JHbUoQrafíu Jllmrana DEL SIGLO XVI. PRIMERA PARTE. Se han impreso 350 ejemplares, más iz en papel grande. IMPRENTA DE FRANCISCO DIAZ DE LEON, Calle de Lerdo núm. 3. Cajista, José Llera. BIBLIOGRAFÍA MEXICANA DEL SIGLO XVI PRIMERA PARTE. CATÁLOGO RAZONADO DE LIBROS IMPRESOS EN MÉXICO DE I539 Á l600. Con biografías Uc autores ij otras ilustraciones. PRECEDIDO DE UNA NOTICIA ACERCA DE LA INTRODUCCIÓN DE LA IMPRENTA EN MÉXICO. / Por Joaquín García Icazbalceta, Individuo de número de la Academia Mexicana; Correspondiente de la Real Academia Española, y de la “American Antiquarian Societyrt (E. U.) Honorario de la Real Academia de la Historia, de Madrid; de la Academia Colombiana Correspondiente, de la Sociedad Antropológica de Washington ' y de la Sociedad Histórica de California. OBRA ADORNADA CON FACSÍMILES FOTOLITOGRÁFICOS Y FOTOTIPOGRÁFICOS. MÉXICO LIBRERIA DE ANDRADE Y MORALES, SUCESORES Portal de Agustinos n? 3. 1886 AL LECTOR Quam bene, alii judicabunt: magno certe cum labore. P. Manuzio. UCHOS años hace que comencé á tomar apun- I tes Para una Bibliografía Mexicana del Siglo !|W|| I XVI. El plan primitivo fué dividirla en dos partes. La primera, esencialmente bibliográ- fica, debía formarse con la descripción de lo que se pudiese encontrar impreso en México desde la introducción de la imprenta hasta el año 1600. En la segunda, mucho más ex- tensa, habían de entrar los escritores de aquel siglo que, por no haberse impreso aquí sus obras dentro del período seña- lado, fueron omitidos en la primera: de suerte que compren- dería las obras impresas aquí después de 1600; las que salieron á luz en España ó en otros países, y las que aun permanecen inéditas. Juntas las dos partes vendrían á formar una Biblio- teca Mexicana de Escritores del Siglo XVI. VI Para disponer la Primera había que buscar, ante todo, las ediciones antiguas, que por ser tan raras no había probabili- dad siquiera de que existiesen juntas en biblioteca alguna. Registré las colecciones que estuvieron á mi alcance, tomé apuntes, recibí otros de amigos ó de corresponsales, y no des- perdicié ocasión de aumentar mis notas con la descripción de los libros que activas diligencias ó la casualidad me depa- raban. Este trabajo preparatorio tenía que ser muy largo, y lo fué. Bien conozco que habría aumentado mis materiales si hubiera recorrido la República y aun los países extranjeros; pero mis hábitos sedentarios y la necesidad de atender aquí á obligaciones imprescindibles no me dieron lugar á pensar en ello. Algo ha de quedar á cargo de los que cuenten con circunstancias más favorables. No puede haber duda de que en este Catálogo faltan mu- chas ediciones cuya existencia consta por datos fehacientes; mas sea porque todos los ejemplares han perecido, ó porque yo no he acertado á dar con uno de ellos, el caso es que tales ediciones no han venido á mis manos. Acaso con el trascur- so del tiempo irán saliendo á luz, y también podrán aparecer otras de que nada se sabía: de esta clase hay varias en el Ca- tálogo. Por lo mismo, este libro quedará pronto muy atrasa- do; pero era forzoso poner alguna vez término á mis indaga- ciones. Prefiero dar á conocer lo que hasta ahora he hallado, porque tampoco es imposible que desaparezca algo de ello, y si conservo su memoria no habré trabajado en balde. VII He procurado poner en las descripciones bibliográficas toda la exactitud que hoy se les exige, y cuido de expresar quién posee ó dónde vi el ejemplar descrito, añadiendo, como punto de mera curiosidad, los precios á que se han vendido los libros que recientemente han salido á las ventas públicas. Para disminuir la aridez de un simple catálogo, que conten- taría, cuando más, á raros bibliógrafos, he añadido extractos de las obras, biografías de los autores, y una que otra diser- tación. Temo que algo de esto sea tachado de impertinente; pero si es útil, no estará fuera de lugar. Lo que me pareció indispensable fué poner al frente del libro una breve noticia de la introducción de la imprenta en México: asunto oscuro por falta de documentos. El interés que pudo ofrecer esta obra si se hubiera publi- cado cuando la comencé en 1846 ha disminuido considera- blemente. Entonces eran casi desconocidas nuestras antiguas ediciones, y un catálogo de ellas, por incompleto que fuese, habría sido una verdadera novedad. Hoy, después de la dis- persión de las mejores colecciones formadas en México, es conocida ya en todo el mundo la mayor parte de aquellos libros, porque en los catálogos de ventas públicas ó de libre- ros, y en obras de bibliografía, corre la descripción de ellos. Por otra parte, yo mismo he franqueado apuntes y extractos que otros han aprovechado, y á veces sin declarar su origen. No hay para qué citar ejemplos. Si una noticia es útil al mundo literario, poco importa que la disfrute con mi nom- VIII bre ó con otro. Hago esta advertencia únicamente para que se entienda que si digo algo publicado ya por otro, sin citarle, no es que usurpe yo lo ajeno, sino que aprovecho lo mío. Para adorno de la obra, y al mismo tiempo como prueba material de que he visto los libros que describo, acompaño facsímiles fotolitográficos y foto tipográficos ejecutados casi todos por mi hijo Luis García Pimentel. Con verdad puedo decir que á ellos se debe la publicación de la obra; pues cono- ciendo yo mejor que nadie sus vacíos y su poco interés he pensado muchas veces abandonarla: si no me he resuelto á ello ha sido por no perder las curiosas estampas ya impresas. A este volumen he puesto el título de Primera Parte para hacer constar que el trabajo no está completo; pero no tengo la menor intención de escribir la Segunda. El que la em- prenda y lleve á cabo hará un gran servicio á las letras y á la patria: yo no cuento ya con vida ni fuerzas para semejante tarea. Deseo que cuantas personas me han prestado bondadosa- mente su auxilio, y cuyos nombres he cuidado de expresar en los lugares correspondientes, reciban aquí juntas la manifes- tación de mi gratitud. INTRODUCCIÓN DE LA IMPRENTA \ EN MEXICO. los años de 1855 publiqué bIͧ! en Diccionario Universal de SUN® Historia y de Geografía un bre- ve estudio acerca de la intro- ducción de la imprenta en México, uti- lizando los datos que hasta entonces había podido recoger. Algo se han au- mentado en el largo espacio de tiempo trascurrido, y he juzgado ser lugar opor- tuno este para refundir y ampliar aquel primer ensayo. La benevolencia con que fué acogido, particularmente en los paí- ses extranjeros, me confirma en la creen- cia de que su asunto no carece de interés; y ahora le sirven como de comprobantes las descripciones bibliográficas conteni- das en el presente libro. Cuenta la ciudad de México por una de sus principales glorias haber sido la primera del Nuevo Mundo quevió ejer- cer en su recinto el maravilloso Arte de la Imprenta. Pero si bien la verdad del hecho ha estado siempre fuera de toda duda, su fecha fija y sus circunstancias permanecen envueltas en tinieblas. La falta de noticias que los contemporá- neos no cuidaron de trasmitirnos, me obligará con frecuencia á formar conje- turas que el hallazgo de cualquier docu- mento puede destruir; ó á dejar vacíos que acaso nunca se llenarán. Confío, sin embargo, en que el registro de los archi- vos de España ha de suministrar con el tiempo mucha luz; pero mientras esta no llegue, conviene recopilar lo ya sabi- do, y poner algo de nuestra parte para ayudar al completo esclarecimiento de la verdad. Sabemos, por documento auténtico,1 que Juan Cromberger, célebre impresor de Sevilla, envió á México una imprenta con todos los útiles necesarios, á instan- cias del virrey D. Antonio de Mendoza y del Obispo D. Fr. Juan de Zumárra- ga; pero desgraciadamente no se da otro pormenor, ni se fija la fecha. Creo, sin embargo, que esas instancias no se le hi- cieron desde aquí, sino allá. Desde 1530 se le había ofrecido á Mendoza el go- bierno de este reino, y le había aceptado, pidiendo únicamente tiempo para dispo- ner su viaje. En 1533 y 34 anduvo en España el Sr. Zumárraga, y es natural que allí se viesen y conferenciasen acerca de los negocios de la tierra que iban á regir, el uno en lo civil y el otro en lo eclesiástico. El prudentísimo Virrey no perdería tan buena ocasión de aprove- i Véase el Documento n? I. X char la experiencia adquirida por el pre- lado en más de cuatro años de Indias, y éste, tan empeñado en difundir la ense- ñanza, no dejaría de advertir cuán nece- sario le era traer una imprenta para el logro de sus laudables fines. Viendo lo que después la favoreció, me atrevería á asegurar que él sugirió al Virrey la idea. Era imposible que hubiese olvidado au- xilio tan importante quien traía labrado- res, semillas, ornamentos, libros y cuanto juzgó necesario para lustre de su Iglesia y bien de sus ovejas. En los últimos meses de 1533 y los primeros de 1534, cuando ya justificado ante el gobierno y consagrado, hizo la erección de su Igle- sia y los preparativos para volver á su diócesis, debemos colocar los tratos con Cromberger.1 La venida de la imprenta no se debió, pues, como se había creído hasta ahora, á D. Antonio de Mendoza exclusiva- mente, sino á un acuerdo entre él y D. Fr. Juan de Zumárraga. De manera, que si el contrato no se hizo en España y en ese tiempo, hay que buscar otro en que ambos estuvieran reunidos, y no puede hallarse sino después de la llega- da de Mendoza en Noviembre de 1535. De ser así, los tratos habrían comenzado, cuando más pronto, bien entrado el año de 36, pues no había de ser ese el primer negocio á que atendiesen Virrey y Obis- po, teniendo á su cargo tantos y tan gra- ves. Considerando la dificultad de las comunicaciones, no hay tiempo para que el negocio se arreglara por cartas y la im- prenta estuviera ya trabajando en 1537. Sería en verdad extraño que el Virrey y el Obispo no hubieran advertido hasta entonces la conveniencia de tener im- prenta; ó que pudiendo haberse arregla- do fácilmente en España con Juan Crom- berger, lo dejaran para cuando ofreciera mayor dificultad. No es preciso admitir, por otra par- te, que el Virrey trajera consigo la im- prenta: basta con que procurase su ve- nida, para que los autores puedan decir con propiedad que la trajo;1 como se dice que trajo una industria nueva el que por su discurso y trabajo la introdujo, aunque él no se haya movido de su ca- sa. Es cosa notable que todos los escri- tores contemporáneos callen la parte que tuvo el Sr. Zumárraga en ese beneficio, y la causa de tal silencio ha de ser que como todos vieron que la imprenta lle- gó tras el Virrey, ó con él si se quiere, y era gran favorecedor de toda clase de industrias, á él la atribuyeron, é ignora- ron que al Obispo se debía también la venida. Nueva prueba de que el contra- to se hizo allá y no aquí. La primera noticia cierta y segura de la existencia del establecimiento no re- monta más allá del 6 de Mayo de 1538. En esa fecha escribía el Sr. Zumárraga al Emperador: “Poco se puede adelan- tar en lo de la imprenta por la carestía del papel, que esto dificulta las muchas obras que acá están aparejadas y otras que habrán de nuevo darse á la estam- pa, pues que se carece de las más nece- sarias, y de allá son pocas las que vie- nen.” a De consiguiente, la imprenta ha- bía llegado antes de esa fecha. Me parece que bien puede atrasarse su venida cuando menos hasta 1537, aunque para ello tropecemos con ciertas 1 Motolinia, en sus Memoriales MS. (1541) dice que D. Antonio introdujo muchos oficios, especial- mente hacer los paños. “Pues imprenta é impre- sión de libros y el hacer del vidro no ha sido poca ad- miración á los indios naturales.”— Gomara (1552) dice que Mendoza fué proveído pienso el año de 34, y llevó muchos maestros de oficios primos, “co- mo decir molde y imprenta de libros y letras.” (Conquista de México, ed. Barcia, cap. 236.) 2 Cartas de Indias, pág. 786, col. 2; también se halla en Don Fray Juan de Zumárraga, Apénd., n? 25.— Como noticia curiosa, aunque posterior, apuntaremos que el 5 de Septiembre de 1539 fué recibido por vecino de México Esteban Martín, imprimidor. (Libro de Cabildo.) 1 Parece que Cromberger tenía relaciones con nuestra Iglesia, ajenas al negocio de la imprenta. El 28 de Septiembre de 1540 acordó el Cabildo Ecle- siástico que se le pagasen cuarenta pesos que dió en Sevilla á un maestro cantero que vino á enten- der en las obras de la iglesia. (Don Fray Juan de Zumárraga, pág. 225.) XI dificultades. El virrey Mendoza dirigió al Emperador, con fecha 10 de Diciem- bre de ese año una extensa carta en que le da cuenta de muchos asuntos, y no dice palabra de la imprenta;1 ni tampoco el Sr. Zumárraga en la que escribió al Se- cretario Sámano diez días después, sien- do así que habla de la casa de las campanas, donde estaba ó estuvo luego la imprenta.2, Pero estos son argumentos puramente negativos que á mi parecer no prueban gran cosa, y menos si todavía no estaba la imprenta en la casa de las campanas. Mayor fuerza tiene el saberse que en Marzo de 1537 se trataba de imprimir en Sevilla una Doctrina castellana y me- xicana, de lo cual pudiera deducirse que no había aquí imprenta, pues se enco- mendaba á las de Sevilla una tarea mucho más propia de las prensas de México. Para examinar este punto, forzoso es seguir los pasos, hasta donde sea posible, á esa Doctrina compuesta por Fr. Juan Ramírez, comenzando por deshacer la confusión que se ha hecho de dos reli- giosos de igual nombre. González Dá- vila escribe que “el primer Catecismo que se imprimió en lengua mexicana, para enseñanza de los indios, le escribió el Mtro. Fr. Juan Ramírez, religioso do- minico, en el año 1537, que después fué dignísimo Obispo de la Santa Iglesia de Guatemala.”3 Más adelante, en el Teatro de esa Iglesia, pone la vida del Obispo, dominicano también. Predicó en la Mix- teca y aprendió aquella lengua. Fué pre- sentado en 1600, y murió en 1609. Aquí no dice que el padre supiera la lengua mexicana; olvida por completo la Doc- trina, y no atribuye al Obispo más obra que una intitulada “Campo Florido, Ejemplos de Santos para exhortar á la virtud con su imitación y ejemplo,” de- dicada á D. Fr. Pedro de Feria, obispo de Chiapa, religioso de su orden.1 Cuando el P. Ramírez agenciaba en 1537 la impresión de su Doctrina era ya sacerdote, á lo que parece: por lo menos no sería un niño, y tendría de veinticinco á treinta años: así es que contaría unos noventa al ser presentado: cosa increí- ble. Se sabe además que el futuro Obispo vino por primera vez á esta tierra hacia 156o,2 y andaba por España en 1595,* cerca de sesenta años después de las di- ligencias del otro Fr. Juan Ramírez. Dávila Padilla pone entre los escrito- res de su provincia á un Maestro de ese nombre que “escribió un libro copiosí- simo de ejemplos para exhortar á toda virtud con hechos de santos, y le llamó Campo Florido, y le dirigió á nuestro Obispo de Chiapa Fr. Pedro de Feria.”4 Esta es la obra que González Dávila atribuye al Obispo de Guatemala. Dá- vila Padilla no menciona la Doctrina, y eso que hizo catálogo especial de los re- ligiosos de la provincia que escribieron en lengua de los indios. Los bibliotecarios Quetif y Echard reunieron á los escritos del Illmo. Ra- mírez la Doctrina del religioso de igual nombre; pero al ver la desconformidad de las fechas dudaron si habría error en la que se atribuye á la Doctrina, ó se tra- taría de otra obra, y añadieron sin fun- damento que el libro se imprimió en México en 1537/ González Dávila no llega á tanto: deja en duda si la fecha es de la composición ó de la impresión, y no expresa dónde se hizo esta. 1 Theatro, tom. I, págs. 156-160. 2 Crónica de Fr. Alonso Franco, MS., lib. II, cap. 3.— El mismo autor dice que el Obispo falle- ció en 1609, de “ casi ochenta años de edad: ” lue- go tendría cosa de ocho cuando se hacían las diligen- cias para la impresión de la Doctrina. 3 Remesal, Historia de la Provincia de San Fí- cente de Chiapa y Guatemala, lib. XI, cap. 22. 4 Historia de la Fundación y Discurso de la Pro- vincia de Santiago de México (Madrid, 1596), li- bro II, cap. últ. 5 Scriptores Ordinis Pradicatorum, tom. II, pá- gina 368. 1 Documentos inéditos del Archivo de Indias, to- mo II, pág. 179. 2 Cartas de Indias, pág. 165.— Don Fray Juan de Zumárraga, Apénd., n? 22. 3 Theatro Eclesiástico de la Primitiva Iglesia de las Indias Occidentales (Madrid, 1649-1655), to- mo I, pág. 7. XII Beristain impugna la especie de Gil González Dávila, afirmando que el pri- mer Catecismo mexicano se imprimió en 1537 (sin decir dónde); pero que no le escribió Fr. Juan Ramírez, sino Fr. Juan de Ribas, franciscano.1 No expresa sos- pecha de que hubo dos religiosos domi- nicos de aquel nombre, é ignoro de dón- de sacaría la especie relativa á Fr. Juan de Ribas. Mendieta le da por autor de un Catecismo cristiano; mas no dice que fuera el primero: parece dar este lugar á la Doctrina de Fr. Toribio de Moto- linia.2 Convengo en que González Dávila recibió de buenas fuentes las noticias de que se sirvió para formar su Teatro Ecle- siástico; pero lo cierto es que incurre en muchos errores. Desconfío tanto de su obra, que me atrevería á negar la exis- tencia de la Doctrina, si sólo en su testi- monio descansara: mas no lo permiten los datos fehacientes que presentan los apuntes de León Pinelo y de Muñoz publicados por un eminente americanis- ta, el Sr. Jiménez de la Espada,3 y varias piezas que acaban de ver la luz en el to- mo XLII de los Documentos inéditos del Archivo de Indias. De todo ello resulta la historia si- guiente. En 2 de Marzo de 1537 se man- dó imprimir y encuadernar en Sevilla, á costa del rey, la Santa Doctrina en lengua castellana y mexicana, compuesta por Fr. Juan Ramírez, y que se enviasen quinientos ejemplares de ella á la Nueva España. El 28 de Julio los oficiales de la Casa de la Contratación escribían á la Emperatriz: “V. M. manda hagamos imprimir un libro en lengua mexicana y castellana que un religioso dominico tie- ne fecho. Nos concertamos con Joanes Conbreger, imprimidor. Aun no estáqzca- bado de traducir en mexicano por el reli- gioso que lo hace imprimir, y da prisa á ello. Decírnosle que se pondrá mano en acabándolo, y añadimos que convendrá lo vean antes otros que entiendan de aquella lengua, para evitar errores. Nos han informado que el romance deste li- bro fue ordenado -por frailes franciscos, los cuales aunque son los mejores lenguas de allá no se atrevieron á lo traducir.” Y sigue en- tre paréntesis lo que debió resolverse en esto: “(Si hay otras personas que sepant la lengua, infórmense: si no, se impri- ma, y antes de publicarse, envíese á Mé- xico que lo vean.)” En 4 de Agosto de-: cían los mismos oficiales: “El pasado dijimos sobre el libro de la Santa Doctri- na, que es Exposición sobre los Artículos de la Fe, que debe imprimirse en castellano y mexicano, de que el Consejo nos man- da enviarle diez impresos.” Y en 13 del mismo: “Se hará lo que V. M. manda en el libro que Fr. Juan Ramírez, fraile dominico, tiene hecho.” En 22 de Septiembre volvían los ofi- ciales sobre el mismo asunto: “Fr. Do- mingo de Santa María, que esta lleva, va á hacer relación á V. M. de lo que él y el P. Fr. Juan Ramírez han acordado que se debe facer sobre la impresión del libro llamado Santa Doctrina, que es ex- posición sobre los artículos de nuestra santa fe católica, que V. M. nos envió á mandar se imprimiese: é es que por ser la obra tan alta es menester que se exa- mine por muchos intérpretes, porque diz que la tiene toda acabada, é el dicho Fr. Juan Ramírez se profiere de ir á Mé- xico, adonde podrá ser bien examinada, é llevar el libro é traerle él mesmo de allá á imprimir, por ser la primera obra, para que quede como al servicio de Dios y de V. M. conviene.” El 8 de Noviem- bre seguía pendiente el negocio: los ofi- ciales de Sevilla hablan del libro en len- gua castellana y mexicana que habían de hacer imprimir, y de una cédula de S. M., no recibida, en que mandaba que se en- tregase con el libro á Fr. Juan para lle- var á la Nueva España, y añaden: “La Cartilla que el dicho Fr. Juan Ramírez 1 Biblioteca Hispano-Americana Septentrional, tom. III, pág. 7. 2 Historia Eclesiástica Indiana, lib. IV, cap. 44; lib. V, pte. 1, cap. 24. 3 Revista Europea, Madrid, 18 de Agosto de 1878, pág. 216. XIII ha fecho en latín, castellano é indio me- xicano, intitulada Suma de Doctrina Cris- tiana, queV. M. nos manda que fagamos igualar el precio por que se ha de ven- der después de imprimida, porque en esta ciudad hay personas que la impri- mirían á su costa, no la habernos recibi- do.” Aquí se habla ya de otra obra, com- pendio tal vez de la primera. A fines del año, el 11 de Diciembre, escribían de nuevo los oficiales: “Fr. Juan Ramírez, de la orden de Sto. Domingo, nos en- tregó el libro que él compuso, llamado Santa Doctrina, que se ha de traducir en lengua mexicana, porque él dice que pen- saba irá la Nueva España á llevarla, para que en ello se ficiera lo que V. M. tiene mandado é proveido, é que agora su pre- lado ha mandado que se vaya á Castilla á estudiar.” La última noticia con que contamos es una que halló León Pinelo en los libros de la Casa de la Contrata- ción: “Fr. Juan Ramírez, de la orden de Sto. Domingo, escribió un libro inti- tulado Santa Doctrina, en lengua caste- llana y mexicana, el cual se remitió á México para que fuese calificado y exa- minado, y se volviese para imprimirle. 29 de Enero de 1538.” Esto es cuanto sabemos hasta ahora acerca del libro de Fr. Juan Ramírez: se ignora si volvió de México á España, conforme á lo mandado, ó qué se hizo. Como González Dávila es el único au- tor que menciona esa Doctrina, la afir- mación de haberse impreso no tiene á su favor otro testimonio; y en todo caso ya vimos que no pudo ser en 37, pues á principios del siguiente año andaba to- davía el libro en trámites. En los apun- tes copiados no hay indicación alguna de que por falta de imprenta en México se tratara de hacer la edición en Sevilla. Es como seguro que en principios de 38 ya trabajaban aquí las prensas, ó á lo me- nos habrían salido ya de España, lo cual no podían ignorar los oficiales de la Casa de la Contratación, por cuyas manos pa- saba cuanto iba á Indias. Si con ese co- nocimiento no hacían objeciones á la or- den de que el libro fuese á México para ser examinado, y volviese á Sevilla pa- ra ponerle de molde, es evidente que la existencia de una oficina tipográfica en México tampoco habría sido obstáculo para que el año anterior se tratase de lo mismo. Otras razones bastan para ex- plicar la resolución. Los costos eran mu- cho menores en Sevilla, y la edición más esmerada: allá abundaba el papel, que por acá escaseaba y era por lo mismo mucho más caro. En Sevilla había quien tomase por su cuenta la edición, cosa di- fícil aquí. Buscando estas ventajas han ido siempre á ser impresos en Europa libros escritos en México, y hasta hoy van, porque existen para ello las mis- mas razones. Otros puntos de la historia de la Doc- trina son dignos de nota. En 11 de Sep- tiembre de 1537 estaba ya acabada la traducción mexicana, y en 11 de Diciem- bre aun no estaba hecha. La aseveración de que los franciscanos de México ha- bían ordenado el texto castellano y no se atrevieron á traducirle, es absurda é in- creíble. En 1536 iban corridos doce años de la llegada de los primeros misione- ros, y trece de la de Fr. Pedro de Gante: confiésase que los franciscanos eran las mejores lenguas: había entre ellos, además de Gante, un Ximénez, un Motolinia, un Olmos, un Sahagún; y aquellos cla- ros varones no se atrevieron á traducir lo que ellos mismos habían redactado, mientras que Fr. Juan Ramírez, de quien ninguna memoria ha quedado como pe- rito en la lengua, se iba á España con el texto de los franciscanos, para traducir- le allá, privado del auxilio que podían prestarle los demás religiosos y aun al- gunos indígenas. El fin de la historia es digno de toda ella. Después de tantas diligencias y de hacer tanto ruido con sus Doctrinas, las soltó Fr. Juan á los oficiales cuando vio la orden terminante de enviarlas á México, y por mandato de su prelado, según dijo, se fué á estudiar a Castilla. ¿Qué clase de religioso era aquel que después de haber sido misio- XIV nero en lejanas tierras, tenía que ponerse á estudiar? ¿ Con qué letras había venido á la Nueva España? No era, por cierto, costumbre entonces enviar religiosos in- doctos á Indias. Tal parece que cuando se le puso ya en el estrecho caso de vol- ver á México ó de mandar sus libros, temió tropezar por acá con alguna hosti- lidad ó desagrado y huyó el cuerpo al mandato, dando un pretexto nada plau- sible por cierto. ¿Venía de esto también el empeño de imprimir el libro en Se- villa? Todo el negocio está oscuro y sospechoso. El Sr. Jiménez de la Espada trae la opi- nión de un interlocutor anónimo, quien hace alto en la circunstancia de que el libro más antiguo conocido, que es de 1539, tenga el título de Breve y más com- pendiosa Doctrina Christiana en lengua Cas- tellana y Mexicana. “Si esta Doctrina, di- ce, es más compendiosa, supone otra á la que ese más se refiere, y por tanto, que ha tenido quien la preceda en la estampa mexicana.” La consecuencia es lógica, excepto en la última palabra: el más puede referirse á otra Doctrina anterior en me- xicano, aunque no fuera impresa en Mé- xico. Según párrafo de carta del obispo presidente Fuenleal, que el mismo Sr. Ji- ménez publica,1 ya el 10 de Julio de 1532 tenían hechas los frailes dos Doctrinas, una más breve que la otra, y el Obispo las enviaba para que allá se imprimiesen. No conocemos ejemplar de esas edicio- nes, si es que llegaron á hacerse, ni tam- poco de la que se supone hecha en Am- beres de la Doctrina de Fr. Pedro de Gante; pero yo no creo que para impri- mir catecismos en la lengua han de haber aguardado pacientemente los misioneros á que hubiese imprenta en México, sino que alguno harían estamparen Europa; y menos que aguardaran para dedicarse á ese trabajo la orden de la Congregación de Obispos verificada en 1544. Consta asimismo que Fr. Toribio de Motoli- ma imprimió una Doctrina, aunque no se sabe dónde ni cuándo. A cualquiera de esas Doctrinas anteriores puede refe- rirse el más de la de 1539, y no precisa- mente á una impresa en México, ó á la de Fr. Juan Ramírez. Carecemos des- graciadamente de las Actas de la Con- gregación de 1544: en ellas hallaríamos tal vez los motivos que hubo para man- dar que se hiciesen dos Doctrinas, una larga y otra breve, existiendo ya., por lo menos, la breve de 1539. Pues que por este camino adelanta- mos poco en la investigación de la fecha en que se introdujo la imprenta en Mé- xico, veamos si por otro logramos en- contrar algún auxilio. Al mismo tiempo indagaremos cuál fué el primer libro im- preso en esta ciudad y en el Nuevo Mundo. El autor capital en la materia es Dávila Padilla, quien hablando de Fr. Juan de Estrada, dice: “Estando en casa de novicios hizo una cosa que por la primera que se hizo en esta tierra bas- taba para darle memoria, cuando el au- tor no la tuviera, como la tiene, ganada por haber sido quien fué. El primer li- bro que en este Nuevo Mundo se escri- bió y la primera cosa en que se ejercitó la imprenta en esta tierra fué obra suya. Débaseles á los novicios un libro de S. Juan Clímaco, y como no los hubiese en romance, mandáronle que le tradu- jese del latín. Hízolo así con presteza y elegancia, por ser muy buen latino y ro- mancista, y fué su libro el primero que se imprimió por Juan Pablos, primer impresor que á esta tierra vino.”1 Hasta aquí el cronista, quien, como se advier- te, no declara la fecha de la edición, y de su testimonio sólo resulta que un libro de S. Juan Clímaco fué el primero que se imprimió en México, por el primer impresor Juan Pablos. Más abajo ex- presa el título del libro, diciendo que fué la Escalera Espiritual. Fr. Alonso Fernández, dominico tam- bién, copió á Dávila Padilla, suprimien- i Documentos inéditos del Archivo de Indias, to- mo XIII, pág. 230. i Lib. II, cap. 57. XV do el nombre del impresor y añadiendo la fecha de 1535.* No hay que hacer mu- cho caso de esta, porque Fr. Alonso par- ticiparía de la creencia general de que la imprenta vino con el primer Virrey, y sabiendo que éste llegó en 1535, puso la edición en el mismo año. Por último, el cronista Gil González Dávila dice que fientpfdo prib9 fanettarg orbem Btforetad rita tútcP adultua aqua: Btnebfpídat íors táfublímeCbaníina I ndnloeignarueterípqnatercp mifer: IDncmáib-vílKfereípIegejdíIígelibuniu lBílmín9obfcunumlmagfreltmtídnm«. Siplícic doetecfc bdtr modo Baíí^acut9 addo 0uiroga me9 pfnlabimdepiuo* Sí gu la ppédens uipil íde reqrerepoflto; Si placer oc legas ordúiediípofirmin IRcvídcare cauoíacneígnamioabuti: Su? decer ad uígilloíinirtiro defidiam. ttícpc bonií mbil ilq* fecerírofdra budus* Biffidlc eít pulcbrií:dictírar %ntiqme. Sed latí é:qd me remorará Sttfaríf; 'zfadarquod precor:atqjttáíe* lí rrata quae paru attéto otoepfereíd tpograpbo:ta & quae ooctu lecro?é offenoere poterat: qj etiam quae meruóüu atqj mo?ofum./Soeo funtilla quioem nummila. íEnla feguhba fa5 i la primera bofa enel régló.ríj. oonoe Dije quintooeilenobíeílpabeDejír.v.oelle nób:e nueílroSeño?* v enla. j.fajoe la.ij.lpoja eud rcglon.nr.oóoe Dije óíla nueua 2Efparia:|?a oeoejirocfla nueua efpañaoefte nueuo munoo. Éonla.v>.i>o .fa.í j.oóoe oí5e fngulis interrogetunlee ftnguli írer enla faj.j.alUrj.rcgld oóoeoije: geu/ bé;lee g eu.£n1a mífma Ipoja en la fap.íj.a.i'.réglones oooe ou jecófequíiañaoevaleantí en la ia5.ij.rd rvj. quita el punto q ella antes bla iEx (pos e pon oos puntos \m go ófpuea ola pte 5Qios.iEn la mífma Ipoja Eta5.rdn:. oóoe ot^e:^fpü:leefpirítuí* írnla Ipo.ir.fa.ij.ré.rüíj.bóoeobeiífton lee:íítaaenla.i%lpo»fa.í).ré.rlj.t>óDeobe;l!rméípé:leeíinnarpé jEnlalpo.ríij ía ij.rdüj.E.íüj.(pafeó quitar el puntoqellaéfpn es óla pte Solenne £ ponerle ófpues óla gtetpo. i£iila Ipo.n» faq'.eñl principio ól rdríij.o6oeoí5eecuque:leequalecum.i2n lalpo.rvj.fa.j.rdvj.E.víj. Ipa íeóleer po? parentlpefisbeíoeoo bíje.iEnla Bprialpalla.ooobepaorino ínclufuíe.Érnla milina poja.fa4ja*iev>tj.o5oeót5e«y en fu pfentía:lpa ó DC5ír £ tabiéé fu pfentía.y oonoeobeluego aoelante.y no oe ójtrlfto bailáoo.y ctll rdrr.oóoeoi3e%terDídones:lpa be Ó5ír3n cap. ©tacones. í£nIapo.rvuj.ra.j.rdt'v).oonDebí5e temo añaoafeluego aoelauteinmeoiatey oíga. ¡En la mífma Ipoja.fa.íj.rdvíj.Dóoe Dije, Superonmes;añaoafe luego aoelantemmeotate elfmgulos. tzn laIp0ja.rrij.fa3. í j.re, íü j. oóoe Dije XKba 1 uta l Ipa oeauer luego aoelante paiw pipo o principio ó otro regló.J&ila Ipoja.rjdtíj.fa.j. rdítíj.Don/ De Dije 0ue fe pueoa:lee q fe pueoa. y eñl.v.rdoóoe Dije Sí allí felasíleeft aífi feles.áonla mífma enla fa5.ij.rdiij.060e Dije ¿Como leey como.línla Ipo.prvíj.fa.j.rdpvüitDooeDíje^el £erro:gótos iodos lee ólfcerro: ¿ios jodo*, jírnla íxuTviíj ía.),ré,tví).oo oíje&e eiuteoa bello lafefalua:lee po? parcrpé fis©ue te emiéoa oidpo la fe falúa .if .pij .oobe o\y tói el fe lee enelte.¿£nla miíma éla fa>í).ré.}.o6oeoí3e el ¿IfSiíleno oa;leeel miíterio ól Jo?oan.ré.pítf oóoe oíje tilo,ppaarora fpecíe:lee no pjopaa (pede futa.ré.itríp oonoe 013c ¿íqíte qi j>p£era afirma íer#gpt>eta;leeaq(!o £ masq,pp£e ra.¿cnel mífmo ré.oóoeobe ©emaoaoo lo lee ómanoaoo lo ♦ árnla Ipoja.rrv*fa54.aai i)*ré.oonoeoi3eoe la TRefurrectió;lee oe refur rectó.y fug fiuo.iEnla í)o|a.p:n.fe3ápré.ni.J2)onDeoí3ey E loa coloca.y enl ré.finaloonoe 0152 TLe penetraUee lo pene cra.frnia l;>o>a. rrp j. fia 5-i)* re.rf .v\p). oonoc y elmííoo la la Ipa5aña*y aUré.rpríf oonoe Dije no pe¿ qña:leeoía £no peqiía JEnla t>oía(rrru}.f03>jí,ré» poonoeoí3e Xe le perootio.íenía oe oije.Euel oíla tanlee enlo oílarar* Comprimióte elle XHbamial oe £Ioultos en la graduoao 5 jQfeenco po? máoaoo óios ifteueréoillimos Señores © btí pos óla imeua á:(paña £ a Tus erpelamen caía ó 'tjiú JCronu berger,£lño ól naamíéto ónueftro feñoJ3e^u jClpífto ó mili t quintetos 1 quaréta,£l .pipías ól mes o 1540] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 3 Cuya traducción castellana es esta: Si deseas, venerable sacerdote, aprender préviamente y con brevedad lo que ha de hacerse para bautizará cualquier indio: cuáles son los primeros rudimentos que deben enseñársele; lo que está obligado á saber el adulto desidioso, y lo que en to- das partes establecieron los padres primitivos, para que los adultos fueran recta- mente bautizados, no sea que el indezuelo ignorante y misérrimo desprecie gracia tan sublime: consulta, hojea, lee por entero y estima este libro. Nada hay menos oscuro, nada más claro, pues sencilla y doctamente acaba de ordenarle mi sabio y piadosísimo prelado D. Vasco de Quiroga; y si le vas considerando atentamente, punto por punto, nada más podrás necesitar. Ten á bien imponerte, por su orden, de todo lo que está mandado; y para que no des motivo, por ignorancia, á que se crea que abusas de las cosas sagradas, te conviene estar vigilante, y desechar la pe- reza, porque nunca el perezoso alcanzó nada. Y como solían decir los antiguos: difícil es todo lo grande. Pero basta, porque ya me preguntas, para qué me detengo tanto. Acabo, pues; haz lo que te ruego, y adiós. En la segunda página comienza la fe de erratas, con este título: “Errata quse parum atiento obrepsere Typographo: tam ea quae doctum lecto* rem offendere poterant, quam etiam quae ineruditum atque morosum. Adeo sunt illa quidem minutula.” Las dos primeras líneas de esa fe de erratas dicen así: “En la segunda faz de la primera hoja, en el renglón 12, donde dice quinto de este nombre, ha de decir quinto de este nombre, nuestro señor.” Por esto han creído algunos,1 que el libro tenía una dedicatoria al Emperador Carlos V. No soy de esa opinión, porque libros tales no se dedicaban al Empera- dor, y porque las palabras nuestro señor demuestran que no se hablaba con él. Ni vale decir que esas palabras pertenecían al título ó encabezamiento de la dedica- toria, porque no había de estar en la línea 12. Lo que sí se desprende de la correc- ción, es que el texto comenzaba á la vuelta de la portada. La fe de erratas prosigue hasta la mitad de la página siguiente, que es la tercera. A continuación, dejando dos líneas en blanco, viene el colofón en estos términos: Imprimióse este Manual de Adultos en la gran ciudad de México, por man- dado de los Reverendísimos Señores Obispos de la Nueva España, y á sus expen- sas, en casa de Juan Cromberger. Año del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo de mil y quinientos y cuarenta. A 13 dias del mes de Diciembre.” Recientemente, en carta de 16 de Enero de 1883, me comunicó de Madrid mi amigo D. José Sancho Rayón, copia fotolitográfica de dos páginas, 1* y 3*, de otras dos fojas que él juzga pertenecientes también al Manual de Adultos. La primera tiene por título: Síguese el tenor 5 la tmlla tre nro mug feto ípaulo tertío: üe que arriba en las reglas beíte íiflanual fe í)íto mecía. I Bibl. Amer. Vetustísima, Additions, pág. 129. 4 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1540 Es la conocida bula Altitudo divini consilii en que se concedieron grandes privi- legios á los indios. La anchura ó justificación de estas páginas es igual á la de las páginas conocidas del Manual: los caracteres idénticos; pero como estos se encuentran en todas las ediciones primitivas, no constituyen prueba de que esas hojas pertenezcan á aquel libro. Lo que parece indicarlo más, es la alusión que á él se hace en el título, y la congruencia del asunto. Las hojas llevan las signaturas g y g íjt el Sr. Sancho cree que son las primeras del pliego, el cual se completaba con las otras dos conocidas, y por eso estas últimas carecen de signatura: á lo menos, dice, ccnadie puede ase- gurar que sean (las primeras) medio pliego, y no dos hojas sueltas, y en cambio á estas se ve muy bien que les han cortado otras dos.” (Omitió el Sr. Sancho expre- sar una circunstancia importante: si el texto termina materia en la página, de suerte que enlace bien con los versos de Cabrera.) Algunas dificultades me ofrece esa opinión. En la fe de erratas hay corrección para casi todas las fojas del libro, y la última se refiere á la En aquellas edi- ciones los pliegos ó signaturas constaban ordinariamente de ocho fojas en á ex- cepción tal vez del último, cuando la materia no pedía más. Así que bien pudieran pertenecer las signaturas g, g íj al último pliego, que se completaba con las otras dos hojas; y quedarán 6 signaturas enteras, £l-f, que hacen 48 fojas: 52 en todo. Es extraño entonces que habiendo tantas erratas desde la foja F hasta la 36*, no se descubriera ninguna en las 16 restantes. No se puede decir que las 7 signaturas eran de á 4 fojas, como la última, porque en tal caso el libro no tendría más que 28, y en las erratas se menciona la 36. Todo esto no pasa de conjeturas, y por no alar- garlas más, sin esperanza de traerlas á certeza, sólo quiero añadir que el Sr. Sancho no me dice dónde existen esas nuevas hojas. Los versos latinos de Cabrera declaran que el Sr. D. Vasco de Quiroga ordenó este libro, y lo confirma el presbítero Pedro de Logroño, en una curiosa carta que dirigió al rey, desde las Minas de Zacatecas, á 10 de Febrero de 1567. Dice en ella: “ Hize, yo el primero y no otro, el Manual de los Adultos -para bautizar, por orden y nota del obispo de Mechuacan.” 1 La existencia del Manual, y aun su fecha, eran conocidas antes del hallazgo de estas dos hojas. Betancurt, en la Parte Cuarta, trat. I, cap. 4, n° 13 de su Teatro Mexicano, había dicho: “Hicieron trasladar una “forma de bautizar breve, que estaba en un Manual Romano antiguo, que después “se imprimió el año de 540, por mandado del Illmo. Sr. Zumárraga.” Además de las hojas descritas, se conoce, hace mucho tiempo, una parte del texto mismo del Manual de Adultos. En un antiguo y raro libro intitulado: Itinerarium Catholicum proficiscentium ad infideles convertendos, Fratre Ioanne Focher, minorita, auto- re. surnma cura et diligentia auctum, expurgatum, limatum, ac pr¿elo mandatumy per firatrem Didacum Valadesium, ejusdem institutiy ac provintia Sancti Evangelii in Nova Hispania professorem. (Hispali, 1574, 8?),2se encuentra la forma de administrar el 1 Cartas de Indias, pág. 251. 2 Este pequeño libro (del cual tengo un buen ejemplar) es tan raro, que el del Sr. D. J. F. Rami- rez, maltratado, alcanzó en Londres (n? 326) el precio de £ 12.10 — $ 62.50, y el librero Quaritch le anunció después en venta por £ 15 = $ 75. 1540] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 5 bautismo, sacada de aquel Manual, con esta nota al fin: “Hunc ordinem Baptismi tradidit Archiepiscopus ille sanctus Mexici ministris, scilicet de £umarraga, et sic usque in hodiernum diem ab ómnibus servatur, et postea ab aliis Archiepiscopis et Episcopis jussum est servari, paucis admodum vel nihil mutatis.” Este mis- mo texto se encuentra, con algunas variantes, en el Códice franciscano, nombre que doy á un volumen en folio, manuscrito, compuesto enteramente de documentos relativos á la orden franciscana.1 Hay en él una relación del orden que los frailes franciscos tenían en la administración de los sacramentos á los indios; y tratando del bautismo, se dice que el arzobispo de México y los obispos sus sufragáneos tenían hecho un Manual particular y propio para la administración de este sacra- mento y de los demás;2 pero que por su prolijidad sólo servía para los españoles, “que eran pocos,” y no para los indios, “que eran muchos,” de manera que para el bautismo de estos, y aun de los niños españoles, “usamos (dice el escritor) de un Manual breve romano antiguo que acá se halló en un Manual romano impreso en Venecia, y después se imprimió aquí en México, por mandado del obispo de buena memoria D. Fr. Juan de Zumárraga. El Manual breve por donde digo que baptizamos, es este que se sigue, sacado á la letra del impreso aquí en México.” Copia luego la forma de administrar el bautismo, y concluye con esta nota: “ Hunc ordinem Baptismi tradidit Episcopus Mexici ministris. Anno Domini. 1540.” Debemos estar al texto del manuscrito, que se dice copiado del impreso al pie de la letra. El P. Valadés compendió discrecionalmente en el Itinerarium el texto de las rúbricas, ampliando el de unas pocas, é intercaló en el cuerpo del Ritual las ben- diciones de la sal y del agua, que el manuscrito coloca al fin. Cristóbal Cabrera, autor de los versos latinos, era natural de Burgos, y vecino de Medina de Rioseco. Vino muy joven á México, y en 1535 figura ya como no- tario apostólico, certificando un testimonio de la erección de la Iglesia de México. Después de residir aquí unos doce años, volvió á Europa, y hasta su muerte per- maneció en Roma, donde dejó memoria suya con la fundación de un hospital para mujeres, en especial españolas peregrinas. D. Nicolás Antonio trae un largo catá- logo de las obras manuscritas de Cabrera, que se conservaban en el Vaticano. Im- presas hay, entre otras, las siguientes: Meditatiuncul¿e. Valladolid, 1548, en 4° Habla en ellas de su residencia en México. Flores de consolación, dirigidas á la muy ilustre y muy generosa Señora, la Señora Di Jua- na de Zúñiga, Marquesa del Valle. Valladolid, 1550, en 8° En la dedicatoria se ve que el libro, escrito en latín y sin nombre de autor, fué enviado por el obispo de México á la Sra. Marquesa, segunda mujer de Hernán Cortés, y que ella le mandó traducir á un individuo residente en la Nueva España, quien fechó la dedicatoria i Tengo copia sacada por mí del original que me franqueó el Sr. Lie. D. A. Chavero. Contiene, por principio, la interesantísima respuesta que los frailes dieron en 1570 á una cédula real en que se les pedían informes sobre diversos puntos. Siguen después varias cartas inéditas y muy importantes de Fr. Gerónimo de Mendieta, y otros documentos. Vide infra n? 12. 2 Esta indicación se refiere, sin duda, á alguno de los dos Manuales, publicados en 1 560 y 1568, descritos adelante con los n?f 38 y 56. 6 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [I54I en Cuernavaca á 25 de Mayo. Parece que este libro es traducción de las Medita- tiuncul#, con aumentos. Beristain no hace mención de Cabrera. Es digno de leerse el artículo que le de- dica D. Nicolás Antonio, Bibl. Hisp. Nova, tom. I, pág. 238. Véanse además Bibl. Amer. Vetusta Add., págs. 110, 129, 163, 171; Gallardo, Ensayo de una Bibl. de li- bros raros, tom. II, col. 164. 1541 3. Melacíoit Ól efpatafile terremoto q agora inicuamente íja acontecido en la cíódad ó <£uatímala: es cofa de grade admiración g de grade eremplo para q todos nos emendemos d nueítros pecados g citemos aprefcíuídos para quado ©ios fuere feruído de nos llamar. Al fin: jfue ímprelfa en la gra cíddad d áüfleríco rn cafa de Eua (Eromderger año d mili g quintetos g quareta g dito. 4 fojas en 4?, letra gótica. (Noticia comunicada de Madrid por el Sr. D. Francisco González de Vera.) El terremoto á que esta relación se refiere es el ocurrido la noche del 10 al 11 de Septiembre de 1541, en que perecieron muchas personas, entre ellas Bea- triz de la Cueva, viuda del adelantado D. Pedro de Alvarado. La misma relación se imprimió en España, sin lugar ni año, también en 4 fojas en 4°, que últimamente ha reproducido en fotolitografía el Sr. D. José Sancho Ra- yón, de Madrid, quien tuvo la bondad de regalarme un ejemplar. *543 4. Doctrina breve, muy provechosa, de las cosas que perte- necen á la fe católica y á nuestra cristiandad, en estilo llano, para común inteligencia. Compuesta por el Rmo. Sr. D. Fr. Juan Zumárraga, primer obispo de México, del Consejo de S. M. Impresa en la misma ciudad de México por su manda- do y á su costa. Año de 1543. (Véase la fotolitografía.) En 4°, letra gótica, i íneas enteras, á 34 en las páginas llenas; sin folios ni re- clamos; signaturas a-ív de á 8 ff., y l de 4; por todo 84 ff. No hay más prelimi- nares que un breve prólogo, que ocupa la vuelta de la portada y la página si- guiente. ' 2?oírüia b:eucmu^(P' ucctofa Ddascoíasíi gime* ccn a la fe carbólica y a nía crí ftíandad rneíNIollanogaco* tnftfnreH$&:ía.£ópueíUpo! d.TftcuercdííTimo 0 t>5 frav 3ná$umarragapi»rnerobpo tíZtcríco &dcófaot$funtt tnífmacíu' dad d XPeríco roz fu mádad0 , r a fu collfl.aúob ZD.odú. j tripartito Del CI?Jíiliam!íímo y coníolato/ rio Docto: uan Doctrina Cfcriftíana taquaP quiera muv ,puecl?ofa. £Ya' du5idoDeíatin en legua Caí. tellana para el bié D mud?oo mptelTo en tico x en cafa oe 3íuan cronv berger»Tf>o:inádado y a coP tat>d.lR.25.obífpo oda mef ma ciudad raga.lRcuílto y eramtnado po: fu mandado, año De.zi&.D.jrtiíi!. 1543] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 7 El colofón está en el frente de la foja de la signatura 1, última del libro (vuel- ta blanca), y dice así: TI E pra g alabanza tre nra Mar 3Fefu rpa g be la glia fa bírge fancta piaría fu mabre: ag fe acaba el prefen= te trataba. <&\ gual fue bífta g examinaba g earregí ba par ntábaba bl. 1&. g. Ba frag jfuan juntar raga: primer 0bífpa be plexíca: g bel eafeja b fu plageftab. re. ímpmíafe eñfta grá eíu bab b £enucíjtítla pleríca befta nueua ©fpaña: en cafa be $ua craberger par mábaba bl mífma feñar abpa 23a frag $ua (Eumarraga g a f u eafta Eraba fe be imprimir a. xíüj bías bel mes be $unía: bel aña be. pl. b. guare ta g gtra añas. (El ejemplar descrito está en mi poder. Esta Doctrina, con ser de las más antiguas, no es excesiva- mente rara: habré visto siete ú ocho ejemplares de ella, y se conocen varios en colecciones extranjeras. Sin embargo, el que perteneció á la rica librería del Sr. D. José Ma Andrade [n? 2369] fué vendido en Leipsic el año de 1869, en 805 tbalers [algo más de $ 600].— El de D. José F. Ramírez [Londres, 1880, n? 928] se vendió [con el n? 7] en £ 84 = $ 420.) 1544 5. Tripartito del cristianísimo y consolatorio Doctor Juan Gersón, de Doctrina cristiana, á cualquiera muy provechosa. Traducido de latín en lengua castellana, para el bien de mu- chos necesario. Impreso en México, en casa de Juan Crom- berger. Por mandado y á costa del R. S. Obispo de la mesma ciudad, Fr. Juan Zumárraga. Revisto y examinado por su mandado. Año de 1544. (Véanse las fotolitografías.) En 4°, letra gótica, signaturas a Ó C, de 8 ff. y tí de 4; total 28 ff., sin foliatu- ra ni reclamos. La vuelta de la portada está ocupada con un grabado que representa á Nuestra Señora dando la casulla á S. Ildefonso. Arriba se lee, en gruesas letras góticas: Ebe ííflatta gratía, y abajo, de la misma letra: pinta bOUtínUS tCCU. Es el gra- 8 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [I544 bado más antiguo (composición de figuras) que se encuentra en los libros impre- sos en México, hasta ahora conocidos, y por eso doy su facsímile en fotolitografía. El colofón, á la vuelta de la última hoja, dice así: fe ei Criptirtito be Jhtan gerfon: a gloría p loor He la fanctíflima tríníHaH: p H la facratíífíma bírge fanrta íElaría repna H los an= geles. ¥ He los gloríofttfimos fant Juan Baptífta: ¥ fant Jofepf). ¥ fant ti gual fe íntprí= mío en la gra eíuHaH H tenueljtítlan JEtexíeo He fta nueua tfpaña en eafa He Jua erbberger g Híos apa. Eeabofe He imprimir. Eño He. M* H. rUííj. (El ejemplar descrito está en mi poder. El de la Biblioteca Andrade [n? 2477] se vendió en 300 tha- lers ó sean $ 225.— Catálogo Ramirez [n? 365], £ 54 — $ 270.) Dióse á esta obra el nombre de Tripartito, porque está dividida en tres partes. La primera es una explicación de los mandamientos, siendo de notar, que el 6? y 7? están trocados: la segunda trata del examen de conciencia y confesión: la ter- cera, del ayudar á bien morir. Para la edición mexicana sirvió indudablemente de original esta otra. Tí tripartito He Euá ger= || fon H Hotrína eríftíana a gualguíer eatijoííeo || mup protteeljofo p necesario. íiueuamente || por el Haejíller Enatt He |Elo= lina traHutíHo, p nueuamete rebífto por tnncijos Hotores.H JEl.33.rrb}. En 4?, letra gótíea: título dentro de un pórtico, y con un grabado que repre- senta un doctor en la cátedra, enseñando á muchos oyentes: á la vuelta otro graba- do de la Virgen, cobijando con su manto á muchos santos. 29 ff. sin foliar. Al fin: Tí&cabo fe el tripartito 51| Jua gerfon: a gloría r loor lie la fantífíima tríníHaH: || He la faeratífiütma repita He los angeles. los glo= || ríoMimos Cantos: Uaptífta: Ríanlo r || Empreño en toleHo: en eafa He dentón He letras. || Eeabofe a. rb. Hías Hel mes He Setiembre. Mo He || Jftíl. H. xrbj. Las dos ediciones se corresponden página por página, y casi línea á línea. Los caracteres son los mismos. La española tiene de más una foja con un prólogo del traductor, dirigido al Dr. Andrés de Palacio, Inquisidor de Valencia. Juan Gersón, canciller de la Universidad de Paris, floreció en los siglos XIV y XV (1363-1429). Escribió diversos tratados, y muchos le atribuyen el famoso libro de la Imitación de Cristo, que entre nosotros corre exclusivamente con el nom- bre de Kempis. Jíue^ariagrana plena Dominas tectn !544] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 9 *544 6. H 0fíe es bn ebpebío breue que íracía 33 la manera be como fe Ija be pfer las jpeelfío nes: eompuefío por ©tontito Iftíeljel eartu xano: q efía e latí e la pntera píe b fus peíofos opufeulos: romattfabo pa eomü bíílíbab. No hay portada, sino que este título, de ÍCÍra gÓÍÍCa, se halla al principio de la primera foja, y sigue inmediatamente el Prólogo. En 4?, leíra gÓÍÍCa, líneas enteras, á 34 por página. No hay folios ni reclamos: signaturas a de 8 íf. y b de 4: total 11 ff. En la vuelta de la última, el colofón: 1f & pra g gloría be ufo feñor Jeüt xpo g b la bírge fría ría fu mabre: aquí fe aeaba efíe breue ebpenbío/que íracía be la manera que fe ija be íener en el p{er be las IJroeefftones. 01 qual fe imprimió en efía gran eíubab b 0enue|)ííilan iWeríeo befía nueua 0fpaña por mattbabo bel mug reuerebo feñor bon jFrag Juá fumarraga: pmer ®bífpo be la mífnta eíubab. ©el cbfejo be fu magefíab. re. g a fu cofia. 0n rafa be Juan cromber ger. Eño be. (El ejemplar descrito está en mi poder. El de la Biblioteca Andrade [n? 2667], se vendió en 340 tha- lers = $ 255.— Catálogo Ramirez [n? 741], £ 41 = $ zio.) circa !544 7. Otra edición del mismo tratado. El título es exactamente igual, así como el tamaño en 4? y los caracteres; pero tiene 16 ff. en vez de 12. En el frente de la última, al pié, está el colofón, en cuatro líneas de letra gótica pequeña: la vuelta es blanca. C Sq fe acaba cite breuc c5p¿bío be 3Dvon?fio cartujano: c5 la abícion be los argumStos c5 fus refpueftas. -re. q tracta be lo 3 es mábabo p rebabo e las ,p cefflSes: l efpecial S la ¡5 £orpus j:pí: por cuya caufa fe romaneo. 3mpfla S me*í co por mábabo bl 0. obpo b5 fra? 3uá cumarraga: í cafa b 3ná cráberger. (El ejemplar descrito pertenecía al Sr. D. José F. Ramirez: fué vendido en £ 23.10 = $ 117.50. El de la Biblioteca Andrade [n? 2666] se vendió en 400 thalers = $ 300.) E1 opúsculo consta de dos partes: la primera es la traducción del tratado de Dionisio Rickel; y en esta hay conformidad entre ambas ediciones, salvo ligeras variantes. La segunda parte, escrita en México por el Sr. Zumárraga, contiene “Unos ar- gumentos con sus respuestas, que algunos hacen contra la sobredicha doctrina, tan sólida, tan bien fundada, y tan cristiana, del Dionisio Cartujano:” y aquí está la di- BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XFI. [•544 ferencia entre las ediciones, porque la presente es más copiosa, empezando por el título, en el cual se añaden las palabras tan sólida, tan bien fundada, y al fin de las respuestas hay otra exhortación con nuevas razones. El autor del primer opúsculo es llamado Rickel, por el lugar de su nacimiento, cerca de Lieja; y Cartujano, por haber tomado el hábito en la cartuja de Bethlehem, en Ruremonda. También le dicen el Doctor ascético, por sus profundas meditacio- nes; mas parece que su apellido era de Leewis. Escribió muchos tratados latinos, y murió con fama de santidad el 12 de Marzo de 1471. IS44 8. Doctrina cristiana para instrucción é información de los indios, por manera de historia. Compuesta por el M. R. P. Fr. Pedro de Córdoba, de buena memoria, primero fundador de la orden de los Predicadores en las islas del Mar Océano, y por otros religiosos doctos de la misma orden. La cual Doc- trina fué vista y examinada y aprobada por el M. R. Sr. el Lie. Tello de Sandoval, Inquisidor y Visitador en esta Nueva España por S. M. La cual fué impresa en México por man- dado del M. R. S. D. Fr.Juan Zumárraga, primer obispo de esta ciudad: del Consejo de S. M. &c., y á su costa. Año de 1544. Con privilegio de su Sacra, Cesárea, Católica Majestad. (Véase la fotolitografía.) En 4?, letra gótica, sin folios ni reclamos. Signaturas a-C de 8 ff., y t de 6: total 30 ff., líneas enteras á 34 por página. Ocupa la vuelta de la última foja el colofón, en 29 líneas, y dice así: H ñ pra g gloría tr uurftro Mor Jtfu djrífto 8 tr fu tcntL ta matre/aquí fe acata la prefente doctrina que los paíires t la ortren te faneto Dominga en principio no intratas ortenaro pa el eateeífmo r ínftruceíon te los íntíos/alfí como ta por to te pftoría: para que mas fácilmente puetan eompreljeter: enteter o retener en la memoria las cofas t nueftra fetá fe. ¥ ta mas teelarata 8 r algunas cofas añatita por los mup reuere tos patres el 0tpo t meríeo 8 fras Contigo t tetafos. ¥ ti fta 8 aprouata por el ntup reuereto 8 tnus magnifico feñor el Eíeeeíato ®ella t gataual ínqfitar general r e ©otrínarpíanapa; ínrtrucion -zínfomiació beloemdi> os: po: manera be byftoaa. £onv puerta po: el muy reuerendo padre fray *í>edrobe £o:doua :be buena memoria :p:ímcrofunbabo:t>lao: benbeloo ifMetncabcnes cías yflas bel mar O ceano:y po: otro? relígio fosboctoa blamíímaotoé.Xa ql borrina fue vifta y crammabaya.p uada po: e) muy* IR. 35. el Ucccu* bo X'cllobe íBádoual Jlnquífibo: yQiíitabo:en erta nueua J0pana po: fu akageftab* Xa qual fueenv p:eflaenacerico po: manbabo bel muy .IR*®, bó fray 3[uá sumarra* gapmerobifpobeftaciubab: bclcó fe/o be f u a&ageftab. ?c. y a fu corta* b añobe.aft.b.rltítf. _j fL 8 pjeuíleaío oe 1544] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 11 eftas partes. Empreffa en la grande g mas leal ciudad de Mt- rico: en caía tic Juan cromdcrgcr: que Cañeta gloría aga a cofia del dícljo feñor odpo. (51 qual pide g ruega tnueljo a los padres relígíofos q entíeden en la ínítruecío g eonuerfíon de los indios: ante todas cofas gatprimer opo De ¿)l£>enco,©el colejo oe fu ¿teageñao^c, 1546] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 13 r546 10. Doctrina xpiana breue traduzida en lengua Mexicana, por el pe frai Alonfo de Molina de la Orden de los menores, y examinada por el Rdo pe loan Canónigo de la ygl’ia Cathedral, de la de México, por mandado del Rmo. Sor don fray Ioá de Qumarraga, obpo de la dha el qual la hizo imprimir en el año de 1546. a 20 de Iunio. Sabíase que Fr. Alonso de Molina había escrito Doctrina mayor y menor en len- gua mexicana, pues lo dice expresamente el P. Mendieta en su Historia Eclesiástica Indiana, libro IV, cap. 44; y la noticia corre impresa hace mucho tiempo, por ha- berla incorporado textualmente el P. Torquemada en el cap. 33, lib. XIX de su Monarquía Indiana. Igual cosa se dice en la obra del Illmo. Gonzaga, De Origine Seraphic# Religionisy parte IV, pág. 1242. En el colofón de la Doctrina castellana y mexicana de 1548 (n9 15) se menciona con bastante claridad la edición de la Doctrina breve hecha en 1546, aunque no se expresa el nombre del autor. “Y por- gue en la congregación que los señores obispos tuvieron, se ordenó que se hi- ciesen dos Doctrinas, una breve y otra larga; y la breve es la que el año de 1546 “se imprimió, manda su señoría reverendísima que la otra grande puede ser esta, “para declaración de la otra pequeña.” Tal indicación no puede referirse á la Doc- trina de 1546, ya conocida (V. el n9 siguiente), porque está solamente en castella- no, y aquí se trata evidentemente de una en castellano y mexicano, como la de los dominicos, con la cual formaba pareja. Hasta D. Nicolás Antonio, poco versado en libros de América (Bibl. Hisp. Nova, tom. I, pág. 37), había conocido la edición, pues entre los escritos del P. Molina pone el siguiente: “Catecismo mayor y menor. “Si hic idem est cum Doctrina Christiana, Mexici lingua edita h¿ec fuit Mexici pri- “mum 1546. deinde 1606, 4.” En fin, el propio P. Molina, en la dedicatoria de su Artey 1571 (n9 58), asegura que tenía impresa una Doctrina cristiana; referencia que no puede aplicarse á la de 1578 (n977), por haberse publicado después. A pesar de todo esto, y de que existen, por lo menos, cuatro ediciones posterio- res de la Doctrina breve (sin contar la de 1606, mencionada por Antonio, que no he visto, ni hallo citada en otra parte), no puso Beristain tal Doctrina menor entre los escritos del P. Molina, sino únicamente la mexicana de 1578, de que en su lu- gar se hablará. El conocimiento cierto de la edición de 1546, y aun de su texto, se debe al hallazgo de un antiguo códice, cuya historia referiré en breves palabras. El 23 de Enero de 1569 avisó el rey al arzobispo de México D. Fr. Alonso de Montúfar, que para la visita que el Lie. Juan de Ovando hacía al Consejo de las Indias eran necesarias ciertas averiguaciones, y le encargó que las hiciera, acompa- ñándole, al efecto, una nómina de los puntos que debían comprender. Uno de ellos [1546 14 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. era que se enviase “copia del catecismo de la doctrina cristiana que se enseña.” El señor arzobispo se apresuró á cumplir con la comisión del rey, principiando por pedir á las órdenes religiosas las noticias correspondientes á los pueblos que administraban. Mas ellas se excusaron de darlas, diciendo que tenian cédulas rea- les en que se les pedían directamente, con lo cual el arzobispo hubo de limitarse á informar de lo que tenía á su cargo. Respecto á la copia del catecismo sólo dijo que la enviaba, sin expresar si era impresa ó manuscrita, ni de qué autor. Muchos años hace que adquirí la respuesta original del Sr. Montúfar, manuscrito de 201 fojas en folio; pero de las respuestas de los frailes, únicamente vinieron entonces á mis manos las de unos cuantos priores agustinos. En Abril de 1875 me comunicó el Sr. D. Alfredo Chavero un precioso códice1 que fué del Sr. D. J. F. Ramirez, y apenas le hube hojeado, encontré que comen- zaba precisamente por la respuesta de los franciscanos á aquella real cédula: do- cumento lleno de noticias interesantes, como que esa orden era la más antigua y más extendida de todas. Por fortuna los padres no se contentaron con avisar, co- mo el arzobispo, el envío de la copia del catecismo, sino que la incorporaron en su relación, poniéndole un exordio que dice así: “Copia y relación del Catecismo de la Doctrina cristiana que se enseña á los in- dios desta Nueva España, y el orden que los religiosos desta provincia tienen en “los enseñar. “Es de saber que muchas maneras de Doctrina se han compuesto ya en esta “tierra en las lenguas de los naturales, mayormente en la lengua mexicana, que es “la general, así Doctrinas menores 6 breves, por donde se enseñan los niños, como “otras mayores en que por extenso puedan entender los adultos y más hábiles las “cosas de nuestra fe. De las menores, que se llaman doctrinas cristianas, de que “aquí se pide copia, andan impresas cuatro 6 cinco maneras, las cuales contienen una “misma cosa en sustancia y sentencia, aunque tienen alguna diversidad en el mo- “do del proceder, y diferencia de vocablos, y alguna dellas más particularidades “que otras; y á razón había de haber una sola Doctrina entre esta gente, porque “adonde quiera que fuesen hallasen esta conformidad, y no se excusase alguno, “cuando le preguntan en otra parte donde se muda la Doctrina, con decir que no “se enseña así en su aldea. La mejor destas Doctrinas, y más acertada en buena “lengua, y en lo demás, tengo entendido que es una que compuso el P. Fr. Alonso “de Molina,y ahora segunda vez la quiere imprimir en la lengua mexicana, y vuelta “en el romance que le corresponde, en la oposita columna. Y digo que será la “mejor, porque este religioso es la mejor lengua mexicana que hay en la Nueva “España entre españoles, sin hacer agravio á nadie, y ha tenido mucho uso de com- poner tratados y cosas útiles en la dicha lengua. Y pues se pide la copia de la “Doctrina cristiana, ponerse ha esta aquí en la lengua de los indios, con su roman- “ce, y es la que se sigue.” i Es el que cito con el nombre de Códice fran- n? 729) en £90 = $450. Afortunadamente había ciscano. Se vendió en Londres (Catálogo Ramírez, yo tomado, de propia mano, copia íntegra de él. 1546] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. Pone luego el texto de la obra en ambas lenguas. En una advertencia que lleva al fin se dice que “se queda imprimiendo por segunda vez” y debió acabarse en 1571, porque tanto la licencia como el privilegio del Vocabulario de dicho año (n9 60) comprenden también una Doctrina cristiana breve. Este documento nos da, pues, la certeza de dos ediciones del siglo XVI, que han desaparecido por completo, como tantas otras. Precede á la obra el siguiente exordio en las dos lenguas: “Aquí comienza un enseñamiento que se llama Doctrina cristiana, la cual han de “aprender todos los niños y mancebos hijos de los naturales desta Nueva España; “donde se tratan las cosas muy necesarias de aprender y saber y de poner por obra “á los cristianos para se salvar, y para que sepan responder cuando en alguna parte “les fuere preguntado algo acerca de la cristiandad; y para que esta Doctrina lle- “gue á todas partes y se sepa de todos, es necesario que se vuelva en las demas len- “guas, conviene á saber, en la lengua de Mechoacan, y en la de los otomíes, &c. “Y manda el Sr. Obispo D. Fr. Juan de Zumárraga á los que enseñan en todas “partes, y muestran á leer y escribir, que primero enseñen esta Doctrina, de ma- “nera que todos la sepan de coro, antes que entiendan en aprender lo demás. La “cual Doctrina agora nuevamente se ha impreso aquí en México, por mandado de “dicho Sr. Obispo D. Fr. Juan de Zumárraga.” La palabra nuevamente podría ha- cer creer que existía una edición anterior; mas no es así. El padre autor del in- forme dice bien claro, que en 1570 se quedaba imprimiendo por segunda vez. Nue- vamente debe tomarse aquí por últimamente, poco há (nuper); y es la acepción recta del adverbio. Los capítulos que comprende la obra son: El Per signum Crucis; el Credo; el Pater noster; el Ave María; la Salve Regina; otro exordio sin título; los catorce artículos de la fe; los mandamientos de Dios; los de la Iglesia; los sacramentos; declaración del pecado venial; declaración del pecado mortal; los pecados morta- les; las virtudes teologales y cardinales; las obras de misericordia; los dones del Espíritu Santo; los sentidos corporales; las potencias del alma; los enemigos del al- ma; las ocho bienaventuranzas; los dotes del cuerpo glorificado; á qué son obli- gados los padrinos; las preguntas que se han de hacer á los adultos cuando se baptizan; amonestación breve para los que se acaban de baptizar; la bendición de la mesa; hacimiento de gracias después de comer. Hé aquí ahora los títulos de las cuatro reimpresiones de que antes hablé. Las tres primeras estaban en la biblioteca del Sr. D. José F. Ramirez, y la última está en mi poder. Todas son en 89, y de 16 ff. sin numerar. “Doctrina Christiana y Cathecismo en Lengua Mexicana: Nueuamente Emen- dada, Dispuesta y Añadida; para el vso y de los Naturales. Compuesta Por el R. P. Fr. Alonso De Molina, de la Orden del Glorioso Padre San Francisco. Año de 1675. Con licencia. En México, Por la Viuda de Bernardo Calderón.” “Doctrina Christiana y Cathecismo, en Lengua Mexicana. Compuesta por el P. Fr. Alonso de Molina, de la Orden del Glorioso Padre San Francisco. Corre- gida ahora nueuamente por el R. P. Lector Fr. Manuel Perez, Cathedratico de 16 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XI'I. [1546 Lengua Mexicana en esta Real Vniversidad, del orden de San Agustín. Para la buena enseñaba de los Naturales. Año de 1718. Con licencia. En México, por Francisco de Ribera Calderón.” “Doctrina Christiana y Cathecismo en Lengua Mexicana. Compuesto por el P. Fr. Alonso de Molina, de la Orden del Glorioso y Seraphico Padre San Fran- cisco. Corregida fielmente por su original. Año de 1732. Reimpresa en México: Por la Viuda de Francisco de Ribera Calderón, en la calle de San Agustín.” “DOCTRINA|| CHRISTIANA|| Y CATHECISMO|| En Lengua Mexi- cana. || COMPUESTA || POR EL P. Fr. ALONSO DE || MOLINA, de la Orden del || Gloriofo Seraphico Padre \\ SAN FRANCISCO. || Corregida fielméte, por SU original. || Año de (el escudo de los dos brazos en la cruz) 1735*11 REIMPRESSA EN MEXICO: || Por la Viuda de Francifco de Rivera,|| Calderón en la Calle de S. Auguftin. || ” Portada dentro de una orla. Estas cuatro reimpresiones no contienen más que el texto mexicano. Pero com- parando la de 1735 (única que ahora tengo á la vista) con la parte mexicana de la de 1546, se notan grandes diferencias en la redacción y en el orden de los capítulos, así como la omisión de algunas cosas y añadidura de otras. Es, por lo mismo, evi- dente, que para esa edición de 1735 no sirvió de original la de 1546. ¿Cuál fué, pues, ese original á que se dicen fielmente ajustadas las de 1732 y 1735? ¿Sería la parte mexicana de la de 1571, en que el autor haría enmiendas? Esto no podría saberse, sino hallando un ejemplar de aquella edición; pero lo dudo mucho, y me inclino á creer que las alteraciones son obra de manos posteriores, porque en las cuatro ediciones se expresa que están nuevamente enmendadas y corregidas; y en la de 1718, hasta aparece el nombre del corrector. El original á que se refieren las dos últimas podrá muy bien ser el texto corregido por el P. Pérez, quien, acaso con el piadoso fin de aprovechar más á los indios de su tiempo, trasformaría el lenguaje castizo del P. Molina, en el corrompido que corría casi dos siglos después. !546 11. In Ecclesia volo quinqué verba sensu meo loqui, ut alios instruam. Paulus, I Cor. 14 cap. Doctrina Cristiana más cierta y verdadera para gente sin erudición y letras, en que se contiene el catecismo é informa- ción para indios, con todo lo principal y necesario que el cris- tiano debe saber y obrar. Impresa en México, por mandado del Rmo. Sr. D. Fr. Juan Zumárraga, primer Obispo de México. (Véase la fotolitografía.) 3« eccWa volo «Jnqver baíenfumeo loquuvt aüoatnftruaj. '(fb aut» £>meco?.):iuj. capíte. ! Boctrmacríltía= natinas cierta y voat>cra ga géte fin eruoi do y lerrasten q fecótíeneclcatecíímo oín foimacióga ínoíos có tooolo p:iudpaly neceíTarío q d rpiano ocue faber y obtar. en Xlfeerico po? máoaoo Del IReueréoíflimo fe* ño? Wo iras 3u«w £uttiaiT2ga:p»iiier © bpo oe íl^qctco. 1546] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. En 4°, letra gótica; signaturas a-U de 8 ff., menos tfc, que es de 4; en todo 100 ff, sin folios ni reclamos; 34 líneas por página. A la vuelta de la portada comienza el texto, por el sumario de la obra. Al fin de la última foja del pliego ñ, ó sea la 76*, hay un colofón: fñ gloria t) alabitf a be bioo neo fe ñor i) tre fu bentríta matrre fue ímprefa efta tractrína eatíjalíea en meríea par matratra trel reueretrílfíma feñar tran frag jgua fu marraga primera abífpa tre la mífma eíutratr: pa btílítratr ea mun. tre las íntrías: parque par ella fean catljetífa tras las que fe abíere tre baptizar: g enfeñatras las baptizabas. En la primera página de la signatura l comienza el a las amatTOS hermanas leetares rpíanas en el fuplementa a atrícíanes trel eatijecífma/que quiere treeir/enfeñamíenta trel eríftíana. Esta segunda parte consta de 24 ff., y en la última no hay más que el siguiente colofón: €T gloria be Jlcfu cbrifto t) be fu beitbi ta matrre: aquí fe acaba la añctrítro al catíjecífmo por troctrína mas fácil para las muías menas enten trinas g mas rutros/g negras. <$l qual fue ímprelfa en la mug leal g gran eíutratr tic IHeríca par mantratra Ul reue= rentrílfíma feñar ira frag Juan fumarraga: primer abífpa U ibérica 3Del cafeja U fu J&aíeítatr. re. acaba fe U imprimir e fin M añaUmílrquíníe tas g ta g fegs añas. (El ejemplar descrito pertenecía al Sr. D. José F. Ramirez. Vendido en Londres [n? 929] en £ 52 = $ 260.) Que esta Doctrina de 1546 se compone de dos obras distintas, ó mejor dicho de una obra completa y de un apéndice impreso posteriormente, es cosa que salta á Ja vista de cualquiera que examine un ejemplar. Todos los cuadernos de la primera parte, desde a hasta í, constan de 8 fojas, y sólo tiene 4. En la última página de este se halla el primer colofón, y la llena de tal modo, que no queda espacio ni para una letra más. Si la edición de 1546 formara un solo cuerpo, ¿á qué ese cua- derno de 4 fojas entre los demás de 8 ? ¿á qué ese colofón en medio del libro, cosa que no se ve en ninguna otra de las ediciones compañeras? Tal como se halla la [1546 18 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. Doctrina de 1546, si se quitasen á un ejemplar las adiciones, parecería muy com- pleto á quien no hubiese visto otro. Fijándome en todas estas circunstancias, y deseoso de aclarar una sospecha que me ocurría, escribí á mi amigo y compañero el Sr. Tamayo y Baus, para rogarle que me proporcionara copia de la Doctrina sin fecha (n9 9), que debía estar en la Biblioteca provincial de Toledo. Contestóme el Sr. Tamayo (8 de Junio de 1877), que efectivamente allí se había descubierto; pero que después se habia traído á Ma- drid y nadie sabía dónde paraba. Esta sensible pérdida me deja reducido á meras conjeturas respecto á la sospecha de que antes hablé, y que consiste en que la pri- mera parte de esta Doctrina de 1546 no es otra cosa que la Doctrina sin fecha con nueva portada. Los fundamentos que hay para creerlo así son estos: De la comparación de las portadas resulta, como ya dijimos, que la Doctrina sin año se imprimió muy poco antes que la de 1546. Sentado esto, que es indudable, pasemos á otras comparaciones. Setenta y seis fojas en 49, Icttft gótica, á 34 líneas por plana, sin folios ni reclamos, signaturas tiene la Doctrina sin fecha, según la descripción de La Imprenta en America, y estas señas convienen, sin discrepar un punto, á la Doctrina de 1546. En la citada descripción se añade, que la obra cons- ta de “portada, prólogo, texto (en 25 capítulos) y colofón.” Una sola diferencia se nota aquí: que el ejemplar de 1546 tiene 52 capítulos en vez de 25; pero ya se echa de ver cuán fácil fué cambiar de lugar los números al hacer la descripción ó al imprimirla. Tan cierto es esto, que la Bibliotheca Americana Vetustissima (Addi- tions, n9 125) pone, con letra, fifty-two chapters, y no 25. Los colofones son abso- lutamente idénticos, hasta en divisiones de líneas y abreviaturas. Más: al darme el Sr. Zarco del Valle la primera noticia de la edición sin fecha me copia este pasaje, expresando que se halla en la foja f üj vuelta: “No quiero que por agora galle- mos mas tiépo en ello: d tal materia limpia y caitamente cóuiene tratar: fin me- ternos en otras torpedades de q muchos hazé muy grandes y muy largas platicas.” Pues bien: en la misma plana de la edición de 1546 está el mismo pasaje, y con las mismas abreviaturas. Creo que lo dicho será suficiente para que el lector crea conmigo que la Doctrina de 1546 no es más que la Doctrina sin año, mudado el frontis, y con un agregado de 24 páginas. Ahora, para proceder de buena fe, debo señalar una discrepancia entre ambas ediciones. El Sr. Zarco del Valle me cita otro pasaje del prólogo (edición sin fe- cha): “La obligación que los pastores de la Iglesia tienen de proveer del pasto sa- ludable á sus ovejas,” y tales palabras no se encuentran textualmente en el prólogo de la Doctrina de 1546; pero principia con estas otras equivalentes: “El mayor cargo del oficio pastoral es el de la doctrina, de que se debe tener siempre gran cuidado, como de cosa de donde procede todo el bien y provecho de las ovejas, si es verdadera y pura.” Para explicar esta discrepancia conviene hacer notar que el prólogo comienza en la vuelta de la portada, y claro es que cuando esta se mudó hubo que reimprimir también la vuelta, ó acaso todo el prólogo, y entonces pu- dieron hacerse alteraciones en su texto. No sé si parecerá plausible esta expli- cación; pero en todo caso, más fácil es admitirla, que creer una cosa tan extraña 1546] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. como que se hiciera inmediatamente una reimpresión de la obra, y que dos edicio- nes diversas coincidan en todos los otros pormenores que hemos señalado. Las cosas pasaron probablemente de esta manera. Después de haber publicado la Doctrina de 1539, la de 1543-44, con el Tripartito de Juan Gersón, y la Doctrina del P. Córdoba, determinó el Sr. Zumárraga imprimir otra para los indios por bau- tizar ó nuevamente bautizados, y esta es la edición sin fecha, que no la tiene por- que entonces solía colocarse al fin, y no habiendo quedado allí lugar para ella, co- mo ya explicamos, el impresor la omitió por no gastar, nada más para esto, otra hoja y su compañera. Es de creerse que se acabó de imprimir antes de celebrarse la junta de prelados convocada por el visitador Tello de Sandoval en 1546. Dis- púsose en ella que se hicieran dos Doctrinas: una breve y otra larga. El Sr. Zu- márraga corrió con la redacción y publicación de ambas: la larga es la Regla Cris- tiana de 1547 (n? 13): la breve las adiciones de 1546. Estas, por su poco volumen (24 fojas) no se prestaban á formar libro separado, y el Sr. Zumárraga juzgó pre- ferible agregarlas á la edición que acababa de hacer y que tendría existente, para que todo corriera junto: de aquí la suma rareza de la edición sin fecha, puesto que serian poquísimos los ejemplares distribuidos en su forma primitiva. Se ve que la reunión de ambas partes en un cuerpo no es casual, ni obra puramente de los en- cuadernadores, porque la segunda empieza con la signatura l que sigue en el alfa- beto á la fe con que termina la primera: lo que también prueba que las adiciones se imprimieron para completar la edición sin fecha, y no para que corriesen por separado. Tienen fecha las adiciones porque sobró una hoja entera del último pliego, y el impresor tuvo campo para decir en el colofón cuanto quiso. El cambio de portada se haría para apropiarla mejor al contenido de la obra; y así en la segunda se expresó que era “para gente sin erudición y letras: ” indicación que corresponde al objeto de las adiciones, hechas “para los indios menos entendidos y más rudos, y negros.” En resumen: la que fué luego primera parte de la Doctrina de 1546 se escribió é imprimió antes de la junta de los prelados: la segunda después y á con- secuencia de ella. Se nota, por lo mismo, que en la primera parte no hay la menor alusión á aquel suceso, mientras que en la segunda se habla ya de él como de cosa pasada. 1546 12. Cancionero Spiritual: en q fe cótiené obras muy rpue- chofas e edificates: en páticular unas coplas muy denotas e loor de ñtro feñor Iefu Chrifio y d la facratillima virge Maria fu madre: con una farfia intitulada el judicio final: cópuefto por el reuerédo padre Las cafifas indigno religiofio dita nueua Ef- paña: y dedicado al illmo. y reuerendiffimo feñor do fray luán 20 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1546 de Qumarraga pmero obifpo meritijfimo d la grá cib- dad de Tenuxtitlan,mexico d la nueua Efpaña. Año de 1546. Al final dice así: Fue ípreíTa la prefente obra por Juá pablos Lóbardo pri- mero impreíTor en efta ííigne y leal ciudad de México de la nueua Efpaña a 20 dias de deziébre, año de la encarnación de nueftro feñor Iefu Xpto. d mili e quiniétos e quaréta e seis años. F? gótico. Son 186 fojas numeradas y 11 sin numeración que comprenden la farsa y la tabla. Las palabras subrayadas son de tinta encarnada. Supe por primera vez de esta obra cuando vi su título, muy abreviado, en las Adiciones y Notas que los Señores Gayangos y Vedia pusieron á su traducción de la Historia de la Literatura Española, de Ticknor, tom. III, pág. 519. Dice así, ni más ni menos: Cancionero Spiritual, en que se contienen obras muy provechosas y edificantes, en parti- cular unas coplas muy devotas en loor de nuestro Señor Jesucristo y de la sacratísima Vir- gen María, su madre, con una farsa intitulada, etc., compuesto por el reverendo padre Las Casas, indigno religioso, etc.; dedicado al Illmo. Señor D. Fr. de (fumarraga, primero obispo de la gran cibdad de Lemixtitlan. México, por Juan Pablos Lombardo, 1546. Despertada mi curiosidad por esta singular noticia que venía á revelarnos la existencia de un libro totalmente desconocido, en que concurrían diversas circuns- tancias muy dignas de atención, emprendí en España indagaciones para saber dónde estaba, ó á lo menos quién había comunicado el título á los traductores de Ticknor. Fueron largas y totalmente infructuosas esas indagaciones, por lo cual quedé per- suadido de que se trataba de una edición supuesta, y determiné, por lo mismo, no incluirla en el presente Catálogo. Pero no há mucho que recibí de Madrid una copia fotolitográfica, y por tanto au- téntica, de una papeleta escrita de puño y letra (que conozco muy bien) del Sr. D. Francisco González de Vera. Dicha papeleta contiene lo que arriba dejo copia- do, sin discrepar punto ni coma. Con eso toma ya otro carácter el seco apunte de los traductores de Ticknor. El título está copiado por entero y con sus abreviaturas: hay también copia del colo- fón: consta el número de fojas y el tamaño del libro. Pero faltó lo principal, por- que el Sr. Vera, siguiendo su costumbre, omitió expresar el lugar donde existía tal tesoro, ó el nombre de la persona que le poseía cuando escribió su papeleta. Llamo tesoro á ese libro, porque lo sería sin duda para la bibliografía y la lite- ratura. Se trata de una de las ediciones rarísimas mexicanas anteriores á 1550, que 1546] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 21 son nuestros de un libro en que aparece por primera vez el nombre de Juan Pablos, y no como quiera, sino con la notable añadidura de “primer impre- sor desta insigne y leal ciudad de México:” de la primera edición en folio salida de nuestras prensas, y no de poco cuerpo; de un copioso Cancionero de la primera mi- tad del siglo XVI, único en México, y coronado con una pieza dramática desco- nocida: libro de inestimable valor, aunque fuera de edición española y no mexicana. Tal reunión de circunstancias creo que justifica la importancia que le doy. No puedo negar redondamente su existencia, como antes estaba dispuesto á ha- cerlo, porque la veracidad y conocida inteligencia del escritor de la papeleta no me lo permiten, y por eso doy cabida en mi Catálogo al presente artículo. Pero para proceder lealmente no puedo menos de manifestar las graves dudas que me asal- tan, y que no existirían si el Sr. Vera se hubiese tomado el corto trabajo de decir- nos dónde vió tan exquisito libro. Desde luego no hay mención alguna de él en autor antiguo ó moderno: esta objeción por sí sola no es grave, porque en igual caso se encuentran muchas edi- ciones de aquel siglo, que he tenido ó tengo á la vista. Dejado esto, lo que pri- mero llama la atención es la manera desusada de expresar el nombre del autor: nunca he visto que se reduzca al apellido, sino que siempre va este acompañado del nombre, así como de la especificación de la orden á que pertenecía. La frase “indigno religioso de esta Nueva España” es enteramente nueva. ¿Y quién era este padre Las Casas? No, de seguro, el conocido Fr. Bartolomé, obispo de Chiapas, pues si bien estaba aquí en 1546, metido en el tráfago de la junta celebrada ese año, no eran las circunstancias, ni su carácter, para componer Cancioneros y farsas, ó imprimir los ajenos. De haber dado entonces ocupación á nuestras prensas, habría sido con algún violento escrito de controversia, á que tanto se prestaba la celebra- ción de la junta. Si consideraba ajena á su dignidad la publicación del Cancionero, le hubiera dejado correr anónimo; mas no habría puesto su nombre á medias. No es tampoco verosímil que dedicara el libro al Sr. Zumárraga con quien no le ligaba amistad particular; antes eran contrarios en opiniones. No era, en fin, “religioso desta Nueva España,” pues no pertenecía á la provincia, ni hizo aquí mansión. Fraile apellidado Las Casas, sólo recuerdo, por aquellos tiempos, á Fr. Vicente de las Casas, también dominico, que escribió la historia de su Provincia. Nadie le atribuye Cancioneros, y aun sospecho que en fin de 1546 andaba en España. A1 Sr. Zumárraga se le da el título de“arcebispo de México,” que no llegó á usar, y no se ve nunca unido á su nombre durante su vida. Verdad es que el arzobispado fue erigido en Febrero de 1546; pero la bula del palio es de Julio de 47, y cierta- mente la noticia de la promoción del Sr. Zumárraga á esa nueva dignidad no lle- gó á México sino hasta Mayo de 48. Para convencerse de ello no hay más que ver las cartas que él mismo escribió en 30 de Mayo y 2 de Junio de dicho año. El título de “arcebispo” dado al Sr. Zumárraga á fines de 1 <46 es un anacronismo L T — 1» mrn» ir ■ —ni t inrr-rr—■— ó una profecía. Notemos en seguida que Juan Pablos no puso su nombre en la Doctrina Cris- tiana acabada de imprimir e 2lfce í ico,©el confe/ooefn a&ageltao.'rc* doctrina yftana «Ufana jffiiericana. !*Pírfi5no (rpns. “V»mact>iüil JCra> tl?uicps **m topaote. ¿it«t>momaquiciUi a Xoiecwro* fc'f rpirúostaitetú Tfflmoi.jfui 328 F iiíj Ceruanris Sala- zarí Toletái, ad Ludouici Viuis Valetirinicxer liquoc D/a log>. 1 5 5 4» / 1547] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 23 ([ Jl fllmin í) Unu* he la iVtiffium triniWb g tie la facratíífíma r ímmaculata bírge fancta Jalaría fe nece g acaba efta doctrina b las praficíetes/gue trata 5 la regla g bítia apiana: ca la fartna be la araría metal: g apareja b bien marír. jFue ímprefta en la granbe g mug leal cíubab be Hflertca par tnanbaba bl reuerebíflima feñar ba frag $ua fumara raga pmer abpa b fifleaíca. Bel eafe= ja b fu mageftab. re. & guíe par la ca= gregaria be las feñares abpas fue camctíba la eapílaeía g eaatne r ítnprelfía blla. Eeabafe b ím prímír e ftn bl mes b enera bl aña be mil g guíníe= tas g guarenta g fie= te añas.:. (El ejemplar descrito está en mi poder. Catálogo Fischer [n? 466], £ 20.10 = $ 102.50. Ramirez [n° 932], £42 = $ 210.) Incerto anno, sed circa *54 7 H- Doctrina cristiana en lengua mexicana Sigue un escudo. ([Per signum crucis. Icamachiotl Cruz yhuicpa in toyaohua Xitechmo- maquixtili Totecuiyoe diose. lea inmotocatzin Tetatzin yhuan Tep(ilizin) yhuan Spiritus Sancti Amen. Jesús. En 89, letra gótica. (No habiéndose podido obtener fotolitografía de esta portada, por lo muy sucio del originarse ha suplido con un facsímile ejecutado por D. Hipólito Salazar. En el ejemplar descrito, que me fué comu- nicado por el Sr. D. José Ma de Agreda, falta una parte de la portada, y por eso quedó incompleto el facsímile.) Edición desconocida. El texto, puramente en mexicano, comienza así, á la vuelta de la portada: DOCTRINA. (El abecedario.) $ican ampeñua ín bactrína apiana incaica tlatallí tíguítajua t nemaci) tílít ín apiana me cera maneguí íníaguící) tlaeatl y va hasta la foja CÍÍj, faltando las restantes, que no se sabe cuántas serian: tal vez una sola, porque existen siete de la signatura ó pliego ti. 24 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [J547 Siento no poder analizar por menor el contenido de este libro, por carecer del conocimiento de la lengua en que está escrito. Diré lo que he podido alcanzar. Después de una introducción bastante larga, comienza en el f9 13 vto. la explica- ción del Per signum Crucis, á la que siguen las del Pater noster (por cada una de las peticiones contenidas en él), del Ave María, Salve, y Símbolo de los Apóstoles: esta última va dividida por artículos, cada uno bajo el nombre del apóstol que le pro- puso, y en vez de letra inicial hay un tosco grabadito del apóstol respectivo. Vie- nen luego las explicaciones de los Mandamientos de la Ley de Dios, de los de la Iglesia, de los pecados mortales, del pecado venial, de las Obras de Misericordia, de las Virtudes Teologales y Cardinales, y de los Dones del Espíritu Santo. Des- pués se trata de la Misa y de las Coronas de Jesús y de la Virgen: hay también algo acerca de las Horas canónicas. Tal como está el libro, no nos da el nombre del autor ni la fecha de la edición; pero es sin duda una producción de las prensas de Cromberger, correspondiente á los primeros años de nuestra tipografía. Los caracteres y adornos son los mismos que ese impresor empleó en todas las ediciones costeadas por el Sr. Zumárraga. El escudo episcopal de la portada es el que tienen también en las suyas la Doctrina de 1543, la sin fecha, la de 1546 y la Regla Cristiana de 1547, como puede verse en las fotolitografías; pero el escudito pequeño colocado dentro del grande es en- teramente diverso. La leyenda que sale de la boca del fraile dice: Ichuca Dioseueri bandaqua, que son palabras de lengua tarasca y significan Esta es la palabra de Dios.1 Llama la atención que la leyenda esté en tarasco: lo primero, porque prueba que el escudito (no de los peores de la época) fué grabado aquí, y no traido de España con los demás útiles de imprenta; lo segundo, porque es racional suponer que se hizo para alguna obra en ese idioma, hoy perdida, pues la más antigua que conoce- mos es el Arte del P. Gilberti, impreso años después en el de 1558. El mismo escu- dito figura en el Devocionario ó Tesoro (en tarasco) del dicho P. Gilberti, impreso en ese año y también está empleado, á manera de adorno, en las ff. 3 y 27 de la Doctrina en castellano, mexicano y otomi de Fr. Melchor de Vargas, 1576 (n9 70). A la vuelta del fol. 63 del libro que examinamos hay un escudo del Espíritu Santo, sostenido por dos ángeles, con la leyenda: “Sancti Spiritus assit nobis gra- da.” A los lados del escudo hay unos adornos tipográficos, los mismos con que se formó la primera línea de la portada de la Doctrina de 1546; y están asimismo en la de 1543, en el Tripartito, en la Doctrina sin año y en la Regla Cristiana. He colocado área 1547 la impresión de esta Doctrina mexicana, porque el escudo episcopal tiene algunas fallas que no se ven todavía en el de la Regla Cristiana, acabada en Enero de dicho año, lo cual indica que la Doctrina es posterior; y por- que tiene foliatura, que no hay en las ediciones de 1543 á 1547, y sí en la Doctrina de 1548. En todo caso no puede ser posterior á Junio de 1548, pues en ese mes murió el Sr. Zumárraga cuyo escudo lleva. I Ichuca significa “este es” ó “hé aquí.”— Dioseueri, voz híbrida compuesta de la castellana Dios y de la terminación tarasca de genitivo eueri. —Bandaqua, ó vandaqua, “ palabra.”—Debo esta interpretación á una autoridad tan competente como lo es mi hermano político D. Francisco Pimentel. 1547] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 25 Respecto al autor de esta Doctrina diré que hay, á mi parecer, fundamento su- ficiente para atribuirla al P. Fr. P. de Gante. Un cotejo bastante detenido con la edición de 1553 (n° 19) me ha hecho conocer que la introducción es la misma en ambas. En el resto de la obra se notan diferencias en el orden de materias, espe- cialmente hácia el fin, en las horas canónicas; pero aunque la de 1553 es general- mente más copiosa en las declaraciones, sobre todo en la de la Misa, conserva párrafos y páginas enteras de la otra. En la exposición del Credo tienen ambas los mismos grabaditos de los Apóstoles, á guisa de letras iniciales, si bien algunos va- rían en lugar. En la Corona de Jesús, el grabado al frente es idéntico. En suma, y á pesar de que la de 1553 es más extensa (como correspondía á una segunda edición), son tantos los puntos de semejanza entre estas Doctrinas, que si la de 1548 no es del P. Gante, deberíamos decir que este cometió un plagio al poner su nombre en la de 1553. Antes que creer esto, admito que ambas son suyas. Como en el único ejemplar conocido de la de 1548 falta el fin, y por consiguiente el colofón, no po- demos saber si en él aparecería, lo mismo que en el de la otra, el nombre del au- tor. El P. Gante llevaba estrechísima amistad con el Sr. Obispo Zumárraga, y así no debe parecemos extraño que este prelado, tan celoso de la difusión de la doc- trina cristiana, hubiera querido costear, entre tantas otras ediciones, la de una. Doc- trina de su amigo y compañero de hábito. J548 15. Doctrina Cristiana en lengua española y mexicana, he- cha por los religiosos de la orden de Santo Domingo. En 4?, letra gótica, 154 íF. numeradas, á 1 col., una en castellano y otra en mexicano. Un solo ejemplar he visto de esta rarísima edición: el que fué del Sr. D. José F. Ramírez, pasó luego á poder del Sr. D. Alfredo Chavero, y fué vendido en Lon- dres por el Sr. Fernandez del Castillo en £ 59 — $295. (Catálogo Ramírez, n9 930.) Es el mismo que describí, con el n° 100, en mis Apuntes para un Catálogo de Escri- tores en Lenguas Indígenas de America, y está incompleto, faltándole todo el pliego 3. y la primera hoja del i), ó sean las 9 primeras fojas. Empieza en la 10* (foliada X), con el “Yo pecador:” falta igualmente la parte superior de la última hoja, en que está el colofón. Pero esas faltas pueden suplirse, hasta cierto punto, mediante una copia manuscrita de la obra entera, hecha en 1775, que tengo entre mis libros. Trae una portada con pretensiones á facsímile, y enteramente igual á la de la edi- ción de 1550 (n? 18). Arriba dice: “Veritas Domini manet in eternum.” Sigue el escudo de Sto. Domingo, y al pié: Declaración, y expoíicion de la Doétrina Chriftiana en Lengua Efpañola z Mexi- cana: echa por los religiofos de la orden de San&o Domingo. Año de 1548. 26 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1548 El libro impreso termina con el folio 156, en cuya vuelta está el colofón, que completado por medio de la copia manuscrita, dice así: Con Privilegio Imperial. A gloria y alabanza de nueftro Redemptor Jefu Chrifto, y de fu bendita Madre, aqui fe acaba la Do&rina Chriítiana en Lengua efpañola y Mexicana, y una co- lumna correfponde a otra: fentencia por fentencia: de grande utilidad y prove- cho para la falud de las animas, y en especial para los 1t£ltUXíllP!8 Afta tÍPXtU pa g ímx funtraíros g xaburatrcis tn las arfas 5 uta felá fe tato? líca: p anímabos pa la guarirá 13 los maniramíetos iríutnos: p pa g tetros tapan los grantres trenes p regias gue ufo elemetífCímo retremptor gfo comunicar metríante fus fetos faeratneníos eon el exercícto tre las obras 13 mía: afK corporales romo fpüales: to tro lo gl fe retiene e los greta fermocíeos ag calentaos. ®ia faca tía la legua e tata elarítratr como ag parece: affí porgue mejor fe 13 tetro a entetrer a eftos naturales/como táine porg mejor lo tomen 13 coro los g lo gfíere tomar. Jfue ímplfa e efta mup leal cíutratr 13 mexteo e cafa 13 juá pables por má irairo 131 reueretrílfímo feñor tro frap Juá fumarra ga primer ®bpo tre Háexieo. ¥ porg en la co gregario gue los tañares obpos tuuíerb fe or= treno g fe ijíiíerfen tros troctrínas: bita bre tte p otra larga: p la breue es la g el año tre. Jfft.tr.xlbj. fe emprímío. JHáiia fu feñoría reuerebtffíma g la otra grantre puetre fer efta: pa líela ración tre la otra pegunta. Eeabofe tre imprimir a. xbíj. trias tret mes tre enero, áño 13 tr.pxlbíij.Eños. ✓ II Solí Beo Ijonor r gloría ín ícenla fccnlorü. ümt.1 i Según el plan de esta obra, aquí debia colo- carse la noticia biográfica del Sr. Zumárraga, que en efecto comencé á escribir con tal fin. Pero la abundancia de los materiales que vinieron á mis ma- nos, y el deseo de publicar una parte de ellos (cosa imposible en este lugar), me hicieron mudar de pro- pósito y adoptar la resolución de formar con todo un libro separado, que publiqué en 1881 con el tí- tulo de Don Fray Juan de Zumárraga, primer Obis- po y Arzobispo de México.— Ensayo biográfico y bi- bliográfico. A él remito al lector que desee conocer la vida y virtudes de aquel venerable prelado. Mas para no mutilar la serie de las ediciones del siglo XVI, he tenido que repetir aquí la descripción de los libros publicados por el Sr. Obispo, incurriendo forzosamente en repeticiones. En aquella biografía se hallarán otras noticias acerca de esas pbras y ex- tractos de ellas que ofrecen gran interés; pero que no son propios de la índole enteramente bibliográ- fica del presente libro. *548] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 27 jS48 16. <£on prebílegíoll (Un gran escudo de armas de la casa de Austria.) |[®rbenafas g eopíla || cíon be leges: f)ccf)as por el tnug Eluftre feñor bon Ento=||nío b tnebofa 2üíforeg g 0oucrnabor befta nueua <íHpa||ña: g prefíbete be la Eubíecía Meal g en ella reftbe: g por los || Señores ©gbores b la cija aubíecía: pa la buea gouerna || cío g cftílo b los oficíales bella. Eño b J&.b.rlbííj. 47 ff. en fol., caracteres gÓtíCOS, con apostillas al margen, de letra mucho más pequeña, también gótica. El texto comienza á la vuelta de la portada y concluye en la f. 45 vta. En la 46 fte. el mismo escudo de armas de la portada: arriba ¥0 el CCg, y abajo el refrendo de una real cédula que había concluido en la foja anterior, sin llenarla toda. A la vuelta de la 46, la tabla. En el frente de la 47, sólo el colofón: €[<21 gloria \) bmtrra frr itue ftro feñor Jefu rpo aguí fe acatan las 0rtena:= fas r copílacíon te leges nueuamete ortcna tas g copílatas par el mug Elluftre feñor to Entonío t JEetofa TOforeg 8 Cu uernator tefta nueua efpaña: g i3trefí tete te la autíecía S&eal g en ella te ftte: g por los Señores 0gto tes: pa la tuena puernacíó g eftílo t los oficíales tila. ¥ fuero por fu mato ímpref fas e la mug leal 8 gra eíu tat t íEeríco e cafa t Jua patios: aea tarofe t ímpmír a. rríj. tías ti mes t mar fo t im. t.xlbííj años. Contiene: Ordenanzas para escríbanos—relatores — abogados — procuradores receptores — porteros y receptores de las penas — alguaciles—carceleros—in- 28 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [ij4s térpretes. Ordenanzas de la Audiencia, dadas por el Emperador en Madrid á 22 de Abril de 1528, que están también en el Cedulario de Puga. (El ejemplar descrito, único que conozco, era del Sr. D. José F. Ramirez. Vendido en Londres [n° 609] en £ 55 = Este volumen ha dado margen á varias equivocaciones de los bibliógrafos, sin duda por no haberle tenido ninguno de ellos á la vista. Eguiara (pág. 221) cita el título en latín: “ Ordinationes legumque Collectio(nem)pro Conventu Jurídico Mexicano, “Mexici, 1549. in fol.,” diciendo haberle tomado de la Biblioteca de Pinelo, edi- ción de Barcia. (En la primera no se menciona esta obra.) Verificada la cita, halla- mos que Barcia trae el título en estos términos: “ Ordenanzas i Recopilación deLeies “para el Govierno de la Audiencia de México. Imp. México, 1545. fol.” Eguiara tra- dujo el título al latín, según su deplorable costumbre, y cambió la fecha. Si esto último fué hecho intencionalmente ó por puro descuido, no es posible averiguarlo: mas creo que en el primer caso no habría dejado Eguiara de expresar las razones que había tenido para hacer la corrección. Todas las apariencias son de que Eguiara nunca vió el libro, y que al copiar á Pinelo-Barcia, hubo un error de pluma ó de imprenta en la fecha. Por el contrario, es probable que Barcia, infatigable colector de libros y pape- les de América, viera el libro: á lo menos no dice haber tomado de otra parte el título español; pero imprimió su obra con tal descuido, que no se puede confiar en ninguna de las innumerables fechas que contiene, ni en la exactitud de los tí- tulos de las obras. Entre los modernos, Beristain -dice (II. 2,92), hablando de Mendoza: “Deben “atribuírsele también: Ordenanzas y Colección de Leyes para el Gobierno de la Audien- “cia de México. Imp. allí, 1549, fol.” El título es de Pinelo-Barcia, y la fecha de Eguiara. Encuentro en el Historical Magazine (N. York, Febr. 1865, pág. 44) citada la misma obra Ordinationes, &c., con la fecha de 1549, refiriéndose á Falkenstein (Geschichte der Buckdruckerkunst, Leipsic, 1840), quien la considera como el pri- mer libro impreso en México. No conozco la obra de Falkenstein; pero á pe- sar de los elogios que se hacen de ella, concedo poca autoridad, en cosas de México, á esas compilaciones modernas que pretenden abarcar toda la historia de la imprenta. Por ejemplo: llama (según el Historical Magazine) al primer impresor de México Girolamo Paolo Lombardo, de Brescia. El Girolamo no sé de dónde ha salido; Lombardo y de Brescia son una misma cosa. Juan Pablos se titu- laba á veces Lombardo, porque era natural de Brescia, en Lombardia, así como más comunmente añadía á su nombre el de su ciudad natal, llamándose Bressano ó Brissensis. Por lo demás, harto se sabe ya que las Ordinationes ú Ordenanzas no fueron el primer libro impreso en México, y que Juan Pablos había venido mu- cho antes. No es de creerse tampoco que estas Ordenanzas se imprimieran en latín; ni que en el corto espacio de cuatro años se hicieran tres ediciones de ellas, una en esa lengua y dos en la castellana. No hay ejemplo de colección de leyes ú ordenanzas peritas bomtní manct metemunt. ©octrina cbrtmaita en legua /Efpañola£ÍI&ejricaiia:becbapo: los rcligiofos t>elao:den Oefctó domingo. «Igosa nueuattiétccoírcdda rcnmcdada,£fiío,i?so 1548] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 29 en latín, y hasta los Concilios i°y 2” se redactaron en castellano. Existiendo, como realmente existe, la edición de 1548, no hay que hacer caso de las de 1545 y 1549, que son evidentemente supuestas. r548 17. Doctrina Cristiana en Lengua Huasteca, por Fr.Juan de Guevara, de la orden de S. Agustín. Beristain menciona al autor y la obra; pero omite la fecha de la edición, que consta en la Dedicatoria de la Doctrina en la misma lengua, que imprimió Fr. Juan de la Cruz en 1571 (V. n96i). ISS° i8. Veritas Domini manet in aeternum Doctrina cristiana en lengua Española y Mexicana hecha por los religiosos de la orden de Sto. Domingo. Agora nue- vamente corregida y enmendada. Año de 1550. (Véase la fotolitografía.) En 4”, letrU gótica, á 2 columnas; una en castellano y otra en mexicano; sig- naturas a-b: 9 ff. sin foliar, y foliadas X á clbj. Las ff. xíx á XXÍj, Ibíj, Ibiíj, Ixííj y Iríb, están impresas con los caracteres de la primera edición de 1548, que son del mismo grado, pero más condensados, y por consiguiente resultaron las columnas más angostas. Estas ocho hojas no son to- madas de un ejemplar de aquella edición para completar este, como pudiera sos- pecharse, pues cotejadas ambas impresiones, presentan continuas diferencias en abreviaturas &c. En la vuelta de la última foja [clbj] sólo hay el colofón: <£an preuílegío imperial. If fllium i) ií Irtbttitf a be nr o iTíunuptiu* Jh*fu Xpa b te fu tentíta matre/aquí fe acata la trelacaría te la ta ctrína apiana en legua Apañala 8 J&erícana: 8 bna caluña car rcfpáte a atra: fentecía par fentecía: t grate btílítat 8 puecfja pa la falut t las atas: 8 m efpecíal pa las naturales tita tierra/ pa q fea funtatas 8 cataratas en las cafas te nfa fría fe eatíja tica: 8 anímalas pa la guarta t las mátamíetas tíuínas: 8 pa q tatas fepan las grates tañes 8 riquezas q nfa elementíüíma retemptar quífa camunícar metíate fus frías facrametas can el erercícía te las atras te mía: aflt carparales cama fpüales: tata [x55° 30 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. lo (¡1 fe cbtícne en los cítenla fertuoncícos aq rotenítros. &ta faea tra la legua e tata clarítratr tomo aq parece: afTt porq mejor fe tre tolio a eníetrer a eftos naturales/comp tdbíe porq mejor J lo tome tre coro los q lo qfíere tomar, ímpUa e efta mui) leal cíutratí b meríco e rafa b jua patios por uta trato ti reuerebíffímo feñor tro frag Jud fumarra ga primer ©bpo íre iilexíco. S> porq en la con gregario q los feñores obpos tuuíerd fe or= treno q fe íjítíetfcn tros troctrínas: bna uc g otra larga: g la breue es la q el año tre. iil.tr.xlbj. fe imprimió, ülantra fu feñoría reuerentrífKma q la otra grantre puetre fer efta: ga trecla ración tre la otra pequeña, glcabofe tre imprimir a xíj. trías trcl mes tre ijebrero. Eño b íil.tr.I. años. 3La gl fíba agora nimiamente earregíba g enntebaba. 1f bea tonar r gloría ín férula feeularu. Enten. Cuando se imprimió este libro hacía casi dos años que el Sr. Zumárraga había fallecido; no se hace mención, sin embargo, de esta circunstancia, y sin otro ante- cedente podría creerse que aun vivía. Provino esto de que se reprodujo textual- mente el colofón de la primera edición, sin más cambio que el de la fecha, y con la añadidura de ccagora nuevamente corregida y enmendada.” Mucha aceptación debió tener el libro para que se hiciera esta segunda edición á los dos años de la pri- mera. Ambas son muy raras; de la segunda no conozco más ejemplar completo que el mió, el cual ha servido para la presente descripción: otro vi en poder del Sr. D. J. F. Ramírez, falto de las 16 primeras hojas. (Vendido en £26 — $130.) Pero lo más extraño es que exista tercera edición de esta Doctrina, hecha en el mismo año de 1550. De ello he podido convencerme examinando el ejemplar que pertenece al Sr. D. José de Agreda. En el tamaño, los caracteres y el número de fojas, hay entera conformidad. Pero las diferencias comienzan desde la portada. Hé aquí la de esa edición: erítas tromíní manet ín eternum. Sigue el mismo escudo de la edición; pero los adornos de los lados son en- teramente diversos. El del margen exterior de la 2?' edición ocupa el interior de la pero colocado en sentido inverso. El del margen exterior de la es el que •Sí°] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 31 tiene, también al exterior, la Doctrina de Fr. Pedro de Córdoba, 1544 (n° 8). Los pequeños adornos tipográficos que están debajo de los grandes difieren también. >5 Doctrina cí)ríftíana||en lengua <&fpañola g fBxícana (sic): ijeclja porI! los relígíofos be la orbe be feto Domingo.|| Egora nueuamete corregíba g emebaba. Eño b. 1550. La portada está impresa también de rojo y negro; pero es más ancha. El colofón es como sigue: (ton príuílegío imperial. qloriu i) ululwfrt W micftvn jlí fu Xpo g te fu tentíta matre, aquí fe acata la teciaracíb te la tía ctrína apiana en legua (JMpañola g f&exícana: g bna calila car refpontre a aíra: fentecía pac fentecía: b grate btílítraXí g proue cijo pa la falutb las atas: g en efpecíal para los naturales bfta trfa, pa q fcñ funtatos g cataratas en las cafas tre ufa fría fee eatljalíeatg anímalas pa la guarta b las mabamíetos tríuínas: g pa q tatas fepa las grates tañes g ríqtas que nfa cletnettfGtno retemplar quíía comunicar metíate fus frías faerametas eo el exercícío te las atras te mía: aífí corporales como fpiiales: to la ql fe contiene en las qrenta fermaneías aq calmitas. O a faeata la legua en tata elarítat cama aq parece: alft parq jar fe te tata a cnteter a eftas naturales, cama tatíe parq me= jar la tome te cara los q lo qfíere tomar. ímptfa en efta mug leal eíutat b mexíca e caía t Jua patios par ma tata bl reuerctílfímo feñar ta frag Jua fumarra ga primer ©tpo te Jftexíco. parq en la gregaria q los fritares otífpos tuuíera fe tena q fe íjítíeften tas toctrínas: bna tre~ ue g otra larga: g la treue es la q el aña te. íB.t.xlbj. fe imprimía. fHanta fu feñaría rcuerentíflima q la otra grante puete fer efta: pa tecla ración te la aíra pequeña. Ecatofe te imprimir a. xbíj. tías tel mes te Etríl. Eña te 155 0. gtftos. Ha ql íja libo agora inicuamente corregíba g enmenbaba. TI Solí Oro í)onor r gloría ín fécula feculoru. Emen. 32 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. bss0 Por una simple comparación verá el lector las diferencias de abreviaturas y di- visión de líneas entre ambos colofones, sin contar otras que no pueden darse á conocer sino por medio de facsímiles. La más notable de las que se advierten está en las fechas: 12 de Febrero—17 de Abril. Todavía si de esto no pasara, podría creerse que todo se reducía á la reimpresión de la portada y la última foja; pero continuando el cotejo se hallan tales diferencias en el cuerpo de la obra, que no dejan la menor duda de que se trata de dos ediciones totalmente diversas. En la 2? todas las signaturas de los pliegos están de letra más gruesa que la del texto (la misma de las palabras Vevitas dominio &c., de la portada). En la las signaturas son de la letra del texto (palabras Agora nueuamente corregida, &c., de la portada). En la los títulos corrientes de las páginas están enteramente junto al texto. En la llevan una separación notable. En la la foliatura se marca de este modo: fo.... con minúscula. En la 3 • JPa... , con mayúscula. La medida ó justificación de las páginas del prólogo en la es mayor que en la 2* Como la columna española suele resultar más corta que la mexicana, hay mu- chas de aquellas, y aun de las otras, completadas con cruces, estrellas ú otros ador- mios: muy rara vez van de acuerdo en esto ambas ediciones; las diferencias en abreviaturas, uso de mayúsculas y división de líneas son incontables. No existe en la 3* edición la particularidad que hemos notado en las págs. XÍX á xaíj, Ibíj, Ibííj, Ixííj y Ixíb de la primera. Si se me pregunta por qué se hicieron dos ediciones de esta Doctrina con di- ferencia de dos meses, fuera de la hecha ya en 1548, diré sencillamente que no lo sé ni aun lo conjeturo. 1553 19. Doctrina cristiana por Fr. Pedro de Gante. En 89, letra gótica. Falta la portada: comienza con la signatura a íj del Calendario. Fojas prelimina- res 8, de rojo y negro, contando con la portada. Texto, 164 ff., todo en mexicano. gi Ijiwrra \) gloria tur nurf- tro Mor Feftt rpo g iré fu bciríta uta íirr: aquí fe acata la prcfcnte tio= ctrína apiana en legua Huerica na. Ea ql fue recopílala por el LL p. jFraj) Retiro iie (Üa te te la orfce íre fantjf/rl eífeo. jfue ímpreífa en_ cafa te Fuá patios impresor te litros - Eño. te. 1553. J (El ejemplar descrito, falto de la portada, está en mi poder: otro, con igual defecto, posee el Sr. D. José M® de Agreda. Son los únicos de que hay noticia.) •553] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 33 rre-35] ray Pedro de Gante, uno de firgy? os Primeros apóstoles de nues- tra tierra, y digno de eterna me- moria por sus virtudes y méritos, fué de nación flamenco. En una de sus cartas dice que era natural de la villa de Iguen, en la provincia de Budarda,1 y lo repiten los escritores de la orden.2 Pero en otra carta señala por lugar de su nacimiento la ciudad de Gante.3 Además de la con- tradicción, hay la dificultad de no saber- se cuáles eran esa ciudad ó villa de Iguen, y esa provincia de Budarda. Ateniéndo- nos á las investigaciones de un compa- triota del gran lego,4 podemos decir que Iguen ó Igüen es Ayghem-St-Pierre, suburbio hoy de Gante. El mismo bió- grafo conjetura que escribiendo Fr. Pe- dro al Emperador pudo decir con ver- dad que habia nacido en Gante; sin per-N juicio de que cuando se dirigía á sus compañeros precisara más el lugar, seña- lando aquel suburbio ó dependencia que ellos conocían bien. El nombre de la provincia (Budarda) debe estar corrom-v pido, y hasta ahora no se le encuentra equivalente cierto. Tampoco se conoce el verdadero ape- llido de nuestro misionero. El lo lati-j niza en de Mura, que puede der á los flamencos de Moor, Van der~ Moere ó de Muer.s En ninguna parte encuentro fijado el año de su nacimien- to; pero puede deducirse aproximada- mente de las noticias que los francisca- nos dieron en 1569 ó 1570 al visitador del Consejo de Indias, D. Juan de Óvan- dof ÁT tráíár déla escuela de S. Fran- cisco, nombran á Fr. Pedro de Gante, y dicen que tenía noventa años;1 lo cual nos hace retroceder á 1479 ° 1480; si bien la cuenta no es del todo segura, por- que los escritores de entonces no se cui- daban mucho de la exactitud de tales indicaciones. El origen de Fr. Pedro está asimismo envuelto en una oscuridad que apenas comienza á disiparse. Lo único hasta hoy bien comprobado es que tenía estrecho parentesco con el Emperador Carlos V. A él mismo dice en una de sus cartas: “Justa cosa es que se me conceda la mer- eced, atento á lo mucho que he trabaja- ndo con ellos, y que tengo intención de “acabar mi vida en su doctrina: y dame “atrevimiento ser tan allegado á V. M. y “ser de su tierra;”2y en una breve rela- ción de varios sucesos es mucho más explícito: “Pues que Y. M. é yo sabe- “mos lo cercanos e propíneos que somos, e “ tanto, que nos corre la mesma sangre, le di- “ré verdad en todo para descargo de mi “conciencia, y V. M. pueda descargar la “suya.”3 Por su parte el provincial Fr. Alonso de Escalona escribía al rey Fe- lipe II, el año mismo de la muerte del padre: “Hemos perdido uno de los me- jores obreros en Fr. Pedro de Gante. Dios se lo llevó á sí para darle el premio, según lo sabe dar á sus servidores: que fuera harto pesado y molesto, si diera cuenta á V. M. de lo mucho que hizo y obró por acá, pues que la tierra está hen- chida de su fama: fué pastor infatigable, trabajando en su ganado cincuenta años, y muriendo en medio de sus ovejas, muy distinto de aquel obispo Casaus, que las abandonó y murió muy lejos dellas: mu- cho agradecimiento ledeben estos indios, y nosotros los religiosos, pues que le da- ba bríos el ser deudo tan allegado del cristia- nísimo padre de V. M., que por su medio 1 Carta, 27 de Junio de 1529, apud Ternaux- Compans (Voyages, &c., tomo X, pág. 199) y P.e Kieckens, Les Anciens Missionnaires Belges en Amé- rique: Fray Pedro de Gante (Bruxelles, 1880), pág. 19. 2 Mendieta, Historia Eclesiástica Indiana, lib. V, pte. i, cap. 18. 3 “Yo soy un religioso de la orden del bien- aventurado Sant Francisco, natural de la ciudad de Gante.” Carta de 1552, apud Cartas de Indias, pág. 92. 4 P.e Kieckens, pág. 5. 5 P.e Kieckens, pág. 7. 1 Códice Franciscano, MS., pág. 7 de mi copia. 2 Cartas de Indias, pág. 99'. 3 González de Vera, De los primeros Misione- ros en Nueva España, apud Revista de España. Año I, tom. III, n? 11 (Madrid, 15 de Agosto de 1868), pág. 386. 3 4 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. fI553 nos era gran favorecedor, y nos otorgaba muchas de las mercedes que todos había- mos menester.”1 Cuál fuera á punto fijo ese parentesco tan cercano, no ha podi- do averiguarse todavía. No han faltado escritores poco avisados que han tenido al P. Gante1 por hijo natural de Carlos V; sin reflexionar que este príncipe na- ció en 1500, y á esa fecha tenía ya Fr. Pedro unos veinte años. La creencia de que era hijo de Felipe el Hermoso, y por consiguiente hermano de Carlos V, tampoco tiene fundamento, porque am- bos eran, poco más ó menos, de una mis- ma edad. Un historiador, que de niño pudo conocer al padre, dice sencillamen- te que este era primo del Emperador.3 Fr. Pedro hace mención de sus ■parientes en la carta de 1529, y encarga que se les co- munique el contenido de ella, traducido al flamenco, pues él escribía en español, por haber olvidado su lengua nativa. Dícese que hizo sus estudios en la universidad de Lovaina, de donde salió aprovechado discípulo.4 Siendo, como era, de sangre tan ilustre, no debemos ex- trañar que recibiera educación esmerada. Por él mismo sabemos que desde muy mozo se había ocupado en cosas tocan- tes al servicio de la corona real, antes de' su conversión.1 No creo que por estas úl- timas palabras deba entenderse que en su juventud llevara vida aviesa, sino que después de haber hecho un papel corres- pondiente á su elevado origen, renunció á los goces y esperanzas del mundo, pa- ra acogerse al retiro del claustro. Todo este período de su vida, anterior al viaje á Nueva España, está muy oscuro. Así es que ignoramos también dónde y cuán- do tomó el hábito de S. Francisco: sería, probablemente, en el convento de su pa- tria; pero aunque su nacimiento y sus letras le abrían camino fácil al sacerdo- cio y á las mayores dignidades eclesiás- ticas, nunca quiso pasar del humilde es- tado de lego. Moraba en el convento de Gante cuan- do llegaron las nuevas de los primeros descubrimientos de Cortés. En nuestros dias, conocido y andado ya todo el orbe, no podemos formarnos idea cabal del golpe que daban entonces las noticias re- ferentes al Nuevo Mundo que iba apa- reciendo á los ojos atónitos de los ha- bitadores del antiguo. Era también la primera vez que se oía hablar de impe- rios cuya civilización, abultada por la novedad, contrastaba con la rustiquez y abatimiento de los indios descubiertos hasta entonces. Para los políticos, aque- llo significaba un nuevo é inmenso cam- po á las ambiciones: para los codiciosos, una mina inagotable: para la Iglesia, una copiosísima miés con que podía reparar las pérdidas que las nuevas herejías le estaban causando en sus antiguas pose- siones. La orden del gran Francisco, fuerte con su pobreza, avezada á la con- quista de almas, fué la primera que se aprestó á llevar la luz de la fe á aquellos , gentiles. Fr. Juan Clapión y Fr. Fran- cisco de los Angeles, persona de nobilí- sima estirpe, se decidieron á hacer el via- je, y comenzaron á negociar las licencias necesarias para emprenderle; mas no lo- graron su designio, porque Fr. Francis- co fué elevado poco después á la dignidad 1 González de Vera, ubi supra. 2 Aunque en las órdenes no se daba el título de Padre á los legos, el uso general le ha concedido á Fr. Pedro de Gante. 3 Ixtlilxochitl, Décimatercia Relación, ed. Bustamante, pág. 60. No fué el P. Gante el único pariente del Emperador que pasó á estas partes. Lo mismo se decía del agustino Fr. Nicolás de Witte: hombre rico, que estando ya vestido para ir á casar- se, mudó de camino y se fué al convento de BurgosA donde tomó el hábito. Vino el año de 1543, y murió el 21 de Octubre de 1565.—(Grijalva, Edad II, cap. 23.) Hay una carta suya y el facsímile de su firma en las Cartas de Indias. 4 No hallo esto en autores antiguos; pero lo ad- mito sin dificultad, porque lo dice Vera (pág. 3 8 3), y sin duda lo leyó en algún documento que no conoz- co. Mendieta dice que “aunque por su suficiencia pudiera ser del coro, no quiso sino ser lego, por su gran humildad.” Creo que si hubiera carecido de estudios, como otros afirman, no se le habría instado para que recibiese el sacerdocio, y mucho menos la dignidad episcopal. i Carta de 1558. Vera, pág. 388. 15 53] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 35 de Ministro General de su orden, y la muerte arrebató á Fr. Juan. El nuevo General, ya que no podía venir en perso- na, dispuso inmediatamente el despacho de la misión que á poco trajo Fr. Mar- tín de Valencia; pero mientras se arre- glaba aquello, se adelantaron tres reli- giosos flamencos, residentes á la sazón en Flandes. Fueron Fr. Juan de Tecto (du Toict), antiguo profesor de Teología durante catorce años en la Universidad de París, guardián del convento de Gan- te y confesor del Emperador: Fr. Juan de Ayora ó Aora, sacerdote venerable por su ciencia y ancianidad, y nuestro ilustre lego Fr. Pedro. Entre los muchos frailes que solicitaban el permiso del so- berano para ir á las nuevas tierras, sola- mente estos tres le obtuvieron; merced, sin duda, al paisanaje, á la influencia que tenía el P. Tecto por su carácter de con- fesor de S. M., y al parentesco inmediato de Fr. Pedro; si bien se dice que fué también necesario el empeño de los cor- tesanos flamencos para vencer la resis- tencia de Carlos V, que no quería sepa- rarse de su confesor. Alcanzadas al fin la autorización régia y la del provincial, creyeron tener lo bastante, y no se detu- vieron á pedir la del nuevo pontífice Adriano VI, que aun no había llegado á Roma.1 Salieron, pues, de Gante, con sólo aquellas dos licencias, el 27 de Abril de 1522. Ignoro por qué tardaron dos me- ses en llegar á España: el caso es que arribaron á Santander en la misma flota que condujo de Inglaterra al Empera- dor, y desembarcaron el 22 de Julio. También se detuvieron largo tiempo en España, sin que sepamos en qué le gas- taron. Allí recibieron las noticias de la expugnación de la gran ciudad de Méxi- co y caída del imperio azteca, lo cual les puso mayor deseo de apresurar su viaje. Volvieron á embarcarse el 1° de Mayo de 1523, supongo que en Sevilla, por ser el lugar de donde partían todas las na- ves que hacían viaje á las Indias. La que conducía á nuestros religiosos gastó cua- tro meses en la travesía, y al cabo los puso en Veracruz el 30 de Agosto del mismo año.1 México empezaba entonces á salir de sus ruinas, y no les pareció residencia apropiada aquella donde todo era bulli- cio, y donde los indios agobiados por el trabajo que se les exigía para la reedifi- cación de la ciudad, no tenían tiempo ni tranquilidad para recibir instrucción. Sea por esto, ó más bien porque la igno- rancia del idioma era un invencible obs- táculo para el logro de sus deseos, se re- tiraron á Tezcoco. El nuevo señor de allí, Ixtlilxochitl, aliado de los españo- les, dio aposento á los tres religiosos en el palacio del rey Nezahuilpilli, y ellos se dedicaron desde luego á aprender la lengua mexicana, para lo cual mostraba Fr. Pedro las más felices disposiciones. Antes de cumplirse un año, llegó la mi- sión de franciscanos con el custodio Fr. Martín de Valencia. Salieron á recibir- los Cortés, Ixtlilxochitl y el P. Gante; y habiéndoseles dado, á instancias de es- te, el recado necesario, dijeron allí la pri- mera misa solemne el dia de S. Antonio de Padua, 13 de Junio.2 Acaso por eso llevó el nombre de este santo el conven- to edificado después en Tezcoco. Admi- rados los recien venidos, de que á pesar de la conquista y de la presencia de los tres misioneros aun reinase la idolatría, sin que ni siquiera hubiesen cesado del todo los sacrificios humanos, pregun- taron con cierta extrañeza á sus prede- cesores, qué habían hecho y en qué se ocupaban. Fray Juan de Tecto, como más caracterizado, respondió por todos: “Aprendemos la teología que de todo punto ignoró S. Agustín:” es decir, la lengua mexicana, indispensable para em- prender la conversión de aquellas gen- 1 Carta de 1529, apud Ternaux, tom. X, pá- gina 199; ó Kieckens, pág. 19. 2 Ixtlilxochitl, Décimatercia Relación, ed. Bustamante, pág. 73. 1 Mendieta, lib. III, cap. 4. C1553 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. tes.1 Los padres flamencos se incorpo- raron á la misión, y quedaron bajo la autoridad de Fr. Martín de Valencia, conforme á la instrucción que este traía de su General. De los tres faltaron pron- to dos, porque el mismo año de 1524 partieron los padres Tecto y Ayora con Cortés, á la desastrosa expedición de las Hibueras, durante la cual murieron de puro trabajo y miseria.2 Quedó, pues, solamente, de los primeros, nuestro Fr. Pedro de Gante, que había de ser uno de los más célebres entre aquellos varo- nes apostólicos. Tres años y medio permaneció en Tez- coco, en cuyo tiempo hizo varias expe- diciones á Tlaxcala y otras provincias cercanas á México. Hallamos en una de sus cartas la especie de que entre él y un compañero bautizaron más de dos- cientos mil indios.1 Sin duda se expre- só así porque andaba acompañando al sacerdote en aquella ocupación, y pro- bablemente preparaba é instruía á los catecúmenos, pues siendo lego no po- día administrar el sacramento. Ningu- no de sus biógrafos habla de esto; y por más que entonces el gran número de indios que acudía á pedir el bautismo obligara á omitir la mayor parte de las ceremonias, no hay indicio de que la ne- cesidad se considerara tan grave, que au- torizara la administración del sacramen- to á los adultos por quien no hubiera recibido las órdenes sagradas. A fines de 1526 ó principios de 1527 estaba ya Fr. Pedro en el convento de México, donde, salvo una corta inte- rrupción, había de pasar el resto de sus dias. Su estado de lego y el defecto de ser tartamudo le impedían dedicarse á la predicación; pero era cosa notable que los frailes sus compañeros apenas le en- tendían cuando les hablaba, ya fuera en la lengua española, ya en la mexicana á los que la sabían, mientras que los in- dios comprendían sin la menor dificul- tad cuanto les decía. Así fué que á pesar de tal defecto servía muchas veces de in- térprete, ayudaba á la conversión, cate- quizaba á los indios y predicaba cuan- 1 Mendieta, lib. V, pte. i, cap. 17. 2 De la suerte del P. Tecto no hay hasta ahora duda: todos convienen en que durante la expedi- ción murió de hambre arrimado á un árbol. (Men- dieta, lib. V, pte. 1, cap. 17.) Mas no sucede lo mismo con el P. Ayora. Mendieta asegura que “ fue servido el Señor de llevarlo para sí dentro de pocos dias. Su cuerpo fué depositado en la mesma casa del señor que los había acogido, en una capilla adonde por entonces decían misa, hasta que se edificó el con- vento que hoy permanece en la dicha ciudad de Tezcuco, con vocación del bienaventurado S. An- tonio de Padua. Donde siendo guardián el siervo de Dios Fr. Toribio Motolinia, uno de los doce, lo trasladó del lugar donde primero estaba, á la sobre- dicha iglesia.” Torquemada (lib. XX, cap. 18) co- pió á Mendieta, y Betancurt (Menologio, 18 de Ju- lio) refiere lo mismo. A pesar de estas autoridades, y de ser tan puntuales las señas, caben graves dudas acerca de la verdad del relato. Desde luego ocurre que el P. Ayora no murió dentro de los pocos dias de la llegada, porque habiéndose verificado esta por Septiembre de 1523, aún vivía aquel padre cuando llegó Fr. Martín de Valencia con los doce, en Junio de 1524. El mismo Mendieta dice (lib. III, cap. 14) que estos hallaron aquí cinco religiosos de su orden: dos de ellos, cuyos nombres ignoraba, porque mu- rieron en breve, “vinieron á vueltas de los españo- les, al tiempo de la conquista, y serian de los mo- radores de las islas: los otros tres eran flamencos, venidos del convento de S. Francisco de la ciudad de Gante:" es decir, los padres Tecto, Ayora y Gante. Después repite que eran diez y siete por todos: luego no había muerto todavía el P. Ayora. Pero aún hay más, porque el P. Gante, en su carta de 1529, dice: “Quant á mes compagnons, ils s’en allérent avec le gouverneur dans un autre pays, et ils y sont morts pour l’amour de Dieu, aprés avoir enduré des fati- gues innombrables.” (Kieckens, pág. 19.) En la de 1532 decía: “Los dichos Fr. Juan de Tecto y el otro sacerdote (que había venido con él) fueron con el Marqués del Valle D. Hernando Cortés á Cabo de Honduras, y á la vuelta fallecieron con tormenta y trabajos del camino.” (Cartas de Indias, pág. 52.) En la de 1552: “E fué Nuestro Señor servido de llevar al P. Juan de Teta y á el otro compañero, cuasi luego como llegamos, porque murieron en el descubrimiento de Honduras, yendo con el Mar- qués.” (Ibid, pág. 92.) En Bernal Diaz (cap. 174) leemos también que Cortés llevó consigo “dos frai- les franciscos flamencos,•” designación que sólo pue- de convenir á los dos compañeros de Fr. Pedro de Gante. El P. Motolinia (trat. II, cap. 4) dice que el P. Tecto falleció el segundo año cíe su llegada á estas partes “con uno de sus compañeros, también docto.” i Kieckens, pág. i8. 15 53] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 37 do no había sacerdote que entendiera la lengua; pero su principal ocupación fué siempre la enseñanza de los niños. Cuidaron mucho de ella los frailes desde el principio, como de cosa tan im- portante para apresurar la conversión y asentarla sólidamente. La empresa era de imponderable dificultad, porque con medios enteramente desproporcionados á los fines habían de atender, no á la edu- cación sucesiva de los niños según fue- ran llegando á edad competente, como sucede en nuestros dias, sino á la de una numerosa generación entera, chicos y grandes, hombres y mujeres, que de gol- pe aparecía urgentemente necesitada de instrucción religiosa y civil, desde los primeros rudimentos, y sin saber siquie- ra la lengua de sus maestros. Los frai- les eran pocos, y considerando que si querían abarcar todo, nada alcanzarían, se resolvieron á dividir su tiempo entre la conversión de los adultos y la ense- ñanza de los niños. Procuraban así aten- der á lo más urgente, porque para los adultos era ante todo sacarlos de sus errores, y los niños, como más dóciles y no imbuidos todavía en las viejas creen- cias, con la enseñanza recibirían la nueva religión. Contaban además con que una vez bien doctrinados los pequeños, ellos servirían para atraer á los mayores, y no se engañaron en su esperanza. Con esa idea, al edificar los frailes sus conventos les dieron una traza particu- lar, casi siempre la misma: la iglesia de oriente á poniente, y formando escua- dra con ella, hácia el norte, la escuela y las habitaciones para los discípulos. A ese departamento solía acompañar una capilla destinada especialmente á los in- dios, mayor á veces que la iglesia prin- cipal. Las construían de muchas naves, enteramente abiertas por uno de los ex- tremos, y con vista á un grandísimo atrio que completaba el cuadro de toda la fá- brica. De esta disposición (que aun se ve en algunas partes, y señaladamente en Cholula) resultaba que cuando el con- curso de los indios á los oficios divinos era tan grande, que no cabían en la igle- sia, los que quedaban afuera podían ver desde el atrio lo que se celebraba. Servía también aquel gran patio para enseñar la doctrina á los adultos, por la mañana, antes del trabajo, y también para los hi- jos de los macehuales ó plebeyos que acu- dían á recibir la instrucción religiosa, pues el edificio de la escuela estaba re- servado para los hijos de los nobles y señores; bien que esta distinción no se guardaba rigorosamente. Una de las ra- zones que movían á los religiosos para hacerla, era que hijos de pobres no te- nían necesidad de saber mucho, pues no habían de regir la República, y sí la te- nían de instruirse pronto en lo más pre- ciso para quedar libres y ayudar á sus padres en el trabajo con que ganaban la vida; mientras que los nobles no hacían falta en sus casas y podían estar más de asiento en la escuela, hasta alcanzar toda la instrucción que se requiere para des- empeñar cargos públicos. Distinguían también de ingenios, y no querían per- der su escaso tiempo en dar instrucción mayor á los discípulos que ya en la pri- mera habían mostrado carecer de capaci- dad para más. Como en las niñas no me- diaban esas razones, no había distinción para ellas, sino que las de todas las cla- ses recibían instrucción en común. Tal vez no estaría de sobra recordar hoy esas prudentes reglas de los primeros misio- neros. Las familias y el Estado no ha- rían sacrificios estériles para dar una ins- trucción enciclopédica, que en pocas ca- bezas cabe, rara vez se termina, y menos se emplea bien; tampoco se mediría por igual lo que es muy diverso, ni se crea- rían necesidades facticias y ambiciones desordenadas que tan funestas son cuan- do faltan la voluntad ó los medios para satisfacerlas de una manera legítima. Levantadas las escuelas, era preciso procurarse discípulos, y los frailes, ya por sí mismos, ya valiéndose de las au- toridades, exigieron á los señores y prin- cipales que enviasen sus hijos á los mo- nasterios para ser allí educados. Muchos 38 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. llS¡3 de los señores, no queriendo entregarlos ni osando tampoco desobedecer, apela- ron al arbitrio de enviar en lugar de sus propios hijos y como si fuesen ellos, á otros muchachos, hijos de sus criados ó vasallos. Mas con el tiempo, advertida la ventaja que llevaban esos plebeyos á sus señores, merced á la educación que habían recibido, enviaban ya á sus hijos á los monasterios, y aun instaban para que fuesen admitidos. Las escuelas eran generalmente salas bajas, con dormitorios contiguos y de- más dependencias. Las había en todos los conventos principales, y tan capaces algunas, que admitían hasta ochocientos ó mil niños; pero la más famosa de to- das fué la de México, fundada y regida durante medio siglo por nuestro Fr. Pe- dro de Gante. Hallábase, según lo acos- tumbrado, detrás de la iglesia del con- vento, alargándose hácia el norte. Con vista al poniente quedaba la capilla de S. José de Belen de los Naturales, que al principio fué de paja con un pobre portal, y después se convirtió en una gran iglesia, la mejor de México, con sus siete naves descubiertas al inmenso atrio. Era la parroquia de los indios, á cargo de los franciscanos, y en ella se celebra- ban todas las funciones solemnes que se ofrecían, porque la parroquia de españo- les ó antigua catedral de la plaza mayor era tan pequeña, fea, pobre y desmante- lada, que no servía para tales ocasiones.1 Pronto se juntaron en aquella escuela hasta mil niños. Por la mañana les da- ba Fr. Pedro lecciones de lectura, escri- tura y canto: por la tarde enseñaba la doctrina y predicaba. Asistían á las fies- tas religiosas, y cantaban las horas canó- nicas. A los pequeños no permitían co- municación alguna con sus familias, para que no se contaminasen de los errores de la idolatría; pero de los más adelan- tados y entendidos eligió Fr. Pedro cin- cuenta, que destinó á catequistas, y les daba lección particular, enseñándoles con gran trabajo durante la semana lo que habían de predicar el domingo siguiente. Llegado el dia, los despachaba de dos en dos por los alrededores de México para que anunciasen el Evangelio. Si la dis- tancia era grande, como de quince ó vein- te leguas, salían cada veinte dias; y cuan- do tenía noticia de que iba á celebrarse alguna fiesta gentílica, despachaba con tiempo los más hábiles para estorbarla. Solía acompañar él mismo á aquellos mi- sioneros improvisados, y de paso iban destruyendo templos é ídolos. Así aque- lla escuela era al mismo tiempo un cen- tro de propaganda religiosa. Igualmente salían de allí jueces, alcaldes y regidores para los pueblos; porque la instrucción se extendió rápidamente entre los indios. En 1524 apenas habría alguno que su- piese lo que eran letras, y veinte años después, en 1544, quería el Sr. Zumárra- ga que la Doctrina de Fr. Pedro de Cór- dova se tradujese á la lengua de los in- dios, y esperaba que sería de mucho fru- 1 La capilla de S.José quedaba donde estuvo después la iglesia de los Servitas ó Siervos de Ma- ría. Según el P. Gante, cabían en ella diez mil per- sonas, y en el atrio setenta mil. Con el tiempo se fué deteriorando, y en 3 de Agosto de 1592 ocurrie- ron los franciscanos al Ayuntamiento pidiéndole que costease la reedificación de una pared que ame- nazaba ruina, cuya petición fué despachada favora- blemente. En 1649 llevaba mucho tiempo de estar medio arruinada y sin uso; pero el 24 de Octubre de ese año se volvió á abrir reparada, y se estrenó con una función al Santísimo Sacramento, que hi- cieron los naturales. (Diario de Guijo, tom. I, pá- gina 79.) En esa compostura quedó reducida á cinco naves. Cuando escribía Betancurt en 1697, tenía la capilla privilegios de catedral concedidos por Feli- pe II, y se celebraban en ella las ceremonias del culto con todo esplendor. Probablemente desde que los frailes aflojaron en su empeño de sostener las escuelas, descuidaron también la capilla, y al fin, ha- biendo quedado otra vez abandonada, pidieron los Servitas aquel sitio, donde construyeron su iglesia, dedicada en 1791. No sé á punto fijo cuándo des- apareció del todo la capilla: hallo únicamente que en 3 de Marzo de 1781 se comenzó por orden del Ayuntamiento la demolición de la torre. (Diario del Alabardero José Gómez, pág. 105.) La iglesia de los Servitas corrió á su vez igual suerte, pues fué demolida en 1861 para abrir la calle que por indicación del Sr. D. José Fernando Ramírez tie- ne el nombre de Gante, en memoria del ilustre lego. 15 53] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 39 to, ‘‘pues hay tantos de ellos que saben leer.” Veinte años ó menos, con tan po- cos y tan ocupados maestros, es bien cor- to término para tal obra. Cuidaba mucho Fr. Pedro de que sus discípulos viviesen arregladamente, y destinaba una parte de su tiempo á pre- pararlos para recibir los sacramentos. Otra empleaba en instruir de sus obli- gaciones á los que iban á tomar estado, y hacía que en los dias festivos se casaran solemnemente con doncellas criadas en recogimientos que para ellas habían fun- dado también los religiosos. En el es- plendordel culto divino ponía asimismo particular esmero. Tenía su capilla de S. José bien provista de todo lo necesa- rio: celebraba con pompa las fiestas, y procuraba que los indios no echasen de menos las antiguas, á cuyo efecto orde- naba danzas y cantares, y él mismo com- puso “metros muy solemnes sobre la ley de Dios y la fe.” Instituyó cofradías para los indios: unas destinadas al au- mento del culto: otras á ejercer obras de misericordia. Fuera de la de S. José le- vantó en México varias iglesias ó capi- llas, entre ellas las cuatro de los barrios en que se dividieron los indios de la ciu- dad: Santa María, S. Juan, S. Pablo y S. Sebastian. Era tan grande su afan de multiplicar los lugares de adoración, que él mismo nos refiere haber hecho cons- truir más de cien iglesias en el corto tiempo corrido desde su llegada hasta el año de 1529.1 Al estudio de doctrina, primeras le- tras, música y canto vino pronto á agre- garse el de la lengua latina. Hacía mucha falta á los religiosos una escuela seme- jante, porque sin ella no podían propor- cionarse músicos y cantores para las mu- chas iglesias que iban edificando. A esta necesidad proveyó cumplidamente Fr. Pedro, enseñando á sus discípulos el la- tín con ayuda de Fr. Arnaldo de Basa- do, y la música y canto en compañía de un anciano religioso llamado Fr. Juan Caro, quien sin saber palabra de mexica- no consiguió, á fuerza de constancia, que aquellos niños entendiesen las lecciones que les daba en español.1 Los discípulos hicieron notables adelantos, y llegaron á componer misas. Fr. Pedro aseguraba al Emperador haber cantores indios que podían lucir en su capilla real. No era esa la única necesidad de las iglesias, sino que también hacían falta imágenes, porque las traídas de Europa eran pocas y caras. Fr. Pedro acudió igualmente al remedio, añadiendo á su escuela un departamento de bellas artes. Como los indios tenían ya idea de la par- te mecánica de la pintura, y conocían excelentes colores vegetales, no fué muy difícil hacerles corregir su defectuoso di- bujo, luego que tuvieron por modelos buenas pinturas de España y Flandes. Lo propio sucedió con la escultura, por la aptitud para la imitación, innata en los indios, y de esa manera la escuela de Fr. Pedro de Gante proveía á todas las iglesias, si no de obras maestras, que nunca abundan ni podían salir de allí, á lo menos de imágenes decentes, que de otro modo no habrían podido obtener- se. El culto pedía además ornamentos, vasos sagrados, cruces, ciriales, andas, y otros muchos accesorios; pero sobre to- do, artesanos de diversos oficios para la construcción de templos y altares. A to- do quiso atender Fr. Pedro, y cada dia fué dando mayor ensanche á su escuela. Con el auxilio de un lego italiano, cria- do en España, llamado Fr. Daniel, pri- mer maestro que los naturales tuvieron en el arte de bordar, se estableció esa nueva industria, en que sobresalieron los indios, porque como ya había entre ellos maestros tan señalados en las labores de pluma, combinaron ese hermoso arte con el que de nuevo aprendieron, y pro- ducían labores primorosas, perfecciona- 1 Carta de 1529, apud Kieckens, pág. 20.—Id. de 1558, apud Vera, pág. 390.— Carta del Sr. Zu- márraga al Capítulo de Tolosa, 1531.— Códice franciscano, MS., págs. 7, 8.— Mendieta, lib. V, pte. 1, cap. 18. I Mendieta, lib. IV, caps. 14, 15. íl5S3 40 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. das con el conocimiento de las reglas del dibujo. Por iguales términos se eje- cutaban allí los demás objetos necesarios para las iglesias, y se establecieron tam- bién talleres de artes mecánicas donde trabajaban canteros, herreros, carpinte- ros, talladores, sastres, zapateros y otros. Ya se entiende que todos esos oficios no podían ser ejercidos por los niños de la escuela, porque ni su edad ni sus ocupa- ciones lo permitían, sino por otros in- dios mayores que el buen padre recogía y enseñaba. Asegura un cronista, y bien puede creerse, que á no haber sido por- que desde el principio aquel santo reli- gioso cuidó de que los indios se perfec- cionasen en los oficios que ya sabían, y aprendiesen los nuevamente introduci- dos por los españoles, nada hubieran adelantado á lo que sus antepasados sa- bían. Porque sobre estar aturdidos los indios con las guerras y calamidades pa- sadas, los artesanos españoles, muy lejos de procurar enseñarles lo que sabían, les ocultaban cuidadosamente los secretos de sus oficios, porque una vez dueños de ellos los indios, trabajaban mucho más barato, como hoy dia sucede, y quitaban á los españoles las crecidas ganancias que sacaban del monopolio, por ser pocos ó únicos los de cada oficio. Fr. Pedro no se contentaba con enseñar lo que podía, sino que ayudaba de buena gana á los indios en sus diligencias para sorprender los secretos de los artesanos españoles á quienes servían de oficiales ó criados; y con tal motivo se cuentan anécdotas cu- riosas que muestran bien cuánto era el empeño de los indios por aprender, y la facilidad con que lograban imitar los ar- tefactos de los extranjeros.1 Completaba el gran establecimiento de nuestro Fr. Pedro una pequeña celdilla á donde á ra- tos se retiraba á recogerse y cobrar nue- vas fuerzas en la oración; pero sin perder nunca de vista á sus discípulos. Admira ciertamente la disposición que mostró Fr. Pedro para enseñar artes que no sabemos hubiese aprendido. Tal vez en su juventud, cuando vivía en el mundo, se instruiría en algunas de ellas, como la música y el canto; pero no es creíble que en todas, y menos en las pu- ramente mecánicas. No aparece que en la escuela de S. Francisco hubiese otros catedráticos y maestros, que el mismo Fr. Pedro y algunos de sus compañeros de hábito, como los padres Basacio y Ca- ro, y el lego Fr. Daniel. No podía ser de otro modo, porque no se contaba con renta para pagar maestros seglares. Ver- dad es que la construcción de los edifi- cios corría entonces á cargo de los in- dios; pero como tan pobres, no podían dar sino su trabajo. Fr. Pedro pedía li- mosnas para sus educandos, y no bastán- doles, solicitaba del rey un corto auxilio en maiz y dinero.1 El Emperador con- cedió una limosna, que no sabemos á cuánto ascendía, librada en penas de cá- mara, ó sea multas; pero como no las había, resultó ilusoria la merced.2 Por lo visto, el parentesco de Fr. Pedro de Gan- te no sirvió de mucho para que el Em- perador favoreciese la escuela. Dependencia de ella, aunque no con- tigua, era la enfermería que construye- ron los frailes para curar á los niños que se educaban en el monasterio, y también para los que de fuera viniesen. Con ese objeto pidieron al Ayuntamiento un si- tio al otro lado de la acequia que corría por la calle de S. Juan de Letrán, y es el mismo donde después estuvo el colegio de ese nombre. En 12 de Julio de 1529 concedió el Cabildo ese terreno, y los frailes, con ayuda de los indios, edifica- 1 “ Para todo esto siempre procuro buscar la li- mosna que puedo, y trabajosamente se puede haber, porque los naturales son pobres todos los más. Los españoles, aunque hacen toda caridad, tienen otras necesidades proprias que cumplir, á que son más obligados.” (Carta de 1532, apud Cartas de Indias, pág. 52.) En esta carta pide mil fanegas de maiz cada año para la escuela, y en la de 1552 quinien- tos ó seiscientos pesos anuales, más algunas indul- gencias y jubileos para la capilla. Cartas de Indias, págs. 99, 100. 2 Carta de 1558, apud Vera, pág. 392. 1 Mendieta, lib. IV, cap. 13. •553] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. ron un hospital tan grande, que á veces había en él trescientos y cuatrocientos enfermos. Fr. Pedro corría también con esa casa, le procuraba limosnas, y la re- comendaba al Emperador, pidiendo con instancia que se le asignase alguna renta. Pero poco después, habiéndose resuelto la fundación de un colegio para mestizos, se tomó aquel edificio, con promesa de dar á los frailes otro equivalente para el Eospital, lo que no llegó á tener efecto.1 En nuestra época de afán, más ruido- so que sincero, por el aumento de la ins- trucción pública, y cuando anunciamos á són de trompeta la apertura de una triste escuela de primeras letras, antes mala que buena, no conocemos ni admi- ramos como debiéramos los gigantescos esfuerzos de aquel pobre lego, que sin más recursos que su indomable energía, hija de su ardiente caridad, levantaba de cimientos y sostenía durante medio si- glo una magnífica iglesia, un hospital y un gran establecimiento que era á un tiempo escuela de primeras letras, cole- gio de instrucción superior y de propa- ganda, academia de bellas artes y escuela de oficios: un centro completo de civili- zación. Calcúlese lo que costaría hoy al erario un establecimiento semejante; el sinnúmero de catedráticos, maestros y empleados que exigiría, y no podrémos menos de llenarnos de asombro al ver que unos cuantos frailes, dirigidos por un lego, hacían todo aquello, que sólo era una pequeñísima parte de sus impon- derables trabajos apostólicos. Antes de resolverse á consagrar ente- ramente su vida á la enseñanza, sintió el P. Gante graves tentaciones de aban- donar la penosa tarea y volverse á su patria; pero acudiendo á la oración, lo- gró triunfar de sí propio, y prosiguió incansable, instruyendo y civilizando á los indios. Correspondían estos cordial- mente al afecto que les mostraba el pa- dre: le preferían á todos los demás reli- giosos, por caracterizados que fuesen: le obedecían gustosos en cuanto les man- daba: á él acudían en todos sus negocios y trabajos, como á verdadero padre, de manera que realmente de él dependía el gobierno de los indios de México y su comarca; tanto, que el Sr. Arzobispo Montúfar, inmediato sucesor del Sr. Zu- márraga, solía decir: “Yo no soy arzo- bispo de México, sino Fr. Pedro de Gan- te.”1 Más claramente se vió cuando á consecuencia de cierto falso testimonio que levantaron al padre, fué desterrado áTlaxcala, donde permaneció poco tiem- po, por haberse probado muy pronto su inocencia. Obtenido el permiso de vol- ver, quiso embarcarse en Tezcoco para entrar de noche á México, y excusar el recibimiento que los indios le prepara- ban ; pero no fué tan secreta la resolu- ción, que los indios no la supieran, y sa- lieron á encontrarle con una gran flota de canoas, haciéndole una solemne fiesta, en que simularon un combate naval, y luego le llevaron hasta su aposento en- tre danzas y regocijos. Aun después de muerto conservaron de él grata memoria. El cronista refiere que una india tenía por devoción vestir algunos frailes; y I Este dicho del Sr. Montúfar, referido por los cronistas franciscanos, es susceptible de dos sentidos muy diversos: el uno favorable, como quien aplaude las buenas obras del P. Gante y califica de merecida y benéfica la influencia que ejercía en los indios: el otro al contrario, como una queja de lo que esa in- fluencia disminuía la autoridad episcopal. Los fran- ciscanos le toman en el primero, y Betancurt le agre- ga palabras que no dejan duda; pero atendido el carácter del Sr. Montúfar, dominico, y la poca vo- luntad que siempre mostró á los franciscanos, yo me inclino á la segunda interpretación. El P. Mo- guer, también dominico, acusaba al P. Gante de ha- ber aconsejado á los indios (como lo ejecutaron) que no recibiesen á los frailes de aquella orden, cuando fueron á tomar ciertas doctrinas servidas antes por los franciscanos (Cartas de Indias, pág. 124). Pero de todas maneras, lo que dijo el Sr. Montúfar de- muestra cuánto respetaban los indios al P. Gante. I Carta de 1532, apud Cartas de Indias,pág. 52. — Id. de 1552, id. pág. 100.— V. también México en 1554, pág. 230. Por estos documentos se ve que sin razón alguna se ha atribuido á Fr. Pedro de Gante la fundación del colegio de S. Juan de Le- trán, y que no fué destinado á los indios, sino á los mestizos. La causa del error ha sido haber confun- dido este colegio con la escuela de la capilla de S. José. BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [*553 42 habiendo llegado una vez con seis hábi- tos, dijo al P. Fr. Melchor de Benavente, encargado de la capilla de S. José, que los diera á seis religiosos que nombró, y entre ellos á Fr. Pedro de Gante. Díjole entonces el P. Benavente: “Hija, ¿no sabes que Fr. Pedro es difunto?—Sí lo sé, replicó la india; pero yo doy este há- bito á Fr. Pedro: dalo tú á quien qui- sieres.” 