbitina, granáis, saginata, y á la segunda con el nombre de Taenia plana, pellucida. En 1882, B. A. Gómez, publicó en Lisboa una memoria en la cual re- lataba las observaciones hechas sobre Tenias, en el Brasil y Portugal. To- dos los casos observados se referían á Tenias inermes, y el grabado que adjunta á su trabajo permite reconocer la cabeza y anillos de la T. Sa- ginata. 138 PARASITOLOGIA ANIMAL Uno de estos parásitos presentaba en su extremidad cefálica una de- presión central, que Gómez consideró como una quinta ventosa. Por esta ra- zón Virey propuso designar con el nombre de Pentostoma coarctata, las Tenias que presentaban este carácter, á pesar de que Rudolphi había ya usa- do esa denominación para otros parásitos. En 1831, B. A. Gómez (hijo), prosiguió el estudio délos Vermes pará- sitos del hombre, pero confundió de nuevo la 7. Saginata con la 7. solium. Fué Kücheinmeister quien comprobó, en el año 1852, que el hombre albergaba dos grandes Tenias, una de ellas armada de dos coronas de gan- chos, la otra inerme, más grande y más ancha, y que designó con el nom- bre de T. medio cciHellata. El huésped principal de esta Tenia es el hombre que la alberga en el intestino delgado. Los anillos ó proglótides llenos de huevos son eliminados al exterior con las materias fecales, en donde permanecen un cierto tiempo á la espera del huésped intermediario. Los huevos así expulsados, (fig. 56) son de forma oval ó redondeada, y se hallan recubiertos por una gruesa cáscara estriada que encierra en su interior un embrión exacanto. Los ganchos del embrión están dispuestos por pares: cuatro en el sentido del eje horizontal, y dos en la dirección del diá- metro vertical. Miden en^su diámetro mayor 36 á 39 p. por 28 á 35 p. de an- cho, el espesor de la|cutícula es de 5 p. á 6,4 p.; Heller ha observado casos en que el huevo alcanzaba áa47 p. de longitud, por 43 p. de ancho. El embrión exacanto mide según Leuckart 20 p. y según Küchenmeister 28 á 32 p. de largo por 23 á 26 en su diáme- tro menor. No es raro observar embriones que poseen un número mayor de ganchos. Haller los ha observado con 12, 16 y aún 32 ganchos. Algu- nos de ellos, se presentaban bien desarrollados, otros parecían pe- queños bastoncillos quitinosos. Mo- niez ha observado embriones con 12 ganchos; Leuckart con 10 y 24. En estos casos extraordinarios los embriones adquieren tamaños mucho más considerables que en el estado normal, y se cree que su desarrollo dé lugar á Tenias anómalas. El embrión exacanto permanece en vida latente, encerrado en su con- cha, hasta que los alimentos ó el agua de consumo lo llevan al intestino del Buey, de la Girafa ó de algunos otros rumiantes que le sirven de huésped intermediario. Fig. 57.-A, huevo de Taenia saginata, aumentado 1050 veces; B, C, embriones li- bres aumentados 1500 veces, según Stein. PARASITOLOGÍA ANIMAL 139 La penetración del huevo en el intestino del Buey, así como la del 'embrión exacanto en el interior de los tejidos, se demuestran por pruebas indirectas y directas. Las primeras se fundan en numerosas observaciones hechas en órganos bovinos de cysticercos, que presentan caracteres tales que es imposible no relacionarlos con la T. Saginata. Las segundas se basan en experiencias que se han llevado á cabo, haciendo tragar á bueyes ó terneros huevos de Tenia, después de cuya in- gestión se ha visto deserrollar en estos animales cysticercos idénticos á los primeros. El cysticerco de la Taenia inerme fué visto en 1854 por Judas en los pul- mones de numerosos bueyes sacrificados en los mataderos de Algeria. En 1860 Küchenmeister creyó reconocerlos en el tejido celular del Puerco, al lado del Cysticercus cellulosoe. Próximamente, en la misma época, Huber emitió el parecer de que la larva debería encontrarse en los músculos y visceras del buey y Leuckart confirmó esta suposición. Las observaciones de Knoch en San Petersburgo, las de Arnouldy Cauvet en Algeria, las de Talairach en.Beyrouth concluye- ron definitivamente por corroborar esta opinión. El Cysticerco de la Taenia Saginata^ como el de la 7. solium, se fija en el tejido conjuntivo, especialmente en el que envuelve las visceras, ó en la periferia de los músculos voluntarios. La frecuente presencia de esta Tenia en el intestino del hombre, per- mite suponer que el cysticerco no es raro en el buey: sin embargo salvo los casos de infectación experimental, no es común observarlo en Europa, y esto es debido no solamente á sus pequeñas dimensiones sino también á que en los mataderos no se somete á una inspección tan severa la carne del buey como la del cerdo. Cobbold afirma de que en Inglaterra no se ha constatado aún su presencia. En Alemania Heller solo cita la observación del doctor Closs, quien encontró el cysticerco en una lengua de buey de la cual se han conservado dos fragmentos: uno en el Instituto patológico de Kiel, otro en el Museo Senckenfois de Suiza; Railliet cita casos de obser- vación en Hungría y en Alsacia, y según Blanchard nadie lo ha observado aún en Francia. En cambio, se le ha encontrado en gran abundancia en Algeria, en Siria, en Abisinia, en las Indias y en la República Argentina. Llegamos ahora á las pruebas directas. Las experiencias llevadas á ca- bo tienen el gran valor de que todas concuerdan. Describiremos algunas con detalles, y estas descripciones nos permitirán apreciar cuales son los puntos del organismo elegidos por los cysticercos para su desarrollo. Leuckart 1861-El 13 de Noviembre, se administra á un ternero de cuatro semanas un fragmento de Tenia que mide 4 pies de longitud. Ocho días después se le hace ingerir un fragmento más corto. El animal no reve- 140 PARASITOLOGIA ANIMAL la síntoma alguno de enfermedad, pero al cabo de 25 días de la primera-' ingestión se le encuentra muerto. Hecha la autopsia, obsérvase que todos los músculos, especialmente los del cuello, del pecho, y el psoas alojan una gran cantidad de quistes de dos á 4"m de largo por lmm 72 de ancho. Cada uno de estos quistes encierra un cysticerco que mide 0,mm7 por 0,mm4. Los mas desarrollados presentan un brote cefálico de 0,ram 3 de longitud. Existen cysticercos en el corazón, en la cápsula adiposa de los riñones, en los gan- glios linfáticos, entre las circunvoluciones cerebrales. Leuckart repitió la experiencia haciendo ingerir á un ternero 25 á 30 anillos de Tenia. Hacia la tercera semana ofrece síntomas graves de enfer- medad, pero al cabo de un cierto tiempo se restablece por completo. Siete semanas después, se le extrae una porción del músculo externo cleido-mas- toideo, y se observan 12 cysticercos de cabeza inerme bien desarrollada, provista de cuatro ventosas. Mosler, 1863-El 10 de marzo, se administra á un ternero de dos me- ses y medio, con una porción de leche, 100 anillos de Tenia maduros y con- servados en el agua durante 7 días. El 13 ingiere de nuevo 50 anillos. Hasta el 21, el animal no dá señal alguna de enfermedad; pasada esta fecha se pone triste, febricitante y presenta síntomas de helmintiasis aguda; muere el Io de Abril. Hecha la autopsia, 5 horas después de la muerte, se observa que to- dos los músculos están Evadidos por numerosos cysticercos, el corazón se halla plagado de ellos; se les encuentra aún en la lengua, en los músculos delfaring, del exófago y del intestino, en el tejido conjuntivo sub-peritoneal, en la cápsula adiposa de los riñones; y faltan en el cerebro, pulmones, hí- gado, bazo, riñones y vejiga. Cobbold y Simonds, 1864-El 21 de diciembre, un ternero de un mes ingiere con leche 80 anillos maduros. El 6 de enero de 1865, manifiesta una cierta agitación que dura 2 ó 3 días. Ei 25 del'mismo mes, ingiere de nue- vo 200 anillos maduros, de los cuales 100 habían sido conservados en alcohol diluido. El Io de febrero el animal se enferma; del 8 al 12 se declara la fiebre con fenómenos mórbidos que hacen temer un desenlance fatal. Se le extrae una pequeña porción del músculo externo - cleido - mastoideo y se le obser- van tres cysticercos en via de desarrollo. Al cabo de algunos días el animal se halla mejor y, el 15, entra en convalescencia. El 3 de abril se mata al ter- nero ya sano, y se encuentran un gran número de cysticercos debajo de la piel, así como en los músculos del pecho, de la columna vertebral, del cuello, de la cara, del ojo, y délos músculos extrínsecos de la lengua, faltando en los músculos propios de este órgano. Obsérvaseles aún en los músculos de los miembros, pero no se encuentran en los demás órganos, excepción hecha del corazón. Estos dos autores vieron confirmadas de nuevo sus investigaciones ex- perimentales administrando el 3 de marzo de 1865, 90 anillos de tenia sagi- PARASITOLOGIA ANIMAL 141 nata á una ternera holandesa. Varios días después, el animal se halla agitado pero recupera pronto su estado normal. El 13 de abril se le administran 200 nuevos anillos. Vuelve á presentar agitación, pero 8 días después todo ha desaparecido. Sacrificóse el animal el 4 de abril de 1866. No se ven cysticer- cos, pero examinando los músculos al microscopio se observan depósitos calcáreos de contorno irregular, que corresponden á cysticercos degenerados. Róll, 1865-Experiencia hecha en Viena sobre bueyes jóvenes. Resul- tado positivo. Gerlach, 1870-Experiencia llevada á cabo en Hanobre sobre un terne- ro. Resultado positivo. Zürn, 1872-Un ternero de tres meses toma 57 anillos de Tenia. Mue- re al cabo de 23 días, con los síntomas de helmintiasis aguda. Todos los músculos y especialmente el corazón presentan innumerable cantidad de ve- sícula de 0,,um05 de ancho desprovistas do brote cefálico, y encerradas en quistes de 3mm. Cobbold y Simonds, 1872-El 27 de Mayo un ternero ingiere anillos maduros. Aparecen los síntomas el 7 de Junio, se atenúan el 12, y desapa- recen el 20. Resultado positivo. Cobbold y Simonds, 1872.-Adminístrase á un ternero anillos de Te- nia el 17 de octubre de 1872, el Io y el 11 de enero y el 8 de marzo de 1873. Permanece en observación durante 6 á 8 meses. Durante todo este período no ofrece síntoma alguno de enfermedad. Saint-Cyr, 1873-Se administran á una ternera anillos de Tenia. De- bajo de la lengua se observan dos pequeños tumores. El animal es sacrifica- do al cabo de 224 días. No se encuentran cysticercos, pero se observan nueve quistes calcificados en el corazón y dos debajo de la lengua. Jolicoeur, 1873-A un ternero de dos meses se le hace ingerir dos ani- llos de Tenia. El animal no ofrece particularidad alguna. Sacrificado poco tiempo después, se le encuentran numerosos cysticercos en el corazón, y en menor cantidad en los músculos'de la región anterior del cuello, en los mús- culos del pecho, etc. Faltan en el diafragma. Cobbold y Simonds, 1874-Adminístrasele anillos de Tenia á una ter- nera el 19 de Mayo y el 12 de Junio. El animal no presenta ningún síntoma aparente, pero muere en octubre. Hecha la autopsia, se le encuentran cysti- cercos únicamente en el hígado. Cobbold y Simonds, 1875-El 24 de mayo, un ternero ingiere anillos maduros. Muere el 15 de julio. En el hígado se encuentran veinte cysticer- cos bien desarrollados, al lado de centenares de otros que se presentan en diversos estados de calcificación. En el pulmón se observan cuatro cysticer- cos, dos de ellos degenerados. Masse y Pourquier, 1876-El 10 de mayo, se administran anillos de tenia á un ternero de un mes. Tres veces consecutivas, y con tres dias de 142 PARASITOLOGÍA ANIMAL intervalo, se renueva la ingestión. Al cabo de 20 días, el ternero se enfer- ma. Su estado se agrava hasta el día 61, en que se le mata. Se hallan cys- ticercos únicamente debajo de la lengua y en los músculos de la vida de Fig. 59. - Cysticercus bovis. Aumentado de ta- maño. Fig. 58.-Cysticercus pisciformis -Aumentado de tamaño Fig. 60. - Cysticer- cus bovis.-Aumen- tado de tamaño. relación tales, como el gran pectoral, íleo-espinal, glúteos, isquio-tibial pos- terior. Faltan en las visceras. Perroncito, 1876'-El 1° de noviembre se dá á un ternero de dos me- ses un fragmento de Tenia de lm50 de longitud. Sacrifícase el animal el 2 de Marzo de 1877. Se encuentran cysticercus en los músculos de diversas regiones en el tejido conjuntivo subcutáneo, etc. Faltan en el corazón y en. PARASITOLOGÍA ANIMAL 143 las visceras.-Perroncito, 1876.-El 1. de Noviembre adminístrase á un ternero de 9 meses y medio en fragmento de tenia de 1 mm 50 de longitud. Sacrificase el animal el 16 de marzo de 1877. Hecha la autopsia, se observan numerosos cysticercos en el mesenterio y en el epiplon, veinte en el cora- zón, dos debajo de la cápsula del hígado, varios en los pulmones, algunos debajo del peritoneo abdominal, debajo de la cápsula del riñón, en el dia- fragma, en los músculos de los miembros, debajo déla aracnoide, etc. El cysticerco cuya existencia acabamos de reconocer en el buey, fué designado por Davaine con el nombre de Cysticercus lacnia mediocanella- ta y por Cobbold con el nombre de C. Bovis. Su superficie presenta simples papilas, y no pliegues circulares como el C. Pisciformes. Se fija en órganos muy diversos, pero estudiando detenidamente las experiencias que preceden, podremos convencernos deque su sitio de pre- ferencia reside en los músculos estriados. Se desarrolla en el seno del te- jido conjuntivo intermuscular, y éste le forma un quiste adventicio espeso y denso, lleno de líquido, en el cual el cysticerco flota á menudo, semejando una vesícula oviforme. El líquido que llena el quiste proviene sin duda de los tejidos vecinos y no del cysticerco. Colocado el cysticerco de la T. Saginata en agua cuya temperatura se mantenga entre 37° y 40°, no tarda en evaginar la cabeza; se obtiene el mismo resultado comprimiéndolo suavemente entre el pulgar y el índice: ó entre dos láminas de vidrio. No se ha determinado aún desuna manera precisa, cuanto tiempo el cysticerco puede resistir á la muerte, en el caso de no haber encontrado el huésped definitivo. Saint Cyr halló los cys- ticercos calcificados durante 224 días des- pués de la infección; Cobbold y Simonds los han observado en el mismo estado al cabo de 5 meses, que al año; estos últimos experimentadores observaron más tarde que la mayoría de los cysticercos degeneraban 53 días después de la infección. Los cysti- cercos han sido encontrados vivos por Saint Cyr después de 54 días, por Cobbold y Simonds después de 72, por Masse y Pourquier después de 61, por Perroncito después de 122 á 136 días. De los datos ori- ginados es difícil deducir cuanto tiempo el cysticerco es capaz de conservar su vita- lidad. El cysticerco es llevado al aparato in- testinal del hombre junto con la carne del buey en la cual se halla enquis- Fig. 61.-Fragmento del múscu- lo diafragma con cysticercos de ta- maño natural 144 PARASITOLOGIA ANIMAL tado. Si esta última no ha sufrido cocción prévia, no tardará en desarro- llarse una Tenia perfecta. Las experiencias de Perroncito han demostrado que el cysticerco muere con frecuencia cuando la temperatura llega y se mantiene durante 5 minutos á 44° c.; siendo la muerte inevitable cuando se eleva á 47 ó 48° c. Debemos advertir que estas determinaciones fueron llevadas á cabo en cysticercos aislados y expuestos directamente ála acción del calor. Generalmente las cosas no pasan así, y el cysticerco no se destruye cuando se somete un fragmento de carne á una temperatura de 47 á 48° c. Con esas temperaturas se podrán destruir los cysticercos superficiales, pero los que se hallan alojados en el centro, en la porción sanguinolenta de la carne, no sufrirán lesión alguna, pues el calor se propaga lentamente en las gruesas masas musculares. Así se puede concebir por qué el desarrollo de la Tenia se hace de más en más frecuente en el hombre, debido á esa cos- tumbre tan generalizada en nuestros días de comer bifes y asados sangui- nolentos. ¿Cómo se ha demostrado que el Cysti cercus bovis es quién dá lugar á la Tenia saginata? Por pruebas directas é indirectas. Las primeras se basan en la presen- cia habitual de la Tenia inerme en los individuos que consumen carne de buey cruda, ó insuficientemente cocida. Las segundas consisten en expe- riencias que se han efectuado en el hombre, haciéndole ingerir cysticercos que han desarrollado Tenias saginatas. Fué Oliver, médico de la armada de las Indias, quién efectuó la pri- mera experiencia de infección en el hombre, mediante el Cysticercus bovis. En 1869, hizo ingerir á dos indígenas carne de buey que contenía cysticercos vivos. El primero que era un groom musulmán desarrolló la Te- nia en un período de tiempo de tres meses; el segundo, natural del país, eli- minaba fragmentos de Tenia, al cabo de 3 á 4 meses. Nótese que este úl- timo jamás había comido carne. Perroncito practicó después experiencias más comprobantes. Recu- rriendo á la buena voluntad de algunos de sus discípulos, hizo tragar al Dr. Ragni un cysticerco previamente calentado á la temperatura de 47° c., al estudiante Gemelli otro calentabo á45°, y al estudiante Martini un tercero que había sido llevado á la temperatuaa de 44° c., y que presentaba movi- mientos muy confusos. Ninguno de ellos acusó más tarde el desarrollo de la Tenia lo que prueba que dichas temperaturas son mortales para la larva. • A otra persona y por vía de control, administróle el 4 de marzo un cysticerco vivo y no calentado. 54 días después de la ingestión, principió á eliminar anillos de Tenia. El día 67°, se le dió una dosis de kousso y de aceite de ricino, que determinó la expulsión de 17 fragmentos de Tenia sagi- nata que sumaban entre ellos 866 anillos, y una longitud de 4m274. Agregan- PARASITOLOGIA ANIMAL 145 do á ellos los 34 anillos que habían sido eliminados entre el día 54 y el día 67, y recordando que cada proglótide medía 14 milímetros, resulta que el verme poseía 900 anillos, y una longitud de 4m83 (suponiendo que la cabeza y el cuello midiese 8mi"). Dividiendo 900 anillos por 67 días (período que duró su desarrollo), deducimos que este parásito crece á razón de 13 á 14 proglótides por día, que representan un fragmento de Tenia de 72ram diarios. La Tema saginata, una vez llegada á su completo desarrollo, es la más larga de las Tenias que viven parásitas en el hombre. Es un verme aplastado, formado por un numero considerable de ani- llos, que según Sommer han sido estipulados en 1221 para una Tenia de di- mensiones medias. La forma de los anillos varía según el sitio del cuerpo á que pertenez- can. Los más jóvenes, es decir los más próximos al cuello, son mucho más anchos que largos, y así que se alejan de la extremidad cefálica, adquieren mayor diámetro longitudinal hasta llegar á ser cuadrados en la parte media de la cadena. Al fin de esta son mucho más largos que anchos, y en los úl- timos anillos, que se desprenden espontáneamente y caen en el intestino, la longitud llega á ser seis ú ocho veces mayor que el diámetro transverso. El largo de este helminto es bastante variable. Küchenmeister lo ava- lúa en 8 á 9 metros. Leuckart le asigna 7 á 8 metros en estado de exten- sión y 4 metros solamente en estado de contracción. Las mayores Tenias medidas por Laboulbéne tenían 5, 6 y á lo sumo 8 metros. Por consiguiente podemos fijar 8 á 10 metros como longitud media de las tenias. Los casos citados de Tenias de 15, 20, 30, 36 metros son sospechosos y es probable que debido á un efecto de observación, se halla tomado por una, los fragmentos de varias Tenias albergadas en un mismo intestino. En un verme cuya longitud es de 10 metros, los últimos anillos se des- prenden expontáneamente y encierran huevos provistos de un embrión •exacanto. En las Tenias de dimensiones menores los últimos proglótides no han llegado aún á su desarrollo completo. La cabeza de la T. saginata es visible á simple vista; mide dos milí- metros de ancho por 1 x/2 mm. de espesor. De forma casi cuadrada, pre- senta lateralmente 4 ventosas, y carece de toda corona de ganchos, razón por la cual se le ha designado con el nombre de Taenia inermis. (Fg. 62). Las ventosas, según Küchenmeister son oblongas y miden 0,8 mm. por 0,7 mm. y, según Leuckart son redondas y miden 0,8 mm. de diámetro. Cada una de ellas está constituida por una especie de cúpula encajada en los tejidos de la cabeza y comunica con el exterior mediante un orificio es- trecho cuyo diámetro es débilmente superior al tercio de la longitud total del órgano. En las Tenias muertas, las ventosas se presentan más ó menos retraídas, pero en las vivas, se hallan dotadas de activas contracciones Parasitología Animal 146 PARASITOLOGIA ANIMAL y pueden proyectarse hácia afuera á voluntad del animal. Están habitual- mente teñidas de negro por un pigmento que á menudo suele extenderse en las regiones vecinas bajo forma de estrías ó de líneas más ó menos regulares. La pigmen- tación de la cabeza no se halla en relación con la edad de la Tenia y depende únicamente de condiciones individuales. Muy marcada en ciertos vermes, puede ser débil y aún faltar en otros, pudiendo entre las Tenias inermes en- contrarse ejemplares de cabeza negra y de cabeza no pigmentada. Ignórase en que condiciones se forma el pigmento, y la opinión que la hace derivar de la hemoglobina no se basa en ninguna obser- vación directa. En el centro de la extremidad cefálica se halla una depresión central que se abre al exterior por un poro estrecho. Goze consideró esta depresión como una quinta ventosa. Ba- tsch como upa «papila media», Bremser como «un pequeño orificio casi imperceptible», y Leuckart le asignó el nombre de cúpula fron- tal. Recientemente, Bonnet la consideró como una boca (fig. 64, E) cuyo fondo comunicaría con las ansas cefálicas del aparato acuífero , C, por medio de canalículos radiados D, cuya existencia ilusoria ha hecho abandonar esta teoría, que- dando probado hoy, que no existe la menor comunicación entre los cana- les excretores y la cúpula frontal. A continuación de la cabeza sigue el cue- llo, que según Küchenmeister es ancho*y corto. Leuckart, más exacto, re- conoce que su forma es variable y depende del estado de contracción y de las condiciones en que se le observa. El alcohol, por ejemplo, ó un líquido cuya acción sea enérgica y rápida, produce la dilatación del cuello al punto de que en ciertos casos no se puede distinguir de la extremidad cefálica y decir en donde principia una y termina ¿la" otra; en cambio otros líquidos más diferentes, conservan ála Tenia con un cuello largo y afilado que pue- de separarse de la cabeza por una línea de demarcación muy neta, (Fig. 62 b). Todo el cuello es rico en corpúsculos calcáreos y en la parte posterior se ven aparecer finas estriaciones transversales, que representan los pro- glótides de la cadena nacidos por brotación del cuello. (Fig. 62 A). Los anillos jóvenes tienen una estructura muy simple. Se hallan limi- tados exteriormente por una cutícula delgada y anhista, producto de la mo- dificación de las células sub-yacentes. Estas son voluminosas, dotadas de Fig. 62.-Extremidad cefáli- ca de la Taenia Saginata au- mentada ocho veces, según Leu- ckart. A, en retracción; B, en extensión. PARASITOLOGÍA ANIMAL 147 propiedades contráctiles, estrechadas unas contra otras y dispuestas á me- nudo en varios planos. De esta capa celular parte una red conjuntiva de mallas cerradas que forma toda la masa del cuerpo ó el parénquima del ani- llo. La red está constituida por células más ó menos des- arrolladas, completas ó redu- cidas al estado de simple no- dulo y provistas de prolonga- mientos mediante los cuales se unen á las células vecinas. Numerosos y poco diferencia- Fig. 64.-Cabeza de Tae- nía saginata según Bonnet Fig. 63. - Tenia saginata. Corte longitudinal de la cabe- za según R. Moniez. b-bulbo, presentando la misma disposición que en la Tenia armada. < vs-vaso circular en el cual desembocan los troncos longi- tudinales. ■ vt-ventosas, o - zona de proliferación, f - músculos longitudinales, ft-fibras cir- culares. dos en los anillos jóvenes, es- tos elementos se hacen más raros en los proglótides vie- jos, porque han sufrido diver- sas transformaciones: unos to- man el aspecto de fibras con- juntivas, otros se transforman en corpúsculos calcáreos.otros por fin van á dar nacimiento á los vasos,"al sistema nervioso, á los rudimentos de las glándulas geni- tales y de sus^anexos. Fraipont^que ha estudiado bien el aparato excretor de los Platelmin- tos, reconoció en estos¿vermes, la existencia de espacios y de canalículos 148 PARASITOLOGÍA ANIMAL alojados entre las células del tejido conjuntivo. Es una verdadera red la- cunar, en la cual se halla un líquido nutricio que lleva gránulos en suspen- sión, y cuya circulación se provoca mediante contracciones del cuerpo del parásito. En el seno de esta red conjuntiva y en íntima conexión con él, se encuentran elementos particulares, que representan las fibras musculares. Están dispuestas en dos capas principales, una externa lon- gitudinal, la otra interna transversal. Los músculos longitudinales forman una capa espesa que se halla situada á cierta dis- tancia de las gruesas células sub-articu- lares; envían hacia estas últimas un gran número de fibras y aún de hacecillos se- cundarios. Los músculos transversos se yuxtaponen á los precedentes; no forman alrededor del anillo un círculo completo, sino que se disponen en dos planos, uno dorsal, el otro ventral, que se pierden en la zona sub-articular, sin entrelazarse. Los músculos transversos circunscriben la zona central del anillo, en el interior de la cual se desarro- lla el aparato genital hermafrodita. Los corpúsculos calcáreos se encuentran en casi todo el parénquima, pero son más abundantes en los anillos viejos. Provienen de la transforma- ción de ciertas células del parénquima. Schiefferdecker suponía que la cal- cificación principiaba en el núcleo para extenderse luego á toda la célula. Moniez ha observado la evolución de este proceso. «La célula, según él, su- fre primeramente una transformación muy semejante á una cuticularización y aumenta de vo'umen. Se divide en seguida en dos partes, de las cuales una de ellas, más voluminosa, forma el corpúsculo calcáreo, mientras que la otra se atrofia progresivamente. La membrana celular permanece intacta, y persiste en los casos que, por un accidente, llega á desgarrarse, dejando el corpúsculo calcáreo en libertad. Ignórase la significación exacta de estas células calcáreas; pero su distribución desigual en individuos de la misma especie, así como su extrema abundancia en las porciones del cysticerco que deben destruirse, parece quitarles todo valor morfológico, dejándoles sola- mente un valor fisiológico de escasa importancia. Fraipont emitió la opinión de que estos corpúsculos eran de naturaleza excrementicia, á causa de su analogía con los elementos producidos por los riñones de animales inferio- res; y que encerraban guanina así como carbonates que producían eferves- cencia con los ácidos. El sistema vascular de la Tenia toma origen en un vaso dispuesto anu- Fig. 65.-Cima déla cabeza de Jae nía saginata, según Bonnet. PARASITOLOGÍA ANIMAL 149 ¡ármente y situado en el vértice de la cabeza. De este anillo se desprenden cuatro vasos del mismo calibre que descienden hácia el cuello, pasando cada uno de ellos detrás de una ventosa y se disponen dos de cada lado, conservando esa posición en toda la longitud de la cadena. A corta di^an- cia de la cabeza los dos vasos del mismo lado se sitúan hacia adentro de los cordones nerviosos principales, presentando la particularidad de que el más externo toma una forma oval al parque aumenta de volumen, mientras que el interno conserva su forma y tamaño primitivos. El primero ha sido designado con el nombre de laguna longitudinal; el segundo, que parece ser el verdadero vaso, ha sido denominado vaso lon- gitudinal. La laguna longitudinal aumenta gradualmente de diámetro á medida que se aleja de la cabeza, y así se vé que en el anillo 180 mide 77 p., llegan- do á 442 ¡a en el anillo 872. Además hacia el borde posterior de cada pro- glótide se pone en comunicación por medio de una anastomosis transver- sal con la laguna del lado opuesto. Por debajo del punto en que el vaso transversal desemboca en la laguna, existe una válvula descubierta por Platner en 1838, cuyo funcionamiento permite el paso del líquido que llena la laguna, hacia la extremidad posterior de la Tenia, pero lo impide en el sentido inverso. Sometido á la acción del alcohol absoluto, este líquido se coagula adquiriendo ia consistencia de una papilla. Los análisis efectuados manifiestan la presencia de guanina, lo que comprueba que las lagunas de- sempeñan las funciones de órganos de excreción. Los vasos longitudinales, que constituyen el verdadero aparato vascu- lar, conservan por el contrario un mismo calibre en toda su extensión. Su diámetro mide 44 p tanto en el anillo 180 como en el anillo 872. No presen- ta ni válvulas, ni anastomosis transversales. Se halla alojado en la capa me- dia del cuerpo, y muy próximo á la cara superior del parásito, según Som- mer. Tiene una pared sumamente delicada, que se puede observar con suma nitidez, cuando crúzala anstómosis transversal de las lagunas, ó cuando se halla infiltrada de pigmento negro, como en la 7. solium. Encierra en su in- terior un líquido homogéneo y fácilmente coagulable, considerado por Som mer como sangre. Los gruesos vasos que acabamos de describir representan solamente una parte del aparato vascular, ó mejor dicho del aparato excretor de la Tenia. Son en efecto troncos colectores que tienen por misión arrojar hacia el exterior ciertas sustancias excrementicias, que provienen de la intimidad propia de los tejidos y que le son traídas por un sistema complicado de finos canalículos. Hemos señalado precedentemente la existencia de lagunas linfáticas; en estas lagunas se observan infundibulos ciliados, de donde par- ten canalículos delicados que vienen á arrojarse en los vasos longitudi- 150 PARASITOLOGÍA ANIMAL. nales; son visibles especialmente en los sitios de menor espesor y menor opacidad, como por ejemplo en la cabeza. En el cysticerco, los vasos longitudinales afectan en ¡a cabeza y el - cuello, una disposición análoga á la de la Tenia adulta; pero forman en las paredes de la vesícula una red complicada que termina finalmente por un orificio único y posterior, denominado foramen caudale (Fig. 66, d). Cuando el verme pierde su vesí- cula caudal, en su pasaje de cysti- cerco á Tenia perfecta, los vasos se reunen en la extremidad poste- rior para formar un nuevo foramen caudale, esta disposición persiste hasta que la Tenia ha adquirido su completo desarrollo. Cuando el cuerpo de la Tenia su- fre un aumento considerable en longitud debido al crecimiento, el foramen caudale no basta para la expulsión de los productos segre- gados, y se ven aparecer entonces foramina secundaria, es decir po- ros laterales que ponen en comu- nicación los vasos longitudinales con el exterior. Estos poros apare- cen en puntos variables según las especies, pudíendo ser observados en la cabeza, en el cuello, detrás de las ventosas, etc. Una vez que la Tenia ha adquirido su completo desarrollo, se observan un mayor número de poros laterales, ai mismo tiempo que la distribución se hace si- métricamente para cada proglótide. Esta es la disposición general del aparato excretor en los Cestoides. Su estructura no ha sido bien elucidada aún en la Tenia inerme, pero es muy probable que la distribución del apa- rato excretor se haga de una manera análoga, á pesar de que las investiga- ciones de Fraipont y de Pitner no han arrojado muchas luces al respecto. Fig. 66. -Corta de Cysticercus pisifor- mis completamente desarrollado, según Moniez, de cabeza evaginada,-&, bulbo; c, corpúsculos calcáreos; ct, cutícula; d, depresión constante en la parte posterior del Cysticerco debida á la atrofia de la parte posterior del cuerpo, mi, fibras mus- culares longitudinales, mt, fibras muscu- lares transversales, p, papilas; re, recep- taezdum capitis-, v, ventosas; ve, vesícula; vs, corte de los vasos longitudinales en el punto de anastomosis; vs, corte do los va- sos en la vesícula; z, zona sub-articular formada por elementos de proliferación. PARASITOLOGÍA ANIMAL 151 En cuanto al aparato digestivo, la Tenia saginata así como las demás tenias, carece en absoluto de él. jNo tienen boca, ni intestino y se alimenta absorbiendo por endósmosis, á través del tegumento las materias asimilables encerradas en el tubo intestinal del hués- ped, y elaboradas por sus jugos digesti- vos. Sin embargo, es probable que tuvie- ran primitivamente un aparato de diges- tión; la vida parasitaria ha sido la causa de su atrofia. Kahane ha visto en la ca- beza déla 7aenia perJolíala del caballo, masas musculares semejantes á los músculos faríngeos de los Trematodes y Turbelarios, y Lang encontró células glandulares muy semejantes á las glándu- las salivares de estos mismosPlatelmintos. El sistema nervioso de esta tenia fué observado por primera vez en 1847 por E. Blanchard, y estudiado mas adelante con toda prolijidad por Niemec. La fi- gura 67 nos dá una idea de la complica- ción de este aparato. Por debajo de la cúpula frontal se encuentra un anillo' ner- vioso, a, que presenta en su trayecto di- lataciones que se caracterizan por la pre- sencia de células ganglionares. De estas dilataciones se desprenden; ocho troncos nerviosos que comunican coñudos] gan- glios laterales c, los cuales* á su vez se reunen transversalmente mediante una comisura en cuyo trayecto se encuen- tra un voluminoso ganglio úentral, d. Estos tres ganglios constituyen para Niemec el cerebro de la Taenia saginata: Cada ganglio lateral emite nueve filetes nerviosos; Io un filete superior &; 2o dos filetes acetabulares'ó'nervios de las ventosas, Z; 3o dos filetes i, que se dirigen hacia los4nervios secundarios descendentes, g, con los cuales se fusionan; los nervios secundarios?descendentes se unen entre sí, mediante una comisura transversal,/, 4o Mos.-.filetes descendentes laterales,/-; 5o un cordón nervioso principal, e\ 6o la comisura principal, d^ que se echa en el ganglio central. El anillo nervioso, a, dá nacimiento á ocho nervios descendentes. Cua- tro de ellos, dispuestos en dos pares, son los que dan origen al tronco late- ral, &, y constituyen el cordón nervioso principal, que en la cabeza, cuello y proglótides, vá acompañado por dos filetes laterales, /. Figura 67-Esquema del sistema nervioso central de la Tenia sagina- ta (mitad inferior ó ventral), según Niemec,-a, anillo nervioso; ó, filete que une el anillo nervioso con el ganglio lateral; c, ganglio'lateral; d, ganglio central: e, cordón nervio- so principal; f, filetes laterales que acompañan al cordón principal: g, hacecillos nerviosos secundarios; h, filete comisural superior de los ha- cecillos nerviosos secundarios; i, co- misura que une el nervio descen- dente secundario al ganglio lateral; j, comisura transversal que une los dos nervios descendentes secunda- rios; l, filetes acetabulares que par- ten del ganglio; m, filetes acetabu- lares que parten de los hacecillos secundarios; n, dilatación superior de los nervios secundarios: o, dila- tación inferior de los mismos ner- vios. 152 PARASITOLOGÍA ANIMAL Los otros cuatro son mas finos y dispuestos por pares; se disponen so- bre las caras dorsal y ventral, y constituyen los hacecillos nerviosos secun- darios, g. Al nivel del ganglio central, d, los dos nervios del mismo lado se unen entre sí por medio de una comisura transversal, h, y presentan en los puntos de unión una dilatación, w, de la cual parte un filete nervioso, p. que se pierde muy pronto. Algo más hacia atrás, los dos nervios secundarios se hallan reunidos por una segunda comisura, 7, que ofrece en los puntos de fusión una nueva dilatación, o, que emite hacia la ventosa corres- pondiente un pequeño filete, w, de cada extremidad de la comisura inferior parte por último un filete nervioso que ter- mina en el ganglio central. Histológicamente, el sistema nervioso de la Tenia se halla constituido por fibras y células ganglionares casi todas ellas bipolares. Carecen de órganos de los sentidos. Las diferencias profundas que se observan en los diver- sos anillos de una misma Tenia son debidas principalmente á la extructura y desarrollo de los órganos genitales. Antes de abordar tema tan interesante, tenemos que hacer algunas observaciones. Consideramos al animal en posición normal cuando situado en un plano horizontal, tiene la cabeza hacia adelante, y la cara adyacente al aparato genital hembra, ha- cia abajo. Cada anillo nos presentará por consiguiente un borde an- terior, un borde posterior en relación con la anastomosis transversal de las lagunas longitudinales, un borde lateral derecho, un borde lateral izquierdo, una cara inferior ventral ó hembra, y una cara superior,, dorsal ó macho. Según Sommer, el primer rudimento del aparato geni- tal hermafrodinal se observa en el anillo 140, en el seno del parénquima que forma la masa fundamental del anillo, ba- jo la forma de un pequeño cordón celular, con uno de los extremos próximo al vaso longitudinal, y con el otro encor- vado hacia la comisura transversal. En el anillo 178, el cordón celular se ha muy poco modificado; su extremidad interna ha aumentado de espesor inflexionándose en ángulo recto; la extremidad externa lin- da con el vaso longitudinal. El anillo 268 presenta el cordón extendido lateralmente hasta el borde externo de la laguna; atraviesa el espacio- formado por la laguna y el vaso; la extremidad interna se halla bifurcada en Fig. 69.-Anillo 178 las letras tienen idéntico significado que en la figura anterior. PARASITOLOGÍA ANIMAL 153 dos ramas, una anterior, y, que formará el canal deferente, otra posterior, g, que dará lugar á la vagina y sus anexos. En el anillo 287, el cordón celular ha cruzado la laguna, y su extremi- dad externa se halla próxima al borde lateral. La bifurcación de que hemos hablado precedentemente, se ha prolongado hasta la vecindad de la laguna. El cordón que representa al canal deferente (Fig. 71 d.) ofrece un ancho de 11 ¡i, mientras que el que á la vacuna /. está dilatado en su extremidad interna, ha emi- tido hacia atrás células muy delicadas que constituyen los primeros rudimentos de los oviductos, ha dado nacimiento hacia ade- lante á un nuevo cordón celular, k, paralelo al eje del proglótide, y que es el primer in- dicio del útero. En el anillo 379, ya han aparecido las ve- sículas testiculares, el poro marginal y la ca- vidad del cirro. La extremidad posterior del canal vaginal ha sufrido un estrecha- miento para constituir el primer rudimento del cuerpo de Mehlis. Hacia atrás se observa el lóbulo medio del ovario (Fig. 72 s), apareciendo sobre los lados los lóbulos laterales. El anillo 570 ofrece un grado muy alto de desarrollo. Presenta una cavidad uterina en- sanchada, un canal deferente con líquido espermático y perforado en toda su exten- sión como la vagina; una foseta marginal ro- deada por un disco saliente. En los anillos subsiguientes prosigue el desenvolvimiento de los diversos órganos de la generación, cuyo estudio pasamos á ha- cer ahora detenidamente. Los órganos de la generación masculina que son los primeros que se desarrollan, se componen de vesículas testiculares, canal deferente, cirro y poro genital. Las vesículas testiculares, m, son de forma oval ó redondeada y se ha- llan encerradas en la capa media del anillo. Son muy abundantes en la mi- tad anterior del proglótide, llenando todo el espacio interpuesto entre el úte- ro y las lagunas longitudinales; en la mitad posterior son más escasas y solo ocupan un pequeño espacio debido á la gran expansión del ovario. Se puede evaluar en 1200 el número de testículos que encierra un anillo, habiéndose contado 612 en la mitad derecha del anillo 560. Fig. 70.-Anillo 268-Bifurca- ción del cordón celular y divi- sión en dos ramas, una, y, que formará el canal deferente,y la otra, z, que constituirá la va- gina. Fig. 71.-Anillo 287-el, canal deferente; g, vagina; k, útero. 154 PARASITOLOGÍA ANIMAL En los proglótides jóvenes, los testículos son pequeños; adquieren su máximun de crecimiento en el momento de la fecundación de los huevos, y Fig. 72.-Anillo 379-m, vesículas tes- ticulares; q, lóbulos laterales del ovario;s, lóbulo mediano del ovario Fig. 73.-Anillo 570-e, cavidad del cirro; f, foseta marginal; h, cuerpo de Meblis; n, canales espermáticos. decrecen hasta desaparecer por completo, cuando las ramas uterinas, llenas de huevos, se extienden hasta llegar á los bordes laterales del anillo. Este Fig. 74-Anillo 628 de Taenia saginata observado por su cara inferior se- gún Sommer-borde posterior del anillo 627; b, laguna longitudinal: c laguna transversal que establece la comunicación entre las dos lagu- nas longitudinales; d, canal deferente; e, cavidad del cirro; f, foseta marginal; g, vagina; h, cuerpo de Meblis; k, útero; m, vesículas semi- nales; n, hileras de vesículas espermáticas; o, depósito esperma tico; p, porción descendente del oviducto; q, lóbulo lateral del ovario; r, canal que une los dos lóbulos ováricos laterales; s, lóbulo ovárico impar; t, vaso longitudinal. PARASITOLOGIA ANIMAL 155 proceso se efectúa principiando por las vesículas más próximas á la línea media. Las vesículas testiculares que sobreviven se sitúan por encima de las ramificaciones del útero, y por esta razón es que la cara superior de la Tenia ha sido designada con el nombre de cara macho. Cada testículo se halla constituido por una fina membrana de envoltura que encierra en su interior un contenido que varía según el anillo que se examine. En el proglótide 442 (fig. 75), por ejemplo, consiste en pequeñas células nucleadas, a, aplicadas á la pared de la vesícula testicular á manera de un epitelio. En b, se observan aislados, rodeados únicamente por una pequeña cantidad de protoplasma. A veces suelen verse células más volu- minosas que encierran dos ó tres núcleos de contorno delicado. En el anillo 522, las vesículas testicu- lares han aumentado considerablemente, la mayoría presenta varios núcleos y al- gunas han dado nacimiento á esperma- tozoides. En el anillo 582, la formación de los espermatozoides se halla en plena actividad (fig. 76). las células testiculares miden 44 ¡i, están infiltradas de finas gra- nulaciones y han perdido la regularidad de sus contornos. El protoplasma se pro- longa en franjas de las cuales están sus- pendidos manojos de espermatozoides. La cabeza de estos zoospermios es muy delicada y se halla alojada en el proto- plasma celular mientras que la cola se agita libremente en el interior de la vesí- cula. Los espermatozoides se forman por consiguiente á expensas del proto- plasma y no del núcleo. A medida que se van originando, el protoplasma desaparece, y los núcleos se presentan dilatados, homogéneos, con límites netos, que estallan por último como si fueran vesiculitas llenas de agua, destruyéndose ó siendo expulsados con el esperma. Moniez describe el desarrollo de los espermatozoides de un modo algo distinto. El primer fenómeno que se produce consiste en un aumento de volumen de las células embrionarias de los folículos testiculares; aumento de volumen que es correlativo con la aparición de gránulos muy finos y muy numerosos en el interior de estas células. El núcleo muy neto al principio, concluye por desaparecer, disuelto ó cubierto por los gránulos, y este segundo período va precedido bruscamente por la aparición de un gran número de células hijas nacidas por vía endógena, en el interior de la cé- lula primitiva. Estas células hijas, aumentan de volumen y en numero; una de ellas levanta la membrana de cubierta de la célula madre, á manera de Fig. 75. - Vesículas seminales del anillo 442, según Sommer. A, b, vesículas en diversos grados de desarrollo; c, corpúsculos calcá- reos encerrados en la masa fun- damental de naturaleza conjun- tiva. 156 PARASITOLOGÍA ANIMAL brote, y sale al exterior. Esta primera célula va precedida por una segunda, tercera, etc., hasta que en uno de los polos de la célula madre se observa un ramillete de 12, 16, 17 células hijas, netamente pediculares, redondeadas en su porción libre y que se super- ponen en varias capas hasta re- cubrir por completo á la célula madre. Más tarde se aíslan com- pletamente y toman una forma esférica. Cada una de ellas se divide entonces en nuevas célu- las que emergen por todos los puntos de la superficie, se adel- gazan en su extremidad libre y adquieren una forma piriforme. Por último, la porción adelgaza- da se alarga considerablemente y se transforma en la cola de un espermatozoide cuya cabeza está formada por la misma célula. Llegados á la madurez, los espermatozoides abandonan las vesículas testiculares y se dirigen hacia el canal deferente (fig. 74, d.), abriéndose paso á través del tejido parenquimatoso del anillo. Se disponen en hileras, n, que partiendo de puntos diversos, convergen todas hacia la extremidad interna del canal deferente, pasando por encima del útero y de sus ramificaciones. La comunicación entre los testículos y el canal deferente no se efectúa, por consiguiente, mediante tubos de paredes propias, sino por simples lagunas alojadas en la sustancia del anillo. Sommer había ya sospechado esta dispo- sición posteriormente confirmada por Moniez. El canal deferente ó espermiducto d, es un canal verdadero, con pare- des propias y extendido transversalmente al cuerpo del anillo en la mayor parte de su longitud. Durante su trayecto describe numerosas ondulaciones y sinuosidades que se acentúan á medida que se aproxima á la cavidad del cirro. En su extremidad, el canal deferente se halla rodeado por un órgano musculoso, conocido con el nombre de cavidad del cirro ó cavidad penial, (fig. 74, e; fig. 78, f). Es un cuerpo cilindróideo de extremidad interna redon- deada y extremidad externa afilada y susceptible de evaginarse como órgano de acoplamiento; por el centro de ella corre el canal deferente que se abre en la porción externa del cirro por un pequeño orificio denominado poro genital. La cavidad del cirro se halla constituida por dos especies de fibras musculares: las externas circulares y las internas radiadas, que van á fijarse en la terminación del canal deferente. Fig. 76 - Grandes células espermáticas proveniendo de un testículo del anillo 582, según Sommer. Producción esper- mática muy activa. Aumento 945 D. PARASITOLOGÍA ANIMAL 157 El aparato genital hembra se encuentra situado en un plano más próximo á la cara ventral de la Tenia y está constituido principalmente por tres glán- dulas ováricas alojadas en la mitad posterior del anillo. Dos de ellas son laterales y simétricas (fig. 74, q) y unidas entre sí por un canal común, r. La tercera, s, considerada por Leuckart como un germígeno y por Sommer como una glándula albuminosa se halla situada en la parte media y es más pequeña que las precedentes. Ocupa el espacio triangular dejado hacia atrás por los dos ovarios y el canal transversal que los une. El canakexcretor de este ovario impar desemboca directamente en el oviducto. Los lóbulos laterales fueron considerados por Leuckart como vitelógenos y por Sommer como ovarios verdaderos; tienen un tamaño considerable y llegan á adquirir en altura la mitad del anillo. Son ledondos, y el más pe- queño de los dos es el que se halla alojado del mismo lado que la vagina. La estructura de los ovarios parece ser tu- buliforme. Según Sommer estarían compues- tos por glándulas tubulosas, limitadas por una membrana anhista, sumamente delgada y elás- tica, que haría las veces de red unitiva. Estos canales presentan siempre en su trayecto un gran número de apéndices en csecum, que convergen hacía la línea media del anillo, y se reunen en ángulo agudo para formar canales más voluminosos. Para Moniez los tres lóbu- los ováricos tienen estructura análoga y no existe la membrana delicada descrita por Som- mer. Los óvulos provienen de células paren- quimatosas dispuestas en masas dicotómicas é irregularmente reticuladas. En la vecindad del mayor de los dos lóbu- los laterales, el canal transversal que los une (fig. 74, r y fig. 77, e) dá nacimiento á un pa- bellón infundibiliforme, constituido por múscu- los circulares. De la porción posterior de este último parte el oviducto (fig. 74, p; fig. 77, f) canal que se dirige hacia el lóbulo impar del ovario; antes de llegar, se incurba hacia ade- lante y arriba (fig. 71 g. h,) y remonta hacia la extremidad posterior del úte- ro, recorriendo un trayecto muy sinuoso. El conducto excretor del lóbulo posterior del ovario (fig. 77, k) viene á Fig. 77. - Modo de unión de las diversas partes del apa- rato genital hembra, según Sommer. Anillo 781 observa- do por su cara inferior, a, va- gina; b, lámina quitinosa in- tercalada en la extremidad de la vagina; c, depósito se- minal; d, su conducto; e, ca- nal que reune los dos lóbulos laterales del ovario; f, rama descendente del oviducto; g, inflexión del oviducto; h, ra- ma del oviducto que marcha al encuentro del útero; i, ra- mificaciones del útero; k, ca- nal excretor del lóbulo poste- rior del ovario, l, cuerpo de Mehlis. 158 PARASITOLOGÍA ANIMAL desembocar en el oviducto en el punto g. es decir, en el mismo sitio en que- el canal cambia de dirección. En ese mismo punto de confluencia donde se ve el cuerpo de Mehlisr que fué considerado por Sommer como una glándula coquillera (fig. 74, h} pero que Moniez ha demostrado no ser más que una simple dilatación del oviducto, á la cual dió el nombre de cuello de la matriz. La primera porción del oviducto comunica aún con un canal (fig. 77,. d) que es la terminación de la vagina y que más adelante estudiaremos. El oviducto está formado por un tubo encorvado en ansa y sinuoso durante todo su trayecto; el pabellón infundibiliforme lo separa del canal transver- sal que une los dos lóbulos laterales del ovario; luego se dirige hacia atrás, y cambia de dirección para marchar hacia adelante y desembocar en el fon- do del útero; en sú primer brazo recibe la vagina; al nivel de su reflexión re- cibe el canal excretor del lóbulo posterior del ovario, y es en ese mismo sitio que se halla alojado el cuerpo de Mehjis. El pabellón y la porción del oviducto que se extiende desde su nacimiento hasta el punto de confluencia con la vagina está erizado interiormente de pestañas que impiden el retro- ceso del óvulo hacia el ovario. El útero hállase constituido por un tubo que ocupa la línea media del anillo y que ofrece de trecho en trecho ligeras dilataciones sacciformes, rudimentos de las futuras ramas colaterales. Al nivel del canal deferente describe una curva cuya concavidad es característica en la Taenia Sagi- nata. Según Sommer el útero carece de toda capa muscular, y se halla tapi- zado por una membrana anhista, muy elástica, capaz de sufrir grandes dila- taciones. Moniez, cree al contrario, que el útero está recubierto por una capa de naturaleza celular elástica, que bajo la influencia de la presión con- tinua y creciente de los huevos, dá lugar á un cierto número de dilataciones ó hernias, que, ál aumentar de volumen, concluyen por desgarrarse dejando diseminar los óvulos en el tejido parenquimatoso con cierta regularidad, sin que para ello sea menester membrana especial alguna. El oviducto se halla en relación con el exterior por intermedio de la vagina. La vagina (fig. 74, g) es un canal largo y delgado cuya extremidad interna, estrecha, comunica con el depósito espermático ó receptaculum se- minis, y cuya extremidad externa más ensanchada termina en el seno ge- nital, por debajo de la cavidad del cirro. En este largo recorrido afecta dos direcciones: corre en la primera parte de su trayecto, paralelamente al canal deferente y cavidad del cirro,, luego se encorva hacia atrás, contornea el más pequeño de los lóbulos ová- ricos laterales para desembocar por último en el receptaculum seminis, ór- gano que sirve de depósito para los óvulos que aún no han adquirido la madurez sexual. PARASITOLOGÍA ANIMAL 159 La vagina aún se continúa más allá del receptaculum seminis, hasta po- nerse en comunicación con el oviducto un poco antes de que éste se abra en el útero. El borde lateral del anillo presenta regularmente alternado á izquierda y derecha, una pequeña foseta tapizada por la cutícula (fig. 74, f, fig. 78, a). Esta foseta ha sido denominada foseta marginal, y recién es visible en el proglótide 363. Tiene la forma de un infun- dibulum, accesible únicamente por su porción externa me- diante un orificio que ha sido llamado poro marginal. Este poro puede presentar una forma circular, angular, ó re- ducirse á una simple hendidu- ra, según el estado de contrac- ción de los músculos longi- tudinales. El fondo de la foseta está perforado en su centro por un pequeño orificio, el po- ro genital, c, que comunica con una cavidad, la cloaca se- xual ó seno genital, d. En el fondo de este seno desembocan, hacia atrás la vagina, h, hacia adelante el canal deferente, e, que atraviesa la cavidad del cirro,/. La figura 78 repre- senta al cirro en protracción, después de haber atravesado el poro genital y emergiendo en la foseta marginal. Leuckart creyó que el cirro en protracción representaba un verdade- ro órgano de acoplamiento que era capaz de introducir en la vagina los espermatozoides que le fueran suministrados por las vesículas testiculares. Para Sommer, el paso de esperma del canal deferente á la vagina se efectúa del modo siguiente: durante el acto de la fecundación, ciérrase el poro marginal debido á la enérgica contracción de los músculos longitudi- nales, cerrándose al mismo tiempo el poro genital. El cirro se contrae. Vése entonces derramar en el seno genital el líquido espermático, para pasar de allí por capilaridad á la vagina, y ser conducido por ésta al depósito esper- mático en donde se acumula. La fecundación se lleva á cabo de la manera siguiente: Una vez que los óvulos han madurado, el esperma sale del depósito en donde se había acumulado, corre por el tubo que lo conduce al oviducto, y allí, puesto en contacto con los óvulos, los fecunda, pasando éstos en segui- da á llenar el tubo uterino. Fig. 78.-Aparato marginal y orificio sexuales laterales del anillo 750; según Sommer; a, . foseta marginal; b, su fondo aplastado y li- geramente levantado; c, poro genital; d, seno genital; e, canal deferente; f, cavidad del ci- rro; h, vagina. 160 PARASITOLOGÍA ANIMAL Desde este momento, el útero, cada vez más distendido por la presión interna de los huevos, da lugar á ramas colaterales que concluyen por rom- perse dejando á los óvulos diseminarse en el interior del parénquima enfilas paralelas. Sommer creyó en un principio que estas ramas estaban limitadas por una membrana propia, pero Moniez demostró la falsedad de esta doc- trina. En el anillo 790, (fig. 79, 1) las ramificaciones uterinas son muy visibles. Platner las dividió en tres especies: laterales muy' numerosas, posteriores ó radicales, y anteriores ó apicales; estas últimas poco desarrolladas. En el anillo 1102, estas ramificaciones han alcanzado un gra- do muy alto de des- arrollo. Hacia atrás limitan con la laguna anastomótica, hacia adelante con el borde anterior del proglóti- de, y hacia los lados con los vasos longitu- dinales. Las ramas apicales presentan su forma en fondo de saco característica de la Jaenia saginata. Los testículos han des- aparecido, así como los lóbulos laterales del ovario, cuyos úl- timos vestigios deja- ron de verse en el anillo 980. El lóbulo impar, más persistente, dió señales de atrofia en el proglótide 1003, y desapareció definitivamente en el anillo 1101. Más adelante, se pueden observar modificaciones muy importantes. En el anillo 1215 el cuerpo de Mehlis no ha desaparecido aún, á pesar de que su atrofia es muy grande; obsérvase también* la porción del oviducto que termina en la parte posterior del útero. Todos los demás elementos de los órganos genitales macho y hembra han desaparecido, excepción hecha de la mitad externa y transversal del canal deferente y de la vagina. Las ramifi- caciones laterales del útero han disminuido en tamaño, mientras que las apicales desbordan ligeramente sobre el anillo inmediato anterior. Fig. 79.-Anillo 790 de Tecnia saginata visto por su cara superior, según Sommer; l, ramificaciones laterales del útero; m, gruesas vesículas testiculares fuertemente dilatadas y en activa producción seminal. PARASITOLOGIA ANIMAL 161 Llegados á este período de desarrollo, los proglótides se despren- den espontáneamente, mediante la exageración del ajustamiento intralunar. Una vez desprendido, el anillo pue- de continuar viviendo durante un tiempo más ó menos largo, repre- sentando, según la pintoresca ex- presión de Pallas, un verdadero «ovario ambulante». Por otra parte, gracias á la doble solución de con- tinuidad que presenta su tegumen- to, en los puntos en que se ha se- parado de los proglótides entre los cuales se hallaba primitivamente in- tercalado, puede fácilmente expul- sar los huevos, que caen en el in- testino y son expulsados con las materias fecales. La eliminación de éstos anillos se hace generalmente uno á uno, á pesar de la voluntad del enfermo y de los esfuerzos que éste haga para contraer el esfínter anal. Este ca- rácter es muy importante, pues permite diagnosticar en seguida la presencia de la Taenia inerme. Los huevos de la Tenia disemina- dos por los campos y por el agua pueden alcanzar el aparato digesti- vo de los animales herbívoros, y entre ellos, el de su huésped inter- mediario favorito, el buey. La Tenia se radica en la primera porción del intestino delgado, en el duodeno, introduciendo la cabeza entre las vellosidades intestinales, y adhi- riéndose enérgicamente con sus ventosas. De allí se extiende hasta la válvula ileo-caecal, siguiendo las circunvoluciones del intestino. Cuando el parásito adquiere dimensiones extraordinarias, puede prolongarse hasta el intestino grueso. Robín encontró, á la autopsia de un cadáver, una Tenia alojada en el duodeno y que se extendía hasta siete ú ocho pulgadas por arriba del ano. Andry, por otra parte, ha constatado que la Tenia puede salir del ano, durante la defecación, y volver á introducirse por un movimiento de retrac- ■cción del verme. Fig. 80.-Anillo 110 de Tcenia sagina- ta, observada por su cara superior ó macho, según Sommer. Los testículos y el ovario están atrofia- dos; i, rama ascendente del oviducto. Parasitología Animal 162 PARASITOLOGÍA ANIMAL Debe considerarse como excepción el caso observado por Brendel en el cadáver de un niño de diez años: la cabeza de la Tenia se hallaba podero- samente fijada en el íleon y el resto del cuerpo se dirigía hacia el duodeno, en sentido inverso al trayecto seguido por las materias intestinales. Siebert observó también una Tenia extendida del intestino al estómago. Es difícil establecer el promedio de la duración de la vida de este pará- sito en el hombre, porque tan pronto como el huésped se da cuenta de que lo alberga, trata de eliminarlo por todos los medios posibles. Sin embargo, existen observaciones como la de Judas en que la Tenia vivió 10 años, la de Merat y Gómez durante 12 y 15 años, y la de Wawruch en que persistió du- rante 15, 25 y aún 35 años. La expulsión del parásito fué provocada en todos estos casos mediante la administración de un medicamento apropiado; razón por la cual estas cifras no revelan la verdadera vida del verme. Es muy probable que ella dure tanto como la vida de su huésped. Durante cierto tiempo se creyó que la Tenia sucumbía en'aquellos hués- pedes que padecieran de enfermedades graves como el tifus; pero Davaine, Laboulbéne y otros observadores demostraron la falsedad de tal presunción, encontrando Tenias vivas al efectuar las autopsias de sujetos que pocas^ho- ras antes habían muerto víctimas de afecciones agudas. La reproducción de esta Tenia es verdaderamente asombrosa. Perron- cito ha calculado que el número de huevos que contiene cada anillo es de 8800, que multiplicados por 14, que es el número de proglótides eliminados por día, nos da un total de 123.200 huevos diseminados por el huésped cada 24 horas. Antiguamente creíase que esta Tenia se encontraba 'sola en el intes- tino, y por esta razón fué denominada verme solitario. Pero más tarde, se observó que el número de estos parásitos era variable, habiéndose encon- trado en número de 2, 3, 4, 6, 7 según Moreau, 17 según Leuckart, 21 según Werner, 33 según Küchenmeister, 41 según Kleefeld, y 59 según Laker, en una misma persona. A pesar de que estas observaciones pueden ser objeta- das, aduciendo como razones de que tal vez no todos los vermes observa- dos eran Tenias saginatas, nada tiene de particular una infección semejante, si recordamos la gran cantidad de cysticercos que pueden ser ingeridos por un individuo acostumbrado á comer carne sanguinolenta. La Tenia saginata presenta frecuentes y numerosas anomalías. La pig- mentación de la cabeza es un caso bastante común. En la cúpula frontal y en las ventosas suele observarse una coloración negra más ó menos regular. A veces la producción de pigmento suele exagerarse, y extenderse la colo- ración al cuello y aún á todo el resto de la cadena. El profesor Laboulbéne, describió en 1875, con el nombre de 7. nigray una variedad de T. inerme caracterizada por su color negro, ó mejor dicho PARASITOLOGÍA ANIMAL 163 negro apizarrado. Este verme que había sido eliminado por un sujeto que de mucho tiempo atrás vivía en dos Estados Unidos, ¡medía 6% m de longitud y presentaba la particularidad de tener unos poros margina- les salientes y dilatados, de color blanquizco, que contras- taban con la coloración oscura del cuerpo. Según tradicio- nes populares de Méjico, parece muy común la eliminación de Tenias grises ó negras, por individuos de raza mestiza ó negra radicados en aquella región. Una anomalía semejante fué observada por Bruneau, en una mujer «que eliminó un fragmento de Tenia de 75 centí- metros de longitud, de anillos pequeños y cilindricos, y que presentaba una coloración de un marrón bastante oscuro.» El número de ventosas suele, excepcionalmente, llegar á 5 ó 6, debido al desarrollo de una ó dos ventosas supernu- merarias. Pero en tales casos es menester no confundir la depresión cefálica como tal, como le ha sucedido á Gómez y á algunos otros observadores. Los anillos son á su vez asiento de anomalías. Colín ob- servó un fragmento de Tenia expulsado por un oficial que había venido del Senegal. Este fragmento (fig. 81) estaba formado por seis anillos de estructura normal y de una faja continua de 15 centímetros de longitud, sin línea alguna de demarcación transversal, con 14 poros marginales de un lado y 12 del otro, agrupados con toda irregularidad. A tal anomalía, Colín propuso dar ei nombre de Taenia fusa ó T. continua. Welch menciona un caso análogo observado en una 7 saginata. Un fragmento de esta Tenia de 5 centímetros de longitud, no presentaba demarcación alguna que limitara los anillos, y los poros marginales se hallaban distribuidos en grupos de dos á cinco en ambos lados. En el interior existía un útero extendido de un extremo á otro de la cinta, que no presentaba el menor indicio de segmentación; en cambio, había un gran número de canales deferentes y de vaginas. Vallín pudo observar aún una anomalía sem ejante en una Tenia expul- sada por un sujeto que provenía del Senegal. En un fragmento bastante largo observábase fusión completa de los anillos. Los poros genitales esta- ban distribuidos en los bordes laterales de los proglótides, habiendo algunos en las caras dorsal y ventral de los mismos; varios anillos estaban perfora- dos cual si un sacabocados les hubiera extraído la porción central, y por último la cadena presentaba la particularidad de tener una coloración muy obscura en la porción terminal, efectuándose el cambio de color bruscamente Fig.81-Tecnia fusa ó continua según León Co- lín. 164 PARASITOLOGÍA ANIMAL al nivel de un anillo cuya mitad anterior era blanca anacarada, y cuya mitad posterior tenía una fuerte pigmentación obscura. Los poros marginales constituyen otra causa de anomalía, presentán- dose en número de 2, 3 (Pallas), para cada anillo y hasta 5, según refiere haber observado Leuckart. Haciendo, en estos casos, un estudio anatómico delicado, se puede ver que para cada poro marginal existe un aparato ge- nerador hermafrodita, y que si bien los órganos centrales tales como el útero y los ovarios se hallan reducidos en su tamaño, los canales deferentes y vaginas adquieren un desarrollo normal. Esta observación tiene una gran importancia, porque nos explica que la anomalía es debida á la coalescencia y fusión completa de varios anillos, ó á que no se ha efectuado la segmentación en un cierto fragmento de la cadena. Fig. 82.-Caso de Taenia trifoliata (de la colección del Laboratorio de Patología General de Bs. As.) R. Wernicke. El Dr. Cantón ha observado una curiosa anomalía en un fragmento de T. inerme eliminado por un enfermito del Hospital de niños de esta capital. Cada proglótide parecía haber sido dividido en tres láminas que se conser- vaban unidas por el borde marginal opuesto al que contenía el poro mar- ginal, ó en otros términos, parecían tres fragmentos de tenias cuyos anillos se hubieran soldado por uno de los costados dejando libre el otro. Era, por consiguiente, un caso de Tenia trifoliata, en la que podrían verse perfectamente desarrollados todos los órganos de la generación en ca- PARASITOLOGIA ANIMAL 165 da una de las tres hojas que constituían un anillo. La cabeza no fué obser- vada. Casos semejantes han sido observados 3 ó 4 veces en el Hospital de Clínicas de la Capital. Cullingwort observó una anomalía curiosa en una Tenia sin cabeza cuyo cuerpo estaba recorrido por una cresta longitudinal donde tomaban asiento los poros marginales; pudiendo citar aún otros casos de anomalías raras como la de la Tenia de anillos super- numerarios observada por Leuckart (fig- 83) y la de la Taenia fenestrata de Co- lín, en la cual los proglótides estaban per- forados (fig. 84.) Perforaciones análogas fueron observadas más adelante por Leuc- ckart, Marfán, etc., y de las descripcio- nes que de ellas hacen, deducimos que la lesión irradia del centro á la periferia del anillo, y que es tanto más acentuada á medida que se observan proglótides más distantes déla cabeza. La perforación parece ser debida á la ruptura del útero que produce consigo la desgarra- dura de la pared del anillo. En la mayoría de los casos, la Tenia es eliminada por el ano. Sin em- bargo puede ser expulsada excepcionalmente por el vómito. La primera observación de este género, fué debida á Rodríguez, quien vió á una mujer eliminar por la boca, después de un acceso de tos, un verme cuya descripción concuerda con la de la T. inerme. En nuestros días, Béranger-Féraud, refiere haber observado un solda- do de infantería de marina que expulsó con el vómito un fragmento de Te- nia de dos metros, é Hitch narra haber visto una mujer de 79 años que eva- cuó por la boca una Tenia saginata con cabeza, de 28 piés de longitud. Se conocen en la Ciencia casos más raros aún de Tenias que han sido eliminadas por otras vías. Burdach refiere haber visto eliminar una Tenia por la uretra; y explica el fenómeno suponiendo que la vejiga, gracias á una úlcera, comunicaba con el recto. Rosestein refiere casos de Tenias elimina- das por un abceso inguinal, von Siebóld, por un abceso umbilical. Final- mente Bellom describe haber observado en un negro del Senegal, una Te- nia que había pasado casi enteramente á la cavidad peritoneal por una úlce- ra estrecha y sinuosa que hacía comunicar esta cavidad con el yeyuno. La edad parece no tener influencia alguna sobre el desarrollo del hel- minto, pues se observa en la niñez, en la edad adulta y en la vejez. Esta- dísticas hechas en el policlínico general de Viena en niños de 3 meses á 12 años, revelan mayor frecuencia en los niños de dos á tres años, es decir, en Fig. 83.-Anillos supernumerarios de Taenia saginata, según Leuckart. 166 PARASITOLOGIA ANIMAL la época en que principian á comer carne, y cuando por falta de discerni- miento pueden ingerirla cruda. Wawruch que ha observado 173 casos, en personas de todas las eda- des, encontró que la edad en que la Tenia se encuentra con más frecuencia oscila entre los 15 y los 40 años. Para Merat sería la de 20 á 30. A iguales resultados arribó Krabbe, después de haber observado 94 casos de Taeenia saginata. He aquí la estadística de este último autor. Menos de 1 año Tcenia Saginata 0 De 1 á 10 años 6 » 10» 20 » 6 » 20 » 30 » 36 » 30 » 40 » 24 » 40 » 50 » 13 » 50 » 60 » 6 » 60 » 70 » 3 Total ... 94 Numerosos casos de Tenias han sido observados en niños recién na- cidos. Entre los que tienen más de quince días el hecho puede explicarse por la de- testable costumbre que tienen algunas ma- dres ignorantes ó amas indolentes de dar á chupar á las niños, á guisa de biberón, un pedazo de carne jugosa y por consiguiente mal cocida, donde puede ir un cysticerco; pero siempre quedarán sin explicación sa- tisfactoria el caso de Müller que vió elimi- nar en 1830, á un niño de cinco días, una Tenia de un pie y medio de longitud, y el de Amor quien, en 1871, vió arrojar por el ano, á un niño de tres días, anillos maduros de Tenia saginata. El sexo parece nc tener una influencia positiva en el desarrollo de la Tenia. Sin embargo, varios autores sostienen, basán- dose en datos estadísticos, que el parásito se halla con mayor frecuencia en la mujer. De 173 enfermos observados por Wawru- ch, 117 pertenecían al sexo femenino y 56 al masculino. De 240 niños observados por Monti, 111 eran varones y 129 niñas. Al lado de esta opinión debemos colo- car la de Theurer que afirma por el con- Fig. 84.-Tsenia fenestrata, según León Colín. PARASITOLOGÍA ANIMAL 167 trario que las tres cuartas partes de las víctimas del helminto son hombres, y la de Mérat que sostiene que no hay diferencias apreciables en los dos sexos. Por otra parte, ciertas profesiones parecen favorecer el desarrollo del parásito. Fortassin, en 1804, ya había hecho notar que el verme se observaba á menudo en gente acostumbrada á manejar carne cruda, tales como los car- niceros, chancheros, etc. El fenómeno se explica perfectamente hoy en día, que se conoce la evolución de la Tenia; por razones mismas del oficio, es- tos hombres se acostumbran á comer carne poco cocida, á veces simplemen- te salada ó ahumada, y tienen por consiguiente mayor probabilidad de in- gerir cysticercos que no han sido destruidos por la temperatura- Puede decirse que la Taenia saginata se halla distribuida en todo el mundo, y con muy pocas probabilidades de error puédese afirmar su pre- sencia allí donde se consuma carne de buey. En la República Argentina, país esencialmente ganadero, el helminto abunda muchísimo y su desarrollo progresa día á día. La provincia de Buenos Aires, como la más ganadera de todas ellas, es la que se halla más invadida por el parásito, siguiendo después en orden decreciente Santa Fé, Entre Ríos, Corrientes, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Mendoza, San Juan, Catamarca, San Luis y La Rioja. Fuera de nuestro país, la Taenia saginata se halla muy extendida en la República Oriental del Uruguay, Perú, Brasil, Chile, Bolivia, Colombia, Es- tados Unidos, en donde sin embargo es menosTrecuente, predominando la Taenia solium debido al mayor consumo de carne de cerdo. En Europa la Tenia inerme ha sido vista en todas las naciones, pre- dominando en Francia, España, Portugal, Italia, Rusia, Turquía, Inglaterra, Suiza, en donde ha adquirido un desarrollo mayor que el Botriocéfalo. Hamon-Dufougeray publicó en Francia un interesante cuadro de casos del Tenia observados en los hospitales marítimos de Saint-Mandrier, Cher- bourg y Lorient, durante el período 1860-1883 del cual deduce que la fre- •cuencia del helminto, lejos de disminuir, aumenta. Saint-Mandrier Cherbourg Lorient 1860... 0 0 .... 0 1861... 1 1 .... 0 1862... 0 1 .... 1 1863... 1 2 .... 0 1864... 6 0 .... 0 1865... 4 0 .... 0 1866... 5 ... 5 .... 0 1867... 7 2 1 1868... 8 6 .... 0 1869... 1 6 1 168 PARASITOLOGIA ANIMAL 1870 Saint-Mandrier .... 9 Cherbourg 3 Lorien? 1 1871 15 10 3 1872 18 14 2 1873 .... 20 , .. 36 10 1874 .... 41 ... 35 9 1875 .... 36 27 4 1876 71 42 6 1877 .... 52 .. 41 7 1878 ... . 123 . . 36 17 1879 . ... 165 21 22 1880 .... 113 35 27 1881 .... 184 61 27 1882 .... 114 54 9 1883 .... 149 95 15 - - - Totales... 1048 528 162 Las estadísticas publicadas por Krabbe en Dinamarca nos revelan la manera asombrosa como se ha desarrollado la T. saginata en dicho país, al par que la disminución correlativa de la T. solium. En Asia, ha sido observada en Cochinchina por Béranger-Feraud, en el Japón por Balz, en Java por Schmidtmüller, etc. El Atrica tampoco ha permanecido inmune, pues la Tenia ha sido vista en Egipto, en el Senegal, en el Cabo, en Argelia, y especialmente en Abisinia, en donde es muy común por la costumbre arraigada en los natura- les de comer carne cruda en una preparación sui generis. Los síntomas determinados por la presencia de la T. saginata en el tubo digestivo están especialmente relacionados con el sistema nervioso y con los fenómenos de la nutrición. Los fenómenos locales consisten en sensaciones dolorosas variadas en el estómago y en el tubo intestinal que se producen generalmente en el momento de la ingestión y desaparecen en seguida. Ciertas personas sienten un apetito exagerado y otras por el contrario ofrecen inapetencia absoluta. Muy á menudo estas manifestaciones van acompañadas por vómitos, diarrea, constipado, que agotan las fuerzas del enfermo y le causan una anemia profunda. Entre los síntomas nerviosos, suele observarse la dilatación pupilar, el escozor de la nariz y el prurito anal, provocado principalmente por la salida de los proglótides. A veces, este helminto puede producir accidentes ner- viosos más serios, especialmente entre las mujeres y los niños y observarse entonces vértigos, zumbidos en los oídos, trastornos visuales, parálisis parciales, accidentes coreicos y epileptiformes, que semejan manifestaciones PARASITOLOGÍA ANIMAL 169 histéricas, fenómenos todos que desaparecen con la eliminación del parásito. Ha llegado á afirmarse finalmente que podía provocar el aborto, pero esto último sólo debemos admitirlo de una manera indirecta, por la debilidad general producida por las perturbaciones digestivas que obraría como una causa predisponente. El parásito se adquiere, como ya lo hemos dicho, comiendo carne cruda ó mal cocida, aconsejándose por consiguiente como medida profilác- tica someter bien las sustancias á las condiciodes necesarias de cocción. Por otra parte, recordamos que un fragmento de carne puede estar bien cocido por fuera y crudo por dentro y alojar por consiguiente cysticercos vivos, por cuya razón se aconseja también no comer la carne sanguinolenta, ó en caso que por prescripción médica hubiera sido recetada, someterla á una dislaceración y tamizamiento completo con objeto de someter á los cys- ticercos por lo menos á una temperatura de 50° c. El tratamiento curativo tiene por objeto provocar la eliminación com- pleta del parásito. Los tenicidas conocidos hoy en día son numerosos, pero aún los mejores suelen fracasar en sus resultados. Los más activos son los que obran á la vez sobre el verme y sobre el intestino, es decir los que son simultáneamente antihelmínticos y purgativos. La tenia tiene la facultad de adherirse enérgicamente mediante sus ventosas á las vellosidades del tubo intestinal, y como la eliminación del verme debe ser completa, es menester buscar un medicamento estupefaciente que tenga la propiedad de adormecer al helminto y por consiguiente de suprimir la acción de las ven- tosas. Laboulbéne ha efectuado sobre el particular experiencias muy curio- sas. Tomando Tenias recién eliminadas y colocadas en agua templada, observó junto con Davaineque las Tenias se adherían mediante sus ventosas con tal energía á uno cualquiera de sus anillos, que estirándola con los dedos se rompía la cadena antes que desprenderse. Numerosas experiencias llevadas á cabo más adelante por el mismo autor, le han permitido considerar que el mejor antihelmíntico para la Tenia es aquél que la adormece primeramente y luego la expulsa como un cuerpo extraño. El tenicida más activo es el rizoma del Helécho macho ( Polystichum filix-max), planta cosmopolita, más enérgica al estado fresco y más aún bajo forma de extracto etéreo. Este remedio ofrece la ventaja de ser barato y de dar buen resultado siempre que se le administre con ciertas precauciones. El enfermo deberá someterse á dieta láctea ó caldo, desde la víspera, á fin de que el medicamento obre mejor sobre la Tenia. El tenicida se admi- nistrará por la mañana temprano y poco tiempo después se dará un buen purgante salino con objeto de eliminar el helminto de su residencia. 170 PARASITOLOGÍA ANIMAL Entre las fórmulas aconsejadas para la administración del medicamento, una de las que ha dado mejores resultados es la siguiente: Extracto etéreo de Helécho macho .... 8 gramos Jarabe de éter 30 » Poción gomosa 120 » Esta bebida deberá tomarse en dos veces, con diez minutos de inter- valo, después de un día de dieta; ingiriendo un cuarto de hora después un purgante de sulfato de citrato de magnesia. El empleo del extracto etéreo de Helécho macho ha.dado algunas ve- ces lugar á accidentes que es menester tener presente, no para disminuir la fé que se puede tener en el medicamento, sino para determinar mejor el modotcomo debe ser administrado. Empleando esta droga en fuertes dosis terapéuticas, se han observado síntomas de gastro-enteritis aguda, saliva- ción, vómitos, diarrea, perturbaciones cerebrales y medulares, pérdida de conocimiento, estado comatoso interrumpido de tiempo en tiempo por movi- mientos anormales, parálisis de la retina, dilatación de la pupila, excitación del corazón y del aparato respiratorio, y finalmente parálisis general. Estos fenómenos se manifiestan media hora después de la ingestión de fuerte dosis, pueden durar tres días y más terminando muy á menudo con la muerte. Aconséjanse hoy en día los purgantes salinos en lugar de aceite de ricino, pues según los estudios de Ruelle, el agente tóxico del rizoma del Helécho macho es el ácido filícico que se encuentra en la proporción de 6 á 9 °/0 y que es muy soluble en el aceite. El purgante de aceite tiene el inconveniente de disolver el agente tóxico y facilitar así su absorción. Otra medicina estuvo muy en boga también durante un cierto tiempo: el kousso, inflorescencia de una Rosácea {Ha geni a Abyssínica). Actualmen- te, está enteramente abandonado, pues ofrece numerosos inconvenientes. Prepárase haciendo una infusión de 20 á 25 gramos en una taza de agua; su olor es repugnante, á tal punto que el enfermo vomita á menudo el medi- camento, y es además caro y no dá siempre buen resultado. La raíz y corteza frescas del granado {Púnica granatum) suministran otro antihelmíntico muy poco usado hoy en día, debido á su sabor desagra- dable y á un alcaloide, la pelletierina, que produce en la mayoría de los en- fermos fenómenos nerviosos, en particular vértigos y náuseas. En los países sud-americanos existe un remedio muy popular contra la Tenia y es la semilla del zapallo. Los paisanos la comen privándola de la cáscara, y en cantidad de un buen puñado, ó bien pisándola en un mortero con un poco de azúcar y, haciendo una especie de papilla que ingieren por cucharadas. En seguida toman como purgante una buena dosis de aceite de ricino. PARASITOLOGIA ANIMAL 171 Tsenia Solium-Rudolphi, 1810. Sinonimia: Tecnia cucurbitina Pallas, 1781. T. vulgaris Werner, 1782. T. dentata Gmelin, 1790. T. humana armata Breva, 1802. T. solium Leuckart, 1862. Vulgarmente denominada Tenia armata, la Tsenia solium es otro de los grandes parásitos que viven en el intestino delgado del hombre y de algunos j animales. El origen de la palabra solium es aún desconocido. Leuckart pretendía hacerla derivar del término sirio schusclil, que significa cadena. Con el correr del tiempo esta voz se habría modificado primero en susl, luego en sosl, y^por último en sol, á la cual agregando la terminación ium habría dado por resultado la solución buscada. Sin embargo, es preferible creer que la palabra solium es una simple alteración del término latino solum, que habríajsido conferido á la Taenia por la creencia que se tuvo durante mucho tiempo de que este parásito vivía solitario en el intestino del huésped. Fig. 85-Embriogenia de la T. solium, según R. Moniez.-1. Primer estadía en elTcual el óvulo fecundado se divide en dos elementos de caracteres algo diferen- tes.-2. La evolución está más avanzada, notándose dos grandes masas vitelinas y cierta cantidad de células blastodérmicas, á expensas de las cuales se formará el embrión.-3 y 4. El desarrollo del embrión encuéntrase casi terminado; las masas vitelinas v. se presentan en una forma que es frecuente observar; el núcleo de células blastodérmicas e, que constituirá el embrión, ha desprendido su capa peri- férica c, á expensas de la cual formará la cáscara.-5. El embrión encuéntrase perfectamente formado, habiendo ya constituido la cáscara la capa periférica de las células blastodérmicas.-6. Aspecto que suele tomar el huevo, cuando rom- piéndose una de las masas vitelinas, llena el espacio limitado por la membrana vitelina m. 172 PARASITOLOGIA ANIMAL Los huevos de la Tenia solium tienen la misma estructura que los huevos de la T. saginata; distinguiéndose, sin embargo, porque sus"dimen- siones son algo más pequeñas y su forma levemente ovoidea. Miden 30jx según Leuckart 33 [i según Davaine y Laboulbéne, 31 á 36 p según Railliet, asignándole Heller 32 p de longitud por 20 p de ancho. Hállanse provistos de una gruesa cáscara, estriada radicalmente, amarillenta, de forma ligera- mente esférica y cuyo diámetro varía de 31 á 36 p. El embrión exacanto mide 20 p de longitud. Eliminados los huevos con las materias fecales al exterior, son lleva- dos mediante sustancias vegetales ó por el agua de consumo hasta el estó- mago del huésped intermediario representado en este caso por el cerdo. El jugo gástrico disuelve la cáscara y pone al embrión en libertad,(el cual emigra al través de las túnicas intestinales sirviéndose para ello de los gan- chos que posee, y arrastrado por la sangre es transportado hasta los múscu- los de la economía, en donde se localiza convirtiéndose en una larva en- quistada, que ha sido denominada Cysticercus cellulosae. Excepcionalmente pueden servir de huésped intermediario el jabalí,f'el carnero, el oso, el gato, el perro, la rata, el mono y el hombre. El cysticercus cellulosae determina en el puerco una enfermedad que ha sido estudiada minuciosamente por Delpech. Elije para su ubicación en el hués- ped intermediario, el tejido conjuntivo intermuscular especialmente de los mús- culos de la lengua, del cuello y de las espaldas, viniendo en segundo término los músculos intercostales, el psoas, los músculos del muslo y finalmente los de la región vertebral posterior. Los quistes se disponen en el intersticio dejado por las fibras musculares. El sitio más habitual de residencia es la cara inferior de la lengua y las partes laterales del frenillo, presentándo- se bajo la forma de ampollitas opalinas, semitransparentes, globulosas ú ovoideas que son fácilmente reconocibles por los veterinarios encargados de informar so- bre el estado de los cerdos que envían al matadero. Los criadores de chanchos para despistar á los inspectores suelen reventarlas vesículas quísticas, pinchándolas con una aguja, ó cor- tándolas á tijera. Fig. 86.-Carne de cerdo con cys- ticercos. PARASITOLOGIA ANIMAL 173 La cysticercosis ha sido observada en todos los lugares en que se ■cría el ganado porcino. En Francia, obsérvase de preferencia en los cerdos de la raza linosina y perigordina y Komibusch niega la existencia de la cysticercosis en los puercos servios y romanos que se alimentan de maíz: tampoco se le obser- varen los puercos mechlemburgueses de origen inglés, que se nutren de habas y guisantes. Durante el período 1872-1874 fueron inspeccionados en el distrito de Cassel 149.500 cerdos, de los cuales 158 eran cysticercosos, lo que da una proporción de 1 por 945. En el año 1876, fueron examinados en Prusia 1.728.600 puercos, correspondiendo á cysticercosos 4.705, es decir, una proporción de 1 por 307. En Italia, Pellizari cree que la cysticercosis se halla en el 1 por 4.000 de los cerdos, mientras que Perroncito afirma haberla encontrado, en el uno por ciento de los puercos examinados. Por otra parte, el desarrollo de la cysticercosis varía con la clase de vida que lleva el cerdo, siendo mayor cuando está libre que cuando es cria- do en establos. Un individuo que albergue la Tenia solium, debe substraer sus materias fecales á la acción de los cerdos. Mósler cita el caso de un en- fermo que infectó 15 chanchos, que habían roto el cerco que los separaba de las materias excrementicias. La prueba de que los huevos de T. solium son los que convirtiéndose en cysticercos ponen cysticercosa la carne del cerdo, ha sido suministrada por numerosas experiencias que pasamos á relatar: P. J. van Beneden, 1853.- «Administróse á un cerdo huevos de Tenia solium. Sacrificado poco tiempo después, encontrósele gran número de cys- ticercos cellulosae alojados en el interior de los músculos». Haubner y Küchenmeister, 1855.-El 30 de Marzo y el 5 de Abril fue- ron administrados anillos de Tenia á dos chanchitos de leche. Sacrificados algunos días después, ambos dieron resultado negativo. Estos autores repitieron la experiencia, dando el 7,24 y 26 de Junio, 2 y 13 de Julio, proglótides de T. solium á tres chanchitos de leche. Uno de ellos sacrificados el 26 de Julio tenia pequeños cysticercos cuyas cabezas no estaban aún evaginadas. El segundo, muerto el 9 de Agosto, presentaba millares de cysticercos diseminados en diversos órganos, lo mismo que el tercero que fué sacrificado el 23 de Agosto. Un cuarto chanchito de leche conservado como prueba, no albergaba cysticerco alguno. Leuckart, 1856.-En dos pociones distintas, hízose ingerir á un chan- chito, anillos de Tenia. Sacrificósele 32 días después de la segunda inges- tión, observándose en el tejido conjuntivo que llenaba los intersticios de las fibras musculares, numerosos cysticercos de 1 á 5 milímetros de longitud con brote cefálico en vías de formación, pero careciendo de ganchos y ven- 174 PARASITOLOGIA ANIMAL tosas. Se hallaban localizados especialmente en los músculos del abdomen,, del pecho y del cuello, así como en el diafragma; y con menos abundancia en el cerebro y el hígado. Leuckart, 1856.-Un chanchito de leche ingiere anillos de Tenia, 42 días después, se le extrae un fragmento del músculo externo-cleido-hióideo, constatándose la presencia de cysticercos. El día 104, se le administra nue- va cantidad de huevos; 20 días más tarde se encuentra, especialmente en los músculos del pecho y del cuello, algunos centenares de cysticercos entera- mente desarrollados, de 12 milímetros de longitud por 5 milímetros de ancho y provistos de un brote cefálico de 3 milímetros de largo. Leuckart, 1856.-Adminístrase á un chanchito huevos de Tenia. Se renueva la ingestión 36 y 67 días después; 40 días más tarde se le hace la autopsia y se observa más de 12000 cysticercos esparcidos especialmente en el corazón, pulmón, cérebro y músculos voluntarios. Faltan en el globo ocu- lar, pero la infección es completa en los músculos del ojo. Los mayores al- canzan á 8mm de longitud, mientras que los menores radicados en el cerebro miden 2mm Ú2. Leuckart, 1856.-Mátase á un chanchito 82 días después de haberle hecho ingerir anillos de Tenia solium: encontrósele nada más que un solo cysticerco alojado en los músculos de la nuca. Leuckart, 1856.-Sacrificóse á un chanchito seis meses después de la primera infección. Obsérvanse cerca de 3000 cysticercos completamente desarrollados, que, salvo algunas excepciones, se hallan radicados en los músculos periféricos del cuerpo. Mósler, 1865.-Un cerdo ingiere anillos maduros de Tenia. Al noveno día se observa, entre las fibras musculares del corazón, pequeños vermes que miden 33 ¡i por 24 ¡i. Gerlach, 1870.-21 días después de la infección, se observa en los músculos de un chancho de 5 meses, gran número de vesículas que presen- tan los primeros vestigios de la cabeza del cysticercus cellulosae. Gerlach, 1870.-Administróse á numerosos cerdos proglótides maduros de T. solium, autopsiándolos 40, 60 y 110 días después de la infección. Ob- túvose resultado positivo con los chanchitos de leche y negativo con chan- chos mayores de 9 meses. De estas experiencias dedujo Gerlach que el chancho puede contraería cysticercosis únicamente durante la juventud. El desarrollo de este cysticerco es bastante lento. Según Mósler, nueve días después de la infección, se encuentran entre las fibras musculares, ve- sículas ovales que miden 33 |i de longitud por 22 ¡i de ancho, desprovistas de cápsula, y que se distinguen del embrión exacanto por la ausencia de ganchos y por su contenido granuloso. Leuckart ha observado á sú vez, al cabo de 21 días, los cysticercos bajo la forma de vesículas libres, con débil membrana de cubierta, que me- PARASITOLOGIA ANIMAL 175 dían 0,mm8 de diámetro longitudinal. No presentaban cavidad central alguna pero estaban provistos de una de. sus extremidades de un pequeño brote que constituía el rudimento de la cabeza de la futura tenia. 32 días más tarde, las vesículas han ad- quirido un milímetro de longitud, y el te- jido conjuntivo intermuscular principia á condensarse á su alrededor formando una zona finamente granulosa, de células íntimamente unidas entre sí. En un grado más avanzado de desarrollo se observa que estas células se modifican para cons- tituir una cápsula de 70 ¡i de espesor, re- corrida por gran número de vasos rami- ficados que se anastomosan, mientras que la larva se vuelve hidrópica. La cabeza con sus ventosas y gan- chos, se desenvuelve del mismo modo que en el cysticercus bovis (fig. 87), en el fondo y algo á un lado del receptacu- lum capitis, siendo notable este último por el gran desarrollo de sus pliegues que persisten según Moniez por detrás del receptaculum, representando anillos rudimentarios (fig. 87 eh). El Cysticercus cellulosae carece de corpúsculos calcá- reos; obsérvanse á veces en los tejidos de la vesícula pero taltan siempre en el receptaculum (fig. 87, c). Según Leuckart, el cysticerco alcanza el completo desarrollo al fin del tercer mes, y en cuanto á su resistencia vital térmica, parece ser igual ó algo mayor que la del cysticercus bovis, pues Perroncito ha demostrado que moría á una temperatura de 47 á 48° c. Es más resistente á la ac- ción de los agentes externos, ha- biéndosele observado vivo veinte y nueve días después de la muer- te del huésped, es decir, durante un período máyor que el que alcanza á resistir el cysticercus bovis en las mismas condiciones. Fig. 87.-Corte long. de C. ce- llulosse, según Moniez.-eh, tejido perteneciente al embrión exacan- to.-b, bulto cefálico-c, corpúscu- los calcáreos.-r c, receptaculum capitis.-ve, vesícula. Fig. 88.-Dos cysticercos de tamaño natu- ral, habiendo uno de ellos evaginado la ca- beza. Cabeza de T soliuui muy aumentada; grande y pequeño gancho de la misma. 176 PARASITOLOGIA ANIMAL ¿Cómo se ha llegado á demostrar que el Cysticercus cellulosae da lugar á la T solium? Fué Küchenmeister, según Leuckart, el primero que supuso, basándo- se en las analogías de sus cabezas, que el cysticercus cellulosae era la larva de la T. armada del hombre, correspondiendo á Humbert el honor de haberlo demostrado experimentalmente, en el año 1854. El 11 de Diciembre, Aloys Humbert tragó, en presencia de dos tes- tigos, 14 cysticercos provenientes de un cerdo leproso, principiando á eli- minar en los primeros días de Marzo de 1855, considerable cantidad de anillos, que examinados detenidamente resultaron ser de Tenia solium. Un año después, Küchenmeister administró á un condenado á muerte que se ofrecía voluntariamente para la experiencia 12, 18, 15, 12 y 18 cysti- cercos extraídos de un cerdo cysticercoso 84 horas antes, y que fueron in- geridos con alimentos en períodos de tiempo que correspondían á 72, 60, 36, 24 y 12 horas antes de la ejecución. 48 horas más tarde fué autopsiado el reo, encontrándosele en el duodeno 4 tenias en vía de desarrollo, con cabeza y uno ó dos pares de ganchos, presentando una de ellas una corona casi completa. Efectuando el lavaje de los intestinos, se hallaron otras seis tenias menos desarrolladas y que carecían de ganchos. Leuckart en el año 1856 repitió la experiencia, administrando á un sujeto de treinta años cuatro cysticercus cellulosae. Dos meses y medio des- pués principió á eliminar proglótides, arrojando un mes más tarde, mediante la ingestión de una buena dosis de kousso, dos Tenias solium, de las cuales una de ella había sido eliminada sin cabeza. Küchenmeister, en Noviembre del año 1859, dióle á un condenado á muerte que debía ser ejecutado en Marzo de 1860, 40 cysticercos de T. ar- mada mezclados con alimentos. Hecha la autopsia, halláronse en el intes- tino 11 tenias con proglótides maduros y ocho en vía de desarrollo. Nuevas pruebas fueron realizadas más tarde por diferentes médicos, habiendo dado la mayoría de ellas resultado positivo. Las experiencias de infección llevadas á cabo en el perro, en el conejo y en el chanchito de la India con cysticercus cellulosae, fracasaron, y en la autopsia de estos diversos animales se observó que las cabezas de Tenias se hallaban intactas en el intestino veinte y cuatro horas después de la inges- tión, pero que pasado ese término desaparecían, habiendo sido digeridas como substancias alimenticias. No es únicamente en el cerdo en donde se puede observar el cysti- cercus cellulosae, habiéndosele encontrado accidentalmente en el hombre, por haber ingerido huevos con substancias alimenticias ó con el agua de consumo. Rumler, en el año 1558, es el primer observador que menciona haber hallado cysticercos en tumores localizados en la dura madre de un epilép- PARASITOLOGÍA ANIMAL 177 tico. Más tarde, Panarolus, en 1650, refiere haberlos observado en el cuerpo calloso de un cura que sufría de ataques epilépticos. Wharton encontró estos parásitos en el tejido adiposo y en los músculos de un soldado. Se han observado numerosos casos de cysticercosis en sujetos que cohabitaban con otros que albergaban la Tenia, ó en individuos sucios que faltaban á las nociones más elementales de la higiene. El Dr. Baistrocchi, ex-preparador del museo de Anatomía patológica de Buenos Aires, encontró al practicar una autopsia, 154 Cysticercus cellu- losae, de los cuales 141 se hallaban diseminados en los músculos. Posteriormente, en el año 1902, el Dr. Rodríguez publicó un caso de cysticercosis observada en un jornalero enfermo en el Hospital San Roque de la capital. Estos dos casos son los únicos que se registran hasta el pre- sente entre nosotros. Refiere Stich haber observado de 500 á 600 en los músculos y debajo de la piel de una mujer, y Lessing narra el caso de una alienada que alber- gaba más de 1000 cysticercos esparcidos en toda la superficie del cuerpo. Lancereaux publicó la observación de una trapera que presentaba más de mil cysticercos accesibles á la vista y á la palpación; y Bonhome refiere el caso de un viejo de 77 años, muerto en el Hotel Dieu de Lion, del cual ex- trajo 900 quistes, avaluando en 2000 el número total de cysticercos ence- rrados en los diversos órganos. Las observaciones de Wendt y de Birch-Hirschfeld nos demuestran que la cysticercosis se desarrolla preferentemente en los sujetos coprófagos, pues en éstos se produce una verdadera auto-infección al ingerir anillos de T. solium junto con las materias excrementicias. La auto-infección, además, puede efectuarse de otra manera. Uno ó varios anillos, mediante los movimientos de roptación de que están dotados, unido á las contracciones anti-peristálticas del intestino delgado, pueden pasar al estómago, en donde los embriones por medio de sus ganchos per- foran las túnicas estomacales y arrastrados por el torrente sanguíneo van á localizarse en los diferentes órganos de la economía para transformarse en cysticercus cellulosae. 