DISQUISICIONES OTRAS PUBLICACIONES Geografía Política de Chile, ó sea Recopilación de leyes y de- cretos vigentes sobre creación, limites y nombre de las provin- cias, departamentos, subdelegaciones y distritos de la República. —Tomo primero.—Magallanes á Linares.—Santiago, Imp. Nacio- nal, Moneda 112.—1888.—4.0 LXXXIX, 357 págs. El Cólera.—Ensayo bibliográfico, folletos publicados en Chile con motivo de esta epidemia. 1886-87-88.—Tirada de 25 ejempla- res.— Santiago, Imp. Nacional, Monedaría.—lBBB.—4. °, 14 paga1 Subdivisión administrativa de Santiago.—lmp. Nacional, Mone- da 112. —1889.—4.°, 55 págs. Disposiciones vigentes sobre subvenciones acordadas d las Empre- sas de Navegación á vapor.—Santiago, Imp. Nacional, Moneda 112.—1887.—4.0, 38 págs. y 6 cuadros. Reformas adaptables en los servicios de correos y telégrafos de Chile.—Tirada de roo ejemplares.—-Santiago, Imp. Nacional, Mo- neda Ix 2. —lBBB.—B.°, 82 págs. Proyecto de ley sobre administración de correos y telégrafos del Estado.—Edición de 25 ejemplares.—Santiago, ímp. Cervantes, Bandera 73.—1888.—12.°, 30 págs. La lengua araucana.—Noticias bibliográficas—Edición de 23 ejemplares—Santiago, Imp. Cervantes, Bandera 73.—1889. —l2.°, 32 págs. E.\ COLABORACION (CON DON ABUAHaM DJiL BÍO) Ministerio del Interior.—Recopilación de leyes y decretos de in- terés general, vigentes en 21 de Mayo de 1888.—Santiago, Imp. Nacional, Moneda 112.—1888.—4.0, XXV, 806 págs. Disposiciones vigentes sobre correos y telégrafos.—2l de Mayo de 1888.—Santiago, Imp. Nacional, Moneda 112.—1888.—4.0, VIII, 263 págs. Constitución Política de la República de Chile (Leyes explicati- vas y Proyectos de Reformas).—Santiago, Imp. Nacional, Mone- da 112.—1888.—4.°, VIII, 50 págs. EN PRENSA Geografía Política de Chile.—Tomo segundo.—Talca á Tacna. Imp. Nacional. Anuario del Ministerio del Interior, correspondiente á 1888, —lmp. Nacional. Subdivisión administrativa de Valparaíso.—lmp. Nacional. ANÍBAL ECHEVERRÍA Y REYES DISQUISICIONES La lengua araucana El Puente de Cal y Canto La batalla de Eancagua Primeros almanaques publicados en Obile El Cólera SANTIAGO DE CHILE IMPRENTA NACIONAL, CALLE DE LA MONEDA, N.° 112 1889 TIKABA de 100 EJEMPLARES LA LENGUA ARAUCANA (NOTAS BIBLIOGRÁFICAS) •Preliminares.—Idea del idioma.—PP. Molina, Vega, Garrote y Torrellas.—P. Luis de Valdivia.—P. Andrés Pebres.—P. Ber- nardo Havestadt.—Lengua pampa.—Idioma yahgan.—Curiosi- dades. Los misioneros que estuvieron en Arauco en los siglos XVII y XVIII, estudiaron con empeño la lengua del país, á fin de quedaren aptitud de predicar á los indios en su mismo idioma. Tales tareas dieron por resultados la serie de obras que hemos tenido la paciencia de adquirir á costa de no pequeños sacrificios. Como simples datos bibliográficos nos pro- ponemos en el presente artículo dar una re- seña de las gramáticas y vocabularios publi- 6 DISQUISICIONES cados hasta la fecha sobre la lengua araucana, y además, una suscinta biografía de sus au- tores. Según los entendidos, la lengua araucana es sencillísima, tanto respecto de su pronun- ciación, como en cuanto á su estructura. Los sustantivos solo tienen un género, y se declinan por medio de partículas ó preposi- ciones que de una forma invariable, se agre- gan al fin de las palabras. El adjetivo se antepone al nombre, y no admite declina- ción. Los verbos están sujetos á una sola conju- gación muy simple. Consta de tres números: el singular, el dual y el plural. Con un corto caudal de voces se pueden hacer muchas combinaciones, que sirven para representar otras tantas ideas; es por consiguiente lengua aglutinante ó polisintética. Este idioma no tiene afinidad con los demás de América, y las identidades que en algunas palabras se han encontrado con otros del Nuevo Mundo, no constituyen todavía una base segura de investigación. LA LENGUA ARAUCANA 7 Entre nosotros se lia publicado últimamen- te un libro interesante sobre la materia (i). Como nuestro deseo es catalogar lo que se ha publicado sobre el araucano, dejaremos este género de investigaciones para los que estén mejor preparados, y con mayores co- nocimientos sobre la materia. El abate don Juan Ignacio Molina (2) publi- có al final de su famosa obra, un catálogo de «los escritores de las cosas de Chile», y men- ciona como autores de gramáticas araucanas, á los padres jesuítas Gabriel Vega, Luis de Valdivia, Andrés Febrés, Pedro Nolasco Ga- rrote y Bernardo Havestadt. Gabriel Vega nació en 1567, en el pueblo de Barrios, del arzobispado de Toledo; fue- ron sus padres don Gabriel de Vega y doña Emilia de la Rinaga. Entró á la Compañía de (1) La lengua araucana, por el doctor L. Darapsky.—Santiago, 1888—1 vol. en 4.0 (2) Compendio de la historia civil del Reino de Chile escrito en italiano por el abate don Juan Ignacio Molina.—Parte segunda, traducida al español y aumentada con varias notas por don Ni- colás de la Cruz y Bahamonde. En Madrid, imprenta de Sancho, Año 1795—1 vol. en 4.0 8 DISQUISICIONES Jesús en 1583, y ocho años más tarde se or- denó de sacerdote. En 1592 pasó al Perú y después á Chile, tomando á su cargo, duran- te diez años, las misiones de Arauco y Tuca- pel. Reemplazó al padre Luis de Valdivia en la primera cátedra de artes (3) establecida en Santiago por los jesuítas. Falleció en la capi- tal el 21 de Abril de 1605. Á pesar de la afirmación de Molina, hasta nosotros no ha llegado absolutamente nin- guna obra de Vega sobre el idioma araucano. Don Juan M. Larsen, en un artículo publi- cado en 1880, en el Investigador, de Buenos Aires, con muy buenas razones demuestra que ni el padre Vega, ni Garrote, jamás publica- ron nada sobre ese idioma. Existen en el archivo nacional de Lima al- gunos pliegos incompletos, anotados con el núm. 1,148, sobre la lengua araucana, lo que ha hecho creer que pertenezcan á las obras de algunos de dichos padres. Puede creerse que Molina estuvo mal in- formado, ó bien que los manuscritos se per- dieron en los Colegios de la Compañía. (3) Los orígenes de La Iglesia chilena, 1310-1603, por don Gres cente Errázuriz.—Santiago, 1873—1 vol. en 4.0 LA LENGUA ARAUCANA 9 El padre Pedro Nolasco Garrote, fué uno de los nombrados para examinar la obra de Pebres, lo que hace presumir que fuera bien entendido en el idioma de los indios. Dio su informe el 3 de Abril de 1765, en el colegio de San Pablo. Acerca de este jesuíta, no hay noticias bio- gráficas de importancia. En unos apuntes sobre las lenguas indígenas de América, pu- blicados en 1848 en la Revista de Santiago, por don Miguel Luis Amunátegui, cita á Garrote como autor de una gramática araucana ma- nuscrita, pero seguramente sin conocer el ejemplar, y siguiendo á Molina al dar esa noticia. Según un distinguido doctor español (4) uno de los ocho primeros jesuítas que llega- ron á Chile, el padre Pedro Torrellas, escri- bió un opúsculo Pláticas doctrinales, en lengua del país. Este-jesuíta pasó á Chiloé en unión con el padre Agustín Villaza, pero tanto su obra, como su vida, nos son completamente desconocidas. No viene mencionado en las (4) Los idiomas de la América Latina.—Estudios biográficos-bi- bliográíicos, por don Félix C. y Sobrón.—Madrid—i vol. en 12.° sin indicación de año. 10 DISQUISICIONES obras de Olivares, Backer, ni Lozano, de suerte que no sabemos la fuente de los datos publicados por el señor Sobrón. Por lo de- más, dicho padre Torrellas no fué de los pri- meros que arribaron á este país., cuyos nom- bres son conocidos por todos los que han estudiado algo la historia de Chile. El padre Luis de Valdivia nació en Gra- nada, España, y entró en esa ciudad á la Com- pañía de Jesús en 1581, á los 20 años de edad. En 1589, recién ordenado de sacerdote, pasó al Perú, llegando á Lima el 8 de Diciembre de ese año. Transladado á Chile, fué nombrado rector del Colegio de Santiago, pero volvió á Lima de catedrático de teología. Comisionado por el Virrey don Luis de Ve- lasco, marqués de Salinas, para que informara sobre la mejor manera de reducir á los in- dios, estuvo nuevamente en Chile 14 meses y en 1607, regresó á Madrid, para informar personalmente al Rey del resultado de sus observaciones. Propuso la guerra defensiva, y al mismo LA LENGUA ARAUCANA tiempo que se libertara á los indios del tri- buto y del trabajo personal obligatorio. En- contrando fa\mrable acogida para sus ideas, se le nombró Visitador General en Chile y poco después. Vi ce Provincial. El 12 de Marzo de 1612 regresó al país y después de muchísimos obstáculos pudo po- ner en práctica sus proyectos. El gobernador don Alonso de Rivera que lo apoyaba, falleció el 9 de Marzo de 1617 y aburrido Valdivia del poco éxito que obte- nían sus desvelos, volvió á Lima y en 1Ó22 pasó á Castilla. Falleció en Valladolid en 5 de Noviembre de 1642, á los 81 años de edad (5). Publicó un Arte y gramática general de la lengua que corre en todo el reino de Chile, con un Vocabulario y Confesionario compuestos por el padre Luis de Valdivia, de la Compañía de Jesús, en la provincia, del Perú.—Juntamente con la doc- trina cristiana y Catecismo del Concilio de Luna en español, y las traducciones de él en la lengua de Chile, que examinaron y aprobaron los dos (5) Los antiguos jesuítas del Perú, por Enrique Torres Salda- mando.—Lima, 1882—1 vol. en 4.0 Los últimos pliegos se tiraron en 1887. 12 DISQUISICIONES reverendísimos señores (sic) de Chile, cada cual de su obispado.—Con licencia.—En Li- ma por Francisco del Canto, 1606, en B.° Este libro es uno de los mas difíciles de dar á conocer, pues tiene numeraciones di- versas para cada tratado. Comienza por la Portada, Suma del Pri- vilegio, Licencia del Provincial, Dedicatoria, Al lector, 6 hojas, 2 del texto sin numeración y 55 numeradas, á contar desde la 9.a Una página para la Tabla que está en la 55 vuelta; al final se repite el lugar y el nombre del im- presor. Viene después el Vocabulario de la lengua de Chile, compuesto por el padre Luis de Valdivia. En la misma página de la portada comienza el texto de 40 hojas, y en la final se inserta el nombre del impresor, lugar y año. A continuación sigue la Doctrina cristiana y catecismo aprobado por el Concilio Provincial de Luna con dos traducciones en la lengua de Chile o que examinaron y aprobaron conforme al decreto del dicho Concilio los dos Reverendísimos señores obispos del mismo remo, cada cual la de su obispa- do.—lmpreso con licencia de la Real Audien- cia á petición del padre Luis de Valdivia de la Compañía de Jesús con el arte de la mis- LA LENGUA ARAUCANA ma lengua, vocabulario y confesionario que compuso el dicho padre. En Lima, impreso por Francisco del Canto. A la vuelta de la Portada, está la Suma del Privilegio, siguen 15 hojas numeradas y otra final con los mandamientos, sin numerar. Continúa con un Confesionario para el Rei- no de Chile, compuesto por el padre Luis de Val- divia, de la Compañía de Jesús, en la provin- cia del Perú. Provechoso para confesar los indios de Chile y otras personas. Con licen- cia en Lima, por Francisco del Canto. La Suma del Privilegio está á la vuelta, continúa el texto de ió hojas, y 3 páginas de erratas. La final quedó en blanco. Hemos entrado en tantos detalles, por ser este uno de los libros más rarísimos que ha- ya en Chile. Un ejemplar, con mucha difi- cultad y en Europa, puede obtenerse por 50 pesos. No estará demás recordar que el impresor Francisco del Canto, era un distinguido es- pañol; compuso en ese tiempo y publicó en su imprenta, un Arte gramatical de la lengua general del Perú, llamada quichua y acompañada de vocabularios. De la obra de Valdivia se ha hecho una DISQUISICIONES reimpresión: Arte vocabulario y confesionario de la lengua de Chile, compuestos por Luis de Valdi- via.—Publicados de nuevo por Julio Plaqfmam. Edición facsimilar.