SUMARIA DEL SíSrEl«3l ,IFKEJi©a®CfK<íS® DEL DOCTOR Jiot ' fodé ¿Maman ohc/iecc, Abogado.—Ex-profesor de economía política, Estadística y An- tigüedades MEXICANAS EN JL INSTITUTO DE JALISCO.—MIEMBRO del Instituto de geografía y estadística de México.—De la Academia de la historia.—De la de la lengua.—De la Socie- dad Francesa de Estadística Universal.—Premiado en esta Sociedad con una medalla de honor en una sesión de mas df mil miembros concurrentes. la Frenológica de París. IMPRESO POR IGNACIO CUMPLIDO, MUSICO. la oficina Re su tarso, calle Re los itUßclOes nunr. 2- 1835. ÍNDICE. MATERIAS. Pag. Dedicatoria m Motivos del retardo y aparecimien- to de esta obra v Etimología y definición X Historia xni Esposicion xvii Pruebas xxn Demencia lxxxii Spurzheim lxxxvi Objeciones xcvi Filosofa cxviii Objeto y con venencias cxXxn Observac j generales cxliii Conclusión clxxii Nociones sobre el sistema nervioso en general y sobre el cerebro en particular 1 Medida de los diversos grados de inteligencia 5 Resultado del ecsamen de la for- ma de la cabeza 8 Clasificación de los órganos. ... 11 Sobre la nueva filosofa de Gall. . 13 Denominación, sitio dfc. de los ór- ganos a ERRATAS. Páginas. LXXV 18 ¿lo callaremos ¿lo callaremos? LXXVIII 16 en este párrafo en esta parte XCVII 17 dicho, es convertir dicho, convertir CXLVI 10 S. Franc. de Paula S. Vicente de Paul CXLVIII 19 insitacion imitación • CLVI1I lp Ephesro Epheso Id. 15 dixissen duissem Id. 20 sucedió sucedía CLXXIV 27 una de parte una parte CLXXVII 3 peiindical perjudicial CLXXXII 5 Poena.v . Paenam Líneas. Dice. Léase. Señores Director y Profesores del Establecimiento de ciencias médicas. En uno d" sus aforismos dice Desear- tes que: „si es perfeccionar la es- pecie humana, en la medicina es donde se deben buscar los medios¿A quién, pues, debo dirigir esta obra con mas esperanza y placer, que á aquella porción de mexica- nos que con tanto lustre y provecho se con- sagran al estudio de la ciencia del hombre? Y ¿á quién debo con mas justicia hacer de ella un homenage, que á los miembros de un establecimiento, que lo han creado y lo sos- tienen por su solo espíritu filantrópico el mas puro, y su zelo por las ciencias el mas recomendable? En efecto, señores, por me- nos publicidad que esa junta haya querido dar á sus servicios, carácter de la verdade- ra virtud, el público los aprecia en cuanto valen. Sabe que esa poderosa voluntad de sus miembros por servir á la humanidad, se ha visto 6 todo esoerimento, y que si ese in- apreciable plantel subsiste sin ley, sin pro- tección, sin remuneración de ninguna cla- se, no se debe mas que á ese puñado de sa- bios tan fuertes por su carácter como por la superioridad de sus conocimientos. Yo quiero pues en este ofrecimiento darles un testimonio del aprecio en que les tiene el público; no es la obra misma que yo me atrevería á dedicar á una corporación tan superior por tantos Ahilos; pero por lo mismo, de nadie he creído mas digna la materia de que trata y la intención de pro- mover su estudio. Me tendré pues por muy honrado, si los señores director y profeso- res se sirven aceptar este obsequio; ysi me hicieren el mayor aun de unir sus inten- ciones á las mias, tenderé el honor de ofre- cer á su establecimiento una colección com- pleta de cuantas obras en grande y en pe- queño han salido hasta hoy sobre la ma- teria. Soy de los señores Director y Profeso- res del Establecimiento de ciencias médi- cas, el mas humilde y obediente servidor JK IX. pacheco. En mala época va á salir al fin una obra anunciada tanto tiempo ha, y que ocur- rencias succesivao ó independientes de mi voluntad han estado retardando. Aun aquellos que no creíamos hace un año en un mejor porvenir, tratamos de contri- buir á él, y como la ilustración y la ocu- pación son sus condiciones indispensa- bles, cada uno quiso por su parte con- tribuir en su tamaño á cumplir con ellas. Recientemente derrocada una ar- bitrariedad anárquica, disfrazada con el santo nombre de libertad, de que blasfe- maba, y entrando al gobierno un ministro ilustrado, que comenzaba á dar impulso á los ramos científicos, uno de ellos, bien importante como se verá después, cre- yó que era el momento de aparecer; pe- ro las cosas se cambiaron después, ó por mejor decir, se les quitó la máscara VI con que se había creído conveniente te- nerlas disfrazadas hasta entonces. La arbitrariedad se disfrazó con el nombre de orden, de que blasfema á su vez: ese ministro dejó el puesto, posponiendo la conservación del poder á la de su repu- tación; se avergonzó de firmar principios contradictorios, de mentir á la nación y de ofrecer su ignominia al nuevo régi- men, salvo su derecho de perjurarse de nuevo para volver á ó abrazar cualquiera otra cosa, según las ecsigen- cias de nuevas ideas ó de nuevos amos. El honor nacional en la conservación de un sistema perfeccionable, perdió una esperanza, las ciencias, uno de sus me- jores amigos, y cuando ía atención públh ca es llamada de preferencia tanto por la ecsistencia social, como por la ecsisten- cia política, entonces esas mismas cir- cunstancias hacen abortar esta obra, por temor de que complicándose mas, se difi- culte ó retarde todavía su publicación, dejando desairado el interés con que la ha estado esperando una porción escogi- da de mexicanos, cuya filosofía por otra parte contribuirá á afianzar los derechos del hombre social. Vil Como mi intento desde un principio no ha sido mas que despertar la atención pública acia una ciencia que creo de in- mensos resultados, y de que en lo general no se tiene aun idea, no queria dar un tratado, sino un resumen de frenología; mas no un resumen en esqueleto, sin ha- cer sobre ello algunas observaciones, porque en lugar de producir un bien, ba- ria un mal, dando lugar á mil errores y á la ligereza de Ir ~meralidad que tiene por muy cómodo hacer juicios y fallar sin estudiar, unas observaciones siquie- ra suficientes para persuadir la necesi- dad de instruirse á fondo y versarse en las obras de Gall, Spurzheim, Combe y demás frenologistas. Pero he aquí pre- cisamente la dificultad: intereses mas urgentes de la sociedad no dejarán reci- bir á la frenología con el aprecio que se recibiría en cualquiera otro momento menos apurado. La complicación de in- tenciones estrangeras con opiniones do- mésticas: el amenaza de una ignominia nacional por la desmembración de nues- tro territorio: una lucha sorda, entre la civilización que tiende á emanciparse, y el vandalismo que la quiere engañar con VIII nombres, sin renunciar á sus pretensio- nes: una crisis de transición en que la na- cion está mirando jugarse á la suerte sus destinos: la inseguridad individual, la desconfianza, el descontento, el temor en fin, de avergonzarse mañana de ha- ber nacido mexicano, porque por un la- do se pretende ejercer un poder arbitra- rio sobre todos los mexicanos, so pre- testo de enfrenar los y por otro pretenden esto'" su ho- nor ysu integridad, so pretesto de guar- dar la constitución de 1824: todas estas cosas, digo, nos tienen en tal estado, que solo se puede pintar el del espíritu de todos los estantes y habitantes de la pobre república mexicana, pudiendo de- cir cada uno con Casti: Volgo attomo lo sguardo e cerco invano Se appar sulF orizzonte alcun chiarore; Ma, oimé! che il tuono ascolto e da lontano Veggio formarsi un avvenir peggiore, Se possente virtú non vien di sopra, E qualche gran miracolo non opra. Vuelvo la vista en torno, y busco ansioso Si un destello de luz ofrece el cie10.... Mas ay! ya truena el rayo fragoroso Que hiende de la noche el negro velo; Un porvenir mas triste y horroroso Be lejos amenaza al mustio suelo, Si no le acorre la Divina mano Y algún prodigio no obra sobrehumano. IX Así se hallaba la Francia bajo el Di- rectorio, aunque con la diferencia de que como aquella es una nación de pri- mer órden, de la misma calidad han sido y deben ser siempre sus desórdenes. En medio de esas pasiones é intereses acalorados aparece la frenología con la timidez que una niña en medio de una compañía de lanceros. Los trastornos intestinos no son los mas favorables pa- ra la marcha de ciencias. Esa polí- tica, la maldita política, se mete á donde no la llaman y reclama ser atendida de preferencia. Increíble se haria á cual- quiera el combate á que me hallo entre- gado con mi espíritu, que no puede re- cogerse, azorado y distraído sin cesar por la política. Imposible de hacerlo pensar en frenología cuando ve á una pa- tria, primer bien del hombre, perseguida á muerte por sus propios hijos, desgar- rada por cuestiones, y ;qué cuestiones? las de saber quien le ha de hacer el mal: esta patria, que a la pequenez de mi entendimiento le parece tan digna, tan fácil de gobernar y engrandecer con solo una media docena de providencias, y estas muy fáciles de ejecutarse el dia X que se asocien á una fuerte voluntad, eí sentido común y la buena fé. Este trabajo no puede dejar de resen- tirse de la violencia con que lo empren- de mi espíritu, y quiera el cielo que las difíciles circunstancias en que aparece, sean los dolores de parto con que la ci- vilización ha dado á luz las grandes ver- dades que han mejorado la condición de la humanidad. s lIUIIICXIIIVACIX*. En un discurso de »sta clase, debo mu- chas veces tomar las ideas, aun las pala- bras de los autores, sin que yo lo pueda remediar, y antes bien creo que me lo agradecerán mis lectores; pero tomo so- bre mí la responsabilidad de lo que fue- re mió. dÍLvNQVE el mayor adelanto de las cien- cias, y aun el aparecimiento de algunas se haya verificado en los últimos tiem- pos, se adopta y se busca siempre su no- menclatura tecnológica en el idiomagrie- go, porque es el que mas se presta á es- presar en una palabra una idea compli- cada, y luego esta palabra entra á enri- quecer los idiomas modernos aun acó- Etimología y definición. XI mocándose á su respectiva ortografía. De este número es el nombre de la cien- cia de qué vamos á tratar. La palabra frenología se deriva de las voces griegas phren, que significa espí- ritu, y logas discurso ó tratado. Se puede definir: un sistema filosófico del espíritu humano, demostrable por la conciencia ó por la observación, ó: aque- lla ciencia míe enseña la relación que ecsiste entre las manifestaciones de la in- teligencia ó de los sentimientos y la or- ganización cerebral. El Dr. Gal!, enemigo de todo lo que era neologismo, huyéndolas logomaquias de los sicologistas y las cuestiones age- nas de un orden de observación en que se habia encerrado, y fuera del cual se le queria arrastrar, no queria que se lla- mase frenología la ciencia que creó, sino fisiología del cerebro, como que en efec- to á él y solo á él se debe la gloria de haber creado esta; pero puesta después cada cosa en su lugar, desvanecidas las dificultades que se han opuesto á su doc- trina, como se verá en adelante, no se podia llamar con otro nombre una fisio- logía que nos revela el principio de núes- XII tras inclinaciones y de nuestras faculta- des. El hombre se ha fatigado en todas las edades del mundo investigando, y de- seando conocer la fuente de sus sensacio- nes y de sus pensamientos. Ha querido penetrar hasta el mecanismo por el cual es y se manifiesta su ser intelectual y mo- ral. De aquí una multitud de sistemas en todos tiempos, á cuales mas absurdos, á cuales mas diverso® espiritualisrno, el epicureismo, perdiéndose en el empe- ño de buscar las relaciones que ecsisten entre lo físico y lo moral, qué cosa es esa alma ó principio, que parece ecsis- tir dentro de nosotros, que nos hace sen- tir, que nos hace obrar, que nos impele á la ejecución de acciones loables ó viles. Los metafísicos, perdiéndose en un mundo de idealidades, no acertaban con la residencia ó los órganos del espíritu; los anatómicos, encerrados en el estre- cho círculo de la disección, no encon- traban en parte alguna un aparato espi- ritual. Unos y otros tirando á estremos opuestos y en una ignorancia simultánea, se alejaban mas y mas del punto en que se halla la conecsion de nuestro espíri- tu con nuestra constitución orgánica. XIII Historia, filósofo y médico aleman, des- de su muy temprana edad, conducido por su propia organización, se sintió con un vivo deseo de entregarse á un estudio tan importante, y consagrada esclusiva- mente á él su vida entera ¡bien breve por cierto para una ciencia tan grande! anun- ció por primera vp/ el resultado de sus investigaciones en una carta á un amigo suyo, datada en Vienna el Io de octubre de 1798. Esta carta fué un verdadero acontecimiento, una revolución. Su doc- trina alarmó todas las conciencias, des- encantó muchas tranquilas ilusiones, dió por el pié á los principios de varias ins- tituciones, levantó el velo á muchos erro- res, abrió la puerta á otros muchos por el espíritu de fallar sin conocimiento, echó por tierra algunas reputaciones. No se habia menester tanto para que su invención siguiese la ley común de to- das las doctrinas nuevas. Como dije en el prospecto, las academias, los diarios, las universidades formaron una especie de santa-alianza contra ella, atacando!» XIV 13011 la, religión, la moral, la libertad y hasta el ridículo. Gall fué silvado, es- carnecido, befado, y su doctrina habría sido sufocada en sus mantillas, si estu- viese dice el Dr. Bouillaud, en el po- der de ninguna santa-alianza triunfar de una verdad cualquiera que sea. En medio de esa grita universal, el filósofo no tenia en su favor mas que la concien- cia de su razón, y la contestación del ba- rón Retzer á su carta*, el único que en- tonces lo había comprendido y que con- cluia diciéndole: „E 1 peligro de ser mal comprendido y mal interpretado, no de- be arredraros en vuestra gloriosa carre- ra. Tal ha sido la suerte de. todos los que, desde Aristóteles hasta Bacon, y desde New ton hasta Kant, han descu- bierto una verdad, ó han tratado de de- mostrar una antigua mejor que sus pre- decesores. Todo verdadero amigo de la ciencia os debe estar agradecido de no haber tratado de enriquecer, ó mas Tiien de hacer ridicula con nuevos tér- minos científicos nuestra lengua tan flec- sible y manejable, y de no haber dado nuevas significaciones á las palabras téc- nicas ya ecsistentes. Así habéis acorta- XV do.el camino ácia la verdad, aunque de aquel modo habríais producido mejor efecto: las prensas de la mitad de la Ale- mania habrían gemido bajo el peso de comentarios, de esplicaciones y de crí- ticas sobre vuestra teoría, y después de una disputa de diez años, acaso sobre meras palabras, habríais podido justifi- caros en último refugio con decir que no se os había comprendido. Esta abnega- ción de vos hace digno no solo de buscar la verdad, sino de hallarla.” Mucho tiempo ha que se habia seña- lado al cerebro, como el origen de nues- tros pensamientos. El principio es tan incontestable, cuanto lo es el de que de la misma manera que no se concibe vi- sión sin un órgano especial, que es el ojo con todo su mecanismo óptico, tam- poco se concibe la producción y mani- festación de actos morales é intelectua- les sin la ecsistencia de otro órgano es- pecial; que las funciones del entendi- miento y de la voluntad han menester para operarse y para manifestarse un instrumento particular, y este no es otro que el sistema nervioso-central, ó el cere- bro propiamente dicho. Salta tanto á XVI los ojos esta verdad, que vulgarmente se señala lo espacioso de la frente para in- dicar la inteligencia que anuncia un in- dividuo, y para espresar lo contrario se dice generalmente: „ese hombre no tiene dos dedos de frente.” Pero los filósofos que la reconocian científicamente no pa- saban de ahí, y miraban las diversas par- tes del cerebro como sirviendo todas é indistintamente á una rnisnpj cosa, como idénticas las unas otras. Era ne- cesario además descubrir á cuales y cua- les partes correspondian esas diversida- des infinitas de las operaciones morales é intelectuales en la escala inmensa de las especies y de los individuos, ó lo que es lo mismo, hallar el principio de la plu- ralidad de los órganos cerebrales. Ha- llado este, era consiguientemente ne- cesario ir a buscar el sitio de cada uno de estos órganos en la cavidad del crá- neo, y sus respectivas funciones. No se tocaba por esto al fin, pues aun que- daba por saber hasta qué punto el volu- men y la conformación del cráneo en su totalidad y en cada una de sus regiones, nos podia revelar el volumen y la con- formación de la masa nerviosa que con- XVII tiene, y de cada uno de los órganos ele- mentales. Estos misteriosos problemas fueron el objeto en que se ocupó constantemen- te una vida tan preciosa para la huma- nidad, y el Dr. Gall los resolvió, como Keplero resolvió los del mundo planeta- rio. Los resultados de sus trabajos, son los acsiomas de su dotrina: Esx * cion. l.