BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA TOMO II Biblioteca Centena- rio de Medicina Perua- na, DIRIGIDA POR LOS DRS. HERMILIO yALDIZAN Y CARLOS A. BAMBAREN. HOMENAJE AL PRIMER CENTENARIO DE LA VIDA REPUBLICANA DEL PERU DOCUMENTOS PERUANOS REFERENTES - A LA ENFERMEDAD DE CARRRION - MCMXXI EDITORES bANMARTI Y CIA. LIMA, PERU INTRODUCCION La literatura médica peruana de la Enfermedad de Carrión permanecía dispersa en las páginas de nuestras publicaciones profesionales periódicas, muchas de las cua- les, por la pobreza editorial que las caracterizó siempre, se hacen más y más raras, constituyendo ello grave dificultad para el estudioso que intente beber en las fuentes originales de los investigadores peruanos. Análisis bibliográficos de la contribución peruana al estudio de la Enfermedad de Carrión han sido llevados a cabo en diversas oportunidades, mereciendo contarse en el número de los más completos los debidos a los doctores Odriozola (D. Ernesto), Avendaño y Arce; pero no ha sido realizada aún la obra que nosotros emprendemos en este volumen de la Biblioteca Centenario de Medicina Peruana, con motivo del Centenario de la In- dependencia, coleccionando los documentos médicos publi- cados respecto a la enfermedad de las quebradas peruanas. Falta en esta colección de documentos, uno, que hemos procurado obtener sin lograr nuestro propósito: queremos referirnos al estudio sobre verruga peruana publicado en importante revista inglesa por el excelente internista D. Manuel Odriozola: la petición que hemos hecho a compañe- ros residentes en Europa y el ruego que hemos dirigido a algunos colegas extranjeros no han surtido los buenos efec- tos que esperábamos. Nada hemos alterado en los estudios que constituyen este volumen, muchos de los cuales adolecen de defectos imputables a la juventud de los autores y al saber 6 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA incompleto que ellos tenían de algunos conocimientos mé- dicos; pero nos ha obligado a la respetuosa conservación de tales defectos, el deseo de mantener tales cuales origina- riamente fueron, estos elementos de estudio de la enferme- dad peruana, reveladores del entusiasmo y perseverancia con que procuraron los investigadores de aquella época cum- plir el deber de aportar su colaboración al mejor conoci- miento de una entidad mórbida que constituye doloroso pri- vilegio de ciertas zonas de nuestro territorio. Creemos haber cumplido obra de bien, poniendo en manos de las generaciones nuevas, afectuosamente sustraída al olvido, la contribución aportada por los investigadores peruanos al estudio de la Enfermedad de Carrión. Hermilio VALDIZAN Carlos A. BAMBAREN El Doctor Tomás Salazar El Doctor Salazar nació en Lima (18 de Setiembre de 1831) del matrimonio de Don M. Salazar y Doña Brísida Sanlusti e hizo sus primeros estudios en el Convictorio Carolino, instituto que no han olvidado todavía quienes hubieron merecida estima de la sólida instrucción que el Convictorio ofrecía a sus discípulos. Una clara inteligencia guiada por bondad cuya constancia no es característica de nuestros tiempos, fue la del doctor Salazar y ella se orientó en época temprana hacia la medicina, tal vez por compartir ésta con el sacerdocio la misión augusta de llegar a los que sufren y padecen ansia de consolaciones. El Doctor Salazar era uno de los pocos sobrevivientes de los ya lejanos días del «Colegio de la Independencia» de aquella insti- tución que fué el modesto intermediario entre el «Colegio de Medi- cina y Cirujía de San Fernando» y la Facultad de Medicina cuya organización debemos a Heredia y a Ulloa. Fué época de dura prueba para la enseñanza médica y durante ella, los alumnos, víctimas inocentes de la perniciosa intervención de los gobier- nos en el régimen interno de las Universidades, debieron confiar un poco más en el personal esfuerzo que en la serena colaboración de los maestros. Y por que tal hicieron los alumnos de aquel enton- ces, porque procuraron subsanar los vacíos de un plan de estu- dios movedizo y sujeto a los caprichos del variable criterio minis- terial, no se halla en ellos en el balance de sus vidas profesionales, los vacíos culturales que debieron caracterizar a una generación médica formada en condiciones tan poco favorables. El doctor Sa- lazar era uno de los últimos sobrevivientes de aquella época de tran- sición y fué en calidad de alumno que pudo contemplar el adveni- miento liberador de la Facultad de Medicina, obra del patriotismo de Cayetano Heredia y de la preparación científica de Casimiro Ulloa. Obtenido el título profesional en 31 de marzo de 1858, prévia presentación de la tésis intitulada «De la aclimatación en los paí- ses cálidos», el doctor Salazar se dedicó, con verdadera devoción con un virtuosismo que los años no pudieron amenguar, al ejerci- cio profesional, tan lleno de inquietudes, tan rico en desencantos y nunca pobre en amarguras. Médico, solícito y estudioso, obser- vador prolijo e interpretador tranquilo, el doctor Salazar hizo una 8 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA carrera que no tardó en granjearle las satisfacciones de una selec- ta clientela; pero ésta no fue capaz de hacerle olvidar el verdadero rol del médico y fué, por el contrario, un acicate hacia la conside- ración que le inspiraran siempre aquellos enfermos víctimas del doloroso consorcio de la enfermedad de cuerpo y de espíritu, aque- llos desventurados a cuyo dolor físico se agregaba el atenaceante dolor moral de la miseria y del abandono. El doctor Salazar fué tan solícito para sus pobres como hubiera podido serlo para sus enfermos opulentos; su frase de consuelo fué idéntica para unos y para otros y por eso ricos y pobres se confundieron en la agrade- cida recordación del médico amigo, del médico que abandonaba cerca de los lechos de sus enfermos pobres muchas de las monedas con que pagaron su saber los enfermos engreídos de la fortuna. Catorce años después de alcanzado el título profesional, ini- ció el doctor Salazar su larga y provechosa carrera pedagógica. El 19 de Noviembre de 1 872,1a Facultad de Medicina le elegía Cate- drático auxiliar interino, para incorporarle a su seno, como Cate- drático auxiliar de Terapéutica y Materia Médica, en junio de 1873 a raíz del concurso realizado en conformidad con las prescrip- ciones reglamentarias. Interinamente encargado de la enseñanza de algunas asignaturas (Nosografía Médica los años de 1875, 1876, y 1885 y Terapéutica en 1881), el Doctor Salazar ocupó en 1893, en propiedad y por fallecimiento del doctor Ulloa, la Cátedra de Terapéutica y Materia Médica. En el desempeño de esa Cátedra el doctor Salazar no fué por un sólo momento maestro inflexible a las solicitaciones de la época; no pretendió nunca mantener las rigideces de un programa escrito en los años de lozanía intelectual y conservado como reserva para los años de disminución de producti- vidad y fué por eso que renovó su bibliografía didáctica y procuró mantener su enseñanza en relación con su tiempo y fué por eso que aceptó sin resistencia la anexión, al curso teórico, de uno prác- tico: la Clínica Terapéutica. Maestro laborioso y bueno,procuró siempre el mayor aprove- chamiento de sus alumnos, cuyas desventuras escolares le con- movían intensamente y cuyos triunfos le alegraban muchísimo, habiéndole caracterizado la frase de aliento hacia los jóvenes de que queda constancia en la bibliografía de sus lecciones de Tera- péutica. Honrado a carta cabal, no fué capaz, a pesar de sus indul- gencias, de calificar por favor en las pruebas testimoniales de com- petencia; con dolor vivísimo habría sido capaz de calificar mal a alumno que tal calificativo hubiera merecido. . A estos treintaicinco años de labor pedagógica, agreguemos su actuación tranquila y honesta en la Facultad de Medicina, para la cual ambicionó los mayores prestigios y a la cual ofrendó el inco- dicional tributo de sus mejores energías y agreguemos así mismo los buenos servicios prestados como miembro del cuerpo médico a la patria en peligro los años 1 866 y de 1881. Miembro de la extinguida Sociedad Médica de Lima y presi- dente de ella en el año de 1877, tomó participación activa en el movimiento científico nacional de aquella época y fué uno de los entusiastas sostenedores de la doctrina unitaria de la etiología de BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 9 la enfermedad de Carrión, opinión que el doctor Salazar sostuvo con energía en el año de 1875 y que había sido anteriormente sos- tenida por el doctor Espinal. Miembro fundador de la «Gaceta Médica» de Lima, colabora- dor entusiasta al mejor éxito de esta publicación, segunda de su nombre en la capital peruana, el doctor Salazar no nos ha legado bibliografía abundante; pero la escasa de su nombre lleva impre- so el sello de honorabilidad científica que correspondía a persona que, como el doctor Salazar, había hecho de la rectitud el mayor culto de su vida. «La Crónica Médica» publicó los siguientes estu- dios: 1.-«Pústula maligna, curación por medio de las inyecciones intravenosas de ácido fénico» («Crónica Médica» de Lima de 1884). 2.-Estado sanitario del departamento de Lima» («Crónica Médica» de Lima, 1883). 3.-«Curación, de la tuberculosis en su primer período por las inyecciones hipodérmicas de Creosota» («Crónica Médica» de Lima, 1908). El primer estudio tenía el mérito indiscutible de correspon- der a una necesidad imperiosa de orden local, dada la frecuencia alarmante de la pústula maligna entre nosotros y dada la escaséz de recursos terapéuticos de la épocajfrente a frente de aquella en- fermedad. El estudio no es una novedad mundial, no es nada sor- prendente; pero sí vale la pena anotarse el método y sencillez de la exposición y la serenidad interpretativa de los hechos observa- dos. Mejor que nuestro juicio están a indicar la favorable impre- sión producida en el mundo médico por el estudio del Doctor Sa- lazar, las menciones elogiosas que de él hicieran «The Bristol Mé- dico Chirurgical Journal» y la «Revue Bibliographique de Sciences Medicales» (París, 1885). El segundo trabajo del doctor Salazar solo constituye un do- cumento oficial, el informe emitido a la Prefectura del departa- mento de Lima por el doctor Salazar que desempeñaba desde 1885 las funciones de Médico de Policía. A este mismo género de estudios corresponden los informes emitidos por el doctor Salazar a propósito de la epidemia de la viruela de 1885, publicados por la «Crónica Médica» del mismo año. El tercer estudio del doctor Salazar merece todos los respetos de'la sinceridad; es la voz'del anciano maestro que adquiere el mo- mento entusiasta de la juventud para hablarnos de una esperanza terapéutica en la lucha contra la peste blanca y si la experiencia no ha confirmado los optimismos del doctor Salazar, si la creosota no ha llegado a conquistar los merecimientos de espectación en la terapéutica de la tuberculosis, no por ello hay en la obra del doctor Salazar menos honradez científica, ni menos amor por la huma- nidad. Y, en este fervoroso preconizar de la aplicación hipodér- mica de aceite creosotado, en este estudio realizado por el doctor Salazar en la última década de su vida de hombre de bien y de profesional honrado, hay un hecho que deseo poner en relieve: es en este estudio que se plantea serenamente la conveniencia de la división regional del país en relación al servicio militar obliga- 10 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA torio; es en este estudio que el doctor Salazar denuncia con acento de reproche, digno de Fray Bartolomé de las Casas, la vieja organi- zación del servicio militar que, olvidada de las características de nuestra población y de aquellas de nuestro territorio, arrancaba a los indios de sus hogares para adaptarlos irracionalmente a otros climas y a otro género de vivir, llevándolos, en muchos casos, pre- cisamente por el camino de aquella peste blanca de la cual se ocu- paba el doctor Salazar en el estudio que comentamos, estudio que fué presentado al Congreso Médico panamericano reunido en San- tiago de Chile. Yo no pretendo atribuir al doctor Salazar la pater- nidad de la organización regional militar, pero creo deber de jus- ticia dejar constancia de su contribución al establecimiento de ella. Médico municipal en Lima durante los años 1884 y 1885, así como durante el año de 1887, durante el cual nos vimos amenaza- dos por la posibilidad de una invasión colérica procedente de Chi- le, el doctor Salazar desempeñó el cargo de médico de policía des- de el año 1885 y en el desempeño de este delicadísimo cargo, plaza única oficial de médico forense en nuestra organización judicial, llevó a cabo obra cuya honorabilidad puede haber sido igualada pero superada no. El año de 1895 sufrió un accidente que le ocasionó la claudi- cación parcial que no lograron mejorar los solícitos cuidados que le fueron procurados en el Gabinete Fisioterápico de los doctores Basadre, Ganoza y Morales. Pero esta claudicación no fué un fre- no a su admirable laboriosidad y a despecho de ella el doctor Sa- lazar continuó asistiendo a sus numerosa clientela y prestando sus servicios en la Facultad de Medicina y en el Hospital Militar de San Bartolomé; ejemplo de puntualidad, las estadísticas de la Fa- cultad le consideraron entre los maestros más asiduos, como la del Hospital le incluían en el número de jefes de servicio más pun- tuales. Tuve la fortuna de acompañar al Doctor Salazar, como exter- no e interno de su servicio del Hospital Militar y durante aquel año pude apreciar de cerca las muchas virtudes que atesoraba mi malogrado maestro. La visita era larga, demorábamos muchas ve- ces hasta dos horas en la revisión de las ochenta camas del «Cru- cero» y es que el doctor Salazar gustaba de adquirir de cada uno de sus enfermos noticias relativas a la enfermedad y a la asisten- cia, y tenía para cada uno de ellos una palabra de cariño, un ob- sequio en dinero o en golosinas. Y había que oírle hablándole a los desventurados indios en el idioma de ellos, en ese idioma del cual había procurado aprender muchas palabras que le permitieran entenderles y hacerse entender de ellos. Muchas veces aquellos pobres soldados nuestros, aquellos infelices que yacían en una ca- ma del Hospital lejos de cuanto les era querido, besaron las ma- nos del anciano y bendijeron sus bondades de corazón. La visita era larga también por el respeto que el doctor Salazar tenía por la Dietética; el externo debía anotar en el «Recetario» la ración alimenticia de cada uno de los enfermos. Pero al final de aquella visita, al final de aquella peregrinación a travez de ochenta dolo- res, se experimentaba la sensación de un gran bien hecho con po- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 11 quísimo esfuerzo, de un gran beneficio distribuido sin dificultades. Y era entonces que el doctor Salazar se marchaba a continuar en en la calle aquel distribuir de beneficios inciados en la fría sala de aquella casa instituida por otra alma buena en beneficio de los ne- gros horros y esclavos de la Lima de los Virreyes. Así llegó el doctor Salazar a los últimos días de su jornada; dos días antes de su fallecimiento estuvo en mi casa, guiado por su inagotable amor al prójimo, solicitándome una consulta; le re- proché cariñosamente no haberme hecho llamar y haberse moles- tado en subir las escaleras de mi casa: sonrióme, me llamó apren- sivo y se separó de mí, como siempre, sonriente, tranquilo. Y fue la vez última que escuché su palabra cariñosa, su palabra bien in- tencionada siempre, siempre dispuesta a encubrir con velo piado- so de eterna benevolencia,las debilidades del hombre y sus defectos. H. V. HISTORIA DE LAS VERRUGAS Tesis para el doctorado en Medicina presentada y soste- nida por Tomas Salazar, Ba- chiller en Medicina, el 30 de marzo de 1858, siendo Presi- dente el Dr. Manuel Odrio- zola. Publicada en la ''Gaceta Médica " de Lima, año de 1858 p. 161 a 164yp. 175 a 178. INTRODUCCION Echando una mirada sobre las diversas enfermedades que nos rodean, encontramos una que es muy poco conocida en su natura- leza, bastante notable por ser endémica de nuestro país y por se- guir una marcha que no pueden detener nuestro mejores agentes terapéuticos; quiero hablar de las Verrugas, que yo llamaré Verruca andícola para distinguirla de lo que se llama Verruga en otros países. Gracias a los buenos consejos de los doctores Ríos y Odrio- zola me he dedicado a observar esta singular enfermedad, que si bien parece a primera vista pertenecer a la clase de los tubérculos de los dermatólogos, se aleja bastante de ellos, puesto que ilustrados por la Anatomía Patológica encontramos en su interior una sustan- cia particular que examinaremos más tarde; se aleja igualmente de todas las enfermedades cutáneas por su presencia en los órganos más profundos; todo esto nos prueba que a Tnque la enfermedad parece a primera vista muy sencilla es bastante complicada o irre- gular en su marcha cuando se la examina de cerca. He visto esta afección en 21 enfermos, pero sólo presentaré siete observaciones que por su diverso aspecto me han dado a conocer la invasión, BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 13 marcha y determinación de la dolencia; he sido bastante feliz para encontrar esta enfermedad en órganos en que ni siquiera se había sospechado su existencia. En cuanto a la duración de cada período no me ha sido posible fijar su tiempo por ser muy variable en cada individuo y se necesitan observaciones de mucho tiempo para fi- jar la duración de dichos períodos. No encontrándose esta enfer- medad descrita por ningún autor, todo lo que diga acerca de ella será el resultado de mis investigaciones clínicas. No se crea tam- poco que pretendo presentar un trabajo completo de una afección que, como ya he dicho, es bastante complicada requiriendo su estu- dio la observación de muchos años. Sólo haré ver los hechos más notables, aquellos que hieren la vista de los que quieran fijarse en esta enfermedad. Invitando a que hagan nuevas investigaciones sobre ella todos aquellos que. amantes de la humanidad y de la ciencia, desean ensanchar el círculo de nuestros conocimientos mé- dicos. SINONIMIA.-Verruga de sangre, Verrugas, Verruca andí- cola, nombre que indica la patria de la enfermedad. DEFINICION.-No conociendo bien la naturaleza de la en- fermedad, en lugar de una definición, daremos una descripción ge- neral de ella. Diremos, pues, que es endémica de la falda occidental de los Andes, apirética, caracterizada por cuatro períodos, uno de invasión en el que se notan dolores te'ebrantes en los miembros y articulaciones: otro de erupción en el que aparecen unos granitos cristalinos que más tarde se ponen rojizos, dan lugar a una pequeña hemorragia y luego se desecan, o bien aparecen estos tumores bajo la forma de ganglios subcutáneos que más tarde toman una forma pediculada, se ulceran, y, por último, se desprenden. HISTORIA.-Esta enfermedad ya existía en el Perú cuando vinieron los españoles, como lo prueba la Historia de la Conquista de este país escrita por don Agustín de Zarate, el que siendo Te- sorero General de Lima, en 1543, pudo muy bien observar esta afec- ción. En el Capítulo IV, Libro Io. de su Obra, describiendo el país situado bajo la línea equinoccial, hasta el trópico, dice. «Es muy caliente, muy mal sano. Está uno allí sujeto particularmente a unas verrugas o forúnculos muy malignos y muy peligrosos, que aparecen en la cara y en otras partes del cuerpo, tienen raíces pro- fundas y son más terribles que las viruelas y casi tanto como los carbunclos de la peste». En esta descripción se ven las dos formas que daré a conocer bien pronto; más adelante, hablando de las pe- nalidades que pasaba el ejército conquistador, dice. «Fueron aco- metidos de una enfermedad de que hablé en el Capítulo IV, Libro 14 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA I, es decir, una especie de verrugas o clavos muy peligrosos, y no hubo persona en el ejército que no fuese atacada de esta enfer- medad. Pizarro hizo que se resolviesen a repartir no obstante el hallarse enfermo, persuadiéndoles que la malignidad del aire en este lugar les causaba esas incomodidades». Estos dos pasajes de Za- rate prueban que la enfermedad existía cuando fué conquistado el país; por lo que hace a la Historia completa de la enfermedad, todavía no la han hecho los nosógrafos. CA USAS.-La enfermedad es producida por un principio es- pecial que como todos los virus es invisible e impalpable, su vehícu- lo ordinario es el agua de unas fuentes situadas en la falda occiden- tal de los Andes, según la opinión generalmente recibida. El lugar que podemos considerar como el foco de este agente es Santa Ola- ya, pueblo situado en la quebrada perteneciente a la provincia de Huarochirí que está al oriente de Lima, el clima de esta quebrada es muy ardiente, soplan vientos muy fuertes, sobre todo al medio día; allí parece que todo el reino orgánico fuese acometido por la verruga, pues según el párroco de este lugar, señor Iturrino, hasta los árboles serían atacados de esta enfermedad; sin admitir noso- tros esta aserción no podemos negar, conforme a la opinión general, que ios animales domésticos, como el caballo, muía, etc., padezcan esta dolencia. El principio que determina la enfermedad no respeta edad, sexo, ni raza, acomete una sola vez en la vida y se trasmite por herencia, como lo prueba una observación del doctor Ríos en la que la madre atacada de verrugas murió después de dar a luz niño en el que apareció pocos días después de su nacimiento dicha afec- ción e igualmente murió de ella. El agente productor de esta en- fermedad obra fatalmente, porque la mayor parte de los individuos que pasan o se detienen por algunos días en los lugares donde existen las fuentes de que hemos hablado, contraen la dolencia; y si algunos parecen refractarios a la acción de dicho principio, esto sólo es por algunos días, porque pasados muchos meses o años lle- gan al fin, a adquirir la verruga; hay pues una diferencia notable en la mayor o menor facilidad que tienen todos los individuos para ser invadidos de esa enfermedad; los indígenas y los europeos son los más predispuestos a ella. El virus de que nos hemos ocupado produce en el organismo, un verdadero envenenamiento, y si no hay en él bastante fuerza para eliminarlo, sucumbe el paciente bajo su influencia deletérea. SINTOMAS.-Para conocer mejor los síntomas de esta en- fermedad, la dividiremos en dos formas y éstas en períodos. Las formas son la tuberculosa y la globular; la primera tiene cuatro pe- ríodos, invasión, erupción, hemorragia y desecación; aún podía BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 15 admitirse un período de incubación que a veces es muy corto y en otros casos sustituye al de la invasión. Ocupémonos, pues, de la primera forma, advirtiendo que la segunda tiene, a más de estos períodos, el de la ulceración. Invasión.-Está caracterizado este período por dolores tere- brantes, que en unos enfermos se fijan en las articulaciones; en otros invaden todos los miembros y en algunos acometen solamente a los miembros superiores e inferiores; tienen el carácter de aumentar- se por la noche y también por los movimientos del enfermo, dura desde 15 días hasta seis meses. Erupción.-En este período se nota la aparición de unos gra- nitos que comienzan como un punto brillante, luego toman el as- pecto de unas gotitas de rocío, primero transparentes,luego rosadas, más tarde rojizas y de aspecto córneo, más o menos duras, su dis- tribución es muy desigual; por lo general son pocas en la cara; raras en el tronco y muy abundantes en los miembros; siendo no- table que aparezcan pocas en el lado de la flexión, existiendo, por el contrario, en gran número, en el lado opuesto, de tal modo que dan a la piel de la pierna y el pié, en ciertos casos, el aspecto de los que padecen elefantiasis. En las palmas de las manos y plantas de los pies aparecen en forma de manchas rojizas. En cuanto a su forma, ésta varía, unas veces es pediculada, otras aplanada y pue- den verse estas variedades en la lámina que acompaño; como apa- recen sucesivamente y no siguen todas la misma marcha, es difícil fijar el tiempo que emplean en adquirir todo su volumen, pues unas quedan bajo la forma de puntos brillantes, otras no llegan a tener todo su incremento, sufriendo una especie de atrofia. Este período termina cuando se inicia la hemorragia y dura, según el Doctor Odriozola, quien se han dedicado a esta enfermedad, de uno a dos meses. Hemorragia.-Para efectuarse la hemorragia, la verruga se pone más roja, más blanda, la epidermis se cubre de unas escamitas, se divide y da paso a una cantidad de sangre que, por lo general, es poca, pero que en algunos casos puede ser alarmante y exigir la aplicación de cáusticos enérgicos como en el enfermo de la observa- ción número 4. La hemorragia se produce las más veces por el sim- ple roce de los vestidos, o porque el prurito muy vivo o bliga al en- fermo a rascarse y desgarra con sus uñas la verruga; en otros casos, provisto el enfermo de una aguja, rasga la epidermis y se ve en- tonces salir por la abertura un cuerpecito lenticular, trasparente, comparable al cristalino, el cual se deseca muy pronto cuando se le expone al aire y no deja por residuo más que una mancha gris. Dura de 15 a 20 días. 16 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Desecación.-Este período está caracterizado por la transfor- mación de las verrugas en unas costras, más o menos gruesas; cuan- do las verrugas están aisladas, sus paredes se atrofian después de la hemorragia, van disminuyendo de volumen lentamente, en otros casos sin que haya ninguna solución de continuidad y desaparecen como las precedentes, pero aquí es por una especie de absorción; cuando se han aglomerado, forman unas costras de mucha exten- sión, si se las comprime se ve resumir por sus bordes un pus más o menos sanioso, estas costras son amarillentas, rojizas, frágiles, su caída deja una piel rosada, resquebrajada y que puede compa- rarse a las patas de algunos pájaros: Dura de uno a seis meses. Forma globular.-Invasión. - Es más largo este período pero menos doloroso. Erupción.-Aquí aparecen las verrugas bajo la forma de tu- mores subcutáneos, duros, movibles, sin alteración de la piel que los cubre, y sin adherencia con ella, comparables a un ganglio que fuese redondeado; su volumen varía desde el de un frijol hasta el de un huevo de paloma, su distribución es muy desigual, pero del mismo modo que en la forma anterior predominan en el lado de la extensión, son frecuentes en la rodilla, codo, y al nivel de los huesos superficiales como en las caras internas de la tibia y del cúbito, su aparición es excesiva y dura muchos meses. Hemorragia.-Para verificarse ésta, las verrugas sufren algunas transformaciones: en primer lugar contraen adherencias con la piel; en seguida ésta se pone rojiza, luego violada, más tarde negruz- ca, se resquebrajan y por el roce de la ropa da salida a la sangre y pus; en otros casos, sin dar salida a estos líquidos, toman una forma pediculada, se ulceran y continúan desarrollándose. Ulceración.-En este período se ve que las verrugas toman una forma particular, son pediculadas esféricas, más o menos aplanadas, comparables a una papa, variando su volumen desde el de un coco pequeño hasta el de una naranja mediana, como en el enfer- mo de la observación N°. 6, la superficie es de un color gris sucio negruzco, con surcos desiguales, exhala un olor semejante al que despiden las úlceras del dorso de las bestias de carga, acomete a es- tos animales por lo que vulgarmente llaman a esta forma verru- ga de muías; la piel que rodea su pedículo es muy roja, lustrosa, distendida y parece extrangular al pedículo. Desecación.-En este período se nota que las verrugas caen las más veces mediante la ligadura o sin ella; el tiempo que media entre la aplicación del hilo de la ligadura y la caída del tumor, varía mucho porque está en razón del grosor de su pedículo, a$í como de la reacción orgánica del sujeto, de lo que tenemos una BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 17 prueba en el enfermo de la observación número 6, porque hasta cerca de su muerte conservaba una verruga ligada; y en una del brazo se observó, que después de desprendido el tumor se reprodu- jo como una excrecencia del tejido celular. Separado una vez el tumor queda una úlcera que desaparece mediante la cauterización, aunque a veces es rebelde a este tratamiento. La piel correspondien- te queda rojiza y poco tiempo después llega a recobrar sus pro- piedades. MARCHA, CURSO, DURACION Y TERMINACION La marcha de la enfermedad así como su curso varían según la forma y el grado de reacción orgánica del sujeto. En la primera forma, los períodos se suceden con más rapidez que en ia segunda: en las personas débiles o debilitadas por enfermedades precedentes, se ve que su marcha es lenta tanto en la aparición de las verrugas como en los progresos de cada una de ellas, la erupción es pálida, la invasión larga, un ejemplo muy notable de esto tenemos en el enfermo de la Observación número 6; por el contrario, los indivi- duos de temperamento sanguíneo, fuertes, en quienes se ejercen las funciones con actividad, el curso de la enfermedad es más rápido, la invasión más dolorosa, la erupción roja, acompañada de un pru- rito muy vivo, las hemorragias son frecuentes como en el enfermo de la observación número 4, su duración se extiende desde tres a cuatro meses, que es lo más frecuente, hasta un año. Termina por desecación y eliminación de las costras en la forma tuberculosa; por cicatrización de las úlceras o por reabsorción en la forma glo- bular. ANA TOMIA PA TOLOGICA No tenemos autopsias anteriores a nosotros, que nos ilustren acerca de las lesiones orgánicas que determina esta enfermedad. En la forma tuberculosa cada verruga contiene un cuerpecito lenticular comparable al cristalino, trasparente, gelatinoso; visto al microscopio está compuesto de células en cuyas mallas existe una especie de linfa plástica, expuesto al aire se deseca completa- mente a las veinticuatro horas, no quedando de él más que una mancha gris, su asiento es el dermis y parece resultar de la inflama- ción que produce en este órgano el principio de la infección. Las paredes de las verrugas son bastante gruesas, de aspecto córneo, de color más o menos rojo. En la forma globular las verrugas están enquistadas, su membrana propia se halla-rodeada de tejido celular, 18 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA en relación unas veces con la piel y otras con el periostio, también puede estar envuelta por el parénquima de otros órganos; en cuanto a su contenido es muy semejante a la forma precedente en su prin- cipio; pero más tarde se encuentra un pus, más o menos concreto y sangre coagulada. Esta forma la he hallado en la superficie del hígado, en su parénquima; así como también en la mucosa gástri- ca y espero que nuevas autopsias vengan a confirmar la presencia de estos tumores en la parte más profunda de nuestro organismo. DIAGNOSTICO En el período de invasión, como los dolores suelen aumentarse por la noche, podría creerse que era de naturaleza venérea; pero la falta de los accidentes primitivos de la sífilis aclarará el diag- nóstico, y si a esto se junta que el enfermo ha estado en Santa Olaya o en algunos puntos intermedios, ya no habrá duda sobre e verdadero carácter de estos dolores; las mismas reflexiones pode- mos hacer cuando se trate de las úlceras que quedan después de la caída de las verrugas; así como respecto a los tumores subcutáneos de la forma globular, que pudieran confundirse con las gomas de los sifilógrafos. En cuanto a la forma tuberculosa podría equivo- carse con unas producciones córneas o verrugas comunes que exis- ten principalmente en las manos y que los quichuas llaman tictis; pero la dureza de las últimas, su superficie granulosas y sus color mucho más pálido, nos darán a conocer su verdadera naturaleza. Y para evitar toda confusión hemos propuesto llamar a la enferme- dad que nos ocupa Verruca andícola. PRONOSTICO Por lo general las verrugas son molestas pero no graves; no obstante si la enfermedad ataca a un sujeto débil o debilitado por enfermedades anteriores, el pronóstico es temible como lo prue- ban las dos últimas observaciones que acompañan a esta descrip- ción; la segunda forma parece más grave que la primera; pero se necesitan más datos para establecerlo de un modo concluyente. TRATAMIENTO Para curar esta afección siempre se ha procurado hacer sudar al enfermo: los antiguos usaban el cocimiento de maiz, más tarde se le asoció el vino; los progresos que hicieron los médicos del país y lo» conocimientos de terapéutica y Materia Médica no dejaron BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 19 de influir en el tratamiento de esta enfermedad, así es que se llegó a emplear el tártaro estibiado a pequeñas dosis, el vino emético, el acetato de amoniaco, la zarza y, en fin todos los remedios que se comprenden en la medicación sudorífica; por consiguiente, en la primera forma y cuando las fuerzas se hallen en buen estado, se usará el cocimiento de maíz con vino emético y el tártaro estibiado; pero si el sujeto es muy débil o debilitado por enfermedades ante- riores se empleará el acetato de amoniaco de media a una dragma por dosis. En la segunda forma, a más de estos medios, se aplicará a los tumores una ligadura al nivel de su pedículo, y se apretará el hilo cada día a fin de favorecer su caída, la superficie que queda des- pués de desprendido el tumor se cauterizará con nitrato de plata; es frecuente que la superficie de la verruga se cubra de gusanos, en cuyo caso se le aplican los polvos de precipitado rojo que los hacen desaparecer bien pronto. En esta enfermedad se ha empleado tam- bién el yoduro de potasio por su acción sobre la piel; pero no se han obtenido los resultados satisfactorios que se esperaban, manifes- tando la experiencia que no se puede detener el curso de la enfer- medad pero sí puede y debe el médico ayudar al organismo en los esfuerzos que hace para eliminar el principio morbífico. Por lo que hace a la dieta, los enfermos tomarán alimento de fácil diges- tión y que suministran ai organismo bastante principios nutriti- vos, puesto que la enfermedad tiende a debilitarlo. OBSERVACION N». 1 Rufino Benites, de doce años de edad, natural de Huanta, de temperamento linfático, de raza andoperuviana, entró en el Hospital de San Andrés el 25 de mayo de 1857, fué acostado en la cama número 1 75 en la Clínica Médica. Presentaba una erupción de verrugas que comenzaba a desarrollarse. Situadas en los miembros superiores e inferiores con la particularidad de existir casi todas por el lado de la ex- tensión y muy pocas por el de la flexión; su volumen variaba desde un punto bri- llante hasta el de un garbanzo, semejantes a las gotas de rocío que se ven por las mañanas en las hojas de las plantas; las más pequeñas eran trasparentes e incolo- ras, las medianas y las mayores tenían un rosado muy hermoso; había algunas, y estas eran las más antiguas, enteramente opacas, de un rojo bastante vivo y de as- pecto córneo, duras al tacto; de forma casi semi-esférica; en el tronco no se encon- traban; en la cara eran muy pocas; no había fiebre y las funciones se ejercían fisio- lógicamente. Se le administró el acetato de amoniaco para favorecer la erupción; continuó con este tratamiento hasta el 4 de junio, en que comenzó a dársele la de- cocción de maíz. En estos días observé que los tumorcitos comenzaban por un pun- to brillante, unos quedaban en este estado; pero los más continuaban su desarrollo aumentando de volumen, primero trasparentes, luego rosados, más tarde rojos, y por último se abrían, dando lugar a una pequeña hemorragia. En los meses siguien- tes se le sometió al tártaro estibiado a pequeñas dosis, siempre con el fin de favorecer la erupción que aparecía lentamente. En todo este timpo pude observar que las ve- 20 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA rrugas aglomerándose formaban en la cara anterior y dorso del pie un empedrado muy notable, que más tarde se desecaron desprendiéndose en forma de chapas ama- rillentas y rojizas; entonces pudo verse el dermis rosado, lustroso, resquebrajado, semejante a las patas de algunos pájaros. En la planta del pié, sin duda por el gro- sor de la epidermis,no pudieron desarrollarse las verrugas, pero observé unas man- chas rojizas, que indicaban su presencia en el dermis. Mediante el tratamiento arri- ba indicado, el enfermo salió curado el Io. de octubre de 1857. Como se ve duró la enfermedad cuatro meses seis días. OBSERVACION N". 2 Diego Casas, natura! de Chile, de 34 años de edad, de temperamento linfático, de raza blanca, entró al Hospital de San Andrés, el 30 de Enero de 1 857 y fue acos- tado en la cama número 89. a causa de presentar una erupción de verrugas. Dicho enfermo refiere que estuvo tres meses trabajando en Huamantanga, en unas minas de plata, y que después se vino a Lima. A las tres semanas de su llegada comenzaron a aparecerle las verrugas, siendo precedidas de dolores que se extendían de la cin- tura a los pies: a los cinco días de la erupción se vino al Hospital. Las verrugas ofre- cían una distribución muy desigual, notándose en la parte superior del cuello, en los brazos, en las piernas y en los pies; ocupando siempre el sentido de la extensión, casi nunca el de la flexión; en el párpado izquierdo al nivel de su borde existía una muy notable, tenía una longitud cuatro veces mayor que su anchura, su forma era pediculada, algo cilindrica redondeada en su punta, las de los miembros eran más achatadas, rojizas de un aspecto córneo; al tacto parecían sólidas, pero rasgán- dolas con una aguja (como lo hacía frecuentemente el enfermo) salía un cuerpecito lenticular, gelatinoso, trasparente, de unas cuatro líneas de extensión que ex- puesto al aire se desecó, no quedando sobre el pape! en que lo puse más que una mancha gris, visto al microscopio estaba formado por un tejido celular que parecía contener linfa plástica en sus mallas; los tumorcitos no siempre necesitaban ser rasgados para dar salida a su contenido, pues dividiéndose espontáneamente la epidermis, sobrevenía una pequeña hemorragia y luego se desecaba; pero el enfer- mo deseando apresurar su marcha, casi siempre los desgarraba, como queda dicho. Se le sometió al tratamiento por el vino emético a la dosis de veinte gotas en una ti- sana de cebada, el 18 de Febrero se le aumentó ia dosis hasta un dracma noche y mañana; se le administró un pediluvio. Más tarde se le dió el cocimiento de maíz, después la zarza; se le prescribió baños generales, tomó el tártaro emético a pequeñas dosis; en todo este tratamiento que ha durado 3 meses 23 días, todas las funciones se han verificado bien y el enfermo ha podido levantarse y dedicarse a ocupaciones que no requeiren mucho esfuerzo muscular. En el curso de la enfermedad ha podido notarse que no todas las verrugas aparecen al mismo tiempo y que tan luego se abren se desecan, quedando a la caída de las costras el dermis rojizo. El enfermo quedó curado el I 7 de mayo de 185 7. OBSERVACION N». 3 Pablo Flores, natuial de Huancayo, de 13 años de edad, de temeramento lin- fático, de mediana constitución, de raza andoperuviana, entró al Hospital de San Andrés el 19 de Enero de 1857 y fué acostado en la cama número 190 de la Clínica Médica. Padecía de fiebres intermitentes por lo que fué sometido a un régimen anti- periódico con el cual desaparecieron dichas fiebres. El 8 de febrero se presentó la erupción de las verrugas, las cuales eran de tamaño y forma favariables, de color BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 21 mis o menos rojo, de aspecto córneo: situadas en los miembros superiores e inferio- res, muy pocas en el tronco, ocupaban, como en las otras observaciones, el lado de la extensión, su número era muy considerable, de modo que Formaba en la pierna y pié un todo único y parecía que la piel estaba hipertrofiada: su tamaño variaba des- de un puntito hasta el de una alberja, al principio eran pequeñas y de un color ro pálido, pero a medida que*crecían su color se hacia más encendido; seguían una mar- cha muy diversa, unas se atrofiaban: otras, después de una pequeña hemorragia, se desecaban: las que se habían reunido se desprendían en forma de costras gruesas, rojizas, frágiles, debajo de las que se notaba un poco de pus sanioso; el dermis ro- sado tardaba algunas semanas en recobrar su aspecto primitivo. A este enfermo se le sometió al tratamiento por el vino emético y la zarza en decocción; el 18 de Fe- brero se le aumentó la dosis hasta una dracma; se le dió el cocimiento de maíz y mediante esta medicación salió curado el 30 de Junio de 1857. OBSERVACION N". 1 Encarnación Enriquez, natural de Arequipa, de 23 años de edad, de tempera- mento sanguíneo, constitución robusta, de raza andoperuviana y de oficio sastre, entró al Hospital de San Andrés el 21 de Julio de 1857 y fué acostado en la cama número 241, departamento del Dr. Cervera, a causa de una erupción de verrugas. El enfermo dice que ahora cuatro meses estuvo en Santa Olaya y que sintió allí dolores en los miembros que se aumentaron por los movimientos y que le parecía que le quebraban los huesos, notó también que se le aumentaban por la noche; me refirió igualmente que la erupción le había comenzado con mucho prurito y que aparecieron primero en los antebrazos y parte inferior de las piernas bajo la forma de unas gotitas de agua que a medida que crecían se ponían coloradas. Hoy 8 de Agosto el enfermo tiene todos los miembros cubiertos de verrugas de tamaño va- riable desde el de un puntito hasta el de un garbanzo, las más son rojizas, semi- esféricas, tienen un aspecto córneo y son duras al tacto. Cuando han adquirido todo su incremento se cubren de una membrana blanquecina, se reblandecen y el roce de la camisa basta para producir una hemorragia ligera por lo general; pero que en algunos casos fué bastante alarmante, de modo que exigió la aplicación del ácido clorhídrico concentrado para cohibirla; como el desarrollo de las verrugaa era sucesivo, terminando unas cuando comenzaban otras, pude observar su marcha con mucha facilidad; comenzaban unas por un puntito brillante, sin pasar adelante se detenían en este estado; otras si bien adquirían todo su volumen no daban san- gre y desaparecían por reabsorción, finalmente en las otras, ya sea espontáneamente ya sea desgarradas por las uñas de! enfermo, en virtud del prurito que excitaban, sobrevenía una hemorragia más o menos abundante, después de lo que se deseca- ban y eran eliminadas. En este enfermo se notó igualmente la tendencia que tienen las verrugas a predominar siempre en el lado de la extensión, su rareza en el tronco, su situación en la mano al nivel del dorso de los metacarpianos y de las articulacio- nes de las falanjes; en las palmas de las manos y planta de los pies la erupción apa- reció bajo la forma de manchas rosadas, que apenas levantaban la epidermis y que no tenían tendencia a la hemorragia. A este enfermo se le prescribió el cocimiento de zarzaparrilla durante ocho días, después se le sometió a los emolientes, hasta el 6 de Agosto en que se le administró el vino emético con la decocción de maíz. En los días siguientes se notó la frecuencia de las hemorragias, la erupción se hizo muy abundante, acompañada de mucho prurito por lo que el enfermo se rascaba bastan- te, y esto dió lugar al desarrollo de un eczema impetiginoso que vino a complicar las Verrugas; lo que exigió la aplicación de baños generales tibios; y el enfermo que ha- bía venido al Hospital bastante robusto, se enflaqueció mucho; pero mediante el 22 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA tratamiento indicado desaparecieron las verrugas y el eczema, saliendo curado a mediados de Noviembre de 1857. OBSERVACION N°. 5 • Manuel Flores, de'21 años de edad, de temperamento linfático, de constitución robusta, natural de Arequipa y de raza andoperuviana, entró al Hospital de San Andrés el 18 de julio de 1857, fué acostado en la cama número 18, departamento del Dr. Ríos, a causa de una erupción de verrugas. El enfermo me refirió: que el 1 I de junio del presente año comenzaron a salirle unos tumorcitos del tamaño de un huevo de paloma semejantes a uno que tiene actualmente, el cual es duro, movible, la piel que lo cubre no presenta alteración ni está adherida a él; a más de este tumor tiene otros en diferente estado de desarrollo, por lo que, de una sola mirada, he po- dido conocer la marcha que siguen dichos tumores; en unos la piel que los cubre no está alterada, en otros está rojiza y violada, y an algunos finalmente ulcerada. Comparándolos se ve que primero aparecen bajo la forma de una pequeña eleva- ción subcutánea, más tarde contraen adherencias con la piel, la cual cambia de co- lor, se reblandece, se resquebraja y da lugar a la salida de pus y sangre y queda formada así una úlcera; en otros el tumor sin dar salida a su contenido crece más, se ensancha y toma una forma pediculada, la piel que rodea este pedículo se pone muy distendida como estrangulando el tumor, el cual está cubierto de una capa gris negruzca, que parece resultar de la concreción de un humor fétido cuyo olor es se- mejante al que exhalan las úlceras del dorso de las muías. Además se notan en este sujeto algunas verrugas de la otra forma. Este enfermo fué sometido a un trata, miento mercurial hasta el 22 de julio, día en que se le administró el vino emético con el cocimento de maíz a cuyo régimen estuvo sujeto todo el mes de agosto, el 12 de setiembre se le dió el yoduro de potasio, al que después se asoció el yodo; el 25, del mismo mes se volvió a emplear el vino emético con el cocimiento de maíz. El enfermo salió muy mejor,pero no completamente sano, el 4 de Noviembre de 1857. OBSERVACION N% 6 Aniceto cié la Cruz, natural de Moya, avecindado en Jauja, de 40 años de edad, de temperamento linfático, de constitución débil, de raza andoperuviana, entró al Hospital de San Andrés el 21 de Junio de 1857, fué acostado en la cama número 490, departamento del Dr. Ríos. Se quejó de fiebres intermitentes, por lo que se le administró el sulfato de quinina, se reconoció el infarto del bazo, por lo que se le dió el cloruro de amoniaco, primero asociado al antiperiódico, después solo; este enfermo estaba muy demacrado y presentaba algunas verrugas, y aún que eran en corto número, se hacían notables por su forma y situación: en el pulpejo de la oreja existía una que parecía un zarcillo de color violado, del tamaño de un huevo de paloma, la piel que le cubría presentaba venas varicosas, era blando al tacto, estrecho en su parte superior y de forma elíptica.El enfermo me dijo: que hacía un año que había estado en Santa Olaya y que a los dos meses le salió una verruga en el talón sin ser precedida de dolores; ahora, a más de las dos que llevo referidas, existen algunas en la cara. En los meses de Julio, Agosto y Setiembre, el paciente ha estado sujeto a un régimen tónico: tomando el yoduro de fierro con el carbonato y la tintura muriática del mismo metal, las píldoras de Vallet, el sulfato de qui- nina al que ha sido necesario recurrir por las frecuentes recidivas de la intermi- tente. En todo este tiempo se ha notado la lentitud con que aparecía y se desarro- llaba la erupción verrucosa, la pequeñez y frecuencia del pulso a pesar de los fe- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 23 rruginosos. En los meses de Octubre y Noviembre ha adquirido la enfermedad grande incremento, ha continuado el estado de caquexia, las verrugas se han desa- rrollado en gran número, la lamina que acompaño representa al enfermo y puede verse en su cara los progresos que hacen las verrugas; así. en la parte superior del dorso de la nariz se inician estos tumores, en el Angulo interno del ojo y en la parte superior de la frente han aumentado de volumen, de las dos que existen en la mejilla izquierda, la inferior es blanda al tacto y de color violado, la superficie está en un período más adelantado y su superficie se halla cubierta de costras que le dan el aspecto desigual que se nota en ella ; en el Angulo externo del ojo existe una verruga en el período de la hemorragia, pues las manchas que se ven en la parte externa del párpado inferior y en el carrillo son de sangre que actualmente corre de la verru- ga, la más notable en este cuadro es la que existe al nivel del lóbulo de la oreja, al principio de esta historia hemos dicho que sólo tenía el tamaño de un huevo de paloma, más tarde llegó a adquirir el de una naranja pequeña, se ulceró en su su- perficie, se aplicó una ligadura a su pedículo, a pesar de esto la verruga no ha caído, se ha desprendido una porción de su parte inferior y ofrece el aspecto que anotamos en la lAmina que acompaño. Una de las verrugas grandes que se desprendió median- te la ligadura estA depositada en el Museo de la Escuela de Medicina. A pesar ds tratamiento corroborante a que ha estado sometido el enfermo, cada día van dismi- nuyendo las fuerzas, se aumentan las verrugas y llegando a ulcerarse dan un olor tan desagradable, que ha sido necesario aislar al paciente de los demAs enfermos; se han aplicado tópicos de cloruro de cal a las verrugas ulceradas; haciendo mayores progresos la afección, el sujeto ha caído en un abatimiento profundo y murió el 3 Je diciembre de 1857. No ine fué posible hacer autopsia, lo que sentí bastante. OBSERVACION N\ 7 Manuel Giraldo, natural de Huancayo, de 23 años de edad, de temperamento linfático, de regular constitución, de raza andoperuviana, entró al Hospital de San Andrés el 25 de Setiembre de 1857, fué acostado en la cama número 475, departa- mento del Dr. Ríos. Se quejó de fiebres intermitentes por lo que se le prescribió el sulfato de quinina además tenía infarto del bazo e hidropesía del vientre. El 28 se le ordenó la infusión de cáinca y el sulfato de magnesia una dracma por dosis, el 29 la misma infusión y el sulfato de potasa a la misma dosis. El 8 de octubre se le dieron las píldoras de Vallet y el yoduro de fierro,continuando con este trata- miento hasta el 28 del mismo en que apareció la disentería. Existían al mismo tiempo en la piel algunas verrugas poco notables, poco numerosas, por lo que no llamaron la atención y como existían otras lesiones que eran el infarto del bazo la ascitis y más tarde la disentería, se le sometió como queda dicho a los antiperiz, dicos, diuréticos, tónicos y después a los polvos de Dover, hicrargirio con greda, opio, turbit mineral, calomel, enemas de ipecacuana, etc. El enfermo murió el 13 de Diciembre y hecha la autopsia se encontraron las alteraciones siguientes: la piel que cubría las verrugas,en unas estaba íntegra,en otras ofrecía un color violado y por fin en algunos negruzco, cortados todos estos tumores subcutáneos ofrecían muchas variedades: unos contenían una sustancia gelatinosa, opaca, rosada, de es- tructura celular, en otros se encontraba sangre coagulada, algunos tenían en medio de su sustancias manchas amarillentas que parecían un pus concreto, todas ellas tenían una membrana propia rodeada de tejido celular,en unos casos adherida a la piel, en otros muy cerca del periostio.como lo observé en la cara interna de la ti- bia; y era bastante notable el que muchas verrugas que no se percibieron en la super- ficie del cuerpo existían debajo de la piel y también en relación con el ligamento anterior de la rodilla. Abierta la cavidad del vientre, encontré una gran cantidad 24 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA de serosidad en el peritoneo, los intestinos estaban muy voluminosos por el estado edematoso de sus paredes. Abiertos estos se encontraron ulceraciones en la mucosa del colón del tamaño de una peseta con los bordes salientes rojizos, negruzcos, el fondo gris amarillento y la mucosa reblandecida; los intestinos delgados nada me han ofrecido de notable, en la mucosa gástrica hallé tres tumorcitos semejantes a los subcutáneos y que consideré como verrugas por su forma, color y diverso estado de desarrollo; el bazo era tres veces más voluminoso que de ordinario, su super- ficie y su parénquima no ofrecía nada de notable. El hígado tenía un color rojo negruzco, su superficie presentaba unos tumorcitos duros al tacto, de diverso ta- maño, semejantes a los subcutáneos por su contenido y por tener como ellos una membrana propia, en relación con el tejido del hígado; haciendo un corte vertical encontré en lo más profundo del órgano tumores de la misma naturaleza (1). Abier- tas las cavidades del pecho y del cráneo nada tenían de notable; la mucosa bron- quial y vesical sanas, así como el riñón. Me acompañaron a hacer esta autopsia los señores Arias y Cuentas. (1).-Tengo depositados en el Museo de ía Escuela porciones del hígado y de la mucosa gástrica de este enfermo. Doctor Armando Vélez Nació en la ciudad de Moquegua el año 1833. Inscrito en la matrícula de la Facultad de Medicina de Lima el año 1856, en que fuera fundada la institución, dió término a sus estudios profesiona- les el año de 1861. En el curso del mismo año obtuvo los grados aca- démicos de bachiller y de doctor, sosteniendo para optar el primero una tesis que es la inserta en este volumen y para optar el secundo un estudio, en aquel entonces de alguna novedad, relativo al histe- rismo masculino. Catedrático auxiliar de Patología interna en la Facultad de Medicina de Lima el año de 1862; Catedrático principal de la mis- ma asignatura el año de 1871, fué promovido por sus compañeros de Facultad a los honores de la docencia clínica el año de ¡ 887. Ya en el desempeño de esta cátedra, fué elegido subdecano, el año 1888. Encargado del desempeño del Decanato el año de 1896, por viaje a Europa del entonces Decano Dr. Francisco Rosas, fué ele- gido sucesor de este el año de 1899. Víctima de grave enfermedad que no lograron curar ios solícitos cuidados de sus compañeros de Lima y a la cual no lograron alivio las más ejecutoriadas compe- tencias médicas de Europa, falleció el Dr. Velez, en Lima, el año de 1903. Alumno distinguido de la Facultad de Medicina de Lima, que el año de 1858 le hiciera merced del llamado desde aquel enton- ces "Premio Escolar"; profesional que gozó de la mayor estimación de sus camaradas que,el año de 1893, le llevaron a la Presidencia de la Academia de Medicina; decano tan cumplidor de sus deberes que a despecho de grave claudicación, no dejaba de concurrir a la Fa- cultad al desempeño de sus labores, el Doctor Velez legó a la Fa- cultad su Biblioteca Médica. La bibliografía del doctor Vélez es la siguiente. L-De las verrugas, tesis del bachillerato en Medicina, en «Ga- ceta Médica de Lima», 1861. 2.-Histerismo en el hombre, tesis del doctorado en medicina en «Gaceta Médica de Lima», 1861. 3.-La epidemia de grippe habida en Lima en 1892, informe en colaboración con los doctores Julio Becerra y David Matto.en «Cr ónica Médica de Lima», 1893. 26 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 4.-Memoria sobre la fiebre amarilla, en colaboración con el Dr. Belisario Sosa, en «Crónica Médica de Lima», 1884. 5.-Discurso pronunciado en la Academia Nacional de Medi- cina de Lima, en «Monitor Médico de Lima», 1897. 6.-Eiercicio legal de la Medicina, en colaboración con los doc- tores Manuel C. Barrios y Manuel R. Artola, en «Monitor Médi- co de Lima», 1891. H. V. DE LAS BERRUGAS Tesis sostenida por el alumno Armando Velez para optener el grado de Bachiller en Medi- cina, bajo la presidencia del Dr D. Manuel Odriozola, el I 1 de marzo de 1861. Publicada en «Gaceta Médica de Lima», Año de 1861, págs. 198 y 199. Alentado por los buenos consejos de uno de mis profesores» el Doctor Odriozola, me he dedicado con constancia a determinar cuál era el tejido anatómico que ocupaban los tubérculos de la en- fermedad que vulgarmente llaman verruga y que ha sido denominada por el doctor Salazar, en un trabajo lleno de precisión, con el nombre de Berruga andícola. La descripción que de este estado morboso ha trazado el Doctor Salazar es de mucha utilidad, pues- to que nos da a conocer una enfermedad propia de nuestro país; pero se nota en ella un vacío que es el que me propongo llenar. Las berrugas, como todos saben, aparecen principalmente en la cubierta cutánea, sin dejar por eso de manifestarse en la profun- didad de algunos de nuestros órganos internos, como lo prueban las observaciones del Doctor Salazar que las ha encontrado en la superficie interna del estómago y en el hígado, del mismo modo que también han sido halladas por el Doctor Odriozola bajo la forma de pequeños tumores que simulaban pólipos implantados en la parte superior de la pared posterior déla faringe. Yo mismo he tenido ocasión de ver una en el globo ocular ocupando la parte externa de este órgano. Para conocer, pues, cual es el tejido primitivo que ocupan las berrugas ya que las vemos en tantos y tan variados órganos, 28 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA he decidido recurir al microscopio y al estudio anatómico de las diferentes partes en que hasta el presente se han encontrado. Lo primero, para conseguir mi objeto, y lo segundo para ver si los resultados qtie me daba el microscopio estaban en armonía con los conocimientos anatómicos. Felizmente ambas cosas se hallan con- seguidas; veamos, pues, lo que nos dice el microscopio. En este estudio he procedido del modo siguiente: he escindido algunas de las berrugas que las he tomado de la cara o del brazo por medio de tijeras curvas y después ae separadas he cauterizado la pequeña herida con un lápiz de nitrato de plata que ha conte- nido casi inmediatamente la hemorragia. Después he tratado de conocer por el microscopio los tejidos que se hallaban en estos pe- queños tubérculos. Creo haber sido bastante feliz al haber deter- minado que es el cuerpo papilar o las eminencias cónicas que cons- tituyen las berrugas y las que forman casi en totalidad estos peque- ños tumorcitos. Y digo que es el cuerpo papilar porque con el mi- croscopio de Nachet con la lente óptica N°. I y 0 objetivo se dis- tinguen las papilas perfectamente bien, ya separadas y aumenta- das de volumen, ya aglomeradas. Para estas primeras observaciones me servía del agua pura. Por fina que fuera la lámina de tejido que sometía a la observación siempre hallaba que el elemento pre- dominante era papilar. Repitiendo ios mismos trabajos con el áci- do acético que, como se sabe, tiene la propiedad de poner traspa- rentes las células que forman el epidermis, los resultados eran igua- les. Aumentando la fuerza de la lente objetiva y tomando el N°. 1 siempre con el agua y ácido acético, ya no sólo distinguía las emi- nencias cónicas aumentadas de volumen, sino que también percibía vasos capilares y glóbulos sanguíneos. Estos primeros trabajos me hicieron sospechar cual era el ele- mento lesionado a fin de adquirir la convicción que me asiste en la actualidad, supliqué al Doctor Villar, profesor de Anatomía Ge- neral y Patológica para continuar en el mismo estudio. Gracias a la bondad de él y a la constancia en el trabajo, pudimos ver repe- tidas ocasiones que el elemento preponderante era el papilar. En una ocasión tuvimos la felicidad de poder separar la epidermis que recubre el cuerpo papilar y entonces vimos con mucha limpieza las papilas que conservando en algo su forma cónica estaban nota- blemente aumentadas de volumen. Finalmente hemos practicado cortes en diversas direcciones, ya verticales, ya horizontales y sometiendo las láminas que resul- taban de ellos al microscopio casi no hemos encontrado otra cosa que un tejido homogéneo formado por el elemento en cuestión. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 29 De modo pues que hemos concluido que son las papilas hipertrofia- das las que forman ios tubérculos que caracterizan la enfermedad y las que son, por consiguiente, el sitio anatómico de ellos. Una vez considerado el cuerpo papilar como el asiento de las berrugas veré si puede explicarse su presencia en todos los puntos en donde hasta la fecha las hemos encontrado. Para esto permíta- seme que diga algo de la estructura de la piel y de las membranas mucosas que, a mi juicio, son las únicas partes en donde pueden manifestarse las berrugas. La piel como sabemos se halla formada de dos capas, una su- perficial y otra profunda; la primera designada con el nombre de epidermis, y la segunda con el de dermis. El epidermis es una capa córnea desprovista de sensibilidad y constituida por células sobre- puestas que están más o menos aplastadas, según la mayor o menor profundidad en que están colocadas. La estructura del dermis no es tan sencilla como la de la ante- rior. En ella encontramos el cuerpo papilar, que colocado inmedia- tamente debajo del epidermis, está formado de una multitud de eminencias cónicas variables por su longitud y número. Es en estas eminencias donde van a terminar ¡os nervios cutáneos, los vasos sanguíneos y linfáticos formando redes al contorno de las papilas. A más de existir en el dermis o corion arterias, venas, vasos linfá- ticos y nervios que serpean en muy distintas direcciones, hay tam- ben dos órdenes de glándulas que son las sudoríferas y las sebáceas, ambas colocadas más profundamente en las papilas, los bulbos pi- líferos u órganos protectores del pelo y, finalmente, la parte esencial del dermis está formada por un tejido fibroso elástico que consti- tuye el esqueleto por decirlo así, del corion. Tales son, en resúmen, los diferentes elementos de que se compone la piel. Las membranas mucosas y sobre todo la que tapiza el tubo digestivo que es el punto donde con más frecuencia se han descu- bierto las berrugas, está formado de dos láminas superpuestas, la primera epitelial y la segunda fibrosa. La epitelial está constituida por células más o menos numerosas de diversas figuras según el punto donde se las examina. Así, en toda la porción supradiafrag- mática del conducto digestivo muchas células son poligonales, aplastadas y superpuestas unas sobre otras de modo que forman muchas hojas íntimamente unidas. En la porción subdiafragmática del canal alimenticio las células son menos numerosas, cónicas o cilindricas, con la base hacia la superficie libre. La capa fibrosa de la misma mucosa digestiva es una lámina delgada, compuesta de fibras fusiformes comprimidas las unas contra las otras y que soportan las papilas que existen abundante- 30 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA mente en las mucosas del mismo mocL que en la piel. A más de estos elementos tenemos glándulas, que las unas secretan la saliva y las otras el moco y que también existen en más o menos número, se- gún el punto en que examinemos esta capa. Vienen por último, las arterias, venas, vasos linfáticos y nervios que se distribuyen en esta capa fibrosa. Por la simple enumeración de los elementos anató- micos que existen, tanto en la cubierta cutánea como en la mucosa digestiva, ya se viene en conocimiento de que existiendo en esta última el cuerpo papilar que hemos considerado como el asiento de las berrugas que se desarrollan en la piel, debe este mismo cuerpo papilar de la mucosa ser también el sitio de las que se han encontrado en el estómago y faringe. En estos puntos la membrana mucosa no puede ser más ma- nifiesta, así como el cuerpo papilar que también es muy notable. Por lo que respecta al hígado sabido es que en la estructura de este órgano no encontramos ninguna membrana mucosa, de modo que podría negarse el principio que llevo sentado; pero reflexionemos un momento y nos fijamos en los conductos excretores de la bilis que en multitid de direcciones serpean por el hígado y que estos conductos están igualmente provistos de su mucosa correspondien- te a todos los conductos excretores, ya encontramos la explicación de las berrugas en el hígado, y, por consiguiente, confirmado lo que llevo dicho. Ultimamente en el globo ocular que también ha sido atacado por las berrugas hallamos mucosa fina que con el nombre de conjuntiva tapiza la parte interior de este órgano. Es cierto que esta mucosa es muy delicada, más no por eso deja de partici- par de todos los caracteres que les son propios a esta clase de mem- branas. Se ve, pues, por lo expuesto, que de una manera general pode- mos concluir diciendo que la piel y las membranas mucosas son los únicos órganos en donde pueden desarrollarse las berrugas y digo los únicos porque en estos órganos es donde solamente existe el cuerpo papilar que, como nos ha demostrado el microscopio, es el tejido primitivamente afectado. Doctor Enrique C. Basadre Nació en la ciudad de Tacna el año de 1848. Trasladado a Lima se inscribió en la matrícula de la Facultad de Medicina el año de 1866 y terminó sus estudios profesionales el año de 1873. Terminados sus estudios médicos y en su deseo de perfeccio- narlos, realizó viaje a Europa, frecuentando las clínicas de mayor importancia y de más sólido prestigio y siguiendo asiduamente los cursos de maestros de la talla del Profesor Fournier. De regreso al Perú, el doctor Basadre se dedicó al ejercicio pro- fesional, obteniendo los éxitos que le tenían merecidos su sincera vocación médica y su laboriosidad y competencia. La Ginecología y laNeuropatología compartieron las devociones médicas del doctor Basadre que ejerció aquella, con lisonjeros resultados, en Santiago de Chile, por los años de 1877 y también en el Perú y se consagró al cultivo de la última en el Gabinete Electroterápico que fundó en Lima, en colaboración con los doctores D. Manuel R. Ganoza y D. Manuel F. Morales. Tuvimos oportunidad de conocer este Ga- binete cuando estaba instalado en la calle de Mogollón. Como quiera que la época concedía gran importancia a la electricidad es- tática, esta se hallaba convenientemente representada en el Gabi- nete; pero lo estaban, así mismo, las otras formas de electricidad y algunos otros agentes físicos. A título de curiosidad anotamos el recuerdo del motor animal (humano) que se empleaba entonces para poner en funciones la máquina estática. El Gabinete era una verdadera Clínica de enfermedades del sistema nervioso y su im- portancia fué tanta que la Municipalidad de Lima le concedió, el año de 1894, un premio de estímulo, consistente en una medalla de oro. Desde el punto de vista científico cuenta en su haber el Dr. Basadre la historia de un caso de verruga peruana que consignamos en este volumen y que ofrece el particular interés de las considera- ciones etiológicas que hace el autor. Como ciudadano el doctor Basadre prestó el valioso concurso de sus conocimientos profesionales en las dos guerras nacionales sostenidas por el Perú durante la vida del distinguido profesional: la guerra contra España el año de 1866 y aquella contra Chile el año de 1879. En la primera de dichas guerras, el Doctor Basadre asistió al combate del 2 de mayo, en calidad de sanitario, en la to- 32 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA rre de «Junín». En nuestra guerra con Chile, el doctor Basadre, embarcado como cirujano voluntario en la «Independencia», siguió la suerte desventurada que cupo a los denodados tripulantes de esa nave. El doctor Basadre, que ha desempeñado importantes cargos públicos, en cuyo número se cuenta el Ministerio de Gobierno du- rante la primera administración del señor Augusto B. Leguía, de- sempeña actualmente el cargo de senador a Congreso por su depar- tamento natal. Bibliografía I.- Verrugas, historia clínica, en «Crónica Médica de Lima» 1885 2.-Resumen estadístico de las operaciones de ovariotomía e his- terectomía hechas en Chile, en «Gaceta Médica de Lima», 1878. 3.-Simulación de maltratos, informe médico legal, en colabo- ración con el Dr. Leonardo Villar, en «Gaceta Médica de Lima», 1878. H. V. VERRUGAS Historia clínica del quinto exa- men del Dr. Enrique Basadre, redactada el año de 1873. Pu- blicada por "La Crónica Médica de Lima", año de 1885, p. 409 a 411. El enfermo Pedro Cocharca, de 24 años de edad, soldado de artillería, soltero, temperamento linfático, raza indígena, entró al Hospital de San Bartolomé el día 6 de enero, habiendo estado enfermo desde tres semanas antes, y actualmente ocupa la cama número 34 de la sala de San Bartolomé, en el departamento del doc- tor Romero. Acerca de sus antecedentes dijo, que habiendo desertado en julio del año pasado se fué a trabajar al ferrocarril de la Oroya, donde permaneció un mes; que luego fué enrolado de nuevo en el ejército y que a los dos meses de esto empezó a sufrir la enfermedad de que padece actualmente. Hábi to Exterior.-Es de estatura mediana y de constitución robusta. Presepta en el rostro cicatrices provenientes de haber sufrido viruelas. En la parte anterior del pecho, y del abdómen, en toda la extensión de los miembros superiores e infe- riores se nota una erupción de pequeños tumores muy numerosos de forma redon- deada, de superficie irregular y de color rojo cobrizo, casi insensibles, sin prurito, algunos de ellos están como desecados, presentando pequeñas esfoliaciones. En otros puntos se notan manchitas cobrizas y redondedas, algunas cubiertas también de costras. El enfermo dice que antes de verificarse la erupción, padeció de dolores en los huesos que se exacerbaban en la noche, cuyos dolores han desaparecido al ma- nifestarse la erupción. No presenta señales de infección sifilítica y él dice no haber sufrido nunca de gonorrea, chancros, ni otros accidentes específicos. Los aparatos de nutrición y de relación no presentan fenómeno notable alguno. Diagnóstico.-Atendida la forma y naturaleza de la infección, a los fenóme- nos antecedentes y a la falta absoluta de síntomas específicos, creo que se trata de la enfermedad conocida entre nosotros con el nombre de verrugas y que esta se halla en el período de desecación. Pronóstico.-Favorable. 34 BIBLIOTECA CENTENARIO DÉ MEDICINA PERUAÑA ETIOLOGIA.-Esta cuestión si halla aún irresoluble. Yo mismo he tenido ocasión de hacer sobre ella algunos estudios que pienso continuar más tarde. Por de pronto y de una manera suscin- ta, daré a conocer algunos de los resultados que he obtenido. Las verrugas pueden referirse, según las diversas hipótesis que de ellas se han hecho, a varias causas. I °. a la acción del agua; 2°. considerándola como efecto de la sífilis o de la escrófula; 3o. co- mo una fiebre eruptiva semejante a la viruela, sarampión, etc. 4". como causadas por la introducción en la economía de las peque- ñas espinas y partículas microscópicas de los cactus que crecen en los lugares en donde reina la enfermedad; 5o. como producidas por la entrada en la economía de organismos microscópicos vivos que existen sea en el suelo, sea en la atmósfera. Daré las razones que haya en pró y en contra de estas hipóte- sis, sin decidirme por ninguna, por faltar para todas ellas los fun- damentos indispensables. 1 \ El agua.-He conocido muchos individuos que han hecho uso largo tiempo de las aguas acusadas y yo mismo las he emplea- do sin padecer verruga. Otros he conocido que nunca las emplearon y sufrieron esta enfermedad. Observando el cauce de los riachuelos de verrugas, he podido notar una gran cantidad de piritas arení- feras y analizando las aguas he encontrado en ellas vestigios de ar- sénico. Sabido es que el arsénico es un remedio eficacísimo para la curación de las enfermedades cutáneas, ¿no producirá el arsénico enfermedades cutáneas en los individuos sanos, según el principio similia similibus? 2o. Cómo sifílides.-Los caracteres que el profesor Basserau atribuye a las sifílides son los siguientes: Io. afectar la forma re- dondeada u ovalada; las verrugas también las afectan; 2o su poli- morfía; las verrugas se presentan desde granulaciones casi micros- cópicas hasta inmensos tumores del tamaño de una granada; 3o. su color rojo cobrizo, es el mismo de las verrugas; 4o. su tendencia a la ulceración, sabido es lo fácilmente que se ulceran las verrugas. Finalmente, según experiencias hechas por el Doctor Prieto en el Hospital de San Bartolomé, el yoduro de potasio es uno délos medicamentos más eficaces para las verrugas. Los dolores de las verrugas se asemejan a los osteócopos por acrecentar en la noche. No obstante estas semejanzas no puede aceptarse a las verrugas como sifílides, por faltar los síntomas del primer período de la in- fección y porque nunca se llega al tercer período, es decir a las alte- raciones huesosas, etc. Además una vez curada la erupción los in- dividuos quedan completamente sanos, sin que su organismo mani- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 35 fieste en lo futuro cosa alguna, lo que no sucede con la sífilis. Tam- poco son inoculables según se dice. Respecto al origen escrofuloso, no puede admitirse, porque la verruga ataca a los hombres más robustos y sanguíneos, porque no hay manifestaciones estrumosas y porque pasado el ataque los in- dividuos que lo sufrieron gozan de perfecta salud. 3o. Como fiebre erup iva semejante a la viruela, etc.- Aunque es verdad que las verr gas se presentan a veces con un aparato febril, pero éste casi siempre cede al sulfato de quinina, lo cual no se verifica con las fiebres eruptivas y esto prueba que esa fiebre no es sino una complicación. La fiebre se hace continua solamente en los casos graves, justamente cuando no se hace la erupción y reviste la forma de fiebre de la Oroya. Además, en las fiebres eruptivas el período de incubación es corto y guarda término más o menos marcado, lo que no sucede con las verrugas, cuya incubación dura desde algunos días hasta mu- chos meses. Las fiebres eruptivas son contagiosas; las verrugas pa- rece que no lo son. Las fiebres eruptivas casi nunca atacan sino una vez; las verrugas recidivan con frecuencia. 4o. Como provenientes de la introducción en la economía de pe- queñas espinas y partículas microscópicas de los cactus que crecen en los lugares en que reina esta enfermedad.-En apoyo de esta opinión tenemos el hecho vulgar de que las espinas de las tunas producen verrugas córneas por su introducción en cualquier parte del cuerpo. Además, puedo citar el hecho de un peón de la Oroya que, al caerse de un cerro, se tomó de uno de los cactus que allí crecen y a los po- cos días presentó las manos cubiertas de verrugas. Este hecho fué presenciado por diversos ingenieros de esa lí- nea que podrán testificarlo. Si se observa los ganados que se hallan en los cerros, se nota que las verrugas atacan la parte anterior de su pecho y patas y ab lomen, partes que cabalmente se ponen en contacto con los cac- tus al ascender oblicuamente los cerros. Si nos fijamos en la topo- grafía de los sitios de verrugas, veremos que son quebradas muy angostas, en las cuales, aunque se notan corrientes de aire muy fuertes, estas no renuevan la atmósfera con facilidad, pues dichas corrientes son circulares, lo que se comprueba observando el mo- vimiento de las nubes y, por lo tanto, no diseminan a lo lejos las partículas. El hecho de que penetren dichas partículas a la econo- mía nada tiene de notable, pues sabemos que las partículas de car- bón y otros cuerpos atraviesan las vesículas pulmonares y se encuen- tran en la circulación. Estas partículas vegetales de que me ocupo, entran en el torrente circulatorio y llegando a los vasos capilares, 36 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA se detienen allí produciendo ya pequeños derrames por impedir la circulación capilar (estas son las verrugas sanguíneas); ya un au- mento de nutrición dando lugar a tumores fibroplásticos o plasmo- nas, como según creo, probó el Sr. Dr. Salazar, en una brillante tesis. Una prueba de que obran en los capilares es el hecho de pre- sentarse sólo en los órganos ricos en ellos v.g. la piel, el hígado, el pulmón, etc. La acción tan eficaz de los sudoríficos también probaría al- go en favor de esta hipótesis pues ellos, dilatando los capilares de la piel favorecerían la eliminación de los cuerpos extraños. 5 o. Como producidos por la introducción en la economía de or- ganismos microscópicos vivos que existen sea en el suelo sea en la at- mósfera.-Esta hipótesis podría aceptarse si se tiene en cuenta que existen algunas enfermedades que son causadas por la presen- cia en la economía de cierta clase de organismos, como, por ejemplo, las bacteridias señaladas por Davaine en el carbón desde 1850, por Coze y Feltz en la sangre de un varioloso desde 1865 y como cree el Dr. Arosemena que existe en la fiebre amarilla. Sin embargo, podrá decirse en contra de esta hipótesis, que en- todas estas enfermedades el período de incubación es de pocos días mientras que en las verrugas suele ser de años; y además todas ellas son contagiosas, lo que no sucede con las verrugas, según los datos que he podido adquirir. Bien sabido es que los trabajadores del ferrocarril de la Oroya, sufren de una fiebre gravísima de carácter tífico, de corta incuba- ción y que probablemente, no es sino una forma grave de la enfer- medad de las verrugas en la que no llega a hacerse la erupción. Esto apoyaría la hipótesis presente. 1 ambién es de notarse que, en los enfermos de verrugas así como en los de fiebre de la Oroya, hay una anemia profunda con de- sorganización de los glóbulos rojos, lo cual parecería indicar la presencia en la sangre sea de un fermento vivo, sea de un virus que la desorganiza. Cuestiones son éstas que necesitan mucho estudio para ser resueltas, lo que no permiten los estrechos límites de una historia clínica. Por último, el hecho de desarrollarse esta enfermedad, así como la fiebre de la Oroya, a consecuencia de la remoción del te- rreno, puede indicar que el origen del mal es telúrico, esparciéndose después por la atmósfera. Como he dicho antes, es imposible decidirse aún por ninguna de estas hipótesis; pero las más probables son, sin duda, las q atri- buyen la producción de verrugas sea a la introducción en la econo- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 37 mía de pequeñas espinas y partículas de cactus que crecen en los lugares en que reina la enfermedad, o sea a la entrada en el cuerpo humano de organismos microscópicos vivos que existen en el suelo ó en la atmósfera de esos lugares. TRATAMIENTO.-Los sudoríficos como el amoniaco, el vino emético, la infusión de tilo, etc., son muy eficaces. Vulgarmen- te se emplea el agua de mote con buen resultado. Como he dicho antes el yoduro de potasio es sumamente activo. También son muy favorables los baños tibios aromáticos o acidulados con ácido clorhídrico para estimular la piel. Como los enfermos están anémicos deben emplearse los tóni- cos y reconstituyentes. Respecto al caso actual debe suspenderse toda medicación ac- tiva y emplearse solamente los baños templados simples o amiláceos que favorecen mucho la desecación. Había olvidado decir que las hemorragias son muy frecuentes en la verrugas por la ulceración de éstas y a consecuencia del es- tado discrásico de la sangre. Generalmente se emplea el percloruro de hierro para contenerlas; pero yo he notado que la piel situada entre las verrugas es a veces muy delicada y que por la acción del percloruro suele escarificarse, prefiero pues el agárico o el tanino y, si la hemorragia fuera muy intensa, creo podría emplearse interior- mente la ergotina para producir la contracción de los capilares. Doctor Nicanor Pancorvo Nació en Lima el año 1846. Inscrito en la matríciula de la Fa- cultad de Medicina de Lima el año de 1867, terminó sus estudios profesionales el año de 1874. Miembro de la Sociedad de Medicina de Lima, el año de 1874 sostuvo el doctor Pancorvo, en el seno de esta institución la tesis del origen miasmático de la jiebre de la Oroya en una disertación que es la que insertamos en este volumen y que suscitó, en aquel entonces una acalorada polémica. La tésis del doctor Pancorvo, en la actualidad, sólo tiene un valor histórico; pero, en la época en que fue formulada, represen- taba un empeño de establecimiento de una etiología indispensable para la mejor atención de la temida enfermedad de nuestras que- bradas. Y tuvo el privilegio de contribuir a hacer más urgente la necesidad de estudiar la verruga y de aportar al conocimiento de ella el mayor número de elementos de todo orden, como podrá apreciarse en el acta de la dicha Sociedad de Medicina que también insertamos en este volumen. El Doctor Pancorvo optó el año de 1884 el grado académico de Licenciado y al siguiente año el de doctor, sosteniendo la tesis cuyos títulos están consignados en la Bibliografía. Formó parte el Dr. Pancorvo de la Facultad de Medicina organizada gubernativa- mente el año de 1885, en su calidad de Catedrático de Terapéutica y Materia Médica. Bibliografía 1.-Curación de una bronquitis por el doral hidratado, en «Ga- ceta Médica de Lima», 1875. 2.-Disertación sobre la fiebre de la Oroya, en «Gaceta Médica de Lima», 1875. 3.-¿Ha muerto el feto antes, durante o después del parto? tésis de Licenciado en Medicina, Lima, 1884. 4.-No son los antitérmicos medicamentos inofensivos en el tra- tamiento de las enfermedades, tésis del doctorado en Medicina, Lima, 1885, H. V. FIEBRE DE LA OROYA Comunicación hecha por el Doctor Nicanor Pancorvo a la "Sociedad de Medicina de Lima el 3 de Setiembre de 1875. Publicada en la "Gaceta Mé- dica'' de Lima, año de 1875. p. 167 a 169. Señores: Voy a ocuparos la atención con una cuestión médica de muy alta importancia, que aún no la hemos ventilado y cuya solución traerá consigo inmensas ventajas para el público y grandes para nuestra asociación. Estudio, señores, la naturaleza íntima de \a. fiebre de la Oroya. Permitidme, ante todo, hacer una salvedad, cual es la de no llevar en mi espíritu la creencia de haberse despejado la incógnita en esta afección; así como tampoco deciros grandes nuevas a este respecto, sólo sí pretendo estimularnos a su estudio promoviendo esta interesante discusión, en la que no dudo vuestros ilustrados conocimientos rectificarán mis conceptos. Generalmente se acepta como causa de esta enfermedad la inloxicación palustre. No parece posible ceñirse por completo a esta fórmula tan general ni admitirla consiguientemente en toda su extensión. Razones más o menos fundadas me obligan a ser algo escrupu- loso en esta materia. En el día el envenenamiento miasmático está tan perfectamente conocido, que se presta a ser fácilmente determinado y apreciado, como se aprecia y determina con un termómetro la temperatura; BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 41 es quizá en lo que la Medicina ha hecho investigaciones más a fondo y tan felices que es de desearle igual suerte en otras enfermedades. En efecto, llega a descubrir su naturaleza, cual es el paludismo; conoce las alteraciones orgánicas que produce, como son las hidro- pesías, el infarto del bazo, la anemia, etc., también sabe el vario aspecto que inviste y, finalmente, posee el antídoto. ¿Qué más po- dría desear? Decía, pues, que no era admisible la impresión miasmática como única y exclusiva causa. Bien sabido es que los extremos entre los cuales oscila aquella infección se extienden desde la sim- ple intermitente hasta la perniciosa más grave; y que este paludismo máximo como aquel mínimo limitan su línea de acción; entre esos giran las distintas fiebres miasmáticas y otras enfermedades con las que suelen complicarse. Ahora bien, parece muy importante hacer notar aquí la dife- rencia que separan las fiebres que se agrupan en esta sección de los caracteres peculiares a la fiebre de la Oroya. Todas las afecciones en que entra de un modo franco el palu- dismo, tienen como carácter muy especial, casi infalible, la inter- mitencia de acción, cualidad que falta en la fiebre de que me voy ocupando; pues aunque comienza por intermitentes lianas muchas veces, otras principia sin ellas, que podemos llamarlas pródromos, y termina siempre por una fiebre continua sin remisión. Esto prue- ba a toda luz que el miasma sólo no obra en esta enfermedad, sino que se le une alguna otra causa que le hace variar de carácter y for- ma. Este hecho se explica fácilmente. En general en estos casos se propina él sulfato y bien, en virtud de esta sustancia se apagan los síntomas palúdicos, bien sucede esto de un modo espontáneo cual suele acontecer en los casos en que es muy débil la infección; o úl- timamente la intensidad del otro agente morbífico puede suprimir por completo la intoxicación palustre, una vez que ha pasado su período de incubación, y por tales motivos sólo apreciamos el pe- ríodo palúdico en el principio de esta enfermedad y desaparece tan luego como se declara la verdadera fiebre de la Oroya. Que no se acepte por algunos aquel atributo importantísimo de las fiebres maremáticas que invoco, que para robustecer esa creen- cia se ocurre a la autorizada palabra de Lancisi, bien está; pero tén- gase en cuenta que esa verdad es muy rara, sólo se observa en determinados lugares, en los que quizá las condiciones climatoló- gicas entra por todo o parte en la modificación deí agente palú- dico. Deben, pues, considerarse aquellas aberraciones de tipo con- tinuo, de valor igual a aquellas otras que se presentan en el orga- nismo y que se llaman idiosincrasias. Nunca podrán estas anoma- 42 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA lías, por más esfuerzos que se haga, cimentar una ley nosográfica y derrumbar aquel otro hecho clínico profundamente arraigado. La postración en que caen estos enfermos es otro signo de mu- cha importancia. En las perniciosas en que llega a su colmo la in- toxicación, suele faltar esa en los primeros ataques; y sin embargo, se presenta constante en la enfermedad de la Oroya; pues aún en el caso feliz de salvarse el enfermo arrastra una convalescencia difícil y peligrosa. La marcha de las afecciones palustres hacia su caquexia es gra- dual, de un modo lento y sucesivo es como van apareciendo los síntomas que indican al médico la acción prolongada y crónica de este veneno vegetal. Llega aquella, ya porque se descuida el enve- nenamiento en sus primeras manifestaciones; ya porque el organis- mo sordo a dosis corta de remedio no experimenta los beneficios^de la corteza del Perú; o porque, perdido el poder absorvente, se impo- sibilita su acción. No viene de igual modo en la fiebre objeto de nuestro estudio, ella avanza siempre con un paso veloz de los pródromos al estado caquéctico más profundo, sin que frecuentemente se pueda apre- ciar el infarto del bazo; es, Sefores, un enemigo terrible que se en- carniza ciegamente en su presa y sólo la abandona cuando ya es su víctima. Es aquella una realidad clínica mil veces comprobada, y no alcanzo a discurrir cómo salvarán este apuro aquellos que acep- ten, como impresiones miasmátios aisladas, la causa de la fiebre oroyense; el bazo es el índice que mide la absorción eflúvica y éste permanece inerte. La terminación tan a menudo fatal separa, así mismo, estas dos enfermedades. Las miasmáticas sólo tienen un fin funesto en casos dados. Por último, y para asegurarle el golpe decisivo a la opinión que combato, debo hacer notar los beneficios inmediatos que pres- ta la quinina en las de fondo puramente miasmática, en tanto que en la otra, sin dejar de ser útil, no obstante es bien conocida su im- potencia. Del examen establecido de este modo en los signos culminan- tes del paludismo, resulta para mí, que la esencia de la terrible fie- bre, no es tan sólo miasmática sino que se une a algún otro tóxico que a juzgar por sus síntomas y marcha es ni más ni menos que el pútrido. He dicho anteriormente que la fiebre era precedida por otras de carácter intermitente y agrego ahora que a la quinina se debe en gran parte las pocas curaciones obtenidas; de aquí, pues, se despren- de con claridad que la absorción de las materias vegetales descom- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 43 puestas, forma parte importante en dicha fiebre; y con tanta mayor razón, cuanto que, en aquellos lugares que le han dado su nombre, han existido casos de fiebres perniciosas. Hechas estas justas conce- siones a los que al travéz de los síntomas de la enfermedad oroyense, no ven sino efluvios, voy en seguida a disiparles esas sus ilusiones exclusivistas, que pretenden levantar sirviéndoles de base las ante- riores observaciones. La deducción más ventajosa para ellos y más legítima para la ciencia es, que las alteraciones vegetales entran por algo en la fiebre objeto de nuestra investigación, puesto que las razones antes emitidas así lo hacen ver, y las que expongo más adelante corro- boran esta verdad. Entrando de lleno en la apreciación de los signos suministrados por esta afección de la Oroya, notamos antes una gran postración, aniquilamiento de fuerzas, propio del envenenamiento pernicioso del que he hablado antes; pero en este tiene un carácter agudo, ge- neralmente, es decir, que en poco tiempo se recobra el predominio de las fuerzas radicales y desaparece como por encanto tal deca- dencia. No pasa lo mismo en la otra, en ella la recuperación completa de la salud se realiza a costa de largo tiempo y de muchas privacio- nes, lo que manifiesta evidentemente que las modificaciones veri- ficadas en la sangre son más profundas, más graves; son, en una palabra, como las que tienen lugar en un mefitismo doble, en el miasmático animal. Las diarreas, los vómitos, la caquexia tan precoz, la fiebre uren- te de estos enfermos, así como su pulso pequeño, la alteración san- guínea que se revela por hemorragias y petequias, la cefalalgia más algunos otros síntomas de menor cuantía, ¿no indican un putridis- mo? Sí, señores, tales son los efectos que Gaspard (I) ha producido en los perros a quienes ha inyectado en las venas sustancias anima- les corrompidas, en ellos ha obtenido ese cuadro que acabo de bosquejaros y en el silencio de estos síntomas se apaga tan fácil- mente la vida, como resiste y vence en medio de las tormentas nerviosas; yo creo hasta el presente en el mefitismo miasmático pútrido como naturaleza de la fiebre de la Oroya, y creo más toda- vía, que en las proporciones de su mezcla, se fundan los curiosos fenómenos que se observan. He aquí la razón por la que suele apa- recer, sin antecederle ninguna de las intermitentes que por lo ge- neral la inician; pues predominando en este caso el veneno animal, (I) Orfila.-Medicina Legal.- IV edición, tomo III, pág. 876. 