30 casos se han registrado hasta ahora de sujetos que albergaban al mismo tiempo la Tenia y los cysticercos. La Tenia produce en el huésped lesiones distintas según que se halle al estado adulto, ó bajo la forma de cysticerco cellulosae, siendo muchísimo más peligrosas las afecciones determinadas por el segundo estado que por el primero. A su vez la gravedad de la lesión en el primer estado, depende del órgano seleccionado por la larva para su desarrollo quístico. El cysti- cerco se aloja de preferencia en el tejido conjuntivo intermuscular, viniendo en segundo término el cerebro, el* tejido celular subcutáneo y los ojos. Müller y Dressel afirman por el contrario, que el lugar de residencia elejido Parasitología Animal 178 PARASITOLOGÍA ANIMAL por el parásito es comúnmente el encéfalo, pero es probable que estos au- tores se engañen en sus conclusiones. En efecto cuando el parásito se alo- ja en los músculos, las afecciones que determina no son generalmente gra- ves, producen raras veces la muerte, y aún en este caso no siempre se hace la autopsia; de modo que muchos casos de cysticercosis muscular no serían registrados. En cambio, alojados en los centros nerviosos, producen una série de accidentes oscuros y variados, matan al sujeto que los alberga, obligando al médico á buscar en la autopsia la causa de tan raros y com- plicados fenómenos. Los cysticercos sub-cutáneos y sub-aponeuróticos deben ser compren- didos entre los cysticercos intramusculares. Estudiados especialmente por Lewin, báse comprobado que se alojan siempre en el tejido conjuntivo sub- cutáneos y no en la piel como se creyó durante algún tiempo. En el hom- bre, es raro encontrar el cysticerco debajo de la lengua como en el cerdo. Los únicos observadores que han constatado su existencia en esa re- gión son Rudolphi, Bonhomme y Lancereaux. Respecto á la distribución del cysticerco en los centros nerviosos el caso observado por Bohomme nos dará una idea aproximativa. En el viejo autopsiado en el Hotel Dieu, el encéfalo contenía 111 cys- ticercos, délos cuales 21 se hallaban ubicados en las meninges, 84en el ce- rebro, 5 en el cerebelo y 1 en el.bulbo raquídeo. De 88 observaciones llevadas á cabo por Küchenmeister y publicadas en interesantes estadísticas, se deduce que los cysticercos se alojan de pre- ferencia en las meninges y en la superficie del cerebro. Zenker ha notado además que en estos últimos casos los cysticer- cus se deforman, pierden su aspec- to globuloso, aumentan de volu- men irregularmente, se bifurcan á guisa de racimo y se extienden por el tejido laxo en el cual se hallan ubicados (fig. 89). Este autor divi- dió á las larvas así deformadas y á las cuales denomió Cysticercus ra- cémosles eu cuatro variedades: fes- toneadas, plurivesiculares, acinosas y arracimadas. El cysticercus racemosus ha sido- observado únicamente en los cen- tros nerviosos. Se aloja en los espacios sub-araenóideos del encéfalo y de la médula, así como en los ventrículos cerebrales. Carecen de quisto adven ti- ¡F Fig. 89.-Fragmentos de un Cysticer- cus Racemosus de tamaño natural, según Zenker. PARASITOLOGIA ANIMAL 179 ticio, explicándose por esta razón porqué puede extenderse y deformarse en el tejido laxo de la aracnóides. Calmeil y Foret fueron los primeros ob- servadores que señalaron su existencia confundiéndolos en un principio con hidátides intracraneanos. Más tarde Virchow observó tres casos, Zenker, sie- te, Marchand tres, Klob dos, y Westphal y Meckel uno. Los cysticercos suelen localizarse á menudo en los ojos. Después de la invención del oftalmoscopio, los casos se han multiplicado considerable- mente, por la fácil observación de los cysticercos en la cámara posterior y en la retina. Gráfe presenta una estadística curiosa. En 80.000 sujetos que padecían de enfermedades de la vista, observó 80 casos de cysticercos loca- lizados en el órgano de la visión, que fueron distribuidos de la siguiente manera: Bajo la conjuntiva 5 casos En el tejido conjuntivo de la órbita 1 » » la cámara anterior 3 » » el cristalino 1 » » el cuerpo vitreo 70 » Poncet, en el año 1873, publicó una estadística de 54 casos de cysti- cercos observados por varios autores, á los cuales repartía del siguiente modo: En los papados 3 casos » el tejido conjuntivo de la órbita 10 » Bajo la conjuntiva y en la córnea 13 » En la cámara anterior 9 » » el cuerpo vitreo 19 » La primera observación de cysticercosis del globo ocular es debida á Portal, quien los vió en 1803, confundiéndolos con hidátides. Fig 90.-Cysticerco de la cámara anterior del ojo. A cabeza de cysticerco. Los cysticercos que se desarrollan en la cámara anterior ó posterior del ojo están desprovistos de membrana de cubierta y de quiste adventicio y nadan en el líquido, cambiando de sitio con los movimientos de cabeza del 180 PARASITOLOGIA ANIMAL huésped, siendo frecuente por otra parte, verlos contraerse, así como eva- ginar ó invaginar su extremidad cefálica. Según Leuckart, los cysticercos del cristalino así como los del humor vitreo y del humor acuoso, no se desarrollan en dichos sitios, sino en las membranas vecinas tales como el iris ó la coroides. A.sí por ejemplo, el cvs- ticerco sub-retínico, gracias á su desarrollo hidrópico, deprime la retina, la perfora y por el orificio producido puede caer en la cámara posterior ó en el cristalino. Cuando la retina se distiende fácilmente, el cysticerco no cae en el humor vitreo, se rodea de una cápsula conjuntiva de espesor y consisten- cia considerables, permitiendo el examen oftalmológico constatar su presen- cia en eljondo del ojo. No se ha observado aún un caso de cysticercosis en ambos ojos y Otto Becker es el único autor que ha encontrado dos cysticercos en un mismo globo ocular. Fig. 91.-Cysticerco del humor vitreo obser- vado con el oftalmoscopio, según Grafe; a, cys- ticerco, detrás del cual aparecen los vasos re- tínicos; b, impresión dejadas en la retina y cau- sadas por la presencia del parásito. La longevidad del cysticerco en la especie humana parece ser consi- derable. Lafúte refiere el caso de un sujeto de treinta y cinco años que lle- vaba un^cysticerco en la palma de la mano y que había principiado á des- arrollarse cuatro años atrás. Dumreicher, observó en la región temporal de- recha de un joven de veinte y cinco años, un cysticerco que tenía cuatro años de existencia. PARASITOLOGIA ANIMAL 181 El parásito vive más tiempo aún en el cerebro y particularmente en el ojo. Sámisch encontró perfectamente vivo en un ojo que había enucleado para no comprometer el otro, un cysticerco cuya existencia había reconoci- do diez años antes; Zülzer menciona el caso de una mujer de Breslau, que durante más de veinte años, sirvió de ejemplo en la clínica de oftalmología para enseñar á los estudiantes la presencia del verme en el interior del ojo. Sangalli tuvo ocasión de observar un enfermo que sufrió, durante siete años consecutivos, ataques epilépticos causados por la presencia del cysticerco, Von Gráfe ha visto durar las perturbaciones nerviosas por espacio de nueve años. Davaine, Rodust, Voppel, refieren casos de persistencia del cysticerco durante diez, doce y diez y nueve años. De estos hechos, si bien no se puede establecer con exactitud la du- ración de la vida del cysticercus cellulosae^ dedúcese que puede alcanzar un período de veinte años, y extinguirse á veces con la muerte del huésped que lo aloja. Los fenómenos patológicos provocados por la presencia del parásito dependen del sitio de la economía que ha seleccionado. Los que se hallan alojados en los músculos ó debajo de la piel deter- minan generalmente accidentes de poca importancia. En cambio, los que se radican en el corazón, pueden producir díspnea ó aceleración de la respira- ción, síncopes, aumento de la presión sanguínea, etc. Los cysticercos in- traoculares determinan también fenómenos graves. Los que se alojan en el cristalino causan la opacidad de este órgano, originando un irido-coroiditis que trae Como consecuencia la pérdida de la visión. Como caso excepcional merece citarse la observación de Teale, quien tuvo ocasión de ver un cysticerco que permaneció durante dos años en el globo ocular de un sujeto sin producir perturbación visual alguna. Los cysticercos que se alojan en el encéfalo producen afecciones más graves aún, dando lugar á ataques epilépticos, parálisis, perturbaciones men- tales que van seguidas en regla general por la muerte. La identidad de los cysticercos encontrados en el hombre y en el cerdo fué demostrada experimentalmente por Redon, pues hasta entonces las prue- bas que se tenían sobre ella, se basaban en la semejanza que presentaban unos y otros. Este médico ingirió con un poco de leche tibia cuatro cysti- cercos recogidos en un cadáver, cuya autopsia había sido hecha en el hos- tal de Lión. Tres meses y dos días más tarde, el experimentador constató la existencia de proglótides en sus deposiciones. Examinados detenidamente por el profesor Lortet, comprobóse que se trataba de anillos de T. solium opinión que fué corroborada, mediante la administración de un anti-helmín- tico, que dió por resultado la expulsión de un verme completo que se con- serva aún en el Museo déla Facultad de Medicina de Lión. El desarrollo de la Tenia se explica del modo siguiente: Introducidos 182 PARASITOLOGIA ANIMAL los cysticercos junto con la carne de cerdo, en el estómago del hombre, el jugo gástrico disuelve el quiste y la vesícula que envuelve la extremidad cefálica. Arrastrados, luego, con los alimentos al duodeno, evaginan sus ca- bezas y se adhieren enérgicamente por medio de sus ventosas á las vellosi- dades intestinales. En este momento solo miden lmml/3 largo y se hallan dotados de activas contracciones. A partir del segundo día, el cuello prin- cipia á segmentarse pudiendo observarse la aparición incesante de nuevos anillos porbrotación del escolex, anillos de los cuales puede decirse que cre- cen con igual rapidez que los de la T. inerme, á pesar de que nos falten datos precisos al respecto. La Taenia solium es más corta que la T. saginata, asignándole Da- vaine de 6 á 8 metros, mientras que Leuckart afirma que no pasa de 2 á 3 72 metros, opinando de igual modo Küchenmeister. Sin embargo, estas cifras no son exactas por la limitación tan estricta que hacen del tamaño del verme, siendo común encontrar Tenias armadas de 5, 6 y 7 metros. La cabeza (fig 93) es de forma más ó menos redondeada y mide de 0,5 á 0,7mm y excepcionalmente lmm de diámetro. Lleva en su cara anterior una especie de mamelón proeminente denominado rostello ó probóscide, teñido á menudo de negro y en la periferia del cual se insertan dos hileras concéntricas de ganchos. El rostello puede ser invaginado ó evaginado á vo- luntad del animal. Los ganchos acompañan al probós- cide en sus diversos movimientos afectando por dicha razón situaciones variadas. Alrededor del rostello, pero en un plano más próxi- ximo al cuello, se disponen cuatro ventosas, perfec- tamente redondas, contráctiles y capaces de proyec- tarse más fácilmente que las de la T. inerme. Estas ventosas miden 0,mm4 á 0,mm5 de diámetro. Los ganchos están dispuestos en dos hileras iguales y alternadas, difieren de tamaño (fig. 93), aunque las extremidades libres de todos ellos se hallan en una misma línea. Su número es de 26 á 28 según Leuckart y de 22 á 32 según Davaine. Estas diferencias pueden explicarse por las variaciones individuales así como por la faci- lidad con que se desprenden los ganchos una vez que el verme ha sido expulsado del intestino. En cada gancho es fácil observar tres porciones distintas, un mango, un talón y una lámina ó uña, aunque es más exacto dividirlo en dos partes: una lámina y una base. La lámina es encorvada á guisa de uña de carni- cero y termina por una punta muy afilada. La base está escostada en su Fig. 92.-Cabeza de T. solium vista de frente, enseñando el rostello con sus gan- chos. PARASITOLOGIA. ANIMÁL 183 parte media, y presenta dos lóbulos ó raíces, uno anterior, otro posterior. Cuando el rostello está completamente evaginado, el gancho se inserta sobre él, de tal modo, que una de sus raíces es anterior é interna y la otra pos- terior y externa mientras que la punta de la lámina se halla dirigida hacia la región posterior. La raíz anterior corresponde á la convexidad de la tiña. El tamaño de los grandes ga- nchos varía de 167 á 175 ¡i, y el de los pequeños 110 á 130 [i. A la cabeza de la Tenia sigue el cuello que es más corto y delgado que el de la T. saginata, ■desarrollándose á su continua- ción la cadena cuyo número de proglótides es próximamente de •850 para una T. adulta. \ La estructura de la T. solium es muy semejante á la de la Tenia sagi- nata, ofreciendo sin embargo algunas diferencias que serán expuestas á medida que estudiemos los diferentes órganos de esta última. Fig. 93.-Grande y pequeño gancho de T. solium aumentados 280 veces según Leuckart. Fig. 94-Anillo de T. solium, visto por la cara ventral, según Som- mer.-a, Borde posterior del anillo correspondiente al 628 de la T. saginata; b, laguna longitudinal; c, laguna transversal que esta- blece la comunicación entre las dos lagunas longitudinales; d, canal deferente; e, cavidad del cirro; f, foseta marginal; g, vagina; h, cuerpo de Mehlis; k, útero; m, vesículas testiculares; n, canales espermáticos; o, receptáculo espermático; p, rama descendente del oviducto; q, ló- bulos laterales del ovario; r, canal que reune los dos lóbulos latera- les del ovario; s, lóbulo ovárico impar; t, vaso longitudinal. El sistema vascular es idéntico al de la T. inerme en la porción que corresponde á la laguna longitudinal, pero el vaso, por el contrario, no es -continuo, desapareciendo á trechos para aparecer en seguida (fig. 94, t). 184 PARASITOLOGIA ANIMAL Momez cree que esta obliteración es producida por el desarrollo de las rami- ficaciones uterinas, pero Leuckart afirma que ella se observa en proglótides- cuyos órganos genitales no han adquirido aún completa madurez. Las glándulas genitales aparecen á partir del anillo 250. El poro mar- ginal, según Küchenmeister, obsérvase por primera vez en el proglótide 317,. y adquiere su mayor nitidez en el anillo 350. Los órganos marculinos de la generación se desarrollan como en to- das las demás Tenias antes que los femeninos, hallándose los primeros si- tuados en un plano más próximo á la cara dorsal que los segundos. La formación y desenvolvimiento de las vesículas testiculares, el modo de secreción de estas últimas que arrojan su contenido por medio de cana- lículos sin paredes propias abiertos en el espesor del parénquima del anillo, la constitución del canal deferente y de la cavidad del cirro, son enteramente semejantes á las de la T. inerme. Debemos hacer constar, sin embargo, de que el canal deferente de la primera describe un número mucho mayor de sinuosidades. Con el aparato genital¿hembra sucede otro tanto: y el desarrollo de la vagina, ovarios, cuerpo de Mehlis, oviduc- to, útero se hace de una manera análoga á la que ya hemos descrito para la T. sa- ginata. Diferénciase, sin embargo, en que la T solium ofrece un cuarto ovario (fig. 94) más chico, supernumerario, intercalado en- tre los dos lóbulos laterales, y situado del mismo lado del canal deferente. Este lóbulo accesorio se halla dirigido oblicuamente de atrás hacia adelante. La dirección del canal vaginal es más recta, notándose débilmente el arco que describe desde el depósito espermático has- ta el seno genital. El depósito seminal es más pequeño y fusiforme que el de la T. inerme; la fe- cundación se hace de una manera análoga. Expulsados los espermatozoides de las ve- sículas espermáticas, y acumulados en el receptaculum seminis después de haber pa- sado por el canal deferente, cavidad del cirro y vagina, fecundan los óvulos provenientes de los ovarios. Estos óvulos así fecundados se encaminan á lo largo del oviducto, en dirección al útero, cayendo finalmente en la cavi- lad uteriua que principia á distenderse en el sentido longitudinal debido á .a presión interna de los óvulos (fig. 95). El útero da lugar entonces á las. Fíg*. 95.-Anillo maduro de T. so- Hum, visto por la cara dorsal, se- gún Sommer. Las letras corres- ponden á las mismas explicacio- nes que llevan las de la figura, anterior. PARASITOLOGÍA ANIMAL 185 ramas colaterales, que se hallan en número de 7 á 12 por cada proglótide, afectando una posición dentrítica irregular. Las ramas radicales ó poste- riores están á menudo dilatadas en masa por la enorme acumulación de hue- vos. Las ramas apicales ó anteriores no cruzan la laguna transversal y lle- gan al anillo vecino como en la T. saginata. Gracias á la distensión del útero, el proglótide ha aumentado de tamaño en todos sus diámetros, espe- cialmente en su mitad posterior, razón por la cual el canal deferente y la vagina se han desviado de posición, afectando una dirección oblicuamente curvilínea de atrás hacia adelante y de adentro hacia afuera (fig. 95, d, y, g). Los poros marginales se alternan regularmente de un anillo á otro. Los proglótides son generalmente eliminados en cadena en número de 4, 6 ó 10 de ellos, raras veces aislados, siendo esta propiedad un elemento muy importante para el diagnóstico de la Tenia. Estas cadenas no franquean el ano á despecho de la voluntad del huésped, ni aparecen durante los inter- valos de las deposiciones, presentando los anillos una motilidad mucho me- nos pronunciada que la de los proglótides de la T. saginata. Para reconocer en las deposiciones si un fragmento de Tenia perte- nece á la T. saginata ó á la T. solium, se observa la disposición de las fose- tas marginales. Si esta disposición es alternada regularmente, no cabrá la menor duda de que se trata de un fragmento de T. solium, debiéndose discurrir lo contrario si las fosetas marginales se disponen sin orden ni con- cierto. Como comprobación puede hacerse un corte en el sentido del diámetro longitudinal, por debajo del canal deferente y paralelo á él, observándolo luego al microscopio. El número de las ramificacio- nes uterinas, así como su forma, son caracteres su- ficientes para poder distinguir estas dos Tenias. Si en las deposiciones hubiéramos encontrado anillos aislados, podríamos afirmar que se trata de un caso de T. inerme, pues sabemos que la T. so- lium es eliminada por fragmentos que comprenden 5, 6 y hasta 10 proglótides. La Tenia solium presenta anomalías tan frecuen- tes como la Tenia saginata. Una de las más comunes es la que se relaciona con el número de ventosas. Laker encontró entre 59 vermes expulsados por una enferma dos tenias armadas que tenían seis ventosas y carecían de cresta longitudinal. Esta anomalía no solamente se ha observado en los vermes adultos, sino también en los cysticercos, y Lewin refiere haber visto un cysticerco cellulosse con cinco ventosas, inerme, que presentaba la particularidad de A B Fig. 96.-Anillos ma- duros que demuestran las diferentes formas del útero de las dos grandes Tenias del hombre. A, T. solium.-B, T7. saginata. 186 PARASITOLOGIA ANIMAL que la ventosa supernumeraria ocupaba el lugar que correspondía á las coronas de ganchos. Respecto al número y disposición de estas coronas ■ se han observado también curiosas variaciones. Wyman, en 1845, hizo la autopsia de una mujer norteamericana, de 45 años de edad, que había muerto de tuberculosis pulmonar, encontrando doce á quince cysticercos diseminados en el tejido conjuntivo intermuscular y subcutáneo, y uno en la cara interna de la dura madre en la vecindad de la apófisis crista-galli. Varios de estos cysticercos, conservados en el Museo anatómico de Cambridge, fueron observados en 1850 por Weiland, quien reconoció al microscopio la existencia de una triple corona de ganchos im- plantados en la base del probóscide, (fig. 97). Además de la doble hilera de ganchos «, b, existía una tercera hilera de ganchos más pequeños, r, que carecían de mango. A pe- sar de la diversidad de tamaño, las extremidades libres de todos ellos alcanzaban á un mismo círculo debido á que sus inser- ciones se efectuaban á distintas alturas en el rostello. El número total de ganchos fué calculado por Weinland en 42 y en 48 por Leuckart. Ambos ob- servadores creyeron que este cysticerco correspondía al esta- do larvado de otra Tenia desco- nocida á la cual propusieron el nombre de T. Acantho trias. Kü- chenmeister cree, por el contrario, que el cysticerco observado es una simple variedad del C. cellulosae, diciendo en apoyo de su opinión que la T. echi- nococcus presenta á menudo estas anomalías; y citando el caso de Redón, quien observó una cabeza de T. armada con tres coronas que comprendían 14 ganchos cada una. La Tenia solium se nalla sumamente extendida y se puede decir que es un parásito cosmopolita. En las comarcas en donde se cría el ganado porci- no se le halla con mucha frecuencia. Laboulbéne y Béranger-Feraud han reconocido, sin embargo, que su presencia en Francia va disminuyendo, ob- servando Leuckart en cambio su predominio en ciertas regiones de Alema- nia, tales como la Westfalia, Wurtemberg, el ducado de Brunswick, etc. En América la Tenia solium se ve raramente en las repúblicas del sur del conti- Fig. 97. -Corona de ganchos del Cysticercus acanthotrias, según Weinland. LAM. VII CENIA SOLIUM DE TAMAÑO NATURAL, ACOMPAÑADA DE VARIOS ANILLOS PERTENE- CIENTES Á OTRAS TENIAS DE LA MISMA ESPECIE 1.-Cabeza. 2.-Cuello no segmentado. 3.-Primeros anillos que carecen de po- ro marginal. 4.-Dos proglótides maduros mostran- do el útero de forma dendrítica. 5.-Vasos nutricios laterales. 6.-Poro marginal. 7.-Porción posterior de la estróbila truncada. 8.--Anomalía. 9.-Seis poros marginales en un solo anillo. 10.-Cavidad del cirro. 11.-Vaso transverso. 12.-Ovario dendrítico. 13.--Anillo cuyo diámetro longitudinal há adquirido un tamaño considera- ble. 14.-Últimos proglótides de la cadena en los cuales se puede observar ne- tamente los vasos y el útero. 15.-Un nudo de la estróbila. 16.-Extremidad caudal según Werner. PARASITOLOGÍA ANIMAL E. Perroncito. "la CIENCIA médica" 2080 CÓRDOBA 2080 PARASITOLOGIA ANIMAL 187 nente, siendo bastante frecuente por el contrario en Estados Unidos, país en el cual se hace mucho consumo de carne de cerdo y en donde se le come á menudo sin someterla á una cocción suficiente. En la República Argentina son contados los casos que de ella se han ob- servado. Los hebreos y mahometanos no albergan la Tenia porque las prácticas de la religión les prohíbe terminantemente alimentarse con la carne de cerdo. En Africa y Asia ha sido vista muy raramente: Báelz refiere haberla observado una sola vez en el Japón, El tratamiento profiláctico y curativo de esta Tenia es semejante al de la T. saginata, debiendo el hombre preservarse de comer carne de cerdo cruda, ahumada ó mal cocida, y hacer uso de los mismos antihelmínticos que hemos aconsejado para la eliminación de la T. inerme. Taenia ecliinococciis-von Siebold, 1853 Sinonimia: lamia cateniformis Rudolphi, 1810 T. crassicollis Diesing, 1851 T. serrata JRolli Küchenmeister T. nana van Beneden, 1861 I. echinococcifer echinococcus Weinland, 1851 La Tenia echinococcus que en el estado adulto vive normalmente en el intestino delgado del perro, determina en su estado larvado afecciones gra- ves tanto en el hombre como en los animales, que conducen el enfermo á la muerte sino interviene oportunamente el hábil bisturí de un cirujano. Es el más pequeño délos cestoides conocidos. Mide 2 mm 1/2 á 3 mm de longitud, pudiendo alcanzar excepcionalmente 5 aún 6 1/2 mm como en un caso observado por Krabbe. En ella debemos considerar la cabeza, el cue- llo y el cuerpo ó estróbila. La cabeza es pequeña de 0, 3mm de diámetro pro- vista de cuatro ventosas y de un rostello bien pronunciado en cuya base se inserta una doble corona de ganchos. Los autores no están de acuerdo sobre el número de estos ganchos; Siebold y Küchenmeister le asignan de 14 á 18; Leuckart de 14 á 25, Krabbe de 16 á 20. Tan gran anarquía se ex- plica por la facilidad con que se desprenden, siendo sumamente raro en- contrar una Tenia que presente su corona intacta. Los ganchos de la T. adulta difieren mucho de los del echinococcus, pues mientras que en los primeros la lámina, el talón y el mango se hallan perfectamente desarrollados, en los segundos el mango permanece en esta- do rudimentario hasta el momento de la metamorfosis. En cambio la uña ha adquirido un completo desarrollo y la base, pequeña en un principio, au- menta progresivamente de tamaño, de modo que en tenias de diferentes eda- 188 PARASITOLOGIA ANIMAL des se pueden observar fácilmente el desarrollo paulatino de los ganchos. Una vez que han terminado el crecimiento, los grandes ganchos miden según Leuckart de 45 á 46 ¡i y los pequeños de 30 á 38 |i. Von Siebold les asigna dimensiones menores, y dá á los grandes una longitud de 34 ¡i y á los menores de 21 á 28 ¡i. A continuación de la cabeza sigue un cuello corto que tie- ne 0.25mm de diámetro transversal y que se continúa insensi- blemente con el primer anillo. Este proglótide es casi cua- drado tiene límites mal acusados y en el interior no se ob- serva órgano alguno de degeneración. El segundo anillo tiene un diámetro longitudinal dos veces mayor y en él ya se puede ver canal deferente, vagina, ovarios, cavidad del cirro y huevos. Cuando este anillo se halla próximo á desprenderse, di- bújase por detrás del cuello la formación de uno nuevo; de tal modo que en ese instante la tenia presenta cuatro progló- tides. El poro marginal es regu- larmente alternado semejante á lo que hemos visto en la la T. so- lium. El tercer anillo es mayor que los otros dos juntos, mide 2 mi- límetros de largo por por 0, nini6 de ancho, tiene un aparato reproductor perfectamente des- arrollado y encierra en su in- terior no menos de quinientos huevos. El aparato excretor ha sido bien estudiado por Fraipont, siendo fácil observar cuatro canales longitudinales, dispues- tos por pares á cada lado de la línea media, correspondien- do por consiguiente una laguna y un vaso longitudinal para cada mitad del cuerpo de la tenia. La laguna durante su trayecto se subdivide en un cierto número de canalículos, que luego se vuelven á unir para constituir un tron- co único. El vaso más sinuoso y delgado que la laguna, comunica con ésta me- diante cortas anastomosis y con el vaso del lado opuesto por medio de ca- nales transversales alojados en el espesor del parénquima del proglótide. Estos cuatro canales longitudinales se reunen luego, en la extremidad anterior, para formar destróneos que van á arrojarse en un anillo vascular situado en la cabeza de la Tenia, y forman de igual manera en la extremidad Fig. 98.-Corona de gan- chos de Tenia echivococcus expulsada por un perro is- landés, según Krabbe. Fig. 99. - Tie- rna echinococcas. PARASITOLOGIA ANIMAL 189 posterior dos canales únicos que van á desembocar en una vesícula media de pared espesa y contráctil. Finalmente en la porción posterior de la es- tróbila suele encontrarse un gran número de infundíbulos ciliados en donde terminan numerosos canalículos. La función de estos infundíbulus, así como su relación con el aparato vascular, no ha sido determinada aún. El aparato reproductor macho consta de vesículas testiculares que se hallan en número de sesenta próximameute y miden 70 p.. Estas vesículas encierran en su interior espermatozoides que adquieren un tamaño conside- rable. El canal deferente es varias veces contorneado sobre sí mismo y la cavidad del cirro muy contráctil, midiendo de 0,mm4 á 0,mm5. Fig. 100.-Ganchos de Tsenia echinococcus de un perro danés según Krabbe. Fig. 101.- Tceenia echinococciís. De una pre- paración existente en el laboratorio del profe- sor R. Wernicke. Los órganos genitales hembra se hallan representados por vagina rec- tilínea,, receptaculiim seminis pequeño, dos ovarios laterales bien desarro- llados y un tercero posterior, todos lobulados. La vagina presenta la parti- cularidad de ofrecer en su parte media una dilatación de 50 |i de diámetro cuyas paredes quitinosas lleva una serie de apéndices dirigidos hacia afuera. Los dos ovarios laterales comunican entre sí por un canal transversal. De este canal parte el oviducto, que comunica con el receptaculum seminis hacia la parte posterior, hasta encontrarse con el canal que se desprende del 190 PARASITOLOGIA ANIMAL tercer ovario; se encorva luego hacia abajo, cambia de dirección para diri- girse finalmente hacia adelante y terminar en el útero. Falta el cuerpo de Mehlis. Cuando el anillo se halla próximo á ser eliminado encie- rra cerca de 500 huevos que tienen una forma ovalar y mi- den 30 ¡x por 27 p. Estos huevos se hallan recubiertos por una cutícula muy delgada, ligeramente granuloso, y alojan en su interior un embrión exacanto. Las evoluciones de esta tenia tienen lugar de la manera siguiente. Una vez eliminados los huevos al exterior, arrastrados por los vientos y las aguas, van á depositarse en hortalizas que sirven de ali- mento á los animales y al hombre, ó bien permanecen en el agua de la cual se sirven éstos para el consumo. La infección puede hacerse directamente. Muy conocida es la intimi- dad que tiene el hombre con el perro en muchas localidades, como por ejemplo, en nuestras campañas, donde el perro forma parte integrante de la familia, viviendo en las mismas habitaciones, comiendo en los mismos platos, constituyendo para el gaucho su más fiel amigo, y por ende uno de sus más terribles enemigos. El gaucho tiene costumbre de dar de comer al perro con el mismo tenedor con que come, repartiendo los bocados por igual, y claro es que el segundo puede infectar directamente al primero, si recorda- mos que numerosos huevos de T. echinococcus quedan adheridos en los pelos de la región anal al efectuar las defecaciones y que el perro por hábito de limpieza ha adquirido la costumbre de lamerse dicha región frecuente- mente. Una vez introducidos los huevos en el aparato digestivo llegan al es- tómago y se encuentran en presencia del jugo gástrico. Este disuelve la membrana de cubierta al cabo de cuatro ó cinco horas, así como lo ha com- probado Leuckart en conejos á los cuales había hecho ingerir huevos de T. echinococcus. El embrión exacanto es, por consiguiente, puesto en liber- tad, y arrastrado por las substancias alimenticias, mezclado con el quimo, pasa á la primera parte del intestino delgado, el duodeno, en donde hace uso de los ganchos de que está provisto, se acerca á la mucosa intestinal, y se abre finalmente paso al través de las túnicas para ir á localizarse en dife- rentes regiones del organismo, preferentemente en el hígado. ¿Cual es la vía que el embrión sigue en esta marcha ulterior, antes de ir á radicarse definitivamente en los órganos de la economía? En la generalidad de los casos el embrión exacanto, después de haber atravesado las paredes intestinales, penetra en los capilares y es arrastrado por intermedio de la vena porta hasta el hígado en donde se fija para dar lugar á la variedad más común de quistes hidatídicos. Observaciones de Huevo de T. ecliinococcus. PARASITOLOGIA ANIMAL 191 Leuckart demuestran haber probado vanas veces la existencia de embriones en la sangre de la vena porta de conejos infectados con huevos de T. echi- nococcus. Estos embriones tienen en la mayoría de los casos un diámetro mayor que el de los capilares del hígado y por esta razón se detienen en la glándula hepática; pero á menudo suelen salvar este escollo, gracias á su elasticidad» y entonces pasan á las venas supra-hepáticas mediante las anastomosis que unen éstas á la vena porta. De aquí remontan al corazón derecho, pasan luego á la arteria pulmonar y son finalmente transportados hasta el pulmón en donde se detienen, ó sino siguen el trayecto de la circulación general y son llevados á los diferentes órganos de la economía. Este modo de infección es seguramente el más común y explica por qué los quistes se localizan preferentemente en el hígado. Algunos autores son partidarios de la migración directa y dicen que los embriones de las túnicas intestinales pasan á los capilares quilíferos, de aquí á los vasos quilíferos, al canal torácico, corazón derecho, arteria pul- monar y pulmón, para localizarse en él ó repartirse en los demás órganos. Pero este modo de infección no debe ser muy frecuente, pues sino no se explicaría porque son más comunes los quistes hidáticos en el hígado que en el pulmón. Leuckart ha estudiado detenidamente el desarrollo del embrión exa- canto en el interior dp los tejidos haciendo ingerir á chanchitos de leche anillos maduros de tenia echinococcus. Sacrificados cuatro semanas des- pués, presentaban debajo de la túnica serosa del hígado pequeñas granula- ciones de color blanco, que medían aproximadamente un milímetro. Estos pequeños nodulos de aspecto tuberculoso, se habían desarrollado en el es- pesor del tejido interlobular y á expensas de este último. Cada uno de ellos estaba formado por un quiste de cápsula homogénea y transparente, de 25 á 50 ¡i de espesor, y que encerraba en su interior numerosas granulaciones. a B La cápsula con el contenido gra- nuloso y brillante constituye un hidálide joven protejido y aislado por un quiste de naturaleza con- juntiva. Al fin de la octava semana los quistes han duplicado su tamaño, midiendo la mayoría 1 mm de diámetro y alcanzando algunos á 2 mm y 2 mm i/2. £n su interior se han ahuecado y las granulacio- nes parecen haberse condensado en la cara interna de la cutícula. Fig. 103-Corte de la pared de un hidá- tide joven. A Corte de la cutícula ó cáp- sula. B. Corte de la cápsula y de la mem- brana germinativa. 192 PARASITOLOGÍA ANIMAL al mismo tiempo que el hueco dejado se halla ocupado por un líquido trans- parente. Esta capa granulosa que reviste interiormente la cutícula y formada á expensas de la condensación de los gránulos sólidos y brillantes ha sido denominada membrana fértil ó germinativa, estratum parenquimatoso, etc. Mientras tanto la cápsula ha tomado el aspecto de una verdadera cutícula, adquiriendo hasta 70 ¡i de espesor; se halla formada por un gran número de láminas superpuestas que le dan una estructura foliácea (fig. 103), y está ta- pizada en su interior por la membrana germinativa en la cual á su vez se puede reconocer la existencia de numerosas células granulosas y estrelladas que ocupan los intersticios irregulares de la superficie. Diecinueve semanas después de la infección la glándula hepática ence- rraba quistes del tamaño de una avellana y aún de una nuez, que se encon- traban alojados debajo de la cápsula de Glisson, y que levantaban esta úl- tima. Estos quistes tenían una forma esférica, un diámetro de un centímetro á un centímetro y medio y se hallaban rodeados de una capa de tejido con- juntivo (fig. 104,. D), denominada capa periquística, formada á expensas del órgano en el cual se alojan. Cada quiste ofrecía una membrana externa, una interna y un contenido líquido.?La membrana externa, cápsula, ó membrana madre se presenta bajo el aspecto de la albúmina cocida; se disgrega con facilidad entre los dedos, es insoluble en el agua fría ó hirviendo, se colorea de amarillo con el ácido nítrico y de rojo con el ácido clorhídrico y se di- suelve en la potasa dando un líquido que no se enturbia con los ácidos. La membrana interna ó germinativa fué descubierta por Goodsin en 1844, y ha sido muy bien estudiada por Ro- bín. Mide 0,21 milímetros de espesor y es de estructura granulosa; contiene corpúsculos calcáreos de tamaño va- riable que se disuelven en los ácidos sin desprendimiento de gases. Llegado á este grado de crecimiento el hidátide se presenta como una ve- sícula llena de agua, fácilmente com- presible, aplastándose en el punto de contacto cuando se le coloca en un plano sólido. Es entonces que princi- pia la formación de los echinococcus que toman, origen en la pared interna de la vesícula madre por un proceso particular. En la cara interna de la mem- Fig. 104-Corte de un quiste. A, Mem- brana germinativa con desarrollo de una vesícula proligera. 7?, Cápsula. C, Tejido celular intercístico. D, Capa pe- riquística. PARASITOLOGÍA ANIMAL 193 brana germinativa aparecen pequeñas papilas que van creciendo paulatina- mente, produciéndose en su interior un hueco ó cavidad á medida que la pared de cubierta se adelgaza. Esta cavidad ha sido designada con el nombre de vesícula prolígera (Brutkapsel de los alemanes y cisti-nido de los italianos) y en su interior se forman las cabezas de T. echinococcus por un procedi- miento que Leuckart y Moniez interpretan de diferente manera: Fig. 105.-Membrana madre ó cápsula de un quiste hidatídico del hígado observado por los Dres. Herrera Vegas y Cranwell. Según Leuckart, se forma hacia afuera un brote hueco que comunica con la cavidad de la vesícula prolígera por un canal más ó menos estrecho (fig. 106, c). Este brote está tapizado interiormente por la misma membrana germi- nativa que la vesícula madre, solo que en el primero ha aumentado de es- pesor. Más adelante en el íondo de este infundibulum aparecerían las ven- tosas y los ganchos, d. Por último, mediante un movimiento de desenvagi- nación de la cabeza, el brote pasaría al interior de la vesícula prolijerada^ haciéndose externa la cara que era interna y recíprocamente. Luego se es- trecharía cada vez más el pedículo hasta que por fin se rompería, quedando la cabeza del echinococcus libre en el interior de las vesículas prolígeras. Finalmente con la ruptura de esta última, el joven hidátide nadaría en com- pleta libertad en el líquido del quiste madre. Parasitología Animal 194 PARASITOLOGÍA ANIMAL Fig. 106.-Figura teórica indicando las diversas maneras de multiplicarse que tienen los quistes hidatídicos, según R. Blanchard.-a, b, desenvolvimiento de la vesícula proliferada á expensas de la membrana germinativa.-c, d, e, desenvol- vimiento de las cabezas de tenia, según la opmión de Leuckart.-f, g, h, i, k, des- arrollo de las cabezas según la opinión de Moniez.-Z, vesícula proliferada bien desenvuelta y llena de cabezas de tenia.-m, vesícula proliferada cuya pared se ha roto, conservándose un solo fragmento al nivel de la implantación de tres equinococos que tienen la cabeza en diferente grado de invaginación.-n, cabeza puesta en libertad por la ruptura de la vesícula proliferada.-o,p, q, r, modo de formarse las vesículas secundarias exogenas.-s, vesícula exógena en cuyo interior se ve una vesícula proliferada fértil.-t, vesícula exógena que ha produ- cido dos vesículas nietas, una endógena y otra exógena.-u, v, x, manera de for- marse las vesículas secundarias endógenas según Kuhn y Davaine.-y, s, mane- ra de formarse las vesículas secundarias endógenas según Naunyn y Leuckart. Según Moniez, que ha estudiado minuciosa- mente estos fenómenos, los hechos pasarían del modo siguiente: en el interior de la vesícula pro- ligera, se forma un mamelón redondeado, sin evaginar, y tapizado exteriormente por la misma membrana que tapiza interiormente la vesícula, f; poco tiempo después este brote toma sucesiva- mente una forma ovoide, g, aparece en el cue- llo un estrechamiento, h, en cuyo borde se in- Fig. 107-Cabezas invagina- dasde equinococos. A. jo- ven. B. estado definitivo. PARASITOLOGIA ANIMAL 195 certan los ganchos rudimentarios; más tarde se pediculiza, hasta que por último el pedículo se rompe dejando ála cabeza armada del equinococus en libertad. Estos equinococus se hallan en número de 5 á 20 en cada vesícula prolígera, habiéndose observado á veces hasta 35. Moniez refiere haber observado algunas veces la formación de los brotes de una manera semejante á la que describe Leuckart, pero sostiene que la cabeza toma nacimiento en el interior del brote de una manera directa, k, sin que haya desenvaginación de esta última aunque el brote desenvagine. Ambos autores están contestes en que las cabezas se forman siempre en el interior de las vesículas prolíferas, á las cuales están unidas mediante un pedículo que se va estrechando cada vez más hasta que por fin se rompe para dejar libres á los equinococos, m, n. Estos equinococos miden de 0.10 á 0.19 milímetros de diámetro y presentan en el polo anterior una depresión que corresponde á la invaginación de la cabeza. En el fondo de esta depre- sión se ven las ventosas y los ganchos dispuestos en dos verticilos que miden de 70 á 80 p. de longitud. Poco tiempo después la cabeza evagina (fig. 108) y se hincha al nivel de las cuatro ventosas;á continuación sigue el cuello, que presenta en su porción posterior y media una depresión en donde tomaba in- serción el pedículo que unía antes el equinococo con la vesícula prolígera. En la superficie del cuerpo se hallan di- seminados numerosos corpúsculos calcá- reos, más abundantes en la mitad posterior que en la mitad anterior. Los ganchos son muy semejantes á los de la tenia adulta, difiriendo en su menor tamaño y en la forma más afilada de la base. Miden según Leuckart los mayores 30 p. y los menores 24 p., asignándoles Blanchard 23 p. á los primeros y 20 |i á los segundos. La cabeza del equinococo se halla reco- rrida en su longitud por cuatro vasos que se reunen hacia adelante mediante un vaso circular situado por debajo de la corona de ganchos, y hacia atrás de dos en dos, des- lizándose á lo largo del pedículo y guar- dando con los vasos de la vesícula prolí- gera relaciones de continuidad muy íntimas. Además de las vesículas prolígeras, la membrana germinativa puede dar lugar á vesículas hijas denominadas vesículas se- cundarias que tienen una constitución idén- tica al hidátide madre, y pueden crecer en el interior del quiste (multiplicación por bro- ación endógena), ó en el exterior, (multipli- 108-Equinococo libre. Gan- chos aumentados de tamaño. 196 PARASITOLOGÍA ANIMAL cación por brotación exógena). Las vesículas secundarias exógenas toman nacimiento de la manera siguiente: entre dos láminas de la porción interna de la cápsula aparece un pequeño corpúsculo granuloso (fig. 106, o) que separa las láminas en su des- arrollo creciente y se rodea más adelante de una débil cutícula, p; á medida que crece se aproxima de las capas más externas de la cápsula madre, q, hasta que por último se desprende por completo adquiriendo su libertad, for- mando una vesícula secundaria exógena ó hidátide hijo, r, (Tochterblasen) que ofrece como la madre, una membrana externa ó cápsula, una interna ó membrana germinativa y un líquido que llena todo el espacio interior ó lí- qüido hidatídico. Estas vesículas secundarias dan lugar en su interior á la formación de las cabezas de equinococos, s, por un proceso semejante al que hemos explicado anteriormente, y pueden, cuando la resistencia de los tejidos lo permite, originar vesículas terciarias ó hidátides nietos de un modo análogo, Z, (Enkelblasen). La multiplicación endógena se efectúa de una manera parecida. Apa- rece como en el caso anterior un núcleo granuloso entre dos láminas de la cápsula; este núcleo se rodea de una cutícula propia, se aproxima á la parte interna del hidátide madre, u, se desprende finalmente y cae en el interior del líquido hidatídico, v, formando una vesícula secundaria endógena que, á su vez, puede originar vesículas terciarias, etc. De modo que podríamos representar por el siguiente cuadro la multi- plicación de los equinococcus. HIDATIDE MADRE vesícula prolígera encerrando en su interior cabezas de equino- coccus vesículas secundarias ó Tochter- blasen exógenas ó endógenas vesícula prolígera con cabezas de equinococcus vesículas tercia- ciarlas ó Enkel- blasen exógenas ó endógenas, etc. PARASITOLOGÍA ANIMAL 197 Los quistes con desarrollo de vesículas exógenas, que han sido deno- minados Echinococcus gramilosus, se observan comúnmente en los rumian- tes. Megnin publicó un caso curioso observado en el caballo; y en el hombre ha sido visto un centenar de veces, la mayoría de ellos localizados en el epiploón y en los huesos. Muy á menudo el equinococo sufre una modificación particular; hay formación de vesículas secundarias; pero ni éstas, ni el hidátide madre dan lugar á vesículas prolígeras con cabezas de tenia; esta monstruosidad abor- tiva ha. sido denominada por Laénnec Acephalocystus. A veces se observan en un mismo quiste la existencia de acéfalocistos y de hidátides fértiles. Los acéfalocistos se observan con mayor frecuencia entre los hidátides de repro- ducción endógena que entre los de reproducción exógena. Se han encon- trado en el hombre como en los ani- males y se ubican preferentemente en el cerebro y en los huesos. Además de estas especies de quistes, existe otra variedad de equinococo que no habido vista en la República Argen- tina, pero que abunda en Babiera, Sui- za, Austria y Rusia. Hablamos del quis- te multilocular. Se desarrollan especial- mente en el hígado y en los huesos y se hallan constituidos por numerosos y pe- queños hidátides, unos fértiles, otros abortivos que dan lugar á vesículas se- cundarias exógenas, las cuales á su vez producen terciarias, que se aglomeran, comprimen y llegan á necrosar los teji- dos en los cuales se hallan alojados. En un principio fueron confundidos con el cáncer coloideo y por esta razón se les designaba con el nombre de coloide al- veolar, pero más tarde Zeller y Virchow demostraron su naturaleza parasitaria. Hé aquí la descripción que de ellos hace Max-Braun: «El equinococo multilocular se presenta como un tumor que puede alcanzar las dimensiones de una cabeza de adulto. No forma una ve- sícula libre, sino que se compone de innumerables y muy pequeñas vejigui- llas de 0,1 milímetro á tres ó cuatro milímetros de diámetro, que están im- plantados en un estroma de tejido conjuntivo. Las vejiguillas están rodeadas Fig. 109- Equinococo multilocular observado en el hígado de la liebre. 198 PARASITOLOGIA ANIMAL de una cutícula estratificada, que en las juveniles están repletas de una masa parenquimatosa granulosa; en las más viejas se encuentra un hueco central lleno de una masa gelatinosa y una capa de parénquima debajo de la cutícula. Solo una pequeña parte de ellas llegan á producir cabecillas». Primeramente creyóse que los equi- nococos multiloculares eran producidos por el estado^larvado de una tenia dis- tinta á la T. echinococcus. Pero los trabajos de Mangold y Müller han com- probado la identidad causal de ambas. Estos autores hicieron ingerir á pe- rros fragmentos de quiste multilocular y observaron que estos animales des- arrollaban ¿en el intestino al cabo de un cierto tiempo una tenia enteramente semejante á la T. echinococcus. Fig. 110-Sección de un equinococo multilocular, según Perroncito. Fig. 111.-Quistes hidatídicos múl- tiples del abdomen. (Herrera Ve- gas y Cranwell). Los quistes á equinococos pueden desarrollarse en gran número en un mismo individuo, como lo prueban los numerosos casos de quistes hida- PARASITOLOGÍA ANIMAL 199 tídicos múltiples del abdomen que se registran en la historia de la Parasi- tología. Esta forma de infección tiene especial importancia para nosotros, pues en la República Argentina se ha observado gran número de veces, y en la mayoría de los casos la intervención quirúrgica no ha dado resultado, terminando la enfermedad con la muerte, como lo comprueba una estadís- tica de 26 casos llevada á cabo por los doctores Herrera Vegas y Cranwell. Estos quistes están formados por numerosas vesículas hidatídicas de tamaño variable que se localizan preferentemente en el epiploón, mesen- terio, mesocólon, apiñándose y comprimiéndose y llegando finalmente á pro- ducir dilataciones abdominales enormes. Una infección tan grande sólo puede explicarse por el desenvolvi- miento exógeno de los hidátides para los casos de multiplicidad en un mismo órgano, ó bien, para los casos de multiplicidad en diversos órganos, por la siembra de gérmenes en el peritoneo producida por ruptura artificial ó accidental de un quiste. Fig. 112.-Quiste hidatídico desarrollado en el espesor de las paredes del abdomen (Obs. del prof. Gandolfo). Las dimensiones que alcanzan suelen variar en gran escala. Los de reproducción endógena llegan á adquirir tamaños verdaderamente extraor- dinarios, habiendo observado Leuckart quistes que pesaban 12 y 15 kilos; en las clínicas de los hospitales de la capital sé han visto casos numerosos de quistes que variaban desde el tamaño de una cabeza de feto á término hasta el de la cabeza de una persona adulta y aún más. El tiempo que puede vivir la larva de la T. echinococcus no ha sido bien determinado aún. Finsen dice que pueden existir durante decenas de años en un órgano interno sin manifestar su presencia por síntoma alguno; Courty refiere la observación de un individuo que llevó durante 35 años un quiste hidatídico en la región ilíaca. 200 PARASITOLOGÍA ANIMAL Cuando los hidátides encierran vesículas secundarias, se observa en ellos un singular fenómeno físico cuya causa y existencia fué reconocida por Brianqon en 1828. Observó este autor que cuando los quistes eran superfi- ciales ó fácilmente palpables, solían ser el asiento de un fenómeno que.él Fig. 113.-Bazo con dos quistes hidatídicos. Pieza encontrada en una autopsia, (Obs. personal). Herrera Vegas y Cranwell denominó temblor hidatídico, y que se percibía cuando poniendo la mano extendida sobre uno de estos quistes, se daba con la otra mano un golpecito seco sobre el tumor. Producíase en la mano cuya palma estaba apoyada Fig. 114.-Corte longitudinal de la pieza representada en la figura precedente Herrera Vegas y Cranwell. sobre el quiste la sensación de un estremecimiento análogo al de un cuerpo que vibra. Si en lugar de la percusión hacemos uso de la auscultación, el oído percibirá después de aplicar en el quiste un golpecito brusco, vibra- ciones análogas á las que podría producir una bordona de violón poco PARASITOLOGIA ANIMAL 201 tensa. Estas vibraciones no siempre tienen la misma intensidad, ni se per- ciben con la misma nitidez, pero se puede decir que son constantes en los quistes que encierran vesículas secundarias. Brianpon dice que la intensidad de estos fenómenos depende probablemente del número de acéfalocistos contenidos en el interior de un hidátide madre y de la cantidad del líquido hidatídico. El líquido que llena la cavidad del hidátide es incoloro y transparente, raras veces ligeramente amarillento. Tiene una densidad de 1009 á 1015 y es de reacción neutra ó débilmente ácida. Encierra 1 72 % sales inorgáni- cas, correspondiendo la mitad al cloruro de sodio. Claudio Bernard, Lücke, Naunyn han reconocido la presencia de la glucosa. Háse observado también leucina, tirosina y ácido succínico combinado con el calcio. Algunos han afirmado la existencia de la inosita, pero Naunyn sostiene que esta substan- cia, constante en el líquido hidatídico de los quistes de los carneros, falta siempre en el hombre. No se coagula por el calor ni por los ácidos. Este fenómeno fué observado por Redi, Dodart y Pallas. Carece de albúmina, pero esta ausencia solamente se produce en el período de actividad de los embriones, pues según las investigaciones de Gübler, el líquido hidatídico se modifica en su estructura después de la muerte de los equinococos. En efecto, según algunos autores los equinococos se nutren con las substancias albuminoideas segregadas por la membrana quística, y por eso se explicaría la carencia de albúmina durante el período de vitalidad de las larvas. Gübler explica el fenómeno de otra manera: según él los equinococus se alimentan del suero sanguíneo que pasa osmóticamente al través de la membrana. Al morir, el líquido se hace albuminoso, porque la albúmina que pasa por diálisis, no es consumida por los embriones en su nutrición. Además de las ya mencionadas, se han señalado la existencia acciden- tal de numerosas substancias, tales como la hematoidina, muy bien estu- diada por Habran, sales de la orina en los hidátides renales, colestearina, elementos de la bilis en los quistes del hígado. En cuanto á la azúcar pro- viene indudablemente de la sangre y su presencia se explica porque ha pa- sado por osmosis al través de la membrana quística; no es originada por una transformación de la cápsula del equinococo como se creyó durante cierto tiempo. Respecto á la hematoidina y hemoglobina provienen de la ruptura de numerosos capilares que irrigan al quiste. El líquido hidatídico no es tóxico; administrado en inyecciones á co- bayes y ranas no produce reacción alguna. Estos experimentos, repetidos muy á menudo entre nosotros por el Dr. Viñas, han dado siempre el mismo resultado. Mourson y Schlagdenhchaufen señalaron también en este líquido la presencia de una leucomaína ó toxoalbúmina que inyectada en el tejido ce- lular subcutáneo, producía una inflamación vivaz de los tejidos y aun la Fig. 115.-Quiste hidatídico del lóbulo frontal izquierdo. (Cranwell. Clínica Quirúrgica) PARASITOLOGÍA ANIMAL 203 muerte rápida. Por esta razón, cuando se rompe un hidátide, el derrame del líquido hidatídico dá lugar en el hombre á urticaria ó peritonitis mortal. La •cantidad de leucomaína que existe en el líquido suele variar en el grado de desarrollo del quiste. En el instante del desarrollo de las cabezas de tenia el líquido contiene su máximum de leucomaína, y esta cantidad disminuye pau- latinamente en otros estados, explicándose por este motivo por qué á veces la ruptura de un hidátide puede engendrar accidentes muy serios y otras veces no. Ya hemos visto que los embriones hidáticos arrastrados por la corriente sanguínea pueden localizarse en diferentes órganos de la economía para engendrar los quistes. Sin embargo, las estadísticas nos muestran que ciertos órganos son seleccionados especialmente por los equinococos para su resi- dencia. Los Dres. Herrera Vegas y Cranwell han recogido cuidadosamente todos los casos que de esta enfermedad se registran en Buenos Aires, habiendo llegado á un total de 1690 desde el año 1875 hasta el 1907. Los quistes hidatídicos del hígado perturban en general profunda- mente el funcionamiento normal de la glándula. Sin embargo el estado apa- rente del individuo parece ser bastante satisfactorio y sólo se queja de tras- tornos digestivos, dolores en la región lateral derecha del abdomen, repug- nancia por las materias grasas y una sensación de molestia en la cavidad abdominal. Poco á poco el quiste se va desarrollando; produce dilatación netamente visible de la región invadida; el tejido hepático se comprime y se destruye; los canalículos biliares se atrofian por compresión; la producción de la bilis se obstaculiza; así como se obstruye el pasaje de la sangre en la vena porta. Efectuándose en malas condiciones la circulación portal, pro- dúcense derrames serosos por filtración al través de las paredes de la vena, derrames que originan verdaderas hidropesías. El quiste hepático puede romperse y derramar su contenido en la pleura y en los bronquios por perforación del diafragma, en el tubo digestivo, en las vías biliares, vasos sanguíneos, pericardio, órganos genitales, ó á través de la pared abdominal. Los quistes del pulmón vienen en segundo orden, localizándose de preferencia en la base de los pulmones y especialmente en la del pulmón derecho. Bird explica la infección pulmonar de la manera siguiente. Dice este autor que en el polvo de las calles de Melbourne se encuentran gran cantidad de residuos excrementicios de perro, los cuales dispersados por el viento seco y caliente, pueden ser llevados al aparato pulmonar mediante el aire inspirado. Ahora bien, como en esos excrementos abundan los huevos de tenia, no es difícil que penetren de este modo al pulmón. Herrera Vegas cree que semejante manera de infección no es la común y es más lógico admitir que la infección se produce por vía digestiva, y luego migración pasiva del embrión mediante la circulación sanguínea, ó en casos excep- Fig. 116.-Quiste hidatídico del cerebro.-Corte horizontal del®Fcerebro representado en la figura anterior (Cranwell. Clínica Quirúrgica). PARASITOLOGÍA ANIMAL 205 cionales migración activa desde el hígado hasta el pulmón al través de los tejidos. Los equinococos pulmonares adquieren á veces tamaños considera- bles, pudiendo hacer sufrir á los órganos vecinos tales como el corazón y el hígado desplazamientos notables. Los bronquios experimentan alteraciones importantes, siendo rechazados lateralmente y desgastados, llegando á veces á romperse y comunicar con la cavidad quística. Fig. 117-Quiste hidatídico del hígado (lóbulo derecho, cara inferior). K, quiste; H, lóbulo derecho; I, lóbulo izquierdo. (Observación de los doctores Herrera Vegas y Cranwell). Los vasos pulmonares son también comprimidos y desplazados por el desarrollo creciente del hidátide, habiéndose observado casos de muertes hemorrágicas. Cuando adquieren gran tamaño pueden ser causas de pleuresías secas ó purulentas y por último suelen romperse, efectuándose dicha ruptura en los bronquios, en la pleura, en el pericardio, y al través de las paredes torá- cicas ó abdominales. La ruptura en los bronquios es la más frecuente, y se produce espontáneamente á consecuencia de una punción ó de una acción 206 PARASITOLOGÍA ANIMAL traumática. Estos casos son favorables, pues entonces el quiste se cura por la evacuación del contenido mediante el vómito pulmonar. El sexo parece no tener influencia en el desarrollo de los quistes, y las estadísticas que se han levantado al respecto dan mayor proporción de va- Fig. 118-Quiste liidatídico del pulmón (pieza anatómica existente en el Museo de Anatomía patológica de la Facul- tad de Medicina.) Herrera Vegas y CranwellJ roñes ó de mujeres según el predominio de otras causas. Así, por ejemplo,, en los países europeos es de suponer que el mayor número corresponda al sexo femenino, pues este sexo se halla más en contacto con la raza canina PARASITOLOGÍA ANIMAL 207 exponiéndose por consiguiente á una contaminación más frecuente; en nues- tras campañas debería predominar en el sexo masculino, si recordamos la vida tan íntima que llevan los gauchos de nuestra república con los perros, animales que constituyen para los primeros sus más fieles y adiptos com- pañeros. A cada momento el hombre se halla expuesto á una infección directa. El gérmen patógeno puede ser depuesto por el perro junto con las materias fecales y arrastrado por los vientos y agua ir á parar sobre vegetales co- mestibles que no sufren cocción previa como las ensaladas, frutilla, rábanos, etc., para de ahí ser transportados al tubo digestivo del hombre, ó bien este mismo huevo es transmitido directamente por el perro en las caricias de agradecimiento que retribuye á su protector. 86 casos de quistes hidatídicos, observados por Krummacher, se repar- tían entre 41 hombres y 45 mujeres; Finsen en 255 casos, encontró 94 de los primeros y 155 de los segundos, y Neisser en 358 casos, pudo ver que 148 correspondían al sexo masculino y 210 al sexo femenino. En la estadística levantada en nuestro país por los Dres. Herrera Ve- gas y Cranwell, en 1690 casos, figuran 837 hombres y 853 mujeres. La edad tampoco por si propia parece señalar una mejor predisposición para adquirir la enfermedad; entre nosotros podemos observar gran frecuencia de quistes en los niños de nuestras campañas, frecuencia que se explica por el hábito que tienen éstos de jugar continuamente con los perros; mientras que en los otros países apenas constituyen el 5 % del número total de casos. Las profesiones no representan tampoco un factor que contribuya al desarrollo de la tenia, debiendo buscarse en otras causas la explicación del por qué en algunas de ellas se observan tan pocos quistes y en otras tanta abundancia. Así, como dice Budd, si los marinos no albergan casi nunca quistes, no es debido á la profesión especial de marina, sino á que se hallan menos expuestos por no estar en contacto con perros infectados. La tenia ha sido observada en Francia, en Inglaterra, Alemania, Suiza, Dinamarca, Austria, Noruega, etc. Ha sido vista también en Africa, Asia y en todos los países de América, aunque en algunos es muy rara, habiéndose publicado al respecto la observación de uno que otro caso. En la República Oriental parece ser bastante frecuente, y los quistes abundan en el ganado, especialmente en las ovejas. En la República Argentina, las observaciones más antiguas remontan á los años 1860 y 1870, y se cree que fué el Dr. Montes de Oca, quien operó el primer quiste. Desde esa época hasta el año 1890, el número observado no es grande. La estadística publicada por el Dr. Masi en su tésis de 1893, revela la exis- tencia de 122 casos tratados en los hospitales de la Capital Federal. 208 PARASITOLOGIA ANIMAL Más adelante el desarrollo de la afección crece á pasos agigantados como veremos en el informe que más abajo publicamos. Profilaxia.-Es este un punto importantísimo para la higiene en ge- neral y especialmente para la República Argentina en donde el desarrollo de la tenia ha adquirido una proporción alarmante y que progresa día á día. En Islandia, patria clásica del equinococo, fué donde primero los mé- dicos y autoridades se ocuparon de combatir tan funesto parásito, dictando medidas profilácticas ó bien ilustrando al pueblo, explicándole el origen de la enfermedad para que cada cual estuviera enterado de las vías de infección y evitara por todos los medios posibles la ingestión de los huevos. Krabbe propuso para Islandia las siguientes medidas profilácticas: l.° reducir el número de perros al extrictamente necesario para cuidar los ganados; 2.° alejar de las habitaciones á estos animales y no tener con ellos contactos frecuentes; 3.° prohibir terminantemente que los perros co- man visceras ó residuos provenientes de animales infectados y destruir estas visceras enterrándolas ó por otro medio cualquiera; 4.° administrar periódi- camente á los perros substancias vermífugas que los libren de las tenias. Para el estudio de la profilaxia en nuestro país nos parece convenien- te reproducir el informe de la comisión encargada por el Poder Ejecutivo para proyectar las medidas mas adecuadas para conseguir la disminución de los quistes hidatídicos en la República. Informe general sobre la enfermedad hidatídica, su difusión y profilaxis en el país (1) Encargados por S. E. el señor Ministro de Agricultura, don Exequiel Ramos Mejía «para proyectar las medidas y redactar las instrucciones más adecuadas para conseguir la disminución de los casos de quistes hidatídi- cos», hemos pensado que la mejor manera de cumplir nuestra misión era estudiar aquellas medidas prácticas y de aplicación relativamente fácil, sin olvidar todos aquellos datos útiles que podrían servir para ilustrar tan inte- resante cuestión. Antes de entrar de lleno en la profilaxis, objeto primordial de nuestro informe, nos ha parecido absolutamente necesario hacer un rápido bosque- jo de la tacnia echinococcus y del quiste hidatídico, explicando la evolución y propagación del parásito, términos del problema indispensable de cono- cer, si se quieren dictar medidas útiles y eficaces para lo que puede lla- marse la lucha anlihidatídica. (1) La comisión nombrada por el Poder Ejecutivo estaba compuesta por los siguientes señores: Presidente del Departamento Nacional de Higiene Dr. C. Malbran; Presidente de la Sociedad Rural, Dr. J. de Apellanir; Director de la División de Ganadería Dr. J. L. Suarez, y los Dres. Fernando Pérez, Marcelino Herrera Ve- gas, Daniel J. Cranwell y J. Zabala- La comisión encargó la confección del informe á los Doctores Cranwell y Herrera Vegas. PARASITOLOGÍA ANIMAL 209 Ninguna enfermedad parasitaria ha sido mejor estudiada y son innu- merables los trabajos existentes sobre esta materia; aquí mismo se han he- cho importantes publicaciones, tanto por los médicos como por los veteri- narios, y en la parte técnica y estadística poco podríamos agregar á lo que escribieron dos de los miembros de la comisión (1) en su libro sobre los quistes hidatídicos en la Republica. Hemos utilizado para la confección de este informe, las estadísticas de los casos tratados en los hospitales de Buenos Aires, y los datos muy interesantes recogidos por el veterinario Dr. Joaquín Zabala, en su jira de inspección á los mataderos provinciales. Pero nos faltan aún docu- mentos precisos para conocer exactamente la distribución geográfica del quiste hidatídico en la República. Desde hace algún tiempo el Dr. C. Malbrán, presidente del Departa- mento Nacional de Higiene, se ocupa de llenar esta laguna, pero este trabajo, de ejecución difícil, no está aún terminado. Creemos que si V. E. logra hacer cumplir las medidas que aconse- jamos y mejora la higiene de los mataderos, estableciendo una inspección sanitaria prolija, habrá hecho una obra buena, pues pronto se vería dismi- nuir la cifra de mortalidad por quistes hidatídicos, así como la desapari- ción de una plaga, que tanto perjudica á la ganadería, una de las principa- les fuentes de nuestra riqueza nacional. Entre las enfermedades parasitarias comunes al hombre y á los ani- males, ninguna ha llamado tanto la atención como los quistes hidatídicos, cuyo desarrollo en el organismo animal constituye uno de los fenómenos más curiosos que nos ha hecho conocer la historia natural. Son designadas también estas producciones quísticas, con el nombre de equinococosis, y vulgarmente en nuestra campaña con el de vejiga de agua. La causa que los origina es uua tenia (taenia echinococcusj huésped frecuente del intestino del perro; es la más pequeña de las tenias conoci- das, pues mide 5 mm. de largo por x/2 de ancho, tiene una cabeza provista de cuatro ventosas, una doble corona de ganchos, y tres á cuatro anillos, el último de los cuales relativamente grande, contiene de 500 á 800 huevos, los cuales son de forma ligeramente ovalar y de muy pequeñas dimensio- nes (25 á 27 micromilímetros). Los huevos arrojados del intestino del perro con los excrementos, contaminan las aguas de bebida y las legumbres que utiliza el hombre, así como las aguas y los pastos con que se alimenta el ganado. Una vez ingeridos estos huevos, los jugos digestivos disuelven su (1) Herrera Vegas y Cranwel'. «Los quistes hidatídicos en la República Argentina», Buenos Aires, 1901 Pvrasitología Animal 14 210 PARASITOLOGÍA ANIMAL cubierta y queda en libertad un embrión, llamado lexacante. á causa de loa- seis ganchos que tienen en uno de sus polos. Ayudado por estos ganchos penetra en los vasos de la pared intestinal, y arrastrado por la sangre va á fijarse en el hígado, pulmones, cerebro, etc., donde se transforma en una vesícula llamada hidatide ó quiste hidatídico. El parásito en este período de evolución, constituye un cuerpo extra- ño viviente que crece poco á poco hasta adquirir grandes dimensiones. El órgano en el cual se aloja, irritado por su presencia, trata de secues- trarlo, rodeándolo con una envoltura fibrosa (membrana periquística}. Dentro de esta perisquistica se encuentra el quiste hidatídico propiamente dicho, el cual está formado por una bolsa llena de líquido claro, como el agua de roca; estando constituidas sus paredes por una membrana externa bastante espesa, con el aspecto de la albúmina cocida y por una interna (membrana germinal), de aspecto granuloso, la cual dotada de una fertilidad extraordinaria produce numerosos scolex, gérmenes de otras tantas tenias futuras. Secuestrado en una viscera cualquiera de los animales, el parásito es- taría condenado á desaparecer, sino fuera por el perro, que actuando como verdadero aliado, lo liberta con su diente y lo alberga en su intestino, don- de adquiere su completo desarrollo, pues los scolex de que ya hemos ha- blado se transforman allí en tenias adultas. Resumiendo, pues, vemos que la evolución de este curioso verme es perfectamente circular, vive en el estado adulto en el intestino del perro, y en el de larva en el hombre y los animales de consumo. El perro infesta á los animales y éstos á su vez infestan al perro, cuando se alimenta con visceras contaminadas^ Se comprende fácilmente que al albergarse en un órgano del hombre, el parásito se extravía y no puede continuar su evolu- ción, porque de allí no le es posible salir. La frecuencia de los quistes hidatídicos es verdaderamente extraordi- naria entre nosotros, lo que nos ha permitido hacer estudios basados en estadísticas, tal vez las más numerosas que se conocen hasta la fecha. Efec- tivamente, según los datos que hemos podido recoger en el período de 1877 á 1907, han sido tratados 3237 casos en los hospitales de Buenos Aires, y esta cifra está seguramente bajo de la realidad, pues no figuran los numero- sos enfermos de la práctica privada. Esta estadística nos presenta una proporción de casos no conocida hasta el presente en los anales de la literatura médica, resulta considerable si se la compara con las de otros países, y es verdaderamente alarmante si se reflexiona que tan sólo se trata de los enfermos hospitalizados en la ca- pital de la República. La inmensa mayoría de estos casos proviene de la provincia de Bue- PARASITOLOGIA ANIMAL 211 nos Aires, en la cual el parásito se encuentra sumamente difundido, á tal punto, que no existe un partido en el que no se hayan señalado algunas observaciones. El siguiente cuadro levantado por los doctores Cranwell y Herrera Ve- gas en 1904, dará una idea de la distribución de los quistes en la provincia; haremos notar, sin embargo, que es forzosamente incompleto porque no siempre existen datos precisos sobre la procedencia de Iqs enfermos y por- que hoy día muchos de estos pacientes no tienen necesidad de venir á Bue- nos Aires, siendo operados en los hospitales de la campaña. Alvarado 1 Alvear 2 Chascomus.. . . Arrecifes 22 3 Arenales Ayacucho 1 25 Adolfo Alsina... 2 Azul' 18 Bahía Blanca . 11 Balcarce 9 Baradero 8 Barracas 7 Bolívar 7 Bragado 6 Brandzen 4 Brown 1 Campana 6 Cañuelas 13 C. de Areco... 4 C. de Patagones.. 5 Castelli 7 Chacabuco.... 12 Chivilcoy 10 Colon 2 C.í Dorrego.... 6 Dolores 15 E. de la Cruz.. 8 F. Varel a 2 G. Belgrano. . 10 G. Guido 3 G. La Madrid.. 6 G. Paz 15 G. Rodríguez.. 4 C. Sarmiento.. Guaminí 3 Junin 9 Juárez 20 La Plata 20 Las Conchas.. 2 Las Flores 14 Las lleras 1 Lavalle 4 Lincoln 9 Lobería 9- Lobos 10 Lomas 13 Lujan 10 Magdalena 14 Maipú 18 Mar Chiquita . 10 M. Paz 5 Matanza 1 Mercedes 6 Morón 8 Moreno 2 Monte 12 Navarro 7 Necochea 15 9 de Julio. .. . 9 Olavarría 18 Pehuajó 7 Pergamino ... 3 Pila 2 Pilar 15 Pinto 4 Príugles 20 Puan 5 Pueyrredón... . 12 Quilines 11 Ramallo 3 Rauch 8 Saavedra 9 Saladillo 19 Salto 2 S. A. de Giles. 4 S. A. de Areco... 5 San Fernando. 5 San Isidro. . . . 5 San Justo 1 San Martín 2 San Nicolás... 1 San Pedro... . 4 San Vicente .. 11 Suárez 4 Suipacha 2 Tandil 29 Tapalqué 6 T. Lauquen 16 Tre Arroyos... 15 Tuyú 2 25 de Mayo... 6 Villarino 1 Zarate 5 Vecino 1 Villegas 3 Como se ve, son los partidos de Ayacucho, Juárez, Pringles, Tandil, Chascomus y la ciudad de la Plata las que presentan mayor número de casos. En la provincia de Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba y territorio de la Pampa, la enfermedad hace rápidos progresos y alcanzará sin duda propor- ciones análogas á las de Buenos Aires. De las otras provincias y territorios no existen datos exactos, pero la frecuencia con que se encuentran los quis- tes en el ganado, demuestran que no deben ser raros en el hombre. Puede decirse, pues, sin temor de exageración, que la peligrosa endemia hace es- tragos en todo el territorio de la República. 212 PARASITOLOGIA ANIMAL El desarrollo considerable de la equinococosis debe preocuparnos, porque se trata de una enfermedad relativamente nueva entre nosotros; los primeros casos aislados aparecen recien en 1877, y es sólo á partir del año 1890 que el número de observaciones empieza á llamar la atención. Desde esta fecha los casos se han presentado siempre en progresión crecien- te, hasta alcanzar en 1907 la enorme cifra de 395. El cuadro adjunto dará una idea clara de lo que aseveramos: i CASOS DE QUISTES HIDATÍDICOS OBSERVADOS EN LOS HOSPITALES DE BUENOS AIRES Años Observaciones Años Observaciones 1877.... 1 1895.... 85 1878.... 1 1896.... 124 1882 ... 2 1897.... 166 1884.... 4 1898.... 197 1885.... 2 1899.... 173 1886.... 3 1900.... 176 1887.... 6 1901.... 184 1888.... 16 1902.... 205 1889 7 1903.... 301 1890.... 24 1904. .. 340 1891.... 31 1905.... 395 1892.... 44 1906.... 244 faltan datos de algunos hospitales. 1893.... 49 1907.... 395 Id. id. id. id. 'id. 1894.... 62 Tota].. . 3237 Hay que tener en cuenta que algunos casos no son diagnosticados durante la vida, y no sería raro que entre la gente menesterosa de las provincias muchos enfermos mueran sin asistencia médica. El Dr. Badía, en 2739 autopsias, practicadas en la Asistencia Pública, encontró 23 casos no diagnosticados. Mucho más frecuentemente que en el hombre se observan los quistes hidatídicos en el ganado; aunque entre nosotros no existen datos estadísti- cos bien precisos, se puede aseverar que la proporción es considerable , y que la enfermedad está difundida en toda la República, como lo ha podido comprobar el Dr. Zabala. Sería interesante conocer las estadísticas de otros países en que la equinococosis es endémica, pero los datos que existen al respecto son poco numerosos. Según Mosler y Peiper, se ha encontrado la siguiente proporción de animales infestados en 52 mataderos alemanes: bovinos 10.79%, ovinos 9.83 %, porcinos 6.47 %. Estas cifras son inferiores á las que han encontrado nuestros veterinarios, sin embargo, en Mecklem- PARASITOLOGÍA ANIMAL 213 burgo, sitio de Alemania diezmado por los quistes la proporción es mu- cho mayor. La considerable difusión del quiste hidatídico en la República, se ex- plica fácilmente porque tenemos todos los elementos que favorecen la pro- pagación de la taenia echinococcus: gran desarrollo de la ganadería, pro- porción elevada de animales infestados y extraordinario número de perros. Está perfectamente establecido por los higienistas, que la frecuencia de los quistes hidatídicos en un país depende: de la cantidad de animales domés- ticos, de la proporción en que estos animales se encuentran atacados de equinococosis, así como del número de perros. Los países clásicos del quiste hidatídico, como Islandia y Australia, reunen todas estas condiciones. En Islandia (1861) existían, por cada 100 habitantes 488 ovejas y 38 vacas; en 1880, según Jonassen, por cada 100 hombres se encontraban 690 ovejas, Hjaltelin estima que un tercio de esas ovejas se encuentran infestadas. El número de perros es enorme en este país, dando las estadísticas un perro por cada 3 habitantes, mientras que en Francia es de 1 por 19.3, en Inglaterra 1 por 20.9, en Bélgica 1 por 15 y en Berlín 1 por 36.3. Los perros islandeses semisalvajes se nutren con visceras cargadas de quistes, por lo cual ei número de estos animales que se en- cuentran infestados con taenia echinococcus^ es mucho mayor que en otros países. Mientras en los perros islandeses se encuentra dicha tenia en la proporción de 28 %, en ios perros daneses sólo se ha hallado en 0.6 °/o. Algo análogo podemos decir de Australia, país que se ha hecho notar por la gran cantidad de ganados; en 1881 por cada 100 habitantes existían 130.9 vacas y 1003.3 ovejas. Según el censo de 1905, la cantidad de ganados australianos sería la siguiente: 73.013.091 ovinos, 8.219.824 bovi- nos y 823.038 porcinos. Lendelfeld, dice que en 80 % (?) de los perros sal- vajes se encuentra la taenia echinococcus. No debe sorprendernos, pues, la gran cantidad de quistes hidatídicos que se observa en Australia, y especialmente en el estado de Victoria. La República Argentina en el año 1895 tenía una población de 4.044.000 habitantes, y el censo ganadero daba las siguientes cifras: 100.000.000 de ovinos, 21.701.526 bobines y 652.766 porcinos. Hemos visto ya la proporción en que ese ganado se encuentra infestado, y en cuanto al número de perros bástenos decir que en la Capital Federal han sido recogi- dos en la vía pública 72.404 en un período de 6 años. Mucho más nume- rosos son seguramente estos animales en la campaña, encontrándose en gran proporción en los puestos de las estancias donde hacen vida común con el hombre; lo mismo ocurre en los pueblos de las provincias, y lo que es peor en los mataderos. Contribuye poderosamente á difundir la enfermedad hidatídica entre 214 PARASITOLOGÍA ANIMAL nosotros, las pésimas condiciones higiénicas en que se hace la matanza en casi todas las localidades de la República; como se puede ver en el informe del Dr. Zabala, existe un imperdonable descuido por parte de las autorida- des comunales, en lo que se refiere á higiene de los mataderos. Si se excep- túan los mataderos de la Capital y el de Santiago, recién construidos, todos demás requieren reparaciones importantes ó su renovación. La inspección veterinaria, salvo raras excepciones, no existe, y las visceras infestadas son abandonadas á los numerosos perros que concurren libremente á dichos locales, favoreciendo así la difusión del parásito. Los mataderos son, pues, los grandes focos de infestación, desde donde se pro- pagan los quistes ludatídicos. Justo es recordar, sin embargo, que ya se han tomado algunas medi- das para combatir los quistes hidatídicos. En los mataderos de la Capital está en vigencia la ordenanza del Dr. Pérez, y en los frigoríficos y salade- ros colocados bajo la vigilancia de la División de Ganadería, se observan rigurosas medidas al respecto. Poco importaría la frecuencia si no se tratara de una enfermedad grave, que inutiliza gran número de trabajadores durante largo tiempo, pro- duciendo, según nuestros cálculos, una mortalidad de 13.6 °/0 en los casos operados; además hay que tener en cuenta que ataca con predilección las personas jóvenes entre 20 y 30 años, siendo también muy frecuentes en la infancia, como puede verse en el siguiente cuadro: Edades Numero de observaciones 3 á 10 285 11 á 20 370 21 á 30 469 31 á 40 328 41 á 50 176 51 á 60 71 61 á 70 16 Más de 70 3 La cirugía, es cierto, tiene preciosos recursos contra los quistes, pero no debe olvidarse que el parásito ataca casi siempre órganos importantes y esenciales para la vida como el hígado y los pulmones, y que cuando se localiza en el cerebro da una mortalidad de 86 °/0 y aun más. Como si esto no fuera bastante, notamos de un tiempo á esta parte gran frecuencia de casos de quistes múltiples, que requieren varias operaciones, ó que son inoperables, porque el vientre de los enfermos se encuentra sembrado de innumerables vesículas. Los pacientes que se encuentran en estas condicio- nes mueren casi siempre por una verdadera caquexia hidatídica. PARASITOLOGIA ANIMAL 215 Aunque menos apreciables, no dejan de ser importantes los estragos producidos en el ganado: aparte de algunas localizaciones que pueden oca- sionar la muerte, es muy común observar casos de caquexia, que motiva el rechazo del animal. Por otra parte, no es raro encontrar, en los establecimientos gana- deros, animales en estado de extremo enflaquecimiento, que el vulgo cla- sifica de entecados y en los cuales es fácil comprobar la existencia de nu- merosos quistes. Si estos perjuicios no se hacen más palpables, es debido á que los animales se sacrifican antes que las producciones quísticas hayan tenido el tiempo de adquirir grandes proporciones. Se trata, pues, de una enfermedad realmente peligrosa para el hom- bre y altamente perjudicial, del punto de vista económico, en lo que á nuestraAiqueza pecuaria se refiere. Amadie escapará, pues, la imperiosa necesidad que existe, de dictar medidas enérgicas para evitar la propagación de los quistes hidatídicoss tanto más, si se tiene en cuenta que esas medidas higiénicas servirán al mis- mo tiempo para disminuir gran número de enfermedades, tanto del hombre como de los animales. Además es conveniente combatir dicho flagelo, no sólo por los peli- gros que comporta, sino como una cuestión de cultura. Los autores dicen que la frecuencia de la enfermedad hidatídica en Islandia es debida al con- siderable número de perros .y á la poca higiene de sus habitantes, que hacen vida común en sus miserables chozas con los perros y otros animales; los higienistas europeos, que ya conocen por las numerosas publicaciones ar- gentinas, que nosotros poco tenemos que envidiar á Islandia en materia de quistes, se formarán seguramente una pobre idea de la higiene de nuestro país. Establecida la frecuencia y los peligros del quiste hidatídico, pasare- mos á estudiar las medidas más adecuadas que deben tomarse contra la enfermedad. Entre nosotros mucho se ha escrito sobre profilaxis de los quistes hi- datídicos. El Dr. Wernicke ya en 1889, en una carta dirigida al Ministro de Obras públicas de la provincia de Buenos Aires, Dr. Gonnet aconsejaba una serie de medidas profilácticas. El Dr. Cantón en 1892 estudia la distribu- ción de la taenia echinococcus de la República, y al mismo tiempo las medi- das que deben adoptarse para evitar su propagación. El Dr. Masi, en su tesis de 1893, se ocupa con predilección de este tema, proponiendo me- didas contra el perro. Después han aparecido gran cantidad de tesis y monografías, en las cuales directa ó indirectamente están bosquejadas las medidas á tomarse contra la extensión creciente de los quistes hidatídicos en la República. 216 PARASITOLOGIA ANIMAL Los Dres. Cranwell y Herrera Vegas se han ocupado en diversas oca- siones de este interesante tema. En la segunda reunión del Congreso Cien- tífico Latino Americano, á propósito de su comunición sobre la frecuencia de los quistes hidatidicos en la América Latina, se formuló el siguiente voto: que las autoridades sanitarias se preocupen de llevar al conocimiento de los ptteblos el peligro creciente é inminente de la enfermedad hidatidica y que las nociones de profilaxis pertinentes formen parte de la enseñanza primaria. Poco después en una relación al Congreso Médico Latino Americano de 1904 hacían notar que había llegado el momento de discutir medidas pro- filácticas prácticas y fáciles de ejecutar, proponiendo, como las más impe- riosas, las siguientes: l.° Distribución entre los estancieros y mayordomos, de circulares en las que se explique, de una manera sencilla y clara, los peligros de la enfermedad y los medios para evitarla, teniendo presente que la educación del pueblo es siempre la mejor profilaxis; 2.° Creación en los pueblos de campaña de mataderos vigilados por las municipalidades, en los cuales sea obligatoria la incineración de los órganos con hidatides; 3.° no permitir sino un número limitado de perros en los establecimientos, obli- gando á pagar fuerte párente por el exceso. Los médicos veterinarios no han permanecido indiferentes ante los estragos que produce el parásito, como puede juzgarse por los^trabajos de Zabala, Davel, Durrieu, etc. Pero á pesar de todos estos esfuerzos poco se han preocupado las autoridades, habiendo sido relegados al olvido tanto los consejosTde los médicos como los votos de los congresos. Debemos consignar, sin embargo, que en el año 1905 el Dr. F. Pérez, miembro de la Comisión Municipal, presentó á esa H. Corporación un pro- yecto de ordenanza sobre profilaxis de los quistes hidatídicos, el cual fué aprobado en la sesión de 27 de Octubre del mismo año. La ordenanza'ten cuestión está en vigencia en los mataderos de la Capital y ya ha dado exce- lentes resultados, pues no se ven perros en el local. Hemos visto también que en los frigoríficos y saladeros se observan rigurosas medidas y, que se persiguen los perros ó se destruyen las visceras infestadas?'en uno que otro matadero de la Provincia. Desgraciadamente en el resto de la República no se toman medidas y lo que es peor no pueden tomarse por lo inadecuado de los locales que sirven de mataderos, no existiendo inspección veterinaria, lo que constituye un verdadero atentado contra la salud pública. Nada más fácil que dictar medidas de profilaxis, cuando se trata de una enfermedad cuya etiología y patogenia nos son perfectamente conoci- das. «Para que el gran ciclo evolutivo natural del parásito pueda realizarse es PARASITOLOGÍA ANIMAL 217 necesario: l.° Una transmigración de ida del carnívoro al herbívoro, en la práctica del perro al rumiante; 2.° Una transmigración de -vuelta del rumiante al perro. Se comprende que cuando emigra del perro al hbmbre, el parásito se mete en un callejón sin salidas.-(Dévé.) Fig. 119.-Evolución de la tóenla echínococus. (Demostración gráfica). Conociendo el viaje circular, qae debe realizar el parásito para com- pletar su evolución, se comprende que se la pueda interrumpir de dos 218 PARASITOLOGÍA ANIMAL maneras; interceptando el viaje de ida ó el viaje de vuelta. El primero está representado por la diseminación de los huevos invisibles de la tenia, sobre los pastos de los campos, las verduras de las huertas y las aguas de bebida, para de allí pasar al organismo del hombre ó de los animales. ¿Se puede interceptar esta primera migración ó este primer hemiciclo evolutivo como lo llama Dévé? En lo que se refiere á los animales es muy difícil, pues no se puede impedir que coman el pasto ó beban el agua contaminados; en lo que se refiere al hombre solo se puede conseguir con medidas higiénicas rigurosas, difíciles de realizar en la práctica, como la cocción del agua y de las verduras. El segundo hemiciclo está representado por el pasaje de los quistes contenidos en las visceras al intestino del perro. No es difícil comprender entonces, que prácticamente es muy fácil detener el parásito en esta mi- gración de vuelta al carnívoro. Cómo el perro no puede infestarse sino co- miendo visceras contaminadas, basta destruir estas visceras para suprimir por completo la taenia echinococcus^ origen común de los quistes hidatídicos del hombre y de los animales. De lo antedicho se desprende que las medidas profilácticas deben co- locarse en los dos grupos siguientes: l.° Aquellas relacionadas con el pri- mer hemiciclo evolutivo y que sirven para preservar al hombre; dichas me- didas consisten en los siguientes consejos higiénicos: beber agua pura; no comer verduras crudas; evitar el contacto con los perros. 2.° Las relaciones con el segundo hemiciclo evolutivo, medidas profilácticas por excelencia} prácticamente realizables, que convienen tanto apara el hombre como para el ganado, consisten: en reducir el número de perros, alimentar estos animales con carne cocida, destruir por el fuego las visceras de los anima- les, que. contengan quistes. Estas medidas profilácticas son lógicas, y muy sencillas á primera vis- ta, pero se presentan numerosas dificultades cuando áe trata de aplicarlas. El quiste hidatídico, por su evolución lenta, no impresiona al público, que no puede apreciar el momento de la infestación y entonces considera ri- diculas las medidas higiénicas que se le aconsejan; por otra parte, siendo tan complicado el ciclo evolutivo del parásito, el vulgo no alcanza á com- prender todos los detalles de su desarrollo y el peligro que corre alimen- tando al perro con visceras contaminadas. La profilaxis de los quistes hidatídicos es un problema fácil de resolver teóricamente, pero muy difícil de solucionar en el terreno de la práctica. Para demostrar la exactitud de nuestra aseveración, bástenos recordar que en países de gran cultura y en los cuales se cumplen rigurosamente las or- denanzas sobre higiene, como la Alemania, no se ha conseguido la desapa- rición de dicha enfermedad. Podemos calcular entonces las enormes difi- cultades que forzosamente se presentarán antes de poder establecer medí- PARASITOLOGÍA ANIMAL 219 das realmente eficaces, en un país tan dilatado como el nuestro, con gran cantidad de ganados, y al mismo tiempo de tan escasa población. Pero eso no significa que nuestras autoridades deban desinteresarse de tan importante cuestión de higiene pública; por el contrario, creemos que las dificultades deben obviarse con medidas prácticas y al mismo tiempo rigurosas, que permitan combatir con eficacia esta plaga nacional, haciendo al mismo tiempo una propaganda seria para que las poblaciones, tanto de las ciudades como de la campaña, conozcan los peligros á que están ex- puestas. Las medidas que se aprueben deben hacerse cumplir fielmente por las autoridades, de lo contrario, llegará momento en que será excepcio- nal encontrar un hombre de nuestra campaña que no albergue el quiste hidatídico en algunos de sus órganos. Damos á continuación las medidas que á nuestro juicio serían real- mente eficaces, lasque han sido clasificadas en los dos grupos siguientes: medidas administrativas y medidas de propaganda. Medidas administrativas l.° Creación de mataderos económicos en todos los pueblos que pasen de 3.000 habitantes, construido, según las reglas que por separado pre- sentamos. 2.° Reemplazar los mataderos deficientes y en malas condiciones hi- giénicas. 3.° Hacer obligatoria la inspección veterinaria en dichos estableci- mientos. 4.° Dictar ordenanza-s especiales prohibiendo la entrada de perros en los mataderos, ordenando el comiso é incineración de las visceras conta- minadas. 5.° Prohibir, bajo penas severas, la matanza clandestina. 6.° Destrucción de los perros vagabundos y establecimiento de la pa- tente obligatoria. 7.° Ordenar, donde sea posible, que las huertas estén cercadas. Medidas de propaganda l.° Colocar un cuadro mural ilustrado en todos los sitios frecuentados: estaciones, ferrocarriles, colegios, cuarteles, mataderos, etc. En dicho cua- dro estará explicada en una forma sencilla lo que son los quistes hidatí- dicos y las precauciones higiénicas que debe adoptar el público para evitarlos. 2.° Distribuir profusamente, por medio de la Sociedad Rural, entre los 220 PARASITOLOGIA ANIMAL estancieros y mayordomos una cartilla con el título siguiente: «Cómo vse pueden evitarlos quistes hidatídicos (vejigas de agua)» Dicha cartilla es- tará ilustrada con figuras demostrativas, explicará la naturaleza de la en- fermedad y su profilaxis. 3.° Distribuir, conjuntamente, con las patentes de perro, una hoja impre- sa con los datos necesarios para hacer conocer el peligro de los quistes hidatídicos. PONOSTBW 'de AGRICULTURA de la^EFÚKX^ 4 Muy importante para la salud ! Consejos para evitar los Quistes Hidatídicos (vejigasdeagua) ¿í/ue son /osífüiistó$f//datia/ces7 Son unas vejigas como clara de hueva cocida, llenas de agua.gue se desarrollan en el hígado, pulmones, cerebro fses^J, etc.del hombre y de fes animales -¿Cua/es /a caesa ote este ea/armeaba? La causa es un parasito/^zr^Az^trasmitida por el perro en cuyo intestino /tr/paj vive y produce miles de huevos . Estos san luego arrojados con los excrementes sobre ios pastos, legumbres, arroyes y jagüeles Los hombres u ios animales <jue beben esas ó comen esas legumbres adesuieren esa «grave enfermedad. ¿ Como puente safarse? 1* No bebiendo agua de jagüeles, .lagunas , arrobos g acequias . cuidando los pesos y algsbes para gue no caigan basuras en &u interior ; bebiendo de preferencia agua filtrada, hervida ó de poso semísureente . Comiendo las verduras cocidas © por I© menos ¡avadascon aaua hervida . 3- Alimentando á los perros con carne cocida. Fig. 120.-Cuadro mural presentado por la comisión como medida de propaganda. PARASITOLOGÍA ANIMAL 221 Tratamiento.-El tratamiento de los quistes hidatídicos es, en el mo- mento actual, esencialmente quirúrgico. En cualquier parte que el parásito se encuentre alojado es necesario proceder á su extirpación, es decir á la extracción de la membrana madre, junto con su contenido: líquido hidatí- dico, vesículas hijas, escolex. Para proceder á esta extirpación, es necesario practicar la laparotomía en los quistes abdominales, la toracotomía en los quistes pulmonares, la craniectomía en los quistes cerebrales. Pero después de extirpado el parásito queda una bolsa fibrosa, la membrana periquística, que generalmente no es posible extirpar porque está formada por los tejidos del órgano en el cual se encuentra el quiste. Esta extirpación podrá hacerse sin embargo en los quistes musculares y del tejido celular ó en los pediculados. Para el tratamiento de esa bolsa fibrosa se emplean dos procedimien- tos ó bien se fija á la pared del vientre ó del tórax, estableciendo un dre- naje, (marsupialización), ó bien se sutura y se abandona en el interior del abdomen. Ambos métodos tienen sus ventajas y sus inconvenientes y presentan naturalmente indicaciones especiales, según el órgano afectado. La marsupialización de la bolsa periquística es de necesidad en todos los quistes supurados, en aquellos que contienen bilis y en todos aquellos quistes de extraordinario volumen en los cuales no.es posible vaciar su contenido. Este procedimiento es también de elección en los quistes pulmonares, pues al efectuar el vaciamiento la cavidad quística se pone en comunicación con los bronquios y se infecta con suma facilidad. El principal inconve- niente de la marsupialización es la supuración prolongada y la bilirragia profusa en los quistes del hígado, pero tiene la ventaja de ser un procedi- miento sencillo y muy seguro sobre todo si se tienen dudas de la asepsia del quiste.^ El método de la sutura sin drenaje es de regla para los quistes del cerebro y para los quistes abdominales en general, cuando son relativamente pequeños y de contenido aséptico. Pero aun así es necesario tomar pre- cauciones y dejar la bolsa fija á la pared, porque la supuración puede presentarse independientemente del cirujano, por un derrame de bilis infec- tada ó por ligeras infecciones de la periquística imposibles de reconocer en el momento de la operación. Las ventajas del método de la reducción sin drenaje son indudable- mente muy grandes, pues se puede obtener la curación en ocho días, y con una cicatriz fuerte y en buenas condiciones. Pero si en la bolsa suturada y abandonada en el interior del vientre se presenta una infección; esta puede ser muy grave, pues en las cavidades cerradas la virulencia de los microorganismos se exalta. En estos casos 222 PARASITOLOGIA ANIMAL siempre queda el recurso de reabrir y drenar el quiste pero aun así se señalan casos fatales. Durante la operación se debe evitar la diseminación en el campo ope- ratorio y especialmente en el vientre tanto de las vesículas hijas como de los escolex, porque esos elementos ingestándose en los tejidos pueden dar origen á nuevos quistes, á lo que se ha llamado la equinococosis secundaria. Como es imposible impedir en absoluto durante la operación la disemina- ción de los escolex, ni es posible evitar que estos elementos queden adheri- dos á la periquística, se ha recomendado la esterilización del quiste antes de abrirlo, inyectando, después de aspirar el líquido, una solución de formol al 1 %. En resumen, es necesario proceder siempre á la extirpación del pará- sito previa esterilización por el formol, tratando consecutivamente la peri- quística por la marsupialización ó la sutura sin drenaje según los casos;, pero sin olvidar que este último procedimiento puede ser peligroso en los quistes pulmonares y hepáticos por el derrame en la cavidad de las secre- ciones bronquiales ó de la bilis infectada. PARASITOLOGÍA ANIMAL 223 TENIAS CYSTICERCOIDEAS Trenia canina - Línneo, 1767 Sinonimia: Tecnia monoliformis Pallas, 1781. T. cucumet ina Blocb, 1782. T. elliptica Batsch, 1786. T. cateniformis Goze, 1782. T. cuneiceps Zeder, 1803, etc., etc. La taenia canina vive al estado adulto en el intestino del perro, habién- dosele observado raras veces como parásito del hombre. Sus emigraciones han sido estudiadas detenidamente por Melnikow. Mide de 15 á 35 centímetros de longitud, presentando en la porción posterior de la estróbila una coloración rosada que es debida á los óvulos que llenan los proglótides maduros. La cabeza es romboidal, dos veces más ancha que el cuello; tiene 4 ventosas grandes y elípticas y un rostello claviforme, corto y obtuso que mide 0,1 mm. de diámetro. Este último puede invaginarse durante el reposo del verme. En la base del rostello se inser- tan tres ó cuatro coronas que ofrecen en conjunto 48 ganchos según Davaine y 60 según Leuckart. Los grandes forman el círculo más elevado y miden de 11 á 15 jx de largo; los pequeños constituyen el círculo inferior y alcanzan apenas á 6 ¡i. A la extremidad cefálica sigue el cuello que es muy contráctil y filiforme. En estado de extensión mide 0,mm15 de diámetro transversal, llegando á adquirir en estado de contracción 0,mm25. Los 40 primeros anillos son cortos y anchos, más adelante toman una forma rectangular, trapezoidal, elíptica, monoliforme, semejantes finalmente á la semilla del melón, razón por la cual se ha dado también á esta tenia el nombre de T cucumerina. Los últimos proglótides llegan á medir 6 á 7 milímetros de largo por 2 ó 3 de ancho. A medida que el tamaño aumenta, los anillos se se- paran más netamente, los puntos de reunión se es- trangulan, los ángulos se redondean, tomando la porción posterior del verme el aspecto de una verdadera cadena. Los primeros rudimentos del aparato genital se presentan, según Steu- dener; en el anillo 17; como en todas las demás tenias los órganos mascu- Fig. 121- Tainia canina. Cabeza aumentada de volumen y con el rostro algo evaginado. 