° IsAS funciones intelectuales y mo- rales se rigen en su desarrollo y mani- festación por leyes físicas, constantes é invariables: 2.° Las facultades y las inclinaciones son innatas en el hombre y en los ani- males: 3.° Las facultades y las inclinaciones del hombre tienen su sitio en el cerebro: 4.° No solo son las facultades distintas é independientes de las inclinaciones, si- no que lo son esencialmente las faculta- des entre sí y las inclinaciones entre sí; deben por consiguiente tener su sitio en partes del cerebro distintas é indepen- dientes entre sí: XVIII 5.° De la diferente distribución de los diferentes órganos y de sus diversos des- arrollos resultan formas diferentes de cerebro; 6.° Del conjunto y del desarrollo de ór- ganos determinados resulta una forma determinada, sea de todo el cerebro, sea de sus partes ó de sus regiones parciales: 7.° La conformación de la superficie in- terna del cráneo es determinada por la formación esterior c' desde la formación de los huesos de la cabezahas- ta la edad mas avanzada; se puede pues saber con seguridad de ciertas faculta- des y de ciertas propensiones en tanto que la superficie esterior del cráneo sea conforme con su superficie interior, ó bien en tanto que la forma de esta no se aleje de las deviaciones conocidas. En la grande obra del Dr. Gall se des- arrollan lógica y concluyentemente las pruebas de estos principios que solo pue- do yo indicar. Las funciones del alma se interrum- pen ó se descomponen, digamos así, por la lesión del cerebro; no sucede esto inmediatamente con la lesión de otras partes del cuerpo. XIX El cerebro no es necesario para la vi* da, y como la naturaleza no hace nada sin objeto, el de esta entraña no es otro que las funciones del alma. La prueba es que las facultades y las inclinaciones del hombre y de los animales se multi- plican y ennoblecen en razón directa de la masa cerebral con proporción á la del cuerpo, y sobre todo á la masa nervio- sa. „Un hombre como V., dice Gall chanceando con barón Retzer, tiene doble cerebro que una estúpida santur- rona, y lo menos dos duodécimas partes mas que el elefante mas sabio.” La demostración evidente de que no es el cerebro en masa el que obra y sien- te, sino que son distintas sus funciones y en sus distintas partes, está en que á veces el espíritu ó el alma fatigada del ejercicio de una facultad, se encuentra espedita para el ejercicio de otra: en que las disposiciones y las propensiones se encuentran en proporciones muy va- riables, tanto en el hombre como en los animales de una misma especie: en que diferentes facultades é inclinaciones ec- sisten separadamente en diferentes espe- cies de animales: en que las unas y las otras se desarrollan en épocas diferen- tes; las unas cesan sin que las otras dis- minuyan, y aun en tanto que estas se fortifican: en fin, y mas de bulto, en que en las enfermedades y lesiones de cier- tas partes del cerebro, no son sino cier- tas facultades las que se descomponen, se irritan, se neutralizan y se suspenden; y á proporción que se adelanta en la cu- ración, vuelven poco á á su estado natural. Las diferencias de conformación del cerebro por la diferente distribución de los órganos, se ve en los animales carnívoros, frugívoros, y carnívoros. El autor esplica en este punto la cansa de la diferencia de las diversas especies de animales, y la de las diferencias acciden- tales de los individuos. Demuestra que un órgano es tanto mas activo cuanto está mas desarrollado, sin escluir otras causas que influyen en su actividad. Por último, para demostrar la posibi- lidad de conocer ciertas facultades é in- clinaciones por la conformación del crá- neo, esplica la formación de los huesos de la cabeza, y prueba que hasta el mo- XXI mentó del nacimiento reciben estos su forma del cerebro. Habla en seguida de la influencia que pueden tener otras causas en la conformación de la cabeza, entre las cuales dice que se pueden con- siderar violencias repetidas ó continua- das. Demuestra que los órganos se des- arrollan hasta su completa perfección, en la proporción y en el orden mismo que se manifiestan las facultades y las inclinaciones nat«u;ales desde la primera infancia: que los huesos de la cabeza to- man formas diversas en la misma pro- porción yen el mismo orden. Demues- tra, en fin, la diminución gradual de nuestras facultades por el aniquilamien- to ó diminución de los órganos que les corresponden, y cómo la naturaleza de- posita masas huesosas en los lugares que van quedando vacíos. Todas estas cosas eran desconocidas antes de Gall en la doctrina de los hue- sos de la cabeza. Fueron su primer pa- so en la determinación de las funciones especiales de las diversas partes del ce- rebro. Esta es la que doy al último co- mo un cuadro sinóptico de su sistema. El órgano del lenguage, ó la memoria XXII de las palabras, fué el primero que des- cubrió, despejándole el camino para el descubrimiento de los demás; y como esta parte de su doctrina no tiene mas apoyo que los hechos, ni se puede pro- bar de otro modo que por la observa- ción, está al arbitrio de todo incrédulo multiplicar al infinito sus esperimentos y atenerse ásu resultado. Yo no incur- riré en el ridículo de pretender ser creí- do sobre el que he obtenido de los mios, ni de otros que he visto hacer en México y Guadalajara por personas cuyo solo nombre me pondría á cubierto de todo reproche de ligereza; y prefiero reprodu- cir unos cuantos hechos de todos géne- ros de Jos millares que están consigna- dos en las obras de los frenologistas. Pruebas. ¡EI profesor Bouillaud curaba á un enfermo de fiebre violenta, originada de una inflamación visceral: el cráneo de este individuo presentaba un desar- rollo considerable del órgano de los to- nos; y en sus accesos de delirio se en- tregaba á cantos continuos, con una XXIII fuerza y una entonación admirables, sin acción ni alientos para ningún otro ac- to de relación; en los momentos de calma no conservaba ninguna memoria de su melomanía. El Sr. Deville frenologista en Lon- dres, refiere el caso de un individuo que en distintas épocas de su vida había pre- sentado diferentes grados de desarrollo del cerebro.* Abandonado á sí mismo en un principio, fin,educación y en una posición mas propia para degradar sus facultades que para desarrollarlas, se en- contró después en una situación en que fué favorecido este desarrollo, y al cabo de algunos años volvió á caer en su pri- mer estado y se embruteció de nuevo. Su cerebro presentó succesivamente fa- ces de desarrollo y de degradación, cor- respondiendo al segundo y tercer pe- riodo de su ecsistencia. ¿Qué prueba mas patente dice el espositor, se quie- re de la verdad de la frenología? El Dr. Casimiro Broussais, secretario general de la Sociedad Frenológica de Paris, dando á esta cuenta en una se- sión general de los trabajos de 1832 y 33, entre otras muchas cosas hace ver XXIV á los concurrentes la cabeza de una muger llamada Dionisia, notable por su voracidad. Se halla su historia en los Anales de la medicina fisiológica: octu- bre de 1832. En su infancia agotaba la leche de todas sus nodrizas y comia mas que cuatro muchachos de su edad; mas grande se comia el pan de todos los muchachos de la escuela: después, ha- llándose en el hospital de Ja Salitrería no estaba satisfecha jsm hambre habitual con menos de ocho á diez libras de pan al dia, pero padecía grandes hambres que la asaltaban dos ó tres veces cada mes, en las que devoraba 24 libras. Durante estos accesos se ponia tan furiosa, que si se le contrariaba en su imperiosa necesi- dad, mordia sus vestidos, sus manos, y no recobraba la razón hasta que calma- ba enteramente su hambre. Hallándose un dia en la cocina de una casa rica, se tragó en pocos instantes la sopa desti- nada para veinte convidados y 12 libras de pan. Otra vez se tomó la ración de café de 75 de sus compañeras en el hos- pital. Su cráneo es pequeño: predomi- nan las partes instintivas, y está muy des- arrollado el órgano de la alimentividad: XXV El Dr. Félix Voisin, en una memoria con que se dió cuenta en la sesión anual de la sociedad frenológica de París en 22 de Agosto de 1834 dice: „Es bien sabido el ruido que hizo en el mundo científico la publicación de la grande obra de los Sres. Gaíl y Spur- zheim, sobre la anatomía y la fisiología del sistema nervioso y del cerebro en particular, con observaciones sobre la posibilidad de reconocer varias disposi- ciones intelectuales y morales del hom- bre y de los animales por la configura- ción de sus cabezas. Yo me proponía mil cuestiones de la mayor trascendencia para la humanidad, y quería confirmar ó desmentir con hechos de mi propia esperiencia la doctrina de estos autores. Una de estas cuestiones era: ¿Toda fa- cultad predominante tiene por lo general una señal esterior en la superficie del crá- neo? Los resultados que he obtenido de mis investigaciones, lo diré de una vez, han sido en favor de la doctrina; pero como no se trata de mi creencia particu- lar, sino de los hechos de que la he de- ducido, voy á poner al lector en el caso XXVI de juzgar si estaba en mi arbitrio resistir- me al convencimiento. Para una de mis esperiencias, ocurrí en 1828 al Sr. Hyde de Neuville, minis- tro de la marina y de las colonias, pi- diéndole una autorización para visitar los presidios y hacer observaciones so- bre los criminales encerrados en ellos. Llegué á Tolon á fines de noviembre de aquel año. El Sr. Reynau4.desempeña- ba allí las funciones dfucomisario, quien creyó al principio que iba yo á ecsami- nar el interior, tanto en su administra- ción, como en el régimen alimenticio y demás partes de la higiene. Pronto le desengañé del objeto de mi visita. Si las observaciones de los Sres. Gall y Spurzheim son esactas, le dije, yo debo descubrir por el simple tacto las inclina- ciones y los sentimientos de los indivi- duos que en esta multitud de criminales tienen un carácter marcado, y han de- bido necesariamente fijar la atención de V., no solo por la naturaleza de su de- lito, sino lo que es mas, por un modo ha- bitual de ser, que ha ecsigido todos los medios de represión de que V. puede dis- poner. Interesado como Y. está en man- XXVII tener ei orden, cargado de una grande responsabilidad, debe V. haberse aplica- do á conocer perfectamente esos indivi- duos de que hablo. Debe V. tener so- bre cada uno de ellos notas particulares y V. solo sabrá Ja guerra que le han da- do. Pues bien, lo repito, si aquellos au- tores han observado bien, con solo pasar mis manos por las cabezas de los presos debo decir * j que los distingue de los otros criminales, *> mismo que si como V. hubiese vivido con ellos y sido testi- go diario de sus manifestaciones, y por consiguiente no me debo engañar, en la mayor parte, sobre la especie de infrac- ción legal que los ha hecho condenar.” „A 1 oírme hablar así el Sr. Reynaud, á quien cogia de nuevo la frenología, no podía volver de su sorpresa y estaba im- paciente por ponerme kla prueba. Me comprometí á volver al día siguiente, y á la hora que habiamos convenido, me encontré ya en uno de los patios del inte- rior del presidio trescientos cincuenta malhechores, falsarios, ladrones, homici- das, entre los cuales se habian confun- dido á solicitud mia, k veinte y dos con- denados por violación. Busque V. á es- XXVIII tos últimos, me dijo riéndose, y si los encuentra, tome V. sus nombres y sus números, que yo le espero en la secre- taría.” „Me puse á la obra en presencia de los Sres. Sper, cirujano en gefe de la ma- rina de Tolon, Fleuri, medico en gefe, L’ Auvergne, cirujano mayor, y Possel, conservador del museo. Sin hablar una palabra, sometí á mi investigación las 372 cabezas que se Ir bien puesto á mi disposición, y cada vez que encontraba un individuo que me presentaba una nu- ca ancha y salida, lo entresacaba de las filas y tomaba su número. Puse así á veinte y dos individuos, y completa mi lista me apresuré á volver con el Sr. Reynaud, con la impaciencia de ver de qué modo un esperimento hecho de bue- na fé, iba á pronunciar sobre la prime- ra de mis cuestiones. ¿Toda facultad predominante en un individuo, tiene por lo general un signo esterior en la super- ficie del cráneo? El Sr. Reynaud toma su lista, yo desdoblo la mia. Agitado de cierta emoción, relato los números que había sentado en ella, y veo con sorpre- sa que de 22 individuos condenados por el delito de que he hablado, y confundi- dos en una muchedumbre de otros 350 criminales, se me descubren 13 por la sola inspección de su cráneo: propor- ción numérica considerable, que basta- rla por si sola, como se va á ver, para dar la solución de mi problema, y que muestra al mismo tiempo el imperio des- pótico de la organización sobre las ma- niíestacioner; de los seres.” XXIX „Por notabler *uie sean estos resulta- dos, se me ha dicho, por incontestables que puedan ser los hechos que las han dado ¿qué consecuencia se puede sacar de aquí? ¿No se ve que la contradicto- ria salta luego de la misma esperiencia? Tu tenias que hallar 22 individuos con- denados por violación entre 350 crimi- nales de otras clases, tu no descubres mas que 13: en verdad que ya es mu- cho; pero se te quedaron 9 para llegar á 22, y los 9 que tu has hecho salir de las filas te han presentado un gran des- arrollo del cerebro, sin estar condena- dos por manifestación de este órgano, y los nueve que lo están no te han pre- sentado este signo esterior; ellos han pa- sado entre tus manos sin que tu los no- XXX tases, y sin embargo espían en este lu- gar el ultrage que han hecho á las cos- tumbres. Juzgúese ahora del valor de esa doctrina: véase si se puede uno ate- ner á semejantes observaciones, y si se hace mal en indignarse contra un siste- ma que conduce á tan falsas aplicacio- nes.” „Estas objeciones son precisas: parece que no tienen respuesta; ver- á darla, y veremos si pueden quedar en pié con- tra los hechos que me quedan por refe- rir, para lo cual volveremos al Sr, Rey- naud, á mis testigos, á mis criminales, y á mi esperimento.” „¡Cosa particular! me dice el comisa- rio general: no todos los 22 individuos que V. ha señalado, han sido condenados por el mismo delito, como lo ha visto V. en mis libros; pero puedo certificar que todos son peligrosos por sus cos- tumbres: que hace mucho tiempo son notados en este presidio por este moti- vo, y objeto de una vigilancia constan- te y por consiguiente la conformación de su cabeza no le ha engañado á V. en cuanto á su inclinación particular.” „Creo que no tengo necesidad de ha- cer notar toda la importancia de esta declaración del Sr. Reynaud; pero no conozco un hecho que pueda quitar me- jor todo pretesto á la incredulidad, ni uno que demuestre con mas evidencia que la facultad de que se trata, cuando es predominante, se vende sin remedio al esterior del cráneo por un desarrollo mas ó menos pronunciado de las fosas occipitales inferiores.” ”He aquí los hechos tales cuales los he visto y, no temo decirlo, tales como los verán los naturalistas, que desprendién- dose de toda prevención no quieran ate- nerse mas que al testimonio de sus sen- tidos. Cuando Gall publicó sus descu- brimientos, descubrimientos que iban á cambiar la faz de la ciencia y á sentar la filosofía sobre sus bases naturales, no quiso ser creído sobre su palabra. Se adelantó á las dificultades y no cesó de apelar á la esperiencia; no era este el lenguage de un impostor ni el de un mi- serable charlatán. Yo he seguido en todos mis trabajos, las intenciones de este hombre superior: el prestigio de su reputación no me ha seducido, y si los hechos que he recogido vienen en apoyo XXXII de los suyos, la fuerza de las cosas es la que ha dado este resultado. Ella es la que debe vengar su memoria y hacer- lo inscribir tarde ó temprano en el pri- mer lugar de esos hombres ilustres, que en diferentes épocas han substituido á las vanas hipótesis de la escuela, los datos positivos de la observación mas severa y de la inducción mas rigurosa.” „Veamos ahora la fuerza argumen- to, y si en 22 casos he señalado, la forma cerebral me ha engañado una so- la vez. No obstante, como en cuanto al hecho en sí mismo parecería quedar siempre una especie de contradicción á los ojos de aquellos que no han estudia- do la naturaleza humana en sus verda- deros caracteres y sus modificaciones, voy á esplicar cómo es que los 9 indi- viduos que yo no he podido descubrir, porque no me presentaban una nuca an- cha y saliente, habían sido sin embargo condenados por violación, y porqué los otros 9 que los remplazaron para com- pletar mi número de 22, y que me ha- bían ofrecido un desarrollo considera- ble del cerebelo, eran castigados por ac- tos estraños