—Leipzig. B, G. Teubner, 1887, en 4,0 menor. Es una reproducción fiel y esmerada de la edición de Lima, con sus erratas y signos, to- do en fin, digna de figurar como muestra del adelanto alcanzado por el arte tipográfico. El ejemplar vale diez pesos y no es de fácil adquisición. Habiéndose agotado la edición de 1606, se hizo una nueva en España, Un presbítero don José María Andamo, encontró la obra en Ro- ma la llevó á Lima en donde <4a aseó y pulió» don Diego de Lara Escobar (ó) que por varios años había servido en Chile en las milicias. Esta edición es muy rara, y es difícil en- contrar ejemplares por 30 pesos. Dice así su portada: Arte y gramática general de la lengua que corre en lodo el Reino de Chile, con un vocabulario y confesionario: compuestos por el padre Luis de Valdivia, de la Compañía de Jesús, en la provincia del Perú. Juntamente con la (6) Historia de la literatura colonial de Chile, por José Toribio Medina.—3 vols. en 4.o—Santiago,0—Santiago, 1873. LA LENGUA ARAUCANA doctrina y Catecismo del Concilio de Lima en Es- pañoly dos traducciones del en la lengua de Chile que examinaron y aprobaron los dos reve- rendísimos señores obispos de Chile, cada cual la de su obispado. Dedicada al señor Diego de Lara Escobar, comisario general de la caba- llería del Reino de Chile.—Con licencia en Sevilla por Tomás López de Raro.—Año de 1654.—1 vol. en 12.0 Febrés prefiere la edición de 1606 á la de Sevilla, por tener «notadas las tres letras par- ticulares g, th y i¿». Deben haberse escapado muchas erratas en la de Sevilla, pues el ejem- plar que tenemos á la vista, está cubierto de enmendaturas, hechas con letra del siglo pa- sado. La segunda edición de la obra de Valdivia tiene numeración seguida en cada página de la Gramática, y llega al 75, careciendo de la Tabla correspondiente á dicha parte. Sigue el Vocabulario ála vuelta de la pági- na 75, y se contiene en 30 hojas. Continúa con el Abecedario, la doctrina cris- tiana yel Catéismo con foliatura distinta, desde el número 21 al 31, y no tiene tampoco ín- dice. El ejemplar que existe en el Museo de la DISQUISICIONES Biblioteca Nacional de Chile, tiene solo la parte superior de la portada, y carece del resto, de suerte que le faltan las designacio- nes del año, lugar y establecimiento en que se imprimió. El P. Andrés Pebres era natural de Manre- sa, en Cataluña (7), pero de su vida no se tie- ne ninguna noticia de importancia; se calcula que nació en 1732. Ni siquiera está mencio- nado en los libros impresos ó manuscritos que dejaron los jesuítas acerca de los miem- bros ilustres de su orden. Después de la expulsión de los jesuítas se estableció en Italia, y en 1782, publicó un artículo sobre cuestiones literarias. Movido por el deseo de que los misione- ros pudieran catequizar fructuosamente á los araucanos conociendo su idioma, compuso en 17ó4 el libro que ha llegado hasta noso- tros, y que ha logrado varias ediciones. Se titula: Arte de la lengua general del remo de o o Chile, con un diálogo chileno-hispano, muy curio- so, á que se añade la doctrina cristiana, esto es, (7) Bibliotheca americana. Catálogo de libros relativos i la América Latina, por J. T. Medina. Santiago, xBBB. Tirada de roo ejempla- res, 1 vol. 130. LA LENGUA ARAUCANA re\o, coplas, confesionario y pláticas; lo más en lengua chilena y castellana. Y por fin, vocabula- rio hispano-chileno y un calepino chileno-hispano más copioso.—Con licencia, en Lima, calle de la Encarnación.—Año de 1765. 15 hojas preliminares, 682 páginas de texto y una sin numerar para el registro. Examinaron la obra fray Francisco Javier Parra, de la orden de San Agustín y los je- suítas Pedro Nolasco Garrote y Rafael Simó, el primero en el colegio de San Pedro y en la hacienda de Chacabuco el otro. El 16 de Abril de 1765, el obispo de Santiago conce- dió permiso para que se usara en Chile la obra, y en 3 de Junio del mismo año, don Diego Antonio de Parada, arzobispo de Li- ma, permitió su impresión. Al componerlo, tuvo Pebres presente los apuntes dejados por el P. Diego Amaya, y un Calepino escrito en Chiloé por el P. Gaspar López á principios del siglo XVIII. En 1846, y de orden del Supremo Gobier- no. se reimprimió esta gramática, publicán- dose la siguiente obra: Gramática de la lengua chilena, por el R. P. M. Andrés Pebres.—Adicionada y corregida por el R. P. fray Antonio Hernández Calcada, de DISQUISICIONES San Francisco. Edición hecha para el servicio de las misiones por eIP. Miguel Angel Astraldi. Santiago, Imprenta de los Tribunales, 1846. —cinco, 292, veintinueve, 11, págs. 1 vol. en 4.0 En esta reimpresión se enmendó la or- tografía de la anterior, y, sobre todo, se mo- dificaron diversas transiciones y aún palabras adoptando las que en 1846 entendían los in- dios, principalmente los de Malleco, Cautín y Valdivia. En la colección, que poseemos, se encuen- tra la Gramática manuscrita del padre Antonio Hernández de la Calcada, y que se tuvo á la vista al hacer la reimpresión que dejamos mencionada. La compuso en 1843, Yla re- formó principalmente para las misiones de Valdivia. Es un volumen en 4.0, de 282 pági- nas, en letra compacta del siglo XVIII. Con- tiene numerosas enmiendas, esplicadas en notas que, á las veces, no dejan de ser inte- resantes y útiles. En 1846, los mismos padres Hernández y Astraldi publicaron, por la imprenta de los Tribunales, el Diccionario chileno-hispano que se encontraba en el Pebres, de 1765 y por la imprenta del Progreso, el Diccionario hispano- LA LENGUA ARAUCANA chileno de la misma obra. El primer folleto consta de IV, 87 págs, y de 11, 10S el segun- do, ambos con el texto á dos columnas. Esos cuadernos son importantísimos, pues se en- cuentran en ellos muchísimas palabras que no se contienen en Pebres, y otras de este, re- formadas con arreglo á la pronunciación actual. Don Guillermo E. Cox imprimió en Con- cepción, el año de 1864, una Gramática de la lengua chilena por el P. Andrés Pebres.—lm- prenta de la Unión.—Diciembre, 1 vol. en 4-°, 111, 77 páginas. Es un compendio muy bien hecho de la obra del jesuíta, habiéndolo arreglado con mé- todo á las formas gramaticales modernas; además tiene algunas alteraciones indispen- sables en un idioma que, sin literatura propia, no puede conservarse intacto por largo tiempo. Don Juan M. Larsen reprodujo en la Ar- gentina la Gramática araucana, ó sea arte de la lengua general de los indios de Chile del padre Pebres.—Impreso por Juan A. Alsina, Buenos Aires, 1884.—EnB.°, 1 vol. VIII, 332 págs. Esta edición es de todo punto esmerada, tanto en su parte tipográfica como en el cui- 20 DISQUISICIONES dado con que se han corregido las pruebas y merece que los aficionados se la procuren para las consultas que necesiten hacer. El mismo caballero reimprimió el Dicciona- rio araucano-español ó sea el Calepino chileno- hispano de Pebres.—Tirada de 200 ejempla- res. Buenos Aires. 1884, librería Jacobsen, 1 vol., 282 páginas e:iB.° Se agrega un Apén- dice sobre las lenguas quichua, aliñará y pampa, y fragmento sobre los idiomas alikhulip, te- tánica, patagón, tehuelche y chonos.—Esta parte lleva numeración especial, 103 págs., del mismo formato que el diccionario; se in- sertan en ella diversos artículos publicados por el señor Larsen, en el Investigador, perió- dico de Buenos Aires y que contienen datos bibliográficos de interés, que revelan mucha contracción y paciencia. Es increíble el subido precio que alcanzan las publicaciones anteriores; copiamos á con- tinuación los apuntes que en cada obra tene- mos marcados. La edición de Pebres de 1765, en pergami- no y bien conservada, 20 pesos; la de 1846, 10 pesos; los dos diccionarios publicados el mismo año, 5 pesos; la edición de 1864, de Concepción, 5 pesos; la gramática del señor LA LENGUA ARAUCANA Larsen, 8 pesos; y el diccionario publicado por dicho señor, 12 pesos. El P. Bernardo Havestadt, nació en Colo~ nia (8) en 17127 á los 17 años alcanzó un se- gundo premio de poética latina, en el colegio de los jesuítas de su ciudad natal. Ingresó á la compañía y llamó la atención como pre- dicador en el obispado de Munster. Destina- do á las misiones de América, llegó á Chile en 1746. Profesó en Buenos Aires dos años después y en 1751 ya estudiaba en Chile el idioma araucano. Se lo enseñó el P. Javier Wolfñsen, y aprendió también en la gramá- tica de Valdivia, De regreso de Arauco, comenzó á escribir su obra en 1737 y á los diez años, salió del colegio de San Pablo con dirección á Lima, en el tiempo de la expulsión de los jesuítas. Pasó á España por Panamá, y después de salvarse de un naufragio en el río Chagres, desembarcó en Cádiz y se le condujo á Gé- (8) Historia General de Chile, por Diegr Barros Arana. Tomo VII,—Santiago, 1886. —r vol., en 4.0 mayor. DISQUISICIONES nova en 1770. Se estableció en Munster y en 1777, dio á la prensa su libro el Chih-dugu sive res chilensis vel Descriptio Status tura natura- lis tum civilis cuas moralis Regni populique chilen- sis, inserta suis toéis perfectae ad chilensena Lin- guam Manuductioni-17 7 7-Monasterii Westpha- liae Typis Aschendorsianiis, 3 volúmenes en 4.0 menor. Esta obra, toda escrita en latín, es hoy tan sumamente rara, que no hay más de tres ejemplares que se conozcan; sin embar- go, en uno de sus viajes, Vicuña Mackenna (9) vio uno que se vendía en 50 francos, en un puesto ambulante de libros viejos, á orillas del Sena, en París, por Frank, en 1859. El libro está dividido en distintas secciones: la i.a parte comprende la gramática propia- mente dicha; la 2.a es el tratado científico del P. Francisco Pomey, el Indiculus Universal isy vertido ála lengua araucana; la 3.a es un ca- tecismo en el idioma del país; la 4.a es un copioso vocabulario; la 5.a es un completo índice de las voces contenidas en la anterior sección; la 6.a es un tratado de música; yla 7.a es un diario ó relación de sus aventuras. (9) Bibliografía Americana.— Estudios y catálogo de la Bibliote- ca de don Gregorio Beéche, por B. Vicuña Mackenna.—Valpa- raíso— 1879 1 vol., 4.0 mayor. LA LENGUA ARAUCANA 23 Se acompañan varias imágenes, trozos de mú- sica y un pésimo mapa del sur de Chile. Co- mo se ha dicho, esta edición consta de tres volúmenes, comienza el 2.0 con la 3.a parte, y termina con la 4.a El señor Platzman, resolvió hacer una edi- ción facsimilaria de la obra, pero ha salido en dos volúmenes, comenzando el 2.0 con la 3.a parte; trae esta anteportada: Chili-dugu sive tradatus linguete chilensis opera Bernardi Ha- vestadt, Editionem novam innmtatan curavit Dr. Julitis Plantillan Lipsiae—in sedibus B. G. Teubneri—1883. Con sólo nombrar al editor, se compren- derá que la obra ha salido con su parte ma- terial enteramente perfecta. Es una edición facsimilar de mérito, y cuyo valor alcanza á 12 pesos, ínfimo en relación con los gastos de la impresión. Para completar los datos anteriores, da- remos á conocer los libros que se han pu- blicado sobre dos idiomas que se hablan en la región austral de Chile: nos referi- mos á la lengua pampa y á la yahgana. 24 DISQUISICIONES Ambas comienzan á llamar la atención de los estudiosos, de suerte que las obras que sobre ellas han salido, pueden considerarse como meros ensayos, que admiten mucho desarro- llo y perfección. La lengua pampa es el mismo idioma arau- cano, algo adulterado, que se habla en la Argentina, y en la región más austral de Chile al lado de la cordillera de los Andes. Tenemos los siguientes folletos relativos á este idioma: un Pequeño manual del Misionero, Buenos Aires, 1876, 122 págs. B,°, copiado casi literalmente de Pebres pero que ha pres- tado servicios en las misiones del sur; el que lo publicó, se ocultó con el seudónimo de «un siervo de María Santísima». Ha salido también el Manual ó vocabulario de la lengua pampa y del estilo familiar, por el teniente coronel don Federico Barbará.— Buenos Aires, 1879.—Librería de Casavalle. 1 vol., 12o, 178 páginas. Escrito en estilo llano, pero correcto, no pretende el honor de ser una obra didáctica; de esta suerte puede ponerse en manos de LA LENGUA ARAUCANA 25 cualquiera sin temor alguno. Posee, además del texto, algunas páginas relativas á los usos y costumbres de los indios pampas. Por último, en el mismo año de 1879, se imprimió el Pequeño catecismo castellano indio, Buenos Aires, Imprenta de la América del Sur.