1 De esa manera, á fuerza de be- neficios, logró el P. Gante cambiar el carácter de los indios, de quienes decía en su primera carta, que no hacían cosa alguna, sino compelidos, y que era im- posible sacar nada de ellos por halago y dulzura; lo cual atribuía á que nunca habían aprendido á obrar por amor á la virtud, sino solamente por temor y apre- mio.2 Además de los beneficios que aquí les hacía, abogaba calurosamente por ellos ante el Emperador. Procuró licen- cia para ir en persona á defenderlos allá, y no habiéndola alcanzado, escribió una carta casi exclusivamente con ese fin. En ella traza un vivo y doloroso cuadro de las miserias de los indios. Clama contra los servicios personales, el exceso del tri- buto, el alquiler forzado y la multitud de pleitos en que algunos estafadores los enredaban, como todavía sucede, para sacarles cuanto tenían. Se queja de que con el exceso del trabajo no les dejaban tiempo para recibir la doctrina, é iban por eso en decadencia las cosas de la re- ligión, al mismo paso que la despobla- ción de la tierra. Pide el remedio de todo con sentidas palabras, y dice: “Vasallos de V. M. son: la sangre de Cristo costa- ron: sus haciendas les han tomado: ra- zón será que se duela de ellos, y pues es- tán desposeídos de sus tierras, en pago les ganen ánimas. Con avisar cumplo lo que debo, cuanto á Dios.”5 Se declara, por supuesto, enemigo de los reparti- mientos; y con mejores deseos que co- nocimiento de las cosas, propone que se sustituyan con pensiones ó juros á los es- pañoles.1 El mérito del humilde lego no podía ocultarse á sus superiores, y consideran- do, sin duda, que no debía permanecer en aquel estado, pues si en él hacía cosas tan grandes, mucho mayores las haría elevado al sacerdocio, le enviaron por tres veces licencia para ordenarse: la pri- mera del Papa Paulo III: la segunda del capítulo general celebrado en Roma (153 8), y la tercera de un nuncio apos- tólico de la corte del Emperador Carlos V; pero Fr. Pedro nunca quiso usar de ellas. El mismo Emperador le ofreció el obispado de México, al tiempo de eri- girle, según unos, ó en la vacante del Sr. Zumárraga, según otros.2 Esto se ha te- nido por dudoso;5 pero consta del tes- timonio del P. Fr. Diego Valadés, que conoció y trató mucho al P. Gante. Re- fiere el hecho, y añade: “De lo cual pue- do ser buen testigo, porque en su nom- bre escribí muchas respuestas, y vi las cartas del César llenas de afecto y de benevolencia.”4 Excusado es decir que quien había rehusado tres veces el sacer- docio, menos aceptaría la dignidad epis- copal. Así pudo continuar consagrado á la enseñanza de los indios hasta el dia de su muerte, que ningún cronista de la or- den fija. Betancurt coloca la vida de Fr. Pedro en el dia 29 de Junio, en que la Iglesia celebra la fiesta del Apóstol cuyo nombre llevaba nuestro lego; pero no di- ce que en tal dia falleciera. Acaso no hu- bo cuidado de anotar en los registros de la orden la fecha de la pérdida de uno 1 Carta de 1558, apud Vera, pág. 393. 2 Torrubia, Novena parte de la Crónica de S. Francisco, Apénd. pág. III.— Vera, ubi supra, pá- gina 385. 3 Mendieta, lib. V, pte. 1, cap. 18. 4 “ Cujus rei certissimus testis esse possum, ut- pote qui multas responsiones ejus nomine conscri- pserim, et epistolas Caesaris plenas benivolentiae et propensionis viderim.” Rhetorica Christiana (Pe- rusite, 1579, 4?) pág. 222. 1 Mendieta, lib. V, pte. 1, cap. 18. 2 Carta de 1529, apud Kieckens, pág. 17.— “Metu magis quam amore eos parere, dixit saspe Moteczuma, quod esse verum experientia declarat.” Cervantes Salazar, Dial. III, apud México en J554> Pág- 29o- 3 Carta de 155 2, apud Cartas de Indias, pág. 96. •553] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 4 3 de sus más esclarecidos miembros, y por eso al formar Betancurt su Menologio, pu- so á Fr. Pedro en el dia de su santo. Sin embargo, la fecha puede fijarse muy aproximadamente, pues la pintura con- temporánea publicada por M. Aubin ex- presa que el padre Gante fue sepultado el domingo 20 de Abril de 1572, de donde se deduce que murió uno ó dos dias antes. Su edad pasaba de noventa años. Grande y justo fué el duelo que hicie- ron los indios por su muerte: en inmenso número asistieron á su entierro, derra- mando lágrimas: vistiéronse de luto, y después de haberle hecho muy solemnes exequias en común, se las hicieron en particular cada cofradía de las que había fundado, cada pueblo y aldea de la co- marca, y aun varias personas particula- res. Pidieron el cuerpo á los prelados de la orden para sepultarle en la capillade S. José, lo que les fué otorgado.1 No sa- bemos adonde pasaría cuando esta capi- lla fué derribada: probablemente al lugar del mismo convento en que reposaban sus compañeros, cuyos restos fueron dis- persados en 1862 para abrir la calle á que se dió el nombre de Gante; sin duda con sana intención, aunque parece un sarcasmo, pues existe gracias á la des- trucción del convento donde moró el venerable lego, y su apertura dió causa á aquella sacrilega profanación. Hoy el gran templo de S. Francisco, cuna de la civilización del pueblo indígena por los misioneros católicos, es una catedral pro- testante. Conservaron los indios el retrato del P. Gante en la capilla de S. José y en otras partes; pero hoy no se halla algu- no en cuya semejanza pueda confiarse. México le debe una estatua, con mucha más razón que á otros que la tienen. Acaso nuestros descendientes pagarán esa deuda al venerable varón, al santo religioso de sangre real, que renunció al mundo y consumió la mayor parte de su vida en el destierro, entre gente rústica y desconocida, para defender, ilustrar y amparará los desvalidos, á los ignoran- tes y á los pobres. Pocos escritos nos quedan del P. Gan- te. Hasta ahora conozco los siguientes: i. Doctrina cristiana en lengua mexicana. Mendieta dice que se imprimió, sin ex- presar dónde ni cuándo.1 Torquemada le copia.2 Betancurt añade que á los dos años la tenía impresa el autor en Ambe- res.3 No se sabe si estos dos años deben contarse desde la llegada de Fr. Pedro, ó desde la composición del libro. Beris- tain le asigna la fecha de 1528.4 De esta edición de Amberes no se halla ejem- plar alguno; pero no es razón para ne- garla: se sabe que Fr. Toribio de Moto- linia imprimió una Doctrina, y tampoco se halla hoy. Nada tiene de improbable que por el deseo de propagar la doctrina cristiana, compusiese Fr. Pedro lo más pronto posible ese libro, y por no haber todavía imprenta en México, le enviase á las prensas de Flandes, donde tenía tantas relaciones y florecía el arte tipo- gráfico. En las breves actas que trae Gri- jalva, del primer capítulo que celebra- ron los agustinos el dia de Corpus del año de 1534, se ordenó que se enseña- se á los indios la doctrina, ‘‘conforme al Doctrinal de Fr. Pedro de Gante” (Edad I, cap. 10). Parece que si se adoptaba para ese fin, debía estar ya impreso fue- ra, por falta de imprenta aquí. La edi- ción, entregada á los muchachos, desapa- recería en sus manos destructoras. Si, como creo, el libro descrito con el n° 14 es la Doctrina del P. Gante, tendremos que esa es la primera edición mexicana; y el hecho de no conocerse de ella más que un ejemplar en estado deplorable, da mayor probabilidad á la existencia y desaparición de la de Amberes. Tampo- co la de 1553, descrita en el presente nú- 1 Lib. IV, cap. 44; libro V, pte. 1, cap. 18. 2 Lib. XIX, cap. 33; lib. XX, cap. 19. 3 Menologio, 29 de Junio. Varones ilustres, nú- mero 5. 4 Tom. II, pág. 17. 1 Mendieta, ubi supra. 44 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVL C*5S3 mero, ha sido más afortunada: dos ejem- plares conocemos únicamente, y ambos sin portada. Tenemos, pues, una edición de la Doctrina, perfectamente averiguada, y dos dudosas todavía. 2. Carta á los religiosos de Flandes. 27 de Junio de 1529. El original espa- ñol se conservó mucho tiempo en Bél- gica, pero ha desaparecido. La carta se publicó por primera vez, en latín, en la Chronica compendiosissima ab exordio Mun- di usque ad annum Domini millesimum quin- gentesimum trigesimum quartum, escrita por el P. Amando de Zierikzée (Amberes, 1534, 8°). De esta traducción se han he- cho dos francesas: una por M.Ternaux- Compans, en el tomo X de sus Voyages &c., y otra por el P. Kieckens, en el opúsculo varias veces citado. 3. Carta al Emperador. 31 de Octu- bre de 102. En las Cartas de Indias, n° VIII. 4. Carta al mismo. 15 de Febrero de 1552. También en las Cartas de Indias, n554 3° Mexicus Exterior. Los mismos interlocutores van de paseo á Chapultepec, y con ese motivo se describen los alrededores de la ciudad, y se dan algunas no- ticias de la Nueva España en general, así como de las antiguas costumbres de loa indios. Termina en el fol. 290 vto. Falta en el ejemplar la foja 289. j Concluye el libro con 4 ff. sin numerar, que comprenden: una epístola de Al- fonso Gómez, discípulo de Cervantes; la fe de erratas del Comentario á Vives; otra de los Diálogos añadidos por Cervantes; una Epístola del impresor Juan Pa- blos, y el colofón así: IMPOSITVS EST FINIS huic operi, anno ab aíTerto in liber- tatem genere humano, mille- íimo quingentefsimo quinquagefsimo quarto. Die vero fexta: meníis Nouem bris. EX COMMISSIONE PROR regis & Archiepifcopi Mexicani, proba- tum eft opus, Doctori Matheo Sedeño Areualo, Decretorum interpreti, & Ma giftro Alfonfo a uera Cruce Theologiae primario moderatori, Mexici anno mé- íe & die vt fupra. (El ejemplar descrito está en mi poder: entiendo que es el mismo que perteneció á Eguiara, y no co- nozco otro. Tengo además un fragmento de la misma edición, que sólo comprende los Diálogos añadi- dos por Cervantes Salazar. Le faltan varias fojas, entre ellas la 289, como al otror) El año de 1875 reimprimí los tres Diálogos que tratan de México, con traduc- ción castellana al frente, introducciones, notas muy extensas y la vida del autor, todo bajo el título de México en 1554. Tres Diálogos Latinos que Francisco Cervantes Salazar es- cribió é imprimió en México en dicho año. Los reimprime con traducción caste- llana y notas, Joaquín García Icazbalceta, &c. México, Antigua Librería de Andrade y Morales, Portal de Agustinos n.° J. (Impreso por F. Díaz de León y S. White) 1875. 1 tomo en 8” francés, papel y tipos antiguos; l y 344 pp., y una fotolitografía. Se imprimieron 165 ejemplares en papel común, y 15 en papel marquida. La edición está agotada hace tiempo.1 i Al frente de esta edición de los Diálogos del Dr. Cervantes Salazar, puse la biografía del au- tor, formada con los datos que hasta entonces había podido adquirir. Antes de que concluyera la im- presión de aquel volumen, descubrí otros, y tuve que agregarlos en forma de suplemento. Con el fin de reunirlos todos en un solo cuerpo, y consideran- do por otra parte que pocos de los lectores de está Bibliografía podrán obtener el México en I554> me j determino á repetir aquí la biografía de Cervantes Salazar, añadiéndole algunas cosas, y acomodán- dola á la índole de la presente obra. 1554] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 49 p“»¡a'L erudito bibliotecario español D. Nicolás Antonio anduvo tan es- W«£gall caso de noticias de nuestro Fran- cisco Cervantes Salazar, que no pudo decir de él otra cosa sino que nada sabía: nescio quis, aut unde oriundus. Algo más alcanzó el académico D. Francisco Cer- dá y Rico, pues en el prólogo á las obras de Cervantes, que reimprimió en 1772, nos dió ya apuntes biográficos del autor; pero tan incompletos, que ni siquiera se indica en ellos su traslación á México. Con los datos que he recogido por otras partes puede ampliarse mucho la biogra- fía de Cervantes, aunque sin llegar á com- pletarla. No hay duda de que nació en Tole- do; pero no es posible señalar con cer- teza la fecha de su nacimiento. Creí, y aun así lo dije,1 que podía adoptarse la de 1521, porque el Maestro Venegas, en el prólogo de las Obras de Cervantes, im- presas en 1546, dice que “siendo de edad de veinticinco años ha tirado la barra so- bre más de cuarenta.” Pero no tardé en reflexionar dos cosas: la una, que aun- que el prólogo se imprimió en 1546, no es seguro que se escribiera ese año, cuan- do acaso había ya muerto Venegas: la otra, que de las palabras de éste no se in- fiere de una manera segura, que al tiem- po que él escribía tuviera Cervantes los veinticinco años, pues también puede en- tenderse que cuando tenía esa edad ha- bía compuesto el libro y aventajado ya á otros mayores. Posteriormente he en- contrado documentos que obligan á atra- sar la fecha del nacimiento de Cervantes. Declarando en una información que hi- zo el Sr. Arzobispo Montúfar contra el deán D. Alonso Chico de Molina,4 dijo que era de edad de más de cuarenta años. Esto pasaba el dia 22 de Abril de 1563. A estar expresada la edad con exactitud, excusada era toda investigación ulterior; mas esta designación vaga nos deja una incertidumbre de unos ocho años; y co- mo puede dar la fecha de 1522, si el más se interpreta por un año, también puede llevarnos á 1514, si le tomamos por nue- ve. En la Descripción del Arzobispado de México, manuscrito de 157o,1 se le llama hombre viejo, calificación que no sería pia, si el que era objeto de ella hubiera nacido en 1522, pues sólo tendría cua- renta y ocho años; pero si había nacido en 1514, ya era otra cosa, porque contaba cincuenta y seis. El Sr. Arzobispo Mo- ya de Contreras, decía después, en 1575,4 que nuestro Cervantes tenía “más de se- senta años,” lo cual hace ver que los “más de cuarenta” de 1563, eran por lo menos cuarenta y nueve, y nos conduce tam- bién á fijar su nacimiento antes del año de 1515. La fecha de 1513 ó 1514 es, pues, la que mejor se ajusta con los da- tos hallados hasta ahora, y con lo que sabemos de la vida del autor. No parece probable que á los veinticinco años tu- viera ya hechos sus estudios de humani- dades, y además de haber viajado fuera de su país, hubiera escrito y publicado el prender al arcediano, no se dice por qué. La decla- ración de Cervantes, quien, por cierto, se resistió mucho á darla, es la última de todas, y muy poste- rior á las demás, pues lleva la fecha citada en el texto. Tengo este documento en copia coetánea y autorizada, que me remitió de Madrid el Sr. D. José Sancho Rayón. 1 “El Dr. Francisco Cervantes, teólogo y buen latino, hombre viejo y de poca espiriencia en las co- sas del coro é iglesia.” Pieza n? 3. Relación que da el contador Pedro Cuadrado de lo que han producido los diezmos desde 1550 á 1558. Fecha á 19 de Oc- tubre de 1569. Al pié de este documento hay una posdata de diversa letra, sin fecha ni firma, que con- tiene una noticia de las personas que entonces for- maban el coro de la iglesia Catedral, y entre los ca- nónigos se menciona á Cervantes, en los términos citados. MS. original en mi poder. 2 Carta-relación, remitiendo al Rey D. Felipe II reservados informes personales del clero de su diócesis. México, 24 de Marzo de 1575, apud Cartas de In- dias,pág. 197. 1 Diccionario Universal de Historia y de Geogra- fía, tom. II, pág. 305. 2 En el mes de Octubre de 1562, el Sr. Arzo- bispo Montúfar, que tenía graves y frecuentes cues- tiones con su Cabildo, según aparece en las Actas de éste, mandó levantar una información para hacer constar las palabras injuriosas y aun amenazas que contra él había proferido, en el propio palacio epis- copal, el célebre deán D. Alonso Chico de Molina, con motivo de haber mandado el Sr. Arzobispo BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. C15 54 volumen de sus obras, en que algunas circunstancias revelan que el autor había alcanzado ya cierta posición social, y en cuyo prólogo consta que tenía conclui- dos otros trabajos de mayor importan- cia. Todo esto es más creible, tratándose de un hombre de treinta y dos á treinta y tres años. El Maestro Venegas alude á la nobleza de los ascendientes de Cer- vantes; pero sin duda esa nobleza no iba acompañada de los bienes de fortuna, á juzgar por los empleos que desempeñó nuestro autor. Discípulo muy querido de Vives fué Cer- vantes, si hemos de creer á Beristain;1 pero este testimonio único me parece quedar muy debilitado, ó mejor dicho, destruido, por el argumento negativo que ofrecen los escritos del mismo Cer- vantes. Respetaba y admiraba á Vives, tradujo su Introducción y Camino para la Sabiduría, comentó y continuó sus Diá- logos, y ni en la dedicatoria de aquella obra, ni en lugar alguno de ésta, ni en ningún otro escrito suyo que conozca- mos se vanagloria de haber sido discí- pulo del sabio valenciano: cosa que á ha- ber sido cierta, no habría dejado de pu- blicar para honra propia. El pasaje de la Vida de Vives puesta al frente de los Diálogos sólo prueba que tenía amistad con él. Su silencio en ocasión tan opor- tuna para decir que le había tenido por maestro, es á mi juicio una demostración de lo contrario. Mas si Cervantes no fué discípulo de Vives, fuélo indudablemente del sabio y piadoso Alejo de Venegas,2 que en la pa- tria de ambos, Toledo, buscaba por me- dio de la enseñanza la subsistencia de su numerosa familia. Del aprovechamiento de Cervantes, sobre todo en la lengua la- tina, da testimonio el mismo Venegas, en el prólogo á las obras del discípulo, de quien sabemos también que estudió cánones en Salamanca. La preponderancia de España en aquel siglo, y la grande extensión de sus domi- nios, eran causa de que los jóvenes espa- ñoles viajaran á menudo por diversas tierras, en especial por Italia y Flandes, unos para instruirse, otros para buscar fortuna en las armas ó en los empleos, y agregados otros al servicio de los que pa- saban á desempeñar cargos públicos en las provincias sujetas á la corona. De es- tos últimos fué nuestro Cervantes, que pasó á Flandes, ignórase con qué carác- ter, en compañía del Lie. Girón. No he podido fijar la fecha de este viaje, ni su duración, y solamente hallo que restitui- do á su patria desempeñaba Cervantes el importante empleo de secretario lati- no del Cardenal D. Fr. García de Loaysa,f Maestro General de la Orden de Sto. Do- mingo, Obispo de Osina y de Sigüenza, Arzobispo de Sevilla, Consejero de Es- tado, Comisario de Cruzada, Inquisidor cual no es, como pudiera creerse por su título, una crítica literaria, sino un tratado de filosofía acerca del modo de leer en los libros de Dios, que son la Naturaleza, el Hombre y el Cristianismo. Tam- bién escribió la Agonía del Tránsito de la Muerte,t con los avisos y consuelos que cerca della son provecho- sos. Ticknor creyó que la primera edición de esta obra era la de Alcalá, 1574, en 8?; pero es, cuando menos, la quinta, porque en el Boletín de la Libre- | ría (Madrid, Noviembre de 1874) se anuncia de venta una hecha en Zaragoza por G. Cocí, i 544, en 8o, que parece ser la primera: yo tengo la de To- ledo, por Juan de Ayala, 1547, en 4? góí., cuya dedicatoria y demás principios llevan la fecha de i 1543; en el Catálogo del Marqués de Morante se cita otra de Alcalá, 1565, en 4?, y en un catálogo de la Librería de Sánchez (Madrid, 1876) se anuncia la de Alcalá, 1570, en 4? Después se volvió á impri- mir en Valladolid, 1583, en 8? Lo más curioso de esta obra es la Breve Declaración de las Sentencias y Vocablos oscuros, que lleva añadida al fin, forman- do libro separado: la dedicatoria á Da Mencía de Avalos está fechada en Toledo, á 31 de Octubre de 1543. 1 Biblioteca Hispano — Americana Septentrional, tom. I, pág. 328. Eguiara no le hace más que amigo de Vives. Bibliotheca Mexicana, continuación MS. 2 Alejo de Venegas (ó de Vanegas) de Busto fué natural de Toledo, y floreció en la primera mitad del siglo XVI. Estudió teología con intención de abrazar el estado eclesiástico; pero mudado luego el propósito, se casó y abrió en Toledo una escuela de latinidad y letras humanas. D. Nicolás Antonio (Bibl. Hisp. Nova, tom. I, pág. 8), Juan Ginés de Se- púlveda (Epist. 3, lib. VII, apud Opera, tom. III, pág. 3 31) y otros, hacen grandes elogios de su eru- dición. Escribió varias obras, entre ellas la intitu- lada Diferencias de Libros que hay en el Universo, la 1554] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 51 General y sucesor del Arzobispo Fonseca en la presidencia del Consejo de Indias. Ocupaba todavía Cervantes ese puesto el 25 de Agosto de 1545, y parece pro- bable que le dejó á consecuencia del fa- llecimiento del Cardenal, ocurrido el 22 de Abril del año siguiente. En 1550 era nuestro autor catedrático de retórica en la Universidad de Osuna, y hay quien diga que fué profesor en la de Alcalá. Es noticia de Beristain, que no he hallado en otra parte: téngola por incierta, por- que haciendo Cervantes, en sus Diálogos, mención expresa de haber enseñado re- tórica en una Universidad menor, cual era la de Osuna, no había de haber calla- do la circunstancia, más honrosa para'él, de haber sido profesor en la insigne Com- plutense. Lo que puede creerse es que residió en esa ciudad, pues allí hizo im- primir sus obras castellanas. El viaje de Cervantes á México divi- de naturalmente su biografía en dos pe- ríodos. Antes de referir lo que se sabe del segundo, terminarémos lo tocante al primero con la noticia de lo que nuestro autor publicó en España. No es de grande extensión, ni le per- tenece sino en parte. Redúcese todo á un tomo en 4° impreso en Alcalá de He- nares, por Juan de Brocar, hijo del céle- bre Arnaldo Guillen de Brocar, impresor de la Poliglota Complutense. Tuve una vez á la vista esa edición original; mas descuidé anotar su descripción. Me guio ahora por la reimpresión que hizo en 1772 D. Francisco Cerdá y Rico, en ca- sa de D. Antonio de Sancha, igualmente en un tomo en 49 El título de la antigua edición, que Cerdá compendió en la nueva, es como sigue:1 “Obras que Francisco Cervantes de Salazar ha hecho, glosado y traducido. La primera es un Diálogo de la Digni- dad del Hombre, donde por manera de disputa se trata de las grandezas y ma- ravillas que hay en el Hombre, y por el contrario de sus trabajos y miserias, co- menzado por el Maestro Oliva, y acaba- do por Francisco Cervantes de Salazar. La segunda es el Apólogo de la Ociosi- dad y el Trabajo, intitulado Labricio Portundo, donde se trata con maravillo- so estilo de los grandes males de la Ocio- sidad, y por el contrario de los prove- chos y bienes del Trabajo. Compuesto por el Protonotario Luis Mexía, glosado y moralizado por Francisco Cervantes de Salazar. La tercera es la Introducción y Camino para la Sabiduría, donde se de- clara qué cosa sea, y se ponen grandes avisos para la vida humana, compuesta en latín por el excelente varón Luis Vi- ves, vuelta al castellano con muchas adi- ciones que al propósito hacían, por Fran- cisco Cervantes de Salazar.” Cada obra tiene portada y foliatura particular. La primera está dedicada á H ernán Cortés, por medio de una Epís- tola llena de elogios al Mecenas, como era natural, pero que no presenta parti- cularidad alguna por donde merezca que la traslademos aquí. La parte que aña- dió Cervantes á la obra de Oliva es mu- cho mayor que ella; y tanto, que en la edición de Cerdá el Diálogo de Oliva ocu- pa 44 páginas, y la continuación 127. La segunda obra es el Apólogo de la Ociosidad y el Trabajo, por el Protonota- rio Luis Mexía. Ticknor dice1 que na- da se sabe de este autor: que el Apólogo está tomado, en gran parte, de la Visión deleitable del Br. Alfonso de la Torre, y i Hállase este título en la edición de Cerdá (Ad- vertencia, pág. II) y en las Adiciones á la Bibliotheca Americana Vetustísima (por Harrisse) n? 158. De paso hay que rectificar algunos errores de este au- tor, en el lugar citado. Dice ser tan rara la primera edición, que se iba á publicar una en México, to- mando por original la de 1772: nadie pensó en tal edición, totalmente inútil: el autor la confundió con la de los Diálogos, que le había yo anunciado. Que Cervantes fué discípulo de Vives, y enseñó retórica en Alcalá: ni uno ni otro. Que escribió una especie de sermón (a kind of oration) en las exequias de Carlos V: no fué sino descripción de ellas. Pone co- mo obras distintas la Crónica de las Indias, y las Me- morias de que se valió Herrera, siendo una sola. 1 Historia de la Literatura Española, trad. de Ga- yangos y Vedia, 2“ época, cap. 5. BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. C1554 que su estilo es castizo y bastante eleva- do : á mí me parece una cansada alegoría. Le cargó Cervantes de notas curiosas, henchidas de erudición greco-latina, y dedicó todo á D. Juan Martínez Silíceo, Arzobispo de Toledo. Tras de la dedi- catoria viene un interesante prólogo de Venegas al benigno y pió lector, y no sé por qué está colocado en este lugar, siendo el suyo propio al principio del volumen, puesto que se refiere á las tres obras con- tenidas en él. Sigue luego un Argumento y Moralidad de la obra, por Francisco Cer- vantes Salazar; á continuación el Apólogo, y al fin una nota en que se expresa que aquella obra se imprimió en Alcalá de Henares, en casa de Juan de Brocar, en el mes de Mayo del año de 1546. La tercera y última parte del volumen es la célebre Introducción á la Sabiduría, escrita en latín por Luis Vives y tradu- cida al castellano, con algunas notas, por nuestro Cepvantes.1 La traducción es al- go parafrástica, mas no carece de mérito: las notas se reducen á unos breves co- mentarios para aclaración, ó más bien confirmación del texto. Una de ellas, aca- so la más larga, quiero copiar aquí para honra de Cervantes Salazar, á quien D. Diego Clemencín, en su gran Comentario al Quijote, no contó entre los que con- denaron y abominaron la perniciosa lec- tura de los Libros de Caballerías. Dice Vi- ves que no deben leerse libros malos ni viciosos, y Cervantes agrega: tcEn esto se había de cargar la mano, y es en lo que más nos descuidamos, porque tras el sa- broso hablar de los Libros de Caballerías bebemos mil vicios como sabrosa pon- zoña; porque de allí viene el aborrecer los libros santos y contemplativos, y el desear verse en actos feos, cuales son los que aquellos libros tratan. Ansí que con el falso gusto de los mentirosos perde- mos el que tendríamos, si no los oviese, en los verdaderos y santos: en los cua- les, si estuviésemos destetados de la mala ponzoña de los otros, hallaríamos gran gusto para el entendimiento, y gran fru- to para el ánima. Guarda el padre á su hija, como dicen, tras siete paredes, para que quitada la ocasión de hablar con los hombres, sea más buena, y déjanla un Amadís en las manos, donde deprende mil maldades y desea peores cosas, que quizá en toda la vida, aunque tratara con los hombres, pudiera saber ni desear; y vase tanto tras del gusto de aquello, que no quisiera hacer otra cosa; ocupando el tiempo que había de gastar en ser labo- riosa y sierva de Dios, no se acuerda de rezar ni de otra virtud, deseando ser otra Oriana, como allí, y verse servida de otro Amadís. Tras este deseo viene luego procurarlo, de lo cual estuviera bien des- cuidada, si no tuviera donde lo depren- diera. En lo mesmo corren también lan- zas parejas los mozos, los cuales, con los avisos de tan malos libros, encendidos con el deseo natural, no tratan sino có- mo deshonrarán la doncella y afrentarán la casada. De todo esto son causa estos libros, los cuales, plegue á Dios, por el bien de nuestras almas, vieden los que para ello tienen poder.” Estas justísimas observaciones son tan aplicables á los Li- bros de Caballerías, como á las novelas modernas. Dedicó Cervantes su traducción á la Serma. Sra. María, infanta de Espa- ña, hija de Carlos V, después Empera- triz de Alemania y reina de Hungría. Al fin de la primera edición consta que se acabó de imprimir á 18 de Julio de 1546. Cerdá añadió en la segunda el tex- to latino de Vives. Las obras menciona- das, con un prólogo del editor, y el Dis- curso de Ambrosio de Morales en favor de la lengua castellana, es lo que contiene la edición de 1772. Costeó la impresión de ella D. Manuel Negrete, marqués de 1 También tradujo al castellano esta obra Diego de Astudillo; y lo que es más extraño, la tradujo en verso, en 1791, el Dr. D. Pedro Pichó y Rius, á quien censuró duramente, y con sobrada justicia, por su insufrible prosaísmo, el Sr. D. Leopoldo Augusto de Cueto, en su excelente Bosquejo Histórico — Crí- tico de la Poesía Castellana en el Siglo XVIII, puesto al frente del tomo 6 i de la Biblioteca de Autores Es- pañoles, de Rivadeneyra. *554] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. I 53 Torremanzanal, coronel del regimiento de voluntarios extranjeros.1 Estas son las noticias que he podido recoger relativas al tiempo que Cervan- tes vivió en Europa: veamos ahora lo que hizo en México, adonde los litera- tos españoles ignoraron que hubiera pa- sado, perdiéndole totalmente de vista desde que en 1546 publicó el volumen de sus obras. Duda Beristain si Cervantes vino á México convidado por Cortés, á quien había dedicado el Diálogo de la Dignidad del Hombre, ó llamado por su pariente el Dr. Rafael de Cervantes, tesorero de la Iglesia Metropolitana. Lo primero no parece ni probable, porque Cortés mu- rió en España á fines del año siguiente de 1547, y el viaje de Cervantes no se verificó sino hasta unos tres años des- pués. Lo segundo no es imposible, aun- que del parentesco entre los dos Cervan- tes no encuentro más dato que el muy débil contenido en el acta del Cabildo Eclesiástico del 18 de Noviembre de 1575. Consta en ella que se dió al racio- nero Muñoz lacapellaníadel hospital que vacó por muerte del Dr. Cervantes Sa- lazar, la cual capellanía (se añade) “es la que instituyó el tesorero Rafael de Cer- vantes.” El hecho de ser éste el fundador de la capellanía, y haberse dado después á otro eclesiástico del mismo apellido, es todo lo que puede indicar parentesco entre ambos. El motivo del viaje de Cervantes á México es desconocido. La conjetura más probable parece ser que como había estado al servicio del Carde- nal Loaysa, presidente del Consejo de Indias, tuvo por eso ocasión de conocer á muchos de los que volvían de Améri- ca á tratar negocios en el Consejo, de lo cual vendrían las relaciones con Cortés, y luego la resolución de visitar unos paí- ses de que ya tendría largas y favorables noticias. Tal vez la falta de nuevo pro- tector y de empleo en que ganar la sub- sistencia le obligó á emigrar, como á tan- tos otros, para buscar fortuna en el Nue- vo Mundo. Vino, pues, Cervantes á México por los años de 1550 ó 1551, todavía seglar, y sin empleo alguno que sepamos. De un pasaje de sus Diálogos se deduce que al principio se dedicó á enseñar gramá- tica latina en una escuela particular. Po- cos años después se erigía la Universi- dad de México, y se daba á Cervantes la cátedra de retórica, así como el honorífi- co encargo de inaugurar los estudios con una oración latina, ceremonia que se ve- rificó el dia 3 de Junio de 1553. Comen- zó á servir su cátedra, con sueldo de ciento cincuenta pesos anuales, el dia 12 1 D. Nicolás Antonio, al mencionar el libro de Cervantes, agrega quem vulgus terit: expresión que Beristain creyó despreciativa, tomándola en el sen- tido de que el libro “andaba entre los piés del vul- go pero en esto padeció error el erudito deán, por- que tero, aplicado á libros, no significa “traer entre los piés” ó “pisotear,” sino “andar en manos de muchos, tener muchos lectores,” lo cual, lejos de ser una calificación injuriosa, demuestra más bien esti- mación. Horacio (Ep. I, lib. II) dijo: Sguid nunc esset vetus? aut quid haberet Quod legeret tereretque viritim publicus usus? que Burgos tradujo: ¿Qué habría antiguo ahora? ¿Cuáles libros Leyera y releyera todo un pueblo? En Marcial vemos (Epig. 3, lib. VIII) Teritur noster ubique líber, y (Epig. 3, lib. XI) A rígido te- ritur centurione líber. Seguramente que Marcial no había de decir que su libro era pisoteado en todas partes, y hasta por los soldados. Lo único de D. Ni- colás Antonio que pudiera interpretarse en mala parte es la circunstancia de decir que el libro anda- ba en manos del vulgo; pero vulgus, en su primitiva acepción significa el público en general, y no ex- clusivamente lo que nosotros entendemos por vulgo. Se acaba de aclarar el sentido, al ver que el artículo termina mencionando el elogio que Ambrosio de Morales hizo de las obras de Cervantes: tal vez sólo quiso decir D. Nicolás Antonio, que por estar aque- llas obras en romance se habían vulgarizado. Pero sea favorable ó adversa la calificación, ¿ qué motivo tuvo para hacerla? Si es un elogio, no parece muy fundado, porque el libro no se había impreso sino una sola vez en más de un siglo, lo cual no es indi- cio de gran popularidad. Si es una frase de despre- cio, no es justa, porque el libro no es despreciable, ni por su asunto, ni por su desempeño. Tampoco puede suponerse parcialidad en el bibliotecario es- pañol, pues se trataba de un autor que tras de lle- var tantos años de muerto, le era totalmente desco- nocido. 54 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. C1554 de Julio siguiente, y la conservó hasta el 14 de Febrero de 1557. Los emolumentos de la cátedra, aun- que no muy crecidos, eran á lo menos un recurso para subsistir, y le dejaban holgura para continuar su carrera litera- ria. Era á un mismo tiempo profesor y discípulo en la Universidad, porque in- mediatamente se aplicó á estudiar artes y teología, teniendo por maestro en esta última facultad al insigne Fr. Alonso de la Veracruz. Poco después, á 4 de Octubre de 1553, se graduó de licenciado y maestro en ar- tes, por suficiencia, lo cual quiere decir que no había seguido el curso en escuela pública, sino que acaso le había estudia- do en España con su maestro Venegas, ó en México con otro. En 23 de Julio de 1554 se presentó á examen de bachi- ller en cánones: facultad que, como he- mos visto, había estudiado en Salamanca. Resuelto á abrazar el estado eclesiástico, recibió las órdenes sagradas en 1555, aun antes de concluir sus estudios teológi- cos que continuó hasta obtener los gra- dos de bachiller (1556), licenciado y doc- tor. Consta que por aquellos tiempos desempeñó la cátedra de Decreto, así co- mo que en 1559 era cronista de la ciu- dad de México, con salario de doscientos pesos de tepuzque por año,1 y que en 1562 hizo un viaje á las Minas de los Zacatecas, no sabemos con qué objeto.1 Por merced de S. M. obtuvo á poco una canongía en la Iglesia Metropolita- na de México, y tomó posesión de ella el 16 de Marzo de 1563; mas no aparece que ascendiera á la dignidad de deán, aunque el cronista Herrera le da ese tí- tulo. Podemos suponer que fué nombra- do en España, y que su nombramiento llegó á México después de su muerte; mas esto no pasa de una conjetura enca- minada á conciliar la respetable autori- dad del cronista con el hecho de que en las actas del Cabildo Eclesiástico de Mé- xico no hay indicio de que el Dr. Cer- vantes tuviera nunca tal dignidad.2 Lo que se sabe de cierto es que fué consul- tor del Santo Oficio.5 La Universidad de México, por su parte, no fué omisa en premiar los mé- ritos de uno de sus fundadores. En el mes siguiente al de su instalación daba ya á Cervantes el cargo de consiliario, y en Noviembre de 1567 le eligió rectorv por unanimidad. Un año desempeñó es- te cargo, y hallamos que volvió á tenerle desde Febrero de 1573 á Julio de 1574.4 Poco tiempo le quedaba ya de vida, por- que según las actas antes citadas, el úl- timo cabildo á que asistió fué el de 9 de Septiembre de 1575, y en el de 18 de No- viembre del mismo año se habla ya de su muerte, la cual hay que fijar, por lo mismo, en el intermedio de esas dos fe- chas. 1 No he hallado en los Libros de Cabildo el nom- bramiento del Dr. Cervantes; sólo hay los acuerdos siguientes: “ Viernes 14 de Abril de 1559.— Este dia, á pe- dimento del Maestro Cervantes, se le mandó librar el salario que le está señalado por la historia gene- ral que desta tierra escribe, y por lo que en ello se ocupa hasta en fin deste mes de Abril.” “ Lunes 15 de Enero de 1560.— Este dia pareció en este Cabildo el Maestro Cervantes, cronista desta ciudad, y dijo: que para mejor servir á esta dicha cib- dad en el dicho cargo, y estar más desocupado para escribir, él quería ir fuera desta cibdad y para ello pi- dió licencia ; y asimismo suplicó á esta cibdad se le mande librar Ío corrido de su salario, y se le proro- gue para adelante; y visto por los señores justicia y regidores, le dieron la licencia que pide, y le encar- garon que con toda diligencia y cuidado se ocupe en la escritura de la Chrónica general deste reino, y cada mes envíe á esta cibdad un cuaderno de lo que oviere escrito, para que se vea por esta cibdad; y mandaron se le libre lo corrido de su salario, que son doscientos pesos de tepuzque por un afío; y por un afío se le proroga el dicho salario, según y como lo tuvo el año pasado.” 1 Información contra el Dean Molina, antes citada. 2 Solamente se ve en ellas que el 8 de Enero de 1568 fue nombrado contador. 3 Exequias hechas á Felipe II por la Inquisición de México. 4 Chronica de la Real é Insigne Universidad de México de la Nueva España, en edades, desde el año de IJSJ basta el de 1687. Por el Br. D. Christoval Bernardo de la Plaza, Secretario y Maestro de Ce- remonias de dicha Real Universidad. 1 tom. fol. MS. Conozco solamente unos extractos de la obra hechos por el P. Pichardo, que me franqueó el Sr. D. José M. de Agreda. 1554] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 55 En España recibió Cervantes elogios de los sabios, y en México le alabaron igualmente su discípulo Alonso Gómez y el impresor de sus Diálogos; pero tales elogios, obligados y públicos, no deben tomarse á la letra, ni sirven para darnos á conocer el carácter de nuestro autor. Testimonios de otra clase debemos bus- car, y por desgracia, los pocos que se en- cuentran distan mucho de serle favora- bles. Así sucede con la calificación de un prelado como D. Pedro Moya de Con- treras, expresada en un informe al rey: documento serio por su propia natura- leza y por la posición de su autor, de quien no es de suponerse que desfigurara intencionalmente la verdad ó se dejara llevar de pasión. Ya cinco años antes, su antecesor el Sr. Montúfar, en un in- forme enviado al visitador del Consejo de Indias, había dicho que Cervantes era “hombre de poca experiencia en las co- sas del coro é iglesia.”1 Esta breve indi- cación adquiere mayor gravedad cuando oimos decir al Sr. Moya, que Cervantes no era “nada eclesiástico, ni hombre para encomendarle negocios.” Juntando am- bas opiniones, se viene en conocimiento de que los dos respetables prelados es- taban acordes en considerar á Cervántes como eclesiástico que no se aplicaba á entender y practicar los deberes de su es- tado. El Sr. Montúfar no añadió otra cosa; pero su sucesor pasó mucho más adelante, acusándole de “liviano y mu- dable,” diciendo que “le agradaba la li- sonja” y era “ambicioso de honra,” re- gateándole hasta la cualidad de buen la- tino, tachándole de desarreglado en sus costumbres, y contando que había sido objeto de algunas burlas, por la persua- sión en que estaba de que había de llegar á ser obispo. Todo el pasaje está escrito en un tono que revela muy á las claras el mal concepto que el prelado tenía de su canónigo.2 Pero analicemos un poco ese testimo- nio. El Sr. Moya era de carácter algo violento, como lo demuestran sus escri- tos, y en el presente trata con suma du- reza, no sólo á Cervantes, sino á otros muchos de los clérigos de su diócesis. Al que no tacha de deshonesto (que es cosa frecuente), le califica dejugador, co- dicioso ó ignorante, cuando menos: po- cos escapan de sus censuras. Con algún más tiento debió proceder en materia tan grave, absteniéndose de tales calificacio- nes, ya que carecía de fundamentos segu- ros para hacerlas. El mismo dice que como llevaba tan poco tiempo de admi- nistrar el arzobispado, “no tenía tanto conocimiento de sus clérigos cuanto an- dando el tiempo podría tener.” Procedió, pues, por informes, que bien pudieron ser apasionados, según vemos las envi- dias y rencillas que reinaban en la colo- nia.1 Aun juzgando por inferencias, no se hace creible que un letrado que en Es- paña tuvo amistad con los sabios, que fué secretario de un personaje tan emi- nente como el Cardenal Loaysa, habién- dose distinguido además como escritor, y que luego obtuvo aquí el cargo de cro- nista de la imperial ciudad de México, senta años, a veynte y cinco que está en esta tierra, á la qual vino lego, en opinión de gran latino, aun- que con la hedad a perdido algo desto: leyó muchos años la cathedra de rethorica en esta Uniuersidad: graduóse de todos tres grados en artes por suficien- cia: ordenóse avrá veynte años de todas órdenes, y oyó theología quatro años, al fin de los quales se graduó de bachiller, y después de licenciado y doc- tor, auiendose graduado á los principios de bachi- ller en cánones por remisión de cursos; es amigo de que le oygan y alaben, y agrádale la lisonja; es liuia- no y mudable, y no está bien acreditado de honesto y casto, y es ambicioso de honra, y persuádese que a de ser obispo, sobre lo qual le an hecho algunas burlas. A doze años ques canónigo; no es nada ecle- siástico, ni hombre para encomendarle negocios.” Carta-relación del arzobispo de México D. Pedro de Moya y Contreras, &c., apud Cartas de Indias, nú- mero XXXVII, pág. 197. 1 No faltó quien á su vez se empleara en deni- grar al Sr. Moya, echándole encima acusaciones se- mejantes á las que él soltaba contra sus clérigos. Véanse las notas á las Noticias Históricas de Nueva España (Madrid, 1878), pág. 348. 1 Descripción del Arzobispado de México, ubi supra. 2 “ El canónigo Francisco Ceruantes de Salazar, natural de tierra de Toledo, de hedad de más de se- 56 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [: 5 54 ocupó un asiento en el coro de la Iglesia Metropolitana, fué escogido una y otra vez por la Real y Pontificia Universi- dad para regirla, y mereció del tribunal de la Inquisición un empleo que sólo se daba á sugetos graves, careciera de todo mérito y adoleciera de los defectos y aun vicios feos que le atribuye el Sr. Moya. ¿Cómo no era Cervantes persona para encomendarle negocios, y la Universi- dad le fiaba por dos veces el gobierno de los suyos? ¿Un cuerpo tan respetable elegía para cabeza á un hombre de cos- tumbres estragadas? Tampoco puede imputarse á delito que Cervantes fuera “ambicioso de hon- ra,” mientras no tengamos pruebas (que todavía no tenemos) de que esa ambición excedía de los límites debidos. El de- seo de adelantar y distinguirse es propio del hombre de pensamientos elevados; y menos debe tomarse á mal que aspirara á una mitra, como término de la carrera eclesiástica que había abrazado. Aunque Cervantes no era ciertamente un hom- bre vulgar, podrían, con todo, ser sus méritos inferiores á sus aspiraciones, y esa desigualdad acarrearle las burlas de sus contemporáneos; mas tal vez aque- llos que así le burlaban, adolecían de igual flaqueza, por no haber nada tan di- fícil como la práctica del precepto délfico Nosce te ipsum. Si era amigo de la lisonja y de que le alabasen, no es de extrañar que en eso siguiera á la mayoría de los hombres, y sobre todo en un siglo en que la modestia no era virtud común entre los literatos. Dígalo uno por todos: el célebre maestro Hernán Perez de Oliva, cuyo Razonamiento en la oposición á la cátedra de filosofía moral contiene pasa- jes como estos: “Vuestras mercedes han visto si sé hablar en romance, que no es- timo yo por pequeña parte en el que ha de hacer en el pueblo fruto de sus dis- ciplinas; y también si sé hablar latín pa- ra las escuelas do las ciencias se discuten. De lo que supe en dialéctica, muchos son testigos. En matemáticas todos mis contrarios porfían que sé mucho, así co- mo en geometría, cosmografía, arquitec- tura y prospectiva, que en aquesta Uni- versidad he leido. También he mostrado aquí el largo estudio que yo tuve en filo- sofía natural— Pues de la teología no digo más sino que vuestras mercedes me han visto en disputas públicas, unas ve- ces responder y otras argüir en diversas materias y difíciles, y por allí me pueden juzgar, pues por los hechos públicos se conocen las personas, y no por las ha- blillas de rincones. Allende desto, seño- res, he leido muchos dias de los cuatro libros de Sentencias, siempre con gran- de auditorio; y si se perdieron los oyen- tes que me han oido, vuestras mercedes lo saben. Pero porque nuestra contien- da es sobre la lición de filosofía moral de Aristóteles, diré de ella en especial. Vuestras mercedes saben cuántos tiempos han pasado que en esta cátedra ningún lector tuvo auditorio, sino sólo Maes- tro Gonzalo, do bien se ha mostrado que es cosa de gran dificultad leer bien la doctrina de Aristóteles en lo moral, que no lo puede hacer sino hombre de muchas partes y de especial suficiencia.... Pues si yo he leido muchas veces esta lición extraordinaria, y no con menos oyentes que el Maestro Gonzalo tuvo cuando tenía más, verisímil cosa es que para esta lición tengo la suficiencia que es menester Y si en retórica y matemá- ticas, que ni oí de preceptor ni leí en es- cuelas dicen que sé tanto, ¿qué no sabré en las otras disciplinas que tantos años he ejercitado en escuelas?”1 Por este i Si este Razonamiento desagrada es por la cir- cunstancia de alabarse tanto á sí propio el autor, pues por lo demás era cierto lo que decía. Perez de Oli- va nació en Córdoba en 1492. Estudió en Salaman- ca, Alcalá, Roma y París. Viajó mucho, y nos dice que anduvo más de tres mil leguas fuera de España. Los papas León X y Adriano VI le hicieron pro- posiciones ventajosas para fijarle en Italia; pero él prefirió volver á su patria, donde fué catedrático, y luego rector en la Universidad de Salamanca. Mu- rió en lo mejor de su edad el año de 1530. Sus obras fueron publicadas por su sobrino Ambrosio de Morales, en Córdoba, año de 1585, en 4?, y reim- presas en Madrid, 1787, 2 tomos en 8? Las princi- pales son el Diálogo de la Dignidad del Hombre, que 1554] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 57 estilo va todo el Razonamiento, en un tono de vanidad insoportable, y sin embargo, el gran Ambrosio de Morales dice que todos celebraban mucho la modestia con que estaba escrito! ¿Qué no estarían acos- tumbrados á leer y oir los que así juzga- ban ? A lo menos en sus escritos no mos- tró tanta vanidad el pobre de Cervantes. El peor cargo que le dirige su prelado es, sin duda, el de desarreglo en las cos- tumbres. Ignoramos qué fundamento tendría para soltar tan grave acusación; pero valdría más que la hubiera omitido en un documento de esa naturaleza, en que deben pesarse hasta las menores pa- labras, ya que el acusado ignora el cargo, y no tiene medio alguno de defensa. Menos le tiene hoy Cervantes, después de dormir tres siglos en el sepulcro. En ninguna otra parte hallamos tal cosa, ni la creemos compatible con los empleos que desempeñó Cervantes, y que son una muestra de estimación por parte de personas graves y corporaciones respe- tables. Pero si es que en efecto no siem- pre tuvo virtud suficiente para resistir á sus pasiones, á lo menos no echó se- millas de corrupción con sus escritos, como tantos otros que han perpetuado así el escándalo y daño de la sociedad. En las páginas de Cervantes nada hay que pueda ofender la moral más rígida, y antes bien están llenas de excelentes documentos. A ser cierta la acusación, sería Cervantes el reverso del sucio Mar- cial, que decía Lasciva est nobis fagina, vita proba est, y ofrecería un ejemplo más de la contradicción que con frecuencia se nota, como en Salustio, entre las pa- labras y los hechos de los escritores. Y después de todo, ¿quién es más repren- sible? ¿ El que cae de flaqueza y lo ocul- ta, sin hacer alarde del vicio ni escanda- lizar á la posteridad, ó el que se complace en ostentar la corrupción y comunicarla á los demás? Juzguemos caritativamen- te á Cervantes, sin dejarnos llevar de un testimonio aislado cuyo valor no pode- mos aquilatar; dejemos en paz su vida privada, considerémosle tan sólo como continuó Cervantes, un Discurso de las Potencias del Alma, otro sobre la Navegación del Guadalquivir, y el Razonamiento ya citado. Hay también traduccio- nes en prosa castellana del Anfitrión de Plauto, de la Venganza de Agamenón, y de la Hécuba triste de Eurípides, que más bien son refundiciones. Con estas obras se publicaron otras de Morales. Escri- bió además Oliva otros tratados que quedaron ma- nuscritos ó se perdieron, entre ellos uno de Magnete, del cual nos da Morales la siguiente curiosísima noticia: “Pudiera también poner aquí lo que el Maestro Oliva escribió en latín de la piedra imán, en la cual halló, cierto, grandes secretos. Mas todo era muy poco, y estaba todo ello imperfecto y po- éo más que apuntado, para proseguirlo después des- pacio, y tan borrado, que no se entendía bien lo que le agradaba, ó lo que reprobaba. Una cosa quiero advertir aquí cerca desto. Creyóse muy de veras de él, que por la piedra imán halló cómo se pudiesen ha- blar dos ausentes: es verdad que yo se lo oí platicar algunas veces, porque aunque yo era mochacho, to- davía gustaba mucho de oirle todo lo que en con- versación decía y enseñaba. Mas en esto del po- derse hablar así dos ausentes, proponía la forma que en obrar se había de tener, y cierto era sutil; pero siempre afirmaba que andaba imaginándolo, mas que nunca llegaba á satisfacerse ni ponerlo en per- fección, por faltar el fundamento principal de una piedra imán de tanta virtud, cual no parece se podria hallar. Pues él dos tenía extrañas en su fuerza y vir- tud, y había visto la famosa de la Casa de la Contra- tación de Sevilla. Al fin esto fué cosa que nunca llegó á efecto, ni creo tuvo él confianza que podría lle- gar.” Lástima que pues Morales supo de Oliva la forma que en obrar se había de tener, no nos la comu- nicara. Sin duda que el pasaje citado no presta funda- mento para atribuir á Oliva la primera idea del telé- grafo electro-magnético; pero es cosa bien singular, aunque hasta ahora no ha llamado la atención, ver que en los primeros años del siglo XVI, cuando aun no se conocía el nombre de electricidad, un sabio espa- ñol buscase ya el modo de que por medio del imán se hablasen dos ausentes, es decir, lo que al cabo ha veni- do á obtenerse en nuestros dias por la combinación del magnetismo y la electricidad. Fuera de las obras mencionadas, consta que Oliva escribió en Sevilla, hácia 15 25, probablemente á la vista de D. Fernan- do Colón, y con los documentos que éste mismo le comunicó, una Historia en castellano de la Vida y he- chos del Almirante D. Cristóbal Colón. Este precioso manuscrito, que estuvo en la Biblioteca Colombina, ha desaparecido, y se ignora su paradero. Véase Fer- nand Colomb, sa vie, ses ceuvres (par M. H. Harris- se), pág. 151. El autor cree que este manuscrito de Oliva fué á poder de Alfonso de Ulloa, quien le tra- dujo al italiano, le añadió capítulos, y dió todo como historia del Almirante, escrita por su hijo D. Fer- nando. El hecho es que la que corre con tal nom- bre sólo se conoce por la traducción de Ulloa, sin que haya aparecido jamás el original castellano. 58 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. C1554 escritor, agradeciéndole el provecho que saquemos de sus obras; y si en fin de cuentas tuvo, como hombre, defectos y flaquezas, aquel que esté sin pecado tí- rele la primera piedra. Al llegar Cervantes á México traía ya escrito el Comentario á los Diálogos de Vi- ves, y los cuatro primeros de los siete originales que añadió: los tres restantes fueron escritos aquí, y acabados, ó á lo menos retocados, en el mes de Agosto de 1554. Inmediatamente dió todo á la prensa, puesto que la impresión quedó concluida el 6 de Noviembre del mismo año. Con esa obra prestó Cervantes un servicio á las letras y á la historia, é hizo que México figure en ese género de lite- ratura, tan extendido en aquel tiempo, como olvidado en el actual. El renacimiento de las letras á fines del siglo décimoquinto, trajo consigo la ne- cesidad de purificar la lengua latina, bár- baramente corrompida durante la edad media. Los idiomas modernos, no bien fijados todavía, eran vistos con despre- cio por los sabios, quienes consideraban el latín como el medio universal y exclu- sivo de comunicación entre ellos. Los profesores prohibían severamente que se hablase otra lengua en las escuelas; y de entre los mismos discípulos nombraban espías que denunciaran á los que se atre- viesen á usar los idiomas vulgares, aun en el trato íntimo del hogar doméstico. De aquí la necesidad de acomodar el la- tín al lenguaje familiar, donde á cada pa- so se tropezaba con la falta de voces para expresar objetos nuevos y ocupaciones desconocidas á la antigüedad. Con el fin de suplir esa falta y evitar que los estu- diantes, contagiados de los barbarismos que afeaban los libros de enseñanza, con- tinuasen empleando ó inventando frases intolerables, se discurrió redactar Diálo- gos, á manera de Manuales de la Conver- en que los autores procuraban in- troducir locuciones clásicas, y á falta de ellas los completaban, como mejor po- dían, con otras ajustadas por lo menos á las reglas del idioma. Los más eruditos echaban mano del griego, para ayudarse en esa tarea imposible de infundir vida á una lengua muerta, y acomodarla á nuevos tiempos y costumbres. Como los Diálogos, por su propia na- turaleza, debían referirse á escenas de la vida real, han venido á ser preciosos do- cumentos para darnos á conocer los mé- todos de enseñanza, la vida de aquellos colegiales y las costumbres de la época. Ln este nuevo género de literatura, inau- gurado á lo que parece por Pedro Schade, llamado Mosellanus, se distinguió sobre todos el gran Luis Vives, cuyos cortesa- nos Diálogos eclipsaron los anteriores, y ganaron desde luego gran popularidad.1 Difíciles como eran, no tan sólo para los discípulos, sino también para muchos profesores de gramática, hallaron pron- to un comentador en Pedro de Mota, complutense; mas sin duda nuestro Cer- vantes no juzgó suficiente ese breve co- mentario, puesto que hallándose toda- vía en España emprendió otro que trajo consigo al venir á México. Generalizados en las escuelas españolas los Diálogos de Vives, pasaron natural- mente á las de México y se introduje- ron en la nueva Universidad. Cervantes aprovechó esa circunstancia para impri- mirlos aquí, con el comentario de Mota y. el suyo propio, en que se vanagloria de hallarse en mejor posición que otros para interpretar el texto, por haber resi- dido en los estados de Flandes, cuyas costumbres describe con frecuencia Vi- ves. Explicando un pasaje de éste, se expresa así: “Id genus sunt alii multi loci, quos exponendos censui, intelligens nimirum nisi ab eo qui apud Flandros versatus fuerit, percipi non posse.” Pero no contento con haber comentado la obra i Massebieau. Les Colloques Scolaires du Seizieme Siecle (París, 1878), passim. En este libro habla el autor largamente de Cervantes y de sus Diálogos, con referencia á la reimpresión que de éstos hice en 1875, y á. una copia manuscrita de los cuatro diá- logos no incluidos en la reimpresión, que le comu- niqué. Excusado es decir que mis opiniones difieren de las del autor (protestante) en muchos puntos esen- ciales. •554] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 59 de Vives, se atrevió á continuarla, aña- diéndole cuatro diálogos en que describe ciertos juegos que aquél omitió. Proba- blemente todo ese trabajo no habría sido parte á impedir que su libro cayese en el olvido, á no habérsele ocurrido la idea de añadir en México otros tres diálogos, Academia Mexicana, Civitas Mexicus inte- rior, Mexicus Exterior, que han venido á ser inestimables documentos históricos, por contenerse en ellos la descripción de la Universidad recién fundada, la de nuestra naciente capital española y la de una parte de sus alrededores, tal co- mo se hallaba todo en 1554.1 Si esas des- cripciones no son tan completas como las deseáramos, no debemos culpar al autor, sino á la brevedad que exigía una obra destinada á los estudiantes. Sin embar- go, en lo que dijo cuidó de ser exacto: así lo atestigua su impresor: “Internam externamque Mexicum docte adeo et fa- cunde conscripsit, ut non dicere, sed rem ob oculos possuisse videatur.” No qui- ta esto que en sus Diálogos se note cierta propensión á ponderar el mérito de lo que realmente existía. Cervantes no daba, ó afectaba no dar gran importancia á esta su obra: nunca entró en la oficina tipo- gráfica mientras el libro estuvo en pren- sa, según afirma uno de sus discípulos. Este habla de otras obras más impor- tantes que á la sazón escribía Cervantes, quien hace igual indicación en la dedica- toria de los Diálogos. Atendido el carác- ter del autor, su profesión y estudios, es de creerse que se trata de obras teológicas ó filosóficas; pero ninguna ha llegado á nosotros, y muy bien puede ser que esas indicaciones sólo se refieran á la obra principal de Cervantes, que fué la Crónica ó Historia de las Indias, escrita en caste- llano, y que nunca se ha impreso, ni cons- ta que exista hoy manuscrita en parte alguna. Estuvo en la biblioteca del Con- de Duque de Olivares: túvola Barcia en su rica librería,1 y en el mismo tiempo (1737) había una copia en la biblioteca particular del rey. Creyendo yo que de estas copias se habría conservado á lo menos la última, hice todas las diligen- cias posibles para averiguarlo; pero se estrellaron por entonces en las puertas de aquella biblioteca, cerradas á todo el mundo. Mucho tiempo después entré en correspondencia con el bibliotecario mismo de ella, el diligente y conocido literato D. M. R. Zarco del Valle, mi buen amigo, quien me aseguró, en carta 13 de Septiembre de 1869, haber busca- do sin fruto la Crónica de Cervantes. Pe- ro habiendo existido tres copias, cuando menos, no es improbable que el día me- nos pensado aparezca una en cualquiera de los depósitos literarios de España, tan poco explorados todavía. En el ar- chivo del Ayuntamiento de México de- bió quedar también traslado, ó acaso el original, pues la obra se escribió por or- den y á costa de la corporación; pero ó fué llevada á España ó pereció en el incen- dio de 1692: el caso es que no se halla. Según Barcia dice, faltaba el final en su copia, y estaba firmada por el Lie. Val- derrama, que él cree era el inflexible vi- sitador de la Audiencia de México, lla- mado el molestador de los indios. ¿ Este visitador se llevaría á España el manus- crito del Ayuntamiento ? Alguien inten- tó plagiar la Crónica, y al efecto enmen- dó los pasajes en que el autor habla en primera persona, poniéndolos en terce- ra; mas no sé qué fundamento tendría Barcia para decir, que el reo de ese co- nato de plagio fué el mismo Lie. Val- derrama. De la Crónica sólo se sabe que era la Historia de la Nueva España y de su conquista, y que había en ella una i Dijo en su Crónica de las Indias que había es- crito esa parte de su obra por parecerle ser razón “que pues yo era morador desta insigne ciudad y catedrático de su Universidad, supiesen de mí an- tes que de otro la grandeza y majestad suya.” Pi- nelo-Barcia, Epítome, col. 698. i No solamente la menciona en la reimpresión del Epítome de León Pinelo (cois. 599, 698, 911), sinp-también en el prólogo del Ensayo Cronológico para la Historia General de la Florida, que publicó bajo el seudónimo de Don Gabriel de Cárdenas Z. Cano (pág. 4* del pliego |f 5), citando un pasaje del 60 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [■554 descripción de la ciudad de México, en la cual el autor se refería á los Diálogos, obra que Barcia no conoció. Por los acuerdos del Cabildo, antes citados, y aun por un pasaje del Túmulo Imperial, impreso en 1560, se ve que la Crónica se estaba escribiendo en ese año. El Lie. Valderrama regresó á España en 1566, y entonces se llevaría la copia que luego fué de Barcia. El cronista Herrera disfrutó la obra: la prefiere, como autoridad, na- da menos que á los Padres Olmos, Saha- gun y Mendieta, lo cual no parece llevar camino, y concede al autor la calificación de “varón diligente y erudito.”1 Escribió, por último, Cervantes otro libro, más importante que extenso. Ha- blo del Túmulo Imperial, ó sea relación de las Exequias hechas en la capilla de S. Jo- sé de Naturales al Emperador Carlos V, el año de 1559.a A juicio de Beristain, este libro es un “papel raro y digno de reimprimirse, por la grandiosa idea que da de la lealtad y riqueza mexicana.” Ambas calificaciones son exactas, y por ello he incluido en esta obra, bajo el nú- mero 39, una reimpresión de ese opús- culo, tan completa como lo permite el mal estado del único ejemplar que he logrado descubrir. Aun cuando conce- damos que la descripción de Cervantes pueda estar exagerada en algunos por- menores, no hemos de admitir que toda sea un puro embuste lanzado á ía faz de los contemporáneos, y hay en ella hechos que demuestran el punto de grandeza á que había llegado México en treinta y ocho años, disipándose así las dudas que acerca de ello pudieran haber quedado después de la lectura de los Diálogos. Gustaba Cervantes de elogiar á los es- critores contemporáneos, tal vez (y per- dónesenos el mal juicio) con el fin de que su nombre figurara hasta en obras ajenas por medio de epístolas laudatorias. Cin- co me son conocidas por entero, y una en parte solamente. Esta se encuentra en una obra desconocida (véase el n9 29), y las otras están: En el Vergel de Sani- dad ó banquete de caballeros y orden de vi- vir, del Dr. Luis Lobera de Avila, que se imprimió en Alcalá de Henares, en casa de Juan Brocar, 1542, fol.: está la epístola en latín y en castellano. En el Arte Pripharia, de Fr. Juan Bermudo, impresa en Osuna, por Juan de León, 1550, en 4” gót. En la Dialéctica Re- solutio de Fr. Alonso de la Veracruz, im- presa en México, por Juan Pablos, 1554, fol. (Véase el n9 21). En el Speculum Conjugiorum del mismo autor, impreso también en México, por Juan Pablos, 1556, 49 (Véase el n9 27). En las Opera Medicinada del Dr. Francisco Bra- vo, en México, por P. Ocharte, 1570, 89 (Véase el n9 57). Hallo además otra bre- ve carta latina de Cervantes á Juan de Maldonado, en la Noticia Critica de va- rios libros curiosos impresos por D. Antonio de Sancha, que salió á luz en 1778, al fin del tomo I de las Obras Poéticas de D. Vicente García de la Huerta. libro III, en el capítulo del segundo reencuentro que Cortés tuvo con los tlaxcaltecas, y de la celada que le pusieron, &c. Dice así: “ En nuestros dias se han engañado muchos flaires, creyendo que sin gente de guerra que les guardase las espaldas podrían conver- tir los indios, y háles acontecido al revés, porque después de haberles dado muchas voces y tratado con mucha blandura y amor, han recibido cruelmente la muerte de sus manos.” Este breve pasaje es de im- portancia, porque nos descubre el sentir del autor acerca de la cuestión, tan reñida entonces y mucho después, de si los misioneros habían de ejercer su ministerio solos, y únicamente por la persuasión, ó debían ir acompañados de gente armada: es decir, si la conquista había de preceder ó no á la predica- ción. Además, puesto que Cervantes refería en el libro III acontecimientos de los principios de la entrada de Cortés, podemos inferir que en los dos libros anteriores se contenía algo de historia antigua de Nueva España, pues no parece posible llenarlos con los pocos sucesos ocurridos desde la llegada de Cortés hasta sus batallas con los tlaxcaltecas. En el fin de su tercer Diálogo trató Cervantes muy bre- vemente de las leyes y costumbres de los indios. 1 Déc. VI, lib. 3, cap. 19. 2 Según Betancurt (Teatro, pte. IV, trat. 2, ca- pitulo 3,n? 65) los gastos de estas exequias “corrie- ron por cuenta del oidor Zurita, y andan impresas con el sermón, de letra de tortis” (es decir, gótica). Según Cervantes, el encargado de disponer todo fué Bernardino de Albornoz, alcaide de las Atarazanas: en cuanto al sermón, nunca le he visto, y el Túmulo Imperial no está de letra de tortis sino de romana. 1555H BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 61 15 5 5 ff Jtqm cornil» ttf o tm oocobulo rio en la lengua Caílellana y Mexicana. Compueílo por el muy reuerendo padre fray Alonfo de Molina: Guardia di couéto d fant Antonio d Tetzcuco día ordé de los frayles Menores. 23- Sigue un grabado de la impresión de las llagas de S. Francisco, con esta leyen- da alrededor: H gdgnaftí timníne feruumlltuü jfrattcífcum fígllnte rcírem= ptíante ttoftre.:. Abajo del grabado se leen estos cuatro versos: Indorum nimia te fecit prole parentem. qui genuit moriens, quos pater alme foues. Confixus viuis, langues: cum mente reuoluis. vulnera, cum fpeótas, ftigmata carne geris. La portada de este libro es sumamente parecida á la del Vocabulario en lengua de Michoacán, de Fr. Maturino Gilberti, segunda parte, 1559, que puede verse en la segunda de las dos fotolitografías, correspondientes al n9 34. La vuelta de la portada está llena con un grabado de que es reducción el siguiente: En 4°, letra romana, líneas enteras, títulos y encabezamientos de leítfl QÁÍÍCS. Prólogo al lector y trece avisos, 6 ff. sin numerar. El uno y los otros son, con leves diferencias, los mismos que en la edición de 1571. 62 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [■555 A continuación una foja (y son 8 las con dos toscos grabados. El del frente representa á Nuestra Señora con el Niño en el brazo derecho, y soste- niendo con la mano izquierda un gran escudo de las cinco llagas: dos ángeles, uno á cada lado, ayudan á sostener el escudo. El otro grabado al reverso es el mismo que está á la vuelta de la portada del Tripartito de Gersón, 1544, de que hemos dado fotolitografía; pero sin los letreros. Fojas 1 á 248, el Vocabulario español-mexicano: las 7 últimas páginas contienen un suplemento con las voces recogidas durante la impresión. Fojas 249 á 259, la cuenta según la lengua mexicana. La vuelta de la foja 259 está numerada 260. Acaba el libro con una foja sin numerar, en cuyo frente (vta. blanca) está el colofón: €T <21 l)JV loar t) fmttrio tro ineo mato el mui) Ellufíre g rcxieretiHTímo ñor tío frag Elofo 5 tn o tufar tfta tíclja fctá ggleüa t feérico tm prímtr eftas cóftítucíones fígnota les. Has cjles fueron acatarras x gmprímítas por Jua tíos lo tarto, pmer ímpref for en efta grate, ínfígne g mus leal eíutat t me rico a tíet tías t fje carnactó te nfo feñor Jefurpo te.ítt.t.lbj. Eños. iHáíia íu IXcurrcubíflima peñaría í fe be g pague por ette libro cngbcniabo en pergamino, bu pelo o mebío be tcpujg g no mas. BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [•556 (El ejemplar descrito, completo, está en mi poder.— Ramírez [n? 237], falto de portada y 5 ff., £ 18 = $90.) Esta edición original es rarísima; pero las Constituciones fueron reimpresas por el Sr. Arzobispo Lorenzana en el tomo I de los Concilios Mexicanos. X5S6 25. C Sumario cbpebíoCo be las quetasllbe plata g oro 5 en los regaos bel i|íru fon necesarias aillos ntercaberes: globo genero be tratantes. - irá frag Elbfo iré Hílbtufar atfobífpo iré mexíco: por qto fue bífto g era= mínairo, g fe Jallo fo ímprímírfe. Ecabofe iré ímpmír: a begnte g nue ue irías irel mes iré Jílago. £lñoblnafs cimiento iré nfo Sdior Jelu <£Jrífto b.1556 años Termina el libro con la f. (tííj, que contiene Ja tabla: la vuelta es blanca. 66 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. bss6 (El ejemplar descrito estaba en la librería del convento de la Merced; pasó después á poder del Sr. Ra- mírez, y se vendió con sus otros libros [n? 277] en £24 = $ 120.) teng° ninguna noticia biográfi- ca de Diez Freile. De la licencia iJaayal del virrey se deduce, que al tiem- po de imprimirse la obra estaba en Mé- xico el autor. Tal vez sería algún comer- ciante del Perú, y como aun no se intro- ducía la imprenta en aquel país, vino á imprimir su libro en México; si bien los conocimientos que manifiesta parecen superiores á los de un simple mercader. Es probable que la mayorparte de la edi- ción se llevase al Perú, y así se explica la falta de ejemplares en México: á lo menos, yo no conozco más que el descri- to. Citan la obra Beristain y Ternaux- Compans. *556 26. Constitutiones Fratruum Heremitarum Sancti patris nostri Augustini Hiponensis Episcopi et doctoris Ecclesiae. Falta la portada: este título, precedido de las palabras Incipit prologus super está al frente del fol. i. En 49, letra romana, títulos en QÓÍÍC&. Llega el texto al fol. 66 fte. A la vuelta empieza el Summarium capitulorum, á que sigue el Index ne- rum, y al fin las erratas: todo en 84 íf. No hay colofón. ORDINARIVM || facri ordinis || fanéti Auguílini epifco || pi & regularis obfer ||uati$, nunc denuó ||correctü, fictp||no fecüdum || more an |j tiquü || ce||remonÍ9 fiant, fed fe-||cüdü choros altos.|| Mexici. anno.||dñi. 1556.Hidibus|| Iulij. . Este título, en letras rojas, romanas, está dentro de un marco negro historiado, con Adán á un lado y Eva al otro: es el mismo de la primera portada del Voca- bulario tarasco del P. Gilberti. En la vuelta un gran S. Agustín, cobijando bajo su manto una multitud de frailes: es el que está en la portada de la Physica Specula- tio del P.Veracruz (1557). 40 ff. letra romana, títulos en gótica; mismos caracte- res que las Constitutiones. Notas de canto llano, rojo y negro. No hay colofón. REGVLA BEATIS-1| fimi patris nojlris Augu || Jlini epijcopi, £s? docto || ris ec- clefi<£, quam in || Africa apud Hip || pone ciuitate\\ ¿edidit, &\\cppalavit. Título en letras cursivas negras, dentro del mismo cuadro, y con el mismo S. Agustín á la vuelta. Letra romana, 12 íf. Al fin se encuentra con este epígrafe: PAV- “LVS BRISSENSIS RELI || giofo leótori foelicitatem exoptat aeternam,”un avi- so datado “ex nra calchographica officina Ñoñis Auguíli. Anno D.556.” Por con- siguiente estos tres opúsculos fueron impresos por Juan Pablos en 1556. (El ejemplar descrito era del Sr. D. José F. Ramírez: en su venta aparece otro con la portada de las Constitutiones, que se describe “ impresa en letras rojas dentro de un marco grabado, y á la vuelta un rSPECVLVM CO NIVCIORVMií Dí* fV¿MPEW,V.F,LLLEÍ>HOKSViMAVE MCJ\y CE INSTITVTI H AEREMI TARVM SANCTI ac faene Tbeologia dottore¿ catbedrcefy primaria in inclyta (Mexicana academia moderatorem. EXCVSSVMOPVSME 20- v¿>ÍNíS SlS556 gentijjimo || quinqgejjimo. 7. Calendis Ianua. apud || Ioannem Paulum Brijfenjfem || calcho- graphum.\ \ In infigni, & fideliffima Mexicana ciuitate. Pág. 686, y última, la fe de erratas, que son ocho solamente. (El ejemplar descrito está en mi poder.—Vendido Fischer [n? 1728], £ 17.10 = $ 87.50.— Ramí- rez [n? 886], £ 25.10==$ 127.50.) Existía en la biblioteca del Sr. D. José F. Ramírez, un Apéndice á esta obra, im- preso en Madrid, con este título: Appendix ad Speculum Cójugiorum per eundem Fratrem Alphonfum a Vera- cruce, Ordinis iEremitarü Sandi Auguftini, facrae paginae Dodorem & Cathedra- ticü Primariü, Vniveríitates Mexicanae in nouo Orbe. Iuxta Diffinita in Sacro vniuerfali Concilio Tridentino, circa matrimonia clandestina. Nunc primo in lu- cem prodiens. Mantuae Carpetanorum. Excudebat Petrus Colín. Anno 1571. En 49, letra romana. Trae al fin tres bulas de León X, Adriano VI y Pió V en favor de los indios, y una cédula real, fechada en Galapagar á 15 de Enero de 1568, para que en todas partes se publique esta última bula, en la cual se dispone que los religiosos de América continúen administrando los sacramentos, como lo ha- cían antes del Concilio Tridentino. (Vendido [n? 887], en £ 1.2 = $ 5.50.) El Speculum se reimprimió en Salamanca, i5Ó2,49, y en Alcalá, 1572, 49 La obra y el Apéndice en Milán, 1599, 49 !S56 28. Catecismo y Doctrina Cristiana en idioma Utlateco, por el Illmo. Sr. D. Francisco Marroquin, Obispo de Guate- mala. Impreso en México por Juan Pablos, 1556, en 4.0 Beristain, Bibl., tom. II, pág. 248.— Nic. Ant., Bibl. Hisp. Nova, tom. I, pá- gina 444.— Pinelo-Barcia, Epit.y col. 723.— Ternaux-Compans, Bibl. Am'er., n9 98.— Los dos últimos dan al libro la fecha de 1566, y es error porque el autor murió en 1563. Encontramos en Remesal (lib. III, cap. 7, n9 5) la de 1556. La palabra Catecismo, en el título, es sin duda una añadidura de Beristain. Nunca he visto ejemplar del libro, ni sé que exista en parte alguna. La edición se llevaría á Guatemala; pero tampoco allá se conoce, según informe de mi erudito amigo, el Sr. Dr. Berendt, quien me envió la noticia de una reimpresión, en estos términos: “Doótrina Chriíliana en legua Guatemalteca: Ordenada por el Reuerédiífimo “Señor Don Francifco Marroquin, primer Obifpo de Guatemala, y del Cófejo de “fu Magestad, &. Con parecer de los interpretes, de las Religiones del Señor San- “to Domingo, y S. Francifco: Frai Juá de Torres y Frai Pedro de (En- frente:) Chriftianoil tzitz pa Cakchiquel 4habal releían chan Obifpo Don Fran- “cifco Marroquin: nabei Obifpo Cakchiquel, ru poponel Emperador. Qui hunam 1556] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 69 “vach eratz Cakchiquel chi Sato Domingo San Francifco, Padre Frai Juan de “Torres, Frai Pedro de Betant^os.— En Guatemala, Có licecia de los Superiores, “por el B. Antonio Velafco, 1724. “En 4556] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 73 la fundación, y repartió pueblos, enco- mendándoles toda la nación de los mames, cuya lengua redujeron á Arte, y corren impresosen México losquecompusieron los padres Fr. Gerónimo Larios (1607) y Fr. Diego de Reinoso (1643). Notoria fué la afición del Sr. Marro- quín á los frailes de todas las órdenes, y lo acabamos de ver. “No hubo cosa en “el mundo que el obispo D. Francisco “Marroquín más quisiese, que á los re- ligiosos,” escribe uno de ellos,1 y el obispo mismo solía decir “que no se via “harto de frailes.” Pero desgraciada- mente comenzaron por entonces á levan- tarse en Guatemala, más que en otras partes, graves disensiones entre domini- cos y franciscanos, habiendo llegado las cosas á tal punto, que mudó ánimo el obispo, y confió en muchos lugares la administración á clérigos, desfavorecien- do á los religiosos, “porque le cansaban “y molían con quejas, peticiones, infor- “maciones, notificaciones, escritos, pa- labras, enfados y otros frutos de la dis- cordia que traían entre sí.” Todo fué á dar al rey, y motivó diversas cédulas, ya de reprensión, ya de favor, tocándole una de aquellas al obispo, á quien con bastante aspereza se decía, en 22 de Ma- yo de 1555, que los religiosos habían he- cho gran fruto en aquel obispado, “don- “de le ayudaban á cumplir el deber que “tenía en la predicación y conversión de “aquellas gentes,” y era justo animarlos y favorecerlos; añadiendo “que cuidara “de la buena vida y ejemplo de los clé- “rigos, y evitara que se mezclasen en tra- “tos de mercaderías y cosas fuera de “su profesión.” Tales advertencias, que descubrían la mala opinión que el go- bierno tenía de aquel clero, no debieron ser muy agradables á un obispo que á pesar de ser clérigo había protegido siem- pre á los frailes, y ene al retirarles su afecto, no carecía d~ motivos para ello. Más que nunca le pesaría entonces de haber trabajado tanto para obtener al fin semejante recompensa, pues bien podía creer que la cédula se debía á los infor- mes de los mismos religiosos.1 No todos los benéficos proyectos del Sr. Marroquín tuvieron cumplido efec- to. En unión de la Audiencia solicitó el establecimiento de los jesuitas, y el rey contestó en 9 de Agosto de 1561, “que “no convenía.” La fundación de un con- vento de monjas, que también procuró, no se llevó á cabo en sus dias, sino hasta 1577, en que el arzobispo de México D. Pedro Moya de Contreras envió cua- tro religiosas para fundar el convento de la Concepción, y entraron en Guatemala el 20 de Enero de 1578. No logró tam- poco establecer un colegio para niñas huérfanas, de cuya utilidad informó al rey dos veces por lo menos, en 1537 y 1552; ni la Universidad, que pidió en 1559, de acuerdo con la ciudad; pero hi- zo por su parte lo posible para suplir la falta, con dejar doce mil pesos y unas tierras en el valle de Xocotenango para fundar un colegio donde se recibiesen doce alumnos, y se leyesen Artes, Teo- logía y otras ciencias. Labró á su costa las casas reales, que después dió á la Au- diencia y tesorería; y en suma, como di- ce un escritor de Guatemala, “no sé que “haya cosa memorable en lustre y en- noblecimiento de la ciudad, en que no “tuviese parteó fuese el todo.” Impug- nó la esclavitud de los indios, pasó á Gracias—á—Dios y á México por defen- derlos, negoció la moderación de los tri- butos que pagaban, y procuró con em- peño su conversión. Emprendió, en bien de sus ovejas, viajes largos y peligrosos; fuera de su obispado, visitó los de Chia- pas y Honduras, escribiendo de todas partes á su Iglesia cartas “que parecen “Epístolas de un S. Pablo, en el espí- ritu y doctrina santa.” Empleado en i En el tom. IV de los Documentos Inéditos del Archivo de Indias (pág. 130) está una instrucción que con fecha 12 de Enero de 1558 dió el Sr. Ma- rroquín á los curas de Soconusco; y tal parece que para dictarla tuvo presente la cédula á que en el texto nos referimos. 1 Remesal, lib. X, cap. 2. [>556 74 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. apostólicas tareas, le halló la muerte el Viernes Santo, 9 de Abril de 1563.1 Desde que el Sr. Marroquín llegó á Guatemala se dedicó á aprender la len- gua principal de los indígenas, que era la quiché ó utlateca, y la supo con per- fección. Cuando llegaron los primeros religiosos dominicos en 1535, el celoso obispo se puso á enseñarles esa lengua, y parece que hizo Arte ó Gramática de ella, conforme á Ja lengua latina, aunque no se imprimió. Fué también el primero que escribió Doctrina en la misma len- gua, que por falta de imprenta en Gua- temala mandó imprimir á sus expensas en México, y es la que forma el objeto de este artículo. Hablando de ella Reme- sal, se expresa en estos términos: “Aun- “que en el título dice que la ordenó con “parecer de los intérpretes de las reli- giones de Sto. Domingo y S. Francis- co, Fr. Juan de Torres y Fr. Pedro de “Santos,2 fué, tanto por la humildad del “obispo, que muy sin estas ayudas pu- “diera escribir, como porque se enten- diese que el lenguaje y términos fueron “comunicados con personas de entraña- das religiones y aprobados por ellos; “que solían tener algunas diferencias en “volver las voces de una lengua á otra.” Y “fueron de mucha pesadumbre” esas diferencias, añade en otro lugar. Versa- ban principalmente sobre si, hablando con los indios, debía conservarse el nom- bre de Dios en castellano, ó usar el equi- valente Cavobil: los franciscanos soste- nían lo primero, y los dominicos lo se- gundo. La disputa no cesó “hasta que “el tiempo se puso de por medio, y lo “hizo olvidar todo.” Refiere asimismo Remesal, que en 1612 el obispo D. Fr. Juan Cabezas, igualmente perito en aque- lla lengua, viendo que había diferencias entre los misioneros acerca de la mane- ra de declarar á los indios la comunión de los santos, reunió una junta de hombres doctos, en que se declaró, que la inter- pretación del Sr. Marroquín era la más propia y legítima que podía darse; visto lo cual, mandó el obispo que la doctrina cristiana se enseñase por aquel libro, y no por otro. A pesar de la autoridad de Remesal, caben dudas acerca de si el Sr. Marro- quín escribió su Doctrina en quiché ó en cachiquel. Como nadie ha visto la primera edición, no puede saberse cuál es su verdadero título: la segunda, que pa- rece reimpresión, está en cachiquel. Fue- ra de eso, Squier1 asegura que poseía co- pia de un vocabulario en cachiquel, con la firma del Sr. Marroquín. De todas maneras, si este señor fué el primero que escribió Doctrina en una de esas lenguas, no fué el primero que la imprimió. An- tes de 1553 habían hecho imprimir en México “los padres de S. Francisco” un “Catecismo ó Doctrina Cristiana en la “lengua de Guatemala,” ordenada pro- bablemente por Fr. Pedro de Betanzos;2 esta Doctrina fué la que dió márgen á las disputas sobre las palabras Dios y Cabo- vil,, y hoy no se conoce ejemplar alguno de ella. En el Apéndice á los Concilios Primero yj Segundo Mexicanos (opúsculo bien raro) v está impresa la carta que el Sr. Marro- quín, en unión de los Sres. Obispos de México y Oajaca, dirigió al Emperador desde México á fin de Noviembre de 1537, sobre la ida al Concilio general, y sobre varios negocios eclesiásticos. Es la misma de que habla Beristain, supo- niéndola inédita.3 1 No están acordes los autores en esta fecha. En la Serie de los Sres. Obispos de Guatemala, que está en los Concilios mexicanos, se lee que el fallecimien- to del Sr. Marroquín ocurrió el 19 de Junio. Re- mesal sólo dice que el Viernes Santo. Gil González Dávila, que el 18 de Abril. Juarros, juntando ambos datos, expresó que el Viernes Santo, 18 de Abril, sin advertir que el Viernes Santo del año de 1563 cayó á 9 de Abril. Ateniéndome al dato de Reme- sal, á quien juzgo mejor informado, no hago más que fijar la fecha de la fiesta movible. 2 Parece que debió decir Betanzos. 1 Monograph of Authors who have written on the Languages of Central America, pág. 37. 2 Remesal, lib. X, cap. 3. 3 La reimprimí en el Apéndice á la Biografía del Sr. Zumárraga. U56] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 75 En las Cartas de Indias tenemos seis del Sr. Marroquín, cuyas fechas son: Méxi- co, 10 de Mayo de 1537; Guatemala, 15 de Agosto de 1539; Ciudad Real de Chia- pa, 10 de Agosto de 1541; Guatemala, 25 de Noviembre de 1541; ibidem, 4 de Junio de 1545; ibidem, 20 de Septiem- bre de 1547. Aun hay otra de Guatema- la, á 20 de Febrero de 1542, en el to- mo XIII de los Documentos Inéditos del Archivo de Indias, pág. 268; y otra de la misma ciudad, á 17 de Agosto de 1545, en el Apéndice 119 de la Vida de Fr. Bar- tolomé de las Casas, por D. Manuel José Quintana. Debemos creer, por último, que escri- bió algo de relaciones históricas, porque Bernal Diaz, en las últimas líneas de su obra, dice: “que entre los papeles y me- Pág- 386- (Remesal, lib. II, cap. 6, 7, 9; lib. III, capí- tulos 5, 7, 11, 12, 18, 1 g; lib. IV, caps. 1, 6-10; lib. VII, caps. 4, 5 ; lib. IX, caps. 6,16, 21; lib. X, caps. 2, 3, 21.— Vázquez, lib. I, caps. 8,18, 30.— González Dávila, tom. I, pág. 139.—Juarros, trat. II, caps. 3, 5, 6, 7, 9; trat. III, cap. 2.— Con- cilios Mexicanos, tom. I. pág. 284, y Ap. pág. 1.— Alcedo, Dice., tom. II, pág. 309.— Dávila Padi- lla, lib. I, cap. 31.— Bernal Díaz, cap. últ.— Mendieta, Hist. Ecl. Ind., lib. V, pte. I, cap. 25. — Gonzaga, pág. 1327.— Quintana, Vida de Fr. B. de las Casas, passim.— Squier, pág. 36.— Car- tas de Indias.) I555~l56° 2C). Edición desconocida. En un ejemplar de la Vida de S. Antonio de Padua, escrita en mexicano por Fr. Juan Bautista (México, 1605, 89), que me franqueó el Sr. D. José María de Agre- da, había una hoja de otra edición, cuyo contenido es como sigue: Un escudo de armas, que parece ser el de Martín de Ircio, marido de D9 María de Mendoza (hermana del virrey D. Antonio) y suegro de D. Luis de Velasco, el segundo. Abajo del escudo, en tres renglones y medio: AL MVY MAGNIFICO SE-||ñor Martin dircio, el Maeílro Ceruantes de fa [| lazar, Lector de decretos y de Rethorica en || la vniueríidad de México. S. (Signatura a ij.) A la vuelta: ccSi vemos, como parece por las hyftorias, conferuadoras de los buenos hechos, y maeílras de la vida humana, q los q o con fus perfonas, o con fus haziédas fueron puechofos, o dieron horra a la república dode biuieron: fueron no folamente de los fuyos, pero de los eftraños, muy eítimados: tanto que aüq por la muerte, deu- da dexaron de parecer en fu república qdaró immortales: o por lo q dellos otros fcriuiero, o por las eílatuas y otras hórofas memorias q les puíieró por las qles fe dio el duido honor a los muertos, gloria a fus dfcédietes y patria, y mayor animo a los varones generofos pa hazerfe femejates a ellos, mereciédo la immor- talidad, que por ningún otro camino fe alcan9a, fino por hazer bien. Hallo muy magnifico feñor, cotejado las obras d muchos d los paífados, con las de vuefla mer- 76 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. L15í 5—6° ced, que las vnas fueron muertas, porq hechas por fola la gloria del mundo, y las otras biuas, porque encaminadas pa la vida fin muerte. PaíTo vueífa merced a efte nueuo mudo, como -parecerá por la crónica que dejla tierra ejcriuo: empleo fu hedad y fuerzas en ayudar q tan grandes reynos ” Incluí este fragmento en la reimpresión que, con el título de México en 1554, hice de los Diálogos de Cervantes Salazar el año de 1875; Pero entonces no tuve á la vista el original, sino un apunte del Sr. Agreda. Después vi la hoja, y encuen- tro que está impresa con los caracteres de la primera edición de los Diálogos de Cer- vantes, hecha por Juan Pablos en 1554 (n9 22); y la S inicial se encuentra asimismo en la pág. 40 del Speculum Conjugiorum de Fr. Alonso de la Vera Cruz, impreso por el mismo Juan Pablos, en 1556 (n9 27). Todo me indica una edición de ese im- presor. En cuanto á la fecha, puede deducirse aproximadamente de los siguientes datos. En fines de 1554, al publicar sus Diálogos, aun no comenzaba á escribir Cer- vantes su Crónica: á lo menos no habla allí palabra de ella. En el Túmulo Impe- rial, impreso en 1560, se expresa de este modo (fol. 9 vto.): “Como tengo dicho “más largamente en la general historia de estas partes;” y por el acta de Cabildo de 15 de Enero del mismo año se ve que trabajaba entonces en esa obra. Ignoro cuándo la acabó, y para no exponerme más á errar, coloco la impresión de esta hoja entre 1555 y 1560. Pero ¿se trata de una dedicatoria de obra del mismo Cervantes, ó de una de aquellas epístolas laudatorias que gustaba de poner en obras ajenas? Imposible es resolver la duda. Verdad es que no se tiene noticia de que Cervantes escribiera más libros que los Diálogos, el Túmulo Imperial y la Crónica de Nueva España, iné- dita y perdida; pero nadie se atreverá á afirmar que no exista otra producción de su laboriosa pluma. 15 5 7 30. Physica Speculatio, aedita per R. P. Fr. Alphonsum a Vera Cruce, Augustinianae familiae Provincialem, artium et sacrae Teologiae Doctorem atque cathedrae primas in Acade- mia Mexicana in Nova Hispania moderatorem. Accessit compendium Spherae Campani ad complementum tractatus de coelo. Excudebat Mexici Joannes Paulus Brissensis, Anno Dominicae Incarnatio- nis. 1557. (Un gran grabado de S. Agustín.) (Véase la fotolitografía.) Portada orlada: las dos primeras líneas Phisica Speculatio, ¿Edita per R. no son de caracteres movibles. En fol., letra cursiva, á 2 col., preliminares en romana; algunas figuritas geomé- tricas en los márgenes. THISICASPEW latioJlditaperí Vl F. %A LV H ONS YM AVE\ olV* g\i{Hmamefumiti& Prouintiaté, drtiñj&facr$ Dodoreto7at¿p catbedr* orimtfitiiAcademla ¿Mexicana innoua Hifpania moderatore j ¿ccejfucopendium fpbcne Capant ad cottiplémentuttd&aiuí Je codo, *Excudebat tMexici loJ.Pau.Brijfe.tAtttioDrticf incarndtionisfi$$y 1557] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 77 Vuelta de la portada, dedicatoria del autor á Sto. Tomás de Villanueva, arzo- bispo de Valencia. Foja fte., una carta del Dr. Rafael de Cervantes, tesorero de la Metropolita- na, al autor. Vuelta de la misma, prólogo al lector. Fs. y con el índice. Texto, pp. 1 á 380: entre las pp. 369 y 370 están re- petidas 360, 361, 366, 367, 368, 369, lo que hace 6 pp. más. Siguen 11 ff., mar- cadas 1 á 12 (porque se omitió la 8^), y contienen el “Compendium Spherse Cam- pani.” No hay nota alguna final. (El ejemplar descrito está en mi poder. El del Sr. D. José F. Ramírez [n? 888] fué vendido en £ 75 — $ 375 ; 7 anunciado después por el librero Quaritch en £96 = $480.) Según D. Nicolás Antonio, la Recognitio Summularum se reimprimió “Salman. 1593. folio. 1573. folio apud Terranovam;” la Dialéctica Resolutio en ese mismo lu- gar y año, y la Physica Speculatio también “Salamanticae 1573. folio, apud Joannem Baptistam Terranovam.”—No menciona las ediciones siguientes que existen en la Biblioteca Nacional: Recognitio Summularum cum textu Petri Hispani & Aristotelis, admodum Reverendi Patris Fratris Alphonsi á Vera Cruce Sacri Ordinis Eremitarum Divi Augustini, bonarum artium & Sacrae Theologiae Magistri, Cathedrarii Primarij olim in Academia Mexicana in partibus Indiarum Maris Oceani. Accesserunt Li- bri dúo: Primus de Topicis dialecticis: Secundus de Elenchis.—Nunc tertio sum- mo sjudio, fide, exactaq; cura reuisa ab Authore & á plurimis mendis correcta et aucta in multis. Salmanticas, in aedibus Dominici á Portonotariis, MDLXIX. fol. Resolutio Dialéctica, cum textu Aristotelis, admodum &c.— Nunc tertio &c.— Salamanticae, Joannes Baptista á Terranova, 1569. fol. Physica Speculatio, admodum &c.— Nunc tertio ab eodem auctore edita, & in pluribus aucta— máxime in libro de coelo et mundo, ubi noui orbis descriptio per loca marítima omnia, ad austrum & aquilonem & alia quae desiderabantur. Sal- manticse, Joannes Baptista á Terranova, 1569. fol. Las licencias reales de las tres obras son de Noviembre y Diciembre de 1568, y en todas se habla de otra edición hecha 557] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 83 petencias de jurisdicción que agriaban los ánimos; y temiendo los regulares que las diligencias de los obispos en la corte dieran por resultado la diminución de los privilegios, determinaron enviar pro- curadores, y fueron nada menos que los tres provinciales: Fr. Francisco de Bus- tamante, de los franciscanos, Fr. Pedro de Peña, de los dominicos, y Fr. Agus- tín de Coruña, de los agustinos. Es de notar que ninguno de los tres volvió á su provincia, porque el franciscano mu- rió en Madrid, el dominico fue por obis- po á Quito, y el agustino con igual dig- nidad á Popayan. Aquel nombramiento llegó pronto á noticia del Cabildo y le alarmó, pues aun cuando se ignoraba el objeto, bien se presumía, por las “grandes discordias que había entre religiosos, prelados y clé- rigos.” Reunido el 14 de Noviembre de 1561, y presidido por el Sr. Arzobispo Montúfar, acordó que éste fuera en per- sona á la corte para oponerse á las pre- tensiones de los religiosos: tan grave así se consideraba el negocio. El Sr. Mon- túfar, sin aceptar ni rehusar el nombra- miento, dijo á los capitulares que pensa- sen más lo que convenía, y dieran lugar á la llegada del obispo de Michoacán, que estaba próxima. Vueltos á reunir el 12 de Diciembre, resolvieron que en nom- bre de las Iglesias fuese á España el ca- nónigode lade México Alonso Bravo de Lagunas, á quien se entregaron los co- rrespondientes poderes el dia 9 de Enero de 1562.1 Por esos mismos dias partieron de la Nueva España los tres provinciales.2 La importancia de la comisión que llevaban puede colegirse leyendo la carta que el franciscano Fr. Gerónimo de Mendieta escribió á su provincial en vísperas de emprender éste su viaje. Traza un negro cuadro de la situación del país, y la re- sume en estos términos: “Ha urdido (el demonio) tal trama de muchos es- tambres, y fabricado tal quimera de di- versas partes (como son la desordenada y vieja codicia de los españoles; la des- conformidad entre obispos y religiosos: la diversidad y multiplicidad de parece- res entre los mismos: los excesos y desa- tinos particulares de algunos dellos; las relaciones siniestras llenas de envidia y pasión; la venida de oidores nuevos sin experiencia, y otras cosas semejantes á estas), que con este caos y confusa com- posición, ha puesto en confusión y Babi- lonia el gobierno de la Nueva España.” A juzgar por esta carta, no se trataba tan sólo de defender los privilegios de los religiosos, sino de sostener la influen- cia de éstos en los indios, que juzgaban menoscabada, con perjuicio de la religión y buen gobierno, por la conducta de la Audiencia. Como tenían al virrey de su parte, querían también que se le devol- viese la plenitud de su autoridad, exi- miéndole de la intervención que en todo se había dado á los oidores. Sea que nuestro Fr. Alonso hubiera recibido ya la cédula en que se le man- daba ir á España, sea, como parece me- jor fundado, que sin ese motivo los tres padres quisieron llevar consigo un auxi- liar tan importante, es lo cierto que Fr. Alonso partió con ellos, y que á no ha- 1 Actas del Cabildo Eclesiástico de México, MS. 2 Los acuerdos del Cabildo Eclesiástico nos fijan esta fecha, que sin ellos quedaría dudosa, por las con- tradicciones en que incurren los documentos impre- sos. Fr. Gerónimo de Mendieta en su Historia Ecle- siástica Indiana (Lib. V, pte. i, cap. 52) dice que el P. Bustamante “ partió de acá el año de 1 561, y murió en el siguiente de 1 562.” Pero la carta que á última hora dirigió al P. Bustamante tiene la fecha de 1? de Enero de 1562 ( Col. de Doc. para la Hist. de México, tom. II, pág. 544. Véase también la pá- gina LXI del mismo tomo). Grijalva (Edad II, cap. 18) precisa más la fecha del viaje, diciendo que los provinciales salieron “ por Mayo de 1561.” Po- co antes había dicho que el de S. Francisco “murió dentro de seis meses después de llegado á la corte.” Sabemos por Mendieta que el dicho padre murió en 1 562, y lo confirma Bentancurt (Menologio) fijan- do la fecha al Io de Noviembre. Ahora bien: si el padre que murió ese dia llevaba seis meses de resi- dir en la corte, había llegado á ella hácia el 1? de Mayo de 1 562, lo cual conviene con la fecha de la carta del padre Mendieta, y con los acuerdos del Ca- bildo. Y lo mejor es que también conviene con otro 84 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [■557 ber sido por esta compañía, la empresa habría fracasado completamente. Por- que, llegados á España, no tardó Fr. Alonso en encontrarse sólo, por la muer- te de uno de los padres y presentación de los otros dos á sillas episcopales; y eso cuando el negocio que se le había encomendado tomaba carácter nuevo y mucho más difícil, con la publicación, á principios de 1564, de los decretos del Concilio Tridentino que restringían mu- cho los privilegios de los regulares, y se- ñaladamente disponían que estuvieran sujetos al Ordinario cuando ejercieran ministerio de curas. No se arredró Fr. Alonso por tamaña dificultad, antes con- tinuando acertada y enérgicamente la ne- gociación, logró persuadir al rey que pi- diese al Pontífice S. Pió V la revocación de esta parte del Concilio, en lo tocante á Indias, como lo ejecutó por su Breve de 24 de Marzo de 1567,1 que dejó las cosas en el estado que tenían antes de la publicación de esos decretos del Conci- lio. El P. Vera Cruz hizo imprimir, au- torizar y despachar á toda la América miles de ejemplares del Breve y de una real cédula que ordenaba su publicación para que viniera á conocimiento de los indios. Puesto feliz término á tan gran- de empresa, aun obtuvo para los religio- sos otras concesiones de menor impor- tancia. Durante su larga permanencia en la corte fué conocido y apreciado su mérito por los principales personajes de ella. El Lie. Juan de Ovando, presidente del con- sejo de Indias, le escogió por confesor, y le ofreció el obispado de Michoacán, vacante por promoción del Sr. Morales y Molina al de la Puebla de los Angeles. Rehusóle el padre, y creyendo el presi- dente que la renuncia provenía de sen- timiento de habérsele preferido el obis- po de Michoacán en la promoción á la silla de Puebla, le ofreció ésta. Menos quiso aceptarla, y como el presidente le encargase la conciencia, diciéndole que el rey necesitaba de personas tales para regir los obispados, le contestó que no faltaban, y que ahí tenía al P. Fr. Diego de Chaves, quien fué en efecto nombra- do obispo de Michoacán, aunque murió antes de recibir las bulas.1 Queriendo en- tonces el presidente retener á Fr. Alon- so en la corte, le propuso darle en ella el empleo de comisario general de su or- den en Nueva España, Perú y Filipinas, con salario del rey; mas tampoco quiso aceptar, diciendo que no convenía que hubiese tal empleo. No hizo menos aprecio de él su pro- pia orden, y lo demostró nombrándole prior del convento de Madrid y visita- dor de Castilla la Nueva. Por último, próximo ya su regreso á la Nueva Espa- ña, le nombraron visitador de las provin- cias de América, en el capítulo celebra- do en 1572, nombramiento que aprobó el Maestro general de la orden, añadien- lugar del propio Grijalva, quien asienta (Edad III, cap. 26) que el P. Vera Cruz, compañero de los pro- vinciales, “salió de la Nueva España el año de 1562.” Otro embrollo de fechas hay en Grijalva. Al decir que los provinciales salieron por Mayo de 61, agrega que “luego por Agosto del mismo año” llegó la flota en que venía la cédula con la orden de que el P. Vera Cruz marchase á España. La cédula tiene, en la obra misma de Grijalva, la fecha de 4 de Agosto de 1 561, y dicho se está que no pudo lle- gar dentro del mismo mes en que fué expedida. Constando que el viaje de los provinciales se veri- ficó en Enero de 1562, para conciliar esas contra- dicciones es preciso admitir que Mendieta, residente entonces en Toluca, al hablar del suceso en su His- toria, escrita mucho después, se acordó más del año que acababa de pasar, que del que apenas comenza- ba ; que en la primera fecha de Grijalva hay un error de pluma ó imprenta, y debe leerse “ Mayo de 1562 ;”y en fin que esta no es la de la salida de los provinciales, sino la de su llegada á la corte. La averiguación no es ociosa, porque de ella depende saber si el P. Vera Cruz marchó á España obligado por la cédula real, que ya había recibido, como pa- rece indicarlo el P. Basalenque (lib. 1, cap. 8) ó si la partida fué voluntaria, como dice Grijalva, y con razón. 1 Traele á la letra Mendieta, con las cédulas rea- les, en el lib. IV, cap. 30 de su Historia Eclesiástica Indiana.—Todo se reimprimió aquí, en 1568. Véa- se el n? 54. i Grijalva, Edad III, cap. 24.— González Dá- vila (Teatro Ecles. de Indias, tom. I, pág. 1 20) dice que no aceptó. ■557] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 85 do el de vicario general en las mismas provincias. Creía el P.Vera Cruz que no convenían aquellos envíos de visita- dores, y nunca usó de sus poderes, asegu- rando haberlos aceptado solamente para que no se dieran á otro que viniera á perturbar la provincia. Despachado ya de todo, y deseoso de continuar sus tareas de enseñanza y pre- dicación en la Nueva España, se volvió á ella en 1573, trayendo consigo diez y siete religiosos y varias reliquias, entre ellas una del Lignum Crucis, de que dió una parte á la Iglesia Catedral, donde hoy se venera. La orden aprovechó la pri- mera oportunidad, que fué la del capítu- lo de 1575, para elegirle provincial por cuarta vez, é inmediatamente, por el mes de Agosto del mismo año, fundó el co- legio de S. Pablo, en virtud de una cé- dula en que el rey hacía merced de esa iglesia y de la doctrina de los indios de aquel barrio á los agustinos, siempre que así pareciese al virrey, al arzobispo y al provincial. Aunque por parte del segun- do hubo alguna contradicción, al fin fué confirmada por el rey la posesión en fa- vor de los agustinos. El P. Vera Cruz, sin más auxilio que las limosnas, levan- tó pronto un edificio para veinte cole- giales, y dejó compradas casas y solares para ampliar el establecimiento, como se verificó más adelante: nombró rector al P. Fr. Pedro de Agurto (de quien daré- mos noticia en otro lugar), formó las constituciones del colegio, y le enrique- ció con una selecta librería, poniendo por principio de ella sesenta cajones de libros que trajo de España, á los cuales fué aña- diendo todos los que después venían á su noticia, y no se hallaban en la biblio- teca. Puso además en ella una colección de globos, mapas é instrumentos cien- tíficos. Se le deben también las bibliote- cas de los conventos de México, Tiripi- tío y Tacámbaro; siendo de notar que las cuatro bibliotecas daban testimonio del profundo estudio de su fundador, pues apenas había en ellas libro que no estu- viese rayado y anotado de su puño en todas las hojas.1 Tenía por costumbre examinar todos los libros nuevos que lle- gaban, y de su contenido tomaba materia para dar una lección extraordinaria á sus discípulos, ya después de comer, ya en otra ocasión que se presentara, exponién- doles los puntos más notables que había encontrado, especialmente los que po- dían ofrecer dificultad, y las doctrinas que había en contrario. Una vez sola di- cen que faltó á esa costumbre, y fué tan notable el motivo, que quiero referir el caso con las palabras mismas del cro- nista/ “Cuando el tribunal de la Santa In- quisición prendió al P. Mtro. Fr. Luis de León, por aquellas proposiciones que tan mal sonaron en España, llegó acá la nue- va con toda aquella ponderación y senti- miento que el caso pedía: escribieron que habían condenado las proposiciones to- dos los grandes hombres y todas las uni- versidades, no solo de España, sino de Italia y de Francia, y que el P. Mtro. Fr. Luis de León estaba tan pertinaz, que todavía quería defenderlas, de que nuestra religión estaba cuidadosísima y muy lastimada. Y llegando á leerlas pro- posiciones, dijo el P. Mtro. (Vera Cruz) sin alterarse: Pues á la buena verdad, que me -pueden quemar á mi, si á el lo queman, porque de la manera que el lo dice lo siento yo. Con todo eso no quiso hacer en esta ocasión lo que hacía en todas las demás, porque no habló más en la materia, por el respeto que se debe á aquel tribunal santo, hasta que últimamente dió la sen- tencia tan honrosa para el Mtro. León, y tan alegre para nuestra religión.” De 1 Fr. Gerónimo Román en sus Repúblicas del Mundo (República Cristiana, lib. XV, cap. i 5, mar- cado por error 17) cuenta á Fr. Alonso entre los que habían formado copiosas librerías, y dice: “ Otro es el Mtro. Fr. Alonso de la Vera Cruz, fraile agusti- no, varón de vida muy religiosa y adornado de doc- trina. Este también ha llegado á tener siete mil duca- dos de libros, y aun más, si supiera guardarlos. Esta librería está hoy en S. Agustín de México, porque gobernó en aquel reino muchos años los monaste- rios desta orden.” 2 Grijalva, Edad IV, cap. 1i. 86 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. ['557 este notable testimonio en favor de Fr. Luis de León no sé que haya hecho men- ción ninguno de sus biógrafos, tal vez por no haber tenido á la vista la rarísima crónica en que se encuentra. Acabado el trienio de aquel provincia- lato, convocó capítulo en el convento de Atocpan, y hecha la nueva elección, mos- tró una concesión que tenía del general de la orden, confirmada por el Papa Gre- gorio XIII, para que los provinciales durasen cuatro años en su cargo. Pudo ser el primero que aprovechara la pró- roga; pero lejos de eso, no la quiso para sí ni para sus sucesores, y con las razo- nes que expuso en el mismo capítulo, consiguió que la provincia renunciase la concesión. El deseodeconservarel man- do, que tan general es y tantos males produce, nunca tuvo cabida en su áni- mo, como lo mostró en varias circuns- tancias de su vida; y es la prueba mejor de que merecía los cargos que se le con- fiaron. La influencia que justamente había ad- quirido por sü virtud y saber no se li- mitaba á su provincia. Los agustinos de Filipinas, abrumados con el peso de aquella conversión, deseaban que minis- tros de otras órdenes fuesen á ayudarles. No sabiendo cómo conseguirlo, acudie- ron á nuestro Fr. Alonso, quien ocurrió al virrey, y por su mediación se logró que en 1577 pasasen á aquellas islas diez y siete religiosos de S. Francisco. Y po- co más adelante, con motivo de las com- petencias de jurisdicción que, como en México, se habían suscitado allá entre los agustinos y el obispo de Manila D. Fr. Domingo de Salazar, dominicano, el obispo consultó á Fr. Alonso, “como oráculo que era de toda Nueva Espa- ña,” y recibió en respuesta una carta tan docta, que bastó para templarle.1 Los re- ligiosos tuvieron en adelante aquella car- ta como regla de su conducta, y como texto para resolver dificultades. La enseñanza de sus discípulos, la com- posición de las obras de que después ha- blaremos, las respuestas á las continuas consultas que se le hacían de todas par- tes, las atenciones del gobierno, aquella inmensa lectura, forman tal cúmulo de ocupaciones que no se comprende cómo tenía tiempo para todo. Pero sólo dor- mía cuatro horas, era enemigo mortal de la ociosidad y de las pláticas vanas, y no desperdiciaba jamás un momento. Con- tinuamente repetía: Habete rationem tem- poris, tened cuenta con el tiempo. Por cierto que podía repetir con autoridad el precepto, quien sabía tan bien ponerle en práctica. A tanta doctrina juntaba Fr. Alonso una sólida virtud, una profunda humil- dad, una extremada pobreza, y lo que es más extraño en hombre tan sabio y tan versado en negocios arduos, un candor y sencillez admirables en las cosas del trato común. “No es tan fácil engañará una criatura de cinco años, como lo era engañar al P. Maestro,” dice su principal cronista: indicio de ánimo limpio y co- razón sano. Dos años antes de su muerte enfermó de la orina, y llevó con invenci- ble paciencia los atroces dolores consi- guientes á su mal. En fin, á la edad de ochenta años, cargado de merecimientos reposó en el Señor, á principios del mes de Junio de 1584. Poco antes de morir escribió una carta á cada uno de los frai- les de su provincia, rogándole que le en- comendase á Dios, y empeñándole á ello con el recuerdo de algún obsequio ó be- neficio que le había hecho. Fué su muer- te en el colegio de S. Pablo, y le enterra- ron con gran solemnidad en la capilla mayor. Tenemos impreso de él lo siguiente: I. Recognitio Summularum. 1554 (Véa- se el n9 20). , II. Dialéctica Resolutio. 1554 (Véase el n9 21). III. Speculum Conjugiorum. 1556 (Véa- se el n9 27). IV. Physica Speculatio. 1557 (Véase el h9 3°)’ V. Constitution.es Religio si ssimi Collegii 1 Martínez, Historia de Filipinas, cap. 9. 1557] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 87 Divi Apostoli Pauli ex Ordine Sancti Patris Nostri Augustini, apud Grijalva, edad III, cap. 32. VI. A visos á los estudiantes de Teología, id., cap. 33. VII. Carta al príncipe Maximiliano, 1° de Octubre de 1549, rogándole que dé el virreinato de México á D. Francisco de Mendoza, hijo del primer virrey D. An- tonio. En las Cartas de Indias, pág. 88. En la misma colección (págs. 141, 144) hay otras dos cartas (i9 de Mayo de 1559 y 7 de Marzo de 1560) suscritas por Fr. Alonso y otros padres. VIII. Carta al Illmo. Sr. D. Fr. Do- mingo de Salazar, obispo de Manila, fechada en México á 12 de Febrero de 1583.— Chronicas de la Apostólica Provincia de S. Gregorio de Religiosos Descalzos de N. S. P. S. Francisco en las Islas Filipinas &c., por Fr. Juan Francisco de S. Antonio (Manila, 1738-44, 3 ts. fol.), Pte. I, li- bro 3, cap. 8.— Crónica de la Provincia de los Santos Apóstoles S. Pedro y S. Pablo de Michoacán, por¥r. Pablo Beaumont (México, 1874, 5 ts. 49) lib. II, cap. 27 (tom. V, pág. 410). Hay noticia de los siguientes manus- critos: I. Compendium Privilegiorum Regula- rium. MS. de 100 fs. Es el que Grijalva (fol. 188 vto.) dice que no se imprimió “por la forzosa contradicción que había de tener; ” pero eran pocos los religiosos que no le tenían manuscrito. II. Expositio Privilegii Leonis X in fa- vor em Reli?iosorum in Indiis existentium. En 49 III. Deciaratio Clementina, Religiosi de Privilegiis. En 4” IV. Commentarium in secundum Magi- stri Sententiarum librum. En 4? mayor. Le vió Eguiara manuscrito en la biblio- teca del colegio de S. Pablo. V. Commentaria in Epístolas Sancti Pau- li in Universítate Mexicea e Cathedra dic- tata (Eguiara). VI. Relectio de Libris Canonicis super illud Pauli II ad Titum: Omnis Scriptura divinitus inspirata utilis est ad docendum, &c. (Id.) VII. Relectio de dominio infidelium et justo bello, de que habla el autor mismo en su Speculum Conjugiorum, art. 32, al margen (Pag. 160 de la edición de Mé- xico). VIII. Apología pro Religio sis commoran- tibus et evangelizantibus Verbum Dei in partibus Maris Occeani (Eguiara). IX. Respuesta al Sr. D.Juan de Salce- do , canónigo de México, sobre si los provin- ciales de Indias pueden dispensar la edad en sus frailes para ser ordenados presbíteros. En Tiripitío á 6 de Abril de 1574 (Be- ristain). La pregunta y la respuesta (muy breve y ambigua) están en un Códice del Sr. Agreda. Según Grijalva, hizo impri- mirtambién los Sermones de Sto.Tomás de Villanueva (México, viuda de Bernar- do Calderón, 1657, 4?) Parece, por el mismo Grijalva, que Fr. Alonso escribió algo en castellano, acerca de historia de su provincia ó vidas de religiosos, porque cita textualmentevarios pasajes de un es- crito de este género, como puede verse en las fojas 108 vta., 141 vta. y alguna otra. 1558 31. Gilberti (Fr. Maturino). Arte en Lengua de Michoacán. 1 tomo en 84 letra cursiva, al cual falta todo el pliego A, y otras muchas hojas en diversos lugares. Al fin tiene este colofón: A HONRA Y GLORIA DE||nueílro Señor Iefu Chriílo, y de fu bendita || madre: aqui fe acaba el arte en la lengua Ca-1| Heliana, y en la lengua de Mechua- 88 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. C155 8 can: hecha|| por el muy R.padre Fr. Maturino Gyl-1| berti de la orde del Seraphico padre fant Frá||cifco: con la qual fe podran aprouechar della || todos los que pre- tendieren aprender la || lengua de Mechuacan: y también || podra feruir para los In- dios de || Mechuacan para apren-|| der la lengua Caftella-|| na. acabo fe de impri || mir a ocho de||0¿hibre de || 1558.|| Años. A la vta. de esta foja (que debe ser 172) empieza la Tabla, que ocupa otra foja más, y falta el fin. Los caracteres son los del Speculum Conjugiorum, de Fr. Alonso de la Vera Cruz, impreso por Juan Pablos en 1556. Es indudablemente edición de este impresor. (El ejemplar descrito pertenecía al Sr. D. José F. Ramírez.— Vendido [n° 834] en £ 3.1 5 = $ 18.75. Anunciado por Quaritch en £ 5 = $ 25.) G58 32. Tesoro Espiritual en Lengua de Mechuacán, en el cual se contiene la Doctrina Cristiana, y oraciones para cada dia, y el examen de la conciencia, y declaración de la Misa. Com- puesto por el R. P. Fr. Maturino Gilberti, de la orden del Se- ráfico Padre S. Francisco. Año de 1558. Este título está debajo del escudo episcopal del Sr. Montúfar, con el lema: PRO XPO LEGATIONE FVNGIMVR. (Véase el facsímile.) Vuelta de la portada, una advertencia en tarasco, con este título: SAVRO SPIRITVAL||é lengua de Mechuacan.” Fs. y dedicatoria en latín al Sr. Montúfar. México, 18 de Agosto de 1558. Foja licencia dada por el Sr. Montúfar en México, á 10 de Agosto de 1558, para imprimir ‘‘una Arte y Vocabulario, y Devocionario, escrito en lengua tarasca “de Michuacán.” Dice, que por cuanto él no sabía la lengua, ni había en su arzo- bispado quien la supiera, confía en las letras, rectitud, buen celo y cristiandad de los censores que habían examinado la obra por comisión del Sr. Quiroga, obispo de Michoacán,y eran los padres Fr. Alonso de la Vera Cruz, de la orden de S. Agus- tín, y Fr. Jacobo Daciano, de la de S. Francisco; Diego Pérez Gordillo, cura de Michoacan, y Fran‘cT§ti'Ó 3(rIá>Cerda, cura de Sirosto. Foja licencia del virrey D. Luis de Velasco á Juan Pablos, para que pueda imprimir “el Arte, Vocabulario, y Devocionario contenido en la facultad desta “otra parte— con tanto que el dicho impresor trate y concierte con el dicho padre “Fr. Maturino Gilberti.... el tiempo por que se ha de imprimir, y precio como “se ha de vender.” Fecha en México á 12 de Agosto de 1558. Licencia del provincial de S. Francisco, Fr. Francisco de Toral, para imprimir PER.FICITVR. Escudo del impresor Antonio de Espinosa. INFIRMITATE fVIRTVS IN CTHESORO SPIRJTVALEN LENGVA de Mcchuacá,enel ¿jl fe contiene la doctrina xfiana y orones pa cada día,y el examédla có ciecia, y dclaracio día m ifia Copuefioporel R.p fray Maturino Gilberti,delaordé de? fe rapnicopadrefant Franciíco* Añode.1558 *558] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 89 esas obras del P. Gilberti, porque le constaba “ser católicas, necesarias y primas, “precipite el Diálogo, Vocabulario y Arte, con el Devocionario que agora tiene com- puesto,” según relación de los padres Fr. Alonso de la Vera Cruz, y Fr. Jacobo Daciano, guardián de Tzintzuntzan; del P. Diego Perez Gordillo, cura de Páz- cuaro, y de Fr. Miguel de Alvarado, cura de Tiripitío. Fecha en Tacuba á io de Agosto de 1558. Foja 6 fte., aprobaciones del P. Daciano (en latín), y del cura Perez Gordillo. Foja 6 vta., 7 á 13 fte., el Calendario. Foja 13 vta., comienza el texto, en puro tarasco, con el epígrafe: “Do&rina “Chriíliana|| En lengua de Mechuacan,” en la cabeza de las páginas. Al principio del texto se ve el escudito con la leyenda en tarasco, de que hemos hablado en el n? 14: otros muchos hay repartidos por toda la obra. Hasta la foja 40 no hay fo- liatura: comienza en la 41. Termina la Doctrina en la 48 vta: la49 tiene este título: “][ EXAMINATO- “RIO MAYOR|| d la cofciécia, e q cada vno por fi mefmo pue||de examinar fu “cófciécia quando fe qe|| ra a confeífar, es cofa muy vtil pa-||ra los naturales y para “los nue||uos difcipulos en la legua,||otro mas breue fe po||ne al cabo defte|| mayor.” Llega á la foja 116 (la 62 duplicada, y no hay 104). De la 117 á la 124 está el “Exame peqño de la conf.,” y acaba “FINIS. Laus Deo.” Principia la 125 sin folio ni título: á la vuelta: “^fDECLARACION DE LOS “MIS\\terios de la mijfa y de losprouechos de oyr la con\\devocion.” La 126 no está numerada, y sí la 127. Siguen 20 sin numerar, con las cuales concluye el libro. En la vuelta de la última hay un largo colofón en tarasco: sólo puedo leer de él estas palabras: “Iefu Chriílo.... fanóta María.... Deuocionario.... Fr. Maturío “Gilberti fát Francifco.... luán Pablos.... 20.... Odubre.... 1558.” Por remate, cinco líneas en tarasco. En 8?, letra romana. (El ejemplar descrito pertenece al Sr. D. José M® de Agreda.) De este Tesoro Espiritual, diez y siete años anterior al Tesoro Espiritual de Pobres (1575, n° 65), y enteramente diverso de él, no sé que nadie haya hecho mención: yo tampoco he visto otro ejemplar que el descrito, muy maltratado, por cierto. 1559 33- Diálogo de Doctrina Cristiana, en la lengua de Me- chuacán. Hecho y copilado de muchos libros de sana doc- trina, por el M. R. P. Fr. Maturino Gilberti, de la orden del Seráfico Padre S. Francisco. Trata de lo que ha de saber, creer, hacer, desear, y aborrecer el cristiano. Va preguntando el discípulo al maestro. 90 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVL F559 Y yeti siranda y qui aringahaca Diálogo aringani, ychuhca himbo chupengahaqui Cristianoengani, yngui vea tata chen casirequa Fr. Maturino Gilberti sant Francisco tata. Tepari- mento ambaqueti. Ma hurenguareri curamarihati tepari hu- rendaperini. Ca hurendahperi mayocucupanstahati hurenda equaembani. Año de 1559. (Véase la fotolitografía.) En fol., letra gótica pequeña, á 2 col., 56 líneas en cada una. La portada y pre- liminares de letra romana, líneas enteras. A la cabeza de cada página hay un listón grabado que sobresale algo por ambos lados: se encuentran de cuatro formas di- versas, pero dos son las más frecuentes. Dentro de esos listones está la indicación del contenido de la página, y los folios en las impares: todo de gruesa Icttíl góítftl. En la vuelta de la portada y frente de la f. tj está el Proemio y Epístola al virrey Velasco, sin fecha. Allí suma el autor lo que la obra contiene, en estos términos: “Primera y capitalmétevn Dialogo en q fe incluyen las tres virtudesTheologales, conuienea faber, fee, y charidad: en la fe, fe declaran fus doze artículos. En la fe declaran la (sic) ííete peticiones del Pater nofter. Y en la charidad, los diez mandamiétos de la ley de Dios, y los dos euangelicos y los cíco día nueftra fanóta ma- dre ygleíia: afíí mefmo trata d los fíete facramétos, con fus declaraciones. E los fíete pecados mortales, y las fíete virtudes contrarias a ellos. Y la muerte de los bue- nos y de los malos en fu porción. Y de la venida del antechrifto, y juyzio general, de las penas del purgatorio y perpetua damnación del infierno y gozos del cielo. Contiene afíi mefmo el dialogo, la matheria de predicar todos los domingos del año, facada de la verdad de la facra diuina efcriptura va todo por tal modo expuefto y declarado, que fácilmente qualquiera hallara auifo para fu cofciencia, confolacio para fus trabajos, y defpertador que le defpierte, acordarfe de Dios que le crio, y de quien tatos beneficios tiene recebidos, y manera como le deua feguir, y lo que confeguira dello. A cuya compoficion, fui muy incitado, y fácilmente convencido, entendida la notoria y eftrema neceífidad, en que eíta puefta, efta nueua planta y viña di feñor.” Vuelta de la f. íj y fte. de la ííj, las licencias del Arzobispo, del virrey y del pro- vincial. Son las mismas del número anterior. De las aprobaciones sólo hay dos en el libro: las de Fr. Alonso de la Vera Cruz y de Fr. Jacobo Daciano. Fr. Alonso dice: “Doy este parecer porque há veinte años, poco más 6 menos, que entiendo la lengua de Mechuacán y he tratado con los indios, predicando y confesando y administrando los demas sacramentos.” Fr. Jacobo da la razón de su parecer, diciendo: “Y entiéndolo, porque há más de diez y seis años que los predico y confieso (á los indios) y administro los otros sacramentos.” Asegura que había leido el Arte, Vocabulario, Diálogo y Devocio- nario, “sin dejar palabra ninguna.” No fué mala tarea. A la vuelta de esta misma f. ííj comienza el texto en puro tarasco, y sigue hasta DE DOCTRINA lengua d* Mechuacá.Hecho ycopíiadodc muchos libros de lana dodtri- muy Reucrendo padre Fray Ma- tutino Gylbera déla orden dciíeraphico Pa drefant Práctico. 1 rata deloquehadeiaber aborrecer, el Chttíha- not Va preguntando el dilapido ai Maelfro. Sl\AKDA Y QJV l cfuu*jidu ¿tpo g Ue fu benbíta mabre (a bírgett ¿María, aquí fe acaba el libro llatnabo tría logo be boeírtna cijrtftíana en lengua be íMeeljuacan: f)crf)o g copíla= bo be tnutfjos libros be fana boctrína por el mug. M. 13. jfrag íurino ©glbertí be la orbcn bel jrurapííco pabre Sant eo: el qual fue bífto g eramínabo por el mug Meuerenbo pabre 4frag Elonfo be la cruj, maeftro en fancta ÜTfjeología g prouíncíal be la orben bel Señor Sau* Euguftín. ;ifue impreco en cafa be íuan blos Mreifano, con licencia bel tno genox Don Eugs be Oelafco Oí= forreg g (üapítan general en efta nu eua (íHpaña por fu IMageftab. $ aflt meftno ron licencia bel mug Elluftre g Me uerenbífiimo ge? ñor bon Elo fo be íHo tufar. befta granbe gnfigne g mug leal cíubab be ¿Meríeo. E eabofe be imprimir a rb. bí as bel mes be Euitío be 1559 Eños. [■559 92 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. Las seis páginas siguientes están ocupadas con la íETílbltl ÍTC líl£> pVÍttftpCllrS nt&tCfift#, y concluye con dos notas en tarasco, que al parecer contienen la tasa. (El ejemplar descrito es del Sr. D. José Mn de Agreda.— El del Sr. Ramírez [n? 835], muy apoli- llado, se vendió en £ 91 = $ 455 ; y le anunció después Quaritch en £ 105 = $ 525.) El Diálogo de la Doctrina Cristiana es la obra más voluminosa que conocemos de las prensas de Juan Pablos, y debió costar inmenso trabajo al autor, no menos que al impresor, quien desempeñó con brevedad su grave tarea, puesto que en la portada tenemos la fecha de 1559, lo cual nos dice que la impresión se comenzó dentro de ese año, y quedó acabada á 15 de Junio. Se trata de un volumen de cerca de 600 págs. en fol., á 2 col. de ÍCttíl QOtíftl pequeña, y en lengua ignorada por los cajistas. A pesar de las muchas aprobaciones que la obra lleva al frente, el Consejo de Indias mandó recogerla. Así lo dice León Pinelo, que debía saberlo bien. Tanto por referirse al presente libro, como para conservar una curiosa pieza inédita, in- serto á continuación una real cédula que se halla en una biblioteca de Puebla.1 El Rey.— Muy Reverendo in Christo Padre Arzobispo de la ciudad de Mé- xico de la Nueva España, del nuestro Consejo. Juan Velazquez de Salazar, pro- curador general della, en nombre de Fr. Cristóbal de Birviesca, procurador general de la orden de S. Francisco, de la provincia de Mechoacán y Nueva Galicia, y Fr. Joan de Ayora, y Fr. Joan Baptista de Lagunas, difinidores, me ha hecho re- lación, que en la dicha provincia de Mechoacán há muchos años que reside Fr. Ma- turino Gilberti, religioso de la dicha orden, hombre de buena vida y ejemplo y doctrina, y gran lengua tarasca, el cual ha hecho y traducido en la dicha lengua un Diálago (sic) de doctrina cristiana, muy provechosa para los indios de la dicha pro- vincia, y que habiéndolo presentado ante el visorrey D. Luis de Velasco, y al arzo- bispo vuestro antecesor, le mandaron examinar á teólogos y religiosos pláticos en la dicha lengua, y hallaron ser obra muy católica y necesaria de imprimirse, y le mandaron imprimir, de que se hicieron muchos cuerpos; y que por contradicción del obispo y religiosos de la dicha provincia se mandó que no se vendiesen ni divul- gasen, y por cédula nuestra se ordenó que se corrigiesen los cuerpos del dicho li- bro, y habiéndose tornado á ver, con la relación y claridad que dió el dicho Fr. Ma- turino, no se halló cosa que se debiese corregir, suplicándome que atento el fruto que se seguiría á los indios de la dicha provincia de Mechoacán con la lectura del dicho libro le mandásemos divulgar, y que se hiciesen muchos cuerpos dél, come- tiendo os este negocio para que lo hiciésedes ver y examinar de nuevo, siendo ne- cesario; y habiéndose visto lo susodicho por los del nuestro Consejo de las Indias, fué acordado que debía mandar dar esta mi cédula, por la cual os ruego y encargo que veáis el dicho libro que ansí hizo el dicho Fr. Maturino Gilberti, y le exami- néis y hagais traducir, y ansí traducido nos le enviéis al dicho nuestro Consejo, juntamente con vuestro parecer, para que en él visto se provea lo que convenga. Fecha en S. Lorenzo el Real á 15 de Mayo de mili y quinientos y setenta y cinco i Me la comunicó el Sr. D. Francisco de P. Troncoso. lSS9l BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 93 años.— Yo el Rey (Una rúbrica).— Por mandado de S. M., Antonio de Erasso (Rúbrica).— Al Arzobispo de México que haga traducir un libro que Fr. Matu- rino Gilberte (sic) hizo en lengua tarasca, y le envíe al Consejo con su parecer. El resultado del negocio debe haber sido, como dice León Pinelo, que el libro fuese mandado recoger. No es creíble que el P. Gilberti escribiera algo contra la fe, la moral ó el gobierno, ni que, de haberlo escrito, lo dejaran pasar tantos censores. Sospecho que la causa de aquella disposición fué que el libro contiene la traduc- ción de muchas epístolas y evangelios al tarasco, y estaba prohibida entonces la lectura de la Sagrada Biblia en lenguas vulgares: prohibición que estorbó que sa- liesen á luz varias obras de los misioneros, y aun fué causa de que se destruyesen otras ya impresas. Por lo visto el negocio fué largo, y los cuerpos ó ejemplares debieron de estar guardados mucho tiempo. Tal vez por eso se cebó en ellos la polilla, pues los dos que he visto están hechos una criba. *559 34. Vocabulario en lengua de Mechuacán, compuesto por el R. P. Fr. Maturino Gilberti, de la orden del Seráfico P. S. Francisco. Fué visto y examinado y con licencia impreso. Dirigido al muy ilustre y Rmo. Sr. D. Vasco de Quiroga, Obis- po de Mechuacán. Año de 1559. (Véase la fotolitografía.) En 49, letra romana. A la vuelta de la portada está el Prólogo, que es al mismo tiempo Dedicatoria, y no contiene cosa particular. Sigue el Vocabulario tarasco-español, á i col., y ocupa las ff. i á 79. De la 80 á la 87: “Siguen fe ciertos verbos por el alphabeto, a los quales algu- nos quieren llamar rayzes: porque parece que apartados los miembros, ó para me- jor dezir las feruiles quedara la rayz fin fignificar nada, como el tronco fin ramos: folamente difpuefto a producirlos, lo que en los verbos simples no se halla: verbi gracia, thire, es rayz del verbo thireni, que fignifica come, mandando. E ytfima es rayz del verbo ytfimani: que por fi folo fignifica bebe, mandando: y por no offuf- car ni amedretar a los nueuos difcipulos en efta legua, no los he querido poner en el arte, porque es materia muy difficultofa, y aun para los muy acabados y enfeña- dos en efta lengua.” La vuelta de la f. 87 es blanca. Aquí comienza el Vocabulario en la lengua Castellana y Mexicana. Compuesto por el M. R. P. Fr. Maturino Gilberti, de la orden del Seráfico P. S. Francisco. 94 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVL [1559 Signasti, Domine, servum tuum Franciscum signis redemptionis nostrae. Indorum nimia te fecit prole parentem, Qui genuit moriens, quos, Pater alme, foves; Confixus vivís, langues, cum mente revolvis, Vulnera, cum spectas, stigmata carne geris. A la espalda, el mismo grabado que está á la vuelta de la portada del Tripartito (n” 5), sin las palabras Ave María &c.— Fs. 2 á 180, el Vocabulario español—tarasco. Hay, por último, otra foja sin numerar, que tiene al frente el colofón: (Véase la fotolitografía.) €FA Ijanrra t) gloria br itucítru gt- ñor Iefu Chriílo, y de fu bendita Madre la virgen María, aqui fe acaba el Vocabulario en lengua de Mechuacan y Caftellano: hecho y copilado por el muy. R. Pa- dre Fray Maturino Gylberti, de la orden del Se- raphico padre Sant Francifco. Fue imprelfo e cafa de luán Pablos Breífano, con licencia del IlluftriíTimo Señor don Luys de Ve lafco, Viforrey y Capitán general en efta nueua Efpaña por fu Mage- ftad. Y afli mefmo con licecia del muy yllustre y Reue- rendiffimo Señor do Alonfo de Mon- tufar Ar9obif po defta grande ynfigne y muy leal ciudad d México. Acabo fe d imprimir a fíete dias del mes de Setiembre de 1559 Años. A la vuelta, unos versos latinos: Frater Hieronimus Vanegas Minorita in “laudem Authoris,”y esta nota, en gruesos caracteres góticos: bOCftbUlcUHO “ijuramtiquefrí %U\\ quíijuca parauaca tanídjan pefos.” (El ejemplar descrito está en mi poder: es el único que he visto con la segunda portada. El que po- seía el Sr. Ramírez, no apareció en la venta de sus libros.) rS59 35. Gilberti (Fr. Maturino). “Cartilla para los niños, en lengua tarasca. ímp. en México, 1559, y corregida “se reimprimió en 1575’” Comienza así: “Chemendo casirequa acha hurendahperi ADAJI (^Vocabulario en lengua de Alechua can COMPVESTO POR.EC# reuerendo padre Fray Aiaturino Gilberti déla ordéde/fera * phico Padre íant Fran cifco. y» Fue viítoy examinado y con licencia impreíTo, dirigido AL AlVY llluftre y reiierédiífimo Se k ñorDó Vafeo deQuiro- ga Obifpode AAechua | 559, N9WV ffiálouí comience el Vocabulario CNLA LBNGVA CASTELLANA X, Mcduucana.CompucQopordmuy Reucrcndo padre Fray Matutino Gylbcrt dda orden dd fe raphíco padreSañt Fí anafeo. timinfranctt'cumfis jSifínaftí oomínc fertmm msredemptionisnoífre,: tp N D O K V M nimia te ftctt profe parentet Qui genuit moricn5,quospater afme fbues* Coraixuty ¿apangues xnm mente t ¿colitis» Yulncia>ctrai fpcfiUs,ftlgroa«a carne geriai 1559] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 95 “care nozan andihmapirini, ysquire nangate zan cuiripeni aripiringa hurendani “Cartilla, hinguix yamendo Christianoecha himbo undahaca hurenguareni—” Así Beristain. No he visto la edición de 1559. La reimpresión de 1575 debe ser la que está inclusa en el Tesoro Espiritual de Pobres, impreso en dicho año (n° 65); á lo menos comienza allí la Cartilla con las mismas palabras citadas por Beristain. 1559 36. GRAMMA || tica Maturini || tractatvs omnivm FE-||re Grammatices ftudioíls tradi folét||á fratre Maturino Gil- berto mino-||rita ex do&iíTimis colledus || autoribus. Una cruz con las llagas de S. Francisco, y al rededor: “Glorian nos oportet in “Cruce Domini || noftri IESV CHRISTI in quo||eft Salus Vita & Refurreótio “noílra.” MEXICI || Excudebat Antonius Efpinofa.[| MDLIX. En 8°, letra romana buena, muy bien impreso. Portada y preliminares, I-IV. Gramática, V-CLXVIII. Concluye con la pa- labra FINIS. Sigue en el mismo volumen otra obra, á la que faltan las 6 primeras fojas. Tal como está, empieza con i ff. sin numerar, y luego van numeradas de 9 á 130, fal- tando también las últimas. Por el aviso puesto al frente, se viene en conocimiento de que es un compendio de la Gramática. Dice así: “Auctor Lectori. Librós de Grammatica Institutione quos nuper explanatio- “nibus illustratos edideram, compulsus sum, lector humanissime, nudos fere ac “luce privatos, diligentius tamen correctos, denuo foras daré: tum ne scholiorum “multitudine impedirentur tyrones, tum ut eis non solum ad divites, sed etiam ad “tenuiores (quorum multo major semper fuit copia) aditus patere. Quare te etiam “atque etiam rogo, uteorum tenuitatem vel nuditatem potius boni consulas. Vale.” Según Betancurt, en su Menologio (Octubre 3), el Arte latino del P. Gilberti fué escrito para los colegiales indios de Tlatelolco, y le tenía y estimaba D. Cárlos de Sigüenza y Góngora.— Este es el primer libro impreso por Antonio de Espinosa. (El ejemplar descrito fué del Sr.D.José F. Ramírez. Se vendió [n? 366] en £31 = $ 155; y le anun- ció Quaritch en £ 40 = $ 200.—En el Catálogo no se hace mención del segundo tratado aquí descrito: el redactor asentó el error de que probablemente este es el primer libro impreso en México con letra romana: otros dejamos ya descritos.) *559 37- f FRATER ALPHONSVS A VERA CRV-||ce or- dinis Hfremitarum Sandti Auguftini Magifter facrse pagi-||nae 96 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. C1559 prouintialis huius nouae Hyfpaniae indignus, venerabilibus || prioribus localibus eiufdem prouintiae, & patri-|| bus eiufdem ordinis, 8c voti, falutem in || domino fempiternam. En 49, letra romana, 14 ff. No hay portada: el título está en la cabeza del fol. 1, y sigue inmediatamente así: “Cum his diebus venirent ad manus conftitutiones nouse Romae editae, atq* in duobus capitulis generalibus pximis Romano & Recanateníi— cófirmatae— vt reciperentur & pro conftitutionibus haberentur & non ali^—” &c. Prosigue diciendo que para utilizar la edición de las Constituciones, hecha cuatro años an- tes (n9 26), las había cotejado con las nuevamente acordadas, anotando todas las diferencias, las cuales había mandado imprimir, y son las que forman el presente opúsculo. No tiene nombre de impresor ni año; pero la epístola ó introducción del P. Vera Cruz está fechada en México á i9 de Noviembre de 1559. La edición está hecha con los caracteres de Juan Pablos, y la C inicial se encuentra en otras producciones de sus prensas, especialmente en la Recognitio Summularum del mismo P. Vera Cruz, á fs. 71 y 78. (El ejemplar descrito era del Sr. D. J. F. Ramírez. Vendido [n? 889] en £ 2I.io = $io7.50.—Anun- ciado por Quaritch en £25 = $ 125.) 156° 38. El escudo episcopal del Sr. Montúfar, con el lema PRO XPO ¡| LE— -GATIO || NE FVGIMV || R, y abajo en letras góticas, impresas en rojo: TT JElanualc g>acramentorum fecun-H tmm bftim cccletip íHcsícaitc. fio? uítcr||ímpreflum, cum quíimüram attoíttonMI bus btílíflhnís: qu£ omnía ín fcqucte pa || gclla rcperícs. A pesar de lo que anuncia el título, no se halla el índice del contenido de la obra á la vuelta de la portada, sino que es blanca. Sigue, sig. a íj una epístola latina de Cristóbal de San Martín al Sr. Montúfar, y luego Ad Sacrorum Ministros Archiepiscopus Mexicanus.” En la epístola dice Cristóbal de San Martín, que él ordenó el Manual por orden del Arzobispo, extractándolo de los Romano, Toledano, Salmantino, Sevillano, Granadino, Pla- centino, y otros.— El Arzobispo ordena que se use este Manual y no otro, bajo pena á su arbitrio. Foja a íí| comienza el calendario, que acaba en i). Al principio de cada mes hay un grabadito con el nombre del mes en francés: el de Julio está en Febrero, y vice versa. En la f. 10, sig. h íj (las 9 anteriores están sin numerar), comienza el Manual. A la vuelta del fol. 50 un Calvario (el de la portada de la Psalmodia Christia- na, n9 92) y enfrente cuatro grabaditos, que representan escenas de la Pasión.— Llega la numeración á 173, y concluye con tres sin numerar. En el frente de la que debía llevar el fol. 175 se encuentra el colofón: TVMVt O imperial deUgran ciudad de México. f:n MEXICO. Por Antonio deEfpinofa H 6 o. 1560] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVL 97 TI 33co gracias: TT ©xplícít iHanuale fecuntruw bfu* almc (Scclefíc íLlexícanf: fumtna íiílt gnttía nouífíime rccognítum tn tnultíf cp iocupictatum. Emprcffuw tu preda ra brtc IBerícana, ín ctiíbus Eos i)ánts¡ liaulí hnprefforte. Ens no tJomíní. 1560. $Jrftjíe Halenfcas Eugu= (tí. A la vuelta: Licencia del Sr. Arzobispo Montúfará Gaspar Denciso, su secretario, para que haga imprimir este Manual.. Frente de la siguiente: Licencia del virrey D. Luis de Velasco, á favor del mismo Gaspar Denciso, para que pueda imprimir el Manual, con privilegio por seis años. Vuelta de la misma: Tasación del Sr. Arzobispo Montúfar (16 de Julio de 1560) en que dispone que Gaspar Denciso, su secretario, á cuya costa se había impreso el Manual, no pueda llevar por cada ejemplar de él, encuadernado en ■papelones, más de tres pesos de oro común. En 4”, impreso con bien cortados caracteres gÓtiCOSS gruesos, y hácia el fin con romanos. La impresión es bella, toda de rojo y negro, muy exacta de registro, y con notas de canto llano, cuando el caso lo pide. (El ejemplar descrito está en mi poder. El del Sr. D. José F. Ramírez tenía además una adición re- lativa al Oficio de Difuntos y á los Matrimonios por poder; pero le faltaban las ocho primeras fojas. Ven- dido así [n? 473] en £ 21.10 = $ 107.50, y anunciado por el librero Quaritch en £25 = 8125.) 156° 39. Túmulo Imperial de la gran Ciudad de México.— En México. Por Antonio de Espinosa. 