á las escitaciones de este órgano.” „En los primeros el delito fué un acci- dente de su vida. Yo los he interroga- do con el mayor cuidado, he leído los diarios de la época y registrado los pro- cesos, y he aquí en pocas palabras el resumen de los hechos. Hombres de la última clase, ordinarios bajo todos los respectos de su constitución cerebral, no habían jamás, ni en bien ni en mal, fija- do sobre sí atención de la sociedad* Privados de instrucción, sin energía en el carácter, sin elevación de alma, esta- ban como todos los hombres de esta ca- tegoría, espuestos á cada instante á to- da la seducción de las influencias este- riores. Un dia, escitados por el vino, animados por conversaciones licencio- sas, después de haber pasado su tiempo en la mesa, en la ociosidad, en el olvido de los pesares, encontraron casualmen- te, ó juntos ó separados, y lo mas ordi- nario de noche, en los campos ó en los caminos, una muger que no solicitaban ni aun conocían. Sin que hubiese de parte de ellos la menor premeditación, sin propósito deliberado, esta muger, vie- ja ó joven, bonita ó fea, agraciada ó sin gracia, por su fatalidad se presentó á sus XXXIV ojos. Su perturbación mental, un sen- timiento estraordinano de una podero- sa vitalidad, el calor dé los sentidos, el ofuscamiento de la razón, la facilidad con que todos somos víctimas de nues- tros impulsos, la debilidad de la natura- leza, todo los puso fuera de sí mismos, y los precipitó á trasportes que acaso habrían ignorado toda su vida. Por es- to he dicho que su delito feié un verda- dero accidente, y así s«a 3splica la ausen- cia del signo esterior, y se patentiza una verdad de »primer orden, á saber: que el hombre, aun el mas vibrátil, en medio de circunstancias y de impresiones es- tertores que le asaltan á veces por to- das partes, ó de incitaciones que le sor- prenden, no siempre es dueño de sus mo- vimientos, y bajo este respecto tiene un derecho incontestable al interés, á In jus- ticia, y á la compasión de sus semejan- tes.” „En cuanto á los individuos que se ha- llaban con predisposiciones contrarias, que por consiguiente me habían presen- tado un gran desarrollo de cerebelo y su- frían sin embargo una condena por he- chos que no tenían que ver con los es- XXXV travios de que hablamos, todo lo que es* to prueba es, que el hombre puede tener mas de un tirano en la cabeza, que á hombres, como los que hemos pintado arriba, pueden las influencias esteriores arrastrar en diversas direcciones, y que. por que un hombre es ardiente en amor, no por eso carece de ambición, de codi- cia, de odios, de crueldades, de cóleras, de deseos dr,venganza &c.” Es otra pruéba la coincidencia de con- formación de nneve cabezas de suicidas que se presentaron en la misma sesión. „¿Que cosa es el suicidio? dice el rela- tor ¿Es honorable ó deshonroso? ¿Se podrá algunas veces justificar ó esplicar por la organización? Sabéis de cuantos modos diversos se han resuelto estas cuestiones. No citaré las opiniones de los autores mas célebres, y solo copiaré las palabras de Carema * sobre el suici- dio de Vatel cocinero de Luis 14.” El sui- cidio de Vatel se hizo histórico y dramá- tico por Madama de Sevigné: esta muger célebre supo sin duda apreciar la conduc- * En un Diario del Gobierno he publicado hará unos seis meses el ecsamen frenológico de la cabeza de este célebre co- cinero, que fuó arquitecto, literato y escritor notable. XXXYI ta de este gran servidor que viendo fal- tarle el marisco (basta tener sangre en las venas para sentir su crítica posición) creyó perdida su reputación, porque se habia empeñado en servir las mesas de los señores de la corte lo mismo que la del gran rey. Esta idea causó su desespe- ración. ... La grandeza de su alma, y ¿por qué no? le habia inspirado la digni- dad de su profesión. Su oferte me pa- rece tanto mas ilustrq13ícuanto que po- cos hombres, aun de aquellos que se meten á ambicionar el poder, tienen ver- güenza de quedarse en este mundo des- pués de haber subido á los puestos para solo hacer ver su nulidad, y después de haber comprometido con sus locuras ó sus faltas la dignidad y la suerte de las naciones.” (Arte de la Cocina francesa, iom. I. pág. 12.) ”Sí, el suicidio puede ser un acto de valor y de grandeza de alma, testigo Ca- tón, testigo Bruto y otros muchos. Pe- ro sin querer resolver la cuestión de una manera general y haciendo á un la- do los principios religiosos y metafisi- cos, vamos á ver si es posible descubrir qué circunstancias de organización pue- XXXVII den determinar á un hombre á cortar el hilo de sus dias.” „Aquí está la cabeza del barón de San- Simon. Se sabe que quiso matarse de- sesperando de que se realizaran las re- formas que habia concebido.” „E 1 segundo es eljoven E*** estudian- te de medicina, practicante en los hospi- tales civiles. Después de cinco oséis años de estudios,'abrazó con calor la doctri- na sansimonianínsn 1827, y parecia lle- no de esperanzas. Mas á poco, en me- dio de sus esfuerzos por reformar á Jos demás, sintiendo la dificultad, la impo- sibilidad de reformarse á sí mismo, cayó en el mayor desaliento y tomó la reso- lución de terminar su ecsistencia. Una mañana, después de haber hecho su vi- sita acostumbrada por las salas del hos- pital, entró en su vivienda, y sin decir á nadie una palabra, prepara la ropa que debe estancar su sangre, se mete en la ca- ma y armado de un bisturí, descubre sus dos arterias crurales, como para hacer una ligadura: acabada esta primera ope- ración, pasa una sonda bajo la arteria del lado izquierdo, y la corta trasversalmen- te: después, á pesar de la efusión rápida XXXVIII de la sangre, tiene bastante valor y fir- meza para pasar la sonda bajo la arteria del lado derecho y la corta lo mismo; no debió ser larga la agonía.” „La tercer cabeza es de la Sra. C*** muger muy afectuosa y perdidamente enamorada del que esperaba un dia lla- mar su esposo. Después de muchos años de vida común y cuando los negocios del Sr. C*** tomaron definitiva,mente un as- pecto favorable, conocido su posición precaria, temiendo que se llegase á saber que no era su muger legítima, y querien- do asegurar la suerte de sus hijos, in- sistió en que se concluyese el matrimonio prometido; ignoraba que había un obs- táculo invencible. De las disculpas y di- laciones del Sr. C*** resultaban motivos continuos de queja. Una noche, después de una de estas querellas, se dió dos puñaladas en el pecho. Una de ellas fué mortal; pero empleó sus pocos ins- tantes de vida en declarar delante de testigos, que espontáneamente se había dado la muerte y que el Sr. C*** no te- nia en ello la menor parte.” „La cuarta cabeza es de la loca Thui- 11er muger de Roux, que padecía mono- XXXIX inania de suicidio, á consecuencia de pe- sares domésticos y para Jo que hizo va- rias tentativas. En la última se degolló, habiéndose alcanzado una de las arte- rias carótidas y murió en momentos, el 1° de julio de 1831 á las siete de la tar- de.” „La quinta es de la viuda Landon, de que hay un informe ó sumaria hecha por la autoridad; que insertaré literal.” «Sumaria deb"\csamen frenológico de la viuda Landon suicidada en la casa que habitaba calle de la Antigua Estrapada núm. 13” „A solicitud delDr. Paloue, médico del barrio núm. 12, nos el infrascrito, comi- sario de policía del cuartel del Observa- torio, requerimos al Sr. Dumoutier pro- fesor de frenología, para darnos su opi- nión sobre los motivos del suicidio de esta señora.” ~Después de haberle introducido á la recámara en que yacía el cadáver, cuya cabeza solamente estaba descubierta, en presencia del Sr. Liebert, secretario de la comisaria, procedió el Sr. Dumoutier a su ecsamen frenológico y estendió des- pués el siguiente dictamen. XI. „Esta persona debe haber sido de un natural bueno y afectuoso: muy tenaz en sus hábitos, muy perseverante, muy ape- gada á las personas con quien llevaba amistad, muy buena madre. Sin embar- go, si ha tenido accesos de cólera, de- ben haber sido violentos, hasta hacer pedazos lo que se hallase á sus manos. Ha debido manifestar tristeza, hablar de sus ideas funestas, tener fun carácter sombrío, inquietarse d*v lo futuro, hacer mucho caso de la opinión que se tuvie- se de ella, temer el qué dirán, tener sen- timientos religiosos, creer en ios dog- mas de su religión cualquiera que haya sido, ser próbida y justa en sus rela- ciones, hacendosa, laboriosa, económica, diestra; debia tener alguna habilidad mecánica; su inteligencia podia ilustrar sus decisiones; pero parece que no ha recibido por la cultura todo el desarro- llo de que era capaz. La memoria de las palabras y la de las épocas deben haber sido pobres; por consiguiente de- bíale ser difícil aprender de memoria, y muy fácil olvidar fechas, debia tener un conocimiento imperfecto de la duración. Al contrario la memoria de las formas XLI y la de los lugares debían hacerle reco- nocer fácilmente las personas que hu- biese visto y los puntos en que hubiese estado, y agradables k sus ojos las vis- tas pintorescas. Ha debido gustar de la música, particularmente de la música religiosa. En resumen los motivos de la fatal resolución de esta muger, me pa- rece deben atribuirse á una enagenacion mental del género de las lipemanías (ma- nías tristes), cuyq* causa tal vez ha sido la estrema inquietud de la opinión que se tenia de ella, ó la ecsaltacion de los sentimientos religiosos, ó los del deber y la justicia, ó algunas malogradas es- peranzas, fuese por mala corresponden- cia ó cualquiera otro motivo, y alguna de estas circunstancias ó todas k la vez han venido k juntarse con una actividad escesiva ó maniaca de las facultades del valor y de la destrucción, 6¿c. &c.” „De las informaciones de la sumaria y deposiciones de los testigos, resulta que en la mayor parte son ecsactas las ob- servaciones del Sr. Dumoutier, por la inspección del cráneo. Que en efecto la viuda Landon era de un carácter bue- no y sensible, que tenia una conducta XLII muy arreglada y un trato agradable, aunque delicado: que era devota y aun con algún esceso, pues que se halló su correspondencia con un cura: que era sóbria, económica, y se distinguía en los trabajos de aguja, en que se ejercitaba, como bordadora de todas clases: que te- nía una afición decidida á la música, que la obligó á aprender la guitarra: que era amorosa y dió constantemente pruebas de ello á su marido á,viuien quería mu- cho: que era positivo el cariño á sus hi- jos, que tuvo dos y cayó enferma de la pesadumbre de haberlos perdido: y por último, que había mostrado siempre mu- cha inquietud por su reputación: que se le había metido en la cabeza que habla- ban mal de ella, y que la querían pren- der para llevársela al hospital.—Estracto conforme y certificado &c. París 14 de mayo de 1833.—Gourlet, comisario de policia del cuartel del Observatorio— Liebert, secretario.” „La sesta cabeza es del joven D***, estudiante de medicina, nacido en Lau- sana, y que se mató el 5 de junio de es- te año, dándose el pistoletazo que se ve en ella. De una fisonomía insignifican- te, aunque regular, de un carácter frío, de una indiferencia general para todo, poco activo, y sin embargo deseoso de gloria, desesperó de llegar jamás á ser otra cosa que un médico adocenado, y esto, junto con algunas contrariedades de familia, bastó para determinarlo á quitarse la vida.” Xlili i „Es la séptima de un demente llama- do Marguaii 3, que padecía monomanía de suicidio y dejó morir de ham- bre, á pesar de todo lo que se hizo pa- ra alimentarle por fuerza, en la sección del Dr. Terrus del hospital de Bicetre, hará cosa de dos ó tres meses. Se con- cibe perfectamente la causa de esta mo- nomia. Se había desertado, y al sal- tar unas tapias de la prisión en que se hallaba, se quebró las piernas: se le am- putaron, y sin este accidente habría pa- sado á un consejo de guerra y sido con- denado. El terror de esta condenación asaltó á este hombre y sitió su espíritu con imágenes de suplicio, con terrores y alucinaciones de toda especie.” „Las dos que siguen pertenecen tam- bién á individuos que se dejaron morir de hambre. Esta es de Granié, envía- XLIV da de Tolosa. Este mató á su muger por celos, pero con circunstancias de una atrocidad horrible, y á un compañe- ro de prisión por amor propio ofendido. Persuadido de que si moria en el cadal- so sus hijos serian privados de la heren- cia, * sufrió 63 dias el tormento del hambre y de la sed, y sucumbió en el último grado de marasmo.” „E 1 postrero es un militf-C de 22 años llamado Michelet, queqcaurió en mi sec- ción del hospital de Gros-Caillou el 13 de febrero á resultas de una abstinencia voluntaria de 30 dias.” „Todos presentan la organización si- guiente: ¡Esto sucede y se dice en la civilizada Francia en 1833! 1 2 3 4 5 6 7 8 9 ÓRGANOS. SAN SIMON. 0*** THTTILLEC. L ANDON. J)*** MARGUA1NE GRANIE MICHELET Destrucción. fuerte muy fuerte bast. fuerte muy fuerte bast. fuerte muy fuerte muy fuerte muy fuerte m. fuerte Firmeza. moderado fuerte fuerte muy fuerte fuerte modelado muy fuerte estrcm. f. fuerte Valor. bast. fuerte muy fuerte fuerte moderado muy fuerte muy fuerte muy fuerte estreñí, f. fuerte Amor de la vida débil muy débil moderado débil moderado juy débil moderado moderado m. débil Esperanza. moderado débil muy débil muy débil muy débil moderado mederado moderado m. débil Circunspección. bastante muy fuerte fuerte moderado bast. fuerte bast. fuerte moderado estrem. déb. m. fuerte Aprobatividad. moderado ■ moderado muy fuerte muy fuerte muy fuerte fuerte fuerte muy fuerte fuerte Se ve por esta tabla que los órganos que tienen mayor influencia en la determinación del suicidio, á lo menos en estos nueve casos, son la firmeza, el valor y la destrucción. Se ve que el amor de la vida es muy débil, escepto en aquellos en que este amor ha sido superado por otras inclinaciones. Teniéndose presentes las circunstancias de la muerte de los nueve suicidas, se concebirá por qué la esperanza, débil ó nula en la mayor parte, podia ser pronunciada en los números 7 y 8. La circunspección es también uno de los órganos cuya influencia parece mas poderosa, y después, el amor de la aprobación. Si estas consideraciones no son bastantes para resolverlas cuestiones que se relacionan con el suicidio, ministran á lo menos datos muy importantes para conseguirlo un dia. NUEVE CABEZAS DE SUICIDAS. XL.VI Se presentaron en la misma sesión las cabezas de cuatro criminales. En todas se veía la región en que colocan los frenologistas los sentimientos y las pasiones dominar sobre la de la inteli- gencia; cabezas instintivas, cabezas ani- males, que comparadas con las de que se hablará después, de Charpentier, de Eustaquio y de Monthion, presentaban dos clases de organización diametral- mente opuestas. un Era la primera de un llamado Mabil- le, asesino, hijo de un galeote muerto en presidio y nieto de otro criminal muer- to en el cadalso. Un dia se le ocurrió convidar á comer á sus amigos, y no te- niendo dinero salió al camino de Caen, mató á una muger, le robó seis pesos y volvió con ellos á pagar en la fonda. Descourbes, estando condenado á 5 años de presidio y queriendo escaparse de salir en cuerda, se saja una pierna é irrita la herida para ulcerarla. Con bas- tante pesar ve que aquellas llagas sanan pronto. Un compañero le sugiere la idea de abrirse un sedal con un cabello de muger al través de la articulación de una rodilla. Sin titubear se pone á la obra XLVII y consigue pasarse este sedal de nuevo género. A poco se declara un tumor espantoso y Descourbes muere en me- dio de una fiebre voraz, el mes de abril último, ¿Qué hay en su cabeza? Ad- quisividad, secretividad, firmeza y mu- cho valor. En efecto todos los circuns- tantes quedaron admirados de ver el des- arrollo de todos los órganos que corres- ponden á e tas facultades é inclinacio- nes. Pero, no previó Descour- bes que no podría hacerse una mutila- ción impunemente? Falta del todo en su cabeza el órgano de la circunspec- ción; no hay tampoco el de justicia ni el de esperanza; una cabeza mas instin- tiva que intelectual. Benito, condenado á muerte y ejecu- tado el 30 de agosto de 1832, de edad de 20 años, había sido echado del cole- gio de Reims por inclinaciones infames y abandonado de su padre. Mostró to- da su vida mucha astucia; era de un ca- rácter frió, reservado y suspicáz: habia recibido muchas heridas en la cabeza. Asesino de su madre, para que no se supiera este crimen, sacrifica también á su amigo y compañero de torpezas. Es- XJLV111 tos dos asesinatos los comete del mismo modo, por la noche y durante el sueño de sus víctimas. Antes del crimen, en el cri- men, á la vista del cadáver, durante el proceso, con la misma sangre fria, la misma impasibilidad. Su cráneo presen- ta un desarrollo general bastante grande; pero la base es estremamente ancha, las partes medias lo son mas que las ante- riores y posteriores, sobre todo, la fir- meza y la circunspeccirn son enormes. Un hábil anatómico que habia ecsami- nado antes esta cabeza, encontró en ella señales de un estado enfermizo, que de- be haber influido en su vida y en sus acciones. El Dr. Broussais se refiere á un trabajo precioso del Dr. Dumoutier sobre esta cabeza. El cuarto es Reges. Espadachín de profesión, por tanto mas cuanto se acer- caba al que se le designaba, empeñaba una disputa con él, le daba ó se hacia dar una bofetada, y seguro de su mano, de su astusia y de su destreza, se presen- taba en el terreno y despachaba pronto á su adversario. Así tenía en el cuerpo una porción de desafíos, ó mas bien, de asesinatos. El último crimen fué la muer- XJLIX te de Ramus, á quien cortaba todos los dias un miembro para hecharlo al rio. Pero este hombre que sacrifica á sus se- mejantes por una bolsa de dinero, que ha tenido la habilidad de substraerse á Jas investigaciones de la policia y que es- tá ya fuera de Francia, en el momento que sabe que su hijo está comprometido y va á pasar por el asesino de Ramus, este hombre -?