—l vol., en 12o, 21 páginas de numera- ción repetida. Este cuaderno tiene principal- mente por objeto el que se pueda enseñar la doctrina cristiana á los indios que se encuen- tran sirviendo en casas particulares de los argentinos. La lengua yahgana, hablada por los isleños de Tierra del Fuego, recién llama la aten- ción de los filólogos. Los misioneros anglicanos que han salido de las islas Malvinas para civilizar á esos des- graciados indígenas, publicaron The gospel of S. Luke, translated info the yahgan language, London, 18S1, 120 páginas en 12.0 Han nece- sitado quince signos tipográficos convencio- nales, para representar otros tantos sonidos guturales y combinaciones peculiares del idioma. DISQUISICIONES Con esta traducción del Evangelio de San Lucas, el erudito lengüista alemán, Julius Platzmann ha dado áluz el Glossar der feuer- landischen sprache. Leipzig, 1882, 1 vol. en B,° de LVI, 262 páginas. Acompaña al glosario, una reseña del te- rritorio ocupado por los fueguinos, y viene ilustrado con tres grabados y una espléndida carta geográfica de la Patagonia chilena y Tierra del Fuego. Los mismos misioneros imprimieron The acts of the Apostles, translated inte the yahgan language, London, 1883, 118 páginas en 12., con nuevos signos. En la revista Gótingische gelehale Angeigcn, M. Carbe dió á luz algunos elementos de gra- mática yahgana, los que fueron aumentados por Mr. Bridges. Por fortuna, ha salido la Grammaire de la lengua jágane, par Luden Adam, París, 1885, 1 vol. en 4.0 de 60 páginas. Es un buen libro de estudio, hecho con arreglo á los últimos sistemas filológicos. En reducido espacio, ha logrado acopiar datos y noticias que otros podrán utilizar en mejo- res ocasiones. Por último, los misioneros ya indicados LA LENGUA ARAUCANA 27 han dado á luz otro folleto, The gospel of S. John translated hito the ya ligan language, hon- dón, 18SÓ, 1 vol. de 94 páginas en 12.°, en el que se han repetido los signos usados en los anteriores. Antes de terminar manifestaremos que en la reseña anterior nos hemos limitado á ca- talogar las obras que tratan exclusivamente del idioma chileno, y por eso no debe extra- ñarse que dejemos de mencionar un sinnú- mero de publicaciones en las que por inci- dencia, se trata de esta lengua. Habría materia para un libro completo y de aliento. Por curiosidad advertiremos que en el 2., volumen de una obra titulada De Indice utruis- que re naturali et medica:, se encuentran comen- tarios sobre las lenguas de Chile y el Brasil, de Georgiiy Margravi de Liebstad; la obra está impresa en Amstelaedami CI3.I3.CLVIH, en folio. En Barlseus, Rerum per octaeniun et Brasilia et alibio nuper gestar uno sub praefectiira, Amster- dan, 1647, folio, se puede consultar algo so- 28 DISQUISICIONES bre este idioma y lo mismo en la obra de Daper, sobre América. Lorenzo Hervás, en su Idea dell' Universo., Incensena, 1786, dio á luz un corto vocabu- lario araucano. En el Sag'gio di storia americana, de Gilii (Filipo Salvatore), 1782, Vaticano, se ocupa algo de la lengua de Chile, en el tomo 3,0 Pero no seguiremos más adelante, pues nuestro único objeto ha sido señalar á los cu- riosos y desocupados las fuentes en que pue- den estudiar la lengua del país; no se olvide que de los indios araucanos, antes de medio siglo, sólo quedarán memorias; de tal suerte se extingue esa raza de valientes. . .! EL PUENTE DE CAL Y CANTO El brigadier don Antonio Gui.ll y Gonzaga,, nacido en Valencia en 1713 (1), fué nombrado Gobernador de Chile en 1761, y se recibió del mando el 4 de Octubre de 1762, obteniendo el título de mariscal de campo, por real or- den de 24 de Abril de 1763, Á él se le debe la definitiva reparación de los fuertes de Valparaíso, especialmente de los castillos de San José y San Antonio, en conformidad á los diseños é indicaciones del ingeniero don José Bidart. Por orden del mismo, el ingeniero don Juan Garland levantó el plano de la plaza fuerte de Valdivia. (1) Historia General de Chile, por don Diego Barros Arana,- Parte V, capítulo X, párrafo VII. DISQUISICIONES Dispuso también la construcción de garitas de cal y ladrillo, para que sirvieran de refugio á los viajeros en el camino de la Cordillera. Repobló á Concepción, y, por último, le cupo desempeñar con toda rectitud y firmeza la comisión de expulsar á los jesuítas del te- rritorio chileno. Falleció Guill y Gonzaga en Santiago, el 24 de Agosto de 1768. Por ahora, sólo queremos ocuparnos de la obra del puente de Cal y Canto, iniciada bajo su gobierno, y mediante el apoyo que prestó al corregidor de la capital don Luis Manuel de Zañartu, Con el objeto de emprender las mejoras locales de la capital, Guill y Gonzaga comen- zó por buscar alguna persona que, á una in- quebrantable energía de carácter, uniera un espíritu de orden capaz de resistir con éxito á cualquier trabajo. Don Luis Manuel de Zañartu fué este per- sonaje, tan notable como el antiguo corregi- dor don Gonzalo de los Ríos. Era hijo (2) de don José de Zañartu y Pala- (2) La Cañadilla de Santiago, por don J. Abel Rosales. Parte 11, capitulo I. EL PUENTE DE CAL Y CANTO 31 cios, y de doña Antonia triarte y Lizarralde, originarios de la Villa de Oñate en Viscarra, y establecidos en Chile en 1730. En 1762, al comenzar á desempeñar sus funciones de corregidor, sólo existía un ende- ble puente de madera, frente á la plazuela de la Recoleta, en el mismo lugar que poste- riormente se tendió el de «Palo». El aumento de la población del Arenal, que era como se designaba el barrio al norte del Mapocho, por una parte, y por la otra, las continuas interrupciones de dicho puente, motivadas por avenidas tan terribles como las del Viernes 10 de Agosto de 1888, decidie- ron al cabildo á comenzar una obra de vastas proporciones, y que demostrara á la posteri- dad el esfuerzo y el trabajo de los hombres de aquella época. Por lo demás, el nuevo puente debía servir de complemento á los tajamares provisorios terminados en 1765, y en los que se emplearon (3)88 carretadas de espino, 1,114 grandes piedras y 2,096 cargas de pedruzcos, y cuyo (3) Véase en el vol. 935 del archivo de la Capitanía General, el legajo 17,230, citado en el índice de los documentos existentes en el archino del Ministerio del Interior, por don José Toribio Me- dina. 32 DISQUISICIONES costo, en plata, ascendió sólo á 283 pesos, puesto que no se pagaban los trabajadores. Por acuerdo de 20 de Junio de 1767, se re- solvió la construcción de un puente que tu- viera capacidad suficiente para contener todo el tráfico entre ambos lados de la ciudad, para la gente de á pie y de á caballo, en ca- rretas, convoyes, etc. Durante 9 días se publicaron pregones sa- cando la obra á licitación, pero por sus vas- tas proporciones nadie se atrevió á tomarla, y casi queda todo el trabajo en buenos pro- pósitos, si el corregidor Zañartu no se hu- biera ofrecido á dirigirlo, sin exigir remune- ración personal, y con la sola condición de que se le proporcionaran materiales, dinero y trabajadores. Aceptó inmediatamente la corporación, y la gran obra se comenzó el 6 de Septiembre de 1767, (4), una semana después de la expul- sión de los jesuítas, siguiendo las especifica- ciones y el plano que había levantado el mo- desto y distinguido ingeniero don José An- tonio Bidart ya nombrado. (4) Véase Ensayo histórico sobre el clima de Chile, por don Ben- jamín Vicuña Mackenna, cap. IV. EL PUENTE DE CAL Y CANTO 33 Desde luego se encontró con el inconve- niente de los trabajadores, pero su indomable voluntad, todo lo sobrepujó. Usando de sus atribuciones de corregidor, dispuso que todos los presidarios que habían en Santiago, en número de 80, con cadenas y grillos, tal co- mo estaban en la cárcel, pasaran á prestar sus servicios en la nueva obra (5), y para evi- tar posteriores dificultades, hizo levantar un presidio en el lado norte del río, precisamen- te, en donde hoy están las oficinas de la Em- presa del Ferrocarril Urbano; de este modo los operarios se encontraban al pie déla obra. Buscando siempre el propósito de terminar cuanto ántes los trabajos, sin perjudicar la buena construcción del puente, dividió las tres secciones: albañilería, cantería y herre- ría, al mando inmediato de un experto maes- tro, los que sólo ejecutaban las órdenes de Zañartu y de Bidart. Diariamente se veían á distancia, á los tra- bajadores, y se sentía el ruido de sus cadenas y sus grillos, al par que los combazos, golpes de ferretería y descargas de materiales. (5) Véass Historia critica y social de la ciuiai de Saat'ago, par don Benjamín Vicuña Madonna, tama I, cap. X. 34 DISQUISICIONES La obra se hacía «para una sola vez», de modo que no se omitió absolutamente nada para darle la solidez que efectivamente tuvo. Zañartu, para vigilar más de cerca á sus buenos trabajadores, hizo construir una casa de dos pisos en el lado sur del Mapocho, en el lugar en que ahora se encuentra la casa número 6 de la calle de Zañartu; desde su balcón veía avanzar los trabajos, y veces hu- bo que con su voz de trueno ordenaba desde allí modificar las torpezas de los operarios. No contento del todo con los presidarios y para aumentar el número de trabajadores, Zañartu se mostró terrible con el bajo pueblo, formado por los vagos y mal entretenidos, á los cuales ordenó recoger de todos los des- pachos, chinganas, canchas de bolas y esta- blecimientos de diversión del mismo género. Á todos se les daba comida, pero no gana- ban jornal; la recogida, entonces como aho- ra, era más abundante los días Lunes. De tal manera escarmentaron los vagos, que lenta- mente fueron abandonando las casas de bo- rracheras, con grave perjuicio de los dueños que pagaban subidas patentes. En los trabajos del puente hubo continuas sublevaciones, siendo la última, y la más EL PUENTE DE CAL Y CANTO 35 notable, la encabezada por Lorenzo Moneada (6), en la que éste hirió de gravedad al sobres- tante Pedro Bravo. Moncadafué á dar al pre- sidio de Valdivia, á purgar todos sus ante- riores delitos. Zañartu pudo reunir 200 trabajadores dia- rios, juntando los presidarios ya condenados, los vagos y ebrios que cuotidianamente se re- cogían, y por último á los esclavos incorre- gibles que eran enviados por sus amos para «domar el genio». El corregidor tomó la obra con tesón y sólo la abandonó momentáneamente en 1769, por haber terminado su nombramiento, siendo reemplazado en ese cargo, por el conde de la Conquista, don Mateo de Toro y Ureta, quien adelantó cuatro cuadras de tajamares. Zañartu siguió en el mismo puesto en 1772 y continuó la obra hasta su muerte el 15 de Abril de 1752, habiendo nombrado el presi- dente Benavides al albacea don Francisco Palacios para que corriera con pequeños ac- cesorios que aún faltaban á la obra. Según un rebuscador afortunado de papeles (6) Véase en el Archiva de la Real Au lienta to.lo este expe- diente. 36 DISQUISICIONES antiguos, don J. Abel Rosales, el puente de- be haberse terminado el Sábado 11 de Febre- ro de 1782, y se funda en que con fecha 5 de ese mes y año, Zañartu negó lugar á una so- licitud del procurador de pobres sobre que los reos fueran á hospedarse en la cárcel pú- blica en lugar de ir á trabajar en el puente, y el 16 del mismo, esos trabajos ya estaban terminados según se desprende de un curioso informe de Zañartu, que inserta Rosales en su obra anteriormente citada, de lo que de- duce que la obra se terminaría en Sábado, como era de costumbre. El trabajo del puente de Cal y Canto du- ró, pues, 14 años, 5 meses, 5 días, aproxima- damente. Sin embargo, se inauguró solemnemente el 20 de Junio de 1779, asistiendo todo el pueblo de Santiago á grandes fiestas conmemorativas. Costó en dinero 200,000 pesos, según se cree generalmente. Todo era de sólida manipostería, de piedra,, ladrillo y cal; según el padre Guzmán (7) sus (7) Véase El Chileno instruido en la historia topográfica, civil y política de su país, por el Rdo. P. fray José Javier Guzmán, tomo 11, lección 29. EL PUENTE DE CAL Y CANTO 37 cimientos tienen seis á siete varas de profun- didad, once de altura las columnas, constan- do de once ojos, ysu extensión es de dos- cientas cuarenta y dos varas de largo inclu- yendo las rampas. No terminaremos este artículo, escrito al correr de la pluma, y sólo como un recuerdo más para el histórico puente, sin copiar la inscripción hecha á cincel en una piedra de 90 centímetros de alto. 80 de ancho y 29 en su parte más gruesa, y que permanece colo- cada en la muralla que sirve de baranda por la parte oriental de la cima del puente. La inscripción dice así: «D. O. M.