1560. En 4°, letra romana. (Véanse las dos fotolitografías.) Este libro, escrito por el Dr. Francisco Cervantes Salazar, es tan raro, que por muchos años fueron infructuosas todas mis diligencias para hallarle. Al cabo, en Marzo de 1875, tuve satisfacción de ver un ejemplar en la rica colección del Sr. D. José de Agreda. Desgraciadamente le faltan las ff. 4 y 5, así como la 98 [1560 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. parte superior del dibujo del Túmulo. Este grabado fué, sin duda alguna, ejecu- tado en México, porque lo corto del tiempo trascurrido entre la celebración de las exequias y.la impresión del libro no permite admitir que el grabado se pidiera á España. La suma rareza de la obra, su corta extensión, y su notoria importan- cia como monumento de la grandeza á que había llegado México en pocos años, me hacen reproducirla aquí por entero, no sea que desaparezca este ejemplar, hasta ahora único, y con él la memoria de tan notable solemnidad. Se acompañan un gra- bado de la planta del Túmulo, y dos fotolitografías exactísimas de la portada y de la parte existente de la vista del mismo Túmulo. Quizá algún día aparezca otro ejemplar que proporcione el medio de llenar los vacíos que me he visto obligado á dejar en esta reimpresión. TÚMULO IMPERIAL DE LA GRAN CIUDAD DE MEXICO. Licencia del Ilustrísimo Visorrey desta Nueva España al Impresor. sen á virtud, se ponían imagines, letras y figuras en los sepulcros, para mejor co- moverlos á hacer obras dignas de seme- jantes honras, y para que se acordasen que eran mortales. A cuya causa los latinos á los sepulcros llamaron Monu- mentos. Y aunque algunos filósofos gen- tiles burlaron deste cuidado, otros varo- nes sabios y señalados hubo que no sólo dieron sepultura á los hombres, pero aun á algunos brutos animales, ciegos con el afición que les tenían, pensando por esta vía mostrarla, en recompensa del servi- cio que dellos habían rescebido. Y así no nos maravillarémos de aquella noble rei- na de Caria, que para muestra del gran amor que en la vida tuvo á su hermano y marido, y porque la memoria dél fue- se durable, le hizo aquel sumptuoso y loable monumento, que es contado entre los siete milagros del mundo, usurpando para él el nombre de su mismo marido. Por cuya excelencia á todos los sepulcros famosos llaman Mausoleos. Muchos otros pudiera referir, que dejo por no ha- cer á nuestro propósito, ni las cerimo- nias que en esto se han usado, y porque todos puedenjustamente dar la ventaja al Túmulo ó Monumento, y á lo demás que en este oficio funerario de la Majestad del Emperador nuestro señor, el Ilustrísi- mo Visorrey desta Nueva España, y esta insigne y muy leal ciudad de México hi- cieron, que cierto fué de tanta pompa y YO DON LUIS DE VEL ASCO, VISORREY Gobernador y Capitán General por S. M. en esta Nueva España, y Presidente del Audiencia Real della. Por cuanto en esta ciudad de México, en el monesterio del Señor Sant Francisco, en la capilla del Señor Sant Ioseph, que está en él, se hicieron las honras del in- victísimo Cesar Emperador Don Carlos rey nuestro señor, que sancta gloria haya. Para las cuales se hizo Túmulo, y otras cosas notables. Y por mi mandado se ha recopilado las cosas que en las dichas honras se hi- cieron: y porque es justo que quede memoria dellas, he mandado se imprima en molde. Atento á lo cual, doy licencia y facultad á vos Antonio de Espinosa, Impre- sor, para que podáis imprimir la relación de las dichas honras, con los versos y epitafios, prosas, letreros, así en Latín como en Romance, como en el dicho Túmulo estaba, con el debujo del. Sin que por razón dello in- curráis en pena alguna. Fecho en México á primero de Marzo de 1560. DON LUIS DE VELASCO. Por mandado de su Señoría, ANTONIO DE TURCIOS. El Doctor ALONSO DE gORITA, Oi- dor de la Audiencia Real que reside en México, al prudente lector. r^P?fl¡I0STUMBRE s*do y es> Pru^ente H?r!l lector, no menos antigua que usa- da entre las naciones del univer- so, dar á los difunctos sepultura, y hacer á cada uno las obsequias conforme á su dignidad y méritos, en muestra y señal del amor que les tenían. Y porque los vivos, viendo la honra que á los virtuo- sos aun en la muerte se hacía, se incita- ij6o] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 99 majestad, que podemos muy bien decir que, Omnis Cesáreo cedat labor Amphitea- tro. Y que, Unum pro cunctis fama loqua- tur opus. Pues verdaderamente en todo ello mostraron el amor y lealtad con que siempre han servido y amado á su rey y señor, y que á ninguno otro con más ra- zón se debía. Por manera que ellos hi- cieron lo que eran obligados, y los natu- rales lo mismo á su imitación y ejemplo: demás que con tan claras muestras en- tendieron la lealtad que á tan gran señor y monarca se debía, así en la muerte co- mo en la vida, y que la distancia tan gran- de que hay destas partes á España, no es causa para que menos que aquellos rei- nos sintiesen tan gran pérdida. Y por- que el maestro Cervantes de Salazar lo escribe con la prudencia é ingenio que suele hacer lo demás (como por la obra parece), ruego al que esto leyere, no deje de verlo hasta el cabo, porque le hago cierto que no le desagradará. sequias Imperiales, para dar á entender con señales palpables á los antiguos mo- radores dél, lo mucho que pudo, y lo más que debía al invictísimo Carlos quin- to, que Dios tiene, y la reverencia y amor que deben tener á su felicísimo subcesor el rey don Phelipe nuestro señor. Esto se hizo mediante la industria y consejo de V. S. tan aventajadamente, que cono- cido lo que acá se puede (como parecerá por este libro), hizo mucha ventaja á to- do lo que se hizo en el Antiguo Mundo, porque para esto halló V. S. las entrañas y corazones, así de españoles como de naturales, tan aparejadas, que cada uno según su talento, con gran voluntad se empleó en lo que le mandaron, é hizo el sentimiento que al fallecimiento de tan gran monarca se debía, como si de cada uno fuera padre natural indulgentísimo. Y porque acto tan célebre, manifestador de la fidelidad y amor queásu rey y señor este Nuevo Mundo tiene, era razón que en el Antiguo no estuviese encubierto, y que la Majestad del rey don Phelipe nues- tro rey y señor supiese cuán lealmente es servido, determiné escrebir este libro y dirigirle á V. S., así por haber sido la principal causa dél, como porque la Jus- ticia y Regimiento desta insigne ciudad, cuyo coronista soy, llamándome á su ca- bildo, me mandó que escripias estas Ob- sequias Imperiales, las publicase debajo del nombre de V. S., á quien suplico ten- ga en más el celo y voluntad con que sirvo, que el trabajo, pues con mucho no llega adonde debía y yo quisiera. Con tanto Nuestro Señoría Illustrísima per- sona de Y. S. con muy mayor estado por muchos años prospere y guarde. Al Ilustrísimo Señor Don Luis de Velasco, Visorrey de la Nueva España y Capitán General della, Presidente del Audiencia Real que reside en México. El maestro Cervantes de Saladar. S. más cierto argumento, Ilustrí- K ¡jSadl simo Señor, y la más clara mues- tra que el buen criado suele dar de haber con amor, diligencia y fidelidad servido á su señor, es cuando alcanzán- dolo por dias, en su muerte y después della, hecho el sentimiento debido, no se descuida (como acontece en los más) en las cosas que le tocan de honor y auto- ridad. Esta virtud (dígolo sin ningún encarecimiento), apartado de la persona Cesárea por tantos millares de leguas (que no poco se ha de estimar), ha tenido V. S. tan aventajada de otros criados de S. M., que haría yo grande agravio á la verdad de mi escriptura, si ya que en el todo no puedo, á lo menos lo que en mí es, no dijese lo que por mis ojos he visto. El cuidado y solicitud con que V. S. en es- te Nuevo Mundo procuró, según la po- sibilidad de la tierra, se hiciesen las Ob- TÚMULO IMPERIAL, á las Obse- quias del invictísimo Cesar Carlos quinto. Hecho en la insigne y muy leal cibdad de México, por mandado del Ilustrísimo Vi- sor rey de la Nueva España. S¡*OTk|]abiendo el invictísimo y religio- IÜ R sísimo César Carlos quinto deste nombre por todo el discurso de su vida hecho cosas memorables en am- BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XFI. [1560 pliación de nuestra sancta fe, y aumento de sus reinos y señoríos, entendiendo que antes de la muerte, por las varieda- des que hay en la vida ninguno debe ser alabado, porque el perseverar en virtud ha de ser hasta la muerte, que es el fin y remate desta vida: desnudándose en sus dias (lo que con mucha dificultad y ra- rísimamente se hace) del imperio y mo- narquía del mundo, que para bien esperar la muerte es carga muy pesada; recogido por casi dos años como un particular ca- ballero en el monesterio de Yuste, que es en España, cerca de la ciudad de Plasen- cia, puso la proa con asidua contempla- ción y oración en conquistar y ganar el imperio y señorío eterno del cielo, para que fué criado y desde los primeros años de su discreción pretendía, ocupado en esta obra, de la cual pendía su eterno vi- vir; ordenada sanctísima y sapientísima- mente su conciencia, llegado el tiempo en que había de pasar desta vida, enco- mendando el alma en manos del que la crió y redimió, falleció á los cincuenta y ocho años de su edad. Cuya muerte, des- pués de haber sido sentida y llorada con aquel afecto que su vida fué amada por todo el antiguo mundo, luego que en es- te nuevo se supo, por D. Luis de Ve- lasco, su antiguo criado, Visorrey y Go- bernador de la Nueva España, hecho el sentimiento que era obligado, entró en acuerdo con el Audiencia Real, y des- pués con el Arzobispo, Justicia y Regi- miento de la ciudad de México, cabeza de este Nuevo Mundo, tratando dónde y cómo se celebrarían las Obsequias Im- periales. Y así después de varios y di- versos pareceres que hubo, porque la iglesia catedral de México era pequeña y baja, y no había lugar donde el Túmu- lo Imperial en aquella altura y grandeza que convenía se plantase, y la casa real de donde había de salir en procesión el Virrey y Audiencia con toda la ciudad estaba muy cerca de la iglesia mayor, pa- ra que pudiese ser vista y hubiese lugar por donde anduviese, y porque para es- te efecto había todas comodidades que convenían en la capilla de Sant Ioseph y patio del monesterio de sant Francisco, se determinó se hiciese allí. Esto así ordenado, mandó el Virrey á Claudio de Arciniega, arquitecto exce- lente, maestro mayor de las obras de Mé- xico, que trazase y ordenase el Túmulo, y hecho el modelo dél se lo trajese, para que por él se viese lo que se debía hacer. El cual, como diré luego en la descrip- ción del Túmulo, fué diferente de las trazas que en España y en otras partes se hicieron, y procuróse en esto y en otras muchas cosas, no concurrir con los otros túmulos, porque la pompa fúnebre con esta diferencia y novedad, fuera de la ma- jestad que en ella hubo, fuese más grata á los que la viesen y oyesen. Y porque para entender en esto y proveer lo nece- sario, convenía se encargase dello alguna persona de calidad y confianza, mandó el Visorrey á Bernaldino de Albornoz, alcaide de las Tarazanas y regidor de Mé- xico, lo tomase á su cargo. El cual con todo cuidado y diligencia proveyó las cosas necesarias que le pareció conve- niente, como adelante parecerá, á la gran- deza y majestad del Túmulo, entendien- do por su persona cotedianamente hasta que se acabó. Tardó en acabar el Túmu- lo tres meses. Y porque había una danza de catorce arcos de cantería muy bien labrada que estorbaba la vista al Túmu- lo, los mandó quitar y pasó adelante: lo cual agració en gran manera el edificio, y dió mucha majestad al Túmulo. Al cual en el entretanto que se acababa, era de ver la gente que concurría, así de los españoles como de los naturales, para ver los soberbios y sumptuosos principios que llevaba. Hubo muchos curiosos que aficionados á la grandeza y majestad de su principio, cada día iban á verle hasta que se acabó. Y cierto tuvieron razón, porque como parecerá por lo que luego diré, fué obra extraña y de gran variedad para todos los que la vieron. Entre- tanto que la arquitetura del Túmulo se proseguía, porque las figuras y escu- dos de armas imperiales y reales, y otras 1560] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. pinturas que se habían de poner por las paredes viniesen á tiempo cuando el Tú- mulo estuviese acabado, dióse orden que en toda la comarca de México se pinta- sen gran cantidad de escudos imperiales y reales, y otras muchas historias y figu- ras, como en el discurso de esta obra pa- recerá, las cuales fueron muchas y en ex- tremo muy avisadas, pintadas muy bien al natural de lo que representaban. Las letras é inscripciones, unas en verso y las más en prosa, que con gran brevedad comprehendian y daban á entender lo que cada figura representaba. Y porque la grandeza, artificio y majestad del Tú- mulo, no puede parecer sino por su des- cripción y por la declaración de sus figu- ras y emblemas, descrebirlo he con toda la más brevedad que pudiere, diciendo primero algo del asiento y suelo donde se plantó, porque el lugar y sitio convi- niente es una de las principales cosas que adornan y ennoblecen los edificios sump- tuosos. da la ciudad, y el Túmulo fuera della se pudiese levantar tan alto cuanto convino, y los que estuviesen en la capilla y en el patio pudiesen á placer gozar del Túmu- lo, el cual era de la forma siguiente. Descripción del Túmulo. [Véase el grabado de la planta en la página siguiente.] Era este Túmulo á manera de cruce- ro, conforme á esta demostración desta planta. Tenía cuatro capillas colaterales que abrazaban la capilla mayor donde estaba la tumba de S. M., todas funda- das sobre doce colunas de orden dórica. Tenía la capilla mayor veinticuatro piés en cuadro, y por cada una de las cuatro capillas subían con catorce gradas á la ca- pilla mayor donde estaba la tumba. Y no se les dió á estas capillas más salida de la que era menester para las gradas, co- mo más claramente se muestra por esta planta, porque en la montea no se puede entender tan enteramente, por causa que son muchos cuerpos, y por estar los unos delante los otros, la prespectiva no da lugar. La montea del Túmulo en el cuerpo primero llevaba doce colunas, como por ella mejor se entenderá, de orden dórica con sus pedestales, basas, capiteles y ar- quitrabes, frisos, cornijas. Todos los miembros que llevaba este cuerpo eran de género dórico, porque convenía así para la grandeza del Túmulo de tan gran señor, y por ser este género robusto y fuerte. Es pues el patio de sant Francisco cuadrangular, más largo que ancho, cer- cado por todas partes de paredes altas de piedra; éntrase á él por dos puertas, la una que mira al Septentrión y la otra al Occidente, á cada una de las cuales responde otra de la iglesia principal del monesterio. Al derredor de las paredes va rodeado de altos y copiosos árboles. En el medio está levantada una cruz de madera, tan alta que de fuera de la ciu- dad se ve de tres ó cuatro leguas. A la mano izquierda, por la puerta del Sep- tentrión, tiene una capilla que se llama de sant Joseph, á la cual se sube por dos gradas; es muy grande, y está fundada sobre muchas colunas que hacen siete na- ves, las cuales para hermosear el arqui- tetura del Túmulo se jaspearon. Cabrán en esta capilla y patio cuarenta mili hom- bres, porque más que estos se hallaron de españoles y naturales cuando las hon- ras se celebraron. Hizóse el Túmulo fuera de la capilla, pero cerca della, por- que el oficio funerario se había de hacer en la capilla, y había de estar en ella to- Las colunas A, B, C, D, E, F, G, H, como en la planta están señaladas, te- nían sus pedestales, cada uno de altura de ocho piés, con su basa y capitel, dando á cada moldura destas lo que le conve- nía, conforme á su género, quedando pa- ra la pintura del pedestal su proporción que era la que tenía su cuadrado por su línea diagonal, dentro de los cuales, co- mo diré en su lugar, estaban las figuras y letras que después se pusieron. Tenía cada coluna de alto con la basa y capitel, sin el pedestal, veinticuatro piés, 102 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1560 repartidos en esta manera. La basa te- nía de alto la mitad del grueso de la co- luna por la parte de abajo, y el capitel otro tanto, y el tronco de la coluna vein- tiún piés; de manera que estas primeras colunas tenían veinticuatro piés y ocho los pedestales, que venían á tener estas capillas y cuerpo primero, treinta y dos piés de alto, hasta llegar á los arquitra- bes: tenía cada coluna de diámetro tres piés, de manera que venían á ser de ocho gruesos cada coluna con basa y capitel, y para dórica venía á ser más estirada un grueso de lo que requiere: y esto se hi- zo consideradamente, porque como las colunas desta primera orden y cuerpo primero eran muchas y estaban cerca de la vista, no se ocupasen las unas á las otras. Las salidas de las basas y capiteles destas colunas eran la cuarta parte de lo grueso dellos, y ansímismo las moldu- ras que guarnecían los pedestales eran dóricos, con aquellas salidas y razón que el arte lo requiere. Fueron las dichas co- lunas desminuidas y estriadas lo que su género demanda; de manera que daban muy gran ser á la obra. Las cuatro colu- nas I, K, L, M que estaban en la capi- lla del medio no daban muestra de los pedestales, porque la cama del Túmulo les hacía á todas cuatro un pedestal don- de cargaban las basas al peso de los otros ocho de fuera, y por esta razón venían á ser todas las colunas iguales, lo cual to- do guardó bien el arquiteto, y tuvo gran consideración y aviso en todo, porque si las unas vinieran más altas que las otras, habían de ser necesariamente unas más gruesas que otras y causaran dis- proporción: y haber esta variedad en un mismo cuerpo es cosa reprobada en bue- na arquitetura. Con esto se da la razón deste primero cuerpo, hasta los capiteles de las colunas dichas, sobre las cuales venía el arquitra- be, friso y cornija que guarnecía toda la obra por arriba: lo cual todo tenía cinco piés y medio de alto, en esta manera: pié y medio el arquitrabe de alto, y de grue- so lo que tenía la coluna por la parte de arriba, en el cual grueso iban labrados unos florones. Y la cornija tenía de alto un pié y tres cuartos de pié, y lo restante *5 6o] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 103 al friso, el cual aunque llevaba su alto no llevaba en él los triglifos y metopas que se suelen poner, sino muchos des- pojos de guerra y trofeos de la Muerte muy bien labrados, y no menos agrada- bles á los ojos que lo miraban. Sobre la cornija deste primer cuerpo, venía un frontispicio por remate de cada capilla colateral, que tenía de largo ca- da frontispicio lo que tenía la capilla de ancho de coluna á coluna, dándole la al- tura conforme á su razón. Y este rema- te de frontispicio también lo hacía en los lados de las capillas, adonde se jun- taban para remates dellas dos medios frontispicios, desta manera: de la colu- na A hasta la coluna I, medio; y de la coluna I hasta la coluna H, otro medio, que hacía un frontispicio entero, y desta manera quedaban las capillas por los la- dos con sus remates, ni más ni menos que por delante. Tenían los cuatro fron- tispicios delanteros en las puntas dellos sus acrotereas muy bien labradas, con- forme á su razón, encima de las cuales y de cada una dellas estaban puestas cua- tro muertes de bulto muy al natural, que tenía cada una de alto ocho piés, y cada una dellas tenía sus insignias de la muer- te, diferentes las unas de las otras, las cuales no se ponen en la montea porque no ofusquen á las armas imperiales que estaban dentro. Yá los lados destos fron- tispicios, sobre las ocho colunas que te- nían pedestales, venían por remate dellas unos obeliscos á manera de agujas pira- midales, que tenía cada una de alto trein- ta piés, las cuales parecían muy bien, y con estos obeliscos y frontispicios hacían fin y remate por de fuera las cuatro ca- pillas colaterales, y por de dentro dellas pasaba el mismo ornato de arquitrabe, friso y cornija en cuadro. Como por de fuera y sobre la cornija se cerraban es- César, aventajándole y dándole lo más digno, por lo cual decía la letra: Digniori dignissima. Al otro lado del cuadro del pedestal, estaban muchos indios enlutados, con candelas encendidas en las manos, mos- trando con los rostros tristes gran senti- miento por la muerte de César; decía la letra, preguntando y respondiendo: Quo properant Indi pullatis vestibus omnes ? Caesaris ad Tumulum, justaque sacra petunt. A la vuelta estaba un villano robusto, procurando con ambas manos acorvar una palma. Significaba esta figura la cons- tancia y firmeza de César en los trabajos bellicosos, hallándole la Fortunacon más vigor y fuerzas cuando pensaba tenerle rendido con sus acontecimientos. Decla- rando esto la letra decía: Tamen usque recurret. Estaba al otro lado el Emperador, te- niéndole la Muerte de la mano, y junto á él la Fe con una cruz en la mano, con que le aseguraba la partida, pues aunque moría, no había vivido para sí sino para el augmento y ampliación de la Fe. De- cía la letra: Non sibi, sed Fidei vivebat Carolus ille, Invida quem nobis jam Libitina tulit. En la coluna siguiente, en la frontera de su pedestal, había un castillo roquero con un león á la puerta tendido y en lo alto estaba un gallo: daba á entender es- ta figura el esfuerzo y cuidado con que César ganó y conservó muchos reinos y señoríos. Decía la letra: Cura et fortitudine. A la vuelta en el otro cuadro estaba el labirinto de Dédalo con un clavo en la puerta y un ovillo colgado del clavo: denotaba esta figura haber César, con sin- gular prudencia y sagacidad, salido di- chosamente con muchas cosas que con fuerzas humanas no se podían acabar: correspondía esta figura á la fábula de Theseo. Decía la letra: Difficillima sagacitate vicit. [Faltan las hojas 4 y 5.] oro derramados por ella: que significa- ban los muchos oficios de la Prudencia. Quitaba esta diosa una guirnalda á Uli- ses de la cabeza, y poníala sobre la de BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1560 104 En el otro cuadro estaba el Empera- dor y D. Hernando Cortés delante dél, armado con la espada desnuda en la ma- no, y á par dél muchos indios: daba á en- tender esta figura haber Hernando Cor- tés, en ventura del César y con su favor, conquistado el Nuevo Mundo y llamado al sancto Evangelio innumerables gen- tes. Decía la letra: Quid Cortesius ille potens, quid Martia virtus Prodessent armis Csesarea sine ope? Carolus ille suis perfregit pectora fatis Nostraque dejecit numina vana Deum. En la coluna de la mano derecha que hacía la capilla colateral, en el cuadro frontero de su pedestal, estaba la Muer- te levantado el un brazo hácia el cielo, y el Emperador dándole la mano, con- tando sus triunfos, rindiéndose con ellos á la Muerte; lo cual daban á entender los versos siguientes: Flandria nutrivit claris me Regibus ortum, Hispanos rexi, scteptraque Sacra tuli, Gallorum vici regem, Turcasque repressi, Et Mauros fregi, captaque Roma tremit, Tunetum bello cepi, fudique Sicambros; Germanos domui, Thuscia fracta fuit. Indos subjeci, stravi simulachra Deorum. Nunc Libitina potens, linquere cuneta facit. Al otro lado, hácia dentro, estaba el Buen Celo vestido de blanco, con dos rostros: con el uno miraba al cielo alzan- do hácia él el un brazo; con el otro mi- raba al suelo, bajando el otro brazo, se- ñalándole con el un dedo: significaba esta figura haber César guiado y encaminado todas las cosas temporales para el cielo, y por eso decía la letra: Sic inferna, ut contingant superna. En el cuadrado, hácia afuera, estaba el Emperador sentado en silla imperial en campo claro, y los nueve de la Fama, en pié, en campo escuro; la Fama volan- do sobre la cabeza del Emperador, des- cogiendo con las manos un envoltorio de papel lleno de trofeos, dando á enten- der que solo César la había ocupado tan- to en publicar sus hazañas, que ponía á los de la Fama en olvido. Decía la letra: Unus mihi pro multis. Y á la misma figura se aplicaban estos versos: Hic Ínter primos numeratus Caesares omnes, Carolus heu, Christi functus amore jacet. Sponte sua gessit pro Christi dogmate bella Claudet et hasc ciñeres ocius urna suos. Hacia dentro del otro lado estaba la Muerte con una culebra enroscada en el brazo derecho y en la mano una saeta; decía la letra, avisando la necesidad del morir y la prudencia con que se había de esperar: Statutum est hominibus semel mori. En la coluna siguiente, en el cuadro hácia la escalera, estaba el Emperador abiertos los brazos, esperando la Muerte con rpstro alegre. Decía la letra: Laetatus sum in his quae dicta sunt mihi. En el otro cuadro que salía hácia fue- ra había un círculo con dos rostros, el uno de muerto y el otro de vivo. Sig- nificaba esta figura la buena muerte de César haber sido principio de su eterna vida, porque la propiedad del círculo (según los matemáticos) es que puede comenzar donde acaba, y acabar donde comienza, y por esto decía la letra: Vitas principium mors óptima. Al otro lado, hácia la capilla mayor, estaba la ciudad de México sobre una la- guna con muchos ídolos quemados y quebrados arrojados del templo, y al otro lado muchos indios hincados de rodillas, adorando una cruz rodeada de rayos de sol, dando gracias á Dios porque en el tiempo de César, y con industria de Her- nando Cortés, fueron alumbrados de la ceguera en que estaban. Decía la letra: Nomine regali mundum Cortesius amplat, Vincens indómitos, vivit in orbe fides. Si rex non humeris Indos portaret opimis Insignes patria, dic quid uterque foret? En el cuadro del pedestal de la otra coluna de la capilla mayor, estaba el Em- perador sentado, armado de todas armas, en silla imperial, y aquellos afamados capitanes, Alejandro, Aníbal, Pirro, Ci- pion Africano, las cabezas descubiertas, 1560] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 105 armados, cogendo yerba del campo en señal de vencidos. Aludía esta figura á la costumbre de los antiguos, que dando la ventaja á su contrario, cogendo yerba del suelo se la daban en reconoscimiento que le hacían señor del suelo. Decían, pues, estos capitanes en la letra: Jure porrigimus herbam. Estaban unos dísticos que declaraban lo mismo: Cario felici mérito porrigimus herbam Si causam quaeris, per mare quasris aquam. Mores, justitiam, leges, Martemque potentem, Vis uno dicam nomine, Carolus hic. A la vuelta del pedestal, hácia la ca- pilla de Sant Joseph, estaba el Emperador sentado con el cetro tendido, y Monte- zuma y Atabaliba, emperadores en es- te Nuevo Mundo, hincados de rodillas, tendidas las manos tocando en el cetro con rostros alegres, manifestaban que habían sido vencidos, para vencer al de- monio que los tenía vencidos. Decía la letra: Cedimus victuri. En el cuadro del pedestal de la colu- na postrera, hácia la capilla de Sant Jo- seph, estaba la Justicia con un peso en la mano y una espada desnuda en la otra, el Emperador frontero en pié con coro- na y cetro. Decía la letra: Nil Astra:a potens juvit, nil candida virtus, Si tándem morior, Sarcophagoque premor. En el cuadro de la mano derecha es- taba el dios Júpiter vestido á la antigua, metido en la mar, las espaldas vueltas á España y el rostro á Occidente, con las dos colunas de Plus Ultra debajo de los brazos, denotando que para la gran ven- tura de César no había término. Aludía á lo de Virgilio en el primero de la Enei- da, por lo cual decía la letra: Imperium sine fine dedi. A la vuelta del cuadro, frontero al al- tar mayor de la capilla de Sant Joseph, estaba el Papa Alejandro sexto sentado en la silla pontifical, frontero el rey Don Fernando de Castilla hincado de rodi- lias, recibiendo con ambas manos un Nuevo Mundo que el Papa como ge- neral pastor le entregaba á él y á sus des- cendientes, para que trajesen al verdade- ro conocimiento de un solo Dios tantas naciones infieles como en él había. Con- tenía esta figura el derecho que desde entonces los reyes de Castilla tienen á este Nuevo Mundo. Hablando el Papa, decía la letra. Tibí et posteris. En el cuadro hácia dentro del pedes- tal de la coluna primera, á la mano iz- quierda de la capilla mayor, estaba la Jus- ticia con una guirnalda de diversas flores en la una mano y una espada desnuda en la otra, mirando con muy grande aten- ción al fiel de un peso, que no fuese más á la una parte que á la otra. Denotaba esta figura la gran rectitud de César y la acrisolada justicia que á los suyos guar- dó; la cual virtud, por contener en sí todas las demás, porque dicen los filóso- fos y teólogos que Justitia est omnis vir- tus, decía la letra: Integritati Caesaris tota consecror. En el cuadro de afuera estaban las tres furias infernales con su título que decía: Euménides. Abajo estaba aquella seña- lada batalla naval que los españoles tu- vieron con los indios en la laguna, cuan- do prendiendo á Guauhtimutzi, subcesor de Moteczuma, acabaron de tomar la ciudad de México. Significaba esta figu- ra cómo los demonios, figurados por las furias, incitaban á los indios á que no quisiesen paz con los nuestros. Por lo cual duró más de ochenta dias la batalla; la cual cuanto fué más larga y más reñida, tanto después de vencida fué más glo- riosa. Y por esto, decía la letra: Ex dificúltate gloria. Estaba un dístico que decía desta ma- nera: Exitus in cunctis successit prospere rebus, in extremo quem simul unda vehit. A la vuelta del mesmo pedestal estaba una doncella sentada en un campo raso, [1560 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. y un unicornio tendido en su regazo. Significaba esta figura la clemencia y be- nignidad con que César atrajo á su ser- vicio á muchos, á los cuales la fuerza y castigo indignara. Decía la letra: Clementia allexit quos robur irritabat. ' En el cuadro que cae hácia la capilla de Sant Joseph, en el mesmo pedestal, estaba Don Hernando Cortés á caballo con la bandera real en las manos con otros algunos, y los demás á pié mar- chando la tierra adentro. Los navios en que pasó, quemados y echados al través. Daba á entender esta figura, cómo Don Hernando Cortés acometiendo en los dichosos dias de César el más grande he- cho que capitán en el mundo emprendió por principio maravilloso en tierra tan larga, tan poblada de gente no conocida, dió con los navios al través, poniendo ánimo á los suyos con quitarles la espe- ranza de la vuelta. Decía la letra, ha- blando Cortés: Duce Caesare, refugium in fortitudine. En el pedestal de la de la ca- pilla mayor, en el cuadro, estaba Phae- ton, como por mal gobernar, él y el carro caían abrasados. El Emperador sentado en otro derecho, guiando los caballos con una vara. Significaba, cómo por regirse á sí César primero, rigió y gobernó pru- dentísimamente sus reinos y señoríos. Decía la letra: Se regens rexit. En el pedestal de la mesma coluna, que es en el postrer cuadro, estaban sentados el Gran Turco, el rey de Francia y el de Inglaterra; Harpócrates en pié con el dedo en la boca haciéndoles que callen, mostrándoles con la otra mano un águi- la real que iba volando: dándoles á en- tender cuánto César se les iba de vuelo, y que debían callar cuando en grandeza y valor se hablase, estando César presente. Decía la letra: Praestantia silentium indicit. En el pedestal de la coluna de la pos- trera capilla, en el mesmo cuadro, estaba la Invidia muy flaca y triste, envueltas víboras en la cabeza, mirando ciertos tro- feos que pendían de un árbol. Y porque es proprio de la Invidia enflaquecerse con el bien ajeno, y tanto más cuanto el bien es mayor, decía la letra: Nunquam tam juste macra. A la vuelta del mesmo pedestal, en su cuadro que cae á la parte de afuera, es- taba Don Hernando Cortés armado en lo alto del templo del demonio mayor, que llamaban Uchilobos, derrocándole de su lugar y haciéndole pedazos. Ha- bía por las gradas cuerpos de indios sa- crificados. Significaba esta figura, como tengo dicho más largamente en la gene- ral historia destas partes, el ánimo inven- cible con que Cortés, mirándole todo el poder de Montezuma, sin tener miedo alguno, confiado del favor divino, daba por tierra con el príncipe de las tinieblas, y por esto decía la letra: Princeps mundi hujus ejicietur foras. A la vuelta del mesmo pedestal, fron- tero del altar mayor, estaba un león abra- zado con una sierpe. Denotaban que en ningún otro príncipe como César, pru- dencia y fortaleza habían sido tan igua- les. Por esto decía la letra: In nullo alio ita pares. Figuras y letras de los frontispicios. Estas eran las figuras que estaban en los pedestales de las colunas del primer cuerpo del Túmulo. Los frontispicios y medios frontispicios con que este primer cuerpo se remataba, tenían en sus espa- cios varias figuras con sus letras, las cua- les iré por su orden declarando en esta manera: En el frontispicio entero que está á la entrada del Túmulo, estaba la Fama con alas en los brazos y piés, llena de ojos y lenguas; salía de un mundo abierto, to- cando una trompeta, de la cual pendía este epitafio: Gestis Caesaris longe inferior qui mirabundusTu- mulum spectas, quem Mexicani cives pro facúltate 1560] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 107 superbum, ex gratitudine et pietate ei posuere, si non molestum est, quas de ipso (ut melius audias) re- sonem, ausculta. Edisces enim,quod improbus nun- quam intelligit virtute cuneta inferiora esse. Iacet hic ergo Carolus quintus Imperator, Caesar Augustus, Maximus, Indicus, Turcicus, Africanus, Germani- cus qui post in orbe veteri ingenti illata clade Tur- cam, potentissimum et acerrimum Christianas Reip. hostem profligatum, arcem Guletam et Tunetum urbem captas, domitos ac subactos in Germania Fe- dericum Saxonem et Philippum Hesum, aliosque principes imperii rebebes, ne quid detrimenti (uti coeperat) divinus cultus pateretur; superatos in ea re labores multos, incredibili prope facía expensa, Dor- gutem Turcum, christianis ómnibus infestissimum, repressum et fugatum, Franciscum Gallorum regem devictum et in Hispaniam ductum, servatas Parmam et Plasentiam, Gallis ab Insubria pulsis, Guillermum Clevensem Gallicarum partium sectatorem sub ju- gum missum et humaniter habitum. In orbe autem novo, post per ejus legatos inventas Ínsulas illustratas, Novam Hispaniam et Piru, regiones tam longe late- que patentes (ut mérito novus orbis nuncupentur) promulgatam et longissime protensam legem Evan- gelicam, Tabalibam et Monteccumam, hunc Novae Hispaniae,illum Piru reges, plusquam dici queat,tum argenti aurique vi, tum subditorum multitudine po- tentes in ditionem, non sine máximo ipsorum com- modo redactos, eversam idolatriam, inductum civi- lem cultum,prasposteram Venerem, carnis humanae esum, innocentium interitum, durissimam tyranni- dem, et nefanda id genus alia scelera e medio subla- ta. Post denique in utroque orbe omnium virtutum plurima et maxima documenta edita, et quod ante ipsum princeps nullus fecerat, e Flandria in Hispa- niam reversus, Philippo hasredi filio omne suum imperium traditum, privatus in coenobio Hierony- mitarum, tranquillissime per fere biennium, ad id religione suadente, vitam traducens, sanctissime ulti- mum diem clausit. Habes quae sum pollicita; jam abi, ac quod debebas vivo, modo Carolo persolve mortuo. En el medio frontispicio quecaeáman- derecha á la entrada del Túmulo estaba el Emperador incensando á la Fe que es- taba sobre un altar, en cuya plana esta- ban tendidos el duque de Sajonia y Lans- grave, con esposas en las manos y grillos á los piés, vendados los ojos. Significa- ba esta figura el servicio grande que el Emperador hizo á Dios en rendirdos tan poderosos príncipes, y reducirlos al ver- dadero conocimiento de nuestra sancta Fe. Por esto decía la letra: Acceptissimum Deo sacrificium. En el otro medio frontispicio estaba un niño en una cuna con una corona im- perial á la cabeza, y en el cielo de ella siete estrellas, que eran los siete planetas, concurriendo con las mejores influencias en el nacimiento de César, inclinándole á toda virtud en nombre de los planetas. Decía la letra: Meliora dedimus. En el frontispicio entero que cae á la mano derecha del Túmulo estaba la Gloria en figura de doncella, vestida de blanco, y por la ropa derramados mu- chos soles, puesta entre dos árboles ver- des, de los cuales pendían trofeos, y ella coronada con laurel. Significaba esta fi- gura que la gloria y renombre que en los dos mundos siempre vivirán, adquirió César por cosas altamente hechas. Decía la letra: Ex praeclare gestis gloria vivax. En el medio frontispicio que cae á la mano derecha, hácia el altar de Sant Jo- seph, estaba un león levantado entre mu- chas abejas que le cercaban. Significaba esta figura, que en el fuerte, como lo fué César, debe haber discrición y sabor. De- cía la letra: In forti judicium et dulcedo. En el otro medio frontispicio estaba una pirámide de la cual pendían dos ca- denas, y en los remates dos mundos, y sobre la pirámide una urna como en la que se ponían las cenizas de los em- peradores. Daba á entender esta figura convenir tan encumbrado Túmulo al que señoreó dos mundos, y que en pe- queño lugar cabía muerto al que vivo no hartó el señorío de toda la tierra. De- cía la letra: Urna satis mortuo cui non satis fuerat orbis uterque. En el frontispicio entero, que caía há- cia la capilla de Sant Joseph, estaba la Muerte y la Fama contendiendo cuál era más poderosa. Lo que decía es lo que sigue: Muerte. Quid tu resonas ? Fama. Quas nec ego satis referre, nec tu celare unquam poteris. Mu. Nonne cuneta mecum concidunt? Fa. Quae ea lege sunt nata ut intereant. Mu. Quas tu ergo predicas? Fa. Invictissimum Carolum. Mu. At is victus, meo 108 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1560 occubuit telo. Fa. Occubuit, nequis relinqueres in terris máximum: verum vivet semper immortalis. Mu. Enigma dicis. Fa. Solvam facile. Mu. Expec- to quid velis. Fa. Vixit Cansar (si admirandam ejus virtutem spectes) sibi et suis. Sed quoniam indue- rat corruptionem, mortuus est: nunquam in am- plius moriturus. Mu. Obtinuisti: jam perge, nam meum in virtutem et animum imperium non ex- tenditur. En el medio frontispicio que cae á la mano siniestra del Túmulo estaba laTe- meridad en figura de una loca doncella, los piés y brazos desnudos, los ojos algo ciegos, acometiendo á un león con una caña. Significaba esta figura nunca Cé- sar haber emprendido cosa sin que en ella precediese maduro consejo, y por eso decía la letra: A Caesare procul ego. Estaba una coluna llena de letras me- tida en el rio Leteo: daba á entender es- ta figura que contra la fuerza del olvido permanecerá entera la memoria de la sin- gular virtud de César. Decía la letra: Contra oblivionem antidotum virtus. En el espacio del aguja que está enci- ma de la capilla, entrando al Túmulo, estaba el Emperador poniendo con la una mano la corona imperial en el suelo, y con la otra levantada en alto procu- rando tomar una guirnalda de flores pues- ta entre unas estrellas. Daba á entender haber César en sus dias con tiempo de- jado el Imperio para conseguir sin estor- bo el eterno: hablando él, decía la letra: Immarcessibilem ne impediat peritura. A la vuelta, en el otro espacio fronte- ro del patio, estaba una culebra que salía de la estrechura de unas piedras, dejando el hollejo viejo atrás: significaba, alu- diendo á la de Sant Pablo, haber César desnudádose del viejo hombre y vestído- se del nuevo, por los trabajos que pade- ció en la defensa de la fe cristiana y en la penitencia que hizo. Decía la letra: Exuit veterem, ut novum hominem indueret. En el espacio del aguja que estaba en- trando al Túmulo, á la mano derecha, había un blandón encendido, cuya llama resplandecía en una escuridad. Daba á entender esta figura haber César por sus ministros alumbrado las tinieblas de la ignorancia y falsa religión en que todo este Nuevo Mundo vivía. Decía la letra, aludiendo á lo de Sant Juan: Lux in tenebris lucet. En el espacio á la vuelta de la mesma aguja estaba un círculo hecho de cadena, y en el medio un ceptro imperial, dando á entender que todas las virtudes que entre sí, como dicen los filósofos, están encadenadas, acompañaron siempre al di- choso imperar de César. Decía la letra: Félix imperium omnis virtus ambit. En el espacio del aguja de la segunda capilla, entrando al Túmulo á la mano derecha, estaba la ciudad de México, y sobre los muros el dios Apollo coronado de laurel, con un libro en la mano, dando á entender que para doctrina y lumbre destos naturales erigió César Universi- dad en México: decía la letra: Beneficio Caesaris novam incolimus urbem. A la vuelta del espacio de la mesma aguja estaba el Emperador desnudándo- se una ropa imperial, puesta la corona en el suelo, significando lo que había he- cho ser tan raro y tan pocas veces visto, que por su raridad merece perpetuo nom- bre y gloria. Decía la letra: Ex raritate pretium. En el espacio del aguja que cae hácia el altar mayor de la capilla de Sant Jo- seph, estaba un lebrel sobre una puente levadiza atado de trailla á una coluna, dando á entender la fidelidad y cuidado con que César trató los negocios, así de guerra como de paz, que tocaban á sus reinos. Decía la letra. Fide et vigilia. En el espacio del aguja que cae sobre la postrera capilla del Túmulo frontero del altar mayor, estaba un ave Fénix ha- ciendo fuego con las alas para quemarse sobre su nido. Figuraba á César, que ha- biendo vivido sin segundo, muriendo al 1560] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 109 mundo dejó en su vida á otro él, revi- viendo en Philipo su hijo. Decía la letra: Moriens revivisco. A la vuelta en el otro espacio había una colmena con sü enjambre de abe- jas, y muchas que seguían á una mayor, que llaman el rey. Significaba esta figu- ra que la grandeza y aumento de la repú- blica consiste en el rey justo y piadoso, porque el rey de las abejas, según los naturales, tiene aguijón con que pique, y piedad con que conciba: y porque en César hovo justicia y clemencia, con las cuales engrandeció sus reinos y señoríos, decía la letra: Reipublicae amplitudo in Rege justo et clemente. Las figuras de Muertes de bulto que había sobre los frontispicios mayores, y los ver- sos que tenían. Agraciaban, como dije, por extremo el Túmulo los obeliscos y agujas pirami- dales, y porque los espacios bajos dellos cubiertos en los lados que podían ser vistos de las figuras y letras que se pu- sieron detenían los ojos de los que mi- raban, será bien, prosiguiendo lo que de- más había, reparar en cuatro Muertes de bulto, cada una con diversa postura, que estaban sobre ciertos remates á manera de basas que hacían los frontispicios, que no menos ocupaban y detenían á los que miraban. Estaba una Muerte sobre el frontispi- cio entero al un lado del Túmulo, los brazos sobre la cabeza, como afligiéndo- se de haber muerto á César. Decían esto los versos siguientes: Poenitet, Hispanos tantum cepisse dolorem. Pcenitet, officium praevaluisse meum. Otra Muerte estaba sobre otro fron- tispicio, levantando el dedo hácia arri- ba, denotando que ya César por la muer- te natural subió al cielo. Decía: Carolus asternae donatus muñere vitas: Pro fidei cultu, coelica regna petit. Había otra Muerte sobre el frontispi- cio que estaba á la entrada del Túmulo, con un arco en la mano, y una flecha quebrada, pesándole de haber muerto á César, por la gloria que con ella había ganado, y decía: O utinam telis caedendi nulla potestas Ante foret quorum vulnere vita fui. Nam dum facta meis curo delere sagittis Cassaris: ipsius gloria major erit. La cuarta Muerte, con que se acaba- ban de rematar los cuatro frontispicios del primer cuerpo, tenía un ataúd sobre los hombros, y decía: Mors non cuneta vehit, famam superesse potentum Pertulit, et magnos tollere ad astra viros. Y aunque hasta lo postrero del Tú- mulo había otras figuras, de las cuales diré luego, porque traté destas cuatro Muertes es de saber que con gran aviso en el remate de todo el Túmulo se puso otra Muerte también de bulto, de tanta grandeza que de abajo podía muy bien verse: poníase una corona imperial en la cabeza, dando á entender que es pode- rosa sobre todos los príncipes y monar- cas, y con ella se remata y acaba todo lo que hay en el mundo. Decía la letra: Imperium sine fine, mihi sine fine tiaras Convenit et Reges cedere jure decet. Figuras y letras que el segundo cuerpo del Fámulo tenía. El primer cuerpo del Túmulo, de cu- yos pedestales, frontispicios y agujas he dicho, se cubría por de dentro en la ca- pilla mayor con media naranja, por toda la cual iban los siete planetas con mu- chas y diversas figuras con sus letras cas- tellanas, las cuales por hacer mayor nú- mero con las dichas del que la brevedad deste pequeño libro pide, no las pongo. Las cuatro capillas colaterales tenían la cobertura artesonada de unos florones y trofeos de la Muerte muy bien labrados, y las colunas eran negras, que imitaban, cuanto la pintura pudo alcanzar, á pie- dra de aquella color. Sobre este primero cuerpo venía otro en manera de capilla diminuyendo del primero; acompañábanle las agujas pi- BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1560 ramidales que subían hasta igualar con el arquitrabe, friso y cornija del segun- do cuerpo, en el medio del cual iban las armas imperiales,con la majestad y gran- deza que ya se dijo en la descripción deste Túmulo: y con tal artificio escul- pidas, que daban muy bien á entender ser insignias de tan alto príncipe: y con estar en alto y apartado de la vista, era lo que mejor se vía y más adornaba el Túmulo: tenía el águila cabezas, alas y piés dorados, y todo lo demás del cuer- po del color de las águilas reales. A las colunas se pusieron estos versos: Plus ultra mundum superans, Maurosque fugaces Carolus invictus nomen in astra vehit. Plus ultra Caesar terraque marique fluenti, Inter non notos, notus ubique manet. Hacía esta capilla por lo alto cuatro espacios, en los cuales se pusieron las figuras y letras siguientes: en el espacio que es frontero de la entrada al Túmu- lo, y sobre el cual estaba un Crucifijo muy devoto, estaban unas grullas dur- miendo y una en pié haciendo vela, de- notando que como esta ave vela para asegurar las otras del peligro del caza- dor, así César se desveló siempre cómo aseguraría á sus vasallos de todo peligro y daño. Decía la letra: Distichon ad Casarem. Non tibí, sed cunctis vixisti, Carole, cujus Hic corpus tegitur, spiritus astra colit. En el espacio que caía al altar mayor y de Sant Joseph, estaba Arquímedes so- bre los muros de la ciudad de Siracusa en hábito de filósofo, con un compás en la mano y una regla en la otra, significan- do cómo unas veces con fuerza y otras con arte, el gran César subjetó y ganó muchas provincias y señoríos, no con- tentándose con sábia y fuertemente de- fender los suyos. Decía la letra: Arte non minus quam vi, aliena invasit et sua defendit. En el otro espacio que era á la mano izquierda estaba aquel famoso pintor Ti- mantes arrojando el pincel y tendiendo un velo, dando á entender pues que no se podían pintar ni escrebir las hazañas de César, que era bien dejallas debajo de aquel velo para que cada uno las consi- dere como mejor pudiere. Decía la letra: Quod exprimere penicillo non possum, velo contegam. Estaba cubierto el Túmulo á dos aguas, y la cubierta que era muy gran- de y muy espaciosa como el altura del Túmulo lo pedía, se sustentaba sobre al- tas colunas, que como dije hacía siete naves respondientes á las de la capilla de Sant Joseph. Estaba por el cóncavo es- ta cobertura toda negra, llena por sus espacios de escudos reales é imperiales, entretejidas muchas Muertes con diver- sas insignias, muchas estrellas derrama- das, y á una parte el sol y la luna eclip- sados, tan grandes que de abajo parecían mayores que los naturales. Tenían estos versos: De So lis e clip si. Abscondens súbito fulgentia lumina Phoebe, Contristas cunctos funere Ctesareo. De Luna eclipsi. Caroleum funus portendens Luna futurum, Eclipsim patiens, hórrida signa dedit. Figuras y letras que había en los espacios de los arcos que cubrían el Túmulo. En el espacio que por lo alto hacía el arco de en medio que abrazaba la capi- lla mayor del Túmulo, en lo más alto dél estaban las armas imperiales, con dos Muertes á cada lado, y debajo de cada un escudo otra con las armas reales. En el arco siguiente á la mano dere- cha estaba la Memoria, pintada, según sus propiedades, en figura de mujer, co- ronada con corona de laurel, la frente ancha, el colodrillo salido, metidos los piés hasta las pantorrillas en una alta pe- ña, abrazada con dos gruesas colunas, la ropa llena de carateres griegos, latinos, hebreos y caldeos, estaba frontero la An- tigüedad, en figura de vieja muy arruga- da pretendiendo borrar con una esponja las letras con que contra toda antigüe- dad se conservan las hazañas de los prín- cipes, y porque de las de César había de 1560] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. haber memoria inmortal, decía la letra: Nulla oblitterabit vetustas. En el segundo arco estaba la Iglesia Militante en figura de doncella, armada á la antigua, ofreciendo al Emperador, al cual tenía de la mano coronado, á la Iglesia Triunfante, que también estaba vestida en hábito de doncella, vestida de blanco. Decía la Iglesia Militante: Propugnatorem meum tibi trado. Respondía la Iglesia Triunfante: Inter ubera mea commorabitur. En el primero arco de la otra mano, en lo ancho dél, estaba Hércules peleando con la serpiente Hidra, á la cual nacían muchas cabezas. Significaba esta figura haber sido César dañador y vencedor de la heregía luterana, la cual producía di- versos errores. Decía la letra: Máximum, invictissimum, religiosissimum Caro- lum quintum, capitibus pullulantium unicum percus- sorem domitoremque, hoc monumento atque labo- re meo in ventura saecula vaticinor. Tras esta figura se seguía un mundo escurecido, daba á entender esta figura estar el mundo así por la muerte de Cé- sar. Decía la letra: Orbis orbus. Luego adelante iba por el mar un na- vio y el pescado Echeneida ó Rémora que le detenía: significaba la virtud de César haber sido contra cosas muy po- derosas, fuerte y eficaz. Decía la letra: In potentissima quaeque virtus efficacissima. El aderezo de las paredes de la capilla de Sant Joseph, y del patio y los altares que se hicieron para decir misa el dia de las Obsequias. Cubrióse la capilla y todo lo demás del patio que llegaba hasta la danza de arcos, de paños negros y sobre ellos por su concierto y por trechos se pusieron muchos escudos imperiales y reales, in- sertas diversas figuras de Muertes, de manera que el que miraba al Túmulo, especialmente cuando la cera se encen- dio, y daba vuelta con los ojos al ornato de las paredes, levantándolos á la cober- tura del Túmulo, volvía sobre sí por ol- vidado que estuviese de la muerte, ofre- ciéndosele á cualquiera parte que volvie- se el rostro la necesidad del morir y el poder grande de la Muerte que á monar- ca tan invencible venció. Hiciéronse de madera cuarenta altares para cuatrocien- tos sacerdotes que habían de decir misa el díade las Obsequias: dijo cada orden por sí misa en sus diez altares, y así lo hizo en los suyos la clerecía: fué cosa de ver que para tantos altares y tantos sacerdotes que en ellos habían de decir misa, hovie- se tan buenos aderezos y tantos minis- tros que ayudasen, que parecía cada al- tar ser de una particular iglesia rica: es- tuvieron los altares puestos de diez en diez al rededor de la capilla y otros fue- ra, de manera que los unos no impedían á los otros, y porque el servicio fuese más acertado y con más devoción, man- dó el Arzobispo á todos los niños del co- legio de los huérfanos viniesen con sus lobas á ayudar á misa. Las diferencias de asientos que se pusieron en la capilla, y el aderezo de la tumba y orden de la cera. Y porque habían de concurrir así á ofi- ciar las Obsequias como á verlas, gentes diversas de diverses calidades y estados, para que los unos no se confundiesen con los otros, y cada uno estuviese en su lugar, pusiéronse los asientos en la ma- nera siguiente: desde aquella parte del Túmulo que estaba frontero del altar mayor de la capilla de Sant Joseph, por la una parte y por la otra á par de las co- lunas que hacen la nave de en medio, iba una hilera de bancos, casi hasta llegar al altar mayor; á la mano izquierda como entramos al Túmulo, á par de una colu- na estaba un escabelo pequeño cubierto de luto, con una almohada de luto en el suelo; este era el asiento del Visorrey, frontero del cual, á par de la otra colu- na, estaba otro escabelo cubierto asimis- 112 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [ijéo mo de luto y sin cojín, donde después se asentaron D. Vasco de Quiroga, obispo de Mechuacán, y D. Diego de Ayala, obispo de Jalisco. Entre el asiento del Visorrey y los bancos que iban adelante por aquella acera había cierto espacio, y luego por su orden y antigüedad comen- zaba el asiento de los Oidores, Fiscal y Alguacil mayor de Corte, Alcaldes y Re- gidores de la ciudad de México y de la de los Angeles: al otro lado, cerca del de los Obispos de Mechuacán y Jalisco, es- taba el asiento de los Oficiales del rey, y después dellos la Universidad, y delan- te della, en el mismo paraje, comenzaba desde los Oficiales de su Majestad el asiento de lo principal de la caballería. Después destos asientos á la una parte y á la otra había muchos bancos donde se sentaron gran cantidad de gente noble y ciudadana, con grandes lutos como des- pués diremos: en el espacio que hacían estos asientos principales, más cerca del altar mayor que del Túmulo, se puso la cátedra en que el Arzobispo suele pre- dicar en su iglesia mayor, y para que de todos más bien fuese oido y ella estuvie- se más alta, se encajó en un pedestal que se hizo de madera. Las religiones y clerecía ocuparon las dos naves colate- rales de la de en medio de la parte de la iglesia de Sant Francisco. Aquí hubo cantidad de bancas, porque se asentaron cuatrocientos sacerdotes clérigos y frai- les. Desde este lugar se oficiaron las Ob- sequias, y estuvo la capilla y música de la iglesia mayor, al lado de la cual, en unos corredores altos que caen á la capi- lla de Sant Joseph, se sentaron todos los indios, así Señores como Gobernadores, Alcaldes y Regidores de las cuatro ca- beceras y de los demás pueblos comar- canos á esta ciudad: y á la otra parte, en las otras dos naves colaterales, estaba el asiento de todas las señoras y mujeres principales desta ciudad, y otras señoras que vinieron de fuera: y porque la pro- cesión que había de salir de la iglesia ma- yor y casa real había de entrar por la puerta del patio que mira al Occidente, estaba desde ella hasta la entrada del Tú- mulo una vala de madera que corriendo por un lado y por otro hácia la calle, por donde pasase la procesión, y los indios, de que el patio estaba lleno, y otra gen- te española no estorbasen el hilo y orden de la procesión; para la cual ir sin polvo, por el mucho luto que había de arrastrar, se proveyó dos dias antes, que se cerra- sen para los de á caballo la entrada de la calle de Sant Francisco: para que estu- viese más limpia barrióse y regóse en es- tos dos dias muchas veces. El aderezo de la tumba, y los epitafios que al derredor de ella se pusieron. Aunque las gradas que por cuatro par- tes subían al asiento donde la tumba se puso eran negras, como las colunas del Túmulo, para mayor ornato y autoridad se cubrieron de paños de luto, y sobre la tumba, que también era negra, un muy rico paño de brocado, y encima una cruz de cristal guarnecida de oro, tan rica y tan artificiosamente labrada, que era la mejor pieza que había en estas partes. Y al un lado de la tumba, á la parte de Sant Francisco, por donde entró la pro- cesión, estaba una cruz con su manga, del monesterio de Sant Agustín, tan rica cuanto la podía haber en Toledo. En las fronteras de la tumba se pusieron dos escudos de las armas reales, y debajo del escudo que estaba frontero de la entra- da se puso este epitafio: Hic situs est Caesar, Castellae gloria, quintus Carolus, huic setas non tulit ulla parem, Qui imperium tendens ultra Garamantas et Indos, Turcarum fuso sanguine tinxit humum. Quem post terga manus tantus Rex ille revinctus Francorum vidit Marte valere nimis: Roma potens armis, multisque elata triumphis, Hujus capta manu, nocte dieque fremit. Quam fuerit fortis, testis Germanus et Ister: Quam fuerit clemens, novit uterque polus. Virtutes cujus siquis percenseat omnes, Hic stellas cceli dinumerare potest. Tam propere raptum pueri, juvenesque senesquá Et matres plorent, totaque térra gemat. Vos, Christi proceres, decorat quos infula sacra Inferías tanto concelebrate Regi: Et tándem cuncti plangentes pectora palmis Caesaris ad Tumulum fundite (quaeso) preces. ij6°] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. No dejo, porque el hijo que os he dado Aquel mesmo será que yo os he sido. Viviérades al menos acá fuera Adonde el mundo en veros se alegrara En tanto que Dios vida os concediera. No quise, porque el mundo me dejara, Pues no muriendo, vida no tuviera, Ni sin perderme al mundo me ganara. En la cuarta coluna estaba este sone- to diálogo: ¿ Por quién es el extremo lamentable Y el luto de que el mundo está cubierto? Por Carlos quinto máximo, que es muerto, Dignísimo de vida perdurable. ¿ Pues quién le ha hecho agravio tan notable, Dejando al mundo de su bien desierto ? La Muerte es la que hizo el desconcierto, Pensando de ganar fama loable. Ese no fué morir, sino llevalle Donde el debido pago se le diese, Ni sin morir convino Dios pagalle. Pues vemos que convino que él muriese Para entrar en su reino, y fué el matalle Hacer que el ir el cuerpo no impidiese. En las mismas colunas estaban repar- tidas estas octavas rimas: Andaba la Ventura variando En Siria, Persia, Media, Troya y Grecia, Cartago, Italia, Francia, y no se precia De todas, porque á todas va dejando. Retrújose y guardóse para cuando El venturoso Cárlos nacería; Entregósele toda en aquel día, Contino de ser suya se preciando. Su gloria y alegría fué tamaña, Que competió con Fama y la venció, Pues do Roma por fama no alcanzó, Extendió y aumentó el nombre de España. Querer hablar de cosa tan extraña Sería extraña cosa y nunca vista; Lo menos diré yo de tal hazaña, Lo más podrá sacarse por la lista. Que si tan alto yo fuese á subir, Subirme hia á abrasar en vivas llamas, Por eso quiero andarme por las ramas, Por lo menos lo más daré á sentir. Más digno es de espantar que de escrebir Ver con cuán gran ventura dió Cortés Con todos sus navios al través Buscando vida en muerte y no huir. La Ventura le exhorta se aventure, Pues Carlos era quien se la enviaba, Predícate omni cr entura, le mandaba En ese Nuevo Mundo omni creatura; Luego hace que un mundo no le dure, La imposibilidad se le antepone Tan gran dificultad, mas se dispone Que en nombre de tal rey vencer procure. En la danza de arcos, á la parte de afuera á la entrada, se pusieron otros ver- sos que decían: In mordacetn. Comprime livorem rugosam, comprime sanam : Rodere quod possis, fabrica nostra caret. Los epitafios y versos latinos y castellanos que en algunas colunas de la capilla de Sant Joseph, que más cercanas al Túmulo estaban, se pusieron. En las primeras cuatro se pusieron es- tos sonetos: en la primera coluna se fijó uno que era un diálogo entre España y la Muerte. Decía: SONETO. España. ¡Oh Muerte! ¿De qué tienes alegría En tiempo de tan grande desconsuelo? Muerte. De ver que ya he quitado deste suelo El bien que indignamente poseía. Esp. ¿Pues qué te movió á ti, que tal porfía Tuviste de llevar nuestro consuelo? Mu. Movióme haber estadcS con recelo Que vuestro Cárlos inmortal sería. Esp. ¿No ves que es vano cuanto has presumido, Pues con lo que pensaste deshacelle Con eso queda más engrandecido? Mu. Verdad es que inmortal vine á hacelle; Mas quise yo triunfar del no vencido, Y fué triunfar en gloria engrandecelle. En la segunda coluna estaba este so- neto: No son honras aquestas que hacemos A nuestro invicto César que lloramos; Antes con su memoria nos honramos, Pues por sus altos hechos merecemos. Estas muestras de muerte y los extremos De dolor y tristeza que mostramos, Son por nosotros mesmos, que quedamos Muertos, perdido el bien que en él perdemos. El mundo sin su amparo triste queda, Deshecho el firme escudo que tenía Y sin otro que igual suyo ser pueda; Qué dije? ¿Dónde estoy que no entendía, Con el dolor que ya el sentido veda, Que un Fénix de otro Fénix procedía? En la tercera coluna estaba este so- neto: ¿Por qué dejastes, César no vencido, Un reino que en el mundo es extremado ? Dejélo por ser peso muy pesado Para subir con él donde he subido. Decidnos, pues su amparo habéis tenido, ¿Por qué ansí lo dejais desamparado? BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1560 114 En poco estima ya Cortés vencer En nombre del gran Carlos gente humana; Con una fortaleza soberana Dice que con los dioses lo ha de haber. ¡ Oh cosa rara y dura de creer, Ver que á pesar de un mundo va destrozando Sus dioses, y muy claro les mostrando Que en sólo un solo Dios es el poder! ¡ Oh ventura perdida en el primero César que fué Emperador romano, Hallada en Carlos quinto el castellano, De Césares el César postrimero! ¡Oh magnánimo César, gran guerrero! ¡ Oh ínclito animoso más que hombre! Pues sólo con oir su solo nombre, Temblaba acá este mundo todo entero. Hoy Fortuna la triste se ensañaba, Gozábase Ventura por mostrar Por obra su deseo singular, Y en los fines del mundo lo mostraba: Solícita en la guerra y paz andaba, Razón me da licencia á osar decir Que nunca de tal arte fué á servir A algún hombre tan lejos de do estaba. Queriendo pues Ventura en alto grado Subir estos favores más en ley, Sacó de los Vélaseos un Virrey Que es de gobernadores gran dechado. Que más es gobernar lo ya ganado En paz, amor, justicia y en sosiego, Que no ganar de nuevo, si se ha luego De tornar á perder, que es mal doblado. Pues viendo la Fortuna cautelosa Que Carlos contra ella es siempre fuerte, Da desto sus querellas á la Muerte Que siempre fué del bien más envidiosa. Con mano muy cruel, triste y rabiosa, Desasió y arrancó de las entrañas La gloria y todo el bien de las Españas: ¡Oh cosa miserable y dolorosa! En otra coluna estaba esta octava rima: Agora muere aquel que fué, viviendo, Causa de nueva vida al Nuevo Mundo; Agora sube al cielo el que subiendo La fe, quiso mostrarse sin segundo: Con Dios reinará el rey que á Dios sirviendo Por él libró su pueblo de profundo, Y así con gran razón triunfa en la gloria Y gana muerto del morir victoria. En estas y otras colunas se pusieron los versos y epitafios que aquí van: In Casarisfunus decastichum. Primus eras toto heros gentis in orbe monarcha, Luce frúens coeli, o Carole, quantus eris. Virtute imperium qui pro Iove, Caesar, agebas, Sidéreas sedes muñere functus habes. Virtus fida comes, te non diadema beavit: Laesit et hoc multos, profuit illa tibi. Terra tua ossa tegit, revocanda ad praemia vitae: Regis, et imperii fama perennis erit. At vos interea o mortales dicite, Vivit: Plus ultra vivit, non obiturus obiit. En otra coluna estaban estos versos: Ponderis imperii tua jam mens mole relicta, Letheis curis exonerata, viget. Virtutum, o Ctesar, speciosa caterva tuarum Sublimem te humeris duxit ad alta suis. Viva fides, spes, Plus ultra aiunt morte migrandum, Luce sua est melior vita reperta procul. Te his charitas major cum factis sola sequuta est: Restituit regna hasc uberiora tibi. .¿Equoreas nunquam te non commitata per undas, Hiñe scandens coelum, te supera arce locat. Hac duce vixisti, cecidisti, nunc quoque vivis: Tu belli victor, sed fuit ista tui. Hic dedit imperium, isthic dat te accumbere divis: Hic dedit ad tempus: iam sine fine datur. Te semel amplexa, haec vigilans non defuit unquam: Te colit usque comes, te comes usque colit. Estaba en otra coluna escripto de le- tras grandes este epitafio que recuenta los triunfos y muerte de César: DIV. CAR. V. CALS. ROMANOR. IMPER. HISPA. AC. INDIAR. REG. Hoc brevi Tumulo reconditur memoria, qui post insignes, totoque orbe memorandas, tam suo ductu quam per suos legatos, ab Italis, Gallis, Germanis, Turcis, Africae atque Novi Orbis incolis partas vic- torias : quique ultimo ab eo confecto bello Hesdino, atque Terovana fortissimis (ac nisi ab ipso Cassare inexpugnabilibus), Morinorum arcibus expugnatis, atque dirutis, Enricoque Gallorum rege extra regni sui limites temere egresso, intra regredi compulso, induciasque postulare coacto, eisque libenter con- cessis: aetatis suae undecim peractis lustris, ne ad extremum iliaduceret: Regni fascibus, aediademate Philippo (non magnae expectationis, sed admirandas virtutis, ex multisque magna omnium admiratione, tam toga quam sago approbatae) charissimo filio re- lictis: quo facilius Deo vacaret (quod semper ei fuerat in votis) jam valetudinarius, intraque senii portas constitutus, se in Hispaniam contulit, inque justo Hieronimy tarum ccenobio, nedum exacto bien- nio, felicissime magno totius Christianae Reip.moe- rore, diem clausit extremum. Regius senatus, ac Mexicani proceres justissimo dolore affecti, ne ab illorum animis tanti Regis unquam labasceret inde- lebilis memoria, in ejus gratiam coenotaphium hoc erexere. Obiit aetatis suae Anno quinquagessimo octavo. XI. Cal. Octobris. Anno a Christo nato. M.D.LVIII. En otra coluna estaban estos versos: Encomion Casar is. Dicite, quis tantum poterit perferre dolorem? Aut quis jam vivens lachrimas hic temperet ortas? í56°] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. Heu, non ista piae meritum tibi prasmia vitas. Iam, Cassar, moriens genas tu perluis imbre Nostras, sollicitasque pium juvenemque, Philippum Proh dolor! ah quantos rapta pro Caesaris umbra Ingeminas luctus: flent mcesti ad limina cives. Nigra domus tota est, sceptrum Regale valeto: Carli mortalis fatum natura peregit. Stat functus Caesar, nullum interiturus in asvum. Divorum atque hominum concors hac incidit urna, Qui fidei zelo praestans, in nomine Christi Gentes barbáricas crucis juvamine vicit: Et cascos semper vincebat vulnere morbos. Luterus hunc timuit (jam si nunc vita maneret) Luterus hic domitus, gauderet dogmate nostro. Arma fides Regis, nam ceu tralucet imago Sideris in speculum, ceu puro condita vitro. Solis inardescit radiis vis limpida fontis: Sic mandata Dei tralucent undique Christi: Imperium mundi Cario, sacrumque tridentem Saspe regente nostro, quem nunc sine fine reliquit. Sciíicet hunc paires Reges genuisse feruntur. Flandria quem nutrisse, exultat Flandria semper. Mente potens, fidens animi, morumque probatus, Contentusque suo, ne, bello ignarus et armis, Marte ferox. Quo me pietas temeraria cogis Attonitum? Qui nam hic animo trepidante tumultus? Caesaris in laudes, turbatur Musa Canora. Quas ego si, Caesar, duplicentur témpora vitas Iam mihi, si cunetas nostra in prascordia voces Fama ferat, rigidoque sonent haec pectora ferro: Non amplecti ausim numero, non ore profari: Caesaris aut valeam facta indagare potentis. Scribentis faveat pulchro nunc Musa labori Gallorum victum Regem, fusosque Sicambros, Germanos bello domitos, Turcasque repressos, Ut cantem, et Mauros superatos nomine Carli Qui veterum illustres factis obscurat honores: Unde sibi immensae veniunt praeconia laudis. Hic vero aeternam per avi vestigia Caesar Perque patris (quis enim pietate insignior illis) Ad famam eluctans: Cortesium in asquora mittit. Qui Occeanum penetrans, Indos, simulachra Deo- In nihilum vertens, vincat, passimque ferino [rum Viventes ritu, baptismi muñere curet. Divorum exuvias vanas, jam sanguine partas, Sciíicet, haud dubitat Christo sacrare potenti. Ibit in exemplum natus sua cura Philippus: Ibit in acta patris (tanta sese Índole dignum Praestabit, lustris nondum ullis ante peractis) Gloria Castellae, haec fuit, et post fuñera Cassar Nunc vivit, volucri penetrans in saecula fama. Distichon ad Encomion Casaris. Ite mei versus Regique haec dicite nostro, Ne geme, cum dulce est vivere dulce mori est. Tetrastichon Supra Spheram. Hic tumulus sphericus circundatus undique zonis, Sceptrum regale hoc, imperiumque capit. Exornat tumulum corpus, sed spiritus astra. O quanta accessit gloria, lausque polo. Tetrastichon supra virtutes. Hic situm est Regis pulchrum sub marmore corpus: Nulla quidem tantum marmora laudis habent. Jusdtia, pietas, prudentia, manet in illo: Nec se ideo dignum Caesar honore putat. Loquitur Casar. Morte una geminam nactus sum undique vitam, Fama etenim térras, spiritus astra colit. Mortalis fueram, dum vixi, nunc mihi lasto, Sarcophago presso, tu Libitina jube: ut portem super aurea sidera famam, Quas mihi post ciñeres soia superstes erit. Hoc satis est, divo mandamus caetera Christo, Hanc animam nobis qui dedit, accipiat. Tetrastichon ad proceres. Aspicite o proceres invictum marmore condi Hunc Regem, cujus moliter ossa cubant. Hujus ad inferias fundamus undique preces: Regis sunt lachrimis fuñera digna piis. Decus in hac Mariis, Caesar jam conditur urna, Nil par huic animo, quod referatur, habes. Epitaphium Casaris. Mors tulit imperio clarum, Regnoque timendum, Justitia rectum, simplicitate pium. Qui fidei zelo praestans, velut alter Helias, Heresis haud sivit crescere dogma recens. Hoc meruit vivo, pugnax Hispania laudis Id, quod habet Latium, Persia quicquid habet. Hic potuit Gallos, Mauros, cum Saxone Turcas Vincere: sed mortem quis superare queat? Autor aloquitur Casaren. Imperium summum cum vita, Caesar, ademit Mors tibi: sed lastor, quam potiora tenes. Ad Casaren. Quis tua facta valet brevibus describere, Caesar? -¿Equoris hic pisces, sidera vel numerat. Ad Tumulum. Hic situs est mundi quondam pars maxima Caesar: Caroleum corpus continent hic Tumulus. Ad Parcas. Cur non servastis decus orbis, dicite fata? Praecipuum Martis, Palladis atque ducem? Lo que mientras se acababa el Túmulo pro- veyeron el Visorrey y Arzobispo. En el entretanto que el Túmulo se acababa, y se ponían las figuras y letras de que he hablado, mandó el Visorrey pregonar públicamente, veinte dias an- tes que las Obsequias Imperiales se hi- ciesen, que todos los hombres y mujeres BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XÍ'I. [1560 de cualquier estado y condición que fue- sen, trujesen luto en muestra del falleci- miento de tan gran monarca: lo cual se cumplió con gran voluntad, porque cier- to los moradores desta Nueva España, entre los demás vasallos de su Majestad, aunque están muy distantes de la persona real, tienen tanta fidelidad á su rey como sicadauno dellos fuese su particular cria- do; y así otro día, y más el tercero des- pués que este pregón se dió, fué cosa de ver el luto que en los hombres y muje- res había, especialmente en los caballe- ros, y ciudadanos, y en las señoras y mu- jeres de suerte, que parecía imposible haber tantos sastres en la ciudad, que en tan breve tiempo pudiesen hacer tantos y tan sumptuosos lutos: porque hubo caballero que en ellos gastó más de mil pesos. Hecho esto despachó el Virrey cartas á los Cabildos de las ciudades, al- caldes mayores, y corregidores, y á los monasterios, haciéndoles saber cómo pa- ra el día de Sant Andrés que pasó, del año de 1559, se celebrarían las honras de su Majestad; que se hallasen en ellas pa- ra este tiempo: muchos de los cuales vi- nieron demás de veinte leguas, y algunos de ochenta, á se hallar en ellas. También se dió noticia á los caciques y goberna- dores. Finalmente, como á honras de un tan gran monarca señor y rey natural suyo, concurrieron de los españoles y na- turales, tantos que la ciudad de México nunca estuvo tan de ver como estuvo en- tonces, porque por las plazas y calles se veian por horas gente de fuera, y con ser tanta la copia estuvo tan proveida la ciu- dad, que á todos sobró lo necesario. Se- ñalóse en la venida especialmente la ciu- dad de los Angeles, la cual después que supo que el Túmulo se hacía, escrebió al Visorrey, diciendo que aquella ciudad estaba esperando lo que su Señoría le mandase para hallarse en las Obsequias Imperiales; el Visorrey se holgó con su comedimiento y se lo agradeció por car- ta, avisándoles que para el día de Sant Andrés se hallasen en esta ciudad, y así vino la mayor parte del Cabildo, y otras muchas personas principales. El Arzo- bispo también por su parte con todo cui- dado escribió al obispo de Mechuacán y á todas las iglesias catedrales sufragáneas á la Metropolitana, para que dellas vinie- sen las personas de más cuenta; escribió asimesmo para este efecto á todos los vi- carios y curas de su Arzobispado, los cuales vinieron de gran voluntad. Man- dó por consiguiente veinte dias antes de las honras, que en la iglesia catedral y monesterios desta ciudad se clamase tres veces al día, la una por la mañana, la otra á medio día y la otra á la oración, y que esto se hiciese en todas las igle- sias y monesterios, lo cual se hizo con tan- ta solenidad, que verdaderamente tanta multitud de campanas tocadas todas á un tiempo movían á tristeza y memoria de la muerte al que como era razón pa- raba en ello. La víspera de Sant Andrés por la mañana mandó ayuntar á todos los deanes y dignidades que de las igle- sias sufragáneas habían venido, y á to- dos los curas y vicarios y los demás cléri- gos de su Arzobispado en su casa, donde sentados todos por su dignidad y anti- güedad de sacerdocio, les hizo á manera de sermón una plática, y en lo último della les dijo, cómo ya sabían á lo que habían venido y lo mucho que esta Igle- sia plantada en este Nuevo Mundo de- bía al invictísimo Carlos quinto Empe- rador y rey nuestro, que Dios tiene; que les rogaba viniesen con sus sobrepelli- ces, sin faltar ninguno, á las Vísperas del día siguiente, y otro día por la mañana á la misa, y que todos hiciesen oración y dijesen misa en los altares que para ello estaban señalados, por la Majestad Imperial, y que cada uno, dicha la misa, fuese al Túmulo y allí dijese un respon- so, lo cual como diré hicieron con toda voluntad y amor. El orden de las lumbres del Túmulo. Ya que era tiempo que la cera se pu- siese y encendiese, púsose muy gran can- tidad de velas gruesas blancas por todos 1560] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. los frontispicios, que como hacían pun- ta y la cera estaba puesta por orden, en- cendida, parecía muy bien y provocaba á tristeza. Hubo lumbres sobre el pri- mero y segundo cuerpo del Túmulo, de tal manera, que aunque eran muy mu- chas, por ser tan espaciosa y tan alta la capilla debajo de la cual estaba el Tú- mulo, no solamente no daban pesadum- bre ni calor á los que estaban en las Ob- sequias, pero casi no se olía la cera: en lo bajo del Túmulo y por los lados de todas las gradas también hubo mucha hachería: había en todo más de doscien- tas arrobas de cera. El orden que se tuvo en la Procesión el día de Sant Andrés en la tarde, cuando se lle- varon las insignias imperiales á la iglesia de Sant Francisco, donde estaba el Fá- mulo. Llegado el día de Sant Andrés, el Virrey en la casa Real donde estaba con los Oidores, y con toda la caballería y nobleza de la ciudad, que desde la una se había juntado allí, mandó que con- forme á las memorias que se habían dado á los que habían de regir la procesión de la ciudad, pusiesen á cada uno en su lugar. Y porque en acto tan sump- tuoso era razón que hubiese todo con- cierto y los que rigiesen fuesen respe- tados, de su mano dió varas á ciertos caballeros, personas de suerte y calidad, los cuales ordenaron la procesión confor- me á las instrucciones que tenían, man- dando á los alguaciles lo que debían ha- cer. En este comedio el alcaide de las Atarazanas, Bernardino de Albornoz, sa- có el pendón de esta ciudad y reinos, de la casa del Ayuntamiento della; acom- pañóle con mucha autoridad y solenidad la Justicia y Regimiento, y otros mu- chos caballeros y vecinos desta ciudad. Iban delante dél los maceros de la ciu- dad, entrando desta manera en la casa Real, yendo por el orden que salieron de las casas del Ayuntamiento: subiendo á lo alto se quedó mucha gente á la puerta de la primera sala, y á la puerta de otra los maceros, y el Alcaide con la Justicia y Regimiento entró á la otra donde es- taba una mesa cubierta de terciopelo ne- gro sobre un sumptuoso estrado debajo de un rico dosel de terciopelo y oro: es- taban sobre una mesa las insignias im- periales y al un lado el estandarte real: el Alcaide inclinóse con el pendón á las insignias y estandarte reales en señal de reverencia. Hecha esta cerimonia, salió el Virrey y Oidores de una cuadra más adentro, con otros maceros delante, los cuales solamente fueron después delante el estandarte real. Mandó luego el Virrey á los caballeros que estaban señalados para llevar las insignias y estandarte, que las tomasen: lo cual hicieron con gran reverencia y acatamiento, yendo delante el pendón de la ciudad con la Justicia y Regimiento, siguiendo el estandarte, in- signias, Virrey y Oidores: llegaron á un corredor de cantería que cae sobre la pla- za, donde estaba toda la ciudad por ir en orden como estaba determinado. En el entretanto que en la casa Real se ponía este orden para salir, el Arzobispo esta- ba en la iglesia mayor con los Obispos de Mechuacán y Nueva Galicia, con los provinciales y demás religiosos, y con toda la clerecía, dando orden cómo con- forme á las memorias que para ello se habían hecho, cada uno tuviese su lugar: llevaron varas para regir la procesión clé- rigos ancianos y de dignidad, con quien se tuviese miramiento. Ordenada la pro- cesión de la ciudad y de la iglesia, co- menzó la de la ciudad á salir de la casa Real, y la de la iglesia por la puerta del Perdón. Tuvo toda la procesión cuatro partes: en la primera iban los naturales, los cuales al entrar de la calle de Sant Francisco con altos sospiros y sollozos hizieron tan gran sentimiento, que de- más de la tristeza que los nuestros te- nían les provocaron á lágrimas; en la de- lantera llevaban una cruz con su manga negra con dos ciriales, tras la cual iban en una hilera las tres cabeceras de la go- bernación de México, que eran la de Mé- [1560 118 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. xico, Tlacuba y Tezcuco, y el goberna- dor de la provincia de Tlaxcala, á la cual se le dió este honor por su fidelidad. Por la de México iba D. Cristóbal de Guz- mán, y por la de Tlacuba D. Antonio Cortés, por la de Tezcuco D. Hernando Pimentel, y por Tlaxcala D. Domingo de Angulo, indios gobernadores dellas, con lobas y capirotes de luto con faldas largas tendidas; llevaba cada uno destos señores el estandarte de su cabecera con las armas della, y con las añadidas por merced de su Majestad, doradas y pla- teadas en campo negro. A la ida fueron en medio México y Tlacuba, y á los la- dos Tezcuco y Tlaxcala, los cuales otro día cuando volvieron los estandartes se trocaron, porque miraron mucho en este punto, y se les dió este medio por el Virrey. Y luego de cuatro en cuatro, cada uno según su preeminencia, iban más de doscientos señores de los pueblos subjetos á estas cabeceras, muy enluta- dos, con silencio y muestra de tristeza; y por la mesma orden, también enlutados, iban hasta dos mil, que todos eran prin- cipales y gente noble: porque la plebeya que serían más de cuarenta mil, con man- tas negras, estaban fuera de procesión en la plaza, calles y patio de Sant Francis- co. Regían esta procesión con varas los intérpretes de la Audiencia Real y algu- nos alguaciles de la ciudad. Llegados á Sant Francisco, las cuatro cabeceras pu- sieron los estandartes á las cuatro esqui- nas del Túmulo, en lo alto del primer cuerpo. Y hecho esto, que pareció muy bien, se fueron á sentar en el lugar que les estaba señalado. Luego comenzó á seguirse en la segunda parte la clerecía y religiones de Sancto Domingo, Sant Francisco y Sancto Augustín, en esta ma- nera: iba delante una cruz rica con man- ga negra, con sus ciriales, y tras ella á los lados dos clérigos ancianos, que para mayor autoridad llevaban las puntas de la procesión, y por su orden toda la de- más clerecía y religiosos, mezclados los unos con los otros hasta cuatrocientos sacerdotes, y al fin dellos iba el Arzobis- po vestido de pontifical, con dos canó- nigos por ministros, y otros dos por asis- tentes; iban por caperos dos canónigos y dos frailes de cada orden, que todos eran ocho: llevaban ocho muchachos con sus cetros; iban con estos cuatro cléri- gos de Evangelio para incensar. A par del Arzobispo, en el coro de la mano de- recha, iba el Obispo de Mechuacán, y de la otra parte el Obispo de la Nueva Galicia, y luego el presidente de la Igle- sia, provinciales, priores y guardianes, insertos con las dignidades. Iba delante del Arzobispo su cruz y báculo arzobis- pal, y más adelante la cruz mayor de la Iglesia con cuatro acólitos vestidos de negro: salieron por la puerta del Per- dón. Acabada de pasar la clerecía y re- ligiones, luego después del Arzobispo, tres ó cuatro pasos más atrás, comenzó la tercera parte que traía el Virrey, en esta manera: en el principio, luego después del Arzobispo, iba Bernaldino de Albor- noz con el pendón de la ciudad, solo, muy enlutado arrastrando la falda, de- mostrando en nombre destos reinos el sentimiento que convenía. Después del pendón, dos ó tres pasos más atrás, iban dos maceros ó reyes de armas, con cotas de damasco negro, y en ellas las armas reales de oro y plata. Subcesive iban los oficiales de la Hacienda Real, y D. Luis de Castilla, los cuales y él llevaban las insignias imperiales, en esta manera: D. Fernando de Portugal, tesorero de su Majestad, llevaba la corona imperial so- bre una almohada de brocado: Hortuño de Ibarra, contador, llevaba el estoque desnudo en la mano; y á los lados D. García de Albornoz, factor y veedor, lle- vaba la celada con una corona imperial por cimera: D. Luis de Castilla, regidor de México, caballero de la orden de San- tiago, llevaba la cota sobre una almoha- da de brocado. Iban estos caballeros con mucho luto y con gran autoridad. Se- guía luego D. Francisco de Velasco, her- mano del Virrey, con el estandarte real: iba solo, la falda tendida. Luego iba el Visorrey, y solo, la cabeza cubierta, re- ij6°] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 119 presentando la persona real, tendida la falda de la loba, cuya punta llevaba su camarero. A los lados, fuera del compás de la procesión, iban los continuos y ca- balleros de su casa: acompañábanle los oidores Dr. (jiorita, Dr. Villalobos, Dr. H orozco, Dr. Vasco de Puga: los dos á un lado, y los dos al otro, dejando á ca- da parte un poco de espacio: llevaban los Oidores las faldas tendidas y los capiro- tes levantados sobre la cabeza, aunque no la cubrían, representando el autori- dad real. Iban luego el Fiscal del Rey y el Alguacil mayor de Corte, todos ten- didas las lobas: seguían luego los alcaldes ordinarios desta ciudad y el regimiento de cuatro en cuatro, entremetiendo al Alcalde mayor y regidores de la ciudad de los Angeles, con quien esta ciudad así en esto como en la despedida tuvo mu- cho comedimiento: iban luego los dos alcaldes de la Hermandad, y en pos de- dos los oficiales de laAudienciareal,y los de la ciudad, siguiendo al rector y Uni- versidad desta ciudad, de cuatro en cua- tro por hilera tras de la Universidad, también de cuatro en cuatro. Los con- quistadores todos con lobas y capirotes, y por el mismo orden los alcaldes mayores y corregidores, que eran muchos; des- pués de los cuales, cerrando el cuerpo de conquistadores, alcaldes mayores y co- rregidores, iban luego los ciudadanos y mercaderes, en los cuales con ser muchos había pocos que no fuesen con lobas y capirotes, arrastrando las faldas. Aquí se remataba la tercera parte de la proce- sión, y comenzaba luego la caballería, que de cuatro en cuatro por hilera tardó buen rato en pasar, con tanta orden, concierto y autoridad, que hacía la pompa funeral parecer muy bien: cerraba la caballería, porque la gente que venía detrás, que era mucha, no se entremetiese y rompiese el orden, una guardia de alabarderos. Irían por todos de lobas y capuces más de dos mili hombres, y fué tan larga la proce- sión, así de los españoles como de los naturales, que rodeando por la puerta de Sant Francisco, que mira al Occidente, y ser el trecho desde la casa Real á Sant Francisco bien largo, estaba la mitad de la procesión ya en el monesterio cuan- do la otra parte comenzó á salir de la casa Real. Hovo otra guarda de alabar- deros á la entrada de Sant Francisco pa- ra que la gente que acudía no quebrase el hilo de la procesión, la cual entró por una vala de madera hasta llegar al Tú- mulo, porque la gente que había en el patio era tanta, que á no haberla se per- turbara la procesión: tardó hasta acabar de entrar dos horas y media. Cómo se hizo el oficio de la Vigilia. En el entretanto que la procesión pro- cedía por el orden que dicho tengo, se adelantaron doce frailes de cada orden, y en tres partes de la capilla, sin estor- barse unos á otros, dijeron la Vigilia con muy gran devoción, de manera que cuan- do acabó de llegar la procesión, ya ellos habían acabado. Llegado que fué el Vi- rrey y Audiencia y Regimiento, y toda la demás caballería, los que traían las in- signias las pusieron desta manera: el Te- sorero y Contador, pusieron la corona y estoque á los piés de una muy rica cruz sobre la tumba: el Factor y D. Luis de Castilla, pusieron la celada y cota sobre dos pilaretes de madera negros que esta- ban á los lados de la tumba: el Alcaide Albornoz puso el pendón á los piés de la tumba, á la mano izquierda, en una grada de las escaleras, y D. Francisco de Velasco el estandarte imperial y real á la mano derecha, al lado de la cabecera de la tumba. Hecho esto con toda pompa y auto- ridad posible, y después que todos se hubieron sentado, se comenzó la Vigilia mayor en esta manera: el maestro de ca- pilla haciendo dos coros de música para el invitatorio, que en el uno se dijo, Cir- cumdederunt me, y en el otro el psalmo Exultemus, todo en canto de órgano, com- puesto por Cristóbal de Morales: co- menzóse la Vigilia con tanta devoción y suavidad de voces, que levantaba los es- 120 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1560 píritus. Acabado el invitatorio, dijeron los caperos la antífona primera de canto llano, y el primer salmo Verba mea auri- buspercipe, Domine; comenzó el sochantre del coro con los mismos ocho caperos la primera antífona de canto llano, pro- siguiendo á coros los frailes y clérigos el psalmo con toda solemnidad, el cual aca- bado, dijeron los cantores la antífona de canto de órgano, diciendo los caperos la segunda antífona en canto llano, y luego el sochantre entonó el antífona y psalmo de canto llano hasta la mediación del verso, y el otro medio verso respondió el maestro de capilla con seis muchachos, á cuatro voces, compuesto de su mano, y ansí prosiguieron el psalmo cantando el un verso de canto llano todo el coro, y el otro de canto de órgano el maestro de capilla, con seis muchachos; respon- dió el sochantre con los caperos de canto llano solamente. Acabado este psalmo, se dijo el antífona de canto de órgano, y luego la otra de canto llano, con el psal- mo de canto llano por sus coros; acabado el psalmo, el antífona se dijo de canto de órgano; á la mitad deste postrer psal- mo fueron los caperos al altar mayor á encomendar al Arzobispo el Paternóster, el cual acabado se dijo el Parce mihi, Do- mine, de canto de órgano, compuesto de Morales, que dió gran contento oirle; dijo luego el responso en canto llano, el verso del cual dijeron los caperos junto al altar mayor, donde se habían quedado: los cuales, por su orden, fueron adonde estaba el Obispo de Mechoacán, á en- comendar la segunda lección: la cual aca- bada se cantó Qui Lazarum resucitasti, en canto de órgano, y en medio dél fueron los caperos á encomendar al Arzobispo la postrera leción, y su Señoría bajó jun- to al Túmulo á decilla acompañado de canónigos y dignidades. Acabada esta lición comenzaron los caperos el psalmo De profundis, hasta que se pusieron los clérigos y frailes en procesión: díjose luego el responso Libera que fué cosa de gran devoción. Dicho este responso, subió el Arzobispo al Túmu- lo con todos los ministros, y puesto cer- ca de la tumba dijo la oración, y respon- diéndole los cantores con toda solemni- dad, se acabó la Vigilia y oficio deste día, y dejando los estandartes é insignias en el Túmulo, se volvió la procesión por el orden que había venido. Lo que el siguiente dia se hizo. El día siguiente, á las siete de la ma- ñana, comenzó á salir la procesión por el orden y concierto del día pasado, y porque el Arzobispo había de predicar este día, se vistió de pontifical para de- cir la misa el Obispo de Mechuacán: vis- tiéronse con él por ministros el Dean y Arcediano de su iglesia, y por asistentes el Dean de Tlaxcala y el de Jalisco. Los caperos fueron los mismos de la Vigilia, con los cuatro para incensar: iba el Ar- zobispo con una capa de coro, de las que se suele poner en Adviento y Cuaresma por luto; llevábale la falda su camarero: salieron por la misma puerta que el día de la Vigilia, y junta toda la procesión por el orden y concierto que antes, una hora primero que llegase á Sant Fran- cisco, se adelantaron los tres provincia- les de las órdenes con cada treinta frai- les’: los cuales, cada orden en su lugar, dijeron misa cantada con gran solenidad y devoción, que cierto provocaban á lá- grimas á los que presentes se hallaron: y fué cosa de ver que al tiempo que el Visorrey y Audiencia y la demás caba- llería llegó, comenzó el provincial de Sant Francisco á decir sobre el asiento de la tumba el responso, y luego el de Sancto Domingo, y por consiguiente el de Sant Augustín. Reparó la procesión y estuvieron todos en pié dentro de los arcos de cantería, hasta que acabados los responsos, que enternecían los pe- chos de los oyentes, se sentaron como el día de antes en sus lugares. Comenzóse la misa, y prosiguióse toda en canto de órgano á cinco voces, y acabada la ofren- da, el Arzobispo se subió á su cátedra á predicar con una sobrepelliz y estola, la 1560] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 121 cátedra cubierta con un paño de seda ne- gra: el sermón que predicó, el cual fué oido con gran atención, y del mayor y más célebre auditorio que en estas par- tes se ha visto, dió gran contento, porque predicó, como suele, alta y subidamente. Acabado el sermón se dijo un motete al alzar, cuya letra decía: Nunc enim si centum linguae sint, Carole Caesar, Laudes non possem promere rite tuas: Qui reges magnos multos valdeque potentes, Fudisti summo et auxiliante Deo. Acabada la misa salieron con un psal- mo hasta ponerse todos los sacerdotes en orden: el Obispo de Mechuacán su- bió al Túmulo y junto con él el Arzo- bispo con mitra en la cabeza, acompa- ñados de los ministros, é incensó á la tumba el Obispo; y acabado el respon- so se bajaron, y luego tornando á tomar los estandartes é insignias los que las ha- bían llevado, volvió la procesión por el mismo orden que en la Vigilia á la igle- sia mayor, que era más de medio día. El Arzobispo, obispos y religiosos, entran- do por la puerta que habían salido, se despidieron del Virrey y Audiencia, y hasta la puerta de la casa Real acompa- ñaron al Virrey y Audiencia muchos re- ligiosos y clérigos, personas de dignidad, con toda la ciudad, que entró con él acom- pañando las insignias. Esto mismo hi- zo el pendón de la ciudad, hasta que des- pués de puestas las insignias sobre la mesa donde las habían tomado, quedán- dose el Visorrey y oidores con algunos otros caballeros en la cuadra de donde habían salido, la Justicia y Regimiento con gran parte de la ciudad, acompaña- ron al pendón della, recibiéndole los ma- ceras á la puerta de la sala que le habían dejado. Y desta manera con la pompa y solenidad que salió le dejaron en las ca- sas de Ayuntamiento, que era ya la una: los Oidores en el entretanto, se despidie- ron del Visorrey, y así se acabaron las Obsequias Imperiales, que con la majes- tad y grandeza que esta tierra pudo se ce- lebraron. Año del nacimiento de Nues- tro Señor de 1559. LAUS DEO. 156° 40. Artes de los idiomas Chiapaneco, Zoque, Tzendal y Chinanteco, por Fr. Francisco de Cepeda. En 4? No sé que se conozca ejemplar de este libro, ni que alguien le haya descrito de visu. La primera noticia de él se debe á Remesal (lib. X, cap. 16), y su título ha ido variando al pasar por las manos de los bibliógrafos, como vamos á ver. Remesal dice que el P. Zepeda imprimió Artes de las lenguas de Chiapa, Zoques, Celdales y Cinacantecas. No da fecha. Antonio de León Pinelo le intitula Arte de las lenguas Chiapa, Zoque, Celdales y Cinacanteca, y le pone la fecha de 1560. D. Nicolás Antonio le menciona con este título: Arte de las lenguas Chiapa, To- que, Celdales y Cinacanteca. 1560. Los bibliotecarios dominicanos Quetif y Echard copiaron el título de Reme- sal, suprimiendo la preposición de antes de los nombres de las lenguas, y ponen en duda la fecha: “Mexici, circa 1566.” 122 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1560 Barcia, en su reimpresión de León Pinelo, copió en un lugar (col. 729) el ar- tículo de aquél; y en otro (col. 721) nos dió esto: “Fr. Antonio de Cepeda, domi- nico, Artes de las Lenguas de Chiapa, Loques, Celdales y Chinatlecas, imp. Mé- “xico, 1530.” A ser cierta esta indicación errada, haría adelantar algunos años la introducción de la imprenta en México. Pero si mal lo hizo Barcia, no le fué en zaga nuestro Beristain, quien bautizó la obra con este título: Arte de los idiomas Chiapense, Zoquense, Caldulensey Cina- contlano. México, 1560. Ternaux-Compans copió á D. Nicolás Antonio. Brunet siguió á Pinelo, y cita á Mr. Marsden en su catálogo de Diccionarios. Squier formó un título especial, así: Artes de los idiomas Chiapense, Zoquense, Cel- daly Cinacanteca, México 1560. Ludewig sigue á D. Nicolás Antonio. Por último, en el Catálogo anexo al libro intitulado La Imprenta en America, hallamos citada la obra de Cepeda con el título de Arte de la lengua Chiapa, Zoque, Celdales y Cinacanteca, como si los cuatro fueran nombres diversos de una misma. En medio de tal confusión, he preferido el título que da el Sr. Pimentel en su Cuadro Descriptivo y Comparativo de las Lenguas Indígenas de México, edición, to- mo H> pág- 232. sHgjsgR. Francisco de Zepeda ó Ce- Srígw peda fué natural de la Mancha, foSEfoal y tomó el hábito de Sto. Domin- go en el convento de Ocaña. De allí pasó á la provincia de S. Vicente de Chiapa, en la cual ayudó mucho á la conversión de los indios, porque aprendió varios de sus idiomas. Gobernó como prior algunos conventos, y por último fué electo pro- vincial en 16 de Mayo de 1593. Desem- peñó también el oficio de Comisario de la Inquisición en Guatemala. Fué reli- gioso de excelentes prendas é invencible paciencia. Entendía bien la música, y se aprovechó de ella para su ministerio, que ejerció mucho tiempo entre los indios, con grande ejemplo. Notábanse graves inconvenientes en la diversidad con que los religiosos en- señaban las lenguas de la provincia, por- que cada uno tomaba lo que le parecía de las gramáticas que andaban manus- critas; y para poner remedio, se ordenó que Fr. Francisco pasase á México con encargo de imprimir allí Artes de losidio- mas más usuales, como lo verificó, lleván- dose consigo al regreso la edición, de la cual, como dije, no conocemos aquí nin- gún ejemplar. Probablemente esas Artes que imprimió el P. Cepeda no fueron obra suya; ó á lo menos no todas. Con eso recibieron alivio los religiosos y nota- ble placer los indios, “cuando vieron sus palabras naturales de molde, y que no sólo el latín y el romance se comunicaba de aquella forma.” Ya anciano, enfermó nuestro misionero de un cirro en el carri- llo, que, desatendido, leocasionó la muer- te á la edad de setenta años, en el de 1602. (Remesal, lib. IX, cap. 18 ; lib. XI, caps. 14,18. — León Pinelo, Epítome, pág. 109.— Nic. Anto- nio, Bibl. Hisp. Nova, tom. I, pág. 414.— Quetif y Echard, tom. II, pág. 3 50.— Pinelo - Barcia, Epí- tome, col. 721,729.—Eguiara, Borradores MSS.— Beristain, tom. III, pág. 354.— Ternaux-Com- pans, Bibl. Amér., n? 85.— Brunet, Manuel, to- mo I, col. 1739.— Squier, Monograph, pág. 52.— La Imprenta en America, pág. 34.—Pimentel, Cua- dro, ubi supra. ¿JMiTale romanutn ozdinaniim. IHS ílbifalcIRomainim nuper adoptatum cómodú quoíücüq3 facerdotúfumma DíUgentíatnflín* ctú:at qs ita eje nouo ojdinebígeflñ vt appo fitj introítibP, jas c6 •muniombuaocomílTc Tintín filia loq mult£ míflg tiou£,«z aha plurtma fupaddíta,q ín iríiíTahb? bao ófiderabátur. i¡6i] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 123 1561 41. iWUTalc lívomanum 0rlnnaríum. + IHS fHtffale Ivomanum nuper afcoptatum eomotrü guorüeügt faeertrotíi fum= ma tulígentía tríftínctü: atq* tía ex ñauo ortríne túgeftii bt appoíit* íntroítíl)9, grato ualífc9 offertorüs r etoinuníonítus oes nu% finí tu fttts loe? integre. En guo eíta ato í únete fuñí multe ntíffe uoue (sic) x alta plttríma ütpatotoíta, g ín mtlfalíl)9 Ijaeten9 tpüts toíttoerabatur. 1561. En fol., todo en letra CJÓtíea, rúbricas encarnadas, á 2 col., notas de canto lla- no, rojo y negro. Guarda, poco más ó menos, el mismo orden que los misales de hoy. Comienza por el Calendario y la Tabula Dominicarum, en 7 ff., que con la de Portada son 8 preliminares, y siguen las Misas de Tempore. En la foja 10 fte. está el principio de la Misa In Nativitate Dominio prima Missa, dentro de un marco historiado. En la parte de arriba está el Eterno Padre, rodeado de ángeles; á un lado los tres pro- fetas Isaías, Jeremías y Miqueas: al otro Habacuc, Amos y Ageo: en la parte baja, los cuatro doctores de la Iglesia. El texto en una sola columna. En la foja 135 empieza el Canon Miss¿e, con su Calvario al frefite, grabado en madera. El Cánon, hasta el fin del Nobis quoque peeatoribus está en gruesos carac- teres góticos (8 milím. las minúsculas) y en una columna. Foja 142, Misa de la Dominica de Resurrección, en el mismo marco historiado de la foja 10. Foja 195 vta., empiezan las Misas Propias, y se repite el marco historiado. En la foja 268 (numerada 198) dan principio las Comunes. Siguen algunas fórmulas de Bendiciones, y todo termina en la foja 330 vta. con el colofón: « JUtl'1'.ilc jVruitfru runtaite cu rt£ rítum: optímc r recentcr corrcctum: fclící fine tiítur. Solertí cura ingenio r lulígcntía magíttri En íoníj lie dPíptnofa ín preclara cíuítate íHeríca na ttnprefiunt Enno Ijumane reparationis 1561. íBenfe £cptcim. Eli etus lau liern r gloríam gui ontníu eft fi- nte t príncípíum. Haus lieo. láegíftrum.... &c. BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1561 124 Sería operación larga comparar este Misal con los actuales, y sólo de paso he notado algunas diferencias; por ejemplo, que hay prefacios de S. Juan Bautista, de S. Francisco y de S. Agustín, que ya no se usan; y que en las Misas de Difun- tos se daba la bendición final al pueblo, en estos términos: “Deus, vita vivorum “et resurrectio mortuorum, benedicat vos in saecula saeculorum. Amen.” La impresión puede llamarse hermosa: el registro casi siempre es exacto: la tinta roja excelente al principio; pero á poco más de medio libro desmerece ya de un modo notable. ¿No sería que en obra tan larga se le acabó al impresor la provi- sión de esta tinta, y se vió precisado á fabricarla él mismo como pudo? Parece increible que obra de tal consideración y costo se ejecutara en nuestras imprentas, á poco más de mediado el siglo XVI, y yo mismo dudaría del hecho, á no haber tenido el libro delante. Hoy no se imprime ya aquí un solo libro de rezo eclesiástico: todos nos vienen de fuera, y después de tres siglos, no habría quien tuviera ánimo para costear un Misal como el de Antonio de Espinosa; aun sería difícil ejecutarle, si no era con gran dispendio, y haciendo venir expresamente gran parte de los tipos necesarios.— Estas observaciones son igualmente aplicables á los n°s 95 y ioo. (El ejemplar descrito pertenecía al Sr. D. José F. Ramírez. Se vendió [n? 555] en £ 155 — $775. El comprador fue el librero Quaritch, quien le anunció después en £ 250 = $ 1250.— Bien quisiera dar aquí fotolitografías de la portada y páginas más notables de este precioso libro; pero desgraciadamente no las hice sacar mientras estuvo en mis manos, y cuando, con todos los del Sr. Ramírez, salió de poder del Sr. Chavero, no pude obtener que el nuevo poseedor permitiese tomar en París las negativas. Lo mismo me aconteció con otros libros de aquella desgraciada colección.) 1563 42. Filippus Hispaniarum et Indiarum Rex. Provisiones, Cédulas, Instrucciones de S. M., Ordenanzas de Difuntos y Audiencia, para la buena expedición de los negocios y admi- nistración de justicia y gobernación de esta Nueva España, y para el buen tratamiento y conservación de los indios, den- de el año de 1525, hasta este presente de 63. México. En casa de Pedro Ocharte. 1563. (Véase la fotolitografía.) Tal es el frontispicio de este rarísimo libro, conocido generalmente con el nom- bre de Cedulario de Puga, pues aunque en el título no aparece quién fué el recopi- lador, en la foja que sigue inmediatamente á la portada (la vuelta de ésta es blanca), se ve la orden expedida por el rey, en Toledo, á 4 de Septiembre de 1560, para que se recojan é impriman las cédulas; y á la vuelta de la misma foja está la comisión dada por el virrey D. Luis de Velasco al oidor Vasco de Puga para que PHILIPPVS HISPANIA E T INDI A HJVM KEX. cédulas oefu a&ageít ad:o*de oítfitoSE audiéd aúpala buc na ejcpedído oelos negodo5,Y admi nírtradó é juftíria:g gouernado oíla |nueuaj£fpafta:Egaclbue tratarme I to y. pferuado óto9 I año 15 2 s.fcafta efte pjeíente oe. 63., 8N MEXICO EN CASA Di Pedro Ocharte. M.D.LXÍ/Í.I — 1 !563] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 125 se encargue de la formación é impresión del Cedulario; su fecha á 3 de Mayo de 1563. La foja 3 está ocupada con la Dedicatoria latina del oidor al virrey: en las íf. 4 y 5 fte. se contienen la Bula de donación de Alejandro VI, y la cláusula en favor de los indios, del testamento de la reina Isabel. A la vuelta sólo hay un escudo de armas: el mismo del centro de la portada. En la foja 6 comienza el texto, que concluye en la 213 vta. con estas palabras: *[[ Solí X ría ín fe||cula feculorum. Etnen. Síguense 5 íf. sin numerar, para una Tabla alfabética muy diminuta, y en el fren- te de la 5* foja concluye el libro así: HE Ijorra y gloría be nucftro Señor Jesu (Cijrífto acabofe efte prcfcntc libro || en Jttexíeo en cafa be Retiro ©eljarte, a begnte y tres bel mes be JlouMlembre be míU r quinientos r fefenta y tres años. H ©fta tallaba por el ¿lluftrílfímo feñor bb Hu||ns be íEJelafeo ©írrep a real el pliego. 13or mababo ||be fu Señoría Hntonío be tureíosllSecretario. La vuelta de esta última foja es blanca. Comprende, pues, el libro 218 fojas en folio, caracteres gÓÍÍCOS (excepto los de la Dedicatoria, que son romanos, y los de la Bula de Alejandro VI y Testa- mento de la Reina, cursivos), líneas enteras, á 47 por página. Hay en la foliatura varios números errados, á saber: 145 por 13; 29 por 19; 20 por 28; 37 por 36; 120 por 112; 150 por 137; 173 por 172; 181 por 180; 188 por 196, y 110 por 210. (E1 ejemplar descrito está en mi poder. La fotolitografía de la portada se tomó de otro perteneciente al Sr. Pbro. D. Agustín Fischer. El del Sr. Ramírez [n? 697], portada manuscrita, se vendió en £22 = $ 110.— Anunciado por Quaritch en £ 30 = $ 150.) l Dr. Vasco de Puga vino á Mé- xico hácia el año de 1555, según dice Beristain. Lo que yo en- cuentro es que con fecha 10 de Mayo de 1558 decía “La Princesa” á la Audien- cia, que acababa de nombrar oidor al li- cenciado Vasco de Puga.1 El visitador Valderrama le depuso de su empleo de oidor, y le envió á España, de donde vol- vió en 1568 con el oidor Villanueva, de- puesto, como él, por Valderrama.2 Am- bos traían por el rey la espinosa comisión de destituir y prender al visitador Mu- ñoz, como lo ejecutaron. Nuestro D. Vasco fué doctor de esta Universidad, y gozaba fama de gran letrado. Labró unas “magníficas y suntuosísimas casas” don- de después fué convento de Jesús Ma- ría ; casas que vendió por 18,500 pesos á Lorenzo Porcallo de la Cerda en 30 de Mayo de 1574.1 La Recopilación de Puga no compren- de todas las cédulas recibidas en el pe- ríodo que abraza, pues faltan muchas que se encuentran en otros libros. Tam- poco están colocadas en rigoroso orden cronológico, y no carecen de erratas, á veces graves, como lo son las de fechas y nombres. Pero de todas maneras el Cedulario de Puga es de alta importancia para la historia primitiva de la domina- ción española en México. Aunque la mayor parte de las disposiciones que en- cierra fueron incorporadas en la Recopi- lación de Indias, no se encuentra en ese gran código el texto de ellas, que por lo común es lo más interesante bajo el as- 1 Cedulario, fol. 199. 2 En la Pintura del Gobernador, Alcaldes y Re- gidores de México (Madrid, 1878, fol.), se ven es- critas y pintadas las quejas que dieron ios indios en esa visita contra el oidor Puga y su mujer. I Sigüenza, Paraíso Occidental, lib. I, cap. 4. 126 ['563 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. pecto histórico. El Cedulario tiene ade- más el mérito de ser la primera recopi- lación de leyes de América. Por esto, por la suma rareza de los ejemplares, y por el interés histórico que todavía conserva, se echaba menos su reimpresión. En Ju- nio de 1872, el Sr. D. José Lafragua, Ministro de Relaciones Exteriores, pro- puso oficialmente al que esto escribe, que facilitara su ejemplar, y se encargara de dirigir la reimpresión, tanto del Cedula- rio como de las Ordenanzas de D. Anto- nio de Mendoza, impresas en 1548, y más raras todavía. Aceptada la comisión, y dadas por el Ministerio de Justicia las órdenes necesarias para el pago de los gas- tos de imprenta, el Sr. D. Juan E. Her- nández y Dávalos sacó en breve tiempo una copia de ambos libros, ordenando cronológicamente las cédulas y corrigien- do las erratas que saltaban á la vista. Co- menzóse luego la composición tipográ- fica, y aun se corrigieron las pruebas de los primeros pliegos; pero con la muerte del Presidente Juárez, ocurrida á poco, quedaron sin efecto las órdenes de pago, que no quiso revalidar su sucesor, de modo que no pasó adelante el proyecto. Después, merced á los esfuerzos del mis- mo Sr. Hernández y Dávalos, se hizo al fin la edición, en 2 tomos en 89, Méxi- co, 1878-79. Dije antes que el Cedulario de Luga fué la primera recopilación de Leyes de América. Como esto es contrario á las noticias que se encuentran en algunas bi- bliografías, será conveniente esclarecer el punto, diciendo al mismo tiempo al- go acerca de la famosa Recopilación de In- dias. Rich dice que la más rara de todas las colecciones de Leyes de Indias (collections of laws relating to the Indies), son las leyes de 1534, que fueron después anu- ladas y recogidas. Añade que un ejem- plar único, en vitela, que él adquirió en Madrid, pasó á la rica biblioteca de Lord Grenville.1 Es indudable que hay aquí una trasposición de números, y que de- 1 Bibliotbeca Americana Nova, tom. II, pág. 355. be leerse 1543 en vez de 1534, porque nadie habla de leyes publicadas en esta última fecha, mientras que las de 1542 y 1543 son bien conocidas. Ternaux-Compans había incurrido desde antes en el error de considerar el libro de 1543 como una recopilación. “Ce recueil, dice, des lois des Indes, de 26 “pages seulement, est le premier qui ait “été publié. II est de la plus grande ra- “reté.”1 Ese libro al cual se quiere dar el nombre de Colección, no contiene más que las Nuevas Leyes, dadas en Barcelo- na, á 20 de Noviembre de 1542, y adi- cionadas en Valladolid, á 4 de Julio de 1543. En ellas mismas se mandó que fueran “imprimidas en molde,” y distri- buidas por todas las Indias. Después de la edición original, Alcalá, Juan de Brocar, 1543, fol., se hicieron otras dos: Madrid, Francisco Sánchez, 1585, fol., y Valladolid, Varez de Castro, 1603, fol. También las incluí yo en el tomo II de mi Colección de Documentos para la Histo- ria de México, entre cuyos preliminares puede verse una nota relativa al origen y resultados de estas ruidosas disposi- ciones. Y con más extensión en la bio- grafía del Illmo. Sr. Arzobispo Zumá- rraga, que publiqué en 1881. Claro es que dos leyes, impresas en un cuaderno, no merecen el nombre de Co- lección ó Recopilación. La necesidad de reunir en un cuerpo las leyes dictadas para los nuevos dominios, se sintió bien pronto, por la confusión, cada día ma- yor, que se originaba de tantas disposi- ciones, á veces contradictorias, para cuyo conocimiento no bastaba ya la vida de un hombre. Sucedía también que mu- chas no llegaban á noticia de los jueces, porque se expedían á favor de particu- lares, que por cualquier motivo no usa- ban de ellas; “quedando, como dice un “jurisconsulto de aquellos tiempos, en “sólo los oficiales de papeles el dar ó “quitarel derechoá las partes, resucitan- do la cédula que es en favor del ami- “go,y escondiendo ó negando la que no 1 Bibliotbéque Amkricaine, n° 49. l5 63] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 127 tclo es.” Por último, la orden que se da- ba á una provincia, aunque fuera gene- ral, no era conocida ni observada en otra; y los jueces que entraban de nuevo al oficio, caminaban á ciegas en aquel la- berinto. El Lie. Alonso Maldonado, fis- cal de México, fué el primero que co- menzó á estudiar el derecho de Indias, y desde 1556 se le despachó cédula real en favor de la obra; mas no aparece hasta qué punto la llevó. Siguió luego nues- tro oidor Vasco de Puga, y aunque lo- gró ver impreso su libro, éste no com- prendía más que las órdenes recibidas en Nueva España, y no todas, quedando un gran vacío que llenar, por lo tocante alas demás posesiones americanas. Ver- dad es que igual orden de recoger las cé- dulas se dió á D. Lrancisco de Toledo, virrey del Perú; pero quedó sin efecto, por haber parecido mejor que en España se hiciese la recopilación general. Felipe II ordenó al fin en 1570 la eje- cución de ella. Un letrado cuyo nombre ignoró León Pinelo, y que por lo mis- mo no nos empeñarémos en averiguar, fué el primero que acometió la ardua empresa; mas sólo concluyó el título que trataba del Consejo de Indias y su or- ganización interior; título que fué apro- bado en 1572, é impreso en 1593. Así lo dice León Pinelo, y nadie más menciona tal edición, cuya fecha está acaso errada. Viendo el Consejo que la Recopila- ción no llevaba trazas de acabarse nun- ca, por no haberse proseguido, ni hallar- se persona que quisiera encargarse de ella, comisionó á Diego de Encinas, ofi- cial de su Escribanía de Cámara, para que recogiese é imprimiese algunas cé- dulas. Hizo lo primero, juntándolas y distribuyéndolas á su modo; pareció, sin embargo al Consejo, que no estaban en la forma requerida, y no permitió que se imprimiesen para el público, sino única- mente en el número de ejemplares nece- sario para repartir á los consejeros y á algunas personas particulares. De aquí la suma rareza de esta edición, hecha en 1596 en 4 tomos en folio. Los Lies. Alvar Gómez de Abaunza, oidor de Guatemala, y Diego de Zorri- lla, después oidor de Quito, prosiguie- ron el intento de recopilar las leyes; pero sus trabajos quedaron manuscritos y sin acabar. Hasta entonces sólo se había tratado de reunir las cédulas, ordenanzas, capí- tulos de cartas &c., que andaban sueltas, para copiarlas íntegras por orden crono- lógico. Tal es el sistema de Puga. Pero muy pronto se echaron de ver sus incon- venientes. El número de leyes crecía á gran prisa, y habrían formado una indi- gesta mole, si se hubieran copiado to- das. Se pensó, pues, en sacar de la sus- tancia de ellas un Código, suprimiendo las fórmulas, omitiendo las leyes dero- gadas, y reduciendo á breves palabras las disposiciones vigentes: método que al fin se adoptó en la Recopilación de Indias. Desde 1608 tomaron nuevo rumbo los trabajos. En vez de dejar á indivi- duos aislados y aun desprovistos de la autorización competente, el cuidado de ordenar ese enorme acervo de papeles, se nombró á los consejeros D. Hernando de Villagómez y D. Rodrigo de Aguiar y Acuña, no solamente para trabajar en el arreglo de la obra, sino también para que procurasen conciliar las disposicio- nes contradictorias, que como es de su- ponerse, no faltaban en el caos de tan voluminosa legislación. Ocupados esos consejeros en el trabajo diario del des- pacho, nada hicieron. Viendo aquello, se dió comisión especial en 1622 al conse- jero Aguiar y Acuña para entender en la Recopilación, con ayuda del Lie. Antonio de León (Pinelo). Entre ambos redac- taron el primer volumen; y antes de ter- minar el segundo y último, juzgaron con- veniente publicar desde luego un Sumario para uso del Consejo, que se imprimió en 1628. Por la muerte del Lie. Aguiar, acaecida el año siguiente, quedó solo el Lie. León. Este incansable letrado, tan conocido por su Biblioteca y otros mu- chos escritos, impresos ó inéditos, exa- minó más de cuatrocientas mil cédulas, y 128 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. C1563 presentó al Consejo la obra, adelantada hasta 1634. El célebre autor de la Polí- tica Indiana, D. Juan de Solórzano, tan versado en la materia, fué elegido luego para continuar el trabajo; pero no hizo más que revisar el de León Pinelo. Así continuaron las cosas, trabajando siem- pre algunos miembros del Consejo, has- ta el año de 1660 en que se formó una Junta de la Nueva Recopilación de Indias. Finalmente, en 1680, después de ciento cincuenta años de trabajo, se dió la últi- ma mano á la obra. Aprobado por el rey Carlos II, se promulgó solemnemente el nuevo Código, y se mandó guardar, por cédula de 18 de Marzo del mismo año. La primera edición se publicó en el siguiente de 1681 (4 tomos en fol.); la segunda en 1756 (id.); la tercera en 1774 (id.); la cuarta en 1791 (3 tomos en fol.); la quinta y última en 1841 (4 tomos en fol.). Brunet menciona una edición de 1754, que no existe, y tal vez quiso hablar de la de 1756. Las Leyes de Indias se dividen en 9 li- bros con 218 títulos ó capítulos, y en ellos 6,336 párrafos ó leyes, siendo muy desigual el número de éstas en cada tí- tulo (desde 1 á 183). Cada leyó párrafo lleva apuntado al márgen su origen: es decir, el nombre del soberano que dió aquella disposición, dónde y cuándo. El Cedulario de Puga no fué el único trabajo ejecutado en México para reco- pilar leyes. El Arzobispo-virrey D. Fr. Payo Enriquez de Rivera comisionó al oidor D. Juan Francisco de Montema- yor para que hiciera una reimpresión del Sumario de 1628, como en efecto la hizo en casa de Francisco Rodríguez Luper- cio, el año de 1677, en un grueso tomo en folio; y en el siguiente año de 1678 publicó, de orden del mismo Arzobispo, otro volumen igual, con este título: “Sumarios de las Cédulas, Ordenes y “Provisiones Reales, que se han despa- chado por S. M. para la Nueva Espa- “ña y otras partes: especialmente desde “el año de 1628 en que se imprimieron “los cuatro libros del primer tomo de “la Recopilación de Leyes de las Indias, “hasta el año de 1677. Con algunos tí- “tulos de las materias que nuevamente “se añaden. Y de los Autos acordados “de su Real Audiencia. Y algunas Orde- nanzas del Gobierno. Que juntó y dis- “puso el Dr. D. Juan Francisco de Mon- “temayor y Córdova de Cuenca Con “licencia, en México. En la imprentade “la Viuda de Bernardo Calderón. Año “de 1678.” En fol. Consta el Sumario de 10 y 276 ff. Sigue la Recopilación Sumaria de los Autos de la Audiencia, de 1528 á 1677, por orden al- fabético de materias, en 62 ff., y al últi- mo las Ordenanzas de Gobierno, en 61 ff, también por alfabeto. Dice el autor en el Prólogo que empleó cuatro meses en este trabajo: cosa apenas creíble, consi- derando la extensión de él: tal vez ha- bló del tiempo gastado en darle la última mano. D. Eusebio Ventura Beleña, oidor de México, reimprimió en 1787 los Autos acordados de Montemayor, añadiéndoles otros posteriores, con lo que formó dos tomos en folio. La gran Recopilación de Indias es el Có- digo donde se encierra la legislación que rigió en la América Española durante tres siglos, aunque con diversas formas. Nunca fué derogada expresamente; pero con el trascurso del tiempo, y sobre to- do con los cambios políticos, fueron ca- ducando todas sus disposiciones. Los juicios acerca del mérito de este Código son muy diversos, y rara vez justos. De- be juzgársele conforme al espíritu de su época, y no según nuestras ideas moder- nas. De todos modos es un monumento venerable, que da honor á España, y que de seguro han de consultar siempre cuan- tos se dediquen á los estudios históricos americanos. Confcfsíonarío b:eue>en lengua pos el mu£ reuerédo padrefray ifioníb Xk Ílftoiína!t>c*aoide,Dcllera- phíco padre Sattí jprartrifeo feritte oeccata: remittunturcig .£t Elcciplfc Spirttumfanctum, quommrcmu □uoMtn retfnuerras,re! loante. o ufo pe i£l i 5 6 5 Cmf'ísm*™ mojara ¡t„<.utUexic«n* yCafidUta ■ gcmtchtum agite entm re* En México, por Antonio de Efpinofa. 156$ ■565i BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 129 1S6S 43. Confesionario breve en Lengua Mexicana y Castella- na: compuesto por el muy R. P. Fr. Alonso de Molina, de la orden del Seraphico P. S. Francisco. Sigue un escudo de las cinco llagas, con esta leyenda: “Accipite Spiritum San- “ctum, quorum remiseritis peccata, remittuntur eis. Et quorum retinueritis, te- “tenta sunt. Joann. 20.” En México, en casa de Antonio de Espinosa, Impresor. 1565. (Véase la fotolitografía.) En 49, letra gótica, á 2 col., mexicano y castellano, grabados en madera. A la vuelta de la portada, licencia de la Audiencia, 24 de Noviembre de 1554. Fs. 2 á 20 el Confesonario. En la vuelta de la última se lee al pié de las respec- tivas columnas: ►í565 Eetra gótica, á 2 col., mexicano y castellano, con grabados en madera. Con- cluye en la foja 121 fte. Fs. 121 vta. á 124 id. (sin numerar las tres últimas), Tabla alfabética de mate- rias, en letra gótica. Al fin: 1Í Ecabofe be ímprí= || mír efte <£onfeífíonatío, en la mug ín|| figne g gran cíubab be Jftexíco: en cafa be &n=||tonío be Sípínofa impresor be libros:, jun||to a la gglefía be feñor gant Engullí fíttt: a guínde be íftago.H&ño be. 1565. HlLaus ©eo. El Confesonario es muy copioso, y comprende, además, el modo de adminis- trar el sacramento del Matrimonio, instrucciones doctrinales y sobre el jubileo, una práctica de testamentos &c. (El ejemplar descrito estaba hace muchos años en la Biblioteca de la Universidad, é ignoro su para- dero. Después no he vuelto á encontrar otro con portada de que sacar fotolitografía. Por favor del Sr. J. Russell Barttlet, obtuve al fin una, tomada del ejemplar de la rica biblioteca del finado Sr. Cárter Brown [Providence, R. I., Estados Unidos], y sirvió de original para la que aquí se acompaña.) !S6S 45. 11 ©odrina Xjnana breue g cópebiOí|| fa por bía be bíalogo entre bn maeftro g bit óí{ct=|| pulo, facaba en legua caftellana g mexicana g || copueU ta por el mug reuerenbo pabre frag || bo mingo be la anunciación, bícarío g || ai prcfente es be cugoacan, be || la orbeit bel bíenabenturabo pabre gcto || ©omingo. Un grabado de Sto. Domingo. <$n Jftexíco, en cafa be pebro ocharte || 1565. En 49, letra gótica. A la vuelta de la portada las armas del Sr. Arzobispo Mon- túfar á quien está dedicado el libro. Sigue la dedicatoria en 2 ff., letra romana. El texto, en gótica, á 2 col., ocupa las ff. 3 á 83. En la vuelta de la última hay un grabado grande, y abajo el colofón: c< A gloria y alabanza de nuestro Redentor Jesucristo y de su bendita Madre, y para utilidad y provecho de las ánimas, aquí se acaba la declaración breve y com- pendiosa de la doctrina cristiana, en lengua española y mexicana, sentencia por sen- tencia. Fué impresa en esta muy leal ciudad de México, en casa de Pedro Ocharte, por mandado del Illmo. y Rmo. Sr. D.Fr. Alonso de Montúfar, Arzobispo de la dicha ciudad meritísimo. Acabóse á 15 dias del mes de Marzo, 1565 años.” (Véase la fotolitografía.) En la foja que sigue (frente), licencia y privilegio de la Audiencia, México, 25 de Octubre de 1564, firmado por los oidores Ceynos, Villalobos, Orozco y Puga, y refrendado por Antonio de Turcios. Consta allí que fueron aprobantes de la obra los padres Fr. Bartolomé de Ledesma y Fr. Alonso de Molina; pero no es- fffl nroredéptoíjefu rpoy ocfuben» cica madre g pa entidad y pjouecbo Délas aías, aqfe aca bala Declaración b?fuefcópcdtofa ocla Doctrina rpiana i legua efpaftola po? lencería, jj-'uc pmpjetTaenefta mut leal dudad ó mepeo en cafa t pedro ocharte pormádodobl t rfuerédifsímo fe» fio? dó alóíod mófufar.Crqobifpo óla Dicha dudad mcrúífsimo acabofc a c$ .Díaeí>ln)ee6mar$o,ij 6 safios. >5«j] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVL 131 tán las aprobaciones. Ocupa la vuelta de esta hoja un gran escudo de las armas reales, y debajo: “Philipus dei gra hyfpaniarum et indiarum Rex.” (Descripción comunicada por el Sr. H. Harrisse [París, 5 de Marzo de 1867], y corregida con vista de dos ejemplares incompletos, uno del Sr. Agreda y otro mió. El descrito por el Sr. Harrisse es el mis- mo que figura con el n° 467 en la Bibliotheca Americana de Maisonneuve y Ca, ó sea el Catálogo de la venta de una Colección de Libros relativos á América, hecha en París por dichos libreros, del 15 al 25 de Enero de 1868. La Doctrina aparece vendida en 1,500 fr.==$ 300; pero en otro catálogo de los mis- mos libreros [Leclerc, 1878] vuelve á encontrarse anunciado [n° 2,317] con el precio de 2,500 fr.= $ 500.) .« -*|r. Domingo de la Anunciación (fué hijo de Hernando de Ecija, 4iSftna| vecino de Fuenteovejuna, y na- ció en ese lugar el año de 1510. En el bautismo recibió el nombre de Juan. Sus padres eran piadosos, y él desde niño se mostró inclinado á la virtud. Tenía so- lamente trece años cuando comenzó á pedir el hábito de S. Francisco en el con- vento de su pueblo, y no se le concedie- ron por su corta edad. Para entonces había perdido ya á su padre, quien al tiempo de morir le hizo especial encar- go de cuidar de la madre viuda, así co- mo á ésta el de atender en particular al niño Juan. Pocos años después, su her- mano mayor Alonso de Paz resolvió pa- sar á la Nueva España, y quiso traer con- sigo á Juan para que le ayudase en sus negocios. Resistíalo la madre, recordan- do el encargo de su difunto marido; pero al cabo consintió en dejarle partir. Ve- rificóse el viaje de los dos hermanos el año de 1528, en compañía de los oido- res de la primera Audiencia. Los negocios de Alonso caminaron al principio favorablemente: allegó caudal, y obtuvo el oficio de la secretaría de la Audiencia. Mas no tardó en experimen- tar el funesto influjo de las riquezas y de los desórdenes de la nueva tierra. Ol- vidó las buenas costumbres que en su casa había aprendido, y se dió al vicio del juego, que le arrebató bienes y repu- tación. Llegó á verse pobre, y tan nece- sitado, que por haberle faltado las ralces, no le cubría el pelo que antes, ni el osaba pare- cer en publico. El buen joven Juan supo sacar lección saludable de esos reveses de la fortuna, y lejos de dejarse arrastrar por el mal ejemplo de su hermano, se afirmó en su resolución de renunciará las vanidades del mundo, que prometiendo tanto, nada saben cumplir. Pidió el há- bito en el convento de Sto. Domingo de México: diéronsele, y profesó el 8 de Ma- yo de 1532, aunque otros dicen que en 1531. Entonces dejó el nombre de Juan, y tomó el de Domingo, con que es co- nocido. En el estudio de la gramática á que luego se aplicó, tuvo por maestro al Br. Blas de Bustamante, quien, por ser escaso el número de los religiosos do- minicos, se prestaba de buena voluntad á ayudarles en la enseñanza de los novi- cios, y años después obtuvo cátedra de la misma materia en la Universidad de México, al tiempo de su fundación. Lle- gado Fr. Domingo á la edad de recibir las órdenes se las confirieron, y á los vein- ticuatro años le mandaron que se orde- nase de sacerdote. No residía entonces en la Nueva España otro obispo que el de Tlaxcala, Fr. Julián Garcés, y se en- contraba á la sazón en Veracruz. Allá fué á buscarle Fr. Domingo, caminando á pié, y recibió de mano de tan venera- ble varón, de su mismo hábito, el últi- mo grado del sacerdocio. De Veracruz pasó á Tepetlaoztoc, donde cantó su pri- mera misa, teniendo por padrino al Ve- nerable Padre Fr. Vicente de las Casas, uno de los fundadores de la provincia, y compañero del célebre Fr. Domingo de Betanzos. Luego que nuestro joven es- tuvo ordenado de sacerdote, le dieron BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [■565 sus superiores cargo de indios mexica- nos; con tal motivo se dedicó á apren- der la lengua y salió en ella muy aventa- jado. Al principio formaba sus pláticas en castellano, y las daba á un intérprete para que se las volviera literalmente al mexicano; en este idioma las tomaba de memoria, por largas que fuesen, y las predicaba al pueblo. Mas habiendo sa- bido que su intérpete, como Ghiezi el criado de Elíseo, abusaba de su oficio, le despidió, y logró pasarse sin aquel auxilio. Más de cincuenta años empleó en el ministerio de la predicación de los in- dios, y fueron innumerables los que bau- tizó: dícese que pasaron de cien mil. En la peste de 1545, que tantos estragos cau- só en los naturales, hizo Fr. Domingo con ellos oficios de padre, consolándo- los, socorriéndolos, y administrando los sacramentos por todos los pueblos, des- de México hasta Oajaca. Por aquel mismo tiempo tuvo el con- suelo de apartar de los peligros del mun- do á otro hermano suyo llamado Her- nando de Paz, que vino de España á comerciar y andaba algo distraído con malas compañías. Era á la sazón Fr. Do- mingo maestro de novicios, pasó á verle al convento su hermano menor, y el re- sultado de la visita fué que no solamen- te vino él á pedir el hábito, sino que hizo tomar la misma resolución á dos jóvenes amigos suyos. Fué Fr. Hernando de Paz varón ejemplar que dió lustre á su orden, en la cual desempeñó cargos importantes. Por último le nombraron en 1570 defini- dor al capítulo general de Roma. Allí ob- tuvo señaladas mercedes del Papa S. Pió V, quien le regaló muchas reliquias, en- tre ellas dos del Lignum Crucis. Vol- viendo de Roma á España padeció nau- fragio en que perecieron aquellas reli- quias, á excepción de los dos fragmentos del Lignum Crucis, que traía al cuello en dos relicarios; uno de los cuales envió al convento de Sto. Domingo de Méxi- co, y el otro á su hermano. Quebrantado de tantas fatigas no pudo Fr. Hernando volver á la Nueva España, por haber fa- llecido en Madrid. Demos punto á esta digresión, y ven- gamos á narrar el período más trabajoso de la vida de Fr. Domingo. El mal éxi- to de las expediciones encaminadas desde 15 io á la Florida, donde murieron á ma- nos de los indios Fr. Luis Cáncer y otros padres dominicos en 1549, no había des- animado á los españoles. En 1558 orde- nó Felipe II al virrey D. Luis de Velas- co, que aprestase nueva expedición. Así lo ejecutó el virrey, despachando desde Veracruz el 11 de Junio del año siguien- te trece bajeles al mando de D. Tristán de Luna y Arellano, con quien fueron nuestro Fr. Domingo, otros tres religio- sos y un lego, todos de la orden de Predi- cadores. Navegaron con viento favora- ble, y después de tocar en varios puntos, fondearen al fin el 14 de Agosto en un puerto á que pusieron por nombre Santa María. El tiempo estaba hermoso; el puerto parecía muy bueno, y desaguaba en él un gran rio: ventajas que llenaron de regocijo á la gente, y le hicieron con- cebir esperanzas de mejor éxito que en las precedentes expediciones. Dióse lue- gb orden de entrar á reconocer la tierra, y de enviar antes á España dos navios: en el uno debían de ir varias personas que dieran noticia de la hermosura de aquel puerto, y procurasen atraer nuevos pobladores: en el otro se embarcó uno de los religiosos, Fr. Bartolomé Mateos, lego, con encargo de solicitar aumento de operarios para la miés, que se espera- ba muy copiosa. Se alistaron en seguida dos capitanías para descubrir el interior: la una por tierra y la otra por el rio arri- ba. Con esta última fué Fr. Domingo, y la instrucción era volver dentro de tres ó cuatro dias, por lo cual sólo se prove- yeron de víveres para este corto tiempo, ó poco más. Trascurrió, empero, sin que diesen con gente alguna, y deseosos de encontrar la población que buscaban, fuéronse metiendo la tierra adentro, de manera que consumidos los manteni- mientos llegó la necesidad al extremo de 156S] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 133 que un pedazo de cuero crudo de vaca se consideraba un gran regalo. Querían volverse al puerto, y consideraban, por lo que conocían de la tierra andada, que era seguro perecer de hambre al regreso, mientras que yendo adelante, podría ser que hallasen más cerca lugar poblado donde remediarse. Daban vista á cerros desnudos, y se esforzaban á atravesarlos, con esperanza de encontrar gente al otro lado; pero lo que encontraban eran cié- nagas, que pasadas con gran trabajo, los conducían á otros montes, y así sucesi- vamente. En fin, después de quince dias gastados en jornadas tan penosas como inútiles, determinaron volver á la costa, y en el camino pasaron iguales necesida- des. El hambre fué uno de los mayores enemigosde los españoles en la conquista del Nuevo Mundo, y hoy que los ejérci- tos no marchan sino provistos de-cuanto han menester, nos asombra la indiferen- cia con que aquellos hombres se interna- ban en regiones desconocidas, omitiendo tomar precauciones contra un enemigo invisible, que sin combatir podía des- truirlos, después de atormentarlos desa- piadadamente. Mas todas aquellas lástimas eran poca cosa en comparación de las que habían sucedido en el puerto. El 20 de Agosto se desató una horrible tormenta que, á excepción de una carabela y dos barcas, dió con todos los buques al través, per- diéndose en ellos las provisiones para un año, que el gobernador no había queri- do desembarcar por falta de abrigo en tierra, y por creerlas más seguras á bor- do. Todos perdieron allí sus haciendas, y se perdieron también las mercaderías de rescate, menos lo que estaba en una carabela que el furor de las olas trasladó entera á tierra, y vinieron á encontrar después en medio de un bosque. Aho- gáronse muchos, entre ellos Fr. Barto- lomé Mateos. En tan triste situación encontraron á sus compañeros del puerto los que ve- nían del interior extenuados de hambre y de cansancio. Los pocos víveres de la carabela salvada acabaron pronto, y el gobernador dispuso que la mayor parte de la gente, dividida en cuatro capita- nías, entrase otra vez por la tierra en bus- ca de socorros, yendo con ellas los pa- dres Fr. Domingo de Salazar, después obispo de Manila, y Fr. Domingo de la Anunciación. Caminadas cuarenta le- guas en despoblado, llegaron á un lugar de ochenta casas, llamado Nanipacna, donde algo se remediaron. Desde allí hicieron muchas entradas en busca de cosa mejor; pero viendo que habían gas- tado en ellas cuatro meses, sin encontrar nada, enviaron diez soldados al gober- nador con la relación de lo que pasaba. Su llegada causó grande alegría en el puerto, porque tenían por muertos á to- dos los de la expedición. El gobernador y oficiales acordaron entonces, que pues donde estaban era segura la muerte, por la falta de víveres, se fuesen todos al lu- gar nuevamente descubierto, ya que á lo menos había allí algo que comer. Pusié- ronlo en ejecución, unos por tierra y otros por agua, pasando todos grandes miserias en tan trabajosos caminos. El refrigerio que hallaron en Nanipacna les duró bien poco, porque la reunión de más de mil personas en un pueblo pe- queño y pobre dió por resultado preciso que pronto se acabaran los mantenimien- tos. Casi no les quedó otra cosa, que unas bellotas muy amargas, y aun de esas no se hallaba lo bastante para todos: unos comían las hojas de los árboles; otros echaban mano de cualquier raíz, y lo peor era, que por ser algunas de ellas venenosas, muchos encontraban la muer- te donde buscaban el sustento de la vida. La fuerza de la necesidad obligó al go- bernador á enviar una expedición á la provincia de Coza, de que se tenían infor- mes magníficos, dados por los que antes habían entrado en aquellas tierras. Dos- cientos hombres marcharon para allá, acompañándolos asimismo los dos pa- dres Salazar y de la Anunciación. Cami- naron hácia el norte, y como no pudieron sacar mantenimientos de donde no los [‘565 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. había, ni en el camino los encontraron, llegó el hambre al extremo de hacer gui- sados con las correas de las armaduras, con el calzado, y aun con los forros de las rodelas. Los religiosos procuraban alentar el ánimo abatido de los soldados, exhortándolos á la resignación, y pedían á Dios el remedio. Dióles alguno en una multitud de castaños y nogales que en- contraron, cuyos frutos les sirvieron de grande alivio. A los cincuenta dias de viaje llegaron al pueblo de Olibahali: los indios, aunque pocos, recibieron de paz á los españoles y les dieron de comer. Pero si bien los recién llegados se guar- daron de cometer desmán alguno, por temor de perderla comida, los indios se cansaron de tales huéspedes, y no atre- viéndose á expelerlos por la fuerza, fin- gieron una embajada del señor de la pro- vincia de Coza, en que les suplicaba que fuesen á verle. Cayeron en el lazo los españoles, y emprendieron el camino: á poco andar descubrieron el engaño, mas no por eso dejaron de seguir adelante. Cuando por fin llegaron á la famosa provincia de Coza, quedaron desconso- lados al ver cuánto distaba de las pon- deraciones que de ella les habían hecho. Era que aquellos informes se referían al tiempo de la primera entrada de los es- pañoles, y después había sido completa- mente asolada por cierto capitán que an- duvo en ella. Así redundaban en daño de la misma nación española los desma- nes que se cometían en aquellas conquis- tas, ó más bien invasiones devastadoras. No les faltó, con todo, lo necesario para el sustento. Algo restablecidos, comen- zaron á correr la tierra, sin otro fruto, que adquirir noticia de un pueblo, lla- mado de los Napochíes, que estaba más adelante. Estos eran enemigos de los de Coza, y solían tener entre sí reñidas guerras. Agradecidos los españoles á la buena acogida de los cocenses, les ofre- cieron su ayuda contra aquellos enemi- gos; y habiendo sido aceptada, salió la ex- pedición mixta, compuesta de cincuenta españoles y unos trescientos indios. Otra vez tocó á nuestro Fr. Domingo el pe- noso trabajo de ir á estas entradas, y le aceptó gustoso, esperando encontrar oca- siones de ejercer su piadoso ministerio. Lo más singular fué que á pesar de las severas lecciones pasadas, aquella expe- dición llevó tan mal concierto, que al rendir la primera jornada se hallaron to- dos sin tener que comer; porque los indios habían creido que los españoles llevaban provisiones para todos, y los españoles pensaban lo mismo de los in- dios. Ni unos ni otros las habían lleva- do, y todos pagaron la pena de su incon- cebible descuido. Dando vista al primer pueblo de los enemigos, determinaron hacer alto para caer sobre él de sorpresa en el peso de la noche y matar á todos los habitantes, que era el propósito de los de Coza. Sú- polo el buen Fr. Domingo, y condolido del estrago que iba á hacerse en aquellos infieles sin luz de verdad ni predicación, habló por medio de intérpretes á los de Coza, rogándoles encarecidamente que no matasen á sus enemigos, sino que los dejasen á vida para llevarlos por escla- vos á su tierra. No pudiendo excusarles todo daño, trataba á lo menos de dismi- nuírsele. Poco caso hicieron los indios de aquel piadoso razonamiento; pero D ios había dispuesto las cosas de mane- ra que se lograran y aun mejoraran los deseos de nuestro misionero. Al caer de guerra, españoles é indios, sobre el pue- blo de los Napochíes, se encontraron con que todos los vecinos de él se habían au- sentado, sin quedar uno solo, de suerte que la entrada no produjo otro resulta- do que un buen despojo. Irritados los de Coza por la huida de los enemigos, pusieron fuego al pueblo, visto lo cual por Fr. Domingo, que siempre andaba mitigando los males de la guerra, acudió al capitán indio con la súplica de que mandase apagar el fuego; y como no le atendiera, fuése al capitán español, quien dijo á los indios que si quemaban el pue- blo se retiraría con sus soldados. La amenaza produjo buen efecto, y el pue- *565] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 135 blo se salvó de las llamas merced al com- pasivo misionero. Después de varios incidentes, hicie- ron los de Coza las paces con los Napo- chíes, y los españoles trataron de ir á juntarse con sus compañeros en Nani- pacna. Temerosos de que se les acusara de que no habían encontrado buenas tie- rras, porque no habían sabido buscarlas, resolvieron enviar antes un capitán con doce soldados para dar cuenta al gober- nador de lo ocurrido y pedirle órdenes. Cuando estos enviados llegaron á Nani- pacna hallaron el pueblo abandonado, y al principio creyeron que todos los com- pañeros habían perecido, hasta que regis- trando con más atención dieron con una carta que aquellos habían dejado enterra- da al pié de un árbol para que si vol- vían los de la expedición á Coza supie- ran que ellos se habían retirado otra vez al puerto. En efecto, el gobernador hubo de to- mar esa resolución acosado por el ham- bre y cansado de aguardar á los otros, á quienes creía muertos, después de ca- recer de sus noticias hacía siete meses. Allí no había ya con qué sustentarse, y en la costa podían contar siquiera con pescado y mariscos. Tan crueles eran sus padecimientos, que ahora miraban como ventajoso lo que antes considera- ban insoportable. Una vez en el puerto, pareciéndole al provincial Fr. Pedro de Feria, que su presencia allí no era de pro- vecho, y dando por perdidos á los dos religiosos de la expedición, propuso al gobernador que él iría á la Habana y de allí á la Nueva España en busca de socorro. Aceptó la oferta el gobernador, y en dos buquecillos que se salvaron de la tormenta pasada y que mandó ade- rezar, se embarcaron el provincial, los otros dos religiosos, y ciertas personas principales que por gran favor alcanzaron licencia para ello. La relación que esos enviados hicieron cuando llegaron á la Nueva España causó gran sorpresa, pues como el gobernador, al desembarcar en Santa María había escrito al virrey dán- dolé lisonjeras noticias de la tierra, se es- peraba muy otro el suceso de la expedi- ción. Dispuso luego el virrey, que Angel de Villafaña, hombre entendido y prácti- co en la mar, pasara inmediatamente á la Florida con socorros de toda especie. Aquellos doce soldados despachados de Coza, como leyeron la carta encon- trada en Nanipacna, siguieron su viaje al puerto, donde fué recibida con gran gozo la nueva de que vivían los presun- tos muertos; aunque mucho se templó al escuchar la triste relación de los tra- bajos padecidos y pobreza de la tierra, con lo que venían á desvanecerse las es- peranzas de remedio. Pero lo que puso el colmo á la desgracia de los españoles fué la discordia que surgió entre ellos mismos. Tomaba á pechos el goberna- dor la defensa de la tierra, y decía que él en persona había de ir á Coza, atribu- yendo á flojedad, descuido, y ansia de volver al regalo de la Nueva España los malos informes que los mensajeros traían. El capitán recien llegado de allá le hacía prudentes reflexiones, como tes- tigo ocular que era, sin lograr apartarle de su parecer, al cual se oponían el maes- tre de campo Juan Cerón y la mayor parte de los oficiales. Estos, á excusas del gobernador, despacharon doce sol- dados para que llamasen á toda la gente española que había en Coza, la cual em- prendió al punto la jornada. Quisieran aquellos religiosos, antes de partir, ad- ministrar el sacramento del Bautismo á unos indios que tan dóciles se mostra- ban; pero no se determinaron á ello, considerando que no podían dejarles mi- nistros que los mantuvieran en la fe, y que aun cuando ellos mismos se queda- ran allí, como deseaban, podían morir presto y volver los indios á su antigua idolatría. Dejaron, pues, á Dios el cui- dado de convertir aquellas gentes en el tiempo que tuviera señalado, y sólo una india vieja recibió el bautismo de mano de nuestro Fr. Domingo: único fruto espiritual que produjo esa desastrosa ex- pedición á la Florida. 136 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [H65 A principios de Noviembre llegaron al puerto los religiosos y soldados de Coza. Celebraron todos la venida de aquellos, esperando que merced á su influencia tendrían término las discordias que los afligían. Vana salió la esperanza, porque aferrados cada día más, el gobernador á su dictamen y los oficiales al suyo, na- da valía para restablecer el buen acuer- do, tan necesario en aquellas circunstan- cias. El gobernador ordenó que dentro de cierto término se alistasen todos para la expedición á Coza, so pena de ser te- nidos por traidores y rebeldes al rey los que no obedeciesen. Notificados el maes- tre de campo y los oficiales, respondie- ron desabridamente, tratando de loco al gobernador, y diciendo que no estaban obligados á obedecerle en aquello. Re- cibió muy mal la respuesta, como era de esperarse, y fulminó una sentencia, en que declarando traidores al maestre de campo y sus parciales, imponía á unos pena de muerte, y á otros de perdimien- to de bienes: esto último no era una amenaza vana, porque muchos de los in- cursos en la sentencia poseían reparti- mientos de indios en la Nueva España. Causó irritación general tanto rigor, y más cuando todos, lejos de pensar en in- ternarse, ansiaban por dejar cuanto an- tes aquella tierra inhospitalaria. Mas aunque estaban dispuestos á rebelarse abiertamente, no se atrevían á ello, y se contentaban con favorecer en secreto al maestre de campo. Bien quisiera el go- bernador emplear la fuerza, y lo habría hecho á no ser porque conocía que eran parciales del maestre casi todos los del ejército. En tan deplorable estado se ha- llaban las cosas cuando llegaron al puer- to los dos religiosos, y desde luego tra- bajaron ahincadamente para ajustar una concordia; pero viendo que todo era inú- til, encomendaron el negocio á Dios por medio de continuas oraciones y peni- tencias. Cinco meses hacía que duraba tal si- tuación, haciéndosenos increíble que en tan largo tiempo nadie cediera de sus opi- niones, y que todos se resignaran á sufrir tan grandes miserias. Acercábase Ja cua- resma, y creían los religiosos que aquel tiempo de penitencia ablandaría al fin los ánimos obstinados del gobernador y de sus contrarios; pero no sucedió así. Llegó la cuaresma, pasó, y vino la Se- mana Santa, sin que nadie diera mues- tras de deponer su odio y prepararse al cumplimiento del precepto Pascual. En- tonces el P. Fr. Domingo de la Anun- ciación, lleno de celo por el bien de las almas, se resolvió á dar un paso decisivo. Cantaba la misa mayor el Domingo de Ramos, y después de haber dicho muy devotamente las palabras de la Pasión, hizo una breve plática al auditorio, ex- hortándole á agradecer los grandes é im- ponderables beneficios recibidos del Sal- vadordel mundo, quepornosotrosquiso humillarse hasta la muerte de cruz. Pro- siguió la misa, y estando ya para con- sumir, se volvió al pueblo con la sagrada Hostia en las manos, puesta de frente sobre la patena. Maravilláronse todos, esperando en qué vendría á parar esa des- usada ceremonia. Hecha una breve pau- sa, y derramando abundantes lágrimas, llamó el sacerdote con voz firme y por su propio nombre al gobernador, que estaba arrodillado en su sitial. Levan- tóse al punto, y fué á ponerse de rodi- llas delante del altar para saber qué le quería decir el celebrante. Tras otra pau- sa habló Fr. Domingo, y dijo al goberna- dor : “ ¿ Creeis que este que tengo en mis “indignas manos es el Cuerpo de Nues- tro Señor Jesucristo, Hijo de Dios vi- “vo, que vino del cielo á la tierra para “redimirnos á todos ? Respondió el go- bernador: Sí creo, señor. Tornó á de- “cir el religioso: ¿ Creeis que este mismo “ Señor ha de venir á juzgar á los vivos y “á los muertos, y que á los buenos ha de “dar la gloria, y á los malos pena eterna “en los infiernos? Respondió también: “Sí, señor. A esta segunda respuesta co- “menzó á temer el gobernador grande- “mente, y se le arrasaron los ojos en lá- grimas, porque le había Dios tocado !5 6í] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 137 “muy de veras el corazón. Díjole en- tonces el bendito padre: Pues si vos “creeis esto, como todo fiel cristiano es- tá obligado á creerlo, ¿cómo sois causa “de tantos males y pecados como há “cinco meses que sentimos, por no que- “ reros reconciliar con vuestros capita- “nes, para tratar del remedio de toda “esta gente, que por vuestra causa ha pe- “recido y perece, con habérseos varias “veces amonestado y rogado? Si hasta “aquí no habéis oido á los hombres, oid “agora al Hijo de la Virgen, que os ha- “bla, y temed al Hijo de Dios Eterno “queos ha dejuzgar. Poreste Señorque “aquí tengo en mis manos, os amonesto, “ruego y mando que hagais luego lo que “hasta aquí no habéis querido; y si lo “hiciéredes, de parte del mismo Señor “os ofrezco el socorro para todos, antes “que pasen tres dias, y si no lo hiciére- “des, el castigo como de su mano.— Di- “cho esto se volvió al altar, y acabó su “misa, y se entró á dejar las vestiduras “sagradas. Levantóse el gobernador del “puesto que había tomado al pié del al- “tar cuando el bendito padre le llamó, “porque allí se había quedado de rodi- llas hasta aquel punto, y volviéndose “al pueblo, dijo á todos con sentimien- to y ternura: Señores, ya habéis visto “lo que el P. Fr. Domingo ha hecho, y “habéis oido las extrañas palabras que “me ha dicho. Yo digo que si de mi par- te está la culpa, nunca quiera Dios que “yo la prosiga, ni sea causa de tantos ma- tes. Para aquí y para delante de Dios, “os perdono, señores, á todos muy de “corazón, y os ruego por amor de Dios “que me perdonéis á mí los enojos que “os he dado, y los males que por mi cau- ta habéis padecido. Yo conozco que “por mis pecados os ha castigado Dios “á todos, y así os demando perdón co- “mo agresor y culpado.— Cuando llegó “á estas palabras, no pudo contener las “lágrimas, sino que brotaron con la fuer- “za del sentimiento. Vínose luego el “maese de campo á los piés del gDber- “nador, y postrósele, pidiéndole per- “dón con muchas lágrimas. Las mismas “derramaba el gobernador, conocién- dose por el culpado.” Llegaron luego los demás oficiales, é hicieron lo mismo. Desde aquel instante trataron todos de poner el remedio, y no tardó mucho en verificarse la promesa del buen religioso, que había anunciado para dentro de tres días el socorro, si se restablecía la paz. Domingo de Ramos fué hecha la prome- sa, y el Martes Santo entró en el puerto el navio de Angel de Villafaña, cargado de víveres y refrescos, después de haber batallado durante cuatro meses con vien- tos contrarios. Suceso fué éste que acre- centó la veneración con que todos mira- ban al santo misionero, á quien desde entonces tuvieron por profeta. Aquella gente se salvó por la entereza de Fr. Do- mingo, y sobre todo, merced á la eficacia del sentimiento religioso, siempre vivo en el corazón de los conquistadores, por más que sus hechos no fueran siempre loables ni ajustados á sus creencias. Se resolvió en seguida abandonar aq ue- 11a tierra funesta, y Fr. Domingo de la Anunciación pasó á la Habana, de don- de se trasladó luego á la Nueva España, llamado por el virrey. Quedaron allá los otros padres y algunos soldados con el gobernador, que por pundonor no que- ría abandonarla tierra sino continuar el descubrimiento, sobre lo cual escribió al virrey; pero informado éste de las difi- cultades que por entonces ofrecía la em- presa, mandó que todos se retirasen, con lo cual hubieron de volver á México, quedando perdidos tantos gastos, traba- jos y peligros. Después de la expedición á la Flori- da continuó ejerciendo Fr. Domingo su ministerio apostólico, casi siempre entre los indios. Desempeñó, sin embargo, va- rios cargos en su orden, habiendo sido cuatro veces maestro de novicios, dos prior de México, una prior de Puebla, y varias definidor en capítulos provin- ciales. La puntualidad con que observa- ba su regla, sin que su avanzada edad le hiciera dispensarse de ninguna parte de 138 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [*565 ella; las rigurosas penitencias con que afligía su cuerpo; su dulzura, su pacien- cia, sus largos servicios y su buen ejem- plo en todo le granjearon la estimación general. Era tan alto el concepto que se tenía de su virtud, que se le atribuían milagros. Hácia el año de 1585 perdió la vista, y se retiró al convento de Mé- xico, donde sirviendo á todos de edi- ficación pasó los últimos seis años de su vida. Durante la cuaresma de 1591 enfermó de calentura, y en pocos dias murió tan santamente como había vi- vido. El cronista de los dominicanos, Dá- vila Padilla, lustre de su patria México y de su religión, dice que nuestro Fr. Do- mingo escribió “Doctrina mexicana y “otras materias predicables en mexica- “no, que se imprimieron en México el “año de 1545.” Pinelo Barcia, Eguiara (en sus borradores MSS.) y Beristain, repitieron esa fecha. Yo no he encon- trado otra noticia original de tal edición, y entiendo que es errata de imprenta en Dávila Padilla, quien quiso hablar de la edición de 1565, objeto de este artículo. En ella no se encuentra indicación de otra anterior. El mismo cronista dice que para su Historia se aprovechó mu- cho de los trabajos de nuestro padre y de Fr. Vicente de las Casas, quienes corri- gieron y continuaron la historia de la Provincia, empezada por Fr. Andrés de Moguer. Los bibliotecarios de la orden, Quetif y Echard, expresan el título de la obra de Fr. Domingo en estos términos: Relaciones y 'particularidades de algunos re- ligiosos antiguos desde la fundación de la Pro- vincia de México hasta el año de ochenta. Hallamos, por último, que tradujo al la- tín un tratado de Fr. Bartolomé de las Casas en defensa de los indios. (Dávila Padilla,lib. I,caps. 53, 58, 59,61-64, 66-71; lib. II, caps. 42, 44, 74-83, y últ.— Men- dieta, Hist. Ecl. Ind., lib. IV, cap. 1.— Cárdenas, Ensayo Cron. para la Hist. de la Florida, años 155 8— 1 561.— Quetif y Echard, tom. II, pág. 302.— Fernandez, Hist. Ecl. de nuestros tiempos, lib. I, cap. 27.— Pinelo-Barcia, cois. 570, 727, 758.— Beristain, tom. I, pág. 87.— Colee, de Doc. para la Hist. de la Florida (B. Smith), tom. I, pág. 10.— Doc. ined. del Archivo de Indias, tom. XIII, p. 280.) circa i56S 46. BVLLA.HBVLLA S.D.N.D.PII DIVINA PROVI- DEN|| tia Papae Quarti,fuper Confirmatione oecumeni||ic(sic) generalis Concilij Tridentini. i fojas. BVLLA.|| BVLLA S.D.N.D.PII DIVINA PROVIDEN|| tia PapaeQuar- ti, fuper declaratione temporis obfer-||uádi decreta facri oecumenici, & generalis|| Concilij Tridentini. i foja. CATALOGVS PATRVM, ORATORVM\\ DOCTORUM TEOLOGORVM, ET ALIO || RVM ¿¿VI SVB B. PP. PIO ¿AJARTOy\\ INTERFVERVNT SA- CRO\\SANOTO ET CELEBE\\ RRIMO GENE-1| rali concilio Tridentino. Son en todo io íf. en 4° sin numerar, impresas en caracteres romanos muy des iguales. Al fin se lee: “Fue imprefla é la Ciudad de México e cafa de pedro ochar||te por mádado R A> VJ M EJNfD 1 J A T R j S FRATRrs BASTHO. lom>e. aLedefma ordims Vrtécatorum pnfer fí ris dejeptem rtoux legisfacrametitis Stimmarwm, . - <~ttm índice locupletipim, J Mexici,excudebat Antonius de Eípinofá • Cumpriuilegío. 1566 15^5] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 139 del ylluftriffimo feñor don || Fray Alonso de Montúfar, de la dicha Ciu- dad. || Meritiflimo.” (Vi estas hojas en poder del Sr. D. J. F. Ramírez, y estaban encuadernadas al fin de un ejemplar de la edición latina del Concilio de Trento, hecha en Salamanca, en casa de Juan de Cánova, 1564, en 40 [vendido, n? 169, £ 16 = $ 80]. La impresión de ellas debe ser del año de 1 565, pues como en ese año se celebró el que se conoce con el nombre de Segundo Concilio Mexicano, para recibir los decretos del general de Trento, es bastante probable que el Sr. Arzobispo mandase imprimir estas bulas y catálogos, con motivo del Concilio que celebraba.) 1566 47* Reverendi Patris Fratris Bartholomaei á Ledesma, Or- dinis Praedicatorum et Sacrae Theologiae Professoris,de Septem Novae Legis Sacramentis Summarium. Cum indice locuple- tissimo. El escudo del Sr. Arzobispo Montúfar. Mexici. Excudebat Antonius de Espinosa. Cum privilegio. 1566. (Véase la fotolitografía.) En 4° letra romana.—4 ff. preliminares, que contienen: Portada: á la vuelta un privilegio real, fechado en Madrid, á 27 de Junio de 1563.— Licencia del Arzo- bispo de México para la impresión, 22 de Diciembre de 1560.— Licencia del pro- vincial de los Dominicos, Fr. Domingo de Santa María: Tepetlaoztoc, sábado 10 de Junio de 1559.— Petición del autor, á la Audiencia, para que en el original de la obra, aprobado para la impresión, se le permita intercalar algunas cosas acerca de los Sacramentos,dispuestas recientemente porel ConcilioTridentino.— Autode la Audiencia para que ocurra al Arzobispo, y con licencia de éste pueda proceder á la impresión de las adiciones.— Licencia del Arzobispo para ello, 8 de Octubre de 1565.— Dedicatoria del autor al Sr. Arzobispo Montúfar (en latín).—Aproba- ción ó recomendación de la obra, por el Dr. Luis de Anguis, catedrático propie- tario de Decreto en la Universidad (en latín).— Otra recomendación de la obra, por el Lie. Esteban del Portillo, Vicario General (en latín).— Prólogo (en latín). En estos preliminares consta que la obra fué escrita de orden del Sr. Arzobis- po Montúfar. Texto, en latín, ff. 1 á 404. En la vuelta de la última el escudo del impresor y el colofón: T[AD LAUDEM DEI ET GLORIOSISSIM.E || matris eius, nec non omnium Sanctorum, &ad profeéhim &|| vtilitatem fidelium, fub fedis Apoftolicae, ac piorum omni-||um benigna correólione, Summariü omniü Sacramen || torum á Reuerendo Patre Fratre BARTHO || LOMiEO á Ledefma predicatorio fami || liae ac facrae Theologiae Magi ¡| ílro aeditum, foeliciter fi || nem habet. (El escudo del impresor.) 140 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1566 Tf Excuífum Mexici, apud Antonium de Efpinofa || Anno Domini, 1566. Die. 25JI méíis Februarij. Siguen 16 ff. sin numerar, con dos diplomas de Pió IV, concediendo ciertas fa- cultades á los sacerdotes de Indias; el Index copiosissimus rerum, y la fe de erratas. La obra se reimprimió, corregida y aumentada, en Salamanca, apud Heredes Mat- thi<£ Gastii, 1585, fol. (El ejemplar descrito está en mi poder. El de la biblioteca del Sr. D. José F. Ramírez se vendió [n? 441] en £ 22 = $ 110.) r. Bartolomé de Ledesma era natural de Nieva, cerca de Le- desma, en el obispado de Sala- manca, é hijo de Bernardo de Ledes- ma y Juana Martín. En el famoso con- vento de S. Esteban de aquella ciudad episcopal tomó el hábito de Santo Do- mingo, el 19 de Marzo de 1543. Cuan- do el Illmo. Sr. Montúfar, de la misma orden, vino á ocupar el arzobispado de México, pidió y trajo consigo dos de sus religiosos para que le ayudasen, y uno de ellos fué nuestro Fr. Bartolomé, quien gobernó el arzobispado doce años de los diez y siete ó diez y ocho que el Sr. Mon- túfar tuvo la mitra. En 15 de Abril de 1567 recibió en esta Universidad la borla dedoctory obtuvo lacátedra de Primade Teología. La estaba desempeñando al llegar á México en 1572 los primeros jesuítas, y los padres Pedro Sánchez y Pedro Diaz argüyeron aquí por prime- ra vez en un acto público que presidió nuestro Ledesma. Fué también Cance- lario de la Universidad, por viaje á Es- paña del Maestrescuelas D. Sancho Sán- chez de Muñón. Muerto el Sr. Mon- túfar en 1572, y trasladado en 1580 al virreinato del Perú D. Martín Enríquez, acompañó á éste el P. Ledesma, en clase de confesor. Allá le nombraron regente del convento de Lima, y catedrático de Prima de Teología en la Universidad de S. Márcos. Renunció la mitra de Pa- namá; pero aceptó la de Oajaca, y se con- sagró en 1583. Fundó en la capital de su diócesis el colegio de S. Bartolomé, con principal de veintiocho mil pesos, para doce estudiantes nativos de la mis- ma ciudad, que por pobreza no pudieran pasar á estudiar en México. Estableció en su iglesia una cátedra de Teología Moral, con dote de cuatrocientos pesos, y fué la primera que obispo de la orden de Sto. Domingo fundó en las Indias, y que se leyó en iglesia catedral, por lo cual era patrono de ella el obispo, y ele- gía catedrático de entre dos religiosos que la orden le presentaba. Debiósele también la fundación del convento de re- ligiosas de la Concepción, para lo cual trajo fundadoras del de Regina Coeli de México: fincó además dos mil pesos para que diariamente se repartiera pan á los pobres en la portería del convento de dominicos de Oajaca. En su patria fundó dos capellanías para clérigos po- bres; y á su convento de S. Esteban de Salamanca socorría con mil pesos cada año, además de haberle cedido el privile- gio de las dos ediciones de su obra. En 1585 asistió al tercer Concilio Mexicano, y lleno de méritos falleció en su obispa- do á fines de Febrero de 1604. Duró lar- go tiempo la fama de su tratado de Jus- titia et Jure, que acudían á oir y copiar los estudiantes de Leyes de la Universi- dad, y escribió otras obras que perdió en el mar, viniendo del Perú á su diócesis. (Dávila Padilla, lib. II, cap. 47.