-troz, esta fiera, se convier- te en un padre tierno que tiembla por el honor y por la vida de su hijo. Sin titubear vuelve al lugar de su crimen y se entrega á la justicia para ser ejecuta- do. En su cabeza, hay esceso de ani- malidad: el cerebelo es enorme y el de- sarrollo de los lóbulos medios es espan- toso. ¿Quién podrá balancear la influen- cia de las malas inclinaciones que re- sulta de la falta de equilibrio en esta organización? ¿La bondad? No la hay. ¿La inteligencia? Está destruida por las masas instintivas. Y ninguna educación que oponer á este grande imperio de las malas inclinaciones. Pero predominan los órganos de la adquisividad, de la se- cretividad, de la firmeza y la circunspec- ción, y el mas pronunciado de todos es el del amor á los hijos. li Cierto Orsolano de S. George, cer- ca de Yvrea, en Italia, tocinero, de edad de 32 años, que ya había estado con- denado á un año de grillete y 7 de ga- leras por atentado al pudor y robo en las iglesias, vió un día en el mercado á una vendedora de huevos, llamada Fran- cisca, de edad de 14 años. Se acercó k ella, le compró todos los huevos, y le di- jo que se los llevase á sti casa. La inocente deja k sus coip,oañeras, le sigue y llegada á la casa sube sin desconfianza al primer piso. Apenas entra, cierra él la puerta, le intima que no grite so pena de muerte, lucha con ella, la derriba so- bre una mesa y la viola repetidas veces desde las once de la mañana hasta las cin- co de la tarde. Cuando ha saciado su bru- talidad, el malvado anuncia k su víctima que es llegada su última hora, que se pre- pare á morir y que encomiende su alma ála virgen. En vano ella le suplica, se postra de rodillas, le besa los pies; sor- do á sus clamores la coje con una mano por los cabellos y de un hachazo le hace con la otra rodar la cabeza. Esta cabeza reparada del cuerpo fija todavía sobre Qrsolano sus últimas miradas en espre- L1 sion de súplica, y le causa, dice en el interrogatorio, un momento de terror; pero vuelto á poco á su ferocidad, corta el cadáver en pedazos, los hecha en un saco, los va á enterrar á las diez de la no- che fuera del lugar y en tres puntos dis- tintos: de vuelta á su casa, quema la ropa de Francisca, lava el suelo, cena, y se echa á dormir tranquilamente en la mis- ma pieza, en que acaba de consumar tan- tas abominación-^. La bulliciosa fiesta del dia (martes de carnestolendas 3 de mayo de 1835), dieron amplitud al asesino para cuanto quiso hacer. Sin embargo, la madre de la joven y sus compañeras, inquietas de no verla volver, se echan á buscarla y no hallándola en ninguna parte, se diri- gen á las autoridades para que las ausi- lien en su busca. Unas ligeras sospe- chas las dirigen á casa de Orsolano, á quien hallaron comiendo tranquilamen- te. Respondió con la mayor sangre fria y sagacidad á las preguntas que se le hi- cieron, y se habria escapado de las in- vestigaciones, si la madre no hubiese re- conocido los zapatos y el sombrero de paja de su hija que aun no habia hecho el lili desaparecer, y después se vió el saco te- ñido con la sangre todavía fresca en que había trasportado la víspera los restos de la joven. Conducido á prisión, no tardó en con- fesarlo todo, añadiéndo que no era el único crimen que había cometido de esa clase. Que lo mismo había hecho en 1832 con una cierta Givogre de 8 á & años, y en 1833 con otra Catarina Sca- varda de 10; que las inmolaba después de cebar su brutalidad, y que de la car- ne hacia salchichas que sabían muy bien á sus marchantes. Se le sentenció á muerte y después de ejecutado, se le cortó la cabeza, la cual se envió á Turin el 18 del mismo mes. * Se hizo su ecsamen por los Dres. De- miclelli, Bertinetti y Malinverni, en pre- sencia de todos los profesores de medi- cina y cirujía de la ciudad y de un públi- co muy numeroso. Tenia una fisonomía siniestra, barba roja, cabello duro, espe- so y rogizo, ojo derecho debilitado, labio superior muy grueso, nariz chata. Las eminencias parietales, especialmente los * Parece que la justicia no anda por allá como por otras, partea, aunque no se administra por comisiones, militares JLIII órganos de la astucia y de la circunspec- ción, de la destructividad ó instinto car- nicero, llenaron de asombro á los cir- cunstantes por un gran desarrollo, así co- mo los de la religión, de la benevolencia, de la educabilidad y de la sagacidad com- parativa estaban completamente borra- dos. El cerebro parecia haber huido de estos puntos y dirigídose á las regiones laterales. Los órganos de la amistad, de la de la habitatividad, de la música y de la poesia, casi enteramen- te nulos. Se aserró el cráneo para ecsa- minar el cerebro, cuyas partes se encon- traron ecsactaraente de acuerdo con la superficie interna de aquel. Las circun- voluciones correspondientes á la parte anterior, media y superior de los heinis- ferios, compar adas con las mismas de otros cerebros, tenían casi una mitad me- nos. El cerebelo ú órgano del amor físi- co, aunque de un volumen bastante ordi- nario, no estaba tan desarrollado como se esperaba. Pero ¿qué especie de amor podia ecsistir en un ser, en quien la bru- talidad y la crueldad sufocaban todos los sentimientos humanos, y que todavía al pie de la horca repetía: „dénseme mu- L.IV chachas, y haré siempre lo mismo con todas?” El desarrollo del órgano de la circunspección esplica cómo pudo ocul- tar por largo tiempo sus crímenes; y la pequeñez del del valor, porqué ejercía su instinto cruel en criaturas débiles. La publicidad de este ecsamen y el rui- do de este suceso, cuya memoria durará por muchos años en Turin, dice el que informa á la sociedad de París, ha hecho á la frenología dar pase-* rápidos en to- do el Piamonte. El Sr. Fossati, en sus observaciones sobre este hecho dice entre otras cosas: „E 1 hombre es determinado á sus accio- nes por dos motivos, su organización y las causas esternas, que obran sobre él, estimulando la actividad de sus órganos. O Un hombre organizado como estaba este, que á la edad de 22 años había cometido atentados al pudor y robos en las igle- sias, habría debido estar continuamente rodeado de causas esteriores propias pa- ra reprimir por una parte Ja actividad de sus malas inclinaciones, y fortificar por otra la de las buenas, naturalmente débiles en él. Siete años de mansión en- tre galeotes, en vez de despertar en él y LV sostener los sentimientos de justicia, de benevolencia, de religión, que no son completamente nulos en ningún hombre, no produjeron sino un efecto contrario. Ademas, un hombre organizado como este, no se le debió dejar después de sus primeros crímenes, ejercer el oficio de tocinero, en que se habia acostumbrado á derramar la sangre con indiferencia. Se sabe que en la época de la primera re- volución de Francia, los carniceros fue- ron los que mas se distinguieron por su crueldad. Un sistema correccional bien entendido es pues la institución que la frenología reclama altamente de ios go- biernos.” Mas basta ya de horrores y reconci- liémonos con la humanidad, en que si ca- be tanta vileza, veremos de toda la gene- rosidad, de toda la heroica abnegación de que es capaz. Uno y otro como estre- nuos son cosas estraordinarias; medio bribones, medio buenos, y mediocridad en todo, es el patrimonio de la genera- lidad de la especie. El Sr. Broussais presentó la cabeza de un hombre de bien, del Sr. Charpen- tier, cura de S. Estevan del Monte,, ar» LVI rebatado á la edad de 64 años al amor de sus amigos y al reconocimiento de los innumerables indigentes que lo acompa- ñaban inundados de lágrimas al sepulcro el 20 de diciembre de 1827. Toda la vi- da del Sr. Charpentier fué una obra con- tinua de beneficencia, realizando hasta su última hora la caridad evangélica. Así el relator hace ver y admirar una organización privilegiada: ejl órgano de la benevolencia dirigido,. por una inteli- gencia superior. „Pero esta otra, dice, es una de aque- llas cabezas que la frenología y mas la humanidad se felicitan al hallarlas: es la del negro Eustaquio, de edad de 62 años, primer gran premio de virtud, coronado en el Instituto el 9 de agosto de 1832. Yo no os contaré su vida; vosotros to- dos la habéis oido ó la habéis leido. Sa- béis que Eustaquio en la revolución de Santo Domingo se espuso mil veces por su amo el Sr. Belin, que lo salvó de la matanza general, que le conservó va- rias veces su fortuna por su sagacidad, su valor y sus sacrificios, y con él á mas de otros 400 blancos.” La idea del ase- sinato, dice el relator del Instituto, no LÍVII se asocia en el alma de Eustaquio con la de la libertad. Americano y virtuoso, colocado entre sus paisanos que piden con el puñal y la antorcha incendiaria su sangrienta emancipación, y sus amos es- puestos á perecer asesinados entre los escombros de sus casas abrasadas, no ti- tubea: ni las animosidades de los negros, ni los vínculos de afección le retienen; va á donde ve que no hay venganzas que ejercer, sino deberes que cumplir y des- graciados que salvar. No hubo astu- cia ingeniosa de que no se valiese pa- ra substraer de la muerte á tantas vícti- mas. Ocupado sin cesar en prevenir á los habitantes de las conjuraciones tra- madas contra ellos, sin revelar jamás los nombres de los conspiradores, inventan- do mil estratagemas para proporcionar á los propietarios los medios de reunir- se y fortificarse, corría de dia con los negros y por la noche iba á dar noticias á los blancos.” „Se le presenta una oportunidad de librar á su amo de los peligros que lo rodean: un buque americano sarpó en Limbé. Eustaquio se va á ver al capi- tán, se compone con él sobre el modo lviii de pagarle el pasage del Sr. Belin, y consigue en una noche, mitad arrastrán- dolo y mitad cargándolo, poner á bordo del buque á aquel cuya vida ha salvado tantas veces. No se contentó con eso. Se hallaba el Sr. Belin en la desnudez mas completa, era preciso proveer á sus necesidades. Eustaquio corre á una azu- carería, reúne á los negros del ingenio, les habla con la elocuenciavdel corazón, y de 500 que eran, á 365 á que le traiga cada uno al buque un pan de azúcar blanca de á 2 arrobas, y cuan- do el Sr. Belin se deshace en gracias en medio de sus sollozos, este ángel de bondad y de amor no responde de otro modo que pidiéndole de rodillas el per- miso de seguirlo y de servirle el resto de su vida. No se habían pasado dos dias de na- vegación, cuando el buque americano fuá abordado y cogido por tres corsarios ingleses. ¿Cómo pintar la desesperación del criado viendo k su amo prisionero y despojado de los recursos que tuvo tanto trabajo en conseguirle? Pero no se de- ja abatir por la adversidad. Eustaquio no solo es el mas virtuoso de todos ios L.IX hombres, sino muy hábil cocinero, y cuenta con su habilidad para grangear- se el ánimo de los gefes de la presa. Al cabo de pocos dias ya se habia hecho su favorito: cada comida era un plato nue- vo, una nueva sorpresa gastronómica, de modo que los dignos gentlemen en vez de fastidiarse en la travesía, temian lle- gar demasiado pronto á las Bermudas. El por su parte, á la par que los divier- te con su jovialidad, no cesa de hablar- les del Sr. Belin, y de que no dejarían de recomendar á un hombre tan bueno á la generosidad del armador de los cor- sarios. No adelantando nada por este medio, tramó una conspiración para lo- grar la libertad de su amo. Consigue triunfar de las irresoluciones del capitán americano, le inflama con su valor y ya no espera mas que la ocasión. Un dia que los gefes estaban entrete- nidos en comer y beber mas que de or- dinario, ven de repente caer sobre ellos á Eustaquio con sable en mano, al capi- tán Barnett y un pasagero con pistolas. Se levantan para resistir y llamar alar- ma; pero de un reves Eustaquio le echa un brazo abajo al primero; los otros LX dos piden la vida, Al mismo tiempo los otros pasageros se apoderan de los ma- rineros ingleses, y el capitán Barnett conduce á Baltimore, lugar de su desti- no, k su propio buque y las tres presas de Eustaquio. Sabéis que Eustaquio siempre activo, no se ocupó jamás sino de hacer bien, que nunca quiso guardar nada para sí, y que lo que sacaba de su industria y de las recompensas que obtenía, se empleó sin reserva en consolar afligidos, que qui- so quedarse siempre en oficio de criado doméstico, con el fin de hacer valer sus talentos culinarios y poder ganar mas para sus semejantes. Vayan otros dos ó tres rasgos de los innumerables de su be- neficencia: es el relator del Instituto el que vuelve á hablar. „Retirado á Puer- to-Príncipe en seguimiento de su amo el Sr. Belin, á quien su grande reputación había hecho nombrar presidente del con- sejo privado, Eustaquio oía con frecuen- cia á su amo ya viejo quejarse de la de- bilidad progresiva de su vista. Si Eus- taquio supiera leer, podría entretenerme en mis largas vigilias. ¡Qué pesar para mí y cuanto siento no haberle propor- JLXI cionado en su infancia una instrucción tan útil! Esta pesadumbre no durará mucho tiempo; Eustaquio adquiere lo que su amo sentía no haberle dado. Se va en secreto á casa de un maestro de escuela, y á virtud de las lecciones de este, y mas que todo de una voluntad poderosa, Eustaquio, sin hacer falta á su servicio, porque con este objeto va á tomar sus lecciones á las cuatro de la mañana, el dia menos pensado se le pre- senta al pobre ciego con un libro en la mano, y le prueba con el mas tierno de los ejemplos, que si nada parece fácil á la ignorancia, nada es imposible para el amor.” Una vez sabe que una pobre aldeana llamada Yonne Piífon, quedó viuda con cuatro hijos pequeños, y sin otros medios de subsistir que cortar yerba para las bestias. Se echa á buscarla, le da con que vestir á sus hijos, adopta al mayor, lo pone á sus espensas en un aprendiza- ge, le compra la herramienta del oíicio que Je ha dado, y después este mucha- cho llega á ser el sostén de toda la fa- milia. Otra vez viendo á sus amos en la im- I.XI1 posibilidad de socorrer á un amigo en- fermo y pobre, á quien no habian visto después de mucho tiempo, Eustaquio consagra á esta buena obra, y en el ma- yor secreto todo el dinero que gana aco- modándose de cocinero mayor en casas ricas. Consigue así tener para sus amos y para aquel pobre, á quien sostiene por mas de un año, dejándole en la creencia de que todos esos beneficios se los debia á sus amigos, y esta mentira no se descu- bre, sino cuando después de restableci- do, gracias á los cuidados de Eustaquio, viene á dárselas á los que las debian co- mo él. Desde 1812 que Eustaquio llegó á Paris, no dejó pasar un solo dia sin mar- carlo con algún servicio á la humanidad: se diria que hacia el bien así como otros respiran. En 1832 la Academia france- sa decretó á este hombre estraordmario el primero de los premios de virtud, fun- dados por Monthion: murió el 15 de ma- yo de 1835. El Sr. Duchesne, uno de los muchos historiadores de su vida dice: que en un pueblo donde se honrase á la virtud al igual de la gloria ó del genio, este negro habria obtenido una estatua. El Sr. Broussais llamaba la atención JLXIII de ios circunstantes sobre la conforma-» cion de su cabeza. Ved, les decía, esta prominencia de la frente: este es el ór- gano de la beneficencia. Es tal que no hay uno que se le parezca entre todas las colecciones de la misma dase. Está tan enormemente pronunciado, que si yo no supiera de quien es, habría escla- mado á la vista de este cráneo: aquí hay monomanía de beneficencia. Pero el Sr. Britaut ha reasumido mejor su vida y su carácter en dos palabras: generosidad incorregible.” Es muy de notar también que el Sr. Duchesne llevó en vida á Eustaquio con un célebre frenologista que no lo cono- cía, y después de haberle ecsaminado el cráneo, lo definió de este modo: La as- tucia y el valor al servicio de la bondad y de la inteligencia. Como es tan grato el hablar de virtud aun cuando no se tiene, tomaré ocasión del premio que se cita arriba para dar noticia de otro hombre eminente, cuya cabeza está también en los preciosos ar- chivos de la frenología, como una de sus pruebas á la vista del público. El Sr. Antonio Juan Bautista Roberto LXIV de Monthyon nació en Paris en 23 de diciembre de 1733. Fué intendente de la provincia de Auvernia, donde era ob- jeto del respeto y del amor de todos en general, y particularmente de los desgra- ciados. Emigró en la revolución, y du- rante el destierro no cesó de partir sus bienes con sus paisanos emigrados ó pri- sioneros en Inglaterra. En ninguna épo- ca se acordó de la diferencia de opinio- nes políticas para hacer.idistinciones en el ejercicio de su beneficencia. Desti- naba en los últimos años de su vida tres mil pesos de sus rentas para sacar del monte-pio las prendas empeñadas en menos de un peso. Se esforzó en ser útil aun despiies de su muerte. Entre la multitud de legados que atestiguan su humanidad, figuran los premios que fun- dó con una parte de su fortuna. Io Al que descubra el medio de hacer menos mal sano un arte mecánico. 