*. ene «- :c 7~<3C.< c c c c ^rr « íí ^ cc ; f. <_*'■' cce ¿ ¡^ ;< <£ ¿ce £ cef^ c cerdees c «r* I ce <*¿ «r ce c _ cc c :_: ce c '<< ce S ^ cc < c e ,- ^- c c< o CC v c r „ ^¿ Cee «: e c c c ce c e V^ cí£ ,cr,f ?r <«: cecc ce c < %- cr c^K^Cr CC CCC'Q cY r < CTCO c «< cv,« ce c c- ce e c- cí" í ce -<;.<<<:<: * c ee c ce c re c r-A/NTEÜLj .A.- OABRION. MINISTERIO DE GOBIERNO. Lima, Octubre 2 de 1886. Señor Administrador de la Imprenta del Estado. Ea una solicitud presentada á este Despacho por D. Ca- > simiro Medina, ha recaído la siguiente resolución : "Vista la presente solicitud de D. Casimiro Medina, po- seedor de los trabajos originales sobre la propagación del virus verrucoso y sus influencia1:, dejados por el finado estudiante de Medicina D. Daniel A. Carrion. Conside- rando que es necesario estimular á los que se dedican al estudio de asuntos importantes á la humanidad y á la ciencia; que de esta suerte se honra al Perú y se perpetúa la memoria de los que se sacrificaron en obsequio de aque- llos, se dispone: Publíquese por cuenta del Estado y en forma de folleto los referidos trabajos, cuyos originales conserva el recur- rente Medina, el mismo que se encargará de hacer las correcciones tipográficas- j Comuniqúese al Administrador de la Imprenta de "El * Peruano " para su cumplimiento." Que trascribo á U. para su conocimiento y fines del caso.— Dios guarde á U. (Bml^t fearnto. Hacemos constar nuestro público agradecimiento al Señor Ministro de Gobierno Dr. D. Pedro A. del Solar, y por su conducto al Gobierno de que forma parte, por la aprobación y rápida tramitación del recurso que se le pre- sentó, dando de esta manera una prueba palpable del in- terés que lo anima en beneficio de la Ciencia y de la nece- sidad de perpetuar las grandes acciones. Casimiro Medina.—Enriqut Mestanza. —Julián Arce. —Mariano Alcedan. —Ricardo Miranda. —Manuel Mon- tero. INTRODUCCIÓN. Hace un año que un gran acontecimiento agitaba los ánimos en esta Capital, cuyos mo- radores se encontraban preocupados con moti- vo del sacrificio que un joven suficientemente abnegado por la ciencia y por la humanidad, había hecho, posponiendo su vida en aras de tan sagrados intereses. Comentábase el hecho de mil maneras; los hombres de ciencia dándole toda la importancia que tenía y admirando la sublime heroicidad de la víctima, los demás aplaudiendo la grandeza de alma del que separándose del común de los hombres y dejando á un lado el egoismo de que está poseída la humanidad, que cree encontrar en los pasajeros goces de la vida, el ideal de su felicidad, se sacrifica por ella, arrancando un grito unánime de admiración y abriéndose las puertas de la inmortalidad. Y en verdad no podía ser mayor el sacrificio. Joven aun, lleno de esperanzas, con un porve- nir risueño, asegurado por bienes materiales y la pronta terminación de una carrera profesio- nal, la vida se le presentaba con todos sus atractivos; pero cuando la Providencia señala á cada cual el destino que tiene que desempeñar y — 6 — cuando dota á seres privilegiados de cualidades excepcionales para elevarlos sobre el resto de los hombres, entonces el Genio comprendiendo su elevada misión, la lleva á cabo, exitando la ad- miración general y el interés que despiertan las o¡;...jes acciones. © Es así como se presenta hoy, impulsando á un modesto y noble soldado de la ciencia, que sin aliciente de recompensa alguna, se lanza in- trépido en la brecha, rinde la vida y lega con su esforzada muerte el mas brillante timbre de verdadera gloria á la Patriay á la Medicina Na- cional, en cuyo Martirologiocientífico hace ins- cribir en primera línea el nombre de Daniel A. Carrion. Un hecho de esta naturaleza que despertó la admiración y el entusiasmo en todas las clases sociales, no fué bastante para hacerlo en los en- cargados de la cosa pública. Aquí donde la ab- sorbencia políticay las efímerasglorias militares se reparten los aplausos y caudales públicos, aquí repetimos, ni un modesto mausoleo se eri- gió para perpetuar la memoria de este abnega- do adalid de la humanidad. Un año ha trascurrido durante el cual pare- ce que el recuerdo de su nombre y la memoria de sus hechos, hubieran quedado sepultados en el olvido; pero cuando las Ciencias médicas se ocupen de la Verruga Peruana, el nombre de Carrion estaráíntimamente vinculado con el es- tudio de esta enfermedad, haciendo imperece- dero su recuerdo y tributándole el homenaje de su respetuosa admiración. — 7 — Amigos íntimos de la noble víctima con quien compartimos las fatigas escolares y admi- radores ardientes de su sublime heroísmo, hu- biéramos querido elevarle un monumento, no por el temor de que su nombre y su abnegado sacrificio pudieran ser olvidados; pues uno y otro pertenecen á la historia, sino como un ejemplo que legar á las futuras generaciones y una enseñanza práctica de que cuando se tra- ta del bien de la humanidad, hay seres que no trepidan en hacer el sacrificio de su vida. Desgraciadamente nuestros deseos no pueden realizarse y aunque la amistad le ha levantado en lo mas profundo de su alma un altar, donde le rendirá culto ardiente y respetuoso y en el que su recuerdo irá rodeado de inmarcesible gloria, hace un llamamiento á la Medicina Nacional, al Congreso y al Gobierno, para que aceptando nuestro deseo, haga práctica su realización, cum- pliendo á la vez un deber de justicia y de pa- triotismo. En el aniversario del fallecimiento de nuestro inolvidable amigo, hemos creído que la mejor manera de honrar su memoria, era hacer una pu- blicación de sus trabajos, para que la ciencia aprovechando los datos que dejó consignados pueda completar la obra, que con su muerte dejó inconclusa y sirviendo su sacrificio para la resolución de mas de un problema oscuro de que aprovechará la Medicina en beneficio de la hu- manidad. Ha sido nuestro principal dqseo no introdu- cir en estos trabajos modificación alguna, dán- dolos á luz como los hemos encontrado. — 8 — Muchos puntos concernientes á la Verruga, que Carrion conocía, pero que no los ha dejado escritos por haberlos encomendado á su memo- ria y cuyo desarrollo habría hecho fácilmente en un momento dado, han quedado por esta cir- cunstancia ó no consignados, ó sin la extensión necesaria. Causas completamente agenas á nuestra vo- luntad nos han impedido anteriormente hacer dicha publicación, que hoy presentamos al pú- blico/cumpliendo con el compromiso con élcon- traido y con el sagrado deber de la amistad. Lima, Octubre 5 de 1886. Casimiro Medina. — Enrique Mestanza. — Julián Arce. —Mariano Alcedan. —Ricardo Miranda. — Manuel Montero. BIOGRAFÍA. Bastante limitados, son los apuntes biográficos, que podemos publicar de nuestro malogrado» ami- go, y no puede ser de otro modo cuando se trata de quien supo tener la abnegación suficiente para posponer su existencia en los primeros años de su vida, enríen tan solo de la humanidad y de la ciencia. Daniel A. Carrion nació en la ciudad del Cerro de Pasco el año de 1858: era hijo del Dr. Baltasar Carrion y de la respetable señora Doña Dolores Guerrero ; hizo sus primeros estudios, en uno de los colegios de aquella ciudad, mereciendo siem- pre, la mas grande estimación de parte de sus maestros, que veian con placer los magníficos re- sultados que obtenía siempre en sus actuaciones escolares. Desde entonces Carrion dejaba ya ha- cer comprender la lucidez de su inteligencia, así como la firmeza de sus propósitos. Sabedor que uno de los vecinos mas notables de su país, decia que los buenos calificativos que ob- tenía en sus exámenes eran debidos á las influen- cias de familia, se propuso desmentir esta lalsa ase- veración, y para llevarla á cabo, esperó el día de los exámenes, y cuando en este día, los miembros del jurado hubieron acabado de examinarle, pidió á su maestro el programa, y dirigiéndose á quien tan poco favor le había hecho, se lo entregó, su- plicándole á la vez, se sirviese examinarle, á fin de convencerse, si tenía ó no derecho para obtener los — IO — calificativos con que le honraban sus examinado- res: este hecho practicado, por quien aún no había pasado de la esfera de la niñez, no dejó de llamar la atención de los vecinos del Cerro de Pasco, para los que fué este acontecimiento, un motivo mas de distinción y aprecio, para el hábil y. pundonoroso niño. El año 73 fué mandado á esta capital á continuar sus estudios, ingresando al colegio de Guadalupe, en donde le conocimos por primera vez; hizo aquí casi todos sus estudios de Instrucción Media, me- reciendo mas de una vez los primeros calificativos otorgados en los dias de examen. De aquí pasó á la Universidad Mayor de San Marcos, matriculán- dose en el primer añ^> de la Facultad de Ciencias [Sección Ciencias Naturales] de donde, después de haber cursado las asignaturas correspondientes á los tres años ingresó á la Facultad de Medicina; para ser de ella, no solo un distinguido alumno, sino también para legar con su nombre y con sus hechos un timbre glorioso para la Medicina na- cional. Mártir de su entusiasmo y de su amor á la cien- cia, á la cual se había consagrado, dotado de una energía poco común, ¡ cuántos resultados benéfi- cos habría alcanzado la ciencia, si la muerte no hu- biese venido á paralizar las funciones de ese cere- bro, llamado por sus cualidades especiales á pro- ducir los mas halagadores como positivos resulta- dos! Sin embargo, ahora mismo, ¿quién sino él, ha venido á establecer de una manera definitiva la Unidad Etiológica, de la Verruga y de la Fiebre de la Oroja y que para ser justos debía ya ser designada con el nombre de Enfermedad de Car- rion? Durante tres años se dedicó á hacer un estudio tan completo como le fuera posible de esta enfer- medad, y cuando los datos que había podido ad- quirir, no los creyó suficientes para completar su — II — estudio, hizo la firme resolución de irlos á buscar si posible era á las mismas puertas de la eternidad; firme, sereno, sin vacilar ante los peligros que le mostraban sus condiscípulos y amigos, Carrion marchó á alcanzar su objeto, obteniéndolos, pero en cambio de su existencia. Si él viviese, hoy po- dríamos talvez contar con un trabajo completo de esta enfermedad. Recordamos aún,que cuando en nuestras con- versaciones de estrecha confianza, le manifestába- moslas alteraciones que podía producirle la ino- culación que se había hecho nos contestaba con la mayor tranquilidad: "Que hacer, no me asustan "las deformidades que la erupción de la verruga "pueda traerme, y si tan fatal fuese, que su desarro- "11o tuviese lugar en algún órgano noble, habría pa- "gado con mi vida mis ardientes deseos ; pues no "se qué me dá, el ver que individuos, como el mé- "dico chileno Izquierdo, que apenas tuvo unos "cuantos tumores para ver, se lance á dar opi- "niones, á escribir sobre una enfermedad que nadie "mejor que nosotros debía darla á conocer, pues "fuera de los trabajos de los DD. Salazar y Velez "no he oido hablar de ningún otro nacional; uste- "des saben que he tenido demasiado tiempo para \ "pensar en esta inoculación ; que de antemano he "previsto los accidentes graves que ella puede "traerme; pero ¿no es cierto también, que la cien- "cia, sobre todo la medicina, debe en gian parte "su adelanto á experimentaciones arriesgadas ? y "luego ¿ porqué desconfiar desús resultados que "de todos modos tendrán que ser buenos? Esta convicción profunda de lo que habia hecho, no se borró por un instante de él; le acompañó hasta sus últimos momentos, y podemos decir, que sus últimas palabras fueron para la verruga y para la ciencia. Era Carrion de pequeña estatura, de carácter resuelto, de trato amable para con todos; esencial- — 12 — mente liberal, tenía amigos en todas las clases so- ciales, su conversación era agradable, pues sabía armonizar su acostumbrada seriedad con las 'mas felices y graciosas ocurrencias. En su país, gozaba de una alta estimación, no solo de los hijos del lugar, sino aún délas colonias allí residentes. Durante los seis años que permaneció en la Fa- cultad de Medicina, perteneció á las clínicas de los Dres. Villar y Romero; fué externo del Hospital Francés y del Lazareto ; interno de los Hospita- les Dos de Mayo y San Bartolomé; prestó además sus servicios en la batalla de Miraflores. Todos saben muy bien la profunda emoción que su muerte produjo en nuestra sociedad: la pren- sa unánime, dejó escuchar las mas sinceras alaban- zas para ese intrépido soldado de la ciencia. Los periódicos científicos nacionales y extranjeros se han ocupado debidamente de este acontecimiento, y los miembros de uno de los primeros periódicos científicos del Perú, han abierto una suscricion con el objeto de elevarle un mausoleo que recuerde nuestra gratitud. La Academia de Medicina le ha inscrito entre el número de sus socios, así como la " Union Fernandina." Lástima grande es, que Carrion no hubiese es- crito detalladamente sus observaciones sobre la verruga ; pues muchas de ellas están escritas tan lacónicamente, que solo á él le habría sido posible desarrollarlas; otros apuntes se reducen, á las di- ferentes alturas en que se encuentran muchas po- blaciones en donde sabía él que se presentaba esta enfermedad; existen también entre sus trabajos, un ligero croquis del departamento de Ancachs, seña- lando los lugares en donde se encuentra la verru- ga, otro de la provincia de Canta, y finalmente un tercero que está todavía mas inconcluso, pertene- ciente al departamento de Junin. APUNTES SOBRE LA VERRUGA PERUANA Q ) Sinonimia. —Verruga de sangre. —Verruga blanda.— Verruga andícola (Dr. Salazai*). — Verruga de Castilla, de zapo ó de quinua.—Verruga mular. Definición. —La verruga es una pirexia anemizante de forma irregular, endémica y nó contagiosa;caracterizada principalmente por estar acompañada de dolores y con- tracciones musculares (calambres); artralgias con infar- to y ostalgias mas ó menos intensas; produce una erup- ción polimorfa; tiene una evolución cíclica, de duración en general larga, aunque variable, que no es influenciada por el tratamiento; es además susceptible de numerosas complicaciones. Etiología.—La acción del agente verrucoso es limitada al lugar de su nacimiento. La edad, sexo, raza, etc., no tiene la menor influencia en la producción de la verruga; no obstante haré saber que así como hay personas refractarias á ella, hay tam- bién predisposiciones individuales que favorecen en alto grado su desarrollo y á las que vienen á agregarse, las fatigas, el estado de debilidad en que se encuentran algu- nas personas, sea por su propia constitución, sea por en- fermedades anteriores y por último la falta de aclimata- ción en las localidades en que reina la enfermedad. Ni aún los animales escapan á los ataques de este mal; tal sucede á los del género bovino, á los cerdos y mas que todo al ganado caballar; de aqui el nombre de verruga mular que so ha dado á las manifestaciones de la enfer- medad en dichos animales. Síntomas.—La evolución de esta enfermedad compren- de cuatro períodos bien distintos que son: 1.° Periodo de incubación: 2." Período de invasión, subdividido en pri- mer período prodromicoy segundo período de invasión ó propiamente dicha: 3.° Período de erupción y 4 ° Período (1) Recuérdese que Carrion, no había aun concluido, ni revisado es- tos trabajos. _ 14 — de desecación, regresión ó atrofia, ó mortificación, según sea la marcha que siga el tumor verrucoso. Pinier período.— Incubación. --Es difícil, en el estado de nuestros conocimientos á este respecto, marcar con al- guna precisión este primer período de la enfermedad; pero si esto es verdadero, no lo es menos que tan lamen- ble incertidumbre desaparecerá, cuando la práctica de las inoculaciones extienda su esfera de acción á la dolencia de que nos ocupamos. Sin embargo de todo, se puede adelantar en vista de algunas observaciones, que este pe- ríodo es de 8 á 30 ó 40 dias. Segundo período—Invasión.—Como ya lo hemos indi- cado, esta segunda etapa de la enfermedad, comprende dos sub-períodos, que son: 1.° Prodrómioo.—Constituido por malestar, abatimien- to, curbatura, laxitud, bostezos y repugnancia á todo mo- vimiento ; agregándose á veces á lo dicho, los síntomas del embarazo gástrico; y 2.° De invasión propiamente dicha. Esta es por lo ge- neral, gradual, marcándose por la acentuación de los fe- nómenos ya señalados como proddmicos, nías los que pa- samos á describir. Dolores.—Los dolores óseos y artrálgicos, asi como la raquialgia y los dolores contusivos en casi todo el cuerpo, son el fenómeno esencialmente revelador de la verruga, son también el signo mas característico y mas constante de la enfermedad desde su principio- Estos dolores por lo general son reumatoides y con exa- cerbaciones nocturnas; invaden las articulaciones una á una comenzando ordinariamente por una de las rodillas ó por las pequeñas articulaciones del pié ó de la mano. Su in- tensidad y extensión son ordinariamente proporcionales al grado de violencia de la enfermedad, á la mayor ó me- nor duración ó tiempo del brote y al clima en que se en- cuentra el individuo atacado, observándose que en los lu- gares frios, los dolores son atroces. La raquialgia y las miosalgias, que vienen en segundo lugar cutre las algias, son á veces tan intensas que dan lugar á la rigidez de ciertos músculos, produciéndose en- tonces torticolis, opistótonos y contracturas mas ó me- nos permanentes de los miembros tanto superiores como inferiores, que unidas á las artralgias que inmovilizan el juego de las articulaciones, hacen permanecer á los en- fermos en posiciones forzadas. Muchos de ellos no pueden soportar sin gritos ni quejas la atrocidad de los dolores en los casos algo fuertes; cada exacerbación de éstos, provoca asi mismo, nuevos y muy vivos sufrimientos. — 15 — Existe también cefalalgia en el mayor número de casos. ¿Los dolores anteceden, coinciden, ó siguen á la fiebre? Fiebre. —- Precisar la elevación do la temperatura al principio, esto es, cuando apenas se manifiestan los pri- meros fenómenos de reacción, es cosa bien difícil; pri- mero, porque si se observa la enfermedad en Lima, ya es tarde, puesto que los mas de los enfermos no llegan á esta Capital, sino después de haber permanecido muchos dias y á veces meses, en los lugares donde han tomado la verruga; y segundo, porque aun en estos últimos, es todavía muy arduo, ya porque se carece de medios, yá porque se toman por intermitentes ó ya en fin porque en muchas ocasiones, la enfermedad no dá lugar á que se sospecho siquiera su existencia. Es solo desde que comienzan á unirse los dolores artrál- gicos á la fiebre por lo general irregular de la verruga, que se puede apelar al termómetro y en este caso se nota también mucha variedad en su tipo, aún cuando la en- fermedad se presente sin complicación alguna. Asi he observado en muchos casos la forma intermitente con sus variedades, pero por lo generai, toma el tipo de la forma héctica, pues en los mas he tenido ocasión de notar lo si- guiente: desde las 12 h. m. ó 2 h. p. m., comenzaba un decaimiento y descomposición de cuerpo, seguía á esto, escalofríos mas o menos intensos y luego una fiebre ligera durando junto con los dolores que se despertaban instan- te por instante, hasta las 12 h p. m. ó 4 h. a. m. en que aparecía un sudor mas o menos copioso, que aliviaba los dolores, suprimiéndolo^ muchas veces completamente. En cuanto al grado de temperatura que alcanza la fie- bre, podemos adelantar que oscila entreJ39 y 40° centígra- dos, sobrepasando pocas veces esta cifra. En caso» de complicaciones, siendo estas muy diversas, independientes unas de la enfermedad y provocadas otra por el desarrollo del proceso en distintos órganos, la fie- bre toma también un tipo bastante variado. Pulso.— Aumenta de frecuencia, proporcionalmente al grado de temperatura alcanzado por la fiebre; en muchos casos y especialmente al fin del período que nos ocupa, se presenta pequeño, blando y algo depresible. Estos ca- racteres se hacen mas apreciables, si la anemia que se manifiesta en esta segunda etapa de la enfermedad ad- quiere cierta intensidad. Orina.— La orina es de color subido, generalmente de reacción acida y deja por el enfriamiento un depósito ro- jizo mas ó menos oscuro de uratos. En cuanto al análisis químico del líquido de que nos ocupamos, hé aquí los re- sultados obtenidos por el Dr. José S. Barranca. — 16- RESULTADOS ANALÍTICOS, De la orina de los enfermos atacados de la enferniadad indígena cono- cida con el nombre de verrugas. "Dedicado desde algunos'años al importante estudio de la orina en diversas enfermedades bajo el punto de vista clínico, me ha llamado seriamente la atención de los afec- tados de verrugas por la aparición de principios anor- males de la mas alta importancia para la práctica médi- ca; no siendo mis esfuerzos estériles, pues son coronados del mejor éxito. Las orinas analizadas han sido tanto de la práctica ci- vil, como también de los hospitales de Santa Ana, San Bartolomé y Dos de Mayo, donde han sido recogidas por los estudiantes de medicina, señores Yataco, Carrion y Ripalda; tomando las precauciones debidas para evitar toda causa de error. Los casos observados han sido en númoro de doce; obteniendo constantemente los mismos resultados, á sa- ber, la presancia del índigo y de la glucosa en la parte lí- quida de la orina y el fosfato de amoniaco magnético en los sedimentos. La presencia del índigo es invariable; su proporción aumenta como crece la intensidad de los síntomas de la enfermedad y disminuye como deci'ecen éstos. La glucosa se ha encontrado cuatro veces en proporcio- nes alarmantes, simulando una pseudo-diabetes sacari- na; en otras nó, ó en muy poca cantidad. En los sedimentos que se forman después de la emisión de la orina, se encuentra invariablemente el fosfato amo-, niaco magnésico; con esta diferencia que la proporción' es mayor, en los sedimentos que se depositan poco des- pués de la emisión ó sea en orinas muy putresibles y muy poco en las que se descomponen con lentitud; pero en to- dos los casos no ha faltado, siendo muy reconocible por su forma cristalina característica (couverclede cercueil) la cual no puede confundirse con otras del mismo sis- tema. Hoy por hoy, me limito solo á publicar estos resultados que no dejan de tener alguna importancia para el diagnós- tico; sobre todo en una enfermedad como ésta, tan oscura durante el período de incubación; reservándome para mas tarde dar á conocer en detalle mis observaciones, después de ensanchar mas el círculo de mis experiencias y de haber compulsado los últimos trabajos hechos en afecciones análogas." — 17 — Pasemos ahora á ocuparnos de otros síntomas no me- nos importantes y que completan el cuadro, sintomático característico del período de invasión propiamente dicho. El agente verrucoso ataca indudablemente la sangre, puesto que la nutrición en los enfermos afectados de este mal, se altera profundamente, hasta producir la caque- xia. Manifiéstase ésta por la anemia que se desarrolla mas ó menos violentamente y con mayor ó menor ener- gía, según los individuos. Desgraciadamente no conozco experiencia alguna que dé á conocer la cifra á que ascien- de el total de glóbulos rojos destruidos por el ya mencio- nado agente. La piel toma una coloración pálida y terrosa; las mu- cosas y especialmente la palpebral y la gingibo-labial se decoloran, tomando el aspecto de la cera. El pulso presenta los caracteres que ya hemos indicado y á los que he olvidado agregar, que en ciertos individuos en lugar de ser frecuente, se nota por el contrario retar- dado. El corazón late débilmente, percibiéndose, en la mayo- ría de casos, en su base y en el primer tiempo, un soplo suave mas ó menos intenso. Los movimientos se hacen languidecientes, sin fuerza ni precisión; la marcha es vacilante. Hay zumbidos de oídos, aturdimiento, deslumbramien- tos é insomnio. Sufusiones serosas suelen presentarse en muchas oca- siones, con mayor ó menor rapidez. El bazo en los mas. es considerablemente aumentado de volumen, desciende á veces hasta la fosa iliaca izquierda (tal sucede en el enfermo de la historia N. 10 ); es además duro y fácil de limitar por la palpación si no hay ascítis. El.hígado se presenta también en muchos casos infartado. La anemia se acentúa mas y más, á medida que la en fermedad sigue su curso. Para terminar haremos notar, que en la mugar sobre- vienen en este período, trastornos menstruales. Tercer periodo.