— Remesal, lib. XI, cap. 17.— Quetif y Echard, tom. II, pá- gina 352.— González Dávila, Teatro Ecles. de Indias, tom. I,pág. 227.—Meléndez, Tesoros verd. de las Indias, tom. I, pág. 527.— Nic. Ant., Bibl. Hisp. Nova, tom. I, pág. 195.— Burgoa, Geogr. Descrip., fol. 410 vto.— Florencia, Hist. de la Comp. de Jesús, pág. 157.— Eguiara, pág. 395.— Alcedo, Dice, de Amcr., tom. III, pág. 353.— Be- RISTAIN, tom. II, pág. 171.) 15^7] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. l567 48. Fr. Pedro de Feria. Doctrina Cristiana en Lengua Za- poteca. No he visto este libro. El Sr. Dr. D. C. H. Berendt me comunicó, por carta fechada en Mérida de Yucatán á 23 de Marzo de 1871, la descripción de su ejem- plar; y en la Bibliotheca Browniana se encuentra la de otro. Difieren en cuanto al título. El Dr. Berendt me dió éste: “ Aqui comien9a vna doctrina xpiana que trata de las cofas que todo fiel xpiano es obligado a creer y obrar para fe faluar.” El de la Bibl. Browniana dice así: “Doctrina Christiana en lengua castellana y 9apoteca: compuesta por el Rev. Padre Fr. Pedro de Feria, provincial de la orden de Sancto Domingo, en la pro- vincia de Sanctiago de la Nueva Hespaña. En México, en casa de Pedro Ochar- te, 1567.” El redactor del Catálogo añade que estando incompletas en el ejemplar la por- tada y las fojas preliminares, puede no ser enteramente exacto ese título, y así lo creo. En 49, 8 ff. preliminares: ff. 1 á 116 de texto: el castellano en Icttíl gÓttCd, y el zapoteco en romana: grabados en madera. El Dr. Berendt no habla de ff. preliminares, lo cual me hace creer que faltaban en su ejemplar, y que el título que me comunicó es el que solía ponerse en la ca- beza del texto, pues allí se usaba de las palabras Aqui comienza, y no en la portada. Ambas descripciones concuerdan en el colofón, que es como sigue: If E gloría g alabanza be uro ítebeptor Jefu Xpo,g be ||fu beitbítíífíma mabre nra fenora g be nro glotíofo g fan || etíffimo pabrefaitcío domingo: g pa btílíbab g prmte=|| e1)o be las atas, aguí fe araba la beelaraeío breue g eópe||bíofa b la boetrta apiana en legua ©fpaftola g ||fenteeía por frutecía: eopuefta por el mug b prior prouU cíal be la orbe be los jf ragles be faneto JDomtgo eñfía ua (Kfpaña.llJfue ítuplfa eñfta ntug leal g ínfígne cíubab be fiflexíeo||en cafa be JJebro ©citarte, iprefTor be libros, co líecría|| bl ílluftríifímo g reue= rebíífímo Señor bojfrag £Uofo bellí-Ebíufar, arfobífpo merítílfímo b la bíci)a eíubab: aca|| bofe a bíef g oeíjo bías bl mes b IHarfo be 1567. años. Pedro de Feria, llamado así por el lugar de su nacimiento en Extremadura, pues su verdade- ro apellido era González, nació hácia el año de 1524. Enviáronle sus padres á estudiar en la Universidad de Salaman- ca, y en el convento de S. Esteban de la misma ciudad tomó el hábito de Sto. Do- mingo, habiendo profesado á 5 de Fe- brero de I545,en manos del célebre teó- logo Fr. Domingo de Soto. Pasó á la Nueva Españaen 1551, traído, según pa- 142 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [>567 rece, por Fr. Vicente de las Casas cuando regresó de España, después de la muer- te del fundador Fr. Domingo de Betan- zos, á quien había acompañado.1 Desti- náronle los superiores á Oajaca, y fué prior de Teticpac; en aquel convento compuso la Doctrina Zapoteca. En 1558 era definidor, y estaba en Yanhuitlan. Fué también prior del convento de Mé- xico, cargo que desempeñaba cuando el provincial le mandó que fuera por vica- rio provincial, con otros cinco religio- sos, á la expedición que en 1559 envió el virrey D. Luis de Velasco á la Flori- da, al mando de D. Tristán de Arellano, y de la cual ya hemos hablado en la vi- da de Fr. Domingo de la Anunciación. Participó allá Fr. Pedro de los rudos trabajos de sus compañeros, y enfermó de una asma que le duró todo el resto de su vida. Viendo el mal éxito de la expe- dición, y que todos iban á perecer en aquellas soledades, pidió y obtuvo del general, que le permitiese volver á Mé- xico, por la Habana, en solicitud de so- corros: así lo hizo, y consiguió que se despachase un buque con provisiones. No volvió ya Fr. Pedro á la Florida, si- no que en 22 de Septiembre de 1565 fué electo provincial de la provincia de San- tiago de Predicadores de la Nueva Es- paña. Concluido el tiempo de su gobier- no, le enviaron en 1570 á España y Ro- ma, con el cargo de procurador. A con- secuencia de la ruidosa destitución de su sucesor en el provincialato, Fr. Juan de Córdoba (V. n° 78), hecha en el capítulo intermedio del mismo año de 70, el ge- neral de la orden nombró á Fr. Pedro vicario general y visitador de Indias; pero éste le hizo presente que aquella comisión de visitador sólo serviría para desasosegar los ánimos, porque habien- do pasado el tiempo que faltaba para que 1 Mendieta (lib. IV, cap. 1) dice que vino en 1533 con Fr. Domingo de la Cruz; pero según Bur- goa (Geogr. Descr., fol. 235) era vicario del con- vento de S. Estéban, cuando se celebró allí capítulo en 1550, y tenía veintiséis años de edad; luego en 1 533, sólo tenía nueve. cumpliera Fr. Juan de Córdoba su pro- vincialato, no era ya posible reponerle en él; y esas razones hicieron desistir de su intento al general. Terminada la co- misión de procurador, se retiró Fr. Pe- dro á su antiguo convento de S. Este- ban de Salamanca, donde le nombraron maestro de novicios; cargo muy inferior á los que ya había tenido en la orden, pero que aceptó con humildad y desem- peñó con acierto. No le duró mucho aquel sosegado retiro, porque el rey le presentó para el obispado de Chiapa, y á pesar de su repugnancia hubo de admi- tirle, obligado por sus superiores. Vol- vió, pues, á América en 1575, y gobernó con aplauso su diócesis durante trece ó catorce años. Llamado á México para asistir al Concilio provincial celebrado en 1585, se puso en camino; pero en un mal paso tropezó la muía que montaba; cayó y tomó debajo al anciano obispo, fracturándole una pierna en dos par- tes: accidente que obligó á trasportarle al convento de Oajaca, para atender á su curación, que duró casi un año. Viéndo- se privado de asistir al Concilio, le diri- gió “una copiosa carta ó tratado” sobre la conveniencia de encomendar los cura- tos de los indios á los frailes, con prefe- rencia á los clérigos. Curado, por fin, de su enfermedad, re- gresó á su diócesis, donde le aguardaban graves disgustos con los religiosos do- minicos. Imbuidos éstos en las doctri- nas de Fr. Bartolomé de las Casas, y viéndose únicos dueños de la adminis- tración espiritual, porque no había reli- giosos de otra orden, y los clérigos eran poquísimos, en nadasedetenían, y no res- petaban ni aunásu propio obispo y com- pañero de hábito. El Lie. Azcueta, oi- dor de Guatemala, había hecho en Chia- pas la tasación de los indios, y quedó establecida sin contradicción; tanto,que los dominicos no hallaron inconvenien- te en confesar y absolver á los encomen- deros que cobraban los tributos confor- me á lo señalado. Mas repentinamente mudaron de parecer, y declararon unáni- 1567] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. mes que la tasación era excesiva, y que los encomenderos no podían ser absuel- tos si no la moderaban en ciertos pun- tos. Así lo proclamaron en el púlpito, á presencia del obispo, al acercarse ía cua- resma de 1577, y así lo pusieron por obra. No pareció bien aquella determina- ción al prudente prelado, y mandó á sus clérigos que continuaran absolviendo co- mo antes á los encomenderos. Repeti- das veces rogó á los dominicos que de- pusiesen tales escrúpulos y no inquieta- sen las conciencias, añadiendo que si los indios se consideraban agraviados por la tasación, acudieran á la Audiencia para que la moderara, y él mismo les ayuda- ría con todas sus fuerzas; pero que es- tando hecha aquella tasación por juez competente,y consentidaporambas par- tes, nadie tenía derecho para alterarla de propia autoridad. Las razones del obispo no tenían répli- ca; pero no hicieron mella en los domi- nicos: antes impulsados por el espíritu indómito y rencilloso de que tan tristes muestras dieron en Chiapas y Guatema- la, osaron declarar públicamente que el obispo era inabsoluble, y se negaron á con- fesarle á él mismo, y á quien confesase á él ó á los encomenderos: “del cual pe- “cado, dice el obispo, yo nunca me he “confesado ni pienso confesar.” A pe- sar de tales ofensas, siguió tratando con igual amor á los religiosos, y dándoles todo el favor que podía. Los vecinos, por su parte, llevaron muy á mal la mudanza de los domini- cos, que renovaba las alteraciones pasa- das; y para hacer algún contrapeso á su poder, así como para tener quien los ab- solviese, resolvieron llamar á los fran- ciscanos. Vinieron efectivamente, y fun- daron un monasterio. Mas, en verdad sea dicho, el obispo no olvidaba que ves- tía el hábito de Sto. Domingo, y no re- cibió con agrado la nueva fundación. Dió pocas doctrinas á los franciscanos, y aun se quejó de ellos al rey, escribién- dole que “para el poco recado que han “tenido y tienen para descargar vuestra “real conciencia y la mia con los pue- blos que les he encomendado, más es- crúpulo hay en lo que se les ha dado, “que no en no haberles dado más.” Con todo y haber sido tan corto el favor, to- davía los dominicos, que no admitían competidores, sacaron de allí un nuevo cargo contra el obispo, y volvieron á de- clararle por eso inabsoluble. Hasta le es- cribió el provincial una carta, que no tenemos, pero que á juzgar por ciertas palabras del obispo, no debió de ser muy respetuosa. El caso fué hasta la corte, y no he averiguado su término. Acaso aquellas contradicciones le au- mentaron el deseo de renunciar la mitra. Dos años después decía al rey: “V.M. “sea servido de hacerme merced de que “esta carga se me quite á mí y se dé á “persona que tenga salud y fuerzas y “las demás partes requisitas para poder “trabajary cumplir con la obligación del “oficio; y no suplico se me haga esta “merced por no trabajar ni servir á V. “M., sino por entender (por las causas “dichas) que estoy obligado á ello, y que “este es el mayor servicio que de pre- sente puedo hacer á V. M.” La renun- cia no fué admitida, y el obispo perma- neció otros nueve años en su silla, hasta que falleció en 1588, dejando fama de re- ligioso docto y observante, prelado pru- dente y benigno, obispo justo, amable, humilde y caritativo. Fué también gran cantor y rubriquista. Dávila Padilla dice, en la vida de nues- tro autor, que “escribió una Doctrina en “ lengua zapoteca, y se imprimió en Mé- “xico;” luego, en el catálogo de los es- critores de la Provincia, ya no le atri- buye la Doctrina, sino un Confesonario en la misma lengua. Burgoa habla sola- mente de una Doctrina impresa “con “título de Cartilla que le dió su humil- “de autor.” Remesal asegura que hizo Arte y Vocabulario de dicha lengua, “el “mejor y más copioso que hay.” Gon- zález Dávila menciona únicamente el Vo- cabulario, y lo mismo D. Nicolás Anto- nio. Los bibliotecarios Quetif y Echard 144 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. C15^7 dudan si la Doctrina y el Confesonario son una misma obra. Pinelo-Barcia enu- mera: “i9 Confesonario en lengua Za- capula ó Zapoteca, imp. según Remesal (si este cronista lo dice, yo no he logra- do encontrar la cita). 29 Vocabulario más copioso de la misma lengua, MS. 39 Doctrina cristiana en ella, imp. en México, Dávila en la Historia de México, fol. 672” (la cita está errada: el pasaje se halla en la pág. 594, edición de 1596; y en la 479, edición de 1625). Beristain, además de la Doctrina, que dice expresa- mente haber visto en la librería del Co- legio de S. Gregorio (yo no la encontré ya allí), lo cual no fué parte para que nos diera la fecha de la edición, atribuye al P. Feria el Confesonario, impreso, según Re- mesal (noticia que al parecer tomó de Pi- nelo-Barcia), el Vocabulario (sin decir si está impreso ó manuscrito), y por últi- mo, un Tratado Canónico remitido desde Oajaca al Concilio Provincial de México, y una carta dirigida al mismo Concilio, De la preferencia de los Regulares para las doctrinas ó curatos de los indios. De todo esto parece resultar, que Dá- vila Padilla dió los nombres de Doctrina y de Confesonario á una misma obra, lo cual no es extraño, porque suelen andar en un cuerpo ambas cosas; que no debe quedar duda de la existencia del Arte y Vocabulario, supuesta la calificación que hace de ellos Remesal; y que los dos es- critos dirigidos al Concilio, de que ha- bla Beristain, son probablemente uno solo, cuyo contenido, según arriba vi- mos, se presta á los dos títulos que po- ne aquel bibliotecario. De todas mane- ras, no quedan ya del padre Feria otros escritos, que su rarísima Doctrina Zapo- teca, de que no conocemos ejemplar en México; una Carta al rey, que en com- pañía de otros religiosos firmó como de- finidor en Yanhuitlan á 24 de Enero de 1558, y un Memorial de las cosas de Chia- pas, fecha 26 de Enero de 1579. (Documentos del Archivo de Indias, tom. V, pá- gina 473.— Dávila Padilla, lib. I, cap. 58; libro II, cap. 35.— Mendieta, Hist. Bel. Ind., lib. IV, cap. 1?—Remesal, lib. XI, cap. 1.—Burgo a, Geog. Descr.,fol. 233 et seq.—Nic. Antonio, Bibl. Hisp. Nova, tom. II, pág. 191.—González Dávila, tomo I, pág. 195.— Pinelo-Barcia, col. 736.— Quetif y Echard, tom. II, pág. 493.— Ternaux — Com- pans, Bibl. Amér.,r\°. 104.— Brunet, tom. II, col. 1223.— Bibl. Browniana, n? 266.— Cartas de In- dias, págs. 131,451,757.) 15 67 49. $efus íftaría ráctfc9. Sigue un gran escudo, que es el mismo de la portada del Confesonario breve del P. Molina, edición de 1565, impreso igualmente de rojo y negro, con dos moldes. Al lado izquierdo (del lector) tiene estas palabras, de letras rojas: j£ígttte tremptíonte noítre. Y al otro lado: £Uma milité noftr£. Abajo: ínftítuta atilinte t»eati|| jfrancífd.||<$n m caía iré Entonta iré 1567. A la vuelta de la portada: $cCU¡6¡ iíUatía jFtanCtfC9, Un grabado de la Vir- gen con el Niño, y en las esquinas cuatro grabaditos de los Evangelistas. Abajo un mascarón, y repartidos por todo el rededor unos adornos tipográficos. En 49, algo mayor que el común, todo en Ictta gótica de diversos grados: mul- titud de letras iniciales adornadas. A la vuelta de la foja Xtb un gran Calvario: otro pequeño en la XXÍX. En la XXXbtíj un S. Francisco. En todo 69 ff., inclusa la portada. 1567] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. A la vuelta de la última, el colofón: Ecabufe la ropílaríon tre la regla g to, bel bíntaiictutabo fant rácífco, g becla= raciones appoftalícas be ella mefma regla. 13 afli mefma los efíatutos generales, g el oríJtnarío bel ofRcío bíbíito, g manera be bar el habito, g la proffeflioit a los nouíeíos. iBtue uamente eorregíbo r impreco en la ínfígne g gran cíubab tie fEeríeo en eafa tie Entonto tie Spínofa frontero bel monefterío be fant Eugtiftín. Eño be mili g quinientos g fe= fenta g fíete. Eños. Termina con el escudo del impresor. (El ejemplar descrito era del Sr. D. José F. Ramírez. Vendido [n? 406] en £37 = $ 185, y anun- ciado por Quaritch en £50 = $250.) !567 50. Constituciones de la Cofradía de los Juramentos. Son dos pliegos de papel extendidos y pegados, que forman una hoja á manera de cartel, en que la parte impresa, letra romana, líneas enteras, tiene 41 centíme- tros por 29. Al lado izquierdo está un grabado de Sto. Domingo, y el título es como sigue: LAS REGLAS Y CONSTITUCIONES DE LA SANCTA COFRA- DIA DE LOS IURAMENTOS||ynílituida por la orden de fanóto Domingo, y cófirmada por nueílro muy fando Padre Pió papa quarto: a petición de la di- cha ordé, fon || las figuients (sic). Al pié de la plana: <£*mptemíeronfe eftas g perbones be la <£ofrabía be los Eu= ramentos, en ffteríeo, e eafa b ÜJebro ocljarte impresor b libros.||ancta||izaría, y proueeljo be||los proríntos. Egfc ara|| ba la Doctrina en lengua|| ntífteca: eompuefta por el || mup l&euerenbo 13abre|| frap 13eníto prouíncíal be la || üflífteea be la orbeit be || los ilirebícabores en efta||nueua ©(paña, JTtc ím=|| preíTa en Hfleríro en cafa|| be |íebro ©eljartellímprefor be libros.Ilacabofe a. 22. be Jlouíembrell be. 1567. años.HHitaus Deo.ll© Falta el fin, como se dijo. Todo el libro en lengua misteca, letra gótica, á 2 col., con grabados en madera. 1568 53. Fernández (Fr. Benito). Doctrina Cristiana en lengua Misteca. Un tomo enq9, falto de la portada, en cuya vuelta comenzaba el texto. Com- prende hoy el ejemplar las íf. íj á CC. A la vuelta de esta última se ve el colofón: HE gloría y alabanza be nucftro He|| bcptor Eefu Xpo. Eguí fe acaba la Doctrta Xpíallna en lengua Jflífteca: ropuefta por el muy 13.||pabrc frap benito jfue impreca en JEeríco en cafa be Retiro ©dictar- te, impresor be libros. E=II rabote a bepntep guatro libias bl mes b ©ñero b 1568. Eños. Sigue una hoja sin folio, signatura 1313, á líneas enteras, toda en misteco, y fal- tan las que seguían, sin que pueda saberse cuántas eran. En 4?, letra gótíea, á 2 col., sólo en misteco, con muchos grabados en madera, y algunas notas de canto llano, rojo y negro. (Biblioteca de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.) ■Sj“|ijL P. Burgoa, escritor tan pródigo lÜsxrfl de digresiones inútiles como ava- ro de fechas, no nos da la del na- cimiento de Fr. Benito Fernández, ni la de su venida á la Nueva España, ni la de su muerte. Era ya buen latino cuando entró en la orden de Predicadores, cuyo hábito recibió en el convento de S. Es- teban, de Salamanca, que tantos varones ilustres dió á la provincia de México. Continuó en aquel convento sus estu- dios, y llegó á alcanzar fama de buen pre- dicador. Allí se encontraba cuando llegó el venerable Fr. Vicente de las Casas, que iba de México en busca de religiosos, y Fr. Benito se determinó á seguirle, aun- que por no perder su compañía, le ofre- cían los religiosos de S. Esteban la cáte- dra de Artes. Venido á México, le des- tinaron los superiores á la Misteca, cuyo idioma aprendió con perfección en breve tiempo. En 1548 pidió el obispo de Oa- jaca al provincial de los dominicos que enviara ministros de su orden al pueblo de Tlaxiaco, porque el cura clérigo no entendía la lengua de los indios, ni po- 1568] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 149 día sacar fruto de ellos; y el provincial, accediendo á la petición del obispo, en- vió á los padres Fr. Gonzalo Lucero y Fr. Benito Fernández. Estando en Tlaxiaco recibió orden de su provincial para ir á doctrinar los in- dios de Achiutla. Era este un pueblo fa- moso en la antigüedad, y su administra- ción presentaba graves dificultades, por la aspereza de la tierra y ferocidad de sus moradores. Había estado aquella feli- gresía á cargo de un cura clérigo, que por no saber la lengua, y vivir en conti- nuo temor de que los indios le matasen, no hacía cosa de provecho. Rogaba al obispo con instancia que le sacase de allí; mas no se encontraba otro ministro que fuera en lugar suyo, hasta que habien- do llegado el pobre cura á términos de muerte, el obispo ocurrió al virrey para que en nombre de S. M. pidiera al pro- vincial de Sto. Domingo un ministro en- tendido en la lengua, y Fr. Benito fué el escogido. Al principio le recibieron muy mal los indios de Achiutla, y aun determinaron hacerle morir de hambre, para lo cual cercaron durante muchos dias la pequeña ermita en que moraba é impidieron la entrada de alimentos. Ha- bría perecido, sin duda, el buen misio- nero, á no ser porque unos pobres indios compasivos hallaron modo de arrojarle algunas tortillas por encima de la barda. Al cabo, los principales del pueblo, vien- do que el padre no moría, mudaron de parecer y le dejaron en libertad. Salió de su encierro con nuevos bríos para la predicación, y dejaba asombrados á los indios, por el gran conocimiento que mostraba, no solamente en el lenguaje co- mún del pueblo, sino también en el que usaban los sacerdotes y señores. Por- que es de saber, que en la lengua miste- ca hay un vocabulario especial de térmi- nos reverenciales para hablar de todo lo perteneciente á los señores, como puede verse en el Arte del P. Reyes. Tenía Fr. Benito empeño especial en borrar todos los vestigios de la antigua idolatría. Estando todavía en Tlaxiaco destruyó el famoso panteón de Chacal- tongo, donde los indios guardaban los restos de sus señores, situado en uno de los cerros más altos de la Misteca. Su- bió á él acompañado de muchos indios, quienes se detuvieron al llegar á la boca de una cueva, temerosos del castigo que no dudaban harían los dioses en el atre- vido profanador de aquel recinto, para ellos sagrado; pero el padre pasó ade- lante, solo, sin temor alguno. Penetró en la cueva, donde halló “una dilatadí- sima cuadra con la luz de unas trone- “ras que le habían abierto por encima, “y por los lados puestos poyos como “urnas de piedras, y sobre ellos inmen- sidad de cuerpos, por orden en hileras, “amortajados con ricas vestiduras de su “traje, y variedad de joyas de piedras “de estima, sartales y medallas de oro.” Yió más adentro una como recámara, y entrando en ella, la halló “con altarcillos “á modo de nichos en que tenían inmen- sidad de ídolos de diversidad de figu- “ ras, y variedad de materias, de oro, me- “ tales, piedras, madera y lienzos de pin- “turas.” Tanto en uno como en otro aposento hizo el padre grandes exclama- ciones de horror, y derribó cuanto pudo. Oyendo el ruido y los clamores, creye- ron los indios que eran producidos por los tormentos con que sus dioses afligían al padre; y como tardaba en salir, tuvié- ronle por muerto. Al fin apareció, tra- yendo en la falda del hábito los ídolos de mayor veneración, que arrojó al sue- lo y pisoteó delante de todos. Acompa- ñó esta acción con una fervorosa pláti- ca, en que demostrando á los indios sus errores, y ponderándoles la impotencia de sus falsos dioses, vencidos y derroca- dos por un solo hombre, sin otra arma que la señal de la cruz, no paró hasta conseguir que los indios mismos encen- dieran una gran hoguera en que fueron consumidos ídolos y cadáveres. Después de trasladado á Achiutla, tuvo noticia el P. Fernández de que en otro cerro alto, inmediato al pueblo, existía un famoso templo de los indios, donde [1568 150 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. éstos celebraban todavía sus antiguas ce- remonias. No descansó hasta averiguar con gran trabajo el lugar del adoratorio, y se encaminó á él, venciendo las aspe- rezas de la sierra. Halló multitud de ídolos en unos como nichos, sobre pie- dras manchadas todavía con sangre hu- mana. Inflamado su celo con aquel es- pectáculo, comenzó á derribar y pisotear los ídolos, lanzando imprecaciones con- tra ellos en lengua de los indios, para que éstos las entendiesen. Al fin descu- brió el ídolo principal, llamado “corazón del pueblo,” que era “ una esmeralda tan “grande como un grueso pimiento de “esta tierra: tenía labrado encima una “avecita ó pajarillo, con grandísimo pri- “mor, y de arriba abajo una culebrilla “con el mismo arte: la piedra era tan “trasparente, que brillaba desde el fon- “do, donde parecía como la llama de “una vela ardiendo.” Hubo persona que ofreciera tres mil ducados por aquella alhaja; pero el misionero prefirió des- truirla, como lo ejecutó, quebrantándo- la con gran dificultad, por su dureza, y luego hizo esparcir el polvo por el suelo. “No me atrevo á reprobar esta conduc- ta, dice Beristain; mas yo, en igual ca- to, habría hecho servir aquella piedra “preciosa de pedestal á una custodia del “Santísimo Sacramento en una iglesia “de España ó de Roma, para apartarla le- “jos de los idólatras.” Aunque lo que el cronista llama esmeralda sería alguna otra piedra, probablemente un chalchihuite porque esmeraldas no las había aquí, ha- bría sido, sin duda, preferible conservar alhaja tan curiosa; pero tengamos en cuenta que el fervoroso misionero debía hacer ver á los idólatras, con la destruc- ción del ídolo, que le despreciaba, y que no había ido á apoderarse de él por co- dicia, sino por apartarlos á ellos del fal- so culto que le tributaban. Supo en otra ocasión, que los indios se disponían á celebrar un solemne sa- crificio en las cercanías de Chicahuastla, lugar situado entre las sierras, y deter- minó estorbarlo. Llegó á la sazón otro religioso, llamado Fr. Diego de Ontive- ros, y nuestro Fr. Benito le llevó consi- go á la expedición. El día señalado para ella amaneció muy lluvioso, mas no por eso se desanimaron los padres, y em- prendieron la marcha por aquellas aspe- rezas, con grandísima incomodidad, has- ta llegar á un torrente que por las gran- des lluvias venía muy crecido. No quiso detenerse por ello el P. Fernández, sino que subiendo en un caballejo de un in- dio, se arrojó á pasar por donde creyó que era vado, y como no lo era, fué arre- batado por la corriente, que le llevó muy lejos, hasta que pudo asirse á un árbol y volver á la misma orilla, con ayuda del compañero, y de un indio que llevaban. No pudieron atravesar el torrente, sino hasta que cesó de llover y bajó la ave- nida. Continuaron entonces su camino, y subieron al pueblo de Chicahuastla, en lo alto de la montaña, donde pasaron la noche muertos de frió y de hambre, lo cual no impidió que Fr. Benito se levan- tara á rezar maitines y tomara una recia disciplina. Al día siguiente, dicha misa y confesados algunos enfermos, dejó allí al compañero, exhausto de fuerzas, y él solo prosiguió en busca de los idólatras, á quienes efectivamente encontró sacri- ficando en una cueva muy retirada y ocul- ta. Derribó los altares, quebró los ído- los, y trajo consigo á los principales de la congregación, quienes le siguieron su- misos, como si aquel pobre fraile viniera acompañado de un ejército. Procuró lue- go catequizarlos con bondad, y logró convertir á muchos de ellos. Infatigable el P. Fernández en su mi- nisterio apostólico, hacía frecuentes en- tradas á los pueblos de la costa del Mar del Sur, predicando, enseñando la doc- trina y alcanzando muchas conversiones con sus palabras y ejemplos, aun entre indios que no estaban á su cargo, por- que casi todos los curas clérigos ignora- ban el idioma, y los indios, como era na- tural, acudían de preferencia al religioso á quien entendían, y cuya bondad y po- breza los admiraba, porque jamás les pe- 1568] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. día nada, y se mantenía con lo que ellos querían darle, y cuando querían. Tantas fatigas, á que añadía rigurosas peniten- cias, junto con su avanzada edad, rindie- ron al fin sus fuerzas, y le sobrevino un grave accidente que le privó del uso de la palabra. Tuvo la fortuna de recobrar- le, sólo para recibir los sacramentos, y poco después terminó su carrera en este mundo, para ir á recibir el premio de sus trabajos en otro mejor. Gran sentimien- to hicieron los indios por su muerte. Enterráronle en el convento de Achiu- tla, y cuando se fabricó la nueva iglesia, colocaron el sepulcro delante del sagra- rio. Pero notando los indios que cuando los acólitos iban á encender la lámpara pisaban la losa, no pudieron sufrirlo, y acudieron al cronista Burgoa, provincial entonces, rogándole que colocara los res- tos del siervo de Dios en una urna ele- vada, que ofrecían hacer ellos á su costa; tal era el respeto que aun guardaban á la memoria de su apóstol, después del trascurso de un siglo. El provincial les hizo ver que la Iglesia no permite ese principio de culto sino para los que ha declarado dignos de él, y por lo mismo se contentaron con retirar el altar y la lámpara, poniendo además una verja al rededor del sepulcro. En los cronistas de la orden no hay noticia de que el P. Fernández escribiera otra obra que la Doctrina misteca. Fuera de las dos ediciones descritas en este nú- mero y el precedente, hallo mencionadas otras dos anteriores: las de 1550 y 1564. Pero es muy de notar que en ninguna de las dos que he visto se aluda á otra más antigua, siendo entonces uso co- mún, en tales casos, añadir las palabras agora nuevamente impresa, ú otras equi- valentes. Tampoco se sabe que exista hoy ejemplar de aquellas ediciones en alguna biblioteca de Europa ó América. Respecto á la de 1564, no tendría yo gran dificultad en negarla, puesto que su existencia sólo descansa, hasta ahora, en el testimonio de Barcia, cuya Biblioteca está llena de erratas. Mas no sucede lo mismo con la de 1550, que tiene autori- dades respetables á su favor. El historiador más antiguo que men- ciona la Doctrina del P. Fernández, es Dávila Padilla. En la vida de nuestro autor (lib. II, cap. 37) dice que fué en- viado á la Misteca, “donde estudió con “tanto aprovechamiento de discípulo, “que fué de presto maestro, y compu- “ so un tratado de doctrina cristiana, con “la mayor propiedad y elegancia de len- guaje que hasta agora se ha hecho. Su “libro se imprimió en México el año de “ I55°-.” Dávila Padilla, nacido en México en 1562, muerto en 1604, pertenecía á la misma orden religiosa, y para componer su Historia, que concluyó en 1592, se sirvió de los apuntes y relaciones de los frailes más antiguos, como lo dice en su prólogo. Por lo mismo hay que hacer gran caso de su testimonio; á no ser que por estar expresada la fecha en números, nos atrevamos á sospechar una errata; sospecha que á la verdad no tendría gran fundamento. Otro religioso dominicano, Fr. Alon- so P'ernández, dice (pág. 120): “Uno de “los que en aquellas naciones más fruto “hizo fué el siervo de Dios Fr. Benito “Fernández Varón verdaderamente “apostólico, y de excelentes virtudes. “Estudió la lengua misteca con tanto “aprovechamiento, que compuso un tra- “tado de doctrina cristiana con la ma- “yor propiedad y elegancia de lenguaje “que hasta ahora se conoce. Imprimió- le en México, año de mil quinientos “y cincuenta.” Claro se advierte que es- te autor (que nunca estuvo en México) no hizo más que copiar á Dávila Padi- lla, cuya obra cuenta entre las que le sir- vieron para componer la suya. Tenemos mejor autoridad en el cro- nista de Oajaca, P. Burgoa, cuya Geográ- fica Descripción (fol. 156 vto.) nos da el siguiente pasaje: “Compuso (Fr. Beni- “to) un libro de Doctrina Cristiana, de “los principales misterios de nuestra “santa fe, empezando desde la creación BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1568 152 “del mundo, Encarnación del Verbo Di- tino, su vida, muerte, pasión y resu- rrección, explicación de las oraciones “principales que usa la Iglesia, fuerza y “eficacia de los santos sacramentos y uso “de ellos, muy dilatados, y oraciones ja- culatorias á Dios y á la Reina de los “Angeles, con tan levantado estilo, tan- ta propiedad en los términos, y tal fuer- “za en los discursos, que después de “cientoy veinte años que há que se impri- “mió no se ha hallado palabra que “enmendar.” El libro del P. Burgoa se imprimió en 1674; pero el prólogo está fechado en el convento de Oajaca el 20 de Enero de 1671. Por consiguiente, la obra fué es- crita, cuando más tarde, en 1670; y si de esta fecha rebajamos ciento veinte años, venimos á dar justamente al de 1550. Aunque el P. Burgoa disfrutó la obra de Dávila Padilla, no cabe decir que fue- ra su única fuente, pues nos da acerca del P. Fernández, pormenores que no se encuentran en aquel autor. Nació el P. Burgoa en Oajaca á fines del siglo XVI ó principios del XVII, tomó el hábito en 1620, y vivió mucho tiempo entre los indios mistecos, cuyo idioma poseyó con perfección. Es muy probable, por no decir seguro, que vió y usó los libros compuestos por Fr. Benito. Antonio de León (Pinelo) [pág. 108], trae únicamente esta breve noticia: “ Fr. “Benito Fernández, dominico. Doctri- “na, Epístolas y Evangelios en lengua “misteca, imp.” No da fecha alguna; pe- ro en estas pocas líneas encontramos la primera (y única) mención de las Epísto- las y Evangelios. En la reimpresión del Epítome fué donde Barcia introdujo las fe- chas, así: “imp. 1550,49; 1564,49; 1568, 49,” sin expresar más. D. Nicolás Antonio (tom. I, pág. 211) sólo menciona la edición de 1568,611 49 Los padres Quetif y Echard (tom. II, pág. 136) consagran á nuestro autor el si- guiente artículo: “Fr. Benedictus Fer- nandez, Hispanus, professione Sal- “manticensis, exactis ibidem studiis, in “novum orbem missus, Indorum saluti “curandae totum se dedit medio saeculo “XVI. Plura in vastis illis provinciis “gessit ordinis munia, in quibus arden- “ tissimam conversionis indigenarum si- “tim in pectore ferventem propalavit. “Linguam mistecam ita comparaverat, “ut elegantissime loqueretur, et ut mis- “sionariis viam in Evangelii praedicatio- “ne faceret planiorem, scripsit ac edidit “ Catechismum seu de Doctrina Christia- “ na opus absolutissimum lingua mis teca, “ Mexici, 1550, in 4” Hasc de eo F. Au- “gustinus Davila Padilla, Hist. Prov. “ Mex., lib. II, cap. 37, ubi de eo fuse. “ Antonius in Bibl. Hisp. refert alteram “editionem, anni 1568, in 4?—Epistola- “rum et Evangeliorum totius anni in eamdem “linguam mistecam versio, ei tribuitur ab “Antonio Leonio in Bibl. Ind. quem “excipiunt Antonius citatus et Altamu- “ra ad 1568.” Se ve que estos bibliote- carios no hicieron másquecopiar á Dávi- la Padilla (aunque especifican el tamaño del libro, cosa que aquél no hace), y aña- dir la mención de las Epístolas y Evan- gelios, tomada de León Pinelo. Eguiara (tom. I, pág. 414) pone por título de la obra el resumen de su con- tenido que trae Burgoa, traduciéndole al latín, y en seguida añade: “Mexici, “ex typographia Petri de Ocharte, 1568, “in quarto. Alteram Mexiceam itidem “editionem de 1550 in quarto memo- “rant Scriptores Ord. Praed., tom. 2, “pág. 136, quam videre nobis non licuit, “sicut nec aliam de 1564, etiam in quarto, “cujus meminit Pinelus in Epit. Bibl. “ Occident., col. 726.” Eguiara vió úni- camente la edición de 1568. D. Antonio de Alcedo (Bibl. Amer., MS.) cita una de 1586, 49 Es de presu- mirse que hubo aquí una trasposición de números en la copia que tuve á la vista, y que se tratade la edición de 1568, pues nadie más cita la de 1586. Beristain dice de Fr. Benito Fernán- dez: “Escribió en lengua misteca: Doc- trina en que se explican la creación “del mundo, la Encarnación del Verbo 1568] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. “ Divino, la vida, pasión y muerte de Je- sucristo, con otros misterios, y los sa- cramentos y oraciones. Imp. en Méxi- {ar= i57°] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 159 te típograpip, Enno || mílleíimo, quíngentefe || tno, feptuagefímo: ntc= || fts feptemhrte tííe||tiuoüecimo||*¿IUus Beog* En el ejemplar del Sr. Sancho hay al pié del colofón esta nota manuscrita que parece ser de letra del autor: “Amiciflime lector advertas obfecro || aliquot efle errati in hoc opere,|| literas male fignatas || incuria tipographi, tuo tui j|judicio corriges, cum mihi non íit 11 data occaflio ea tipis mandandi.” Comprende el libro, según la foliatura, 304 ffl; pero según las signaturas a-J, r, aa-líp., son 316, entrando las 4 preliminares (39 pliegos de 8 ff., más 4); le- tra gótica, con los poemas, epístolas y notas marginales en romana ó cursiva. Por , todo el libro hay letras adornadas de diversos tamaños, y tres grabados en madera: J uno á la vuelta del folio 139 que representa el sistema venoso: dos en la vuelta del folio 268 y frenté' del 269: Zarzaparrilla y Smilax asiera. (Descripción formada con las noticias de los Sres. Dr. C. H. Berendt, James Lenox y D. José San- cho Rayón.) LOS MÉDICOS DE MÉXICO EN EL SIGLO XVI.1 BI5Q esde que por la culpa de nuestros primeros padres entraron en el mundo las enfermedades y la muerte, es natural que los hombres ha- yan buscado medios para aliviar sus do- lores y prolongar su vida. La casualidad unas veces, la observación otras, y aun dicen que el ejemplo de algunos anima- les, les fueron dando á conocer ciertas medicinas; y los hombres que se dedica- ban á tan importante estudio trasmitían á otros, ya de viva voz, ya por escrito, los conocimientos obtenidos, que cada día se aumentaban con los que de nuevo se iban adquiriendo. La necesidad de la medicina es tan grande y tan frecuente, que no se hallará nación, por inculta que sea, donde no haya habido médicos ó cu- randeros. El conocimiento que éstos po- seían de las propiedades de algunos sim- ples, les daba cierta superioridad á los ojos del vulgo; y para realzar ese pres- tigio consideraban, sin duda, medio pro- pio juntar el uso de prácticas supersticio- 1 Con este mismo título di, en Septiembre de 1872, unos artículos al periódico “ El Defensor Ca- tólico,” que se publicaba entonces en esta capital, y que tuvo escasa circulación. Con motivo de con- tarse varios libros de medicina entre los descritos sas con el de los remedios naturales. Así es que en los pueblos atrasados casi siem- pre andan unidas la medicina y la hechi- cería, sin que falten tampoco ejemplos de ello, aun en naciones cultas. Supuesta la creencia general en un espíritu malig- no, no es de extrañar que á él se atribu- yan los males que sufre la humanidad, especialmente uno de los mayores, co- mo lo son sin duda las enfermedades; y que por medio de ceremonias vanas se trate de contrariar aquella perniciosa in- fluencia. Los antiguos mexicanos no fueron ex- cepción de la regla. Entre ellos había médicos que tenían gran conocimiento de los vegetales; y cuando vino de Es- paña el célebre Dr. Hernández, de quien luego hablarémos, le dieron á conocer los nombres y virtudes de más de mil doscientas plantas.1 El emperador Moc- tezuma tenía jardines de yerbas medici- nales, y mandaba á sus médicos que hi- ciesen experiencias con ellas, y curasen á en la presente obra, me ha parecido conveniente reproducir aquí aquel escrito, refundiéndole y am- pliándole considerablemente con el resultado de in- dagaciones posteriores. i Clavígero, Stor. ant. delMessico, lib. VII, § 59. 160 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1570 los señores de su corte. La gente común ocurría rara vez á los médicos, por excu- sarse de pagarles, y porque era general el conocimiento de varios remedios, con los cuales se curaban, como podían, de sus enfermedades.1 Para el pronóstico ocurrían á un medio supersticioso que nos refiere el P. Motolinia.2 “Tomaban, dice, un puño de maíz, del más grue- so que podían haber, y echábanlo como quien echa unos dados; y si algún grano quedaba enhiesto, tenían por cierta la muerte del enfermo.” Añade que “si al- guna persona enfermaba de calenturas recias, tomaban por remedio hacer un perrillo de masa de maíz, y poníanle so- bre una penca de maguey, y luego de ma- ñana sácanle á un camino, y dicen que el primero que pasa, lleva el mal apega- do en los zancajos, y con esto quedaba el paciente muy consolado.” El mismo padre, en otra obra suya, hasta ahora inédita,3 nos da la noticia de que“á las mujeres siempre las curaban otras mujeres, y á los hombres otros hombres.” Parece, pues, que entre los aztecas era cosa corriente lo que ahora comienza á admitirse en al- gunas partes, es á saber, que las mujeres sean las que ejerzan la medicina general en las personas de su sexo, sin limitarse á aquellos casos en que su intervención ha sido considerada siempre como in- dispensable, por razones de decencia. Según el P. Mendieta4 los médicos, ó más bien sortílegos mexicanos, solían 1 Torquemada, Monarq. Ind., lib. XIV, cap. 14. —“Hay en todo el reino muchas yerbas medici- nales, y los indios son grandes herbolarios, y curan siempre con ellas, de manera que casi no hay en- fermedad para la cual no sepan remedio y le den; y á esta causa viven muy sanos, y casi por maravi- lla mueren, que no sea cuando el húmido radi- cal se consume.” Fr. Martín Ignacio, Itinerario del Nuevo Mundo (apud González de Mendoza, Hist. del Gran Reino de la China, Anvers, 1596) cap. 5. 2 Hist. de los Indios de Nueva España, trat. II, cap. 8. 3 Manuscrito, pág. 387 de mi copia.— Sahagún menciona varias veces las médicas. Hist. Gen. de las cosas de Nueva España, lib. II, caps. 11, 30, &c. 4 Hist. Ecles. Ind., lib. III, cap. 41. imponer á los enfermos una extraña con- dición para alcanzar la salud. “El mé- dico que era llamado para curar el enfer- mo, si la enfermedad era liviana, poníale algunas yerbas ó cosas que usaban por remedios; pero si la enfermedad era agu- da y peligrosa, decíale: tú algún pecado has cometido. Y tanto le importunaba y angustiaba con repetírselo, que le ha- cía confesar lo que por ventura muchos años antes había hecho. Y esto era te- nido por principal medicina: echar el pecado de su ánima para la salud del cuerpo.” El P. Sahagún1 nos ha conservado una buena colección de recetas, que pue- den dar idea de lo que era aquella medi- cina, y que le fueron comunicadas por los médicos de Tlatelolco, viejos y muy experimentados en las cosas de la medicina. Llamábanse Gaspar Matías, Pedro Des- trago, Francisco Simón, Miguel Da- mián, Felipe Hernández, Pedro de Re- quena, Miguel García y Miguel Mo- tolinia. Aunque estos señores curaban públicamente, no sabían leer, en lo cual quedaban inferioresáotros muchos desu raza que, sin pretender el título de hom.- bres científicos, estaban bien instruidos en lectura y escritura. Aquella ignoran- cia de las primeras letras hace creer que los dichos médicos eran de los antiguos, y no de los enseñados en la escuela de medicina que hubo para los naturales en el colegio de Tlatelolco.V Al acabar el siglo aun había médicos indios exami- nados. Compruébase con un pasaje del Confesonario de Fr. Juan Bautista, impre- so en 1599 (n° 114). Allí, en el fol. 62 vto., entre las preguntas que el confesor debía hacer á los penitentes, según su estado y profesión, se hallan varias “pa- ra los médicos,” y la primera es esta: Fingístete médico, no siéndolo, ¿úz ser examinado?” Luego había médicos indios examinados, y otros que sin serlo se en- 1 Hist. Gen. de las cosas de Nueva España, 1 ib. X, cap. 28 ; lib. XI, cap. 7, § 5. 2 Mendieta, Hist. Ecl.Jnd., lib. IV, cap. 15; lib. V, pte. Ia, cap. 41. V 1570] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 161 trometían á curar, lo cual no estaba exen- to de culpa á los ojos del buen padre, y con razón. Además de gran número de vegetales, que empleaban en infusiones, cocimien- tos y cataplasmas, así como en forma de ungüentos y aceites, usaban los indios las sangrías,1 practicándolas con lancetas de iztli ú obsidiana, de las cuales se sirven hasta hoy los curanderos para el mis- mo efecto en algunos lugares del campo. Los pobres se sangraban con púas de maguey: operación en que tenían moti- vo para estar muy diestros, por la asom- brosa frecuencia con que se sacaban san- gre de todas las partes del cuerpo para ofrecerla en sacrificio á sus dioses. El baño era también medicina favorita de los aztecas, especialmente el de vapor en el horno llamado temazcalli: consérvase hasta hoy entre los indígenas el uso de ese baño, y aun el nombre del horno. Parece que aquellos médicos adelanta- ron bastante en su profesión. El cronista Herrera2 asegura que tenían maravillo- so conocimiento de las cosas simples, y habían hecho y hacían curas muy seña- ladas en los castellanos. El P. Motoli- nia refiere que “hay algunos de ellos de tanta experiencia, que muchas enferme- dades viejas y graves que han padecido españoles largos días sin hallar remedio, estos indios los han sanado.” No era tampoco desconocida entre los aztecas la práctica de la cirugía, antes, según se dice, curaban las heridas pronto y bien. Ellos curaron en Tlaxcala á Cor- tés y sus compañeros de las heridas que recibieron en la desastrosa salida de Mé- xico, llamada la Noche triste. Acompa- ñaban también á los ejércitos en las gue- rras, á manera de cuerpo médico-militar, y á este propósito se expresa así el P. 1 “Usan poco de sangrías, y menos de purgas compuestas, por tener entre ellos otras simples con que evacúan los humores, trayéndolas del campo, y aplicándolas luego al enfermo.” Itinerario del Nue- vo Mundo, ubi supra. 2 Hist. Gen. de los Hechos de los Castellanos, Déc. II, lib. 7, cap. 16. Motolinia:1 “Tenían gente suelta para tomar desde luego los heridos y llevarlos á cuestas, y estaban aparejados los zuru- janos con sus melecinas, los cuales con más brevedad sanaban á los heridos, que no nuestros maestros zurujanos, por- que no saben alargar la cura porque les paguen más de lo que merece, como acontece entre nuestros naturales.” La fama de los médicos y cirujanos in- dios no debía de ser del todo infundada, pues apenas hecha la conquista pedía Cortés al Emperador, en 1522, que no permitiera pasar médicos á la Nueva Es- paña,2 lo cual da á entender que tenía por suficientes á los del país. Mas el Emperador no hubo de acceder á la pe- tición, porque según el Mtro. González Dávila,} “el primer médico que tuvo México fuéel Dr. Olivares, que pasó con licencia del Emperador, dada en Burgos á 8 de Julio de 1524.” Este autor, como cronista mayor de Indias, tenía motivo para estar bien informado de tales cosas, y las señas son puntuales; pero sea que el Dr. Olivares no llegara á -pasar, sea que no ejerciese su profesión, lo cierto es que aquí no se encuentra rastro de él, y que en los libros de Cabildo no apa- rece su nombre, ni Bernal Diaz, que nada se dejaba en el tintero, le menciona en su Historia, con hablar, como habla, de otros médicos. Sospecho que el Dr. Oli- vares alcanzaría merced de protomédico, ó cosa semejante, en estas partes, y no la usó personalmente, por ser común en- tonces procurarse mercedes en las In- dias, sin más fin que el de sacarles prove- cho al cederlas á otros. De todos modos, antes que el Dr. Oli- vares, había ya venido el Dr. Cristóbal de Ojeda, pues declarando en la Residen- cia de Cortés,4el 27 de Enero de 1529, dijo que era poblador y conquistador; que vio la guerra, y que conocía á Cortés de 1 Manuscrito, pág. 376. 2 Herrera, Déc. III, lib. 3, cap. 1. 3 Teatro Ecles. de las Iglesias de Indias, tom. I, Pág- 7- 4 Tom. I, págs. 107, 108, 116, 126, 134. 162 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [•57° diez años a esta parte; lo que nos hace re- troceder á 1519, en que salió la expedi- ción para la Nueva España. Pero por otra parte, parece natural que si venía con el ej ército, hubiera curado á Cortés en Tlax- cala, y no dejara ese cuidado á los ciru- janos indios. El doctor, en su declara- ción, bien contraria á Cortés por cier- to, dice también que curó muchas veces á Cuauthemotzin, añadiendo una circuns- tancia que los historiadores omiten, y es que Cortés dió tormento á Cuauhtemo- tzin, quemándole los pies e las manos. Hasta ahora se tenía entendido que el fuego se le había aplicado á los piés solamente. El Dr. Ojeda fué regidor perpetuo de Mé- xico, y tomó posesión en 3 de Agosto de 1526, lo cual no impidió que por ha- ber mostrado regocijo al saber la veni- da de la primera Audiencia, el tesorero Alonso de Estrada, que gobernaba, me- tiese de cabeza en el cepo al señor doc- tor, conquistador y regidor perpetuo, te- niéndole en tan triste posición un día con su noche; y luego otro día más, de piés, con un grueso par de grillos. El paciente mismo nos cuenta en su decla- ración ese percance. Con el ejército de Cortés andaba un cirujano que se decía Murcia, “boticario y barbero,” que no sabemos cuándo vi- no, y que pensando piadosamente no se- ría sino un curandero. Otro cirujano ha- bía, llamado Maestre Juan, que “curaba algunas malas heridas, y se igualaba por la cura á excesivos precios.” Este había venido con Narváez, y le curó el ojo que le quebraron la noche de su prisión.1 Ha- llamos también mencionados un Br. Es- cobar, soldado, médico y cirujano, que acabó por volverse loco; y un soldado, Juan Catalán, que si no curaba las heri- das por medios naturales, á lo menos las santiguaba y ensalmaba. Las pocas muje- res que venían con los españoles ayuda- ban también á las curas. A pesar de todo, el servicio médico del ejército dejaba mucho que desear; por lo común la úni- ca medicina que se aplicaba á las heridas era apretarlas con paños, y echarles aceite y sal. Aun este triste recurso faltaba mu- chas veces, y había que suplirle con unto de indios muertos; de modo que el buen Bernal Díaz, hablando de las crudas ba- tallas con los tlaxcaltecas, no puede mé- nos de exclamar: “ ¡ Oh qué mal refrige- rio teníamos, que aun aceite para curar heridas, ni sal no había!”1 A los principios de la población, la fal- ta ó suma escasez de médicos examina- dos debía producir funestos efectos en la salud de los vecinos, entregándolos en manos de charlatanes que acababan presto con los infelices enfermos. Si nos quedara duda de ello, bastaría para disi- parla una noticia que nos ha dejado el P. Fr. Antonio de Remesal.2 Después de referir las calamidades que por los años de 1532 á 40 sufrieron los vecinos de la ciudad de Santiago de Guatemala, como la destrucción de los ganados por las fieras y perros bravos, un grande in- cendio, una invasión de estafadores que lograron robar á todos los vecinos, el exceso en los juegos, &c., concluye di- ciendo: “Todos los daños que éste y los años pasados padecieron los vecinos de la ciudad de Santiago, parece que les caían de fuera, y no les tocaban inmediatamen- te á las personas y vidas, y que ya que les faltaba la paz, el gusto, la hacienda, el ganado, el oro y la plata que les roba- ban los forasteros, tenían salud en sus personas y seguras las vidas con que re- mediar tantos daños. Pues aun este con- suelo les faltó en aquellos días. Porque acabada la guerra, y sujetadas las provin- cias de la comarca, seguras las personas y vidas de las macanas y flechas de los enemigos, entró un hombre en la ciudad, que se las puso en mayor peligro que todos ellos. Dijo que era médico, ciru- jano, boticario y herbolario famoso. Pu- so tienda de medicinas, y para aplicarlas, 1 Id., caps. 65, 1 51, 204. 2 Historia de la Provincia de S. Vicente de Cbia- pa y Guatemala, de la Orden de Sto. Domingo, li- bro IV, cap. 5. 1 Bernal Díaz, caps. 122, 157. ■570] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. visitaba los enfermos, tomaba pulsos, recetaba para su casa, y hacía todas las demostraciones de un protomédico de la corte. Pero como el arte de curar la de- bía de ejercitar más por inclinación que por ciencia, y faltando el saber por sus principios, era forzoso acudir á la expe- riencia, y ésta, siendo tan dificultosa y peligrosa, había de ser á costa de los ve- cinos, pagaron tan bien la entrada de su buen médico, que enterró él solo en la ciudad más españoles en un año, que ha- bían acabado en diez las guerras de Nue- va España. Y este año de cuarenta y uno, en particular, se encarnizó de suer- te que no escapaba hombre que visitase. Y así á los 5 de Agosto (demás de otras muchas veces que en diferentes tiempos le habían requerido que no curase ni re- cetase para su botica, y no aprovecha- ba, por el ímpetu con que seguía una arte tan dichosa como la medicina, cuyas faltas cubre la tierra) le mandaron, so graves penas, que no visitase enfermos ni ejercitase la medicina, añadiendo á las pasadas el destierro de la ciudad. Por- que se había experimentado que no es- capaba persona en quien pusiese sus ma- nos. Aunque dentro de un año se vió la ciudad tan necesitada, que á los 14 de Marzo de 1542 los alcaldes y regidores en su cabildo dijeron 'e mandaron (dice el secretario), que atento que al presente en esta ciudad no hay medico que sea letrado para que cure de medicina, que el dicho N. mire á su conciencia, e haga, como buen cris- tiano , á su leal saber y entender; y que si al- guno lo llamare para curar, si algún daño le viniere por intervenir en la tal sea á culpa de la persona que asi lo llamare. É que de hoy en adelante se le alza e repone la pena!' Nada pinta como este último ras- go, la falta de profesores en aquellos tiempos, y la propensión general á acu- dir al médico, aunque conste su ignoran- cia. Curioso sería saber si los vecinos se prestaron á seguir pereciendo á manos de aquel endemoniado curandero. En México no era tan indulgente el Cabildo con los que se entrometían á ejercer la medicina, y en sus actas hay repetidas pruebas de que cuidaba de la salud de los vecinos. En cabildo de 15 de Marzo de 1524 se dió un solar á Maes- tre Diego, cirujano; y en 13 de Enero de 1525 se señalaron cincuenta pesos anua- les de salario á Francisco de Soto “bar- bero é cirujano, para que resida en esta ciudad, é sirva en ella los dichos oficios.” A principios de 1527 comenzó ya á orga- nizarse la facultad, porque en 11 de Ene- ro presentó el Dr. Pedro López “ciertas cédulas é poderes de los protomédicos de S. M., con una sustitución del Lie. Barreda, por la cual parece que le nom- bra é sustituye para usar el dicho oficio de protomédico en estas partes.” El Ca- bildo le recibió juramento de usar fiel- mente su oficio “sin amor ni desamor,” y le facultó para imponer penas al que cu- rase sin título. A pesar de eso no faltaba, como nunca falta, quien se atreviese á ejercer ilegalmente la medicina, sobre to- do en los casos de enfermedad frecuente, cual lo era entonces la de las bubas, ó mal venéreo. Así es que, sin salir del mismo año de 1527, hallamos un acuerdo del Ayuntamiento contra los curanderos. En 23 de Diciembre “ordenaron é man- daron que ninguna persona sea osado de untar á ninguna persona que esté enfer- mo de bubas é de otras llagas ó dolores, sin que primeramente venga á dar razón á la ciudad de ello, para que sea visto y exa- minado, so pena de sesenta pesos de oro por cada vez que hiciese lo contrario.” Poco después, el 22 de Enero de 151$, se repitió la prohibición en términos más generales: “Este día los dichos señores dijeron, que por cuanto á su noticia es venido que muchas personas, sin ser mé- dicos ni cirujanos examinados, curan á algunas personas, é por no saber lo que hacen, demás de les llevar sus haciendas, los matan ó dejan con muchas ocasiones de venirles muchos males y enfermeda- des, de que viene mucho daño y perjui- cio, é conviene que se provea é remedie; é proveyéndolo dijeron, que ordenaban é mandaban, é ordenaron é mandaron, que [:57° 164 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. ninguna persona que no sea médico ó cirujano examinado, é tenga título, no sea osado de curar de medicina ni ciru- gía, so pena de sesenta pesos de oro.... é dentro de tercero día, primero siguien- te, todos los que ansí curan de medicina é cirugía parezcan ante Luis de la Torre, alcalde, é ante el Dr. Hojeda é el Lie. Pe- dro López, médicos, á mostrar sus títu- los é dar razón por qué curan, porque visto por ellos, provean é manden cerca dello lo que convenga: é si curan con justo título é causa, se les dé licencia: lo cual pase ante el escribano del Cabildo.” A 12 de Noviembre de 1529 comisionó el Ayuntamiento á los mismos doctores Hojeda y López para que visitasen las “tiendas de los boticarios;” disposición que se repitió después muchas veces; y á 24 de Enero de 1530 mandaron que un Bartolomé Catalán, que sin tener tí- tulo ni facultad para ello “andaba curan- do de bubas y otras enfermedades,” se presentase á examen. El 21 de Noviem- bre de ese mismo año de 1530 se recibió por vecino al Lie. Suárez, médico, de quien no sé otra cosa. Y en el de 1533 (8 de Agosto) aparecen señalados los licen- ciados Barrera y Alcázar para examinar á un boticario, “porque en esta Nueva España no hay protomédicos de S. M.;” aseveración extraña, pues hemos visto que desde 1527 fué recibido á ese oficio el Dr. López; y en 4 de Agosto de 1536 vuelve á figurar con el mismo título en unión del Dr. Cristóbal Méndez. Parece que este último había venido á la Nueva España poco tiempo antes, y estaba todavía aquí á fines de 1538, porque el 3 de Diciembre fué nombra- do, con el Dr. Jiménez, visitador de bo- ticas y parteras. Regresó después á su patria, Jaén, y allí imprimió en 1553 un libro intitulado: “Del ejercicio y de su provecho,” en el cual refiere que presen- ció en México una operación de talla, “y extracción de una piedra del tamaño de un huevo.”1 González Dávila cita un 1 Hernández Morejón, Hist. Bibliogr. de la Medicina Española, tom. III, pág. 12. capítulo de la obra, en que el autor ven- tilaestacuestión: “Si las mujeres hilando hacen ejercicio.” Viene la cita á propósi- to de referir, tomándolo de ese capítulo, que habiendo sabido la Emperatriz que las señoras nobles de México pasaban la vida en la ociosidad, les hizo saber, por medio del Arzobispo, que les mandaba y rogaba que se ocuparan en ejercicios dignos de sus personas, y si era menes- ter, enviaría hilo y todo aparejo de hilar. Añade el cronista, que el Arzobispo les intimó la orden, haciéndoles un razona- miento muy grave, y que mientras unas señoras se dieron por sentidas, otras lo recibieron como señalada merced.1 Aun cuando había protomédicos, no dejaba por eso el Ayuntamiento de in- tervenir en el ejercicio de la profesión, como se ve en varios acuerdos. El 3 de Febrero de 1531 nombraba fiscal de los médicos, cirujanos y ensalmadores, y en general de todos “los que curan y untan de enfermedades,” á Maestre Diego de Pedraza. Aun se atrevía á contrariar las disposiciones del protomédico, porque dió licencia á Pedro Elernández, barbe- ro, para que curase de bubas “ no embar- gante que el Lie. Pedro López, proto- médico, le ha mandado que no cure” (1° de Febrero de 1527). Años después (13 de Octubre de 1536) tasaba los honora- rios de los médicos, fijando el de un tos- tón (ó sea medio peso) por cada visita, porque cobraban honorarios excesivos, y como había ya mucha gente en la ciu- dad, ganaban más. Tal providencia re- sultó ineficaz, como todas las de su cla- i Todo esto lo refiere Gil González Dávila co- mo ocurrido en 1530; pero entonces no había Ar- zobispo en México; y así es que dió por anticipa- ción al prelado el título que no tuvo sino hasta mucho después (Teatro Ecl. de las Igl. de Ind., to- mo I,pág. 24). La fecha no está errada (como lo están muchas del Teatro Eclesiástico), porque en la carta que el Sr. Zumárraga y otros padres escribie- ron al Consejo de Indias en 27 de Marzo de 1531 dicen: “Y no va esto fuera de lo que nuestra señora la Emperatriz ha mandado: que las mujeres de esta tierra hilen: ojalá así fuese.”—Véase mi biografía del Sr. Zumárraga, Apénd., pág. 53. 1570] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. se, y pasados cuatro años, se quejaba de los médicos y boticarios Fr. Toribio de Motolinia, en estos términos: “En México, cuando algún vecino adolece y muere, habiendo estado veinte dias en cama, para pagar la botica y el médico ha menester cuanta hacienda tiene, que apenas le queda para el entierro— Oi decir á un casado, hombre sabio, que cuando enfermase alguno de los dos, te- niendo cierta la muerte, luego el marido había de matar á la mujer, y la mujer al marido, y trabajar de enterrar el uno al otro en cualquier cementerio, por no quedar pobres, solos y adeudados.”1 Y el mal que el buen misionero deploraba hace tres siglos, aun nó se destierra en nuestros días. En las expediciones emprendidas des- pués de la conquista, era ya uso llevar quien curase á enfermos y heridos. Cuan- do Cortés fué á las Hibueras tomó con- sigo al Dr. Pedro López, médico, y á Maese Diego de Pedraza, cirujano; este último vino á poco de ganada la ciudad: fué poblador antiguo: casó aquí: mantu- vo armas y caballo: no sólo fué á esa ex- pedición, sino á cuantas se hicieron á Pá- nuco,y en todas sirvió sin interés.2 Tam- bién acompañaron facultativos á Cortés en la expedición á Californias.5 Ñuño de Guzmán tenía en su ejército al Lie. Die- go Núñez, que ejercía entrambas profe- siones, y que sin duda daba también la mano á la pelea, porque fué herido en un reencuentro.4 Todo esto prueba que iba creciendo el número de facultativos ve- nidos de España, porque en aquellos días aun no había en México enseñan- za de medicina para españoles. La cáte- dra de la Universidad no se fundó sino hasta el 21 de Junio de 1578; aunque por otra parte hallamos que ya desde mucho antes se conferían grados de esta facultad, porque á principios de Septiem- bre de 1553 recibió el de doctor el Lie. Pedro López;1 y el mismo obtuvo, á i9 de Diciembre de dicho año, el Br. Da- mián de Torres, á quien argüyó Juan Vázquez de Avila, doctor en la misma ciencia.2 Varias veces he citado en las páginas precedentes el nombre de Pedro López, y aquí es lugar de advertir que induda- blemente hubo entonces en México dos médicos de este mismo nombre y apelli- do. En otra obra1 hablé acerca de esto, y aquí me conviene aquilatar y coordinar mejor aquellos datos, añadiendo algunos nuevos. Esto y mucho más merece un varón santo y sabio, que si no nos legó escritos, dejó memoria imperecedera en sus virtudes y fundaciones piadosas. Desde 1524 vemos figurar á un Pedro López, como médico de Cortés, en la expedición de las Hibueras.4 Envióle el jefe desde Trujillo á la isla de Santo Do- mingo en busca de socorros, y en la tra- vesía padeció naufragio, de que escapó, literalmente, en una tabla.5 Hubo de ser tenido en México por muerto, como to- dos los de aquella expedición, porque durante ella, el 15 de Diciembre de 1525, su mujer, Ana de Castellanos, pidió al Cabildo que le diese por servida (es de- cir, en plena propiedad, por haber cum- plido las condiciones de la concesión primitiva) una tierra para huerta que es- taba dada á su marido, porque “agora, con necesidad que tenía para criar é sus- tentar ciertos hijos suyos é del dicho su marido, la había vendido.” Volvió, sin embargo, el Lie. López, asistió á Luis 1 Estatutos de la Universidad de México (ia ed.), prólogo. 2 Plaza. Crónica de la Universidad, MS. 3 México en 1554, págs. XLII y 204. 4 Fué también en ella un licenciado Valdivia, de quien no hay otra noticia, y que más adelante puso demanda de mil pesos á Cortés, “por lo que le curó á él é á sus criados en Cabo de Honduras.” Documentos Inéditos del Archivo de Indias, tomo XXVIJ, pág. 154. 5 Bernal Díaz, caps. 174, 183. 1 Hist. de los Ind. de Nueva España, trat. I, ca- pítulo 14. 2 Relación de Baltasar Dorantes, MS. 3 Bernal Díaz, caps. 174, 200. 4 Carta de Ñuño de Guzmán 1i S. M., 8 de Julio de 1 530, apud Documentos del Archivo de Indias, to- mo XIII, pág. 367. 166 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [■57° Ponce en su última enfermedad (152,6), y fué el primer protomédico de Méxi- co, recibido por tal, como antes dijimos, en cabildo de 11 de Enero de 1527.* Tres días después se le hizo merced de un so- lar en la calle de la Perpetua, donde la- bró la suntuosa casa de que hace men- ción Francisco Cervantes de Salazar, en estos términos: “Alfaro. ¿De quién son esas casas cuya fachada de piedra labra- da se eleva toda á plomo, con una ma- jestad que no he notado en otras? Her- moso es el patio, y le adornan mucho las columnas, también de piedra, que for- man portales á los lados. El jardín pa- rece bastante ameno, y estando abiertas las puertas, como ahora lo están, se des- cubre desde aquí. Zamora. Estas casas fueron del Dr. López, médico muy há- bil y útil á la república. Ahora las ocu- pan los hijos que dejó, que son muchos, y no degeneran de la honradez de su padre.”2 De consiguiente el doctor ha- bía muerto ya á mediados de 1554, fecha en que escribía Cervantes Salazar; y aqúí deben darse por terminadas, á mi pare- cer, las noticias relativas al primer Pe- dro López, perteneciendo al segundo las demás que se encuentran referentes áun médico del mismo nombre. Este segundo y más célebre Pedro López no fué hijo del primero. Nació en 1527: esta fecha no se opone á su des- cendencia de aquél; lo que se opone es haber nacido en la villa de Dueñas, en Castilla.3 Del primer López sabemos que estaba aquí en 1526 y 27; y si el se- gundo hubiera sido hijo suyo, habría na- cido en México, no en España. Dese- chando, pues, esa filiación, que antes juzgué probable, diré únicamente que nuestro segundo López figura en Méxi- co por primera vez cuando recibió con gran pompa el grado de doctor en Sep- tiembre de 1553. Ejerció aquí la medi- cina con aplauso general, y no era me- nos estimado por sus virtudes: vivía en el siglo como en un claustro. Era tanta su caridad, que no contento con asistir sin paga á los pobres, los socorría ade- más con abundantes limosnas, que les dejaba debajo de la almohada. Más de cuarenta años fué médico del convento de Santo Domingo, por especial devo- ción á la orden, y solía quedarse á pasar allí las fiestas principales, acompañando á los frailes en el coro. “Tan docto co- mo dado á la caridad”1 fundó en 1572 el hospital de S. Lázaro, y diez años des- pués, en 1582, el de S. Juan de Dios, con título de la Epifanía, para curación de mestizos y mulatos: luego estableció allí mismo una casa de niños expósitos, y una cofradía de personas distinguidas, bajo la advocación de Ntra. Sra. de los Desamparados, para que los recogiesen y cuidasen. Grata debe sernos la memo- ria del caritativo Dr. Pedro López, por haber sido el primero que fundó entre nosotros un asilo para esos séres desva- lidos, más de sesenta años antes de la memorable asamblea en que el glorioso S. Vicente de Paul los puso bajo la pro- tección de las primeras damas de París, y casi dos siglos antes de que el Illmo. Sr. Arzobispo Lorenzana inmortalizase su nombre con la creación del estableci- miento de que hoy goza la capital.2 Y sin embargo, ni una estatua, ni un mo- numento, ni una triste inscripción re- cuerdan al pueblo lo que debió á aquel doctor caritativo: ningún asilo de la des- 1 No hallo cómo conciliar este nombramiento de protomédico en el Dr. López, el año de 1527, con el otro que recibió en Agosto de 1536. No queda el recurso de aplicar este último al otro Pe- dro López, porque en esa fecha sólo tenía nueve años de edad. Hay necesidad de suponer que los dos nombramientos recayeron en el primer López: el uno por sustitución del Lie. Barreda, y el otro directamenre por la ciudad. 2 México en 1554, pág. 121.— Dorantes en su Relación MS. habla de este doctor y de su familia. Dice que fué uno de los primeros pobladores que vinieron casados. 3 Fr. Alonso Franco, Segunda parte de la His- toria de la Provincia de Santiago de México, Orden de Predicadores, MS., lib. I, cap. 37. 1 Estatutos de la Universidad (ia ed.), prólogo. 2 Torquemada, Monarq. Ind. lib. III, cap. z6. —Orozco y Berra, Dice. Univ. de Hist.y de Geog., tom. V, págs. 751, 760. *57°] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 167 gracia lleva su nombre: usúrpanle tal vez otros que aumentaron los males de la humanidad, lejos de aliviarlos; y la memoria del Dr. López apenas se con- serva en vetustas crónicas que nadie lee. Así cuida México de sus verdaderas glo- rias. Nada importa el olvido al benéfico doctor; él no trabajaba por ese poco hu- mo que se llama gloria mundana: á pre- mio más alto aspiraba, y le habrá con- seguido: á nosotros importaba mucho más mostrarnos agradecidos, y provocar con nuestros homenajes la imitación de virtudes, no de vicios. El Dr. Pedro López, en edad ya avan- zada, se retiró totalmente del mundo, y fué á acabar sus días en su hospital de S. Lázaro. En 1596 otorgó testamento, instituyendo por herederos y patronos del otro hospital á sus hijos el Dr. D. José, cura del Sagrario, el Dr. D. Agus- tín, D. Nicolás, Catalina, D^1 María y Juana, “habidos legítimamente de la Sra. Juana de León,”1 y falleció con el hábito de Sto. Domingo, el día 24 de Agosto de 1597, siendo de edad de setenta años. Enterróse en el conven- to de los dominicos.2 La familia conser- vó poco tiempo el patronato del hospi- tal, y le entregó en 1604 á los religiosos de S. Juan de Dios, quienes le dieron el nombre de su patrono, trocado hoy, no sé por qué, en el de Morelos> y la Cuna per- maneció allí, por lo menos, hasta 1694.3 Al mediar el siglo XVI moría en el convento de los franciscanos el lego Fr. Lúeas de Almodovar, que tuvo don de curar, y era enfermero del mismo con- vento. Habiéndose puesto en sus ma- nos el virrey D. Antonio de Mendoza, desahuciado de los médicos, recobró la salud, y lo mismo consiguieron otros muchos, entre ellos el célebre agustino Fr. Alonso de la Vera Cruz. Había por aquellos días en México otro medico fa- moso, el Dr. Alcázar, y cuando enferma- ba, no quería que nadie lo curase, sino Fr. Lúeas. Juntaba el buen lego la cien- cia con la virtud, y al tiempo de su muer- te se vieron señales milagrosas que acre- ditaban su santidad, según refiere un antiguo cronista.1 Contemporáneo de Fr. Lúeas, aunque al parecer no semejante á él en virtud, fué otro lego cirujano de la misma or- den, Fr. Pedro de San Juan, contra quien despachó el virrey D. Antonio de Men- doza, á 26 de Noviembre de 1543, un mandamiento de prisión, porque se ha- bía huido del convento de Zapotitlán, y andaba en hábito secular por los pue- blos. El despacho fué dado á petición del provincial, y en él se prevenía que, aprehendido el reo, fuese entregado al padre comisario de la orden.2 Poco hace hablamos del Dr. Alcázar: con frecuencia se encuentra su nombre en los documentos antiguos; pero no hay noticias de su vida. Sólo conocemos de él un rasgo que le honra: ofreció á la ciudad curar de balde á los pobres, y que si era cosa de cirujano, él enviaría uno á su costa; añadiendo que si cuando se le llamase estaba ocupado, buscaría y pa- garía otro médico que fuera en su lugar. La ciudad aceptó agradecida la generosa oferta y mandó que se pregonara.3 Algún tiempo después, hácia llegó á México el Dr. Pedro Arias de Benavides, natural y vecino de Toro. t Había desembarcado en Honduras por los años de 1550; y de los setenta y seis pasajeros que le acompañaban, murieron setenta en el breve espacio de ocho días, víctimas de una enfermedad que llama- ban la chapetonada, nombre derivado dep de que allí daban á los nuevos 1 Cabrera, Escudo de armas de México, § 857. —Memoria de la Corporación Municipal que funcio- nó en 1851, pág. 256.— México en 1554, pág. 204. 2 P. Franco, ubi supra.— Dávila Padilla, li- bro II, cap. 25. 3 Sermón predicado por el P. Fr. Pedro Anto- nio de Aguirre en la iglesia de S. Juan de Dios el 22 de Agosto de 1694.— Torquemada (lib. III, cap. 26) hace mención del Hospital de los Desam- parados y de la Cuna. 1 Mendieta, Hist. Ecles. Ind., lib. V, pte. Ia, cap. 49. 2 Libros de Mercedes del Archivo General. 3 Acta del Cabildo de 10 de Noviembre de 1553. 168 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [■57° en la tierra. Entre los siete que escapa- ron se encontraba el célebre Dr. Zurita, que iba proveido oidor de aquella Au- diencia, y luego pasó á la de México. Benavides estuvo cuatro años en Guate- mala, y de allí vino á México, donde dice que “tuvo á su cargo ocho años un hos- pital en que se cura de la enfermedad del morbo gálico, más que en toda España.” Refiérese, sin duda, al hospital del Amor de Dios, que estaba destinado especial- mente á la cura de esa enfermedad, tan extendida entonces. Pero es extraño que habiendo residido largo tiempo en Mé- xico el Dr. Benavides y ocupado un em- pleo distinguido, no hubiera aquí quien nos dijera algo de él, y todo lo que sa- bemos se reduce á lo que se saca del li- bro que á su regreso imprimió en Espa- ña, y se intitula: “ Secretos de Chirurgía, especial de las enfermedades de Morbo gálico, y Lam- parones, y Mirrarchia, y asimismo la ma- nera cómo se curan los indios, de llagas y heridas y otras passiones, en las In- dias, muy útil y provechoso para en Es- paña, y otros muchos secretos de Chi- rurgía hasta agora no escriptos. Dirigido al serenísimo y esclarecido y muy alto y poderoso Señor Don Carlos, príncipe de las Españas &c. Señor nuestro. Com- puesto por el Doctor Pedrarias de Be- navides, vecino y natural de la ciudad de Toro. Impreso en Valladolid, por Fran- cisco Fernández de Córdova, Impresor de la Magestad Real. Có previlegio. Tas- sado á real y medio en papel. Año 1567.” En 8?, letra gótica.1 Como Benavides imprimió su obra en España, cabe hasta ahora al Dr. Francis- co Bravo la honra de haber sido el pri- mero que publicó en México un libro de medicina. Han sido vanas mis dili- gencias para adquirir noticias biográficas de este autor: sábese únicamente, por su libro, que era natural de Osuna, y que en 1553, cuando empezaba á practicar, observó en Sevilla una epidemia. Pare- ce que aquí escribió la obra que descri- bimos en este n(? 57, cuyo título es Opera Medicinalia, y salió de las prensas de Pe-j dro Ocharte en 1570. Ese mismo año, por el mes de Sepí tiembre, llegaba á México el famoso Dr. Francisco Hernández, médico de cáma- ra de Felipe II. Era de Toledo el doc- tor, y había nacido por los años de 1517 ó 18. Nada se sabe de su vida antes del viaje á la Nueva España, adonde vino comisionado por el rey para escribir la historia natural del país, con referencia á la medicina. Gastó siete años en el des- empeño de su comisión, haciendo conti- nuos viajes, y sufriendo contradicciones y graves enfermedades que le pusieron á orillas del sepulcro. Se ha dicho gene- ralmente que Felipe II proveyó con mu- nificencia régia á los gastos de la expedi- ción, y que le costó sesenta mil ducados; pero documentos publicados en nuestros días1 han hecho ver que á Hernández se daba solamente un moderado salario, aunque no sabemos á punto fijo cuál era, sin ayudarle con nada para gastos ex- traordinarios, ni aun para los que le oca- sionaban sus frecuentes viajes. Tampoco se le señaló persona que le ayudase, co- mo es de uso en casos tales, y no tuvo otro auxiliar que un hijo suyo. A pesar de todo, nunca desmayó en aquel gran trabajo. Para dedicarse enteramente á él, no quiso ejercer la medicina en Mé- xico, “dejando de ganar (como dice en una carta al rey) más de veinte mil pesos á curar; y á otros ejercicios usa- dos en esta tierra, muchos más, á trueco de emplearme totalmente en el servicio de V. M. y consumación de la obra.”1 No contento con describir y sacar dibu- jos de las plantas y animales de la Nue- va España, hacía probar prácticamente en los hospitales la eficacia de las medi- cinas; y valido de su título de protomé- 1 No he visto este libro. Cuanto digo de él y de su autor está tomado de los Suplementos MSS. del Sr. Ramírez á la Biblioteca de Beristain. 1 Cartas del Dr. Francisco Hernández á Felipe II, apud Col. de Doc.para la Hist. de España, tomo I» pág. 362. 2 Ubi supra, pág. 376. "57°] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 169 dico, convocó á los facultativos que ha- bía entonces en la ciudad para que hicie- ran ensayos semejantes, y le comunica- ran el resultado de ellos. Al fin llevó á España, en Septiembre de 1577, diez y seis volúmenes de texto y estampas ilu- minadas, en que se contenía la historia natural; y uno más con varios escritos sobre las costumbres y antigüedades de los indios. De todo dejó en México tras- lados, que han desaparecido. Escribió la obra en latín: parte de ella vertió al es- pañol, y bajo su dirección comenzaron los indios una traducción al mexicano. Llegado Hernández á España, sufrió el golpe más sensible para un autor, viendo que en vez de procederse desde luego á la impresión de su grande obra, como él se había figurado, fué sepultada en los estantes de la biblioteca del Es- corial; bien que con toda honra, porque los libros fueron “encuadernados her- mosamente, cubiertos y labrados de oro sobre cuero azul, manezuelas, cantone- ras y bullones de plata muy gruesos y de excelente labor y artificio.”1 Mas aquel lujoso vestido no sirvió de defensa á la obra, que al fin pereció, casi un siglo des- pués, en el grande incendio del Escorial ocurrido el 7 y 8 de Junio de 1671, sal- vándose nada más unas hojas de dibu- jos, bastantes tan sólo para aumentar el sentimiento de tal pérdida. El Dr. Her- nández sobrevivió poco más de nueve años á su regreso, pues falleció el 28 de Enero de 1587. Inmediatamente después de la muer- te del autor, ó acaso antes, ordenó el rey á otro de sus médicos de cámara, el ita- liano Nardo Antonio Recchi, que for- mase un extracto ó compendio de la obra de Hernández, reduciéndola á lo más ne- cesario para la medicina. Hízolo así, y también quedó inédito el compendio, cayendo en olvido á consecuencia de la muerte del autor. Mas el príncipe Fe- derico Cesi, que en 1603 había fundado en Roma la Academia de los Linceos} la más antigua de Italia, y entre cuyos indi- viduos se contaba Galileo,1 tuvo noticia del manuscrito de Recchi, y logró ad- quirirle. Desde luego emprendió su pu- blicación, costeando los gastos de abrir las láminas, y repartiendo entre los aca- démicos el trabajo de notas y adiciones. La obra se publicó por primera vez en 1628; edición que algunos niegan y que no hemos visto, pero que se encuentra anunciada en catálogos de libreros2con el título de Rerum Medicarum Nova Hí- spanla Rhesaurus, que es el mismo de la edición de Roma, 1651, publicada des- pués de la muerte del príncipe Cesi, ocu- rrida en 1630. Forma un grueso tomo en folio, con muchas figuras de plantas y animales, grabadas en madera. Hay quien diga que las dos ediciones son una misma, con diferentes portadas. No po- demos verificar el aserto, por no tener á la vista más que la de 1651; pero es cier- to que una de las partes de que ésta se compone tiene licencia para la impre- sión con fecha de 1628. El compendio de Recchi está acompañado de diversos trabajos de los académicos Linceos, sien- do el más notable las 'Rabias phytosophi- cas, formadas por el príncipe mismo, y que contienen una sinopsis completa de la botánica: trabajo muy estimado por los inteligentes, y que dicen sugirió á Lineo su célebre sistema de la clasifica- ción de las plantas. Mientras que tan largo tiempo se gas- taba en Roma para preparar, con pode- roso auxilio, la impresión del compendio de Recchi, un pobre, oscuro y desvalido lego del convento de Sto. Domingo de México, se adelantaba á todos, y sin ne- 1 Tiraboschi, Stor. della Lett.Ital., Sec. XVII, lib. I, cap. 3,n? 10; lib. II, cap. 2, n? 7; cap. 3,11? 2. 2 B. Quaritch, Bibl. Occidentalis, London, March and April, 1870, n? 459. En el n? siguiente está anunciada la otra edición: “Idem Opus. (se- cunda editio). Romas, 1651, fol.” De la de 1628 se cita allí otro ejemplar vendido por el librero Puttick en 1859. Sabin, en su Dictionary of Books relating to America (tom. VIII, pág. 239), registra ambas ediciones, y manifiesta la creencia de que son una misma. i Lie. Porrefto, apud Col. cit., tom. I, pág. 363. 170 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. ['57° cesidad de príncipes ni academias, era el primero, puede decirse, en dará conocer al mundo los trabajos de Hernández; porque si bien es cierto que algo había salido ya á luz en México, como luego verémos, fué tan poco, que en nada dis- minuye el mérito de nuestro lego. Ocu- pado, antes de tomar el hábito de Sto. Do- mingo, en la asistencia de los enfermos del hospital de Huastepec, fundación del V. Bernardino Alvarez, había tenido Fr. Francisco Jiménez frecuentes ocasiones de experimentar las virtudes curativas de muchas plantas; y habiendo llegado á sus manos, por extraordinarios caminos, el compendio de Recchi, revisado y firma- do por el famosísimo doctor Francisco Valle, le tradujo al castellano, y le dió á la prensa con este título: QVATRO LIBROS.||DE LA NA- TV-|| RALEZA, Y VIRTVDES DE LAS || plantas, y animales que eítan receuidos en el vfo || de Medicina en la Nueua Ef- paña, y la Methodo, y correc-|| cion, y preparación, que para adminiílrallas fe requiere || con lo que el Doétor Francifco Hernández efcriuio || en lengua Latina.|| MVY VTIL PARA TODO GENE- RO DE ¡| gente q viue en ejlaciasy Pueblos, do no ay Médicos, ni Botica. \\ Traduzido, y aumentados muchos limpies, y Com- pueílos || y otros muchos fecretos curati- uos, por Fr. Francifco Xi-|| menez, hijo del Conuento de S. Domingo de Méxi- co, || Natural de la Villa de Luna del Rey- no de Aragón.|| \A Nro. R. P. Maeftro Fr. Hernando Bazan, Prior Prouincial de || la Prouincia de Sabliago de México, de la Orden de los Predicadores, ||jy Cathedrati- co Iubilado de The ologia en la Vniverfidaa Real. (El escudo de Sto. Domingo.) En México, en cafa de la Viuda de Diego López Daualos. 1615.|| Vendéfe en la tienda de Diego Garrido, en la efquina de|| la calle deTacuba, y en la Portería de S. Domingo. (En 4°, portada orlada. 5 ff. prelimi- nares y ff. 1 á 203 + 7 ff. de tabla.) Los tres primeros libros tratan de las plantas: la primera parte del cuarto, de los animales, y la segunda de los minera- les. Hé aquí cómo el lego dominico lle- vó á cabo el pensamiento de Felipe II al encargar á Recchi el compendio de Hernández, que era el de divulgar la parte práctica de aquella grande obra. La de Jiménez es hoy muy rara. Al fin de ella ofrece un “Memorial para la sa- lud,” que ya tenía casi acabado, y que nunca salió á luz. Si realmente existen dos ediciones del compendio de Recchi, impresas en 1628 y 1651, hay que colocar entre ellas otro compendio hecho con muy diverso fin. El sabio jesuíta español, P. Juan Euse- bio Nieremberg, publicó en 1635 su Hi- storia Natura máxime peregrina, y para ella tomó con mano franca de las obras de Hernández, cuyos manuscritos tuvo á la vista (hujus auctoris autographa penes me sunt), y cuyas palabras mismas tras- lada en muchos lugares (s¿epe utarverbis Francisci Hernandi). Son tan copiosos los extractos, que ocupan 234 páginas en folio mayor, intercaladas en el texto las figuras necesarias; siendo de notar que algunas de éstas no se encuentran en la edición de Recchi, v. gr. las del Ata- tapalacatl y del Nopalli saxis innacens, en las págs. 306 y 310: figuras tanto más notables, cuanto que, para indicar los lu- gares en que nacen, van acompañadas de los gerogííficos mexicanos del agua y de la piedra, dándonos con eso una prueba de que los dibujantes de ellas fueron in- dios mexicanos de la antigua escuela. Preciosos y útiles como eran los com- pendios y extractos que llevamos men- cionados, se deseaba todavía una edición completa del gran trabajo de Hernán- dez. Por fortuna el incendio del Esco- rial no le había destruido de un modo totalmente irreparable. El historiógrafo de Indias D. Juan Bautista Muñoz tuvo la buena suerte de descubrir en el Cole- gio Imperial de los Padres Jesuitas de Madrid otra copia, que tal vez era la misma de que se aprovechó el P. Nie- remberg; pero no tenía los dibujos. Hoy se halla en la biblioteca de la Real Acá- 1570] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 171 demia de la Historia. Merced á tan buen hallazgo, el marqués de la Sonora D. Jo- sé de Gálvez, Ministro de Indias, pro- puso al rey Carlos III, que se impri- miesen por cuenta del erario todas las obras de Hernández. Dispúsolo así el rey, y para subsanar la falta de los dibu- jos, mandó á su embajador en Roma que procurase recoger los que llevó Recchi. Dióse el encargo de correr con la edición al entendido naturalista D. Casimiro Gó- mez Ortega, quien, muertos ya el rey y el marqués, dió á luz en 1790, bajo los auspicios de Carlos IV, los tres primeros tomos, con este título: Francisci Her- nandi, Medid atque Historici Philippi //, Hisp. et Indiar. Regis, et totius Novi Or- bis Archiatri, Opera, cum edita, tum iné- ad Autographi jidem et integritatem expressa, impensa et jussu Regio: edición hermosa, como de las prensas de Ibarra. El juego completo debía constar de cin- co tomos en cuarto mayor: los tres pu- blicados contienen la parte botánica, sin figuras; el tomo cuarto estaba destinado á tratar de los animales y minerales, con copiosos índices de toda la historia, y el quinto se había de formar con los opúsculos de Hernández y una extensa noticia de su vida. Pero sea porque los graves sucesos que después conmovieron la Europa, distrayendo de las empresas científicas la atención del gobierno, sea porque preponderase la mezquina in- fluencia de algunos sujetos, “doctos y juiciosos por otra parte, pero rígidos en demasía” (como dice el editor) que con- sideraban gasto inútil el de la impresión de la obra, por anticuada, el caso es que no llegó á terminarse; y que para reunir solamente lo relativo á historia natural, tenemos que buscar la descripción de las plantas en la matritense, poniéndola en relación, hasta donde es posible, con los dibujos de la romana, y leer en ésta lo relativo á animales y minerales. Aun así, carecemos todavía de los tres libros de las Antigüedades de Nueva España, y de una parte considerable de los opúsculos. No corresponde á este escrito hacer la enu- meración de ellos: basta con mencionar los que nos ha conservado el P. Nierem- berg, en los capítulos 22 á.27 del lib. VIII de su Historia citada, y cuyos títulos son: De septuaginta et octopartibus maximi templi mexicani: De c¿erimoniis Mexicanorum: De effusione sanguinis superstitiosa: De variis superstitionibus: De ministris deorum: De votisy juramentis et nuptiis. Estos, dice el P. Nieremberg haberlos tomado de Her- nández; pero el caso es que están, lite- ralmente 6 extractados, en el apéndice al libro II de la Historia General de las cosas de Nueva España, del P. Sahagún.1 Mas no por eso hemos de capitulará Hernán- dez de plagiario: los escritos del P. Saha- gún corrieron mucho tiempo sueltos y anónimos: acaso vinieron los arriba di- chos á poder de Hernández, y encon- trándolos de su gusto, los puso en latín, sin pretender darse por autor de ellos. Me he alargado más de lo que pensaba en la relación de los trabajos de Her- nández, que en verdad pudiera conside- rarse ajena á mi asunto, porque ni se trata de obras de medicina, propiamente dicha, ni el autor ejerció su profesión en México. Mas sírvame de disculpa la im- portancia de esos trabajos, y mi deseo de honrar este libro con el nombre de un sabio tan digno de nuestra gratitud. Florecía también entonces en Méxi- co, con grandes créditos, el Dr. D. Juan de la Fuente, de quien no sabemos cuán- do vino á la Nueva España, pero sí que ejercía la medicina, aquí ó en su patria, desde el año de 1540, poco más ó menos. Fué uno de los médicos que asistieron á los padres jesuitas fundadores cuando cayeron todos enfermos á su llegada, por Septiembre de 1572. En la gran peste de 1576 convocó á todos sus compañe- ros, y en presencia de ellos hizo la au- topsia de un indio, de los muchos que murieron en el Hospital Real de Méxi- co. Su fama le procuró la distinción de ser nombrado primer catedrático de Me- i J. F. Ramírez, Supletnentos á la Biblioteca de Beristain, MS. 172 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1570 dicina en la Universidad, al establecerse la enseñanza de esta ciencia en Junio de 1578. Vivía aún cuando escribió Dávila Padilla, es decir, en los últimos años del siglo, y debió morir á poco, porque en- tonces llevaba “casi cincuenta años de ser famoso médico,” lo cual supone edad muy avanzada.1 Lo cierto es que en 1607 ya no existía. No aparece que escribiera obra alguna, ni tampoco la escribió un cirujano llamado Juan de Unza, natural de Zarauz, en Guipúzcoa, que por haber tenido la desgracia de cometer un homi- cidio, no sabemos con qué circunstan- cias, se retrajo al hospital de Nuestra Señora de Guadalupe, en Extremadura, del cual salió consumado en su arte. Pa- só á la Nueva España con deseo de pa- decer martirio para expiar su delito, y tomó el hábito de lego en el convento de S. Francisco de México, donde vivió muchos años en la mayor austeridad, de- dicado constantemente á la asistencia de los enfermos, en los cuales hizo curacio- nes maravillosas. Ya viejo, y para ser más útil á los necesitados, determinó pa- sar á Filipinas con los religiosos descal- zos que iban á aquellas partes; pero le alcanzó la muerte en el puerto de Acapul- co, el año de 1581. Cuéntase que cuando moría algún enfermo de los que asistía, “aquella noche se azotaba cruelmente, fuera de lo acostumbrado, por si acaso por algún descuido no había sido bien curado el difunto.”2. Robustas espaldas necesitarían algunos doctores, si á imi- tación de Fr. Juan de Unza, hubieran de azotarse cada vez que muere uno de sus enfermos. Al Dr. Bravo sigue, como escritor, el Hermano Alonso López de Hinojosos, coadjutor temporal de la Compañía de Jesús, que publicó aquí, en 1578 y 1595, dos ediciones de una Suma y Recopilación de Cirugía, descritas más adelante con los n°s8i y 106. Su nombre parece haber sido simplemente Alonso López, y el Hi- nojosos un agregado que denotaba su ori- gen, porque era natural de los Hinojosos, en el obispado de Cuenca. Nació hácia 1535, y siendo todavía seglar ejerció en México la medicina y cirugía, habiendo sido, durante catorce años, médico del Hospital Real de indios, donde se aplicó mucho, en compañía del protomédico Francisco Hernández, á la inspección de cadáveres, para encontrar el origen y re- medio de la enfermedad del cocolixtli, que asoló la Nueva España en 1576. Des- pués de publicar la primera edición de su obra, y ya de edad avanzada, solicitó entrar en la Compañía de Jesús. Aun- que al principio le opusieron dificulta- des, á causa de cierta enfermedad que padecía, fué al cabo recibido el 15 de Enero de 1585, en calidad de coadjutor temporal, y destinado á portero del Co- legio Máximo, donde falleció el 16 de Enero de 1597. Según Beristain, la Suma está dividida en diez libros ó títulos, y más de dos- cientos capítulos. En el primer libro tra- ta de las reumas y de varias enfermeda- des que de ellas provienen, como dolor de costado, perlesía, mal de ojos, de na- rices, de oídos, &c.; del catarro, lampa- rones, mal de orina, relajaciones, sarna, tiña, lepra, mal venéreo, &c. En el segun- do, de la anatomía del cuerpo humano. En el tercero, de la flebotomía. En el cuarto, de las apostemas, carbunclos, di- viesos, gangrena, cirro, aneurisma, epi- lepsia, gota coral, pleuris, &c. En el quinto, de las opilaciones. En el sexto, de las heridas. En el séptimo, de las frac- turas y dislocaciones. En el octavo, del tabardillo, cocolixtli, mal de hígado, di- senterias, flujo de sangre. En el noveno, de los partos; y en el décimo, de las en- fermedades de los niños.1 x Dávila Padilla, lib. I, cap. 33.— Floren- cia, Hist. de la Comp. de Jesús en N. £., lib. III, cap. 2.— Estatutos de la Universidad, prólogo q 7. 2 Mendieta, Hist. Ecles. Ind., lib. V, pte. Ia, cap. 56.—Torquemada, Monarq. Ind.,\\b.XX, ca- pítulo 72. i D. Nicolás Antonio hizo de este autor dos di- versos: al uno llama Alonso López, jesuíta, y al otro Alonso López de Hinojoso (Bibl. Hisp. Nova, tom. I, pág. 33). Véanse además Eguiara, Bibl. Mex., pá- 157°] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. El P. Agustín Farfán, agustino, pri- mer mexicano que imprimió obra de esta materia, dió en 1579 su Tratado breve de Medicina, reimpreso en 1592, 1604, y 1610. Esta repetición de ediciones de- muestra el aprecio con que fué recibido el libro (véanse n-s 82 y 102). No tengo del autor otras noticias que las de Be- ristain: “Natural de la Nueva España, doctor y catedrático de Medicina en la Universidad de México, cuya facultad ejerció, casado, con mucho crédito. Ha- biendo enviudado, tomó el hábito de S. Agustín, y profesó en el convento de México.” En el intermedio de las dos primeras ediciones de la obra del P. Farfán se da- ba también á conocer por la prensa otro facultativo: el Dr. Juan de Cárdenas, que en 1591 sacaba á luz la Primera Parte de los Problemas y Secretos Maravillosos de las Indias. No es propiamente un tratado de Medicina, sino una recopilación de Cuestiones Naturales, como lo decimos en el n9 101, donde también damos algunos extractos de la obra. Las noticias biográficas que tenemos de este autor, se reducen á las que se encuentran en su libro. Declara en él (fol. 170), que era natural de Constan- tina, “recreación de Sevilla, jardín de España.” Más adelante dice, hablando de esta tierra de la Nueva España (fol. 171): “Mia propia la puedo ya con ra- zón llamar, pues desde mis tiernos años que solo y desamparado vine á ella, ha- llé quien de ordinario me favoreciese y amparase, y aun quien me diese todo el bien y honra del mundo, que son las le- tras, y este fué mi muy querido maestro Antonio Rubio, padre de la Compañía del nombre de Jesús.” Tuvo, además, por maestros en filosofía al ilustre doc- tor Hernando Ortiz de Hinojosa, y á Fr. Juan de Contreras, de la orden de S. Agustín. En medicina fué discípulo del Dr. D. Juan de la Fuente (fol. 79 vto.), antes mencionado. Dice Beristain, que Cárdenas vino á México por los años de 1570, y fué ca- tedrático de vísperas en la Universidad. Lo que acerca de las fechas del nacimien- to y de la venida de nuestro autor he encontrado en su libro, es lo siguiente (fol. 80): “Yo compuse este libro sien- do de edad de veintiséis años, y por mi poco posible y muchos trabajos, no lo pude imprimir hasta los veintiocho: destos la mitad viví en Castilla y la mitad en Indias; y los que viví en Indias no ha- cía poco en buscar lo necesario á mi sus- tento, como hombre desamparado de quien le favoreciese; y así harto tenía que entender en cuidados mios, sin andar á escudriñar cosas ajenas.” En otros lu- gares habla de lo poco que para escribir libros le ayudaba la edad, porque era ne- cesaria mucha experiencia de que él ca- recía (fol. 79 vto.); y dice también que los letrados no tenían necesidad de do- cumentos de hombre mozo (Pról.). Así pues, si en 1591 tenía veintiocho años y hacía catorce que había venido á la tie- rra, tenemos la fecha de 1563 para su na- cimiento, y la de 1577 para su viaje. Aunque no fué autor de obra de me- dicina, merece especial mención el Lie. Alonso Hernández Diosdado, médico de Yeracruz, que en 1580 formó la esta- dística de aquella jurisdicción, por en- cargo del alcalde mayor de ella, Alvaro Patiño. Existe original en mi poder, fir- mada por dicho licenciado, y consta de 17 fojas en folio y 2 mapas. Débese también señalado lugar en es- ta reseña al venerable varón Gregorio López, mucho más conocido por sus vir- tudes y vida eremítica, que por el libro que compuso con el título de Tesoro de Medicina. Nació en Madrid el año de 1542, sin que jamás se haya sabido quié- nes fueron sus padres, lo cual ha dado lugar á muy singulares suposiciones. A los ocho años de edad dejó la casa pa- gina 65; Oviedo, Elogios de Coadjutores, tom. I, pág. 87; Alegre, Hist. de la Comp. de Jesús, libro IV, al princ.; Beristain, Bibl. Hisp Amer., t. II, pág. 104; Ramírez (J. F.) Suplementos a Beristain, MS.; Backer, Bibl. des Écriv. de la Comp. de Jesús. in - fol., tom. II, col. 793 ; Morejón, tom.Ui.' BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1570 terna y pasó seis escondido en los bos- ques de Navarra. Sacado de allí, le tra- jeron á la corte, y sirvió de paje al rey Felipe II, sin dejar por eso su vida con- templativa. Siendo de edad de veinte años, visitó los más célebres santuarios de España, y en el de Guadalupe, de Ex- tremadura, sintió vocación de pasar á América. Llegó áVeracruz en 1562, pasó á México, repartió su equipaje entre los pobres, y como era excelente calígrafo, se acomodó de escribiente con un escri- bano; pero llevado siempre de su amor á la soledad, dejó á poco aquel empleo para irse hácia los Zacatecas, y en el va- lle de Atemajac comenzó entre los chi- chimecas su vida de solitario. Volvió á México de paso, y se retiró en seguida á las serranías de la Huasteca, de donde tuvo que salir, huyendo de las muchas personas que iban á buscarle, atraídas por la fama de su santidad. Pasóse á los montes de Atlixco, y por persecuciones que allí sufrió hubo de trasladarse al san- tuario de Nuestra Señora de los Reme- dios. Habiéndose enfermado, fué á bus- car alivio al hospital de Huastepec el año de 1580: allí prosiguió su vida con- templativa, allí compuso su famosa ex- posición del Apocalipsi, y allí escribió también su Tesoro, en beneficio de aque- llos enfermos, aunque no profesaba la medicina ni la había estudiado. Mas no recobró la salud que había ido á buscar, antes, urgido por una fiebre que le puso á la orilla del sepulcro, vino á S. Agus- tín de las Cuevas (Tlalpan) y luego á México, donde se juntó con su grande amigo el Dr. Francisco Losa, cura del Sagrario, y ambos se fueron á vivir en 1589 al hospital de Santa Fe, fundado á dos leguas de México por el Illmo. Sr. D. Vasco de Quiroga, obispo de Mi- choacán. Siete años permaneció el vene- rable Gregorio López en aquel retiro, y no le dejó ya hasta su muerte, acaecida en 1596. Su vida, escrita por el P. Losa, ha sido impresa varias veces, y llegó á estar muy adelantado el proceso de su beatificación. Aquí sólo nos toca considerarle como autor del Tesoro de Medicina, de que no conozco edición anterior á 1672, si bien fue compuesto unos noventa años antes. Es una copiosa compilación de recetas empíricas, tan extravagantes las más de ellas como muchas de las de Plinio. Ra- ro es que el autor dé un solo remedio para la enfermedad de que trata: casi siempre apunta varios, y á veces hasta veinte ó treinta: indicio grave de que no hay uno eficaz y probado, pues en tal caso á ese se atendría. Hace mención especial de las propiedades anestésicas de la mandrágora, diciendo así: “Razón y sentidos suspensos por tres horas. Suelen usar los médicos de este arbitrio cuando han de cortar ó cauterizar algún hueso ó miembro. Para lo cual es muy bueno la mandrágora, bebida una dragma, ó co- mida con cualquier vianda.” Si bien esa propiedad de la mandrágora era conoci- da de muy antiguo, pues Plinio y Dioscó- rides hablan de ella,1 no aparece que en siglos más vecinos á los nuestros se apro- vechase, acaso por el grave riesgo en que ponía al enfermo su aplicación; pero las palabras del V. López dan á entender que en su tiempo se practicaba algunas veces. El Dr. Brizuela, médico de Mé- xico, que anotó el 'Tesoro para la edición de 1727, se opone al uso de todo stupe- faciente, y señala las precauciones que de- ben tomarse, en caso de que alguno se aplique. De camino para México el virrey Con- de de la Coruña agregó en Sevilla á su comitiva un médico que fué el Dr. D. Juan de Vides de Ribera. Desde aquí le recomendó al rey en carta especial, pro- poniendo que se le nombrase protomé- dico, pues no le había; y también le juz- i “ Bibitur et contra serpentes, et ante sectiones punctionesque, ne sentiantur.” Plin., Hist. Nat., lib. XXV, n? 94.—“Usan della los médicos cuan- do quieren cortar ó cauterizar algún miembro.” Dioscorides, trad. por Laguna, lib. IV, cap. 77. El P. Betancurt dice que “ según las señas de S. Agus- tín,” las mandrágoras que Lía dió á Raquel eran nuestro cacomite! Teatro Mex., pte. I, trat. 2, capí- tulo 8, n? 149. '57°J BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. gaba capaz de continuar la grande obra comentada por Hernández. Del Dr. Vi- des no se sabe otra cosa; pero el virrey asegura que gozaba allá de buena fama, la cual había acrecentado aquí; y en apo- yo de su recomendación se refiere á los informes que podrían dar los insignes médicos de cámara de Felipe II, Valles y Alfaro, quienes le conocían bien.1 El Dr. D. Damián González Cueto, natural de México, floreció en esta ciu- dad á fines del siglo XVI y principios del XVII. Escribió varios tratados de medicina, que no salieron á luz, quedán- donos únicamente de él una oración la- tina en las exequias del P. Antonio de Arias, jesuíta, impresa por Enrico Mar- tínez el año de 1603.2 En aquellos años últimos del siglo curaba también en Mé- xico un Dr. Martínez; y en el de 1600 *ra médico de la Inquisición el Dr. Ge- rónimo de Herrera.5 Cierra la serie de los médicos de Mé- xico, y no la desluce, el Dr. Juan de Ba- rrios, natural de Colmenar viejo en Cas- tilla, y alumno de la Complutense. Fué discípulo del Dr. Pedro García Carrero, después médico de cámara de Felipe III. Sábese además que el Dr. Barrios ejerció su facultad en Valladolid, pero se ignora en qué año pasó á México. Lo único que se deduce de su libro es que en 1586 aun estaba en España, y que en 1596 cu- raba ya en México. En 1607 imprimió aquí su Verdadera Medicina, Astrologia y Cirugía, respetable volúmen en folio, de unas 700 páginas, y tan raro, que no he alcanzado á ver sino un ejemplar mal- tratadísimo, sin principio ni fin, que per- tenece al Sr. D. José M. de Agreda. Está escrito casi todo él en forma de diálogo. Comienza por un tratado de Anatomía; sigue otro de heridas; á continuación uno cuyo título es: De que Astrologia han de saber los médicos, y después varios tra- tados de las enfermedades, habiendo dos destinados especialmente á las que pa- decen las mujeres y los niños. Es curioso otro que lleva este epígrafe: “De los afeites, y de todo lo que ha menester una mujer, así para su ornato, como pa- ra engordar y enflaquecer, y para dien- tes, cejas, arrugas y cabellos.” El que le sigue se intitulaasí: “De todas las yerbas que por mandado de su Majestad descu- brió en esta Nueva España el Dr. Fran- cisco Hernández, protomédico, aplica- das á todas las enfermedades, el cómo y qué cuantidad, y en qué: y asimesmo después examinadas y vistas por el Dr. Nardo Antonio Reco en Madrid, por mandado del rey.” No comprende des- cripciones de las plantas, sino que viene á ser un índice, reducido á diez fojas, de las virtudes curativas de las yerbas des- critas por Hernández, ó mejor dicho, por Reco: es, en suma, una colección descar- nada de recetas caseras. Bajo el aspecto de la aplicación práctica, este trabajo del Dr. Barrios se adelantó al del H. Jimé- nez, de que antes hemos hablado; pero por ser tan diminuto, y estar adherido á una obra mucho mayor, no podía pres- tar tanto servicio al pueblo como el del lego dominico. Su interés consiste en haber sido, aunque muy poco, lo prime- ro que se dió á la prensa, sacado del gran trabajo de Hernández. Asegura Beristain, que en el prólogo de la obra de Barrios se hacen “mil elo- gios del ingenio, estudios y prendas de los americanos.” Siento no poder expla- yar esta noticia, porque en el ejemplar que uso, queda solamente del prólogo la última hoja. Lo que hallo á este pro- pósito en el cuerpo de la obra, es un pa- saje del cap. 4?, trat. 29, i* parte del libro I, concebido en estos términos: “Con esto se animarán los famosos ingenios que hay en esta Nueva España á escri- bir y estudiar, y sacarán á luz grandio- sas cosas, y harán libros, y no se acobar- darán á dejar el estudio: que cierto, que si se tuviese esperanzas del premio, ve- riamos cosas jamás dichas, dificultadas 1 Carta al rey, 15 de Octubre de 1581, en las Cartas de Indias, pág. 346. 2 Beristain, tom. I, pág. 417. 3 Exequias de Felipe II, celebradas por la In- quisición de México. (Véase n° 116.) 176 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. ['57° y muy intrincadas, porque en estas par- tes florecen consumadísimos ingenios, y grandes sujetos en cristiandad y virtud.”1 Hablando de la ciudad de México, se expresa así: “ Tengo por muy cierto que en el mundo no hubiera mejor ciudad que esta de México, como no tuviera tantas acequias y se recogiera tanta agua al rededor de ella, por lo cual es sujeta á tabardetes, y, lo que Dios no permita, á anegarse, porque no tiene corrientes ningunas, y toda el agua que hace en ochenta leguas, según dicen que hay al rededor por estas serranías, toda ella el sumidero es donde está situado Méxi- co; y ansí, si esto no tuviera, fuera ciu- dad la más suntuosa de todas las de España, porque si se considere la tem- planza de esta ciudad, es que jamás se ha visto, porque en una propia calle, es- tando al sol se siente buen calor, que no se puede sufrir, y estando á la sombra se siente frió tan templado, que es cosa de admiración; y con esto podemos decir que admira este temple, pues se ve mu- chos años por tiempo de seca haber tem- blores de tierra, y también vemos levan- tarse aires, y éstos tener tan mal olor, que es menester sahumar las casas, y no bas- ta.2 Y con todo esto, no hay peste, ni vemos por estos tiempos enfermedades contagiosas y malignas; y si en España hubiera este mal olor y estos temblores, por momentos se inficionaran de graves enfermedades. Y qué mayor bien se pue- de desear, que todo el año en esta ciu- dad se bebe frió, con tomar cuidado de ponerlo á serenar. Es ciudad quieta y pacífica: las mejores calles que hay en ninguna ciudad de España, todas por compás, sin que en ellas haya ninguna cuesta; ricas casas y edificios, y todas de piedra. El vestir de los ciudadanos es de gran bizarría, porque hasta los prego- neros traen calza de obra y cintillos de oro. Tiene bizarros caballos y muche- dumbre de coches:1 muchas damas y bra- vatos trajes, y grandes poetas y sutilísi- mos ingenios, y sobre todo mucha cris- tiandad. Y el que quisiere saber más de las grandezas de esta ciudad, lea á nues- tro amigo el Lie. Balbuena, y hallará todo lo que se puede desear.” Para evitar los estragos de la peste en la ciudad, propone el doctor estos reme- dios: “Después(deaplacarla iradeDios) se ha de procurar que la ciudad se limpie de muladares que no se venda nii^| guna fruta de sartén, garbanzos, ni ale- grías, &c.: que se limpien las letrinas, echando en ellas cal viva, y se entierren los muertos lo más hondo que ser pu- diere, ó echando cal en las sepolturas; que no se trabaje en las tenerías, ni se mate chivos; y si hay charcos junto á las ciudades, de agua detenida, se han de ce- gar También se han de prohibir las mujeres públicas, las comedias y escue- las, los bailes de los negros, y los malos alimentos y frutas; y elegir sacerdotes, médicos, cirujanos y barberos, que sepan bien hacer su oficio, y como cristianos; y quien guarde las puertas de las ciuda- des y hospitales para enfermos y conva- lecientes, y que se queme la ropa, las hilas y paños, y en los mataderos de que estén limpios; y si es posible no se deje entrar en la ciudad alimentos que fácil- mente se puedan podrecer, ni cosas de lana, lino, &c. Y conviene hacer grandes hogueras en las calles, y esto con más calor y más donde más peste hubiere.... 1 Véanse, á este propósito, otros extractos del libro del Dr. Cárdenas, en el n° ioi. 2 El P. Hernán González de Eslava, en el X de sus Coloquios Espirituales y Sacramentales, alude tam- bién al mal olor de las lagunas: molestia que aun sufrimos de cuando en cuando. Ignorancia. Buen tiempo será volver Porque huele mal el cieno: No sé lo que podrá ser. Temor. ¿Quién causa aquestos hedores? Ignorancia. Señor, aquesta laguna Que mucho nos importuna: Provéanlo esos señores, Háganse todos á una. i Tiempo hacía que abundaban los coches en México, pues se encuentra una real cédula de 24 de Noviembre de 1577 en que se prohíben con se- veras penas. Col. de Doc. Inéd. del Arch. de Indias, tom. XVIII, pág. 116. 1570] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 177 Y cuando la peste fuere en tiempo ca- liente, en lugar de fuegos será muy pues- to en razón regar las calles y casas con agua envinagrada con rosas, cidras &c. Y se ha de procurar que se señalen lu- gares para lavar la ropa, porque en esta ciudad de México hay gran falta de esto; y ansí en una parte se ha de lavar la ropa de los enfermos, en otra parte la ropa de los que con ellos tratan, y otra para la de los sanos Y se ha de advertir que no se guarde el maíz y el trigo que es- tuviere algo podrido, porque esto suele inficionar; ni los pescados y carnes que no estuvieren muy frescas. Y que han de mandar quemar los muladares de todas las huertas, por las coles podridas que en ellos hay. Y se han de quitar los pobres que piden por las calles, porque si esto se hace, no se morirán, como se ha visto, por las calles sin confesión los tales, ni pegarán el mal á las casas donde entraren á pedir limosna. Ansí, el que estuviere malo se lleve al hospital, y el que estu- viere sano trabaje; porque los pobres mendigantes es gente que no conocen á ningún señor, y hacen y andan por do quieren. También se ha de considerar que luego se entierren los muertos, y que por las calles por donde pasaren se cie- rren las ventanas y puertas de las casas; y porque no anden con los cuerpos muer- tos por muchas calles, que se señalen tres ó cuatro partes adonde se entierren.” Bien nos vendría á todos que ahora es- tuvieran en práctica muchos de los con- sejos del Dr. Barrios, el cual prosigue su capítulo dando reglas para la preserva- ción de los sanos, y remedios para los ya acometidos de la peste. En un capítulo intitulado De que agua es la mejor, habla así de las de México: “Las aguas que hay en esta Nueva Es- paña y al rededor de México, es la de la Piedad, y la de una fuente que está en el cerro de la puente de Tenayuca, ver- tientes al rincón del Correo Mayor, y la de Santiago, y la del rio de Santo Domin- go, pasado Tacubaya.” Después de re- probar el uso de las canales de cedro, que algunos creían convenientes para la con- ducción de las aguas potables, prosigue diciendo: “Digamos la traza que esta ciudad ha menester para que el agua se traiga sin que se quiebren caños ningu- nos, y la que yo di á S. E. el marqués de Montesclaros, virrey de esta Nueva Es- pañales esta. Habiendo entendido que la ciudad trata de traer el agua á las pilas y plazas públicas de México, para evitar los daños y gastos excesivos que se tiene en el modo que al presente se trae, me pareció representar á V. E. esta traza, para que vista y examinada, si pa- reciere tal se apruebe, y reciba mi deseo.” Comenzando por reprobar el empleo de cañerías subterráneas, cuyos inconve- nientes enumera, propone que para que “la ciudad tenga siempre agua y se ador- ne, y haga un edificio de romanos,”que se construya un acueducto de piedra des- de Chapultepec; pero si esto pareciere muy costoso, se contenta con que se le- vanten pilares de piedra“con todos los ornamentos de arquitectura que para hermosearlos pareciere conveniente,” y del uno al otro se coloquen canales de pino ú oyamel (abeto), porque es made- ra saludable. En las encrucijadas de las calles, “si no hubiere altura bastante pa- ra pasar coches,” se harían cajas de agua, con caño subterráneo que las pusiera en comunicación. La traza ó proyecto del doctor fué admitido en toda su plenitud, y en aquellos días comenzó dicho virrey la construcción del magnífico acueduc- to de San Cosme, terminado por su su- cesor. Sin duda que en esta reseña faltan los nombres de muchos profesores de aquel tiempo, ya por no haber quedado men- ción de ellos, ya por habérseme escon- dido su noticia. Mas lo referido hasta aquí basta para mi intento de probar que en México hubo profesores y escritores de todas las ciencias, desde los primeros años siguientes á la conquista, contra la creencia, bastante difundida por la mala fe ó la ignorancia, de que aquella fué una época de tinieblas. 178 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XV1. [i 57° Profano yo en la ciencia de Hipócra- tes, he tenido que reducirme á la humil- de tarea de bibliógrafo; y después de ha- ber contribuido á echar los cimientos del estudio con estas breves noticias, no me ha sido dable entrar al examen de los es- critos de nuestros médicos, para saber á qué altura pueden rayar entre los de su época. Esto es lo que debe averiguar- se, evitando caer en el necio empeño de juzgarlos conforme al criterio moderno. Los facultativos de México, ó á lo me- nos algunos de ellos, habían sido discípu- los de los mejores maestros de España, y ejercieron la medicina en su patria, que en verdad no era entonces la nación más atrasada. Trajeron su saber á México, y aquí le aumentaron con el conocimien- to de climas, complexiones y remedios tan diversos, habiéndonos dejado escrito el fruto de sus estudios, que trasmitie- ron también á otros por medio de la enseñanza. Hicieron cuanto podían, y son acreedores, por lo menos, á nuestro respeto. Tarea digna y meritoria para un pro- fesor ilustrado, ó más bien para nues- tra Escuela de Medicina, que cuenta tan- tos en su gremio, sería la de formar la Historia de la Medicina en México, tra- bajo que es cada día más difícil, porque van desapareciendo á gran prisa sus ma- teriales: hoy es ya imposible reunir en México los libros que he mencionado. Otra obra de grande utilidad sería el es- tudio amplio, imparcial y científico de la Materia Médica Mexicana, porque las innumerables producciones propias de este país, sobre todo en el reino vegetal, y la experiencia que ya tenían de ellas los naturales, dieron aquí á los médicos más copiosa materia que en Europa. Allá mismo, la introducción de las medi- cinas de América causó notable admira- ción á los facultativos, y (fuera de otros) Nicolás Monardes, médico famoso de Sevilla, publicó desde 1569 su Historia Medicinal de las cosas que traen de nues- tras Indias Occidentales, que sirven en la Medicina, reimpresa en 1571, 1574 y 1580, y traducida al latín, al francés, al inglés y al italiano: bien que, como nota el P. Jiménez, incurrió en varios erro- res, porque lo que dijo de las nuevas medicinas, “fué según refirieron los que las llevaban.” Con las luces que prestan los escritos antiguos y el poderoso auxi- lio de los adelantos modernos, podrían exhumar nuestros profesores los teso- ros curativos de la Flora mexicana, don- de se hallaría, sin duda, no poco nuevo, y mucho de lo que á gran costa y con desventaja hacemos venir de fuera: por- que según la atinada observación del mismo P. Jiménez, “las medicinas que traen de España, pasando tanta inmen- sidad de mares, pierden su virtud la ma- yor parte, causa de que el efecto no sdñ el que los médicos pretenden.” Tiem- po es ya de que no despreciemos lo nuestro, sólo porque es de casa. Los li- bros antiguos, generalmente abandona- dos por su mal estilo, y porque en verdad contienen cosas erróneas ó sustituidas hoy con otras mejores, no merecen tam- poco el olvido á que se ven relegados. Más de una vez sucede estar ya escrito en ellos lo que después ha vuelto á averi- guarse con no poco trabajo, y se da co- mo descubrimiento novísimo. Las cien- cias naturales se van formando con la experiencia acumulada en siglos: despre- ciar esa experiencia es retroceder al pun- to de partida, para gastar inútilmente las fuerzas en volver á andar un camino ya recorrido. Todos ganaríamos en conce- der mayor atención á la ciencia antigua, y en recibir con más cautela las nuevas teo- rías médicas que llueven sobre nosotros, y que no suelen desecharse sino cuando causaron ya en la práctica estragos irre- parables. *5 71] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 179 I571 58. Erte üe la lengua jEcaríH cana y Caftellana, compuefta por el muy Re || uerendo padre fray Alonfo de Mo-\\lina de la orden de Señor \\Jant Francifco. Un escudo de la impresión de las llagas: el mismo de la edición de 1576 (n9 69). En México en cafa de Pedro Ocharte. 1571. . En 89, letra gótica. A la vuelta de la portada, licencia del virrey D. Martín Enríquez.— Foja si- guiente, comisión de Fr. Bartolomé de Ledesma, administrador de la diócesis, para que la obra sea examinada.— Foja fte., aprobación de los padres Fr. Domingo de la Anunciación y Fr. Juan Focher. A la vuelta licencia de la orden. Foja 1*, dedicatoria al virrey, donde se lee este pasaje: “He procurado de ef- “creuir muchas cofas en la lengua Mexicana (las quales a honra de nueílro feñor) “relatare aqui. Conuiene a faber, dos vocabularios, de los quales y del prouecho “que dellos fe facara (o excellentiífimo principe) fe deue a U. excelencia la remu- neración y premio celeftial y diuino. También efcreui vna doffrina criftiana, y vn “cofeífionario, en la mifma lengua Mexicana, con otras obras q eftan ya impreíTas: “con otras muchas que eílan por ymprimir, y fon muy vtiles a efta yglefia, las qua- “les mediante el fauor diuino, se ymprimiran, avida oportunidad.” Fs. 5 á 82, primera parte del Arte: ff. 1 á 35, segunda parte del mismo. No hay colofón: acaba ÜLUUS 20CO. (El ejemplar descrito pertenece al Sr. D. José M. de Agreda. El del Sr. Andrade [n° 4454] se ven- dió en 96 thalers = $7z.— Ramírez [n? 563], imperfecto, £6.2.6 = $ 30.62.— Un ejemplar comple- to, anunciado por el librero Quaritch en £ 10.10:=$ 52.50.) JS7i 59. Doctrina breve en lengua Mexicana, por el P. Fr. Alon- so de Molina. (Véase el n? io.) I57I 6o. Vocabulario en lengua Castellana y Mexicana, com- puesto por el M. R. P. Fr. Alonso de Molina, de la orden del bienaventurado nuestro Padre S. Francisco. Dirigido al muy 18o BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. ílS 71 Excelente Señor D. Martín Enríquez, Visorrey de esta Nue- va España. Un escudo de armas. En México, en casa de Antonio de Espinosa. 1571. (Véase la fotolitografía.) En fol., letra romana. A la vuelta de la portada se hallan el privilegio del Virrey, y licencia del Arzo- bispo para la impresión de este Vocabulario y de una Doctrina cristiana breve en la misma lengua: 31 y 17 de Octubre de 1569. La foja siguiente contiene la Epístola Nuncupatoria del autor, al virrey D. Mar- tín Enríquez, fechada en el convento de México, á 4 de Mayo de 1571. Por su contexto se advierte que el virrey costeó la impresión, cuando iba á abandonarse por falta de medios: circunstancia que hasta hoy nadie ha hecho notar, que yo sepa, y es muy honorífica para el citado virrey, á quien injustamente trata de avariento el arzobispo Moya de Contreras.1 Véase el siguiente pasaje: “Y porque el lenguaje y frasis destos naturales (especialmente de los ñauas y mexicanos) es muy diferente del lenguaje y frasis latino, griego y castellano, y V. E. desee mucho que los ministros desta Iglesia entiendan muy bien la lengua de los dichos naturales, para honra y gloria de Nuestro Señor, y para provecho espiritual y salvación desta gente, de manera que sean mejor y más enteramente instruidos y doctrinados en nuestra santa fe católica, ha sido esta la causa y razón, Excelentí- simo Príncipe, que me ha movido, según la gracia y talento que Nuestro Señor me ha comunicado, á atreverme y presumir dedicar y ofrecer á V. E. estos dos Voca- bularios. El uno de los cuales ha algunos años que se imprimió, y agora se le han añadido otros muchos vocablos bien necesarios, y se han enmendado y limado los que en él estaban impresos; el cual Vocabulario comienza en nuestra lengua cas- tellana. Y el otro, nuevamente y no sin muy gran trabajo compuesto, el cual co- mienza en la lengua mexicana, para el mesmo efecto que el primero, que es para los ministros que desean muy de veras aprender y saber esta lengua, y ayudar á sal- var estos naturales. Pues demás que (como es notorio) estoy á ello obligado, para que ellos con tan gran favor y amparo se atrevan á parecer y andar en el vulgo (no poco peligroso), el haber V. E. dudóles tan gran ser, como ha sido mandarlos imprimir, y á su propria costa, es otra y muy principal obligación, así mia como general de todos. Mayormente en tiempo que estaba para dejarse de imprimir, por no haber quien los favoreciese.” Síguense 2 ff. con el Prólogo al Lector y doce Avisos para el uso del Vocabulario, con lo que son 4 las ff. preliminares. Pondera el autor en el Prólogo la necesidad de que los ministros de los indios aprendan la lengua de éstos, y hablando de sí propio, dice: “Algunas dificultades que se me han ofrecido han sido causa que antes de agora no haya puesto mano en esta obra: lo primero y principal, por no haber mamado i Carta al rey, 24 Enero 1575, apud Cartas de Indias. VOCABVLARIO EN LENGVA CASTELLANA Y MEXICANA, COM puedo por el muy Reuerendo Padre Fray A Ionio de Molina, déla Orden del bienauenturado nueílro Padre fant Francifco. D1RIGIDOALMVYEXCELENTESEÑOR Don Martin Enriques,Viforrey deftanueua Efpaña. EN MEXICO, EnCaía de Amonio de Spiuofíl • *1571* >571] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XXL 181 esta lengua con la leche, ni serme natural, sino haberla aprendido por un poco de uso y ejercicio, y éste no del todo puede descubrir los secretos que hay en la len- gua, la cual es tan copiosa, tan elegante y de tanto artificio y primor en sus metáfo- ras y maneras de decir, como conocerán los que en ella se ejercitaren. Lo segundo, haberme puesto delante la variedad y diversidad que hay en los vocablos; porque algunos se usan en unas provincias, que no los tienen en otras, y esta diferencia, sólo el que oviese vivido en todas ellas la podría dar á entender. Lo tercero hace dificultad, y no pequeña, tener nosotros muchas cosas que ellos no conocían ni al- canzaban, y para éstas no tenían ni tienen vocablos propios; y por el contrario, las cosas que ellos tenían, de que nosotros carecíamos, en nuestra lengua no se pue- den bien dar á entender por vocablos precisos y particulares; y por esto, así para entender sus vocablos como para declarar los nuestros son menester algunas ve- ces largos circunloquios y rodeos. Pero todos estos inconvenientes han vencido en mí dos cosas: la una, la obediencia de mis prelados que en esto me han mandado entender, especialmente de nuestro M. R. P. Comisario General de esta Nueva España, Fr. Francisco de Ribera— También me ha movido á entender en esta obra, la gran necesidad que hay de ella, y los provechos que de saber esta lengua se siguen— Y en conclusión, no será pequeño provecho con esto poco despertar los ingenios y entendimientos de los que más alcanzan desta lengua, para que to- men ocasión de encender en esta pequeña candela la gran luz que dellos puede sa- lir, enmendando lo que aquí va mal puesto, quitando lo superfluo y añadiendo lo mucho que falta; porque como yo pretenda principalmente el provecho y utilidad de los prójimos, y que esta planta crezca á honra y gloria de Nuestro Señor, con- tentarme he con haberla plantado con el favor divino, aunque la honra del culti- varla y ponerla en perfección, para que lleve grandes fructos, sea de otros que en este género de agricultura más se les entiende, y mejor sabrán alcanzar y descubrir los secretos desta lengua.” El cristiano deseo del P. Molina no se ha cumplido: en trescientos y algunos más años no ha habido todavía quien mejore su gran Vocabulario. Concluidos los Avisos, entra la parte española-mexicana en 111 ff., numeradas de i á 121 (con algunas equivocaciones en las intermedias), y en ellas se comprende también la “Cuenta según la Lengua Mexicana,” que ocupa las 7 últimas páginas. La primera parte de la obra termina con una hoja en cuyo frente hay un grabado en madera que representa á una persona arrodillada y juntas las manos, como en oración. Arriba un texto latino: otro al rededor del grabado, y abajo una breve oración en la misma lengua. A la vuelta no hay más que el escudo del impresor Espinosa, con la acostumbrada leyenda Virtus in infirmitate perficitur. Vocabulario en lengua Mexicana y Castellana, compuesto por el M. R. P. Fr. Alonso de Molina, de la orden del bien- 182 IÁ571 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. aventurado nuestro Padre S. Francisco. Dirigido al muy Ex- celente Sr. D. Martín Enríquez, Visorrey desta Nueva España. Una imágen de S. Francisco, y al rededor: Domine, servum tuum Franciscum, signis redemptionis nostrse. Abajo los versos: nimia te fecit prole parentem, Qui genuit moriens, quos, Pater alme, foves: Confixus vivis, langues cum mente revolvis; Vulnera, cum spectas, stigmata carne geris. En México, en casa de Antonio de Espinosa. 1571. (Véase la fotolitografía, única de la presente obra que ha sido necesario reducir un poco, para que cupiera en el papel.) La dimensión del grabado de S. Francisco (155XI3° milím.) hizo que esta por- tada resultara más larga que las páginas de la obra, por lo cual en algunos ejem- plares la cuchilla del encuadernador ha hecho desaparecer la fecha. Tiene, por total, la portada, 24 centímetros de altura. La vuelta y la foja siguiente están ocupadas con un nuevo Prólogo y otros diez Avisos para el uso de esta Segunda Parte del Vocabulario, que según lo indica su título particular, es la mexicana-española, y comprende 162 íf., numeradas del 1 al 162. Del Prólogo tomamos lo que sigue: “Cuando imprimí por la primera vez el Vocabulario de la Lengua Mexicana (obra á mi parecer harto buena y necesaria para ayudar á los ministros de esta nue- va Iglesia á la debida ejecución de sus oficios en la administración de la palabra de Dios y de los sanctos Sacramentos á estos naturales), no fuéotro mi intento sino comenzar á abrir camino, para que con el discurso del tiempo y con la diligencia de otros más vivos entendimientos, se fuese poco á poco descubriendo la mina (á manera de decir) inacabable de vocablos y manera de vocablos que esta copiosísi- ma y artificial lengua mexicana tiene. Y como después acá han pasado algunos años, y en este tiempo se me han ido ofreciendo otros vocablos de nuevo (de los muy muchos que quedan y quedarán siempre por poner), y juntamente con esto he con- siderado que el otro Vocabulario que comenzase en la lengua mexicana, conforme al proceder del Antonio de Lebrija, no sería de menos utilidad que el que comienza en nuestro romance acordé de hacer esta segunda impresión, mejorando la obra que había principiado, en dos cosas. La una en que al Vocabulario impreso en el año de cincuenta y cinco, que comienza en romance, añadí, como parecerá, más de cuatro mil vocablos. La otra en componer é imprimir estotro Vocabulario que co- mienza en lengua mexicana, el cual me ha costado el trabajo que Nuestro Señor sabe, y los que lo entienden podrán imaginar; pero es muy poco para el que en servicio de ese mismo Dios y en provecho de los prójimos debriamos todos pasar.” Hácia la mitad del frente de la última foja concluye el Vocabulario, y luego dice: Tf SOLI DEO HONOR ET GLORIA. VOCABVLARIO EN LENCVA MEXICANA Y CASTELLANA , COM- puerto por el muy Rcuerendo Padre Fray A Ionio de Molina, déla Orden del bienauenturado nuertro Padre fant Francifco. dirigidoalmvyexcelentesenoh Don Martin Enriquez,Víforrey defta nueua Efpaña. ruum^rancifcum: ;®ígnaíti Domíne ferutim Sugme redepnomenoitre* nimia te fecir prole parentem. Qui genuu moneas,<¡uos pater aJme foues. Confixusviuis,!angues.cíim mente reuoíui*. Vuinerajcumfpeáaíjftigmata carne geru. EN MEXICO, En Cafa de A ntonio de S pino (a* i í 7 i flp&octrina cfríftiaita en la lengua/ Qu afleca co ¡aUngua caflellana* Laguafleca correspondiente acaj da palabra: de guafleco: Según q fe pudo tolerar cnla f rafal de la/ lengua guaflecai compucfla porynduftria deytt fraylede la ordendel gloriofó fancfi Auguftitt: Obifpo y do ctordelafancta yglefia CCn mejncoj&n cafase £edro ©ciarte,1571 157 ■] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 183 T[AQVI HAZEN FIN LOS DOS VOCABVLARIOS, EN LENGVA CASTE || llana y nahual o Mexicana que hizo y recopilo el muy Reuerendo pa- dre, fray Alonfo de Mo-|| lina: de la orden de feñor fan Francisco. Imprimiéronte en la muy iníigne y gran ciudad|| de México: en cafa de Antonio de Spinofa. en el Año de nueftra redépcion. de. 1571. Repítese el escudo del impresor, con su leyenda, y concluye la página con la traducción del colofón en lengua mexicana. A la vuelta el mismo grabado que se ve en la portada del Confesonario breve de 1565, pero impreso solamente y con la particularidad dequeen lugarde las cinco llagas del centro hay un IHS. (El ejemplar descrito está en mi poder. En la biblioteca del Sr. Ramírez había uno en papel mayor y más grueso que el de todos los otros que he visto.—Ventas: Andrade [n? 4453], thalers 112.15 = $ 84.37J.— Fischer [n? 1152], incompleto,£ 15 = $ 75.— Ramírez [n? 562], £ 31 = «$ 1 55 [anunciado por Quaritch en £36 = $ 180].— Bibliotheca Mexicana, Tross, 1868 [Collection Reinisch], n? 137, 650 fr.= $i30.— Stevens, Historical Nuggets [n? 1920],£ 21 =$105.—Maisonneuve [Leclerc], 1867 [n° 1006], 320 fr.= $ 64.—Id., 1878, dos ejemplares [n?s 2325, 2326], fr. 700 y 1200 = $ 140 y 240.— Este Vocabulario ha sido reimpreso en Leipsic, 1880, por el Dr. Julio Platzmann. La nueva edición re- produce la antigua al pié de la letra, hasta con sus erratas. Las portadas y grabados están en facsímile, lo mismo que todas las letras iniciales de la obra. El tipo parece haber sido grabado expresamente: tanto así imita el del original. En suma, es un libro bellísimo, soberbiamente impreso. Tengo un ejemplar en gran papel de holanda.) 1571 6i. Cristiana en la lengua Guastecacon la lengua castellana, la guasteca correspondiente á cada palabra de guas- teco, según que se pudo tolerar en la frasis de la lengua guaste- ca, compuesta por industria de un fraile de la orden del glo- rioso Sanct Augustín: Obispo y Doctor de la Sancta Iglesia. En México, en casa de Pedro Ocharte. 1571. (Véase la fotolitografía.) En 49, letra gótica. A la vuelta de la portada comienzan los preliminares, que son: i9 Licencia del virrey D. Martín Enríquez, i9de Agosto de 1571.— 2? Comisión del P. Mtro. Fr. Bartolomé de Ledesma, administrador del Arzobispado, para que sea examinado el castellano de la obra, 22 de Julio de 1571. En ella se expresa que hizo y com- puso la Doctrina el P. Fr. Juan de la Cruz, religioso de la orden del Sr. S. Agus- tín.—j? Fr. Martín de Perea y Fr. Melchor de los Reyes aprueban la Doctrina en la parte castellana, y no en la huasteca, por no entender la lengua.—49 A 24 de Julio da comisión el Mtro. Ledesma al P. Juan Gil y Lope Corzo y D. Francis- co, cacique de Guautla, y Martín Vázquez, intérpretes, para que digan si el huas- 184 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XXI. H1 í 71 teco conforma con el romance.— 59 El mismo día dio su aprobación el P. Gil.— 69 Dos días después aprobó también Lope Corzo, vecino de Guaxutla.— 69 Apro- bación de D. Francisco de la Cueva y Martín Vázquez de Molina, intérpretes.— 79 Aprueba también, aunque no se menciona en la comisión, Diego de Mayorga Ximenez, vecino de Uaxutla, 16 de Julio de 1571.— 79 El mismo día dió licen- cia el Mtro. Ledesma al impresor Pedro Ocharte para que pudiera imprimir la Doctrina: se repite que el autor es Fr. Juan de la Cruz. Parece increible que tan- tas diligencias se hiciesen en cuatro días. Al fin de esta licencia, completando la vuelta de la foja está el escudo del Sr. Montúfar, que es el mismo del Tesoro Espiritual del P. Gilberti, 1558 (n932). 89 Epístola nuncupatoria al virrey D. Martín Enríquez. Dice así: “Conocido, muy Excelente Señor, no por relación sino por experiencia el sancto celo con que V. E. desea y por todas vias procura el bien y salud de las ánimas de los indios naturales destas partes, y habiéndome mandado V. E., movido del mesmo celo, procurase, para favorecer las ánimas de los indios Guastecos, gente muy falta y ne- cesitada de doctrina, hacer un catecismo con que fuesen industriados en las verda- des de nuestra santa fe, hice en cumplimiento de lo que V. E. me mandó, esta breve Doctrina en dos lenguas, española y guasteca, para que por la una se saque fácil- mente la otra: también, mediante el divino favor, hice y recopilé el Arte para apren- der la dicha lengua: en lo cual, demás de mi trabajo, me he aprovechado de los trabajos de otros padres y ministros celosos de la salvación de aquella pobre gente, y de otros muchos, de los cuales me he ayudado para examinar la congruencia y correspondencia de la lengua guasteca á la nuestra española, como van contrapues- tas por sus planas, &c.” 99 Epístola nuncupatoria al Sr. Arzobispo Montúfar. “Habiendo visto, Reve- rendísimo Señor, el deseo y voluntad, y el celo grande de Vra. Sría. con que deter- minó, como verdadero pastor, por el cuarto capítulo de las sinodales, que celebrado el santo concilio provincial en esa insigne ciudad y metrópoli de Vra. Sría. Rma. en el año de 1556 manda se ordenen dos doctrinas, una breve y otra más larga, y que los intérpretes clérigos y religiosos las traduzgan en muchas lenguas para doc- trinar los indios en las cosas más necesarias á su salvación: yo, aunque indigno, visto que en la lengua mexicana se han traducido y sacado muchas doctrinas, y que desta lengua guasteca no habido (sic) quien haya sacado doctrina á luz, sino una que sacó el P. Fr. J uan de Guevara, fraile de la orden de nuestro Padre Sancto Au- gustín, doctísimo varón y consumado religioso, que se imprimió en la sede vacante el año de 1548, la cual, ansí por la falta del molde como por la de los nahuatlatos, que en aquel tiempo no alcanzaban tanto los secretos y modos de hablar della, por no se haber puesto en arte, tiene y ha parecido tener algunos defectos, como á mí me consta de veinte años á esta parte, por haber tenido más curiosidad en ella que otros nahuatlatos seglares que ignoran la gramática de la dicha lengua guasteca y sus muchas equivocaciones, de las cuales usan mucho los huastecos, por ser lengua bárbara: quise tomar el trabajo de la tornar á sacar y poner en perfección, pues participo de la lengua guasteca y mexicana, que es luz, mediante Dios, para sacar •57'] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. y traducir la doctrina en las demás lenguas bárbaras desta tierra, por no caer en in- gratitud á la gran merced que Dios Nuestro Señor me ha hecho en me anumerar por uno de los intérpretes y ministros della. Da atrevimiento á mi poquedad y bajeza la penuria y falta que hay de nahuatlatos eclesiásticos en ella, ansí clérigos como religiosos, visto el principal, que era el muy reverendo padre Fr. Andrés de Olmos, es difunto y está gozando de sus trabajos, y el muy reverendo padre Juan de Mesa, clérigo, que de los clérigos no hay otro que della entienda cosa, y él por sus escrúpulos no se atreve á la sacar, y por eso yo determiné de la sacar, &c. Fe- cha en el convento de Sant Augustín de Uexutla de la Guasteca á 30 de J unió de 1571 años —Fr. Juan de la Cruz.” 10. Licencia de Fr. Juan de San Román, provincial de S. Agustín. Molango, 17 de Octubre de 1570. Con esto se completan 5 fojas. Sigue el A B C, y luego la Doctrina, en una plana el huasteco y en otra el ro- mance. La vuelta de la foja 16 está ocupada con un grabado que representa una mano abierta, y en cada dedo escrito un mandamiento de la Iglesia, en castellano y huas- teco, y abajo dice, en ambas lenguas: <(*¡\ Aqui veras lo que te manda la Ygleíia que es ayuntamiento de los||fanctos padres.” En la vuelta de la 18, la misma mano con los siete sacramentos, y abajo: efta mano veras los hete facramentos que Dios te dexo en fu ygleíia co||mo me- dicinas de tu alma para fanar de la ponzoña y culpa del peccado: íi al||guna vez cayeres en peccado mortal acude a la penitencia que || para fanar del te lo dexa tu Dios.” Vuelta de la foja 50: glcabofe efta Doctrina djríftíana, en el|| mes b Setiembre be. 1570- años en el||conuento be ®uerotla g fue bífta g enjaminaba en prcfencía bel pabre Juá||be Jftlefa lengua Suafteca g be ítfíjríllftoual be frías, g ILope corfo,g be b6||Iflernanbo cortes, g bon JYancífco b||la cueua, g bebón dfrancífco be belafeo, cacique be|| STauífan por bílígcncía bel mug amabo pabre frágil Juan be la <£m prior bel bíeijo conuento g befpties||fue gunba be* reuífta g facaba conforme al la orna || ce acabofe a. 30. bel mes be Junio fíebo otra be?|| examinaba g reuífta por Juan muñof be fagas, g|| OTbríftoual be frías, g ILope corfo, g be || cífneros, g Juan acebo, en el tamoín eonclugofe en ||l$uexotla, a. 30. be Junio be íiflíll quinientos g fe=|| tenta g bn Mos. TI a ijonra g Gloría be nueftro feñor Jefu || atfjrífto, para prouecljo g btb líbab be|| las animas bebaro be la correal! cíon be la fancta íglcfía||be ma.lLjfrag Juan be la (ítruL Vuelta de la foja 51, el grabado de S. Agustín que está en la portada de la Physica Speculatio (n° 30). Frente de la foja 51, el grabado de la Virgen dando la casulla á S. Ildefonso, que está también en el Tripartito de Juan Gersón (n9 5), y abajo: 186 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. H1571 H (&n fiflexíco en cafa fie líefiro ©cljarte, a quinte fie Setiembre fie JEíll g quinientos g fetenta g un años Tf a cofia fie |3aeíjeco. A la vuelta de la misma, un grabado, de que es reducción el siguiente El libro consta de las signaturas ó sean siete pliegos de á 8 fojas, menos el último que es de 4. Hay página que tiene hasta siete grabados en madera, y en toda la obra se cuentan 140 entre grandes y pequeños. (Descripción, con fotolitografías, comunicada de Madrid por el Sr. D. José Sancho Rayón. Menció- nase el libro en el Ensayo de una Biblioteca de Libros raros y curiosos, por D. M. R. Zarco del Valle y D. José Sancho Rayón, tom. II, n° 1950.) Beristain (1,406) dice que esta Doctrina se reimprimió en 1689, en 4? No he visto esta reimpresión. D. Carlos de Tapia Zenteno, en su Noticia de la Lengua Huasteca (1767) alude á las dos ediciones en estos términos: ■571] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 187 “Lo que no puedo evitar es prevenirte que en la antigua Cartilla (de que ape- nas hay memoria, y que aun practican los indios por tradición) hay algunas adi- ciones parafrásticas, que unas por ociosas y otras por erróneas deben evitarse La cual cartilla (como consta de la que he visto) se escribió el año de 1570, siendo entonces la vacante del Illmo. Sr. D. Alonso de Montúfar y aunque después se imprimió otra el año de 1689— reducida á la estrechez de catorce fojas, sólo es un traslado de la primera, sin tener de nuevo más que muchos yerros de imprenta que la hacen imperceptible aun á los mesmos indios, y aun así será difícil conse- guirla.” Poner en 1570 la vacante del Sr. Montúfar es error manifiesto, porque dicho prelado falleció el 7 de Marzo de 1572; aunque por estar incapacitado para los negocios desde mucho antes, gobernaba en su nombre la diócesis el P. Ledesma. 15 73 62. TRACTADO||de qve se deven ADMINISTRAR LOS|| Sacramentos de la Sandia Eucha-||riftia y Extrema vndion: a los || indios de efta nueua Efpaña|| Compuejio por el muy Reue- rendo\\ Padre Fray Pedro de Agurto, le£lor\\ de Artes y Fheologia, en el\\MoneJlerio de de||México. Un escudo que representa un corazón en el mar, atravesado con tres flechas. EN MEXICO.|| En cafa de Antonio de Spinofa.|| 1573. En 8°, 91 ff.: preliminares en letra romana: texto en gótica. Fs. 1 á 4 fte.: Licencia del virrey D. Martín Enríquez.— Id. del provincial Fr. J uan Adriano.— Id. del Dean y Cabildo.—Aprobación de Fr. Melchor de los Reyes.— Id. del Dr. Barbosa. Vta. de la foja y foja 5*, dedicatoria del autor al Virrey.— Fs. 6 á 90, texto. — Foja 91 fte., el colofón: ESTE TRA-|| citado en la gran ciudad de México, en ca|| fa de Antonio de Spinofa. Con licécia del || muy excelente feñor D. Martin En || ri- quez Viforrey dita nueua Efpaña:|| y dios muy ylluítres feñores De|| an y Cabildo, fede vacáte deíta || dicha Ciudad: Acabofe de || íprimir a veynte y dos || de Abril de mil yUq'niétos y fetenta y || tres || Años. A la vuelta el escudo del impresor, más pequeño que de costumbre. (El ejemplar descrito estaba en la Biblioteca de la Universidad. Otro, con portada MS., se vendió entre los libros del Sr. Ramírez [n° i 5]: £ 6. i y.6 = $ 34.37.) z*jS£3|R. Pedro de Agurto fue natural (pgyp de México, é hijo del escribano !”5aj] Sancho López de Agurto. Sirvió de paje al Illmo. Sr. Zumárraga, y éste le dejó en su testamento un legado de vein- te pesos de tepuzque. Aunque Beristain dice que profesó en 1560, vemos por la Crónica de Plaza, que ya era religioso de S. Agustín cuando en 8 de Agosto de 1553 se matriculó en la nueva Universidad. 188 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. ['573 Desempeñó cargos principales en su or- den: fué prior del convento de México, y primer rector del Colegio de S. Pablo. En 15841c eligieron provincial, y en 1585 asistió al tercer Concilio Mexicano, co- mo teólogo consultor. Durante la ausen- cia de Fr. Alonso de la Vera Cruz á Es- paña en 1562, le sustituyó en la cátedra de Escritura de la Universidad. Supo las lenguas mexicana y tarasca, en las cuales predicó á los indios. Pasaba por el me- jor canonista de su tiempo, y cuando los obispos, ó su orden le consultaban, que era con frecuencia, daba por respuesta un breve tratado sobre la materia. En 1595 fué nombrado primerobispodeZebú, en Filipinas, adonde fundó un hospital para enfermos de todas naciones y cultos, con tal liberalidad, que le cedió hasta su propia cama, habiendo tenido que pedir presta- da otra al mismo hospital, para dormir aquella noche. Resplandeció en todas virtudes, especialmente en mortificación y castidad, y se le atribuyeron milagros. Después de una larguísima y terrible agonía, falleció el 14 de Octubre de 1608. Beristain dice que el tratado se reim- primió en Manila, 1606, en 4®, edición que no he visto; y agrega, que en el con- vento de S. Francisco de Tezcuco, halló un MS. original del P. Agurto sobre los privilegios de los regulares. (Grijalva, Edad III, cap. 32; Edad IV, capí- tulos 11, 27, 28.— Martínez, Hist. de Filipinas, cap. 12.— Beristain, I, 32.— México en 1554, pá- gina 11.) *574 63. Arte y Dictionario, con otras obras en lengua Michua- cana. Compuesto por el M. R. P. Fr. Juan Bautista de La- gunas, Predicador y Guardian de S. Francisco de la Ciudad de Guayangareo, y Difinidor de la Provincia de Mechuacan y de Jalisco. Dirigidas al M. I. Sr. Dr. D. Antonio Morales de Molina, Caballero de la Orden de Santiago, Obispo merití- simo que fué de Mechuacan, y agora de Tlaxcala, del Con- sejo de S. M. Un escudito episcopal. En México. En casa de Pedro Ocharte. 1574. (Véase la fotolitografía.) En 8”, letra romana, muy mal impreso. A la vuelta de la portada el conocido grabado de la impresión de las llagas de S. Francisco, que se ve igualmente en la portada del n° 69. Dos versos latinos arriba; y abajo cuatro líneas en tarasco. Licencia del virrey D. Martín Enríquez, i6de Octubre de 1573.— Id. del obis- po de Michoacán, D. Antonio Morales de Molina, 29 de Octubre de 1571.— Id. del Dr. Esteban de Portillo, México, 6 de Febrero de 1574.— Id. del Dean y Ca- bildo de Mechuacán, sedevacante, 20 de Noviembre de 1573.— Id. de Fr. Miguel ARTE Y DICTIO NAR1 O : CON OTRAS Obrasen lengua Michuacana. Cópueilo por elmuy.R.P Fray IuanBapnftadeLagu nas5Praedicador3Giiardiandcfand de Gua* Diff inidordela Prouincia de Mechua» can, y de Xalifco. DIRIGIDAS AL M V Y YLLV\Y.R. feúor Do&ordó A ntonio Mora les 3 Mo!ina,Caua IlerodelaordédeSáftiago.obirpomeritifsimoqfue deMechuací,/agora de Tlaxca J&delcóf.defu.M, EN M EXICO, En cafa de Pedro Ballú 0*7 4* lengva me Xicawa yCaíhl/ana, compuefta por el muy Alonjo de ¿Vi olma,déla orden de Señorfant Francifco^denueuoen ejlafegurt da impresión cor regid ate metida da y añadí daymas copiofay clara que la primera* Dirigida al tnuy Excelente Señor V'iiorrey ,8tC. MtXic o, enu¡adeVt574 I:«»iTOj|aA ya entonces muy antiguo en España el impuesto de alcabala, pues aunque comunmente se atri- buye su establecimiento al rey D. Alfon- so XI en 1342, hay noticias de que exis- tía desde mucho antes.1 Parecía, por lo mismo natural, introducirle en los nue- vos dominios; pero en 15 de Octubre de 1522 dispuso el Emperador que mien- tras no fuese otra su voluntad, no se co- brase en la Nueva España. Ya desde 1535 se trató de retirar esa franquicia, pues en las instrucciones dadas á D. An- tonio de Mendoza se le dice, que por ha- ber tomado gran incremento la contrata- ción, y haber disfrutado bastante tiempo deaquellagracia la nueva tierra, era justo que comenzase á pagar la alcabala.2. No tuvo efecto por entonces aquella dispo- sición; pero repetida por Felipe II en Octubre de 1568, y Noviembre de 1571, se vió precisado el virrey Enríquez á cumplirla, después de muchos daresy to- mares, como diceTorquemadad En efec- to, los comerciantes y labradores, apoya- dos por la ciudad, opusieron gran resis- tencia al aquí nuevo impuesto, y llegó á ocurrir un grave disgusto entre el Virrey y el Sr. arzobispo Moya de Contreras. Fué el caso que con motivo de haber re- cibido este último el palio, se represen- tó en la iglesia mayor, el 8 de Diciembre de 1574, un entremés en que un algua- cil ó recaudador “sacaba prenda,” es de- cir, embargaba para cobrar la alcabala, lo cual divirtió mucho al público, y pareció al Virrey un desacato. Ciertos poetas, presuntos autores del entremés, fueron reducidos á prisión, y aunque al cabo se vino á aclarar que la tal pieza no había sido compuesta aquí sino en España, el hecho de haberla elegido y representado en aquellas circunstancias, dió márgen á averiguaciones, quejas y escándalos.4 i Lafuente, Hist. Gen. de España, pte. II, lib. 3, cap. 11. 