44 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA quedan apagados los síntomas o manifestaciones que corresponden al otro. Es, pues, notable en estos la falta de infarto del bazo, lo que revela la parte tan exigua que toma el miasma. Igualadas las proporciones de ambos tóxicos se obtiene tam- bién la fiebre de la Oroya más común, aquella que hemos visto tanto en los hospitales y de la que hemos sido simples espectadores. Finalmente, en otras circunstancias predominan los signos co- rrespondientes al paludismo y reviste el carácter pernicioso. Estos últimos hechos, raros a la verdad, no por eso se han dejado de pre- sentar y han exhibido su cortejo sintomático con toda su grave- dad, declarando elocuentemente la superioridad que tiene aquí el mefitismo miasmático sobre el pútrido. Tal es mi manera de ver el origen de esta infección, tal como tienen lugar sus fenómenos íntimos; tal es el modo como pueden ex- plicarse aquellos hechos raros que he referido y últimamente tal la razón por la que alguna veces suele ser eficaz la quinina. Estas ideas que acabo de presentaros son puramente a priori, parten del conocimiento de los síntomas y termina en sus aprecia- ciones. He expuesto, Señores, las diferencias que distinguen estas dos fiebres, también os he hablado de las variedades que ostentan muy especialmente la de que me ocupo; réstame sólo para dar fin a esta disertación deciros algo del mecanismo que sigue el envenenamiento para producirla. Veo un argumento poderoso, que amenaza de muerte este li- jero trabajo y si no fuera por los caprichos y el misterio que la na- ruraleza reviste en todos sus secretos, sería inútil esta exposición. Helo aquí: ¿Cuál es el foco donde se originan o desprenden esas sustan- cias sépticas? Exigencia es esta, Señores, a la que no puedo dar una solución categórica en atención a su importancia, pero lejos de eludirla voy a explicarme. Verdad es que el septicismo pútrido se originan muy a menudo en los depósitos de sustancias animales descompuestas, pero tam- bién es cierto que la absorción pulmonar no es la única vía, y ade- más no se necesitan de aquellos manantiales alterados para poder dar cabida a esta clase de mefitismo; de modos muy varios se en- gendra, y de uno ensayo su explicación. Los glóbulos sanguíneos gozan de una vida propia, indepen- diente, exclusiva del medio en que se encuentran; ésta pueden perderla por causas varias: unas que opriman y destruyan su fuerza BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 45 vital, sin darnos cuenta de sus profundas modificaciones y otras alterando la parte más importante de su composición. El hidrógeno sulfurado es uno de los gases que en más abundan- cia se desprenden de la extensión de la Oroya. Allí se produce en la superficie de los pantanos y lagunas, así como también en las gran- des debastaciones necesarias para la implantación del ferrocarril. El ácido sulfhídrico, cuya acción deletérea es tan activa cuando se encuentra en regulares proporciones en la atmósfera, no le es igual- mente cuando ellas son débiles. Ese aire infecto por aquel ácido debilitado, actúa paulatina- mente sobre el hierro de los glóbulos sanguíneos tranformándolo en un sulfuro e inutilizando a éstos sucesivamente para llevar la nutrición a las distintas partes del organismo; y del encargo im- portantísimo que de la naturaleza recibieran para la distribución de la vida, pasan a ser el fermento de la muerte. Así acontece en efecto, pues agotándose poco a poco la función asmilatriz da paso libre a la descomposición animal, correlativa sin duda a la pérdida de la nutrición; aquí es cuando tiene lugar esa destrucción, univer- sal que indica no sólo que el individuo no se nutre, sino que muy lejos de ello, se envenena más y más en cada instante que viene: este estado pasa rápido de la salud floreciente a la caquexia y el marasmo. Entendedme bien, señores, favoreciendo la fermentación pú- trida es como intoxica para mí este ácido. Siendo así las cosas era muy lógico que dicha fiebre no fuera contagiosa; y, en verdad, no lo es; pues, produciéndose por la pre- sencia en la atmósfera del hidrógeno sulfurado, no se extiende esta infección a otros sitios más lejanos que a aquellos en que se des- prende el sulfuro. Esta teoría sustentada por los principios fisiológicos y robus- tecida por los químicos, se presta a explicar no sólo las diversas for- mas sino aún la naturaleza y caracteres especiales de dicha fiebre de la Oroya. En fuerza de los razonamientos que anteceden, se deduce im- periosamente la necesidad de aceptar una sustancia a que referir las alteraciones que indico precedentemente y que al mismo tiem- po armonice con las condiciones en que se encuentra la Oroya. Reformada la sintomatología de este modo casi habremos dicho la última palabra; digo casi, por faltarnos aún los comprobantes ca- davéricos con los cuales coronaremos esta obra. Pero desgraciada- mente este es un vacío que dejo para llenar a personas que entrega- das a estas apreciaciones, distingan los ligeros matices que separan el estado morboso del fisiológico de los órganos, así como las alte- 46 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA raciones sobrevenidas en los líquidos y gases; procediendo cual lo acabo de indicar habremos terminado este estudio y afianzado nuestro juicio. Conocéis ya mis opiniones en esta materia y aunque desprovis- tas de mérito científico, no obstante aceptadlas a la discusión no por ellas sino en virtud de la ardua empresa que abordo. He terminado. Sociedad de Medicina de Lima Acta de la Sesión del 13 de Setiembre de 1875 Publicada en "La Gaceta Mé- dica de Lima, añode 1875 p. 181. Abierta bajo la presidencia del señor Dr. Bambaren con asis- tencia de los Señores Barrios, Bravo (G), Davalos, Donayre, Fuentes, Kiney, La Puente, Pancorvo, Prada, Salazar y el Secretario. En seguida ei presidente invitó al Dr Pancorvo, a dar lectu- ra a su exposición sobre la naturideza de la fiebre de la Oroya. E! Dr. Salazar dijo que consideraba la fiebre de la Oroya como un período el más grave de la incubación de la verruga y que en su práctica siempre había observado que esta última acom- pañaba, precedía o seguía a la fiebre llamada de la Oroya. El Dr. Fuentes se adhiere a la opinión del señor Salazar y hace una rectificación en una de las proposiciones sentadas por el señor Pancorvo (ausencia del infarto del bazo encontrado siempre hipertrofiado por el señor Fuentes). Alega,además, que con respec- to a la causa de la fiebre él la creía de naturaleza telúrica. El Dr. Barrios pidió la palabra para afirmar que era encon- trado siempre el bazo infartado en las autopsias que ha hecho en los casos desgraciados de dicha fiebre. Que en la manera de consi- derar la fiebre como una evolución de la verruga tiene la prioridad el Dr. Espinal a quien se le había oído desde mucho tiempo for- mular tal idea, y que al pensar de ese modo se fundaba en las pa- cientes observaciones que había hecho en los enfermos encomenda- dos a su dirección, a quienes no había perdido de vista hasta el de- cenlace de la verruga. Manifestó además, que en este local se había probado que la intermitencia, no era el carácter esencial de las afec- ciones palúdicas y que no debía alegarse el tipo como prueba contraria a la naturaleza de la fiebre de la Oroya. 48 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA El Dr. Bustamante observa que alegar un fenómeno químico en la producción de la fiebre de la Oroya, producido por el ácido sulfhídrico obrando sobre los glóbulos rojos, es colocar dicha fiebre en el grupo de las enfermedades accidentales, ocasionadas por sim- ples envenenamientos, sin tener en consideración las condiciones del organismo que en su lucha con las causas ordinarias las modifi- ca en su acción, dando lugar a las formas y modo de ser de las en- fermedades. Que una reacción química se produce fatalmente desde que los agentes reaccionantes están enpresencia indepen- dientemente de las condiciones individuales y que por consiguien- te la fiebre de la Oroya debía haberse presentado en todos los in- dividuos que han respirado ese aire cargado de ácido sulfhídrico. Agrega que para él la causa es telúrica, como se había dicho, causa desarrollada por la remoción de los terrenos calentados por los rayos del sol y humedecidos ya sea por las lluvias o por los des- bordes de algunas fuentes y también por los trabajos de deseca- ción; que estas causas han dado origen a fiebres graves y análogas en todas partes donde se han emprendido trabajos semejantes. El Dr. Kiney juzga que no se puede asignar una causa a dicha fiebre; que en aquellos b gares donde se ha presentado han habido fiebres intermitentes y fiebres de aspecto tifoideo, lo mismo que la verruga; que la fiebre grave no sólo se ha observado en los terrenos removidos sino en la roca viva cuando se ha trabajado sobre ella; que las fiebres palúdicas las ha visto ceder al uso de la quinina; pero que las otras se han resistido a todo tratamiento. Que él cree exacta la opinión de los que juzgan que la dicha fiebre sea un perío- do de incubación de la verruga, no sólo por lo que ha observado juzgarse algunas fiebres cuando esta ha aparecido, sino que es una creencia vulgar que la fiebre depende de la verruga que no ha salido. El Dr. Bambaren tomó en seguida la palabra y dijo que para él la fiebre de la oroya es producida por causas complejas: de las que unas son permanentes como la profundidad y estrechez de la quebrada donde grasa; la falta de movilidad libre del aire por las sinuosidades de la mina, que hace que esta se condense como en el interior de una bomba a la acción del pistón, que en este caso lo es la correinte atmosférica que penetra del río Rímac, sin encontrar salida en el centro de la quebrada; allí el calor sofocante del día que alterna con el frío intenso de la noche, el agua detenida, los numero- sos insectos y otros anirnáculos en el aire y en el agua y la constitu- ción telúrica especial son agentes perpétuos de miasmas vegeta- les y animales, que dañan constantemente la salud y vida humanas. Las causas nuevas o supervinientes son la remoción de la tierra y BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 49 también las filtraciones e inundaciones, que en la misma época han producido en otros lugares, como en las vertientes del norte de la República, fiebres con caracteres análogos a los de la Oroya. Que estas nuevas causas han acrecentado la intensidad o actividad de las causas permanentes y de sus productos los miasmas, los que sirven de medio a los fenómenos morbíficos que nacen en ellos, tales como los que originan las fiebres palustres graves y los que ocasionan las verrugas gravísimas, es decir, la fiebre de la Oroya. Terminada la discusión por entonces se nombró al Dr. Kiney para que presente sus observaciones y estudios sobre dicha fiebre, puesto que él ha estado en el teatro mismo de la enfermedad. Alejandro Busiamante Secretario. Doctor Enrique Mestanza Don. F rique Mestanza nació en la ciudad de Cajamarca el año de 1861. Inscrito en la primera matrícula de Medicina de la Facultad de Lima el año de 1880, terminó sus estudios profesio- nales y obtuvo el título profesional de médico cirujano, el año de 1887. Para optar el grado académico de bachiller, sometió a la con- sideración de la Facultad una tesis titulada "Reumatismo articu- lar agudo". Después de haber ejercido la profesión médica en la ciudad de Huancavelica, pasó a establecerse en la ciudad de lea, en la cual reside y en la que ha constituido respetable hogar. El año de 1903, al mismo tiempo que se establecía en Lima el hecho de la existencia de la peste bubónica, el doctor Mestanza escribía a su compañero y amigo el doctor Ernesto Odriozola, una carta que éste último hizo pública y en la cual el doctor Mestanza, con un acierto clínico que debe serle de verdadero orgullo, falto de los ele- mentos de control que suministra el Laboratorio, emitía sus sospe- chas de hallarse en presencia de un caso de la temible fiebre de Le- vante. El Dr. Mestanza ejerce actualmente su profesión en la ciu- dad de lea, cuyos elementos sociales le rodean de merecido cariño y estimación. BIBLIOGRAFIA 1.-Fiebre de la Oroya o de Verruga, en "Monitor Médico", Lima, 1885. 2.-Afasia palúdica, en "Monitor Médico", Lima, 1885. 3.-Huaccachina.-Aplicaciones terapéuticas de sus aguas,Lima Librería, Imprenta y Encuadernación del Correo, Orellana y Cía. Lima, Jauja, Huancayo y Tarma. 1913. Este último estudio del Dr. Mestanza, trabajo presentado al V. Congreso Médico Latino Americano (VI Pan Americano) al- canzó merecido éxito en tal certamen científico: el Congreo acordó, como consecuencia de la lectura de este estudio, recomendar a los gobiernos representados el estudio científico de las aguas minerales de América. Fiebre de la Oroya o de Verruga Por el Dr. Enrique Mestani*. Publicado en «El Monitor Médico'- de Lima,el 15 de diciembre de 1855 pág. 261. El 3 del mes de Noviembre próximo pasado, ocupó la cama N°. 14 de este servicio (del Dr. Tomas Salazar, en el Hospital de San Bartolomé de Lima), el enfermo José M. L. natural de Tarma, de 25 años de edad, de constitución mediana, temperamento linfático y de profesión labrador. Antecedentes.-Ha gozado siempre de buena salud y no tiene herencia morbosa de ninguna clase, pues sus padres han sido tam- bién muy sanos. Refiere que a principios del mes de octubre, encon- trándose de tránsito en Cocachacra, fué acometido de fiebres que lo obligaron a quedarse en ese pueblo durante algunos días. Sintién- dose algo mejor continuó viaje a esta capital y tres días después de su llegada fué enrolado en uno de los cuerpos del ejército, pero como continuase enfermo vino al Hospital el 27 del mismo mes, asistiéndose en otro servicio por tres o cuatro días. De allí fué sa- cado para seguir a su batallón, que se dirigía a los departamentos del interior, teniendo que regresar del pueblo de San Mateo por que la fiebre no lo abandonaba y ocupó con este motivo, la cama mencionada del servicio del doctor Salazar. Día 4 de Noviembre.-El enfermo presentaba el siguiente cua- dro sintomático. Palidez notable, piel ardiente, temperatura en la axila 39°2; pulso regular, pero frecuente 126 por minuto; lengua ligeramente húmeda, saburrosa. El examen físico de sus visceras no ofrecía nada notable, a excepción de un ruido de soplo, anémi- co, bastante marcado en la región precordial. Se quejaba de cefa- lalgia y dolor en el epigastrio.- Tratamiento: I gramo 20 centígra- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 53 mos de polvo de ipecacuana, para tomar inmediatamente y 60 cen- tigramos de sulfato de quinina, en la noche. En ésta la temperatura fué de 38°9 y el pulso de 124. Día 5.-En la mañana. Temperatura, 39°, pulso 124. El mis- mo estado que el día anterior. -Tratamiento: Sulfovinato de qui- nina un gramo y agua destilada 80 gotas para inyección hipodér- mica. Sulfato de quinina 30 centigramos mañana y noche. En la tarde. Temperatura 38°1, pulso 120. Día 6.-Continúa febril. En la mañana: Temperatura 39°, pulso 120. Tiene algún apetito y se queja de sudores fríos abun- dantes, limitados a la cara. En vista de los síntomas observados y de la marcha de la enfermedad, dados los antecedentes referidos por el enfermo, se diagnosticó la pirexia conocida con el nombre de fiebre de la Oroya o fiebre de verrugas, quedando sometido al siguiente tratamiento: Acido fénico 50 centigramos. Agua destilada 120 gramos Jarabe c.s. Una cucharada cada dos horas. En la tarde la temperatura fué 38°8, el pulso 120. Este día tomó por alimentos caldos y leche. Día 7.-El mismo estado. En la mañana. Temperatura 38°2 pulso 106; respiración frecuente, 32 veces por minuto; la palidez se acentúa más; las mucosas se presentan sumamente descoloridas, casi blancas, sobre todo la palpebral y labial; el sudor localizado es abundante y frío; se queja de pesadez en la cabeza y de tendencia al sueño; éste es intranquilo, con alucinaciones; no puede sentarse porque se siente acometido de vértigos; la epigastralgia continúa, propagándose hacia el h pocrondrio izquierdo; se queja de dolores también en las extremidades de los dedos de la mano; el soplo ané- mico es muy pronunciado y se extiende hacia los gruesos vasos, la tendencia al vómito es constante.-Tratamiento: Inyecciones intra- venosas de un gramo de ácido fénico disuelto en ochenta gotas de agua destilada. De esta solución se le inyectan las dos terceras partes en la vena mediana cefálica. Infusión de serpentaria 120 gramos Tintura de quinina . Tintura de valeriana .. Tintura de almizcle .... aa 4 gramos Mixtura alcanforada 1 5 gramos 54 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Para tomar una cucharada cada dos horas. Leche por alimento. En la tarde. Temperatura 37°9; pulso 100. La noche fué muy in- tranquila e hizo tres deposiciones. Día 8.-En la mañana. Temperatura, 37°9; pulso 106. A pesar de su estado de somnolencia, está muy inquieto; la disnea es mar- cada: 36 respiraciones por minuto, tendencia al vómito que apenas puede dominar. -Tratamiento', inyección intravenosa de ácido fé- nico, en la misma dosis que el día anterior y escogiéndose esta vez las venas safenas internas. Polvos de Paulinia 2 gramos y subnitra- to de bismuto un gramo, tres veces al día. La misma alimentación. En la tarde. Temperatura, 37°9 pulso 96. Durante el día y la noche ha habido cuatro cámaras. Día 9.-En la mañana. Temperatura, 37°4; pulso, 100; respi- ración 46. Continúa el estado de intranquilidad; ha vomitado una vez materias de color amarillo verdoso; persiste el sop1© anémico, que se hace cada vez más pronunciado y continúan los sudores lo- calizados.- Tratamiento. Poción de Riviére. En la tarde tempe- ratura, 37° 1 ; pulso, 96. Comienza a presentarse el estado semico- matoso, cubriéndose la boca de una saliva espumosa; y continuando este estado sucumbe el enfermo a la una de la mañana. Necropsia.-Hígado ligeramente congestionado y con aumen- to de volumen; pulmones exangües; abundancia de líquido en el pericardio; los ganglios mesentéricos ligeramente infartados. Lo más notable de lo observado es la atrofia del bazo, cuyo peso solo alcanza a 120 gramos. ¿No podría referirse a esta atrofia la anemia profunda y carac- 'erística que se presenta en esta enfermedad? Daniel A. Carrión No intentamos la nota biográfica de Carrión; la biografía ha sido hecha por sus amigos más queridos, por aquellos que le vieron llegar un día a la facultad de Medicina a iniciar sus estudios; por aquellos que le hallaron bueno y fuerte en la vida; por aquellos que asistieron adoloridos al cruento experimento de la inoculación y siguieron paso a paso los progresos de la enfermedad hasta la ter* minación fatal. Ellos que lo conocieron en la intimidad ya nos han dicho, en diversas ocasiones, todo el tesoro de voluntad indomable y de honda y sincera vocación médica que almacenaba en su espí- ritu el heroico estudiante. Sólo pretendemos llamar la atención del lector hacia la histo- ria clínica del mártir; ella está consignada íntegramente en el es- tudio que. con el título de «Enfermedad de Carrión» ofreció a la Sociedad Médica «Unión Fernandina» de Lima uno de los compa- ñeros del estudiante heroico, el Dr. Mariano Alcedán y no la consig- namos separadamente por no adulterar el texto del estudio del Dr. Alcedán. Los compañeros de Carrión han cumplido la postrera voluntad del camarada; ellos han continuado con perseverancia, que no lia amenguado las dificultades de estas investigaciones, la obra tan generosamente acometida por Carrión. Los que vinimos después, hemos procurado secundar, en la esfera de nuestras posibilidades, la obra iniciada en octubre de 1885 y nos ha cabido el honor de haber provocado, en el Cuerpo Médico del Hospital « Dos de Mayo» el movimiento de glorificación de nues- tro mártir de la ciencia, que llevó a Ja colocación de una placa conmemorativa en la sala misma en que tuvo lugar la inoculación. Queda por cumplir el ofrecimiento de las delegaciones ameri- canas al Congreso de Lima de 1913; aquel que ha de perpetuar en un monumento la lección de amor a la ciencia y a la humanidad que, al precio de su vida, nos ofreciera Daniel Carrión, el año de 1885. H. V. Doctor Leónidas Avendaño El señor Juan Pedro Paz Soldán ha publicado en Lima, en dos ediciones, fechadas en 1917 y en el año de 1921, un «Diccionario Biográfico de Peruanos Contemporáneos» algo incompleto cierta- mente, pero en el cual hemos hallado una prolija biografía del pro- fesor Avendaño, algo más completa que aquella que nosotros ha- bíamos recogido personalmente. De dicha biografía tomamos nues- tros informes.-Nació en Lima el 22 de abril de 1860. Alumno de la Facultad de Medicina de 1877 a 1884, calificado como sobresa- liente en los siete exámenes de fin de año y habiendo obtenido de la Facultad las contentas de Bachiller, de Licenciado y de Doctor y el premio excepcional de exoneración de los derechos de recep- ción de médico, que ningún alumno había obtenido antes del doctor Avendaño y que muchos años después obtuvieran, Hermilio Val- dizán en 1 909, Carlos Monge en 1910y Carlos A. Bambarén en 1918. Médico Cirujano en 1884.-Jefe de la Clínica Médica de Mujeres en 1887.-Doctor en Medicina en 1891.-Catedrático adjunto ti- tular, por concurso de Medicina Legal y Taxicología, en 1891.- Opositor al concurso para la provisión de la Cátedra de Anatomía Descriptiva en 1899.-Catedrático principal titular de la Clínica Médica de Mujeres el año de 1908.-Desempeña desde el año de 1919 el titularato principal de la Cátedra de Medicina Legal y Toxí- cología.-Presidente de la Sociedad Médica «Unión Fernandina» al iniciar sus labores esta meritoria institución (1884), fundador y piimer Director de «La Crónica Médica» y colaborador en casi to- das las publicaciones médicas editadas en el Perú desde aquella fe- cha hasta nuestros días.-El Dr. Avendaño, miembro titular fun- dador de la Academia Libre de Medicina (1885) y de la Nacional (1889), ha desempeñado diversos cargos en la directiva de la Aca- demia que, el año de 1901 le elevó al honorífico cargo de Secretario Perpétuo. - Hizo renuncia de este cargo, por razones de salud, el año de 1921. - El Doctor Avendaño es miembro correspon- diente del «Círculo Médico Argentino» (1885) y es miembro asociado extranjero de la Sociedad Francesa de Higiene de París; es miembro honorario del Ilustre Colegio de Abogados (1891) y socio activo de la Sociedad Geográfica de Lima (1891).-Es socio honorario de la «Asociación Dactiloscópica Argentina» (1914) y 58 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Miembro Correspondiente Extranjero de la Academia Nacional de Medicina de Río de Janeiro (1915).-Entre otras comisiones desempeñadas por el doctor Avendaño se cuentan las siguientes: Vocal de la comisión especial al departamento de Loreto (1888- 1891), Jefe de la sección de identificación y estadística de la Sub- prefectura de Lima (1893-1895); Inspector del Hospital de Chicla- yo, (1896-1898), cuya Sociedad de Beneficencia acordó dar a una de las salas el nombre de 'Sala Avendaño»; Miembro de la Junta Departamental de Lambayeque (1897-1898); Jefe del Gabinete Electroterápico del Manicomio de Lima (1899), nombrado por el Gobierno en 1900 para redactar con el doctor Juan de Dios Ramos Palacios, un Manual de Higiene Escolar; encargado por la Facul- tad de Medicina de Lima de pronunciar el discurso académico en la apertura de la Universidad el año de 1901; Miembro de la Co- misión encargada por la Academia Nacional de Medicina del estu- dio del proyecto de traslación del Hospital de Mujeres (1902); Miembro de la Comisión encargada por la Facultad de Medicina del estudio de un sanatorio para tuberculosos (1902); Miembro del 2o. Congreso Médico Latino Americano que sesionó en Buenos Aires y al cual envió un estudio acerca de la ejecución de las penas en caso de enfermedad sobreviviente (1904); premiado por la Mu- nicipalidad de Lima, con una medalla de oro por sus trabajos mé- dicos legales (1904). Vicepresidente de la Liga peruana contra la Tuberculosis (1904) Primer Cirujano de la Sección Técnica del Ser- vicio de Sanidad Militar y Naval (1904-190°); Vocal del Concejo Superior de Instrucción Pública (1904-1905); Nombrado por el Gobierno de Lima para estudiar, en unión del Ingeniero Santiago Basurco, las condiciones sanitarias de las casas de vecindad (1903- 1906); Miembro del 3er. Congreso Médico Latino Americano que sesionó en Montevideo en 1907; Vocal de la Liga Americana contra la Avería; Vocal del Concejo Superior de Higiene (1908); Miembro del 4o. Congreso Médico Latino Americano que sesionó en Río de Janeiro (1909); Miembro del Congreso Internacional de Medi- cina e Higiene que sesionó en Buenos Aires en 1910 y del 4o. Congre- so Científico Latino Americano que se reunió en Santiago de Chile (1910); Emcargado del discurso de orden en la ceremonia de cele- bración del Centenario de la Escuela de Medicina de Lima (191 1); Secretario General de Ja Comisión organizadora del 5o. Congreso Médico Latino Americano que se reunió en Lima el 9 al 16 de di- ciembre de 1913; Secretario del Comité ejecutivo del 5o. Congreso Médico Latino Qmericano, al que presentó cuatro trabajos; Socio Honorario de la «Asociación Odontológica del Perú» (1913); Miem- bro de la Comisión encargada de formular los proyectos de regla- mentación de la ley de accidentes de trabajo (1913)$ Vicepresiden- te honorario del 7o. Congreso Científico Pan-Americano reunido en San Francisco de California en 1915; Miembro del 2o. Congreso Científico Americano reunido en Washington en 1915; Presidente Fundador de la Sociedad Peruana de Medicina Legal y Psiquiatría y Criminología» (1916), de muy precaria existencia; Presidente de la Comisión encargada de la construcción v reglamentación de la nueva Morgue, obra de cultura y de provecho docente, en gran BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 59 parte debido a la personal gestión y al esfuerzo personal del doctor Avendaño. El año de 1921, por motivo de viaje emprendido a los Estados Unidos de Norte América por el señor doctor Guillermo Castañeta, fue nombrado el doctor Avendaño para reemplazarle en el cargo de Director del Hospital «Dos de Mayo», en Lima. Bibliografía Publicaciones en la «Crónica Médica» de Lima. 1.-Tesis del bachillerato en Medicina «Etiología del tifus exantemático», 1884. 2.-La Facultad de Medicina de Lima, 1884. 3.-Editorial, 1884. 4.-Albuminuria, eclampsia, parto prematuro provocado por clorhidrato de pilocarpina, curación, 1884. 5.-Atrofia del corazón, 1884. 6.-Concursos, 1885. 7.-Memoria del Presidente de la Sociedad Médica «Unión Fernandina» 1884. 8.-Epidemia, 1885. 9.-Tesis de Licenciado. «Responsabilidad del médico en el ejercicio de su profesión», 1884. 10.-El Doctorado en Farmacia, 1885. 1 1.-El Doctor Mariano Arosemena Quesada (necrología) 1885. 12.-Inoculación por el virus cadavérico, 1885. 13.-Local para la Sociedad Médica «Unión Fernandina», 1885. 14.-La vacuna en Lima, 1885 15.-Apuntes sobre la profilaxia de la tuberculosis, 1885. 16.-Estadística demográfica, 1885. 17.-Fiebre amarilla, 1885. 18.-Natalidad y mortalidad de Lima, 1885. 19.-Estadística demográfica, 1885. 20.-La Sociedad Unión Fernandina y su función de gracia, 1885. 21.-Estadística demográfica. 1885. 22.-La instalación de la Academia Libre de Medicina, 1885. 23.-Estadística demográfica, 1885. 24.-Memoria del Presidente de la Sociedad Médica Unión Fernandina, 1885. 25.-Natalidad y mortalidad en Lima, 1885. 26.-rEstadística demográfica, 1885. 27.-El doctorado en Farmacia, 1885. 28.-Estadística demográfica, 1885. 29.-Daniel A. Carrión, 1885. 30.-Las enfermedades carbunculosas y su específico el amo- níaco (Conferencia en la «Unión Fernandina», 1885) 31.-Estadística demográfica, 1885. 32.-Natalidad y mortalidad en Lima, 1885. 33.-Daniel A. Carrión, 1885. 34.-Aniversario de la «Crónica Médica», 1885. 60 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 35.-Estadística demográfica. 1885. 36.-Informe sobre organización de Observatorio Metereo- lógico «Unanue» presentado a la Academia Libre de Medicina, en colaboración con los doctores Manuel R. Artola, Julio Becerra, Alfredo Bignon, Miguel F. Colunga, Félix Remy y José M. Rome- ro (1885). 37.-Facultad de Medicina de Lima, 1886. 38.-Estadística demográfica. 1886. 39.-Natalidad y mortalidad en Lima. 1886. 40.-Pústula maligna, curación por el amoniaco, 1886. 41.-Herida del dedo índice por instrumento cortante, con dis- laceración de las partes blandas, 1886. 42.-La verruga, Observaciones a un artículo publicado en «II Morgagni» 1887. 43.-Discurso necrológico del doctor Manuel A. Galle, 1887. 44.-Tuberculosis pulmonar trasmitida por contagio, I8b7. 45.-Ligero vosquejo sobre las ciencias médicas en general y la medicina Legal en particular, 1887. 46.-Discurso en la inauguración del mausoleo a Daniel A. Carrión, 1887. 47.-Ulcera tuberculosa del antebrazo, 1887. 43.-Boceto biográfico de los miembros del Congreso Sanita- rio Americano, 1887. 49.-Natalidad y mortalidad en Lima, 1887. 50.-El Doctor Manuel Odriozola, necrología, 1888. 51.-El doctor David'Matto, 1888. 52.-Sociedad Médica «Unión Fernandina» 1888. 53.-Discurso de la Sociedad Médica «Unión Fernandina» 1888. 54.-La epidemia de Moyobamba, 1889. 55.-Tesis del doctorado en Medicina. «Apuntes sobre Patolo- gía del Departamento fluvial de Loreto» 1889. 56.-Un crimen célebre, 1891. 57.-Reglamentación de la prostitución, 1892. 58.-Inserción viciosa de la placenta, 1892. 59.-Informe sobre ordenanzas de inhumaciones y exhuma- ciones (a la Academia Nacional de Medicina en colaboración con los doctores M. C. Barrios, A. Pérez Rocca, M. A. Muñiz y G. Bravo) 1892. 60.-Informes sobre la reglamentación de la prostitución (a la Academia Nacional de Medicina de Lima, en colaboración con los doctores nombrados en el número anterior), 1892. 61.-La epidemia reinante, 1892. 62.-La epidemia de grippe, 1892. 63.-El Cólera (informe a la Sociedad Médica «Unión Fer- nandina» en colaboración con los doctores Casimiro Medina, David Matto y Leoncio I. de Mora) 1892. 64.-Un caso de gripe en una histérica, 1892. 65.-Sociedad Médica Unión Fernandina», 1892. 66.-El cólera. 1892. 67.-Ejecución de las penas en caso de enfermedad sobrevi- niente, 1892. 61 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 68.-Facultad de Medicina, 1892. 69.-La Crónica Médica, 1892. 70.-Moral profesional, 1893. 71.-Honorarios médicos, 1893. 72.-La grippe, 1893. 73.-La epidemia de grippe habida en Lima en 1892 (informe a la Academia Nacional de Medicina, en colaboración con los doc- tores M. C. Barrios y M. A. Velasquez,) 1893. 74.-Estudio médico legal sobre la muerte de la señora Lewis (en colaboración con los doctores M. C. Barrios y M. A. Velas- quez) 1893. 75.-Verificación de nacimientos y defunciones, 1900. 76.-Estudio médico legal sobre el envenenamiento de la se- ñora Lewis, 1893. 77.-Facultad de Medicina, 1893. 78.-La Sociedad de Beneficencia Pública y la Maternidad de Lima, 1893. 79.-Plan de estudios de la Facultad de Medicina, 1893. 80.-Nuestro aniversario, 1894. 81.-Ejercicio de la Farmacia, 1894. 82.-Vacuna animal, 1894. 83.-Junta Suprema de Sanidad, 1894. 84.-Instituto de vacuna animal, 1894. 85.-Farmacias de los Hospitales, 1894. 86.-El doctor José Mariano Macedo (necrología) 1894. 87.-Junta de Sanidad de Loreto, 1894. 88.-Un año más, 1895. 89.-Honorarios médicos, 1895. 90.-Informe de estimación sobre honorarios médicos (en cola- boración con los doctores M. C. Barrios, A. Pérez Roca, G. Bravo y M. A.»Muñiz) 1895. 91.-Doctor Juan M. Byron, 1895. 92.-Doctor José T. Alvarado, 1895 (necrología) 93.-Farmacia de los Hospitales. 1895. 94.-Retención de la placenta, 1895. 95.-Doctor Aurelio Álarco. Doctor Esteban Fernández Prada (necrologías). 1895. 96.-Doctor Juan M. Byron (necrología), 1895. 97.-Honoarios médicos, 1895. 98.-Hospital para tuberculosos, 1895. 99.-Protesta con motivo de un trabajo del Prof. Viault. 1895. 100.-Envenenamiento por el mercurio, 1900. 101.-Envenenamiento por la yerba de Santo Tomé (en cola- boración con los doctores M. C. Barrios y M. A. Velásquez) 1900. 102.-El doctor José A. de los Ríos (necrología), 1900. 103.-Peritaje médico legal (en colaboración con el Dr. M. C. Barrios, 1900). 104.-El doctor Leonardo Villar (necrología), 1900. 105.-Despoblación nacional (discurso académico de apertura de la Universidad) 1901. 62 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 106.-El doctor Leonardo Villar (Elogio necrológico en el Ilus- tre Colegio de Abogados) 1901. 107.-Represión del Alcoholismo (ante el Ministerio de Justi- cia en colaboración con los doctores Juan C. Castillo, E. Odriozola F. Gerardo Chávez y señor Narciso Alaiza) 1901. 108.-Rotura del bazo (informe a la Corte Superior de justi- cia en colaboración con los doctores M. C. Barrios y Gerardo Bra- vo) 1901.-Tanto este artículo como el anterior se han publicado en «Boletín de la Academia Nacional de Medicina' de Lima, año 1903. 109.-Delitos contra la honestidad (informe médico legal en colaboración con el Dr. M. C. Barrios) 1902. 110.-Heridas contusas (consulta médico legal en colaboración con el doctor M. C. Barrios), 1902. 1 I L-Ejercicio de la profesión médica (informe en colabora- ción con los doctores M. C. Barrios, M. R. Artola, D. Matto y E. Odriozola) 1902. 112.-Proyecto de traslación del Hospital de Santa Ana (in- forme a la Academia Nacional de Medicina, en colaboración con los doctores M. C. Barrios, G. Bravo, M. A. Velásquez y E. Bello publicado también en el «Boletín de la Academia Nacioi ai de Me- dicina», (1903) 1903. 113.-Memoria de Secretario Perpétuo de la Academia Na- cional de Medicina (publicado también en el Boletín de la Acade- mia, 1903) 1903. 114.-Sanatorium de Tamboraque (informe a la Facultad de Medicina de Lima en colaboración con los doctores Martín Du- lanto y Ernesto Odriozola,) 1903. 115.-Discurso necrológico del doctor Juan C. Castillo, 1903. 116.-Memoria de Secretario de la Academia Nacional de Medicina (publicado en el Boletín de la Academia) 1904. I 17.-Ejecución de las penas en caso de enfermedad sobrevi- niente (Estudio presentado al II Congreso médico Latino Ameri- cano) 1904. 118.-Accidentes del trabajo, informe pericial, 1904. 119.-123.--Con el título de «Medicina legal Militar» los si- guientes informes, en colaboración con los doctores M. Zavala y Zavala. Impotencia funcional - Pretendida invalidez- Tuber- culosis pulmonar incipiente - Invalidez- Invalidez por impoten- cia funcional.-1905. 124.-Discurso en la «Unión Fernandina», 1905. 125.- Informe sobre el saneamiento de la agua potable en Lima (en colaboración con los doctores M. A. Velásquez y F. B. Aguayo) 1906. 126.-127. - «Medicina legal Militar», dos informes en cola- boración con el doctor Zavala y Zavala. Sobre manchas de sangre Sobre invalidez. 128.-Discurso en la «Unión Fernandina», 1906. 129.-Responsabilidad médica (informe emitido a la Facul- tad de Medicina), 1907. 130.-Responsabilidad de los actos practicados por los alco- hólicos (informe a la Academia Nacional de Medicina, en colabora- 63 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA ción con los doctores M. C. Barrios, G. Bravo, M. A. Velásqucz y Julián Arce) 1907. 131.-Medicina legal militar, informe sobre montepío, en co- laboración con el doctor Gerardo Alarco, 1908. . 132.-Lección inaugural de la Clínica Médica, 1908. 133.-De la Dactiloscopia. 134.-Discurso necrológico del Dr. M. R. Artola, 1908. 135.-Nuestro Aniversario, 1909. 136.-Memoria de la Clínica Médica, 1909. 137.--Después de 1880, 1909. 138.-Homicidio.-Simulación de locura (informe médico le- gal en colaboración con el doctor E. Pardo Figueroa) 1909. 139.-Las plantaciones de la red urbana, 1909. 140.-Lección inaugural de la Clínica Médica, 1909. 141.-Efisema subcutáneo en el curso de una tuberculosis pulmonar. Lección clínica, 1909. 142.-Discurso de orden en la ceremonia de la celebración del centenario de la Escuela de Medicina de Lima, 1911. 143.--La meningitis cerebro espinal epidémica (informe en colaboración con los doctores Ernesto Odriozola y Ramón E. Ri- beyro al Consejo Superior de Fligiene) 1910. 144.-El Doctor Pablo Patrón (necrología) 1910. 145.-El secreto profesional (conferencia en el Centro Univer- sitario de Lima) 1911. 146.-Discurso necrológico del doctor Matto, 1914. Comunicaciones al V. Congreso Médico Latino Americano (1913) 147.-Memoria de la Secretaría General del Congreso. 148.-Legislación sobre el infanticidio en los países de Amé- rica, principalmente desde el punto de vista del concepto sobre imposición de las penas. 150.-El diagnóstico médico legal de las manchas de sangre (en colaboración con el doctor Leoncio Pajuelo). 151. -El secreto médico. Informes médicos legales (aparte de los nombrados y de los inéditos) 152.-Demencia senil.- El caso Levi (en colaboración con el doctor Guillermo Glano) Lima 1915. 153.--F3uena integridad mental en una anciana (en colabora- ción con el doctor Baltazar Caravedo) en "Reforma Médica ' Lima 1916. 154.-Honorarios médicos en 'Reforma Médica» Lima 1917. 155.-Manual de Higiene Escolar (en colaboración con el Dr. Juan de Dios Ramos Palacios) en la «Escuela Peruana» 1900. 156.-Informe de la expedición especial al departamento de Loreto (colección de documentos sobre Loreto por Carlos Larrabure y Correa años de 1888-1891). 157.-Informe sobre las condiciones sanitarias de las casas de vecindad (colaboración del Ingeniero Santiago M. Basurco) en el «Boletín de la Dirección de Salubridad» 1903 y 1906. I 58.-La medicina legal en el Perú, lección inaugural de la nue- va Morgue, en «Anales de la Facultad de Medicina», Lima, fas- cículo IV. DANIEL A. CARRION Artículo editorial de "La Cróni- ca Médica" de Lima, año de 1885, p. 396 a 401 por el Dr. L.Avendaño, En la lucha constante en que se encuentra el hombre con los elementos que, por todas partes, le rodean, sería totalmente vencido si no contara con el poderoso apoyo que le presta la Medicina; la que, merced al inquebrantable esfuerzo de los que a ella se dedi- can, arranca, cada día, nuevos secretos a la naturaleza para utili- zarlos en provecho de la humanidad y proporcionarle de ese modo los medios más favorables para salir airoso en la demanda. En esa batalla continua en que se halla empeñada la Ciencia que trata de aliviar las dolencias de la humanidad, se encuentran soldados valerosos que, enarbolando el estandarte del progreso, desafían el peligro que se presenta por doquiera y que al lanzarse resueltos a él, lo hacen únicamente con el fin noble y grandioso de ser útiles a sus semejantes; legando algunos de ellos, en cambio de su preciosa existencia, datos seguros y positivos sobre las enfer- medades que se han propuesto estudiar y se utilizan en beneficio del mismo hombre. Esas víctimas ilustres de su amor a la huma- nidad, son los héroes de las lides del saber-heroicidad sublime cuyo pedestal no se levanta como los de las demás, sobre la sangre y los ayes de sus semejantes,-y sus nombres pasan de generación en generación inscritos en el gran libro del martirologio de la Ciencia y considerados como bienhechores del género humano. A ese número pertenece hoy, un compatriota nuestro, un mo- desto alumno del sexto año de Medicina Daniel A. Carrión, quien siguiendo la estela luminosa que en provecho de la humanidad y de la ciencia iniciaron y llevaron a cabo Jenner, Pasteur, Koch, Freyre, Carmona del Valle, Bochefontaine, Fonssagrives y BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 65 otros muchos, en su anhelo de aprovechar cumplidamente los pocos años de su vida, no vaciló en sacrificarla en aras de la ciencia que tan dignamente cultivaba, legándonos con su heroico sacrificio un ejemplo digno de imitar, y elemento bastante para la historia de las verrugas, enfermedad cuyo estudio había emprendido con ahinco. Nació Carrión el año 1859, en la ciudad del Cerro de Pasco, y se dedicó al estudio desde los primeros años de su vida, habiendo ingresado a la Facultad de Medicina el año de 1880. Una vez en la Escuela de San Fernando, se distinguió en ella por su amor al estu- dio; se captó el aprecio y la simpatía de profesores y alumnos, y reveló dotes especiales para el abnegado magisterio de la medicina. En sus exámenes de fin de año, obtuvo siempre los mejores califi- cativos, y durante su permanencia en la Escuela fue alumno de las Clínicas de los profesores Romero y Villar, externo de la "Mai- són de Santé" y del Hospital ''Dos de Mayo'' e Interno del Hos- pital de San Bartolomé. Al llegar al cuarto año de sus estudios profesionales y cuando empezaba a iniciarse en los secretos de la Medicina, se despertó en su ánimo el deseo vehemente de contribuir de algún modo a la for- mación de la verdadera Patología Nacional; y escogió desde en- tonces, como tema de sus investigaciones, la Verruga, enferme- dad endémica en algunas de nuestras quebradas, especial del Pe- rú, y que, a pesar dé ser conocida desde los tiempos de la conquis- ta, presenta en su historia nosográfica muchos vacíos por llenar. Tomada esta resolución, hace lo posible por llevarla a cabo de una manera satisfactoria; reune todos los datos que necesita para ello, acumula historias, investiga la distribución topográfica de la enfermedad, y en posesión de un caudal casi completo para el objeto que se había propuesto, desea ir todavía más allá, conocer las primera ases de la dolencia, el verdadero carácter del mal, en una pah ora, resuelve experimentar en sí mismo, inoculándose la sangre de los atacados de verruga. Comunica esta temeraria reso- lución a sus amigos y maestros, que tratan de disuadirle de ella; pero los consejos son estériles, las amonestaciones vanas y entera- mente dominado por el santo entusiasmo del saber, ansia que se le prop rcione ocasión favorable para realizar la experimentación. En el Hospital "Dos de Mayo" se presenta un j iven de 14 años, robusto exento de toda diátesis y con una verruga discreta. Ca- rrión mira en él al hombre que necesita, goza al ver la próxima rea- lización de sus deseos, y el 27 de Agosto del presente año, se efectuó 66 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA la inoculación; operación peligrosa que se llevó a cabo desoyendo los consejos prudentes que a tiempo le habían dado,y descuidando las precauciones que la Ciencia impone hoy, en operaciones de este género. A los 23 días de realizada la inoculación, tiempo que necesitó el virus para su per iodo de incubación, se manifiestan en Carri n los primeros síntomas de una grave dolencia, los médicos que le asisten reconocen una pirexia peligrosa y de bastante recuerdo para nuestros prácticos: La Fiebre de La Oroya (1); el mal sigue su curso progresivo y Carrión, comprendiendo que está próximo su fin, lejos de amilanarse, se entusiasma cada día más y más, goza con la expectativa de lo provechoso que tiene que ser un heroico sacrificio; y sucumbe el día 5 de octubre, a la temprana edad de 26 años y a los 38 días del experimento, con la tranquilidad que solo proporcionan la satisfacción del deber cumplido y el con vencimien- to de haber contribuido al progreso de la ciencia y al bien de la hu- manidad. Tamaña abnegación, digna únicamente del que había compren- dido la misión que tenía que llenar el que se sacrifica por sus seme- jantes, ha sido justa y debidamente apreciada por nuestras corpo- raciones científicas y por todas las personas capaces de estimar en lo que vale acción tan generosa. La memoria de Carrion vivirá enter amente entre nosotros; su nombre se halla escrito en el cuadro de los Miembros de la Aca- demia Libre de Medicina y de la ' Sociedad Unión Fernandina"; su atrevido experimentó servirá de mucho en el estudio de la Ve- rruga, y se presentará a las generaciones futuras, como uno de esos sublimes ejemplos de abnegación que, de tarde en tarde, se ofrecen para bien de la humanidad y orgullo de la ciencia. Pasemos ahora a ocuparnos de las deducciones científicas que pueden establecerse de la enfermedad y muerte del Sr. Carrion, en lo que se refiere a la historia patológica dé las verrugas; y veamos los datos nuevos que se han adquirido con este hecho. La verruga peruana o üerruca andícola (2), es una enfermedad especial del Perú, endémica en algunas quebradas cisandinas, prin- cipalmente en las de Huarochirí, Yauyos y Canta, que se presen- • (I).--Nombre que se dio a una fiebre grave, que se presentó, por primera vez, en los trabajadores del ferrocarril del Callao a la Oroya. (2)-Nombre que para esta enfermedad propuso el Dr. Salazar en su tesis pa- ra el doctorado (1856) y que nos parece muy adecuado y digno de generalizarse. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 67 ta en una extensión de terreno dé 1,000 a 2 500 metros de elevación sobre el nivel del mar; que ataca a los individuos de todas clases y condiciones; que ofrece como síntomas más notables y caracte- rísticos: una anemia más o menos marcada y la producción de unos tumores de textura conjuntiva, rojos de preferencia en la superficie cutánea, de tamaño variable y que recorren una evolución deter- minada. Su lugar es el cuadro nosológico, no está todaxía definiti- vamente precisado, pero hay marcada tendencia a considerarla como una afección microbiana. La verruga debe haber sido conocida desde el tiempo de los Incas. Los españoles, tan luego como llegaron a nuestro territorio la sufrieron, y desde entonces, existe la creencia de que era causada por la ingestión de ciertas aguas deletéreas; notando al mismo tiem- po los primeros historiadores que, junto con los numerosos casos, relativamente benignos, se presentaban otros de mucha gravedad. El Tesorero Agustín Zarate, en 1543, escribió una obra (1) en la que describe el país situado bajo la línea equinoccial, y en su Ca- pítulo 4o. Libro Io. dice: "es muy caliente, muy malsano, está uno allí expuesto particularmente a unas verrugas o furúnculos muy ma- lignos y muy peligrosos que aparecen en la cara y en otras partes del cuerpo, tiene raíces profundas y son más terribles que las vi- ruelas y casi tanto como los carbunclos de la peste". Lo verdaderamente extraño es que, habiéndose conocido esta afección desde tiempos tan remotos y siendo tan generalizada, -que en los lugares en que es endémica, raro es el hombre o animal que no lo haya padecido- los demás historiadores nada digan so- bre ejla; y de los médicos de fines del siglo pasado y de principios del presente, el Doctor Cosme Bueno, es el único que la menciona. En sus Descripciones Geográficas.-Provincia de Canta, dice' "Las québradas son muy enfermizas en que se notan dos castas de males, que también se observan en otras provincias frías. El uno es de Be- rrugas, que en no brotando a tiempo suele ser enfermedad bien mo- lesta y pelig'nsa». Tschul en 1843 (2), hizo una descripción completa de la en- fermedad, en la que, adoptando las ideas reinantes entonces, con- sidera como causa principal de la verraca andícola las aguas deno- minadas aguas de verrugas. En esa descripción insiste mucho sobre los casos muy graves que se presenta cuando la erupción es tardía y en los que sobreviene casi siempre la muerte. (1).-Historia del Perú. (2).-Viajes en el Perú. 68 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA El primer documento verdaderamente científico que existe sobre este asunto, es la Tesis del Dr. Salazar (I), quien acepta que la verruga es una enfermedad virulenta, que tiene períodos de- terminados, que es causada por las condiciones inherentes a las localidades en que es endémica, y que su virus produce en el orga- nismo un verdadero envenenamiento si no hay en él bastante fuer- za para eliminarlo, sucumbe el paciente bajo su influencia dele térea». Todos estos hechos, aunque aislados e incompletos, eran bas- tantes para considerar a la verruga como una enfermedad genera- lizada, dependiente de las condiciones del suelo, y en la que la erup- ción no es sino un estadio terminal de la afección. Y esas fueron las ideas que empezaron a germinar entonces, en el ánimo de nuestros prácticos. Pero, a pesar de esto, quedaban muchos puntos oscuros, de- terminar la causa eficiente del padecimiento; el cuadro sintomático del principio de la afección en los casos graves; y las alteraciones anatomo-patológicas de los mismos. Antes de pasar adelante recordaremos que las enfermedades zimóticas, que son verdaderas fermentaciones, (en las que debe con- siderarse a la verruga, como veremos después), ofrecen en su cua- dro sintomático manifestaciones muy variadas, desde ataques li- gerísimos y que dejan pocas huellas en el organismo, hasta los exce- sivamente graves que matan en pocos días u horas. Todo depende de la cantidad de materia morbífica que penetra al organismo, o de la mayor o menor resistencia de éste. En efecto, tenemos causa- das por el mismo agente la intermitente simple y la perniciosa; la viruela discreta y la hemorrágica; el typhus leüissimus y el tifus fulminante; la fiebre amarilla abortiva y el vómito negro fulminan- te, etc. etc. Perteneciendo la verruga a este grupo de enfermeda- des, tiene que presentar la misma graduación. Y conocer el síndro- me clínico de los casos gravísimos, es uno de los hechos más impor- tantes de la historia nosográfica de las verrugas. Esas mismas enfermedades telúricas estallan con violencia y bajo la forma epidémica, cuando se practican grandes remociones del terreno en los lugares en que reinan frecuentemente; entonces el principio morbífico adquiere mayor potencia y los individuos que se encuentran expuestos a su influencia, la experimentan de un modo más violento, más marcado. La aparición de una epidemia de perniciosa durante la apertura de los boulei'ards de París, la frecuen- (I).-Historia de las verrugas, Tesis para el doctorado en Medicina, Gaceta Médica de Lima, Tomo 2°,, 1858. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 69 cía de la anemia aguda perniciosa en los trabajadores del túnel de San Gotardo, las manifestaciones graves del impaludismo con mo- tivo de los trabajos del canal de Panamá, etc. etc., son hechos que demuestran la verdad de esta aserción. A partir del año 1870 se practican en la costa del Perú grandes remociones de terreno, con motivo de la construcción de los ferro- carriles y esos trabajos no se limitan a un espacio reducido,sino que se emprenden a la vez en muchas quebradas en las que reina como endémica la malaria, y que fueron las siguientes: de Iquique a Noria, de Pisagua a Sal de Obispo, de Arica a Tacna, de Pacocha a Mo- quegua, de Moliendo a Arequipa y Puno, del Callao a La Oroya, de Chimbóte a Huaráz, de Eten a Ferreñafe, de Pacasmayo a La Viña y de Paita a Piura. Toda la costa del Perú, puede decirse, que fué removida por completo, y notaremos de paso que todos estos lugares, la quebrada de Huarochirí, por la que se llevaron los tra- bajos del ferrocarril de La Oroya, es la única en que la verruga es endémica. En los campamentos que se establecieron con motivo de estas faenas, se presentaron muchas enfermedades, como suce- de siempre que hay grandes aglomeraciones de hombres, y en algu- nos de los ferrocarriles del norte estallaron con alguna frecuencia, afecciones palúdicas más o menos graves. En la quebrada de Huarochirí, en el espacio comprendido en- tre Cocachacra (1012 metros sobre el nivel del mar) y Surco (1996 metros sobre el nivel del mar), se presentó en los trabajadores de la línea hombres fuertes y robustos, en su mayor parte chilenos, una fiebre gravísima, de marcha anómala, que sumía a los enfermos en una adinamia profunda; con una anemia pronunciada, deforma- ción y destrucción de los glóbulos rojos, leucocitosis consecutiva; rebelde a las diversas medicaciones que se emplearon y que ocasionó un sinnúmero de víctimas. Ese estado morboso, cuyo cuadro clí- nico es semej ante a la de la anemia aguda perniciosa, fué denominado Fiebre de la Oroya, por no habérsele podido colocar en ninguno de los grupos nosológicos establecidos. Diversas y muy variadas fueron las ideas que reinaron enton- ces sobre la naturaleza de esta afección. El mayor número la consi- deró como uniforma grave del paludismo .fundándose principalmente en que su desarrollo había coincidido con la remoción de terrenos en que reina con frecuencia la malaria y en la analogía sintomática con la anemia aguda perniciosa cuyo origen palúdico está demos- trado. Pero si hubiera sido esa la verdadera causa de la fiebre de la Oroya, no se habría limitado su presencia a la quebrada de Hua- rochirí, sino que se hubiese presentado también en las otras que- bradas igualmente palúdicas, en que existía la misma causa: los 70 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA trabajos de los ferrocarriles. En esas quebradas estallaron casos graves de malaria, pero nada que pudiera asemejarse a la afección de que nos ocupamos. Otra, pues, debía ser la causa del mal, y ha- biéndose presentado en el lugar en que era conocida la Verruga, desde tiempo inmemorial, era muy natural tratar de establecer una relación de causa a efepto entre los dos estados morbosos: la ve- rruga y \a. fiebre de la Oroya. Así pensaron, entre otros: el Dr. En- rique C. Basadre, que expuso sus ideasen su quinto examen profe- sional el año de 1873; el Dr. EsPiNALque la sost ivo en la Sociedad de Medicina poco tiempo después; los doctores Tomas Salazar, Ce<lso BambareN, Manuel C. Barrios y otros que la expusieron de una manera muy marcada en la Sbciedad de Medicina el año de 1875, con motivo de la comunicación del Dr. Nicanor Pancor- vo que consideraba como causa de dicha fiebre, a las emanaciones su fhídricas de los lugares en que se había presentadc . afección. La unidad etiológica de las verrugas y de la fiebre de la Oroya quedó desde entonces, y con justicia, definitivamente establecida; pero como las observaciones en que se apoyaron nuestros prác i- cos para esta deducción eran incompletas, no se pudo precisar la verdadera relación de los hechos, es decir, que no se llegó a saber qué período de la verruga era la fi?» re de la Oroya.En nuestro con- cepto, varias causas contribuyeron a esto: la falta de experimenta- ción, por una parte, y la creencia, bastante arraigada que existía de que la verruga no era inoculable. Carrion, con su atrevido experimento, ha llenado estos dos vacíos. Ha demostrado que, inoculándose a un individuo sano la sangre de otro atacado de verrugas, puede desarrollarse en él una afección, cuya gravedad dependerá de la mayor o menor resisten- cia del organismo; es decir que, en la sangre de los verrucosos, circula el germen productor de esta enfermedad; lo que se ha de- mostrado plenamente por la analogía de las lesiones necroscópicas de Carrion y de la mujer muerta de verrugas en el Hospital de Santa Ana, pocos días después. Ese gérmen, causa eficiente del padecimiento, es, según los estudios del Dr. V. Izquierdo (1), un bacilo especial; y si esto se llega a confirmar, quedará demostrado el carácter microblótico de la verruga. Por otra parte, en las fiebres eruptivas que son enfermedades generalizadas, casi todas parasitarias, y que tienen determinación especial sobre la piel, antes de manifestarse la erupción, hay un período febril de mayor o menor intensidad, y en el que pueden su- cumbir los pacientes sin que a 2uella se realice. (1).-Profesor de Histología en la Facultad de Medicina de Santiago de Chile. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 71 En la verruga, después de los dolores musculares y articulares, que deben considerarse como el período de incubación del virus, sobreviene un movimiento febril, ligero a veces y grave otras, pasa- do el cual se manifiesta la dermatosis. Se nota, pues, la marcha de una fiebre eruptiva, cuyos períodos, aún que no muy regulares, están bien determinados. Con estos datos, ¿no hay razón suficiente para considerar a la fiebre de la Oroya, como la pirexia que precede a la erupción de las verrugas? ¿El modo cómo apareció por primera vez la enfermedad, y el lugar en que se presentó, no eran motivos bastantes para ha- berla considerado así desde el principio? ¿El haberse notado en al- gunos puntos de la piel del malogrado Carrion, hipertrofias dér- micas, no demusetra que estaba próxima a realizarse la erupción? Con los datos que en la actualidad se poseen, podemos, pues, concluir. Io. Que la Verruga debe considerarse como una enfernedad zi- mótica, en el grupo de las telúricas, al lado de la malaria, del cólera, de la fiebre amarilla, etc., y, como tal, por analogía tiene que acep- tarse la existencia de un microorganismo especial como productor de ella. 2o. Que es inoculable, es decir, trasmisible de hombre a hombre, sin que haya todavía fundamentos bastantes para decir que es con- tagiosa; y 3°. Que el estado morboso conocido por nuestros prácticos bajo el nombre impropio de Fiebre de la Oroya, no es una entidad mórbida distinta, sino únicamente el período febril que precede, en los casos graves, a la erupción de la dermatosis, la que nunca llega a realizarse porque la muerte sobreviene como consecuencia del trastorno profundo que experimenta el organismo; de la desorga- nización completa de la sangre, sobre la que ejerce su principal acción el gérmen productor de la enfermedad. Con mayor número de hechos pueden c mprenderse los estu- dios posteriores sobre la verruga; pues, lo que falta es confirmar la existencia del bacilo; las condiciones especiales dé su vitalidad dependientes con toda probabilidad de su distribución topográfica; observar su evolución dentro y fuera del organismo humano y des- cubrir el agente que sea capaz de aniquilarlo. Que estos estudios se llevaran a cabo cuanto antes, fueron los deseos que manifestó el ilustre Carrion al exhalar el último suspiro; y para ello tenemos obligación de contribuir todos con nuestro débil contingente, honrandb así debidamente su memoria y contri- buyendo a utilizar del mejor modo posible, su heroico sacrificio. LA VERRUGA Trabajo publicado en «La Crónica Médica»-Lima, pág. I4'*.-1887, por el Dr. L. Avendaño. En el periódico italiano «II Morgagni», que se publica en Ña- póles, y en su número correspondiente al mes de octubre de 1886, encontramos un artículo del Dr Carlo Cucca, en el que, con mo- tivo de la enfermedad y muerte de Daniel Carrion, se ocupa de la verruga y entra en algunas otras consideraciones con respecto al Perú. Como quiera que algunas de dichas consideraciones no son la fiel expresión de la verdad, no podemos menos que rectificarlas, una vez que ellas han circulado por todo el mundo científico; y por- que, al no hacerlo así, autorizaríamos con nuestro silencio esas ine- xactitudes. Debemos declarar, ante todo, que agradecemos mucho a los órganos médicos de publicidad, que se vienen ocupando de nuestros asuntos científicos. Eso revela que, el cosmopolitismo, en materia de ciencia, va ganando cada día mayor número de prosélitos; y sabemos que ese es uno de los más poderosos medios de progreso y adelanto de que disponen los individuos y las naciones. Pero los datos que en el extrangero tienen de nosotros, son muy limitados : nuestra vida científica ha sido siempre azarosa, ha estado interrum- pida por períodos de calma mortal; los periódicos médicos que han existido antes, no han tenido la circulación que hubiera sido de de- searse; motivo por el cual algunos grandes descubrimientos de nues- tros maestros, no han salido del corto círculo de sus discípulos y han sido después arrebatados por otros hombres más conocidos en el mundo; en una palabra, ¡os hombres y las instituciones pocas veces se han colocado a la altura que pudieron y debieron ocupar. biblioteca centenario de medicina peruana 73 Así pues, no es extraño, que ahora tres años, como ha tenido ocasión de verlo nuestro corresponsal en Nápoles, Sr. J. Byron, salvo en Francia, en los demás países fuésemos completamente desconocidos. El momento de la reacción parece que llega, dé poco tiem- po a esta parte, los periódicos de Francia,Inglaterra, España, Esta- dos Unidos de Norte América, Australia, etc., han publicado con frecuencia noticias médicas referentes a nosotros, en las que no ha faltado una que otra inexactitud que ha podido dejarse pasar de- sapercibida. Con motivo del atrevido experimento de nuestro malogrado compatriota Carrion, este movimiento se ha acentuado más; y a él se ha asociado la prensa médica italiana. Creemos, pues, que ya es conveniente hacer las rectificaciones necesarias a las involuntarias inexactitudes en que incurren nuestros muy estimados colegas, única y exclusivamente por la falta de datos correspondientes. A nosotros toca esa tarea; tarea que creemos lle- nará su fin, una vez que el presente periódico es enviado a las cinco partes del mundo. Nuestros lectores podrán apreciar la justicia de las anteriores reflexiones, una vez que lean el artículo del Dr. Cucca, que tradu- cimos y publicamos íntegro, a continuación; intercalando sí las observaciones que hemos creído conveniente hacerle. Respecto de los errores geográficos, no los tacaremos, nuestro deseo es ocupar- nos únicamente de medicina, pues en Italia circula con profusión la grandiosa obra del sabio naturalista italiano Antonio Raimondi, "El Perú". Dice así el Dr. Cucca: «La región per -ana es muy extensa, pero está dividida en dos estados: el Perú, con una superficie de 1.119,941 kilómetros cua- drados; y Bolivia, con una superficie de 1.297,255 kilómetros cua- drados. La cadena de los Andes la recorre de Norte a Sur, formando en un punto el volcán de Arequipa. Está limitada al Oeste por el Gran Océano Pacífico, y se encuentra rodeado por el Ecuador, Brasil, República Argentina y Chile. El Perú tiene 3.050.000 h hi- tantes y Bolivia, 2.325.000; ambos tienen un comercio de im- portación y de exportación muy extenso, que puede competir con el de los estados primeros de Europa». «Pero si esta región es rica por su cultivo y su comercio, lo es también en algunas enfermedades que le son especiales y entre las cuales predomina la Verruga, que aún no es perfectamente cono- cida». 74 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA «La rada del Callao, que es sucia; el Rímac, río que dista poco de Lima, y con su agua fangosa y oscura; y el Ferrocarril Central Trasandino, con sus túneles escavados en el corazón de las inmen- sas montañas de los Andes tienen ciertamente mucha influencia en la producción de las enfermedades que aflijen al Perú». No es muy exacta la conclusión de nuestro apreciable colega; pues la rada del Callao no es más sucia que la de cualquier otro puer- to de bastante comercio, y eso únicamente en la parte correspondien- te al Dársena, que en el resto de la bahía las aguas son claras y limpias. Las aguas del Rímac no son ni fangosas ni obscuras; du- rante las crecientes se ponen un poco turbias, pero como entonces la velocidad de la corriente es mayor, los detritus orgánicos son más rápida y fácilmente arrastrados hacia el mar. Y esto cabal- mente se realiza en la estación de mayor morbilidad en Lima, en el verano. Por lo que hace a los Ferrocarriles, ellos ocasionaron, durante su construcción, las enfermedades consiguientes a las grandes re- mociones de los terrenos; enfermedades que han desaparecido hoy, que esas obras se encuentran suspendidas. En el caso parti- cular del Ferrocarril Central Trasandino, no se presentó una enfer- medad nueva, sino que sobrevinieron muchísimos casos de la fie- bre amenizante conocida muchos años antes de la construcción del Ferrocarril por los médicos del Hospital militar de San Barto- lomé (1). Con motivo de los trabajos del Ferrocarril, dicha enfer- medad se hizo muy común, y fué bautizada con el nombre de Fiebre de la Oroya. En el día se observan de cuando en cuando algunos casos de ella; y es natural que así suceda, desde que la Fiebre de la Oroya no es sino uno de los estadios de la Verruga, y ésta es endémica en la quebrada de Huarochirí. Los trabajos de los ferrocarriles alteraron transitoriamente el estado sanitario de las respectivas regiones en que fueron construidos, pero no dejaron estados morbosos nuevos y persistentes. «No hace mucho que un médico peruano llamado Daniel Carrion, se dedicó con mucho entusiasmo y convencimiento al estudio de la Verruga, una de las más perniciosas enfermedades que grasan en el Perú». Carr ón, como lo ha dicho la prensa científica y política del Perú, no era médico sino estudiante del 6o. año de Medicina (en el Perú los estudios médicos se hacían entonces en siete años). Su he- roísmo y su ardor científico crecen al considerarlos como obra de un estudiante; es decir, joven y lleno de aspiraciones. I.-David Matto. ''La Crónica Módica", Lima, N". 34, Octubre de 1886 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 75 «Antes que él, otros médicos chilenos y peruanos habían tra- tado de descubrir la naturaleza íntima de esta enfermedad; pero sus esfuerzos fueron inútiles, y sólo llegaron a describir sus síntomas, y aún estos con poca seguridad». «Todo descubrimiento científico tiene sus mártires ' la Verruga también ha tenido el suyo, el Dr. Carrion; esperamos que la san- gre de este mártir haga fructificar el gérmen de la verdad!- y cree- mos que así sucederá, puesto que la muerte de este médico ha im- presionado mucho; y las principales notabilidades científicas ame- ricanas e inglesas se han dedicado con ahinco al estudio de la Ve- rruga, recogiendo todas las noticias referentes a esta enfermedad, y esperando, en un tiempo no lejano, llegar al mismo Perú para observar de cerca a los verrucosos.-Pero antes de todo, demos al- gunas noticias de Carrion. «Daniel Carrion, era joven, nació en el Cerro de Pasco, el ano 1859 y empezó sus estudios médicos en Lima en 1880. De una inteligencia despejada, era muy estimado por sus profesores, a al- gunos de los cuales, lo diremos, era superior por su valor científico. La historia nosográfica de la Verruga es oscura, dijo Carrion, y por lo tanto quiero estudiarla aunque sea con el sacrificio de mi vida. El joven médico, ay dado por sus maestros, revisó las obras principales que se ocupan de esta enfermedad; adquirió así mismo las noticias más útiles y cié tíficas; y después, estimulado por el deber que se había impuesto, recorrió, sin retroceder an- te el peligro, toda la nación peruana para conocer la distribución geográfica de la Verruga». «Su entusiasmo crecía sin llegar a su colmo, no obstante que, después de tanto trabajo, poco era lo que había adquirido; enton- ces creyendo haber observado un síntoma especial,haber descubier- to la etiología de la enfermedad y a fin de evit r toda causa de error, surjió en su celebro la dea de la inoculación de la sangre de un verrucoso, en su misma persona». «Comunicó esta resolución a sus profesores, que le disuadieron de ella, o al menos trataron de hacerlo, diciéndole que su sacrificio era inútil; pues aún en el caso de establecer el carácter especial de la Verruga, no vislumbraban las ventajas que se podían obtener. La verruga-le dijeron-se necesita estudiarla con paciencia, con entusiasmo, pero no con ardor temerario, algo grave puede acae- cerle y entonces » «Pero Carrion tenía el convencimiento de proceder bien, y se mantenía tenaz; fingía ceder a las amonestaciones de sus profe- sores y después volvía a hablar de la inoculación». 76 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Cuando Carrion resolvió practicar la inoculación en su propia persona, ni él ni ninguno de los médicos que tuvieron conocimiento del hecho, pudieron preveer que llegaría a tener un fin tan desgra- ciado; y no podía preVerlo, porque aunque ya se sospechaba la unidad etiológica de la verruga y de la fiebre de la Oroya, no se sa- bía de un modo fijo y seguro que período de la primera, era la se- gunda. Por otra parte, la creencia más general que existía era que la verruga no podía inocularse, y es por esto que muchos dudaban que la inoculación surtiera los efectos que se propuso Carrion: observar en su mismo organismo las primeras faces de la evolución del virus verrucoso. Si hubiera existido el pleno convencimiento del inmediato y fatal desarrollo de una dolencia tan grave y necesaria- mente mortal, los demás médicos, que no estaban poseídos del de- lirio científico que tenía Carrion, habrían impedido de un modo eficaz la realización del acto. Porque si, merced al método experi- mental, ha llegado a colocarse la ciencia a la altura en que se en- cuentra, los experimentos son aceptados, por temerarios que sean, únicamente cuando se propone el experimentador descubrir o con- firmar algún dato nuevo, y no cuando se trata de hechos consuma- dos y plenamente adquiridos para la ciencia. Los médicos peruanos se oponían a que se practicase la inocu- lación, por dos razones: la primera, porque la creían inútil; y la se- gunda porque, en el caso de sobrevenir la erupción, ésta se hubiera presentado en los últimos meses del año, y entonces Carrion ha- bría tenido que suspender sus estudios en la época próxima a los exámenes. En una palabra, trataron de proceder con prudencia, como que poseían la tranquilidad de ánimo que no podía tener Carrion, entusiasmado con su idea, queriendo conciliar ellos el adelanto científico con las precauciones que nunca deben olvidarse en casos de esta naturaleza. Y por esto cuando se convencieron que era imposible que Ca- rrion abandonase su propósito, no se consintió en que él mismo se practicara la inoculación (como lo dice más adelante el Dr. Cucca) sino que la realizó el Dr. Evaristo M. Chavez. «Se sabe perfectamente que muchos ilustres profesores ameri- canos, se encaminaron a Lima, animados de una espectativa cu- riosa, que se quiso llamar científica; pero que, en realidad no era sino el deseo de presenciar un espectáculo; pues, muchos de ellos no tuvieron el coraje necesario para visitar un solo verrucoso!». «Carrion esperaba una ocasión para poner en práctica su designio, y aquella no tardó en presentársele». «Lima posee cinco hospitales regularmente tenidos: el llamado «Dos de Mayo» es el mejor y que está construido conforme a los BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 77 adelantos realizados en materia de higiene.En este fué recibido un joven de 14 años, atacado de la verruga. Carrion, va en la mañana al hospital; los médicos que conocían su intento no le dijeron nada, pero ¿qué le importaba esto cuando él revisaba a todos los enfer- mos, espiando sus más insignificantes movimientos, para reconocer la enfermedad que estudiaba, hacía tanto tiempo, con verdadero ardor científico? El verrucoso, le llamó la atención, lo observó con paciencia, lo vigiló por algún tiempo y después, con un coraje ex- traordinario, se inculó la sangre del enfermo. Sus profesores se im- presionaron; los médicos extranjeros están espantados aún. Tras- curridos veinte días, Carrion estaba bien; al vigésimo primero se dirijió donde uno de sus profesores de patología médica, quien, después de haberle observado le dijo: es inútil, no estallará la en- fermedad. Pero al vigésimo tercio día, período que se ha estableci- do de un modo seguro como de incubación de la enfermedad, Ca- rrion comenzó a experimentar los primeros síntomas. Al rededor de su lecho se encaminaron todos los catedráticos de la Facultad de Medicina de Lima y también de las extranjeras». No sabemos que admirar más si lo fantástico o lo poco veraz de los párrafos que acabamos de trascribir En primer lugar, debe saber nuestro ilustrado colega italia- no, que la verruga no es de aquellas enfermedades que traen con- sigo una muerte inevitable. Nada de eso: como todas las enfer- medades zimóticas, presenta grados muy variables en su evolución; de modo que los individuos afectados de las formas ligeras, pueden dedicarse a sus ocupaciones sin más molestia que las que le ocasionan los tumores más o menos voluminosos; y los sujetos que sufren las formas graves, pueden ser visitados sin ningún peligro de contagio. En el caso, pues, de haberse realizado aquello de los viajes de mu- cho ilustres profesores americanos, no hubieran sido los médicos americanos, acostumbrados a mirar muy de cerca la viruela, la difteria, la disentería, los diversos tifus, la fiebre amarilla, las for- mas graves del paludismo y, en una palabra, toda la variada pato- logía de los países tropicales, no habrían sido, repetimos, los que hubiesen retrocedido ante un verrucoso, cuando están muy acos- tumbrados a combatir a los más temibles flagelos de la humanidad. La verruga y La Fiebre de la Oroya, han llamado siempre la atención, pero no hasta el extremo de provocar esa actividad fébril que supone el autor del artículo que anotamos, no solamente en los párrafos anteriores sino también en algunos colocados más adelante, pues solamente los médicos peruanos y chilenos se han ocupado de estudiar esta enfermedad. Si hubiera existido ese gran entusiasmo, el problema ya estaría resuelto. 78 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Respecto a la incubación, no está definitivamente establecido que sea de 23 días, pues un solo caso no basta para ello; máxime cuando existen casos bien averiguados en los que han trascurrido varios meses, entre el alejamiento del individuo de los lugares en que la infección es endémica y el desarrollo de la erupción. Este es un punto que todavía necesita mucho estudio para poder resol- verse de un modo preciso. «En la Oroya se observó por mucho tiempo una fiebre espe- cial que fue llamada Fiebre de la Oroya, porque atacaba a los trabajadores del Ferrocarril del Callao a la Oroya». «Se pretendió en un tiempo que existía alguna analogía entre la verruga y la Fiebre de la Oroya. Los profesores observaron en Carrion los primeros síntomas de dicha Fiebre, siendo el primero una dolencia general». «Mientras tanto la enfermedad, en pocos días continuaba agra- vándose; los médicos, a ciegas, administraban medicamentos, no bien probados en igualdad de circunstancias, pero inúltilmente. Después de siete días del desarrollo de la enfermedad, y 30 de la inoculación de la sangre verrucosa, Carrion comprendió que había llegado su último día». ¡«Estudiad, estudiad-decía a sus profesores- sino la verruga no será conocida ni aún en mi persona. Pero a pesar de este estudio, ellos permanecían inmóviles y aterrados cerca de su lecho, asistien- do al final de este triste drama». «Entonces Carrion comprendió que el sacrificio de su persona no producía ningún provecho a la ciencia; y se quejaba desespera- damente, lamentándose de la inercia de sus colegas y teniendo que morir en esta situación». Aquí nos encontramos con algunas afirmaciones que no pode- mos dejar pasar desapercibidas. Los médicos que asistieron a Carrion, en su fatal enfermedad, no caminaron tan a ciegas como supone el Dr. Cucca; sino que pusieron en práctica los medicamentos más racionalmente indica- dos, en relación con la naturaleza de la dolencia; lease la historia sobre la Enfermedad de Carrion, escrita por el señor Alcedan (I) y se verá la confirmación de lo que decimos. Si no se pudo salvar esa preciosa existencia, fué porque su organismo había sido pro- fundamente desorganizado por el principio morboso que circulaba en su sangre. Cuando Carrion recomendaba el estudio, no lo hacía por el egoísmo de salvar su propia existencia, sino por los vehementes (1).-"La Crónica Medica" Lima, octubre de 1886, N°. 34. BIBLIOTECA centenario de medicina peruana 79 deseos que tenía de morir con el pleno convencimiento de que su obra llegaría a su termino. Y lo que es lamentos, no los pronunció nunca; como tampoco manifestó desesperación cuando se convenció de que su muerte era inevitable. Muy al contrario, se regocijaba y repetía, en todos los instantes, que moría tranquilo porque sabía que a costa de su vida había dado un gran paso la medicina nacional. Ni en sus últimos momentos hubiera flaqueado su entusiasmo científico, no habría sido digno de figurar entre los mártires de la ciencia. ¡Felizmente tuvo todos los méritos necesarios para serlo! Carrion tuvo grandísimos deseos de llegar a conocer com- pletamente la enfermedad, y no pudo alcanzar este fin. Pero des- pués de este desgraciado suceso, la Verruga ha tomado una impor- tancia extraordinaria en el Perú y reina una actividad febril en el estudio de esa terrible enfermedad». «La Verruga, es una enfermedad especial en algunos lugares del Perú; las quebradas de los Andes, situadas a una altura de 1,000 a 2,500 metros, lugares conocidos como mal sanos. La verruga ataca a todas las personas especialmente a los linfáticos; casi todos los extranjeros que regresan del Perú, la han sufrido; y aún, hecho curioso, ataca a muchos animales». La verruga ha sido notada desde los primeros tiempos de la conquista del Perú, por muchos médicos americanos; sin que haya sido esto suficiente motivo para haber obtenido algunos datos de su sintomatología y lesiones anatómicas». Como etiología se ha admitido, desde hace mucho tiempo, que es ocasionada por el uso de aguas especiales, llenas de infuso- rios y fétidas. En el año de 1843, Tschudi expuso esta opinión y la sostuvo con ardor». Pues, casualmente las aguas conocidas como aguas de Verruga son cristalinas y límpidas, a tal punto que sólo su vista provoca la sed. Este es un hecho conocidísimo, tanto por los hombres de cien- cia, como por el vulgo. No hay un solo autor que se haya ocupado de la verruga, que no lo hubiese hecho notar. Y en cuanto al vulgo, es la cosa más frecuente que el viajero que por primera vez llega al fondo de la quebrada, en el pueblo de Surco, y trata de calmar la sed consiguiente a la alta temperatura del lugar, sed que se acre- cienta al contemplar la limpidez del agua, no falte un indio que le grite: cuidado que esa es agua de verruga, no la tomes. «Después de la muerte de Carrion, los síntomas de la verruga se han hecho más notables, relevantes y se les ha descubierto ca- racteres propios. El verrucoso se vuelve excesivamente anémico, e inmediatamente comienzan a presentarse tumores de textura 80 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA conjuntiva (como dice el médico pjruano de la Corre (3), de un color rosado, de tamaño variable, desde finas granulaciones casi imperceptibles hasta el tamaño de una naraja. Se sitúan especial- mente en la superficie cutánea, y evolucionan de un modo deter- minado». «El Profesor Raimondi, nuestro compatriota establecido hace 26 años en el Perú, país que conoce perfectamente por haberlo recorrido en toda su extensión, cree que el origen de la verruga puede referirse a fuentes especiales, que contienen una materia sép- tica, originada por la descomposición de los organismos vegetales y animales». «El Doctor Salazar, en una tesis sostenida en Lima el año de 1858 se esforzó en presentar a este respecto una dea clara y nueva, pero parece que no consiguió su objeto. Este distinguido doctor piensa que la verruga es una enfermedad virulenta de curso deter- minado; que es originada por las condiciones especiales del te- rreno, en los lugares en que es endémica; no siendo aún muy cono- cida la verdadera causa eficiente de esta enfermedad Salazar dice lo siguiente, «el virus verrucoso produce en el organismo un verdadero envenenamiento, y si no hay en él bastante fuerza para eliminarlo, sucumbe el paciente bajo su fuerza deletérea». La tésis del doctor Salazar es considerada, y con justicia, como uno de los más importantes documentos de la historia noso- gráfica de la verruga. Escrita en el año de 1858, cuando la teoría microbiana se encontraba únicamente en el cerebro de algunos gran- des hombres; cuando estaban por establecerse los procesos genera- lizados, y no reinaba en patología otra división que la sintomática; su autor, con una penetración poco común y adelantándose mucho a los conocimientos de su época, sostuvo: que la verruga es una en- fermedad generalizada; que es dependiente de las condiciones del suelo, es decir, telúrica; que en su esencia es un envenenamiento, es decir, originada por un agente morboso venido del exterior: he- chos todos que día a día van adquiriendo su plena confirmación. Además, el doctor Salazar, estableció períodos en la marcha de la enfermedad; variedades en la forma de la erupción; hizo un estudio bastante completo, si se tiene en cuenta la época en que fué relizada y los elementos de que dispuso. (I).-Ignoramos que de la Corre haya sido peruano; y, en cuanto al primero que se ocupó de la textura anatómica de los tumores verrucosos, debemos decir que fué el doctor Armando Velez, actualmente profesor de la Facultad de Medicina de Lima, en su tesis para el grado de Bachiller, publicada en "La Gaceta Médica" de Lima, año de 1861, N". 110. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 81 Creemos, pues, y con nosotros la generalidad, que consiguió su objeto. «Algún tiempo después los peruanos tuvieron una idea mara- villosa, la de establecer un Ferrocarril, el Ferrocarril Central Trasandino, para unir con los \ apores que deben atravesar por los ríos de la Oroya, de las montañas de Chanchamayo y del Ama- zonas, los dos grandes Océanos; atravesando por las altas monta- ñas y los inmensos valles del Brasil y del Perú. Circunstancias im- previstas, en la que no han tomado poca parte la ninguna honora- bilidad de muchos especuladores, han impedido el que se lleve a cabo este atrevido proyecto, que ha quedado únicamente en el principio de su construcción». «Pero las montañas del Perú se perforaron, y los rieles se en- cuentran colocados a 13,000 pies de altura sobre el nivel del mar. Al removerse la tierra y al escavarse las montañas, se presentaron en estos lugares, que reina con frecuencia la malaria, muchas mani- festaciones palúdicas más o menos graves. Particularmente en la quebrada de Huarochirí, por la que va el camino del Callao a la Oroya, lugar esencialmente infecto y donde la verruga es endé- mica, se observó que los trabajadores de la línea, hombres muy fuertes, robustos, comparables a atletas, en su mayor parte chi- lenos, una fiebre gravísima de marcha irregular, que colocaba a los pobres enfermos en una postración profunda por el aniquilamiento de las fuerzas; ocasionando una anemia pronunciada con destruc- ción dé los glóbulos rojos y leucocitosis consecutiva». «Los médicos se dirigieron a ese lugar; comenzarona a experi- mentar algunos medicamentos, a consultar remedios especiales, a poner en práctica todos los recursos de la terapéutica moderna; pero no se obtuvo ningún resultado y las víctimas se sucedían con una rapidez vertiginosa». «De Río de Janeiro, Ide San Paulo, de Sucre, de Santiago, de Valparaíso, de Lima, acudieron médicos de todas las naciones, para clasificar esta nueva enfermedad que se presentaba de súbito, ame- nazando constantemente, y rebelde a todas las medicinas y trata- mientos empleados en el acto» (?). «Pero la marcha y los síntomas de la afección no permitieron colocarla en ninguno de los grupos nosológicos conocidos; y en- tonces los médicos volvieron a sus respectivas naciones, contando haber visto en la Oroya individuos atacados por una enfermedad nueva y tremenda (?). Por esto la fiebre fue conocida en toda la América del Sur, con el nombre de Fiebre de la Oroya» (1). (1).-Ya hemos dicho algo sobre estos pretendidos viajes, que nunca se realiza- ron y que no son sino producto de la fecunda imaginación del autor del artículo que anotamos. 82 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA «Algunos supusieron que la Fiebre de la Oroya era una forma de la malaria; pero en la malaria hay siempre un agente miasmático originado por la putrefacción de las sustancias orgánicas, especial- mente vegetales, acompañadas de la humedad; en la Fiebre de la Oroya, no pasa tal cosa. Además el paludismo reina en muchísimos puntos del Perú-como ya lo hemos dicho-y no es exclusivo de la Oroya; de consiguiente no puede aceptarse la existencia de nin- guna relación entre la malaria y la Fiebre de la Oroya, tanto más cuanto la primera cede al empleo de su remedio específico, y la se- gunda es rebelde a toda medicación. Por lo tanto, la relación que se ha querido admitir entre la malaria y la Fiebre de la Oroya, no puede sostenerse; mientras que, entre esta fiebre y la verruga, se puede asegurar que existe alguna afinidad». «En efecto, la Fiebre de la Oroya se ha presentado únicamente en los lugares en que desde tiempo inmemorial reina la verruga; y de este hecho se puede deducir la coexistencia de origen de las dos enfermedades». «Los doctores Espinal, Basadre, Barrios, Salazar, Bam- baren y otros, sostuvieron esta opinión del año de 1872 a 1876». Pero los médicos de Santiago no aceptaban esta idea, ale- gando que no se encontraba establecida sobre ninguna base só- ida; y preguntaban: ¿se puede establecer rigurosamente la unidad etiológica de la verruga y de la fiebre de la Oroya? nó; de consi- guiente no hay razón en que pueda apoyarse; o, al menos, las que se presentan hasta ahora no son suficientes para decir la última palabra, salvo que nuevas experiencias puedan hacer inclinar el ánimo en un sentido o en otro; y mientras tanto las víctimas conti- nuaron en el Perú, y millares de extranjeros, especialmente euro- peos, sucumbieron a causa de la verruga». «El doctor Izquierdo, profesor de Histología en la Universi- dad de Santiago (Chile) y muy estimado por los médicos de las principales Facultades de América, ha demostrado que el germen de la afección verrucosa es un bacilo particular, un poco más grue- so que el de la tuberculosis. Estos bacilos se encuentran reunidos en grupos numerosos en los intersticios de los elementos anatómi- cos, células y fibras, y en los vasos, a los que obstruyen por comple- to. Los micro-organismos de la verruga llenan los capilares arte- riales y venosos de la piel y del tejido celular sub-cutáneo, en la zona próxima a la vegetación neoplástica. De aquí pasan a circular en la masa sanguínea del verrucoso, produciendo una irritación que a la larga provoca la formación, en algunos puntos, de tejido con- juntivo: génesis del neoplasma celular circunscrito». biblioteca centenario de medicina peruana 83 «Daniel Carrion se inoculó la sangre de un verrucoso; ¿nada ha adquirido la ciencia con esto? ¿El joven héroe ha muerto, pues, inútilmente? Nó: el experimento hecho por el infeliz Carrion, ha aclarado algunos puntos en la historia de esta enfermedad: ha de- mostrado que la verruga es inoculable; es decir, que la sangre de un verrucoso inyectada en el torrente circulatorio de un hombre sano, la corrompe y la envenena. Parece, pues, confirmado que en la sangre de ios verrucosos circula el germen de la enfermedad. Las lesiones anatómicas del cadáver de Carrion, y las de una mu- jer que murió en el hospital de Santa Ana, en el mismo día que Carrion, han confirmado, por su semejanza, que la sangre de los verrucosos es inoculable». La inoculabilidad de la sangre de los verrucosos quedó plena- mente probada, antes de la muerte de Carrion, por el hecho de haberse desarrollado en él, a consecuencia de la inoculación, un es- tado morboso grave; de modo que no se necesitaba de la compara- ción de las lesiones anatómicas, para establecer semejante conclu- sión. Lo que se pudo comprobar con dicha comparación (de las lesiones anatómicas de Carrion y de la mujer que falleció en el Hospital de Santa Ana) fué que Carrion murió efectivamente a consecuencia de la alteración producida en su organismo por el vi- rus verrucoso. En efecto, aunque consecutiva a la inoculación, se desarrolló en Carrion, un estado morboso en el que se reconocieron los sínto- mas principales de la Fieíbre de la Oroya; como quiera que dicha fiebre pertenece al grupo de las llamadas anemizantes, y es bas- tante sabido que la sintomatología de las entidades patológicas que forman dicho grupo, es casi común a todas ellas, podía quedar la duda de si era verdadera fiebre de la Oroya la que ocasionó la muerte de Carrion, o alguna de las otras anemias perniciosas, por ejemplo, la palúdica; duda tanto más justa, cuanto que en Carrion no se presentaron las lesiones de la piel. Por otra parte, para establecer de un modo preciso la unidad etiológica de la verru- ga y de la fiebre de la Oroya, se necesitaban dos condiciones: la primera que, como consecuencia de la inoculación de la verruga, se desarrollara la Fiebre de la Oroya; y la segunda para comprobar la identidad de los dos estados patológicos por la similitud de las lesiones desarrolladas en el organismo a consecuencia de la inocula- ción, y las que existan en otro en las que se hayan presentado los tumores dérmicos; porque se sabe que en la Fiebre de la Oroya, la muerte sobreviene antes que se realice la erupción, y ésta ha sido 84 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA siempre considerada como el síntoma patognomónico de la ve- rruga. Ambas condiciones se realizaron: la una, con el experimento de Carrion; y la otra, con la comprobación de las lesiones encon- tradas en el cadáver de éste y en el de la mujer que murió con una erupción abundante de verrugas. «El doctor Avendaño, sirviéndose de esta experiencia, esta- blece sus conclusiones, acordes en parte con las de Izquierdo y otros, pero que no concuerdan en todo». «La verruga, según Avendaño, es una enfermedad zimótica, y la coloca en el grupo de las afecciones telúricas, al lado de la ma- laria, del cólera, de la fiebre amarilla,etc. Admite, pues la existencia de un micro-organismo especial para la verruga, del mismo modo que existe para el cólera, la tuberculosis, etc.». «Avendaño, también cree en la inoculabilidad de la sangre vcrrucosa, y ¿cómo no creer después de la muerte del Dr. Daniel Carrion? pero aunque acepta la inoculabilidad, pone en duda la contagiosidad; sin embargo, muchos han muerto curando a los ve- rrucosos en los Hospitales de Lima». Prescindiendo de la verdadera etimología de la palabra con- tagio, hoy se considera como tal a la trasmisión de una enfermedad del hombre enfermo al hombre sano por un producto emanado del en- fermo (Jaccoud). Y aplic ndo estos caracteres a la verruga, se pue- de, asegurar hoy día, que la verruga no es contagiosa; porque no hay un solo hecho que pruebe que se haya realizado dicha trasmisión. En cuanto a los individuos que han sucumbido curando verru- cosos en los Hospitales de Lima, debemos declarar que no conoce- mos un solo caso de esa índole. Y en caso de que hubieran sobreve- nido, la sangre del verrucoso no habría podido penetrar sino por una solución de continuidad de la piel; en cuyo caso, se habría rea- lizado una inoculación, y no una trasmisión por contagio. «Sostiene el mismo doctor que \ajiebre de la Oroya no es otra cosa que el período febril que precede a la erupción verrucosa, en los casos gravísimos; combate tenazmente la idea de los que creye- ron que la fiebre de la Oroya era una enfermedad especial». «Parece que algunas veces se ha observado en los Hospitales de Lima, especialmente en el de Santa Ana, que la erupción verru- cosa no se desarrolla; esto significa que la muerte sobreviene ante- riormente a ella; muerte causada por la profunda alteración que sufre el organismo, por la completa desorganización de la sangre, sobre la que ejerce su acción especial el germen productor de la en- fermedad». BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 85 «Algo ciertamente han hecho los médicos americanos, pero todo incierto, nada se ha establecido de un modo claro». «Es contagiosa la verruga? Algunos, con las pruebas en la ma- no, dicen que sí; otros, niegan el contagio, admitiendo solo la ino- culación. Debe asegurarse bien la existencia del bacilo descubierto por el Dr. Izquierdo; estudiarse las condiciones de su vitalidad en relación con su distribución topográfica, y su evolución den- tro y fuera del organismo». «El estudio de este bacilo debe hacerse con mucha atención a fin de no incurrir en errores, en inexactitudes; y hacer de modo que las dudas puedan rectificarse con gran facilidad». «Los médicos peruanos han trabajado y trabajan siempre asi- duamente y de un modo especial para llegar a describir por comple- to la verruga; los chilenos, brasileros e ingleses, siguen con aten- ción este movimiento, tomando nota de la más pequeña novedad. Italia tienen también algún contingente en este estudio; allá- en el lejano Perú-vive, hace mucho tiempo, un esforzado médico ita- liano, el Dr. Raimondi, el que todavía se afana en descubrir este problema, y conociendo incesantemente las ideas reinantes, vuelve con ardor a la sostenida por él, a saber: que la verruga es ocasionada por una materia séptica originada por la descomposición de las sus- tancias vegetales y animales» (i). «Cuando se hayan realizado algunos importantes descubri- mientos sobre esta enfermedad, que los hagan los americanos, los ingleses o los italianos, entonces llegarán a ocupar su verdadero lugar en las buenas obras de Patología médica. La sociedad médica» de Lima hace esfuerzos hercúleos para conocer bien la verruga; pero no quiere que a su país vayan los extrangeros a hacer el des- cubrimiento. Es un sentimiento altísimo y digno de elogio, pero ¿están los médicos peruanos al corriente de la histología y bacterio- logía modernas? Lo veremos.» «Los grandes descubrimientos se hacen a costa de algunos mártires, y la verruga no tiene todavía sino uno: el Dr. Carrion. Este médico peruano, en la flor de su edad, cuando se le presentaba un risueño porvenir, y la carrera científica, que había escojido brillantemente le atraía con su belleza como una hada orgullosa; quizo espontáneamente sacrificarse por el bien de su país, y ha de- jadb escrito su nombre al lado de los héroes que combatieron por el honor del Perú y su independencia». (I).