—D. Luis Manuel de Zañartu—entre muchos—servicios hizo—este puente año—de MDCCLXXX//». Según un prolijo escritor (8) el puente sólo tiene 200 metros de largo, con las rampas, y 10 de ancho. Esta obra, verdadero monumento del siglo pasado, había resistido á todas las avenidas del Mapocho, desde cien años á la fecha. El 3 de Junio de 1783, una inmensa inun- dación llenó de espanto la ciudad, especial- (8) Véase Diccionario geográfico de la República de Chile, por Francisco Solano Ast?-Buruaga 38 DISQUISICIONES mente á los vecinos de las calles de San Pa- blo, Rosas y Santo Domingo, y, sobre todo, á los de la Chimba y el Arenal; llovió sin in- terrupción hasta el 17 de ese mes, á las diez de la mañana. Las aguas del Mapocho pasa- ron rosando sus arcos. Del mismo modo soportó con firmeza la avenida del 2 y 3 de Junio de que des- truyó antiguos molinos como el de Castro, el de Dávila y el de Carvallo, avaluándose los perjuicios en más de 50,000 pesos. El 24 de Junio de 1850, y después de ha- ber llovido constantemente los tres días ante- riores hubo también una gran riada, y en esa vez las desgracias personales aumentaron la consternación.—Por ver mejor la corriente de las aguas, una multitud de jente se agolpó en el puente de Palo; cayendo una de sus barandas, y arrojando nueve personas al río, de las que escaparon tres. Del 14 al 17 de Julio de 1877, el Mapocho rompió sus murallas, pasando por siete ojos del Puente de Cal y Canto, inundando la Chimba por el barrio de Bella-Vista. El total délo gastado, 200,000 pesos, como ya hemos dicho, salió todo de los fondos del HL PUEMTE DE CAL Y CANTO 39 Municipio de Santiago (9), y fué la primera obra que se construyó en Chile sin que el tesoro de la Metrópoli tuviera que hacer nin- gún desembolso. Posteriormente, en 1869, se rebajó su ele- vación en 90 centímetros, á fin de disminuir la pendiente de las rampas, arreglándose su pavimento por el sistema macadam, que hace tres ó cuatro anos se cambió por adoquinado. Después de tales antecedentes, fácil es com- prender el asombro de todos los espectado- res que el Jueves 2 de Agosto de 1888, curio- seaban por los alrededores, al ver que la se- gunda pilastra del norte y por lado oriente, estaba enteramente socavada. Se suspendió el tráfico, y el Viernes 10 de ese mes, á las 2.30 de la tarde, se desprendió el machón situado entre el 2.0 y 3.0 arco por el norte, derrum- bándose con gran estrépito en el lecho del río. A las 5.10 P. M., del mismo día, cayó en medio de una inmensa nube de polvo, el espacio correspondiente á tres arcos, dejando un claro de 30 metros, y cortando, como á pico, las murallas del puente. Ahora, en honor desús constructores, jus- (9) Véass Chile Cíntralo, por Ricardo S. Tornero. Cap. I. DISQUISICIONES to es decir que su pérdida no se debe preci- samente á la avenida del río, sino á la pólvo- ra y barreta que removieron su emplantillado, dejándolo descubierto y sin amparo á la fuer- za destructura de las aguas, todo para llevar á efecto una canalización que todavía está por resolverse. LA BATALLA DE RANCAGUA El i.° de Octubre de 18S8, hizo setenta y cuatro años á que el ejército chileno sufrió uno de los desastres más gloriosos de las guerras de la independencia americana: nos referimos á Rancagua. Como un recuerdo de los Padres de la Pa- tria. séanos permitido relatar someramente hechos que debieran enseñarse en las escue- las públicas para que sirvan de ejemplo y estímulo en el porvenir. Cuando el 18 de Septiembre de 1810 se for- mó el primer Gobierno Nacional, en el Perú se tenía bien triste idea de la colonia de Chile, llamada Reino, con énfasis, en todos los do- cumentos de la época. Abascal, que estaba á cargo de aquel Virreinato, comisionó al gene- 42 DISQUISICIONES ral Pareja, hombre tan confiado como irre- soluto, para que con una división pacificara á los insurgentes de Chile. Los realistas se vieron obligados á recon- centrarse en Chillán, pero antes fueron bas- tante molestados en los combates de Cancha Rayada y San Carlos. Pareja sucumbió de peste, y le sucedió Sánchez, militar valiente y resignado, pero cuyos servicios jamás se recompensaron con justicia. Los patriotas á las órdenes de don José Mi- guel Carrera, después de ocupar á Talcagua- no y Concepción, estrecharon en sitio á Chillán en Julio de 1813; pero la estación del invierno, por una parte, y diversas cala- midades por la otra, obligaron á dicho jefe á levantar el ataque al mes siguiente de haberlo iniciado. Bastó esta circunstancia para que Carrera cayera en desgracia, pues el 27 de Noviem- bre, la Junta destituía á los tres hermanos, designando para general en jefe á don Ber- nardo O’Higgins. En Enero de 1814, desembarcaba en Arau- co una nueva división española, al mando del brigadier Gainza, enviado también del Perú. LA BATALLA DE RANCAGUA 43 Encontró á los patriotas divididos: unos en Concepción con O’Higgins, y los demás en Quirihue con Mackenna. Este se replegó al instante al Membrillar, invitando á O’Hig- gins á que se le reuniera para poder, de esta suerte, batir juntos al enemigo. Desgracia- damente en Concepción carecían en absoluto de elementos de transporte, víveres y hasta de municiones; pero después de muchos es- fuerzos, marchó O’Higgins al Membrillar, batiendo de paso en Quilo á una avanzada de 400 realistas y llegando el 22 de Marzo á su destino. El 20 de ese mes, Gainza con el grue- so del ejército, había atacado á Mackenna, pero con tan mal éxito, que después de cua- tro horas de combate tuvo que abandonar el campo. El hábil jefe realista tentó un supremo es- fuerzo para reconcentrar sus tropas y ocupar cuanto antes á Santiago. Pero ya ios patrio- tas estaban sobre aviso; pasan el Maulé el mismo día, acampando O’Higgins en Queche- reguas, en donde intentó infructuosamente asaltarlo Gainza, hasta que éste se encerró en Talca, esperando mejores tiempos. 44 DISQUISICIONES En Febrero había llegado á Santiago el co- modoro inglés Hillyar, con plenos poderes de Abascal, para celebrar tratados con los insurgentes, y terminar la revolución de una manera pacífica. Después de la ocupación de Talca por los realistas, se desprestigióla Junta Gubernativa, y el Gobierno se dió á un Director Supremo, el general Lastra, el quedando oídos á Hill- yar, combinó las bases de un tratado, comi- sionando á O’Higgins y Mackenna para que sobre ello conferenciasen con Gainza. En Lircay se canjearon y firmaron las es- tipulaciones el i.° de Mayo, y sus principales bases consistían en que Chile reconocería como su legítimo monarca á Fernando VII y la autoridad de la Regencia, enviando á la Península diputados con poderes é instruccio- nes; los prisioneros de ámbos ejércitos que- darían libres, etc. Sólo debe considerarse este documento como un armisticio, destinado á dar descan- so á las tropas chilenas, fatigadas, mal vesti- das y sostenidas sólo por su entusiasmo por la nueva causa; así lo demuestran documen- tos privados, en los que se ve claramente que tales tratados no se celebraron para ter- LA BATALLA DE RANCAGUA 45 minar la revolución, sino únicamente para demorar posteriores operaciones. Sin embargo, don José Miguel Carrera lo- gró cambiar el rumbo de la política que se seguía en la capital. Después de haber entregado el mando del ejército á O’Higgins, se retiró á Penco, en donde fué tomado preso junto con su her- mano Luis, por el coronel realista Lantaño. Llevado á Chillón, logró fugarse, penetrar en Talca y ocultarse en la hacienda de San Miguel. Lastra hizo cuanto pudo por tenerlo en lugar seguro, á fin de evitar disturbios entre los mismos patriotas; pero sólo logró capturar á don Luis Carrera. De los tratados de Lircay se valió don José Miguel para levantar el ánimo público y pro- mover una revolución, la que derrocó á Las- tra, elevando en su lugar una Junta el 23 de Julio, presidida por el mismo Carrera. A pe- sar de todo, su primer acto consistió en prestar aprobación á las estipulaciones de Lircay, desvirtuando así los móviles de ese golpe de Estado, y dando consecuencias funestísimas á la causa de la independencia, por las esci- siones que originó; esa revolución puede considerarse, sin exageración, como e Igermen 4 6 DISQUISICIONES del desastre de Rancagua y de la reconquis- ta española, sin tener en cambio ninguna circunstancia que la favorezca. Pronto se supo en el campamento de O’Higginsla revolución de Julio, y el primer impulso de todos fué regresar al norte, res- tablecer á Lastra y acabar cuanto antes aquel motín de cuartel. Carrera, por su parte, se preparó para la resistencia y acampó el grue- so de sus tropas en Maipo. El 26 de Agosto se derramó en Chile la primera sangre fratricida, que por fortuna no ha germinado después entre nosotros como en otras naciones de América. O’Higgins presentó al combate sólo su vanguardia, y fué enteramente deshecho; jus- to es decir que Carrera no lo persiguió en la derrota. En el sur de Chile, graves sucesos iba a á reclamar la atención pública. El 27 de Agosto llegaba á la presencia de Carrera un emisario enviado por Osorio, je- fe español que, con numerosa tropa, acababa de desembarcar en Talcaguano, mandado por LA BATALLA DE RANCAGUA 47 Abascal, para subyugar la revolución de Chile. Al encontrarse frente á un formidable ene- migo, O’Higgins y Carrera no tuvieron otro anhelo que unir sus tropas, olvidar sus anti- guos disturbios y trabajar juntos por el por- venir de la patria. El 3 de Septiembre había terminado pacífi- camente la escisión; O’Eliggins quedaba al mando de su división y Carrera de general en jefe. Osorio tenía instrucciones de Abascal para avanzar á sangre y fuego, hasta conseguir dominar por completo cualquier síntoma de independencia, pues había desaprobado los tratados de Lircay. El 13 de Agosto desembarcó en Talcagua- no, como hemos dicho, y ya el 29 de Sep- tiembre estaba bien acampado en la hacienda de la Requínoa; aquí recibió contra-orden del virrey, disponiendo que volviese al Perú, en donde los argentinos habían obtenido tantas victorias. En consejo de oficiales se acordó desobedecer al virrey, cruzar el Cachapoaly 48 DISQUISICIONES ocupar Santiago después de vencer á los in- surgentes. Los patriotas comprendieron que estaba próximo el momento en que definitivamente iba á decidirse la suerte de Chile, y se alis- taron á la defensa con un entusiasmo loco. Organizóse el ejército en tres divisiones: la primera, al mando de O’Higgins, se esta- cionó en Rancagua; don Juan José Carrera, con la segunda, en la chacra de Valenzuelay la tercera, con don Luis Carrera, ocupó los Graneros de la Compañía; don José Miguel permaneció en este último lugar. El 30 de Septiembre los soldados estaban en sus puestos, listos para vencer ó morir, ó lo que es lo mismo para cimentar sus victo- rias anteriores, ó perder en un día el esfuer- zo de tanto tiempo. Desde luego se discutió ámpliamente el plan de combate: O’Lliggins pretendía defen- der el Cachapoal y encerrarse en Ranca- gua; Carrera disputar el paso del Cacha- poal y presentar batalla en la Angostura de Paine. En esta divergencia, O’Higgins se encerró el 20 de Septiembre en Rancagua, y aunque Carrera no aprobaba absolutamente este plan, LA BATALLA DE RANQAGUA 49 determinó trasladarla 2.a y 3.a división, cer- ca de O’Higgins. O’Higgins, desde el primer instante, se ocu- pó en atrincherar la ciudad con adobones y sacos de tierra. Carrera, por su parte, hizo levantar dos baterías en la Angostura, El Cachapoal ocupó la atención de ambos caudillos, defendiéndose los vados de la ciu- dad, el de los Robles y el de las Quiscas. Ossoriopasó por este último vado el 20 de Septiembre, y una vez en la orilla opuesta co- locó sus tropas en dos líneas de batalla, apo- yando la derecha en el río; avanzó de frente con ánimo de envolver á don Juan José Ca- rrera y evitar que se uniera á O’Higgins. Sin embargo, ambos jefes con sus tro- pas se replegaron casi en desorden á Ran- cagua. El ejército español alcanzaba á 5,000 hom- bres y á 1,903 los patriotas, es decir tres rea- listas para un insurgente! Como ya hemos enunciado, O’Higgins ha- bía tomado sus medidas para resistir hasta DISQUISICIONES el último trance en Rancagua. Colocó á una cuadra de la plaza principal, cuatro trinche- ras de un metro de altura, especies de barri- cadas con tres frentes cada una. Los doce cañones que tenía los distribuyó en esos puntos, lo mismo que toda la tropa disponible, dejando únicamente la reserva en la plaza principal. En los tejados y tapias de las casas más alejadas del centro de la población, colocó fusileros encargados de impedir el avance de los realistas, para el caso en que asaltaran la ciudad; abrió troneras en distintos tabiques tomando por último el mando en jefe de la i.a y 2.a división, gracias al desprendimiento de don Juan José Carrera, el sábado i.