—Erupción. — La erupción comienza á presentarse en una época variable que se encuentra com- prendida entre los 20 dias siguientes al envenenamiento ó invasión, hasta los seis y aún ocho meses posteriores. La erupción se muestra por los miembros, la cara, etc., extendiéndose en seguida al resto del cuerpo é invadiendo igualmento algunas mucosas. Durante este perído los síntomas generales se aminoran considerablemente, sobre todo si la erupción e3 algo rá- Í>ida y completa. Solo la anemia puede persistir y aumen- ar, especialmente, cuando las hemorragias que suceden 2 -18 — á la ruptura de los tumores verrucosos, se repiten con alguna frecuencia, cosa que es muy común. Es constante la erupción? Sí, tanto como la de las otras fiebres eruptivas, constituyendo por consiguiente el fe- nómeno mas característico, el síntoma patognomónico mas acabado de la enfermedad. Es además notable por su constancia, su duración, su terminación y en fin, por otras muchas particularidades que mencionaremos mas adelante. Entrando pues ahora al estudio de los tumores verruco- sos en todas sus faces, diremos desde luego, quesu forma, desarrollo y sitio en que verifican su aparición, es do lo mas variado. Ya se presentan en la superficie de la piel, ya bajo de ella, constituyendo la forma subcutánea y cor- respondiendo ambas variedades, á lo que podemos llamar la erupción externa de la enfermedad; tipo en el que tam- bién está comprendida la que tiene lugar sobre la superfi- cie de las mucosas, tales como la bucaJ, nasal y óculo pal- pebral. Otras veces los tumores hacen su aparición en las pare- des ú órganos íncerrados en las cavidades esplánicas, ar- ticulares ú otras, cerno la orbitaria por ejemplo. Consti- tituyen entonces lo que se designa con el nombre de erup- ción interna, que es menos frecuente que la anterior y con la cual puede coexistir. No es menos variable como ya lo hemos indicado la forma y desarrollo que afecta el neoplasma verrucoso. Limítase en ciertas ocasiones á al- canzar el tamaño de una pequeña a'berja y terminar rá- pidamente por desecación y descamación, sin dejar vesti- jio alguno y sin comprometer los dias del paciente; desar- róllase en otros casos, hasta adquirir el volumen de una naranja ó más, rompiendo y mortificando la piel, ocasio- nando graves desórdenes en los órganos, donde radican, mortificándose ellos mismos y produciendo en fin vastas heridas y abundantes hemorragias, que acaban por pro- ducir tal estado de aniquilamiento del enfermo, que la muerte se hace su terminación necesaria. Delineada así á grandes rasgos la marcha tan distinta seguida por las dos variedades mas opuestas del tumor verrucoso, pasemos á describir con algunos detalles y en cuanto lo permitan nuestros muy limitados conoci- mientos, la evolución mas ó menos regular que ofrecen las dos formas mas comunes de erupción externa. Comenzaremos por lo tanto por la que toma nacimien- to en la superficie de la piel. Haremos notar antes que nada, que la erupción en esta primera forma, se verifica por procesos sucesivos y que por consiguiente los dos últimos períodos en que hemos -19- dividido la marcha de la enfermedad, se realizan refundi- dos en» uno solo. Asi pues mientras que en unos puntos principian á aparecer los neoplasmas en otros donde erup- cionaron primero, están ya en via de desecación y desca- mación. Al principio y en los sitios doüde va á tener lugar la erupción, se presentan algunas veces pequeñísimas man- chas rojas y otras [es este el caso mas general] globuli- tos ó vesiculitas muy diminutas, brillantes y enteramen- te semejantes á lo que en Patología se llama sudamina blanca; en ambos casos la piel es el sitio de una comezón bastante notable. Poco á poco estas manchas ó vesícu- las se trasforman en papulitas de un color rosado mas ó menos intenso, que aumentan lentamente de volumen, adquiriendo un tinte cada voz mas subido, basta llegar al rojo escarlata. Las pocas que llegan á romperse, mas que por la distensión del epidermis, por las fricciones ó rascu- duras que se practica el enfermo acosado por la comezón, dan lugar á lijeras hemorragias y toman en seguida un color rojo oscuro ó casi negro, debido en gran parte á la costra formada por la sangre defecada- Al cabo de algu- nos dias desaparecen, dejando no una verdadera cicatriz, sino mas bien una manchita blanquecina escamosa, que á su vez dura muy poco tiempo. Las que no se han desgarrado continúan desarrollándo- se, hast.i alcanzar cuando mas el volumen de una alberja, su color es entonces un rojo de los mas intensos; son además por regla general, sésiles. El calor y el frió, influyen notablemente en el volumen de estos tumores, así bajo la acción del primero, aumen- tan de volumen, se llenan de sangre, toman un tinte mas y mas subido y llegan á veces á romperse por el mas lije- ro contacto; el frió al contrario los hace disminuir de ta- maño, los pone mas pálidosy mas duros. Un esfuerzo prolongado parece también aumentarlos de volumen, vol\ iéndolos mas rojos; presentan pues por lo que se vé, algunos de los caracteres de los angionomas eréctiles. Algunas veces I03 enfermos acusan dolores al nivel de los tumores, comparando sus sufrimientos á los que pro- ducirían pinchazos de alfiler. Pasemos ahora á la forma sub-cutánea. Esta forma no puede apreciarse en su principio sino por el tacto; así ha- ciendo una presión mas ó menos metódica y con alguna fuerza en los lugares de elección de esta especie de tumo- res, se siente rodar bajo los dedos unos tumorcitos duros, renitentes, movibles, lisos, del tamaño de una alberja ó de un garbanzo, sin adherencia con la piel, no produciendo — 20 — alteraciones de ella, ni llamando para nada en esta época, la atención de los enfermos; son además en su mayoría indolentes y sin repercusión ganglionar. Pueden perma- necer en este estado hasta la curación completa de la en- fermedad, desapareciendo luego por reabsorción ó atrofia. Cuando la erupción es abundante, se observa entonces abotagamiento ó tumefacción de la piel. Pero no es ese el fin que se les espera á todos, si no que aumentando de volumen distienden, adelgazan é inflaman crónicamente la piel, dando lugar á comezones mas ó menos fuertes, á adherencias y en fin á la aparición clara del tumor. Su evolución es pues, muy variable, pudiendo unos de- saparecer por reabsorción y otros crecer incesantemente. Cuando la distensión es muy grande, aparece con clari- dad un tumor de consistencia y volumen variable, encer- rado todavía por una piel rojiza, violácea ó negruzca y que una vez mortificada, cede, produciéndose la salida de una pequeña cantidad de sangre ó pus, aunque general- mente es un pus sanguinolento; otras veces sin salida de estos líquidos, se presenta simplemente el tumor subcutá- neo con una coloración rojiza al principio, como si fuera formado por yemas carnosas y que toman luego distintos aspectos hasta el punto de presentarse á veces bajo la for- ma de una ulceración de color gris súeio ó negruzco con surcos y exhalando un olor desagradable, debido á la sa- nies que se derrama en su superficie. La piel que rodea el tumor, es roja lustrosa, distendida y como extrangulando el tumor, aveces á tanto extremo, que se pediculiza y crece á la manera de un hongo. Otra3 veces el tumor se reblandece antes de romper la piel y simula perfectamen- te un abceso. El tumor sigue aumentando de volumen, sea que se pediculise ó nó, hasta adquirir dimensiones no- tables. El tamaño de estos tumores se halla comprendido entre el de una alberja y el de una pequeña naranja. En ocasiones varios tumores próximos perforan la piel, yá simultáneamente ó* en épocas distintas, formando por consiguiente extensos tumores ulcerados, que derraman una abundante cantidad de sanies de olor en extremo desagradable. Los sitios de predilección de esta clase de tumores, son: las rodillas, los Codos, las partes anterior interna y exter- na de la pierna, la parte posterior de los maleólos y excep- cionalmente otras partes del cuerpo. Su duración es in- determinada. A la larga las verrugas pueden por distensión, no solo distender, ulcerar é inflamar la piel, sino también gan- grenarla dando lugar á hemorragias graves. — 21 — Cuarto periodo.—La terminación de la enfermedad, va- ría con la marcha seguida por el tumor. Diremos pues algunas palabras acerca de la manera co mo termina el neoplasma verrucoso en sus diversas for- mas. Cuando la erupción tiene lugar en la superficie de la piel, el tumor alcanza cuando mas, como ya lo hemos in- dicado, el tamaño de una alberja. Adquirido este volu- men permanecen algún tiempo en estado estacionario, para decrecer en seguida con suma lentitud, empleando á veces varios meses en desaparecer completamente; su co- lor se modifica al mismo tiempo, pasando de rojo vivo que era, á un rojo negruzco muy pronunciado. Continuan- do la regresión ó reabsorción, llegan al nivel de la piel donde ja no se manifiestan, sino por pequeñas manchas negruzcas muy parecidas á los lunares, que sucesivamen- te pasan al amarillento, decolorándose en seguida mas y mas hasta que quedan reducidos á pequeños espacios blanquecinos, bien distintos del resto de la piel y recu- biertos de escamas que no tardan en desaparecer sin de- jar señal alguna. En cuanto á los tumores voluminosos que desgarran y mortifican la piel motivando su ulceración, diremos que generalmente son ennucleados por el Cirujano, siendo esta operación algunas veces fácil,por enconir¿uob ei neo- plasma sostenido tan solo por un estrecho pedículo. La terminación de la enfermedad, está pues en este ca- so, ligada á los desórdenes producidos por el tumor, así como al estado general del individuo. Diagnóstico. — El diagnóstico de la enfermedad en su principio es tan difícil de establecer, como fácil de verifi- car en el período de erupción. Y en efecto, frecuente- mente vemos á prácticos experimentados tomar por un ataque de paludismo en sus variadas formas, ó por un reumatismo articular, muscular ú oseo, lo que no es sino el primero ó segundo período de la Verruga Peruana. Desde luego y como una de las principales dificultades Sara hacer el diagnóstico diferencial entre esta enferme- ad y la malaria, haré presente, que la distribución geo- gráfica de la verruga me ha dado á conocer que en la ma- yor paite de los lugares donde ella existe, domina tam- bién el paludismo, haciendo ambas enfermedades sus ata- ques aislada ó simultáneamente. En el estado actual de nuestros conocimientos, solo existe en mi humilde concepto un solo dato seguro y fiel que pueda hacernos sospechar la existencia de la Verru- ga, antes de su erupción, me refiero al conocimiento del lugar ó lugares por donde ha estado ó pasado el individuo — 22- enfermo. Si pues observamos, fiebre, ya sea continua, re- mitente ó intermitente, dolores articulares y musculares acompañados de calambres, en un individuo que viene de Matucana por ejemplo, podernos asegurar casi sin temor de equivocarnos, que es la verrug i la que tenemos á la vista. Sin embargo, sensible me es decirlo, la sintomatologia del período de incubación de esta pirexia indígena de nuestro suelo, es todavía muy deficiente para el práctico que desea establecer su diagnóstico desde los primeros momentos, á fin de oponerle una terapéutica conveniente, Estas oscuridades, estas incertidumbres, dejarán de exis- tir, estoy seguro, el dia en que la práctica de las inocula- ciones se domicilie entre nosotros; inoculaciones que por otra parte nos harán conocer muchísimas otras particu- laridades importantísimas acerca de la naturaleza íntima de la patogenia del agente verrucoso. Patogenia,—La verruga á mi modo de ver, es una en- fermedad miasmática, probablemente parasitaria. La de- ficiencia de estudios serios á este respecto, hacen todavía dudar acerca de su naturaleza intima; sin embargo, pro- curaré en cuanto me sea posible hacer un lijero análisis de las diversas opiniones que existen sobre este punto... Tratamiento. — El tratamiento de la enfermedad que venimos estudiando, obedece á las dos indicaciones prin- cipales siguientes: l.:l Favorecer la erupción: 2.? comba- tir por los medios mas activos la anemia que se manifies- ta en el segundo y tercer período de la dolencia. Obede- ciendo á la primera, se administra generalmente el agua del mote con chancaca ó sola, y la infusión ó cocimiento de la planta conocida en la sierra, con el nombre de Uña de Gato. Estas sustancias son casi los únicos medicamen- tos que toman los indígenas atacados de verruga. Nues- tros prácticos usan también la primera, asociada al vino emético. Respondiendo á la segunda, se hace uso de los prepara- dos de fierro, vino y buenos alimentos. HISTORIAS. i. Antonio Sagamé, natural de Italia, de 32 años de edad, casado, do constitución fuerte y temperamento sanguí- neo, ocupó el 28 de Julio de 188i la cama N". 85 de la Sa- la de San Juan de Dios. (Servicio delDr. Romero. Hospi- tal de Han Bartolomé.) Examinado el enfermo presentaba lo siguiente: En la cara dos tumores voluminosos, pediculados, uno de ellos menor que el otro, situado en la mitad izquierda de la cara, en la región malar; el otro mucho mas gran- • de, suspendido del lobulillo de la oreja derecha, encon- trándose ademas en la cara anterior de la misma y en la posterior de la concha del pabellón del mismo lado, va- rios tumores bastante pequeños. En la parte izquierda del antebrazo izquierdo y hacia su tercio medio, otro tumor mas voluminoso que los pre- cedentes y cuya base era bastante ancha. En el escroto correspondiente al testículo derecho, otro mucho mas pequeño. Todos estos tumores exhalan un olor fétido, parecido al de la gangrena, y presentan mal aspecto. Se encuentra igualmente en la cara anterior de ambas piernas un gran número de estos tumores, pero de muy pequeñas dimensiones. Preguntado acerca del origen de su enfermedad, ase- gura no reconocer otra causa que el haber tomado el agua del "Puente de Verrugas", ahora 4 meses, habiendo per- manecido en dicho lugar otros tantos y no verificándose la salida de dichos tumores, sino cosa de 40 dias. Dicha erupción fué precedida de dolores en las articulaciones y una fiebre 1 i jera. Anteriormente padeció de intermitentes y de disente- ría, de las que sanó antes de la aparición de dichos tu- mores. En cuanto á antecedentes de familia no los hay de nin- guna clase; existen sus padres en muy b jen estado de salud. En vista de los síntomas observados, el Jefe del Servi- - ció ha formulado el diagnóstico Verrugas nadares, insti- tuyendo el siguiente tratamiento: -24 — Vino emético, una cucharadita en alterna, Limonadas fénicas por bebida para tomar á pasto. Como tópico el agua fenolada. Hasta el dia 29 continúa en el mismo régimen, habien- do desaparecido el mal olor que se sentía en dias anterio- res. El dia 29 se queja de dolores en los miembros superio- res é inferiores. Toma Yoduro de potasio 0' 2 en alterna, Limonadas fénicas á pasto y curación con agua fenolada. El 30 han disminuido algo los dolores. Continúa con el mismo régimen. 1.° de Agosto. En esta fecha se ha practicado la extir- pación de la verruga del antebrazo por medio de la liga- dura extemporánea. Su régimen es: Yoduro de potasio 0'2 en alterna; agua de mote por bebida. La herida del an- tebrazo se cura con Licor de Labarraque y las otras ver- rugas con agua fenolada. Hasta el 4 continúa con el mismo régimen. La herida del antebrazo marcha hacia la cicatrización y se cura con agua alcoholizada. Dia 5. En este dia se resolvió practicar la extirpación de todas las verrugas algo grandes, colocándose á las pe- queñas una ligadura simple, siendo necesario para pro- ceder, administrar previamente el cloroformo (sin el cual el enfermo no quería dejarse operar). Su regímenes el mismo y la curación de todas las heridas se hace con agua alcoholizada. Hasta el 15 del mismo mes continúa en el mismo esta- do, solo se queja de dolores que se hacen intolerables el 16, particularmente en las articulaciones de las las. y 2as. falanjes de los dedos de la mano, que por otra parte están infartadas. Tiene el siguiente régimen: Vino emético, una cucharada en alterna. Limonadas fénicas. Las heridas siguen bien, con tendencias á la cicatrización. El enfermo continúa con el mismo réjimen y siente ali- vio; pero el dia 25 tiene fiebres y escalofríos en la noche, acompañados de dolores. Se le recetó esta noche: Sulfato de quinina 0'3 en alterna; Infusión de tilo con cebada por bebida y frotaciones de Aceite esencial de trementina......60 ' Amoniaco líquido.................. 4 ' El dia 2G se ha presentado nuevamente en la noche la fiebre y los escalofríos. Sigue con el mismo régimen. El 27 ha disminuido un poco la fiebre, que ha desapa- recido por completo el 28, continúa tomando las mismas medicinas. 29 y 30. No ha habido fiebre; pero para impedir su ac- ceso continúa todavía tomando Sulfato de quinina. -25 — Dia 31. Se ha suspendido la administración del Sulfato de quinina. Toma Tintura de acónito 10 gotas en alterna y la misma tisana que en los dias anteriores. 1.° de Setiembre. Continúa el mismo régimen; las he- ridas siguen cicatrizando. En cuanto á las verruguitas que se habían ligado con seda han caido, dejando una he- rida muy pequeña. En los días 2, 3, 4 y 5 continúa bien, sin notarse nada que llame la atención; pero el 6 en la noche se siente con fiebre y escalofríos; ademas manifiesta no haber depiies- to desde hacen tres dias. Se le mandó para el dia siguien- te un purgante de 60' de Sulfato de magnesia. También O1 3 de Sulfato de quinina. Dia 7. El efecto del purgante ha sido bueno. No ha ha- bido fiebre. Continúa tomando 0' 3 de Sulfato de quinina en alterna. En los dias 8 y 9 apenas se ha presentado un pequeño movimiento febril, acusando dolores en los huesos y arti- culaciones. Continúa la mejoría, hasta que sale completamente cu- rado en los últimos dias de este mes. II. R. B. natural del Cerro de Pasco, de 14 años de edad, mestizo, constitución débil y temperamento linfático, fué atacado de verrugas el 26 de Enero de 1881 al pasar por la Quebrada de Canta. Anamnesia. El mes iudicado salió de Lima con fecha 15 y en el mejor estado de salud, llegando á la Reparti- ción, donde permaneció hasta las 9 a. m. del dia 16. To- mó el tren de Ancón y llegó á Puente Piedra á las 12 p- m. Al continuar su camino á Obrajillo tuyo necesaria- mente que pasar por los diversos lugares situados en el trayecto, llegando á la población indicada el 19 á las 12 p. m. Permaneció bien hasta el 20 de Febrero, época en la cual tuvo algunos síntomas de tercianas. En Marzo fué aco- metido de éstas, acusando al mismo tiempo dolores arti- culares, calambres, tortícolis y un infarto de la rodilla, fenórrrenos que persistieron por mas de un mes. A principios de Mayo se presentó la erupción acompa- ñada de diarreas, pero con notable disminución de los do- lores articulares y cesación de los calambres. Con fecha 21 de Junio salió de Obrajillo. Continuaba la erupción y aunque se quejaba de dolores, no los refería á las articulaciones, sitio donde primitivamente los sentía, sino á la erupción misma. La diarrea continuó hasta el — 26 — mes de Diciembre, época en que desapareció completa- mente por desecación, dando comezón al secarse y dejan- do al paciente en el mejor estado de salud. III. Domingo Palacios, Sarjento segundo de Caballería, de 34 años de edad, soltero, zambo, natural de Piura, de temperamento linfático y constitución débil, fué someti- do á mi observación en ía Sala de la Purísima, cama N." 27 del Hospital de San Bartolomé, el 9 de Agosto de 1884. Anamnesia. Interrogado el enfermo dijo: que á prin- cipios de Abril fué acometido de tercianas y que en este estado salió de Lima, con dirección al Cerro de Pasco, el 1.a de Mayo de 1884. En esta misma fecha fué que en el mismo coche tuvo otro accedo de intermitente, que llega- do á Surco á las dos de la tarde se agregó á la descompo- sición de cuerpo y cefalalgia que tenía, vómitos y dia- rreas. Permaneció 2 horas en este lugar, bebiendo bas- tante agua por el fuerte calor que esperimentaba. A las 4 de la tarde del mismo dia un poco repuesto, emprendió nuevamente su viaje llegando en la noche á San Mateo. El dia 2 salid de este punto, siempre con el cuerpo des- compuesto, llegando á Chicla el 3, y que en la madruga- da de este mismo dia tuvo epíxtasis. Continuó su marcha á Casapalca y el 4 atravesó la Cor- dillera y llegó á Baños y en los dias 5, 6, 7, 8 y 9 estuvo sucesivamente en Corpacancha, Condorvado, Ondores, Puente y Cerro de Pasco. En este punto no tuvo descom- posición do cuerpo, pero si observó que se le hinchaba la cara, durando esto muy pocos dias, pues desde el 15 se sentía bien. Hallándose el 20 en buen estado de salud partió para Vilcabamba, durmiendo una noche bajo techo y otras dos en despoblado; el 23 regresó al Cerro de Pasco y es- tando de guardia la noche del 28 se sintió atacado de fuertes calambres en la nuca y en los miembros infe- riores, acompañados de dolores en los maleólos. En los dias siguientes continuaron los calambres en los miem- bros inferiores, y los dolores invadieron el hombro, co- do, muñeca y rodillas. • ' Continuando la enfermedad su curso, los dolores se despertaron en los huesos, localizándose en las piernas, antebrazos y brazos; estos dolores aumentaban con ei frió, llegando en las noches á arrancar gritos .al pacien- te. Siguió en este estado hasta el 10 de Junio en que sin- tió comezón y dolor, al rascarse, en el pecho, vientre miembros y frente, fijándose entonces en la existencia dé — 27 — pequeñas elevaciones de la piel que sus compañeros le di- jeron ser verrugas. La erupción continuó en aumento y se decidió á venir á esta Capital, adonde llegó la víspera del dia en que ve- rificó su ingreso á este servicio, administrándosele al dia siguiente un purgante salino y sulfato de quinina. Estado actual. Color pálido de la cara, piel seca, len- gua blanquizca y húmeda, amargor en la boca, ano- rexia, apirexia, pulso pequeño, blando y depresible, bazo hipertrofiado y sensible á la presión; pupilas dilatadas; algunos tumorcitos verrucosos en la frente, mejillas, hombros, abdomen y muy pocos en los brazos y piernas. Comezón en muchos puntos de la piel, especialmente en las piernas y la placa que presenta en el pecho no es sino vestigios de verrugas que han sido rascadas. Acusa el enfermo fuertes dolores articulares, no hay si- no una lijera tumefacción en algunas; sensación de opre- sión y dolor en el lado izquierdo del pecho; los dolores son mucho mas intensos en la noche y cuando el enfer- mo abandona la cama. La orina es amarillo-rojiza, oscu- ra. Quedó sometido á 0' 3 de Yoduro de potasio tres veces al dia. El 10 sigue en el mismo estado; toma dos dosis de 0' 3 de Yo luro de potasio y una cucharada de Jarabe de yo- duro i.le fierro. Desde el dia 11 hasta hoy 16, los dolores articulares se han pronunciado mucho, especialmente por las noches. El corlo es el punto mas doloroso, basta el extremo de pro- ducirle insomnio; la marcha despierta y aviva el dolor. Hay lijera constipación y sabor amargo en la boca. Las pulsaciones son en número de 84 por minuto y la Tempe- ratura en la tarde es de 37° 9. Ha aparecido una verruga subcutánea detrás de la ore- ja izquierda. Orina rojiza. El dia 17 por la tarde, continúan los dolores articulares intensos. Orina, lo mismo que la del dia anterior. Dia 18. Comenzó á manifestarse la erupción, seguida de comezón y al mismo tiempo notaba que iban disminu- yendo los dolores, hasta llegar á desaparecer por comple- to á medida que la erupción se hizo mas abundante. Lima, Agosto 22 de 1884. IV. Y. B. natural de Obrajillo, de 36 años de edad, consti- tución fuerte y temperamento sanguíneo, salió del Cerro de Pasco con destino á esta Capital, en el mes de Abril de 1883. Regresó de ésta por el camino de Obrajillo, á fi~ — 28 — nes de Mayo, en unión de un sirviente que fué acometido del mismo mal, llegando ambos al Cerro, á principios do Junio. , Una vez en este lugar se sintió acometido de escalo- fríos y fiebre, á lo que se agregó á los pocos dias un f uer- te dolor en la región precordial, que se extendía hacia el hombro izquierdo. Fué tratado por tercianas, admi- nistrándosele un purgante, Sulfato de quinina y arseni- cales. No se obtuvo mejoría alguna y se despertaron por el contrario dolores en las pantorrillas y en la cabeza y contracciones en todos los miembros inferiores. Sintiéndose mal, se dirijió á Mallanchaca, en cuyo lu- gar no tuvo fiebre, ni escalofríos, pero continuaban los dolores y contracciones. Se sometió á un régimen lácteo y buen vino. Aquí se le despertaron los vómitos que eran combatidos por los helados. Siguió en este punto con alternativas de malestar y ali- vio, según las estaciones y cambios de temperatura, has- ta el 15 de Octubre en que se dirijió al pueblo de Huaria- ca, en cuyo lugar observó la aparición de un tumorcito verrucoso en la mejilla derecha y luego en la nariz. Si- guieron estos tumorcillos su marcha ordinaria según el grado de calor ó frió á que estaba sometido el paciente, marchando la erupción cada dia en mas abundancia. Pasó en el mes de Enero al Cerro continuando la erup- ción en aumento, desangrándose bastante y sufriendo horriblemente con los dolores y contorciones que desde un principio le atormentaban, hasta que se resolvió á ve- nir nuevamente á esta Capital en el mes de Junio de 1884. _ En este lugar continúa la erupción limitándose espe- cialmente al rededor de la.s articulaciones de los miem- bros inferiores. Una vez mejorado pasó á Alcacoto, lugar mas cálido y allí, sometido á una buena alimentación y á los cuidados higiénicos mpjoró casi por completo, si- guiendo su marcha al Cerro de Pasco en el mes de Julio. Hoy 6 de Agosto de 1884 dice sufrir todavía de vez en cuando dolores articulares en los meses de invierno. En verano se elevan algunas verruguitas situadas en los miembros inferiores, las que se ulceran dando lugar á su caida y á hemorragias consecutivas, dejando peque- ñas cicatrices, mientras que las extirpadas han dejado hendiduras mas ó menos manifiestas En cuanto al otro individuo de que se hace mención en la presente historia y que desde un principio manifestó los mismos síntomas que su patrón, una vez llegado al -29- Cerro se trasladó á un lugar templado, verificándose su curación con mas rapidez que la del caso cuya historia acabo de referir. V. Ricardo P. Reyes, natural de Nicaragua, de 20 años de edad, soltero, temperamento sanguíneo y constitución fuerte, entró al Hospital de San Bartolomé el 13 de Abril de 1885, ocupando la cama N.° 3 en la Sala de San Vicente. Salió de Lima el 3 do Diciembre del año anterior, de- sembarcó en Pacasmayo el 8, y desde este dia hasta el 3 de Noviembre, recorrió algunos puntos de la costa Nor- te. El 3 del mes indicado salió de Casma con dirección á Huaráz, llegando á este punto el 7, atravesando los pue- blos de Yaután, Pariacoto, Chacchan, Huaura, Coito, Mc- rropinto etc, lugares esencialmente verrucosos. El dia de su llegada á Huaráz tuvo un poco de fiebre, quedando bien al dia siguiente. Desde el principio de Diciembre comenzó á sentir do- lores en los huesos y en las articulaciones, dolores que continúan con fuerza en los meses de Enero y Febrero, uniéndose á éstos, calambres en los miembros abdomi- nales. En Mayo comenzó la erupción por los miembros infe- riores, coincidiendo su aparición con la disminución de los dolores. Una verruga grande, situada en la encía de la mandí- bula inferior, en el lado derecho, debajo de los caninos y que salió á principios de Abril, se vé que ha sido caute- rizada con percloruro de fierro. El sitio predilecta que han escojido las verrugas para su desarrrollo. son las piernas, muy pocas en los muslos y mucho mas raras en los antebrazos. La que está situa- da en el antebrazo derecho es subcutánea, sin modifica- ción alguna de la piel, es del tamaño de una alberja. El pulso es pequeño y en número de 61 pulsaciones por mi- nuto. Auscultando el corazón se nota un soplo anémico. VI. Verruga probable en las meníngeas. Antenor Flores, natural de Ayacucho, indio, de 11 años de edad, ingresó al Hospital "2 de Mayo" el 9 de Abril de 1885, ocupando en la Sala de las Mercedes [Servicio del Dr. Villar] la cama N.° 21. — 30 — Este enfermo estnvo en la misma Sala como 60 dias an- tes, atacado de una púrpura de fondo palúdico, puesto que curó en pocos dias por medio de dosis suficientes de Sulfato de quinina. En esta época presentaba ya algunos tumorcitos verru- cosos típicos, aunque todavía demasiado insignificantes. Sin dato alguno acerca del enfermo encontramos el cuadro sintomático siguiente: Decúbito dorsal con relajación muscular, estado coma- toso, cara pálida, aunque las mejillas las tiene encendi- das; párpados cerrados, dejando ver al abrirlos pupilas lijeramente dilatadas; se notaban vestijios de haber te- nido epíxtasis. El vientre muy deprimido, hay lijera hi- perestesia; no se encuentran manchas de ninguna clase; bazo lijeramente hipertrofiado. La fiebre era algo fuerte. marcando el termómetro la cifra de 39° 5; el pulso era pequeño, frecuente y depresible; la respiración algo difí- cil; acusaba un poco de cefalalgia, y tenia vómitos. Tu- mores verrucosos bastante desarrollados se dejaban ver en los miembros, frente y otras partes del cuerpo. Una vez examinados con el mayor cuidado los pulmo- nes y demás órganos, en presencia de los síntomas enu- merados y sin otros datos indispensables, el diagnóstico vaciló entre una perniciosa de forma comatosa y una meningitis esencial casi en su segundo periodo, atendida la endemicidad del paludismo, la hipertrofia del bazo y el haberse curado poco antes de su púrpura por el Sulfa- to de quinina, se impuso en este dia el tratamiento mas racional y activo contra la primera enfermedad. Al tercer dia notándose el ningún efecto del Sulfato de quinina que se le propinó por la boca y en inyecciones hipodérmicas, y observándose á la vez con la mayor cla- ridad los síntomas meningíticos, se le sometió al Yoduro de potasio bajo la forma siguiente: Yoduro de potasio.... 