224 PARASITOLOGÍA ANIMAL linos se desarrollan con anterioridad á los femeninos, de modo que los es- permatozoides son eliminados por las vesículas testiculares antes de que los óvulos hayan adquirido un desarrollo completo. La plena madurez sexual se observa en el anillo 50, y en el proglótide 60 es fácil ver ya la regresión de los lóbulos ováricos. Los anillos de la T. canina presentan en ambos bordes laterales y hacia la mitad posterior un poro marginal en el cual ter- mina un canal deferente y toma nacimiento una vagina. Cada proglótide tiene, por consiguiente, un doble aparato sexual, con la paiticularidad de presentar un útero único y mediano que sirve para recibir los óvulos fecun- dados. Las vesículas testiculares son numerosas, de forma globulosa y se dis- ponen en la capa media del anillo. Los espermatozoides que en su interior se forman, pasan, mediante finos canalículos abiertos en el parénquima, hasta el centro del proglótide en donde toman nacimiento dos canales defe- rentes que se dirigen hacia los bordes laterales describiendo sinuosidades cada vez mayores. Estos espermiductos penetran respectivamente en la ca- vidad del cirro, cb, órgano musculoso que mide 160 ¡i de largo por 60 ¡i de ancho. En el interior de esta cavidad, el canal deferente da una última vuelta, para abrirse finalmente en la loseta marginal. Los órganos sexuales femeninos se disponen de la siguiente manera: Cada mitad lateral del proglótide contiene una vagina,^, ligeramente sinuosa y oblicuamente dirigida de adelante á atrás y de afuera á adentro; un ancho receptaculum seminis; un ovario de estructura tubuliforme que comunica directamente con|la porción terminal déla vagina mediante cortos canalículos excretores; una glándula impar, posterior, de análoga estructura, el vite- lógeno, formada por una serie de infundíbulos anastomosados entre sí, que arrojan sus productos en el oviducto al nivel del Cuerpo de Mehlis. De la porción posterior del ovario parte el oviducto, canal estrecho y rectilíneo, el cual se pone en comunicación con la vagina mediante el depó- sito espermático ó receptaculum seminis, y que en su trayecto ulterior comu- nica á su vez, al nivel del Cuerpo de Mehlis, con el conducto excretor de la glándula vitelina ó vitelógeno, para ir finalmente después de dar una curva hacia adelante, ájterminar en la extremidad posterior del útero. El tubo uterino es único, y á medida que se van formando los huevos, se extiende, afecta la forma de una red, que se ramifica entre las vesículas espermáticas para constituir una serie de infundíbulos ó fondos de saco que se dilatan por la presión de los óvulos fecundados, acabando finalmente por estallar y dejar paso á los huevos que se disponen en series paralelas en el interior del parénquima del anillo, ora diseminados, ora formando cápsulas que contienen 6, 15 y hasta 20 de ellos, y que son las que comunican á la porción posterior de la estróbila la coloración rosada que presenta común- mente. PARASITOLOGIA ANIMAL 225 Estos huevos que miden 37 á 46 ¡i según Davaine y 50 ¡i según Leuc- kart, y que encierran en su interior un embrión exacanto de 23 á 30 ¡i según el primero y 33 ¡i para el segundo, son eliminados al exterior con las mate- rias fecales del perro que sirve de huésped, pudiendo ser expulsados aisla- damente ó bien encerrados en el interior de anillos maduros que se han des- prendido de la estróbila. Muchos de ellos quedan adheridos á los pelos de la región anal del perro, siendo transportados por el mismo huésped á la tierra Fig. 122-Anillo maduro de Toenia canina, según Neumann y Railliet. D, vitelógeno; Exg, vasos longi- tudinales; H, vesículas testiculares; K, ovario; Cb, ca- vidad del cirro; V,^vagina. ó paja que le sirve de lecho, pudiendo entonces ciertos ectoparásitos habi- tuales ingerir los huevos y hacerles adoptar una forma larvada en el interior de su organismo. Melnikow efectuó una serie de experiencias que dieron por resultado confirmar definitivamente de que el huésped intermediario era un hemíptero ectoparásito del perro, denominado Trichodectes canis. Ingerido el huevo por el Trichodectes, el jugo gástrico disuelve la cáscara'quitinosa, dejando en libertad al embrión exacanto, el cual después de perforar el intestino, se radica en la cavidad general del insecto transfor- mándose en una larva cysticercoidea (fig. 123). A simple vista, la larva se presenta bajo el aspecto de un pequeño punto blanco; pero examinada^al microscopio revela poseer forma piriforme; está rodeada de una zona brillante y afecta un color gris negrusco que es debido.á la gran refringencia de sus numerosos corpúsculos calcáreos. En la extremidad más gruesa del cysticercoide se observa una depre- sión en el fondo del cual se halla situado el rostello que es claviforme y lleva cuatro hileras de ganchos muy tenues. El aparato excretor es neta- Parasitología Animal 226 PARASITOLOGIA ANIMAL mente visible, abriéndose al exterior por un ancho poro situado en la extre" midad posterior del cysticercoide. Con el objeto de investigar el huésped intermediario, Melnikow llevó- _ á cabo la siguiente experiencia: , • ! En un fragmento de piel de pe- ¿ rro, invadida por numerosos Tri- chodectes, aplicó una papilla de anillos maduros y pisados de T. canina. Siete días después, exa- \ mináronse detenidamente los tri- chodectes así alimentados con / / %- proglótides de Tenia cucumeri- p l na. En la cavidad general del cuerpo de uno de ellos se encon- T i traron cuatro embriones exacan- v tos, semejantes á los que encerra- ban los huevos maduros, pero dos veces mayores, pues medían ■ ' ' ' 80 ¡r de diámetro. En otros ob- serváronse embriones, pero en. períodos más avanzados de des- ' .• • , ~ arrollo. i \ Como consecuencia racional, \ Melnikow dedujo de esta expe- riencia que el trichodectes canis Fig. 123.-Cystieercoide de 1» Tanta ca- , huésped intermediario de nina, según Grassi y Rovelh. . . . la T. canina, opinión que perduró durante mucho tiempo hasta que Grassi y Rovelli demostraron que, con más frecuencia que el piojo, la pulga del perro, pulex serraticeps, y aún la del hombre pulex irritans, podían servir de huésped intermediario. La evolución de esta Tenia se explicaría entonces de la siguiente ma- nera: los huevos eliminados é ingeridos por el piojo ó pulga del perro, se transformarían en larvas cysticercoideas denominadas Cryptocystis tricho- dectis por Villot. Conocida es la habilidad con que el perro da caza á los hemípteros que le molestan con su picadura. Introducido el trichodectes en el estómago del huésped principal, el jugo gástrico destruye sus tejidos, dejando los cysticercoides en libertad; éstos emigran al duodeno en donde se fijan me- diante sus ventosas y coronas de ganchos para dar lugar poco tiempo des- pués á la T. adulta. La Tenia canina se encuentra muy frecuentemente en el intestino del perro. Krabbe observóla en Copenhague en el 48 % de los perros exami- Fig. 123.-Cysticercoide de la Taenia ca- nina, según Grassi y Rovelli. PARASITOLOGÍA ANIMAL 227 nados y en Islandia en el 60 °/o. En la República Argentina es tan común, que rara es la vez que no la hemos encontrado en el intestino de los perros autopsiados en el laboratorio. El número de vermes que puede alojar cada animal varía entre 10 y 2000. En el hombre ha sido vista 19 veces. La primera observación fué hecha por Eschricht, quien recibió de las Antillas una T. cucumerina elimi- nada por un esclavo. Según refiere Leuckart, en el Museo de anatomía comparada de Italia, se conserva un frasco que encierra una T. canina recogida por Meckel y expulsada por un niño de 13 años. Todos los otros casos han sido observados en niños de corta edad, y esta infección se explica muy fácilmente si recordamos el contacto tan ín- timo que tienen los niños y los perros. Un trichodectes canis infectado, in- gerido casualmente por los primeros, basta para desarrollar la Tenia. El último caso de T. cucumerina fué observado por Blanchard, y tiene importancia porque es la primera vez que se ha encontrado en Francia en el intestino del hombre y además porque la persona que la albergaba era un adulto. El verme medía 40 centímetros de largo, y el sujeto que la eliminó tenía la costumbre de hacer dormir un perro dentro de su cama. Los trastornos que determina son análogos á los de las grandes tenias cysticas, pero con predominio de las manifestaciones nerviosas y especial- mente de las de orden reflejo. Cítase el caso de un perro que no pudo ladrar durante todo el tiempo que albergó al parásito. Tienta nana - von Siebold, 1853. Sinonimia: Diplacanthus ñames Weinland, 1858. Hymenolepis nana Leuckart, 1863. Es un verme de pequeñas dimensiones (fig. 124); no alcanza á medir una pulgada de largo. Tiene una longitud de 15 á 20 milímetros, habiendo llegado á 32 milímetros en un caso observado por Mertens. La cabeza (fig. 125) es globulosa, mide 0,mm3 en el sentido de su diá- metro transversal y se halla provista de cuatro ventosas redondeadas, pro- fundamente excavadas y de un rostello, generalmente invaginado, en el cual se inserta una corona de 22 á 24 ganchos sumamente delicados. Los ganchos presentan lámina, talón y mango, y miden de 15 á 18 ¡j. de longitud. Al cuello, que es largo y delgado, sigue una estróbila formada por 150 á 170 anillos de los cuales los veinte últimos están maduros y llenos de huevos. Los primeros proglótides son muy finos y cortos, pero á medida 228 PARASITOLOGÍA ANIMAL que se van alejando de la extremidad cefálica aumentan de tamaño en e¡ sentido de ambos diámetros, especialmente del último, afectando una forma rectangular hasta que al llegar á los últimos anillos la base ó diámetro transverso ha adquirido un tamaño cuádruple del diámetro longitudinal. Todos estos pro- glótides nos presentan la particularidad de tener el poro marginal situado en el lado izquierdo. Los cor- púsculos calcáreos son poco abundantes. El aparato reproductor macho se halla representado por tres vesículas testiculares, dos de ellas situadas hacia la derecha de la línea media y una hacia la iz- quierda. Los espermatozoides alojados en su interior pasan á través de finos canalículos parenquimáticos hasta llegar al canal deferente que toma nacimiento en la parte media del proglótide, describe luego una cur- va y se dirige hacia el borde marginal izquierdo para terminar finalmente en una cavidad del cirro netamente visible, de aspecto claviforme, situada en la porción lateral izquierda del proglótide, pero aproximada al borde anterior. El canal deferente perfora esta cavi- dad, afecta en su interior una forma francamente ci- lindrica, dilatándose por último en su extremidad ter- minal para constituir una pequeña cavidad esférica. Los órganos genitales hembras aparecen después que los machos; sin embargo, en los primeros anillos pueden verse bosquejarlos ovarios semejando granula- ciones oscuras, que adquieren mayor consistencia y precisión á medida que se examinan proglótides más alejados de la cabeza; en el anillo 100 se presentan co- mo lóbulos fuertemente apretados unos contra otros. Los proglótides bien desarrollados presentan dos ova- rios laterales, germígenos de Leuckart, y un tercer ló- bulo ovárico impar, de aspecto finamente granuloso denominado también vitelógeno. La vagina nace en el poro marginal, pasa por deba- jo de la cavidad del cirro y termina en el receptaculum seminis que presenta una forma piriforme y es uno de los órganos que más resistencia ofrece á la degene- ración que afecta á los órganos genitales de los últimos anillos. El depósito espermático comunica con el oviducto mediante un pequeño canalículo. El útero tiene una forma característica. Aumenta de volumen á medida que los óvulos lo van llenando; en los proglótides terminales todos los órganos Fig. 124.-Tgenia na- c na aumentada 18 veces según Leu- ckart. PARASITOLOGIA ANIMAL 229 sexuales han desaparecido, excepción hecha de la cavidad del cirro y de receptaculum seminis, extendiéndose eljtubo uterino por todo el parén- quima del anillo. Los huevos de esta Tenia son elimina- dos al exterior junto con los anillos madu- ros que se desprenden con las materias fecales del hombre. Tienen forma ovalar ó redondeada (fig. 126), se hallan provis- tos de una doble membrana de cubierta y miden de 40 á 50 ¡i en el sentido de su diámetro mayor, por 20 á 30 ¡i de an- cho. Encierrran en su inteiror un embrión exacanto de 20 á 30 |x, cuyos ganchos pa- recen bastoncillos encorvados en hoz de 9,5 ¡i de longitud. La evolución de esta Tenia no es aún bien conocida. Grassi supone, basándose en las analogías entre la T. nana y la T. murina, que el desarrollo es directo,'es decir, que no tiene huésped intermediario. Sin embargo, eso no quiere decir que carezca de estado larvado pues en sus estudios sobre la T. murina, este autor observó que los huevos una vez ingeridos por las ratas, se despojaban de su membrana de cubierta, dejando en libertad á los embriones exacantos, los cuales se fijaban en las vellosidades intestinales para engendrar un verdadero cysticercoide. Este cysticercoide daría lugar mas ade- lante á la T. adulta. La particularidad reside en que los dos estados larvado y adulto se desarrollan en el mismo huésped. Moniez no está conforme con la opinión de Grassi y dice que las T. nana y murina tienen muchos caracteres diferenciales para aplicar á la una los resultados obtenidos en la evolución de la otra. Agrega además que de las seis experiencias de infección directa que se llevaron á cabo en per- sonas que tragaron anillos maduros de la segunda, sólo en una de ellas se observaron resultados positivos. Por otra parte, todas las experiencias de infección que se han hecho en ratas con huevos de T. nana, han dado resul- tado negativo. Por dichas razones, Moniez formula reservas y no se pro- nuncia de una manera categórica sobre la evolución de esta tenia. La Tenia nana fué descubierta en el Cairo por Bilharz en el año 1851 al practicar la autopsia de un niño muerto de meningitis. En el íleon se en- contraban gran número de parásitos. Después de su descubrimiento, no se había registrado ninguna otra observación, cuando Blanchard hizo conocer Kig. 125.-Cabeza de Tecnia nana presentando el rostello invaginado, a, gancho aislado aumentado 600 veces. (Según Leuckart),. Fig. 126.-Hue- vo deTaenia nana. 230 PARASITOLOGIA ANIMAL en 1886 un segundo caso ocurrido en Servia. Tratábase de una niña de siete años, hija de un barbero, que padecía de graves trastornos intestinales. El Dr. Holez que la asistía, sospechando la presencia de algún verme, admi- nistróle una poción de extracto etéreo de helécho macho. El resultado fué el siguiente: La niña eliminó en cinco veces 50 Tenias nana, acompañadas de una Tenia solium y de algunos Oxyurus. Con la ingestión sucesiva de nuevas dosis de antihelmínticos, expulsó 210 nuevos vermes, de los cuales algunos fueron remitidos á Leuckart quién confirmó definitivamente que se trataba de un caso de T. nana. La T. nana ha sido observada aún en Italia por Grassi, Calandruccio y Perroncito. El primero afirma que en Sicilia es el más común de los ces- toides. En los Estados Unidos ha sido vista por Spooner quién tuvo ocasión de observarla en 1873 en las deposiciones de un enfermo. El tamaño que este médico le asignaba concuerda con sus dimensiones comunes. En la República Argentina regístrase también un caso; su existencia fué comunicada por el Dr. Otto Wernicke al Círculo Médico Argentino en el año 1890; al practicar la autopsia de un marinero argentino muerto de tuberculosis pulmonar descubrió en el intestino de 20 á 30 ejemplares que fueron conservados y desgraciadamente desaparecieron con el incendio del Museo de Anatomía patológica. Tüenia Mnlagaseariensis - Davaine, 1869. Sinonimia: Davainea madagascariensis R. Blanchard, 1891. La Tenia madagascariensis es un verme que felizmente ha sido encon- trado muy pocas veces en el hombre, y que determina en éste, accidentes sumamente graves. Los dos primeros ejemplares fueron recogidos por el Dr. Grenet en las deposiciones de un niño de 18 meses, natural de las Anti- llas y de una niña originaria de la Reunión. Ambos se hallaban radicados en Mayota (Comores) desde muy poco tiempo atrás. La descripción de estos ejemplares que fué hecha por Davaine hubiera permanecido incompleta, pues ambos eran acéfalos; pero más tarde Che- vreau y Chazal vieron eliminar cuatro veces esta misma tenia á niños de poca edad, y finalmente Leuckart recibió de Krabbe en 1891 un'ejemplar completo, expulsado por un niño danés, hijo de un capitán de navio, que viajaba en compañía de su padre por aguas asiáticas. Según Davaine el tamaño de esta tenia es de diez'centímetros próxi- R. Blanchard, 1891. PARASITOLOGÍA ANIMAL 231 mámente, y se halla formada por 125 anillos; pero puede alcanzar hasta 25 centímetros y presentar 650 á 700 proglótides y aún 950 como en un caso observado por Lutz. La cabeza, provista de cuatro ventosas, tiene un rostello pronunciado en cuya base se inserta una doble corona que comprende un centenar de ganchos. Las ventosas son redondeadas y presentan una serie de elevacio- nes ó mejor dicho de apéndices filiformes tenues y cortos. Los primeros anillos son anchos y cortos, como en las demás tenias; luego toman una íorma cuadrada á medida que se alejan del escolex, lle- gando á adquirir los últimos dos milímetros de largo por lmm4 de ancho. Los 100 proglótides terminales constituyen en longitud la mitad de la es- tróbila y se hallan repletos de huevos maduros. Los poros marginales están situados del mismo lado como en la T. nana. Los huevos son de forma ovalar ó redondeada, miden 20 ¡i y encierran un embrión exacanto de 15 ¡i. Los órganos masculinos de la generación constan de vesículas testiculares en número de 50 ó más lle- nas de espermatozoides y de un canal deferente largo y sinuoso que termina en la cavidad del cirro. Esta cavidad es cilindrica, puede proyectarse hacia elexterior y tiene un diámetro de 25¡j.. Sometiendo los cortes de anillos á la acción de la potasa cáustica y de la glicerina, puede observarse con toda nitidez el ca- nal deferente y la cavidad del cirro. El aparato reproductor hembra se desarrolla más tarde que el macho. Consta de una vagina que toma nacimiento en el poro genital y termina en un ancho receptaculum seminis el cual comunica mediante un corto canalículo, prolongación de la vagina, con el oviducto. Este último termina finalmente en un útero formado por cierto número de tubos arrollados, que á medida que se van llenando con los óvulos fecunda- dos, se distienden por todo el parénquima del progló- tide, rompiéndose por último, y dejando á los huevos en libertad. Estos huevos son envueltos, poco tiempo después, por gran cantidad de células parenquimáticas que proliferan hasta formar una serie de cáp- sulas de naturaleza fibrosa que encierran en su interior hasta 300 y 400 óvulos fecundados. El número de cápsulas que tiene cada anillo suele variar entre 120 y 150, midiendo cada una de ellas 0mm9 en el sentido de su diámetro mayor por 0mm6 en su diámetro transverso. Fig. 127.-Tenia Ma- dagascariensis, se- gún B1 anchará. 232 PARASITOLOGÍA ANIMAL Los síntomas producidos en los dos casos observados por Grenet eran semejantes. En perfecto estado de salud, el niño sufría repentinamente una especie de ataque epileptiforme; arrojaba espuma por la boca sin poder dar un grito ni articular una palabra, adquiriendo ora una palidez cadavérica, ora la congestión cianótica producida por la asfixia; la cabeza oscilaba como un péndulo de un lado á otro, y la muerte parecía ser un hecho inminente. Mediante la aplicación de revulsivos externos se pudo conjurar el ataque, y luego, la administración de una buena dosis de aceite de ricino, produjo la expulsión de los parásitos. Taenia flavo-punctata - Weinland, 1858. Sinonimia: Hymenolepis flavo-punctata Weinland, 1858. Tenia diminuta Rudolphi, 1819. T. mínima Grassi, etc., etc. Esta tenia vive al estado adulto generalmente en el intestino delgado de las ratas, habiéndosele observado en varias especies de estos roedores», tales como el Mus rattus, alexandrinus^ decumanus^ miisculus, etc. Adherida mediante sus ventosas á las vellosidades intestinales, se des- arrolla y crece hasta adquirir una longitud de 40 centímetros y excepcio- nalmente de sesenta. Los últimos proglótides maduros y llenos de huevos son eliminados al exterior junto con las materias fecales del animal, y más tarde con la destrucción de los anillos los huevos adquieren su libertad, que- dando sometidos á la acción de los agentes exteriores y pereciendo por último si no interviene oportunamente el huésped intermediario. Los huevos tienen una forma oval ó redondeada y miden de 60 á 80¡i en el sentido del diámetro longitu- dinal, y se hallan recubiertos por una doble cubierta de las cuales la externa es gruesa, amarillenta y es- triada, y la interna suele llevar á menudo en ambos polos un pequeño mamelón. Encierra en el interior un embrión exacanto, ovoideo, que mide 36p de largo por 28 ¡j. de ancho, y que tiene ganchos de 11 ¡i de lon- gitud. Los seis ganchos son fácilmente visibles, so- metiendo el embrión á la acción de la potasa cáus- tica. Las evoluciones de esta tenia han sido perfectamente estudiadas por Grassi y Rovelli. Estos sabios demostraron que el huésped intermediario es la mayoría de las veces un lepidóptero denominado Asopia farinalis, podiendo serlo Fig. 128.--Huevo de T. flavo punctata, según Gi'assi. PARASITOLOGÍA ANIMAL 233 accidentalmente un ortóptero Anisolatis annulipes y dos coleópteros Anís espinosa y Scaurus striatus. Hízose ingerir experimentalmente á estos insectos huevos de T. dimi- nuta y examinándolos poco tiempo después, en la cavidad general del cuerpo encontráronse numerosas larvas no enquistadas ó cysticercoideas de extre- midad caudal muy pronunciada y cuya existencia se explica porque los hue- vos al llegar al estómago, sometidos á la acción del jugo gástrico, se han despojado de sus membranas de cubierta poniendo el embrión en libertad. Este para no perecer ha uido perforando las túnicas estomacales y cayendo en la cavidad general, para transformarse mediante un ulterior desarrollo en cysticercoide. Para demostrar que estos cysticercoides corresponden al estado lar- vado de la T. flavo-punctata, Grassi y Rovelli hicieron ingerir algunos de ellos, provenientes de Anisolatis annulipes, á varias ratas blancas, mus de- cumanus. El resultado de la experiencia fué el siguiente: los roedores sa- crificados el tercer día después de la ingestión presentaron en el 'intestino varias tenias compuestas de cabeza y cuello y en las cuales no se notaban indicio alguno de estróbila; las muertas á los quince días presentaban tenias completas con cadenas bien desarrolladas y anillos maduros llenos de huevos. Análogas experiencias fueron repetidas por Gras- si en el hombre, haciendo ingerir á dos sujetos varios cysticercoides provenientes de Akis espinosa. En uno de ellos no dió resultado la experimentación, pero el otro, quince días después de la infección, principiaba á eliminar huevos, eliminación que fué completada con la evacuación de varios ejemplares de T. flavo-punctata provocada mediante la administración de una fuerte dosis de extracto etéreo de helécho macho. La Tenia adulta mide, como lo hemos dicho anterior- mente, de treinta á 40 centímetros según Leidy, y nos presenta tres porciones á considerar: cabeza, cuello y estróbila. La cabeza es pequeña, cubóidea, carece de pro- bóscide y de ganchos y es muy semejante en su ta- maño á la de la T. saginata. Mide 0,mm5 en sentido de su diámetro transversal. Presenta en la vecindad del vértice cefálico cuatro ventosas elípticas, que miden 112 ¡i por 88 ¡i. El cuello es corto, filiforme, ^alcanza á 4mm de longitud por 0mml de ancho, y se continúa insensiblemente con los primeros anillos, anchos y cortos, de forma trapezoidal,'de'ángulos redondeados. Miden según Wein- Fig. 129.-Tenia fla- vo-punctata, según Zschokke. 234 PARASITOLOGÍA ANIMAL land de 0mm2 á 0mm5 de largo^por lmm á lmni2 de ancho. A medida que se van alejando de la extremidad cefálica aumenta de tamaño, á tal punto que los últimos de la estróbila han quintuplicado su diámetro longitudinal y dupli- cado su diámetro transversal. Los corpúsculos calcáreos son pequeños y poco numerosos; los poros marginales se hallan todos situados del mismo lado de la cadena y el sistema vascular en la porción correspondiente á las lagunas longitudinales es neta- mente visible. La cadena comprende de 800 á 1000 proglótides. Los primeros anillos tienen una constitución homogénea, formados ex- clusivamente por parénquima sin diferenciación alguna de órganos sexuales. El aparato genital puede estudiarse bien en el ani- llo 500. Los órganos masculinos se hallan representados por testículos esferoidales en número de dos á cinco según Weinland, provistos de sus respectivos canales escre- tores que se dirigen hacia la línea media para formar el canal deferente. Este corre hacia el borde lateral iz- quierdo, llega á la vesícula espermática, y termina por último en la cavidad del cirro, que es delgada, cilin- drica y en cuyo interior el canal deferente describe uña serie de vueltas en espiral. Los órganos femeninos están constituidos por una vagina que nace en el poro genital, corre paralelamen- te al canal deferente, sigue un trayecto rectilíneo y termina en el receptaculum seminis de forma pirifor- me, voluminoso y que es el órgano que primero se dibuja con nitidez en los anillos próximos á la cabeza. Tanto la vagina como el receptaculum seminis son empujados en los últimos proglótides hacia el borde anterior por la presión constante de los huevos. Los ovarios se hallan situados entre los testículos, comunican entre sí mediante un canal transversal ó germiducto, de cuyo borde posterior y en la parte media sé desprende el oviducto que marcha hacia atrás y llega al cuerpo de Melhis para después encorvarse, cambiar de dirección, avanzar y terminar en el útero. Durante su trayecto recibe dos canalículos de comu- nicación. Uno de ellos proviene del receptaculum seminis y termina en la vecindad del cuerpo de Mehlis; el segundo es el viteloducto ó canal escretor del vitelógeno que es una glándula vitelina localizada hacia la línea media y entre los dos ovarios. El útero tiene al principio la forma de una C con la abertura dirigida hacia el poro marginal, pero á medida que se va llenando de huevos, se ex- Fig. 130. - Anlilos maduros de T. flavo- punctata,según Wein- land; a, b, receptacu- lum seminis;c, vagina; d, extremidad externa; e, huevos. PARASITOLOGÍA ANIMAL 235 tiende por todo el proglótide comprimiendo los demás órganos y apresu- rando su atrofia. La T. flavo-punctata ha sido observada también en la especie humana. Weinland, en 1861, tuvo ocasión de reconocerla en tres ejemplares que le fueron enviados del Museo de Boston y que habían sido eliminados por un niño de 19 meses. Fué este autor quién le dió nombre con que la designamos ahora, y denominóla así por la presencia constante de una mancha amarilla que presentaban los anillos en sus bordes laterales. En 1884, Leidy publicó un nuevo caso observado en un niño de tres años que expulsó por vía rectal fragmentos incompletos de tres vermes de la misma especie, y en el mismo año Parona provocó en un niño de dos años, mediante la administración de un antihelmíntico, la eliminación de cua- tro tenias inermes que medían de 6 á 20 centímetros de largo, las cuales observadas por Grassi poco tiempo después fueron reconocidas como análo- gas á la que este mismo autor había encontrado tan frecuentemente en el intestino de las ratas. El caso más antiguo es probablemente el de Railliet, quien observó en la colección helmintológica de Alfort dos ejemplares de T. flavo-punctata que habían sido recogidos por Chabert en el año 1810. Esta tenia ha sido vista también en el Brasil por Lutz, al examinar las deposiciones de un adolescente. En el mes de Junio del año 1904, el Dr. Daniel Greenway, prestó asistencia médica á una niña de 8 años de edad, procedente del Piamonte (Italia), de donde había desembarcado hacía unos cuatro meses. Presentaba ataques epileptiformes cada ocho ó diez días y perturbaciones gas- trointestinales; después de la administración de una dosis de Extracto etéreo de helécho macho y calomel, expulsó 14 ejemplares de tenia; desgracia- damente todas sin cabeza. Medían de 20 á 35 centímetros de largo; los últimos anillos contenían huevos maduros con embrión exacanto; los poros genitales unilaterales: por todos los caractéres que presentaban estos ejem- plares, el Dr. Greenway los atribuye á la tenia diminuto ó Flavo-punctata. Con la expulsión de los vermes cesaron por completo los ataques epilepti- formes y las demás perturbaciones. Si arrojamos una mirada retrospectiva veremos que la mayoría de los casos han sido observados en niños, explicándose esta selección infecciosa por las pocas precauciones que toman éstos al ingerir los alimentos, pu- diendo tragar fácilmente un insecto cysticercoideo, ó comer substancias alimenticias con fragmentos de cuerpos de estos animales. 236 PARASITOLOGÍA ANIMAL Para terminar con el capítulo concerniente á las tenias, creemos con- veniente publicar los dos siguientes cuadros de Blanchard que permiten hacer el diagnóstico diferencial de estos vermes basándose en la distribu- ción de los ganchos y de los poros marginales. regularmente; útero poco ramificado T. solium alternado. irregularmente; útero muy ramificado T. saginata Poro mar- ginal.. . < único. unilateral. Cabeza.. doble corona de ganchos.... T. madagascariensis una sola corona de ganchos. T. nana inerme T. /lavo-punctata doble y lateral T. canina Ausentes: Poros marginales.... . . alternados ir regularmente.. T. saginata unilaterales T. flavo-punctata Ganchos. distribuidos en una corona. T. nana T. solium T. madagascariensis Presentes.. » en dos coronas.. » en tres ó más... T. canina El primer cuadro es aplicable en la investigación diagnóstica de un fragmento de estróbila; el segundo, cuando se trata de la expulsión de una cabeza; en los casos en que se quiera saber á qué especie de las que hemos estudiado pertenece una T. completa eliminada por un sugeto cualquiera, debemos hacer un análisis comparativo de los dos cuadros. PARASITOLOGÍA ANIMAL 237 FAMILIA DE LOS BOTBHIOCEPHÁLIDOS Esta familia se caracteriza por comprender vermes de cuerpo aplas- tado, provistos de una cadena con numerosos proglótides y de una cabeza que se distingue de la extremidad cefálica de los Teniados por presentar dos profundas depresiones dispuestas longitudinalmente en los bordes late- rales, que toman el nombre de botridies y desempeñan el papel de ventosas, pues sirven de órgano de adhesión á estos parásitos. Los bothriocephalos son inermes, es decir carecen de ganchos. Los anillos son siempre más anchos que largos aún en la porción terminal de la estróbila, y los poros genitales en vez de disponerse en los márgenes laterales del proglótide, como sucede en las tenias, se hallan situados siempre en la cara ventral y hacia la línea media. Los órganos sexuales son semejantes á los de los teniados pero algo más complicados. Como ellos, en cada anillo pueden observarse los apara- tos reproductores macho y hembra, es decir, que cada proglótide repre- senta una individualidad hermafrodita. Poseen glándulas vitelinas, órganos que no hemos observado entre las tenias cysticas y que poseen una estruc- tura y una localización diferente de los que hemos visto entre algunas cysti- cercoideas. Los huevos afectan dimensiones mayores y se hallan provistos de un opérculo que se abre para dar salida al embrión ciliado, el cual mediante el aparato vibrátil que posee, está animado de un movimiento rotatorio muy activo. * Sufren metamorfosis, pero únicamente han sido bien determinadas en el bolrhiocephalus latus, pudiendo adelantarse por analogía que las que experimentan los otros botriocéfalos son semejantes y se verifican en dos ó más huéspedes. Las larvas no se hallan recubiertas por una cutícula quís- tica y toman el nombre de plerocercoides. Esta familia comprende tres géneros: Triaenophorus^ Schistocephctlus y Bothriocephalus. De ellos solo estudiaremos el último que es el más rico en variedades y que encierra parásitos que han sido observados en la es- pecie humana. Bothrioceplaalus latías - Bremser, 1819. Sinonimia: Tcenia prima Plater, 1603. T. veterum Spigel, 1618. 1. vulgaris y T. lata Lineo, 1748. T. tenélla Pallas, 1781. T. dentada Batsch, 1786. 238 PARASITOLOGÍA ANIMAL Alojado en el tubo intestinal del hombre, el bothriocephalus latus se caracteriza por ser tal vez el entozoario de mayor longitud. Hállase dotado de asombroso poder reproductor, y los huevos una vez maduros son elimi- nados y depuestos en las paredes intestinales del huésped para de allí pasar al exterior junto con las materias excrementicias. Estos huevos tienen forma elíptica, coloración gris obscura y se hallan recubiertos por una cáscara bas- tante delgada que presenta en uno de sus polos un opérculo ó tapadera susceptible de levantarse bajo la presión interna del embrión semejando va- gamente la dehiscencia en pixidio de algunos vegetales. Los movimientos de este opérculo pueden ser estudiados sometiendo los huevos á la acción del ácido sulfúrico ó de la glicerina. Miden de 68 á 70 ¡i en el sentido del diámetro mayor por 44 á 45 ¡i de ancho. Una vez expulsados al exterior el embrión no ha adqui- rido su completo desarrollo hallándose en estado rudimenta- rio, pudiendo observarse solamente que en el centro exis- ten numerosas células claras representantes del vitelo for- mativo que á su vez están rodeadas por otras muy granulo- sas, opacas, más abundantes, que constituyen el origen del vitelo nutritivo. Para que el embrión llegue á adquirir su estado defi- nitivo es menester que los huevos vayan al agua y se hallen sometidos á una temperatura conveniente. Observemos de paso que no sucede aquí lo que hemos visto precedentemente en las Tenias. Mientras que en estas últimas los em- briones exacantos han adquirido un completo desarro- llo al ser expulsados los huevos del tubo intestinal, en los botriocéfalos el embrión requiere para su evo- lución un lapso de tiempo más ó menos largo que puede ser de semanas y aun de meses como lo han comprobado Knoch y Schubart. Según Bertolus,el desenvolvimiento embrionario exi- ge de 6 á8 meses en el agua corriente; pero Schauinsland ha conseguido disminuir este período de tiempo, apresu- rando artificialmente la eclosión de los embriones. Este autor, sometiendo los huevos á una temperatura de 30 á 35 c.° pudo observar dicha eclosión á los 10 ó 14 días. Además, ha seguido de una manera completa las diferentes fases de su desarrollo. La primera manifestación de este desen- volvimiento, estaría representada por la aparición en el centro de las cé- lulas nutricias del huevo (fig. 133, A, a) de una masa celular elíptica cons- tituida por cuatro células embrionarias, de las cuales tres c, que son las que se encuentran más distantes del opérculo, van á dar lugar al endoder- Fig. 131. Huevo de Bothrioee- phalus latus. Fig. 132-Huevos de botrhiocepha- lus latus tratados con el ácido suP fúrico para reve- lar el opérculo. PARASITOLOGÍA ANIMAL 239 mo, y se hallan recubiertas á guisa de capuchón por una cuarta c', que ori- ginará el ectodermo. En un período más avanzado, B, obsérvase que tanto la célula ecto- dérmica como las endodérmicas se han multiplicado por fisiparidad y han formado dos verdaderas capas constituidas por numerosas células f, e. Por otra parte, en la periferia del vitelo nutritivo aparecen pequeñas células, a, alojadas en los intersticios dejados por las células nutricias; ellas darán origen á una membrana de cubierta muy tenue y delicada, a'\ desti- nada á servir de envoltura al futuro embrión exacanto. Fig. 133.- Desenvolvimiento del Bothriocephcdus latus, según Schauinsland. a, vitelo nutritivo; a' células periféri- cas que da nacimiento á la membrana de cubierta a"', cé- lulas endodérmicas; c' célula ectodérmica; d, membrana vitelina ó cáscara del huevo; e, endodermo ó embrión pro- piamente dicho; f, ectodermo ó manto del embrión; k, lá- mina externa del manto; l, lámina interna del manto. El ectodermo, a, á su vez sufre algunas modificaciones. Sus células nucleadas y provistas de gruesas granulaciones han aumentado de espesor, al par que en su cara externa aparecen pequeñas cilias vibrátiles, cortas en un principio, pero que progresivamente aumentarán de longitud. En una fase ulterior puede observarse que este ectodermo ó manto parece estar recubierto tanto en su cara externa como en la interna por dos cutículas que han sido denominadas limitante externa, k, y limitante in- terna, l. Llega el momento en que el embrión exacanto parece formado por dos esferas concéntricas. En cuanto al vitelo nutritivo, sufre un proceso degenerativo, pues se 240 PARASITOLOGIA ANIMAL ha ido consumiendo y agotando á medida que el vitelo formativo ha dado lugar á los elementos del embrión. Las células que lo constituían han dis- minuido en tamaño y en número, y sus núcleos han perdido paulatinamente su nitidez. Una vez que el embrión adquiere su completo desenvolvimiento, el vitelo nutritivo solo se halla representado por raras esterillas D, a, de volumen variable. Los tres pares de ganchos que posee el embrión aparecen al final del desarrollo, cuando las cilias han adquirido un estado definitivo, y cuando el ectodermo llamado manto por Schauinsland presenta en su interior un cierto número de gránulos que ocultan los núcleos celulares de este manto y los hacen invisibles á la observación. Una vez que el embrión tiene la madurez necesaria para la eclosión, obsérvasele dotado de enérgicos movimientos de contracción así como de de una activa vibración de las cilias; estos movimientos dan por resultado que el opérenlo se levante para permitir su salida E. En el huevo quedan alguno que otro vestigio del vítelo nutritivo y fragmentos de la membrana de cubierta. Libre el embrión, mide según Bertólus de 45 á 50 ¡i; tiene un ecto- dermo de 10 ¡i de espesor y ganchos de 13 p de longitud. Nada con lentitud, girando al rededor de un eje paralelo á los ganchos medios. Los otros dos pares se disponen simétricamente á ambos lados. A pesar de tener forma esférica el animal parece estar dotado de simetría bilateral. Las cilias, ani- madas de movimientos bastante amplios, son difíciles de observar al micros- copio por la tenuidad y delicadeza de su estructura. Después que el embrión exacanto eclosiona las limitantes externa é in- terna del ectodermo se separan una de otra debido á la infiltración del medio líquido; las células que constituyen el manto se hinchan en un principio, luego se licúan y se destruyen; aparecen en cambio entre las dos limitantes una serie de travéculas protoplasmáticas de contornos muy regulares dis- puestas de tal manera que hacen creer en una constitución celular bien defi- nida siendo así que estas células han desaparecido. A su turno, el ectodermo se ha separado del endodermo, dejando un espacio que se halla surcado por numerosos filamentos protoplasmáticos- Estas travéculas afectan una delicadeza extrema, salvo una de ellas que está situada en la continuación del eje rotatorio del embrión y se halla en relación con una depresión infundibiliforme de la limitante externa del manto. Los embriones pueden vivir varios días en el medio líquido á la espera del huésped intermediario, habiéndose observado algunos que han alcan- zado hasta una semana y aún más. Si pasada esta época el embrión no ha encontrado el huésped en cuyo interior se prepara para pasar el estado larvado, vésele disminuir los movi- mientos, cesar la vibración de las cilias, cayendo poco tiempo después al PARASITOLOGÍA ANIMAL 241 fondo del receptáculo que lo contiene con todos los síntomas de la muerte. A. pesar de la inmovilidad aparente, los ganchos suelen conservar un pe- queño movimiento de reptación, así como el ectodermo ó manto poseer ligerísimas contracciones que lo agitan levemente. Por último hasta estos movimientos desaparecen, y el endodermo adquiere una rigidez é in- movilidad absoluta. A veces el manto se rompe para dar paso al endodermo que no tarda en alejarse valiéndose de sus contracciones propias y de sus tres pares de ganchos. En otros casos, solo la limitante externa se desgarra, y entonces vése á la limitante interna envolver al embrión, bajo el aspecto de una cutícula delicada y transparente que ha sido designada por Leuckart con el nombre de membrana albuminosa. No se ha determinado aún cuanto tiempo puede vivir el embrión sin el ectodermo ó manto, ni si este fenómeno es de orden patológico ó normal. Algunos autores creen que el acto de despojarse de su ectodermo es un signo precursor de su muerte. Las evoluciones que experimenta son bastante complicadas y aún no han sido bien elucidadas. Knoch, practicando una serie de experiencias en el perro, indujo de los trabajos efectuados, que el Bothriocephalus latus se desarrollaba direc- tamente en un sólo huésped.. Este'autor hizo ingt rir á numerosos perros embriones ciliados, y á pesar de no haber conseguido completo éxito en la experiencia, al efectuar la autopsia, encontróse que el intestino de varios de los perros sometidos á la prueba, albergaban algunos Bothriocephalus en diferentes fases decrecimiento. Sin embargo, estas experiencias adolecen de un grave defecto: no haber sido efectuadas en las condiciones que exije toda rigurosa experimentación. Los perros de que se sirvieron no fueron sometidos á un regimen especial; no fueron sustraídos á las causas infec- tantes ordinarias; no se verificó tampoco si estos animales eran portadores de Bothriocephalus antes de la infección. Por otra parte, provenían de San Petersburgo y sabemos, según una estadística levantada por Birsch- Hirchfeld, que el 15 por ciento de los habitantes de esta ciudad albergan el parásito. Leuckart ha demostrado que esta suposición es inverosímil haciendo ngerir millares de huevos y embriones ciliados á cuatro perros, sin con- seguir el más mínimo resultado. Leuckart efectuó además, la experiencia en sí mismo, tragando una docena de embriones y la repitió en ocho dis- cípulos siempre con el mismo resultado negativo. Ensayos análogos fuéron emprendidos igualmente por Grassi, quien trató inútilmente de infectarse directamente. Parasitología Animal 242 PARASITOLOGÍA ANIMAL Estas experiencias nos demuestran plenamente que el Bothnocephalu» no pasa todos sus períodos de vida parasitaria en un mismo huésped. Schauinsland, basándose en que la mayoría de los sujetos que alber- gan el Bothriocephalus se alimenta en gran parte del pescado y en la gran cantidad de parásitos que se observan entre los habitantes de ciertos puertos de Rusia, supuso que el botriocéfalo pasaba su período larvado en ciertos peces y que eran éstos los que lo transmitían al hombre, cuando el último hacía consumo de carne de pescado ahumada ó mal cocida. Fundándose en esta idea, Schauinsland trató infructuosamente de infectar numerosas Lotas jóvenes, introduciéndoles, mediante una pipeta,, en el estómago, gran cantidad de embriones ciliados. Examinando 24 ho- ras después los intestinos de estos peces, observó que la mayoría estaban vivos, rodeados aún de ectodermo y acumulados especialmente en el apéndice pilórico. Ninguno de ellos había perforado la túnica intestinal. El profesor Max Braun, haciendo análogas suposiciones que Schau- insland, principió á examinar detenidamente los pescados que se enviaban para la venta al mercado de Dorpart, constituidos casi exclusivamente por Sollos y Lotas, ambos de agua dulce. En el interior de los músculos de estos peces, pudo observar la presencia de numerosas larvas mus seme- jantes á los cysticercoides, á las cuales dió el nombre de plerocercoides. Debemos hacer constar que estas larvas habían sido vistas anterior- mente por Knoch, pero este autor no reconoció su verdadera naturaleza. Los plerocercoides (fig. 134), miden según Max Braun de 8 á 30 mi- límetros de longitud, carecen de todo quiste adventicio, y tienen una forma alargada, terminando por una extremidad caudal acintada y oval que se origina indudablemente por un simple proceso de ajustamiento del embrión exacanto. Las larvas se hallan alojadas en el espesor del tejido muscular, distribuidas irregularmente, sin afectar rela- ción alguna con la dirección de las fibras musculares. Se les observa también en las paredes intestinales presentán- dose bajo el aspecto de estrías blanquecinas, en los órga- nos genitales, en el bazo, en el mesenterio y con menos fre- cuencia en el hígado. En cuanto al número de ellos, varía según la re- gión de donde provienen peces. En un Sollo de tamaño medio, suélense encontrar de 10 á 30 distribuidos en el tejido muscular. Están dotados de movimientos muy confusos, despe- zándose lentamente y dejando á menudo una impresión ó huella en el lugar que ocupaban anteriormente. A veces se les suele encontrar en la cavidad general, hecho que parece confirmar la existencia de dichos mo- vimientos. Observados en el espesor de los músculos, presentan la cabeza invaginada, pero si se les introduce en una solución tibia de cloruro de sodio Fig 134-Plerocer- coides extraídos del Sollo, según. Max Braun. PARASITOLOGÍA ANIMAL 243 al 5 por 0[00, en la albúmina, ó en una estufa, vése fácilmente como eva- ginan é invaginan la extremidad cefálica sufriendo modificaciones conside- rables en su forma y como se mueven con rapidex mediante ondas de contracción que se propagan á lo largo del cuerpo. Estas larvas tienen una resistencia bastante grande contra los agentes externos, pudiendo vivir 8, 10 y más días después de muerto el huésped que las aloja. Parecen pequeños vermes alargados y se hallan provistas de una cabeza con dos ventosas en forma de hendiduras que se sitúan en la parte media de la cara superior é inferior. En el interior no tienen cavidad central alguna ni existe heterogeneidad de tejidos que acuse una diferencia- ción de órganos. La extremidad caudal, casi siempre invaginada, carece de apé idices y tiene una forma oval ó acintada. Fig. 135-Fragmento de músculo de Sollo con plerocer- coides (Tamaño natural). Según Bax Braun. La forma de esta cola es un dato muy importante, pues Max ¡Braun distingue por ese solo carácter los plerocercoides de los bothriocephalus de los plérocercos de cola esférica característicos de'los Tetrarincos Los peces de ciertos lagos se hallan infectados de plerocercoides en proporciones enormes. Así por ejemplo, los que provienen de los la- gos Peipus, Wirzjerw y Embach alojan larvas en el 98 por ciento de los casos, habiéndose encontrado también en los Sollos y Lotas provenientes de los golfos de Botnia y de Finlandia, de los lagos de Ladoga y de Burt- nek, en las truchas del lago de Génova y en un salmónido del Japón Por último los plerocercoides infectan con mayoi facilidad los Sollos que las Lotas y en caso de infección en ambos, el número de larvas que 244 PARASITOLOGIA ANIMAL se encuentran en los tejidos de los primeros es en general mayor que el que se observa en los tejidos de los segundos. Obsérvese que todos los plerocercoides encontrados en el tejido muscular de los pescados miden de i á 3 centímetros, excepcionalmente 5, y nunca se han encontrado de tamaño menor, ni se ha podido apreciar el proceso de desarrollo como se ha visto en los cysticercos y cysti- cercoides de las Tenias. Para explicar este hecho solo dos teorías son v rosímiles; ó bien el plerocercoide tiene la propiedad de desarrollarse en i peces jóvenes, y por este motivo se hallan al estado de larvas perfectas en los peces adultos que son los que se utilizan para el consumo, ó bien los sollos y las Iotas no constituyen el primer huésped intermediario ha- biendo algunos otros peces desconocidos que son los que se encargan de ingerir los embriones ciliados y dar origen á una primera larva. Estos peces sirven de alimento á los sollos y Iotas, y por consiguiente la larva introducida en el aparato digestivo de estos últimos, perforaría las túnicas intestinales para ir á radicarse en los músculos y órganos de la economía y desarrollar allí un plerocercoide. La segunda opinión es sin duda alguna la más probable, pués últi- mamente se ha comprobado al ovservar numerosos sollos y Iotas jóvenes, que el tamaño de los plerocercoides no era nunca menor de un centíme- tro lo que prueba que las faces de evolución comprendidas entre el em- brión ciliado y la larva tal como se presenta en el tejido muscular del sollo deben efectuarse en algún otro pez. Esta parte del desarrollo de los Botriocéfalos es la más oscura; to- das las demás han sido perfectamente dilucidadas, habiendo demostrado Max Braun mediante numerosas experiencias que el plerocercoide corres- ponde al estado larvado del verme que nos ocupa. Estas experiencias fueron hechas en gatos, perros y en algunos alum- nos que se prestaron voluntariamente á ellas. Max Braun administró, en Dorpat, á tres perros, plerocercoides que habían sido extraídos del tejido muscular del sollo. 4, 8 y 11 días des- pués de la infección, los perros fueron sacrificados encontrándoseles en el tercio medio del intestino delgado numerosos Bothriocephalus latus de pe- queño tamaño, que se diferenciaban de las larvas por varios caracteres. Las cabezas se hallaban siempre evaginadas, adheridas mediante sus botridies á las vellosidades intestinales; eran gruesas, más largas que las de las larvas, en forma de glande, algo afiladas en la extremidad. Los botridies situados en los planos dorsal y ventral, afectaban la disposición de una hendidura profunda como puede verseen la fig. 137. El número total de Bothriocephalus correspondía al de plerocercoides ingeridos, y lo que se encontraron en el perro sacrificado el undécimo día. eran notables por el tamaño que habían adquirido. Debemos hacer constar LAM. VIII Bothriocephalus latus 1,-Cabeza. 2.-Cara dorsal. 3.-Cara ventral. 4.-Parte truncada de la estróbila Í 5.-Extremidad caudal del verme según Chiaie. 6.-Bothriocephalus latus de 4 m. 20 de longitud, expulsado por una niña de dos años y medio. PRRfíSITObOGÍfl RR/MRb E. Perroncito. "la CIENCIA Médica" 2080 CÓRDOBA 2080 PARASITOLOGIA ANIMAL 245 sin embargo que al realizar esta experiencia, Max Braun, no tomó todas las medidas necesarias como para poder hacer de ella una verdadera inducción pués podría objetarse que los perros sometidos á la prueba eran portadores de botriocéfalos antes de que se realizara la infección con los plerocercoi- des. Bax Braun, no juzgó necesario hacer una depuración preventiva, ba- sándose en que el botriocéfalo es sumamente raro en los perros de Dorbat; pero con el objeto de eliminar todo motivo de error, volvió á realizar nuevos ensayos experimentales. Describiremos algunos de ellos con detalles. El 15 de setiembre de 1881, administróse á un gato que había sido so- metido préviamente á tratamiento antihelmíntico con píldoras de Kousso numerosos plerocercoides provenientes de un sollo de lago de Embach. El 19, practicóse la autopsia, encontrándose en el intestino delgado 16 botriocéfalos de pequeño tamaño enérgicamente unidos mediante sus botri- dies á las vellosidades intestinales y cuyos cuerpos no presentaban indicio alguno de segmentación. El 29 de Noviembre del mismo año, Max Braun sometió un gato adulto después de haberse asegurado que no encerraba botriocéfalos me- diante la ingestión de dosis suficientes de Kamala, á una alimentación de carne de buey cocida y de pescados que carecían de plerocercoides. El 9 de Diciembre adminístrase al animal 6 larvas extraídas de un sollo, alimen- tándole desde entonces hasta el 26 del mismo mes con fragmentos de músculos de sollos y de Iotas seleccionados y desprovistos de larvas. Con- tinúase la alimentación hasta el 26 de Enero de 1882 con carne de buey cocida, leche, pan, etc., dándole en el intérvalo del 26 de Enero al 4 de Febrero fragmentos de sollo llenos de plerocercoides. En esta última fe- cha, se le hace la autopsia, y encuéntrase en el intestino delgado tresBofh- riocephalus latus, con órganos sexuales bien desarrollados en los últimos proglótides y útero lleno de huevos. El mayor de ellos medía 50 centíme- tros de longitud. Obsérvanse además 9 botriocéfalos pequeños y de tama- ños diversos, habiendo algunos tan poco desarrollados que solo se diferen- cian de los plerocercoides por la evaginación de la cabeza. Las experiencias en la especie humana fueron realizadas en tres estu- diantes rusos de la Universidad de Dorpart que se prestaron á ella de bue- na voluntad. Después de haberse averiguado que ninguno de ellos alberga- ba el parásito, y previo un tratamiento purgativo de varios días con aceite de ricino, Max Braun dió en Noviembre de 1882 á los esíudianles A y B tres plerocercoides mezclados con leche ó pan y cuatro al estudiante C. Tres semanas después uno de ellos principió á sentir ligeros dolores intestinales que no tardaron en presentarse en los demás. El 27 de Noviem- bre se examinan al microscopio las materias fecales de los tres estudian- tes observándose en todas ellas numerosos huevos de botriocéfalos. Algu- 246 PARASITOLOGÍA ANIMAL. nos días después, con la administración de una buena poción de extracto etéreo de helécho macho, el estudiante A expulsó dos botnocéfalos, B, al- gunos fragmentos que podían pertenecer a uno ó más vermes y C, tres ejemplares. Como el estudiante B, solo eliminó fragmentos, repitiéronse va- rios días más tarde los exámenes microscópicos de las deposiciones Estos exámenes no revelaron la presencia di huevos, lo que hace suponer que la porción restante del ó de los parásitos habría sido expulsada en materias fe- cales no examinadas. De los cinco vermes eliminados solo tres lo fueron con cabeza. El más pequeño de ellos medía 310 centímetros y tenía 1000 anillos, mientras que el mayor alcanzaba á 452 centímetros y á 1300 proglótides. El tér- mino medio de la longitud era de 339 centímetros y el del número de pro- glótides, 1209. Si dividimos ahora, como hace Max Braun, el término me- dio de la longitud y el délos proglótides, por el número de días que han ne- cesitado estos parásitos para desarrollarse (39) obtendremos que el botrio- céfalo crece á razón de ^centímetros por día y de 33 nuevos anillos. Es- tas cifras nos demuestran hasta la evidencia que este parásito no solamen- te es el más largo de los entozoarios conocidos sino que es el de creci- miento más rápido. El; único verme que podría asemejarse en su desarrollo es la Tenia saginata, y aún esta última es superada por el primero. El botriocéfalo mide comúnmente de 6 á 10 metros de longitud, ha- biéndose observado casos de 12, 14 y 16 metros. El número de anillos varía de 3500 á 4000, habiendo alcanzado á 4133 en un botriocéfalo re- cogido por Stein. La cabeza tiene una forma oval lanceolada semejante á la de una al- Fig. 136.- Bothriocephalus latus de tamaño natural, enseñan- do el aspecto de los anillos en las diferentes regiones de la estró- bila, a, cabeza y cuello, b anillos primeros; c y d proglótides me- dios con glándulas genitales bien desarrolladas; e y f, anillos de los cuales han salido numerosos huevos por el orificio de postura; g, últimos proglótides estrujados después de la expulsión de los huevos. mendra; mide de 2 mm. á 2 7S mm. de longitud por 0mm7 á 1 mm. de an PARASITOLOGÍA ANIMAL 247 'cho, algunas de desarrollo anormal, pueden adquirir hasta 5 mm. de largo. Carece de rostello, de ganchos y de ventosas, pero en cambio presenta dos hendiduras largas y profundas que han sido denominadas botridies y se ha- llan situadas á lo largo de los bordes laterales. La cabeza es aplanada, pe- ro debemos hacer constar que este aplanamiento es lateral y no dorso-ven- tral y que si los botridies aparecen á los lados en lugar de hallarse situados en la cara dorsal y ventral, es bebido á que la extremidad cefálica ha sufri- do una rotación de cuarto de círculo al rededor del cuello. A la cabeza sigue un cuello que mide de 6 á 16 milímetros de longi- tud en los casos de retracción del botriocéfalo, habiéndose observado algu- nos que alcanzaban á 15, 20 y 30 milímetros. La estróbila está formada por proglótides que presentan la particulari- dad de ser siempre mas anchos que largos, aún en los últimos de la cadena. Los primeros toman nacimiento por brotación del escolex y á semejanza de los de tenias carecen de órganos sexuales. Estos aparecen progresiva- mente en los anillos medios, mostrándose primeros los órganos masculinos, luego los femeninos. Los proglótides de la porción media de la estróbila miden de 2 á 4 milímetros de largo por 10 á 12 y aún 20 milímetros de an- cho. En ellos se pueden observar los órganos sexuales en plena actividad y la formación de un número considerable de huevos que dilatan el útero y son eliminados paulatinamente por el orificio de postura. Los últimos anillos han disminuido de ancho, se han estrujado, por así decir, debido á que los huevos han sido expulsados por completo. Debemos hacer notar además que el borde anterior de los anillos es siempre de menor tamaño que el pos- terior, razón por la cual vistos estos proglótides por una de sus caras, tienen la forma de un trapecio y los bordes laterales de la cadena se presentan den- tados ó mejor dicho aserrados. Recubre al cuerpo una cutícula transparente de 6 á 10 p de espesor, y de estructura homogénea y refringente, diferenciada de vez en cuando por la presencia de células fusiformes, fibras y corpúsculos calcáreos. Estos últimos se hallan siempre en menos número que en la T. sagina- ta. La porción cuticular de la cara ventral se caracteriza por presentar gran cantidad de apilas situadas en la línea media y rodeando á la cavidad del cirro y al orificio de postura: la función que desempeñan es desconocida; Max Braun suponía que tenían por objeto permitir la adhesión entre las caras ventrales de los diferentes anillos para efectuar la cópula; pero esta opinión es inadmisible hoy en día que se conoce en todas sus faces el proceso de la fecundación de los botriocéfalos. Por debajo de la cutícula obsérvase una gruesa capa granulosa, for- mada por células fusiformes y gránulos refringentes, que dejan entre ellos espacios por donde circulan vasos subcuticulares, é inmediatamente des- pués viene la doble capa muscular que se dispone de una manera semejan- 248 PARASITOLOGIA ANIMAL te á la de las Tenias, es decir la primera de fibras musculares longitudina- les y la segunda desfibras circulares ó anulares. El espacio que circunscri- be interiormente esta segunda capa está ocupado por el parénquima del proglótide;y este parénquima, cons- tituido por tejido conjuntivo reticular, aloja en su inte- rior los distintos aparatos, excretor, reproductor, etc. El aparato excretor está formado por dos vasos que se disponen á cada lado de la estróbila (fig. 142, E,), Hállanse situados en los anillos jóvenes hacia aden- tro del cordón nervioso, entre la línea media y el borde lateral de la cadena; posteriormente esta posi- ción se modifica, y en los proglótides maduros, se- gún Moniez, obsérvase el vaos entre la línea media y el cordón nervioso. Pueden compararse á la laguna longitudinal de las tenias, diferenciándose de estas últimas por el hecho de carecer de anastomosis transversales que hagan comunicar el uno con el otro. Se ignora también como se dis- tribuye en la cabeza y qué relaciones guardan con los vasos subcuticulares ó canales plasmáticos mencionados pre- cedentemente. El sistema nervioso fué descrito en 1849 por Blanchard. [Posteriormente Moniez, Nieimec han hecho de él una detallada descripción. El primero explicó la verdadera naturaleza de los cordones nerviosos laterales, demostrando el error en que habían incurrido Sommer y Lan- dois al considerarlos como vasos. La porción central del sistema está representada por dos ganglios laterales alojados en la extremidad cefálica del botriocéfalo. Estos ganglios se unen mediante una comisura transversal en cuyo centro se observa una dilatación fusiforme ó tercer ganglio. Los ganglios laterales dan ori-gen por un lado á los cordones nerviosos laterales que se deslizan á lo largo de la estróbila, iner- vando los órganos que encuentran á su paso, y por otro, á ocho filetes nerviosos, (cuatro por cada ganglio), que se distribuyen radialmente, para acompañar más adelante á los cordones nerviosos durante cierta por- ción de su trayecto. De la extremidad anterior de los cordones laterales surgen tambíém Fig. 137-Cabeza de botriocéfalo vista de frente y perfil. Fig. 138-Corte transversal de'un anillo joven nv, cordón nervioso; vs vaso central; vs', vasos subcuticula- res; zmc; músculos circulares; zml; músculos longitudinales. PARASITOLOGÍA ANIMAL 249 numerosos filetes destinados á inervar la capa subcuticular. El aparato re- productor puede estudiarse bien en un anillo de la mitad de la cadena. Losfórganos sexuales 'machos se hallan alojados en el espesor del parénquima, más próximos á la ca- ra dorsal{que á la cara ventral. Son semejantes á los de las te- nias [y en[ellos debemos conside- rar -vesículas testiculares, cisterna espermática, canal deferente, bulbo y cavidad del cirro. Las vesículas ó folículos testicu- lar es (fig. 141, «) descubiertas por Eschrich en el'año 1841, y agrupa- das en número de 1200 á 1300 por anillo están situadas en las porcio- nes laterales del parénquima y á ambos lados de los vasos longitu- dinales. Son de forma oval ó re- donda y miden 136 ¡i de diámetro. Carecen de membrana de cu- bierta y su origen puede expli- carse por un proceso de diferenciación de las células parenquimáticas. Las vesículas próximas á la línea media son las primeras en adquirir la madurez sexual y en formar por consiguiente los espermatozoides. Estos últimos tienen una cabeza redondeada y una extremidad caudal delgada y larga. Los zoospermios formados á expensas de las vesículas testiculares Se abren paso á través del parénquima del proglótide y se dirijen hacia la cisterna espermática (fig. 141, e) amplia cavidad situada hacia la línea media y que sirve de depósito común á los espermatozoides. Muchos de los zoospermios, especialmente los alojados en la porción parenquimática anterior en lugar de ir á verterse en la cisterna espermática del anillo á que pertenecen, se dirigen hacia el proglótide anterior, y^se vierten en la cis- terna espermática de este último (fig. 141, c). Este hecho nos explica por qué los anillos del botriocéfalo guardan mayor unión que los de las tenias, y al mismo tiempo nos demuestra que la diferenciación morfológica en el primero no ha alcanzado un grado de desarrollo tan profundo co- mo en los segundos De la porción anterior de la cisterna espermática toma origen el canal deferente (fig. 141,/). conducto extremadamente sinuoso de 25 á 75 Fig. 139-Corte transversal de la cabeza del B. latus, según Moniez: nv', cordón nervioso lateral; vs, vaso longitudinal; vs vasos subcuticulares; vil, fibras muscula- res longitudinales. Las depresiones co- rresponden á los botridies. 250 PARASITOLOGIA ANIMAL ¡i de longitud, y cuyo calibre disminuye paulatinamente á medida que se aproxima al bulbo del cirro. Está situado en la línea media y se dirige de atrás á adelante, describiendo sinuosidades que acompañan á las circunvoluciones del útero. Presenta en su extremidad anterior el bulbo del curo, (fig. 141, g), órgano de forma piriforme y .constituido por una capa de fibras muy entrelazadas de cuyo interior se desprenden/largas cilias que se dirigen hacia el centro y parecen tener por objeto hacer progresar el espermatozoide hacia la cavidad del cirro. El canal deferente perfora el bulbo, describiendo numerosas sinuosi- dades y termina en la cavidad del cirro, que es un órgano ovoideo;de 644 ¡i de largo por 441 ¡i de ancho, recubierto por una doble capa muscular (fig. 141, h iuna interior radiada y otra externa formada por fibras entre- lazadas. La cavidad del cirro-presenta dos extremidades, la mayor mira á la cara dorsal, y la menor se abre en un orificio denominado poro genital, situado en la cara abdominal del proglótide. El canaf /deferente termina por una porción libre que ha sido llamada cirro. El cirro está unido á la cara muscular interna de la ca- vidad por un reticulum fibroso y puede.estirarse á voluntad, alcanzando has- ta el poro genital y sobresalir en determinadas ocaciones. En los órganos sexuales hembra debemos considerar la vulva, vagi- na, ovarios^vitelógenos y útero. La vulva (fig. 142, d) es un ancho orificio, situado por debajo del po- ro genital; mide de 52 á 94 ¡i de diámetro y en ella toma nacimiento la va- gina/Fig. 142,/) que es un canal largo y ligeramente sinuoso, dirigido de adelante atrás, situado inmediatamente por arriba de la capa muscular infe- rior del proglótide y por debajo de las circunvoluciones uterinas. Iniciase la vagina por una porción estrecha que ha sido denominada vestíbulo de la va- gina (Fig. 142,"e) y situada por debajo del bulbo del cirro. Su calibre aumen- ta progresivamente á medida que se aproxima al borde posterior del pro- glótide, y termina finalmente en un receptaculum muy dilatado ó depósito seminal (fig. 142, g) de 150 á 220 ¡i de diámetro. La vagina está recubierta interiormente y en todo su trayecto por nu- merosas células ciliadas, que faltan en el receptáculum seminis; este último está tapizado por células más pequeñas que carecen de cilias. El ovario está constituido por tres lóbulos, dos laterales y uno posterior Fig. 140-Anillo aumentado de tamaño visto por la cara ventral. A. Poro genital que puede dar salida al cirro; B. orificio de pos- tura que da paso á los huevos. PARASITOLOGIA ANIMAL 251 y medio, todos ellos alojados en la porción posterior del parénquima y más próximos á la cara ventral que á la dorsal. Fig. 141-Parte media de un proglótide maduro observado por la cara dorsal según Sommer y Landois.--a vesículas testiculares situadas en la porción ante- rior del parénquima, que arrojan los zoospermios en la cisterna espermática del anillo precedente; b, folículos testiculares que vierten su contenido en la cisterna del mismo proglótide; c.vesículas de la porción anterior del anillo siguiente; d, tra- yectos espermáticos; d', trayecto muy dilatado por acumulación de esperma; e, cis- terna espermática; f, canal deferente; g, bulbo del cirro; h, músculos radiados de la cavidad del cirro; i, cubierta muscular de la misma; k, lóbulo lateral del ovario; l, oviducto; m, viteloducto; n, lóbulo ovárico impar; o, punto de unión del oviducto con el útero; p, dilatación fusiforme del útero; g, sinuosidades de la porción poste- rior del mismo; r, asas uterinas. Los lóbulos laterales (fig. 142,7) representan para Sommer y Landoisel germígeno, considerando estos observadores el tener ovario como un órga- no destinado á formar la cutícula del huevo. 252 PARASITOLOGIA ANIMAL Sin embargo Moniez afirma que los tres lóbulos desempeñan funciones análogas, basándose en la identidad de origen y de estructura. Fig. 142. Anillo maduro de Bothriocephalus latus, observado por la cara in- ferior según Sommer y Landois. A, borde anterior de! proglótide; C, borde poste- rior; C, porciód lateral oscura; D, porción media clara; E, gran vaso longitudinal; F, zona marginal anterior del anillo siguiente; G proeminencia de la cara ventral originada por la cavidad del cirro; H, poro genital; a, canal deferente; b. bulbo del cirro; c, cavidad de cirro; d, vulva; e, vestíbulo de la vagina; f, vagina g, receptá- culum seminis; h, canalículo que pone en comunicación el receptáculum seminis con el oviducto; i, seno genital; j, lóbulo lateral del ovario ó permígeno; k, oviduc- to; k, roseta uterina; l, vitelógenos; m, conductos vitelinos; n, viteloducto; v, lóbulo ov¿írico impar; p, útero. Los óvulos toman nacimiento en el interior por un proceso de diferencia- ción llevado á cabo en las células parenquimáticas. El ovario posterior es según Moniez, un órgano rudimentario, que se desarrolla primero que los laterales y se atrofia cuando estos últimos han adquirido su completo desen- volvimiento. LAM. IX Bothriocephalus Latus 1. Extremidad cefálica aumentada de tamaño y observada lateralmente-2. Pro- glótide. a, poro genital; b, cirro; c, orificio de postura-3. Aparato genital visto por la cara ventral, a, ovarios laterales; b, orificio de postura; c, receptaculum seminis- 4. Aparato genital observado por la cara dorsal, a, ovarios laterales; b, receptaculum seminis; c, canal deferente--5. Anomalía de duplicidad de poros genitales observada por Bremser-6. Proglótide del cual se ha separado la capa dorsal para poder ob- servar el aparato genital macho, a, receptaculum seminis; b, ovario; c, útero; d, canal deferente; e, ovarios laterales; f, ramificaciones de los canalículos nutricios; canal nutricio-7. Extremidad cefálica observada por su cara dorsal-8. Dos anillos en los cuales puede verse el cirro evaginado-9. Proglótide aumentado de tamaño, a, útero; b, cavidad del cirro encerrando en su interior el cirro ó pene-10. Fragmento de es- tróbila que presenta dos anillos con dobles poros genitales y en los cuales se obser- va un proceso de división. PARASITOLOGÍA ANIMAL E. Perroncito. PARASITOLOGÍA ANIMAL 253 Los lóbulos, pues, comunican entre sí mediante un canal transversal, de cuyo borde posterior nace un ancho pabellón infundibiliforme, (fig. 143, e), de pared rígida y espesa, formada por numerosas fibras musculares anulares. De la porción terminal de este pabellón, surge el oviducto ó gcrmiducto (fig. 142, £ y fig. 143, /), de aspecto fusiforme, oblicuamente dirigido de adelante hacia atrás, y que comunica por su extremidad anterior con el receptaculum seminis mediante ei canalículo de derivación, &, y por su extre- midad posterior con la primera porción ó dilatación fusiforme del útero (fig. 143, h). El lóbulo posterior del ovario, ú ovario central como lo denomina Mo- niez, (fig. 142, o y fig. 143, &), tiene la estructura de una glándula tubular su- mamente ramificada, y los numerosos canales excretores que de ella nacen van á desembocar en el oviducto un momento antes de que éste se continúe con la cavidad uterina. Pasamos ahora al estudio de los vilelógenos ó glándulas vitelinas, ór- ganos que no hemos observado entre las tenias, y que desempeñan en los botriocéfalos una importante función sexual. Están constituidos por un nú- mero considerable de folículos de 64 á 110 p que se disponen á ambos lados del parénquima del proglótide (fig. 142, l) alojándose entre la capa subticu- lar y los músculos longitudinales. Sommer y Landois consideraron en un principio estos órganos como glándulas muy ramificadas. Pero Moniez, que ha hecho de ellos un estudio minucioso, les niega la estructura glándular asignada por los autores prece- dentes. Los folículos del vitelógeno se forman de un modo semejante á las ve- sículas testiculares ó espermáticas de las tenias; carecen de membrana de cubierta y de verdaderos canales excretores. El vitelo, elaborado en su interior, se abre paso á través de las mallas de los tejidos de la zona cortical, formando hileras de líquido vitelino, que han sido denominadas por Eschricht conductos amarillos (fig. 142, ni). Una vez que han llegado á la altura del lóbulo ovárico, atraviesan la capa muscu- lar y se derraman en un canal de paredes propias, el viteloducto (fig. 141, fig. 142, n", fig. 143, c), que cruza verticalmente el parénquima del anillo y ter- mina en el oviducto á la misma altura en que este último recibe el canal ex- cretor del tercer ovario. El útero es un tubo que se extiende de atrás á adelante en la línea media del proglótide, siguiendo un tiayecto muy sinuoso y describiendo una serie de circunvoluciones que lo han hecho comparar á las sinuosidades del intestino humano, (fig.^ 141, q; fig. 142, p\ fig. 143, i). Se inicia por una vasta dilatación fusiforme de 40 p de diámetro (fig. 142, p] fig. 143, hp y se continúa luego por un canal estrecho que se desliza por encima de la vagina, y por debajo del canal deferente formando de cua- 254 PARASITOLOGÍA ANIMAL tro á siete grandes asas que se distribuyen á cada lado de la línea media. Las dos últimas asas están situadas en la vecindad de la cavidad del cirro, rodean á esta ultima describiendo á su alrededor un cuarto de círculo, y descienden luego para abrirse finalmente en la cara ventral mediante un ori- ficio denominado orificio de postura situado inmediatamente por detrás del poro genital (fig. 140, B y fig. 142, k). Fig. 143. Modo de unión de los diversos órganos constituyentes del aparato geni- tal hembra, según Sommer y Landois. a, receptaculum seminis; b, canalículo de derivación que pone en comunicación el receptáculo seminal con el ovi- ducto; c, canal colector de las glándulas vitelinas; d, dilatación ampular de este canal; e, pabellón infundibiliforme; f, oviducto; h, dilatación fusiforme del útero; i, su primera circunvolución; k, lóbulo ovario impar (Según Sommer y Landois). La fecundación tiene lugar de la manera siguiente: una vez que los espermatozoides han sido expulsados por las vesículas testiculares, se abren paso á través del parénquima del proglótide y se acumulan en la cisterna es- permática. Se deslizan luego á lo largo del canal deferente, pasando por el bulbo del cirro y cavidad del cirro, y se escurren por capilaridad hasta la vulva muy próxima del poro genital. Pasan más tarde á la vagina, recorren esta última en toda su extensión y se detienen en el receptaculum seminis á la espera de la madurez de los óvulos. Cuando estos adquieren su completo desarrollo, y expulsados de los ovarios llegan al oviducto, los espermatozoi- des acumulados en el receptáculo semina], pasan por el canalículo de deri- vación y penetran también en el oviducto; allí se efectúa la conjugación. El PARASITOLOGÍA ANIMAL 255 vitelo formativo, producto de la fecundación de un zoospermio con un óvulo marcha luego hacia la porción posterior del oviducto encontrándose con el vitelo suministrado por el viteloducto y proveniente de las glándulas viteli- nas. El líquido segregado por los vitelógenos envuelve al óvulo fecundado y le forma el vitelo de nutrición. Si fuese cierta la suposición de Sommer y Landois, la constitución del huevo quedaría completada con el líquido segre- gado por el tercer ovario, el cual tendría á su cargo la formación de la membrana de cubierta. Pero, como ya lo hemos consignado, Moniez, después de minuciosos y pacientes estudios sobre el particular, niega una función semejante del tercer ovario. Del oviducto, los óvulos pasan al útero, en donde se acumulan y com- pletan su desarrollo. El tubo uterino se adelanta por la presión interna de los huevos, siendo fácil observar sus sinuosidades al examinarlo por la cara ventral. Las asas se destienden y se disponen como los pétalos de una flor de Lis, disposición que se observa en la línea media de la mayoría de los pro- glótides de la e^tróbila, y que constituye probablemente la causa que indujo á Andry para designar con el nombre de 7. espinosa al botrhio-cephalus latus. A medida que los huevos se eliminan por el orificio de postura, el pro- glótide disminuye de tamaño, pudiendo observárseles estrujados y contraí- dos al final de la cadena. Los órganos de la generación sufren un proceso atrófico semejante al de las tenias, degenerando en primer lugar los masculinos y luego los feme- ninos. En los proglótides terminales de la estróbila solo quedan, fuera del tubo uterino, vestigios de la cavidad del cirro, canal deferente y vagina, que son los últimos órganos en desaparecer. A semejanza de las tenias, los botriocéfalos ofrecen numerosas anoma- lías. La más frecuente de todas ellas, es probablemente la duplicidad del poro genital. Según Bremser existe en el museo de Viena, un fragmento enviado por Sómmering, que tiene en once anillos sucesivos, dos fosetas situadas una al lado de la otra. Puede observarse en la lámina nueve la reproducción de una porción del fragmento citado. Chiae refiere haber encontrado un ejemplar que pre- sentaba dicha duplicidad en seis de los proglótides. Esta anomalía ha sido observada también en otras especies de botriocéfalos. Krabbe menciona ha- berla encontrado en el B. variabilis, parásito de la Phoca cris lata. Otra anomalía no menos común es la perforación ó pérdida de subs- tancia que ofrecen muchos anillos en la porción media del parénquima. Se- mejante á la que observamos en las tenias parece ser debida ála ruptura del tubo uterino y expulsión de su contenido: á menudo esta perforación abarca 256 PARASITOLOGÍA ANIMAL uno ó vanos anillos, pudiendo extenderse raramente á fragmentos bastante largos de la estróbila. Cuando la'perforación es terminal y la cadena se rompe en la extremi- dad, la porción posterior remata en dos largas cintas, presentando un aspecto bífido. La eliminación de los botriocéfalos se. efectúa siempre por el ano. A semejanza de a T. solium son expulsados en fragmentos le cadena más ó menos grandes, con las naterias fecales del huésped. Ytzigsohn es el único observador que nenciona un caso de botriocéfalo arrojado aor otra vía, el cual por otra parte no es nada explicativo. Este médico asistió á un niño de un año, que acababa de vomitar un verme. Examinado al microscopio resultó ser un botriocefalus latus. Observaciones posterio- res permitieron constatar que el niño había jugado con un pichón que reveló poseer en su intestino delgado, botriocéfalos semejan- tes al verme expulsado. A pesar de que eb aparato de fijación de los botriocéfalos parece ser menos pode- roso que el de las tenias, el lapso de tiempo que vive en el intestino del hombre es muy grande, y según Laboulbéne. es el más difí- cil de eliminar de todos los cestoides. Brem- ser refiere el caso de un suizo radicado en Irlanda que observó fragmentos de estróbila en sus deposiciones, doce años después de haber salido de su patria. Observaciones análogas han sido hechas por Leuckart, Mósler Knoch y Seeger. Estos autores men- cionan casos de Botriocéfalos que han permanecido durante 14, zu y Z1 años en el intestino del huésped. Fué creencia general en un tiempo que la existencia de este verme en el intestino era incompatible con otras enfermedades, pero Mósier, Bellingham y Cruse han demostrado la falsedad de esta opinión, encon- trando botriocéfalos en individuos afectados de fiebre tifoidea y remitente y en las autopsias de algunos cadáveres. El botriocéfalo puede hallarse solo en el tubo intestinal ó en compa- Fig. 144-Botriocéfalos fenestra- dos-A. observación de Rayer. -B. caso observado por La- boulbéne. PARASITOLOGÍA ANIMAL 257 ñía de otros vermes. Rudolphi, Maier, Bruckert, refieren casos de coexis- tencia del botriocéfalo con tenias, y Krabbe cita la observación de un enfermo que expulsó dos botriocéfalos y una 7. solium. El B. latus ha sido observado tanto en la niñez como en la edad adulta, pero es más frecuente en el período de los 20 á los 30 años según una esta- dística de 18 casos levantada por Krabbe. El sexo tampoco tiene influencia alguna para adquirir el parásito; pre- sentando tanto el hombre como la mujer iguales predisposiciones. , En cambio la profesión es un factor muy importante. Se comprende fácilmente que son los pescadores y habitantes de playa marinas, las perso- nas que más se hallan expuestas á alojar el helminto, por sus costumbres ictiófagas y facilidad de ingerir plerocercoides con carne de sollos y Iotas ahumada ó mal cocida. La sintomatología de la enfermedad á que dá lugar el B. latus en el hombre es muy semejante á la de las grandes tenias, y se manifiesta por dolores en el estómago é intestino, vómitos, diarrea, hambre voraz, unidos á una serie de accidentes nerviosos más ó menos constantes, entre los cua- les los más comunes son vértigos, dilatación pupilar, zumbido de oídos, y prurito insoportable en la boca y en el ano. En las mujeres de constitución débil y en los niños, la presencia del parásito determina algunas veces acci- dentes más graves tales como ataques epileptiformes neuralgias y parálisis parciales, etc. El B. latus origina además, junto con otros vermes entre los cuales se halla el Ankilostoma duodenales una afección muy conocida en Rusia y denominada en dicho pais anemia perniciosa secundaria para distinguirla de la anemia perniciosa esencial ó clorosis. Los enfermos afectados de esta enfermedad presentan palidez cadavé- rica y la piel del rostro y del cuerpo de una coloración blanca mate análoga á la cera, muy diferente por consiguiente del tinte verdáceo que ofrecen los cloróticos. En un período avanzado obsérvanse vómitos, diarrea, edema en la cara albuminuria manifestándose al mismo tiempo diversas especies de hemorra- gias, epistaxis, melenas, hematémesis, púrpura. La enfermedad termina generalmente por caquexia aguda. La sangre sufre una pérdida tan grande de glóbulos rojos, que á la punción se presenta de un color ámbar, á veces ligeramente teñida de rosa. En un caso observado por Quinche y que terminó por la curación, la cifra común de cuatro millones y medio á cinco millones de hematíes por milímetro cúbico, descendió á 143.000. Actualmente nadie niega que el bothriocephalus latus es uno de los •causantes de la anemia perniciosa. Rüneberg, que ha observado 18 casos 258 PARASITOLOGIA ANIMAL de esta enfermedad, encontró 12 veces el botriocéfalo en el intestino del pa- ciente; y confírmala relación de causa á efecto, diciendo que los enfermos mejoraron mediante la administración *de antihelmínticos apropiados. Reyhen tuvo ocasión de observar en Dorpat trece casos de anemia perniciosa que curaron después de la eliminación del parásito. Resultados análogos obtuvo Báelz en el Japón. El proceso sintomático de esta profunda anemia puede explicarse ora suponiendo que el botriocéfalo segrega toxinas que absorbidas por las ve- llosidades intestinales pasan á la sangre y destruyen los glóbulos rojos, ora, como cree Schiperovitsch, por la absorción de las substancias nutritivas lle- vada á cabo por estos helmintos, absorción que daría lugar á cierta depre- sión refleja del sistema nervioso, produciría debilidad general y disminuiría la resistencia orgánica del huésped. Como medidas profilácticas aconséjase evitar por todos los medios posibles la contaminación de las aguas con los huevos del B. latus. Para ello, es menester impedir la llegada á los lagos y ríos de las materias feca- les humanas. En segundo lugar, debe hacerse sufrir á la carne de pescado una cocción suficiente para destruir todos los plerocercoides alojados en el interior del tejido muscular. El tratamiento curativo es análogo al que hemos empleado para las grandes tenias del hombre. Después de haberse asegurado de la presencia de los huevos ó de fragmentos de estróbila en las deposiciones, adminístra- se un vermicida apropiado, generalmente poción de extracto etéreo de helé- cho macho, y media hora después un buen purgante salino de citrato ó sulfato de magnesia. La distribución geográfica del B. latus, en oposición á las de las tenias, se limita á determinadas regiones, comarcas que rodean lagos, costas flu- viales y marítimas con habitantes de costumbres ictiófagas. Abunda especialmente en la Suiza francesa, en las regiones de los la- gos de Ginebra, Morat, Biena, Neuchatel. Fué muy común en Ginebra 50 años atrás, al punto que el 20 por ciento de los habitantes estaban infectados. Sin embargo es probable que no todos los casos observados fueran de Botriocéfalo, habiendo sido confundido muy á menudo con la T. inerme,. Investigaciones hechas por Parona y Bertolus han demostrado que los huéspedes intermediarios en este lago son comúnmente las truchas y las feras. El Botriocéfalo es también muy frecuente en las costas litorales del Bál- tico, del golfo de Botnia, de Rusia y de Finlandia. En algunas de estas regiones la infección se lleva á cabo no solamente por la ingestión de carne ahumada ó mal cocida, sino también por la costumbre que tienen los natu- PARASITOLOGÍA ANIMAL 259 rales de comer apéndices pilóneos de sollos y Iotas para el tratamiento cu- rativo de algunas enfermedades. En Dopart se ha desarrollado de un modo asombroso; Szydlowiski re- fiere haber encontrado los huevos del verme en el 10 por ciento de los habitantes. San Petersburgo es otro de los grandes focos. Cruce afirma que el 15 por ciento de los moradores están infectados. En Moscow era muy co- mún en tiempos pasados, pero la proporción ha disminuido sensiblemente en nuestros días. Se le ha visto también en la Alta Italia, en donde afecta los caracteres de una verdadera epidemia. En la lámina ocho puede verse la reproduc- ción de un ejemplar observado por Perroncito y que fué eliminado por un niño de tres años y medio. En Francia es actualmente muy raro; pero según dice Blanchard fué común á principios del siglo XVIII. Se le ha encontrado también en Bélgica, Holanda, Dinamarca, Alema- nia, etc., y fuera del continente Europeo, en Japón, Turkestán, Madagascar y Estados Unidos de Norte América. En la República Argentina ha sido visto una sola vez. Este caso, que fue observado por el Dr. Cantón es excepcional, pues se trataba de un bo- triocéfalo eliminado por una mujer europea cuya residencia en el país da- taba de muy poco. Bothrioceplialiis cristatus.-Davaine. 1874. Este verme ha sido observado dos veces en la especie humana. Ambos casos pertenecen á Davaine. En el primero, fueron eliminados varios fragmentos por un niño de cin- co años que no había salido nunca de París. Uno de ellos fué expulsado con cabeza. La segunda observación corresponde á un individuo de 45 años que eliminé un fragmento de 92 centímetros de longitud. El estudio de estos ejemplares no ha sido hecho con minuciosidad y es probable que sean simples anomalías del Botriocephalus latus. Transcribimos á continuación la descripción que de ellos hace Davai- ne: «El B. cristatus se presenta bajo la forma de una cinta espesa, opaca, de color gris rojizo, fina y elegantemente estriada á través mediante un sur- co longitudinal medio, visible de ambas caras, y formado por la depresión de los poros genitales. La cabeza en el estado adulto difiere notablemente de la del B. Lahis. 260 PARASITOLOGÍA ANIMAL Aplanada, o val-lanceolada, tiene la forma de una semilla de lino, y se continúa por su extremidad más obtusa con el cuello. Mide tres milímetros de largo por uno de ancho, 0,6 mm. de es- pesor. La extremidad libre es aguda y la cabeza presenta en ambas caras dor- sal y ventral, una gruesa cresta longitudinal muy pronunciada que llega á medir hasta un milímetro de diámetro. Esta doble cresta constituye un verdadero rostro rígido y cubierto de papilas salientes, dispuestas en series. La porción restante de la cabeza carece de papilas. Estas crestas se bifurcan hacia atrás en dos prolongamien- tos ó raíces que se separan de la línea media para formar una especie de calamus scriptorius. No tienen botridies, salvo el caso que se quiera considerar como vestigio de ellos una pequeña porción existente entre los dos labios de una de las crestas de la línea media. La extremidad cefálica presenta además numerosas estrías transversales, se halla constituida por un tejido com- pacto, en el cual se hallan diseminados nu- merosos corpúsculos calcáreos dispuestos en hileras longitudinales c, d, que se con- tinúan hasta el cuello. Las dos hileras la- terales c, son notables por la gran cantidad de corpúsculos que encierran. A continuación de la cabeza sigue el cuello sin línea de demarcación bien visible. Este cuello se adelgaza paula- tinamente hasta llegar á 2 milímetros por detrás de la cabeza. En ese momento mi- de 1//2mm en el sentido de su diámetro trans- versal. Luego comienza á ensancharse insensiblemente. Al llegar á 15 centímetros de la ex- tremidad cefálica mide un milímetro de an- cho; de los 15 á los 20 centímetros se en- sancha bruscamente y adquiere 4 milíme- tros. El diámetro transversal aumenta progresivamente hasta los 90 centímetros, adquiriendo entonces el máximum de 9mm, para decrecer en seguida lenta é insensi- blemente; los últimos anillos de la cadena miden 3mm de ancho. Fig. US-CabezasdeTíoa^ lus cnstatus observadas de frente a la izquierda y de perfil á laderecha a, cresta media; b, prolongación ó raíces que forman el calamusscrip- torius; c, hilera externa de corpus- culos calcáreos; d, hilera interna, Según Davaine. PARASITOLOGÍA ANIMAL 261 Los proglótides se caracterizan, además, porque tienen una longitud muy reducida; son ya visibles 2 milímetros por detrás de la extremidad cefá- lica; miden entonces 85 p de largo. El diámetro longitudinal llega á ad- quirir 0mm4 10 centímetros de la cabeza, lmm á 66 centímetros y lmm 15 á 90 centímetros, correspondiendo este diámetro longitudinal á los anillos que han adquirido el mayor diámetro transversal. Los últimos proglótides son los que tienen mayor longitud, llegando á poseer hasta 2mm x/2. Son particulares estos anillos, por otra parte, por la salida que hacen los bordes posteriores de cada uno sobre el proglótide siguiente, dando en conjunto á los bordes laterales del botriocéfalo un aspecto 'semejante á las dentelladuras de una sierra. El espesor y opacidad délos anillos no permiten distinguir con nitidez la estructura de los órganos genitales. Sin embargo, parecen existir hacia los 15 ó 20 centímetros de la cabeza, por la dilatación que producen en la porción media del pro- glótide. En un anillo situado á lm90 de la extremidad cefálica, puede,obser- varse el seno genital, de la línea media de la cara ventral, á 0m25 del borde anterior del proglótide. Este seno se halla rodeado de varios círculos concéntricos de papilas salientes, redondeadas, á menudo bifur- cadas en la cima. Por detrás de él, y á 0mm3 del borde anterior del anillo se encuentra colocado el orificio uterino de postura. Las sinuosidades del útero son fácilmente visibles en los últimos pro- glótides. La roseta, aunque más estrecha, pues mide 2mm de diámetro transversal, es ^ás larga relativamente que la del B. latus. Los corpúsculos calcáreos son numerosos, especialmente en el cuello, en donde algunos llegan á adquirir 20 ¡i de diámetro. Los huevos son semejantes á los del gran Botriocéfalo. De forma ovoidea, miden 75 p de largo por 55 ¡i de ancho y pre- sentan, algunas veces, de uno de sus polos un aumento de espesor de la cáscara, que le da el aspecto de un tapón». Las evoluciones de este verme se ignoran por completo. Las dos observaciones de Davaine parecen no ser las únicas que se han hecho de este Botriocéfalo. En 1776, publicóse en una memoria anónima, una figura, que hace suponer por su semejanza, que se trataba de un verme de esta especie. El ejemplar citado había sido expulsado por un individuo de treinta años de edad, que residía en la ciudad de Kempten (Baviera). Cobbold cree que varios botriocéfalos eliminados por el hombre y conservados en el museo del Westminster Hospital medical College de Londres son simples casos de B. cristatus. 262 PARASITOLOGIA ANIMAL Bothrioceplialus Mansoni. Sinonimia. Lígula Mansoni Cobbold, 1883. Bothiocephalus liguloides Leuckart 1886. Fué observado por primera vez (1881) en Amoy por Patrick Manson al efectuar la autopsia de un chino muerto de disentería y de úlcera al exófago, enfermedades que sobrevinieron después de la operación de una elefantiasis escrotal. Lo particular del caso, es que el botriocéfalo fué encontrado al es- tado larvado y no al estado adulto. Manson tuvo ocasión de observar 13 de estos vermes de los cuales 12 se hallaban localizados por debajo del peritoneo, algo arriba de las fo- sas ilíacas y por detrás de los riñones. El ejemplar restante estaba situado en la cavidad pleural derecha- Leuckart ha mencionado un segundó caso observado en el hospital de Kioto, en un japonés de 28 años que padecía de sífilis y presentaba hipertrofia del testículo izquierdo acompañada de agudos dolores vésico- uretrales. El enfermo eliminó un fragmento del verme por la uretra. Parece que estas son las únicas observaciones pues Ijima y Murata re- fieren 8 nuevos casos observados en el Japón. En tres de ellos, la larva fué expulsada por la uretra; en otros tres se extrajo de la conjun- tiva ocular; en el séptimo el verme se hallaba radicado en el tejido con- juntivo^subcutáneo del muslo en donde había dado lugar á un absceso, y por último en el octavo localizábase en el tejido conjuntivo de la región inguinal izquierda. * Sonsino cree haber observado recientemente larvas semejantes en el tejido celular subcutáneo de chacales inspeccionados en el Cáiro. Los ejemplares observados por Manson eran larvas que medían de 30 á 35 centímetros de longitud por 3 milímetros de ancho. Conservados en alcohol, fueron remitidos el año siguiente á Cobbold para su estudio. El alcohol los retrajo á tal punto que los ejemplares más largos apenas alcanzaban á 8 centímetros de largo, mientras que el más corto tenía tres centímetros. La mayor amplitud correspondía á la cabeza, midiendo en esa re- gión 2mm ^2 de diámetro transversal. Cobbold, al examinar estos parásitos, creyó que se trataba de lígulas, y por esta razón designóles con el nombre de Lígula Mansoni. Exámenes posteriores practicados por Leuckart dieron á conocer que se trataba de verdaderas larvas de un botriocéfalo desconocido y al cual denominó Bothriocephalus ligttloides. Ultimamente esa denominación ha sido modificada y sustituida por la que hemos empleado nosotros al emcabezar estas líneas. PARASITOLOGÍA ANIMAL 263 Las investigaciones microscópicas no han revelado el más mínimo rudimento de aparato de la generación, viniendo á confirmar así el estudio larvado de estos vermes. Preséntanse en forma de cinta aplastada, con un diámetro transverso mayor en la extremidad cefálica que en la caudal. Con pequeño aumento puede observarse que el cuerpo se halla surca- do por numerosas estrías transversales que se hacen muy nítidas y aparen- tes en la región cefálica. La cabeza termina en su extremidad libre por una especie de probós- cide ó rostello, (fig. 146, D) en cuyo vértice se observa una excavación pro- funda producida por retracción del primero, y que presenta todos los ca- rácteres de una ventosa. La superficie del cuerpo y especialmente de la cabeza se halla sem- brada de numerosos corpúsculos calcáreos ovales que miden 25 ¡i en el sentido det su diámetro mayor. FigJ 146. Larvas de Bothriocephalus Mansoni, según Cobbold. A, observada por Ja cara ventral y B, observada por la cara dorsal. C, rostello cefálico aumen- tado 15 veces. D. estremidad del rostello en la cual se pueden ver la foseta y los corpúsculos calcáreos. Algunos ejemplares presentaban en la cara abdominal, un surco medio, extendido desde la cabeza hasta la cola. La manera como se produjo la infección no es conocida aún, emi- tiéndose al respecto simples opiniones. La explicación de Cobbold que pensaba que estas larvas se habían desarrollado por una especie de auto-infección semejante á la que hemos observado precedentemente al hablar de sujetos que albergaban al mismo tiempo la T. solium y el cysticercus cellulosoe, debe ser desechada dados PARASITOLOGÍA ANIMAL 264 los conocimientos perfectos que poseemos sobre las evoluciones de los botriocéfalos. Lo más probable es que el chino haya bebido aguas impuras en la cual se encontraban embriones ciliados libres de botriocéfalo ó sino que haya ingerido peces en el interior de los cuales los embriones hubieran pasado un primer período larvado y cuyo segundo estado larvado ó ple- rocercoides estarían representados por los vermes observados por Manson. Bothriocephalus cordatas Leuckart, 1863. Parásito sumamente|raro, fué observado por Olrik en 1860, en las de- posiciones de una mujer groelandesa de 34 años de edad. Es el único caso que se registra en la especie humana, y el ejemplar eliminado (fig. 147) medía 26 centímetros de largo. Más adelante, ha sido visto á menudo, en diversos animales, especialmente en la raza canina. Pfaff, médico radicado en Groelandia, lo ha encontrado frecuentemente en los perros, en la morsa {Irichecus rosmarus) y en una especie de foca (Phoca barbaia). Este verme puede adquirir al estado adulto, has- ta 1.15 metro de largo, y su estróbila poseer hasta 660 anillos. La cabeza (fig. 148) es pequeña, ancha, aplas- tada lateralmente, semejante á un corazón de nái- pes francés; mide 2 milímetros tanto en el sentido del diámetro longitudinal como en el sentido del diámetro transverso. Presenta en sus bordes latera- les dos botridies tan profundos que apenas están se- parados por una pequeña porción de substancia pa- renquimática. ámplios hácia el vértice de la extremi- dad cefálica, pero que se adelgazan y toman el aspecto de simples hendiduras á medida que se aproximan al cuello (fig. 149); carecen de músculos especiales, y efectúan los movimientos gracias á un reforzamiento de las fibras musculares subcuticulares. El cuello no existe, observándose á continuación déla cabeza, la série de anillos que constituyen la es- tróbila. Los proglótides se ensanchan tan rápidamente, que la porción anterior de la cadena afecta la for- ma de una lanceta, y se desarrollan tan pronto, que los situados á 3 centímetros por detrás de la extremi- dad cefálica han adquirido completa madurez sexual. Fig. 147. Bothrioce- phalus cordatus, de tamaño natural ob- servado en la espe- cie humana, según Leuckart. PARASITOLOGIA ANIMAL 265 Los óganos de la generación pueden estudiarse bien después del anillo 50, debiendo hacer constar que en los primeros proglótides se observan rudimentos de ellos y que la mayoría pre- senta poros genitales situados hacia la línea media de la cara ventral y un útero en cuyo interior se alojan los huevos desprovistos de cáscara sólida, razón por la cual no existe verdadera diferenciación en campo medio y campos laterales. El útero es más delgado y largo que el del Bothriocephalus latus presentando de 6 á 8 ramas laterales, que dan en conjunto á la roseta uterina un aspecto característico (fig. 150). La cavidad del cirro adquiere dimensiones considerables, llegando á medir 0.60 mm. de largo por 0.43 mm. de ancho. Los proglótides están revestidos exterior- mente por una cutícula semejante á la del gran bo- triocéfalo, que encierra en su interior un parén- quima muy abundante en gruesos corpúsculos cal- cáreos de 28 á 30 p. de diámetro. Examinando la estróbila por la cara dorsal, puede observarse la exis- tencia de un surco que la recorre en el sentido del diámetro medio longi- tudinal. En la cara ventral existe otro, pero inte¿ rrumpido de trecho en trecho, en la vecindad de poro genital y del orificio de postura. Los anillos maduros miden por regla genera de 3 á 4 mm. de largo, por 7 á 8 de ancho; perc es tal la contractilidad de que está dotado este verme que pueden acortarse hasta el punto de reducir st longitud á 1 mm. 1[2. Los últimos proglótides son casi cuadrados y miden de 5 á 6 mm. en el sentido de ambos diá- metros. Los huevos de este entozoario (fig. 151) sor semejantes á los del B. latus; miden de 75 á 80 ¡x er su diámetro mayor por 50 de ancho; poseen uñé membrana de cubierta bastante gruesa que pre- senta en uno de los polos un opérculo que se hace netamente visible durante el acto de la eclosión, ó cuando se someten los huevos á la acción de la glicerina ó del ácido sulfúrico. Fig. 148-Cabeza de Bothriocephalus corda- tus A y B vista de plano con el borde marginal de los anillos; C y D, vista de perfil, con la porción plana de la ca- dena. Según Leuckart. Fig. 149.