- Ignoramos las ideas que profesa hoy, el Sr. Raimondi, sobre este asup to, y por eso no rectificamos, * 86 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA «La ciencia es cosmopolita y no italiana, y por el progreso cien- tífico tenemos tantos mártires, honremos debidamente al médico peruano Daniel Carrion». Aquí concluye nuestro estimable colega italiano, y hubiéramos querido no haber hecho ninguna rectificación a sus últimas frases; pero hay algo que no podemos dejar así. Los verdaderos adelantos y los buenos descubrimientos de la ciencia, son bien recibidos en el Perú, cualquiera que sea su pro- cedencia; sabemos muy bien que la Ciencia no tiene patria, para tener el egoísmo pretencioso de impedir a un extrangero el estu- diar una de muestras endemias. Como nos anima un verdadero deseo de adelanto, procuramos estar siempre al corriente de los últimos descubrimientos, adqui- riendo las obras más nuevas y notables en todos los ramos de la Medicina, y procurando, por medio del presente periódico, obtene: el canje de todas las publicaciones médicas del mundo, a las que lo remitimos puntualmente, y no obstante que muchas, aún utilizando de lo nuestro, nos privan de conocer el movimiento científico de sus respectivos países. Doctor David Matto Nació en la ciudad del Cuzco el año de 1858. Inscrito en la matrícula de la Facultad de Medicina de Lima el año de 1877, dió término a sus estudios profesionales el año de 1885. Obtuvo el grado académico de bachiller sustentando una tesis titulada. «Las inyecciones hipodérmicas antisifilíticas» (1884) y obtuvo el grado académico de doctor el año de 1891, presentando al efecto una tesis que llevaba por título. «El germen del tétano». Médico de policía de Lima el año de 1886, fué enviado por el Gobierno del Perú a estudiar la epidemia de cólera asiático que el año de 1887 hacía sus estragos en la República de Chile. De regreso de ese país, la Sociedad Médica «Unión Fernandina» le hizo el obsequio de una medalla de oro por la acertada manera como había desempeñado la delicada misión sanitaria. Trasladado a Europa el doctor Matto, le cupo el honor de la representación del Perú en el Congreso Internacional de Medicina que se realizó en Berlín el año de 1889. Contratado por la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima, se dedicó al estudio de la Psiquia- tría, cuyos conocimientos debía aprovechar más tarde, al hacerse cargo del Hospicio de Insanos, en cuyo cargo de director reemplazó al malogrado alienista Muñiz (1897). El año de 1890, aún antes de obtener el grado de académico doctor, el doctor Matto fué nombrado Catedrático de Bacteriolo- gía en la Facultad de Medicina de Lima, cargo que desempeñó hasta la época de su fallecimiento. El año de 1911, a Facultad le eligió su Subdecano. Además de la enseñanza de este curso, el doc- tor Matto llevó a cabo, si bien episódicamente, por enfermedad del doctor Julio Becerra, la enseñanza de la cátedra de Anatomía Pa- tológica. El doctor Matto representó al Perú en el Congreso de la Tu- berculosis, reunido en San Luis (Estados Unidos de Norte América) el año de 1905 y actuó como Delegado de la Facultad de Medicina de Lima en el Congreso Científico Pan Americano reunido en San- tiago de Chile el año de 1908, al cual presentó una interesante mo- nografía titulada "La enseñanza médica en el Perú". Presidente de la Sociedad Médica Unión Fernandina en el período 1886-1887; el doctor Matto formó parte déla Academia Nacional de Medicina de Lima, fué vicepresidente de la Comisión 88 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA organizadora del 6o Congreso Pan Americano reunido en Lima el año de 1913; desempeñó, así mismo, los cargos de miembro activo de la Sociedad Geográfica de Lima, honorario del Ilustre Colegio de Abogados, correspondiente de la Sociedad Médica Argentina» etc. El Dr. Matto, afiliado desde muy joven al Partido Constitu- cional, desempeñó los ministerios de Fomento bajo la administra- ción de los señores Romaña y Leguía, y representó, en varias opor- tunidades, ante el Congreso de la República, a su departamento natal. Falleció en Lima, el 20 de noviembre de 1914. Bibliografía I.-Fiebre biliosa de los países cálidos, en «Crónica Médica de Lima», 1884. 2.-La cremación, Id. Id. 1884. 3.-Blenorragia: el gonococo y el sublimado. Id. Id. 1884. 4.-Las inyecciones hipodérmicas. Id. Id. 1885. 5.-Sinopsis de las enfermedades de la laringe, pulmones y co- razón (traducción del inglés). Id. Id. 1885. 6.-Sociedad Médica «Unión Fernandina», (artículo editorial) Id. Id. 1886. 7.-La trepanación en la época de los Incas. Id. Id. 1886 y «Ga- ceta Científica» de Lima, vol. II. 8.-Discurso acerca de la verruga peruana, Id. Id. 1886. 9.-Del tratamiento del tumor blanco del codo (nota bibliográ- fica) Id. Id. 1886. 10.- Tratamiento del tumor blanco del codo. Id. Id. 1887. 1 1.-Ideas generales y concepto moderno de la electricidad. Conf. en la «Unión Fernandina» de Lima, 1887. 12.-Informes al Gobierno sobre el cólera en Chile, en «Crónica Médica de Lima», 1887. 13.-Generalidades sobre el microbio colérico. Id. Id. 1888 14.-Sobre el cultivo de los microbios anaerobios. Id. Id. 1891. 15.-El gérmen del Tétano, tesis de Doctorado, Lima, 1891. 16.-Bacteriología, lección inaugural del curso, en «Crónica Médica de Lima», 1892. 17.-Heridas contusas del cráneo, estudio médico legal. Id. Id. 1892. 18.- Tuberculosis, lección Id. Id. 1892. 19.-Un caso de ruptura del bazo, informe médico legal en cola- boración con el Dr. Tomás Salazar. Id. Id. 1893. 20.-La Seroterapia. Id. Id. 1896. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 89 21.-Los Rayos Roentgen, Id. Id. 1896. 22.-Congreso Pan Americano de México. Id. Id. 1897. 23.-Higiene de Lima. Id. Id. 1896. 24.-Embarazo tubario derecho que se abrió paso por la Vejiga, Id., Id. 1903 y «Boletín de la Academia Nacional de Medicina de Lima, 1903. 25.-Intervención del médico en los accidentes del trabajo, dis- curso académico en la apertura de la Universidad de Lima, en «Revista Universitaria» de Lima, 1906. 26.-Informe técnico sobre el tratamiento de enagenados y otros puntos pertinentes, en «Crónica Médica de Lima», 1898 y en «Monitor Médico de Lima», vol. XII. H. V. DISCURSO Leído por el señor David Matto Presidente de la Sociedad Médica «Unión Fernandina» en la sesión del 5 de Octubre de 1886, primer aniversario de la muerte de Daniel A. Carrión. Señores: El 5 de octubre de 1885 señala para la Medicina Peruana una fecha de luto y de gloria: en ese día desaparece un joven de grandes esperanzas y se demuestra una verdad científica a penas entrevista. ¡La conquista de la verdad adquirida, como siempre, a caro precio! En un día como hoy, un valeroso estudiante de medicina, un espíritu grande, de esos que, «aparecen de vez en cuando como para llenar un fin determinado», acepta tranquilo, con el entusiasmo con- siguiente a su edad, el sacrificio de su vida, por el adelanto de la ciencia. La sociedad peruana y el cuerpo médico en particular, han la- mentado esa desgracia, admirado aquel heroísmo; y las agrupacio- nes científicas de la capital se han apresurado en horwar la me- moria de Daniel A. Carrion». Entre estas, la Sociedad «Unión Fernandina» aprobó en la sesión de 16 de octubre del año pasado la proposición cuya lectura acabáis de escuchar. He allí el motivo por el que nos hallamos ahora reunidos para dedicar esta modesta actuación a la memoria del infortunado Ca- rrion, en la noche en que colocamos el retrato que allí véis. 91 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA No es mi ánimo, ni pretender quiero, hacer el elogio de tan ilustre mártir; la grandeza del hecho enmudece la palabra, el méri- to sobrepuja al elogio. El nombre de Carrion está íntimamente ligado al de la Ve- rruga y apenas se puede hablar de él sin tratar de la enfermedad, objeto de sus estudios y causa de su muerte. No me propongo, señores, hablar detalladamente de la enfer- medad de verrugas, oriunda de nuestras quebradas de este lado de los Andes; esto sería materia de un libro y no de los estrechos lí- mites de un discurso, que debe ser corto por su naturaleza. Personas de más autorizada palabra han tratado brillantemen- te esta cuestión y pronto escucharéis la voz de uno de los compa- ñeros del infortunado Carrion que os dará una idea exacta de los trabajos emprendidos por aquel que llevó hasta el sacrificio su de- cisión por el estudio. Solamente me propongo, señores, daros a conocer de una ma- nera rápida, las ideas que tenían sobre la «Verruga» y la «Fiebre de la Oroya», tanto en el país como en el extrangero, desde que se tuvo noticias de estas enfermedades hasta la época en que Carrion hizo su heroico experimento; para ver, en seguida, en una ligera opreciación, si el resultado adquirido por tan dolorosa pérdida, puede compensar a ésta. Es indudable que la "Verruga haya existido en las quebradas que recorre el Rímac, desde los tiempos más remotos; y también es seguro que fué conocida de los antiguos moradores del Perú, puesto que existe la palabra indígena Kcecpo, con que se conoce la verruga de la Oroya, muy distinta de la expresión quechua ticti, con que se designa a las pequeñas hipertrofias de la piel conocidas bajo el nombre de verrugas. Sin embar o, nada nos refiere la tra- dición incásica respecto a la etiología ni al tratamiento e esta en- fermedad. La primera noticia histórica que poseemos es la que se encuentra en la obra de Agustín de Zarate, cronista del año 1543, quien en su historia dei Ferú dice: «Es tierra muy caliente y enfer- ma especialmente de unas Verrugas muy enconadas que nacen en el rostro y otros miembros, que tienen muy hondas las raíces y de peor calidad que las bubas». El mismo historiador refiere después que el ejército de Piza- rro fué atacado por dicha enfermedad. Posteriormente a Zarate no conocemos a nadie que se hubiera ocupado de mencionar la verruga sino a don Cosme Bueno, escri- tor de fines del siglo pasado, que en sus Descripciones de la Provin- cias de Canta, mencionando las enfermedades se expresa así: «Hay 92 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA dos castas de males, el uno es de verrugas que en no brotando a tiempo suelen ser enfermedad bien molesta y peligrosa». Un ilustre viajero Tschudi, nos hace en 1845 una descripción pequeña de las verrugas, que el atribuye, conformándose a las ideas de los naturales, a la ingestión del agua de Verrugas. El ser poco conocida entre nosotros la descripción de Tschudi, me anima a su- plicaros que la escuchéis. «En varios de los valles del camino de la costa a la sierra, dice Tschudi, y sobre todo en el valle de Surco, hay ciertas fuentes cuya agua jamás beben los indios. «Cuando un extranjero se aproxima a una de estas fuentes con el fin de apagar su sed, se le grita: ¡Es agua de verrugas! Aún a los caballos y muías no se les permite refrescarse en estas fuentes donde se supone que el agua tiene por efecto producir las verrugas. Como la existencia de esta enfermedad no es conocida en ninguna otra región, hay razón aparente para creer que ella tiene su origen en ciertas circunstancias locales. Las verrugas manifiestan su in- vasión, primero por mal de garganta, dolores en los huesos y ptros síntomas febriles. En el curso de pocos días una erupción de verru- gas coloreadas en rojo aparecen en el cuerpo. Estas crecen en mag- nitud y en algunas partes del cuerpo llegan al tamaño de un huevo, fluyendo de ellas sangre en tal exceso, que las fuerzas del paciente se aniquilan, sobreviniendo la consunción. Las pequeñas verrugas producen mayor cantidad de sangre y yo he visto un indio de casta media, que perdió dos libras de sangre. - No puedo referir esta en- fermedad sino a la causa que le asignan los indios. En todas las cir- cunstancias es cierto que los que se abstienen de beber el agua de las fuentes condenadas, escapan a las Verrugas, mientras que aquellos que una sola vez han gustado del agua son atacados por la enfermedad. Lo mismo sucede con las muías y caballos.La enfer- medad prevalece en la aldea de Santa Olaya». «El tratamiento médico empleado por los indios es puramente empírico. Administran al paciente la infusión de una planta que ellos llaman Huajra-Huajra (uña de gato). Jamás he visto una prue- ba eficaz de sus efectos: una preparación de maiz blanco, es igual- mente usada como un sudorífico poderoso. Cuando la erupción es tardía, unas cuantas cucharadas de vino son de gran utilidad». «Un análisis químico del agua, que los indios declaran ser agua de Verrugas, sería de desear que se hiciese». Después de Tschudi hubo un período de silencio, interrumpido solamente por la tesis de Malo, presentada a ala Universidad de Santiago de Chile, en Noviembre de 1852. Este período terminó con los notables trabajos de los Drs. Odriozola y Salazar, publica- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 93 ¿os en la Gaceta de Médica de Lima, en Abril de 1858. Dichos trabajos son los primeros verdaderamente científicos que encontra- mos. El Sr. Salazar en su tesis de Doctorado (1858), reconoce un principio especial productor de la enfermedad y cuyo vehículo or- dinario es el agua de las fuentes situadas en la falda occidental de los Andes; señala el asiento de la Verruga en la Provincia de Huaro- chirí, especialmente en el pueblo de Santa Olaya; dá una descripción de la enfermedad que propone llamarla Verruca andícola, recono- ciéndosele dos formas: una tuberculosa, con cuatro períodos, de in- vasión, erupción, hemorragia y desecación; la otra globular, con los estados de invasión, erupción, hemorragia, ulceración y desecación; refiere la marcha, curso, duración y terminación de las dos formas de Verrugas; se ocupa de la anatomía patológica, habiendo hecho la primera autopsia; hace el diagnóstico y el pronóstico y propone el tratamiento, modificando el hasta entonces empleado. En la misma época, el Dr. Smith en su «Geografía de los climas del Perú» señala muy de paso, los lugares Yaso y Surco, en que ha visto la Verruga. Viene después Hirsh, quien se reduce a reproducir los trabajos de Tschudi, Odriozola y Salazar. Ocupáronse, en seguida, de la misma enfermedad. Le Roy de Mericourt, Rochard y Lombard, pero sin darle mucha importancia y con escasez de datos, Dounon (Etudes sur la Verruga), estudió especialmente la estructura de los tumores nacidos en la piel de los verrucosos. El doctor Enrique C. Basadre, en una historia clínica que le sirvió para su 5°. examen profesional, en 1873, al refutar las opi- niones emitidas sobre la etiología de la Verruga, se adelanta nota- blemente en la concepción de dicha enfermedad, admitiendo que la Verruga es producida por un veneno especial, probablemente telúrico y consistente en bacterias; inicia al mismo tiempo la idea de que la Verruga y la Fiebre de la Oroya son una misma enfer- medad, con estas palabras: Bien sabido es que los trabajadores del ferrocarril de la Oroya, sufren de una fiebre gravísima, de ca- rácter tífico, de corta incubación y que probablemente no es más que una forma grave de la enfermedad de la Verrugas, en la que no llega a hacerse la erupción». Señalaré, por último, como anteriores al experimento de Ca- rrión, a Puelma Tupper, cuya Tesis «La Verruga Peruana», se publicó en Berlín, en 1879; y al Dr. Vicente Izquierdo, quien, en su trabajo titulado «Esquizomicetos de la Verruga peruana», hace una buena descripción anatomo-patológica de los tumores, los es- tudia bajo el punto de vista micrográfico, y cree haber encontrado 94 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA el microbio de la Verruga, aunque sin haber hecho culturas ni ino- culaciones. Hasta la época en que comenzaron los trabajos del ferrocarril de la Oroya, solamente los prácticos de los hospitales tenían cono- cimiento de una fiebre anemizante que atacaba a las personas que por aquellos tiempos viajaban en la quebrada del Rímac, río arriba. En aquella época, nos dice un respetable maestro, se traían contingentes de plata del Cerro de Pasco, y para la conducción de tales contingentes, se mandaban de ia capital, piquetes de caballe- ría, compuestos en su mayor parte de soldados pertenecientes a la raza negra, entonces más abundante que hoy. Muchos de esos infelices que atravesaban la provincia de Huarochirí, volvían enfermos al Hospital de San Bartolomé, con una fiebre continua, tenaz, que nada podía detei er, fiebre anemi- zante, rebelde a todo tratamiento, que seguía su curso desglobu- lizando la sangre hasta matar al desgraciado a quien atacada, en medio de la desesperación del médico, que, ignorai te, a la cabecera del enfermo, no podía darse cuenta de tan grave pirexia. «Aquellos negros se volvían blancos»; nos decía en otra oca- sión el mismo profesor, para demostrarnos con esta hipérbole el carácter fundadamente anemizante de la extraña enfermedad. «Esos enfermos morían sin sangre», agregaba el profesor cita- do. Verdad, que más tarde he podido apreciar por mi mismo. Sin embargo, como es de presumirse, la existencia de dicha en- fermedad, no franqueó las puertas de los hospitales, y los médicos que se encontraban por casualidad en su práctica civil, con casos semejantes, los consideraban como fiebres palúdicas de carácter grave. Vino la obra del ferrocarril de la Oroya y con ella los trabajos de terraplén en la extensión de la angosta quebrada que recorre el Rímac. Entonces Lima pudo presenciar el horroroso espectáculo de centenares de víctimas de una fiebre implacable, que llenó de en- fermos los hospitales de la Capital y el Callao, y de muertos los ce- menterios de ambas poblaciones; esta fiebre que causó el espanto del público, fué bautizada con el nombre de «Fiebre de la Oroya», para designar su origen a falta de conocimientos sobre su natura- leza. Las miradas de los médicos se dirigieron entonces sobre las fie- bre de la Oroya; nacieron las hipótesis sobre su etiología, probables unas, absurdas otras. Los unos (la mayoría) pensaron que era pa- lúdica; otros, asemejándola a las fiebres que aparecen en los traba- jos de las vías férreas, creían que sin dejar de ser palúdica tenía BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 95 aquel sello especial dado por la remoción de los terrenos. Se creía, en una palabra, poderla comparar a la pirexia que los autores fran- ceses llaman fiebre de ferrocarriles». Para refutar la teoría del paludismo el Dr. Pancorvo, ideó otra, no solamente improbable, sino absurda. Pensaba en una into- xicación por el ácido sulfhídrico! Semejante hipótesis fue pronto pulverizada, por los ilustres miembros de la Sociedad de Medicina, en la sesión del 2 de Setiem- bre de 1875. En dicha sesión el Dr. Salazar, imitando en esto al Dr. Espinal, casi aseguró que la fiebre de la Oroya era una grave evo- lución, un estado latente y pernicioso de la Verruga. No era esta sin embargo una idea que tradujera la opinión ge- neral. Entonces se miraba como muy distintas la Verruga y la Fiebre en cuestión, según se ve en el siguiente pasaje tomado de la obra de Hutchinson «Two years in Perú», que es clarísimo a este res- pecto. «La complicación de las Verrugas con la fiebre de la Oroya, es desastrosa». Las ideas relativas a estas dos enfermedades, en aquella época, pueden pues, resumirse así: Dualidad de la Verruga y de la Fiebre de la Oroya, como opi- nión general: ideas puramente personales de algunos médicos perua- nos sobre la unidad etiológica de ambas enfermedades. Tal era el estado de las ideas hasta el año pasado, en que la lanceta que inoculó la Verruga a Daniel A. Carrión, rasgó el velo que cubría este misterio. ¿El valiente experimento de Carrión ha sido estéril para la ciencia, como lo creen varios? Nó. El legado de Carrión a la Ciencia, es haber demostrado. Io. la inoculabilidad de la Verruga; 2n. la uni- dad etiológica de ésta y de la Fiebre de la Oroya, consideradas hasta el, con muy pocas excepciones, como dos enfermedades distintas. La demostración de estos hechos habría bastado para darle celebridad, si, con su muerte no hubiera dejado tras si un destello de gloria. Señores. - Desde esta noche, la imagen de Carrión presidirá nuestras sesiones; que ella nos aliente, dándonos la perseverancia en el trabajo, la intrepidez heroica, manifestadas por aquel que, en una noche como la actual, tal vez a la misma hora, lanzaba su últi- mo suspiro, por su amor a la Ciencia. Guardemos respetuosamente su memoria así como la Ciencia conservará eternamente su nombre. Doctor Mariano Alcedán Nació en Iquique el año de 1860. Se inscribió en la pein era matrícula de Medicina el año de 1880 y terminó sus estudios profe- sionales el año de 1887, en el cual obtuvo el grado académico de bachiller, presentando una tesis titulada «Asma reumática». Alum- no de medicina todavía, Alcedán prestó muy útiles servicios en la asistencia de los heridos víctimas de las acciones de armas que precedieron a la entrada de las tropas chilenas a Lima (1881).. Amigo y compañero de Daniel Carrión, Alcedán continuó, en forma tan sencilla como conmovedora la historia clínica iniciada por el mártir y suspendida por él cuando la enfermedad le impi- dió, más que la lucicez necesaria para continuar en su autoobserva- ción, la posibilidad de incorporarse en su lecho de muerte para con- fiar al papel la confidencia de sus sufrimientos. Alcedán llevó a la Sociedad Médica «Unión Fernandina» la historia clínica que con- signamos en este volumen y es de imaginar la emoción que debió embargar todos los ánimos, cuando se dió lectura al documento, escrito en parte por el mismo Carrión y afectuosamente terminado por Alcedán. Terminados sus estudios profesionales, Alcedán se trasladó a su ciudad natal, donde fijó su residencia y donde no tardó en con- quistar una numerosa clientela, tan numerosa como merecida; pues Alcedán fué un estudioso y un enamorado de su profesión que lejos de dedicarse al beatífico usufructo de aquellas nociones adqui- ridas en la juventud, procuró siempre renovarse y hacerse dueño de las últimas conquistas científicas. En las frecuentes visitas que el Doctor Alcedán hacía a Lima, frecuentaba hospitales y clínicas con asiduidad de alumno ejemplar. Le conocimos el año de 1906 en el viejo Hospital de San Bartolomé: alegre siempre y siempre benévolo, este maestro sin cátedra gustaba de eliseñar y era el mayor de sus goces el de explicar en forma sencilla y concluyente algo que ante nosotros los estudiantes se presentaba rodeado de algunas dificultades. Su charla era muy interesante e instructiva: ella era muchas veces evocadora de nuestro pasado médico y era otras tan- tas comentadora de la actualidad médica o discreta y agradablemen- te discutidora de los problemas médicos del presente. Los excesos de la chilenización de nuestras provincias irreden- tas obligaron al doctor Alcedán a abandonar aquella ciudad de Iqui- 98 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA que en la cual había nacido y en la cual había ejercido la profesión médica por tantos años, con aquella grandísima bondad suya y con aquella su gran competencia. El recuerdo de los atropellos incalificables de que habían sido víctimas los peruanos en Iquique lograba el milagro de ponerle triste, a él, cuya sonrisa parecía per- pétua. Vino a Lima. Incorporado a la Academia Nacional de Me- dicina de Lima, en señal de desagravio a los atropellos de que había sido víctima y al hecho de su expulsión, el doctor Alcedán falleció en Lima el año de 1919. Bibliografía 1.-Asma reumática, en «Anales Universitarios del Perú», 1889 y en «Monitor Médico de Lima», 1887. 2.-Enfermedad de Carrión. Crónica Media de Lima, 1886. 3.-Ligeras consideraciones sobre el tratamiento de algunas es- trecheces uretrales. Id. 1889. 4.-Operaciones de Ginecología practicadas en el Hospital de Jquique con los doctores Bello, Neuhaus y Zavala. Id. 1898 5.-Aneurisma de ambas poplíteas. Id. 1899. 6.-La laparotomía y las afecciones del páncreas, tesis del doc- torado en Medicina. Lima, 1908. H. V. ENFERMEDAD DE CARRION Lectura hecha ante la Sociedad Mé- dica "Unión Fernandina," en la sesión del 5 de Octubre de 1886, primer ani- versario del fallecimiento de Daniel A. Carrión por Mariano Alcedán. Señores. Hoy, que la Sociedad conmemora la muerte del que hasta hace un año compartió con nosotros los trabajos escolares, me ha cabido el alto honor de dirigiros la palabra, y al hacerlo, nada es más digno del acto que rememoraros la historia de la enfermedad, que, al abrirle las puertas de la eternidad, nos privó para siempre de una existencia que tantas esperanzas ofrecía para el progreso de la me- dicina nacional. Disculpadme Señores, si la relación que os voy a hacer no la encontráis engalanada de brillantes formas; otra pluma acostum- brada a esta clase de torneos literarios, la podría hacer; mas no la mía, que tan sólo os la presentará vestida con el tosco sayal de la verdad. Muchos de vosotros habéis podido presenciar los hechos que voy a referir y verificaréis la exactitud de mis aseveraciones. Veintiséis años contaba Carrión, cuando atrajo sobre sí la aten- ción y el interés de todos, viendo el arrojo con que se lanzaba en el peligroso terreno de la experimentación patológica; de un tempe- ramento muy próximo al linfático sin ser puro, pues en su carácter tenaz e irracible se notaba su mezcla con el bilioso, una consti- tución débil, pues hasta ahora me parece verle en su talla de cuatr° pies y algunas pulgadas, unido al poco grosor que presentaba su cuerpo; tales eran sus principales caracteres materiales, sin que el 100 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA lugar de su nacimiento que era el Cerro de Pasco, lo mismo que sus padres, indiosincrasis, ni enfermedades anteriores, nos den luces que puedan servir para aclarar alguno de los puntos de esta his- toria. Dedicado por más de tres años al estudio de nuestra endemia, la verruga,que había elegido como tema para su grado de bachiller, trataba de acopiar el mayor número de datos, buscándolos tanto a la cabecera de los enfermos como en la lectura de ios trabajos de los que se habían ya ocupado de la materia; su incesante actividad no despreciaba ocasión para ilustrarse ya con los conocimientos de los prácticos experimentados corno con los de alumnos inexper- tos; solicitaba con empeñoso ahinco el juicio que cada uno se ha- bía formado de esta enfermedad; pero todo esto no le bastaba, no hallando la luz necesaria para aclarar los distintos puntos que su mente le sugería. Muchas veces le oíamos preguntar. ¿La verruga es infecciosa? - ¿Es inoculable? A lo primero, nos decía, creo en la infecciosidad de ia verruga, pues en los lugares donde reina endémicamente, raros son los in- dividuos que escapan a su letal influencia; no vemos a los Rumian- tes y Paquidermos sufrirla, dando lugar a la forma que vulgarmente se llama verruga mular? Me parece que los efluvios se formarían en esa regiones los mismo que los palúdicos: descomposición de las materias vege- tales sirviéndoles de continente el agua, que bajo la influencia de condiciones climatéricas especiales y en las variadas manifestacio- nes de nivelación de las aguas, podrían elevarse a cierta altura en la atmósfera: si no, ¿cómo explicar que las aguas del Rímac, en unos lugares sean productoras de verrugas y en otros nó? ¿Cómo respon- der por otro lado a aquellos individuos que habiéndose sustraído de la influencia del agua, sin embargo hayan sido atacados por la verruga? Se ha creído hasta hoy que la verruga no era inoculable, afirmación que careciendo de pruebas no merece más respeto que la autoridad de donde emana. Tengo noticia de la descripción hecha por el doctor Izquierdo, con preparaciones hechas de piezas conservadas en alcohol, que desde acá le habían remitido, en la que describe un microbio especial a la verruga, asignándole un ta- maño máximum de 20m. de m. y un poco más grueso que el bacilo de la tuberculosis, asignando a los tumores el carácter general de sarcomas que tendrían lugar de formarse en el tejido conjuntivo. En cuanto a la idea de sir residencia en el tejido conjuntivo, no es nueva, pues ya el doctor Vélez (A), la había emitido. Dadas las circunstancias en que esta observación se ha producido de un lado, BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 101 y el de otro el no haber cultivado, ni comprobado por inoculaciones que sea lo visto y descrito por él como microbio patógeno,hacen muy sospechosa su admisión tanto más cuanto por el prurito que hoy se tiene de señalar microbios para todas las enfermedades. Se ha dicho y sostenido por algunos que la fiebre de la Oroya y la verruga reconocen el mismo origen; pero estas aseveraciones se encuentran desprovistas de hechos que, poniéndolas de .anifiesto les sirvan de fundamento para su admisión en la ciencia. No menos preocupado me tiene este punto; si la fiebre coexiste con los dolores; en los enfermos no he podido encontrar la claridad que resulta sino de un acuerdo perfecto, al menos aproximativo. Todos estos puntos los consideraba en la importancia que ellos se merecían porque de su estudio, nos agregaba, cuántos errores de diagnóstico se evitarían y cuántos sufrimientos se ahorrarían a los enfermos? No vemos frecuentemente una verruga ser tomada y tratada como un reumatismo o una fiebre palúdica y tan sólo la salida del primer tumor viene a revelar al médico la enfermedad, haciendo conjuntamente con el enfermo el diagnóstico de verruga? Y qué diremos de la distribución de la verruga en las diferentes zonas del Perú, cuyo estudio ni aúnen bosquejo se encuentra, sin embargo de la vital importancia que encierra para la facilidad del diágnostico? Todos conocéis los numerosos errores del diagnóstico que se cometen en la invasión de esta enfermedad y de qué importancia no será el conocimiento exacto de sus síntomas para establecer des- de un principio un diagnóstico diferencial. ¿Y qué diremos del tra- tamiento? Otro punto del que se han ocupado algunos es la anato- mía patológica de la verruga, considerada por algunos como un cáncer encefaloide y por otros ya como un granuloma o un angioma. Tales eran las ideas que podemos recordar en las varias conver- saciones que con él tuvimos, comenzando a germinar en su espí- ritu la idea de descorrer de una vez por todas el denso velo que cu- bría esta enfermedad tan mal conocida por nosotros. Noticiado de que eminencias europeas solicitaban tumores verrucosos, cuyo estudio empezaba a despertar cierto interés; un Concurso convocado por la "Academia Libre de Medicina'', que, dándole la importancia que merecía el estudio de la verruga, la es- coge como tema para despertarnos de la fatal decidía a que cons- tantemente nos hallamos sometidos; no hacen sino avivar más y más su decidido empeño para resolver una vez por siempre todos los problemas sobre este punto, con la punta de una lanceta. Grande fue nuestra admiración al saber lo decidido que estaba; pero posponiendo el entusiasmo que semejante empresa nos cau- 102 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA sara, procurábamos disuadirle de su peligroso empeño; pero ni los obstáculos que presentábamos ni las prudentes reflexiones de pro- fesores experimentados, fueron bastante para que cejase de la reso- lución tomada, y a medida que la difería se aumentaba más su decisión por llevarla a cabo. Qué peligros puedo correr?respondía a nuestras observaciones, lo más que podría sucederme que tenga lugar una erupción interna pero algo hay que hacer, y si muero, ¡qué importa el sacrificio de mi existencia, si con esto presto un servicio importante a la huma- nidad doliente! Fué ésta su preocupación de algún tiempo. Llega por fin el día para él tan deseado; y véase con la sencillez que describe la fatal operación. «El 27 de agosto de 1885, a las 10 a.m. obtuve (no sin dificultad) de mi amigo el doctor Evaristo M. Chávez, que me practicara cuatro inoculaciones, dos en cada brazo cerca del sitio en que se hace la vacunación; dichas inocula- ciones se hicieron con la sangre, inmediatamente extraída por ras- gadura de un tumor verrucoso de color rojo, situado en la región superciliar derecha del enfermo Cármen Paredes, acostado en la cama número 5 de Nuestra Señora de las Mercedes, sala pertene- ciente al servicio del doctor Villar». Este hecho, de que dieron cuenta tanto los órganos de las so- ciedades científicas, como la prensa diaria, despertó en todos las más vivas muestras de admiración, no sólo por el arrojo de! que, al ejecutarlo proponía entre nosotros el primer problema de patolo- gía experimental, cuanto por los beneficios positivos que redunda- ría en provecho de la humanidad,cualesquiera que fuese su solución. La sorpresa parece qup en aquellos días hubiese enmudecido a los que más tarde le calificaron de incauto; no dejaron oír ni sus pru- dentes consejos ni las observaciones que en su larga experiencia hubieran adquirido; no, esperaron que la muerte sellara sus labios para calificarlo de esa manera.Felizmente muy pocos fueron los que pensaron así y todos, apreciando en su justo valor el heroísmo de Carrión, han honrado como se merecía a la ilustre víctima. Solo el experimentador en el camino que voluntariamente se trazara, trata de consignar el resultado de sus observaciones con la mayor minuciosidad para que si la suerte le es adversa todos vean y aprovechen de su desinteresado sacrificio; fiel a esta consigna, escribió con su propia mano lo que en sí sintió. Así leemos en su memoria que; «A los 20 minutos comenzaron a manifestarse algunos síntomas locales, tales como una comezón bastante notable seguida después de dolores pasajeros que desaparecieron a las dos horas si- guientes.» Ocho días después encontramos en su diario lo siguiente: BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 103 «No ha habido síntomas de inflamación en las partes afectadas. To- do ha desaparecido sin dejar vestigio alguno». Lo consignado por Camón se encuentra en contradicción manifiesta con lo dicho por los médicos de policía de aquella época que, en su informe consigna- ron lo siguiente: «En la cara externa de los brazos estaban las se- ñales de la inoculación muy manifiestas, por la presencia sobre todo de unas manchas de un color amarillo pajizo, circulares, del tamaño de obleas que las rodeaba por completo, y cosa singular habían otras manchas que parecían tener el mismo origen, esto es, depen- dientes de picaduras cuyo error se disipó con un examen más aten- to, no encontrándose en su centro las cicatrices que tenían las de- más». He consignado íntegro el párrafo porque tiempo es ya de establecer la verdad de las cosas: las cicatrices de la vacuna han sido tomadas por los señores médicos de policía, como producidas por la inoculación de la verruga, error que se explica porqué no averi- guaron si era o no vacunado Carrión y por no recordar seguramente las señales que caracterizan la edad en las cicatrices. En cuanto a las otras manchitas a que se refieren, muy proba- blemente estarían en presencia de una erupción de verruga miliar. «Hasta el 17 de Setiembre en la mañana no he tenido completa- mente nada; es en la tarde de ese día que he sentido un ligero ma- lestar y dolor en la articulación tibio-tarsiana izquierda que me mo- lestaba la marcha. Durante la noche he dormido perfectamente bien». No dicen la verdad los médicos citados en su informe que Carrión sufre de «cansancio muscular y fatiga después de un traba- jo penoso». «El 18 en la mañana bastante bien; en la tarde ligera descom- posición de cuerpo; la noche como en estado normal». «El 19 por la mañana, como en el día anterior en la tarde el malestar se marcó bastante, como nunca; en la noche a las 8 he te- nido un calambre fuerte en la extremidad abdominal derecha. A las I I y 30, gran decaimiento y postración; media hora después fortísimos escalofríos cortos y repetidos que me hacían castañetear los dientes; habiendo desapercido el escalofrío, edgún tiempo des- pués me quedó una postración suma y una sensación general de ca- lor quemante; se despertó en seguida una fiebre elevadísima que me fué imposible marcar por medio del termómetro, porque no podía ni moverme en la cama. Los dolores se habían generalizado en todo el cuerpo; así sentía cefalalgia gravativa, dolor contrictivo en el tórax y paredes abdominales; dolores óseos articulares y mus- culares en los miembros; dolores momentáneos que seguían el tra- yecto de ciertos nervios, otros que se manifestaban en el curso y dirección de algunos músculos, tales como el bíceps braquial y los 104 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA de la región externa de los antebrazos y piernas. Estos dolores au- mentaban por la presión o el trabajo a que sometía voluntariamen te dichos músculos. «No me mantenía mucho tiempo en una misma posición, que muy pronto se me hacía insorportable; a cada instante la cam- biaba sin poder hallar comodidad o descanso en alguna. «Tuve insomnio producido, tanto por la fiebre como por los dolores. Se verificaron algunas cámaras.-En fin como a las 5 a.m. dormí un poco y sudé bascante despertando a las 8 a.m. bastante regular. Me levanté, pero viendo que la temperaura se elevaba a 39°4, y que el decaimiento se pronunciaba instante por instante, me recosté en un sofá en donde quedé postrado todo el día sin dar- me cuenta de lo que pasaba por mí, y esto por espacio de 7 horas próximamente; me hallaba en un sopor que se asemejaba al coma. A las 5 de la tarde de dicho día 20, como no había almorzado por encontrarme en ese estado, quise comer, pero tenía una anorexia tal que sólo la vista de los alimentos me provocaba náuseas; no pude pues pasar alimento alguno. La sed que tenía era devoradora. En la noche la temperatura subió a 39'8. «Los dolores seguían lo mismo,despertándose a más de los que he mencionado uno fijo en la articulación de la falange con la fa- langita del dedo meñique de la mano izquierda con un poco de in- farto, y otro muy fuerte en la articulación radio-carpiana de la mano derecha. «La orina era escasa.de color rojo oscuro y muy sedimentosa. «Día 21 por la mañana.-39°2. Dolores bastante disminuidos; pero aparición de uno nuevo en la articulación del empeine del pié izquierdo. «Noche.-39°6. Todo en las mismas condiciones. «Día 22 Mañana.-38°8. Los mismos dolores más el de la rodi- lla izquierda; se manifiesta un tinte ictérico. Aparecen manchitas sanguíneas como picaduras de pulga, unas en la nariz hacia su lado externo sobre su hueso propio derecho y otras en las cejas. «Día 28. Mañana. 39°7. Tengo tanta sed como en los días an- teriores; hay apetencia. Dolor soportable en el hombro, brazo y codo del miembro toráxico derecho. Los calambres siempre de vez en cuando. «Noche 38°1. Todo en el mismo estado. «Día 24. Mañana. 37°. Me siento algo mejor. Los dolores del miembro toráxico derecho no me dejan servir mucho de él. La orina sigue roja aunque más abundante. Otra manchita en la cien dere- cha. Desde las cuatro de la tarde han comenzado a manifestarse dolores en el miembro abdominal derecho que aumentan con el BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 105 movimiento y dificultan la marcha. El miembro toráxico derecho al escribir o ejecutar cualquier movimiento se fatiga pronto y des- pierta dolor; además se suceden en él muchos calambres. «Noche. 37°3. Tengo cefalalgia occipital, dolor en los ojos con sensación de aumento de volumen del globo ocular. Sudo todavía un poco como en la noche anterior. Hay insomnio y poliuria. «Día 25. Mañana. 37°2. Un poco de cefalalgia; continúa la poliuria. Los dolores están distribuidos como sigue: articulación radio carpiana, codo, brazo y hombro derecho. He tenido varios ca- lambres que por algunos instantes obligaban a los dedos índices de ambas manos a permanecer en flexión forzada contra los metarca- pianos. Igualmente siento calambres en algunos músculos de la re- gión externa de la pierna derecha, así como también en los múscu- los de la nuca del lado derecho. «Noche 37°4. Un poco de insomnio y de sudor. Los demás sín- tomas poco más o menos en el mismo estado. «Día 26. (A partir de hoy me observarán mis compañeros, pues por mi parte confieso, me sería muy difícil hacerlo). Mañana (8 a.m.), 37°3. Palidez considerable de la piel y mu- cosas, sentimiento de debilidad general, quebrantamiento, inape- tencia, facultades intelectu les en perfecto estado. Pulso blando y frecuente (100 p.) Respiración normal. Soplo suave y ligero en la base del corazón ocupando el primer tiempo; no lo hay en las arte- rias; se queja siempre de sus dolores, que sin embargo asegura no ser muy fuertes. Los calambres se manifiestan una que otra vez; ha tomado muy poco alimento y una pequeña cantidad de vino. Noche (9 p.m.) 37°5. 110 p. Hasta las once p.m. en que nos retiramos no ha podido conciliar el sueño a pesar de haber perma- necido solo y sin motivo manifiesto que lo distraiga. Hay un poco de ag tación. Día 27. Mañana. 37°1OO p. Se queja del poco sueño que ha dis- frutado en la noche. Continúan acentuándose los síntomas del día anterior, excepción hecha de los dolores y calambres. Las manchi- tas que se presentaron en los días 22 y 24, desaparecen poco a poco. La piel toma nuevamente un tinte subictérico y aspecto terroso. Noche. 37° 2. 106 p. Agitación e intranquilidad; la luz y el ruido le molestan. Día 28. Mañana. 37°. 100 p. Ha pasado en vela casi toda la noche; se encuentra todavía algo agitado. Le manifestamos nuestro deseo de pasar la noche a su lado; nos dió las gracias asegurándonos que no creía aún llegado el mo- mento para tomarnos tal molestia; se han alarmado ustedes dema- siado por mi enfermedad y los síntomas que siento no pueden ser 106 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA otros que los de la invasión de la verruga y muy en breve le segui- rá el período de erupción y todo desaparecerá». Tranquilidad aparente, pues a su pesar no deja de comprender la gravedad de su estado. Admirable es en verdad la marcha tan rápida que en él había seguido la anemia, pues a partir de este día domina por completo el cuadro sintomático. Aumenta de intensidad el soplo cardiaco, percíbese ya el soplo de las arterias y el mismo enfermo se encuen- tra mortificado por el soplo de la carótida interna que él mismo ca- racterizó desde el primer momento. La debilidad era extrema, al punto que le fué muy difícil poder abandonar la cama. Acusa ya mareos de cabeza y gran abatimiento. Las deposiciones que hasta hoy han sido normales y una por día, se han duplicado siendo hasta líquidas y verdosas. Noche 37° I. 105.p. A las 12 p.m. ha conciliado el sueño no sin gran dificultad. Día 29. Mañana 37°. 100 p. Le encontramos levantado no obs- tante las reflexiones que en días anteriores le habíamos hecho. Nos manifestó que sólo había podido dormir escasamente cuatro horas, habiéndole molestado los dolores y calambres mucho menos que en días anteriores, pues éstos iban desapareciendo insensiblemente; sentía sí, un poco de náuseas y una anorexia completa. Dos deposiciones son las que ha tenido durante el día, perma- neciendo por lo denás en el mismo estado que el día anterior. Noche. 37°2, 106 p. Son las dos de la mañana y aún no puede dormir tranquilo, despierta agitado a cada instante, revuélvese en su cama mudando co i frecuencia de posición, acomoda sus frazadas que con sus movimientos las desarregla; enciende y apaga la luz alternativamente y murmura palabras que no alcanzamos a distin- guir: en fin, después de tanta agitación logra dormir de diez a quin- ce minutos para volver muy pronto a su intranquilidad. Día 30. Mañana. 37°1 100 p. El resto de la noche lo ha pasado en el mismo estado que hemos descrito. A los síntomas observados en días anteriores vienen a agregar- se hoy dos nuevos fenómenos que doblegan la resolución que Ca- rrión tenía para no permanecer en cama. Uno de ellos es el vómito que lo ha mortificado continuamente y que según su expresión, ha sido provocado por la ingestión del medicamento, cuyo olor penetrante y desagradable le causa repugnancia; el otro, son los vértigos que se manifiestan sobre todo cuando permanece sentado por algún tiempo. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 107 Un ligero dolor, profundo e intermitente en el hipocondrio de- recho, que coincide con un ligero aumento de volumen del hígado, es lo que también acusa y hemos podido comprobar. La anorexia, hoy más que nunca», es completa. La presencia sola de los alimentos, le provoca náuseas. Dos deposiciones líquidas y muy fétidas son el resultado de los movimientos del tubo intestinal en este día, siendo precedidas de fuertes retortijones, los que muy pronto hacen lugar a un bienes- tar pasajero para ser seguido de una postración notable. Noche. 37°3. (Desde esta noche, no obstante las prohibiciones del enfermo, lo velan sus amigos). Durante la noche tan sólo ha po- dido dormir dos horas, la agitación y ansiedad son extremas, nin- guna posición conserva más de cinco minutos; se desespera de no poder conciliar el sueño; enciende un cigarro, lo fuma hasta la mitad arrojándolo luego lejos de sí como una cosa desagradable, y esta operación repetidas por varias veces, llama en nosotros la atención, y acercándonos a preguntarle si deseaba algo que no estuviese al alcance de su mano, nos manifestó que nada deseaba, aparentan- do una tranquilidad cuya ficción comprendimos fácilmente: «des- cansen ustedes y en pocos momentos más me quedaré dormido». Nos retiramos pero para regresar muy pronto sigilosamente y pu- dimos ver que había vuelto a su anterior estado, permaneciendo así hasta las dos y media en que consiguió dormir. El vómito se ha presentado aunque no con la frecuencia del día y con algunos esfuerzos para sentarse ha podido hacer una deposición. Día Io. de Octubre. Mañana. 37°2.106 p. Durante el día sólo ha tenido un vómito y encuéntrase relativamente más tranquilo que ayer. Ha obligado a hacer una aplicación de tintura de iodo en el hipocondrio derecho por haberse exagerado el dolor. El decaimiento y la postración han tenido una marcha tan rápida que el enfermo no ha podido siquiera sospechar la disminu- ción tan enorme de sus fuerzas en estos últimos días; hasta ayer po- día descender de su cama aunque con algún trabajo para satisfacer sus necesidades corporales; pero hoy, al hacerlo, después de haberse incorporado con gran dificultad deslizaba ya los pies fuera de su lecho cuando cae pesadamente sobre él, a consecuencia de un fuer- te vértigo, precedido de náuseas, según después nos manifestó. Engañado de su propio estado, cree que una vez pasado el vértigo podrá conseguir su objeto, nuevamente se incorpora, rehúsa nuestro auxilio diciendo que: «en tan poco tiempo creo imposible haya dis- minuido mis fuerzas, hasta el punto de no poder sostenerme». 108 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Esta nueva tentativa de Carrié n, sirvió para desvanecer el en- gaño en que permanecía sobre la apreciación exacta de su estado, obligándole a reclamar nuestro concurso cuando después de haber hecho infructuosos esfuerzos no podía ya bajarse de su cama. Dos deposiciones líquidas y fétidas, fueron el resultado del día. Un nuevo síntoma tan alarmante como de mal augurio hace presagiar el fin que aguarda a nuestro compañero. Hacia el me- dio día aparece por primera vez el sobre-salto de tendones que se ma nifiesta en las manos y antebrazos, poco sensible al principio va acentuándose más y más. La ingestión de ios medicamentos lo mismo que la vista de las comidas le provocan como siempre, náuseas. Desea permanecer solo, suplica a las personas que le rodean no le dirijan la palabra y que hagan presente a las personas que ven- gan a visitarle, se halla durmiendo aún cuando estuviera despierto. Noche. 37°4.1 10. p. La ha pasado regularmente durmiendo algo más que en las noches anteriores y con un sueño relativamente más tranquilo. A la una a.m., una cámara. No ha habido ni náuseas, ni vómitos. Día 2. Mañana, 37°. I 1 5 p. Continúan acentuándose los sín- tomas anteriores, la posición vertical de la cabeza es ya insosteni- ble, pues inmediatamente sobreviene un fuerte vértigo que le hace abandonar. Durante el día ha tenido dos deposiciones copiosas y negruzcas; por la tarde un vómito. La lengua está seca y áspera; acusa una sed devoradora. Manifiesta dolores en el hígado, riñones y región precordial. Pulso frecuente, pequeño, blando y depresible. Le molesta grandemente el soplo carótideo que percibe con mucha claridad. El aspecto de la piel así como la fisonomía particular que ofre- ce nuestro enfermo, es muy notable. Además de la sequedad y pali- dez extrema de la primera, se observa un tinte subictérico que uni- do a su aspecto árido y terroso, le imprimen una gran semejanza con el que frecuentemente se observa en ios enfermos atacados de pirexias infecciosas. La mucosas y especialmente la gingibo-labial completamente decoloradas, semejándose mucho al color de la cera. El rostro desencajado, ojos hundidos y rodeados de un círculo negruzco, las mejillas y sienes completamente, deprimidas, nariz afilada y los pabellones auriculares casi trasparantes; ya en su mi- rada no se nota la penetración y vivacidad que antes la distinguían; BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 109 ahora se presenta sombría y con.o velada; su voz, aún cuando ani- mada todavía por momentos en tratándose de su enfermedad, ha perdido también la animosidad y entusiasmo de antes. En la mañana de hoy, momentos antes de tomar su alimento notó seguramente la gran debilidad e imposibilidad en que se en- contraba para mantenerse sentado por algún tiempo, y nos dijo; «hasta hoy había creído que me encontraba tan sólo en el período de invasión de la verruga, como consecuencia de mi inoculación, es decir en aquel período anemizante que precede a la erupción, pero ahora estoy firmemente persuadido de que estoy atacado de la fie- bre de que murió nuestro amigo Orihuela; he aquí la prueba palpa- ble de que la fiebre de la Oroya y la verruga reconocen el mismo origen, como una vez le oí decir al Dr. Alarco». Vanos fueron nues- tros esfuerzps para disuadirle de su fundada creencia y por más que nos esforzamos en probarle de que los síntomas que presentaba estaban muy lejos de ser los de la citada fiebre, valiéndonos nuestra argumentación la siguiente respuesta: «les doy a ustedes las gracias por su deseo y siento decirles no conseguirán disuardime de que la enfermedad que hoy me acosa, no sea la fiebre de la Oroya; no me arredra la muerte, pues tengo bastante confianza, en que los cuida- dos de ustedes unidos a la asidua asistencia que los médicos me prodigan, sean suficientes para salvarme». Se ha presentado una tos ligera; la voz un poco más apagada que antes, atribuyéndolo a un poco de helados que tomó hace un instante. La escreción de la orina que hasta hoy no ha presentado nada de notable, se verifica en pequeñas cantidades, no existiendo ni dolor ni retención; pues la sonda que a exigencia suya hubo de pa- sársele dió apenas salida a 4 o 5 gramos de líquido. Lo notable de todo esto es que, el enfermo acusa necesidades frecuentes de orinar, molestándose bastante cuando ve que arroja corta cantidad; atri- buyéndola a una parálisis principiante y solicita con insistencia nuez vómica. Durante la noche hemos podido observar una amnesia verbal de la siguiente forma: cuando a consecuencia de alguna necesidad nos llama, trata, corno es natural, de explicarnos lo que desea y otras veces lo que siente; pero después de algunas palabras se detie- ne, por no recordar según dice la palabra o palabras que corres- ponden a la idea. Se desespera y entonces exclama: «no sé por qué me he vuelto tan torpe, pues no puedo ni explicarme». fia tenido un vómito y dos deposiciones. 110 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA El sueño ha sido por demás intranquilo y agitado, no ha podido conciliario en el trascurso de esta noche, por más de media hora se- guida. Día 3. 36°7. 120 p. Agravación considerable de todos los sín- tomas que marchan acentuándose de la manera más rápida. La repugnancia por el medicamento ha hecho necesaria su suspensión. Ha habido tres evacuaciones seguidas de una postración tan considerable que se parece al colapsus. En la mañana de hoy se presentó a verlo el Dr.Florez, quien examinó la sangre del enfermo al microscopio, notando que los glóbulos rojos se encontraban deformados e hinchados, su número era de 1.085,000 por milímetro cúbico; los leucocitos aumentados relativamente en número a los hematíes. Indicó este facultativo lo conveniente que sería la traslación del paciente a un lugar más higiénico; esta oportuna indicación no la recibió Carrión con agrado, pues durante todo el día se manifes- tó preocupado, vacilante entre abandonar la casa de la señora que con solícito cariño le asistía, y a la que profesaba un amor y respeto como a una madre; o privarse de las innegables ventajas que este cambio de local le reportaría. Aplaza su salida para más tarde. Noche 37-7. 120 p. Agitación extrema, cambia continuamen- te de posición, pulso blando e irregular, ligero estremecimiento vibratorio de las arterias del cuello. La lengua está pastosa y seca. Es inestinguible la sed, solicita bebidas ácidas, hallando en el agua con vino una bebida deliciosa, pues asegura no haber tomado nunca una tisana tan agradable; siendo de advertir que es la única bebida que por más tiempo ha podido soportar, lo que no sucedía con las otras que se le han administrado, tales como limonadas de jugo de limón, las aguas albuminosas, gaseosas o con Cognac, que sucesivamente se le ofrecían. La ingestión de sustancias que contienen alcohol, aumenta considerablemente la exitación y manifiesta entonces deseos de conversar. Cuando se encuentra solo habla de su familia y de su situa- ción, terminando por decir: «Sí, lo que tengo es la fiebre de la Oro- ya, aquella fiebre de que murió Orihuela; mejor es no pensar en esto fumemos un cigarro». Después de haberle torcido, lo enciende con alguna dificultad por la gran agitación de su mano; fumándolo en seguida hasta la mitad lo arroja y al cabo de un instante, creyendo tenerlo todavía, lleva su mano a la boca y la retira rápidamente al notar su engaño, BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 111 haciendo un gesto de disgusto. Cinco veces se ha repetido esta es- cena durante la noche. A la mañana siguiente nos manifestó que se encontraba mejor, por cuanto había podido fumar cinco cigarros, pues en la noche an- terior no fumó sino tres. Interrogado acerca de lo que siente acusa decaimiento, manifiesta deseo de levantarse, «puesto que, nos dice me incorporo ahora sin dificultad». Dolor ligero en el epigastrio y en las regiones precordial y sacra. Se queja del insomnio por las molestias que le produce pare- ciéndole por esta causa la noche demasiado larga y busca en la luz y conversación medios para distraerse. La inteligencia conservada, la voz un tanto difícil, lenta y a veces muy apagada. La respiración es irregular, después de tres o cuatro inspira- ciones amplias y ruidosas, si no seguidas de algunas cortas y dé- biles. La piel seca y fría. Las deposiciones han sido en número de ocho; es a esto a lo que atribuye su gran postración de hoy. Hay incontinencia de orina, que es abundante. La ingestión de leche con agua de cal es muy pronto seguida de una deposición espumosa, fétida, compuesta de un líquido mu- coso y fragmentos de color negro adherentes al depósito. Cada defe- cación es precedida de un fuerte dolor al vientre que desaparece una vez que se ha efectuado. Día 4. Mañana. 36°3. 100 p. El pulso se ha modificado nota- blemente, se presenta hoy duro y regular. Piel ligeramente caliente. El sobresalto de tendones se ha extendido a las extremidades inferiores. Es acosado por necesidades frecuentes de orinar, siendo la orina clara. A las I 1 a.m. nos manifestó su deseo de trasladarse al Hospital Francés, porque habiéndole hecho presente los Sres. médicos que era de necesidad practicarle en ese día la trasfusión sanguínea, comprendió prefectamente se la hiciera en ese establecimiento. Procedimos a vestirlo y colocarlo en un sofá mientras se pre- paraba 1a camilla que debía conducirlo. Pide un cigarro, lo fuma tranquilamente y al anunciarle pocos momentos después que todo estaba listo, se dirige al Sr. Izaguirie, alumno de primer año de me- dicina con estas solemnes palabras «aún no he muerto; amigo mío, ahora les toca a ustedes terminar la obra ya comenzada, siguiendo el camino que les he trazado» 112 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA A ios pocos instantes es colocado en la camilla que debe con- ducirlo a la Maison de Santé. Preocupado con el resultado de la junta que en esos momentos acababa de reunirse, pregunta a los que le rodean si estaba ya resuelta la trasfusión, que en su opinión era la única tabla salvado- ra que le quedaba. Grande fue su contrariedad y desaliento cuando supo que la consulta había dado por resultado aplazar la operación, tanto más cuanto que, según decía, era el único móvil que tuvo para haberse resuelto a abandonar una casa donde hubiera preferido concluir sus días. En efecto, para el caso, casi seguro que se tenía de que la tras- fusión iba a tener lugar en ese mismo instante, todo se hallaba pre- parado: un trasfusor de Ore que el doctor Villar había llevado, es- peraba listo para funcionar a la cabecera del enfermo.Medina,deci- dido a dar las onzas de sangre necesarias que quizá salvarían al amigo, pero todo se postergó. Muy poco duró a Carrión la saludable y pasagera reacción que hemos dicho; volviendo en pocos instantes al decaimiento y postración de los días anteriores. La voz se ha hecho más apagada y la palabra muchas veces no se entiende. La inteligencia va apagándose progresivamente. Los movimientos algo extensos así como el más ligero esfuerzo le es imposible practicar; su impotencia para poder cambiar de posición en el lecho le ha obligado muy a su pesar a hacer uso de soleras. Ha hecho dos deposiciones, precedidas de retortijones y borborigmos. Noche 36°6. 100 p. Se inicia una gran agitación y ansiedad, Balbucea palabras incoherentes. A la una de la mañana presenta carfologia; a las dos, un delirio completo y divaga sobre la anatomía patológica de la verruga y las distintas opiniones que hay a este respecto. Se presenta el fenómeno que se designa con la expresión de «liar el petate». Sin embargo obedece a la indicación que se le hace de no fatigarse por hablar demasiado, se pasa frecuentemente la mano por los ojos, como quien procura quitarse algo para ver mejor. La piel está casi fría y el pulso se pone más pequeño y depresi- ble. A las 3 a.m. continúa la excitación. La respiración es difícil y a veces quejumbrosa. Media hora BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 113 después concilla el sueño, hasta las cuatro a.m., en que ha hecho una deposición líquida y verdosa. A las 5 a.m. se ha levantado un poco el pulso. Día 5.-7.15 a.m-36°8. I 18 p. 24 r. La inteligencia se ha perdido casi completamente; de vez en cuando llama a alguno y una vez cerca de él, le mira indiferente, como si no le conociese. La palabra es más y más ininteligible; continúa la carfologia y el crocidismo. Alas 10 a.m., una deposición y otra a las once. A las 12 %•-3I°9, t. 115 p. 26 r. El resto del día lo ha pasado en el mismo estado. A las 9.20 p.m.-37° I t. 120 p. 26 r. Desde hace algunos instantes ha entrado en coma, interrum- pido de rato en rato por quejidos entremezclados con palabras in- comprensibles; pocos instantes después, pronuncia con bastante claridad la siguiente frase. «Enrique, c'est finit»,para no volver a hablar más. Las pupilas están dilatadas, pulso filiforme y apenas percep- tible. Poco a poco aparece el estertor traqueal y después de tres o cuatro inspiraciones lentas y superficiales va estendiéndose más y más la pausa espiratoria. Son la 1 1 y % p.m. y lanza por fin, un último suspiro, breve y profundo, que fue para los que le rodeábamos, la seña! de que éste mártir, al abandonarnos, iba a ocupar en lo infinito el sitio que el I odopoderoso tiene reservado para los que como él ejercen la mayor de las virtudes: la Caridad ! A las 9 a.m. del 7, se constituyen los médicos de policía, ayu- dados del entonces director Medel.para practicar a la abertura del cuerpo de Carrión, después de h aber procedido a la inspección del hábito exterior; pero antes de pasar adelante, notemos que esto tiene lugar después de treinta y cuatro horas que han trascurtido ya de su fallecimiento. Puesto a descubierto el cuerpo, se notaba la suma palidez de la piel,presentando algo de aquel tinte sub-ictérico que tuvo duran- te los últimos días de su vida, unido con ese mismo aspecto terroso. Notábase algunas equimosis que desde luego llamaban la atención por presentarse en regiones no declives. Esto es tanto más notable puesto que tan sólo se presentan en los individuos que sucumben 114 BIBIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA a la acción de enfermedades infecciosas,, imprimiendo al tegumento un aspecto especial. La abertura de las cavidades dió el siguiente resultado.- Pulmones: completamente anémicos, casi blancos, con algunos pun- tos antracósicos, crepitantes a la presión; hechas algunas incisiones salió un poco de líquido espumoso, ligeramente sucio, y no, como dicen los médicos de policía, a una sanies purulenta, estableciendo una notable analogía con un caso de una mujer cuya autopsia pu- dieron hacer en el hospital de Santa Ana, muerta a consecuencia de una tuberculosis pulmonar, y a la que conociera Carrión, y asig- nándole por lo tanto a la verruga, una terminación purulenta, que tan solo a ellos se les ha ocurrido. Corazón: muy pálido, contiene coágulos de color amarillo rojizo formados post-mortem. El líquido pericardiaco aumentado en cantidad y entremez- clado con el que dió la abertura del corazón; se reservan cierta cantidad para hacer las observaciones microscópicas de que muy pronto nos ocuparemos. Hígado: pálido, muy aumentado de volumen, presentando un tinte apizarrado o azulado, debido probablemente a su proxi- midad a los intestinos y a su contacto con el colon, sobre todo en el ángulo formado por las porciones ascendente y transversa que le llegan a dejar en su cara inferior una impresión designada con el nombre de impresión cólica y era esto precisamente lo que más des- pertó la atención de los médicos de policía, creyendo en algo anor- mal, sin recordar el tiempo trascurrido para que, verificado el des- prendimiento de los gases, pudiesen alterar la coloración. Bazo: disminuido de volumen, exangüe reblandecido y en- teramente análogo a los que en casos semejantes hemos observado. Riñones e Instestinos: nada de notable. Maninges y cerebro: anémicos. Sangre: constituida por un serum pálido, que tenía en suspen- sión granulaciones rojo-oscuras muy parecidas al concho de café; también se reservó una cantidad de este líquido para su análisis microscópico. Por lo demás teniendo en cuenta las ligeras observaciones que acabamos de hacer, el tiempo trascurrido y el modo como se hizo la autopsia; se pueden encontrar más detalles en el tantas veces citado informe que todos vosotros conocéis. Tiempo es ya de que me ocupe de los bacilas, vistos en el museo patológico de esta facultad el 8 de Octubre de ese año; es decir, tres días después de la muerte de Carrión. Tuve ocasión de ver la preparación que servía para sus investigaciones micrográficas y BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 115 contemplar hermosos cristales de hematoidina que, por una meta- morfosis que no me explico, se convierten más tarde en bacilus de doce milésimos de milímetro y enteramente análogos a los descri- tos por Izquierdo, y lo notable es que para caracterizarlos, no em- plearon los medios de coloración que todos los micrografos reco- miendan en estos casos. Por otro lado, tenemos que con sangre inmediatamente extraída después de la muerte de Carrión, se incu- laron dos conejos que quedaron sin efecto, y éstos señores, sin cultu- ra previa, distinguen los microbios a los tres días. Muy breve será la reseña que os haga del tratamiento y ali- mentación a que fue sometido nuestro amigo; porque, a la verdad, nada de notable presenta. Por el malestar que le acosó el 17 por la tarde, se le administró un purgante de Citrato de magnesia en la mañana del 18. Encontránddse en descanso el 19, en la noche de este día estalla la fiebre que no le abandonó un sólo instante hasta ti 23, permane- ciendo bajo la acción del sulfato de quinina a la dosis de un gramo repartido en varias dosis durante este tiempo. Los dolores que sufre en las diferentes partes del cuerpo, en los días 24 y 25, hacen que se le administre tres gramos de Salicila- to de soda durante estos dos días. El decaimiento y la sed, son los síntomas que presenta en el día 26, tomando para mitigarla, limonadas hechas con jugo de limón; estado y tratamiento que continúa el día 27. El día 28, visto entonces por el Dr. Romero y presentándose los síntomas que hemos descrito, le prescribe el siguiente régimen. Hiposulfito de soda 4 gramos Agua destilada 120 ,, Jarabe simple 30 1 ch. n y m. Tintura de valeriana id. id. almizcle id. id- quina 1 Mixtura alcanforada aa 4 gramos 20 gotas c. 2 hs. Y por alimentos, caldos y churrascos. 116 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANÁ El 29 lo mismo que el 30 y 1 °. de Octubre, estuvo sometido a las mismas gotas tónicas y antiespasmódicos, suprimiéndose la poción de hiposulfito y sustituyéndola con Jarabe de Yoduro de Fierro, una cucharada en cada comida y además Vino de Peptona con los alimentos. Verificada una consulta en el día 2, se le instituyó el trata- miento siguientes. Clorato de potasa 4 gramos Agua destilada 300 ,, Tint. percloruro de fierro 1 ,, Acido clorhídrico ¡0 gotas. 1 copita c. 2 hs. Inhalaciones de Oxígeno, llegando a consumir hasta 30 litros y además pulverizaciones en la habitación, de ácido fénico. En cuanto a la alimentación, fué la misma que en los días an- teriores. Como hemos visto en la relación hecha el día 3, la ingestión de la Limonada Rusa provoca náuseas llegando muchas veces hasta el vómito; al mismo tiempo que aparecen las diarreas, obli- gando a atenderlas de preferencia con los siguientes papelillos. Salicilato de bismuto 2 gramos 6 papeles 1 c. 2 hs. Albuminato de fierro I gramo 5 papeles, uno 4 veces al día. Y por bebida agua gaseosa, nieve, helados, agua albuminosa, que no son tolerades por el enfermo como lo es el agua vinosa. Continúa este tratamiento hasta las 12 m. en que trasladado a la Maison de Santé, la junta acuerda a Jas 2 de la tarde postregar la trasfusión y dejarlo sometido al siguiente tratamiento. Inyeccio- nes intravenosas de ácido fénico.-Albuminato de fierro, 20 cen- tigramos c. 2 hs. Las inhalaciones de Oxígeno, lo mismo que las pulverizaciones de ácido fénico, como en los días anteriores, quedando reducida la alimentación a caldos y polvos de carne. Régimen curativo y ali- mentación que fueron continuados hasta el último instante de su vida. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 117 Permitidme señores, que os recuerde que durante el entusias- mo ferrocarrilero que se despertara en nuestro país en la recordada época de los Balta y Meiggs, tuvieron ocasión de presentarse en esta ciudad, numerosísimos casos de una entidad mórbida que los prácticos no pudieron relacionar a ninguna de las que ya ocupaban un lugar en el cuadro nosológico; esto unido a la circunstancia de ser el pueblo de la Oroya el término de la línea férrea, que fué el origen de todos los casos observados, hizo que se le diese el nombre de fiebre de la Oroya, tan mal conocida entonces como lo ha sido hasta ahora poco, pues a la fiebre de Panamá que se deasarrollara con motivo de la apertura del Canal, se las consideraba idénticas asignándoles la misma causa, la remoción de terrenos. Hoy, por el contrario, gracias el heroísmo de la víctima que recordamos, se ha conocido por fin la estrechez de relaciones que tiene con la ve- rruga. En cuanto a la Verruga, otro nombre impropio, porque expone con frecuencia a notables confusiones. Tanto en Europa como en América los Papilomas son designados con los nombres de Verru- gas, Verruecos, Tictes y esta confusión no sólo es hecha por el vul- go, sino también por los médicos. Recordamos que un día Carrión nos dijo. «Ha sabido el D. G. que me ocupaba de la verruga y me invita para que en su servicio viera un caso de esta enfermedad, y me encuentro con que eran papilomas». Dispensadme Señores, si por tanto tiempo he podido distraer vuestra atención y que, al saludar a la ilustre víctima en el día de su primer aniversario, concluya pidiéndoos como digno homenaje a su memoria, que desechéis para siempre del tecnicismo cientí- fico los nombres de Fiebre de la Oroya, Fiebre de Verrugas, Verruga, Verraca Andícola, y que, de hoy en adelante, le consagréis el de Enfermedad de Carrión, Doctor Agustín Larrea y Quesada Nació en Trujillo el año de 1853. Se inscribió en la matrícula de la Facultad de Medicina de Lima el año de 1871 y obtuvo el tí- tulo de médico el año de 1878. Establecido en Lima el señor Larrea desempeñó diversas comisiones sanitarias en algunos departamentos de la República. El año de 1894 se trasladó al departamento de Piura, donde se dedicó por completo al ejercicio profesional. El año de 1887, cuando el Perú se creía amenazado por el có- lera asiático que había estallado con caracteres alarmantes en Chile, el señor Larrea desempeñó, con mucho celo y entusiasmo, el cargo de médico municipal de uno de los cinco cuarteles en que es- taba dividida en aquel entonces la ciudad de Lima. El señor Larrea y Quesada, que inició con éxito su actuación en el ambiente intelectual médico de Lima, al abandonar la capital abandonó sus devociones periodísticas Bibliografía 1.-Fiebre continua simple. Crónica Médica de Lima, 1887. 2.-Contribución al estudio de la verruga peruana, Id. 1887. CONTRIBUCION AL ESTUDIO DE LA VERRUGA PERUANA Trabajo leído en la Sociedad Mé- dica <Unión Fernandina» de Lima el día 5 de Octubre de 1887, segundo aniversario del fallecim iento de Da- niel A. Carrión, por el Doctor A. Larrea y Quesada. Por segunda vez la Sociedad Médica «Unión Fernandina» recuerda por medio de una conferencia anual el heroico sacrificio de Daniel A. Carrión. Honrado por vosotros, como orador oficial en este día de luto para la Medicina Nacional, comienzo manifestándoos públicamen- te mi pequeñez para ofreceros un trabajo digno de la gloriosa ac- ción que conmemoramos en esta noche. Hubiera querido, Señores, reunir la historia completa de algu- nas docenas de casos de verrugas, a fin de hacer la sintomatología de esta enfermedad, para ofrecerla al ilustre Carrión, como el mejor homenaje que puede hacerse a su memoria. Desgraciadamente esta clase de trabajos no puede hacerse aisladamente, tiene que ser el fruto de esfuerzos colectivos; de modo que muy a mi pesar, ape- nas he podido reunir observaciones cuyo número es insuficiente, para hacer un trabajo de conjunto. Sabéis muy bien que la sintomatología de una enfermedad es siempre el resultado del análisis de algunos centenares de obser- vaciones particulares. De otro modo las conclusiones son falsas y se generaliza sobre la base de un pequeño número de casos. Ese gran número de hechos particulares es aún más indispensable cuando se trata de una enfermedad tan variada en su marcha y en su duración de sus períodos, como la enfermedad de que me pro- pongo ocupar esta noche. Revisando los artículos y tesis que se han publicado sobre la BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 121 verruga (1) no encontramos sino muy pequeño número de obser- vaciones clínicas, e incompletas algunas de ellas, que reunidas a las que hemos recogido particularmente no llegan sino a algunas dece- nas de casos. Cualquier trabajo sintético que quisiéramos hacer sería, a nuestro jucio, prematuro. Nos limitaremos pues, a dilucidar ciertos puntos de la histo- ria de la Verruga, precisando algunos de sus caracteres, agregando siempre alguna observación clínica en apoyo de nuestras afirma- ciones. __ I _ La verruga es una enfermedad infecciosa, producida, proba- blemente, por un micrococus, cuyo vehículo principal es el agua y el aire de los lugares de donde es endémica; este micrococus parece ser el veneno específico productor de la enfermedad (2). En la sangre de Carrión y en la de la verruga de un enfermo que sigo observando en el Hospital, se ha encontrado micrococus de la misma forma y dimensión. (1).-V. N. Malo, Tesis, 1852. A. Smíth, 1858. T. Salazar: Tesis para el doctorado. La Gaceta Médica de Lima Marzo de 1858. M. Odriozola. La Gaceta Médica de Lima, Abril 1858 y "The Medica! Tijr es and Gazette", Londres, Setiembre de 1858. Tschudi, 1859. Actas de la Sociedad Médica de Lima. La Gaceta Médica de Lima 1875 y 1876. Sanfurgo. Memoria de prueba para Licenciado. Revista Médica de Chile Año XIV N°. 5, noviembre de 1885. V. Izquierdo. Squizomicetos de la verruga peruana. La Crónica Médica de Lima, i 885. Noviembre: "La Verruga peruana y Daniel A. Carrión", Lima, 1886 (2).- He aquí, señores, una ligera nota sobre un primer ensayo de microbiolo- gía clínica. El 20 de setiembre acompañé al Dr. Flores al Hospital y con la sangre de un enfermo de verrugas se inocularon dos tubos de agar-agar nutritivo que habían sido observados durante ocho días en una estufa, a una temperatura conveniente, con el objeto de verificar su perfecta esterilización. La inoculación de estos tubos se realizó con todas las precauciones conocidas (es decir esterilizando la piel del paciente con el sublimado al uno por mil y ponien- do al rojo el hilo de platino con que se tomó la sangre después de la punción de la yema de los dedos y la de la verruga directamente). Estos dos tubos colocados en una estufa a 37° durante 4 días consecutivos dieron por resultado dos estrías blanquecinas en el lugar inoculado, las que del 4°. al 5o. día habían reblandecido rápidamente al medio de cultura. Las preparaciones obtenidas con esta cultura, coloreada con el violeta de metilo nos manifestaron la presencia de Cocus, muchos de ellos reunidos entre sí y afec- tando la forma de cadenitas de varias dimensiones. Estos mismos Cocus se han en- contrado en la sangre del mismo enfermo recogida el 28 de setiembre y el 3 de octubre pp. Este es el primer resultado de una serie de observaciones que señalamos única- mente, sin atrevernos a deducir conclusiones que serán posteriores a estudios más numerosos y completos, que nos hagan conocer la verdadera causa de esta enfermedad (Nota revisada por el Dr. Flores). 122 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Nunca se han observado verrugas sino en individuos que han permanecido durante algún tiempo en los lugares en que es endé- mica (Pueblos de la Provincia de Canta, Yauyos y Huarochirí, situados de 1000 a 2500 metros de altura). El caso de que habla el Sr. Sanfurgo (3) sobrevenido en un soldado que no había estado en estos lugares y que había adquirido la verruga en Lima, puede explicarse por contagio; pues los doctores Flores y Matto aseguran haber visto un muchacho de una señora que no había estado nunca en la sierra, pero que jugaba y dormía junto con otros muchachos que tenían verrugas; ese muchacho fué enflaqueciendo y anemi- zándose, sufría de dolores osteócopos y tenía una verruga en el pecho. Respecto al otro caso de que habla Sanfurgo de verruga ad- quirida en Lima habiendo estado dos años antes en la sierra, bien puede haberse presentado la erupción después del período de in- cubación y de invasión que algunas veces dura mucho tiempo. El mismo Dr. Florez me refiere el caso siguiente: Un francés, después de su último viaje a la sierra había estado sufriendo de dolores osteócopos en las extremidades inferieres, que fueron combatidos por varios médicos como sifilíticos, sin que se obtuviera mejoría de ningún género. Visto en la consulta del citado doctor y después de un examen completo, hubo que desechar to- das las enfermedades diatésicas que explicasen estos dolores. A pesar de que hacía dos años del último viaje a lugares verrucosos (como la enfermedad databa de esa fecha) hubo que pensar en una infección de verrugas, cuyo período de invasión no había terminado después de tan largo tiempo. Pues bien, este enfer- mo volvió a la consulta y a la tercera o cuarta vez pudo enseñar las verrugas que se habían desarrollado ya. Además la verruga tiene otro de los caracteres de las enferme- dades infecciosas: las causas predisponentes no juegan un papel muy importante. Las persoras más robustas pueden adquirir la enfermedad permaneciendo algunas horas en los lugares indicados. De todos los hechos observados se deduce que nunca ataca dos veces al mismo individuo. Produce, pues, la inmunidad: otro carácter de las enfermedades infecciosas. Sin embargo, se citan ca- sos raros de excepción (4). La verruga pertenece a la clase de las infecciones generales. Es una de las conclusiones en que podemos afirmarnos, pues la opi- nión que consideraba a la verruga como una dermatosis, localizada (3).-Revista Médica de Chile, 1885 p. 220. (4).-Nota verbal del Sr. Cilley y otros empleados de la línea de la Oroya. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 123 en la piel, está en contradicción con los hechos (5). La infección verrucosa produce trastornos en la sangre, destruyendo sus glóbu- los rojos. Entre las observaciones del Dr. Flores (6) figuran algu- nos casos en que el número de glóbulos rojos disminuye hasta un millón por mm.c. y menos aún. La infección verrucosa produce le- siones muy notables en elhígado y enelbazo, como se verá en las au- topsias que se han hecho. No se hace bien la depuración orgánica. La orina es pobrísima en materiales sólidos, su densidad de 1010, término medio y la úrea disminuye notablemente. Basta lo dicho para desechar para siempre la idea de que es una enfermedad local. ¿Debe colocarse esta enfermedad entre las infecciones mias- mático contagiosas? En el estado en que nos encontramos nos fal- tan datos para resolver definitivamente esta cuestión. - II - Antes de pasar adelante debemos ocuparnos de precisar, o más bien dicho de saber que es lo que se ha llamado fiebre de la Oroya. No habiendo podido conseguir ninguna historia clínica de tan gra- ve fiebre tenemos que contentarnos con las pocas ideas abstractas emitidas en la discusión que tuvo lugar en la Sociedad de Medicina el año 1875. En comprobación de lo que decimos copiamos de la «Gaceta Médica» N°. 25, de ese año, lo siguiente: «La esterilidad de esa discusión prueba la utilidad de una aso- ciación científica como la Sociedad de Medicina. Los Médicos que han observado la fiebre de la Oroya, no han hecho un estudio deta- llado, minucioso de esa enfermedad. Cuando las ideas se toman aisladamente, como de paso, y con el objeto de hacerlas servir puramente en la práctica privada, los resultados para la ciencia no pueden ser los mismos que cuando se buscan, para combinarlas, para formular principios, etc. «Los que tomaron parte en la discusión probaron que te- nían erudición, pero que los hechos les faltaban para ir más adelan- te en las materias que los ocupaban. Sin embargo, deesa discusión resulta: que la fiebre de la Oroya era una de las formas agudas, graves, perniciosas de la infección verrucosa (Salazar, Espinal, Fuentes, Kiney y Barrios). Las verru- gas precedían, coexistían o seguían a la pirexia (Espinal y Salazar). (5).-Acta de la Sesión de la Sociedad de Medicina de Lima, 16 de setiem- bre de 1 876. (6).-E. Chaves. Anemia perniciosa, 1887. 124 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Algunos otros señores atribuyeron la fiebre a la remoción de los terrenos o a otras múltiples causas. Según la exposición del Dr. Pancorvo la fiebre era casi conti- nua, acompañada de postración intensa; el enfermo entraba rá- pidamente en un estado caquéctico precoz, sin que frecuentemente se pudiera apreciar el infarto del bazo (7). La sangre experimentaba alteraciones profundas. Se observaba, además, diarreas, vómitos, pulso pequeño, hemorragias, petequias y cefalalgias. En cuanto a la convalescencia era larga, difícil y peligrosa. El Dr. Bustamante hizo una observación en la opinión de los que sostenían la unidad etiológica de la verruga y de la fiebre de la Oroya, fundándose en el hecho de que ésta había desaparecido después de concluidos los trabajos de terraplén y la verruga ha exis- tido y existirá siempre. Esta gravísima fiebre existió en gran abundancia entre los trabajadores de esa magna obra. Los dos hospitales provisionales estaban llenos de centenares de enfermos. El hospital de San Andrés y el francés de esta ciudad eran ocupados por muchísimos enfer- mos y el trabajo de los médicos de cada servicio era recargadísimo porque la mayoría de enfermos eran casos graves. La duración de la visita era todos los días de dos a tres horas (el doble del tiempo ordinario). Por todos estos datos hay que convenir en que la fiebre de la Oroya fué una forma grave y aguda de la infección verrucosa. Que si se observaron muchos casos en el camino de la Oroya en la épo- ca indicada, fué porque con motivo de los trabajos aumentó el nú- mero de los que se expusieron a contraería y así creo refutada la anterior observación del Dr. Bustamante. No se puede decir que era la infección verrucosa sin erupción, pues en muchos casos la verruga coexistía con la pirexia sin que esta fuera menos grave (Salazar). Que los casos actuales a los que se da el nombre de fiebre de la Oroya corresponden al mismo cuadro clínico que se conocía el año 72 con este nombre, cuestión es esta sobre la que no podemos pronunciarnos por la falta de historias recogidas en esa fecha y poder tener así un punto de comparación. No dejaremos de agregar que la misma entidad patológica era observada por nuestros prácticos antes del año 1870 en los soldados de que habla el Dr. Matto (8). (7).-Los DD. Fuentes y Barrios citaron las autopsias que habían hecho y en las que siempre habían encontrado el bazo infartado y muy aumentado de volumen. El Dr. Salazar aseguró que en las autopsias de casos de fiebre de la Oroya sin erup- ción se encontraban verrugas en las visceras. (8).-La Crónica Médica N°. 33, 1886, BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 125 Creemos, sin embargo, por comunicaciones verbales de algunos facultativos que la fiebre de la Oroya era de marcha agudísima en la mayor parte de los casos, una o dos semanas era la duración de esta pirexia fatal. - III - En la historia de la verruga peruana hay que considerar cua- tro períodos, incubación, invasión, erupción y desecación (Salazar, Carrión, Sanfurgo). Con alguna reserva agregaría el período caquéctico que algu- nos han llamado últimamente fiebre anemizante (aúnque muchas veces hay apirexia), anemia perniciosa (9) a pesar de que en la en- tidad patológica conocida con este último nombre las lesiones or- gánicas faltan casi siempre y en los casos de que daremos cuenta detallada en otro capítulo, los infartos del hígado y del bazo son muy frecuentes. En cuanto a los síntomas de cada uno de estos períodos, los conocéis muy bien por los trabajos del Dr. Salazar, de Carrión, etc.; que respecto a la generalización que yo pudiera hacer de mis observaciones, ellas serán objeto de un trabajo posterior. Sólo diremos hoy que esa división de períodos es artificial en muchos casos, los que como sabéis muy bien tienen únicamente el objeto de facilitar el estudio. ¡Cuántas veces se presentan enfermos en los que toda su enfermedad está constituida por el predominio de los síntomas de tal o cual período! Así la observación citada ya puede referirse al predominio del período de invasión. Lo mismo sucede en la siguiente observación, en la que los mismos síntomas de invasión dominan, apesar de que la erupción tuvo lugar aunque limitada a una sola verruga y a las manchitas rosadas lenticulares de que hago mención. ¿Cómo precisar, en este caso, cuándo ha terminado el período de invasión? Vais a juzgar. Observación II.-'El 25 de agosto del presente año se encon- traba en la cama n°. 1 0 de la sala de San Luis del Hospital Dos de Mayo un enfermo Sixto Sánchez, de raza indígena, natural de Huan- cayo (10) de 14 años de edad, de constitución débil y de tempera- mento linfático. En su niñez había tenido viruelas discretas, lupus (uta) en lá (9).-E. Chávez. Tesis para el doctorado 1887. (10).- En esta población no hay verrugas. . 126 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA cara y el último año había sufrido varias veces de fiebres intermi- tentes palúdicas. En los primeros días del mes de mayo próximo pasado salió de Huancayo (por primera vez) y vino directamente a Matucana donde permaneció dos semanas. Pasó después a Surco, donde estuvo otros quince días. En este lugar fué donde comenzó su enfermedad actual por fiebres (calor y sudor nocturno) a las que seguía un anasarca general que desaparecía en la semana siguiente, pero para volver, seguida siempre de anasarca. Los mismos fenó- menos se repitieron hasta diez veces. A estas fiebres siguieron dolores en los huesos de las extremi- dades inferiores, en los del antebrazo izquierdo y al raquis en la región lumbar. En la primera semana de agosto sintió comezón en un punto de la pierna derecha y en este mismo sitio experimentó picazón de- sarrollándose después una verruguita erectil, esférica y sésil que fué aumentando de volumen hasta 8 a 10 mm. de diámetro, que es la dimensión que tenía el día del examen. Su color era rojo oscuro y sangraba con facilidad. Examinado el enfermo, ofrecía todos los signos de una anemia profunda. Sus fuerzas habían decaído pero le permitían levantarse sin auxilio y dar algunos pasos. Sus movimientos eran difíciles, porque la extensión de los músculos lumbares y posteriores del cuello aumentaban los dolores que tenía en estas regiones. Estos dolores aumentaban sobre todo cuando quería colocarse en decú- bito horizontal. No había demacración, ni vómitos, ni diarrea. Existía un edema en ambos pies, limitado hasta los maléolos. La orina escasa (200 a 500 gramos por 24 horas) y sanguinolenta. Los pulmones respiraban perfectamente y la digestión se hacía bien. Examinado el vientre se observaba una matitez esplénica que se extendía hasta 15 cm. debajo del reborde costal. Había dolor a la presión. La región hepática normal. En el pecho, codo y hombros derechos se veían dos o tres manchas rosadas, de 2 a 3 mm. de diámetro. Tenía mucha sed e inapetencia. La temperatura osciló entre 37°3 y 40°6. La marcha térmica fué caracterizada por remisiones matinales irregulares y exacerba- ciones vespertinas de 38° a 39°; desde el 30 de agosto hasta el 1 I de setiembre; en estos días no hubo notable modificación en los síntomas. Desde el día siguiente.es decir desde el 12,1a temperatura pasó de 39° y llegó a 39u8 observándose en la tarde la misma graduación, pero en la noche había ascendido a 40°6. Este día comenzó a quejarse de dolor de cabeza intenso y gravativo, (este dolor persistió hasta el 20, día de su muerte) y el día 14 volvieron a presentarse los dolo 127 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA res osteocopos en las piernas y caja toráxica. Al mismo tiempo el enfermo tenía vértigos, deslumbramientos, náuseas y tenesmo con diarrea mucosa. Desde el 16 la escasez de orina se convirtió en anu- ria completa. La postración fue aumentando, lo mismo que los dolores que se generalizaron a todos los huesos. Se observó también una hipe- restesia general muy marcada. Desde el 16, ei enfermo entró en un estado de coma vigil, del que no salió hasta su muerte. El día 18 se fue pronunciando una ic- tericia general que se hizo más notable al día siguiente. La palpación de la región hepática era muy difícil por los dolo- res que acusaba el enfermo. La única verruga se desprendió el día 12. La temperatura se mantuvo sobre 40° el 12, 13, 14 y 15. Des- de el 16 las extremidades estaban frías, sudaba abundantemente y la temperatura axilar fue descendiendo, de modo que el 18 en la mañana, sólo tenía 37°6; el 19, 36°6 y el 20, 36 justos. Mr. Bignon que hizo el análisis de la orina del día 17 encontró una densidad de 1,013, disminución notable de la úrea (la mitad de la cantidad normal) muchos fosfatos, la reacción era ligeramente alcalina y muy cargada de albúmina; sin azúcar ni ptomaínas. En análisis anteriores, hechos en el Hospital, no se había encontrado albúmina al calor ni al ácido nítrico. Entre los dolores que acusaba el enfermo, llamó mucho la aten- ción uno que se presentó en la parte interna del brazo derecho desde el 7 de setiembre hasta el 12 que desapareció, al mismo tiempo se observaba el paquete de los vasos de ec ta región indurado y aumen- tado de volumen. Como este mismo día se presentaron los síntomas cerebrales indicados y el aumento rápido de la temperatura, po- día pensarse en una embolia cerebral, que explicaría así la complica- ción que se presentaba. El tratamiento a que se sometió al enfermo fue acetato de amo- niaco, 12 gotas en alterna; y agua de mote por bebida desde el 30 de agosto hasta el 5 de setiembre. Desde el 6 se les administró sali- cilato de quinina, treinta centigramos en alterna. El día 7, salici- lato de soda, un gramo en alterna y sulfato de quinina en los ali- mentos, hasta el día 16 en que se presentó algo de diarrea; por lo que no podía darle yoduro de potasio y hubo que recetarle tanato de quinina. Desde el 18 tomó por cucharadas cada dos horas la siguiente poción. 