41 Agua destilada....... 90' por cucharadas, una cada dos horas. No obstante este tratamiento, el enfermo murió á los 8 dias de su ingreso al Hospital: es decir, el 17. Este caso me sujiere las reflexiones siguientes: Puesto que la verruga ha sido encontrada en mas do una autopsia en la serosa peritoneal de los verrucosos, ¿por qué no hemos de admitir que pueda desarrollarse en la serosa cerebral? ¿Qué inconveniente existe para no a- ceptar en el presente caso que la erupción de las verrugas en las meníngeas haya sido la que dio lugar ala inflama- ción de la serosa cerebral que dio muerte al desdichado Flores? Punto es este que solo podia haber sido resuelto — 31 — amplia y evidentemente por la necropsia de la víctima; pero desgraciadamente no pudo llevarse á cabo por cau- sas agenas á nuestra voluntad. Llamo la atención sobre el particular de las personas mas entendidas y mas felices que yo, para ver si se con- firma lo que creo haya sucedido en el presente caso, una vez que se presente otro semejante. VII. C. P. indio, de 14 años de edad, natural de Orcotuna, entró al Hospital "Dos de Mayo" el 13 de Agosto de 1885 y ocupó en la Sala de las Mercedes, la cama N.° 53. Hacen 5 meses refiere el paciente que vino de su país pasando por algunos lugares de verrugas. Poco después de su llegada fué atacado de intermitentes que tenían lu- gar en las tardes y en seguida de dolores en los huesos y de contracciones musculares, especialmente en el cuello. Hace ya un mes que tuvo la primera verruga, situada en la mejilla derecha, seguida inmediatamente de la apari- ción de otra en la cara externa del muslo izquierdo y des- pués de otras muchas, mas ó menos visibles y en distin- tos puntos del cuerpo. La erupción de todas estas verru- gas es acompañada de una fuerte comezón. Muy poco refiere acerca de los síntomas que han pre- cedido la salida de las verrugas, pues solo habla de ha- ber tenido epíxtasis, dolores en las articulaciones meta- carpo-falángicas de la mano izquierda y de vez en cuan- do dolores epigástricos. Debemos hacer constar que la verruga situada en la mejilla, es del tamaño de un coquito, formada en su mi- tad inferior por la piel levantada y cubierta de una epi- dermis exfoliada y la mitad superior de serosidad mez- clada á sangro y condensada, teniendo el_aspecto de miel y dura al tacto. El tratamiento único á que ha estado sometido es: Co- cimiento de agua de mote por bebida, Extracto blando de quina O7 5 en alterna y Licor de Fowler 4 gotas al- muerzo y comida. A mediados del mes entrante salió en el mejor esta- do de salud. VIII. Felipe Marin, de 9 años de edad, temperamento linfáti- tico y constitución regular, raza indígena, ocupó la cama N.° 49 de la Sala de las Mercedes, el 19 de Julio de 1884. Marín, padeció ahora dos años de fiebres intermitentes; -32 — algo aliviado salió á convalecer á Matucana, el 13 de No- viembre de 1883. Estuvo en dicho punto ocho días sin no- vedad alguna; el 24 vino á Lima y al cabo de ocho o diez dias de permanencia, esto es, el 2 ó 4 de Diciembre se vio acometido de lo siguiente: escalofríos, fiebre, á veces su- dor, cefalalgia, en varias ocasiones tuvo delirio; raquial- gia, artralgia, que comenzó por el maleólo interno de la pierna derecha, calambres en los miembros, vómitos, dia- rreas, deslumbramientos, en los que se figuraba ver es- trellas. Asi continuó no obstante que en los accesos febriles le acometió el delirio y en ocasiones se ponía mejor, hastaque comenzaron á aparecer unos pequeños tumorcillos situa- dos en la parte anterior de cada oreja. El 2 de Junio no- tó el desarrollo de una verruga situada en la parte media de la región anterior de la pierna izquierda, precedida de vivísimas comezones; en seguida le salió otra en la parte superior y externa de la rodilla derecha; otra mas peque- ña en el codo derecho, observando que á medida que se desarrollaban los tumores desaparecían los síntomas que había notado anteriormente. El 20 de Julio, es decir, el dia siguiente al de su ingreso al Hospital, fué examinado, encontrándose lo siguiente: Dos verrugas del tamaño de una pequeña alberja, de color rojo y consistencia regular, situadas una en cada oreja y en su cara anterior. Otra del tamaño de una ave- llana, subcutánea, acuminada, violácea y en estado de descamación de la epidermis por la comezón que dá, en la parte anterior y media de la pierna izquierda. Otra verruga también sub-cutánea en la parte externa del cóndilo externo del fémur y que desliza bajo el dedo. La verruga del codo, casi al desaparecer y otras muy peque- ñas diseminadas en diferentes puntos del cuerpo. Examinando los órganos digestivos se nota la lengua lijeramente blanquizca y húmeda. El paciente acusa ano- rexia. Los órganos circulatorios presentan las siguientes alte- raciones: auscultando el corazón se escucha un lijero so- plo en el primer tiempo y en la base: el pulso es peque ño, deprimido y en número de 78 pulsaciones por minu- to; la temperatura es de 37°; el bazo hipertrofiado v bas tante duro. J Como alteraciones dependientes del sistema nervioso pudimos ver la dilatación de las pupilas. En la tarde de este dia, las pulsaciones eran en número de 84 por minuto y la temperatura 37° 2. El résimen A que se le ha sometido es el siguiente: Sulfato de quinint % - 33 - O' 2 noche y mañana y Tintura de percloruro de fierro 5 gotas en el almuerzo y en la comida. El 21 en la mañana 84 pulsaciones y 37 grados de tem- peratura. No acusa dolor en ninguna parte del cuerpo: orina amarilla rojiza, poco acida, sin sedimentos, la can- tidad expulsada en 24 horas ei de 684'. Su densidad á 18* es de 1020. Se ha prescrito como bebida el cocimiento de zarza. En la tarde hay 90 pulsaciones. Temperatura 37» 7. 22 en la mañana 72 pulsaciones y 37° 2, orina acida, amarillenta y poco sedimentosa; densidad 1018; no hay albúmina. Se encuentran cristales tipos de ácido úrico y de fosfato amoniaco magnesiano. El enfermo tiene una contractura momentánea del quinto dedo de la mano derecha. Siente una viva come- zón en el tumor de la pierna izquierda, como en los dias anteriores. En la tarde 77 pulsaciones y 37° 1 de tempe- ratura. 23. H \y modificaciones en la secrecionjirinaria; la ori- na es de un color blanco amarillento; su reacción, acida, muy sedimentosa, su olor fuertemente amoniacal; la can- tidad emitida en 21 horas es de 624' y su densidad á 19" 1016. 72 pulsaciones y 36° 8 en la mañana. En la tarde 72 pulsaciones y 37". En este estado ha continuado hasta el 12 de Agosto, no ha habido nueva erupción y la verruga situada en la pierna ha des¿iparecido completamente. El 17 de Agosto se nota un derrame ascítico, las ulce- raciones correspondientes á las verruguitas que han caí- do, tienden á la cicatrización y se nota la aparición de una nueva en la nalga. Las verrugas siguen disminuyendo de volumen, desa- pareciendo por completo el 1". de Octubre. Continúa la ascítis; se nota el bazo demasiado hipertrofiado, conse- cuencia de las intermitentes que ha tenido y que han si- do reemplazadas en estos últimos dias por cuartanas, El estado caquéctico del enfermo se hace cada dia mas pronunciado, notándose mas marcado el soplo anémico que desde un principio ha presentado................... IX. Antenor Zavala, natural del Cerro de Pasco, de 17 años de edad, mestizo, soltero, temperamento linfático y cons- — 31 — titucion débil, ocupó la cama N. ° 1 de la Sala de San Andrés; servicio del Dr. A. Alarco en el Hospital "Dos de Mayo", el 29 de Mayo de 1884. Anamnecia. — Interrogado el enfermo me dijo: quesa lió del Cerro de Pasco en buen estado do salud el 23 de Julio del 83. El 1. ° de Agosto llegó á Canta, sin la me- nor novedad, siguiendo en este estado hasta el 15, dia en que fué atacado de una fiebre de empacho (fiebre gás- trica) que curó gracias á un purgante de ricino y luego emolientes. Agregó también que en estos dias tuvo la orina de un color rojo oscuro, como si fuera do sangre. En el mejor estado de salud salió de Canta el 3 de Setiem- bre, hacia la quebrada del mismo nombre, y eligiendo co- mo primer punto de residencia el pueblecito de Llaso. De allí pasó el 30 á Huanchuy, en cuyo lugar, mal alimenta- do, bañándose, bebiendo el agua de los manantiales ó del rio y sometido á la influencia de los miasmas que domi- nan en aquellos lugares, permaneció Octubre, Noviem- bre y parte de Diciembre, habiendo sido acometido á fines de este mes de una fuerte terciana, que cedió volviendo á Llaso y tomando el jugo de naranjas agrias. Bastante mejorado, pasó á principios de Enero de 188-1 á Santa Ro- sa de Quibes, en donde á pocos dias de su llegada, se sin- tió con el cuerpo descompuesto y postrado, gran pérdi- da de fuerzas y falta completa de apetencia. Pasados al- gunos dias, se agregaron á estos síntoma-?, escalofríos, calor, sudor, cefalalgia, artralgia, sueño diurno é in- somnio nocturno, vértigos, deslumbramientos, sed, náu- seas, vómitos y diarreas. Muy aliviado á fines del men- cionado mes pasó á la Hacienda llamada "Casa Blanca", en la que á los síntomas anteriores que se despertaron con mas intensidad, se añadieron calambres en los miem- bros y en la parte anterior del tronco, que eran insopor- tables, fuerte aumento de dolor en todas las articulacio- nes y todo esto coincidiendo con la aparición de tumor- citos periarticulares, situados uno en la parte posterior de la segunda articulación metaeai-po-falángica de la ma- no izquierda y el otro en la parte posterior de la articu- lación de la falange y falangina del tercer dedo de la ma- no derecha. Entre alternativas de mejoría y agravación, permane- ció en este punto hasta mediados del mes de Marzo, épo- ca en la cual se trasladó á la Hacienda "PuentePiedra": aquí su permanencia fué acompañada de una mejoría no- table, no obstante de la salida muy dolorosa de un nuevo tumorcíto subcutáneo, localizado en la parte interna de la articulación de la rodilla izquierda. No encontrándose -35- completamente bien en ese lugar, resolvió pasar á esta capital, llegando á ella el 4 de Mayo y observando á los pocos dias de su arribo, en distintas partes del cuerpo y con especialidad en la cara, el desarrollo en medio de do- lores articulares, de unos tumorcitos rojizos que él cono- ció ser de los llamados en el Perú verrugas de zapo, qui- noa ó de Castilla. Siguió así hasta fines de Junio, pero encontrándose aislado, enfermo y sin recursos, se dirigió á este Hospital, en la fecha mencionada. Estado actual. — Hábito exterior. — A la cabecera del enfermo, lo primero que llamó mi atención, fué la palidez de su semblante y el extraño contraste que en él fcacia la presencia de un tumorcito rojo escarlata, de consistencia medianamente dura y del tamaño de una pequeña al- berja, situado en la mitad externa del párpado superior izquierdo Noté en seguida otro algo mayor, del mismo color y consistencia, en el fondo ,de la concha del pabe - llon de la oreja del mismo lado; algunos muy pequeños y de una coloración pálida se hallaban diseminados en la frente, las megillas y especialmente en las orejas. Descu- bierto el paciente no encontré ni tumores, ni siquiera ele- vaciones de la piel en el tórax y abdomen; las bolsas os- tentaban algunos, siendo el mayor número en el lado iz- quierdo, así como mas desarrollados y formando grupos; también eran visibles aunque muy pequeños y en un nú- mero reducido en el prepucio y frenillo. Los miembros toráxicos eran el sitio de muchos de ellos, pequeños, de coloración pálida y colocados casi todos del lado de la ex- tensión. Los miembros infei iores estaban también cubier- tos en sus regiones anteriores, externa y posterior, de pa- pulitas pequeñas y descoloridas, haciéndose notar sin embargo en la parte media y anterior de la pierna dere- cha, un tumor del mismo tamaño color y consistencia que el situado en el fondo de la concha di-1 pabellón de la oreja izquierda. La articulación radio-carpiana derecha, estaba infarta- da, tensa, dolorosa. La articulación metacarpo-falángi- ca del segundo dedo de la mano izquierda se encontraba en iguales condiciones. En los miembros abdominales, la rodilla izquierda era la infartada, dolorosa y tensa, obli- gando al enfermo á tener la pierna en flexión forza- da sobre el muslo, pues al tratar de extenderla se provo- caba el aumento del dolor y la aparición de calambres. Circulación. — En el corazón no se encontraba ningu- na alteración á la percusión, ni á la auscultación. El pulso sin gran modificación y en número de 84 por mi- ñuto. La temperatura era de 26* 9 centígrados. El bazo enteramente hipertrofiado en todas sus dimensiones, du- ro, muy sensible á la presión y sobrepasando su borde la linea media del abdomen. Digestión. — De parte del aparato digestivo, la lengua estaba blanquizca y húmeda, había anorexia, náuseas, un poco de diarrea y ligeros dolores de estómago en la noche. Inervación. — Dolores en las articulaciones infartadas, gastralgia, algunas veces calambres pasajeros, en loa miembros y dilatación pupilar. Respiración. —No hay modificaciones apreciables, Urinación. — Ligero dolor en la uretra ala micción, orina acida, oscura, espumosa y con notable cantidad de depósito de un color rojizo. No hay albúmina- Diagnóstico— Verrugas. Tratamiento. — Agua de mote á pasto,—Vino de quina 60 gramos alterna; 4a. ración y leche. Marcha de la enfermedad. — En los cuatro dias que si- guieron á su ingreso no hubo novedad; pues las artral- gias eran demasiado ligeras para llamar la atención, el número de pulsaciones en la mañana era de 80; siendo la temperatura de 36" 8 en el termómetro centígrado • por la tarde 96 pulsaciones, con 37° 3 de temperatura! La orina acida, espumosa, de un color amarillento, roji- zo subido y con una densidad d^ 1022 á 18". no existien- do albúmina, pero sí ácido úrico y uratos, los que cons- tituían una gran cantidad de depósito de un color rojizo1 El tratamiento no sufrió modificación alguna en esto* dias. El dia 4 en la tarde tuvo escalofríos; á las dos horas 102 pulsaciones y 38° de temperatura; en la noche fué atacado de dolores articulares y un sudor copioso el que llegó á teñir las sábanas de un color amarillento. El mis- mo tratamiento, mas una inyección hipodérmica en la región abdominal de 0"3 de sulfato de quinina en un gra- mo de agua destilada. Dia 5. En la mañana 84 pulsaciones y 36" 2 de tempera ¡íura, han disminuido los dolores articulares En la tarde 108 pulsaciones y 38° de temperatura, orina acida de co- — 37 — lor oscuro, sedimentosa y con una densidad de 1,016. El mismo tratamiento; pero aumentando O'l la inyección de sulfato de quinina. Dia 6. No hay fiebre; la orina mas clara y con una densidad de 1,010. El mismo tratamiento. Dia 7. Apirexia, acusa gastralgia, orina acida, oscura, sedimentosa y con una densidad de 1,021. Tratamiento, vino quina 60' con Láudano de Sydenham 4 gotas en al- terna. La misma dosis de sulfato de quinina en inyec- ción. • Dia 8. Epíxtasis, ulceración de una verruga en la pier- na, seguida de una pequeña hemorragia; orina mas cla- ra y con una densidad de 1,009. Tratamiento, Sulfato de quinina 0'4, Láudano Sydenham 4 gotas tres veces al dia, con mas 60' vino de quina en los alimentos Dia 9 y siguientes. La erupción se hace rápida ganan- do en extensión: infartos y dolores articulares por lo re- gular en las noches; orina acida, sin albúmina y con una densidad que ha oscilado entre los 1,016 y 1,012; en la mañana 74 pulsaciones y 36° 2 de temperatura; en la tar- de 90 pulsaciones y 37° 3. El siguiente tratamiento fué instituido hasta la salida del Hospital: Sulfato de quini- na 0'3 y Láudano Sydenham 3 gotas; alternando con 60' vino de quina, agua de mote á pasto, 4a. ración y le- che. • Dia 17. En la tarde escalofríos, 102 pulsaciones: 3?°C; dolores articulares en el hombro, codo, muñeca y rodilla del lado derecho, ligero infarto de alguna de estas arti- culaciones; las Verrugas comienzan á tomar un color mas encendido, orina acida, sedimentosa v con una den- sidad de 1,020. Dia 1S. Sudor amarillento muy abundante al amane- cer y de un color especial; disminución de las artralgias, aumento de volumen y coloración algo blanquizca de al- gunos tumorcillos. Dia 19. Apirexia, han desaparecido los dolores arti- culares, orina acida, sedimentosa y con una densidad de 1,015. Dia 20. Dolores é infarto de algunas articulaciones, las verrugas situadas en las bolsas son bastante doloro- -38 — sas; orina escasa, menos acida y poco sedimentosa, 96 pulsaciones. Temperatura 37'. Dia 21. En la mañana 100 pulsaciones y 37° 3 de tempe- ratura; en la tarde 102 y 371 4: continúan los dolores ar- ticúlalas como así mismo en el testículo. La erupción se llena de sangre en la caray miembros inferiores, muy poco en los superiores. Orina casi neutra, amarillenta, olor fuertemente amoniacal, sin albúmina, muy sedi- mentosa y con una densidad de 1,011. Dia 22. 100 pulsaciones en la mañana, 37° 4 de tempe- ratura. Tarde lu2. Temperatura 37' 4. Pocos dolores, la» verrugas ya no dan sangre, orina espumosa, rojiza, aci- da, en las 24 horas ha llegado á 1,000 gramos, su densi- dad es de 1,019 Dia 23 y siguientes: casi nada de notable, haciéndose la erupción con toda regularidad. Agosto. — A principios de este mes la erupción sigue su curso. Los dolores articulares suelen presentarse siempre en las noches. El pulso es por lo general en las mañanas de 90 por minuto y 96 por la tarde. La tempe- ratura en la mañana es de 37 y 37° 3 en la tarde. La ori- na unas veces de un amarillo pálido y otras, amarillenta rojiza, su cantidad en las 24 horas oscila entre 1,000 y 1,400 gramos; es acida, sin albúmina y con una densi- dad de 1,018 á 18° por término medio. El 10 de este mes comienzan á descamarse algunas de las verrugas, observando al mismo tiempo en el hipo- condrio izquierdo una gran mancha bruna y eon algu- nas vesicuhtas que según refiere el paciente, apareció acompañada de mucha comezón. La orina es amarillen- ta límpida y sin albúmina. En los dias siguientes hasta el de su salida que se verificó el 19, no ha habido nada de notable; saliendo del Hospital sin tener dolor alguno y en muy buen estado de salud- La erupción estaba com- pletamente seca. HISTORIA DE LA ENFERMEDAD DE CARRION. El 27 de Agosto de 1885, á las 10 h. a. m. obtuve (no sin dificultad) de mi amigo el Dr. Evaristo M. Chavez, que me practicara cuatro inoculaciones, dos en cada brazo, cerca del sitio en que se ha< e la vacunación. Dichas ino- culaciones, se hicieron con la sangre inmediatamente ex- traída por rasgadura de un tumor verrucoso de color ro- jo, situado en la región superciliar derecha, del enfermo Carmen Paredes, acostado en la cama N.° o de la sala de Nuestra Señora de las Mercedes, perteneciente al servicio del Sr. Dr. Villar. A los 20 minutos comenzaron á manifestarse algunos síntomas locales, tales como una comezón bastante no- table, seguida después de dolores pasajeros que desapa- recieron á las 2 horas siguientes. No han habido sínto- mas de inflamación, todo ha desaparecido sin dejar ves- tigio alguno. Hasta el 17 de Setiembre en la mañana, no he tenido absolutamente nada; en la tarde de este dia he sentido un ligero malestar y dolor en la articulación tibio tarsiana iz- quierda, que me molestaba la marcha. Durante la noche he dormido perfectamente bien. El 18 en la mañana bastante bien, en la tarde ligera descomposición de cuerpo, la noche en estado normal. El 19 por la mañana como en el dia anterior; en la tar- de el malestar se marcó bastante, como nunca; en la no- che á las 8 he tenido un calambre fuerte en la extremidad abdominal derecha. A las 11 y 30 gran decaimiento y postración, media hora después tortísimos escalofríos cortos y repetidos que me hacían castañetear involunta- riamente los dientes; habiendo desaparecido el escalofrió, algún tiempo después me quedó una postración suma y una sensación general de calor quemante; se despertó en seguida una fiebre elevadísima, que me fué imposible marcar por medio del termómetro, por que no podia ni — 40 — moverme en la cama. Los dolores se habían generaliza- do en todo el cuerpo; asi sentía cefalalgia gravativa, do- lor constrictivo en el tórax y paredes abdominales, dolo- res óseos, articulares y musculares en los miembros; do- lores momentáneos que seguían el trayecto de ciertos nervios, otros que se manifestaban en el curso ó dirección de algunos músculos tales como el bíceps braquial y los de la región externa de los antebrazos y piernas. Estos dolores se aumentaban por la presión ó el trabajo á que sometía voluntariamente dichos músculos. No me mantenía mucho tiempo en una misma posición, que muy pronto se me hacía insoportable; á cada instan- te la cambiaba sin poder hallar comodidad ó descanso alguno. Tuve insomnio producido tanto por la fiebre como por los dolores. Se verificaron algunas cámaras. En fin, co- mo á las 5 h. a. m. dormí un poco y sudé bastante, des- pertando á las 8 h. a. m. bastante regular. Me levanté, pero viendo que la temperatura se elevaba á 39 °4 y que el decaimiento se pronunciaba instante por instante, me recosté en un sofá en donde quedé postrado todo el dia, sin darme cuenta de lo que pasaba por mí, y esto por el espacio de siete horas próximamente. Me hallaba en un sopor que se asemejaba al coma. A la3 5 de la tarde de dicho dia veinte, como no habia almorzado por encon- trarme en ese estado quise comer, pero tenia una ano- rexia tal, que solo la vista de los alimentos me provoca- ba náuseas; no pude pues pasar alimento alguno. La sed que tenía era devoradora. En la noche la tempera- tura subió á 39 = 8. Los dolores seguían lo mismo, desportándose á mas de los que he mencionado, uno fijo en la articulación de la falange con la falangita del dedo meñique de la mano iz- quierda, con un poco de infarto y otro muy fuerte en la articulación radiocarpiana de la mano derecha. La orina era escasa, de color rojo, oscuro y muy sedi- mentosa. Dia21 m. 39 °2. —Dolores bastante disminuidos; pero aparición de uno nuevo en la articulación del empeine del pié izquierdo. N. 39°6.—Todo en las mismas condiciones. Dia 22 m. 38° 8.—Los mismos dolores mas el de la rodi- lla izquierda. Se manifestó un tinte ictérico. Aparecen manchitas sanguíueas como picaduras de pulga, unas en la nariz hacia su lado externo, sobre su hueso propio de- recho y otras entre las cejas. — 41 — Dia 23 m. 37 ° 9.—Tengo tanta sed como en los dias ante- riores, hay apetencia. Dolor soportable en el hombro, brazo y codo del miembro toráxico derecho. Los calam- bres siempre de vez en cuando. N. 38° 1.— Todo en el mismo estado. Dia 24 m. 37°.—Me siento algo m>¡jor. Los dolores del miembro toráxico derecho no me d* jan servir mucho de él. La orina sigue roja aunque mas abundante. Otra manchita en la sien derecha Des-bí las cuatro de la tar- de han comenzado á manifestarse dolores en el miembro abdominal derecho que aumentan con el movimiento y dificultan la marcha. El miembro toráxico derecho al escribir ó ejecutar cualquier movimiento se fatiga pron- to y despierta dolor; ademas sg suceden en él muchos ca- lambres. N. 37°3.—Tengo cefalalgia occipital, dolor en los ojos con sensación de aumento de volumen del globo ocular. Sudo todavía un poco como en las noches anteriores. Hay insomnio y poliuria. Dia 25 m. 37° 2—Un poco de cefalalgia; continúa lapo" liuria. Los dolores están distribuidos como sigue: arti- culación radio-carpiana, codo, braz i y hombro derecho. He tenido varios calambres, que por algunos instantes obligaban á los dedos índices de ambas manos á perma- necer en flexión forzada contra los metacarpianos. Igual- mente siento calambres en algunos músculos de la región externa de la pierna derecha, así como también en los músculos de la nuca del lado derecho. N. 37°4.—Un poco de insomnio y de sudor. Los demás síntomas poco mas ó menos en el mismo estado, Dia 26 (A partir de boy me observarán mis compañe- ros, pues por mi parte confieso, me seria muy difícil hacerlo ) M. (á las 8 h.) 37 c 3.—Palidez considerable en la piel y mucosas, sentimiento de debilidad general, quebranta- miento, inapetencia, facultades intelectuales en perfecto estado. Pulso blando y frecuente [100 p,] Respiración normal. Soplo suave y ligero en la base del corazón y en el primer tiempo, no lo hay en las arterias, se queja siempre de sus dolores, que sin embargo asegura no son muy fuertes. Los calambres se manifiestan una que otra vez; ha tomado muy poco alimento y una pequeña cantidad de vino. N. (9 h )— 37°5—(100 p.).~ Hasta las 11 h. p. m. en que nos retiramos no ha podido conciliar el sueño á pesar de haber permanecido solo y sin motivo manifiesto que lo distraiga. Hay un poco de agitación. 42 Dia 27 m. 37° 100 p.-Se queja del poco sueño de que ba disfrutado durante la noche. Continúanse acentuan- do los síntomas del día anterior, á excepción de los dolo- res y calambres. Las manchitas que se presentaron los dias 22 y 24 desaparean poco á poco. La piel toma nue- vamente un tinte subictérico y un aspecto terroso. N. 37° 106 p.—Agitación é intranquilidad, la luz y e1 ruido le molestan. Dia 28 m. 37° (100).—Ha pasado en vela casi toda la noche; se encuentra todavía algo agitado. Al manifes- tarle nuestro deseo de pasar la noche á su lado, nos dio las gracias, asegurándonos que no creia aún llegado el momento de tomarnos tal molestia: se han alarmado, dijo, demasiado por mi enfermedad; los síntomas que siento no pueden ser otros que los de la invasión de la verruga, á la que muy en breve seguirá el periodo de erupción, y todo desaparecerá. Sin embargo de esta aparente tranqui- lidad, bien se conocía que no dejaba de comprender la gravedad de su estado. Admirable es en verdad, la marcha tan rápida que en él ha seguido la anemia, que á partir de este dia domina por completo el cuadro sintomático. Aumenta de intensidad el soplo cardiaco, percíbese ya el soplo de las arterias y el mismo enfermo se encuentra mortificado por el de la carótida interna, que caracterizó desde el primer momento. La debilidad era extrema, al punto que le fué muy di- fícil poder abandonar la cama. Acusa ya mareos de cabeza y gran'abatimiento. Las deposiciones que hasta hoy han sido normales y una por día, se han duplicado, siendo bastante líquidas y verdosas. N. 37°1 (105 p.)