-Dos cortes trans- versales de la cabeza del B. cordatus, el pri- mero efectuado por de- lante de la línea media y el segundo pordetrás. (Se- gún Leuckart). 266 PARASITOLOGIA ANIMAL El tiempo que puede vivir el huevo, las evulsiones del embrión ci- liado, la resistencia á los agentes externos, no son hasta el presente desconocidos, pudiendo adelantarse por analo- gía que el huésped intermediario es probable- mente algún pez marino que sirve de alimento á mamíferos ictiófagos tales como los Pinnipe- dos, los perros de las regiones polares, el hombre. La mujer groelandesa que eliminó el parásito se infectó sin duda alguna, comiendo carne de estos peces ahumada ó mal cocida. En cambio las diferentes faces del desarrollo de los jóvenes botriocéfalos han sido estudiadas prolijamente por Leuckart en varios ejemplares eliminados por un perro. El más pequeño de ellos tenía 140 anillos y me- día 30 milímetros de largo por 3 mm. en su porción más ancha. Era de color blanquecino, casi transpa- rente, siendo debida esta diafanidad al débil desarrollo de sus capas musculares y á la carencia de corpúscu- los calcáreos. El mayor diámetro transversal correspondía á proglótides más cercanos de la extremidad cefálica que de la caudal. La cabeza era análoga á la que hemos descrito en el ejemplar adulto, pero en cambio la cola se afi- laba progresivamente, terminando en un vértice muy agudo. Los demás ejemplares medían de 4 á 10 cms, por un ancho máximo de 5 mm. 1{2. El número de .anillos permanecía más ó menos constante, variando entre 125 y 154, lo que prueba, que una vez adquirido cierto desarrollo, la multi- plicación cesa, activándose en cambio el proceso de crecimiento de los distintos proglótides, así como la diferenciación morfológica de los diferen- tes órganos alojados en el interior del parénquima. Los primeros rudimentos de los órganos de la generación manifes- tábanse en un ejemplar de 8 cms; los proglótides de este verme presen- taban en su cara ventral un orificio de postura que se hacia más neto en los anillos de un ejemplar de 10 cms. En este último obsérvase franca- mente el aparato reproductor ocupando el campo medio de los proglótides, dispuesto longitudinalmente, y determinando en la cara ventral [una ligera eminencia análoga á la que se encuentra en los botriocéfalos adultos. Cuando el verme ha adquirido 27 cms., recién se observa la Fig. I50.-Anillos maduros do Bothriocephalus cordatus mostrando la roseta uterina y el orificio de postura, se- gún Leuckart. Fig. 151 - Huevos de B. cordatus au- mentados 245 veces, en los cuales puede verse la cáscara, el opérenlo y el conte- nido granuloso. PARASITOLOGÍA ANIMAL 267 madurez sexual alcanzar á los últimos anillos, quedando estériles única- mente á los 40 ó 50 primeros. Fuera de Groelandia, el Bothtriocephalus cordatus no ha sido encon- trado. Krabbe afirma que el perro islandés no lo alberga, y Max Braun sostiene que un ejemplar de la colección helmintológica de Dorpat, in- cluido por Leuckart entre los B. cordatus, es sencillamente un B. latus ORDEN DE LOS TREMATODES Los Trematodes constituyen el segundo orden de' la clase de los Platelmintos y son vermes aplanados, de forma lanceolada, no segmen- tados, provistos de una ó más ventosas, mucho menos degradados que sus congéneres los Cestoides. Están recubiertos exteriormente por una cutícula de naturaleza quiti- nosa y de proceso formativo idéntico á la de estos últimos, en la cual puede observarse distintas'especies de escamas, apéndices, etc. Inmediatamente por debajo de ella se halla el sistema muscular for- mado por cuatro capas de fibras: longitudinales, circulares, transversas y dorso-ventrales, mediante las cuales el verme puede efectuar sus movi- mientos. Estas fibras limitan en su interior un espacio lleno de una substancia de naturaleza conjuntiva que constituye el parénquima del verme y que sirve de trama para unir los diferentes aparatos de excreción, digestión, repro- ducción, etc. El aparato excretor está formado por una red de finos canalículos que se arrojan finalmente en dos voluminosos troncos principales, los cuales se deslizan á lo largo del cuerpo del parásito, para desembocar - en una am- plia vesícula contráctil que se abre al exterior mediante un poro ge- nital. Los Trematodes poseen aparato digestivo incompleto que consta de boca situada en el fondo de la ventosa anterior, faringe, esófago, que se continúa con un doble tubo intestinal simple ó ramificado y terminado en infundíbulo ó forma de saco. Carecen de ano. El sistema nervioso es simétrico y bastante complicado. Está cons- tituido por dos ganglios supra-esofágicos unidos entre sí mediante comisu- ras nerviosas, y con un tercer ganglio infra-esofágico, para formar de este modo un anillo completo, del cual se desprenden filetes nerviosos desti- nados á inervar las diferentes regiones del cuerpo. Los órganos de los sentidos no existen, ó están en estado rudi- 268 PARASITOLOGÍA ANIMAL mentario, adquiriendo un desarrollo más perfecto en el período larvado que en el adulto. El aparato reproductor alcanza un completo desenvolvimiento, pu- diendo observarse órganos sexuales masculinos y femeninos en un mismo parásito, lo que indica que estos animales son hermafroditas. Los órganos de locomoción están representados por las ventosas cuyo número varía en las distintas especies, y constituye uno de los caracteres para la clasificación de este orden. Las evoluciones de estos vermes son bastante complicadas, desarro- llándose en varios huéspedes. Son ovíparos generalmente y los embrio- nes eclosionan en el agua. Fundándose en los caracteres morfológicos y biológicos puede di- vidirse en el orden de los Trematodes en dos sub órdenes: Distómeos y Polistómeos. Los primeros son entozoarios que se hallan provistos de dos ventosas y presentan fenómenos complicados de generación alternante. Son her- mafroditas por regla general, habiendo algunos géneros unisexuales tales como el Bilharzia, Monosloma. Este grupo puede fraccionarse en las cuatro siguientes familias: Monostomideos^ Holostomídeos, Distomídeos, y Gasterostomídeos; de las cuales la primera y tercera comprenden pa- rásitos de la especie humana. Los Polistomídeos son ectoparásitos que carecen de generación alter- nante y tienen constantemente dos ventosas pequeñas en su extremidad an- terior y un número variable de ventosas posteriores. Divídense en tres familias: Tristomídeos, Polistomídeos, y Girodactilídeos y ninguna de ellas alberga parásitos del hombre. FAMILIA DE LOS DISTOMÍDEOS Esta familia (del griego dis, dos y stoma boca) es la más impor- tante del orden de los Distómeos y se caracteriza por comprender pará- sitos que llevan dos ventosas, consideradas antiguamente como orificios bucales, y que han sido la causa de su actual denominación. Los dis- tomídeos tienen formas lanceoladas, comparables á ciertas hojas de ár- boles y de sus dos ventosas, la primera que lleva en su fondo la boca,, está situada en la extremidad anterior, más cerca de la cara ventral que de la dorsal, y la segunda en la cara abdominal, sin guardar relación al- guna con los órganos internos. Divídense en tres géneros: El género Distoma, que se caracteriza por encerrar parásitos que tienen la ventosa abdominal muy cerca de la cefálica; com- prende más de 350 especies, cuyas dimensiones pueden variar, habiendo al- PARASITOLOGÍA ANIMAL 269 gunas que requieren para su observación el auxilio del microscopio, y otras que alcanzan hasta 10 y 12 centímetros, tales como el Distoma ingens y el Distomas gigas. El género Amphistoma cuya ventosa posterior ancha y excavada se aloja en la otra extremidad del verme y comprende una especie entozoa- ria del hombre. Los parásitos de este género como los del anterior son hermafroditas, es decir que poseen aparatos genitales masculino y femenino. El género Bilharsia encierra animales de sexo separado; solo uno de ellos ha sido visto como parásito en la especie humana. Distoma hepaticum-Retzius, 1786 Sinonimia: Fasciola hepática Lineo, 1667. F. humana G-melin, 1789. F. lanceolata Rudolplii, 1803. etc., etc. El Distoma hepaticum vive normalmente al estado adulto en los ca- nalículos biliares del carnero, pero se le ha observado también en otros ma- míferos, tales como el buey, la cabra, el camello, el asno, el caballo, el co- nejo, el cerdo etc. y varias veces en la especie humana. Las diferentes fases de su evolución son perfectamente conocidas, y su constitución íntima ha sido minuciosamente estudiada por Blanchard, Leuckart, Sommer, Macé. Tiene un cuerpo aplanado, lanceolado, semejante á una hoja de mir- to, de color algo oscuro; mide de 1 á 3 centímetros de longitud por 4 á 13 milímetros de ancho, habiéndose visto casos que alcanzaban á 5 cen- tímetros y aún más. La porción anterior ó extremidad cefálica termina bruscamente por un apéndice en forma de cono truncado de cuatro milí- metros de largo por 3 milímetros de ancho, y que encierra los centros nerviosos y la porción inicial del tubo digestivo. Este apéndice ó prolon- gación cefálica está coronado por una ventosa anterior, redonda y pequeña, en cuyo fondo se aloja el orificio bucal. Examinando exteriormente el parásito por la cara ventral, lo que más netamente se manifiesta son las ventosas, órganos que desempeñan una fun- ción muy importante en la locomoción. La anterior (fig. 153, c y 154, A), mide de 0,7 á 0,8 mrn. de diáme- tro, y apesar de que muchos autores la han descripto como terminal, está si- tuada en la cara ventral, á 3 ó cuatro milímetros por delante de la posterior. La segunda ventosa (fig. 154, B) es de mayor tamaño, tiene forma triangu- lar y mide 1 mm. á 1 mm. 10 de diámetro. En tiempos pasados se conside- 270 PARASITOLOGÍA ANIMAL raba como un segundo orificio bucal, pero actualmente está demostrada la falsedad de tal opinión. Entre las dos ventosas, y á 0,4 mm. de la posterior puede verse el seno genital (fig. 154, D), orificio elíptico, poco profundo, oblicuamente dirigido hacia abajo y hacia fuera, y en contacto á izquierda con la vulva y á dere- cha con la porción terminal de la cavidad del cirro. La cara dorsal posée dos orificios dignos de mención; uno de ellos, de 20 ¡i de ancho, situado en la línea media, raras veces á la izquierda ó derecha de ésta, es el que corresponde á la terminación del canal de Laurer; el otro es el forameñ caudale, en forma de hendidura, que repre- senta el poro terminal del eparato excretor. El Distoma se halla recubierto por una cutícula anhista y diáfana, fi- namente estriada al través, de 20 á 30 [i de espesor y que tapiza inte- riormente las ventosas, la primera porción del aparato digestivo, el seno ge- nital y la parte inicial del útero. Esta cutícula presenta en ambas caras, pero especialmente en la ab- dominal, una serie de apéndices escamosos, losángícos, dirigidos de ade- lante atrás, y que presentan una extremidad anterior redondeada y una ex- tremidad posterior truncada. Tieenen la extructura quitinosa, pues resisten á los reactivos más enér- gicos, aún á la acción de la potasa caústica concentrada, y pueden des- componerse por la presión de una serie de bastoncillos que se disponen co- mo las varillas de un abanico. Estas escamas que alcanzan á medir 40 ¡i en la extremidad cefálica y 70 ¡i en el cuerpo, no tendrían otro objeto que el de facilitar la marcha del distoma al través de los canalículos biliares. En efecto; este animal al introducirse en dichos canalí- culos, se arrolla sobre su cara dorsal, de manera que las espi- nas abdominales se clavan en las paredes de los vasos, oponién- se á todo retroceso. Esta razón nos explica por que son tan abundantes los apéndices quiti- nosos en la cara ventral y faltan ó son tan raros en la cara dorsal. Inmediatamente por debajo de la cutícula, existe una capa elástica constituida por fibras su- mamente largas y luego viene una cuádruple capa muscular formada por cuatro planos de fibras que enumeradas de afuera á adentro son primero, fibras anulares, muy abundantes-en la prolongación cefálica é irregularmen- Fig. 152.-Distoma hepaticum de tamaño na- tural, inyectado por los Doctores Posadas y O. Wernicke. *(De la colección del labora- torio de Patología general de Bs. As. R. Wernicke). PARASITOLOGÍA ANIMAL 271 te distribuidas; segundo, fibras diagonales que existen únicamente en la porción del tercio anterior del cuerpo; tercero, fibras longitudinales, arias - tomadas entre sí, y formando manojos más ó menos voluminosos que se alo- jan de preferencia en el tercio posterior del cuerpo, y cuarto, fibras dorso-ven- trales, constituyendo un serie de fascículos que toman origen en una de las caras, y se insertan en las fibras musculares de la cara opuesta después de haber atravesado el parénquima del cuerpo del parásito. Después de la región muscular, y procediendo siempre del exterior al interior, encontramos una agrupación celular que forma una débil capa denominada hipodermis, y constituida por una serie de elementos jóvenes que representan la substancia nutricia de reserva y tienen por objeto proba - bablemente facilitar el desenvolvimiento de las diferentes capas, así como el déla substancia parenquimática. Finalmente llegamos á la masa central ó parénquima, formado por un tejido conjuntivo de grandes células re- dondeadas ó poliédricas, que alcanzan á 86 ¡i de diámetro, y en cuyo interior se alojan los órganos de la generación, ex- cresión, digestión, etc. El aparato digestivo (fig. 153), tiene un desarrollo considerable; se extiende á lo lo largo del parénquima del verme y se aproxima más á la cara dorsal que á la ventral, por la presión inferior que le co- munican los órganos déla generación. Co- munica con el medio exterior por un ori- ficio único, la boca, que sirve al mismo tiempo para la ingestión de las substancias alimenticias y egestión de las residuales. Divídese mediante una extrangulación na- tural (fig. 153, li) en dos porciones: el in- testino bucal ó esofágico y el intestino es- tomacal ó intestino propiamente dicho. El primero comprende el infundibulum bucal, la faringe y el esófago, y tiene á su cargo la ingestión de los alimentos; tapí- zalo interiormente un replegamiento de la cutícula; el segundo está constituido por loscaecums intestinales, posée epitelio ca- racterístico y tiene por función la diges- tión de las substancias que fueron inge- ridas por el intestino bucal. Fig. 153.-dorso-ventral ántero- posterior y medio de la parte anterior del cuerpo del Distoma hepaticum, según Sommer-a cutícula provista de apéndices quitinosos, y capas elás- ticas y musculares; ú, parénquima del cuerpo; c, ventosa bucal; d, repliegue semilunar del vestíbulo de la boca; e, faringe; f, músculo protactor de la fa- ringe;#, músculo retractor; h, porción estrechada que sirve de límite entre los dos intestinos; i, esófago; k, corte de la comisura superior de la faringe; l, ganglo faríngeo inferior. 272 PARASITOLOGIA ANIMAL En el fondo de la ventosa anterior se halla alojado el injundibitlum bucal (fig. 153, c\ constituido por dos fondos de saco, de los cuales el an- terior es más profundo que el posterior. Ambos están recubiertos por una cutícula acompañada de una doble capa muscular de fibras longitudinales y anulares, y están separados interiormente por dos láminas fibrosas d, en for- ma de uña, revestidas exteriormente por una cubierta que no presenta dife- renciación con la que recubre exteriormente al distoma. El infundibulum tiene por objeto, probablemente, aumentar la cavidad, permitiendo de este modo mayor amplitud á los movimientos de la faringe. A la boca sigue la faringe (fig. 153, e\ órgano musculoso, ovoideo, oblicuamente dirigido de abajo arriba y de adelante atrás, y cuya extremidad más gruesa mira hacia el esófago; mide 0mm 6 por 0mm 4 y se halla recorri- do en su diámetro mayor por un canal estrecho y rectilíneo. Presenta á semejanza del infundibulum bucal y del esófago, como mem- brana epitelial, la cutícula externa reflejada, y consta de cuatro capas mus- culares que enumeradas de afuera á adentro son: un plano de fibras longi- tudinales; un segundo de fibras anulares, un tercero de fibras irradiadas que forman la mayor parte del órgano, y un cuarto de fibras circulares. La faringe continúa con el esófago (fig. 153, i), órgano de forma cilin- drica, de longitud igual á la del primero, y que se halla constituido por una doble capa muscular de fibras longitudinales y circulares. Interiormente está revestido por la misma cutícula que tapiza á la anterior. El esófago se bifurca por encima de la cavidad del cirro y de la ven- tosa posterior y dá origen á dos ramas (fig. 154, d) que constituyen el intes- tino propiamente dicho, y que corren paralelamente hacia la extremidad posterior del cuerpo para terminar finalmente en fondo del saco. En su trayecto, las ramas intestinales emiten numerosos ramúsculos colaterales que se dividen y subdividen dicotómicamente hasta constituir complicadas arborescencia (fig. 152). Nótese que las ramas que emergen del borde externo délos caecums ó tubos intestinales se desarrollan bien en general, mientras que las internas permanecen en estado rudimentario. El número de ramúsculos secunda- rios es de 16 á 17 por cada lado; los dos primeros hállanse comprendidos en la porción cefálica del dístoma y se ramifican poco; pero en cambio los restantes se dividen dicotómicamente hasta 6 y 7 veces, terminando siem- pre en infundíbulos las últimas ramificaciones. Los caecums intestinales están recubiertos por tres túnicas, la primera adventicia formada por la masa parenquimática del cuerpo, la segunda muscular constituida por fibras longitudinales y circu- lares y por último la tercera epitelial, que se caracteriza por ser PARASITOLOGIA ANIMAL 273 una membrana hialina for- mada por células cilindri- cas voluminosas, de nú- cleos grandes y protoplas- ma granuloso. En el interior de los fondos de saco intestinales existe una substancia oscura y viscosa análoga á la que se encuentra en los cana- lículos biliares del huésped y en la cual se ha podido descubrir la presencia de cé- lulas epiteliales alteradas así como la de numerosos gló- bulos pequeños semejantes á los glóbulos quilíferos. El análisis químico ha revelado además la existen- cia de ácidos biliares y de un principióla bilihumina, que también ha sido encontrada en la bilis del huésped y se forma probablemente á ex- pensas de la alteración que sufren las substancias colo- rantes normales. Esta substancia unida al líquido sanguíneo y á varios otros de los componentes de la bilis, servirían al parásito de principio alimenticio. Durante mucho tiempo negóse que la sangreforma- ra parte de las substancias alimenticias, pero actual- mente se han disipado las dudas que podrían abrigar- se al respecto, mediante la siguiente experiencia de Rai- lliet. Este sabio introdujo por la carótida de un carne- ro distomatoso una inyec- ción de solución colorante; y al observar las fasciolas aloj adas en la glándula hepá- tica, encontró que más de la mitad tenían el aparato Parasitología Animal Fig. 154. Distoma hepaticum observado por la cara ventral, en el cual se puede ver el sistema ner- vioso y el aparato digestivo inyectado. Según Som- mer-A, ventosa bucal; B, ventosa ventral; C, cavi- dad del cirro; D, seno genital; E, receptáculo vitelino; F, glándula coquillera, a, orificio bucal; b, faringe, c, esófago, d, caecum intestinal; e, ramas laterales; f, ganglio faríngeo superior;^, ganglio faríngeo inferior; k nervio lateral; Z, filete que nace del nervio lateral y se dirige'á la cavidad del cirro; m, filete que inerva la ventosa posterior'. 274 PARASITOLOGIA ANIMAL digestivo tenido de azul, lo que no hubiera podido suceder sin la absorción del líquido sanguíneo. El líquido biliar penetra en el tubo intestinal gracias á la disposición especial de la faringe. Este órgano se halla solicitado en sus movimientos por dos manojos de fibras musculares: retractoras y protractoras. Las fibras retractoras (fig. 153 g) se insertan por una de sus extremidades en el tegu- mento dorsal y por la otra en la porción anterior de la faringe, pasando por debajo de la comisura nerviosa superior, tienen por objeto traccionar la faringe hacia atrás, y hacer bascular su extremidad anterior hacia la cara dorsal. Las fibras protractoras (fig. 153,/) se insertan en el borde inferior de la ventosa cefálica, contornean la faringe, terminando en la cara infe- rior de éste. La segunda inserción puede hacerse á distintas alturas pero jamás se efectúa en el esófago, ni en el anillo intermediario (fig. 153, h) que une el segundo con el primero. La ingestión de los alimentos se lleva á cabo de la manera siguiente: Una vez que el distoma se ha fijado mediante su ventosa cefálica, dilá- tanse los fondos de sacos del infundibulum bucal, y la bilis penetra en la cavidad. Las fibras musculares protractoras fraccionan la faringe hacia adelante,, y ésta se pone en contacto con la bilis. Una vez lleno, las fibras re- tractoras lo solicitan á su antigua posición y el líquido nutricio continúa su marcha en el esófago é intestino mediante las contracciones sucesivas de las fibras musculares que presentan dichos canales. El sistema nervioso central está formado por tres ganglios. Dos de ellos son laterales anteriores (fig. 154, /) de forma cuadrilátera, dispuestos simétricamente á ambos lados de la porción inicial de la faringe, por debajo de la ventosa bucal, y unidos entre sí mediante una comisura transversal (fig. 153, k) que pasa por encima de aquella. El tercero, denominado ganglio faríngeo posterior es impar, medio,, situado en la proximidad del canalículo intermediario que hace comuni- car la faringe con el esófago, y se une á los anteriores merced á una comisura dorso - ventral y ántero - posterior que contornea la porción inferior de aquella, para formar así el característico anillo esofágico ó collar nervioso. El ganglio ínfero-posterior no tiene mayor importancia como centro de inervación, dando muy raras veces nacimiento á nervios importantes; no sucede así con los otros dos, cada uno de los cuales dá origen, fuera de numerosas ramas, á tres filetes nerviosos; el primero se dirige á la ventosa bucal, perfora la túnica fibrosa y se pierde en el tejido muscular; el segundo inerva las capas tegumentarias de la prolongación PARASITOLOGÍA ANIMAL 275 cefálica (fig. 154, Tz); y el tercero, el más importante de todos corre á lo lar go del cuerpo con el nombre de nervio lateral, inervando los ór- ganos que encuentra á su paso (fig. 154, k). Estos nervios llevan al prin- cipio una dirección divergente, pero al llegar al nivel de la ven- tosa ventral cambian y corren paralelamente, deslizándose en- tre los tegumentos de la cara ventral y los órganos genitales, y emitiendo durante su trayecto una serie de filetes nerviosos de los cuales los más impor- tantes son los que inervan la cutícula de la ventosa posterior y la cavidad del cirro (figura 154, 7, m). El aparato excretor es se- mejante al de los Cestoides. Se halla formado por una serie de espacios lacunares alojados en el espesor de la masa paren- quimática, de los cuales par- ten finos canalículos que toman nacimiento por infundíbulos ci- liados. En los meatos y canales descritos existe un líquido gra- nuloso que circula merced á las contracciones del cuerpo. Los innumerables vasos así formados se arrojan en otros de mayor calibre denominados vasos colectores, que se distri- buyen en ambas caras del pa- rásito para formar una vasta red excretora. De esta malla surgen á su vez canalitos que se alojan en el seno del parén- quima para formar una red más regular que la anterior. Las tra- Fig. 155- Distoma hepaticum, visto por la cara ventral, mos- trando el aparato genital, según Sommer. A. B. C. D. idén- tico significado que en la fig. 153, cirro F, faringe G, esó- fago; a, testículo posterior;'i, testículo anterior; c, canales de'ferentes izquieido y derecho; vesícula seminal; e, canal eyaculador; f glándulas anexas al aparato eyaculador; g, vi- telógeno ó glándulas vitelinas; A, viteloductos longitudina- les; i, viteloductos transversales; k, receptáculo vitelmo que dá origen al víteloducto terminal; l, germígeno ú ovario- m, glándula coquillera; n, útero; o, vulva- 276 PARASITOLOGIA ANIMAL béculas que la forman aumentan de número en la porción correspondiente á la prolongación cefálica, y constituyen una red intrincada de donde parten dos gruesos vasos colectores que se dirigen de adelante atrás, costean la cara ventral, paralelamente á los nervios laterales, y se fusionan finalmente á la altura del tercio anterior con el tercio medio para constituir un canal único y medio denominado tronco longitudinal. Este vaso se aproxima á la cara dorsal cruzando el parénquima, reci- be en su origen un canal colector que le trae el líquido granuloso prove- niente de los canalículos doi sales, avanza hacia la extremidad posterior recorriendo en sentido longitudinal el dorso del cuerpo, amplifica su caudal con los numerosos vasos que en él se arrojan y que provienen de las regiones por donde pasa, estrecha su calibre á medida que se aproxima al término de su trayecto y se abre por último en un poro escretor en forma de hendidura que mide 0,5 mm de largo por 0,1 mm de ancho, subterminal, situado en la cara dorsal y que ha recibido el nombre de foramen caudale. El aparato de locomoción está presentado por las ventosas que hemos descrito anteriormente y la cuádruple capa muscular del cuerpo. El distoma tiene una prolongación cefálica móvil y retráctil, que lleva en su extremo la ventosa anterior. Efectúa la progresión de un modo análogo á los Hirudíneos. Su pro- longación cefálica se mueve pareciendo buscar un buen punto de apoyo. Una vez que lo ha encontrado se fija mediante la ventosa bucal; contrae las fibras longitudinales del cuerpo y avanza arrastrando consigo la ventosa pos- terior que á su vez se fija. Luego la ventosa bucal se desprende, el cuerpo se estira, continuándose en esta forma los diferentes períodos de la marcha. Los órganos de la generación son, como en los cestoides, masculinos y femeninos, encontrándose todos ellos en un mismo verme, pues se trata de especies hermafroditas. El aparato reproductor macho consta de dos testículos que presentan una estructura tubular ramificada y están formados por una serie de infundí- bulos ó fondos de saco limitados exteriormente por una cutícula fibrilar elás- tica y tapizados interiormente por una capa de pequeñas células esferoidales, nucleadas que alcanzan á 15 [i de diámetro. Los numerosos caecums de las glándulas testiculares se reunen luego para dar lugar á cuatro ó cinco cana- lículos que terminan en el canal deferente respectico. De los dos testículos uno es anterior y el otro posterior. El primero se halla situado á izquierda de la línea media; el segundo á derecha, pero algunos de sus fondos de saco recubren en parte al tes- tículo anterior. Este último es más pequeño, se extiende muy poco en la porción posterior del cuerpo, y avanza en su porción anterior hasta el viteloducto LAM. X 1. Distoma observado por la cara dorsal, a, csecums intestinales ramificados; b, extremidad cefálica - 2. Distoma visto por la cara ventral, a, oviducto; b, porción media de los canales deferentes; c, ventosa abdominal; d, cirro ó pene; e, ventosa bu- cal -3. Distoma aumentado de tamaño observado por la cara dorsal, a, boca; b, file- te nervioso transverso; e, ramas intestinales; d, útero mostrando sus numerosas cir- cumvoluciones; e, canales deferentes que penetran en la cavidad del cirro; /, cavidad del cirro; g, viteloductos transversos 4. Distoma aumentado de tamaño visto, por la cara ventral, a, boca; b, poro genital; c, útero; d, ramas intestinales; e, porción inicial del tubo uterino; f glándulas espermáticas; g, canales deferentes; h, cirro - 5. Por- ción terminal del aparato genital macho, a, canales deferentes; b, vesícula seminal; c, terminación del útero; d, pene ó cirro - 6. Huevos - 7. a, ventosa bucal; b, filete nervioso transverso; c, cavidad del cirro; d, ventosa abdominal. PARASITOLOGÍA AAIMAL E. Perroncito. PARASITOLOGIA ANIMAL 277 transversal, llegando á localizarse por debajo de las ramas inferiores del ovario. El testículo posterior es mayor y se aproxima más á la extremidad caudal del verme. En el interior de las glándulas testiculares toman origen los zoosper- mios por un proceso que pasamos á explicar. Hemos dicho frecuentemente que los fondos de saco están tapizados por una serie de células redondeadas de núcleo muy voluminoso. A medida que estas células se alejan de los caecum s multiplican el número, pudiendo observarse algunas que tienen tres, cuatro y hasta siete de ellos. Estos núcleos se transforman más tarde en cabezas de espermatozoides que en un principio están sumer- gidas en el protoplasma granuloso de las células madres. Los zoosper- mios miden de 70 á 80 p de longitud, y presentan una extremidad cefálica globulosa que vá seguida de un largo y delicado flagelo. Son sumamente sensibles á la acción del agua á tal punto que el simple contacto con ésta basta para hacerles detener instantáneamente sus movimientos. Los canales deferentes son los conductos que sirven de vía de comu- nicación entre los testículos y la vesícula seminal. El que proviene de la glándula testicular anterior toma nacimiento al nivel del punto en que los vasos colectores se fusionan para formar el tronco longitudinal. El canal deferente correspondiente al segundo testículo tiene un origen más lejano, naciendo cerca de la extremidad posterior. En su primera porción describe varias sinuosidades. Ambos canales corren luego paralela- mente, pasan por encima de los viteloductos transversales (figura 155, /), costean lateralmente la glándula coquillera (figura 155, mf lle- gan al borde posterior de la ventosa abdominal, desarrollándose siem- pre en un plano superior al de los órganos genitales hembras, y se fusionan por último para constituir una amplia vesícula impar denomi- nada vesícula seminal (fig. 155, d, y fig. 156,/). La estructura de los conductos espermáticos es análoga á la de los in- fundíbulos testiculares, salvo que en los primeros las paredes han adquirido un espesor y una rigidez mucho mayor. La vesícula seminal es fusiforme, en forma de S, más ancha en la ex- tremidad posterior que en la anterior, y cubierta por una doble capa de fibras musculares longitudinales y circulares. Su volumen puede variar se- gún la cantidad de esperma que encierre en su interior. De su extremidad anterior sale un conducto flexuoso que apenas llega á medir 30 ¡i de diámetro: el canal eyaculador ó canal semi- nal (fig. 155, e y fig. 156, g) que se continúa por el interior del cirro y está envuelto exteriormente por una serie de glándulas unice- lulares (fig. 155 f y fig. 156 h). Estas glándulas, denominadas pros- táticas por Poirier, están implantadas en un estroma fibroso especial, y 278 PARASITOLOGIA ANIMAL provistas de canalículos excretores que se abren en el canal eyaculador. El último de los elementos del aparato genital machones el cirro (figu- ra 155, E y fig. 156, d^ órgano cilindrico, formado por una invaginación del tegumento y varias veces contorneado sobre sí mismo. Mide 1 mm. de lar- go por 0,3 mm. de ancho y termina en el poro genital (fig. 156]A, c) á cuyo través puede evaginarse como un dedo de guante (fig. 156, B), constituyendo así un verdadero aparato copulador. Tanto la vesícula seminal como el canal eyaculador y el cirro se hallan alojados^en el interior de la cavidad del cirro (figura 155, C y fig. 156, &), órgano de forma ovoidea,oblicuamen- te dirigido de abajo arriba y de adelante atrás, que mide 1 milímetro en su diámetro lon- gitudinal por 0,mm 8 en su diá- metro transverso. Su extremi- dad posterior, pequeña, está situada en el espacio compren- dido entre el tegumento de la cara dorsal y el tercio de la ventosa abdominal. Su cubierta es resistente y elás- tica, formada por dos capas musculares, una externa lon- gitudinal y una interna anu- lar. En el interior de la cavi- dad existe una masa de tejido conjuntivo reticular que sirve de sostén á los órganos que en él se alojan y que, como ya lo hemos dicho, son la vesícula seminal, el canal eyaculador y el cirro. Los órganos femenimos están constituidos por el ovario, vitelógenos, glándula coquillera, útero, vagina, etc. El ovario ó germígeno (fig. 155, Z) es una glándula tubular ramificada, impar, formada por dos lóbulos desiguales cada uno de los cuales tiene de 3 á 6 infundíbulos ó fondos de saco terminados en caecums. Hállase alojado en la porción anterior y derecha del cuerpo, entre el canal vitelino longitu- dinal y el canal deferente del mismo lado, limitado adelante por una línea transversa que pasa por el medio del espacio comprendido entre la ventosa ventral y la glándula coquillera y atrás por el vitelo- ducto transversal. La cubierta del ovario es más gruesa que la de los testículos y está compuesta por tres capas; la primera externa, formada por Fig. 156. Porción anterior y terminal del aparato genital de la Fasciola hepática. En A el cirro está invaginado; en B, evaginado. «, ventosa posterior» b, cavidad del cirro; c, seno genital; d, cirro; e' canales deferentes; y, vesícula seminal; g, canal eya- culador; h, glándulas unicelulares que envuelven al canal eyaculador: i, vagina; k, vulva. PARASITOLOGIA ANIMAL 279 •el parénquima modificado, la segunda media, de naturaleza fibro-elástica y la tercera interna que es una membrana epitelial constituida por numerosas células cúbicas, con núcleo y nucléolo muy voluminosos. Son estas células las que originarán más tarde por un proceso de di- ferenciación los óvulos ó elementos sexuales femeninos. Cada lóbulo ovárico tiene un canalículo excretor que se reunen en la vecindad del canal deferente para dar lugar á un canal único, el oviducto ó germiducto, el cual se dirige oblicuamente hacia atrás y adentro y termi- na en el interior de la glándula coquillera (fig. 155,772), estrechando nota- blemente su calibre en su porción final. Los vitelógenos (fig. 155 g) se extienden á lo largo del cuerpo ocupando las regiones laterales externas del distoma. Cada uno de ellos está formado por dos grupos de glándulas acinosas, próximos res- pectivamente á las caras dorsal y ventral, que avanzan por delante has- ta la cavidad del cirro y se fusionan por detrás mediante finos ca- nalículos, comunicándose también con los del lado opuesto. Estas glán- dulas presentan pequeños conductos excretores que se unen para cons- tituir sucesivamente canales de cuarto, tercero, segundo y primer orden, los cuales se arrojan á su vez en los condticios vitelinos longitudinales, (fig. 155 h). Los infundíbulos de las glándulas vitelinas tienen una pared hiali- na y refringente, muy ténue, tapizada interiormente por gruesas células es- féricas de color gris negruzco. Son estas células las que al romperse dejan en libertad el líquido granuloso que en su interior encierran y que consti- tuyen el vitelo. Los canales vitelinos longitudinales son cuatro; uno dorsal y otro ven- tral para cada vitelógeno, se extienden longitudinalmente en los campos la- terales del parénquima, y dan nacimiento al nivel de la glándula coquillera, á los conductos vitelinos transversales (fig. 155 z) que se dirigen hacia la línea media, anastomosándose cada uno de ellos con su congénere del mis- mo lado, y se abren por último en el receptáculo vitelino fig. 155 1P) amplio depósito central y único, que afecta una forma piriforme cuando se halla distendido por el vitelo. De la extremidad anterior de este receptáculo surge el vitelodíicto^ canal que inmediatamente después de su origen, perfora la porción posterior de la glándula coquillera, penetra en esta última y se pone en comunicación con el germiducto proveniente del ovario. La glándula coquillera (fig. 155 ni) puede decirse que es un sistema de glándulas unicelulares. En efecto, está formada por una serie de glandulitas cuneiformes dispuestas en capas concéntricas, cuya extre- midad más gruesa mira hacia la parte externa y la más delgada ó interna se continúa por un pequeño canalículo excretor que des- 280 PARASITOLOGIA ANIMAL emboca en el punto de confluencia del oviducto con el vitelo- ducto. Elabora en su interior un líquido de color gris claro que tiene por ob- jeto la formación de la membrana de cubierta de huevo. Del punto de reunión del germiducto con el viteloducto sale también un pequeño canalículo, denominado Canal de Laurer, que atraviesa la masa parenquimática y se abre en la línea media de la cara dorsal. Este canal, sobre cuyas funciones se ha discutido mucho, tiene una luz de 4 ¡x y fué observado en los distomas por von Siebold en el año 1836. Sus paredes están formadas por tres capas que enumeradas de adentro afuera son: una membrana cuticular de 13 ¡x de espesor, que proviene de la invaginación del tegumento; una capa muscular que presenta fibras longitudinales y anula- res, estas últimas en menor número; y finalmente una capa celular hipodér- mica. Del centro de la glándular coquillera, y del punto de reunión del ovi- ducto con el viteloducto y el canal de Laurer, surge un cuarto tubo muy flexuoso, el útero, (fig. 155 n), situado en la región media anterior y recu- bierto en su porción inicial por el aparato digestivo. De calibre pequeño al principio, aumenta paulatinamente de diámetro, para disminuirlo luego y per- manecer constante en la vecindad de la ventosa posterior, en donde se con- tinúa con la vagina. Describe en su trayecto numerosas circunvoluciones; sus primeras asas están alojadas en el seno de la glándula coquillera. Las paredes del tubo uterino están formadas interiormente por una membrana elástica, transparente, revestida de células poco diferenciadas y en su exterior por una capa muscular de fibras anulares. El número de huevos que puede encerrar en su interior es grande; Thomas lo avalúa en cientos de miles. A continuación del útero sigue la vagina, canal de diámetrq pequeño y uniforme, de 60 ¡x, formado á semejanza del canal de Laurer por una invagi- nación del tegumento. Se extiende por el lado izquierdo de la ventosa ab- dominal, pasa por debajo de la cavidad del cirro y termina finalmente en el orificio vulvar, (fig. 155 o y fig. 156, &), situado á izquierda del seno geni- tal ó cloaca sexual (fig. 155, D y fig. 156, c). Tiene un calibre más pequeño que el de los huevos, de modo que éstos progresan á su salida del útero, gracias á las contracciones peristálticas del canal vaginal. La fecundación se efectúa del modo siguiente: los zoospermios formados en el interior de las vesículas testiculares se deslizan por los canales deferentes hasta llegar á la cisterna espermática, de pósito en donde se acumulan. La contracción de la doble capa muscular de ésta los expulsa arrojándolos en el canal eyaculador.. Los esparmatozoides continúan su marcha hasta llegar al cirro. El ac- PARASITOLOGIA. ANIMÁL 281 to de la cópula no existe, pues el cierro tiene un diámetro mucho ma- yor que la vulva y por consiguiente no puede penetrar en ella. Entonces el seno genital se cierra mediante la contracción de sus fibras musculares ra- diadas y los zoospermios pasan por capilaridad á la vagina, recorren todo el tubo uterino y llegan al seno de la glándula coquillera. Allí se ponen en contacto con los óvulos que, provenientes del ovario, se han deslizado á lo largo del oviducto, efectuándose la conjugación. El óvulo fecundado es envuelto inmediatamente por una capa de vi- telo nutritivo segregado por los vitelógenos y por una membrana de cu- bierta formada á expensas del producto de secreción de la glándula coqui- llera. Así constituidos pasan al útero, distendiendo este tubo, continúan por la vagina, en donde se disponen como las cuentas de un rosario, y se eli- minan uno á uno por el seno genital, para caer en los canalículos biliares del huésped y pasar al medio exterior. La función de las glándulas prostáticas es desconocida y la del canal de Laurer ha dado origen á una série de suposiciones. Actualmente háse abandonado por completo la antigua opinión de Stie- da que lo consideraba como una verdadera vagina en la cual podía penetrar el cirro de otro distoma para efectuar la cópula. Tampoco se admite la opinión de Leuckart para, quién es una vagina suplementaria que funciona en determinadas circunstancias; y lo más probable es que se trate de un tubo de seguridad que permite la salida del líquido espermático y vitelino, cuando éstos se hallan en exceso. Los huevos del D. hepaticum caen en los canalículos biliares y comuni- can á la bilis un color negruzco y un aspecto arenoso semejante á borra de café; á menudo se acumulan formando masas compactas que obliteran la luz de dichos canalículos. Arrastrados luego por el líquido que segrega la vesí- cula biliar pasan al intestino y de allí con las materias fecales al exterior. El examen microscópico de las deposiciones nos permitirá hacer un diagnós- tico cierto de la presencia del distoma en el hígado. El huevo (fig. 157) de coloración amarilla oscura, tiene una forma ovoidea y se halla recubierto por una cutícula de naturaleza quitinosa, lisa y transparente. Mide 130 [i en el mayor de sus diámetros por 80 ¡i de aucho y presenta, á semejanza del B. latus, en la extremidad más volumino- sa un opérculo que mide 28 ¡i. Su desarrollo es poco conocido, pero por analogía podemos suponer que se efectúa de un modo semejante al del D. tereticolle, estudiado minu- ciosamente por Schauinsland. Según este autor, el vitelo formativo está representado por la célula ovular, que tiene una forma esférica y está provista de núcleo y nucléolo 282 PARASITOLOGÍA ANIMAL. muy voluminosos. Esta célula hállase situada en la vecindad del opérenlo y está rodeada por un conjunto de células que representan el vitelo nutri- tivo y que llenan la porción restante del huevo. La célula ovular se fragmenta por carioquinesis en dos blastómeras de tamaño desigual, las cuales á su vez se dividen y subdividen para dar lugar á un con- junto de elementos celulares tan íntimamente unidos que semejan una célula gigante multinucleada. Antes de terminarse la segmentación obsérvase que una de las blastómeras del vitelo formativo se separa de las otras, situándose en una de las extremidades y se fragmenta en dos células que se alargan y adelga- zan para constituir una especie de capuchón que en- vuelve una parte del grupo blastomerular. Las dos células así formadas se subdividen, dando lugar á una série de elementos aplanados que se extienden cada vez más hasta que forman una verdadera cubierta al rededor del vitelo formativo. Durante este período el vitelo nu- tritivo se ha ido consumiendo paulatinamente, quedando de él alguno que otro vestigio. Llegado á este grado de desarrollo, el embrión está formado por una membrana de cubierta ó chorion que encierra en su interior los re- siduos del vitelo de nutrición y un contenido granuloso de células cuyos núcleos no se perciben netamente. En estas células se produce luego un proceso de diferenciación que dá por resultado la formación del ectodermo y del endodermo. El ectodermo está constituido por una capa de células laminares recubiertas en su por- ción externa de largas y numerosas cilias vibrátiles. En el endodermo principian á dibujarse los principales órganos del embrión. El desenvolvimiento de éste no se produce siempre con la misma ra- pidez. Railliet estima en 50 á 52 días el tiempo que tarda normalmente el huevo para desarrollarse en el agua pura y á la temperatura del medio ambiente. El autor citado refiere, sin embargo, haber observado casos en que la eclosión se produjo 31, 41, y hasta 54 días después del período precedentemente asignado. Este lapso de tiempo puede abreviarse, si se somete el huevo á una temperatura conveniente; introducido en una solución de cloruro de sodio al 5 %o y sometido á la temperatura de 26 á 27 grados, el embrión ci- liado eclosiona al cabo de 15 á 20 días. Con una temperatura de 16 grados, la eclosión se produce en el término de dos ó tres meses; el frío detiene todo proceso evolutivo, pero no destruye al huevo, aún á la tempe- ratura de fusión del hielo. Fig. 157-Huevo de Distoma hepaticum. PARASITOLOGÍA ANIMAL 283 Llegado el embrión á su perfecto desarrollo, preséntase encorvado (fig. 158)'; recubierto por una cutícula epitelial, e, que está provista de cilias vibrá- tiles, salvo en la extremidad anterior, en donde se observa un rostro ó pa- pila cefálica, d. destinada á perforar los tejidos del huésped intermediario, y que se halla separada del opérculo por un coginete ó almohadilla mu- cosa, b. Puede verse también un rudimento de aparato digestivo,/, y dos manchas oculares de pigmento obscuro g, dos infundíbulos ci- liados, h, que representan el origen del apa- rato excretor, células blastodérmicas i, esfé- rica, que ofrecen el aspecto de las células embrionarias primitivas y son células germi- nativas no utilizadas en la formación del em- brión y á expensas de las cuales se formarán las nuevas generaciones; y por último ele- mentos celulares granulososque constituyen el residuo del vitelo de nutrición. Llegado á este grado de su desenvolvi- miento el embrión está pronto para eclosio- nar; vésele entonces animado de enérgicos movimientos que se acentúan paulatina- mente; elopérculo se levanta como una vál- vula, el coginete mucoso es expulsado al ex- terior por el espolón cefálico, y el embrión, auxiliado por las cilias vibrátiles del cuerpo, se desliza por la estrecha abertura, se des- prende por completo del cascarón y, libre ya, nada en todas direcciones con mucha agi- lidad. Tiene el aspecto de cono truncado, (fig. 159 y 160) ó mejor dicho, de un cono con vértice redondeado; mide 137 p en el mayor de sus diámetros por 27 ¡i de ancho. Esta última medida corresponde al diámetro trans- verso que pasa por la extremidad cefálica. Su cuerpo está revestido ex- teriormente por un ectodermo formado por células planas, poligonales, de gran tamaño, provistas pe un núcleo de 3 ¡i y de largas pestañas vibrátiles de 12 ¡i. Dichas células se disponen en cinco hileras (fig. 160). La pri- mera hilera que rodea la papila cefálica comprende cuatro ó 5 células, que tienen sus ángulos redondeados y mayor espesor que las otras; la segunda encierra de cinco á seis; la tercera y cuarta cuatro, y la quinta, dos. La Fig. 158.-Huevo que encierra un embrión en víspera de ecl ci- sionar, según Thomas a opéren- lo; 5, almohadilla mucosa sobre la cual se apoya la extremidad cefálica del embrión; c, células residuales del vitelo de nutri- ción; d, rostro ó papila cefálica; e, cutícula vibrátil; ^rudimen- tos del aparato digestivo; g, manchas oculares; h, infundi- bulos ciliados; i, células blas- todérmicas inutilizadas en la formación del embrión. 284 PARASITOLOGÍA ANIMAL papila ó espolón cefálico carece de cilias y puede estirarse ó retraerse á voluntad del animal. Inmediatamente por debajo de la cutícula se encuen- tra una'capa granulosa, cuya naturaleza celular fué demostrada por Thomas, y luego, siempre de afuera hacia adentro una doble capa muscular constituida por fibras longitudinales y transversas de la cual de- penden las manchas oculares. Las últimas fibras se agrupan en la parte externa de la capa y son más nu- merosa que las primeras. Las manchas oculares, citadas precedentemente, fig. 159, g) son dos células esferoidales de naturaleza pigmentaria, situadas en la línea media y hacia la unión del quinto anterior con los cuatro quintos posteriores del cuerpo. El pigmento de ambas células se acumula en forma de dos crecientes que se adosan por su cara convexa y en la ve- cindad de la extremidad anterior, simulando una expecie de X; la porción restante de ca- da[una de ellas está constituida por una subs- tancia refringente que hace las veces de cristalino. Una vez que el embrión abandona su cáscara nada conjrapidez en el agua sin des- canzar un momento; avanza, retrocede, des- cribe una serie de movimientos rotatorios al- rededor de su eje ántero-posterior, aproxíma- se á todos los objetos que encuentra á su pa- so estirando su papila ó espolón y retrayén- dolo luego, como si buscara algo que desea encontrar. Detiénese recién cuando halla al huésped intermediario. Si no hubiera da- do con él después de 7 horas de vida libre disminuye sus movimientos y muere. Cuáles son las evoluciones que expe- rimenta el embrión ante de adquirir la for- ma adulta? La cuestión ha sido resuelta definitiva- mente y se sabe que el desarrollo del Dis- toma hepaticum se efectúa en dos huéspe- des, uno principal representa do por el ganado bovino en general y uno intermediario, la Limnaea truncatúla, pequeño gasterópodo de agua dulce que se en- cuentra comúnmente sobre las hojas de las plantas que crecen en las márgenes de lagos, bañados, pantanos de poca agua, etc. Fig. 159.-Embrión ciliado, apto para eclosionar. Fig. 160.-Embrión perforando mediante su espolón cefálico los tejidos del molusco que le sirve de huésped intermediario, según Thomas;Z, células de ángulos re- dondeados que corresponden ala primera hilera; d, papila cefáli- ca; g, manchas oculares. PARASITOLOGÍA ANIMAL 285 Este huésped fué desconocido durante mucho tiempo, aunque se su- ponía, dadas las costumbres acuáticas del embrióh, que debía ser algún molusco fluviátil. En el año 1873, Willemoes-Suhm emprendió en las islas de Feroé, región en donde es muy abundante la distomatosis bovina, una serie de trabajos con el objeto de dar con la solución buscada. Estudiando la fauna malacológica, encontró, después de exámenes prolijos llevados á cabo en numerosas aguas de la comarca, las 8 espe- cies de gasterópodos siguientes: Limax agrestis y marginatus, Arion ater cinctus, Limnoea peregra truncatula, Hialina alliaria y Vitrina pelhtcida', y como el más común de todos ellos era el Limax agrestis, supuso que este era probablemente el huésped intermediario. Varias otras opiniones habíanse emitido desde entonces sobre el asunto, cuando Weinland. en agosto del año 1873, tuvo la honra de descubrirlo al examinar una Limnae truncátula que ha- bía recogido en los Alpes. El hígado de este pe- queño gasterópodo estaba lleno de cercarías que ca- recían de papila cefálica y presentaban en cambio un apéndice caudal bastante pronunciado. Weinland supuso que estos animálculos, que reptaban con fa- cilidad sobre los objetos y se desprendían de su cola sin mayor dificultad, se enquistaban en las ho- jas de las plantas cercanas, para pasar de allí ál in- testino del carnero y transformarse en una Fasciola hepática adulta. La observación de Weinland indujo á Leuckart á buscar el huésped intermediario entre los gasteró- podos y especialmente en el género Limnoea. Sus experiencias tuvieron éxito, y en el verano de 1899, habiendo sometido varias Limnaeas peregreas á la acción de los embriones ciliados del D. he- paticum, tuvo la satisfacción de observar que estos embriones perforaban los tejidos del molusco y se radicaban preferentemente en las cámaras pulmonares. Sin embargo, investigaciones posteriores le revelaron que si bien originaban esporocystos y redias, las últimas morían al cabo de cuatro ó cinco semanas sin dar lugar jamás á las cercarías, que constituyen la fase última del período larvado. Resultados análogos obtuvo con los otros gasterópodos examinados. Leuckart quiso comprobar entonces si efectivamente la Limnaea trun- catula era el huésped intermediario, y como careciera de ejemplares de esta especie, solicitó del observador precedentemente citado, quisiera re- mitirle algunos de ellos. Las experiencias realizadas fueron concluyentes; ¡as limnaeas desarrollaban bien los esporocystos, las redias y las cercarías, y la opinión de Weinland pasaba á ser un hecho irrefutable. Fig. 161-Limnaea minuta ó truncátula. A. de tamaño natural B. aumentada. 286 PARASITOLOGIA ANIMAL Finalmente Thomas, en el año 1880, corroboraba el resultado de las investigaciones anteriores, obteniendo conclusiones análogas. Este observador, al examinar una L. minuta recogida en un campo infectado de Wytham, reconoció la presencia de una cercaría que rela- cionó á la Fasciola hepática. Dos años más tarde sometió gasterópodos de la misma especie á la acción de embriones ciliados del distoma y pudo comprobar que el desenvolvimiento de los esporocystos, redias y cercarías era completo, siendo las últimas análogas á las que había observado dos veranos antes en la comarca de Oxford. La Limnsea truncátula no es el único huésped intermediario del D. Hepaticum. Algunos otros gasterópodos pueden serlo accidental- mente y existen regiones en donde la fasciola es sumamente abundante y falta la L. minuta. Lutz en un interesante trabajo que realizó sobre el Distoma, refiere que en las islas de Hawai, el embrión se desarrolla preferentemente en la L. Cahuensis, y R. Wernicke, en un informe análogo que presentó en 1888, dice que en la República Argentina el huésped intermediario está repre- sentado por dos planorbis y una especie de Limnsea que no es la L. truncátula. Cuando el embrión encuentra al molusco, clava su papila ó espolón cefálico en los tejidos del huésped; esta papila que en un principio mide 6 ¡i de longitud, llega á alcanzar 30 ¡i, y haciendo las veces de cuña, vá se- parando los elementos celulares, para dar paso al embrión, el cual se con- trae y se estira sucesivamente, gira al rededor de su gran eje, aumen- tando su acción mediante los enérgicos movimientos de las cilias vi- brátiles. No todos los embriones tienen la sujerte de elegir para su ulterior de- sarrollo el sitio más propicio del gasterópodo; muchos de ellos penetran en tejidos menos elásticos, tales como los que constituyen el pié del molusco; y en este caso no tardan en perecer al cabo de dos ó tres días. El embrión se radica preferentemente en la cámara pulmonar del huésped, debiendo explicarse esta elección por la gran elasticidad que presentan los tejidos de dicho órgano así como por la delgadez de su cubierta. La primera , modificación que experimenta es la pérdida del apa- rato de locomoción. Una vez privado de su ectodermo ciliado, aban- dona paulatinamente su antigua forma cónica para adquirir el aspecto de una masa elíptica de 70 p de longitud. Las manchas semilunares se se- paran y pierden su característica disposición en creciente; del espolón ce- fálico solo quedan vestigios; el rudimento de aparato digestivo desaparece por completo. El cuerpo así formado en la primera fase de desenvolvi- miento ha sido denominado Esporocysto (fig. 162, A). El tiempo que tarda para adquirir su tamaño definitivo suele PARASITOLOGIA ANIMAL 287 variar. Favorecido por el calor del verano, puede alcanzar á 150 ¡jl de diámetro en menos de quince días, invirtiendo un mes y aún más en su crecimiento durante las estaciones de otoño y de invierno. Después de obtenida esta longitud, el desarrollo es mucho más ligero, adquiriendo en su estado definitivo el aspecto de un saco cuyas paredes están constituidas por las tres capas siguientes: una membrana externa ó cutícula, una del- gada capa muscular de fibras rudimentarias longitudinales y transversas y una epitelial interna que tapiza la cavidad. Cuando el esporocysto lle- ga á 200 ¡i de diámetro obsérva- se en su interior la presencia de numerosas masas redondeadas, llamadas mórulas que provienen en parte de las células blasto- dérmicas ya estudiadas prece- dentemente (fig. 162 A), en parte originadas por un proceso de di- ferenciación que se verifica de la manera siguiente: En un punto cualquiera de la capa epitelial, uno de los ele- mentos celulares componentes de la membrana aumenta de volu- men y se divide en 4, 8, 16 y más cél'A^ que constituyen la mórula. masa granulosa así formada está adherida en un principio al epitel'^pero poco á poco se pediculiza, hasta que por último se rompe y cae 4e ¡a cavidad esporocysti- ca, para continuar su desarrollo y transformarsednn Rcdia. Mientras tanto el esporocysto crece hasta a<^ruirir 0,nm7 de largo. Pre- senta un aparato excretor alojado en el espesor 9 sus paredes y constitui- do por seis infundíbulos ciliados que se disponen á ambos lados del cuerpo y que comunican con un sistema irregular de lagunas intercelulares. Puede multiplicarse por fisiparidad ó por brotación; en el primer caso la división se efectúa transversalmente; en el segundo se forman nuevos es- porocystos á expensas de los núcleos de las células germinativas del epi- telio ó de las células blastodérmicas restantes; á menudo suele observarse ambos modos de multiplicación en una misma especie. Las mórulas formadas en el interior á expensas de las células germi- nativas, se desarrollan paulatinamente, se alargan para dar origen á las Redias, en las cuales puede verse bosquejar una faringe esférica (fig. 162, B) un tubo intestinal terminado en fondo de saco, y dos apéndices pequeños Fig. 162. A-Esporocysto de la F. hepática, encerrando en su interior mórulas, y observado pocos días después de la penetración del em- brión ciliado en las cámaras pulmonares. B-Esporocysto que aloja en su interior Re- dias en diferentes grados de desenvolvimiento. 288 PARASITOLOGIA ANIMAL y romos (fig. 163, g,) que representan rudimentos de órganos de locomoción. Cuando la Redia alcanza á 200 ¡x obsér- vasela dotada de enérgicos movimientos de contracción, concluyendo finalmente por desgarrar las paredes del Esporocysto y es- tablecer un orificio artificial de salida. Los esporocystos de algunas especies de disto- mas poseen un orificio especial para dar eclosión á las redias, pero carecen de él los de la Fasciola hepática. Una vez que'adquiere su libertad la redia emigra al través de los tejidos del huésped, radicándose preferentemente en la glándula hepática del gasterópodo. Allí crece hasta poseer 1 mm á 1 mm de largo, afecta una forma cilindrica, con una extremidad ante- rior truncada en la cual puede observarse la ventosa bucal. Sus paredes tienen una es- tructura análoga á la de los esporocystos, solo que la capa muscular está mucho más desarrollada. El aparato escretor presenta un desenvol- vimiento más completo; está formado por un vaso longitudinal sinuoso situado á ambos lados del cuerpo, en el cual desembocan in- finidad de canalículos que se inician por in- fundíbulos ciliados. Ignórase si este aparato tiene relaciones con el exterior. La cavidad del cuerpo está llena por una substancia de tejido travecular que une los distintos órganos y que se agrupa común- mente en la porción anterior al rededor de la faringe y del tubo intestinal. El aparato digestivo consta de una boca que se abre en la ventosa anterior, de una faringe (fig. 163, b) elipsoidal precedida in- mediatamente por un collar anular c, muy rico en fibras musculares y de un tubo di- gestivo terminado en fondo de saco, y tapi- zado por una membrana anhista en cuyo interior se observa una capa de células cla- ras y nucleadas. Fig. 163.-Redia adulta que encierra una redia hija, una cercaría bien desarrollada, dos cercarías muy jóvenes y mórulas en diversos periodos de desenvolvimiento, se- gún Thomas. a, células glandulares; fa- ringe; c, collar; d, < riticio de eclosión; e, apéndices posteriores que representan miembros rudimentarios; f, mórulas en di- versos pérfidos de desarrollo; y, célula ger- minativas. a, ventosa bucal de la cerca- ría; [1 esó'ago;vi cum intestinal; (5,ru- dimentos de la ventosa abdominal PARASITOLOGIA ANIMAL 289 La Redia tiene orificio de postura (fig. 163, d) situado lateralmente y destinado á dejar salida á las redias hijas y cercarías que en su interior se forman. Estas toman origen en el interior del cuerpo de la primera por un proceso semejante al que hemos explicado precedentemente. Células defe- renciadas del epitelio ó germinativas, g, se pediculan y caen en la cavidad de la Redia para dar lugar á mórulas, f, las cuales á su vez se transforman enredias hijas ó cercarías, según la estación del año. Al decir de Thomas, la temperatura es un poderoso factor que contribuye al desarrollo de unas ó de otras, y.en los numerosos estudios que ha hecho sobre el particular, ha obser- vado que durante el verano solo se forman rediashijas, durante el invierno cer- carías, y únicamente en las estaciones intermedias pueden verse Redias que alojen en su interior redias hijas y cercarías. El número máximo de redias hijas que puede contener una redia es de 10; el de cercarías es algo mayor, llegando á veces á 23. El desarrollo de las últimas se efectúa da la siguiente manera; Las mórulas encerradas en el interior de la Redia materna se rodean de una débil membrana de cubierta y se transforman en gástrulas con sus dos extremidades adelgazadas, especialmente la posterior que va á dar lu- gar á la extremidad caudal de la Cercaría. La porción restante se achata, afecta una forma discoidal, para formar el cuerpo. En la extremidad ante- rior de éste las células superficiales se modifican dando por resultado la for- mación de una ventosa bucal (fig. 163, a), análogo fenómeno llévase á cabo en la cara abdominal para originar una ventosa ventral cuyo tamaño es po- co más ó menos igual al de la precedente (fig. 163 S). Diséñanse al mismo tiempo los primeros rudimentos del aparato diges- tivo, que consisten en boca, alojada en el fondo de la ventosa anterior; fa- ringe bulbosa (fig. 164 B), que se continúa con un corto esófago (fig. 163, P, y .164, B') oblicuamente dirigido de la cara ventral á la dorsal y que se 'bi- furca, por delante de la ventosa abdominal, en dos ramas intestinales (fig. 163, v y 164, E), terminadas en fondo de saco y formadas por una sola hilera de células redondeadas. Además el aparato excretor está bien desarrollado y constituido en este caso por numerosos canalículos laterales que terminan posteriormente en una vesícula contráctil. La porción anterior de la cercaría se halla reves- tida por multitud de finas apéndices quitinosos. El resto del cuerpo está lleno por numerosas células que han sido deno- minadas células cystogéneas y destinadas á formar el quiste. Cuando la cercaría ha adquirido un desarrollo completo, vésela dotada de movimientos bastante enérgicos. Con el auxilio de sus ventosas y de Parasitología Animal 290 PARASITOLOGIA ANIMAL su extremidad caudal, consigue salir por el orificio de eclosión de la Redia madre fig. 163, d) y una vez libre se abre camino á través de los tejidos del huésped, hasta llegar al exterior; se aleja luego del huésped intermediario y nada libremente en el medio líquido. La cercaría en estas condiciones mide 280 á 300 ¡x de largo por 230 de ancho, y tiene un apéndice caudal dos veces más largo que el cuerpo. Na- da con suma facilidad merced á las contracciones de su cuerpo y á los mo- vimientos de su cola, hasta que después de Un cierto período de vida libre se enquista en las plantas acuáticas, en las hojas de los vegetales que crecen en las márgenes de los lagos y pantanos de poca agua. Las células cistogéneas que posée ad- quieren una estructura granulosa, envuel- ven por completo la cercaría, y unidas á cierta mucosidad segregada por el cuerpo del ¿animal, forman un manto que no tarda en endurecer y constituir las paredes de cubierta del quiste. El apéndice caudal se desprende á menudo antes del enquista - miento y en caso contrario se agita violen- tamente, se mueve en todos sentidos, hasta que un esfuerzo más vigoroso que los ante- riores, lo separa de la porción restante del cuerpo.. El quiste así formado es esférico y blanco como la nieve, y aloja en su interior, como lo podemos comprobar mediante una disección prolija, una cercaría transparente, que carece de células cistogéneas pero que posée en cambio las dos ventosas y las di- ferentes partes constitutivas del aparato di- gestivo. ¿Como se produce la infección en los animales y en el hombre? Puede efectuarse de diversas maneras. Los ani- males se infectan generalmente comiendo hiervas en cuya superficie se en- cuentran cercarías enquistadas, ó bebiendo aguas en las cuales existan en estado libre. Puede observarse que el número de bovinos distomatosos es mayor después de estaciones lluviosas, y ésto se explica fácilmente, si re- cordamos que después del retiro de las aguas, infinidad de gasterópedos quedan abandonados en terrenos antes inundados y que se vuelven campos Fig. 164.-Cercaría libre, se- gún Leuckart. A, ventosa bu- cal; B, faringe globulosa, B' esó- fago; D, ventosa abdominal; E, caecums intestinales. PARASITOLOGÍA ANIMAL 291 de fertilildad extrema, en donde se desarrollan admirablemente los pastos y plantas que sirven de alimentación á los primeros. Los moluscos infectados como son tan pequeños pueden ingerirse fá- cilmente con dichas hiervas. El hombre adquiere las distomatosis ora bebiendo agua que no han sido filtradas y que están infectadas de cercarías libres; ora comiendo cier- tas ensaladas, que como el berro, crecen en parajes húmedos, en las már- genes de las aguas estancadas y de arroyuelos de poca corriente, y en cu- yas hojas pueden haber cercarías énquistadas. La larva llega al estómago del huésped principal; allí si está enquista- da, el jugo gástrico disuelve la membrana de cubierta y la deja en libertad; la cercaría libre emigra probablemente al intestino, se desliza luego á lo largo del canal colédoco para ir á radicarse en los canalículos biliares del hígado del animal. La glándula hepática es el órgano generalmente elegido por el parásito para pasar el resto de su existencia, aunque á veces se le ha visto alojarse en el sistema circulatorio y otras radicarse en el tejido celular sub-cutáneo para determinar abscesos en diferentes regiones déla piel. Treutler, en el año 1793, dió el nombre de Hexathyri- dium venarum^ (fig. 165) á un verme que extrajo de la vena tibial anterior de un joven que se había lesionado la extremi- dad inferior derecha. Exámenes posteriores de este ejem- plar han permitido constatar que se trataba de un Distoma hepaticum no bien desarrollado aún. Duval, profesor de anatomía de la Facultad de Ren- nes, tuvo ocasión de encontrar 6 fasciolas en el sistema ve- noso portal de un sujeto de 49 años que jamás se había quejado de dolores que hicieron sospechar la presencia del parásito. Giesker cita otro caso muy curioso. Este médico asis- tió á una mujer pue presentaba en la región plantar derecha un tumor indoloro y no fluctuante. El tumor fué incidido, y ocho días después de la ope- ración, al efectuarla asepsia y el vendaje consecutivo, como se comprimiera la llaga para extraer el pús que en su interior pudiera haberse formado, observó con gran asombro la ex- pulsión de dos distomas hepáticos. Muchas otras observaciones podrían citarse sobre el particular, contándose entre las más curiosas la de Lacet, autor que lo vió en el interior del bazo y encerrado en una especíele quiste adventicio que contenía una serosidad amarillo-negruzca donde el parásito podía moverse con entera libertad. Fig. 165-He- xathyridium venarum, se- gún Treutler. a, tamaño na- tural; b, au- mentado seis veces. 292 PARASITOLOGIA ANIMAL Merecen narrarse también las observaciones de Rivolta, Gurlt y Meg- nin, quienes lo han encontrado en los pulmones del buey; y en donde por otra parte, parece ser bastante frecuente. La manera como los parásitos llegan á localizarse en los diferentes ór- ganos de la economía, se explica del siguiente modo: Muchos dístomas consiguen perforar los canalículos biliares, atravesar el parénquima hepático y caer en una de las ramas de la vena supra hepática; algunos de ellos se localizan en el sistema venoso; otros son transportados al corazón derecho por la cava inferior, y de allí por la arteria pulmonar á los pulmones, órganos en los cuales pueden radicarse; los que consi- guen salvar este último obstáculo, pasan al corazón izquierdo, y luego á la circulación general, yendo finalmente á localizarse en el tejido subcutá- neo para determinar los diversos abscesos de que hemos hablado preceden- temente. El número de dístomas alojados en la glándula hepática es enígeneral de algunas decenas; pero algunas veces la infección es tan grande que puede ele- varse á 600, 800 y hasta 1000 vermes como en un caso observado por Dupuy. El hombre no está exento déla enfermedad, registrándose actualmente 23 casos de distomatosis. En todos ellos las fasciolas se encontraban radi- cadas en los canalículos biliares y su número variaba habiéndose observado 2, 4 y hasta 28 en una misma glándula hepática. La sintomatología de la enfermedad es siempre la misma; los pacientes presentan el cuerpo y el rostro de una palidez extrema, á veces con un tinte ictérico bastante pronunciado, debilidad general y empobrecimiento de la san- gre en glóbulos rojos, dolores punzantes en la región hepática acompaña- dos á menudo por vómitos y diarreas sanguinolentas; infiltraciones edemato- sas y especialmente ascitis ó derrames serosos en la región abdominal. La enfermedad termina generalmente con la muerte. En los animales se observan fenómenos semejantes; en un principio presentan cierta disposición al engorde, pero poco tiempo después el apeti- to disminuye, la piel y mucosas tienen coloración blanco mate ligeramente amarillenta; la sangre se empobrece, por el consumo que dé ella hace el pará- sito, como lo han demostrado las experiencias de Raillet; la debilidad es gene- ral; prodúcense abundantes edemas ó infiltraciones serosas en el tejido celular subcutáneo, siendo la región intermaxilar una de las más afectadas (vulgar- mente papadas). La duración de la enfermedad varía entre dos y seis meses, teniendo por lo común un desenlace fatal. A la autopsia, obsérvase que la masa total de sangre ha dis- minuido, así como la proporción de glóbulos rojos y de albúmina. Los tejidos, especialmente el muscular, están impregnados de sero- sidad líquida; el tejido adiposo se halla en pequeña cantidad y en estado semi-fluído. El hígado, es muy hipertrofiado, ofrece una in- PARASITOLOGÍA ANIMAL 293 tensa inflamación que se traduce generalmente por una cirrosis más ó menos neta; el canal cístico y hepático obliterados por completo, encierran én su interior numerosos parásitos; los canalículos biliares, profundamente dilatados, emiten artificialmente, por la compresión interna de las fasciolas, dilataciones ampulares. A menudo sufren la degenerescencia calcárea, se obstruyen por completo, impidiendo el pasaje de la bilis. Esta grave enfermedad, conocida por los veterinarios con los nom- bres de caquexia acuosa, podredumbre, disiomatosis, se desarrolla prefe- rentemente en los animales jóvenes, concluyendo rápidamente con ellos. Como tratamiento curativo, el único remedio que ha dado algún resul- tado positivo es el cloruro de sodio. Si el animal presenta papada ¿ictericia, si la caquexia acuosa se manifiesta con todo'su cortejo de síntomas, es inútil querer salvarlo y lo mejor de todo es sacrificarlo é impedir de este modo pue pueda contaminar á los demás; si en cambio, el número de fasciolas infectantes es pequeño el animal puede curar mediante un buen régimen alimenticio á base de sal. El cloruro de sodio á pequeña dosis obra como un poderoso estimu- lante; activa las digestiones estomacal é intestinal, facilita la absorción del quilo, disminuye las materias fecales, vivifica la circulación, aumenta la brillantez del pelo, la expulsión de orina, el enrojecimiento sanguíneo de las mucosas y finalmente la energía del animal. A menudo se observa que durante la primera fase de la enfermedad adquieren un estado floreciente; el estanciero debe aprovechar entonces y sacrificarlos en ese período transitorio, ante de que la distomatosis con- cluya con ellos. Como ración diaria aconséjase 250 gramos de avena mezclados con 10 gramos de sal, para cada carnero. La profilaxis es sencilla. Si recordamos que la infección se produce por la ingestión de aguas de consumo ó pastos que contengan cercarías libres, enquistadas ó gasterópodos que en su interior las alberguen, fácil- mente se comprende que la enfermedad disminuiría con la. destrucción de dichas cercarías. El único agente heroico que se utiliza con tal objeto es la sal co- mún ó cloruro de sodio. Experiencias efectuadas por Perroncito han demostrado que las cer- carías introducidas en una solución al 1 % de cloruro de sodio mueren en 20 á 30'; en una solución al 2 °/0 en 5'; al 3 °/0 en 1' y al 4 °/o sucumben instantáneamente. Por consiguiente, todos los esfuerzos del estanciero deberían tender á salar las aguas que sirven de consumo á los animales de su estancia. Pero no siempre esto es posible, ora por la dificultad de clorurar en esas pro- porciones los vastos bebederos naturales que hay en muchas comarcas ga- 294 PARASITOLOGÍA ANIMAL naderas; ora por el enorme caudal de gastos que le exigiría semejante pro- cedimiento. Fundándose en esos motivos, y con el objeto de evitar la propaga- ción alarmante del saguaypé, el Dr. R. Wernicke aconseja las siguientes medidas profilácticas: l.° No mezclar animales sanos con animales que padezcan de ca- quexia acuosa. 2.° Construir canales que faciliten el desagüe de las aguas estan- cadas, lagunas, bañados, en donde abundan tanto los gasterópodos que sirven de huésped intermediario. 3.° Sacrificar los animales distomatosos, que son los encargados de diseminar los huevos, y se convierten por consiguiente en otros tantos focos de infección. 4.° Administrar una buena alimentación clorurada á los animales que el estanciero no quiera sacrificar. 5.° Dar sal á discreción á los animales que están expuestos á la distomatosis; esta sal ingerida tendría por objeto matar las cercarías que pudieran haber entrado en el aparato digestivo junto con las aguas de consumo. La distribución geográfica del Distoma hepaticum es sumamente ex- tensa. En Europa es muy común habiendo causado á menudo terribles epizootias; sus huéspedes en este continente son la Limnaea truncátula y la L. peregra. En Asia no se le ha observado y en Africa es muy poco conocido, siendo Egipto y Algeria los países más afectados. En la América del Norte es escaso, encontrándosele especialmente en los E. Unidos, y teniendo por huésped intermediario un gasterópodo que no es la L. minuta ni peregra. En la República Argentina ha tomado un incremento alarmante, á tal punto que no hay provincia donde no se le conozca. Radicado especialmente en las comarcas más feraces y ganaderas, ha producido una mortalidad tan grande, que solo en el Sur de la Provincia de Buenos Aires fué mayor de un millón en el año 1887. Haciendas en- teras desaparecieron con la epizootia. El distoma, vulgarmente conocido con el nombre de saguaypé por nuestros paisanos, azota preferentemente las vacas, caballos y cerdos; sin embargo, según refiere el Dr. R. Wernicke, observador que ha hecho entre nosotros minuciosos estudios sobre el parásito que nos ocupa, existen dis- tritos en que los animales más atacados son las nutrias. Después de la provincia de Buenos Aires, Entre Ríos y Corrientes son las más flageladas por la afección. El distoma ha sido encontrado también en Córdoba y Santa Fé, y aún cuando en las demás provincias no ha sido señalado, puede decirse que en todas ellas existe, siendo raro los gauchos de nuestra campaña que no conocen el saguaypé. PARASITOLOGIA ANIMAL 295 Halzoun.-Así se denomina una enfermedad que afecta la garganta y que reina casi exclusivamente en la parte de Syria conocida por el Lébano. Esta enfermedad se traduce por la presencia de una congestión ede- matosa de la mucosa bucal. La proporción de la congestión varía con la intensidad de la afección. Descripción de los síntomas de la enfermedad. - Comienza rápida- mente. Una persona que goza de perfecta salud, acaba de comer una fusión de hígado más ó menos crudo; dentro de treinta minutos principia á sentir un escozor molesto en la garganta é introduce sus dedos para desembara- zarse del estorbo, en el Lébano esta persona se da cuenta inmediatamente de lo que se trata y espera los resultados con paciencia que no retardan en aparecer y consisten en la disfagia, la disfonia y por último la dísnia que puede ir hasta la asfixia completa en algunos casos felizmente raros. Todos estos síntomas van acompañados de una cefalalgia intensa. El aspecto del enfermo es típico: la cara está congestionada, los lábios espesados, cianóticos y lívidos, los ojos congestionados emiten abundantes lágrimas, la fotofobia y exoftalmia son frecuentes, la nariz se presenta roja y lustrosa. Al examen de la mucosa pituitaria se le encuentra engrosada hasta ob- literar las fosas nasales y segrega un líquido viscoso. El cuello varía de aspecto según las formas: en los casos graves está edematoso y los ganglios se encuentran aumentados de volumen; en los -casos leves se presenta normal. La mucosa de las amigdalas, faringe, úvula y velo del paladar se pre- presenta congestionada y aumentada de volumen hasta producir el cierre completo del espacio inter-amigdalar. La fiebre es un hecho excepcional y el pulso se altera cuando se acen- túa la disnea. Según el grado de intensidad de estos diversos síntomas se distingue una forma ligera, wna.giave y una mortal. La duración de la enfermedad es de algunas horas en las formas leves, hasta diez días elmáximun en las graves. Las formas mortales son muy raras y la terminación es casi siempre favorable. Cuando se produce la muerte es la consecuencia de la asfixia. En cuanto al diagnóstico, en su país de origen es poco confundible con otras enfermedades; sin embargo, es necesario tomarlas precauciones debidas para con la difteria, el edema de la glotis y el yodismo agudo. Etiología del Halzoun.-En el país en que reina esta enfermedad se ha atribuido desde tiempo atrás su producción á la ingestión de hígado de cabra, siendo este animal particularmente atacado por la fasciola hepática (Distoma hepaticum). Los habitantes de esa parte de la Lyria dicen que el hígado de la cabra produce con más seguridad el Halzoun que el hígado 296 PARASITOLOGIA ANIMAL de vaca ó carnero porque contiene siempre mayor número de fasciolas he- páticas y estas producen en él, bolsas especiales que recuerdan los caraco- les y que se llaman Halzoun en árabe. En cuanto á la manera como la fasciola hepática provoca el Halzoun ha sido dilucidado en 1904 por el Dr. Khouri de Kesronan en Syria. Anterior- mente los médicos atribuían la enfermedad á la absorción de productos eliminados por el parásito una vez que se hubiese ingerido con el hígado crudo ó mal cocido; pero no satisfacía esta interpretación por la localiza- ción exclusiva de los síntomas á la extremidad cefálica y la ausencia de sín- tomas de intoxicación. El Dr. Khouri estudiando numerosos casos clínicos llegó á las conclu- siones siguientes: l.° La operación de los accidentes se produce de algunos minutos á una hora después de la ingestión del hígado. 2.° Están siempre localizados en la extremidad cefálica. 3.° El vómito espontáneo ó provocado produce la expulsión de uno ó muchas fasciolas hepáticas. 4.° Cuanto mayor número de fasciolas, tanto más violentos los ac- cidentes. Conociendo bien estos detalles llevó á cabo las investigaciones si- guientes: 1.a Toma un trozo de hígado crudo y caliente todavía; se asegura de la presencia del parásito; lo tritura bién transformándolo en una pasta y lo introduce en la garganta de un conejo que lo traga con facilidad. 2.a Extrae de un hígado fresco sus pequeñas fasciolas muy jóvenes, dotadas de movimiento, de un milímetro de diámetro y los introduce en la boca de otro conejo. Deja los dos conejos en reposo y les da la misma alimentación. El conejo de la segunda investigación al cabo de media hora cesa de comer; comienza con tos y convulsiones y sucumbe á las cuatro horas en medio de convulsiones intensas. En la autopsia se encuentra una congestión edematosa intensa de la mucosa faringea, laríngea y pulmunar y sobre la base de la lengua tres fasciolas aumentadas de volumen y llenas de suero sanguíneo; éstas están adheridas á una salida edematosa de la mucosa en ese punto. Repite varias veces estos experimentos y siempre con resultado satis- factorio y de allí deduce lo siguiente: l.° El Halzoun es debido á la fijación de una fasciola hepática sobre la mucosa de la retrocavidad bucal. 2.° La fasciola fijada se llena de suero de sangre como las sangui- juelas. 3.° La fasciola provoca accidentes congestivos y edematosos. PARASITOLOGIA. ANIMÁL 297 4.° Estos accidentes son debidos probablemente á la secreción de parte de la fasciola de un líquido con propiedades vasodilatadoras muy intensas. 5.° La intensidad de los accidentes está en relación directa del núme- ro de fasciolas fijadas á la mucosa. 6.° Cuando el parásito se satura de alimentación se desprende y, ó cae al estómago ó es expulsado con el vómito y este es el momento de la mejoría. Tratamiento.-El tratamiento profiláctico es el único eficaz y consiste en la abstención del hígado crudo ó mal cocido y especialmente el de cabra. El tratamiento curativo ó paliativo consiste en gargarismos y vomitivos con el fin de expulsar el parásito. Los tomadores de arckí (alcohol propio del país) son raramente ataca- dos porque pueden poseer propiedades parasiticidas. Distoma Lanceolatum, Mehlis, 1825 Sinonimia: Plantaría latiuscula Goze 1872 » Fasciola hepática Bloch, 1782. » Distoma hepaticum Zeder, 1800. » Fasciola lanceolata Rudolphi, 1803. » Distoma lanceolatum Dujardin, 1845. » Dicrocoelium lanceolatzbm... Weinland, 1858, El Distoma lanceolatum, parásito más pequeño que el anterior, acom- paña á menudo á este último, alojándose en los canalículos biliares del hí- gado de numerosos animales entre los cuales los más frecuentes son el carnero, el asno, la cabra, el buey, el conejo, el cerdo, etc. En el hombre ha sido visto varias veces y determina del punto de vista patológico acci- dentes tan graves como la fasciola hepática. Sus huevos tienen una coloración negruzca y miden de 40 á 45 ¡i de largo por 30 ¡x de ancho. Son más redondeados que los del saguaypé y están provistos de una gruesa cáscara, que presenta en uno de los polos el opérculo y en el otro un espesamiento en forma de tapón. Abandona- dos por el distoma en los canales hepáticos, pasan junto con la bilis al intestino y allí se mezclan con las materias fecales para ser expulsados al exterior. 298 PARASITOLOGIA ANIMAL El desenvolvimiento embrionario se inicia durante el período intra- uterino del huevo, á tal punto que en el momento de la eclosión el embrión está perfectamente desarro- llado. Según Moulinié tiene un aspecto piriforme (fig. 166), formado por dos segmentos esféricos desiguales y de diferente diámetro. El anterior, que es el más pequeño, está cubierto de cilias vibrátiles y presenta además un espolón cefálico que tiene por objeto la perfora- ción de los tejidos del huésped intermediario. El pos- terior, enteramente desnudo, claro y transparente, po- sée dos masas redondeadas de naturaleza desconocida. El embrión mide de 26 á 33 [i en el sentido del diámetro mayor por 16 ¡i de ancho; las masas granulosas laterales 7 p x/2. La eclosión no se verifica inmediatamente después que los huevos han sido eliminados con las substancias excrementicias. Ante todo, es me- nester que sean transportados al agua por un agente cualquiera y luego que permanezcan dos ó tres semanas en el medio líquido. Pasado este tiempo vése al embrión levantar el opérenlo, expulsar con energía la al- mohadilla mucosa que le sirve de coginete, y pasar por el orificio así for- mado efectuando sus movimientos de locomoción mediante las vibraciones de las cilias y ligeras contracciones de su cuerpo. El tiempo que puede vivir en el agua á la espera del huevo interme- diario es desconocido, suponiéndose por simple analogía que debe ser poco más ó menos igual al del embrión de la F. hepática. ¿Cuál es el animal elegido por el parásito para pasar su período de vida larvado ? Aún no tenemos de este problema una solución definitiva, pero se supone que el huésped intermediario es el Planorbis marginalus, pequeño gas- terópodo en cuyos órganos Wagener la encontrado las fases intermediarias del distoma, al estado de Cercaría cystophora. Experiencias posteriores de Leuckart nos han vuelto á sumir en la incertidumbre. Este observador tra- tó de infectar gran cantidad de Limnses, Vitrinas, Paludinas, Cyclas, Li- max, Arion, sin obtener el más mínimo resultado: De todos modos la presencia de una papila cefálica y de un revestimiento ciliado nos hacen suponer que el huésped intermediario es probablemente un molusco, en cuyos tejidos se deben desarrollar los esporocytos, redias y cercarías, por un proceso semejante al que hemos visto al estudiar el D. hepaticum. Luego, las cercarías deben abandonar los tejidos del huésped, na- dar libremente en el medio líquido hasta que por último se enquistan en las plantas acuáticas. El huésped principal se infectaría bebiendo aguas im- Fig. 166 -Em- brión ciliado del Distoma lanceola- tum, según Leu- ckart. PARASITOLOGIA ANIMAL 299 puras que contengan cercanas libres, ó comiendo vegetales en cuya super- ficie puedan haber quistes. Al estado adulto, el Distoma lanceolatum (fig. 167) mide de 8 á 10 mm. de largo por 2 á 2 72 de ancho; tiene como su nombre lo indica, una for- ma lanceolada, un cuerpo aplanado, afilado en ambas extremidades, especial- mente en la anterior; la porción poste- rior se halla á menudo dilatada por el acúmulo de los huevos en las circunvo- luciones uterinas. Exteriormente está recubierto por una cutícula lisa y desprovista de escamas que se refleja en el interior de las ventosas. Estas son dos, más grandes relativa- mente que las de la Fasciola hepática; la anterior (fig. i 67, Ms), tiene, durante la vida del verme, la|forma de una hen- didura transversa; pero se modifica des- pués de la muerte, adquiriendo un as- pecto francamente circular. Mide O.mm5 de diámetro y está limitada¡por un rode- te cutáneo en cuya superficie obsérvan- se diseminados numerosos orificios. En ellos se abren los canalículos excretores de multitud de células glandulares radica- das en la extremidad anterior del cuerpo y que han sido consideradas por Walter como órganos salivares. La ventosa posterior (fig. 167, Bs) es algo mayor que la precedente; mide O.mm6. Es circular y está separada de la anterior por una distancia igual á la quinta parte de la longitud total del cuerpo. Inmediatamente por debajo de la^cutícula, existen como en el D. hepa- ticum las capas de fibras musculares, que se caracterizan sin embargo por ser menos fuertes y no formar una trama tan íntima; parecen condensarse hacia ■el tercio anterior del cuerpo, comunicando á dicha región mayor movilidad. El espacio limitado exteriormente por las capas musculares está lleno por el parénquima.La substancia parenquimática está formada por células que Fig. 167-Distoma lanceolatum observado por la cara ventral, se- gún Max Braun.-Ms, ventosa bu- cal; Bs, ventosa abdominal; Cb, ca- vidad del cirro; D, csecums intesti- nales; K, ovario; H, testículos; Dst, vitelógenos; Ut, útero. 