128 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Ext. fl. quina 4 gramos Tint. almizcle 2 gramos Sulfato quinina í gramo Las alteraciones anatómicas encontradas en el cadáver aunque muy notables no las describo por no cansar demasiado vuestra aten- ción. Sólo diré, que se encontraron las meninges y ei cerebro conges- tionados, el hígado también congestionado pesaba 1380 gramos; el bazo friable, adherente, pesaba i 150 gramos; los riñones conges- tionados y aumentados de volumen. El páncreas endurecido y los ganglios vecinos endurecidos también. No dejaré de hacer notar esta enfermedad del páncreas, que además de sorprendernos viene a complicar la patogenia de la ane- mia y del enflaquecimiento que tenía este hombre. ¿Cuál de las dos causas era predominante? ¿O la infección ve- rrucosa se localiza también sobre este órgano tan olvidado en las autopsias que se hacen en nuestros hospitales? Cuestiones son éstas sobre las que llamo vuestra atención, para resolverlas después con mayor acopio de datos. IV Hablaba en el anterior capítulo del predominio que toman los síntomas atribuidos a cada período en ciertos y determinados casos. Así el siguiente puedo probaros que el periodo caquéctico constituye casi toda la enfermedad. Observación III.- El señor O., pintor célebre, natural de Es- paña, de 40 años de edad, de talla elevada, gordo y de constitución robusta y músculos desarrollados, iba con frecuencia a la sierra a trabajar una mina cerca de Yauli. Después de uno de estos viajes (en los que tenía que pasar por lugares en que es endémica la terri- ble verruga) regresó a Lima con accesos de fiebre intermitente los que fueron combatidos por el Dr. B. mediante fuertes dosis de sul- fato de quinina sin resultado favorable. Las fiebres continuaban. Este mismo médico creyó que las invencibles intermitentes eran sintomáticas de una hepatitis que iba a terminar por supuración, porque el enfermo acusaba ciertos dolores a la región hepática y la matités de esta región era muy extensa. Mientras tanto el enfermo había cambiado el clima de Lima por el de la Punta (Callao). De regreso a esta capital llamó al Dr. Flores, su médico ordi- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 129 nario. Lo que más llamaba la atención (apuntes tomados según una comunicación verbal del citado doctor), además de los síntomas indicados, era la anemia profunda del enfermo, anemia intensísima que iba acentuándose de día en día. La fiebre se hizo continua, se presentaron vómitos repetidos, vértigos alarmantes y continuos que no le permitían estar sino en decúbito horizontal. Al mismo tiempo el enfermo se quejaba de dolores osteócopos intensísimos. Durante 3 o 4 días el estado del paciente era desespe- rante; cuantos le veían hacían un pronóstico fatal. A pesar de lo justificado de esta terrible apreciación, al cabo de cierto tiempo fue mejorando poco a poco; los síntomas indicados desaparecían uno a uno; persistiendo sólo la anemia y el enflaque- cimiento aunque en menos grado. El enfermo salió del Hospital creyéndose curado y considerado como convalesciente, pero resistiéndose a aceptar que su grave en- fermedad había sido una infección verrucosa. Cuál no sería su sor- presa cuando a los dos meses de la supuesta convalescencia, la erup- ción vino a presentarse en las piernas y se convenció de la exacti- tud del diagnóstico. Ahora bien; este enfermo fué considerado como un caso de fiebre anemizante. Si se le hubiese perdido de vista (como sucede en la mayor parte de los casos) se hubiera creído en una fiebre ve- rrucosa sin erupción. Esta idea es conforme con el ilustrado juicio del Dr. Espinal, citado por el Dr. Barrios en la discusión de la Sociedad Médica (1875). El resultado de los análisis de la orina de este enfermo, es el siguiente. En abril 2 de 1885. Por litro En 24 horas Volumen 1.600 Color Rojo Aspecto. Ligeramente turbio Densidad a 26 1,019 Reacción. Acida Materias sólidas 44.27 70.83 Cloruro de Sodio. z 3.81 Acido fosfórico total I .70 Urca 12.14 130 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA En abril 5 de i 885. Volumen y 1.400 Color Rojo oscuro Densidad a 26° 1,018 Reacción Acida Materias sólidas 49. 94 Cloruro de sodio 3. 81 Acido fosfórico total . . . . 2.002 Urea 13. 65 Y para completar la observación indicaremos el tratamiento empleado, 30 litros de oxígeno por día. Limonada Rusa (según la conocida fórmula del erudito profesor de Clínica Dr. Villar), sali- cilato de soda, albuminato de fierro. Peptonas y polvos de carne entre los buenos alimentos que tomaba el enfermo. Recordaremos también la favorable influencia de su buena y robusta organización. V He reunido algunas otras observaciones que corroboran las afirmaciones contenidas en este trabajo; pero el temor de ex- tender mi lectura más allá de los límites que debe tener una confe- rencia, me obliga a reservarlas para un trabajo ulterior. No dejaré de anunciarles el resultado de algunos análisis de orina de los verrucosos que he practicado. La orina es pálida, de densidad muy baja, 1010 a 1016 por término medio y la cantidad de orina emitida por día 600 a 1000 c.c.; la cantidad de urea es menor que la normal, aún en los casos que parecen benignos. Sólo hay albúmina en los casos graves y no he encontrado hasta ahora azúcar en ningún caso, lo que contradice la absoluta afirmación del Dr. Barranca, citada en el folleto que contiene los trabajos del ilustre Carrión (11). Estos resultados están conformes con los obtenidos por el Dr. Flores en los muchos análisis que ha hecho en su Laboratorio. (II).-La verruga peruana y Daniel A. Carríón, Lima Imprenta del Estado, 1886, pág. 16. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 131 VI He terminado la lectura de este defectuoso trabajo, que sólo tiene por objeto estimularnos recíprocamente a fin de corresponder de algún modo al legado del ilustre Carrión. Espero que con estas pocas observaciones, con estas piedras imperfectamente labradas podamos algún día edificar la base del más digno monumento de Carrión; la historia completa de la Ve- rruga Peruana. Señores: Si queremos ocupar algún lugar en el movimiento científico del mundo, es necesario que nos apresuremos a ofrecer a los sabios europeos el modesto contingente del estudio completo de una enfermedad desconocida por ellos, y que sólo nosotros pode- mos estudiar. Comencemos por lo menos difícil, la sintomatología y el diag- nóstico diferencial. Después vendrán los que con más elementos de trabajo, con laboratorios y con escuelas que no poseemos, estudien la etiología, la patogenia, la terapéutica y demás complejas cuestio- nes que comprende la historia completa de la Verruga peruana. Doctor José A. de los Ríos Nació en Huancavelica el año de 1841. Se inscribió en la ma- trícula de la Facultad de Medicina de Lima el año de 1859 y ter- minó sus estudios profesionales el año de 1866. Para obtar el grado académico de Bachiller en Medicina sustentó por tesis un estudio titulado «-La Ambrosia Peruviana es un remedio nuevo y eficaz para el reumatismo» (1865); para obtar el grado de doctor en la misma Facultad presentó una tésis relativa a «La Coca del Perú» (21 de Febrero de 1866). Dedicó su vida el Dr. Ríos, casi por entero, a la docencia que ejerció en el Colegio Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe, en la Facultad de Ciencias y en la de Medicina de la Universidad de Lima, instituciones todas en las cuales regentó el curso de Química que era de su predilección y que constituyó la devoción máxima de su vida. Catedrático auxiliar de Terapéutica y Materia Médica, por concurso que terminó el 18 de agosto de 1866, la Facultad de Medi- cina promovió al Doctor Ríos al principalato de la Cátedra de Quí- mica, por concurso que hubo término el 22 de Agosto del año 1872. Desempeñó esta cátedra hasta la época de su fallecimiento. Como catedrático de la Facultad de Medicina, el doctor Ríos se sentó en el número de los profesores de la institución a quienes se debió la creación de la Clínica Pediátrica (1896) Además de los cargos indicados, desempeñó el doctor Ríos el de Químico de la Municipalidad de Lima, habiendo establecido el laboratorio Municipal que funcionaba en un local estrecho en el Parque Neptuno y que fué el verdadero precursor del actual Instituto Municipal de Higiene. Alumno distinguido de la Facultad de Medicina, el Dr. Rios había recibido de esta, el año de 1864, el premio mayor de la conten- ta de Bachiller. Años después dé terminados sus estudios profesionales, el Dr. Ríos emprendió a Europa viaje de perfeccionamiento, regresando a su patria el año de 1886. Declarada por Chile guerra al Perú el año de 1879, el Dr. Ríos fué nombrado segundo jefe de la Columna que, con el nombre de "Independencia", organizaron los alumnos de la Facultad de Medicina. 134 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Sobrino del ilustre Decano de la Facultad de Medicina de Lima D. Miguel E. de los Ríos, don José Anselmo fué el encargado de cumplir alguna de las disposiciones postreras de aquel, en cuyo número se contó el legado de algunas fincas en beneficio de la Fa- cultad. El Doctor Ríos falleció en Lima el año de 1900 (25 de julio). BIBLIOGRAFIA I-El hidrógeno es metal, en "Anales de la Sociedad Farmacéu- tica de Lima", 1872. 2-La Ambrosia peruviana es un remedio nuevo y eficaz para el reumatismo. Id. 1873. 3-La coca del Perú. Id. 1873. 4-Medicina Legal y Toxicologia, un análisis toxicológico. Cró- nica Médica de Lima. 1886. 5- El Agua potable de Lima, informe a la Alcaldía Munici- pal de Lima, Monitor Médico dfe Lima, 1887. 6-Los microbios y el cólera morbo asiático. Crónica Médica de Lima, 1887. 7-Apuntes sobre la terapéutica del cólera. Id. 1887. 8-Contagiosidad de la tuberculosis por medio del aire respira- do. Id. 1887. 9-Materia Médica Nacional. Id. 1887. 10-Es posible rejuvenecer. Id. 1889. 11-Agave americano. Id. 1889. 12-Informe antropológico acerca de los restos del Conquistador D. Francisco Pizarro, en colaboración con el Dr. Manuel A. Muñiz. Id. 1891. 13-Aguas de Lima, en "Gaceta Científica de Lima", vol. VIL 14-Informe Médico Legal, a la Facultad de Medicina de Lima, en colaboración con los doctores Manuel C. Barrios y Manuel A. Velásquez, en "Monitor Médico" Lima, 1897. 15-Programa de Química General, Imp. Gil, Lima, 1899. LAS AGUAS DE VERRUGAS Discurso pronunciado por el Doc- tor José A. de los Ríos y publica- do en «La Crónica Médica» de Lima, año de 1888, pág. 376 a 379, Es honra y mucha para mí, la de dirigiros por segunda vez la palabra en esta sesión extraordinaria y solemne que dedica la Sociedad «Unión Fernandina» a pagar su tributo de admiración al que fué Daniel A. Carrión, y a conmemorar uno de los más abnegados y heroicos episodios que registran las páginas de la Me- dicina Nacional. En medio del pesar que acongojó a la sociedad de Lima por la desaparición de una existencia joven y vigorosa; del luto que cu- brió el corazón de sus amigos; del vacío que dejaba entre sus condis- cípulos y consocios; de las esperanzas que en su amor a la ciencia cifraban los que muy en breve debería ser sus comprofesores, sirve hoy, como entonces, de justa satisfacción, de legítimo orgullo, el constante recuerdo, la envidiable apoteósis que nacionales y ex- tranjeros consagran a Carrión, por medio de sus órganos, los más autorizados. Hace tres años, señores, que esa voluntad inquebrantable, ese templado corazón, ese valeroso soldado de la ilustración y del saber, sucumbió al pie de su bandera, con la resignación y denuedo pro- pios del que lucha por el bien de la humanidad, del que batalla por el triunfo de una idea, del que combate por el descubrimiento déla verdad; cuando por la manera de ser del universo todo, no debía sorprender que se hubiera olvidado el nombre de Carrión, cada momento, cada día, cada año se levanta más alto su memoria ro- dead x de esplendente aureola de inmortalidad. 136 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Las publicaciones científicas de r uestro país y las que doctas y respetables asociaciones sostienen fuera de él, son testimonio elocuente de ello, pues al ocuparse constantemente de la enfermedad cuyo estudio lo llevó al sepulcro, y a la que tan íntimamente está ligado su nombre, hacen cumplida justicia a sus merecimientos y a su martirio. Fatigar vuestra atención, sería señores, repetir cuánto a él debe la ciencia médica, como sería ofenderos citar los importantí- simos escritos que sobre la verruga han visto la luz en el año trascu- rrido desde igual fecha del pasado. Mi misión en este momento es otra. Pedir a los manes de Carrion perseverancia y labor para sus colegas déla «Unión Fernandina»; lustre y honra para la Medicina Nacional; paz, progreso y ventura para nuestra infortunada patria; confraternidad y unión para todos aquellos que militamos en las filas de nuestra querida cuanto noble y abnegada profesión! Lima, Setiembre 28 de 1888. Señor Doctor don Juan C. Castillo. Presente. Querido colega. En abril de 1871 pasé algunas horas en el sitio denominado «Agua de Verrugas» en la quebrada de San Bartolomé donde exis- tía uno de los campamentos más numerosos de trabajadores del Ferrocarril de la Oroya, en calidad de miembro de la Comisión nom- brada por la Facultad de Medicina para informar acerca de una epidemia que desde fines del año anterior grasaba en toda la línea de trabajos emprendidos por las inmediaciones del Cocachacra y cuyas numerosas víctimas se contaban por centenas cada mes. Habiendo comenzado el desarrollo de esta enfermedad con la remoción de terrenos secos e inmediatamente después de las fiebres palúdicas que los trabajadores tuvieron que sufrir mientras perma- neció la labor en los terrenos bajos y pantanosos anteriores a la Chosica, la opinión general de los médicos fué que era una fiebre miasmática debida probablemente a los mismos gérmenes de la ma- laria, modificada quizá por las condicones telúricas del lugar, cir- cunstancia a la cual habría que atribuir el que esa fiebre infecciosa BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 137 lejos de producir tan solo la simple caquexia palúdica,como en las tercianas, originaba esa profunda caquexia ictérica, cuando no la finalizaba con la muerte y cuya pronta desaparición presagiaba una convalescencia igualmente rápida. No bastando tal opinión para explicar el sin número de vícti- mas de la fiebre llamada entonces "Fiebre de la Oroya'', y vista su rebeldía a la medicación antiperiódica en la gran mayoría de lo? casos, comenzaron a surgir hipótesis sobre su naturaleza y a preco- nizarse y emplear los tratamientos más variados, sin modificar en lo menor el número de casos fatales. Fue entonces que el Supremo Gobierno, justamente alarmado con sus estragos, dispuso que una Comisión de la Facultad, informa- ra sobre dicha epidemia, constituyéndose en el lugar mismo de su origen. Desgraciadamente no pudo hacer nada ni presentar ningún trabajo serio la Comisión, porque para estudiar la enfermedad te- nía que permanecer algunos días en los principales campamentos o siquiera en los Hospitales de la Línea, establecidos en las inmedia- ciones de «San Bartolomé», a fin de observar debidamente las di- versas evoluciones de su desarrollo, estudiar la terapéutica más efi- caz en cada una de sus formas, hacer algunas autopsias para fijar su anatomía patológica; en una palabra, llenar cumplidamente el cometido. Y no pudiendo entregarse a tales estudios a causa de las numerosas atenciones de sus miembros en la capital, tuvo que con- formarse con hacer una ligera inspección de la mayor parte de los enfermos del hospital "La Esperanza''establecido por los contratis- tas de la línea al pie de la quebrada de este nombre y poco antes de la de «Agua de Verrugas» y con los informes que los encargados de dicho hospital tuvieron a bien suministrarle, emitir un informe sumamente superficial. Dos de los comisionados, el finado doctor León y yo nos pro- pusimos, sin embargo, sacar algún provecho de la excursión y resol- vimos al efecto, poner en claro los fundamentos que pudiera tener la creencia general de que los gérmenes de la verruga residían en el agua. Con tal fin y apelando a la suerte para que designara cuál de los dos bebería sólo de la vertiente llamada «de Verrugas»y cuál sería el que no la bebería absolutamente, comenzamos nuestras obser- vaciones. Resultó favorecido para aplacar su sed con la cristalina y deliciosa agua de Verrugas el doctor León, quien al efecto bebió dos grandes vasos al pié de la vertiente. Yo me vi obligado a apagar mi sed, que la fuerte insolación la hacía abrazadora, con cerveza inglesa. Desde ese momento nos sujetamos al mismo régimen y 138 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA después de pasar la noche en Cocachacra regresamos a Lima al si- guiente día, después de 48 horas de excursión. Durante dos días ninguno de nosotros se apercibió del más insignificante fenómeno insólito, que pudiera tomarse por síntoma de un estado morboso. Al tercer día me hallaba yo, que no había bebido tal agua de Verrugas, con unas cuantas pápulas de esta erupción en el dorso de la mano derecha, que habían brotado durante el sueño y que en el resto del día continuaron bro'ando apaciblemente. Entretanto a mi compañero no le sucedía nada parecido, sin embargo de haber bebido él tan temida agua de Verrugas. Mostrándole la erupción al Doctor Villar (Presidente de la Comisión) confirmó nuestro diag estico de que la erupción era de Verrugas y me recetó Hiposulfito de sodio, con cuya medicación desaparecieron las pápulas después de 24 horas, con la misma faci- lidad con que habían brotado. Poco precipitado por naturaleza no di importancia a su desapa- rición y continué en mis labores ordinarias hasta los primeros días de Mayo, en que fui acometido de altísima fiebre, aparentemente ocasionada por una noche de vigilia en la redacción de una Tésis de Concurso, durante cuya no;he y a fin de vencer el sueño, tuve que apelar a cinco o seis tazas de una infusión muy concentrada de café, acompañada de otras tantas copitas de licor. Alarmados los compañeros con la violencia del mal, se reunie- ron en numerosa junta convocada por mi venerado tío el finado Decano doctor Ríos y me encontraron; el hígado muy voluminoso y sensible a Ja presión y una fiebre de 40°. Como era lógico, en los primeros días no se vió otra cosa que una hepatitis sobreaguda que terminó por supuración, abriéndose paso el pus por el colon trasverso. Terminada la supuración que fué escasa y apagados los sín- tomas hepáticos, se presentó una congestión del pulmón derecho tan irregular que para su diagnóstico vacilaron los más notables maestros; alguien opinió que era un derrame pleurítico enquistado; alguien que era congestión pulmonar de carácter sospechoso, tu- berculoso quizá; algunos que ese estado podía ser una metástasis de la erupción verrucosa suprimida en los primeros días de brote sin esperar su completa evolución. Esta última opinión, debida a mi citado tío, encontraba muchos visos de verdad, muchos fundamen- tos en los dolores agudísimos que sentía por todo el cuerpo, los que parecían afectar sólo a los huesos largos y que se axacerbaban du- rante la noche. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 139 La medicación exclusivamente láctea a que estuve sujeto por más de un mes y las embrocaciones narcóticas que se me hacían en las articulaciones para disminuir la intensidad de los dolores, uni- do a la profunda discrasia sanguínea consiguiente a la medicación expoliativa a que estuve sometido durante el período agudo déla hepatitis, dieron por resultado abundante diaforesis general, con la que coincidieron una especie de conjuntivitis granulosa, radicada principalmente en la cara interna de los párpados y una diarrea sanguinolenta acompañada de ligeros dolores intestinales, sin mo- vimiento febril; y luego una especie de angina que hizo necesaria la inspección de las fauces y puso de manifiesto que era debida a una abundante erupción miliar de pequeñas pápulas rojas. Examinan- do en seguida el ano, se observó que también presentaba pápulas se- mejantes a las de las fauces. A la par que se desarrollaban estos fenómenos de erupción ge- neral, no sólo a lo largo de los intestinos, desde la boca hasta el ano, sino también en las conjuntivas, se notó con gran sorpresa que la oscuridad y matites que hicieron creer en la congestión del pulmón derecho, habían desaparecido por completo. Siendo a juicio de los más antiguos maestros una verruga mu- cosa la erupción ante dicha, se convino en que probablemente era la misma erupción, la causa de los fenómenos pulmonares que por su irregularidad habían llamado la atención. Para terminar diré a Ud. que el Doctor León jamás fué ataca- do de verrugas. De Ud. atento S. S. José A. de los RIOS. Doctor Mariano Lino Urquieta Nació en la ciudad de Arequipa el año de 1868. Inscrito en la matrícula de la Facultad de Medicina de Lima el año de 1866, terminó sus estudios profesionales el de 1893. Para obtar el grado académico de bachiller (1892) sometió a la consideración de la Fa- cultad un estudio "Neuralgias directas y reflejas de origen intesti- nal". Los compañeros de Urquieta en los claustros de San Fernan- do conservan memoria del talento y de la agilidad mental que se contaban en el número de sus prendas personales. La anecdótica médica nuestra refiere el caso de alguna respuesta, muy oportuna, muy sutil, dada por Urquieta a maestro severo que le increpaba un día "llevar el talento en los talones". Parece que Urquieta, con la mayor prontitud replicó que tenía sus ventajas llevarlo en algu- na parte. Obtenido su título profesional, Urquieta se estableció en su ciudad natal, en la que tuvo los halagos de la clientela numerosa y selecta. Y, al mismo tiempo que ejercía su profesión, haciendo de ella verdadero sacerdocio, emprendía su obra social y política, de- moledora de ciertos principios y de ciertas orientaciones que él no aceptaba de buen grado. Contó el señor Urquieta, en el número de sus triunfos, el de haberse conquistado en Arequipa una enorme popularidad, la misma que le acompañó sin deserciones hasta la épo- ca de su sensible fallecimiento, ocurrido el año de 1918. Miembro del Partido Liberal, el señor Urquieta formó parte de varios Congresos, en los cuales actuó con eficacia y buena inten- ción y a cuya obra nacionalista aportó siempre el contingente de su erudición y el de su perseverancia. Alumno distinguido de la Facultad de Medicina de Lima, que le hizo merced de las contentas de bachiller (1889) y de doctor (1892) aunque muy intensamente vinculado a la obra política de su par- tido, no abandonó nunca el ejercicio de profesión que represen- tó para él una sincera vocación en la vida. BIBLIOGRAFIA I-Rupia sifilítica. Crónica Médica de Lima, 1888. 2-Abcesos escrofulosos. Id. 1888. 3-El hipnotismo. Id. 1889. 4-Un caso de asfixia simétrica de las extremidades curado por la cafeína. Id. 1894. 5-Tesis del bachillerato en Medicina, en Monitor Médico de Lima, vol. VIII. DANIEL A. CARRION Discurso leído ante la Sociedad "Unión Fernandina'', en el tercer aniversario de la muerte de Daniel A. Carrión por el Sr. M. Lino Ur- quieta. Sr. Presidente, SS Hoy que atónitos nos congregamos para enaltecer la memoria de un grande, que sembró en sus venas la muerte, por alargar la vida a los pequeños; hoy que al recordarlo no hay peruano que de orgullo no solloce, ni humano corazón que no se asombre; hoy que todos ansiamos la lengua de un Demóstenes para aclamarle y la lira de un Homero para entonar su apoteosis; hoy también, séales permi- tido a mis labios balbucear siquiera sea con la tremulación de un tartamudo. Desde que del eterno Pensamiento, brotara un Océano inson- dable atestado de infinitas maravillas, todo lo que en él se agita, cambia, y todo en consecuencia ofrece disminución o aumento; no hay ser sin propiedades, ni propiedad que no se modifique, y toda modificación importa acrecentamiento o pérdida. Marchar sin descanso es la ley del Universo, el Infinito es la órbita y sus extremos diametrales son avance y retroceso, incremento y menoscabo. Allá ruedan y se tambalean los orbes, siempre corriendo veloces hacia una parada que jamás alcanzan, y en su incontenible ruta, ora dilatan sus confines, asimilándose nuevas moles y ostentando nuevas faces, ora estallan en fragmentos sin número, que cual vagabundos peregrinos asaltan presurosos las removidas atmósfe- ras. Acá pululan sin cesar los átomos y se asocian con avidez para formar agrupaciones definidas o se divorcian o repulsan con energía, para después intentar otras combinaciones con otras leyes y otras formas. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 143 También desde las épocas de los diluvios y de las erupciones Ígneas ¡cuanto no vienen metamorfoseándose los organismos y trasmutándose las especies! Cuantos escalones no ha ascendido y cuántos pasos no habrá también retrogadado la Naturaleza en esa incesante y prodigiosa metempsícosis de la vida! si bien no nos es dado trazar las leyes, ni calcular los períodos, ni demarcar los límites de su perfeccionamiento evolutivo. ¿No vemos también que el hombre tan pronto se yergue altivo conquistando cada vez más gloriosos lauros en su heroico y per- petuo batallar contra lo ignoto, como tropieza y cae ante la valla del misterio o se derrumba por el fatal despeñadero de la degrada- ción? Allá donde la aurora se asoma y el sol se despierta, vió la hu- manidad su luz primera, y colgó su cuna del cocotero y del olivo. Meciéronla las brisas del mar Indiano, la amamantaron las ciervas, la abrigaron con su aliento y la sirvieron los camellos, y las aguas del Ganjes y del Jordán la refrescaron. Quiso entonces respirar nuevos aires, y sin salir de su primera infancia, con una audacia increíble a su edad surcó los mares en opuestas direcciones. Aquí vadeó el Amazonas y trasmontó los An- des,allá se bañó en el Nilo y recorrió el Sahara y ejercitó sus fuerzas ora dando muerte al cocodrilo, ora corriendo tras la alpaca. Llegado que hubo a su segunda infancia, se lanzó con más ar- dor en pos de nuevas aventuras, invadió nuevas tierras, apropián" dose nuevas riquezas y edificando nuevos hogares, los Urales y los Alpes; elTámesis y el Peloponeso fueron entonces el teatro erque se desarrolló su actividad y llegó a la adolescencia. Así vagando de mar en mar y emigrando de continente a con- tinente, marcha y avanza sin descanso trasladando consigo la civi- lización y la vida. En efecto, si más queremos precisar este trasporte cosmopolita y continuo de la humana actividad y del progreso, la Historia nos hace ver como florece primero la India, esa privilegiada cuna del hombre, y casi simultáneamente la Judea y la China; después se enriquece la Fenicia y prepondera el Egipto, engrandeciéndose con sus Sesostris y sus Magos; resplandece en seguida Grecia, esa hermosa patria de las grandezas, con sus Homeros, sus Pitágoras, sus Sócrates, sus Leónidas, sus Temístocles, sus Fidias, sus Demós- tenes verdadera irrupción de genios. Luego desenvaina Alejandro su invencible espada, y la Tierra entera le sirve de trono, hasta que al fin el cetro del Mundo se le escapa, y Roma lo empuña con más bizarría y orgullo, haciéndose 144 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA en breve soberana de Oriente y Occidente y madre de infinitas ce- lebridades, parodia afortunada de la ya derruida Grecia. Brilla enseguida, aunque efímeramente, Constantinopla, con sus emperadores primero, con sus sultanes después; siguen la Fran- cia con los Carlovingios y Alemania con sus Welfos y Gibelinos, hasta que por último las lides de la ciencia y del Progreso, y no las de sangre y vergüenza, le dan la batuta nuevamente a Francia y hoy el mundo todo sigue sin vacilar sus gloriosas huellas. Así en la borrascosa marcha del progreso, en ese flujo y reflujo a que la Humanidad sin descansar se entrega, los continentes se suceden y las naciones se turnan, semejándose su rol en el desenvol- vimiento universal, al de los niños jugadores de pelota, dispuestos en círculo, cada uno de los cuales se esfuerza para atrapar la alhaja para hacerla rebotar a la mayor altura, hasta que al fin se le escapa y entonces otro más listo jugador la coge y a su vez la retiene en cuanto puede. El choque de los aceros y el retronar del fuego suelen dar la se- ñal del turno, y zabulléndose los pueblos en piélagos de sangre mientras acá se hunden las cenizas de un imperio, allá se alza ro- busta y floreciente una República. En tanto la Humanidad no da traspiés; porque si bien el pro- ducto de la civilización suele en parte desaparecer, como un pozo cuyas aguas son absorbidas por las grietas y poros de su reblande- cido suelo, también en parte su esencia se desprende en vapores que ganan la atmósfera y van a enriquecer otros lejanos aires. Así nada se extingue en el crisol de las catástrofes evolutivas de las sociedades, como nada en la retorta del químico se pierde. Pero, señores, ya el Asia y el Africa están decrépitas, Europa misma frisa ya en la ancianidad y solo la gallarda y suntuosa Amé- rica pisa recién el dintel de su radiante juventud. ¿Quién sabe si allá en su esplendente apogeo, no le reserva el Destino un rol de protagonista a este Perú tan maravillosamente rico y tan funestamente envidiado? Quizás, sino eternamente será quimera, un París de las orillas del Rímac, que cual coloso de su siglo se destaque y avasalle al mun- do con su magnificencia y su cultura, y en su recinto se formulen las últimas verdades de la ciencia y se dicten los últimos decretos de la civilización. Entonces la sombra de tanta grandeza llegará y los ecos de tanta gloria se dejarán oír hasta en las miserables cho- zas del humilde aldeherrio del Sena. Para ese día grandiosos qué nos faltaría? El porvenir nos tiende con ansia y amor sus brazos, y no esca- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 145 sea la sangre en nuestras arterias,ni carece de fluido nuestro neuro- eje; sólo que llevamos un tanto reducido el centro de la iniciativa y atrofiada la circunvolución del entusiasmo. Empeñóse el Destino en aleccionarnos para la vida como pue- blo libre y progresista, y permitió que un amigo ingrato y traidor frajelara nuestras indefensas espaldas y retorciera nuestros des- cuidados miembros. Pero ¿a qué descubrir heridas todavía cruentas y ni siquiera lavadas? Pobre Perú! predilecto en quien Natura tanto idolatró, ¡cuán caro pagas tus mimos! Y eres tú la patria de las delicias? Tú, la virgen perla incrus- tada al través de los Andes? Tú, el museo tan codiciado de los te- soros? Acaudalado sin ventura! con tu escuálida figura y tu lívido sem- blante y tus mugrientos arapos, hoy ya el mundo no te conoce, ¡tanto te han ordeñado tus hijos, y te han aporreado tus pa- drastos! Con todo, aún para aplacar sus dolores nos queda el sedante prodigioso del patriotismo, y para curar sus llagas el bálsamo in' falible de la Ciencia, esa cariñosa nodriza de lo grande, esa nube irrisada y perpetuamente henchida, de donde siempre llueven te- soro»; ese perenne manantial de delicias. Tampoco a nuestra patria le faltan hijos abnegados y hasta héroes y mártires, que con diamantinos caracteres han inscrito sus nombres en el templo de la Gloria, Carrión como Vigil, Bolognesi como Grau, serán siempre para la posteridad inmortales corifeos, y la Historia tendrá en ellos seres humanos deificados por el martirio. Cuanto no nos honramos hoy nosotros al pretender honrar el nombre del ínclito Carrión. ¿Somos acaso suficientemente grandes para alcanzar a medir su grandeza? Corazón gigante, adornado con las más selectas dotes, apenas en la flor de su espléndida juventud y, cuando el porvenir a su fértil cerebro ofrecía en perspectiva el más venturos y límpido horizonte, se inmoló gozoso,en aras de la más noble, abnegada y bienhechora de las ciencias, como si quisiera probar con su martirio que las al- mas grandes ni aún ante la muerte se empequeñecen. Astro de insólita aparición, de deslumbradora ráfaga e inmacu- lados destellos, un reguero luminoso deja tras sí por nombre, y ya tres años ha que ese nombre se perdió para el mundo y se ganó para la inmortalidad sin que podamos acertar a comprender cómo 146 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA pudo haber en la Tierra tanto heroísmo, cómo pudo ser humana tanta nobleza. Señores. Carrión, voluntad de acero para escalar los peldaños del pro- greso, gladiador indomable para desenmascarar a la misteriosa Naturaleza y perseguir ese ideal sublime que siempre el hombre vis- lumbra de lejos y siempre sueña de cerca, la perfectibilidad; paladín avanzado de la ciencia, atleta invencible de la idea, que no abandonó la arena, sino para pasar al reino de la celebridad, Carrión para nuestra patria y para la Medicina Nacional, significa un embajador en la corte de la Gloria y ya que sólo nuestra voluntad y nuestros esfuerzos han de incubar juestro porvenir científico y social, resol- vamos que éste sea digno de ran ilustre embajada. Doctor Casimiro Medina Nació en Lima el año de 1862. Inscrito en la Matrícula de la Facultad de Medicina el año de 1880, terminó sus estudios profesioa nales el año de 1887, obteniendo el título de médico cirujano. Par- obtar el grado de Bachiller en Medicina presentó a la Facultad de Lima una tésis titulada "La medicación clorálica en el tétanos" (1886) Miembro entusiasta de la Sociedad Médica "Unión Fernandi- na", cuya presidencia desempeñó el año de 1892, interinamente, después de algunos años de ejercicio profesional en Lima, se trasla- dó al departamento de La Libertad, donde ejerció la profesión, ro- deado de general estima. Establecida la Dirección de Salubridad Pública, a cargo del Dr. Julián Arce, el doctor Medina desempeñó un cargo técnico en esa sección del Ministerio de Fomento. BIBLIOGRAFIA 1-Discurso, en la Sociedad Médica "Unión Fernandina", en "Crónica Médica de Lima", 1889. 2-Estadística de Lima, Id. 1889. 3-La epidemia de Cusma, Id. 1889. 4-Paludismo y fiebre biliosa de los países cálidos. 1889. 5-Reforma hospitalaria. Id. 1891. 6-El descubrimiento de Koch Id. 1891. 7-Discurso y caso clínico, en la Sociedad Médica "Unión Fernandina". Id. 1891. 8-Reglamentación de la prostitución. Id. 1892. 9-Higiene de la capital. Id. 1892. 10-Higiene Industrial: su relación conda tuberculosis. Id. 1892. 11- EZ cólera. Id. 1892. 12.-Cartilla popular de profilaxia del cólera, en colaboración con los doctores Leónidas Avendaño, David Matto, Leoncio I. de Mora y Emiliano Castañeda, Lima. 1892. 13-Sanidad de la capital, Crónica Médica, Lima, 1893. 14- Tétanos traumático, en "Monitor Médico de Lima", 1885. 1 5- La epidemia de Casma. Id. 1889. HOMENAJE A CARRION Discurso del Dr. Casimiro Medina en la velada con que la Sociedad Médi- ca "Unión Fernandina" celebró el 4°. aniversario de Daniel A. Carrión. pu- blicado en la "Crónica Médica'', pag. 223.-Lima. 1888. Designado por vosotros para tomar la palabra en este día clá- sico para ia Medicina Nacional en que la Sociedad "Unión Fernan- dina» conmemora el cuarto aniversario de la muerte de nuestro compatriota Daniel A. Carrión, pertidme os manifieste con toda franqueza que al aceptar tal cargo lo hice como un homenaje de respeto a la memoria de la ilustre víctima con quien me ligó hasta el último momento de su vida la amistad más íntima y como una señal de obediencia a vuestro mandato. Escritos que recuerden los méritos, que con su glorioso sacri- ficio y abnegación sin límites por la ciencia contrajo el que hoy es objeto de esta pública manifestación,exijen una pluma más ejerci- tada que la mía. Disculpad, señores y no veáis en este modesto trabajo sino el deseo de satisfacer a la Sociedad que me ha honrado contándome en el número de sus miembros. Si el cultivo de cualquiera ciencia exige para el que a ella se de- dica cualidades especiales, el estudio del hombre, por el ser induda- blemente más interesante de todos y el que más requiere aptitudes particulares, es el que más debe preocupar nuestra atención y al que debemos consagrar todas nuestras fatigas y desvelos. Dotado Carrión de estas cualidades, progresista por natura- leza, no quiso permanecer estacionario en el movimiento científico que día a día se va desarrollando poderoso y gigantesco. De espí- ritu noble y elevado, tan luego que se dedicó al estudio de la Medi- cina, se consagró a ella con todo el entusiasmo de su carácter y la energía de su genio audaz, resuelto a disipar las nubes que obscu_ BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 149 recían la luz de su inteligencia y de la verdad científica. Para él no fueron creados los obstáculos, era su gloria el vencerlos y siempre que alguno se presentaba en su camino, disponíase gozoso a la lu- cha, seguro del triunfo. Es así señores como se comprende que deseoso de aclarar uno de los puntos concernientes a la Medicina nacional y ávido de confirmar hipótesis que sobre la verruga peruana había formulado durante el tiempo que la estudió y observó, abandonando teorías y dejando a un lado doctrinas, se lanzase intrépido y resuelto en la vía experimental, decidido a llevar a cabo su propósito. El estudio que él perseguía con tanto empeño y afán no lo com- prendía como la generalidad; quería investigar todo lo concer- niente a la verruga, resolviendo más de una incógnita que no podía despejarse, sino abandonando la vía que otros habían recorrido, queriendo a la vez dejar adquiridos para la ciencia principios sóli- damente establecidos y cuya conquista no podía hacerla sino lan- zándose al terreno de la experimentación patológica. Y fué así señores como se decidió a proceder, sin que nada ni nadie le hiciese desistir de tan atrevido provecto. El comprendía que son descubrimientos e investigaciones los que deben perseguir a todo trance, los que dedicados al estudio de la Medicina, van en pos de secretos que pretenden arrancar a lo desconocido, y que si para conseguir estos resultados era necesa- rio tener como punto de partida una hipótesis, las que él había concebido acerca de diversos puntos concernientes a la Verruga, le autorizaban, diré mejor, le obligaban a vertificar su comproba- ción por medio de la experimentación. Tal convencimiento, hijo de profundas y arraigadas convic- ciones, encontró en su ánimo acogida tan entusiasta, que a apesar de saber que la experimentación exigía la necesidad de provocar los fenómenos por medios apropiados y encondiciones especiales y de- terminadas por el objeto que se propone, no quiso escuchar tales preceptos que retardaban la época en que había resuelto llevar a cabo su atrevido pensamiento y en que la adquisición de los prin- cipios que perseguía serían la coronación feliz de sus trabajos. Permitidme, señores, os recuerde con este motivo frases que constantemente deben estar presentes a nuestra memoria y que nunca debemos olvidar; ellas traducen de una manera por de- más elocuente su firme e incontrastable resolución de llevar a cabo su arriesgado y atrevido proyecto, sin que los que fuimos amigos suyos pudiéramos disuadirle un solo momento, apesar de exponerle los males que podrían sobrevenirle; <Qué hacer, no me asustan las deformidades que la erupción de la Verruga pueda traerme, y si 150 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA tan fatal fuese que su desarrollo tuviere lugar en algún órgano no- ble, habría pagado con mi vida mis más ardientes deseos. Ustedes saben que he tenido demasiado tiempo para pensaren esta inocula- ción, que de antemano he previsto los accidentes graves que ella puede traerme; pero ¿ no es cierto también que las Ciencias,sobre todo la Medicina, deben en gran parte su adelanto a experimenta- ciones arriesgadas?» He aquí, señores, retratado el verdadero Apóstol de la Ciencia, al que comprendiendo el importante papel que desempeña el Mé- dico en los destinos de la humanidad, acepta su profesión como un verdadero sacerdocio, al cual debe sacrificar, si es posible su exis- tencia, en obsequio de aquellos a quienes conservándosela les con- sagra sus peligros y desvelos. Concepción tan atrevida era sólo propia de un alma tan tem- plada como la que animó su ser; quiso poner en práctica ideas tan sublimes,y sin vacilar confía sereno y resuelto a la lanceta la resolu- ción de los obscuros problemas cuya solución perseguía, tanto para satisfacer la constante preocupación de su inteligencia, como por la gloria que tendrían que reportarle las innovaciones científicas que habían de resultar de tan arriesgado experimento. Es así como progresa la Ciencia a impulsos del carácter y gé- nio de los que la han levantado a la altura en que se encuentra. Si el fin que el Médico persigue al observar una enfermedad, se reduce a la simple comprobación de los fenómenos que consti- tuyen su sintomatología y a agruparlos debidamente según los di- ferentes períodos que recorre, la Medicina estaría en su primitiva infancia, no habría alcanzado el notable progreso que hoy contem- plamos y permanecería reducido a una expectación más o menos sistemática u ordenada; pero cuando se quiere investigar el miste- rio que envuelve o trae consigo el origen de las enfermedades, las causas que les dan nacimiento y todo lo que a ellas concierne, se hace indispensable que venga en su auxilio la experimentación. El progreso de la Medicina exige, que abandonando la región abstracta de los sistemas, se encamine hacia su vía científica defi- nitiva, revistiendo la forma analítica y entrando de lleno en el mé- todo de investigación propio de las ciencias experimentales. Es necesario que desaparezca por completo el empirismo de la Mediciña, para que tomando su verdadero aspecto científico, sea este a quien deba sus progresos, aplicando el razonamiento a los hechos que la observación y la exprimentación nos suministran. La experimentación es la base práctica, la parte ejecutiva del método experimental aplicado a la Medicina; pero para que ella dé los resultados que deben esperarse de su empleo, es necesario BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 151 que la teoría y la práctica vengan en su auxilio, aportándole el pode- roso contingente de su apoyo. Cuando no se tiene base sólida sobre la cual se puedan apoyar conjeturas, cuando para las caprichosas excursiones de la imagina- ción no se posee más que el terreno movedizo de lo posible o de lo verosímil,sólo se pueden construir palacios encantados que el aire desvanece con la misma facilidad con que se edifican. La experimentación tiene por punto de partida la observación ; el observador quiere conocer lo que preocupa su atención, aque- llo que exita su curiosidad,concentra su atención sobre lo que desea estudiar; de esta manera, asiste al desarrollo del fenómeno, lo sigue en su evolución, puede prolongarlo o hacerlo renacer a volun- tad y aún variarlo, modificando las condiciones que lo han hecho nacer o que lo acompañan. Si todos los progresos de la ciencias experimentales se juzgan por el perfeccionamiento de sus métodos de investigación, podemos decir que todo el porvenir de la Medicina experimental está subor- dinada a la creación de un método semejante, aplicable con fruto al estudio de los fenómenos de la vida, sea el estado normal, sea el estado patológico; es por consiguiente en el laboratorio y en el Hospital donde deben buscarse estos recursos que convertirán a la Medicina en verdadera ciencia progresista. La Medicina no debe ni puede encerrase en el círculo estrecho y reducido de la contemplación pura, de la meditación platónica como dice Bouchard; pues si fuese necesario marchar por un terreno completamente desconocida, no lo haríamos de una manera auto- mática o incoordinada, sino que acudiríamos a la observación y evitaríamos así los escollos que encontráramos en el camino de nues- tras investigaciones. Semejante concepción de la Medicina experimental no debe- mos olvidarla por un solo momento, si queremos que la Ciencia a la cual consagramos nuestra existencia, alcance el carácter de tal y si queremos a la vez ser dignos del ejemplo que al morir nos legara el inmortal estudiante, en cuyo obsequio nos vemos congregados hoy en este recinto. No debemos aceptar por un sólo momento la máxim de Gau- bius. «Más vale detenerse que marchar en las tinieblas», pues s profesáramos tal principio ¿cómo podríamos concebir el adelanto de la Ciencia que bajo todas sus manifestaciones ha llegado al pro- greso floreciente de hoy; sino mediante el esfuerzo y sacrificios de los que la sacaron de la ignorancia en que se encontraba en no leja- nos tiempos? 152 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Si nos fijamos detenidamente en la marcha creciente del mo- vimiento intelectual, tendremos que convenir en que es de esta manera como ha caminado el espíritu humano desde el principio de los siglos. Las más grandiosas concepciones de la imaginaci n se han realizado sin medir lo peligros que para verlas confirmadas se pudieran presentar ¿Cómo no admira el inmortal navegante» que por comprobar una hipótesis que germinara en su cerebro acer- ca de la existencia de mundos desconocidos, se lanzara intrépido y resuelto a la inmensidad del Océano, confiando a la profundidad del abismo, su genio, su gloria y la vida de sus compañeros? Si el experimentador en virtud de una interpretación más o menos probable pero anticipada, de lo fenómenos que observa, ins- tituye una experiencia, para que en el orden lógico de sus previsio- nes adquiera un resultado que sirva de contraprueba a la hipótesis que hubiera formulado, o a la idea preconcebida; Carrión que ya había formulado algunas acerca de la naturaleza infecciosa de las verrugas, su inoculabilidad etc. y que confirmó con su arriesgado experimento la hipótesis cuya solución por tanto tiempo buscada solo su muerte vino a establecer, debe de ser colocado en el número de los experimentadores que han contribuido con el sacrificio de su preciosa existencia a conquistar verdades pa- ra la ciencia, gloria a su patria, lustre al Cuerpo Médico, estí- mulo para los que se dedican al estudio de las Ciencias Médicas y alivio para la humanidad doliente. Seamos siempre gratos a su memoria y recordemos con orgullo a la vez que con respetuosa veneración al que, proponiendo entre nosotros el primer problema de Patología experimental, ha colocado la primera piedra que servirá de base para la construcción del grandioso edificio de la Medicina Peruana. Inspirémonos en su ejemplo para contribuir por todos los me- dios posibles a completar la obra que tan brillantemente comenzó a edificar,y reconozcámosle el mérito de su gran iniciativa al haber inaugurado entre nosotros la nueva era del progreso médico. Co- menzamos ya a notar los benéficos resultados que muy pronto adquirirán proporciones notables, siempre que entusiastas y deci- didos nos esforcemos en seguir la luminosa huella que nos tra- zara Carrión. Recordemos siempre con admiración el espíritu sereno y la inquebrantable energía que caracterizó su vida, hasta que su osado experimento vino a ponerle término; pues si fué doblegada su parte material bajo la influencia del dolor físico, conservó intacta esa BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 153 fuerza moral que no le abandonó por un solo momento, hasta que el principio vital que anima nuestro ser se separó de su organismo, para inscribir su nombre en el mundo de la verdad. Viendo confirmada su hipótesis, observó por sí mismo, consig- nando hasta donde Je i é posible el resultado de sus observaciones, razonando con claro y recto criterio, comparando, analizando y deduciendo los fenómenos que en él iban produciéndose, a medida que se desarrollaban en su organismo los trastornos engendrados por la inoculación verrucosa. Es así señores, como la Medicina, ciencia de observación y de experimentación, marcha sin cesar y a pasos gigantescos hacia la perfección a que aspiran todas las ciencias; es solo con ambos atri- butos que puede seguir su carrera gloriosa el que a su estudio se consagra; pues si solo las observaciones constituyeran su tarea y objeto, su acumulación indefinida no conduciría a ningún resultado práctico; pero sobreviene el razonamiento experimental y es enton- ces cuando podemos ver el lado útil y positivo. El carácter distintivo de la Medicina moderna, lo que la se- para de cuantas elucubraciones hipotéticas representaron los pe- ríodos científicos anteriores, es sin duda alguna el empleo del mé- todo experimental, único medio capaz de impulsarla vigorozamente por el camino de su definitivo perfeccionamiento y ofreciéndole a la vez bases tan sólidas como indestructibles. I.a experimentación fisiológica y patológica es la palanca con cuyo esfuerzo podrá elevarse a la categoría de verdadera ciencia, lo que antes era un conjunto de datos empíricos, expuestos al azar, sin orden ni concierto y desprovistos por consiguiente de toda siste- matización científica. Las ciencias más avanzadas, es decir las más ricas en leyes, las más exactas, son las experimentales, las que em- plean la experimentación como procedimiento único o principal, la Física y la Química por ejemplo. Los fenómenos del mundo físico se realizan en un medio simple singularmente explorado y ya pro- digiosamente conocido, pero ¡en qué condición tan distinta se en cuentran los del medio orgánico, particularmente cuando se halla alterado por la enfermedad!; por eso debemos buscar a todo trance en la experimentación el establecimiento de leyes fundamentales que rijan nuestro organismo, tanto en el orden fisiológico como en el patológico; quizás si conseguido este progreso, pueda el Médico desempeñar su difícil magisterio con la sencillez del naturalista, la precisión del físico y del químico,y la exactitud del matemático, reduciendo la vida a una fórmula algebraica. Tiempo es de que abandonemos el empirismo clínico que hasta ahora poco nos ha sojuzgado, estableciendo el vínculo que existe 154 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA entre la causa y ee efecto, descubriendo el misterio que envuelve nuestra existencia,investigando la relación que existe entre nuestro pensamiento y nuestro cuerpo, entre el espíritu y la materia. Sólo así nos haremos dignos de recoger la herencia científica de Carrión y de su nombre inmortal, revindicando para la Medicina Nacional el lugar que le corresponde en el rol del adelanto y del progreso universal. La Medicina experimental, como dice Claudio Bernard, es la Medicina que tiene la pretención de conocer las leyes del organismo sano y enfermo; por eso la Medicina tiende fatalmente a volverse experimental. Es su base científica la Fisiología,que debe ser cons- tantemente aplicada para comprender y explicar el mecanismo de las enfermedades y la acción de los agentes medicamentosos o tó- xicos. Iniciadas para las Ciencias Médica la gran revolución cientí- fica bajo la poderosa impulsión creatriz de genios que como Magen- die y C. Bernard contribuyeron en tan vasta escala a su adelanto, continúa realizando sus inmensos progresos bajo Pasteur y sus dis- cípulos. La Medicina tradicional, las enseñanzas legadas por nuestros antepasados, se transforman y esclarecen a la luz de la experimen- tación; pero deben siempre servirnos de guía, son el fruto de siglos de observación y esta y el estudio imparcial de Jos hechos nos lle- van casi siempre al conocimiento de la verdad. La observación objetiva y empírica del fenómeno y de su pro- ducción expontánea ha cedido su lugar a la observación experimen- tal, es decir a la solicitación, a la provocación deseada de este fenó- meno. que franqueando las barreras de secular preocupación y pasando por encima de antiguas tradiciones,ha arrancado a la escla" vitud escolástica los derechos y prerrogativas de la inteligencia, permitiendo que el espíritu humano, recobrando su libertad tarto tiempo perdida, marchase a la conquista de la verdad por la ciencia y la razón. La experiencia, bella imagen de la naturaleza, permite al hom- bre reproducir los fenómenos para estudiarlos con el detenimiento y observación indispensables a las limitadas facultades de que fue dotado; ella no es otra cosa que un perfeccionamiento de la obser- vación, o si se quiere, es la producción artificial de los fenómenos para ver su desarrollo preciso, completo y metódico. Donde quiera que vemos un fenómeno tratamos de imitarle, no contentos con esto ponemos en actividad nuestras facultades in- telectuales para descubrir la causa y las relaciones que Jo unen con sus efectos.-las leyes naturales. Resguardados por la razón, cami- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 155 namos con paso certero hacia el fin que perseguimos; más si por efec- to de nuestras limitadas dotes o por el escaso desarrollo de la ciencia, llegamos a un término cuya explicación no alcanzamos a compren- der, entra el dominio de la imaginación creadora, que sublime y grandiosa nos presenta con sus conductoras formas una combina- ción, un plan, una teoría, con que llenar el vacío que nos dejara la inteligencia. Esta teoría, fundada la mayor parte de los veces en la genera- lización, no sólo satisface nuestro primer anhelo, sino que desco- rriendo en determinado caso el velo que oculta la verdad, nos da a conocer nuevas leyes y hace que caminemos hacia la per- fección. Para alcanzar el hombre los progresos que hoy admiramos, ha empezado por aplicar su inteligencia y su observación a los fe- nómenos de la naturaleza; un examen continuo le ha conducido de descubrimiento en descubrimiento, de combinación en combina- ción, y provisto de estos materiales siempre nuevos, ha conseguido avanzar incesantemente por la vía de la ciencia, sin hallar nunca límites a su insaciable deseo de saber. Por otro lado, el progreso hacia el cual le conducen sus tendencias íntimas, no es una idealidad perdida en un mundo metafísico inaccesible a las investigaciones humanas, sino una estrella refulgente que atrae hacia su foco cen- tral todos los pensamientos ansiosos de verdad y sedientos de ciencia. Tiempo es, señores, que pensemos hacer por nuestra parte algún esfuerzo por sacar a la Medicina Nacional de la postración en que yace; tiempo es de que, abandonando la ruta hasta hoy recorrida, busquemos en nuevos horizontes la gloria a que aspi- ramos, y que la inauguración entre nosotros de la Medicina experi- mental sea el primer paso que demos en la nueva vía en que preten- demos entrar. No nos desalienten los obstáculos conque hemos de tropezar para llevar a cabo nuestro propósito. Cuando más difícil es el pro- greso, más enérgicos deben ser nuestros esfuerzos para multiplicar el número de los que apartándose de la rutina, conocen algo más que los apetitos materiales y sienten desarrollarse dentro de sí mismos un alma superior llamada a inmortales destinos. Tengamos en cuenta las ventajes que nos reportaría, bajo el punto de vista profesional, el establecimiento de un Laboratorio donde pudiera hacerse este estudio práctico; el inmenso progreso que alcanzaría la Medicina peruana, conociendo perfectamente las dolencias propias de nuestro suelo, e inscribiéndolas oportunamente en el cuadro nosológico. Sólo así completaríamos la obra de Carrión. 156 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA estudiando la Verruga bajo todas sus faces, en sus distintas mani- festaciones. Los Laboratorios, dice Claudio Bernard, son la condición sine qua non del desarrollo de la Medicina experimental; pues bien, es allí donde debemos buscar y reunir los elementos necesarios para el progreso de la medicina práctica. Sigamos los consejos del insigne Fisiólogo gloria de la Francia y del mundo entero, y procuremos por cuantos medios estén a nuestro alcance convencernos de la importancia que encierra este axioma científico, llevando a debido efecto su realización. La humanidad no ha alcanzado aún la era luminosa a que as- pira; se necesitan siglos de preparación lenta y de penosos traba- jos para llegar al conocimiento de la verdad. No hay día sin auro- ra, y si la época presente resplandece sobre las anteriores por los grandes descubrimientos que la caracterizan es porque ella real- mente nos anuncia ese venturoso día; pertenézcanle pues todos nuestros esfuerzos y vigilias. Abriguemos, señores, la firme convicción de que el progreso seguirá su carrera gloriosa a travez de las generaciones venideras y que nuestra tarea debe reducirse a trabajar animosamente por guiar nuestros pasos en la senda que tan gloriosamente nos dejara expedita nuestro inmortal compatriota Daniel A. Carrión. Doctor Ricardo Quiroga y Mena Nació en Lima el año de 1852. Inscrito en la primera matrícu- la de la Facultad de Medicina de Lima el año de 1871, terminó sus estudios profesionales el año de 1878. El año de 1876 había ob- tenido el grado académico de bachiller, sustentando al efecto una tésis titulada "Temperaturas patológicas''. Miembro muy entusiasta y laborioso de la "Sociedad Médica Unión Fernandina'' de Lima, el señor Quiroga y Mena prestó muy útiles servicios como médico sanitario de la capital del año de 1892, en que la ciudad fué víctima de una grave epidemia de grippe. Mé- dico titular del Hospital " Dos de Mayo'' de Lima, el señor Quiro- ga falleció violentamente en el pueblo del Barranco, próximo a la capital, el año de 1896. BIBLIOGRAFIA I - Temperaturas patológicas, en Gaceta Médica de Lima, 1876. 2-Estudio clínico del flemón periuterino. Crónica Médica de Lima, 1888. 3-Verruga cerebral. Id. 1889. VERRUGA CEREBRAL Conferencia leída por el Dr. Ricardo Quiroga y Mena en la velada de Octu- bre, celebrada en homenaje de Daniel A. Carrión por la Sociedad Médica "Unión Fernandina". Cinco de Octubre del año 1889 significa para la Fernandina cuarto torneo literario-científico, honores funerarios en recuerdo imperecedero de una ilustre víctima, de un mártir de la Ciencia de Galeno, cuyo recuerdo es motivo de gloria y justo orgullo para el Perú. Debo a vosotros el honor de dirigiros la palabra en este día, clásico en la historia de la ciencia Médica Nacional; pero confieso con toda franqueza, que si bien es cierto que me encuentro gozoso al ocupar esta tribuna, por cuanto en algo me cabe la felicidad de contribuir a la formación de esa fúnebre corona, que mientras exis- ta nuestra sociedad, no ha de tener fin, no por eso deja de mortifi- carme profundamente el considerar mi incompetencia para hala- garos en esta noche, respondiendo avuestro mandato. Deseo por el momento, exigiros que la misma bondad que tu- visteis para elegirme, la conservéis latente para excusar todos los desperfectos y errores en que pueda incurrir.-Sólo de este modo tendré ánimo para presentarme ante tan ilustrado auditorio a dis- cutir un punto nuevo en la ciencia. Y cuán feliz me consideraré si logro siquiera entreteneros, ya que no satisfaceros. Conforme a nuestros Estatutos, debo hablaros del mismo ele- mento destructor que abrió las puertas de la inmortalidad a nuestro querido amigo. Vasto es el campo para su desenvolvimiento, máxime, cuando nada está hecho y todo paro hacer. Sin embargo, tarea bien difícil BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 159 me he impuesto para salir del paso, porque quedo sujeto a mi pro" pia observación científica, sin contar - para rectificar errores - con los innumerables volúmenes de consulta que la elección de cual- quiera otra materia nos ofreciera. Advertiré que no tengo la pretención de traeros descubrimien- to alguno ni estudio de fenómenos muy singulares que hayan po- dido escapar a vuestra ilustrada experiencia; mi único fin es pre- sentaros en concreto un pequeño número de observaciones, que no siempre se encuentran en enfermedades de esta clase, y que quizá alguna vez habréis tropezado con ellas en la práctica hospitalaria o particular. Verruga del Perú es el tema deliberado; el recuerdo de estas palabras sicmpren conmueven hondamente mi espíritu, porque que- da sujeto, si la expresión se me permite, al choque de dos sensacio- nes: es la primera fe, pesar y dolor, de ver suprimido tan prematu- ramente del cuadro de las existencias nacionales, al hombre más abnegado de nuestras generaciones médicas; y la segunda.de placer y felicidad, por cuanto con un simple golpe de lanceta se ha dado a la medicina nacional el descubrimiento más grandiosoda identidad de dos entidades morbosas en apariencias tan distintas.-la fiebre de la Oroya y la Verruga andícola. El origen de este proceso morboso no es exótico, es oriundo de nuestra localidad. Parece haber sentado plaza muy especialmen- te y con toda su potencia de acción, en sitio determinado a las ori- llas del Rímac; no obstante probado está que el virus generador existe en algunos otros puntos de la Cordillera. Pero es de notarse, que si hemos podido comprobar la enfermedad de Carrión en varios puntos de las faldas occidentales de nuestra cordillera, en la forma que llamaremos verruga simple, no ha pasado lo mismo con la faz aguda, grave, casi siempre mortífera, llamada Fiebre anemizante de la Oroya. Por esto creo que a orillas del Rímac, el virus se ostenta con toda su intensidad y que probablemente es el verdadero foco de origen. Notable es la semejanza que esta epidemia americana tiene res- pecto a origen o manera de ser, con otra que tiene por patria natal el Asia, oriunda del Indostán; nace como la nuestra a las orillas de un río - el Ganges; es también debida a un virus especial -el veneno colerígeno; es mortífera; y haciendo un estudio compara- tivo de estas dos individualidades, son bastantes las relaciones para que pudieran ser colocadas - la enfermedad de Carrión y el Cólera Indiano - en idéntico grupo nosológico: enfermedades zimóticas. La naturaleza al parecer ha querido también darnos puntos 160 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA de semejanza en nuestra geografía médica con otros países. Con todo, podemos darles las gracias; pero hubiera sido de desear el no tener a este respecto semejanza absolutamente con nadie. Pero no es el hecho aislado de las relaciones de alguna semejanza de estas dos enfermedades, razón suficiente para designar el lugar que debe ocupar "la enfermedad de Carrión' en la Nosografía; las que siguen parecen ser más concluyentes.-Esta enfermedad reu- ne los caracteres generales y esenciales de las infecciosas.-Lo ma- nifiesta por su origen, manera de actuar y evolucionar sobre el or- ganismo, correlación de caracteres o afinidades clínicas, por el he- cho bien demostrado de su trasmisibilidad del hombre al hombre, por inoculación, trasmisibilidad que quizá se extiende aún a algu- nos animales, lo cual quedará probado rnás tarde, con el resultado de nuestras experiencias fisiológicas.-El principio contagioso, agen- te infeccioso desde luego, parece tener el carácter de reproducción y multiplicación indefinidas, y fácil es admitir que sólo quedaría ago- tado, en el caso raro de que no hubieran individuos aptos para re- cibirlo.- Este último carácter esencial tiene para los autores mo- dernos fuerza de ley obligatoria. El sitio particular que corresponde a la Verruga entre las en- fermedades infecciosas, tendremos ocasión de precisarlo más tarde, Si hemos fijado con alguna claridad el origen y naturaleza de la Endemia Peruana no podemos ofrecer aún una definición satis- factoria en el estado actual de nuestros conocimientos.-Tenemos observaciones en las cuales la fiebre, los dolores, el prurito y algu- nos otros síntomas señalados como constantes, no se han presenta- do. Otras, en que hemos visto aparecer la verruga, sin que haya mo- lestado al paciente el mas insignificante síntoma prodrómico duran- te el periodo de invasión.Y algunas, en que ha tenido lugar la erup- ción con el preparativo mas raro que hubiéramos podido imaginar. Las historias que siguen son ilustrativas al respecto: dos de los enfermos aludidos, aún convalecen en mi servicio médico (en el Hospital del " Dos de Mayo) y los pongo a vuestra disposición. A.-Hacen más o menos dos años, que en la visita de la mañana recibimos un enfermo, que sufría de pérdidas de sangre por el recto.-En la calle había agotado sus recursos para curarse, sin conseguir su objeto: era indio, joven y nada notable presentaba, a no ser un poco de anemia.-El examen interno del recto,aún con el es* pejo no dió resultado; la melena se manifestaba rebelde a todos los tratamientos. Imposible nos fué averiguar la causa, que habría equivalido a hacer el diagnóstico; cuando he aquí, que al amanecer de un día, lo encontramos brotado de una verruga discreta. El tratamiento se dirigió en este sentido, y poco a poco, continuando la erupción, fué desapareciendo la pérdida de sangre hasta cesar completamente. La verruga siguió su curso, y el enfermo curó. En el mes de Agosto del año en curso he recibido otros dos enfermos; el uno ocu- pa la camaNu. 37 de la sala de «San Pedro»; el otro, el número 20 de «San Eran cisco» . BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 161 B.-El primero, sufría de una epistaxis tenaz desde cuatro o cinco meses ; era joven e indio, y salvo una ligera anemia no presentaba otra particularidad.- La pérdida de sangre era escaza; se presentaba más bien en las mañanas. No habien- do dado luz alguna el examen de las fosas nasales, el diagnóstico era un problema. Todos los tratamientos fallaron, como era natural; pero derepente y con bastante asombro de mi parte se nos presenta cubierto de verrugas.-Hoy la epistaxis ha de- saparecido, y la verruga sigue su marcha, en camino de curación. C.-El segundo, es indio, fuerte, joven, y fué conducido al hospital casi cadá- ver; no se daba cuenta de su existencia; nada pudimos obtener respecto de antece- dentes.-El examen de sus órganos nos daba resultado negativo, y sólo a la presión del Bazo y del Hígado acusaba sensibilidad por respuestas mímicas. Las facul- tades mentales estaban paralizadas y embotada la sensibilidad general; el tacto de la piel producía igual sensación a la que produce un pan de hielo, porque estaba cu- bierto de abundante sudor frío; el corazón latía con lentitud y sin fuerza, lo mismo que el pulso. En presencia de un cuadro tal que hacía sumamente difícil formar el diagnóstico, dispusimos inmediatamente un tratamiento complejo, porque veíamos agonizar a ese infeliz.-Presentó alguna mejoría en los días siguientes; y cuando hubo de pasar el ataque primitivo se declara una enteritis, que duró mucho tiempo. A su terminación aparece una verdadera caquexia, con derrame seroso general. También fuimos sorprendidos en este caso con un brote de verruga miliar roja, que cubría las piernas y los brazos edematosos del paciente. Cuando la erupción se hizo abundante y general, el derrame empezó a desaparecer, hasta borrarse del todo. Desde este momento comenzó la verdadera convalescencia de nuestro enfermo. Así es que la verruga sigue su evolución favorable y pronto quedará curado. No son pues raros los casos en que la erupción de la verruga se aparta de los tipos conocidos. Otros muchos, tenemos para afirmar que son muy diferentes los fenómenos que pueden ofrecerse antes de la erupción.-No podemos admitir coincidencias o enfermedades intercurrentes, que perturben la marcha de la verruga, para todos los casos que conocemos.-La intercurrencia será siempre la excep- ción, nunca la regla. Si aquellas fueran verdaderas entidades, ¿por qué no han cedido, como de ordinario, a las medicaciones apropiadas? ¿Por qué para desaparecer, esperan que la verruga evolucione? La Verruga y el paludismo ocupan el mismo lunar, y son tantas y tan variadas las formas del último, casi como enfermedades hay; cpor que, pues, no ha de presentar también múltiples manifestaciones la verruga? Por todo lo expuesto juzgamos, prematura toda definición. Hasta aquí algunas ideas generales sobre la materia que nos ocupa. Entremos ahora en el estudio clínico de la acción que el virus verrucógeno puede ejercer sobre el órgano mas noble del ser humano el cerebro, - tema de esta disertación. Hemos colocado la enfermedad de Carrión entre las infecciones este solo hecho predispone a aceptar la posibilidad, de que su virus actúe sobre el encéfalo. En efecto,la mayoría de estas individualida- des patológicas dejan sentir su acción sobre los elementos nerviosos. Probado, está, que la errupción de la verruga no solo tiene por sitio de elección la superficie externa del cuerpo: se ha presentado en las mucosas, y aún en las conjuntivas.-A proposito del sentido visual 162 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA hemos tenido ocasión de examinar un caso de tumor enorme(verruga mular)que tenía por punto de implantación uno de los globos ocula- res.-Para libertar al enfermo del sufrimiento fue indispensable la ablación del tumor, juntamente con el globo del ojo ya destruido e inútil para la visión. Se comprende, que en ese maremagnum no era posible fijar el elemento inmediato del nacimiento del neoplasma. En la faringe, laringe, intestinos, peritoneo, hígado, pulmones se han presentado las verrugas: ¿por qué entonces no podrían aparecer en el último piso de nuestro organismo, en el Encéfalo? La sangre que nutre a esta viscera es la misma que la que alimenta a todo el organismo; este líquido se altera profundamente con el virus verru- coso; es el primero que es atacado en el combate que el agente in- feccioso libra a su víctima, y el que con frecuencia triunfa sobre esta. La anemia que precede a la erupción es de ello una prueba elocuente. -Así también creemos que las lesiones anatomc-patológicas resi- den en la sangre.Esta sangre infectada.es la misma que toma el cere- bro en abundancia; por que es indudable que él requiere mayor can- tidad de líquido reparador para desempeñar su papel, en cualquier otro órgano: lo comprueba su riqueza en redes vasculares. Luego si además de manifestarse la verruga en la piel, se manifiesta en algu- nas visceras ¿por qué haría excepción la del cerebro, la que más se nutre con elemento morboso? Los razonamientos expuestos parecen indicar que la verruga debiera aparecer con frecuencia en el cerebro; y sin embargo, a pesar de tantos casos observados por competen- tes clínicos, es el hecho que por primera vez se llama la atención de los facultativos sobre su posible invasión en el encéfalo. Para no- sotros, tratándose de fenómenos médicos, no tienen valor estas irregularidades, si así pueden llamarse; porque tenemos a la vista el conjunto de ciertas distrofias constitucionales, que alterando pro- fundamente la sangre, como la verruga, no siempre resuenan en el órgano del pensamiento; más bien tienen predilección por aparatos determinados. La enfermedad tuberculosa es inquilina ligada al aparato Pulmonar;-el cáncer tiene predilección por el útero o por el aparato digestivo, y la sífilis tiene a gala manifestarse en la su- perficie externa de la Piel, poniendo así al individuo una especie de sello que lo haga reconocer a distancia, lo mismo que hace la verruga. SIFILIS Y VERRUGA Antes de pasar adelante, creemos llegada la oportunidad de acometer una cuestión pendiente; el lugar especial que debemos dar a la Verruga en el grupo de las enfermedades zimóticas.-Hemos pro- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 163 bado que es infecciosa como la sífilis, y podemos afirmar que ambas deben ocupar el mismo lugar en la clasificación. El estudio comparativo de ia sífilis con lo hasta hoy conocido de la Verruga,hacen ver perfecta relación. En efecto ambas son vi- rulentas; el pus chancroso se trasmite por inoculación, lo mismo q ue la sangre del tumor verrucosola piel es el asiento más ordinario d e manifestación para ambas infecciones; y en fin, continuando des- de la invasión hasta la terminación e irregularidades en la marcha, veremos que de todas las enfermedades específicas, éstas son las que tienen más estrecho vínculo de parentesco. Hasta hoy, nada sabemos de su trasmisibiiidad por los diferen- tes actos de ia vida íntima; pero la verruga es recidivante, al con- trario de lo que afirman algunos autores modernos; en tan toque la sífilis de carácter de inmunidad una vez adquirida. Pasemos a dar cuenta de las observaciones clínicas, que mani- fiestan al agente infeccioso de la verruga,perturbando la armonía de las funciones cerebrales, para dar lugar a manifestaciones que desig- naremos como Encefalopatías de orírgen üerrucoso, a semejanza de las que tienen por origen el virus sifilítico. HISTORIAS La primera es trascrita de los apuntes de Carrión, y tomamos de ella la parte que nos interesa. Verruga probable en las Meninges Observación Ia.-Antenor Flores, natural de Ayacucho, indio, de once años de edad, ingresó al hospital "Dos de Mayo" el 9 de Abril de 1885, ocupando en la sala de las Mercedes, servicio del Dr. Villar, la cama N°. 21 y presentando los sín- tomas siguientes: decúbito dorsal con relajación muscular; estado comatoso; cara pálida, aunque las mejillas las tiene encendidas; párpados cerrados, que al abrir- los dejan ver las pupilas lijeramente dilatadas; se notaban vestigios de haber teni- do epistaxis.- El vientre muy deprimido, hay lijera hiperestesia; no se encuentran manchas de ninguna clase en la piel; el bazo lijeramente hipertrofiado; la fiebre era algo fuerte, marcando el termómetro la cifra de 39° 5; el pulso era pequeño, frecuen- te y depresible, y la respiración algo difícil. El enfermo acusaba un poco de cefalal- gia y tenía vómitos; presentaba, por fin, tumores verrucosos bastante desarro- llados en los miembros, en la frente y en otras partes del cuerpo.- Bien pronto el cuadro de síntomas precisó el diagnóstico de Meningitis, después de haber eliminado la posibilidad de una fiebre perniciosa de forma comatosa.-El enfermo murió a los 8 días de su entrada al hospital. Dice Carrión: Este caso me sugiere las reflexiones siguientes: puesto que la verruga ha sido encontrada, en mas de una autopsia, en la serosa peritoneal de los verrucosos, ¿por qué no hemos de admi- tir que pueda desarrollarse en la serosa cerebral? qué inconveniente hay para no aceptar, en el presente caso, que la erupción de las ve- 164 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA rrugas ha tenido lugar en las meninges y ha ocasionado la inflama- ción de la serosa cerebral que dió muerte al desdichado Flores? Pun- to es este que solo podía haber sido resuelto amplia y evidentemen- te por la necropsia de la víctima; pero desgraciadamente, no pudo llevarse a cabo por causas ajenas a nuestra voluntad. Observación 2a.-Nicanor Benavente, de Arequipa, indio de 36 años, de ocu- pación trabajador de minas, de temperamento linfático, ingresó al hospital Dos de Mayo" el 25 de Octubre de 1887, ocupando la cama N°. 12 de la Sala de San Pe- dro. El examen y estudio durante el tiempo de su enfermedad da el resultado si- guiente- Refiere: que después de un mes de trabajo en la mina ''Venturosa , situa- da en "Tambo de Viso", cuya elevación es de 8,870 piés sobre el nivel del mar, principió a experimentar malestar, dolores en el cuerpo, principalmente en las ar- ticulaciones, y fiebre en forma intermitente; al cuarto día, se incrementaron estas molestias y entonces se resolvió venir a Lima para curarse.- Presentaba intranqui- lidad, cefalalgia fronto-occipital, lengua ancha y sucia, boca amarga, vientre pe- resoso, bazo ligeramente hipertrofiado y sensible a la presión, fiebre a 38° C.- Tres días continuaron estos síntomas con igual intensidad. La fiebre de forma in- termitente. Todos los demás órganos sanos. No conseguimos modificación alguna con el tratamiento. --Desde el día 28 cambió el cuadro: la cefalálgia se hizo intensa; el dolor se extendió hasta la región cervical; la temperatura, en la mañana a 38° y en la tarde a 39°; respiración anhelosa; insomnio, náuceas, escasos vómitos blancos; la ideación perturbada, sub delirio, ojos brillantes y fotofobia -Desde el 30, ade- más de los síntomas anteriores hubo dilatación pupilar, piel seca, pulso frecuente e irregular, temperatura de 40° C.; convulsiones parciales en algunos miembros, contracturas; convulsión casi permanente en el brazo derecho. Todos estos fenóme- nos fueron reemplazados después del cuarto día por un verdadero estado de resolu- ción y de somnolencia bastante próxima al coma; la temperatura siempre oscilante entre 39°. y 39° 5 C.-En el trascurso de los días, esta facies de agotamiento era interrumpido por fenómenos de exitación; a veces, en momentos de lucidéz, acusaba dolores fuertes en las articulaciones, que le molestaban mas que los de la cabeza; este estado, con algunas variaciones, se sostuvo hasta la mañana del 10 de Noviem- bre. en que se presentó el enfermo exactamente igual al individuo acabado de sa- lir del sueño epiléptico: respuestas vagas y lentas al interrogatorio, y la fiebre a 38° 5.-El día 14 la mejoría era notable; casi disipada la apatía cerebral, acusaba li- geros dolores a la cabeza y muy fuertes en las articulaciones, afirmando que estos en la noche eran agudísimos. Grande fué nuestro asombro, cuando en la mañana del 15 encontramos una verruga bien desarrollada y típica sobre la parte media de la clavícula izquierda.-El 18 se presentó otra en la cara dorsal de la mano izquier- da.-El 20 aparecieron cuatro en el cuero cabelludo; y sucesivamente se estableció una erupción discreta en todo el cuerpo: desde el principio de la erupción, se acen- tuó la mejoría. Así las cosas hasta el primero de Enero del 88, en que las verrugas, empezaron a desaparecer por atrofia y desecación sin hemorragias; a fines de Enero nuestro valiente enfermo abandonó la sala, completamente bueno. Reflexiones.-Esta historia nos parece apoyar el principio que sostenemos.-Es tan claro el cuadro de síntomas descrito, cual si se hubiera copiado de autor clásico para formar el diagnóstico de las inflamaciones de las meninges o de la misma sustancia cerebral; pero la marcha de la enfermedad descrita se aparta mucho de las comunes. Ha evolucionado entre 20 o 25 días; no ha habido diátesis u otra causa apreciable productora; el paludismo lo pusimos a raya y desde el primer momento con dosis masivas de quinina. El éxito favorable no se presenta en estas inflamaciones cuando provienen de las causa* ordinarias ya conocidas. Los casos citados de curación, o BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 165 son errores de diagnóstico o bien mejorías mas o menos duraderas, momentos de espera antes del último viaje de la vida. Esta es tam- bién la opinión del profesor Jaccoud. La errupción de las verrugas, coincidiendo con la restitución del equilibrio de las fuerzas cerebra- les es altamente significativo. La historia tercera de que voy a daros cuenta, no es completa.- Primero: por que la estrechez del tiempo de que hemos dispuesto no lo ha permitido, y segundo, por que el enfermo a que me refiero aun está en observación. Me obligo, sin embargo, a trasmitirla ínte- gra en época oportuna tan luego que su dolencia termine. Observación 3a.-Se trata de un señor, de más de 30 años, nacido en Lima, de profesión liberal, de raza blanca y temperamento nervioso. Antecedentes patológi- cos individuales, ninguno; por parte de sus padres y parientes inmediatos, nada no- table tampoco. Obligado a hacer frecuentes viajes al interior (Yauyos) y permanecer más o menos largo tiempo en esas regiones, de regreso a Lima, después de uno de estos, en la estación de Verano, es acometido de dolores en los miembros inferiores prin- cipalmente en las piernas, región anterior de las tibias, sobre todo en la pierna iz- quierda; estos dolores nunca tuvieron carácter definido; no hubo intumescencia de las articulaciones, ni regularidad en su manifestación; había días que le molestaban más que otros, lo mismo que la marcha. Es notable que el tratamiento impuesto por diferentes médicos y por el que habla, nunca produjo el efecto apetecido; más, apesar de su dolencia, verificó otros viajes a los mismos lugares, no sin llevar consigo su régimen curativo. Cuando he aquí que el último que hizo de Lima, después de creerse bastante mejor y estando un día jugando al billar en el hotel de Chicla, fué presa de un accidente bastante serio: soltó el taco, sus miembros inferiores des- fallecieron, no pudo sostenerse sobre sus pies, e inmediatamente cayó en tierra; incorporado, se levantó con esfuersos y pretendió continuar el juego; pero vano in- tento: pronto volvió a caer, para ser levantado por manos ajenas y conducido a su cama. Es de advertir que en los últimos días anteriores al accidente, le habían au- mentado los dolores.-Hubo, poco después, trastorno parcial en sus facultades in- telectuales, é inmediatamente fué conducido a Lima. A su llegada, presenciamos el siguiente cuadro: postrado en su cama, en decúbito dorsal, con respiración agitada, pulso frecuente, temperatura 38° 2; sus pupilas, dilatada la derecha e insensible a la luz, y normal la otra, si no Hjeramente contraída, se le notaba, al primer golpe de vista, facies de estupidez; estravismo lijero, risa sardónica apreciable. Los múscu- los principales que concurren a la expresión mímica, estaban parésicos. Así, mandán- dole cerrar los ojos, el párpado derecho no hacía la oclusión completa de su respecti- vo globo ocular; la mejilla del mismo lado estaba flácida, pegada a sus arcadas den- tarias por inercia del bucinador; las comisuras labiales marcaban alturas distintas, el silvido y la expulsión casi imposibles; cuando habría la boca era típico el cuadro demostrativo de la acción no equilibrada de los músculos antogonistas; la palabra era dificultosa y poco distinta; el vértice de la lengua desviado a la derecha bien se dejaba apreciar en el momento de la fonación; burbujas de saliva se escapaban al mismo tiempo que tenía lugar este acto. Era evidente, que habían en la cara tras- tornos funcionales, deformaciones y desviaciones, que constituyen el síndrome clásico de la parálisisde Bell oaquinesia del séptimo par. Continuando nuestroexá- men, apreciamos que no solo del lado del aparato que ordena había perturbacio- nes, sino también del que obedece y ejecuta; el brazo y la pierna del lado izquierdo eran cuerpos inertes, y sus movimientos anonadados demostraban la hemiplejía unilateral. La sensibilidad general se hallaba también perturbada en uno de sus modos; puesto que pinchando la piel con un alfiler, la mitad del cuerpo paralizado era insensible en la mayoría de sus regiones y poco sensible en las demás; en otros puntos, y aún en algunos correspondientes al lado no paralítico, había un retardo en la marcha de la impresión al sensorio, porque acusaba la sensación dolorosa. poco después de haber recibido la impresión y no inmediatamente; había pues anes- tésia, pero no era total.-Los movimientos reflejos, automáticos y asociados se con- servaban, como también los eléctricos, según hemos comprobado más tarde. Era este 166 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA el conjunto de síntomas que en el primer examen, encontramos en el enfermo y ami- go de que nos ocupamos, salvo que la memoria nos traicione para hacernos come' ter algún error involuntario. La marcha no fue'creciente; pocos días después de un régimen terapéutico severo, se modificó en sentido favorable; las aquinesias que tanto horror producían en nuestro ánimo, hicieron alto para dar lugar más tarde al restablecimiento de muchos movimientos; el desorden funcional, alcanzó a los ór- ganos de la degestión y de la uropoyésis; el vientre se movía por acción de los exi- tantes mecánicos; la orina, era expelida con retardo: todo por la inercia de los múscu- los expulsores. Los dolores a los miembros inferiores, que no han dejado de molestar- lo en todo el período de su enfermedad, reaparecieron últimamente en el brazo pa- ralítico, con más fuerza en la parte superior del lado de la articulación del hombro. La reacción eléctrica en este miembro ha sido más intensa. La contractura, contrac- ción tónica del ante-brazo sobre el brazo, la hemos visto en diferentes ocasiones. La anorexia se hizo notable en los primeros días. Aparecieron en la piel erupciones sim- ples, pero sin que hubiéramos podido calificarlas de verrugas- abstracción hecha de una pequeña pápula de color rojo, característica de una de las formas de la erup- ción verrucosa.- La temperatura ha seguido su marcha normal; el análisis de la orina no manifiesta nada anormal si no del todo fisiológico. Las faces recorridas por esta enfermedad en su marcha crónica de seis a siete meses, no dejan de ser satisfactorias, a pesar de no ha- berse conseguido aún la curación completa, hasta este momento.- Solo la actividad consciente y voluntaria no ha podido recobrar su imperio absoluto, porque aún existe, aunque en derrota, la hemiple- jía, resto único de la neurolisis encefálica. Es este señores el cuadro de síntomas y la marcha de la en- fermedad hasta el momento. La ciencia ros obliga a afirmar la realidad de una espina en la casa del pensamiento y residencia obligada de la volunad; pero de una espina que en cuanto la naturaleza íntima, parece apartarse de todas las conocidas. Yo quisiera entrar en un diagnóstico en detalle para sacar a flote la especificidad de la causa que asignamos; pero la forma de la presente actuación y el desconsuelo de la réplica inmediata, que tan to nos agrada por la ilustración que obtendremos, nos ponen en el caso de abstenernos; quedando comprometido a discutirlo en otra oportunidad. De todos modos, tengo entendido que me daréis buen derecho para pronunciarme en favor de la nueva causa que pretendo agregar a las ya recargadas de las encefalopatías,porque no es posible desa- le der las consideraciones siguientes. Es la apariencia de la enfer- medad en si, algo diferente de sus congéneres producidas por causas semejantes- nada de cefalalgia, rada de vómitos, de vértigos, de oon pulsiones epilépticas, de verdadero delirio. Es el estudio de la clase de particularidades que la han precedido de dos a tres meses, le ^o'nres a los miembros inferiores,ni mas ni menos que los que siempre encontramos en el periodo de invasión de la verruga. Es el hecho indeclinable de la sumersión prolongada del individuo en el 167 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA foco de ese género de mal; en el conocimiento que podemos decan- tar de ese organismo en cuanto a lo que pudiera haber de pa- tológico y de hábitos reprensibles, por tantos años de íntimas re- laciones amistosas es per últi no la con icción q e tenemos de que desmos rada la precencia de la erupción verr c sa en algunos ór- ganos i ternas es falaz afirmar q e la erupción interna no podrá ser confirmada mientras no s^ prese te la externa. Con lo expuesto nos pa ece haber cumplido con n estro come- tido. Hemos to ado dé n estras observaciones las que e utamos mas inportantes y c riosas, a la ve q e lia adas a j stificar el te- ma sostenido de esta noche en homenaje a la vícti a ilustre-c al es q e todos vosotr s to eis n ;ia de la pe. ible a ción ¿el vir s de la verruga sobre las células nerviosas, pert r ando su funcionalis- mo o rompiendo el equilibrio establec ió, para que a are :ca entre las neuropatías una nueva, única por la naturaleza de la causa, a Verruga. Qieda, pues, en tela de juicio la nueva causa asignadla! grupo de las Encefalopatías. El Doctor Julián Arce Nació en Lima el año de 1863. Alumno de Medicina en la Fa- cultad de Lima el año de 1880. Alumno distinguido de la Facultad que, en 1886, le concedió la contenta de doctor. Bachiller en Medi- cina el año de 1887, sustentando una tesis titulada "La Radezyge"; Médico Cirujano el mismo año, optó el grado académico de Doc- tor en Medicina el año de 1889, sustentando una tésis titulada "La Fiebre de La Oroya" Después de haber ejercido la profesión médica en algunas provincias del norte del Perú,el doctor Arce fué llamado por el gobierno de 1904 a crear la Dirección de Salubridad Públi- ca en el Ministerio de Fomento. Los adversarios del doctor Arce no han reconocido siempre el mérito indiscutible de su labor de organización sanitaria en país como el nuestro, bastante pobre y bastante rebelde a las innovaciones en todos los órdenes de la pú- blica administración y que, a aquellas circunstancias, ha habido que agregarse la parsimonia con la cual nuestros poderes públicos han atendido y aún atienden en la actualidad el problema sanitario. El doctor Arce desempeñó el cargo de Director de Salubridad con aquella constancia, con aquella consagración, que contituyen al- gunas de sus características personales. El año de 1911 razones muy respetables de su personal delicadeza y de dignidad profesio- nal, le obligaron a renunciar un cargo cuyo desempeño fué, para el doctor Arce, mas rico en amarguras que en satisfacciones.-Es- tudiante aún se contó en el número de los compañeros del malo- grado Daniel Carrión y ha sido, entre los compañeros del már- tir, uno de los que con mayor cariño y con más infatigable perse- verancia ha cumplido el afectuoso encargo hecho por Carrión a sus camaradas: efectivamente, el Doctor Arce ha enriquecido, con pro- ducción jugosa y robusta, la bibliografía de la enfermedad de Ca- rrión.-Miembro de la Sociedad "Amantes de la Ciencia" y de la Sociedad Médica "Unión Fernandina", llevado por sus compañe- ros a la directiva de ambas instituciones, se contó en el número de los laboriosos y entusiastas que tantos títulos de gloria conquis- taron para ambas corporaciones.