—A las 12 p. m. ha conciliado el sue- ño, no sin gran dificultad. Dia 29 M. 37° (100 p/> —Le encontramos levantado, no obstante las reflexiones que dias anteriores le había- mos hecho. Nos manifestó que solo habia podido dormir escasamente cuatro horas, habiéndole molestado los do- lores y calambres mucho menos que en dias anteriores, pues estos iban desapareciendo insensiblemente; sentía si, un poco de náuser.s y una anorexia completa. Dos deposiciones son las que ha tenido durante el dia, permaneciendo por lo demás, en el mismo estado que el dia anterior. N. 37 ° 2 (106 p.)—Son las dos de la mañana y aún no puede dormir tranquilo, despierta agitado á cada instan- — 43 — te, revuélvese en su cama, mudando con frecuencia de posición; acomoda sus frazadas que con sus movimien- tos desarregla, hace apagar y encender la luz alternati- vamente y murmura palabras que no alcanzamos á dis- tinguir ; en fin, después de tanta agitación, logra dormir de diez á quince minutos para volver muy pronto á su intranquilidad. Dia 30 m. 37° 1 [100 p.]—El reato de la noche la ha pa- sado en el mismo estado que hemos descrito. A los síntomas observados en los dias anteriores, vie- nen á agregarse hoy, dos nuevos fenómenos que doble- gan la resolución que Carrion tenia de no permanecer e» cama. Uno de ellos es el vómito que lo ha mortificado continuamente y que según eu expresión ha sido provo- cado por la ingestión del medicamento, cuyo olor pene- trante y desagradable le causa repugnancia: el otro, es el vértigo que se manifiesta sobre todo cuando perma- nece sentado por algún tiempo. Un dolor profundo é intermitente en el hipocondrio de- recho, que coincide con un ligero aumento de volumen del hígado, es lo que también acusa y hemos podido com- probar. La anoréxia hoy mas que nunca es completa. La presencia sola de los alimentos le provoca náuseas. Dos deposiciones líquidas y muy fétidas son el resulta- do de los movimientos del tubo intestinal en este dia siendo precedidas de fuertes retortijones que después ha- cen lugar á un bienestar pasagero, seguido de una pos- tración notable. N. 37° 3. (Desde ésta nethe, no obstante las prohibi- ciones del enfermo, lo velan sus amigos.) Durante la noche, tan solo ha podido dormir dos horas; la agitación y ansiedad son extremas; ninguna posición conserva mas de cinco minutos; se desespera de no poder conciliar el sueño; enciende un cigarro, lo fuma hasta la mitad, arrojándole luego lejos de sí, como una cosa de- sagradable, esta-operacion repetida por varias veces, lla- ma en nosotros la atención, acercándonos entonces á preguntar si deseaba algo qué no estuviera al alcance de su mano, nos manifestó aparentando una tranquilidad cuya ficción comprendimos fácilmente, que nada desea- ba, descansen Uds. y en pocos momentos más, me que- daré dormido. Nos retiramos pero para regresar muy pronto sigilosamente, y pudimos ver que habia vuelto á su anterior estado, permaneciendo así hasta las dos y media de la mañana en que consiguió dormir. — 44 — El vómito se ha presentado aunque no con la frecuen- cia dsl dia, y con algunos esfuerzos para sentarse,ha po- dido hacer una deposición. . (Dia 1. ° M. 37° 2 106 p.) Durante el dia solo ha tenido un vómito, y encuéntrase relativamente, mas tranquilo que ayer, so ha hecho aplicar tintura de yodo en el hipo- condrio derecho por haberse exajerado el dolor. a El decaimiento y la postración han tenido una marcha tan rápida, que el enfermo no ha podido siquiera sospe- char la disminución tan enorme de sus fuerzas en estos últimos dias: hasta ayer normas podía descender de su cama, aunque con algún trabajo para satisfacer sus ne- cesidades corporales, pero hoy al hacerlo, después de ha- berse incorporado con gran dificultad deslizaba ya los pies fuera de su lecho, cuando cae pesadamente sobre él, á consecuencia de un fuerte vértigo, precedido de náu- seas, según después nos manifestó. Engañado de su pro- pio estado, cree que una vez pasado, el vértigo podrá conseguir su objeto; nuevamente se incorpora, rehusa nuestro auxilio diciendo que: ;'en tan poco tiempo creo imposible hayan disminuido mis fuerzas, hasta el punto de no podersostenerme." Esta nueva tentativa de Carrion sirvió para desvane- cer el engaño en que permanecía sobre la apreciación exacta de su estado, obligándole á reclamar nuestro con- curso, cuando después de haber hecho infructuosos es- fuerzos no podía ya bajarse de su cama. Dos deposiciones líquidas y fétidas fueron el resultado del dia. Un nuevo síntoma tan alarmante, como de mal augu- rio hace presagiar el fin que aguarda á nuestro compañe- ro. Hacia el medio dia aparece por primera vez el sobre- salto de tendones que se manifiesta en las manos y ante- brazos, poco sensible al principio, vá acentuándose más i y más. La ingestión de los medicamentos, lo mismo que la vista de la comida le provocan como siempre náuseas. Desea permanecer solo, suplica á las personas que lo rodean no le dirijan la palabra y que hagan presente á lasque vengan á visitarle, se halla durmiendo, aun cuan- do estuviere despierto. (N. 37' 4—110 p.) —La ha'pasado regularmente, durmien- do algo mas que en las noches anteriores y con un sueño relativamente más tranquilo. A la 1 h. a.m. una cámara. No han habido ni náuseas, ni vómitos, (Dia 2 M. 37° 115 p ) Continúan acentuándose los sínto- mas anteriores, la'posicion vertical de la cabeza es ya in- — 45 — S09tenible, pues inmediatamente sobreviene un fuerte vértigo que le hace abandonarla. Durante el dia ha tenido dos deposiciones copiosas y negruscas; por la tarde un vómito. La lengua está seca y áspera, acusa una sed devora- dora. N.— Manifiesta dolores en el hígado, ríñones y región precordial. Pulso frecuente, pequeño, blando y depresible. Le molesta grandemente el soplo carotídeo que percibe con mucha claridad. El aspecto de la piel, así como la fisonomía particular que ofrece nuestro enfermo, es notable. Además de la se- quedad y palidez extrema de la primera se observa un tinte subictérico que unido á su aspecto árido y terroso, le imprimen una gran semejanza, con el que frecuente- mente se observa en los enfermos atacados de pirexias infecciosas. Las mucosas y especialmente la gingibo la- bial completamente descoloridas, semejándose en mucho al color de la cera. El rostro desencajado, los ojos hundidos y rodeados de un círculo negruzco, las mejillas y sienes, completamen- te deprimidas, la nariz afilada y los pabellones auricula- res casi transparentes; ya en su mirada no se nota la pe- netración y vivacidad que antes le distinguían, manifes- tándose ahora sombría y como velada; su voz, aún cuan- do animada todavía por momentos ó tratándose de su enfermedad, ha perdido también la animosidad y entu- siasmo de antes. Con todo,no son bastantes para doblegar su voluntad, ni lo minado de su organismo, ni la gravedad del mal, ni el amor filial, pues se encuentra separado de su madre que se halla también enferma; nada de esto, decimos, es bastante para abatir la serena tranquilidad de esta alma %. que halla fuerza en su misma debilidad, para oponerse á los peligros que le amenazan, brindándole la ocasión de comprobar la verdad de sus convicciones y mostrarse ca- da vez mis satisfecho d3 su obra............... En la mañana de hoy, momentos antes de tomar su ali- mento, notando seguramente la gran debilidad é imposi- bilidad en que se eneontraba para mantenerse sentado por algún tiempo nos dijo: "hasta hoy había creído que me encontraba tan solo en la invasión de la verruga, co- mo consecuencia de mi inoculación, es decir, en aquel pe- ríodo anemizante que precede á la erupción; pero ahora me encuentro firmemente persuadido de que estoy ataca- do de la fiebre de que murió nuestro amigo Orihuela: he aquí la prueba palpable de que la fiebre de la Oroya y la - 46 — verruga reconocen el mismo origen, como una vez leoí de- cir al Dr. Abarco.'' Vanos fueron nuestros esfuerzos pa- ra disuadirle de su fundada creencia y por mas que nos esforzamos en probarle de que los síntomas que presen- taba estaban muy lejos de ser los de la citada fiebre, so- lo obtuvo nuestra argumentación la siguiente respues- ta: "les doy á Uds. las gracias por su deseo y siento de- cirles no conseguirán convencerme de que la enfermedad que hoy me acosa no sea la fiebre de la Oroya; no me ar- redra la muerte, pues tengo bastante confianza en que los cuidados de Uds. unidos á la asidua asistencia que los médicos me prodigan, sean suficientes para salvarme." Se ha presentado una tos ligera; la voz un poco mas apagada que antes, lo que atribuyeá un poco de helados que tomó hace un instante, La secreción de la orina, que hasta hoy no ha presen- tado nada de notable, se verifica en pequeñas cantidades, no existiendo ni dolor, ni retención, pues la sonda que á exigencia suya hubo de pasársele dio apenas salida á 4 ó 5 gramos de líquido. Lo notable de todo esto, es que el en- fermo acusa necesidades frecuentes de orinar, molestán- dose bastante cuando vé que arroja tan corta cantidad; atribuyéndolo á una parálisis principiante solicita con in- sistencia nuez vómica. Durante la noche hemos podido observar una amnesia verbal de la siguiente forma: cuando á consecuencia de alguna necesidad nos llama, trata como es natural, de explicarnos lo que desea y otras veces lo que siente; pe ro después de algunas palabras se detiene, por no recor- dar según dico, la palabra ó palabras que corresponden á la idea. Se desespera y entonces exclama: "no sé por qué me he vuelto tan torpe, pues no puedo ni explicarme". Ha tenido un vómito y dos deposiciones. El sueño ha sido por demás intranquUo y agitado, no ha podido conciliario en el trascurso de esta noche por mas de media hora seguida. Dia 3, 36°7, 120 p. Agravación considerable de todos los síntomas que marchan acentuándose do la manera mas rápida. La repugnancia por el medicamento ha he- cho necesaria su suspensión. Han habido tres evacuaciones, seguidas de una pos- tración tan considerable que se parece al colapsus. En la mañana de hoy se presentó á verle el Dr. Flores, quien examinó la sangre del enfermo al microscopio, notando que los glóbulos rojos se encontraban deformados é hin- chados; su número contado y rectificado, era de un mi- llón ochenta y cinco mil por milímetro cúbico: los leuco- citos aumentados relativamente á los hematíes. — 47 — Indicó este facultativo lo conveniente que sería la tras- lación del paciente á un lugar más higiénico; esta opor- tuna indicación no la recibió Carrion con agrado, pues durante todo el dia se manifestó preocupado, vacilante entre abandonar la casa de la señora que con solícito cariño lo asistía, á la que profesaba el amor y respeto que á una madre, ó privarse de las innegables ventajas que este cambio de local le reportaría. Aplazó su salida para mas tarde. —(N. 37° 7 120 p.) Agitación extrema, cambia casi continuamente de posición; pulso blando é irregular, pequeño extremecimiento vibratorio de las ar- terias del cuello. La lengua está pegajosa y seca. Es incstinguible la sed, solicita bebidas acidas, hallan- do en el agua con vino una bebida deliciosa, pues asegu- ra no haber tomado nunca una tisana tan agradable; siendo de advertir que es la única que por mas tiempo ha podido soportar, lo que no ha sucedido con las otras que se le han administrado, tales como: limonadas de jugo de limón, agua albuminosa, gaseosa ó con cognac, que sucesivamente se le ofrecían. La ingestión de sustancias que contienen alcohol, au- menta considerablemente la exitacion y manifiesta en- tonces deseos de conversar. Cuando se encuentra solo habla de su familia y de su situación, terminando p )r decir: "Sí, lo que tengo es la fiebre de la Oroya, aquella fiebre de que murió Orihuela; mejor es no pensar en esto, fumemos un cigarro" Después de haberlo torcido, lo enciende con alguna di- ficultad, por la gran agitación de su mano; filmándolo en seguida hasta la mitad, lo arroja, y al cabo de un instan- te creyendo tenerle todavía, lleva su mano á la boca y la retira rápidamente al notar su engaño, haciendo un gesto de disgusto. Cinco veces se ha repetido esta escena durante la noche. A la mañana siguiente nos manifestó que se encontraba mejor, por cuanto había podido fumar cinco cigarros, pues en la noche anterior no fumó sino tres. Interrogado acerca de lo que siente, acusa decai- miento, manifiesta deseo de levantarse, "puesto que, nos dice, me incorporo ahora sin dificultad". Dolor ligero en el hipogastrio y en las regiones precor- dial y sacra. Se queja del insomnio por las molestias que le produce, pareciéndole por esta causa la noche demasiado larga y busca en la luz y conversación medios para distraerse. La inteligencia conservada, la voz un tanto difícil, lenta y á veces muy apagada. La respiración nviy irregular, después de tres o cuatro inspiraciones amplias y ruidosas, son seguidas de algu- nas cortas y débiles. La piel seca y fria. Las deposiciones han sido en número de ocho. Hay incontinencia de orina que es abundante- La ingestión de leche con agua de cal es muy pronto seguida de una deposición espumosa, fétida, compuesta de un líquido mucoso y de fragmentos de color negro adherentes al depósito. Cada defecación es precedida de un fuerte dolor de vientre, que desaparece una vez que se ha efectuado. Dia 4. M. 36° 3—100 p) El pulso se ha modificado no- tablemente; se presenta hoy duro y regular. Piel ligeramente caliente. El sobresalto de tendones se ha extendido á las extre- midades inferiores. Es acosado por necesidades frecuentes de orinar, sien- do la orina clara. —A las 11. a. m. nos manifestó su deseo de trasladarse al Hospital Francés, porque habiéndole hecho presente los SS. Médicos queeradenecesidadpracticarleene.se dia la trasfusion sanguínea, comprendió perfectamente era mejor se la hicieran en ese establecimiento. Procedimos á vestirlo y colocarlo en un sofá, mientras se preparaba la camilla que debia conducirlo. P¡ l ? un cigarro, lo fuma tranquilamente y al anunciarle pocos momentos después que todo estaba listo, se dirigí al señor Izaguirre, alumno de primer año de medicina, con estas solemnes palabras: "aun no he muerto, amigo mió, ahora les toca á UU. ter- minar la obra ya comenzada, siguiendo el camino que les he trazado".......................................... Abraza en seguida á su respetable madrina, recomen- dándole oculte su verdadero estado á su querida madre, dirije una última mirada á esa casa hospitalaria, mudo testigo de sus sufrimientos, se le escapa una lágrima fur- tiva y cae desmayado eu brazos de sus amigos.......... A los pocos instantes vuelve en sí y es colocado en la camilla que debe conducirlo á la «Maison de Santé.» Una vez en este lugar, saluda afable á los numerosos ami- gos y condiscípulos que sucesivamente vienen llegando: solicita alimentos y en fin manifiesta continuamente su deseo de que le operen cuanto antes. Parece pues que los primeros momentos de permanencia en esta casa le hu- bieran hecho experimentar una reacción ó mejor dicho, una mejoría notable- Preocupado con el resultado de la junta que en esos mo- mentos acababa de reunirse pregunta á los'que le rodean, — 49 — 3i estaba ya resuelta la trasfusion, que en su opinión era la única tabla salvadora que le quedaba. Grande fué su contrariedad y desaliento cuando supo que la consulta había dado por resultado aplazar la ope- ración ; tanto mas, cuanto según decía, era el único mó- vil que tuvo para resolverse á abandonar una casa donde hubiera preferido concluir sus dias. En efecto, para el caso casi seguro que se tenía de que la trasfusion iba á tener lugar .en ese mismo instante, todo se hallaba preparado: un transfusor de Oré, que el Dr. Villar habia llevado, esperaba listo para funcionar á la cabecera del enfermo, y uno de sus compañeros deci- dido^ á dar las onzas de sangre necesarias que quizás sal- varían al amigo; pero todo se postergó. Muy poco duró á Carrion la saludable y pasajera reac- ción que hemos dicho; volviendo en pocos isntantes al decaimiento y postración de los dias anteriores. La voz se ha hecho mas apagada y las palabras muchas veces no se entienden. La inteligencia vá apagándose progresivamente. Los movimientos algo extensos, así como los mas lige- ros, le son imposibles de practicar. Su impotencia para poder cambiar d> posición en el lecho, le ha obligado, muy á su pesar, á hacer uso de soleras. Ha hecho dos de- posiciones precedidas de retortijones y borborigmos. N. 36° 6—100 p.) Se inicia con una gran agitación y an- siedad. Balbucea palabras incoherentes. A la una l;1 la mañana presenta carfologia. A las do> un delirio completo y divaga sobre la Ana- tomía patológica de la verruga y las distintas opiniones que hay á este respecto. Se presenta el fenómeno (que se designa con la expre- sión de liar el petate), sin embargo, obedece á la indica- ción que se le hace de no fatigarse hablando demasiado; so pasa frecuentemente la mano por los ojos, como quien procura quitarse algo para ver mejor. La piel está casi fria y el pulso se pone mas pequeño y depresible. A las 3 a. m. continúa la exitacion. La respiración es difícil y á veces quejumbrosa. Me- dia hora después concilia el sueño, hasta las 4 a. ra. en que ha hecho una deposición líquida y verdosa. A las 5 h. a. m. se ha levantado un poco el pulso. Dia 5. M(7h. 15 m. 36° 8—118 p. 24 r.) La inteli- encia se ha perdido casi completamente; de vez en cuan- o llama á alguno de los amigos que lo rodean, y una vez cerca de él, nos mira indiferente como si no nos co- nociese. i — 50 — La palabra es mas y mas ininteligible; continúa la car- fología y el crocidismo. A las 10 a. m. una deposición. Otra á las 11. h. A las 12i 35° 9. 115 p. 26 r.—El resto del dia lo ha pa- sado en el mismo estado. A las 9 y 20 -37 ° 1—12 0 p. 26 r. Desde hace algunos instantes ha entrado en coma in- terrumpido de rato en rato por quejidos entremezclados con palabras incomprensibles; pocos instantes después pronuncia con bastante claridad la siguiente frase: "En- rique C' estfinit" para no volver á hablar mas. Las pupilas están dilatadas, pulso filiforme y apenas perceptible, poco á poco aparece el estertor traqueal; después de tres ó cuatro inspiraciones lentas y superfi- ciales, se sigue una pausa espiratoria, cada vez mas pro- longada. A las 1H lanzó un último suspiro breve y pro- fundo, que fué para los que le rodeaban la señal de que este mártir al abandonarnos, iba á ocupar en lo infinito el sitio que el Todo Poderoso tiene reservado para los que como él ejercen la mayor de las virtudes: la Caridad.. Tratamiento. - - El 18 en la mañana tratando Carrion de combatir el embarazo gástrico que á su juicio tenía, se administro un purgante de citrato de Magnesia, perma- neció en descanso el dia 19 y desde el 20 hasta el 24 inclu- sive, se sometió á la acción del sulfato de quinina, á la dosis de un gramo diario, dividido en varias partes. Este tratamiento tuvo su causa en la fiebre que lo acometió desde la noche del 19. A consecuencia de los dolores que ya sentía y que se exajeraron en los dias 24 y 25, se propinó una cantidad diaria de 3 gramos de salicilato de soda (1 gr. alt). Durante los dias 26 y 27, acosado especialmente por la sed, solo tomó limonadas, preparadas con jugo de limón. Cediendo á las reiteradas instancias que le habíamos hecho acerca de la conveniencia y necesidad de ser asis- tido por un facultativo, solicitó los auxilios del Dr. J. M. Romero, el dia 28. El tratamiento á que fué sometido por este profesor, fué el siguiente: Hiposulfito de soda....... 4 gramos. Agua destilada........... 129 ,, Jarabe simple........... 30 ,, Una cucharada grande noche y mañana. — 51 — Tintura Quina.....................1 Id. Valeriana................ [ Id. Almiscle..................[ aa 4 gramos. Mistura alcanforada ..............J 20 gotas cada 2 horas. Por alimentos, caldos, churrascos y vino. Los dias 29 y 30 de Setiembre y el 1.° de Octubre, estu- vo Bometido al mismo régimen, á excepción de la prime- ra fórmula orne fué reemplazada por el jarabe yoduro de fierro, á la dosis de una cucharada en el almuerzo y en la comida. Adem '\h se le administró Vino de Peptona. El dia 2 en la mañana, tuvo lugar una junta, compues- ta de los DD. Villar, Macedo y Chavez, que dio por resul- tado el tratamiento siguiente: Clorato potasa............ 4 gramos. Agua............. • ... 500 ,, Tint. percl. fierro......... 8 ,. Acido clorhídrico....... 10 gotas. Una copita cada dos horas Inhalaciones de oxígeno, [30 litros diarios]. Pulverizaciones de ácido fénico en la habitación. Régimen alimenticio, el mismo que en el dia anterior y además jugo de carne y leche. En el dia 3, los vómitos que provocaba la ingestión de la Limonada Rusa, así como las diarreas que al mismo tiempo aparecieron, motivaron el cambio de medicación, que quedó reducida á lo siguiente: Salicilato de bismuto, 2 gramos, dividido en 6 papeles, uno cada 2 horas. Albuminato de fierro, un gramo, en 5 papeles, 1 cuatro veces al dia. Como tisana, agua gaseosa, nieve, helados, agua albu- minosa y en fin agua con vino, que ha sido la mejor so- portada. Continuó este tratamiento'.hasta las 12 a. m. en que fué trasladado á la Maison de Santé, donde se reunió á los po- cos momentos de su llegada, una Junta, formada por los DD. Villar, Romero, Flores y Chavez. No obstante la opinión de la mayoría de la Junta, en favor de la tras- fusion sanguínea, fué aplazada la operación para el día siguiente, quedando sometido el enfermo al tratamiento siguiente: Inyecciones intravenosas de ácido fénico y 20 centigramos de albuminato de fierro cada 2 horas; se continuaron además las inhalaciones de oxígeno y las pulverizaciones de ácido fénico; como tisana, agua gaseo- — 52 — sa y como alimentación, caldos y polvos de carne. Tal fué la última medicación que se opuso á la enfermedad de Carrion, cuya historia acabamos de describir á gran- des rasgos. , . , Autopsia. — A las 9 a. m. del dia 7 es decir, 34 horas poco mas ó menos después del fallecimiento de Carrion, se constituyeron los médicos de Policía á practicar la abertura del cadáver. Puesto el cuerpo á descubierto, se notó la piel extrema- damente pálida, presentando algo de aquel tinte sub-icté- rico y aspecto terroso, que tuvo durante los últimos dias de su vida. Notóse además algunas equimosis que lla- maron la atención por presentarse en regiones no decli- ves. Es esto tanto mas notable, cuanto que tan solo se presentan en los individuos que sucumben á la acción de enfermedades infecciosas, que imprimen al tegumento ese aspecto especial. Abiertas las cavidades se observó lo siguiente: Pulmones; completamente anémicos, casi blancos, con algunos puntos antracósicos; crepitantes á la presión. Hechas algunas incisiones salió un poco do líquido espu- moso, ligeramente sucio y al que los médicos de Policía en el informe que á este respecto emitieron, calificaron sin razón de sanies purulenta, estableciendo una notable analogfa con el caso de una muger muerta en el Hospital de Santa Ana, á consecuencia de una tuberculosis pulmo- nar y cuyas lesiones atribuyeron á una erupción de ver- ruga en dichos órganos. Es de advertir, que Carrion que había examinado repetidas veces y detenidamente á di- cha enferma, creyó desde el principio que aun cuando en presencia de una erupción externa de verruga, los sínto- mas que del lado de los órganos respiratorios presentaba la paciente, no podían ser atribuidos sino á la evolución de una tuberculosis pulmonar avanzada. Corazón. Muy pálido, conteniendo coágulos de color amarillo rojizo, formados indudablemente post moftem; el líquido pericardiaco aumentado de cantidad; una parte de él mezclado con el que dio la abertura del corazón y los pulmones, fué reservado por los Médicos de Policía para someterlos mas tarde á un análisis microscópico. Sangre. —Constituida por Serum pálido, conteniendo en suspensión granulaciones rojo-oscuras, parecidas al concho del café; se reservó también una cantidad de es- te líquido, con el mismo objeto que el anterior. Aunque muy á la lijera, diremos algunas palabras acer- ca de la investigación micrográfica ya indicada, y de los pretendidos é ilusorios bacilus. encontrados tan fácilmen- te por los médicos informantes. — 53 — Ante todo haremos presente que tan delicada como di- fícil operación aun para los mejores experimentadores, iba á ser practicada en este caso sobre un líquido suma- mente complejo y alterado, si se tiene en cuenta la época en que se recojió y las pocas ó ningunas precauciones que se tomaron para obtenerlo. Colocado dicho líquido en el objetivo del microscopio, sin preparación previa alguna [puesto que á este resp ecto nada dicen en su informe], les bastó pocos momentos de observación para encontrar un gran número de microor- ganismos y entre ellos sus pretendidos bacilus. Nótese aquí en primer lugar que esta investigación se hacía por individuos que quizá por primera vez empren- dían un estudio de esta naturaleza y en segundo, la asom- brosa facilidad con que perciben y diferencian tan va- riados organismos. Circunstancias son estas que deben tenerse en cuenta para apreciar en lo que vale la opinión que á este respecto emitieron los entonces Médicos de Po- licía. Hígado—Pálido, muy aumentado de volumen, presen- ta en su cara cóncava un tinte apizarrado ó azulado, de- bido indudablemente á su contacto con el colon, que co- mo se sabe determina en dicha superficie lo que en Ana- tomía se designa con el nombre de "impresión cólica" y que sin razón alguna llamó tanto la atención de los ya ci- tados Médicos, que lo elevaron á la categoría de "altera- ción característica." Bazo.— Disminuido de volumen, exsangüe y reblande- cido, presentando en ciertos puntos de su cara anterior la misma coloración, señalada en la cara inferior del hí- gado. Ríñones é intestinos, nada de notable. Meníngeas y cerebro, en estado anémico. I>isc\rrso pronunciado en la Sociedad. "Union Fernandlna" en el aniversario de la invierte de Carrion. Hoy, que la Sociedad conmemora la muerte del que hasta hace un año compartió con nosotros los trabajos escolares, me ha cabido el alto honor de dirigiros la palabra, y al hacerlo, nada es mas dig- no del acto, que rememoraros la historia de Ir. en- fermedad, que al abrirle las puertas de la eternidad nos privó para siempre de una existencia que tan- tas esperanzas ofrecía para el progreso de la medi- cina nacional. Disculpadme señores si la relación que os voy á hacer no la encontráis engalanada de brillantes for- mas, otra pluma acostumbrada á esta clase de tor- neos literarios, lo podría hacer, mas no hi mía que solo os la presentará vestida con el tosco sayal de la verdad. Muchos de vosotros habéis podido presenciar los hechos que voy á referir y verificaréis la exac- titud de mis aseveraciones. 