300 parasitología animal. miden 25 ¡i y aloja en su seno los diferentes aparatos de digestión, inervación,, excreción, etc. El aparato excretor es más sencillo que el del distoma hepático. Toma nacimiento por gran cantidad de infundíbulos ciliados que han sido vistos por Walter, de los cuales emergen finos canalículos que se diseminan en el parénquima para constituir una red lacunar. De esta red parten dos pe- queños canales; uno que corresponde á la mitad izquierda y el otro á la mitad derecha del cuerpo. Ambos se deslizan de atrás adelante en dirección á la extremidad anterior, hasta que al llegar á la altura de la faringe, se inflexionan, modifican su dirección primitiva y principian á descender á lo largo de los csecums y de los nervios laterales, des- cribiendo en su trayecto numerosas sinuosidades y colocándose en un plano más próximo á la [cara dorsal. Al llegar al nivel de .la unión del tercio medio con el tercio posterior obsérvase que ambos se aproximan á la línea media, hasta que por último se unen y dan origen á un tronco único, dorsal y medio, que corre de uno á dos milímetros y medio y termina en la extremidad posterior abriéndose al exterior por un foramen caudale de 45 [i de diámetro y provisto de una especie de esfínter. El sistema nervioso es análogo al de la Fasciola. Está constituido por dos ganglios faríngeos anteriores, situados por detrás del orificio bucal y á ambos lados de la faringe, reunidos entre sí por una comisura trans- versa que pasa por encima de este órgano. El filete nervioso que pone en comunicación ambos ganglios, se halla, relativamente comparado con el del D. hepaticum, más cerca de la extremidad posterior. Por debajo y detrás de la faringe existe un tercer ganglio, el ganglio faríngeo posterior que comunica con los dos anteriores mediante corúisuras correspondientes y constituyendo así el característico anillo ó collar faríngeo de los trematodes. Del borde externo de cada ganglio lateral parten cinco filetes nerviosos que se distribuyen en un modo semejante al que hemos observado al estu- diar el sistema nervioso del D. hepaticum. De estos cinco nervios, los dos más importantes son: el anterior que se dirige á la ventosa bucal y se carac- teriza por su extrema delicadeza; el lateral que corre á lo largo del cuerpo colocándose en la cara inferior de los csecums intestinales, para después ga- nar su borde interno. Durante su trayecto emite numerosos ramúsculos des- tinados á inervar los órganos que encuentra á su paso. El aparato digestivo es mucho más sencillo. Consta de una boca si- tuada en el fondo de la ventosa anterior á la cual sigue una faringe globu- losa. (fig. 167). Inmediatamente por detrás de ella sigue un corto esófago de 0mm6 de largo por 18 ¡i de ancho, revestido externamente por numerosas fi- bras musculares dispuestas en anillo. Antes de llegar al seno genital se bifurca en dos caecums intestinales (fig. 167) que se deslizan á lo largo PARASITOLOGÍA ANIMAL 301 y á ambos lados del parénquima, dejando entre ellos un vasto espa- cio ocupado por los órganos de la generación. La luz aumenta paulatina- mente, teniendo 20 p al principio y alcanzando á 130 ¡i en su porción terminal. Los ciegos intestinales no emiten rama colateral alguna, carácter que sirve para diferenciar el aparató digestivo de este distoma con el de la F. hepática. Terminan aisladamente en fondo de saco á la altura del cuarto posterior del cuerpo, pero Chatin refiere haberlos visto aproximarse á la línea media, fusionarse y entrar en coalescencia, para rematar en un solo infundíbulo. Los órganos de la generación tampoco son tan complicados como en el D. hepaticum y se disponen unos detrás de otros debido á la pequenez del diámetro transverso del cuerpo. Los masculinos ocupan la región ante- rior; los femeninos la posterior. Los testículos, (fig. 156, 77), son dos glándulas en forma de saco apla- nado, de contornos irregulares, situadas por detrás de la ventosa abdomi- nal y limitadas lateralmente por los caecums intestinales. Miden lmm de diá- metro, correspondiendo la anterior al testículo izquierdo y la posterior al derecho. Cada una de ellas dá origen á su respectivo canal deferente, los cuales contornean la ventosa ventral y se fusionan al nivel del borde ante- rior de ésta para formar un conducto espermático único que se abre en una amplia vesícula seminal. Esta vesícula, destinada á la acumulación de los zoospermios, afecta la forma de una S y se caracteriza por tener una gruesa capa muscular y estar tapizada interiormente por numerosas células granu- losas de 15 [x de diámetro. Las funciones de estas células son descono- cidas; según Leuckart representan verdaderas glandulitas unicelulares que tendrían pór objeto suministrar cierto principio al líquido espermático. De la extremidad anterior del receptáculo espermático surge un nuevo con- ducto, el canal eyaculador, el cual, después de un corto trayecto, se conti- núa con un apéndice filiforme y pequeño, el cirro, órgano que se abre final- mente en el seno genital, frente al orificio vulvar. La vesícula espermática, el canal eyaculador y el cirro están encerra- dos en el interior de la cavidad del cirro, (fig. 167 Cb), cavidad de forma ovalar alargada, con su extremidad anterior más aguda y situada entre la ven- tosa abdominal y el ángulo de bifurcación del aparato digestivo. El ovario ó germígeno (fig. 167, 7L), consideiado en un principio por Mehlis como un tercer testículo, es más pequeño que éstos. Tiene forma redondeada y está situado en la mitad derecha del cuerpo, inme- diatamente por detrás de la glándula testicular anterior. De su borde posterior parte el germiducto, canal que contornea su lado derecho y termina por una dilatación ampular á la cual hace continuación el útero. En esta dilatación ó receptaculum se abre también un canalículo de deri- 302 PARASITOLOGIA ANIMAL vación proveniente del testículo posterior y que se halla por lo común repleto de esperma. Los vitelógenos ó glándulas vitelinas (fig. 167, Dst) no adquieren un desarrollo muy grande. Situados lateralmente y hacia la porción media del diámetro ántero-posterior, ocupan la quinta parte del largo del cuerpo y se hallan alojados en el espacio que limitan los bordes marginales y los csecums intestinales. Están formados por gran cantidad de saquitos glandulares de 20 á 40 [j. de diámetro, provistos cada uno de ellos de un respectivo canal excretor y que vierten su contenido en dos conductos más gruesos, los canales vitelinos longitudinales. Cada glándula presenta dos de estos canales, uno aproximado á la cara dorsal, el otro á la ventral; ambos se reunen hacia la parte media del vitelógeno para dar lugar á los vite- loductos transversales, los cuales se fusionan al nivel del diámetro ántero- posterior para constituir un canalículo único que perfora la glándula co- quillera y termina en el oviducto en el punto en que éste se continúa con el útero. La glándula coquillera ofrece una estructura análoga á la del D, hepa- ticum, con la única diferencia que las células glandulares que la componen están algo más esparcidas. El útero (fig. 167, Ut) es un tubo largo y flexuoso, doces veces mayor que el diámetro longitudinal del verme y que, por consiguiente: alcanza á 12 centímetros en un distoma de un centímetro de longi- tud. Toma nacimiento en la extremidad del oviducto y se dirige hacia la porción posterior del cuerpo, en donde describe numerosas circunvolu- ciones, ocupando todo el espacio dejado entre los vitelógenos, el ovario, los testículos y la extremidad candad del verme. Las asas uterinas se distribuyen en dos planos: uno dorsal, constituido por circunvolu- ciones de dirección póstero-anterior; uno ventral, formado por repliegues ántero-posteriores. El diámetro del útero varía. En estado de vacuidad mide 23 p, pero puede llegar á 70 p cuando está distendido por los huevos. El número de éstos que encierra un tubo lleno es grande. Leuckart lo calcula en más de un millón. Tienen una coloración oscura, como ya lo he- mos dicno anteriormente, que se percibe fácilmente gracias á la diafaneidad del cuerpo del parásito. A medida que las asas anteriores del plano dorsal se aproximan á los viteloductos transversales, véseles disminuir de diámetro, á tal punto que los huevos en dicha región se disponen como las cuentas de un rosario. A esa altura, el tubo uterino se desliza en el espacio que limitan el germígeno, el testículo posterior y el csecum intestinal del lado izquierdo, pasa luego entre ambas glándulas testiculares, costea el borde derecho del testículo anterior, para contornear luego la márgen izquierda de la ven- PARASITOLOGIA ANIMAL 303 tosa abdominal y terminar en una vagina musculosa que se abre en el orificio vulvar. La fecundación se lleva á cabo de un modo análogo á la que ya hemos estudiado en el D. Hepaticum por cuya razón no incurrimos en repeticiones. El D. lanceolatum acompaña generalmente al D. hepático en los cana- lículos biliares, y su número puede variar, encontrándosele comúnmente agrupados por centenares en una sola glándula. La sintomatología de este parásito es semejante á la que determina el saguaypé; en los animales produce una afección distomatosa ó caquexia acuosa en general menos grave; sin embargo, Railliet lo ha visto determinar á menudo casos de cirrosis mortales. Ha dado origen también á graves epizootias, especialmente después de estaciones muy lluviosas, y existen regiones europeas en donde se lo teme tanto como la fasciola. Oreste y Ercolani creen que los huevos de D. lanceolatum constituyen la causa determinante de la formación de esos nodulos calcáreos encontrados tan á menudo en la glándula hepática de los équidos. Perroncito refiere haber observado frecuentemente los huevos en las deposiciones de los obreros ocupados en la perforación del San Gotardo. Las medidas profilácticas que deben tomarse son análogas á las que hemos aconsejado para el D. hepaticum; el hombre debe precaverse bebiendo el agua cocida ó filtrada y no comiendo vegetales que no hayan sufrido una cocción previa. El D. lanceolatum ha sido visto cinco veces en la especie humana. El caso más curioso es el de Kirchner que pasamos á referir. Tratábase de una niña bohemia de 14 años, pastora desde los nueve, que tenía la costumbre de beber agua eñ las lagunas y pantanos adonde llevaba á desalterar el rebaño que á su cuidado tenía. Exáme- nes ulteriores practicados por Kirchner, demostraron que en estas aguas vivían numerosas especies de moluscos, especialmente Limnaeas, Paludinas, etc. La joven solía pasarse los días alimentándose únicamente de pan, de agua que bebía en las fuentes naturales y de berro, ensalada que crece abundantemente en los terrenos húmedos y en las márgenes de las lagunas. Poco después principió á sentir ligeras molestias y padecimientos que se acentuaron cada vez más. Al enflaquecimiento de las piernas, no tardó en añadirse una debilidad general y la pérdida completa de la fuerza. Sobrevínole posteriormente una tumefacción dolorosa del abdomen que la obligó á ganar la cama seis meses antes de la muerte. El doctor Kirchner, la examinó tres días antes de su fin y encontróla con los piés ede- matosos y el hígado muy hipertrofiado. Al efectuarse la autopsia pudo ver 304 PARASITOLOGIA ANIMAL que la glándula hepática pesaba 11 libras y encerraba ocho cálculos biliares y la vesícula biliar estaba contraída y carecía de bilis, pero en su interior se encontraron 47 Distomas lanceolatum bien desarrollados. En cuanto á su distribución geográfica, el parásito ha sido visto en casi toda Europa, siendo, según Leuckart, más frecuente en el Sur que en la porción restante del continente. En Inglaterra no se ha notado aún su existencia, según Thomas. Dícese que en Turingia y en Berna es más común que su con- génere. Se le ha observado también en Turkestán, en Siberia, en Algeria y en los Estados Unidos de Norte América. En Sud-América es desconocido. Distoma Raíhouisi-Poirier, 1887, El único ejemplar que de esta especie se conoce fué expulsado por una mujer china de 35 años, de la misión de Zi-ka-wei, que se quejaba de tiempo atrás de punzantes dolores hepáticos. Recogido por el R. P. Rathouis, fué remitido á Poirier para que lo estudiara y clasificara. Este observador tomólo en un principio por un D. hepati- cum, pero luego el tamaño de la ventosa abdominal, el gran diámetro del cuello, así como la disposición interna de los órganos, le hicieron desechar semejante opinión y considerarlo como un nuevo distomídeo. El lugar de residencia del parásito es probable que fueran los canalí- culos biliares del hígado de la enferma, porque después de la eliminación del verme cesaron por completo sus padecimientos. El distoma observado por Poirier tiene el cuerpo aplanado, de forma oval oblongada, con la extreiñidad anterior aguda y enangostada y la poste- rior más ancha y redondeada. Mide 25 mm. de largo por 16 mm. de ancho y presenta en el extremo cefálico una prolongación cónica, corta, de 5 mm. de base por 3 mm. de altura; que remata en una ventosa anterior pequeña y redondeada (fig. 168). La cutícula es desnuda, carece de toda especie de apéndices quitino- sos ó escamas y se refleja, como en los anteriores distomas, en la primera porción del aparato digestivo, seno genital y ventosas. Estas son dos y es- tán separadas por una distancia de 2 mm.; la cefálica mide O.mm3; la poste- rior ó abdominal posée un diámetro cuádruple. El aparato digestivo es característico; presenta boca, faringe, esó- fago y caecums intestinales, pero estos últimos no dan lugar á ramifica- ciones laterales, conservando durante todo su recorrido un diámetro muy reducido. PARASITOLOGÍA ANIMAL 305 Los órganos de la generación no son tan complicados como en la Fas- ciola hepática. Los masculinos están constituidos por dos testículos voluminosos (fig. 168), de mayor tamaño el izquierdo que el derecho, que pre- sentan una estructura tubular ramificada y se alojan en la porción media y posterior del cuerpo, en el espacio comprendido entre las glándulas vitelinas y los viteloductos trans- versales. Cada uno de ellos dá origen á un canal deferente ó espermiducto que avanzan ha- cia la extremidad anterior del verme, describien- do algunas sinuosidades; contornean la glándula coquillera, pasando el izquierdo por encima y el derecho por debajo del canal vitelino transverso correspondiente y se fusionan para ir á terminar en la cloaca sexual situada por encima de la ventosa ventral. En el aparato reproductor hembra tenemos que considerar: un ovario, de estructura análoga á la de las glándulas testiculares, situado hacia la línea media transversa del cuerpo por delante del testículo dere- cho, y limitado por el vitelógeno, el viteloducto transverso, la glán- dula espermática y el canal deferente del mismo lado. De su porción an- terior é izquierda parte el germiducto el cual después de un corto trayecto penetra en la glándula coquillera, para continuarse con el útero. Las glándulas vitelinas, de estructura arracimada, alojadas en las regio- nes marginales, se extienden á lo largo del cuerpo desde la extremidad pos- terior hasta la altura de la ventosa abdominal; poseen sus correspondientes ■canales vitelinos longitudinales, de los cuales se desprenden los viletoduc- tos transversales. Estos son casi rectilíneos y terminan en la glándula co- quillera al nivel de la fusión del oviducto con el tubo uterino. El útero ocupa la región media y anterior del cuerpo; es un tubo bastante largo; describe numerosas circunvoluciones y se continúa con una vagina estrecha y sinuosa que se abre en la cloaca sexual, en frente del orificio terminal del espermiducto. Los huevos de este distoma son grandes y ovoideos; miden 150 ¡i de largo por 80 ¡i de ancho. El huésped intermediario es desconocido y por consiguiente ignóranse las diferentes fases de evolución transcurridas entre el estado embrionario y el adulto. Varios autores han supuesto que el distoma Rathouisi no es más que una simple variedad del Distoma Btiski ó crassum. Pero Moniez ob- jeta esta opinión, diciendo que los caracteres diferenciales que presenta Fig. 168-Distoma Ra- thouisi observado por la cara ventral, aumentado de tamaño. Parasitología Animal 306 PARASITOLOGÍA ANIMAL este parásito son suficientes como para formar una nueva especie de la fa- milia de los distomídeos. En efecto, el D. crassum mide de 4 á 7 centímetros de largo y tiene un diámetro transverso relativamente más angosto que el del D. Rathouisi; ca- rece luego de ese cuello ó prolongación cefálica que le hemos descripto al último; y su ventosa abdominal tiene un diámetro más pequeño. Los huevos del distoma descripto por Poirier son además más grandes que los del D. Buski. Distoma conjunctum, Cobbold, 1859. Descubierto en 1853 por Cobbold en los canalículos biliares de un zorro americano {Ccmiá fulvus) muerto en el jardín zoológico dé Londres, fué observado en 1872 por Lewis y Cunningham en la glándula hepática de un perro paria de la India y dos años más tarde por Mac Connell en la especie humana, aunque los ejemplares recogidos por este autor no con- cuerdan en todos sus detalles con los descriptos por Cobbold. Los huevos del D. conjunctum (fig. 169) tienen forma ovalar; poseen una cáscara de doble envoltura y miden 34 ¡i de largo por 21 ¡i de ancho- El huésped intermediario y las diferentes etapas de su desenvolvi- miento antes de adquirir el estado adulto son de todo punto desconocidos, suponiéndose por simple analogía que el desarrollo de los esporocystos, redias y cercarías se efectúa en algún molusco. En el estado adulto, mide según Mac-Connell de 9mm 5 á 12mm de longitud por 2,mm 5 de ancho y presenta una forma lanceolada; de sus dos extremidades la an- terior es más enangostada; la posterior más obtusa. La cutícula está recubierta de pequeñas espinas, que habían desaparecido en los ejemplares observados por Cobbold. La ventosa bucal, es mayor que la posterior y dista muy poco de ella. El aparato excretor es muy visible en su porción terminal; consta de dos canales que corren de los bordes marginales del verme hacia la línea media, oblicuamente dirigidos de adelante atrás, y se fusionan para formar un conducto excretor único que se desliza éntrelos dos testículos y se abre al exterior por un poro situado en el extremo posterior del cuerpo. Fig. 169-Hue- vos de Distoma conjunctum, au- mentados 300 ve- ces, según Mac- Connell. PARASITOLOGÍA ANIMAL 307 El aparato digestivo es sencillo, está formado por una boca alojada en el fondo de la ventosa anterior; una faringe globulosa que dá nacimiento di- rectamente, sin intermedio de esófago, á los dos ciegos intestinales. Los caecums intestinales son muy largos; no dan origen á rama colateral alguna y se extienden en toda la longitud del cuerpo, para terminar en fondo de saco cerca de la extremidad posterior. Los órganos sexuales masculinos están represen- tados por dos glándulas testiculares globulosas, situa- das en la región media y posterior del cuerpo; ambos testículos están alojados en la masa parenquimática que lindan lateralmente los tubos intestinales; el izquierdo es algo más anterior y el derecho posterior. De ellos se desprenden los canales deferentes que corren hacia la extremidad ^cefálica, se fusionan finalmente y el canal espermático único termina en el seno genital, situado inmediatamente por delante de la ventosa ab- dominal. En los órganos sexuales femeninos debemos considerar: un ovario ó germígeno único, que] ocu- pa la porción central del cuerpo; dos vitelógenos, extendidos longitudinalmente en los campos late- rales, de los cuales parten los viteloductos transversos. Estos se unen con el oviducto proveniente del germígeno y se continúan luego con el útero, conducto muy sinuoso, quí describe numerosas circunvoluciones á ambos lados de la línea media y llena la porción anterior del Distoma. Como lo hemos dicho precedentemente, este ver- me ha sido observado dos veces en el hombre. Stiles y Hassall niegan no obstante que los distomas encon- trados por Mac-Connell sean iguales á los encontrados por Cobbold en el Canis julvus, basándose para ha- cer su objeción en varios argumentos de los cuales el más serio es la diferencia de tamaño. 1er Caso de Mac-Connell (1876).-Un mahometa- no de 24 años de edad, habitante de Calcuta, entró al hospital en Diciembre de 1875, atacado por una fie- bre que databa de dos meses atrás, de tipo intermitente al principio y continuo después. El enfermo encontrábase muy demacrado, la comprensión del hígado y del bazo era dolorosa, encontrándose este úl- timo hipertrofiado. El paciente murió trece días después y la autopsia se practicó trece horas después de la defunción. El hígado conservaba su volúmen normal, pero tenía una resistencia Fig. 170-Distoma conjunctum, aumen- tado seis veces, según Mac-Connell. Fig. 171.-Dis- toma conjunc- tum de tamaño natural según Mac-Connell. 308 PARASITOLOGÍA ANIMAL y tinte oscuro anormal. Los canales biliares encontrábanse engrosados, di- latados y llenos de Dístomas; la primera incisión dejó escapar una docena y se encontraron dos veces más en los canales de una parte del lóbulo dere- cho; en todo el hígado no habían menos de un centenar de parásitos, j todos muertos. La vesícula biliar no contenía ni Distomas ni huevos; el canal cystico no se encontraba obstruido y la bilis corría libremente al intestino. La presencia de los Distomas parecía haber ocasionado un catarro de las mucosas de los canales biliares, á la vez que su espesamiento y dilatación. No había ictericia y el tejido hepático estaba sano, salvo una ligera infiltra- ción adiposa de los lóbulos. El colon transverso y e^ colon descendente pre- sentaban numerosas ulceraciones pigmentadas; en el recto existía otra úlce- cera de formación más reciente; el tejido sub-mucoso encontrábase por todas partes más engrosado. 2o Caso de Mac-Connell (1878).-Otro mahometano de 24 años entró al mismo hospital el 23 de Enero de 1878, atacado de una disenteria que databa de dos meses atrás y que le había puesto demacrado y anémico. Las cámaras raras en un principio se habían vuelto abundantes, serosas é involuntarias. El hígado ni el bazo estaban hipertrofiados, ni había dolor en la región hepática. El enfermó murió el 20 de Febrero, habiendo sido ineficaz toda medicación. La autopsia se practicó 18 horas después de la muerte. Se encontró la totalidad del intestino grueso y especialmente la S ilíaca cubierta de pig- mentaciones y de ulceraciones pequeñas. El hígado reducido de volumen; su cápsula engrosada y la superficie de sección de un gris oscuro. Los ca- nales biliares encontrábanse dilatados, llenos de una bilis amarilla y espe- sa que contenía numerosos Distomas; más de una docena de ellos fueron obtenidos por presión y disección. En la vesícula biliar se encontraron más, pero en el intestino no había uno solo. Todos estos parásitos esta- ban muertos. Distoma Ringeri, Cobbold, 1880. Sinonimia: Distoma Westermani, Kerbert, 1878. » Distoma pulmonale. Baelz, 1883. » Distoma pulmonis. Suga, 1883. » Mesogonimus Westermani. Raillet, 1890. Este parásito fué descubierto por el Dr. Ringer, en Formosa, en los pulmones de un sujeto que padecía de frecuentes hemoptisis. Precedente- mente, Baelz tuvo ocación de observar los huevos de tan curioso verme en los esputos sanguinolentos de un Japonés, pero confundiólos con formas PARASITOLOGIA ANIMAL 309 esporuladas délas Gregaríneas (Gregaríneas ptilmonalis). Estudiado por Cobbold en 1880, Leuckart comprobó posteriormente su identidad con el D. Westermani descubierto por Kerbert en 1878 en los pulmones de un ti- gre domesticado de Amsterdam. En el estado adulto tiene forma ovoidea, de modo que la superficie de sección transversal es casi circular; presenta en su extremidad anterior una especie de espolón ó prolongación cefálica, mientras que la extremidad pos- terior es roma y redondeada. Es pequeño; mide de 8 á 10mm de largo por 5 á 6mm de ancho; tiene coloración gris-rojiza que se transforma en parda-oscura después déla muerte y presenta movimientos de locomoción semejantes á los de las Hirudíneas. Está recubierto por una cutícula provista de abun- dantes y anchas escamas; y posée dos ventosas casi iguales de 70 á 75 p de diámetro; la bucal es casi ter- minal y la abdominal, situada por delante de la línea media transversa del cuerpo tiene límites más netos co- mo si hubiera sido hecha por un saca-bocado. El aparato digestivo consta de una boca que se abre en el fondo de la ventosa anterior, de una farin- ge pequeña y un corto esófago que se continúa con los ciegos intestinales. Estos describen numerosas sinuosidades durante su trayecto y terminan en fondo de saco en el extremo posterior del cuerpo. Los órganos masculinos de la generación están constituidos por los testículos que son dos glándulas tubuliformes y ramificadas, alojadas en los campos laterales de la porción posterior del verme; de ellos se des- prenden los canales deferentes que conservan una dirección póstero-ante- rior rectilínea y se abren en el seno genital situado por detrás de la ven- tosa abdominal; faltan el pene y la cavidad del cirro. Entre los órganos femeninos debemos considerar un germígeno único; de estructura tubular, situado inmediatamente por detrás de la ventosa ventral y hacia la derecha de línea longitudinal media; los vitelógenos que se extienden á lo largo del cuerpo y están provistos de viteloductos y re- ceptáculo vitelino; la glándula coquillera algo lobulada y alojada hacia la izquierda de la línea media; y el útero que en esta especie es corto, muy ramificado y apelotonado. Existe el canal de Laurer. Los huevos son ovoideos; miden de 80 á 100 ¡i de largo por 50 ¡i de ancho; poseen cáscara de doble contorno, que presenta una coloración roja sucia y un opérenlo en el polo mayor. Estos huevos son expulsados al exterior con los esputos y muco- sidades expectoradas por el enfermo; pasan entonces un período de vida latente hasta que arrastrados por las lluvias y los vientos llegan al agua de los ríos, estanques, lagunas, etc. Fig. 172.-Dis- toma pulmonale, de tamaño natu- ral según Baelz. 310 PARASITOLOGÍA ANIMAL Para que el desenvolvimiento embrionario se efectúe es menester que el huevo viva un cierto tiehipo en el agua, como lo han comprobado las experiencias de Manson. Este sabio ha observado que después de una permanencia en el medio líquido de 26 á 28 días, á una temperatura de 26 á 34 grados, el huevo encierra en su interior un embrión móvil perfectamente desarro- llado. El embrión así formado es desnudo en su extremidad anterior, en cuyo vértice lleva un espolón ó papila cefálica, mientras que en su extremidad posterior está recubierta de largas cilias vibrátiles. La eclosión no se verifica en seguida; es menester que permanezca cerca de un mes y medio á dos meses dentro del cascarón. Pasado este término le- vanta con su papila e] opérenlo, pasa á través del orificio abierto, ayu- dándose de sus pestañas que se mueven á guisa de remo y nada como un infusorio durante 24 horas. Si pasado este tiempo no ha dado con el huésped intermediario, muere. Las evoluciones ulteriores de este distoma no son enteramente des- conocidas. Lo más probable es que sus fases de esporocystos, redias y cercarías las efectúe en algún molusco de agua dulce. La infección se. llevaría á cabo por vía digestiva, ora bebiendo aguas impuras que con- tengan cercarías libres ó moluscos que sirven á estas últimas de huésped intermediario, ora comiendo vegetales en cuya superficie existan cercarías enquistadas. Introducidas las larvas en el aparato digestivo, llegarían hasta el intestino en donde por los vasos quilíferos serían trasportadas al canal toráxico y sucesivamente á la vena cava, corazón derecho, arteria pul- monar y pulmón. Las cercarías se detienen en las ramificaciones más pequeñas de la arteria pulmonar y allí crecen para adquirir el estado adulto. Durante este período de desenvolvimiento, provocan, por el aumento progresivo de ta- maño, desgarramientos del tejido pulmonar y rupturas vasculares que dan origen frecuentemente á grandes hemorragias. En la autopsia, obsérvase que los parásitos no eligen los bronquios para su residencia, sino que se radican preferentemente en la periferia del pulmón, formando, por la destrucción de, los tejidos, verdaderos nodulos cavernosos que semejan infartos hemorrágicos. Estas cavernas cuyas paredes están constituidas por la condensación del tejido conjuntivo circundante, encierran en su interior una papila rojiza formada por pe- queños fragmentos de tejido pulmonar, hematíes, leucocitos, cristales de Charcot y un número inmenso de distomas y huevos. Comunican además con los bronquios mediante una serie de peque- ños orificios que poseen en la periferia,ry por donde salen constantemente PARASITOLOGIA ANIMAL 311 células sanguíneas, huevos, distomas que son expulsados durante los ac- cesos del paciente. Los esputos sanguinolentos de los sujetos atacados de distomatosis pulmonar tienen una coloración café rojiza, análoga á los de la pneamo. nia. El número de huevos que arroja diariamente un enfermo en sus esputos no baja de 12.000, según las apreciaciones de Baelz. El Distoma Ringeri determina como hemos visto hemoptisis abun- dantemente hemorrágicas; pero la mayoría de las veces no revisten grave- dad porque son los pequeños capilares los que se destruyen. A veces sin embargo, los huevos no se detienen en las ramificacio- nes de la arteria pulmonar; y trasportados al corazón izquierdo y de allí á la circulación general pueden dar origen á embolias de gravedad suma. Yamagiva, médico japonés, observó dos casos de cirrosis hepática complicada de ascitis, producidos por la presencia de los huevos en el hígado. En el mismo pulmón los huevos pueden dar lugar á focos pneumó- nicos y transportados al cerebro originar ataques epileptiformes, parálisis y hasta la muerte. Como caso curioso de estos últimos fenómenos mencionamos la ob- servación de Otani. Tratábase de un joven de 26 años de edad, débil de constitu- ción, sin antecedentes hereditarios, que desde el año 1885, se quejaba de dolores gástricos y perturbaciones digestivas. Durante la primavera del año siguiente tuvo un acceso febril, acompañado de escalofríos, de punzantes dolores en el lado derecho del tórax y de violentos ataques de tós. Los es- putos eran sanguinolentos; lo que unido á la abundante sudación y eleva- ción térmica nocturna, hicieron pensar en una tisis recién declarada. Los síntomas prosiguieron hasta que dos años más tarde el enfermo sufrió un violento ataque epileptiforme. Como se repitieran dichas manifes- taciones el paciente solicitó su ingreso al hospital. Un postrer ataque lo de- jó sin sentido durante 8 días; el enfermo no se levantó más, sobreviniéndo- le la muerte en medio de un sopor profundo. El exámen microscópico de los esputos reveló la presencia de innume- rable cantidad de huevos de distoma pulmonale mezclados con células san- guíneas y cristales de Charcot. Al practicar la autopsia, observóse en cada uno de los lóbulos anterior y posterior del hemisferio cerebral derecho, un tumor del tamaño de un hue- vo de gallina, constituido por numerosos quistes cuyo volúmen variaba en- tre el de un grano de mijo y el de un huevo de paloma. La mayoría co- municaban entre sí y encerraban un líquido amarillento muy denso, en el ■cual pudo observarse cristales de hematoidina, cristales de Charcot y gran cantidad de huevos semejantes á los que se encuentran en los esputos de 312 PARASITOLOGÍA ANIMAL los sujetos atacados de distomatosis pulmonar. También se encontró un distoma que medía 8 mm. de largo por 5 mm. de ancho. Un verme análo- go observó Otani en cierta porción de masa encefálica que no presentaba alteración ninguna de sus tejidos. Esos dos distomas eran iguales á los que existían en los nódulos cavernosos del pulmón. La distomalosis pulmonar es una enfermedad muy generalizada en la región oriental del Asia, especialmente en el Japón y en ciertas comarcas de China. Baelz la ha observado más de cien veces en el primero de estos paí- ses y refiere que es frecuente sobre todo en las provincias montañosas de Okayama y Kumamoto. Tailor dice que es de observación común en to- do el sud del Japón. Yamagiva é Inovi afirman que el distoma está tan es- parcido en ciertas aldeas montañosas, que les está vedado á los pueblos cir- cunvecinos tener relación alguna con las localidades contaminadas. En la península de Corea, Baelz ha confirmado también la presen- cia del parásito; pués le fué encomendado en tratamiento un miembro de la familia real de aquel país, que hacía ocho años que arrojaba esputos san- guinolentos y sufrió dos fuertes hemoptisis que resultaron ser producidas por el D. Ringeri. • En Formosa el distoma pulmonar se halla también sumamente extendi- do por todas las provincias. Algunos médicos calculan que el 20 ó 30 °/0 de los habitantes están atacados por la enfermedad; pero seguramente estas apreciaciones son algo exageradas. Manson y algunos otros reducen esta proporción al 15 °/0. El distoma Ringeri no solamente ha sido observado en la especie hu- mana y en el tigre. Según Raillet, entre los ejemplares zoológicos que fue- ron remitidos del Japón á la Exposición Universal de 1889 figuraban algu- nos distomas pulmonares provenientes de los bronquios de un porro. En los Estados Unidos de Norte América, Ward lo ha reconocido en el gato, importado probablemente por la inmigración china. Como procedimientos curativos, Manson refiere haber tenido buen resultado con inalaciones de diversas substancias, tales como la tintura é infusión de Quassia, la infusión de' Kousso y soluciones alcohólicas de tre- mentina y santonina. Distoma crassum-Busk, 1859. Sinonimia: Distoma Buski Lankester, 1857. » Decroelium Buski Weinland, 1858. Este distoma, fué descubierto por Busck en el año 1843, al examinar el duodeno de un marinero muerto en el Hospital Siamés y estudiado pos- PARASITOLOGÍA ANIMAL 313 teriormente por Cobbold, quien tuvo ocasión de encontrarlo varias veces en sujetos de^u clientela. Es uno de los más grandes distomas co- nocidos; mide de 4 á 7 centímetros de largo por 1,7 á 2 cms. de ancho. Presenta una forma oblongada, obtusa en ambas extre- midades, pero más afilada en la anteiior que en la posterior. Está recubierto por una cutícula lisa y desprovista de apéndi- ces escamosos. Las ventosas son redondeadas y están separadas por una distancia de 3 mm. La abdominal (fig. 173, Bs) es de mayor tamaño y mide 1 l/2mm de diámetro. El aparato excretor está formado por dos canales laterales que corren en la porción anterior del cuerpo de adelante hacia atrás para reunirse en la línea media y formar un tronco único longitudinal que termina en la extremidad posterior. El aparato digestivo consta de boca, fa- ringe globulosa que dá origen directamente á los caecums intestinales, bifurcándose por delante de la ventosa ventral. Los ciegos (fig. 173, D) se deslizan á lo largo del parén- quima describiendo en su trayecto algunas sinuosidades y no emitiendo colateral al- guna. Los testículos (fig. 173, H) son dos glándulas voluminosas, de estructura tubu- lar ramificada, situadas una á continuación de la otra en la porción posterior del ver- me y limitadas adelante por el ovario y á los lados ¡por las ramas intestinales. Poseen canales deferentes que penetran en el interior de la cavidad del cirro (fig. 173, Cb) y se fusionan en un conducto excretor que se abre en el seno genital situado por delante de la ventosa abdominal. El ovario ó germígeno (fig. 173, K) es una glándula de estructura análoga á las anteriores, alojada en la porción media del cuerpo, por de- lante del testículo anterior. Los vitelógenos, situados entre los ciegos intestinales y los bordes mar- ginales, adquieren en esta especie un desarrollo extraordinario. Fíg. 173-Distoxia crassum, ob- servado por la cara ventral. Ms. ventosa bucal; Bs, ventosa abdominal; Cb, cavidad del ci- rro; D: caecums intestinales; Dst, vitelógenos; K, ovario; H, testículos; Sch; glándula co- quillera; üt, útero. Según Odli- ner. 314 PARASITOLOGIA ANIMAL El útero describe numerosas circunvoluciones que llenan toda la porción media anterior del parénquima. Se abre en el seno genital, en frente del orificio de terminación del canal espermático. Los huevos miden 125 ¡i de largo por 75 |i de ancho. Este parásito ha sido observado seis veces en el hombre, y no se le ha visto aún en ninguna otra especie. Transcribimos á continuación estas observaciones: 1er Caso de Busk (1843).-Durante el invierno del año 1843 fueron en- contrados por Busk en el duodeno de un marinero chino muerto en el Hospital Siamés, 14 Distomas. No habían ni en la vesícula ni en los cana- les biliares. Estos distomas eran mucho más gruesos y más grandes que los del carnero y tenían de una pulgada y media á casi tres pulgadas de largo. Su forma recordaba la del Distoma hepaticum, pero su estructura era semejante á la del D. lanceolatum. Como en este ^último, los dos canales digestivos carecían de ramificaciones; el espacio comprendido entre ellos, en la región poste- rior del cuerpo, estaba ocupado por un útero ramificado. Dos de los distomas que me han sido dados por M. Busk se encuentran en el museo de King's College (prep. 346); tales son los términos con que refiere Budd esta primera observación. 2.° Caso de Kerr (1873)-Una niña de cuatro años, hija de ingleses, pero que habitaba en la ciudad de Cantón, eliminó por la vía rectal 9 Dis- tomas en una sola vez. 3er Caso de Kerr (1873)-Un chino joven, de 15 años, residente en Cantón, vomitó un verme que tenía el aspecto de una sanguijuela. ¿El verme, vivo aún, fué llevado al Dr. Kerr, quien lo remitió al profesor J. Leidy de Filadelfia. Este lo presentó á la Academia de Ciencias Naturales el 14 de Octubre de 1873, considerándolo como un D. hepaticum, no obstante tener importantes caracteres diferenciales. El animal ¡es notablemente más grande que el Distoma hepático; después de una prolongada per- manencia en el alcohol fuerte, mide] 40mm de largo por 14mm de ancho y 2 de espesor en la parte media. El tegumento 'es liso en toda su exten- sión. La ventosa anterior tiene un ancho de 0mm 8 y la posterior lmm 7. El seno genital encuéntrase situado inmediatamente por delante de esta úl- tima; el cirro está evaginado. 4.°, 5.° y 6.° Casos de Cobbold (1873-1878).-Un misionero y su se- ñora residieron durante cuatro años en China. Permanecieron algún tiempo en la provincia de Ningpo, nutriéndose principalmente con ostras y pescados. En Noviembre de 1872, dejaron á Ningpo y avanzaron hasta 130 millas hacia el interior del país. En Setiembre de 1873, el mi- sionero fué atacado de una diarrea que no cesó hasta que hubo elimidado algunos parásitos; un mes después, su mujer también fué atacada de diarrea. PARASITOLOGÍA ANIMAL 315 Las cámaras de ambos eran descoloridas, y estas unidas á otros síntomas hacían creer en la existencia de alguna afección hepática, indigestiones, estrías de sangre en las cámaras, pero nada de disentería. En 1874, estos dos enfermos volvieron á Londres y consultaron al Dr. Johnson, sobre sus parásitos. Este los dirigió á Cobbold, al cual le llevaron dos Distomas conservados en el alcohol. Cobbold, reconoció en ellos al Disloma Buski y procuró que le proporcionaran individuos fres- cos: algunos días después le llevaron 7 ejemplares, de los cuales 3 estaban mutilados. Cobbold pudo así examinar 12 ejemplares de los cuales el más grande medía apenas 5cms de largo, por un ancho máximo de lcra 4. El más pequeño, depositado en el Museo de la Universidad de Oxford, tenía menos de 2cms 5. Ninguno de estos vermes no alcanza las dimensiones que Busk asigna á algunos de los que él ha examinado. En Febrero de 1875, Cobbold volvió á ver al misionero y su señora, los síntomas que indicaban la presencia de los Distomas habían reaparecido. Sin embargo, las medicaciones más variadas fueron impotentes para ha- cer eliminar el menor parásito. El misionero regresó nuevamente á China. Volvió más tarde á Europa en la primavera de 1878, pués él y su mu- jer habían sentido recientemente los ataques del parásito. Por otra parte, uno de sus hijos, una niñita, había sido también atacada por el mismo hel- minto, pués eliminó varios ejemplares por el ano. Distoma heterophyes, von Siebold, 1852. Sinonimia: Dicrocoelum heterophies Weinland, 1858. Fasciola heterophies Moquín-Tandon 1860. Al estado adulto, el distoma (fig. 174), afecta una forma oval alarga- da; de sus dos extremidades la anterior es la más aguda, la posterior algo redondeada. Su cuerpo es aplanado y translúcido; mide de 1 mm. á 1 1/2 mm. de longitud por un ancho máximo de 0,mm7. El D. heterophies es el más pequeño de los dístomas conocidos. Su cara abdominal es plana; la dorsal ligeramente convexa. La cutícula es lisa en la porción posterior del verme; en la anterior está cubierta de pequeños aguijones ó apéndices escamosos dirigidos hacia atrás. La ventosa bucal a, es sub-terminal infera; su diámetro varía entre 0,mm 10 y 0,mml3; la ventosa posterior, d, está situada en la parte media de la cara ventral; es más voluminosa y potente que la anterior y posée un diámetro triple. 316 PARASITOLOGIA ANIMAL El aparato excretor está bien desarrollado y es perfectamente visible en su porción terminal. Consta de una cavidad pulsátil, p, alojada entre ambos caecums intestinales y que se habré al exte- rior por un pequeño orificio situado en la ex- tremidad posterior del distoma. El aparato digestivo está constituido por una boca que ocupa en fondo de la ventosa bucal; de una faringe, b, globulosa de 0,mm7 á O.mm9 de longitud que se continúa con un largo esófago; al nivel del borde anterior de la ventosa abdominal, éste se bifurca en dos caecums intestinales, c, que se deslizan á lo largo de los campos laterales del parénquima, encerrando entre las concavidades todos los demás órganos. Debe mencionarse también la presencia de varias hileras de células obscuras, situadas á lo largo del esófago y que probablemente son glandulitas unicelulares de funciones semejan- tes á las que hemos visto en el aparato di- gestivo del D. lanceolatum. Las glándulas testiculares k y l son esfe- roidales, simétricas, situadas entre los tubos intestinales y á ambos lados de la cavidad pulsátil; miden 140 p de diá- metro; los canales deferentes no han sido vistos, probablemente ocultds por las asas uterinas. Los órganos femeninos están representados por un ovario, g, de 100 ¡i, de forma esférica, alojado por delante de los testículos y cubierto en par- te por las circunvoluciones del útero, razón por la cual no es muy visible; por los vitelógenos, h, situados entre las ramas intestinales y los bordes latera- les; son pequeños y formados por una serie de infundíbulos claviformes; y finalmente por el tubo uterino,/, largo y sinuoso varias veces contorneado sobre sí mismo, alojado en la porción posterior del cuerpo, entre la ventosa abdominal, las glándulas espermáticas y los ciegos intestinales. Los orificios sexuales sehabren en una depresión que está situada por detrás y á la izquierda de la ventosa posterior y envuelta por un rodete muscular, o, saliente, que simula una ventosa supernumeraria y que fué con- siderado por Bilharz como la cavidad del cirro. Este rodete mide 0,mm2, es decir, un diámetro algo más pequeño que el déla ventosa contigua; en corte transversal se presenta con la forma de un creciente; está constituido por numerosas fibras musculares circulares y posée en su borde interno de 70 á 72 bastoncitos quitinosos que le dan un aspecto característico. Las fi- Fig. 174.-Distoma hetero- phyes, visto por la cara ven- tral: a, ventosa bucal; b, fa- ringe; c, caecum intestinal; d, ventosa abdominal; f, útero, g, ovario; h, vitelógeno; k, tes- tículo izquierdo; l, testículo derecho; o, rodete circular que abraza los crificios sexuales; p, aparato excreto]'. Según Bilharz. PARASITOLOGÍA ANIMAL 317 bras musculares son, según Loos, susceptibles de contraerse, de manera que pueden desempeñar las funciones de un esfínter. En el interior del ro- dete deben abrirse los canales deferentes y la vagina, aunque propiamente los orificios terminales de estos órganos no han sido vistos aún, así como tampoco se han observado la vesícula seminal y la cavidad del cirro. ' Leu- ckart supone que el pasaje del líquido espermático del canal deferente á la vulva se efectúa por la contracción de las fibras circulares del reborde sa- liente, el cual haciendo las veces de un esfínter, cerraría por completo el rodete y aproximaría los orificios sexuales. El esperma pasaría por capi- laridad. Los huevos de este distoma son de forma ovoidea y miden 26 ¡i de largo por 15 ¡i de ancho. Están recubiertos por una cáscara fuertemente pigmen- tada de rojo, que comunica al útero dicha coloración y es la causa del tinte rojizo que presentan estos trematodes. El desarrollo embrionario, así como las diferentes fases del período larvado son de todo punto desconocidos, haciéndose hasta el presente sim- ples suposiciones. Los accidentes que determina este síntoma no son probablemente graves. Los fenómenos patológicos producidos se limitan á una fuerte irritación de la mucosa intestinal, causada por la acción de los apéndices quitinosos, y que depende sobre todo del número de vermes alojados. El D. heterophyes fué descubierto por Bilharz en el Cairo, el 26 de Abril de 1851, al efectuar la autopsia de un niño. En el intestino delgado de .éste, observó aglomeraciones de pequeños vermes que se desplazaban con facilidad y que examinados al microscopio revelaron ser distomas per- fectamente desarrollados. Poco tiempo después, este mismo médico tuvo ocasión de observar otro caso análogo, pero con una infección mucho más grande. El número de parásitos encontrados en la mucosa intestinal era incalculable; de ellos Bilharz recogió un centenar de ejemplares que remitidos á Leuckart y Blanchard, sirvieron á estos para completar y rectificar las descripciones hechas por su descubridor. Más adelante, Loos, durante una permanencia de ocho meses en Alejandría (Egipto), observó el parásito dos veces en el hombre, y comprobó que se radicaban preferentemetne en el tercio medio del intestino delgado. A pesar de su abundancia, parecían no ser perjudiciales al huésped, pues se alimentaban de las materias contenidas en el yeyuno; y los nume- rosos exámenes microscópicos, por otra parte, efectuados con dichos ver- mes, no revelaron jamás en el aparato digestivo la presencia de células epiteliales ni de glóbulos sanguíneos. Blanchard opina, basándose en la existencia de las glándulas sali- vares á lo largo del esófago, que el Distoma proviene de una cercaría 318 PARASITOLOGIA ANIMAL armada, siendo su huésped intermediario un insecto en vez de un mo- lusco. La infección se efectuaría ingiriendo dichos insectos, como sucede á menudo en sujetos afectados de perversión del gusto. Para explicar el número tan grande de ejemplares encontrados por Bilharz en un solo individuo el mismo autor supone una infección repetida. Distoma sinense-Cobbold, 1875 Sinonimia: D. spathiblatum Leuckart. 1876. D. hepatis endemiczcm Baelz, 1883 D. innocuum Baelz, 1883 D. japonicum Blanchard, 1886. Este distoma fué descubierto en Calcuta por Mac-Connell, el año 1874, al efectuar la autopsia de un chino que había muerto víctima de una afec- ción hepática. Posteriormente Mac-Gregor lo observó en la isla Mauricio y Mac-Connell lo volvió á encontrar en un sujeto de raza amarilla. Baelz, Taylor, Isao Yjima lo han encontrado á menudo en individuos de raza mongólica ó asiática, á tal punto que ha convertido en una verdadera calamidad varias localidades del Japón tales como Okayama y Katayama. Al estado adulto, presenta una forma oblonga, con la extremidad posterior más redondeada y ancha que la anterior. Es un entozoario aplanado (fig. 175) que mide de 1 á 2 centímetros de largo por 2 á 4 milímetros de diámetro transverso, siendo diáfano á la luz y presentando una coloración rojiza más ó menos acentuada. Está recubierto por una cutícula lisa, desprovista de apéndices quitinosos, que se refleja sobre las ventosas y primera parte del aparato digestivo. Los bordes marginales son ondulosos, ofreciendo algu- nas veces ligeras escotaduras. La ventosa bucal, (fig. 176, a) rmde 1 mm de diámetro y está separada de la abdominal, d, que es más pequeña, por una distancia de cuatro milímetros. El aparato digestivo está constituido por una boca que se abre en el fondo de la ventosa bucal y que se continúa por una faringe, b, de cuya porción posterior se desprenden inmediatamente los caecums intestinales c. Railliet admite la existencia de un esófago corto mientras que Blan- chard y Moniez niegan la presencia de ese órgano. Los ciegos intestinales corren paralelamente en los campos laterales deslizándose por los bordes internos de las glándulas vitelinas, aumen- tan su calibre á medida que se aproximan á la extremidad posterior y ter- Fig. 175-Dis- toma sinense de tamaño na- tural, según Mac-Connell. PARASITOLOGÍA ANIMAL 319 minan en fondos de saco á ambos lados del canal excretor y en la vecin- dad de su poro final. El aparato excretor no ha sido bien estudiado en su porción inicial. Está formado por dos canales laterales que se dirigen de adelante atrás, se fusionan en la línea media y constituyen un conducto impar,/), que se hace bien visible por detrás del ovario, g, pasa por encima de los órganos se- xuales masculinos y termina en la porción posterior del cuerpo por un poro ó foramen cándale. El aparato reproductor macho está situado por detrás de los órganos sexuales femeninos. Los testículos, m, son dos glándulas arracimadas, dendríticas, forma- das por 4 á 6 fondos de saco poco ramificados, alojadas en el tercio pos- terior del verme y situadas una por detrás de la otra. Hállanse relacio- nados con dos órganos ovoideos k y l, cuya naturaleza y funciones aún no han sido determinadas. Según Mac-Connell, estos órganos representa- rían los verdaderos testículos mientras que lo que Blanchard considera como glándula espermática sería para este autor un receptáculo seminal. De los testículos se desprenden dos canales deferentes que se fusionan hacia la línea media después de un cierto trayecto, y el espermiducto o, así formado, pasa por debajo del germígeno, contornea el borde izquierdo de la ventosa abdominal y se abre en el seno genital ó cloaca sexual situada por delante de la ventosa posterior. Faltan el cirro y la cavidad del cirro. Los órganos sexuales femeninos son: un ovario ó germíneo, g. situado en la parte media del cuerpo por delante de las glándulas espermáticas, por detrás del útero y limitados á ambos lados por los csecums intestinales; es trilobado y da nacimiento por su borde anterior al germiducto; los vitelóge- nos ó glándulas vitelinas, Zz, de estructura arracinada, alojados en los cam- pos laterales, entre los tubos intestinales y los bordes marginales del verme; poseen sus respectivos viteloductos transversales, i, que, según Mac-Con- nell, terminan en las porciones laterales del ovario, pero que probablemente han de abrirse ai nivel del oviducto; un tubo uterino, /, que continúa al germiducto y describe'en su trayecto numerosas circunvoluciones, ocupando toda la región anterior y central del parénquima; y finalmente una vagina estrecha y curvilínea que se desliza por el borde derecho de la ventosa ab- dominal y termina en la vulva, e, situada en la cloaca sexual, en frente del orificio de determinación del canal deferente. Los huevos de este distoma tienen forma ovoidea £y miden 30 ¡i de largo por 16 p. de ancho; están recubiertos por una doble membrana de cu- bierta, fuertemente pigmentada, lo que da una coloración obscura al huevo; y lleva en la extremidad más adelgazada un opérenlo que permite la eclosión del embrión. El desarrollo embrionario es intrauterino, de modo que cuando los 320 PARASITOLOGIA ANIMAL huevos llegan al medio exterior arrastrados con las materias fecales del huésped, el embrión ha adquirido un completo desenvolvimiento. Las evoluciones de este embrión para transformarse en larva así como el huésped intermediario, son de todo punto desconocidos hasta el presente. La opinión que admite que el D. sinense se desa- rrolla directamente en un solo huésped por la inges- tión de huevos ó de embriones eclosionados, debe ser desechada. Durante mucho tiempo se ha creído que esta espe- cie de distomatosis se transmitía al hombre por medio del tripang, alimento muy codiciado por los chinos y japoneses y preparado con Holoturióideos. Sin embar- go, debemos hacer constar que este modo de infección es muy problemático, pues no se explicaría cómo la enfermedad puede propagarse en comarcas lejanas de las costas cuyos habitantes comen el tripang en preparados secos y que han sido sometidos á altas temperaturas. El D. sinense vive normalmente en los canalículos biliares del hígado de gato y del hombre. Sin embargo, algunas veces puede localizarse fuera de la glándula hepática, como ; lo comprueba la ob- servación de Gall. Este médico tuvo en tratamiento un soldado que después de una breve permanencia en Tonkin regresó á Europa con un tumor radicado en la región abdominal derecha, que supuraba, y cuyo pús contenía distomas sinenses en gran número. Según Taylor, las mujeres parecen más atacadas que los hombres, y los niños más que los adultos. Su existencia se diagnostica con la presencia de los huevos en el exámen microscópico de las deposicio- nes del enfermo. Los síntomas que ofrece la enfermedad varían y dependen del número de dístomas; si estos son pocos las alteraciones y perturbaciones de la glándula hepá- tica son casi nulaspen cambio cuando su cantidad es grande, las lesiones del parénquima hepático y el de los canalículos biliares son tan profundas que pueden llegar á producir gravísimos accidentes y muy á menudo la muerte. Wallace Taylor tuvo ocación de estudiar en el Hospital de Okayama, Fig. 176.-Distoma sinense visto por la cara abdominal; a, ven- tosa bucal; &, faringe; c, caecum intestinal; d, ventosa abdominal; e, vulva; /; útero: g, ova- rio; h, vitelógeno. i, vi- teloducto; k, glándula coquillera? Z, vesícula espermática? m, tes- tículo; n, canal defe- rente; o, porción final del espermiducto; p, aparato excretor- PARASITOLOGÍA ANIMAL 321 durante el período de dos años, más de 20 casos de distomatosis sinense que presentaban, según él, la siguiente sintomatología: Uno de los primeros síntomas de la enfermedad era el aumento de vo- lúmen del hígado, que puede ir precedido, acompañado ó seguido de dia- rrea. Al principio esta diarrea es irregular; intermitente, pero luego se hace más frecuente y duradera, hasta que después de un período que varía de dos á cinco años desaparecen las intermitencias y la diarrea es continúa con un promedio de 12 deposiciones diarias que pueden ser ó no sangui- nolentas. El volúmen de la glándula hepática continúa aumentando, aunque pa- rezca disminuir en determinados momentos. El dolor en dicho órgano, suele ser más ó menos constante, así como la ictericia en la cual no obstante puede notarse alternativas; la temperatura permanece normal. Después de cierto tiempo se manifiesta el anasarca, el cual puede pre- sentarse y desaparecer alternativamente varias veces; llega un momento, sin embargo, en que el paciente agotado por la diarrea queda sumido en la mayor postración; su debilidad y anemia son extremas, pero el apetito no disminuye. De . esta suerte, las víctimas de la distomatosis pueden llegar á un es- tado desesperante, y recobrar luego un aparente bienhestar, alternativas que se repiten varias veces hasta que el paciente muere después de varios años de sufrimientos. Las particularidades anátomo-patológicas observadas en las autopsias que se efectuaron en Okayama son las siguientes: El hígado estaba hi- pertrofiado, pero conservaba su coloración normal. En las paredes de los canalículos biliares, así como de la vesícula biliar encontrábanse divertícu- los ó cavidades quísticas que servían de alojamiento á los distomas y cuyo tamaño variaba desde el de una avellana al de una nuez. Muchos de ellos encerraban centenares de parásitos. El parénquima hepático estaba atrofia- do alrededor de estas cavidades. Los divertículos comunicaban con los canalículos biliares de manera que algunos vermes podían pasar á éstos, y de allí descender al duodeno. El bazo estaba congestionado y aumentado de volúmen, y por parte del aparato digestivo observábase catarro gastro-intestinal. En cuanto á la distribución geográfica del D. sinense es muy limitada. Sólo se ha observado en la China y el Japón, en individuos de raza ama- rilla. Según Baelz, Okayama y Katayama, comarcas japonesas, son las más atacadas por la distomatosis. En la primera provincia, existe un grupo de aldeas construidas en terrenos bajos, húmedos, insalubres, ganados al mar desde hace más de un siglo, por medio de malecones ó diques que las protegen de las altas mareas. Estas localidades carecen de agua potable, Parasitología Animal 322 PARASITOLOGÍA ANIMAL de modo que los habitantes se ven obligados á beber aguas turbias, estan- cadas, de increíble insalubridad, antecedente de suma importancia para la etiología, porque explica satisfactoriamente la enorme proporción de un 20 por ciento de contaminados, sin distinción de sexos ni edades. A 70 kilómetros de Okayama existe un segundo foco de infección me- jor localizado, en Katayama, pequeña aldea de 200 almas. Lo particular del caso, es que toda la región comprendida entre las dos aldeas, goza de perfecta indemnidad. Tampoco se observa el parásito en las villas que ro- dean á éstas. Según el autor precedentemente citado, no cabe la menor duda de que el agua es el vehículo de contaminación; pués basta internarse uno ó dos kilómetros, y llegar á poblaciones que beban aguas potables, para ver desa- parecer la terrible enfermedad. Amphistoma hominis-Lewís y Mac-Connell, 1876. Este parásito pertenece al género amphistoma cuyas especies se ca- racterizan por tener un cuerpo espeso, una ventosa anterior rudimentaria y terminal, una ventosa posterior sub-terminal, alojada en la extremidad pos- terior y de forma circular, y una faringe unilobulada. Al estado adulto vive en el tubo intestinal en donde deposita sus huevos. Estos tienen forma ovoidea, ligera- mente alargada y miden 150 ¡i de largo por 72 ¡j. de an- cho. Poséen una gruesa membrana de cubierta y un opér- culo muy neto en el polo más agudo, como puede verse en la fig. 177. Ignoramos hasta el presente las evoluciones del embrión así como el huésped intermediario en cuyo interior se desa- rrollan las diferentes fases larvadas. El amphistoma es un pepueño entozoario, de color ro- jo que mide de 5 á 8 milímetros de longitud por 3 á 4 de an. cho. Afecta la forma de una palmeta (fig. 178) y por consiguiente su cuer- po puede dividirse en dos partes; la primera que representa el mango y que constituye la extremidad cefálica del parásito, la segunda ó disco que corres- ponde á la porción restante del cuerpo y que posée un diámetro doble. El verme está recubierto por una cutícula lisa. En la cara dorsal no existe orificio alguno, no habiéndose observado el canal de Laurer. Por el contrario, en la cara ventral se encuentran las dos ventosas, el poro genital y el gran disco que presenta el aspecto de una bolsa. La ventosa bucal (fig. 179, a) alojada en la extremidad cefálica es ter- minal, pequeña, de forma ovalar y rodeada por un anillo muscular de fibras circulares. Fig. 177.-Hue- vos de Amphis- toma hominis, aumentado 65 veces. PARASITOLOGÍA ANIMAL 323 La posterior, d, situada hacia la línea media y en el polo opuesto, 'es francamente ventral, ahuecada como un balero, y mayor que la primera, al- canzando á medir lmm 25 de diámetro transverso. Está limitada por un grue- so rodete de fibras musculares anulares é irradiadas, susceptibles de contra- erse y dilatarse. El espesor de este anillo muscular es de O1™ 4. El aparato excretor está constituido por infinidad de pequeños canalículos que vierten - su contenido en dos canales principales, p, distribuidos lateralmente en toda la longitud del verme, y guardando con los cie- gos intestinales íntima conexión. El sistema nervioso lo forman dos ganglios eso- fágicos laterales, s, situados por detrás de la faringe y unidos por una comisura que pasa por debajo del esófago. De estos ganglios parten numerosos file- tes que se distribuyen por las distintas regiones del cuerpo; los más importantes son dos nervios late- rales, t, que se deslizan á lo largo de los csecums intestinales por su ca- ra ventral. Fig. 178. - Am- phistoma hominis, aumentado dos ve- ces, según Lewis y Mac Connell. A. vis- to por la cara ven- tral; B, por la cara dorsal. Fig. 179.-Amphistoma hominis aumentado doce veces, a ventosa bucal, b, faringe b'> esófago; c? csecum intestinal; d, ventosa abdominal, e; poro genital; f, vagina; g, ovario; h, vitelógeno visto por transparencia á través de la piel; k, testículo; n, canal deferente; p, canal excretor; r, viteloducto; s, ganglio^esofá- gico; t, nervios laterales. Los órganos de la digestión constan de una boca abierta en el fondo de la ventosa anterior; de una faringe, b, cordiforme y bulbosa cuya ex. 324 PARASITOLOGIA ANIMAL tremidad más aguda corresponde al orificio bucal; de un esófago, b\ largo y rectilíneo, de lmm 6 á 2 mm 1, y que corre entre ambos nervios late- rales y se bifurca por delante del seno genital, e, en dos ciegos intesti- nales; y finalmente de estos últimos, c, alojados en la vecindad de los cam- pos laterales y que terminan en fondo de saco á la altura del viteloducto. El aparato genital macho está representado: por un testículo, h, trilo- bado, situado en la línea media longitudinal y sobre la línea transversa que une el disco de la palmeta al mango; por un canal deferente,w, de 90 |i de diámetro, que surge de la porción anterior de la glándula espermá- tica, describe en la mitad de su trayecto dos vueltas sobre sí mismo y se abre en el seno genital, e, frente al orificio vulvar. En los órganos femeninos de la generación debemos considerar un ovario pentalobulado, g, alojado en la línea media y por detrás de la glándula testicular (Sobre la verdadera función de este órgano aún no se ha dado una palabra definitiva. Cobbold lo considera como un testículo supernumerario; para Kuchenmeister, es una glándula coquillera; Lewis y Mac-Connell lo describen como un germígeno y afiiman que numerosas veces han visto terminar en él los viteloductos); un oviducto pequeño á cuya continuación sigue un largo y flexuoso útero que llena toda la por- ción media del parénquima y describe en su recorrido numerosas circun- voluciones; una vagina, f, algo sinuosa que continúa al tubo uterino y termina en la cloaca sexual, en frente del orificio final del canal deferente. Ordinariamente está llena de huevos y presenta un diámetro transverso doble al del espermiducto. El seno genital, situado en la prolongación cefálica, á dos milímetros por detrás déla boca, está rodeado por un anillo muscular de fibras muscu- lares circulares é irradiadas que desempeña las funciones de un esfínter. Los vitelógenos, son dos glándulas tubuliformes, alojadas á ambos lados del disco de la palmeta y formadas por gran cantidad de infundí- bulos ó fondos de sacos, que, cuando están llenos por el vitelo, afectan una disposición dendrítica. Del borde interno de las glándulas vitelinas se desprenden los viteloductos, r, que se deslizan transversalmente para abrirse en el lóbulo posterior del ovario. El Amphistoma hominis ha sido observado dos veces en la especie humana. Fué descubierto por Simpson en el año 1837, al efectuarla au- topsia de un prisionero que murió víctima del cólera en la ciudad de Cal- cuta. Este observador hizo de los parásitos un estudio muy ligero. Los resultados obtenidos fueron consignados en el informe anual de la prisión, en los siguientes términos: «Autopsia del indígena N. N. presi- diario de treinta años de edad, atacado de cólera, y muerto el 14 de lulio de 1857, efectuada tres horas después de su fallecimiento. «El colon lívido exteriormente y contraído; contiene un poco de se- PARASITOLOGÍA ANIMAL 325 rosidad con grumos mucosos. La membrana mucosa sana, salvo un poco de inyección venosa. En el ciego y colon ascendente encuéntrase nume- rosos parásitos semejantes á renacuajos, vivos, y adheridos á la mucosa por la boca (1). La membrana mucosa estaba cubierta de numerosas manchas rojas y pequeñas, análogas á picaduras de sanguijuelas, producidas por los parásitos. Estos solo se encuentran en el ciego y el colon ascendente; no se vé ninguno en el intestino delgado. Jamás hé visto semejantes entozoa- rios, y por lo que juzgo, son desconocidos hasta de los mismos indígenas. Poséen coloración roja, y el tamaño de un renacuajo, unos son jóvenes, otros adultos, llenos de vitalidad y adheridos á la membrana ¡mucosa. Su cabeza es redonda y está provista de una boca circular, que pueden di- latar y contraer. El cuerpo corto y terminado en punta roma». El segundo caso fué observado por los Dres. O'Brien y Curran quie- nes encontraron el verme en la mucosa del intestino grueso de un asamita muerto de la misma enfermedad. A Lewis y Mac-Connell, corresponden el honor de haberlo estu- diado, con ejemplares obtenidos en ambas autopsias y de haberlo descripto en todos sus detalles. Posteriormente Giles refiere haber observado un nuevo caso de am- phistomatosis en el Japón. La importancia patogénica del amphistoma parece ser escasa ó nula. Sin embargo aunque los dos enfermos que lo albergaban sucumbie- ron víctimas del cólera es probable que estos parásitos determinen una irri- tación viva de la mucosa intestinal. Lewis y Mac-Connell pudieron ob- servar, en la preparación conservada por Simpson, que las glándulas foli- culares del caecum estaban considerablemente hipertrofiadas y aunque este fenómeno es frecuente en los sujetos atacados de cólera, seguramente los amphistomas contribuyeron á agravar la irritación preexistente determinada por el vibrión de Koch. Bilharzia haematobia-Cobbold, 1858: Sinonimia: Distomun hcematobium Bilharz, 1852. Gynoekophorus hoematobius Diesing, 1858. Schistosoma hcematobium Weinland, 1858. Ihecosoma hcematobium Moquin-Tandon, 1860. Distoma capense Harley, 1864. Este trematode constituye una de las especies del género Bilharzia, que comprende una serie de entozoarios caracterizados por ser de sexos (1) Simpson tomó por boca lo que solo era la ventosa posterior. 326 PARASITOLOGIA ANIMAL separados; la hembra es filiforme y se aloja en el canal ginecóforo del macho; el aparato digestivo posée dos caecums intestinales'que se fusionan en el cuarto posterior del cuerpo para formar un ¡tubo' único que termina en fondo de saco; todos ellos, además, viven al estado adulto en el líquido sanguíneo. Descubierta por Bilharz, profesor de la Facultad de Medicina del Cairo, el año 1851, en la sangre déla vena porta de un hombre, ha sido observado después infinidad de veces, siendo tan común en el Egipto, que Griesinger la ha encontrado 117 veces en 363 autopsias efectuadas; y Sonsino es una proporción mayor, 30 veces enp4^autopsias. Hasta ahora sólo ha sido vista en la especie humana, pero es probable que exista emotros'animales. Cobbold encontró! ¿.en la^sangre de la vena porta de! un ^Mangabey''' Cercopithe- cvs fuliginosas), muerto en el Jardín Zoológico de Londres, una Bilharzia á la cual denominó Bilharzia magna y que difiere de la que es objeto de nuestro estudio únicamente por el ta- maño. Al estado\adulto, el macho (fig. 180, A) presenta una coloración blanco opalina y mide de 11 á 14 milímetros de largo por 1 de ancho. Examina- do superficialmente parece tener el cuerpo cilindrico, pero con más de- tención se observa que es plano, sólo que! el verme está arrollado sobre la cara abdominal en toda la exten- sión del cuerpo, excepción hecha de la extremidad cefálica. De esta ma- nera afecta la forma de un cilindro hueco, ó mejor de un segmento ci- lindrico, pues los bordes marginales del entozoario no se unen, formando así los labios de una hendidura ó los bordes de un canal destinado á alojar á la hembra y que ha sido denominado canal ginecóforo. Estos bordes son susceptibles de aproximarse más ó menos según e Fig. 180.-Büharzia hcematobia. La hembra está alojada en el canal ginecó- foro del macho. A, extremidad cefálica del macho; B, extremidad caudal de la hembra. Según Loos. PARASITOLOGÍA ANIMAL 327 estado de distensión que produzca en los órganos genitales de la hembra el acúmulo de los huevos, pero nunca se separan lo suficiente como para de- jarla escapar antes de que se efectúe la cópula. En la extremidad?anterior, aplanada, existen dos ventosas (fig. 180, A), casi de igual tamaño, pues miden al rede- dor de 260 ¡i, aunque siempre la abdo- minal es algo mayor que la bucal. Son proeminentes y están separadas por una distancia de 1 mm. á 1 x/2 mm. El diámetro transverso del verme aumenta paulatinamente desde el vér- tice cefálico hasta la ventosa posterior, adquiriendo luego un tamaño unifor- me hasta la extremidad caudal que es roma. El parásito está recubierto por una fina cutícula, lisa en la porción an" terior que no abarca más de la octava á la novena parte del cuerpo, y llenas de papilas coronadas por pequeñas púas en la región restante dorsal. En la cara abdominal, que representa el lecho del canal ginecóforo también existen innumerables apéndices quitinosos cónicos, apretados unos contra otros y que faltan únicamente en la línea longitudinal media del canal. Inmediatamente debajo de la cutícula, obsérvase una doble capa muscular. La primera, longitudinal, consta de células fusiformes, de 30 ¡i de diámetro, equidistantes y.dispuestas paralelamente; la segunda, diagonal, está constituida por manojos más separa- dos y no tiene la importancia de la anterior. Esta doble capa limita la cavidad parenquimática, que está formada por células conjuntivas apretadas y nucleadas en cuyo interior se alojan los diferentes aparatos de la economía del entozoario. El aparato excretor está representado por dos canales estrechos y de diferentes diámetros, que se deslizan por las partes laterales sin desprender ra- mificación alguna y se unen cerca del extremo pos- terior y en la linea media, en un tronco único que después de un corto trayecto se abre en el polo caudal del cuerpo.. A menudo se observa que en .el punto de confluencia de los dos Fig. 181.-Cortes transversos del cuer- po de la Bilharzia haematobia macho. «, sección que permite ver el corte trans- verso de los órganos genitales; b, corte efectuado en la porción media del trema- tode. Según Leuckart. Fig. 182.-Bilharzia hae- matobia macho. Extremi- dad anterior observada por la cara abdominal; A, ventosa bucal; B y C, esó- fago; D, caecums intesti- nales; E, ventosa abdomi- nal; F, vesícula seminal; G, poro genital; H, tes- tículos. Según Loos. 328 PARASITOLOGÍA ANIMAL canales desemboca un tercer canalículo muy tenue, que es probablemente el conducto final de la red excretora dorsal del verme. El aparato de la digestión consta: de una boca (fig. 182, A) alojada en el fondo de la ventosa bucal; de una faringe pequeña que se continúa con un esófago (fig. 182, B y Q largo, estrecho y algo sinuoso y que parece estar formado por dos lóbulos fusiformes unidos por una porción más estrecha; éste corre á lo largo de la línea media, bifurcándose por delante de la ventosa abdominal, E, en dos caecums intestinales. Los ciegos así formados, D, contornean dicha ventosa, corren para- lelamente á lo largo del cuerpo, para anastomosarse en la porción posterior y formar un solo tubo que termina en fondo de saco á 0. mm. 3 por delante del extremo caudal. El diámetro transverso máximum de los ciegos intes- tinales que es el que corresponde á su porción inicial, alcanza á 40 |i. Los órganos genitales se caracterizan por su simplicidad. Los testículos, H, en número de cinco á seis se hallan alojados en el seno de la masa parenquimática y limitados adelante por la ventosa abdo- minal, atrás por la confluencia de los tubos intestinales y ambos lados por los caecums. Son de forma redondeada y miden 120 ¡i de diámetro. Su dis- posición varía, pero por lo común lo hacen alternadamente como si les fal- tara espacio para su desarrollo. Cada lóbulo espermático posee un canal excretor que se reune para formar un canal deferente único y pequeño que se vierte en una amplia y contráctil vesícula seminal F. De ella parte un pequeño canalículo que bien puede ser la continuación del canal esper- mático, el cual atraviesa transversalmente el parénquima para abrirse en el canal ginecóforo por un orificio ó poro genital G, provisto de un rodete saliente. Faltan, como vemos, el pene, y la cavidad del\cirro. La hembra posee una organización más complicada que la del macho. Mide de 15 á 20 milímetros de longitud y su cuerpo afecta una forma cilindrica semejante á la de los nematodes. Hállase comunmente alojada en el canal ginecóforo del macho (fig. 180 B) siendo más larga que éste, por cuya razón sobresale por ambos extremos pero más por la extremidad pos- terior. Es de color blanquecino y sumamente delgada, comparable á un fino hilo de seda; á tal punto que cuando se halla libre en la sangre de la vena porta, pasa á menudo desapercibida, debiendo extenderse el líquido san- guíneo en débil capa sobre una superficie lisa, para poderla observar. El cuerpo no presenta en todas partes el mismo diámetro transverso; afilado en la extremidad cefálica, en donde mide 71 ¡i se engrosa á medida que se aproxima á la caudal, alcanzando á medir en esta última 280 ¡i. En la porción anterior del verme se hallan alojadas las ventosas (fig. 180) que son iguales y más pequeñas que en el macho, pues miden 80 ¡i. PARASITOLOGÍA ANIMAL 329 Ambas son salientes y están separadas por una distancia de un cuarto de milímetro. La anterior se presenta comunmente con profundas escotaduras en su borde. La cutícula no es lisa, hallándase recubierta por gran cantidad de apéndices espinosos cilindricos, más abundantes y apretados en la región ventral, y que parecen tener por objeto evitar el deslizamiento de la hembra en el canal ginecóforo. Examinando exteriormente, el ejemplar femenino ofrece aún la par- ticularidad de poseer en la cara abdominal un surco profundo y sinuoso que toma nacimiento por detrás de la ventosa posterior, desaparece en la porción media del cuerpo, para reaparecer en seguida y prolongarse hasta el extremo caudal del parásito. El aparato excretor es semejante al que hemos descrito en el ejemplar macho. Caracterízase únicamente por su vasto desarrollo, y por que el canal único excretor formado por la fusión de los vasos colectores laterales an- tes de abrirse en la extremidad caudal por un orificio contráctil, se dilata en un amplio depósito ó vesícula que mide de 80 á 180 ¡i. El aparato digestivo toma origen en el fondo de la ventosa anterior por una boca que se halla en comunicación con una amplia faringe de paredes poco musculosas. A ésta continúa un esófago sinuoso que se bifurca por delante de la ventosa abdominal en dos ceecums intestinales. Los ciegos poseen un diámetro transverso considerable pero á medida que se aproximan al extremo posterior disminuyen su calibre, debido á la compresión de los órganos genitales y se anastomosan finalmente por detrás de éstos para formar un solo tubo intestinal, el cual después de un corto trayecto sobre la línea media termina en fondo de saco, cerca de la extremidad caudal. Los órganos de la generación ocupan longitudinalmente un diámetro muy largo y se colocan unos á continuación de los otros. El ovario (fig. 183, K\ es una glándula voluminosa, de aspecto fusi- forme, situada por delante del ángulo que forman los caecums intestinales al fusionarse para dar origen al fondo de saco terminal: Mide 0, mm. 4 de diámetro y está revestido interiormente por un epitelio de células poliédricas cuyo tamaño varía según el estado de madurez. Los óvulos encerrados en el interior del germígeno están sumergidos en un líquido albuminoso abun- dante segregado por las células epiteliales. De la extremidad posterior del ovario parte el germiducto canal largo y algo sinuoso, que después de describir una curva de concavidad vuelta hacia el viteloducto afecta una dirección pósteroanterior, se desliza entre el 330 PARASITOLOGIA ANIMAL germígeno y el canal vitelino y termina en la glándula coquillera Sch, des- pués de recibir el canal excretor de los vitelógenos. Las glándulas vitelinas, Dst, se hallan situadas lateralmente, por detrás del ovario, y hacia el extremo posterior del cuerpo. Mejor dicho, es una glándula única, exalobulada de lóbulos piriformes dis- puestos transversalmente y provistos cada uno de ellos de un canalículo excretor que se abren hacia la línea media en un viteloducto, Dg. El canal vitelino así for- mado corre longitudinalmente, contornéase luego algo hacia la derecha y se desliza desde entonces parale- lamente al germiducto describiendo en su trayecto numerosas sinuosidades y envolviendo á menudo alre- dedor de éste. Distínguense el uno del otro porque el primero aumenta gradualmente de tamaño, mientras que el segundo conserva un mismo diámetro en toda su longitud. El viteloducto además, está lleno de gruesas células granulosas que representan los elementos del vitelo- La glándula coquillera Sch, situada á 0,mm6 por detrás de la ventosa posterior tiene la forma de una fruta que conserva un cáliz persistente. El pedúnculo es- taría representado por la porción final del oviducto, el cáliz por una serie de glandulitas tubuliformes que se disponen á su alrededor y el fruto propiamente dicho por la vesícula piriforme que continúa al germiducto y en donde se formará el huevo de la Bilharzia. Inte- riormente está tapizada por un epitelio glandular y sus dimensiones no son mayores que la del óvulo fecun- dado y maduro. A continuación de la glándula coquillera sigue el útero, tubo cuya disposición varía pudiendo ser recti- línea ó sinuosa; y que avanza de atrás á adelante para enangostarse después de un largo trayecto y terminar en un receptáculo seminal muy amplio. De la extre- midad anterior de este receptáculo parte la vagina, conducto estrecho, de paredes musculosas, de 30 ¡i de luz y 18 ¡i de largo que se abre, á semejanza de lo que pasa en el ejemplar masculino, en un orificio vulvar situado inmediatamente por detrás de la ventosa posterior. La fecundación se efectúa, colocándose macho y hembra vientre con vientre, de manera tal que el líquido espermático proveniente de los testícu- los se derrame en el canal ginecóforo por el poro genital, corra por dicho canal, penetre en el seno longitudinal, situado en la cara abdominal de la PARASITOLOGÍA ANIMAL 331 hembra, y llegue al orificio vulvar. Transportado luego hasta la glándula coquillera fecunda el óvulo que se ha deslizado á lo largo del oviducto, que- dando así constituido el vitelo formativo. El viteloducto se encarga de su- ministrar en el momento oportuno el vitelo de nutrición y la glándula co- quillera de segregar la sustancia que va á formar la membrana de cubierta del óvulo. El huevo, á semejanza de esta glándula, en la cual se halla contenido, afecta un aspecto piriforme y se halla provisto de un espolón agudo, que puede ser á veces perfectamente polar y otras algo lateral. Esta diversidad de posición depende de la manera como se abre el útero en la glándula siendo polar cuando el tubo uterino termina en el mismo eje longitudinal, y lateral cuando no lo hace. Varios observadores, basándose en esta variedad de posición afectada por los espolones, han creído conveniente considerar varias especies de Bilharzias; pero esta opinión debe ser desechada, pues sino nos veríamos en la obligación de considerar como especies distintas gran número de Trematodes que sólo se diferen- ciarían por este único carácter. Los huevos (fig. 184) de la Bilharzia son de forma regu- larmente ovalada y llevan en uno de los polos un espolón agudo y acerado. Miden 160 ¡i de largo por 60 ¡i de an- cho, alcanzando la púa ó espolón á 25 ¡i. Están recubier- tos por una cutícula lisa y delgada, tapizada interiormente por una membrana ovular, y carecen del opérculo caracte- rístico de los huevos pertenecientes á los distomas herma- froditas. El espolón, formado en el interior del pedúnculo de la glándula coquillera, puede ser polar ó anapolar, dependiendo dicho carác- ter, como ya lo hemos visto al estudiar los órganos sexuales de la hembra, de la manera como termina el tubo uterino en dicha glándula. El desarrollo embrionario ha sido estudiado por Cobbold, Chatin. Sonsino, Cahier, Railliet, Broock, Lortet, etc. Las descripciones que estos autores han hecho al respecto divergen notablemente, detallando algunos con suma minuciosidad caracteres que otros consideran como patológicos. El desenvolvimiento del embrión recién se inicia después de la postu- ra del huevo; pero como éste pasa á la sangre, muchas veces el embrión ha adquirido su completo desarrollo antes de ser expulsado al exterior por in- termedio de la orina. Si se examina el líquido urinario de un sujeto atacado de Bilharziosis podremos observar que entre varios huevos siempre hay alguno enteramen- te formado. Según Chatin, el embrión (fig. 185, A) de aspecto infusoriforme, está Fig. 184.-Huea vo de Bilharzi„ haematobia, se gún Chatin. 332 PARASITOLOGIA ANIMAL recubierto por una delgada membrana que limita una cavidad llena de célu- las granulosas homogéneas. Esta cutícula está tapizada externamente por numerosas cilias vibráti- les que le dan un aspecto semejante al embrión de los distomas. En la extremidad anterior no tarda en dibujarse una papila ó rostro (fig. 185, B, p) en cuyo vértice desaparecen las cilias y toma origen un canal, v, terminado en fondo de saco en el seno de la masa granulosa, y que constituye un caecum intestinal rudimentario. Al mismo tiempo obsérvase la aparición en la porción posterior del embrión, de dos ó tres gruesos corpúsculos redondeados refringentes y contráctiles que pueden moverse libremente en el interior de la masa granulosa. Adquirido este grado de desarrollo, el embrión, hasta entonces in- móvil, hállase en condiciones de vivir libremente y se le ve ejecutar vio- lentos y bruscos movi- mientos de endereza- miento que dan por re- sultado la ruptura de la cáscara en el sentido del diámetro longitadinalen- tre el espolón y el diá- metro transverso. Después de varias con- tracciones enérgicas, el embrión se insinúa por la grieta así formada, es- trechándose notablemen- te para deslizarse á tra- vés de la delgada hendi- dura. Si el huevo está su- mergido en el agua pura, el embrión según Cobbold, no tarda más de dos horas en pasar al medio líquido; pero si á ella se agrega cierta cantidad de orina, por pequeña que sea, la eclosión se verifica lentamente, pudiendo tardar hasta más de media hora. En la orina pura el embrión no eclosiona. Sin embargo, debemos ha- cer constar que Zancarol lo ha encontrado libre en la vejiga, en el parén- quima renal y aún en la mucosa del intestino grueso. Después de la eclosión, el embrión nada libremente en el medio líquido, sirviéndose para ello de sus pestañas vibrátiles y se agita en todos sentidos modificando su forma á cada momento. La membrana de cubierta adquiere mayor densidad y espesor, y en el seno de la masa granulosa hacen su aparición dos canales acúferos muy Fig. 185.-Fases del desenvolvimiento embrionario de la Bilharzia haematobia A, embrión que no ha eclosiona- do, observado por trasparencia. B, embrión en un grado más avanzado de desarrollo, pero que aún no ha desga- rrado la cáscara del huevo, c, embrión eclosionado, ex- pulsando los glóbulos sarcódicos. p, rostro; s, glóbulos sarcódicos; v, caecum principal; tú caecums laterales. PARASITOLOGIA ANIMAL 333 ramificados que toman nacimiento en la extremidad cefálica para terminar en fondo de saco cerca del extremo posterior. Según Railliet, dichos canales son sencillos y se abren en dos gruesas glándulas unicelulares situadas en la parte media del cuerpo. Mientras tanto á ambos lados del eaecum principal se forman dos infundíbulos intestinales, comparados por Cobbold á los lemniscos de los Echinorhyncos, el espolón cefálico se aguza y alarga, así como aumenta el número de glóbulos sarcódicos. En tal estado, el embrión nada en todas direcciones buscando al huésped intermediario, pero sí, como la mayoría de las veces sucede, no lo encontrara, disminuye sus movimientos y muere por último, desprendién- dose de su cutícula ciliada, deformándose y dejando en libertad los cor- púsculos contráctiles ó glóbulos sarcódicos que en su interior aloja. ¿Cuál es el huésped que este embrión elige para sus futuras evolucio- nes, es decir, para el desenrollo de sus fases larvadas? Las investigaciones experimentales hechas al respecto nos han dejado hasta ahora en la mayor incertidumbre. Fué Cobbold el primero que trató dar una solución al problema, procurando infectar inútilmente una serie de moluscos de agua dulce, Limneas, Paludiuas, pequeños crustáceos, larvas de dípteros, peces, etc. Grassi, basándose en que el desarrollo de la Bilharsia crassa es directo, cree por analogía que la Bilharzia haematobia evoluciona en un solo huésped. Las experiencias de Harley no confirman, sin embargo, esta opinión; pues las diferentes pruebas de infección llevadas á cabo en perros y conejos con embriones ciliados dieron todas resultados negativos. Parece que Sonsino ha conseguido últimamente, después de ensayos infructuosos practicados en insectos, descubrir que el huésped intermediario es un pequeño crustáceo de agua dulce. El embrión, según este observador, perforaría con su papila cefálica los tejidos más blandos del molusco, eligiendo de preferencia las proxi- midades del ojo. Luego se despoja de su manto ciliado y se transforma en esporocysto. En tal estado permanece hasta que el crustáceo es llevado junto con las aguas de consumo al aparato digestivo del hombre. El jugo gástrico al disolver al huésped pone en libertad la larva, la cual llega final- mente al sistema portal por una vía sobre la cual difieren Railliet y Moniez. Según Railliet, las larvas puestas en libertad por el jugo gástrico del estómago, perforan las túnicas intestinales y caen directamente en algunas de las ramas de la vena porta. Para Moniez, el trayecto seguido por la cercaría es más complicado- Supone este autor que, á semejanza de la mayoría de los distomas, la larva pasa del estómago al duodeno, asciende luego por el canal colédoco, llega 334 PARASITOLOGÍA ANIMAL á los canalículos biliares, perfora estos últimos así como el parénquima hepático y caen en las ramas terminales de la vena porta. El hecho de que muchas veces se encuentran ejemplares adultos en el sistema venoso de la pequeña pelvis es fácilmente explicable. En efecto, el sistema portal carece de válvulas y, por consiguiente, las larvas pueden alcanzar las venas hemorroidales medias é inferiores y por anastomosis á la vena cava inferior ó si no de las hemorroidales inferiores pasar á las pudendas internas, llegando finalmente á las vesicales por in- termedio del plexo de Santorini. La Bilharzia pone los huevos en las venas donde se aloja, y estos huevos son trasportados fácilmente por la circulación sanguínea, acumu- lándose en las pequeñas ramificaciones venosas y determinando la forma- ción de embolias; aglomerados en los capilares de la vejiga, del recto, del riñón, pueden dar origen á hemorragias vesicales, rectales, a inflamaciones renales, etc. Algunas veces pueden ser transportados á puntos más lejanos, tales como los pulmones en donde los encontró Mackie por primera vez, al efectuar la autopsia, de un sujeto muerto de una piemía que había sobre- venido á causa de una cistitis purulenta. Desde entonces, han sido observa- dos en dichos órganos infinidad de veces. Moniez ha visto á menudo la bilharziosis pulmonar en sujetos muertos en el Cairo. Las alteraciones más graves determinadas por este parásito tienen por asiento la vejiga y el recto. Las lesiones vesicales se manifiestan cuando el parásito se encuentra en el plexo venoso que la rodea. Los huevos, entonces, se aglomeran en los capilares de la capa sub-mucosa en donde obran como cuerpos extraños, determinando necrosis de tejidos, cistitis agudas y algunas veces hematurias ó hemorragias vesicales. La elasticidad de las paredes disminuye, mientras que el espesor aumenta; la vejiga ha disminuido tanto de volumen que muchas veces su tamaño no es mayor al de una nuez. La mucosa se endurece, cruje el corte del bisturí; en muchos de sus puntos presenta excrecencias que pueden adquirir hasta dos centímetros de diámetro y que se hallan llenas de huevos y leucocitos, fácilmente observa- bles al microscopio. La capa muscular aumenta también de espesor por hipertrofia del tejido conjuntivo vecino. La mucosa no tarda en inflamarse, al mismo tiempo que supuraciones se establecen en varios de sus puntos. La membrana epitelial cae hecha girones, adquiriendo las paredes vesicales una consistencia cretácea. Determínase la formáción de cálculos vesicales constituidos por una masa de huevos que sirven de núcleo y una cubierta externa de fosfatos, PARASITOLOGÍA ANIMAL 335 oxalatos y uratos que se han ido depositando 'paulatinamente. Es tal la fre- cuencia de estos cálculos, que Colloride, médico del hospital Prusiano de Alejandría, los ha encontrado en el 80 % de los casos de Bilharziosis ob- servados. Las lesiones no se limitan únicamente á la vejiga. En la uretra y en la próstata se producen inflamaciones crónicas, hipertrofia en la ultima, con infiltración de huevos. En los uréteres manifiéstanse modificaciones análogas. Las paredes de los canales aumentan de espesor y disminuyen de elasticidad. Los tubos urinarios se vuelven tortuosos, estrechándose y dilatándose alternativa- mente, lo que dificulta el curso de la orina. A veces se producen verdaderas hidronefrosis por obstrucción completa de dichos canales. En los riñones los huevos se acumulan en el parénquima, dando lugar á pseudo-nefritis intensas. Se han observado casos de destrucción completa de la glándula, transformándose el riñón en un saco cerrado del tamaño de un puño y encerrando en su interior un líquido turbio. En el recto determínanse frecuentes hemorragias durante la emisión de las materias fecales. Sus paredes se engrosan y se ulceran á semejanza de la vejiga. Las ulceraciones suelen dar origen á fístulas que se abren comunmente en el periné. La sangre que acompaña á las defecaciones, obervada al microscopio, revela la presencia de huevos. En el hígado, según Moniez, la Bilharzia puede determinar obstruc- ciones de los pequeños vasos, cirrosis y cálculos biliares. En los pulmones, las lesiones que produce el parásito son semejantes á primera vista á las de la tuberculosis miliar. Los huevos del entozoario hánse encontrado aun en los ganglios mesentéricos, pero no se les ha ob- servado en el estómago, en el bazo, ni en la glándula pancreática. La mujer á la par del hombre puede ser atacada por la bilharziosis. Las lesiones, se manifiestan especialmente en las vías génito-urinarias. Se- gún Chevreau y Chazal, la vagina presenta inflamación crónica, dejando correr continuamente líquidos sanguinolentos, y fétidos; á la palpación, que es dolorosa, percíbense tumores de variables tamaños, muy vasculares y llenos de huevos. No siempre los transtornos son tan graves, dependiendo la intensidad de las lesiones y las modificaciones anátomo-patológicas del número de Bilharzias alojadas en el sistema venoso del huésped. Comunmente es pequeño, y en este caso, salvo las incomodidades y dolores de la cistitis crónica que producen, son compatibles con la existencia del sujeto que las alberga. Pero en otros casos, la cantidad de estos distomídeos llega á ser considerable. Así, Kartulis tuvo ocasión de observar en la vena porta de un individuo cuya autopsia efectuó, cerca de 500 Bilharzias, la mayor 336 PARASITOLOGIA ANIMAL parte en acoplamiento, y afirma que este número puede ser superado aún. Por lo que antecede vemos que la Bilharziosis es una de las enferme- dades más terribles, tal vez la más grave de las afecciones endémicas que azotan á la especie humana. La terminación, en muchos de los casos, es la muerte, después de un período más ó menos largo, y ésta puede sobrevenir por ruptura vesical, por pielo-nefritis ascendente, por albuminuria, uremia -y debilidad excesiva producida por las continuas hemorragias vesicales y rectales. El tiempo que puede vivir la Bilharzia en el sistema porta del hombre ha sido muy discutido. Sonsino cree que la duración de la vida del enteozario no es mayor de dos á tres años; sin embargo Moore ha visto en dos soldados ingleses provenientes de Africa, persistir la enfermedad hasta 15 años después de su regreso á la patria. Cahier y Moty refieren haber observado huevos de Bilharzia en las orinas de un soldado que contrajo la enfermedad en Tunisia y hacía 15 años que había abandonado dicha región. Leuckart cree pue el parásito no puede vivir tanto tiempo y que, si la bilharziosis persiste durante los períodos anteriormente mencionados, es debido á que las perturbaciones anátomo-patológicas son mantenidas por la última camada de huevos que estos animales antes de morir arrojaron en la sangre. La opinión del insigne sabio alemán debe desecharse pues Moty tuvo ocasión de observar un enfermo que padecía de bilharziosis desde diez años atrás cuyas orinas examinadas cuotidianamente al microscopio pre- sentaban embriones vivos. De todo lo cual se puede deducir que la duración media de la vida de la Bilharzia es de 5 á 10 años. La Bilharzia haematobia solo ha sido observada en Africa ó en indi- viduos que han permanecido en este continente durante un período más ó menos largo. Su patria clásica es el Egipto, país en donde fué descubierta, y su desarrollo es tan grande, especialmente en la costa del Nilo, que de 10 naturales observados por Koch, 9 la albergaban. El sexo, raza y profesión no tienen influencia alguna en su incremento ni constituyen un factor predisponente para la enfermedad. Si ciertas clases presentan en las estadísticas mayor número de vícti- mas que otras, es debido á las condiciones anti-higíénícas en que viven: los Coptos, los Fellahs y los Nubios jamás beben agua filtrada ó hervida. La Bilharziosis ha invadido toda la región oriental del Africa, exten- diéndose hasta el Cabo de Buena Esperanza. Se le ha observado en Zanzíbar, en Natal, en la Cafrería inglesa. Los PARASITOLOGIA ANIMAL 337 países interiores del continente tampoco se han quedado á salvo de la en- fermedad, pues el parásito ha sido visto en el Sudan, en el Zambese, en las comarcas vecinas al lago Nyassa y hasta en toda la región del Sudeste del Desierto de Sahara. En Massaua las tropas italianas fueron atacadas seriamente en el año 1888; precedentemente en 1799, produjéronse numerosos casos de hematuria egipcia, en el ejército francés que acampaba en el delta del Nilo. Existe ®n Túnez, en la Costa de Oro y en Argelia. También se han observado casos en las islas del Madagascar y Mauricio y en el archipiélago de la Reunión. El Asia no se halla exenta de tan temible entozoario, y se le encuentra en Arabia en las costas del mar Rojo. Esta contaminación se explica fácil- mente por la vecindad del Egipto. Hatch refiere haber observado 14 casos de Bilharziosis en Bombay, y dice que en la Meca es muy frecuente entre los musulmanes. Las medidas profilácticas fluyen de lo anteriormente dicho. En efecto sabiendo que la infección se efectúa mediante el agua de consumo, acon- séjase bebería filtrada ó bien cocida. Actualmente debe desecharse la antigua creencia existente en el Egipto de que el parásito se introducía al través, de la piel durante el baño ó por el canal de la uretra. En cuanto á las medidas curativas no siempre dan un resultado satisfactorio. Según Blanchard, Fouquet parece haber obtenido resultados satis, factorios con el empleo de antihelmínticos administrados continuamente y en dosis elevadas. Aconseja las cápsulas de extracto etéreo de helécho macho, que se expenden en el comercio, á la dosis de una ó dos, pudiendo elevarla á tres en los sujetos vigorosos. Continúase este tratamiento hasta que la curación parezca obtenida, disminuyéndose luego la dosis á una cápsula para evitar recaídas. A este tratamiento general, es conveniente acompañarlo aún en los casos más graves, con curaciones locales, consistentes en inyecciones intra- vesicales de una solución de cloruro mercúrico al uno por cinco mil. Estos lavajes repetidos diariamente son fácilmente soportados por el enfermo, y además muy eficaces, observándose mejoría considerable de la cistitis tres ó cuatro días después de iniciado el tratamiento. Con igual éxito, se emplean soluciones de nitrato de plata, ácido fénico y ácido bórico; estas substancias han dado también excelentes resultados en el tratamiento local de las úlce- ras intestinales y del tenesmo rectal. Napier refiere haber obtenido buenos resultados administrando diaria- mente á los enfermos dos gramos de salicilato de sodio en el momento de acostarse; Chevreau y Chazal preconizan las inyecciones intravenosas de extracto etéreo de helécho macho. En ciertos casos la intervención quirúrgica puede ser necesaria. Parasitología Animal 338 PARASITOLOGÍA ANIMAL Cuando la hematuria y cistitis son graves, Mackie recomienda practicar la cistotomia, habiendo observado este médico que la hemorragia vesical cesa instantáneamente, y que los lavajes vesicales producen tal mejoría que los enfermos se creen curados. La ablación de los tumores rectales, así como el tratamiento de tra- yectos fistulosos urinarios llévanse á cabo por los procedimientos ope- ratorios ordinarios.» CLASE DE LOS NEMALTEMINTOS Los Nematelmintos son vermes de cuerpo cilindrico, generalmente más largos que anchos, no segmentados, aunque algunos poseen una estria- ción transversal que les da un aspecto anillado. Carecen de ventosas, pero tienen en su lugar como órganos de fijación cápsulas armadas de dientes y trompas ó probóscides retráctiles provistos de ganchos. Poseen una cavidad general, faltándoles la cadena ganglionar ventral. Tienen un aparato digestivo bien desarrollado, excepción hecha de los acantocéfalos que se nutren por endósmosis á semejanza de los Cestoides. Son unisexuales, ovíparos ó vivíparos y por lo general entoparásitos, pu- diendo vivir parasitariamente durante uno ó más períodos de la vida. Evo- lucionan en uno ó más huéspedes, pero comúnmente estas evoluciones son bastante complicadas. Los libres viven en los terrenos húmedos ó en las aguas dulces ó saladas. Divídense los Nematelmintos en tres órdenes: Nematodes, Acanthoce- phalos y Gordiáceos. PARASITOLOGÍA ANIMAL 339 ORDEN DE LOS NEMATODES Los Nematodes forman el orden principal de la clase de los Nematelmintos. Son animales de cuerpo fusiforme ó filifor- me, provistos de un aparato digestivo con orificios bucal y anal y que carecen de órganos especiales de locomoción. Exteriormente están recubiertos por una cu- tícula que puede ser elástica ó resistente, trans- lúcida ó quitinosa, lisa ó tapizada de apéndices escamosos, expansiones aliformes, espinas, etc. Debajo de ella se encuentra una epider- mis formada por dos planos de fibras que se cruzan en ángulo recto; luego una hipodermis granulosa y por último la capa muscular consti- tuida por células de particular estructura, cuyas formas y distribución varias han dado origen á una clasificación artificial de este orden. Dichas células limitan en su interior la cavi- dad del cuerpo que posee una pequeña cantidad de linfa y en donde se hallan alojado'* los distin- tos órganos de generación, digestión, etc. Poseen un aparato escretor constituido por dos canales que nacen cerca de la extremidad caudal por fondos de saco, se deslizan luego lon- gitudinalmente en la zona subcuticular, en direc- ción paralela á los bordes laterales, y terminan en la cara ventral por un poro excretor situado en la línea media. El sistema nervioso afecta una disposición característica. Consta de un anillo esofágico,«, del cual parten doce filetes nerviosos, seis de ellos des- tinados á inervar la extremidad anterior, los otros seis la región restante del cuerpo. De los troncos posteriores, los dos más voluminosos son el nervio medio dorsal, &.y el medio ventral, c;filetes opues- tos que corren paralelamente y se pierden en el extremo caudal. Estos dos nervios están unidos por una serie de comisuras transversales, etc. Fig. 186.-Esquema del sis- tema nervioso de un nemato- de: a, anillo esofágico; b, tron- co medio dorsal; c, tronco"me- dio ventral; d, ganglio anal; e, comisuras transversales;/,pa- pilas nerviosas; g, ano: h, fi- letes papilares, 340 PARASITOLOGIA ANIMAL Existen además como centros de inervación, un cierto número de ganglios situados en la región anal, d, que se hallan en comunicación direc- ta con el nervio medio ventral. Los órganos de los sentidos son rudimentarios y consisten en manchas oculares que no siempre existen y en papilas, f, diversamente distribuidas según las familias y dependientes de filetes nerviosos, h, que provienen del tronco medio ventral y del anillo esofágico. El aparato digestivo es completo; hállase formado por una boca situada en el extremo anterior, provista de labios y que puede ser inerme, ó estar armada de dientes y apéndices quitinosos. Esta boca, que está tapizada por un replegamiento de la cutícula, se continúa con un esófago cilindrico, estrecho, bulboso en su porción poste- rior, y que posee algunas veces en su interior apéndices quitinosos. El in- testino es rectilíneo y se prolonga por un recto estrecho y corto que se abre en el orificio anal, situado en la cara ventral, á pequeña distancia del extremo posterior del cuerpo. Los órganos de la generación están bien desarrollados y son, con raras excepciones, unisexuales. Los machos, por lo general, son más pequeños que las hembras y se reconocen á primera vista porque llevan la extremidad caudal encorvada. El aparato genital masculino consta de un testículo tubuliforme más ó menos largo, provisto en su porción final de un canal deferente que se abre conjuntamente con el tubo digestivo en la cloaca sexual. Completan el aparato uno ó dos apéndices quitinosos denominados espíenlas, que pueden efectuar sus movimientos merced á una serie de fibras musculares que en ellas se insertan, y tienen por función abrir y dila- tar el orificio vulvar en el acto de la cópula. Los espermatozoides se forman por segmentación regular de la masa protoplasmática encerrada en el interior del testículo. Los órganos femeninos consisten en uno ó dos tubos ováricos largos y filiformes, que describen numerosas circunvoluciones y se continúan con sus respectivos úteros. Estos á su vez terminan en una vagina impar y corta que se abre al exterior por el orificio vulvar. La vulva está situada siempre en la cara abdominal, en la línea media transversa ó por delante de ella; raras veces hacia atrás. Los nematodes son ovíparos, ovovivíparos, ó vivíparos. Pueden desarrollarse en uno ó más huéspedes; pero por lo general ofrecen complicadas evoluciones. Divídense en una decena de familias de las cuales las que más nos in- teresan por comprender parásitos de la especie humana son las siguientes: Ascarídeos, Strongilídeos, Tricotraqiiélidos, Filarídeos, Rabdonémidos y Anguilülidos. PARASITOLOGIA ANIMAL 341 FAMILIA DE LOS ASCARIDEOS Los vermes pertenecientes á esta familia tienen un cuerpo cilindrico, grueso, algunas veces arrollados sobre la cara ventral. Tienen una boca rodeada por tres labios, uno medio dorsal y los otros dos laterales; el esófa- go es cilindrico; el intestino ancho y muy desarrollado termina por un corto recto. Los machos poseen una ó dos espículas; las hembras tienen ovario doble y un orificio vulvar situado en *el tercio anterior del cuerpo. Son ovíparas. Las especies parásitas viven en el tubo intestinal. Esta familia comprende cinco géneros, siendo las dos más interesan- tes para nosotros, el Ascaris y el Oxyuris. Ascaris lumbricoides.