2o Al que ha- ya encontrado en el año un medio de per- feccionar la ciencia médica ó el arte qui- rúrgico. 3o Un premio anual de esta- dística. Estos tres se reparten, cuando hay quien los obtenga, por la Academia de las ciencias. 4o Al que haya hecho en JLXT el año la acción mas virtuosa. 5o Aí que en el año haya compuesto y publicado el libro mas útil á las costumbres. Estos dos últimos se decretan por la Academia francesa. Son varios, yel primero filé el que se decretó á Eustaquio. Monthyon murió en París el 29 de diciembre de 1820. Su testamento es digno de su vi- da. „Pido perdón á Dios, dice la pri- mera claúsula, de no haber cumplido esactamente co? mis deberes religiosos: pido perdón á los hombres de no haber- les hecho todo el bien que podia y que debía por consiguiente haberles hecho.” Y sin embargo, su vida entera se consa- gró á la beneficencia. El Dr. Foissac en la misma sesión pre- senta al público el busto y cerebro de Lamarque, escritor brillante, soldado valeroso, hábil general y diputado con- cienzudo. „De edad de 20 años se alis- tó en 1792 de soldado raso en los ejérr citos de la república. A pocos meses (los hombres y los acontecimientos an- daban aprisa en aquella época) fue ca- pitán de granaderos de Latour de Auver- nia, conocidos de los enemigos por la columna infernal. Desde muy temprano LXV1 se distinguió por su valor en medio de un ejército de gigantes que pasearon los co- lores republicanos y el águila imperial por toda la Europa. Querer hablar de todos los combates en que hizo prodigios de valor, seria necesario enumerar to- dos ios en que se halló. Hohenlinden, Villa-Nova, Piara, Oberlitz, Laybaeh, Alta-.Tuha, Wagram en que tuvo cuatro caballos muertos entre sus piernas. Pe- ro ¿se puede pasar en silencio la toma fabulosa de la inespugnable Caprea? En el mes de octubre de 1808, parte á la cabeza de 1800 hombres, cuyo mando le confió Murat. El primer recinto de la isla fué escalado bajo el fuego de los ca- ñones y de la fusilería de 1400 ingleses. Enmarque sube él primero con 500 hom- bres escogidos, y fi la manera que el ge- neral español al desembarcar en el sue- lo mexicano incendia sus naves, él hace alejar las suyas, para hacer ver á aquel puñado de valientes que no habia medio entre la victoria y la muerte. Napoleón desde la roca de su destierro ha inmor- talizado el nombre del vencedor de Ca- prea y sellado con oprobio el del venci- do, Sir Hudson Lowe, que fué después el carcelero del grande hombre. LXVil Se ven en su cerebro todas las cuali- dades del buen soldado y del gran capi- tán. El órgano de la habitatividad, que ligado con sentimientos superiores, es el origen del patriotismo: un valor invenci- ble que se presenta en la enorme distan- cia de las dos apófises mastoides: la cir- cunspección y la astucia, que son indis- pensables al general encargado del man- do: la pasión de la gloria que resulta de un gran desarrópe del órgano de la apro- batividad: en fin, una fuerza moral, una firmeza invencible, caracterizada por la elevación de la cima de la cabeza, sin cuya cualidad no hay grandes hombres. Esta organización, señores, estaba en perfecta armonía con la clase de inteli- gencia que caracterizaba á Lamarque. Acaso la comparación y la casualidad no tienen aquí todo el desarrollo que os mostraré un dia en la cabeza del maes- tro de todos, de Napoleón; pero es pre- ciso advertir que no siempre una frente echada acia atrás es indicio de Ja ausen- cia -del genio. En muchas cabezas es el desarrollo estraordinario de los órganos que residen en la base de la frente, de- signados con el nombre de facultades perceptivas, lo que produce esta ilusión; de modo que si en esta de Laraarque se suprime con el pensamiento el grupo de brillantes cualidades que distinguen su busto, se tendrá una frente recta y ele- vada, pero corta y deprimida como la de un hombre mediocre. Lejos de eso se ven aquí los órganos del len- guage, del cálculo, de las localidades, de la individualidad, de la eventualidad y de las formas, los que {iroducen en fin la rápida ojeada, la percepción viva, pronta y justa de los objetos.” „En la anchura de las partes laterales superiores de la frente, ¿quién de voso- tros no ha designado ya el órgano de la idealidad, del talento poético? En efecto, á las hazañas del gran capitán Ho habia cosa que sobrepasara mas que aquellos boletines homéricos, destinados á celebrar la gloria de sus valientes com- pañeros de armas. Aquella magia de estilo no brillaba menos en las discusio- nes, algunas veces secas; de la tribuna legislativa. Si tocaba las cuestiones de la política esterior, se deleitaba en des- envolver el cuadro de los pueblos de la Europa, como un vasto campo de bata- L.XIX lia, y hacia ver su conquista muy fácil con el estandarte de la libertad. Si pin- ta el fuego de las revoluciones que fer- mentan en el corazón de los hijos de Bruto ~no es el Vesuvio, dice, el único volcan que humea en Italia.” Siempre comparaciones, descripciones, imáge- nes nuevas, y entre los discursos mas pacíficos del legislador asoma la punta de la espada del general.” „EI culto daba á la glo- ria y á la libertad, era á un tiempo el en- tusiasmo de una alma generosa, y el re- sultado de un profundo convencimiento. Atacado del cólera que diezmó la pobla- ción de Paris, se le presentó el manifiesto de los diputados de la oposición en los últimos momentos de su vida. Firmó, La- margue moribundo: protesta elocuente en favor de los principios que habia soste- nido con conciencia y valor, y que que- ría sepultar consigo en la tumba.” Hay épocas en la historia del mundo en que parece que la naturaleza reúne to- dos los gérmenes vigorosos de su poder creador para producir grandes hombres. En seguida como que descansa fatiga- da y agotada en las fuentes de su íecun- LXX da energía. El mismo siglo vió nacer á Alejandro y á Aristóteles: el mismo año, 1769, dio nacimiento á Napoleón y á Gavien ambos brillantes por su fuerza y por su genio, ambos dignos de dar su nombre á la generación que se levantó con ellos. El uno reinará en los cam- pos de batalla, fundará dinastías, despe- dazará tronos, y marchará á la cabeza de la civilización europea. El otro rei- nará en el pacífico impelo de las letras, en medio del primer cuerpo científico de la Europa: enciclopedia viva y progresi- va siempre de los conocimientos huma- nos, arrebatará secretos á la vida, y será el legislador de la historia natural. Vea- mos ahora por qué poder de organiza- ción obró la inteligencia de Cuvier es- tos prodigios. Se hizo la autopsia de este gran na- turalista el 15 de mayo de 1832 por los Srs. Orfila, Dumeril, Dupuytren, Allard, Biet, Yalencienes, Laurillard, Rousseau, Andral y Berard: pesaba su encéfalo tres libras diez onzas, cuatro granos y medio; cosa de una tercera parte mas de los cerebros ordinarios, y esta enorme diferencia consistía esclusivamente en LXXI el desarrollo de los lóbulos cerebrales; el cerebelo y la protuberancia del raqui- diano bulbo no escedian el volumen or- dinario de estos órganos en otros indivi- duos. Ninguna de las personas presen- tes se acordaba haber visto un cerebro tan plegado, unas circunvoluciones tan apretadas, unas sinuosidades tan profun- das. En la parte anterior y superior de los lóbulos cerebrales era donde había es- ta conformación adquirido el mas feliz desarrollo. Seria un error creer que se puede apreciar la estension de las facultades intelectuales por el peso y volumen del cerebro; la espenencia y el raciocinio prueban lo contrario. El frenologista debe tomar la fuente de sus juicios en la comparación de las diversas regiones en- tre sí. Cabezas voluminosas por el nú- mero y actividad de las inclinaciones é instintos animales, son notables por la pequeñez de los lóbulos anteriores del cerebro en los que reside la inteligencia. Tampoco se quiere decir que el cere- bro de Cuvier encerrase mayor núme- ro de circunvoluciones que los cerebros ordinarios. La naturaleza ha determi- LXXII nado los órganos que le han tocado á la economía animal, y todos los indivi- duos, escepto algunos monstruos, tienen el mismo número. El atleta vigoroso, el gigante colosal, no tienen un hueso, ni un músculo mas que el mezquino aborto de la Laponia, pero sus órganos son mas grandes, mas fuertes, y dota- dos de una actividad superior. Tales eran las circonvoluciones de Cuvier. Por desgracia no tenemos al molde, como lo dijeron los diarios, porque por descu- brir el punto inadivinable de su enfer- medad, se le cortó en rebanadas como en tempo de Vicq-d’Azir, hasta redu- cirlo á una masa informe en que el ojo no reconocía ya vestigios de organiza- ción humana. Esta grave omisión, in- dependiente del profesor que hizo la au- topsia, seria hasta un cierto punto repa- rable para la ciencia, si poseyésemos el molde del cráneo, pero se nos ha rehu- sado el único ejemplar que ecsiste. Mas todos los que lo han visto y conocieron en vida á Cuvier saben cual era el des- arrollo enorme de la región frontal. Ra- ras veces se encuentra, aun entre los hombres de genio, un volumen tan con- L.XXII1 siderable de los órganos del lenguage, de la memoria de los hechos y de los lu- gares, del orden, del colorido, de las formas yde la construcción. Así fué que Cuvier ya sabia leer á la edad que los otros niños apenas comienzan á ha- blar. El dibujo era una de sus ocupacio- nes favoritas: su memoria en todos gé- neros era prodigiosa, y estaba profunda- mente versado en el conocimiento de la literatura y de Jas lenguas estrangeras.” „Estas facultades comunes, aunque en grado inferior, á todos los sábios que se ocupan de historia natural, habrian dado á la frente de Cuvier el plano inclinado que hemos visto en el busto de Enmar- que; pero el prodigioso desarrollo de los órganos de la comparación, de la cau- salidad y de la idealidad, elevaba, agran- daba en él la región anterior y superior de la frente, sitio de la inteligencia. De aquí esas investigaciones profundas, esas descripciones precisas y rigorosas, esas sabias clasificaciones, esos principios fi- losóficos, claros y fecundos, ese espíritu de generalización inimitable, que brillan en sus obras, y sobre todo en sus leccio- nes de anatomía comparada, y en las ob- LXXIV sensaciones sobre las osamentas fósiles.” „Es sabido que la historia de todos los pueblos atestigua que el mundo ha espe- rimentado espantosas catástrofes, y que generaciones enteras de hombres y de animales han desaparecido de la su- perficie del globo. A Cuvier estaba re- servada la gloria, sin participación y sin rivalidad, de llevar una luz desconocida al caos impenetrable de esos mundos destruidos. A la ayuda«tde algunos res- tos mutilados, sepultados en las entra- ñas de la tierra, semejante al primer hombre que en el paraiso hace pasar los animales delante de él para imponerles sus nombres respectivos, Cuvier recom- pone creaciones caidas en la nada: y como la cadena de los seres se ata en la naturaleza por anillos indivisibles, al ha- llar una pieza de este edificio inmenso, lo reconstruye todo entero con una ad- mirable sagacidad, y nos hace ver lo que fué la tierra, lo que es, ylo que llegará á ser un dia. Jamás el talento de la inducción fué tan lejos, y se habia menester todo el genio de Cuvier para atreverse á emprenderlo.” „Esta superioridad de entendimiento. LXXV de ciencia y de raciocinio, se manifesta- ba en las cuestiones de administración: era una de las luces, ó por mejor decir, era el oráculo del consejo de estado. Pero no hay que buscar en él al hombre de acción, al hombre político, porque el órgano de la firmeza no dió mas eleva- ción al cráneo de Cuvier, no se desar- rolló al igual del de la altivez, del de la aprobatividad.” ~Por incomp-stas que sean estas no- ciones sobrp la organización de Cuvier, no es menos evidente que ella era una de las pruebas mas patentes de una doc- trina, contra Ja cual tuvo la debilidad de pronunciarse hace veinte y cinco años en su famoso informe al Instituto, ¿lo callaremos por no desagradar á Na- poleón que creía ver en ella un arsenal de grosero materialismo? una chanza del omnipotente de entonces, dice en otra parte el Sr. Richard, pudo mas que la voz de la verdad. El naturalista huyó la difi- cultad como cortesano; y haciendo á un lado, para estar á sus anchuras, toda re- lación de la estructura orgánica con las funciones, no admitió en su informe mas que los hechos materiales de la anatomía IíXXVI nueva de Gall, que no habría podido ne* gar sin hacerse ridículo á los ojos de sus contemporáneos. No era ignoran- cia ni duda, sino pusilanimidad la que le hizo mentir al sacerdocio de la cien- cia: debilidad culpable, que la retardó porque el público se fió en el juicio de tan grande hombre: el deshonor recae sobre el que en tal materia tenia misión de ilustrar al emperador y al mundo.” Pero dos hombres tarsin grandes como Gal! y Cuvier, no podían dejar de enten- derse, ni de estimarse, y efectivamente se hicieron mutuamente justicia al fin de su carrera. Hallándose Gall en cama de la enfermedad de que murió, recibió un recado de Cuvier que le enviaba un cráneo, mandándole decir que en aquel ejemplar encontraba la verdad de la fi- siología del cerebro. „Vuelva V. ese crá- neo, dijo el ilustre moribundo al mensa- gero, y diga V. á Cuvier que ya no falta para mi colección mas que una cabeza; que esa es la mia, que pronto la verá en ella como la última prueba de mi doc- trina.” El complemento de todas las prueba» lo ministra el hombre mas grande, y al LXXVII mismo tiempo el mas grande enemigo de la frenología. Es una cosa bien sin- gular, que hiere el espíritu, y que solo se esplica con los triunfos que en todo tiempo ha obtenido la verdad, que esta ciencia no tenga mas que presentar las cabezas de sus enemigos para triunfar de sus ataques, en la aplicación de sus principios á las cualidades que todo el mundo les ha conocido. A los que deseen versarse en est?.r ciencia, no puedo menos que recomendar el estudio muy deteni- do de un escrito del Dr. David Richard, titulado La frenología y Napoleón, al cual me remito enteramente en esta parte. Ello es que nadie lo leerá una vez sin volver á él otra y otras muchas veces, como quien se deleita en cada uno de los trozos de una ópera de Rossini, sin poder decidir á cual de sus bellezas de- be dar la preferencia, y solo sintiendo que les haya de llegar su fin. Es lo que he visto de mas sabio, de mas filo- sófico, de mas profundo; mas para mi intento y lo que puede consignarse en una obra sumaria como esta, solo daré el cuadro de la organización del empe- rador, sacado en parte de la máscara y Lxxvm mitad anterior de la cabeza que trajo el Dr. Antornmachi de Sta. Elena, y de los bustos y retratos mas auténticos y mas generalmente reconocidos como fie- les, tales como el bello retrato que hizo de Bonaparte en su vuelta de Egipto el barón Gerad, y las obras tanto de es- cultura como de pintura de los grandes artistas Lemot, Chaudet, Canova, Bo- sio, David y otros. Como en México hay pocos ejemplares de estnjs obras, y lo que se tiene de mas auténtico es la más- cara de que el Sr. Antommachi hizo un presente á la representación nacional, es preciso advertir lo que nota el autor citado en este párrafo, á saber: que no hay que buscar en esta imágen, por otra parte tan