2 Herrera, Dec. V, lib. 9, cap. 1. 3 Lib. V, cap. 22. 4 Carta del Arzobispo al Rey, 24 de Enero de 1 575, apud Cartas de Indias, pág. 176. A pesar de todo la disposición se lle- vó á efecto, y para ello se publicó la Ins- trucción de que tratamos, en la cual se ve comprobado que la alcabala era un derecho que cobraba el fisco en las ven- tas, á diferencia del almojarifazgo, que re- caía sobre la introducción y extracción de efectos. Con el tiempo desapareció el nombre de almojarifazgo, acaso por su di- fícil pronunciación, y ambos impuestos se confundieron en el que conservó el nombre de alcabala. No conozco otro ejemplar de la Ins- trucción impresa, ni hallo que autor algu- no dé razón de su contenido; por lo cual, y por ser el primer reglamento del cobro de un impuesto que con variaciones de forma, y sobre todo con aumento en la cuota, subsiste todavía en la mayor parte de la República, sería conveniente reim- primirle. No le traslado aquí, por creer- le ajeno de esta obra; pero le extractaré, porque sirve también para dar á conocer en cierta manera el estado del país, y cuá- les eran entonces los principales artícu- los de comercio, tanto de Castilla como de la tierra. Se señalan expresamente como sujetas al pago de alcabala, las “Cosas de Casti- lla” que siguen: El vino quese vendiereen gruesoypor menudo.— El aceite y vinagre.—Todas las frutas verdes y secas, y cosas de co- mer.— Las sedas, brocados, paños y lien- zos, y otro cualquier género de mercade- rías que vienen de España. Las “Cosas de la Tierra” son: Trigo y cebada.— Carne viva y muer- ta.— Corambre al pelo, curtida y adoba- da, y pellejos cervunos, y de tigres y leo- nes y otras salvajinas.— Sebo y lana.— Azúcares, cacao, jabón.—Sedas crudas y te- ñidas; tejidas,y en otra manera.— Mantas. — Algodón.— Grana cochinilla.—Azo- gue.— Alumbre.— Plomo.— Cobre.— Pescado.— Paños, frezadas, sayales, ba- yetas, jergas; cáñamo y lino; pita, ne- quen.— Cañafístola,jenjibre y otras dro- gas y especias. — Añil*, zarzaparrilla y palo.— Cera y miel.— Toda suerte de >574] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 193 pluma, y cosas hechas de ella.— Perlas, piedras, aljófar y vidrio.— Loza, jarros, tinajas y otras vasijas de barro.— Made- ra, tablas y cosas hechas de ella. Y cal y piedra, arena y tezontal.— Casas y here- dades; estancias y esclavos y censos.— Ajuar de casa, tapicería, vestidos, y otra cualquier cosa que se venda ó trueque en cualquiera manera.— De los frutos y es- quilmos de las huertas y heredades y otros bienes.— De todas las cosas de la- bor de manos que se vendieren.— De recuas y de otras cualesquier bestias de carga.— Los boticarios, así de las medi- cinas, como de otras cosas de su oficio que vendieren.— Los herradores, frene- ros, pellejeros, silleros, guarnicioneros, y otros oficios y artes cualesquier.— Traperos, roperos y buhoneros.—Y en efecto, de todas las demás cosas, fuera de las exceptuadas, que aquí no van de- claradas. Las exceptuadas eran estas: Maíz y otros granos y semillas que se vendieren en los mercados y alhóndigas para pro- visión de los pueblos.— Pan cocido.— Caballos, muías y machos de silla, ensi- llados y enfrenados.—Moneda acuñada. —Libros, así de latín como de romance, encuadernados ó por encuadernar, escrip- tos de mano ó de molde.— Halcones, azores y otras aves de caza.— Las cosas que se dieren en casamiento.— Los bie- nes de los difuntos que se partieren en- tre los herederos.— Plata, vellón, cobre y rasuras de moneda.— Armas ofensi- vas y defensivas, hechas y acabadas.— Jubones de malla.— Los mantenimien- tos y cosas que se vendieren en las plazas para provisión de gente menuda.— La cantidad en que se vendiere el servicio de los indios chichimecas y otras nacio- nes bárbaras. Los indios estaban exceptuados del impuesto por todo lo suyo que vendie- ran; lo mismo las iglesias y monasterios, prelados y clérigos de órdenes mayores. La alcabala era de dos por ciento en general, con alguna rara excepción. El cobro se hacía por recaudadores, sirvien- do comunmente de base la declaración jurada del causante. LA INDUSTRIA DE LA SEDA EN MÉXICO.1 n la Instrucción de que acabamos de |gjÉd! hablarhemosvistoqueunodelos itii 1artículos de la tierra, esto es, nacio- nales, gravados con el derecho de alcabala era la Seda, ya fuera cruda, teñida, tejida ó de cualquiera otra manera. Esto nos invita á recoger aquí algunas noticias de 1 En el n° 29 del periódico “El Explorador Minero ” (26 de Mayo de 1877) se publicó un ar- tículo intitulado “La Geografía de la Seda,” en que se dió noticia de un trabajo de Mr. L. Clugnet re- lativo á ese asunto, y premiado por la Sociedad de Geografía de Lyon. Mr. Clugnet (tomándolo de un libro de Mr. Duseigneur) dijo “que el clima de México es favorable para el cultivo de la more- ra, y que en el siglo XVII floreció esta industria en Oajaca, siendo destruida por el gobierno español;” y agrega “que hoy se hacen ensayos para introdu- cirla en los alrededores de Mazatlán.” El ilustrado redactor de aquel periódico, D. Santiago Ramírez, dijo con ese motivo: “ Es en extremo desconsola- dor ver el desdén con que se nos examina, y la in- una riquísima granjeria de la Nueva Es- paña; y nos decide á ello la consideración de que por hallarse esparcidas esas noti- cias en libros raros y documentos apenas conocidos, sin que se hayan reunido hasta ahora en un cuerpo, son generalmente ignoradas. Conviene divulgarlas para re- justicia con que se nos trata en el extranjero, donde los que escriben ni siquiera se ocupan de buscar da- tos relativos á nosotros; pero es más desconsolador todavía, y al mismo tiempo vergonzoso el hecho que nos vemos obligados á confesar, de que nosotros so- mos cómplices de ese desdén y de esa injusticia, puesto que nada hacemos para darnos á conocer de una manera ventajosa.” La justa queja del Sr. Ra- mírez me movió á remitirle un artículo (anónimo), que publicó en el n? 35, donde di algunas noticias acerca de la industria de la seda en México. Al tratar ahora de la misma materia, me veo precisado, naturalmente, á repetir la mayor parte de lo que entonces dije, añadiendo el resultado de nuevas in- vestigaciones. 194 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1574 cordar á todos cuán favorable es á esa industria nuestro clima y suelo, y para hacer ver que no hay necesidad de aven- turar ensayos dudosos, sino que con pié firme se puede entrar en la empresa de restablecer lo que ya existió. El cultivo de la morera y cría del gusano ofrece en México particular aliciente por lo valio- so del producto, que puede sufrir los pe- sados gastos de trasporte, tropiezo cuo- tidiano de nuestro comercio. Servirá de paso esta reseña para rectifi- car algunos errores. La vulgaridad de que el gobierno colonial perseguía de muerte los comercios é industrias que podían causar perjuicio á la contratación con Es- paña, ha corrido siempre entre noso- tros con grande aceptación, como arbi- trio muy cómodo para encubrir nuestra desidia. Hasta Humboldt le prestó el apoyo de su autoridad, y tuvo por incur- sos en el anatema la morera, la viña, el olivo, el cáñamo y el lino. Respecto á este último hubo ya de desdecirse, en virtud de las pruebas que se le presen- taron;1 y lo mismo debió haber hecho con la seda, como vamos á ver. Los ex- tranjeros, más por culpa nuestra que su- ya, han continuado juzgando con igual ligereza, y poniendo todo á cargo del go- bierno español.4 Hallamos, sin embargo, que desde 1503, diez años después de la primera noticia del descubrimiento de la Améri- ca, y cuando ni aun siquiera se sospe- chaba la existencia de lo que luego se lla- mó Nueva España, ese mismo gobierno español daba ya á Nicolás de Ovando, entre otras instrucciones, la de que “in- trodujese la granjeria de la seda en la Isla Española.”1 Su introducción entre no- sotros, aunque no perfectamente averi- guada, data sin duda de los años inme- diatos á la conquista: tampoco se sabe á punto fijo quién fué el primer introduc- tor. El cronista Herrera refiere que el año de 1522 envió Cortés á España por cañas de azúcar, moreras, pera, seda, sar- mientos y otras muchas plantas.1 El con- quistador mismo dice, en un Memorial presentado por los años de 1 542, que po- bló las tierras nuevas “de ganados de todas maneras y asimismo de muchas plantas en especial de plantar mora- les y llevar simiente de seda, y sostenerla diez años, fasta que hubo muchos que se aplicaron á ella, viendo el interese.”5 Dió gran vuelo á los plantíos de moreras en los pueblos de su jurisdicción; y según documentos del archivo de su casa, en el año de 1550 trabajaban hasta ciento y treinta peones en cuidar esos plantíos, que estaban en las inmediaciones de Yau- tepec y en otros pueblos.4 Cortés, tan ensalzado por sus hazañas militares, no ha sido estimado todavía como merece, 1 Ensayo político sobre la Nueva España (París, 1 836), lib. IV, cap. 10. Humboldt no encubría su aversión al gobierno mismo que tan generosa como inconsideradamente le abrió de par en par las puer- tas de sus colonias. Más de sesenta años hace que el gobierno español no nos pone traba alguna, y no hemos visto todavía florecer esas industrias cuyo vuelo se dice que impedía. 2 No hay que culpar solamente á los extranjeros. Mexicano era Clavigero, y dijo lo mismo con par- ticular insistencia: él fué probablemente quien dió origen al error de Humboldt. “ Cogíanse abundan- tes cosechas de buena seda, especialmente en la Misteca, donde era un artículo principal de comer- mas habiéndose visto obligados después los mis- tecos á abandonarlo por razones políticas, se descuidó también la cría del gusano, y hoy son pocos los que se dedican á ella.” Prosigue diciendo que además de la seda común había otra blanca y fuerte que se criaba por los árboles en las costas, “pero únicamen- te se sirven de ella algunos pobres, por la poca curia de aquellas gentes, ó más bien por las vejaciones que ha- bría de sufrir el que quisiera emprender tal comercio." 1 Herrera, Déc. I, lib. 5, cap. 22. 2 Déc. III, lib. 4, cap. 8. 3 Colección de Documentos Inéditos para la Histo- ria de España, tom. IV, pág. 223.— Lo confirma Andrés de Tapia en su Relación de la Conquista de México.—“ Hizo el Marqués llevar todo género de ganados que en España se usan para granjerias, y bestias, y simiente de seda, y á ésta ha ayudado mu- cho el virrey D. Antonio, y asi hay mucha.” Colec- ción de Documentos para la Historia de México, to- mo II, pág. 593. 4 Alamán, Disertaciones, tom. II, pág. 68. En la Descripción de Huastepec, hecha en 24 de Sep- tiembre de 1580 por el alcalde mayor Juan Gutié- rrez de Liébana (MS. original en mi poder), se dice que había allí morales “desde que el Marqués los mandó plantar.” 1574] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. bajo el aspecto de gran gobernador é in- troductor de muchos ramos de riqueza pública. El mismo cronista, olvidando lo que antes había escrito, atribuye en otra par- te la primera introducción de la cría de la seda al oidor Delgadillo. Cuando á éste se le tomó residencia, uno de los car- gos fué “que habiéndose enviado de Cas- tilla á Francisco de Santa Cruz, vecino de México, una cuarta de onza de si- miente de seda, y llegando buena, la dió al oidor Delgadillo que, como hombre de Granada, sabía cómo se había de criar, para que en una huerta que tenía, una legua de México, adonde había buenos mo- rales, se procurase de beneficiarla, lo cual hizo y salió buen capullo y dió fina seda, y se cogió tanta simiente, que el Lie. Delgadillo restituyó á Francisco de Santa Cruz más de dos onzas de si- miente por la cuarta que recibió, y la otra repartió entre diversas personas pa- ra que la beneficiasen lo cual se ha referido por el principio que tuvo la crian- xa de la seda en Nueva España, que ha dado y da tan rico aprovechamiento.”1 El cargo contra Delgadillo consistía en sesenta pesos que sin duda le reclama- ba el Santa Cruz por consecuencia de aquel negocio, y se le condenó á pagar- los. Aquel malvado oidor hizo siquiera ese beneficio á la colonia. Nótese que la seda de Delgadillo no se crió en tie- rra caliente, sino en el Valle de México, á las puertas de la capital; y según mis conjeturas, en terrenos de la hacienda que hasta hoy se llama de los Morales. Además de que tal nombre está indicando un lugar en que había morales ó moreras (palabras usadas entonces como sinóni- mas), concurre la circunstancia de que en cabildo de 15 de Enero de 1529 la ciudad hizo al dicho oidor merced de dos suertes de tierra para huerta al poniente de la calzada llamada ahora de la Verónica, que es precisamente el rumbo á que se halla la hacienda de los Morales. Delgadillo residió en México desde fines del año de 1528 hasta muy entrado el de 34, de suerte que si Cortés pidió la seda desde 1522, le pertenece la priori- dad respecto al oidor: éste indudable- mente encontró ya puestos por algún otro los morales que aprovechó. Sea es- to como fuere, consta que á principios de 1531 se cogía ya seda y se esperaba que habría mucha. Así lo escribían en 27 de Marzo de aquel año al Consejo de In- dias el obispo de México, el Custodio de S. Francisco y otros prelados de la mis- ma orden.1 En 1537 encontramos el primer docu- mento que puede llamarse oficial, relati- vo á la industria de la seda. El 6 de Oc- tubre, un cierto Martín Cortés (que no se debe confundir con ninguno de los dos hijosdel conquistadorque llevaban igual nombre) presentó al virrey Mendoza un Memorial, al que da principio reclaman- do para sí la prioridad en la introduc- ción de la seda: “Vuestra Señoría bien sabe cómo yo he seido el primero que en esta tierra he criado árboles de morales, y he criado y aparejado seda, y he hallado las tintas de carmesí é otras colores conve- nientes é provechosas para ella.” Esta formal declaración, no contradicha, an- tes ratificada por el virrey á quien se di- rigía, parece no dejar duda de que el Cor- tés fué anterior á D. Hernando y al oidor Delgadillo. Acaso el del memorial habría sido dependiente del Marqués, y por ha- ber corrido personalmente con plantar los árboles y propagar la semilla que éste hizo traer, se califica de primer intro- ductor. El contrato hecho con el Cortés ofre- ce interés particular, y por lo mismo da- rémos á conocer las principales cláusulas de él. Presentó sus proposiciones en for- ma de Memorial: encarece en él la im- portancia de esa industria: asegura que tenía mucha experiencia en ella, y que es- taba resuelto á dedicarse con todas sus l Publiqué esta carta en el Apéndice á la Biogra- fía del Sr. Zumárraga, y lleva el n? 6. i Déc. IV, lib. 9, cap. 4. 196 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. C1574 fuerzas á fomentarla, puesto que en las provincias de Huexotzinco, Cholula y Tlaxcala concurrían circunstancias muy favorables para el objeto. Ofrece poner en esas provincias cien mil piés de mo- rales, en el término de quince años, en- tregándolos de cierto tamaño al cumpli- miento del plazo. Pide que se le den las tierras y gente que fueren menester para el plantío, y se obliga además á ir, siem- pre que el Virrey se lo mandare, á otra cualquier provincia de la Nueva Espa- ña, y dar traza para que en ella se crien morales. En cambio pide que se le con- ceda por cinco años el uso exclusivo de “ciertos morales viejos que hay del tiem- po de los indios en la provincia de Cho- lula” y que para criar la seda en dicho pueblo se mande edificar una casa de adobe; pide también que se le den quin- ce indios de aquella provincia para que al mismo tiempo que aprendan el oficio, le sirvan á él de ayuda, y luego otras tantas mujeres que hilen y preparen la seda: á todos ellos ofrece mantener por su cuenta mientras estuvieren ocupados. De la seda que así cogiere pagaría los derechos reales. La petición más impor- tante es que se le encomendase el pue- blo de Tepepeque, que estaba vacante. Por cinco años había de disfrutar él de todo el tributo del pueblo; por otros quince iría á medias con el rey, y al cabo de los veinte quedaría todo para S. M., con los morales plantados, que no bajarían de diez mil, y cualquier otro aprovecha- miento que allí hubiera establecido.1 El virrey aceptó el contrato en todas sus partes, incluso lo de la encomienda de Tepex, y dió aviso de ello al rey en car- ta de 10 de Diciembre de 1537, recomen- dando en ella la persona del Cortés “que es el que hasta agora ha entendido y da- do industria para que viniese la cosa á tener principios, y por ser persona hábil y que tiene bien entendido lo que para es- to conviene.”2 Ignoro qué éxito tuvo el concierto; pero el nombre de Tepeji de la Seda, que aun conserva el pueblo, y el hecho de haber prosperado allí tanto ese ramo de industria, me hacen creer que los afanes del Cortés no fueron infruc- tuosos. Hemos visto que éste habla de “unos morales viejos” que existían en Cholula desde antes de la conquista. En efecto, había una especie de morera y un insec- to muy distinto del verdadero gusano de la seda, que producía una hebra tosca y áspera al tacto. Humboldt afirma en dos lugares,1 que él había comprado en el ca- mino de Acapulco á Chilpancingo, pa- ñuelos fabricados en Oajaca con aquella seda; pero no encuentro fundada su aser- ción de que la seda de la Misteca era ya un artículo de comercio en tiempo de Moctezuma. El P. Motolinia expresa- mente dice que vió gusanos de seda in- dígenas, pero que los indios no hacían caso de ellos, por no serles conocida su virtud y propiedad.2 Mencionando el virrey Mendoza las cosas de que no go- zaban los indios, y que aprovechaban los españoles, cuenta entre ellas “las hojas de los morales para la cría de la seda.”* El P. Acosta asegura “que no la había en tiempo de los indios.”4 Probablemen- te cuando éstos vieron el partido que los españoles sacaban de los capullos del gu- sano nuevamente introducido, trataron de aprovechar otros que se criaban na- 1 Ensayo político, lib. IV, cap. io; lib. V, c. 12. 2 Hist. de los Indios de N. España, trat. III, c. 18. 3 Instrucción á su sucesor, apud Col. de Doc. Ined. para la Hist. de España, tom. XXVI, pág. 305. 4 Hist. Natural y Moral de las Indias (Sevilla, 1590), lib. IV, cap. 32. Pomar, en su Relación de Texcoco, MS., § 25, dice que “en tiempo antiguo cogía seda D. Antonio Tlahuitoltzin, cacique y go- bernador de esta ciudad, hijo de Netzahualpitzintli.” Esto pertenece á los tiempos posteriores á la con- quista.— Clavigero, por tal de probar que los mexi- canos conocían la seda, levanta un falso testimonio á Cortés, diciendo que en sus Cartas habla de lo que se vendía en el mercado de México. El con- quistador no dice más sino que “hay á vender mu- chas maneras de filado de algodón de todas colores, en sus madejicas, aystparece propiamente á alcaicería de Granada en las sedas, aunque estotro es en mu- cha más cantidad.” 1 Colección de Documentos Inéditos del Archivo de Indias, tom. XII, pág. 563. 2 Ibid., tom. II, pág. 197. 1574] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. turalmente y fabricaban una envoltura semejante. El P. Motolinia, que escribía su His- toria por los años de 1540 y 1541, da testimonio de la abundancia de morales y seda en la Misteca y en el valle de Atlixco. “Es tierra muy poblada (la Misteca) y rica, adonde hay minas de oro y plata, y muchos y muy buenos mo- rales, por lo cual se comenzó á criar aquí primero la seda; y aunque en esta Nueva España no há mucho que esta granjeria se comenzó, se dice que se cogerán en este año más de quince mil libras de se- da; y sale tan buena, que dicen los maes- tros que la tratan, que la tonotzi es mejor que la joyante de Granada: y la joyante de esta Nueva España es muy extrema- da de buena seda Es de notar que en todo tiempo del año se cría la seda, sin faltar ningún mes. Antes que esta carta se escribiese en este año de 154I, anduve por esta tierra que digo más de treinta días; y por el mes de Enero vi en muchas partes semilla de seda, una que revivía, y gusanicos negros y otros blancos, de una dormida, y de dos y de tres y de cua- tro dormidas; y otros gusanos grandes fuera de las panelas en zarzos; y otros gusanos hilando, y otros en capullo, y palomitas que echaban simiente. Hay en esto que dicho tengo tres cosas de no- tar: la una poderse avivar la semilla sin ponerla en los pechos, ni entre ropa, co- mo se hace en España: la otra, que en ningún tiempo mueren los gusanos, ni por frió ni por calor; y haber en los mo- rales hoja verde todo el año, y esto es por la gran templanza de la tierra. To- do esto óso afirmar, porque soy dello testigo de vista, y digo: que se podrá criar seda en cantidad dos veces en el año, y poca siempre todo el año, como está dicho.”1 “Hay (en la Nueva Espa- ña) muchos morales y moreras: las mo- ras que dan son muy menudas. Poco tiempo há que se dan á criar seda: dase muy bien, y en menos tiempo que en España. Hay mucho aparejo para criar mucha cantidad andando el tiempo; y aunque se comienza ahora, hay personas que sacan trescientas y cuatrocientas li- bras, y aun me dicen que hay persona que en este año de 1540 sacará mil libras de seda. De la que acá se ha sacado, se ha teñido alguna, y sube en fineza; y me- tida en la colada no desdice, por la fineza de las colores.”1 “Es valle (el de Atlix- co) adonde se plantan muchos morales, y ahora se hace una heredad para el rey, que tiene ciento y diez mil morales, de los cuales están ya traspuestos más de la mitad, y crecen tanto, que en un año se hacen acá mayores, que en España en cinco. En la ciudad de los Angeles hay algunos vecinos de los españoles que tie- nen cinco y seis mil piés de morales, por lo cual se criará aquí tanta cantidad de seda, que será una de las ricas cosas del mundo, y éste será el principal lugar del trato de la seda, porque ya hay mu- chas heredades de ella, y con la que por otras muchas partes de la Nueva Espa- ña se cría y se planta, desde aquí á pocos años se criará más seda en esta Nueva España, que en toda la cristiandad; por- que se cría el gusano tan recio, que ni se muere porque le echen por ahí, ni por- que le dejen de dar de comer dos ni tres días, ni porque haga los mayores truenos del mundo (que es lo que más daño les hace), ningún perjuicio sienten como en otras partes, que si truena al tiempo que el gusano hila, se queda muerto colgado del hilo. En esta tierra, antes que la si- miente viniese de España, yo vi gusanos de seda naturales y su capullo; mas eran pequeños, y ellos mismos se criaban por los árboles, sin que nadie hiciese caso de ellos, por no ser entre los indios cono- cida su virtud y propiedad; y lo que más es de notar de la seda es que se criará dos veces en el año, porque yo he visto los gusanos de la segunda cría en este año de 1540, en principio de Junio, ya gran- i Hist. de los Indios de N. España, Epístola proe- mial, pág. 8. i Trat. III, cap. 8. 198 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1574 decillos y que habían dormido dos ó tres veces. La razón porque se criará la seda dos veces es porque los morales comien- zan á echar hoja desde principio de Fe- brero, y están en crecida y con hoja tier- na hasta Agosto: de manera que cogida la primera semilla, la tornan á avivar, y les queda muy buen tiempo y mucho, porque como las aguas comienzan acá por Abril, están los árboles en crecida mucho más tiempo que en Europa ni en Africa.”1 El P. Motolinia afirma, como acaba- mos de ver, que donde primero se crió la seda fué en la Misteca; y el cronista Dávila Padilla refiere que Fr. Domingo de Santa María, enviado por sus supe- riores á aquella provincia, “fué el que enseñó á los indios á criar seda, cono- ciendo la buena disposición de aquella provincia para esto, y plantó y hizo plan- tar los morales, que han sido tan pro- vechosos en este trato. Dió á entender asimismo á los indios el cuidado que habían de tener en esperar los gusanos y criarlos y guardarlos; y fué tan apro- vechada su enseñanza, que hablando ge- neralmente es la mejor seda del mun- do la que en aquella tierra se cría.”2 El cronista de la orden en Oajaca asegu- ra lo mismo, hablando en general de los primeros religiosos dominicos que en- traron en la Misteca; pero me ofrece al- guna dificultad, porque según el propio autor esa primera entrada se verificó en 1538,? y parece muy poco tiempo el tras- currido hasta 1540 ó 41 para que la pro- ducción hubiese llegado á la cantidad que señala el P. Motolinia, sobre todo si el Fr. Domingo comenzó por plantar los morales. El contrato con Martín Cortés habla ya en 1537 de la introduc- ción de la seda, como de cosa anterior; hay una cédula de i”de Agosto de 1539 en que el rey manda que los indios pa- guen diezmo de la seda, lo cual supone una producción de cierta importancia,1 y en fin, vimos antes que en 1531 se cogía ya alguna. De consiguiente, ó no fué la Misteca la primera provincia en que se cogió seda, ó no fueron los dominicos los que introdujeron allí tal industria. Después del P. Motolinia encontra- mos ya repetidos testimonios de la exten- sión que aquel ramo de comercio iba to- mando. El mismo año de 1540, á 17 de Septiembre, el factor Salazar hablaba en el cabildo de la “abundancia de sedas que se crian, y telares y tornos que se encomienza á hacer, y cintas anchas, co- lonias2 y pasamanos que se hacen.” En 1543, cuando llegaron á Pánuco los res- tos de la expedición de Hernando de So- to, al mando de Luis de Moscoso, ha- llaron que los vecinos de allí se ocupaban en plantar morales.5 En 30 de Mayo de 1544, el Sr. Zárate, obispo de Oajaca, es- cribía al rey que “hay un pueblo en la Misteca donde cogen para sí los natura- les dos mil libras de seda.”4 Hay testi- monio de que se cogía también en la provincia de Michoacan así como en el valle de Meztitlan;5 y hasta en la remo- ta península Yucateca halló por Julio de 1588, el P. comisario Fr. Alonso Ponce una estancia de un español, llamada Te- chay, en la cual se criaban muchas mo- reras y se beneficiaba seda, aunque poca.6 1 Mi biografía del Sr. Zumárraga, Apénd., pá- gina 236. 2 “ Cierto género de cintas de seda de tres de- dos ó más de ancho. Suélense hacer lisas ó labra- das, y de un solo color ó de varios.” Dice, de Au- toridades. 3 Garcilaso, La Florida, lib. VI, cap. 17. 4 Doc. Inéd. del Archivo de Indias, tom. VII, pá- gina 551. 5 Descripción de Pázcuaro, por el teniente de al- calde mayor Juan Martínez, 8 de Abril de 1581, MS. original en mi poder.— Id. de Tiripitío, por el corregidor Pedro de Montesdeoca, 1 5 de Septiem- bre de 1580, MS. id. id.— Id. de Meztitlán, por Gabriel de Chaves, 1? de Octubre de 1579. Esta relación fué publicada en francés por Ternaux- Compans en el tomo XVI de sus Voyages &c., y en castellano en el tomo IV de los Documentos Inéditos del Archivo de Indias; pero sin el mapa que acom- paña al MS. original en mi poder. 6 Relación de su Viaje, tom. II, pág. 399. 1 Trat. III, cap. t 8. 2 Hist. de la Provincia de Santiago, lib. I, cap. 5 1. 3 Geográfica Descripción, fol. 13 1. ■ 574] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. i99 Tan importante se juzgaba esa indus- tria, que no la favorecía solamente el Vi- rrey en cumplimiento de las órdenes de la corte, sino que aun el primer obispo de México, D. Fr. Juan de Zumárraga, tomaba mano en el asunto. Aquel insig- ne prelado, tan celoso del bien espiritual como del temporal de sus ovejas, pedía al rey que enviase moriscos casados del reino de Granada, con mucha simiente, para que repartidos por los pueblos de indios los adestrasen en el plantío de mo- rales y cría de seda. Aunque la petición pugnaba contra las ideas y la legislación de la época, fué otorgada; pero los mo- riscos no llegaron á venir. No contento con eso el buen obispo, mandó al chan- tre de Oajaca, Alonso de Figuerola, gran naturalista, según se advierte, que hicie- se un libro por el cual fueran instruidos los indios en criar la seda hasta teñirla, y el chantre cumplió el mandato. Ese libro, que sería sobremanera interesante, no ha llegado á nosotros; pero años des- pués llenó esa necesidad Gonzalo de las Casas, con su Arte 'para criar Seda en la Nueva España, que se imprimió en Gra- nada en 1581.1 En 15 de Abril de 1550 despachaba D. Antonio de Mendoza, á petición de los indios caciques y princi- pales del pueblo de Camodan (Oajaca), una orden para que no se les pusiese im- pedimento en la cría de la seda, porque le temían de parte de la viuda é hijos de Pedro de Molina, encomendero de dicho pueblo; y en 16 de Mayo del mismo año dió igual provisión en favorde Diego, in- dio gobernador del pueblo de Huautla, sujeto de Etlantongo.2 Casi al mismo tiempo decía el rey á D. Luis de Velasco, en la Instrucción que le dió al encargarle el gobierno de la Nueva España (16 de Abril de 1550): “Porque somos infor- mados que en término del pueblo de Guajocingo hay una muy buena heredad de morales, en que dicen que hay cua- renta mil morales, poco más ó menos, la cual diz que está muy maltratada y se va á perder, daréis orden como los in- dios del dicho lugar en cuyo término los morales están, traten bien y curen los di- chos morales porque no se pierdan, y cerca dello porneis vos el mejor remedio que os pareciere, y avisarnos heis del es- tado en que está la dicha heredad, y qué es lo que nos pagan de tributo. Y por- que en las dichas provincias de la Nueva España hay tierras muy buenas y tem- pladas para en ellas plantar morales é criar seda, terneis especial cuidado de in- formaros de las tales tierras, y procura- réis que los indios cuyas fueren, y si fue- ren baldías, los indios comarcanos, las planten de morales y se den á criar seda, ansí los indios que están en nuestra co- rona, como los indios que están enco- mendados.”1 D. Antonio de Mendoza le dejaba por su parte aviso semejante: “Yo he dado orden como se hagan pa- ños, y se críe y labre gran cantidad de seda, y hánse puesto muchos morales V. Sría. ha de estar advertido de todo para sostenerlo, como S. M. lo tiene man- dado y encargado.”2 Mendoza fué gran favorecedor de la industria de la seda, como lo hizo constar expresamente en el Interrogatorio que presentó para el exa- men de los testigos que habían de decla- rar en la visita que le hizo el Lie. Tello de Sandoval.3 1 Doc. Inéd. del Archivo de Indias, tom. XXIII, Pág-53i- 2 Col. de Doc. Inéd. para la Ilist. de España, to- mo XXVI, pág. 294. 3 “281. Item, si saben &c., que el dicho visorrey dió orden é industria como se pusiesen en toda la tierra grandes posturas de morales, y se criase y be- neficiase la seda y se labrase en esta ciudad, con lo cual los indios pagan sus tributos, y son muy apro- vechados, y los diezmos son aumentados, y ias ren- tas de S. M. acrecentadas: digan lo que saben.— 282. Item, si saben &c., que de haberse hecho y inventado la dicha granjeria de la seda ha redunda- do en gran provecho y utilidad de esta tierra, por- que con ella se ha poblado mucho esta ciudad, do se labra, de oficiales y tratantes della, y se mantie- 1 Biografía del Sr. Zumárraga, pág. 237, y Apén- dice, núms. 23 y 24.— Doc. Inéd. del Archivo de In- dias, tom. III, pág. 534. El libro de Casas se reim- primió en 1620 con la Agricultura de Herrera. 2 Libros de Mercedes del Archivo General, MS., tom. III, fs. 14 vto., 15, 67. 200 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [■574 Hemos tratado hasta ahora casi exclu- sivamente de la materia prima, y nos fal- ta ver cómo se labraba aquí mismo. El acta del cabildo de 17 de Septiembre de 1540, antes citada, nos señala el princi- pio de las manufacturas de seda. México era el centro de esta industria, en virtud de una orden que dió el virrey Mendo- za para que toda se trajese aquí á labrar,1 probablemente con el objeto de vigilar los telares, á fin de impedir que el públi- co fuese engañado con malas fábricas, y de reducir el oficio á gremio, como en efecto se hizo, conforme á las ideas de la época. Pero de esa orden se agraviaron los cosecheros de Oajaca, y aquella ciu- dad ocurrió al rey, expresando que allí era donde se cogía más seda en toda la tierra, y pidiendo que se permitiesen los tintoreros y tejedores, “porque diz que es más la costa que hacen en irlo á la- brar y beneficiar á México, que vale lo principal.” El rey, en cédula de 18 de Enero de 1552, cometió la decisión del punto al virrey Velasco.2 Ignoro cuál se- ría la resolución de éste: el hecho es que en México se estableció el gremio, con sus veedores y mayorales, que se nom- braban anualmente, según se ve por mu- chos acuerdos de los Libros de Cabildo, de que citarémos algunos. En 30 de Di- ciembre de 1542 se recibió por vecino á Esteban de Porras, tcrciopelero. En 22 de Enero de 1543, á petición “de los oficia- les de tejer seda desta cibdad, se proveyó por veedor de los terciopelos á Pablos de Tapia, tejedor de terciopelo, é por veedor de rasos é tafetanes á Martín Diaz, te- jedor de lo susodicho é de terciopelo é damasco, é por acompañado de los suso- dichos á Francisco Durán Cornejo, teje- dor de todas las dichas sedas, é por escri- bano á Alonso Muñoz, oficial del dicho arte, é por mayordomo á Hernando de Robledo, tejedor de terciopelo.” En 15 de Junio del mismo año sedice que había en la ciudad telares de terciopelo y otras sedas, sobre lo cual estaban hechas orde- nanzas, y que muchas personas tenían los dichos telares fuera de la ciudad, en Tacuba y otras partes, lo cual no era con- veniente, por los fraudes que se podían hacer: por tanto se mandó que no hubie- se telares sino en la ciudad y dentro de la traza, es decir, dentro del cuadro se- ñalado para habitación de los españoles, no en los barrios ocupados exclusiva- mente por los indios. El virrey Men- doza confirmó esta ordenanza. Continúan en los años siguientes los nombramientos de veedores y mayora- les del gremio. Los indios se daban tam- bién al oficio. Bernal Diaz lo asegura, y el P. Motolinia dice que hacían “guan- tes y calzas de aguja de seda, y boneti- llos de seda y también eran bordadores razonables.”1 Por otra parte, el inglés Enrique Hawks, que andaba por aquí en 1572, dice: “Cógese mucha seda y ha- cen de ella toda suerte de tejidos, como tafetanes, rasos, terciopelos de todos co- lores; y es tan buena esta sedería como la de España, salvo que los colores no son tan perfectos; pero los negros son mejores que los de España.” Su compa- triota Miles Philips nos refiere que por los años de 1579 se ajustó en México con un tejedor de sedas, para que le en- señara á tejer gorgoranes y tafetanes.1 El P. Acosta, que por aquel entonces anda- ba aquí, dice que la seda de Nueva Es- paña se exportaba al Perú; que se daba muy bien en la Misteca; que se hacían nen mucho número de gente, así españoles como indios que la benefician: digan lo que saben.— 283. Item, si saben &c., que porque en el criar de la dicha seda había desorden, el dicho visorrey, por- que los indios no fuesen fatigados, ni criasen sino lo que con facilidad y sin vejación podian, y porque se criase é hilase con más perfección, moderó la can- tidad de semilla que en cada pueblo se había de criar: digan lo que saben.” Col. de Doc. para la Hist. de México, tom. II, pág. 136. 1 Gomara, Crímica, apud Barcia, cap. 236. 2 Puga, Cedulario, fol. 138 vto., de la antigua edición, ó tom. II, pág. 246 de la nueva. 1 Trat. III, cap. 13. 2 Boletín de la Sociedad de Geografía y Estadís- tica, 2a época, tom. I, pág. 520 ; tom. II, pág. 6.— Gorgorán era una tela de cordoncillo, semejante á la que ahora se llama reps. "574] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 201 de ella tafetanes buenos, damascos y ra- sos; pero que aun no se labraban tercio- pelos.1 Esto último está desmentido por los Libros de Cabildo: tal vez habría cesado ya esa fabricación. En la cuenta de gastos del entierro de D. Pedro Cor- tés, IV Marqués del Valle, verificado en 1629, aparecen veintiocho onzas de seda negra de la Misteca, á siete reales onza, y tres varas de tafetán negro de la tierra, á doce reales vara.2 Recuerdo haber vis- to además un inventario de testamenta- ría, del año de 1642, en que hay piezas de ropa, hechas con telas de seda nacio- nales. Todavía en 31 de Mayo de 1694 predicó el Lie. D. Francisco Javier Pala- vicino y Villarrasa, en la iglesia del Cole- gio de Niñas, un sermón en la fiesta que celebró el gremio del “Arte mayor de la Seda.” Según Gage, la calle de S. Agus- tín en México era la preferida por los mercaderes de seda;5 y de la importancia de la industria puede juzgarse por el he- cho de que el Marqués de Mancera de- cía á su sucesor, que ella ocupaba “buena porción” de la plebe, y que por haber decaído se fué aumentando esa gente.4 No es fácil señalar á punto fijo cuándo comenzó la decadencia de tan rica gran- jeria, aunque no cabe duda de que siguió de cerca á su introducción. Cuáles fue- ron las causas del mal, lo irémos viendo. Ya en 1552 decía Gomara: “Hay mu- chos telares é infinitos morales, aunque los indios lo procuran mal y poco, di- ciendo que es trabajoso, y es por ser ellos perezosos, por la mucha libertad y fran- queza que tienen.”5 Si ocurrimos á las Estadísticas formadas por orden de Fe- lipe II en los años de 1579 á 82, halla- rémos algunas noticias curiosas, acerca de esta materia. En la Misteca había dis- minuido ya muchísimo la cosecha. Es- cribiendo el corregidor Andrés Aznar de Cozarladescripción de su pueblode Jus- tlahuaca, en la Misteca baja, dice: “Seda crían en estos dos pueblos muy poca: Seda se cría muy bien en Mistepec, sal- vo que crían poca.”1 El corregidor de Huautla(Mistecaalta), MelchorSuarez, dice: “Se da y cría seda y grana, e que- riendo cultivar e trabajar, se darán todas estas cosas en cantidad:”2luego no era mucho lo que se recogía. En Oajaca su- cedía lo mismo. Juan López de Zárate, corregidor del pueblo de los Peñoles, nos informa de que “crían alguna seda, aunque poca, que no cogen cada año sino hasta veinte libras.”5 Al mismo tiempo el presbítero Pedro Franco, en su des- cripción de Antequera (Oajaca) decía: “Es tierra muy cómoda para criar seda, sino que hay pocos que la quieran criar, por la mucha que se trae de la Misteca.”4 En Izatlan (Oajaca) su corregidor Gon- zalo Velázquez de Lara decía: “Benefi- cian la seda en esta provincia, y cógese en ella como cantidad de cien libras cada año, poco más ó menos.”5 El vicario de Iztepec (Oajaca) Fr. Andrés Méndez re- duce á dos ó tres los indios que criaban seda, y añade “que si se diesen á ella se daría muy bien.”6 Por varios de los tes- timonios aducidos se ve que la negligen- cia de los indios tuvo gran parte en la baja de la cosecha; pero hubo otras cau- 1 8 de Enero de i 580, MS. original en mi poder. 2 26 de Marzo de 1580, MS. id. id.— El virrey Enríquez en la Instrucción á su sucesor (1580) ha- bla también de la seda que se cría en la Misteca, y encarga que se fomente. Col. de Doc. Inéd. para la Hist. de España, tom. XXVI, pág. 382.—Gage, que viajaba por aquellos rumbos en 1626, dice que sa- liendo de un pueblo que llama Zumpango “se en- cuentra la sierra de la Misteca, donde hay muchos y ricos pueblos de indios que hacen un gran comer- cio de seda, que es la mejor de todo el país.” Nueva Relación, pte. II, cap. 7. 3 20 de Agosto de 1579. MS. original en mi poder. 4 MS. id. id. 5 13 de Octubre de 1579. MS. id. id. 6 10 de Enero de 1581. MS. id. id. 1 Lib. IV, cap. 32. 2 AlamÁn, Disertaciones, tom. II, Ap. 2, pági- nas 74, 75. 3 Nueva Relación (París, 1838), pte. I, cap. 21. — El nombre de “la Alcaicería,” que aun conser- va una de las calles de México, indica que allí ha- bía comercio de sedas. 4 Col. de Doc. Inéd. para la Hist. de España, to- mo XXI, pág. 444. 5 Crónica, ubi supra. BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. C1574 sas que coadyuvaron á ella. En Queré- taro, el alcalde mayorjuzgaba que la seda se daría muy bien en aquel pueblo; “pe- ro viene ya tanta de las islas Filipinas, dice, que no habrá necesidad de dar en esta granjeria.”1 La introducción de la seda de China perjudicaba en efecto no- tablemente á la de acá, aunque las ma- nufacturas de aquella eran despreciables por su mala calidad, según el virrey En- ríquez.4 Y no contribuyó poco al daño la prohibición de comerciar con el Perú, adonde como vimos, se exportaba seda mexicana: así lo asegura el Marqués de Mancera, en la Instrucción á su sucesor (1673).’ Otra causa nos da á conocer el corregidor deTiripitío: “Seda se hacía mucha en los subjetos, porque hay mu- chos morales, y la tierra es de muy buen temple para criarla: hánla dejado por las muertes de tantos como murieron en es- ta pestilencia.” Se refiere sin duda á la de 1576, porque esto se escribía en 15 de Septiembre de 158o.4 Encontramos, por último, otro motivo de decadencia, el más extraño de todos: era que algunos frailes veian con disgusto la cría de la se- da, considerándola como nociva al bien espiritual de los indios. Consta nada me- nos que del testimonio del virrey Men- doza, quien, hablando de los paños y la seda, se expresa de este modo en la Ins- trucción á su sucesor: “Esto ha crecido algunas veces y bajado por causa de al- gunos religiosos que por venir la cría en cuaresma les parece que los indios no acuden á los sermones y doctrina, y por este impedimento otros dicen que para ser cristianos no han menester bienes temporales, y así esta granjeria y las de- más, crecen y menguan.”5 Mas lo que dijo el virrey en general y embozada- mente nos lo declara mejor Gabriel de Chavez, señalando en su Relación de Mez- titlan un caso particular: Fr. Nicolás de S. Pablo hizo descepar una viña que há- cia 1556 había plantado Alonso de Villa- seca, diciendo que era en mucho daño y vejación de los naturales. “Este mismo fraile, prosigue el autor, hizo también cortar muy gran cantidad de morales, de que se hacía seda y muy buena en este valle, por la misma razón dicha, y hoy día hay reliquias en este valle, de los mo- rales cortados.” ¡Qué contraste con el afán de los primeros religiosos en enri- quecer la tierra, y con el entusiasmo del buen padre Motolinia al referir los ade- lantos de los nuevos cultivos introduci- dos por los españoles! ¡ Cuán diferentes eran el Fr. Nicolás y el santo obispo Zu- márraga! El P. Burgoa (1670) hablando de la seda y de la cochinilla en Oajaca, carga ya alguna culpa á los españoles, pues dice que “escarmentados (los in- dios) de las vejaciones que por estos gé- neros les hacían las justicias, hoy es cosa tenue!'1 Sin embargo, el escarmiento no debió ser completo, porque si la seda desapareció, la grana ha permanecido. Torquemada creía que la seda acabó en el Valle de Atlixco porque la semilla del gusano se moría y era preciso traerla constantemente de otra parte. El caso es que en su tiempo (1613) ya no queda- ban allí ni morales.1 A mediados del siglo pasado, el cos- mógrafo Villaseñor, al tratar del pueblo de Tepeji de la Seda, escribe: “ Diéronle este sobrenombre por la mucha que an- tiguamente se beneficiaba en su distrito; pero en la actualidad sólo le ha quedado la memoria de la opulencia que gozaba en tan estimable comercio, ignorándose la causa de que totalmente se haya perdido; aunque se puede inferir que sería por la desidia con que se tratan muchas cosas que cultivadas servirían de alivio al co- mún del reino, pues se verifica no ser el 1 Hernando de Vargas, 20 de Enero de 1582. MS. id. id. 2 Cartas al Rey, 5 de Diciembre de 1 573 y 9 de Enero de 1574, apud Cartas de Indias, págs. 293, 297. 3 Col. de Doc. Inéd. para la Hist. de España, to- mo XXI, pág. 444. 4 MS. id. id. 5 Instrucción, loe. cit. i Geográfica Descripción, ubi supra. z Lib. III, cap. 32. 1574] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 203 defecto de la tierra, que por la mayor parte es pingüe, fértil y amena, sino de sus habitadores, no inclinados todos al trabajo y cultivo de ella.”1 Alcedo dice que la decadencia “puede atribuirse á los naturales del pueblo, poco inclinados al trabajo y naturalmente desidiosos, por- que el territorio por la mayor parte es pingüe y fértil.” En otra parte refiere que el pueblo de la Seda en Oajaca se lla- maba así “por la abundancia de gusanos de seda que tenía antiguamente, de que sacaban sus naturales mucha utilidad; pero persuadidos neciamente que por esto habían de ser perseguidos, no sólo aban- donaron este comercio, sino que inutili- zaron los morales.”1 En ninguna de las causas enumeradas se ve la mano del gobierno. Por el con- trario nunca cesó de procurar el fomento de estas y otras industrias. El § 62 de la Ordenanza de Intendentes (1786) dice así: “Asimismo será muy conveniente que procuren fomentar las abundantes cosechas de algodón que se da en todos los países cálidos y templados,y de la se- da silvestre que se produce en las sierras de la Mis teca y otros parajes de aquel reino. Y para que este fruto, el de la lana burda y fina lavadas, de que trata la ley 2, tít. 18 lib. 4, y el cáñamo y lino, en cerro ó hi- lados, se traigan á España como mate- rias primeras muy útiles al comercio y fábricas, les concedo á todos la misma libertad de derechos en su salida y en- trada por los puertos, que goza ya el al- godón de mis dominios de América.” El conde de Revillagigedo, que nada descuidaba, fijó también su atención en la seda, como puede verse en los párra- fos siguientes, de su famosa Instrucción: “381. Para la seda hay también mu- chos sitios convenientes, como que la hay silvestre en el Obispado de Oa- jaca, y muy parecida á la que se beneficia con los gusanos de seda en Europa y Asia. “382. El fomento de una y otra es recomendado á los Intendentes, por un artículo de la ordenanza de estos magis- trados. Tomé yo varios informes y re- mití á la corte varias muestras de seda silvestre en carta n°3 iqde31 de Diciem- bre de 92, con un informe del director de la Expedición Botánica, en que hacía ver lo difícil que era sacar utilidad de una producción natural luego que empe- zase á hacerse apreciable, pues dedicán- dose á cogerla y buscarla, y no habiendo un interés particular que los moviese á mirar por la conservación del insecto que la produce, se aniquilaría muy pronto, impidiéndose la regeneración, y que por lo mismo sería mucho más conveniente el propagar el cultivo de la seda ya co- nocida que produce el gusano que se cría y alimenta de la hoja de las moreras, pa- ra lo cual había aquí terrenos muy exce- lentes. “383. En 28 de Febrero de 90 me dirigieron dos vecinos de Querétaro un paquete de capullos y once de seda co- sechada en aquella en los años anterio- res, y manifestaron las grandes propor- ciones de aquel terreno para la cría de gusanos á muy poca costa, y con mucha utilidad de aquel vecindario. “384. Mandé que me informase el Director de la Expedición Botánica, y lo hizo diciendo: que la seda era de la clase más superior que se cosecha en Europa y Asia: que este ramo de indus- tria era muy proporcionado al carácter de estos naturales y circunstancias del clima, como había acreditado la expe- riencia en Tula, Oajaca y en otras par- tes en que se había llevado la seda, en todas las clases de cruda, floja, pelo y torcida: que pasando de cincuenta mil libras las que se traen á este reino del de China, podrían quedarse en él los tres- cientos mil pesos que se extraen anual- mente en su compra: y toda la Huasteca y costa del sur en donde la continua hu- medad y la frondosidad de los árboles podrían proporcionar no una sola sino dos cosechas de este precioso fruto. 1 The a tro Americano, tom. I, pág. 323. 2 Diccionario de América, tom. V, pág. 88; to- mo IV, pág. 536. 204 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [' 574 “385. El fiscal de lo civil fué de dic- tamen deque por el intendente de la pro- vincia se instruyese más este importan- te asunto, y con efecto se le remitió para este fin, y en el informe que dió, refirién- dose á otros varios que había adquirido, se descubrieron en mayor grado las ven- tajas que de la propagación del cultivo de la seda debían resultará la Real Ha- cienda, al comercio y al público; y con- cluyó proponiendo que, respecto á que el real erario no podría sufragar los cos- tos de este establecimiento, tal vez sería fácil al Tribunal del Consulado fomen- tarlo, dándole para ello facultades y co- nocimiento privativo hasta que se halla- se en estado de perfección y reintegrado de los suplementos que hubiera hecho. “386. Oyóse á aquel Cuerpo, el cual manifestó los justos motivos que adver- tía para aplaudir el proyecto, y sus vi- vos deseos de que se pusiera en práctica; pero que no podía encargarse de dirigirlo por falta de inteligencia en la materia, por estar cargado de atenciones de su instituto, y tener sus fondos empeñados en gruesas cantidades que había gasta- do en beneficio del rey y del público; y por último, le pareció más conveniente y acertado el que se concediese privile- gio exclusivo por diez años á un sujeto particular llamado D. Fernando de Men- doza, muy inteligente en la materia, para que cultivase en las jurisdicciones de Tula ó Ixmiquilpan; y aunque pareció esto bien al fiscal, no tuvo efecto, por no haberse acomodado á ello Mendoza, quien propuso que de los fondos de co- munidad de los pueblos de indios de am- bas jurisdicciones se sacasen los gastos necesarios, obligándose los españoles, por carga concejil, al plantío de moreras y morales; y aunque el fiscal protector convino en la entrega de caudales, con el correspondiente permiso y bajo fian- zas, y así lo admitía Mendoza, pensó de muy distinto modo el fiscal de Real Ha- cienda, recordando los quebrantos que por tales disposiciones habían sufrido unos caudales tan recomendables, y opi- nando que lo mejor sería que se encargase de esta empresa el Tribunal del Consu- lado, fomentándola el rey con exención de derechos y otras gracias que fuesen de su real agrado, á quien se diese cuenta: que se circulase orden á los intendentes y ayuntamientos á fin de que hiciesen formar en los pueblos de indios, en las haciendas y ranchos de españoles almá- cigos hasta que se pusiesen en estado de ser trasplantados los renuevos por los que se quisiesen dedicar á su cultivo; y por último pidió que se oyese el voto del Real Acuerdo. “387. Este convino con el fiscal de Real Hacienda en las dificultades que ha- bía para establecer el proyecto: que des- de luego lo único que se podía hacer era expedir la circular á los Intendentes y dar cuenta á S. M., debiendo también te- nerse en consideración el perjuicio que podía seguirse al comercio de Filipinas en privarle de uno de los principales ren- glones en que consiste el cargamento de la nao, y que S. M., llegando á su real noticia, procuraría recompensar aquella pérdida con otros beneficios y auxilios á los habitantes de aquellos dominios. Así se hizo todo, y di cuenta al rey, por el Ministerio de Hacienda, y en carta de 31 de Diciembre de 92. “388. Ocurrieron después los inten- dentes de San Luis Potosí y Yucatán pi- diendo semillas é instrucciones para el cultivo: determiné que se comprasen de los bienes de comunidad, en lo cual con- vino el fiscal de Real Hacienda, respecto á que su corto costo podía causar muy lige- ro perjuicio, é hice formar la instrucción metódica, sacándola de una Memoria de las de la Sociedad Económica de Ma- drid, y del Arte de la cría de gusanos de seda, escrita por D. Juan de Lañes y Du- val, y la circulé á todos los Intendentes, habiéndola impreso en fines del año de 93, en ciento treinta y dos artículos. “389. Se espera la resolución de la corte sobre este asunto, que puede ser de los de mayor interés y consecuencia en estos reinos, y de los de mayor in- 1574] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 205 fluencia para el comercio, así de él como de la Asia y Europa.” Desde los tiempos de Revillagigedo hasta el fin de la dominación española no encuentro otra mención de la seda. La corte de España estaba ya sobrada- mente ocupada con la terrible revolución francesa que amenazaba trastornar toda la Europa, y no podía atenderá mejorar la agricultura ó industria de la colonia: en ésta comenzaban los ánimos á alte- rarse, y los virreyes sucesores de Revi- llagigedo más hubieron de atender á la defensa del país contra invasiones ex- tranjeras y conspiraciones interiores, que á las ocupaciones pacíficas de otros tiem- pos. La guerra de independencia acabó de trastornarlo todo, y nadie pensaba en adelantar, cuando el mayor afán bastaba apenas para sostenerse. Nosotros, due- ños ya de nuestra suerte, hicimos, por desgracia, lo que todo el mundo sabe. Mas tan patente era la importancia de este ramo de riqueza pública y privada, que la agitación continua de los tiempos no impidió que se hiciesen esfuerzos pa- ra revivirle. Aun hoy se continúan; pero siempre han sido infructuosos, como su- cede en toda empresa cuando se trata de adoptar, sin reformas prudentes, los sis- temas y aparatos extranjeros; buenos, sin duda, en otras partes, como resulta- do que son de la experiencia, pero inade- cuados á nuestro clima, gente y modo de vivir. La cosecha de seda no es para grandes establecimientos, sino un pre- cioso recurso para las familias pobres del campo.1 15 75 65. THESORO SPIRITVAL DE || pobres en legua de Michuacá: Dirigida || al muy Illuftre y. R. Señor Don || Fray loan de Medina Rincón |]Ele¿to dignifsimo Obifpo||de la di- cha Prouincia.H Por el muy. R. Padre Fray Maturino|| Gilberti de la ordé de los menores. Un Calvario. EN MEXICO.|| Con licencia, por Antonio de Spinofa.|| 1575. En 8?, letra romana. 11 ff. preliminares, numeradas, que contienen: Portada: licencia del virrey D. Martín Enríquez; id. del obispo electo de Michoacan, D. Fr. Juan de Medina Rincón; id. del comisario Fr. Miguel Navarro; id. del provincial de Michoacan, Fr. Juan Baptista de Laguna; aprobación del Chantrede Michoacan; id.del Br. Juan de Velasco,canónigo; id. de Fr.Gil Clemente; id. de Fr. Pedro de Palacios; otra de Fr. Gil Clemente: tabla de los capítulos: Epístola dedicatoria, de la cual copio lo siguiente: Y parando me a pelar la gran ceguedad, que defde treinta y mas años, he i Quien desee mayores noticias acerca de la ma- teria aquí tratada, y sobre todo, de las tentativas he- chas desde la Independencia hasta hoy para extender en México la industria de la seda, puede consultar con fruto el interesante folleto intitulado “Apuntes históricos sobre el cultivo de la seda en México” (Bruselas, 1883), publicado por mi amigo el Sr. D. Angel Núñez Ortega, nuestro ministro en Bélgica, de cuyo trabajo, recibido á última hora, he podido tomar algunas noticias antiguas que se me habían ocultado. 206 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. L1575 vifto y veo, anfi é algunos miniílros como é los miniftrados por falta defta doctrina y chriftiana, y que los mas de los curas fe contentan, y fe tienen por muy fatiffechos en dezir vna mirta é fus tiépos, y bautizar a los niños, cafar y en- terrar fin ningún genero de fermon y predicación Euangeíica. Y hauiendo me dado el Señor mifericordiofamete particular noticia de las leguas, y el modo de efcreuir en ellas, con que co mis trabajos, y con el fauor de los Perlados podría facilmete fuplir ta notable falta: me he occupado muchos tiépos en efcreuir y orde- nar muchos y muy vtiles Traslados é fiete leguas: de los qles folaméte fe aproue- chan algunos Religiofos y clérigos, facado dellos alguna doctrina. Y moftrádose agora arrepétidos por auer ta malaméte refirtido la manifeftacio de tato bié, y dfíeá- do hazer libro d nueuo y é algüa manera fatiffazer la culpa d tata y ta luéga cotra- diétió, me ha importunado a q yo ordenarte en la legua de Michuaca el Flos San<5to- rum de los Sandios y fandlas que fe celebran en ella nueua Efpaña. Y lo tocante a las fieílas principales del Señor y de fu bendita madre, y que juntamente con ello traíladarte de Romance caílellano en ella lengua vna Doctrina Chriíliana intitulada Luz del alma, con vn centenario de Sermones dominicales y Santorales, y otras materias de común dodtrina predicables. Y afii conílreñido de zelo y piedad Chri- íliana, y con delfeo de agradar a mi feñor Dios, y aprouechar a las animas, por la fangre preciofifiima de Chriílo redemidas, lo he pueílo por la obra. *\] Y lo que mas particularmente ha parecido mas conueniente para todos: es eíle Tratado intitu- lado Theforo Spiritual de pobres: en el qual fe trata lo que en la Tabla de la obra eíla apuntado. Y fegun la opinión de todos, fin contradicción alguna, fe haria muy gran feruicio a nueítro feñor Dios, fi fe imprimierte y faliefie a luz.” En la vta. de la foja n hay un S. Francisco (el mismo de la portada de los Co- loquios del P. Gaona, cuya fotolitografía puede verse), con la acostumbrada leyenda: Signasti, Domine, servum tuum Franciscum signis Redemptionis nostr¿e. En la foja 12 comienza la obra, con este título: THESORO SPIRITVAL|| De Pobres, y pan de cada dia muy fabro || fo: que es vna breue, y muy compendio || fa Doctrina, en la lengua de Michuacan,|| decla- ratiua de los myílerios de nueftra || fanta Fee catholica, y de la ley de Dios,||y de todo lo contenido en la común Do || ¿trina, que a los fieles fe fuele enfeñar. Y || a eíla, fe figue otra declaración a cerca|| de las promertas diuinas a los buenos: y|| amenazas a los malos. Compuerta y or-|| denada por el. R. Padre Fray Maturi- no || Gilberti, Frayle menor: mandando fe lo || Fus Perlados. Dirigida al muy yllu- ftre y || Reuerendifsimo Señor, Don Fray luán || de Medina, Obifpo meritifsimo de la di-1| cha prouincia de Michuacan: y por fu || mandado vifta y aprouada, y dada fu li-ll cencia, para que fe imprima. Iuntamente || con la del muy. R. padre Fray luán Bap-||tifta d Laguna, Prouincial. Ponefe al prí || cipio la pequeña Dotrina Carti- lla, emen||daday corregida, de los yerros, que en || las primeras imprefsiones tenia. A la vuelta hay un título que dice EN INDIO, y 14 líneas en tarasco. Sigue la Cartilla, parte en tarasco, y parte en latín 6 castellano: el título de las páginas, desde la 12 vta. hasta la 32 fte., es ¡gp*CARTILLA^JPfH¡H3F°PARA LOS NI— Esta es sin duda la Cartilla impresa ya en 1559, de que habla Beristain: >575] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI, 207 por lo menos, empieza aquí con las mismas palabras que copia aquel biblioteca- rio. La vta. de la foja 32 está llena con un grabado de un santo. El fte. de la 33 empieza con este título H VRENGVARERI. Todo el texto está en tarasco, y en castellano solamente las cabezas de las páginas, de esta manera: fy TEIESO- RO || DE LOS Termina en la foja 302, en cuya vuelta se ve el escudo del impresor, con su leyenda, y abajo: MEXICO.|| En cafa de Antonio de Spinosa. 1575. Tanto la portada como todas las páginas, están dentro de una orla. (El ejemplar descrito pertenecía al Sr. D. José F. Ramírez: tengo otro con la portada en facsímile, y varias hojas manuscritas.— El del Sr. Ramírez, también defectuoso, se vendió [n? 836] en £ 57 = $ 285. — Leclerc [1878, n? 2435] anuncia otro, falto de 11 fojas, en 2000 fr.= $400.) son las noticias que nos que- dan de la vida de Fr. Maturi- ■355»! NO Gilberti. Era francés de na- ción, y tomó el hábito en la provincia de Aquitania, de donde, atraído por la fama de las conversiones que se obraban en Nueva España, pasó á ella, en 1542, con su paisano Fr. Jacobo de Tastera ó Tes- tera, siendo ya teólogo consumado. En 1558 estaba en el convento de México, y se dice que á fines del mismo año ó principios del siguiente pasó á la pro- vincia, entonces custodia, de Michoacán. Mas esa opinión está sujeta á graves ob- jeciones, porque en 1558 y 59 publicó aquí sus principales obras en lengua ta- rasca, como puede verse en este libro; y no es en manera alguna probable que en México aprendiera esa lengua con una perfección que sólo puede dar el largo trato con los naturales. Tiene, pues, ma- yor fuerza el testimonio del cronista La Rea, quien asegura que el P. Gilberti fué en derechura á la provincia de Michoa- cán. Corrobórase la especie con la noti- cia que nos da Mendieta (lib. IV, cap. 5) de que al erigirse en 1535 la dicha cus- todia, se pactó que la provincia del San- to Evangelio le daría la tercera parte de los frailes que vinieran de España; y en consecuencia, al llegar Fr. Jacobo con su misión en 1542, sería Fr. Maturino uno de los destinados á Michoacán. La ve- nida á México tendría por objeto cuidar de la impresión de sus obras, y hubo de volverse á su provincia, donde fué gran predicador de los indios, quienes gusta- ban tanto de sus sermones, que como el buen padre no pudiese caminar, á causa de la enfermedad de gota que le aquejaba reciamente, llevábanle ellos en hombros cuatro y cinco leguas, sólo porque les predicase. Fué guardián de Zinapécua- ro, y viendo que se acercaba el término de su vida, se hizo llevar al convento de Tzintzuntzan, para morir en él, como se verificó á poco tiempo. Dispútanse este venerable padre las dos provincias de México y de Michoacán: la primera le considera suyo por haber venido antes á ella y por la mansión que hizo en el con- vento de México; la otra alega que en ella murió, después de haberla ilustrado con sus virtudes, predicación y santos ejemplos. Entre los biógrafos del P. Gilberti, sólo Betancurt señala fecha á su falleci- miento, que pone en el día 3 de Octubre de 1535, lo cual es errata evidente, por- que ni siquiera había venido entonces á la Nueva España, y no hay duda de que vivía cuando publicó el Tesoro de 1575. El P. Mendieta, con haber escrito las vidas de tantos varones ilustres de su orden, omitió la de nuestro Gilberti, y como habla únicamente de los religiosos ya difuntos, pudiera creerse que la omi- sión provino de que aun vivía el padre, 208 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [*575 cuando se escribió la Historia Eclesiástica Indiana, es decir, en los últimos años del siglo XVI. Pero en el libro IV, cap. 44, al hablar de los escritores en lenguas in- dígenas, dice: “Fr. Maturino Gilberti, de nación francés, compuso y dejó impreso en la lengua tarasca un libro de doctrina cristiana, de marca mayor, en que se con- tiene todo lo que al cristiano le convie- ne entender y saber para su salvación.” Este pasaje no deja duda de que para entonces había ya fallecido el P. Gil- berti. Extraño es que el P. Mendieta le atri- buya una sola obra, siendo así que pu- blicó ocho por lo menos, sin contar las inéditas, á saber: i9 El Arte de la Lengua Tarasca, 1558 (n93i), no mencionado por Beristain. Or El Tesoro Espiritual, en la misma lengua, 1558 (n9 32), que nadie men- ciona. El Diálogo de Doctrina Cristiana, en tarasco, 1558 (n9 33), que Beristain supone impreso en 1565, y que el Con- sejo mandó recoger. 49 La Gramática latina, 1559 (n93Ó). El Compendio de la misma, id. La Cartilla para los niños, en ta- rasco, de que no he visto la edición de 1559, citada por Beristain, sino la adjun- ta al Tesoro de 1575, que ha de ser la que aquel bibliógrafo dice que se reimprimió corregida, en dicho año, y no una edi- ción separada. Debe haber, sin embargo, alguna otra que no conocemos, porque la de 1575 se dice “enmendada y corre- gida de los yerros que en las primeras “ impresiones teníaEl plural denota que además de la de 1559 hubo otra ú otras. 7* El Vocabulario tarasco, 1559^34). 8* El Tesoro Espiritual de Pobres, 1575, mencionado en el presente n9 65. Vi además, hace años, unos Sermones en tarasco, MS., y por descuido no tomé descripción de ellos. Como se ve, no hay en esta lista nin- guna obra en otra lengua indígena, que no sea la tarasca, ni los biógrafos dicen que Fr. Maturino escribiera en otra, ó la supiera. Sin embargo, en el párrafo de la dedicatoria, arriba trascrito, dice él mismo, que había ocupado muchos tiem- pos en escribir y ordenar “muchos y muy útiles tratados en siete lenguas.” De- duciendo la francesa, la castellana, la la- tina y la tarasca, que nos consta poseía, y en todas las cuales escribió ó pudo es- cribir, aun quedan tres, que no sabemos cuáles eran. Pinelo llamó Martin á nuestro autor: Fr. Juan de San Antonio le dedicó dos artículos, uno con el nombre de Marti- ñus Giliberti, y otro con el de Maturinus Gilberti. (Gonzaga, pág. 1 283.—Mendieta, Hist. Ecles. Ind., lib. IV, cap. 44.— Pinelo, Epit., pág. 108.— Betancurt, Menol., 3 de Oct., y pág. 139.— La Rea, Crónica, lib. I, caps. 34, 36.— Torquemada, lib. XIX, cap. 33; lib. XX, cap. 55.—Pinelo-Bar- cia, Epit., col. 735.— San Antonio, Bibl. Univ. Franc.,tom. II, páginas 336, 356.— Beristain, to- mo II, pág. 33.) 15 75 66. Doctrina Cristiana muy cumplida, donde se contiene la exposición de todo lo necesario para doctrinar á los Indios, y administralles los sanctos Sacramentos. Compuesta en len- gua castellana y mexicana por el M. R. P. Fr. ]uan de la Anunciación, religioso de la orden del glorioso Doctor de la Iglesia Sant Augustín. Dirigida al muy Excelente Príncipe doctrina christra NA MVY CVMPLID A,DONDE SECON/ tiene laexpoíicion de todo lo neceíTario para Do> dirinaralosYndios, y adminifíralles los San* dios Sacramentos «Compuerta en lengua Caftelfanay Mexicanaporelmuy Re uerendopadreFrayluandela Anua ciación Religíofo déla orden delgloriofo DodiordelaY glefiafant Auguftin. Dirigid* rey quemador y capitán general ene fia nueua Efpaña yprefidem te del Audiencia real que enella refider En Jftexicoen cafa deVedroBallú lS7S* 1575] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 209 D. Martín Enríquez, Visorrey, Gobernador y Capitán general en esta Nueva España y Presidente del Audiencia Real que en ella reside. Un S. Agustín. En México, en casa de Pedro Balli. 1575. (Véase la fotolitografía.) A la vuelta de la portada, el mismo escudo de armas que se halla en la del Vo- cabulario de Molina, de 1571, 1* parte. En 49, letra romana y cursiva: algunos títulos en gótica. Fs. á Licencia y privilegio del Virrey.— Id. del Arzobispo.— Id. del pro- vincial Fr. Alonso de la Vera Cruz, México, 22 de Mayo de 1575.— Aprobacio- nes del canónigo Juan González, y del Mtro. Ortiz de Hinojosa.— Dedicatoria del Autor al Virrey.— Prólogo del Autor “al Ministro del Santo Evangelio.” Páginas 1 á 275 fte., texto á 2 col., una en mexicano y otra en castellano: aque- lla en letra redonda, y ésta en cursiva. En la foja 275 fte., el colofón: A GLORIA T HONRA DE DIOS NVESTRO\[/eñor y de la Jiempre virgen San A a María Ju madre y feñora\\ la Doftrina Chrijliana muy digna de || rer Jabida que compujo en lengua Mexicana y Cajlel\\ lana el muy Reuerendo Ladre Fray luán || de la Anunciación Jub prior de Sant || Augujlin defta ciudad. \\ En México en caja de Pedro Balli.\\ 1575. A la vta. un grabado de S. Agustín que ocupa toda la página: es el mismo de la portada de la Physica Speculatio de Fr. Alonso de la Vera Cruz (n? 30). Sigue en 7 ff. la “ Cabla be lo que en eCta Doctrina II Criíliana fe contiene,” en ambas lenguas, á 2 col., y la fe de erratas. La vta. de la última foja es blanca. (El ejemplar descrito está en mi poder.— Vendido otro, Fischer [n° 83], en £ 13.5 = $ 66.25.) 1575 67. (E Sermones para pu=|| blícar, g befpebtt la Bulla tic la Cañeta eru? ta||tía: compuestos g trabunbos, en legua íRe||xíeana g castellana, (por mababo bel ílluftríf || Cinto Ceñor don JBoga de <2!ontre=:|| ras, po d üiflexíco,) por el tnug reue|| rendo $Jadre, ,iFrag Juan de la &nz|| nü= cíacto, religioso de Cát EuguStín. Un grabado de S. Agustín: el de la portada de la Doctrina Christiana del mis- mo autor (n9 66). Entonto de SpútoCa. 1575. A la vta. de la portada, dos aprobaciones, en letra romana. Siguen á la portada otras 11 ff. sin foliar á 2 col., una en castellano y otra en mexicano. Precede al texto el siguiente título, en ambas lenguas: 1ÍCe contiene bit Sermón parirá publicar la Cañeta Bulla, q||por 210 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [•575 mancamiento Cel glluftríí||íimo feñor Con |3eCro Ce €ontreras ErfoCífpo || Ce Hflexíeo, rompttfo g traCu || ro en la lengua Ce los ñau al es || el mug KeuereCo paCre fragUJua Ce la Ennuneíaeíon,fuC||prior Cel moneU terío Ce fant||Euguftín Ce fkeríeo. En 49, letra gótíea.— Beristain erró asignando á este opúsculo la fecha de 1577. (El ejemplar descrito está en mi poder.— El del Catálogo Fischer, sin portada [n? 85], fué vendido en £ 2.2 = $ 10.50.) 1575 68. MISTICA THEOII LOGIA: EN LA QVAL SE NOS||en- feña el verdadero camino del cielo, me-|| diante el exercicio de la virtud.|| Compuerta por el Seraphico Dodtor fant||Iuan Euftachio Buena Ventura, Cardenal || y Obifpo Albano de la orden de||Sant Francifco. Un escudo con el busto del Salvador. En México en caja de Pedro Balli.\\ 1575. En 89, letra romana. No hay aprobaciones ni licencias, sino que á la vuelta de la portada comienza el prólogo. Contiene el libro, por todo, 60 ff. sin numerar. A la vuelta de la última se lee esto: Porque efte traótado Tacado en romance de vna miftica theologia que efcri- uio el feraphico doótor fant Buenaventura. Es tan admirable para los religiofos y otras perfonas que fe quiíieren exercitar en la vida efpiritual. Fue impreíTo a glo- ria de Iefu Chriílo y para el puecho de fus íieruos. En México, con licencia en cafa de Pedro Balli. 1575.” (El ejemplar descrito pertenece al Sr. D. J. M. de Agreda.— El del Sr. Ramírez [n? 131 ], falto de una hoja, se vendió en £4 = $ 20.) IS7S 69. Arte de la Lengua Mexicana y Castellana, compuesta por el M. R. P. Fr. Alonso de Molina, de la orden de Sr. S. Francisco, de nuevo en esta segunda impresión corregida, emendada y añadida, más copiosa y clara que la primera. Di- rigida al muy Excelente Señor Visorrey &c. Un grabado de la impresión de las llagas de S. Francisco. México, en casa de Pedro Balli. 1576. (Véase la fotolitografía.) Clrmftíana, rmt£ vtíí?v neteffaría en Careliano, ©tomí: tradu* lengua©tomípoj el padre jfra? iteelclnoj oe Qarga*, cela ojden oefant Bug» gltocpan*02denadapo2 má dado Del TjTReuerendif- limo fenoJiBó p-edro oe iContrer a0,jhr$obtfpo oe aüfee)dco,oelconfeio_oe íuiJfeageftadJKCÓ licencia ím- pjefla» CON PRIVíLEGIO. En México,en cafa de Pedro Gallé. Afiode» t $ 7 >575] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVL 211 En 8°, letra romana. Licencia del Virrey, 1 foja.— Id. del Provisor Dr. Esteban de Portillo, 1 foja. — Parecer del P. Juan de Tovar, y licencia de la orden, 1 foja.— Epístola nuncu- patoria, 4 ff., y son 8 las preliminares: en la vuelta de la última no hay más que un escudo.— Prólogo y texto, íf. 1 á 112. No hay colofón. (El ejemplar descrito está en mi poder. Otro, con hojas manuscritas, vendido, Fischer [n? 1153], en £28 = $ 140.) i57<5 70. Doctrina Cristiana, muy útil y necesaria,en Castellano, Mexicano y Otomí: traducida en lengua Otomí, por el M. R. P. Fr. Melchior de Vargas, de la orden de S. Agustín, Prior de Atocpan. Ordenada por mandado del Illmo. y R.mo Sr. D. Pe- dro Moya de Contreras, Arzobispo de México, del Consejo de S. M., y con licencia impresa. Un S. Agustín. Con privilegio. En México, en casa de Pedro Balli. Año de 1576. (Véase la fotolitografía.) En 4°, Irttft gótica y romana, con muchos toscos grabaditos en madera. La vuelta de cada folio contiene el mexicano en una sola columna, leí. gót., y el fren- te, que es en dos columnas, el castellano en una, let. rom., y el otomí en la otra, let. gót. El ejemplar está muy maltratado é incompleto. Le quedan las ff. 1 á 23, y ade- más la 27, faltándole todo lo que seguía á ésta. A la vuelta de la portada está la dedicatoria (en letra cursiva) y es como sigue: Al Illuílrifsimo y Reverendifsimo. S. Do Pedro Moya de Cofreras, Ar9o- bifpo de México, del cófejo de S. M. “Es la obediencia de tanta virtud y Illuílrifsimo Señor, que haze aun a las cofas que no tienen algún principio ni rayz para crecer, fer fértiles y fructificar, como aura. V. Señoría ylluílrifsima viílo en las vidas de los Padres. Que fue de tanta efficacia la obediencia de un móge, a quien fu Perlado mando plantar una vara feca fin rayz y fin virtud: y obedeciéndole, regádola y cultiuandola, hizo con el fabor diuino, que brotaífe y dieífe fruóto. Eífo mefmo he fentido de mi fieruo fin prouecho e inútil, mas confio en la Mageílad diuina, que por fubjeólarme á la obediencia de. V. Señoria que me mando interpretar eíla Doólrina Chriíliana en lengua Otomi, haziédo lo que es en mi, afsi en eíla como en las demas obras, que muy presto faldran a luz, como a. v. Señoria confia, fe a mucho de feruir nueftro Señor, y hazer fe gran prouecho en las almas: en el entretáto que lo de mas fe exa- mina, puede, v. Señoria mádar, fe imprima eíla, que aunque breue, es prouechofa, 212 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. ['576 y va la lengua Otomi muy propria y clara: y fera vn principio, para que con mas animo, (cognofciendo ya no fer tan efpantable la lengua, como fe pinta.) Accepten lo futuro, confio en la bondad de Dios, que defpues de feguirfe fu feruicio, y bien común de las almas no perderá el mérito vueílra feñoria ylluftrifsima, cuyo feliz eílado profpere nueftro Señor muchos años. De Atocpa, veinte y dos de Agoílo, de M.D.LXXVI. Uluftrifsimo Señor. Befa las manos a vueílra Señoria Illuftrif- sima. Su obediente e yndigno Capellán. Fray Melchior de Vargas.” La foja siguiente comienza con el ][ & b C pata la HDlQUa 0tOmí, y luego: 1f Hog autttis para fabet leer la lengua ©totní ban a la poítre en la bltínta ijoja trefte libro. Manda fu Señoría ylluftrifsima a todos los Curas y Vicarios defte que fo pena de diez pesos de minas, tengan y enseñen efta Doólrina Chriftiana a fus fubditos, y fe la hagan tomar, para q fean inftruidos en las cofas de la Fe, co- mo en ella fe contiene, y que no enfeñen por otra, porque no aya confufion. Y ruega y encarga a todos los Perlados, afsi Obifpos como religiofos, afsi mefmo hagan enfeñar a los Indios por ella. A la vuelta comienza el texto en la forma ya dicha. Este fragmento es precioso porque nos da á conocer una obra y un autor de que no he hallado otra mención que la de Grijalva (Edad lili, cap. 18), en estos términos: “Envió (el provincial Fr. Juan Adriano, electo en 1590) por su funda- dor (del convento de Atlixco) al P. Fr. Melchor de Vargas, presentado, persona de muchas letras y autoridad, definidor y visitador de las nuevas constituciones en la provincia.” Beristain no le menciona, ni ningún otro bibliógrafo ó cronista de los que he podido consultar. El artículo de la última edición del Manuel du Libraire (V, 1089) proviene de los apuntes que di á Mr. Brunet. De la dedicatoria resulta que el P. Vargas había escrito otras obras, las cuales estaban prontas para la prensa, puesto que habían pasado ya á la censura. Aunque no se indican sus asuntos, es probable que fueran análogos al de la presente, la cual mereció tal estimación al Sr. Arzobispo, que la declaró de texto para su clero secular, y la recomendó al regular. Pero á pesar de todo, casi nada sabemos de la vida del autor; y á no ser por el hallazgo casual de este fragmento, aun ignoraría- mos que hubiese sido escritor, como ignoramos el paradero de sus demás obras. ¡Tan oscura, tan olvidada así está nuestra literatura! (El ejemplar descrito está en mi poder: le hallé en un tomo de Papeles varios mucho más modernos.) 1577 71. OMNIA||DOMINI ANDRE^H^iC/^r/II^IIEMBLEMATA. Un Jesús historiado, con estos versos al rededor: Dulce tuum nostro figas in pectore nomen, Namque tuo constat nomine nostra salus. •577] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 213 MEXICI || In Collegio Sanblorum Petri & Pauli, \\ Apud Antonium Ricardum.\\ M.D.LXXVII. En 49, letra romana. Ejemplar maltratadísimo, que sólo llega á la foja 41. Véase el privilegio del n9 80. (De la biblioteca del Sr. D. J. F. Ramírez. Vendido [n? 23] en £3.15 = $ 18.75.) 15 77 72. P. OVIDII NASONIS [| TAM DE TRISTIBVS || UVAM DE PONTO. El mismo Jesús y los mismos versos que en el número anterior. Abajo: VNA CVM ELEGANTISSI-1| mis quibufdam carminibus diui || Gregorij Nazianzeni. MEXICI.\\ In Collegio Sanftorum Petri Pauli. \\Apud Antonium Ricardum.\\ M.D.LXXVII. En 89, letra cursiva. Fs. 1 á 4, portada y privilegio. (El mismo de la Introductio ad Dialecticam, n9 80.) Fs. 5 á 37, el Ovidio. Fs. 38 á 40, Ioannes Sulpicii Verulani Carmen Iuuenile, De Moribus in Mensa ser- vandis. Fs. 41 á 53 fte.: Divi Gregorii Nazianzeni cognomento Theologi; Carmina panegyri- ca, Elegid, Epigramata ac disticha. Fs. 53 vta. á 55: Incipit Sedulii, Pr¿esbyteri, in quo Carmine reciproco dimidium versus primifinem complectitur versus secundi. Acaba así: Ad Iuuentutem. Nemo cibum capiat, nisi consecrado fiat; Privetur mensa qui spreverit haec documenta. Vultum hilarum habe Sal cultello capi Quid edendum sit, ne pet Non depositum capi Rixas et murmur fugi Membris rectis sede Mapam mundam teñe Ne scalpatis cave Aliis partem oblatorum tribu Morsa non rejici Modicus (si crebro) bib Gratias Christo semper aga. Dum men- sae accum- bitis atis Miracula Christi secundum Mattheum versibus elegiacis, y otras poesías latinas ocu- pan las ff. 57 á 64. Al fin de ésta se repite el lugar, año y nombre del impresor. (El ejemplar descrito era del Sr. D. J. F. Ramírez. Vendido [n° 641] en £ 14.10 = 172.50.) 214 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. L1577 15 77 73* Sermonario en Lengua Mexicana, donde se contiene (por el orden del Misal nuevo Romano) dos Sermones en todas las Dominicas y Festividades principales de todo el año, y otro en las Fiestas de los Santos, con sus Vidas y Comunes. Con un Catecismo en lengua mexicana y española, con el Calendario. Compuesto por el R. P. Fr. Juan de la Anuncia- ción, Subprior del monasterio de S. Agustín, de México. Un S. Agustín. Dirigido al M. R. P. Mtro. Fr. Alonso de la Vera Cruz, Provincial de la orden de los Ermitaños de S. Agustín en esta Nueva España. En México, por Antonio Ricardo, 1577. Está tasado en papel en pesos. (Véase la fotolitografía.) En 49, letra romana. La vuelta de la portada es blanca.— 7 ff. con los preliminares, á saber: Licencia del provincial Fr. Alonso de la Vera Cruz.—Aprobación del canónigo Pedro de Na- va.—Id. del Mtro. Ortiz de Hinojosa.—Licencia del virrey D. Martín Enríquez.— Id. del provisor Esteban del Portillo.—Dedicatoria á Fr. Alonso de la Vera Cruz. Dice que había compuesto el Sermonario para que “se desterrasen de entre los minis- tros el gran número de cartapacios que andan escritos de mano, de doctrina tan “varia, y tan indigesta y confusa, que es ocasión de perder el trabajo sin ningún “fructo.”—Tabla de los Sermones que se contienen en este libro.— Tabla alfabé- tica de los lugares comunes y doctrina en particular que se contienen en el Ser- monario.—Avisos del autor al religioso lector. En ellos dice que se proponía reim- primir la doctrina de 1575 corregida, y sacar á luz otras varias obras. Fs. 1 á 124, texto, en mexicano, á 2 col. (la vta. de la última, blanca). Hay dos sermones para cada día, el uno más breve que el otro. OMPE-||hva yn temachtilli,||ynitechpovi sanctoral. Un grabado de un Santo. YC TEMACHTILOTIAZ CECEXIVH||TICA: YNIQVAC YMILHVIVH QVIZTIAZ|| in ceceme Sanótome, yniuh tecpantica yancuican Calen ||dario, oquimotlalili oqui- motecpanili ypan naua|| tlatolli, yn yehuatzin Fray luán de la Anü||ciacion Teo- pixqui Sant Auguftin. La vuelta en blanco. En la otra foja: “ El Autor al religioso lector.” A la vuel- ta comienzan los Sermones de los Santos, en mexicano (á 2 col.), siendo el primero el de S. Antonio Abad. La foja 127 no tiene folio: la 128 está marcada 132, luego 131, después la 134, y sigue hasta la 230 (vta. blanca), con algunos errores é inte- rrupciones en la numeración. SERMONARIO EN LENGVA mexicana, donde se con- TIENE(POR EL ORDEN DEL MISSAL jrf£EO RJO MANO,) DOS SERMONES en todas las 'Dominica sy FcfHuidades principales de todo daño: y otro en las Fie fas de los Sardios ,con fus vidas,y Comunes. (fON V N CA THE CISMO EN LE NG VA MEXICANA y SfpañoU, con el (alendarlo, (cmpuefto por el reuerendo padre Fray luán de la *s4nnttnciacion} Subprior del man aire- ño de fant de cjfyiexico. DIRIGIDO AL MVY RE V EREN D 0~PA DR E MAE ítro fray Alonfo de ia vera cruz, Prouincial de la orden de los Hermitaños de fant Auguff in,en efta nueua Efpaña. EN MEXICO, por Antonio Ricardo. M. D. L X X VII. tufado en papel en pefus. 1577] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 215 CATHECISMO || EN LENGVA MEXICANA Y|| ESPAÑOLA, BREVE Y MVY COMPEN || DIOSO, PARA SABER LA £>0-1| ¿trina Chriftiana y enfeñarla.|| COMPVES- TO POR EL MVT REVERENDO|| Padre Fray luán de la Annunciacion Supprior del || Monaílerio de Sant Auguftin de || MEXICO. Otro grabado de S. Agustín, horrendo. Es una tosquísima copia del que figura en la portada de la Doctrina de 1575. Con licencia.|| En México, Por Antonio Ricardo.|| M.D.LXXVII. A la vuelta un párrafo en mexicano. 3 íf. sin número con el Calendario, en castellano.— 5 id. también sin numerar, con el texto de la Doctrina en mexicano (á 2 col.).— Otra foja con una adverten- cia del autor al religioso lector. Fs. 23 1 á 267, la explicación de la Doctrina, á 2 col., una en castellano y otra en mexicano: la del castellano es mucho más ancha, y de letra más gruesa. En el frente de la foja 267 se halla el colofón. A GLORIA Y HONRA DE DIOS nueñro feñor,y de la gloriofa virgen fan&a María feñora nueftra, en el vltimo dia del mes de Se- ptiembre fe acabo la imprefsion de aquella obra, de Sermonario y Cathecifmo. Có pueíla por el muy reuerendo padre Fray luán de la Annüciacion, Sub prior del monaílerio de Sant Auguftin de aquella ciudad de MEXICO. EN MEXICO. Por Antonio Ricardo Impreífor de libros. Año de. M.D.LXXVII. A la vuelta la fe de erratas. (El ejemplar descrito está en mi poder. Vendido, Fischer [n° 84], sin portada, £ 3.3 = $ 1 5.75. Í*náSR- JUAN DE LA Anunciación, na- £Íj»|p tural de Granada, en Andalucía, raBlil tomó en México el hábito de S. Agustín por los años de 1554, teniendo cuarenta de edad. Fué varias veces prior de los conventos de Puebla y México, rector del colegio de S. Pablo, y dos ve- ces definidor. Falleció de ochenta años, hácia el de 1594 (Grijalva, edad lili, cap. 23). Sus escritos conocidos cons- 216 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. C1577 tan en el presente Catálogo con los nos 66, 67 y 73. D. Nicolás Antonio (R. //.TV., I, 634) menciona, con referencia al autor del Al- fabeto Agustiniano, un Fr. Juan de la Anunciación que escribió algo en len- gua tagala, lo cual repitió Pinelo-Barcia. Si se trata de nuestro autor, es una equi- vocación, y lo peor fue haber añadido el bibliotecario español, que ese idioma es el de los indios mexicanos, no siendo sino propio de las islas Filipinas. 1577 74- DOCTRINALIS FIDEI||IN MECHOACA|| NEN- SIVM INDORVM LINGVA: AEDITVS||y//? ADMODEM REVEREN- DO PATRE FRATREWloanne Metinenfi, Bethico, Auguftiniani ordinis, & || Priore conuentus Cuifenfis.il TOMES PRIMES. || AD ILLVSTRISSIMVM ET REVERENDISSIMVM. || D. Dominum Fratrem Ioannem á Medina Rinconeum.|| Michuacanenfem Epifcopum, eiufde SERMONES QEATTEOR SCILICET IN FESTO || fanSii Ioannis Baptiftce in fejliuitate Apo- Jiolorum Petri Pauli. In fejio magnipatris \AuguJiini Eccle- Jice DoEloris. In fejio SanSli Fracifci ordinis fundatore. Sigue un gran escudo, que en el centro tiene un corazón en el mar, atravesado portres flechas, y al rededor la leyenda: SAGITAVERAS’TV DOMINE’COR MEVM-CHARITATE-TVA, y abajo: MEXICI.|| Cum licencia, In aedibus Antonij Ricardi Typographi.|| Via apofto- lorü Petri et Pauli. Anno. 1577. En fol., letra romana pequeña, á 2 col., en tarasco. 8 ff. sin numerar, que contienen: Portada, con vuelta blanca.— Licencia del virrey Enríquez, 15 de Diciembre de 1574.— Licencia del obispo de Michoacán, D. Fr. Juan de Medina Rincón, dada en Pázcuaro á postrero de Noviembre de 1574, confirmando la licencia que sigue, y es la que había dado el cabildo sede-vacante en 15 de Marzo de 1574.— Licencia del provincial de la orden de S. Agustín, Fr. Juan Adriano, en Tiripitío, á i9 de Mayo de 1575.—Aprobación de los canónigos D. Die- go Pérez, chantre, y Br. Juan Velasco, 13 de Marzo de 1574-—Aprobación del P. Fr. Alonso de la Vera Cruz, en Tiripitío, á 19 de Junio de 1574; dice en ella: “Vi los Diálogos y Sermones en dos libros, en los cuales se contiene la Exposición de los Artículos de nuestra sancta fe católica, y los Sacramentos de la Santa Igle- sia, y los preceptos del Decálogo, y los Mandamientos de la Iglesia, y los siete pecados capitales, y las catorce obras de misericordia, con un Diálogo al cabo, de Meteorológicas impresiones cosas naturales” &c. Dedicatoria latina al Obispo de Michoacán. ■577] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XV 1. 217 Prólogo latino al lector “librum hunc Doctrinalis fidei duobus bipartitum tomis in lucem edere decrevi—” $ “Prologus in indorum lingua.” Fs. 1 á 61 (blanca la vuelta de la última) con sermones y diálogos sobre los Ar- tículos de la Fe, todo en tarasco.— Foja 1 á 72 (nueva foliatura, y nuevas signatu- ras) con sermones y diálogos sobre los sacramentos, en la misma lengua. “Tabula Sermonum et interrogationum de articulis Sanctse Fidei.” 1 ff. que terminan con el colofón: Finitus eft opus primi tomi Do-|| ótrinalis Fidei ad laudem et glo-1| riam Omni- potentis Dei eiufq; faétae matris virginis || Mariae. Die. 17. meníis Februarij An- no á|| Chriílo nato. 1578. In asdibus Anto ||nij Ricardi in Ciuitate Mexica-|| na iuxta sedes Apoftolorü || Petri & Pauli.||^ Ignoro si llegó á imprimirse el segundo tomo de esta obra; ni aun el primero es mencionado por los bibliógrafos. He visto de él dos ejemplares: uno pertene- ciente al Sr. D. Agustín Zielh, y otro en poder del Sr. D. José F. Ramírez, falto de las dos hojas de tabla. (Vendido [n° 838] en £i6~$8o.) No ha sido posible sacar fotolitografía de la portada, porque en ambos ejempla- res está incompleta. así (y no por única vez) en el error de confundir las lenguas tarasca y pirinda. Ignoró, pues, Beristain, que la obra es- taba impresa, y se limitó á copiar el ar- tículo de Pinelo-Barcia. En la portada consta que nuestro P. Medina era andaluz, y en las aprobacio- nes, que fué también prior de Tacámba- ro. Haberlo sido de Cuiseo, como se expresa en el título, da á entender que era persona de importancia, porque en aquella casa había estudios, y nos dice el P. Basalenque (Crónica, fol. 64 vto.), que allí “ponían por priores graves personas que pudieran ser espejo de virtud.” A esto poco se reduce lo que sé del P. Me- dina. ' sisHSjR. Alonso de la Vera Cruz, uno 2 de los aprobantes de la obra, 11a- agfigl ma al autor Medina Plaza, y le califica de “gran lengua de aquella pro- vincia.” Con el nombre de Plaza Medi- na, le cita Pinelo - Barcia (col. 919), y dice que escribió: “Sermones sobre el Sím- bolo de la Fe y en las dominicas y fiestas del año en lengua tarasca, según Gracia- no, Anastasis Augustiniana, fol. 119. Beristain no supo de él más, sino que era “religioso agustino de la provinciade S. Nicolás Tolentino de Michoacán,” y que escribió “Explicación del Símbolo de la Fe, en lengua tarasca ó pirinda, y Sermones para los domingos y fiestas del año, en dicha lengua; ” incurriendo 1577 75. GTonfeísumarío tone, en g GMtellana: compueíío por || el mus Mmrentio $Jaüre Jfrag Elollfo tie íttaltna, tre (a oríien Uel g>e||rapí)ía) fant||4Ftaticíícu. BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1577 Sigue un singular grabado, que no he visto en otro libro de la época. Repre- senta al Salvador en pié, colocado en una prensa de dos tornillos, y vertiendo pol- las cinco llagas torrentes de sangre, que sale por bajo la prensa, y recogen dos án- geles en un cáliz. Al rededor se lee: MEXICO. || EN CASA DE PEDRO BALLI.\\ 1577. En la vuelta de la portada la licencia del virrey D. Martín Enríquez. Fs. 2 á 20, Icttíl gótica, á 2 col., una en castellano y otra en mexicano; grabados en ma- dera. Al fin no hay colofón, y acaba: “Gras fean dadas a nro feñor dios. || ÍLaU$S 2Bco ” En 4? (El ejemplar descrito pertenecía al Sr. Pbro. D. Agustín Fischer, y fué vendido en Londres, junto con el número siguiente, en £ 24 = $ 120. Siento no poder dar fotolitografía de la portada, porque no he hallado otro ejemplar que la tenga. En el mió falta.) 1578 76. Confesionario Mayor en la Lengua Mexicana y Caste- llana. Compuesto por el M. R. P. Fr. Alonso de Molina, de la orden del Seráfico Sant Francisco. En México. En casa de Pedro Balli. Año de 1578. Título dentro de un grabado. Vuelta blanca. (Véase la fotolitografía.) Foja 2, Epístola nuncupatoria al Sr. Arzobispo Montúfar. Foja 3: & CONFESSIONARIO || MAYOR, INSTRVCTION Y DOCTRINA,\\para el que Je quiere bien confeffar, compuefto por el re || uerendo Padre Fray Alonfo de Molina, de la || orden de Sant Francifco, traduzido y\\buelto en la lengua de los Na-\\uas, por el mijmo || Auttor. El Confesonario en ÍCÍtíl gÓÍÍCíl, á 2 col., castellano y mexicano, concluye casi al fin de la foja 132 (marcada por error 113), y allí mismo comienza la tabla alfabé- tica, que se extiende por 4 ff. más, no numeradas. En la vuelta de la última está, de letra cursiva, un privilegio del virrey D. Martín Enríquez, fecha 9 de Julio de 1578, del cual tomamos lo siguiente: “Por cuanto Pedro Balli, impresor de libros, vecino de esta ciudad, me ha fecho relación, que á pedimento del P. Fr. Alonso de Molina, de la orden de S. Fran- cisco, se le revocaron ciertas licencias que por mí le fueron dadas, para imprimir algunas de las obras que el dicho padre ha compuesto, que son un Confesionario, un Arte, y un Vocabulario, y la Vida de S. Francisco, en lenguas mexicana y cas- tellana; y que atento que él había hecho imprimir las dichas obras á su costa, en lo cual había tenido mucho trabajo y costas, y me pidió la dicha revocación no tu- viese efecto atento que era de consentimiento del dicho Fr. Alonso de Molina.... ADAÍI WÁ CONF ES SION ARIO M A' yor.cillaíengna Me xicana y Caftellana* CO¿MVVESTO vo\ el muy padre Fray Alonfo deCAÍo linayde ¡a orden del Seraphicofant Fr ancifeo. EN MEXICO, En cafa de Pedro Balli* Añode, 15 7S. DOCTRINA C H RI S TIA N A, E N LENGVAME xicana muy neceílaria : cnlaqual fe contienen todos los princi pales myfterios de nuc- ’ftra San&aFce ca- tholica CCuMVV EST A MV T P EV£* sendo Padre Eyaj de zJfyColtndjdc la onieit delglortofi ‘Padre Sant Francifco. coj^/mjvTLEgio. En México, En cafa de Pedro Ocharte. M.D.LXX VIH» >578] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 219 por la presente doy licencia al dicho Pedro Balli, para que libremente pueda im- primir las dichas obras y libros de suso referidos por tiempo y espacio de diez años ” &c. Conocemos el Arte y el Confesonario mayor y menor del P. Molina, reimpresos por Balli; mas no el Vocabulario, ni la Vida de S. Francisco, que aseguraba haber impreso á su costa. De esta última obra no existe hoy ejemplar de ninguna edición: de la reimpresión del Vocabulario3 tampoco. A la verdad no es creible que á los siete años se reimprimiera obra de tal magnitud. (El ejemplar descrito está en mi poder.) !578 77. Doctrina Cristiana en Lengua Mexicana, muy necesa- ria: en la cual se contienen todos los principales misterios de nuestra Sancta Fe Católica. Compuesta por el M. R. P. Fr. Alonso de Molina, de la orden del glorioso Padre Sant Fran- cisco. Un grabado, la cabeza del Salvador. Con Privilegio. En México, en casa de Pedro Ocharte. 1578. (Véase la fotolitografía.) En 49, líneas enteras, letra romana, gruesa y buena. A la vuelta de la portada, el Calvario que se ve en la fotolitografía de la portada del Confesonario Mayor de 1565. Sigue una foja marcada II, con la licencia del Virrey, y privilegio por seis años; fecha en México, á 27 de Mayo de 1578.— Licencia del Arzobispo, á 26 del mis- mo.—Aprobación del P. Juan de Tovar, de la Compañía de Jesús, á 25 de id. Fs. III á XCI, la Doctrina, sólo en mexicano. No es el texto de ella, sino su explicación en 43 capítulos, con epígrafes en castellano, y muchos grabaditos en madera. Termina con 4 ff. de Tabla alfabética. A la vuelta de la última está la licencia de la orden, firmada por Fr. Rodrigo de Sequera, Comisario General de la Nueva España, á i9 de Junio de 1578. Todo el libro está impreso con esmero y limpieza. Asegura Eguiara, que vió una reimpresión de esta Doctrina, hecha en Sevilla, por Francisco Perez, con aprobación del cardenal Quiroga, inquisidor general, en 1584, en 49 (El ejemplar descrito está en mi poder. Ventas: Fischer [n° 11 55]» faíto de portada y algunas hojas, £ 23 = $ 115.— Ramírez [n° 564], £45 = $ 225.— Anunciado por Quaritch en £60 = $ 300.) BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. C1578 220 K28Saijuentan las antiguas crónicas, que cuand° llegaron los primeros fran- císcanos se vieron muy afligidos, “porque aunque deseaban y procuraban de aprenderla lengua no había quien se la enseñase.” En tal apuro acudieron á su acostumbrado refugio de la oración, “y púsoles el Señor en corazón (conti- núa el cronista), que con los niños que tenían por discípulos se volviesen tam- bién niños, como ellos, para participar de su lengua Y así fué, que dejando á ratos la gravedad de sus personas, se ponían á jugar con ellos con pajuelas ó pedrezuelas el rato que les daban de huel- ga, y quitarles el empacho con la comu- nicación. Y traían siempre papel y tinta en las manos, y en oyendo el vocablo al indio, escribíanlo, y al propósito que lo dijo. Y á la tarde juntábanse los religio- sos, y comunicaban los unos á los otros sus escriptos, y lo mejor que podían con- formaban á aquellos vocablos el roman- ce que les parecía más convenir. Y acon- tecíales que lo que hoy les parecía habían entendido, mañana les parecía no ser así.” Esta antigua relación de Mendieta,1 aunque publicada por primera vez en nuestros días, es conocida hace más de dos siglos y medio, por haberla copiado Torquemada,1 y ha sido aceptada ge- neralmente, causando admiración la pa- ciencia y celo de los misioneros, que se sujetaban á aquel penoso é insuficiente método para adquirir los primeros ele- mentos de la lengua mexicana. Podría servir, á lo sumo, para conocer los nom- bres de los objetos; pero era absoluta- mente ineficaz para llegar á traducir ideas abstractas, y para entender las tan nume- rosas como delicadas relaciones que todo lenguaje debe expresar. Mas si reflexio- namos un poco acerca de las circunstan- cias de los tiempos, no podrémos menos de advertir que no eran tales que no de- jasen otro recurso á los buenos misione- ros. Esa absoluta falta de intérpretes se comprende cuando los predicadores del Evangelio se entran por regiones desco- nocidas, y no era ese el caso de los pri- meros doce franciscanos. Aquella rela- ción se refiere, cuando más temprano, á la segunda mitad del año 1524, y cinco antes habían entrado los españoles en esta tierra. Es imposible que después de tanto tiempo no hubiese ya individuos de las dos razas que hablaran, bien ó mal, la lengua de la otra. Cortés tuvo pronto á su intérprete y dama Marina; pero todos los demás españoles no habían de permanecer mudos: de alguna manera se entendían con los naturales para las con- tinuas relaciones que exigían los reque- rimientos, las negociaciones, las intrigas, durante la guerra; y después los servicios que daban los naturales, las peticiones de víveres ó de metales preciosos, y tantas otras comunicaciones propias del trato social. Con el ejército español andaban casi siempre auxiliares indígenas, y en su lengua tenían quedarles órdenes los jefes españoles. Y en efecto, hallamos en las historias los nombres de algunos con- quistadores que aprendieron pronto la lengua de los indios. Preso Moctezuma “demandó á Cortés un paje español que le servía, que ya sabía la lengua, que se decía Orteguilla,” escribe Bernal Diaz.1 El mismo cronista refiere que Juan Pérez de Arteaga andaba siempre con Mari- na y Aguilar,” deprendiendo la lengua.”1 Según Herrera,5 Alonso de Hojeda y Juan Márquez fueron escogidos para dis- ciplinar y capitanear á los tlaxcaltecas, porque sabían ya la lengua. Como éstos habría, sin duda, otros. Con Marina no podían contar los frailes, porque no era decente que anduvieran en compañía de una mujer liviana; pero conocido el respeto que entonces inspiraba el hábi- to, no es creible que todos los españoles entendidos en la lengua, sin exceptuar uno, se hubieran negado á prestar un auxilio tan importante para la dilatación 1 Hist. Ecles. Ind., lib. III, cap. 16. 2 Monarq. 7z?¿/., lib. XV, cap. 14. 1 Cap. 95. 2 Cap. 74. 3 Déc. II, lib. 10, cap. 15. 1578] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 221 de la fe. No faltaba devoción á los con- quistadores, aunque en muchos las cos- tumbres no caminaban de acuerdo con las creencias: algunos entraron en las ór- denes religiosas. Por poco que supieran del mexicano, al fin hablaban el español, y eran auxiliares mucho más útiles que unos muchachos mazorrales, con quie- nes la dificultad empezaba por hacerles entender las preguntas. Por otra parte el P. Gante y sus dos compañeros habían llegado un año antes, y se dieron desde luego al estudio de la lengua, como ex- presamente lo declararon al recibirá sus nuevos compañeros. El P. Gante la po- seyó con perfección, y algo sabía ya indu- dablemente, porque hay bastantes proba- bilidades de que poco después compuso su Doctrina mexicana. A mi entender hay exageración en el relato de Mendie- ta. Puede ser que los misioneros, por su deseo de adelantar, aprovecharan hasta el auxilio de los muchachos; pero es muy dudoso que no hubiera otros que les enseñasen la lengua, como aquel escri- tor asegura. De todas maneras convenía á los re- ligiosos tener constantemente consigo, y mejor dentro de su propia orden, un buen intérprete, y así fué que vieron el cielo abierto cuando supieron que una señora española, venida de España con su esposo, poco después de consumada la conquista, y ya viuda, tenía dos niños pequeños que, mediante el trato conti- nuo con los muchachos naturales, habían aprendido bien la lengua. Interponien- do la influencia del conquistador Cortés, rogaron á la viuda que les diese uno de aquellos niños, y ella consintió de buena gana en que llevasen al mayorcito llama- do Alonso, quien se aficionó tanto á los padres, que nunca los dejó ni volvió á su casa “como otro Samuel.” Iba con ellos de pueblo en pueblo, les servía de intér- prete, y predicaba, traducidos, los ser- mones que le daban. Llegado á edad competente, tomó el hábito, y se llamó Fr. Alonso de Molina. Consagróse infatigable á la predicación, que ejercitó durante cincuenta años, y al penoso tra- bajo de la composición de sus grandes obras: él llevó, como dice su compañero de hábito, Fr. Juan Bautista, el “pondus diei et ¿estus en la labor de esta viña.”1 Para no distraerle de tan útiles ocupa- ciones, le eximían generalmente de car- gos y prelacias. Sólo sabemos que en 1555 era guardián del convento de Tez- coco. Su última enfermedad fué muy larga y penosa; pero ni durante ella dejó de instruir y amonestar á los indios, co- mo por despedida. Murió el año 001585, y fué sepultado en el convento de Mé- xico, donde había profesado.1 En la vida de Fr. Alonso no encon- tramos grandes hechos; pero en cambio admiramos el celo religioso y la constan- cia en trabajos tan monótonos y peno- sos, proseguidos durante medio siglo, sin desmayar por las contradicciones con que tropezaba. Porque si bien su orden le estimulaba cuanto podía á la compo- sición de obras tan útiles y necesarias para los misioneros y para todos, no su- cedía lo mismo por otra parte. El Sr. ar- zobispo Montúfar, prelado de carácter violento, y muy contrario á los religio- sos, aunque religioso él mismo,3 ponía estorbos, no sabemos por qué, á las pu- blicaciones del P. Molina. A este pro- i Sermonario, Prólogo. z La Bibl. Franciscana pone su muerte en 1580. D. Nic. Antonio en 1584 á la edad de 88 años, lo cual es error manifiesto. Betancurt en 31 de Marzo de 1558: evidentemente están trocados los núme- ros, y debe leerse 1 585. El Menologio Magno (citado por Ramírez) el 1 5 de Marzo de 1 584» 8 l°s 88 años de edad y yo de hábito: uno y otro es falso, pues para eso era preciso que hubiera nacido en 1496 y toma- do el hábito en 1 514; es decir que en 1 5 24, cuando se unió á los religiosos, era un niño chiquito de 28 años, y profesó en México diez antes de que hubiera aquí orden franciscana. Esas fechas de 88 y 70 años corresponden á Fr. Alonso de Escalona, á quien sin duda confunde el Menologio Magno con nuestro Mo- lina, como lo hace Antonio. El P. Figueroa, en su Menologio MS. (citado también por Ramírez), con- cordando fechas, saca que el P. Molina murió en 1 585- 3 Véase su terrible Carta contra los religiosos, 1 5 de Mayo de 1556. Doc. Inéd. del Archivo de In- dias, tom. IV, pág. 491. 222 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1578 pósito, permítaseme copiar un curioso pasaje de cierto documento inédito: ha- bla en él un religioso franciscano. En- carece primero la necesidad de escribir é imprimir traducidas al mexicano las Vi- das de Nuestro Señor Jesucristo y de los santos, y luego prosigue así: “Para hacer ésto hay personas suficientes en la Nueva España, y asimismo para volverlas en la lengua de los naturales; y porque aquí viene á propósito, digo que Fr. Alonso de Molina, el que compuso la doctrina que va arriba, y como tengo dicho es la mejor lengua mexicana que hay entre es- pañoles, sin agraviar á nadie, ha trabaja- do muchos años en traducir en la dicha lengua algunos libros que son muy ne- cesarios para la erudición de cualquiera nación cristiana, como son las Epístolas y Evangelios que se cantan en la iglesia por todo el año, el libro De Contemptu Mundi, las Horas de Ntra. Señora, con sus oraciones y devociones, y otros trac- tados provechosos, los cuales tiene lima- dos y puestos en toda perfición para im- primirlos, y no se ha hecho ni hace por falta de favor, especialmente, según el mismo Fr. Alonso dice, de parte del Sr. Arzobispo, del cual no ha podido co- legir otra cosa, sino que no huelga de que los frailes de S. Francisco se muestren aventajados en estas cosas aunque po- dría ser que fuesen otros sus intentos; mas como quiera que sea, para evitar la molestia y disfavor que el Sr. Arzobispo de México en este caso puede dar, sería provisión acertadísima mandar S. M. que por las personas que el Virrey de Nueva España señalare se vean las dichas obras, y hallando ser tales como conviene, la Real Audiencia dé luego licencia para las imprimir; ó se le señale al Arzobispo término dentro del cual las haga exami- nar y corregir, y donde no, el Virrey lo tome á su cargo pasado aquel término, porque con dilaciones y molestias des- animan a los que trabajan fidelísimamen- te por servir á Dios y aprovechar á las ánimas, y su trabajo queda perdido. De los Evangelios y Epístolas sé decir que hay grandísima necesidad que se impri- man, porque para predicar los ministros andan de mano las que este dicho padre tradujo, y como los que las trasladan no son todos buenos escribanos, ó no entien- den lo que escriben, fácilmente ponen una cosa por otra, y así los que predican por ellos pueden echar hartos gazafatones, y aun plega á Dios que no digan algunas herejías, por trocarse el sentido de la le- tra con el trastrueque de la escritura, lo cual estando impresos se evitaría, y ha- bría claridad y conformidad en la decla- ración de la Escritura Sacra. Este dicho religioso Fr. Alonso de Molina y otro que se llama Fr. Bernardino de Sahagún, son solos los que pueden volver perfec- tamente cualquier cosa en la lengua me- xicana, y escribir en ella, como lo han hecho de muchos años acá, y lo hacen el día de hoy sin cansarse. Sería gran ser- vicio de Dios y de S. M.y bien de los naturales mandar al Virrey y encargar á los prelados de la orden que mientras viven estos dos religiosos, que ambos son ya viejos, les den todo el favor y ca- lor posibles para que se ocupen en escri- bir en la lengua mexicana, porque será dejar mucha lumbre para los que adelan- te hubieren de entender en predicar y administrar los sacramentos á los natu- rales de la Nueva España; que entiendo ninguno de ellos calará tanto los secre- tos y propriedad de la lengua cuanto es- tos dos que la sacaron del natural hablar de los viejos, y los mozos ya comienzan á barbarizar en ella.”1 Esto se escribía antes del mes de Oc- tubre de 1569, porque el 17 de ese mes dio licencia el Sr. Montúfar para la im- presión de los Vocabularios grandes de 1571; la cual no se habría podido llevar á cabo si el virrey Enríquez no la hubie- ra costeado “ en tiempo que estaban para dejarse de imprimir, por no haber quien los favoreciese.” El P. Molina fué, entre los misione- ros, “el que más dejó impreso,” como di- i Códice franciscano, MS. ■578] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 22 3 ce Mendieta, pero no han quedado ejem- plares de todas sus ediciones. Tenemos las siguientes: 1. Doctrina breve mexicana. 1546 (nú- mero 10).— Reimp. 1571 (n9 59), y tam- bién 1606, según Nicolás Antonio, Pi- nelo-Barcia, y la Bibliotheca Franciscana. — Con el texto mudado, 1675, 1718, i732> 1735. 8? 2. Vocabulario castellano-mexicano. 1555 (n9 23). 3. Confesonario menor. 1565 (n943).— Reimp. 1577 (n9 75). 4. Confesonario mayor, icóc (n944).— Reimp. 1578 (n9 76). 5. Vocabulario castellano - mexicano, y me- xicano-castellano. 1571 (n9 60). Reimp. Leipsic, 1880, fol.— Mr. Rémi Siméon, editor de la Gramática mexicana del P. Ol- mos (Paris, 1875),anunció que trabajaba en la composición de un Vocabulario me- xicano, que no contendría ménos de 25 á 30,000 palabras. No sabemos que se ha- ya publicado. 6. Arte mexicano. 1571 (núm. 58).— Reimp. 1576 (n9 69). 7. Doctrina cristiana. 1578 (n9 77). Faltan: 8. Vida de S. Francisco. Impresa se- gún Mendieta, Nicolás Antonio y la Bi- bliotheca Franciscana. En el Confesonario mayor de 1578 está la licencia á Pedro Balli para imprimirla. 9. Aparejos para recibir el Santísimo Sa- cramento del Altar.— Impreso según los mismos. Manuscritos: i o. Traducción mexicana de las Epístolas y Evangelios de todo el año. (Códice fran- ciscano.— Mendieta.) 11. Horas de Nuestra Señora en mexi- cano. (Id.— Id.) 12. Muchas oraciones y devociones para los indios. (Id.— Id.) 13. El Libro de Comptentu Mundi. (Có- dice franciscano.) 14. Tratado de los Sacramentos. (Nico- lás Antonio.) Será probablemente un tí- tulo diverso dado á los Aparejos. 15. Sermones. (Nic. Ant.) Habiendo ejercido durante tantos años la predica- ción el P. Molina, es natural que escri- biera muchos Sermones mexicanos; pero me sospecho que el bibliotecario espa- ñol le atribuyó los del P. Fr. Alonso de Escalona, pues de ambos autores hizo uno solo (F.AIphonsus de Molina, alias Es- calona), y lo peor es que increpa á Wad- ding por haberlos separado: qui vere unus et idem auctor est. (Códice franciscano, MS.— Mendieta, III, 16; IV, 44; V, Ia, 48.— Bautista, Sermonario; Prólo- go.— Torquemada, XV, 14; XVI, 8; XIX, 33; XX, 59.— Betancurt, Menol., 31 de Marzo; Var. Ilust., n? 1 5.— Gonzaga, p. 1 242.— Daza, II, 31. Bibl. Franc.y 1,48.— Nic. Ant., B. H. N., I, 37.— Pinelo (1629), p. 107.— Pinelo-Barcia, II, col. 726.— Beristain, II, 314, y Anotaciones MSS. de Ramírez.) j578 78. ARTE EN LENHGVA ZAPOTECA COM|| puerto por el muy reuerendo padre || Fray luán de Cordoua, de la|| orden de los Predica || dores defta nue||ua Efpaña. Una cruz. EN MÉXICO. || En cafa de Pedro Balli || Año de. 1578. En 8?, letra romana. 7 ff. preliminares, con: i9 La portada, vuelta blanca.— 2* Licencia del virrey D. Martín Enríquez, fecha i9 de Julio de 1578.—39 fte. Licencia del Sr. Obispo de Antequera (Oajaca), 18 de Junio de 1578. En ella dice al autor que le da li- BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1578 224 cencia “para que podáis imprimir la dicha Arte Zapoteca, porque juntamente con el Vocabulario que agora estáis imprimiendo de la dicha lengua, será cosa muy útil y provechosa para los que la quisieren deprender.”—3* vta. Licencia del provincial Fr. Gabriel de S. José, que concluye así: “Item, le doy más la dicha mi licencia para que pueda imprimir un Confesionario breve, ó modo de confesarse en la di- cha lengua Zapoteca, por ser útil y provechoso para los naturales de la dicha na- ción.”— fte. Aprobación de los PP. Juan Berriz y Fr. Juan de Villalobos.— vta. y toda la Dedicatoria al P. Provincial: de ella tomamos lo siguiente: “Después que V. R., padre nuestro, me mandó que imprimiese el Vocabulario de Lengua Zapoteca, me mandó asimismo hiciera un Arte della, como su coadjutor, para que declarase las dubdas que se ofreciesen, y fuese como puerta y entrada para los principiantes.”—(A Prólogo al lector, que no contiene nada de particular.— Un grabado de Ntra. Sra. del Rosario: la vuelta blanca. Fs. 1 á 125, el Arte.— 1 foja de Erratas: otra con sólo este colofón: A GLORIA Y HONRA DE DIOS nueftro Señor, y de la gloriofa virgen fanéta Maria fu bendita madre, fe acabo de Imprimir efte Arte Zapoteco, a ocho dias del mes de Agofto En México, en cafa de Pedro Balli. Año de. 1578 (El ejemplar descrito era del Sr. D. José F. Ramírez: no conozco otro, ni de vista ni de oidas. Se ven- dió [n? 921], falto del folio 81, en £ 50 = $ 250.) En este Arte del P. Córdoba hay curiosas noticias acerca del Calendario y de las antigüedades de los zapotecas. Omito las del Calendario, porque habiéndolas co- municado al Sr. Orozco y Berra, éste las incluyó en el libro IV, cap. i?de su His- toria Antigua y de la Conquista de México, y sólo trasladaré lo relativo á antigüedades. NOTABLE. “Síguense algunas cosas de notar que tenían estos indios. Y lo primero, de los agüeros y algunos ritos. “Tenían estos zapotecas muchas cosas por agüeros, á las cuales si encontraban ó venían á sus casas ó junto á ellas, se tenían por agorados dellas. “El primero y más principal era la culebra que se llama pella. Y como hay mu- chas maneras dellas, de la manera que era ella, así era el agüero: esto deslindaba el sortílego. “El buho, que se llamaba tama ó tamaxihui. “Item, otro animal mexicano llama tecolotly éstospequia ó piquia: es ave. “Item, harda ó tuza, que llaman pechijqa ó pichijqa ó pepaa. “Pájaro que canta en el monte, que le llaman cuega. ■ 578] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 225 “Alacrán, á quien llaman rííoxobi. “Otro como alacrán chiquito, que llaman pegootao. “Cuando están algunos hablando y pasa algún animalejo destos entre ellos, di- cen que es mensajero del diablo, y viene á ver lo que hablan 6 hacen. “Item, otro así mayostillo, que llaman pegooxilla ó manixílla. “Item, un pájaro que llaman huijya, que cuando canta dizque dice huija, huija, y es agüero de los caminantes. “Item, un pájaro de plumas ricas, que el mexicano llama que<¡altotol: éste era agüero de señoras. “Item, unos como hilos de telas de arañas que cuelgan al sol, ó á do hiere el sol, que se crían allí: esto era grande agüero cuando se enredaban con ellos. “Item, las encrucijadas de los caminos, que llaman ríezaquetaa ó nezaquitaa. Eran lugar de agüeros, porque dizque allí estaban animales y cosas malas, y habían miedo. “Grande agüero era cuando estando en su casa oían ruido fuera, 6 otro sonido, y no hallaban quien lo hacía, 6 les zumbaba el oído, porque decían entonces que venía el pitáo. Y sacrificaban algo. “Si alguna ave 6 animal de los que tenían por agüeros veían sobre algún grande árbol, decían que aquel agüero señalaba á algún señor ó persona principal. Y si el árbol estabajunto á casa de algún macehuatl 6 hombre popular, decían que aquel agüero venía á decir lo que había de subceder á aquel dueño de la casa. “Si era agorado el día en que había nacido, 6 un día 6 dos antes 6 después, era muy fuerte agüero, y muy cierto. Y el mayor era el mesmo día. “Si se eclipsaba la luna, decían que habían de morir señoras y principales. “Si se eclipsaba el sol, decían que se acababa el mundo, y que el sol pedía guerra, y unos y otros se mataban, el que primero podía. “Item, decían y creían que los enanos eran hechos por mandado del sol, y que entonces, como cosa suya, los pedía. Y así, cualquiera que hallaba un enano ó ena- nos 6 hombres chiquitillos, 6 le tenía en su casa, le mataba y sacrificaba, y ellos se escondían porque no los matasen; por manera que pocos se escapaban. “Si estando la mujer preñada, el padre de la criatura llevaba carga á cuestas, ó yerba, cañas, cal 6 otras cosas así, 6 algún hombre muerto, 6 le azotaban, 6 pade- cía otro trabajo así, decían que redundaba en la criatura, y que ella luego movía; y esto muchos aun lo tienen hoy, porque creían que lo que el padre pasaba, lo pa- saba también el hijo en el vientre. “Si la mujer preñada saltaba algún arroyuelo 6 reguera, dizque movía. Y lo mismo si veía algún muerto. Y por esto en común tenían volverse de espaldas y cubrir el rostro al que se estaba muriendo, por no le ver. “Cuando la parida había de entrar en el tamascal á acabarse de mundificar con los sudores, primero hacían dentro ciertas ceremonias, como quemar incienso y derramar su vino, y encender candelas, después que las usan, &c. “Cuando alguno era agorado y venía al sortílego que le declarase el agüero y mandase lo que haría, mandábale matar un perrillo 6 codorniz, 6 cosa así, y que lo soterrase en la senda que venía para casa, como para atajar el camino por donde BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1578 había de venir el mal. Y otras cosas así le mandaba hacer. Y si el agüero era sin esperanza de remedio, muy malo y cierto, no quería paga por ello el sortílego, como siempre llevaban por los demás. “Para sortear los casamientos hacían lo siguiente los sortílegos. “Quería Gonzalo casarse con Doña Urraca. Y primero que la pidiese por mu- jer, sabía cómo se llamaba, y entonces iba al sortílego colanij, y decíale: “Yo me llamo Gonzalo, y tal mujer se llama Urraca: ¿podréme casar con ella?” Entonces el sortílego tomaba tantas habas, de las que para este efecto tenían, como era la suma de los nombres de ambos, según la cuenta que ellos tenían, como queda di- cho atrás, y juntábalas y contábalas de dos en dos, y si sobraba alguna, era señal que habían de tener un hijo varón. Y si juntándolas otra vez y tornándolas á con- tar de tres en tres sobraba todavía alguna, era bueno, y señal de hijo; y si tornán- dolas á contar de cuatro en cuatro sobraban algunas, todos eran hijos ó hijas; y así las contaban de diversas maneras hasta cinco veces, y no sobrando algunas, era malo y no se casaban, porque dizque no habían de tener hijos; porque toda su pre- tensión en los casamientos eran los hijos. Item, si no sobraba alguno hasta la úl- tima vez, era señal que hasta la vejez no habían de tener hijos. “Por las causas siguientes se descasaban: “La primera, si hubo yerro en el casamiento, como cuando ella era señora y él hombre bajo. Y esto acontecía cuando de lejos la enviaban á pedir. “Lo segundo, cuando no tenían hijos, y esta era la causa principal. “Lo tercero, cuando no conformaban en los nombres, porque para Rodrigo había de ser Sancha, y para Gonzalo, Urraca. “Lo cuarto, cuando alguno dellos era muy perezoso en buscar lo que habían menester; en especial ella. “Lo quinto, cuando alguno dellos era tan bravo, que siempre reñían. “Lo sexto, cuando el hombre usaba mucho en demasía con la mujer, como bes- tia, ella no consentía. “Lo séptimo, cuando ella era adúltera, y alguna vez también cuando lo era él. “Lo octavo, cuando él pedía una mujer, y la tenía algún tiempo y no le cua- draba, dejábala y tomaba otra. Esto no era muy común. “Donde de lo dicho se infiere que no tenían estos indios matrimonio. Y así, el Mtro. Victoria, oidas estas relaciones, dice en el cuarto: Videtur ínter istos bar- baros nnllum fuisse matrimonimn. “Con lo dicho hemos dado fin á lo que por agora nos parece que había que decir en este Arte. Y entiendo que basta para estos nuestros tiempos. Si adelante se descubrieren algunas otras cosas más subtiles y ingeniosas, la puerta queda abierta para aquel á quien Dios se lo diere, que lo ponga en perfección. Válete.” No dejaré, por último, de copiar un pasaje que se halla en el fol. 68 vto. y no carece de interés. Habla de la diversa pronunciación de las palabras zapotecas, se- gún los lugares, y añade: “Porque entre nosotros y en nuestra España es lo mesmo: que los de Castilla la vieja dizen ha<¡er, y en Toledo hazer: y dizen xugar y en Toledo jugar. Y dizen 1578] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 227 yerro, y en Toledo hierro. Y dizen alagar, y en Toledo halagar, y otros muchos vo- cablos que dexo por evitar prolixidad.” Según esto, la pronunciación de la f y de la z eran diversas; lo mismo sucedía con la # y la js y se aspiraba en Toledo la h. í R* JUAN DE Córdoba nació el año íGír de I5°3 en ciudad del mismo nombre, en España, de padres no- bles, y después de haber estudiado la len- gua latina, abrazó la carrera militar. Sir- vió en Flandes y Alemania al Empera- dor Cárlos V, y llegó á ser alférez de una compañía española. Pasó á México, y con el mismo grado siguió las banderas de Francisco Vázquez Coronado en la expedición á Cíbola el año de 1540. De regreso de ella renunció al mundo, y en- tró en la orden de Santo Domingo, ha- biendo profesado el 16 de Diciembre de 1543. Tenía entonces cuarenta años, y vivió en la religión cincuenta y cinco. Concluidos sus estudios, y ordenado de sacerdote en 1548 ó 49, le destinaron sus superiores al convento de Oajaca, de donde pasó después á la estrecha y pobre casa de Tlacuechahuaya. Fué nombrado luego procurador á Roma y España, é hizo dos viajes en busca de religiosos. En el capítulo de 1568 fué electo pro- vincial; pero como era varón de vida aus- terísima y acostumbrado á la disciplina militar, empezó á gobernar con tal rigi- dez, que no podían sufrirle los frailes. Congregados los definidores en el pueblo de Yanhuitlan el 7 de Octubre de 1570 para celebrar capítulo intermedio, cuyo objeto es, entre otros, el de examinar la conducta del provincial, para continuarle en el oficio, corregirle y aun deponerle, si es menester, fueron tantas las quejas que llovieron contra Fr. Juan, que el ca- pítulo acordó que se le amonestara para que templase el rigor de su disciplina. Al efecto se le llamó al capítulo, y el P. Fr. Juan de Mata, su amigo, le hizo una larga plática, á que dió fin preguntándole si se proponía moderar su celo en lo su- cesivo. A lo que contestó Fr. Juan con serenidad: “ Padre definidor, este oficio “puso sobre mis hombros la provincia “muy contra toda mi voluntad, y no por “ésta, sino por la de Dios la gobierno. “Si no acierto, es porque no me comu- nica Nuestro Señor más luz para en- cenderlo. Y pues no conviene que yo “pase con este estilo, V. R. haga su ofi- cio, que yo he de proseguir el mió como “debo.” Amonestado segunda y terce- ra vez, respondió lo mismo; y entonces el P. Mata, en nombre del Definitorio le suspendió del oficio. Oida la sentencia, se postró el P. Córdoba diciendo Bene- dictas Deus, en señal de obediencia, y se fué de rodillas para el definidor, tratan- do de besarle los piés. Quedaron todos confundidos con aquel acto de humildad, y aun les pesó lo hecho. Llegado el caso á noticia del virrey Enríquez, que cono- cía el mérito de Fr. Juan, trató de inter- venir en el asunto, como vicepatrono; mas el padre emprendió viaje á México sólo para aquietarle y disuadirle de su propósito, como lo consiguió. Volvióse luego á su pobre convento de Tlacuecha- huaya, con el cargo de prior de aquella casa, y en ella se dedicó á concluir su Arte y Vocabulario Zapotecos. Vivió todavía más de veinticinco años en su retiro, y casi centenario ya, se retiró al convento de Oajaca, donde falleció hácia fines del siglo (1595). (Burgoa, Geogr. Descrip., ff. 101-103, 250- 255. — Dávila Padilla, cap. últ.— Fernández, Hist. Ecles. de nros. tiempos, ]ib. I, cap. 31.— Nic. Ant. B. H. N.y tom. I, pág. 679.— Quetif y Echard, tom. II, pág. 307. — Pinelo-Barcia, Epít., col. 734.— Beristain, tom. I, pág. 383.— Vide ante, pág. 153.) 228 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XFI. [■578 1578 79» Vocabulario en Lengua Zapoteca, por Fr. Juan de Córdoba. Nunca he logrado ver un ejemplar de este libro. De los autores que le mencio- nan, Beristain es el único que da la fecha de la edición y el nombre del impresor, expresando que fué hecha por Pedro Ocharte, 1571, 49 Parece que la tuvo á la vista; pero no obstante eso, me he resuelto á colocarla en 1578 por las razones siguientes. El P. Burgoa (Geogr. Descrip., fol. 255 vto.) expresa que el P. Córdoba, cuando se retiró al convento de Tlacuechahuaya, después de haber sido depuesto del cargo de provincial, “trató de ajustar su Arte y Vocabulario zapoteco, y los acabó.” La destitución del P. Córdoba se verificó el 7 de Octubre de 1570, según vimos en el número precedente; y el espacio de un año no parece bastante para el viaje que hizo á México, con objeto de apaciguar al virrey, la vuelta á Oajaca, la conclusión de las obras referidas, y la impresión del Vocabulario. Aun más concluyente me parece el dato que proporciona la licencia que con fe- cha 8 de Junio de 1578 dió el obispo de Oajaca para la impresión del Arte. En ella se habla del Vocabulario “que agora estáis imprimiendo en la dicha lengua,” y me parece imposible admitir dos ediciones en tan corto tiempo. El Sr. Orozco y Berra en su Historia (tom. II, pág. 186) cita el Vocabulario del P. Córdoba, con la fecha de 1578. No le tenía entre sus libros, ni creo que le hubiese visto; ignoro de dónde tomó la cita. El P. Burgoa elogia la obra en estos términos: “Luego compuso un Vocabu- lario tan grande y tan copioso, que hoy, después de tantos años, parece cosa de “milagro, que llegase un hombre á tener tan plenas noticias de una lengua bárbara, “que no se halla vocablo en ella que no le tenga, y varios en cada significación, “conforme la variedad de las provincias de esta nación, las partes y pueblos donde “se usan.” (Fol. 102 vto.) En las licencias del Arte se menciona también un Confesonario breve, de que no encuentro otra noticia. Fr. Alonso Fernández, en su Historia Eclesiástica de nuestros tiempos, equivocó el nombre de nuestro autor, llamándole Pedro, lo que dió margen á que los biblio- tecarios Quetif y Echard atribuyeran el Vocabulario á Fr. Pedro de Feria. !S78 8o. INTR0DVCTI0\\m dialecticam||aristotelish PER MAGISTRVM FRAN-\\ cifcum Toletü Sacerdotemfocietatis Iefu\\ ac Philofophice in Romano Societatis\\Collegio profejfore. 1578] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 229 El IHS de la Compañía, y al rededor los versos: Dulce tuum nos tro figas in Rectore Nomen Namq; tuo constat Nomine nostra salus. Al pié: MEXICI.\\ In Collegio Sanliorum Petri & Pauli.\\ Apud Antonium Ricardum.\\ M.D.LXXVIII. En 89, letra romana. La vuelta de la portada es blanca. En las tres fojas si- guientes están las licencias del virrey D. Martín Enríquez y del Sr. Arzobispo D. Pedro Moya de Contreras, fechadas, la primera á 16 de Febrero de 1577, y la se- gunda á 24 de Diciembre de 1576. Casi igual es el contexto de ambas; copio la del virrey, por la noticia que da de varias ediciones hechas, 6 á lo menos proyec- tadas, por los PP. de la Compañía para uso de sus escuelas, de muchas de las cua- les no se conoce hoy ejemplar. Dice así: “Do Martin Enriqz, Viforey Gouernador i capita general por fu Mageftad, é ella nueua Efpaña y Preíídente del Audiécia Real que en ella refide. &c. Por quáto por parte del Prouincial de la Copañía del nombre de Iefus, fe me ha hecho rela- ción, que en los Eítudios couiene y es neceífario aya copia de libros para los eftu- diátes de los q comunmete fe lee porq por falta dellos no fe eílorue el bié común q dello fe íigue. Y me pidió madaífe dar licécia á Antonio Ricardo Piamotes im- preífor, para que pudieífe imprimir los pedáis que la copañía dixere fer neceífa- rios cada año para los eíludiátes, y que los q al prefente fe podía imprimer fsicj era los figuiétes. Fábulas, Cato, Luys viues, Selectas de Cicero, Bucólicas de Vir- gilio, Geórgicas del mifmo, Sümulas de Toledo y Villalpádo, Cartillas de doótrina Chriana, libro cuarto y quinto del padre Aluarez de la Compañía, Elegacias de Laurécio Vala, y de Adriano, algunas Epiftolas de Cicero, y Ouidio de Triftibus & poto, Michael verino, verfos de S. Gregorio Naziázeno, co los de f. Bernardo, officios de f. Ambrollo, Seleótas de fant Hieronymo, Marcial Purgado, Emblemas de Alciato, Flores poetarü, y otras cofas menudas como tablas de ortagraphia (sicj y de Rethorica. Y por mi viílo atento á lo fufodicho, por la prefente doy licécia al dicho Antonio Ricardo impreífor, para q libremente el y no otra perfona pueda imprimir los dichos pedáis de libros arriba declarados, por tiepo de seys años, corrigiédolos cada vez el dicho Prouincial con los originales de la primera im- prefsion. Y mando q en ello no fe le ponga embargo ni impedimento alguno. Fe- cha en la ciudad de México, á. xvj. dias del mes de Febrero de. 1577. Años.—D. Martin Enriquez.— Por mandado de fu Excelencia. luán de Cueuas.” Foja 5?: “Lectori S.”—En la foja 6* comienza la obra, que concluye en la 171, con sólo la palabra FINIS, sin colofón. A continuación, y con nueva foliatura, se halla la obra siguiente: REVERENDI DO.|¡ FRANCISCIMAFRO-1| LICI, ABBATIS|| Meífanenfis, atque mathe-|| matici celeberrimi.|| De Sphaera. Líber vnus. El mismo IHS y los mismos versos que en la portada de la Introduttio, y al pié: Mexici apud Antonium Ricardum\\ in Collegio diui Petri & Pauli. Acaba en la foja 49 (numerada 48) fte., y á la vuelta comienza el BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. C1578 230 Index Capitum quae in hac Introduótione in Dialéctica cótinentur. Y más adelante, al medio de la foja 53 fte. está el Index Abbatis Maurolici de Sphsera, & Computo Ecclefiaftico. Al fin, foja 54 vta. ImpreíTum Mexici, apud Antonium Ricardü Pedemótanü. Impéfis Petri Nun- nefij a prado. Rogatu R. P. Vincétij Nutij focietatis Iefu, & Reéloris D. Petri & Pauli Collegialium. Anno a partu Virginis. 1578. die vltima Septembris. Se ve, por la reunión de los índices, que estas dos obras, aunque separadas y con distintas foliaturas, forman un solo cuerpo. (El ejemplar descrito pertenece al Sr. D. José M. de Agreda. Vendida [la Introduttio sola, con por- tada MS.j Ramírez [n? 60], £ 5.15 = $ 28.75.) *578 81. López de Hinojoso (Herm. Alonso). Suma y Recopilación de Cirujía. México, Antonio Ricar- do, 1578. En 8? No he visto esta primera edición, citada por Beristain (tom. II, pág. 104). Res- pecto á la segunda, véase el n9 106. 1579 Farfan (Fr. Agustín). Tratado breve de Medicina. En Noviembre de 1867 vi un ejemplar de esta edición, que es la primera, en poder del Sr. Pbro. D. Agustín Fischer. El libro es en 4?, de letra romana: falta- ban al ejemplar las 9 primeras fojas. En el frente de la última (274) hay este co- lofón: EN MEXICO.|| En cafa de Antonio Ricardo.|| Año de 1579. A la vuelta de esta misma foja está el retrato del autor, que siento no poder reproducir ahora en fotolitografía, porque el libro fué exportado y vendido en Lon- dres, en £3.3 =$15.75. IS79 83. CERIMONIAIWY RVBRICASIIGENERALES, CON LA||or- den de celebrar las midas y auifos para||los defectos q acerca dellas pueden acontecer.|| Sacados del nueuo Miílal Triden- tino. Y|]traduzido por el muy R. P. Fray|| luán Ozcariz.||Z)/- 1579] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 231 rijido alIllufrifsimoy Reuerenclifsi\\mofeñor D. Pedro Moya de Cofreras,|| Argobifpo de México, del Confejo\\de fu Majefad &fc. Un tosco grabadito de un Calvario. En México, por Pedro Balli.|| Año de 1579. En 89, letra romana, 120 ff. Repetido al fin el nombre del impresor y el año. (En mi poder.— Otro, vendido Ramírez [n? 202], £ 18.10 = $ 92.50. *579 84 CARTAS || DEL PADRE PEDRO|| DE MORALES DE LAII Compañía de Ieíus.|| PARA EL MVT REFEREN-1| do Padre Euerardo Mercuriano, Gene\\ra¿de la mifma Compañía.\\En que fe da relación de la Feftiuidad que en ejla || infgne Ciudad de Méxi- co fe hizo efe año de||fetentay ocho en la collocacion de las San-\\ El as Reliquias que nuefro muy SaElo\\ Padre Gregorio XIII. les embio. + Un IHS, y al rededor los versos: Dulce tuü noftro ligas || impeótore nome Namq; tuo conftat || nomine noílra falu9. CON LICENCIA EN MEXICO.|| Por Antonio Ricardo. Año 1579. En 89, 199 ff. inclusa la portada. Al fin se repite la fecha &c. A la hoja de la portada sigue la dedicatoria, que termina en la vuelta de la foja Viene luego la descripción de las fiestas, arcos triunfales &c. En el frente de la foja 109, hay esta nueva portada: TRAGEDIA||JNTITV-||LADA TRIVM||PHO DE LOS || SANCTOS || EN £>VE SE REPRESEN\\ta la perfecucion de Diocleciano,y la pro\\fperidad que fe figuio con el Im-1| perio de Conftantino.|| Perfonas q fe introduxeron: Silueftro Papa. Magno Conftantino. Diocleciano Emperador. Daciano Adelantado. Chromacio Presidente. S. Pedro mar. S. Dorotheo mar. S. Juan mar. S. Gorgonio mar. Albinio Cauallero. Olimpio Cauallero. Nuncio. Secretario. Dos alguaziles. Iglefia. Fee. Efperan9a. Gentilidad. Charidad. Idolatria. y Crueldad. En México. Por Antón Ricardo. La tragedia es en cinco actos, y en español. (Descripción comunicada por Mr. H. Harrisse. Madrid, 4 de Mayo de 1871.) 232 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [■579 P. Pedro de Morales, natural n Irair! de Valdepeñas, en la diócesis de EaÜs»a¡l Toledo, doctor en ambos Dere- chos, y abogado célebre en Madrid y Gra- nada, dejó en 1570 la carrera del foro para entraren la Compañía de Jesús. Desti- nado por sus superiores á México, llegó en los primeros dias de Septiembre de 1576. Enseñó aquí Teología Moral y Derecho Canónico, y fué rector de varios colegios, entre ellos el del Espíritu San- to, de Puebla, que iba á ser abandonado y que restauró con grandes aumentos. Asistió como consultor canonista al Con- cilio III Mexicano, y cuando en 1592 se estableció la Casa Profesa, fué uno desús primeros moradores. Sacerdote de pro- fundo saber, de acrisoladavirtud, degran- de expedición para los negocios, de ca- rácter dulce y compasivo, prestó insignes servicios á la Compañía, y ganó la es- timación de sus contemporáneos. “El “ascendiente que el P. tenía sobre los “corazones fué tal (dice un ilustre his- toriador de la provincia mexicana, el “P. Alegre), que saliendo en persona á “pedir limosna por la ciudad (Puebla), “juntó en un solo dia más de ocho mil “pesos; y que dieron esta suma sin fas- tidio, se probó muy bien, porque sa- “liendo pocos dias después á recoger el “dote, con billete suyo una pobre don- “celia, volvió á su casa con más de tres “ mil pesos. En los muchos años que go- “bernó aquel y otros colegios, mostró “siempre un grande celo por el buen “nombre de la Compañía, mucha suavi- “dad, mucha entereza, un raro expedien- te en los negocios más oscuros, y una “constancia de ánimo en las cosas ad- versas, á que se atribuyó entonces la “prosperidad y repentinos aumentos del “Colegio de Puebla.” Murió santamen- te en México á 6 de Septiembre de 1614. Además del libro que es objeto de este artículo, escribió el P. Morales lo si- guiente: In caputprimum Matthei, De Christo Domino, Sanótissima Virgine Deipara María, veroque ejus dulcissimo et vir- ginali Sponso Iosepho, Libri quinqué. Lugduni, sumptibus Horatii Cardón, 1614, fol. Vida del P. Doctor Pedro Sánchez, pri- mer provincial de los Jesuitas de Méxi- co, MS. que cita el P. Florencia. Mucho siento no haber visto nunca un ejemplar de la Carta del P. Morales, y no poder incluir aquí algunos extrac- tos de ella. La descripción de las solem- nes fiestas hechas con motivo de la lle- gada de aquellas reliquias (cuya mayor parte se conserva en la capilla de S. Pe- dro de esta Iglesia Catedral), puede leer- se en la Historia de la Provincia de la Com- pañía de Jesús de Nueva España por el P. Florencia, lib. VI, cap. 1-6. Gonzalez Dávila, Teatr. Ecles. de Indias, tom. I, pág. 38. — Nic. Antonio, B. H. N., tom. II, pág. 219.— P. Florencia, Historia, págs, 326 — 349; 380.— P. Alegre, Hist. de la Comp., tom. I, págs. I I 5, I 25, 136, 197,249, 251; tom. II pág. 66. — Beristain, tom. II, pág. 335.— Backer, Bibl., tom. II, col. 1 368.) 1579 85. Doctrina Cristiana por el Dr. D. Sancho Sánchez de Muñón, Maestrescuelas de la Santa Iglesia de México. En 89 letra romana. Falta la portada. Comienza por un soneto de un P. Hernán González, que parece ser el P. Her- nán González de Eslava, autor de los Coloquios espirituales y Sacramentales, que reim- primí en 1877. En la última hoja de esa reimpresión puede verse el soneto. 157 9] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 233 Sigue en la Doctrina, á la vuelta, la aprobación del Dr. Ortiz de Hinojosa, fe- chada en México á 23 de Junio de 1579. Toda la foja siguiente y parte del frente de la otra ocupa la dedicatoria del autor al Sr. Arzobispo Moya de Contreras: en ella dice que hallándose e-1 prelado ocupado en su visita, le dió comisión de visitar las escuelas de los niños, y que esta Doctrina “se ha cogido de las fuentes de al- gunos escritores graves, que á mi parecer en esta materia hablaron bien, en espe- cial de una Do&rina Cristiana que se trató de hacer por la memoria y papeles de Pió V. de gloriosa memoria.” Sigue á la vuelta y foja siguiente un prólogo dirigi- do “A los muy reverendos Padres Curas del Arzobispado de México,” en que se les recomienda la enseñanza de la doctrina. Las hojas preliminares que existen son cuatro, sin numerar. El texto de la obra, en castellano, ocupa 41 ff., sin numerar hasta la 409 (inclu- yendo las preliminares), y luego numeradas de 41 á 46. La 47 empieza así: “Sí- guese la manera de hacer oración, que los niños han de tener, después que hayan acabado de recitar esta sancta Doctrina en la iglesia.” En la 52, última del ejem- plar, comienza y no concluye, “La orden y manera de ayudar á Misa, según el Nuevo Rezado.” Los caracteres del libro son los del Sermonario de Fr. Juan de la Anunciación, impreso por Antonio Ricardo en 1577 (n9 73). (El ejemplar descrito pertenece al Sr. D. José M“ de Agreda.) ■s=-B|j|sTA edición era desconocida, y su C Ésw autor no figura en la Biblioteca de Beristain. Vino de Españael año de 1560, presentado á la Maestrescolía de la Iglesia Metropolitana, y tomó pose- sión á 26 de Abril. Fué cancelario de esta Universidad, en la cual recibió el grado de doctor en Teología el 28 de Julio de di- cho año. En el de 1570 andaba en Espa- ña por solicitador general de las Iglesias. Volvió á México, y el último cabildo á queasistiófuéel deji deOctubrede 1600. Murió ántes del 15 de Junio de 1601. (Prólogo de los Estatutos de la Universidad.— Descripción del Arzobispado de México, MS.— Ac- tas del Cabildo Eclesiástico, MS.) J579 86. INSTRVCTION\\y arte parahcon facilidad re-|| zar el officio diuino conforme á las re-||glas y orden del Bre- uiario, que nueftro || muy fanétifsimo Padre PIO. Y. || ordeno, fegun la intencion||del Sandio Concilio||Tridentino.||fCECOP/- LADA POR EL\\ Padre Fray Alonfo de Medrano,predicador y leElor de Artes, en el Mona/terio de la madre de Dios de Por de- laguna, de la\\ orden de los fray les Menores de la\\Prouincia de 23 4 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [>579 por el mefmo\\au8lor corre-\\glcla.\\CON LICENCIA.||En México, en cafa de Pedro Balli.||Año de 1579. En 8?, letra romana, 56 ff.: no hay colofón. (El ejemplar descrito era del Sr. D. José F. Ramírez.—Vendido [n? 502], en <£ n =$ 55.) 158° 8 7* Cartilla y Doctrina Cristiana, breve y compendiosa, para enseñar los niños: y ciertas preguntas tocantes á la dicha Doc- trina, por manera de diálogo: traducida, compuesta, ordena- da y romanzada en la lengua Chuchona del pueblo de Te- pexic de la Seda, por el M. R. P. Fr. Bartolomé Roldan, de la orden del glorioso Padre Sto. Domingo. Un Calvario. Con licencia. En México, en casa de Pedro Ocharte. 1580. (Véase la fotolitografía.) En 4°, letra romana y gótica. Vuelta de la portada, licencia del virrey D. Martín Enríquez, 11 de Julio de 1580. (Letra romana.) Foja II fte., licencia del Arzobispo, 30 de Junio de 1580. (Letra romana.) Foja II vta. y III fte. (RttE gÓÍÍCíl): Licencia del provincial Fr. Gabriel de San José, 26 de Junio de 1580.— Aprobación (del texto castellano) por los PP. Fr. Juan Ramírez y Fr. Cristóbal de Ortega, 26 de Junio de 1580.— Id. (del texto en lengua Chuchona) del P. Fr. Luis Rengifo, vicario del convento de Teccizte- pec, 27 de Junio de 1580 (nótase que esta aprobación está fechada un día después que la licencia del provincial, en la cual se habla ya de ella).— Aprobación (del tex- to en lengua Chuchona) del P. Fr. Gerónimo de Ábrego, vicario del convento de Tamazulapan, fecha en Tepexic, á 18 de Diciembre de 1579. Foja III, vta.: Dedicatoria al provincial Fr. Gabriel de San José (letra roma- na). De ella tomamos este pasaje: “ Auiendo pues muchos años por mandado de V. R. y de los muy Reuerendos padres Prouinciales, que precedieron, occupado me, y trabajado en doétrinar á cierta nación de Indios Chuchones: los quales, por la difficultad que hay en el aprender y pronunciar su lengua, tienen y han tenido po- cos miniítros, y ningún genero de doétrina impreífa, ni cartillas en que puedan fer enfeñados: me pareció fer obligado, por la profefsion y miniíterio, en que por V. R. eítoy occupado, imprimilles eíla Cartilla y Doétrina. Cuyas faltas fe pueden difsimular con el deífeo y zelo que las efcriuo, que es feruir al feñor. Y guardando las leyes de mi profefsion fer vtil á eítos naturales, y efpero que el fuceífo ha de fer como deífeo, interuiniendo el amparo de V. R.” CARTILLA Y DOCTRINA COMPHN diola, para en Penarlos mños:y cierras pregunrastocantesala dichaDo- ¿Irma, por manera deDiaíogo: traduzida,compueíh,ordenada, y ro* mancada en ia lengua Chuchonadel pueblo deTepexicdela Se da3poreímuy Keueretido Padre Fray Barrholome Rol- danjdelaordé delglodoío Padre San&oDomingo. CON LICENCIA. Eft Mexico,En cafa de Pedro Ocharte M D. L XXX. ij8°] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 235 Fojas IV (numerada III por error) y V fte., “Prólogo al pío Leélor”en que se incluye una breve instrucción para pronunciar la lengua Chuchona. (Letra ro- mana, y al fin un tosco grabadito de Sto. Domingo.) El autor da noticia de lo que contiene su obra, en estos términos: “Y afsi acordé de hazer vn librito, el qual firua de Cartilla, y doétrina, y dialogo. La cartilla fera para enfeñar a leer: y la doétrina para doétrinar y enseñar la Doétrina chriftiana: y es lo que ha de orar, rezar, y pedir á Dios, y lo que ha de creer: y lo q ha de obrar, y lo que ha de recebir qualquier Chriíliano, que vuiere venido á tener vio de razón. Y el Dialogo firuira de ciertas preguntas, tocantes á la Doétrina Chriftia- na, que la declaran. Todo ello va diftinéto, y cada cofa por fi, y por buen eítilo, para no confundir á los que han de deprender, y á los que quifieren faber cada cofa de lo que es obligado á faber. Pongo al principio de la Cartilla el Calendario de los Sanétos, para que fepan los naturales las fieítas, que fon de guardar para ellos. Las quales van con dos cruzes. Y las de los Efpañoles tiene una cruz. Y luego la Cartilla. Y luego la Doétrina en dos colunas, la una def Chuchon, y la otra del romance. Y defpues las preguntas tocantes á la Doétrina. Y defpues al cabo se pone la manera de rezar el Rofario de nueílra Señora con los myíterios del. Y lo que ha de hazer el Chriíliano quádo oyere mifia. Y defpues fe ponen las colores de los ornamentos ecclefiaílicos que vfa la Yglefia en las fieílas. Ellas dos cofas Doétrina y Dialogo, van en las dos lenguas. Y al cabo de todo ello, fe pone la tabla de las materias, que hay en este libro. Y fi en algo faltare, y offendiere los entendimientos de los que le- yeren ella mi pequeña Obra, yo y todo ello lo fubjeéto á la correétion de la fanéta Madre Yglefia: y lo dexo al mejor juizio: para que con fano pecho lo mire, y lo enmiende.” Foja V vta., un grabado de S. Bartolomé, con esta leyenda al rededor: IN HAC DIE CLEMENTIVS,|| TVIS ADESTO PRízECIBVS,|| O BARTO- LOME PRA< CLARE,|| INDIARVM APOSTOLE. Siguen 3 íf., todas con el n9 VII, debiendo ser VI, VII y VIII. En ellas se con- tiene (letra romana): Calendario cumplido de las fieílas de todo el Año.cJQI Falta en el ejemplar todo el pliego 13 (ff. IX á XVI), que debía contener la Cartilla, según las indicaciones del Prólogo. Sigue la foja XVII, en cuyo frente se halla este título: Tf Ooctrína d)rL|| ftíana, huella g trahutíhall en la lengua 4tí)ucí)ona,|| por el mttg Lteuerenho pa|| tire ftag 13artbolome 13ol||han, he la orhen he los la qual ba ett||hos eolunas: en la primera ||efta la lcn~ gua (£f)Ucf)ona,\\ g tn la fegunha el román || ee. es rnug proueeljofa, || para enfeñarfe a leer los ni|| ños, g para eitfe || itarfe la J3oeí||írtna.||^ Esto se halla en la columna de la derecha, y en la de la izquierda lo mismo (supongo) en lengua Chuchona. Abajo un grabado del Niño Jesús disputando en el templo con los doctores. A la vuelta comienzan las oraciones y doctrina, en letra góttea á 2 col., una en cada lengua, con muchos grabaditos en madera y le- tras iniciales. 236 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1580 Concluye en la vta. de la foja XXVII. En la XXVIII comienzan las 583] 261 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. generalmente, temiendo los sacerdotes mancebos que se les fuese entre las ma- nos, importunábanle que se dejase llevar á la enfermería de México para ser cura- do; ó á lo menos ya que no quería cu- rarse, enterrarse entre los santos viejos sus compañeros, como él mesmo lo de- seaba. A lo cual él les respondía dicien- do: “Callad, bobillos, dejadme, que no es llegada mi hora.” Mas tanta priesa le dieron, que por no serles pesado hubo de ir á la enfermería, y dijo al enferme- ro: “Aquí me hacen venir aquellos bo- billos de mis hermanos, sin ser menes- ter.” El enfermero le regaló algunos días, con que se volvió á su convento de Tla- telolco, y al cabo de algunos días volvió á recaer, y entonces dijo: “Agora sí que es llegada la hora.” Y mandó traer ante sí á sus hijos los indios que criaba en el colegio, y despidiéndose de ellos, fue lle- vado á México, donde acabado de recibir devotamente todos los sacramentos en el convento de San Francisco, murió y está allí enterrado.”1 Torquemada, que pudo ser testigo presencial, copia lo de Mendieta, y añade que al entierro “con- currió mucha gente y los colegiales de su colegio con hopas y becas, haciendo sen- timiento de su muerte.”1 El Sr. Chavero asienta que murió y fué enterrado en Tlatelolco.3 Mendieta, su copiante Torquemada, Betancurt, y á mi parecer aun el pasaje mismo de los Anales Mexicanos que cita el Sr. Chavero en comprobación de su aserto, están con- cordes en lo contrario. Para formar jui- cio de ese pasaje, hay que tomar de un poco atrás sus antecedentes. Hélos aquí: “1589. El día 30, por la tarde, del mes de Diciembre comenzó á habitar nuestro padre Juan Gonzalo (sic) en Huehuetlán de la Visitación; pero des- graciadamente en la tarde del lunes del mes de Enero del año nuevo falleció. En el referido día, mes y año murió tam- bién el guardián de Tlacopan Fr. An- drés de Torres, y según se dice fué se- pultado dentro del mismo S. Francisco. Igualmente murió en el convento de S. Agustín otro sacerdote que era prior de allí. “1590. En este año 7 Conejo, á 4 de Enero, murió el P. Fr. Bartolomé Gon- zález, que era capellán de Tlacopan y fué sepultado también dentro del convento de S. Francisco. En el mismo día, mes y año murió otro padre llamado Fr. Pe- dro de Trueba: ambos fallecieron de una fuerte tos. “ El día 5 del mes de Febrero de 1590 murió nuestro querido y venerado pa- dre Fr. Bernardino de Sahagún, que se hallaba en Tlatilolco. Fué sepultado tam- bién dentro de la iglesia de S. Francisco, á cuyo acto asistieron todos los princi- pales y señores de Tlatilolco.” Este último párrafo es el que copia el Sr. Chavero. Ya se advierte que el tam- bién de Sahagún viene enlazado con lo que le precede, referente á otros padres enterrados en el convento de S. Francis- co de México. El se hallaba en Tlate- lolco, sólo quiere decir que inoraba allí habitualmente. La enfermería, construi- da por el Sr. Zumárraga, estaba en el con- vento de México, y á ella eran llevados todos los religiosos que en distancia pro- porcionada adolecían. No consta que húbiera otra en Tlatelolco. Deseaba el buen padre ser enterrado “entré*Íoi san- tos viejos sus compañeros,” y para obse- quiar ese deseo era necesario enterrarle en S. Francisco de México, donde reposa- ron los restos de muchos de aquéllos va- rones insignes, hasta que el soplo vandá- lico de la revolución vino á dispersarlos. Los Anales citados ponen la muerte del P. Sahagún el 5 de Febrero de 1590. Betancurt, en su Menologio el 23 de Oc- tubre del mismo año. Fr. Juan Bautis- ta, en el prólogo de su Sermonario, la se- ñala en 1591. En realidad ni Mendieta ni Torquemada dicen que muriera en 1590, sino que en ese año corrió la en- fermedad del catarro que le llevó; mas como ésta comenzó á fines del anterior, 1 Lib. V, pte. 1, cap. 41. 