-Miembro titular de la Academia Nacional de Medicina (1901) Presidente de esta institución el año 1922, el doctor Arce ha contribuido eficazmente en la obra de reno- vación de la actividad científica de nuestro mas docto instituto médico, presentando muy interesantes comunicaciones, plantean- do el estudio de muy importantes problemas sanitarios nacionales.- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA De la laboriosidad y competencia del doctor Arce fue una prueba elocuente su actuación en el Congrí so Médico Latino Americano celebrado en Lima el ano de 191 3,a cuyo éxito contribuyó en forma decisiva.- Vacante el año de 1903, en el Hospital "Dos de Mayo ' de Lima, el servicio médico que regentara el malogrado internis- ta Juan Cancio Castillo, el doctor Arce se presentó como opositor al concurso provocado por la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima para la provisión de dicho cargo: el doctor Arce después de presentadas brillantes pruebas, salió airoso en ellas y es desde en- tonces médico titular de dicho establecimiento Hospitalario: su servicio, su"Sala de San Roque ", constituye una verdadera Escuela, tal es la proligidad ejemplar de las investigaciones científicas prac- ticadas; tal la riqueza de la documentación clínica de cada caso estudiado; tal la riqueza del archivo clínico que el doctor Arce pue- de mostrar orgullosamente.-El año de 1916 fué nombrado el doc- tor Arce, Catedrático del Curso, de nueva creación, de Enfermeda- des Tropicales; el doctor Arce ha correspondido, con creces, a las espectativas de su designación. La juventud estudiosa, en sus jus- ticias generosas, rodea de cariño y de respeto a este maestro que, a despecho de sus enfermedades, a despecho de la rudeza de la lu- cha por la vida, dedica a la docencia todo el caudal de su talento y de su voluntad. Memher del "Royal Sanitary Institute "de Lon- dres, desde el año de 1910, fué promovido, el año de 1915,a la ca- tegoría de Fellou), habiendo tocado al doctor Arce el honor de ser el primer sudamericano que ostenta tal título. El año de 1916 fué nombrado Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Medicina de Caracas (Venezuela). BIBLIOGRAFIA PUBLICACIONES EN EL "MONITOR MEDICO*' DE LIMA: 1-Historia clínica de un caso de Mal de Bright, 1885. 2-Historia clínica de un enfermo de Neumonia alcohólica, 1885 3-Tesis del bachillerato de Medicina, La Radezyge, 1888. 4-Discurso en la ceremonia inaugural del monumento funera- rio a Daniel A. Carrión, 1887. 5-La epidemia de Chiclayo, 1889. PUBLICACIONES EN LA "CRONICA MEDICA" DE LIMA. 6-Conferencia sobre la Fiebre de la Oroya o forma aguda de la "Enfermedad de Carrión'', 1889. 7-Un caso de distomatosia, 1899. 8-Sobre un caso de distomiasis, 1899. 9-Algo sobre el paludismo, 1902. 10-Discurso en la Sociedad Médica "Unión Fernandina". 1904. 11-Apología de Carrión, 1904. 12-Instrucciones contra la Peste Bubónica, 1905. 13.-La defensa contra el cólera, 1910. 14-El nuevo Manicomio de Magdalena del Mar. 1912. 15-El "606" en la fiebre grave de Carrión, 1912. 16-El estudio de la Patología Nacional y el próximo Congreso Médico, 1912. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 171 17-Los trabajos del grupo de Medicina tropical y Epidemiolo- gía, 1912. 18-Un caso de aneurisma del corazón (Comunicación a la Academia Nacional de Medicina de Lima), 1913. 19-Quinto Congreso Médico Latino Americano. Trabajos del grupo de Medicina tropical (Junio-Noviembre de 1912), 1913. 20-El agua potable de Lima, 1913. 21-Trabajos del grupo de Medicina tropical y Epidemiología, 1913. 22-Apuntes sobre la enfermedad de Carrión, 1913. 23-Estudio experimental de la enfermedad de Carrión (cola- boración con los doctores Ramón E. Ribeyro y Daniel Mackehenie), 1913. 24-Algunas consideraciones sobre la hematología clínica de la fiebre grave de Carrión (Comunicación al V Congreso Médico La- tino Americano), 1913. 25-La anemia de la fiebre grave de Carrión (Comunicación al V Congreso Médico Latino Americano), 1913. 26-Algunas consideraciones sobre las infecciones bacterianas que complican y agravan la fiebre grave de Carrión (Comunicación al V Congreso Médico Latino Americano), 1913. 27-Inoculabilidad de la verruga peruana a los animales, en colaboración con los doctores Ramón E. Ribeyro y Daniel Macke- henie, (Comunicación al V Congreso Médico Latino Americano), 1914. 28-Primeras tentativas de inmunización en la verruga perua- na, en colaboración con los doctores Ramón E. Ribeyro y Daniel Mackehenie. (Comunicación al V Congreso Médico Latino America- no), 1914. 29-Un caso de leishmaniasis de la cara, tratado por el tártaro emético (Comunicación a la Sociedad Médica del Hospital "Dos de Mayo"), 1915. 30-Sobre un probable caso de esplenomegalia tropical (Co- municación a la Sociedad Médica del Hospital "Dos de Mayo), 1915. 31-La paragonimiasis en el Perú (Comunicación al V Congre- so Médico Latino Americano), 1915. 32-Pie musgoso, Comunicción al V Congreso Médico Latino Americano), 1916. 33-Un caso de cisticercosis (Comunicación a la Sociedad Mé- dica del Hospital "Dos de Mayo"), 1916. 34-La Medicina Tropical, lección inaugural del curso, 1916. 35-Algunas consideraciones sobre la nueva teoría dualista de la enfermedad de Carrión, 1916. 36-Los protozoarios en la patología humana, 1917. 37-Sobre un caso de espiroquetosis ictero-hemorrágica (cola- boración con el doctor Ramón E Ribeyro), 1917. 38-Espiroquetosis ictero-hemorrágica, 1917. 39-Consideraciones sobre un caso de encefalitis letárgica, 1920. 40-Espiroquetosis ictero-hemorrágica, 1921. 41-Proyecto de un Consejo de Educación Médica, 1921. 42-Sobre un caso de dextrocardia congénita, 1922. 172 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA PUBLICACIONES EN EL "BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA" DE LIMA: 43-La profilaxis de la plaga bubónica, 1903. 44-Discurso necrológico del doctor Armando Velez, 1903. 45-La plaga bubónica (informe en colaboración con los doc- tores Manuel R. Artola y Daniel E. Lavorería, 1903. 46-Discurso al hacerse cargo de la presidencia de la Academia Nacional de Medicina, 1922 - 1923. 47-Ictericia crónica, hemolítica, congénita, y verruga erup- tiva, 1922-1923. 48-Consideraciones sobre un caso de verruga maligna, 1922- 1923. ESTUDIOS PUBLICADOS EN "ANALES DE LA FACULTAD DE MEDICINA" DE LIMA 49-Historia de la verruga peruana o enfermedad de Carrión, 1918. Tomo I. 50-Verruga benigna, 1918 Tomo 1 51-El concepto nosografico de la Medicina Tropical, 1918 Tomo I. 52-Verruga maligna, 1918. Tomo II. 53-Algunas consideraciones sobre la insuficiencia renal de la gripe, 1919. Tomo III. 54-Sobre las recientes investigaciones de Noguchi, acerca del agente específico de la fiebre amarilla 1919, Tomo III. 55-Sobre la supuesta endemicidad de la fiebre amarilla en la costa del Perú, 1919. Tomo III. 56-Epidemias de Trujillo de 1882-85, 1919. Tomo III. 57-Epidemia de Huacho de 1884, 1919. Tomo IV. 58-Epidemia de 1885, 1919. Tomo IV. 59-Sarampión y rubéola 1920 Tomo V. 60-Influencia de la última guerra sobre el estudio de la medici- na tropical y sobre la enseñanza medica general, 1920. Tomo IV. 61-Apreciaciones generales sobre el diagnostico y la clínica. La verrga peruana no genera esplenomegalia, 1921. Tomo VIL 62-Meningitis cerebro-espinal, producida por el micrococus catarrhalis, 1921. 63-Programa de las lecciones de Farmacología, 1922. 64-Un caso de malaria crónica y verruga peruana, 1922 65-Profilaxis de la verruga peruana, basada en los caracteres etiologicos y epidemiológicos propios de esa enfermedad. 1922. TRABAJOS PUBLICADOS EN "GACETA MEDICA PERUANA" 66-Algunas consideraciones acerca de la verruga peruana o enfermedad de Carrión, Enero de 1923. 67-Ataque pernicioso, hiperazoemico, causado por el Plasmo- dium vivax. Marzo de 1923. 68-Lección sobre la malaria crónica, Julio de 1923. 69-La enseñanza teórica y practica de la medicina, Julio de 1923 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 173 70-Los elementos endoglobulares de Barton (Bartonella baci- lliformis, Strong), en la verruga peruana o enfermedad de Carrión Enero y Febrero de 1924. PUBLICACIONES EN "EL COMERCIO" DE LIMA 71-La prevención de la tisis y otras formas de la tuberculosis. El germen tuberculoso y el organismo humano. Como se genera la enfermedad, 3 de Junio de 1899. 72-Como se adquiere la tisis. Como se hace el contagio y la Propagación de la tuberculosis, 5 de junio de 1899. 73-Profilaxis de la tisis y demás formas de la tuberculosis, de Junio de 1899. 74-Contra la enteritis, 21 de Agosto de 1899. 75-La mortalidad de Lima, 18 de Setiembre de 1899. 76-La plaga bubónica-Primera parte. La plaga y su bacilo. La plaga en los animales Rol que estos desempeñan en la disemina- ción de la enfermedad,4 de Diciembre de 1899 77-Segunda parte. Infección y contagio. Modos como se veri- fican. Las formas de la plaga. Gravedad y mortalidad, 5 de Diciem- bre de 1899. 78-Tercera parte. La plaga endémica. La plaga epidémica. Pestis minor. Pestis ambulans. La plaga pandémica, 24 de Diciem- bre de 1899. 79--Cuarta parte. Tratamiento y profilaxis de la plaga, 12 y 13 de Marzo de 1900. 80-Las ciencias médicas en el siglo XIX, 3 de Enero de 1901. 81-Los ataúdes metálicos higiénicos, 2 de Junio de 1901. 82-Algo acerca de los ebrios recogidos por la policía, 9 de Ju- nio de 1901. 83-Escuelas nocturnas, 23 de Junio de 1901. 84-La viruela y el paseo al cementerio general, 3 de Noviem- bre de 1901. 85-Sección demográfica de la oficina de registro del estado civil, 4 de Octubre de 1902. 86-Profilaxia de las enfermedades infecto-contagiosas, Octu- bre de 1907. 87-La epidemia de verruga en Matucana,15 de Abril de 1912. 88-El problema del agua potable, Enero de 1913. 89-Por la higiene de Lima, 15 de Agosto de 1922. OTRAS PUBLICACIONES 90-La lucha contra la tisis. "La Evolución", Lima, 4 de Di- ciembre de 1901. 91-Trabajo presentado al Concurso sobre Provisión de brazos para la Agricultura. (Premiado con medalla de oro), I de Marzo de 1902. 92-Trabajo presentado al Concurso Ampliatorio sobre Pro- visión de brazos para la Agricultura. (Premiado con cien libras oro), 24 de Noviembre de 1902. Este trabajo así como el anterior, se p ublicaron en un folleto titulado: Sociedad Nacional de Agri- 174 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA cultura. Concurso. Provisión de brazos para la Agricultura. Tra- bajos premiados. Lima, 1902. 93-Diversos proyectos presentados al Congreso Anti-Alco- hólico de Lima, 1903. 94-Sobre los efectos del alcohol en el cerebro humano. Confe- rencia por el Prof. Víctor Horsley. Extracto publicado en The Lan- cet de Londres (5 de Marzo de 1900), traducido y ampliado, por el Dr. Julián Arce,"El Heraldo Antialcohólico'', Lima, Junio de 1903. 95-Discurso necrológico del doctor Antonio Pérez Roca, en representación de la Academia Nacional de Medicina."La Prensa'', Lima, 25 de Junio de 1913. 96-Las Leishmaniasis dérmicas del Perú. Comunicación al V Congreso Médico Latino Americano. Actas y Trabajos, Tomo V, 1914. 97-Estudio sanitario del agua potable de Lima Comunica- ción al V Congreso Médico Latino Americano. Actas y Trabajos, Tomo V, 1914. 98-Comunicación verbal sobre la creación, en las Universida- des de América, de la Cátedra de Medicina Tropical. Actas y Tra- bajos, Tomo V. 1914. 99-Conferencia, en sesión plena del V Congreso Medico Lati- no Americano, sobre la etiología y modo de trasmisión de la verruga peruana, "La Prensa'' , Lima, 12 de Noviembre de 1913. 100-Reportaje sobre "La fiebre amarilla en Paita "."La Pren- sa,'', Lima, 19 de Julio de 1919. FIEBRE DE LA OROYA Conferencia pronunciada por el Dr. D. Julián Arce en la "Sociedad Fer- nandina'' el 5 de Octubre de 1889. Pu- blicada en la "Crónica Médica" paga. 233 y siguientes del mismo año. El 5 de Octubre de 1885, el Perú pagaba su contribución de san- gre a la Ciencia experimental, en la persona de uno de sus más no- bles y heroicos hijos: el ilustre Daniel A. Carrión. La commemoración de ese hecho glorioso para la medicina patria, nos congrega en estos momentos y me proporciona la alta honra de dirijiros la palabra. Creo,señores,interpretar el sentido esencialmente práctico de los trabajos y fines de la "Unión Fejnandina'', y creo, asimismo, cum- plir,aunque en pequeña parte, el sagrado compromiso contraído con el amigo y compañero de ayer, ofreciendo a vuestra consideración algunos apuntes sobre una de las formas de la enfermedad, que hoy, con justicia, lleva su nombre: la Enfermedad de Carrión. Oid, pues, con indulgente atención,señores, al principiante que, atrevido, pisa los umbrales del templo de la ciencia. FIEBRE DE LA ORO YA O FORMA AGUDA DE LA ENFERMEDAD DE CARRION DEFINICION Es una pirexia infecciosa, que expresa el mas alto grado de la intoxicación verrucosa,endémica de algunas de nuestras quebradas, y caracterizada, principalmente, por los tres síndromes clínicos si- guientes: 1o. fiebre de tipo completamente irregular, acompañada, en la generalidad de los casos, de dolores óseos, articulares y muscu- lares; 2o. anemia aguda o perniciosa, o sea, destrucción rápida y pro- gresiva de los elementos globulares rojos de la sangre; y 3o. tras- tornos mas o menos acentuados de los órganos hemopoyéticos- 176 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Por incompleta que parezca esta definición, me parece la masen ar- monía con el estado actual de nuestros conocimientos al respecto.- Por otra parte, más tarde veremos que la mayoría, si no todos los síntomas de esta forma de la Enfermedad de Carrión, pueden refe- rirse a las tres agrupaciones clínicas que llevo indicadas. ETIOLOGIA La causa determinante, por excelencia, e indispensable para la producción de la Fiebre de la Oroya, es hoy, sin duda alguna,la ab- sorción del agente o veneno verrucoso. La memorable inoculación de Carrión, lo prueba de la manera mas evidente. Existen, sin embargo, causas predisponentes, que juegan, a mi modo de ver, un importantísimo papel en la producción de esa enfermedad. Tales son, principalmente: Ia. el estado del organismo, en el momento en que se pone en contacto con el veneno de la verruga; y 2a. el tiempo de aclimatación en los lugares de endemia. En efecto, sa- bido de todos és, que la receptividad del organismo para las enferme- dades infecciosas, se encuentra siempre en razón directa con la defi- ciencia de la nutrición general, la disminución de las fuerzas, la mi- seria, las fatigas, la depresión moral, etc. y en razón inversa con el tiempo total de aclimatación en el lugar infectado. Pero, no solo se limitan a esto las causas predisponentes que acabamos de citar, sino que intervienen de una manera mas directa, mas inmediata, en la eclosión de la Fiebre de la Oroya, como vamos a probarlo. Existe un algo, indudablemente, que es la causa eficiente de la verruga eruptiva y por consiguiente de la fiebre de la Oroya. Este algo o agente, como lo llamaremos por ahora, encuentra los elemen- tos indispensables para su desarrollo y propagación, en los terrenos, atmósfera y agua, de los lugares donde son endémicas dichas afec- ciones y nada más que en ellos. Que esta proposición es verdadera, lo prueba el hecho, por todos reconocido, de que solo existe, por lo menos hasta hoy, la Enfermedad de Carrión y como consecuencia ese agente, en ciertas y determinadas localidades (la quebrada de Huarochirí en el Departamento de Lima, las quebradas de Llautan y Pariacoto en el Departamento de Ancachs, por ejemplo), sin que jamás se la haya observado en ningún otro punto, tomado indistin- tamente. Esto no quiere decir, desde luego, que la "verruga ordi" naria'',o propiamente dicha, como llamaremos desde ahora a la for- ma eruptiva, y la "Fiebre de la Oroya", no podrán presentarse nunca en otros lugares que aquellos, o lo que es lo mismo: que su causa ge- BIBLIOTECA CENTENATIO DE MEDICINA PERUANA 177 neradora no podrá desarrolFrse jamás en otra patria, que la que hoy tiene. No, absolutamente. Lo único que queremos decir es que mientras no se encuentren reunidas, en un lugar dado, todas las condiciones requeridas para su existencia, no se las observará. Ahora bien, el veneno verrucógeno parece que existe y vive, principalmente, como se verá más adelante, en el torrente sanguíneo y quizá,también,en el linfático, de los indicviduos atacados por cual- quiera de las dos formas de la Enfermedad de Carrión. Pues bien, para que esto suceda,es necesario que dicho tóxico sea,o un elemen- to figurado de microscópicas dimensiones, en suspensión en dichos líquidos,o un principio químico,soluble, disuelto en ellos. Aceptada esta deducción,como no puede menos de aceptarse,tenemos que con- venir en que es muy posible, que ese principio, infeccioso o tóxico, se encuentre,a la vez,en la tierra, aire y agua.de las localidades donde habita o se forma. En tal virtud, el hombre que en ellas se encuentre, estará constantemente bajo la acción de ese agente, tanto por su piel, como por sus mucosas. Y no puede, para librarse de su influencia, sino alejarse de él, o esperar de la fuerza de su organización, del es- tado regular de sus funciones y orgános, y de la observancia de los preceptos higiénicos, el rechazo de tan temible enemigo. Resu- miendo, se puede decir, pues; que para que un individuo pueda con- traer la Enfermedad de Carrión, en general, es necesario: i °. que se encuentre expuesto a la acción de un medio verrucógeno; y 2°que su organismo experimente algún desequilibrio funcional u orgánico. Pero ¿porqué circunstancias o que condiciones se realizan, para que en unos individuos se desarrolle la fiebre verrucosa benigna (re- lativamente), o con erupción,y en otros la maligna, de difícil erup- ción, o de la Oroya? Y por otra parte ¿es posible, que tomados dos individuos, en igualdad de medio y condiciones de organización, pueda ser atacado el uno de verruga ordinaria y el otro de Fiebre de la Oroya? Y si esto sucede ¿cuál es la causa? Vamos a tratar de responder a estas cuestiones que nos hemos propuesto, por relacionarse intimamente con las causas predispo- nentes en que nos ocupamos y cuya importancia tratamos de probar. Hásc dicho, por algunos, que la menor o mayor cantidad de agente patógeno absorbido, era la que determinaba, en el primer caso, verruga ordinaria y en el segundo "fiebre de la Oroya''. No participamos de esta manera de ver y concedemos el primer rol al estado especial del organismo en el momento de la absorción, a la menor o mayor fertilidad del terreno en que va a germinar la semi- lla. En efecto, sabemos,perfectamente,que el organismo, en el estado 178 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA de salud, reacciona vivamente contr i les agentes nocivos que lo atacan, ya sea destruyéndolos con sus jugos naturales, o no absor- viéndolos, absolutamente, en virtud de la resistencia de sus epite- lios sanos a su penetración. No así el organismo enfermo, que ha- biendo perdido su potencia de reacción normal, o la integridad de sus epitelios protectores, ofrece una ancha puerta de entrada a los elementos deletéreos.- Ahora bien, si aplicamos estas nociones al caso particular de que hablamos, tendremos: a mayor deterioro o desequilibrio del organismo, menor resistencia del medio interno a la pululación y multiplicación de la causa morbigena, que encon- trando un terreno abonado, un caldo nutritivo apropiado, por decir- lo así, se desarrollará con extraordinaria rapidez, a costa de los ele- mentos orgánicos mas esenciales (glóbulos rojos), de donde: pro- ducción de una especie de intoxicación aguda, Xa.fiebre de la Oroya. Por el contrario, a menor deterioro, mayor resistencia, fertilidad menor del terreno, menor agudeza de la intoxicación, verruga pro- piamente dicha o eruptiva. La forma que revestirá la enfermedad es- tá, pues, bajo la dependencia del estado particular del organismo, que desempeña siempre el primer papel. Hay, sin embargo, otra circunstancia, tan importante por lo menos como la precedente y digna de tenerse siempre en cuenta cuando se trata de esta cuestión. Me refiero a la vía por donde pe- netra el veneno. En efecto, el agente verrucógeno, así como la ma- yoría de los organismos patógenos, actúa con más intensidad, pro- duce mayores trastornos, sobre todo en un organismo en receptivi- dad,a medida que la vía por donde penetra, lo pone más prontamente en contacto con la sangre, que es, por decirlo así, su alimento; de aquí, la gravedad de la vía hipodérmica. Al hablar de la patogenia, volveremos sobre este punto. Contestemos, ahora, la segunda pregunta. Creo muy posible y realizable, que a semejanza de lo que pasa en otras fiebres in- fecciosas, de dos individuos colocados en igualdad de medio, recep- tividad, etc., uno puede ser atacado de la forma benigna y el otro de la forma grave,y explicar esto, como en aquellas enfermedades, por la desigual aclimatación de ambos. En efecto, es indudable, que en caso de absorción, el organismo del menos aclimatado ofrecerá me- nor resistencia que el del mas aclimatado, que está ya acostum- brado, por decirlo así, a luchar y vencer al elemento nocivo. He ahí, pues, la importancia que tiene para mi la segunda causa predispo- nente que hemos señalado y que, a mi modo de ver, ha desempeña- do un interesante papel en el desarrollo de la fiebre de la Oroya, en los individuos de las observaciones Nos. 1 y 4 a que voy a dar lee- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 179 tura, así como a la N°. 3, por juzgarlo indispensable para la mejor inteligencia de esta disertación. No hago lo mismo con la N°. 2, por ser bastante concida de vosotros: es la historia clínica de la enferme- dad que victimó a nuestro heroico compañero y amigo Carrión. DESCRIPCION síntomas.- Los síntomas de la Fiebre de la Oroya, podemos di- vidirlos, para su mejor estudio, en dos periodos: Io.Periodo de incu- bación o de latencia; y 2o. Periodo de invasión o de evolución. Es- ta división me parece, desde luego, bastante natural, tratándose de enfermedades de carácter infeccioso, como la presente. Quizá mas tarde, con mayores datos y mejores estudios, se podrá subdividir el segundo periodo; pero, en la actualidad, cualquiera tentativa en este sentido sería prematura, por lo menos. Primer periodo.-Comprende el lapso de tiempo trascurrido desde el momento en que la causa o agente infeccioso, encontrando al organismo en estado de receptividad,es absorbido, hasta aquel en que traduce su presencia, por la primera manifestación o trastor- no sintomático. Por lo tanto, se comprende que este periodo pasará completamente desapercibido para el enfermo, que no experimentará durante él, alteración alguna apreciable. Su duración, me es muy difícil determinar, aun aproximativamente, en razón de la escasez o,mejor dicho, carencia de datos que existe al respecto. Me limitaré, pues, a decir, que en tres de los enfermos (Orihuela, Carrión y Barre- ra), cuyas historias hacen parte del presente trabajo, este periodo ha tenido una duración de tres a cuatro setenarios. Segundo periodo.-La invasión de la F iebre de la Oroya se anuncia, en ciertos casos, por fenómenos prodromicos, tales, por ejemplo, como los que presentó Carrión y que consisten, principal- mente, en malestar general, sensación de cansancio, descomposición de cuerpo. Estos síntomas precursores pueden durar algunos días, con mayor o menor intensidad, hasta que se manifiestan, brusca- mente, los que caracterizan la invasión propiamente dicha, o sea, el segundo subperiodo, en que podrá descomponerse el periodo que estudiamos si, como creo, la observación llega a demostrar la frecuencia de dichos pródromos. Con pródromos o sin ellos, la Fiebre de la Oroya, se inicia, violentamente, con uno o varios es- calofríos, mas menos intensos, seguidos de fiebre, dolores óseos, articulares y musculares, y mas tarde, anemia rápida y perniciosa. Para mayor claridad y precisión, nos ocuparemos, sucesivamente, de cada uno de esos síntomas. 180 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA fiebre.-Precedida,como acabamos de decirlo,por uno o varios escalofríos, se acompaña, ademas de los síntomas dolorosos y anemia que estudiaremos mas adelante, de todos aquellos fenómenos que son su cortejo obligado, donde quiera que se la considere: quebran- tamiento, cefalalgia, anorexia, náuseas, sed ardiente, etc. Por lo que respecta a la forma o tipo que reviste en la enfermedad que ve- nimos tratando, me parece, a juzgar por los tres casos que de ella he observado, que es muy irregular, pudiendo afectar,ya el tipo fran- camente intermitente (caso de Orihuela), ya el remitente (Carrión al principio, Barrera y el enfermo del Dr. Salazar, casi hasta el fin). Y esta observación adquiere mas valor y certeza, si recordamos la forma que afecta la fiebre, en la verruga ordinaria o eruptiva, donde, como se sabe, tampoco sigue nunca un tipo determinado y general. El grado máximo que ha alcanzado, según las historias ad- juntas, ha sido 39°8 (Obs. N°.2). Sin embargo, no sería extraño que fuese más elevado, sobre todo al principio, cosa que es muy posible haya sucedido ei Carrión, si nos fijamos en loque relata en su dia- rio de observación, cuya parte concerniente al 19 de Setiembre dice: "Se despertó e seguida una fiebre elevadísima, que me fue imposible marcar por medio del termómetro, por que no podía ni moverme en la cama"; no habiendo sucedido esto en la noche del 20, en que pudo tomarse la temperatura, que fue de 39°8, no obstante la persistencia y exacerbación de los otros síntomas. Las remisiones, cuando existen, oscilan e¡ tre un grado y srado y medio. La marcha de la fiebre, en los casos que estudiamos, ha presentado de notable la circunstancia de desaparecer por completo, descendiéndola tempe- ratura, hasta por debajo de la normal (Obs.Nos 1,2,y 3), al aproxi- marse la terminación fatal. Circunstancia es esta que no debemos olvidar, cuando tengamos ocasión de observar algún enfermo de Fiebre de la Oroya, a fin de comprobarla. La orina, durante la fiebre.es de color subido y bastante con- centrada. Desgraciadamente, no he podido hacer ningún análisis de ese líquido (cosa que conceptúo de mucha importancia, sobre todo hoy que los trabajos del eminente profesor Bouchard, sobre la eli- minación por la orina de diversas sustancias tóxicas de origen mi- crobiano, han abierto una nueva vía de investigación, acerca de la patogenia de las enfermedades infecciosas), tanto por la carencia de medios, como por mi incompetencia para el asunto, sobre todo. Es aquí el lugar de manifestar, sin embargo, que si no hicimos los condiscípulos de Carrión el análisis de su orina.durante el curso de su enfermedad, fue porque habiéndola entregado a manos com- petentes (Dr. Barranca), juzgamos completamente innecesario BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 181 cualquier examen que al respecto pudiéramos practicar. Pero, fa- talmente, este profesor no hizo el análisis o no ha querido partici- parnos el resultado de sus investigaciones. Hasta hoy, no ha con- testado sino con evasivas. Anemia.-Uno de los síntomas más notables y característicos de la Enfermedad de Carrión, en sus dos formas,y principalmente en la que estudiamos, síntoma que domina y resalta en primera li- nea en el cuadro mórbido, sobre todo en las épocas más avanzadas del mal, es la anemia. Pero la anemia en su forma más grave, ver- dadera carencia por destrucción de glóbulos rojos, anemia globular pura. Para daros una idea aproximada de la intensidad y perni- ciosidad sorpendentes de ese síntoma, me bastará recordaros lo que al respecto se observó en Carrión. El 3 de Octubre de 1885, 1 7 o día del periodo de invasión de su enfermedad, la sangre de nues- tro malogrado amigo, examinada al microscopio por el Dr. Flores, presentó los glóbulos rojos deformados e hinchados, llegando apenas su número a 1.080.003 por mm. c. y la cifra normal es, como se sabe, de 5 000,000 por mm c. según Vierordt. Por io demás, se puede casi seguir, por la inspección del hábito exterior del enfermo, los progresos de la anemia. Bastan, en efecto, pocos días para transformar por completo al individuo: sumamente pá idas y exangües la piel y mucosas; des- figurada la fisonomía en su conjunto; la mirada triste, los ojos hun- didos y rodeados de ojeras; la nariz afilada; los pómulos salientes; los pabellones auriculares casi transparentes; la voz débil; la mar- cha vacilante; los movimientos pesados, lentos; te dencia a la po- sición decúbito; postración. La respiración acelerada,el pulso blando, depresib e y frecuente; soplo intenso en la base de' corazón, primer tiempo, foco aórtico; soo'o que se continúa en los gruesos vasos del cuello; estremeci- m:eato catario, más o menos ace tuado, en el corazón y en los vasos arteriales voluminosos. A estas manifestaciones objetivas, se agre- gan las subjetivas: mareos de cabeza, desvanecimientos, vértigos, acompañados de náuseas, siempre que el enfermo mant ene la ca- beza en posición vertical, por algún tiempo, o cuando la toma brus- camente, estando en decúbito o agachado, por ejemplo, llegando es- te síntoma a tal grado, que, a fin de que el enfermo aproveche los alimentos no vomitándolos, se hace necesario administrárselos, con sumo cuidado, levantándole apenas la cabeza. Debilidad general; pérdida de fuerzas, en extremo rápida y cor siderable, al punto de sorprender a los enfermos, que, juzgando por el poco tiempo ¿e en fermedad, no creen encontrarse en ese estado (Obs. N°. 2); zumbido 182 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA intenso y por demás penoso en los oídos (soplo de las carótidas); sue- ño muy difícil de conciliar, agitado e interrumpido por pesadillas o ensueños, que le despiertan fatigado y profiriendo palabras incohe- rentes: tal es, a grandes rasgos, el conjunto de trastornos provoca- dos por la alteración que estudiamos. Por lo expuesto, se ve, que son los fenómenos de la anemia ce- rebral, los que más resaltan en el cuadro descrito, cosaque no debe extrañarnos,si tenemos en cuenta el principio de Fisiología gene- ral, de que el órgano de protoplasma más delicado, es decir, más irritable, es, también, el que primero y más vivamente reacciona o sufre la acción del agente que viene a modificar, cualitativa o cuan- titativamente, el medio interior del organismo a que pertenece. Dolores articulares.- Comienzan, generalmente, como en la ve- rruga ordinaria, por una de las articulaciones de los miembros, sien- do al principio poco intensos, para atacar, en seguida, rápida y progresivamente otras, exacerbándose luego. Esas articulaciones ofrecen, al mismo tiempo, un ligero infarto, sobre todo cuando los músculos adyacentes son también dolorosos. Estos dolores se conti- núan, además, a lo largo de los huesos que forman la o las articula- ciones atacadas. Dolores musculares.- Aparecen, simultáneamente, con los an- teriores, ya expontáneos, aumentados por la presión y el ejercicio, ya concentrados en un solo músculo o extendidos a un grupo mus- cular completo. Se observa, además, en esos órganos, calambres repetidos y fatiga rápida, por el menor trabajo. Estas manifestaciones dolorosas disminuyen primero, para desaparecer en seguida, hacia la terminación de la enfermedad. Sin embargo, la presencia de los síntomas que nos ocupan, no es ab- soluta en la Fiebre de la Oroya, como no lo es tampoco en la verru- ga ordinaria o eruptiva, donde se ha observado casos con falta com- pleta de dolores, o con dolores muy limitados. Como se vé, hay una similitud completa entre estos síntomas y los que se observan en el periodo análogo de la otra forma de la Enfermedad de Carrión, o sea, periodo de invasión propiamente di- cho de Carrión. Tanto en una como en otra, se presentan dichos síntomas dolorosos con los mismos caracteres, desapareciendo en épocas determinadas (en la verruga eruptiva principalmente), que guardan relación con la marcha de los demás síntomas. En efecto, sabéis perfectamente que en la verruga ordinaria, las manifestacio- nes dolorosas se observan de preferencia con su máximum de inten- sidad y generalización, durante el periodo de invasión, acompañan- do a la fiebre y anemia. Que, asimismo, comienzan a decrecer, a BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 183 medida que la eiupción se verifica. Ahora bien, en tres de las ob- servaciones que adjunto, esos dolores no han existido, sino al prin- cipio del periodo de invasión, habiendo desaparecido poco después y por completo. En la N°. 4, no se expresa si persistieron o no has- ta el fin. Además de los síntomas que dejo apuntados, hay otros bastan- te importantes y que parecen acusar cierta predilección de parte del veneno verrucógeno por determinados órganos. Me refiero al infar- to,dolor hepático e ictericia,concomitantes,que han presentado los enfermos cuyas historias nos sirven de estudio y que persistieron, con pocas variantes, hasta el fin de la enfermedad. Si al lado de estos síntomas, que por su constancia en los casos aludidos,debe asignár- seles un gran valor, colocamos las manifestaciones dolorosas del sistema óseo, la atrofia y reblandecimiento del bazo (obs. 2, 3 y 4.-autopsia), el aumento de volúmen del hígado (obs. 2, 3.-autop- sia; en la N°. 4 no se dice nada al respecto), y el infarto de los gan- glios mesentéricos (obs. 2 y 4) y tratamos de darles una explicación satisfactoria, veremos, que nos basta para ello recordar, tan solo, los ditos fisiológicos y anatómicos que poseemos al respecto y que al mismo tiempo vienen a justificar la concepción que pro- pusimos, en nuestra defit ición, acerca de la "Fiebre de la Oroya''. En efecto, la fisiología nos enseña que la formación de los gló- bulos sanguíneos o hemopoyésis, está bajo la inmediata dependen- cia de ciertos órganos, llamados por esta circunstancia hemopoyé- ticos, y que esos órganos son; Io. las glándulas vasculares sanguí- neos (bazo, médula ósea, glándulas linfáticas,etc.); y 2o. el hígado, Por otra parte,la anatomía nos manifiesta, también, que a esa igual- dad en los resultados de la actividad vital de dichas glándulas vas- culares sanguíneas, corresponde, asimismo, una igualdad en la es- tructura anatómica de ellas, a tal punto, que forman una serie no interrumpida, cuyo grado más simple es la infiltración linfoide difu- sa y cuyo grado más complejo es el bazo. Tenemos, pues, que existe entre los elementos celulares del tejido que se llama sangre y los órganos que acabamos de indicar, una relación de lo más íntima, de lo mas solidaria, y que nos autoriza a sostener,con fundamento, que todo aquello que ataque, más o menos profundamente, a los primeros, conmoverá, más o menos violentamente, a los segundos. Ahora bien, teniendo en cuenta estas consideraciones ¿no sería admisible suponer,que los síntomas, sobre los que he llamado últi- mamente la atención (trastornos hepáticos, espíemeos, dolores óseos etc.) son debidos a la acción del venero verrucógeno sobre la sangre y los órganos hemopoyéticos (hígado, bazo, médula ósea, etc.)? 184 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA ¿No es una confirmación de nuestra opinión, Inexistencia constante de trastornos, más o menos acentuados, del lado del bazo y de los ganglios linfáticos, en los individuos atacados de verruga eruptiva y que han dado lugar a que se la diagnostique por algunos maestros; leucocitemia espleno-ganglionar? Marcha.-La marcha de la "Fiebre de la Oroya", es suma- mente rápida y fatal, no obstante el tratamiento. Tal sucedió, al menos, en nuestro malogrado compañero Carrión, que sucumbió, como sabéis, al 19° día del periodo de invasión de la enfermedad. Anatomía patológica.-Las lesiones mas constantes, observadas en las historias que tenemos a la vista, son las siguientes: Decolora- ción completa y aspecto terroso del tegumento externo; anemia ge- neral de tegidos y órganos; hígado, aumentado de volumen; bazo, atrofiado y reblandecido; ganglios linfáticos, infartados (obs. 2 y 4); sangre formada por serúm.con granulaciones o partículas de un rojo oscuro en suspe sión.Como se ve (au que el número de observacio- nes es tan diminuto), son las lesiones de la sangre y de los órganos hemopoyéticosjas que primero sal an a la vista, probando de esta manera, hasta cierto punto, la verdad de nuestra concepción teóri- ca sobre la "Enfermedad de Carrión". Para terminar con este pun- to, diremos,que es pues en el tejido y órganos mencionados y valién- dose del microscopio, que se llegará a dilucidar, estoy seguro, la ana- tomía patológica y patogenia de dicha morbósis en sus dos formas. (1) Obs. N°. 1.-En los primeros días de abril de 1885, el estudiante de medicina Sr. Abel Orihuela (de constitución fuerte, temperamento linfático y sin antecedente morboso alguno), se dirigió, antes de comenzar los trabajos del nuevo año escolar y por vía de recreo,al pueblo de Surco (situado entre San Bartolomé y Matucana- camino de Lima a la Sierra).-En diebo lugar existía, como existe hoy mismo, la verruga.-Tres semanas, poco más o menos, llevaba de tranquila permanencia en aquel punto, cuando fué acometido de una fuerte fiebre intermitente diaria, prece- dida de violento escalofrío y acompañada de quebrantamiento, dolores articulares y cefalálgia. El acceso de intermitente tenía lugar durante el día (doce a dos de la tarde) y se prolongaba hasta las primeras horas del siguiente. Creyendo que se trataba de alguna manifestación palúdica, tomó fuertes dosis de sulfato de quinina que no produjeron resultado alguno favorable. No obstante encontrarse en ese estado, permaneció aún veinte días más, próximamente, en el citado pueblo de Surco.-Al cabo de ese tiempo, notando que la fiebre no decli- naba, que sus fuerzas habían disminuido, hasta el punto de hacer vacilante su mar- cha, regresó a Lima, donde tuvimos ocasión de asistirle (como compañero y amigo que era), hasta el día de su fallecimiento. Orihuela estaba desfigurado, a tal punto, que difícilmente podía reconocérsele a su vuelta de Surco: tal era el cambio tan completo que se había operado en todo su ser.-Su piel y mucosas completamente pálidas y exangües, tenían el color de la (1).-Se nos ha informado por algunos profesores, que han observado numero- sos casos de "Fiebre de la Oroya", que la diarrea es muy frecuente en esta enfer- medad,y uno de ellos el Dr. J. M. Romero, nos dice: que habiéndose practicado una autopsia en uno de dichos enfermos, se encontraron tumefactos los folículos del in- testino delgado, y las placas de Peyer. Este dato es, como se ve, un argumento más en favor de nuestra hipótesis, BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 185 cera-su fisonomía con los pómulos salientes, los ojos excavados y rodeados de un círculo oscuro, la nariz afilada, los pabellones auriculares casi trasparentes y la mi- rada triste y sin brillo, le daban el aspecto de aquellos individuos enfermos desde largo tiempo.-Y si a esto se agrega el aspecto árido y seco de su tegumento exter- no, la opacidad de su voz y la dificultad de la estación de pié y por consiguiente de la marcha (por vértigos que le sobrevenían), se verá que no ha sido exagerado de- cir, que era casi imposible reconocer, en ese organismo profundamente destruido, al joven vigoroso de un mes atrás. Interrogado por nosotros acerca de lo que sentía, con testó,después de referirnos el principio de su enfermedad, tal como lo dejamos apuntado, que desde algunos días experimentaba vértigos seguidos de náuseas, cuando tenía la cabeza en la posición vertical y sobre todo cuando del decúbito pasaba velozmente a la posición vertical (sentado o parado); que sentía un soplo suave y continuo en sus oídos, lo que le atormentaba demasiado; que tenía anorexia y constipación (razón por la cual había tomado ese día un purgante de citrato de magnesia), y finalmente, que ya no eran tan intensos los dolores articulares del principio de su enfermedad, pero que, en cambio, sufría de una sensación de tensión en el hipocondrio derecho. En esos momentos (2 h.p.m.) estaba apirético (37°2),el pulso era medianamente amplio, blando y frecuente; había un soplo muy intenso en la base del corazón y en el primer tiempo, y un ruido de trompo en los gruesos vasos arteriales del cuello, que ofrecían además, a la palpación, estremecimiento catario bastante manifiesto. La respiración era acelerada. El hígado un tanto doloroso a la presión, desbordaba el reborde délas falsas costillas. El bazo no acusaba modificación alguna. La orina presentaba los caracteres de una orina febril. Hasta ese mismo instante se habían verificado tres cámaras, a consecuencia de la acción del purgante de que hemos hablado antes. A las 5 de la tarde,poco más o menos, comenzó a quejarse de malestar, que fué seguido poco después de un violento escalofrío y de fiebre, que se prolongó hasta la madrugada del día siguiente. (La temperatura fué: 39°2 a las 6 p.m. y 37°5 a las 7 a.m.). Durante el trascurso de aquella noche, su sueño fué sumamente agitado e interrumpido por pesadillas frecuentes,que le hacían despertar fatigado y profirien - do palabras incoherentes. Al aproximarse la mañana, comenzó a recuperar alguna tranquilidad, aunque quedando más postrado que en días anteriores. Justamente alarmado con el cuadro sintomático que observaba en mi ami- go y que me traía a la memoria el de la anemia perniciosa (hasta entonces no había tenido ocasión de ver un solo caso de Fiebre de la Oroya), puse en conocimiento de mi maestro de práctica, el Dr. Villar, el conjunto de síntomas que dejo apuntado. No siéndole posible al expresado profesor observar ese día al enfermo, me reco- mendó,por el momento, le propinara sulfato de quinina, a dósis masivas, asociado a un régimen tónico y reconstituyente. En la tarde de ese día, así como en la del siguiente, se inició y desarrolló,nueva- mente, el cuadro morboso del día anterior, probando de esta manera la inefi- cacia del tratamiento empleado. Muy al contrario, la intensidad y gravedad de los síntomas se hicieron más notables, a tal punto, que a nuestro enfermo le era ya casi imposible levantar siquiera la cabeza de la almohada, sin que inmediatamente le sobrevinieran vértigos, seguidos de vómitos. Fué entonces que se hizo necesario, a fin de que no expulsara los alimentos, administrárselos en el decúbito. La piel y mucosas se colorearon con un lijero tinte sub-ictérico, que persistió hasta el fin; reapareció, al mismo tiempo, la constipación intestinal del principio. El soplo car- diaco, adquiría cada vez mayor intensidad; el pulso se hacía más blando, depresi- ble y frecuente, y la respiración continuaba siempre acelerada. La anorexia era extrema; la sola vista de los alimentos le provocaba náuseas. En fin, se manifestó, por primera vez, sobresalto de tendones. Examinado al siguiente día (4o. de su regreso), por el Dr. Villar, formuló este experimentado clínico, después de minuciosa investigación, el diagnóstico de"Fie- bre de la Oroya", de pronóstico fatal. El tratamiento a que se le sometió fué el siguiente: inhalaciones de oxígeno (30 a 60 litros por día); inyecciones hipodérmicas de citrato de hierro (5 a 10 centi- gramos); limonada rusa (I) (una copita cada dos horas,) alternando con una poción de quina o con una tisana, agua vinosa o gaseosa o con cognac, según la tolerancia. Como alimento, caldos, jugo de carne, vino de peptona, etc. (I) Clorato de potasa 4 grm. Tint. perclor. hierro 8 grm. Agua 500 grm. Acido clorhídrico 10 a 15 gotas. 186 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA No obstonte esta enérgica terapéutica, L enfermedad, aparte del descenso de 1 a temperatura que se mantuvo hasta el fin (36°5 a 37°),no declinó un solo instante, avanzando rápidamente hacia una terminación desgraciada. En efecto, en la tarde del día posterior al de la iniciación del tratamiento enunciado, aparecieron los sín- tomas siguientes: embarazo de la palabra, sub-delirio y carfología. reemplazados, poco después, por delirio completo, crocidismo y coma, que se prolongaron hasta las 7 h. a. m. del siguiente día (21 de Mayo) en que sucumbió nuestro malogrado condiscípulo, en medio de una violenta agitación. No se hizo la autopsia. Antes de terminar, haré presente una circunstancia importante, que,posterior- mente, vino a confirmar el diagnóstico de nuestro maestro,en el caso que acabo de referiros. La familia que hospedó a Orihucla en el pueblo de Surco, relacionada suya, hacía también muy poco tiempo que se había trasladado a ese lugar y contaba en- tre sus miembros dos niños, de 7 a 8 años uno y de 8 a 9 otro. El 1 ". enfermó poco después que nuestro amigo, presentando, según nos refirió el padre, los mismos síntomas graves, la misma marcha y perniciosidad de la enfermedad que victimó a Orihuela, sucumbiendo, asimismo, algunos días más tarde que éste. El segundo, después de sufrir por un tiempo más o menos largo, fiebre irregular y de aparien- cia poco grave,dolores articulares y musculares,etc., todos los síntomas de la enfer- medad de Carrión, de forma benigna, presentó una erupción franca de verruga, po- co después de la muerte de su hermano. Obs. N". 3.-El Dr. Valentín Barrera y Bustos (de temperamento linfático, constitución regular y sin antecedente morboso notable), fué nombrado Médico titular de la provincia de Huarochirí y se trasladó a Matucana, en cumplimiento de su deber, a principios de Febrero de 1886. Pero, antes de su partida había sido atacado de fiebre intermitente terciana, que desapareció fácilmente con el uso del sulfato de quinina. Durante los primeros días de su permanencia en el citado punto, donde existía, como existe hoy mismo, la verruga, sufrió algunos escalofríos, seguidos de fiebre lijera, que después desa- parecieron expontáneamente. Se hallaba muy bien, cuando en la primera semana de Marzo fué sorprendido por una fiebre de tipo remitente, acompañada de quebrantamiento, dolores muscu- lares y articulares de mediana intensidad y considerable pérdida de fuerzas. Esta circunstancia, unida a la falta de recursos de todo género en el lugar de su residencia, le obligaron a regresar precipitadamente a esta capital el 6 de dicho mes, desde cuya fecha tuve ocasión de observarlo, muy de cerca, hasta su fatal terminación. El cuadro de síntomas que ofrecía el Dr. Bustos era el siguiente: anemia gene- ral muy pronunciada (palidez extrema de la piel y mucosas): lijero tinte ictérico de las escleróticas y tegumento externo; lengua saburrosa; anoréxia; pulso blando y fre- cuente; soplo bastante notable en la base del corazón y en el primer tiempo; respi- ración acelerada; fiebre de tipo remitente (38° en la mañana, 38° 5 a 39° en la noche, según referencia del enfermo, que desde el principio se había observado con un buen termómetro): infarto del hígado, que desbordaba uno o dos traveses de dedo, el reborde de las falsas costillas, y lijero dolor a la presión del mismo; bazo normal, a juzgar por la palpación y percusión; constipación intestinal, y, finalmente, ori- na febril. Durante los tres o cuatro primeros días de su regreso, tomó (por consejo de un compañero suyo,que, como él mismo, creyó que se trataba de un simple envenena- miento palúdico), fuertes dosis de sulfato de quinina,que no modificaron absoluta- mente ninguno de los síntomas que acabamos de indicar. Fué entonces que reclamó los servicios del ilustrado Dr. Moloche, que le asis- tió hasta el fin. Este facultativo, teniendo en consideración la resistencia de la fiebre al antiperiódico,la saburra de la lengua, el dolor e infarto hepático y la lijera ictericia que ofrecía el enfermo, juzgó que se trataba de una fiebre remitente gás- trico-biliosa y le administró, en consecuencia, un purgante de calomel, ruibarbo y es- camonea. seguido al otro día de nuevas dosis de sulfato de quinina. No estuvo solo el Dr. Moloche en esta opinión,acerca de la enfermedad de Ba- rrera. El Dr. Huapalla (Genaro),que al propio tiempo le asistía, participó también de la misma creencia. El purgante,que dejamos apuntado,produjo algunas cámaras, e hizo desapare- cer,en parte.la saburra de la lengua, modificando apenas el dolor e infarto del hígado. Pero si bajo este punto de vista produjo algún buen resultado, no sucedió lo mis- mo sobre el estado general del paciente. En efecto, la primera deposición producida por el drástico fué acompañada de un fuerte vértigo, que hizo caer al enfermo del vaso en que se hallaba sentado. Desde ese momento comenzó a hacerse penosa para biblioteca centenario de medicina peruana 187 él. la posición vertical y sostenida de la cabeza, pues a los pocos instantes que permanecía en ella, sobrevenían lijeros vértigos seguidos de náuseas. Como a pesar del tratamiento empleado, no se obtuviera mejoría alguna, se hizo necesario reunir una junta, que fue formada por los facultativos menciona- dos y mi respetble maestro el Dr. Villar. El diagnóstico a que se arribó.después de detenida discusión, fué el siguiente: fiebre remitente palúdica. Se administró, en consecuencia, al enfermo, nuevas can- tidades de preparados de quinina, asociados a un régimen tónico y reparador. Después de dos días de seguida esta medicación, el estado del enfermo, lejos de modificarse, continuó haciéndose cada vez más alarmante. Se hizo, pues, necesario, reunir por segunda vez una junta, que fué formada, como la primera y como las que se hicieron más tarde, por los doctores Moloche y Huapaya, en su carácter de encargados de la asistencia inmediata de Barrera y además, de un nuevo compro- fesor que, difiriendo de la opinión formulada en la anterior consulta y defendida aun por los facultativos que he nombrado, manifestó que su diagnóstico era el siguiente: hepatitis circunscrita anómala. Como consecuencia de esto, el tra- tamiento fué modificado, quedando prescrito de esta manera: Poción de quina, canela, etc., y ioduro de potasio al interior: vejigatario sobre la región hepática. No seguiré, detalladamente,las peripecias que sufrieren el diagnóstico y el tra- tamiento de la enfermedad que llevó a la tumba a nuestro malogrado amigo, hasta que se formuló el de fiebre de la Oroya (dos últimas juntas),qué fué confirmado, como lo veremos mas tarde, por la marcha de los síntomas y por la autopsia. Básteme decir,que la divergencia de opiniones se debió,sin duda,al predominio, hasta cierto punto relativo, de los trastornes hepáticos, que hacían que la atención y juicio de los médicos se dirijiera.de preferencia, hácia la idea de una lesión del hí- gado; de allí los diagnósticos de hepatitis circunscrita, anómala, de hepatitis difusa, etc., sostenidos por algunos de ellos. Como ya he dicho antes, los síntomas, no obstante los diversos tratamientos empleados, continuaron su marcha progresiva, destruyendo rápidamente las fuer- zas de que aún disponía el enfermo. En efecto, la fiebre continuaba con su tipo remitente más o menos regular; la anemia era cada vez más intensa, llegando has- ta el punto de obligar al enfermo a permanecer forzosamente en el decúbito dorsal y provocándole un insomnio de lo más penoso (anemia cerebral); el soplo de la base del corazón se prolongaba hasta los gruesos vasos del cuello, habiendo adquirido los caracteres del que se designa por los autores con el nombre de ruido de trompo; se notaba, además, a la palpación de dichos vasos, estremecimento catario. El pul- so era cada vez más blando y depresible,conservándose siempre frecuente, así como la respiración. Pocos días antes de su fallecimiento, se observó en la piel de la frente, hacia su parte media y en la del vientre a inmediaciones del ombligo, un punto rojo promi- nente, en todo semejante a los que presentó Carrión en la cara, y cuya analogía con los tumores verrucosos, en los primeros días de su aparición, no ofrecía la me- nor duda. Desde ese momento, el diagnóstico de Fiebre de la Oroya, puesto en evidencia por la naturaleza del exantema, si se me permite la frase, fué completa- mente aceptado por todos los facultativos, que, posteriormente,examinaron al pa- ciente. En consecuencia, se desechó del tratamiento todo aquello que no fue- ra tónico o reconstituyente y se instituyó lasiguiente medicación: Inhalaciones dia- rias de 30 litros de oxígeno; poción de quina, canela, &., vino, extracto de carne; un baño clorhídrico a 39° centígrados. Finalmente.se resolvió la transfusión sanguí- nea, que.desgraciadamente.no tuvo lugar por diversas circunstancias que no es del caso enumerar. No obstante estos últimos esfuerzos, el infortunado Barrera sucumbió en la mañana del 16 de Abril, habiendo sido precedida la muerte de un descenso de la temperatura (36° 5 a 37°, desde dos días antes), sobresalto de tendones, carpología y coma. Autopsia.- (1) No fué posible examinar sino los órganos de las cavidades to- ráxica y abdominal, habiéndose encontrado en ellas las siguientes lesiones: anemia general de los tejidos y visceras; el bazo disminuido de volumen y reblandecido; el hígado, que fué objeto de una investigación más prolija, ofrecía, aparte de la ane- mia que hemos indicado y de un aumento de volumen algo considerable, un quiste sobre la cara convexa del lóbulo derecho y hacia su borde posterior,del tamaño de (1) Fué practicada por los Drs. Moloche y Huapaya y los estudiantes de me- dicina E. Solari, y el que habla. 188 BIBLIOTECA CENTENARIO DEMEDIC1NA PERUANA un huevo de paloma,poco más o menos,perfectamente limitado,recubierto en su par- te superior o libre por la cápsula de Glisson '.y rodeado, en el reato de su superficie, por el tejido hepático,que no ofreció,al menos a la simple vista, señal alguna de in- flamación reciente o de cirrosis. El contenido del tumor era de aspecto caseoso y teñido por la bilis (fué separado, para estudiarlo al microscopio; pero desgraciada- mente se extravió antes de que se hubiera hecho el examen respectivo). La mem- brana quística era sumamente gruesa y de consistencia casi cartilaginosa.-Como se ve, nada hay éntrelas alteraciones expuestas, que pueda hacer suponer.siquier a, que la enfermedad que victimó a Barrera fuese debida a la presencia del quiste, que por los caracteres que acabo de indicar, debió ser de data bastante atrasada. Queda sí explicado por él, el predominio relativo de los síntomas hepáticos durante la vida: ictericia, dolor, etc., a que hicimos referencia en otro lugar. Para terminar diremos: que la sangre.de un rojo pálido,contenía en suspensión partículas rojo-oscuras. (1) Obs. N». 4.-Hospital de San Bartolomé.-Servicio del Dr. Salazar.- Un caso de Fiebre de la Oroya o de Verruga. (Historia recogida por el alumno Enrique Mestanza). El 3 de Noviembre próximo pasado, ocupó la cama N°. 14 de este servicio, el enfermo J. M. L. natural de Tarma, de 25 años,de constitución mediana, tempera- mento linfático y de profesión labrador. Antecedentes.-Ha gozado siempre de buena salud y no tiene herencia mor- bosa de ninguna clase, pues sus padres han sido también muy sanos. Refiere que a principios del mes de octubre, encontrándose de tránsito en Cocachacra, fué aco- metido de fiebres que lo obligaron a quedarse en ese pueblo durante algunos días. Sintiéndose mejor, continuó su viaje a esta capital, y tres días después de su lle- gada, fué enrolado en uno de los cuerpos del ejército: pero como continuase enfer- mo, vino al Hospital el 2 7 del mismo mes, asistiéndose en otro servicio per tres o cuatro días. De allí fué sacado para seguir a su batallón que se dirigía a los depar- tamentos de! interior, teniendo que regresarse del pueblo de San Mateo, porque la fiebre no lo abandonaba y ocupó con este motivo, la cama mencionada en el ser- vicio del Dr. Salazar. Día 4 de Noviembre.-El enfermo presentaba el siguiente cuadro sintomato- lógico: Palidez notable, piel ardiente, temperatura axilar de 39°2; pulso regular, pero frecuente: 126 por minuto; lengua ligeramente húmeda y saburrosa. El exa- men físico de sus visceras no ofrecía nada notable, a excepción de un ruido de soplo anémico, bastante marcado en la región precordial. Se quejaba de cefalalgia y dolor en el epigastrio. Tratamiento.- 1 gramo 20 centigramos de polvos de ipecacuana,para tomar inmediatamente, y 60 centigramos de sulfato de quinina en la noche. En ésta, la temperatura fué de 38°9 y el pulso de 124. Día 5.-En la mañana. Temperatura 39°, pulso 124. El mismo estado que el día anterior. Trata inte tito: sulfovinato de quinina l gramo y agua destilada 80 gotas, para inyección hipodérmica. Sulfato de quinina 30 centigramos, mañana y noche. En la tarde: Temperatura 38°1, pulso 120. Día 8.-Continúa febril. En la mañana: Temperatura 39°, pulso 120. Tiene al- gún aoetito y se queja de sudores fríos abundantes, limitados a la cara. En vista de los síntomas observados y de la marcha de la enfermedad, dados los antecedentes referidos por el enfermo, se diagnostica la pirexia conocida con los nombres de fiebre da la Oroya o fiebre de Verrugas, quedando sometido al si- guiente tratamiento: Acido fénico 0.50 gramos Agua destilada 120 ,, Jarabe c.s Una cucharada cada 2 horas. En la tarde, la temperatura fué 38°8 y el pulso 120. Este día tomó por alimen- to caldos y leche. Día 7,-El mismo estado.En la mañana: Temperatura 38°2; pulso 106; respi- ración frecuente, 32 veces por minuto; la palidez se acentúa más; las mucosas se presentan sumamente descoloridas, casi blancas, sobre todo la palpebral y labial; (1) No es de extrañar los pocos datos suministrados por la autopsia, si se tiene en cuenta, lo difícil que es , en la práctica civil, llevarla a cabo. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUAN^ 189 el sudor localizado es abundante y ííío; se queja de pesadez en la cabeza y ten- dencia al sueño: éste es intranquilo, con halucinacion.es; no puede sentarse, porque se siente acometido de vértigos; la epigastralgia continúa propagándose hacia el hipocondrio izquierdo; se queja también de dolores en las extremidades de les de- dos de la mano; el soplo anémico es más pronunciado y se extiende hacia les vasos; la tendencia al vómito es constante. Tratamiento; Inyecciones intravenosas de un gramo de ácido fénico, diselto en 80 gotas de agua destilada. De esta solución, se le inyectaron las dos terceras partes en las venas medianas cefálicas. Se le pres- cribió la siguiente bebida: Infusión de serpentaria 120 gramos Tintura de quina Id. de valeriana aa 4 ,, Id. de almizcle Mistura alcanforada 15 ,, Para tomar una cucharada cada dos horas. Leche por alimento. En la tarde: Temperatura 37u9; pulso 100. En la noche, que fue muy intranquila, hizo tres deposiciones. Día 8.-En la mañana: Temperatura 37 '9; pulso 106. A pesar de su estado de somnolencia,está muy inquieto; la disnea es marcada; 36 respiraciones por minuto; tendencia al vómito,que apenas puede dominar. Tratamiento: inyección intrave- nosa de ácido fénico, en la misma dosis que el día anterior y escogiéndose esta vez las venas safenas internas. Polvos de paulinia 2 gramos y sub-nitrato de bismuto un gramo, tres veces. La misma alimentación. En la tarde: Temperatura 37°9. pulso 96. Durante el día y en la noche, ha habido cuatro cámaras. Día 9.-En la mañana: Temperatura 37°4; pulso 100; respiraciones 46. Conti- núa el estado de intranquilidad; ha vomitado, una vez, materias de color amarillo verdoso; persiste el soplo anémico, que se hace cada vez más pronunciado y conti- núan los sudores localizados. Tratamiento: Poción de Riviére. En la tarde: Tem- peratura 37° 1; pulso 96. Comienza a presentarse el estado semi-comatoso,cubrién- dose la boca de una saliva espumosa; y continuando ese estado, sucumbre el enfermo a la una de la mañana. Necropsia.-Hígado lijeramente congestionado y aumentado de volumen; pulmones exangües,abundancia de líquido en el pericardio; los ganglios mesentéri- cos ligeramente infartados. Lo más notable de lo observado es la atrofia del bazo, cuyo peso solo alcanza a 120 gramos. iNo podría referirse a esta atrojia, la anemia profunda y caracterísiica, que se presenta en esta enfermedad? (1) Patogenia.-¿Cuál es ia naturaleza de la causa generadora de la fiebre de la Oroya? ¿Cómo obra dicha causa para provocarla? ¿En qué grupo nosológico se deb ? colocar la Enfermedad de Carrión? He aquí, señores, t e~ puntos sumamente importantes y al mismo tiempo sumamente difíciles de resolver, con los escasos datos que poseemos al respecto. Ensayaremos,sin embargo,aunque faltos de autoridad,emitir nuestra humilde opinión sobre el asunto, precedi- da de una corta digresión que conceptúo oportuna y necesaria y a la que espero concedáis benévola acogida. Creo, señores, que no es posible formarse conciencia exacta acerca de la naturaleza de una enfermedad,si antes no se la tiene ad- quirida respecto de la manera corno debe comprenderse la vida y como consecuencia la enfermedad, consideradas desde un punto de vista general. Permitidme, pues, hacer mi declaración de doctri- na, antes de pasar adelante. (I) "Monitor Médico de Lima, 1686. 190 BILBIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Debo,desde luego,advertiros,que no entra en mi ánimo presen- taros en estos momentos un estudio detallado y crítico (ajeno por otra parte a la índole del presente trabajo),de las diversas y mas o menos fundadas teorías, que acerca de la esencia íntima de la vida, tienen curso en la ciencia. Voy tan solo a exponeros la que yo pro- feso, reservándome para una próxima sesión,si me concedéis nueva- mente el honor de dirijiros la palabra, tratar por segunda vez tan importante punto, con toda la extensión que me sea posible.-- Entro en materia. Veamos, decía el eminente Prof. Claudio Bernard, en su 9a. lección sobre los fenómenos de la vida, comunes a los animales y vegetales, al hacer un resúmen del curso, veamos, ahora, que con- cepción debemos tener de la vida. "Hemos establecido, desde el pri- mer paso, que era ilusorio tratar de definir la vida, es decir, pretender penetrar su esencia.de la misma manera que lo es, tratar de apreciar la de un fenómeno cualquiera,sea físico o químico. Las diversas ten- tativas que se han hecho en la historia de la ciencia con ese obje- to, han concluido, como sabemos, por considerarla, ya como un principio particular, ya como una resultante de las fuerzas generales de la naturaleza, es decir, que han llegado a una de las dos concep- ciones: vitalista o materialista-L^na y otra están mal fundadas. La primera, la doctrina vitalista, porque, así como lo hemos demostra- do, el pretendido principio vital no sería capaz de ejecutar nada y consecuentemente de explicar nada por sí mismo y al contrario, necesitaría o se prestaría, el ministerio de los agentes generales físi- cos y químicos. La doctrina materialista, es completamente inexac- ta, porque los agentes generales de la naturaleza física capaces de hacer aparecer los fenómenos vitales aisladamente, no explican la disposición ordenada, el consensus y el encadenamiento de los mis- mos». «Colocándose, pues, bajo el punto de vista del juego especial de los organismos,se podría decir,quizas,que las propiedades vitales son,a la vez,resultante y principio. En efecto, las facultades vitales superiores, la irritabilidad, la sensibilidad, la inteligencia, podrían ser consideradas como los resultados físico-químicos de la nutrición; pero sería necesario admitir, también,que estas facultades se vuel- ven,a su vez,las formas o los principios de dirección y de manifesta- ción de todos los fenómenos del organismo.de cualquiera naturale- za que sean*. «Sin embargo, considerando la cuestión de una manera absolu- ta, se debe decir,que la vida no es ni un principio ni una resultante. No es un principio, porque este principio, en alguna manera dormi- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 191 do o expectante, sería incapaz Je obrar por sí mismo. La vida no es tampoco una resultante, porque las condiciones físico-químicas que presiden a su manifestación, no sabrían imprimirle ninguna dirección, ninguna forma determinada^. «Ninguno de esos dos factores, pues, ni el principio que dirige los fenómenos, ni el conjunto de las condiciones materiales de ma- nifestación, puede, aisladamente, explicar la vida. Su reunión es necesaria. Por consiguiente, para nosotros, la vida es un conflicto. Sus manifestaciones resultan de una relación estrecha y armónica,en- tre las condiciones y la constitución del organismo. Tales son, los dos factores que se encuentran en presencia y, por decirlo así, en cola- boración en cada acto vital. Esos dos factores, en otros téiminos, son: Io. Las condiciones físico-químicas determinadas, exteriores, que gobiernan la aparición de los fenómenos; 2o.-Las condiciones orgánicas o leyes pre-establccidas, que re- gulan la sucesión, el concierto, la armonía, de esos fenómenos. Estas condiciones orgánicas o morfológicas, derivan, por atavismo, de seres anteriores y forman como la herencia que han trasmitido al mundo vivo actual" (1). He ahí, señores, expuesta con la mayor claridad y precisión po- sibles, la más científica y exacta concepción de los fenómenos que constituyen la vida. Científica, porque esta fundada en la observa- ción metódica e inteligente de los hechos; exacta.porque procedien- do sin ideas preconcebidas, se ha dado a eses hechos su verdadera interpretación e importancia, formando así una teoría, en la que to- do se explica sin esfuerzo. Se ha deslindado,además, perfectamente, el papel que respectivamente desempeñan en las manifestaciones de la vida, aquello que podemos llamar fuerza o principio vital y los agentes que rigen la naturaleza física. Papel que, como lo acabáis de ver, está limitado a cierta y determinada influencia, incapaz por sí sola de constituir la vida. Aceptamos,pues, en resúmen, siguiéndola opinión del Prof. Bernard, la intervención,en los fenómenos de la vi- da, de una fuerza o principio vital y de las fuerzas físico-químicas; pero, no se olvide, sin exagerar su importancia o esfera de acción; la primera,como una especie de fuerza legislativa y las segundas,como ejecutivas. «Para resumir nuestro pensamiento, decía aquel ilus- tre fisiólogo, podríamos decir, metafóricamente, la fuerza vital, di- rige fenómenos que no produce; los agentes físicos, producen Jcnó- menos que no dirigen '. (2) (1) Claude Bernard-Phénomenes de la vie. 1885. Tome premier, pags. 343-45 (2) Loe. cit., pag. 51 192 BIBíCLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Tal es, señores, en pocas palabras, la doctrina que me sirve de guía, no solo para ia apreciación de ¡os fenómenos de la vida en la gigantezca escala de ios seres organizados, sino también, a la cabecera del enfermo, donde, más que en ninguna otra parte, nece- sita el médico de algo que, adquirido y discutido por él,previamen- te, pueda orientarlo y explicarle la naturaleza de los innumerables trastornos que se ofrecen a su investigación y que llamamos enfer- medad. Porque, señores, como lo dice muy bien el Prof. Grasset de Montpellier, "la idea que debe hacerse de la enfermedad, depende, rigurosamente,de la idea que se haga de la vida'' "No se debe, con- tinúa ese maestro, considerar la enfermedad como un ser aparte, ex- traño al organismo, que viene a apoderarse del individuo vivo, im- poniéndole entonces y mientras dura su reinado, leyesnuevas y ente- ramente distintas de las leyes fisiológicas normales. Es esto, un error grosero. La enfermedad es, como la salud, una manera de ser de la vida. Es una manera de ser anormal, sin duda, pero que está sometida, sin embargo, a las mismas leyes fundamentales que la vi- da misma. Como lo dice Jaumes, es falso avanzar que la enferme- dad es lo contrario de la salud. "Enfermedad, salud, son igualmen- te vida, la muerte, sólo, es lo contrario de la vida'' (1). Ved, ahora, porque, extendiéndome más de lo que yo debiera, me he atrevido a abusar de vuestra benévola atención,manifestán- doos mi humilde manera de pensar acerca de ¡a vida. Ocupemosnos pues ya de manifestar, también, como concebi- mos la enfermedad. Desde luego, no militando en la escuela materia- lista, no podemos aceptar la explicación que sobre el particular y consecuentes con sus principios, deben y tienen que dar los parti- darios de la doctrina de Demócrito y Epicuro. "En la doctrina de la unidad de las fuerzas, dice el Prof. Grasset. cuando no se quiere ver en la vida, sino un fenómeno físico ordinario, no se puede con- cebir tampoco en la enfermedad,más que dos elementos: el síntoma y la lesión. Es imposible ir inas lejos' "Si en el hombre vivo no hay otra cosa que materia y movi- miento,la enfermedad,a su vez.no puede ser otra cosa que una lesión de esa materia o una alteración de ese movimiento. Si un cristal se enferma, no puede ser sino por la alteración de su textura o por modificación de su calor, de sus propiedades físicas». «Es pues imposible, en el análisis de la enfermedad, si- guiendo esta doctrina, ir mas allá del síntoma y la lesión ¿Ne- cesito refutar, extensamente, una concepción tan estrecha y tan (t)-J, Grasset. Maiadíea du System Nerveux. Discours prtliminaires. 1886. BIBLIOTECA CENTENARIO FDE MEDICINA PERUANA 193 poco clínica?» "Encontraréis mas tarde, añade mas lejos, en vuestra clientela, enfermos que han tenido, sucesivamente, lo que en la Escuela organicista se llamaría muchas enfermedades. Han tenido asma en una época, jaquecas en otra, gastralgia mas tarde, etc. Considerad cada uno de estos actos mórbidos como una enfermedad aparte; tratadlos lo mas racionalmente po' sible y quedaréis sorprendidos al ver que vuestro enfermo no sana. Suprimiréis, quizás, la enfermedad actual, pero bien pronto veréis aparecer otra, a menudo, mas peligrosa que la primera». Pero pasad sobre ese aparato fenomenal y sintomático y detrás de todas esas manifestaciones variadas, encontraréis,frecuentemen- te, una causa, única, constante, una lesión vital que llamamos una diátesis y que será la escrófula, la sífilis, etc. Tratad esta sífilis y vuestro enfermo curará.'' "Veis pues señores, y la clínica lo demuestra todos los días, que es falso y peligroso, detenerse, al hacer el análisis de una enferme- dad, en el síntoma y la lesión. Considerando la enfermedad bajo este punto de vista incompleto, desconocéis su carácter dominante y esencial: la unidad.'' Tales, señores, la opinión, muy acertada a mi entender que respecto del punto en cuestión tiene formada y sostiene, hoy mismo, el eminente neurologista que hemos citado y que acepta- mos, desde luego, de plano. De acuerdo, pues, con el Prof. Grasset y consecuen tes con la doctrina que hemos adoptado acerca de la vi- da, creemos, que no siendo la enfermedad sino una manera de ser anormal de la vida, debemos considerar, también, en ella, como factores principales,tanto el agente o principio director de los fenó- menos, como los agentes generales de la naturaleza física, capaces de hacerlos aparecer. Para terminar esta ya tan larga digresión y hacernos palpa- bles las ventajas que, en el terreno de la practica, se obtienen, siempre que se sigue una doctrina que está de acuerdo con los he- chos, voy a recitaros algunos párrafos más de la magistral lección del tantas veces citado Prof. Grasset. "Esta doctrina de la vida y de la enfermedad, trae consigo, naturalmente, una doctrina tera- péutica correspondiente.'' "La hipótesis de la correlación de las fuerzas,extendida a la vida y a la enfermedad, conduce a una terapéutica estrecha: la terapéu- tica del síntoma y de la lesión. En esta doctrina, es imposible com- prender el tratamiento de la enfermedad y el tratamiento de los ele- mentos, que son alteraciones simples de la vida. No puede sacar sus indicaciones sino del síntoma o de la lesión y esta es una fuente de indicaciones insuficientes y engañosas.'' 194 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA El mismo síntoma debe ser tratado en un caso,respetado en otro, provocado en un tercero. Si debe ser tratado, lo será ya de una manera, ya de otra. Es imposible basar una terapéutica racional, sobre la consideración sola del síntoma o de la lesión". ''Así sucede, frecuentemente, que ios médicos que exageran la importancia de la lesión y que son consecuentes, con su doctrina, caen en el mas desastroso excepticismo terapéutico. ¿Que hacer, dicen, ante una esclerosis? No se puede quitar el tegido conjuntivo y poner en su lugar tejido activo. Esto es cierto en muchos casos; pero, a Dios gracias, no en todos. \ ereis producir al yoduro de pota- sio resoluciones de tejido asombrosas, con la única condición de que el tejido anormal tenga un origen especial, sea de naturaleza espe- cífica . "La naturaleza de la enfermedad, he ahí, pues, un elemento capital de la ciencia de las indicaciones, que escapa, absolutamen- te, al médico que no es vitaiista." ''La doctrina que combatimos, conduce todavía, por otra vía, al desaliento terapéutico. Si todos los fenómenos vitales son trans- formaciones del movimiento, como el calor y la luz, la vida toda debe ser matemática, reglada según leyes fijas. La acción de las medicamentos debe también ser matemática; se la debe poder me- dir, dosarla de antemano y hacer así del problema clínico una sim- ple resolución de ecuación. De allí, las utopías de ciertos médi- cos, que preveen la época en que, midiendo la fiebre con el termó- metro, se graduará, matemáticamente, según el grado observado, la dosis de quinina o digital, que es necesario emplear " ''Además, si la vida es reductible a los fenómenos físicos, se explicará siempre el efecto terapéutico por una acción física o quí- mica. De aquí la doctrina de los médicos, que prescribiendo fierro a los cloróticos,quieren reemplazar el fierro que falta a los glóbulos sanguíneos; que prescribiendo agua de Vichy a un calculoso, tienen la pretensión de disolver su piedra, como en un vaso; que prescri- biendo los baños fríos en la fiebre, piensan sustraer, físicamente, el calor en exceso. Groseros errores clínicos, que pueden conducir a un espíritu consecuente a preconizar el taponamiento del recto contra el cólera " "Es, pues, otra, en efecto, la acción de los medicamentos y para comprenderla es necesario admitir los principios que os he indi- cado. La vida, la espontaneidad de la vida, interviene siempre en la acciones exteriores; el cuerpo humano,jamás es puramente pasivo. Así como una causa morbífica no obra a la manera de una bala o de un sablaso, sino que actúa, solamente, impresionando la vida y BIBLIOTECA CENTENATRI FE MEDICINA PERUANA 195 provocando al ser vivo a realizar una enfermedad dada, así también el medicamento se dirige a ia vida y la solicita en una dirección dada, saludable " "Es necesario, pues, siempre, que la vida consienta; es en ella que está siempre la actividad, el principio de acción, de la acción terapéutica, como de la acción patológica y de la acción fisiológica.'' ¿Comprendéis, ahora, señores, cuan necesaria le es al práctico una doctrina, una sana doctrina? Expuestos los conceptos doctrinarios, fundamentales, sobre los cuales basamos la interpretación patogénica de los procesos morbosos y su terapéutica, vamos a tratar de responder las tres cuestiones que hemos formulado, al iniciar el estudio de la pa- togenia de la Fiebre de la Oroya. Desde luego, podemos avanzar, que el agente que motiva, en ciertas condiciones, esa fiebre, es el mismo que provoca, en otras, la verruga ordinaria, vale decir, el veneno de la en- fermedad de Carrión, hablando en un sentido más general. Esto, que no era sino una simple hipótesis, muy fundada por lo demás, antes que tuviera lugar la inoculación de Carrión, encontró en tan decisivo experimento, su comprobación más completa, dejando de esa manera fuera de duda, la unidad etiológica y patogénica de la verruga eruptiva y la fiebre de la Oroya. Pero, subsiste siempre la pregunta ¿en qué consiste, qué cosa es ese agente? La manera más natural de resolver el problema, sería indudablemente buscarlo y caracterizarlo; pero como esto parece un poco difícil, por lo menos por ahora, busquemos en otras fuentes los datos que puedan ilustrarnos, que puedan hacernos vislumbrar siquiera su verdadera naturaleza. Tomemos para esto, como punto de partida, la clasificación tan sencilla como exacta, que hace de los procesos patogénos el Prof. Bouchard de París (1),clasificación que, no obstante el número de años trascurrido desde que fue propuesta por primera vez, encuentra cada día, en los nuevos descubrimientos, mayor apoyo y solidez. Según ese eminente discípulo del ilustre Charcot, el estudio de la patogenia puede reducirse a los cuatro tipos siguientes: Io. las distrofias elementales primitivas; 2o. los reflejos nerviosos patológi- cos;?0. los trastornos generales de la nutrición; y 4o. las infecciones Las primeras, no son otra cosa que los efectos de las causas aplica- das directamente sobre las células del organismo, sin ningún Ínter- (1) "Los grandes procesos patógenos" - Apertura del curso de Patología y de Terapéutica generales. Por el Profesor Ch. Bouchard.-Crónica Médica de Lima tomo 2»°-Traducción de L. Avendaño. 196 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA mediario. Comprenden todas aquellas circunstancias en las que el organismo es impresionado por un agente físico, químico o mecáni- co, desde la caída del rayo bastadas intoxicaciones. Los segundos, perfectamente conocidos, no contribuyen sino creando la predis- posición u oportunidad morbosa. Pueden engendrar espasmos, esta- dos paralíticos pasageros, pero no producen el verdadero estado morboso. Los trastornos nutritivos, explican la aparición de mu- chas enfermedades agudas y la existencia de todas las enfermedades crónicas. Son ellos, los que constituyen las diátesis, perfectamente definidas por aquel aurtor diciendo: "que son las modificaciones de la nutrición que preparan, provocan y mantienen, las enfermedades . Finalmente, el cuarto proceso patógeno, es el de la infección o con- tagium üiüum, y comprende el tan importante grupo de las enferme- dades o afecciones contagiosas, infecciosas, virulentas, trasmisibles. Antes de seguir, observaremos, de acuerdo con M. Bouchard, que los procesos patógenos, rara vez están aislados y que son necesarios muchos para constituir la enfermedad. Así, por ejemplo, si tomamos las enfermedades microbianas, veremos que en ellas la génesis no está constituida por el microbio solo; que no resultan, únicamente, del encuentro fortuito del hombre y el microbio, que incesantemente se acercan. Sucediendo con la patogenia lo mismo que cor. la fecun- dación: la materia fecundante está extensamente repartida por la superficie del globo y sin embargo la fecundación no se realiza sino en ciertas condiciones especiales.Los agentes patógenos que asaltan al hombre sano, rara vez encuentran realizadas las condiciones fa- vorables para su desarrollo. El hombre sano no es hospitalario con el microbio: reacciona contra el in truso y las mas veces lo domina en la lucha . "Pero del mismo modo, continúa ese Profesor, que en la natu- raleza los juncos vegetan,a veces,en terrenos hasta entonces estériles, cuya composición química ha modificado la irrigación, igualmen- te las modificaciones realizadas en los medios químicos del hombre, cuando las células de su cuerpo elaboran anormalmente algo, hacen posible el desarrollo de los parásitos, Estos, pues, no pueden ejercer sobre el hombre su acción patógena, sino a favor de una modifica- ción previa de la nutrición . Aquí,como se vé, nos encontramos en presencia de otro proceso patógeno: el de los trastornos nutritivos. Ahora bién: en posesión de estos datos, razonemos un poco y veamos si podemos llegar, por exclusión, a clasificar la Enfermedad de Carrión en uno de los cuatro grandes procesos patógenos del Prol. Bouchard. Desde luego, no nos detendremos mucho en los dos BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 197 primeros, porque la inoculabiadad, caracteres clínicos, marcha, neo- plasmas, etc.,que caracterizan la Enfermedad de Carrión,no podían encontrar nunca explicación ni cabida en ellos. Pasemos, pues,al ter- cero. Sin negar el importantísimo papel, que juegan, sobre todo en el desarrollo de la forma aguda de esa enfermedad, los trastornos nutritivos (papel del que nos hemos ocupado, al tratar de la etiolo- gía), no creemos, sin embargo,que pudiera considerarse entre ellos, con fundamento, la enfermedad que estudiamos, y no creemos, en- tre otras,por las dos poderosas razones siguientes: Ia.por ser inocu- lable (la Enfermedad de Carrión); y 2a. por la circunstancia, muy especial, de no presentarse sino en ciertas y determinadas locali- dades del Perú (soloen algunas quebradas),sin que jamás se la haya observado en ningún otro punto del globo. Si fuese un trastorno nu- tritivo,¿cómo es que no se le ha visto, en alguna época,en otros paí- ses distintos del nuestro? ¿Qué razón habría para aue así no suce- diese? No es posible, pues, sin forzar los hechos, hacer entrar la Enfermedad de Carrión en la categoría del tercer tipo patogénico del Profesor Bouchard. Llegamos al cuarto grupo: el de la infec- ción. Analizárnoslo un poco, ántes de continuar. En primer lugar, veamos que debe entenderse, en la actualidad, por infección, agente infeccioso y enfermedad infecciosa. Para nosotros, la infección, es el acto en virtud del cual se produce una determinada enfermedad,ba" jo la influencia de un veneno particular, diferente de los venenes ordinarios, y que puede multiplicarse indefinidamente, cuando está colocado en condiciones favorables. Agente infeccioso, es el veneno particular reproductible, que interviene en la infección. Como se comprende, este agente es un ser vivo, de lo contrario no sería re- productible. Enfermedad infecciosa, es aquella que, según se sabe o al menos se presume, es debida a un veneno particular, diferente de los venenos ordinarios, porque colocado en condiciones favorables puede multiplicarse indefinidamente (definición dada por los Profe- sores Bernheim y Liebermeister). Definamos, ahora, los términos: contagio, agente contagioso y virus. Según el Profesor Bernheim, el contagio, es el acto por medio del cual, una enfermedad determina- da se trasmite de un individuo que la padece, a otro sano, por conr tacto mediato o inmediato, a expensas de un principio material que emana del cuerpo del primero, cualquiera que sea su origen primiti- vo y que se multiplica en el sujeto al que se ha trasmitido. Se dá el nombre de contagio, dice el Profesor Schmitt de Nancy, (1) (agen- te contagioso, decimos nosotros, para expresar mejor la idea y di- (1)- "Microbios y enfermedades" por el Dr. J. Schmitt-Versión española. 198 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA ferenciar claramente, el contagio-acto, del contagio-agente) al prin- cipio por cuyo medio se trasmiten las enfermedades contagiosas. En ciertos casos, continúa dicho Profesor, ese principio puede ser recojido directamente del enfermo, incorporado al pus, a la serosi- dad, a la sangre, y ser trasplantado sobre otro organismo; el conta- gio (agente contagioso para nosotros), se llama entonces virus, y la enfermedad que el reproduce se denomina inoculable. "No todos los contagios son, pues, virulentos y el término "contagiosidad" no es sinónimo de "inoculabilidad"; para que un contagio sea virus, es necesario que sea fijo, es decir, que emane del organismo incorporado en un vehículo, sólido o líquido,inoculable; pero, el contagio puede ser volátil, es decir, encontrarse en partícu' las muy tenues en suspensión en el aire expirado, o bien en los pro- ductos de la evaporación cutánea, flotando en la atmósfera, más o menos concentrado, a fin de permanecer eficaz a una distancia en. veces considerable". Digamos, por último, señores, cuales son los caracteres princi- pales comunes a la mayoría de las enfermedades infecciosas. En primer lugar, ser inoculables. En efecto, en la actualidad se puede establecer, sin temor de equivocarse, el siguiente principio: toda enfermedad inoculable es infecciosa. No así la contraria, por ahora, porque existen ciertas morbosis infecciosas, el sarampión, por ejemplo, que hasta el día no ha sido posible inocular con éxito; pero, en rigor, esto no demuestra sino que los experimentadores no se han colocado,o mejor dicho, no conocen aún, perfectamente, las condiciones determinadas, que son necesarias, para que los agentes de aquellas enfermedades puedan vivir y desarrollarse. La vida, en cualquier organismo que se la considere, no puede manifestarse,se- gún nos lo enseña la Fisiología, sino en ciertas y determinadas con- diciones, distintas para cada grupo de seres organizados. Mientras no se conozcan esas condiciones, no se puede, pues, obtener resul- tado. En segundo lugar, ser específicas; es decir, que el agente que las engendra,es especial para cada una de ellas y distinto de los demas."Ninguna influencia física,mecánica o técnica,dice Schmitt, será suficiente para producir una enfermedad infecciosa; jamás se determinará la sífilis, sino por la introducción del agénte sifilítico en la economía; si se inocula a un individuo virús variólico o vacuno, y algún resultado se obtiene, será siempre la viruela o la va- cuna . Esto, sin embargo, como lo veremos más adelante, no es tan absoluto. En seguida,tenemos, que su agente es reproductible. Este carác- ter, que Ies es común con las enfermedades parasitarias, las distin- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 199 gue, en lo absoluto.de las demás especies morbosas. Una cantidad imperceptible de vacuna, dice el Profesor Liebermeister, basta para producir en un niño la erupción de pústulas vaccinales; cada una de éstas puede servir a su vez para inocular a otros 10 y así sucesiva- mente: 100,1.000,10.000 niños, pueden ser inoculados de ese modo; la multiplicación del agente infeccioso no tendrá límite, sino el día en que no exista ya un individuo capáz de adquirir la enfermedad. Y el estudio de la fiebre intermitente, agrega Schimitt, nos presen- ta también un agente, que si no se trasporta de un sujeto a otro, se multiplica, sin embargo, en ciertas condiciones técnicas. Por último y para no extendernos demasiado, las distingue, especialmente, el hecho de presentar, en su evolución,un periodo de incubación más o menos largo. Examinemos,ahora,los caracteres principales de la enfermedad de Carrión, considerada en sus dos formas. Pero, veamos antes, que consideraciones se desprenden del atrevido experimento, que tan heroicamente llevará a cabo el inmortal Carrión. Tomada en la punta de una lanceta, una pequeñísima cantidad de sangre de un verrucoso en vía de curación, é inoculada a Ca- rrión por cuatro picadores, se desarrolló en él, después de veinte días de silencio sintomático, la enfermedad conocida hasta entonces,sim- plemente, con el nombre de Fiebre de la Oroya. De aquí,concluyen todos, sin mas raciocinio, que la Verruga y la Fiebre de la Oroya, no son sino manifestaciones dt. una misma enfermedad. Pero, podemos preguntar, la enfermedad que victimó a Carrión, diagnosticada Fiebre de la Oroya, fué realmente una forma grave o aguda de la Ve- rruga peruana, o fué una infección distinta, una afección de otra na- turaleza, debida a un gérmen diverso del de aquella, que penetró accidentalmente en su organismo durante la inoculación? ¿Existe algo en la historia de esa memorable experiencia y de sus consecuen- cias, que pueda desvanecer la duda¿. Además, aún aceptando que solo el agente verrucógeno hubiese sido el único en penetrar durante dicha inoculación, no se podía concluir de esto, sin otra razón, que la enfermedad que se desarrolló en el experimentador debió ser tam- bién de naturaleza verrucosa. En efecto, bastará para convenceros de mi aserto, trascribir los términos en que el sabio Profesor Duclaux se expressaba (en su curso de la Sorbona-1885 a 1886), repecto del rol patogénico de los microbios (1). "He aquí un microbio patógeno que ha penetrado en un organis- (1) Dictionnaire Encyclopedique des Sciences medicales.- ler serie ve!. 36 art. Etiologie médicale.-Brochm. 200 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA mo vivo, ha pululado en él y producido trastornos, más o menos gra- ves. ¿Quiere esto decir, que hay una relación necesaria entre la pre- sencia de ese microbio particular y la producción de esa enferme- dad especial? ¿Cada enfermedad tiene su microbio? ¿Cada microbio produce su enfermedad específica? No, responde atrevidamente M. Duclaux a esa pregunta; un mismo microbio no dará siempre la misma enfermedad. La via de penetración tiene,desde luego, gran influencia. De ella depende la naturaleza y el lugar de las primeras células atacadas y por consiguiente las repercusiones diversas de que se hace asiento el organismo y cuyo conjunto da a la enferme- dad su facies patológica particular. Así. la inoculación sub-epidér- mica del virus vacuno al caballo, produce la erupción cutánea vaccinal ordinaria. La inyección intra-vascular del mismo virus.no produce siempre un exantema; frecuentemente no se manifiesta ningún signo local o especial de la enfermedad, salvo una mínima y pasajera elevación de la temperatura; y sin embargo, la inyección ha transformado el organismo y le ha comunicado inmunidad, res- pecto de una nueva inoculación en la piel . M. Duclaux, ha visto que un micrococcus encontrado en un clavo de Biskra, puede pro- ducir, según el modo de penetración, tres enfermedades diversas: una afección de la piel, una pericarditis y una purulencia de las vér- tebras. "Contrariamente a una opinión que se ha esparcido con de- masiada rapidéz, concluye M. Duclaux, el mismo microbio no pro- duce, pues, siempre, la misma enfermedad '' Pues bien, señores, no obstante lo dicho, creo que la enfermedad que llevó a la tumba a nuestro malogrado compatriota, fué la forma aguda, más grave, de la verruga peruana, y que esta misma forma no es otra cosa, que la pirexia conocida, desde tiempo atrás, con el nombre de Fiebre de la Oroya. Las razones en que me apoyo para opinar de este modo son las siguientes: En primer lugar,los síntomas que se observaron en Carrión y que todos conocéis,son,precisamen- te,los que se observan de ordinario en la verruga eruptiva: fiebre,do- lores, anemia, etc.,con la única diferencia, de haberse presentado en él excesivamente agravados e intensos. Por otra parte, esos mismos trastornosson los que constituyen y caracterizan,la enfermedad que se ha llamado Fiebre de la Oroya. Pero, si esto fuera lo único que pudiéramos aducir en apoyo de nuestras ideas, creo que no ha- bríamos adelantado gran cosa. ¡Cuántas enfermedades, anemias graves, especialmente, no presentan esos mismos síntomas, u otros más o menos idénticos! Lo único que, a nuestro modo de ver, viene a dilucidar comple- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 201 tamente el punto en cuestión es el haberse presentado en Carrión, al 6o día del período de invasión de su enfermedad, una erupción de verruga en la cara,bajo la forma de manchitas sanguíneas como pi- caduras de pulga (I) - Igual cosa sucedió en Barrera (Obs. N°. 3), aunque algo más tarde.