bella, tan pura, las facciones de las imágenes de Napoleón, dando una batalla, ó recibiendo la corte de once reyes, ó la corona de manos del papa, ó viendo á la Europa unida á sus desti- nos. Peben también tenerse presentes las circunstancias de la edad, del tem- peramento, de una enfermedad larga y penosa, de un grande infortunio, y tan- tas otras que es fácil entender debieron imprimer una enorme diferencia en las diversas efigies que se han hecho del héroe en posiciones distintas, y que en la máscara de Santa Helena hacen ver un no se qué de interior, de concentra- do: todo parece haber tomado allí su curso ácia las facultades reflecsivas, la comparación y Ja causalidad, que ofre- cen un gran desarrollo. Al través de esa frente dolorosamente tranquila, parece que se transparenta una inteligencia rea- sumiendo susAiempos pasados, no te- niendo delante otra perspectiva que la eternidad, investigando cual fué el gusa- no roedor que marchitó sus glorias, glo- rias que se convirtieron en un destierro que no terminará sino con la muerte. liXXIX Se marcan con letra cursiva los órga- nos que no están en la careta, y solo se ven en los bustos. Facultades intelectuales. Facultades afectivas. Segundo género. Reflectivas. Primer género. Perceptivas. Segundo género. Sentimientos. Primer género. Inclinaciones. Análisis frenológico de la cabeza de Napoleón. Comparación. Causalidad. Individualidad. Configuración. Estension. Eventualidad. Parte ant. de circunsp. Idem de esperanza. Firmeza. Estimación de si mismo. Parte post. de circunspec. Idem de esperanza. Destructividad. Secretividad. Combativ'Axd. Afeccionimdad. Muy grandes. ÓRGANOS. Localidad. Pesantez ó resistencia. Orden. Tiempo. Maravillosidad. Idealidad. Veneración. Benevolencia. Aprobatividad. Concienciostdad. Adquisividad. ! Filogenitura. Habitatividad, ó concent. Amatividad. Grandes. Cálculo. Lenguage. Alegría ó jovialidad. Imitación. [Constructividad. Medianos. ;Tono. Colorido. Amor de la vida. Alimentividad. Pequeños. liXXXI Cierro esta parte de mi discurso con Jas palabras del Sr. Casimiro Broussais, que después de haber presentado un gran número de irrecusables testimonios de la esperiencia en la sesión pública del 22 de agosto del año prócsimo pasado de 1834, esclamaba: „¿Y cómo querríais que después de tantas confirmaciones de nuestros principios, nos fuese posible no creer en nuestra ciencia? ¿Por'qué los que la niegan no vienen á presentar- nos, para confundirnos, una colección de cabezas que desmientan nuestras aser- ciones? ¿Por qué no nos oponen mas que hechos incompletos ó desnaturalizados, casos enfermizos ó sospechosos? Que se nos presente solamente una cabeza de un sabio universal como Leibnitz, co- mo Cuvier, que tenga menos de 20 pul- gadas de circunferencia, cuya frente sea estrecha ó deprimida: una sola cabeza de algún hombre notable por la fuerza de su carácter, y cuya región superior vaya en declinación de adelante para atrás: que se nos traiga la cabeza de un solo individuo eminente en cualquier facultad, y cuyo órgano correspondiente esté diprimido, y nos confesaremos ven- LXXXII cidos. Mientras no se nos den estos ejem- plares, permítasenos creer en lo que hie- re nuestros sentidos, y entregarnos al es- tudio y k la perfección de una ciencia que no huye jamás de la mas rigorosa observación. Demencia. No obstante algunos destellos de luz, que tuvieron algunos grandes hombres de la antigüedad, no har;e mucho tiem- po que se creía todavía que la locura era una enfermedad del alma, y que en ella no tenia nada que ver este cuerpo gro- sero, y á pesar de algunas mejoras he- chas por Pinel en el tratamiento higié- nico de los dementes, se tenia que deplo- rar la incertidumbre en que dejaba la inspección del cerebro después de la muerte. La revolución médica de los últimos años, atribuyendo todas las en- fermedades á lesiones de órganos, ha materializado la locura. El Dr. Botex de Lyon, ha estudiado la frenología ála cabecera de los enfermos, y acaba de pu- blicar una obrilla sobre el Sitio y natu- raleza de las enfermedades mentales. En ella hace depender la locura de una in- I.XXXIII Üamacion del cerebro y de sus membra- nas y demuestra: l.° Que la locura no es una enfermedad del alma 6 del espí- ritu, sino una afección del organismo. 2.° Que tiene su sitio esencial en el cerebro. 3.° Que el modo de lesión de esta entraña varía según la clase de enagenacion mental. En efecto, estando los órganos cere- brales destinados unos á las propensio- nes y otros á la\f; facultades intelectuales, puede la enfermedad del cerebro diri- girse á los primeros, y entonces se mani- fiesta un esceso de acción en ellos, con un impulso irresistible, sin que la inte- ligencia se altere en nada, y antes bien solo sirva para conocer todo el horror de un estado tan infeliz. Solo con la pluralidad de los órganos se puede con- cebir la ecsistencia de ciertas manías parciales, monomanías homicidas, sui- cidas, eróticas &c. Todos los dias se ven locos matar en su furor sin interés ni odio, y deplorar con amargas lágrimas en sus lucidos intervalos lo que han hecho, y aun algunos avisan y piden que los aten para no hacer daño cuan- do sienten que les viene el acseso. LXXXIV ¡Cuántas veces se habrán enviado al pa- tíbulo algunos de estos enfermos mas dignos de compasión que de ódio! Al- gún dia acabará de triunfar la verdad, y entonces la sana, la verdadera justicia arrancará á estos infelices de las manos de los verdugos, para ponerlos en las de los médicos, y ¿qué agradecimiento será después bastante para pagar al divino Gall, el bien que ha hecho á la humani- dad? rtí. En 1829 visitó el Dr. Combe, célebre frenólogo ingles, la casa de locos de Ri- chemont en Dublin, acompañado de mu- chos individuos de la facultad y otros su- getos de la mas alta calidad. El Dr. Crawefor, médico del estable- cimiento, tenia hechos trabajos preciosos sobre los síntomas característicos de va- rios casos de locura, y propuso esa vez al Sr. Combe que ecsaminase la cabeza de aquellos enfermos cuya enagenacion te- nia él caracterizada de antemano. Com- be, sin resistirse á la esperiencia que se le proponia, hizo observar que el esce- sa de desarrollo de un órgano, y por consiguiente la ecsageracion de su fa- cultad, no era la única causa deterrni- LXXXV liante de la locura: que lo mismo puede enfermarse un órgano débil, como un órgano fuerte, y que en este caso no ha- bía que atenerse á la forma de la cabeza para decidir la clase de enagenacion; pe- ro que la regla era cierta en lo general. Añadió que aunque había ecsaminado muchos locos, nunca le había ocurrido caracterizar la demencia por la forma de la cabeza, y así aquella esperiencia era nueva mismo. Se puso al ec- sámen, anotando en cada caso los ór- ganos muy desarrollados ó muy débiles, y haciéndoselos tocar á los circunstan- tes y comparar con los mismos de otros individuos que estaban en las salas. En el núm. de julio de 1835, del perió- dico frenológico de la sociedad de París, se da el detall de este ecsamen en dos columnas; una de las notas del Dr. Com- be, y otra de las que tenia hechas el Dr. Crawford. Se ve en resumen que en 15 ó 16 enfermos la coincidencia entre el desarrollo del cerebro y la naturaleza de Ja locura, se halló bastante esacta pa- ra que la inspección del cráneo permi- tiese descubrir los sintomas caracte- rísticos. En cuatro casos no había bastantes indicaciones para formar jui- cio, y en uno solo no habia relación entre el carácter de la enagenacion y las indicaciones orgánicas predominan- tes. Pero teniéndose presente que el esceso de desarrollo de un órgano, y por consiguiente la actividad de su fa- cultad, no es la única causa de la ena- genacion; que otras, aun opuestas pue- den producirla, se verá que estos casos escepcionales no debilitan en nada la frenología, y antes bien en la esperien- cia se encuentra siempre una confirma- ción brillante de sus principios. !LXXXY1 Ella da la esperanza de las mas feli- ces aplicaciones de esta ciencia al co- nocimiento y curación de la enagena- cion mental. Spurzheim. á Gall se deba esclusivamen- te la palma de la invención y de la origi- nalidad de su sistema, aunque diese con el punto de dificultad sobre la filosofía de lo físico y moral del hombre, que no habían tocado antes de él ninguno de los filósofos: que descubrió y enseñó una LXXXVII nueva fisiología del sistema nervioso y del cerebro en particular; en fin, aunque haya salvado lo principal y andado la mayor parte del camino, para enseñarlo y poner en él á los nuevos pensadores, es sin embargo deudora la frenología al no menos célebre Dr. Spurzheim, de una inapreciable cooperación. Este sabio, como digimos en el prospecto, asistió por primera vez en 1800 á un curso que en Vienna después de cuatro años. Desde 1804 se asocia- ron ambos para las observaciones, pa- sando el discípulo á ser el colaborador del maestro, cuya asociación ha sido tan importante, cuanto que la verdadera es- tructura de las circunvoluciones, descu- bierta por Spurzheim, no ha sido descri- ta hasta 1808, época de la presentación al instituto de la memoria de Gal! y Spur- zheim. Después de otros importantes descu- brimientos que hizo en anatomía, los hi- zo igualmente en fisiología, y además de los órganos cerebrales que habia des- cubierto Gall, halló los signos esteriores de otros ocho órganos, clasificándolos distintamente, y separando los caracte- LXXXYIIl res de algunos que parecían á Gall ser comunes con los que él había descrito, ó estar comprendidos en ellos. Estos ocho de Spurzheim, son: los de la jus- ticia, de la esperanza, de lo sobrenatural, del órden, del tiempo, de las formas y de la pesantez. Del de la alimentividad, que creyó reconocer pocos años antes de su muerte, no llegó á admitir la ecsis- tencia como enteramente probada. Mas el Dr. Combe observó después en la obeja dos circunvoluciones cere- brales distintas, que se reúnen en el pun- to que en los carnívoros está ocupado por la destructividad. El Dr. Hoppe dió una descripción bien larga de ellos en el periódico frenológico de Copenhague, y creó el nombre de alimentividad. Se ha publicado últimamente un tratado tan precioso sobre este órgano por los Sres. Ombros y Pentelithe, que no se puede dejar de hacer mención de él. Allí se demuestra su ecsistencia á priori, yel lector es conducido como por una antor- cha para ver claramente la naturaleza de sus funciones. La materia está des- envuelta con una gran maestría; y hasta el epígrafe parece una inspiración fre- LXXXIX nológica de Cicerón. Está tomado de estas palabras de su obra De natura Deorum, 1.—II: Dedit autem natura he- lluis el sensum et appetitum, ut altero co- natum haberent ad naturales pastus capes- sendos, altero secernerent pestífera á salu~ taribus. Entre la justicia y la benevolencia, Gall no miraba mas que grados -de mo- ral, y después de demostrar Spurzheim su diferencia e.oncial con el raciocinio dice: „En la esperiencia se ven todos los dias hombres muy justos que son inecsorables en su justicia, que no son indulgentes, que no tienen lo que se lla- ma la bondad del corazón; así como hay hombres buenos que no son jus- tos, que aun son injustos por bondad, que no pagan sus deudas, que no guardan un secreto ageno, que no cumplen sus promesas, pero que asis- ten al que sufre, que no pueden re- sistir á las solicitudes de un desgraciado, y cuya mano caritativa se abre luego á la vista de la miseria.” Gall, después de haber desechado la división del entendimiento de las escue- las filosóficas, y reconocido que la me- X€ moría, el entendimiento y la imaginación no eran fuerzas primitivas, sino modos de acción de las facultades, ha atribuido todos estos modos de acción á los órga- nos, sean de sentimientos, sean de in- teligencia. Spurzheim ha andado mas adelante, y ha visto que no todas las fa- cultades de la vida animal son suscepti- bles de los mismos modos de acción. Las divide ante todo en dos órdenes: fa- cultades afectivas é intelectuales: cada uno de estos órdenes lo subdivide igual- mente en dos géneros: las facultades afectivas, en propensiones y sentimien- tos, y las intelectuales en perceptivas y reflectivas. No admite que el juicio sea una de las atribuciones de las facultades afecti- vas, las cuales limitándose á la sensa- ción, son incapaces de apreciar los ob- jetos de su satisfacción. El sentimiento de la justicia sugiere solamente la nece- sidad de ser justo, sin indicar el modo con que se ha de hacer la aplicación. La veneración, la adhesión, la benevolen- cia, pueden aplicarse á objetos indignos: en general, estas facultades son ciegas. Se llaman perceptivas de las intelectua- XCI les, las que tienen la memoria, las ideas, la imaginación: las reflectivas indagan las causas, comparan, forman juicios. Spurzheim ha denominado los órga- nos de una manera mas filosófica que Gall, el cual en la infancia de la cien- cia, en el empirismo de las observacio- nes, daba á algunos órganos una ten- dencia determinada, como por ejemplo, al órgano de la idealidad le llamó de la poesía, siendo ,así que muchos indivi- duos tienen conceptos felices, sublimes, y en su vida han podido hacer un verso; ó una tendencia precisamente mala, sien- do así, que la moralidad de una acción ó del ejercicio de una facultad, no con- siste mas que en su aplicación, podien- do ser esa misma facultad muy bien em- pleada. Por ejemplo, lo que Gall llama órgano de la codicia, del robo, no incli- na precisamente al hombre á tomar lo ageno, sino á adquirir, y los medios pa- ra llegar á este fin, son los que hacen bueno ó malo el ejercicio de esta fa- cultad; así Spurzheim le llama adquisi- vidad. Este y otros nombres tendremos que adoptar en castellano, y yo seré el pri- XCII mero en introducirlos sin poder hacerlo de otra manera, y sin temor de ser ta- chado de corrupción del idioma por loa filósofos. Las academias de la lengua que se creen instituidas para impedir que se innove nada en ellas, y que toman el aumento de palabras por corrupción, son muy perjudiciales á los progresos de las ciencias y de la filosofía de la misma lengua. Nuevos objetos, nuevas ideas, requieren nombres nuevos y maneras nuevas de espresarse: no por otra razón ni de otro modo se han for- mado las lenguas y han llegado á un pun- to no solo tan crecido, sino tan diverso de su origen, pues que el lenguagc no es otra cosa mas que el primero de los sig- nos ó de los instrumentos con que trasmi- timos nuestros pensamientos: Quae novi- totis nominibus aegent scientia ipsa datura. Flavio Biondo. Ahora bien, los nombres con que se desigñan las facultades en el sistema de Gall, que va al último, no espresan con ecsactitud las ideas, y en algún modo mienten al espíritu de la doctrina. To- dos indican mas el acto que la facultad de ejercer aquel acto: la conciencia v. XCIII g., es el sentimiento íntimo de lo justo y de lo injusto, pero no envuelve el há- bito, ó la cualidad de ser concienzudo; esta en castellano no se puede llamar de otro modo que concienciosidad, deri- vándola de aquella raiz. La destruc- ción es la acción y no el espíritu ó la propensión á destruir, cuyo nombre mas propio sería destructividad, que es la cualidad de ser destructor, como la actividad la cualidad de ser activo, la bondad de ser bueno, la maldad de ser malo &c. Convengo en que por esta re- gla queda todavía que hacer en la no- menclatura de Spurbzeim, pero tanto en esto como en otros muchos puntos, es- tá la ciencia por andar mas de lo que tiene andado, y siempre es cierto que las opiniones filosóficas de aquel sábio han hecho adelantar poderosamente el conocimiento analítico de las facultades del alma, como se puede ver mejor en sus numerosas obras. La diferente numeración de Spurhzeim no altera en nada la localidad orgánica de Gall. El amor de la vida y la ali- mentividad que no están numerados, los coloca en la parte lateral inferior del ce- CXIV rebro, á uno y otro lado del agujero au- ditivo: el primero en la parte posterior y en la anterior el último. A reserva de hacer litografiar y dar después al público las láminas insertaré solamente por ahora y por no retardar mas esta obra, el plano de su topografía de la cabeza, anotando los órganos cu- ya ecsistencia dice no estar enteramen- te establecida, y que requieren mas nu- merosas y mas escrupulosas observacio- nes. Este trabajo tiene por otra par- te la preciosa circunstancia de poder considerarse como su testamento freno- lógico. Topografía de la cabeza, ESPURZHEIM. POR 1833. Siembres be las facultabes. FACULTADES AFECTIVAS. Primer género.—lnclinaciones. * AN Amor de la vida. * A. Alimentividad. 1. Amatividad. 2. Filogenitura. ■ *- 3. Habitatividad. Concen- tratividad. 4. Afeccionividad. Adesi- vidad. 