-Lineo, 1758 Ascaris gigas Góze, 1782. Fusaria lumbricoedes Zeder, 1800. Conocido desde los tiempos de Hipócrates y Aristóteles, autores que lo designaron con los nombres de"Ek|uv¿' y "Ekpvc; ó TpoypV/f, este parásito es el más común de los nematodes entozoarios del hombre y se ha encon- trado en el tubo intestinal de éste, así como en el cerdo y en numerosos bovinos. Tiene una coloración blanco lechosa, algunas veces rojiza ó grisácea y presenta caracteres bien pronuncia- dos que permiten distinguir en seguida el género sexual al cual pertenece. El macho (Lám. XV, 4) mide se- gún Davafne de 15 á 17 ctms. de largo por 3 mm de ancho; según Küchenmeis- ter de 15 á 25 ctms. de largo; tiene el cuerpo cilindrico, pero aguzado en am- bas extremidades. La extremidad cefálica es caracte- rística; posee un diámetro transverso menor que el cuerpo y termina por un aparato labial (Lám. XVI, 7 y 8), muy desarrollado, constituido por tres labios que semejan tres triedros qui- tinosos provistos de dos caras internas planas y adyacentes y una externa Fig. 187.-Ascaris Lumbricoides-a, extremidad caudal del macho; Sp. es- píenlas; b, extremidad cefálica obser- vada por la cara dorsal; c, id. vista por la cara ventral; P, poro excretor. 342 PARASITOLOGÍA ANIMAL convexa. Los labios están dentellados en los bordes y son móviles, pose- yendo fibras musculares retractoras y protractoras. Uno de ellos está situa- do en la línea media dorsal y lleva dos papilas táctiles; los otros dos son laterales y simétricos, y poseen una sola papila táctil.?) La extremidad caudal (fig. 187, a,) está arrollada y describe un arco sóbrela cara ventral; lleva en el vértice la cloaca sexual de la cual pueden verse emerger dos espículas quitinosas (fig. 187, Sp) destinadas á dilatar el orificio vulvar de la hembra. Obsérvanse además en la cara ventral y próximo á las líneas laterales la presencia de dos hileras de papilas. Cada una de estas hileras encierra de 65 á 75 papilas y están más apiñadas en la porción posterior que en la anterior. El tegumento tiene una constitución característica y está formado por una serie de capas, que enumeradas de afuera adentro son: una cutícula distribuida en cuatro planos; el primero delgado y quitinoso, estriado trans- versalmente y formado por una serie de hacecillos que surcan las caras dorsal ó ventral para terminar en los campos laterales. Unos y otros se unen á ese nivel para constituir un círculo completo. El segundo plano cuticular, observado por Czermak, liso y anhisto, el tercero y cuarto repre- sentados por dos capas de fibrillas oblicuas que se entrecruzan y mezclan; y finalmente dos ultimas láminas delicadas y homogéneas. Debajo de esta compleja capa cuticular se encuentra la hipodérmis ó capa subcuticular (fig. 188, c,) constituida por células y fibrillas transversales que se espesan al nivel de las cuatro grandes líneas longitudinales para formar los campos laterales d, medio dorsal k, y medio ventral, k\ De estos campos, los dos primeros tienen un aspecto particular. Se presentan bajo la forma de dos bandas anchas, blanquecinas, que corren paralelamente y se fusionan al nivel del orificio anal. Al corte transverso (fig. 188, d\ tienen una forma pi- riforme y se hallan divididos en dos compartimentos por una lámina media- na y quitinosa, /. Siguiendo siempre de la parte externa á la interna, encontramos luego la capa muscular, formada por células vesiculosas ó piriformes, en las cua- les es menester considerar dos porciones: la externa, h, estriada á través y apoyada directamente sobre la hipodermis, y una interna, i, globulosa y limitada por una membrana conjuntiva, delicada y trasparente. En el interior de la vesícula existe un núcleo nucleolado y una subs- tancia granulosa cuya naturaleza no ha sido bien estudiada, pero que pa- rece tener propiedades tóxicas. A ese líquido atribuye Leuckart la causa de haber determinado vesí- culas serosas en la piel de la fíente de un estudiante de medicina que dise- caba ascarídeos del caballo conservados en alcohol. De la extremidad interna de estas células vesiculosas despréndense PARASITOLOGÍA ANIMAL 343 numerosas fibrillas que se dirigen hacia las líneas mediodorsal y ventral, ó se insertan en el tubo intestinal, sobre todo en la región faríngea, ó en los órganos sexuales. Carece de sistema vascular, pero posee en cambio un aparato excre- tor representado por dos canales fig (188, g,) de luz oval, que corren pa- ralelamente por la porción interna del tegumento, fu- sionándose x/2 mm por de- trás del collar esofágico en un conducto único que se encorva hacia la línea medio ventral y se abre en la cara ventral á 2 mm próxi- mamente de la extremidad cefálica (fig. 187, P). El sistema nervioso está constituido por un collar esofágico, situado por de- lante del poro excretor y que posee tres ganglios, uno ventral, alojado en la línea media y dos laterales. Este collar se fusiona su- perficialmente con las cua- tro líneas longitudinales. De él parten numerosos filetes nerviosos que se di- rigen hacia el extremo pos- terior, de los cuales los más importantes son los latera- les y el ventral que termina en el ganglio anal, agrupación de células ganglionares, situadas por delan- te del ano que constituyen una masa triangular. Como órganos de sensibilidad poseen las papilas táctiles, cuya distri- bución ya hemos mencionado al hablar del aparato labial y de la extremi- dad caudal. El aparato digestivo es rectilíneo y muy sencillo. Consta de un orificio bucal de forma triangular que se continúa con un pequeño infundibulum al cual sigue un esófago cilindrico (Lámina XV, 5 a,) de luz triangular y que mide de 6 á 7 mm de largo. Hállase recubierto interiormente por una cutícula quitinosa que es la misma que tapiza exteriormente al animal y que se refleja por el orificio bu- Fig. 188.-Corte transverso de un ejemplar femeni- no de Ascaris lumbricoides, efectuado al mivel de la parte media del cuerpo; a, cutícula; b, capa fibrilar; c, hipodermis ó capa granulosa subcuticular; d, porción de la hipodermis que se ensancha para constituir los campos laterales; e, campos laterales; f repliegue de la cutícula de los campos laterales, que divide la masa granulosa en dos compartimentos piriformes; g, canal excretor; h, porción externa estriada de las células musculares; i\ porción vesiculosa délas mismas; j, lí- nea medio-dorsal; k, línea medio-ventral; l, lámina cuticular externa de la cubierta intestinal; m, epitelio cilindrico del intestino; n, lámina quitinosa que revis- te interiormente el tubo intestinal; o, ovarios seccio- nados y mostrando los óvulos agrupados regularmen- te alrededor del raquis; p, tubos uterinos cortados transversalmente y mostrando los repliegues de su epitelio papilífero. En este dibujo faltan los huevos que llenan por completo la cavidad uterina. Según Vogt y Yung. 344 PARASITOLOGIA ANIMAL cal; en la porción terminal del esófago existe un 'esfincter que se cierra du- rante la ingestión de los ¡alimentos, pudiendo funcionar entonces el tubo esofágico como una bomba aspirante y se abre luego para que las substan- cias nutricias pasen al intestino. El tubo intestinal d adquiere un gran desarrollo. Tiene una coloración oscura debido á las granulaciones granosas que poseen sus células epiteliales, y presenta un diámetro transverso mayor que el súpero inferior, razón por la cual se presenta aplastado y extendido en el sentido de los campos laterales. Sus paredes están desprovistas de fibras musculares, por cuyo motivo los alimentos efectúan los movimientos de progresión merced á las contracciones del cuerpo; están tapizadas in- teriormente por un epitelio de células cilindricas protegido por una cutícula atravesada de finos canalículos. Exteriormente está envuelto por una lámina quitinosa que contrae íntimas adherencias con la porción globulosa de las células musculares. En sus dos tercios posteriores está circundado por las ansas del tubo genital. Su porción final ó rectal posee un calibre más pequeño, es corta y ci- lindrica y sus paredes encierran como elemento dominante, fibras muscula- res. Las células epiteliales de esta porción son más achatadas que las de la región restante del intestino. El resto está separado del intestino por un es- trangulamiento análogo al anillo esofágico-intestinal. Termina finalmente junto con el canal eyaculador en la cloaca sexual que se abre en la cara ventral por un orificio sub-terminal. El aparato genital está representado por una glándula testicular (Lam. XV, 5 c), tubuliforme y muy larga, llegando á adquirir hasta siete y ocho veces la longitud del nematode. Describe alrededor del intestino, gran número de circunvoluciones que pueden considerarse como las sinuo- sidades de dos ramas, una ascendente y otra descendente; aumenta paulati- namente de calibre á medida que llega á su porción terminal y se continúa luego con su canal deferente, d, al cual sigue inmediatamente una vesícula seminal cilindrica que mide de 6 á 7 centímetros de largo. La vesícula co- munica con el canal eyaculador mediante un anillo que puede contraerse y hacer las veces de un esfincter. El canal eyeculador mide de 7 á 8 mtn de longitud, se encorva á la altura del recto, y desemboca en compañía de éste en la cloaca sexual. El testículo está recubierto exteriormente por una lámina cuticular anhista, é interiormente por un epitelio lleno de células madre de esperma- tozoides. Estas células se segmentan en dos ó cuatro elementos celulares nuevos, que constituyen los zoopermios, caracterizados por ser globulosos y carecer del flagelo tan común en los espermatozoides de otros animales. Es menester hacer constar que los zoospermios no adquieren el estado de tal, sino en el canal deferente y nunca en el tubo testicular. LAM. XV Ascaris Lumbricoides 1. Ejemplar femenino, a, cabeza en la cual se puede observar las tres papilas, b, orificio vulvar situado en la línea medio-ventral; c, línea lateral-2 Primera porción del aparato digestivo, a, boca; b, glandulillas faríngeas; c, esófago; d, intestino-3. Hem- bra de tamaño natural. «, esófago; b, línea media dorsal; c, cutícula; d, línea lateral; e, línea media ventral; f, vulva; g, útero; h, oviducto; i, ovario; k, extremidad caudal; l, glándulas foliculares- 4. Ejemplar masculino, a, cabeza; b, canal deferente visto al través del tegumento-5. Macho de tamaño natural, a, esófago; b, intestino; c, testí- culo; d, canal deferente; e, espíenlas; /, cutícula con sus diversas líneas longitudi- nales. PARASITOLOGÍA ANIMAL E. Perroncito. PARASITOLOGÍA ANIMAL 345 Completan el aparato genital dos espíenlas (Lam. XV, 5 e ) y Lam. XVI, I) quitinosas, ligeramente encorvadas, que miden 2mm de largo; están alojadas en sus correspondientes vainas ó fondos de saco situados en la cara dorsal de la cloaca de las dos extremidades de estos órganos copu- ladores, la interna parece cortada á bisel y está unida al tegumento por un pequeño número de fibrillas musculares; la externa es adelgazada, pero no aguda y puede emerger más ó menos fuera de la cloaca. El macho pue- de poner en movimiento las dos espículas ó una sola como se observa en la lam. XVI, I. La hembra (Lam. XV, I) adquiere un tamaño mayor que el macho, midiendo de 15 á 25 centímetros según Küchenmeister y de 15 á 40 según otros autores. Morland refiere haber observado un ejemplar femenino de 45 centímetros. Vive en el intestino del huésped, en donde se le encuentra con mayor abundancia que el macho; por lo común hay tres ó cuatro ejemplares feme- ninos por uno masculino. La extremidad cefálica es análoga á la que hemos descripto al tratar del ejemplar masculino salvo que el aparato la- bial está mejor desarrollado. En el extremo cau- dal existen grandes diferencias. En primer lugar es rectilíneo y cónico (fig. 189) y carece de es- pículas; el orificio anal se presenta bajo la forma de una hendidura transversa provisto de dos labios voluminosos. Faltan las papilas. El tegumento y los aparatos digestivo, ex- cretor y nervioso no presentan diferencia alguna con los del macho. Los órganos sexuales constan de dos tubos ováricos (Lam. XV, 3, i) muy largos y sinuosos; que describen numerosas circunvoluciones alrededor del intestino. Su longitud es mayor proporcio- nalmente en el joven que en el adulto, pues en una hembra de 20 centíme- tros, la longitud total de los ovarios es de 2 mts. 80, mientras que en una hembra de 28 centímetros sólo llega á 3 metros. Los ovarios pueden dividirse para su estudio en cuatro fracciones; la primera que constituye el ovario propiamente dicho, mide 120 centímetros de largo y sus paredes están formadas por una cutícula anhista y una capa epitelial interna de células mny alargadas. A guisa de eje, llevan un raquis ó filamento fibroso á cuyo alrededor se insertan las células ovulares. La segunda es el oviducto, que se caracteriza por tener un epitelio de células chatas y anchas, una capa muscular de fibras transversas y care- cer del eje ó raquis descripto en la porción anterior; los óvulos están libres Fig. 189-Extremidad cau- dal de la hembra A, vista de perfil; B, vista de frente. Se- gún Leuckart. 346 PARASITOLOGÍA ANIMAL y llenan la luz del tubo. La tercera es el receptaculum seminis, tubo cilin- drico de 16 mmde largo, que se encuentra por lo general lleno de espermato- zoides y destinado á alojar los zoospermios hasta que los óvulos adquie- ran la madurez sexual; las paredes de cubierta son análogas á las del ovi- ducto, con la diferencia que á la capa muscular transversa se unen fibras longitudinales. La cuarta es el útero, situado por debajo del aparato diges- tivo y dirigido de adelante á atrás. Mide de 20 á 24 centímetros de largo, y puede alojar, según Leuckart, de 10 á 11 millones de huevos. Comuni- ca por su extremo posterior con el receptáculo seminal mediante un ajus- tamiento anular que puede desempeñar las funciones de esfincter y por el otro fusiónase á la extremidad correspondiente del útero gemelo para cons- tituir una vagina de 6 á 10mm (Lám. XV, 3 g), provista de una doble capa muscular transverso-longitudinal y de una cutícula espesa y anhista. La vagina se abre sobre la línea medio ventral por una fisura transver- sa /, de labios salientes, situada al nivel de la unión del tercio anterior con los dos tercios posteriores del cuerpo. La cópula se efectúa, arrollándose el macho, merced á la curvadura de su extremidad caudal, alrededor del cuerpo de la hembra, é introducien- do las espículas en el orificio vulvar. La vulva así abierta, permite el paso á los espermatozoides que salen de la cloaca sexual y se introducen en la vagina. De allí pasan al receptáculum seminis, en donde esperan la madura- ción de los óvulos y los fecundan luego que éstos han abandonado el ovario, desprendiéndose del raquis. Los óvulos fecundados pasan al útero en donde se revisten de una doble membrana de cubierta y luego de una capa albu- minosa erizada de tubérculos que les da un aspecto característico. En estas condiciones, los huevos algunas veces aislados, otras adhe- ridos, merced á la cubierta de albúmina que poseen, se deslizan por la va- gina y pasan al medio externo, es decir al intestino, en donde se mezclan con las materias fecales y son expulsadas con ellas al exterior. El número de huevos que puede albergar una hem- bra es, según Eschrícht de sesenta nullones. Los huevos así eliminados, son ovoideos, de color rojizo y miden de 50 á 75 |ide largo por 40 á 50 p. de ancho. Están recubiertos por dos membranas (fig. 190), la interna lisa y la externa mamelonada. El desarrollo embrionario no es intrauterino, sino que se lleva á cabo en el medio exterior; tarda más durante el invierno (5 á 6 meses) que durante el verano. En el agua y á una temperatura que oscile entre 25 y 30° el des- envolvimiento se efectúa generalmente al cabo de un mes. Resiste á una Fig. 190.-Huevo de Ascaris lumbricoides, aumentado 400 veces. PARASITOLOGÍA ANIMAL 347 temperatura de O grado así como á 42°, aunque en estas condiciones el desarrollo se detiene ry el embrión permanece estacionario. Una sequía prolongada lo mata. Los huevos de una misma postura no desarrollan sus embriones en el mismo tiempo aun cuando sean colocados en idénticos me- dios y bajo la acción de análogos agentes. Davaine, cultivando en el agua huevos recogidos en las deposiciones de un niño y haciendo dos ensayos, pudo observar que los huevos cultiva- dos en frascos á la sombra presentaban un desenvolvimiento embrionario más tardío que aquellos que eran expuestos al calor solar. El desarrollo del embrión puede llevarse á cabo también en la tierra húmeda, ó en una atmósfera cargada de vapor de agua; en cambio la orina es medio inservible, muriendo los huevos al cabo de cierto tiempo; las mate- rias fecales constituyen un caldo de cultivo excelente; aún en las secas, si bien el embrión no se desenvuelve, tampoco muere, pudiendo observarse que huevos abandonados en materias fecales disecadas, pueden después de un año desarrollar perfectamente sus embriones en el agua. Cuando el embrión ha adquirido se desarrollo completo, mide 300 ¡x de largo por 14 ¡x de ancho: Es cilindrico y está arrollado en espiral en el interior del huevo. Tiene una extremidad caudal cónica y un vértice cefá- lico obtuso, provisto de tres labios quitinosos análogos á los ¡.del verme adulto, y que fueron considerados en un principio, como un aguijón cefáli- co, razón por la cual abrigóse la idea que los ascarídeos tenían huésped intermediario y que el espolón servía para perforar el tegumento de dicho huésped. El embrión sufre una primera muda en el interior del huevo y va per- diendo paulatinamente los movimientos tan ágiles que presenta al principio. Finalmente inmoviliza y en estas condiciones puede permanecer hasta cinco años dentro de la cáscara. Después de muerto sus tejidos sufren la degene- rescencia adiposa. ¿Cuáles son las ulteriores evoluciones de este embrión? El problema ha sido muy discutido, pero hoy en día está resuelto, razón por la cual pa- samos por alto las numerosas teorías que al respecto se han dado. Sólo indicaremos por mera curiosidad, la opinión de Von Linstow, autor que admitía como huésped intermediario á un pequeño miriápodo el Julus guttulatus que se alimenta de frutas y substancias putrefactas. Según Linstow, el miriápodo ingiere con las materias fecales en putrefacción, huevos de ascárides, desarrollando la larva en la cavidad general de su cuerpo. Estos miriápodos podrían ser ingeridos fácilmente con las frutas y transformarse en el tubo intestinal del hombre en ascárides perfectos. La teoría de Von Linstow debe ser abandonada, primero, por que no explica como albergan ascárides los niños que aún están en el período de lactancia; segundo porque las experiencias de Grassi, Calandruccio y 348 PARASITOLOGIA ANIMAL Lutz han venido á demostrar que no existe huésped intermediario y á con- firmar la opinión de Davaine que consideró desde un principio, aunque sin demostrarlo, que la evolución de los ascárides era directa, es decir, que se efectuaba en un solo huésped. Grassi, después de haber comprobado, mediante repetidos exámenes microscópicos que no encerraban huevos de Ascaris lumbricoídes en sus deposiciones, ingirió un centenar de ellos, y pudo constatar dos meses después en sus materias fecales, la presencia de huevos. Igual resultado obtuvo Calandruccio, en un niño de siete años previa- mente inspeccionado. Lutz, en el Brazil, hizo ingerir á un sujeto de 32 años huevos que en- cerraban en su interior embriones bien desarrollados. Pocos días después, mediante la administración de una buena dosis de santonina, obtuvo la expulsión de 35 ascárides cuyos tamaños variaba entre 5 y 13 milímetros. Por consiguiente, podemos admitir que la infección en el hombre se efectúa con las aguas contaminadas por las substancias excrementicias, ó bien por las ensaladas ó legumbres no bien lavadas, que han sido contami- nadas por las substancias fecales con que en muchas regiones, tienen cos- tumbre de fertilizar el suelo. Cree Moniez que una de las grandes fuentes de infección, son los pozos contaminados por las letrinas próximas, y narra, al efecto, la obser- vación de ascárides hecha en varios perros que se alimentaban exclusiva- mente de leche diluida con agua. Esta agua era extraída de un pozo próximo á una letrina en donde se arrojaban los excrementos de otros perros infec- tados de Ascaris mistax. Una vez que los embriones llegan al tubo intestinal, adquieren la ma- durez sexual en un lapso de tiempo muy corto, y es ésta la razón por qué en las materias fecales es tan raro encontrar ascárides en vía de desarrollo. Cuál es la edad de la vida en que se encuentran con más abundancia los ascárides? Por si misma la edad no parece tener influencia alguna en el desarrollo, pues se le observa en la niñez, edad adulta y en la vejez. Sin embargo es más frecuente en la juventud. Transcribimos á continuación una estadística de 133 casos levantada por Duval, que refleja bastante bien la proporción en que se encuentran los ascárides en las distintas edades: De 8 meses y medio á 1 año 2 » 1 año á 10 años 72 » 10 años á 16 años . 51 » 16 » á 26 » 18 » 26 » á 35 » 9 A 85 años 1 LAM. XVI Diversos fragmentos de Ascaris Lumbricoides 1. Extremidad caudal del macho, presentando una de las espícúlas evaginada y la otra invaginada, a, intestino; b, canal deferente; c, apéndices quitinosos- 2. a, fi- bras musculares refractoras de la espíenla; b, espíenla-3. Huevos de aspecto cunei- forme aumentados 250 veces-4. Tubo oválico aumentado. 250 veces-5. Mucosa que reviste interiormente el tubo digestivo.-6 a, glandulillas ó tubérculos amarillos; b, ano; c, sustancias excrementicias; d, cola de la hembra-7. Extremidad cefálica aumen- tada de tamaño y mostrando sus tres papilas ó labios-8. Cabeza vista de frente, mos- trando el orificio bucal en el centro -9. Linea dorsal muy aumentada-10. Línea la- teral alojando en su interior el vaso correspondiente. PRRfíSlTObOGÍR fíMMflb E. Perroncito PARASITOLOGÍA ANIMAL 349 En cuanto al sexo, varios autores sostienen, basados en cifras estadís- ticas, que es más frecuente entre las mujeres. La profesión no es tampoco un factor que contribuya á fomentar la adquisición del parásito y si este es más común entre los habitantes de la campaña que en los de la ciudad, solo es debido á que los primeros hacen mayor consumo de aguas no filtradas. De igual manera si el verme es frecuente entre los alienados, se ex- plica por los hábitos coprófagos de muchos de ellos. Como ejemplo práctico de la influencia profiláctica de los filtros, basta con citar la ciudad de París en cuyos habitantes eran tan comunes los as- cárides antes que se instalaran las aguas corrientes, mientras que actual- mente son tan raros. El número de ascárides que puede albergar un sujeto varía; algunas veces son tan poco numerosos que no determinan en el huésped afección alguna; otras veces se encuentran en tal cantidad que pueden contarse por centenares y aún por millares. Faucouneau-Defresne menciona el caso de un niño de 12 años que en un lapso de tiempo menor de tres años, expulsó por vía bucal más de cinco mil vermes. Refiere además que en los vómitos de un solo día pudo contar más de 600. Los ascárides pueden encontrarse solos en el intestino ó acompaña- dos de otros helmintos. Heller tuvo ocasión de observarlo 108 veces, de los cuales 32 solo, 16 con el oxyuris, 26 con el tricocéfalo y 34 con el oxyuris y el tricocéfalo. Muller en 135 autopsias realizadas en el asilo de locos de Erlangen lo encontró 39 veces; 14 solo, 6 con el oxyuris, 8 con el tricocephalus y 11 con el oxyuris y el tricocephalus. El tiempo que pueden vivir los ascárides en el intestino es muy cor- to; admítese que no es mayor de un año y que las hembras mueren ó aban- donan al huésped después de efectuada la postura de los huevos. El hecho de que se encuentren ascárides durante muchos años en un mismo sujeto sólo puede explicarse por auto-infección ó infección continua. Los ascárides viven habitualmente en el intestino delgado; sin embar- go como están dotados de movimientos muy vivos pueden abandonar el tubo intestinal para ir á localizarse en otras regiones. Penetrando por la ampolla de Vater y el canal colédoco, llegan al hí- gado en donde se radican, ó permanecen cierto tiempo para emigrar des- pués. Algunos pueden salir al exterior perforando la piel del abdomen; otros, como en el caso de Lebert, perforan el diafragma, llegan al pulmón, ascendiendo por los canalículos bronquiales. Hánse observado casos también, de parásitos que habian-penetrado por el canal de Wirsung y llegado á la glándula pancreática, y otros de as. 350 PARASITOLOGIA ANIMAL cárides que ascendiendo por el esófago, emergieron por trayectos fistulosos de este conducto. Al respecto podríamos citar la observación curiosa de Minaglia: un ascáride se deslizó por un trayecto fistuloso existente entre la faringe y los músculos prevertebrales, é insinuó su cabeza entre los cuerpos vertebra- les, determinando una meningitis mortal en el sujeto que lo albergaba. Los ascárides pueden penetrar en las vías respiratorias, refiriendo Donati el caso de un niño de cinco años, en el cual los parásitos se habían introducido por la glotis determinando la muerte por asfixia del huésped. Son muy comunes las observaciones de ascárides en la cavidad peri- toneal. La mayoría de las veces ellas se deben á la presencia de úlceras ó trayectos ya existentes; otras, como dice Davaine, á la perforación de las paredes intestinales por los ascárides después de la muerte del sujeto, de- bido á la tendencia instintiva que poseen de abandonar las regiones que más pronto se enfrían. Antes determinar con esta sucinta descripción de ascarídeos erráticos, mencionaremos los casos curiosos de Pienant y Chevalot y de Schüppel. Los primeros encontraron el parásito en la vena cava inferior de un sujeto que hadía muerto con síntomas aparentes de asfixia; el tercero ob- servó, al efectuar la autopsia de un viejo, que los ganglios linfáticos que en- vuelven al duodeno se habían reblandecido é hipertrofiado, haciendo^ co- municar el duodeno con el canal hepático y la vena porta. Varios ascári- des, siguiendo este trayecto anormal, habían penetrado en los canalículos biliares y en los vasos del hígado. La vía de eliminación común es la rectal, pero existen numerosas ob- servaciones que demuestran que también puede ser arrojado por otras vías, especialmente por la gástrica. Ruggi refiere el caso de una joven de 23 años, en cuyos vómitos en- contró huevos del parásito. Los ascárides pueden salir al exterior también por el ombligo, forma muy frecuente entre los niños; por trayectos inguinales y fístulas lumbares y abriéndose paso en la piel de diferentes puntos, tales como en las re- giones abdominal, sacra, perineal, pubiana, etc. Se les ha visto aún ascender hasta las fosas nasales, penetrar por el canal nasal y emerger por los puntos lacrimales, en el ángulo interno del ojo. Cítanse casos también de ascárides que han penetrado al oído medio por la trompa de Eustaquio y aparecido al exterior por el conducto auditivo externo. Aunque más raras, existen, sin embargo, observaciones de ascarídeos que han salido por la uretra ó la vulva, merced á la presencia de trayectos fistulosos que hacían comunicar el intestino con la vejiga ó con la vagina* 351 PARASITOLOGÍA ANIMAL La acción patogénica de este verme puede ser más ó menos grave, se- gún su número y su sitio de ubicación. Ya hemos dicho que el parásito reside con mayor frecuencia en el tubo intestinal del huésped, y en este caso su presencia dá lugar á una serie de síntomas análogos á los que provocan las tenias, pero con exageración de los fenómenos nerviosos reflejos. En el hombre determina gastralgia, cefalalgia, períodos de estreñi- miento alternados con diarrea, vómitos, hipotermia, debilidad general, au- mento de apetito ó inapetencia absoluta. En los niños y las mujeres los fenómenos se exageran y pueden pro- ducirse accidentes coreicos y epileptiformes, graves perturbaciones intelec- tuales, ceguera pasagera, histerismo, parálisis y aún la muerte. Se ha pretendido explicar toda esa serie de síntomas por la acción que sobre el organismo tiene una substancia tóxica que sería segregada por el verme y absorbida por las vellosidades intestinales. Pero como dice muy bien Moniez, esta teoría formulada por Railliet y apoyada por Bastián y Leuckart, autores que suponen que las vesículas productoras de substancia tóxica son las células musculares, no concuerda con los datos que nos suministra la experiencia. Ella debe ser abandonada, por que la gravedad de los accidentes re- flejos no depende del número de vermes albergados, como debería depen- der si la afección fuera determinada por la leucomaína. Moniez crée que los fenómenos que los ascárides determinan en el huésped, son debidos á los continuos movimientos de que están dotados y que acaban por producir viva irritación en la mucosa duodenal. Algunas veces el número de ascarídeos es tan grande, que infinidad de ellos se aglutinan para constituir masas voluminosas que obstruyen por completo el canal y llegan á provocar la muerte del huésped. Cuando los ascárides no viven en el intestino, los accidentes pueden ser más graves aún, terminando por lo general con la muerte del pacien- te. El parásito puede obstruir el canal colédoco ó de Wirsung, y determinar serias afecciones gástricas; puede localizarse en el pulmón ó hígado para determinar bronquitis y hepatitis supurada que se curan bien, cuando el verme cae en la cavidad peritoneal ó sale al exterior por un abceso ó tra- yecto ya formado. El diagnóstico exacto se establece por la presencia de los huevos en las materias fecales, ó lo que es más fácil y frecuente, por el examen de algunos ascárides adultos eliminados. Produciéndose la infección la mayor parte de las veces por la in- gestión de aguas contaminadas, aconséjase como medidas profilácticas no beber agua que no sea filtrada ó cocida. Con las legumbres es menester tener precauciones análogas. 352 PARASITOLOGÍA ANIMAL La expulsión del parásito debe buscarse por todos los medios posibles, pues como éste pulula frecuentemente en los niños, que por falta de dis- cernimiento, se auto-infectan continuamente; toda la profilaxis empleada sería insuficiente para detener la invasión. El anti-helmíntico más empleado es el Semen contra ó lo que es mu- cho mejor su principio activo, la Santonina, que tiene la propiedad de ma- tar al ascáride. Adminístrase en dosis de 20 á 25 centigramos que son fácil- mente soportables por los niños, ó bien en diversas fómulas de las cuales una de las más usadas es la del Dr. Cantani: Santonina centg. 5-10-30 Azúcar blanca gr. 2 M. en cinco sellos á tomarse con 1 ó 2 horas de intervalo. Un día después hácese ingerir al paciente, que ha estado hasta enton- ces en régimen lácteo, una buena dosis de aceite de ricino, que provocará la expulsión de los vermes. Otro medicamento muy usado en Italia es la coralina, que se emplea especialmente para los niños de corta edad (2 á 5 años.) Disuélvense 30 gramos de Carolina en 200 cc. de agua y se administra la mitad de la poción por la mañana y la otramitad por la noche. En cuanto á la distribución geográfica del parásito, podemos decir que es cosmopolita. Se le ha observado en todos los continentes, abundando sobre todo en las comarcas cálidas. El Africa está invadida, y según refiere Dyre, existen regiones en que es repugnante ver el número de ascárides que ex- pulsan los indígenas simultáneamente por boca y ano. «Un negro, dice este autor, mostróme un sombrero lleno de vermes, asegurándome que los había expulsado poco tiempo antes.» En la República Argentina es bastante frecuente. Ascaris mystax Sinonimia-. Lumbricus canis Werner, 1782. Ascaris teres Góze, 1782. A. caniculai Schranck, 1788. Fusaria mystax Zeder, 1800. A. alata Bellingham, 1839. etc, etc. Esta especie, que vive parásita en el intestino del perro y del gato, háse observado también en otros animales tales como el león, el puma, el zorro, el lince, y por excepción en el hombre. PARASITOLOGÍA ANIMAL 353 La característica principal consiste en la presencia, á ambos lados de la cabeza, de una expansión aliforme que se extiende hasta dos ó tres mi- límetros por detrás de ella y aumenta paulatina- mente de diámetro transverso á medida que se aproxima á su porción posterior. Estos apéndices alados son membranosos y carecen por completo de fibras musculares. El Ascaris mystax es más pequeño que su congénere el A. lumbricoides. El macho (fig. 192, a) mide de 4 á 6 cen- tímetros de largo por lmm de ancho. En su ex- tremidad cefálica, que es análoga á la de la hem- bra, lleva un aparato labial constituido por tres labios pequeños bilobulados y ondulados en su cara externa, de los cuales los dos laterales inferiores poseen corpúsculos táctiles y el superior papilas sensoriales. El extremo caudal es aguzado y cónico, encorvado sobre la cara dorsal y provisto de 26 pares de papilas, de los cuales cinco son post-anales. El tegumento es más delgado que el del A. lumbricoides; las vesículas musculares pequeñas y á veces rudimentarias. El aparato digestivo no tiene adherencia ninguna con las paredes del cuerpo y consta de los mismos elementos que los del gran Ascáride; el es- tómago es pequeño, glandular y tiene la forma de un segmento esférico; la luz del intestino es fisural. Los órganos sexuales adquieren gran tamaño; alcanzando á medir has- ta 18 centímetros en un ejemplar de 4 centímetros de largo. El testículo está situado en la mitad anterior del cuerpo y se aproxima hasta 6mm por detrás de la cabeza. La vesícula seminal, dirigida de adelante atrás, tiene un calibre mucho mas grueso, disminuye á medida que se acerca á su fin, y comunica con el canal eyaculador mediante un ajustamiento anular. El canal eyuculador mide de 2 á 3mni y termina junto con el recto en la cloa- ca sexual. Las espíenlas son largas, delgadas, encorvadas y acanaladas, merced á la presencia de dos crestas que se insertan á lo largo de la cara cónca- va y limitan así una especie de canaleta ó gotera que sirve para el desliza- miento de los espermatozoides. Son de naturaleza quitinosa y miden 3mm de longitud. La hembra es más grande que el macho, mide de 6 á 11 centímetros de largo por l,mm 7 de ancho. Sus extremidades cefálica y caudal no presentan diferencia en su morfología externa con las del macho. El ano es subterminal. Los órganos de la generación están representados por dos ovarios si- • IF'g- 191-Corte transverso de Ascaris mystax, que deja ver "en el centro la luz trian- gular del esófago y á los la- dos las expansiones aladas características. Según Leu- ckart. Parasitología Animal 354 PARASITOLOGÍA ANIMAL nuosos, que describen numerosas circunvoluciones; por dos receptaculum seminis^ cuyo largo es aproximadamente igual á la tercera parte de la lon- gitud total del nematode: por dos úteros anchos, y tanto más pequeños cuanto más largos sean los receptaculum seminis; y finalmente, por una vagina, producto de la fusión de los tubos uterinos, que se abre por un orificio vulvar situado en la cara ventral, al nivel de la unión del cuarto anterior con los tres cuartos posteriores del cuerpo. Los huevos de este ascáride son esféricos ó elipsoidales (fig. 193), y poseen en su cara externa una cubierta albuminosa semejante á una malla, llena de depresiones cuyos contornos aparecen en relieve- está cubierta da al huevo un aspecto característico. El huevo mide de 68 á 72 ¡i de diámetro. La capa albuminosa se destruye pocos días des- pués que los huevos han sido eliminados por el orifi- cio vulvar de la hembra. El desenvolvimiento embrionario se efectúa en las materias fecales, en el agua, ó en la tierra húmeda. El embrión es semejante al del Ascaris lumbricoi- des, y presenta gran resistencia en el medio exterior. Munck, los ha encontrado en perfecto estado de con- servación, al cabo de 15 meses en una solución de carbonato de potasio al 2 °/0 La evolución del Ascaris mystax es desconocida, pero por analogía se supone que debe ser parecida á la del A. lumbricodes. Créese que el huevo es llevado al aparato digestivo del huésped, con alimentos ó bebidas contaminadas con materias fecales ó vómitos provenientes de otros anima- les infectados, comunmente el gato ó el perro. Llegado el huevo al estómago, pierde su membrana de cubierta, y deja el embrión en libertad. Este emigra al intestino, en donde sufre una muda, estría transversalmente su cutícula y desarrolla el aparato bucal que hemos descrito en el adulto. El pasaje del estado embrio- nario al adulto se efectúa en un lapso de tiempo muy corto. Aun cuando tales sean las opiniones reinan- tes por lo que respecta al ciclo evolutivo de este nematode, debemos decir que todas las experien- cias practicadas por Grassi y Calandruccio con el objeto de infectarse á si mismo, ingiriendo huevos y Ascaris mystax extraídos recientemente de ga- tos y perros sacrificados, dieron resultado negativo. Fig. 192. - Ascaris mystax, a, ejemplar masculino; &, ejemplar femenino: c, d, expan- siones aladas, vista de frente y de perfil. Fig. 193. -Huevo de Ascaris mystax, según Schneider. PARASITOLOGÍA ANIMAL 355 Los síntomas á que da lugar el Ascaris mystax son en su mayor parte de orden reflejo y tan graves como los del A. lumbricoides. El diagnóstico se basa en el examen microscópico de los huevos en las deposiciones, ó en la presencia de ascaris adultos en las materias fe- cales. Como ya lo hemos dicho, vive preferentemente en el tubo intestinal del gato y del perro. Basándose en la diferencia de tamaño que presen- tan estos nematodes en uno y otro animal, se ha pretendido establecer dos especies, designándose lo que vive en el gato con el nombre de Ascaris mystax y la que vive en el perro, que es más grande, A. margínala. En la especie humana se ha encontrado ocho veces el Ascaris mystax» aunyue no todos los casos son convincentes. Ellos han sido descritos por Pickells, Bellingham, Leuckart, Cobbol, Morton, Heller y Kelly. El primer caso fué observado por Thomson, en una mujer de 28 años, del condado de Cark. El número de ascárides eliminados llegaba á cincuenta aproximadamente; la mayoría fué expulsada por vía gástrica ó rectal sin necesidad de vermífugos, y acompañada además por algunos ejemplares de A. lumbricoides, larvas de Múscidos y larvas é imágenes de Blaps mortisaga. La enferma en cuestión padecía de histerismo místico y tenía la costumbre de beber, para ponerse á salvaguardia de los pecados, un agua arcillosa que emanaba del sepulcro de un cura. En la República Argentina este parásito es muy común en la raza canina. Multitud de veces hemos tenido ocasión de observarlo en el intestino de perros autopsiados en el laboratorio. Ascaris marítima.-Leuckart, 1876 Este verme, vomitado por un niño'groelandés en 1867, fué remitido por Pfaf á Krabbe, quien lo envió á Leuckart para su estudio. Examinado por el sabio alemán, catalogólo en la familia de los Asca- rídeos y asignóle los siguientes caracteres: el ejemplar remitido es femeni- no, mide 43 milímetros de largo por lm,r' de ancho; la extremidad caudal es aguda y cónica y tiene 0,mm5 de longitud. Posee en el extremo cefálico tres labios pequeños; carece de las ex- pansiones aladas, características del Ascaris mystax^ pero tiene en su lu- gar un espesamiento cuticular semejante á un rodete por detrás del aparato labial. La extremidad cefálica mide 0,mm5 de ancho. Trátase, como vemos, de un parásito accidental. El niño se infectó probablemente comiendo las visceras de algún animal desconocido. Según Leuckart, el Ascaris marítima es muy parecido al Ascaris pro- fuga que vive normalmente en el intestino del oso. 356 PARASITOLOGIA ANIMAL Oxyuris vermiculares Sinonimia-. Ascaris vermicularis Lineo, 1769. Fusaria vermicularis Zeder, 1800. Este nematode, parásito del intestino del hombre, es pequeño, de co- loración blanquecina y muy parecido por su configuración externa á las larvas que se desarrollan en el queso. El macho (fig. 194 A,) mide de 3 á 5mm de largo por 16 á 20 p de an- cho, posée la extremidad cefálica dilatada y roma y la caudal arrollada en espiral. La constitución de su tegumento difiere poco del que hemos descripto para el A. lumbricoides. Está recubierto externamente por una triple hoja cuticular, cuya lámina más externa es estria- da transversalmente, aunque las estrías no son muy nítidas. La capa muscular, extendida de la cabeza á la cola está formada por células semi-contráctiles que encierran en su interior granulaciones amarillentas y un grueso núcleo nu- cleolado. Las líneas medias dorsal y ventral se destacan netamente, aunque son muy finas, asi como las laterales que, á semejan- za de lo que pasa con los Ascárides, están divididas en dos porciones iguales por un tabique que aloja en su seno al canal lateral. El sistema nervioso está constituido por el collar esofágico, que mantiene adherencias con las cuatro líneas principales del cuerpo. De este anillo parten numerosos filetes anterio- res y posteriores, de los cuales los dos más importantes son los nervios dorsal y ventral. El poro excretor está situado á 0,mm8, por detrás del bulbo faríngeo. La cabeza del oxyuris es característica; presenta en sus dos caras dor- sal y ventral, una dilatación cuticular, producida por la acumulación de una sustancia líquida transparente, susceptible de coagularse bajo la acción de ciertos reactivos. Estas dilataciones cefálicas, que han sido comparadas falsamente á las expansiones aladas del A. Mystax, llevan en su superficie estrías trans- versales y han sido consideradas por Leuckart como órganos propulsores del aparato labial. En su borde libre presentan quince dientes pequeños. El vértice cefálico, posee además, tres labios de borde liso, uno dorsal y dos laterales de tamaño menor. F i g. 194. - Oxyuris vermi- cularis. A, ejem- plar masculino; B, ejemplar fe- menino; aumen- tados cinco ve- ces. Según Claus PARASITOLOGÍA ANIMAL 357 El aparato digestivo (fig. 196), consta de una cavidad bucal pequeña» de luz triangular, que se continúa con un esófago, a, largo y musculoso; síguele á este un estómago, &, ó bulbo faríngeo, pro- visto de una potente capa muscular y de tres apén- dices ó repliegues quitinosos, falsamente denominados dientes, pues no sirven para la masticación de las substancias ingeridas, que son líquidas. Los repliegues en cuestión son más bien válvulas que permiten el paso de las substancias nutricias del estómago al intes- tino, pero impiden el retroceso. La cutícula que reviste interiormente al esófago y al estómago no presenta solución alguna de conti- güidad. El tubo intestinal, e, es rectilíneo y está dotado de movimientos peristálticos en su porción final. Sus pa- redes poseen fibras musculares que constituyen un verdadero esfincter al nivel del estrangulamiento intes- tino-rectal. A esa altura desemboca también dos glándulas uni- celulares laterales que miden 82 ¡x de diámetro. El intestino está tapizado interiormente por una membrana epitelial cribada. El recto es corto y termina en la cloaca sexual. El aparato genital es muy sencillo. Consta de un tubo rectilíneo que corre de atrás adelante, en un pla- no más próximo á la cara dorsal que á la ventral, se incurva luego al llegar al extremo anterior, se desliza en un plano inferior de adelante á atrás y termina en la cloaca, que se abre en la cara ventral y en la base de la cola. En el tubo testicular puede reconocerse las cuatro porciones: testículo, canal deferente, vesícula seminal y canal eyaculador. Como órganos accesorios los machos poseen una espíenla delgada y aguzada, que afecta la disposición de un ano ó de una S, y que mide 70 ¡x de largo. Es carácter particular del macho, además, la presencia en la extremi- dad caudal, de seis pares de papila, de las cuales las más voluminosas se disponen en los bordes laterales, comunicando á dichos bordes, un aspecto festoneado. La hembra (fig. 194, B) alcanza á medir un centímetro de largo por un diámetro transverso de 0,mm4 á 0,mm6. Su extremidad caudal difiere de la del macho en que es más larga, mucho más aguzada y no se arrolla en espiral. Fig. 195-A la iz- quierda hembra au- mentada d e tamaño que deja ver en su in- terior la disposición de los órganos. A la derecha el macho. 0, extremidad cefálica; 7?, orificio vulvar; A, ano. 358 PARASITOLOGÍA ANIMAL El vértice cefálico es análogo, pero presenta como carácter diferen- cial, 25 dientes en el borde libre de la vesícula cefálica. La constitución del tegumento, aparato digestivo, excretor y nervioso es semejante á la del ejemplar masculino por cuya razón evitamos repeti- ciones. El ano (fig. 195, A) se abre en la base de la cola á dos milímetros por delante del vértice caudal. Constituyen los órganos de la generación dos largos tubos, (fig. 195), situados uno en la mitad anterior del cuerpo y el otro en la mitad posterior, que se fusionan á l/2nim por delante de la linea media transversa del cuer- po para formar una vagina de lmm á 1 ^2 mm de largo. Los tubos ováricos poseen tamaño desigual, siendo mayor el posterior que el anterior. La vagina se desliza de atrás adelante por debajo del tubo intestinal y se abre en la cara ventral por una vulva (fig. 195 r), orificio fisural transverso situado á tres milímetros por detrás de la extre- midad cefálica. La cópula se efectúa en el interior del intestino del huésped. Las hembras descienden hasta el caecum, en don- de permanecen hasta la maduración y eliminación de los huevos los machos radicados en el yeyuno y en el íleon, mueren y son arrastrados al exterior con las materias fe- cales. Esta es la causa, por qué es tan raro encontrar ejem- plares masculinos en las deposiciones de los enfermos y por qué Brenser llegó á pensar que el macho no existía y la especie se reproducía por partenogénesis. La proporción de ejemplares masculinos y femeninos varía según el momento en que se considere la infección. En el período inicial, los ma- chos y las hembras están en número más ó menos igual, pero cuando el prurito anal se manifiesta, lo que indica una fase avanzada de la enferme- dad, la proporción se reduce á | ó á El número de huevos que puede albergar una sola hembra, ha sido calculado por Leuckart en 10 á 12.000. La eliminación de los huevos no se lleva á cabo en el caecum, sino á lo largo del colon y del recto. Las hembras abandonan el ciego, una vez que los huevos están fe- cundados, y maduros, y tienden á salir al exterior, originando por su con- tinuo frote con las paredes rectales ese escozor insufrible que los enfermos sienten en la vecindad del ano. El huevo (fig. 197), tiene una forma característica. La cara dorsal es convexa, la ventral casi plana y la extremidad cefálica más aguzada que la PARASITOLOGÍA ANIMAL 359 caudal. Mide de 50 á 56 p. de largo por 20 á 27 ¡i de ancho. Posee una tri- ple membrana de cubierta constituida por tres láminas, lisas, resistentes y superpuestas. La primera y la tercera no tienen solución de continuidad pero la segunda falta en una pequeña porción de la cara dorsal, vecina al polo cefálico. En esa región, las láminas externa é interna se ponen en con- tacto, y este carácter es importante bajo el punto de vista del desarrollo embrionario, pues cuando el huevo se halla sometido á la acción del jugo gástrico, ese punto que es el más débil es el primero que se rompe, dando lugar á un orificio por donde ÍWí puede eclosionar el embrión. ¡ Posee además el huevo una envoltura albumino- o' sa que sirve para aglutinarlos después de la postura. Encierra en su interior un vitelo granuloso que aloja en su seno un núcleo bien neto. Fig. 197-Huevos de El embrión se desarrolla en el útero de la ma- Oxyuris, según Eich- orst. dre de modo que después de la eliminación de los huevos, ya está formado, presentándose bajo la forma de una masa ovoidea provista de un apéndice caudal aguzado, forma que ha sido comparada á la de un renacuajo. Sin embargo, éste no es su estado definitivo y va aún á sufrir nuevas modificaciones, ora en el interior del tubo intestinal del huésped, ora en las materias fecales con las cuales ha sido eliminado. Substancias excrementicias frescas y húmedas, sometidas áuna tempe- ratura de 30° parecen constituir el mejor medio para su desarrollo. Cuando el embrión adquiere completo desenvolvimiento, mide 14 ¡i de largo por 10 ¡i de ancho, y posee un aparato digestivo bien desarrollado; tiene esófago y bulbo faríngeo, pero carece de láminas ó dientes quitinosos. Resiste á la acción de un medio ambiente seco, pudiendo conservarse durante varios meses. Alcanzada esta fase, el embrión permanece en vida latente, hasta que por un agente cualquiera sea llevado al aparato digestivo del hombre. El agua no debe, ser uno de los vehículos más frecuentes, pues mata al embrión después de cierto tiempo. Introducido el huevo en el es- tómago del huésped, junto con frutas, legumbres, etc., el jugo gástrico perfora la cáscara en la cara dorsal, como hemos dicho anteriormente y el embrión pasa al intestino delgado en donde sufre una ó dos mudas suce- sivas; crece y aparecen sus órganos sexuales. El macho adquiere la adul- tez sexual antes que la hembra, pudiendo observarse ejemplares femeninos de 6 ó 7 milímetros de largo, cuyas vaginas encierran espermatozoides y en los cuales, sin embargo, los tubos ováricos no han dado lugar á óvulos. El desarrollo directo del Oxyuris vermicularis ha sido demostrada por numerosas experiencias realizadas, por varios observadores. Leuckart y tres de sus discípulos ingirieron, en 1865, huevos cultivados en un ter- 360 PARASITOLOGÍA ANIMAL móstato, y que encerraban en su interior embriones maduros. 18 días más tarde, tres de los experimentadores encontraron oxyuris adultos en sus de- posiciones. Leuckart recién los observó al terminar la cuarta semana. Grassi, en 1879, repitió la experiencia, después de haberse asegurado que sus deposiciones no encerraban oxyuris, tragando seis ejemplares fe- meninos recogidos en el intestino de un sujeto muerto un día antes. Dos semanas más tarde pudo comprobar en sus materias fecales la presencia de hembras repletas de huevos. En 1888, nuevos ensayos de Calandruccio, han venido á confirmar de- finitivamente la evolución directa de este verme. Admítese actualmente que esta es la única forma de evolución, y que los embriones no pueden adquirir el estado adulto en el intestino del huésped en el cual nacieron, como lo suponían Vix y Küchenmeister. Según este úl- timo autor, no solamente el embrión adquiere la madurez sexual en el hués- ped que alberga á sus padres, sino que aún puede, mediante sus movimien- tos vermiculares, salir del recto del paciente y penetrar por el ano de otro individuo que comparta el lecho con el primero. El número de oxyuris que suelen encontrarse en un solo intestino varía; habiendo observado casos en que estos nematodes foimaban verda- deras masas que obstruían el conducto intestinal. Puede estar solo ó acompañado, como ya lo hemos visto al describir algunos cestoides y nematodes. La temperatura parece tener cierta influencia en el desarrollo de estos vermes. Según Frank y Grassi abundan más durante la primavera y el otoño. Se les observa en todas las edades, pero es más frecuente en las mu- jeres y en los niños. En estos últimos la abundancia de los parásitos se ex- plica perfectamente debido á la auto-infección que ellos mismos realizan inconscientemente. El prurito insoportable que los oxyuris determinan, es- pecialmente durante la noche, los obliga á rascarse llevando los niños en sus uñas el germen patógeno, representado por los huevos, unido á muco- sidades y fragmentos de materias fecales. Zenker ha comprobado la presen- cia de huevos y aún de pequeñas hembras en el pliegue ungueal de niños infectados. Se comprende entonces que por falta de aseo ó inconsciente- mente (los que tienen costumbre de chuparse los dedos durante el sueño/ pueden infectarse con suma facilidad. La infección se lleva á cabo también por las ropas sucias de otras per- sonas infectadas. De este modo el parásito puede persistir durante mucho tiempo en el intestino del huésped. El oxyuris vive comunmente en el tubo intestinal y ya hemos hablado sobre la diferente radicación de los machos y de las hembras; se les ha ob- servado con mucha frecuencia en el apéndice ileo-csecal, y parece que es PARASITOLOGÍA ANIMAL 361 esta una región muy solicitada por los machos. Heller, en un primer caso, encontró 36 machos en el apéndice; en un segundo, 19 machos y 19 hem- bras; en un tercero, 30 machos y 9 hembras y en un cuarto y último, 46 machos y 27 hembras. La via de eliminación común es la rectal; accidentalmente pueden sa- lir por la boca, como en el caso de Pomper. El parásito localízase por excepción fuera del tubo intestinal. Brera refiere haber encontrado oxyuris aglutinados en el esófago de una mujer que sucumbió víctima de una enfermedad crónica. Blanchard, los ha observado adheridos á la mucosa estomacal de un niño que murió de una cardialgía violenta. Proskaner recogió embriones en las fosas nasales de un sujeto y Michelson refiere haber encontrado gran número de huevos en un eczema localizado en el surco génito-crural de un joven. En las mujeres, y especialmente en las niñas, los oxyuris se deslizan por el ano, y se ubican en la vulva ó ascienden por la vagina. Se les ha observado finalmente en la vejiga, explicándose estos casos por la presencia de fístulas vésico-rectales. La acción patogénica de los oxyuris no es grave, comunmente; pero son parásitos muy incómodos por el escozor anal que provocan, y que pro- bablemente es debido á las continuas adherencias efectuadas en la mucosa rectal, mediante el aparato labial que poseen. Este prurito se manifiesta pocos momentos después que el paciente gana el lecho, y es determinado sin duda alguna, por el aumento de viva- cidad que los parásitos adquieren bajo la acción del calor. Los síntomas generales que producen son análogos á los que determi- nan los ascárides. Los oxyuris dan lugar, sobre todo en los niños, á manifestaciones de orden reflejo, tales como síncopes, incontinencia de orina, ataxia locomotriz, ataques epileptiformes. En el hombre y en el niño, la continua comezón del recto, provoca erecciones incómodas y dolorosas, que impulsan á los primeros al desenca- denamiento de los apetitos sexuales y á los segundos á la masturbación. Estos abusos continuos suelen dar origen á espermatorrea aguda. En las mujeres y niñas, el oxiuro da lugar, cuando se localiza en la vagina ó en la vulva, á leucorreas; y en las niñas, á deseos sexuales cons- tantes, que las llevan al onanismo ó á accesos de ninfomanía. Como tratamiento curativo aconséjase el empleo del extracto etéreo de helécho macho ó el ácido tánico, empleando dosis análogas á las que describiremos para el Ankylostoma duodenale; ó sino el calomel ó la san- tonina á dosis de 5 centigramos á darse en tres veces durante el día. Como succedáneos recétanse enemas de agua fría, salada ó acidificada 362 PARASITOLOGÍA ANIMAL con ácido acético, y compresas empapadas con una solución de ácido táni- co, que deberán aplicarse en los alrededores del ano ó de la vulva. Para calmar el prurito anal, dense inyecciones de aceite que obligan al parásito á abandonar el recto, y apliqúense pomadas mercuriales en los bordes y vecindad del ano. El tratamiento empleado debe ser acompañado con una profilaxis buena, consistente en un aseo minucioso, y debe pro- longarse durante largo tiempo para garantizar el exterminio completo de los oxiuros. El Oxyuris vermicularis ha sido encontrado además en el mono, y en cuanto á su ubicación geográfica, hállase sumamente extendido. Se le ha observado en todos los continentes, y es el más común de los vermes que infectan á los anglos-sajones. En nuestro pais y en la República Oriental es bastante frecuente. PARASITOLOGIA ANIMAL 363 FAMILIA DE LOS STRONGILÍDEOS Esta familia comprende numerosas especies cuyos caracteres son su- ministrados en mayoría por el macho. Son vermes de cuerpo cilindróideo, raras veces filiforme: poseen boca provista de seis papilas ó dientes quitinosos, que puede estar situada en el eje del cuerpo, en la cara dorsal ó en la ventral; carecen de faringe bulbosa y el esófago tiene paredes musculares muy resistentes, que albergan al- gunas veces en su cara interna crestas quitinosas. Los machos llevan en su extremidad posterior una bolsa copulatriz en forma de urna que rodea al poro genital. Esta bolsa caudal posee estruc- tura membranosa, papilas salientes en su borde libre, y está recorrida por numerosas fibras musculares que terminan en éste. Dicha bolsa susceptible de contraerse ó dilatarse, contribuye así al acto de la cópula, adhiriendo enérgicamente el extremo posterior del macho á la vulva de la hembra. El orificio vulvar varía de posición en las diferentes especies. Los Strongilídeos son ovíparos ú ovovivíparos y evolucionan comun- mente en un solo huésped. Comprenden varios géneros y numerosas especies, pero sólo nos ocuparemos de los géneros Eustrorigylus, Strongylus y Uncinaria que en- cierran parásitos que se han reconocido en la especie humana. Eustrongylus gigas.-Rudolphi, 1802 Sinonimia: Ascaris canis y martis Schranck, 1788 Ascaris visceralis Gmelin, 1789 Ascaris renalis Gmelin, 1789 Frisaría visceralis Zeder, 1800 Strongylus renalis Moquin-Tandon, 1860 Eustrongylus visceralis.. .. Raillet, 1885 etc., etc. El Eustrongylus gigas es un 'nematode de gran talla que pertenecía hasta el año 1851 al género de los Strongylus, pero que ha sido incluido, después de los trabajos de Diesing, entre los Eustrongylus, género cuyas especies se caracterizan por ser polimiarias, poseyendo los machos una sola espíenla y las hembras un tubo uterino único. 364 PARASITOLOGIA ANIMAL Los huevos que se eliminan á millares con la orina del huésped son de forma elipsoidal (fig. 198, A), de coloración negruzca, salvo en sus dos extremidades, y revestidos por una cáscara gruesa y frágil, de estruc- tura quitinosa, más densa hacia los polos. La superficie es característica pues está perforada por una serie de orificios de distintos diámetros y formas que representan las ter- minaciones de canalículos que atraviesan el vitelo sin poner á este último en comunicación con el ex- terior. La pared de dichos canalículos está formada por un replegamiento de la membrana vitelina que tapiza interiormente la cáscara del huevo. Al ser eliminado el huevo con la orina, lleva al embrión en imperfecto estado de desarrollo por cuya razón sólo pueden distinguirse, según Balbiani, dos blas- tómeras no segmentadas. Para que continúe el des- envolvimiento embrionario, es menester que el huevo vaya á parar al agua ó á terrenos húmedos y esté sometido á una temperatura propicia. En invierno exigiría una estadía de seis meses; en verano, este desarrollo es mucho más rápido. El agua no es además el mejor medio para el desenvolvimiento del embrión. Haciéndolo eclosionar artificialmente é in- troduciéndolo luego en el agua destilada, se altera rápidamente sufriendo profundas modificaciones; el medio más adecuado para su existencia son los lí- quidos albuminosos. En un medio seco no resiste y perece rápidamente. El embrión (fig. 199) presenta una forma fusiforme y mide 240 ¡i de largo por 14 p. de ancho. Su extremidad caudal es cónica. Hállase recubierto por una cutícula estriada transversalmente y posee una boca alojada en el extremo anterior que carece de las seis papilas ca- racterísticas del adulto, pero que tienen en cambio un pequeño diente per- forante movible á voluntad del animal. El esófago es cilindrico algo más ancho, sin embargo, en su porción anterior que en la posterior. En la pri- mera se notan tres dientecitos quitinosos desarrollados á espensas de la cu- tícula interna. ¿Cuál son las evoluciones de este embrión? Balbiani, creyendo que su desarrollo era directo, hizo ingerir gran nú- mero de. éstos, á perros, caballos, zorros y otros animales que albergan el E. gigas al estado adulto. Todas sus experiencias dieron resultado ne- gativo, sacando de aquí en conclusión que el Eustrongylus gigas no posee huésped intermediario. Fig. 198.-A, Huevo á.eEustrongilus gigas. B, Embrión no eclosio- nado. PARASITOLOGIA ANIMAL 365 Posteriormente Schneider y Leuckart han comprobado que algunos peces exóticos, tales como el Galaxias scriba y el Simbranchus laticaudatus encierran en sus tejidos larvas enquistadas de Eustrongylus. Estos observadores creen que dichos peces son los huéspedes interme- diarios y que la infección se produce á semejanza del B. latus, por la inges- tión de carne de pescado ahumada ó mal cocida. Parece comprobar esta opinión el hecho de que el Eustrongylus gigas se observa perfectamente en animales ictiófagos tales como la foca, la nutria, el zorrino, etc. Al estado adulto, el Eustrongylus gigas es uno de los nematodes más grandes que se conocen. Posee un cuerpo cilindrico algo aguzado hacia la extremidad ce- fálica. Está recubierto por una cutícula sumamente fina y transparente, estriada transversalmente y que lleva en los bordes marginales una serie de papilas peque- ñas dispuestas en series longitudinales. Estas papilas son bien visibles en los ejemplares conservados en alcohol. El tegumento hállase surcado por ocho líneas longitudinales de las cuales las más importantes son las dos laterales que se presentan bajo la íorma de estrechas bandas de substancia granulosa que miden 140 ¡i de ancho por 30 ¡i de espesor. Entre las líneas laterales y la media dorsal exis- ten dos sub-medianas alojándose las otras dos entre las laterales y la media ventral. Inmediatamente por debajo de ésta viene una capa subcuticular constituida por ocho campos ó ban- das musculares, cada una de las cuales posee de 20 á 24 células cilindricas ó fusiformes. Tapizando internamente la capa muscular existe una membrana serosa, que se asemeja á un peritoneo, pues reviste la cara interna de la subcuticu- lar, se insinúa entre las células musculares formando numerosos repliegues y emite finalmente dos hojas mesentéricas laterales que se desprenden al nivel de los bordes marginales para insertarse á lo largo del tubo intestinal y dividir así la cavidad general en dos porciones superior é inferior que co- munican entre sí por un pequeño número de orificios. Debemos mencionar aún la existencia de cuatro planos ántero-posterio- res de fibras musculares radiadas que se insertan en los bordes del tubo digestivo y en las líneas sub-medianas. Estos planos que hacen las veces de cuatro tabiques, dividen la cavidad del nematode en cuatro compartimentos, uno dorsal, uno ventral, y dos Fig. 199.--A, Embrión de Eustrongylns gi- gas', B, porción anterior del mismo. Según Bal- biani. 366 PARASITOLOGIA ANIMÁL laterales. Los últimos están fraccionados á su vez en otros dos por los re- pliegues mesentéricos marginales. Este parásito presenta una coloración roja sanguínea; algunos autores creen que es debida al medio en el cual se aloja y citan el caso de Cha- bert. autor que observó un Eustrongylus gigas blanquecino sumergido en en el seno de una colección purulenta/ Pero lo más probable es que pertenezca al tegumento del entozoario, pues varias veces se han visto E. gigas de color rojo alojados en la cavidad visceral^ del huésped. Según Aducco, el principio colorante es una substancia roja, análoga á la emoglobina de la sangre de los vertebrados, pero se distingue de ella por la resistencia mayor que ofrece á la acción del calor y de los reactivos. El ejemplar masculino del Eustrongylus gigas (fig. 200) mide de 14 á 35 centíme- tros de largo por 4 á 6 milímetros de an- cho. Distínguese fácilmente de la hembra por la presencia de la bolsa caudal copu- latriz. Posee un aparato excretor constituido por dos finos canalículos laterales que co- rren en la zona subcuticular. Su porción terminal no ha sido bien estudiada. El aparato digestivo es muy sencillo. Consta de una boca (fig. 201, a) cavidad cupuliforme, de luz estrecha, alojada en el extremo cefálico del nematode, y rodeada de una corona formada por seis nodulos que rematan por su extremidad libre en una papila de 12 p de largo. De estos nodulos dos corresponden á la cara dorsal, dos á las líneas laterales y los últimos á la cara ventral. La cavidad bucal tiene j2 mm de profun- didad, y en su fondo es francamente trian- gular. Hállase revestida por una membrana quitinosa en cuya superficie se insertan seis manojos de fibras musculares radiales mediante los cuales pue- de contraerse ó dilatarse á voluntad el orificio bucal. La faringe no existe y á continuación de la boca sigue un esófago (Lám. XI, 2, a), canal estre- cho y sinuoso, que describe una vuelta sobre sí mismo en la mitad de su trayecto y se ensancha progresivamente á medida que se aproxima á su Fig. 200.-Eustrongylus gigas macho de tamaño natural. Según Railliet. LAM. XI Austrongylus Gigas 1. Corte ántero-posterior del cuerpo déla hembra, a, extremidad cefálica; b, gan- glio del filete nervioso ventral; c, esófago; d, glandulillas cutáneas; e, tubo intestinal; f, folículos cutáneos; g, glandulillas hipodérmicas; h, vaso rojo lateral; i, origen del ovario; / filete nervioso proveniente de un nervio ventral; k, oviducto; l, su porción terminal; m, útero; n, vulva; o, extremidad caudal - 2. Corte del macho, a, esófago; b, intestino; c, folículos cutáneos; d, porción inicial del testículo; e, testículo; f por- ción final del canal deferente; g, espíenla - 3. Extremidad caudal de la hembra - 4. Porción inferior del macho aislada, a, intestino; b, canal deferente; c, espíenla-5. Ejem- plar masculino del E. gigas, de tamaño natural, a, cabeza; b, extremo caudal-6. Ex- tremidad cefálida aumentada mostrando las seis papilas exagonales del orificio bucal. a, una de las seis líneas longitudinales - 7. Bolsa caudal del macho, aumentada de tamaño. «, ano; b, espíenla-8. Bolsa observada con mayor aumento aún. a, espíenla; b, papila; c, orificio anal - 9. Huevos aumentados 200 veces. PRRRS/TObOGÍR RNIMRb PARASITOLOGÍA ANIMAL. 367 extremo posterior. Este se continúa con el intestino (Lám. XI, 2, b), largo conducto rectilíneo que ofrece una coloración amarillenta y una forma pris- mática cuadrangular. De sus cuatro caras la dorsal y ventral están bien desarrolladas desde la porción inicial del tubo y miden 2mm, 7 de diámetro transverso; las dos laterales muy estrechas al principio aumentan paulatinamente de diámetro ántero-inferior hasta igualar á sus congéneres. De los cuatro bordes ó aristas del prisma se desprenden las bandas musculares radiales para ir á insertarse como lo hemos visto anteriormente en las líneas sub-medianas dorsales y ventrales. El intestino termina por un ano que se abre en la extremidad caudal del verme, por un orificio circular alojado en el centro de la bolsa copulatriz. Los órganos de la generación están representados por un largo tubo que toma nacimiento en la vecindad del extremo posterior del cuerpo por un infundíbulum, d, sigue luego un trayecto ántero-posterior, rectilíneo según Blanchard, contorneado según Perroncito, describiendo una serie de vueltas al rededor del intestino hasta llegar á la altura de la porción terminal del esófago; allí cambia de dirección, se dirige hacia atrás pasando del segmento lateral izquierdo al segmento ventral de la cavidad general, y termina junto con el intestino en la cloaca sexual. (Lám. XI, 2, /). La primera parte del tubo constituye el testículo; la segunda, el canal deferente; ambos están unidos por el tejido conectivo á las paredes de la cavidad. El largo del conducto espermático es algo mayor al doble de la longitud del nematode, así en un macho de 15 centímetros, el tubo testicu- lar mide 33 centímetros. Completa el aparato genital un tubo infun- dibiliforme de 17mm de largo, alojado en el seg- mento dorsal del verme, que termina en la cloaca sexual en el mismo orificio final del canal defe- rente y del intestino, por una larga y aguzada es- pícula (fig. 201, b). La bolsa caudal, en cuyo|fondo se aloja la cloaca, es un pabellón mus- cular, comparable á primera vista con una ventosa. Es oval, siendo de sus dos diámetros mayor el transverso, y presenta en la parte media de su borde inferior y superior una profunda escotadura que la divide en cuatro seg- mentos laterales, movibles, destinados á fijar sólidamente el cuerpo de la hembra durante el acto de la cópula. El ejemplar femenino del Eustrongylus gigas posee una organización tan sencilla como la del macho. Su cuerpo es mucho más largo, de 25 á 40 Fig. 201-a, Extremidad ce- fálica en la cual pueden verse los seis nódulos que rodean el orificio bucal; extremidad caudal, mostrando la bolsa co- pulatriz de cuyo centro sale la espícula. 368 PARASITOLOGÍA ANIMAL centímetros, pudiendo alcanzar hasta un metro de longitud por 4 á 12mm de ancho. La disposición del tegumento, así como la constitución del aparato digestivo son análogas á las del ejemplar masculino, con la única diferencia que el tubo intestinal se abre en el extremo posterior del cuerpo por un ano transversal, en forma de creciente, y rodeado de papilas. Los órganos de la generación, están formados á semejanza del macho- por un tubo único, adherido al intestino por varios tractus de tejido conjmr tivo y dividido en varias porciones: ovario, útero, vagina y vulva. El ovario se inicia por un fondo de saco (Lám. XI, 1, /) situado en la proximidad del orificio anal, asciende luego hasta el extremo posterior del exófago, aloján- dose en su trayecto en los segmentos ventral y lateral derecho, inflexionase luego, siguiendo un sendero opuesto es decir póstero-anterior, se apelotona al rededor del tubo intestinal, y finalmente se dirige hacia adelante, aumenta de calibre y termina en una vasta dilatación fusiforme, m. que constituye el útero. De la extremidad anterior de éste, sale la vagina, canal estrecho y sinuoso, que poco después de su nacimiento cambia de dirección, describe una pequeña curva, adopta luego la dirección primitiva y se abre en una vulva, n, situada en la línea medio-ventral y á 5 ó 6 centímetros del extremo cefálico en un ejemplar de dimensiones medias. La hembra es ovípara. El óvulo fecundado adquiere en el útero su membrana de cubierta quitinosa. El poder reproductor del Eustrongylus es menor que el del Ascaris lumbricoides. El E. gigas vive comúnmente en el riñón, siendo sus huéspedes más frecuentes, el perro, el zorro, la marta, la foca, la nutria, el zorrino, etc. Fué observado por primera vez, en el año 1570, por Clamorgan, en la glándula renal de un lobo viejo muerto en una cacería. Desde entonces ha sido visto numerosas veces. Las lesiones anátomo-patológicas que determina son bastante graves. El parénquima renal es destruido totalmente; prodúcense frecuentemente abundantes hemorragias; á veces la destrucción es tan grande, que el riñón queda reducido á una cápsula externa que encierra en su interior una papilla purulenta ó sanguinolenta. Las paredes del basinete aumentan de espesor y se calcifican; el entozoario radicado en el interior oblitera las cavidades; la orina presenta abundante cantidad de glóbulos sanguíneos. El diagnóstico de la enfermedad no ofrece dificultad alguna. Una vez que se ha reconocido la sangre en la orina, debe hacerse el exámen micros- cópico y si se descubre la presencia de los huevos con su aspecto externo característico, se habrá encontrado la prueba patognómica de la afección. En la especie humana, el E. gigas ha sido observado varias veces. Como observación curiosa transcribiremos el caso de Aubinais: Tra- tábase de un campesino de sesenta años de edad, que principió á sentir PARASITOLOGIA ANIMAL 369 violentos y agudos dolores en la región renal derecha. Tres años de atroces é incesantes sufrimientos lo adelgazaron á tal punto, que su obesidad primi- tiva, quedó reducida á una delgadez esquelética. Seis meses antes de la muerte, podía palparse aplicando la mano sobre la pared abdominal, los mo- vimientos de ondulación producidos en el riñón derecho. El entermo decía que durante ciertos momentos sentía en el interior del órgano reptaciones bastante pronunciadas. Posteriormente sobreviniéronle escaras en la región glútea y alrede- dor de los trocanters y finalmente sucumbió sumido en el marasmo. La autopsia completa no fué permitida por los miembros de la familia, quienes autorizaron al médico á incindir únicamente la región lateral dere- cha. Efectuada la incisión y extraído el riñón veinte horas después de la muerte, púdose ver al hacer el corte de este órgano, que encerraba en su interior un Eustrongylus vivo de 43 centímetros de largo por 5 á 6 mm de ancho. Los tejidos del riñón estaban además profundamente alterados, su parénquima casi en totalidad destruido y su peso reducido [á la mitad. Accidentalmente parece que el parásito puede vivir en otros órganos, aunque las observaciones que se han hecho al respecto no son bien conclu- yentes. Según Blanchard, consérvase en la colección helmintológica de Bu- ckarest un ejemplar encontrado en la vejiga. Magueur refiere el caso de un niño de dos años que, después de fre- cuentes hematurias acompañadas de vivos dolores, expulsó por la uretra un E. gigas de 15 centímetros de longitud. En micciones posteriores arrojó va- rios fragmentos rojos del mismo verme. Camión ha relatado recientemente un caso semejante en Valparaíso. La distribución geográfica del E. gigas es bastante amplia. Rásele ob- servado en Francia, Alemania, Holanda, Italia, Rusia, Japón, Canadá, Esta- dos Unidos, Paraguay y Chile. En la República Argentina no ha sido visto aún. Eustrongylus paradoxus.-Mehlis, 1831. Sinonimia: Ascaris apri Gmelin, 1789. Strongilus elongatus Dujardin, 1845. Strongylms longevaginatus Diesing, 1851. Metastrongylus longevaginatus.. . Molin, 1860. Este parásito fué reconocido por primera vez en Klausenburg, por el Dr. Jortsits, médico austríaco que lo encontró en gran número en el pul- món de un niño de seis años muerto de una enfermedad desconocida. Posteriormente ha sido estudiado por Diesing, quien creyéndolo nue- vo asignóle la denominación de S. longevaginattis. Parasitología Animal 370 PARASITOLOGÍA ANIMAL Chatin en 1878, comunicó su existencia á la Academia de Medicina,, en una interesante nota en la cual refiere haberlo encontrado dos veces en las deposiciones de un sujeto de los Bajos Pirineos que sufría de perturba- ciones gastro-intestinales. Según Railliet trátase de un caso de pseudo para- sitismo, explicándose la presen- cia del entozoario en el tubo in- testinal por ingestión directa. Esta ingestión pudo efectuarse fácilmente, pues el sujeto de la observación comerciaba en car- nes de cerdo fresca. Al estado adulto,el Eustron- gylus paradoxus vive común- mente en los bronquios del chan- cho, del carnero y del jabalí. Su número suele ser á veces muy grande, llegando á determinar graves lesiones y á menudo la muerte por bronquitis y pneumo- nía verminosa. La localización del parásito varía, habiéndosele encontrado en los bronquios de pequeño y mediano calibre en el parénquima pulmonar, y con ma- yor rareza en las grandes divisio- nes brónquicas y en la tráquea. Los huevos abandonados por la hembra en los canalículos bronquiales afectan una forma elástica, miden de 50 á 100 p. de largo por 39 á 72 ¡i de ancho y encierran un embrión ya bien desarrollado desde el momento de la postura. Expulsados al exterior con las expectoraciones del huésped, los embriones van á la tierra, donde al secarse las mucosida- des que les envuelven, quedan en un período de vida latente. Su vita- lidad es muy grande á tal punto que pueden conservarse vivos en el agua durante meses enteros y resistir al calor así como á una sequía prolongada. Fig. 202.-A, Extremidad posterior de la hembra. B, Extremidad caudal del macho.-C, Ejemplares masculino y femenino de tamaño natural. PARASITOLOGÍA ANIMAL 371 ¿Cuales son las evoluciones que experimenta este embrión? Nada sabemos hasta el presente. Según Leuckart serían ingeridos por algún insecto ó molusco que le serviría de huésped intermediario; terminando el ciclo evolutivo cuando éste por casualidad fuera á parar al aparato diges- tivo del hombre ó de los animales que le sirven de huésped principal. Ercolani, cree, basándose en la existencia de los embriones y en las analogías que presenta con el Strongylus filaría, que la evolución es directa y se efectúa en un solo huésped. Sobre la vía elegida para llegar á los ca- nalículos bronquiales existen divergencias de opinión. Según algunos autores una vez introducido el embrión en el aparato digestivo junto con las substancias de consumo, pasa de la faringe al exófago, y, á semejanza del Rabdonema nigro- venosum, perfora dicho órgano y penetra en el pulmón. S°gún otros, el embrión es arrastrado hasta el estómago; allí atraviésalas túnicas estomacales, se abre paso á través del diafragma y llega al pulmón por su base. Una vez que ha adquirido su desarrollo completo, el Eustrongylus presenta un cuerpo cilindrico, que remata en una extremidad cefálica aguzada terminada en punta cónica. Tienen una coloración blanco-opalina, á ve- ces ligeramente obscura y están recubiertos por una densa cutícula estriada transversalmente. Existe también una estriación longitudinal que es debida á la capa muscular. Las líneas laterales están bien pronunciadas y miden 0,mm 8 de ancho. El orificio bucal hállase rodeado por seis papilas grandes y análogas. Poseen un aparato excretor que se abre en la línea media ventral á la altura del tercio anterior con el tercio medio del esófago, por un poro final. El macho mide de 15 á 17mm de largo por 0mm,55 de ancho. Tiene la extremidad caudal encorvada y en ella lleva una bolsa copulatriz bilobada (fig. 202, B), cuyos lóbulos están provistos de tres costillas, una externa sim- ple y las otras dos bifurcadas. El aparato genital está formado por un largo y flexuoso testículo que toma origen por un infundibulum á la altura del esófago y se continúa luego con el canal deferente, conducto que termina en la cloaca sexual junto con el tubo intestinal. Como órgano accesorio posee dos espículas amarillo- Fig. 203.-Filaría trachea- lis, según Rainey. 372 PARASITOLOGÍA ANIMAL doradas, filiformes y estriadas transversalmente, cuya longitud suele alcanzar á la mitad de la del parásito. La hembra mide 26 milímetros de longitud por 0,mm7 de ancho. Distín- guese fácilmente del macho porque su extremo caudal es agudo y termina por un apéndice corto y delgado, en forma de gancho (fig. 202, A). Los órganos sexuales consisten en un ovario pequeño que se continúa con un tubo uterino rectilíneo, comúnmente repleto de huevos y de alguno que otro embrión bien desarrollado. A continuación sigue una estrecha vagina, que se abre en una vulva situada en la base del apéndice caudal, por delante del orificio anal, y limitada en su borde anterior por una cresta quitinosa. No queremos terminarla descripción del Eustrongylus gigas, sin men- cionar antes la observación de Rainey y Bristowe. Estos médicos, al efec- tuar la autopsia de un sujeto que murió víctima de una afección de las extremidades inferiores, encontraron en la mucosa de la tráquea y de la laringe numerosos embriones que medían 0,mm5 en término medio. Estos embriones, designados cón el nombre de Filaría trachealis por los observadores precedentemente mencionados, carecían de estriación transversa y presentaban un extremo cefálico redondeado y una extremidad caudal muy aguzada. Cerca del vértice existía una papila que representaba probablemente el orificio anal. Strongylus subtilis Looss 1895 Nematode de pequeño tamaño; el macho está provisto de dos espículas y es largo de 4 á 5mm- por 0,mm 07 de ancho, el ejemplar femenino es más grande y mucho más común que el macho; es largo de 5 á 7mm- por 0mm,9 de ancho en el tercio posterior. Este parasito ha sido encontrado con frecuencia por Looss, en los pai- sanos de Egipto, en Alejandría y Cairo; ha sido visto también en el Japón. Vive en la extremidad superior del intestino delgado, y nunca se le ha visto en gran cantidad. Su boca está desprovista de papilas y de dientes, y su dimensión es muy pequeña, y no parece capaz de producir síntomas especiales. El huevo es oval y recubierto de una cáscara muy fina, mide 63 ¡i de largo por 41 p de ancho. PARASITOLOGÍA ANIMAL 373 Su vitelo no se segmenta antes de la postura de huevos. Su evolución es desconocida. Fig. 204.-Ejemplar masculino y femenino de Stron- gilus subtitis aumentado 50 veces, Según J. Guiart. 374 PARASITOLOGIA ANIMAL Ankylostoma duodenale.-Dubini, 1843. Sinonimia: Ancylostoma duodenale Creplin, 1845. Anchylostomun duodenale. Diesing, 1851. Strongylus quadridentatus von Siebold, 1851. Dochmius ancylostomum Molin, 1860. Uncinaria duodenalis, Railliet, 1885. etc., etc. Este peligroso nematode, causante de una anemia perniciosa que ha producido numerosas víctimas, especialmente en la península itálica, fué des- cubierto, en 1838, por Dubini, en el intestino de una campesina muerta en el hospital de Milán. Posteriormente ha sido observado infinidad de veces, adquiriendo en ciertas regiones (obreros del monte San Gotardo) los caracteres de una ver- dadera endemia. El mismo Dubini lo encontró en el 20 °/o de las autopsias efectuadas. Hállasele al estado adulto en la porción del intestino delgado correspon- diente al duodeno y á los dos tercios superiores del yeyuno. El ejemplar masculino del Ankylostoma ditodenale posee el cuerpo de color rosado, variando la intensidad de la coloración según la cantidad de sangre absorbida por el aparato digestivo. Este carácter, así como su for- ma que es cilindrica, le son comunes con la hembra. Mide de 6 á 12mm de largo por 0,mm4 á 0,mm5 de ancho. Hacia adelante estrecha gradualmente su diámetro transverso para terminar en una extremidad cefálica roma; hacia atrás se dilata en una amplia bolsa copulatriz (Lám. XII, 2 y 6) presentan- do la particularidad de tener el cuerpo ligeramente arqueado, y ambos ex- tremos vueltos hacia la cara dorsal. Hállase recubierto por una cutícula transparente, delicadamente es- triada al través, pero no en totalidad, pues las estrías faltan en un pequeño espacio semilunar alojado por detrás del borde dorsal de la boca (fig. 206). Su espesor aumenta paulatinamente desde la extremidad cefálica á la caudal, adquiriendo en ésta su máximum de densidad. El revestimiento tegumentario, que mide 25 á 40 ¡j. de espesor en su parte media, envuelve toda la superficie del cuerpo, salvo el vértice de los dos dientes que la cápsula bucal lleva en su borde dorsal (fig. 206, c). Posee además un cierto número de papilas, de las cuales las más importantes son las que revisten la bolsa copulatriz; una pequeña papila (fig. 205, t) que proemine en la raiz de cada costilla ventral y dos muy volu- minosas alojadas á ambos lados del esófago y al nivel de su porción me- dia. Estas papilas representarían un rudimento de órganos de los sentidos, PARASITOLOGIA ANIMAL 375 opinión que Bugnión confirma por el hecho de haber observado en cada una de las últimas la terminación de un filete ner- vioso. Según Blanchard, deben considerarse como dependencias del tegumento las glándulas cer- vicales (fig. 205, i, k) ó cuerpos fusiformes de Dubini (Lám. XII, 2, e) glándulas unicelulares, fusiformes, que miden de 2 á 3 milímetros de lar- go y se extienden á ambos lados del esófago. Presentan sus porciones posteriores iguales, pero el canal excretor de la izquierda tiene mayor longitud que el de la derecha. Ambos se abren en un poro excretor situado en la línea media ventral (fig. 205, d) por detrás del ganglio esofá- gico, al nivel de la unión del tercio anterior con el tercio medio del esófago. Debajo de la cutícula existe la epidermis y lue- go la capa muscular que se puede distribuir en dos planos. En el primero obsérvanse ocho filas musculares longitudinales constituidas por células romboidales, provistas de membranas anhistas de envoltura. En el segundo un sistema doble de fibras transversas distribuidas en toda la exten- sión del cuerpo y repartidas en las caras dorsal y ventral. Estas fibras se insertan por uno de sus extremos en una de las líneas laterales para di- rigirse luego á la del lado opuesto. Las cuatro líneas longitudinales se destacan netamente en la superficie del cuerpo, siendo las más desarrolladas las laterales. Todos están for- mados por unasubs- tancia granulosa en cuyo seno hállanse diseminados nú- cleos difícilmente perceptibles.1! El sistema nervio- so no ha sido bien estudiado. Consta de un collar que se puede ver fácilmen- te por delante de la Fig 205.-Ejemplar masculino del An\ylostoma duodenale auméntalo de tama- So a cápsula bucal; b, esófago; c, collar esofágico; d, poro escretor; e extre- mida'd posterior del'esófago; f, cutícula; g, capa muscular; h, porción inicial del intestino- i glándula cervical derecha: k, glándula cervical izquierda; l, canal excretor de la misma; wi, tubo intestinal; w, testículo; o, infundíbulo testicular- p vesícula seminal; q, canal eyaculadorp-, extremidad anterior do las espíenlas; s, espíenlas; t, papila lateral; w,' papila anal; v, apéndice qui- tinoso alojado por detrás de las glándulas anales; w, tronco de la segunda, tercera y enana costillas laterales; x, costilla anterior izquierda; y, costilla anterior derecha; a, tercera costilla lateral derecha.-Según Schulthess. 376 PARASITOLOGIA ANIMAL porción media del esófago, del cual parten filetes nerviosos que se distribu- yen en diferentes sentidos. El aparato excretor compónese de dos finos canales, de 13 ¡i de diá- metro, de paredes quitinosas resistentes, que se inflexionan al nivel de la faringe, se dirigen hacia la cara ventral y se anastomosan para formar un canal único, que corre durante un corto trayecto para abrirse en el poro excretor. El aparato digestivo consta de boca, esófago, intestino y recto, siendo la primera la más interesante por su organización especial. La boca consta de dos partes: la cápsula bucal y los dientes quiti- nosos. La cápsula tiene forma ovoidea; mide 0,mm 1 de longitud, y está forma- da por una serie de láminas de quitina superpuestas unas sobre otras. Su eje es casi perpendicular al diámetro longitudinal del cuerpo, ha- ciendo por consiguiente con la porción restante del nematode, casi un án- gulo recto. Disminuye de diámetro transverso á medida que se aproxima al esófa- go á tal punto que de 70 ¡i que posee en su extremo anterior desciende á 35 ¡i en el sitio de confluencia con dicho órgano. Para su estudio, consideremos la superficie externa y la interna, y en la primera las caras dorsal y ventral. La cara dorsal de la cápsula es plana y más pequeña que la ventral. Presenta en su parte media una hendidura longitudinal (fig. 206 r), en forma de ángulo agudo, que se halla recubierta por una lámina quitinosa triangular (fig. 206, e); esta lámina pasa de un borde á otro de la fisura á manera de un puente. Por delante del vértice del ángulo fisural se extien- de una región que carece de estriación transversal y que lleva en su borde anterior una profunda escotadura (fig. 206 d) á cuyos lados emergen dos pequeños dientes cónicos, c. La cara ventral es abombada y no presenta solución de continuidad. En su borde anterior lleva seis hendiduras que la dividen en cinco lóbulos, uno medio ventral y cuatro laterales dispuestos simétricamente. De los dos pares de lóbulos laterales parten cuatro piezas quitinosas que sostienen cada una de ellas un diente ganchoso, cuyo vértice se dirige hacia el interior de la cápsula. Los dos internos, a, son más pequeños que los externos b, y se hallan unidos por una tenue membrana de quitina, h. La superficie interna de la cápsula está surcada por estrías oblicua- mente dirigidas de adelante atrás. Posee dos orificios tallados á bisel á expensas de la cara dorsal, el anterior que comunica con el exterior y que constituye orificio bucal propiamente dicho, grande y limitado por un rígido labio quitinoso; el posterior en comunicación con el esófago, oval y pe- queño. PARASITOLOGIA ANIMAL 377 En la parte profunda de la superficie interna obsérvase además dos láminas cortantes, que presentan cierta analogía con los dientes de una sierra y que han sido denominadas por Bug- nion láminas faríngeas. Estos órganos secundan probablemente á los dientes y contribuyen á desgarrar la mu- cosa intestinal del huésped. En el borde de la cápsula se abren los orificios terminales de las glándulas cefálicas. (Lám. XII, 2 a) descubiertas por Leuckart, y consideradas por algunos autores como glán- dulas salivales. Son más largas que los cuerpos fusiformes y están constituidas como éstos por una substancia granulosa limitada exter- namente por una membrana trasparente y anhista. Según Leuckart, los canales excre- tores de dichas glándulas 'terminan en la su- perficie externa de la cápsula, próximo al bor- de labial; según Schulthess, se abren en la su- perficie interna al nivel del diente externo. A continuación de la cápsula bucal sigue un esófago (fig. 205, 5) cilindrico y ensancha- do posteriormente. Su longitud varía de la dé- cima á la quinta parte del largo total del ne- matode. Hállase recubierto interiormente por una capa quitinosa cuya disposición es tal que la luz del canal varía de forma en sus diversas partes. En la porción inicial afecta una forma triangular (fig. 207 A) después de cierto trayecto se asemeja á una estrella de tres picos, conservando este aspecto hasta la porción terminal del tubo esofágico (fig. 207, B y C). Obsérvese que en estos picos estelares existen proeminencias y nu- dosidades más ó menos salientes que pertenecen á crestas que surcan lon- gitudinalmente el esófago y destinadas á dar insersión á los músculos longi- tudinales y radiales motores del órgano. Sigue al esófago un tubo intestinal (fig. 205, h, m) rectilíneo y amplio, cuya forma varía en sus diferentes porciones, pero cuya luz adquiere en su extremo posterior el aspecto de una fisura transversal. En el punto de confluencia de estos dos órganos existe una válvula trilobular que se abre de adelante á atrás impidiendo la regurgitación de las substancias alimenticias. El intestino está limitado exteriormente por una membrana transparen- PARASITOLOGIA ANIMAL 378 te y anhista que encierra en su interior ^granulaciones amarillo-obscuras. El recto representa la porción final del aparato digestivo; es corto y se abre junto con los órganos genitales en la cloaca sexual situada en el fondo de la bursa copulatrix. En esta misma cloaca terminan los canales excre- tores de las glándulas anales. Los órganos de la generación están constituidos por testículo, vesícu- la seminal, canal eyaculador y como accesorios, espíenlas. El tubo testicular (fig. 205, n) es filiforme; mide llmm en un ejem- plar de 7mm y2 de largo, y consta de dos porciones: la primera ascendente, algo flexuosa, infundibuliforme, pues principia por un fondo de saco, o, situado por de- trás de la vesícula seminal; la segunda descendente, si- nuosa y que se abre en ésta última; ambos canales pueden verse fácilmente en los ejemplares jóvenes, pero en los adultos á veces es imposible reconocerlos, debido al gran nú- mero de circunvoluciones que describen (lám. XII, 2, /.) La vesícula seminal, p, tiene forma redondeada ó fusiforme, mide lmm 1/2 de longitud y sirve de depósito para el almacenaje de los espermatozoi- des que afectan forma de bastoncitos y alcanzan á 10 p. El canal eyaculador, q, parte del extremo posterior de la vesícula y se abre en la cloaca sexual. Según Leuckart, dicho canal no se halla en co- municación directa, sino que lo hace mediante un canalículo en forma de S. Tiene forma claviforme y se halla unido en su extremo posterior á las paredes del cuerpo mediante una serie de fibras musculares. Como órganos accesorios se encuentran las espículas ffig. 205 s y 208 p} apéndices filiformes aguzados en el vértice y estriados transversal- mente en su superficie. Hállanse alojados en ei interior de las vainas es- piculares (fig. 208 gp} situadas en la cara dorsal y a ambos lados del tubo intestinal. Estas vainas están constituidas por un tejido granuloso y se ex- tienden por delante hasta la vesícula seminal. Finalmente, llegamos á la bursa copíilatrix, especie de pabellón for- mado por un repliegue cutáneo, y dividido por escotaduras superficiales en los cuatro lóbulos siguientes: uno ventral, uno dorsal más pequeño, (fig. 208, /) y dos grandes laterales (fig. 208, gj. Los lóbulos bursátiles están surcados por once costillas; una dorsal impar y cinco pares laterales. La costilla dorsal y media (fig. 208, cp) se bifurca en su extremo libre en dos ramas á su vez trifurcadas. De la base de esta costilla y del seno de la armazón quitinosa que la sostiene emerge un « »» kJ Fig. 188. -Cortes del esófago. A, efectuado al nivel de la cápsula bucal; B, á la altura de las papilas; C, en su porción posterior según Schulthess. LAM. XII Ankylostoma Duodenal 1. Ejemplar femenino anmentado 80 veces. «, boca; 5, esófago; c, cuerpos fusifor- mes; e, útero anterior; f intestino; g, vulva; h, huevos; i, ano; j, porción terminal del útero; k, glándulas cefálicas-2. Ejemplar masculino aumentado 80 veces, a, glándu- las salivares; b, porción inicial del testículo; c, intestino; e, cuerpos fusiformes; f, tu- bo espermático ó testicular; g, vesícula seminal; h, canal eyaculador; i, bolsa copula- triz; k, espíenlas; l, cloaca sexual - 3. Esplanología parcial de la hembra., a, boca; b, esófago; c, cuerpos fusiformes-4. Orificio anal visto de perfil-5. Hembra de tama- ido natural-6. Macho-7. Fragmento caudal de la hembra en el cual se puede ver la cutícula recorrida por 4 hacecillos fibrosos. PBRBSITOLORÍR BNlim E. Perroncito. PARASITOLOGÍA ANIMAL 379 primer par de costillas laterales c1, que se dirige hacia la extremidad poste- rior de los lóbulos laterales. Recorren dichos lóbulos además, tres pares de costillas laterales (segunda, tercera y cuarta) c2, c3. c4; emitiendo el tronco de esta triple costilla, una quinta lateral ó costilla ventral (fig. 208, caj profun- damente escotada en sEextremo posterior y que termina al nivel de la hen- didura que separa los lóbulos laterales del ventral. El ejemplar femenino del Ankylosloma duodenale (Lám. XII, 5) adquie- re dimensiones mayores que el macho; mide comunmente de 7 á 15,mi2de lar- go por 1 mm en su parte más ancha. Tiene forma cilindrica; su "extremi- dad cefálica es análoga á la del ejem- plar masculino; en cambio, la caudal, se aguza y termina por una punta có- nica. Su cutícula es más densa, alcanzan- do de 40 á 45 ¡i de espesor, y de la doble hoja cuticular, la externa se de- tiene antes de llegar á la extremidad posterior, estando por consiguiente di- cha región tapizada por la lámina in- terna. El aparato excretor y el sistema nervioso son idénticos. El aparato di- gestivo presenta muy pocas variantes. Las glándulas cefálicas (Lám. XII. 1, ti) están bien desarrolladas y se ex- tienden hasta el orificio vulvar. El intestino aloja en su interior una substancia llena de granulaciones ama- rillo-pardas más oscuras que en el ma- cho. El recto es corto; iniciase por una vasta dilatación fusiforme. (Lám. XII, 1); y continúa luego por un estrecho conducto que se abre en el ano P si- tuado en la línea medio ventral á pe- queña distancia del vértice caudal. Los órganos de la generación cons- tan de ovarios, úteros, vagina y vulva. Los ovarios son dos largos tubos, cinco veces más largos que el nematode; describen numerosas sinuosidades, á tal punto que es difícil seguir su trayecto en un ejemplar adulto. Fig. 208.