-Para el que haya observado alguna vez, desde el principio, la marcha de los tumores verrucosos cutáneos, no le será difícil reconocerlos y distinguirlos de las petequias,con que podría confundísrseles en los primeros días de su aparición, donde quiera que se presenten. Actualmente, existe en la cama N°. 10 de la sala de la Virgen(hospital de Sta.Ana),servicio de la Clínica qui- rúrgica, una enferma de verruga eruptiva, en la que hemos podido estudiar, perfectamente, esa faz del neoplasma verrucoso. Precisa- mente existen hoy en la piel de la parte interna del pie derecho de di- cha enferma, algunos puntitos rojos, como picaduras de pulga, lijera- mente prominentes (carácter solo apreciable a la vista, pues al tac- to no se le percibe;, que ofrecen la mayor semejanza con los que tuve ocasión de observar en Carrión y Barrera. Los alumnos que frecuentan aquella clínica, a los que llamé la atención sobre el asun- to, han podido apreciar los caracteres que acabo de señalar Ahora bien, ninguna enfermedad infecciosa que no sea la verru- ga,puede provocar semejante erupción, luego,la conclusión se impo- ne : la morbosis que victimó a Carrión fué de naturaleza verrucosa; y como dicha morbosis, presentó todos los caracteres que han servido para diferenciar y constituir lo que se ha llamado fiebre de la Oroya, claro es que ésta y la verruga ordinaria o eruptiva, no son sino dos formas de una sola entidad mórbida: la Enfermedad de Carrión. Reasumiendo, resulta de todo lo expuesto: que la enfermedad de Carrión es inoculable (aunque no existe, hasta el presente, sino un solo caso de inoculación, lo creo bastante para dar a la enfermedad ese carácter), es decir, virulenta, trasmisible; que,además, presenta los caracteres principales que hemos señalado a las enfermedades in' fecciosas: especificidad (solo puede ser provocada por el virus verru- coso) multiplicabilidad de su agente productor (puesto que es inocu- lable); incubación en su marcha, etc.; luego pertenece, forzosa- mente, al cuarto tipo patogénico del Profesor Bouchard: el de las infecciones. ¿Como obra el virus verrucógeno, para provocar la enfermedad? <Lo verifica, produciendo modificaciones químicas en la sangre y los tejidos, o elaborando un fermento soluble, un veneno especial? (I) Diario de observación de Carrión, publicado en un folleto titulado: La Ve- rruga peruana y Daniel A. Carrión. 202 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Lo único que podemos decir a este respecto, es que ese agente dirije de preferencia sus ataques, al elemento globular rojo de la sangre. Como quiera que, a pesar de lo dicho, falta aún muchísimo para establecer, definitivamente y sobre bases sólidas, la anatomía pato- lógica y la patogenia de la Enfermedad de Carrión y como solo se puede llegar a ese resultado,median te nuevas inoculaciones (en ani- males), nuevas y numerosas experiencias, he emprendido, aurque falto de competencia, lo confieso, tan provechoso y sutil camino, inoculando en algunos animales sangre verrucosa recientemente ex- traída, 3 cobayas-1 pollo, que suelen contraer la enfermedad en los lugares de endemia. Antes de pasar al estudio del diagnóstico, voy a permitirme de- cir dos palabras, acerca de una opinión emitida por algunos facul- tativos respecto de la verruga eruptiva y de la Fiebre de la Oroya. Se cree, que estas dos afecciones no son sino dos periodos de una sola enfrmedad; es decir, que la Fiebre de la Oroya no es sino el período de invasión, el periodo de fiebre anemizante de la verruga eruptiva. Esta apreciación de los hechos, nos parece completamente equivo- cada. En efecto, las historias clínicas que nos sirven de estudio, nos manifiestan, claramente, que en los cuatro individuos a quienes se refieren, la Fiebre de la Oroya ha sido, desde el principio, Fiebre de la Oroya; que en su sintomato ogía y marcha, ha pre- sentado. desde el primer momento de la invasión, un carácter de gravedad y acuidad tal, como no se encuentra nunca, que yo sepa, en la verruga eruptiva. Pasa aquí, entre la Fiebre de la Oroya y la Verruga, lo que, tratándose de la malaria, entre la perniciosa y la intermitente terciana. Ambas son expresiones de una sola entidad morbosa, la infección palúdica; pero,al mismo tiem- po, son también dos formas diferentes. A nadie se le habrá ocurrido decir que la perniciosa es el periodo de invasión de la intermitente, ni vice-versa. Y si alguna vez Ja perniciosa, median te el tratamiento, en lugar de curarse por completo se transforma en terciana; o si, al contrario,una intermitente, por falta de tratamiento,etc.,se transfor- ma en perniciosa, esto no quiere decir,absolutamente,que ellas sean dos períodos de una rnorbósis, de ninguna manera. Lo mismo suce- de, en el caso de que tratamos. Si alguna vez, la Verruga se transfor- ma en Fiebre de la Oroya, ó ésta en aauella,esto jamás podrá demostrar o indicar, que ellas son dos periodos de la enfermedad de Carrión; la una es intoxicación lenta, crónica, atenuada,si se quiere; la otra es intoxicación rápida, intensa, aguda. Hay, pues, como se ve, una gran diferencia. Diagnóstico.- Como primero y más esencial elemento de diag- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 203 nóstico, en el caso presente, debemos señalar la procedencia del en- fermo. La anamnesia tiene, pues, aquí, una inmensa importancia práctica. Y no podía ser de otro rnodo; toda vez que la Fiebre de la Oroya es endémica, como la verruga eruptiva, de ciertas y determi- nadas localidades. Un individuo que jamás ha estado en ellas, no podrá, por lo tanto, presentarla. Descartando las enfermedades que no tienen semejanza algu- na con la Fiebre de la Oroya y aproximándola a las anemias febriles graves, que guardan con ella cierta analogía y algunas de las cuales son relativamente frecuentes en los lugares de endemia verrucosa, tratemos de hacer el diagnóstico diferencial. En primer lugar, tenemos, la anemia epidémica de los mineros (anemasa, enfermedad de los mineros). Basta describirla,para apre- ciar las diferencias que la separan de la Fiebre de la Oroya. Oigamos, al respecto, la autorizada palabra del Profesor Littré de París. (1) "Enfermedad que ha reinado, dice, epidémicamente, entre los obre- ros de las minas Invasión marcada por cólicos violentos, di- ficultad de la respiración, palpitaciones, postración de fuezas, me- teorismo del vientre, deyecciones verdes y negras. Este estado dura 10, o 12 días y más. Se cajman entonces los dolores abdominales, el pulso queda débil, concentrado, acelerado; la piel se descolora y toma un tinte amarillento; la marcha es penosa; la cara abotagada; hay sudores habituales; deterioro lento y progresivo, emaciación; en fin, los primeros síntomas se renuevan con dolores de cabeza, des- fallecimientos frecuentes, intolerancia de la luz y del sonido, dia- rrea y muerte. La piel, queda descolorida. Esta enfermedad es crónica y dura, a menudo, un gran número de meses. Los marciales son los que obran mejor.". La anemia febril de los ferrocarriles o fiebre de los ferrocarri- les, es otra especie morbosa que tiene muchos puntos de contacto con la Fiebre de la Oroya,sobre todo la llamada de Panamá. A no ser por la procedencia del enfermo, creo que difícilmente puede hacer- se el diagnóstico diferencial entre la Fiebre de la Oroya y la de Pa- namá. En efecto, en los muy pocos casos verdaderos que de esta úl- tima pirexia he observado, se han presentado síntomas completa- mente semejantes a los que caracterizan la Fiebre de la Oroya, sin que fuera posible establecer diferencia alguna. Sin los anteceden- tes, la duda no habría sido resuelta. Esta misma-observación ha podido hacer el Dr. Ríos, en los 15 días que permaneció en Panamá (Marzo 8 de 1885) y en los que (1) Dictionnaire de Médecine. 204 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA visitó algunos atacados de la fiebre de la línea, tan mortífera en el Itsmo. La anemia perniciosa progresiva, que podría en algunos casos confundirse con la Fiebre de la Oroya, se distingue, sin embargo, por numerosos caracteres. Para mayor claridad, trascribiré la descrip- ción de su sintomología, hecha por el Profesor Jaccoud (I), dice así: "esta afección está caracterizada por los síntomas nerviosos de la anemia, por el aspecto hidroanémico de la cara, por una pérdida absoluta y tenaz del apetito, con todo el conjunto de accidentes dis- pépticos; hay raidos de soplo en el corazón y los vasos cervicales; he observado, dos veces, soplo en cada uno de los focos de auscul- tación del corazón. Hay, además, numerosas hemorragias capilares, que tienen lugar, frecuentemente, en la retina (con o sin trastor- nos visuales notables), en las capas retinianas más internas, en la circunferencia de la papila y a lo largo de los vasos; las otras hemo- rragias más comunes son la epistaxis, metrorragia y petequias; vie- nen, en último lugar,las que se realizan en las meninges o en el cere- bro mismo. En casi todos los casos hay fiebre, que es más o menos precoz, pero nunca inicial; es irregular en su aparición, parece una fiebre continua moderada, pero presenta a menudo grandes os- cilaciones y es entrecortada por largos periodos apiréticos. En los días que preceden a la muerte, cesa la fiebre, y en la agonía, cae la temperatura a 35° y aún 34° centígrados. Es de regla, observar cier- ta gordura en los enfermos. La diarrea es tan frecuente, como rara en la clorosis simple; sucede lo mismo con el edema caquéctico; tam- bién se observa a veces vómito tenáz. La orina no contiene albú- mina. La muerte es la terminación ordinaria pero no constante de la enfermedad. ...» Agregaremos a esto, que su duración es, por re- gla general, muy larga. Hay, finalmente, otra anemia grave, provocada por la presen- cia en el tubo digestivo del ankilostoma duodenalis, y que se distin- gue fácilmente de la Fiebre de la Oroya, por las hemorragias intesti- nales a que dá lugar. Además, se puede encontrar dicho parásito en las deposiciones. Por último, la diátesis linfógena (Jaccoud), puede presentarse revistiendo los caracteres de la Fiebre de la Oroya, pero su diagnós- tico es fácil y sencillo: basta examinar la sangre, con el auxilio del microscopio: en la primera, hay un aumento permanente y constan- te de los glóbulos blancos sobre los glóbulos rojos, por nueva forma- ción de aquellos; en la segunda, hay destrucción-de esos últimos y como consecuencia predominio del número de los primeros, rela- tivamente a su proporción normal en la sangre. (1) Pathologie interne. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 205 Pronostico.-En mi humilde concepto y a juzgar por las obser- vaciones que me sirven de base, el pronóstico es fatal. Tratamiento.-"Hace algunos años, dice el prof. Bouchard en una de sus últimas lecciones, (1) que establecer la naturaleza infec- ciosa de una enfermedad o de un accidente morboso, parecía que era suficiente para la interpretación patogénica y para la aplicación terapéutica; se pensaba que así se había explicado la enfermedad y se había indicado el tratamiento que le convenía.No tendríamos hoy esta seguridad, porque se ha penetrado más profundamente en el conocimiento de la infección y de la virulencia. Comprendemos que el agente infeccioso,emplea procedimientos diversos; que la enferme- dad virulenta no es, como se creía, una lucha cuerpo a cuerpo en- tre los microbios y las células an imales, o, al menos, que este conflic- to no es más que una circunstancia accidental o accesoria en la lu- cha, y que la acción directa, ofensiva, se dirige, tal vez con mayor frecuencia, por las células contra los microbios, que por los microbios contra las células: que es mas bien un proce- dimiento de defensa del organismo, que un medio de ata- que del elemento patógeno. Hemos conocido que el mayor nú- mero de veces los microbios son nocivos, no por sí mismos- sino por los venenos que segregan:'' Teniendo en cuenta estas no- ciones, veamos,ahora,cuál es el tratamiento más racional, que ofrez, ca mayores probabilidades de éxito en la enfermedad que nos ocupa. Desde luego, no habiéndose aislado hasta hoy, ni caracterizado, al agente productor de esta pirexia, no conociéndose, absolutamente, las condiciones favorables o desfavorables a su desarrollo y pulula- ción, ni mucho menos las sustancias que ejerzan sobre él una acción tóxica decisiva, creemos que el tratamiento más inaceptable y más peligroso que puede oponerse a la fiebre de la Oroya,en la actualidad, es el de los antisépticos y sobre todo el de las inyecciones intraveno- sas de soluciones de ácido fénico, usadas por algunos de nuestros prácticos. ¿Saben,acaso,o tienen seguridad nuestros ilustrados cole- gas, de que el acido fénico, en la proporción en que lo colocan en la sangre, impedirá el desarrollo o matará al microorganismo pató- geno? ¿Están seguros, de que en el caso, muy probable por cierto (a juzgar por lo que hoy se sabe acerca de la fisiología patológica de los microbios),que el microbio que produce la pirexia en cuestión, obre, no directamente por sí mismo, sino por los productos tóxicos que segregue, fruto de su actividad vital, ó en el de que actúe de los dos modos, como me inclino a creer, están seguros, repito, de que el áci- 2) Rev. de C. Méd. de Barcelona. 206 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA do fénico que introducen en el enfe.mo por la vía intravenosa (I) neutralizará, o precipitará, o quemará, o hará eliminar del organismo dicho veneno? No creo, pues,que por ahora debamos dar la preferen- cia a ese tratamiento; no veo la razón para tal preferencia. Pasemos a otro que ha sido también empleado y que,al menos, es más lógico y más clínico que el anterior. Este es el que tiene por base ios preparados de fierro, asociados a los de quina, canela, vale- riana, vino,etc., é inhalaciones de oxígeno. No entraré a estudiar la acción fisiológica del fierro, ai que se dá la preferencia en este se- gundo tratamiento, acción fisiológica que al presente, créo, no está aún definitivamente resuelta, y me declaro abiertamente en centra de la administración de los marciaies desde el principio de la enfer- medad,opinando por que sean reservados para el periodo de declina- ción, en el que aún los reemplazaría con la hemoglobina a alta dosis. He aquí mis razones: Las únicas lesiones que no admiten duda y que está demostrado que existen, con tan temen te,en la Enfermedad de Carrión, son las qu tienen su asiento en la sangre: destrucción rápi- da de los glóbulos rojos, cuyo número desciende hasta el punto de hacerse incompatible con ia vida. Fues bien, dicen, probablemente, los partidarios de los ferriginesos, démos fierro al organismo, para que éste pueda formar glóbulos rojos y reemplazar los destruidos. Pero, yó pregunto,¿que conseguiremos introduciendo en la sangre el máximum de fierro posible, dado el caso improbable de que la absor- ción no estuviese entrabada, si no se trata, únicamente, de una me- dicación simplemente química de esc humor, sino también y princi- palmente,de una lesión vital, profunda, localizada de preferencia en el glóbulo rojo, lesión vital, que modificando, asimismo, muy pro- bablemente, los órganos hernatopoyéticos, se opone a que el fierro sea utilizado por ellos? Creo, por lo tanto, que debemos dirijir- nos de preferencia (2), a estimular la actividad vital del organismo, a procurar, por todos los medios, volver o llamar al tipo normal la funcionalidad de elementos y órganos; solo de esta manera lograre- mos, que reaccionando contra el elemento nocivo el organismo en su totalidad, pueda vencerlo o destruirlo. Entonces y solo entonces, podemos y debemos, administrando fierro, ayudar a la economía a reparar sus pérdidas. He aquí,señores,puesta en evidencia la utili- dad de guiarse siempre por una doctrina, al emprender el tratamiento de una enfermedad. No olvidar, nunca, que al lado de las modifica- ciones químicas, hay, también, en el ser organizado, modificacio- nes vitales. (!) Sobre todo en las épocas más avanzadas del mal,como lo han hecho hasta aho (2) Por ahora y mientras se conoce perfectamente el agente patógeno. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 207 En conclusión, opino (declarando, desde luego, que no cuento en mi apoyo con ninguna observación, como no la cuentan tampoco favorable, que yo sepa, los partidarios de los otros tratamientos, pues, a juzgar por las histerias que tenemos a la vista, no han con- seguido éxito alguno),opino,repito, porque durante el periodo de in- vasión y mientras no se consiga cambio alguno favorable, se debe administrar,con la mayor constancia posible y como base del trata- miento, el alcohol a dosis moderadas, bajo la forma de vino o poción de Toda, asociado al extracto de quina. Aparte del buen resultado que siempre se obtiene del uso del alcohol en la mayoría de las en- fermedades infecciosas febriles, resultado por nadie contradicho, tenemos,en el caso presentera ventaja de que, congestionando algo el cerebro, se modificarían los síntomas vómito e insomnio, tan pe- nosos como perjudiciales para el enfermo, debidos,como sabemos,a la anemia del encéfalo. Se podría, entonces,administrar al enfermo como alimento, leche,caldos con vino, extracto de carne, por peque- ñas cantidades, o preparados de peptona, a fin de quesean soporta- dos y diferidos sin gran trabajo por ese estómago anémico. Se aso- ciaría asimismo, a ese tratamiento, inhalaciones diarias de 30 a 60 li- tros de oxígeno (poderoso hematcsico). Si mediante este régimen se consigue mejorar notablemente al enfermo, se hará uso, entonces, sin cambiar por eso absolutamente el régimen prescrito, de la hemo- globina, comenzando por tres gramos darios, para ascender suce- sivamente hasta doce. Poco importa para el tratamiento, que apa- rezca o no la erupción verrucosa; se le debe continuar sin tregua. Quedan, por lo tanto, absolutamente contra indicadas todas aquellas medicaciones o agentes, que de algún modo pudieran hacer perder fuerzas al paciente, tales como purgantes, vomitivos, sudoríficos poderosos, etc. Finalmente,si lejos de mejorar se agrava el estado del enfermo, debe practicarse, sin demora, la transfusión sanguínea y no esperar, tímidamente, el último momento, para que el fracaso que entonces se obtenga, desacredite injustamente esta salvadora operación. Obs. N°. 2.- Historia de la Enfermedad de Carrión (1)- El 27 de Agosto de 1885, a las 10 h. a. m. obtuve (no sin dificultad), de mi amigo el Dr. Evaristo M. Chávez, que me practicara cuatro inoculaciones, dos en cada brazo, cerca del sitio en que se hace la vacunación. Dichas inoculaciones se hicieron con la sangre inmedia- tamente extraída.por rasgaduras, de un tumor verrucoso.de color rojo, situado en la región superciliar derecha,del enfermo Carmen Paredes, acostado en la cama N". 5 de la Sala de Nuestra Señora de las Mercedes, perteneciente al servicio del Sr. Dr. Villar. A los 20 minutos, comenzaron a manifestarse algunos síntomas locales, tales como una comezón bastante notable, seguida después de dolores pasajeros que de- (I) Llevada por él mismo y publicada en un folleto titulado: La Verruga Pe- ruana y Daniel A. Carrión, 1886. 208 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA saparecieron a las dos horas siguientes. No uan habido síntomas de inflamaión, tolo ha desaparecido sin deiar vestigio alguno. Hasta el 7 de Setiembre en la mañana, no he tenido absolutamente nada: en la tarde de ese día he sentido un lijero malestar y dolor en la articulación tibio-tar- siana izquierda, que me molestaba para la marcha. Durante la noche, he dormido perfectamente bien. El 1 8 en la mañana,me hallaba bastante bien; en la tarde ligera desccomposición de cuerpo, y ¡a noche en estado normal. El ¡9 en la mañana, como en el día anterior; en la tarde, el malestar se marcó bastante,como nunca; en la noche, a las 8, he tenido un calambre fuerte en la extre- midad abdominal derecha. A las 1 i y 30 gran decaimiento y postración, media hora después fortísimos escalofríos, cortos y repetidos, que me hacían castañetear invo- luntariamente los dientes; habiendo desaparecido el escalofrío, algún tiempo des- pués, me quedó una postración suma y una sensación general de calor quemante; se despertó en seguida una fiebre elevadísima, que me fué imposible marcar por me- dio del termómetro, por que no podía ni moverme en la cama. Los dolores se habían generalizado en todo el cuerpo; así sentía, cefalalgia gravativa, dolor constrictivo en el tórax y paredes abdominales, dolores óseos, articulares y musculares en les miembros; dolores momentáneos que seguían el trayecto de ciertos nervios, otros que se manifestaban en el curso o dirección de algunos músculos, tales como el bí- ceps braquial y los de la región externa de los antebrazos y piernas. Estos dolores se aumentaban por la presión o el trabajo a que sometía, voluntariamente, dichos músculos. No me mantenía mucho tiempo en una misma posición, que muy pronto se ha- cía insoportable; a cada instante la cambiaba, sin poder hallar comodidad c descan- so alguno. Tuve insomnio, producido tanto por la fiebre como por los dolores. Se verifi- caron algunas cámaras. En fin, como a las 5 h. a.m. dormí un poco y sudé bastante, despertando a las 8 h. a. m. bastante regular. Me levanté; pero viendo que la tem- peratura se elevaba a 39,J 4 y que el decaimiento se pronunciaba instante por instan- te, me recosté en un sofá, en donde quedé postrado todo el día, sin darme cuenta de lo que pasaba por mí, y esto por espacio de siete horas próximamente. Me hallaba en un sopor que se asemejaba al coma. A las 5 de la terde de dicho día veinte, como no había almorzado por encontrarme en ese estado, quise comer, pero tenía una ano- rexia tal, que solo la vista de los alimentos.me provocaba náuseas; no pude pues pa- sar alimento alguno. L.a sed que tenía era devoradora. En la noche, la temperatura subió a 39° 8. Los dolores seguían lo mismo, despertándose, a más de les que he menciona- do, uno fijo en la articulación de la falange con Ja falangita del dedo meñique de la mano izquierda, con un poco de infarto, y otro muy fuerte en la articulación radio- carpiana de la mano derecha. La orina era escasa, de color rojo oscuro y muy sedimentosa. Día 21.-T. 39° 2.- En la mañana, dolores bastante disminuidos; pero, apari- ción de uno nuevo en la articulación del empeine del pie izquierdo. En la noche, la T. 39u 6-Todo lo demás en las mismas condiciones. Día 22 - T. en la mañana 38IJ8.-Los mismos dolores, más el de la rodilla iz- quierda. Se manifestó un tinte ictérico. Aparecen manchitas sanguíneas como pica- duras de pulga, unas en la nariz hacía su lado externo, sobre el hueso propio dere- cho, y otras entre las cejas. Día 23.-T. en la mañana, 37° 9.-Tengo tanta sed como en los días anterio- res, hay apetencia. Dolor soportable en el hombro, brazo y codo, de! miembro to- ráxico derecho. Los calambres, siempre de vez en cuando. En la noche la T. es de 38°1.-Todo lo demás en el mismo estado. Día 24.-T. 37° en la mañana.- Me siento algo mejor. Los dolores del miem- bro toráxico derecho no me dejan servirme mucho de él. La orina sigue roja, aunque más abundante. Otra manchita en la sien derecha. Desde las cuatro de la tarde han comenzado a manifestarse dolores en el miembro abdominal derecho, que aumentan con los movimientos y dificultan la marcha. El miembro toráxico derecho, a! escri- bir o ejecutar cualquier movimiento, se fatiga pronto y despierta dolor; además, se suceden en él muchos calambres. En la noche,la T.es de 37° 3.-Tengo cefalalgia occipital, dolor en los ojos, con sensación de aumento de volumen del globo ocular. Sudo todavía un poco, corno en i as noches anteriores. Hay insomnio y poliuria. Día 25.-La T. en la mañana es de 37°2.- Un poco de cefalalgia aún, y conti- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 209 núa la poliuria. Los dolores están d;stribuídos como sigue: articulación radio-car- piana, codo, brazo y hombro derechos. He tenido varios calambres, que, por algunos instantes,obligaban a los dedos índices de ambas manos a permanecer en flexión for- zada contra los metacarpianos. Igualmente,siento calambres en algunos músculos de la región externa de la pierna derecha, así como también en los músculos del lado derecho de la nuca. En la noche, la T. es de 37°4.-Un poco de insomnio y de sudor. Los demás síntomas, poco más o menos, en el mismo estado. Día 26 (A partir de hoy me observarán mis compañeros, pues, por mi parte, confieso que me sería difícil hacerlo). T. a las 8 A. M. 37°3.-Palidez considerable de la piel y mucosas; sentimiento de debilidad general, quebrantamiento, inapetencia, facultades intelectuales en per- fecto estado. Pulso blando y frecuente (100 p). B.espiración normal. Soplo suave y ligero,en la base del corazón y en el primer tiempo; no lo hay en las arterias; se queja siempre de sus dolores, que,sin embargo,asegura no son muy fuertes. Los calambres se manifiestan una que otra vez; ha tomado muy poco alimento y una pequeña can- tidad de vino. T. 9 h. P. M. - 37°5; -P. 100.-Hasta las II h. p. m. en que nos retiramos, no ha podido conciliar el sueño,a pesar de haber permanecido solo y sin motivo mani- fiesto que lo distragera. Hay un poco de agitación. Día 27. T. en la mañana, 37°; P. 100.--Se queja del poco sueño de que ha dis- frutado durante la noche. Continúan acentuándose los síntomas del día anterior a excepción de los dolores y calambres. Las manchitas que se presentaron los días 22 y 24, desaparecen poco a poco. La piel toma nuevamente un tinte subictérico y un aspecto terroso. En la noche, T. 37°; P. 106.- Agitación e intranquilidad, la luz y el ruido le molestan. Día 28, en la mañana, T. 37°; P. 100.-Ha pasado en vela casi toda la noche; se encuentra todavía algo agitado. Admirable es, en verdad, la marcha tan rápida que en él lia seguido la anemia, que, a partir de este día domina por completo el cuadro sintomático. Aumenta de intensidad el soplo cardiaco, percíbese ya el soplo de las arterias y el mismo enfermo se encuentra mortificado por el de la carótida interna, que ca- racterizó desde el primer momento. La debilidad era extrema, al punto que le fué muy difícil poder abandonar la cama. Acusa ya mareos de cabeza y gran abatimiento. Las deposiciones que hasta hoy ha sido normales y una por día, se han duplicado siendo bastante líquidas y verdosas. En la noche, T. 37°1-, y P. 105.-A las 12 p. m. ha consiliado el sueño, no sin gran dificultad. Día 29, M. T. 37° y P. 100.- Le encontramos levantado, no obstante las re- flexiones que días anteriores le habíamos hecho en contrario. Nos manifestó que solo había podido dormir,escasamente, cuatro horas,habiéndole molestado los dolores y calambres mucho menos que en días anteriores, pues estos iban desapareciendo in- scnsiblemente: sentía si, un poco de náuseas y una anorexia completa. Dos deposiciones son las que ha tenido durante el día, permaneciendo por lo demás en el mismo estado que el anterior. En la noche, T. 37°2 y P. 106.-Son las dos de la mañana y no puede dormir tranquilo, despierta agitado a cada instante, revuélvese en su cama, mudando con frecuencia de posición; acomoda sus frazadas que con sus movimientos desarregla, hace apagar y encender la luz alternativamente y murmura palabras que no alcan- zamos a distinguir; en fin, después de tanta agitación, logra dormir de diez a quince minutos, para volver muy pronto a su intranquilidad. Día 30, T. en la mañana, 37° 1 y P. 100.-El resto de la noche lo ha pasado en el mismo estado que hemos descrito. A los síntomas observados en los días anteriores, vienen a agregarse hoy dos nuevos fenómenos, que doblegan la resolución que Carrión tenía de no permanecer en cama. Uno de ellos es el vómito que lo ha mortificado continuamente y que según su expresión ha sido provocado por la ingestión del medicamento, cuyo olor pene- trante y desagradable le causa repugnancia; el otro.es el vértigo que se manifiesta, sobre todo, cuando permanece sentado por algún tiempo. Un dolor profundo e intermitente en el hipocondrio derecho, que coincide con 210 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA un ligero aumento de volúmen del hígado, es lo que también acusa y hemos pedido comprobar. La anorexia,hoy mas que nunca.es completa. La presencia sola de los alimentos le provoca náuseas. Dos deposiciones líquidas y muy fétidas, son el resultado de los movimientos del tubo intestinal en este día, siendo precedidas de fuertes retortijones, que des- pués hacen lugar a un bienestar pasagero, seguido de una postración notable. La T. es 37°3. durante la noche, y tan solo ha podido dormir dos horas; la agi- tación y ansiedad son extremas. El vómito se ha presentado, aunque no con la frecuencia del día, y con algunos esfuerzos para sentrarse, ha podido hacer una deposición. Día I 0 T. en la Mu. 37° 2. y P. 106. Durante el día sólo ha tenido un vómito, y encuéntrase relativamente más tranquilo que ayer, se ha hecho aplicar tintura de yodo en el hipocondrio derecho, por haberse exajerado el dolor. El decaimiento y la postración han tenido una marcha tan rápida, que el en- fermo no ha podido sospechar siquiera la disminución tan enorme de sus fuerzas en estos últimos días: hasta ayer.no más,podía descender de su cama, aunque con al- gún trabajo,para satisfacer sus necesidades corporales; pero hoy, al hacerlo, después de haberse incorporado con gran dificultad, deslizaba ya los pies fuera de su lecho, cuando cae pesadamente sobre él, a consecuencia de un fuerte vértigo precedido de náuseas, según después nos manifestó. Engañado de su propio estado, cree que una vez pasado el vértigo, podrá conseguir su objeto; nuevamente se incorpora, re- húsa nuestro auxilio, diciéndonos: "en tan poco tiempo, creo imposible que hayan disminuido mis fuerzas, hasta el punto de no poder sostenerme . Dos deposiciones líquidas y fétidas, fueron el resultado del día. Un nuevo síntoma, tan alarmante como de mal augurio, hace presagiar el fin que aguarda a nuestro compañero. Hacia el medio día aparece por primera v ez el sobresalto de tendones, que se manifiesta en las manos y antebrazos, y que poco sensible al principio, va acentuándose más y más. La ingestión de los medicamentos, lo mismo que la vista de la comida,le provo- can, como siempre, náuseas. Desea permanecer solo, suplica a las personas que lo rodean no le dirijan la pa- labra y que hagan presente a las que vengan a visitarle, "que se halla durmiendo", aún cuando estuviere despierto. En la noche, T. 37° 4-P. 110.-La ha pasado regularmente, durmiendo algo mas que en las noches anteriores y con un sueño relativamente más tranquilo. A la I h. a. m. una cámara. No ha habido náuseas, ni vómitos. Día 2. T. en la M. 3 7o y P. 115. Continúan acentuándose los síntomas anterio- res, la posición vertical de la cabeza es ya insostenible, pues inmediatamente sobre viene un fuerte vértigo que le hace abandonarla. Durante el día ha tenido dos deposiciones copiosas y negruzcas; por la tarde un vómito. La lengua está seca y áspera; acusa una sed devoradora. En la noche, manifiesta dolores en el hígado, riñones y región precodial. Pulso frecuente, pequeño, blando y depresible. Le molesta grandemente el soplo carotídeo, que percibe con mucha claridad. El aspecto de la piel, así como la fisonomía particular que ofrece nuestro enfer- mo,son notables. Además de la sequedad y palidez extrema de la primera.se observa un tinte sub-ictérico, que unido a su aspecto árido y terroso,le imprimen una gran semejanza con el que frecuentemente se observa en los enfermos atacados de pire- xias infecciosas. Las mucosas y especialmente la gingivo-labial, completamente descoloridas, asemejándose en mucho al color de la cera. El rostro desencajado, los ojos hundidos y rodeados de un círculo negruzco, las mejillas y sienes completamente deprimidas, la nariz afilada y los pabellones au- riculares casi transparentes; ya en su mirada no se nota la penetración y vivacidad que antes le distinguían, manifestándose ahora sombría y como velada; su voz, aún cuando animada todavía por momentos, y sobre todo cada vez que se trata de su enfermedad, ha perdido también la animosidad y entusiasmo de antes. Se ha presentado una tos ligera; la voz un poco más apagada que antes, lo que atribuye él a un poco de helados que tomó hace un instante. La Secreción de la orina, que hasta hoy no ha presentado nada de notable, se verifica en pequeñas cantidades, no existiendo ni dolor, ni retención; pues la sonda, que a exigencia suya hubo de pasársele, dió apenas salida a 4 o 5 gramos de líquido BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 211 Lo notable de todo esto es, que el e* fermo acusa necesidades frecuentes de orinar, molestándose bastante cuando ve que arroja tan corta cantidad, lo que atribuye a una parálisis principiante y solicita con insistencia nuez vómica. Durante la noche, hemos podido observar una amnesia verbal de la siguiente forma: cuando a consecuencia de alguna necesidad nos llama, trata como es natural de explicarnos lo que desea y otras veces lo que siente; pero,después de algunas pa- labras se detiene, por no recordar, según dice, la palabra o palabras que correspon- den a la idea. Ha tenido un vómito y dos deposiciones. El sueño ha sido por demás intranquilo y agitado: no ha podido conciliario en el trascurso de esta noche por mas de media hora seguida. Día 3, T. 36° 7 y P.120 en la mañana. Agravación considerable de todos los síntomas que marchan .acentuándose,de la manera más rápida. La repugnancia por el medicamento ha hecho necesaria su suspensión. Han habido tres evacuaciones, seguidas de una postración tan considerable, que se parece al colapsus. En la mañana de hoy, se presentó a verle el Dr. Flores, quién examinó la sangre del enfermo al microscopio, notando que los glóbulos rojos se encontraban deformados e hinchados; su número, contado y rectificado, era de un millón, ochenta y cinco mil,por milímetro cúbico; los leucocitos,aumentados re- lativamente a las hematías. En la noche, T 37.° y P. 130. Agitación extrema: cambia casi continuamente de posición; pulso blando e irregular, pequeño extremecimiento vibratorio de las arte- rias del cuello. La lengua está pegajosa y seca. Es inextinguible la sed, solicita bebidas acidas. La ingestión de sustancias que contienen alcohol, aumenta considerablemente su excitación, y manifiesta entonces deseos de conversar. Dolor ligero en el hipogastrio y en las regiones precordial y sacra. Se queja del insomnio por las molestias que le produce, pareciéndole, por es- ta causa, la noche demasiado larga, y busca en la luz y en la conversación medio de distraerse. La inteligencia conservada, la voz un tanto difícil, lenta y a veces muy apagada. La respiración muy irregular: después de tres o cuatro inspiraciones amplias y ruidosas, vienen algunas cortas y débiles. La piel, seca y fría. Las deposiciones, han sido en número de ocho. Hay incontinencia de orina, que es abundante. La ingestión de leche con agua de cal,es seguida muy pronto de una deposición espumosa, fétida, compuesta de un líquido mucoso y de fragmentos de color negro adherentes al deposito. Cada defecación es precedida de un fuerte dolor de vientre, que desaparece una vez que se ha efectuado. Día 4. T.en la mañana 36°-P.100. El pulsóse ha modificado notablemente; se presenta hoy regular y duro. Piel, ligeramente caliente. El sobresalto de tendones, se ha extendido a las extremidades inferiores. Es acosado por necesidades frecuentes de orinar, siendo la orina clara. A las 11. A. M. se le traslada a la Maison de Santé (hospital francés). La voz está más apagada y muchas veces las palabras no se entienden. La inteligencia, va apagándose progresivamente. Los movimientos algo extensos, así como los más ligeros, le son imposibles de practicar. Su impotencia para poder cambiar de posición en el lecho, le ha obligado, muy a su pesar, a hacer uso de soleras. Ha hecho dos deposiciones, precedidas de retortijones y borborigmos. En la noche T. 36° 6-P. 100. Se inicia una gran agitación y ansiedad. Balbu- cea palabras incoherentes. A la una de la mañana, presenta carfología. A las dos, hay delirio completo y divaga sobre la Anatomía patológica de la verruga y las distintas opiniones que existen a ese respecto. Presenta aquel fenómeno, designado con la expresión de liar el petate; sin embargo, obedece a la indicación que se le hace de no fatigarse hablando demasiado; se pasa frecuentemente la mano por los ojos, como quien procura quitarse algo para ver mejor. La piel está casi fría y el pulso se pone más pequeño y depresible. A las 3 a. m. continúa la excitación. 212 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA La respiración es difícil y a veces quejumbrosa. Media hora después.concilia el «ueño, hasta las 4 a. m. en que ha hecho una deposición líquida y verdosa. A las 5 h. a. m. se ha levantado un poco e» pulso. Día 5. en la mañana (7h. 15) T. 36 8 -P. 118 y R. 24. La inteligencia, se ha perdido casi completamente; de vez en cuando llama a alguno de los amigos que lo rodean, y una vez cerca de él, nos mira indeferente como si no nos conociese. La palabra es mas y mas ininteligible; continúan la carfología y el crocidismo. A las 10 a. m. una deposición. Otra a las I 1. h. A las 12 54 T. 35° 9. P. 1 15 y R. 26 - El resto del día, lo ha pasado en el mismo estado. A las 9 y 20 - T. 37° l-P. 120 y R. 26. Desde hace algunos instantes ha entrado en coma, interrumpido, de rato en ra- to, por quejidos entremezclados con pa'abras incomprensibles. Las pupilas están dilatadas,el pulso filiforme y apenas perceptible: peco a peco aparace el estertor traqueal; después de tres o cuatro inspiraciones lentas y superfi- ciales, sigue una pausa expiratoria, cada vez mas prolongada. A las 1 1 lanzó su último suspiro. Tratamiento.-El 1 8 en la mañana,tratando Carrión de combatir el embarazo gástrico que, a su juicio, tenía, se administró un purgante de citrato de magnesia; permaneció en descanso el día 19, y desde el 20 hasta el 24 inclusive, se sometió a la acción del sulfato de quinina, a la dosis de un gramo diario, dividido en varias partes. Este tratamiento tuvo su causa en la fiebre que le acometió desde la noche del 19. A consecuencia de los dolores que ya sentía y que se exajeraron en los días 24 y 25, se propinó una cantidad diaria de 3 gramos de salicilato de soda (1 grm. en alterna). Durante los días 26 y 27, acosado especialmente por la sed, solo tomó limonadas, preparadas con jugo de limón. Cediendo a las reiteradas instancias que le habíamos hecho,acerca de la conve- niencia y necesidad de ser asistido por un facultativo, solicitó los auxilios del Dr. J. M. Romero, el día 28. El tratamiento a que fué sometido por este profesor, fué el siguiente: Hiposulfito de soda 4 gramos Agua destilada . 120 ,, Jarabe simple 30 ,, Una cucharada grande, noche y mañana. Tintura de quina Id. valeriana.. i Id. almizcle.. aa 4 gram. Mistura alcanforada M. para tomar 20 gotas cada 2 horas. Por alimentos, caldos, churrascos y vino. Los días 29 y 30 de Setiembre y el Io. de Octubre, estuvo sometido al mismo régimen, a excepción de la primera fórmula, que fué reemplazada por el jarabe de yoduro de fierro, a la dosis de una cucharada, en el almuerzo y en la comida. Además se le administró Vino de Peptona. El día 2 en la mañana, tuvo lugar una junta, compuesta de los Drs. Villar, Ma- cedo y Chavez, que dio por resultado el tratamiento siguiente: Clorato de potasa 4 gramos Agua 500 ,, Tint. percl. fierro... 8 ,, Acido clorhídrico 10 gotas Una copita cada dos horas. Inhalaciones de oxígeno (30 litros diarios). * Pulverizaciones de ácido fénico en la habitación. Régimen alimenticio, el mismo que en el día anterior y además jugo de carne y leche. El día 3,los vómitos que provocaba la ingestión de la Limonada Rusa, así como las diarreas que al mismo tiempo aparecieron, motivaron el cambio de medicación, que quedó reducida a lo siguiente: Salicilato de bismuto, 2 gramos.divididos en 6 papeles, uno cada dos horas. Albuminato de fierro, un gramo, en 5 papeles, 1 cuatro veces al día. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 213 Como tisana, agua gaseosa, niev< helados, agua albuminosa y en fin.agua con vino, que fue la mejor soportada. Continuó este tratamiento hasta las 12 m., en que fué instalado en la Maisón de Santé, donde se reunió, a los pocos momentos de su llegada, una junta, formada por los Drs. Villar, Romero, Eiores y Chavez. No obstante la opinión de la mayoría de la junta en favor de la transfusión sanguínea, fué aplazada la operación para el día siguiente, quedando sometido el enfermo al tratamiento que sigue: Inyecciones intravenosas de ácido fénico y 20 centigramos de albuminato de fierro cada 2 horas; se continuaron además las inhalaciones de oxígeno y las pulverizaciones de ácido fénico; como bebida, agua gaseosa, y como alimentación, caldos y polvos de carne. Tal fué la última medicación que se opuso a la enfermedad de Carrión, cuya historia acabamos de describir a grandes rasgos. Autopsia.-A las 9 a.m. del día 7, es decir, 34 horas, poco más o menos, después del fallecimiento de Carrión, se contituyeron los Médicos de Policía a practicar la apertura del cadáver. Puesto el cuerpo a descubierto.se notó la piel extremadamente pálida, presen- tando algo de aquel tinte subictérico y aspecto terroso, que tuvo durante los últi- mos días de su vida. Notose, además,algunas equimosis, que llamaron la atención por presentarse en regiones no declives. Es esto tanto más notable, cuanto que las equimosis sólo se presentan en los individuos que sucumben a la acción de enfer- medades infecciosas, que imprimen al tegumento ese aspecto especial. Abiertas las cavidades, se observó lo siguiente: Pulmones.-Completamente anémicos, casi blancos, con algunos puntos an- tracósicos, crepitantes a la presión. Hechas algunas incisiones,salió un poco de lí- quido espumoso, ligeramente sucio,y al que los Médicos de Policía,en el informe que a este respecto emitieron,calificaron,sin razón,de sanies purulenta, estableciendo una notable analogía,con el caso de una mujer muerta en el Hospital de Santa Ana, a consecuencia de una tuberculosis pulmonar y cuyas lesiones atribuyeron a una erup- ción de verruga en dichos órganos. Es de advertir que Carrión, que había examinado repetidas veces y detenidamente a dicha enferma, creyó desde el principio que, aún cuando se encontraba en presencia de una erupción externa de verruga,los síntomas que del lado de los órganos respiratorios presentaba la paciente, no podían ser atri- buidos sino a la evolución de una tuberculosis pulmonar avanzada, de antigua data. Corazón.-Muy pálido, conteniendo coágulos de color amarillo rojizo, forma- dos indudablemente post mortem; el líquido pericárdico aumentado de cantidad; una parte de él,mezclada con el que dió la abertura del corazón y los pulmones, fué reservada por los Médicos de Policía,para someterla mas tarde a un análisis micros- cópico. Sangre.-Constituida por serum pálido, conteniendo en suspensión granula- ciones rojo-oscuras, parecidas al concho del café; se reservó también una cantidad de ese líquido, con el mismo objeto que el anterior. Aunque muy a la ligera, diremos algunas palabras acerca de la investigación mi- crográfica ya indicada y de los pretendidos e ilusorios bacilos, encontrados tan fá- cilmente por los médicos informantes. Ante todo haremos presente, que tan delicada como difícil operación, aun para los mejores microbiologistas, iba a ser practicada, en este caso,sobre un líquido su- mamente complejo y alterado, si se tiene en cuenta la época en que se recogió y las pocas o ninguna precaución que se tomaron para obtenerlo. Colocado dicho líquido en el objetivo del microscopio, sin preparación prévia alguna (puesto que a este respecto nada dicen en su informe) , les bastó pocos momen- tos de observación para encontrar un gran número de micro-organismos y entre ellos sus pretendidos "bacilos específicos." Nótese aquí, en primer lugar, que esa investigación se hacía por individuos que quizá por primera vez emprendían un estudio de esa naturaleza; y en segundo lu- gar, la asombrosa facilidad con que perciben y diferencian tan variados orga- nismos. Circunstancias son estas que deben tenerse en cuenta, para apreciar, en lo que vale, la opinión que a ese respecto emitieron los entonces Médicos de Policía. Hígado.-Pálido, muy aumentado de volúmen, presenta en su cara cóncava un tinte apizarrado o azulado, debido, indudablemente,a su contacto con el colon, que, como se sabe, determina en dicha superficie lo que en anatomía se designa con el nombre de "imoresión cólica"y que, sin razón alguna, llamó tanto la atención de los ya citados médicos, que lo elevaron a la categoría de "alteración carac- terística". 214 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Bazo.--Disminuido de volumen,exangüe y reblandecido, presentando en cier- tos puntos de su cara anterior, la misma coloración señalada en la cara inferior del hígado. Riñones.- Nada de notable. Mesenterio.-Considerable infarto de los ganglios mesentéricos. Meninges y cerebro.-En estado anémico. He terminado, señores, la tarea que me había impuesto; permi- tidme, sin embargo, antes de abandonar esta augusta tribuna, re- cordaros las sublimes palabras de aquel, cuyo noble sacrificio con- memoramos hoy, palabras dirigidas a uno de sus condiscípulos, en momentos los más supremos, y por las que quedamos ligados a su memoria, con el más sagrado y estrecho compromiso: "Aún no he muerto, amigo mío, ahora toca a UU., terminar la obra ya comenza- da, siguiendo el camino que les he trazado." Compañeros déla "Unión Fernandina", os digo yó ahora, no olvidéis el camino. He dicho. El Dr. Pablo Patrón Nació en Lima el año de 1855 y era nieto del doctor Faustos, celebrado médico limeño que actuó intensamente en nuestro ambien- te médico de la primera mitad del siglo XIX. Inscrito en la matrícu- la de la Facultad de Medicina de Lima el año de 1872, debió inte- rrumpir sus estudios profesionales por motivos de salud que le obli- garon a abandonar la capital. Alumno distinguido de la Facultad de Medicina, mereció de ésta todos los llamados"premios mayores": la contenta de Bachiller el año de 1884; la de Licenciado el año de 1885 y la de doctor el año de 1886, año en el cual obtuvo el títu- lo profesional de médico. Dotado de excepcionales condiciones de laboriosidad y de talento, dueño de una memoria verdaderamente prodigiosa, el doctor Patrón, que se inició con éxito brillante en el ejercicio de la profesión médica, no tardó en abandonarla para dedicarse de lleno al cultivo de sus grandes aficiones por la Historia y la Filosofía, deserción espiritual que si sustrajo un elemento valioso ala Medici- na lo entregó, y de muy alto valer, a aquellas disciplinas cuyo cul- tivo le valió plaza honrosa de excelente americanista. Fallecido el doctor Patrón en Lima, el año de 1910, la Gaceta Médica de los Hospitales le dedicó un artículo necrológico del que tomamos las siguientes líneas: "El Dr. Pablo Patrón, médico, fi- lólogo, historiador erudito, americanista notable, muere dejando un verdadero vacío en la intelectualidad nacional. El cerebro pode- roso de! doctor Patrón atesoró ciencia como los avaros, riqueza, pero, a diferencia de estos, fué pródigo de su saber: dotado de po- derosa memoria era el archivo, la Biblioteca de consulta fácil, sobre todo para aquellos que se dedicaban a escrudiñar el pasado. Con harta benevolencia muchas veces lo vimos absolver una consul- ta,marcar una fecha,señalar una obra,dar siempre un buen consejo. Sus producciones esparcidas en artículos de periódicos y en folletos no han sido compiladas y de su gran obra, el origen súmero de la lengua incaica, sólo se editó un volúmen. . . . " Miembro de todas las sociedades científicas y literarias de Li- ma, en todas ellas dejó el doctor Patrón la huella luminosa de su obra de investigador infatigable. Historiador, no hizo abandono de la Medicina en el curso de sus investigaciones y a él debemos algu- nas de las mas interesantes páginas de nuestra Histeria Médica; 216 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA que debió abandonar para embarcarse en empresas de mayor alien- to como el estudio del origen de las lenguas peruanas originarias. El doctor Patrón representó al Perú en diversos certámenes extranjeros, con verdadero brillo. BIBLIOGRAFIA 1.-La Medicina en el Perú por los años de 1730, según Mr. Petit. Crónica Médica de Lima, 1884. 2.-Nuevos usos del Capsicum. Id. 1885. 3.-Fiebre biliosa palúdica. Id. 1885. 4.-Del diagnostico de la,tifoidea en el primer periodo, traduc- ción anotada. Id. 1885. 5.-Púrpura palúdica. Id. 1885. 6.-Disentería. Id. 1886. 7.-El Dr. José M. Dávalos. Id. 1886. 8.-Disentería, casos clínicos, tratamiento. Id. 1886. 9.-Miasis. Id. 1886. 10.-Algo sobre el tratamiento de la furunculosis. Id. 1887. 1 1.-El zaratán por Mr. Petit. Id. 1887. 12.-Psicología Experimental. Id. 1888. 13.- Un medicamento antirábico. Id. 1889. 14.-La verruga de los conquistadores. Id. 1889 y en "Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima", 1895. 15.-Condiciones de la clase obrera en el Perú y medios de mejo- rarla, estudio premiado por la Municipalidad de Lima, Lima, 1894. 16.-La enfermedad mortal de Huayna Capac. Crónica Médica de Lima, 1894 y "Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima", 1895. I 7.-Observaciones acerca del estudio medico legal sobre el enve- nenamiento de la señora Lewis. Id. 1895. 18.-El hospicio de huérfanos lactantes: breves indicaciones sobre lactancia artificial. Id. 1895. 19.-Rectificaciones a una obra de Geografía Médica. Id. 1895. 20.-La flora peruana y chilena de Ruiz y Pavón, en "El Comer- cio" de Lima, 1891 y en la "Gaceta Científica de Lima", vol. VII y en el "Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima" vol. X. 21.-El soroche, en "Gaceta Científica de Lima", vol. I 22.-Colón y su descubrimiento, Gaceta Científica de Lima, vol. IX. 23.-Nuevos estudios sobre las lenguas americanas, Leipzig, 1907. 24.-Informe sobre el estado de los trabajos en la oficina Raimondi, en Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima, vol. IV 25.-La raíz Chi en varias lenguas de América. Id. vol. VII 26.-La papa en el Perú primitivo. Id. vol. XI. 27.-Influencia del dominio peruano en Chile. Id. vol. XXV 28.-Memoria del vicepresidente del Instituto Histórico del Perú, en "Revista Histórica", Lima, 1907. 29.-Historiadores Primitivos de Indias, informe al Instituto Histórico del Perú. Id. LA VERRUGA DE LOS CONQUISTADORES Por el Doctor Pablo Patrón, Publi- cado en "La Crónica Médica" de Lima año de 1889, p. 10L a 105. Los pobladores de España, de fines siglo XV a mediados de XVI, hombres de hierro, ganosos de honores y riquezas, impulsados por su carácter soldadesco y aventurero, dieron feliz cima, gracias a su constancia y heroicidad, al descubrimiento y conquista de las tierras occidentales, a donde los guiara por primera vez el genio del inmortal COLON. No habían transcurrido ocho lustros de aquella memorable fecha, ya el pabellón de Castilla flameaba en el mar del Sur; ANDAGOYA había encontrado el Perú, o sea el imperio in- queño, y FRANCISCO PIZARRO, que apenas si había entrevisto en una expedición anterior la opulencia de un Estado, emprendía hacía él su último viaje, más animoso y esperanzado que nunca con su famosa Capitulación. En esa penosísima travesía de la costa, sus arrojados compa- ñeros fueron, entre otras calamidades, atacados de una enfermedad que, por su aspecto exterior, denominaron verrugas. Salvo la noticia que de ella dá el contador Zarate (1),trascrita desde un principio por el Doctor Tomas Salazar en su tesis (2), el texto de Herrera ha poco recordado por nuestra Academia Nacio- nal de Medicina en el cuestionario de un concurso sobre dicha enfer- medad (3), la narración de los demás historiadores no ha sido toma- da en cuenta por los médicos que ha escrito acerca de verruga. El conquistador Pedro Pizarro, soldado burdo, pero testigo de vista, dice:<que habiendo llegado con sus mercaderías a Coaque « se hallaron muchos colchones de lana de ceyva que son unos ár- « boles que la crian, que ansi se llaman. Aconteció pues que algunos 218 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA « españoles que se echaban amanecían tullidos; que si el brazo esta- « ba doblado o la pierna al dormir, no la podían desdoblar sino era « con muy gran trabajo y beneficios; esto aconteció a algunos y aun « se entendió que esto fue el origen de una enfermedad que dió de « berrugas, tan mala y congojosa, que tuvo a mucha gente muy fa- « tigada y trabajada con muchos dolores como si estuvieran de bu- « bas hasta que le salían grandes berrugas por todo el cuerpo, y « algunas tan grandes como huevos, y reventando el cuero, les co- « rría materia y sangre que tenían de cortárselas y echarlas en la « llaga cosas fuertes para sacar la raíz; otras habían tan menudas « como sarampión de que se hinchían los hombres todo el cuerpo. « Pocos escaparon que no las tuvieran, aun que a unos dió más que « a otros. Otros quisieron decir que se causó esta enfermedad de « unos pescados que comieron en las provincias de Puerto Viejo, « que los indios dieron de malicia a los españoles (4) Gomara refiere lo mismo: «llegaron a Coaque Lugar pro- « veido y rico donde refrescaron azaz cumplidamente y hubieron « mucho y esmeraldas. Apenas habían satisfecho al cansancio y « hambre, cuando les sobrevivo un nuevo y feo mal, que llamaban » berrugas, aun que según atormentaban y dolían, eran Bupas. « Salían aquellas Berrugas o Puyas a las cejas, narices, y otras « partes de la cara, y cuerpo, tan grandes como Nueces, y muy « sangrientas. Como era nueva enfermedad, no sabían que hacerse « y renegaban de la Tierra y de quien a ella los trajo, viéndose tan « feos; pero no tenían en que tornarse a Panamá, sufrían». (5) El indicado Zarate habla también de esta epidemia en los si- guientes términos: «y luego les sobrevino una enfermedad de Be- < rrugas.de que arriba tenemos hecha mención, tan general en todo « el exercito, que pocos se libraron della: no embargante lo cual el « Gobernador persuadiendo la Gente, que lo causaba la mala cons- « telación de la Tierra pasó adelante con ellos hasta la provincia que « llamaron Puerto Viejo» (6) Oigamos a Herrera que no discrepa de los anteriores: «Los « que quedaron en Quaque, Tierra cerca de la línea Equinoccial, « padecieron mucho en siete Meses que aguardaron; por que acon- « teció acostarse sanos y levantarse hinchados, y algunos amane- cí cían muertos, otros con los miembros encogidos, tardando veinte « días en sanar: nacíanles Berrugas encima de les ojos, y por todo el « cuerpo, con grandes dolores, que causan impedimento, y fealdad, « y dábales pena el no saberse curar de enfermedad tan contagiosa: « los que se las cortaban se desangraban tanto que pocos escapa- « ron: a otros les nacieron mas menudas y espesas; díxose que este BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDCINA PERUANA 219 « mal fue causado de cierto Pescado empozoñado, que Ies dieron « los Indios» (7) El cuzqueño Garcilaso no podía silenciar un hecho de tanto bulto, y así lo relata con todos sus detalles: «Sobre esta pérdida se « les recreció a los de Pizarro una enfermedad extraña y abemina- « ble, y fue que les hacían por la cabeza, por el rostro, por todo el « cuerpo, unas como verrugas, que lo parecían al principio cuando « se Ies mostraban; mas después, yendo creciendo, se ponían como « brebas prietas del tamaño dellas; pendían de un pezón, destila- « ban de si mucha sangre, causaban grandísimo dolor y horror; no « se dexaban tocar,ponían feísimos a los que le daban; porque unas « verrugas colgaban de la frente, otras de las cejas, otras del pico « de la nariz, de las barbas y orejas; no sabían que les hacer. Mu- « rieron muchos, otros muchos sanaron, no fué la enfermedad gene- « ral por todos los españoles aun que corrió por todo el Perú que « muchos años después vi en el Cuzco tres o cuatro españoles con « la misma enfermedad, y sanaron: debió de ser alguna mala in- « fluencia que pasó, por que después acá no se sabe que haya habi- « do tan mala plaga» (8) Jerez calla este suceso probablemente adrede pues como es- cribía para que se supiera en España lo acaecido en el Perú y vinie- ra gente de allá, naturalmene debía ocultarse un hecho de suyo tan perjudicial (9). Así, mientras Pedro Pizarro cuenta (10) que sus camaradas llegaron a la Puná con verrugas, él solo pone que allí «fueron curados algunos enfermos que habían» (II) Confrontados los textos aducidos, salta a la vista que la ve- rruga de los invasores del Perú, iniciada por dolores musculares pro- fundos, seguidos de una erupción, ya de tumores grandes y hemo- rrágicos, ya de otros pequeños y apiñados, no es sino la enfermedad morbosa hasta hoy conocida con ese mismo nombre. Herrera afirma que ella es contagiosa, y en efecto, es así, aun que por lo ge- neral se crea hoy lo contrario. Si la índole de este escrito lo permitie- ra, dejaríamos este punto fuera de toda discusión. En esa época la verruga se extendía por la costa desde la bahía de San Mateo hacia el Sur. Los españoles fueron presa de ella como hemos visto, en Coaque, lugar situado a dos minutos latitud boreal en la ensenada de su nombre, formada por la punta del Palmar al Mediodía y la del Pedernal al Setentrión (12). Además, Oviedo y cieza son terminantes a este respecto. El primero confirma que «En aquella tierra casi todos los españoles que en ella están de un «mes arriba crían unas berrugas sucias e glandes, que a algunos sa- «len en la cara,otros en el cuerpo e huelen mal e si revientan se desan- 220 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA « gran por ellas e aún peligran algunos, así en Puerto Viejo como « en otras partes de la Tierra» (13). El segundo, en su «Noticia de algunos cosas tocante a las provincias de Puerto Viejo o a la línea Equinoccial» se expresa de igual modo, y manifiesta que la enfer- medad era, desde tiempo atrás, endémica entre los oriundos de aque- llos sitios: «y an en la mayor parte de esta costa se crían en los hom- «bres unas berrugas bermejas del grandor de nueces, y Ies nace en «la frente y en las narices, y en otras partes, que además de ser mal «grave, es mayor la fealdad que hace en los rostros, y creese que de «comer algún pescado procede este mal. Como quiera que sea, reli- «quias son de aquella costa, y sin los naturales, ha habido muchos «españoles que han tenido estas berrugas» (14). Aunque, según Garcilaso la epidemia recorrió todo el Perú, al extremo que él alcanzó algunos enfermos en el Cuzco, no obstan- te, dudamos de ello; pues de que él viera años más tarde algunos españoles verrucosos en su ciudad natal no se deduce que la peste durara hasta entonces. ¿Por qué esos cuantos apestados no habrían podido adquirir después la verruga en cualquiera de esos valles ci- sandinos su asiento permanente? ¿Cómo se explica que un aconte- cimiento tan notable y digno de atención, no conste en las historias contemporáneas? (15). En la carta que, tocante a Medicina diri- giera Pedro de Osma vecino de Lima, al célebre Dr. Nicolás Monardes en 1568 (16) tampoco se encuentra nada pertinente. ¿Quizás si desconociendo la verruga la confundieron con la sí- filis? ¡Imposible! no existe entre ambas especies patológicas seme- janza que pudiera ocasionar ese error. A mayor abundamiento, los españoles eran eximios peritos en punto morbo gálico. Por ese tiempo, el libro de Francisco López de Villalobos sobre bubas (17) estaba en todas las manos; los médicos nacionales Gaspar Torrella (18), Pedro Pintor (19), Juan Almenar (20), habían dado a luz monumentales obras que no dejaban nada que desear en el conocimiento de las causas, sín- tomas,pronóstico, curación y profilaxis"(21) del «Mal napolitano»; andaba esa plaga hasta en los refranes (22) en boca del pueblo; y, por último, era ella tan general que, en 154^ D. Luis Lobera del Aguila escribía sin empacho lo siguiente: «La quarta enfermedad cortesana que es mal francés o bubas por otro nombre; la qual es tan común, que por ser de todos muy conocida y por nuestros pe- cados usada, excusaré prolixidad y dexaré de poner todas las se- ñales della, pues son tan conocidas» (23). La verruga no ha merecido hasta ahora ser estudiada por los americanistas, ni ha tenido suerte con los historiadores. Prescott BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 221 prescinde de ella (24); Mendíburu se contenta con mencionar- la (25); Quintana, lorente, Chaix Cappa, si bien mas noticio- sos, pecan por inexactos. El primero (26) olvida una de las dos for- mas del brote verrucoso consideradas por Pizarro y Herrera; el segundo (27) no las distingue y da por dudoso el contagio; los otros dos creen que las hemorragias mortales provenían de que se pica- ban los tumores con la lanceta (28), o de que las abrían (29); sien- do asi que los pacientes se las cortaban de raiz para quitarse de en- cima esos cuerpos tan grandes y que tanto les aburrían. Pero nadie, que sepamos ha caido en error tan craso con o Cevallos: "Andando asi el corto ejército de aventureros por las "costas de Manabí (30) asomó por primera vez la epidemia de las "viruelas, desconocida en nuestro continente, la que mas tarde ha- "bia de cebarse principalmente en la raza indígena, diezmandopo- "blaciones enteras y la que por er.tónces se cebó en los mismos que "la conducían sin saberlo, dentro de sus propios cuerpos. Casi to- "dos ellos fueron acometidos de esta asquerosa enfermedad, que "desfalleciendo las fuerzas del paciente, a veces hasta acabar con "la vida, deja, cuando sana, arrugados y deformes, también a ve- "ces los rostros de los virolentos. Algunos pagaron con la vida la "injusta invasión que acometían y sin acertar a dar con las causas "que estaban dentro de ellos mismos, la atribuyeron a que los in- "dios habían envenenado los alimentos o las aguas (31). Asi por mucho tiempo se ha desconocido y desfigurado la ve- rruga, cuyo primer estudio médico, hecho en este siglo por el Doc- tor Archibaldo Smith (32) pronto fué olvidado; habiendo sido menester la epidemia de la quebrada de Matucana cuando los tra- bajos del ferrocarril a la Oroya, y últimamente el generoso sa- ficio de nuestro condiscípulo Daniel A. Carrion (33) para que el mundo sabio recordase la existencia de tan extraño mal y se ocupa- ra de su estudio. (1).-Historia del Perú, Libro Io, Capítulo IV página 4 Barcia, Historiadores Primitivos de Indias, Tomo III. (2).-Tesis para el Doctorado en Medicina, Historia de las Vcfrrugas, ''Gaceta Médica de Lima", Tomo II, 1858, pág. 161. (3).-"El Monitor Médico de Lima", Tomo II, 1886, pág. 179. (4).-Relación de Pedro Pizarro, Colección de Documentos inéditos para la Historia de España, por Martín F. Navarrete, M. Salvá y P., Sainz de Baranda, Tomo V, Madrid, 1844. pág. 212. (5).-Historia de las Indias, capítulo CX (Barcia obra citada Tomo 11 pág. 1 03) (6).-Obra citada. Libro II, cap. Io. (Barcia, obra citada. Tomo III, pág. 18) (7).-Déc. Quarta, Libro VII, cap. IX, pág. 444: cap. X, pág. 145 (2a. ed. Ma- drid, 1730) (8).-Historia General del Perú, Córdoba 1617, Libro I, cap. XV. fojas 11. (9).-También pasa por alto el soroche sorochede los expedicionarios. (10).-Obra citada en la nota 4, pág. 214. (11).-Conquista del Perú (Barcia, obra citada, Tomo III, pag. 183). 222 BIBLIOTECA CENTENARIO DEMEDIC1NA PERUANA (12).-Coleti. Dizionario Histórico Gec jrafico, della América Meridionale, Venezia, 1771. Alcedo Diccionario Histórico Geográfico de la América, Tomo IV, pag. 332. (13).-Historia General de Indias, Libro 46, cap. 17, pag. 221, tomo IV. (14).-Crónica del Perú, primera parte, cap. 46, pag. 400 (Historiadores Pri- mitivos de Indias, tomo II, colección Rivadeneyra) (15).-El Padre Anello Oliva trae la noticia, pero este jesuita es posterior a Garcilaso, y de él he tomado cuanto consigna de este padecimiento (Histoire du Pé- rou, colection Ternaux Compans, París, 1857, pág. 82 y 83) (16).-Primera, segunda y tercera parte de la ''Historia de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales que sirven en Medicina ", Sevilla 1586, pag. 57. (17).-El Sumario de la Medicina en romance trovado, con un tratado sobre las pestíferas bubas, 1498 (Chinchilla, Análisis histórico de la Medicina en general y biográfico y bibliográfico de la Medicina española en particular, tomo 2o. Valencia, 1841, pag. 102 y siguientes. (18).-Tractatus cum consilis contra pudendagam seu morbum gallicum, Roma, 1497. (19).-Agregator sententiarum doctorum asisrium de preservatione et curatio- ne pestilentiatise, Roma, 1490. (20).-De lúe venerea sive de morbo gálico ali isque affettibus corporis huma- ni, Venezia, 1502. (21)-Historia Bibliográfica de la Medicina Española, tomo 2°. Madrid 1843, pág. 53. (22).-M alas bubas te dé Dios, tollido te vea yo (Tesis de José María Galindo para graduarse de bachiller en Medicina "Opinio Luem Gallicam ab Haití in Europas suntimens venisse, suis fundanientis ruit", Lima, 1808 pag. 8) "Tullidos e hechos pedazos de muy crudas llagas, y con estremos dolores'' así pinta Oviedo los sifilíticos de Indias (Obra citada, Libro 10, cap. II, pag. 364, tomo I) (23).-Libro de las quatro enfermedades cortesanas, fol. 74. (24).-History of the Conquest of Perú. (25).-Diccionario histórico biográfico del Perú, tomo VI, Lima, 1885, pag. 411. (26).--Vidas de Españoles célebres. Francisco Pizarro pág. 315 (Obras comple- tas, colección de Rivadeneyra). (27).-Historia de la Conquista del Perú, Poissy 1861, Libro II, cap. II, pag. 97 y 98. (28).-Chaix, Histoire de l'Amerique Meridional au seizieme siecle, premíerc partie, Perou, tome second, Livre cinquieme, chap. 19, pag. 25. (29).-Historia del Perú, Libro segundo, Lima, 1886, pág. 4. No ha modifica- do esta parte en la segunda edición: Estudios críticos acerca de la dominación espa- ñola en América. III La Conquista, Madrid, 1888, pág. 5. (30).-Nombre indígena de las tierras de Puerto Viejo (Cevallos: Resúmen de la Historia del Ecuador, tomo VI, pág. 184). (31).-Obra citada, tomo I, págs. 179. y 180. (32).-Practical observations on the Diseases of Perú, pág. 9 (From the Edim- burg Medical and Surgical Journal, n°. 152.) (33).-La verruga peruana y Daniel A. Carrión, Lima, 1886. El doctor Manuel Irujo Nació en Lima el año de 1863. Se inscribió en la matrícula de la Facultad de Medicina de Lima el año de 1881 y dió térmico a sus estudios profesionales el año de 1888. Para obtar el grado académi- co de bachider en Medicina sustentó ante la Facultad una tésis ti- tulada "Efectos terapéuticos de la convalaria'' (año de 1888). El mismo año obtuvo el título profesional de médico. Siendo todavía alumno de Medicina el año de 1884, el señor Irujo prestó muy útiles servicios como miembro de la Junta Sanita- ria de Vacuna entonces existente y que era de eficaz colaboración en la lucha contra la viruela. Jefe de la Clínica Médica de varones el año de 1888, desempeñó este cargo hasta el año de 1890, muy a satisfacción de maestros y alumnos. El año de 1891 fué elegido presidente de la Sociedad Médica "Unión Fernandina'',en cuyo cargo puso decidido empeño en man- tener la tradición de laboriosidad entusiasta de la juvenil institución. Trasladado el doctor Irujo a la ciudad de Iquitos, residió en ella por muchos años, con éxito brillante, al cual no eran estrañas la vocación médica y la ansia constante de renovación que caracte- rizaron al malogrado compañero que falleció en año de 1920, cuando, por asuntos políticos, realizaba viaje de Iquitos a Lima. BIBLIOGRAFIA 1.-Fisiología de la médula espinal, Conferencia en la Sociedad Médica "Unión Fernandina'', 1884. 2.-Hepatitis supurada. Crónica Médica de Lima, 1886. 3.-Estrechez aórtica sifilítica. Id. 1888. 4.-Casos clínicos de tifo malaria. Id. 1889. H. V. Palabras pronunciadas en la Sociedad Médica "Unión Fernandina de Lima" el 2 de octubre de 1861. Señores; El 5 de Octubre simboliza para nosotros y para el mundo médico entero, una fecha de gloria y de doloroso recuerdo; pues en ella, a la vez que se solucionaba un importantísimo problema de Patología experimental, terminaba su preciosa existencia un deno- dado obrero de la Ciencia, una esperanza para la Medicina patria, nuestro inovidable compañero Daniel A. Carrión; quién, en su ju- venil entusiasmo, guiado tan sólo por el vehemente deseo de ser útil a sus semejantes en la sagrada profesión que se había impues- to, arranca a la Ciencia, si bien a muy caro precio, por cierto un se- creto por demás interesante, cual es la inoculabilidad de la verruga peruana y su identidad etiológica con el proceso mórbido llamado Fie- bre de la Oroya. Si es noble y generoso el sacerdocio del médico que procura la salud al que sufre, exponiendo en ocasiones su propia existencia, y sin que le halague Ja esperanza de una recompensa que con mucha frecuencia se torna en ingratitud y desdén, es sublime y grande su ministerio, cuando sacrifica su cara vida por rasgar el velo que en- cubre a ciertos misterios de la naturaleza, en pro del bienestar de la humanidad. Para los que tal han hecho, verdaderos mártires de la Ciencia, tiene esta sus bellas páginas de oro, de donde jamás desaparecerá su recuerdo, y cualquier elogio que de ellos quisiera hacerse, sería de muy pálido colorido, pues lo grandioso de su abnegación no tie- ne como expresarse en el humano lenguaje Entre estos seres privilegiados figura el modesto estudiante de medicina, en cuya memoria nos reunimos hoy, cumpliendo así una determinación de nuestra Sociedad, para solemnizar el importante descubrimiento que con su sacrificio nos legara. Que él, pues, no sea estéril; y que el recuerdo de Carrión nos sirva de estímulo para perseverar en la obra que nos hemos impuesto. Doctor Alfredo 1. León Nació en Paita, departamento de Piura, el año de 1862. Inscri- to en la matrícula de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lima el año de 1880. Bachiller en esta Facultad (6 de abril de 1883); su tesis: "Extracción del salitre y del yodo de Tarapacá"; Licenciado en la misma Facultad (7 de octubre de 1884), sustentan- do una tesis titulada "Rocas feldespáticas"; Doctor en Ciencias Na- turales (23 de julio de 1887), sustentando como tesis un estudio sobre "La Lucacha (Lactrodectus peruvianas) que es uno de los pocos números bibliográficos nacionales respecto de la Lucacha. Inscrito el año de 1882 en la matrícula de la Facultad de Medicina de Lima, terminó sus estudios profesionales el año de 1889. Bachi- ller en Medicina el año de 1888, presentó al efecto una tesis que lle- vaba por título "Hemoglobina". Doctor en Medicina el año de 1891, sustentando en tal acto una tesis titulada "Contribución al estudio de la erisipela". Miembro de la junta sanitaria de vacuna establecida en Lima el afio de 1884, Presidente de la Sociedad "Amantes de la Ciencia" el año de 1888, jefe de la Clínica Quirúrgica de Varones el año de 1892,desempeñó el doctor León, en este último año, el cargo de mé- dico sanitario de Moliendo, el año de 1895, la presidencia de la So- ciedad Médica "Unión Fernandina" de Lima. Elegido el 23 de julio de 1887 Catedrático adjunto interino de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lima, fue promovido a Catedrático principal interino de la cátedra de Botánica el 1 5 de julio de 1893 y a principal titular el 30 de abril de 1897, cátedra que desempeñó, así como la Secretaría de la Facultad de Ciencias, has- ta el año de su fallecimiento. BIBLIOGRAFIA Publicaciones en "Crónica Medica'' de Lima. 1.-Anomalías arteriales, 1884. 2.-Teorías sobre el origen del calor animal. 1884. 3.-Actinomicosis, 1888 4.-Tesis del doctorado en Medicina. 1891. 5.-Revista de la Clínica Quirúrgica, 1892. 6 -Dos casos poco frecuentes de fiebre perniciosa palúdica, 1 894. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 226 7.- Vómito reflejo incoercible de origen cardiaco; su curación por la trinitrina, 1895. 8.-Un caso de paludismo deforma intermitente larvado, acom- pañado de síntomas perniciosas, 1895. 9.-Un caso de tétanos crónico curado por fuertes dosis de hidrato de cloral, 1896. 10.- Un caso de paludismo afectando la forma de delirium tre- mens. 1896. Publicaciones en la "Revista de Ciencias" de Lima. 11.-Geografía Botánica. vols I y II. 12.-Contribución al estudio de ¡aflora del Perú. vol. VI Publicaciones en la "Gaceta Científica de Lima" ; 13.-Observatorio meteieolcgico municipal, vol. II 14.- Unidad y simplicidad de la materia: unidad de las fuerzas y evolución de los seres organizados. Conf. en la Sociedad "Amantes de las Ciencias", 1885. 15.-Artículo editorial, sin titulo, vol. III. 16.-Sociedad Amantes de la Ciencias'su fin, sus medios. Vol.IV. 1 7.-La agricultura y demás industrias como base del progreso de los pueblos, vol. IV. 18.-Artículo editorial, sin título, vol. IV 19.-El petróleo y su industria, vol. IV. 20.-Tesis del bachillerato de Ciencias, vol. IV. 21.-Memoria del Presidente de la Sociedad Amantes de la Cien- cia, vol. V. H. V. UN CASO DE VERRUGA PERUANA Párrafo de una memoria del Dr. Al- fredo I. León publicada en la Crónica Médica de Lima, año de 1891. p. 93. La memoria lleva por título: "Clínica Quirúrgica del Hospital de Sta. Ana- Sala de la Virgen." Verruga peruana.-Sólo por exactitud hacemos mención de un caso, que no ofreció nada de notable. Estaba en su periodo de erup- ción y ésta, que pertenecía a la variedad llamada de quinua, se había localizado en el tercio inferior de los antebrazos y en la cara dorsal de ambas manos. La mujer que la padecía era india, joven, tarmeña y decía haber llegado de la sierra hacía poco tiempo. Acusaba haber tenido antes fiebres y muchos dolores en los hue- sos, los que le habían ya disminuido desde que la erupción había principiado y manifestaba sentirse muy débil con la enfermedad y en efecto estaba bastante anémica. El tratamiento de que hicimos uso consistió en la administra- ción del bromuro de potasio a dosis altas, de 4 a 6 gramos diarios, del tárt aro de potasa y fierro, como tónico en los alimentos y de la agua de mote con vino como bebida a pasto. Saliendo la enferma curada como a los 1 5 días de haber entrado. Quisimos en este caso ensayar el vegetal llamado vulgarmente uña de gato (Buttneria Cordata, según el señor A. Vienrich. Véase Gaceta Científica, Mayo de 1890) que en la medicina popular de nuestras serranías es muy recomendado y aún principiamos a hacerlo, pero desgraciadamente hubimos de suspender el tratamiento al segundo o tercer día, por carecer del citado vegetal que no nos fué ya posible conseguir Esta enferma ocupó la cama núm. 10 y llevaba diez días de padeci- mientos. Doctor Dámaso Antunez Nació en Aija (distrito de la provincia de Huaráz en el depar- tamento de Ancash) el año de 1862. Inscrito en la matrícula de la Facultad de Medicina de Lima el año de 1885, terminó sus estudios profesionales el año de 1892. El año de 1891 obtuvo el grado acadé- mico de bachiller en Medicina, sustentando al efecto una tesis ti- tulada: "Enfermedad de Carrión" que es la que insertamos en este volumen. El señor Antúnez está establecido, desde hace muchos años, en su departamento natal, en donde ejerce el cargo de médico titular. BIBLIOGRAFIA 1.-Enfermedad de Carrión. Crónica Médica de Lima, 1891. VERRUGA PERUANA O ENFERMEDAD DE CARRION Discurso pronunciado por el Dr. Dá- maso D. Antunez, en la Sociedad Mé- dica "Unión Fernandina" el 5 de octu- bre del año 1890. Publicado en "La Crónica Médica" de Lima, año de 1890, p. 290 a 305. Designado para dirigiros la palabra en este solemne día, de me- morable fecha para la Medicina Nacional, tan solo he podido acep- tar este cargo honorífico superior a mis alcances, para mostraros la buena voluntad que me asiste como peruano y miembro de esta pa- triótica y progresista institución «Unión Fernandina»; y, al mis- mo tiempo, presentar mi humilde tributo en homenaje de nuestro ilustre Carrion, que como holocausto sagrado, rindió San Fer- nando y nuestro querido Perú en el altar sacrosanto de la Cien- cia Médica, importando su abnegación, un heroico y grandioso sa- crificio en aras de la humanidad. No ha sido estéril su sacrificio! El nos ha legado dos grandes verdades inconmovibles en la ciencia y fecundas en resultados: inoculabilidad de la Verruga Peruana y la doble forma que afecta: la aguda o Fiebre de la Oroya o la común eruptiva; benigna ésta, ordinariamente letal aquella. Nada más natural, señores, que en este día, consagrado a nues- tro ilustre compañero, os hable de esta terrible endemia de nues- tro suelo, a la que tan justamente ha legado su nombre. Además, haciéndolo así, cumplimos en parte los votos que hacía poco antes de morir: «Ahora amigo míos, os toca seguir el camino que os he trazado». En este pequeño trabajo, señores, me propongo hablares de una manera suscinta, y presentaros en concreto,lo que se sabe kcsta hoy y lo poco que he podido avanzar mediante mis pequeñas lu- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 231 ces y mi consagración, a la observación clínica cíe les pocos enfer- mos de verrugas que me ha sido dado cuidar. Desde luego os confe- saré que poco se ha adelantado en el estudio de esta enfermedad por razones que a ninguno de vosotros se oculta. La Verruga peruana o Enfermedad de Carrión, indudablemen- te ha existido desde muchos años antes de la conquista, y los historiadores aseguran que los atrevidos aventureros, ávidos de oro y plata, y de un reino rnás que ceñir a la corona de su Rey y Señor, se vieron acometidos ellos y sus caballos de esta extraña enfermedad, cuya narración pintan (en particular en lo que se re- fiere a ¡a erupción, marcha y fealdad que ella imprime en ia fisono- mía cuando ella se implanta en la cara) con curiosos detalles (1) y que probablemente por analogía con el papiloma ordinario, la ve- rruga de los europeos, le dieron ¡a misma denominación; pero lo notable también es que, habiéndose conservado la palabra leeli, ticti, o Hele para designar dicho papiloma, no se haya conservado en el quechua la palabra que designe la Enfermedad de Carrión con otro nombre que con el de verrugas, pues no de otro modo la lla- man los indígenas. Los historiadores y geógrafos antiguos de nuestro suelo, reco- nocen casi unánimes la endemicidad de la enfermedad de Carrión en ciertos parajes cisandinos del que fué el Imperio Incaico; descri- ben las dos clases de erupciones características (mular y miliar o de quinua), la evolución de éstas y la gravedad que afecta cuando tar- da en verificarse su aparición: y alguno de ellos (TsCHUDl, 1843) se hace eco de la creencia, hoy mismo popular, de que es causada por la ingestión de ciertas aguas deletéreas (2). Posteriormente, muy cerca de nosotros, el doctor T. Salazar en su tesis declara y acepta la virulencia de la enfermedad, cuyo virus intoxicando el organismo determina la muerte del sujeto, si no hay en él bastante fuerza para eliminarlo y escapar a su influencia deletérea; que esa enfermedad virulenta tiene períodos determinados y que s desa- rrollo depende sin duda de condiciones mal determinadas e inhe- rentes a las localidades en que es endémica (3). En seguida, aparte de estudios hechos por los doctores Bambaren, Velez, Barrios, Espinar y Pancorvo, que no me ha sido posible consultar, viene la notable descripción dada por el doctor Basadre (1873) en su quinto examen doctoral, que discutiendo acerca de la patogénesis y etiología de la enfermedad, emite, más o meros, las mismas ideas (I).-Véase el folleto "Verruga de los conquistadores del Perú por el Dr. P. Patrón. (2).-Crónica Médica, Tomo 2o.-Dr. Avendaño: Folleto cit. Dr. Patrón, 1889 (3),-Gaceta Médica, Tomo 2o,-Tesis Dr. T. Salazar. 232 biblioteca centenario de medicina peruana que el doctor Salazar. Después, en 1885, nuestro malogrado Ca- rrion, cuyos apuntes con nuevo acopio de datos e historias clíni- cas publicaron sus condiscípulos los aprovechados jóvenes ya doc- tores Alcedan, Arce, Medina, MeStanza, Montero y Miranda. El año próximo pasado, en un día como éste, fuimos sorprendidos agradablemente por los trabajos de nuestros consocios Quiroga y Mena y Arce; estudios ambos de bastante mérito, habiéndonos presentado el socio Dr. Quiroga la enfermedad bajo una faz nueva: las encefalopatías de origen verrucoso. No debemos olvidar en esta rápida enumeración un artículo que sobre la materia escribió poco después de la muerte de Carrion uno de los antiguos presidentes de esta Sociedad, el inteligente médico Sr. AvendaÑo, en nuestro órgano científico. Distribución de la endemia y relaciones con el clima, el estado del suelo y la malaria.- Sabemos de una manera positiva que la verruga no existe en muchos de nuestros departa- mentos y solo se encuentra en determinadas localidades; verdad qu3 no contamos con una geografía médica completa de nuestro suelo, y así no sabemos con precisión todos los lugares donde ella reina. A. Smith en su trabajo «Climas y Enfermedades del Perú' tradu- cido por el doctor L. Villar, apenas menciona que las verrugas se producen en Yaso, a 5,000 pies de altura, a consecuencia de una ingestión de agua clara y cristalina que mana del pié de una roca. Asi mismo señala el distrito de Cajatambo. Hoy está bien averi- guado que se encuentra en las quebradas de Huarochirí, Canta y Yauyos (I). En la quebrada de Sayán, por el lado de Huacho (2). He aquí los nombres de los pueblos y lugares pertenecientes a estas quebradas, donde acomete esa enfermedad, según datos suminis- trados por los enfermos: Cocachacra, Surco, Tornamesa, San Ge- rónimo y Palla, a poca distancia de Santa Eulalia; Casta (Pueblo donde ya no se producen árboles frutales), Huaripampa, Muqui- yauyo, Huancané, Lléneos, Mitu, Orcotuna, Sicaya, Chupaca Chongos,Pucará, Sacapallanga, Ritamayo, Huancayo, Concepción, Matahuasi, Llangas, a 5 leguas de Canta, Viscos, a 4 leguas de Llangas. Estos datos deben mirarse con reserva hasta su debida com- probación. En determinados puntos del Callejón de Huaylas, co- menzando 14 de legua de Huaraz, en un lugar denominado Pon- gor; luego en Anta, Jangas y Caraz; Pariacoto y Yantan, por el (1).-Pueblo de Huacho, a siete leguas de Sayan. (2).-Según informes verbales se encuentra aun esta enfermedad en la pro- vincia de Ayabaca. (Departamento de Piura), en un lugar denominado Altamisa, a pocas leguas de un pueblo llamado Chalaco, (serranía). BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 233 lado de Casrna, Vista Bella y Suspirum en los distritos de Aija y Malvas por el lado de Huarmey; por último, en Pallasca. Nuestro erudito consocio el Dr. Patrón en un folie»o intitulado < La Verru- ga de los Conquistadores del Perú, con gran acopio de datos y tes- timonio de autoridades, prueba que los compañeros de Pizarro fue- ron acometidos de esta endemia en las tierras de Puerto Viejo y Coaque ubicadas en la vecina república del Ecuador. Los lugares que acabo de mencionar son los únicos que hasta el presente se ci- tan como asiento del germen verrucoso; y como Coaque y Puerto Viejo han formado parte del imperio Incásico, prefiero la denomina- ción de verruga peruviana a la de verruca andícola propuesta por el doctor Salazar para denominar esta endemia y es así como la mencionan en Europa. Del examen de estos lugares bajo el punto de vista climatológico resulta que ella no gusta ni de los lugares demasiado cálidos, ni los muy frígidos. Se encuentra a diferentes alturas: desde 1012 metros (Cocachacra) a 1996 metros (Surco, en la quebrada de Huarochi- rí) y desde 1328 m. (Pariacoto), 2237 m. (Caraz) hasta 3027 (Hua- raz, Pongor) sobre el nivel del mar. Su mayor predilección es hácia los lugares donde reina el paludismo con su forma intermitente; extiende su dominio a lugares más frígidos donde desaparece el paludismo, al paso que este llega a la línea equinoccial, y con tan- ta mayor potencia cuanto más se acerca; corno este adquiere su for- ma aguda en los lugares donde hay inundaciones o remociones de terreno; tal sucedió y sucede en el puente de verrugas con moti- vo de los trabajos del ferrocarril, y está suficientemente demostrado para el paludismo, en diferentes partes del mundo donde se han em- prendido trabajos de esta naturaleza; como el paludismo aparece en los lugares donde abundan árboles frutales y mucha vegetación, sin ser exclusivo. Por lo demás hay lugares donde reina la una y queda desconocido el otro, siendo menos común la verruga, cuyas localidades son bien limitadas; y siempre a la orilla de las acequias, riachuelos, y fuentes de agua fría; y tan cierto es esto, que en la historia de todos los enfermos atacados de esta enfermedad que he observado, se menciona el pasaje del individuo por lugares donde reina, y la circunstancia especialísima de haberse bañado o bebido el agua sospechosa. Respecto de la naturaleza de los terrenos donde ellas se desa- rrollan no tenemos datos científicos; verosímilmente constituyen un fértil campo para la pululación del germen morbígeno; y para que adquiera mayor virulencia, no debe ser extraña la remoción de los terrenos, en cuyo estado sin duda nuevas reacciones químicas y 234 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA una especie de fermentación, que provoca, entre otros fenómenos, aumento de temperatura y determina la condición propicia para su mayor incremento. Así, la microbiología experimental nos demues- tra que, por procedimientos variados, puede atenuar o multiplicar a una potencia increíble la virulencia del agente patógeno; y bien ¿la remoción de terrenos, la putrefacción, no multiplicarían la po- tencia virulenta del agente patógeno, aumentando las condiciones de su vitalidad o toxicidad, sobrecargando las sustancias favora- bles a su cultivo o destruyendo las que se le opusieran? Ataca la enfermedad en toda estación, pero variando su ener- gía de acción: durante los calores en el verano, la forma febril con- tinua, remitente o intermitente, seguida o no de erupción; en in- vierno la verruga reumatoide de difícil erupción o sin ella, y las fie- bres cuando existen son atenuadas; en la costa, durante el verano, domina ¡a forma febril continua o remitente; y en el invierno la forma intermitente en la sierra, durante el verano la fiebre inter- mitente simple o subitrante y en el invierno la forma reumática. He observado que individuos de profesión segadores, entre- gados a su ocupación (tanto en la sierra como en la costa), hallán- dose todavía con la erupción, han visto insolverse y desaparecer sus tumores, acusando entonces la enfermedad su presencia en el or- ganismo por medio de dolores reumáticos hasta imposibilitar al enfermo completamente, pudiendo sucederse esta alternativa de fenómenos muchas veces: o bien pasa al estado lantente durante me- ses, un ano, para presentarse otra vez espontáneamente o provo- cada por bebidas diaforéticas, diuréticas y tónicas? como por ejem- plo la leche de cabra que usan los indígenas cuando se ven acometi- dos de dolores reumáticos y sospechan la infección verrucosa. Así queda sentado que el elemento frío hace insolver la enfermedad, la vuelve al estado latente, presta a repulsar en condiciones mal de- terminadas todavía. Esta singular enfermedad coexiste muchas veces con otras en- fermedades; sin contar el embarazo gástrico, las broncorreas, leuco- rreas, etc., te emos entre las enfermedades microbióticas, la tuber- culosis pulmonar en cuyo caso hace tomar a esta una forma agu- da; la disentería no es influida; verosímilmente coexiste algunas veces o frecuentemente con la terciana, de la que es difícil o impo- sible por ahora diagnosticar, sin análisis micrográfico de la sangre, cuando todavía no se presenta la erupción y tanto más que la forma de la fiebre, es ya subcontínua, remitente, intermitente, terciana cuartana (Salazar, Carrion, Avend ño), y que frecuentemente la fiebre aminora o cesa por las preparaciones de quinina, lo que BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERÜANA 235 a mi juicio, no es suficiente para conculuir en un simple paludismo; pero es seguro que este se ingerta en la enfermedad de Carrion; así como una tifoidea puede venir a implantarse en ella o bien afec- tar simplemente la forma tifoide. Etiología.-La «Enfermedad de Carrión», como otras dolen- cias, es favorecida por todas las condiciones de aniquilamiento vi- tal,de depresión nerviosa: como la mala e insuficiente alimentación, la fatiga, las marchas forzadas, la acumulación de individuos, y todas las condiciones de vulnerabilidad y receptividad mórbidas, para ias que tenemos que admitir, según las bellas investigaciones de Buchardat y otros, las alteraciones químicas de nuestros lí- quidos,que constituirían un medio favorable a la vitalidad del agen- te patógeno,casi al igual rol que el gasto de influjo nervioso.Recidi- va muchas veces en un mismo individuo,aunque no siempre, puesto que individuos que permanecen en las localidades donde contraje- ron la enfermedad, no vuelven a tener, y otros, que nunca han sido atacados. Por lo demás, no hay constitución, temperamento sexo, ni edad que respete, aún cuando se encuentre en el vientre materno. Parece Inútil añadir que, como se trata de enfermedad endémica, las personas sedentarias, como los ancianos y mujeres se enferman menos: pero cuando estas son atacadas, sus niños de pecho también lo son: he visto un ejemplo de este género, en e! cual el hijo, niño de siete meses de nacido, fué atacado más violentamente que la madre. Esto no es extraño, puesto que hasta el feto es invadido (aún cuando no tenga erupción la madre). Ejemplo que ha obser- vado el Doctor García, hace años, en la maternidad, Hospital de Santa Ana y comprobó, en presencia de los alumnos de Obste- tricia una verruga mular en la nalga del feto que nació muerto. Ciertamente no ha podido confundirse con un nevus ni con un tumor erectil, tan característica es la verruga llamada mular. El Doctor Miguel de los Ríos, en 1858 (mes de marzo) vió una mujer que murió de verrugas, y cuyo hijo, poco tiempo después, fué víctima también de la misma afección. A este hecho podemos relacionar otro: mis compañeros Velasquez, Castañeda y otros observaron en la Sala de San Pedro, cama 24,del Hospital de Santa Ana, un niño de pocos días de nacido que llevaba dos tumores verrucosos, uno en la frente y otro en la muñeca; e interrogada la madre, dijo, ha- ber padecido ella de verrugas hasta dos meses antes, y que su hijo había nacido presentando esos dos tumores. Hecho que manifiesta todavía que la placenta materna no es un filtro como aseguran al- 236 biblioteca centenario de medicina peruana gunos autores, y si lo fuera, debe ser infiel, por que deja pasar los elementos infecciosos. La incubación verrucosa no está bien determinada: en las dife- rentes historias clínicas que he recogido, oscila entre siete y veintiún días, quince días por término medio; en los casos ordinarios, días contados, de el arribo del individuo a un lugar verrucoso. Pero se observa también que en otros individuos dura meses, sin manifestar su presencia en el organismo: quiero decir que hay individuos que no son atacados de la enfermedad, sino muchos meses después de haber atravesado un foco endémico. El Doctor Herrera (citado por Patrón), el mismo Doctor Patrón, cree en la contagiosidad de la verruga; en las historias clí- nicas que he recogido y he leído de las escritas hasta hoy,no he encon- trado una en la que vea palpablemente un hecho de este género; verdad que es inoculable y tenemos la realidad de una bien doloro- sa experiencia en la persona de Carrion; pero incoulabilidad no es sinónimo de contagiosidad,y creemos,hasta nueva orden,que la ve- rruga no es mas contagiosa que la majaría, la cual se ha logrado incocular repetidas veces sin éxito; y además a ser así, los ejemplos de contagios entre marido y mujer, madre e hijo (fuera de lactan- cia) serían numerosos y frecuentes. Descripción.