° de Octubre de 1814. Desde el primer momento comprendió O’Higgins que la guerra era á muerte, pues sin el auxilio de don José Miguel Carrera la victoria era imposible, y además sus soldados eran bisoños, y en disciplina no podían com- petir con los del ejército español. Para dar ánimos, infundir valor y hacer ver al enemi- go su voluntad indomable, hizo clavar en las paptes más visibles de Rancagua crespones negros para manifestar que los emisarios es- LA BATALLA DE RANCAGUA taban de más, ya que ni aceptaba transaccio nes ni pedía cuartel. Ossorio, entre tanto, tenía ya listas sus tro- pas: en lugar de comenzar un sitio por ham- bre, y cuya victoria se debería al tiempo, em- pezó el ataque el mismo i.° de Octubre á las diez de esa mañana. Ante todo, cortóla acequia que surtía de agua á la población y repartió sus soldados en cinco divisiones, al mando de Maroto, Lantaño, Montoya y Ballesteros, para atacar las trincheras, yla reserva, á cargo de Eleo- rraga, comisionado especialmente para impe- dir que de la plaza se comunicaran con San- tiago y con la 3.a división patriota que estaba en Graneros al mando de don José Miguel y de don Luis Carrera. Pronto la voz de fuego! se hizo general; los Talaveras atacaban las barricadas en colum- nas cerradas, siendo casi rechazada la van- guardia de la i.a división realista. O’Higgins está en todas partes, dando bríos á los que vacilan, consolando á los heridos, victoreando á los valientes, y disponiéndolo todo con calma sublime. 52 DISQUISICIONES Ossorio, por su parte, estaba situado có- modamente en una casa en la Cañada, al lado sur de la población y libre de todo peligro. Al saber la desorganización de los Talaye- ras, manda cargar á los Húsares de la Con- cordia para que, sable en mano y tercerola á la espalda, tomen las trincheras y venguen á los soldados de Maroto. Á las dos de la tarde recomenzó con más bríos el ataque, y entonces el bravo Maruri, con Ibáñez, después de esfuerzos inauditos, consiguió destruir parte de una barricada he- cha por San Bruno cerca de la Iglesia de San Francisco. En las otras calles de la plaza también eran rechazados los realistas por insurgentes que se batían con denuedo, ya que cada uno co- nocía que le costaba la vida la derrota de los demás; á las cuatro de la tarde terminó el segundo ataque, sin que Ossorio pudiera es- tar tranquilo todavía por el éxito. Al anochecer comenzó el tercer asalto, que duró hasta las nueve de la noche, quedando las calles sembradas de cadáveres, y amon- tonados otros en las orillas de las trincheras. Se recogen los heridos, las municiones se buscan con afán, pues ya escasean; sólo que- LA BATALLA DE RANCAGUA 53 dan pocas gotas de agua que se reservan pa- ra refrescar los cañones y para atender á los asilados del hospital de sangre; ya pueden contarse los buenos, pero todos ellos, valien- tes y animosos, desafían á los enemigos con un desprecio igual á su heroísmo. Durante toda esa noche se trabaja sin ce- sar: las trincheras se rehacen y remiendan; se trata de apagar los incendios causados por las bombas de los sitiadores y no hay uno que no piense que al siguiente día se decidirá su destino. Los realistas escalan las murallas, alistan centinelas para estar al cabo de lo que pasa en la ciudad y se preparan ufanos para ganar el 2 de Octubre los laureles que el i.° no pu- dieron conseguir. En el campo realista, y en Rancagua, se celebraron, simultáneamente, juntas de ofi- ciales. Ossorio era de opinión que se levan- tara el sitio y se embarcara su división al Perú, con lo que se cumplirían las órdenes de Abas- cal; sus oficiales, por mayoría, desistieron de esta idea por temor de que fueran atacados por la retaguardia al cruzar el Cachapoal; á más de esto, conocieron la situación real- mente angustiosa de los patriotas, y por eso, 54 DISQUISICIONES convinieron en seguir hasta lo último el ataque. O’Higgins y demás jefes acordaron unáni- memente no capitular, sostenerse hasta el último momento y, por fin, enviar un emisa- rio á la 3.a división, para pedir á don José Miguel Carrera que socorriera con ella á la ciudad. Un dragón, cuyo nombre no ha lle- gado hasta nosotros, cumplió satisfactoria- mente esta misión. Don José Miguel, mientras tanto, perma- necía impasible en Graneros á tres leguas del sitio del combate, escuchando el tiroteo y viendo el humo que se desprendía de los lu- gares incendiados, y á pesar de todo, no so- corrió á su hermano Juan José, ni al general O’Higgins! Pudo atacar con éxito la retaguar- dia realista ó bien sorprender al enemigo en esa misma noche, pero, con todo, nada hizo. Al amanecer del domingo 2 de Octubre,. O’Higgins, desde la torre de la Merced, ins- peccionaba el campo enemigo, observando con más interés aún la posición de la 3.a di- visión, mandada por don José Miguel Ca- rrera. LA BATALLA DE RANCAGUA 55 Los realistas emprenden el cuarto ataque general á las trincheras, bombardean sin pie- dad la población y se empeñan en escalar las barricadas siendo rechazados á culatazos de todas partes. A las nueve de la mañana, termina el asalto sin ventajas para Ossorio, pero sin mayores éxitos para los patriotas. De uno y otro ban- do se nota mucha fatiga, tan natural después de largo y encarnizado cómbale. A las diez Ossorio ordena el quinto ataque á toda la línea de O’Higgins; pero en ese instante una nube de polvo anuncia el avance de don José Miguel Carrera; llega hasta la quinta de Cuadra, á una milla de la plaza, y dispone que la vanguardia, al mando de don Luis Carrera, rompa el fuego para tomar po- sesión de los callejones que desembocan en la Cañada. Los hermanos Benavente, con la caballería patriota, de refresco, logran rechazar los es- cuadrones de Eleorraga y Quintanilla. Con esto don José Miguel se estacionó; ni siquie- ra trató de enviar guerrillas que molestasen á Ossorio y le hicircan dar algún descanso á los sitiados. O’Higgins, para secundar á Carrera, hizo 56 DISQUISICIONES salir una pequeña partida por la trinchera po- niente, cesando los fuegos por ambas partes alas 1 A. M.; ordena repique general de campanas, para que sirvan de señales á Ca- rrera; pero éste permanece enteramente im- pasible. A las doce del día, se oyen en Rancagua los gritos de traición! nos han vendido! lanzados por hombres rabiosos de indignación y despecho. Don José Miguel Carrera, en ese instante, pasaba con su división á marchas forzadas hacia la Angostura de Paine, dejando aban- donados y sin recurso alguno á O’Higgins y á su hermano don Juan José, Según sus par- tidarios, creyó que la plaza había sido toma- da en vista de los repiques de campanas, y además no pudo cargar de frente por no con- tar con fuerzas suficientes para ello. O’Higgins viendo que estaban entregados á sus propios esfuerzos, se formó el propósi- to de no capitular por ningún motivo, y alen- tar con su presencia á la tropa ya desfalleci- da. Corre á las trincheras reforzadas con los mismos cadáveres del día anterior, hace ver á sus soldados- que, si bien es cierto no hay esperanzas de triunfo, el honor militar les obliga á no rendirse jamás. LA BATALLA DE RANCAGUA 57 En ese momento emprenden los realistas un sesto ataque; los patriotas que aún pueden sostener un fusil, los niños que ántes acarrea- ban sólo municiones, y hasta las mujeres que se habían ocupado en atender á los he- ridos, todos corren á las barricadas y recha- zan con éxito á los soldados de Ossorio. Ya se oyen de un campo á otro los gritos y blasfemias délos desesperados, por un lado se pide rendición y por el otro se contesta con insultos sublimes. Un parlamentario es- pañol es recibido á balazos; aún flamean en las alturas las banderas negras! A tantas penalidades se juntaba la falta absoluta de agua, los cañones se refrescaban con orines; de víveres no había que pensar. Los artilleros habían sucumbido, y además, los cañones caldeados hacían estallar los car- tuchos en el ánima. Se hicieron disparos con pesos fuertes en lugar de metralla! Los viejos, los enfermos y los pusilánimes, si los hubo, estaban encerrados en las igle- sias de la Merced y San Francisco, rogando por la salvación, que era ya imposible. Casi toda la ciudad sólo era una hoguera: el continuo bombardeo de los realistas había 58 DISQUISICIONES incendiado la mayor parte de las casas de la población. Para mayor desgracia, una de las chispas de las llamaradas cayó sobre los armones que existían en una de las trincheras, haciendo volar la pólvora y cuanto había allí. El calor era sofocante, y todo el mundo pedía exterminio y venganza; mientras tanto don José Miguel Carrera, con toda calma, seguía su marcha á la Angostura de Paine. Eran las cuatro de la tarde, y ya había dis- ponible sólo la tercera parte de la guarnición, casi ningún soldado tenía más de tres tiros, los de infantería trabajaban en los cañones, y todo era movimiento, pero sin confusión ni desorden. Momentos después, se daba el séptimo y último ataque: los patriotas no tenían víveres, municiones, agua, artilleros, nada, nada, pe- ro su entusiasmo todo lo suplía. En todas partes, el choque es recio; pero los realistas no pueden todavía penetrar en la ciudad. La resistencia, sin embargo, además de ser materialmente imposible, era inhumana. LA BATALLA DE RANCAGUA 59 O’Higgins así lo comprendió: reunió en la plaza álos sobrevivientes, y les propuso atra- vesar á sangre y fuego las líneas enemigas; sólo quedaban 300 soldados de toda la i.a y la 2.a división. No hay momento que perder, escogen la calle norte de la Merced y desembocan á la Cañada. O’Higgins va adelante. En la calle de Cua- dra se encuentran con los realistas de Carva- llo y Lantaño, que no logran cortarles el paso; los héroes se detienen únicamente por los escombros ardientes, las vigas quemadas, los derrumbes de murallas y los cadáveres que cubren el camino. Las balas silban en todo sentido; pero nada de esto logra intimi- dar á los patriotas. Alcanzan la Cañada, y O’Higgins con su pequeña división, toma el camino de diada, al galope, para llegar cuanto ántes á San- tiago. Los realistas no se habían descuidado; pe- netran en Rancagua por la calle de San Eran- cisco. La lucha general había cesado; pero á los realistas les quedó que matar, no ya ven- cer, á cuanto patriota herido encontraban á su paso. Estos se arrastraban por el suelo, DISQUISICIONES dejando charcos de sangre, pero, fusil ó pis- tola en mano, no perdían bala de las pocas que les quedaban. Rancagua, durante toda esa noche, era un monton de ruinas; puede decirse, sin exage- ración, que no quedó casa sin sufrir dete- rioros. Los realistas usaron un lujo de crueldad desconocido hasta entonces; nada se respetó: mujeres, niños, heridos, viejos, todo, todo se pasaba á cuchillo después de satisfacer deseos innobles; los vasos sagrados, las imá- genes, los templos, todo caía al peso de los sables españoles; así como tuvieron el valor del combate, les faltó la disciplina y el honor