2 Lib. XX, cap. 46. 3 Pág. 107. 262 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [*J83 no es creible que durara tanto tiempo cuanto sería necesario para que Sahagún muriera de ella en 91. La fecha de Fr. Juan Bautista no me parece, por lo mis- mo, aceptable, y la duda queda entre la de los Anales y la de Betancurt. Me inclino á la primera, por corresponder al perío- do de mayor fuerza de aquella epidemia. La bibliografía del P. Sahagún es qui- zá la más difícil de Ocupado casi cincuenta años en escribir, no solamente trabajó muchas obras, sino que á estas mismas dió diversas formas, corrigiéndolas, ampliándolas, redactán- dolas de nuevo y sacando de ellas extrac- tos ó tratados sueltos que coi/ifían como libros distintos. Ya escribía éñ español, ya en mexicano, ya agregaba el latín, ó daba dos formas al mexicano. Hasta de la escritura azteca en jeroglíficos se va- lió, por mano de los indios, para el pri- mer bosquejo de su Historia. De aquí que muchas veces sea imposible identi- ficar las obras por sus títulos, porque va- rían en ellos los que las citan. La His- toria, en particular, pasó por numerosas transformaciones. *' Temeroso de cansar á los leptores, pensé renunciar á toda tentativa de dar aquí la bibliografía de tan intrincado au- tor, contentándome con mencionar lo impreso; pero esto es tan poco, que ni remotamente podía dar idea de lo que fué Sahagún como escritor. Por otra par- te, sus escritos se ligan de tal suerte con su vida, que vendría á quedar incomple- ta la biografía si no se examinara en ella cómo se formaron esos escritos y hasta qué punto es fundada la creencia de que sufrió grandes persecuciones por causa de ellos. Diré, pues, llanamente lo que alcanzo, aprovechando lo escrito por el Sr. Chavero, á quien casi no puedo sacar otra ventaja que la fortuna de publicar dos fragmentos importantes hasta ahora inéditos. Para la enumeración de los pscritos del P. Sahagún podría adoptarse el orden cronológico ó el de materias: es imposible de fijar: en el otro no es fácil hacer clasificación bien definida. Adop- taré un término medio que nos preste á lo menos cierta claridad, dejando para lo último la Historia, cuyas vicisitudes pi- den examen especial. v I. Cuenta el Sr. Chavero como pri- mera obra del P. Sahagún un MS. en q.9 que contiene las Epístolas y "E vangelios de las Dominicas en mexicano.Corista de 74 fojas y una de índice: ésta de diversa letra, y todo lo demás de la de Saha- gún. “Los títulos y capitales (añade el Sr. Chavero) están escritos con tinta roja, y de estas algunas con oro y colores, se- mejando pájaros ó monstruos, como era usanza en los manuscritos. La letra es todavía firme y clara, señal de que la tra- ducción fué hecha y redactada no mucho después del año de la llegada de nuestro buen misionero, y con seguridad antes del de 1563, en el cual, según algunos renglones que conservo, la letra estaba ya muy cansada. Este MS. no solamente está inédito, sino que era desconocido. Sin duda fué el primer trabajo de Sa- hagún, preparatorio del Evangeliarium, Epistolarium etLectionarium.” Hasta aquí el Sr. Chavero. El MS. fué suyo y pasó después á poder del Sr. Fernández del Castillo. Bien sabido es que este señor hizo vender públicamente en Londres la rica colección de libros que compró al Sr. Chavero, la cual en su mayor parte provenía de la biblioteca del Sr. D. José F. Ramírez. En el Catálogo para la venta apareció el MS. sin nopbre de autor, y con este título: “524. Mexican.—Epistles and Go- spojs in Mexj¿an. MS.4to. Seventy-four leaves. It commences: Incipiunt Epi- stole et Euágelia que in Diebus Domi- nicis per Añi totius circulum legütur, traducía in linguá Mexicanam.” Le compró el librero B. Quaritch en !583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 263 ¿£15.10, y después le anunció de venta en <£20. Describí brevemente este MS. en mis Apuntes para un Catálogo de Escritores en Lenguas Indígenas de America (n9103), sin conocer que fuera de Sahagún. Puesto que está escrito de su letra, todavía firme y clara, como dice el Sr. Chavero, no pue- de haber duda de que es obra de nuestro autor; pero no sé si un signo externo y vago como es el estado de la letra, será bastante para afirmar que se trata de la primera obra de Sahagún. En la Biblioteca Nacional hay un MS. en 49, que contiene también las Epísto- las y Evangelios de las Dominicas en mexicano; pero no tiene nombre de au- tor, ni indicio que ayude á descubrirle. II. Sermonario que fué del Sr. Ramí- rez. Le describí en mis Apuntes (n9 158) y repito aquí la descripción, corregida. Está escrito en grueso papel de ma- guey, tamaño de folio mayor. Tiene el siguiente título en la primera foja, cuya parte inferior falta: Siguense unos Sermones de Do- minicas y de Santos en lengua mexicana: no traducidos de Sermonario alguno sino copuestos nueuamente a la medida de la capacidad de los indios: breues en mate- ria y en lenguaje congruo venusto y lla- no fácil de entender para todos los que le oyere altos y baxos principales y ma- cegales hombres y mujeres. Compusie- róse el año de 1540. anse comézado a corregir y añadir este año de 1563 en este mes de julio infraoctava Visitationis. El avtor los somete a la correctió de la ma- dre sancta yglesia romana có todas las otras obras q en su lengua mexicana a cópuesto. fray tinardio de sahagun.” Toda esta portada es de puño y letra de Sahagún, firmada y rubricada por él. Faltan en seguida algunas hojas, y se hallan dos sueltas, de letra de escribien- te. En la cabeza de la que viene después se encuentra esta nota, de letra del autor: “Siguense vnos sermones breues en la lengua mexicana: el autor dellos los somete a la correptió de la madre sancta yglesia có todas las demas obras suyas son para todo el año de domynicas y sáctos no están corregidos, fray onar- dio de sahagun.” Quedan al MS. 95 fojas con grandes márgenes, en los cuales escribió el autor, de propia mano, muchas correcciones. Después del Sr. Ramírez poseyó este Sermonario el Sr. Chavero: pasó á poder del Sr. Fernández del Castillo, quien le vendió en Londres. Está en el Catálogo Ramírez con el n9 762. Le compró el li- brero Quaritch en £ 21 o, y le puso el pre- cio de ¿£360 al anunciarle de nuevo en venta. Tengo por indudable que éstefué uno de los dos tomos que vió Eguiara en la librería del convento de Tlatelolco, y que describe así: “Sermones varios de Do- minicis & Defunetis idiomate Mexicano pro Indorum captu formatos, e nulloque Sermo- nario ut dicitur traducios; quos Autho- graphos vidimus Tomis duobus Regia charta in Bibliotheca ad S. Jacobi de Tlatelolco Franciscanorum.” Me temo que Eguiara escribió Defunctis por de Sanctis. No sabemos qué contendría el otro tomo. ¿Sería el Evangeliarium? Este Sermonario nos da la primera fe- cha fija del principio de los trabajos del P. Sahagún. Sin duda le escribió cuando quedó desocupado por haber dejado la cátedra de latinidad del colegio de Tla- telolco ese mismo año de 1540. En la Biblioteca Nacional se conserva un MS. en 4? de Sermones mexicanos, cuyo título en la i9 foja dice: “IT Tabla de los fermones q fe trata en el prefente libio prP|| mete vn auien- to y fermones de la natiuidad del feñor|| y las dñicas. lx9y Py vna quarefma y Refur|| reótiv lo qual es cópoíiura y len- gua del p? frai t>nar¡|dino de fahagü. Ité fe trata luego otrv aviéto co los demas q fon fieftas || y dñicas del feñor y es legua del p? fray alofo de efcalona.” Fuera de la portada tiene 263 fojas nu- meradas; más una al fin en que termina el índice comenzado en la portada. Va- rias letras del siglo XVI: títulos rojos. 264 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO X!'¡. [■583 En la vuelta de la foja 116 se lee esta nota, también de letra del tiempo, pero diversa de las demás del libro: “hasta aquí me paresce no ser de los padres fray berno de sahagun ni del pa- dre escalona porque no lleva el frasis lengua y espíritu que las obras de los di- chos padres suele tener comunmente, porque es mas y mejor su orden de pro- ceder en su escriptura y ansí yo siento no ser suya sino de otro padre que no se quien es.” El lector elegirá entre la afirmación del que puso el título, y la duda del au- tor de la nota, anónimos ambos. III. Evaügfiliaadmnj^Epistolariumet Lectionarium || Aztecum sive Mexica- num || ex Antiquo Códice Mexicano nu- per reperto || depromptum || cum Praefa- tione Interpretatione Adnotationibus Glossario || Edidit || Bernardinus Bion- delli || Mediolani || Typis Jos. Bernardo- ni Qm Johannis || MDCCCLVIII. Hermosa edición en4° mayor. XLIX págs. preliminares, una hoja facsímile del Códice original, 425 págs. de texto á 2 col., latín y mexicano.— Glossarium Az- teco-Latinum págs. 427—453.— Index totius Voluminis págs. 565-574.—Erra- ta, 1 foja.—Según el Sr. Chavero, la letra del Códice es enteramente igual á la del Sermonario, y ambos volúmenes muy se- mejantes en la apariencia, á juzgar por la descripción que hace del suyo el edi- tor del Evangeliarium. Este MS. fué adquirido en México, D ios sabe cómo, por el viajero Beltra- mi, quien dió de él una noticia atestada de errores, desatinos y vulgaridades.1 A la muerte de Beltrami, en 1854, le ad- quirió Biondelli de los herederos. Cree este editor que el libro se escribió en 1530, 1° es materialmente imposi- ble, pues Sahagún llegó el año ante- rior. Le creemos de época muy poste- rior; probablemente de 1563 como el Sermonario. El Sr. Orozco y Berra1 dice que este libro es la famosa Postilla de que habla Torquemada (mejor sería decir Mendie- ta). El error es manifiesto, y ya Bion- delli le había notado á Beltrami que tam- bién cayó en él. Postilla, en el sentido que se le da, no es voz castellana sino de la baja latinidad, y significa “notas,” especialmente “notas marginales y per- petuas á la Biblia.” Por eso dijo Men- dieta que Sahagún escribió “una muy elegante Postilla sobre las Epístolas y Evangelios dominacales.” Nada de no- tas hay en el Evangeliarium, sino pura- mente la traducción de los textos sa- grados. Conjetura el Sr. Chavero, que el ma- nuscrito n° I puede haber sido el primer ensayo del Evangeliarium. IV. Vida de S. Bernardino de Sena, según se escribe en laVXró nicas cT?r la Orden; traducida al mexicano á petición de los indios de Xochimilco. « Torquemada, lib. XIX, cap. 33. No se halla hoy. Esta traducción debe de haber sido hecha antes del año de 1551. V. Exercicios Q,uotidiaoa¿.en lengua mexicana. MS.en49. Tiene43 fojas. En la primera página se lee: Comienza un exercicio en lengua mexicana sacado del sancto Evangelio y distribuido por todos los dias de la sema- na contiene meditaciones devotas muy provechosas para cualquier xpiano que se quiere llegar á Dios.” Al fin: “Este exercicio halle entre los indios, no se quien lo hizo ni quien se le dio tenia muchas fallas e incongruida- des mas con verdad se puede decir que se hizo de nuevo que no se emendo. Es- te año de 1574. fray bernardino de sa- hagun.” Este artículo es el del Catálogo Ramírez. Se vendió á Quaritch en £ 14 y le anunció después en £20. El MS. perteneció en un tiempo á la 1 Le Mexique ( París, 1830, 2 vol. 8?), tom. II, pág. 167. i Bibliografía inédita, citada por el Sr. Chavero. No la conozco. 1583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 265 biblioteca del colegio de S. Gregorio, y allí le vió Beristain, quien transcribe la nota final. Yo no recuerdo haberle visto en poder del Sr. Ramírez: el Sr. Cha- vero no le cuenta entre los que fueron suyos, ni aun entre los escritos de Sa- hagún. VI. Manual del Cristiano. De esta obra no hace mención autor alguno, y su existencia sólo se conoce por unas hojas sueltas que fueron del Sr. Chavero y se vendieron después en Londres. (Catálogo Ramírez, n9 544.) Son 4 hojas (en 89 según el Sr. Cha- vero, y en 49 según el Catálogo Ramírez) de letra de Sahagún, ó por lo menos igual á la de los Evangelios, Doctrina, apostillas del Sermonario y primera foja del Trilingüe. Tiene por encabezamiento el título siguiente: Izcatqui yn innemi- liz yn teniutica omonamitique. Inic ce Cap9 vncan mitoa &c. Síguese el capí- tulo por 2 fojas, y al fin de la segunda comienza otro con este rubro: Inic. 6. Cap9 &c. A la foja inmediata al fin dice: Inic. 7. Cap9 &c. Finalmente la última foja tiene el siguiente párrafo sin princi- pio: “para que libremente pueda hacer imprimir el dho Manual del Chris- tiano a qualquiera ympressor a quien se- ñalare y fuere su voluntad lo haga, por tpo de diez años primeros siguientes, imprimiéndolo todo en vn cuerpo con- forme al original que a recibido, o por partes y tratados como el dho autor qui- siere, y dentro de dho tiempo otro nin- guno ympressor ni persona particular lo imprima ni haga imprimir sin permis- sion de dho Fray Bernardino de Saha- gun, so pena de quinientos pesos de oro para la camara y fisco de su magestad y de perder los moldes y aparejos de la en- prenta y perdidos los libros que se halla- ren auer ymprimido sin la dicha licencia y cumpliendo esto mando que en ello por ningunas justicias y otras personas no se le póga embargo ni ynpedimento alguno: fecho en México a deziseis de Hebrero de mili y quinientos y setenta y ocho años.—Don Martin Enriquez.” Algunas observaciones ocurren al leer esta descripción. Hay desde luego una laguna considerable en el MS., porque si el primer capítulo corre por dos fojas, y al fin de la segunda comienza el sexto, faltan cuatro capítulos (segundo, terce- ro, cuarto y quinto); á no ser que entre estas hojas hubiera otras que contuvie- ran los referidos capítulos, y que el final que está en la segunda sea del quinto, y no del segundo. Al fin de la foja inme- diata, ó sea la tercera, se lee el epígrafe del cap. VII, y en la cuarta está el pá- rrafo sin principo que contiene la licen- cia. Esto manifiesta claramente, que la cuarta no es continuación de la tercera. La descripción no expresa si las cuatro hojas estaban unidas de dos en dos, ó sueltas. En este último caso no podría asegurarse que las tres primeras perte- nezcan á la misma obra de que habla el privilegio. “No hay duda ninguna (prosigue el Sr. Chavero) de que éste fue un borrador destinado á la imprenta, y tenemos enton- ces no solamente una tercera obra de Sa- hagún impresa, sino una totalmente des- conocida y hasta hoy no citada: el Manual del Christianol’ Convengo en lo descono- cido y no citado: á lo de ser un borrador no me adhiero, porque las licencias no se concedían á borradores, sino á traslados limpios, puesto queuna vez examinado y aprobado el manuscrito no era lícito ha- cerle variación alguna. Que el original á que pertenecieron estas hojas fuera des- tinado á la imprenta es evidente, pues te- nía la licencia y privilegio; pero de ahí no se infiere que llegara á imprimirse. Muchos MSS. vió Beristain “con las li- cencias necesarias para la impresión,” y con ellas se quedaron inéditos. La Cró- nica de la Merced, del P. Pareja, que po- seo original, se encuentra en ese caso. Tenemos, sobre todo, la declaración ex- plícita y repetida de Mendieta: “Fué este padre (Sahagún) en esto desgraciado, que de todo cuanto escribió, sólo un cancio- nero se imprimió, que hizo para que los indios cantasen en sus bailes cosas de 266 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1583 edificación.”1 “Y de los demás (libros, fuera de la HistoriaJ que acá quedaron, no pudo imprimir sino solos unos cantares!'1 Torquemada, contemporáneo también, copió ambos pasajes sin correctivo, y con muy ligeras variantes.J VII. Doctrina cristiana en mexicano. MS. original en folio. Empieza así: “Nican vnpeoa yn nemachtiliz tlalolli.... oquichiuh fray Bernardino de Sahagún.” Tiene 27 ff. y falta el fin. “Syguense veynte y seis addiciones de esta Postilla: las quales hizo el auctor della después de muchos años que la auia hecho, ante que se imprimiese. Es lo mismo que está al principio debaxo de titulo de declarado breue de las tres vir- tudes theologales.” A la vuelta un prólogo en castellano. Encarece la utilidad de la obra, y con- cluye así: Este mismo año de 1579 se puso por apendiz desta Postilla en lo vltimo un tratado que contiene siete Collationes en lengua mexicana, en las quales se con- tienen muchos secretos de las costum- bres destos naturales: y también muchos secretos y primores desta lengua mexi- cana: y pues que este volumen no a de andar sino entre los sacerdotes y pre- dicadores, no ay porque tener recelo de las antiguallas que en el se contienen, antes daran mucha lumbre y contento á los predicadores del sancto Evangelio.” No se halla este tratado en el MS., sino solamente veinticuatro adiciones en 16 ff. mal encuadernadas, pues las siete últimas están antes de las nueve pri- meras.4 El MS. fué del Sr. Ramírez, luego del Sr. Chavero, y por el camino de los otros fué á parar á Londres. En el (\atalogo Ramírez lleva el n9 763, y se vendió en £ 24.10 al librero Quaritch, quien le anunció en £ 32. La Postilla corrió las mismas vicisitu- des que la Historia. Redactada primero en Tepepulco cuando Sahagún llevó á aquel pueblo el primer interrogatorio (1558), se enmendó y sacó en limpio estando el autor en México (1567-69), y tal vez por atender de preferencia á la obra grande quedó la Postilla abandona- da diez años hasta el de 1579 en que se le hicieron las correcciones de que habla el prólogo.1 De su asunto puede ayudar- nos á formar idea este pasaje de la Histo- ria: “Si bien se considera la predicación evangélica y apostólica, hallarse ha muy claro que la de los católicos predicado- res ha de ser de vicios y virtudes, persua- diendo lo uno y disuadiendo lo otro; y lo más continuo ha de ser el persuadir- los á las virtudes teologales y disuadirles los vicios á ellas contrarios. De esto hay mucha materia en los seis primeros libros de esta Historia,y en la Postilla sobre las Epístolas y Evangelios de los domingos de todo el año, que hice.”2 La duda acerca de cuál es el libro de la Postilla parece resuelta en favor del presente, pues el autor mismo le da ese nombre; pero el título de Doctrina se opone un tanto á tal creencia. A no ser que Sahagún distribuyera su enseñanza doctrinal en forma de comentarios ó de explanaciones al texto de las Epístolas y Evangelios. Betancurt tenía el libro de las Postilas, y cita un pasaje de él.} En otro lugar repite: “(Hizo) una Postila de los Evangelios y Epístolas, de len- guaje muy proprio y elegante, donde he aprendido muy elegantes períodos: está en este tomo la noticia de la venida de los primeros padres, y todas las pláticas y demandas y respuestas que tuvieron con los sátrapas y sacerdotes fingidos de los ídolos acerca de los misterios de la fe, en castellano y mexicano, en dos li- bros, que el uno tiene treinta capítulos y el otro veinte y uno.”4 1 Lib. IV, cap. 44. 2 Lib. V, pte. 1, cap. 41. 3 Lib. XIX, cap. 33 ; lib. XX, cap. 46. 4 Apuntes para un Catálogo de Escritores en Len- guas Indígenas de América, n? 159. 1 Historia, tom. I, pról., págs. III, IV y V. 2 Id., tom. III, pról. 3 Menologio, 23 de Octubre. 4 Escritores, pág. 139, 1583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 267 D iez y ocho ó veinte años hace que tomé el apunte del MS. del Sr. Ramírez, cuando no pensaba yo en la bibliografía de Sahagún. Por desgracia hoy no le te- nemos ya en México para poder exami- narle de nuevo, y ver si era posible en- contrar en él algo de las señas de Be- tancurt. El Sr. Chavero cree que este libro se imprimió, fundándose en que las veinti- séis adiciones á la Postilla se hicieron ante que se imprimiesse. Cierto que la fra- se es por lo menos ambigua; pero po- demos tomarla en el sentido de que esas adiciones se hicieron al preparar la obra para la prensa, á la cual no llegó á entrar. La aseveración de Mendieta es termi- nante: el P. Sahagún fué, desgraciado para la imprenta, y en su vida no se impri- mió otra obra suya más que la Psalmodia. VIII. Tratado de las Virtudes Teo- logales en mexicano. MS. que vió Beristain en el colegio de S. Gregorio. Podría ser un fragmento de la Doctrina ó Postilla, porque en ésta se expresa quedas adiciones eran “lo mismo que está al principio, debajo del título de declaración de las tres Virtudes T eologales.” Si ese tratado estaba al prin- cipio de la Doctrina, me inclino á creer que el MS. visto por Beristain era la Doctrina misma, á la cual puso el primer título que leyó en ella. IX. Libro de la venida de los prime- ros Padres, y las pláticas que tuvieron con los sacerdotes de los ídolos. Hoy no se halla, pero no puede haber duda de que existió. Betancurt le tuvo, y Mendieta trae un extracto de la pri- mera plática.1 Hay una dificultad acerca de este libro. Según Mendieta, esas plá- ticas las hicieron los doce padres prime- ros, luego como llegaron á México, á los ca- ciques y principales. “Y esto harían, pro- sigue, por lengua de Jerónimo de Aguilar ó de otro intérprete de Cortés, porque ni ellos en aquella sazón sabían la lengua de los indios, ni traían quien se la Ínter- pretase.” En efecto, del contexto mismo de la plática extractada se deduce que fué hecha al tiempo de la llegada. Pero Sa- hagún dice que compiló las pláticas, co- mo testigo de vista,1 es decir, que estuvo presente á ellas, y en esto consiste la di- ficultad; porque se dijeron en 1524, y él llegó en 1529. Con todo, como en esta última fecha estaba aún muy poco ade- lantada la conversión, habría comarcas enteras sumidas en la idolatría; y si re- cordamos que para convencerá los sacer- dotes de los ídolos tuvieron los misio- neros “muchas demandas y respuestas con ellos,” todavía pudo Sahagún alcan- zar algunas de esas pláticas posteriores, repetición de las primeras, y recojerlas como testigo de vista. D. Nicolás Antonio creyó que se ha- bían impreso: editum quidem formis typo- graphicis.2, Pinelo-Barcia también da por impresas las pláticas, sin decir dónde ni cuándo.3 Esta creencia proviene de la Psalmodia, cuyas licencias comprenden además otro libro intitulado: “Collo- quios de Doctrina con que los primeros doce frailes de la dicha orden que vinie- ron á esta Nueva España instruyeron y enseñaron á los naturales de ella.” Pero en el Prólogo no trata Sahagún más que de la Psalmodia, sin decir palabra del otro libro, que de seguro no se imprimió con ella. Se dejaría para después y por cual- quier motivo quedó inédito. X. “Catecismo de la Doctrina Cris- tiana en Lengua Mexicana. Imp. por Ocharte, 15 83. 49” Así Beristain; pero juzgo que el “Ca- tecismo” no es más que los “Coloquios de Doctrina,” mencionados en el Prólo- go de la Psalmodia, y con título desfigu- rado como cuantos caían en poder de Be- ristain. Me fundo en que el artículo está á continuación del de la Psalmodia; en que el impresor y el año son los mis- mos, y en que no dice haber visto el li- 1 Historia, tom. III, pról. 2 Bibl. Hisp. Nova, tom. I, pág. 220. 3 Epítome de la Biblioteca Oriental y Occidental, Náutica y Geográfica (1737), col. 739. 1 Lib. III, cap. 13. 268 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1583 bro, como lo expresa del anterior y del MS. que sigue inmediatamente al “Ca- tecismo.” XI. Psalmodia Cristiana. Queda hecha arriba la descripción por- menorizada de ese volumen. Es cosa no- table que del único libro del P. Sahagún que se publicó durante su vida, no se co- nozca hasta ahora más que un solo ejem- plar completo: el que está en mi poder. Betancurt nos refiere que entre otras cosas enseñó el P. Sahagún la música á los colegiales de Tlatelolco; y que los discípulos, entonces y después, salieron tan aprovechados que “de muchos de ellos se ha valido la Catedral para su capilla.”1 XII. Arte de Lengua Mexicana. Hoy no se halla. Le hizo el autor durante la permanencia en el convento de S. Francisco después le refundió ó redactó de nuevo en 1585. “También me moví á enmendar este tractado (dice), porque tengo propósito que en acabando el Arte y Vocabulario de la Lengua Mexicana (en que ahora voy entendiendo), leer á nuestros reli- giosos el Arte de esta Lengua Mexica- na, y también el Vocabulario y esta con- quista.” 3 El Arte hecho en México tenía un Vo- cabulario Apendiz y de ambos se sacó tras- lado limpio en 1 $69.* Mr. Rémi Siméon, en los preliminares de la traducción fran- cesa de la Historia,sasegura que el Arte y Vocabulario servían de complemento á los doce libros de aquella. No habrían estado fuera de su lugar en esa grande enciclopedia mexicana; pero no me pa- rece que la aseveración tenga fundamen- to. El Arte y Vocabulario no concluidos todavía en 1585, serían probablemente nuevas copias de los antiguos, á que daba la última mano. XIII. Vocabulario Trilingüe; caste- llano, latino y mexicano. Mendieta no habla de este libro: la primera noticia de él se debe á Torque- mada que le tenía en su poder: “Escri- bió también otro Vocabulario [además del Calepino] que llamó Trilingüe en len- gua mexicana, castellana y latina, de grandísima erudición en este ejercicio de la lengua mexicana— Dice en su pró- logo estas palabras: Va en romance toda esta Gramática Historie a, ne dedisse videa- mur ansam Rabinis qui s¿epe expugnaverunt me a juventute mea.”1 Todo lo repite Be- tancurt, quien tenía también el libro, aunque ya destrozadod El Sr. Chavero poseyó uno que cree ser el del P. Sahagún. Copio sus pala- bras: “Túvose por perdido el Vocabu- lario en cuestión, pues después de Be- tancurt nadie lo había vuelto á ver, y aun hubo quien negase su existencia Ade- más de los testimonios, irrecusables en esta materia, de Torquemada y Betan- curt, hay una prueba palmaria, y es que todavía existe: formaba parte de mi bi- blioteca, hoy en poder del Sr. D. Manuel Fernández del Castillo. “Es un volumen grueso en 4? menor español, escrito con magnífica letra de forma medio gótica, en papel genovés. En cada renglón la primera palabra está en español y la sigue su traducción lati- na, colocándose encima del renglón, con tinta roja, la voz mexicana, aunque en al- gunos lugares falta esta última. El Dic- cionario es á dos columnas. Tiene al principio dos fojas independientes del Vocabulario, y en ellas y en la última pá- gina hay de letras diferentes varios nom- bres con su traducción mexicana: una de estas letras, en la primera página, es de Sahagún. Esto que aparece como co- rrección ó adición de la copia, y el no te- ner noticia de que otro escritor haya he- cho otro Vocabulario trilingüe, son para mí pruebas bastantes de que el presente 1 Menologio, 23 de Octubre.— Tbeatro, pte.IV, trat. 2, cap. 2, n? 159. 2 Historia, tom. I, pról., pág. V. 3 Id., lib. XII, 2a ed., Al lector. 4 Historia, tom. I, pág. XV. 5 Pág. LXII. 1 Lib. XX, cap. 46; lib. XIX, cap. 33. 2 Menologio, 23 de Octubre; Escritores, pág. 139. J583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 269 es el tan buscado de Fr. Bernardino. De su discípulo Martín Jacobita hay varias firmas en el Códice de Santiago, y com- parándolas con la letra del Vocabulario, se conoce desde luego que el discípulo fué el escribiente de la magnífica obra del maestro.” Describí este MS., como anónimo, en mis Apuntes (n9 169). Tiene 155 ff. Apa- reció en el Catálogo Ramírez con el n9 545, y fué vendido en ¿£38 al librero Quaritch, quien luego le anunció en <£50. El Sr. Ramírez, en sus Suplementos MSS. á la Biblioteca de Beristain, le des- cribe, también entre los Anónimos, y le po- ne este título: “Dictionarium ex hismensi (sic) in latinum sermonem interprete Aelio Antonio Nebrissensi. Dege foeliciter. M S. en 49 de 310 páginas, en mi biblioteca.” Conjetura que es de Sahagún; mas no expresa que haya en él letra suya. Cree asimismo que es el propio MS. que per- teneció áTorquemada y Betancurt, pues “lo adquirí (dice) por el favor de los su- periores del mismo convento que habi- taron,” es decir, el de S. Francisco de México. Podrá muy bien ser de Sahagún, ori- ginal ó copia, el volumen á que nos va- mos refiriendo; pero hay señas de un Vocabulario trilingüe que no se acomodan bien á éste. Fr. Juan Bautista en sus Advertencias para los Confesores de los Naturales1 copia un largo trozo del Vocabulario, ponién- dole este título: “Síguense algunas Abu- siones antiguas que estos naturales tu- vieron en su gentilidad, según que es- cribe el P. Fr. Bernardino de Sahagún en el libro segundo de su Vocabulario Tri- lingüe. Y es bien que los confesores las adviertan, para que si alguno se acusare dellas las entienda bien.” Los párrafos que copia son veinticin- co y colocados en el mismo orden se en- cuentran en el Apéndice del libro V de la Historia, donde hay doce más. En los fragmentos que adelante publicamos ha- bla el autor de un Vocabulario trilingüe que estaba haciendo en 1585, en el cual se trataba de la fiesta secular de los me- xicanos, como en el lib. VII, cap. 9 de la Historia. Para evitar repeticiones, trata- remos de este último Vocabulario cuando llegue su turno á la Historia. El volu- men que fué de los Sres. Ramírez y Cha- vero, y que en Julio pasado de 1885 es- taba aún en poder de Quaritch, era un simple léxico, que no contenía ni podía contener lo que hallamos en las referen- cias del autor mismo y de Fr. Juan Bau- tista. XIV. Escribió Sahagún muchos tra- tados sueltos, que se han perdido. Tor- quemada nos da los títulos de algunos de ellos: i9 Declaración parafrástica y el Símbolo de Quicumque vult (de S. Ata- nasio).— 29 Otra declaración del mismo Símbolo por manera de Diálogo.—39 Plá- ticas para después del bautismo de los Niños.—49 Lumbre espiritual.— i varios de sus opúsculos sueltos, como | la Apología sobre el Calendario, que en Mos fragmentos de 1585 aparece como tratado suelto, y en la Historia forma el Apéndice del lib. IV. i/ Boturini le atribuye una Doctrina de 11 jiapel figuras y ci- fras: “cosaaeTver muy curiosa.”2 Pa- rece ser la misma que pasó á poder de Mr. Aubiri, según se deduce de lo que dice Mr. Rémi Siméon en los prelimi- nares arriba citados:5 “M.Aubin pos-, sede decetauteur (Sahagún) onze feuilles’ de Doctrine en figures et en chifres, papier européen.” Creo que á esta doctrina y á otros dé- los opúsculos citados puede referirse el siguiente pasaje de la Historia:4 “Há más de cuarenta años que predico por estas partes de México, y en lo que más he insistido, y otros muchos conmigo, es en ponerlos en la creencia de la fe ca- tólica por muchos medios, y tentando diversas oportunidades para esto, asíywr pinturas como por predicaciones, repre- sentaciones y locuciones, probando con los adultos y con los pequeños; y en esto aun he insistido más en estos cinco años pasados, dándoles las cosas necesarias de creer con gran brevedad y claridad de pa- labras.” Por la fecha en que esto se escri- bía, los cinco años habían sido los corri- dos de 1571 á 1 dentro de los chales vimos ya que Sahagún arregló también los Exercicios Cuotidianos (1574). Al ha- blar de representaciones, se refiere sin duda á los Autos, tan en boga entonces. Es muy probable que Sahagún cultivara es- te género de literatura, y aun acaso in- dustriaría en él á Valeriano y á otros. El Sr. Orozco y Berra1 atribuye á Sa- hagún la Historia de los Mexicanos por sus v pinturas, llamada Códice Zumárraga, aunV que más merece el nombre de Códice Fuenleal. El original se halla en el Libros de oro y Tesoro índico, que me pertenece, y le publiqué en los Anales del Museo , Nacional, tom. II, pág. 85. La razón que el Sr. Orozco tuvo para atribuirla á Sa- hagún fué que D. Manuel Antonio de Lastres, uno de los poseedores del Códir ce, puso al pié de la relación: “Fr. Ber- nardino de San Francisco, franciscano,” y Orozco creyó que ese Fr. Bernardino era Sahagún. Sin entrar, por no ser ne- cesario, en el examen de esta última cues- tión, baste decir que la anotación de Las- tres no tiene valor alguno. Franckenau (ó sea D. J uan Lucas Cortés) en su Bi- bliotheca Heráldica le acusa de falsario y fingidor de autores. En el Códice mismo hay otras muestras de ello: á los propios Memoriales de Fr.Toribio de Motolinia les puso arriba: “Por Fr. Bernardino de Sahagún y el Sr. Zumárraga:”de manera que aunque los dos Bernardinos fueran el de Sahagún, nadase habría adelantado. Lo curioso es que el Libro de Oro le ad- quirió Lastres de la biblioteca de su acu- sador D. Juan Lucas Cortés. El Sr. Ramírez, en sus Suplementos MS.á la Biblioteca de Beristaih (art. Bau- tista) conjetura que en la compilación de las pláticas antiguas de los mexicanos que Fr. Juan Bautista publicó con el tí- tulo de Huehuetlatolli anduvo la mano de Sahagún: otros la atribuyen á Olmos. El verdadero Huehuetlatolli escrito por Fr. Bernardino es el libro VI de su His-m toria en que trata de la Retórica, Filosofía Moral yTeología de los antiguos mexi- canos. Hay indicios de que este libro VI fué más extenso de lo que es hoy. Para 'decir si la conjetura del Sr. Ramírez es ó no fundada, sería preciso conocer el texto completo mexicano de Sahagún, y poder 1 Historia, tom. III, págs. 300, 303, 305. r 2 Catalogo del Museo Indiano, $ XXV, n? 1. 3 Pág. LXIII. 4 Tom. III, pág. 333. i Tezozomoc, Crónica Mexicana ( México, 1878), págs. 175-177. i583 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 271 cotejarle con un ejemplar del Huehuetla- tolli de Fr. Juan Bautista, cosa difícil porque no se conoce uno completo. En un índice de documentos relativos al Tercer Concilio Mexicano se encuentra, entre otros muchos puntos que en sus diversos escritos propuso al Concilio el Dr. Hernando Ortiz de Hinojosa, su consultor, el siguiente: “9. Que se in- troduzca entre los indios el libro de la Vida de Jesucristo, en verso y mexicano, compuesto por Fr. Bernardino de Saha- gún, franciscano, para que con esto ol- viden sus cantares gentílicos.”1 No se expresa si el libro estaba impreso ó an- daba manuscrito, ni tengo otra noticia de él. XV. Calepino. Todos los bibliógrafos mencionan es- ta obra: unos la confunden con la Histo- ria; otros la consideran como libro apar- te, pero ninguno la vió. De nada nos sirven, pues, y es necesario acudir á lo poco que se halla en las fuentes origina- les. La primera es Mendieta, que en dos partes habla del libro. Dice así en una: “Compuso un Calepino (que así lo llama- ba él) de doce ó trece cuerpos de marca mayor, los cualesjy¿? tuve en mipoder, don- de se encerraban todas las maneras de hablar que los mexicanos tenían en todo género de su trato, religión, crianza, vi- da y conversación. Estos, por ser cosa tan larga, no se pudieron trasladar. Sa- cólos de su poder, por maña, uno de los virreyes pasados para enviar á cierto cro- nista que le pedía con mucha instancia escrituras de cosas de indios, y tanto le aprovecharán para su propósito como las coplas de Gaiferos.”2 Más adelante se expresa así: “Yo tuve en mi poder once libros de marca de pliego en que se con- tenían en curiosísima lengua mexicana, declarada en romance, todas las materias de las cosas antiguas que los indios usa- ban en su infidelidad, así de sus dioses y idolatrías, ritos y cerimonias de ella, como de su gobierno, policía, leyes y costumbres de mayores, y de todo géne- ro de conversación y trato humano que ellos tenían antes que los españoles vi- niesen : los cuales libros también compu- so con intento de hacer un Calepino (como él decía), en que diese desmenuzada toda la lengua mexicana (que es de maravilloso artificio) en su propriedad y naturaleza, según los mesmos indios la usaban, vien- do que se iba ya corrompiendo Tuvo tan poca dicha este bendito padre en el trabajo de sus escritos, que estos once libros que digo se los sacó con cautela un gobernador de esta tierra, y los envió á España á un cronista que pedía papeles de Indias, los cuales allá servirán de pa- peles para especias.” 1 En estos dos pasajes de Mendieta hay discrepancias, por no decir contradiccio- nes. Primero dice que eran doce ó trece cuerpos (volúmenes), y después que once. En una parte, que Sahagún compuso el Calepino; en otra que escribió aquellos libros con intento de hacer un Calepino. Hay bastante diferencia entre haber hecho y ha- ber tenido intención de hacer. Las materias de que trataba aquella grande obra son las mismas que las de la Historia, y aun el número de volúmenes era igual; de modo que por aquí el Calepino se iden- tifica con ella. Busquemos en Torquemada, que es- cribió poco después que Mendieta. Ha- llamos asimismo dos pasajes, copias exac- tas de los dos de Mendieta, con algunas variantes para acomodarlos á las circuns- tancias particulares del nuevo escritor. No dice que hubiera tenido en su poder los libros, sino sólo “el de la conquista de esta tierra, de que me he aprovechado para mucho de lo que digo en ella.”2 Esto confirma que se trataba de la His- toria. No será fuera del caso advertir que á pesar de esa declaración, la Mo- narquía Indiana demuestra que el autor conoció y utilizó casi todos los libros 1 Apuntes comunicados por el Sr. D. J. M. de Agreda. 2 Lib. IV, cap. 44. 1 Lib. V, pte. i, cap. 41. 2 Lib. XIX, cap. 33; lib. XX, cap. 46. 272 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [*583 de la Historia General, unos completos, otros truncos y otros en sumario, me- nos tres.1 Unos ochenta años después escribía Betancurt: “Compuso un libro que lla- mó Calepino, de marca mayor, que era de doce cuerpos, en que escribió de las cosas naturales, animales y yerbas de la tierra, la demarcación de ella, el modo de ha- blar, la crianza, la religión y la política de estos.”2 Aquí está más claramente identificado el Calepino en la Historia. Be- tancurt no conoció ya ninguno de esos libros, y tuvo solamente la segunda re- dacción del de la Conquista de México. La palabra Calepino despierta desde luego la idea de un Vocabulario como el de la lengua latina que escribió Ambro- sio Calepino, y que después, en manos de sus adicionadores, llegó á ser de once lenguas. Tan usado fué en las aulas, que se volvió nombre genérico de todo Vo- cabulario, y aun entró en nuestro Dic- cionario vulgar con la acepción de “ Dic- cionario latino.” Las materias que los escritores citados atribuyen al Calepino de Sahagún no son, ciertamente, propias de un simple Vocabulario. No sabemos que entonces se escribieran por acá. Dic- cionarios históricos, y menos que Sahagún hiciera cosa semejante. Pero el propio Sahagún nos aclara todo en una Advertencia al lector que se halla al frente de la Historia. Aunque larga, es preciso trascribirla: “Cuando esta obra se comenzó, comenzóse á decir de los que lo supieron que se hacía un Calepino, y aun hasta ahora no cesan mu- chos de me preguntar que en qué tér- minos anda el Calepino. Ciertamente fuera harto provechoso hacer una obra tan útil para los que quieren deprender esta lengua mexicana, como Ambrosio Ca- lepino la hizo para los que quieren depren- der la lengua latina y la significación de sus vocablos; pero ciertamente no ha ha- bido oportunidad, porque Calepino sacó los vocablos y las significaciones de ellos, y sus equivocaciones y metáforas, de la lección de los poetas y oradores y de los otros autores de la lengua latina, auto- rizando todo lo que dice con los dichos de los autores, el cual fundamento me ha faltado á mí por no haber letras ni escrip- turas entre esta gente; y así me fue impo- sible hacer Calepino; pero eché los funda- mentos para quien quisiere con facilidad lo pueda hacer, porque por mi industria se han escrito doce libros de lenguaje pro- pio y natural de esta lengua mexicana, donde allende de ser muy gustosa y pro- vechosa escriptura, hallarse han también en ella todas maneras de hablar y todos los vocablos que esta lengua usa, tan bien autorizados y ciertos como los que escri- bió Virgilio y Cicerón y los demás auto- res de la lengua latina. Van estos doce libros de tal manera trazados, que cada plana lleva tres columnas: la primera, de lengua española: la segunda, de lengua mexicana: la tercera, la declaración de los vocablos mexicanos señalados con sus cifras en ambas partes. Lo de la lengua mexi- cana se ha acabado de sacar en blanco en todos los doce libros. Lo de la lengua española y las escolias no está hecho por no haber podido más por falta de ayuda y de favor: si se me diese la ayuda nece- saria, en un año ó poco más se acabaría todo; y cierto si se acabase sería un tesoro para saber muchas cosas dignas de ser sabidas, y para con facilidad saber esta lengua con todos sus secretos, y sería co- sa de mucha estima en la vieja y nueva España.” Tenemos aquí que Sahagún no eligió para su obra el nombre de Calepino, sino que la gente dió en llamarle así. El con- sideraba muy útil un Vocabulario de au- toridades; pero no había tenido oportuni- dad de hacerle, ni se creía con medios para ello, porque Ambrosio había sacado el suyo del rico tesoro de la latinidad, y los mexicanos no tenían literatura ni aun letras. Sin embargo, le parecía buena ba- 1 Así me lo asegura el Sr. Troncoso, quien se tomó el trabajo de formar una Tabla de Corres- pondencias entre las obras de Sahagún y de Tor- quemada. 2 Escritores, pág. 138. «583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. se la que él proporcionaba con los doce libros que por su industria se habían es- crito en lengua pura mexicana, pues en ellos se hallaban bien autorizados todos los vocablos y modismos, como que ese texto había sido redactado por personas competentes y conocedoras de su idio- ma, desde antes que se corrompiese por el trato con los españoles. Suplía con esos doce libros la falta de literatura mexica- na, y aun pensó en aprovecharlos por sí mismo, pues dispuso la Historia en tres columnas, destinando la última para la declaración de los vocablos mexicanos, es de- cir, que esa columna era ó debía ser pro- piamente el Calepino. El códice mexica- no de cuatro libros de la Historia General que se guarda en la biblioteca de la Real Academia de la Historia de Madrid, pre- senta, en una parte del libro X, ejemplo de esa distribución en tres columnas. La avanzada edad del autor no le permitiría concluir obra de tanta consideración co- mo las escolias, ó más bien no le dejaría tiempo para ello la recogida general de sus papeles históricos. El intento lin- güístico de la Historia aparece todavía más claro en estos dos pasajes de ella: “Es esta obra como una red barredera, para sacar á luz todos los vocablos de esta lengua, con sus propias y metafóri- cas significaciones y todas sus maneras de hablar.”1 “Otra cosa va en la lengua, que también dará disgusto al que la en- tendiere, y es que de una cosa van mu- chos nombres sinónimos y una manera de decir, y una sentencia va dicha de mu- chas maneras. Esto se hizo aposta, por saber y escribir todos los vocablos de cada cosa, y todas las maneras de decir de cada sentencia, y esto no solamente en este libro, pero también en toda la obra.”2 De todas maneras, el Calepino, co- mo obra separada, no ha existido nunca. XVI. JLstoria general de las cosas de Nueva España. El "prlllltír bibliógrafo que diq noticia de esta obra fué León Pinelo, con refe- rencia á Torquemada, pues él no la ha- bía visto.1 Luego, con el título de Dic- cionario, y más explicación, la mencionó el analista franciscano Wadding.2 D. Ni- colás Antonio no supcTmas~qtre Pinelo.J\ Barcia, en la segunda edición de la Biblio-y teca de Pinelo, nada adelantó respecto al paradero délos manuscritos.4 Fr. Juan de San Antonio fué el primero que dio aviso de que la obra, dividida en cuatro tomos, se conservaba en el convento franciscano de Tolosa, de la provincia de Cantabriad/Éguiara se limitó á piar esa noticia.6 Clavijero la aprovechó . también; pero atribuyó además á Saha- \ gún, como obra separada, un Diccionario * Universal de la Lengua Mexicana, en doce volúmenes.7 Beristain apuntó un Diccio- nario Histórico Mexicano, y revolvió las noticias de Betancurt referentes al libro XII: después puso porseparado loscua- tro tomos de que habla la Bibliotheca Franciscana, con sospecha de que acaso serían parte de los doce volúmenes del Diccionario.8 De los bibliógrafos no se saca, pues, otra cosa de provecho, que el importante dato de Fr. Juan de San Antonio. Tam- poco aclaran más los antiguos cronistas, y fué preciso que la Historia misma se publicase, para supiéramos su ori- gen y vicisitudes, aunque no con la cla- ridad que deseáramos. 1 Epítome (1629), pág. 101. 2 Scriptores Ordinis Minorum, (Romae, 1650, fol.) “. . . . Multos insuper libros Indicis linguis scripsit, videlicet. .. . Dictionarium copiosissimum (quod aliqui trito vocabulo Calepinum vocabant) duodecim magnis voluminibus distinctum, in quo formas omnes, varia genera linguarum Mexicani Im- perii, proprietates, emphasim et accentum verborum omnium, dilucide examinavit, ita ut doctum et vul- gare idioma apposuerit, et formulas omnes loquendi quibus illius regionis homines utuntur, sive in reli- gionis cultu, sive in rerum commercio, sive in fa- miliari conversatione.” 3 Bibl. Hisp. Nova, tom. I, pág. 219. 4 Cois. 599, 715. 5 Bibl. Universa Franciscana, tom. I, pág. 214. 6 Bibl. Mex., tom. I, pág. 428. 7 Storia Antica del Messico, tom. I, pág. 8. 8 Bibl. Hisp.-Amer. Sept., tom. III, pág. 92. 1 Tom. I, pág. XV. 2 Tom. II, pág. 243. 274 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XFI. [1583 Desde 1547, cuando menos, andaba Fr. Bernardino ocupado en trabajos his- tóricos: así se advierte por esta nota co- locada al fin del libro VI: “Fué tra- ducido en lengua española por el dicho Padre Fr. Bernardino de Sahagún, des- pués de treinta años que se escribió en la lengua mexicana, en este año de 1577.” Diez años después de aquella fecha, Fr. Francisco de Toral, nombrado pro- vincial en 15 57, mandó al autor, por san- ta obediencia, que escribiese en lengua mexicana lo que le pareciese “útil para la doctrina, cultura y manutenencia de la cristiandad destos naturales de la Nueva España, y para ayuda de los obreros y ministrosque los doctrinasen.” En cum- plimiento del precepto formó el P. Sa- hagún unos apuntes ó memoriales de las materias que se habían de tratar, “que fué lo que está escrito en los doce libros, y la postilla y los cánticos;” es decir, que trazó el plan de la obra, y aun de otras. Con él se pasó al pueblo de Tepepulco. La elección del lugar fué acertada, por- que según documentos antiguos los se- ñores deTeotihuacán y de Tepepulco es- taban casados con las dos hijas que había dejado Ixtlilxochitl II, último rey de Tetzcoco, y en aquellas poblaciones po- día recogerse con más facilidad de boca de los últimos servidores de aquel mo- narca la versión acolhua de nuestras an- tigüedades. Juntos el señor y los prin- cipales del pueblo, les comunicó lo que deseaba hacer, y les pidió que le trajesen personas hábiles y experimentadas con quienes pudiese conferenciar y saber lo que deseaba. Después de tomarse algún tiempo para resolver, le trajeron diez ó doce ancianos principales que podrían darle razón de lo que preguntaba. A ellos se agregaron cuatro estudiantes latinos, de los mismos que él había enseñado an- tes en Tlatelolco. Con ellos estuvo con- firiendo cerca de dos años (de 1558 á 60) los puntos contenidos en el memorial. Los ancianos dieron las respuestas por pinturas, conforme ellos lo acostumbra- ban, y los gramáticos las declararon, es- cribiendo la declaración al pié. Veinte años después aun conservaba el autor ese precioso manuscrito quedebemos contar por primero de la Historia. El año de 1560 vino Sahagún á Mé- xico para asistir al Capítulo en que salió electo provincial Fr. Francisco de Bus- tamanté. Ya no volvió á Tepepulco, si- no que le pasaron á Santiago Tlatelolco. Allí reunió también ocho ó diez principa- les escogidos, “muy hábiles en su lengua y en las cosas de sus antiguallas.” Con ellos y con cuatro ó cinco colegiales tri- lingües se encerró en el colegio, y por es- pacio de más de un año se examinó, co- rrigió y añadió lo escrito en Tepepulco, sacándose copia de todo, aunque de mala letra, por haberse hecho de prisa. Este fué el segundo manuscrito de la Historia, el cual contenía la versión tlatelolca. En aquel examen ó nueva redacción, quien más trabajó fué Martín Jacobita, rector del colegio. Concluido el trabajo, se trasladó nues- tro autor al convento de México, donde á solas, por espacio de tres años, pasó y repasó las escrituras, las volvió á enmen- dar, las dividió en doce libros, cada libro en capítulos, y algunos de estos en pá- rrafos. No nos dice si en el curso de esta división sacó nueva copia, ó se limitó á corregir la de Tlatelolco. Diversos indi- cios me hacen creer lo segundo, y por eso no cuento aquí otro manuscrito de la Historia. La división del anterior pu- do hacerse en una de estas tres maneras: por anotaciones marginales, por entre- rrenglonaduras, ó por llamadas conven- cionales á hojas separadas. “ Después de esto (dice el autor), sien- do provincial Fr. Miguel Navarro, y guardián de México Fr. Diego de Men- doza, con su favor se sacaron en blan- co en buena letra todos los doce li- bros.” Todavía los mexicanos añadieron y enmendaron muchas cosas al tiem- po de sacarse la copia. Este fué el ter- cer manuscrito ó texto, como lo declara el autor con estas palabras: “El pri- mer cedazo por donde mis obras se pa- 1583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 275 saron fueron los de Tepepulco, el se- gundo los de Tlatelolco, el tercero los de México, y en todos estos escrutinios hubo gramáticos colegiales.” Justo es hacer aquí mención de sus nombres, ya que Sahagún nos los ha conservado. “El principal y más sabio fué Antonio Vale- riano, vecino de Azcapotzalco: otro po- co menos que éste fué Alonso Vexerano, vecino de Cuauhtitlán: otro fué Martín Jacobita; otro Pedro de San Buenaven- tura, vecino de Cuauhtitlán.” Se sabe también que los escribientes, indios por supuesto, fueron Diego de Grado, Bo- nifacio Maximiliano y Mateo Severino, quienes sacaron de buena letra todas las obras, y en pagarles se gastaron hartos to- mines. Este manuscrito, acabado en 1569, parece haber sido el definitivo, y el que contenía el verdadero texto mexicano de la obra, tal á lo menos como su autor le aceptaba. Lástima es que no conservase, por notas ó de otra manera, las leccio- nes desechadas de los manuscritos de Tepepulco y Tlatelolco, para que tuvié- ramos las tres versiones: acolhua, tlate- lolca y mexicana. Hoy no puede repa- rarse esa falta, porque no hay noticia del paradero del códice deTepepulco; del de Tlatelolco parece que algo queda, como veremos en su lugar. Una vez concluida la obra, pidió el autor al Comisario Fr. Francisco de Ri- bera (1569-1573), que tres ó cuatro re- ligiosos la examinaran, y dieran su pare- cer acerca de ella en el próximo Capítulo de 1570. Según unos Anales Mexicanos, ese Capítulo acabó el 27 de Enero: de consiguiente el nombramiento de los censores debe haberse hecho desde me- diados del año anterior, pues antes del Capítulo tuvieron lugar de examinar ese voluminoso manuscrito. ¿Quiénes fue- ron los censores? Sospecho que uno fué el P. Mendieta, porque dos veces dice en su Historia Eclesiástica, que tuvo en su poder la obra en once, doce ó trece cuer- pos de marca mayor: no sería el manus- crito comenzado en 1575 porque esees- taba en cuatro tomos, sino más bien el de 1569, que se entregaría completo, co- mo era natural, á los censores para que dieran su dictamen. No es fácil que en otra vez le viera reunido Mendieta, por- que poco después del Capítulo, se dis- persaron los cuerpos, y cuando se reco- gieron quedaron en poder del autor. Los censores, sean quienes fueren, de- clararon que aquellos libros eran de mu- cha estimación y debían ser favorecidos para que se acabasen. Como el texto me- xicano estaba completo, hemos de enten- der que la última frase se refiere á la versión española que ya se habría co- menzado. A pesar del dictamen favora- ble de los censores, no faltó en el definí- torio quien opinara que era contra el voto de pobreza gastar dinero en ama- nuenses, sobre el ya gastado; y adoptada la opinión, se mandó al autor que des- pidiera á los escribanos, dejándole en liber- tad de escribir por sí mismo cuanto qui- siera. No pudo alcanzar revocación de esa orden, y el resultado fué la suspen- sión del trabajo por más de cinco años, porque el autor, que pasaba de los seten- ta, no podía escribir, por estorbárselo el temblor de las manos.1 Después del Capítulo, sin duda, sacó de sus manuscritos un sumario de los libros y capítulos, en que se daba idea de la obra: añadió los prólogos, y lo en- vió todo á España en el mismo año de 1570 con los padres Fr. Miguel Nava- rro y Fr. Jerónimo de Mendieta. En uno de los prólogos hay una Advertencia al lector, cuya parte final puede ayudar- nos á descubrir el objeto del envío. Dice así: “Lo de la lengua española y las es- colias no está hecho, por no haber podido más por falta de ayuda y de favor: si se me diese la ayuda necesaria, en un año ó poco más, se acabaría todo: y cierto que si se acabase, sería un tesoro para saber mu- chas cosas dignas de ser sabidas, y para con facilidad saber esta lengua con todos sus secretos, y sería cosa de mucha esti- i Pruébanlo así las firmas que se hallan en el Có- dice llamado de Tlatelolco. 276 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [>583 ma de la nueva y vieja España.”1 Esto debió escribirse después que el Capítulo le negó el favor y ayuda de los escribien- tes, y con el fin de obtener que por la mediación de los padres Navarro y Men- dieta, los poderosos de España se inte- resasen en la conclusión de la obra. A poco, el P. Fr. Alonso de Escalo- na, el provincial nombrado en 1570, to- mó al autor sus libros, y los esparció por toda la provincia, con lo cual fueron vis- tos y aprobados por muchos religiosos, y aun anduvieron en poder de seglares que se aprovecharon de ellos. En 1573 volvió Fr. Miguel Navarro con el título de Comisario, y á petición del P. Saha- gún mandó recoger, con censuras, los li- bros dispersos, como en efecto se reco- gieron todos, y volvieron á poder de su autor un año después; pero no se hizo más, porque no hubo quien los favoreciese para acabarse de traducir en romance, hasta que á fines de 1575 ó principios de 1576 llegó el nuevo Comisario Fr. Rodrigo de Sequera, quien vió los libros, se agradó de ellos, mandó al autor que acabase de traducirlos, y dispuso que se escribiesen de nuevo en dos columnas, una en me- xicano y otra en castellano. (Primer ma- nuscrito en ambas lenguas, y cuarto de la Historia). Realmente no debió Sahagún tal favor al P. Comisario, sino al Presidente del Consejo de Indias Lie. Juan de Ovan- do, quien, por haber visto el Sumario^n- tró en deseos de conocer la obra com- pleta, y encargó al P. Sequera que le enviase copia de ella.2 Y todavía, pro- fundizando más, hallaremos grandes in- dicios de que el verdadero favorecedor de Sahagún en la corte fué el P. Men- dieta, uno de los portadores del Sumario. Tenía trato íntimo con Ovando, quien solía consultarle en negocios de Indias.3 Conociendo ya Mendieta la Historia de Sahagún, por haberla revisado probable- mente antes de ir á España, no dejaría de emplear en favor de su comitente el crédito que tenía con el ministro. Ovan- do era hombre de inteligencia superior; podía mucho con el rey, é hizo tantas y tan grandes cosas, que causa sorpresa que su nombre no sea más conocido.1 To- mó mucho empeño en que se formase la Descripción é Historia general de las Indias, para lo cual dictó acertadas dis- posiciones, y de ahí vendría el encargo expreso al P. Sequera de que le enviase la copia completa del manuscrito de Sa- hagún. Para complacer á aquel señor, que de seguro no entendía la lengua me- xicana, era preciso acabar la versión cas- tellana. Verdad es también que de las encarecidas expresiones de gratitud que el P. Sahagún dirige al P. Comisario en las dedicatorias se desprende que si bien éste venía dispuesto á cumplir el encar- go de un personaje como el presidente Ovando, favoreció ya de propio movi- miento al autor, luego que hubo visto aquí sus libros. Cuando el P. Sequera disponía que se sacase aquí la copia para Ovando, igno- raba que éste había fallecido el 8 de Se- tiembre de 1575: suceso que explica dos cosas: la lentitud con que se hizo la co- pia, y la orden del Consejo de Indias para que se recogiesen y enviasen á Es- paña todos los originales y copias de la obra. Esto lo sabemos por párrafo de carta del Sr. Arzobispo Moya de Con- treras al rey, fecha en México, á 30 de Marzo de 1578. Dice así: “La historia universal de estos natu- rales y de sus ritos y ceremonias, com- puesta por Fr. Bernardino de Sahagún, de la Orden de S. Francisco, que V. M. mandó se envíe originalmente, sin que quede acá traslado, ni ande impresa ni de mano, por justas consideraciones, me 1 Historia, ed. mex., tom. I, pág. XX. z Historia, ed. mex., tom. I, pág. VII. 3 Historia Eclesiástica Indiana, lib. IV, cap. 32. Tengo copia de una correspondencia entre Ovan- do y Mendieta, muy interesante, que permanece inédita. i El Sr. Jiménez de la Espada trae noticias de Ovando en los Antecedentes de las Relaciones Geo- gráficas de Indias ( Madrid, 1881 -85), tom. I, es- pecialmente en la pág. LVIII. *583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XFI. 277 ha dicho el autor que la ha dado, con todos sus papeles originales, al Virrey, en lengua castellana y mexicana, y cier- tos traslados que había sacado. V. M. estime la lengua mexicana de este reli- gioso, que es la más elegante y propia que hay en estas partes, y con el tiempo terná más calidad, porque con él se va perdiendo la propiedad de la antigüe- dad, y así la curiosidad de este religioso será en alguna ocasión de gran emolu- mento, y éste es visible para que la In- quisición tenga noticia de sus ritos, cuan- do venga á conocer de las culpas de los indios.” El mismo Arzobispo, en otra carta es- crita á 16 de Diciembre de 1578, dice: “La historia universal de las Indias que hizo Fr. Bernardino de Sahagún, francisco, con los traslados y originales, fué en la flota pasada, según me dijo el autor, que habrá V. M. recibido.”1 Esta segunda respuesta fué sin duda motivada por una real cédula dirigida al Arzobispo, con fecha en S. Lorenzo el Real á 5 de Julio del mismo año de 1578, en la cual se le dijo, entre otras cosas: “Si la Historia Universal de las Indias que hizo Fr. Bernardino de Sa- hagún no se hubiese enviado, solicita- reis con el Virrey que la envíe en primera ocasión.”2 Con la primera carta del Arzobispo fué otra del P. Sahagún al rey, concebida en estos términos: “El virrey D. Martín Enríquez tuvo una cédula de V. M., por la cual se le mandaba que unas obras que yo he es- cripto en lengua mexicana y española con brevedad se enviasen á V. M., lo cual me dijo el Visorrey y también el Arzo- bispo de esta ciudad; todas las cuales obras acabé de sacar en limpio este año pasado, y las di á Fr. Rodrigo de Seque- ra, Comisario General de nuestra Orden de S. Francisco, para que si él se fuese las llevase á V. M., y si no, que las en- viase, porque cuando la cédula vino, ya el dicho las tenía en su poder. Tengo entendido que el Visorrey y Comisario enviarán áV. M. estas obras que están repartidas en doce libros en cuatro vo- lúmenes, en esta flota, si no los enviaron en el navio de aviso que poco há salió; y si no los envían, suplico á V. M. hu- mildemente sea servido de mandar que sea avisado, para que se torne á trasladar de nuevo, y no se pierda esta coyuntura, y queden en olvido las cosas memora- bles de este Nuevo Mundo. Del que ésta lleva, que es el Custodio de esta Provincia, que va al Capítulo General, podrá V. M. R., si fuere servido, tener relación de mí y de mis obras. Nuestro Dios V. R. M. guarde con acrecenta- miento de estados para su santo servicio. México, 16 de Marzo de 1578.— S. C. R. M., menor vasallo y capellán de V. M. que sus reales manos besa.— Fr. Ber- NARDINO DE SaHAGUN.”1 El P. Sahagún creía que se le pedía su obra por estimación que se hacía de ella, y tal vez para imprimirla; por eso decía que si no llegaba se le avisase para enviar otro traslado. El rey no hizo más que pasar la carta al Consejo, y éste acor- dó secamente en 18 de Setiembre: “Dé- se cédula para que el Virrey tome lo que allá queda, traslados y originales, y lo envíe todo, sin que allá quede ningún traslado.” Mendieta escribe dos veces que uno de los Virreyes sacó á Sahagún sus libros por maña ó con cautela, para enviarlos á España á cierto cronista que le pedía con mucha instancia escrituras de indios; que tanto le aprovecharán á su propósito (añade) como las coplas de Gaiferos; y allá servirán de papeles para especias.2 La maña ó cautela, consistiría en pedir los manus- critos con el pretexto de enviarlos al cro- nista, ocultando que el Consejo había 1 Colección de Muñoz, MS., en la biblioteca de la Real Academia de la Historia, tom. LXXXIX, fol. 125. 2 En la biblioteca del Colegio del Estado, en Puebla. (Apunte comunicado por el Sr. Troncoso.) 1 Colección de Muñoz, ubi supra. 2 Lib. IV, cap. 44; lib. V, pte. 1, cap. 41. 278 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. mandado recojerlos. Si obró así el Vi- rrey, y no son suposiciones de Mendie- ta, quiso tal vez evitar un desagrado al anciano y benemérito religioso. Pero lo cierto es que en ese tiempo había nuevo empeño en recoger Historias de las In- dias, pues el mismo año de 1578, á 25 de Junio, expidió Felipe II en S. Lo- renzo una real cédula á las autoridades de estos dominios para que enviasen á España, en originales ó copias auténti- cas, los papeles relativos á historia que hubiera en los archivos.1 La carta de Sahagún es bastante os- cura y realmente está en contradicción con las del Arzobispo. En la primera asegura éste haberle dicho Sahagún que “tenía entregadas al Virrey la Historia con todos sus originales y trasladosre- pite en la segunda carta, que todo se ha- bía mandado en la flota precedente, es decir, hacia mediados de 1578. El autor no dice haber entregado las obras al Vi- rrey, sino al Comisario, “porque cuan- do la cédula vino, ya el dicho las tenía en su poder.” Si el Comisario recibió la copia limpia, y además los traslados, ha- biendo ofrecido entregar todo al Virrey (lo que explicaría las palabras de Saha- gún al Arzobispo, y la verdad con que entonces habló), tal vez fué Fr. Rodrigo quien dió al Virrey lo que le convino (la copia de 1569 y algún otro original ó traslado) y se guardó lo demás. Es ve- rosímil que cuando Sahagún habló con el Arzobispo estuviera en la creencia de que el Comisario había entregado todo á D. Martín, aun la copia reciente en cas- tellano y mexicano, y por eso lo aseguró así; pero más tarde hubo de saber lo que había de cierto, y por eso en el libro de la Conquista, reformado, distingue per- fectamente dos entregas, una al Virrey, y otra al Comisario: “Los cuales libros, que fueron doce, envió por ellos nuestro señor el rey D. Felipe, y se los envié yo por mano del Sr. D. Martín Enríquez, Visorrey que fué desta tierra, y no sé qué se hizo de ellos, ni en cuyo poder están agora. Llevólos después desto, el P. Fr. Rodrigo de Sequera, desque hizo su ofi- cio de Comisario en esta tierra, y nunca me ha escripto en qué pararon aquellos libros que llevó en lengua castellana v mexicana, y muy historiados, y no sé en cuyo poder están agora.”1 En cuanto á la nueva copia que ofrecía al rey, creo que contaba para ello con algo que se habría guardado, pues parece que el buen franciscano temió siempre que el Virrey y el Comisario se quedaran con la obra y no la diesen al rey; por eso dice que re- pondrá los libros entregados á ambos, si no los envían. La misma desconfianza conservaba en 1585, pues en el lugar ci- tado dice que ignoraba el paradero de los libros. No hay certeza de que el ma- nuscrito de Tlatelolco fuera en la remesa de 1578; pero aun cuando hubiera ido, quedaba aquí el de Tepepulco y los tras- lados parciales que paraban en diversas manos desde que los libros anduvieron desparramados por la Provincia. Bien lo sabía Sahagún, pues en el libro de la Conquista, reformado, dice: “Los que ten- gan este tratado en lengua mexicana tan solamente, sepan, &c.,” lo cual no puede referirse sino á los traslados que anda- ban sueltos. Siete años después de la fe- cha en que escribió al rey, y cuando ya se habrían perdido muchos de esos tras- lados, todavía pudo reponer una parte de su obra en lo que llamó Vocabulario de las tres lenguas. La sencilla oferta de que se sacaría nueva copia, si no llegaban las remiti- das, era un aviso al Consejo de que aquí quedaba todavía algo por recoger, y mo- tivó sin duda el acuerdo de 18 de Setiem- bre de 1578. No sé si á consecuencia de él se recogió alguna otra cosa, sea del Comisario ó del autor. Debemos creer que la copia enviada por mano del Vi- rrey en 1578 llegó á su destino, ya que el Consejo acordó que el Virrey tome “lo que allá queda;” si nada se hubiera i Ley 30, tít. 14, lib. III, R. I. i Historia, lib. XII, za ed., cap. XLII. 1583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 279 recibido, la orden comprendería los ma- nuscritos anunciados por el autor y el Arzobispo. Que el P. Sequera se llevara la copia en castellano y mexicano sacada por su orden en 1575-1577, parece evi- dente: que la entregaraá quien se la había encargado no era posible, pues Ovando ya no existía. ¿Qué hizo de ella? Nadase sabe de fijo; mas parece que se conserva en Florencia, como adelante veremos.1 D. Martín Enríquez recogió, pues, y envió en 1578 una copia que no fué la del P. Sequera: sería probablemente, la que en 1569 se sacó por orden de Fr. Mi- guel Navarro, después de enmendado el texto por los mexicanos: la misma que se examinó en el Capítulo de 1570. Como no estaba acabada la traducción españo- la, juzgaba Mendieta que tales papeles eran inútiles para un cronista que igno- 1 Aprovecho gustoso, para insertarla aquí, una interesante y erudita nota que me franqueó el Sr. Troncoso relativa al P. Sequera, cuyo nombre está íntimamente unido con el del P. Sahagún. Dice así: “ Como la Historia del P. Sahagún fué dedicada por éste á Fr. Rodrigo de Sequera, décimotercio Comisario General de la Orden de S. Francisco en la Nueva España, me ha parecido conveniente dar algunas noticias de este Prelado, que no serán inúti- les para fijar después varias fechas de las que me pro- pongo determinar, con el objeto de saber en qué época fué enviada á España la Historia mencionada. “Los religiosos de aquellos tiempos acostumbra- ban adoptar como apellido el nombre de su ciudad natal ó el de la población donde habían tomado el hábito. Si siguió esta costumbre nuestro Prelado, podríamos conjeturar que fuera originario de cual- quiera de los dos lugares que en la Vieja Castilla lle- van el nombre de Sequera, uno de los cuales perte- nece á la Provincia de Segovia, y el otro á la de Burgos. “ Pero de esto nada nos dicen los cronistas de su Orden, quienes refieren tan sólo que pertenecía el P. Sequera á la Provincia de la Concepción, que por Gonzaga (tom. II, pág. 861) sabemos tenía to- dos sus conventos en la parte de Castilla la Vieja que está situada al sur de Burgos, con excepción de uno que otro, como el de Atienza comprendido en la Nueva Castilla, y el de Sahagún en el reino de León. La villa natal de nuestro Fr. Bernardino dependía, pues, por su convento franciscano, de la provincia religiosa de donde era hijo el P. Sequera. Antes de venir á la Nueva España anduvo entre los moriscos de Granada, según consta entre los fragmentos de la Historia de Sahagún que se encuentran en nuestra Biblioteca Nacional: como aquella comarca no de- pendía de la Provincia de la Concepción, se debe creer que alguna comisión de la Orden llevaría por allá á Fr. Rodrigo. Se sabe que fué enviado de Es- paña á México por Comisario General el año de l57$y habiendo quedado electo para este oficio por el Comisario General de Indias Fr. Francisco de Guzmán en 9 de Marzo de aquel año, según To- rrubia en la Novena Parte de la Chronica Seraphica (pág. 197). Bien pudo llegar al concluir el año de 1575, como lo deja entender Sahagún en la Intro- ducción al primer Libro de su Historia, ó durante el curso del año siguiente, como lo refieren los otros cronistas, aunque á mí me parece más probable la primera fecha. Si llegó en 1576, vendría sin duda en la flota del General D. Antonio Manrique, que arribó á Veracruz ese mismo año. “Poco se sabe de su gobierno en la colonia. Du- rante su permanencia en México ocurrió la famosa peste de 1576 que él trató de remediar en lo que pudo, como lo acreditan las palabras siguientes de Sahagún (lib. XI, cap. 12, § 7): “Nuestro P. Co- “ misario General Fr. Rodrigo Sequera en grande “manera ha trabajado, así con sus frailes como con “el señor viso-rey y con los españoles, para que “los indios sean ayudados en lo espiritual y tempo- ral, el cual ha estado y está en esta ciudad, y no se “cansa de trabajar en este negocio.” “Difícil es juzgar de sus prendas personales por lo que de él ha quedado consignado en los autores. Llámale Torquemada (lib. XIX, cap. 28) predica- dor famoso, y en otra parte (lib. XX, cap. 71)pru- dentísimo prelado; pero en el Viaje de Fr. Alonso Ponce (tom. II, pág. 183) consta que cayó de la gracia de sus superiores por sus deméritos. La misma obra nos pone al tanto del asunto que puede haber motivado la desgracia del P. Sequera. Había un Breve de S. Pió V en que se mandaba que los Comisarios Ge- nerales de Nueva España siguieran usando de su ofi- cio mientras no viniese su sucesor, aun después de haber entrado á funcionar nuevo Ministro General de la Orden. En tal virtud, después de haber ce- sado en 1578 el General Capitefontium, pidió el P. Sequera á la Audiencia, ese mismo año, que au- torizase la continuación de su oficio (pág. 33), y así se ordenó por una provisión especial. ¿Era tal vez discrecional el uso de este Breve, y partió de ligero el P. Sequera pidiendo el pase á la Audiencia? No se desprende esto muy bien de la que arroja la rela- ción del viaje del P. Ponce; pero lo que sí consta allí es que el nuevo General Fr. Francisco de Gon- zaga, en carta patente de 18 de Junio de 1579 dada en París, por haber prorrogado el P. Sequera su ofi- cio de aquel modo “se lo prohibió, reprendió y amenazó castigo.” (Pág. 170.) “A consecuencia de ese extrañamiento de su su- perior regresaría el P. Sequera á España. Si nos guiásemos por el Viaje de Fr. Alonso Ponce para fijar la fecha del retorno, como allí dice (tom. II, pá- gina 186) que cuando el P. Sequera se marchó á España faltó Comisario por un poquito de tiempo, y [^85 280 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. raba la lengua mexicana. Se ha creído y dicho que ese cronista era el famoso An- tonio de Herrera, sin advertir que ob- tuvo el empleo mucho después, en 1596.* A Betancurt se le ocurrió hablar de estas remisiones de papeles, y él ó su impresor, con el propio pasaje de Saha- gúná la vista, cayeron en el desatino de crear un nuevo Virrey totalmente des- conocido, D. Martín de Villamanrique, formándole del nombre de D. Martin Enríquez, y del título de D. Alvaro Man- rique de Zúñiga, Marques de Villaman- rique.2 El mismo Betancurt, en otro lu- gar, da correctamente el nombre del Vi- rrey.3 Por desgracia, Clavigero, y otros después de él, repitieron el pasaje erra- do, sin atender al bueno, lo que ha dado margen á suponer y escribir que el Mar- qués de Villamanrique quitó al P. Saha- gún sus últimos libros: cosa en que aquel señor ni pensó, pues llegó en Octubre de 1585, cuando ya todo había pasado, y Sahagún entendía en rehacer su obra. Largo tiempo después de acabada la Historia, creyó conveniente el autor re- dactar de nuevo el libro que trata de~Tá Conquista, el cual en los primeros ma- nuscritos ocupaba el noveno lugar, y en la distribución definitiva quedó al últi- mo, como duodécimo. El motivo que da es que cuando se escribió, “se pusieron en él algunas cosas que fueron mal pues- tas, y otras se callaron, que fueron mal calladas.” El título particular del nuevo libro es éste: Relación de la Conquista de esta Nueva España como la contaron los sol- dados indios que se hallaron presentes. Con- virtióse en lengua española llana e inteligible y bien enmendada, este año de if85. Fué escrita en tres columnas. “La primera es el lenguaje indiano así tosco como ellos lo pronunciaron. La segunda co- lumna es enmienda de la primera, así en vocablos como en sentencias. La tercera columna está en romance, sacado según las enmiendas de la segunda columna. ese oficio le vino al P. Oroz en 1582, podría dedu- cirse que ese mismo año ó el anterior había regre- sado su antecesor. Pero Torquemada es más pre- ciso en la fecha. Refiere en la vida de Fr. Domingo de Aréizaga (lib. XX, cap. 71) que al año y medio de ser este V. religioso Provincial por primera vez se celebró el Capítulo intermedio en Puebla, presi- diéndolo el P. Sequera, quien inmediatamente des- pués “se fué á los reinos de Castilla.” El primer provincialato del P. Aréizaga comenzó en 1578, y así el regreso del P. Sequera sería á fines de 1579 ó principios de 1580. Betancurt en la Cuarta Parte de su Theatro Mexicano (pág. 106) da á entender que el 22 de Diciembre de 1579 estaba aún en Mé- xico el P. Sequera. Lo cierto es que en 1581, un año antes de venirle el oficio de Comisario Gene- ral á Fr. Pedro Oroz, ya faltaba ese prelado en la Nueva España, pues Torquemada (loe. cit.) dice que al terminar el provincialato del P. Aréizaga, aquel mismo año se celebró Capítulo para elección de nuevo Provincial, “ en la cual presidió él por no haber Comisario en la tierra.” Así es que el P. Sequera faltaba ya del país, con toda seguridad, antes de esa fecha. “Llevó consigo el P. Sequera, cuando regresó á España, uno de los ejemplares de la Historia de Sa- hagún, distinto del que se entregó á D. Martín En- ríquez, y de ese ejemplar presumo se sacaría la copia que después tenían los franciscanos de Tolosa. Ni el antiguo prelado de Sahagún se cuidó de comuni- car al misionero la suerte que habían corrido sus libros, ni yo alcanzo de nuestro Fr. Rodrigo, des- pués de su regreso á España más noticia, que la que nos ha dejado Fr. Matías Alonso en el tomo I, único publicado según entiendo, de la Chronica Seraphica de la Santa Provincia de la Purissima Concepción (Va- lledeolid (sic) 1734). Dice allí lo siguiente (lib. II, cap.68,pág. 333): “Celebróse Capítulo Provincial “en el Convento de Palencia, año de mil quinien- “ tos y ochenta y tres, y se hizo elección en el M. R. “P. Fr. Jerónimo de Guzmán Fué promovido “á los cinco meses de su oficio á Comisario Gene- “ral de Indias en la corte del Rey Católico Por *‘6318 promoción, en el mismo año se volvió á ha- “ cer elección en el Convento de N. P. S. Francisco “de Valladolid, y salió por Provincial (27?) el M. “R. P. Fr. Rodrigo de Sequera, Lector jubilado y “Comisario General que había sido de Nueva Es- “paña. En tiempo de su gobierno se fundaron los “conventos de la Concepción de Jesús María de “ Valladolid, y el de la Concepción de Soria.” Co- mo el Provincial siguiente (28?) fué Fr. Andrés de Mercado, electo en el Capítulo de Palencia, el año de 1588, presumo que hasta entonces duraría el P. Sequera en aquel cargo: pero ignoro dónde pa- saría los años restantes de su vida, y cuáles fueron sus últimos oficios y ocupaciones.” 1 Yo mismo fijé esta fecha, hace treinta años, en el artículo respectivo del Diccionario Universal de Historia y de Geografía: hoy me ha sido impo- sible recordar de dónde la tomé. 2 Escritores, n? 12. 3 Catálogo de Autores, plana 3. 1583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 281 Los que tienen este tratado en la lengua mexicana tan solamente, sepan que están enmendadas muchas cosas en éste que va en tres columnas en cada plana.” Torquemada tenía este texto corregi- do; pero las citas que de él hace no se conforman enteramente con el impreso que hoy corre. Sus variantes (que no se- ría posible anotar aquí) parecen prove- nir, ó de la lección mexicana de la segun- da columna, ó de un texto castellano que no conocemos. Se ignora el paradero del manuscrito de Torquemada; pero se sa- be que mucho después andaba aquí uno, del cual tomó copia el P. Fr. Esteban Manchóla el año de 1668.1 El que sir- vió de original para ella, firmado del P. Sahagún, pertenecía al Dr. D. Juan Francisco de Montemayor y Cuenca, quien se le llevó á España el año de 1679 con ánimo de darle á la prensa.2 El tras- lado del P. Manchóla sería el que des- pués tuvo Betancurt. D. Carlos María de Bustamante refiere que en las revuel- tas ocurridas en Madrid en el mes de Mayo de 1808 fué robada la Secretaría de la Academia de la Historia, de la que se extrajeron varios legajos de las obras del P. Sahagún, siendo uno de ellos el libro de que se trata. Copia luego una certificación en que consta que hallándo- se el Conde de la Cortina en Madrid el año de 1828 compró el manuscrito á D. Lorenzo Ruiz de Artieda, por con- ducto de D. José Musso y Valiente. Le traería á México cuando vino en 1832, y le franqueó desde luego á Bustamante, porque éste ya le estaba copiando en Oc- tubre de 1833.3 Asegura que el códice estaba escrito enteramente de mano de Sahagún y firmado por él. Siempre lo dudé, porque estando solamente en cas- tellano, no era el original escrito en tres columnas. Con tan poca atención pro- cedía Bustamante, que en una nota (pá- gina 20) se atreve á asegurar que el texto mexicano estaba agregado al manuscrito; pero que como no lo entendieron los que lo robaron, sólo vendieron al Conde la parte castellana. La disposición en tres columnas paralelas echa por tierra tal su- posición. Ni vale decir que sería otra copia autógrafa distribuida de diversa manera, ó del texto español solamente, porque si en 1570 ya no podía el autor escribir, por estorbárselo el temblor de la mano, menos podría haber hecho esa copia en 1585 ó después. EISr. D.José F. Ramírez, que tuvo ocasión de ver el manuscrito del Conde, declara termi- nantemente que no es autógrafo.1 Sería una copia, firmada, cuando más, por Sa- hagún, y acaso la misma que Montema- yor llevó á España. Cosa natural és~ suponer que para coordinar obra tan considerable como la Historia de Sahagún se hicieran me- morias, apuntes, borradores, traslados parciales, y aun refundiciones, como la que conocemos del libro XII. Cuando los cuerpos ó volúmenes anduvieron dis- persos por la Provincia, muchos los vie- ron y sacaron extractos de ellos. Así se observa que Muñoz Camargo los tuvo presentes cuando escribió su Historia de Tlaxcala. SuárezUe Peralta conoció tam- bién la obra, y sacó de ella algunas no- ticias. Pero el Dr. Francisco Hernán- dez fué quien más se aprovechó, no tan sólo de los escritos de Sahagún, sino hasta de las pinturas que los adornaban. En resumen, el autor no nos da noti- cia más que de cuatro manuscritos com- pletos, á saber: i9 El deTepepulco, en figuras, con la explicación en mexicano al pié de ellas. 29 El de Tlatelolco, corregido des- pués en S. Francisco de México por su mismo autor. Estaba escrito enteramen- te en mexicano, sin división de colum- nas, de ruin letra, con muchas enmiendas é intercalaciones, i 1 Florencia. La Estrella del Norte de Méxi- co, cap. 28. 2 Id.,id.— Betancurt, Escritores n? 12.— Ro- bles, Diario, tom. I, pág. 287. 3 V. la nota de la pág. 104 de su edición. i Boletín de la Real Academia de la Historia, to- sno VI, pág. 122. (Febrero, 1885.) 282 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. ['Í8J 3” El que se sacó por favor del Pro- vincial Fr. Miguel Navarro en 1569, después de corregido el texto por los mexicanos. Este manuscrito, aprobado en el Capítulo de 1570, estaba escrito de buena letra, en tres columnas, la del me- dio con el texto mexicano, la de la iz- quierda destinada á la traducción espa- ñola, y la de la derecha á las escolias. Es probable que de estas dos últimas co- lumnas sólo había escrita una pequeña parte. También pudo quedar como bo- rrador esta copia limpia, cuando se hizo la nueva de 1575 reducida á dos colum- nas. El ejemplar de 1569 estaba dividido en doce cuerpos ó volúmenes, uno para cada libro, lo que facilitó su dispersión por la Provincia. El Sumario que llevaron á España los padres Navarro y Mendieta no debe considerarse como nuevo manuscrito de la Historia. 49 La copia que se sacó en 1576 y 1577 para Fr. Rodrigo de Sequera, di- vidida en cuatro tomos, escrita á dos columnas, la una en castellano, la otra en mexicano, y “muy historiada,” es de- cir, adornada con muchas figuras. No hay noticia clara de otros. De estos manuscritos aparecen idos á España dos. El Virrey Enríquez envió uno, que á mi juicio fué el n93- Fr. Ro- drigo se llevó el n9 4. Si el segundo re- querimiento del Consejo produjo algún efecto, sería el de habérsele enviado el n9 1. El n9 1 quedó aquí probablemen- te, y no hay rastro de él. Dejando, á pesar mío, en duda lo que no puedo aclarar, veamos ahora qué suer- te fué corriendo la obra y cuáles son los códices que se conocen de ella. En este punto surgen nuevas dudas, y no alcan- zo á relacionar bien los códices existen- tes con los que aquí se hicieron, ni con los que aparecen remitidos á España. La grande obra de Sahagún durmió tranquila dos siglos hasta que en 17 de Julio de 1779 fué nombrado historió- grafo de las Indias D. Juan Bautista Muñoz. Con grande actividad se dió á recoger papeles para el buen desempeño de su difícil comisión. Deseó, como era natural, adquirir la Historia de Sahagún; pero creyendo sin duda que ningún bi- bliógrafo ó cronista hablaría de su para- dero, se dió á buscarla por todas partes, y particularmente en los archivos de Se- villa y de Simancas.1 Nada encontró; mas supo después que existía un ejemplar en el convento de franciscanos deTo- losa. Prueba esto que no había registrado las bibliografías que pudieran darle luz, pues de haberlo hecho, habría encontra- do desde luego la noticia de Fr. Juan de San Antonio, y ahorrádose la busca en los archivos. Conocida ya la existencia de aquel ejemplar, le fué fácil extraerle por medio de una Real Orden de este tenor: “Habiendo resuelto el Rey, que D. Juan Bautista Muñoz, Cosmógrafo Ma- yor de Indias, que se presentará á V. R. con ésta, pase á ese convento á registrar la Historia del Reino de Nueva Espa- ña que compuso Fr. Bernardino de Sa- hagún, y los demás papeles que existan en ese archivo y puedan conducir á la co- misión que tiene de S. M. de escribir la Historia General de América, se lo par- ticipo á V. R. de su Real Orden, para que le facilite dichos documentos; y si el expresado comisionado considerase preciso retener en su poder cualquiera de ellos por algún tiempo, dejará el res- guardo correspondiente para devolverlo. Dios guarde á Y. R. muchos años. El Pardo, 6 de Abril de 1783.—Joseph de Gálvez.—R. P. Guardián del Convento de S. Francisco de Tolosa.” EI30 del mismo mes se presentó Mu- ñoz en el convento con la orden, y en virtud de ella, “tomó y sacó un tomo en folio que contenía la Historia original de Nueva España.” Muñoz nunca devol- vió el códice. Diez y siete años después, en el de 1800, dieron poder los frailes á D. Antonio Uguina, vecino de Madrid, i Panes, en la Auténtica de la Obra. iaedic. del lib. XII, pág. 7. *583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 28 3 para que le reclamase: hízolo así, y “se le dió á entender que S. M. tendría sin- gular complacencia en que se le cediese el original,” en cambio del cual ofrecía dar una copia auténtica. Reunida la co- munidad, puso el síndico en su conoci- miento el deseo del rey, y conformán- dose todos con él, se otorgó escritura formal de cesión el 27 de Marzo de 1801, ante el escribano Manuel Joaquín Pu- rundarena. Desde luego se dieron á la comunidad las gracias; pero para la copia auténtica se pulsaron bastantes dificul- tades, por no haberse señalado fondo de que pagarla. Después de reclamar varias veces, logró Uguina que el 16 de Sep- tiembre de 1802 se le entregaran los seis primeros libros, y para los seis restantes tuvo que aguardar hasta el 4 de Julio de 1804.1 La lectura del expediente que con este motivo se formó despierta varias dudas. ¿ Existían ó no en el convento de Tolosa los cuatro tomos de que habla Fr. Juan de S. Antonio? Si existían, ¿ocultaron los frailes tres con el texto mexicano, ó bien Muñoz los vió y no quiso tomarlos por serle inútiles? Si no existían, ¿qué se habían hecho? En todo caso, ¿á cual de las copias mencionadas por Sahagún pertenecía ese códice escrito puramente en lengua castellana? No creo que el ejemplar deTolosa ha- ya constado nunca de cuatro volúmenes, ni tampoco que el extraído por Muñoz fuera uno de ellos, habiendo quedado allí los otros tres con el texto mexicano. Era mucho que esta parte abultara tres veces lo que la castellana. Examinemos un poco la noticia de Fr. Juan de San An- tonio. Este bibliógrafo solía añadir la palabra Vidi cuando había visto el ma- nuscrito que citaba: no trae tal nota el de Sahagún. En otro lugar (Af'pendicula) rectificó la especie de que el autor había pertenecido á la provincia de Cantabria: “Alumnum fuisse ex Cantabricae prov. dixi ex relatione ejusdem Provincia;' y esto parece explicar todo. El bibliógrafo ha- bló de Sahagún, y probablemente de su obra, por una relación que le vino de la Provincia de Cantabria: en esa relación copiarían los religiosos la portada del libro, en la cual se habla de cuatro vo- lúmenes, y Fr. Juan aceptó como un he- cho, que de esos constaba el ejemplar, siendo así que solamente uno había con la parte castellana. Esta copia es anti- gua;1 mas no puede relacionarse con nin- guno de los manuscritos mencionados por Sahagún, porque á ninguno convie- nen las señas, ni tiene la firma del autor, quien solía ponerla en todos sus origi- nales. Hé aquí lo que conjeturo acerca de este códice. Es una copia coetánea, como lo indica el carácter de letra, saca- da, si se quiere, de orden del autor, aun- que dudo de esto último por la circuns- tancia de carecer de su firma. El original de que se copió esta parte castellana bien pudo ser el manuscrito del P. Sequera, que según toda probabilidad es el mis- mo que hoy está en Florencia, y efecti- vamente hay completa identidad entre los pasajes castellanos que conocemos del códice de Florencia y los correspon- dientes del de Tolosa. Se prueba tam- bién que éste es simple copia de un ori- ginal más extenso en el romance, leyendo el § 10 del cap. 2, lib. XI (ed. mex., to- mo III, pág. 198), quedice así: “El texto del décimo párrafo que trata de las partes de las aves, así interiores como exterio- res, todos son sinónimos, y en la traduc- ción se ponen los mismos en la lengua, diciendo en romance para qué parte de la ave se aplican, ó á cuál de ellas sirven ;y así no puse de 'el nada, porque más perte- nece á la lengua mexicana, que á otra cosa.” A mi entender esto quiere decir i “ Este libro, aunque se llama original, no es sino copia, ni tiene otra recomendación que el es- tar escrito en letra antigua de la época de la con- quista de Nueva España, y á pocos años de ella.” [Nota puesta en 1804, al sacarse la copia.] — Bo- letín de la Real Academia de la Historia, tom. VI» pág. 86 (Febrero, 1885). I Expediente sobre la copia de la Historia de la Nueva España, escrita por Fr. Bernardino de Saha- gún, MS. comunicado por el Sr. Fernández Duro. BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1583 que el autor puso la nomenclatura de las partes de las aves en la columna desti- nada á la lengua mexicana, y luego la tradujo para ponerla en el romance; pero el copiante del manuscrito de Tolosa, que vió no ser este un asunto histórico sino lingüístico, reemplazó aquella no- menclatura con una nota de su cosecha.1 La existencia de este ejemplar en la Pro- vincia de Cantabria, sin antecedente acer- ca de su origen, daría pié á la falsa creen- cia en que aquellos religiosos estaban de que Sahagún había sido hijo de su Pro- vincia. No se sabe cómo fué á dar allá el manuscrito; pero conviene recordar que eran cántabros é hijos de la Provin- cia los padres Mendieta y Navarro, prin- cipales favorecedores de Sahagún. El primero volvió á España después de ha- berse divulgado aquí la obra, que él mis- mo había tal vez examinado: el segundo es probable que fuera á morir á su Pro- vincia, porque no se tiene noticia délos últimos años de su vida: éste pudo lle- var de aquí el traslado, ú obtenerle en España, y dejarle después al convento de Tolosa. Por haber sido este manus- crito la matriz de las ediciones que te- nemos, ha parecido necesario entrar en esta prolija investigación acerca de su origen y circunstancias. Muerto repentinamente Muñoz el día 19 de Julio de 1799, pasaron sus pa- peles á la Secretaría del Despacho de Gracia y Justicia de Indias, y de allí á la biblioteca de la Real Academia de la Historia, acaso por estar incorporado á ella desde 1755, el oficio de Cronista de Indias. Cuando el rey pidió á la comu- nidad deTolosa el códice, se hallaba éste en la Secretaría. Era natural que una vez obtenido pasara á la biblioteca par- ticular del rey, y en efecto parece que estaba allí en 1807.2 Por qué y cómo pa- só después á la Academia no lo sé de fijo; pero bien puede creerse que por ser volumen perteneciente á la colección de Muñoz, se juntaría á ella cuando el rey la donó toda á la Academia en Agosto de 1815.1 El hecho es que existe en la biblioteca de esa Corporación, y al Sr. D. José F. Ramírez que le vió, debemos una descripción de él, que extractaré.1 Es un tomo en folio, copia limpia, con suficientes márgenes, letra clara del siglo XVI, encuadernación moderna á la ho- landesa, rotulado por fuera Colección de Muñoz.—Sahagún.—Historia de las cosas de Nueva España. Núm. de orden, 50. Marca, A 77. Tiene el códice 682 págs., recientemente numeradas, y comprende los doce libros de la Historia, en caste- llano solamente. Aunque se mencionan varias figuras, no hay más que la del Ciclo Mexicano en el lib. III, pág. 396. Al fin del lib. I están en latín los textos de la Escritura que Bustamante puso en castellano, y Kingsborough omitió. El Sr. Ramírez añade que “el autor los ex- pone más ó menos extensamente, hacien- do minuciosas é interesantes alusiones y aplicaciones á los ritos gentílicos de los mexicanos.” Esto falta en las tres ediciones que tenemos; pero le hallará el lector por apéndice á este artículo. Aun- que constan en el índice, no están los Cantares que debían seguir al párrafo pe- núltimo del Apéndice al lib. II. Kings- borough dejó la enumeración de ellos en el índice; pero Bustamante la su- primió. Procede luego el Sr. Ramírez á la des- cripción de un códice mexicano existente palabras de Sahagún, y dice que las toma de un có- dice “de letra de principios del reinado de Felipe II, el cual, después de haberse guardado en la librería de cierto monasterio, lo posee hoy S. M. entre los MSS. de su Real Biblioteca privada.” La alusión al Códice Tolosano es clara. 1 Memorias de la Real Academia de la Historia, tom. VI, pág. XII. Aunque la donación se hizo en la fecha citada, la entrega se retardó hasta Marzo de 1816. Ibid., pág. XXI. 2 Boletín de la Real Academia de la Historia, cua- derno citado, págs. 85-89. 1 El traductor francés, Mr. Jourdanet, cree que esta nota es de Sahagún, y la suprimió, limitándose á dar noticia de su contenido. Pág. 710. 2 D. Antonio Capmany en sus Qüestiones Críti- cas sobre varios puntos de Historia Económica, Políti- ca y Militar (Madrid, 1807,40), pág. 177, cita unas 1583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 285 en la misma biblioteca de la Real Aca- demia de la Historia. Está encuaderna- do en una antigua cubierta de pergami- no que con tinta negra lleva por fuera el extraño rótulo de Obras de Sor Mana de la Antigua. En el interior del mismo pergamino tiene borrado una antigua marca S 2. XXII. C. n. 3: hoy lleva el número de orden 103. Con una ligera excepción, todo el códice está en mexi- cano. “Su aspecto manifiesta que ori- ginalmente fué una copia limpia, aunque de varias letras, convertida después en borrador. No deja duda alguna de que pertenece al siglo XVI, porque hacia el medio y al fin lleva la firma del P. Sa- hagún.” Comienza el volumen con dos hojas blancas, en la primera de las cua- les se repite aquel extraño título, y si- guen 342 de texto, originalmente sin fo- liar, hoy foliadas, que comprenden los libros VIII, IX, X y XI de la Historia. No hay portada. El Sr. Ramírez extracta menudamen- te el contenido del códice. Como su des- cripción corre impresa, la compendiare- mos aquí, escogiendo lo más notable. “El lib. IX comienza en la foja 26 y continúa hasta el fin de acuerdo con el códice castellano, discrepando en los ca- pítulos 16, 17, 20 y 21 (último del libro). La diferencia es harto grave. Trátase en ellos de los plateros, lapidarios, é instru- mentos con que manufacturaban los me- tales preciosos y las obras de pluma. El códice castellano se limita á enunciar su asunto en menos de cuatro líneas, mien- tras que el códice mexicano lo hace en varias páginas de 41 y 45 renglones de letra muy metida. El libro IX concluye en la foja 50 con la firma del autor. “Siguen 35 folios en los cuales hay muchas estampas iluminadas que repre- sentan las efigies simbólicas de los re- yes mexicanos y gobernadores que les sucedieron después de la conquista, en México, Tetzcuco y Huexotla. Hay también pinturas figurativas de una au- diencia judicial, de una ejecución de justicia, de armaduras, banderas, cascos, adargas, tambores, divisas militares y adornos, con largas nomenclaturas de nombres propios pertenecientes á sus- tancias alimenticias, objetos de guarda- rropa, divisas, distintivos é instrumen- tos y útiles de artes, edificios públicos, asentadores, esteras, &c., &c.: asuntos todos que se relacionan con los que se tratan en el libro VIII, del cual parece ser una reproducción ilustrada con estampas. Hay mucho escrito con tinta de un her- moso color rojo. Este asunto concluye en la foja 81. Comienza la siguiente con un cap. 4, distribuido en siete grandes secciones con el nombre de párrafos. Contienen nomenclaturas de nombres propios de personas, de parentesco, de oficios y pro- fesiones, á muchos de los cuales acompa- ña una breve explicación. Concluye el capítulo en la foja 85, quedando en blan- co las dos siguientes. Su asunto con- cuerda con los primeros capítulos del libro X del códice castellano.” El libro X, que principia en la foja 88, va también de acuerdo, por lo que toca al asunto; pero “todas las páginas están divididas en tres columnas ver- ticales. La de la izquierda contiene el texto castellano, la del centro mexica- no, llevando sobrepuesta cada frase ó pa- labra una numeración progresiva hasta el fin del párrafo respectivo. La colum- na de la derecha, también numerada, es la traducción de cada una de las pala- bras ó frases mexicanas, con su respec- tiva inconimia,1 etimología y varian- tes, según convenga usarla, es decir, pa- ra hablar con hombres ó mujeres, con parientes, personas de respeto ó de con- dición inferior. Grande es la riqueza de lenguaje que contiene. Esta distribu- ción continúa hasta el párrafo 4 del ca- pítulo 3, que trata de la “mujer moza,” y llena todo el resto del folio 96. La vuelta y las siete fojas siguientes queda- ron en blanco, no pudiéndose dudar que i Esta palabra desconocida está aquí tal vez por sinonimia. El informe adolece de otros yerros de impresión. 286 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [•583 estaban destinadas para la conclusión del capítulo. “Siguen, bajo la misma forma, seis fojas que reproducen en borrador las pre- cedentes, hasta el fin del cap. 3. En la foja ni continúa el cap.4 en tres colum- nas; mas solamente en el recto: la vuelta y todas las siguientes, hasta finalizar el cap. 26, contienen solamente el texto me- xicano en la columna central, quedando las otras blancas. Las ff. 146 á 48 del mexicano presentan catálogos de nom- bres propios, escritos á dos y tres co- lumnas, que no se encuentran en el otro. “El cap. 27 del códice castellano es de cuatro renglones escasos, reduciéndo- se á advertir que de él “no tradujo en lengua castellana el autor cosa alguna,” sustituyéndolo con una “relación.” A ella sigue el cap. 28 distribuido en tres columnas, llena solamente la del medio con el texto mexicano. El libro con- cluye en la foja 197, con el cap. 29 y firma del P. Sahagún, continuando con- forme con el códice castellano. Dos fojas blancas. “En la 200 comienza el lib. XI, que trata de la historia natural, conservando la forma expresada, y también con el solo texto mexicano. Concuerda por su asunto con el códice castellano; mas no en la ordinación de materias. Adviér- tese que en muchos lugares es más abun- dante el texto mexicano. Al fin del libro se ve también la firma del autor, y con ella termina el volumen.” El origen del códice se ve en el acta de la junta que celebró la Academia de la Historia el 30 de Julio de 1762. Di- ce así: “Habiéndome avisado el Sr. D. Felipe deSamaniego, que en poder de un libre- ro había un tomo en folio, manuscrito, en lengua mexicana, de letra, al parecer, de tiempo poco posterior á la conquis- ta de aquel Reino, y con algunas pintu- ras de Indios, armas y adornos militares, fui á verle, y pareciéndome ser digno de comprarle para la Academia, di cuenta de ello al Sr. Director, con cuya orden le ajusté y compré en precio de ciento y cincuenta reales. Hice presente el li- bro en la junta, y habiéndose recono- cido, se aprobó lo ejecutado.—Eugenio de Llaguno Amírola.” El Sr. Ramírez tuvo noticia de otro códice mexicano, muy parecido al de la Academia; mas no paró la atención en él, sea por no tenerle á la vista, ó por no haber adquirido certeza de que pertene- ciese á la obra de Sahagún. Realmente no la hay; pero como se trata ciertamente de un manuscrito antiguo mexicano, me ha parecido dar aquí en extracto lo que sa- bemos de él, porque alguna relación tie- ne con el manuscrito de la Academia, y porque acaso sirva á otros más Debemos estas noticias al P. Fr. Martín Sarmiento, benedictino, nombrado en 1750 Cronista de Indias, empleo que ocupó durante cinco años, sin que se se- pa que dejara hecho ningún trabajo.1 “ El día 1? de Agosto del año corrien- te de 1762 vino á mi celda el Sr. Anto- nio Sanz, impresor bien conocido en Madrid. Mostróme un cuaderno viejo en folio y en papel, cuyos caracteres eran castellanos, pero el idioma era extraño para mí. Contenía varias pinturas de animales, aves, &c. A la pregunta que el dicho Sanz me hizo para que le infor- mase de las calidades, contenido y autor de dicho maltratado cuaderno, tardé poco en responderle, que yo no entendía palabra, porque de seguro era mexicano el con- texto, así en los caracteres cuadrados co- mo en los cursivos. Y que, aunque yo tenía el Vocabulario Mexicano de Fr. Alon- so Molina, para buscar tal ó cual voz suelta, nada de esto alcanzaba para que yo diese razón del contexto. Respondí- le á bulto y al aire, que en el dicho cua- derno se contenían unos apuntamientos de algún mexicano curioso que pensaba escribir de la Historia Natural de la Nue- va España, y en idioma mexicano. “ Por acaso concurrió á la misma hora i Memorias de la Real Academia de la Historia, tom. I, pág. LX, LXI. •583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 287 en mi celda el Sr. D. Felipe Samaniego, y habiendo visto el cuaderno del dicho Sanz, dijo que se parecía mucho á otros cuadernos en lengua mexicana que for- maban un códice manuscrito que poseía la Academia Real de la Historia. Y no sin bastante fundamento sospechó si el cuaderno de Sanz sería algún cuaderno desfalcado del dicho códice manuscrito. Con esta ocasión me prometió el dicho Sr. Samaniego, que remitiría á mi celda el dicho códice, para que yo le examina- se, y le dijese mi dictamen.” Prosigue diciendo el P. Sarmiento, que al otro día recibió el códice de la Academia; que aunque no pudo leerle, por estar en mexicano, algunos textos marginales en castellano con que trope- zó, y dos firmas de un religioso, que ha- bía, una al medio y otra al fin del libro, le hicieron conocer que se trataba de una obra de Fr. Bernardino de Sahagún. Da luego noticias del autor y de sus escri- tos, tomadas de Torquemada. Entrelos últimos cuenta los Cantares, única cosa que imprimió: “y es cierto (añade) que en el cuaderno de Sanz se ven columnas de letra más grande, y con renglones rima- dos.” Poco más adelante se expresa así: “Digo en conclusión, que el presente códice (el de la Academia) es muy apre- ciable, útil y curioso para los que saben la lengua mexicana, y que también me- rece aprecio de los que no la saben. Y soy de dictamen que se solicite adquirir el cuaderno citado de Sanz, y que se agregue á este códice. Uno de los anti- guos poseedores de este códice le hizo ridículo con la encuadernación y con el rótulo por de fuera Obras de Sor María de la Antigua. Cogería unos cuadernos sueltos y los aforró con el pergamino de otro libro, disparatadamente rotulado para el códice.” Hace una breve descrip- ción de éste, diciendo que “no tiene fi- gura alguna: al contrario, el cuaderno de Sanz tiene muchas pinturas de esas co- sas de la historia natural.” Propone, por último, que se traduzcan al castellano el códice de la Academia y el cuaderno de Sanz, 6 á lo menos el libro XI que trata de la historia natural. Pronto tuvo la Academia aviso de la existencia del cuaderno de Sanz, por ha- bérsele dado al mismo D. Felipe Sarna- niego en lajunta de 6 de Agosto de 1762, y se acordó que por los medios que el dicho D. Felipe juzgara más conducen- tes, viera si se podía adquirir el cuader- no, ó en su defecto, permiso para copiarle. En lajunta siguiente, 13 de Agosto, pre- sentó Samaniego el informe del P. Sar- miento, que fué leído y mandado guar- dar con el códice. El acta dice en seguida: “Y teniendo presente que para que esta obra sea útil es necesario se busque per- sona inteligente en el idioma mexicano que la traduzca, con noticia que dieron los Sres. Diéguez y Marcos de haber en Madrid un sacerdote tlaxcalteca que se- gún noticias es capaz de ejecutarlo, se dio al Sr. Diéguez el encargo de que se lo proponga.” Ocho días después, 20 de Agosto, dijo en la junta D. Felipe Samaniego, que Sanz se había negado enteramente á vender el cuaderno; pero que ofreció permitir que se copiara, lue- go que lo devolviera un amigo suyo á quien le había prestado. Por otra parte, el Sr. Diéguez informó que el sacerdote tlaxcalteca había visto el códice de la Academia, y “hallaba alguna dificultad en entenderle, por su lenguaje antiguo y olvidado;” sin embargo de lo cual, lo reconocería más despacio, y el Sr. Dié- guez daría cuenta del resultado.1 Ignoro el paradero del cuaderno de Sanz, y si llegó á hacerse la traducción del otro có- dice. El sacerdote á quien se encomen- daba pudiera muy bien ser el que men- ciona Robertson con referencia á una carta de un caballero español. “Hállase ahora en Madrid (dice la carta) un sa- cerdote anciano, natural de Tlaxcala, lla- mado D. Juan Cerilo de Castilla Aquih- ual Catehutle (sic), descendiente de un cacique convertido al cristianismo poco i Apuntes comunicados por el Sr. Fernández Duro. 288 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [*58J después de la conquista Vino á Ma- drid más de treinta y cuatro años há, con el único fin de solicitar la admisión de los indios en los colegios y seminarios de Nueva España.”1 Esto se escribía por el año de 1788, y según la cuenta, el sa- cerdote tlaxcalteca había llegado á Ma- drid hacia 1754, de modo que allí se encontraba cuando se trató de la traduc- ción del códice. Los apellidos mexicanos han sido estropeados por Robertson: el de Castilla le usaba una familia noble de Tlaxcala. El Sr. Ramírez menciona, aunque muy de paso, otro códice de Sahagún, en estos términos: “El Sr. D. Manuel de Goi- coechea tuvo la buena suerte de descu- brir otro fragmento de Sahagún en la biblioteca de S. M. Por las inteligentes é interesantes notas que tomó de él, y me hizo favor de comunicarme, creo que es igualmente borrador, y que pertene- cía probablemente al segundo de 1569. Él adelanta algo al códice de la Acade- mia, y duplica á lo menos uno de sus li- bros.” z Deseoso de aclarar algo más este punto, pedí á España las notas á que el Sr. Ramírez se refiere, y recibí las si- guientes:3 “ Biblioteca particular de S. M. el Rey (Madrid, Palacio Real) 2. F. 2. MS. en fol. encuadernado en pasta jaspeada, ro- tulado Sahagun.|| Historia||de Nue- va || España. Y en otro tejuelo encar- nado, como lo es el de arriba, MS. Des- pués de la hoja de guarda y otras dos más en blanco, se lee en la siguiente, es- crito con gallarda letra española: “En este volu||men se contienen seis || libros del original de || los libros historiales || de las cosas desta Nueva España || tocan- tes á lo espiri || tual y temporal, que || son todos doce libros.” “Las palabras en un renglón (el quin- to), de las cosas desta Nueva España, es- tán escritas con letra del carácter gótico alemán. Sigue á la hoja de portada otra en blanco. En la siguiente, folio i? útil del MS.: “Historia uniuersal de las cosas de la nueua españa repartida || en doze libros en lengua mexicana y española, fecha por el || muy reuerendo padre, fray bernardi- no de Sahagun, frayle||de sant francisco de obseruancia. “libro primero en que se trata de los dioses: que adoravan los||naturales desta tierra, que es la nueua españa. “Capitulo primero, que habla del prin- cipal dios: que adorauan y a quien||sa- crificauan los mexicanos, llamado vitzil- ubuchtli. “Este dios, llamado vitzilubuchtli, fue otro hércules: el qual fue|| robustissimo de grandes fuerzas, y muy belicoso: gran destruydor || de pueblos, y matador de gentes. “En el fol. 19 está el “Capitulo veynte y dos, que habla, del dios || llamado tezcatzoncatl: que es uno de los dios || ses del vino. “Segundo libro que trata del calen- dario, fiestas y ceri || monias, sacrificios y solenydades: que estos naturales || desta nueua España, hacian: a honrra de sus dio || ses. “Libro quinto, que habla de los agüe- ros: que esta gente mexicana vsaua. “Capitulo primero del agüero que to- mauan cuando alguno oya de no||che aullar alguna bestia fiera, ó llorar como vieja: i de lo que dezian || los agüeros en este caso. “Capitulo treze, en que se trata de otras fantasmas que aparecían de noche.” Hasta aquí las notas, que no son sufi- cientes para ponernos en aptitud de cla- sificar el códice. No se dice si realmente se halla en castellano y mexicano, como la portada lo anuncia, ni á qué época co- rresponde el carácter de letra:la orto- grafía es del siglo XVI; pero pudiera haberse conservado en una copia poste- rior. Según la portada, debía contener el volumen los seis primeros libros de 1 History of America, apud Works (London, 1840, en 4?), pág. 1076, note CLXXXIV. 2 Pág. 102. 3 Me las comunicó, con su acostumbrada ama- bilidad, el Sr. Fernández Duro. 1583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XXL 289 la Historia, y la descripción se detiene en el quinto. No hay correspondencia entre ella y lo que dice el Sr. Ramírez: no duplica ninguno de los libros del có- dice de la Academia. Al parecer, las no- tas que acabo de copiar no son las mis- mas que tuvo el Sr. Ramírez, ni se refie- ren al mismo códice.1 El citado Sr. Ramírez no trató de otro importantísimo, sea porque no le co- noció, como creo, ó porque no entraba en su plan. Hablo del que se guarda en la Biblioteca Laurenziana de Florencia. Tiempo ha que era conocido, pues Ban- dini le describió en 1793;1 y por testimo- nio del diligente y erudito P. Fr. Mar- celino da Civezza3 consta que aun se conserva allí; pero no había llamado la atención de los literatos hasta estos úl- timos tiempos en que el Sr. D. Cayeta- no Rosell propuso á la Real Academia de la Historia, que valiéndose de ese có- dice Florentino, los que ya posee la Academia y de los más que pudieran des- cubrirse, se hiciera una edición completa de la grande obra de Sahagún. Mas por haber fallecido á poco el Sr. Rosell, no se ha llevado adelante el proyecto, cuya ejecución ofrece en verdad graves dificul- tades. Juzgo conveniente insertar aquí la descripción de Bandini, aunque larga, por ser casi desconocida entre nosotros. Fr. BERNARDINI DE SAHAGUN Histor. Mexic. Lib.XII. ParsI.Cod. CCXVIII. Fratris Bernardini de Sahagún, Ordi- nis S. Francisci strictioris Observantiae, Historia Mexicana Libris XII lingua hispánica et mexicana exaratis, tribus vo- luminibus comprehensa et innumeris fi- guris rudi penicillo in singuiis ferme paginis delineatis exornata, quae ad mo- res, vivendi rationem, religionem, artes, naturas fructus illarum regionum atti- nent. Prascedit Prologus qui inc.: El me- dico no puede acertadamente aplicar las me- decinas al enfermo. Des.: cierto parece que en estos nuestros tiempos y en estas tierras y con esta gente ha querido nuestro Señor Dios restituir á la Iglesia lo que el demonio le ha robado en Inglaterra, Alemania y Fran- cia, en Asia y Palestina. De lo cual queda- mos muy obligados de dar gracias á nuestro Señor y trabajar fielmente en esta su Nueva España. Ita autem auctor se prodit ini- tio Prologi: Yo, Fr. Bernardino de Saha- gún, fraile profeso de la Orden de nuestro Seráfico Padre S. Francisco, de la Observan- cia, natural de la villa de Sahagún en Cam- pos, por mandado del M. R. P.Fr. Francisco Toral, Provincial de la Provincia del Santo Evangelio, y después Obispo de Campeche, Yucatán, escrebi doce libros de las cosas di- vinas &c. et inferius annum in quo Opus hoc conscribebat indicat MDLXIX. Tum sequitur Monitum ad Lectorem et Elenchus Librorum et Capitum, ea quae in uno quoque volumine pertra- ctantur exhibentium. Initiumitase ha- bet: Libro primero en que se trata de los dioses que adoraban los naturales desta tie- rra, que es la Nueva España. Capitulo pri- mero, que habla del principal dios que adora- ban y á quien sacrificaban los Mexicanos, llamado Vitzilubuchtli. Este dios llamado Vitzilubuchtli fue otro Hércules, el cual fué robustísimo, de grandes fuerzas y muy beli- coso. Desinit in Appendice Libri IV et in tabulis duabus divinatoriis in quibus figurae qusedam animalium monstruosae repraesentantur. Tum pag.323 adjiciturejusdem Ope- ris Libro quinto que trata de los agüeros y pronósticos que estos naturales tomavan de algunas aves, animales y sabandijas para adivinar las cosas futuras. Post brevern 1 En la Reseña con que termina el tom. X de las Memorias de la Real Academia de la Historia (1884) se dice que en la Biblioteca particular de S. M. el Rey existen los siete primeros libros. 2 Bibliotheco Medíceos Palatino in Laurentianam translato CódicesI-GCXLIV. Bibliotbeca Leopoldina Laurentiana, seu Catalogue Manuscriptorum qui nu- perin Laurentianam translati sunt. Sub auspiciis Fer- dinandi III. Arcb. Austr. Magni Etr. Ducis, Angelus María Baudinius eiusdem Bibliotheco Reg. Profectus recensuit,illustravit,edidit. Tomus III et ultimus Florentio, Typis Regiis. Anno MDCCXC1II. No- ticias comunicadas por el Sr. D. Cesáreo Fernández Duro. No he logrado encontrar aquí el libro. 3 Saggio di Bibliografia Geográfica Storica Etno- gráfica Sanfrancescana. Prato, 1879, 8?, pág. 525. 290 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [>583 Prologum, Caput primum inscriptum: Del agüero que tomaban cuando oía de noche aullar á alguna bestia fiera, ó llorar como vieja, y de lo que dicían los agoreros en este caso. Inc.: En los tiempos pasados, antes que viniesen los Españoles á esta tierra &c. Ca- put XXXVII et ultimum cui titulus De cuando los muchachos mudan los dientes, des.: y que se quedaría desdentado. Tándem clau- ditur liber brevissimo Monito ad prae- dicantes, ut contra has fábulas verba fa- ciant. Codex chartaceus MS., Hispanus et Mexicanus, in fol., figuratus. Saec. XVI. Constat foliis scriptis 345. Ejusdem Operis Pars II. Cod. CCXIX. Libro Sexto, de la Retórica y Filosofía Moral y Teología de la Gente Mexicana, donde hay cosas muy curiosas tocantes á los primores de su Lengua, y cosas muy delica- das tocantes á las virtudes morales. Post Prologum et Summarium eorum quae pertractantur, occurrit haec brevis Epi- stola nuncupatoria: “ Integerrimo Patri Fratri Roderi- co de Sequera, Generali Commissario omnium Occidentalis Orbis Terrarum, uno dempto Perú, Frater Bernardinus de Sahagun utramque felicitatem optat. “Habes hic, admodum Observande Pater, opus regio conspectu dignum, quod quidem acérrimo ac diutino mar- te comparatum est, cujus Sextus Liber hic est. Sunt et alii sex post hunc, qui omnes duodenarium numerum com- plent,inquatuorvoluminacongesti. Hic sextus omnium major, cum corpore tum vi, grandi tripudio jubilat te sibi ac/hz- tribus suis tantum invenisse patrem, ut- pote nullatenus dubitans, tuis auspiciis ad summam felicitatem unacum/ra/n- bus pervenisse. Vale, et ubique prosper- óme agas vehementer affecto.”1 Libri VI. Caput primum inscriptum: Del lenguaje y afectos que usaban cuando ora- ban al principal dios llamado Tezcatlipuca, ó Titlacava ó Tautl en tiempo de pestilencia para que se la quitase: es oración de los sa- cerdotes en la cual le confiesan por todopode- roso , no visible ni palpable: usan de muy her- mosas metáforas y maneras de hablar. Inc.: ¡Oh valeroso Señor nuestro! debajo de cuyas alas nos amparamos y defendemos y hallamos abrigo. Libri IX caput XXI inscriptum: De la manera que tienen en hacer su obra estos oficiales. Des.: in tlachichioa amante- ca. Fin del Libro nono. Cod. chartac. MS. in fol., ut supra, binis columnis, ubique figuratus. Cons- tat foliis scriptis 372. Ejusdem Operis Pars III. Cod. ccxx. Libro décimo de los vicios y virtudes des- ta gente Indiana, y de los miembros de todo el cuerpo interiores y exteriores, y de las en- fermedades y medicinas contrarias, y de las naciones que á esta tierra han venido á po- blar. Post Prologum et Summarium Li- brorum et Capitum, Libri X cui titulus: De la general Historia, en que se trata de los vicios y virtudes, ansí espirituales como corporales, de toda manera de personas. Ca- put I. De las calidades y condiciones de las personas conjuntas por parentesco. Inc.: El padre es la primera raíz y cepa del paren- tesco. Libri XII. De la Conquista Mexi- cana. Caput XLI et ultimum: De la plática que hizo el Capitán D. Hernando Cortes á los Señores de México, Tezcuco y Tlacuba después de la victoria, procurando por el oro que se había perdido cuando salie- ron huyendo de México. Des.: y traían en tributo de oro y de piedras preciosas y de plu- majes ricos, y todo lo daban á Motecuqoma, todo el oro venía á su poder. Cod. chartac. MS. ut supra figuratus, in fol., binis columnis. Constat foliis scriptis 492. Hasta aquí la descripción de Bandini. En resumen, los códices antiguos de Sahagún, conocidos hoy, son los siguien- tes: 1° El que de los franciscanos de To- losa pasó á poder de D. Juan B. Mu- ñoz en 1783: luego á la Secretaría del 1 Bustamante omitió esta dedicatoria: Kings- borough la trae, con la variante de poner tribus las dos veces que el manuscrito dice fratribus. >583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 29 1 Despacho de Gracia y Justicia de In- dias, y al cabo á la biblioteca de la Real Academia de la Historia. En un tomo en folio contiene únicamente el texto castellano de los doce libros, con una sola figura. No corresponde á ninguno de los manuscritos mencionados por Sa- hagún, ni tiene su firma. Puede ser co- pia antigua de la parte castellana del MS. del P. Sequera. 29 El códice mexicano de la Acade- mia de la Historia, que comprende los libros VIII á XI, con algunos agrega- dos. Es original, pues tiene firmas del autor. Parece corresponder á dos ma- nuscritos distintos, y contener una parte de copia. El primer fragmento original que abraza los libros VIII y IX (folios 1 á 50 del códice), pertenece al manuscrito de Tlatelolco. Debe estar escrito en lí- neas enteras, y solamente en mexicano, con excepción de los epígrafes, y de algu- nas adiciones que el autor puso de su pu- ño en castellano. Para creer que es el de Tlatelolco, hay los siguientes indicios: i9 En el capítulo primero del lib. VIII sólo habla de los Señores mexicanos “hasta que los españoles venieron,” es decir, hasta 1519, y no hasta 1560, como el impreso: nótese que en este último es- tá dividido el capítulo en dos secciones, y que la segunda se intitula “Continua- ción de la historia de los reyes mexica- nos” (Ed. mex., II, 271). La primera sección se escribiría en Tlatelolco, y la segunda (que parece faltaren el manus- crito, según el epígrafe del capítulo) será una de tantas cosas que los mexicanos añadieron cuando se iba sacando la copia de 1569. 29 Faltan en el manuscrito los capítulos 3 á 5 del lib. VIII, que en el im- preso tratan principalmente de los Se- ñores acolhuas: la omisión se explica, porque como los de Tlatelolco no habían de saber en esta parte más que los acol- huas de Tepepulco, y el manuscrito se hizo “con mucha prisa,” no se deten- drían á copiar aquellos capítulos en que nada tenían que añadir. Las notas en cas- tellano que agregó el autor, de su puño, en este MS., dice el Sr. Ramírez (pági- na 91) que se escribieron, ciertamente, después de la copia limpia enviada á la corte. Examinándolas se podría fijar la fecha en que nuestro misionero conser- vaba todavía el MS. de Tlatelolco. El segundo fragmento, que contiene los libros X y XI es indudablemente una parte del manuscrito de México hecho en 1569. Esta copia fué la única que se sacó á tres columnas por plana, y así es- tá en el manuscrito de la Academia, des- de el fol. 103 hasta el fin del libro. No obsta que aparezca ahora como borra- dor, porque á consecuencia de las mu- chas modificaciones que hizo Sahagún en sus textos, lo que hoy era copia lim- pia se convertía mañana en borrador del manuscrito siguiente, y esto le pasó á la copia de 1569. Entre la foja 50 donde termina el original de Tlatelolco, y la 103 donde comienza el de México, hay tres fragmentos, que parecen traslados. El primero ocupa 3 5 fojas, concuerda con el lib. VIII y tiene muchas pinturas. No está bien descrito, así es que no se sabe si corresponde al códice deTepepulco, ó si será más bien un traslado del ma- nuscrito de 1575—77, ó algún borrador del mismo: un cotejo con el códice de Florencia aclararía este punto. El Sr. Ra- mírez dice que este fragmento pudo per- tenecer á la copia de 1569; mas como no expresa que esté distribuido en tres columnas, le falta la circunstancia carac- terística de aquella copia. El segundo traslado está en 7 fojas, y no se le halla correspondencia clara: el tercero, en 8 fojas con 7 blancas después, parece una copia limpia, no concluida, del manus- crito de 1569: estos dos últimos trasla- dos tratan asuntos correspondientes al lib. X. La Academia adquirió este códice en 1762, y por el mismo tiempo estaba en poder del impresor Sanz otro frag- mento mexicano. Los únicos datos con que se contaría para atribuirle á Saha- gún son los contenidos en la diminuta descripción del P. Sarmiento. Este no BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XXL [1583 podía decir más, por no haber tenido el manuscrito sino muy corto tiempo, é ig- norar la lengua en que estaba escrito. Juzgó primero que eran “unos apunta- mientos de un mexicano curioso que pensaba escribir de la historia natural de la Nueva España, y en mexicano.” Es- taba adornado con pinturas de aves y otros animales, y entre lo escrito había columnas “de letra más grande y con renglones rimados.” La idea de que el códice fuera de Sa- hagún ocurrió al sabio benedictino cuan- do hubo visto el mexicano de la Acade- mia; pero hay que proceder con cautela, y no admitir de ligero su opinión. Saha- gún no fué el único escritor de historia natural en el siglo XVI. El Dr. Fran- cisco Hernández hizo traducir al mexi- cano y adornar también con figuras, par- te á lo menos de su grande obra. Bien pudo llevar algo de esto cuando regresó á España, y pertenecer á su trabajo el cuaderno de Sanz. En el supuesto de ser de Sahagún, no podría corresponder más que al lib. XI y sería uno de tantos traslados que se sacaron en el siglo XVI. Que aquellas columnas de letra grande y rimados ten- gan relación con los Cantares ó Psalmo- dia, no es admisible, porque en este libro no hay una sola rima. Pudiera ser que la enumeración de las partes de las aves que llena el § 10, cap. 2 del citado libro estu- viera dispuesta en columnas. Ejemplo de disposición semejante, aunque de otro lugar, hay en el códice de la Academia.1 Esta trató de adquirir ó copiar el cua- derno y no consiguió ni uno ni otro. Hoy se ignora su paradero. 39 El fragmento que existe en la bi- blioteca particular del Rey. No conta- mos con una descripción suficiente de él, y no hay códice primitivo á que corres- ponda claramente. Aun es dudoso si las notas que dejamos copiadas arriba se refieren al mismo manuscrito que las del Sr. Ramírez. 49 El gran códice de Florencia com- pleto en ambas lenguas y con muchas figuras. Por estas circunstancias es el más importante de los que hasta hoy cono- cemos. Las señas convienen á la copia historiada de Fr. Rodrigo de Sequera. No obsta que aquella estuviese en cuatro volúmenes, y el códice tenga tres. Cons- ta que los cinco libros primeros forma- ban el primer volumen lo mismo que en el códice.1 El libro sexto, más extenso que cualquiera de los otros y con su de- dicatoria especial, haría por sí solo otro volumen; lo cual sería más creible, si como indica Kingsborough, este lib. VI ha llegado á nosotros muy mermado. Los seis libros restantes estarían repar- tidos entre los tomos III y IV. Fácil fué que después se redujeran á tres de casi igual grueso los cuatro que original- mente tuvo la copia. 59 La copia antigua de la segunda re- dacción del lib. XII que perteneció al Conde de la Cortina y franqueó á Bus- tamante para su edición. No se sabe qué se hizo. 69 Contaremos por sexto códice el pequeño, pero interesante fragmento de nuestra Biblioteca Nacional, del cual habrá más adelante mejor ocasión de ha- blar. Las copias modernas de la grande obra de Sahagún se nos presentan con no me- nos confusión que las antiguas. Fuster, en el catálogo de la Colección de Mu- ñoz, menciona: ‘‘Otro tomo en folio con cubiertas negras forradas de papel, cuyo rótulo es Sahagún, y tiene por título ó frontis “Historia Universal de las cosas “de Nueva España,en doce librosy cua- “tro volúmenes, en lengua española, “compuesta y copilada por el M. R. P. “Fr. Bernardino de Sahagún de la Or- “den de los frailes menores de la Obser- vancia....” Un legajo en folio que es copia de la obra anterior, y sólo llega hasta el capítulo 13 del libro III, y aun así está falta del principio, dedicatoria, i Boletín citado, pág. 93. i Ed. mex., tom. I, pág. X. 1583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA ÓEL SIGLO XVI. 2 93 prólogo, advertencia y sumario de los cinco primeros libros. Trabajaba en esta copia el Sr. Muñoz cuando le cogió la muerte.”1 La primera de estas partidas es el Códice Tolosano: la segunda, la copia que de él iba sacando Muñoz. El Sr. Ramírez menciona también, como existente en la biblioteca de la Real Academia de la Historia, un frag- mento de copia moderna, que deberá ser el mismo de que habla Fuster, aunque según éste llegaba al capítulo 13 del li- bro III, y según el Sr. Ramírez alcanza al capítulo 12 del IV. Añade que adole- ce de graves defectos de encuadernación, porque se antepusieron y pospusieron algunos cuadernos, con lo cual quedó poco menos que ilegible. El coronel D. Diego Panes, colector entendido y escritor de cosas de Méxi- co, obtuvo que Muñoz, con quien lle- vaba amistad y correspondencia, le fran- quease el MS. deTolosa. Y aquí aparece otra dificultad, porque Panes asegura1 que el códice estaba “en dos volúmenes gruesos, de letra muy metida, antigua,” y el de Tolosa, desde que salió del con- vento estaba en uno solo, como consta del acta de entrega á Muñoz. De otra copia antigua en poder de éste, no hay rastro alguno, y menos de que esa en dos volúmenes la sacara también del conven- to de Tolosa: circunstancia que concu- rría en la que prestó á Panes, como éste lo dice expresamente. Carezco de me- dios para resolver la dificultad, y me ocurre únicamente una débil conjetura. Como hay en el códice dos dedicatorias al P. Sequera, una en castellano al frente del lib. I, y otra en latín, que encabeza el VI, juzgaría Panes que la división original era en dos volúmenes, y que si llegaban á su poder juntos en un cuerpo, era puramente por obra accidental del encuadernador. Lo cierto es que sacó su copia en 1793, y para mayor comodidad en el uso la dividió en tres tomos, con la rara circunstancia de haberle dado exac- tamente la misma distribución que tiene el códice de Florencia. Trajo Panes á México su copia, con ánimo de impri- mirla, y aun cuando no lo verificó, vino á servir de original para la edición de Bustamante. La copia sacada de 1802 á 1804 para los franciscanos de Tolosa pasó por ma- nos del conocido colector D. Antonio Uguina, y si la remitió luego á su desti- no, perecería con el convento, que según dice el P. Mier, fué incendiado durante la guerra contra los franceses.1 Lord Kingsborough dice que obtuvo otra, “de letra de Muñoz,” hecha “hacía unos cuarenta años,” lo que nos hace re- troceder á la última década del siglo pa- sado.2 Que fuera de letra de Muñoz esa copia, es más que dudoso, porque si no concluyó la que existe en su Colección, mal pudiera haber hecho otra completa. Sacchi, que escribió la biografía del pin- tor italiano Aglio, empleado por Kings- borough para recoger los materiales de las Antiquities of México, habla del des- cubrimiento de la obra de Sahagún por Muñoz, y agrega: “Con su acostumbra- do brío copió (Muñoz) de su puño toda la obra, y enriqueció con ella su inesti- mable Colección, de la cual, desgracia- damente, no estaba destinado él mismo á sacar todo el fruto. Luego, por encar- go de su Mecenas, obtuvo Aglio á fines de 1828 un traslado de esa copia, que se publicó en 1830.”3 Aunque aquí se habla de una copia completa, de letra de Mu- ñoz, que creemos no ha existido nunca, resulta de todos modos que la de Kings- x Cartas á Muñoz, apud Hernández y Cáva- los, Colección de Documentos para la Historia de la Guerra de Independencia de México (1879), tom. III, pág. 172, nota. 2 “... .which was transcribed about forty years ago by the hand of the spanish librarían Muñoz it.... consists of two folio volumes.” Antiquities of México, vol. VI, págs. 265, 266. 3 Cenni sulla vita e le opere di Agostino Aglio (Cremona, 1868, 4?) pág. 48. Las primeras pala- bras de Sacchi están tomadas de Prescott, Conquest of México, vol. I, pág. 88. 1 Biblioteca Valenciana, tom. II, pág. 219. 2 Auténtica al frente del lib. XII (1* ed.), pági- na VIII, 294 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI [1583 borough no tenía tal circunstancia. Se sacaría directamente del MS. deTolosa, que por estar en la Colección de Muñoz se creería ser de su puño, como otros pa- peles de ella. Me inclino á admitir, des- pués de todo, que la copia obtenida por Aglio para Kingsborough sería la que por ese mismo tiempo vendió á un li- brero de Londres en ¿£135 el distinguido marino español D. Felipe Bausá, uno de los emigrados que residían entonces en aquella corte.1 Esa copia se había sacado cuando el MS. estaba ya en la Acade- mia de la Historia, es decir, después de 18 16,2 y no pudo ser la dada á Uguina en 1802 y 1804. Aunque ya había salido del convento de Tolosa, se hallaba en la biblioteca de la Academia, y existían copias de ella, el mundo literario no conocía la Historia de Sahagún. Los primeros que llamaron la atención hacia ella fueron los redacto- res del periódico mensual que se publi- caba en Londres con el título de “Ocios de Españoles Emigrados.” En las pági- nas 369 á 380 del primer tomo dieron un extracto bastante extenso de la obra, para lo cual parece que tuvieron á la vis- ta la copia de Bausá, uno de ellos, quien tal vez fué autor del artículo. Pocos años después se publicaba casi simultá- neamente en México y en Londres. Des- graciado anduvo hasta el fin nuestro ilus- tre misionero: cayó por una parte en manos de editores extranjeros, y por otra en las de D. Carlos María de Bustaman- te, que fué peor. El Lord inglés incluyó la Historia de Sahagún en su gran colección Antiquities of México;1 pero tuvo la singular ocurren- cia de dividirla en dos trozos. Los 40 primeros capítulos del libro VI están en el tomo V, y todo lo demás en el VI. No puso nota alguna. Panes vino á México con su copia el año de 1795, Y * Pesar de haber vivido todavía diez y seis más, pues falleció el 4 de Octubre de 1811, á nadie la comu- nicó, y todos ignoraban que existiera aquí tan importante obra. La causa de este secreto puede haber sido el deseo de publicarla, y darla á conocer ya im- presa. Ardía entonces la guerra de insu- rrección, y nadie podía pensar en papeles históricos; pero consumada la indepen- dencia en 1821, la familia de Panes resol- vió ofrecer al primer Congreso Mexicano los papeles del finado coronel, como lo verificó por medio de D. José Ignacio Esteva, diputado por Veracruz; pero co- mo esto ocurrió á principios de Agosto de 1822, y poco después fué disuelta aquella asamblea, la comisión nombrada para examinar los papeles nada resolvió. Con los trastornos de la época se extra- viaron varios manuscritos, y aquel valio- so obsequio quedó sepultado en los ar- chivos de la Cámara, sin que nadie le hi- ciese caso. Esto retrajo al Sr. Esteva de entregar otro “gran cajón” de libros que los herederos de Panes le habían enviado con igual objeto, y no se sabe qué se hizo. El Dr. D. Félix Osores, en sus adi- ciones manuscritas á la Biblioteca de Be- ristain, nos da una lista de los papeles de Panes entregados al Congreso, ó á lo menos de los que existían cuando en 1825 y 26 él tomó empeño en que se recogiesen y ordenasen: no está entre ellos el Sahagún. Quedaría en el “gran cajón” que no entregó Esteva, ó en po- derde lafamilia. Bustamanterefiere (Ed. mex., I, VII) quecuando “se vendieron” loslibrosde Panes, D. Miguel José Belli- do compró el manuscrito en cien pesos. Esa venta se haría por los herederos, y 1 BusTAMANTE,en Sahagun, tom.III, pág. 325. —Puede verse una noticia biográfica de Bausá en ía pág. 109 del tom. II de la Colección de Opúsculos del Excmo. Sr. D. Martín Fernández de Navarrete, Madrid, 1848, 2 ts. 8? 2 Ocios de Españoles emigrados, pág. 369. Que la copia analizada en ese periódico fué la misma que sirvió á Kingsborough se comprueba cotejando los pasajes citados allí con los correspondientes en la edición de Londres. Basta recordar una sola cir- cunstancia: repetidas veces se da en ambas partes al P. Sequera el apellido Segura, adulterado eviden- temente por el copista. i London, 1830-48, 9 vol. fol. máx. •583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XFI. 295 no pudo comprender sino los libros del “gran cajón” retenido, ó los que aun conservase la familia. En manos del nue- vo poseedor quedó el Sahagún tan igno- rado como antes, al grado que cuando el periódico “Ocios de Españoles Emigra- dos” llegó á México, el artículo relativo á la obra causó verdadera novedad. Fué reproducido por el periódico “El Sol” en los números correspondientes á los días 16 y 17 de Mayo de 1825, sin de- cir de dónde se tomaba; y el infatigable D. Carlos María de Bustamante comen- zó desde entonces á llamar la atención hacia la obra del misionero franciscano, ya copiando pasajes enteros de la Histo- ria en las ediciones que publicaba, to- mándolos del periódico citado,1 ya pro- moviendo en el Congreso la adquisición del manuscrito de Londres: todo lo cual prueba que ignoraba la existencia de otro en México, y que no llegó á saberla sino hasta los primeros meses del año de 1829. En el n? 10 del tomo I de la “Voz de la Patria,” periódico que publicaba el mismo Bustamante, hay un dictamen de la comisión segunda de Hacienda del Congreso, fechado el 4 de Marzo de 1829, cuya proposición queseexcite por medio del Gobierno al Encargado de Negocios de la República en Londres á fin de que compre el manuscrito de Sahagún, y lo haga imprimir en aquella capital, remitiendo acá la edición. Como el documento se hizo público, y en él se encarecía la conveniencia de la impre- sión, el Sr. Bellido, poseedor de la co- pia de Panes, se resolvería á ofrecerla al mismo Bustamante, comisionado por el Congreso para imprimir aquí varias obras históricas que en el dictamen se citan, y se la cedió por los mismos cien pesos que le había costado, deduciendo veinte con que contribuyó para los gas- tos de la impresión. Lo cierto es que el futuro editor adquirió su ejemplar por aquellos días, porque poco tiempo des- pués de publicado el dictamen promo- vía formalmente en el Congreso la edi- ción, y franqueaba el manuscrito para que se hiciera. La Cámara de Diputa- dos aceptó la propuesta, y acordó en 31 de Mayo de 1829 que se imprimiera la obra por cuenta del erario; pero habien- do pasado en ese mismo día el acuerdo al Senado, se entorpeció allí el despacho del negocio, y nada se hizo por enton- ces. (Ed. mex., I, XII.) Con motivo de la segunda ley de ex- pulsión de españoles, dada el 20 de Mar- zo de ese año, había entre las dos Cá- maras cierto antagonismo que influiría en la frialdad con que el proyecto fué recibido en el Senado. El gobierno, por su parte, adoptó varias medidas de ri- gor contra los españoles, que disgusta- ron aun á sus mismos partidarios, y Bus- tamante, hombre honrado y agradecido á pesar de sus opiniones facticias, tomó, como otros, la defensa de los persegui- dos, ya en la Cámara, ya por medio de la prensa. Las pasiones estaban suma- mente exaltadas, y Bustamante llegó á creer que su actitud en aquella contien- da ponía en gran peligro su vida. Do- minado por esa idea, adoptó el partido de colocar en la biblioteca de la Cate- dral el manuscrito que acababa de adqui- rir, y no contento con eso hizo donación de él a la misma biblioteca, para el caso de que él llegase á perecer, “como era proba- ble,” con la condición precisa de que se había de verificar la impresión. Este do- cumento tiene la fecha de 14 de Abril de 1829 y está al principio del tomo I del manuscrito. Calmados los ánimos recogió á poco tiempo Bustamante su ejemplar, y pro- bablemente desde entonces desglosó el libro XII y no volvió á incorporarlo, pues todavía falta en el tomo III. La expedición española, que ya se anuncia- ba y que al fin apareció en Julio del mis- mo año, debió ser el motivo que tuvo Bustamante para publicar, 'primero y por i La edición mexicana de la Crónica de Goma- ra (1826) trae uno de estos pasajes (1, 141): hay otro en la obra intitulada: Tezcoco en los últimos tiempos &c., que se publicó á fines de ese año (pá- gina 225). 296 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1583 separado, ese libro último, que trata de la Conquista. Presentando á los lecto- res aquel lastimoso cuadro, quería que su recuerdo avivase el patriotismo de los mexicanos para rechazar la nueva in- vasión. Así lo da á entender en la Ad- vertencia. A fines de Mayo iba muy avanzada la impresión, y el 15 de Junio estaban ya de venta los ejemplares.1 Parece que la impresión del lib. XII produjo el resultado de dará conocer la obra y facilitar su publicación, porque al mismo tiempo que Bustamante anun- ciaba estar de venta aquel libro suelto, daba la “plausible noticia” de haberse comenzado á imprimir los once restan- tes. Hay allí un dato importante, que no debe desperdiciarse. La edición oficial de Sahagún no se pudo verificar, porque las Cámaras vieron casi con indiferencia las gestiones de Bustamante, y cuando el gobierno civil procedía así, las corpo- raciones eclesiásticas, tan calumniadas en estos últimos tiempos, y tan acusa- das de enemigas de la ilustración, ten- dían generosamente la mano al editor, facilitándole los primeros fondos. “Na- da se habría hecho (dice) si el M. I. y V. Cabildo de México no hubiera auxilia- do la empresa con quinientos pesos, y trescientos la Provincia de Padres Do- minicos de esta capital, con lo que ha habido para comenzar.... Nos aprove- chamos de esta ocasión para dar gracias á dichas corporaciones por su generosi- dad, lo mismo que á la Provincia de Pa- dres Carmelitas de S. Alberto, á cuyo nombre nos ha remitido su provincial Fr. Bernardo de San José (americano) veinticinco pesos.” El 15 de Mayo de 1830 anunciaba Bustamante que “después de once me- ses de fatigas indecibles y muy crecidos gastos”4estaba concluida la impresión de los once libros, para lo cual se había comprado “particularmente un carácter de letra inglesa” y estaría de venta á prin- cipios de Junio, por precio de nueve pe- sos. Allí mismo da las gracias “á los señores que oportunamente han contri- buido con dinero y papel para la impre- sión de esta obra, incluyéndose el Supe- rior Gobierno y á su nombreel Secretario D. Lorenzo Zavala: sin sus auxilios ha- bría quedado inédita, y esta sería una desgracia para los mexicanos.” Es pre- ciso hacer justicia á Bustamante por su empeño y actividad como editor. Sin fortuna, sin crédito, solicitando aquí y allí el favor de corporaciones y particu- lares, recogiendo por todas partes do- nativos, ya en dinero, ya en papel, y eso viviendo en época agitadísima, logró dar cima á la empresa en once meses. Kings- borough, que adquirió antes el original, retardó más su edición, á pesar de la enorme diferencia entre ambos editores, por lo tocante á los medios de que dis- ponían. Lástima que el mexicano, si- guiendo su deplorable costumbre, nos diera una edición más incorrecta todavía que la inglesa, con lo cual esterilizó una buena parte de sus afanes. Terminada la impresión, confirmó Bustamante la donación eventual hecha en 1829, y depositó el original en la bi- blioteca de la Catedral, “para que cual- quierpersona quedudede la originalidad de este manuscrito, pueda aquietarse,” dice en una nota que le puso con fecha 8 de Junio de 1830, en la que recuerda también el donativo de los quinientos pesos que hizo el Cabildo, “á cuya lar- gueza deberá principalmente atribuirse su impresión.” Parece que el manuscri- to cedido comprendía solamente los on- ce primeros libros, y que el XII, des- glosado para la edición separada, no vol- vió á su lugar. En 1867 le poseía el Sr. D. J osé F. Ramírez, de cuyos here- deros le adquirió el Sr. D. Alfredo Cha- vero, y le conserva. Los otros libros, encuadernados en tres volúmenes folio, permanecieron en la biblioteca de la Ca- tedral hasta que fué confiscada por el gobierno, y hoy existen en la Biblioteca Nacional, en el departamento de MSS. 1 Pág. 68 de la edición. Voz de la Patria, to- mo I, n? 21. 2 Voz de la Patria, tom. II, n? 31. >583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XFI. 297 Hé aquí ahora la descripción de las ediciones de Bustamante: “Historia|| de la|| Conquista de Mé- xico || escrita [| por el R. P. Fr. Bernardi- 110 Sahagun || del ||Orden de S. Francisco, y uno de los primeros enviados || á la Nueva España para propagar el Evan- gelio. || Publícala por separado de sus demás obras || Cárlos María de Busta- mante, || Diputado de Tá Cámara de Re- presentantes del Congreso General de || la Federación por el estado libre de Oa- xaca, quien la dedica á || los beneméritos generales Nicolás Bravo y Miguel Ba- rragan, compañeros en la confinación que hoy sufren. || [Un texto de Jeremías, cap. V, v. 15-17.] || MéxiV co.|| Imprenta de Galvan, á cargo de Ma- riano Afévalo, calle de || Cadena núm. 2.|| En 49 español.v/Pp. VIII, 1—59 texto, 61-69 notas del editor. “Historia General || de|| las cosas de Nueva España,|| que en doce librosy dos volúmenes || escribió || el R. P. Fr. Ber- nardino de Sahagun,|| de la observancia de San Francisco,|| y uno de los prime- ros predicadores del Santo Evangelio en aquellas regiones.|| Dala á luz con no- tas y suplementos || Cárlos María de Bus- tamante, || Diputado por el Estado de Oaxaca||en el Congreso General de la Federación Mexicana: || y la dedica |¡ á nuestro Santísimo Padre || Pió VIII.|| Tomo Primero. || MéxicovH Imprenta del Ciudadano Alejandro Valdés, calle de Santo Domingo || y esquina de Tacu- ba.|| 1 3 tomos en 4? español. Tomo 1: 3 ff. sin numerar con la por- tada y la dedicatoria. Págs. I-XX, con- tienen: “El Editoral que leyere,” 2 págs. Prólogo, III —VII. El autor puso este Prólogo al frente del lib. II; pero Bus- tamante le colocó aquí, y con razón, por- que comprende toda la obra. Idea del P. Fr. Bernardino de Sahagún, VII-X: Carta dedicatoria del Autor, X-XII: Introducción al primer libro de la His- toria, XIII-XIX: Advertencia al Lec- tor, XIX-XX. Libros I —III, páginas 1-277. Suplemento al lib. III, pági- ñas I -XXXI (es la Disertación del P. Mier sobre la venida del Apóstol Sto. Tomás á América). Libro IV, pá- ginas 279—349. Nota del Editor, pági- na 3 50. 4 ff. de índice, sin numerar. En- tre las págs. 344 y 345 una lámina del Calendario, plegada. Tomo II: mismo año é imprenta. Portada, prólogo del autor, advertencia del editor, 3 ff. sin numerar. Libros V-IX, págs. 1—397. Suplemento (del editor) al lib. VIII (Historia del Em- perador MoctheuzomaXocoyotzin), pá- ginas I-XLVI. 1 foja con una nota del editor, y 4 ff. de índice, sin numeración. Tomo III: misma imprenta, año de 1830. Portada y prólogo, 2 ff. sin nu- merar. Libros X y XI, págs. 1-336. Su- plemento á los libros X y XI, Sinonimia de plantas, págs. 337-339. 2 ff. de ín- dice, sin numerar. Bustamante dió por concluida su edi- ción con los once libros, y dejó al lector el cuidado de procurarse el XII, impre- so antes; por eso hay muchos ejempla- res de la obra que corren sin él. Añadió notas inútiles, cuando no impertinen- tes: “ninguna sirve para ilustrar el tex- to,” como dice el Sr. Ramírez. No po- día prescindir de agregar Suplementos á cuanto publicaba, y además de los que incorporó en la obra, dió por separado otro que es preciso juntar con la edi- ción para tenerla completa. Es la déci- matercia Relación de Ixtlilxochitl, inti- tulada : “De la venida de los españoles, y principio de la Ley Evangélica; ” pero no satisfecho el editor con ese sencillo título, le cambió por el altisonante y te- rrífico de “Horribles crueldades||de los Con- quistadores de México,|| y de los Indios que los auxiliaron || para subyugarlo á la Corona de Castilla.|| O sea Memoria es- crita || por D. Fernando de Alva Ixtlil- xuchiti. || Publícala por Suplemento || á la Historia del Padre Sahagun, || Cárlos María de Bustamante.|| Y la dedica || al Supremo Gobierno General || de la Fede- ración Mexicana.|| México.|| Imprenta 298 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XNI. [■583 del ciudadano Alejandro Valdés.|| Año de 1829.”|| En 4° español, XII y 118 págs. Por la fecha se advierte que esta pieza se imprimía al mismo tiempo que la obra de Sahagún. El prólogo es como del editor, y el texto, cotejado con el que sirvió de original, existente en el Archi- vo General, ofrece numerosas variantes. Ternaux-Compans formó con la tra- ducción francesa de este Suplemento el tomo VIII de sus Voy ages, Relations et Memoires Originaux pour servir a V His- toire de la D'ecouverte de VAm'erique. Con- servó el título de la edición mexicana, y añadió varios apéndices. Cuando por primera vez publicó Bus- tamante el lib. XII creyó y dijo que era el reformado. Años después vino éste á sus manos, de la manera arriba referida, y en vez de su verdadero título, que ya queda expresado, le fraguó otro sin rela- ción con el contenido, de esta manera: “La || Aparición || de || N.tra Señora de Guadalupe || de México, || Comprobada con la refutación del argumento negativo que presenta|| D. Juan Bautista Muñoz, fundándose en el testimonio del P. Fr. Ber-1| nardino Sahagún ;|| ó sea|| Historia Original||de este escritor,||que altera la publicadaen i829||enel equivocado con- cepto || de ser la única y original de dicho autor.|| Publícala || precediendo una Di- sertación sobre la || Aparición Guadalu- pana, y con notas sobre la Conquista de México,|| Cárlos Ma.de Bustamante,|| Individuo del Supremo Poder Conser- vador. || México. Impreso por Ignacio Cumplido. 1840.ll Calle de los Rebeldes N? 2.” || En 4” Una litografía de Ntra. Sra. de Guadalupe. Págs. XXII. 1 foja sin numerar. Págs. 1—247. 