26 años contaba Carrion, cuando atrajo sobre sí la atención y el interés de todos, viendo el arrojo con que se lanzaba en el peligroso terreno de la ex- perimentación patológica : de un temperamento muy próximo al linfático, sin ser puro, pues en su ca- rácter tenaz é irasiblese notaba su mezcla con el bi- lioso, una constitución débil, pues hasta ahora me parece verlo con su talla de cuatro piés y algunas pulgadas, unido al poco grosor que presentaba su — 56 - cuerpo, tales eran sus principales caracteres mate- riales, sin que el lugar de su nacimiento que era el Cerro de Pasco, lo mismo que sus padres, idiosin- cracis ni enfermedades anteriores nos den luces, que puedan servir, para aclarar ninguno de los pun- tos de esta historia. Dedicado por mas de tres años al estudio de nues- tra endemia, la verruga, que la había elegido corno tema para su grado de Bachiller, trataba de aco- piar el mayor número de datos, buscándolos tanto á la cabecera de los enfermos, como en la lectura de trabajos de los que ya se habían ocupado de la materia; su incesante actividad no desperdiciaba ocasión para ilustrarse ya con los conocimientos de los prácticos experimentados como con los de alum- nos inespertos; solicitaba con empeñoso ahinco el juicio que cada uno se había formado de ésta en- fermedad; pero todo ésto no le bastaba, no hallando la luz necesaria para aclarar los distintos puntos que su mente le sujería. Muchas veces le oíamos preguntar ¿la verruga es infecciosa?—¿Es inoculable? A lo i.° nos decía: creo en la infecciosidad de la verruga, pues en los lugares donde reina endémi- camente raros son los que escapan á su letal influen- cia, vemos á los rumiantes y paquidermos su- frirla, dando lugar á la forma que vulgarmente se llama verruga mular. Me parece que los efluvios se formarían en esas regiones lo mismo que los palúdicos : descomposi- ción de las materias vegetales sirviéndolas de con- tinente el agua, que bajo la influencia de condiciones climatéricas especiales y las variadas manifestacio- nes de nivelación de las aguas podrían elevarse á cierta altura en la atmósfera; sino ¿como explicar- se que las aguas del Rímac, en unos lugares sean productoras de verrugas y en otras nó? ¿Como res- ponder por otro lado á aquellos individuos que ha- biéndose sustraído de la influencia del agua, sin - 57 — embargo hayan sido atacados por la verruga? Se ha creído hasta hoy que la verruga no era inoculable, afirmación que careciendo de pruebas, no merece mas respeto que la autoridad de don- de emana. Tengo noticia de la descripción hecha por el Doc- tor Izquierdo con preparaciones hechas de piezas conservadas en alcohol, que desde acá le habrían remitido, en la que describe un microbio especíala la verruga asignándole un tamaño máximun de 20 m. mm. un poco mas grueso que el bacile de la tuber- culosis asignando á los tumores el carácter gene- ral de sarcomas, que tendrían lugar de formarse en el tejido conjuntivo. En cuanto á la idea de su resi- dencia en el tejido conjuntivo, no es nueva, pues ya el Dr. VelezA., la había emitido. Dadas las circuns- tancias en que esta observación se ha producido de un lado y de otro, el no haber cultivado ni com- probado, por inoculaciones que sea lo visto y des- crito por él, como microbio patógeno, hacen muy sospechosa su admisión, tanto mas cuanto por el prurito que hoy se tiene de señalar microbios para todas las enfermedades. Se ha dicho y sostenido por algunos que la fie- bre de la Oroya y la verruga reconocen el mismo origen, pero estas aseveraciones se encuentran des- provistas de hechos que poniéndolas de manifiesto le sirvan de fundamento para su admisión en la ciencia. No menos preocupado me tiene este punto, si la fiebre coexiste con los dolores; en los enfermos no he podido encontrar la claridad que resulte, sino de un acuerdo perfecto, al menos aproximativo. Todos estos puntos los consideraba en la impor- tancia que ellos se merecían por que de su estudio, nos agregaba, ¡cuantos errores de diagnóstico se evitarían y cuantos sufrimientos no se ahorrarían á los enfermos! ¿No vemos frecuentemente una ver- ruga ser tomada y tratada como un reumatismo ó — 58 — una fiebre palúdica y tan solo la salida del primer tumor, viene á revelar al médico la enfermedad ha- ciendo conjuntamente con el enfermo el diagnós- tico de verruga? ¿Y que diremos de la distribución de la verruga en las diferentes zonas del Perú, cuyo estudio ni aún en bosquejo se encuentra sin embargo, de la vital importancia que encierra para la facilidad del diagnóstico? Todos conocéis los numerosos errores diagnós- ticos que se cometen en la invasión de esta enfer- medad y de qué importancia no será el conocimien- to exacto de sus síntomas para establecer desde un principio su diagnóstico diferencial, y ¿que dire- mos del tratamiento? Otro punto del que se han ocupado algunos, es la anatomía patológica de la verruga, considerada por algunos como un cáncer encefaloide y para otros sería ya un granuloma ó un angioma. Tales eran las ideas que podemos recordar én las conversaciones que con él tuvimos y comienza á germinar en su espíritu, la idea de descorrer de una vez por todas el denso velo que cubría esta en- fermedad tan mal conocida por nosotros. Noticiado de que eminencias europeas solicita- ban tumores verrucosos, cuyo estudio empezaba á despertar cierto interés; un concurso couvocado por la "Academia Libre de Medicina, que dándole la importancia que merecía el estudio de la verru- ga, la escoje como tema para despertarnos de la fa- tal desidia á que constantemente nos encontramos sometidos; no hacen sino avivar más y más su de- cidido empeño para resolver de una vez por todas todos los problemas sobre este asunto con la pun- ta de una lanceta........ Grande fué nuestra admiración al saber lo deci- dido, pero posponiendo el entusiasmo que seme- jante empresa nos causara, procurábamos disuadir- le de su peligroso empeño; pero ni los obstáculos — 59 - que le presentábamos, ni las prudentes reflexiones de profesores experimentados, fueron bastantes para que cejase en la resolución tomada y á medida que ésta la difería, se aumentaba más su decisión por llevarla acabo."¿Qué peligros puedo correr?"nos respondía á nuestras aseveraciones, "lo más que po- drá sucederme, será que tenga lugar una erup- ción interna; pero algo hay que hacer, y si muero que importa el sacrificio de mi existencia, si con esto presto un servicio importante á la humanidad doliente!" No es motivo, la muerte para que me pueda ar- redrar, por que ésta no es segura, algo hay pues que exponer de nuestra parte, si deseamos que la medicina avance. — Lo que voy á hacer lo han hecho ya con otras enfermedades, profesores eminentes. Fué esta su preocupación de algún tiempo, nos- otros disuadiéndolo de su peligroso intento y él, sordo á todo, no busca sino la oportunidad para llevar á cabo una experiencia que al cortarle los días de su vida, dejó inscrito su nombre al lado de la verruga Peruana. Llega por fin el día para él tan deseado y véase la sencillez con que describe la fatal operación. " El 27 de Agosto de 1885, á las 10 h. m. obtuve " [no sin dificultad de mi amigo el Dr. Evaristo " M. Chavez, que ¡me practicara cuatro inoculacio- •• nes; dos en cada brazo, cerca del sitio en que se "hace la vacunación: dichas inoculaciones se hi- " cieron con la sangre inmediatamente extraída " por rasgadura de un tumor verrucoso de color '• rojo, situado en la%región superciliar derecha del " enfermo Carmen Paredes, acostado en la cama " N.° 5 de la sala de N. S.n de las Mercedes, per- " teneciente al servicio del Señor Dr. Villar ". Este hecho de que dieron cuenta tanto los órganos de las sociedades científicas, como la prensa diaria, despertó en todos, las más vivas muestras de admi- ración, no solo por el arrojo del que al ejecutarlo, - 60 - proponía entre nosotros el primer problema de pa- tología experimental, cuanto porl os beneficios po- sitivos que redundarían en provecho de la humani- dad, cualesquiera que fuese su solución. La sorpresa parece que en aquellos días hubie- ra enmudecido á los que más tarde le calificaron de incauto; no dejaron oir ni sus prudentes conse- jos ni las observaciones que en su larga experien- cia hubieran adquirido; nó, {esperaron que la muer- te sellara sus labios para calificarle de esa manera! Felizmente muy pocos fueron los que pensaron así, y todos apreciando en su justo valor, el heroís- mo de Carrion, han honrado como se merecía ala ilustre víctima. Solo, el experimentador en el camino que se tra- zara, trataba de consignar el resultado de sus ob- servaciones, con la mayor minuciosidad, para que si la suerte le es adversa, todos vean y aprovechen de su desinteresado sacrificio; fiel á esta consigna, escribe con su propia mano lo que en sí sentía. Así leemos en su memoria que "á los 20 minutos co- menzaron á manifestarse algunos síntomas locales, tales como una comezón bastante notable, seguida después de dolores pasajeros que desaparecieron á las dos horas siguientes-". Ocho dias después encontramos en su diario lo siguiente. "No han habido síntomas de inflamación en las partes afectadas, todo ha desaparecido, sin dejar vestigio alguno." Lo consignado por Carrion, se encuentra en con- tradicción, manifiesta con lo dicho por los médicos de Policía de aquella época, queen su informe con- signan lo siguiente. " En la cara¡ externa de ambos "brazos, estaban las señales déla inoculación muy " manifiestas, por la presencia sobre todo de unas "manchasde color amarillo pajizo, circulares, del "tamaño de obleas, que las rodeaban por comple- " to, y cosa singular, habían á sus inmediaciones " otras manchas que parecían tener el mismo orí- - 61 - " gen, esto es, dependientes de picaduras, cuyo " error, se disipó con un examen mas atento, no " encontrándose en su centro, las cicatrices que " tenían las demás ". He consagrado íntegro el pár- rafo por que tiempo es ya de establecer la ver- dad de las cosas: las cicatrices de la vacuna han si- do tomadas por los señores médicos de Policía como producidas por la inoculación de la verruga; error que se explica porque no averiguaron si era ó no vacunado Carrion y por no recordar segura- mente las señales que caracterizan la edad de las cicatrices. En cuanto alas otras manchitas áque se refieren, muy probablemente estarían en presencia de una erupción de verruga miliar. "Hasta el 17 de Setiembre en la mañana, no he tenido absolutamente nada, en la tarde de este día he sentido un ligero malestar y dolor en la articu- lación ......&." Aquí la historia que precede. Por lo demás, teniendo en cuenta las ligeras ob- servaciones que acabamos de hacer, el tiempo tras- currido y el modo como se hizo la autopsia, se puede encontrar mas detalles en el tantas veces citado in- forme que todos vosotros conocéis. Tiempo es ya de que me ocupe de los baciles, vistos en el museo patológico de esta Facultad, en 8 de Octubre;de ese año, es decir, tres días después de la muerte de Carrion. Tuve ocasión de verla preparación que servía para sus investigaciones micrográficas y comtemplar hermosos cristales de hematoiclina, q'ue por una metamorfosis que no me explico, se convierten más tarde en baciles de 12 milésimos de milímetro, enteramente análogos a los descritos por Izquierdo, y lo notable es, que pa- ra caracterizarlo, no emplearon los medios de colo- ración que todos los micrógrafos recomiendan en estos casos. Por otro lado tenemos que con sangre inmediatamente extraída después de la muerte de Carrion, se inocularon dos conejos, que quedaron — 62 — sin efecto, y estos señores, sin cultura previa, dis- tinguen los microbios á los tres dias. La diferiencia de opiniones políticas, dá con fre- cuencia nacimiento a odiosidades personales, y cuando no son enfrenadas por la razón y la justi- cia ó aminoradas por una sana educación, buscan todos los medios para poder ejercitar contra los que no participan de sus ideas la mas ruin de las pasiones humanas: la venganza. Tal fué señores el móvil de los qué, ocupando un paréntesis de la vida de la facultad, creyeron hallar en Carrion las huellas de un crimen para conver- tirlas en pruebas acusadoras. No reparan en nada, poco les importa insultar á la víctima, ni faltar á los respetos que la sociedad se merece; disponiendo porque pueden, de todos los medios, dejan insepulto al cadáver para inquirir las pruebas que les hacen falta y esta obstinación nos brinda la oportunidad de presenciar la mas gro- sera carnicería que se puede imaginar; porque á la verdad, no podemos convenir en que sedé el nom- bre de autopsia en donde tan groseramente se dislacera, se mezcla y se establece una notable con- fusión, por aquellos que revestidos del alto carác- ter de médicos legistas, debían de proceder con to- da la limpieza y mesura que una investigación de esta naturaleza reclamaba....................... Permitidme señores, que os recuerde que duran- te el entusiasmo ferro-carrilero que se despertara en nuestro país, en la recordada época de los Bal- ta y Meiggs, tuvieron ocasión de presentarse en esta ciudad, numerosísimos casos de una entidad mórbida que los prácticos no pudieron relacionar á ninguna de las que ya ocupaban un lugar en el cuadro nosológico, esto, unido á la circunstancia de ser el pueblo de la Oroya el término de la línea férrea, que fué el origen de todos los casos obser- — 63 - vados, hizo que se le diese el nombre de fiebre de la Oroya, tan mal conocida entonces como lo ha sido hasta ahora poco, pues á esta y á la fiebre de Panamá que se desarrollara con motivo de la aper- tura del Canal, se las consideraban idénticas, asig- nándoles la misma causa: la remoción de terrenos. Hoy por el contrario, gracias al heroísmo de la víc- tima, que recordamos, se ha conocido por fin la es- trechez de relación que tiene con la verruga. En cuanto á la verruga, otro nombre impropio, porque expone con frecuencia á notables confusio- nes. Tanto en Europa como en América los papi- lomas son designados con los nombres de Verrugas, Verrucos, Tictes, y esta confusión no solo es hecha por el vulgo, sino que aun por los médicos. Recor- damos que un día Carrion nos dijo : ha sabido el Dr. C. que me ocupaba de la verruga y me invitó para que en su servicio viera un caso de esta en- fermedad y me encuentro conque eran papilomas. Dispensadme, señores, si por tanto tiempo he po- dido distraer vuestra atención y que al saludar á la ilustre víctima el día de su primer aniversario, os concluya pidiendo : como digno homenaje á su memoria, desechéis para siempre del tecnicismo científico los nombres de Fiebre de la Oroya, Fie- bre de Verruga, Verruga, Verruca Andícola y de hoy mas le consagréis el de: " Enfermedad de Car- rion ". PRENSA CIENTÍFICA NACIONAL. "El Monitor Médico". Daniel A. Carrion. — El retardo que, por causas age- nas de nues*-a voluntad, ha sufrido la impresión de este número, nos ha proporcionado la dolorosa ocasión de dar cuenta de la abrumadora noticia de haber fallecido, ayer 5, el alumno Daniel A. Carrion, cursante del 6. ° año de Medicina, víctima de su temerario arrojo de haberse ino- culado la sa.gre de una verruga, para estudiar en sí mis- mo esta endemia del Perú. Según nuestras noticias, la inoculación tuvo por objetivo la presentación de una té- sis para optar uno de los grados universitarios en la Fa- cultad de Medicina y se realizó el 21 del pasado Agosto en el Hospital "Dos de Mayo". Este luctuoso acontecimiento que priva á la Escuela de Medicina de uno de sus mejores alumnos y á la Medicina Nacional de un esforzado é inteligente miembro, que pro- metía mucho para las ciencias médicas, contrista hoy hondamente el espíritu de los que aman la ciencia y pro- penden á su desarrollo, obligando con tan noble sacrificio á conservar su memoria como la de un mártir, cuya ab- negación tie> .e muy poco paralelo. Muere á la temprana edad de 26 años y á los 38 dias de la inoculación, cuyas manifestaciones patológicas apare- cieron el 23 ° . dia. ¡ Una esperanza perdida y>n nombre mas en el marti- rologio de la ciencia! Esperamos que la Academia Libre y la Escuela de Me- dicina honrarán debidamente su memoria; y, dadas las circunstancias particulares, debe desearse que nuestros poderes públicos siempre listos para enjugar una lágri- ma y para salvar la memoria de los que se sacrifican por el buen nombre de la Patria, atenderán con su prover- bial generosidad á la familia del malogrado estudiante. No podemos aun dar datos ni trazar la historia de la enfermedad de Carrion. Oreemos poder hacerlo próxi- mamente contando con la buena voluntad de uno de los 5 — 66 — amigos de la heroica víctima, estudiante como él, que ha seguido la marcha de la afección y contribuido á su asis- tencia. "El Monitor Médico." Daniel A. Carrion. La Junta de Redactores de "E1 Monitor Médico", interpretando los sentimientos que ha despertado en el público la acción heroica, que, en prove- cho de la humanidad y de la ciencia y para honra de su Patria, realizó el Practicante de Medicina D. Daniel A. Carrion, inoculándose la verruga, para estudiar en sí mismo y apreciar mejor la naturaleza y manifestaciones de esta endemia del pais, ha resuelto en sesión del 13 del corriente, iniciar una suscricion popular para erigirle un mausoleo que perpetúe su memoria y lo recuerde siem- pre á las generaciones venideras, como un mártir de la verdad científica. "La Crónica Médica." Daniel A. Carrion. —En la lucha constante en que se encuentra el hombre con los elementos que, por todas par- tes, le rodean, sería totalmente vencido sino contara con el poderoso apoyo que le presta la medicina; la que, mer- ced al inquebrantable esfuerzo de los que á ella se dedi- can, arranca cada dia, nuevos secretos á la naturaleza para utilizarlos en provecho de la humanidad y propor- cionarle de ese modo, los medios mas favorables para sa- lir airoso en la demanda. En esa batalla continua en que se halla empeñada la Ciencia que trata de aliviar las dolencias de la humani- dad, se encuentran soldados valerosos que, enarbolando el estandarte del progreso, desafian el peligro que se pre- senta por doquiera, y que, al lanzarse resueltos á él, lo hacen únicamente con el fin noble y grandioso de ser úti- les á sus semejantes; legando algunos de ellos, en cambio de su preciosa existencia, datos seguros y positivos sobre las enfermedades que se han propuesto estudiar y que se utilizan en beneficio del mismo nombre. Esas víctimas ilustres de su amor á la humanidad, son los héroes de las lides del saber, —heroicidad sublime cuyo pedestal no se levanta como los de las demás, sobre la sangre y los ayes — 67 - de sus semejantes, y sus nombres pasan de generación en generación inscritos en el gran libro del martirologio de la ciencia y considerados como bienhechores del géne- ro humano. A ese número pertenece hoy, un compatriota nuestro, un modesto alumno del sexto año de Medicina: Daniel A. Carrion: quien, siguiendo la estela luminosa que en provecho de la humanidad y de la ciencia iniciaron y lle- varon á cabo Jenner, Pasteur, Koch, Freyre, Carmona del Valle, Bochefontaine, Fonsagrives y otros muchos, en su anhelo de aprovechar cumplidamente los pocos años de su vida, no vaciló en sacrificarla en aras de la ciencia que tan dignamente cultivaba, legándonos con su heroico sacrificio un ejemplo digno de imitar, y elemen- tos bastantes para la historia de las verrugas, enferme- dad cuyo estudio había emprendido con ahinco. "La Gaceta Científica." Daniel A. Carrion. — Alumno del 6.* año de la Facul- tad de Medicina, falleció el dia 5 del presente mes, vícti- ma de su incesante anhelo por estudiar de un modo pro- fundo la verruga, enfermedad endémica del Perú, Para graduarse de Bachiller en Medicina, había reco- pilado desde mucho tiempo, datos importantísimos rela- tivos á la verruga, y no satisfecho aún, con un rasgo de abnegación superior y desafiando todos los sufrimientos que trae consigo esta penosa enfermedad, se hizo inocu- lar el virus de un verruguiento, para estudiar por sí mis- mo los efectos de este mal, que aun la ciencia no ha po- dido conocer bien. Después de inoculado, siguió su trata- miento, hasta que el desarrollo del mal se lo permitid. Joven lleno de vida, pues solo tenia 26 años, se había distinguido siempre en su instrucción media, en la Fa- cultad de Ciencias, y últimamente en la de Medicina, por su provechosa aplicación y entre sus amigos por su ca- rácter afable, franco y espansivo. Toda la prensa de Lima, como las diversas Corporacio- nes Científicas, y entre ellas la «Sociedad Amantes de la Ciencia» deploran hondamente la desaparición de tan pre- ciosa existencia, así como consignan con legítima honra su nombre; pues á semejanza de muchos sabios, no mi- dió los peligros para lanzarse á buscar intrépido, nuevos descubrimientos serviciales á la humanidad, — 68 — ACADEMIA LIBRE DE MEDICINA DE LIMA. SESIÓN EXTRAORDINARIA DEL 16 DE OCTUBRE, EN HOMENAJE A LA. MEMORIA DEL ESTUDIANTE DE MEDICINA D. DANIEL A CARRION. ( Presidencia del Doctor Odriozola,) ORDEN DEL DIA. Leida por el Secretario la proposición siguiente: Los quo suscriben, admiradores de la heroica conducta del joven Estudiante de Medicina D. Daniel A. Oarrion, que encontró temprana muerte tratando dj ser útil á la humanidad, á la ciencia y á su Patria, y creyendo inter- pretar I03 sentimientos da gratitud y respeto que su me- moria seguramente inspira á la Academia, presentan la siguiente proposición: 1.° El nombre de D. Daniel A. Carrion será colocado en el cuadro de los miembros activos de la Academia, consignándose en el acta las razones que se tienen para proceder así; 2. ° En todas las sesiones^se mencionará su nombre considerándosele como presente; 3. ° La Academia iniciará una suscricíon para colec- tar los fondos necesarios á fin de erigirle un busto, digno, tanto de su memoria, como de la Academia misma; y 4. ° Dicho busto será colocado en la Sala de Sesiones de la Academia. Lima, Octubre 15 de 1885. A. Alarco. L. Alarco. Se puso en discusión. El Dr. Aurelio Alarco manifestó que tanto él como el Dr. Lino Alarco, aceptaban la sustitución de miembro honorario en vez de miembro activo, como se había ex- presado en la sesión anterior; que creía innecesario ale- gar razones en apoyo de la proposición, para honrar de la manera propuesta la memoria del estudiante Daniel A. Carrion y porque estaba seguro de que esos eran los sentimientos de la Academia. Puesta al voto la proposición por el señor Presidente, con la modificación indicada, fué aprobada por unani- midad. Los Doctores Sosa y Artola propusieron que se levan- tara la sesión en respeto a la memoria de Oarrion y por- que ya se había llenado el objeto de la convocatoria. Al voto y aprobado lo expuesto por los Doctores Sosa Á* Artola, el Presidente declaró terminada la sesión. PRENSA DIARIA. ARTÍCULO DEL DR. IGNACIO LA-PUENTE. (1) De "'El Campeón." Una víctima de la ciencia.\— Se nos ha remitido el si- guiente artículo: Ayer, á las once de la noche, falleció el joven estudian- te de Medicina Daniel A. Carrion, á consecuencia de la inoculación que con sangre de verruga, se le hizo el 27 de Agosto último. Cuatro picaduras hechas con lanceta de vacunar, infic- cionaron su organismo, cavándole su temprana tumba. Durante los 22 primeros dias no esperimentó síntoma alguno que merezca referirse; mas el 19, del próximo pa- sado, acometido fué de una fiebre, al parecer intermiten- te palúdica, de mas de 40 °. La defervescencia vino des- pués con una baja en la temperatura á 35 °. El número de glóbulos rojos, contados con los aparatos especiales de numeración, era muy inferior á la cifra nominal. Los sín- tomas de adinamia se pronunciaron, cada vez mas, y el enfermo murió sin experimentar trastorno en sus funcio- nes intelectuales. Parece evidente, pues, que hay en la sangre de los ver- rucosos, un micro-organismo capaz de producir por ino- culación la fiebre de verrugas, tan grave, que la muerte sobreviene por hipoglobulia y adinamia antes de la pro- ducción del exantema cutáneo. La inoculación, según se nos ha informado, tuvo lugar en el Hospital «Dos de Mayo,» Departamento del señor doctor Villar. Deploramos profundamente que esta operación de Pa- tología experimental se haya hecho sin tomar las precau- ciones que, asegurando el resultado que se perseguía, ga- rantizase la completa inocuidad. ( 1 ) Secretaria de la Facultad de Medicina, catedrático de Química médica de la misma, químico municipal, médico de Policía, etc. etc. durante la administración IGLESIAS. — 70 — Tomar la sangre de una verruga, inocularla directa- mente, sin previo estudio del microbio, sin cultivarlo en líquidos que atenuasen su vigor y sobre todo, lanzarlo al torrente circulatorio de un hombre, venga lo que viniere, sin experimentación anterior de animales, como esta mandado en tales casos, es una audacia temeraria, poco científica y de tristísima celebridad para sus autores. La ciencia ha ganado poco, el desprestigio profesional ha aumentado y la preciosa existencia de un joven in- cauto ha sido arrebatada con falta de aquellos que debie- ron disuadirlo en vez de alentarlo en tan peligrosa vía. Que en las épocas de epidemia, cuando las poblaciones se diezman y desaparecen, hombres abnegados, frecuen- temente médicos, emprendan en sus personas nuevas ex- periencias peligrosas, con la esperanza de descubrir la causa del mal ó acertar con su remedio, se admira y se comprende; pero que, en períodos normales de sanidad, se hagan experiencias bomicidas respecto de una enfer- medad endémica, en apartada localidad, que no amenaza absolutamente la salud pública, es verdaderamente in- concebible. Estudíese, en buena hora, el aire, el agua, el suelo de los lugares donde reina continuamente la verruga; bús- quese por el microscopio el microbio que la caracteriza; hágase pacientes investigaciones bacteriológicas, que eso servirá de provecho para todos; y evítese en lo futuro la repetición de un hecho horrible que ha consternado jus- tamente nuestra culta sociedad. Lima, Octubre 6 de 1885. Ignacio La-PuenU. Señores Cronistas de «El Campeón.» Sírvanse dar publicidad en las columnas de su diario, á la siguiente declaración, que con motivo de un suelto de crónica suscrito por el Dr. La-Puente, se registra en el N. ° correspondiente al Martes 6 del presente, referente á la muerte de nuestro malogrado compañero D. Daniel A. Carrion; la hacemos con el objeto de esclarecer la verdad de los hechos, para que mas tarde la Historia lo juzgue y le dé el calificativo á que por su atrevida y noble empre- sa se ha hecho acreedor. Amigos y colegas de estudios por espacio de diez años, hemos podido apreciar la energía y firmeza de su carác- ter, así como el recto criterio y la sana razón que lo han guiado siempre en todos los actos de su vida, para que haya podido merecer tan injustamente el dicterio de in- cauto, con que se ha pretendido manchar su nombre. — 71- Dedioado desde hace mas de dos años al estudio de la Verruga, endémica entre nosotros; teniendo conocimien- to de todo lo escrito á este respecto, así como numerosas historias recogidas, tanto en los hospitales como en la práctica civil; en perfecta posesión de todas las teorías modernas sobre inoculaciones, cultivos y atenuación de microbios, y queriendo adelantarse á los trabajos que emi- nencias Europeas emprenden sobre el mismo objeto: y deseando también, aliviar en algo á la humanidad dolien- te en el primer período de esta enfermedad, que constitu- ye uno de los obstáculos mas insuperables para su deter- minación (diagnóstico) y el tratamiento apropiado; así co- mo por precisar el período de inoculación, investigando al mismo tiempo, la inoculabilidad ó no de la verruga, fueron los principales móviles que lo impulsaron á prac- ticar la inoculación sin atenuación; deseoso de ver desar- rollarse en sí mismo la enfermedad, proporcionando por sí y en sí mismo, datos que nadie podía suministrarle con tanta claridad y precisión, y mucho menos los animales, en los que, dicho sea de paso, conocía los efectos de la verruga. Esta simple exposición de hechos, es suficiente para probar por el momento, que nuestro malogrado amigo, al inaugurar entre nosotros la patología experimental, nos ha trazado una vía que todos debíamos seguir, y no por el contrario, que haya merecido tan temerariamente el calificativo de incauto. Felizmente para nosotros, la prensa'toda de nuestra ca- pital, ha sabido hacer merecida justicia á uno de los már- tires mas ilustres de la ciencia, el primero entre noso- tros. Somos de ustedes, señores cronistas, sus atentos y se- guros servidores— Casimiro Medina, — Enrique Mestanza,—Julián Arce,— Mariano Alcedan,—Manuel Montero,—Ricardo Miranda. Octubre 8 de 1885. De la Crónica de la "Opinión Nacional." Nueva lógica.