después de la victoria. O’Higgins, desde que llegó á Santiago, preparó lo conveniente para abandonar con su familia á Chile, que tantos sacrificios le costaba hasta entonces. Don José Miguel Carrera hace igual cosa, dispone tropas para proteger la retirada á los fugitivos, ordena que todo se destruya antes de marchar, para que los españoles encuentren escombros única- mente. LA BATALLA DE RANCAGUA Pronto el camino de Aconcagua se vio in- vadido enteramente de oficiales con sus fa- milias, de todo género de individuos que abandonaban con precipitación sus hogares. En los Andes se encuentran nuevamente Carrera y O’Higgins; el primero pretende que continúe la resistencia en Chile tomando á Coquimbo para base de las operaciones: O’Higgins estima más prudente rehacerse en Mendoza, para volver después á conquistar á la patria con un poderoso ejército. El ó de Octubre, O’Higgins emprendió el pasaje de la cordillera, acompañado de los principales jefes patriotas, llegando el 17 á Mendoza. Carrera, entre tanto, permanecía en Santa Rosa: dispuso que la tropa, 500 hombres, se situase en la ladera de Los Papeles; una par- tida de realistas lo alcanzó el 12 de Octubre dispersándolo totalmente; esa misma noche, los últimos chilenos comenzaron á atravesar la cordillera. En Mendoza, San Martín, gobernador de Cuyo, prestó á los fugitivos toda clase de facilidades para hacerles más llevadera su desgracia. El 3 de Octubre celebróse solemne misa de 62 DISQUISICIONES gracias en Rancagua, con asistencia de todas las tropas realistas. Al siguiente día marchó Ossorio á la capital, entrando con la mayor pompa el 9. Comienza aquí la época más luctuosa de nuestra historia: las crueldades de San Bruno, las prisiones en masa de Juan Fernández, el Tribunal de Infidencia, el de Vigilancia, las debilidades y bajezas de Marcó del Pont, todo aquel período denominado la Reconquis- ta Española. El desastre de Rancagua fué una gloriosa derrota, el valor del chileno se mostró allí muy en alto, se combatió sin esperanzas de victoria, se tuvo el heroísmo del sacrificio, y sirvió de norma en lo sucesivo, para que el soldado chileno prefiera siempre morir á sei vencido, y no capitule jamás. Con razón, al restaurarse la independencia, el mismo O’Higgins, de Director Supremo, y su ministro don Antonio José de Irisarri, por decreto de 27 de Mayo de 1818, confirie- ron á Rancagua el título de ciudad muy leal y nacional, en recuerdo del legendario sitio, 63 LA BATALLA DE RANCAGUA fijándole las siguientes armas; «un escudo » orlado con dos ramos de laurel, y en su » centro un fénix renaciendo de sus cenizas » y sosteniendo con su garra derecha el árbol » de la libertad. El campo del escudo será » rojo, como color emblemático de la sangre » que ha costado á Rancagua su celebridad; » y el lema que circuirá el fénix será el si- » guíente; Rancagua renace de sus cenizas, por- » que su patriotismo la inmortalizó». LOS PRIMEROS ALMANAQUES PUBLICADOS EN CHILE Es antiquísimo el origen de los cuadernos que contienen la distribución del año por me- ses y días, con noticias de las fiestas, vigilias, lunarios y otros datos para el gobierno ecle- siástico ó civil. Se remonta nada menos que al siglo XIII antes de nuestra era, según quedó compro- bado en Biban de Moluk, cerca de Tebas- Egipto, en donde se encontró un calendario cronológico, en el techo de la tumba de Ram- ses IV, con indicaciones sumarias de las principales estrellas y de las horas de la no- che en que sucesivamente aparecían. Los romanos tenían también almanaques esculpidos en trozos de madera, cortados á escuadra y formaban con ellos pequeños mue- 66 DISQUISICIONES bles de cuatro caras, en cuyas paredes se inscribían los datos relativos á las estaciones, fiestas fijas, constelaciones, etc. Hay otros escritos, entre los cuales es no- table el compuesto para la iglesia de Cartago en 483, y que hoy existe en la Biblioteca Nacional de París (Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano ). En cuanto á los árabes, figura en primera línea el de Alkindi, redactado á fines del siglo IX, y que posteriormente se tradujo al latín, al renacer las ciencias en Europa. Entre los de pergamino, es digno de men- ción el de Estrasburgo, del siglo X, publicado por Bekio, en 1687, y que está calculado con cará:ter general. Otro Almanaque, para el año 1149, se con- serva manuscrito en la Biblioteca Vadiana de Saint Gall. Rojerio Bacon, el célebre filósofo, hizo de su mano un Calendario para 1292, una de cu- yas copias se conserva en el Museo Britá- nico. En 1473 Regiomontano imprimió en Nu- remberg su Calendarium, que se compone de una instrucción general y 14 hojas para cada uno de los años particulares, con expresión PRIMEROS ALMANAQUES PUBLICADOS EN CHILE 67 de los lunarios y eclipses; se hicieron de él muchas traducciones. Estas publicaciones siguieron siendo cada día más numerosas, pero se les agregó, á más de las predicciones del tiempo, notas so- bre las mejores ¿pocas para sangrarse, para cortarse el pelo, purgarse, pulirse las uñas, y otras estravagancias por el estilo. Actualmente, el Almanaque más famoso que existe, y que se publica en alemán y en francés, es el Almanach de Gotha, de Justus Pertes, que va en el 126 año de su publica- ción, y que es un repertorio completo de es- tadística, genealogía y datos diplomáticos del mundo entero. La etimología de la palabra almanaque, según Calandrelli (Diccionario Filológico Com- parado), viene del árabe al manakh, compues- to del artículo al, el, y del nombre manakh, derivado del hebreo mánáh, repartir, distri- buir, calcular. En francés le corresponde almanach; arma- ná, en borgoñón; almanacco, en italiano; al- manac, en inglés; almanach, en catalán, etc., etc. 68 DISQUISICIONES Barcia (Primer Diccionario Etimológico de la lengua castellana), cita áEscalígero, quien cree que viene del árabe al, el, y manakos, que se compone de man ó men, en griego, y que sig- nifica «la luna». Otros pretenden que se deriva del sajón al monght, contracto de al monhel, que en ale- mán antiguo quiere decir «que contiene todas las lunas». Golias indica que puede traer origen de almanah, que en lenguas orientales sirve para designar las estrenas, aguinaldos, ó regalos del nuevo año. En copto, al es cálculo y men memoria, de lo que formaríamos cálculo para ayudar la memoria. En griego se traduce almenichiaka, compues- to de tres palabras persas, según Saumaise. Monlau (Diccionario Etimológico), tratado probar que la palabra almanaque se despren- de directamente del árabe, pero no estará demás recordar que hoy día, lo que nosotros entendemos por calendario, en aquella lengua se denomina tecwin ó ruíname, que nada tiene de común con el vocablo de que se trata. PRIMEROS ALMANAQUES PUBLICADOS EN CHILE 69 Antes de 1815, se usaban en Santiago los folletos venidos de Buenos Aires 7 que se titulaban: Almanak ó Kalendario general día- rio de quartos de luna, publicados en aquella ciudad en la Real Imprenta de Niños Expó- sitos. El más antiguo que hemos visto, co- rresponde á 1794, y contiene un sumario de las principales épocas del año, fiestas movi- bles, días de indulgencias, eclipses y el ca- lendario. Consta de 16 páginas, en 12o y de mala impresión. El primero seguramente que hubo en Chi- le, fué el compuesto por don José Camilo Gallardo para el año 1815, denominado Al- manak ó Calendario y diario de los quartos de lu- na, según el meridiano de Santiago. En la porta- da trae un grabado en madera que representa los rayos solares y la luna en menguante. Tiene 14 páginas, sin numerar, en 12o y salió por la imprenta del Gobierno; su distribución es enteramente igual á la de los de Buenos Aires, siendo de notar que como única efe- méride, contiene la fecha de la fundación de Santiago, el 12 de Febrero. Este ejemplar no está inserto en la Estadís- tica Bibliográfica de don Ramón Briceño. El mismo Almanak se publicó en los años DISQUISICIONES siguientes hasta 1817. El de 1816 trae, en el día 8 de Julio, el recuerdo del terremoto de 1730, 7 en M 13 Mayo, el de 1647. En el de 1817, además de las notas anteriores, se lee esta original cita para el 24 de Abril: «Este día, venturoso para ambos mundos, se recordará dando gracias al Todo Poderoso,, por la dichosa entrada de Nuestro Católico Monarca, don Fernando VII, al territorio es- pañol en 1814». En 5 de Octubre dice: «Con- memoración de la batalla de Rancagua, ga- nada contra los insurgentes por las reales armas de Nuestro Católico Monarca el 1 y 2 de este mes del año 1814, en cuyo día cayó esta festividad, y el 5 la entrada de las reales tropas en esta capital». En 1821, circuló el Almanakú ordenación de ese año, «duodécimo de nuestra libertad», compuesto con arreglo á la corrección gre- goriana, anuotado con los cuartos de la luna según las tablas de Felipe de la Hira, Impren- ta de la República, 16 páginas en 4.0 Trae notas cronológicas, salidas de correos, cóm- putos eclesiásticos, noticias geográficas del territorio chileno comprendido entre el Mau- lé y el Bío-Bío y por último, el calendario. En este vienen varias efemérides de los pa- PRIMEROS ALMANAQUES PUBLICADOS EN CHILE 71 triotas, como ser la batalla de Chacabuco el 12 de Febrero; la de Maipú, el 5 de Abril; el 18 de Septiembre «aniversario de haber roto Chile las cadenas de la tiranía, instalando una Junta Gubernativa». Este Almanak, se continuó publicando en el año 1822, agregándosele los santos titula- res de algunas ciudades y villas de Chile; tiene sólo 15 páginas, también su formato es el 4.0 Don Juan Egaña publicó en 1824, el Alma- nak Nacional para el Estado de Chile, siete, 236, once páginas en 12o; es uno de los reperto- rios más completos de los que han salido entre nosotros. Contiene cuanto dato útil es creíble, y en especial los límites, nombres y designaciones de los departamentos, delega- ciones y distritos en que estaba dividida la República, sirviendo sus apuntes para la ley de 30 de Agosto de 1826, que creó las ocho primitivas provincias chilenas. Entre sus cu- riosidades, se cuenta la nómina de los aboga- dos que vivían en Chile, con designación de sus residencias, pero sin fijar la fecha en que habían obtenido sus títulos. En 1825, tenemos el Almanak de ordenación de ese año, «16 de nuestra independencia», DISQUISICIONES con las reformas introducidas en los del año 21, y precedido de la historia del almanaque. Entrelas efemérides del calendario, se notan; la del 24 de Septiembre, por ser el día de Nuestra Señora de las Mercedes, patrona ju- rada de Santiago, y la del 19 de Noviembre, por el terremoto de 1822. Se repitió este cuaderno en los años 1826, 27, 28 y 29, con 16 páginas; en este último año se publicó además otro Almanak, por la Imprenta de R. Rengifo, con 15 páginas en 12o, y que en su forma y distribución, hace recordar los de Gallardo. El Almanak publicado por la Imprenta de la Independencia, desde 1825, tuvo en los años 1830 y 1831, el mismo formato y dis- tribución. El año 1831 salió por la Imprenta del Mer- curio, de don Tomás G. Wells, el primer al- manaque publicado en Valparaíso, titulado El Lucero, tiene 18 páginas en 4.0, trae la no- vedad de una ligera reseña acerca del Estado de la República en ese año, y además una nómina de los principales funcionarios de Santiago y Valparaíso. En 1832, circuló el Almanak crítico y curioso, por la Imprenta Nacional, de 15 páginas en PRIMEROS ALMANAQUES PUBLICADOS EN CHILE 73 4.0, valía un real. En la última página trae un soneto sobre el juicio del año. Se volvió á publicar en 1833, cambiando el soneto por unos versos de gusto dudoso, relativos al precio de venta. En el mismo año de 1833, salió otro Alma- naque, por la Imprenta de la Independencia, de 15 páginas en 4.0, y lleva en la portada la misma fachada del sol y la luna de los de 1815. Tales son los primeros calendarios que co- nocemos, de los publicados en Chile hasta 1833, ó sea hasta el año de la Constitución. Nos parece inútil continuar enumerando los que han circulado con posterioridad, pues sólo hemos pretendido salvar del olvido las curiosidades tipográficas que dejamos indi- cadas. Y ya que de almanaque se trata, no estará de más una ligera advertencia: en el número 3,347 del Diario Oficial, se.publicó el 14 de Julio de 1888 una nómina de los abogados recibidos en Chile, que comienza por don Pedro Cuadra, quién obtuvo su título el 12 de Octubre de 1817. 