2 ff. índice. Además de lo que el editor quiso lla- mar “Disertación Guadalupana,” y de las notas al pié de las páginas, agregó á cada capítulo una especie de comenta- rio, de modo que las añadiduras abultan más que el texto. Como el manuscrito de los once li- bros de la Historia se conserva en lugar público, pueden descubrirse fácilmente las alteraciones que hizo en ellos Busta- mante. Sería largo é inoportuno enume- rarlas aquí; pero no podemos dejar de se- ñalar las principales, omitiendo las de menor importancia, como cambiar la co- locación de algunas partes, dividir capí- tulos, omitir sumarios &c. Los textos de la Escritura que forman el Apéndice del lib. I están originalmente en latín, y comprenden los caps. 13 á 16 del Libro de la Sabiduría. Bustamante los sustituyó con la traducción castellana de Amat, reduciéndolos á los caps. 13 y 14. Esto habría sido lo de menos; pe- ro contrariado sin duda por la confusión que resulta al comparar los textos con la exposición en romance que les sigue, prefirió suprimirla del todo. Tampoco Kingsborough la trae (ni los textos), y como es interesante é inédita, la repro- duzco al fin de este artículo. La divi- sión por letras, de A á G, repetida cua- tro veces y comenzada por quinta (de A á C) no corresponde á la que se marca también en el texto latino, ni es posible relacionarlas, á lo menos con lo que nos queda del citado Apéndice, porque falta el texto mexicano, donde tal vez pudiera encontrarse la concordancia. Hacia el fin del lib. II está la “Rela- ción de los Cantares que se decían á hon- ra de los dioses, en los templos y fuera de ellos,” que se ve en el índice de la edi- ción de Kingsborough; pero allí se enu- meran diez y ocho, y en el manuscrito de Panes veinte. Los títulos omitidos por Kingsborough son estos: “El Can- tar que se decía en la fiesta de Vitznaoac iautl. El Cantar que se decía en la fies- ta de Chimalpanecatl y de Tlatecaoananotl (sic)A El texto mismo de los Cantares no se encuentra en ninguna de las tres ediciones que hasta hoy se han hecho de la obra de Sahagún, ni en el manuscrito de Panes. Bustamante omiti ó por inútil el cap. 39 del lib. IV, y tachó varios períodos del 40. En el lib. VI suprimió la dedicato- ria latina al P. Sequera. En los caps. 25 y 27 de ese mismo libro omitió dos pa- >583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 299 sajes bastante largos, por razones de de- cencia. No sé si en obras de esta clase, que han de andar en pocas manos, pue- den defenderse, ajuicio de todos, tales supresiones; pero lo extraño es que cuan- do el editor trata de justificarlas en sus notas, emplea un lenguaje no menos dig- no ciertamente de censura. El lib. VIII tiene 21 capítulos en el manuscrito, y Bustamante le distribuyó en 38. Final- mente, en el cap. 3 del lib. IX hizo, al parecer por puro descuido, una supre- sión grave, que puede remediarse con ayuda del texto de Kingsborough. En estos últimos años ha sido tradu- cida al francés la Historia de Sahagún. Forma un grueso volumen con este tí- tulo: “Histoire Générale||des Choses||de la||Nouvelle-Espagne||par||le R. P. Fray Bernardino de Sahagun ||Traduite et an- notée || par || D. Jourdanet [| Auteur de divers Ouvrages sur la Climatologie du Mexique||et traducteur||de la Chroni- que de Bernal Diaz del Castillo [| et par|| Rémi Siméon || Editeur, avec Commen- taires, de la Grammaire Náhuatl, || du R. P. Fray Andrés de Olmos || París || G. Masson, Editeur || Librairie de l’Acadé- mie de Médecine || 120, Boulevard Saint- Germain, 120.H188o.”|| En 8°jesús. Por- tadas, 2 ff. A vertissement, pág. I. Intro- duction, Pre Partie (signée D. Jourdanet) páginas III-LIX. Entre las páginas XXVIII y XXIX una Carta Hidrográ- fica del Valle de México. Introduction, 2e partie (signée R. Simeón), págs. LXI— LXXIX. En la pág. IV facsímile de la firma de Fr.Toribio Motolinia: en la XVII dos de Bernal Diaz del Castillo: págs. LXX, LXXI y LXXII, figuras del Ciclo, el Año y el Mes mexicanos: pág. LXXX facsímile de la firma de Sa- hagún. Texto, págs. 1-839. En la 494 una reducción de la figura del Calenda- rio que dió Bustamante. Tabla, pági- nas 841-852. Notas (del traductor), págs. 853-879. Tabla alfabética de las palabras nahoas usadas en la Historia, págs. 881-893, á tres columnas. Tabla General de los traductores, págs. 895— 898. 1 hoja con el pié de imprenta. La traducción comprende el texto pri- mitivo del lib. XII, y no el reformado. Se hace muy extraño que habiendo ad- vertido y confesado el traductor (página IX) que la edición de Bustamante era más incorrecta que la de Kingsborough, hubiera sacado casi siempre de aquella su traducción, de manera que ésta ado- lece de la mayor parte de los defectos de su original. Para nosotros, que po- demos disponer de los textos españoles, no es ese un grave defecto que nos prive del provecho de la traducción francesa, pues lo que la hace verdaderamente re- comendable son los trabajos lingüísticos con que la enriqueció Mr. Rémi Siméon. Hoy no conozco ya en México ma- nuscrito alguno original del benemérito misionero: lo único que nos queda, de copia antigua, son dos fragmentos in- cluidos en un códice que fué de la Biblio- teca de la Universidad, y hoy se guarda en la Nacional. Yo anoté en mis Apun- tes para un Catálogo &c., con el n” 175, la copia que fué del Sr. Ramírez1 sin ha- ber echado de ver que allí había algo de Sahagún, ni tampoco lo expresó el Sr. Ramírez en la Advertencia que puso al principio. No conocía yo entonces el original, que es un tomo en 4” español, con pasta moderna, rotulado por fuera: “Cantares de los Mejicanos y otros opúsculos.” Comienza en efecto por una colección de Cantares, no de los anti- guos gentiles, sino ya del tiempo de la cristiandad, en lengua mexicana. No es improbable que Sahagún mismo forma- ra esta colección de Cantares, pues pare- ce que se refiere á ellos cuando en un lugar de su obra (Ed. mex., III, 79) dice: “Cantan los cantares antiguos que usa- ban en el tiempo de su idolatría, no to- dos sino muchos, y nadie entiende lo que dicen, por ser sus cantares muy ce- rrados; y si algunos destos usan, que i Vendida en Londres (n? 511 del Catálogo) en £8.10. 3 00 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [>583 ellos hayan hecho después acá de su con- vertimiento, en que se trata de las cosas de Dios y de sus santos, van envueltas en muchos desatinos y herejías” &c. Pa- rece que Sahagún habla aquí como quien había visto y estudiado los dichos can- tares. Cita además en dos partes de su obra (Ed.mex., I, 297; 11,308) los can- tares Huexotzincaiutl y Cuextecaiutl, que eran de los que usaban en sus ritos, y que están en la colección de la Biblio- teca Nacional. Aun sería conveniente que si algún día se hace edición comple- ta de Sahagún, se incluyeran en ella esos Cantares, ya intercalándolos en el texto, ya en notas al pié de los pasajes corres- pondientes. Vienen en seguida los dos fragmentos de Sahagún cuyo principal mérito con- siste en tener una parte inédita. No son originales sino copias coetáneas ó muy poco posteriores. El primero se intitu- la “ Calendario Mexicano, Latino y Cas- tellano.” Le precede un breve prólogo inédito que adelante puede ver el lector. No me es dable trasladar aquí el Calen- dario, y menos entrar en disquisiciones acerca de su origen: tampoco es lugar este de investigar qué relación tenga con otros que los autores mencionan, y que pudieran atribuirse á Sahagún. Este tra- bajo, que en su mayor parte habría de fundarse en conjeturas, por faltar los do- cumentos, exigiría un tratado especial. Baste con una sencilla descripción del Calendario de nuestra Biblioteca. Guar- da la misma disposición que el inserto en el lib. II de la Historia; pero es di- verso en la sustancia. En el impreso es- tán los meses mexicanos por su orden, y se arregla á ellos la correspondencia castellana. En el manuscrito domina nuestro Calendario y á él se sujeta el me- xicano: así es que comienza por el día 11 del mes Tititl, correspondiente al 1° de Enero. Ambos están conformes en cuanto á poner el principio del año me- xicano en el i? de Febrero; mas en el manuscrito hay la particularidad de que “por quitar las abusiones” de los cinco días aciagos 6 nemontemi, le ocurrió á Sa- hagún repartirlos por los meses que le pareció, y contó veintiún días, en vez de veinte, en cada uno de los meses Atlca- hualo, Tozoztontli,Toxcatl, Tecuilhui- tontli y Panquetzaliztli, con lo cual ya se echa de ver que desde la primera in- tercalación quedó cambiada la correspon- dencia. Así en el manuscrito el i9 de Enero corresponde al 11 Ti ti ti, y en el impreso al 14. En todos los meses van anotadas las fiestas y sacrificios, aunque con mucha más concisión que en la His- toria. Al fin tiene en 5 fojas diez figu- ras de diez meses, que vienen á formar dos series separadas: la primera consta de las figuras de Tlacaxipehualiztli, To- zoztontli, Hueytozoztli y Toxcatl: fal- tan las de ocho meses, y continúa la se- gunda serie con las de Quecholli, Pan- quetzaliztli, Atemoztli, Tititl, Izcalli, y Quahuitlehua. Hay además otra foja con la figura de los nemontemi ó dias fina- les del año. Este Calendario se escribió sin duda en 1585, y en todo caso des- pués de 1584, porque se habla de la Co- rrección Gregoriana, que en México no se hizo el año de 1582, sino el de 1584, por haberlo ordenado así el reyen cédula de 14 de Mayo de 1583,1 lo cual, dicho sea de paso, dió por resultado que los es- pañoles de México y los de España vi- vieran durante dos años con diez días de diferencia. El nuevo Calendario de Sahagún, con su extraño sistema de intercalación, fué adoptado por Fr. Martín de León en su Camino del Cielo,2 sin otra variante que comenzar el año en 2 de Febrero; pero con dar veinte días á Atlcahualo, en vez de veinticinco, ya continuaron de con- formidad. Ni siquiera nombra al verda- dero autor, y es muy extraño que exis- tiendo los escritos de Sahagún en manos de compañeros suyos de hábito, que aún vivían, entre ellos Torquemada, ningu- 1 Colección de Documentos Inéditos del Archivo de Indias, tom. XVIII, pág. 153. 2 México, 1611,4?, fol. 96, vto. 1583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 301 no levantara la voz contra semejante plagio. El segundo fragmento se refiere á la “Arte Divinatoria,” materia que se trata, como es sabido, en el libro IV de la His- toria; pero no está allí el interesante pró- logo que ahora imprimimos. Faltan asi- mismo la advertencia “Al lector” y el cap. I. El II del manuscrito correspon- de al I de la Historia, y así sucesivamente con diferencia de uno, hasta el XXXII del manuscrito (XXXI del impreso) que quedó cortado á poco más de la mitad, no por mutilación del códice, sino por- que el escribiente no pasó adelante, de- jando suspenso el sentido á media frase en el frente de una hoja cuya vuelta es blanca. Comparados ambos textos, pre- sentan muchas variantes. También tuvo á la vista Fr. Martín de León este manuscrito para lo que es- cribió de idolatrías, y aun parece que más extenso, porque trae una especie que no se halla en el códice de la Biblioteca, y que se habría escapado menos á Saha- gún que á él. Refiere haber dicho el de- monio á los indios “que esta sujeción de los españoles lo había él permitido por su descuido y por la poca cuenta que tenían del culto y sacrificios de sus templos: que tuviesen paciencia, que pa- sados ochenta años los pondría en su li- bertad, y que así les mandaba que el obe- decellos fuese siempre por fuerza y á no poder más, y que después premiaría.” De todos modos, lo más notable en el frag- mento que ahora publicamos es el juicio que el autor forma de la conversión de los indios. En otro tiempo no había si- do tan riguroso, porque en el libro de la Postilla escribió que “á los veinte pri- meros años fué grande el fervor de los naturales, pero que después se inclinaban á la idolatría.”' Así quedaban á salvo los primeros predicadores, pues se trataba más bien de una apostasía, que de una conversión fingida; pero en 1585 retira esa restricción, y no vacila en declarar que aquellos padres fueron engañados porque les faltó la “prudencia serpenti- na,” y que los indios nunca dejaron sus idolatrías, sino que siguiendo la costum- bre de admitir en su panteón los dioses de las naciones subyugadas, hicieron lo propio con el Dios verdadero, dándole lugar entre los ídolos, sin alterar en lo demás su antigua religión, si bien la prac- ticaban ocultamente por temor á los es- pañoles. Semejante juicio no solamente debía ser muy desagradable á la orden, por lo que lastimaba la memoria de va- rones santos, sino que venía á turbar la conciencia de los ministros que daban los sacramentos de la Iglesia indiscrimi- natim á una confusa mezcla de pocos cris- tianos y muchos idólatras. Aunque ese prólogo no se imprimió, ni aun se inclu- yó en las copias de la Historia, sino que se escribió después de sacada la última, debió de ser conocido de los religiosos, pues andaba en manos de escribientes, y no es presumible que la copia que nos ha llegado haya sido la única. Y como el padre tenia esa opinión, no dejaría de manifestarla también de palabra. En lo que principalmente se fundaba era en el descubrimiento del Tonalamatl ó Calendario de los 260 días, que le cau- saba extrañeza por no ser ese período uno de los que fácilmente se ajustan al cómputo del tiempo, y no comprendió su objeto. Pensaba que era puramente supersticioso é invención moderna de los indios para paliar la idolatría y con- tinuar sus agüeros á la sombra de ese nuevo Calendario. Ya en la Historia1 ha- bía mostrado su ojeriza al Tonalamatl, que realmente, aparte de su uso crono- lógico, servía de base á los agüeros de una especie de astrología judiciaria. El P. Sahagún, conocedor de muchos secre- tos de los indios y gran perseguidor de idolatrías, llegó á verlas en todas partes. Condenaba el juego del Volador, y con- siguió que se prohibiera.4 Hasta en las 1 Tom. III, pág. 339 et seq. 2 Sahagun, Advertencia a la Arte Divinatoria, infra.— Torquemada, lib. XX, cap. 43. 1 Betancurt, Menologio, 23 de Octubre. [1583 302 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. ceremonias cristianas descubría un fon- do idolátrico, cuando las practicaban los indios. ¿Quéhay deverdad en esto? ¿ElP.Sa- hagún estaba dotado de mayor perspi- cacia que todos sus compañeros, ó creía ver el mal donde no existía? Los juicios absolutos son por lo común errados. En la conversión primitiva, como en otro libro lo he dicho,1 el pueblo bajo, la gen- te común, que sufría á los de arriba, y llevaba el enorme peso de los sacrificios humanos, abrazó de buena gana el cris- tianismo, aunque sólo fuese por la in- mensa ventaja que llevaba á su cruenta religión. No le comprendían bien, sin duda, y le aceptaban más por sentimien- to que por convicción. Pero los princi- pales y los sacerdotes que de ningún da- ño temporal se libraban, antes perdían la poligamia, las rentas y la autoridad, mal podían ceder sin luchar. Bajaban la cabeza por temor, y nada más. El pue- blo, por largo hábito, respetaba y temía tanto á las clases privilegiadas, que no osaba romper abiertamente con ellas. Los españoles, fuera necesidad ó políti- ca, dejaron en pié mucho de la antigua jerarquía: los gobernadores y alcaldes eran indios, y abusaban de su despótica autoridad para obligar al pueblo á ido- latrar. Creyeron conseguir mejor su ob- jeto divulgando ese pronóstico de que la dominación española sólo había de durar ochenta años. Los pobres indios, ignorantes y oprimidos por todos lados, no rehusaban el crédito al vaticinio, y temían que cumplido el plazo é idos los españoles, cayeran pesadamente los se- ñores y sacerdotes sobre quienes los hu- biesen desobedecido, y negado por com- pleto el culto á los falsos dioses. Querían quedar bien con todos: con los religio- sos acudiendo á las ceremonias cristia- nas; con los señores conservando oculta la idolatría, que iba aumentando secre- tamente conforme se acercaba el término fijado para su restauración pública. Acre- centaban el mal los escándalos de las re- yertas entre ambos cleros, la decadencia de las órdenes y el menoscabo de su in- fluencia, con lo cual se entibiaba el celo de los que principalmente debían soste- ner la conversión y dilatarla. No fueron tampoco los primeros pa- dres tan faltos de “prudencia serpenti- na.” A los principios, su ardiente celo de salvar tantas almas los alucinó un poco y no les dejó advertir la extrañeza de una conversión tan rápida, sin “tenerenten- didas las cosas de la fe, ni haber visto milagros algunos,” como dice bien Saha- gún. Pero no tardaron en conocer que cuando “pensaban que con quitar la ido- latría de los templos principales del de- monio y convertir algunos á la doctri- na y bautismo estaba todo hecho, era mucho más lo que estaba por hacer, y que los indios, si tenían cien dioses, que- rían tener ciento y uno, y más si más les diesen.”1 Desde entonces fueron más cautos, y no cesó la guerra á la idolatría, que se refugiaba en lugares muy secre- tos; pero conforme iba aflojando la vi- gilancia de los misioneros, se descubría poco á poco. El carácter de los indios era y es muy inclinado á toda clase de supersticiones, en lo cual se parecen bas- tante á la masa inculta de todos los pue- blos del mundo; y les agradaba la abun- dancia de ellas en sus antiguas creencias. El P. Sahagún, por su trato íntimo y continuo con los naturales, podía averi- guar algo que se ocultaba á sus compa- ñeros; pero poseido de una idea fija, si no abultaba la realidad presente de las cosas, la extendía demasiado, suponien- do que desde el principio existió. Cier- tamente que entre los indios se conservó siempre algo de idolatría, más ó menos oculta, y sería aventurado afirmar que ha desaparecido. Cuando el Illmo. Sr. Arzobispo García Guerra hizo su visita pastoral en 1610 encontró todavía gran- des vestigios idolátricos, y con ese mo- tivo escribió Fr. Martín de León su Ca- l Don Fray Juan de Zumárraga, pág. 92. i Mendieta, lib. III, cap. 23. 1583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XXL mino del Cielo, en que refiere y condena casi las mismas abusiones que Sahagún descubría veinticinco años antes, valién- dose hasta de las propias palabras del anciano misionero. La existencia de estos fragmentos de 1585 vieneá aumentar los indicios de que cuando Sahagún se encontró sin los ma- nuscritos de su Historia, cuyo paradero ignoraba, emprendió reconstruir su obra predilecta con los apuntes y recuerdos que conservaba, y con los traslados par- ciales que habrían quedado en manos amigas desde que fueron esparcidos los libros por toda la Provincia: empresa casi imposible en edad tan avanzada. Creo que á este último esfuerzo es á lo que llama en los fragmentos Vocabulario de tres lenguas. Era indudablemente una obra histórica. Parece que toda su vida se propuso Sahagún “dar desmenuzada la lengua mexicana” como decía Men- dieta, para lo cual no temió recargar la Historia, y aun hacerla pesada, á trueque de amontonar en un solo lugar “todos los vocablos de cada cosa y todas las maneras de decirdecada sentencia.” (Li- bro VII, pról.) Acabó por considerar que el conjunto de tantas voces y frases mexicanas constituía un verdadero Voca- bulario; pero dar tal nombre á la recons- trucción de la Historia, con el agregado de trilingüe, cuando faltaba del todo la lengua latina, es una extravagancia pro- pia de la edad, que corre parejas con otras de los fragmentos, como las de em- beber los nemontemi en cinco de los me- ses del año, y sostener que el Tonalamatl era de invención reciente. Tengo ade- más para fundar la conjetura, que los dos asuntos que conocemos del Vocabulario trilingüe están en la Historia. La cita que se encuentra en los fragmentos se refiere á la fiesta secular, de que se trata en el lib. VII de la Historiad pero no aparece en qué lugar del Vocabulario pensaba po- nerla. La otra cita, hecha por el P. Bau- tista, corresponde á diversos párrafos del Apéndice al lib. V, y aunque faltan unos pocos, los restantes van colocados en el mismo orden que en la Historia, lo cual prueba un origen común. De aquí apa- rece que el lib. V de la Historia vino á formar el II del Vocabulario, y como se- gún esto el II de la Historia tenía que ir á otro lugar en el nuevo arreglo, vea- mos si así fué. Torquemada1 trae un pa- saje comprendido en el lib. II, cap. 5, de la Historia de Sahagún; pero referido al lib. VII del Calendario en los Memoria- les que Torquemada poseía: luego en el manuscrito de 1569 era lib. II lo que en 1585 quedó convertido en VII. Nótese también que en los fragmentos de 1585 que conocemos, el Calendario está como tratado suelto, mientras que en los Me- moriales que tenía Torquemada era ya el séptimo libro de una obra algo extensa. Hay todavía otras dos pruebas de ese trastorno en la colocación de los asuntos de la Historia: están en el lib. XII refor- mado. En el manuscrito de 1569 ocupa la Conquista de México el duodécimo lugar, y en el de 1585 se dice que es el noveno libro.1 El modo de conquistar y de imponer leyes á los conquistados, se dice en la Conquista reformada5 que es- tá en el lib. VI, y no corresponde sino al VIII (cap. 24). Todos estos trastor- nos no pueden haber sido casuales, sino motivados de alguna manera, ya sea por existir esa ordinación diferente en los Memoriales que sirvieron para recons- truir la Historia en 1585, ya por haberla ideado entonces Sahagún, sin acordarse de la antigua. Trastornado, pues, el or- den de los libros, ya se explica que el V de la Historia viniera á ser el II del Vo- cabulario de tres lenguas. Es evidente que el anciano misionero no pudo escribir ya de propia mano nada de estos últi- mos trabajos: su amanuense en aquellos días se llamaba Agustín de la Fuente, y nos ha conservado su nombre Fr. Juan Bautista en el prólogo de su Sermonario, 1 Lib. X, cap. 14. 2 Preliminares. 3 Pág. 324 (número errado, por 224). 1 Tom. II, pág. 259 et seq. BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI [H83 añadiendo que era natural de Tlatelolco, y maestro en el Colegio de Santa Cruz. No podemos cerrar este largo artículo sin tomar en consideración un punto que no es de mera curiosidad. Trátase de saber qué fundamentos tiene la opi- nión de que el P. Sahagún padeció gran- des persecuciones por causa de sus obras. Dícese que sus compañeros de hábito las veían de mal ojo: que por mezqui- nas rivalidades se le negaron los auxilios necesarios para continuarlas: que el Mar- qués de Villamanrique le despojó cruel- mente de la última copia de sus libros: que fué forzado á escribir segunda vez la Historia de la Conquista, para orde- narla á gusto de los españoles, y en fin, que el gobierno recogía los escritos de Sahagún para sepultarlos donde nadie pudiera verlos y saber por ellos cuánto valían los indios, y las crueldades de que habían sido víctimas. Parece que con es- to se trata de realzar la superioridad de Sahagún, comparado con sus contempo- ráneos, laicos ó eclesiásticos, queporen- vidia y espíritu de oscurantismo, que- rían apagar la luz que brotaba de los escritos del misionero. Cierto es que su vida no estuvo exenta de contradiccio- nes que alguna vez le obligarían á do- blegarse, por obediencia, á la voluntad de los superiores; pero el cuadro ha sido recargado, y si hubo quien molestase á Sahagún, no le faltaron por otro lado fa- vorecedores. Han servido para fomentar esta creen- cia las quejas del mismo Sahagún y los elogios que prodiga al P. Sequera por haber favorecido los libros, sacándolos de la oscuridad y disfavor en que yacían. Semejante en eso á todo escritor, tenía particular cariño á sus obras. Con fre- cuencia las elogia; cree que encierran grandes enseñanzas para los demás reli- giosos; piensa que nadie conoce como él los secretos de las antigüedades me- xicanas, y llega á decir que sus libros eran dignos de ser presentados á un rey. No era esto vanidad, por cierto, aunque lo parezca: la sencillez de sus palabras nos asegura de ello. Jamás habla de sí propio sino por incidente y de paso: pu- blica con notable franqueza los nombres de sus colaboradores indígenas, y asume más bien el carácter de simple expositor de lo que ellos le contaban. Aparte del afecto de autor, le dolía que tareas tan penosas no produjesen la grande utili- dad que esperaba de ellas. Había traba- jado mucho para bien de los indios y propagación de la fe: ¿cómo dejar de sentir que tan noble fin se frustrara? Todo esto es muy justo; pero veamos si hubo en efecto esa persecución siste- mática. Estaba extendida entre los reli- giosos la opinión de que no convenía escribir en lengua mexicana lo relativo á idolatrías y supersticiones de los in- dios, para evitar que leyéndolo apren- diesen lo que no debían, ó recordasen lo que les convenía olvidar. Por eso escri- bió Sahagún en castellano la Postilla y la llamada Gramática histórica: quería evi- tar la contradicción de los rabinos. Aque- lla era materia opinable en que cabía plena libertad de discusión, y no debe considerarse como persecución á Saha- gún, que hubiese algunos de dictamen contrario al suyo, y le manifestasen. Lo de s¿epe expugnaverunt me a juventute mea no ha de tomarse á la letra: es una pura reminiscencia, bien ó mal aplicada, del primer versículo del Salmo 128. El venerable P. Toral vino á dirimir de hecho la contienda con un acto de autoridad. Mandó á Sahagún que escri- biese la Historia en mexicano, y le fran- queó toda clase de auxilios. El y sus su- cesores le permitieron que fuera adonde quisiese: que consultase detenidamente por tres veces y en diversos lugares con los indios y los colegiales: que pasase y repasase lo escrito hasta ponerlo en per- fección: que se sacasen varias copias y se gastasen hartos tomines en los ama- nuenses. Hasta aquí no vemos sombra de persecución por parte de la orden, sino protección decidida. Cuando Sahagún no tuvo más que añadir, pidió espontáneamente que su obra 1583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 305 fuese examinada en el Capítulo. Quedó aprobada, y desde este punto comienzan las quejas, porque el definitorio se negó á gastar más en escribientes. Examinan- do con calma esa determinación tan acre- mente censurada, hay que convenir en que no carecía de fundamento. La obra mexicana que el P. Comisario había man- dado escribir á costa de la orden estaba terminada: ahora pretendía el autor pro- seguir la versión castellana, y ante ese nuevo gasto se detuvo el definitorio. El P. Escalona, Provincial electo en aquel Capítulo, era celosísimo de la guarda del voto de pobreza, que practicaba en su persona con extremado rigor.1 No sin razón creía que dineros recogidos de limosna no se debían seguir gastan- do en trasladar á otra lengua lo que ya estaba terminado en una que entendían casi todos los religiosos. Tratábase, di- gámoslo así, de hacer nueva edición de una obra que costaba ya tanto á la or- den, y el definitorio lo juzgó innecesa- rio. Por lo demás, la resolución no en- trañaba nada desfavorable al autor ni al libro: éste fué aprobado en aquella ve- nerable congregación, y se dejó al autor en completa libertad de acabar la ver- sión castellana. El no podía escribirla por falta de pulso; pero se hace difícil creer que estando en Tlatelolco rodeado de sus discípulos, que de tan buena vo- luntad le habían ayudado en las tres re- visiones de la Historia, no hubiera entre ellos uno siquiera que por cariño á su anciano maestro quisiera servirle de ama- nuense, aunque fuese á ratos perdidos. Allí estaba, á falta de otro, Martín Jaco- bita, buen pendolista, su principal ami- go y colaborador. El Provincial tomó en seguida los li- bros al autor, y los esparció por toda la provincia. No es fácil atinar con la cau- sa de esta determinación; pero procura- remos rastrearla. Preciso es confesar que el P. Sahagún no conservó siempre la mansedumbre que debía esperarse de un religioso tan humilde é inofensivo como se le pinta. Solían agriarle las contra- dicciones que sufrió desde que estaba de maestro en Tlatelolco, por parte de los que impugnaban la enseñanza que allí se daba á los indios, y luego por los religiosos, cuando se dio á investigar las antigüedades de la tierra, mucho an- tes, á lo que parece, de recibir la orden del P. Toral para escribir la Historia. A qué punto llegaron, puede colegirse de lo que dice en el prólogo del lib. VI: “En este libro se verá muy á buena luz que lo que algunos émulos han afirma- do que todo lo escrito en estos libros antes de este y después de este son fic- ciones y mentiras, hablan como apasiona- dos y mentirosos.” Llama mucho la aten- ción que no una sino varias veces se desate contra los primeros doce religio- sos, negándoles la prudencia serpentina, y haciéndolos responsables de la falsa con- versión de los indios. ¿Tenía algún mo- tivo particular de resentimiento contra ellos? ¿Tomaron parte en las contradic- ciones? No hay datos para afirmar nada: lo que descubrimos es que las opiniones de Sahagún eran enteramente opuestas á las de Motolinia. Este llevaba á mal que se inquietase á los indios con andar re- buscando ídolos, que tenían tan olvida- dos como si hiciera “cien años que hu- bieran pasado:”1 Sahagún afirmaba lo contrario: aquél no quería que se remo- viesen las memorias de la idolatría: éste era incansable en rastrearlas. En tal opo- sición llevaba naturalmente Sahagún la peor parte, en concepto de la orden, aun- que sólo fuese por los grandes servicios de Fr. Toribio, y el respeto general de que gozaba. Mas no paró ahí la contra- dicción, sino que adquirió mayor cuer- po por haber formado ó prohijado el mismo Fr. Toribio un Calendario indí- gena, que Sahagún se propuso impug- nar. Hízolo en términos muy duros, como puede verse en el Apéndice al libro IV de la Historia y en el prólogo de la 1 Mendieta, lib. V, pte. 1, cap. 44. i Hist. de los Indios de N. E., trat. III, cap. 20. 306 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [*583 Arte Divinatoria? donde dice que escri- bió una Apología contra un Calenda- rio nuevamente inventado, que hicieron los mismos frailes primeros, especialmente uno? “confutándolo y probando muy efi- cazmente el embuste que se hizo y ficción con que engañaron á los dichos primeros predi- cadores,.” Ya en el Apéndice al libro IV había dicho que todo era “falso, falsí- simo, mera ficción, grande mentira y falsedad muy perniciosa.” Si esta acre impugnación de Sahagún estaba ya en el MS. de 1569 cuando se presentó al Capítulo de 1570, vino en el momento más inoportuno, porque el 9 de Agosto del año anterior había muerto el P. Mo- tolinia, último de los doce, y estaba fresco el recuerdo de sus buenas obras. Si por el disgusto que esa injuria á su memoria causó al Capítulo fué molestado Saha- gún, hay que confesar que no faltó ra- zón para ello. La determinación de dispersar los li- bros lastimó sin duda al autor, puesto que se queja de ella; pero si se trataba de desfavorecerlos, el resultado fué con- trario, porque los leyeron muchos religiosos, y aun seglares, es decir, que se les dió mayor publicidad, y se multiplicaron las copias. Para el intento de perseguirlos valía más haberlos destruido de una vez, ó á lo menos encerrarlos bajo de llave. Corrieron, en verdad, riesgo de perder- se; pero el caso fué que ninguno se ex- travió, sino que por la orden del P. Na- varro volvieron todos á poder del autor, quien además había hecho y enviado á España un Sumario. Se ha dicho que ese envío fué considerado como un acto de rebelión: por mi parte no he encontrado pruebas de ello. El Sumario llamó en España la aten- ción de un personaje tan elevado como el Presidente del Consejo de Indias: de- seo conocer la obra, y el P. Sequera trajo el encargo de enviar copia íntegra en am- bas lenguas. Señales son estas más de aprecio que de disfavor. Difícilmente po- drá señalarse en aquella época otra obra de que se hicieran tantas y tan diversas copias; de que se sacasen tantos trasla- dos parciales, y de que se aprovechasen tantos escritores, sin haberse dado á la prensa. El despojo ejecutado por el Marqués deVillamanrique es un cuento nacido de una equivocación de Betancurt, no ad- vertida por los que le siguieron. Pero es indudable que el Consejo de Indias man- dó recoger la obra, sin que quedase aquí original ni traslado de ella. No aparece el motivo, y tenemos que conjeturarle: el Arzobispo en su carta sólo habla de “jus- tas consideraciones.” Aunque el Sr. Ra- mírez diga que los medios empleados por Sahagún para dar vida á sus obras sólo sirvieron para matarlas, no es admi- sible que la llegada del Sumario á España en 1570 diera origen á la orden de 1577: el trascurso de siete años excluye toda sospecha de relación entre ambos hechos. Lo que el Sumario produjo fué el pedi- do de la copia para Ovando. La deter- minación de recoger la obra ha de haber tenido otra causa, y la más probable es que alguno de los muchos frailes que iban á España sería de los contrarios á la divulgación de los antiguos ritos é idolatrías, y dió malos informes de la obra al Consejo. Este, recibida la noti- cia ó denuncia, que como en tales casos sucede sería exagerada, entrevio peligro en que tal obra corriese y quiso tenerla á la vista para calificarla. No hay otra cosa en los pocos documentos conoci- dos: en ellos no aparece nada de provi- dencia ó censura contra Sahagún. Las autoridades de aquí le guardaron tales miramientos, que á mi juicio hasta su- pusieron el pedido para el cronista. El Arzobispo recomendaba la persona del autor, é indirectamente la obra. La carta de Sahagún nos prueba que en el pedi- do de sus libros veía una muestra de 1 V. infra. 2 Motolinia es el único de los doce de quien se sabe que hiciera Calendario. Las razones que hay para atribuirle el que acompaña al manuscrito de sus Memoriales (en mi poder) exigen una discusión detenida que no puede caber aquí. 1583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. aprecio, y que estuvo lejos de pensar que lo fuera de desagrado, de manera que pa- ra él no fué esto persecución que pudiera apenarle: todo su empeño era que los libros llegasen á España. Tampoco en- cuentro que la orden franciscana diera en que sentir á Sahagún: lejos de eso le honró siempre, le confió prelacias y co- misiones importantes, le agració con el delicado encargo de regir el Colegio de Santa Cruz, y en sus últimos años, des- pués de haber escrito toda su vida cuan- to quiso, era todavía primer definidor. Lo único de que podría quejarse Sa- hagún sería de que su voluminoso tra- bajo no se diera á la prensa; pero de esa desgracia participaron otros muchos. La conquista y colonización de las Indias dieron origen á un inmenso cúmulo de historias y relaciones de tantas y tan di- versas provincias. No podía el gobierno echarse encima la tarea de imprimir to- do aquello, y menos cuando la imprenta no contaba con los medios que ahora tiene para facilitar las ediciones. Ya con estos medios, no somos nosotros los que hemos adelantado mucho más. Creer que el gobierno dejaba inéditas, por sis- tema, tales obras es una vulgaridad. Su- primió algunas; pero imprimió ó dejó imprimir las suficientes para probar lo contrario; y basten por todas los opúscu- los de Fr. Bartolomé de las Casas, que corrieron sin tropiezo, para que en ma- nos extranjeras fueran armas terribles contra España. Busco y no encuentro prueba de que Sahagún fuese compelido á cambiar la historia de la Conquista para dejarla al gusto del vencedor. Antes de creer eso convendría haber examinado bien y com- parado ambos textos. Al frente del re- formado se expresa que esa relación va “según la contaron los soldados indios que se hallaron presentes:” testigos po- co á propósito para lisonjear á los vence- dores, y en efecto, esta segunda relación Jes es más desfavorable que la primera. Por ejemplo: en la primera se refiere sencillamente que “los mexicanos halla- ron muertos á Motecuzoma y al gober- nador de Tlatilulco, echados fuera de las casas reales.” No se expresa cómo ni por quién fueron muertos. En la segunda leemos que los españoles “lo primero que hicieron fué que dieron garrote á to- dos los señores que tenían ■presos. Y desque les hubieron dado garrote y vieron que estaban muertos, mandáronlos echar por las azuteas fuera de la casa.” Aquí apa- recen ya los españoles como asesinos de Moctezuma y de los otros señores. El cap. 20 del segundo lib. XII habla de la matanza que hizo Alvarado en el templo mayor, y comienza así: “El mayor mal que uno puede hacer á otro es quitarle la vida estando en pecado mortal: este mal hicieron los españoles á los indios, porque los provocaron, siendo infieles, á adorar sus ídolos, para tomarlos ence- rrados en la fiesta y solemnidad que ha- cían, y desarmados, gran cantidad dellos, y matarlos sin saber ellos por qué.” En el cap. 28 repite que los españoles “ma- taron á Mothecuzoma y al señor de Tez- cuco.” Brava manera de complacer y adular á los conquistadores era esa. Ha dado pié á la suposición la sencilla frase de que en la primera relación “se pusie- ron cosas que fueron mal puestas, y se callaron otras que fueron mal calladas;” como si no fuera tan común y ordinario que los autores corrijan sus obras cuan- do adquieren mejores datos. El P. Sa- hagún expresa también que enmendó ese tratado, en cuanto al lenguaje mexicano, para que sirviese como libro de texto en la enseñanza que pensaba dar á los reli- giosos. De todos modos, el lib. XII, en ambas redacciones, es indigno del méri- to de Sahagún, como dice su traductor francés, y más bien podría andar á ma- nera de apéndice á la Historia. La grande obra de Sahagún es un te- soro inagotable de noticias acerca del antiguo pueblo mexicano. El título de Historia General de las cosas de Nueva Es- paña le cuadra á maravilla, porque allí hay de todo, y nadie que escriba de aque- llos tiempos y de aquellas cosas puede BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI, C*583 eximirse de acudir á las páginas de Sa- hagún. El método peculiar seguido pa- ra componer la obra produjo el curioso resultado de que al través de la redac- ción del misionero español se trasparen- ten las ideas y hasta las expresiones de los naturales. El les dejó la palabra, y tuvo escrúpulo de desnaturalizar su na- rración; pero los interrumpe y se pre- senta en propia persona siempre que se ofrece ocasión de abominar de la idola- tría ó de execrar los detestables ritos de aquel pueblo. Es una obra propiamente indígena; ni una sola autoridad cita; á nadie se refiere, sino á sus consultores, y este es uno de los caracteres más no- tables de la Historia. Hasta la narración definitiva de la Conquista es obra de los naturales, y por lo mismo trunca y di- minuta, como que no habían de recordar con gusto aquellos calamitosos tiempos. Pero original y compilada con sumo empeño como es, ¿débese confiar abso- lutamente en la obra de Sahagún? Pe- ligroso sería. El autor no adoptó otro medio para fijar su texto, que la compa- ración de las diversas relaciones dadas por los indios en las tres veces que los consultó. Vino á terminar su trabajo más de medio siglo después de la Conquista, época en que las tradiciones se iban os- cureciendo por el tiempo y por el tras- torno radical de todo lo antiguo: tam- bién corrían ya mezcladas y confundidas con lo aprendido de los españoles. No se ocurrió á las pinturas antiguas, pocas ó muchas, que aun quedaban, ni á las re- laciones sacadas de ellas, sino que los in- dios deTepepulco las hicieron de nuevo expresamente. En qué se fundaron, no lo sabemos. Lo que de seguro tenemos en Sahagún es una redacción fiel de lo que entonces sabían y quisieron decirle los indios principales y los colegiales de Tlatelolco; ó mejor dicho, la opinión de los indios mexicanos, por haber sido ellos los que dieron la última mano á la Historia, y enmendaron cuanto quisie- ron. En manera alguna pretendo reba- jar el mérito del enorme trabajo de Sa- hagún, sino ponerle en su verdadero punto. Los defectos de la primitiva redacción mexicana pasaron á la traducción espa- ñola. El estilo duro, pesado y difuso de los indios fue nimiamente respetado por Sahagún. La traducción, á fuerza de ser fiel, es de penosa lectura, y pocos serán los que sin verse obligados á ello por razón de estudio, lleguen á leer por com- pleto la Historia. Fuera de las enseñan- zas históricas, puede sacarse de ella, aun con solo el texto español que corre im- preso, un buen número de voces mexi- canas con su correspondencia, y no po- cas palabras ó frases castellanas, muy castizas, arrinconadas hoy. Cuando el autor habla por sí, nos atrae la suma sen- cillez de su estilo. Varón de admirable candor y sinceridad, no se exalta sino cuando se le despierta el celo religioso. En suma, Fr. Bernardino de Saha- gún, por sus virtudes, sus ejemplos, su celo evangélico, la pureza desús costum- bres, su humildad, pobreza y desinterés, su consagración entera al bien de los in- dios, sus grandes trabajos doctrinales, lingüísticos é históricos, es una de las figuras más venerables de nuestra histo- ria. Lustre es de España que le vió na- cer, y gloria de México, á quien dió la mayor y mejor parte de su vida. Eterna debe ser su memoria, y para nosotros siempre grata. Con razón lamenta su úl- timo biógrafo, que Sahagún no tenga en México una estatua.1 i El Sr. D. Francisco del Paso y Troncoso, mi estimado amigo y colega, había reunido muchos ma- teriales para la biografía y bibliografía de Fr. Ber- nardino de Sahagún, fruto de su inmensa lectura, aguda crítica y profundo conocimiento de nuestra Historia. Es muy de sentirse que no concluyera la comenzada impresión de su trabajo, que dejó cuan- do supo que yo me ocupaba en el mismo asunto. Con una generosidad, rara en otros, pero muy pro- pia de su invencible modestia, me cedió el puesto, sin considerar lo que el público y la ciencia perdían en el cambio. Hizo más, pues puso á mi disposi- ción todos sus materiales, y después que los junté con los que por mi parte había adquirido, me favo- reció con tantas noticias y disquisiciones interesan- tes, que después de tomar de ellas cuanto quise, y *583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 309 I Comienza el Apendiz del primero Libro en que se confuta la Idolatría arriba puesta, por el texto de la Sagrada Escritura, [y vuelta en lengua mexica- na, declarando el texto suficientemente. Este libro no procede por capítulos, y por eso no se pone aquí el sumario: procede por las letras del ABC con que se señala lo que se dice en latín ú en ro- mance, respondiendo á lo que se dice en lengua mexicana.]1 las manos del demonio en que habéis vivido hasta ahora, y vais á reinar con Dios en el cielo.1 (Sigue el texto latino de los caps. XII á XVI del Libro de la Sabiduría, y luego la exposición, en romance, de esta manera:) Suficientemente se ha mostrado, por el texto de la Sagrada Escritura arriba puesto, la gran maligni- dad de la idolatría y de los idólatras; pero para con- descender con las personas de bajo entendimiento, conviene confutar este maldito vicio muy en par- ticular. A. La verdadera lumbre para conocer al verda- dero Dios y á los dioses falsos y engañosos consis- te en la inteligencia de la dicha Escritura, la cual posee como un preciosísimo tesoro muy claro y muy puro la Iglesia Católica. A la cual todos los que se quieren salvar son obligados á dar todo crédito, por ser verdades re- veladas y procedentes de la Eterna Verdad, que es Dios, y en el conocimiento de los falsos dioses que son pura mentira, y invención del autor y padre de toda mentira, que es el demonio, puse el texto de la Sagrada Escritura arriba escrito, donde clara y abier- tamente se conoce el principio que tuvieron los ído- los, y los grandes males en que incurrieron los hom- bres por la adoración de ellos. C. Por relación de la Sagrada Escritura sabemos que no hay ni puede haber más Dios que uno, Cria- dor de todas las cosas, y gobernador y conservador de todas ellas, como arriba queda dicho. Non est enim alius Deus quam tu, cui cura est de ómnibus; quiere decir: Señor, no hay otro Dios más que vos solo, el cual teneis cuidado de todas las cosas. D. Síguese de aquí claramente que Vitzilobucbtli no es dios, ni tampoco Plaloc, ni tampoco Quetzal- coatí, Cioacoatl no es diosa, Chicomecoatl no es dio- sa, Tetev innan no es diosa, Tzaputlateua no es diosa, Cioateteu no son diosas, Chalchiuhtli icue no es diosa, Viztocioatl no es diosa, Tlafulteutl no es diosa, Xiubtecutli no es dios, Macuilxucbitl ó Xu- chipilli no es dios, Umacatl no es dios, Ixtlilton no es dios, Opucbtli no es dios, Xippetotec no es dios, Yiacatecutli no es dios, Cbicunquiauitl no es dios, Cbalmecacioatl no es diosa, Acxumulcuil no es dios, PRÓLOGO. Hosotros los habitadores de esta Nueva Es- paña, que sois los Mexicanos, Tlaxcalte- cas, y los que habitáis en la tierra de Me- chuacán, y todos los demás indios de estas Indias Occidentales, sabed que todos habéis vivido en gran- des tinieblas de infidelidad y idolatría en que os dejaron vuestros antepasados, como está claro por vuestras escrituras y pinturas y ritos idolátricos en que habéis vivido hasta ahora. Pues oid ahora con atención y entended con diligencia la misericordia que Nuestro Señor os ha hecho por sola su cle- mencia, en que os ha enviado la lumbre de fe ca- tólica, para que conozcáis que Él solo es verdadero Dios, Criador y Redentor, el cual solo rige todo el mundo; y sabed que los errores en que habéis vi- vido todo el tiempo pasado os tienen ciegos y en- gañados ; y para que entendáis la luz que os ha venido, conviene que creáis y con toda voluntad recibáis lo que aquí está escrito, que son palabras de Dios, las cuales os envía vuestro Rey y Señor que está en España, y el Vicario de Dios Santo Padre que está en Roma; y esto es para que os escapéis de aun con las propias palabras del autor, me quedó la pena de no haber aprovechado sino una pequeña par- te de aquella riqueza, por no permitir más la índole de la presente obra, donde la biografía de Sahagún es solamente un punto accesorio. Ojalá publique algún día el Sr. Tjoncoso su importante trabajo; pero entretanto, además de agradecerle públicamen- te su valiosa cooperación, es de justicia declarar, como declaro, que este artículo debería llevar más bien su nombre, que el mío. i Este título se encuentra en el índice del manuscrito y en el de la edición de Kingsborough; pero al frente del Apéndice, en vez-de las palabras que van entre corchetes, están las si- guientes : “ Y declara el autor suficientemente el dicho texto en lengua vulgar,” i Este prólogo está en la edición de Bustamante, pero con variantes, siendo la más notable la supresión de las palabras subrayadas. BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1583 Nacaxitl no es dios, Cochimetl no es dios, Tacapi- ízaoac no es dios* Nappatecutli no es dios, Tepicto- ton no son dioses: el sol, ni la luna, ni la tierra, ni la mar, ni ninguno de todos los otros que adorába- des no es dios, todos son demonios. Así lo testifica la Sagrada Escritura diciendo omnes dii gentium dtzmonia, que quiere decir, todos los dioses de los gentiles son demonios. E. ¡ Oh malaventurados de aquellos que adora- ron y reverenciaron y hontaron á tan malas cria- turas y tan enemigos del género humano como son los demonios y sus imágenes! y por honrarlos ofre- cían su propia sangre y la de sus hijos, y los cora- zones de los prójimos; y los demandaban con gran humildad todas las cosas necesarias, pensando falsa- mente que ellos eran poderosos para los dar todos los bienes, y librarlos de todos los males. Y para alcanzar esto hacían largas oraciones, y se afligían con muchos ayunos y vigilias, y hacían otras mu- chas asperezas en sus cuerpos, y los ofrecían pie- dras preciosas y mantas ricas y plumajes de gran valor, y flores y olores de mil maneras. Adoraban, honraban y reverenciaban á sus mortales enemigos, y que no solamente no merecen honra ni reverencia ninguna, pero merecen ser aborrecidos, detestados y abominados por ser malditos y enemigos de Dios y de todos los hombres. F. ¡ Oh mucho más malditos y malaventurados aquellos que después de haber oido la palabra de Dios y la doctrina cristiana perseveran en la idola- tría! y mucho más dignos de llorar los que después de bautizados y haberse convertido á Dios, tornan á hacer supersticiones ó idolatrías. Todos los que tal hacen son hijos del demonio v dignos de gran castigo en el mundo, y en el otro de grande in- fierno. G. Esta fué la causa que todos vuestros antepa- sados tuvieron grandes trabajos de continuas gue- rras, hambres y mortandades, y al fin envió Dios contra ellos á sus siervos los cristianos que los des- truyeron á ellos y á todos sus dioses; y si algunos trabajos hay ahora es porque hay aún algunos idó- latras entre vosotros, porque aborrece Dios á los idólatras sobre todo género de pecadores, por ser el pecado de la idolatría el mayor de todos los peca- dos, y los idólatras en el infierno son atormentados con mayores tormentos que todos los otros pecado- res: su lloro y sus lastimeras palabras, sus lamenta- ciones y dolor no remediable, en la Sagrada Escri- tura está escrito. A. Dicen los malaventurados idólatras: Erravi- mus in via veritatis &c., Sap. 5 Cap.: errado habernos en el camino de la Verdad, no nos alumbró la luz de la Justicia: no nos nació el sol de la inteligencia, fatigónos y cansónos el mal camino de la maldad y de la perdición: anduvimos por caminos ásperos y fragosos, que no nos aprovechó la soberbia y glo- ria del mundo, que no nos aprovecharon las rique- zas vanas! Todas aquellas cosas como sombra pa- saron, y como un mensajero que va del camino y va de priesa, ó como un navio que pasa con gran furia por la mar, que no deja señal alguna de camino, ó como un ave que pasa volando por el aire con gran velocidad, que jamás se puede ver por donde pasó, ó como una saeta que sale de la ballesta con gran ímpetu, y llega adonde la endereza el ballestero, sin dejar rastro alguno de su pasada. De esta manera nos aconteció á nosotros: nacidos, en breve tiempo se nos acabó la vida, y ningún rastro dejamos de buena vida; feneciéronse nuestros días en nuestra malignidad y en nuestro mal vivir. B. Tales cosas dijeron los pecadores en el infier- no con grande dolor de su corazón, y con llanto de gran tristeza, y con lágrimas no remediables, por- que no quisieron conocer ni servir al verdadero Dios, Criador y Regidor de todas las cosas. Cuando co- menzó su tormento, entonces comenzó su llanto, dolor y lágrimas, y ahora están en él, y para siem- pre perseverarán en él. Los que conocen y sirven y obedecen al solo y verdadero Dios gozarán de sus riquezas y gozos eternos, porque es infinitamen- te bueno y suave : así queda dicho en el texto de la Sagrada Escritura arriba puesto. Dice de esta ma- nera : C. O quam suavis est, Domine, spiritus tuus in ómnibus, que quiere decir: ¡Oh Señor Dios nues- tro! cuán bueno y suave es el vuestro espíritu para con todos; y es como si dijese: ¡Oh Señor Dios nuestro! el vuestro omnipotente amor, que es el vuestro divino espíritu, derrama su bondad y suavi- dad sobre todas las cosas que criastes, dando á to- das vuestras criaturas virtud de que el hombre se pueda aprovechar, y á Vos mismo os comunicáis al hombre en diversas maneras, mostrando á vuestros siervos la vuestra benignidad; los dais lumbre para que os conozcan, y mandamientos para que os sir- van, para que conociéndoos y sirviéndoos alcancen la inmortalidad; y á los que de vuestros siervos os ofenden no los condenáis luego, mas antes los amo- nestáis por vuestros santos predicadores, y los favo- recéis con vuestros santos sacramentos para que se aparten de los pecados, y permanezcan en vuestra *583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 311 santísima amistad. Y á los que no os quieren co- nocer, perseverando en la idolatría, ó no quieren apartarse de sus pecados y guardar vuestros manda- mientos, castigáis con eternos tormentos, y esto ha- céis con tan grande rectitud y justicia, que nadie en los cielos ni en la tierra puede tachar vuestras obras con razón ni con verdad, ni deciros: ¿Por qué, Señor, hacéis esto? Porque no solamente sois justo, pero sois la misma justicia y la misma sabidu- ría y fortaleza, y vos sois el Señor universal de to- das las cosas, y sois el dador y distribuidor de todos los bienes. D. En lo arriba dicho está claro cuán bueno y cuán digno de ser amado y loado y reverenciado y obedecido es Nuestro Señor Dios, Señor y Gober- nador de todas las cosas; y de lo mismo parece asi- mismo claramente cuán malvados, traidores y men- tirosos, aborrecibles y crueles son los dioses que vuestros antepasados adoraron y honraron tan lar- gos tiempos. E. Por vuestra misma relación sabemos que los antiguos mexicanos adoraron y tuvieron por dios á un hombre llamado Vitzilobuchtli, nigromántico, amigo de los demonios, enemigo de los hombres, feo, espantable, cruel, revoltoso, inventor de guerras y de enemistades, causador de muchas muertes y al- borotos y desasosiegos. A este tan pésimo hombre hacían grandes fiestas vuestros antepasados cada año. Y en cada fiesta mataban por su honra y delante su imagen y en su capilla muchos hombres, sacán- doles los corazones y ofreciéndolos al mismo Vitzi- lobuchtli, derramando delante de él su sangre y co- miendo las carnes dellos así sacrificados. Estas son cosas horrendas, abominables, crueles y muy ver- gonzosas. F. También sabemos por vuestra relación, que en todas estas tierras de esta Nueva España, vues- tros antepasados adoraban á un dios llamado Tezca- tlipuca ó Fitlacoan, y por otro nombre llamado Tautl ó Necuc iautl, y por otro nombre Mayocoia ó Neqaoalpilli. Este dios decían ser espíritu, aire y tiniebla: á este atribuían el regimiento del cielo y de la tierra, y le adoraban, reverenciaban y ofre- cían como á hacedor y dador de todas las cosas y de todos los bienes, y le rogaban por todas sus necesi- dades: á este hacían fiesta cada año, y mataban á su honra un mancebo cada año en su fiesta, esco- gido entre muchos, que ninguna tacha tuviese en su cuerpo, sabio en hablar, en cantar y tañer, cria- do por espacio de un año en todas maneras de de- leites. Matábanle en el mes llamado Toxcatl, que caía á 23 días de Abril. En esta fiesta se hacía gran solemnidad á honra de este dios. Este dios decían que perturbaba toda paz y amistad, y sembraba en- tre los pueblos y reyes enemistades y odios; y no es maravilla que haga esto en la tierra, pues tam- bién lo hizo en el cielo, como está escrito en la Sa- grada Escritura: Factum estpreelium magnum in cáelo, &c. Apoc. 12. Este es el malvado de Lucifer, pa- dre de toda maldad y mentira, ambiciosísimo y su- perbísimo, que engañó á vuestros antepasados. G. También nos consta por vuestra propia rela- ción que vuestros antepasados adoraron y tuvieron por dios á un diablo que ellos llamaban Flaloc ó Flaloque tlamacazqui. A este demonio, con muchos otros sus compañeros llamados Tlaloque, atribuían vuestros antepasados falsamente la lluvia, los true- nos, rayos y granizo, y todas las cosas de manteni- miento que se hallan sobre la tierra, diciendo que este diablo, con los demás sus compañeros, lo cria- ban y daban á los hombres para sustentar la vida. A honra de este demonio y sus compañeros hacían gran fiesta el primero día del año cada un año, que era el segundo día de Febrero, el cual día mataban innumerables niños sobre todos los montes eminen- tes. Esta horrenda crueldad hacían vuestros ante- pasados, engañados por los demonios enemigos del género humano, y habiéndose persuadido que ellos los daban las pluvias (como sólo Dios es el que da las pluvias) y todo lo que se cría en la tierra, como parece claro por la Sagrada Escritura: Dabo vobis pluvias temporibus suis, et térra germinabit semen suum, et pomis arbores replebuntur. Levit. 26. Que quiere decir: Yo os daré pluvias en sus tiempos, y la tierra, por mi mandado, engendrará sus yerbas y mantenimientos, y por mi mandado los árboles se henchirán de frutos. Por ignorar vuestros ante- pasados las verdades de la Sagrada Escritura, se de- jaron engañar de diversos errores de los demonios nuestros enemigos. { A. Di ce la Sagrada Escritura: Incommunicabile no- men lapidibus et lignis imposuerunt, Sap. 14, que quie- re decir: á tan gran locura y ceguedad vinieron los malaventurados idólatras, que el nombre que á sólo Dios pertenece le aplicaron á hombres y mujeres, y á los animales, y á los maderos y á las piedras. Esta maldad y traición hicieron vuestros antepasa- dos, que el nombre maravilloso, que es Dios, el cual á sola la Divinidad conviene, le aplicaron á cosas bajas é indignísimas. B. Llamaron dios á i?uetzalcoatl, el cual fue hombre mortal y corruptible, que aunque trabó al- 312 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XV 1. [1583 guna apariencia de virtud, según ellos dijeron, pero fué gran nigromántico, amigo de los diablos, y por tanto amigo y muy familiar de ellos, digno de gran confusión y de eterno tormento, y no de que le fes- tejasen como á Dios y le adorasen como á tal. Erra- ron grandemente vuestros antepasados en la adora- ción de este pobre hombre mortal y corruptible, y dijeron de él muchas y muy grandes mentiras, co- mo en su historia está claro lo que dijeron vuestros antepasados, que fué á Tlapallan,y que ha de volver y lo espereis, es mentira, que sabe- mos que murió: su cuerpo está hecho tierra, y á su alma Nuestro Señor Dios la echó en los infier- nos; allá está en perpetuos tormentos. C. Erraron asimismo en la adoración de un de- monio que pintaban como mujer, al cual llamaron Cioacoatl: cuando aparecía, aparecía en forma de mujer del palacid; espantaba, asombraba y voceaba de noche, y según la relación de vuestros antepa- sados, este demonio daba pobreza y trabajos, lloro y aflicciones, y hacíanla fiesta y sacrificios, y dában- la ofrendas porque no los ofendiese. Esta fué una gran locura que hacían, porque ignoraban que sólo Dios puede librar de todo mal, y que el demonio no puede empecer á quien Dios guarda. Así está escrito en los Divinos Libros: Quoniam in me spe- ravit, líber abo eum, protegam eum, quoniam cognovit nomen meum; clamabit ad me et ego exaudiam eum, cum ipso sum in tribulatione, eripia?n eum et glorifi- caba eum, Ps. 90, que quiere decir: Dice Dios: aquel que espera en mí yo le libraré; ampararle he porque conoció mi nombre; llamarme ha y yo le oiré; es- taré con él en la tribulación; defenderle he, y glo- rificarle he. En estas divinas palabras está muy bien claro que sólo Dios defiende y ampara y con- suela en las tribulaciones á los que creen en Él y que esperan en Él, y que sólo Él debe ser llamado para que nos socorra en nuestras necesidades, y no otro, porque no hay otro Dios alguno sino sólo Él. D. En muchas otras cosas los demonios engaña- ron á vuestros antepasados y burlaron de ellos, ha- ciéndoles creer que algunas mujeres eran diosas, y por tales las adoraban y reverenciaban, como es una de ellas Cbicumecoatl, de la cual decían que ella ha- cía todos los mantenimientos y maneras de comi- das de que se mantienen los cuerpos hufhanos. La segunda de éstas decían ser Teteuv innan, y por otro nombre la llamaban Tlalli iyollo, ó por otro Toci: decían que esta era la madre de los dioses, y que era su abuela: eran muy devotos de esta los médicos y médicas, los hechiceros y hechiceras, y los señores de los baños y temazcales, y llamábanle Temazcal- teci. Toda esta gente la hacían fiesta cada año, con muchos sacrificios y ofertas. E. La tercera de estas diosas se llamaba Tza- putlateua: decían que era la inventora del vxitl, y que ella sanaba de muchas enfermedades: eran sus devotos y devotas los que hacen el vxitl y las que lo venden, y la hacían fiesta cada año, y la hacían sacrificios y ofrendas á su honra. F. La cuarta diosa era la diosa de la agua, llama- da Chalchiuhtli icue. A ésta atribuían todos los pe- ligros del agua y de la mar, como autora de ellos, y por esto la tenían y reverenciaban, y la hacían sa- crificios y ofrendas en su fiesta. Decían que era hermana de los dioses Tlaloque. La quinta de estas diosas se llama Tlaqulteutl, y es como la diosa Ve- nus: á esta, con otras tres hermanas suyas, las atri- buían todas las obras de los sucios amores, y del remedio de ellos; y por esta causa las adoraban y sacrificaban, y por otro nombre la llamaban Ihcuina, y á todas cuatro Ixcuiname, que es nombre de un animal como lobo. De estas cuatro diosas tomaban y toman sus nombres las mujeres mexicanas, que son Tiacapan, Tdcu, Tlacu, Xuco: conviene quitár- selos. En la historia de estas diosas se pone la con- fesión auricular que usaban estos naturales. G. También creían vuestros antepasados, que las mujeres que morían del primer parto se hacían diosas, y las llamaban Cioateteu ó Cioapipilti, y las adoraban como á diosas (aun antes que las enterra- sen) y cada año hacían fiestas de ellas, y sacrifica- ban y ofrecían á su honra, y tenían á honra de ellas edificados muchos oratorios por los caminos. Es esta adoración de mujeres cosa tan de burlar y de reir, que no hay para qué hablar de la confutar por autoridades de la Sagrada Escritura. A. Otros muchos dioses no tan principales co- mo los ya dichos inventaron vuestros antepasados, uno de los cuales y muy común es el dios del fuego al cual llamaron Xiuhtecutli, y por otro nombre Ixcuqauhqui, y por otro nombre Atecaltzin, y por otro nombre le llamaban Veveteutl,y también Tota. Adoraban al fuego como á dios y teníanle por dios, por los maravillosos efectos que hace de quemar, calentar, asar, cocer &c.: hacían fiesta muy solemne á este dios en el mes que se llama Izcalli, donde á su honra mataban muchos captivos, y hacían mu- chas ofrendas y ceremonias. En la fiesta de este dios, de cuatro en cuatro años, agujeraban las orejas á los niños y niñas (hay conjetura que en este año echaban seis días de nemontemi, y así hacían bisiesto i533] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. cada cuatro años). Grande ceguedad fué esta de vuestros antepasados, que á la criatura irracional que crió Dios para servicio de todos los hombres, la adorasen por dios, como si entendiese. B. Otro demonio adoraban vuestros antepasados, al cual llamaban Macuilxucbitl, por otro nombre Xocbipilli: decían de él que hería con almorranas y con otras enfermedades de las partes secretas, en es- pecial á los que cuando le ayunaban su ayuno, el hombre dormía con la mujer, ó la mujer con el hom- bre; y por este respecto y por tenerle por dios le hacían fiesta y le sacrificaban hombres, y le hacían otras ofertas y votos, movidos por la locura de su ignorancia. C. A otro demonio adoraban, del cual dijeron que erajel dios de los convites, y le llamaron Oma- catl,y allí le honraban y reverenciaban como á Dios los ciegos y pobres de vuestros antepasados. Otro demonio adoraron vuestros antepasados, el cual lla- maron Ixtlilton, y por otro nombre Tlaltetecuin: de éste decían que tenía cargo de encentar ó probar las tinajas del pulcre, y de que estuviese muy lim- pio. En su templo, el cual era de tablas, tenían mu- chos lebrillos llenos de agua; y si algún niño ó niña enfermaba, llevábanle á beber de aquel agua, y de- cían que sanaba, según su loca imaginación. Cuando este dios iba á visitar las tinajas del pulcre hacían grandes ceremonias y muy vanas. D. Otro demonio adoraron vuestros antepasados, al cual llamaron Opucbtli, y dijeron que era el dios de los pescadores, y que de él habían procedido todos los instrumentos del pescar; por esta causa todos los pescadores cada un año le hacían fiesta y le honraban con muchas ofrendas y ceremonias tan locas como vanas. Otro demonio adoraron por dios vuestros antepasados, al cual llamaron Xippetotec, el oficio del cual era herir con diversas enfermeda- des, con especial con mal de ojos, sarna y viruelas y otras enfermedades; y los que estaban enfermos de alguna de las enfermedades que él daba hacían voto y promesa de le servir con alguna oferta, si se le sanase. Hacíanle fiesta en el mes que llaman Tla- caxipeoaliztli, en el cual día le hacían muchas ofer- tas y sacrificios, y muchas ceremonias llenas de va- nidad y crueldad. E. Otro diablo adoraron vuestros antepasados, al cual llamaron Yiacatecutli, y por otro nombre Yacaculiubqui. Este decían ser el dios de los mer- caderes, al cual todos los mercaderes tenían gran devoción, y le hacían fiesta cada año. Mataban por su servicio muchos esclavos cada año en su fies- ta: las cañas que los mercaderes usan traer de ca- mino, especialmente las negras, antiguamente las traían á honra de este dios; y llegando á la noche á cada jornada, se sacrificaban sacando sangre de las orejas delante de la misma caña hincada en tierra, y hacían otras ceremonias, enderezándolas á este diablo. A otros cuatro demonios, que servían tam- bién los mercaderes, uno se llamaba Chicunquia- vitl, ó Chalmecacioatl, otro llamado Acxonuicuil, otro Nacxitl, otro Cochimetl, otro Yacapitzaoac. F. Otro demonio adoraron vuestros antepasados, al cual llamaron Nappatecutli: dijeron que era el dios de los que hacen petates y icpales, y que él fué el inventor de esta arte, y que por su virtud nacían y se criaban las espadañas, juncias y juncos. Todos los oficiales de petates y icpales y tlacuextes, tenían á éste por Dios, y le hacían fiesta cada año, y á su honra mataban esclavos, y hacían otras ofertas y ce- remonias en su fiesta. El sacerdote de este dios, que ellos llamaban Ixiptla, que quiere decir su ima- gen, acostumbraba andar por las casas con una ji- cara con agua en la una mano,y un ramo de salce en la otra, y rociaba con el ramo las casas y personas, bien como quien echa agua bendita, y todos la re- cibían con gran devoción. G. Otro demonio adoraron vuestros antepasa- dos, el cual tenía bajo su obediencia otros muchos demonios: llamáronle Tezcatzoncatl: decían que era el dios del pulcre, hacíanle fiesta muchas veces cada año, en especial los que hacían el vino, que se llaman Tlacbicque. Todos, hombres y mujeres, mozos y mozas, niños y niñas, en especial viejos y viejas, eran muy sus devotos. Hacían á su honra mil fiestas y regocijos; eran súbditos de éste ó com- pañeros los diablos que llamaban Cuatrocientos Co- nejos : Tiauhtecatl, Aculhoa, Tlilo a, Petecatl, Izqui- tecatl, Toltecatl, Papaztac, Tlaltecaioa, Umetochtli, Tepuztecatl, Cbimalpanecatl, Colboatqincatl: hasta hoy duran estos diabólicos nombres entre los prin- cipales.^ A. Otro desatino mayor que todos los ya dichos os dejaron vuestros antepasados, que los montes so- bre que se armaban los nublados, como son el Vul- cán y la Sierra Nevada, y el otro Vulcán de cabe Tecamacbalco, y la Sierra de Tlaxcala, y la Sierra de Toloca y otras semejantes las tenían por dioses, y iban cada año á ofrecer sacrificios sobre ellas á los dioses del agua, y esto aun no ha cesado, que este año pasado de 1569 yendo acaso unos religiosos á ver las fuentes que están sobre la Sierra de Toloca, hallaron en una de las fuentes un sacrificio ó ofren- BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1583 da muy reciente, de cinco ó seis días antes hecho, que según daba á entender el sacrificio, fué enviado de más de quince pueblos: en todas estas sierras di- chas hallarían cada año ofrendas nuevas, si las visi- tasen por el mes de Mayo. B. Hacían vuestros antepasados á honra de es- tos montes, y á otros semejantes, unas imágenes de tzoalli en forma humana, con ciertas colores pinta- das, las cuales llamaron Tepictoton, las cuales hacían los ministros de los Tlaloque, por las casas de los populares, y delante de estas imágenes hacían sacri- ficios, ofertas y ceremonias con gran regocijo y fies- ta; y pasada la fiesta dividían entre sí las imágenes y comíanlas. Esto más parece cosa de niños y sin seso, que de hombres de razón. C. Otras locuras sin cuento y otros dioses sin número inventaron vuestros antepasados, que ni pa- pel ni tiempo bastaría para escribirlas. AL LECTOR. Ruégote por Dios vivo, á quien quiera que esto leyeres, que si sabes que hay alguna cosa entre es- tos naturales tocante á esta materia de la idolatría, des luego noticia á los que tienen cargo de regi- miento espiritual ó temporal, para que con breve- dad se remedie. Y haciendo esto harás lo que eres obligado, y si no lo hicieres, encargarás tu concien- cia con carga de grandísimas culpas; porque así co- mo este es el mayor de todos los pecados, y más ofensivo á la Divina Majestad, así también nuestro Señor Dios castiga á los que en él le ofenden con mayor rigor que á ninguno de todos los otros pe- cadores. Y á los que encubren este pecado asimis- mo los castiga con gravísimos tormentos en este mundo y en el otro. No se debe de tener por buen cristiano el que no es perseguidor de este pecado y de sus autores por medios lícitos y meritorios. EXCLAMACIONES DEL AUTOR. ¡ Oh infelicísima y desventurada nación, que de tantos y de tan grandes engaños fué por gran núme- ro de años engañada y entenebrecida, y de tan in- numerables errores deslumbrada y desvanecida! ¡ Oh cruelísimo odio de aquel capital enemigo del género humano Satanás, el cual con grandísimo estudio pro- cura de abatir y envilecer con innumerables men- tiras, crueldades y traiciones á los hijos de Adán! ¡ Oh juicios divinos, profundísimos y rectísimos de Nuestro Señor Dios! ¿Qué es esto, Señor Dios? que habéis permitido tantos tiempos que aquel ene- migo del género humano, tan á su gusto se ense- ñorease de esta triste y desamparada nación, sin que nadie le resistiese, donde con tanta libertad derramó toda su ponzoña y todas sus tinieblas. Señor Dios: esta injuria no solamente es vuestra, pero también de todo el género humano, y por la parte que me toca, suplico á Vuestra Divina Majestad, que des- pués de haber quitado todo el poder al tirano ene- migo, hagais que donde abundó el delicto abunde la gracia, y conforme á la abundancia de las tinieblas venga la abundancia de la luz sobre esta gente que tantos tiempos habéis permitido estar supeditada y opresa de tan grande tiranía. Fin del Libro Primero y de su Apéndice. II AL LECTOR.1 mexicanos, como no supieron encajar to- W gpÉSl dos los días del año en sus diez y ocho me- ses, y pensaron que era sacrilegio pasar de veinte días en el repartimiento de sus meses, aquellos cinco días que en el año tienen de más de los tres- cientos y sesenta llamáronlos nemontemi, que quiere decir días baldíos ó desaprovechados, y hacían de ellos una quimera y decían que todos los que en ellos nacían tenían malos sucesos en todas sus obras, y eran pobres y míseros. Si eran varones los que na- cían, llamábanlos nemoquichtli, y si mujer, llamában- la nencihuatl. No osaban hacer nada en estos días por ser mal afortunados como ellos imaginaban, en especial de reñir, porque decían que los que reñían en estos días se quedaban siempre en aquella cos- tumbre, y tenían también por mal agüero tropezar en estos días que ellos llamaban aciagos. Estas fiestas dichas en el Calendario eran fijas, que siempre hacían dentro del mes, primero, segun- do ó tercero día. Otras fiestas tenían que eran mo- vibles y se hacían por el curso ó círculo de doscien- tos y sesenta días; y por tanto estas fiestas movibles en un año caían en un mes, y en otro año se muda- ban y caían en otro mes. Estas se pueden llamar fiestas movibles, según está puesto en la Historia de las cosas de esta tierra. La segunda manera de cuenta procede por años: I Esta advertencia está después dei Calendario. •583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVL ordénase por cuatro años primeros, que se pintan con cuatro caracteres ó imágines que son: una mata Ac.ad de cañas hacia el Oriente, y un pe- Tecpati—I—Toch dernal, hecho á manera de hierro de cJm lanza, hacia el Norte; una pintura de casa hacia el Occidente, y un conejo pintado ha- cia el Sur. Pasados estos cuatro años hacían una gran fiesta en que juntaban á todos los niños y les aguje- reaban el labio de abajo, y hacían otras ceremonias en ellos como de confirmación, y dábanles padrinos y madrinas para que les enseñasen su ley gentílica. De ocho en ocho años hacían una gran fiesta que llamaban la fiesta del pan cenceño, y en estos años iban poniendo números sobre los cuatro dichos: en el primero i, y en el segundo z, y en el tercero 3, y en el cuarto 4; v. gr. ce acatl, orne tecpatl, yei calli, nahui tochtli &c., y procedían de esta manera hasta que cada uno de los cuatro años llegase á trece años, y todo el número llegaba á cincuenta y dos años. Este año era su jubileo, y en él tornaban á renovar el pacto y testamento idolátrico que tenían con los dioses, en el cual hacían muchas y grandes ceremo- nias, las cuales se verán por extenso en el Vocabu- lario de tres lenguas que se va haciendo. Este Calendario es muy necesario que le tengan todos los ministros de esta obra y conversión india- na, porque aunque á los principios, como dijeron y afirmaron los primeros que vinieron á ella, que del todo fué destruida la idolatría, y caso que así fuera, siempre los males y en especial las cosas de la ido- latría tornan á reverdecer y pulular por cuevas se- cretas, y teniendo este Calendario podrán caer si hay algunas cosas idolátricas que estén aun vivas, y para este efecto no solamente es necesario este Ca- lendario á los ministros y predicadores de esta nue- va Iglesia, pero también es menester tener el Arte de la ciencia adivinatoria que usaban estos natura- les ; y tengo propósito de ponerlo en romance junto con este Calendario, por el mismo propósito dicho arriba, si Nuestro Señor diere oportunidad para ello. La disimulación que podrán hacer los idólatras para huir de ser conocidos, será que no matarán hombres, niños ni esclavos; pero matarán gallinas y gallos de papada, y sacarles han el corazón, abrién- doles los pechos, y en esto los que los buscaren, si vieren esta señal, es cosa cierta que son sacrificados á los ídolos, y lo mismo si mataren perrillos ó puer- cos, becerros ó carneros &c. Porque yo tengo por experiencia que lo suelen hacer así. Lo mismo cuan- do arrancan las cabezas á las codornices y á otros pajarillos, derramando la sangre delante de alguna imagen ó altar que tengan en su casa. Lo mismo de echar copal ó otros perfumes en las brasas delante de alguna imagen ó altar que tienen en sus casas, ó encendiendo candelas delante de ellas, de noche ó de día, porque se presume que hay intención siniestra ó alguna cosa solapada. Hay otras disimulaciones: la una es las fiestas que hacen en sus barrios y iglesias, en las cuales lo que parece de fuera es honrar á aquel sancto, y lo que está oculto es á honra del ídolo que honraban en tiempo de la idolatría. Esto hacen secretamente con algunas ceremonias de las antiguas, ó de las que están en el Calendario, sacrificando aves ó anima- les, abriéndoles los pechos, sacándoles el corazón y ofreciéndolo al ídolo que tienen secreto. La otra es de las imágines que traen en las andas cuando ha- cen procesión, que como son de bulto y están hue- cas por de dentro, no sabemos qué es lo que traen oculto en aquel hueco ó concavidad &c. La tercera disimulación es tomada de los nombres de los ído- los que allí se celebraban, que los nombres con que se nombran en latín ó en español significan lo mismo que significaba el nombre del ídolo que allí adoraban antiguamente. Como en esta ciudad de México, en el lugar donde está Santa María de Gua- dalupe se adoraba un ídolo que antiguamente se llamaba Tonantzin,y con este mismo nombre nom- bran ahora á Nuestra Señora la Virgen María, di- ciendo que van á Tonantzin, ó que hacen fiesta á Tonantzin, y entiéndenlo por lo antiguo y no por lo moderno. Otra disimulación semejante á ésta hay en Tlaxcallan, en la iglesia que llaman Santa Ana, que adoraban antiguamente allí un ídolo que lla- maban Tocih, que quiere decir nuestra abuela, y ahora dicen vamos á Tocih, ó hacemos fiesta á Tocih, y ellos tómanlo por lo antiguo, y dan á en- tender exteriormente que hacen aquello por Santa Ana, á quien también llaman Tocih. También en Huexotzinco, en Calpan, en el barrio de Tianguiz- manalco, adoraban antiguamente un ídolo que lla- maban Telpochtli, y tienen allí una iglesia que llaman San Juan Baptista, y ahora, cuando van allí á hacer fiesta dicen, vamos al Telpochtli, ó hace- mos fiesta al Telpochtli, y los que los oyen piensan que lo dicen por San Juan Baptista, y no lo dicen sino por el Telpochtli que antiguamente allí adora- ban, que es Tezcatlipuca. La ocasión que han dado estos naturales para que siempre los ministros de la fe católica anden con ellos la barba sobre el hombro en las cosas de la idolatría fué porque á los principios, con no tener BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XXI. [1583 entendidas las cosas de la fe, ni aun copia de quien se las enseñase, ni haber visto milagros ningunos, se declararon por cristianos y que recibían á Nuestro Señor Jesucristo por su Dios, y que querían servirle y obedecerle como todos los otros cristianos. Pero el dejar todos los otros dioses, y creer muy de ver- dad que no eran dioses sino diablos, y dejar todas sus imágines y cultura, renegando de ellos y de to- das sus ceremonias, servicios y doctrinas, esto no lo hicieron, y de sobre pensado y platicado entre sí de no lo dejar en ningún tiempo, como se halló des- pués acá haberlo hecho y determinado entre todos los sátrapas, señores y principales. Lo primero afir- maron con grande humildad y lágrimas delante de los predicadores del Evangelio, y de lo segundo no dijeron nada de lo que había pasado entre ellos, sino que preguntados si renegaban de sus dioses y de sus idolatrías &c., á todo respondían que sí, y con este catecismo se baptizaron, y quedaron persuadidos los predicadores que entonces les predicaban, que ha- bían recebido la fe católica, y detestado y renegado de todos los ídolos y de toda la idolatría antigua con toda sinceridad y verdad, y así lo afirmaron y predicaron á todos los que después de ellos vinimos. De manera que esta paliación quedó secreta, hasta que pareció públicamente en las provincias de Hua- xaca y en las de Campeche, y acá en esta Nueva España se han hallado muchas cosas y hallan que significan lo mismo, sino que todo se ha hecho no- che por conservar aquella fama primera, así de los baptizantes como de los baptizados. Por tanto, es menester con gran cordura y cautela procurar de sanar este cáncer solapado, sin hacer daño á los que de verdad creen, y esto es conforme á la parábola que el Redemptor predicó de la zizania que el ene- migo sembró sobre la buena semilla. IHS Aquí comienza la Arte Adivinatoria que usaban los Mexicanos en tiempo de su idolatría, llamada Tonalamatl, que quiere decir Libro en que tra- tan de las venturas y fortunas de los que nacen, se- gún los signos ó caracteres en que nacen. PRÓLOGO. ¡ggTEgsilL Profeta lerendas dijo Dios Nuestro Señor, tifÍnv en el capítulo 1? de su profecía: Ecce dedi pSafaril verba mea in ore tuoy ecce constituí te hodie super gentes et super regna, ut evellas et destruas et disperses et dissipes et te difices et plantes. Mira que he puesto mis palabras en tu boca y te he constituido por superior de las gentes, y te he dado poder sobre los reinos, para que arranques y destruyas y desper- dicies y desbarates, y también para que edifiques y plantes. Estas palabras fueron dadas al Profeta Je- remías, y él las escribió. Empero, la ejecución de ellas no le fué dada, mas antes fué concedida á los Pontífices Romanos que en estos tiempos de este centenario postrero de mil y seiscientos gobiernan la Iglesia Católica, según que por nuestros ojos he- mos visto y vemos, que en este centenario se ha descubierto la mitad del orbe mundano habitado de grande muchedumbre de gentiles idólatras en mu- chos reinos y provincias, los cuales se han sujetado á la Iglesia Católica Romana. Esta novedad gran- dísima que vemos por nuestros ojos significa que á la Iglesia Católica Romana y á su Cabeza está co- metida la potestad de destruir y arrancar, desperdi- ciar y desbaratar los diversísimos ritos y sectas de idolatrías que en estos reinos y provincias se usan y han usado, desde muchos millares de años atrás hasta este de mil y quinientos y ochenta y cinco. También le está concedida á la Iglesia y á su ca- beza la ejecución de edificar y plantar en estos rei- nos y provincias, y así el año de 1525 llegaron á esta tierra doce frailes menores de S. Francisco, en- viados por el Sumo Pontífice Adriano VI con toda la autoridad necesaria y con el favor del invictísi- mo Emperador Don Carlos V, para convertir á la fe católica á esta gente indiana de esta Nueva Es- paña, la cual había ya pacificado y conquistado el valerosísimo capitán D. Hernando Cortés, y á peti- ción suya fueron enviados estos predicadores evan- gélicos. Llegados, pues, á México á su presencia, mostrando los recaudos que traían del Sumo Pon- tífice y del Emperador Rey de España, fueron muy bien recibidos y humanamente tratados. Los cuales, habiendo tomado noticia, por vista y información, de la cualidad de estos naturales, comenzaron á en- tender en la conversión de ellos, predicando con los intérpretes que entonces pudieron haber. No se olvidaron en su predicación del aviso que el Redemptor encomendó á sus discípulos y após- toles cuando les dijo: Estofe prudentes sicut ser- pentes et simplices sicut columbee: Sed prudentes co- mo serpientes y simples como palomas; y aunque procedieron con recato en lo segundo, en lo pri- mero faltaron, y aun los mismos idólatras cayeron en que les faltaba algo de aquella prudencia ser- pentina, y así con su humildad vulpina se ofrecie- ron muy prontos al recebimiento de la fe que se les ■s83] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVL 317 predicaba. Pero quedáronse solapados en que no detestaron ni renunciaron á todos sus dioses con toda su cultura, y así fueron baptizados no como perfectos creyentes como ellos mostraban, sino co- mo fictos que recebían aquella fe sin dejar la falsa que tenían de muchos dioses. Esta paliación no se entendió á los principios, y la causa potísima de ella fué la opinión que los dichos predicadores to- maron de su perfecta fe, y así lo afirmaron á todos los ministros del Evangelio que sobrevinieron á pre- dicar á esta gente. Los primeros que después de ellos vinieron fueron los padres dominicos, y los segundos fueron veinte frailes de S. Francisco de la Observancia (entre los cuales yo vine). A todos nos fué dicho (como ya se había dicho á los padres dominicos), que esta gente había venido á la fe tan de veras, y estaban casi todos baptizados y tan en- teros en la fe católica de la Iglesia Romana, que no había necesidad ninguna de predicar contra la ido- latría, porque la tenían dejada ellos muy de veras. Tuvimos esta información por muy verdadera y mi- lagrosa, porque en tan poco tiempo y con tan poca lengua y predicación y sin milagro alguno, tanta mu- chedumbre de gente se había convertido y unido al gremio de la Iglesia, y así dejamos las armas que traíamos muy afiladas para contra la idolatría, y del consejo y persuación de estos padres comenzamos á predicar cosas morales acerca de los artículos de la fe y de los siete sacramentos de la Iglesia. Ha- llóse después de pocos años muy evidentemente la falta que de la prudencia serpentina hubo en la fun- dación de esta nueva Iglesia, porque se ignoraba la conspiración que habían hecho entre sí los princi- pales y sátrapas de recebir á Jesucristo entre sus dioses como uno de ellos, y honrarle como los mis- mos españoles le honran, conforme á la costumbre antigua que tenían, que cuando venía alguna gente forastera á poblar cerca de los que estaban ya po- blados, cuando les parecía tomaban por dios al dios que traían los recién llegados; y de esta manera di- cen que Tezcatlipuca es el dios de los de Tlalma- nalco, porque le trujeron consigo, y Huitzilopochtli es el dios de los mexicanos, porque le trujeron con- sigo; y así se multiplicaron los dioses entre ellos, tomando los que estaban ya poblados el dios de los que llegaban, y éstos el dios de los ya poblados. De esta manera se inclinaron con facilidad á tomar por dios al Dios de los españoles; pero no para que dejasen los suyos antiguos, y esto ocultaron en el ca- tecismo cuando se baptizaron, y al tiempo del cate- cismo, preguntados si creían en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, con los demás artículos de la fe, res- pondían quemachca, que sí, conforme á la conspira- ción y costumbre que tenían; y preguntados si rene- gaban de todos los otros dioses que habían adorado, respondían también quemachca, que sí, paliadamente y mentirosamente. Tién»se por muchos indicios (que compellen á creerlo), que esta maldad fue pri- meramente hecha en todos estos pueblos de la la- guna, y procedió hasta Huaxaca y Campeche, y en aquellas provincias se descubrió primeramente, bien pocos años há. La conjetura que hay para creer que salió de acá se toma porque hicieron un embuste estos desta laguna, muy endiablado, como abajo se dirá; y así esta Iglesia nueva quedó fundada sobre falso, y aun con haberle puesto algunos estribos, está todavía bien lastimada y arruinada. A propósito de que este avieso se vaya enmen- dando con mucha prudencia y tiento, se ha escrito el Calendario, y ahora se escribe este tratado de la Arte divinatoria. Hay otro embuste muy perjudi- cial á la fe católica, que inventaron estos laguneros, muy difícil de desarraigar, y es que los que de callada celan la cultura de muchos dioses hicieron un ca- lendario en que ingirieron esta Arte divinatoria, que contiene doscientos y sesenta días, cumpliendo tres- cientos y sesenta y cinco días, entreponiendo otros caracteres á los veinte que son propios de este Ar- te, y reiterando los mismos veinte. Después que lo hicieron (y es verisímil que concurrieron á hacerlo muchos, y personas de mucha habilidad y cuenta, y por muchos días), publicaron este Calendario por calendario antiguo que le habían dejado sus antepa- sados, y las personas de mucha autoridad en la re- pública, así en lo eclesiástico como en lo seglar, así sátrapas como señores, y publicaron que en este Ca- lendario no se contenía cosa ninguna de idolatría ni de sacrificios de los ídolos, ni ningunas ceremonias idolátricas, y que con este se regían los tiempos an- tiguos, y que las cosas de idolatría y sacrificios ha- bía muy poco tiempo que se habían introducido. Habiendo hecho esto, dieron fin á la importunación que se les hacía para que manifestasen el calenda- rio, las fiestas de sus dioses y los ritos idolátricos que había en ellas, y pusieron en seguro la Arte adi- vinatoria, que ellos tenían y tienen en grande apre- cio, porque allende de que trata de saber las cosas futuras, y de las nomenclaturas de los que nacen, es de grande interés, y los maestros de ellas son es- timados como profetas y personas muy amigas de los dioses. Súpose este embuste, porque antes que se publi- 318 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1583 case tenía yo escrito el Calendario verdadero que usaban de tiempos antiquísimos, que contiene todas las fiestas, solemnidades y ritos con que honraban á sus dioses, y tenía yo también escrita de por sí esta Arte adivinatoria, con todas las fiestas movibles que en ella se contienen, y con todos los ritos idolátricos y sacrificios que desde tiempo antiquísimo se usan en todas estas Indias Occidentales, donde se desha- ce este embuste nuevamente hecho, y se da clari- dad para saberse muchas cosas que aun se usan, muy contrarias á la fe católica. Yo hice una apología contra este Calendario nuevamente inventado (don- de se contienen los loores de este Calendario que hicieron los mismos frailes primeros, especialmente uno), confutándolo y probando muy eficazmente el embuste que se hizo y ficción con que engañaron á los dichos primeros predicadores. Habiendo pre- cedido estos dos inconvenientes tan grandes en el fundamento de esta nueva Iglesia, es cosa clara que todo está falso, porque con estar todos baptizados adultos, y que siempre se van baptizando los niños, y que sus padres los van catequizando en su fe fin- gida, y acudiendo todos ellos en lo público á re- cebir los sacramentos y á festejar las fiestas de los cristianos, en lo interior no dejan de tener á sus dio- ses por dioses, ni de hacerles servicios, ofrendas y fiestas en lo oculto, en cuanto sufre el ser secreto este negocio. Esto usaban los moros granadinos, y yo lo oí á persona de crédito que lo vió por sus ojos, que uno de los muy suficientes ministros de ellos, católico, habiéndose baptizado un hijo de un moro principal, dijo al que á mí me lo contó (que se lla- maba Fr. Rodrigo de Sequera, Comisario General que fué de la Orden de S. Francisco, y ahora Pro- vincial de la provincia de la Concepción): ¿ queréis, padre, ver cómo estos moros tornan á baptizar á las criaturas (después del bautismo de la Iglesia) en sus casas, según el baptismo mahomético ? Venid con- migo, y yo os llevaré para que veáis por vuestros ojos cómo le están ahora baptizando otra vez en su casa. Guióle de manera que dieron en la casa de repente, que no pudieron verlos los que estaban ata- layando; y entrando vieron una muela de mujeres moras que tenían un lebrillo de agua en medio, y estaban lavando á la criatura en él; y preguntadas que por qué tornaban á baptizar al que estaba ya baptizado, respondieron: no le baptizamos otra vez, sino que le estamos lavando porque los pañales que se le han de poner limpios, no sean tocados del óleo y crisma y agua consagrada con que fué baptizado, porque es cosa irreverente al sacro baptismo. Y el que sabía estas cosas como pasaban, dijo al dicho religioso: Padre, no es esto así, sino que le han tor- nado á baptizar otra vez, según la ley de Mahoma y con las ceremonias de ella. Estas y otras muchas cosas se saben de la paliación y doblez de aquellos malaventurados falsos cristianos moros granadinos (que ahora en nuestros tiempos pusieron en cuentos á toda nuestra España) y ellos fueron destruidos y desarraigados del reino de Granada como todos sa- bemos, y aun no dejaron de publicar la causa de su rebelión y perdición, estante la guerra entre ellos y los cristianos. Cónstanos del mal en que quedaron los granadinos por la ficción y paliación en que los dejaron los que desde el principio los convirtieron, y cónstanos del fin que han tenido, que es su des- trucción no remediable. Convendría ahora grande- mente remediar este negocio entre estos indios, de tal manera que esta paliación y ficción de su fe, que ahora se ve (como dicen, por tela de cedazo) se re- mediase, y no viniesen al fin que vinieron aquellos malaventurados moros, que perdieron las ánimas y los cuerpos, lo temporal y espiritual, y todos ellos perecieron. Vese, como se ha dicho, no solamente por tela de cedazo, pero á ojos vistas, que hay mal- dad de su parte en los baptismos y en las confirma- ciones, en las comuniones y confesiones y matri- monios, y en tener la fe antigua revuelta con la fe católica; y ahora en estos tiempos se han visto cla- ros indicios de esto, y vemos claramente que huyen de oir las predicaciones y ponen para su excusa unas causas tan frívolas, que se entiende muy de claro su maldad; y se conjetura probablemente que hay quien sustenta y cela esta idolátrica ficción que hu- bo á los principios, para que vaya adelante, y si esta se pudiese hallar como el ovillo por el hilo, reme- diarse hia todo, y si hubiese diligencia en las con- fesiones de preguntarles acerca de estas cosas, y en los sermones se les dijese cuando alguna cosa de estas se halla, ó se encuentra con ellas sin buscarla y se castigase públicamente, escarmentarían los de- más y sabrían que son pecados de idolatría, y que no se pueden salvar los que no los quieren dejar. Tres cosas conviene hacer con mucha diligencia. La primera es la investigación é inquisición de sa- ber las cosas idolátricas que públicamente se hacen en todos los pueblos, barrios ó aldeas de toda esta Nueva España, porque se hacen muchas y en mu- chos lugares; y como los ministros de la Justicia, go- bernadores, alcaldes y regidores &c. son todos in- dios, ya tienen entre sí platicado y afijado que de esta especie de pecado nadie hable, ni descubra, ni •583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 319 acuse á ninguno de su pueblo, ni á ninguno de su mesmo género; pásanse estas cosas sin castigo un año y otro y otro año, de manera que ya se hacen con tanta libertad, que los chicos y los grandes las tie- nen por lícitas, y ni se guardan de hacer tales cosas, sino de solos clérigos, frailes y españoles, porque no los acusen ó tengan por idólatras. Lo segundo que es menester para remediar este negocio es la predicación de predicadores que quieran y sepan enderezar su doctrina de manera que lo que está predicando vaya adelante y se favorezca prudente- mente y sin alboroto ni escándalo, y toquen en sus sermones todos los puntos en que sabe y se ve que la fe de estos indios está maculada y enferma, y sin hacer novedad se curen estas llagas con mucha cor- dura. Lo tercero que es necesario para que este ne- gocio se remedie es que los confesores sepan los ritos idolátricos que antiguamente tenían estos en sus sacramentos como en sus sacrificios y supersti- ciones y pecados carnales, para que si el penitente tocare un vocablo ó dos en que se pueda conocer y tomar asilla para preguntar de alguna cosa que en aquel vocablo ó vocablos se toca, lo sepan entender y proseguir y sacar (como dicen con garabato ó manu obstetricante), porque pensar que en este caso tendrá habilidad el penitente ni audacia ni saber para declararse como es menester, es engaño, por- que según lo arriba dicho, ya están persuadidos que cosa que toque á la honra y servicio de sus antiguos y falsos dioses, ni es pecado ni cosa ilícita, sino que es cosa santa y meritoria, según su falso entender; imo que si alguno publicase ó acusase ó se acusase, aunque fuese en confesión, sería tenido por traidor y por infame, y aun sería reprendido y castigado. Por lo cual está gran remedio en los padres confe- sores, para que este negocio se remedie, si ellos ha- cen lo que su oficio les obliga en semejante nece- sidad, y procuran de saber y entender estas cosas tocadas arriba, de manera que, como dicen, por una uña si es uña de león ó de otro animal. Esto es amar á los indios con amor caritativo, porque no idola- tren después del baptismo y profanen los sacramen- tos, y tengan creído muy firmemente que todos los dioses son diablos y todas las ceremonias que hacían son idolátricas, y todo lo que creían es mentira y falsedad del diablo, y los que hacen fiesta por el bap- tismo cuando baptizan á sus hijos, no los tornen á baptizar en sus casas según el uso antiguo idolátrico, ni hagan otra ceremonia antigua, ni les pongan los nombres que antiguamente les solían poner. Ni tampoco en la confirmación hagan algunas ceremo- nias de las que antiguamente solían hacer cuando agujereaban las orejas á las criaturas y les daban pa- drinos y madrinas (como decían tetlahtia teahuitia). Y en los matrimonios no mezclen algunas ceremo- nias de las que hacían antiguamente cuando se ca- saban, que era dar cuatro bocados la suegra al yerno y también la suegra á su nuera, y atar la falda de la manta del hombre con la falda del huipil de la mu- jer, y sacudir los petates en que habían dormido al cuarto día, y otras cosas semejantes. Ni tampoco cuando reciben el Santísimo Sacramento de la Co- munión no echen flores por casa, ni hagan tálamo al que recibe el Santísimo Sacramento, ni quemen copal en su presencia, ni le hagan especial comida, porque todas estas cosas hacían en tiempos de su idolatría, cuando recibían el cuerpo de Huizilopocb- tli. Ni cuando nacen sus hijos vayan á preguntar al agorero (que se llama Tonalpoubqui) por la ventura del que nació, ni crean lo que dicen los agoreros ó Tonalpoubques acerca de la ventura de los que nacen, que todas son palabras del diablo y todas son men- tiras. Ni encierren los niños y niñas cuando dicen los agoreros ó Tonalpoubques que descienden las dio- sas que llaman Cihuateteo, porque no los encuentren fuera de su casa, porque no los hieran con alguna enfermedad incurable, como lo hacían antiguamente y muchos aun ahora lo hacen, y es pecado de ido- latría, y con su obra dan testimonio que es verdad, lo cual no es sino grandísima mentira idolátrica. A los enfermos que están en pasamiento los que les dan por viático unas poleadas que se llaman huauh- texatolli, es pecado de idolatría; y si les hacen tra- gar un chalchihuitl ó otra cosa, es lo mismo: ó si les matan un perro que les pasen el cbicunauhatl, todo es pecado de idolatría. A los muertos, después de amortajados los detienen en su casa un día na- tural y á las veces más, y allí los van á saludar los parientes y amigos, y á ofrecer candelas ó otras co- sas: esta ofrenda y salutación es idolátrica, y no se les debe consentir tenerlos tantas horas en casa. En todas estas cosas arriba dichas no solamente son cul- pados los que las hacen y consienten, pero también los que pudiendo y siendo obligados á impedirlo no lo impiden. Otras muchas cosas que aun se usan ahora se podrán sacar del tratado que se sigue, así para predicar contra ellas, como para preguntarlas á los penitentes, y castigar á los que públicamente lo hacen. Deben los predicadores expresamente predicar que los dioses que adoraban y tenían por dioses, que ellos llamaban teteo, que no son dioses, que no son [■583 320 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. titeo, que ninguno de ellos es teyocoyani (criador), tetlamacbtiani (glorificador),ypalnemoani (por quien se vive), sino que todos ellos son tzitzimime, cole- letin, tlatlacatecolo, nanabualtin, tecocoltanime, y que ninguno de ellos es tetlaocoliani, tetlazotlani, y es menester nombrarlos á todos por sus nombres, ful- minándolos y abominándolos por diablos enemigos de Dios y enemigos de todas sus criaturas, y enemi- gos de los hombres, diciendo de esta manera: Aque- llos que vuestros antiguos dejaron dicho que eran dioses no lo son. Orne tecuhtli, orne cibuatl que di- jeron vuestros antepasados que viven sobre los doce cielos y rigen todo lo inferior, no son dioses, y lo que dijeron vuestros antepasados de ellos es gran mentira y engaño. Tezcatlipuca, que por otro nom- bre llamábades Titlacabuan y por otro nombre Tel- pocbtli y por otro nombre yaotl, necoc yaotl, y por otro nombre Yobualli, Ebecatl, y también Ipalne- moani, y también le llamaban dador de las dignida- des y señoríos y riquezas: todo esto es mentira y falsedad, que no es sino diablo Satanás, enemigo de Dios y de los hombres: y el otro dios que os deja- ron vuestros antecesores llamado Huitzilopochtli, no es dios sino embaidor, hechicero, nigromántico y destruidor.1 Lo mismo es de Camaxtle y de Taras, dios de los de Mechoacán. Lo mismo de Paynal y de Quetzalcoatl, los cuales fueron hombres malva- dos y nigrománticos y que en las cosas de la guerra hicieron grandes hazañas por destruir á sus enemi- gos y ampliar sus reinos. Otros muchos hombres y mujeres canonizaron por dioses porque hicieron é inventaron artes y granjerias y maneras de vivir para los hombres, como son Yacatecubtli, dios de los mercaderes, y por otro nombre Yacacoliubqui, Amimitl, y muchos que fueron hombres; y de las mujeres Cihuacoatl, la cual, según las señas que dan es Eva, y Tlazolteotl, que era Venus, Chicomecoatl, que era diosa de los mantenimientos, y otras mu- chas mujeres que inventaron cosas provechosas para la república, las canonizaron (como también hicie- ron los antiguos romanos y babilónicos). Al sol también canonizaron por dios, llamándole Tonatiub, y por otro nombre Cuaubtlebuanitl, y por otro nom- bre Xipilli. También al fuego canonizaron por dios y le llamaron Xiuhtecutli, y por otro nombre Ixco- zaubqui. También tenían por diosa al agua, y la lla- maban Cbalcbibuitlicue. También á la tierra cano- nizaron por dios y la llamaban Tlaltecubtli. A las nubes y pluvias canonizaron por dioses, y al dios que las rige llamaban Tlaloquey y á los montes don- de se engendran los nublados los llaman también Tlaloque. De todos estos y de otros muchos que sería prolijidad contarlos, ninguno es dios ni tiene vida, ni tienen sino sólo ser, sino que se engañaron vuestros antecesores por la excelencia de estas co- sas, como se engañaron otros muchos gentiles idó- latras. Es también necesario darles á entender que el Dios que les predicamos es Padre, Hijo y Espíritu Santo, un Dios verdadero y trino en personas, y que sólo Él es verdadero Dios, y no hay otro, y que los catorce artículos de la fe son para que le conozcan: los diez mandamientos para que le obedezcan y amen; y que si los guardaren con los cinco de la Madre Iglesia, y se aprovecharen de los siete sacra- mentos, como lo manda la Santa Madre Iglesia, ga- narán la vida eterna y riquezas eternas en el cielo para siempre jamás, y se escaparán de la muerte eterna y de los tormentos eternos del infierno, y que esto se les predica para que tengan noticia de cómo se han de salvar. Es también necesario avisarles acerca de los de- funtos, porque tienen algunos errores contra la fe católica; el uno es que dicen que es señor del in- fierno un dios que llaman Mictlantecuhtli y por otro nombre Tzontemoc, y por otro nombre Acolnahua- catl, y que tiene su mujer llamada Mictecacibuatl, y que todos los que morían iban delante de él á pre- sentarse por sus vasallos y le hacían ofrendas: esto es contra la fe católica, porque solo Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo es Señor del cielo, del mun- do y del infierno, y el infierno es cárcel en que Dios encierra todos los condenados que murieron sin fe, ó con ella en pecado mortal, y estarán allí encerra- dos para siempre jamás en grandísimos tormentos, más y mayores de los que ellos pintan. El otro error es que dicen que en el infierno está un río que se llama Cbicunahuatl, por el cual han de pasar los perros que matan con ellos, y de allí van á otro lu- gar llamado Chicunaubmictlan, y dicen que en este lugar son aniquilados y se vuelven en la nada. Esto es error contra la fe católica, porque todos los que van al infierno, para siempre jamás estarán en gran- dísimos tormentos, que nunca tendrán fin, ni serán aniquilados, ni dejarán de ser malaventurados. Acerca, de la gloria que después de esta vida se da á los que la merecen tenían también ciertos erro- res contra la fe católica. Lo primero es que decían que el paraiso terrenal donde hay todas maneras de frutas y de yerbas, de frescuras y aguas, que llaman i V, Torquemada, lib. VI, cap. 39, al fin. 1583] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XV1. 321 Tlalloca, es el lugar donde iban todos aquellos que morían de enfermedades contagiosas y de muertes desastradas, como de rayos ó ahogados en el agua &c., y allí para siempre jamás gozaban de todas aquellas frescuras, flores y frutas, lo cual es contra la fe católica. Otro error tenían en decir que había un lugar que se decía Tonacatlalpan en el cual rei- naba un dios llamado Tonacatecuhtli, adonde hay árboles que manan leche, y que van allí todos los niños recién nacidos, ó pocos días después, y dicen que andan allí mamando diversas maneras de leche por aquellos árboles, y que vivían en aquel lugar para siempre en aquel deleite de mamar de aquella leche de los árboles. Esto es falso y contra la fe católica. El tercero lugar de la gloria decían que era la casa del sol, y que iban allí todos los que morían en la guerra, ó que morían después de atormenta- dos siendo captivos en la guerra, y decían que en el cielo donde el sol mora hay muchas flores, mu- chas frutas y muchos deleites, y que allí hacían fiesta al sol cada día cuando sale, y que solos los que tie- nen agujerada la rodela le podían mirar en la cara. Y también decían que después de cuatro años pasa- dos de su muerte, las ánimas destos defuntos se tor- naban en diversas maneras de aves de pluma rica y color fino, y andaban chupando todas las flores así en el cielo como en este mundo, como lo hacen los zinzones. El primer error es que el sol es dios y tiene vida. El segundo que el lugar donde está y an- da es ameno y lleno de árboles, flores y frutas. El tercero es que decían que después de cuatro años de su muerte, acabadas todas sus obsequias se conver- tían en diversas aves de pluma rica&c. En lo pri- mero yerran en pensar que puede haber gloria ni contento perfecto sin ver á Dios Padre, Hijo y Es- píritu Santo. Lo segundo yerran en pensar que se convierten en aves y que gozan de las frutas y flo- res en el cielo y en la tierra, donde ignoran y no creen el lugar del cielo empíreo y la gloria perfecta que da Dios á todos los justos después de su Resu- rrección en cuerpo y en ánima, que no consiste en flores ni frutas, sino en gozar de Dios viéndole con los ojos del alma para siempre jamás. Estos errores ya dichos tienen aún muchos, y por mejor decir todos aquellos que aun tienen la fe ido- látrica en el buche. Y en este libro que se sigue, se contienen muchísimos errores idolátricos, los cuales aun tienen y creen los que tienen la fe de los dio- ses antiguos y las ceremonias antiguas, según que en él se contiene. Habiendo visto lo que en él hay, así los predicadores como los confesores podrán en- tender lo que les pueden y deben preguntar en las confesiones, y lo que les pueden y deben provecho- samente predicar en los sermones, tocante á alguna ó algunas cosas de las que aquí se contienen, y po- drán entender, por una palabra ó dos que oyan, ha- biendo visto este tratado, lo que no saben ni entien- den careciendo de la noticia de estas cosas, como algunos lo experimentan y han experimentado mu- chas veces que son predicadores y confesores de los indios. Y también este libro se puede llamar breve confutación de la idolatría. Por el mismo caso apro- vechará mucho también este libro para los que van de nuevo á convertir á los idólatras, para que no les hagan del cielo cebolla, ó de la cebolla cielo. AL LECTOR. p®Ít|sjg|RES maneras de cuenta se usan entre esta 1PI 8ente indiana de México, que es muy ne- iiil| cesario que todos los curas y predicadores y confesores las sepan y entiendan. La primera es que trata de los días de todo el año que es el Calen- dario, el cual contiene días y quintanas y meses. Cada uno de los meses contiene cuatro quintanas de á cinco días, que son veinte días, y las quintanas son como semanas de los nuestros meses, y también son cuatro en cada mes; y los meses indianos son diez y ocho en un año en el Calendario que escrito qué fiestas y cuántas son en todo el año. La segunda cuenta es de los años, y por ella se sabe que una ga- villa de años contiene cincuenta y dos años, y en el fin de estos cincuenta y dos años celebraban un ju- bileo muy notable. También por esta cuenta se sabe que un siglo contiene ciento y cuatro años, al fin de los cuales se celebraba otra vez el mismo jubileo. Usaban una cifra de estos años, y pusiéronla en el palo volador que hasta ahora se usa, donde está figu- rado y misteriado el número de estos cincuenta y dos años, porque en él se multiplican cuatro por trece, que son todos cincuenta y dos. En lo alto del palo ó viga se pone un argadijo cuadrado que se anda al rededor, y de cada esquina cuelga una maroma, y á ella se ata un mancebo, de manera que son cuatro mancebos atados á cuatro maromas, y las maromas están cogidas y revueltas al palo que está como es- pigón del argadijo cuadrado que encaja en él; y cuando aquellos mancebos han de comenzar á vo- lar, comienza el argadijo á andar al rededor, movido por el peso de los que van colgados, y las maromas se van descogiendo, y los que van colgados á ellos van dando vueltas en torno de la viga, y las maro- BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1583 mas son medidas por la longura del palo y un poco más, de manera que cada uno de estos que vuelan da trece vueltas al rededor del palo ó viga que está hincada en el suelo (sobre que se mueve el argadijo cuadrado) antes que llegue al suelo. Estas vueltas significan la cuenta de los años que hay de jubileo á jubileo, y también allí se pone memoria de lo que se ha de hacer en el jubileo, acabado este número de años, que es la retificación del pacto idolátrico con los falsos dioses, y la obediencia de obedecer- los y servirlos, y el sacar de fuego nuevo, todo lo cual es cosa pestilencial y resurrección de la ido- latría. La tercera cuenta que estos naturales usaban era de veinte caracteres ó medallas, pintados, en que están pintadas unas figuras de aves y otras de ani- males y otras que no son ni animales ni aves, como es la medalla de la muerte y la de la vida y la de los vientos. Cada una de estas medallas (á las cuales al- gunos llaman planetas neciamente) reinan por trece días, y á estas medallas aplican diversas cualidades, por doctrina y instinto del demonio, porque esta es su Arte adivinatoria, que unas tienen naturaleza de influir buena dicha ó ventura á los que nacen, y otras tienen naturaleza ó propiedad de influir mala ventura ó mala dicha á los que nacen en ellas, y otras que tienen influencia de ventura indiferente á los que nacen en ellas. Para saber la ventura del que nacía ó de la que nacía, los padres y madres tenían gran diligencia en ir á informar á los maestros desta Arte, llamados Tonalpouhque, los cuales tenían estas pinturas en un libro que llamaban Tonalamatly que quiere decir libro de las venturas de los que nacen. Esta cuenta es cuenta de días, porque toda ella con- tiene doscientos y sesenta días, y no tiene que ver con la cuenta del Calendario ni de los años, porque la cuenta del Calendario tiene su fin en las fiestas de los dioses, y la de los años tiene su fin en algunas fiestas que por intervalos de años caían y son fijas, y en especial tienen su fin en la renovación del tes- tamento ó pacto que tenían hecho con los dioses y hacían de cincuenta y dos en cincuenta y dos años; y estotra tercera cuenta tiene su fin en saber la ven- tura de los que nacen, por razón de la variación de las medallas en que nacen, y del número de las ca- sas de cada medalla, y por tener diverso fin no tiene que ver con el Calendario, ni con el número de los años, y por esto fué ficción y embuste juntar todas estas tres cuentas, y llamarlas Calendario. ARTE ADIVINATORIA DE LOS MEXICANOS. Capítulo i? De LOS FUNDAMENTOS y AUCTORIDAD EN QUE ESTÁ TENIDA EL ARTE ADIVINATORIA EN TODO EL ORBE, SEGUN LO CUENTAN LOS DOCTORES GRAVES QUE HABLAN DESTA SciENCIA, LA CUAL EN ROMANCE Y EN LATIN SE LLAMA AsTROLOGÍA Ju- DICIARIA. A tenido gran diligencia nuestro adversario S fiífl B diablo de sembrar por todo el mundo el Ztfftyx Arte adivinatoria, mentirosa y sin funda- mento, y que se trata de diversísimas maneras en diversas partes del mundo, porque los Judíos tie- nen una manera de adivinar las cosas futuras, y los Caldeos tienen otra, y los Egiptianos otra muy di- versa destas otras: también los Árabes tienen otra diversa, y los Griegos otra: los Latinos tienen su arte de adivinar diversa de las otras, á la cual lla- man Astrología Judiciaria, tan falsa y sin fundamen- to como todas las demás, porque se rigen en ella por las estrellas. Todas estas artes de adivinar, en- tre las personas graves están tenidas por cosa de mentira y de burla en todo el mundo, aun en tiem- po de la gentilidad; y la Iglesia Católica Romana tiene esta arte detestada y anatematizada por sus Concilios y Sacros Cánones. Viniendo á hablar del Arte adivinatoria que usan estos naturales desta Nueva España, es entre ellos una cosa muy estima- da y provechosa á los que la usan, y los que la usan son muy estimados como profetas, y tienen grande interese della, porque todas las criaturas que nacen han de ser registradas y profetizadas cerca de su ventura buena ó mala, destos profetas y adevinos mentirosos, los cuales para poner su oficio en segu- ro, por no perder sus intereses y estimación, y fue- se loada de los que la venían á disipar, hicieron un embuste como en el prólogo se tocó, que revolvie- ron esta Arte con el Calendario, y pusiéronle nom- bre de Calendario, y loáronle muncho delante de los predicadores del Evangelio, y los hicieron creer que no había en él ninguna tacha de cosas idolátri- cas ni de sacrificios humanos, y que en sus princi- pios fué inventado de personas de muncha habili- dad, y que no idolatraban ni sacrificaban criaturas racionales, y que esto después acá fué inventado, lo cual quitado, queda este Calendario muy limpio y digno de todo loor. Esta afirmación fué creída por los ministros del Evangelio, porque los que la hicieron eran bapti- zados y eran tenidos por muy cristianos, y que no dirían otra cosa sino verdad, y aun no tenían opi- U83] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 323 nión que entre esta gente hubiese habilidad para hacer un embuste como este, y así lo aprobaron y loaron por palabra y por escrito, contra la cual apro- bación yo hice una apología que se pondrá al fin de este tratado; y porque una de las cosas en que la justificaron esta su Arte adivinatoria fué que no con- tenía cosas de idolatría y de ritos idolátricos y sa- crificios, para mostrar esta mentira pondré en este tratado, por sus capítulos y por sus caracteres, dis- tinctamente las tonterías que tenían, y los sacrificios que hacían, y las fiestas movibles que en ella había (que aun son más que no las fijas del Calendario). r584 93. Oración fúnebre en las Exequias del V. Mtro. Fr. Alon- so Vera Cruz, del orden de S. Agustín, primer catedrático de Sagrada Escritura en la Universidad de México, por el P. Fr. Pedro Ortiz, religioso de la Orden de S. Francisco, Lector de Teología de la Provincia del Santo Evangelio. México, 1581, en 4? Este título y esta fecha se encuentran en Beristain (tom. II, pág. 413), y aun- que nunca he visto el libro, no he vacilado en cambiarle la fecha, porque habiendo fallecido el P. Vera Cruz en Junio de 1584, mal pudo pronunciarse su oración fúnebre en 1581. El título es, por supuesto, de la fábrica de Beristain. *584 94- SVMMARIO||©e las Jhitrulgencías g perdones, cÓ||cetrítras a los (tfofralres U fattctíf=|| fimo Sacranttto, bíütatio la || Jglefta, trotie efta ínftítug || tía la tucíja cofradía, íí putríetett, fon || los fíguíentes. Un gran cuadro formado con y : en el centro un grabado con dos ánge- les adorando el cáliz y la hostia: arriba cinco grabaditos de santos, y otros tres á cada lado. Abajo del adorno: CON LICENCIA.|| En México, en cafa de Pedro Balli.|| M.D.Lxxxiiij. Años. Son 4 hojas en folio, letta gótica: la primera, donde está la portada, no tiene número: las tres siguientes están numeradas II, III y IV: faltan las demás, y por todas serían á lo menos 8, porque hay signaturas A 2, A 3 y A 4.— El texto co- mienza en la vuelta de la portada, y tiene multitud de grandes letras iniciales. (El Sr. D. José María de Agreda me comunicó este fragmento desconocido.) El Sr. D. A. Pinart, desde S. José de Costa Rica, me avisa que en la Iglesia Parroquial de Cartago existe, muy maltratado, un ejemplar de otra edición ante- rior de este libro. Esta es su descripción: % Summarío lie las Jntrulgenctas g pertumesllconcelrítías a los tres trel Sacramento, bífítanOo la Jgle=:||fta írontre efta ínU títugUa la tíH|cí)a cofratría, íí putnerenllüm los fíguíentes. 324 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XV1. [1584 Siguen unos grabados, que según el calco imperfecto de la descripción deben ser los mismos de la edición de 1584, ó muy semejantes, y abajo: EN MEXICO.|| En cafa de Pedro Ocharte|| MDLXVIIJ años. Son 6 fojas en folio, letra gÓttCU, y do que queda del colofón es esto: mo facratnetií mentó en la gran ettíraír íie Jlflextco, en cafa íre Retiro 0eijarte, eon líeeeta trel mus Elluftxes $t. Señor bou frag aiofo íre J&otufar, folnfpo merítíñímo 5 la trí= rija eíiiíjaí» a belte b feís octubre b 1568 años i584 95. Psalterium Amphonarium (sic) San&orale, cum Psal- mis et Hymnis, positis in suis locis propriis, uniuscujusque diei festi totius anni, nunc primo cum licentia excussum. Un Calvario: el de la portada de la Psalmodia Christiana (n9 92). MEXICI || Excudebat Petrus Ocharte|| M.D.LXXXIIIJ. (Véase la fotolitografía.) En folio mayor, papel marquida, gruesos caracteres gÓttCOS, notas de canto lla- no, todo el libro de rojo y negro: multitud de grabados y grandes letras iniciales, algunas de dos colores. Dos fojas con la portada y la tabla (letra romana), que termina en la tercera pá- gina. En la cuarta un gran Calvario (21 cent, por 16) y al rededor esta leyenda en letras romanas rojas: FODERVNT MANUS MEAS ET|| PEDES MEOS, ET DINVME || RARVNT OMNIA OSSA MEA.— Fojas 1 4300. No hay al fin pié de imprenta. Termina 3DC0.||LvCgí{tXUm|| &c. En una foja sin numerar que sigue á la 83, un gran grabado historiado de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo, y debajo tres grabados de otros tres apóstoles: estos mismos cuatro grabados están repetidos á la vuelta. Libro de coro ejecutado con esmero, y notable trabajo de nuestras primeras prensas totalmente desconocido, hasta hace poco que vino á mi poder el ejemplar descrito. Véase el n9 100. (Para dar idea de la ejecución de esta obra se acompaña una reproducción fotolitográfica de la foja 89.) . psalterívm; Aniphónanum San&orale, cú Píalmis,&Hymnis, pofinsin fuislocis proprijs vniufcuiufq, diei fefti totiusanni,núc primo cum liccntia excufsum. MEXICL Excudebat Pctrus Ocharte- M. D. LXXXIIIÍ. ■nesr—rrrmmmm 1. .. — - $9. SPECTV DOMINI MORS SAN CTORVM EIVS. Sclvefperas. 1 N NA TALl Apoítolorum. PRAETIOSA IN CON menmtptoíiíaatidín utcem: ficnt Dilcjcí vo8(©eculo£ amen» píjlimia 109. ©c cft pjeceptum Bdvefperoe; perbom jHníipbona» 1585] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XXI. 325 *585 96. ESTATVTOS||generales de Barcelona, para la ||Familia Cifmontana, de la Orden de nueílro Seraphico|| Pa- dre S. Francifco: los quales por mandado de nueílro. R.|| P. Fr. Francifco Miniftro general, fueron reforma||dos y de nueuo recopilados, por ciertos Padres para ello di||putados refcebidos y aprobados en el Cap. Gñal Interme||dio de la familia Cifmótana, celebrado en la ciudad d Tole || do, en el iníigne Cóuéto de S. luán de los Reyes, de la fanJ87 (El ejemplar descrito pertenecía al Sr. Pbro. D. Agustín Fischer: se vendió en Londres, Junio de 1869, en £6.12 s. 6 d.= $ 33.12.)1 Hl Doctor Diego García de Pa- lacio nació en Santander, de una familia de marinos, é hizo sus estudios para seguir esa carrera, instru- yéndose especialmente en las cosas de China y Filipinas. No sabemos por qué motivo varió de propósito y se dedicó á las letras. Trasladado á Indias y pasan- do de la teoría á la práctica de sus pri- meros estudios, ensayó las condiciones de las maderas indígenas para aplicarlas á la construcción naval; hizo tejer lonas de algodón: experimentó las jarcias que le ocurrió fabricar con el henequen, obje- to hoy de tan activo comercio en Yuca- tán; dirigió la obra de dos galeones de á mil toneladas, hechos con excelente ce- dro; escribió relaciones, informes y pro- yectos para la construcción de otros bu- ques y para aventajar el comercio y la navegación. Con estos antecedentes, ya no sorprende que un togado imprimie- ra las dos obras de arte militar y náutico que registramos en el presente catálogo. Las primeras noticias que tenemos de sus empleos se refieren al año de 1576, en que era oidor de la Audiencia de Gua- temala, y como tal fué nombrado para visitar algunas de las provincias de su distrito, en cumplimiento de órdenes reales. Dió cuenta de su encargo en una interesante relación, cuyo original, fecha- do á 8 de Marzo de 1576 y firmado por el autor, existe en mi poder. Herrera usó bastante de ella para el libro VIII de su cuarta Década. En 1840 nos dió Mr. Ternaux-Compans una traducción francesa en su Recueil de Documents et Mémoires Originaux sur /’ IIistoire des Pos- sessions Espagnoles de l' Amerique a diver- ses epoques de la Conquete: volumen suelto que no forma parte de la conocida Colec- ción en 20 volúmenes, publicada por el mismo autor. El primero que dió á luz el texto español, con traducción inglesa al frente, notas y mapa, fue Mr. Squier en el n° 1 (y único) de su Collection of vare and original Documents and Relations con- cerning the Discovery and Conquest ofAmer- ica, chiefly frorn the Spanish Archives (N. York, 1860,4to. men.): edición más her- mosa que correcta. Mr. Squier, que re- corrió los lugares visitados por el oidor Palacio, da testimonio de la exactitud de sus descripciones, y asegura que la de las ruinas de Copan es la mejor que se conoce. Después se incluyó la relación en el tom VI de la Colección de Documen- tos inéditos del Archivo de Indias. Hallamos luego, que por comisión de la Audiencia, y á 4 de Diciembre del mismo año de 1576, celebró el oidor Pa- lacio un contrato con Diego López de Trujillo, en Honduras, para la conquis- ta y población de la provincia de Tegu- zigalpa. En 8 de Marzo de 1578 dirigió al rey una carta, que original existe en el Archivo de Indias, entre los Papeles tocantes á las islas de Poniente, 1 yyo—i588, con el título de Carta al Rey sobre la Con- quista y Pacificación de las Islas Filipinas, y las ventajas de hacerse la navegación para ellas desde el puerto de Fonseca. Aspiraba Palacio á ser gobernador de aquellas is- las, y ofrecía reducirlas á su costa, si la corona le concedía el empleo; mas pare- ce que la petición no encontró buena acogida. Existe otra carta del oidor Palacio, y es la que el 30 de Abril de 1579 escribió al rey desde el puerto del Realejo en Ni- caragua, dándole cuenta de los daños cau- i Vi este libro el año de 1867, y entonces no tomé de él más que el título. Cuando después qui- se ampliar mis apuntes, aquel ejemplar había des- aparecido de entre nosotros para siempre, y no he logrado encontrar otro. El Sr. D. Cesáreo Fernán- dez Duro en sus interesantes Disquisiciones Náuticas habla de la obra con elogio en diversos lugares, y aun copió 19 capítulos de ella. Véanse las págs.45, 133, 232, del tom. I; 28, 210 del IV; 43 del V, y 7 del VI. En el Catálogo de la Biblioteca de Salva se anota un ejemplar con el n° 3775. 1587] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 327 sado¿ por el corsario Francisco Drake en las costas del Perú. Debió pasar á México el año de 1580, porque en los primeros días de 1581, es decir, el 24 de Enero, se graduó de Doc- tor en esta Universidad, de la cual fué rector: también Oidor de la Real Au- diencia y Consultor del Santo Oficio. Aquí imprimió las dos obras de que ha- cemos mención en esta Bibliografía: la Instrucción Náutica y los Diálogos Milita- res} que dan testimonio de las inclinacio- nes bélicas del autor. Pronto se presentó ocasión de ponerlas á prueba, porque en Septiembre de 1587, el virrey Mar- qués de Villamanrique le encomendó el mando de una expedición que debía salir de Acapulco en busca del famoso Fran- cisco Drake, quien había hecho algunos desembarcos y robos en las costas del Pacífico. Reunida la expedición en el puerto, se supo que Drake, después de haber saqueado varios pueblos, había de- jado aquellos mares, y con esa noticia se suspendió el embarque. En el entre- tanto los ingleses, apostados en las cos- tas de Californias, sorprendieron y apre- saron la nao de Filipinas “Santa Ana,” ricamente cargada. Echaron en tierra los pasajeros, trasbordaron el cargamento é incendiaron el buque. Los pasajeros, abandonados en aquel lugar desierto, ha- brían sin duda perecido; pero por fortu- na el fuego no consumió más que una parte del galeón, y como mejor pudieron tornaron á aderezarle y ponerle en esta- do de navegar. Llegados á puerto, die- ron noticia de lo ocurrido, y entonces el Virrey dispuso que Palacio saliera al mar en seguimiento de los ingleses. Así se hizo; pero había pasado tanto tiem- po, que fué en vano, porque los enemi- gos, atravesando el Pacífico, se habían dirigido á Europa por la vía de las In- dias Orientales, y no se pudo dar con ellos, quedando así en duda si el oidor era tan propio para ejecutar como para establecer reglas de guerra. La historia no vuelve á hacer mención de él. La Instrucción Náutica es uno de los libros que la Real Academia eligió para comprobar las voces de su gran Diccio- nario de Autoridades. (Nic. Antonio, Bib. Hisp. Nova, tom. I, pági- na 284.— Torquemada, Mon. Ind., lib. V, capí- tulo 26.— Cavo, año 1587.— Beristain, 11,428. Alamán, Disert., tom. III, Ap. pág. 17.—Squier, Collection, págs. 13-16.— Fernandez Duro, Dis- quisiciones Náuticas, ubi supra.) !587 98. CONSTITV|| TIONES ORDINIS FRA||TRVM eremi- TARVM || SANCTI AVGVSTINI || Nuper recognitae, & in amplio- rem formam||ac ordinem redadtae. Un escudo. MEXICI.|| Excudebat Petrus Ocharte Cum Licentia.j] Anno. 1587. En 8?, letra romana. Vuelta de la portada, licencia del virrey Marqués de Villamanrique al provin- cial de S. Agustín Fr. Pedro de Agurto para que pueda reimprimir las Consti- tuciones de la orden, impresas en Lisboa en 1582. 8 ff. preliminares, inclusa la portada. Texto, ff. 1 á 225.— Index, 42 ff. sin nu- merar. Más una hoja con un grabado de la Virgen y el Niño. (El ejemplar descrito es del Sr. D. J. M. de Agreda. — Vendido, Ramírez [n? 240], £26 = $ 130.) 328 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [í589 1589 99. FORMA Y MODO || De fundar las cofradías del cor-|| don de nro P. S. Frácifco, y admi||tir los cofrades dellas, có el Suma || rio d las gras é ídulgécias, q ganá|| cocedidas por nro S. P. Sixto V. Un escudo pontifical. En México, con licencia.|| En cafa d Pedro Ocharte. 1589. A ambos lados de la portada hay toscos grabados del cordón de S. Francisco, En 89, letra romana. A la vuelta de la portada comienzan los preliminares, que concluyen en la foja 18 fte. El texto ocupa desde la foja 18 vta. hasta la 76; esta, que es la última del libro, no está numerada. (El ejemplar descrito era del Sr. D. J. F. Ramírez.) r589 ioo. Antiphonarium. Falta la portada. Comienza el libro por una hoja sin folio ni signatura; en ella se lee por principio esta advertencia, en letra romana: Ad Clerum Romanam Curiam imitantem. Accipite gens Tanda regale facerdotum, cetus choriq; vniuerfi, hierarchiae eccle- liafticae: qui catholicam fidem ac angelicam hierarchiam imitamini. Iucunditatem laudum domini ac iubilationis veílrte Antiphonarium, videlicet Dominicale & fe- ríale ac folénitatum domini Sabbaoth, cum Hymnis qui aliqualem difficultatem ingerunt modulatibus. Inuitatorijsq; ac alijs, quae deficiebant integratum. Et quia nemo tam lineéis oculis quin offendat, &c impraeíToriae arti quafi impofsibile eft (vt exemplaria noílra manifeftant) non exorbitare: fi quid finiftrum inuentum fue- rit, veniam date. De bono vero opere non tantum fonoris vocibus, fed etiam cor- dium iubilis Deus femper laudetur. Amen. Válete. Sigue la Tabula Officiorum huius Antiphonarij &c. A la vuelta un gran Calvario (el mismo del n9 95), con esta leyenda al rededor en letras góticas rojas: íHtUirU- mus te «Kíjtttte: t henchí |j rímus tílú: quta $ex fancíam||crucem tuam Me? iremíítí muntrum. En folio mayor (0,40X0,26), papel marquida, gruesos caracteres góttCOS, no- tas de canto llano, todo rojo y negro, iniciales de uno y de dos colores, muchos grabados. En la ejecución tipográfica, este libro es enteramente igual al Psalterium (n9 95) y tan notable como él. Fojas 1 á 132. Aquí, según se advierte por el folio y por la signatura, falta una hoja que probablemente era un grabado ó portada historiada que algún bárbaro ij89] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 329 arrancó.— Siguen ff. 2 á 135, que comprenden la Semana Santa. Nueva numera- ción, ff. 1 á 62. A la vuelta de la última el colofón, impreso en letras rojas: g>olí Jico fjonor x glorían (Explícít bolumc &ntípi)onaríí tic tcporc||bna cum alíquíbus notatís Cutmna cura, longífsímtetp || bígílíjs per= fcctum, corrcctum: nupcrrímc rcutfum t cmcntrattt. || fEcríct, aputi 0ci)artc. Enno¡|mcarnattonís xromínícf. i58g.||Mcgíftrum &c. ( El ejemplar descrito está en mi poder.) En las actas del Cabildo Eclesiástico se encuentra la siguiente noticia: “En cabildo de 12 de Febrero de este año de 77 se mandó dar libranza de 40 pesos de tepuzque á Pedro Ocharte impresor de libros por un Antifonario para esta Santa Iglesia.” Por la fecha se ve que no se trata del presente. ¿Imprimiría antes otro Pedro Ocharte, ó la compra fué de uno impreso fuera? I59i 101. Primera Parte de los Problemas y Secretos Maravi- llosos de las Indias. Compuesta por el Dr. Juan de Cárde- nas, Médico. Dirigida al Ilustrísimo Señor D. Luis de Velasco, Virrey de esta Nueva España. Un escudo. Con licencia. En México. En casa de Pedro Ocharte. Año de 1591. (Véase la fotolitografía.) En 89 pequeño: letra romana. 8 ff. preliminares, sin numeración, y 246 nu- meradas. (El ejemplar descrito pertenece al Sr. D. José M. de Agreda.) Í¡wví|as noticias que tenemos del Doc- i g§Éd tor Cárdenas, pueden verse en el artículo Los Médicos de Méxi- co en el Siglo XVI, adjunto al n9 57 de este Catálogo, pág. 173. El libro de los Problemas no tiene hoy utilidad práctica; pero además de dar- nos á conocer lo mucho que el autor ha- bía observado y estudiado en edad to- davía temprana, es curioso y útil para saber cómo se explicaban entonces mu- chos fenómenos naturales de las Indias. El contenido de los tres libros en que se divide la obra se ve en la “Suma de lo que en el discurso de este libro se tra- ta,” y es del tenor siguiente: “Trátase en el libro primero, del si- tio, temple y constelación desta tierra, dando la razón y causa de extrañas pro- piedades, que en ella succeden, como es temblar, haber tantos volcanes, tantas fuentes de agua caliente, llover en vera- no y no en invierno, darse á cada breve espacio de tierra una parte de tierra fría y otra de muy caliente &c. Y con esto otras muchas curiosidades. “En el libro segundo se trata copio- samente del beneficio de los metales, BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XV1. C1591 dando la razón por qué se echa sal en los montones de metal para sacar la plata, y por qué se pierde tanto azogue cuanto se saca de plata. Por qué asimesmo unos metales dan más presto la ley que otros, con otras muy galanas preguntas. “Trátase también en este mesmo li- bro, de algunas plantas de las Indias, co- mo es del Cacao, del Maíz, del Chile, de las Tunas y del Tabaco &c. Declá- ranse asimesmo muy en particular las propiedades del Chocolate, las del Atole y las del humo del Piciete. “En el libro tercero se trata de las propiedades y cualidades de los hombres y animales nacidos en las Indias, como es decir que por qué los españoles que en esta tierra nacen son á una mano de vivo y delicado ingenio; y si es verdad que viven menos que los nacidos en la Europa, y por qué encanecen tan pres- to; por qué hay tantos enfermos del es- tómago; por qué á las mujeres les acude su regla con grandísimos dolores; por quéá los indios no les nace barba; porqué no hay éticos en las Indias; por qué no rabian en ella los animales &c.” Para dar idea cabal de una obra co- mo esta, en que se tratan innumerables materias, sería preciso hacer extractos más extensos de lo que permite la índo- le de mi trabajo. Pero en atención á lo muy raro del libro (no he visto más que un ejemplar de él), daré el índice de sus capítulos. Así, á lo menos, se conocerán las cuestiones ó “problemas” de que tra- ta el doctor, y solamente añadiré algu- nos breves extractos, para hacer menos árida esa enumeración. Libro Primero.— Cap. I. En que se da princi- pio á esta Historia Natural. Cap. II. En que se da la causa por qué todo lo más desta tierra de Indias sea de temple caliente y húmido. Cap. III. Por qué causa el abismo y centro desta tierra tiene en sí tantas cavernas: decláranse tam- bién otras curiosas dubdas. Cap. IV. De qué procede en las Indias hallarse en pequeño espacio una parte de tierra fría y otra de muy caliente. Cap. V. Por qué causa la media región del aire está en las Indias tan cercana á la tierra. Cap. VI. Por qué causa si en las Indias estamos á la sombra sentimos gran frío, y si al sol nos abra- samos de calor: dáse también la causa de haber en los tiempos tantas y tan súbitas mudanzas. Cap. VII. Por qué causa todas las costas y puer- tos de mar en las Indias son por extremo calientes. Cap. VIII. Cuál sea la causa de ser todas las tierras calientes de Indias fértiles y viciosas por el invierno. Cap. IX. Cuál sea la causa por qué en las In- dias tienen los árboles las raíces sobre la tierra. Cap. X. Por qué causa los árboles que son na- turales desta tierra jamás pierden la hoja como los de España. Cap. XI. Por qué causa en todos los tiempos del año se coge en las Indias trigo, maíz y todo género de fruta y semilla. Cap. XII. Por qué causa son habitables las In- dias, estando dentro de la tórrida zona. El autor resume su resolución del pro- blema en estos términos: “Ansí quecon- cluimos diciendo, que las Indias son ha- bitables en todo tiempo por corregirles el calor las lluvias, las sierras nevadas, la igualdad de los días y noches, y sobre todo el altura de los lugares, mediante la cual gozan perpetuamente de aires que las refrescan y bañan.” Cap. XIII. Por qué causa son las lluvias en In- dias por tiempo de verano, y no en invierno. Cap. XIV. Por qué causa en algunas provincias de las Indias caen grandísima copia de rayos, y en otras por milagro se han visto caer. Cap. XV. Por qué causa el sereno de las Indias es mucho más enfermo que el de otras provincias. Cap. XVI. Por qué causa sucede en las Indias temblar tan á menudo la tierra. “Pues digo agora que como el india- no abismo es cavernoso, y la parte su- perficial de la tierra muy densa y apre- tada, sucede que los vapores que con la fuerza del sol se resuelven de la humi- dad del centro, muchas veces no pueden salir afuera; por cuanto con mucha faci- lidad se cierran y aprietan los poros de la tierra, por donde habían de salir, y á esta causa, buscando salida y respirade- ro, hacen muchas veces temblar y estre- 1591] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 331 mecer la tierra: y esto se responde al problema.” Por esta solución se ve á lo menos que el Dr. Cárdenas conocía la inmensa fuerza de expansión del agua vaporizada. Los temblores de tierra van disminuyendo aquí notablemente en nú- mero y en intensidad. Cap. XVII. De qué procede haber en las Indias tantos volcanes. Cap. XVIII. De qué procede haber en las In- dias tanto número de calidísimas fuentes. Libro II.— Cap. I. En que se declara la causa por qué criándose el oro en las profundas minas y ocultos entrañas de las muy altas sierras de Indias, se viene á hallar después en los ríos y costas del mar. Es curiosa la teoría del autor acerca de la formación de los -placeres de oro. Comienza diciendo que aunque los pla- netas influyen generalmente en todas las cosas, cada uno ejerce influjo especial en aquellas con las cuales tiene particular amistad, y prosigue así: “Según esto, de- rechamente se debe presumir que nin- gún planeta mereció con mejor título in- fluir sobre el oro como es el sol, pues entre todas las especies que hay de meta- les, ninguno, con muchos quilates, pue- de igualar al oro, y así es realmente, que del sol recibió el oro su resplandor, her- mosura, excelencia y señorío sobre to- dos los metales; de él participó ser ami- go del corazón, sobre quien el sol tiene tanto predominio: finalmente, todos los buenos accidentes, cualidades y propie- dades que hallamos en el oro, las recibió y participó en el aspecto de este tan ex- celente planeta, y en todo le comparó y asemejó á sí. “Otrosí debemos considerar que en- tre las admirables propiedades que el sol comunicó al oro, su tan familiar y ami- go, le dió una que no es poco propia y natural de todas aquellas cosas que tie- nen entre sí gran conveniencia y amis- tad; y esto fué una propensa y muy na- tural inclinación de no apartarse el oro de su presencia, sino seguir de ordinario la hermosura y resplandor de sus rayos, y así tanto cuanto es más amiga la plata (por ser fría y húmida) seguir la frial- dad y humidad del abismo, tanto más apetece el oro subir á la superficie de la tierra, por gozar mejor del sol su fami- liar planeta, y por el consiguiente, de criarse en las muy cálidas é hirvientes regiones. “Tiene asimesmo otra propiedad el oro, que acaba de confirmar la dicha amistad, y es que como el oro se cría siempre con aquel deseo y natural ape- tito de ir siempre siguiendo la presencia V hermosura del sol, toma de ordinario aquella figura ó forma que más dispues- ta le sea para le ir á buscar, y así mucha parte de él, en lugar de criarse entrañado y arraigado con la misma sustancia de la piedra donde se cría, antes procura apartarse de ella, tomando forma redon- da y granujada, para más fácilmente le salir á buscar; y esto todo se ha como fundamento de la respuesta. “Digo, pues desta suerte: es verdad cierta y averiguada que el oro, como otro cualquier metal, se cría en las entrañas de la tierra, aunque no en lo muy pro- fundo, por no apartarse mucho del sol, cuya amistad tanto ama: después ya de formado en grano (hablo del que esta fi- gura toma) llegan los rayos del sol, que representan la misma virtud que el sol, y como es propio de amistad llamar y atraer á sí la cosa amada, atraen y llaman al oro con quien tanta amistad y fami- liaridad tienen: por otra parte, como el oro ama tanto esta subida, y este llegar- se y acercarse al sol, va poco á poco, me- diante el impulso de la tierra, subiendo arriba en forma de granos, hasta llegar á la superficie de la tierra; y ama tanto esta subida, que se ha de presumir, que si hubiera cuerpo firme en quien estri- bar, fuera subiendo hasta abrazarse y unirse con el mismo sol; pero como no halla en quien estribe, quédase sobre la haz de la tierra, gozando del sol y de sus hermosos rayos. “Puesto ya en grano sobre la mesma tierra, sucede que como de ordinario se cría en montes y cerros muy altos, vie- nen las lluvias y fuertes aguaceros (cuya 332 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [■ 591 propiedad es llevarlo todo abarrisco) y con el raudal é ímpetus de las corrientes, arrebátanlo á vueltas de la arena, y llé- vanlo consigo hasta dar con él en los propios ríos y costas del mar y esa es la causa por qué en los arroyos que bajan de las sierras, mayormente en aquellos heridos que al bajar de los montes hacen las corrientes, y en las mismas laderas y sabanas, se suele hallar gran cantidad de oro; y esto se da por respuesta del pro- blema.” Cap. II. Por qué causa ó á qué fin se echa Ja sal y el azogue en los montones de metal, para ha- ber de sacar la plata. Cap. III. Por qué causa para haber de sacar pla- ta por azogue, se pierde tanto de azogue cuanto se saca de plata. Cap. IV. Por qué causa dan unos metales más presto la ley que otros. Cap. V. En el cual, por breves razones, se satis- face á otras galanas y curiosas dubdas que acerca del beneficio de los metales se ofrecen. Cap. VI. Por qué causa, siendo frigidísimo el azogue, se curan con él enfermedades muy frías: trátase de la calidad del azogue. Cap. VII. Cuál sea la causa que siendo frío el cacao, haga en nosotros efectos de mucho calor: trá- tase copiosamente del chocolate. Cap. VIII. En el cual se acaba de declarar la naturaleza, propiedades y efectos del chocolate. No da el autor opinión general en pró ó en contra de esta bebida, sino que la tiene por buena ó por mala, según el temperamento de las personas que la to- man, y circunstancias en que la usan. D. Nicolás Antonio y Beristain dicen que el Dr. Cárdenas escribió otro trata- do especial (que no he visto) intitulado: Del Chocolate, qué provechos haga, y si es bebida saludable ó no. México, 1609, en 89 Cap. IX. En el cual.se pregunta y declara si con el chocolate, cacao y otras bebidas se quebranta el ayuno. La resolución á esta duda es por la afirmativa. Dávila Padilla (lib. II, ca- pítulo 84) se queja de que habiendo si- do él uno de los aprobantes de este libro, corra con su aprobación “una falsedad “tan grande como decir que el vino que- “brantase el ayuno, y una precipitación “de que también el chocolate.” Asegura que cuando se presentó el original á su censura, “no traía esa resolución, ni aun “movía la duda. Luego le pareció al au- “tor añadirla, y se imprimió sin exami- narla.” Cap. X. Por qué causa sucede que el chile ó la pimienta, mientras más se tuestan menos calor dan. Cap. XI. Por qué causa las tunas restriñen el vientre, y provocan tanto la orina. Cap. XII. Por qué causa el zumo de la yuca si se toma crudo mata, y cocido es muy buen mante- nimiento. Cap. XIII. Por qué causa la coca y el tabaco, trayéndose en la boca dan fuerza y mantenimiento al cuerpo. Cap. XIV. Por qué causa se tiene y juzga el ato- le por sano mantenimiento para todas complexio- nes y enfermedades. Cap. XV. Por qué causa la miel de abejas que se coge en las Indias es toda en general agria. Cap. XVI. Por qué vía y orden natural se en- gendra la piedra bezaar en las entrañas de la cer- vicabra. Cap. XVII. Por qué causa, para blanquear y pu- rificar el azúcar se le echa encima de la forma una pella de barro. Cap. XVIII. En que se declara en particular las propiedades y virtudes del Piciete, y cómo se debe usar de su humo. El autor se muestra gran partidario del Picietl (ó Tabaco), diciendo, por mo- do de exordio: “Querer agora contar las virtudes y grandezas de esta santa yerba, las enfermedades que con ella se curan y han curado, los males de que á millo- nes de hombres preserva, será proceder en infinito: sólo baste, para encareci- miento, que si el tabaco, por su mal olor, no fuera aborrecido de muchos, ni la genciana, ni la aristolochia, ni el muy preciado eupatorio llegaran á competir con él, porque es esta preciosa yerba tan general en todas las humanas necesida- des, que á sanos y enfermos, en bailes y regocijos, en trabajos y enfermedades causadas de frialdad, agora se aplique por la boca, agora en ayuda, agora se to- me por defuera, agora por la parte de 159 iH BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 333 dentro, en hoja, en zumo, en polvo, en cocimiento, en forma de ungüento, de untura ó de emplasto, de todas suertes, y en todas coyunturas nos socorre— Y por no enfadar, me atrevo á decir que no crió la Naturaleza yerba más sancta y medicinal, y así con razón muchos le nombran la yerba sancta.” Habla luego del uso de fumar, ya des- de entonces general en esta tierra, y dice: “Contar quiero del piciete el más extra- ño modo de medicina que en toda el ar- te médica jamás se imagina, y esto sólo he visto usar á los naturales desta tierra, de quien los negros y muchos españoles y aun las mujeres lo han deprendido, y es que toman esta yerba, y después de seca y molida, la envuelven en una otra hoja ó cañutillo, y encendiéndola por una parte, chupan el humo por la otra, á fin de tragarlo; qué diré agora de los admirables efectos que de tomar este hu- mo se siguen: díganlo los enfermos de reumas, los flacos de estómago, los suje- tos y dispuestos á hidropesía, los asmáti- cos, los que padecen dolores antiguos, mayormente causados del mal francés por humor frío, los soldados y gente del campo que-duermen por esos suelos, su- jetos á fríos y aguaceros y malas ventu- ras, mediante el cual se alivian y descan- san de sus trabajos, sufriendo con él, no digo yo las malas noches, pero la sed, hambre y cansancio: díganlo los indios y negros mineros, pues mediante él des- cansan y se preservan de que la frialdad de los metales no les engrase y penetre: dígalo, por concluir, toda esa gente que habita por todas, estas costas y tierras calientes de las Indias, donde desde el menor hasta el mayor apenas pueden vi- vir sin él, y es realmente importantísi- mo en las tales calurosas tierras, porque como con el calor del aire'se debilita el calor natural del estómago, padecen los hombres indigestión y empacho de es- tómago, y por el consiguiente engendran muchas flemas y crudezas, todas las cua- les se corrigen despiden y evacúan con el humo de esta bendita y medicinal yer- ba; y así vemos á muchos que con él echan témpanos de frialdad, que mal año para haber tomado las unciones, y suele quedar un hombre, después de haberle tomado, tan descansado y aliviado de sus males, que con aquello parece que descansa, reposa y queda contento; y así con justa razón hay millones de gentes que se olvidarán de lo que ha de comer y beber, y no de traer consigo la santa yerba: que no sé yo, por cierto, de qué yerba ni medicina del mundo se puede decir la mitad que se ve y experimenta de esta. “Cuando me pongo á imaginar quién haya sido el inventor de chupar este hu- mo del piciete, supuesto que hasta hoy autor ninguno lo ha escripto ni hecho mención de él, sospecho que algún ángel lo aconsejó á los indios, ó algún demo- nio: que sea ángel está puesto en razón, porque él nos libra de tantas enfermeda- des, que verdaderamente parece medici- na de ángeles; y que parezca ser remedio de demonios, también lo está, porque si nos ponemos á mirar al que lo está chu- pando, le veremos echar por boca y na- rices bocanadas de un hediondo humo, que parece un volcán, ó boca de infierno; pero invéntelo quien quisieren, que él me parece, sabiéndolo bien usar y apli- cará nuestras enfermedades, remedio del cielo, tanto cuanto es dañoso, pernicio- so y pestilencial si no se sabe usar de él, y así me acuerdo haber visto á muchos que de solo usarle sin orden, medida ni discreción, les ha sobrevenido no sola- mente inflamación de hígado, riñones y flema salada, pero muy finos tabardetes, por el cual respeto me pareció poner aquí algunas reglas que sirvan de aviso al que con seguridad y augmento de su salud quisiere usar del dicho humo.” Señala en seguida cuáles son las per- sonas que deben abstenerse de fumar, y añade que para aquellos á quienes con- viene tal costumbre, la mejor hora es por la mañana en ayunas, y después de la cena. Pasando á descubrir los diversos modos de fumar, dice así: “Acerca del 334 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [■ J91 instrumento con que se debe tomar, hay también duda, pues unos hay que le acos- tumbran tomar en unos cañutillos de barro ó de plata, ó de algún palo muy duro: otros le toman revuelto el tabaco en una hoja de maíz, ó en un papel ó en cañuto de caña: lo que acerca de esto se me ofrece es que el humo que se toma en cañutillo de barro, plata ó madera, este tal va fortísimo, por cuanto en él sólo se quema la yerba, y no otra cosa que tiemple su fuerza; pero tomado en- vuelto en hoja ó en papel ó en caña, va ya más quebrantado el dicho humo, por- que no es sólo el tabaco el que allí se quema, sino también la hoja ó caña en que se envuelve; pero sobre todos es mejor y más seguro el que se usa envuel- to en hoja de maíz ó de otro árbol, por- que este tal, fuera de que va templado, no atosiga ni da aquel hedor que dá el papel y la caña, cuando se quema.” Libro III.