—No se puede negar que en Lima se vive como en la gloria. Aquí hay de todo y para todos los gv tos. En prueba de lo que decimos, trazamos estas líneas pa ra dar cuenta de un nuevo descubrimiento que creemo¡j mucho podrán utilizar. Ferrán en España, Pasten1" en París, Freyre en Rio Janeiro y Carmona en Méj;~~ y — 72 — ellos especialmente va dirigido el notición que damos en estas líneas. Es el caso que uno de nuestros facultativos ha descu- bierto una nueva lógica para discurrir en Medicina, lógi- ca que si se sigue al pié de la letra, ya podemos acostar- nos tranquilos, con la seguridad de que las pestes y epi- demias no dejarán que la trampa alce otra vez con la infeliz humanidad. El descubrimiento consiste en que se debe esperar que una epidemia venga para estudiarla y combatirla. Como se vé, la ciencia hasta ayer no mas aconsejaba no solo los medios de combatir las epidemias si no los de pre- venirlas ; pero acá la cosa viene al revés. Mentimos? Nó. Aquí vá, por vía de muestra, un trocito de lo que dice nuestro facultativo, á propósito de la muerte del jo- ven estudiante de medicina, Daniel Carrion. «La ciencia ha ganado poco (dice el discípulo de Escu- lapio), el desprestigio profesional ha aumentado y la pre- ciosa existencia de un joven incauto, ha sido arrebatada con falta de aquellos que debieron disuadirlo, en vez de alentarlo en tan peligrosa vía. aQue en las épocas de epidemia, cuando las poblaciones se diezman y aún desaparecen, hombres abnegados fre- cuentemente médicos, emprendan en sus personas nuevas experiencias peligrosas, con la eperanza de descubrir la causa del mal ó acertar con su remedio, se admira y se comprende; pero que en períodos normales de sanidad, se hagan experiencias homicidas respecto de una enferme- dad endémica, en apartada localidad, que no amenaza absolutamente la salud pública, es verdaderamente in- concebible.» Pues señor, con esta lógica el facultativo pronto lleva- ría a la gloria á toda la raza humana. "La Opinión Nacional," Daniel Carrion. Versiones perfectamente autorizadas han hecho una revelación conmovedora. Un joven estudiante, de esos que hacen de las carreras profesionales el culto ardiente de su alma y que van á ellas, no solo con laespectativa de crearse una posición, si- no empujados por el estímulo de aptitudes sobresalientes, el bachiller en medicina don Daniel Carrion, acaba de pagar con su vida y con sus esperanzas de 26 años, el no- — 73 — bilísimo deseo de experimentar en sí mismo los efectos de una dolencia que hasta hoy ha estado envuelta en las hipótesis de opiniones encontradas. En su anhelo por señalar su primer grado académic0 con una tesis Hueva é importante, escojid la enfermedad délas verrugas, especial en algunas de nuestras comarcáis del interior y cuyas causas, ya atribuidas por la generali- dad á la intoxicación venenosa de ciertas aguas, ó á las condiciones palúdicas délos lugares donde se produce, tenia perpleja á la medicina, particularmente por la fie- bre que la precedía ó la acompañaba y á la que se llamó fiebre de la Oroya, que tantos estragos hizo entre los tra- bajadores de aquella línea férrea. ¿Era causa ó resultado de la verruga esa fiebre? ¿La incubaba ó la seguía como síntoma invariable? ¿Que eran, en fin, esas erupciones múltiples, persisten- tes, incurables, que cuando no mataban al paciente en su desarrollo interno y externo ó por las complicaciones que las acompañaban, lo herían con marca dolorosa é indele- ble? Hé allí los secretos que pretendió arrancar á su propio organismo ese joven valeroso y para lo cual, no bastán- dole la observación de los demás, quiso cerciorarse con la suya propia; y en su exaltado amor por la verdad, se inoculó el virus, sonfiando demasiado en sus fuerzas físi- cas que no pudieron resistir sin embargo á la prueba, y sucumbió en ella; pero dejando la constancia de hechos que pasarán al libro de enseñanza, junto con el nombre venerado de su descubridor. Porque, como Sócrates, sereno y resignado, hablo has- ta qué la agonía ahogó su palabra, de la doctrina que le sujerían sus propios sufrimientos: todo lo iba anotando en sus conversaciones con el auditorio angustiado que lo rodeaba, y presintiendo su próximo fin, él daba con- suelos á sus llorosos compañeros y animándolos á seguir la estela que dejaba, y pretestando que su muerte era motivada por la debilidad de su constitución, pero que no esperaba igual suerte á los que pudieran resistir los estra- gos de aquella experiencia decisiva. Ha habido, pues, de su parte la intención libre, delibe- rada, constante, de desafiar los riesgos para descorrer el velo de ese misterio, que se escondía tras engañosas for- mas, y si no ha tenido, ni hemos tenido, I oh desgracia! la fortuna de que sobreviva á su alto propósito, su holo- causto sublime es una pajina de gloria para el y para el país, que puede anotarla en sus anales de ilustres hechos, no como los de las celebridades que se levantan sobre pe- — 74- destal de víctimas inmoladas á su fama, sino como el de un mártir que rindió su existencia para salvar la de sus semejantes. El asombro y la gratitud se disputan la preferencia en nuestro espíritu para que la pluma traduzca, sin poderlo alcanzar, esos sentimientos inspirados por la incompara- ble abnegación del joven héroe, que baja á la tumba, en los albores de su juventud alhagadora, peleando la her- mosa batalla de la ciencia. Los pesimistas no comprenderán toda la grandeza de acto semejante: ignoran que la lejión del saber tiene tam- bién soldados generosos que van al peligro para conjurarlo ó perecer en él: no estiman quizá en lo que vale el com- portamiento de esos defensores de la vida, que luchan con las epidemias y caen junto con sus enfermos, pero dejan- do una arma más para el combate contra la muerte. Y por eso ha llegado hasta nosotros el eco de reproches que hicieron vacilar nuestro ánimo, y hasta la frase ofi- cial ha buscado calificativos, que por cierto no han mere- cido ni Pasteur ni Ferrán, ni cuantos van á los centros de contagio seguro, ó se elijen á sí mismos para los ensa- yos científicos, sea que salven ó que sucumban en su es- forzada demanda. Pero la luz se ha hecho y ella destaca con aureola impe- recedera la figura de ese hasta ayer humilde alumno, que ya ha escalado el templo de la inmortalidad. Honor á su memoria y que su nombre quede grabado en el excelso martirologio de los que se sacrifican por la humanidad. De "La Opinión Nacional." Daniel Carrion. — La capital se encuentra desde ayer bajo la dolorosa y triste impresión de una triste y con- movedora nueva. Daniel Carrion, el abnegado estudiante de Medicina, el fanático por el bien de sus semejantes, ha fallecido en la terrible prueba. Soldado de la ciencia, ha muerto en la noble campaña del sacrificio, inmolándose generoso en bien de la humani- dad doliente. Honor á la Universidad de Lima que de hoy mas puede esponer á la admiración del viajero y de las futuras gene- raciones el retrato de Daniel Carrion glorificado por el martirio. El con su nombre ha ennoblecido para siempre los claus- tros de ese templo de la ciencia. -75 — Ha ido hasta ofrecerse en holocausto de una idea que latía en su pecho generoso, cual era la de arrebatar á las fiebres palúdicas sus víctimas elegidas. Eí nombre de Daniel Carrion puede figurar hoy al lado del de Ferrán, de Pasteur, de Freyre, de Carmona y de todos cuantos han merecido apellidarse los bienhechores de la humanidad. Que venga pronto la gratitud nacional á manifestarse ante el heroico sacrificio de eso estudiante orgullo de la juventud peruana y gala de la Universidad Mayor de San Marcos. Sacrificarse en aras de la ciencia sin otro móvil que el bien de los que sufren, es arranque do que solo son capa- ces los corazones templados en el laboratorio de las mas grandes virtudes cívicas. Admirado sea siempre su grande sacrificio. Ha legado á la ciencia un valioso descubrimiento, aunque á trueque de su temprana vida. Solo contaba 2Q años el abnegado estudiante de 6.° año de Medicina. Su afán constante era estudiar la índole de la fiebre lla- mada de la Oroya que tantas víctimas hace entre noso- tros y cuya causa se ha creído puede estar en el agua qne mana de una vertiente conocida con el nombre de agua de verrugas. Próximo á obtener el bachillerato en Medicina, Carrion elijió como tema de su tesis la enfermedad de verrugas, sobre la cual ya habia hecho estudios detenidos y traba- jos esforzados. Dominado por la idea de arrancar á la ciencia el valio- so secreto de combatir la funesta fiebre y armado con el valor de los mártires de la virtud, eligió sn propio cuerpo para la peligrosa prueba: el 27 de Agosto se inoculó el mal de verrugas, y siguió observando el curso que éste tomaba y los variados caracteres que presentaba. De todo ha dejado el heroico estudiante constancia mi- nuciosa, que la medicina puede mañana utilizar. El 20 de Setiembre, esto es, poco antes de vencido el mes de inoculado, el joven Carrion sintió que la fiebre de la Oroya se habia declarado en él. Antes que le acometiera, decía tranquilamente á sus compañeros de estudio: «á mi entender hé pasado del pri- mero al segundo período; de todos modos la erupción aparecerá en el estío: la época es conveniente, habré con- cluido mi año, y estaré en actitud de estudiar bien, to- dos los fenómenos.» Cuando Carrion vio la posibilidad de su muerte, solo ie atormentaba la idea de que si ésta venía al fin, no ha- — 76 — bría quien continuara la noble tarea por él emprendida: el estudio de la enfermedad de verrugas. Carrion no era un explotador vulgar en el escabroso terreno de la ciencia médica: fué un alumno repetidas veces distinguido por el cuerpo de profesores de la Facul- tad en que cursaba, y desde que vino del Cerro de Pasco, su ciudad nativa, en los hospitales "Dos de Mayo" y de "San Bartolomé", en la "Maison de Santé" y en el Laza- reto, dejó pruebas irrecusables de su contracción al estu- dio y de su espíritu altamente humanitario. Desafió la muerte impulsado por el nobilísimo pensa- miento de ser útil á la ciencia, y la esperó con la estoica resignación de los que mueren convencidos de que el sa- crificio de su vida importa la salvación de muchos de sus semejantes. La juventud universitaria no debe humedecer con lá- grimas la tumba de Carrion: á esa sepultura solo debe aproximarse para engalanarla con coronas de siempre- vivas. Paz sobre la loza que oculta los restos del heroico alum- no de la Facultad de Medicina y honor eterno á su memo- ria cara. "El Nacional." Colaboración. Daniel A. Carrion. — Dedicamos hoy nuestra seccio11 principal á inmortalizar á la ilustre víctima, que por su amor á la ciencia médica ha perdido su existencia en tem- prana edad. El joven Carrion, de inteligencia clara, estudioso y de genio experimentador desde sus primeros años, manifes- tó aptitudes sobresalientes. Sus calificativos siempre fue- ron de los mejores, en los distintos colegios en que estu- vo, y ya en la Escuela de Medicina, se hizo notar entre los alumnos de su año, como uno de los mas empeñosos por hacer un estudio lo mas completo posible de la verruga, enfermedad indígena del Perú. Mas de dos años de continuo trabajo, recogiendo datos de pasageros del interior y residentes en Lima, sobre la distribución geográfica de esta enfermedad; coleccionan- do observaciones de las diferentes manifestaciones de ella; los distintos tratamientos empleados y los que se debían emplear, en fin, cuanto era posible á este respecto, le su -77 — girió la idea de estudiar lo referente al período de la in- cubación y á la inoculabilidad ó nó de ella. Juzgó que esta experimentación debía hacerla en sí mis mo; así lo manifestó á sus profesores, á sus compañeros de colegio, á su familia, sus amigos, en fin á cuantos con él hablaban. No bastaron á detenerlo, ni las reflexiones ni los conse- jos que se le daban en distintas ocasiones y menos el día en que tuvo lugar la inoculación, la que se verificó con gran contento suyo, del que daba muestras hasta en los últimos momentos de su vida. Las reflexiones que se le hicieron no procedían sin du- da alguna de la previsión, de que pudiera resultarle un" fiebre anemisa.nte. que es lo que le ha llevado á la tum- ba. Se le hablaba de atrazos en sus estudios, si llegaba á verificarse la erupción de lo que desesperaba aun. No po- di° proveerse el resultado de hoy, porque la ciencia lo ig- noraba, y aún hoy mismo ¿está fuera de duda que la in< culacion de la verruga produce una fiebre anemisante? ¿Este solo hecho basta á probarlo? ¿Se ha descubierto n" micro-organismo de la verruga? ¿Se le ha hallado aquís ¿No puede haber sido entonces una enfermedad miasmá- tica ó alguna otra, la que haya dado fin ií esta abnegada existencia? Cuestiones son éstas, que solo toca á los hombres de ciencia estudiarlas y definirlas. El ejemplo de los grandes sabios de Europa ha sido 'mitado por Carrion, aunque en verdad, con desgraciado éxito. El mismo fin cupo al ilustre Fonsagrives, que el año pasado no mas murió por haberse hecho inocular °' cólera; y así, centenares de víctimas cuesta á la humani- dad el progreso en todos los ramos de la ciencia. Mas fe- lices Pasteur, Ferran, Trousseau, Jenner y otros; actual- mente se inoculan é inoculan el cólera, ia rabia, la virue- la, la difteria etc. etc., y el campo de las experiencias científicas está sembrado de víctimas. La heroicidad de Carrion pasará á la historia y ojalá sea la luz que ilumine con mas vivos resplandores á la ciencia médica, en bien de la humanidad. Es esta, la verdadera heroicidad, mas digna de respeto y de veneración que las que dan las glorias militares, es- pecialmente en guerras intestinas en que no se hace, sino consumir la sabia vivificadora de las naciones. Paz en su tumba! -- 78 — " El Callao." Daniel Carrion. — La muerte, sorprendida en sus mis teriosos elementos de destrucción, por el abnegado espí- ritu de un defensor de la humanidad, se ha vengado cruel- mente de su adversario, arrebatándolo del escenario del mundo, cuando tocaba ya los dinteles de su carrera pú- blica y sellaba su reputación de médico y de filántropo en una de aquellas pruebas que conducen á la inmorta- lidad. Daniel Carrion, joven lleno de vida y de esperanzas, con el instinto y la perseverancia de los genios, que ape- nas perciben el peligro en la senda de sus exploraciones científicas: próximo ya á terminar sus estudios de medi- cina, ha rendido la vida, inmolándose voluntariamente en aras de la ciencia, cuyos secretos empeñóse en descu- brir. Si las veleidades del éxito han ceñido la corona del he- roísmo, al guerrero que se lanza al sacrificio, embriaga- do por egoístas pasiones y dominado por la irresistible fuerza magnética de las batallas: la gratitud nacional de- be tejerla con hojas que jamás se marchiten, para orlar las sienes del que, en la tranquilidad apacible de las ave- riguaciones científicas, convencido de la inminencia del peligro, se precipita en él, sin detenerse, en pos de una nueva idea, que sea un beneficio más para la humanidad que sufre. La vida de Daniel Carrion, ha sido la heroica compen- sación de una de esas nuevas. La Patria le debe á su memoria la compensación de la gloria. "El Callao" cumple desde ahora con el triste deber, de depositar en la tumba del abnegado estudiante el tributo de su mayor admiración. "El Nacional." Zigs-zags semanales. — Esta semana, lectores, aunque fuese mas insulsa que los artículos políticos que hoy se escriben y mas vacía que la cabeza de ciertos personajes que yo me sé, no carecería sin embargo de relativa im- portancia y mediato interés, por dos asuntos obligados que nos servirán de tema, y que como ustedes compren- — 79 — derán, no son otros que la gloriosa efemérides del 8 de Octubre, ó sea el desigual combate del Huáscar en Punta Angamos, y el sacrificio heroico del joven practicante de Medicina Daniel A. Carrion, por sorprender á la ciencia uno de los tantos secretos, con que se complace aún en atormentar á la mísera humanidad. Ambos son dignos de un poema: y si la trompeta de la fama ha dado á conocer en ambos hemisferios las legen- darias hazañas del primero, no dudamos que el segundo sea estimado como se merece, en todo el orbe civilizado, como un hecho que honra altamente al Perú, en la perso- na moral de la distinguida é inteligente juventud que se educa en los claustros de San Fernando. Desgraciadamente el aliento nos falta para levantar el tono á la altura de los asuntos de que tenemos forzosa- mente que ocuparnos, pero quede desde luego auténtica constancia: que si carecemos de competencia nos sobra voluntad; por lo demás, digamos con volteriana filosofía, como reza cierta coplilla. Corre, pues, pluma querida Ligera sobre el papel, ¿Qué importa el mar de la vida Si no te has de hundir en él? La prensa toda se ha ocupado en estos dias del conmo- vedor suceso, ocurrido en el Hospital francés y el nom- bre de Daniel Carrion ha estado en todos los labios. Era éste un joven del Cerro de Pasco, de veintiséis años de edad y alumno de 6. ° año de Medicina, de los mas aprovechados y estudiosos, que empeñado en descubrir un método curativo para combatir con acierto la terrible enfermedad indígena, conocida con el nombre de Verru- gas, habíase dedicado con admirable paciencia y constan- cia á observarla, describirla y analizarla en todos sus va- riados y curiosos fenómenos. La composición química de las aguas, la topografía de los lugares en que reina permanentemente, la naturaleza y condiciones especiales del terreno, las influencias atmos- féricas, las variaciones climatológicas, las costumbres, alimentos y método de vida de los habitantes, el sexo y la edad de los acometidos de aquel mal, todo en una pa- labra, cuanto puede formar un arsenal de datos para ven- cer al enemigo, lo había acumulado con método y proli- jidad. Dos años llevaba de esta paciente labor y dia á dia apun- taba algo en su libro memorándum; pero faltábale, como — 80 — dice Cuvier, estudiar al hombre en el hombre; difícil era por una parte quien se prestara á la experiencia y cono- ciendo por otra el peligro que había en ello, no se atrevía á hacerlo en otra persona. Concibió entonces la idea de completar sus investig? ciones en sí mismo, inoculándose la sangre de un verru- coso. Serias observaciones le fueron hechas por sus com- pañeros; pero su resolución estaba formada, y tenaz en su propósito desechó los consejos de la amistad y de la prudencia. Practicada por fin un dia la operación á instancias su- yas, por* uno de sus mas íntimos compañeros, médico re- cibido ya, formó un diario científico, verdadero testamen- to, en que lega á sus compañeros el precioso caudal do sus observaciones y especiales conocimientos. Sabida es la suerte que le cupo en esa temeraria empre- sa. No pudo resistir los estragos del mal y sucumbió re- comendando á sus compañeros que no se desanimaran por su fatal destino, pues su inevitable muerte la atribuía simplemente á su débil complexión. Jóvenes que así abrazan una carrera, cuya misión con- siste en aliviar las dolencias de la humanidad, y que ha- cen de ella un culto hasta sacrificar su existencia, por descubrir la verdad que agita su cerebro, son ciudadanos beneméritos que dan honra y lustre á su patria y su me- moria es preciso que sea enaltecida como se merece para ejemplo de los demás. La acción de Carrion es verdaderamente heroica y pue- de competir con la de José Galvez en las aguas del Callao y de Blondel en el Morro de Arica. Uno con mejor fortu- na que los otros; pero almas todas tres de gran temple, que brillan como estrellas de primera magnitud en el cie- lo de la patria. Carrion es una celebridad desgraciada como Carmona y Fonsagrives, pero una celebridad al fin digna de figu- rar al lado de Pasteur, Koch, Ferran, Freyre y otros pro- hombres de la medicina moderma. ¡Dios haya recompensado su generosa intención y su- blime sacrificio! "La Revista Social." Un mártir de la ciencia. - La prensa de la Capital se ha apresurado á llevar sobre la tumba del joven Daniel Carrion, la expresión de su sentida condolencia junto con el homenaje de su admiración. — 81- Era natural que así sucediera. Ambas demostraciones se dirijian á un amante de la ciencia, á un fervoroso soldado de la brillante falanje da los que contribuyen á perfeccionar al hombre, colocán- dolo bajo una éjida salvadora de la lucha tenaz que por vivir sostiene: á un ser que lleno de generosidad y abne- gación quiso flanquear los umbrales de lo desconocido, para convertirse en el heraldo de nuevos y fecundos des- cubrimientos, en beneficio de la humanidad. Penetrado de su destino, lleno de fé en sus vocacionesi no vaciló en practicar en su propia persona, una de esas terribles operaciones de patología esperimental, que po - nen en peligro la existencia. Se trataba de una de esas dolorosas enfermedades, que deforman y aniquilan el organismo humano—las verru- gas, que desde hace poco viene siendo el objeto de la atención sostenida y de los prolijos estudios del Cuerpo Médico. Sonriente y sumiso á los rigores de la adversa suerte, todos le contemplaban salir casi triunfante de esa riesgo- sa prueba, llevando en la mano las prolijas observacio- nes de la evolución y desarrollo de tan temible flajelo, conocimientos con que ambicionaba enriquecer la ciencia; cuando de súbito, traidora y fiera la parca fatal cortó el curso de sus indagaciones, paralizó su mente, y precipita en el ocaso de la eternidad aquella preciosa existencia.... T así la ciencia tuvo un mártir más y la medicina pa- tria una página de oro que agregar á sus anales. ¡ ¡ Que terrible es la muerte cuando nos sorprende en los primeros pasos de la vida!! y que cruel! cuando ella ex tingue una inteligencia vigorosa, destroza un corazón to- do filantropía, todo amor hacia la humanidad!! Carrion, alma noble, cerniéndose por encima del egoís- mo que nos avasalla, y que ciego no quiere contemplar cerca de sí, naturalezas superiores que se levantan sobre el nivel de sus miradas;—Carrion, al inmolarse por el triunfo de la Ciencia, nos demuestra como último deste- llo de su paso por el mundo, que aún la naturaleza huma- na cuenta con los apóstoles de su bien, con hombres pri- vilegiados, dotados de gran corazón y capaces expontá- neamente de sublime abnegación, por el bien de los de- más .................................................... Consolémonos; su sacrificio no ha sido estéril: él apor ta á la medicina el contingente de luz que era menester para ulteriores investigaciones. — 82 — Mientras tanto, la "Revista Social" deposita también en la urna cineraria del mártir, el tributo de sus lágri- mas y la ofrenda de¡¡su veneración. " El Porvenir." Trujillo, Octubre 14 de 1885. No se dirá que la prensa de Trujilloha guardado silen- cio delante de la tumba venerada del que fué Daniel Car- rion. El deber y el patriotismo nos obligan á unir nuestra voz á la de los colegas de la capital, para tributar un jus- to homenaje de admiración á la sagrada memoria del nue- vo mártir de la ciencia, del esforzado joven que no ha va- cilado un instante en sacrificar su vida al servicio de la humanidad. Daniel Carrion fué uno de los alumnos distinguidos del Colegio de Medicina. Su amor á la ciencia y el noble de- seo de hacerse útil á sus semejantes, le determinaron á estudiar una de las enfermedades indígenas del país—la verruga; llevando tan lejos su abnegación que se inoculó el virus, á fin de observar en sí mismo 'las diversas fases del mal. Desgraciadamente la enfermedad ha sido superior á las fuerzas del heroico joven, y la ciencia ha recibido con do- lor profundo el holocausto de su vida. Carrion ha muerto; pero nos ha dejado cómo se sepa- ran de este mundo las grandes almas. Sereno hasta la eternidad; anotando los progresos del mal hasta el pos- trer instante; consolando á sus amigos que rodeaban su lecho de moribundo y animándoles á seguir su ejemplo, que solo juzgaba desgraciado por la debilidad de su orga- nismo ; tal ha sido el cuadro doloroso y sublime de sus úl- timos momentos. Semejante á éste, raros ejemplos, por cierto, nos ofrece la historia. ¿No hay algo que asombra, que llena el alma de religioso respeto, al contemplar el sacrificio de las ilu- siones, de las esperanzas, del porvenir y de la vida, que hace un joven de 26 años ñor arrancar un secreto á la naturaleza y hacer un bien á la humanidad? Indudablemente, quien así muere vive para siempre; y es por esto que en Daniel Carrion verá la ciencia uno de sus ilustres mártires, la humanidad, uno de sus malogra- dos bienhechores, y el Perú recordará con orgullo su nom- bre; pues su memoria ha pasado ya á la inmortalidad, rodeada de la doble aureola del martirio y de la gloria. — 83- De "El Nacional." Se rblaoiona con la sentida muerte del joven Carrion, el siguiente importante oficio: Facultad de Medicina de la Universidad de Lima.