5. Combatividad. 6. Destructividad. 7. Secretividad. 8. Adquisividad. 9. Constructividad. Segundo género.—Sentimientos, 10. Estimación de sí mismo. 11. Aprobatividad. 12. Circunspección. 13. Benevolencia. 14. Veneración. 15. Firmeza. 16. Concienciosidad. 17. Esperanza. 18. Maravillosidad. 19. Idealidad. 20. Jovialidad ó espíritu de sátira. 31. Imitación. FACULTADES INTELECT.® Primer género.—Perceptivas. 22. Individualidad. 23. Configuración. * 24. Estension. * 25. Pesantez ó resistencia. 26. Colorido. 27. Localidad. 28. Cálculo 29. Orden. 30. Eventualidad. * 31. Tiempo. 32. Tono. Sonidos. 33. Lenguage. Segundo género.—Rejlectivas. 34. Comparación. 35. Causalidad. XCYI Objeciones. ■Pero se objeta en primer lugar contra esta doctrina que el escalpelo del ana- tómico no descubre nada en el cerebro que indique las funciones que le atribu- yen los frenologistas. Esta objeción no se puede llamar tal, porque tampoco descubre en la lengua el escalpelo del anatómico, nada, abso- lutamente nada que le indique que es el órgano destinado al gusto y á la palabra, ni en el nervio óptico, que es el órgano de la vista. ¿Por qué organización, por qué virtudes ha establecido el Creador una relación entre ciertos órganos y las cualidades de ciertos cuerpos, entre los sabores y la lengua, entre los olores y las narices? Es un misterio que parece haber querido ocultar á la inteligencia humana y colocar fuera de sus alcan- ces. El frenologista no pretende espli- car lo que da la virtud respectiva á los órganos, y se limita h defender que ellos son una condición indispensable para la producción y manifestación de las facul- tades morales, y que así como sin los XCVI1 ojos no se puede ver, ni sin lengua no se puede gustar, de la misma manera sin cerebro no se puede pensar, no sé pue- de dar ninguna de las facultades del al- ma, y sin tal ó tal parte del cerebro no se puede amar, no se puede imitar, no se puede hablar, venerar, esperar, pro- yectar, compadecerse, percibir, reprodu- cirse, pintar, cantar, &c. &c. El frenolo- gista se atiene á los hechos y dice: si un hombre pierde la lengua, no habla aun- que quiera; pues de la misma manera, aunque tenga la lengua en estado Sano y quiera hablar, tampoco puede si se descompone el órgano del cerebro en que yo coloco esta facultad. Eso es, se ha dicho, es convertir el alma en un arsenal de materialismo, porque ¿qué necesidad hay de esa alma, si el ce- rebro es el que piensa, el que siente, el que obra, el que ejerce todas las facul- tades que se le atribuyen á aquella? Lue- go no hay en el hombre un principio in- material, imperecedero: luego no hay inmortalidad. El frenologista no substituye el alma con el cerebro, ni da á este la esencia de aquella; admite solamente unos órga- XCYIII nos mas, como instrumentos sin los cua- les el alma no puede ejercer sus funcio- nes, del mismo modo que sin los senti- dos no puede ponerse en relación con los objetos esteriores. ¿Cuál es el pun- to de contacto del alma con el cuer- po, de qué modo obra la una en el otro? Es otro misterio en cuya investigación no entra el frenologista: con estas con- diciones para el ejercicio de sus facul- tades, el alma se quedavtan espiritual, tan inmortal, tan alma como antes y co- mo se quiera. Si Dios ha dado al cere- bro por sí mismo las facultades que el fre- nologista le vé, ó le ha puesto allí un ser inmaterial para obrar con él, no es cues- tión que puede resolver el filósofo, y en que no tiene mas luz que la religión re- velada; mas nadie hasta ahora ha pensa- do materializar el alma por la necesidad que tiene de los sentidos; porque he- mos de estar en que ni el ojo ve, ni la ore- ja oye, ni el tacto siente: estos órga- nos no son mas que unos correos que transmiten al centro nervioso, al ce- rebro, las impresiones que reciben de los cuerpos esteriores, y no se dirá que es distinta el alma que oye del alma que XCIX siente. Con estos sentidos perfectamen- te sanos, se puede no sentir estas impre- siones, si el individuo está perturbado por consecuencia de una lesión cerebral, y perdidos los sentidos se pueden sentir impresiones que no transmiten, y para las que sirven las que antes han transmiti- do. Bettohven sordo, rectificaba en el piano sus composiciones; lo mismo era para él tocar el piano, que un teclado sin cuerdas: él goraba lo mismo que si oye- ra, y es muy sabido que duele un pié, amputada la pierna. Pero ¿qué sería de un individuo que naciese sordo, ciego y privado de todos los sentidos? Supo- niendo que tuviese en corriente los ór- ganos de la locución ¿diría algo? ¿Trans- mitiría alguna idea? ¿La tendría siquiera? ¿Tendría ni aun la ciencia de su ecsis- tencia? No ciertamente, y sin embargo seria el mismo caso para concluir que no tenia alma, ó que su alma era mate- rial. Si la materia, se ha dicho de otro mo- do, es capaz de todo, si el ser moral es producido también por el ser físico, se puede, abundando en estas ideas, llegar al caso de dispensarse de la necesidad € de un Creador, é incidir en las casuali- dades de Epicuro. Nada menos que eso, la frenología no enseña ni sabe si la relación que obser- ba entre lo físico y lo moral, importa tanto como la producción del uno por el otro; su doctrina es que ecsiste de tal manera esa relación, que el uno no pue- de ecsistir sin el otro, y sigue en todo sus condiciones hasta en los accidentes; pe- ro precisamente la frenología es una prueba concluyente y de bulto de la ec- sistencia de Dios, porque prescindiendo de la necesidad que hay de un artífice in- finitamente sabio para producir el admi- rable organismo que ella ha descubierto, cuenta entre sus órganos, bien obser- vados y ya establecidos, el de la venera- ción, y como la naturaleza no hace na- da sin objeto y nada hay mas venerando que el autor de todas las cosas, basta este órgano á los ojos del filósofo freno- logista, para ver como con ¡os ojos pro- bada su ecsistencia. No se puede argüir mas de materialis- mo al sistema de Gall que al de Newton. Ambos demuestran por leyes físicas, el uno los fenómenos celestes, y el otro CI Jos intelectuales. El descubrimiento de estas leyes que arreglan esos fenómenos, no dispensa á esas criaturas sean celes- tes, sean humanas, de un Creador; muy al contrario, ellas mismas suponen un le- gislador y están arguyendo su sabidu- ria. Todo lo que es psycológico está fuera de la jurisdicción del frenologista, que respetando todas las opiniones acerca de la naturaleza del alma, se limita á demostrar que las funciones morales se rigen por físicas, tan constantes y tan sin escepcion, como las de Keplero. Conducido por ellas enseña que en igualdad de circunstancias, aquel tendrá facultades intelectuales y morales, mas elevadas, mas poderosas y mas enérgi- cas, que esté dotado de un cerebro mas voluminoso: por ellas también esplica por qué de dos individuos de igual edad, igual estudio, igual aplicación &c. el uno es superior al otro en un mismo ra- mo, y por qué un mismo individuo es su- perior en un ramo y menos que medio- cre en otro. El libre alvedrio y la responsabilidad de las acciones es el argumento mas fuer- €11 te que se ha hecho á la frenología: la importancia de las cuestiones que se re- fieren á la de si la ecsistencia de un sig- no esterior induce la manifestación de la facultad correspondiente. La idea sola de la posibilidad de un tal hecho, idea que se presenta naturalmente con la doctrina de la frenología, puso en mo- vimiento al mundo intelectual al apare- cimiento de las obras de Gall. Filóso- fos, moralistas, sacerdotes, jurisconsul- tos, médicos, legisladores, lanzaron un grito de sorpresa y de alarma. Adiós de la sociedad: adiós de la responsabili- dad de las acciones: ha descendido el hombre á la clase de los mas viles ani- males: se le hace abdicar su inteligen- cia, se le priva de sus cualidades mora- les: se destruyó su libertad. Ya no hay mérito ni criminalidad en sus actos: to- do está reducido en él al mas grosero materialismo, y desheredado así de sus mas bellos atributos, sin razón, sin jus- ticia, sin influencia sobre sí mismo ni sobre sus semejantes, no ofrece ya mas que el miserable espectáculo de un rey destronado, de un ser inferior, sometido en algún modo por la unidad de su or- €111 ganizacion á todas las leyes de una cie- ga fatalidad. Todo el argumento estriba en una ma- la inteligencia de la doctrina, y en el er- ror de que el predominio de un órgano lleve consigo infaliblemente y sin reme- dio la necesidad de su manifestación. El hombre es un ser complecso, maravillo- samente diverso, y una facultad predo- minante en él, no es esclusiva de otra y otras muchas poderosas; así encuentra en la misma disposición de su encéfalo, contrapesos naturales y corrientes con- trarias: si su constitución cerebral de un órgano dominante no le da otro poder aislado de la misma fuerza, nunca le de- ja sin defensa contra sus solicitaciones habituales. Las determinaciones del hombre no son jamás el ejercicio de una sola fuerza cerebral. Cuando una idea se le presenta y que desea llevarla al ca- bo, al instante se reúne una especie de consejo en su entendimiento: todas las facultades hacen oir su voz, y si algunas vienen en apoyo de la disposición primi- tiva, otras mas elevadas, mas nobles ó mas timoratas, se oponen á sus ecsigen- cias, comprimen sus movimientos é im- CIT pulsan á acciones contrarias á las que se deseaban llevar á ejecución, ó hacer prescindir de ellas. Ello, es preciso con- fesar sin rodeos, que las virtudes merito- rias no son siempre las mas seguras, porque cuando se tiene una alma ardien- te y se vive en medio de circunstancias poderosamente seductoras, si además no se tiene también una alta inteligencia, una voluntad fuerte, una grande elevación de carácter, es muy difícil dar batallas todos los dias á sus pasiones sin esponer- se á mas de una derrota en el curso de la vida. ¿Qué se infiere de aquí? La necesidad de mejorar la legislación, y la educación; que es preciso que la sociedad sea justa, y que si el primero de sus derechos, el de su conservación, le da el de ponerse en seguridad contra el que Ja ataca, de- be en sus medios de represión y en los castigos, no escederse de los grados de culpabilidad; y este es, aquí está el ser- vicio eminentemente inapreciable que la frenología hará ála humanidad. Por- que, hablemos en razón, ¿en qué se apo- ya la responsabilidad de las acciones? En la libertad: y ¿qué cosa es la libertad? €Y La facultad de escoger, sin ninguna es- pecie de coacción, entre dos estreñios que se conocen igualmente; luego cuan- do no se tiene una ciencia igual de la moralidad de una acción, ó cuando se esperimenta alguna seducción poderosa, casi no se tiene libertad, y no basta que ecsista una ley y se certifiquen dos he- chos para aplicarla en el mismo grado. Esta doctrina es conforme á la de nues- tros moralistas: mal puedo yo consentir, dice el P. Jaén, uno de los mas seve- ros, pensamientos que no advierto siia3o Nociones sobre el sistema nervioso en general, y sobre el cerebro en particular. E E sistema nervioso, como se sabe, es el sitio de la sensibilidad. Este se com- pone de cordones mas ó menos conside- rables que van á ramificarse á diversas partes del cuerpo, y que reconocen tres fuéntes bien distintas: el cerebro, la mé- dula oblongada y los ganglios del gran simpático. Los que parten de esta últi- ma van á los órganos, tales como el co- razón, el hígado, &c., que son casi, y sin casi, independientes de la voluntad, y que constituye lo que se llama la vi- da vegetativa; los otros pertenecen á la vida de relación, y nos ponen en contac- to con los objetos que nos rodean. Aque- llos que nacen de la médula oblongada se llaman nervios motores, porque con ellos comunica la voluntad el movimien- to á los músculos y á todas las partes que son susceptibles de él. Se llaman nervios sensitivos ios que van del cere- bro á los sentidos, porque ellos son el principio de todas nuestras sensaciones. Pero siendo la craniscopia el objeto de esta esplicacion, abandonaremos estos detalles para dar una idea del cerebro, que es su base. Esta entraña importan- te, que llena la capacidad del cráneo, de tal modo, que éste se amolda á todas sus salidas y depresiones, está dividida en dos partes muy distintas, el cerebro pro- piamente dicho, yel cerebelo. En el hombre el cerebro es considerable: com- prende toda la parte a c b e d, figura 3, y recubre el cerebelo e g f por su parte posterior, mirando uno y otro de lado. En la 2, que representa el cerebro visto por encima de la cabeza, está dividido en dos partes a c d, y a b d, por el sul- co longitudinal a d, cuya parte anterior corresponde á la base de la frente bajo la raiz de la nariz, y la parte dé. la nu- ca. Cada una de estas partes, que se ilama hemisferio cerebral, está subdividi- da en otras dos por la cisura d, llamada de Silvio, figura 3, de las cuales la una, d a c, forma el lóbulo anterior del cere- bro, y la otra, d ef b c, el lóbulo poste- rior: cada lóbulo se divide en seguida en otros lobulillos, y estos se subdividen to- davía en las circunvoluciones numera- das 2, 3, 4, 5 &c., que son el sitio de otros tantos órganos. La figura prime- ra representa la parte c a 6, de los lubu- los posteriores vistos por debajo; allí se observa en el 1 el cerebelo e g f y las circunvoluciones 2,4, 5, que la recubren en su situación natural. La figura 4 ofrece la parte c a b de los lóbulos an- teriores ae la figura 3, vistos por deba- jo, y los órganos 11,12? 13, 14 &c., que 4 reposan sobre el techo orbitario, detrás de los ojos y la raiz de la nariz. Hasta el Dr. Gall, se habia mirado el cerebro como una masa inorgánica, que se estudiaba cortándola en rebanadas como un queso. Gall, cuyo espíritu de observación era á la vez tan profundo en sus miras, como tan fecundo en sus recursos, vino á pensar por el ecsámen que habia hecho de varios hidrocéphalos, y á probar en seguida que el cerebro era una especie de piel ó de membrana ple- gada sobre sí misma, y cuyos pliegues formaban las circunvoluciones que pre- senta. Entonces vió claramente que la naturaleza habia tenido por objeto mul- tiplicar las superficies, y que las circun- voluciones podian mirarse como las ho- jas de un libro, sobre las cuales se ins- criben todas nuestras ideas á medida que nos llegan, y que cada una de estas cir- cunvoluciones llega á ser necesariamen- te el sitio de tal ó tal capítulo de nues- tras disposiciones y de nuestros conoci- mientos. 5 De los diversos grados de inteligencia. Para hacer sobre las facultades de un individuo cualquiera un juicio que sea mas aprocsimado á la verdad, no hay que echarse desde luego á buscar depresio- nes ni protuberancias, sino contraerse á reconocer el cráneo, las formas generales de la cabeza, el desarrollo de la frente, el de la nuca, y en fin, el de los órganos particulares. Así, para no confundir la capacidad del cráneo con lo grueso de la cabeza, dos cosas muy distintas, se imaginará un plan pasando por la raiz de la nariz, las cejas y los oidos, el cual, separando la faz y las dos quijadas de la parte superior de la cabeza, que consti- tuye esencialmente el cráneo, dará una primera idea de la masa cerebral que contiene. En segundo lugar se medirá á la vista ó por medio de un hilo, en su parte mas prominente, el contorno de la cabeza á la altura de las cejas, para te- ner su circunferencia; se determinará de la misma manera su periferia, es decir, su desarrollo, desde la raiz de la nariz hasta el hoyuelo de la nuca, siguiendo la línea media." Si se encuentra, por ejemplo, por la primera medida, una cir- cunferencia de once ó trece pulgadas, y por la segunda una periferia de acho á nueve, se puede concluir que tal cabeza apenas contiene la cuarta, la quinta ó sesta parte de la masa cerebral de un adulto bien constituido, y que con un ce- rebro tan pequeño, es siempre imposible el ejercicio entero de las facultades in- telectuales: es un idiotismo mas ó me- nos completo. Si se encuentra al con- trario una circunferencia de catorce á diez y siete pulgadas y de once á doce de periferia, la masa cerebral es con poca diferencia la mitad de las de las mas fuertes cabezas. Sin embargo, to- davía ecsiste entonces una incapacidad mas ó menos completa, una estupidéz ó fatuidad mas ó menos pronunciada, sentimientos vagos, pasiones pasageras, una marcha irregular en las ideas, instin- 7 tos ciegos ó casi nulos: es, pues, nece- sario llegar á las cabezas de diez y ocho á veinte pulgadas de circunferencia y de trece á catorce de periferia, para encon- trar un ejercicio regular de las faculta- des intelectuales; aun las cabezas de diez y ocho pulgadas y diez y nueve, no en- cierran mas que una triste mediocridad, un espíritu servilmente imitador, la cre- dulidad, la superstición, y aquel género de sensibilidad que por una nada está el individuo en un estremado júbilo ó en- tregado al llanto; no obstante, se en- cuentran á veces con este desarrollo fa- cultades muy distinguidas, porque algu- nos órganos pueden ya haberse desarro- llado áun alto grado como suele suce- der aun en los niños de tierna edad; estas son las personas que ofrecen el estraño contraste de una facultad muy desarro- llada y de una inconcebible mediocridad en todas las demás. En fin, á medida que se sube y que se encuentran cerebros mas considerables, se ve á las facultades intelectuales tomar mas ensanche y ener- gía, hasta que se llega á las cabezas de veinte y una á veinte y dos pulgadas de circunferencia y cosa de quince de pe- riferia, que son el término á donde el hombre ha llegado, como el mas alto gra- do á que puede alcanzar la naturaleza humana. Tales son las relaciones que dice el Dr. Gall, ecsisten entre los desar- rollos succesivos del cerebro y los gra- dos de inteligencia que llenan el espacio comprendido desde la estupidez mas ab- soluta hasta el génio mas universal; por otra parte, esta esposicion, fundada so- bre observaciones numerosas, previene una multitud de equivocaciones y de di- ficultades suscitadas contra su doctrina, y da á las observaciones ulteriores un grado de probabilidad que no habrian alcanzado sin él. 8 «saaei# Sel ecsamen de la forma de la cabeza. Después de haber recorrido las diver- sas capacidades del cráneo, se observa- rán las formas generales de la cabeza, y se procurará reconocer las direcciones en que ofrece un diámetro mas grande y mas marcables desarrollos. Se ecsa- minará sucesivamente la altura de la. frente, la prominencia de las sienes, la anchura de la nuca, la distancia de las orejas &c., segnn los principios estable- cidos y los preceptos siguientes: l.