74 DISQUISICIONES Pues bien, en el Almanak ú Ordenación para el año 1838, publicado en San Bernardo, en tiempo de don Domingo Eyzaguirre, por la Imprenta de la Victoria, de M. Gómez, se publicó la primera matrícula de abogados que hemos encontrado impresa, fuera de la de don Juan Egaña, que, como hemos dicho, no señalaba la época de la recepción de los títulos sino sólo la residencia de los letrados. Este cuaderno se vendía en un real, tiene 26 páginas en 4.0, ysu impresión, á primera vista, parece del siglo pasado. La tal matrícula con algunos graves errores tipográficos, se insertó después en el Calen- dario chileno para 1840, de 28 páginas, en 4.0, de la Imprenta Victoria. Se repitió también pero limitada á los abo- gados que entonces existían en Chile, en el Guía de forasteros para 1841, impreso en Val- paraíso, por M. Rivadeneira en 16o de 148 páginas, cinco, libro publicado con tal co- rrección y limpieza que haría honor á las me- jores prensas que hoy trabajan en la ca- pital. Se publicó, por último, en el Almanak chi- leno para 1842, Santiago, Imprenta Liberal, calle de los Teatinos, frente al Pilón de Con- PRIMEROS ALMANAQUES PUBLICADOS EN CHILE cha; el folleto se vendía en un real y medio y constaba de 28 páginas en B.° De esa matrícula copiamos la siguiente lis- ta de abogados recibidos antes de 1817, á fin de que se rectifique ó complete la nómina de abogados publicados oficialmente: Doctor don Hipólito de Villegas, 13 de Di- ciembre de 1788. Doctor don Santiago Mardones, 11 de Ju- nio de 1792. Doctor don Juan Chavarría, 7 de Diciem- bre de 1793. Doctor don Juan Francisco León de la Ba- rra, 7 de Diciembre de 1793. Doctor don Gaspar Marín, 4 de Febrero de 1795. L. don Agustín Vial, 16 de Abril de 1798. L. don José María Rosas, ó de Abril de 1799. Doctor don Fernando Errázuriz, 4 de Julio de 1800. L. don Manuel Joaquín Valdivieso, 26 de Agosto de 1800. L. don José Ignacio Eyzaguirre, 23 de No- viembre de 1801. L, don Lorenzo Fuenzalida, 8 de Abril de 1802. 76 DISQUISICIONES L. don Santiago Antonio Pérez, 2 de Sep- tiembre de 1802. Doctor don José Gabriel Tocornal, 19 de Septiembre de 1802. L. don Juan de Dios Vial del Río, 13 de Octubre de 1803. Doctor don Gregorio Santa María, 8 de No- viembre de 1803. Doctor prebendado don Bartolomé Tollo, 25 de Noviembre de 1803. Doctor prebendado don Alejo Eyzaguirre, 23 de Febrero de 1804. Doctor prebendado don J. Francisco Me- neses, 31 de Agosto de 1804. Doctor don José Silvestre Lazo, 21 de Marzo de 1805. Doctor prebendado don Diego Antonio Eli- zondo, 6 de Febrero de 1806. L. don José Miguel Infante, 16 de Diciem- bre de 1806. Doctor don José Antonio Rodríguez Aldea, 8 de Marzo de 1806. Doctor don José Santiago Rodríguez Me- neses, 7 de Mayo de 1806. L. don Manuel Vásquez Novoa, 16 de Ma- yo de 1806. PRIMEROS ALMANAQUES PUBLICADOS EN CHILE 77 L. don Francisco Santiago Pinto, n de Oc- tubre de 1808. Doctor don Vicente Izquierdo, n de Oc- tubre de 1808. L. don Ignacio Fuenzalida Calvo, 8 de No- viembre de 1808. L. don Agustín Ugalde, 12 de Marzo de 1809. Doctor prebendado don Bernardino Bilbao, 10 de Septiembre de 1810. Doctor don José Tadeo Mancheño, 26 de Octubre de 1810. L. don Mariano Egaña, 5 de Abril de 1811. Doctor prebendado don Pedro Marín 23 de Noviembre de 1811. L. don José Manuel Barros, 11 de Junio de 1811. Doctor don Pedro Ovalle y Banda, 20 de Junio de 1811. L. don José Antonio ligarte, 3 de Julio de 1811. L. don Carlos Rodríguez, 6 de Agosto de 1812. Doctor don Juan Agustín Luco, 20 de Oc- tubre de 1812. L. don Santiago Echevers, 9 de Octubre de 1817. DISQUISICIONES L. don Pedro Cuadra, 12 de Octubre de 1817. Como la lista de abogados publicada en el Diario Oficial sólo comienza en 1817, y ado- lece de muchas omisiones, en La Libertad Elec- toral del 20 de Julio se 'dieron á conocer al- gunas de ellas, y al día siguiente La Tribuna declaró que había sido tomada de la que exis- te en el archivo de la Corte Suprema, mani- festando al mismo tiempo que se haría un verdadero servicio indicando los errores que se noten en esa nómina (1). Con tal explicación, no parecerá fuera de camino el anterior párrafo del presente arti- culejo. (1) Á mediados de 1888 se ha publicado por el Ministerio de Justicia é Instrucción Publica el Anuario correspondiente á di- cho departamento, y con gusto hemos notado que la lista de abo- gados recibidos en Chile, comienza con don Hipólito de Villegas. EL CÓLERA (ensayo bibliográfico) El cólera asiático ha servido para mejorai el aseo de las poblaciones, los hábitos de vida de la gente trabajadora, para preocupar- nos más de interesantes cuestiones sobre hi- giene pública, y ha dado también origen á multitud de cartillas científicas,, destinadas á vulgarizar lo poco quede cierto se sabe acer- ca de esta enfermedad. Hemos tenido gran cuidado para procurar- nos cuantos folletos se han impreso en Chile con relación á dicha epidemia, y creemos que, por lo menos, es curioso formar el ca- tálogo de ellos. Puede que, si por desgracia, repitiera el cólera, sirvan estas líneas de fuente de con- sulta para posteriores trabajos. DISQUISICIONES Algunos cuadernos se habrán escapado á nuestra diligencia, y en tal caso veríamos con gusto cuantas agregaciones ó reformas se hagan al presente ensayo bibliográfico. i. Actas de Junta General de Salubridad, man- dadas publicar por acuerdo de la misma.— Santiago de Chile.—Imprenta Nacional, Mo- neda 11 2. 1887. B.°, 134 págs. (1). 2, A lgimas observaciones sobre higiene pública de Santiago de Chile,—por los doctores Tomás L. Albarracín y Severo E. Valenzuela.—Ber- lín. G. Berstein.—1888. B.°, 54 págs. con tres cuadros gráficos de mortalidad. 3. Algunos Consejos del Dr. Dallara, á sus compañeros de la Cru4 Blanca en Chile.—Santia- go.—Imprenta de la Librería Americana,, Ahumada, 32 R.—1887. 12.0, Xlllpágs. (1) Para calcular el formato, hemos seguido el sistema francés expuesto por Cousin. EL CÓLERA 4. Carta sobre el cólera, á su Excelencia el Presidente de la República, por Juan Enrique Lagarrigue.—Santiago de Chile.—lmprenta Cervantes, calle de la Bandera, núm. 73,—• 1886.—Año 98o de la gran crisis. 12.0, 7 págs.—Sin portada especial 5. Cartilla ó instrucciones populares contra el cólera, redactada y mandada publicar por la Sociedad de Farmacia de Chile, que contiene las nociones más elementales de higiene, las precauciones, los desinfectantes, dosis y mo- do de usarlos. Se repartirá gratis en las ofi- cinas de Farmacia de los miembros de dicha Corporación.—Santiago.—lmprenta de la Li- brería Americana, de Carlos 2.0 Lathrop, Ahumada, 32 R.—1887. 18.°, 12 págs.—Sin portada particular. 6. Catálogo de la Exposición de Cuadros á be- neficio de la Cruq Roja.—Precio 20 centavos. —Santiago.—lmprenta Cervantes, calle de la Bandera, 73.—1887. 18.°, 14 págs.—Sin portada de color. 7. Cólera asiático (El) .—Reseña sobre esta epi- demia é instrucciones higiénicas para evitarla.— Comprende la cartilla del doctor Primavera, 82 DISQUISICIONES los preceptos higiénicos de la Junta de Sani- dad de Madrid, y las recetas del doctor Cas- tañé,—Santiago de Chile.—Imprenta Nacio- nal, calle de la Moneda, núm. 112.—1886. B.°, 36 págs. 8. Cólera asiático.—Su precaución, síntomas y tratamiento, por el Dr. Ricardo Camión.—Val- paraíso.—«Salaspopuli sunima Mr».—Valparaí- so.—lmprenta del Universo, de G. Helfmann, calle de San Agustín, núm. 39 D.—1887. B.°, 48 págs.—En las tapas de papel rosado lleva láminas, de un respirador en la primera, y diferentes formas del cólera asiático en la segunda. 9. Cólera (El), bajo su nuevo punto de vis- ta, por el doctor Koch. Traducido del ale- mán, con una introducción sobre bacterio- logía, por el Dr. Máximo Latorre.—Santiago •de Chile.—Imprenta Victoria, de H. Izquier- do y C.a, calle de San Diego, 71.—1888. 18.°, 103 págs. 10. Cólera en Melipilla (El),—Memoria del doctor bastarda.—Imprenta de El Progreso. —Melipilla.—1887. B.°, 18 págs.—Á dos columnas. EL CÓLERA 83 11. Cólera (El).—Ensayo bibliográfico.— Folletos publicados en Chile con motivo de esta epidemia 1886-87-88.—Por Aníbal Eche- verría y Reyes.—Tirada de 25 ejemplares.— Santiago de Chile.—Imprenta Nacional, Mo- neda 112.—1888, B.*, 14 págs. 12. Cólera (El).—Estudio científico de esta epi- demia en el departamento de Santiago, por el doc- tor David Mesa Barrenechea.—Santiago de Chile.—Imprenta Nacional.—Moneda 112.— 1887. B.°, 99 págs. 13. Cólera (El), por el doctor Roberto Koch, obra ilustrada con diversos grabados de pre- paraciones microscópicas. —Santiago.—lm- prenta de la Unión, Moneda, 56 B, entre Estado y Ahumada.—1887. 4.0, 86 págs. una.—En la portada de color viene estampado un corte de la mucosa in- testinal de un colérico, en la otra, una alego- ría de la ciencia. 14. Cólera (El).—Instrucción popular que contiene todo lo conocido y bien probado sobre esta enfermedad hasta la fecha, por 84 DISQUISICIONES Francisco Navarrete E.—Santiago de Chile. —lmprenta de El Independiente, 37, Moneda. —IBB6. B.°, 40 págs.—La 2.a edición de este folleto es exactamente igual á la primera, pero en la 6.a página línea 8.a, tiene salvada una im- portantísima errata: á saber que en lugar de 60 gramos, polvos de Dower, como dice, deben ser únicamente 60 centigramos de ese medicamento; la corrección es manuscrita. 15. Cólera (El).—Instrucción popular que contiene todo lo conocido y bien probado so- bre esta enfermedad, hasta la fecha. Aproba- da por el decano de la Facultad de Medicina, por el Consejo de Higiene Pública y adqui- rida por el Gobierno, por Francisco Nava- rrete E.—3.a edición.—Santiago de Chile.— Imprenta de El Independiente, Moneda, 37.— 1887. iB.°, 39 págs. 16. Cólera (El).—-Instrucción popular que contiene todo lo conocido y bien probado so- bre esta enfermedad hasta la fecha. Aprobada por el decano de la Facultad de Medicina, por el Consejo de Higiene Pública y adqui- rida por el Gobierno.—4.a edición. Aumenta- EL CÓLERA 85 da con la receta del doctor Castañé,—San- tiago de Chile.—Imprenta de El Independiente, Moneda, 37.—1887. 18.°, 40 págs. 17. Cólera (El).—Junta de Socorros del depar- tamento de San Felipe.—Enero 10 de 1887,— Valparaíso.—lmprenta de El Nuevo Mercurio, de R. S. Tornero, Las Heras, 29 C.—1887. B.°, 88 págs. 18. Cólera Morbo Asiático (El).—Historia.— Informes de la Comisión de la Conferencia Sanitaria Internacional de Constantinopla y de la de Viena. Medidas preventivas aconseja- das. Régimen general y local. Tratamiento. —Valparaíso.—Imprenta de El Nuevo Mercu- rio, de R. S. Tornero, calle de Las Heras, 29 C.—1886. 12.°, 55 págs. 19. Cólera (El).—Su manera de propagarse, •síntomas y tratamiento y profilaxia tanto in- dividual como general, por el doctor Eduar- do Lira Errázuriz.—Santiago.—Imprenta de la Librería Americana, de Carlos 2.0 Lathrop, Ahumada, 32 R.—1886. B.°, 47 págs. una. 86 DISQUISICIONES 20. Como se evita el cólera.—Estudio de hi- giene popular, por el Dr. don Federico Fuga Borne (del Boletín de Medicina).—Santiago de Chile.—Imprenta Nacional,, calle de la Mo- neda, 112.—1886. B.°, 33 págs. 21. Conclusiones aprobadas por el Congreso Sanitario de Lima 1888.—Santiago de Chile.— Imp. Nacional, 112 Moneda.—lBBB. 8.a, 39 págs. 22, Convención Sanitaria entre la República Oriental del Uruguay, el Imperio del Brasil y la República Argentina, y reglamento respectivo.— Santiago de Chile.—lmprenta Nacional, Mo- neda, 112.—1888. 12,°, 40 págs. 23. Cordón Sanitario (El).—Juguete cómico en dos actos y en verso, escrito expresamen- te para la Cruz Roja, por B. de Zamora.— Santiago.—lmprenta de La Libertad Electoral, 38, Morandé.—lBB7, 18.% 66 págs.—No se puso en circulación. 24. Circular religiosa sobre el cólera, por Juan Enrique Lagarrigue. —Santiago. lmprenta EL CÓLERA 87 Cervantes, calle de la Bandera, 73—1887.