—A 7 de Octubre de 1885. Señor Director de la Sociedad de Beneficencia. Los diarios de esta capital dan la noticia de haber fa- llecido el alumno de esta Facultad D. Daniel A. Carrion, á consecuencia de la inoculación de la sangre de un en- fermo do verrugas que se verificó en su persona, en el Hospital "Dos de Mayo", Departamento del señor Villar. Según datos que se me han suministrado, la operación se practicó por el facultativo D. Evaristo M. Chavez, que parece no tener carácter ninguno oficial en el menciona- do establecimiento. En tal virtud y atendiendo á la gravedad del hecho de- nunciado; tengo el honor de dirigirme á U. á fin de que se sirva disponer, que el jefe del referido Hospital "Dos de Mayo" informo detalladamente sobre lo ocurrido, de- signando los médicos que hubiesen presenciado ó tomado parte en la operación, y trasmitir dicho informe á este Decanato para los efectos que correspondan. Dios guarde á US. — (Firmado) —José J. Corpancho. En este oficio ha recaído una providencia de la Direc- ción de la Sociedad á que es dirigido, en la cual se pide informe de preferencia al Inspector del Hospital "Dos de Mayo." INFORME. Inoculación de la verruga. — Hé aquí el informe que el doctor Villar ha expedido en esta ruidosa cuestión, que con justicia ha interesado á todos los círculos sociales. Señor Inspector: Absolviendo el informe que U. se sirve pedirme acerca de la inoculación verrugoza que tuvo lugar en mi servi- cio del Hospital, y á la que se refiere el oficio del señor Decano de la Facultad de Medicina, paso á exponer como sigue: El joven D. Daniel Carrion de 26 años de edad, de es- píritu vigoroso y alumno de sesto año de la Escuela de Medicina, hace tiempo que se hallaba empeñado en el es- — 84 — tudio de la Verruga, que es una enfermedad endémica en algunos puntos de la República. Entregado con pasión á ese estudio, no se contentó con acumular cuantos datos Ímdo recojer relativos á la topografía de esa endemia, á a marcha de la enfermedad, a sus diversos períodos y á la textura anatómica de la nueva formación, sino que se resolvió á observar en sí mismo toda la evolución de ese estado morboso, principiando por ver si su gormen era ó ó no inoculable. Animado de este propósito, estuvo por varias veces en mi servicio; pero en esas ocasiones, con algunas reflexio- nes que yo le oponía, conseguía que dejase su empeño. Estas contrariedades en sus pretensiones eran, á mi jui- cio, mas bien el efecto de su condescendencia conmigo, que su convicción. Al fin el 27 de Agosto último, Carrion se presentó nue- vamente en una de mis salas: estaba poseído de una in- quebrantable resolución de inocularse. En esa vez no fué posible hacerle desistir, por más que el doctor Chavez y yo procuramos disuadirlo. A las observaciones que le hi- cimos contestó, para terminar con estas palabras: "suce- da lo que sucediese, no importa, quiero inocularme." De este hecho son testigos los alumnos del servicio, interno D. Julián Arce y externo D. José Sebastian Rodríguez. Una vez así desprendido de nuestras advertencias, se descubrió los brazos y armado de una lanceta de vacunar que nabia llevado consigo, trató de hacerse la inoculación en la parte superior y anterior del antebrazo izquierdo. Fué entonces que el doctor Chavez, viendo que era incon • veniente hacerse una picadura en esa localidad y á fin de evitar que Carrion se hiciera un daño involuntario al ope- rar en sí mismo, le tomó la lanceta é hizo la inoculación en el sitio común de la vacunación. Yo me hallé en ese momento en la sala. Me inclino á presumir que en la decisión incontrasta- ble que, en esta ocasión tomó Carrion, obraron varias cir- cunstancias: primero, que quiso dejar de una veza un lado mis consejos y resistencias; segunda, que el indivi- duo en quien él se habia fijado para obtener su líquido, debia próximamente irse de alta á la calle; y tercera, que ese individuo era un joven de 14 años de edad aproxima- damente, de buena constitución, exento de toda diátesis y que su verruga era discreta, de la que solo tenia dos en estado de atrofia, una en el carrillo externo y otra en la extremidad externa del arco superciliar derecho. Las razones que obraron en mí para oponerme á los propósitos de Carrion, y para empeñarme en persuadirle que era peligrosa tentativa, no provenía deque yo hubie- — 85 - ra previsto lo que iba á pasar, y que su heroísmo hubie- ra de tener un fin tan desgraciado. Lo único que yo te- mía era, que Carrion adquiriese las verrugas, con su cor- tejo de dolores previos, de la fiebre que preludia á la erup- ción y que ésta viniese á formarse en algún órgano noble. Estos temores fueron para mí solo provenientes de mis convicciones de doctrina; puesto que sobre ésto no había ningún antecedente conocido. Es ésto tan cierto, que mé- dicos aún instruidos, han creído que ésta inoculación se- ría inerte y que se quedaría sin ningún resultado. A mi modo de juzgar, parece que aun el señor decano de la Facultad de Medicina, en su alta ilustración, ha creído lo mismo, puesto que nada dijo, ni se excitó su ce- lo, cuando por los periódicos del mismo 27 de Agosto, se reveló al público que ese dia se había inoculado el joven D. Daniel Carrion con la sangre de un verrugoso, toma- da en el Hospital "Dos de Mayo". Y ha sido necesario el funesto éxito que ha tenido el joven experimentador, al cabo de 40 dias, para que se crea malo, grave, aquello mismo que al hacerse se reputó inocente, ó indiferente *ó tal vez meritorio. En cuanto al doctor Chavez, es verdad señor Inspector, que la operación á que se alude fué practicada por él, es- tando yó en la sala; y que ese Facultativo no tiene en la actualidad carácter oficial en el Establecimiento. Pero todo ésto, lejos de significar faltas, da motivos de elogio para el expresado doctor. Este Facultativo fué Je- fe de clínica cuando yo regentaba esa asignatura, y des- de entonces va al Hospital, en el que presta muy buenos servicios, sin emolumento, ya atendiendo á las Herma- nas, que por más de una vez lo han ocupado, ya llenan- do el vacío de Médico auxiliar que ahora no tiene la casa. Pero aun cuando así no fuera, desde cuando se habian de cerrar las puertas del hospital de un país culto á los mé- dicos que quisieran ir á él? No fué tampoco como investido de carácter oficial que el doctor Chavez hizo la inoculación del joven Carrion. El en ese acto procedió como amigo del citado Carrion, tomando la lanceta de que estaba provisto y evitándole las inconveniencias que pueden resultar de picarse á sí mismo. A mi modo de ver, la participación del doctor Chave» en un acto que lejos de ser punible, era de abnegación y de gloria, no merece ninguna censura ni ser tachado de culpable. Aquí podía terminar, señor Inspector, este informe, pe- ro deseando manifestar la importancia y el prestigio que en países civilizados merecen los actos, como el acometí- -86 — do por el malogrado joven don Daniel Carrion, voy á ci- tar algunos hechos de esa misma naturaleza, que se ha- llan consignados en las obras y en los periódicos de Medi- cina y que no son desconocidos aun por los módicos me- nos ilustrados. Esos hechos han sido siempre considera- dos como hechos de grandeza de alma y no como viles medios de homicidio ó de suicidio. La cuestión tan debatida del contagio de la sífilis en sur formas secundarias y terciarias, fué resuelta como dice el profesor Bouley, por un golpe de lanceta, dado por el profesor G-ibert de la Academia de Medicina de París, haciendo inoculación en el mismo hombre. En !a obra de Patología externa de Follín, se habla de un estudiante que á la vista del profesor Rayer se inocu- ló el líquido proveniente de una pústula maligna; y de otras cuatro inoculaciones también de pústula maligna, hechas de hombre á hombre por los médicos de la Asocia- ción Médica de Eure-et-Loir. En la misma obra se vé el caso de que el médico Oli- vier hizo viaje de un pueblo á otro, en Francia, para ino- cularse por tres picaduras la materia de la podredumbre de hospitales. En la "Gazettes de Hopitaux" de Abril de este año, se dá cuenta de que á consecuencia de haberse inoculado el doctor Caré, con la sangre de enfermos de Ostio-myelitis, que tiene microbios patógenos, el Congreso Francés de Cirujía lo "felicitó" con "aplausos." En la última epidemia del cólera en Egipto, el célebre doctor Koch hizo al doctor Straus una inyección intra- venosa de la sangre de un colérico. Esa inyección produ- jo la muerte del doctor Straus; sin embargo, nadie califi- có este acto de homicidio. El doctor Bochefontaine ha ingerido en el gabinete del profesor Vulpian, en la última epidemia del cólera en Pa- rís, pildoras hechas de sustancias escrementicias de colé- ricos, sin que ese acto se hubiese calificado de suicidio. El profesor Vulpian es una notabilidad en Europa. Por estas citas cuyo número podría aumentar inmen- samente trayendo a cuenta las inoculaciones hechas en el hombre con el cáncer, con la difteria etc, se vé que hay seres superiores, de espíritu fuerte, que cuando van en pos de la verdad ó de un hecho útil á la humanidad, se sacrifican y arrostran todo peligro. A esos hombres á quienes la conciencia universal, los llama héroes, es injus- tificable tildarlos con el estigma de criminales ó incautos. Lima, Octubre 10 de 1885. S. I. L. Tillar. -87 — 8UB-PREFECTURA É INTENDENCIA DE POLICÍA. Lima, Octubre 6 de 1886. Habiendo llegado á conocimiento de esta Sub-prefec- tura que don D. Carrion estudiante de medicina, ha fa- llecido victima de la inoculación de la verruga, que se hizo por si mismo ó porque consintió en ello, al decir de la prensa, y teniendo en consideración: 1.° que esto equivale á suicidio ú homicidio, calificado y condenado por nuestras leyes y 2. ° que por lo tanto conviene prac- ticar los esclarecimientos respectivos, para descubrir á las personas que hayan tenido participación en la ejecu- ción de uno ú otro delito, se resuelve: reconózcase el ca- dáver del citado señor Carrion por los señores Médicos de Policía y fecho pásese el certificado que expidan, con copia autorizada de la presente resolución, al juzgado del crimen de turno para que se instaure el sumario, cor- respondiente, conforme al artículo 111 del Código de En- juiciamientos en materia penal.—Regístrese.—Campo. «El Callao» Mal aconsejado ha sido el señor Sub-prefecto de Lima, al expedir el decreto relativo á la iniciación de un juicio criminal, destinado á juzgar la responsabilidad de los que intervinieron en la inoculación del virus que ha oca- sionado la muerte del malogrado joven Carrion. Esa autoridad, ha creído ver un delito de suicidio ó de homicidio calificado, en donde el buen sentido encuen- tra una audaz tentativa ó una temeraria resolución so- lamente. No es necesario ser versado en el derecho penal, para saber que sin la ^deliberada intención de infringir la ley moral, sin el propósito libremente ejecutado de hacer un mal, falta la condición primera y mas esencial del delito, que no está constituido, de un modo exclusivo, por el da- ño hecho, cualquiera qne sea su magnitud, como pare- ce que es la opinión formada por esa autoridad. Es doctrina vulgar, que los daños inferidos sin esa in- tención, no entrañan otra responsabilidad que la ciyíl, y que para hacerla efectiva, solo tiene acción el damnifica- do ó sus mas cercanos parientes, cuando concurren laa circunstancias previstas por nuestra legislación, para loi hechos que califica como cuasi-delitos. — 88 — Por eso ©1 Código Penal ha considerado como caso de perfecta irresponsabilidad criminal, el mal hecho por me- ro accidente al practicarse un acto lícito, en el cuaí se puso la debida diligencia, restringiendo la obligación del autor de un daño involuntario, cuando consistiese en la muerte de una persona, á los gastos de funeral y al pago de cierta cantidad, en compensación de los alimentos de las personas que hubiesen quedado en la horfandad. |Y podrá concebirse siquiera, que al consentir el estu- diante señor Carrion se inoculase en su organismo el ger- men de la verruga, hubo propósito de ocasionarle la muerte? Tal suposición, no ha debido encontrar acojida, por un solo momento, en el ánimo de una autoridad jui- ciosa, después de la notoriedad que han alcanzado los su- cesos desgraciados de que nos ocupamos. Se dirá que importa averiguar si se puso la debida di- ligencia en la inoculación del virus de la verruga y si de- be calificarse como acto lícito la infiltración de ese vene- no. Los efectos desconocidos de esa atrevida operación, antes de que tuviese el heroísmo de practicarla el malo- grado estudiante de medicina, bastan para demostrar la inutilidad de esa averiguación judicial. Si la ciencia hubiese descubierto ya con exactitud la naturaleza del virus de la verruga y precisado sus con- secuencias fatales en el organismo, así como las precau- ciones que debian emplearse para evitarlas, como pasa con muchas sustancias activas, que diariamente emplea la medicina en sus curaciones; podría exijirse que se de- mostrase si hubo ó no diligencia en el cumplimiento ex- tricto de esos preceptos. Todo quedará reducido, por consiguiente, en esa suma- ria información, provocada por un celo imprudente del Bub-prefecto de Lima, á probar que la lanceta fué debi- damente manejada y que el triste fin del infortunado Carrion, cuyas cenizas se trata de remover para dar pá- bulo á desviados consejos, no fué precipitado por las he- ridas de ese instrumento, sino por los efectos de un lí- quido cuya naturaleza y acción forman parte todavía de los misterios de la Medicina. Informe de los Médicos de Policía. Señor Coronel Prefecto. Los infrascritos, médicos de policía, se constituyeron en obedecimiento del mandato de US., en el Hospital Francés, el dia 7del presente, á las 9 a. m. con el objeto p9 practicar la autopsia del cadáver del señor Daniel A. — 89 — Carrion é informar acerca de las causas que han deter- minado la muerte. Para mejor cumplir su cometido, tomaron datos de la hermana superiora del establecimiento y practicantes de medicina respecto de los antecedentes del caso, viniendo en conocimiento, por la primera, que el señor Carrion fué conducido al Hospital el Domingo anterior en muy mal estado, muriendo el Lunes á las 11 p. m.; y por los se- gundos, que dicho señor Carrion estudiante del sexto año de medicina, natural del Cerro de Pasco, de 26 años de edad, habia solicitado y alcanzado del señor doctor don Evaristo Chavez ser inoculado con la sangre de un enfermo de verrugas, el dia 27 de Agosto del presente año; que dicha inoculación se hizo en el Hospital 2 de Mayo, departamento del señor doctor Villar, por picadu- ras hechas, dos en cada brazo, con una lanceta de las co- rrientes, mojada antes en la sangre de la verruga de un joven de 14 años que se asistía en ese departamento. El intento que perseguía, por tan peligrosos medios el señor Carrion, era determinar con precisión la naturale- za infecciosa de las verrugas, cuyo punto necesitaba di- lucidar en su tesis para optar el grado de Bachiller en la respectiva Facultad. Los infrascritos no han podido tener á la vista el dia- rio de las observaciones que personalmente llevaba el se- flor Carrion, y solo saben que durante los primeros diaa nada sufrió de particular si se exceptúa cansancio mus- cular y fatiga, después de un trabajo poco penoso. Desde el 19 del próximo pasado experimentó los prime- ros síntomas de invasión: dolores musculares, fiebres, al parecer intermitentes, que tomaron después el tipo remi- tentente, con elevación de temperatura de mas de 40*; vi- nieron después los síntomas de postración de fuerzas; de adinamia, y una reducción de la cifra de los glóbulos de la sangre á 1,085,000, por milímetro cúbico, que solo se observa en anemias muy adelantadas, presentando de- formados y rotos los glóbulos rojos. La temperatura lle- gó á bajar hasta 35. • El enfermo se asistió en su propio domicilio, hasta dos dias antes de su muerte, en que pasó al hospital mencio- nado con el objeto de que le hicieran una transfusión de la sangre, operación que sin embargo no tuvo lugar. Recojidos los antecedentes anteriormente espuestos, procedióse á la autopsia que se hizo en presencia de nu- merosos médicos y estudiantes de la Facultad de Medi- cina, atraídos por el ínteres científico de ver las lesio- nes cadavéricas determinadas por el mal; descubierto el cuerpo, completamente, para mejor inspeccionar su su- -90 — perficie, notósa demacración, palidez en todo el tegu- mento, sin coloración anormal. Los mietnbros superiores estaban en resolución com- pleta y los inferiores ligeramente rígidos, sin duda por el tiempo trascurrido desde la muerte, mayor de 30 horas. Llamó la atención la falta de equimosis en los lugares donde frecuentemente tienen su asiento estas lesiones ca- davéricas; presentándose por el contrario en sitios donde no se las vé de ordinario, tales como las eminencias te- nar é hipotenar de ambas manos, sobre la eminencia del bíceps y sobre el grupo de los radiales externos. En la cara anterior del cuello, tórax y espacios inter- costales del lado esplenio, percibíanse equimosis difusas de coloración poco intensa. En la cara externa de ambos brazos estaban las seña- les de la inoculación muy manifiestas, por la presencia sobre todo de unas manchas de un color amarillo pajizo, circulares, del tamaño de obleas, que las rodeaban por completo: y cosa singular, á sus inmediaciones habia otras manchas que parecían tañer el mismo origen esto es, dependientes de picaduras, cuyo error se disipó con un examen mas atento, no encontrándose en su centro la cicatriz que tenían las demás. Recorrida la piel, con una lente, observóse en casi toda su extensión manchitas circulares color amarillo pajizo, afectando la forma discreta de un exantema varioloso. Finalmente la vena mediana cefálica, del brazo dere- cho, había sido abierta, posí mortem, para procurarse sangre con que hacer experiencias en animales inferiores. Procedióse después á la abertura de las cavidades to- rácica, abdominal y craniana pudiendo comprobarse le- siones de mucho interés, advirtiéndose desde el princi- pio disminución en el tejido adiposo y una coloración ne- grusca de los músculos, análoga á la que presentan las carnes ahumadas. Pulmones.—Estos órganos conservan su normal consis- tencia, mas su aspecto estaba profundamente cambiado: la cara interna ó mediastínica presentaba una coloración blanca, en tanto que la externa ó costal ofrecía en su porción anterior coloración puntiforme, de azul oscuro, mas intenso y de superficie mas ancha en la cara poste- rior. Estaban además exangües y fluían, por incisiones hechas con el escápelo, una sanies purulenta. El Pericardio.— Conteníaun liquido abundante de co- lor amarillento; no ofreciendo el corazón otra particula- ridad que la de contener coágulos fibrinosos, semejantes á los trozos de carne lavada. Hígado.— Esta glándula pesaba 1,800 gramos y estaba — 91 — aumentada de volumen, pues se extendía de uno á otro hipocondrio; su cara superior y anterior conservaba la coloración propia del órgano, algo pálida, mas la inferior estaba como teñida de azul oscuro y jaspeada como el marmol; la consistencia de la viscera era normal y fluia, por incisiones, un liquido hemático. La vesícula biliar distendida por la bilis no encerraba ninguna concreción calculosa, Bazo.--.Pesaba 99 gramos, estaba friable, reblandeci- do, ofreciendo una coloración anormal semejante en todo á la del hígado. Ríñones.— Nada de notable presentaban en sí mismos. ni en las cápsulas suprarenales. Intestinos.—Los gruesos nada habían sufrido, mas los delgados tenían una coloración plomiza muy intensa. El mesenterio ofrecía los ganglios muy infartados, casi du- plicados en su volumen. Cerebro y meníngeas. —Nada de particular puede decir- se de estos órganos que solo estaban exangües. Vista la sangre al microscopio se han percibido micro- organismos muy varios, entre ellos, unos en forma de bastoncitos de 8 á 12 milésimos de milímetro de longitud probablemente elbacilus recientemente descrito por el señor Izquierdo. Apreciaciones.— Para que el presente informe pueda surtir sus efectos legales, es indispensable entrar en con- sideraciones relativas, unas á la causa determinante del mal y síntomas observados en la vida y otras á las alte- raciones cadavéricas, para buscar la concordancia ó ínti- ma relación que pueda existir enlre ellas. La inoculación, en el modo y forma en que se hizo, sin virus atenuado sin ensayo previo en animales, del prin- cipio infeccioso de las verrugas, estaba sujeta á las mas funestas consecuencias: la septicemia pudo venir desde luego y arrebatar la vida del paciente en breves dias. Escapando á este peligro gravísimo, como en efecto suce- dió, no podía menos que hallarse el inoculado expuesto á contraer una enfermedad que el modo de trasmisión ha- cía mas peligrosa. Grande imprudencia, tanto del operado como del ope- rador, fue llevar á cabo la inoculación de que se trata, ol- vidando toda precaución; y hace menos disculpable la falta el hecho de haber padecido antes como se sabe el señor Carrion la enfermedad que se proponía estudiar; por manera, pues, que toda la experiencia quedaba redu- cida en último término, á averiguar si era contagioso — 92 — nó el mal y eso podía haber sido categóricamente resuel- to por inoculaciones en perros, gatos, gallinas etc, que como se sabe están sujetos, como el hombre, á contraer esa enfermedad. Sabido también es que las verrugas recidivan y no ca- be por lo tanto la suposición de que se considerase al operado inmune ó poco propenso á padecerlas bajo for- ma grave. Pero en fin, la inoculación se hizo, y conforme á su na- turaleza, el principio infeccioso pasó por un período de incubación, de 22 á 23 dias, estallando al fin la enferme- dad con su sintomatología propia, afectando forma más aguda que de ordinario, pues sobrevino la muerte antes de la producción del exantema. Las manchitas amarillas de la piel, de que ya se ha dado cuenta, que en la parte superior del tronco ofre- cían una ligera elevación, sino se consideran como el brote incompleto de las verrugas, no tienen otra explica- ción necroscópica. Por lo que respecta al valor diagnóstico de las lesio- nes viscerales encontradas, muy perplejos hubiesen es- tado los infrascritos para decidirse, sin la oportunidad que hoy mismo se ha presentado de practicar una nueva autopsia en el cadáver de una enferma que murió de ve- rrugas, en el hospital de Santa Ana: pues no conocían las lesiones cadavéricas propias de este mal, pudiendo de una manera muy casual comparar las alteraciones de uno y otro caso, notando on ambas una semejanza extre- ma, resultando á la vez, como muy característica, la fu- sión purulenta de los pulmones y coloración apizarrada del hígado y bazo, con aumento de volumen de una y otra glándula y reblandecimiento del parónquima de es- ta última. Los infrascritos no han pensado ni un momento siquie- ra, que en el ánimo del Señor Dr. Chavez, autor de las inoculaciones, hubiese entrado la idea de causar tan gra- ve mal: procedió por error á que estamos expuestos to- dos los hombres, cual más, cual menos, en el ejercicio de las diversas profesiones. De lo anteriormente expuesto, creen los infrascritos fundadamente «stablecer las siguientes conclusiones: la. Que de numerosos testigos presenciales consta, que el Señor Dr. D. Evaristo Chavez, inoculó el 27 de Agosto del presente año, sangre de verrugas al estudian- te de medicina Señor Daniel A. Carrion; 2a. Que á consecuencia de la operación enfermó y murió el operado con la fiebre de verrugas, el 5 del pre- sente, á las once de la noche; -18- 3a. Que la inspección cadavérica y la autopsia con- firman este género de muerte; 4a. Que el Señor Dr. Chavez, procedió por error y no por malicia culpable; 5a. Que debe prohibirse, por quien corresponda, la ejecución en el hombre sano de experiencias que puedan comprometer la vida. Lo que certificamos en Lima, á 9 de Octubre de 1885. Ignacio La Puente.—Leandro Loli.—Manuel M. Vega. Esquela dirigida á los Cronistas de " El Campeón." Señores Cronistas de "El Campeón." Nos es demasiado sencible solicitar nuevamente de su amabilidad, inserten en las columnas de su diario algu- nas rectificaciones relativas al informe de los Señores Médicos de Policía, que mal informados sin duda, respec- to á los antecedentes de nuestro infortunado amigo Da- niel A. Carrion, sientan datos completamente inexactos. El primero se refiere á precisar que Carrion, al practi- carse la inoculación llevaba por objeto único, determi- nar la naturaleza infecciosa de la verruga. Acerca de es- te punto, Señores Cronistas, diremos á UU. que Carrion conocía de antemano la naturaleza infecciosa de esta en- fermedad, como lo prueban sus memorias que pronto ve- rán la luz pública. Aseguran también los Señores Médicos de Policía, al hacer sus apreciaciones, que Carrion habia padecido an- tes de verruga; esta aseveración es totalmente inexacta; y lo afirmamos, tanto por los datos suministrados por su familia, cuanto porque durante el tiempo que le conoci- mos jamás le vimos sufrir de semejante dolencia. Nos limitamos por el momento á estas ligeras indica- ciones, reservándonos para más tarde publicar junto con sus memorias, la historia de su enfermedad y un com- plemento de la autopsia á que tuvimos ocasión de asis- tir. Quedando á UU. muy agradecidos por la publicación de esta esquela, nos suscribimos sus atentos y SS. SS. Julián Arce.—Casimiro Medina.—Enrique Mestanza. —Mariano Alcedan.—Manuel Montero.