-Bursa copulatrix del macho. a, cutícula; b, capa muscular; c, tronco de la costilla dorsal y de las dos primeras costillas laterales; ea, costilla anterior ó ventral; cp, costilla posterior ó dorsal; el, primera costilla lateral; c2, segunda costi- lla lateral; c3, tercera; c4, cuarta;/, lóbulo ventral de la bursa; g, borde del lóbulo lateral izrquiedo; gp, vaina de la espícula; p, espícula; r, recto; si, línea lateral. 380 PARASITOLOGIA ANIMAL La glándula ovánca anterior toma nacimiento por un infundíbulo (fig. 209, p\ al nivel de la porción terminal del esófago; se di- rige luego de adelante á atrás, describiendo numerosas circunvoluciones, se contornea en la vecindad del recto, d, adquiriendo una dirección póstero-anterior hasta lle- gar á la altura de la porción inicial del intestino; inflexio- nase entonces, z, hacia la cara ventral y se abre en un útero anterior, k. El ovario posterior toma origen por un fondo de saco n, situado cerca del infundíbulo ovárico anterior. Su tra- yecto es sinuoso como el del precedente, presentando dos inflexiones; la primera, m, al nivel de la parte me- dia del inrestino; la segunda, Z, cerca de su nacimiento. Se continúa en la vecindad del ano con el útero posterior, k. Los dos tubos uterinos son anchos y rectilíneos; ca- recen de paredes musculosas salvo en su extremidad final en donde se observa una doble capa de fibras muscula- res diagonales.'Hállanse tapizados interiormente por gran- des células epiteliales análogas á las del intestino y están llenos de óvulos mezclados con los espermatozoides que el macho ha abandonado durante el acto de la cópula. Fusiónanse al nivel de la unión del tercio medio con el tercio posterior del cuerpo, dando lugar á una vagina corta y estrecha,/, provista de una capa muscular única y revestida internamente por una densa cutícula. Final- mente el canal vaginal se abre en el orificio vulvar, si- tuado en la línea medio-ventral. La cópula se efectúa en el intestino del huésped. El macho aplica su bursa copulatris de modo tal que envuel- va la vulva. Adherido enérgicamente á dicha región, sus espíenlas penetran en la vagina y la dilatan ampliamente; los esparmatozoides pasan de la cloaca sexual á la vagi- na, y luego á los úteros, mezclándose en el interior de estos tubos con los óvulos provenientes de los ovarios. La fecundación se lleva á cabo en la primera parte del canal uterino. El tiempo que el macho permanece adherido á la hem- bra parece ser de varios días, pues la observación de úte- ros de hembras acopladas ha revelado la presencia de huevos segmentados. Los huevos (fig. 210) tienen forma ovalada y miden de 55 á 65 ¡i de largo por 32 á 43 ¡i de ancho. Elállanse Fig. 209.-Esque- ma de los órganos sexuales del ejem- plar femenino^ a, boca; b, esófago; c, intestino; d, punto de reflexión del ova- rio anterior; e, ano; f, vulva y vagina; g, útero posterior; k, útero anterior; z, continuación del tu- bo ovárico anterior con el útero corres- pondiente; k, conti- nuación del ovario posterior con su res- pectivo útero; l, m, reflexiones del ova- rio posterior; n, fon- do de saco del mis- mo;/>,fondo desaco del ovario anterior. Según Schulthess. PARASITOLOGÍA ANIMAL 381 recubiertos por una delgada membrana, traslucida y muy resistente. El vitelo nutritivo está representado en un principio por una ó dos cé- lulas netamente nucleadas. La segmentación se inicia en el tubo genital de la hembra, prosigue en el intestino delhuésped y ter- mina en el medio exterior después que los huevos han sido eliminados con las materias fecales' del huésped. El huevo se desarrolla preferentemente en la tierra húmeda, y el tiempo que emplea para la formación del embrión varía, dependiendo de la temperatura, del medio en el cual evoluciona, etc. En igualdad de condiciones unos se desarrollan más pronto que otros, podiendo observarse fácil- mente en un cultivo, embriones libres y huevos en diferentes períodos de segmentación. La temperatura más favorable es de 20 á 25 grados. Con temperaturas de 12 y 15° el embrión se desarrolla, pero más lentamente- Una vez que el vitelo ha adquirido el estado de mórula, prodúcese en uno de sus lados una hendidura (fig. 210), que adquiere paulatinamente mayor nitidez y curvadura. Dibújase entonces el embrión con forma análoga á la que tendrá después de abandonar el huevo. No permanece inmóvil; por el contrario, afecta las posi- ciones más variadas, moviéndose continuamente en el inte- rior de la cáscara. Estos movimientos se acentúan cada vez más; hasta que al fin merced á la presión que el animal hace con la cabeza, rompe la membrana de cubierta y sale por una fisura situada lateralmente y en la vecindad de uno de los polos. El embrión insinúa su cabeza y luego el cuerpo por la hendidura formada (fig. 211); la extremidad cefálica se agita enérgicamente oscilando como un péndulo, y se separa por completo de la cáscara que lo aprisionaba, al cabo de cuarenta minntos. Cinco minutos más tarde la cola se desa- rrolla (fig. 212), y entonces se presenta con los caracteres siguientes: Mide 0,mm2 de largo por 14 p de ancho. Presenta un cuerpo cilindrico aguzado en ambas extremidades (fig. 212), pero mucho más en la caudal; la cabeza es trilobular; la boca tiene 12 p de longitud y comunica con una faringe fuertemente membranosa, que principia por una vasta dilatación esofágica de 12 p de largo por 10 p de ancho y provista in- ternamente de tres dientes quitinosos. El intestino afecta al principio una ig. 210.-Huevos de An- kylostoma duodenale en diferentes grados de de- sarrollo. Fig.211-Eclo- sión embriona- ria. El embrión ha abierto una hendidura en la vecindad del po- lo, y emerge por ella, pero no ha eclosión ado completamente. 382 PARASITOLOGÍA ANIMAL forma en zig-zag, pero á medida que el embrión crece, se endereza, que- dando completamente recto una vez que ha adquirido cierto grado de des- arrollo. Termina en el nacimiento de la cola por un orificio anal situado en una pequeña papila lateral. Los órganos genitales están representados por un corpúsculo ovoideo de 4 áó ¡j. de diámetro, alojado en el borde de la porción media del intestino. Su crecimiento, rápido en un principio, se hace más lento á medida que se aproxima al enquistamiento. En cambio sus movimientos se acentúan en razón inversa, á tal punto que después de cinco ó seis días de la eclosión se le ve serpentear activa- mente en el campo del microscopio. Aliméntase de substancias orgánicas, de hembras muertas y de huevos que no se han desarrollado. Durante su crecimiento sufre varias modifica- ciones; primeramente pierde la extremidad aguda de la cola; luego la faringe y el esófago cambian de forma, adquiriendo una estructura granulosa; el corpúsculo genital aumenta de tamaño; aparecen dos papilas en el tegumen- to, situada cada una de ellas á la altura del borde lateral del esófago; el tubo intestinal se hace rectilíneo, y el bulbo esofágico pierde sus dientes quitinosos. Al cabo de siete ú ocho días, el embrión llega al máxi- mum de crecimiento (0,56mm); desde entonces el tegumento principia á segregar una sustancia quitinosa transparente, que envuelve al embrión y le forma una cápsula en el in- terior de la cual puede moverse fácilmente. Dicha cubierta se impregna más adelante de sales cal- cáreas y adquiere una rigidez manifiesta (fig. 213). Una vez enquistado, la boca sufre modificaciones que lo aproximan al Ankylostoma adulto, apareciendo los ganchos rudimentarios bajo la forma de pequeños puntos brillantes. El enquistamiento comunícale mayor resistencia, pudien- en dicho estado permanecer varios meses en el agua y más de un día en un medio seco sin perder su vitalidad. Según Perroncito, éste sería el grado último del desenvol- vimiento del embrión fuera del organismo, y afirma que la formación de la causa quística es un fenómeno perfecta- mente normal, análogo al enquistamiento de los vermes mi- gradores, y que tiene por objeto proteger al embrión de los agentes externos y asegurar su vida durante el período de vida libre que pasa antes de encontrar el huésped principal. El Ankylostoma duedonale evoluciona en un solo huésped: el hombre. La manera como se produce la infección se discute aún. Se creyó en los primeros tiempos que el medio que transportaba los embriones al aparato Fig. 212.-Em- brión eclosiona- do. PARASITOLOGÍA ANIMAL 383 digestivo del hombre era el agua, y que la infección podía producirse también mediante el barro, al ser llevado á la boca por las mano, como suce- de en ciertas clases de obreros, tales como los operarios que trabajan en hornos de ladrillos; mediante las hortalizas y frutas que se ingieren crudas y pueden llevar adheridos embriones que le han sido traídos por el polvo ó por el agua de riego, etc. Actualmente, basándase en el hecho de que el mejor caldo de cultura para el huevo son las mismas materias fecales, créese que la infección se produce mediante alimentos que han sido contaminados por descuido con substancias excrementicias. Una vez que la larva llega al intestino, se detiene en el duodeno y en'las dos primeras porciones del yeyuno. Nueve ó diez días después, sufre una muda, adquiriendo el esófago su defini- tiva estructura y apareciendo la cápsula bucal; tres ó cuatro más tarde vuelve á mudar, produciéndose la diferenciación de sexos á la tercera muda. Con la cápsula ganchosa se adhiere tan enérgicamente á la mucosa intestinal que fraccionado con los dedos el nematode se rompe antes que desprenderse. Además de la manera habitual de intro- ducción de las larvas por el agua y vía esto- macal Loos ha comprobado que pueden pe- netrar á través de la epidermis y llegar por vía linfática ó sanguínea al intestino. Los experimentos de Loos se han efectuado con monos y perros, principalmente con el an- quilostoma caninum de la manera siguiente: después de afeitar una región se aplican las larvas sobre la epidermis y al poco tiempo se puede constatar que han abier- to camino hasta los folículos pilisos ha- biendo dejado sUj vaina en la epidermis, siguen camino hasta llegar al tejido sub- dérmico;juna vez] allí penetran en un vaso linfático ó venoso y pueden seguir dos vías distintas: unas que han penetra- do á un vaso venoso van al corazón derecho, de allí al pulmón, en el pul- món llegan hasta los bronquios y capilares bronquiales, salen entonces de Fig.213.-Embrión enquistado de Anlokystoma duodenale. 384 PARASITOLOGÍA ANIMAL los vasos por ruptura ó espontáneamente á través de sus paredes y se alojan sobre la mucosa bronquial y allí activamente se trasladan hasta la traquea y laringe: en este último sitio esperan un momento oportuno para penetrar en el esófago y ser arrastrados con los alimentos hasta el intestino. Las lar- vas que han penetrado á los vasos linfáticos son llevadas por la linfa hasta los ganglios linfáticos más próximos donde algunos se estancan y los que siguen camino llegan á la corriente sanguínea para empezar entonces la misma peregrinación que las anteriores. Desde la penetración en la epidermis hasta su aparición en el intestino trascurren unas siete á diez semanas. En el hombre la penetración en la piel de las larvas produce una hin- chazón del tejido subdérmico acompañado de rubefacción y escozor. Algunas larvas provocan bajo la piel hinchazones formadas por gan- glios linfáticos aumentados de volumen y que contienen larvas lo que cau- sa en los trópicos una alteración especial de las plantas de los pies cono- cida bajo el nombre de ground-üch por los ingleses. El Ankilostoma puede ubicarse en otras regiones del organismo. Du- bini v Baümber lo han observado con frecuencia en el ileón. El número de machos y de hembras albergadas en el intestino varía, pero siempre los pri- merosAe hallan en menor cantidad que los segundos, hecho que se explica por la mayor resistencia de estos. Según Parona, los machos resisten más que las hembras á la acción de los antihelmínticos, apareciendo aquellos recién en las últimas deposi- ciones. Leichtenstern, observando las deposiciones de un sujeto que padecía de Ankylostomiasis y que había sido sometido á tratamiento vermífugo encontró: que el número total de ankylostomas eliminados era de 38 ma- chos y 31 hembras. En la primera deyección hallábanse 10 machos y 124 hembras; en la segunda 28 y 7 respectivamente. La longevidad del parásito es discutida. Schulthess cree que es de ocho meses en término medio; Leichtenstern le asigna un periodo algo mayor. Sin embargo la enfermedad puede persistir durante mucho tiempo debido á infecciones repetidas. Grassi, Parona y Perroncito han tenido ocasión de observar sujetos ankylostomiáticos de dos, cuatro, cinco y más años. La patología de la enfermedad es grave. Adherido el nematode á las vellosidades «intestinales, extrae la sangre de los vasos capilares, determi- nando una serie de sangrías, que aunque infinitamente pequeñas, producidas continuamente y por gran número de ankylostomas, acaban por determinar una profunda anemia. Cuando Jos parásitos son pocos, la pérdida de sangre se compensa fá- PARASITOLOGÍA ANIMAL. 385 cilmente con la reparación suministrada por las substancias alimenticias; pero cuando su número aumenta (hasta 3000 y más), y cuando el sujeto, debido al medio de vida, está sometido á causas prolongadas de infección, manifiéstase una grave enfermedad que ha sido designada con el nombre de ankylostomiasis, clorosis egipcia, caquexia acuosa, tun-tun, etc. Küchenmeister y Zürn dividen la ankylostomiasis en dos grados, se- gún la intensidad de los síntomas. Pero, como dice muy bien el Dr. Güiraldes, esta división es dema- siado teórica, pues se observan ankylostomiáticos en todas las graduaciones posibles, desde el aparentemente sano hasta el caquéctico extremo que muere sumido en el marasmo. La sintomatoiogía de la enfermedad es la siguiente: El color de la piel del paciente adquiere una palidez cadavérica, á ve- ces con ligero tinte verdoso. Las mucosas anemiadas pierden su colora- ción rosada. El examen de la sangre revela una disminución considerable en gló- bulos rojos y hemoglobina. El apetito experimenta bruscas modificaciones variando desde la vo- racidad hasta la inapetencia absoluta. Hay constipación y a veces diarrea invencibles. No es raro observar también formas de depravación del gusto. Las depo iciones son líquidas, impregnadas de sangre gelatinosa de color oscuro y olor sui generis. Por parte del sistema nervioso manifiéstanse vértigos, náuseas, cefa- lalgia y zumbido de oidos. Prodúcese enflaquecimiento en el último período, acompañado de edemas en los párpados, en las extremidades inferiores, etc. Los ruidos cardiacos sufren perturbaciones que pueden hacer creer en lesiones valvulares. En los casos fatales manifiéstanse hidropesías pleu- rales y del pericardio. Según Susana y Crisafulli, la anemia de los mineros no solamente se explica por las continuas succiones que los ankylostomas llevan á cabo en el intestino del huésped, sino también por una auto-intoxicación produ- cida por la absorción de substancias venenosas segregadas por el verme. Dichos autores se fundan, para hacer esta aseveración, en el hecho de que la orina de los ankylostomiáticos, así como el extracto hidro-alcohó- lico de cuerpos de ankylostomas, inyectado á conejos, determina en estos animales todos los síntomas de la ankilostomiasis. El diagnóstico se basa en el examen microscópico de las materias fecales. La presencia de los huevos en las deposiciones es la prueba pa- tognómica de la enfermedad. Además, por el número encontrado se pue- de conjeturar la gravedad de la afección. En un caso fatal observado por Grassi y Parona, encontrábanse cerca Parasitología Animal 386 PARASITOLOGIA ANIMAL de 180 huevos por centigramo de materias fecales. Dichos autores efectua- ron la autopsia del sujeto y pudieron observar en el intestino cerca de 1000 ankylostomas vivos en diferentes períodos de desarrollo. De aquí dedujeron que los huevos observados por centigramo de ma- teria diarréica correspondían á la quinta parte de número los ankylosto- mas albergados en el intestino. Las medidas profilácticas son sencillas y se desprenden de lo dicho anteriormente. Ante todo, debemos dirigir nuestra atención á la destruc- ción de las materias fecales. En efecto, siendo éstas las encargadas de di- fundir los huevos, su destrucción acarreará consigo la destrucción del ne- matode. Por dicha razón se aconseja recoger en cubos las deposiciones de los obreros, someterlas luego á una temperatura que no baje de 50° ó sino tratarlas por antisépticos enérgicos, siendo el preferido una solución de ácido fénico al dos por ciento. Con semejantes procedimientos tanto los huevos como los embriones y adultos mueren en poco tiempo. En las regiones en donde la anemia es endémica no debe hacerse uso de agua que no esté filtrada ó hervida; los mineros, ladrilleros, cul- tivadores de arroz deben poner especial cuidado en el aseo de las ma- nos, evitando de llevar ningún alimento á la boca siempre que estén su- cias con barro; las frutas y verduras que se coman crudas serán lavadas con prolijidad para separar los embriones calcificados que podrán acom- pañarlos. El ejemplo de las minas de Schemnitz, en donde la ankylostomiasis era endémica, nos muestra el valioso concurso que aportan las medidas profilácticas bien ejecutadas. Con estas medidas que extraemos de la Zoo- logía de Blanchard logróse extinguir la enfermedad desde el año 1881: «En las galerías donde las aguas de infiltración eran abundantes y llegaban á constituir charcos, excavóse un canal subterráneo de dos me- tros de profundidad, que presentaba de trecho en trecho orificios cubier- tos por placas movedizas en los cuales los obreros, so pena de multa, de- bían deponer sus materias fecales. Los canales de las diversas galerías ter- minan en un canal colector que corre por el flanco de la montaña, sale á flor de tierra y vierte su contenido en un río cercano. De este modo lo- gróse extinguir las causas de infección, desapareciendo por completo la ane- mia de los mineros.» Como tratamiento curativo hánse aconsejado diversas substancias de las cuales las que han dado mejor resultado son el extracto etéreo de helé- cho macho, el timol, la doliarina y el ácido fénico. El extracto etéreo de helécho macho debe emplearse en dosis de 5 á 30 gramos. Las altas dosis se administran á sujetos no debilitados en los cuales se quiere hacer exuplsar de una vez todos los parásitos. Parona PARASITOLOGÍA ANIMAL 387 aconseja, para los débiles y anémicos, pequeñas dosis de dos gramos diarios. El timol, introducido por Bezzolo en la terapéutica de la ankylosto- miasis, se administra en papeles de dos gramos, á tomar cinco en el día. La doliarina, principio cristalizable extraído del jugo lechoso del ficus doliarum, parece haber dado resultados favorables y es muy empleada en el Brasil. En este mismo país se emplea con éxito el látex del Carica dodecaphilla vulgarmente dénomiñado jacotia. La distribución geográfica del ankylostoma duodenale es sumamente extensa. En Europa abunda mucho y ha sido el causante de endemias gravísi- mas. Italia es el foco. La famosa anemia de los mineros que diezmó los obreros del San Gotardo, fué producida por este nematode. Igual origen tienen las anemias de los cultivadores de arroz, de los ladrilleros, de los operarios de solfataras, etc. El parásito es más frecuente en el norte, y abundaba ya en la época de Dubini, pues este observador lo encontró en el 20 por 100 de las autopsias efectuadas. En España ha sido encontrado por Rodríguez Mendez y en Islandia por Küchenmeister. En Fiancia, Perroncito lo observó entre los mineros de St. Etienne. En Alemania, Leichterstern lo encontró entre los operarios de los hornos de ladrillos. En Hungría, Shillinger y Thoet entre los mineros de Kremnitz y Schemnitz. En Inglaterra no existe según Cobbold. El Africa ha sido también flagelada por la enfermedad. En el Egipto en donde se le llama Clorosis egipcia es muy común, estando la mitad de la clase menesterosa infectada. Se le ha observado también en la Costa de Oro, Sierra Leona, Alto Senegal, Abisinia. En la isla Mayota se le deno- mina hipohemia intertropical. En Asia ha sido encontrado por Day en Cochinchina; por Baelz en el Japón y en el archipiélago índico por V. Seent, especialmente entre los presidiarios que trabajan en las minas de Borneo. En América hay países en los cuales es muy frecuente. En las Antillas se le conoce con el nombre de caquexia acuosa, clorosis tropical, mal de corazón, mal de estómago de los negros. En el Brasil es más común entre los campesinos que entre los habi- tantes de la ciudad; y se le llama opilacáo y concaco. En Colombia se le conoce con el nombre de tun-tun, dándose el nombre de tuntunientos á los enfermos. Ha sido visto también en el Perú, en la parte superior del Marañón; en Bolivia entre los indíjenas de Sarrayavi, y en los Estados Unidos de Norte América. PARASITOLOGÍA ANIMAL 388 En la República Argentina el primero que lo observó fué el Doctor Güiraldes, autor que se sirvió de este caso para hacer un esmerado estudio sobre el Ankylostoma duodenale en su tesis inaugural. Tratábase de un su- jeto alemán, de 24 años de edad, agricultor que trabajó durante más de un año en una colonia del Brasil, y se sintió enfermo poco tiempo después de llegar á Buenos Aires. El individuo se infectó probablemente en la co- lonia, pues según datos que suministra parece que la ankylostomiasis es en- démica en dicha región. Posteriormente el Dr. Palma lo encontró varias veces en las deposiciones de soldados, naturales del pais, provenientes del Chaco, lo que indica que la afección se ha radicado entre nosotros. El Dr. Dessy en el 1903 observó otro caso en un sujeto proveniente de San Justo, (provincia de Buenos AiresJ, que sucumbió víctima de la anemia, y en cuyo intestino encontró varios millares de ankylostomas. El Dr. Justo Beret en su tesis inaugural (1907) describe 4 nuevos casos de Ankylostomiasis observados en el Hospital de Niños de Buenos Aires en chicos de 7 á 12 años, tres de los cuales brasileros y el cuarto ita- liano proveniente del Brasil. Gnathostoma Siamense-Levinsen, 1889 Sinonimia-. Cheiracanthus siamensis Levinsen, 1889 Este carioso parásito pertenece á un grupo de animales con los cuales muchos autores forman una familia, Gnathostoma, intermediaria por sus ca- racteres entre los Estrongylídeos y los Filarídeos; caracterízase esta familia por comprender vermes de cuerpo ci- lindrico, tapizados exteriormente por apéndices y láminas quitinosas. La extremidad cefálica es globulosa y provista de espinas, la boca posee dos labios dorso-ventrales; los machos presentan la extremidad caudal arro- llada en espiral y ahuecada en la cara abdominal; tienen papilas y dos espí- culas bien desarrolladas; las hembras son rectilíneas ó algo encorvadas; po- seen un ovario doble y un orificio vulvar situado por detrás de la línea media transversa del cuerpo. Son ovíparos y viven comunmente como parásitos en el estómago de los vertebrados. Fig. 214. - Gnathostoma Siamense. A la izquierda, hembra aumentada de tamaño; A la derecha extremidad cefálica vista de frente; A, labios bucales; B, coronas de gancho. PARASITOLOGÍA ANIMAL 389 El Gnathostoma siamense fué descubierto por el doctor Deuntzer, en Bangkok. Tratábase de una joven siamés, que presentaba en la región to- rácica derecha una débil tumefacción, que se había desarrollado en pocos días. El tumor, de coloración azulada, disminuyó poco á poco, palpándose poco tiempo después en su lugar, la existencia de nodulos hipodérmicos del tamaño de un garbanzo. De uno de ellos salió repentinamente el parásito que nos ocupa. Posteriormente el mismo médico encontró el parásito en dos enfermos, habiendo recogido de uno de ellos cinco ó seis vermes, pero ninguno fué conservado. El ejemplar descrito por Levinsen, pertenece al sexo femenino (fig. 214), mide 9 milímetros de largo por lmmde ancho. Es cilindrico y se halla recubierto por una cutícula provista de láminas quiticosas, especialmente en el tercio anterior. Estas láminas son tridentadas en su extremidad libre presentando más pronunciado el diente del medio. A medida que se apro- ximan al extremo caudal, las láminas adquieren mayor simplicidad, hasta que por último desaparecen. La extremidad cefálica posee un diámetro más pequeño que el cuerpo; y presenta dos labios (fig. 214 A), dorso-ventrales bien desarrollados y ocho hileras de ganchos pequeños, B, situados en el borde. La cola es trilobular y aloja el ano. La vulva está situada por detrás de la parte media del cuerpo. FAMILIA DE LOS TRICOTRAQUÉLIDOS Los principales caracteres de esta familia son los siguientes: el cuerpo de sus especies es largo y formado por dos porciones; una anterior filiforme y una posterior más ensanchada, en donde se hallan radicados los órganos de la generación. La extremidad cefálica termina por una boca puntiforme y desnuda y la caudal por un ano terminal. El aparato digestivo se caracte- riza por el gran desarrollo del esófago que ocupa casi toda la región ante- rior del verme. Los machos carecen de espíenlas ó poseen una sola bien desarrollada, alojada en una vaina quitinosa susceptible de invertirse en dedo de guante durante el acto de la cópula. Las hembras adquieren mayor longitud, tienen un ovario único y el orificio vulvar situado hacia la unión de la porción filiforme con la porción ensanchada del cuerpo. Son ovíparos ú ovovivíparos, teniendo los huevos una forma ovalada, 390 PARASITOLOGIA ANIMAL una membrana de cubierta densa, oscura y resistente y en cada polo un abultamiento constituido por un tapón albuminoso que obtura un orificio co- rrespondiente. El desenvolvimiento embrionario se lleva á cabo en el agua ó en la tierra y tarda más ó menos tiempo. No sufren metafórmosis, ni mu- das, y se desarrollan en un solo huésped. Viven comunmente parásitos en las aves y mamíferos. Esta familia comprende cinco géneros: Trichocephalus, Trichina, Tri- chosoma, Sclerotrickum y Oncophora. Solo nos ocuparemos de los dos primeros, por encerrar parásitos que se han reconocido en el tubo intestinal del hombre. El género Trichocephalus se caracteriza por comprender vermes muy alargados, de extremidad caudal espiralada en los machos, y encerrar en la porción anterior el esófago y en la posterior el tubo intestinal y los órga- nos sexuales. La cutícula es lisa y recorrida en toda su extensión por líneas medias principales. Faltan las zonas laterales. Los machos poseen uua sola espícula delgada y provista de vaina vesiculosa; las hembras son ovíparas y poseen huevos oblongos y de cásca- ra espesa, que principian su desarrollo en el agua, pero lo terminan en el intestino del huésped. Viven en el csecum y el colon del hombre y de varios animales do- mésticos. El género Ir ichina comprende nematodes cilindricos muy finos con cutícula surcada por líneas medias principales y zonas laterales. La vulva se abre cerca de la extremidad anterior; y el. macho carece de espíenlas, presentando á cada lado de la cloaca sexual un apéndice cónico. Son ovovivíparos. Triclioceplialus hominis-Schrank, 1788 Sinonimia: Trichuris Bültner, 1764. Ascaris Trichiura Lineo, 1771. Irichocephalos Goeze, 1782. Tr. dispar Eudolplii, 1801. Mastigodes hominis Zeder, 1803. Los huevos (fig. 215) de este nematode, eliminados á millares con las materias residuales del huésped, presentan la forma de un limón, ofrecien- do en ambos polos un tapón albuminoso que le comunica un sello caracte- rístico. Tiene coloración obscura y miden de 50 á 56 ¡i de largo por 24 ¡i de ancho. Al ser eliminados, llevan'al embrión en muy imperfecto estado de de- PARASITOLOGIA ANIMAL 391 «arrollo, y es menester que vayan á parar al agua y que la temperatura les sea propicia para que termine el desenvolmiento embrionario. Poseen sin embargo una resistencia muy grande contra los agentes externos. A cero grado, no mueren, retardándose úni- camente el desarrollo del embrión, como lo han comprobado las experiencias de Heller. Seis ú ocho meses después de la expulsión del huevo, el embrión ha adquirido completa madu- rez, y una vez obtenido este estado puede con- servar su vida latente durante varios años en el interior del huevo. El 7r. hominis carece de huésped intermedia- rio, produciéndose la infección, cuando de un modo ú otro, el huevo que encierra un embrión maduro, es introducido en el tubo digestivo. Allí el jugo gástrico ó entérico (en este punto existen divergencias) disuelve la mem- brana de cubierta y deja al embrión en libertad. 24 á 30 días después la larva ha terminado su desarrollo y se ha convertido en un Tricocéfalo adulto. Grassi y Calandruccio comprobaron experimental- mente que este nematode evolucionaba en un solo huésped. Un discípulo del segundo, después de haber exa- minado consecutivamente durante seis meses sus de- posiciones y haber adquirido la certidumbre que no albergaba Tricocéfalos, ingirió el 27 de junio de 1886 varios huevos maduros de este parásito. El 26 de julio del mismo año, pudo observar por primera vez la pre- sencia de los característicos huevos en las materias fecales. Análogas experiencias han sido repetidas después varias veces. Al estado adulto vive comunmente en el caecum del hombre y con mayor rareza en otras partes del intesti- no. Adhiérese á la mucosa intestinal de tal modo que solo la porción posterior es visible, y el parásito pare- ce más pequeño de lo que es realmente. El macho, (Lám. XIII, 5), mide de 35 á 45mmy está constituido por dos porciones: la anterior, filiforme, que encierra el esófago y corresponde ájos dos ter- cios anteriores del largo total del verme; la posterior, algo más ensanchada, arrollada en espiral, que aloja el intestino y los ór- Fig. 215.-Huevos de Tri- cocéfalos; según Eichhorst. Fig. 216.-Trichoce' phalus hominis, aumeri' lado de tamaño. 392 PARASITOLOGÍA ANIMAL ganos sexuales y termina por una cloaca provista de una espícula única de ¿mm i/2 de largo y encerrada en una bolsa prepucial protráctil y tapi- zada de espinas. Hállase recubierto por una cutícula delicada, de 15 á 20 p. de espe- sor y que aumenta su densidad á medida que se aproxima al extremo caudal. Esta membrana de cubierta está surcada por numerosas estrías anulares. En la línea media de la cara ventral existen una serie de eminencias quitinosas que constituyen la banda longitudinal. Esta banda interrumpen las estrías durante su trayecto y es considerada como órgano de fijación para el acto de la cópula. Las líneas laterales no se ven netamente, y menos desarrolladas aún están la medio-dorsal y la medio-ventral. Debajo de la cutícula existe una delgada capa muscular uniforme que nos explica la poca agilidad del nematode; la extremidad cauda! se mueve, pero con mucha dificultad. El extremo cefálico posee mayor agili- lidad, sobre todo, cuando se le introduce en un recipiente con agua tibia. El sistema nervioso ha sido mal estudiado. Leuckart cree haber reco- cido el anillo esafágico á 0mml, por detrás déla cabeza. El sistema excretor es desconocido. El aparato digestivo principia por una boca desnuda y desprovista de labios, papilas y dientes quitinosos; esta boca se dilata hacia atrás para for- mar un infundíbulum de 4 ¡i de diámetro, susceptible de evaginarse. A continuación sigue un esófago muy largo y constituido por dos porciones desiguales; la primera está formada por un tubo tiedro, quitino- so de 400 ¡i de largo por 10 á 20 p. de diámetro; la segunda carece de músculos radiales, mide 14 á 20 ¡i y se aloja en una canaleta situada en la cara ventral del verme y que ha sido denominada cuerpo celular. Este cuer- po se prolonga hasta la extremidad posterior en donde termina por dos apéndices laterales pequeños, formados por dos células modificadas y que algunos autores han considerado como csecums cardíacos. Hállase revestido, asi como el tubo esofágico, por una membrana que, á guisa de peritoneo emite, como en el Estrongylus gigas un repliegue mesentérico que se inserta en el tegumento al nivel de la banda longitudinal. El estómago que viene en seguida, mide 140 p. de diámetro, y está re- cubierto interiormente por células epiteliales cilindricas. Hállase separado del esófago por un estrangulamiento. El recto (Lám. XIII, 3, ^,) es estrecho, tapizado por células chatas, y se abre en la cloaca sexual junto con el canal eyaculador. Los órganos de la generación constan de un tubo testicular que toma origen (Lám. XIII, 3, /,) cerca de la extremidad posterior al nivel de la fu- sión del recto con el canal eyaculador. Dicho tubo se dirige hacia la región LAM. XIII Trichocephalus Dispar 1. Espíenla - 2. Extremidad' cefálica muy aumentada, a, esófago - 3. Ejemplar masculino aumentado 40 veces, a, cabeza; b, esófago; c, testículo; d, canal deferente; e, vesícula seminal; f origen del testículo; g, cloaca sexual en donde termina el recto y el canal eyaculador; h, tubo intestinal-4. Ejemplar femenino aumentado 40 veces. a, cabeza; b, esófago; c, vulva; d, vagina; e, útero; y, intestino; g, origen del ovario; /?, oviducto-5. Tricocéfalo macho, de tamaño natural-6. Hembra, id., id.-7. Extre- midad posterior aumentada 250 veces, a, vaina de la espíenla - 8. Vulva aumentada 250 veces. PHRR5IT0LGGÍR RNlMfíb E. PERR0NC1T0. PARASITOLOGIA ANIMAL 393 anterior describiendo numerosas sinuosidades, e, y al llegar al estrangula- miento esófago-estomacal, modifica su dirección primitiva, y continúa con el canal deferente, tubo también tortuoso, tapizado interiormente por un epitelio pavimentóse y que posee una débil capa de fibras musculares anu- lares y una membrana propia de cubierta. El canal deferente termina en una amplia vesícula seminal, e, cilin- drica, que mide 5mm de largo por 320 p de diámetro transverso y posee un epitelio semejante, pero carece de la capa muscular. De la extremidad pos- terior de ésta, emerge el canal eyaculador, tubo fuertemente musculoso, ta- pizado por grandes células epiteliales cilindricas, que termina en la cloaca sexual, estando unido á la cara dorsal del tegumento en su porción terminal. La cloaca sexual, g, es un canal cilindrico, escamoso, arrollado en es- piral y que mide cuatro milímetros de longitud. Hacia su parte media y en su cara dorsal presenta un repliegue en fondo de saco que constituye la vaina de la espíenla (lam. XIII, 7, ^). La hembra (lam, XIII, 6) es más larga que el macho; mide de 35 á 50 milímetros de longitud y está constituida por las dos consabidas partes características de los tricotraquélidos, la anterior filiforme que abarca los 3/5 del largo total del cuerpo; la posterior ensanchada y ligeramente encorvada, afectando la disposición de un látigo de arriero. El orificio anal se presenta bajo la forma de una hendidura transversa en la cara ventral, próximo al extremo caudal; la vulva se abre al nivel de la unión de la parte ensanchada con la porción estrecha del cuerpo. El aparato digestivo es semejante al del macho. El esófago se mueve muy lentamente bajo la acción de las fibras musculares rudimentarias que posée, á tal punto que muchos autores han creído que la nutrición se efec- tuaba por endósmosis al través del cuerpo, en lugar de llevarse á cabo por medio del tubo intestinal. Los órganos sexuales están presentados por un largo canal que alcan- za una longitud tres veces mayor que el nematode. Principia por un ovario que toma origen en la vecindad del extremo posterior (Lam. XIII, 4, g), se dirige luego hacia adelante á lo largo de la cara dorsal describiendo nume- rosas sinuosidades; inflexionase, al nivel del estrangulamiento esófago-esto- macal y se continúa con el oviducto, h. Este canal, rectilíneo según Blan- chard, contorneado según Perroncito, avanza hacía el extremo posterior para abrirse en un útero, 2, vasta cavidad que sigue un trayecto póstero-anterior. El oviducto tiene 80 p de luz y está formado por una membrana propia, una débil capa muscular y un epitelio cilindrico que lo tapiza interiormente. El tubo uterino se continúa con la vagina, d^ cuya primera porción es estrecha, contorneada y mide 2mm 1/2 de largo y la segunda es más corta, ancha y alcanza á 0mm,7. Al llegar á su fin acódase bruscamente en ángulo recto y se abre en el orificio vulvar situado en la cara ventral. 394 PARASITOLOGÍA ANIMAL La primera parte está tapizada por un epitelio formado por largas vellosidades; la segunda por una cutícula llena de apéndices quitinosos dis- puestos de tal modo en el interior, que la luz se obstruye casi por completo y los huevos son eliminados uno á uno como las cuentas de un rosario. Los óvulos se forman en el interior del ovario; progresan luego hacia el oviducto, perdiendo su forma esférica y adquiriendo un diámetro longitudi- nal mayor; ambos polos se estiran adquiriendo forma cónica y perdiendo sus granulaciones vitelinas. La fecundación se efectúa por acoplamiento. El macho introduce su espíenla en el orificio vulvar de la hembra y lo dilata; los espermatozoides pasan entonces desde la cloaca sexual á la vulva y de allí á la vagina, útero y oviducto. En esta porción del tubo sexual, se produce la fecundación; una vez que el óvulo ha sido fecundado se reviste de su membrana vitelina, pasa al útero en donde adquiere su coloración oscura característica y al mismo tiempo se dibuja en cada polo un orificio que es obturado por el cono de substancia no granulosa cuya formación hemos indicado anteriormente. Según Leuckart, el número de huevos que encierra el tubo uterino de una sola hembra es de 5.800 y de 400.000 la cantidad eliminada anualmente. El Trichocepahcs hominis vive referentemente en el caecum intestinal del hombre, aunque algunas veces se le ha observado en el duodeno y en el íleon. Adhiérese enérgicamente á la mucosa intestinal, á tal punto que muchas veces se rompe antes que desprenderse. Algunos autores han creí- do que ello se debe á que el parásito perfora la mucosa con la porción filiforme de su cuerpo dejando libre únicamente la porción ensanchada. Además de la especie humana se le ha encontrado en algunos Monos y Lemúridos. El número de parásitos albergados varía siendo por lo general pequeño. Rudolphi refiere un caso, sin embargo, en que pasaba de un millar. Los machos se hallan poco más ó menos en la misma cantidad que las hembras; Bellingham recogiendo, los ejemplares encontrados en cinco autopsias, pudo comprobar que de 145 tricocéfalos 85 pertenecían al sexo masculino y 60 al femenino. La edad no tiene influencia positiva sobre la frecuencia del desarrollo del nematode. Haremos notar, sin embargo, que varios autores sostienen, basados en datos estadísticos, que el período de vida comprendido entre los 20 y los 30 años es el más favorable para su desenvolvimiento. El parásito puede encontrarse solo en el intestino ó acompañado de otros vermes. Bremser cita el caso de una niña que poseía el tricocéfalo acompañado de Oxiuros, Ascárides y Tenias. De una estadística de 135 autopsias practicadas en Erlanger 80 veces PARASITOLOGIA ANIMAL 395 se encontró el tricocéfalo, 35 veces solo, 26 con Oxiuros, 8 con Ascárides y 11 con Ascárides y Oxiuros. En 611 autopsias efectuadas en Kiel, 185 veces observóse el nema- tode; 90 veces solo, 26 con Ascárides, 35 con Oxiuros y 34 con Oxiuros y Ascárides. La patogenia de este parásito ha sido muy discutida. Roederer y Wag- ler lo consideraban como el causante de la fiebre tifoidea; Delle Chiaje, •creía que aumentaba la gravedad del cólera; Erni que era la causa determi- nante del Beri Beri. Actualmente se admite que la presencia del Tr. kominis en el intestino no determina afección alguna si el número es pequeño, pero puede dar lu- gar, si la cantidad es grande, á trastornos funcionales diversos, especial- mente correlacionados con el sistema nervioso. Gibson publicó la observación de una niña de seis años, que no podía caminar y había perdido por completo la facultad de la palabra; mediante la administración de anti-helmínticos apropiados evacuó numerosas tricocéfa- los y curó un mes y medio después del tratamiento. Pascal cita el caso de una niña de cuatro años que murió víctima de ataques cerebrales. Hecha la autopsia, se le encontraron en el caecum y en el colon gran cantidad de tricocéfalos. Recientemente Barth, comunicó á la Sociedad Médica francesa la his- toria de un enfermo que murió en el Hotel Dieu con todos los síntomas de una meningitis. Practicada la autopsia, el encéfalo no ofrecía nada de anormal, encontrándose en cambio en el intestino enorme cantidad de estos nematodes. El diagnóstico exacto se establece por la presencia en las materias fecales de los huevos que tienen una forma característica y que no pue- den confundirse con los de ningún otro parásito gracias á la presencia de los tapones albuminosos que cierran los orificios polares. Siendo el agua la vía de introducción de los huevos al organismo, aconséjase como medida profiláctica no tomar agua que no haya sido filtrada ó sufrido una cocción previa. En cuanto al tratamiento curativo, las diversas substancias ensayadas no han dado un resultado satisfactorio, aconsejándose como la más eficaces el extracto etéreo de helécho macho, el timol, enemas de naftalina, etc. Sobre la distribución geográfica del Trichocephalus dispar, podemos decir que es cosmopolita, pero es común especialmente en Francia, Italia, Alemania, Suiza, Inglaterra, Irlanda, Egipto, Japón, Siria, Nubia y E. Unidos. Las estadísticas de los diferentes países revelan una notable disminución del parásito desde que se ha ido propagando el uso de las aguas filtradas. En Italia fué tan frecuente durante el siglo pasado, que según Dubini «en los varios miles de autopsias practicadas durante un espacio de doce años» era raro encontrar un cadáver que no lo albergara. 396 PARASITOLOGÍA ANIMAL Trichina spiralis-Owen, 1835. Sinonimia. Trichina spiralis Bischoff, 1840. Vibrio hztmana Lízars, 1843 Pseudalius trichina Davaine, 1862. Es éste un parásito sumamente peligroso, que vive normalmente al estado adulto en el intestino delga- do del cerdo. Se le ha encontrado también en el hombre y en gran número de mamíferos tales como la rata, el co- nejo, el jabalí, la liebre, la marta, el oso, el carnero, el heriso, el perro, el zorro, etc. El ejemplar masculino (fig. 217, 2) mide lmml/2 de largo, y se presenta con una forma cilindro-cónica, rec- tilínea ó ligeramente encorvada. Ter- mina por una extremidad cefálica aguzada y por un extremo caudal provisto de dos apéndices cónicos semejantes á los dientes de una pinza, que dejan entre ellos un es- pacio en donde se abre la cloaca se- xual. Por detrás del orificio cloacal vense cuatro papilas bien desarrolladas, dos anteriores hemisféricas, y dos pos- teriores cónicas. Está recubierto por una tenue cutí- cula, estriada transversalmente. De- bajo de ella se observa una hipo- dermis rudimentaria ó mejor dicho degenerada, constituida por una masa fibro-plástica en cuyo seno se alojan numerosos núcleos; y siempre de afuera á adentro una delgada capa muscular formada por elementos celulares distintos. El sistema nervioso consiste en un anillo esofágico que emite filetes en diversos sentidos. El aparato digestivo (figura 218), Fig.-217.Trichina spiralis; 2, macho, T, testículo;1, hembra, Ov, ovario; E, embrio- nes encerrados en la región anterior; G, vulva. PARASITOLOGÍA ANIMAL 397 consta de una boca pequeña é inerme á la cual sigue un esófago, A, que presenta idéntica estructura á la del Tr. dispar. El esófago se continúa con el intestino, B, tubo de forma cilindrica, calibre mayor y que conserva la mis- ma luz durante todo su trayecto. Estrangúlase el intestino en su porción terminal y se abre en el recto, G, conducto que principia por una dilatación fusiforme, y luego se estrecha conservando el mismo diámetro durante todo su reco- rrido. Cerca del extremo caudal se fusiona con el canal deferente y se abre en un ano perfectamente ter- minal. El recto está provisto de una capa muscular muy resistente y revestido interiormente por la misma cu- tícula que tapiza exteriormente al nematode y que se refleja por el orificio anal. Es susceptible de evaginar- narse á tal punto que puede proyectarse más allá de los dos apéndices caudales, formando una especie de ventosa que se adhiere enérgicamente á los contor- nos de la vulva de la hembra y facilita el pasage de líquido espermático. Los órganos de la generación están representados por un testículo cilindroideo, D, que toma origen por un fondo de saco en la vecindad de la cloaca sexual. Mide de 0,mm 4 á0,mm5 de largo por 30 p. de ancho, carece de membrana epitelial y encierra en su interior células descoloridas, cuyo contenido aparece dividido en cuatro gránulos sueleados, cada uno de los cuales dará lugar á un espermatozoide. De su extremo anterior y algo lateralmente parte eEcanal deferente, C, conducto grueso y cilindrico que sigue un trayecto póstero anterior y se encorva al nivel del estrangulamiento intestino-rectal. En su recorrido ántero-posterior, el canal modifica su calibre repetidas veces, deslizándose entre la glán- dula ovárica y el recto. Finalmente se dilata en una amplia vesícula seminal, destinada á la acumulación del esperma, y se abre en el tubo rectal. El canal deferente está revestido interiormente por un epitelio y posee una capa muscular formada por fibras anulares. Fig. 218-Aparato digestivo y sexual de la Trichinama- >cho;A, esófago;B,intestino; C,canal deferente;!), testícu- lo; E, apéndices caudales; F. cloaca sexual; G, recto. 398 PARASITOLOGÍA ANIMAL El ejemplar femenino (fig. 217) adquiere mayor longitud que el macho, alcanzando á medir de 3 á 4mm de largo. Presenta la extre- midad cefálica aguzada y la caudal roma. Posee un ano terminal y la vulva situada en la cara ventral al nivel de la unión del quinto anterior con los cuatro quintos poste- riores. Los órganos sexuales están formados por un ovario (fig. 219, E) que toma nacimiento cerca del extremo caudal, si- gue un trayecto rectilíneo, y se continúa con un útero, C, quedando separado de este último por un estrangulamiento, D. El tubo uterino principia por una vasta dilatación en donde se acumulan los espermatozoides después de la fe- cundación. Disminuye paulatinamente de calibre y se pro- longa por una vagina, que después de cierto recorrido se encorva, perfora el tegumento y se abre al exterior por una vulva, H, hendidura transversa dotada de fibras musculares anulares y radiadas que permiten la contracción de sus labios durante el reposo, y la separación durante la cópula ó la eliminación de los embriones. La cópula se efectúa adhiriéndose el macho con sus apéndices caudales á la vulva de la hembra. Evagínase el canal deferente,R y se contrae el recto impidiendo toda comunicación entre el tubo intestinal y la cloaca sexual. El esperma se derrama, pasa á la vagina y de allí al útero en cuya porción posterior se acumula. La fecundación se efectúa en dicha región y la segmentación muy ligera se inicia en el tubo uterino. Varios días después, éste ha du- plicado su tamaño produciendo aumento consecutivo del tamaño de la hembra. Seis ó siete días más tarde, se efectúa la expulsión de los embriones merced á los movimientos peristálticos del útero. El número eliminado es de 100 á 200. Una sola hembra puede expulsar hasta 15000 embriones durante el período de un mes, tiempo que poco más ó me- nos dura la postura. Merece citarse el hecho de que los embriones principian á desarrollarse an el tubo uterino de la hembra antes de que ésta haya adquirido su tamaño definitivo. Una vez eliminados los embriones por el orificio vulvar de las hembras, pasan al tubo intestinal del huésped per- maneciendo en el seno del mucus que reviste sus paredes. Mientras tanto las madres abandonan su primitivo alo- Fig 219.-Aparato digestido y sexual de la Trichina hem- bra. A, esófago; B, intestino; u, útero; D, canal culo inter- mediario; E, ovario; H, vulva. PARASITOLOGIA. ANIMÁL 399 jamiento y son arrastradas al exterior con las substancias fecales. Los machos mueren poco tiempo después de haber efectuado la cópu- la. Según Cerfontaine, sin embargo, parece que no todos los ejemplares feme- ninos son expulsados al exterior después de la fe- cundación; este observador refiere haber encontrado hembras encerrando en su interior huevos en diversos períodos da segmentación, radicadas en el espesor de las túnicas intestinales; y algunas, que habiendo per- forada dichas paredes, ha- bían ido á localizarse en el mesenterio. El embrión mide de 90 á 100 p. de largo por 6 p. de ancho y presenta una for- ma lanceolada. ¿Cuáles son las evolucio- nes que va á experimentar? Después de una corta estadía en el tubo intes- tinal, emigra abriéndose paso al través de las túnicas intestinales, y es arras- trado luego por la circulación linfática ó sanguínea, yendo á localizarse en su sitio predilecto, es decir en los músculos de la^economía. No todos ellos gozan de igual preferencia por parte dél embrión, sino que algunos son más solicitados que los otros. Así, por ejemplo, son^más comunes en los músculos estriados que en los lisos, siendo en estos últimos sumamente raros; seles observa con mayor frecuencia en los músculos 'del cuerpo que en los de las extremidades, y preferentemente en el diafragma, intercostales, faríngeos, músculos del cuello y del ojo. Faltan siempre en el músculo cardíaco. Por otra parte debemos hacer notar que el embrión elije comun- mente la porción del músculo vecina al tendón. El tiempo que tarda en su emigración es más ó menos grande según el trayecto efectuado; pero por lo común varía entre 7 y 8 días pudiendo tardar 10 y aún más. Su tamaño, durante este período, aumenta así como su organización se complica; mide 120 á 160 p. de longitud por 7 á 8 p. de ancho; posee una extremidad cefálica rígida y obtusa, un extremo caudal aguzado y un apa- to digestivo rudimentario, constituido por un cordón celular alojado en los Fig. 220.-1 y 2, Triquinas que han llegado al teji- do muscular pero aún no enquistadas; 3, triquina en- quistada en el tejido muscular;!, quiste despojado de su cubierta; 5, triquina muy aumentada, extraída del quiste. PARASITOLOGÍA ANIMAL 400 tres cuartos posteriores del cuerpo y extendido á lo largo del eje longitu- dinal. Faltan el sistema nervioso y los órganos longitudinales. ¿La larva de triquina se a'oja en el seno de las fibras musculares ó en el tejido conjuntivo interfibrilar? Esta cuestión ha sido muy debatida. Leu- ckart, Virchow creen que la larva pe- netra en la fibra muscular y se en- quista en el interior del sarcolema. Chatin refuta esta opinión y dice que el embrión se detiene en el tejido conjuntivo interfascicular á semejan- za de lo que pasa con los cysticercos. Confirma esta creencia con el hecho de haber en- contrado en el tejido adi- poso (varie- dad detejidc conjuntivo^ de varios cerdos, quis tes triquinosos bien desarrollados y análogos l los que comunmente se observan en las masas musculares. Llegado el embrión al tejido conjuntivo intermus- cular va á sufrir una serie de modificaciones que darán lugar al estado larvado. Dóblase primero y luego se arrolla en espiral Su tamaño aumenta hasta que llega un momentc en que se detiene, permaneciendo desde enton- ces en vida latente. Mientras tanto la irritaciór producida en el tejido por su presencia, determina como cualquier cuerpo extraño, una proliferación celular abundante acompañada de inflamación, que dán lugar á la formación consecutiva de un quiste aislativo. Las diferentes fases del desarrollo quístico han sido estudiadas minu- ciosamente por Chatin. Según este autor, el primer momento se manifiesta por la hipertrofia de las fibras del tejido conjuntivo acompañada de multiplicación celular abundante, que dá lugai á la formación de una masa granulosa de aspecto Fig. 221.- .fuiste de forma normaren cuyo interior se observa una sola larva de Trichina En ambos polos hace producido abundante depósito de grasa que separa los hacecillos musculares primitivos. ' egún Chatin. Fig. 222.-Quiste de triquina con granulos adiposos en un solo polo. PARASITOLOGIA ANIMAL 401 amorfo en cuyo seno se encuentran diseminados numerosos núcleos. En un período más avanzado del proceso, la cubierta quística se manifiesta delgada al principio, pero aumenta de espesor paulatinamente. El quiste presenta comunmente una forma ovalada (fig. 221;) en el gato y en la rata adquie- re muchas veces forma esférica, encontrándose además ejemplares típicos de todas las formas intermediarias entre la primera y la segunda. Esta última es muy rara en el hombre. El eje mayor se dispone en el sentido de las fibras longitudina- les. Adquirido su desarrollo definitivo, mide de 0,mm3 á 0,mm8 de largo por0,mm2 á_0,mm4 de an- cho. En su interior durante el primer período, encierra células embrionarias nucleadas, que, después de un cierto tiempo, sufren infiltraciones pigmentarias, oscuras amarillentas y terminan finalmente por presentar la degenerescencia adiposa. El quiste desde entonces encierrra un líquido claro, granuloso y albuminoso, coagula- ble por laglicerina y por el alcohol, en cuyo seno nadan los núcleos de las células degeneradas. A veces en uno (fig. 222,) otras en ambos po- los, (fig. 221,) suelen depositarse gránulos adi- posos que separan los hacecillos musculares pri- mitivos. Sucede á veces debido á la gran cantidad de embriones que perforan las túnicas in- testinales que los quistes se superponen unos á continuación de los otros entre las mismas fi- bras musculares afectando un aspecto monilifor- me (fig. 223). Cada quiste encierra por lo general una sola triquina; sin embargo pueden alojar dos, tres y hasta seis y siete larvas, como lo ha ob- servado Chatin en carnes americanas hipertriqui- nosas, (fig. 224). En estas condiciones la larva crece hasta ad- quirir l,nm de largo, se aguza en su extremo an- terior, y termina por una extremidad caudal roma. Posee boca y ano terminales y una orga- nización semejante á la de la triquina adulta. Fig. 223--Quiste plurilocular for- mado p r tres compartimentos su- perpuestos, - ada un ■ de los cuales aloja una triquina, y separados por tejid > conjuntivo afectado de degene- rescencia adiposa, l a capa parietal fo o es netamente visible en la por- ción superior del quiste. En el lado derecho del compartimento superior obsérvase un proceso inflamatorio del tejí lo ambiente. Según Chatin. Par/isitología Animal 402 PARASITOLOGIA ANIMAL El tegumento está formado por una cutícula estriada y transparente- de 1 ¡i de espesor, porcuna hipodermis más nítida que en el adulto, y por una capa muscular más desarrollada. Existen dos vasos laterales alojados en el seno de ésta, que coreen longitudinalmente y se fusionan al nivel del¡ anillo esofágico para abrirse en la línea medio-ventral. El aparato digestivo y el sistema nervioso son análogos á los que ya hemos descripto para el verme adulto. Los órganos sexuales presentan la particularidad de estar perfecta- mente desarrollados. El testículo es más pequeño y se aproxima más al ex- tremo caudal; el canal deferente carece en su porción final de vesícula seminal. Algunos autores sostienen que la vulva falta en la larva femenina; Chatin refiere haberla observado. El tiempo que puede permanecer viva en los músculos del huésped varía, pero es en general largo, habiéndose visto casos de larvas que han conservado su vitalidad durante, 5, 11,21 y hasta 24 años. Sin embargo, después de un cierto período, el quiste de triquina prin- cipia á sufrir la degeneración calcárea, proceso que es un indicio seguro de la aproximación de la muerte del animal. La infiltración se inicia en el séptimo mes, siendo completa por lo común dos años después de la forma- ción del quiste. Las larvas de triquina pueden vivir durante largo tiempo después de- muerto el huésped que las aloja. Se les ha encontrado sin modificación alguna en carnes saladas, ahumadas ó congeladas y aún en las putrefactas. Hállanse en éstas, in- móviles y arrolladas sobre su cara dorsal, describiendo cuatro ó cinco espiras. Puede reavivárseles mediante la acción del calor ó de una so- lución de potasa cáustica. Un procedimiento cómodo para distinguir si una larva está viva ó muerta, consiste en sumergirla en una solución de picrocarminato de amonio ó de azul de anilina, permaneciendo incolora si está viva y fijando la solución colorante en el segundo caso. ¿Cuál es la suerte final de estas larvas? Si los quistes se hubieran formado en los músculos del hombre, estarían condenadas á muerte segura, después de la destrucción del huésped. Pero estos casos son los- más raros. La invasión quística se observa comunmente en las lauchas, las ratas y los cerdos, animales que por sus hábitos particulares fomentan la difusión de tan peligroso entozoario. Las lauchas son devoradas por las ratas, las ratas se devoran entre ellas, y los cerdos finalmente comen las ratas muertas ó enfermas, pudien- do infectarse también con fragmentos musculares de cerdos triquinosos que muchas veces les sirven de alimentos, ó ingiriendo heces humanas que contengan triquinas. Este último modo de infección es muy raro. El hom- PARASITOLOGÍA ANIMAL 403 bre se infecta ingiriendo carne de cerdo triquinosa, cruda ó que no ha sido sometida á una cocción suficiente. De cualquier manera, el quiste introdu- cido en el aparato digestivo del huésped, llega al estómago en donde se despoja de su cubierta y deja á las larvas en libertad. Estas, escapando á la acción del jugo gás- trico, emigran al intestino delgado y allí se detienen para adquirir 30 ó 40 horas des- pués, la madurez sexual. Cuatro ó cinco días más tarde tanto los machos como las hembras han alcanzado el máximum de crecimiento; se produce la cópula, y las hembras fecundadas principian á eliminar los embriones uno á uno. Los embriones á su vez perforan las túnicas intestinales para ir á radicarse en los músculos de la eco- nomía y comenzar nuevos ciclos evolu- tivos. ■ La triquina nos ofrece, como vemos, el curioso fenómeno de presentar los tres pe- ríodos de su vida, embrionario, larvado y adulto en un mismo huésped. La triquinosis se ha podido desarrollar experimentalmente en numerosos mamífe- ros. En las aves el resultado no ha sido tan satisfactorio. Ingeridos los quistes, la mem- brana de cubierta es disuelta por el jugo gástrico y las larvas adquieren sexualidad, pero son arrojadas con los excrementos, no produciendo por consiguiente infección muscular. En los animales de sangre fría y en los insectos, los quistes son expulsados tales como fueron ingeridos, pero conservan la propiedad de evolucionar en animales de sangre ca- liente. ¿Qué resistencia opone el quiste de triquina al calórico? Perroncito es quién ha estudiado mejor esta cuestión. De las expe- riencias efectuadas, resulta que el quiste muere cuando la temperatura llega de 48° á 50° y se mantiene durante cinco á diez minutos. Debemos advertir sin embargo que estas pruebas fueron hechas sometiendo los quistes á la acción directa del calor en la platina del microscopio, y que caería en un error el que creyera que basta someter un fragmento de carne á la tempe- ratura de 50° para destruir las larvas que contenga. A semejanza de lo que pasa en el Cysticercus bo-vis, á dicha temperatura podrán destruirse los Fig. 224.-Quiste voluminoso que encierra en su interior siete larvas débilmente arrolladas en espiral y rodeadas de abundante tejido quís- tico limitado por una capa parietal relativamente delgada. Según Cha- tin. 404 PARASITOLOGÍA ANIMAL quistes superficiales, pero los del centro permanecerán ilesos porque el calor se propaga con lentitud al interior de las gruesas masas musculares. Rodet encontró vivas las larvas de un fragmento de carne sumergida en el agua á la temperatura de 80 grados. En cuanto á la acción del frío no ha sido aún bien estudiada. Bouley y Gibier encontraron las larvas muertas, en dos gruesos pedazos de jamón que fueron so- metidos durante dos horas y media á una temperatura de-22G á-27°. Leuckart las vió perfectamente conservadas en jamones frescos que fueron expuestos durante tres días á un frío de-22° á-25°. En la especie humana la triquinosis ha sido observada frecuentemente, ha- biendo determinado numerosas epidemias. Gracias al pánico sembrado por la en- fermedad, al ruido suscitado por los pe- riódicos, á las exageraciones de los pri- meros momentos, es tal vez la más cono- cida por el vulgo sde todas las afecciones parasitarias. A Zenker corresponde el honor de haber encontrado la triquina en el hombre al efec- tuar la autopsia ' de una joven de 20 años, muerta en el hospital de Dresde después de 36 días de enfermedad. Los síntomas que presentó durante el transcurso de la afección (postración gene- ral, fiebre intensa, abdomen doloroso, sed muy viva) hicieron creer al principio en un caso de fiebre tifoidea. Más adelante se manifestaron dolores agudísimos en los miembros du- rante las flexiones, especialmente de la rodilla y del codo, y edema general. Zenker que estudiaba entonces las lesiones que la fiebre tifoidea deter- mina en el tejido muscular, no quiso desperdiciar los datos que un caso tan curioso podrían suministrar á la anatomía patológica, y cual no fué su sor- presa al encontrar entre las fibras musculares, numerosas larvas de triquinas vivas y aún no enquistadas. Al mismo tiempo, en el mucus intestinal pu- do comprobar la existencia de triquinas adultas, sexuadas con menor abun- dancia de machos que de hembras, y estando estas últimas repletas de em- briones en diferentes períodos de desarrollo. Fig. 225.-Quiste de triquina en vías de degeneración calcárea. Los hacecillos musculares circunvecinos están atrofiados, y en ambos polos del quiste puede observarse los in- dicios de un proceso inflamatorio. Según Chatin. PARASITOLOGIA ANIMAL 405 Zenker fué bastante feliz para comprobar que la joven se había infec- tado comiendo carne cruda de un cerdo triquinoso que un mes antes habían sacrificado en la casa en donde vivía y con cuyos órganos y músculos había hecho diferentes preparados culinarios. Virchow, Leuckart y Luschka demostraron que la triquinosis del hombre era análoga á la del cerdo, infectando con fragmentos de múscu- los provenientes de la joven autopsiada por Zenker varios chanchos, ratas y otros animales. Sacrificados poco tiempo después, todos ellos revelaron poseer en el espesor de los músculos, quistes triquinosos cuyas larvas en nada diferían de los que ya hemos estudiado. La edad por sí misma no tiene influencia alguna sobre su desarrollo, habiéndosela observado en la niñez, edad adulta y en la vejez. Merece consignarse el hecho de que la enfermedad en los niños es comunmente benigna, y se ha pretendido explicar el fenómeno por la facilidad con que se produce en ellos la diarrea, lo que daría lugar á la eliminación de gran número de entozoarios invasores. Los sintomas de la triquinosis están constituidos por una serie de tras- tornos funcionales diversos, con predominio de los de origen digestivo, nervioso y respiratorio. El proceso de la enfermedad puede dividirse en dos períodos: en el primero se estudian los fenómenos que se producen durante la permanencia del parásito en el tubo intestinal, antes de que los embriones perforen sus túnicas; en el segundo, los que se manifiestan durante la migración de los embriones y enquistamiento en los músculos de la economía. Corresponden al primer período, un malestar general, acompañado de eruptos, vómitos, diarrea con cólicos, anorexia, entorpecimiento general de los músculos. Por parte del sistema nervioso, manifiéstanse fenó- menos reflejos, tales como sensaciones desagradables suministradas por el órgano del gusto. Varios días después aparecen edemas en los párpados y en la cara. Estos fenómenos se acentúan durante la fecundación de las hembras y eliminación de los embriones. Tres ó cuatro días después de la ingestión de carne triquinosa, la pérdida de apetito es completa, aumentan los vómitos y la diarrea, la sed es muy grande; el enfermo posee tempera- tura febril. Producida la eliminación de los embriones, los síntomas se exasperan; ocho días más tarde, dice Davaine, la cara se hincha, la sed es ardiente, la lengua y los labios se secan y ennegrecen, manifiéstanse hiper- secreción sudorípara y períodos alternados de constipación y diarrea, pero la inteligencia conserva su lucidez primitiva. Luego se produce la invasión de los embriones al tejido muscular. Centenares de ellos, á veces centenas de millares, perforan las paredes in- testinales y llegan á los músculos, en donde obrando como cuerpos extra- 406 PARASITOLOGIA ANIMAL ños, irritan el tejido conjuntivo intermuscular, constituyendo otios tantos focos inflamatorios. Aparecen entonces violentos dolores en la mayoría de los músculos del cuerpo, especialmente en los de los miembros, análogos á los dolores reumatismales, y que se exacerban y se vuelven atroces durante las flexiones de las extremidades. Manifiéstanse edemas en los miembros, hinchándose estos últimos y adquiriendo una consistencia elástica análoga á la de cautchu. En un período más avanzado la fiebre aumenta, la anemia progresa, aparece en la piel una erupción miliar ó forunculosis; y se pro- ducen derrames serosos en la cavidad peritoneal. La respiración se per- turba, debido á la invasión del diafragma y de los músculos pectorales por los embriones. Hay dispnea. La diarrea se multiplica, la voz se debilita, la sed es inextinguible, el insomnio persiste. Finalmente sobreviene el delirio y el enfermo sucumbe seis ó nueve semanas después de la infección Al terminar el primer mes de enfermedad, suelen aparecer pleuresías, neu- monías y bronquitis generalizadas que complican la situación y determinan más rápidamente la muerte del paciente. Si el enfermo resiste tan violentas perturbaciones, la curación sobre- viene al cabo de seis semanas próximamente. La larva se enquista, esta- bleciéndose la tolerancia por parte del organismo. Claro es que la gravedad de la triquinosis depende del número de embriones infectantes, habiéndose observado casos tan benignos que á pe- nas se manifestaban los síntomas precedentemente anotados, y otros ate- rradores. Pero por lo común la infección es muy grande. Leuckart refiere haber contado hasta 1500 larvas en un gramo de carne porcina; Moniez dice que se han sacrificado cerdos triquinosos que presentaban por quilo de carne más de un millón de larvas. El diagnóstico exacto se establecería por la presencia del nematode adulto en las materias fecales ó bien por la de embriones emigrantes en los músculos del enfermo. Un resultado negativo por uno y otro lado no autorizarían, sin embargo, á negar la presencia de la triquina. El médico debe recurrir entonces á los síntomas de la triquinosis, que, sometidos á una severa inspección clínica, no pueden confundirse con los de ninguna otra enfermedad. En los casos de epidemia el diagnóstico es fácil; siendo más difícil en los casos aislados. Durante el primer período podría confundirse la triquinosis con un catarro gastro-intestinal, cólera ó reumatismo, pero se distingue de los pri- meros por la carencia de fiebre, sudación exajerada y debilidad muscular, del tercero, por los fenómenos gastro-intestinales y la extenuación general; El segundo período de la enfermedad, presenta ciertas analogías con la fiebre tifoidea, pero la falta de cefalalgia, epistaxis, manchas i osadas. PARASITOLOGÍA ANIMAL 407 lenticulares, congestión pulmonar y tumefacción del bazo, así como la pre- sencia de edemas y las diferencias de las curvas febriles son datos suficientes para no confundir con la última. Finalmente, en el tercer período la manifestación del edema podría hacer creer en una nefritis parenquimatosa, pero la carencia de albúmina en la orina sirve para orientar al médico. La investigación de las larvas en los músculos fué preconizada por Zenker en 1860. Este autor prefería, como fragmento muscular más apropiado, la extre- midad inferior del bíceps braquial; Küchenmeister, los músculos del muslo. Durante los primeros tiempos, estuvo en uso, para la extracción de frag- mentos musculares, el harpón de Middeldorppf, que luego se abandonó por- que arrancaba pequeñas partículas y producía una herida que curaba con dificultad. Actualmente se prefiere la incisión pequeña, que cicatriza fácilmente y permite obtener pedazos mas grandes de músculo. El tratamiento es profiláctico y curativo. La profilaxis se desprende de lo expuesto anteriormente, y puede dividirse en particular y general. Como el parásito se adquiere por el uso de carne de cerdo cruda ó mal cocida, basta comer dicha substancia en las condiciones necesarias de cocción, para preservarse de tan temible entozoario. Para esto, dice Moniez, debe desecharse toda carne porcina que al corte tenga tinte rojizo y exprima jugo sanguinolento. Esta medida rige especialmente con los jamones y con las diversas especies de embutidos. La profilaxis general debe tender á dos fines principales : evitar la infección del cerdo y la propagación de la enfermedad al hombre. Para el primer objeto, deben adoptarse las siguientes medidas: Evitar que los cerdos se infecten con excrementos humanos que pu- dieran albergar el parásito. Destruir por todos los medios posibles las ratas que son las glandes vías de contaminación, y que amplifican el desarrollo del nematode por la costumbre que tienen de devorarse entre ellas. Aerear bien los establos en donde se guardan los chanchos. Ser en extremo rigurosos por lo que respecta á la alimentación, em- pleando con tal fin, substancias de origen vegetal, ó de origen animal que hayan sufrido una cocción suficiente. Abandonar por completo la costumbre que existe entre los criadores de nutrir á los chanchos con restos de otros cerdos sacrificados cuyo estado sanitario es dubitativo. Para evitar la propagación al hombre, deberá someterse, en primer 408 PARASITOLOGÍA ANIMAL lugar, á una severa inspección las carnes porcinas que se expenden en mercados y fiambrerías. Con este objeto, en los mataderos, deberá tenerse un personal apro- piado de veterinarios y ayudantes destinados á la vigilancia de las carnes. En Alemania, en que la triquinosis porcina ha adquirido los caracteres de una verdadera endemia, se ha creado, por así decir, un ejército de peritos micrógrafos, cuya misión consiste en examinar microscópicamente ios músculos de todo cerdo sacrificado en el radio que cada cual tiene asignado. Para este examen basta tomar un fragmento largo de músculo, cortarlo en capa muy delgada, y extenderlo sobre un porta-objeto, disociando me- diante una aguja muy fina las fibras, previamente acidificadas con una gota de ácido acético al 2°/00. Examínese luego como una preparación histoló- gica al fresco, tapizándolas con un cubre-objeto y observándolas con pe- queño aumento de 50 diámetros. Si el resultado del examen fuera positivo es decir que acusara la presencia de larvas de triquina, la autoridad debe intervenir prohibiendo definitivamente la venta de esas carnes. Como otras medidas, aconséjase también no hacer consumo de carne de cerdo salada ó ahumada. El tratamiento curativo no ha dado siempre resultado satisfactorio, debido á que los enfermos acuden al médico después de pasado el primer periodo de la enfermedad, es decir después que los embriones han perío- rado las túnicas intestinales. Dado el caso que el paciente solicitara asis- tencia médica, estando aún en la primera fase de la afección, la administración de repetidos purgantes y anti-helmínticos daría lugar á la evacuación de los parásitos. Se ha aconsejado con tal objeto el extracto etéreo de helécho macho y el calomel. En el segundo y tercer período la medicamentación es pasiva debien- do el médico propender á aumentar las fuerzas del enfermo, combatir la fiebre y el dolor, hasta el momento del enquistamiento. Friedrich ha pre- conizado el picro-nitrato de potasio, pero no ha tenido buen éxito con su explicación. Müller aconseja la administración diaria de un gramo de tintura de nuez vómica. Catorce enfermos sometidos á este tratamiento curaron al cabo de un período de diez días, en término medio. La distribución geográfica de la triquina es cosmopolita, como lo son el cerdo y la rata. En la especie humana se han observado varios miles de casos corres- pondiendo á Alemania el triste privilegio de ocupar el primer puesto entre las naciones atacadas. En el ducado de Sajorna, del año 1860 al 1875, se desarrollaron 39 epidemias cayendo enfermas 1267 personas de las cuales 19 murieron. La mortalidad está representada por 1, 5 °/0. En Hedersleben PARASITOLOGÍA ANIMAL 409 durante el año 1865, produjéronse 337 víctimas de triquinosis de las cuales 101 sucumbieron, es decir que el número de defunciones correspondía al 30 % de los casos. En Francia solo se ha observado una pequeña epidemia en 1878; en Bélgica prodújose otra en 1894, que d:ó lugar á 17 enfermos, ocho de los cuales murieron. La triquinosis es rara en Inglaterra, Suecia, Austria, Rumania. Es más común en Rusia y muy frecuente en Alemania del Norte y Estados Unidos de Norte América. En Asia también ha sido visto en el cerdo chino y en Bengala. Se le ha encontrado en Algería, Egipto, Australia. En la América del Sud, es común en el Brasil según Lutz y en Chile según Tügel. En la República Argentina es bastante frecuente entre los cerdos. En el hombre ha sido observado un solo caso relatado por el Dr. Pedro Ferrari en su tésis inaugural. 410 PARASITOLOGÍA ANIMAL FAMILIA DE LOS FILARÍDEOS Los Filarídeos se caracterizan por comprender nematodes alargados filiformes, cilindricos por lo general muy largos, de boca variable, redonda ó triangular provista de labios ó de papilas, de esófago corto, nunca bulbo- so y ano terminal ó casi terminal. La extremidad cefálica se continúa in- sensiblemente con el cuerpo, y la caudal termina en punta aguda en la hem- bra y se arrolla en espiral en el macho. El ejemplar masculino es más pe- queño que el femenino y posee una ó dos espíenlas desiguales. La hembra tiene dos ovarios, y el orificio vulvar se abre cerca del extremo anterior del cuerpo. Son ovovíparos ó vivíparos. Esta familia encierra ocho géneros, de los cuales el único impor- tante para nosotros es el género Filaría, por comprender parásitos del hombre. Filaría Bancrofíi-Cobbold, 1877. Sinonimia: Filaris sanguinis hominis, Lewis 1872. Filaría Nocturna, Manson, 1891. Trichina cystica Salisbury, 1868. F. sanguinis hominis cegyptciaca Sonsino, 1875. F dermathemica Da Silva Araujo, 1874. F. Wuchereri Da Silva Lima, 1877. F. sanguinius hominrum.............. Hall, 1855. Este terrible parásito fué descubierto al estado larvado por Demarquay en el año 1863, al examinar el líquido lactescente obtenido por punción de un hidrocele de un joven de 19 años originario de la Habana. Tres años más tarde, Wucherer, ignorando el descubrimiento del clínico francés, proclamaba su existencia en Bahía, después de haber reunido 28 ca- sos análogos. En todos ellos, la larva había sido en- contrada en la orina de sujetos atacados de quiluria tropical. Desde entonces las observaciones se suce- den. En 1868, Lewis en Calcuta, Salisbury en los Estados Unidos de Norte América, observan en la orina de quilúricos, huevos y embriones de tan cu- rioso nematode; en 1870, análogas observaciones son llevadas á cabo por Crevaux en la isla Guadalupe y por Cobbold en Puerto Natal. Fig. 226.-Ejemplar masculino de la Fila- ría Bancrofti, de ta- maño natural. Según Magalháes. PARASITOLOGÍA ANIMAL 411 En 1872, Lewis ancuentra el embrión en la sangre de un indio que padecía de diarrea; durante un período de tres años el mismo autor lo ob- serva más de 30 veces, todas ellas en sujetos atacados de várices linfáticas, quiluria tropical ó elefantiasis de los Arabes. Lewis no vacila en afirmar que estas enfermedades son debidas á la obstrucción producida por el parásito en la circulación linfática y sanguínea, y sostiene con energía la unidad etioló- gica de dichas afecciones. Posteriormente, losembriones sonobservados varias veces, ora en la sangre, ora en la orina, en las lágrimas, en el producto de secreción de las glándulas de Mei- bomius, etc. Bancroft, en 1876, encuentra la hembra adulta en un absceso linfático del brazo, teniendo ocasión de obser- var cuatro ejemplares semejantes, poco tiempo des- pués, en un hidrocele del cordón espermático. Gracias á la notable actuación de Patrick Manson, descubrióse el huésped intermediario en 1881, repre- sentado por un mosquito, y finalmente Figueira di Savoia encuentra el macho, el año 1886, en un coágulo sanguíneo del ven- trículo izquierdo del corazón, al afectuar la autopsia de un sujeto muerto en Bahía. El ejemplar masculino, (fig. 226) tiene un aspecto filiforme, capilar y forma cilindrica, aguzada en su extremidad posterior, encorvándose esta última y describiendo una ó dos vueltas espiraladas. Mide 83 milímetros de largo por 0mm 4 de ancho en su porción más ensanchada que es la que corresponde á su extremo anterior. Tiene una coloración blanco-opalina y una extremi- dad cefálica terminada en punta roma. Hállase recubierto por una cutícula de 21 á 22 ¡i de espesor y estriada transversalmente. Esta cutícula se adelgaza á medida que se aproxima al extremo cau- dal, midiendo solo 11 ¡i al nivel de la cloaca sexual. La hipodermis está poco desarrollada y la capa muscular formada por células musculares ó fibras dis- puestas longitudinalmente. Las líneas dorsal y ventral no son visibles; en cambio se manifiestan netamente las líneas laterales que aparecen constituidas por una substancia granulosa en cuyo seno encierra numerosos núcleos refringentes. El aparato digestivo consta de un orificio bucal situado en el vértice de la extremidad cefálica, circular, inerme, de 5 ¡i de diámetro. Fig. 227. - Extremidad caudal del macho. Según Magalháes. Fig. 228.-Ejemplar femenino de tamaño natural. Según Maga- Iháes. 412 PARASITOLOGÍA ANIMAL A continuación sigue un esófago cilindrico, .que se inicia por una vasta dilatación ó bulbo faríngeo y se abre en el intestino por un ajusta- miento anular esófago-intestinal. El intestino es rectilíneo, provisto de fibras musculares longitudinales y prosigue con un recto corto y estrecho que termina [en la cloaca junto con la porción terminal del canal deferente. El aparato genital es largo y sinuo- so. Consta de testículo, canal defe- rente y vesícula seminal. Posee dos espíenlas desiguales, provistas de sus correspondientes vainas y de sus res- pectivas fibras protractoras y retrac- toras. Estas espíenlas pueden emerger hasta 22 ¡i fuera de la cloaca. La cloaca no es exactamente, termi- nal hallándose alojada á 130 ¡i del extremo caudal; se presenta bajo la forma de una hendidura transversa y está limitada por dos labios salientes y circundada por cuatro pares de papilas pre-anales y cuatro post-anales, (fig. 227;) siendo más grandes las primeras que las segundas, y más voluminoso el par próximo á las espíenlas. El ejemplar femenino (fig. 228), es más largo que el macho, midiendo comunmente de 8 á 15 centímetros de longitud por un ancho máximo de 0mm, 7. Presenta una coloración obscura y lleva en su extremidad anterior que es claviforme (fig. 229, a), una boca ter- minal inerme. El extremo caudal se aguza terminando en punta roma. La cutícula es estriada como en el ma- cho y presenta un máximum de espesor de 53 |i. Las líneas laterales son netamente visibles. El aparato digestivo se caracteriza por poseer un intestino muy largo. El ano se abre cerca de la extremidad posterior, en la línea media ventral (fig. 229, b). El aparato excretor no ha sido bien estudiado. Ofrece un poro excretor situado lmmpor detrás del orificio bucal. Fig. 229.-a, Extremidad cefálica de la hembra, observada con un aumento de 55 D; b, extremidad caudal. PARASITOLOGÍA ANIMAL 413 Los órganos sexuales están constituidos por dos ovarios largos y fle- xuosos, que llenan el interior del cuerpo y describen una curva en la vecin- dad de la cola. Esta porción de los tubos ováricos, encorvada en ansa, está unida á la cara dorsal del tegumento por un ligamento suspensor. Fig.230.-Embriones de Filaría Bancrofti observados en la sangre, Según Railliet. El útero es corto y rectilíneo, y termina en una vulva (fig. 229, a), situada á 2mm,56 de la extremidad anterior. Los ovarios están por lo general llenos de huevos y embriones. Los huevos carecen de cáscara, poseyendo en su lugar un simple corion; miden de 18 á 25 ¡i y se segmentan en el interior de los ovarios y del útero. Cuando se produce la expulsión, los embriones miden ya 37 ¡xy están bien desarrollados. Al estado adulto la Filaría sanguinis hominis vive en los vasos lin- fáticos. Allí las hembras eliminan por el orificio vulvar millares de embriones que pasan á la linfa, la cual circulando por el canal torácico llega á la vena cava inferior y por ella al corazón que las esparce en la circulación sanguí- nea general. Los embriones, gracias á su estrechez suma, pueden deslizarse 414 PARASITOLOGÍA ANIMAL fácilmente ai través de los capilares, cosa que no sucede con las filarías adultas. Por esta razón jamás se podrán observar estos parásitos al estado adulto en el interior de las arterias. Los embriones una vez que han adquirido su desenvolvimiento com- pleto miden de 126 á 300 ¡i de largo por 7 á 11 ¡i de ancho y se hallan recubiertos á menudo por una especie de vaina. El número es á veces considerable, habiéndose calculado que la can- tidad albergada por un hema-quilúrico podría alcanzar á 150000 embriones. Pueden ser fácilmente vistos. Para este objeto basta con hacer una punción en la yema de un dedo ó en el lóbulo de la oreja de un enfermo de filariasis y recoger una gota de sangre que se extiende y se puede examinar al fresco ó bien se fija y colorea por los procedimientos histológicos habituales. En cada preparación así hecha, pueden observarse uno ó varios embriones, pudiendo faltar algu- nas veces y no debiendo, por consiguiente, hacerse un diagnóstico negativo en caso de mal resultado. Por otra parte es menester saber elegir el momento oportuno para hacer la punción, pues sino correríamos el riesgo de no encontrar nunca los embriones aún tratándose de un caso de filariasis bien definido. En efecto, los embriones de filaría nos presentan el curioso fenómeno de invadir la circulación periférica durante el período de reposo del enfermo, abandonando por completo dicha circulación durante la vigilia. Algunos autores pretendieron explicar el fenómeno diciendo que era debido á que las hembras eliminaban los embriones en períodos de tiempos determinados, eliminación que iba precedida de la destrucción de la camada inmediata anterior. Actualmente Manson ha dilucidado el problema, expli- cando con poderosos argumentos basados en la experimentación y en la analogía, la periodicidad de los embriones en la sangre. En primer lugar este autor ha observado que invirtiendo las horas de descanso del hombre, la influencia de embriones á la periferia se producía siembre durante el período de sueño. Admite luego, con von Línslow, que el fenómeno es debido al hecho de que durante la vigilia, los vasos capila- res gracias á su tonicidad, no permiten el paso de los embriones, viéndose éstos obligados á refugiarse en los vasos profundos; en cambio, durante el sueno, los vasos se relajan, y á pesar de que los embriones tienen un diá- metro transverso mayor que el de los hematíes, pueden deslizarse fácilmente é invadir las regiones periféricas. Manson confirma su opinión, por los resultados que ha obtenido en una filaría muy vecina, la filaría immitis del perro. Este nematode se caracte- riza como el primero por la periodicidad de embriones en la circulación pe- riférica, aunque ella no es tan manifiesta, no observándose nunca desapari- ción total, sino disminución del número durante el período de vigilia. Manson PARASITOLOGÍA ANIMAL. 415 sometió muchos perros filariosos, durante el período de sueño y de vigilia á la acción de la estricnina y del ácido cianhíndrico, y pudo observar al efectuar las autopsias de los últimos qne los embriones se refugiaban en los gruesos troncos torácicos y abdominales. ¿Cual es la suerte futura de este embrión? Muchos de ellos son evacuados por las orinas, pasando de los capilares sanguíneos á los tubulis urinarios al través de los glomerulos de Malpighi: otros son eliminados por las lágrimas, por várices linfáticas, etc. Todos ellos están condenados á muerte segura. Para que el embrión pueda evolucionar es menester que intervenga oportunamente el huésped intermediario representado en este caso por una especie de mosquito, el Culex ciliar is^ según ha quedado demostrado con los notables trabajos de Manson. Sin embargo, no se llegó desde el primer momento á las conclusiones que hoy se registran sobre el ciclo evolutivo; habiendo sucedido aquí, lo que pasó con el estudio de las evoluciones de los Plasmodias de la Malaria. Manson admitía en un principio, que los mosquitos, al picar al hombre, durante el período del sueño, ingieren con la sangre gran cantidad de em- briones, que. es de 30 á 40 comunmente y puede llegar á 120. El culex hembra parece llevar á cabo una especie de selección, pues el número de embriones introducidos en el aparato digestivo se halla respecto á la cantidad de sangre que ha sido absorbida, en una proporción mucho mayor que la que existe entre los embriones y el líquido sanguíneo del enfermo. Esta se- lección se explica muy bien, si recordamos que el mosquito al introducir su trompa en el interior de un vaso sanguíneo, detiene los embriones del mismo modo que un obstáculo las sustancias extrañas, tales como ramas, maderas, arrastradas por la corriente de un arroyuelo. Dos minutos después, la hembra repleta de sangre abandona el enfer- mo, y solicitada por el peso de su cuerpo y la distensión de su abdomen se dirige á descansar, eligiendo para ello los terrenos baldíos próximos á pantanos, aguas estancadas, etc. Hasta aquí, la descripción del ciclo evolutivo concuerda con los datos pue actualmente poseemos. Según el mismo Manson, los embriones ingeridos se desarrollaban en el interior del aparato digestivo en un período de seis á siete días. La primera fase de su desenvolvimiento la efectuaban en el intestino abdominal, ascendiendo al esófago, una vez que se hubieran dibujado en ellos el aparato digestivo y las papilas caudales. Creíase entonces que los culex hembras no vivían más de 5 á 6 días, de modo que no todos los embriones podían alcanzar la madurez, por falta de tiempo; solo en el 10 ó en el 15 ®/0 de los mosquitos infectados el em- brión podría desarrollarse enteramente. Estos culícidos abandonan los 416 PARASITOLOGÍA ANIMAL huevos en el agua y mueren poco tiempo después; las larvas perforarían los tejidos del huésped, nadarían libremente en el agua, hasta que introdu- cidas con ésta en el aparato digestivo del huésped principal, atravesarían las túnicas intestinales, pasando á los vasos quilíferos y linfáticos, y radicándose en es- tos últimos para adquirir el estado adulto. Esta teoría que fué aceptada en el mundo médico y sostenida por Lewis, fué modifi- cándose paulatinamente gracias á nuevas investigaciones. El primero que intervino en ese sentido fué Bancroft. autor que se dedicó al prin- cipio á estudiar el género de vida y dura- ción de las diferentes especies de culex. Experimentando con el Culex ciliaris pudo comprobar la falsedad de la doctrina anti- gua que avaluaba la existencia del culex en cinco ó seis días, y observó que ali- mentando estos mosquitos con bananas, á semejanza de lo que hizo Ross, cuando estudió el proteosoma de las aves, el macho vivía hasta dos semanas, y las hembras no fecundadas hasta 70 días. Bancroft afirmó además, que los embrio- nes no perforaban los tejidos del mosquito para nadar libremente en el agua, y que antes por el contrario las larvas morían 24 horas después de la muerte del culex. Este autor sostuvo que el agua no podía ser la vía de infección, y que la filaría se adquiría cuando por ca- sualidad se ingería el mosquito, ora durante el sueño (individuos que duermen con la boca abierta,) ora con substancias alimenticias, tales como la miel, etc. No todos los observadores estuvieron conformes con este modo de ver. Ya Mackenzie había fundado de que la infección se efectuaba por in- termedio del mismo mosquito, pero corresponde á Manson el honor de ha- ber completado las primeras investigaciones, determinando el ciclo com- pleto de la evolución. En Mayo de 1900, este observador presentó á la Academia de Medicina, por intermedio de Blanchard, una serie de preparaciones microscópicas en las cuales se podían ver las diferentes fases migratorias de la filaría. Quedó demostrado desde entonces que los embriones una vez ingerí- Fig. 231.-Fragmento de múscu- lo torácico del mosquito en el cual se pueden observar larvas de Fila- rla Bancroft. PARASITOLOGIA ANIMAL 417 dos perforan las túnicas intestinales é invaden los músculos torácicos en donde se radican (fig. 231.) Dos semanas después, el tejido muscular dege- nera y las larvas avanzan hacia la extremidad anterior, invadiendo el proto- torax, y llegando finalmente á la trompa del culícido. En esa región se Fig. 232.- Evolución de la Filaría Bancrofti en 'el mosquito A. Corte de los músculos torácicos de un culex conte- niendo larvas de Filarías. B. Corte longitudinal de la cabeza, mostrando filarías que penetran en la cavidad del conducto de la trompa. Según Lou. C. Corte transversal de la trompa mostrando las filarías también cortadas transversalmente en el labio inferior y en los palpos.-Según Noe. f. Larvas de filarías. acumulan, para ser inoculados en la sangre cada vez que el mosquito succiona al hombre. Como vemos, el ciclo evolutivo de la Filaría Bancrofti, es parecido al de los hematozoarios de las fiebres palustres. Parasitología Animal 418 PARASITOLOGÍA ANIMAL - La edad no tiene influencia alguna en la adquisición de la filariasis. Parece sin embargo que la hematuria es^más frecuente en la niñez, y la he- mato-quiluria en la vida adulta, y según Wucherer y da Silva Lima más co- mún en el sexo femenino que en el masculino. La patología de este parásito puede ser más ó menos grave. Las afeccio- nes que determina se conocen con el término genérico de Filariasis, que es demasiado vago, por cuya razón enu- meraremos una por una. En primer lugar, la más común de todas ellas es la Elefantiasis de los Arabes, asi llamada porque los prime- ros que hicieron un estudio serio de esta enfermedad fueron dos médicos árabes, Rhazés y Avicenne. Caracterí- zase por la hinchazón considerable de los miembros inferiores (fig. 233) que llegan á adquirir á veces proporciones enormes, habiéndose observado ex- tremidades que tenían hasta un metro de circunferencia. Manifiéstanse al mismo tiempo úlceras y excoriaciones en las regiones enfermas, que dan salida á la linfa. El estado general del enfermo parece bueno; solo se observa palidez,, anemia y fatiga excesiva; llega un momento en que el peso de los miembros le impiden todo movimiento, pudiendo permanecer en semejante estado durante mucho tiempo. En este período la intervención quirúrgica puede dar buen resultado y es menester que el paciente se someta á ella si no quiere sucumbir en el marasmo. Todos estos fenómenos son producidos por la obstrucción que los em- briones determinan en los ganglios y vasos linfáticos y sanguíneos. Dicha obstrucción puede ser parcial ó total, y las modificaciones producidas varían.. Transcribimos á continuación la opinión de Manson, autor que se ha preocu- pado mucho de esta enfermedad. «Si la obstrucción es parcial solo se pro- ducirán várices linfáticas; la circulación de la linfa, merced á las numerosas anastomosis, queda interrumpida y puede acarrear hasta la sangre los em- briones de Alaria. Los resultados de tal obstrucción serán Unjo-escroto,. la quiluria y los infartos. Si la obstrucción es total, dos casos pueden pre- sentarse: l.° la linfa acumulada dilata de tal modo los vasos que determina su ruptura, originándose una linforragia más ó menos permanente. En este-. PARASITOLOGÍA ANIMAL 419 caso la linfa no estanca por completo, conserva su fluidez primitiva v circula retrogradando. Obsérvase comunmente la linforragia del excreto ó de las piernas, ingurgitaciones varicosas ganglionares. [Los exámenes de la sangre revelan la ausencia de embriones; en cambio estos pueden encontrarse en los ganglios y en los derrames linfáticos. 2.° En el caso en que la ruptura de los linfáticos no se produzca, la linfa se estanca en los ganglios y en los tejidos ve- cinos determinando induracio- nes y necrosis. En este momento aparece la elefantiasis. El exa- mende la sangre acusa carencia de embriones, lo que se explica fácilmente, pues ninguno de ellos puede atravesar los ganglios; la Alaria madre muere, ahogada por decir asi, víctima de la acu- mulación de los embriones y de la linfa que se organiza paulati- namente. Foresta razón, jamás se pueden observar los embrio- nes en la sangre ó en la linfa, cuando se trata de un caso de elefantiasis verdadera sin com- plicación. La obstrucción determinada por los embriones explica per- fectamente las diferentes mani- festaciones de esta compleja afec- ción. Al circular por los vasos linfáticos se aglutinan con los leucocitos, se acumulan y pue- den formar masas que obstruyen dichos vasos en un cierto punto de su trayecto. Esta obstrucción trae por consecuencia la consiguiente dilata- ción y Analmente ruptura de las paredes y evacuación del contenido. Asi la ascitis quilosa se explicaría por la ruptura de los vasos quilíferos ó lin- fáticos del mesenterio y derrame de la linfa en la cavidad peritoneal. La quiluria, hemato-quiluria de los paises cálidos y hematuria in- tertropical son- otras tantas modalidades de la filaiiasis, que se observan en las comarcas] tórridas y en algunas templadas. Los enfermos afee- Fig. 234.-Filaría Bancrofti. Negro con elefan. tiasis del escroto. 