— Cap. I. En que se declara si los hombres que nacen y se crían en las Indias son de vida más corta y breve que los de otras provincias. Cap. II. Cuál sea la causa de ser todos los espa- ñoles que nacen en las Indias, por la mayor parte, de ingenio vivo, tracendido y delicado. Comienza así este capítulo: “Para dar muestra y testimonio cierto de que to- dos los nacidos en Indias sean á una ma- no de agudo, tracendido y delicado in- genio, quiero que comparemos á uno de los de acá con otro rezín venido de Es- paña, y sea esta la manera: que el nacido en las Indias no sea criado en algunas de estas grandes y famosas ciudades de las Indias, sino en una pobre y bárbara aldea de indios, sólo en compañía de cuatro labradores; y sea asimesmo el ca- chupín ó rezín venido de España criado en una aldea, y júntense estos, que ten- gan plática y conversación el uno con el otro; oiremos al español nacido en las Indias hablar tan pulido, cortesano y cu- rioso, y con tantos preámbulos, delica- deza y estilo retórico, no enseñado ni artificial, sino natural, que parece ha si- do criado toda su vida en corte, y en compañía de gente muy hablada y dis- creta: al contrario verán al chapetón, co- mo no se haya criado entre gente ciuda- dana, que no hay palo con corteza que más bronco y torpe sea: pues ver el mo- do de proceder en todo del uno tan di- ferente del otro, uno tan torpe y otro tan vivo, que no hay hombre, por igno- rante que sea, que luego no eche de ver cuál sea cachupín, y cuál nacido en In- dias. Pues venga agora una mujer de España, y éntre en conversación de mu- chas damas de las Indias: al momento se diferencia y conoce ser de España, sólo por la ventaja que en cuanto al tra- cender y hablar nos hace la española gen- te nacida en Indias á los que de España venimos. Pues pónganse á decir un pri- mor, un ofrecimiento, ó una razón bien limada y sacada de punto, mejor viva yo, que haya cortesano criado dentro de Madrid ó Toledo que mejor la lime y componga. Acuérdome una vez, que ha- ciéndome ofertas un hidalgo mexicano, para decirme que, en cierta forma, temía poco la muerte, teniéndome á mí por su médico, sacó la razón por este estilo: de- vanen las Parcas el hilo de mi vida co- mo más gusto les diere, que cuando ellas quieran cortarle, tengo yo á V. Mrd. de mi mano, que le sabrá bien añudar. Otro, ofreciéndome su persona y casa á mi ser- vicio, dijo: sírvase V. Mrd. de aquella casa, pues sabe que es la recámara de su regalo de Y. Mrd. A este mismo modo, y conforme á esta delicadeza, son las razo- nes de los hombres que en Indias nacen, y esto es en cuanto al hablar; pues en el entender y tracender no se muestran me- nos aventajados, pues verdaderamente entiendo que á ninguna cosa de las que se ponen á intentar y hacer (si hasta el fin perseverasen en ella) nos dejan de hacer ventaja. Y esto bien claro se muestra en los lindos ingenios que todos á una ma- no muestran en estas escuelas de las In- dias, donde, si el premio de sus trabajos no les faltase, serían monstruoá de na- turaleza.” Atribuye estas cualidades al tempera- mento sanguíneo, que dice ser común '590 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 335 en las Indias, y prosigue: “Pero es ne- cesario advirtamos una cosa que acerca de esto se me ofrece notar, y es que en- tendamos que así como es propio y na- tural de la sangre y cólera hacer los efec- tos que agora acabamos de declarar, así traen consigo otra falta no pequeña, y es que como son humores calientes, del- gados y ágiles, que con facilidad se mue- ven, así causan mudanza y variedad en los hombres, haciéndoles poco perseve- rantes en sus cosas: y así realmente po- demos decir que en esta tierra sobra en los hombres la viveza y falta la constan- cia y perseverancia en lo que se ponen á hacer, porque con el hervor y facilidad con que se comienza, no se persevera y prosigue en ello, y esto lo hace el faltar el peso y asiento de la melancolía, la cual es fuerza que falte con el predominio de la sangre. También como digo lo uno digo lo otro, que esto es en cuanto al predominio y calidad de los humores; pero como virtudes (según dicen) ven- cen señales, venciendo y yendo contra la falta que les hace la melancolía, la enten- dida, tracendida y perspicaz gente india- na suple con su bueno y delicado inge- nio la falta que en esto les pudo hacer naturaleza; y así tengo por muy cierto para mí, hay gente nacida en Indias, que no sólo en su vivo y delicado entendi- miento, pero que también en peso, cons- tancia y perseverancia, se pueden aven- tajar á otras naciones del mundo, como podríamos ver discurriendo y entrando en particular por ilustres y generosas ca- sas de muchos, cuyos famosos descen- dientes ilustran y hermosean este Nue- vo Mundo de las Indias. Lo mesmo podríamos ver por letrados sapientísi- mos de esta tierra á quien la cortedad de ella tiene sepultados, teniendo partes para resplandecer y señalarse en todas las universidades del mundo: así que podemos concluir que á la gente de esta tierra les compete la viveza y delicade- za de ingenio por naturaleza, y la cons- tancia por propia virtud, repugnando á la complexión y composición que por parte de los cuatro humores les compe- te, y esto les es más de agradecer.” Cap. III. Cuál sea la causa de encanecer tan presto los hombres en esta tierra. Cap. IV. Por qué causa por maravilla se hacen calvos los indios como los españoles, ni les nace barba. Cap. V. De qué procede haber en las Indias tan- tos enfermos y tocados de este contagioso mal de las bubas. Por la lectura de este capítulo veni- mos en conocimiento de que el mal ve- néreo no había perdido todavía casi nada de su primitiva fuerza, pues “tan de ve- ras aflije, apremia y atormenta á los hom- bres, sin hacer excepción alguna, que ya se usa decir en las Indias, que no es hombre honrado el que no tiene un cier- to ramillo ó rastro de este achaque; y así es tan negro de usado un parche de terciopelo negro en el rostro, un chichón en una sien, una señal con falta de hue- so en la frente, que casi no se echa de ver en ello. Pues si hubiésemos de dis- currir por menudencias, y notar en un traer el color algo quebrado, un tener no sé qué dolorcillos en las coyunturas, ó unas postillejas y llaguillas en la bo- ca sería todo esto nunca acabar; pero en fin, saquemos en limpio nuestro pro- pósito, que es dar por cierta y averigua- da conclusión, que el mundo no tiene provincia ni reino donde más este mal aflija, ni donde más azogue, guayacán, china y zarzaparrilla se gaste, ni más sen, epítimo, polipodio y hermodátiles se consuman en jarabes, que en esta tierra; y esta duda es la que se ha propuesto en el problema, es á saber, por qué causa más en esta tierra que en otra ninguna de las del mundo, reine el sobredicho mal, llamado, por la mucha usanza que de él se tiene, fruta de la tierra.” Según el autor, la naturaleza de este mal era desconocida, y opina ser conta- gioso, pues “siempre se viene á pegar de unos en otros, por la mayor parte por vía de torpes, sucios é inmundos actos, aunque también se pega por otras vías; pero hablo de lo que más en común su- 336 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. C1591 cede.” Creía que se exacerbaba por el desaseo, y que la causa de ser tan gene- ral en las Indias estaba en el temple ca- liente y húmedo de la tierra. Respecto á su origen, se expresa así: “Tengo por imaginación decir que este mal tuvo ori- gen de los franceses, ni de los españo- les, ni de otra nación alguna, sino sólo de los indios, los cuales, al tiempo que estas Occidentales Indias se conquista- ron, lo pegaron á los españoles, y estos lo llevaron á España, de donde se co- menzó á derramar la maldita semilla y contagión del dicho mal por todo el mun- do; y no queramos de esto más muestra que ver que no ha más que se conocen bubas en la E-uropa, de lo que ha que se ganaron las Indias; y digo más, que aun- que los autores dicen ser este mal mo- derno, yo entiendo que es moderno para los de allá; pero para las Indias imagino que desde que indios las comenzaron á habitar, hay bubas en ellas, porque el propio temple y constelación de la tierra lo trae consigo.” Los atacados de ese mal no eran re- cibidos en los hospitales, y por eso en 1540 fundó el Sr. Zumárraga, expresa- mente para ellos, el del Amor de Dios. Cap. VI. Por qué causa por maravilla se ven hombres éticos en las Indias. Cap. VII. Por qué causa el indio chichimeco se sustenta sin beber: dáse también la causa por qué en viniendo á poder de españoles enferma y se muere. Cap. VIII. Por qué causa viven los viejos en las Indias muy más sanos que los mozos. Cap. IX. Por qué causa hay en las Indias tantos enfermos del estómago, de hidropesía, opilaciones y cámaras. Cap. X. Por qué causa á las mujeres en las In- dias les acude su regla con grandísimos dolores, y muy mal. Cap. XI. Por qué causa por maravilla se ven in- dios enfermos de reumas, de mal de hijada y orina, siendo bien al contrario en los españoles. Cap. XII. Por qué causa hay tantos indios cie- gos y enfermos de los ojos en esta tierra. Cap. XIII. Por qué causa jamás rabian los ani- males en las Indias. Si las Indias gozaban realmente de es- te privilegio en tiempo del Dr. Cárde- nas, le han perdido, porque hoy no faltan por acá animales rabiosos: bien que su número es infinitamente menor que en Europa. Cap. XIV. Por qué causa los animales que de suyo son ponzoñosos y mortíferos, no lo son tanto en esta tierra como en otras provincias del mündo. Cap. último. En que se declara muy por entero si puede haber hechizos en las yerbas, y qué sean hechizos. Búrlase holgadamente de los hechizos el autor, y atribuye á efectos naturales todo lo que se decía de ellos. Como se ve por estos extractos, el li- bro del Dr. Cárdenas no es un tratado de medicina, sino una recopilación de Cuestiones naturales. Al fin de la obra promete una segunda parte que según el prólogo de la primera debía tratar de las grandezas de la Tierra Firme y Perú; mas nunca salió á luz ni se sabe que exista manuscrita. r592 102. TRACTADO BREBE DE MEDICI||na y de to- das las enfermedades, hecho por el || padre fray Auguftin Far- fan, Doétor en Medici||na, y religiofo indigno de la orden de fant||Auguftin, en la nueua Efpaña. Ahora||nueuamente aña- l59 2 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 337 dido.|| DI RIGIDO A DON LVYS DE VE || laico, cauallero del ha- bito de Sá£tiago||y Virrey de efta Nueua Efpaña. Un grabado que representa á un fraile leyendo un libro. (Será el retrato del autor?) En México. Con priuilegio en cafa de Pedro ¡| Ocharte. De. 1592. años. En 4*?, letra romana. 4 ff. preliminares con: Privilegio del Virrey, dado á 4 de Mayo de 1592: en él se explica que la obra del P. Farfán es una Medicina Doméstica. “Por cuanto el padre doctor Fr. Augus- tín Farfán, religioso profeso de la orden de S. Augustín, me ha fecho relación, que con ánimo de aprovechar á este reino y repúblicas de él, y ayudar á la gente po- bre y ausente que carece de socorro de médicos para remedio de las enfermeda- des que padece estando en pueblos de indios y haciendas del campo; y no tenien- do posibilidad para curarse por mano de terceras personas interesadas, y para otros efectos, ha estudiado con cuidado de sacar á luz un libro intitulado Tratado breve de Medicina y de todas enfermedades, y le tiene acabado, y con licencia y obediencia de su provincial lo pretende imprimir para que se vaya comunicando y todos pue- dan usar de su doctrina, pidiendo que atento á que está visto y aprobado por el ordinario, y declarado por católico, le mandase dar licencia y privilegio para im- primirlo” &c. Aprobación del Dr. Ortiz de Hinojosa. Dedicatoria del autor al virrey D. Luis de Velasco. Dos sonetos del P. Hernán González de Eslava, en elogio del autor y de la obra. Hállanse insertos en la introducción que puse á los Coloquios Espirituales y Sacramentales de dicho autor, reimpresos en 1877. Sigue otro soneto del Dr. Farfán, en que dedica su obra al Virrey. No hay li- cencias, que sin duda se hallan en la primera edición, citada antes con el n9 82. El texto ocupa las ff. 1 á 353 fte. La vuelta de esta y otras cinco fojas sin numerar contienen la tabla de cosas notables. La obra está dividida en cinco libros: los tres primeros de Medicina, el cuarto de Cirugía, y el quinto de Anatomía. (El ejemplar descrito está en mi poder.) Beristain cita otra edición de 1604, que no he visto; pero tengo la cuarta de 1610. El título es el mismo que en la de 1592, con la diferencia de que el grabado de la portada es un S. Agustín, y abajo se lee: CON PRIVILEGIO.|| En México, en la Emprenta de Geronymo Balli.|| (Por Cornelio Adriano Cejar.) || Año de M.DC.X. En 49, letra romana. El privilegio del Virrey expresa que el autor había fallecido; mas, por desgra- cia, la hoja está rota, y no es posible leer por completo la fecha, sino solamente “veinte y ocho dias del mes de Mar<¿o de mil y feifcientos....” Los demás pre- liminares son como en la edición de 1592. Consta la de 1610 de 4 ff. prelimina- res, 261 numeradas, y 5 sin numerar, con la tabla. Véase el artículo “Los Médicos de México, en el siglo XVI,” pág. 173. 338 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XXL C1593 IS93 103. Arte en Lengua Mixteca, compuesta por el Padre Fray Antonio de los Reyes, de la Orden de Predicadores, Vicario de Tepuzculula. Un grabado de Ntra. Sra. del Rosario. En México. En casa de Pedro Balli. Año de 1593. (Véase la fotolitografía.) En 8?, letra romana pequeña, líneas enteras. El Tepuzculula de la portada está impreso en un pedacito de papel pegado sobre otro nombre, que es Tamazulapa. Portada con la vuelta blanca. Foja 2*, licencia del virrey D. Luis de Velasco. Foja 3*, licencia del Cabildo sede-vacante. Foja 4*, aprobación de los padres Fr. Pablo Rodríguez y Fr. Pascual de la Anunciación, en Tepuzculula, á 28 de Enero de 1593. Foja 5?, dedicatoria al provincial Fr. Gabriel de San José, fecha en Tepuzculula á 20 de Enero del mismo año: en ella elogia al provincial, por- que había mandado “imprimir Artes y Vocabularios en lengua mixteca y zapote- ca,” y escribir la historia de los fundadores de la provincia de Santiago. Fojas á Prólogo. Total 12 ff. preliminares, sin numerar. Folio 1. “COMIEN£A|| EL ARTE DE LA LEN||gua Mixteca, confor- me a|| lo que fe habla en || Tepuzculula.” Termina en el fol. 68, donde se repite el nombre del impresor, lugar y año. El cap. 28 y último se intitula: “De los nombres de los pueblos de que más noticia se tiene en esta Nueva España, vuel- tos en lengua mixteca para necesidades que se ofrecen cada dia de saberlos.” To- dos los nombres de la lista son mexicanos: México se interpreta ñucoyo, tenuchtitlan. (El ejemplar descrito está en mi poder, y no he visto otro: me fué regalado, hace muchos años, por el Sr. D. Manuel Orozco y Berra.) La obra se reimprimió en Puebla, así: ARTE||EN LENGVA|| MIXTECA|| compuesto|| Por el Padre Fray An- tonio de || los Reyes, del Sagrado Orden de || Predicadores, Vicario de || Tepuzcu- lula [Una Virgen del Rosario.] Con licencia en México, y por fu Original || reimprefo en la Puebla en la Imprenta de la|| Viuda de Miguel de Ortega, año de 1750. En 8?, letra romana, portada con doble orla. 12 íf. preliminares, sin numerar. Págs. 1 á 163 texto de la obra, dividido en un Preámbulo y 28 capítulos. Al fin: Laus Deo. 5-ffgloco se sabe de Fr. Antonio de •mi los Reyes: todo lo que dice de 4PÜJ él Dávila Padilla es que “impri- mió Arte en esta lengua (mixteca) con algunas curiosidades importantes para entender la cuenta de los años, y tener luz en las historias de los indios.” Eguia- ra es quien adelanta algo más, refirién- dose á la Historia MS. de la Provincia de Santiago de Predicadores, por Fr. Alon- so Franco: obra que vi hace muchos años en la biblioteca del convento de Santo ARTE MEXICANA COMPVESTA POREL PADRE ANTONIO DEL RINCON DE LA compañía de Iefus. Dirigido al llluítrifsimo y reuerendifsimo S.don Diego Rom ano Obi ípo deTlaxcal- lan,ydelconfejo de fu Mageftad. &c. En México en cafa de Pedro.Baili. i * ARTE EN LENCVA MIXTECA, COM- pueda por el Padre Fray Antonio de los Reyes, déla Ordé de Predica dores,Vicario de Tepuzculula, EN MEXICO. En cafa de Pedro Balli. Año de i 5 9 b 1593] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 339 Domingo, y cuyo paradero ignoro. Sólo he logrado después tener á la vista unos extractos de ella, en los cuales no está lo relativo á nuestro P. Reyes. Este era español, natural de Octodurum (Zamo- ra?), y después de haber estudiado en la Universidad de Salamanca, tomó el há- bito de Sto. Domingo en el convento de S. Esteban de la misma ciudad, de don- de pasó en 1555 á la provincia de San- tiago de México. En ella permaneció cuarenta y ocho años, hasta su muerte, ocurrida en 1603. Los PP. Quetif y Echard le hicieron mexicano; pero la au- toridad del P. Franco, confirmada por las demás circunstancias de la vida del P. Reyes, prueba que fué español. Pinelo-Barcia y D. Nicolás Antonio le atribuyeron, con duda y sin funda- mento, un “Arte de la Lengua Mexi- I cana. Dávila Padilla dijo, y otros repitie- ron, que el Arte Mixteco del P. Reyes contiene noticias importantes para en- tender la cuenta de los años y las anti- guas historias de los indios. Paréceme exagerada la calificación, porque si bien hay algo de ello en el prólogo, lo más se refiere á las diferencias entre los va- rios dialectos del mixteco. Mas para que el lector juzgue por sí mismo, traslado en seguida lo conducente del prólogo. Dice así: “Vulgar opinión fué entre los natu- rales mixtecas, que el origen y principio de sus falsos dioses y señores había sido en Apuala, pueblo de esta Mixteca que en su lengua llaman Yuta tnoho, que es río donde salieron los señores, porque de- cían haber sido desgajados de unos árbo- les que salían de aquel río, los cuales te- nían particulares nombres. “Llaman también á aquel pueblo Yu- ta tnuhu, que es río de los linajes, y es el más proprio nombre, y el que más le cua- dra. Pero dejadas aparte estas antigüe- dades y vanidades, que no tienen apa- riencia ni vestigio de verdad, de que los naturales están ya muy enterados y fun- dados en nuestra santa fe católica, la cual contradice estas falsas y ridiculas opi- niones, y es más acertado y seguro se- pultarlas en perpetuo olvido: lo tocante á los señores y su nacimiento pudo ser que antiguamente saliesen de aquel pue- blo algunos señores, y que de allí se ex- tendiesen por los demás pueblos de la Mixteca, y por ser eminentes y señala- dos en guerras, y por sus hechos heroi- cos ganasen particulares nombres, como se dice hoy día de los que fundaron los principales pueblos de esta Mixteca. “En especial era tradición antigua que los dichos señores que salieron de Apua- la se habían hecho cuatro partes, y se dividieron de tal suerte, que se apode- raron de toda la Mixteca. A la Mixteca alta llamaron Nudzavuiñuhu, que es cosa como divina y estimada, del verbo yehe ñuhu, que es ser tenido y estimado. A la parte de los chuchones llamaron To- cuijñuhu, por la mesma razón, y Tocuij ñudzavui, que es chuchón mixteca, por la participación y comunicación que tienen con los mixtéeos, y mucho parentesco. A la parte que cae hacia Oajaca Tocuisi ñuhu, por ser también tierra estimada. A la Mixteca baja pusieron nombre de Nuniñe, por ser tierra cálida, y toda aque- lla cordillera hasta Puctla, que es prin- cipio de la costa llamaron Nuñuma, por las muchas nieblas que allí se ven ordi- nariamente, y por su espesura parecen humo, que en la lengua mixteca se dice ñuma. A la costa del Mar del Sur, que se sigue á Puctla, ljamaron Nundaa, por ser tierra llana, y Nuñama, que es la caña del maíz, y Nundevi, porque se parece mejor en aquella tierra el horizonte, que llaman sahaandevui, que quiere decir el pié del cielo. “De estos señores decían que habían traído las leyes á toda esta tierra dicha, por donde se rigiesen y gobernasen los naturales mixtéeos que habitaban en es- ta tierra antes, y la poseían y tenían por i DÁvila Padilla, cap. últ.—Nic. Ant., B. H. N., tom. I, pág. 157.— Quetif y Echard, tom. II, pág. 320.— Pinelo-Barcia, Epítome, col. 725.— Eguiara, pág. 263.—Beristain, tom. III, pág. 22. 340 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. íl593 suya; que entre los demás dislates y de- satinos de su gentilidad, era uno que creían que antes que los dichos señores conquistasen esta tierra, había en ella unos pueblos, y á los moradores de ellos llamaban tay nuhu, ó ñañubu, ó tainísimo, ó tay nisai ñuhu; y estos decían haber sa- lido del centro de la tierra, que llaman anuhu, sin descendencia de los señores de Apuala, sino que habían parecido so- bre la tierra y apoderádose de ella, y que estos eran los meros y verdaderos mix- téeos y señores de la lengua que ahora se habla. t£De los señores que vinieron de Apua- la decían haber sido yya sandizo sanai,yya nisainisidzo huidzo sahu, los señores que trajeron los mandamientos y leyes á la tierra. “En la lengua decían los naturales no haber innovado cosa alguna, ni la mu- daron de como se hablaba antes, sino que se acomodaron al frasis y modos que te- nían de hablar los naturales; aunque des- pués, por discurso de tiempo, con ca- samientos y victorias en guerras, hubo grandes mezclas en la lengua; y esto solo tiene más aparencia de verdad, y que las grandes diferencias y modos distintos de hablar esta lengua hayan venido de mez- clarse los pueblos por guerras 6 casa- mientos, porque hoy día se ve que no solamente entre pueblos diversos se usan diferentes modos de hablar; pero en un mesmo pueblo se halla en un barrio de una manera, y en otro de otra, siendo la lengua mixteca toda una. Pero hablando sin agravio de los demás pueblos de la Mixteca, que merecen mucha loa, y ter- nán otras cosas particulares que notar en ellos, del de Tepuzculula podemos decir que es el que más ha conservado la en- tereza de la lengua, y que con menos mezcla de otras se halla el día de hoy; aunque después de la impresión de la Doctrina del P. Fr. Benito Hernández, por haberse hecho en lengua de Tlachia- co y Achiutla, después en la que se tras- ladó en lengua de Tepuzculula, se ponen algunos vocablos que no tenían antigua- mente, como es el verbo yonaindi, por tener en las manos, dice yonaandi, que quiere decir, morir y reñir, lo cual causa confusión; y el verbo yosaandi se pone muchas veces por tomar, dándole futuro quaa, teniendo su verbo particular, que es yosaindi, futuro quay, y el verbo yosaa, con futuro caa, quiere decir subir á casa ajena ó lugar que no sea propio; y ansí hay otros muchos vocablos que en la lengua antigua de Tepuzculula no se usaban; y por leer lo que saben en la di- cha Doctrina, y oirla decir en la iglesia, cuando se enseñan, como está en ella es- crito, ha causado confusión, la cual se pretende quitar en esta Arte, poniendo los vocablos y modo de hablar al uso antiguo de Tepuzculula, y como hoy día la hablan los viejos que tienen más no- ticia de la lengua. “Supuesto lo dicho, podemos notar que en toda esta Mixteca, dejando apar- te la lengua chuchona, que se habla en los pueblos de Cuixtlahuac, Texupa y Tamaczulapa y otros de su comarca, en los cuales también hay muchos mixte- cas, y en algunos de los dichos pueblos son más los mixtecas que los chuchones; y la lengua cuicatleca que se habla en Cuicatlán y las Almoloyas y otros pue- blos; y la lengua de Cuiquila, que tam- bién hablan en pocos pueblos, y peque- ños, todo lo demás es una sola lengua mixteca, que corre muchas leguas, y se hallan diversos modos de hablarla, y to- dos ellos se reducen á las dos lenguas principales, que son las de Tepuzculula y Yanhuitlán, como raíces de las demás; aunque, como está dicho, la de Tepuz- culula es más universal y clara, y que mejor se entiende en toda la Mixteca.” Prosigue explicando las diferencias de lenguaje que se notaban en diversos pue- blos; explicaciones que omito por no ser de interés sino para los que estudian especialmente las lenguas americanas; y tan sólo copiaré, para terminar, dos pá- rrafos que dicen así: “La lengua deTilantongo es la mes- ma que la de Tepuzculula, con muy po- VOC ABVLARIO EN LENGVA MISTECA, HECHO por los Padres déla Orden de Predicadorcs,que refiden cnella, y vltima mente recopilado, y acabado por el Padre Fray Franciíco de Ajua- rado, Vicario de lapa,de lamifma Orden. EN MEXICO. Con Licencia, En cafa de Pedro Balli. 1 5 9 3- *593] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XNI. 341 cas diferencias; y según sus antiguallas, en la división de los señores que salieron de Apuala, como se dijo al principio, cu- po en suerte al uno de ellos el pueblo deTilantongo, y fueron muy celebrados los señores de aquel pueblo, y lo son hoy día, y muy estimados entre los natura- les mixtéeos, y de allí vino un señor de este linaje afamado á Tepuzculula, y po- bló en él con gente deTilantongo, pre- valeciendo á los naturales, que decían haber salido del centro, los cuales vinie- ron á ser una mesma cosa, no solamente en Tepuzculula, donde hasta hoy hay barrios señalados de los que vinieron de Tilantongo; pero la lengua de ambos pueblos ha sido siempre una “En fin, aunque son muchas las di- ferencias de esta lengua mixteca, como está dicho, y que en un mesmo pueblo se suelen hallar barrios que tienen diver- sos vocablos y distintos modos de ha- blar, es consuelo muy grande saber que el que entendiere bien la lengua de Te- puzculula la puede hablar en todas las partes dichas de la Misteca, con segu- ridad de que será entendido de los na- turales. Y ya que no sea en tanto grado la de Yanhuitlán, por las particularida- des que tiene, no dejará de entenderse entre los principales y gente que cursa los caminos y pueblos con sus tratos y mercaderías, y la gente plebeya sacará unas razones por otras.” Hasta aquí el prólogo. En vano se buscarán en él las noticias sobre la cuen- ta de los años, de que habla Dávila Pa- dilla, ni tampoco las he encontrado en el cuerpo de la obra. Sin embargo, mi ejemplar no presenta indicio alguno de estar incompleto. *593 ic>4« Vocabulario en Lengua Misteca, hecho por los Pa- dres de la Orden de Predicadores que residen en ella, y úl- timamente recopilado y acabado por el Padre Fr. Francisco de Alvarado, Vicario de Tamazulapa, de la misma Orden. El escudo de Sto. Domingo. En México, con licencia, en casa de Pedro Balli. 1593. (Véase la fotolitografía.) En 4?, letra romana. 6 ff. preliminares: 1* La portada. 2* Licencia del virrey D. Luis de Velasco, 8 de Octubre de 1592. fte. Licencia del Dean y Cabildo sede-vacante. vta. Comisión del P. Provincial Fr. Gabriel de S. José, para que examinen la obra los padres Fr. Antonio de los Reyes y Fr. Pablo Rodríguez. 4?- fte. Aprobación de dichos padres. vta. Licencia del Provincial al P. Alvara- do para que pueda imprimir el Vocabulario “juntamente con el Arte que de la lengua misteca compuso el P. Fr. Antonio de los Reyes.” Dedicatoria al Pro- vincial. Prólogo al Lector. Dice así: “Quisiera yo saber decir algo de lo que siento y sentir todo lo que debo acerca del maravilloso cuidado que los ministros del Sancto Evangelio han tenido en este Nuevo Orbe, aunque basta para quien lo quiere advertir, entender que con- quistaron la idolatría que tantos años había reinado. Y se pusieron á estudiar len- guas peregrinas y bárbaras, cuya dificultad rindiera los mayores bríos de naturaleza, 342 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XV1. C1593 si no hubiera socorro con los de la divina gracia. Otros dirán de otras lenguas, pero puedo yo decir de la misteca, que demás de sus varias equivocaciones, tiene circunstancias de tanto cuidado y estudio, que hace muy digno de estimar el tra- bajo de los predicadores y ministros que han podido subjetarla. En el acento va- rían mucho las palabras la significación, y algunas no solamente en tener ó perder una tilde; pero aun en pronunciar el punto con blandura ó con la voz llena, llega á tanto esta lengua, que no se contenta con la que nos dió naturaleza para pro- nunciar, sino que sube á las narices, y dellas se vale en algunas pronunciaciones, que sin este socorro quedan faltas. Grandísimo trabajo pasaron los sanctos conquis- tadores de almas que nuestra provincia envió á la nación misteca. Y este trabajoso apostolado se ha ido continuando entre nuestros religiosos, por no haberlos de otra orden en aquella provincia. Más facilidad ha ido dando el discurso del tiem- po. Los padres viejos escribían cosas de esta lengua, y algunos de los que hoy viven son los que más claridad han dado, recogiendo vocablos en forma de dictio- nario. Todos estos preciosos trabajos me mandó nuestro P. Provincial Fr. Ga- briel de San Joseph que yo recogiese para que se imprimiesen. Y aunque lo prin- cipal se debe á los padres de esta nación, fué menester mi cuidado por entero en muchas cosas, y en mucha parte del Vocabulario, de tal suerte que los mismos in- dios, que son los mejores maestros que para esto eran y han sido los autores. La luz de todas estas diligencias y la publicación desta obra se debe á nuestro P. Pro- vincial que como deseoso del aumento de la provincia y bien de las almas, me mandó imprimir este libro. Las gracias de todo lo bueno se rindan á Dios como primer autor. Y si en lo que en este libro fuere mío se hallaren faltas, no será en mí cosa nueva, ni puede decir que no las tengo sino en sólo el deseo, que me parece que está sin ellas, por ser de servir á nuestro buen Dios, y á mis prójimos, á quien pido lo reciban en cuenta, acordándose de la que todos habernos de dará Dios de los talentos, y apiadándose del mío (como de pobre). Nuestro Señor nos enri- quezca con su gracia, que es lo que importa, para que le gocemos en la gloria.” El Vocabulario, que es castellano-misteco, comienza en la foja 1, y termina en la 204, á 2 col. Al fin se lee: *\\ Acabofe efte prefente Vocabulario, En Tama9ulapa,|| a 6. de Septiébre de 1592 años. El qual con||fu auótor, fe fomete y fubieóta a la cor-1| reótion de la Sanóla madre|| Yglefia Romana.|| EN MEXICO.|| En cafa de Pedro Balli. Año de|| 1593. (El ejemplar descrito está en mi poder, completo y muy bien conservado.) linÜii R* Francisco de Alvarado, fué natural de México, en cuyo con- vento de Santo Domingo tomó el hábito á 25 de Julio de 1574. No sé otra cosa de su vida. H icieron mención del autor y de la obra Dávila Padilla, cap. últ,; D. Ni- colás Antonio, Bibl. Hisp. Nova, t. I, pág. 398; Pinelo, Epítome, pág. 108; Pi- nelo-Barcia, id., col. 735; Quetif y Echard, tom.II,pág.298; Fernández, Hist. Relés, de nuestros tiempos, pág. 121; Eguiara, en sus Borradores MS. (fue el primero que dio la fecha de la edición); Beristain, tom. I, pág. 66; Ludewig, jThe Literature of American Aboriginal Languages, pág. 120. *594] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XXL 343 x594 105. mistica||TEOLOGIA||en la qval se nos||enfe- ña el verdadero camino del || Cielo, mediante el exerci-¡|cio de la virtud.H Compuerta por el Seraphico Doétor S. Iuá Bue-|| na Ventura, Cardenal, y Obifpo Albano||de la Orden de Sant Francifco. Un IHS. En México, por Pedro Balli. 1594. En 8?, letra romana. Foja 2?, licencia del virrey Enríquez, fecha en México á 23 de Junio de 1575. De consiguiente esta licencia corresponde á la 1* edición (Véase n° 68), y es extra- ño que no se pusiera en ella. Contiene el libro, por todo, 64 ff. sin numerar. Al fin repite el año de la impresión. (El ejemplar descrito pertenece al Sr. D. José M. de Agreda.— El del Sr. Ramírez [n? 132] se ven- dió [falto de una hoja] en £5 = 125.) x595 IOÓ. SVMMA||Y RECOPILACION||DE CIRVGIA, CON YN AR- TE PARA||SANGRAR Y EXAMINAR BARBE||ROS, COMPVESTO POR MAESTRE ¡I Alonfo López de Hinojofo.il VA AÑADIDO EN ESTA SEGVNDA IMPRESION||el origen y nafcimiento de las reumas, y las enfermedades que||dellas proceden, con otras cofas muy prouechofas || para acudir al remedio dellas,||y de otras muchas en-|| fermedades.|| IHS |] EN MEXICO.|| En cafa de Pedro Balli. Año de||MDXCV. En4?, letra romana: en la foja 126 fte. un grabado que representa los intestinos. (El ejemplar descrito, único que he visto, pertenecía en 1867 al Sr. Pbro. D. Agustín Fischer. Sien- to no haber tomado entonces apuntes más extensos, y ahora es imposible, porque el libro pasó á Lon- dres, donde fué vendido [n? 975] en £ 8.5 =$41.25.) La primera edición es de 1578. (Véase el n° 81). Las noticias biográficas del autor pueden verse en el artículo 49 “Es obra amenísima, en que se hallan muchas poesías latinas y castellanas de varios ingenios mexicanos. “ Directorium Decissionum Regularium área ambiguitates Constitutionum, Consuetu- dinum, Actorum generalium et Sanctionum Apostolicarum Sacrum Ordinem P radie atar um concernentium. Matriti, ex officina Joannis González, 1627, 4? “Hablando de esta obra los franceses Quetif y Echard dicen que es Opus mi- nus accuratum) porque en el tít. Conversus da nuestro autor voto á los Conversos en los Contratos del Capitulo. A la verdad, que si por seguir un escritor alguna opi- nión que le parece más probable, ha de merecer la nota de inexacto, pocas obras se librarían de ella, entrando la de Scriptores Ordinis Pradicatorum. En la dedicatoria de este Directorio asegura nuestro Hinojosa que tenía preparados para la prensa Dos tomos de Sermones, y un Clypeum Phomistarum ex Vhiastionibus methaphysicis et theologicis afifabre compactum. De que se infiere que aún no había nacido en Europa el autor del Clypeus Pheologia Thomistica, cuando en México se había ya fabricado ó estaba fabricándose un Clypeus Phomistarum.” (Beristain.) Es indudable que aun cuando Beristain vió la Vida de S. Jacinto, no nos da su verdadero título. El que le atribuyen los bibliotecarios Quetif y Echard parece aproximarse más á la verdad: La Vida y milagros de S. Jacinto, jy las notables fiestas que la insigne ciudad de M'exico hizo á su canonización. Los mismos bibliotecarios dicen que el P. Hinojosa fué consultor de la Inqui- sición en Madrid, y que aun vivía en 1627. ¿Pasaría de México á Madrid, donde imprimió ese año su Directorio? IS97 III. “Arista (P. Juan) natural de la Nueva España, religioso de la Compañía de Jesús de la Provincia de México. Siendo ministro del Colegio Real de S. Ilde- fonso, escribió: “Octavas reales en elogio del glorioso S. Jacinto, recien canonizado por la Silla Apos- tólica. Impreso en México, por Pedro Balli, 1597, en 4°” (Beristain.) Me inclino á creer que no se trata de un libro separado, sino de una composi- ción poética inclusa en el número anterior. La identidad de asunto, fecha, tama- ño, y nombre de impresor, así lo indican. Y en apoyo de la sospecha tenemos que Beristain citaba, por regla general, como obras por sí, todas las que eran solamente parte de otras; lo cual se nota más especialmente en los sermones ú oraciones fú- nebres que solían imprimirse á continuación de las relaciones de fiestas ó exequias. Siempre las anota sin expresar esa circunstancia, atribuyéndoles la fecha y nom- bre de impresor del libro en que se hallan. >597] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 347 El P. Alegre, en el principio del libro IV de su Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús de Nueva España, nos da una relación sumaria de las fiestas á que se refieren los dos libros que acabamos de citar. Dice así: “Damos principio al cuarto libro de nuestra Historia con una relación, en que entramos tanto más gustosos, cuanto su conocimiento contribuirá, puede ser, al fomento de la religiosa caridad, de que á pesar de las preocupaciones del vulgo, han dado siempre ilustres ejemplos las dos sagradas familias de Sto. Domingo y la Compañía de Jesús. Había la Santidad de Clemente VIII, el día 16 de Abril de 1594, sublimado á los altares al ínclito confesor S. Jacinto, del orden de Predicadores. Estos religiosísimos padres, queriendo que entrasen á la parte de su júbilo las demás familias religiosas de México, repartieron entre ellas y algu- nos otros cuerpos respetables los días de la octava, dejando el último para la Com- pañía, á quien quisieron distinguir con este singular favor. Se procuró desempe- ñar la obligación en que nos ponía una demostración tan sensible de estimación y de amistad. El día primero de la solemne octava se llevó la estatua del santo, de la Catedral al imperial convento, tomando el rumbo por nuestra Casa Profesa. A la puerta de nuestra iglesia se levantaba un hermoso edificio sobre dos arcos de bella arquitectura, y en medio un altar ricamente adornado en que descan- sase la imagen. Todo el largo de la calle, de las más vistosas y capaces de México, se había procurado colgar de cortinas y tapicerías que pendían de los balcones y ventanas. La parte inferior, que estuvo á cargo de la noble juventud de nuestros estudios, se veía llena de doseles magníficos, galoneados de oro y plata, con tar- jas, carteles y pinturas de diversas invenciones, de emblemas, empresas, enigmas, epigramas, himnos y gran diversidad de ruedas, laberintos, acrósticos y otro gé- nero de versos exquisitos, los más en lengua latina, italiana y castellana, y algunas en griego y en hebreo. Llegando á nuestra iglesia la procesión, salieron á recibirla todos los padres de aquella casa y del Colegio Máximo, con luces encendidas. Se- guíanlos dos docenas de jóvenes los más distinguidos entre nuestros estudiantes, gallardamente vestidos, con cirios en las manos, y tras de ellos otros cuatro, que con mucha viveza y gracia, dieron en un diálogo en verso el parabién al santo, de su nueva gloria, y á la religión por la que recibía de un hijo tan ilustre. El siguiente viernes, sexto día de la octava, que celebró el Cabildo de la Santa Iglesia Catedral, y asistió después á la mesa, tuvieron aquellos religiosos padres la benignidad de oir á uno de nuestros hermanos teólogos, que en tiempo del refectorio recitó, con grande aplauso de los oyentes, una oración latina en alabanzas del glorioso S. Ja- cinto. La misma tarde, tres colegiales del Seminario representaron al mismo asun- to, sobre un teatro majestuoso que se había erigido en la misma iglesia, una pieza panegírica repartida en tres cantos de poesía española, cuyos intervalos ocupaba la música. Obra en que el ilustre Cabildo quiso mostrar no menos el aprecio que hacía de la esclarecida religión de Sto. Domingo, que la confianza y alto concepto que formaba de nuestros estudiantes, á quienes quiso se encomendase el desem- peño de aquella lucidísima función. El domingo, que era el día señalado á nuestra religión, celebró la misa el padre rector del Colegio Máximo, y predicó el padre 348 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [■597 prepósito Pedro Sánchez con aquella elocuencia y energía que acompañaba siem- pre á sus discursos, asistiendo toda la comunidad, como después al refectorio, en que uno de nuestros hermanos teólogos recitó un bello panegírico en verso latino. Después se ordenó una procesión que presidió con la capa de coro el padre rec- tor del Colegio Máximo, anduvo al rededor del claustro interior y de la iglesia, cargando la estatua los jesuítas hasta colocarla en un magnífico retablo que le es- taba destinado. Tal fué la honra que á la mínima Compañía quiso hacer la insigne orden de Predicadores. No contentos aquellos religiosos y sabios varones con una tan pública demostración, quisieron aún aumentar el honor imprimiendo la relación de aquellas solemnes fiestas, con tantos elogios de la Compañía cuantos pudo sugerirles su amor y su elocuencia, y apenas nos permite leer el rubor.” Lo poco que dice el P. Alegre hace más sensible la pérdida del libro del P. Hi- nojosa. 1598 ii 2. Diálogos en Lengua Mexicana, por Fr. Elias de San Juan Bautista. México, Pedro Balli, 1598. En 8? No he logrado ver este libro: le cito con autoridad de D. Nicolás Antonio y de Beristain. Este asegura haber visto un ejemplar en el Colegio de S. Gregorio de México; pero á pesar de eso omitió darnos el nombre del impresor, que debemos á D. Nicolás Antonio. Los Diálogos tratan del Examen de Conciencia. 1599 113. compendio||DE LAS EXCE||lencias, de la bvlla DE || la Sanéta Cruzada, en lengua Mexica-||na compuefto por el Padre Fray Elias de||S. luán Baptifta, Religiofo de la orden de||Nra. Señora del Carmen, de los def-||calcaos defta Nueua Efpaña.||En S. Sebaftian. El escudo del Carmen. CON LICENCIA Y PRIVILEGIO.|| En México, á coila de Criíloval de la|| PazAlguazil de la Sanóla Cruzada.||Ty En la Emprenta de Enrico Martínez|| Interprete del Sanólo Officio de|| la Inquiíicion.|| Año 1599. En 89, letra romana, 24 ff., las 4 primeras sin numerar. En la vuelta de la portada y la foja siguiente las aprobaciones y licencias, con- cluyendo con un grabadito de S. Agustín. Foja 3, dedicatoria “Al Dr. Don Sancho Sanches de Muñón, Maestre-Scuela de la Cathedral de México” &c.— 20 ff. con el texto en mexicano.— 1 foja con un soneto en elogio del autor: vuelta blanca. (El ejemplar descrito pertenecía al Sr. Pbro. D. Agustín Fischer. Vendido en Londres, en £ 3.2.6 = $15.56.) *599] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 349 ray Elias de San Juan Bau- nd¿r! tista se llamó en el siglo Juan pg&Qgl Zambrano: nació en México de padres españoles, y fué el cuarto de los que profesaron aquí en la recién funda- da provincia de S. Alberto de Carmeli- tas Descalzos. Hizo su profesión en Puebla el 13 de Septiembre de 1587, en manos del P. Comisario Fr. Juan de la Madre de Dios. Con el P. Fr. Juan Bautista fué nombrado para la adminis- tración de los indios del barrio de S. Se- bastián de que se había hecho cargo la orden. Poseía con perfección la lengua mexicana, y “era tan copioso en ella, tan excelente, tan fácil, que admiraba á todo el reino y aun á los mismos indios, por- que lo que ellos no entendían en los vo- cablos de su propio idioma venían á que Fr. Elias se lo explicase. Dióle Dios tal memoria, que los domingos y fiestas que se predicaba en la iglesia, acabando de oir el sermón español se bajaba á la ca- pilla de los indios y lo repetía todo en lengua mexicana, sin variar palabra, sen- tencia, período ni lugar. Tenía una voz tan fuerte, que todos le oían, aunque fuese de muy lejos, y alguna vez predi- có á doce mil indios, porque plazuelas, calles, azoteas, iglesias, terrados, casas, no cabían de gente por oirle.” Hacía mucho uso de las pinturas para la ense- ñanza, poniendo á vista de los indios ejemplos temerosos, porque advertía, co- mo tantos otros misioneros, que en per- sonas rudas “no hacían tanta fuerza los discursos como las apariencias, y se mo- vían más con lo que se representaba, que con lo que se decía.” Era muy austero y penitente: andaba siempre descalzo, sin querer usar sandalias. En su trato sabía hermanar la afabilidad con la en- tereza, de manera que conseguía ser á un tiempo amado y respetado. Reunía to- das las cualidades de un gran ministro y predicador, á tal grado, que le veían como un ángel enviado por Dios para remedio de pecadores. En 22 de Octubre de 1589 asistió á la ceremonia de colocar el Sacramento en el nuevo convento de Atlixco, fundado el 28 del mes anterior. En 1597 le encon- tramos en México, y en 1600 moraba en Atlixco. Volvió á esta capital, donde murió de mal de S. Lázaro el año de 1605. Fuera de las dos obras menciona- das, escribió en mexicano un Catecismo para los Indios, que parece se imprimió.1 *599 II4-. * LENGVA MEXI-||CA- NA Y CASTE||LLANA.|| Con muchas aduertencias muy neceíTarias||para los Confesores.||Compuefto por el Padre Fray loan Baptifta||de la orden del Seraphico Padre Sanét Fran- cif-|| co, ledtor de Theologia en efta prouincia del fan-||d:o Euangelio, y guardián del conuento de Sanc|| tiago Tlatilulco. i Nic. Ant., B. H. N., tom. J, pág. 339.— Fr. Manuel de San Jerónimo, Reforma de los Des- calzos de Adra. Sra. del Carmen de la Primitiva Ob- servancia, tom. VI (Madrid, 1710, fol.),lib. XXVI, cap. 29, fol. 763. — Fr. Marcial de San Juan Bautista, Bibliotheca Scriptorum utriusque Congre- gationis et Sexus Carmelitarum Excalceatorum (Bur- digalae, 1730, 40) pág. 149.— Fr. Cosme de Vi- lliers de San Esteban, Bibliotheca Carmelitana (Aurelianis, 1752, 2 toms. en fol.) tom. I, col. 919. —Eguiara, Borradores.— Beristain, tom. II, pá- gina 140.— Fr. Agustín de la Madre de Dios, Thesoro escondido en el Monte Carmelo Mexicano, Mina rica de Ejemplos y Virtudes, en la Historia de los Carmelitas Descalzos de la Provincia de la Nue- va España, MS. en fol., cap. 21.— Libro de Profe- siones y otros apuntes antiguos MSS. BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. L1599 El escudo de la orden. Sanótiago Tlatilulco, Por Melchior||Ochar- te. Año de 1599. En 8°, letra romana, á una y á dos columnas. A la vuelta de la portada hay un grabado que representa á un fraile confesando á un penitente, á quien el diablo tiene asido, como para apartarle de allí. Arriba se lee: “Dixi, confitebor aduerfum me iniuftitiam meam Domino:” y abajo: “Et tu remififti impietatem peccati mei. Pfal.31.” Sigue en la foja inmediata el privilegio del virrey Conde de Monterrey, del cual copio este párrafo: “Por cuanto por mí se dio licencia al P. Fr. Joan Baptista, de la orden de S. Francisco, en 30 días de Mayo del año de 1597, para hacer impri- mir un Confesionario que hizo en lengua castellana y mexicana, y declarado por auto mío de 1 de Marzo de 98 haber de usar de ella por diez años: el cual me ha pedido mande agravar y poner penas para que nadie pudiese usar de ella sino la persona que con su beneplácito hubiese de imprimir el dicho libro, extendiendo este privilegio á las estampas: y por mí visto, por la presente prohibo y defiendo &c Y el dicho privilegio se entienda todo e (sic) impresión que en su virtud se hiciere, con las estampas, llevando cada una letrero del Doctor ó Autor donde se sacó la historia.” La fecha es á 31 de Marzo de 1599. A continuación se hallan las piezas siguientes: Licencia del Ordinario á 15 de Abril de 1597.—Otra “nueva” del mismo “por haberse acrescentado este Confe- sionario,” 10 de Julio de 1598.—Otra del Comisario General Fr. Pedro de Pila. —Aprobación del Dr. Ortiz de Hinojosa.—Otra del P. Antonio del Rincón, de la Compañía de Jesús.—Otra de Fr. Pedro de Castañeda, Lector de Teología y Difinidor de la Provincia del Santo Evangelio.—Otra del P. Fr. Hernando Du- rán, de la misma Provincia.— Dedicatoria del autor al P. Comisario General, Fr. Pedro de Pila. Comienza así: “Después de haber sacado á luz en lengua me- jicana (para el aprovechamiento espiritual destos pobres naturales) algunas obri- “tas pequeñas, y habiendo de sacar la más grave é importante que de presente se “ofrece, que es el Confesionario en la misma lengua, más copioso en algunas co- jas y más recopilado en otras, que los de hasta aquí, me pareció dedicarle, padre “nuestro, á V. P ” &c.— Prólogo del autor, que juzgo útil trasladar por ente- ro, y es de esta manera: “La diferencia de las condiciones de los hombres es causa de la variedad de sus gustos, de donde nace que lo que á uno da sumo contento, á otro le da dis- gusto y enfado. Y esto ño es mucho de maravillar, pues vemos por experiencia, que lo que ayer desplacía á uno, hoy le cuadra y aplace. Conforme á esto, muy engañado anda quien pone sus intentos y fines en agradar á otro que á Dios, que los mira, conoce y estima en lo que son, y aun paga más aventajadamente de lo que ellos merecen. El que yo he tenido en hacer este Confesionario (por amor de Nuestro Señor Jesucristo) ha sido disponer los ánimos de estos naturales con ejemplos vivos de cosas sucedidas, para que por ellos entiendan las partes de la penitencia, y consigan el fructo de la Redempcion, que tan caro le costó á Cristo •S99] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XFI. 351 nuestro Bien. Tengo larga experiencia que con las comedias que destos y de otros ejemplos he hecho representar las cuaresmas ha sacado Nuestro Señor por su mi- sericordia gran fructo, limpiado y renovado conciencias envejecidas de muchos años en ofensas suyas, y por esto tengo hecho un libro dellas en esta lengua me- xicana, que mediante el divino favor saldrá presto á luz. “El modo, pues, que el confesor tendrá la cuaresma en preparar á sus peniten- tes será, que llegado al lugar de la visita, ó pueblo donde ha de confesar, y junta la gente (como es costumbre) les diga 6 haga leer un ejemplo (el que mejor le pareciere, conforme á la calidad de la gente) ó dos, y les muestre la estampa de él, y después les lea ó haga leer el aparejo que está en el cap. 12, fol. 28, para acordarles sus pecados, y confíe en Nuestro Señor que hará su negocio; y cuan- do no hiciere fruto, esté cierto y confiado que no perderá el premio de su labor. Y sabida la historia de la estampa, sería gran cosa que cada indio la tuviese en su casa, porque todas las veces que la viese, se acordase y pensase, que lo proprio le sucederá á él, si no se confiesa como se ha de confesar. Y en la estampa del fructo de la confesión se animase á procurar salir de la culpa, viendo el excelente efecto de la confesión bien circunstancionada fsicj, pues limpia el alma de la culpa y negre- gura del pecado, y la viste de la rozagante ropa de la gracia, mediante la absolu- ción sacramental. Bien quisiera yo que las estampas fueran de Roma, para que con su lindeza llevaran tras sí los ojos de los hombres, y juntamente hiciera impre- sión en sus almas el suceso estampado en ellas; pero como quiera que en esta tie- rra no hay remedio desto, hase de acomodar la persona á lo que puede y no á lo que quiere, como también me he acomodado á esta letrilla de este Confesionario por no hallar otra. Y ni esta me ha dado gusto, porque para haberlo de imprimir se ha pasado mucho en reformarla y justificarla, y con todo esto, en muchas par- tes sale de línea y en otras no señala. Lo cual ha sido causa de que no haya co- menzado á imprimir el Sermonario, que mediante el divino favor muy presto se comenzará á imprimir (antes que se acabe de encuadernar este Confesionario y las Advertencias) con esta \ttra1 deste Prólogo. “También fué mi intento ayudar á algunos sacerdotes que desean tener á ma- no un breve Confesionarito para poder comenzar á confesar, y en este hallarán tres: copioso, menor y más recopilado. Y para consuelo de algunos ministros y á su ruego, he puesto muchas advertencias de los casos más comunes que suceden entre estos naturales, reducidas á práctica. Donde los confesores hallarán muchas dudas resueltas por el doctísimo P. Fr. Juan Focher (luz que fué en su tiempo desta Nueva España) que por ser su estilo y latín muy claro y apacible quise po- nerlas así. “Y los que tienen espíritu de nuevas conversiones hallarán también cosas muy I Estas tres últimas letras tra fueron olvidadas por el cajista, y están puestas á mano, enteramente afuera de la justificación, al margen, porque la síla- ba le- termina línea. El autor calumniaba la letrilla del Confesonario, porque no es peor que la de otras ediciones de la época. El Sermonario que se empe- zaría á imprimir antes de que se acabase de encua- dernar este Confesonario, no salió á luz sino siete años después, en 1606, como adelante veremos. BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XV1. [»599 á propósito y de gusto. Suplico á la Divina Majestad haga esta obra el fructo que yo deseo, y ruego al cristiano lector reciba mi voluntad. Y los que hallaren que en- mendar, me avisen, para que á la segunda impresión (si Nuestro Señor fuere ser- vido que se haga) se enmiende mejor y acrecienten otras cosas á propósito, para honra y gloria de Nuestro Señor Jesucristo. “Esta obra y las demás que he impreso y adelante espero imprimir (con el fa- vor divino) humilmente someto á la censura de nuestra Madre la Iglesia Ro- mana, y de cualquiera que mejor sintiere. “Comenzóse á imprimir esta obra á veintinueve de Abril del año de 1599, día del glorioso Sanct Pedro Mártir, devoto, patrón y señor del Auctor.” Al Prólogo siguen unos versos de Bernardo de Vega, canónigo deTucumán, en loor de S. Pedro Mártir. Concluyen los preliminares (que en todo ocupan 16 ff.) con un sumario de las “Indulgencias concedidas por diversos pontífices á los que se ocupan con los na- turales y con otros recién convertidos, en el ministerio evangélico.” La foja 1 está en mexicano, con este título: Tlahtolpepechtli. Foja 2, comienza el texto en mexicano y termina en la 39. En la 40 comienza el Confesonario en castellano y mexicano. Acaba en la foja 85 fte., y á continuación está, en mexica- no solamente, el “Aparejo que se les ha de leer á los que quieren comulgar la cuaresma.” Todo llega á la foja 102 fte. La Tabla de capítulos y de materias ocu- pa la vuelta de esta foja y las 10 siguientes, hasta la 112. Hay, por último, 2 ff. sin numerar con la fe de erratas, acerca de la cual es de notar que existen de ella dos ediciones diversas. Ambas van precedidas de la mis- ma advertencia del corrector; pero una es de letra redonda y otra de cursiva. En la edición con la advertencia en letra redonda, que parece ser la primera, se copia la errata y luego se pone su corrección; en la otra sólo está la corrección y no la erra- ta. La primera ocupa tres páginas y parte de otra; la segunda dos y un tercio: el adorno ó escudo final es también diverso; pero ambas ediciones de la Tabla se re- fieren á una misma edición de la obra, y las dos se encuentran en el ejemplar des- crito. El preámbulo dice de esta manera: “El Corrector. Quien supiere, cristiano lector, lo que se pasa en corregir, no se maravillará de ver erratas, especialmente cuando el corrector es nuevo.. Cuan- timás que también muchas veces vienen en los breviarios y misales. Y así tuve por menor inconveniente ponerlas aquí, que dejarlas, por la fidelidad que se debe al ejemplar. Y prometo mejor correctión en la segunda impresión.” Entre los muchos Confesonarios mexicanos que existen, me parece ser éste el más copioso, y ayuda á conocer las costumbres de los indios en aquellos tiempos. Com- prende tres Confesonarios ó series de preguntas á los penitentes, y las hay espe- ciales para diversos oficios y profesiones. (El ejemplar descrito está en mi poder.—Vendido Fischer [n° 152] con las “Advertencias,"defectuo- so, £2.17.6=$ 14.37.— Ramírez [n°85] £ 6.2.6 = $ 30.62. Anunciado por Quaritch £9 = $ 45.) 1600] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 353 IÓOO ii5- ADVERTENCIAS || para los confessores || de los Naturales.il n COMPVESTAS POR EL PADRE II Fray loan Baptifta, de la Orden del Seraphico || Padre Sandt Francifco, Ledtor de Theologia, y || Guardian del Conuento de Sanétia- go Tla-H tilulco: de la Prouincia del Sandto || Euangelio.|| Pri- mera Parte. El escudo de los franciscanos. Con Priuilegio.|| En México, En el Conuento de Sanétiago || Tlatilulco, Por M. Ocharte, año 1600. Dos tomos en 8°, letra romana. Seis ó más ejemplares de las Advertencias he visto, y casi todos presentan dife- rencias entre sí, comenzando por las portadas. Unos las tienen en orden, es decir, cada parte la suya, con el respectivo título de Primera ó Segunda: otros tienen en ambas el título de Primera. Existe además en mi ejemplar una portada suelta de la Segunda Parte, totalmente diversa de las comunes, con otro escudo, y con la vuelta blanca. Parece que no podría aplicarse al tomo correspondiente, porque los preliminares comienzan á la vuelta de la portada, y siendo blanca en esta reim- presión vendrían á quedar truncos dichos preliminares, por faltarles la primera página. Pero el caso es que tampoco en ellos hay conformidad. He visto ejem- plares que los tienen repetidos por completo en ambos tomos: otros traen parte en cada uno, y otros no tienen ninguno en el segundo, sino todos en el primero. Esto es lo natural, y para esa clase de ejemplares se imprimió sin duda la nueva portada del segundo tomo, aunque no la he visto en ninguno. Sea cual fuere la colocación que se dé á los preliminares, lo cierto es que son los siguientes: 1° Licencia del virrey Conde de Monterrey dada en Chapultepec á 7 de Di- ciembre de 1600.— Se refiere en ella á otra dada antes para imprimir el Confesona- rio, y al privilegio de 31 de Marzo de 1599 que está al frente del mismo: permite que las Advertencias “se puedan poner en dos cuerpos, porque sería gran incon- veniente (respecto de no poderse batir), que fuese todo en un cuerpo,” y les con- cede privilegio por diez años. 2 9 Licencia del gobernador de la Mitra D. Juan de Cervantes, “para que pueda hacer imprimir é imprima un libro Confesionario que ha compuesto en lengua mexicana y castellana.” México, 10 de Julio de 1598.— Está también en el Con- fesonario. 39 Otra del Dr. D. Hierónimo de Cárcamo, Vicario General Sedevacante, “pa- 354 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1600 ra que pueda hacer imprimir é imprima un libro Confesionario que ha compuesto en dos cuerpos en la lengua castellana y mexicana, para poder confesar á los na- turales, con la primera y segunda parte de las Advertencias para los confesores y ministros dellos.” México, 20 de Diciembre de 1600. 4” Otra del Comisario Fr. Pedro de Pila, “para que pueda imprimir é impri- ma en dos cuerpos las Advertencias.” Tlatilulco, 11 de Agosto de 1600. Aprobación del Dr. Alonso Muñoz, catedrático de Prima. México, 21 de Noviembre de 1600.— Se refiere á las Advertencias. 6" Otra del P. Fr. Pedro de la Cruz, guardián de S. Francisco. México, 10 de Julio de 1600.— Para las Advertencias. 79 Otra del P. Fr. Hernando Durán, franciscano. México, 9 de Julio de 1598. Es exactamente la misma y con igual fecha, que la del Confesonario, añadidas las palabras necesarias para que comprenda las Advertencias. 89 Dedicatoria del autor al P. Comisario Fr. Pedro de Pila en que le dice: “Aunque por ser estas Advertencias parte del Confesonario que á V. P. dediqué los días pasados no era necesario dedicarlas de nuevo; pero porque habiendo comen- zado á imprimirlas, viendo el mal aparejo que para esto había, las dejaba y reservaba para tiempo más acomodado, y V. P. con imperio y potestad de prelado superior, y amor muy antiguo de vero padre, me mandó é solicitó con toda instancia que rompiendo por todas dificultades las acabase de imprimir, me pareció dedicarlas de nuevo, como cosa nueva y propria de V. P.” 99 Licencia del canónigo Alonso de Ecija, Comisario de la Santa Cruzada, “para que pueda publicar y publique la Primera y Segunda parte de las Advertencias.” México, 22 de Junio de 1601. io9 Aprobación de Fr. Diego de Contreras, provincial de S. Agustín, por lo que toca á la Santa Cruzada. En Santa Cruz de México, á i9 de Junio de 1601. 119 Otra del P. Fr. Hernando de Bazán, también por la Santa Cruzada. Mé- xico, 11 de Junio de 1601. Todo ocupa 12 ff., inclusa la portada. Es de notar en estos preliminares, que las aprobaciones y licencias tocantes á la Comisaría de la Santa Cruzada se refieren á la obra ya impresa y no al manuscri- to: que la aprobación del P. Hernando Durán para el Confesonario se alargó á las Advertencias, sin cambiarle siquiera la fecha, y que el Dr. Cárdenas diera en 20 de Diciembre de 1600 licencia para imprimir un Confesonario que lleva al frente la fe- cha de 1599. Pero esto se explica sabiendo que el autor consideraba como una sola obra el Confesonario y las Advertencias, y realmente lo son. Para imprimir el primero le fué preciso obtener las licencias necesarias, que hubo de pedir nueva- mente al publicar la continuación ó Advertencias. De ahí provino la confusión que se nota en las aprobaciones y licencias, porque unos tomaban aquello por dos obras diversas, y otros por una sola á que daban el título de la principal, que era el Confesonario. A las licencias y aprobaciones sigue un Sumario de Indulgencias, que es el mismo del Confesionario, añadido un párrafo en que se da noticia de nuevas indulgencias 1600] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 355 concedidas por Clemente VIII, en 7 de Septiembre de 1601 y publicadas en 15 de igual mes de 1603. Es evidente que este Sumario, contenido en 4 ff. sin nu- merar, fué impreso después del libro para serle agregado: algunos ejemplares no le tienen. El texto de la Primera Parte ocupa de la foja 1 á la 112. El autor trata larga- mente de los casos de conciencia que pueden ofrecerse en la administración de los sacramentos á los indios, y especialmente en el de la Penitencia. Muéstrase gran partidario de que se les den los de la Eucaristía y Extremaunción: discurre ade- más acerca de los matrimonios y sus impedimentos, así como de los privilegios de los religiosos mendicantes. Ilustra todo con gran copia de doctrina y citas de autores, entre ellos los padres Motolinia, Focher, Gomales y Vera Cruz, que es- cribieron aquí. En este trabajo alternan los tres idiomas castellano, latino y me- xicano. Acaba con un capítulo intitulado “Algunas abusiones antiguas que estos naturales tenían en su gentilidad, según escribe el P. Fr. Bernardino de Sahagún, en el libro segundo de su Vocabulario Trilingüe.”1 Sigue la Fe de Erratas en 2 ff. sin numerar, precedida de la misma advertencia que tiene la del Confesonario, y se cierra el volumen con una tabla alfabética de materias, que ocupa 56 ff. sin numerar. Es de advertir que el folio 14 del texto es doble; no porque esté repetido por error, sino porque al parecer se hizo una intercalación en lo ya impreso, de ma- nera que la signatura ó pliego C consta de 9 ff. y no de 8 como los demás. En los ejemplares que conservan la primitiva encuadernación en pergamino se ven dos hojas cortadas entre los dos folios 14. Segunda Parte.— Dejando á un lado los preliminares, de que ya hemos hecho larga mención, comienza la Segunda Parte con el folio 113, y va hasta el 443. El título que lleva al frente es éste: “Indulta aliqua Apostólica concessa Ordinibus Mendicantibus pro conversione infidelium et manutentione in fide orthodoxa.” Es, en efecto, un tratado latino muy copioso acerca de los privilegios de los regu- lares de América, é incluye instrucciones para los religiosos que hacían oficio de párrocos. Trae en castellano varias cartas de prelados, y algunas cédulas reales re- ferentes al mismo asunto. Siguen, con nueva foliatura de 1 á 104, las Tablas y la Fe de Erratas. Al fin: Excudebat Ludouicus Ocharte Figueroa, Mexici, in Regio Collegio fanót$ Crucis, fanóti Iacobi de Tlati lulco. Anno Domini 1601 * § © § * (El ejemplar descrito está en mi poder.) i V. ante, pág. 269. 3 56 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1600 n parte alguna encuentro expre- Ipvj/fl sado apellido del autor de las dos obras cuya descripción pre- cede, sino que siempre se le nombra sim- plemente Fr. Juan Bautista. El mis- mo nos dice que nació el año de 1555,1 y por Torquemada sabemos que era na- tural de esta tierra.2 Tomó el hábito de S. Francisco en el convento grande de México, donde enseñó después filosofía y teología; en esta última ciencia tuvo por discípulo al historiador Fr. Juan de Torquemada. Fué también definidor de su provincia. En 1595, siendo guar- dián en Tezcoco, curó con grande esme- ro en aquel convento á los enfermos de la peste que se cebó en los indios á fines de ese año y principios del siguiente.3 El de 1600 era guardián en Tlatelolco, donde moró ocho años, y puso por obra la reedificación de su célebre templo. Volvemos á encontrarle de guardián de Tacuba en 1605 Y de Tezcoco en 1606. Torquemada le califica de “religioso de grande ejemplo y observancia, luz de es- ta provincia y de toda la Nueva Espa- ña.”4 Ignoro el año de su muerte: ya había fallecido en 1613, cuando Torque- mada acababa su historia. Fr. Juan Bautista no aprendió de ni- ño la lengua mexicana, como otros crio- llos, y sentía repugnancia á estudiarla. Fr. Francisco Gómez, aquel que vino á fuerza con el Sr. Zumárraga, fué quien le instó para que la aprendiese, y se ofre- ció á enseñársela por Arte. Aceptó nues- tro autor el ofrecimiento “más por no parecer ingrato, que por gana que tuvie- se de aprenderla;” pero cuando se hubo posesionado de ella, y conoció la gran falta que hacía á los ministros de los in- dios, andaba “convidando, buscando y rogando que la aprendiesen los que no la sabían.” Después perfeccionó ese es- tudio con las lecciones que recibió de los padres Fr. Miguel de Zárate y Fr. Jeró- nimo de Mendieta. Dió el fruto de sus conocimientos en las numerosas obras que luego apuntaremos; pero de los da- tos conocidos se desprende que no fue- ron enteramente originales, sino que se sirvió de los trabajos inéditos de otros padres, y en Tlatelolco sacó gran parti- do de los estudiantes indios más apro- vechados, á quienes hacía traducirde cas- tellano á mexicano lo que le convenía. De todas maneras es digno de elogio por lo mucho que trabajó, y no puede acusársele de plagiario, porque declaró con lealtad los auxilios que había reci- bido. De las diversas obras que imprimió no he alcanzado á ver sino muy pocas: de las demás no sé hasta ahora que exis- ta ejemplar alguno. El nos dió el catá- logo de ellas en su Sermonario, de donde vamos á copiarle, añadiéndole algunas explicaciones. I. Indulgentiae ac peccatorum remis- siones a Summis Pontificibus concessae Regularibus et iis etiam qui eorum gau- dent Privilegiis. Collectae et excussae cura et studio Patris Fratris Ioannis Ba- ptistae, Minoritae, Sacrae Theologiae le- ctoris, et Provinciae Sancti Evangelii dif- finitoris. Hoy no se halla. Según Beristain se imprimió en Tlatelolco, por Diego Ló- pez Dávalos, 1602. 8? II. Catecismo breve en lengua mexi- cana y castellana, en el cual se contiene lo que cualquier cristiano, por simple que sea, está obligado á saber y obrar para salvarse. No se halla. III. Breve tratado del aborrecimien- to del pecado, que se intitula Tepiton Amuxtli. No le he visto. Tal vez será el que Beristain intitula Del Odio al Pecado, y dice haberse impreso en Tlatelolco. IV. Hieroglíficos de conversión, don- de por estampas y figuras se enseña á los naturales el aborrecimiento del pecado 1 “El cual (Fr. Jerónimo de Mendieta) llegó de España á esta ciudad de México año de 54.... un año antes que yo naciese.” Sermonario, Prólogo. 2 Lib. XIX, cap. 33. 3 Mendieta, lib. IV, cap. 36. 4 Lib. XIX, cap. 33; lib. XX, cap. 79. 1600 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 357 y deseo que deben tener al bien sobera- no del cielo. Beristain dice: “Se imprimió en Tla- telulco por Dávalos.” Desde luego ocurren varias dudas acerca de este libro. ¿ Esos “hieroglífi- cos de conversión” eran realmente figu- ras al estilo mexicano? Si lo eran, ¿có- mo pudieron imprimirse en la oficina de Tlatelolco? Y luego, ¿á qué emplear tan imperfecta escritura á fines del siglo XVI ó principios del XVII, cuando ya era familiar á los indios el alfabeto es- pañol? Todo me hace creer que el autor se refiere aquí á las estampas que hizo imprimir para instrucción de los indios, de que habla en el prólogo de su Confe- sonario, arriba copiado. Las estampas ó figuras para enseñar á los indios datan de los primeros tiem- pos de la conversión, y parece haberlas introducido Fr. Jacobo de Tastera, ve- nido en 1529, quien por no saber la len- gua traía consigo pintados en un lienzo los principales misterios de la fe, y un indio hábil que declaraba á los demás lo que el padre decía. Los religiosos adop- taron el sistema, que se conservó largo tiempo. Era excelente para los indios que no sabían leer, y hasta hoy son to- dos ellos aficionadísimos á las estampas de santos. En 1575 hizo imprimir el Sr. Moya de Contreras unas insignias ó estampas para suplir la falta de bulas, y los indios las preferían, porque como no sabían leer “gustaban más de la pintura que de la escritura.”1 Por lo visto, las estampas de Fr. Juan Bautista, que no eran de Roma como él deseaba, se im- primieron aquí mismo con aquellos tos- cos grabados en madera ó plomo, que tanto se repiten en los libros de enton- ces; pero es de dudarse si andaban suel- tas ó las recogió en un libro á que dió el título del presente artículo. Me temo que la indicación de impresas en Tlate- lolco por Dávalos sea añadidura propia de Beristain, no muy escrupuloso en ta- les pormenores. Lo que puedo decir es que no conozco libro alguno impreso allí por Dávalos. V. Espejo Spiritual, que en la lengua se intitula Teoyoticatezcatl. Donde se enseñan las cosas que está obligado el hombre á amar, con lo cual cumple la ley de Dios: el premio de los que la guar- dan y el castigo de los que la quebrantan. Beristain: “Teoyotezcatl 6 Teoyoti- catezcatl: Espejo espiritual. Impreso en Tlatelulco por Dávalos.” Yo no le he visto. VI. Las indulgencias que ganan los cofrades del cordón. Beristain: “Indulgencias que gozan los Terceros de S. Francisco, en lengua mexicana. Imp. allí [en Tlatelolco]. El autor del libro no expresa la lengua en que estaba. No le he visto, y sospecho que Beristain tampoco. VII. La Vida y Muerte de tres niños de Tlaxcalla, que murieron por la con- fesión de la Fe: según que la escribió en romance el P. Fr. Toribio Motolinia, uno de los doce religiosos primeros &c. Beristain añade: “Imp. en Tlatelol- co.” Betancurt dice que se imprimió en 1604, dedicada á Cristóbal de Oñate, en- comendero de Tecali. Esta Vida de los niños de Tlaxcala ha pasado por varias vicisitudes. Escrita originalmente en castellano, no se im- primió. El P. Bautista la tradujo al me- xicano. D. Nicolás Antonio dice que la imprimió Diego López Dávalos en 1601, 89 Boturini tenía en su Museo un ejemplar del impreso (1601) y una copia manuscrita: ésta se conserva en el Museo Nacional, en 18 ff. 49 La traduc- ción del P. Bautista fué vuelta otra vez al castellano en 1791, de orden del vi- rrey Conde de Revillagigedo, por el in- térprete general de la Audiencia D. Vi- cente de la Rosa y Saldívar. Está en el tomo II de Memorias Históricas del Ar- chivo General, y se publicó en el tomo I (único) de la Serie de Documentos 'para la Historia de México (México, V. García Torres, 1856, fol.) 1 Cartas de Indias, pág. 194. 358 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XFL [1600 VIII. La Doctrina Cristiana dividi- da por los días de la semana, con ora- ciones para cada día. Este será el que Beristain intitula “Oraciones cristianas para todos los días,” con la acostumbrada añadidura de “Imp. en Tlatelolco por Dávalos,” que se propuso acomodar á todos los libros del P. Bautista que no había visto. Hoy no se halla. IX. Oraciones muy devotas á la San- tísima Trinidad, divididas por los días de la semana. Está en igual caso que el anterior. X. Huehuetlahtolli, que contiene las pláticas que los padres y madres hicie- ron á sus hijos y á sus hijas, y los seño- res á sus vasallos, todas llenas de doctri- na moral y política. El Sr. D. José F. Ramírez poseía un ejemplar de este libro; pero no apareció en la venta de su biblioteca, sino en el Catálogo Fischer (n9 150, £4.10 = $22.50) y fué adquirido para la rica bi- blioteca Cárter Brown, de Providence (E. U.). Está falto del principio y fin. Pinelo (1629) á quien siguieron otros, le asigna la fecha de 1601. 89 Para dar idea de este rarísimo libro nada mejor puedo hacer que copiar el artículo que le dedicó el Sr. Ramírez en sus Suplementos (inéditos) á la Biblioteca de Beristain. Helo aquí: “El Dr. Beristain deja incierto el au- tor del Huehuetlatolli, ó bien de una sola obra hace dos diversas, ya por los títu- los con que las cita, ya por los autores que les atribuye, dando la una al que nos ocupa y la otra á Fr. Andrés de Olmos. El hecho es que á ninguno de ambos pertenece realmente. Las pláticas ó ins- trucciones morales de que se trata son una producción original de los antiguos oradores mexicanos, reproducidas en su propia lengua y obtenidas por la tradi- ción oral de los que sobrevivieron á la ruina del imperio. No sería aventurado conjeturar que el colector de esos mo- numentos fuera Fr. Bernardino de Sa- hagún, quien particularmente consagró su estudio á investigaciones á esta espe- cie de trabajos. De ello tenemos un tes- timonio inequívoco en el lib. VI de su Historia General de Nueva España. Pro- babilizan esta conjetura las noticias que nos dejaron el mismo P. Bautista y Tor- quemada. El primero fué simplemente editor de la obra. Imprimióla en Méxi- co, en i vol. 8?: ignoro la fecha, porque al ejemplar que poseo, y único que se co- noce, faltan el principio y fin. Hasta la foja 76 están enteramente en mexicano, con excepción de los epígrafes de lasplá- ticas, que indican sumariamente su asun- to en castellano. La foja 77 contiene una especie de advertencia reducida á expre- sar que el P. Olmos dió una copia de las pláticas á Fr. Bartolomé de las Ca- sas “las cuales romanzó de la lengua me- xicana,” incluyéndolas en el cap. 223, parte I, de su Historia Apologética de las Indias. La vaguedad con que se enuncia la traducción deja en duda quién fuera el traductor; mas aquella desaparece en Torquemada (lib. XIII, cap. 36), que expresamente dice que el P. Olmos fué el traductor. Con tal motivo encarece la dificultad de la empresa, asentando que ni él mismo ni aquél pueden darle en la versión la energía del original: “ni yo “que las tengo (agrega) y he procurado “entenderlas y saber muy de raíz sus “metáforas, no las hemos sabido roman- cear con la dulzura y suavidad que en “su lengua estos naturales las usaban, “atendiendo más á decir lisa y distinta- “mente la sentencia de la doctrina, que “la elegancia del lenguaje con que entre “ellos se platicaba.” Conceptos seme- jantes se encuentran en la advertencia del P. Bautista. A esta siguen otras plá- ticas en castellano, de las cuales Torque- mada copió tres, más ó menos textual- mente, en el capítulo citado de su obra. Por consiguiente, la obra de que se trata es original y precioso monumento de la antigüedad mexicana.” Torquemada copió de Mendieta las pláticas. Aunque el Sr. Ramírez consideraba I 600] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 359 único su ejemplar, parece que también incompleto existe otro. En el Catalogue of the Magnificent Library of the late Hon. Henry C. Murphy, of Brooklyn, Long Is- land, vendida en Nueva York del 3 al 8 de Marzo de 1884, se encuentra este ar- tículo: “149. BAUTISTA Fr. Juan. Plá- ticas antiguas de los Mexicanos recogi- das, i2mo. title, parís of the preface, and the beginning and end of the text wanting, and leaves 11,64 65 mutilated'.” XI. La Vida y Milagros del glorioso y bienaventurado S. Antonio de Padua de la orden de N. S. P. S. Francisco, pri- mer Lector de Teología y Predicador general desta Seráfica Religión. De este libro he visto un ejemplar en poder del Sr. Agreda. Hé aquí su des- cripción : Vida|| Y milagros del bien-1| auentu- rado Sanót Antonio de|| Padua: primer Predicador general de la |j Orden del Se- raphico P. S. Frácifco: a || quien el Papa Grego. 9. por la alte||za de fu fabiduría, y excelente || Doétrina, llamó Archa Tes- ta- II || Compueíla en len- gua Mexicana por el Pa-||dre fray loan Baptifta, Leótor de Theo-jj logia, y Guar- dian de Tlacupan.|| Dirigida á Aluaro Rodriguez de Aze-||uedo, Sindico de la ordé de S. Fráco [Un escudo.] En Méxi- co. || Con licencia, en cafa de Diego Ló- pez Daualos.|| Año de 1605. En 89, letra romana.— Portada. A la vta. de ella: “Sacofe efta Vida del Biena- venturado Sanót Antonio de Padua de la que efcriuio el Reuerendifsimo fray Marcos de Lisboa, Obifpo de Oportu de la mifma Orden y de otros Memo- riales y Choronicas de la Orden.” Foja 2 fte., un grabado: vta., hasta la 5 fte., aprobaciones y licencias: 5 vta., un es- cudo: 6, prólogo: 7, Tlahtolpehpechtli: 8, un escudo, vta. blanca; 9, id. id. To- tal 9 ff. sin numerar. Fojas 1-95 fte., texto: 95 vta. y foja siguiente,“Tabla de los capits.,” que no termina por faltar unas fojas, en que estaba también el prin- cipio de otra Tabla alfabética, de que quedan 4 ff. 1 foja con las “Emiendas p* algunos libros,”y al pié: T[ Acabofe eíte libro en la muy noble y muy leal Ciudad de México Tenochti- tlan, Vifpera de la Inuencion de la Cruz. Año de 1605. En cafa de Diego López Daualos. XII. De la Miseria y brevedad de la vida del hombre y de sus cuatro postri- merías.—Tengo ejemplar de este libro. Libro de la Miferia||y breuedad de la vida del hombre: y || de fus quatro po- ftrimerias, en len-||gua Mexicana.||Com- pueíto por el Padre fray loa Baptifta de|| la orden del Seraphico Padre S. Fran- ciíco,|| Leótor de Theologia, y Diffinidor de la|| Prouincia del Sanólo Euangelio.|| Dedicado al Doótor Sanótiago del Rie- go, del con-|| fejo del Rey N. S. y fu Oy- dor en ella Real || Audiencia de México. [El escudo de la orden.] En MexÍcO.|| En la emprenta de Diego López Daualos, y á fu || coila. Año de 1604. En 89, letra romana.— Portada: A la vuelta un tosco grabado de la Muerte. Fojas 2, 3 y 4, aprobaciones y licencias: 5, 6, 7 y 8, prólogo dedicatorio: en la vuelta de la 8 un párrafo en mexicano. Texto, 1-146 fte.: vta.; de la 146 á 152, más 22 ff. sin numerar, Tabla de los tractados, id. de las autoridades, y Su- mario de las materias (Tabla alfabética). XIII. Confesionario en lengua mexi- cana y castellana, con un aparejo para los que reciben la santa Eucaristía: don- de también (con resolución) se trata de los admirables efectos deste admirable Sacramento. Descrito arriba con el n9 114. XIV. XV. Primera y Segunda Parte de Advertencias para los Ministros de los naturales. Donde se reducen á prác- tica muchos casos particulares que en sus confesiones se ofrecen. Trátase tam- bién en ellas del oficio del Párroco, y de la obligación que tiene, y muchas cosas pertenecientes á particulares privilegios de que pueden usar y usan las Ordenes Mendicantes. Descrito arriba con el n9 115. BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [1600 XVI. Esta Primera Parte del Ser- monario. De la Segunda Parte está ya impreso gran pedazo, y así, mediante el divino favor, presto se acabará de impri- mir: que por no dar demasiado volumen á esta Primera Parte, no va en ella lo que está impreso. La descripción del Sermonario, toma- da de mi ejemplar, es esta: «•jlA IESV CHRISTO S. N.g*||OFRE- CE ESTE || SERMONARIO EN LEN-|| gua Mexicana.|| * || Su indigno fieruo Ff. loan Baptiíla de la Orden || del Seraphico Padre fanét Francifco, de la Provincia[| del Sanólo Euangelio.|| || Primera Par- te. £Un grabado: el mismo de la Doctrina de Mo- lina, 1578, n? 77; pero con la leyenda: £ f. 17.) F. XXX vta., la Virgen con el Niño. (Ibid., f. 22.) F. XXXj vta., la creación de Eva. (Ibid., f. 22 vta.) F. XXXbtj vta., la misma Virgen de la XXX vta. PÁG. 25. N° 15. He visto (Abril 1884) otro ejemplar de esta Doctrina perteneciente al Sr. Pbro. D. Agustín Fischer. Está falto del principio, y comienza también por el “Yo pecador” en el fol. XI faltan las ff. xl, Clíj y Clíb. El colofón está completo, y con él suplimos aquí lo que falta en el artículo respectivo: (Eon preutlegío imperial. gloria t) alababa be nvo rcbfptor JJcfu Xpo g be fu bebíta mabre/aq fe acaba la treclaracío be la bactrí na xpíana en legua Apañala g JBexíeana/g bna caluña car= refpabe a aíra: feníecta par fenteeía: be grabe btílíbab g ¿pueep pa la falub b las atas: g en efpeetal pa las naturales bfta tierra/ y prosigue como el otro. Agregadas á este libro hay 14 ff., numeradas 2-15, de una edición mexicana del siglo XVI que no he podido identificar con ninguna de las que ahora tengo á la vista. Son en 49, á dos columnas: mexicano en letra gátíca á la izquierda, 34 líneas: castellano, letra romana, á la derecha: varía el número de líneas. El tí- tulo de las páginas, en versales romanas, es DOCTRINA CHRISTIANA|| EN LENGVA MEXI. Y CASTE. La f. 2 comienza: quícíjtlí, aui) maeífmí dadero que fiendo Hijo de Di fnpíltfín ©ios, ea aquíeljtlí os, fe hizo Hombre por nos Hay muchos toscos grabaditos en madera repartidos en la columna española, á manera de letras iniciales, á saber: f. 2 fte., un Calvario; id. vta., otro Calvario diverso; f. 3 fte., un fraile con cuatro muchachos; id. vta., el grabadito del fraile con la leyenda en tarasco, que está en la portada de la Doctrina mexicana n? 14; f. 4, fte. (medio borrado), parece un maestro con sus discípulos; id. vta., dos per- sonas adorando un cáliz, del cual parece salir el Señor; f. 5 fte., un Salvador con el mundo en la mano izquierda, y la derecha levantada en actitud de bendecir; id. vta. (confuso), parece la Presentación al Templo; f. 6, fte., una figura arrodillada CORRECCIONES-^ BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 393 delante de un ángel; parece representar la Anunciación; id. vta., el mismo Calva- rio de la f. 2 vta.; f. 7 fte., el Salvador caminando al Calvario, el Cirineo lleva la Cruz, en el fondo se ve al Señor crucificado entre dos ladrones; id. vta., el mismo grabado de la f. 5 vta., la Presentación; f. 8 fte., un doctoren su cátedra y un grupo de discípulos; f. 9 fte., el Nacimiento, muchas figuras; id. vta., el Calvario de la f. 2 fte., y un santo Obispo horroroso; f. 10 fte., el fraile y los muchachos de la f. 3 fte.; id. vta., una, al parecer, santa, con un cirio en la mano derecha, y en la iz- quierda un libro cerrado, con una gran cruz; f. 11 fte., la venida del Espíritu Santo (confuso); id. vta., un bautismo; f. 12 fte., el maestro de la f. 4 fte.; id. vta., el Sal- vador con otras figuras; f. 13 fte., un sacerdote diciendo misa, ayudante y oyentes; id. vta., el Salvador y otras figuras, no comprendo el asunto; ibid.> tres figuras, la del centro se lleva un lienzo á los ojos; f. 14 fte., la que parece una Anunciación, de la f. 6 fte.; abajo un sacerdote administrando la comunión; id. vta., el maestro en la cátedra, de la f. 8 fte., abajo un obispo dando la bendición á varias perso- nas; f. 15 fte., tercera vez el maestro de la cátedra, abajo un sacerdote absolviendo á un penitente; id. vta., el sacerdote diciendo misa, de la f. 13 fte. Ultimas líneas: palítlí ítla occeq ocatquí gtla tar los rastros y reliquias de los Los caracteres góticos son los mismos de todas aquellas ediciones: los roma- nos se parecen mucho á los de las primeras y últimas fojas del Vocabulario de Mo- lina, 1555. Algunos de los grabados se encuentran igualmente en las muestras que tengo de la Doctrina Guasteca de 1571, n9 61. Pág. 32. N9 19. En fines de Junio de 1884 me comunicó de Morelia el Sr. Dr. D. Ni- colás León un ejemplar completo de la Doctrina del P. Gante, que halló en una bi- blioteca pública de aquella ciudad. La portada parece, á primera vista, idéntica á la del n9 14 (V. facsímile págs. 22-23): el mismo escudo, el mismo texto, los mis- mos colores, los propios caracteres; pero bien examinada se advierte que es diversa, por las diferencias en el título, que está, como el otro, parte dentro y parte fuera del escudo. El de la edición de 1553 dice así: (L |3er figttuf eructe, Ecamacíjíotl cruf gjuícpa tn tagao= i)tia. Xítedj tnomaqrí tílí ►£< tatecugoe tuerte Eca írnnatacatjm ®etatfín píltjíu gijuan fpíte Eme íefus. Compárese con el facsímile del n9 14, y se verá que ni en las abreviaturas, ni en el uso de las mayúsculas, ni en la división de las líneas hay identidad. De esta semejanza en las portadas se saca otra prueba de que el n9 14 es una edición de la Doctrina de Fr. Pedro de Gante. 394 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. ADICIONES Y Pág. 33. El Sr. D. Angel Núñez Ortega ha tenido la bondad de comunicarme diversas noticias que pudo recoger en Bélgica relativas á Fr. Pedro de Gante. Para concordar los testimonios, al parecer contradictorios, dél mismo padre acerca del lugar de su nacimiento, pues ya dice que es natural de Gante, ya de Ighem, puede suponerse que la madre residía en Gante, y que atendida la ilegiti- midad del origen de su hijo, se retiró temporalmente á Ighem, para esperar allí el nacimiento. Aunque se tiene por cierto que Fr. Pedro salió del convento de Gante, no falta quien diga que salió del de Brujas. El P. Cornelio Hazart, S. J., autor de muchas obras (la Biblioteca de De Backer le atribuye 69), escribió en lengua flamenca una intitulada “Historia Eclesiástica de todo el Mundo” (Kerckelycke Histoire van der gheheele Wereldt) impresa en Amberes, 1667, 4 ts. en fol. En el primero, pág. 362, dice: “Los primeros ministros católicos que llegaron á México fueron los Reve- rendos Padres Ioannes de Tecto y Ioannes de Aora, y el hermano Petrus de Mu- ro, también nombrado el hermano Peeter van Ghent, todos tres religiosos, como hemos dicho, salidos del convento de Brujas, en Flandes.” En el tomo segundo de la misma obra se lee: “Pues por este mismo año 1521 se embarcó para México el hermano Pedro de Gante, hermano menor, que salió del convento de Brujas con dos compañeros, y en el curso de seis años convirtió más de doscientos mil bár- baros.” El mismo Sr. Núñez Ortega se sirvió mandarme copia muy exacta de la tra- ducción latina de la Carta de Fr. Pedro de Gante, inserta en la Chronica compen- diosissima ab exordio mundi. La inserto en seguida, con versión castellana. En el encabezamiento se hace mención de dos cartas anteriores acerca del mismo asunto. Son las muy conocidas de D. Fr. Juan de Zumárraga y de Fr. Martín de Valen- cia, insertas asimismo en la Chronica. En la primera se habla efectivamente de Fr. Pedro. Se califican de anteriores por su colocación en el libro; pero en fecha son posteriores, como que tienen la de 1531. Epístola alia ejusdem argumenti, fratris Petri de Gante, alias de Mura, cujus in priori epístola D. Episcopi mentio facta est, scripta ante priores binas litteras, Anno videlicet Domini 1529 MENSIS IuNIJ DIE VICESIMA SEPTIMA, gUAM EX IDIOMATE HISPANICO, IN gUO SCRIPTA ERAT, IN LaTINUM VERTI CURAVIMUS, AD LAUDEM DoMINI NOSTRI IeSU ChRISTI, ET OBLECTANDOS EX EA ChRI- STIANORUM ANIMOS. MlSSA AUTEM FUIT GENERALITER AD PaTRES ET FRATRES PROVINCIA FlaNDRIjE, ET CETEROS IN VICIN1S LOCIS COMMORANTES. Dilectissimi Patres, Fratres et Sórores: Multa ad vos scribere cuperem de hac regione in qua mine vivimus, sed tempus et memoria mihi deficiunt. Plurimum etiam me impedit, quod linguam meam vernaculam jam penitus sum oblitus, ut in ea vobis pro desiderio meo sufficienter scribere non valeam. Et si scripsero lingua Indica, vos me non intelligetis. Hispanicae tamen linguae parum novi, in CORRECCIONES.^ BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 395 qua vobis, prout potero, pauca significabo. Sciatis, igitur, in primis terram istam, meo quidem judicio, quamvis regionem mundi praecellere. Ñeque enim frígida nimium est, ñeque callida. In ea quolibet anni tempore seminant et fruges col- ligunt, estque térra irrigua. Et toto dimidio anno, videlicet ab initio Octobris usque ad Majum, carent pluvia, quod apud illos est regula infallibilis, cum in aliis locis omnino oppositum videatur. Nati in hac regione sunt homines optimae complexionis et naturae, et ad quidvis agendum parati et máxime ad fidem nostram recipiendam. Verum hoc habent mali, quod servilis sunt conditionis, nihil agen- tes nisi coacti, amore autem aut bonitate nihil. Quod tamen non tam ex natura quam ex consuetudine videtur procederé, videlicet, quia nunquam assueverunt aliquid agere amore virtutis, sed solum metu et timore. Nam universa eorum sacrificia, quae erant occidere proprios filios, aut eos mutilare, ex máximo timore fiebant, non Deorum amore. Daemones enim hujus regionis, qui Dii ab eis repu- tabantur, tam multi et varii erant, ut ipsimet eorum numerum ignorarent. Sin- gulis rebus singulos Déos constituios esse credebant, unum huic rei, alium alii prsepositum esse existimantes. Unum appellant Deum ignis, alium Deum aeris, alium Deum terrae, alium appellant colubrum, alium uxorem colubri, alium septem colubros, alium quinqué cuniculos et ita de aliis sine numero quemlibet juxta suum officium. Maxima autem Deorum pars nomina habent colubrorum atque serpentum. Et alii quidem Dii sunt virorum, alii mulierum, alii puerorum, alii totius mundi. Et eorum uni corda hominum sacrificabant, alteri humanum san- guinem, aliis filios suos, aliis coturnices, aliis passeres, aliis thus, papyrum, cere- visiam, et alias hujusmodi materias plurimas, juxta varios ritus et modos sacrifi- ciorum, quae ipsi daemones exigebant, et secundum varias qualitates Deorum. Nam alii erant nigri, alii flavi, alii aliis coloribus depicti. Quod si ea quae a Diis exi- gebantur illi non obtulissent, interficiebantur ab eis et devorabantur corpore si- mul et anima. Atque hoc pacto Diis suis, qui vere daemones erant, non ex amore, sed solo timore sacrificabant, certabantque hac ratione alter alterum superare donis ac sacrificiis, ut mortem possent evadere. Habebant etiam dii isti magnum nu- merum religiosorum vel sacerdotum sola puerorum carne vescentium et sangui- nem eorumdem bibentium, qui sancti habebantur. Alii deorum sacerdotes uxores non habebant, sed earum loco pueros quibus abutebantur. Quod quidem peccatum usque adeo erat vulgare in his regionibus, ut tam pueri quam senes eo vitio es- sent dediti, imo pueri sex annorum hujusmodi interdum labe erant infecti. Sed, benedictus Deus, aliam viam multi nunc coeperunt ingredi, sese ad Christianismum convertentes et maxima devotione sanctum baptisma postulant, confitentes peccata sua. Et baptizavimus ego cum socio fratre meo in hac provincia México ultra bis centena millia, imo adeo multos, ut mihi de numero constare non possit. Fre- quenter una die baptizavimus quatuordecim millia hominum, interdum decem mil- lia, interdum octo millia. Singulae autem provinciae, loca et parochiae modo habent sua templa et sacella, tabulas pictas, cruces et vexilla máximum erga Deum amo- rem et devotionem attestantia. Templa omnia magna sunt, quaedam longitudine ducentorum pedum, alia trecentorum. Servabant autem isti in his regionibus ri- 396 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. V tum Salomonis. Viri multas ducebant uxores, et praecipue principes: quorum quí- dam quadringentas, alii centum, alii quinquaginta, alii decem habebant. Et his modis hominis misere decepti vivebant. Rogate igitur, fratres charissimi, pro hoc misero Indorum statu. Nunc vero etiam de nobisipsis et nostra conditione aliqua dicemus, quomodo per gravissimos labores et maxima pericula térra ac mari ad hos tándem portus de- venerimus, adeo ut saepius de reditu ad Flandriam tentatus fuerim. Sed ipse Do- minus me deduxit et liberavit, qui sit benedictus in saecula. Amen. Scire igitur vos cupio, fratres aurei perquam carissimi, me ex Gandavo, oppido Flandriae, profectum esse cum duobus fratribus mihi sociis, quorum alter fuerat Gardianus Gandensis dictus Frater Ioannes de Tecto et alter Frater Ioannes de Aora, ego autem Frater Petrus de Mura, natus in civitate Iguen dicta, in provin- cia Budardae, tertius fui et duorum illorum socius. Nos igitur tres anno Domini 1522, mense Aprili, ipsa octava Paschae profecti sumus a Gandavo et perveni- mus in Hispaniam vicésima secunda Iulii. In Hispania autem navim ingressi sumus, ultima vice non prima, anno Domini millesimo quingentésimo XXIIJ prima Maii, et applicuimus huc Villenque tricésimo Augusti, et deinde México venimus. Dico ubi tune temporis erat México. Nunc ema1 Christianis occupatur. Ulinc profectus sum ad aliam provinciam dictam Techcucu, ubi permansi tribus annis cum dimidio. Socii autem mei cum gubernatore ad aliam terram sunt pro- fecti, et ibidem immensos labores perpessi propter amorem Dei mortui sunt. So- lus igitur supersum, et mansi in his regionibus cum aliquot fratribus ex Hispania, et sumus distributi in novem coenobia, manentes in domibus incolarum, distantes ab invicem milliaribus septem aut decem et aliqui 50, sicque laboramus in istorum infidelium conversione ad fidem, unusquisque pro viribus et spiritu suo. Et mihi est officium docere et praedicare noctes atque dies. In dies legere et scribere si- mul et cantare doceo, nocte vero doctrinam christianam et sermones. Et quo- niam térra ista est admodum magna et populus infinitus, et fratres evangelizantes pauci ad docendum tantam multitudinem, nos fratres collegimus in domibus nostris filios principum et magnatum hujus regionis ad erudiendum eos de fide catholica, qui postmodum suos parentes instruunt. Noverunt autem hi pueri legere, scribere, cantare, concionari et divinum officium more sacerdotum pera- gere. Quorum puerorum ego in hac civitate de México curam gero, suntque fere quingenti aut plures, eo quod haec civitas sit caput regionis. Ex quibus pueris circiter quinquaginta excellentioris ingenii segregavi quos singulis hebdomadibus doceo singillatim quid dicendum eritvel praedicandum dominica sequenti. Quod mihi certe non mínimo constat labore, noctes atque dies huic negotio impendenti ut eorum sermones componam et concordem. Singulis autem diebus dominicis hi pueri exeunt civitatem et totam terram praedicando percurrunt, interdum ad qua- tuor, interdum ad octo vel decem, interdum ad 20 vel 30 milliaria, annunciantes fidem catholicam et per doctrinam suam populum praeparantes ad baptismum. Et i No acertamos á descifrar esta abreviatura. CORRECCIONES.^ BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 39 7 nos cum ipsis circueuntes idola destruimus et templa eorum diruimus ex parte una, et ipsi similiter faciunt ex parte altera, et templa Dei veri construimus. Hoc modo et in hac occupatione tempus nostrum transigimus, quemvis laborem nocte ac die sustinentes, ut populum istum infidelem tándem ad fidem Christi induca- mus. Ego, per Dei bonitatem, in honorem et gloriam ipsius in hac provincia de México, quas Romae similis est, in qua moram traho, meis laboribus, Deo coope- rante, ultra centum domos Deo dicatas struxi, templa videlicet et sacella; quorum quaedam sunt templa magnificentissima, nec minus divino cultui accommoda mag- nitudine tricentorum pedum, et alia ducentorum. Et quoties exeo ad praedican- dum satis habeo negotii in destruendis idolis et construendis templis veri Dei. Cum hasc igitur ita se habeant, patres et fratres dilectissimi, rogo vos omnes ut dignemini pro me orare Dominum Deum, ut ipse vestris precibus exoratus, me illuminet ad cognoscendum quae facere debeam, eaque ut faciam, et in quo sanctis- simo servitio ac volúntate ad finem usque perseverem. Optarem aut vehementer ut aliquis ex vobis amore Dei suscipere vellet laborem vertendi hanc epistolam in linguam flandricam sive teutonicam eamque ad meos parentes destinaret, ut saltem aliquid de me certi ac boni audirent, me videlicet adhuc vivere et recte valere. Unde Deus sit Iaus et gloria. Non est aliud quod pro hoc tempore ultra velim scribere: tametsi permulta de his regionibus facile enarrare possem nisi linguam meam vernaculam prorsus neglixissem. Nihil igitur amplius addo, nisi hoc unum, quod liber quídam qui Biblia vocatur, mihi valde est necessarius: quem si ad me mitti curaveritis maximam mihi impendetis charitatem. Ca yeix quichi ma- motu neoa y tote oh ytotia tucauh y Iesu Christo. Quod sic interpretatur: non est praeterea quod dicam, laudetur Deus noster et benedictus Filius ejus Iesus Christus. Scriptae sunt hae litterae anno Domini 1529 Mensis Iunii, die vicésima séptima. Ex México, in coenobio Sancti Francisci. Otra Carta acerca del mismo asunto, escrita por Fray Pedro de Gante, llamado también de Mura, de quien se hace memoria en la carta anterior del Reverendo Obispo; hecha antes QUE LAS DOS PRECEDENTES, ES Á SABER, EL 27 DE JUNIO DE 1529. La CUAL HICIMOS TRADUCIR DE LA LENGUA CASTELLANA EN QUE VINO, Á LA LATINA, PARA LOOR DE DlOS Y RECREO DE LAS ALMAS CRIS- TIANAS. FuÉ DIRIGIDA EN COMUN Á LOS PADRES Y HERMANOS DE LA PROVINCIA DE FlANDES, Y Á LOS QUE MORABAN EN SUS CONTORNOS. Muy amados Padres, Hermanos y Hermanas: Mucho había deseado escribi- ros desde esta tierra en que ahora vivimos; pero tiempo y memoria me faltan. Grande estorbo fue también haber olvidado del todo mi lengua nativa; y tanto, que no acierto á escribiros en ella como deseaba. Si me valiera de la lengua de estos naturales no me entenderíais. Mas he aprendido algo de la castellana, en la cual, como pudiere, os diré esto poco. Sabed, pues, por principio, que esta tierra en que estamos aventaja á todas las demás del mundo, porque no es fría ni caliente en demasía, y en cualquier tiempo 398 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. Y se siembra y se cosecha, por ser tierra de regadío. Medio año, desde principios de Octubre hasta Mayo, no llueve, lo cual aquí es regla infalible; bien que en otras partes acontezca lo contrario. Los nacidos en esta tierra son de bonísima complexión y natural, aptos para todo, y más para recibir nuestra santa fe. Pero tienen, cierto, de malo ser de condición servil, porque nada hacen sino forzados, y cosa ninguna por amor y buen trato; aunque en esto no parecen seguir su pro- pia naturaleza, sino la costumbre, porque nunca aprendieron á obrar por amor á la virtud, sino por temor y miedo. Todos sus sacrificios, que eran matar á sus propios hijos, ó mutilarlos, los hacían por gran temor, no por amor á sus dioses. Los demonios de esta tierra tenidos por dioses eran tantos y tan diversos, que ni los indios mismos podían contarlos. Creían que para cada cosa había dios, y que uno regía esta, otro aquella. Tenían dios del fuego, del aire, de la tierra: á uno llamaban culebra, á otro mujer de la culebra; á éste siete culebras, á aquel cinco conejos, y así á una infinidad, según su oficio, pero por la mayor parte tienen nom- bres de culebras y serpientes. Unos había para los hombres, otros para las muje- res; unos para los niños, otros para todos en común. A ciertos de ellos sacrifica- ban corazones de hombres, á otros sangre humana; á cuales sus propios hijos; á algunos codornices; pájaros á otros, ó bien á varios incienso, papel, la bebida que aquí usan, y otras muchas cosas á este tenor, conforme á diversos ritos y ceremo- nias que los demonios mismos pedían, y según eran los dioses; porque los había negros, amarillos y pintados de otros colores. Y tenían entendido que de no ofre- cerles lo que pedían, serían muertos por ellos y consumidos en cuerpo y alma. Creyendo tal, sacrificaban á sus dioses, que no eran sino demonios, no por amor sino por miedo, y querían aventajarse unos á otros en ofrecer dones y sacrificios, para librarse con eso de la muerte. Servía á estos ídolos un gran número de reli- giosos ó sacerdotes que eran tenidos por santos, y se alimentaban solamente de carne de niños cuya sangre bebían. Algunos de estos sacerdotes no tenían muje- res, sino en lugar de ellas muchachos de que abusaban; pecado tan común en estas regiones, que mozos y viejos le cometían, y hasta niños de seis años solían hallarse infestados de él. Mas ahora, gracias á Dios, han comenzado muchos á seguir el orden natural, y convertidos ya al cristianismo, piden con grande ansia el bautis- mo y confiesan sus pecados. En esta provincia de México he bautizado con otro compañero más de doscien- tos mil, y aun tantos, que yo mismo no sé el número. Con frecuencia nos acon- tece bautizar en un día catorce mil personas: á veces diez, á veces ocho mil. Cada provincia, pueblo y parroquia tiene su iglesia ó capilla, con imágenes de pincel, cruces y estandartes, en que muestran gran amor y devoción á Dios Nuestro Se- ñor. Todas las iglesias son grandes: unas de doscientas tercias de largo, otras de trescientas. Guardaban éstos el rito de Salomón. Los hombres tomaban muchas mujeres, en especial los principales, quienes tenían á cuatrocientas, á cien, á cin- cuenta y á diez. Así vivían estos hombres miserablemente engañados. Rogad, pues, hermanos carísimos, por el infeliz estado de estos naturales. Digamos ahora algo de nosotros mismos y de nuestro estado: de cómo con CORRECCIONES.J BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 399 grandes trabajos y peligros de tierra y mar llegamos por fin á puerto, y también que fui muchas veces tentado de volverme á Flandes. Pero el Señor me guió y libró: bendito sea por todos los siglos. Amén. Deseo que sepáis, hermanos muy queridos, que salí de Gante, ciudad de Flan- des, con dos frailes mis compañeros, el uno de ellos Fr. Juan de Tecto, guardián de Gante, y el otro Fr. Juan de Aora; y yo, Fr. Pedro de Mura, nacido en la ciu- dad de Iguén, de la provincia de Budarda, fui el tercero de estos compañeros. Juntos, pues, salimos de Gante en el mes de Abril de 1522, en las octavas de Pas- cua, y llegamos á España el 22 de Julio. Allí nos embarcamos de nuevo por última vez el 1° de Mayo de 1523, y aportamos á Villenque (Villa Rica?) el 13 de Agos- to, de donde vinimos á México, poblado ya de cristianos. De allí pasé á otra pro- vincia llamada Tezcoco, en la cual moré tres años y medio. Mis compañeros se fueron con el gobernador á otra tierra, donde murieron agobiados de trabajos, por amor de Dios. Quedé yo solo, y permanecí en estas regiones con algunos frailes venidos de España. Estamos repartidos en nueve conventos, viviendo en las ca- sas que nos hicieron los naturales, separados unos de otros siete leguas ó diez, y aun cincuenta. Así trabajamos en la conversión de estos infieles, cada uno según sus fuerzas y espíritu. Mi oficio es predicar y enseñar día y noche. En el día enseño á leer, escribir y cantar: en la noche leo doctrina cristiana, y predico. Por ser la tierra grandísima, poblada de infinita gente, y los frailes que predican pocos para enseñar á tanta multitud, recogimos en nuestras casas á los hijos de los señores y principales para instruirlos en la fe católica, y que después enseñen á sus padres. Aprendieron es- tos muchachos á leer, escribir, cantar, predicar y celebrar el oficio divino á uso de iglesia. De ellos tengo á mi cargo en esta ciudad de México al pie de quinientos ó más, porque es cabeza de la tierra. He escogido unos cincuenta de los más avi- sados, y cada semana les enseño aparte lo que toca hacer ó predicar la dominica siguiente, lo cual no me es corto trabajo, atento día y noche á este negocio, para componerles y concordarles sus sermones. Los domingos salen estos muchachos á predicar por la ciudad y toda su comarca, á cuatro, á ocho ó diez, á veinte ó treinta leguas, anunciando la fe católica, y preparando con su doctrina á la gente para recibir el bautismo. Nosotros con ellos vamos á la redonda destruyendo ído- los y templos por una parte, mientras ellos hacen lo mismo en otra, y levantamos iglesias al Dios verdadero. Así y en tal ocupación empleamos nuestro tiempo, pasando toda manera de trabajos de día y de noche, para que este pueblo infiel venga al conocimiento de la fe de Jesucristo. Yo, por la misericordia de Dios y para honra y gloria suya, en esta provincia de México donde moro, que es otra Roma, con mi industria y el favor divino, he levantado más de cien casas consa- gradas al Señor, entre iglesias y capillas, algunas de las cuales son templos tan magníficos como propios para el culto divino, no menores de trescientas tercias y otros de doscientas. Cada vez que salgo á predicar tengo sobrado que hacer en destruir ídolos y alzar templos al Dios verdadero. Pues así estas cosas, os ruego, padres y hermanos muy amados, que os digneis orar por mí al Señor, para que BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. Y oyendo vuestras oraciones, me alumbre y conozca yo lo que debo hacer y lo haga, y persevere siempre en su servicio y voluntad hasta el fin. Deseo y pido encarecidamente que alguno de vosotros tome sobre sí, por amor de Dios, el trabajo de traducir esta carta en lengua flamenca ó alemana, y la envíe á mis parientes para que á lo menos sepan de mí algo cierto y favorable, como que vivo y estoy bueno. De lo cual sea á Dios gloria y alabanza. No tengo por ahora más que escribir, aunque mucho pudiera contar de esta tierra, si no fuera porque del todo he dejado mi lengua nativa. Por tanto, no añadiré más que esto: que tengo gran necesidad de un libro que se llama la Biblia, y si me lo mandaseis me haríais gran caridad. Ca ye ixquichi ma moteneoa y toteohy totlatucauhy Jesu Christo; que se interpreta así: no diré más, sino que sea loado nuestro Dios y su bendito Hijo Jesucristo. Fué escrita esta carta el 27 de Junio de 1529 en el convento de S. Francisco de México. PÁG. 46, N? 21. Mi estimado amigo el Sr. D. Ángel Núñez Ortega, en carta de Bruse- las, 17 de Abril de 1884, me dió la curiosa noticia siguiente: “El título de la Dialéctica Resolutio cum Textu Aristotelis, impresa en México por Juan Pablos en 1554, está comprendido en un grabado en madera idéntico al que usó el impresor inglés Edward Whitchurch para su edición del primer libro de rezo (Prayer book) de Eduardo VI el año 1549, y parece que fué después expor- tado para México. Tomo esta noticia del Times de Londres publicado el 10 de Junio de 1881, y se encuentra en un artículo en que se da cuenta de las nuevas adquisiciones de libros hechas por el Museo Británico. Agrega: Tiene las iniciales de Whitchurch E. IV.; pero el emblema del corazón traspasado sucedió á las ar- mas de la reina Catalina Parr que antes estaban en un escudo al pie de la portada.” El mismo marco historiado sirvió para el Diálogo de Doctrina Cristiana en lengua de Michoacán, por Fr. Maturino Gilberti, 1559 (n? 33), donde el corazón traspa- sado está sustituido por las llagas de S. Francisco; de lo cual resulta que el gra- bado original tenía allí un hueco y se le acomodaba otra pieza análoga al asunto ú objeto del libro. PÁG. 49, / N° 22. Del primer Libro de Cátedras y Claustros de la Universidad tomo algu- nos datos relativos á Cervantes Salazar que amplían y rectifican la biografía de este escritor. En 4 de Julio de 1554 se presentó á examen para bachiller en Cánones. El 12 de Septiembre de 1555 pidió la Licencia en Artes, y se le dió en forma. Acto con- tinuo pidió el grado de Maestro en la misma facultad, y también se le dió, ha- biéndole argüido Fr. Alonso de la Vera Cruz. Entre los meses de Junio y Noviembre de ese año cantó su primera misa. CORRECCIONES.^ BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 401 En 20 de Noviembre de 1556 se le dió licencia para graduarse de bachiller en Teología. En 12 de Junio de 1563 se graduó de licenciado en la misma facultad. En 19 de Noviembre de 1566 había pagado ya las propinas de doctor en Teología. Como adición curiosa á la misma biografía copiaré aquí las noticias que hallé en unas escrituras auténticas comunicadas por el Sr. Pbro. Fischer. En 2 de Diciembre de 1557 el virrey D. Luis de Velasco hizo á Andrés de Vi- llaseca merced de una caballería de terrenos baldíos y eriazos que estaban en el monte del pueblo de Tacuba. En 24 de Marzo del año siguiente Andrés de Villaseca hizo donación de ese terreno al Líe. Francisco Cervantes, clérigo presbítero, “porque le era en muchos cargos de muchas é buenas obras que dél había recibido, y otras muchas causas é respetos que á ello le movían.” El terreno donado lindaba con otro que ya era de Cervantes. En 13 de Junio de 1558 Francisco Cervantes Salazar hizo donación á Alonso de Pareja de la mitad de los terrenos que le había dado Villaseca. En 27 de Agosto el dicho Francisco Cervantes Salazar vendió á Alonso de Pa- reja la mitad de dos y media caballerías de tierra que poseía en los montes de Ta- cuba pro indiviso, con otras dos y media que tenía Pareja, las cuales cinco habían comprado á Juan Cano. Vendió además la mitad de cuatro esclavos negros, con la mitad de todos los bueyes y herramientas y aperos y casas y corrales, ovejas, cabras y yeguas, y la mitad de otra caballería de tierra en tér- minos de Tacuba, colindante (esa mitad era la que le quedó después de la dona- ción hecha á Pareja): más, todas las sementeras que había en las dichas tierras; un esclavo ladino “que tiene letras en el rostro que dicen Villaseca; dos caballos, el uno castaño y el otro morcillo, y todas las cabras y ovejas:” todo en cantidad de mil doscientos pesos de oro de minas “de á cuatrocientos é cincuenta maravedís de buena moneda” que el comprador le había entregado. Cervantes Salazar se quejaba en sus Diálogos (1554) de la mezquindad del sala- rio que se daba á los catedráticos de la Universidad. En efecto no era muy largo, y algún otro recurso hubo de proporcionarse para que pocos años después fuera ya hacendado. PÁG. 54. Col. 2, nota. La Crónica de la Universidad de México por Cristóbal de la Plaza existe manuscrita en la Biblioteca Nacional. Es un grueso tomo en folio. PÁG. 77. Adiciones á la biografía de Fr. Alonso de la Vera Cruz, sacadas del primer Li- bro de Cátedras y Claustros de la Universidad. El 30 de Junio de 1553, por nombramiento del Virrey, comenzó á leer “en la cátedra de Blibia” las Epístolas de S. Pablo. [adiciones y 402 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. El 20 de Julio hizo repetición para graduarse de maestro en Artes. El 21 incorporó en Teología porque era maestro de ella por tres Capítulos Pro- vinciales, y por la Universidad de Salamanca: el mismo día recibió el grado de maestro en Artes “atento á que es bachiller en la Universidad de Salamanca, y por suficiencia notoria;” en seguida se creó para él “una cátedra de Sto.Tomás de pro- piedad, que sea con las mesmas calidades é preeminencias que la de Prima.” En esta había comenzado á leer Fr. Pedro de Peña la Secunda Secunda el 5 del mismo mes. Se acordó, por último, que las dos cátedras de los PP. Vera Cruz y Peña fueran perpetuas. En 22 de Agosto se acordó que en las cátedras del Mtro. Fr. Alonso de la Vera Cruz y el Mtro. Fr. Pedro de Peña se lea lo que el rector señalare, y que los oyen- tes cursen en cualquiera de ellas, “aunque sea de Blibia la del P. Mtro. Fr. Alonso de la Aparece en una nota, que el 28 de Octubre de 1555 “dejó de leer.” Sin em- bargo, el 27 de Septiembre de 1556 cobró el sueldo de su cátedra hasta el 5 de Junio del año siguiente. Fr. Juan de San Román, en carta que dirigió al Lie. Juan de Ovando el 16 de Mayo de 1571, le pide que “mande venir al P. Maestro Fr. Alonso de la Vera Cruz, pues tan injustamente fue sacado de esta tierra.” (Cartas de Religiosos de Nueva España [México, 1866] pág. 106.) PÁG. 80. Col. 1. Dije que hoy no existen cátedras de lenguas indígenas, y tengo la satis- facción de declarar que me equivoqué. Años hace que existe en el Seminario Conciliar de Guadalajara una cátedra de lengua mexicana desempeñada por el Sr. Dr. D. Agustín de la Rosa, quien ha publicado una Gramática de la misma lengua, unos Estudios sobre la riqueza y filosofía de ella, y reimpreso varios textos para la enseñanza. Tiempo lleva de establecida otra cátedra en el Liceo Católico de aquella ciudad, y también se enseña esa lengua en el Colegio del Sagrado Co- razón de Jesús, dirigido por el Sr. D. Atilano Zavala. Ultimamente se ha creado en la Escuela Nacional Preparatoria de esta capital una cátedra que desempeña el Sr. D. Francisco B. del Paso y Troncoso. En el Seminario Conciliar de León hay cátedra de lengua otomí. El Sr. D. Miguel Trinidad Palma, profesor de idioma azteca en las Escuelas normales, acaba de publicar en Puebla (1886) una Gramática de esa lengua. Pág. 123 N°4i- El marco historiado que el IVLissale Romanum tiene en la f. io fte. es el mismo que se ve en la portada del Psalterium de 1584 (n” 95)» pero en este últi- mo libro aparece ya sumamente fatigado el molde. Y. la fotolitografía. CORRECCIONES.J BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 403 PÁG. 124. Mr. Quaritch, librero de Londres, comprador del Misal de 1561, puso en venta facsímiles de la portada y de las primeras hojas. Un ejemplar de aquella ha ser- vido para hacer aquí la que se ha colocado en su respectivo lugar, frente á la pá- gina 122. Pag. 127. Col. 1. Hemos visto posteriormente en poder del Sr. Pbro. D. Agustín Fischer un ejemplar del rarísimo Cedulario de Encinas, cuya descripción es esta: LIBRO PRIMERO DE || PROVISIONES|| CEDVLAS, CAPITVLOS DE || ordenan9as, inílrucciones, y cartas, libradas y def-|| pachadas en diferentes tiempos por sus Mageftades de || los feñores Reyes Católicos don Fernando y do- ña Yfabel, y Emperador || don Carlos de gloriofa memoria, y doña luana, fu ma- dre, y Católico Rey don || Felipe, con acuerdo de los feñores Presidentes, y de fu Consejo Real de las In-1| dias, que en sus tiempos ha auido tocantes al buen go- uierno de las Indias, y || administración de la justicia en ellas. Sacado todo ello de los libros del dicho || Confejo por fu mandado, para que fe fepa, entienda, y fe tenga no-||ticia de lo que cerca dello eílá proveydo defpues que fe|| defeubrieron las In- dias||hafta agora. (Escudo de armas reales.) EN MADRID.|| En la Imprenta Real.|| M.D.XCVI. Las cuatro portadas son iguales, con solo la variación del número del tomo (segundo, tercero y cuarto). El I tiene 14 íf. preliminares, y pp. 1-462; el II, 14 ff. prel., 1 blanca, y pp. 1-382; el III, portada, 12 ff. prel., 1 blanca y pp. 1-482; el IY, portada, 9 ff. prel., pp. 1-415. Un ejemplar de este Cedulario se halla descrito, con el n9 502, en el Catálogo Cárter Brown. D. José de Veytia Linage, en su Norte de la Contratación de las Indias (Sevilla, 1672, fol.), pról. n? 12, dice que no había en Sevilla otro ejemplar, que el de la Contaduría de la Casa de la Contratación. PÁG. 130. N? 45. El título debe corregirse así: T doctrina Xpíaua breue g cogetfíMfa pr bía írr Uíalngo entre bn maeftro g bn írífcPH pulo, Caraira rn legua caftellana g mexicana g||cd= puefta por el mug reuereniro pairre fraglliromíngo iré la anunciación, bíca= río q|| al prefente es iré cugoacan,treílla orírett irel bíenauenllturafto patrre feto || domingo. Un grabado del santo. <$n íEexíco, en cafa iré ©ci)arte|| 1565 Y BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XXL PÁG. 138. N94Ó. En 31 de Julio de 1886 me comunicó el Sr. Pbro. D. A. Fischer un ejem- plar de este número agregado á una edición del Concilio Tridentino hecha en Valla- dolid por Adrián Ghemart, 1564, 4? La adición ocupa 11 ff., y no 10, como dije, aunque no hay nada añadido: fué simplemente un error de computación. Repro- duzco el colofón con más exactitud: Fue impreífa é la Ciudad de México e cafa de pedro ochar || te por mádado del yluftrifsimo y reuerédifsimo feñor don|| Fray Alonfo de Montufar, de la dicha Ciudad.|| Meritifsimo. PÁG. 140 Noticias relativas á Fr. Bartolomé de Ledesma, tomadas del primer Libro de Cátedras y Claustros de la Universidad. El 12 de Junio de 1563 incorporó en Teología por virtud de unas bulas de Su Santidad, confirmadas por su General. En 12 de Noviembre de 1566 comenzó á leer la cátedra de Teología; y en 14 se le mandó que leyese la materia de Justitia et Jure. En 15 de Abril de 1567 se le dió en propiedad la cátedra de Teología, que se declaró vacante por haber salido desterrado el deán (Chico de Molina). Hubo en el claustro pleno bastante oposición al nombramiento. Pág. 159. Adiciones al artículo “Los Médicos de México en el Siglo XVI,” sacadas del primer Libr o de Cátedras y Claustros de la Universidad de México (1553-1567). Del Lie. Damián Torres consta que en 10 de Agosto de 1553 pidió el grado de licenciado en Medicina: se proveyó que hiciese acto en las Escuelas, y le arguye- sen los médicos. En 30 del mismo se mandó que tomase puntos, “de Avicena uno, y otro de Galeno ó Ipocras, y otro punto de Filosofía, para que se examine, y se le dé el grado de licenciado en medicina, por suficiencia.” El 12 de Septiem- bre pidió el doctorado, y se le señaló para recibirle el segundo domingo de Octubre. De Juan Vázquez de Avila se sabe que era doctor por la Universidad de Valen- cia; que fué incorporado el 1? de Septiembre de 1553, y juró “curar los pobres sin dinero.” El Dr. Juan de Alcázar presentó su título de doctor en Medicina por la Uni- versidad de Lérida, y le incorporaron el 10 de Agosto de 1553. El Dr. de la Fuente incorporó el 14 de Abril de 1563. El 2 de Mayo recibió el grado de doctor, y el 12 de Junio pidió ser incorporado de licenciado en Artes. El Lie. Pedro López pidió en 12 de Agosto de 1563 que le incorporasen de li- cenciado, y le señalasen el primer domingo de Septiembre para doctorarse. Se acordó de conformidad, y que el Lie. Cervantes hiciese el vejamen. El 30 de Enero CORRECCIONES.^] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 405 de 1554 propuso que hubiese protomédico, y se le contestó “que lo pidan á la Audiencia para que lo elija ella. ’ En el citado libro encuentro los nombres de otros médicos de que no di noti- cia por no tenerla. El Lie. Francisco Toro incorporó en Medicina el 14 de Abril de 1563, y el 2 de Mayo recibió el grado de doctor. El Dr. Santander incorporó el 14 de Abril de 1563. Diego Hernández, médico, había pagado las propinas del grado de licenciado el 19 de Noviembre de 1566. El Lic.Juan de Aza asistió á varios claustros desde el 2 de Noviembre de 1563. El Lie. Gutiérrez, graduado en Lovaina, se presentó en 3 de Junio de 1567 pi- diendo ser incorporado de licenciado en Medicina. Se opusieron á ello algunos del claustro, y quedó pendiente el asunto. No se encuentra la resolución. PÁG. 208. El Sr. Dr. D. Nicolás León, de Morelia, me ha favorecido con una copia de la siguiente cédula real, que es de interés histórico, y añade una noticia curiosa á la biografía de Fr. Maturino Gilberti. El Rey.— D. Martín Enríquez, nuestro Visorrey y Capitán General de la Nue- va España, y Presidente de la nuestra Audiencia Real della, y Muy Reverendo in Christo padre Arzobispo de la ciudad de México, del nuestro Consejo: bien sabéis que por cédula nuestra se os envió á mandar á vos el Virrey enviásedes á estos reinos á Fr. Maturino Gilberte, y Fr. Gil Clemente, y Fr. Joan Jerónimo, de la orden de S. Francisco, de nación francés; y porque se nos ha hecho relación que el dicho Fr. Maturino hará falta en esa tierra por ser hombre de buena vida, y lengua, y de mucha opinión entre los indios, y viejo, y muy antiguo en ella, é yo quiero ser informado de la calidad y bondad, vida y costumbres del dicho Fr. Maturino, y del fructo que ha hecho y hace en esa tierra con su doctrina y ejemplo, y si haría falta en ella, os encargo que cada uno de vos me enviéis rela- ción particular acerca dello, y de lo demás que á esto tocare, con vuestro parecer, para que vista se provea lo que convenga. Fecha en Madrid á diez y ocho de Mayo de mil y quinientos y setenta y dos años.—Yo el Rey.— Por mandado de S. M., Antonio de Erasso. Al margen: Al Visorrey y Arzobispo de México, que envíen relación de la falta que haría en esa tierra Fr. Maturino Gilbert, y de su vida y costumbres. Pág. 181. Dije que en más de trescientos años no había habido quien mejorase el gran Vocabulario de Molina. Posteriormente se ha publicado en París el de Mr. Ré- mi Simeón, autor ya conocido por la edición de la Gramática Mexicana del P. Ol- 406 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [adiciones y mos, y las importantes adiciones con que enriqueció la traducción francesa de la Historia del P. Sahagún. El título de la obra es este: “ Dictionnaire || de || la Langue Náhuatl || ou Mexicaine, || redigé || d’aprés les Do- cuments imprimés et manuscrits les plus authentiques || et précédé d’une Introduc- tion,|| par || Rémi Siméon,|| éditeur de la Grammaire Mexicaine du P. André de Olmos. [Escudo.] Paris.|| Imprimerie Nationale.|| M DCCC LXXXV.” 49 grande (jesús). Anteportada y portada. Pp. I-LXXVI, Introduction, Etu- des Grammaticales, Liste des Auteurs cites, Abréviations. Pp. 1-710 el Diccio- nario, á 2 col. A primera vista se advierte que este Diccionario es mucho más copioso y cien- tífico que el de Molina, y los antecedentes del autor le hacen digno de confianza. Pero tiene para nosotros dos faltas: la primera, darnos la correspondencia del mexicano en una lengua extraña, y la segunda, carecer de la parte española—me- xicana, que dió Molina, aunque bien diminuta. PÁG. 223. N9 78. Ultimamente se ha hecho una reimpresión del Arte "zapoteco del P. Cór- doba. He aquí la descripción del libro: Arte || del || Idioma Zapoteco || por el P. Fr. Juan de Cordova.|| Reimpreso por acuerdo || del C. General Mariano Jiménez, Gobernador constitucional || del || Es- tado de Michoacan de Ocampo,|| Bajo la dirección y cuidado del Dr. Nico-||lás León, Director fundador del || Museo Michoacano y miembro de|| varias Socieda- des científicas. [Viñeta.] Morelia.|| Imprenta del Gobierno ||en la Escuela de Ar- tes.||i 886. En 8°—Anteportada, 1 f.—Portada (rojo y negro), 1 f.—Introducción (del edi- tor), pp. III-XXVII.—Capítulo XXXV, del Cuadro Descriptivo y Comparativo de las Lenguas indígenas de México, por F. Pimentel (29 edición), pp. XXIX-LXXIX. —Addenda, 1 f.—Copia fotográfica de la portada de la edición original, 1 f.—Pre- liminares de la obra, pp. 3-11.—1 f. blanca.—Copia fotográfica del grabado de la Virgen del Rosario, 1 f. (entre las pp. 10 y n).—Texto pp. 12-220.—Colofón, p. 221.—Addenda, pp. 222, 223.—Erratas, 1 pág. PÁG. 228. N9 79. En Noviembre de 1884 me comunicó el Sr. Agreda un grueso tomo en 49, sin principio ni fin y sumamente maltratado, que me pareció ser el Vocabulario Zapoteco de Fr. Juan de Córdoba. El estado del ejemplar no permite conocer la fecha de la edición. Es un voca- bulario español—zapoteco muy copioso, á 2 col., letra romana. Comienza en la signatura A, fol. 1, y llega al fol. 417: tiene, por.consiguiente, 1668 columnas. El último artículo de la f. 417 es “Visitar, venir á ver.” Queda un pedacito de la foja siguiente. CORRECCIONES.^ BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XXL 407 PÁG. 230. N° 81. El Sr. D. José de iígreda me ha comunicado (Mayo de 1885) un ejemplar completo de esta edición. SVMMA, || Y RECOPILACION || de chirvgia, con vN||Arte para fágrar muy vtil y prouechofa.|| COMPUESTA POR MAES-\\tro Alonfo López, natural de los Inojofos.\\ Chirujanoy enfermero del OJpital de\\S. Iofeph de los Tndios, dejla muy ||infigne Ciudad de Mexico.\\DIRIGIDO AL ILL. Y R.\\S. Don Pedro Moya de Contreras, Ar<¡o- btfpo II de México y del cocejo de fu Magejl. [Un grabadito de S. Cosme y S. Damián, médicos: el uno tiene en la mano un libro ó cajita, y el otro una enorme redoma.] EN MEXICO,|| Por An- tonio Ricarco (sic) 1578. En 8° Además de la portada hay 14 ff. prel. que contienen: Licencia y privile- gio del virrey D. Martín Enríquez, á 14 de Febrero de 1578.— Id. del Sr. Arzo- bispo D. Pedro Moya de Contreras, á 7 del,mismo.—Aprobación de Fr. Agustín Farfán: dice que “por estar justamente ocupado” lo vió y enmendó el Dr. Bravo con mucha deliberación, y lo había aprobado: en seguida añade que él lo había visto muy particularmente y enmendado algunas cosas.—Aprobación del Dr. Fran- cisco Bravo, dada ante escribano, lo mismo que la del Dr. de la Fuente; este dice: “ha muchos años que he visto curar y experimentar á maestre Alonso en su arte de Chirugía en España y en esta ciudad.”—Dedicatoria al Sr. Arzobispo Moya de Contreras.—Al benigno lector. Prohemio. Texto, ff. 1-201: la vuelta de la última está ocupada con un grabado de S. Juan Bautista. Contiene: “En el proemio efta la difinicion de chirugia, los artes liberales, y que cofa es virtud, y las intinciones del chirujano. “Tractado primero, en el qual fe trata la difinicion de anotomia y de todos los demas miembros limpies y compueftos, el cual tiene diez y feis capitulos. “Tractado segundo de la fangria ó flebotomía el ql tiene fíete capitulos. “Tractado tercero de apoftemas el qual tiene veinte y fíete capitulos. “Tractado quarto de heridas frefcas. Que contienen en el treze capitulos. “Tractado quinto di mal de buuas el qual tiene qtro capitulos. “Tractado VI de fraéturas y diílocaciones el qual tiene doze capítulos. “Tractado VII de peftilencia, el qual tiene quatro párrafos.” Siguen 7 ff. sin numerar, con la Tabla, y en la vuelta de la última el colofón: FVE impreffo el preféte Libro llamado Süma y Recopila ció d Chirugia, é México a beynte y feis dias di mes de mayo, é cafa d Antonio Ricar do a la Cópañ. de IESVS d 1578 9 Gracias a Dios 408 Y BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. En la hoja que sobra del pliego un grabado de la Purísima Concepción. Como fácilmente se advierte, la primera edición es mucho menos extensa que la segunda de 1595 (n° 106), á juzgar por la idea que de esta última nos da Be- ristain. (V. ante, pág. 172, col. 2.) PÁG. 231. N° 84. Después de impreso este artículo me comunicó el Sr. D. José 1VD de Agreda un ejemplar de la Carta del P. Pedro de Morales, por el cual he podido formar idea de la magnificencia de aquellas fiestas. Además del adorno de la igle- sia y colegio principal de la Compañía, se levantaron en las calles cinco arcos triunfales suntuosísimos, llenos de figuras de bulto ó pincel, con infinidad de ins- cripciones y versos en hebreo, griego, latín, italiano y castellano: hay también unas octavas mixtas, es decir, de versos alternados, toscanos y castellanos. La des- cripción de todo aquel aparato ocupa la mayor parte del libro. En algunos de los arcos hubo danzas; en otros aparecieron ángeles, indios ó figuras simbólicas que dijeron loas y otras poesías, una de ellas en lengua mexicana. Parte principal de la fiesta fué un certamen literario que se pregonó anticipadamente con gran solem- nidad. En los seis primeros días de la octava hubo representaciones sagradas, ha- biendo sido la más notable la del primero, en que los colegiales de los diversos establecimientos de la Compañía representaron la tragedia intitulada Triunfo de los Santos, repetida el último día, á petición del público. Está escrita en variedad de metros, y dividida en cinco actos. Ya en el texto hemos dado la lista de los per- sonajes de la pieza. Siendo imposible trasladar aquí tan larga composición, aun- que lo deseo por ser de lo más notable que nos queda de aquellos tiempos, me limitaré á dar idea del argumento, y copiar algunos pasajes. Comienza por un Prólogo en octavas, en que se da idea del argumento y se pi- de la atención del auditorio. No se expresa quién le dijo. Acto Primero.— Escena Primera.—Iglesia, Fe, Esperanza y Caridad.— La Igle- sia invita á las Virtudes para que le ayuden á dar gracias por las mercedes que de Dios ha recibido. Las Virtudes encarecen la grandeza de esas mercedes, y cada una va enumerando sus propias excelencias, concluyendo por ceder la palma á la Caridad. Escena Segunda.— Gentilidad, Idolatría y Crueldad.— Quéjase la primera de los ma- les que le habían venido con la nueva secta de los cristianos, y la Idolatría hace lo mismo. La Crueldad prorrumpe en imprecaciones, y anuncia estragos; pero la Idolatría replica que sería mayor triunfo lograr que á fuerza de tormentos vol- vieran los cristianos al Paganismo. Convienen en perseguirlos, y la Crueldad dice á las otras que vayan seguras, porque ella se encarga de encender el fuego en el corazón del Emperador. Escena Tercera.—Diocleciano, Daciano, Cromado y Crueldad.— El primero da gra- cias á Júpiter por la grandeza en que le había colocado: enumera lo que él había hecho en favor del culto, y dice á los Presidentes, que los ha llamado para que le CORRECCIONES.^ BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 409 indiquen si hay que proveer algo tocante al servicio de los dioses. Entonces Da- ciano expone que los sacerdotes se quejaban de que el culto había disminuido por causa de los cristianos; Cromacio opina que es urgente atajar los progresos del Cristianismo; Diocleciano quiere probar la clemencia; Daciano se opone, porque ya se había ensayado sin efecto; la Crueldad atiza; al fin se enfurece Diocleciano, y se decide por la persecución, propósito en que le confirma Daciano. Ordena entonces el Emperador que se persiga cruelmente á los cristianos, porque en ello encontrará el mayor placer. Se retiran todos para proseguir el consejo, y termina el acto. Sigue luego un romance, como intermedio. Acto Segundo.—Escena Primera.—Pedro, Doroteo y Gorgonio.— Doroteo la- menta que el Emperador no sea cristiano. Entran Pedro y Gorgonio; éste anun- cia que el mismo día se publicará el edicto contra los fieles. Discuten todos si convendrá que oculten su profesión religiosa, para poder favorecer así mejor á los perseguidos, ó será preferible manifestarse de una vez con pública confesión, para alcanzar la corona del martirio. Se deciden por esto último. Escena Segunda.—Diocleciano, Daciano, Cromacio, Secretario y Pregonero.—Pregunta Diocleciano á los Presidentes qué medios sería bien adoptar para someter á los cristianos. Cromacio le propone un horroroso plan de los tormentos que se les infligirán, el cual acepta Diocleciano con fruición. Daciano pide ir á la Galia y á las Españas para encargarse de la persecución. Cromacio solicita ir al Oriente con igual objeto. Diocleciano da á cada uno la comisión que desea, y se acuerda la pu- blicación de un edicto contra los cristianos. El Secretario le escribe y presenta, y el Pregonero le publica. Escena Tercera.—Iglesia, Fe, Esperanza y Caridad.—La Iglesia se lamenta de la persecución en estos términos: ¡ Oh nueva rigurosa Tanto por mí temida Y á tal sazón y tiempo publicada! ¡ Oh suerte peligrosa Donde perder la vida Es pérdida menor y casi nada! Lloro que mi manada Ha de ser esparcida Por lobos carniceros, Y por llanos y oteros La veo derramada y perseguida: Temo el supremo daño, No se me vaya alguno del rebaño. ¡Ay Dios! cuán poco dura El gozo en esta tierra, Con gran razón de lágrimas llamada, Cuán poco se asegura, Cuán presto se destierra La cosa más alegre y más amada. Estaba sosegada, Y al tiempo que crecía El culto de mi Esposo Turbóse mi reposo Y vínome el dolor que yo temía. ¡Ay, hijos muy queridos, Lleguen al alto cielo mis gemidos! Espíritu divino Que Dios me dió por prenda, Consolador que velas y me riges, Dame favor contino Y á mis hijos enmienda, Pues que sólo por esto los afliges. ¡Oh Santo Amor! que eliges Al pueblo justo y santo Y tanto lo enriqueces, Ruégote muchas veces Inclines las orejas á mi llanto, Que es de Madre afligida Que dará por sus hijos alma y vida. Si gravemente siento Las penas y dolores De tus fieles, Señor, y sus querellas, BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. [adiciones y Mucho mayor tormento Me causan los clamores De niños tiernecitos y doncellas. Muévante, mi Dios, ellas, Y si nuestros pecados Mueven tu justa ira, Con piedad nos mira Y de otra suerte sean castigados, Y no disminuyendo El número que va á su Dios siguiendo. ¿ Consentirás que sean Tus templos profanados? ¿Quemada y destruida tu Escritura? ¿ Permitirás que vean Mis ojos ocupados Tus templos con diabólica figura? Virgen hermosa y pura, Volved á mí esos ojos Tan llenos de clemencia Revoque la sentencia Mi amado Dios y aplaque sus enojos, Y si esto es de provecho, Yo lavaré con lágrimas mi lecho. La Fe procura consolarla con el recuerdo de la felicidad eterna que aguardaba á los que sucumbieran en la persecución. La Esperanza y la Caridad le represen- tan que nunca ha de faltarle el auxilio divino, y que el número de fieles no ha de disminuir, porque el grano que cae y muere se multiplica, y porque en las perse- cuciones comunica Dios mayores gracias. Con esto se consuela la Iglesia, y pide fortaleza para los que van á combatir. Sigue un villancico, como intermedio. Acto Tercero.—Escena Primera.—Dos alguaciles llamados Fregenaly Riba- deo, S. Juan, mártir.— Los alguaciles se congratulan de la buena ocasión que se les presenta para congraciarse con los jueces y robar á los cristianos. En esto aparece S. Juan y arranca el edicto, lo cual visto por los alguaciles, le prenden y llevan á la cárcel. Escena Segunda.—El Emperador, S. Pedro, S. Doroteo, S. Gorgonio, los alguaciles, S. Juan con los verdugos, y el nuncio, llamado, al parecer, Perico.—Quéjase Diocleciano de que en su corte, y casi en su presencia, haya habido quien rompa el edicto, y anuncia que ejecutará grandes castigos en el culpable. Traen á Juan y le propone que elija entre la apostasía y el martirio. Juan se niega, por supuesto, á aposta- tar, y se burla de sus amenazas. Manda el Emperador atormentarle, lo cual se verifica allí mismo, sin fruto. Pedro interviene increpando al Emperador por su crueldad: éste se espanta de que Pedro sea también cristiano, y se entabla una dis- cusión. Pedro da las razones que tuvo para convertirse, y responde á las objecio- nes de Diocleciano, formando una exposición de las doctrinas del Cristianismo. El Emperador ordena que sea crucificado. Gorgonio y Doroteo hacen asimismo profesión de su fe, lo cual alarma notablemente á Diocleciano, y manda que sean también martirizados. En esto llega el nuncio á participar el regreso de Daciano, y refiere las atrocidades que éste hizo en Occidente. Por encargo de él aconseja que no se permita dar sepultura á los cuerpos de los mártires, porque esto apro- vecharía mucho. Así lo manda Diocleciano, y alaba el celo de su enviado. Escena Tercera.—Iglesia, Fe, Esperanza y Caridad.— La Iglesia vuelve á lamen- tarse de la persecución, diciendo: ¡ Quién me dará que en fuentes de agua viva Se puedan convertir mis tristes ojos, Y que con sangre mi dolor escriba! Aun no son aplacados los enojos De mi Dios y mi Rey con sangre tanta, Con tantas penas, muertes y despojos. CORRECCIONES.^ BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. El ímpio pueblo infiel se alegra y canta Triunfando de tus templos y tu gente Y con crueza extraña nos espanta. ¡Ay Dios! qué lengua habrá que diga y cuente La crueldad, las penas y el estrago, Cuanto menos llorarlas dignamente De llanto me sustento y satisfago, Ceniza es pan y lágrimas bebida, Ni de otra cosa alguna caso hago. La gente más cruel, endurecida, Oyendo nuestra pena y destrucciones A lástima y á lloro es conmovida. ¿Pues qué hará en los blandos corazones Ver á los mansos niños como ovejas, Y encarnizarse en ellos los leones? Al sumo cielo subirán mis quejas Diciendo: Dios eterno, ¿ hasta cuándo De tu querida Esposa ansí te alejas? Aquí prendiendo están, allí matando, Embriagado está el cuchillo fiero, Tus siervos esparcidos y temblando. No fué tan duro nunca el crudo Ñero, Ni tanto se holgó con nuestra muerte, Como este cruel tirano carnicero. No lloro la dichosa y rica suerte De aquellos capitanes valerosos Que por las penas han subido á verte: Lloro los desdichados temerosos Que con flaqueza grande y de vil pecho Siguieron á los ídolos dañosos. Lloro los que perdieron el derecho De ser contigo bienaventurados Con tan indigno y miserable hecho. Lloro tus sanctos templos profanados, Hechos establo vil, sin sacrificio, Muertos los sacerdotes y prelados. Cesaron mis canciones y ejercicio De venerar tu nombre en voz sonora; El lamentar me queda por oficio. Si alguno sacrifica, si te adora, Metido en criptas, cuevas y cavernas, No tiene allí sosiego sola un hora. Desto me nacen lágrimas eternas Viendo tan afligidos y angustiados Aquellos que tú amas y gobiernas. Desnudos y hambrientos, destrozados, Aquellos que este mundo no merece Andan por riscos, breñas y collados Del mismo modo que antes, las tres Virtudes procuran consolarla. Dícenle que si algunos han flaqueado, en eso resplandece más la constancia de los fuertes; que presto vendrá la bonanza, y que cuenta siempre con el auxilio divino. Canta el coro, alternando con las últimas quejas de la Iglesia, y termina el acto tercero. Acto Cuarto.—Escena Primera.—Diocleciano, Cromado y Daciano.— El Empe- rador les pregunta qué han hecho, y los Presidentes refieren las atrocidades ejecu- tadas en los cristianos. Mas él quiere saber á cuántos han vencido y obligado á volver al culto de los dioses. Confusos los interrogados, confiesan que en ese punto nada habían conseguido, lo cual causa tal impresión á Diocleciano, que cae desmayado, diciendo que quiere dejar el imperio, pues no logra lo que desea: Da- ciano le socorre. Vuelve en sí Diocleciano, manda que le lleven á su palacio, y ya no vuelve á aparecer en la escena. Escena Segunda.—Albinio y Olimpio, caballeros del séquito de Constantino.—Es- tos caballeros eran cristianos: hablan del castigo de Diocleciano, que había muerto desesperado: citan otros ejemplos de Emperadores perseguidores de los cristianos que acabaron con malas muertes, y confían en que Constantino, aunque no cris- tiano todavía, hará cesar la persecución. En ese momento entra un paje á anun- ciar que llega el Emperador. Escena Tercera.—Constantino, con una cruz en la mano, Albinio y Olimpio.— In- quiere Constantino quién habrá que le explique aquella señal que trae. Los ca- balleros le responden que en su palacio tiene quien lo sepa. De la respuesta deduce él que los caballeros son cristianos: ellos lo confiesan, y pasan á darle la explica- BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. Y ción que desea, habiéndoles referido antes Constantino el prodigio que la Cruz había obrado en la batalla contra Maxencio. Concluyen informándole de que los cristianos son todavía perseguidos, porque no estaban revocados los edictos. El Emperador ofrece mandar inmediatamente que no se les haga daño alguno. Acto Quinto.—Escena Primera.—San Silvestre Papa, y los dos caballeros Olim- pio y Albinio.—Comienza por un coro cantado. Luego dice S. Silvestre: ¡Oh vida triste, larga y enojosa! Dime ¿por qué dilatas y detienes Al alma que en la tierra no reposa? Vanos son tus placeres y tus bienes, Tus tormentos y penas poco duran Con sola la apariencia te entretienes. ¡ Oh dichosos aquellos que aseguran Con el martirio breve y fortaleza El eterno descanso que procuran! ¡Oh reino celestial de suma alteza! ¿Cuándo será aquel día venturoso En que podré gozar de tal lindeza? Bien sabes tú, mi Dios, cuán deseoso Estaba del martirio el flaco pecho, Hecho con tus favores animoso. Mas como á siervo inútil sin provecho Quisiste reservarme de la muerte Con que fuera el deseo satisfecho. No permitas que pueda yo ofenderte Con vida por tu mano libertada De la persecución y estrago fuerte. Por mí será tu Iglesia gobernada, Pues es tu voluntad, hasta que acabe Conforme mi esperanza la jornada. Procuraré que el mundo siempre alabe, Ensalce y glorifique el sancto Nombre En quien todo el honor y gloria cabe. Procuraré también que á nadie asombre De los perseguidores el tormento, Pues permanece Dios y muere el hombre. Con esperanza sola me sustento Teniendo en mi chozuela mal pulida Mi Cristo en admirable Sacramento. Aquí tienen refugio, aquí manida, Los que del fiero mal y caso duro Han sido conservados en la vida. Y hasta que del todo esté seguro De la persecución tu pueblo santo, Aquí celebro sacrificio puro. Y aunque el cruel rigor cesó algún tanto, Según que fué terrible su fiereza A muchos todavía pone espanto. Por tu bondad, Señor, por tu grandeza, Cese la tempestad, venga bonanza, Acábense los males con presteza. Mas no pierdo del todo la esperanza, De darte en sacrificio yo la vida Por vida tan ajena de mudanza. Retírase y entran los caballeros que venían en busca de Silvestre: éste se les presenta, creyendo que vienen á prenderle; pero ellos le participan que Constan- tino le manda llamar porque está gravemente enfermo, y los médicos le aseguran que su mal no tiene otro remedio que un baño en sangre de niños. Mas los Após- toles S. Pedro y S. Pablo se le aparecieron en sueños, le prohibieron tal atrocidad y le mandaron que buscase á Silvestre; el cual se pone en camino inmediatamente. Escena Segunda.—Silvestre Papa y Constantino.—El Emperador se ofrece por hijo al Papa, y le promete que será restaurado y defendido en su dignidad. Da gracias á Dios por la maravillosa curación obrada, y pregunta qué podrá hacer en reco- nocimiento de todo lo que había recibido. El Papa le refiere lo que ha pasado du- rante la persecución, y le aconseja lo que debe hacer para reparar tantos estragos. Constantino promete favorecer en todo á los cristianos, reedificar los templos, re- coger las Santas Reliquias, &c. Escena Per cera y Ultima.— Gentilidad, Idolatría, Crueldad, Iglesia, Fe, Esperanza y Caridad.—La Gentilidad deplora amargamente su ruina; la Idolatría le hace coro, CORRECCIONES.] BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. 413 y se queja también la Crueldad. La Iglesia se regocija del fin de la persecución; las Virtudes la exhortan á dar gracias al Señor por tan gran beneficio. Vuelve la Iglesia á celebrar el triunfo, y prende á la Gentilidad. La Esperanza dice que á ella se ha debido la victoria; mas la Caridad replica que la constancia de los már- tires fué fruto de su amor á Dios, y dispone que los santos huesos sean recogidos y repartidos á todos los pueblos fieles. La Iglesia endereza entonces su discurso al Emperador y al Papa, y por último al Pueblo Mexicano, en estos términos: Amado Pueblo mío Mexicano, En mis postrimerías concebido, Conoce el don tan rico y soberano Que en nombre de mi Dios te he concedido Y pues tan liberal la excelsa mano En darte tal favor contigo ha sido, No seas encogido ni avarjento En darle el corazón por aposento. La Fe y la Esperanza exhortan igualmente al Pueblo Mexicano á que agradezca la merced que se le ha hecho en enviarle las Santas Reliquias, y á que las conserve con devoción para su defensa. La Caridad cierra la pieza con esta octava. Amor hizo que tanto padeciesen Por su fe, por su Dios y por su gloria; Amor les dió valor con que venciesen, Amor les dió en las manos la victoria, Amor también les hizo que viniesen Y en México pusiesen su memoria: Amor piden por paga, y yo lo pido, Y perdón por las faltas que haya habido. Sigue un villancico que canta el coro. Al imprimir la tragedia se omitieron los nombres de los interlocutores. Adver- tida la confusión que de esa falta resultaba, se añadieron al margen, mediante nueva tirada; pero sin la exactitud debida, pues unos faltan y otros están equivocados ó fuera de su lugar. En el ejemplar presente una pluma contemporánea corrigió muchos de esos descuidos, mas no todos. Bien se advierte que la pieza no tiene de tragedia más que el nombre. Aten- diendo á su objeto, á su forma y á la mezcla de personajes reales y alegóricos, puede considerarse más bien como un gran Auto ó Coloquio. No se libró del de- fecto común á este género de composiciones, que es la introducción de graciosos impertinentes; bien que sólo hay una escena de esta clase: la de los anacrónicos alguaciles. La versificación es desigual, generalmente mala, y la obra, que está anó- nima/parece de varios ingenios. De todos modos es una de las producciones más notables de la literatura del siglo XVI. Respecto á la ejecución, el autor de la Carta nos da estos pormenores: “Los representantes todos fueron estudiantes de nuestros colegios, y muchos de ellos graduados en Artes, con tanta riqueza de vestidos á propósito, y con tal 414 BIBLIOGRAFIA MEXICANA DEL SIGLO XVI. ornato y majestad, que ayudados de Dios por la intercesión de los Santos, cau- saban en el auditorio aquel movimiento y efecto que se pretendía, porque el me- neo y acción de cada uno y de todos juntos, con brío y saña cuando se requería, como en Diocleciano; con ternura y lágrimas cuando era necesario, como en la Iglesia; con fortaleza en los Mártires, y liberalidad en Constantino, y ansí en los demás, que no parecía ser sola representación, como se vió claramente en el efecto que obró el Señor, de un nunca visto sentimiento y lágrimas y conversión de mu- chas á su divino servicio, publicando que lo que no habían hecho muchos sermo- nes les había Dios comunicado con esta obra, y que bastara á convertir turcos que se hallaran presentes, y que no era justo se dejase de imprimir, para que los au- sentes gozasen y se aprovechasen.” t