—Ricardo Mi- randa. Lima, Octubre 12 de 1888. -- 94 — De " El Campeón. " A las cuatro de la tarde de hoy fueron conducidos al Cementerio General, del Hospital Francés, los restos del malogrado joven D. Daniel A. Carrion, alumno del sexto año de la Facultad de Medicina, el cual, como lo hemos dicho anteriormente, por amor á la ciencia y dar una teoría nueva sobre la verruga, se hizo inocular con di- cho virus, lo que lo ha llevado á la tumba por habérsele desarrollado la fiebre de la Oroya. La concurrencia que acompañó los restos de Carrion á su última morada, fué numerosísima, entre los que se encontraban distinguidos Médicos de esta capital. Los alumnos de la Facultad de Medicina, para mani- festar su último tributo, llevaron el cadáver en los hom- bros hasta la calle de Santa Clara, en cuyo lugar por ser la hora avanzada lo colocaron en el carro mortuorio. Durante todo el trayecto llevaron las cintas los Doctores Macedo, Sánchez Concha, Flores y Almenara Butler. En el Cementerio varios caballeros pronunciaron dis- cursos en honor á la tumba de Carrion, entre los que re- cordamos á los siguientes: Doctor Macedo, Doctor Alme- nara Butler y los alumnos Showing, Medina, Galdos y Mestanza. La Sociedad "Amantes de la Ciencia." envió una co- misión. No concluiremos sin deplorar la pérdida de tan hábil estudiante y de acompañar en su dolor al Cuerpo Médico de Lima, porque ha perdido al que se ha sacrificado por la ciencia, dando honor á la medicina nacional. Hé aquí los discursos: El Doctor Macedo: Señores: No hay palabras que puedan expresar la abnegación heroica de Carrion, ni el dolor profundo del Cuerpo Mé- dico, por la pérdida del obrero más intrépido de la cien- cia. Carrion en su empeño de hacer un estudio completo de la verruga, quiso inoculándose, observar en su propia persona los fenómenos de esta enfermedad, la muerte ha sido el resultado de su elevado propósito. Solo las almas dotadas de un amor delirante por la ciencia y de una profunda filosofía para despreciar la vida, cuando se tra- ta del bien y de los grandes intereses de la humanidad, son capaces de realizar estos portentosos qechos. Carrion — 95 — habia reunido estas dos cualidades y con el sacrificio de bu vida, deja resuelta la unidad etiológica de la verruga y de la fiebre de la Oroya. Señores: el nombre de Carrion pasa á la historia y con iguales títulos que los venerables nombres de Jenner. Pasteur, Ferran y Freyre se repetirá de siglo en siglo, con la gratitud eterna de los hombres de corazón. El Doctor Almenara: Señores: No es el cadáver de una existencia caneada, ni la víc- tima de la lucha incesante de los elementos contra el hombre lo que acabamos de ver desaparecer tras esa lá- pida; son los restos de un joven audaz de 26 años, que con paso firme y sereno el rostro lldma á la puerta de la eternidad, resuelto á penetrar por ella si su empresa sale mal; son los restos de un estudiante de Medicina, que contestando al ¡ quién vive! que dá la ciencia moderna, to- ma su estandarte y se precipita en la senda desconocida, que para la felicidad de todos iniciaron Villemin, Pas- teur, Koch y otros muchos sabios, y que sucumbiendo en la brecha ha dejado inscrito en nuestros corazones y en la histor;a de la medicina nacional su nombre de Da- niel A. Carrion. El progreso y el adelanto que de un siglo á esta parte viene haciendo la Medicina, adquiriendo descubrimiento tras descubrimiento, atenuando las fuerzas ciegas que mortifican al hombre y conservando mejor y por más tiempo la vida humana, ha tocado también á nuestra puerta y hallado también hombres, que dotados de un temperamento científico quieran encargarse de hacer co- mo alguien ha dicho más justa y más humana la ley de la vida. A los experimentos en Europa y en algunos Estados de América, sobre el cólera y la fiebre amarilla, enferme- dad de esos suelos, á las inoculaciones de Ferran y de Freyre, debían seguir los de las verrugas, enfermedad propia del Perú, y Carrion quiere encargarse de ello, co- menzando en sí mismo las inoculaciones, sin esperar ver primero el camino que le trazara la práctica preventiva de la patología, comparada por los efectos de los princi- {>ios morbosos humanos en los animales inferiores. Bri- \ante aurora del sabio futuro, que realiza en sí mismo la — 96 — reflexión profunda del inmortal Cuvier cuando dice: ''El hombre no será bien conocido si no se le estudia en el hombre." No es de este recinto la oportunidad de medir las proporciones científicas de la experiencia, emprendida en su misma persona, por Carrion; tiene el país centros mé- dicos y profesores distinguidos que hablarán en su opor- tunidad de tan temeraria empresa, y á ellos queda el -en- cargo de recojer el hermoso legado que ha dejado Carrion con su muerte, para fundar sobre él la historia clínica y f>atológica de las verrugas en su gran faz do la fiebre de a Oroya. A nosotros, hermanos en el arte con la noble víctima, solo nos queda por hoy el dolor de llorar tan temprana muerte, lamentándonos que naturaleza tan bien organi- zada, para el ejercicio del magisterio del Médico, haya desaparecido dejando segadas las esperanzas que su fa- milia y el Cuerpo Médico tenían derecho á abrigar, vis- tas sus prendas personales y su amor á la ciencia. Daniel Carrion, tú que has muerto por algo más gran- de que el interés material, tú que has sabido honrar a tu patria legando á su Medicina el experimento de tu muer- te por una enfermedad, que hoy sabemos es inoculable, recibe allá en la eternidad el galardón de tu empresa hu- manitaria. Adiós para siempre, caro amigo y distinguido discí- pulo. Discurso que pronunció ante el cadáver del malogrado Daniel Carrion, el Sr. Manuel I. Galdo estudiante de Medicina. Señores: Al golpe del rayo que sin cesar atormenta y enluta el corazón de la humanidad ha caído herido nuestro estima- do amigo y compañero. Su existencia joven y lozana que ayer no mas era una promesa del porvenir, no es hoy sino la triste reliquia del pasado. Tan pronto el fatigado viajero reclina la frente bajo la apacible y frondosa copa de de la palmera, como á la fú- nebre y melancólica sombra del ciprés. Al separarse de nuestro lado en la flor de sus dias, nos deja una brevísima pero elocuente lección de su anhelo por contribuir al engrandecimiento de la Medicina Nació- — 97- nal, mediante un acto heroico iluminado por los resplan- dores de la gloria. Dotado de un espíritu superior, Daniel Carrion poseía una verdadera modestia, esa compañera inseparable del genio. Tocaba al término de sus labores en la Facultad, siendo su preocupación constante conocer las leyes de una enfermedad alarmante en el suelo de su Patria. De- seaba obtener su primer grado académico y eligió para objeto de su tesis el estudio de ese problema, que por su importancia científica roza con las mas arduas cuestio- nes debatidas en el Mundo Médico. Resolvió pues, con singular empeño formular en ella el resultado de sus propias observaciones, experimentan- do en su organización los fenómenos cuya explicación permanecía aún velada en la región de las hipótesis. Pero señores, este designio ha sido abatido por la fata- lidad que siempre combate las grandes empresas del hombre. Sim embargo, esa tesis no está incompleta: en las últimas páginas que aun le restaban, se consignará la necrología del autor como la prueba mas incontesta- ble de su argumento. Y vosotros, jóvenes amigos, que habéis venido á sellar la tumba de nuestro compañero con el inestimable home- naje del dolor sincero, notad que no estamos solos en es- ta mansión solitaria. Ahí está la grandiosa imagen de la ciencia, que ha detenido la marcha de su vuelo triunfan- te á las puertas de este sepulcro, para consagrar la me- moria de la noble víctima que se inmolara por su nom- bre y grandeza. Amigo querido: adiós. Duerme tranquilo el sueño de la muerte. Vive feliz la vida de la inmortalidad en el se- no de lo Infinito. «El Nacional.» Esta tarde han sido llevados á su última morada los restos del malogrodo apóstol de la ciencia, del héroe de su profesión, del abnegado joven Daniel A. Carrion, de quien se ha ocupado en estos dias la prensa toda de la capital, por las causas que han originado su prematura muerte. La asistencia de cuanto de mas notable tiene nuestra medicina, la de todos Jos alumnos de la Facultad y con- discípulos de Carrion, la concurrencia de un sinnúmero — 98 — de personas notables de la sociedad á la traslación del cadáver con todo el aspecto magestuoso é imnonente del acto, el hecho de haber sido llevado el cuerpo en hom- bros de entusiastas colegas del querido difunto y las cin- tas de la caja guardadora de tan precie'a reliquias, lle- .vadas por notables profesores de la ciencia méd-'ca, no son.sino débil manifestación de respeto y de cariño á quien apenas de 26 años de edad, se hizo mártir de la propaganda de Galeno y de Hipócrates. "La Academia libre de Medicina", la Facultad, el Cuer- po Médico, la ciencia toda, repre;3ntada en el cortejo fú- nebre que Lima ha presenciado hoy con muestras de ad- miración y de respeto, deben, primero, no olvidar jamas á ese esforzado héroe que, como muy bien dice anoche una crónica local, es héroe hasta donde no puede mas la exageración, y puede y debe ser considerado entre los bienhechores de la humanidad, tal vez en primara fila y por delante de Jenner, que descubrió la vacuna; Pasteur, que halló el modo de preservarse del horrible mal de ra- bia y Ferran, que, por medio de sus experimentos, ha arrebatado al cólera millares de víctimas, con la única diferencia de que estos fueron mas felices y aquel mas abnegado; y después continuar los importantes estudios que, á costa de su propia vida, comenzaba el alumno Car- rion y que están llamados á resolver una cuestión de vida ó muerte para la humanidad. "El Comercio." Daniel A. Carrion. —La capital ha presenciado conmo- vida, la solemne manifestación, que, en homenaje al practicante de medicina, Daniel A. Carrion, han sabido tributarle los compañeros de estudios, los hombres de ciencia,sus amigos y todos aquellos que creían cumplir un deber al acompañar á su última morada los restos del ab« negado joven que llevó su heroísmo por la ciencia, hasta el extremo de sacrificar su vida. A las 4 p. m. del dia de ayer, numeroso y selecto acom pafíamiento estaba constituido en la Maison Santé de don- de fué sacado el atahud en hombros de sus compañeros de estudios. Tomaban las cintas los Doctores Macedo, Flores, Almenara y el señor Francisco Sagastabeytia. Todo el acompañamiento, formado por cerca de doscientas perso- nas, seguía á pié escoltando el ataúd, el que fué en la pía — 99 — zuela de San Carlos, tomado por otros cuatro estudiantes de.medicina. En el orden indicado siguió la comitiva por las calles de los Huérfanos y demás rectas, hasta la plazuela de la Inquisición, continuando por la Universidad, hasta San- ta Clara, siempre conducido en hombros por sus compa- neros, los cuales se turnaban en distintas ocasiones, ma- nifestando todos ellos el deseo de que les tocara su vez de poderlo conducir. Una vez llegado el acompañamiento al cementerio to- maron las cintas el señor canónigo Závate y los Doctores Macedo, Barrios y Sánchez Concha; hicieron uso déla palabra los Doctores Macedo, Almenara y los señores Me- dina, Showing, Mestanza y Galdo. Tal ha sido la manifestación que los compañeros de es- tudio, amigos de la Escuela de Medicina y hombres amantes de la ciencia, han tributado al que, con su vida ha dado un dia de gloria á su patria y á la Medicina Na- cional, resolviendo como dijo, el doctor Macedo en su dis- curso-, el importante problema de "la unidad etiológica de la verruga y de la fiebre de la Oroya". Si algún con- suelo puede llevarse á la familia del malogrado Camón, sírvanle estas pocas líneas de lenitivo á su dolor. "La Opinión Nacional." Corona fúnebre. —Pocas alcanzarían á formarse tan galanas como la que se hiciera de Daniel Carrion. Basta- ría reunir todos los artículos de la prensa en estos dias para formar una corona fúnebre como pocos la hayan merecido. El grito de admiración que Carrion ha arrancado á la prensa con su inmenso sacrificio, es la mejor apoteosis que nacerse puede del joven mártir. La calumnia, la pequenez, la ignorancia y la envidia no podrán alcanzar jamás á su memoria inmaculada. Para juzgar á Carrion es necesario ser tan grande co- mo él y sentir que dentro del pecho salta y se agita un corazón tan grande como el suyo. Solo la historia puede juzgar á Carrion, á los especta- dores de su martirio y de su heroico sacrificio nos toca solo admirarlo. Por eso la prensa, fiel intérprete del sentimiento públi- co no ha juzgado al estudiante de medicina: ha admirado — 100 — al valeroso filántropo que recibe la corona del martirio á trueque de no escuchar los ayes desgarradores de sus se- mejantes. La prensa ha hecho expontáneamente, sin estudio, sin plan, sin nada, la mejor corona fúnebre de Carrion. El la merece mejor y la historia lo demostrará. "El Nacional.' Publicamos en seguida el auto de la. Instancia recaído en el juicio mandado seguir de oficio por el anterior Sub- prefecto Coronel del Campo, contra el doctor Evaristo M. Chavez, á consecuencia de la inoculación de. la verru- ga que practicó en la persona del malogrado joven estu- diante de medicina Daniel A. Carrion. Autos y vistos: de conformidad con el dictamen del Agente Fiscal y considerando: Que, á consecuencia de ha- ber fallacido el estudiante de la Facultad de Medicina, D- Daniel Carrion, víctima de la fiebre producida por la inoculación de la sangre de un enfermo de verrugas, la Sub-prefectura mandó instaurar un juicio con el objeto de descubrir si se habia cometido un suicidio, que al or- denarse esta investigación, no ha podido tenerse otra mi- ra que averiguar si á sabiendas se ha prestado medios pa- ra un suicidio ó ayudado en su ejecución, únicos actos, en este orden, que tienen su sanción en nuestro Código artículo 238, en el título del homicidio, puesto que el suicidio mismo no constituye, ni puede constituir un de- lito social; que, á mérito del informe de foja 1, expedido por los médicos de policía, en el que se refiere que el doc- tor don Evaristo Chavez realizó la inoculación, se ha to- mado á éste la instrucción de foja 1; que el Dr. Chavez confiesa haber practicado la inoculación, pero en el mo- mento en que Carrion se preparaba á hacerla por sí mis- mo, y con el objeto de evitar los defectos de incisiones hechas por la propia mano del paciente, después de ha- berse negado á realizarla en otras ocasiones, y de haber aconsejado á Carrion que desistiese de su propósito, para evitarle la molestia y dolores de la enfermedad que po- día contraer; que los testigos Dr. D. Leonardo Villar y practicantes D. Julián Arce, y D. José Sebastian Rodrí- guez, á fojas 11 y 13. corroboran en todas sus partes la deposición del Dr. Chavez; que para calificar la acción de éste es preciso calificar antes la de Qarrion: que á este - 101 - efecto debe dejarse establecido que el propósito de la ino" culacion nació y se mantuvo en el espíritu de Carrion bajo el ardiente deseo de dilucidar un punto oscuro de la ciencia médica, sin sugestión alguna extraña, pues así lo declaran los referidos testigos de una manera uniforme; que esta admirable resolución, sostenida á pesar de los naturales temores que lo desconocido, juntamente con las observaciones de los Doctores Villar y Chavez, debie- ron inspirarle, revela lo ascendrado de su amor á la ver- dad y eleva su acción hasta la altura del heroísmo; que, con arreglo á los principios de la Filosofía Moral, sería absurdo calificarla de suicidio, puesto que este delito su- pone el ánimo deliberado de destruir la propia existencia, idea que estuvo muy distante de abrigar Carrion, desde que el ensayo que hacia debia servirle de materia en la tesis del bachillerato; que "solo es culpable de suicidio el "que obra libremente con intención de matarse, mas no "el que al practicar una bella acción halla la muerte en el "camino;1' que, en conformidad con esta doctrina, la hu- manidad ha ensalzado siempre á los mártires de la reli- gión y de la Patria, que han llevado su culto á la idea hasta sacrificarle la vida á que se siente tan natural ape- go ; qne proclamar la teoría contraria sería establecer el egoísmo como regla de moral y olvidar que el hombre no se debe solo así mismo, sino que su destino está íntima- mente unido al de sus semejantes; que si Carrion no ha sido un suicida, mal puede considerarse al Dr. Chavez- como homicida, cor arreglo al artículo 238 del Código Pe- nal antes citado; y que esto es tan cierto que si se pensa- se lo contrario no podría conciliarse la responsabilidad criminal de Qhavez con la gloria que rodea ya el nombre de Carrion: Por tales consideraciones, que revelan que no se ha co- metido en el caso de que se trata delito alguno, ni menos que haya indicios de culpabilidad en el enjuiciado: sobre- seo en el conocimiento de esta causa; y consúltese este auto al Tribunal Superior.—Villagarcía. PRENSA EXTRANJERA. " Le Progrés Medical". L' Union Medícale anuncia la muerte del Doctor Ca- rrion, médico de Lima (Perú); acaba de sucumbir vícti- ma de su amor por la ciencia. Queriendo demostrar la identidad de dos afecciones, cuya historia 'es todavía os- cura para los Médicos Peruanos, se inoculó una de ellas y veintidós dias después presentó todos los síntomas de la segunda; desgraciadamente falleció algunos dias des- pués de la aparición de esta última enfermedad......... "Gazzette Hebdomadaire de Medecine et de Chirurgie." LA VERRUGA. La verruga es una pirexia peruana que no parece dife- rir de la terrible enfermedad conocida con el nombre de "fiebre de la Oroya" que diezma hacen años á los obreros ocupados en la construcción del camino de fierro que atraviesa los Andes. La Academia de Medicina de Lima se entrega á todas las investigaciones y recoje con cuidado todos los hechos cuya naturaleza pueda elucidar la cuestión. Eecientemente es el Brit. med. Journal que nos indica que un estudiante de medicina Daniel A. Ca- rrion, lanzado por un celo laudable, pero desgraciado se ha inoculado la verruga en el Hospital "Dos de Mayo", esperando enriquecer con una nueva observación la tesis que arreglaba precisamente sobre este punto. Los he- chos nuevos que han sido adquiridos para la ciencia, lo han sido á costa de la vida del experimentador. Mu- rió 38 dias después de la inoculación; los principales síntomas observados, fueron la fiebre adinámica, derma- titis generalizada y una alteración do la sangre que re- cuerda la lencocítemia; el período de incubación había sido de 23 dias. — 104 — "L' Union Medícale." Una víctima de la ciencia en el Perú: — Mr. Carrion [de Lima]. La Verruga Peruana, endemia particular déla quebrada de Huarochirí, es el objeto de los trabajos y dis- cusiones de los médicos peruanos contemporáneos. La Academia Libre de Medicina de Lima, la ha señalado co- mo tema de un próximo concurso, en el que esta sabia corporación discernirá como recompensa un premio, al mejor trabajo. Se sospechaba la identidad de esta afección con la Fie- bre de la Oroya 6 fiebre anemizante; pero esta idea repo- saba únicamente sobre observaciones comparativas y no sobre la sólida base de la experimentación directa. Un médico muy estimado cuya actividad igualaba á su sa- ber, el señor Carrion, ha querido dar la demostración di- recta de este hecho patogénico. Para ello, practicó en su misma persona, en el mes de Agosto próximo pasado, inoculaciones con la sangre de un niño atacado de verru- ga peruana, en el período atrófico: 22 dias después, nues- tro atrevido colega presentaba todos los signos de la fie- bre anemizante; y no solamente tuvo los síntomas, sino que sucumbió siete dias después con las lesiones caracte- rísticas de esta última enfermedad. El niño que tenía la verruga curó después de haber presentado las manifes- taciones cutáneas de esta endemia. La demostración ha sido completa," pero desgraciada- mente lúgubre; pues la muerte de Daniel A. Carrion, es una pérdida cruel para la ciencia. Este hecho doloroso atestigua el entusiasmo científico y el heroísmo del cuer- po médico peruano, honra á la vez á la víctima, á sus co- legas distinguidos y á su patria; y nos proporciona oca- sión para manifestar á sus compatriotas nuestra admi- ración y nuestra simpatía. "Bevue Scientifique." Un estudiante de medicina, peruano, acaba de pagar con su vida, una experiencia hecha voluntariamente so- bre sí mismo, para el estudio de una enfermedad infec- ciosa especial del Perú, Este estudiante llamado Daniel Carrion, queriendo escribir su tesis sobre la Verruga ó Fiebre de la Oroya, se hizo inocular el virus, tomado de una pústula de enfermo atacado de esta afección. Al ca- bo de un mes los primeros síntomas del mal se manifes- taron, consistiendo en una fiebre violenta, sobreviniendo por accesos; en dolores atroces en los huesos y las articu- — 105 — laciones; en fin en la imposibilidad de tomar el menor reposo o de conservar los alimentos. El enfermo no se creyó en peligro, pues estos «síntomas son los que se ob- servan durante la primera faz del mal, mientras que las pústulas permanecen internas; pero los síntomas se a- centuaron y el enfermo se aniquiló á tal punto que no pudo alcanzar la segunda faz, aquella en que las pústulas se torman en la piel y se abren al exterior; murió cuando estas ultimas comenzaban á formarse. Los funerales de Carrion han sido celebrados con pom- pa; pero las autoridades se han ocupado en perseguir á los médicos, que han asistido á Carrion en su estudio ex- perimental ayudándoloá inocularse el virus; los conside- ran como cómplices de una tentativa de suicidio. La fatal terminación de la experiencia de Carrion, ha provocado la publicación en numerosos diarios médicos, de detalles, poco circunstanciados por otra parte, sobre la naturaleza de la Verruga peruana. "Crónica Médico-Quirúrjica de la Habana. " Un mártir del entusiasmo científico. — En Lima ha muerto víctima de la endemia propia del Perú llamada verruga, el entusiasta joven, estudiante de sexto año de Medicina D. Daniel A. Carrion; el que para estudiar en sí mismo dicha dermatosis infecciosa, se inoculó la san- gre de una verruga. Murió este nuevo mártir de la cien- cia á la edad de 26 años. Como el Monitor Médico de Lima, hacemos votos por- que este sacrificio no sea estéril para la ciencia y también para los esperimentadores. "El Siglo Médico de Madrid". Otro mártir. Según leemos en El Monitor Médico de Lima, el joven Estudiante de Medicina Daniel Carrion preparando su tesis para el doctorado sobre la Verruga peruana, para estudiar sobre sí mismo sus efectos se ino- culó la sangre de una de ellas, falleciendo á los ocho dias de la inoculación y cuyas primeras manifestaciones pa- tolójicas aparecieron al 23. ° dia. ¡ Gloria eterna á este valeroso joven, víctima de su a- mor á la ciencia, en cuyo martirolojio ha grabado con brillantes caracteres su nombre! — 106 — "Anales del Círculo Médico Arjentino." Una víctima de la Ciencia en el Perú. — Ha dejado de existir en Lima el distinguido alumno de sexto año de Medicina, Sr. Daniel A. Carrion, quien queriendo com- probar la identidad de dos enfermedades endémicas en el Perú, la Verruga peruana y la fiebre de la Oroya ó a- nemizante, practicó en sí mismo apesar de los consejos de sus amigos, varias inoculaciones con la sangre de un niño atacado de la primera. A los 23 dias el abnegado es- tudiante presentaba todos los síntomas de la segunda en- fermedad; sucumbiendo poco tiempo después víctima de esta última. Con tan jeneroso sacrificio, Carrion ha venido ha des- cifrar un problema científico de resultados fecundos pa- ra la Ciencia médica Peruana, resolviendo definitivamen- te la controvertida cuestión de la.identidad de las expre- sadas afecciones. ¡ Honor á su memoria! "Revue Internationale des Sciences Medicales." La verruga peruana.— Un joven estudiante de la facul- tad de medicina de Lima, Daniel A. Carrion, llevado por su celo ardiente por la ciencia ha querido inocularse la sangre de un enfermo atacado de la enfermedad llamada en el Perú la Verruga y ha sido víctima de su experimen- tación. Treinta y ocho dias después murió, habiendo pre- sentado los síntomas de la fiebre llamada de '7a Oj'oya." "A Medicina Contemporánea." POR LA CIENCIA! La Verruga peruana - es una do lencia propia del Perú, cuyo lugar en la Nosología, no parece estar bien fijado y que produce grandes estragos en aquel país; á ella se atribuye una terrible pirexia que hace muchos años causó una espantosa desvastacion en los trabajadores del Ferrocarril Trasandino, de donde le vino el nombre de fiebre de la Oroya. Esta dolencia de que la "Academia Libre de Medicina de Lima" hizo el objeto de un concurso, ha comenzado á ser estudiada en Europa y no hace mucho que los Archivos de Virchow publicaban un trabajo del Dr. Izquierdo en que se descri- be un bacterio que le es propio. Como tema de su Tesis, un alumno de la Facultad Mé- dica de Lima, Daniel Carrion, tuvo el coraje de inocu- larse la gngre de una verruga; la inoculaci o n fué hecha -- 107 — el 27 de Agosto último y el periódico el ''Monitor Médico" de aquella ciudad nos dá la noticia de que el valeroso es- tudiante acaba de morir, víctima de su intrepidez y amor por la ciencia. La muerte tuvo lugar á los 38 dias de la inoculación, cuyas manifestaciones patológicas comen- zaron á manifestarse el 23. ° dia. No es ocasión de notar la lijereza del acto destinado á resolver cuestiones que la experimentación en los animales podría decidir, sino admirar el inmenso coraje que encierra. Los síntomas y marcha de la dolencia de que Carrion sucumbió fueron marcados por los que lo acompañaron; los publicaremos una vez que los diarios peruanos los den á conocer. "Boletín de Medicina de Santiago." La Verruga Peruana y Un estudiante de Medicina. El "Monitor Médico de Lima", dá cuenta de un hecho cu- rioso y que está llamado á ocupar un lugar prominente entre los actos heroicos producidos á costa de la vida pa- ra bien de la humanidad doliente. Un Estudiante de Medicina, en la ciudad de los Reyes, quiso por si mismo experimentar si la verruga peruana j la llamada Fiebre de la Oroya ó Fiebre anemizante era un mismo proceso mórbido. Con este fin inoculóse lasan- gre de una verruga en el período atrófico. Después de una incubación de 22 dias se produjo la fiebre anemizante con caracteres de tal gravedad que fueron impotentes los cuidados de la ciencia para salvarle la vida; la fiebre pro- dujo en él un estado que lo llevó al último grado y lo hi- zo sucumbir antes que se produjera la erupción verruco- sa, á los 39 dias después de la inoculación. El estudiante Daniel A. Carrion, que sacrificó genero- samente su vida para demostrar la identidad de dos pro- cesos hasta entonces considerados como distintos, mere- ce con justicia el respeto no solo de aquellos que nos de- dicamos á la difícil carrera de la Medicina, sino también de los que sepan apreciar los actos de entera abnegación, que como el presente están destinados á producir ó pro- porcionar nuevas luces y abrir nuevos horizontes al difí- cil arte de curar. FIN. — 109 — FE DE ERRATAS. PÁGINA. LÍNEA. DICE. léase'. 8 13 17 32 62 71 Penúltim. 31 49 4 13 de invasión ó num. 10 y inoculación ó periodo de inva-sión. núm. 9. Suprímase el pa-réntesis. que. incubación. i I *v~ p^s LA VERRUGA PERUANA DANIEL A. CARRION ESTUDIANTE DE LA FACULTAD DE MEDICINA MUEf^TO EL ^ DE OCTUBRE DE l88>. .^v LIMA IMPRENTA DEL ESTADO CALLE DE LA RIFA N. 58. ISiKÍÍ. fojL. :> » > o ) > > > > >J> > > > >»¿> z>> »> E>&> _» > >^ ^ ~> >>;> - so> ~> y f» ' ¿O S»> > *"" y .->£> x> » > oj> >> ~> • S o ^ » >>» >;,> > l ■> ^ » X>3> ~>J* 3 ^> > o "> • n> »»^>-' > : J ^ > ^ »»^> & : -> J>3 > > >»;^^^ ' >>' >3> > * >>. 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