420 PARASITOLOGÍA ANIMAL tados son raros constituyendo el 1 75 0/° de los casos de Filariasis en general. La quiluria se caracteriza porque los enfermos eliminan una orina lechosa, de color blanco sucio que examinada al microscopio revela la presencia de infinidad de granulaciones, de naturaleza adiposa, que, con un aumento de 350 diámetros, se manifiestan bajo el aspecto de partículas de polvo muy finas dotadas de movimientos brownianos y diseminadas por todo el campo de observación. Son tan pequeñas que el filtro no las re- tiene, deslizándose al través de los poros de papel; por esta razón las orinas filtradas permanecen tan turbias y lactexentes como antes. El éter disuelve la emulsión grasosa y permite separarlas. En la hematuria, la orina posee, además de sus componentes nor- males, cierta cantidad de sangre que le comunica una coloración rojiza y la hace expontáneamente coagulable al contacto del aire. La fibrina se deposita y cae al fondo, aprisionando entre sus mallas los glóbulos y al- gunos embriones que se han deslizado á través de los glomérulos de Malpighi. En la hemato-quiluria se observan juntas las particularidades patoló- gicas explicadas en cada una de las afecciones anteriores. Las tres enfermedades mencionadas son debidas á la obstrucción de capilares. La primera es causada por la obstrucción y consiguiente ruptura de los capilares linfáticos del riñón; la segunda es debida á la ruptura de los glomérulos de Malpighi; y la tercera á la ruptura de los capilares linfáticos y sanguíneos. Para terminar con la patología de la Filaría Bancrofti, diremos que ella es la causante además, de las pápulas que aparecen en diferentes re- giones del cuerpo de los negros indígenas; especialmente entre los dedos, en los codos y en la cara anterior del puño. Los naturales del occidente de Africa conocen esta enfermedad con el nombre de cra^-cra^ y la temen mucho por el insoportable prurito que provoca. Magalháes refiere haber observado dermatosis análogas en el Brasil, habiendo constatado la pre- sencia de embriones de filaría en las pápulas. Finalmente Beukema, médico de Nagasaki (Japón) al examinar al microscopio los esputos sanguinolentos de un marino, descubrió con gran asombro gran número de embriones de Filaría, sobre cuya presencia no había abrigado hasta entonces la más pequeña sospecha. El diagnóstico de la Filariasis se basa en la constatación de embrio- nes llevada á cabo en algunos de los líquidos que le sirven de medio: san- gre, linfa, orina, lágrimas, producto de secreción de las glándulas de Mei- bomius, etc. En el tratamiento curativo se aconseja el abandono de los climas ca- PARASITOLOGÍA ANIMAL 421 lidos y la emigración á comarcas que gozen de climas templados y saluda- bles. El solo cambio de temperatura es suficiente muchas veces para pro- ducir mejorías considerables y aún curaciones completas. La administración de substancias terapéuticas no han dado resultado satisfactorio, siendo las más empleadas la glicerina, las sales mercuriales, el timol, etc. Deutley refiere haber obtenido buen éxito en la elefantiasis con las fricciones mercuriales aplicadas en las regiones hinchadas por la linfa. Como medicación interna empleaba el yoduro de potasio, el clorato de po- tasio ó el bicloruro de mercurio. Felicio dos Santos ha conseguido igual resultado con la aplicación de corrientes eléctricas inducidas obtenidas con un pequeño carrete de Rhumkorff. Causaba admiración ver en las preparaciones microscópicas de sangre filariásica, el número considerable de embriones muertos por la ac- ción de la electricidad. Cuando la elefantiasis ha progresado mucho y el enfermo tiene que permanecer inmóvil debido al inmenso peso de sus miembros inferiores, puede ensayársela intervención quirúrgica que sino siempre cura, por lo menos disminuye la incomodidad del huésped. La distribución geográfica es bastante extensa desarrollándose el nematode en los países intertropicales de los diversos continentes. Se le ha observado en Egipto, en Algería, Madagascar, archipiélago de la Reu- nión, China, Japón, Australia, Guayana, Estados Unidos, Méjico, Centro- América. La patria clásica es el Brasil. Paterson y Hall han encontrado la filaría en el 8, 6 0/° de los habi- tantes de Bahía. Filaria Medinensis-Gmelin, 1789. Sinonimia: Vena medinensis Velsch, 1674. Dracunculus Persarum Kampfer, 1694. Vermis medinensis.................... Glunder, 1740. Gordius medinensis Lineo, 1677. Filaria dracunculus Bremser, 1819. Draczmctdus medinensis Cobbold, 1864. Conocida desde tiempo muy antiguos, esta Filaria ha sido estudiada y considerada como tal, recién enj este siglo, por Gmelin. Moisés es el primero que la menciona, al hablar de las «serpientes de fuego» que tantas víctimas hicieron entre los niños de Israel, durante la es- 422 PARASITOLOGÍA ANIMAL •tadía de éstos en las cercanías del mar Rojo. Desde entonces su naturaleza fué muy discutida por los observadores de la edad media y moderna. Se llegó hasta negar su animalidad, considerándola como una vena distendida, como substancia nerviosa modificada, como tumores y abcesos sebáceos; otros autores sin ir tan lejos, la conside- raron como una especie de oruga, ó bien como un parásito del orden de los Gordios. Todas estas opiniones se disiparon con los trabajos de Gmelin, quien la clasificó entre los Filarídeos y detalló sus principales caracteres. Radicase al estado adulto debajo de la piel del hombre, y de numerosos animales tales como el perro, el chacal, el buey, el caballo y el gato salvaje, determinando en esa región abscesos que no tardan en abrirse y supurar. Lo particular de esta especie, es que todos los parásitos encontrados hasta ahora en los abcesos subcutáneos pertenecen al sexo femenino. Este hecho hizo pensar en que probablemente el macho se destruía antes que se produjera la invasión de los tejidos del huésped principal por las larvas, pero Charles parece haberlo descubierto en un ejemplar pequeño de cuatro centíme- tros de largo que estaba adherido por su extremo posterior á una filaria hembra, á catorce centímetros por detrás de la extre- midad cefálica de esta última. Polak, en Persia, cree que los machos son pequeños vermes que suelen encontrarse algunas veces con las hembras en el espesor del tejido celular subcutáneo. Refiere este autor, haber visto á veces hasta veinte pequeños vermes, de siete á diez centímetros de largo, acompañando á un ejemplar femenino. La hembra al estado adulto mide de 50 á 80 centímetros de longitud pudiendo alcanzar aún dimensiones mayores, hasta cuatro metros según un caso observado por Schneider. Tiene un aspecto filiforme (fig. 235, b,) un extremo cefálico terminado por un escudete (fig. 236) y un extremo caudal afilado, que se continúa insensiblemente con el cuerpo en las filarías jóve- nes, pero separado por un estrangulamiento en las viejas, y encorvado del lado de la cara ventral. Tiene una coloración blanco-amarillenta y está recubierta par un cu- Fig. 235.-Filaria medinensis, se- gún Claus. «, cabeza vista de frente y mostrando en A, el orificio bucal y en B, las papilas sensoriales, b, ejemplar femenino; c, embriones. 423 PARASITOLOGIA ANIMAL tícula estriada, de 40 [i de espesor. Posee capa hipodérmica granulosa, lí- neas laterales predominantes y medianas dorsal y ventral casi invisibles. La capa muscular está constituida por células intimamente unidas de 70 á 120 ¡i de diámetro. El escudete cefálico (fig. 236) es oval, de gran eje transverso y está perforado en el medio por el orificio bucal. Lleva en su borde dos papilas sensoriales volu- minosas en cuya vértice terminan filetes nervio- sos, y seis papilas dispuestas simétricamente, dos de ellas en la terminación de las líneas la- terales, dos dorsales y dos ventrales. El orificio bucal es triangular y situado de tal modo que uno de los ángulos corresponde á la línea media ventral. En su borde que es rugoso, se insertan fibras musculares retratoras y pro- tratoras, que se fijan por la otra de sus extre- midades ora en la pared tegumentaria, ora en la laringe. La faringe es quitinosa y unida á las líneas longitudinales por cuatro repliegues mesentéricos que parten de la vaina conjuntiva que la envuelve. Bifúrcase en su porción terminal en dos ra- mas, una de ellas que se continúa con el esófago; la segunda que se des- liza á lo largo de la pared esofágica y se divide después de un cierto tra- yecto en dos tubos que disminuyen de calibre en su recorrido y terminan en el coecum. El esófago, cuya disposición es muy curiosa ha sido elucidada por Fedchenko, es un tubo cilindrico sin adherencias á las paredes de la cavidad del nematode, constituido por dos capas: una externa anhista y una interna, muy densa, irregular y granulosa. Existe, cerca de su extremidad anterior, un fondo de saco que se insinúa entre la faringe y la capa conjuntiva que la envuelve, llenando los espacios limitados por las hojas mesentéricas. El intestino es largo y alojado en el estrecho espacio dejado entre el tegumento y el tubo uterino; disminuye de luz á medida que se aproxima al fin de su trayecto. Hállase revestido interiormente por una membrana epitelial transformada y granulosa, infiltrada de glóbulos adiposos. En su primera porción está unido al tegumento por cuatro repliegues mesentéri- cos; pero paulatinamente las dos hojas inferiores van disminuyendo de ta- maño, de modo que llega un momento en que el intestino está directamente aplicado sobre la cara ventral sin adherencias por ese lado. En la porción final, los dos repliegues dorsales también desaparecen, y el tubo intestinal se envuelve de una densa cubierta conectiva. El ano es sub-terminal situado en la cara ventral y en la base de la cola. La des- cripción que hemos hecho del aparato digestivo corresponde al aparato 424 PARASITOLOGIA ANIMAL que presentan las filarías adultas jóvenes; en las viejas, se atrofia por el enorme desarrollo del útero y queda relegado á un tubo cerrado por am- bas extremidades que no comunica, por consiguiente, ni con la boca, ni con el ano. Los órganos sexuales están en regresión en la filaría adulta. Constan de un voluminoso útero, ancho y dilatado, que llena la cavidad del cuerpo, sin contraer adherencia al- guna y que se continúa en cada una de sus extremidades por un conducto estrecho, de 18 á 20mmde largo, in- sinuado entre el útero y la pared te- gumentaria. Estos dos tubos repre- sentan los ovarios en degeneración. La vagina y la vulva han desapareci- do, no dejando ni vestigios de su existencia y el tubo uterino está lle- no de embriones que nadan en un lí- quido blanquizco, de aspecto puru- lento y cremoso. Como no existe orificio vulvar, los embriones solo pue- den salir por ruptura del útero y de las paredes del verme, siendo favore- cida la expulsión por la contracción de las fibras musculares del tegumento y de la capa externa del tubo uterino. Estos embriones (fig. 238), son cilindricos y miden de0,mm50 á 0,mm75 de largo por 15 á 25 p de diámetro. Terminan por una larga cola que constituyen próximamente 2/5 de la longitud total del verme. El extremo cefálico es rectilíneo y termina en punta roma; el caudal comunmente es- piralado sobre la cara ventral. A menudo los embriones se hallan unidos por la cola. La cutícula es refringente y estriada transversalmente. La capa muscular es continua, pero su espesor disminuye paulatinamente y se extiende hasta la mitad de la extremidad candad. La boca es casi infundibiliforme y carece de diente perforante. El esófago se une al intestino al nivel de la unión del tercio anterior con el tercio medio del cuerpo. El ano falta según Bastián; Robín, en cambio, afirma su existencia, y dice que se presenta bajo el aspecto de una hendi- dura transversa en la cara cóncova y hacia la raiz de la cola. De los ór- ganos genitales solo existen rudimentos, situados á la altura de la parte media del intestino y en la cara ventral. Falta el apaiato excretor. Poseen á ambos lados de la base del extremo can lal dos elevaciones sacciformes Fig. 2B7.-Corte transverso de la Fi- laría medinensis, efectuado á cinco centímetros de la extremidad anterior. El útero está lleno de embriones; á la izquierda de la ilgura puede observar- se el corte transverso del tubo diges- tivo y del ovario. LAM. XIV Filarías 1. Ejemplar femenino de la Filaría papillosa-2. Ejemplar masculino de la mis- ma-3. Filaría papillosa hembra, a, orificio bucal; b, vagina; c, vulva; d, esófago; e, estómago; f intestino; g, ano; h, origen del ovario; i, cutícula; j, oviductos; k, cuer- nos del útero; l, útero-4. Fragmento aumentado 80 veces, a, oviducto; b, intestino; c, lineas laterales-5. Fragmento del oviducto aumentado 250 veces y encerrando en su interior embriones, a, embriones de filaría-6. Huevos en diferentes estados de desarrollo-7. Filarías del útero en vía de desarrollo-8. Extremidad caudal vista de perfil, a, intestino; b, ano; c, cola-9. Filaría medinensis, según Brera. a, cola-10. Una gota de líquido seminal del macho. PARASITOLOGÍA ANIMAL E. PERRONCITO. PARASITOLOGÍA ANIMAL' 425 que comunican al exterior por un orificio en cuya cavidad se alojan dos conos pequeños que se insertan en el fondo. La función de estos conos ha sido in- terpretada de diversas maneras: para unos representa un glande, para otros un órgano de excreción y para otros finalmente una simple papila caudal. ¿Cuáles son las evoluciones ulteriores de este embrión? Expulsados al exterior con fragmentos de Alaria y pus, más ó menos seroso que salen expontáneamente por el abceso, los embriones llegan á la tierra, en donde les espera muerte segura si no interviene oportunamente el huésped inter- mediario. Pueden vivir, sin em- bargo, un tiempo bastante largo,, habiéndose probado que ofrecen gran resistencia á los agentes de destrucción. Jacobson cree que no alcanzan á vivir más de 24 horas en el agua; sin embar- go se les ha visto permanecer durante varios días á una tem- peratura bastante baja; en una mezcla de albúmina y agua, ha- llábanse vivos seis días después de haber sido colocados experi- mentalmente, y en la tierra hú- meda, Forbes los ha observado en perfecto estado al cabo de 15 días. En medios secos pueden conservarse, permaneciendo en estado latente; la humedad los reaviva y favorece sus movi- mientos. Se ha tratado de explicar de diversas maneras como se pro- duce la infección en el hombre. Cundió durante mucho tiempo, y se cree aún en ciertas comarcas, que el parásito se adquiere por penetración de los embriones al través de la piel. Ciertas coincidencias han hecho aumentar esta creencia. Así, por ejemplo, en la India, según Bruce, los transportadores der' agua, que cargan sobre las espaldas grandes vasijas con este líquido,'' presentan á menudo filarías radicadas en el tejido celular subcutáneo'de. la espalda. Fig. 238.-Embriones de Hilaria medinensis, aumentados 500 veces, según Bastián y Cobbold. 426 PARASITOLOGÍA ANIMAL Tan arraigada esta semejante opinión que los habitantes de ciertas regiones no se bañan en fuentes naturales por el temor de adquirir el parásito. Supúsose también que los embriones penetraban por el orificio ex- cretor de las glándulas sudoríparas (Cárter) ó por la vaina de un pelo. (Davaine.) Que la infección no se produce directamente por vía digestiva ha sido demostrado perfectamente merced á las numerosas experiencias de infección directa efectuadas en diversos animales con embriones de filaría. AFedschenko corresponde el honor de haber descubierto el hués- ped intermediario. Ya Leuckart había sospechado, basándo- se en la analogía del embrión de esta filaría coneXCíicítllamís, que probablemente el es- tado larvado lo pasaría en algún crustáceo de agua dulce. El sabio alemán in- sinuó al naturalista ruso para que prosi- guiera sus estudios hacia ese fin. Feds- chenko experimentó primeramente con Rotíferos, larvas de insectos y otros ani- males acuáticos, ob- teniendo resultados negativos. Luego re- currió á los Cíclopes que abundan mucho en los lagos de los al- rededores de Samar- kanda, obteniendo comprobaciones con- cluyentes de lo que antes era una simple opinión. Los embriones de filaría introducidos por vía digestiva son des- truidos por los jugos intestinales y digeridos como cualquier substancia extraña. Fig. 239.-Embriones alojados en la cavidad general del Ciclope, según Fedschenko. PARASITOLOGIA. ANIMÁL 427 En cambio, los que perforan el tegumento penetrando en el*intersticio de los segmentos abdominales, caen en la cavidad general (fig. 239) y se desarrollan perfectamente. Durante los doce primeros días no sufren modi- ficación alguna, salvo una mayor nitidez adquirida por el tuvo digestivo. Pasada esa época, los embriones mudan y pasan al estado larvado, cam- biando por completo de aspecto. La astriación cuticular desaparece; la ex- tremidad caudal es trífida (fig. 240); el intestino más neto. El esófago es musculoso y dilatado en su porción terminal; el intestino describe una serie de zig-zags y el recto es corto y quitinoso y se abre en un ano situado en la base de la cola. Su longitud disminuye, midiendo en este momento i/2mmde largo. Cuatro se- manas después ha duplica- do su tamaño. Las fases de la evo- lución de la larva no son desconocidas hasta el pre- sente. Las experiencias de in- fecciónefectuadaspor Feds- chenko, en gatos y perros jóvenes, con cíclopes in- fectados, no dieron resulta- do ninguno; de modo que solo por simples suposiciones y analogías po- dríamos cerrar el ciclo evolutivo. Lo más probable es que el huésped principal se infecte al beber aguas impurificadas con cíclopes, que son crus- táceos muy pequeños y pueden pasar fácilmente desapercibidos. Introduci- dos estos Copépodos en el estómago del hombre, el jugo gástrico lo des- truye, dejando las larvas en libertad, las cuales emigran al intestino, per- foran las túnicas intestinales y van á radicarse en el tejido celular subcutá- neo. El hecho de que los machos no se encuentran nunca en los abcesos á que dá lugar este nematode, se explicaría,' ora admitiendo que las larvas se fecundan en el intestino del huésped principal y los machos se eliminan con las materias fecales, ora suponiendo que la hembra fuera hermafrodita, desapareciendo primero los órganos masculinos que los femeninos. Como en este delicado punto, entramos en el terreno de las suposi- ciones esta porción del ciclo se presta á numerosas interpretaciones. Hay autores que suponen que las larvas emigran después de un cierto tiempo, del cíclope en cuyo interior se desarrollan, pasan al agua, se fecundan, mueren Fig. 240.-Larva de Filaría medinensis, según Fedschenko. 428 PARASITOLOGIA ANIMAL los machss, y las hembras fecundadas son ingeridas con las aguas de con- sumo para seguir la marcha infectante anterior. Railliet cree, por analogía, que los machos fecundan á las hembras en el interior de los tejidos, avan- zando únicamente las últimas hacia la piel, y determinando la formación de abcesos, para dar salida á los embriones. Por último, y tal vez lo más cierto de todo esto, es que los cíclopes no constituyen el verdadero huésped intermediario de la Filaría medinensis, desempeñando para esta última el mismo papel que desempeña la Limnaea peregra para el Distoma hepaticum. La Limnaea peregra desarrolla bien los esporocystos y las redes pero no desarrolla las cercarías. De la misma manera los cíclopes, que ofrecen un medio propicio para el desenvolvimiento de las larvas, no constituyen el verdadero medio para el desarrollo de todas las fases. Antes de concluir con esta cuestión, debemos recordar que aún no poseemos la seguridad de haber encontrado el macho de la Filaría medinen- sis. El descubrimiento de Charles efectuado en la India es dudoso; y según Manson es probable que el mencionado observador haya tomado por un ejemplar masculino lo que solo era un fragmento uterino desprendido del cuerpo de la hembra por ruptura del tegumento. El tiempo que la Alaria emplea para adquirir en el organismo su de- sarrollo completo varía según los autores; en término medio podemos decir que es de 8 meses á 1 año. La enfermedad que este parásito determina se conoce con el nombre deDracontiasis, del término Dragoncillo con que antiguamente se designaba á la Filaría medinensis. Los síntomas son generales al principio, luego locales. El sujeto enfermo experimenta una vaga sensación de pesadez, de cansancio, que puede durar varias semanas. Más adelante aparecen en ciertas regiones del cuerpo, especialmente en las extremidades inferiores una leve sensación de prurito, que va acom- pañada poco tiempo después de la formación de un tumor redondeado ú oblongo indoloro los primeros días, pero que después se hace sumamente doloroso, abriéndose y dando salida al exterior á una cantidad de pus más ó menos abundante. El tumor puede abrirse expontáneamente por uno ó por varios oriñcios y después de la evacuación del pus contenido, deja ver en el fondo la Alaria apelotonada y blanquecina, semejante á un nervio. El sitio de ubicación de los tumores Alariosos varia, pero comunmente se encuentran en los miembros inferiores, especialmente en la región maleo- lar (vulgarmente tobillos;) y también en los órganos genitales, en el periné^ en el brazo, en la mano, en el párpado superior, en la lengua, etc. Jamá& se le ha observado en el cuero cabelludo. PARASITOLOGIA ANIMAL 429 La raza, sexo, ni edad, no tienen por si misma influencia alguna para •adquirir la dracontiasis. El número de filarías que alberga un solo individuo es por lo común de una, dos, cuatro, pero se han llegado á observar sujetos que presenta- ban hasta 50 tumores filariásicos. Se comprende fácilmente que á medida que el número aumen- ta, mayor es la gravedad de la afección, por las continuas supura- Fig. 241 Fig. 242 Extirpación de la Filaría medinensis según Blanchard ciones, gangrenas consecuentes, fenómenos de origen nervioso á que da lugar. Algunas veces el verme es expulsado expontáneamente; pero en la mayoría de los casos es menester efectuar su extracción. El tratamiento curativo se basa en la extracción del nematode. Desde tiempos remotos se le practica, habiéndose solo agregado detalles a la operación, como la aplicación de líquidos que tienen la propiedad de ma- tar á la filaría, la extracción total efectuada en una sola vez, en lugar de los lentos procedimientos antiguos que exponían al enfermo á complicaciones graves, por las frecuentes rupturas del verme y gangrenas consecutivas. El método primitivo, preconizado por Aecio de Amida, y muy usado entre los indígenas, consiste en lo siguiente: tómase un pequeño tallo de médula de saúco, caña, mimbre, que lleve una hendidura en una de sus ex- tremidades para poder introducir en ella el extremo libre del verme; procé- dese entonces á hacer girar al tallito sobre su eje longitudinal, y la filaría se va arrollando lentamente á su alrededor. Suspéndese la operación, cuando se siente resistencia á la tracción, y se continúa en la misma forma durante 430 PARASITOLOGIA ANIMAL varios días. Si el operadores bastante hábil para extraer la Alaria sin rom- perla, la herida se cicatriza y el enfermo sana; si por desgracia el nema- tode se rompe durante la extracción, las cosas se complican; la porción que queda en el tejido subcutáneo, parece huir de la herida, se retrae, y es menester hacer entonces profundas incisiones; por otra parte los embriones infectan los tejidos vecinos; los dolores se hacen atroces, la supuración aumenta y puede aparecer la gangrena. Estos fenómenos son debidos, según Blanchard, álainfección purulenta determidada por la destrucción del fragmento que ha permanecido en la herida y á la acción de una leucomaína encerrada en el líquido lactescente de los abcesos. Otro procedimiento que ha sido de práctica corriente en medicina, consiste en atar á uno de los extremos del verme, ó á la parte más adecuada, un hilo de seda que se envuelve alrededor de un carrete de diaquilon. Deben tenerse presente las mismas observaciones que hemos he- cho en el método anterior. Cada vez que se suspende la operación, aplícanse cata- plasma con el objeto de disminuir la resistencia de la filaría y favorecer por consiguiente la operación. Actualmente se prefiere la extracción total del verme, practicando la excisión del tumor y tomando el pelotón constituido por el nematode. Un procedimiento que ha dado muy buenos resultados es el de Emily, que consiste en matar al dragoncillo mediante varias inyecciones de licor de Van Swieten efectuadas en diferentes puntos del tumor, con el contenido de una jeringa de Pravat. Este método que debe ser acompañado de fric- ciones mercuriales en la parte enferma, y administración de purgantes salinos, ha tenido éxito completo, pues mata á laclaría y permite su extracción de una sola vez. Como medidas profiláticas debe aconsejarse el uso del agua filtrada ó cocida, eliminando de este modo los cíclopes infectantes. Los naturales de las comarcas en donde reina la dracon- tiasis, creen evitarlas con el uso del ajo, de la pimienta, del alcanfor, de la asafetida. Otra de las medidas que es menester tener siempre pre- sente es la destrucción de la filaría ó délos fragmentos que se han extraído en la operación. Esta destrucción debe ha- cerse por el fuego, asi como debe incinerarse todos los objetos sobre los cuales hayan caído dichos fragmentos, para evitar que- los embriones prosigan su evolución si el medio les es adecuado. Fig. 243.-Fi- laría arrollada al rededor de un tallito de made- ra. Según Feds chenko. PARASITOLOGÍA animal 431 La distribución geográfica de la Filaría Medinensis es bastante extensa, comprendiendo los países tropicales y subtropicales de los diversos con- tinentes. En América se le ha observado, probablemente importada durante el tráfico de negros provenientes de Africa. Ha sido vista también en el Senegal, Egipto, Nubia, Abisinia, Costa de Guinea, Darfour, Senaar, Indochina, Indostán, Turkestán, Mesopotamia; ri- beras del Mar Caspio y del Goifo Pérsico, Guayana, Antillas, Brazil, etc. Filaría Loa-Guyot, 1778. Sinonimia: Filaría oculi Gervais y van Beneden, 1859. Dracunculus oculi Diesing, 1860. Dracunculus loa Cobbold, 1864. Filaría subconjuntivalis Guyon, 1864. Esta filaría, cuya primera mención remonta al siglo XVI, vive debajo de la conjuntiva ocular y presenta una organización mal estudiada hasta el presente. El macho mide de 22 á 30mm de largo por 0,3mm á 0,4mm de ancho; termina pon una extremidad cefálica obtusa (fig. 245 A) y por una caudal aguda (fig. 245 C D). Este carácter, por otra parte, le es común con la hembra. La cutícula es lisa; la boca es inerme y proeminente; el intestino rectilíneo y se abre en la cloaca sexual junto con la por- ción terminal del canal deferente. Posee dos espículas iguales que pueden emerger más ó menos fuera de la cloaca. El ano es sub-terminal y presenta por delante tres pa- res de papilas pre-anales globulosas y pediculadas y por de- trás dos pares de papilas más pequeñas. La hembra mide de 32 á 41mm de largo aunque se han visto ejemplares de tamaño mucho mayor. Guyon presentó en 1864 á la Academia Francesa de Ciencias una filaría hembra, de 15 centímetros de longitud, que había extraído de la conjuntiva ocular de un negro de Gambón. La vulva se halla situada en la cara ventral hacia la unión del cuarto anterior con los tres cuartos posteriores del cuerpo; la vagina es corta y en ella terminan dos ovarios voluminosos y llenos de huevos y embriones en diferentes períodos de desarrollo. Los huevos miden 35 p de largo por 25 p de ancho y los embriones de 252 ¡i á 262 p. en el momento de la eclosión que es intra-uterina. Fig. 244.-Fi- laría Loa. Em- brión aumenta- do de tamaño. 432 PARASITOLOGÍA ANIMAL Este nematode se aloja comunmente entre la conjuntiva y el globo ocular, pudiendo moverse y retirarse á las porciones más profundas de la órbita. Cambia de posición con suma facilidad y debemos mencionar al respeto la observación de Guyon, quién vió una de estas filarías trasla- Fig. 245.-A. Extremidad anterior del macho. B. Excrecencias cuticulares. C. Extremidad posterior del macho vista de perfil. D. Extremidad posterior de la hembra según Blanchard. E. Macho y hembra de tamaño natural según Guiart. darse de*un ojo á otro, arrastrándose mediante movimientos vermiculares, por debajo de la piel de la raiz de la nariz. No solamente se le encuentra en el ojo; se le ha visto también en el tejido celular subcutáneo del dorso, de los dedos de la mano, en los pár- pados. Presenta además el curioso fenómeno de aparecer y desaparecer pe- riódicamente. Robertson comunicó en 1897 á la Sociedad Oftalmológica de los Estados Unidos, la historia de un caso de filariasis observado por él PARASITOLOGIA ANIMAL 433 en una mujer de 32 años, que presentaba en cada ojo una Filaría loa] estas filarías desaparecieron poco tiempo después, reapareciendo una de ellas más tarde en el párpado superior derecho. La evolución de esta filaría nos es desconocida, habiéndose emitido al respecto simples conjecturas. Blanchard niega la existensia del macho, reconocida por Nassau, Ba- jón, Guyot, y otros observadores, y cree que, á semejanza de lo que pasa con la Filaría medinensis, las larvas son introducidas al aparato digestivo con las aguas de consumo; en el intestino adquieren la madurez sexual; los machos fecundan á las hembras, y mueren; mientras que éstas perforan las túnicas intestinales y son llevadas al seno de los tejidos, de donde se deslizan hasta el tejido celular subcutáneo durante el período de la postura. Cuando se halla ubicada en el globo ocular, determina en el huésped, los primeros días de su aparición, un prurito insoportable que va acompa- ñado de lagrimeo continuo; dolores punzantes, análogos á los neurálgicos, que aumentan durante la noche; inflamación y tumefacción limitada á la región de ubicación. Varios días después, todos estos síntomas desaparecen; el verme se retira, para reaparecer otra vez y determinar iguales fenómenos ó para no reaparecer jamás curando el paciente expontáneameiñe. El tratamiento curativo consiste en la extracción de la filaría. Entre los naturales de las comarcas en donde abunda este nematode, hay algunos prácticos que lo extraen con suma facilidad sirviéndose para ella de una simple espina ganchosa. El procedimiento que debe emplearse, redúcese á una pequeña incisión de los tejidos que la cubren y extracción consecutiva del verme mediante una pinza apropiada. Esta filaría es bastante frecuente en Guinea, Gabón, Agola, y Congo; los naturales de esta última región son los que la han bautizado con el nombre de loa. Ha sido encontrada también en Santo Domingo, Guayana, pero de- bemos hacer constar que todos los casos observados lo fueron en negros africanos que hacía más ó menos tiempo que se habían radicado en esas regiones. Desde la abolición de la esclavitud, no se ha tenido ocasión de ver ningún caso de esta especie de filariasis. El tiempo que puede permanecer en el huésped es bastante largo, como lo comprueba la observación de Roubin, quien encontró el verme en una negra que hacía seis años que había abandonado las playas africanas. Parasitología Animal 434 PARASITOLOGÍA ANIMAL Filaria diurna - Manson, 1891. FU. sanguinis hominis var major... . Manson, 1891. Esta especie ha sido observada al estado embrionario por Manson en la sangre de negros de la costa occidental de Africa ¿'Congo, Calabar.) La semejanza que presenta con los embriones de la Filaría sanguinis hominis^ ha hecho suponer que se trataba de formas anormales de esta última. Sus caracteres diferenciales con la F. Bancrofti consisten en la carencia de granulaciones á lo largo del eje del cuerpo y en que se presenta durante el día en la sangre periférica. Su huésped intermediario es desconocido, pero puede suponerse por analogía, que no es un insecto de hábitos exclusivamente nocturnos como la hembra de los Culícidos. Manson cree que su Filaría diurna no es más que la forma embriona- ria de la Filaría loa y funda su opinión en el relato de uno de sus enfer- mos quien le refirió haber tenido, durante la niñez, una filaría debajo de la conjuntiva ocular, filaría que jamás le fué extraída y desapareció con la aplicación de un poco de sal común. Filaría perstans - Manson, 1891. FU. sanguinis hominis var minor... Manson, 1891. Descubierta por Manson, como la anterior, en la sangre de los ne- gros J de las comarcas tropicales de Afri- ca, solo se conocen sus embriones que son más pequeños que los de las otras filarías parásitas del líquido sanguíneo. Miden 200 ¡i de longitud y carecen de vaina. Poseen una extremidad anterior provista de un pequeño ¡.ostro retráctil y una extremidad posterior roma. Tienen un aparato digestivo incompleto; se les encuen- tra de dia y de noche en la sangre de los enfermos, y están dotados de movimientos vivísimos, estirándose y contrayéndose á voluntad y desplazándose activamente en el campo del microscopio. Su longevidad es grande; se han obser- vado casos de negros que la albergaron durante un período de siete, nueve y quince meses. Fig. 246.-Filaría Perstans. A. Embrión aumentado de tamaño.. B. Extremidad posterior del ma- cho adulto aumentado de tamaño. PARASITOLOGÍA ANIMAL 435 Manson refiere haberla visto en un negro que hacía seis años que ha- bía abandonado las playas africanas. Según este autor, la filaría perstans sería la causante de una enferme- dad conocida en el Africa con el nombre de Enfermedad del sueño o letargo de los negros y de una dermatosis papulosa, el cram-cram frecuente entre los negros de la Costa de Oro. Su evolución la explicaría del modo siguiente: partiendo de la supo- sición que la filaría adulta existe en el aparato circulatorio, los embriones eliminados por la hembra, caen en la sangre, invaden los capilares y se ra- dican en el tejido celular sub-cutáneo. Su presencia debajo de la piel de- termina una erupción pápulo-vesiculosa pruriginosa, cuyas vesículas se des- garran por el raspage, dejando los embriones en libertad. Estos llegan al agua por un medio más ó menos indirecto, para ser llevados al aparato di- gestivo del hombre, cuando éste hace consumo de dichas aguas. Llegados al intestino, perforan las túnicas intestinales y penetran en el aparato vascular para dar lugar á nuevos ciclos. Filaría Demarquayi - Manson, 1897. De esta especie no se conoce más que la hembra adulta, la que ha si- do descripta por Ozzard y Daniels. Mide de 55 á 80mm de largo por 0mm, 210 en su punto más ancho. Es un verme largo y delgado, su cabeza carece de papilas. El orificio genital es simple y situado cerca de la cabeza; la abertura del ano está marcada por una papila: esta especie es igualmente vivípara. Esta filaría ha sido encontrada por primera vez en S. Vicente (Antillas) en muchos indígenas. Galley la encontró en Santa Lucía en el tejido conjuntivo del mesenterio; había cinco ejempla- res, todas hembras. El embrión es chico, se parece mucho al de la Filaría Perstans; lo mismo que este mide 200 ¡j. de largo por 5 ¡i de ancho; desprovista de guaina se encuentra en la sangre del hombre de noche como de día, se distingue por tener la ex- tremidad caudal más delgada. Todavía no se conoce el ospite intermediario de dicho embrión; su rol patógeno, todavía es desconocido. Filaría Volvulns - Leuchart 1893. El macho de esta especie más chico que la hembra, mide 30mm, de largo por 0mm, 144 de ancho; la hembra según Prout, alcanzaría á 40 cm.. de largo por su ancho mínimo de 0mm 360. Fig. 247.-1 ilaria Demarquayi. Man- son 1897. 436 PARASITOLOGÍA ANIMAL Se encuentra al estado adulto en los tumo- res del tejido conjuntivo subcutáneo. Dicha filaría es frecuente en el Africa occidental; Leuckart la encontró por la primera vez en el 1893. Labadie, Lagrave y Duguy hace poco la observaron en el Hospital de la Charité en un sujeto de regreso del Tonkin; finalmente Bruntat la volvió á encontrar muy á menudo en la cuenca del Congo. Su evolución es todavía desconocida, los embriones largos más ó menos 300 p no han sido todavía vistos en la sangre, pero si abundantemente en los líquidos de los quistes, adonde se alojan los adul- tos. Filaría inerinis - Grassi, 1887. Sinonimia: Filaría palpebralis Pace, 1867. F. peritonoei hominis Babés, 1880. F. conjuctivos Addario, 1885. De esta especie solo se conoce la hembra, que se presenta bajo la forma de un cordón filiforme, blanquecino ó ligeramente amarillento, de 16 centímetros de largo por 0nim47, de ancho. La extremidad anterior (fig. 249) es aguza aunque no termina en punta y la caudal es agu- da y encorvada. Posee una cutícula surcada de numerosas estrías transversales (fig. 249). La cabeza carece de papilas y aloja en su centro una boca terminal; el esófago tiene una luz triangular y mide 0mm, 6; dilátase en su porción terminal y se continúa mediante el estrangulamiento esófago intestinal con un intestino ancho y rectilíneo; el ano tiene la forma de una hendi- dura transversa y está situado á 300 ¡i de la extremidad posterior. Los órganos sexuales constan de dos ovarios largos y sinuosos, ape- lotonados en el extremo caudal y que se fusionan al nivel del estrangula- miento esófago-estomacal para formar una vagina rectilínea que se abre por un orificio vulvar situado á pequeña distancia de la boca. Fig-248.-rilaría volvulus. O,cabeza del m.iclio a mentada de tamaño; D, cabeza de hemb a aumentada de tamaño; E. ex- tremidad caudal de la hembra aumentada •de tanuño. Según rout. PARASITOLOGIA ANIMAL 437 Los tubos ováricos encierran en su interior huevos en diferentes perío- dos de desarrollo y millares de embriones ya formados, que miden, en el mo- mento de la eclosión 250 p. de lar- go por 5 ^2 de ancho y se carac- terizan por presentar la extremi- dad caudal filiforme y muy agu- zada. La Filaría inermis ha sido observada en el hombre, en el asno y en el caballo. Según Grassi es frecuente en los dos úl- timos pero á menudo se le ha confundido con la Filaría papi- losa. Rivolta encontró el verme en el interior del globo ocular de o un asno. La primera observac'ón en la especie humana fué hecha por Dubini, autor que la encontró en el ojo de un sujeto. El segundo caso se debe á Bebés y es cu- rioso porque la filaría se radica- ba entre las hojas del epiplón gastro-esp'énico de una mujer, en el interior de un nodulo de naturaleza conjuntiva y lleno de substancia caseosa. El tercero fué descrito por Addario y extraído por Va- dela de un pequeño tumor del tamaño de un guisante situado debajo de la conjuntiva bulbar de una mujer originaria de la provincia de Catania. Probablemente debe pertenecer á esta misma especie la filaria que ex- trajo Angelo Pace, de un quiste radicado en el párpado superior de un niño de nueve años. Filaria inmitis - Leidy, 1850. ¿Haría canis cordis Leidy, 1850. Filaria papilosa hcematica canis domestici Delaíond y Gruby, 1852. Este parásito fué descubierto por Leidy en 1850, en el sistema circula- torio de un perro, habiéndose observado desde entonces infinidad de veces en este animal, y una vez en el hombre por Bolwlby. P ig. 249. -Filaria inermis. A, de tamaño na- tural; B, extremidad cefálica aumentada. Según Addario. 438 PARASITOLOGIA ANIMAL El macho (fig. 250 A) cilindrico, filiforme, mide de 12 a 18 cms. de largo por 0mm, 7 á 0mm, 9 de ancho. Tiene coloración blanco sucia. La extremidad cefálica es cónica, y posee una boca terminal provista de seis pequeñas papilas. La extremidad posterior se arrolla en tira-buzón y posee en sus bordes laterales dos aletas que sostienen las papilas. El ano se halla á pequeña distancia del vértice caudal. Las papilas son pre- anales y post-anales. Las espículas son dos y desiguales. La hembra (fig. 250 B,) mide de 25 á 30 cms. de longitud por lmm de ancho; la cola es corta y obtu- sa; la vulva situada á 1 por detrás del orificio bucal. Es ovovivípara; los embriones eliminados en la san- gre del huésped llegan á medir 295 [i. Estos embriones, á semejanza de los de la Filaría Bancroftí, invaden durante el sueño los vasos periféricos, y se refugian durante la vigilia en los gruesos troncos, pero sin desaparecer por completo de los vasos de la periferia; por esta razón se encuen- tran siempre embriones en los exámenes de sangre de perros afectados de esta especie de filariasis. Los embriones se eliminan por la orina y á veces por los esputos, excrementos, líquidos serosos, etc. El huésped intermediario se halla representado por el Anopheles Claviger, el mismo insecto que sirve de huésped á los Plasmodias de la Malaria. La antigua opinión que lo radicaba en el Pulex serraticeps y en el Haematupinus pili feríelo parásitos del perro ha sido abandonada por completo después de los trabajos de Grassi. Este sabio italiano reconoció los embriones de la Filaría inmitis en el cuerpo de numerosos anopheles recogidos en los alrededores de Roma y pudo deter- minar en compañía de uno de sus discípulos, el ciclo evolutivo de este parásito que es en un todo semejan- te al de la Filaría Bancroftí. El número de vermes adultos que alberga un solo huésped varía según Megnin de 1 á 50. Los machos se hallan en menor cantidad que las hembras. Habi- tan, como ya lo hemos dicho en el aparato circulatorio, pero pueden accidentalmente encontrarse en el tejido conjuntivo subcutáneo y determinan la formación Fig. 250.-Filaría inmi lis A, macho; B, hembra. Según Rai- lliet. de abcesos. PARASITOLOGÍA ANIMAL 439 La acción patogénica de este verme es bastante grave. Según Railliet, en los casos de Filariaris al corazón, obsérvase hipertrofia de este órgano acompañada de endocarditis más ó menos pronunciada; cuando el parásito se localiza en las arterias, da lugar á endoarteritis, trombosis, etc. La enfermedad va por lo general acompañada de un cortejo de sínto- mas que varían con los individuos pero que comunmente consisten en pos- tración general, anemia, ascitis, icteria, etc. La muerte se produce por síncope, ó va precedida por una serie de ataques epileptiformes cada vez más agudos y repetidos. La Filaría inmitis muy común entre los perros, se incluve con vaci- laciones entre los entozoarios del hombre. Solo existen dos observaciones, no muy concluyentes, en la literatura médica. El primer caso fué observado por Bolwlby al afectuar la autopsia de un árabe, que padecía de hematuria. Encontrábanse huevos del parásito en los riñones, uréteres, vejiga y pulmones. El segundo, según Max Braun, fué. encontrado en una fístula rectal de un joven de 17 años, natural de Dorpat. Filaría ocuii human i - von Nordmann, 1832. Filaría lentis Diesing, 1851. La Filaría lentis ha sido observada varias veces en la especie humana. Nordmann que la descubrió en el cristalino de un sujeto que padecía de catarata, y que tuvo ocasión de verlas dos veces más ha dado de ella una descripción incompleta. El macho es más pequeño que la hembra y posee la cola ligeramente arrollada en espiral; mide linm 6 de longitud. La hembra es cilindrica y filiforme; presenta una coloración blanco- rosada y mide de 3 á 4mm de largo. Posee una boca orbicular, desnuda, un ano terminal y un orificio vulvar situado en la extremidad caudal. Posteriormente esta filaría ha sido vista por Gescheidt, Schóler y San- tos Fernández. Quadri, presentó al Congreso oftalmológico de Bruselas, el dibujo de una filaría análoga, radicada en el cristalino de una mujer de 30 años. Fano tuvo ocasión de observar otro caso muy curioso pero que proba- blemente debe pertenecer á la especie filaría papilosa. Tratábase de un niño de doce años que se quejaba de una disminución visual por parte del ojo derecho. Examinado con el oftalmoscopio, Fano pudo observar en el humor vitreo un filamento de 7mtB de largo dotado de vivos movimientos y que se desplazaba velozmente. 440 PARASITOLOGÍA ANIMAL Filaría labialis - Pane, 1864. De esta filaría solo se registra un solo caso en la Literatura médica. Fué observada y descrita por Pane, estudiante de medicina en Ñápeles, y dibujada semi-esquemáticamente por Panceri. Tratábase de un sujeto que sentía desde algún tiempo atrás, una sensación de cosquilleo y ardor insoportable en la porción interna del labio su- perior. Examinando detenidamente esta región, Paner encontró una pustulilla blanquecina, que incidida con'un bisturí de acero, dejaba ver en el fondo un cordón filiforme y blanco que se retrajo por detrás de la mucosa cuando se le pretendió sacar. Extraído al día siguiente, el verme medía 3 cms. de largo. Presenta su extremidad anterior aguzada (fig. 251) en cuyo centro se abre el orificio bucal provisto de cuatro papilas simétri- cas, y una extremidad posterior dilatada y termi- nada en punta roma. El ano es subterminal y situado á 0mm, 5 del vértice caudal. Lo más curioso de la organización de este nematode, es la disposición de sus órganos sexuales. Posee dos tubos uterinos desiguales y dirigidos en sentido contrario; el primero, alo- jado en el extremo cefálico, es muy sinuoso y largo; el segundo, dirigido hacia atrás, es rudi- mentario v rectilíneo. Ambos canales se fusionan en una vagina corta, recta y estrecha que se abre en un ori- ficio vulvar, situado en la cara ventral y á 0mm5- por delante del ano. Probablemente este caso no es más que una forma anormal de la Filaría medinensis. Filaría linfática -Moquin-Tandon, 1860. Sinonimia: Tentacularia sub-compressa Zeder, 1800. Filaría hominis bronquialis Rudolphi, 1819, Sirongylus bronquialis Cobbold, 1879. Descubierta por Treutler en los ganglios linfáticos peribrónquicos de- unjoven de 28 años, que murió de tuberculosis pulmonar. Fig. 251.-Filaría labialis, aumentada seis veces. Según Panceri. PARASITOLOGÍA ANIMAL. 441 Es sumamente rara, habiéndose observado desde entonces dos ó tres veces y aún estos casos son dubitativos. Vercelloni cree haberla encon- trado en el cuerpo tiroides y Bianchi en algunas glándulas conglomeradas del esófago. En 1879, Zahu descubre dos ejemplares en ganglios traqueales tu- mefactos. Treutler le asigna los siguientes caracteres: cuer- po filiforme (figura 226), extremidades cefálica y caudal romas, cabeza poco diferenciada del cuer- po y que se continúa insensiblemente con éste. Lleva en la cabeza dos ganchos que emergen de la cavidad bucal y pueden moverse á voluntad del anormal. Posteriormente Rudolphi y Bremser demostraron que Treutler se había confundido y había tomado la cabeza por la cola, y, los ganchos por las dos espíenlas que salen de la cloaca sexual. Antes de terminar el capítulo concerniente d las filarías debemos hacer constar que en la República?Argentina se han visto tres casos'de filariasis. El primero fué observado por el Dr. R. Wcrnícke, autor que encontró los embriones de Filaría Bancroft¿' en la orina quilúrica de un preso de nuestra Penitenciaría. El segundo en el ano 1903 ha sido visto en la clínica del doctor J. B. Justo del Hospital San Roque de esta capital. Tra- tábase de un sujeto que finé operado por el Dr. justo, por puntas de hernia, y en cuya región inguinal encontró un quiste al cordón que incindido dejó ver en su interior numerosas vesiculillas pediculadas. De una de éstas, estrájose un líquido opalino, que fué remitido al laboratorio de Patología General. El Dr. Bachmann, que lo examinó, encontró numerosos embriones diseminados en el campo del microscopio, procediendo inmediatamente á la obtención de microjotografiías que han sido conservadas. Este caso ha sido descripto en todos sus detalles por nuestro distin- guido colega Sr. Silvani en sil tesis inaugural. El tercer caso, publicado en la Semana Médica del 16 de Mayo de 1907 ha sido observado en el Consultorio Médico del Departamento de Policía di- rigido por el Dr. Barrasa, por el. Dr. Martin G. Lascano, en un italiano de 29 años de edad de la provincia de Cosensa. El Dr. Lascano siguiendo la técnica de buscar el parásito durante la noche, analizando la sangre del enfermo, encontró el embrión de la filiaría Bancrofti con sus movimientos serpenteados bien visibles. Fig. 252.-Filaría linfá- tica. Según Treutler. 442 PARASITOLOGÍA ANIMAL FAMILIA DE LOS RHABDONEMIDOS Esta familia se caracteriza por encerrar especies heterogónicas que al estado adulto se presentan bajo dos formas; en la primera, que es probable- mente la primitiva, los vermes viven libres y son ditóicos es decir que exis- te diferenciación sexual, habiendo ejemplares masculinos y femeninos; en la segunda, que es la forma parásita, no hay tal diferenciación, siendo to- dos los vermes hermafroditas. En su forma libre son semejantes á los Rhabditis con los cuales pre- sentan estrechas analogías; poseen boca desprovista de labios, pero pose- yendo á su alrededor espesamientos cuticulares; al orificio bucal sigue un vestíbulo y luego un esófago bibulboso cuyo bulbo anterior es fusiforme y el posterior globuloso y provisto de dientes quitinosos. En la forma entozoaria, estos nematodes son filiformes, tienen un orificio bucal inerme y un esófago muy largo y casi cilindrico. Divídense en tres géneros: Allantonema, Angiostoma y Rhab- donema, de los cuales solo el tercero será objeto de nuestro estudio. Rhabdonema intestinale - Blanchard, 1885. Sinonimia: Anguillula intestinalis et stercoralis Bavay, 1877. Leptodera stercoralis Cobbold, 1879. Leptodera intestinalis Cobbold, 1879. Anguillula intestinalis y Pseudo Rhabditis stercoralis.. Perroncito, 1880-81. Rhabdonema strongyloides Leuckart, 1882. Strongyloides intestinalis Grassi, 1883. Este parásito presenta muchos puntos de semejanza con los Estrongi- lídeos y especialmente con el Ankylostoma duodenale, viviendo á menudo con éste en el intestino del hombre. Fué descubierto por el doctor Normand, en las deposiciones diarréicas de numerosos soldados que regresaban á la patria, después de la campaña de Cochinchina, afectados de grave disentería. Bavay, que hizo el estudio microscópico de este verme por encargo de Nordmand, asignóle el nombre de Angttillula stercolaris. Posteriormente, Normand, al efectuar la autopsia de un soldado que había muerto de la diarrea de Cochinchina, denominación que se le daba vulgarmente á la enfermedad, encontró entre las vellosidades intestinales .un pequeño nematode que remitió á Bavay para su estudio. PARASITOLOGÍA ANIMAL 443 Bavay redujo de su examen, que se trataba de otro verme parásito, el cual por otra parte lo encontróen cuatro autopsias sucesivas de soldados que habían sucumbido á la disentería. Creyéndola una nueva especie, de- nominóla Anguillula intestinalis. Desde entonces fué creencia co- rriente que la diarrea de Cochinchina era producida por dos parásitos dis- tintos. hasta que los estudios de Leuc- kart en 1883, vinieron á demostrar que el Anguillula stercolarisy el Angut- llnla intestinalis no son más que las dos formas libre y parásita de una misma especie. El Anguillula intestinalis (fig. 253) que constituye la forma parásita, vive comunmente en el duodeno, aunque se le ha visto también en el yeyuno (Grassi, Monti); en el íleon (Nordmann, Bavay, Parona); en el estómago (Nord- man, Golgi); y en el canal colédoco y pancreático (Golgi y Monti.). Allí se radica, alojándose en el in- terior de las glándulas de Lieberkühn y adhiriéndose á la mucosa intestinal por la porción del cuerpo correspon- diente al orificio vulvar. Tiene á primera vista el aspecto de una filaría; su cuerpo es cilindrico aguzado en ambas extremidades, pero más en la caudal que termina en punta cónica muy aguda. Mide de lm,n,80 á 2mm,25 de largo por 30 á 40 ¡j. de ancho. Está recubierto por una cutícula finamente estriada al través. El aparato digestivo consta de una boca circundada por tres pequeñas papilas; de un esófago fuertemente musculoso casi cilindri- co, que alcanza á medir el cuarto déla lon- gitud del nematode, de un intestino cuyaluz es casi igual ála del esófago y del cual solo se distingue por la diferencia de coloración, y por último de un ano fisural transverso, situado cerca del extremo caudal. Fig. 253.-Anguillula in estmalis aumentad 120 veces, según Max Braun. Fig. 254-«, huevo que encierra en su interior un embbón rudimentario; b, el mismo huevo que aloja el emb'ión en una fase más avanzada de desarrollo. 444 PARASITOLOGIA ANIMAL El ovario adquiere un desarrollo muy grande, llenando toda la por- ción media y el tercio posterior del cuerpo y encerrando en su interior una cadena de huevos dispuestos como las cuentas de un rosario y cuyo número varia entre 4 y 16. La vulva se abre en la cara ventral y al nivel de la unión de los dos tercios anteriores con el tercio posterior. Los huevos (fig. 254) son elípticos y ovales; tienen una coloración amarillo verdosa y miden Fig. 255 -Anguülula stercolaris, según Bavay. 1, larva rhabclitóidea; 2, id, pero más desarrollada; 3, ejemplar femenino adulto; 4, id, masculino; 5, embrión rhabditóideo; 6, larva estrongilóídea en vía de transformarse en AnyiLÍUula intes- tinalis\ 7, aparato copulador del macho; a, b, c, esófago; d, e, intestino; f, rudimen- to de las glándulas genitales; g, ano; h', vulva; i, útero; s, espíenlas; t, testículo. de 50 á 60 ¡i por 30 á 35 ¡i. Los embriones maduran en su interior pero no eclosionan en el tubo genital. Eliminados los huevos por el orificio vulvar caen en las glándulas de Lieberkühn en donde se desarrollan como en el in- terior de un nido. Seis horas después los embriones se mueven con facilidad dentro del huevo, hasta que al fin la membrana de cubierta se rompe y los deja en libertad. Miden entonces de 200 á 400 ¡i y es en este estado que son expulsados al exterior con las materias fecales del huésped. PARASITOLOGÍA ANIMAL 445 Mucho se le ha discutido sobre la sexualidad del Anguillula intesti- nolis. Leuckart cree que es un verme hermafrodita, y dice, que á semejanza del Angiostoma nigrovenosum^ el período de vida femenino (que es el que nosotros conocemos)jva precedido de un fase en la cual los conductos ge- nitales dan origen á espermatozoides. Grassi y Calandruccio opinan que son hembras partenogenésicas. Arrastrados los embriones al exterior con las substan- cias excrementicias, no tar- dan en desarrollarse, si la temperatura les es propicia. Colocados á 32 ó 35¿grados en un termóstato, se desen- vuelven perfectamente. Su- fren una muda, adquiriendo la adultez 30 horas después y diferenciándose netamen- telos machos de las hembras. Esta forma libre es la que ha sido descrita con ' el nombre de Anguillula ster- coralis. Ambos sexos no se en- cuentran en las mismas pro- porciones. Las hembras son por lo general ocho veces más numerosas que los ma- chos. Caracterízase esta forma por presentar el cuerpo ci- lindrico, aguzado en la ex- tremidad caudal y recubier- to por una cutícula débil- mente estriada al través. Tiene la extremidad cefáli- ca globulosa, con una boca poeminente y limitada por cuatro espesamientos cuti- culares; la faringe es mus- culosa; el esófago bibulbo- so, con el bulbo anterior piriforme y el posterior provisto de dientes quitinosos; el tubo intestinal di- Fig. 256.-Anguillula stercolaris, según Perroncito. A, ejemplar masculino; B, id, femenino; 0, larva estrongylóidea apta para transformarse eü Anguillula íntestinalis', D, id; enquistada en la piel de su muda, a, ano; o, úteros llenos de huevos; s, espíenlas; v, vulva. 446 PARASITOLOGÍA ANIMAL tatado y rechazado lateralmente por los órganos sexuales; el orificio ana\ limitado por papilas y situado en la base de la cola. El macho de esta especie (fig. 256 A) es más pequeño que la hembra; mide 0mm, 75 de largo por 35 ¡x de ancho; tiene una extremidad caudal agu- dísima, encorvada en forma de gancho y prensil; el testículo ocupa la mayor parte de la cavidad del cuerpo y presenta una coloración blanco opalina. Posee dos espíenlas cortas, s, agudas y encorvadas, que emergen de la cloaca sexual. Por delante de ésta hay tres papilas. Faltan las papilas post- anales. La hembra (fig. 256, B) mide de lmm de largo por 50 ¡x de ancho. Tie- ne el cuerpo fusiforme y la extremidad posterior más aguda y filiforme que la del macho. Los ovarios son tubos de gran calibre que se continúan por dos úteros, o, situados respectivamente en la porción anterior y posterior del cuerpo. La vulva, v, se abre en la parte media pero más cerca del ex- tremo caudal que del cefálico. El acoplamiento es sumamente curioso, dura de 40 á 50", según Pe- rroncito. Este autor, que tuvo la buena suerte de observar dos Anguillulas acoplados, describe el acto de la manera siguiente: el macho arrolla su cola alrededor del cuerpo de la hembra, al nivel del orificio vulvar, descri- biendo dos ó tres vueltas; introduce las espíenlas en la vulva y comprime el cuerpo de la hembra con gran energía. Esta trata de evadirse pero no puede á pesar de todos sus esfuerzos; la eyaculación se produce; el macho relaja sus espiras permaneciendo adherido á la hembra durante 2 ó 4 segundos; despréndese luego del todo y se aleja velozmente para buscar otro ejemplar á quien fecundar. La hembra del Anguillula stercoralis pone de 30 á 40 huevos en di- ferentes grados de desarrollo. Algunas veces la eclosión se efectúa en el interior del útero y no es raro ver embriones que desgarran el tubo uterino y caen al exterior perforando los tejidos de la madre. Son por consiguiente, ovíparos ú ovovivíparos. Los embriones (fig. 255,5) son rhabditóideos al principio, es decir que presentan mucha semejanza con los padres. Miden en el momento de la eclo- sión 250 ¡x. Poseen la extremidad caudal arrollada en espiral y un esófago bibulbar. Los dos bulbos están unidos por un largo estrangulamiento y el posterior lleva los característicos dientes quitinosos. Están dotados de movimientos rapidísimos que disminuyen paulatina- mente, á medida que se desarrollan. Cuando el embrión llega á 450 ¡x, cesa su crecimiento, sufre una muda, pierde sus caracteres de Rhabditis y toma un aspecto estrongilóideo. (fig. 256, C). La cola disminuye de tamaño y pierde su disposición espiralada; es ob- tusa y se presenta á veces bifurcada y otras trifurcada debido á la presencia PARASITOLOGIA ANIMAL 447 de dos pequeñas papilas laterales que con el vértice caudal, constituyen un triple apéndice. El aparato digestivo sufre modificaciones profundas; la boca presenta cuatro prolongamientos labiales; el esófago es largo y pierde los dientes quitinosos así como su antigua disposición bibulbar; el intestino es corto y cilindrico. Este estado lo adquieren 36 horas después de haber eclosionado siete ú ocho días más tarde todos los embriones se han transformado en larvas estrongilóideas, que están condenadas, por su débil constitución, á una muerte segura si no interviene rápidamente el huésped que las ha de alber- gar al estado adulto. Algunas, según Perroncito, después de transcurrido cierto tiempo, se enquistan en la piel de su muda (fig. 256, D) y pueden permanecer en vida latente durante varias semanas. Este nematode nos presenta, por consiguiente, el curioso fenómeno de poser una forma entozoaria hermafrodita y una libre sexual. ¿Cómo se explica el hecho, entonces, de que Normand y Bavay hayan descubierto el Rabdonema stercoralis^ que es la forma libre, en el tubo in- testinal de sujetos muertos de diarrea de Cochinchina? Una explicación posible hay, que nos satisface completamente pues está de acuerdo con los resultados de la experiencia: los Anguillulas sterco- ralis se forman en el intestino del huésped, después de la muerte de éste, á expensas de los embriones rhabditoídeos que no son ya expulsado al ex- terior con las materias fecales y adquieren la adultez sexual en el sitio del intestino en donde han quedado ubicados. Además de la forma indirecta de desarrollo que nos presenta este ver- me, Grassi, Golgi, Monti, Segré han demostrado que posee otra directa, y que probablemente es tan frecuente ó más común que la anterior. Grassi fué el primero que observó el hecho, en 1878. Los embriones rhabditoídeos puestos en determinadas condiciones de cultura en lugar de transformarse en Anguillulas stercoralis, daban origen directamente á lar- vas strongylóideas, que ingeridas por un huésped se desarrollaban y cons- tituían los Anguillulas intestinahs adultos. El tiempo que puede vivir el parásito en el interior del intestino es pequeño. Las Anguillulas intestinalis mueren pocos días después de su lle- gada al tubo intestinal. Sin embargo, Leuckart ha observado en un sujeto, la persistencia del verme hasta un año y medio después de su regreso á la patria. Las deposiciones acusaban durante todo este período un número in- menso de Anguillulas. Estos casos de persistencia solo pueden explicarse admitiendo que el parásito, siguiendo el proceso descubierto por Grassi, dé lugar directamente en el intestino á la formación de larvas strongylóideas,.. 448 PARASITOLOGÍA ANIMAL que adquirirían en ese mismo medio la madurez sexual. Solo así se puede comprender una infección tan prodigiosa, en ausencia del elemento infes- tante externo y conociendo la poca duración de la vida del Angttillula in- testinalis. Otra cuestión que ha suscitado muchas discusiones es la manera como se infecta el hombre. Creyóse durante algún tiempo que el principal ve- hículo que llevaba las larvas strongilóideas al aparato digestivo era el agua, pero actualmente se ha desechado esta opinión. Las numerosas investiga- ciones llevadas á cabo en aguas de comarcas en que la diarrea era endé- mica, no comprobaron nunca la existencia de la larva en este medio líqui- do. Por otra parte el Dr. Normand, abstúvose de beber estas aguas, hacien- do uso únicamente de aguas europeas, y contrajo la enfermedad. Probablemente la infección se lleva á cabo por las legumbres que se ingieren crudas y que los campesinos chinos tienen costumbre de regar con aguas saturadas de excrementos humanos. Estos excrementos pueden lle- var larvas rhabditóideas, suceptibles de adquirir el estado adulto, acoplar- se y dar origen á larvas strongylóideas, que se enquistan después de la pri- mera muda y permanecen en vida latente. Introducidas luego con las le- gumbres, en el aparato digestivo, crecen y se transforman en Angztillulas intestinalis. Fué creencia general en un tiempo que este parásito era el causante de la diarrea de Cochinchina, y se basaba esta opinión en el hecho que siem- pre se encontraban anguillulas en las deposiciones diarreicas de los sujetos afectados de dicha enfermedad. Actualmente se cree que su acción patogénica no es tan grave y no existe tampoco tal correlación de causa á efecto: primero por que no en to- dos los casos de diarrea de Cochinchina se encuentran anguillulas en las materias fecales; segundo porque el anguillula se ha observado en deposi- ciones de sujetos sanos. Estas bases sin embargo no son suficientes para inducir de ellas que el parásito no tenga acción patogénica alguna. Admí- tese que su presencia en el intestino produce una irritación que se amplifica con la multiplicación del parásito y que agrava diarreas que podrían presen- tarse benignas. Sonsino ha observado que este nematode puede dar origen á graves enteritis que acarrean á menudo la muerte del paciente; Golgi y Monti, que determina en el intestino alteraciones epiteliales; los folículos cerrados se tumefacían; prodúcense infiltraciones de leucocitos en el fondo de las glán- dulas de Lieberkühn y por detrás de la muscular de la mucosa; los enfer- mos sienten debilidad general, cefalalgia, vértigos, inapetencia absoluta, re- pugnancia por las bebidas alcohólicas. Como medidas profilácticas aconséjase no comer legumbres crudas ó mal cocidas y hacer uso de agua filtrada ó hervida. Las materias fecales PARASITOLOGIA ANIMAL 449 de los enfermos deben desinfectarse para lo cual se emplean tempera- turas elevadas ó sino antisépticos enérgicos tales como el ácido fénico ó el ácido tánico. Los naturales de Cochinchina mascan, á guisa de preservativo, las ho- jas del Betel, planta indígena que tiene propiedades astringentes y parasiti- cidas y que parece tonificar y endurecer la mucosa intestinal, impidiendo la ulceración y la diarrea. El tratamiento curativo se basa en la administración de buenos desin- fectantes y antihelmínticos. Usanse con tal objeto el extracto etéreo de he- lecho macho y el ácido tánico acompañado de dieta láctea prolongada. Las dosis deben ser altas y administradas con frecuencia, como en la cura del Ankylostoma duodenale. El Kousso y la Kamalano han dado resaltado alguno. Normand refiere haber obtenido buen éxito con la administración diaria y repetida durante varios días de 8 centigramos á 1 gramo de ácido fénico. La distribución geográfica es bastante extensa. Se le ha encontrado en Cochinchina, China, India, Japón; en Italia es muy común especialmente en las comarcas húmedas y se le ha observado muchas veces en compañía del Ankylostoma. Es más raro en el Brasil, en las Antillas, en Martinica, etc. En la República Argentina se le ha visto dos veces. El primer caso fué observado en el año 1893, por el Dr. Julio Méndez en un sujeto que padecía de diarrea crónica y que falleció cuatro días después de haber in- gresado á su servicio, en el Hospital San Roque de esta capital. El segun- do caso diagnosticólo el Dr. Bachmann, al examinar microscópicamente, en el laboratorio de Patología General, las deposiciones que le fueron remitidas de un enfermo que se asistía en la sala del Dr. Wernicke, en el Hospital de Clínicas. En cada campo de microscopio podían observarse una, dos y hasta cinco larvas de Anguillulas intestinalis. Esta observación fué com- pleta, pues se cultivaron las larvas y púdose ver como se transformaban en Anguillulas stercoralis y éstas daban origen á embriones rhabditóideos que se modificaban para transformarse en larvas strongylóideas. Parasitología Animal 450 PARASITOLOGIA ANIMAL FAMILIA DE LOS ANGUILÚLIDOS Caracterízanse las especies de esta familia por ser de tamaño pequeño, de forma cilindrica, filiforme, aguzada en ambas extremidades. Tienen la cutícula lisa y un aparato digestivo constituido por una boca provista á menudo de labios, por un esófago bibulboso, cuyo bulbo posterior po- see tres dientes quitinoso; por un intestino rectilíneo y por un ano sub- terminal. El macho tiene dos espículas iguales y lleva á menudo en el extremo caudal una amplia lámina provista de apéndices quitinosos. La hembra es ovivípara, posée dos ovarios rectos que se fusionan en una corta vagina.. La vulva se abre en la porción media del cuerpo pero más cerca del extre- mo posterior que del cefálico. La extremidad caudal es filiforme y mucho más aguzada que la del macho. Los Anguilúlidos viven libres en la tierra ó en el agua dulce y tam- bién en las substancias putrefactas ó fermentadas. Solo accidentalmente son parásitos. Comprenden ocho géneros, de los cuales el único que estudiaremos es el Rhabditis por encerrar parásitos del hombre. Leptodera Nielly-Blanchard, 1885 Rhabditis Niellyi Blanchard, 1885 Este nematode solo se conoce al estado larvado y fué descubierto por Nielly, al observar el líquido proveniente de una erupción papulosa, análoga al craw-craw que se había desarrollado en la piel de un grumete de 14 años. El niño en cuestión, vivía en los alrededores de Brest y no había salido ja- más de la comarca. Las pápulas pruriginosas estaban radicadas en las ex- tremidades inferiores y en la región glútea. Las larvas miden 333 p de largo por 13 ¡i de ancho. La extremidad cefálica es chata y terminada en punta roma; la caudal aguzada, la cutícula- estriada transversalmente. El aparato digestivo consta de una faringe es- trecha y corta; de un esófago bibulboso que aloja en el bulbo posterior dien- tes quitinosos, y de un intestino rectilíneo que se abre por un orificio anal, situado cerca de la extremidad posterior. De los órganos sexuales solo existen rudimentos; el útero se halla alo- jado en la mitad posterior y está constituido por una masa de pequeñas cé- lulas redondas. La evolución de este rhabditis no es conocida, pero puede suponerse PARASITOLOGIA. ANIMÁL 451 que se efectúa del modo siguiente: los embriones infectan al huésped por vía intestinal, al ser introducidos junto con las aguas de consumo. Llegados al intestino, perforan las túnicas, pasan á la sangre, y son transportados luego al tejido celular sub-cutáneo en donde determinan la dermatosis de que he- mos hablado. Confirma esta opinión el hecho de que el grumete solía be- ber con frecuencia el agua de los arroyuelos vecinos y luego la observa- ción de Nielly, quien al examinar la sangre al microscopio, comprobó la pre- sencia de embriones, pero únicamente durante las dos primeras semanas de la enfermedad. Exámenes posteriores practicados por el mismo observador en las aguas de la comarca para encontrar el embrión, dieron todos resultados negativos. Rhabditis pellio-Bütsclili, 1873 Sinonimia. Leptodera pellio Schneider, 1866 Rhabditis genitalis Scheiber, 1880 Este verme vive comunmente, libre, en los parajes húmedos, con las substancias orgánicas putrefactas. El macho mide de 0mm,8 á 1 mm,05 de longitud; es cilindrico, ensancha- do en su porción posterior, y encorvado sobre su cara ventral. La extre- midad caudal presenta variaciones características, que según Scheiber, de- penden de la mayor ó menor edad del parasito. En los más jóvenes, el extremo posterior (fig. 257, A) lleva una lámina cordiforme de naturaleza quitinosa y surcada en ambos lados por seis á diez costillas radiadas. En un período más avanzado (fig. 257, B) la lámina desaparece, pero las cos- tillas persisten en los bordes y toman entonces el aspecto de fi- nas y rígidas cilias. La extremidad se escava profundamente. Por úl- timo, en un tercer período, C, desaparecen las cilias, quedando la escava- ción terminal. El aparato digestivo consta de una boca limitada por tres labios y si- tuada en la extremidad cefálica que es roma; de un esófago bifusiforme cons- tituido por dos bulbos unidos por una porción más estrecha; el bulbo pos- terior, muy dilatado, lleva en su interior tres dientes quitinosos. El intestino es rectilíneo y representa en la larva los 3/4 del largo total del aparato diges- tivo y en el macho los 4/5. El recto es corto y termina en la cloaca sexual con la porción final del canal eyaculador. Los órganos sexuales están representados por un testículo que descri- be numerosas circunvoluciones y situado en la mitad posterior del verme y 452 PARASITOLOGIA ANIMAL por un canal deferente de calibre más pequeño que se abre en la cloaca alojada en la base de la cola. Como órganos accesorios posee dos espíen- las desiguales, que se aproximan por sus extremidades libres, llegando á tocarse algunas veces. La hembra (fig. 258) mide de 0,mm9 á lmm, 3 de largo. Tiene un aspecto fusiforme, aguzada en ambas extremidades y ensan- chada en su par- te media. El ex- tremo caudal es filiforme y lige- ramente encor- vado. El aparato digestivo es aná- logo al del ma- cho; el segundo segmento esofá- gico, a, es casi cilindrico; el ano, d, se abre en la cara ventral, cerca del vértice posterior. El ovario está bien desarrollado y ocupa casi toda la cavidad del cuerpo; la vulva, c, está situada en la porción media pero más cerca de la extremidad posterior que de la anterior. Los huevos, b, son elípticos ú ovalares y miden de 60 á 66 p; los embriones eclosionan en el interior del ovario, teniendo ya, al salir por el orificio vulvar, un largo de 210 p. Este nematode ha sido encontrado una vez como pa- rásito en la especie humana. Tratábase de una mujer húngara, de 35 años, que pa- decía de pielo-nefritis intestinal, pleuro-neumonia y catarro gastro-intestinal agudo. El Dr. Scheiber que la asistía, al practicar el exámen microscópico de la orina, encontró además de sangre, pus y albúmina, un número inmenso de Rhabditis, vivos ó muertos de los cuales los primeros conservaron su vitalidad hasta tres días después de la emisión de la orina. Tal era la abundancia de estos pa- rásitos, que al examinar el sedimento urinario era fácil observar hasta cinco en el campo del microscopio. En la observación de Scheiber se trata probablemente de un caso de parasitismo accidental. Oerley explica la infección por la arraigada costum- Fig. 257--Extremidad caudal del Khabditis pellio macho, según Scheiber. Fig. 258.-Ejemplar femenino de habdi- tisi^llio. a, bulboeso- fágico; bt huevos; c, orificio vulvar; d,ano. PARASITOLOGÍA ANIMAL 453 bre que existe entre los aldeanos húngaros de usar con fin curativo cataplas- mas de tierra húmeda. Los Rhabditis que pululan libremente en ciertas tierras, podrían haber sido llevados á la vulva, con el empleo de estas cata- plasmas, y pasar de allí á la vagina, en donde encuentran un campo admi- rable para su desarrollo. Scheiber había notado mancn-as de barro en los muslos de su enferma, así como en las sábanas del lecho, pero no dió impor- tancia á este dato. Por otra parte Oerley ha demostrado mediante numerosas pruebas ex- perimentales, que el Rhabditis pellio recogido en la tierra húmeda se desarro- lla y se multiplica perfectamente en la vagina de las ratas. Rliabditis terrícola-Dujardía, 1845 Rhabditis teres Perez, 1866 Rhabditis Cornwalli Cobbold, 1879 Esta especie vive, á semejanza del Rhabditispellio, en las substancias putrefactas y en la tierra húmeda; siendo muy común en los jardines de Eu- ropa. La incluimos entre los entozoarios del hombre, con vacilación, pues el único caso observado, que dió lugar por otra parte á comentarios muy vivos, no es nada demostrativo y nos indica únicamente que el Rhabditis puede por casualidad ser parásito accidental. El macho tiene su extremidad posterior muy aguzada y mide lmm,3 de largo; el aparato digestivo responde al que hemos descrito para los Rhab- ditis en general. La boca posee seis labios; el bulbo esofágico' anterior es fusiforme y el posterior esférico. La hembra mide 2mm; tiene una extremidad caudal filiforme; la vulva se abre en la parte media del cuerpo; los huevos eclosionan en el cuerpo de la madre y miden 60 p de largo por 40 p de ancho. Creyóse que este parásito podía determinar una epidemia análoga á la triquinosis, pero su acción patogénica ha sido actualmente reducida á su justo valor. En el año 1879, cayó enfermo, á bordo del vapor Escuela Corn^all, uno de los cadetes con todos los síntomas de triquinosis. Casi en el mismo tiempo se enfermaron cuarenta y dos cadetes más, presentando la enferme- dad en todos ellos iguales manifestaciones y tomando los caracteres de una verdadera endemia. De las 43 victimas hubo una muerte. Ocho semanas después llevóse á cabo la exhumación del cadáver: Po- wer y Corry practicaron la autopsia y efectuaron el examen microscópico de los músculos que les reveló la presencia de innumerables nematodes muer- tos y no enquistados, especialmente en el diafragma. Además encontraron uno de estos vermes vivos en una preparación obtenida con un fragmento de músculos abdominales. 454 PARASITOLOGIA ANIMAL Los médicos citados hicieron su informe y concluyeron que la enfer- medad no era otra que la triquinosis, basándose en los síntomas que habían presentado los enfermos y en la presencia de las larvas de nematodes en el tejido muscular del autopsiado. El asunto tuvo entonces gran trascendencia; se conmovió la opinión pública y la cuestión íué llevada ante el Parlamento. Nuevos exámenes practicados por Bastián y Cobbold, demostraron que se trataba de Rhabdi- tis adultos; Oerley confirmó este diagnóstico y agregó que los nematodes en cuestión pertenecían á la especie del Rhabditís terrícola. ¿Cómo llegó el verme al tejido muscular del cadete? Bastián crée que la infección se produjo por vía digestiva perforando los embriones las túnicas intestinales y yendo á localizarse en los músculos de la economía del cadete para adquirir allí el estado adulto. Pero lo más probable, es que este parásito haya invadido al cadáver después de ente- rrado y no tenga nada que ver con la enfermedad declarada á bordo del Corn'wall. Parásitos Accidentales del Hombre ORDEN DE LOS ACANTOCÉFALOS Los Acantocéfalos constituyen el primer orden de la clase de los Ne- matelmintos y se caracterizan por comprender vermes cilindricos, más ó menos alargados, unisexuales, ovíparos, que carecen de aparato digestivo aún al estado larvado y provistos de una trompa retráctil armada de ganchos que desempeña las funciones de órgano de fijación. Por su organización, así como por su forma, estos animales ocupan en la escala zoológica una posición intermedia entre los trematodes y los nematodes. Están recubiertos externamente por una cutícula que es lisa en la extremidad anterior, pero plegada trasversalmente en la porción posterior semejando á primera vista una cadena estrobilar (fig. 259). Inmediatamente por debajo de ella se observa una doble capa muscu- lar: la primera formada por fibras 'musculares transversas; la segunda por fibras longitudinales. Estas capas limitan en su interior la cavidad visceral en cuyo seno hállanse alojados los diversos órganos de excreción, gene- ración, inervación, etc. Los acantocéfalos no tienen órgano alguno de digestión; carecen de PARASITOLOGÍA ANIMAL 456 boca y de ano, efectuándose la nutrición por endosmosis á semejanza de los Cestoides. Megnin, sin embargo, ha querido considerar como un rudimento de aparato digestivo, dos sacos fusifor- mes que posee el parásito en su extremidad an- terior (fig. 260, B); los lemniscos, órganos de origen tegumentario, cuyas funciones aún no han sido bien dilucidadas, y que probablemente deben formar parte del aparato excretor. En su interior encierran una substancia granulosa de coloración obscura que circula gracias á una red de finos canalículos radicados en las paredes. Dichos canalículos se unen á otros que provienen de la por- ción anterior del cuerpo y terminan en un vaso anu- lar alojado en la extremidad cefálica. Relacionados á las funciones digestivas deben mencionarse también una serie de canales sub-cuti- ciliares muy ramificados que se anastomosan para constituir dos troncos longitudinales bastante volumi- nosos. El sistema nervioso es asimétrico y está representa- do por un ganglio multicelular, alojado en el fondo de la vaina de la trompa (fig. 260, C). De este ganglio parten numerosos file- tes; unos se dirigen hacia la extremidad cefálica y particularmente á la trompa; otros pasan sobre las fibras musculares refractoras ó retináculos (fig. 260, D) y se distribuyen en el tegumento, y finalmente algunos inervan los órganos genitales, presentando en su trayecto, pequeños ganglios dise- minados abundantes sobre todo en el macho. Los acantocéfalos carecen de órganos de los sentidos durante todos los períodos de su vida. Constituyen el aparato locomotor las fibras musculares del tegumento, susceptibles de contraerse y dilatarse y la trompa protráctil (fig. 260, A),, que desempeña las veces de una ventosa y posee un número de ganchos que puede alcanzar hasta sesenta. Este órgano de fijación que ha dado la denominación al orden, puede retraerse en una vaina infundibiliforme, A', cuya extremidad posterior está unida á las paredes tegumentarias del verme mediante un músculo, L, que constituye el ligamento supensory por dos sis- temas de fibras transversales, D, ó retináculos. Son vermes de sexos separados. Los órganos genitales del macho constan de dos testículos volumi- nosos E, situados uno detrás de otro, debido á la estrechez del diáme- tro transverso y fijados á la vaina de la trompa por el ligamento sus- pensor. Fig. 259.-Echinorhyn- chus proteus. A, tama- ño natural; B, aumen- tado. PARASITOLOGIA ANIMAL 457 Dan origen por su extremo posterior á los respectivos canales defe rentes, F. Estos se fusionan después de un tra- yecto más ó menos largo en un solo espermi- ducto, el cual se desliza en un sentido ántero- posterior, recibe el líquido segregado por seis ú ocho glándulas prostáticas G, radicadas á su alrededor y se abre en una vesícula seminal, H, amplia y piriforme. El aparato reproductor termina en un pene ó cirro K, de forma cónica, que puede evaginarse á voluntad formando una verdadera bolsa co- pulatriz, susceptible de proyectarse más ó menos en una vasta cavidad que existe en el extremo posterior del cuerpo. Los órganos sexuales de la hembra, á seme- janza de los masculinos, están alojados en el seno del ligamento suspensor. Se componen de un ovario impar, dependiente de las c°pas musculares del ligamento de un tubo uterino que remata por uno de sus extremos en la cavidad visceral y por el otro se continúa por una cor- ta vagina abierta al exterior por un orificio vulvar. El acto de la cópula existe. Los óvulos á me- dida que se forman, dilatan el germígeno, des- garran el ligamento suspensor, y caen en la ca- vidad visceral. Allí se fecundan manifestándose las primeras fases del desarrollo, pero antes de que éste sea completo, vénse' envueltos por tres membranas de cubiertas, de las cuales la más resistente es la del medio. El embrión posee ya algunos ca- racteres semejantes á los del verme adulto, pre- sentando una trompa retráctil coronada de gan- chos. En tal estado pasa por el orificio visceral del útero, que se ha dilatado ad hoc^ se desliza á lo largo del tubo uterino y es expulsado al me- dio exterior por la vulva. El desarrollo de estos vermes es indirecto efectuando comúnmente sus evoluciones en dos huéspedes. El estado larvado lo pasan en la cavidad general de diversas especies Fig. 260. - Acantocéfalo macho, (Exhinorhynchits an- gustatiis}. Aumentado 25 ve- ces. A, trompa protráctil; A', vaina de la trompa; B, lem- niscos; C, ganglio nervioso; D, retiuáailos ó músculos retractores laterales; E, tes- tículo; F, canal deferente; G, glándulas prostéticas; H, ve- sícula seminal; K, cirro ó pe- ne; L, ligamento suspensor. 458 PARASITOLOGIA ANIMAL de insectos, crustáceos, peces, etc., y el adulto en el tubo intestinal de los vertebrados, habiéndoseles observado algunas veces en el interior de quis- tes de naturaleza conjuntiva. El orden de los acantocéfalos comprende tres géneros: Neorhynchus, Gigantorhinchus y Echinorhynchus, de los cuales solo el segundo tiene importancia para nosotros por encerrar parásitos del hombre. Echinorliyiiclius gigas. - Goeze, 1782. Sinonimia. Ascaris lumbricoides Frisch, 1727. Icenia hirudinacea Pallas, 1781. Gigantorynchus Hamann, 1892. Este parásito vive normalmente al estado adulto en el intestino delgado del cerdo y del jabalí. El ejemplar masculino presenta forma casi cilindrica y una coloración blanco azulada. La extremidad posterior se aguza paulatinamente y termina en punta obtusa; mide de 6 á 10 centímetros de largo por 4 á 5 milímetros de ancho y lleva en el extremo anterior un probóscide ó trompa globulosa, provista de 5 á 6 hileras de ganchos curvos, y que puede invaginarse en una vaina larga y fusiforme. Posee una cutícula desnuda, lisa ó estriada trans- versalmente debajo de la cual existe la doble capa muscular característica de los acantocéfalos. En el seno de la cavidad así limitada y sostenidos por el ligamento suspensor se encuentran los órganos genitales que responden en un todo á la descripción que de ellos hemos hecho precedentemente. El cirro ó pene es membranoso y acampanulado. El ejemplar femenino es más largo que el macho; mide 23 á 35 centí- metros de longitud por 4 á 9 milímetros de ancho; Riehm refiere haber observado una hembra que alcanzaba á 43 centímetros de largo y medía 27 milímetros de circunferencia en su extremidad anterior. Los huevos (fig. 261) son de forma ovoidea y miden de 87 ¡i á 100 ¡x en su diámetro longitudinal; poseen una triple membrana de cubierta, siendo la segunda la más densa y resistente. El embrión es más largo que el huevo, por cuya razón la extremidad cefálica se halla replegada sobre el cuerpo; tiene forma cónica y lleva en el extremo anterior cuatro ganchos bien desarrollados. Los huevos son eliminados al medio exterior con las materias fecales, y PARASITOLOGIA ANIMAL 459 luego dispersados con los vientos y las lluvias por los campos, aguas, etc. Allí permanecen y están condenados á una muerte segura sino inter- viene oportunamente el huésped intermediario. Este huésped permaneció ignorado durante mucho tiempo. Davaine, en el año 1862, trató de hacer desarrollar el embrión en el intestino de numerosos vertebrados, pero sus ensayos fueron negativos, pues los huevos ingeridos, sometidos á la acción del jugo gástrico, perdían sus membranas de cubierta y los embriones puestos en libertad pasaban al tubo intesti- nal de donde eran arrojados al exterior con las substan- cias excrementicias. Dos años más tarde, Lespés prosiguió los estu- dios, pero pensando que el desenvolvimiento del ento- zoario no se efectuaba en un solo huésped, experimentó sobre moluscos para investigar el intermediario. Sus resultados fueron algo satisfactorios. El Helix pomatia molusco al cual se le daba á ingerir los huevos mezclados con una pasta harinosa, desarrollaba bien los embriones. Por otra parte no todos ellos permanecían alojados en el intestino. Lespés pudo observar uno perfecta- mente desenvuelto en el interior de la glándula pancreática. Las fases ulteriores de la evolu- ción no fueron observadas. Finalmente Schneider, en el año 1868, pudo demostrar experimental- mente que la larva del Melolontha vulgaris (fig. 262, A) (vulgarmente saltón) era el huésped intermediario del Echinorhynchus gigas. Los huevos introducidos en el estómago de este coleóptero pierden su triple membrana de cubierta y el embrión puesto en libertad, huye del jugo gástrico, perfora las túnicas intes- tinales ayudándose para ello de su trompa y cae en la cavidad abdominal del insecto. El huésped principal, es decir el chancho se infecta comiendo estas larvas de las cuales son muy ávidos ó bien ingiriendo coleópteros perfectos. El Melolontha no es el único insecto que puede servir de huésped in- termediario al E. gigas. Kaiser ha demostrado que la larva de la Cetonia aurata puede desempeñar dichas funciones, y Stiles afirma que en los Estados Unidos, país en donde no existen los dos coleópteros mencionados, el hués- ped intermediario está representado por el Lacknosterna fusca. Fig 261.-Huevo de Echinorhynchus gigas aumentado 300 veces Fig. 262.-A, larva de Melolontha vulga- ris. B, insecto perfecto. 460 PARASITOLOGIA ANIMAL Según este observador, es costumbre de los estancieros en esa región, emplearlos chanchos para extinguir la plaga de gusanos blancos ó Lach- nosternas que infectan los campos, favoreciéndose de este modo el desarro' lio del Echinorhynchus gigas. En la República Argentina este parásito es bastante común. El doctor R. Wernike cree que su huésped intermediario en dicho país es la larva de un coleóptero vulgarmente denominado Catanga. En la especie humana ha sido observado muy pocas veces; lo que se comprende fácilmente, pues la ingestión de larvas de Melolontha solo pue- de llevarse á cabo por un gran descuido ó en casos de depravación mental, Lindelmann dice que es muy común en las aldeas situadas en las ri- beras del Volga. Lambí, en el año 1857, al practicar la autopsia de un niño de 9 años, muerto de leucemia en Praga, observó en el intestino delgado un ejem- plar femenino de Echynorbynchus que medía 5mm6 de largo por 0mm6 de ancho y presentaba una trompa provista de 12 hileras de ganchos. Velch encontró también el echinorhynco en la mucosa del yeyuno de un soldado inglés muerto en Inglaterra que había permanecido durante algún tiempo en la India. Echinorhynclius moniliformis.-Bremser, 1819. Esta especie afecta una forma cilindrica, aguzada en el extremo cefáli- co y se caracteriza por tener la cutícula surcada en sus tres cuartos anterio- res por finas estrías transversales que dan al cuerpo el aspecto de un ro- sario. Lleva en la extremidad anterior una trompa retráctil de 0,m,114 á 0mm5, provista de 12 hileras de ganchos de los cuales los más largos alcanzan á 26 p. El ejemplar masculino mide de 4 á 5 centímetros de largo. Los órganos de excreción, inervación, reproducción son análogos á los del E. gigas. Posee lemniscos bien desarrollados y un pene campanu- liforme visible á simple vista. El ejemplar femenino mide de 7 á 10 centímetros; los huevos son ovoideos, midiendo 85 ¡i de largo por 45 ¡i de ancho. Eliminados por el orificio vulvar de la hembra caen al intestino y luego son expulsados al exterior con las materias fecales del huésped. Durante este período el embrión ha terminado su desarrollo; se halla recubierto por una cutícula tapizada de apéndices quitinosos y lleva en el extremo cefálico ganchos encorvados provistos de uña y de base. E! huésped intermediario se halla representado, según las experien- PARASITOLOGIA ANIMAL 461 cias de Grassi y Calandruccio, por un coleóptero, Blaps mucronata, espe- cie vecina al Blaps morlisaga insecto que es común en los sótanos, jar- dines, etc. Estos experimentadores hacían ingerir á dicho coleóptero huevos de E. moniliformis y examinando varios días después los ejemplares emplea- dos, observaron que en la cavidad general del insecto se encontraban lar- vas perfectamente desarrolladas cuyo número correspondía á la cantidad de embriones ingeridos. Los mismos autores italianos comprobaron que los vermes recogidos en la cavidad general del coleóptero constituían el estado larvado del E. mo- niliformis, por medio de la interesante experiencia siguiente: el 26 de Di- ciembre de 1887 hízose ingerir á un topo blanco una cierta cantidad de lar- vas provenientes de un Blaps mucronata. Calandruccio tragó también va- rias de ellas. Sacrificado el topo 15 días después, encontráronse en el tubo intestinal numerosos echinorhyncus de los cuales los mayores medían un centímetro de largo. Cinco días más adelante, es decir, 20 después de la ingestión de las larvas, Calandruccio principió á sentir violentos cólicos, acompañados de un poco de diarrea, somnolencia y debilidad general. El examen de sus deposiciones revelaron la presencia de huevos de echinorhyncus. Como los dolores abdominales se hicieran muy punzantes, se vió obligado á recu- rrir á un antihelmíntico, para lo cual tornó ocho gramos de extracto etéreo de helécho macho. Seis horas después de la ingestión evacuó 53 echinor- hyncus, bien desarrollados, cesando por completo dos días más tarde todos los padecimientos. Al estado adulto, el echinorhyncus vive normalmente en el intestino de la rata campestre, del topo, del lirón, de la mulita, etc. El hombre puede albergarlo, como lo demuestran los experimentos de Calandruccio, pero como dice muy bien Moniez, no es un parásito na- tural, porque sólo por una gran casualidad ó en casos de depravación gus- tativa, pueden ingerirse las repugnantes larvas de insectos que le sirven de huésped intermediario. En el año 1887, Grassi y Calandruccio encontraron en las deposicio- nes de un joven aldeano de los alrededores de Catania, huevos que con- sideraron pertenecientes á esta especie. Pero esta observación ha quedado incompleta, pues no se pudo comprobar si existían Echinorhyncus monili - formis en el tubo intestinal. 462 PARASITOLOGÍA ANIMAL ORDEN DE LOS GORDIACEOS Son Nematelmintos filiformes que poseen un tubo digestivo atrofiado en parte al estado adulto; esta atrofia consiste en la obliteración de la boca y la parte anterior del tubo. Están desprovistos de campos laterales y generalmente tienen un color pardo ó negro. El macho tiene la extremidad caudal bifurcada y desprovista de espí- enlas; hay dos testículos. La hembra lleva una extremidad caudal obtusa y posee dos ovarios. En ambos sexos el orificio genital está situado posteriormente. Son parásitos al estado larvado y libres en la edad adulta, encontrán- dose en las aguas de las fuentes y arroyuelos. Se reproducen en la primavera y entonces se reunen en grupos de diez á veinte, machos y hembras, formando pelotones difíciles de deshacer; de esto proviene el nombre de Gordius que ha dado Linneo al género (nudo gordiano). Los huevos se depositan en cordones y de ellos salen embriones pro- vistos de una trompa armada de ganchos. Con esta trompa penetran en las larvas acuáticas de diversos insectos; de aquí pasan con las larvas al intes- tino de varios peces y son puestos en libertad para volver á enquistarse en la mucosa intestinal del pez y de allí, al cabo de cinco ó seis meses, caen otra vez á la luz intestinal y salen al agua. Esta es la evolución observada por Villot. Sucede á menudo que se encuentran Gordiaceos en aguas que no encierran peces, por lo tanto, esta evolución no es constante. Los embriones enquistados en las larvas de insectos pueden pasar al tubo digestivo de otros insectos carniceros y de allí al agua después de haber efectuado su desarrollo en el intestino. Este orden no contiene sino el género Gordins representado por espe- cies de dimensiones variables que pueden pasar accidentalmente al tubo- digestivo del hombre con el agua de bebida. Especies observadas en el hombre G. Aguaticus » Tolosanus » Varias » Chilensis » Tricuspidatus ESPECIES Orden Género Gordiaceos Gordius PARASITOLOGÍA ANIMAL 463 Gordius Acuáiicus Es un gusano de color parduzco más ó menos oscuro. El macho mide de 17 á 27 cms. y la hembra 30 á 90 cms. Los machos poseen la extremidad caudal bifurcarda. Se encuentra al estado adulto en las aguas de las re- giones montañosas de Europa y es ingerido accidentalmente por el hom- bre. Se relacionan numerosos casos en que estos gusanos han sido emitidos por la boca después de la administración de un vomitivo. La expulsión se hace generalmente por el ano. Como ya lo hemos dicho, el parasitismo es puramente accidental. La evolución es la que hemos descrito al tratar el orden de los Gor- diáceos. Gordius tolosanus.-Este gusano fué emitido en el vómito por un niño de 8 años de edad en el año 1823 y fué evacuado por el ano por un obrero en el año 1881 atacado de anquilostomiasis. Gotdius chilensis.-Fué observado por Gay en Chile en el año 1849 y según él producía perturbaciones graves. Sanguijuelas paa*ásitas «leí hombre Las sanguijuelas son anélidos que presentan dos ventosas y no poseen sedas ni parapodios. El cuerpo es aplanado y compuesto de una serie de anillos cortos, á veces, poco marcados. Los segmentos internos no son tan numerosos como los externos. La ventosa anterior es más pequeña que la posterior. Son por regla general hermafroditas y se alimentan de sangre. Pueden hacer el papel de parásitos temporarios. La sanguijuela que se emplea corrientemente en medicina para efec- tuar pequeñas sangrías es la denominada Hirudo medicinalis. Esta es muy conocida, pero además hay algunas otras especies que atacan accidental- mente al hombre y pueden producir en él lesiones más ó menos graves. Estas son las siguientes: Género Especies Limnatis -L. niliotica Hoemadipsa-H. zeylanica Orden Hirudineos Limnatis niliotica.-Se encuentra en las aguas dulces del sud de Europa y norte del Africa, es semejante á la Hirudo medicinalis pero sus maxilares son más débiles. 464 PARASITOLOGIA ANIMAL Ataca de preferencia á los caballos, bueyes y cabras y se encuentra, á veces, en el hombre. El sitio que elige son las amígdalas, la faringe, la laringe y las fosas nasales. En Algeria se ha observado también en el recto, la vagina y la uretra del hombre; pudiendo como se comprenderá provocar accidentes variados. Hoemadipsa seylanica.-Es una sanguijuela terrestre que se encuentra en el Japón, Cylán y las Indias. Vive en las praderas y los bosques. Su pi- cadura es temible tanto para el hombre como para los animales. Se ha señalado en Valdivia (Chile) pero sin consecuencias graves. OBRAS DE CONSULTA Berg. C Zoología Especial, Buenos Aires, 1889. 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INDICE Páginas Introducción 13 Generalidades biológicas de los Parásitos 15 Transmigraciones 25 TIPO DE LOS PROTOZOARIOS 36 Clase de los Rixópodos 39 Orden de las Amibas 39 Amceba coli 40 Amceba intestinales 43 Amoeba vaginalis 43 Clase de los Esporoxoarios 44 Orden de los Coccídeos 44 Cuadro esquemático de la evolución de los Coccídeos 51 Coccidium oviforme 51 Coccidium perforans 55 Eimeria falciformis 57 Coccidium Posadas 58 Coccidium Seeberia 68 Orden de los Hcesmouorídeos 69 Hcematophyllum malarice 69 Cuadro esquemático de la evolución de las Plasmodías Malaria 88 Plasmodúcm vivax 89 PLasmodvum malarice 94 Plasmodium prcecox 96 Clase de los Flagelados 102 Cercomonas hominis 102 Monocercomonas hominis 105 464 PARASITOLOGÍA ANIMAL Páginas Cystomonas urinaria 106 Trichomonas vaginalis 107 Trichomonas intestinalis 110 Megostoma intestinalis..................... 112 Trypanosomas 114 Trypanosoma Evans i 116 Trypanosoma Brucéi 119 Trypaño soma equiperdum 122 Trypanosoma equinum 124 Irypanosoma Gambicnse 125 Leishmania 127 Clase de los infusorios 128 Orden de los Heterotricos 128 Balantidium Coli 128 TIPO DE LOS VERMES 135 Clase de los Platel mini os 136 Orden délos Cestoides 136 Familia de los Teniado^ 136 Tcenia saginata 137 Tcenia solium 171 Tcenia echinococcus 187 Tcenia canina 223 Tecnia nana 227 Tcenia madagascariensis 230 Tcenia flavo-punctata 232 Familia de los Botriocefalidos 237 Bothriocephalus latus ..................... 237 Bothriocephalus cristatus 259 Botrhiocephalus Mansoni 262 Bothriocephalus cordatas ... 264 Orden de los Trematodes 267 Familia de los distomídeos 268 Distoma hepaticum 269 Halzoun 295 Distoma lanceolatum 297 Distoma Rathouisi 304 Distoma congunctum 306 Distoma Ringeri 308 Distoma crassum 312 Distoma heterophyes 315 465 PARASITOLOGÍA animal Páginas Distoma sincnse 318 Amphistoma hominis 322 Bilharzia hcematobia 325 Clase de los Nematelmántos 338 Orden de los Nematodes 339 Familia de los Ascarideos 341 As caris Lumbricoides 341 Ascaris Mistax 352 Ascaris marítima 355 Oxyuris vermicularis 356 Familia de los Strongilídeos 363 Eustrongylus gigas 363 Eustrongylus paradoxibs 369 Strongylus subtilis 372 Ankylostoma duodenale 374 Gnathostoma siamense 388 Familia de los tricotraquélidos 389 Trichocephalus hominis , 390 Trichina spiralis 396 Familia de los Filarídeos 410 Filaría Bañero fti 410 Filaría medinensis 421 Filaría Loa 431 Filaría diurna 434 Filaría perstans 434 Filaría Demarquayi 435 Filaría Volvulus 435 filaría inermis 436 Filaría inmitis\ 437 Filaría oculi-humani 439 Filaría labialis 440 Filaría linfática 440 Familia de los Rhabdonémidos 442 Rhabdonema intestinale 442 Familia de los anguilulidos 450 Leptodera Nielly 450 Rabditis pellio 451 Rabditis terrícola.......................... 453 466 PARASITOLOGIA ANIMAL Páginas Parásitos accidentales del hombre 455 Orden de los acantocefalos 455 Echinorhyncus gigas..................... 458 Echinorhyncus moniliformis » 460 Orden de los gordiaceos 462 Gordius aquaticus 463 Sanguijuelas parásitas del hombre 463