° A proporción que la frente es menos ele- vada, que está mas deprimida y echada ácia atrás, menos substancia cerebral ecsiste sobre los ojos, los órganos están mas comprimidos, y por consiguiente es mas limitado el individuo, la marcha de sus ideas es mas irregular y poco segura; al contrario, mientras mas ca- pacidad y desarrollo ofrece la frente, mas imperio toman la razón y las facul- tades intelectuales, y mas moralidad ad- quieren las acciones. 2. ° Si estando po- co desarrollada la frente, lo está mucho la parte posterior de la cabeza, entónces el libre albedrío está tanto mas restrin- gido, cuanto menos activas están las facultades superiores que constituyen esencialmente al hombre, y lo están mas las facultades animales y las inclinacio- nes colocadas detrás de la cabeza. El individuo cae en este caso, en una sen- 9 sualidad brutal, y en una especie de in- sensibilidad feroz; el orgullo, la vanidad, el egoismo, la ambición, el amor de las conquistas y la rabia de los combates, son entonces sus inclinaciones dominan- tes. 3.° En fin, si Jas partes laterales y anteriores de la cabeza están deprimi- das de manera que de aquí resulte una angostura mas ó menos considerable en la parte inferior do la frente y sobre la línea de los ojos, una tal conformación arrastra siempre un adormecimiento mas ó menos pronunciado de las facultades y de las cualidades propias para las ar- tes, y se puede ase urar que el indivi- duo carece de aptitud para ellas. 10 Reflecsionando un poco sobre estos principios, será fácil acertar por ellos, como en consecuencias indubitables é inmediatas, con la forma de cabeza mas ventajosa en general, y con la que es mas propia para el ejercicio de tal ó tal profesión, de tal ó tal talento. De ahí es, que una preponderancia marcada en el desarrollo de las facultades superio- res sobre el de las animales, da al indi- viduo un grande imperio sobre sí mismo, y disposiciones felices para el cultivo de las artes y el estudio de las ciencias. Si ciertas facultades dominantes se en- cuentran combinadas con otras propias para reforzar el efecto que tienden á producir, resultarán de aquí hombres su- periores en diferentes géneros, y aptos para producir grandes cosas. Así es, que el espíritu de cálculo, el órgano de las localidades, el de la circunspección y el del vnlor felizmente desarrollados, producirán los Turenas, Jos Montecucu- lli, &c. El talento poético, el órgano del asesinato, el de las visiones, produ- cirán las escenas espantosas de Shakes- peare, de Crebillon y otros. <£3L¡aSJíjFK®M3í®l*r los órganos. Queriendo presentar aquí el sistema del Dr. Gall, tal como lo concibió según la observación de los hechos, y como lo profesó en los últimos cursos públicos que dió en el Ateneo real y en su casa, no he querido hacer ninguna clasifica- ción, en atención á que éi no admitió la del Dr. Spurzheim, ni pudo resolverse á admitir otra que las ministradas por la disposición natural de los órganos. Sin embargo, vamos á presentar el sumario de sus miras, ó los principios por los que se podria tentar una nomenclatura me- tódica. ün primer medio seria dividir las disposiciones de los hombres y de los animales en sentimientos, inclinacio- nes, talentos y facultades intelectuales. Según esta idea, la fiereza y la vanidad serian sentimientos: la filogenitura y la afección, inclinaciones: la música y la mecánica, talentos; y la sagacidad com- parativa y el espíritu metafísico, facul- tades. Mas esta división no ofrece un carácter bien marcado, y tiende á sepa- rar cosas que ha reunido la naturaleza. Otra división de un gran precio para la filosofía, seria la que reconociese facul- tades y cualidades comunes al hombre y á los animales, y las que fuesen solo pro- pias del primero; pero habiendo creído algunos naturalistas descubrir en algu- 12 ñas especies de monos la idea de lo jus- to y de lo injusto, y aun una especie de sentimiento de la ecsistencia de Dios, ¿como trazar la raya en que terminan las facultades del bruto, y comienzan las del hombre? Esta división no es por consiguiente mas admisible que la otra. En fin, hay una clasificación que parece preferir el Dr. Gall, y es la que admiti- rla por primera división la de las faculta- des y cualidades fundamentales, y en se- guida de los atributos generales de estas mismas facultades. Por este medio, di- ce, se conservarian los trabajos de los antiguos filósofos, perfeccionados por la nueva doctrina. 13 s©asmsE La nueva filosofía del Dr. Gall. Se diferencia de la de los otros filóso- fos, tales como Kant, Condillac, Locke, Malbranche &., en que es toda empíri- ea, en que reposa inmediatamente sobre hechos ministrados por la observación y la esperiencia, y no es, de ningún modo, un parto de la imaginación, ni el resul- tado de hipótesis gratuitas. Demuestra por hechos incontestables, y admite co- mo principios, las proposiciones siguien- tes : 14 1.a Que las inclinaciones y las facul- tades de los hombres y de los animales, son innatas. 2.a Que su ejercicio, cualquiera que sea por otra parte el principio á que se les refiera, está sometido á la influencia de condiciones materiales y orgánicas 3.a Que cada una de nuestras incli- naciones, de nuestros sentimientos, de nuestros talentos y de nuestras facul- tades, tiene en el cerebro un sitio par- ticular y determinado, y que el desar- rollo de estas diversas partes, que for- man como otros tantos cerebritos ú ór- ganos particulares, se manifiesta en la superficie de la cabeza por protuberan- cias visibles y palpables; de manera, que por el ecsámen de estas protuberancias, se pueden reconocer las disposiciones propias de cada individuo. 15 4.a En fin, que las diversas combina- ciones y los diferentes grados de ener- gía que admiten estos órganos, dan lugar á la inmensa variedad de las aptitudes que observamos en los séres sensibles, y que la libertad moral en el hombre es tanto mas fuerte, cuanto las facultades superiores son mas activas, y que han si- do mas perfeccionadas por las institu- ciones. Así, pues, el hombre no nace tabla rasa, como lo habían pensado varios filó- sofos, sino con facultades determinadas, susceptibles de recibir desarrollos con- siderables por la educación. Estas fa- cultades están puestas en relación con el mundo esterior por medio de los sen- tidos, que no son mas de un medio de comunicación; ellas solas pueden apre- ciar, juzgar y conocer los o jetos, dar- nos ideas de ellos, y someterlos al impe- rio de la razón. Estas facultades son, por la mayor piarte, comunes al hombre y á los animales. Algunas pertenecen mas especialmente al primero y lo ele- van eminentemente sobre estos últimos. En el uno y en los otros, estas faculta- des están siempre en relación con la energía del cerebro, circunstancia que no se debe olvidar cuando se quieran apreciar sus efectos. Por estas facul- tades está el hombre, lo mismo que los animales, sometido á las leyes inmuta- bles de la creación; pero con la dife- rencia de que en él la razón, que es la consecuencia necesaria de algunas que le son propias, comunica á la mayor parte de sus acciones, una moralidad que las hace mas ó menos punibles ó meri- torias, según las circunstancias que las acompañan y los medios empleados por el legislador para perfeccionarlas. 16 9SN®J«KNgMI;K&N V)W &Q)S Jínm. 1. Organo de la reproducción.—lnstinto de la gene- ración ó de la propagación.—lnclinación vené, rea.—Amor físico.—Energía generativa. Sitio y apúremela esterior de este órgano. El cerebelo es el sitio de este órgano, que muy desarrollado, forma dos promi- nencias, una de cada lado, y encima del hoyuelo de la nuca. Entónces ésta es ancha, el cuello redondo, y las orejas muy separadas. Miras de la naturaleza al dotar á los animales de ciertos órganos, y de los efectos intelectuales y morales de estos mismos órganos en el hombre. Habiendo admitido Ja naturaleza la destrucción de los individuos, la repro- ducción debia ser una condición indis- pensable para la perpetuidad de las es- pecies; bajo este punto de vista, esta in- clinación es la primera en orden y está generalmente mas pronunciada en el sec- so masculino, que casi siempre es el agre- sor. Ella es, por otra parte, la que acerca á los secsos en ciertas épocas, y que en el hombre es la fuente de todos esos de- seos eróticos que ecsaítan sus sentidos y perturban con frecuencia mas ó menos su razón. Su influencia sobre el espíri- tu y las costumbres, y los desórdenes que produce en la sociedad, son dema- siado conocidos: el imperio con que do- mina á los individuos en quienes está muy desarrollada, y los actos de heroís- mo y de atrocidad á que arrastra algu- nas veces, han hecho decir á Voltaire, hablando del amor, que „quien lo igno- ra es feliz, y quien lo doma es ilustre.” 18 Mímica ó manifestación esterior de la acción de los órganos. Cuando este órgano obra con una cier- ta fuerza, la cabeza y el cuerpo están muy echados ácia atrás, todo el sistema erectil, las actitudes como los movimien- tos, anuncian la especie de delirio de que el individuo está atacado. Num. 2. Amor de la progenitura.—Organo de la materni- dad.—Filogenesia.—Amor materno.—Amor de los hijos y de las crias.—Filogenicura. Sitio y apar encía ópc. Este órgano está colocado inmedia- tamente encima del precedente, de cada Jado de la línea media. Cuando está muy desarrollado, produce una protuberan- cia sobre las bosas occipitales. Miras de la naturaleza ópc. Sin este sentimiento, ¿qué seria de to- dos los séres procreados, abandonados ásu debilidad? Desde el elefante has- ta el arador, y de la oveja á la tigre, na- die se escapa de su imperio. Se conci- be también que debe ser mas fuerte en las hembras que en los machos. Su des- arrollo demasiado grande, conduce en- tre nosotros á aquel cariño ciego por el que, particularmente las madres, miman á sus hijos, y corrompen con frecuencia en ellos las mejores disposiciones, cir- cunstancia muy funesta para la sociedad, en cuanto que la puebla de individuos ecsigentes, delicados, descontentadizos y poco propios para las relaciones so- ciales. Su depresión produce las ma- drastras ó madres desnaturalizadas y pre- dispone á los infanticidios. Solo en el hombre es susceptible, como el prece- dente, de adquirir moralidad. La pre- dilección por ciertos hijos, es una aber- ración que se esplica por sus combina- ciones con otros órganos. Mímica ó manifestación Sfc. La mímica de este órgano es mas tran- quila que la del precedente. Consiste ordinariamente en cuidados muy parti- culares, en tiernas caricias y actos de complacencia. 21 Ni un. 3. Organo de la afección y de la amistad.—Sentido de las simpatías.—Disposición á contraer cier- tas manías.—Sensibilidad.—Nostalgia. Sitio y aparencia ópc. El sitio de este órgano se encuentra á la altura y fuera del de la maternidad. Como éste y el de la propagación, es do- ble, y forma una protuberancia de cada lado de la cabeza. Miras de Ja naturaleza ópc. Es fácil entender que este órgano es el complemento necesario del del amor á los hijos; por eso le es adyacente, y pa- rece no ser mas que una estension suya. Debe considerarse como la fuente de donde se derivan todas las simpatías, ya entre los individuos de una misma espe- cie, ya entre los de especies diferentes, así como de aquella adhesión que con- traemos á una multitud de objetos en nuestro derredor. Es mas activo en las hembras que en los machos. En el hom~ bre adquiere casi siempre un grado mu) alto de moralidad, y llega á ser el móvil de actos de una grande generosidad, ó de una dedicación sublime. Es, como los dos precedentes, uno de los princi- pales vínculos del orden social. Su de- fecto conduce á la antipatía, á la inso- ciabilidad, al egoísmo y á Ja ingratitud. La enfermedad vulgarmente llamada es- trnñamiento de la tierra, es debida á su demasiada energía. Mímica Ófc. Cuando este órgano está fuertemente en acción, la cabeza y el cuerpo se ven ligeramente inclinados de un lado y acia atrás. Los antiguos parece que habían vSentido y marcado esta circunstancia en el bello grupo de Castor y Pollux, espre- sion completa de la amistad mas tierna. 23 Num. 4. Instinto de la defensa de sí mismo, y de la de su propiedad.—Organo del valor, inclinación á r¡« ñas y combates (sombrío). Sitio y aparencia Ópc.. Según el Dr. Gall, todos los penden- cleros tienen la cabeza inmediatamente detrás y al nivel de las orejas, mucho mas bombeada y mas ancha que los co- bardes. Miras de la naturaleza ófc. Estando destinados el hombre y los animales á proveer á su conservación, y á poseer diferentes objetos, tales como alimento, esposa ó hembra,hijos, morada &c., la naturaleza habría estado en con- tradicción consigo misma, rehusándo- les la propensión y los medios de prote- gerles y defenderles; este instinto no es- tá, como se ha creído ántes, en razón de la fuerza muscular; aun muchas veces tiene mas energía en los espíritus débi- les que en los fuertes. En el hombre so- cial es generalmente mas perjudicial que útil; da lugar á muchos abusos y escesos mas ó menos funestos, y contribuye á perpetuar el estado de guerra entre los individuos y los pueblos. Lo mismo que sucede con los demas órganos, su acción parece escitarse con ciertas circunstan- cias, el vino, por ejemplo, que vuelve pendencieros á algunos individuos. El miedo ó cobardía parecen ser el efecto del estado negativo de este órgano. Mímica ófc. En la acción de este órgano, el cuer- po está erguido, das piernas un poco se- paradas, los brazos retirados acia atrás, los puños cerrados y los ojos amenazan- do á su adversario, al revés del cobarde, que rasca su oreja como para escitar su órgano. 25 Num. 5. instinto carnicero.—Crueldad.—Barbárie, inclina- ción sanguinaria, propensión al asesinato.—lns- tinto de la destrucción.—lncendiario.—lnsensi- bilidad. Sitio y apar encía Ópc. En la región témporo-parietal, inme- diatamente y encima del meato ó aguje- ro auditivo, está la prominencia de este órgano, adyacente á la oreja. Miras de la naturaleza Spc. Esta inclinación es indispensable á los animales destinados á vivir de presa, so- bre todo, k los que se alimentan de pre- sa viva. El hombre, naturalmente om- nívoro, participa, pues, también de es- ta inclinación, cuyas consecuencias son horribles en el orden social. Ella es la que hace que tal salteador sea feroz en sus robos y rapiñas, y k ciertos tiranos mas crueles; k ella se deben atribuir la mayor parte de los homicidios que afli- gen á la sociedad, así como la diferen- -4 cía de energía que anima á cada comba- tiente sobre el campo de batalla, que á uno hace esperimentar la embriaguez de la matanza, en tanto que otro lleva sus golpes mal asegurados. Su depresión, como la del precedente, ahorra á las na- ciones una multitud de crímenes: los In- dos, los Gebbros, opuestos á Jos Caribes y á los Papos, son otras tantas pruebas. Mímica