— Año 99o de la gran crisis. 12.°, ió págs.—Sin portada especial. 25. Curación segura del cólera en algunas ho- ras y también de las fiebres graves, de las conges- tiones•, de la apoplegía y de la rabia.—lnforme presentado á la Academia de Ciencias de Pa- rís, por M. A. Deboisonge, traducido de la 6.a edición francesa, por L. C.—Santiago.— Imprenta Gutenberg, calle del Estado, 38.— 1887. 24.°, ió págs.—Se repartió gratis. 2Ó. Departamento de Caupolicán.—Cartilla contra el cólera.—Rengo, Diciembre 15 de 1886. 12.0, 12 págs.—Sin portada especial 27. Edicto pastoral sobre el ejercicio de la caridad en las presentes circunstancias.—San- tiago.—Imprenta de El Correo, administrada por Manuel Infante, Teatinos, 39.—1887. B.°, 12 págs. 88 DISQUISICIONES 28. Edicto pastoral sobre rogativas públicas.— Santiago.—lmprenta de El Correo, adminis- trada por Manuel Infante, Teatinos, 39.— 1887. En B.°, 8 págs. 29. Estudio sobre el cólera, por don Eduardo de la Barra, ingeniero geógrafo, catedrático de historia y matemáticas, miembro honora- rio de la Asociación rural del Uruguay, co- rrespondiente de la Real Academia Española, etc., etc,—Valparaíso.—lmprenta y Librería Americana de Federico T. Lathrop.—lBB7. 18.°, 85 págs. 30. Estudios sobre profilaxis del cólera, basada en las condiciones biológicas del Bacilo Coma y la experimentación durante la epidemia del 87 y 88—por el Dr. Eleodoro Bourgeois.— Santiago de Chile.—lmprenta Nacional, Mo- neda 112. —lBBB. B.°, 59 págs. 31. Estudios sobre profilaxis del cólera, basada en las condiciones biológicas del Bacilo Co- ma y la experimentación durante la epidemia del 87 y 88,—por el Dr. Eleodoro Bourgeois. EL CÓLERA 89 —Santiago.—lmprenta Cervantes.—Bandera 73.—1888. 12.0, 136 págs. 32. Higiene popular.—El Cólera. Cartilla sani- taria, impresa por la Cruz Roja de los Ange- les.—lmprenta de El Bío-Bío.—1887. 12.°, 16 págs. 33. Higienepopular.—El Cólera.—Cartilla sa- nitaria que contiene lo que debe evitarse para no ser atacado por esta terrible enfermedad, ylo que puede hacerse para combatirla en el caso de ser atacado por ella, por el doctor Fernández Frías, edición aprobada y manda- da publicar por el Supremo Gobierno.—San- tiago.—lmprenta Victoria, de H. Izquierdo y C.a—lBB7. 18.°, 22 págs.—Sin portada especial. 34. Informe de los doctores Molina y Prieto so- bre su visita de estudio á los lugares infestados por el cólera.—Talca.—Imprenta de El Heraldo, calle 2 Norte, entre 1 y 20.—1887. 48 págs. 90 DISQUISICIONES 35. Informe de los médicos de los lazaretos so- bre el tratamiento del colera asiático, presentado á la Junta de Salubridad.—Santiago de Chile.— Imprenta Nacional, calle de la Moneda, 112. 1887. B.°, 91 págs. 36. Instrucciones de higiene popular sobre el có- lera, aprobado (sic) por la Comisión de Hi- giene Pública de Chile.—Establecimiento tipográfico de La Época, calle del Estado, núm, 36 J.—1887. B.°, 8 págs. 37. Instrucción popular sobre los síntomas pre- cursores del cólera, medios fáciles de conocerlos y detenerlos, por el doctor A. de Grand Boulog- ne, Caballero de la Legión de Honor, Miem- bro de la Sociedad Académica de Marsella, antiguo médico del liceo de la Casa de Cari- dad y de las cárceles de la ciudad de Argel, antiguo médico del consulado general de Francia en la Habana, antiguo vice-cónsul de Francia, miembro de muchas sociedades cien- tíficas y extranjeras.—Traducido del francés. —Serena.—lmprenta de El Coquimbo. —lBB7. 12.0, 15 págs. EL CÓLERA 38. Instrucciones prácticas y populares sobre el cólera, por el doctor Wenceslao Díaz.—San- tiago.—lmprenta de la Librería Americana, de Carlos 2.0 Lathrop, Ahumada 37 R.—1887. B.°, 23 págs. 39. Instrucciones prácticas y populares sobre el cólera, por el doctor Wenceslao Díaz.—San- tiago.—lmprenta de la Librería Americana, de Carlos 2,0 Lathrop Ahumada, 32 R. —lBB7. 18.°, 29 págs. 40. Instrucciones prácticas y populares sobre el cólera, por el doctor Wenceslao Díaz. Impre- sión obsequiada á la «Asociación penquista para combatir el cólera».—lmprenta de El Sur.—Concepción. —lBB7. 24.°, 41 págs. 41. Inyecciones intra-venosas de agua salada. Memoria de prueba, por Gabriel Gumucio.— Santiago de Chile.—Imprenta de El Indepen- diente, 37, calle de la Moneda. —lBBB. B.°, 37 págs. 42. La higiene de las ciudades y los presupues- tos municipales (de la Revista de Ambos Mundos). 92 DISQUISICIONES —Valparaíso.—lmprenta y Litografía Nacio- calle de Cochrane, i6ó.—1887. 18.°, 67 págs. v 43. Las inyecciones intra-venosas en el trata- miento del cólera indiano, por el doctor Francis- co Aguirre, médico en jefe del Lazareto del Sur.—Santiago de Chile.—lmprenta Nacio- nal, calle de la Moneda, 112. —lBB7. B.°, 23 págs. 44. Ley de policía sanitaria y ordenanza gene- ral de salubridad.—Serena,—lmprenta de El Coquimbo.—lBB7. B,°, 25 págs.—Trae en la portada el escu- do nacional. 45. Ligera contribución para la profilaxia del cólera, por el doctor Francisco Fonck.—lBB7. —Valparaíso.—Prenda (sic) y Litografía Uni- versal, calle de Cochrane, 166.—1887. B.°, 22 págs. 46. Memoria clínica terapéutica del cólera asiá- tico, en el Lazareto del Sur, por el Dr. Francis- EL COLERA co Aguirre.—Santiago de Chile.—lmprenta Nacional, Moneda, 112. IBS7. B.°, 87 págs. una. 47. Memoria del colera presentada al Inten- dente de Valparaíso por el Gobernador de Qui- llota.—lmprenta de El Quillotano, calle de Chacabuco, núm. 138.—1887. 12.°, 28 págs. 48. Memoria del Dr. Luis Espejo V. sobre la epidemia del Cólera de Chillán (1887-1888). B.°, 82 págs. y dos planos, como en Chi- llán y el otro sobre el movimiento de la epidemia. 49. Memoria presentada A la Junta General de Socorros por el Presidente y Secretario de ella, en sesión de 24 de Mayo de 1888.—Val- paraíso.—Imprenta de La Patria. Calle del Almendro, núm. 16.—1888. B.°, seis, 29, una pág. 50. Memoria que el Director del Lazareto de coléricos del Camino de Cintura pasa d la Junta departamental de salubridad.—Santiago de Chi- le.—Imprenta Nacional, calle de la Moneda, núm. 112.—1887. 94 DISQUISICIONES B.°, 115 págs. una.—Las 28 primeras pági- nas corresponden á lo que indica la portada; el resto lo forma la memoria señalada con el número 40 de este catálogo. 51. Nociones higiénicas sobre el cólera asiáti- co,—Preceptos generales para combatirlo. Estu- dio del Dr. B. M. Jiménez. Aprobado (sic) por la Junta de Higiene en sesión de 24 de Enero de 1887.—Iquique.—Imprenta de El Veintiuno de Mayo.—1887. 12.°, 14 págs. 52. Notas sobre el Espirito del cólera asiático comma de Koch)por A. E. Salazar y C. Newman, con 7 fotomicrografías.—Val- paraíso.— Imprenta del Universo de G. Elelf- man, calle de San Agustín, núm. 39 D.—lBBB. B.°, 36 págs.—Con cuatro planchas y siete figuras sobre el cultivo en gelatina del Spi- rillum. 53, Ordenanza general de salubridad.—lBB7. Folio, 8 págs. Ejemplar salido de la Im- prenta Nacional, para ser firmado por el Pre- EL COLERA 95 sidente de la República y Ministro del Inte- rior. 54. Ordenanza general de salubridad.—lBB6, 4.0, 14 págs.—Primitivo proyecto que sir- vió de base para la Ordenanza de 10 de Ene- ro de 1887.—Este folleto se publicó por la Imprenta Nacional. 55. Ordenanza general de salubridad.—San- tiago de Chile.—lmprenta Nacional, Moneda, 112.—1887. 18.°, 18 págs.—Sin portada especial. 56. Ordenanza General de Salubridad.—lm- prenta Victoria. —lBB7. 18.°, ió págs,—Sin portada particular. 57. Precauciones contra el cólera asiático.— Folleto por el Dr. E. Turenne.—Quirihue. —lmprenta de El Arturo Prat.—Enero de 1887. B.°, 15 págs. 58. Precauciones que deben tomarse en caso de una epidemia de cólera, por el Dr. A. Murillo (artículos publicados en el Estandarte Católi- 96 DISQUISICIONES co).—Santiago, Imprenta de «El Progreso». —26 Veintiuno de Mayo, 26.—1876. 18.°, 32 págs. 59, Preservativos contra el cólera asiático y ma- nera de combatirlo, según los doctores C. Pri- mavera, J. Castañé y A. Castro Cao.—Val- paraíso.—lmprenta y almacén de artículos de escritorio «El Pequeño Mercurio», Prat, 120. —lBB7, 18.°, 46 págs. 60. Preservativos homeopáticos contra el cólera, según la doctrina de los doctores Jahn y García Fernánde3.—Santiago de Chile, Imprenta de El Independiente.—37 Moneda, 37.—1886. 18.°, 6 págs.—Sin portada de color. 61. Profilaxis del cólera, por el Dr. Isaac ligarte G.—Santiago de Chile, Imprenta Vic- toria, de H. Izquierdo y C.a—73, calle de San Diego, 73.—1887. B.°, 32 págs. 62. Profilaxia y tratamiento del cólera mor bus, por J. Daniel Herrera R., médico cirujano. Mulchén, Imprenta de La Araucanía.—Enero de 1887. EL CÓLERA 97 12.°, dos, 58, una, págs.—Sin portada par- ticular. 63. Refacciones acerca del cólera morbus epi- démico y su tratamiento especial, con un medica- mento nuevo y seguido de muchas observaciones, en distintas epidemias, junto al lecho del dolor, por el Dr. L. Olea Moreno, ex-cirujano i.° del ejército en campaña contra el Perú y Bolivia. Dedicado á S. S. el señor Ministro del Inte- rior don Carlos Antúnez.—Santiago, Enero i.° de 1887.—Valparaíso, Imprenta de La Pa- tria;, calle del Almendro, núm. 16.—1887. 12.0, 19 págs. 64. Relaciones entre la autoridad y el ciudada- no en épocas de epidemia, aclaraciones de la ley y Ordenanza de Salubridad, por J, Joaquín Larrain Zañartu, abogado. Aprobada por la Junta Departamental de Valparaíso.—lm- prenta y Librería Americana de Federico T. Lathrop.—1887. 18.°, 164 págs.—Con epígrafe del «Admi- nistrador público», de don H. Pérez de Arce. 65, Reglamento de la Cay Roja Italiana.—- 98 DISQUISICIONES Iquique.—lmprenta de La Industria, calle de Tacna, 75 A.—1887. 24.°, 22págs. 66. Reglamento de la Junta de Salubridad de Valparaíso é informe presentado por los señores A ugueto Villanueva y Carlos Killing, relativo ála epidemia del cólera, y algunos medios para la desinfección.—Valparaíso. Imprenta de El Nuevo Mercurio, de R. S. Tornero, LasHeras, 29 C.—1887. 12.°, 25 págs. 67. Reglamento del servicio sanitario de la So- ciedad Unión de Artesanos.—Santiago de Chi- le.—lmprenta Gutenberg, Estado, 38.—1887. 12.°, 14 págs.—Sin portada de color. 68. Reglamento sanitario de la Sociedad Ben- jamín Vicuña Mackenna, de Cigarreros.—San- tiago de Chile.—lmprenta Gutenberg, Esta- do, 38.—1887. 18.°, 7 págs.—Sin portada especial. 69. Tratamiento del cólera asiático, por la en- terodisis, su acción fisiológica—Memoria de EL CÓLERA 99 prueba, por Benjamín Manterola.—Santiago de Chile.—Imprenta Nacional, Moneda, 112. 1888. B.°, 30 págs. 70. Tratamiento del cólera mor bus por la gas- tro-enterochsis, proyecto de tratamiento pre- sentado al señor Ministro del Interior, para someterlo á la consideración de la honorable Junta de Salubridad pública, á fin de que, si lo tiene á bien, lo mande poner en ensayo en los lugares infestados por el cólera asiático. —Santiago.—lmprenta de la Librería Ameri- cana, Ahumada, 32 R., de Carlos 2.0 Lathrop. —lBB7. B.°, 7 págs.—Su autor, el doctor Rodolfo Serrano Montaner; la edición fué tirada en reducido número de ejemplares, y sin porta- da particular. Resumiendo, tenemos que de los setenta y un folletos publicados en Chile con motivo del cólera, {puesto que en elnúm, 14 se ano- tan dos), uno tiene formato in folio, dos el 4.0; veintiocho el B.°; quince el 12o; veintidós el 18.0 y tres el 24.0 DISQUISICIONES En los meses de Octubre, Noviembre y Diciembre de 1886, salieron doce cuadernos, cuarenta y siete en 1887, y doce en 1888. En Santiago se publicaron cuarenta y seis folletos; doce en Valparaíso, dos en Iquique, é igual número en la Serena, y uno en cada una de las siguientes ciudades: Quillota, Me- lipilla, Rengo, Talca, Chillán, Quirihue, Concepción, Los Angeles y Mulchén. Tales son los folletos que con relación á la epidemia, hemos podido coleccionar.—El que lleva el número 2, aunque no ha sido impreso entre nosotros, lo hemos catalogado por ser chilenos sus autores. ÍNDICE Plijs. La lengua araucana (Notas bibliográficas) 5 El puente de Cal y Canto 29 La batalla de Rancagua 41 Los primeros almanaques publicados en Chile... 65 El Cólera (Ensayo bibliográfico) 79