-La "Enfermedad de Carrion' cs una de aque- llas enfermedades proteiformes en su evolución, y de marcha anó- mala e irregular, que hace necesaria su descripción en varios tipos clínicos, y en cada uno de ellos, simulan otras dolencias, cuando la erupción no es visible: no es, pues, extraño se la confunda frecuen- temente con otras entidades mórbidas, no siendo sino la forma agu- da febril o bien determinaciones internas de la erupcipn en las me- ninges, traquea, bronquios, intestinos, serosa peritoneal (Carrion) etc. o desórdenes mórbidos que pasan en los huesos, en los paren- quimas renal, hepático y esplénico. Pero antes describiré los síntomas culminantes que se presen- tan, ya sucesivamente, ya asociados, predominando unos o faltando otros y siendo apenas marcados; por que, repito una vez más, que esta enfermedad es por demás anómala e irregular. Fiebre, precedida o no de escalofrío, castañeteo de dientes y temblores, siempre acompañada de anorexia, cefalalgia y quebran- tamiento de grado variable; se presenta la fiebre anunciando la in- vasión de la enfermedad, con tipo remitente o intermitente, subien- do la temperatura de 38 a 39 grados, pocas veces más, seguida gene- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 237 raímente de sudores nocturnos, abundantes. He observado un caso en que la temperatura se mantuvo a 42° durante seis días. En los casos comunes, y cuando no ha de afectar la forma de la fiebre de la Oroya, dura de tres a seis días, y la intermitente de seis a quince días y aún meses con interregnos \ ariables, cediendo pronto a la me- dicación química, para presentarse luego la erupción, no es raro ob- servar la presencia de la fiebre una o mas veces durante dos o 3 días ostentando sus accesos sea por la noche o al medio día. La forma llamada fiebre de la Oroya, es generalmente continua remitente, diré mas, lo es siempre y he aquí su carácter primordial. Aun cuando se observen algunos casos que las remitencias bajen a 37 grados, dire- mos que en esos momentos hay apirexia? La piel del enfermo es seca, quemante, el pulso acelerado, la cefalalgia nos aseguran que no. Por otra parte, para un organismo debilitado, anémico, sometido a la dieta, la termicidad de 37 grados constituye fiebre, y es fácil con- vencerse de ello, si recordamos que los enfermos o convalescientes débiles, tienen poca reacción y una temperatura hiponormal general- mente. Por lo regular la temperatura oscila entre 371/2, a 38 grados, por la mañana, a 38 o 381/2 Por Ia tarde, alcanzando en algunas exa- cerbaciones a 391/2 0 40 grados y, ya he dicho, que puede encontrar- se, una hiperpirexia de 42 grados, excepcionalmente. Por lo demás, una fiebre que al principio era intermitente se hace continua o al contrario; para terminar observaré que en algunos casos la fiebre es abortada y todo se reduce a un poco de malestar, ligero escalo- frío, quebrantamiento, calambre, y dolores óseos y articulares. Algias. El dolor es uno de los síntomas casi constantes de esta enfermedad: consiste en dolores óseos, artralgias, miosalgias, etc.; comienza generalmente por dolores a las articulaciones de la mano y de los pies, remontan sucesivamente a la muñeca, tobillo, codo, ro- dilla y hombro; es en la vecindad de las grandes articulaciones don- de asientan las miosalgias y el punto de contracciones dolorosas que imposibilitan al paciente. Entre estas contracciones existe la de un músculo, casi constante, y asienta en el cuello, sea a los dos lados, o lo que es más frecuente a uno solo, presentando un punto doloro- so al nivel del tercio superior del músculo externo cleido mastoideo que determina tirantéz dolorosa e imposibilita al paciente a inclinar la cabeza del lado opuesto. En seguida vienen los dolores que se localizan en la corva y los gemelos, provocando algunas veces nu- dosidades pasajeras, cuya naturaleza no he podido precisar. Uno de los caracteres de estos dolores sea que radiquen en los músculos o en los huesos, es su movilidad y exacerbación durante la noche: desaparecen o minoran en un lado para aparecer en otro del mismo miembro o en un punto simétrico. La persistencia de los dolores 238 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA es mas acentuada en las articulaciones, especialmente en las de la muñeca, tobillo y dedos, hasta provocar tumefacción mas o menos considerable. Los dolores occipitales y temporales son frecuentes, persisten y determinan insomnios tenaces, lo que se debe atribuir en parte a la anemia cerebral. Aquellos dolores son comparados por los en- fermos a golpes de martillo o a torniquetes; en ciertas ocasiones solo se observa cefalalgia gravativa, con o sin cambios de oido, deslum- bramientos y ambliopía pasajera. Es de notar que, cuando afecta puramente la forma reumática, dura la enfermedad meses y años, cesando inmediatamente que se presenta la erupción, como por encanto. De la misma manera como los dolores reumáticos suceden a los fenómenos febriles, aquellos son reemplazables por la erupción; y cuanto más franca se presenta la erupción mucho mejor para el paciente, por que es signo seguro de que no tardará en desaparecer. Pero de esto no se sigue que allí no mas terminará la enfermedad, no; sucede algunas veces (bajo la influencia de un brusco enfriamiento, el agua en particular) verru- gas en plena erupción hanse insolvido, dando lugar su desapari- ción a la latencia de la enfermedad sórdida o reumática, mas o me- nos viva durante algunos días, meses o años, para aparecer la erup - ción otra vez con todo su cortejo de síntomas conomitantes: movi- miento febril, cefalalgia, anorexia, etc. y un prurito mas o menos considerable. Desordenes circulatorios. Uno de los síntomas que domina la marcha de la afección, es la anemia progresiva y rápida en la Fiebre de la Oroya; por lo que se ha designado con los nombres de fiebre anemizante aguda, fiebre aguda perniciosa. Esta rápida des- trucción de los hematíes, se manifiesta algunas veces antes de la invasión de la enfermedad, y se traduce al exterior por la decolo- ración de los tegumentos, la sensación de fatiga y cansancio, soplos cardiacos y carotídeos que fastidian al paciente y desfallecimientos, vértigos, imposibilidad de marchar, ambioplía. Cuando a esta des- trucción globular se añade una mayor í.utointoxicación, no tarda en observarse petequias numerosas, epíxtasis, metrorragias: indi- cios de una gran alteración globula r y humoral. Todas las veces que me ha sido dado observar siemi re he encontrado el pulso con los caracteres de aglobaba y depresión vi- tal: así lo anuncia su blandura, pequeño aumento de número, soplo y discrotismo especialmente en los febriles, nunca con los caracteres de una fiebre inflamatoria. En cuanto a la respiración, sigue el com pás del pulso; superficial, acelerada y débil. La orina, por su parte, acusa todavía una gran alteración del BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 239 líquido nutricio, nuestro medio interior; así he observado la elimi- nación de gran cantidad de fosfatos; de tal suerte que algunas veces la orina pocas horas después de eliminada se volvía lechosa y espesa, ofreciendo el aspecto de una preparación yesosa; la albuminuria y la presencia de hematíes alterados verosímilmente, por que he visto dos veces orina reciente de color achocolatado, turbio, distinto, de! color rojizo febril, que no pude analizar ni observar al microscopio por circunstancia ajenas a mi voluntad; el indican y la glicosa sue- len encontrarse también según las investigaciones del Dr. Barranca; la reacción es acida, pero más fuertemente amoniacal inmediata- mente después de emitida, y entonces coincide con la poliuria y fos- faturia. Pero se hacen necesarias nuevas y serias investigaciones para concluir algo al respecto, y estoy seguro que su estudio, nos revela- rá signos, pronósticos y diagnósticos, importantísimos. Por eso sé con satisfacción que uno de nuestros compañeros nos va a señalar nuevos datos sobre la materia. La erupción. He aquí el síntoma patognomónico de la afec- ción: aparece de ordinario casi siempre al fin de la enfermedad. Se distinguen, según su tamaño, dos clases de verrugas: las miliares o de quinua, por su semejanza en tamaño, número y color a los gra- nos del Chenopodium quinua, y las mulares, por que ordinariamente es en los solípedos y sus hibridos que la verruga se presenta colosal, esférica, exulcerada y cuyos bordes gruesos a manera de labios vol- teados circunferencialmente, dejan ver su centro pultáceo que se- grega una sanies o se halla cubierta incompletamente de una costra espesa y negruzca. Al lado de estas dos concepciones, debemos men- cionar una tercera que bajo el punto de vista de su color y consis- tencia es diferente, quiero hablar de los tumorcillos sanguíneos y fluctuantes, esféricos como los anteriores y cuyas dimensiones son las de quinua y llegan a tener excepcionalmente un centímetro de diámetro. Estas tres clases de erupción verrucosa pueden encontrar- se en el mismo sujeto; pero, por lo regular, una de ellas predomina casi exclusivamente, a excepción de las verrugas llamadas mulares cuyo número es muy restringuido, de uno a cinco; pero, a pesar de esto suele existir ella únicamente, no siendo así las otras dos que son generalmente confluentes en ciertas regiones, en particular en las articulaciones de la muñeca, tobillo, codo, rodilla y partes adya- centes. El tamaño varía desde el de una cabecita de alfiler hasta el de una pequeña naranja, las de este tamaño tienen pedilección para implantarse en ciertos parajes de la cara, donde imprimirán un as- pecto chocante y grotesco; la punta y dorso de la nariz, la frente, el arco superficial, el lóbulo de la oreja, el mentón y los párpados. 240 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA No estoy seguro si las petequ'as se convierten en verrugas con- sistentes. me inclino a creer que no; pero sí me parece que algunas veces las verrugas sanguíneas reconocen por origen esos exantemas purpuriformes o petequiales. Estas verrugitas sanguíneas suelen presentarse en la conjuntiva bulbar y palpebral y por la presión de estos órganos toman una forma achatada; y cuando asienta en el borde ciliar, sobrepasando este borde, toma la forma de un disco regular o irregular. De bello color escarlata cuando joven, se pedi- culiza, se pone violado, negrusco, se seca y cae; y cuando se revien- tan dejan manar bastante sangre. Las otras verrugas, a excepción de las de muía, son en su prin- cipio rosadas o pálidas, parecidas a simples pápulas, gotas de rocío según la expresión del Doctor Salazar, pero siempre algo acumi- nadas determinando al salir un prurito mas o menos intenso que obliga a los enfermos a rascarse hasta sacar sangre. Las mulares en su origen son ordinariamente subcutáneas, dolorosas o no a la presión, presentando un tinte verde claro, violado; crecen ya rá- pidamente o con lentitud, hasta adquirir dimensiones considera- bles, se pediculizan, están rodeadas de un circulo eritematoso, la piel que las cubre se adelgaza, se mortifica, se exfolia y de- ja escurrir cantidad considerable de sangre, dejando trasudar de to- da ella una sanies por demás fétida: son verdaderos hongos putre- factos, que sucesivamente se descascara, mortifican y caen en algu- nos días, extrangulados por una ligadura bien apretada, la que puede provocar un ligero movimiento febril. Al lado de las erupciones que rápidamente se solevantan, ex- folian, ulceran y sangran,hay otras subcutáneas, que no avanzan al menos cuando a su derredor hay otras en buena erupción tuberculi- formes, parecen buscar de preferencia las eminencias y lugares ricos en anastomosis vasculares. En los lugares donde está verificando una plena erupción, se nota fiebre local: calor, tumefacción y rubor. Aquella nunca se verifica de golpe, sino por apariciones sucesivas, de suerte que cuando algunas ya están secas o cicatrizándose, hay otras que están en todo su apogeo. En ciertas personas, en especial las poco aseadas, presentan otras erupciones pustulosas, en particu- lar la que se llama ectima caquéctico; o bien las mismas verrugas se hallan coronadas por gotas de pus. Es posible que en estos casos se trate de una infección banal. He dicho que al caer una verruga deja una cicatriz, y ahora agrego que presenta el aspecto franjeado blanquisco, con una aureola brumosa, que generalmente desapare- ce completamente en tiempo variable; otras veces desaparece por atrofia gradual o inmersión. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 241 Para terminar este punto, haré notar la influencia que los trau- mas parecen ejercer sobre la aparición de las verrugas: he observado en una mujer cuyo marido la había pegado de puntapiés, alcanzán- dole en el tercio inferior del radio y en el codo, lugares donde se presentaron dos enormes erupciones verrucosas que parecían fusio- namiento de dos o tres verrgas subcutáneas y que ya no presenta- ban la equimosis, extravasación sanguínea correspondiente al golpe. Tipos clínicos. Pasemos ahora a describir suscintamente los tipos clínicos de la "Enfermedad de Carrion", los que pienso pue- den reducirse a cuatro formas que, en seguida, pasaré, en revista; no siendo los demás casos más que ligeras variantes de éstas, excep- ción hecha, por supuesto, de aquellos casos en que la erupción se hace al interior: meninges o bronquios, por ejemplo, en cuyo caso dominarán fenómenos meningíticos o desórdenes respiratorios. I. Forma eruptiva simple.-En esta forma, el sujeto siente cuan- do mas un poco de anorexia, quebrantamiento y palidez, orinas nor- males o poco sedimentosas: todo lo pone a cuenta de la fatiga pro- pia al trabajo, puede haber tenido un poco de epíxtasis o diarrea de algunos días, cuando he aquí que se presenta una erupción franca, en pequeño número generalmente, y determinando un poco de co- mezón, lo que no impide que el individuo deje su trabajo y al poco tiempo ver atrofiarse o secarse los granos por sí solos o apurados por el agua de mote, decocción de hojas de uña de gato y leche de cabra que consideran ser lo mejor, especialmente para desterrar los dolores reumatoides y determinar la apariciói de la erupción. Algunos ejemplos de este género he visto en la sierra y aun aquí y es admirable el desden con que miran los tales naturales esta afección, cuando presenta este tipo clínico. II. Forma reumática.-He aquí un individuo que vive o ha pasa- do por lugares donde existe la verruga, y sin otra causa apreciable o por ocasión de un ligero resfrío, o por su ocupación de regador, comienza a sentir dolores sordos y sensación de frío en los huesos, especialmente en la tibias y los fémures, presentando carácter am- bulatorio, y casi fijos en las articulaxiones de los dedos, pudiendo tener este carácter los de las rodillas, tobillos y muñecas. A esto vienen a añadirse contracciones delorosas de algunos músculos, y en particular las de los gemelos y de los esterno cleído mastoideos, con aparición momentánea de nudosidades en el cuello y en la corva. El insomnio, cefalalgia y fatiga general, a los que vienen a añadirse, de cuando en cuando, movimientos febriles. La orina frecuente- mente lechosa o sedimentosa. Es, pues, a la simple vista, un reuma- tismo crónico tórpido, que dura muchas semanas y varios meses. Conozco a una señora cuya hija durante dos años después de su sa' 242 biblioteca centenario be medicina peruana lida de Caraz (asiento de verrugas) sentía dolores reumáticos y se volvía anémica, cuando el día menos pensado se presenta una her- mosa verruga en la frente y otra en la pierna, disminuyendo y cesan- do desde entonces sus dolores. La madre había tenido esa misma forma de verruga hace años.-Es en este caso que los baños terma- les ferruginosos, el régimen lácteo y los tónicos hacen maravillas. III.-Forma intermitente reumática eruptiva o forma vulgar.-En efecto, esta es la más común: a los 7, 1 5 o 20 días se ve acometido (el sujeto que ha pasado por un lugar endémico y bebido de sus aguas) de escalofríos repetidos, de fiebre seguida de sudores fríos ge- neralmente, anorexia quebrantamiento general,lijeros o fuertes dolo- res articulares, con o sin miosalgias y contracciones dolorosas; esta fiebre aparece cada día a la misma hora o cada dos días, dejando en suspenso todas las demás molestias durante la apirexia, o que- dando pequeños rezagos o bien los mismos dolores y aun aumentados Cede frecuentemente a algunas dosis de sulfato de quinina, y errónea- mente se le confunde por solo estas circustancias con la malaria. Pienso con algunos autores que la quinina, mas que antipaludrca, es antiperiódica; pues obra con seguridad casi en todos los casos de pe- riodi dad trátese de fiebre o dolores; calma y regulariza el desorden y tempestad orgánicas: diré mejor, restablece el equilibrio fisiológico actuando sobre la médula y centros nerviosos,reguladores de la vida; calmando, apaciguando o sofrenando la actividad mórbida que quiere independizarse y actuar por su cuenta; o bien impulsando su angustiosa y desfalleciente vitalidad, enviándoles la suficiente fuerza (electricidad vital) a través de los conductores fieles, los ner- vios. Volviendo a nuestra descripción, la fiebre generalmente cede, pero quedan los dolores reumáticos que se acusan en los huesos, músculos y articulaciones, con frecuencia en las de los dedos, rodilla y codos, siendo muy frecuente la tiesura del cuello con dolor mas o menos agudo en el tercio superior del borde anterior del externo cleído mastoideo. Las epíxtasis se presentan con la fiebre, los vó- mitos son poco frecuentes en esta forma mas cuando los dolores reu- máticos son poco pronunciados, no es raro observar diarreas serosas pertinaces. Después de la fiebre no tardará mucho en aparecer la erupción franca con sensación de prurito doloroso o no en .los puntos donde aparecerá, en el espacio de uno a 30 días generalmente; pero ya he dicho, los dolores raumáticos pueden durar años sin que se presente erupción (y merece entrar en el 2o. tipo); afirmo también que es raro. Todo es aparecer la erupción, cuando los dolores se calman, muchas veces por completo, y el restablecimiento de la salud se hace rápidamente y entra en una nueva vida próspera, cuanto mejor ha- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 243 ya sido la erupción; de lo contrario, la convalescencia es mas lenta, la debilidad, anemia y fatiga muscular no le permite entregarse de lleno y pronto a sus ocupaciones. IV. Fiebre de la Oroya o Enfermedad de Carrión propiamente dicha.-Felizmente menos frecuente que la anterior; parece no ser exclusiva del puente de Verrugas; y si más frecuentemente tenemos ocasión de observarla en los individuos provenientes del Puente de Verrugas (camino a la Oroya) es debido probablemente a dos circuns- tancias: pasaje obligado de gran número de personas, lugar de per- manencia de peones y empleados del ferrocarril trasandino; y remo- ción de terrenos que coloca verosímilmente en condiciones de mayor virulencia aj agente patógeno. Hemos visto que la verruga vulgar (tercer tipo clínico) presenta, en resúmen, tres grandes periodos; fiebres, dolores reumáticos y erupción. Y bien, la enfermedad de Carrion propiamente dicha, no es sino la exageración del primer periodo que el paciente no puede salvar, o bien resiste, y cuando ha amenguado o desaparecido, los otros periodos se presentan posteriormente después de un lapso de tiempo mas o menos largo. En esta forma, hay lugar de distinguir tres grados: el de fiebre fulminante o perniciosa (6), el de fiebre con- tinua o subcontínua sin erupción y la remitente con erupción: las dos primeras casi siempre mortales. La perniciosa se observa en individuos que, acometidos de la enfermedad sin gran manifestación permanecen en el lugar endémico, sufriendo su organismo una in- toxicación lenta de que no se aperciben y de repente estalla con todo su terror, declarándose en una fiebre agudísima, con vómitos, diarrea, epíxtasis y muerte en el curso de dos o tres días. El segundo grado es menos violento, pero la fiebre subcontínua no cede a ninguno de los febrífugos y antitérmicos conocidos; los vómitos, con o sin diarrea, extenúan más y más a los enfermos; la orina es encendida, frecuentemente escasa, la lengua seca saburral; los ojos hundidos, ya brillantes, ya apagados; la cefalalgia es persis- tente: hay insomnio tenáz, el soplo anémico aparece con el tinte amarillento de la piel y descolorido de las conjuntivas; la piel seca y quemante; aparecen unas cueantas petequias y entre ellas una que otra erupción miliar. En casi todas estas formas febriles los dolores hepáticos y esplénico son constantes. El tercer grado presenta el mismo cuadro; pero la fiebre de re- mitencias marcadas, va cediendo poco a poco, y por último apare- ce una que otra erupción, existiendo todavía o después que han de- (6).-Esta forma la considero con reserva y los datos que ' e adquirido no han sido observados por mi; son simplemente referencias: se citan les casos de un ir.ge- niero y un carpintero, empleados del Ferrocarril, muertos violentamente. 244 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA FEEIANA saparecido las petequias, La erupción tuberculiforme es,pues, el sig- no consolador de la terminación feliz de la enfermedad; diríamos el arco iris que ostenta el termino de la tempestad o el triunfo del or- ganismo sobre el agente morbígeno. Pero debemos añadir que, cuando esta erupción es muy restringida al fin de la fiebre, aquella no es sino el signo de una tregua, por que el mal subsiste todavía y se rebelará durante un tiempo mas o menos largo por dolores reu- máticos que terminarán a su vez por una erupción mas o menos franca. Anatomía patológica.-Las lesiones que provoca la enferme- dad de Carrion, en particular en su faz aguda febril, son indudable- mente numerosas; pero ios estudios histológicos no se han hecho des- graciadamente hasta hoy. Los glóbulos rojos son los directamente atacados , deformados y enteramente disminuidos de número, como se observó en la sangre recogida de nuestro compañero Carrion; ios órganos hematopoyéticos: hígado, bazo, folículos intestinales, médula ósea, son probablemente atacados, sin poder afirmar en que consiste esa alteración; así nos lo hace presumir el hecho de encen- trar el bazo reblandecido y friable, aumentado o disminuido de vo- lúmen. De parte del hígado, la icteria, aumento congestivo, podien- do ir hasta la cirrosis; los dolores hepático y esplénico. En uno he observado que la hipertrofia del bazo, había como triplicado de volúmen, tenía una hiperestesia dolorosa al nivel de los dos pa- rénquimas, la temperatura local llegó a tener medio grado más que la temperatura axilar izquierda. Los dolores óseos y la gran eliminación de fosfatos que se ob- serva cuando aún no se verifica la erupción y aun durante ella, nos deja presumir el ataque del germen morbígeno sobre la estructura íntima del hueso. Los estudios histológicos del Doctor Izquierdo, de Santiago, manifiestan que los tumores verrucosos se desarrollan a expensas del tejido conjuntivo, epidérmico o subdérmico, con una gran vas- cularización y semejando su constitución a la del sarcoma. Dice, que ha encontrado un bacilus especial, de 8 a 30 micromilímetros de diámetro, dentro de las células plasmáticas, en su intersticio, y que los capilares están llenos y obstruidos por ellos. Según esta des- cripción el Profesor Hallopeau cree, que se trata de Streptococcus. Pero no se han hecho los cultivos ni las inoculaciones del caso, que me parecen no ser muy difíciles, conocido como es el hecho de que los solípedos no son refractarios a ella, antes bien, presentan casi la misma predisposición que el hombre. La aumentación de fibrina por destrucción de los glóbulos rojos BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 245 la alteración de los capilares, la producción probable de toxinas, da cuenta de las epíxtasis, diarreas y petequias. Las enterorragias y metrorragias, se verifican por las misma causa que aquellos, y todas estas hemorragias se presentan sin duda al mismo título que en las otras fiebres, en particular la tifoide. Diagno tico.-No me detendré mucho en el diagnóstico de esta afección; en las formas ordinarias es fácil, y muy difícil en la cuarta forma o fiebre de la Oroya. En todos los casos, la procedencia de los enfermos es una circunatancia etiológica de primer orden para el diagnóstico;a lo cual debemos añadir los dolores reumáticos, los calambres, las apíxtasis, las orinas sedimentosas o sanguinolentas, la tiesura del cuello; o averiguar si ha tenido contracción ¿olorosa en el tercio superior del músculo esterno cleido mastoideo, si ha teni- do o tiene fiebres intermitentes, sin haber estado en lugares palú- dicos; todos estos datos, agrupados, facilitarán para diagnosticar la «Enfermedad de Carrion» en su forma vulgar. Cuando se trate de individuos atacados de fiebre continua, re- mitente o intermitentes, cuotidianas, se averiguará el lugar de donde proceden (solamente de Surco para adelante se observa la forma aguda deis. enfermedad de Carrion y quizás en el puente de verru- gas Unicamente), en otros lugares, como la quebrada de Sayan o en el departamento de Ancash se observa rara vez, se averiguará si presenta o ha tenido epíxtasis, vómitos incoercibles, con o sin dia- rrea, si hay insomnio pertinaz, con zumbido de oidos, con dolores reumáticos o contracciones dolorosas del cuello y otros músculos; y, por último, se buscará con sumo cuidado si además de las petequias, se encuentra erupcioncitas del tamaño de una cabeza de alfiler, li- geramente sobresalientes, incoloras o rosáceas; y entonces, con toda seguridad, se puede dar el diagnóstico de fiebre de la Oroya. En todo caso, baste saber que viene de un lugar sospechoso, aunque no haya tomado el agua y presente alguno de los síntomas indicados, aun sin que haya erupción, para que se instituya un régimen convenien- te, como si realmente se tratara de tal enfermedad, procurando que se verifique la erupción. No es raro encontrar tumorcillos sangíneos, diminutos, pareci- dos a las verrugas sanguíneas, cuando no son sino simples lunares, de lo que es conveniente estar prevenido para evitar la confusión. No me detendré haciendo el diagnóstico diferencial de la fiebre de la Oroya con la anemia epidémica de los mineros, la anemia febril de los ferrocarriles, la anemia perniciosa progresiva, enfermedades propias de otros países y rara vez se tiene ocasión de observar aquí; por otra parte, el tratamiento a que debemos someterlos me parece que debe ser el mismo, con ligeras variantes: tratamiento febrífugo, 246 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA tónico y reconstituyente, y dieta láctea, que es el medicamento ali- mento por excelencia en todos estos casos de intoxicación y de ani- quilamiento vital. Pronostico.-Ya he dicho que la «Enfermedad de Carrion» en sus formas vulgares, es extraordinariamente benig: a, solo es grave cuando la erupción tarda en aparecer; y por esto, el terapeuta pondrá todo ahinco en provocar la erupción, por medio de los diu- réticos, sudor ficos, los baños ferruginosos y el régimen lácteo en abundancia. Entre los naturales reina la creencia de que, todo individuo que ha sido atacado de verrugas, una vez sano, tiene que mejorar de constitución fuerza y salud: yo conozco algunos ejemplos de este género, y me hallo dispuesto a participar de la misma opinión. He aquí por que: como hemos visto, el agente patógeno ataca a todo el organismo, en particular a los huesos donde parece provocar una fuerte desasimilación molecular, y a los órganos hematopoyéticos; ha sido, pues, sacudido el organismo en sus elementos anatómicos nobles, y fuerza es que la ley de reacción, esos pequeños seres desem- barazados de sus enemigos adquieran, no solo la vitalidad que te- nían antes, sino que la propasen.-El pronóstico de la forma aguda cuando no se presenta o tarda mucho en aparecer la erupción, sub- sistiendo la fiebre, es generalmente fatal; pero siempre es preciso te- ner en cuenta la constitución del individuo, el género de cuidados que se le prodigan, las enfermedades que pudiera tener y las diá- tesis tuberculosa o sifilítica, bajo las cuales se puede hallar, cons- tituí endo entonces un factor mas de pronóstico fatal. Cuando en un enfermo atacado de fiebre de la Oroya, veamos desaparecer los dolores musculares, articulares, vómitos, disminuir la cefalalgia y sobrevenir los sueños es casi seguro que marcha a una terminación favorable. Patogenia y tratamiento.-Está todavía muy oscura,señores, la patogenia de esta enfermedad; sin embargo, ella es el medio mas seguro para conducirnos a un tratamiento verdaderamente racional, con tanta mayor razón, que el agente infeccioso, causa de la enfer- medad, se halla en pleno ataque. Tratemos de analizar brevemente: en qué consiste esta enfer- medad, cuales son los elementos que la constituyen, cual es el enca- denamiento y la razón de ser de los diferentes sintomas o si son en- teramente independientes. Ya sabemos que es endémica, inoculable, tiene su periodo de incubación, es eruptiva y de una marcha general que lo asemeja a las enfermedades telúricas y eruptivas, partici- pando un tanto de los caracteres de la infección sifilítica, dolores BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 247 osteocopos nocturnos, neopEsia conectiva, cicatriz cobriza, sus al- ternativas de latencia y repululación; ya se han señalado microbios, luego verosimilmente es una enfermedad parasitaria y podemos aceptarla como tal, aunque no se haya hecho la demostración mas palmaria que es de rigor científico.-Sentado esto, que es una en- fermedad parasitaria, ¿cuál es su alcance?.Pienso con ilustres maes- tros que la causada por la penetración sirte qua non del microbio (microfito o protozoario) dentro del organismo; y que la penetración no es una condición suficiente para que estalle la enfermedad; hay que contar, y contar como factor de primer orden, el estado del or- ganismo, que se expresa por la palabras vulnerabilidad, receptividad, e inmunidad. Y se tiende, con Bouchard, a hacer consistir estos estados en la modificación química o alteración cualitativa (7); lo cual indudablemente es cierto; y en fenómenos de ataque y He de- fensa de los leucocitos; fagocitos que emprenden una lucha encar- nizada contra los intrusos; pero tanto aquellas modificaciones quí- micas como la propiedad microbicida de los fagocitos, ¿de dónde vienen? De lo dicho resulta que hay dos elementos principales, primor- diales y necesarios; para provocar la enfermedad: el agente patóge- no que ataca y el organismo que reacciona contra él, principalmente por los dos medios que hemos indicado. Luego debe hacer alteracio- nes sintomáticas y reacciones funcionales, correspondientes a cada uno de estos elementos. En efecto: notamos, que por una parte, la alteración globular y la destrucción rápida de los hematíes, la eliminación considerable de fosfatos, aun cuando no haya fiebre, la fermentación amoniacal y, por último, las erupciones, las hiperplasias y tumefacciones de los folículos intestinales y parénquimas hepático y esplénico; por otra parte, notamos fiebre termincidad aceleraciones del pulso y de la res- piración, dolores, prurito, calambres, sacudidas, quebrantamiento, anorexia y vómitos. Observaciones también,que la fiebre se alterna y sustituye por los dolores, y reciprocamente, cuando ambos se acom- pañan, la depresión vital es mas considerable. Queda, pues, estable- cido, por el momento, que los síntomas, dolor y fiebre, son correla- tivos, equivalentes pudiéramos decir, y quizás estaríamos autoriza- dos para hacerlos depender del gasto de influjo nervioso o la elec- tricidad vital. Por otra parte, cuando los dolores no cesan, aparecien- do la erupción, el debilitamiento, el decaimiento, sera mayor, y ya (7).- De nuestro medio interior, en particular del suero, que al ser impugna- do por las secreciones microbianas, adquiere propiedades vacinales o eminente" mente favorables para nue vas infecciones. 248 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA he dicho que la erupción franca reempl .za a los dolores. Cuando hay retrocesión de aquellos, aparecen estos. La erupción es una de las maneras como el conjunto del orga- nismo rechaza al agresor. En la erupción verrucosa encontraremos todavía el triunfo pa- tente del organismo, de la fuerza vital sobre el agente patógeno transitorio, al mismo título que en otros de igual naturaleza. De lo dicho se desprende claramente que tenemos dos medios para combatir con acierto esta enfermedad: o atacar directamente al agente patógeno en su domicilio, sea matándolo, sea haciendo es- téril su medio; o bien indirectamente, tonificando el organismo, le- vantando la fuerza vital, refrenar los desórdenes funcionales fiebre, dolor y vómito, y procurando de cualquier manera la erupción. Por el primer medio, señores, ya sabemos los espléndidos triun- fos que la antisepsia quirúrgica ostenta ante el mundo civilizado lle- no de admiración. Sabemos también que cirujanos de nota como Chassaignac y Guyon, antes de que se perfeccionara el método an- terior (y aun hoy) juntan el segundo medio a lo que llaman entraine- ment, obteniendo magníficos resultados por medio de modificadores dinámicos tónicos. Chas^signac para las operaciones de Cirugía común, y Guyon para las operaciones genito-urinarias. Ahora mis- mo la aconsejan Verneuill y otros en los Tratados de Medicina Operatoria. La antisepsia médica, desgraciadamente aun está en su cuna; sin embargo, ya se hacen serias curaciones con gran éxito: tal sucede con la terrible difteria cuyo específico ha sido encontrado por el Dr. P. A. Fontaine, y que según afirman él y otros médicos, rarísimos son los casos de muerte con esa sustancia. El mismo antiséptico ha servido al Doctor Oliveira Castro para curar con éxito a los va- riolosos que no habían sido vacunados. Administrándose en ambas enfermedades, como medicamentos el sulfuro de calcio, a pequeñas dosis, y repetidas hasta el desprendimiento del hidrógeno sulfurado por los tegumentos y la mucosa respiratoria. Entre estos medios antisépticos he observado que al lado de las sales de quinina, cuando a estas resiste el agente verrucoso, el ácido salicílico ha dado los mejores resultados. Cuando los dolores reu- matoides son acusados, es todavía con el ácido salicílico, el salici- lato de soda y Salol, que se combaten con éxito. Entre los medicamentos que parecen favorecer la erupción, además del agua de mote con vino, práctica que merece ser conside- rada, pienso haber encontrado una mejor, la Budleja Incana o Quis- huar, arbusto de nuestras serranías, a la dosis de diez gramos en al- terna, en tintura, y cinco gramos de infusión de hojas en altenar. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 249 He observado constantemente en todas las enfermas (9 casos) que han ido al hospital de Santa Ana, de cuatro meses acá, con verru- gas en erupción y quejándose de dolores musculares y óseos: Io. de- terminar fiebre hasta 38° 1/2 de forma intermitente, ligero dolor de vientre; 2o. desaparición de la fiebre a los dos días, lo mismo que los dolores, sin mas medicamento; 3o. un aumento notable del tamaño de las erupciones y aparición de nuevas, no precipitando sensible- mente su desecación y desaparición; y 4o. en cinco de ellas ha deter- minado poliuria con fosfataría. Sus propiedades fisiológicas no las he podido constatar bien: dos veces he tomado una decocción de 30 gramos de hojas de Quis- huar, sin notar gran cosa de anormal, a no ser un ligero dolor en el epigastrio y sensación de bienestsr en el pecho y en el cerebro, y un poco de diuresis. En un sujeto verrucoso febril, sin erupción, no sería permitido hacer uso de esta sustancia? Pienso que si, a condición de llenar las principajes indicaciones y de urgencia, puesto que la tardanza de la erupción es un verdadero peligro; y sabemos que la terminación fa- tal es frecuente, a pesar de la erupción, si esta sobreviene muy tar- díamente, cuando el organismo está enteramente aniquilado. La falta de capacidad vital conduce a la muerte. En dos ocasiones la pilocarpina y el jaborandi, han influido po- derosamente para la rápida erupción, en individuos que, convales- cientes de fiebre de la Oroya, tardaba en verificarse el exanetema. No terminaré sin encarecer vivamente el uso de la leche: este poderoso medicamento alimento sin igual: que, como he menciona- do en otra parte, puede ser suficiente por si sola para hacer evolu- cionar rápidamente hacia una terminación favorable la enfermedad de Carrion en su forma vulgar; y aun en la forma febril, presta una gran influencia, al menos asociada a la sal, agua de cal o nieve, se- gún las indicaciones. No es extraño que así suceda pues sabemos desde las bellas investigaciones de Bouchardat que la leche es el mejor medicamento en las nefritis y arterioesclerósis que, ante todo, es enfermedad general; la curación sorprendente por el sólo régimen lácteo de la discracia conocida con el nombre de escorbuto, según nos refiere la «Semana Médica», en ocho o diez días. Como el medicamento hematógeno merece especial mención además de las sales de fierro, el arsénico y sus sales: arséniato de fie- rro y arséniato de quinina, siendo además el arsénico febrífugo, an- tiséptico, y eliminándose por la piel, se hace preciso su empleo. En cuanto a la erupción misma, en particular la mular, consti- tuye un peligro; deben procurarse por las inyecciones intersticiales, 250 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA tópicos de sustancias antisépticas, y la ligadura, que me parece una práctica recomendable provocar su destrucción y atrofia. En resúmen, la verruga peruana o enfermedad de Carrion, en sus dos formas habituales, común y febril, con sus variedades, es Una; sólo constituyen diferencias de intensidad del agente patóge- no. Ahora que el número de verrucosos aumenta por los trabajos que se han emprendido en el puente de Verrugas, se impone como un de- ber el estudio concienzudo de nuestra endemia. Os agradezco, señores, por la benevolencia con que me habéis escuchado y disculpad mis faltas, teniendo en cuenta que soy un estudiante. Compañeros: permitidme, que a nombre de nuestro ilustre Ca- rrion os recomiende fraternidad, benevolencia y unión entre todos, perseverancia en el trabajo, si queremos ver levantarse nuestra bella institución y honrándonos honremos a esta querida patria. Y así habremos contribuido en algo al progreso y bienestar de la Huma- nidad, que es la misión de todos. Doctor Francisco Almenara Nació en la ciudad de Moquegua el año de 1850 y fueron sus padres don Luciano Almenara y doña Nicolasa Buder. Inscrito en la Matrícula de la Facultad de Medicina de Lima el año de 1867, terminó sus estudios profesionales el año de 1874, habiendo mere- cido de la Facultad la Contenta de Bachiller en 1869 y la de doctor en 1873. Dedicado a la especialidad pedriátrica, el Doctor Almenara fue el fundador de esa enseñanza en la Facultad de Medicina de Lima el año de 1896. Antes de esa época la enseñanza de la Pedia- tría formaba aparte de un curso con la enseñanza de la Obstetricia. Con breves intérvalos de tiempo, debidos a las misiones de ca- rácter científico desempeñadas por el Doctor Alemenara en el ex- tranjero, ha desempeñado esa Cátedra hasta el año de 1919, en el cual inició su expediente de jubilación. Así, pues, ha sido el dcctor Almenara el primer pediatra peruano que merezca el título de tal ya que, antes que él, la pediatría constituyó un episodio de devo- ción profesional y no una verdadera especialización médica. Maes- tro entusiasta y estudioso, el doctor Almenara fué el fomentador de las devociones pediátricas de sus discípulos y un cultivador fervo- roso de ellas. Entre las misiones desempeñadas por el doctor Almenara en el extranjero deben contarse la representación del Perú ante el Congreso Científico de Montevideo (1907) y aquella ante el Con- greso Científico realizado en Buenos Aires el año de 1910. Miembro de 'a Sociedad Médica "Unión Fernandina" de Li- ma, fué honrado con la presidencia de dicha institución, en cuyo desempeño se distinguió por el entusiasmo de su labor directiva y por la fecundidad de su producción periodística en las páginas de la "Crónica Médica' de Lima. Miembro de la Academia Libre de Medicina, primero, y de la Academia Nacional de Medicina de Lima, que, como es sabido, reemplazó a la primera, el doctor Almenara colaboró con entusiasmo y eficacia a la obra de la institución que, el año de 1901, le elevó a los honores de la Presidencia. Llamado el año de 1899 al desempeño del Ministerio de Fo- mento, desde tan elevado cargo concedió preferente atención al es- tudio de los problemas sanitarios y colaboró en el ilustrado gobier- 252 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA no del Sr. Dr. D. Nicolás de Piérda a 'as excelentes iniciativas que ca- racterizan aquel periodo de nuestra historia republicana. Entre otras importantes labores médicas llevadas a cabo por el Dr. Almenara se cuenta la comisión de estudio de un hospital que debía construirse en la provincia de Huarochirí, estudio que el Dr. Almenara llevó a cabo el año de 1895, marchando a aquella provincia en compañía del ingeniero D. Manuel A. Viñas, del sub- prefecto de la provincia y del médico titular de la misma Dr. Erre- queta. El Dr. Almenara que, el año de 1916, fué presidente del Comi- té Peruano del Congreso del Niño que ese año se celebró en Mon- tevideo, es miembro correspondiente de varias asociaciones cien tíficas y miembro activo de la Sociedad Geográfica de Lima. BIBLIOGRAFIA 1.-Historia de una nefritis arenillosa. Gaceta Médica de Li- ma 1876. 2.-La fiebre epidémica reinante. Id. 1877. 3.-Curación de las heridas. Crónica Médica de Lima, 1884. 4.-Erisipela producida por la tintura de árnica. Id. 1884. 5.-Asistolia y su tratamiento. Id. 1884. 6.-Lesiones arteriales de las extremidades. Id. 1884. 7.-Herida penetrante del vientre por fractura de la novena costi- lla por disparo de una escopeta cargada de municiones. Peritonitis. Bronconeumonia consecutiva. Curación. Id. 1884. 8.-Cirugía Militar. Id. 1884. 9.- Afasia palúdica. Id. 10.-Melena fulminante palúdica. Id. 1884. 11.-Reumatismo poliarticular agudo seguido de encodarditis. Neumonia, pleuresía izquierda y de lesiones valvulares cardioaórticas. Curación. Id. 1884. 12.-La vacuna forzosa. Id. 1885. 13.-Macucana como estación de tísicos y tuberculosos. Id. 1885. 14.-Frecuencia alarmante de la tenia en Lima, Id. 1885. 15.-Ileus nervioso, neuralgia ciática en los diabéticos, prurito. Id. 1885. 16.-Difteria sin angina. Id. 1884. 17.-Litiasis renal. Monitor Médico de Lima, 1886. 18.-El cólera. Crónica Médica de Lima, 1887. 19.-Bancos de las Escuelas. Id. 1887. 20.-Paludismo pernisioso localizado. Id. 1887. 21.-El cólera. Id. 1888. 22.-El Doctor Picult. Id. 1889. 23.-La Beneficencia de Lima y sus establecimienus de caridad Id. 18891. 24.-Contribución al estudio eticlógico de los vómitos incoerci' bles de la preñez. Id. 1889. 25.-La tenia y la Anemia en Lima. Id. 1889. 26.-El titulado helmintólogc Castellanos. Id. 1889. 27.-La fiebre amarilla. Id. 1889. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 253 28.-Asistencia pública, informe a la Academia Nacional de Medicina de Lima, en colaboración con los doctores Constantino T. Carvallo y Ricardo L. Flores, en Monitor Médico de Lima, 1890. 29.-La asistencia médica de los enfermos pobres. Crónica Mé- dica, 1891. 30.-Servicio Sanitario Municipal. Id. 1891 31.-La curación antiséptica en Obstetricia y nuestras profeso- ras de partos. Id. 1891. 32.-Reglamento de Hospitales. Id. 1891. 33.-Médicos americanos. Id. 1891. 34.-Establecimiento electroterápico en Lima. Id. 1891. 35.-La viruela. Id. 1891. 36.-La nueva era de la Facultad de Medicina de Lima, Id. 1891. 37.-La Medicina Militar. Id. 1891. 38.-Climatoterapia de la tisis pulmonar. Id. 1895. 39.-Lección inaugural del curso de Pediatría, Gaceta de los Hospitales de Lima, 1906 y "Revista Universitaria de Lima", 1906. 40.-Informe del Delegado del Perú al Congreso de Montevideo Crónica Médica de Lima, 1907. 41.-De la fiebre, lección inaugural del curso de Pediatría, Id. 1908. y "Revista Universitaria de Lima", 1908. 42.-Protección de la infancia, estudio presentado al III Con- greso Médico Latino Americano, Gaceta de los Hospitales, Li- ma 1907. 43.-En la fiebre tifoidea de forma meningoencefálica el trata- miento por la balneación es insuficiente. Id. 1909. 44.-Saneamiento de Lima, Boletín de la Academia Nacional de Medicina de Lima, 1903. 45.-Moderno concepto sobre la patogenia de los trastornos gas- trointestinles del lactante. Actas del Congreso Médico Panamericano de Lima, vol. III. H. V. UN CASO DE VERRUGA Discurso pronunciado por el Dr. Francisco Almenara Butler en la Sociedad Médica "Unión Fernandina' de Lima el 5 de octubre de 1890. Señores: Me cabe, por segunda vez, el honor de presidir la tenida cien- tífica que para perpetuar la memoria de Daniel A. Carrión, dispuso que se hiciera nuestra Sociedad en su sesión extraordinaria del 28 de octubre de 1885. El espíritu de esta resolución fue el de pagar una deuda de gra- titud al socio activo que había sacrificado su vida por amor a la Me- dicina Nacional, y recolectar en cada aniversario de su muerte el contingente que pudiéramos haber acumulado durante un año pa- ra el estudio de la verruga andícola, enfermedad que se inoculó nues- tro infortunado compañero el día 28 de Agosto de 1885 a las 10 de la mañana, sirviéndose para esta operación de la sangre de un ve- rrucoso en convalescencia, que en esa fecha se asistía en el servicio del Dr. Villar, en el Hospital «Dos de Mayo». La muerte que ocasionó esta experimentación al intrépido Ca- rríon, que no esperó para acometer esta empresa armarse con los recursos de que dispone hoy la ciencia para este fin, esto es con los métodos de atenuación de los gérmenes intensivos, no sólo probóla unidad patológica de la verruga andícola y de la fiebre anemizante que se conoce entre nosotros con el nombre de fiebre de la Oroya, sino también la trasmisión de la enfermedad de la verruga por medoi de su inoculación, es decir su carácter infeccioso, que en el lenguaje moderno quiere decir parasitario. Queda en esta materia por descubrir la clase de parásito o mi- crobio que constituye el agente infeccioso de la verruga, sea en su propia naturaleza, sea en los residuos tóxicos que pudiera engendrar en sus diferentes periodos de evolución, o en su lucha con los fago- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 255 citos o secreciones naturales del cuerpo humano, guardianes ambos de la integridad fisiológica. Conocida que fuera la naturaleza del agente verrucoso, restaría averiguar el tejido, el líquido o el humor en que mas principalmen- te residiera; así como las lesiones anatómicas que causaran en estos medios sus condiciones biológicas, relacionadas con las particulari- dades cósmicas, atmosféricas y telúricas de las diferentes localida- des en donde existen las verrugas. Respecto a la nosografía médica de esta dolencia nos faltaría todavía reconocer los signos patológicos que diferenciaran el proce- so verrucoso del de otra especie: un síndrome de otro. Faltando tanto por saber en el estudio de la verruga, no es ex- traño que aun no se haya levantado sobre las bases sólidas que dejó Carrion, el edificio nacional del estudio médico de esta entidad eruptiva que para su escultura requiere la posesión de datos de dis- tinto orden, que no pueden adquirirse solo con el esfuerzo individual en nuestro país, en donde los hombres de ciencia carecen de recursos, en dondfc falta a los gobiernos la fe en sus instituciones, y en donde estas carecen de la consideración y estima de sus conciudadanos. Los análisis microbióticos del aire, del agua y del suelo de los puntos verrucosos; el de los humores y tejidos afectados por esta enfermedad, el de las victimas de ésta así como el cultivo del micro- bio y sus inoculaciones exploratrices,son cosas que solo pueden reali- zar una empresa dedicada exclusivamente a ese objeto, durante mucho tiempo y socorrida con el dinero que requiere la clase de tra- bajos que se tiene que acometer. Por mi parte, voy a relatar la historia clínica de un caso de ve- rrugas, que conceptúo importante, mas que por otra cosa, por la cla- ridad y sencillez con que narra sus síntomas el individuo que las pa- deció, que era una persona inteligente. El Sr. N. N., de nacionalidad francesa, de 36 años de edad, de constitución ro- busta y de temperamento sanguíneo, sale de Lima con dirección a Pallasca (Depar- tamento de Ancash) el mes de junio de 1888. Después de permanecer dos meses en esa localidad tiene que volver a la costa para recibir una maquinaria de beneficiar metales. Tanto en su viaje a Pallasca como el que tuvo que hacer a la costa, pasó por una quebrada, al pie de Llapo, denominada Cajamala y en esta se alojó por dos veces en la casa conocida con el nombre de " Ingenio", cerca de la cual corría un arroyo de agua cristalina, que provocaba al viajero sediento. No pudiendo resistir a las tentaciones de tan rica agua, tomó de ella la cantidad necesaria para satisfacer su sed. Al día siguiente, cuando sacaba de esta agua para lavarse y en momentos de proceder a esta operación, fue sorprendido por una voz femenina que le dijo: * No se lave usted, señor, con esa agua, por que es verruguienta". El señor N. N., de regreso de la costa, volvió a instalarse en la sierra, en las cercanías de Pallasca, donde residió, más o menos, 7 meses, trabajando en la ins- talación de la maquinaria y demás ocupaciones necesarias para la implantación mi- nera que le había hecho dirigirse a esos lugares. Todo este tiempo lo pasó sin sentir el más pequeño malestar, mucho menos nada que le hiciera suponer que tuviera la verruga. 256 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA De regreso a Lima, en el mes de marzo de 1889, el Sr. N. N., 15 días después de su llegada, principia a sentir una molestia en las piernas, que se traduce por una pesadez que siente en ellas y que se hace mas marcada al caminar. Una tarde estando en la calle, fué sorprendido por un agudísimo dolor en am- bas piernas, que le impidió enteramente la marcha, dolor que atribuyó a una contrac- tura de tendones semejante a la que se produce cuando se experimenta un fuerte calambre en una o en ambas extremidades inferiores. En seguida sintió este mismo dolor agobiador, primero en la cintura, después en lasórbitas de losojos, en los ante- brazos y en las muñecas de las manes. A la vez que sentía todos estos dolores, una sensación de calor general le molestaba, y los ojos se le inyectaban de cuando en cuando. Este día apenas pudo regresar a pie a su casa. t.n los días subsiguientes le repitieron al enfermo estas crisis dolorosas, a tal punto que apenas podía caminar; y siempre a! sentir estos dolores, le acometía en todo el cuerpo un temblor general, con sacudimientos, exactamente iguales a los escalofríos de una intermitente, sacudimientos que a fuerza de repetirle, le dieron (dice él) la convicción de que eran interiores, y que dimanaban de la sangre". Llamado que fué un medico, este aseguró a! Sr. N. N. que no se trataba sino de un emoarazo gástrico, y que todo desaparecería tornando un purgante y unos centi- gramos de quinina: cosa que pareció ser cierta por cuanto al tercer día de semejan- te tratamiento, todos los síntomas de la enfermedad habían declinado, motivo por el que se despeidió el médico. Al cuarto día de esto, cuando suponiéndose bueno al paciente, se entregó de nuevo a sus ocupaciones ordinarias, saliendo a la calle sucedió que tuvo que regre- sar a su casa, 'doblado en dos", con motivo de los dolores que le sobrevinieron lo mismo que antes, pero con fiebre esta vez. Así con estas sensaciones de malestar y con fiebre continua, queriendo sobre- ponerse a sus dolencias, salía el Sr. N. N. a la calle, y todas las veces tenía que re- gresar a su domicilio, a poco de haber salido, sintiéndose cada día mas agobiado y más débil. Dolores agudos recorrían su cuerpo sin fijarse en un solo sitio, atacando de pre- ferencia las articulaciones de las extremidades, tanto superiores como inferiores, tanto grandes como pequeñas. Acusaba cierto malestar y dolor en los bomcplatos y una sensación de peso y de fastidio en el híixado. El calor y pesadez que sentía en el estómago, le producían una sed insaciable que le obligaba a desear bebidas refrigerantes por lo que tomaba repetidamente pe- dazos de nieve. El dolor de los riñones era siempre muy fuerte y a cada momento el enfermo se veía debilitarse y desvanecerse, sintiendo en estas ocasiones el temblor extraño que había dicho sentir antes interiormente, siendo este el fenómeno que mas constancia tenía, y que se pronunciaba sobre todo después de la mas ligera mar- cha. Una anorexia aguda le hacía tener una fuerte repugnancia a todo alimento; y cuando a fuerzas de instancias conseguía tornar alguna porción alimenticia, líquida o sólida, era presa de un sudor frío y viscoso, en tal abundancia que parecía que el paciente hubiera sido metido en un baño. En este estado vi al enfermo, y durante algunos días presencié el cuadro de síntomas de que he hecho referencia y que me había sido relatado por el enfermo; y francamente declaro, que a pesar de todo lo sucedido, creía estar al frente de una malaria de tipo anómalo que solo se necesitaba saber atacarla para triunfar de ella. La quinina en dosis macivas propinada con las horas de antici- pación al acceso, como la usa Jacouo; la misma sustancia suminis- trada de otras maneras; el uso alterantivo de todos los preparados de quinina, las inyecciones hipcdérmicas de bicloruro de quinina, los tónicos, el arsénico, todo, me dejó desorientado, no solamente por que no disminuían los síntomas malos, si no que, por el contrario, se aumentaban. 257 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Vértigos graves se iniciaron, con tal intensidad que por más de una vez fui llamado por la familia para ver al enfermo en sus úl- timos momentos; y neuralgias viscerales del vientre acometían con tanta fuerza a aquel, que sólo la morfina en inyecciones podía con- jurarlas. Apenas pasaba cada uno de estos accidentes, se cubría el paciente de un sudor intenso que hacía que le corriera agua por la cara y cabeza. No era posible permanecer mas tiempo en el diagnóstico de paludismo; y vistos los síntomas tan especiales que manifestaba el enfermo y la noticia que solo al último tuve de que este había estado en parajes verrucosos, establecí el diagnóstico de fiebre verrucosa. No se justamente qué fué lo que hizo confirmar el diagnóstico, esto es lo que motivó la manifestación en la pierna y muslo derechos, y en el lado derecho de la cara, de unas pequeñísimas verrugas, de forma redondeada, de dos milímetros de diámetro, de color rojo y bien destacadas de la piel, sin atmósfera de ninguna clase. Hasta cinco llegó solamente el número de estas pequeñas ve- rrugas que, a la vez que confirmaron el diagnóstico, mejoraron el pronóstico del enfermo: el que poco a poco fué entrando en conva- lescencia, sin nada particular de consignarse,hasta que quedó com- pletamente bueno, como lo está hasta hoy. Si las inyecciones de éter que en varias ocasiones hubo necesi- dad de poner al enfermo con motivo de los síncopes mortales; si las inyecciones de morfina que fué urgente aplicarle para aliviarle de los dolores gástricos que sufría, influyeron en esta erupción y cura- ción, yo no puedo afirmarlo; así como tampoco puedo asegurar que ambas cosas fueron afecto del régimen altamente tónico que desde el principio de mi asistencia al enfermo, le propiné; y que nunca de- jé, aun cuando para buscar fortuna empleara otras medicinas. Sea de ello lo que fuere, queda al práctico sagaz sacar partido de la historia de este caso de verrugas, curado no se sabe hasta don- de por tal o cual medicina, pero sí consentida su curación por me- dio de medicamentos tónicos importantes, entre los que figuraron el café y el alcohol, sustancias importantes que mantuvieron en el corazón y en las arterias la tensión sanguínea compatible con la vida. Cada día en la práctica se encuentran motivos para confirmar lo que piensa Jacoud sobre el peligro que en las fiebres continuas largas corre el enfermo si se desatiende su corazón. Sin tiempo para extractar las conclusiones a que pudiera dar lugar esta historia clínica, sólo expondré como un nuevo punto de estudio, en el de las verrugas, la siguiente observación que el mismo 258 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA enfermo, objeto de esta historia, me hizo al contarme su en- fermedad. ¿Qué razón existe para creer lo que se dice vulgarmente, que las verrugas en cualesquiera clase de individuos, aclimatados o no en los lugares verrucosos, son más benignas cuando su proceso pasa en estos sitios; y por qué son malignas cuando se desarrollan en otros lugares? Doctor Max. González Olaechea Nació en la ciudad de Arequipa el año de 1867. Inscrito en la matrícula de la Facultad de Medicina de Lima el año de 1885, ter- minó sus estudios profesionales el año de 1892. Bachiller en Medici- na el año de 1891, sustentando una tesis titulada "Cirrosis hepáti- ca"; Doctor en Medicina el año de 1893, presentando al efecto una tesis que tenía por título "Epiplocele consecutivo a la apertura de los abcesos hepáticos por el método de las grandes incisiones". Catedrático adjunto, por concurso, de la Cátedra de Patología General (1897), fue declarado titular de ella, conforme a ley, el año de 1905, por fallecimiento del principal Dr. José M. Qviroga. Al hacerse cargo de la enseñanza del dicho curso, que tenía como anexo el de Semeiología, el Dr. González Olaechea concedió a este último toda la grandísima importancia que él tiene y en cuya enseñanza ra- yó a gran altura, revelando sus magníficas dotes de maestro. El año de 1922, vacante la Clínica Médica del Hospital "Dos de Mayo", el Doctor González Olaechea fué promovido a ella por el voto de sus compañeros de Facultad y desempeña actualmente tal cargo. Médico titular del Hospital de San Bartolomé en Lima, al organizarse militarmente este establecimiento hospitalario, el Dr. González Olaechea pasó a prestar sus servicios en el Hospital "Dos de Mayo", uno de cuyos servicios de Medicina se halla a su cargo actualmente. El Dr. González Olaechea desempeñó, por varios años, la je- fatura del servicio de Antropometría e Identificación de la Inten- dencia de Policía de Lima, al cual dió las orientaciones más en ar- monía con las adquisiciones nuevas de las disciplinas médico foren- ses y criminológicas, implantando en dicha sección el sistema de iden- tificación dactiloscópica. En el empleo diario del método argentino de Vucetich, el doctor González Olaechea pudo darse cuenta de al- gunos defectos de técnica que en nada amenguan el mérito del pro- cedimiento, y, en su deseo de subsanarlos en cuanto fuese posible, propuso una modificación a la técnica de toma de las impresiones digitales que dió muy buenos resultados en la práctica y que fué so- metido a la consideración del Congreso Científico Pan Americano reunido en la Ciudad de Buenos Aires el año de 1910. El año de 1894 la Sociedad Médica "Unión Fernandina" elevó al Dr. González Olaechea a la presidencia de la institución, en cuyo servicio puso en evidencia su laboriosidad infatigable y sus entu- siasmos al servicio de la ciencia que cultiva. 260 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA BIBLIOGRAFIA 1.-Cuirrósis hepática. Crónica Médica de Lima, 1991. 2.- Un caso probable de granulia aguda del pulmón. Id. 1891. 3.-Un caso de púrpura hemorrágica palúdica con ulceraciones en el tegumento externo. Id. 1892. 4.-Un caso de sífilis cerebral, con agrafía, afasia y hemiplegia. Monitor Médico de Lima, vol. VIL 5.- Contribución a la terapéutica de la fiebre verrucosa aguda o fiebre de la Oroya. Crónica Médica de Lima, 1893. 6.-Tesis del doctorado. Id. 1893. 7.-Abceso hepático, historias clínicas, Monitor Médico de Li- ma, vol. VIIL 8.-Sífilis, historias clínicas. Id. vol. VIH. 9.-Un caso raro de catalepsia, curación por medio de la suges- tión hipnótica. Crónica Médica de Lima 1894. 10.-De las pleuresías diafragmáticas apiréticas. Id. 1894. 11.-La ataxia aguda de Leyden y el tifus exantemático. Id. 1895. 12.-Caso raro de ausencia del bazo. Id. 1896. 13.-Un caso de esclerosis lateral amiotrójica curado por la gim- nasia espontánea. Id. 1896. 14.-Tumor sanguíneo venoso del cráneo en comunicación con la prensa de Herófilo. Id. 1898. 15.-Ruptura de la uretra en su porción membranosa consecuti- va a un abceso perineal. Id. 1899. 16.-Polineuritis gripal. Id. 1900. 17.-Algo sobre la peste bubónica. Id. 1903. 18.-Espondilósis riziomélica. Id. 1904. 19.-Modificación del aparato de Vucetich para tomar las im- presiones digitales. Id. 1909. 20.-Topografía Clínica, lecciones del curso de Semeiología, publicadas en "Gaceta de los Hospitales'' Lima, 1908, 1910. 21.-El centro gráfico cerebral independiente de los otros centros del lenguaje (estudio presentado al Congreso Científico de Chile). Id. 1909. 22.-La meningitis cerebroespinal epidémica. Id. 1910. 23.-Dactiloscopia. Id. 1910. 24.-Contribución al síndrome nervioso pancreático sobreagudo. Comunicación al Congreso Médico Latino Americano de Lima, 1913. Actas, vol. III 25.-Valor de la teoría del profesor Potain para explicar los so- plos cardiacos anorgánicos. Crónica Médica de Lima, 1914. 26.-A propósito de un caso de muerte súbita. Comunicación a la Sociedad Médica del Hospital "Dos de Mayo'', 1915. 27.-Tres casos de insuficiencia suprarrenal pura. Id. 1915. 28.-Síndrome infundibular de origen hipofisario. Anales de la Facultad de Medicina de Lima, año fase. V. H. V. UN CASO DE VERRUGA INFECCIOSA VISCERAL Por el Dr. Maximiliano González Olaechea. Publicado en "La Crónica Médica", Lima, 1890, pag. 324 a 326. José Rosales, natural de Huaraz, de 12 años de edad, de raza indígena y de sis- tema muscular medianamente desarrollado, ingresó al Hospital "Dos de Mayo'' el 8 de Mayo de 1890, y ocupó la cama N°. 9 de la sala de Las Mercedes, Servicio del Doctor Leonardo Villar. Cuatro meses hacía que Rosales llegó de Huaráz, y mes y medio que había en- trado al mismo Hospital para medicinarse de la enfermedad que hoy padece; no habiendo permanecido en esa época en el establecimiento sino muy pocos días. Padecía de Epilepsia, y los ataques en número de uno o mas le acometían cada dos o tres días. Presenciamos algunos de ellos, y notamos todo el cortejo de síntomas que caracterizan el gran mal. El enfermo no suministraba dato conmemorativo de ninguna clase, por hallarse en estado de enagenación mental, consecuencia probable de la repetición de los ataques de aquella enfermedad. Desde el día de su ingreso al Hospital se le sometió al régimen sedante de los polibromuros, continuando con este tratamiento hasta el 30 de agosto, época en que los ataques eran más raros, no repitiéndose sino cada 8 o 10 días. Desde mediados del mes de Agosto, Rosales comenzó a ser atacado de fiebre de tipo intermitente, y de golpes de tos; como quiera que estos síntomas continuaban sin interrupción, y habiendo enflaquecido notablemente el enfermo; se procedió con solicitud a la percusión y a la auscultación repetidas desús pulmones, operaciones que permitieron encontrar en el vértice del pulmón izquierdo cierta macicez, soplo y un tanto de broncofonía; síntomas todos que hicieron diagnosticar una tubercu losis pulmonar. En esta virtud se asoció a su régimen sedante de los polibromuros, el uso del yodoformo, a la dosis de cinco centigramos tres veces al día y el del lac- tofosfato de cal en los alimentos. El 20 de setiembre Rosales tiene por primera vez una hemoptisis abundante, y la auscultación declaró estertores subcrepitantes numerosos, tanto en el vértice como en la base del pulmón izquierdo. Para combatir esta hemoptisis se le sometió al régimen de dos gramos de ergotina en poción para que tomara una cucharada ca- da dos horas; suspendiendo esta medicación dos días después de terminada la he- moptisis, y dejando al enfermo en su antiguo régimen. El 28 de Diciembre, el enfermo fué atacado nuevamente de otra hemoptisis, que también fué cohibida por la ergotina, medicina con la que continuó el paciente dos días mas. La existencia de las hemoptisis y el aumento de los síntomas objetivos que presentaban los pulmones de Rosales, no impidieron que se repitieran los ataques de epilepsia, con las distancias de que ya hemos hecho referencia. Para combatir los síntomas de ambas enfermedades se continuó con el régimen de los bromuros, iodoformo y lactofosfato de cal. 262 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUAXA El marasmo creciente del enfermo, su anemia, los accesos de fiebre vezperal, y los síntomas locales del pulmón izquierdo, hacían suponer cada día más, que no se había errado en el diagnóstico de una tuberculosis pulmonar. No pasaron muchos días en que la fiebre se hizo continua: y el marasmo del en- fermo era de tal consideración que Rosales no podía ya sentarse ni moverse de la cama; y durante este tiempo se notó claramente que el enfermo sufría de dolores de alguna o algunas partes del cuerpo, sin que se pudiera conocer cuales serían aque- llas, pues, como hemos dicho, el paciente se encontraba en estado de enagenación mental, y no podía explicar sus sensaciones, conociéndose solamente su sufrimiento per los quejidos que daba. El 7 de Noviembre con gran sorpresa nuestra, notamos en la superficie de! cuer- po de nuestro enfermo una erupción de verrugas en número bastante considerable. Esta erupción ocupaba la cara, los miembros superiores, los inferiores, aparte del tórax y del abdomen, y se hacía cada día mas manifiesta, aumentando claramente durante seis días la extensión y el tamaño de las verrugas. Existían estas desde el tamaño de una cabeza de alfiler hasta el de un garbanzo. La fiebre, en los últimos seis días, tomó un tipo remitente y osciló entre 40u y 38° 2. Durante todo el tiempo de la erupción verrucosa, se propinó al enfermo la po- ción tónica estimulante de T O DD, el extracto blanco de quina y la antipirina, en dosis de 25 centigramos cada dos horas. Como se hiciera cada día más profunda la anemia, hasta el punco de oírse el so- plo característico en la base del corazón, en las arterias carótidas y femorales, y se produjeran además hemorragias en los tumores verrucosos de la piel, que aumenta- ban todavía esta anemia, se hizo tomar al enfermo una poción con 8 gramos de tin- tura de percloruro de fierro, alternada con su poción de Todd. En estas circunstancias se notó que los tumores verrucosos entraban en su pe- riodo de desecación, sin que esto favoreciera la suerte del enfermo, el que volvién- dose cada día mas anémico y débil, sucumbió el 10 de Diciembre, a pesar de los es- fuerzos que se hicieron para sostenerla la vida. El fallecimiento había tenido lugar seis meses después de la fecha en que Rosa- les ingresó por segunda vez al Hospital. Autopsia.-Abierto el cráneo, se encontró a las meninges y a la masa encefá- lica pálidas y exangües, presentando la segunda una induración un poco más peque- ña que una nuez, colocada en la ínsula de Reil de! lado izquierdo. Esta induración presentaba al corte el mismo aspecto que el resto del cerebro, no había en ella nin- gún cambio de color. El cerebelo estaba completamente reblandecido. El pulmón izquierdo presentaba, bacía el vértice, distantes unas de otras, cuatro induraciones de! tamaño de un garbanzo, o un poco mas; existiendo otra in- duración casi del mismo tamaño que las anteriores en la base de! mismo pulmón; otra, un poco mas pequeña en la base del pulmón derecho. Al corte no daban sangre estas induraciones, y presentaban un color rojo oscuro que contrastaba con la pali- dez del parénquima pulmonar, el que solo en los sitios vecinos a las induraciones es- taba congestionado. El Corazón contenía coágulos de un color amarillo rojizo. El hígado aumentado de volúmen, estaba congestionado y reblandecido. Los riñones estaban pálidos, el izquierdo presentaba una induración análoga a la de los pulmones. Los ganglios mesentéricos estaban también aumentados de volúmen y congestionados. El páncreas un tanto indurado. Conclusiones.- Ia. Per el itinerario que tuvo que seguir Rosales en su viaje de Huaraz a Lima, es seguro, que si no tomó las verrugas en el mismo Huaraz, las tomó en Pariacoto o Yaután, pequeños pueblos en donde reinan endémicamente las verrugas y que están en el intermedio de Huaraz a Casma. 2a. Que la afección verrucosa quedó en el paciente plenamente confirmada con la erupción característica de esta enfermedad, apa- recida en la cara, tronco y extremidades. 3a. Que en este caso, como en la generalidad de los de verruga, no ha faltado la fiebre, la que ha seguido sucesivamente un curso intermitente, remitente y continuo. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 263 4a. En este caso de verrugas tampoco han faltado los dolores musculares propios de esta erupción, pues que si el enfermo no los declaró, los hicieron sospechar sus quejidos. 5a. Los signos físicos de una tuberculosis y las hemoptisis que tuvo el enfermo fueron consideradas, desde que aparecieron las ve- rrugas en los tegumentos externos, como el efecto de la presencia de estos neoplasmas en el parénquima pulmonar. 6a. La autopsia corroboró esta creencia, mostrando en los pul- mones del enfermo, las induraciones de que hemos hecho mención, las que, aun cuando no examinadas al microscopio, presentaban a la vista y al tacto la misma estructura de las verrugas que aparecieron en la piel. 7a. Estas verrugas del pulmón, que habían tenido indudable- mente su actividad cuando tuvieron lugar las hemoptisis, que pa- deció el enfermo, se hallaron en la autopsia en tal condición de estruc- tura que no daban sangre al corte, probablemente por hallarse al principio de un periodo de regresión. 8a. La induración que se encontró en la base del cerebro, no obstante de tener el mismo aspecto de la mas i encefálica, era de suponer que fuera de naturaleza verrucosa y que ella fuese la cau- sa de los ataques de epilepsia que aquejaron al enfermo después de su primer ingreso al Hospital. 9a. Las alteraciones anatómicas del hígado, bazo y gan- glios linfáticos corresponden exactamente a las que siempre se han encontrado en esos órganos en la forma aguda de la Enfermedad de Carrion. CONTRIBUCION A LA TERAPEUTICA DE LA FIEBRE VERRUCOSA AGUDA <» Trabajo del Dr. Max. González Olaechea, publicado en «La Crónica Médica» páginas 104-110.-Lima 1893. Hará un año poco más o menos que conversando con mi amig o el Dr. Belisario Manrique, sobre la terapéutica de la fiebre de la Oroya, nos lamentamos del casi ningún suceso obtenido mediante las diversas medicaciones empleadas contra esta enfermedad, mor- tífera por demás, como todo el mundo lo sabe. Mi amigo que también había estado ideando un tratamiento nuevo contra dicha dolencia, hubo de manifestarme que coincidía en el modo de pensar conmigo, al suponer que el iodoformo-empleado en más de una ocasión y con éxito en las formas agudas de la tuberculosis, y también con no- table mejoría en muchos casos de forma crónica-administrado en la Fiebre verrucosa aguda, produciría tal vez un resultado halaga- dor, dada sus propiedades terapéuticas. Parece que mis previciones y las de mi estimable compañero han sido confirmadas en la practica; pues así lo revelan los resul- tados felices obtenidos en tres casos de fiebre verrucosa aguda, que han sido tratados por mí, empleando dicho agente terapéutico; y los cuales creo muy oportuno historiar y darlos a conocer a los lectores de la Crónica Medica. I. Santos Vilca, indio, natural de Huancayo, de 16 años de edad, de profesión jornalero, de temperamento linfático y regular constitución, ingresó al hospital "Dos de Mayo'' el 1 4 de Agosto de 1 892 y ocupó la cama número 33 de la sala de San Luis; sala que hubo de abrirse transitoriamente durante la última epidemia de influenza, y cuyo servicio médico fué encomendado al que estas líneas escribe. Hacía más de un mes que este individuo había llegado de Huancayo siguiendo en su viaje la vía de la Oroya; poco tiempo después de su arribo a esta Capital se le iniciaron dolores en las articularciones del hombro, rodillas y rápuis, así como tam- bién en los muslos y piernas; resolviéndose a ingresar al hospital una vez que se vió acometido de fiebre. (1) Sinonimias; Fiebre de la Oroya;-Enfermedad de Camón. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 265 Cuando le vi en la mañana del 14 de agosto, presentaba el siguiente cua- dro sintomático: decúbito dorsal, dipsnea, palidez bien marcada del tegumen- to externo, de la conjuntiva parpebral y de la mucosa labial, pulso pequeño y fre- cuente, 38° 5 de temperatura; la auscultación del corazón y de las arterias femora- les, dejó percibir claramente un soplo sistólico así en éstas como en aquel, soplo que tenía mayor intensidad en la base que en el vértice del corazón y que denunciaba el estado anémico de nuestro enfermo; los ganglios inguinales y axilares estaban in- fartados; el hígado y el bazo ligeramente aumentados de volumen; se sentaba con suma dificultad, esperimentando vértigos cuando pretendía tomar esta posición. La procedencia del enfermo y los síntomas que ofrecía, manifestaban claramen- te hallarse acometido de fiebre verrucosa aguda; y en tal virtud, se le sometió al si- guiente tratamiento: lodoformo 40 ctg. Jarabe simple , 40 grm. Para tomar una cucharada de café cada dos horas, alternando con esta otra po- ción. Tintura de percloruro de hierro 8 grm. Agua destilada 500 ,, Para tomar una copita cada dos horas. Agua con cognac para que tomara cada vez que tubiera sed, finalmente, leche y caldo por alimentos. En la tarde de este día tuvo 39° de temperatura. Día 15.-El termómetro marcaba 38°8 en la mañana y 38°9 en la tarde. Su es- tado general era casi el mismo que el día anterior; la díspnea era mas frecuente. Si- guió con el mismo régimen. Día 16.-38°8 en la mañana y 38°3 en la tarde. La mejoría era casi impercep- tible; la díspnea se había calmado un tanto. Continuó sometido al mismo régimen. Día 1 7.-38° 4 en la mañana y 38°8 en la tarde. Su estado general era mejor que el del día anterior; la díspnea siguió disminuyendo. En este día nos manifestó sentir náuseas. Se le prescribió el mismo tratamiento. Día 18 hasta el 23.-En el curso de estos días la temperatura fluctuó entre 38° y 38° 9. Su estado general fué mejorándose progresivamente; la díspnea, las nauseas y los vértigos fueron cada vez menores; las conjuntivas y mucosas recobra- ron poco a poco su coloración, y el soplo anémico se percibía con menos claridad. Siguió con el mismo régimen. Día 24 hasta el 30.-Desde el 24 se declaró la apirexia y con ella una notable mejoría en el enfermo que nos ocupa. Por lo que respeta al tratamiento, el 25 le suspendimos la administración de la poción iodoformada, y desde ese día quedó sometido al siguiente régimen: Tintura de percloruro de hierro 8 grm. Agua destilada 500 ,, Para tomar una copita cada dos horas; un balón de oxígeno para inhalaciones, cada día; buena alimentación. A partir del día 31 de agosto, suspendimos las inhalaciones de oxígeno y el percloruro de hierro continuó tomándolo en la proporción de 30 gotas durante el día, hasta el 4 de setiembre en que nuestro enfermo, ya casi completamente resta- blecido se afanó por que le diéramos alta; a lo que tubimos que acceder, reco- mendándole con insistencia continuase alimentándose bien y tomando las gotas de cloruro férrico, II Alejandro Durán, indio, natural de Pampas, el 15 años de edad, de tempera- mento linfático y regular constitución, ingresó al hospital "Dos de Mayo" el 3 de octubre de 1892 y ocupó la cama número 36 de la sala de San José, la cual, por im- pedimento del Dr. Cervera, médico titular de ella, estuvo a mi cargo por ser médico auxiliar en esa época. Hacía un mes que Durán había abandonado su pueblo y venido a Lima por la vía de La Oroya, cuando se desarrolló en él una fiebre que lo determinó a ir al hos- pital a recobrar su salud. En la visita del día 3 comprobé los síntomas siguientes: decúbito dorsal disnea intensa, excesiva palidez del tegumento externo, y de la conjuntiva palpebral, la conjuntiva ocular ofrecía un ligero tinte ictérico, pulso pequeño y frecuente, 38° 5 de temperatura; la auscultación del corazón y de las arterias carotídeas y fermorales 266 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA reveló un soplo sistóiico así en éstas como ta aquel, soplo que era mas acentuado en la base que en el vértice del corazón; la palpación nos manifestó la existencia de una pléyade ganglionar en las regiones axilar y inguinal; la zona de la matidez hepática sobrepasaba un tanto los límites normales, igual cosa ocurría con el brazo; la presión del vientre le era dolorosa. Este cuadro sistomático, casi idéntico al de nuestro anterior enfermo, nos de- terminó a formular el diagnóstico de fiebre de la Oroya; y obedeciendo a nuestro propósito de comprobar el mayor número de veces posible los efectos de la medi- cación a que sometidos al primero hubimos de prescribirle al actual la misma medi- cación. Los resultados obtenidos en este caso se expresan como sigue: En la tarde del día 3 de Agosto, la temperatura ascendió a 39°. Día 4.-En la mañana tuvo 38°4. y 39° 2. en la tarde. No se manifestó ningún cambio en el estado general del paciente. Continuó con el mismo tratamiento. Día 5.-38°5, en la mañana y 38° en la tarde. La disnea había disminuido algo. No se cambió el tratamiento. Día 6.-37° 4 en la mañana y 38° 4. en la tarde. Siguió con el mismo régimen. Día 7.-37° en la mañana y 38°4, en la tarde. En este día manifestó sentirse aliviado; la disnea era menos intensa. Continuó tomándolos mismos medicamentos. Día 8.-38°4 y 39° grados mañana y tarde respectivamente. Tuvo diarreas en el curso del día y de la noche. La presión del vientre originaba dolor, el infarto ganglionar había disminuido algo. En este día se aumentó la dosis de iodoformo a 66 centigramos. Día 9.-37°6 en la mañana y 38° 6 en la tarde. La diarrea desapareció en las primeras horas del día, las cuales eran de color amarillo. La disnea casi había desa- parecido. La conjuntiva palpebral y la mucosa labial perdieron parte de su palidéz. Se disminuyó la dosis de yodoformo a 50 centigramos, para que la tomara antes al- ternando con ¡a poción de cloruro férrico. Día 10.-37° 3 en la mañana y 38°6. en la tarde, la intensidad de todos los sín- tomas había disminuido. Siguió con el mismo régimen del día anterior. Día II.-37e4 en la mañana y 38°2 en la tarde. Tuvo dos cámaras diarreicas en la mañana. Se disminuyó la dosis de yodoformo a 40 centigramos Día 12.-38u2 en la mañana y 37°6 en la tarde. El estado general habia mejora- do; cuando pretendía sentarse no eran tan intensos como antes los vértigos; el rosado de las conjuntivas continuaba subiendo. Se le prescribió el mismo régimen del día anterior. Día 13.-Grande fué el regocijo que experimentamos en la mañana de este día al encontrar a nuestro enfermo no solo completamente apirético, sino también con tres verrugas pequeñas, localizadas dos en la parte media de la región posterior del antebrazo derecho y una en el tercio inferior de la región externa de la pierna del otro lado; estas verrugas no eran de color rojo cereza, como se observa en aquellas que aparecen en la forma crónica de la enfermedad, sino de un color rosa pálido, co- lor que estaba en armonía con la anemia general del enfermo. Se le prescribió ade- más de los medicamentos del día anterior un balón de oxígeno para inhalaciones. En la tarde de este día, su temperatura ascendía a 37° 6. Días 14 hasta el 24.-Durante todo este tiempo se mantuvo la apirexia. Por haber sufrido repetidos vértigos el 18 como consecuencia de la anemiacerebral.se le prescribió desde este día lo siguiente: Solución alcohólica de trinitrina al centécimo 10 gts. Agua destilada 100 grs. Para tomar una cucharada de café tres veces al día. alternando con esta otra poción: Tintura de percloruro de hierro 4 gms. Agua destilada 250 gms. Para tomar una copita cada dos horas. Un balón de oxígeno para inhalaciones. Día 25.-En este día la reapareció la fiebre (38° 2 en la mañana y 38° 5 en la tar- de), con este motivo le prescribimos 6 obleas conteniendo 1 gram. 20 cent, de sul- fato de quinina, para que tomara una cada dos horas alternándolas con las men- cionada poción de cloruro férrico. Día 26.- El termómetro marcó 38°3. en la mañana y 39u8. en la tarde. Se le ordenó que siguiera con el mismo tratamiento anterior. Día 27.-38° 3. en la mañana. Desde este día hasta el 6 de Noviembre, la fie- bre adquirió un tipo remitente, oscilando la temperatura entre 37° 9. y 39° 2. Du- rante este intérvalo de tiempo se le administró el yodoformo a la d osis de 40. cent BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 267 alternando siempre con la poción ferruginosa. La anemia se mantuvo poco mas o menos en el mismo estado. Días 5 de Noviembre hasta el 7 de Diciembre.- Durante todo este tiempo estu- vo apirético. Desde el 7 de Noviembre se disminuyó la dosis de yodoformo a 1 5 cents, divididos en tres obleas, las que tomaba en el curso del día; el cloruro férrico se le ad- ministró a la dosis de un gramo de tintura antes de los alimentos. En todos estes días sus funciones se verificaron normalmente; los síntomas de la anemia se modi- ficaros en sentido favorable y a tal punto que el 5 de Diciembre había desapareci- do el soplo cardiaco y arterial y los vértigos; el pulso era lleno; las conjuntivas par- pebrales y la mucosa labial recobraron su coloración normal; el infarto ganglionar no se percibía; las pequeñas verrugas se desecaron y cayeron; en una palabra hasta en su fisonomía revelaba el paciente haber recobrado su salud. Desde el 6 de Diciembre se le suspendió la administración del yodoformo; quedando sometido a un régimen tónico reconstituyente hasta el 1 1 de Diciembre día en que nuestro enfermo abandonó el hospital por estar ya completamente curado. III Ramón Eguisquiz, blanco, natural de Lima, de 1 1 años de edad, de temperamen- to linfático y constitución débil ingresó al hospital "Dos de Mayo" el 5 de Enero del presente año y ocupó la cama número 8 de la sala de N. S. de las Mercedes, (servicio del Sr. Dr. Villar). Con el fin de mejorar su constitución, este individuo fué llevado por su madre a Pallasca en donde permaneció 7 meses; al cabo de este tiempo regresó a Lima, y días después sintió malestar general, cefalalgia dolores en las articulaciones de am- bas rodillas y fiebres. Refiere Egusquiz que doce dían antes de su ingreso al hospi- tal estuvo tomando unos brevages que le administró un empírico, y los cuales lejos de producirle el buen efecto que se pretendía hubieron de aumentarle su mal estar por cuyo motivo determinó ingresar a! hospital. En la mañana del 5 de Enero observé en él los siguientes síntomas; decúbito dorsal, 28 respiraciones y 102 pulsaciones por minuto, 39° 5 de temperatura, palidez de la piel y mucosas, infarto ganglionar, ligero aumento del hígado y del bazo, soplo sistólico con su máximun de intensidad en la base del corazón y vértigos cada vez que procuraba sentarse. Este conjunto de síntomas, característico de la forma aguda de la Fiebre verru- cosa, manifestaba claramente hallarnos ante un nuevo caso de esta enfermedad, que nos daba ocasión para ensayar por tercera vez el tratamiento que tan buenos resultados produjo en los casos precedentes. En tal virtud, y contando previamente con el consentimiento de! Sr. Dr. Villar (Jefe del servicio) prescribimos a nuestros enfermo lo que sigue: lodoformo 30 centigramos Jarabe simple 40 gramos Para que tomara una cucharada de café cada dos horas, alternando con esta poción. Tintura de percloruro de fierro 4 gramos Agua destilada 150grms Para tomar una cucharada de café cada dos horas. Agua con cognac leche y caldos. En la tarde de este día tuvo 39° de temperatura. Día 6.-En la mañana tuvo 38°5 de temperatura, 100 pulsaciones y 27 respi- raciones por minuto. Su estado general era igual a! del día anterior. En la tarde la fiebre ascendió a 40°3. Continuó con el mismo tratamiento. Día 7.-38°5., 102 pulsaciones y 28 respiraciones por minuto. En la tarde tuvo 39'. Se le prescribió el mismo régimen. Día 8.-38u6, 106 pulsaciones y 29 respiraciones. En la tarde señaló el termó- metro 40°2. Este día sintió náuseas. No se introdujo modificación alguna en el tra- tamiento. Día 9.-40°, 120 pulsaciones y 32 respiraciones. En la tarde la fiebre se mantuvo en el mismo grado. Se le prescribió además del tratamiento ordinario un baño tibio. Día 10.- 39u 34, 114 pulsaciones y 28 respiracions. En la tarde 39°5. Continuó con el régimen. Día 11.-38°5., 114 pulsaciones y 28 respiraciones . En la tarde' 39°. El estado genera) en este día fué el mismo que de los anteriores. No se le cambió el tratamiento tamiento. 268 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Día 12.-37° 5., 100 pulsaciones y 32 respiraciones. Las conjuntivas y la mucosa gingival se notaron menos pálidas. En este día aparecieron dos manchitas de un rojo intenso análogo a las petequias que origina el paludismo, una en la región pectoral derecha y otra en el lóbulo de la izquierda de la nariz. En la mañana se le adminis- tró 50 cent, de sulfato de quinina y en el resto del día el tratamiento ordinario. En la tarde tuvo 38° de temperatura. Día 13.-37°6, 92 pulsaciones y 26 respiraciones. El estado general había me- jorado; los vértigos no eran como antes. Siguió tomando los medicamentos prescri- tos el día anterior, excepto el sulfato de quinina. En la tarde marcó el termómetro 37°8. Día 14.-37°, 6 93 pulsaciones y 26 respiraciones. En este día se le prescribió, un balón de oxigeno para inhalaciones., aparte de su régimen habitual. Día 15.-37°, 71 pulsaciones y 20 respiraciones. Como se comprobasen falsos pasos en el corazón se la prescribió, además de los medicamentos que conocemos, 6 gotas de tintura de digital tres veces al día. En la tarde tuvo 37°4 de temperatura. Día 16 hasta el 22.-Durante todo este tiempo no tuvo fiebre. Los pasos fue- ron desapareciendo poco; el infarto ganglionar había disminuido notablemente, las manchitas del pecho y nariz se borraron, los vértigos se hicieron menos frecuen- tes,las conjuntivas principiaron a colocarse. Hasta el día 20 estuvo sometido al tra- tamiento que se le prescribió el 15 pero en los días 21 y 22 tomó en cambio de la tintura de digital la de convalaria, a la dosis de 8 gotas tres veces al día. Días 23 hasta el 12 de Febrero.-Desde el 23 reapareció la fiebre (38°7) que tomó un tipo remitente. Durante este tiempo se le administró el iodoformo y el percloruro de hierro, en las dosis ya señaladas. Días 13 hasta el 18 de Febrero.-Desde el primero de estos días se inició la apirexia y con ella la mejoría del estado general del enfermo; los síntomas de ane- mia habían disminuido notablemente, el infarto ganglionar era insignificante, los falsos pasos ya no se percibían. En todo este tiempo estuvo sometido a la admi- nistración del iodoformo en la proporción de 5 centíg. tres veces al día, del per- cloruro de hierro del que tomaba 10 gotas antes de los alimentos, y, finalmente, del oxígeno que inhalaba diariamente la cantidad contenida en un balón. Día 19.-En este día se le dió alta a nuestro enfermo, que fué llevado al campo a convalecer y en donde siguió sometido a un tratamiento tónico-reconstituyente. He aquí tres casos de la forma más terrible de infección verrucosa, dominados completamente mediante el empleo del iodoformo asociado al cloruro férrico; pues, aúnque en el primero no llegó á desarrollarse la erupción y en el tercero solo aparecieron petequias que evolucionaron rápidamente, no por esto debe dudarse del éxito alcanzado; sobre todo si se tiene en consideración que la erupción de los tumores verru- cosos puede verificarse en una época tardía como sucede en la infección de marcha crónica. ¿Cómo explicar ahora los afectos de esta medicación?-Examinemos primero lo que al iodoformo se refiere, para terminar después en lo que respecta al fierro. Experimentos llevados a cabo en nuestro país y otras razones más pueden probar que la enfermedad que se inoculó nuestro compartriota Carrión-quien pagó con su vida este acto de heroísmo en el campo de la ciencia-es de naturaleza microbiana; que los gérmenes que los origi- nan se localizan especialmente en la sangre, donde viven a expensas del oxigeno de los glóbulos rojos á quienes disgregan y matan; produ- ciéndose la muerte del individuo, cuando esta desglobulización ha al- canzado un grado imcompatible con la vida. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 269 Ahora bien, el iodoformo adm nistrado á un individuo en cuya masa sanguínea pululan las bacterias, retarda cuando menos su crecimiento ó multiplicación, entraba su nutrición o disminuye la energía de sus funciones y para que esto suceda no es menester que sea grande la can- tidad de iodoformo en circulación con la sangre, basta una pequeña cantidad. Tampoco me parece necesario que tal hecho se reaalice, que el iodoformo circule al natural en el torrente sanguíneo; pues, ya sea que camineen este estado ó en el de yoduro ó yodatos alcalinos-como muchos sostienen, aúnque de un modo muy absoluto-no por esto de- ja de poner la sangre en estado bactericida; estado para cuya consti- tución, solo es necesario mínimas diferencias en la composición química de este medio, una vez que sabemos que la ''susceptibilidad de los microbios es tal que la adición ó sustracción de dosis infinitesimales de una sustancia química, en los medios donde viven, pueden detener ó modificar la multiplicación de dichos microbios, la rapidez de su de- sarrollo y la actividad de sus funciones De otro lado, la administración de dosis terapéuticas de iodoformo aumenta, según Hoffman, el número de glóbulos rojos de la sangre; y es precisamente, esta indicación la que debe llenarse en la fiebre ve- rrucosa en la que, como ya hemos indicado, es grande la destruc- ción de dichos elementos. La administración del iodoformo, á individuos afectados de fiebre verrucosa aguda, responde, pues, según mi humilde opinión, á dos in- dicaciones primordiales en esta enfermedad: -poner la sangre en estado bactericida y resconstituír la cantidad normal de glóbulos rojos. Aunque los ferruginosos están contraindicados en los procesos febriles, sin embargo hemos administrado el cloruro férrico asociado al iodoformo, porque desde un principio creimos que las ventajas que obtendríamos de tal medicación superarían los incovenientes que ofreciese la administración del fierro. Y así ha sucedido, efectiva- mente, en los tres casos de fiebre de la Oroya que acabamos de narrar; y en los cuales es indudable que el fierro ha contribuido en mucho al éxito, reconstituyendo los hematíes. Diversas medicaciones se han empleado contra la fiebre de la Oroya, muchas de ellas quizás contraindicadas, y sin que ninguna haya logrado disminuir la cifra de la mortaliddad. Las expondré ligeramente; evitando juzgarlas como se debe, no solo por ser esta tarea que llevarán acabo otros que tengan más autoridad, sino también porque ello nos obligaría á darle á este trabajo una extensión mayor de la que nos hemos propuesto El ácido salicílico solo ó combinado con soda, se ha ensaya- do con buen suceso, según se dice, en la forma crónica de la fiebre de la Oroya; y aúnque ignoro si se ha empleado en la forma aguda, que es 270 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA la temible, creo que en este caso sería insignificante la utilidad que pres- ta. En cambio, me parecen enormes los inconvenientes de su empleo v. g. la acción depresiva que ejerce sobre el corazón, cuyo órgano es me- nester conserve a todo trance la energía de su acción, en la enfermedad que nos ocupa. La antipirina, fenacetina, exalgina, y demás antitérmicos de esta familia, que también se han usado, deben ser rechazados en la fiebre verrucosa aguda, no solo porque deprimen el sistema nervioso, sino tam- bién porque alteran la sangre. El oxígeno empleado en el periodo febril de la infección verruco- sa aguda, nos parece inconveniente bajo todo punto de vista. Finalmente, se ha usado también: el percloruro de hierro asocia- do al clorato de potasa y al ácido clorhídrico, asociación conocida con el nombre de limonada rusa; las sales de quinina, la transfusión de sangre, y muchos otros remedios, son todos ineficaces. Aquí terminaré esta modesta contribución a la terapéutica de una de las enfermedades más mortíferas que existen en nuestro país, y cuyo mayor número de víctimas lo excoje entre la multitud de extran- jeros que abandonan su país natal para hacer de nuestro suelo su segun- da patria. Los resultados que obtengamos en los nuesvos casos que se nos presenten, servirán para confirmar ó negar la eficacia de la medicación que hemos ideado y ensayado con éxito en tres casos sucesivos. CONTRIBUCION A LA TERAPEUTICA DE LA FIEBRE VERRUCOSA AGUDA O FIEBRE DE LA OROYA Por el Dr. Max. González Olaechea, en «La Crónica Médica» Lima, 1893. Los lectores de "La Crónica Médica" recordarán que bajo este mismo lema, describimos en el mes de marzo del presente año tres casos de Fiebre verrucosa aguda ó fiebre de la Oroya, curados mediante el uso del iodoformo y percloruro de hierro; igualmente que uno de los enfermos, llamado Ramón Egusquiz, al declinar la fiebre, se presentó un exantema representado por dos manchitas petequiales de color rojo escarlata, una en la región pectoral derecha y otra en el lóbulo izquierdo de la nariz, las que desaparecieron a los doce días de haberse presentado; habiéndose declarado la apirexia en nuestro enfermo y manteniéndose, había quedado, como era natural, anémico, por lo que se le aconsejó continuara su convalescencia el en el campo, recomendán- dole al mismo tiempo un régimen tónico y resconstituyente. Efectivamente Equzquiz se dirijió á Chorrillos, y después de un mes de permanencia allí se principió á bañar en el mar, habiendo logrado darse solo diez baños, pues los suspendió por haber principiado á sentir mal estar en todo el cuerpo y dolores en los miembros inferiores aunque no muy intensos, Después de doce días de haber permanecido más o menos en este estado, apareció una erupción de pequeñas verrugas en las piernas, en algunas de las que hubo su pequeña hemorragia; en este estado fué llamado mi amigo el Dr. José DiezSalazar á pres- tarle sus servicios profesionales, el que le prescribió el régimen medi- camentoso conveniente. Sin ningún incidente más que llamara la atención, quedó curado de su erupción á los 30 días, habiendo sí persis- tido su anemia, que desapareció después de algún tiempo. De lo anteriormente expuesto se deduce: Io. Que el diagnóstico de Fiebre verrucosa aguda ó Fiebre de la Oroya que se hizo de la enfer 272 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA medad de Eguzquiz, y sobre cuya fiFación podía haber quedado al- guna duda, no fué errado, como lo ha venido á corroborar la erup- ción típica que tuvo lugar algún tiempo después; 2o que algunas veces, en el período de declinación de la Fiebre verrucosa, no se manifestó in- meditaamente la erupción de los tumores verrucosos; sino, como en caso que rememoramos, aparece en exantema bajo la forma de petequias de color rojo escarlata, que pueden ser en número de uno ó más, para aparecer después de una época más ó menos dilatada la erupción ca- racterística (I); y 3o Que el tratamiento yodoformo-férrico al que fué sometido el paciente, ha correspondido, pues, á nuestras espe- ranzas. (!)•-En el mes de junio del presente año, tuvimos ocasión de observar el caso que ligeramente narramos a continuación, en el servicio que está a cargo del Dr. Azzali en el Hospital Italiano. Un individuo de 36 años de edad fué a curarse al hospital a mediados de abril de una orquitis blenorrágica, y, estando ya bien de esta afección se le desarrollaron unas fiebres remitentes y ligeros dolores en las articulaciones de los miembros, sin que ninguna de las visceras revelara nada anormal que justificase a la aparición de dichos síntomas. Estos pusieron al enfermo en un estado notable de postración, en el trascurso de dos meses y a pesar de la medicación a que se le sometiera durante este tiempo. En este estado, se supo que el enfermo que nos ocupa había permanecido varios meses en una provincia del Perú cuyo nombre no recordamos ahora, pero en la cual es endémica la verruga; este dato hizo concebir la sospecha de que estu- biera afectado de esta enfermedad, motivo por el cual se le administró el iodoformo y el percloruro de hierro en la forma y modo indicados en el trabajo del Dr. Olae- chea. Tres días después de empleado este tratamiento, los dolores articulares de- saparecieron y declinó la fiebre. Estos fenómenos coincidieron con la aparición de unas manchitas petequiales, en la piel del abdomen y en la de la espalda; manchitas que no se parecían a los tumores verrucosos más que por el color, y las cuales acom- pañaron a nuestro enfermo a su salida del hospital, que se verificó después de ha- ber estado sin fiebre desde muchos dían antes y experimentando esa sensación de bienestar que casi siempre acredita salud. Como después perdimos de vista a este enfermo, no hemos logrado adquirir datos relativos a la evolución ulterior de las mencionadas petequias. Quizás,como lo hace notar el doctor Olaechea, a la fecha han sido sustituida*; por tumores verrucosos bien caracterizados.-N. de la R. Doctor Eduardo Bello Nació en Lima el año de 1870. Bachiller en Ciencias Natura- les en la Universidad de Lima (24 de mayo de 1888), sustentando por tesis un estudio titulado; "Un estudio del arte de curtir y sus materias primas''. Inscrito en la matrícula de la Facultad de Medicina de Lima ei año de 1888. Bachiller en esta Facultad el año de 1893, presentando al efecto una tesis titulada: "Empleo de ios puntos de fuego contra las hemoptisis tuberculosas''. Doctor en Medicina el año de 1899, sustentando para obtener este grado académico una tesis titulada: "Tratamiento del aborto incompleto''. Cuenta el doctor Bello, entre otros merecimientos, el de haber sostenido, contra los fríos del ambiente y contra la resistencia pasiva de los abstencionistas, la vida del más antiguo órgano de publici- dad médica del Perú: Secretario de Redacción de la vieja y gloriosa "Crónica Médica de Lima'', fundada por la "Unión Fernandina" el año de 1884, el doctor Bello ha evitado, merced a su personal es- fuerzo x merced a todo género de sacrificios, que esta rex ista termi- nara sus días como los terminaron publicaciones médicas de la im- portancia de la "Gaceta Médica de Lima'' y del "Monitor Médico de Lima'' y de revistas posteriores a las nombradas y tan aprecia- bles como la "Gaceta de los Hospitales; de Lima. Merced al Doctor Bello, le es dado a la "Crónica Médica de Lima'' contar el 39° año de su existencia. Jefe de la Clínica Médica el año de 1896 y médico auxiliar del Hospital "Dos de Mayo" de Lima el año de 1896, desempeña actual- mente el cargo de médico titular del Hospital de Santa Ana. En el desempeño de este cargo, aparte de su labor de asistencia solícita y bondadosa y competente: aparte de una labor quirúrgica muy meritoria, ha llevado a cabo el doctor Bello una muy hermosa obra docente: ha sido el verdadero Mecenas hospitalario de muchos jóvenes cirujanos que, a su lado, se iniciaron en la especialización quirúrgica y cerca de Bello hallaron todo el generoso apoyo a sus perfeccionamientos en la Cirugía. Con un desprendimiento que nunca será suficientemente loado, ha cedido muchas veces, al ser- vicio de esa su protección desinteresada de los elementos nuevos, su rico material de trabajo y el contingente, de inapreciable valor de su práctica, de su experiencia y de su consejo. Catedrático adjunto de la Facultad de Medicina de Lima des- de el año de 1908, ha reemplazado, durante largos periodos 274 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA de tiempo, al Catedrático principal le la asignatura de Medicina Operatoria, Cátedra cuyo principalato interino le ha sido confiado el año de 1912. En el desempeño de su Cátedra, como en el ejercicio de la prác- tica civil, el doctor Bello ha puesto todos sus entusiasmos inagota- bles y toda su admirada y admirable honradez profesional y bon- dad ejemplar. Es miembro de número y Tesorero de la Academia Nacional de Medicina de Lima. BIBLIOGRAFIA 1.- Verruga Peruana.-Crónica Médica de Lima, 1893. 2.-Empleo de los puntos de fuego contra las hemoptisis tubercu- losis. Jd. 1894. y "Monitor Médico de Lima", vol. IX. 3.-Contribución al estudio clínico del carcinoma del páncreas. Id. id. 1894. 4.- Un caso de verruga meníngea. Id. id. 1895. 5.-Chelidonium majus en el tratamiento del cáncer. Id. id. 1896. 6.-Cloasma en las heridas. Id. 1896. 7.-Ls inyecciones hipodérmicas e intravenosas de serum artifi- cial. Id. 1896. 8.-La nueva colonia de alienados de Lujan. Id. 1899. 9.-Un caso de cura radical de hernia umbilical extrangulada. Id. 18". 10.-Etiología del tifus icterioides. Id. id. 1901. 1 1.-Estadísticas de los servicios de los doctores Bello y Denegrí. Gaceta de los Flospitales, Lima. 1905. 12.-Estadística de las operaciones practicadas por el Doctor Be- llo. Crónica Médica de Lima, 1906. 13.-Heridas por instrumento punzante y cortante. Laparatomía Curación. Gaceta de los Hospitales, Lima, 1906. 14.-Estadística hospitalaria de los servicios de los doctores Bello y Denegrí, Crónica Médica, 1907. 15.-El método de ^ier. Id. 1908. 16.- Tratamiento del aborto incompleto, Lima, 1908. ¡7.-La profesión médica. Crónica Médica, Lima, 1909. 18.-Estadísticas hospitalarias. Id. 1910. ]9.-I forme a la Academia Nacional de Medicina de Lima acer- ca de los premios Bignon, Boletín de la Academia Nacional de Me- dicina de Lima, 1910. 20.-Estadísticas hospitalarias. Crónica Médica, Lima, 1911, 21.-Frecuencia de la Fiebre puerperal. Id. 191 1. 22.-Necesidad de crear en Lima la Asistencia Publica. Id. 1911. 23.-Howard Tylcr Riereis y sus trabajos sobre el tabardillo. Id 1911. 24.-B.ecrudescimiento del paludismo en L ima. Id. 1911. 25.-Facultad de Medicina, artículo editorial. Id. 1911. 26.-Reflexiones sobre la operación de Alcxander. Id. 1914. 27.-Algunas consideraciones sobre el cáncer uterino en Lima, Id. 1914. 28.- Tratamiento actual de las heridas de guerra, en colabora- ción con el Dr. Manuel Castañeda. Anales de la Facultad de Medi- cina de Lima, fase. IV. H. V. cial. Id. 1896. VERRUGA PERUANA Historia de un caso de esta enferme- dad leí o en a Sociedad Médica "Unión Fernandina", por el Dr. Eduardo Bello y publicado en "La Crónica Médica".- Lima. 1893. Señores: Voy a relataros la historia de un caso de "Verruga Perua- na" de marcha y forma a mi entender poco común, que he observa- do en el servicio del Dr. Odriozola, cuyo internado tengo la honra de desempeñar. El 10 de marzo del presente año ocupó la cama N". 10 de la sala de "San José", el asiático Aijó, de 40 años de edad, agricultor, soltero, de temperamento linfático y constitución regular. Sus datos anamnésicos, como los que dan casi todos los de su raza, fueron nulos; lo único que pudo investigarse fué que trabajaba en una chacra cuyo nombre y situación no dijo, y que se sentía enfermo hacía tres semanas. A su ingreso al hospital se encontraba en el siguiente estado: temperatura de 38° 2; pulso lleno y frecuente: palidez marcada de la piel ligero infarto del hígado y bazo; diarrea sero-sanguinolenta abundante, acompañada de tenesmo; vientre do- loroso a ¡a presión; lengua saburrosa y seca. No conociendo el lugar de su procedencia y recordando los síntomas de enteri- tis palúdica, tan común en los que trabajan en los fundos vecinos a esta Capital, so- bre todo en la presente estación (verano); se le instituyó el tratamiento de esta afec- ción, comenzando por administrarle un purgante oleoso. Al siguiente día los dolores del vientre habían desaparecido; la dearrea y la fie- bre continuaron, siendo las temperaturas observadas 37° 8 en la mañana y 38c5 en la tarde. Se le hizo una inyección hipodérmica de bicloruro de quinina y se le admi- nistró el tanto de quinina y los polvos de Dower a la dosis de un gramo, divididos en 5 obleas, para tomar en el curso del día. Continuó durante tres días sometido a este tratamiento. Bajo su influencia, la diarrea se modificó algo, pero la fiebre se mantuvo con un carácter remitente. Se cambió el 14 de marzo los medicamentos, dándole la quinina a dosis refrac- tas incorporada a una poción tónica; para combatir la diarrea se le prescribió el ace- tato de plomo y polvos de opio a la dosis de 10 y 5 centigramos respectivamente, tres veces al día. El I 7 la fiebre se hizo intermitente, apareciendo en la tarde y acompañándose de sudores abundantes. La diarrea desapareció. La anemia se acentuaba cada vez más; la auscultación del corazón revelaba soplo sistólico en la base; el individuo sufría vértigos cada vez que ensayaba ponerse de pié. Pocos días después apareció edema perimaleolar que se extendió poco a poco a todos los miembros inferiores y a la cara. 276 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA En los últimos días de marzo se presentó una erupción de forma vesiculosa y dispuesta en corimbos, que comenzó en el pecho, irregularmente y a ambos lados de la línea media. Al siguiente día aparecieron en la cara manchas petequiales que pronto tomaron el aspecto vesiculoso; la fiebre se hizo mas intensa (39° en la tarde) y de nuevo remitente; el enfermo se quejó de dolores articulares y cefalalgia. Lo inusitado del caso hizo que insistiéramos en preguntarle dónde había traba- jado antes de venir al hospital, y entonces conseguimos saber que era peón de la chacra "Santa Ana" situada en la proximidad de Chosica. Este dato nos hizo sos- pechar que estábamos en presencia de un caso de fiebre de la Oroya, y que la eflore- cencia cutánea que comenzaba a desarrollarse, aunque desviada de su forma corrien- te, era verrucosa; pues no podíamos explicarnos de otro modo la tenacidad de la fiebre y de la anemia cada vez mayor; tanto más, ahora, que sabíamos que el enfer- mo procedía de un lugar donde la verruga es muy frecuente. En efecto, pocos días después las vesículas de la cara tomaron claramente la forma de los tumores verrucosas miliares; el frote de las almohadas desgarró algunos que se mostraron claramente hemorrágicos; la fiebre descendió: el diagnós- tico estaba asegurado. Por lo que respecta a la eflorecencia vesiculosa del pecho, ella no tomó el incre- mento del de la cara; al contrario; se deprimió y pronto quedó reducida a manchas ligeramente salientes, conservando eu anterior disposición. Se sometió al enfermo, como es de regla, a un tratamiento tónico dándole además por bebida cocimiento de maíz, especifico del vulgo, cuya acción hasta ahora creo no está comprobada. A mediados de abril la fiebre reapareció y los dolores se acentuaron, lo que esta- ba en relación con la extensión de la erupción verrucosa, que apareció mas o menos confluente en toda la superficie tegumentaria. Este nuevo periodo febril declinó pronto y desapareció con la terminación de la erupción, el apetito volvió, desapare- ció el edema y todo hacía esperar una feliz terminación. Desgraciadamente el resultado no fué tan satisfactorio, como debía esperarse de las buenas condiciones del enfermo. El 25 de abril la fiebre volvió a presentarse, y esta vez con mayor intensidad que nunca, alcanzó en la tarde 39° 5; la erupción verrucosa declinó un tanto, se presentó intensa dispnea y un estado soporoso. Al día siguiente la temperatura ascendió mas todavía llegando a 40° en la mañana y 40° 5 en la tarde. Este estado se prolongó dos días más, sucumbiendo el enfermo en estado tifódico. La historia del caso que acabo de leeros difiere mucho de la fiebre verrucosa ordinaria. En efecto, la marcha insidiosa de la enfermedad; su cuadro térmico, con temperaturas tan bajas relativamente á las que alcanzan comunmente esta pirexia; la forma especial de las verrugas en su aparición, el escaso infarto hepático y esplénico; la tardía apa- rición de los dolores reumatoideos; y por último, la reabsorción ve- rrucosa final con sus consecuencias, forman un conjunto sintomático distinto del que caracteriza la fiebre verrucosa ordinaria. Para terminar entraré en algunas reflexiones que el estudio de este caso y otros que observamos me sugieren: 1 a. Existen dos formas de Pirexia verrucosa: una aguda, casi siena- pre mortal, con fiebre continua, temperaturas elevadísimas, anemisa- ción muy rápida é infarto visceral muy manifiesto, que en los casos fe- lices se termina por la aparición de un corto número de tumores ve- rrucosos; otra forma sub-aguda con fiebre menos alta, remitente, ane- misación lenta é infarto visceral ligero, que termina por una erupción verrucosa abundante, generalmente curable. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 277 2a. Lo que debe investigarse ante todo en los enfermos sospecho- sos es su procedencia, pues el cuadro sintomático es variable, sobre todo al principio de la enfermedad, y por esto muchas veces el estudio de los síntomas no aclara tanto el diagnóstico, como el conocimiento del lugar donde el individuo ha sido acometido por el mal. Desgraciada» mente creo que la distribución geográfica de la verruga en nuestro suelo no está completamente conocida todavía. 3a. La forma vesicular no es extraña a la verruga en su período de incremento, puede afectarla; y entonces para determinar su filiación deben buscarse otros tumores verrucosos avanzados en el desarrollo ó esperar su completa evolución. 4a. Es frecuente que los dolores articulares se hagan sentir al fin de la pirexia, cuando la aparición de la verruga está próxima, y que acom- pañen al verrucoso todavía algún tiempo después que la afloración cutánea se ha desarrollado. 5 a. Si la erupción no se ha completado se presenta de nuevo la fie- bre y los dolores se exacerban. En estos casos, si se examina la piel del enfermo se puede ver nuevas verrugas elevándose en diferents lugares. 6 a. Si bien es cierto que la erupción verrucosa tiene carácter crítico su desarrollo aún en los casos en que la enfermadad toma la forma sub-aguda, no pone al enfermo enteramente fuera de peligro: existe siempre la amenaza de una reabsorción verrucosa con sus fatales re- sultados. UN CASO DE VERRUGA MENINGEA Por el doctor Eduardo Bello publi- cado en "La Crónica Médica".- Lima 1893. El 25 de diciembre del añc próximo pasado ingresó en el servicio del Dr. Villar el indio Pedro Osorio, de 12 años de edad, natural de Jauja. De regular constitución y temperamento linfático, no presenta antecedentes morbosos de importancia. Con respecto a su enfermedad actual refiere que habien- do perdido en pocos días a sus padres a consecuencia de afecciones agudas empren- dió viaje a la costa, trabajando en los fundos del tránsito para procurarse la subsis- tencia. De la quebrada de Huarochirí que atravezó señala San Bartolomé como el lugar en que más tiempo se detuvo, avanzando después a Huampaní, Ñaña y Cara- pongo de donde marchó directamente al hospital de Lima. Dice que en la última hacienda nombrada perdió la aptitud para trabajar, sudaba mucho y le sobrevino fiebre intensa acompañada de epistaxis abundante; el estado febril continuó por muchos días, le apareció cefalalgia intensa, dolores articulares que le impedían ca- minar y una gran languidéz. Cuando ingresó en el hospital tenía fiebre alta, se quejaba de cefalalgia, espe- cialmente frontal, sus pupilas estaban dilatadas y había fotofobia manifiesta. El examen del tórax no reveló ningún signo mórbido, salvo un soplo anémico muy mar- cado en la base del corazón que estaba en armonía con la coloración profunda de la piel y las mucosas. Había infarto hepático y esplénico bien manifiestos; el vientre estaba deprimido y algunas manchas petequiales podían notarse en su superficie. En la mañana siguiente la fiebre continuó lo mismo que la cefalalgia, el pulso era pequeño, la respiración anciosa, la piel estaba muy húmeda y había hiperestes'r. En la tarde sobrevinieron vómitos, la temperatura bajó un poco (38° 5). En la noche entubo muy agitado, delirante y la temperatura volvió a ascender. El 27 en la mañana cayó en un estado semi-comatoso; continuaba febril, había constipación y náuseas, el pulso era filiforme y muy pequeño. Este estado se mantuvo con ligeras variantes hasta el 2 de enero, en cuya mañana la fiebre cayó, persistien- do la cefalalgia, los dolores articulares y gran postración; notamos también enton- ces una desviación interna muy marcada del ojo izquierdo. En los días que siguieron hasta su salida del hospital (I 8 de enero), los dolores fueron desapareciendo y acabaron por disiparse completamente, persistía la anemia aunque no tan intensa como durante el período febril, sudores profusos nocturnos provocados por el menor ejercicio, atontamiento ligero y estravismo interno. Habiendo tenido ocasión de continuar observándolo, llamó mi atención ocho días después de su salida del hospital, la reaparición de los dolores articulares y la diaforesis que era excesiva; insistí en preguntarle sus antecedentes, y repitiéndome que había pasado por lugares de la quebrada de Huarochirí en que la verruga es en- démica, recordé la historia de su enfermedad, y apoyándome sobre todo en la per- sistencia de los dolores articulares, la anemia profunda que presentaba y su proce- dencia, creí poder formular el diagnóstico de Verruga Peruana. La erupción ca- racterística de esta enfermedad se presentó en efecto pocos días después comenzan- do, por los miembros inferiores; se extendió en seguida a los superiores, apareciendo algunos tumores aislados en el tronco. Llamó también mi atención el hecho de que BIBL IOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 279 el estriabismo, que hasta antes de i aparición de las verrugas era muy manifiesto, se corrigió gradualmente hasta hacerse casi imperceptible cuando la erupción estaba en su desarrollo completo. Terminada la evolución de los tumores verrucosos nues- tro enfermo se encuentra ahora completamente curado, así de la enfermedad princi- pal, cómo de la desviación ocular. El cuadro sintomático que presentaba Osorio en los primeros días corresponde casi exactamente con el que es propio déla meningitis tuber- culosa distinguiéndose solamente por la fugacidad de algunos síntomas, como el vómito y la hiperestesia, y per la anemia que no se presenta tan profunda en la enfermedad enunciada. Los dolores articulares aparecie- ron por accesos, la persistencia, de la anemia que nada explica y por úl- timo, el conocimiento de la procedencia del enfermo, vinieren más tar- de á hacernos pensar en la verruga, suposición que fue confirmada por la erupción que á los pocos días se manifestó. Para explicarnos el cortejo de síntomas que en el presente caso han acompañado á los que preceden ordinariamente á la erupción verrucosa, debemos suponer: Io que la fiebre inicial se acompañó-de intensa con- gestión meníngea y formación de productos plásticos ó tal vez de tumo- res verrucosos en las meninges, principalmente en la base del cerebro, que dieron lugar á los fenómenos meningíticos notados; 2o que pasado el período febril y con él los fenómenos reaccionales,quedaron dichos pro- ductos inflamatorios ó probablemente verrugas en las meninges, una de las cuales comprimiendo por su acrecimiento el nervio aculo-motor externo izquierdo, dió nacimiento al estravismo interno del ojo del mis- mo, lado; y 3° por último, que desarrollada la erupción externa, las neoplasias meníngeas desaparecieron por reabsorción, y libre ya el ner- vio izquierdo pudo reasumir sus funciones y corregir, por consiguiente, la desviación ocular interna que la falta de su influjo había determi- nado. No dudamos en formular la hipótesis de que han existido en nuestro enfermo tumores verrucosos en las meninges cerebral, por que las verru- gas han sido ya encontradas allí por algunos prolijos observadores (1) y nosotros mismos hemos tenido ocasión de hallarnos en más de una autopsia de indivuduos muertos en. pleno período de erupción y que presentaban además muchos tumores de la misma naturalezs en muchas membranas y órganos parenquimatosos, y también por que racional- mente hallamos muy natural que siendo la verruga un tumor cuyo asiento está en el tejido vásculo-conjuntivo puede desarrollarse en las meninges que son principalmente formadas por dicho tejido. Un síntoma de gran importancia que acompaña casi todo el curso de la fiebre verrucosa son los sudores profusos; he tenido ocasión de observarlo en este caso y otros de esta enfermedad que he estudia- (1) Véase Crónica Médica-Dic. 1889 y Feb. 1895. 280 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA do. La diaforesis es más abundante en F noche y sobre todo cuando se aproxima la aparición de los tumores verrucosos;-(Véase Crónica Médica-Dic. 1889 y Feb. 1895.)-los enfermos se ven obligados á cam- biar repetidas veces de camisa en el curso de la noche y esto aún cuan- se hallen en plena apirexia ó con muy ligera fiebre. En el individuo cuya historia clínica estamos narrando, el sudor profuso fue la única manifes- tación morbosa que se mantuvo junto con el anemia en el tiempo que medió entre la terminación del período febril y el desarrollo de las ve- rrugas. Este fenómeno, indudablemente manifestación de los esfuerzos eliminadores del organismo á la vez que de la exitación mórbida del tegu- mento externo que precede á la erupción verrucosa, ha sido señalado ya aúnque de ligero entre lo síntomas de la afección, pero no se le ha dado el valor diagnóstico que á mi juicio merece. Doctor Ernesto Odriozola Nieto del Coronel don Manuel Odriozola, aquel brillante gue- rrero que agregó a los importantes servicios prestados a la patria pe- ruana en la campaña de su independencia, los derivados de la inte- resante recopilación de documentos históricos y literarios que, en- tre los bibliográficos americanos lleva el nombre de «Colección O- driozola», don Ernesto Odriozola, fue hijo del matrimonio del hijo del Coronel, Doctor Manuel Odriozola y de doña Rosa Benavídez, hermana de aquella cumbre de la Medicina Peruana que fue el ma- logrado Profesor Rafael Benavídez. El doctor don Manuel Odriozola, padre de don Ernesto, fué uno de los fundadores de la Facultad de Medicina de Lima (1856) y, en condición de tal, formó en las brillantes filas de elementos pro- fesionales y docentes que Cayetano Heredia llamó en torno suyo al establecer, sobre sólidas bases, la enseñanza médica en el Perú. El doctor Odriozola fué el primer Catedrático de Nosografía Médica y, en el año de ¡871, al establecerse el cargo de Subdecano de la Fa- cultad, al doctor Odriozola le fué encomendado. Obra de organizador, en materia docente; obra de buen guiador de juventudes; obra de severidad sin claudicaciones y de rectitud libre de sinuosidades selectivas: tal fué la obra llevada a cabo por don Manuel Odriozola en su calidad de Decano de la Facultad de Medicina, cargo que asumió cuando la guerra con Chile había ame- nazado envolver en un manto de ruina cuanto representaba entre nosotros exponente de cultura y de progreso y cuando las repercu- siones de la guerra se dejaban sentir mas hondamente en la marcha de todas las instituciones. Hemos evocado ligeramente la hermosa figura del padre de don Ernesto por que, en la biografía de los hombres, precisa ir a buscar en el origen de ellos, en las calidades de sus antecesores,en las carac- terísticas de su ambiente familiar, en el tipo de educación por ellos recibida, la explicación de sus méritos y de sus derechos; la clave de sus excelsitudes o el secreto real de sus debilidades. Ambiente de los viejos tiempos coloniales, de las viejas casas solariegas,en que fué un culto el respeto de los viejos y fué una lección amable el buen ejem- plo de ellos; patriarcal ambiente que gustaba de la unión estrecha de los unidos por la sangre y gustaba asi mismo, de perpetuar valo- res ético sociales que vientos de fuera tienden a destruir; tal fué el ambiente en el cual nació, en la ciudad de Lima, el 6 de mayo del año de 1862, don Ernesto Odriozola. 282 biblioteca centenario de medicina peruana Siendo como era don Manuel Odriozola el núcleo de la activi- dad profesional de la época, siendo como era don Rafael Benavídez nuestro mejor tocólogo, se explica fácilmente que en Don Ernesto Odriozola, cuya infancia se deslizaba en tal ambiente, tomaran raí- ces sólidas, por intensamente afectivas, aquellas simpatías profesio- nales que, andando los tiempos, debían constituir en el joven don Ernesto una sincera y honda vocación médica. Iniciados sus estudios profesionales en la Facultad de Medici- na de Lima, los llevó a cabo con asiduidad ejemplar, de la cual dan testimonio dos compañeros del eternamente ausente y, mas que to- dos ellos, aquel maestro excelente y excelente camarada de Odrio- zola, que le ha llorado y llora con las lágrimas que vertemos cuando son hermanos nuestros los que emprenden el último de los viajes: el Profesor Julián Arce. Ellos saben bien que Ernesto Odriozola, a des- pecho de su calidad de hijo del Decano de la Facultad de Medicina en la cual hacía sus estudios, tal vez si por esa circunstancia, preci- samente, fué un alumno disciplinado y laborioso, que no pudo me- nos que llamar la atención de sus maestros y de sus compañeros. Compañeros y maestros le vieron partir con pena, camino del Viejo Mundo, a proseguir sus estudios profesionales, cuando el ges- to desventurado de un gobierno puso las manos profanadoras en la autonomía de la Facultad de Medicina de Lima. En Paris continuó sus estudios Odriozola y los continuó con idéntico brillo que pusiera en la iniciación de ellos; al lado de los grandes Maestros, haciendo tesoro de sus enseñanzas, Odriozola obtuvo en el año de 1888 la mas alta nota en sus exámenes terminales y presentó a la Facultad de Medicina de Paris aquella tesis que tantos triunfos había de valer- le, en la cual estudiaba, con elegancia y erudición, el problema muy interesante del «Coeur senil». La actuación fué presidida por el Prof. Cornil y el éxito de ella valió a Odriozola una medalla de la primera Facultad Médica francesa y el título, muy honroso, de miembro de la «Societé anatomique» de Francia. En estas condiciones, Odriozola emprendió viaje de regreso a su Patria. Hasta ese momento, la bibliografía de Odriozola era po- co numerosa: se limitaba a unas correspondencias dirijidas al «Mo- nitor Médico» de Lima y en una de las cuales daba las primeras in- formaciones relativas a la vacuna anti-rábica de Pasteur. En aque- llos tiempos en que el intercambio intelectual con Europa era muy reducido y en que eran pocos los suscritores a revistas médicas eu- ropeas, aquellas correspondencias de Odriozola llenaban un verda- dero vacío y presentaban excelentes servicios. Las Corresponden- cias al «Monitor Médico» son en número de fes. El mismo periódi- co, había publicado desde el año 1888 (pags. 43 y siguientes) algu- nos fragmentos de la tesis de Odriozola en el título de «De las le- siones consecutivas al ateroma de las coronarias». Además de los cuatro trabajos nombrados, Odriozola publicó en el «Monitor Médico» los estudios siguientes: 5. -Sobre un caso de tumor del mediastino posterior, p. 9. 56 72 y 88, del año 1890. 6.- Ectopia renal, p. 183, 1890. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 283 7.-Informe sobre fiebre" reinantes (informe a la Academia Nacional de Medicina de Lima), en colaboración con los doctores Constantino T. Carvallo y Leonardo Villar, p. 345, 1890. 8.-Ligeras consideraciones relativas a la patología cardiaca, p. 347, 1890. 9.- Cirrosis hepática, p. 366, 1890. 10.- Impotencia esencial, p. 373, 1890. I 1.- Consideraciones acerca de un caso de insuficiencia aór- tica, p. 20, 1891. 12.- Curabilidad de la cirrosis hepática, p. 116, 1891. 13.- Pleuresía purulenta de origen gripal, p. 135-162, 1891. 14,- Informe sobre fiebres reinantes (informe a la Academia Nacional de Medicina, en colaboración con los doctores Carvallo y Villar), p. 175, 1891. 1 5.- Discurso necrológico del Dr. José M. Romero, p. 131, 1891. 16.- La epidemia reinante, p. 65, 1892. 17.- Informe sobre la gripe (informe a la Academia Nacional de Medicina, en colaboración con los doctores Carvallo y Villar), p. 170, 1893. 18 .- Consideraciones relativas a cuatro casos de vértigo la- ríngeo, p. 3, 1893. 19.- Informe sobre el licor de Inoboro (informe a la Facultad de Medicina de Lima, en colaboración coa el doctor Matto), p. 278, 1893. 20.- Aneurisma de la aorta abdominal, p. 8, 1895. 21.- Tertología, p. 12, 1895. 22.- Hemorragias de naturaleza histérica, p. 33, 1895. 23.- Nitrato de soda en el paludismo, p. 59, 1895. 24.- Un caso de paperas supuradas en el paludismo, p. 87. 1895. 25.- La erupción en la enfermedad de Carrión, p. 309. 1895 26.- Tuberculosis uretral, p. 112, 1895. 27.- Fractura indolente del muslo uor contracción muscular, p. 287, 1895. 28.- Herida penetrante de la ampolla rectal, p. 54, 1895. 29.- La Medicina preventiva en sus relaciones con la higiene pública, discurso académico en la apertura de la Universidad, p. 1 108, 1896. 30.- Un caso raro de absceso hepático, p. 228. 1896. 31.- Un caso interesante de enfermedad de Carrión, p. 121, 1998. 32.- Maladie de Carrión, noticia de la publicación hecha, con este título, en la «Presse Medícale» de Paris (año de 1898. N°. 62.) Miembro de la Academia Nacional de Medicina desde el año de 1889, fué Secretario anual de la institución en 1893 y presidente de ella en los años de 1913, 1915 y 1917. Como miembro de la Aca- demia, dió a ésta en sus informes luminosos, en sus opiniones doc- tas, en sus consejos acertados, todo el valioso contingente de su ta- lento y de su afecto. Llamado a reemplazar al doctor José María Romero en la Cá- tedra de Medicina Operatoria y de Anatomía Topográfica, en el año oe 1891, Odriozcla aportó a esa enseñanza, que no se contaba por cierto en el número de sus mayores devociones , todo el contingente 284 BIBLIOTECA CENTENAR© DE MEDICINA PERU/ NA de su preparación y de su entusiasma por la docencia, consiguein- do hacer amena e interesante la enseñanza de materias áridas por la rigidez de su mecanismo didáctico. En el año de 1904, vacante la Clínica Médica de Varones, por fallecimiento del doctor Juan Cancio Castillo, la Facultad de Me- dicina de Lima tuvo el singular acierto de llevar a dicha vacante al Doctor Odriozola. La lección de apertura es breve: el maestro se li- mita a hacer el elogio de Castillo, de quien dice que «a la penetra- ción de una mirada certera y de una experiencia maravillosamen- te disciplinada, unía la cautelosa expectativa del médico que cono- ce bien su profesión y que nunca expone la verdad de su disquisi- ción clínica ante las muchas veces, aparatosas ostenteciones de la evolución morbosa» y hace a los jóvenes algunas recomendaciones de la máxima importancia: «Mañana, les dice, cuando vosotros ha- yáis concluido vuestros estudios pofesionales, es preciso que os pon- gáis en guardia contra una ilusión que absorve el espíritu del joven principiante: es la falsa creencia de la casi infalibilidad No guardéis señores, en vuestro honrado espíritu profesional, esos pre- tendidos dones de suficiencia infinita». Analizaba, después, los ele- mentos con que contaba la clínica y planteaba su programa de en- señanza. Todos los que hemos asistido a las lecciones de Odriozola guar- damos memoria imborrable de ellas: la dicción era galana, la críti- ca clínica era severa y fácil, la gimnasia propedéutica era grata y a lección terminada, el aplauso era sincero y espontáneo. Los Lu- nes de Odriozola tenían el privilegio de reunirnos a médicos y estu - diantes: ya que para todos había en aquellas lecciones provecho y agrado y ya que creíamos cumplir un deber rodeando con nuestra estimación y con nuestro afecto a quien tantos derechos tenía a una y otro. La «Caceta de los Hospitales» de Lima inició la publicación de estas lecciones clínicas, algunas de las cuales fueron coleccionadas en tomo actualmente agotado. Por orden cronológico, las lecciones publicadas fueron las siguientes: 32.- Lección de apertura, p. ¡13, 1904. 33.- Enteritis tuberculosa, p. 126. 1904. 34.- Tuberculosis y ankilostomiásis, p. 142, 1904. 35.- Paludismo, p. 154, 1904. 36.- Enfermedad de Carrión, p. 167, 1904. 37.- Tuberculosis lupiforme, p. 178, 1904. 38.- Dermatosis varias, p. 190, 1904. 39.- Cáncer del estómago, p. 207, 1904. 40.- Neumcconiósis-Tuberculósis, p. 218, 1904. 41.- Enfermedades del corazón, p. 230, 1904. 42.- Ataxia locomotriz progresiva, p. 244, 1904. 43.- Hepatitis supurada, p. 256, 1904. 44.- Cirrosis hepática, p. 269, 1904. 45.- Enfermedad de Hodgkin, p. 283, 1904. 46.- Diabetes, p. 295, 304, 1905. 47.- Lección de apertura, p. 408, 1905. 48.- Enfermedad de Brigth, p. 420, 432, 444, 1905, 49.- Parálisis del facial, p. 459. 1905. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 285 50.- Enfermedad de Carrion, p. 468, 1905. 51.- Psoriasis, p. 483, 1905. 52.- Cardiopatías, p. 493, 1905. 53.- Sífilis hepática, p. 509, 1905. 54.- Enfermedad de Carrion, p. 532, 1905. 55.- Paludismo, p. 544. 1905. 56.- 1 uberculósis de les centros nerviosos, p. 568 - 580, 1905 57.- Cáncer del píloro, p. 556, 1905. 58.- Poliomielitis anterior generalizada, p. 594, 1905. 59.- Toxicodermia brigthica papulosa, p. 2, 1905. 60.- Acné hipertrófico, p. 15, 1906. 61.- Arterioesclerósis, p. 29, 1096. 62.- Fiebre grave de Carrion, p. 89-101, 1906. 63.- Poliomielitis anterior aguda, p. 113, 1906. 64.- Carcinoma del estómago, p. 125, 1906. ó5.- Neumonía, p. 137, 1906. 66.- Cirrosis atrófica, p. 151, 1906. 67.- Paquimeningitis hemorágica, p. 163, 1906. 68.- Disentería grave, p. 179, 1906. 69.- Pleuresía, p. 187, 1906. 70.- Cirrosis alcohólica del hígado, p. 199, 1906. 71.- Fiebre remitente biliosa, p. 211, 1906. 72.- Rabia, p. 235, 1906. 73.- Litiasis biliar, p. 247, 1906. 74.- Tuberculosis peritoneal crónica, p. 259, 1906. 75.- Asma, p. 1 1907. 76.- Pleuresía hemorrágica, p. 13, 1907. 77.- Enfermedad de Raynaud, p. 25, 1907. 78.- Reumatismo articular agudo, p. 37, 1907. 79.- Endocarditis neumocócica, p. 50, 1907. 80.- Sífilis, p. 62, 1907. 81.- Saturnismo crónico, p. 76, 1907. 82.- Reumatismo blenorrágico, p. 85. 1907. 83.- Parotiditis, p. 102, 1907. 84.- Tuberculosis ganglionar, p. 103, 1907. 85.- Polineuritis, p. 111, 1907. 87.- Aneurismci de la esplénica, p. 133, 1907. 88.- Los tratamientos médicos de la apenaicitis, p. 163. 19 89.- Tabes dorsal espasmódica, p. 165, ¡097. 90.- La neunomia entre nosotros, p. 175. 1907. 91.- Pleuresía, p. 187, 1907. 92.- Artritis neumocócica, p. 201, 1907. 93.- Pleuresía neumocócica, p. 211, 1907. 94.- Púrpura, p. 136, 1907. 95.- Bronquitis capilar, p. 247, 1907. 96.- Arterioesclerósis, p. 259, 1907. 97.- Ulcera del estómago, p. 271, 1907. 98.- Carcinoma del riñón, p. 1-9, 1908. 99.-• Arterioesclerósis generalizada, con nefritis intersticial y esclerosis de las cápsulas suprarrenales, p. 13, 1908. 100.- Carcinoma del píloro, p. 37, 1908. 101.- Angina pseudo membranosa estafilocócica, p. 74, 1908. 286 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 102.- Enfermedad de Addison, p. 121, 1908. 103.- Arterioesclerósis generalizada, p. 133. 1908. 104.- Hemorragia cerebral de origen alcohólico, p. 145, 1908. 105.- Enfermedad de Carrion, p. 157, 1908. 106.- Parálisis del VII par, p. 169, 1908. 107.- Disentería, p. 181. 1908. 108.- Sífilis medular, p. 1906, 1908. 109.- Cáncer del estómago, p. 205-217, 1908. 110.- Arterioesclerósis, p 220, 1908. 111.- Beri-beri, p. 241, 1098. 112.- Hemorragia cerebral, p. 253, 1908. 113.- Peritonitis tuberculosa, p. 2, 1909. 114.- Arterioesclerósis generalizada, p. 13, 1909. 115.- Polineuritis diftérica, p. 25, 1909. 116.- Arterioesclerósis, p. 41, 1909. 117.- Insuficiencia mitral, p. 63, 1909. 118.- Estado actual de nuestros conocimientos acerca de la enfermedad de Carrion o verruga peruana (trabajo presentado al Congreso Científico de Chile) p. 69, 1909. 119.- Aneurisma de la aorta toráxica, p. 81, 1909. 120.- Parálisis del facial, p. 87, 1909. 121.- Arterioesclerósis, p. 121, 1909. 122.-Fiebre grave de Carrion, p. 137, 1909. 123.- Parálisis del radial, p. 153, 1909. 124.- Abcesos del hígado p. 169. 1909. 125.- Ulcera gástrica,«Gaceta de los Hospitales» p. 299, 1911. 126.- Polineuritis alcohólica, «Gaceta de los Hospitales», p 302, 1911. 127.- ¿Lupus, uta ó espundia?«Gaceta de los Hospitales» p. 3, 1913. 128.- Esclerosis lateral amiotrófica, «Gaceta de los Hospita- les», p. 6, 1913. 129.- Caso de infección tetánica, tratado por el doral, «Ga- ceta de los Hospitales», p. 17, 1913. 130.- Calculosis biliar complicada, «Gaceta de los Hospitales» p. 19, 1913. 131.- Estrechez mitral congénita, «Gaceta de los Hospitales» p. 34, 1913. 132.- Terciarismo sifilítico con lesiones destructivas de la na- riz, «Gaceta de los Hospitales», p. 38, 1913. 133.- Pleuresía serofibrinosa. «Gaceta de los Hospitales», p. 54, 1913. 134.- Hepatocirrosis atrófica de origen tuberculoso, «Gaceta de los Hospitales», p. 57, 1913. 135,- Fiebre criptogenética con recrudescencias subfebriles. «Gaceta de los Hospitales», p. 68, 1913. 136.- Estrechez mitral, «Gaceta de los Hospitales», p. 84, 1013 137.- Aneurisma del cayado de la aorta, «Gaceta de los Hos- pitales», p. 104, 1913. 138.- Mal de Pott de localización dorsal, «Gaceta de los Hos- pitales», p. 118, 1913. 139.- Tabes dorsal, «Gaceta de los Hospitales», p. 133, 1913. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MED'CINA PERUANA 287 Suspendida la publicación de la «Gaceta de los Hospitales», la buena revista en la cual iniciáramos nosotros nuestra labor honrada y modesta en bien de la Medicina Nacional, fué en las páginas de la vieja y querida «Crónica Médica» que Odriozola nos hizo el ob- sequio de sus lecciones siempre interesantes. Pero, antes de exponer cuánto debe el prestigio de «La Crónica Médica» a la pluma ¿e Odriozola, hablemos de uno de los momentos culminantes de la vida del ilustre Decano de nuestra Facultad: la aparición de su eterno libro «La maladie de Carrion». La enfermedad que desde el fondo de nuestros valles serranos atisba al desprevenido obrero y le aprisiona entre sus garras impla- cables; la enfermedad que debió llenar de espanto a los primeros con- quistadores que se aventuraron en la soledad misteriosa de nues- tras serranías; la enfermedad que había sido objeto de los laudables estudios de tantos entusiastas y que era un doloroso patrimonio de nuestras tierras, había inspirado siempre vivo interés al Maestro y este su interés habíase hecho mucho mas intenso a raiz del sacrifi- cio de su camarada de estudios Daniel Carrión. Fué en el año de 1899 que dió a luz Odriozola el resúmen mas acabildo y la mejor siste- matización expositiva respecto a la verruga peruana. La maladie de Carrión»constituye un hermoso número de la Bibliografía Médica Peruana y en sus páginas puede y debe buscarse todavía enseñan- zas provechosas respecto a la enfermedad de nuestros Andes. Libro de enseñanzas, escrito con elegante sencillez, rico en informaciones, pleno de documentos debidamente seleccionados, constituyó un legítimo triunfo para el Autor. A solicitud de los doctores Tamayo y Lavorería la Sociedad Mé- dica «Unión í ernandina» acordó tributar público y solemne home- naje al autor de «La maladie de Carrion», El 21 de Octubre de 1899 tuvo lugar la ceremonia de entrega, al doctor Odriozola, efe una tar- jeta de oro y del título de miembro honorario de la institución. El entonces Presidente de ésta, doctor Eduardo Bello, hizo el ofreci- miento de los presentas y el doctor Enrique León Carcía hizo la his- toria de la enfermedad de Carrión, en la cual estableció con mucho acierto, el periodo «Odriozola», periodo de luz, periodo de cabal co- nocimiento de la enfermdad misteriosa, que había de prolongarse hasta nuestros dias y que había de contar con tantas y tan impor- tantes contribuciones nacionales y extranjeras. Odriozola agradeció el homenaje en expresión emocionada de reconocimiento y en invi- tación entusiasta a proseguir la obra por él dejada con el día. «La Crónica Médica publicó los siguientes trabajos de Odrio- zola: 140.- «La epidemia de grippe habida en Lima» (informe, en colaboración con los doctores Villar, Sosa y Carvallo, a la Academia Nacional de Medicina de Lima), p. 196, 1893. 141.- Desviación conjugada de los ojos y de la cabeza en las enfermedades encefálicas, p. 95, 1894. 142.- Consideraciones relativas a cuatro casos de vértigo la- ríngeo, p. 117, 1894. 143.- «L' inflammation de Letulle» (nota bibliográfica), p. 141, 1894. 144.- La medicina preventitiva en sus relaciones con la higie- 288 BTRI IOTF.CA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA ne pública, discurso académico en la apertura de la Universidad, p. 129. 1896. 145.- Ejercicio de la profesión médica (informe a la facultad de Medicina, en colaboración con los doctores Barrios, Artola, Ma- tto y Avendaño), p. 97, 1902. 146.- Sanatorium de Tamboraque (informe a la Facultad de Medicina de Lima, en colaboración con los doctores Duianto y Avendaño), p. 3-17, 1903. 147.- Hepatitis supurada, p. 257-275, 1906. 148.- La meningitis cerebro espinal epidémica (informe al Con- sejo Superior de Higiene en colaboración con los doctores Ramón E. Ribeyro y L. Avendaño) p. 49, 67, 81, 1910. 149.- Discurso, en la ceremonia del centenario de la Escuela de Medicina, p. 231, 1911. 150.- Enfermedad de Carrión, conferencia ofrecida en honor de los delegados al III Congreso de Estudiantes americanos, p. 571, 1912. 151.- Epilepsia jacksoniana sifilítica, p. 584, 1912. 152.- Polineuritis a naturaleza x., p. 588, 1912. 153.- Enfermedad de Heine Medin, p. 599, 1912. 154.- Hemiplegia, p. 610, 1912. 155.- Enfermedad de Carrión, p. 651, 1912. 156.- Enfermedad de Carrión, p. 691, 1912. 157.- Neoplasia gástrica, p. 707, 1912. 158.- Accidentes sifilíticos, p. 17, 1913. 159.- Paludismo grave, p. 89, 1913. 160.- Tuberculosis peritoneal, p. 105, 1913. 161.- Cirrosis atrófica, p. 136, 1913. 162.- Enfermedad de Carrión, p. 141, 1913. 163.- Cirrosis del hígado, p. 165, 1913. 164.- Sífilis, p. 173, 1913. 165.- Arteritis de la silviana izquierda, p. 198, 1913. 166.- Enfermedad de Hodgkin, p. 219, 1913. 167.- Neumonía p. 231, 1913. 168.- Ataxia locomotriz progresiva, p. 243, 1913. 169.- Degeneración arterial, p. 275, 1913. 1 70.- Discurso, en la ceremonia de instalación del V Congre- so Médico Latino Americano, p. 455, 1913. 171.- Nefritis hidropígena, p. 477, 1913. 172.- Ulcera simple del estómago, p. 520, 1913. 173.- Nefritis y lesión cardiaca congénita, p. 81, 1914. 174.- Endocarditis reumática, p. 96, 1914. 175.- Enfermedad de Carrión p. 147, 1914. 176.- Unidad de la enfermedad de Carrión, p. 157, 1914. 177.- Arterioesclerosis, p. 227, 1914. 178.- Arterioesclerosis generalizada, p. 247, 1914. 179.- Miocarditis esclerosa en un alcohólico crónico, p. 364, 1914. 180.- Arteritis sifilítica con pleuresía concomitante, p. 6, 1915. 181.- Esplenomegalia palúdica, p. 58, 1915. 182.- Hepatocirrosis venosa de tipo hipertrófico, p. 86, 1915. 183.- Lepra, p. 113, 1915. 289 BIBLIOTECA. CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA , 184- Epilepsia jackson ana por probable tuberculoma ence- fálico, p. 136, ¡915. 185- Arterieesclerosis de origen alcohólico, p. 173, 1915. 186.- Tuberculosis peritoneal de forma fibrosa, p. 26, 1916. 187.- Púrpura hemorrágica de origen palúdico, p. 75, 1916. 188.- Hemoptisis tuberculosa, p. 399, 1916. 189.- Sobre el tratamiento de la tabes, p. 20, 1917. 190.- Estudio clínico y nosográfico de la lepra, p. 41, 1917. 191.- Síndrome de Stokes-Adams frustrado, p. 92, 1917. 192.- Hemiplegia consecutiva a tifus exantemático, p. 131. 1917. 193.- Absceso hepático terminado por vómica, p. 160, 1917. 194.- Enseñanzas que se derivan del error de diagnóstico en caso de absceso hepático, p. 204, ¡9:7. ¡95.- Polineuritis alcohólica, p. 283, 1917. 196.- Un caso de enfermedad azul, p. 321, 1917. 197.- Meningomielitis sifilítica, p. 361, 1917. 198.- Sobre úlcera del duodeno y su diagnóstico diferencial p. 1, 1918. 199.- Nefritis clorurémica e hipertensiva con esclerosis aór- tica de origen alcohólico, p. 39, 1918. 200.- Arterieesclerosis y angina de pecho de origen alcohólico p. 71, 1918. 201.- Aortitis y nefritis sifilíticas p. 97, 1918. 202.- Hemiplegia por arteritis cerebral sifilítica p. 129. 1918. 203.- Miopatía progresiva sistematizada, p. 187, 1918. 204.- Sobre un caso de enfermedad de Basedow, p. 219, ¡918. 205.- Cirrosis alcohólica de tipo hipertrófico, p. 253, 1918. 206.- Corea de Sydenham, p. 289, 1918. 207.- Sobre un caso de enfermedad de Hodgkin, p. 355, 1918. 208.- Conducta del médico en los procesos ulcerosos gastro- duodenales. p. 31, 1919. 209.- Neumotorax expontáneo tuberculoso, p. 115, 1919. 210.- Reumatismo tuberculoso de Poncet, p. 195, 1919. 211. -Localizaciones endocárdicas en un caso de reumatismo recividante, p. 234, 1919. 212.- Observaciones sobre la última epidemia de grippe ha- bida en Lima. p. 403, 1919. 213.- Rinón flotante, tuberculoso, p. 85, 1920. 214.- Indicaciones clínicas para el tratamiento de la cirrosis hepática de tipo venoso, p. 162, 1920. 215.- El síndrome dextritis y los procesos morbosos que com- prende, p. 33, 1921. Presidente del 5o. Congreso Médico latino-Americano de Li- ma (1913) el doctor Odriozola llevó a la docta Asamblea americana el brillo de su buena doctrina y el de sus elegancias expresivas. Las actas de dicho Congreso hasta ahora publicadas, contienen los si- guientes estudios del profesor Odriozola. 216.- Concepto clínico y anatómico de la fiebre grave de Ca- rrión, p. 8, tomo V. 290 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 217.- Terapéutica de la verruga. Sus resultados. Principios en que debe fundarse, p. 139. tomo V. Fundados estos «Anales» a iniciativa del infrascrito, cálidamen- te apoyada por la unaminidad de los Profesores de la Faculdad de Medicina de Lima, el doctor Odriozola fue uno de sus mas asiduos colaboradores, como están a demostrarlo sus trabajos. 218.- Ensayo de agrupación de las hepatopatías con motivo de una observación de terciarismo visceral hepático, p. 7, tomo I. 219.- Sobre un caso de tabes, p. 119, tomo, I. 220.- Tumor del mediastino, p. 203, tomo I. 221.- Aneurisma de la porción ascendente de la aorta, p. 101 tomo II. 222.- Sobre un caso de quiste hidatídico de la cara cóncava del hígado, p. 159. tomo, II. 223.- Sobre las complicaciones nerviosas del tifus exantemá- tico, p. 173, tomo III. 224.- Sobre los estados hipertiroideos y su tratamiento, p. 1, tomo IV. 225.- Sobre un caso de encefalitis letárgica, p. 5, tomo V. 226.- Síndrome de Stokes-Adams, interesante por los datos clínicos y las constataciones anatomo-patológicas, p. 5, tomo VI. Fundada por Honorio F. Delgado y por el que estas líneas es- cribe la «Revista de Psiquiatría y disciplinas conezas», el doctor O- driozola aceptó complacido la invitación que le hiciéramos para hon- rar las páginas de nuestra publicación y llevó a ellas su estudio. 227.- Un caso de paraplegia de origen traumático, p. 214, 1 Excelente maestro, honrado en su enseñanza y brillante en la forma de ella; Decano que procuró con el mayor celo el brillo de una Facultad que fué objeto de sus mayores cariños; profesional fino, en la candente arena de la práctica civil, supo mantener una posición de brillo y de honorabilidad, llevando a todas las juntas el contin- gente muy valioso de su práctica serena, de su preparación siempre renovada, de su crítica eficaz; Odriozola deja un vacio difícil de lle- nar. Le recuerdan con cariño sus enfermos de la sala hospitalaria, en la que fué sabio y bueno y solícito. Con idéntico cariño le recuerdan sus alumnos, aquellos que, ba- jo la forma grata de una dicción fluida y brillante, recibieron de él tan valiosas enseñanzas. Y le recuerdan con el mismo afecto sus numerosos enfermos, aquellos que de él recibieron los bienes de la salud y del consuelo. Sus compañeros de facultad, muchos de ellos discípulos suyos, no han de olvidarle jamás; por que recordaremos siempre al jefe y el Maestro que compartió con nosotros las pocas rosas de la vida y con nosotros compartió también el dolor de las espinas que aquellas rosas rodean y que cerca de ellas parecen destinadas a recordarnos cómo tan unidos van a la vida la alegría y el dolor. LA ERUPCION EN LA ENFERMEDAD DE CARRION (VERRUGA PERUANA) Por el Dr. Ernesto Odriozola. Pu- blicado en "El Monitor Médico" Lima, año de 1895, p.3G9 a 311. En estos últimos años, muchos y muy importantes trabajos, se han hecho con respecto a la enfermemedad eruptiva de Carrion o Verruga peruana. Pero apesar de los laudables esfuerzos realizados para resolver los múltiples problemas que envuelve su estudio, de- bemos confesar que todavía son un misterio muchos puntos de su no- sografía clínica, de su etiología, de su patogenia y de su tratamiento. No pretendemos en este rápido trabajo abordar estas variadas y trascendentales cuestiones que están en la actualidad, en vía de es- tudio y que exigen, para ser resueltas, mucha constancia y mucha pre- paración, y, sobre todo, el concurso de la labor común. Queremos tan sólo poner en tela de discusión una de las fases clínicas del desarrollo de esta dolencia, que no por ser una resultante se deja de tener una im- portancia primordial y tanta que ella absorbe, por decirlo, así, todo el cuadro morboso: queremos hablar de la erupción misma. Pero este asun- to prestaría lugar para largas disertaciones, que no caen en los modes- tos límites de una revista periódica; por eso dejaremos a un lado la des- cripción de los hechos ya bien conocidos y revisados por la experiencia clínica, para consagrarnos exclusivamente a lo que podemos llamar el estudio del elemento eruptivo en si mismo, es decir, su estudio morfoló- gico, su apariencia ostensible. Pareceiía a primera vista que semejante asunto a pasado a la historia médica de la enfermedad, y que ya no queda nada que decir sobre el particular; sin embargo, hay todavía algunos vacíos que es preciso tratar de llenar. De antaño se sabe y se acepta que la erupción de verruga peruana se divide en dos formas: la miliar y la mular. Esta división útil y cómoda para las necesidades de la práctica, no responde absolutamente a las exigencias reales de la clínica, porque esas dos formas no constituyen 292 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA dos maneras de ser distintas de la erupción. Ellas no representan, en efecto, sino des eslabones extremos de una misma cadena, cuya regu- laridad no puede romperse sin desconocer las leyes inmutables que pre- siden la evolución en el vasto dominio de las Ciencias Naturales. Esas dos formas, en efecto, llamadas miliar y mular, atendiendo exclusiva- mente a su volumen, no pueden existir aisladas sin dejar un gran va- cío entre ellas,sin destruir la unidad de la erupción. Entre ambas debe tener cabida toda una serie de formas intermedias, que establece una sucesión regular y gradual, desde la verruga miliar hasta la mular. De manera que sería muy difícil clasificar,en el centro de esta escala,a cual de las des formas pertenecen sus elementes. Y si esto lo demuestra la Clínica, con toda la verdad de sus manifestaciones objetivas, también lo sanciona la anatomía patológica, puesto que el tejido vásculo conjun- tivo constituye, en ambas formas, la trama histológica invariable, so- bre la cual se radica la neoformación específica. El microscopio descu- bre, en efecto, en las dos formas, los dos elementos de este gran tejido orgánico, el vascular y el conjuntivo, diferenciándose unos de otros tumores, simplemente por la preponderancia de uno u otro de sus com- ponentes, siendo el vascular, con sus riquísimas ramificaciones y sus extensas lagunas, el que predomina en la mular. En resumidas cuentas, pues, ambas formas caben en la misma concepción clínica y anatomo- patológica, y por consiguiente no pueden ni deben constituir dos formas reales porque no hay entre ambas diferencia sustancial. Pero, si estas dos tituladas formas no existen ¿debemos admi- tir que la erupción de la verruga es única y uniforme, en todos estos períodos de su desarrollo y sobre todo en su período inicial? Noso- tros creemos que no; es posible, en nuestro concepto, aceptar dos for- mas efectivas que marcan, por lo menos, el primer paso del desarrollo neoplasico. Todos sabemos que las verrugas que brotan en la piel, sobre la epi- dermis, se ostentan en su principio bajo la forma de una pápula o nudo- sidad más o menos desarrollada, que ya permanece muy reducida (ve- rruga miliar) o ya toma un crecimiento mucho mayor (verruga mular); pues bien, en algunos casos, aunque raros, intervienen en un principio otros elementos eruptivos, como lo demuestran los casos que vamos a describir. El 23 de setiembre del presente año ingresó a nuestro servicio del Hospital "Dos de Mayo", sala San Roque, el enfermo Nicasio Matos, de 28 años, natural de Chupaca. Había estado trabajando en la Hacienda de Santa Ana, algunos Kilómetros más allá de Chosica (quebrada de Huarochirí). Dicho enfermo se presentó el 23 de setiembre en nuestro servicio, con todos los caracteres de una fiebre grave de Carrion (fie- bre de la Oroya), cuyo principio remonta apenas a veinte días. Su BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 293 estado era desesperado; la energía de la fiebre; la profunda intensidad de su anemia, los fuertes dolores musculares y articulares, los vómitos incoercibles, la diarrea frecuentísima sero-sanguinolenta, su hábito ge- neral de abandono e indeferencia, su mirada velada, casi agónica, re- velaban una situación extraordinariamente grave,situación que se man- tuvo por algunos días con muy leves variantes. En los primeros días de Octubre se dejó sentir una ligera mejoría, y el 13 del mismo mes apare- cía, en la región lateral izquierda del cuello, una pequeña pápula, que tenía todos los caracteres clásicos de la verruga y que fue aumentando de día en día, hasta alcanzar el volúmen de una pequeña arveja,que no dejaba ya la menor duda, en cuanto a su naturaleza, tanto más cuanto que la erupción invadió después la cara, los brazos, el pecho, el vientre y los miembros inferiores. Era, pues, indudable que presenciábamos una erupción generalizada de verrugas. Hasta aquí no hay nada de nuevo ni de interesante en este caso, pero pasando un día minuciosa revista a la erupción, nos fijamos que en los brazos, la cara y el pecho, había, al lado de los tumores corrientes, unas vesículas achatadas, del tamaño de una lenteja, sin aureola roja inflamatoria. La vesícula estaba llena de un líquido casi transparente, que escurría fácilmente cuando se le per- foraba con alfiler y destruyendo la membrana se observaba en el fondo el dermis rojo, brillante, lustroso y asiento indudable de un trabajo proliferativo especial. En los días ulteriores algunas de estas vesícu- las perforadas eran ocupadas por tumores verrucosos evidentes, que nacían en el fondo de ellos, anunciándose por el desarrollo dérmico, con los caracteres que hemos descrito. De manera que la vesícula descansaba sobre una neoformación papulosa del dermis, estrictamente verrucosa. Otras vesículas, después de perforadas degeneraron y desaparecieron sin experimentar el trabajo organizador de nueva formación. Más todavía, en la mucosa de la boca, en donde la erupción ha sido confluente, y particularmente en la del velo del paladar, se destacaban cuatro o cinco vesículas, llenas de pus, es decir pequeñas pústulas, que también se han transformado en pe- queñas verrugas, más tarde. A esta última categoría pertenece otro ejemplo que nos interesa también exponer. El año pasado ingresó al Hospital "Dos de Mayo", sala de San Antonio, servicio del Doctor Fernandez Concha, el enfermo Pedro Aguirre, natural de Huancayo, de 21 años de edad y de oficio labrador. Siendo muy niño sufrió de un ataque de viruelas, que dejó numerosas e indelebles marcas. Mucho tiempo después fué atacado por un paludismo rebelde, cuyos accesos repetidos le morticaron por mucho tiempo. Puco antes de su entrada sufrió una blenorrágia y un bubón supurado. 294 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA A su ingreso en el hospital aparecieron pequeñas pápulas rojizas en la parte externa de ambas piernas. Pero, lo que realmente llamaba la atención, era otra erupción que parecía concomitante y que afec- taba la apariencia de una erupción de ectimas. Había, en efecto, peque- ñas vesículas llenas de pus, sin aureola roja. Para asegurarnos de la índole de este elemento eruptivo, teñimos algunos grupos con tinta y perforamos algunos de ellos con un alfiler. Grande fue nuestra sorpre- sa al ver pocos d as después que todos los puntitos, aún los que habían sido perforadas, se transformaron en verrugas pequeñas. La erupción en este enfermo se acompañó, por algún tiempo de una ele- vación termométrica que no pasó de 38°5 por las tardes. El caso representaba evidentemente un ejemplo de la verruga pe- ruana, corroborada por sus antecedentes, pues dicho enfermo había es- tado, pocos meses antes, en la quebrada de Huarochirí, en los lugares donde reina esta endemia. Estos dos curiosos y raros casos atestiguan la opinión que hemos emitido antes, la que los tumores verrucosos no están siempre repre- sentados, al menos en su período inicial, por la misma forma eruptiva sino que la Vesícula y la pústula entran, en algunos casos, a formar par- te del proceso neoplástico y que, por consiguiente, se puede, con buen derecho, delinear dos formas: la vesiculosa y la pustulosa, como, dos entidades eruptivas clínicamente demostradas y subordinadas sin embargo, al mismo germen específico. Que no son erupcinones concomitantes, lo prueba el hecho de la generalización en la piel y en las mucosas, por un lado, y por el otro, la circunstancia decisiva de transformación, con el tiempo, en verda- deros tumores verrucoss. ¿se deberán estas formas insólidas de la erup- ción a la diátesis artrítica o herpética de los pacientes? El hecho es posible, pero no satisface ampliamente, por que si asi fuera, ¿porqué no se presenta con más frecuencia, toda vez que la erupción recae muchas veces en personas artríticas o herpéticas? Nosotros creemos que estas dos formas de la verruga, no serían quizás tan raras como parecen, si se hiciera siempre un examén escrupuloso de toda la piel y mucosas de dichos enfermos, pero, con todo, suponiendo que el ar- tritismo o herpetismo desempeñara un gran papel, nos parece que bien vale la pena insistir sobre esas formas, porque, repetimos, representan dos modos distintos de brote y a los que cuadra mucho mejor el nom- bre de formas que a la verruga miliar y mular, cuya diferenciación descansa exclusivamente en propiedades vulgares, como su aspecto y volúmen. Doctor Juan C. Castillo Nació en la ciudad de lea y fueron sus padres don Lino Cas- tillo y doña María S. Antoniete. Hizo sus estudios preparatorios en el Colegio de San Luis de Gonzaga de su ciudad natal y terminados satisfactoriamente que fueron ellos, se trasladó a Lima, incribiéndo- se, el año de 1869, a la edad de diesiseis años, en la matrícula de las Facultades de Letras y Jurisprudencia. Dos años más tarde, Castillo abandonaba las aulas de San Carlos y se instalaba en las de San Fernando, escuchando la voz de su vocación médica e inician- do su camino en la vida. Esto ocurría el año de 1871. Obtenido el título profesional de Médico el año de 1878, optó los grados académicos de Licenciado y de Doctor en Medicina, pre- sentando dos tesis relativas a los "Caracteres médico legales del pleno uso de la razón'' y al estudio de las entonces llamadas "Fie- bres gástricas Es el año de 1886 que se incia la obra docente de Castillo: Ca- tedrático adjunto interino, desempeñó ese año, interinamente, la enseñanza de la Clínica Médica. El año de 1889, después de brillan- te concurso, fue elegido Catedrático principal de Nosografía Médi- ca y el año de 1900, al fallecimiento del doctor Villar sus compa- ñeros de Facultad le promovieron a la Clínica Médica del Hospital "Dos de Mayo''. Víctima de una inoculación grave, falleció el Doctor Castillo, en Lima, el 6 de noviembre de 1903. Tuvo el doctor Castillo la fortuna de formar discípulos que no le han olvidado y que, en diversidad de ocasiones, han hecho cum- plido elogio de las virtudes personales de su maestro. Fué el doctor Castillo un buen clínico sólidamente preparado en aquellas discipli- nas cuyo cultivo le es indispensable al buen médico y fué muy do- tado de la amplitud de percepción y de la serenidad crítica que tan intensamente contribuyen al buen éxito en el ejercicio de la profe- sión médica. Nosotros, en aquel entonces alumnos del primer año de Medicina, gustábamos de asistir a las lecciones del Maestro en el Hospital "Dos de Mayo'' y no pocas veces fuimos llamados por él para examinar sus enfermos, sin valernos la escusa de nuestra falta de preparación. Decía el doctor Castillo que el médico debía "apren- der a ver" desde el inicio de su carrera. Alguno de mis compañeros, en un caso de estos, traumatizado por la sorpresa de ser interroga- do por el Dr. Castillo respecto al enfermo, solo pudo manifestar 296 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA que se trataba de un hombre, siendo de advertir a los que lo ignoren que el Hospital "Dos de Mayo" es exclusivamente destinado a la asistencia de varones. Médico del Hospital "Dos de Mayo", en ese establecimiento se conserva religiosamente la tradición de la asiduidad y de la com- petencia del maestro, así como de su vocación docente, a la cual no concedía ni el tradicional interregno de las vacaciones ya que su servicio hospitalario era foco de enseñanza aun en ese periodo de ce- sación de la obra escolar. Miembro de la Academia Libre de Medicina y de la Academia Nacional de Medicina de Lima, cuya presidencia desempeñó el año de 1902, contribuyó con el prestigio de su nombre y con la cola- boración de sus luces al mayor lustre de la docta corporación. En la ceremonia de la inhumación de los restos del doctor Cas- tillo hicieron uso de la palabra, el merecido elogio del ilustre extinto, los doctores Estanislao Pardo Figueroa, Leónidas Avendaño, Fran- cisco Almenara Butler y Gerardo Alarco. BIBLIOGRAFIA 1.-Fiebre amarilla. Crónica Médica de Lima, 1884. 2.-Pleuresía purulenta tuberculosa curada por la toracentésis seguida de inyecciones de sublimado y de acido bórico. Id. 1894. 3.-Entórsis vertebral. Id. 1894. y "Monitor Médico de Lima" vol. VIII. 4.-Hernias inguinales. Id. 1894. y ".Monitor Médico de Lima" vol. IX. 5.- Verruga peruana, leciones recogidas por el entonces alum- no D. Esteban Campodónico, Id. 1894. 6.-Sífilis, lección recogida por el entonces alumno D. Manuel O. Tamayo, Id. 1898. 7.-Lección inaugural de la Clínica interna. Id. 1901. 8.-Memoria de la Clínica Interna. Id. 1902. 9.-Memoria del Catedrático de Patología Interna. Id. 1903. 10.- El mal de Brigth, lección postuma, leída en la Clínica Mé- dica del Hospital "Dos de Mayo ' por el Dr. Estanislao Pardo Fi- gueroa. Id. 1903. 11.-Mal de Brigth. Gaceta de los Hospitales de Lima, 1903. 12.-I nflucncia de las remociones del pavimento sobre la salud pública, informe ala Academia Nacional de Medicina de Lima en colaboración con el Dr. Enrique Arias Soto, en "Boletín de la Aca- demia Nacional de Medicina de Lima, 1903. 13.-Discurso, en la Academia Nacional de Medicina de Lima Id. 1903, VERRUGA PERUANA Lección dada por el Profesor de Noso- grafía Médica Dr. Juan C. Castillo, en la Facultad de Medicina de Lima. "La Crónica Médica" 1897. Señores: Existe entre nosotros una enfermedad que reina en determi- nadas regiones del Perú, donde parece que la generan el concurso de condiciones cósmicas y telúricas especiales. Esta es la Verruga Peruana, enfermedad que por su etiología y aspecto clínico gene- ral, no hemos vacilado en considerarla como una entidad morbo- sa bien definida, y en incluirla en el grupo de las enfermedades in- fecciosas de origen telúrico. Aunque su estudio no está concluido podemos aventurar una definición, sirviéndonos de base las prin- cipales nociones sobre su etiología, síntomas y anatomía patológica. Así, la definiremos, como fiebre anemisante, irregular, pro- pia de ciertas localidades del Perú, inoculable, de evolución clínica de larga duración, caracterizada por dolores musculares, calambres, dolores óseos y articulares, gran postración de fuerzas, por una erupción polimorfa y por alteraciones marcadas en los órganos hemopoyéticos. Sinonimia.- Se llama: Verruga, Infección verrucosa, Ve- rruga de sangre, Verruga blanda, Verruga del Perú ó peruviana. Verruga andícola ó de los Andes, Verruga de muía, Fiebre de la Oroya, Enfermedad de Carrión, HISTORIA La verruga parece existir en el Perú desde los tiempos más remotos, y aunque ni la tradición ni la historia incaica, nada di- cen respecto de su existencia, es innegable que ella ha sido cono- cida durante el Imperio de los incas; lo prueba el hecho de existir 298 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA en el idioma quechua, la palabra Kccepo que significa verruga de sangre; que es muy diferente de la verruga vulgar ó sea la pequeña hipertrofia de las papilas de la piel, que se designa con la palabra [icti. La verdadera noción histórica sobre la existencia de la ve- rruga, se remonta al siglo XVI (año 1.543), época de la conquista de estos reinos por los españoles, en que el historiador Agustín de Zarate, señala de una manera clara la existencia de esta enferme- dad. Después de Zarate, se cita la narración del Pedro Pizarro, la de Gomara y, sobre todo, la del historiados Herrera, que llegó hasta afirmar que era una enfermedad contagiosa. El historiador cuzqueño Garcilazo, hace referencia de la verruga sufrida por los españoles, á los que salían, según él dice, "verrugas que crecían hasta ponerse del tamaño de brevas prietas, pendientes de un pe- zón y que destilaban mucha sangre'', Los historiadores Oviedo y Cieza, afirman también de la manera más perentoria, "que la ve- rruga se desarrollaba en los españoles que residían de un mes en adelante en Coaque y Puerto viejo y otros lugares de esta tierra ". Es evidente, pues, que la verruga ha sido conocida por los antiguos moradores del Perú y por los conquistadores que vinie- ron con Francisco Pizarro. Durante la época del coloniaje, no se ocuparon los conquis- tadores de la existencia de esta enfermedad, empeñados, como estaban, en las continuas luchas que les ofrecía la dominación de este vasto imperio. De esta manera trascurrieron largos años de silencio, hasta que en el siglo pasado, D. Cosme Bueno, Cosmó- grafo mayor del reino, hizo mención de ella al ocuparse de la des- cripción geográfica de la provincia de Canta. Esta ligera noticia volvió á ocultarse tras largo paréntesis, hasta que en 1845 el ilustre viajero Tschudi, hizo una descripción ligera de la verruga, atribu- yendo su origen, en armonía con las ideas de los naturales del país, á la ingestión del agua llamada de verrugas. Estos datos quedaron por algún tiempo relegados al olvido, hasta que el médico chileno Malo, escribió una tésis sobre esta materia, presentándola á la Universidad de Santiago de Chile el año de 1852. El médico inglés Dr. Archibaldo Smith, se ocupó también de la verruga, en un tra- bajo sobre geografía de las enfermedades de los climas del Perú, publicado por los años 1853 á 1854 en los periódicos científicos de Edimburgo. Pero los trabajos más importantes sobre esta materia, los que revelan verdadero carácter científico, son debidos á los doctores Manuel Odriozola, antiguo decano de esta Facultad, y Tomás Salazar, actual profesor de Terapéutica y Materia Mé- dica; trabajos que salieron á luz el año 1858. Después de éstos, se encuentran los de Hirst, que no son sino la reproducción de los BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 299 de Odriozola y Salazar. En 1861 el Dr. Armando Veles, actual sub- Decano de esta Facultad, hizo el primer ensayo sobre la anatomía patológica de la verruga, asignándole por asiento el tejido conjun- tivo. Le Roy de Mericourt, Rochard y Lombard han hablado algo sobre tan interesante tema; pero de una manera tan ligera que no exita gran interés. Dounon se ocupó también de la verruga peru- viana y principalmente de la estructura de los tumores verrucosos, en un trabajo que se insertó en los Archivos de Medicina Naval, de Francia, en el año 1781. Antes de la época de los trabajos del Ferrocarril Trasandino (1870 á 1871) eran pocos los casos de esta enfermedad que nues- tros médicos tenían ocasión de observar. Era el hospital Militar el que mayor contingente daba lo que se debía a que las remesas de plata que venían del Cerro de Pasco á esta Capital, eran custo- diadas por soldados de caballería (negros por los general) que te- nían que atravezar los lugares donde la verruga es endémica. Un antiguo médico de dicho hospital, refiriéndose á estos enfermos, decía: "se veían atacados por gravísima pirexia, tenaz y rebelde á todo tratamiento; pirexia que los mataba irremisiblemente, pre- sentando el estado anémico más profundo, tan grande que los ne- gros se volvían blancos". - Bien se comprende que hasta enton- ces se ignoraba la naturaleza de esa pirexia; pero con motivo de los trabajos del ferrocarril ya citado y de las innumerables vícti- mas que dichos trabajos ocasionaron, se despertó en nuestros mé- dicos verdadero interés por estudiar esta pirexia, que bautizaron, por las circunstancias en que se presentaba, con el nombre de Fie- bre de la Oroya. Fueron los miembros de la antigua Sociedad de Medicina, los que iniciaron tan importante estudio. En las discusiones de 1874 á 1875 cupo preferente lugar á los doctores Bambarén, Sala- zar, Espinal, Barrios y otros, quienes avanzaron la idea de la uni- dad de origen de la verruga, de la fiebre anemizante llamada de la Oroya. A partir de esta época son algunos los trabajos tanto nacionales como extranjeros que han aparecido sobre esta mate- ria; muchos de ellos están encaminados á dilucidar la obscura etio- logía de tan grave enfermedad. Pero estaba reservada la solución de este problema á la he- roicidad de uno de los estudiantes de esta Escuela, que deseando estudiar la evolución de la verruga - tema que había elegido para su tésis de Bachiller, - resolvió hacer en su persona un ensayo de patología experimental. Fue Daniel A. Carrión el héroe de tan brillante jornada científica. 300 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Pero la labor no está concluida; pues si es verdad que por lo que respecta á la etiología, el sacrificio de Carrión ha descorrido gran parte del denso velo en que estaba envuelta, también lo es que quedan aún muchos puntos obscuros que necesitan de pacien- te y constante trabajo para dilucidarse. Hay algo más. Hasta el día no se han reunido todos los ele- mentos dispersos, todos los trabajos aislados, en uno solo que re- suma con la claridad posible, la descripción clínica, ordenada, de es- ta entidad morbosa. No tengo la pretensión de llenar este vacío; árdua en la ta- rea de uniformar tantas descripciones; dificil labor es pintar en un solo cuadro la verdadera fisonomía de esta enfermedad, osten- tando en su unidad de conjunto los variados matices con que ge- neralmente se presenta. Pero el cargo de profesor de Nosografía Médica, me impone la obligación de describir ante Uds. esta im- portante enfermedad. Sin pretensión alguna, procuraré, pues, cumplir con mi deber. DOMINIO GEOGRAFICO Es punto fuera de duda, que la verruga es oriunda del Perú, y sólo del Perú; pues si bien es cierto que la primera noticia que de esta enfermedad tuvieron los españoles, se refiere á Puerto vie- jo y Coaque, que hoy pertenecen al Ecuador, no es menos cierto también que esas tierras pertenecían antes al poderoso imperio de los incas; y aunque así no fuese, en un hecho probado y que llama la atención, que hoy día no se tiene noticia de la verruga donde primitivamente la conocieron los españoles. ¿Esto será de- bido á que en realidad no exista allí? Así lo creemos; pues ni los médicos del Ecuador, ni alguno de los nuestros que han visitado esa República, nos han suministrado dato alguno sobre la existen- cia de dicha enfermedad. ¿Qué causas pueden haber influido en su desaparición? No nos son conocidas. Algunos nosografistas, como Roux y otros, son de opinón que la verruga existe en Africa y Asia, así también en ciertos pun- tos de la América intertropical, donde se la conoce con el nombre de Yates ó Pian. Dichos nosografistas han sufrido un grave error; ques hay una enorme distancia entre la dermatosis conocida con el nombre de Pian y la verruga peruana, como tendremos opor- tunidad de probarlo al ocuparnos del diagnóstico diferencial de esta enfermedad infecciosa. Hasta el día es, pues, cosa probada que la verruga solo es ori- ginaria del Perú. ¿Cuál es la zona geográfica en la que evoluciona esta enfermedad? Creo que por hoy es aventurado hacer la desig- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 301 nación en grados de latitud y longitud de la zona verrucógena; me fundo para creerlo así, en que hasta el día no se conoce con exactitud todos los lugares en que existe la verruga. Solo se pue- de asegurar que son los departamentos de Lima y de Ancachs donde se presenta esta enfermedad, que son las quebradas cisan- dinas donde sienta sus reales, que estas quebradas son las de Hua- rochirí, Yauyos, Canta y la llamada callejón de Huaylas en el de- partamento de z^ncahs. Entre los lugares conocidos, debemos citar los principales, que son: Santa Eulalia, Matucana, Surco, Cocachacra, San Gerónimo, Paya, San Mateo, Santa Ana, Puente de Verrugas, La Esperanza, Ornas y otros lugares en las quebra- das de Huarochirí y Yauyos; el Hornillo, Yangas, Viscos y otros lugares en la quebrada de Canta; Póngor, Pariacoto, Yaután, Caráz. Aija y otros lugares en el departamento de Ancahs. Llama la atención que en las mismas quebradas existen lu- gares vecinos, en los que en unos hay verrugas, y en otros no. ¿Cómo explicar esta circunstancia? Para contestar cumplida- mente sería necesario conocer bien la topografía del lugar, su cons- titución geológica, variaciones atmosféricas, etc; datos que por desgracia nos son desconocidos. Debo, si, hacer a ustedes una observación, y es, que las que- bradas mencionadas, donde se presenta la verruga, son recorridas por ríos más ó menos torrentosos; lo que hace que esos lugares sean más ó menos húmedos y más ó menos provistos de vejetación. Si estuviera obligado á indicar la naturaleza del terreno que sirve de asiento á esta enfermedad, diría que son los terrenos de aluvión donde ella se presenta; sin que esto quiera decir, que siempre que se encuentre un terreno de aluvión deba presentarse allí la verruga. Repito, la naturaleza del terreno no es capaz por si sola de generar la enfermedad; para que tal suceda, es necesario la concurrencia de condiciones cósmicas y telúricas que nos son desconocidas. ETIOLOGIA. Este es uno de los puntos más importantes de esta enferme- dad, razón por la que vamos á esforzarnos por fijar algunas ideas. Principiaremos por indicar las causas inherentes ai individuo y las influencias exteriores, antes de abordar el árduo problema de la patogenia. Entre las causas inherentes al individuo tenemos la edad, que desde lluego no tiene influencia en el desarrollo de la verruga; pues si fácilmente se nota que es mayor el número de {os enfermos adultos y viejos, esto se explica teniendo en cuenta 302 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA que son ellos los que más se exponen a sufrir la influencia del mal; pero se observa también en los niños. El sexo tampoco tiene in- fluencia, pues la verruga se desarrolla tanto en el hombre como en la mujer; y si el mayor número está del lado de los hombres, es porque ellos se exponen más que las mujeres. Las razas tampoco influyen de ninguna manera, pues se obser- va la verruga en los blancos y en los negros, en los naturales del país y en los asiáticos. La aclimatación sí influye de alguna manera, pues se vé que los extranjeros recién llegados la adquieren con más facilidad. De las profesiones, son los ingenieros ferroviarios y los trabajado- res de estas vías los que proporcionan más número de enfermes. No conocemos profesión ni industria que resguarde de esta enfer- medad. Respecto á la influencia que puedan tener las enfermedades anteriores, debemos decir que es negativa. Así, el paludismo no preserva de la verruga, pudiendo coexistir ambas enfermedades. Tampoco es un preservativo la tuberculosis, pues hemos tenido ocasión de observar la erupción de la verruga en individuos evi- dentemente tuberculosos. Menos es un preservativo la sífilis, pues en los sifilíticos parece que la verruga evoluciona con mayor inten- sidad. Ningún temperamento ni ninguna constitución están al abrigo de esta enfermedad infecciosa. Por lo que respecta a las influencias exteriores, debemos de- cir que la verruga se desarrolla en los temperamentos cálidos y templados mas bién que en los fríos; siendo necesario, a la vez que el calor, cierto grado de humedad, como lo acredita la circunstan- cia de presentarse la verruga en quebradas surcadas por ríos cu- biertos de vejetación. La naturaleza del terreno tiene marcadísima influencia, pues sólo se vé la verruga en determinadas quebradas. La remoción de esos terrenos ejerce poderosa influencia en el desarrollo de la ve- rruga, como lo testifican las verdaderas epidemias que han teni- nido lugar por los trabajos del ferrocarril trasansadino, en que se hicieron grandes remociones de los terrenos de la quebrada Rímac. Respecto á la altitud, debemos decir que se encuentra la verruga á diferentes alturas, desde 1.012 m. hasta 2.500 á 3.000 m. sobre el nivel del mar; no se encuentra en el otro lado de los Andes. Las aglomeraciones humanas no tienen influencia en el desarrollo de la verruga, pues si es cierto que cuando hay gran aglomeración de hombres se presenta mayor número de enfermos, de ninguna manera quede creerse que la aglomeración influya en el desarrollo de la enfermedad. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 303 La verruga no solo se observa en el hombre, si que también en muchos animales, como el caballo, muía, burro, perro, etc. La verruga es inoculable; verdad que está comprobada desde el heroico sacrificio de Carrión. Esta enfermedad no es contagiosa, en el sentido técnico, al menos hasta hoy no existen casos que lo prueben. Confiere cierta imunidad, no obtante hay casos de recidiva. ¿CUAL ES EL ORIGEN DE LA VERRUGA? En este terreno se han multiplicado las hipótesis. - La más antigua es la idea que ha existido en los naturales del país, de que la verruga es originada por las aguas llamadas de verrugas; idea que acogió el ilustre viajero Tschudi el año 1843. Esta hipótesis desde luego no es aceptable, porque si existen casos de desarrollo de la verruga después de la ingestión de esas aguas, hay muchí- simos también completamente negativos; pero aún dado el caso de su exactitud constante, ello no implicaría el conocimiento del origen de la verruga, sino simplemente el de uno de los medios de transporte del germen del mal. Otra hipótesis que se discutió por mucho tiempo, ha sido la que la verruga era de origen malá- rico; hipótesis inacepteble teniendo en cuenta la generalidad con que grasa esta enfermedad en otros países en donde jamás se ha visto la verruga. No han faltado médicos que han creído que el origen de la verruga se debía á un intoxicación por el gas sulfhídri- co; pero, haciendo justicia al autor de esta hipótesis, por el entu- siasmo con que abordó este problema, debemos decir que fué una suposición inaceptable bajo todo punto de vista. Algunos prác- ticos fundándose en la anemia profundísima que acarrea la verru- ga, en la hipertrofia esplénica y en los infartos ganglionares, han creído que era una manifestación leucocitémica. Para convercer- nos de la inexactitud de esta suposición bastaría hacer el examen microscópico de los elementos figurados de la sangre. Muchos han creído ver en la verruga una manifestación sifilítica, así como otros la han creído una fiebre eruptiva semejante á la viruela; pero quien conozca la etiología y evolución clínica de estas dos en- fermedades, comprenderá que no es posible aceptar tales suposi- ciones. Fijándose algunos observadores en que las espinas de tuna (Cactus opuntia) producen verrugas córneas, han aventurado la hipótesis de que dichos cuerpos extraños podían originar tam- bién la verruga, fundando además su suposición en lo que obser- vaban en ciertos animales, en las vacas, por e emplo, que pre- sentaban verrugas en las partes de la piel expuestas á frecuentes 304 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA roses con dichas espinas. Creemos que esta es una suposición gra- tuita, y que las verrugas observadas, lejos de deber su origen á las espinas, lo deben al verdadero germen que ha penetrado por las soluciones de continuidad dejadas por ellas Estas ideas se han discutido por mucho tiempo, durante el cual han vacilado sus autores para aceptar como común el origen de la verruga y el del la gravísima pirexia bautizada con el nombre de Fiebre de la Oroya. Parece que los Dres. Odriozola, Salazar y Espinal fueron los primeros en opinar por la comunidad de origen de estas al parecer diferentes enfermedades. Pero estas opiniones, por más que ellas viniesen de ilustrados médicos, carecían del sello que imprime la experimentación patológica. Sólo ésta podía resolver tan obcuro problema. La medicina nacional y la humanidad entera deben este gran progreso á la heroica desición de un mártir de la ciencia, que con un golpe de lanceta corrió el velo que cubría la etiología de la verruga y de la fiebre de la Oroya. Desde la memorable au- to-inoculación de Carrión no se consideran como enfermedades distintas, sino como una sola entidad morbosa. Pero volvamos a la cuestión principal. ¿Cuál es el agente pa- tógeno de la verruga? En la época que atravezamos, en que la microbiología y la bacteriología influyen mucho en la patoge- nia de las enfermedades infecciosas, es natural que se hayan he- chos investigaciones de esta clase, con el fin de descubrir el agente generador de la verruga. Ya, en 1873, el Dr. Basadre insinuaba la idea de la penetración en el organismo de gérmenes microscó- picos vivos que pululan en el suelo ó en la atmósfera. Pero, en honor á la justicia y á la verdad histórica, debemos hacer presen- te que fué el Dr. Tomás Salazar el que más se adelantó en este ca- mino; pues en el año de 1858, en que la teoría microbiana se en- contraba en embrión, por decirlo así, escribía el citado médico, que la verruga era una enfermedad virulenta, originada por las condiciones especiales del terreno; llegando así á establecer á la vez, que dicha enfermedad era general y de naturaleza telúrica. Se dice que el Dr.Flores ha encontrado una especie de micrococus en cadeneta; esta afirmación por exacta que sea, no es concluyen- te, pues sería necesario una serie no interrumpida de observacio- nes positivas. En 1885, el Dr. Vicente Izquierdo, profesor de Histología en la Universidad de Santiago de Chile, cree haber encontrado un micro- bio baciliforme, al que, por su relación íntima con los tejidos de los tumores verrucosos, considera como la causa de ellos y también de la enfermedad. Dicho microbio se colorea por la fuschina, el viole- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 305 ta de metileno y el azul de mctileno, pero mucho mejor con el viole- ta de genciana, El mismo bacilo, según Izquierdo, tiene a veces, 20 micromilímetros. Son más gruesos que los bacilos de Koch. Exami- nados con un aumento de 250 objetivos, se ven como pequeñas ba- ritas con pequeñas dilataciones ó nudos. Si se examinan con inmer- sión homogénea, se ve que las varitas constan de una serie de grani- tos esféricos casi elípticos. El profesor Izquierdo se pregunta: ¿cuál es la naturaleza de los granitos?, ¿son las varitas simples cadenas de cocus? ¿son los granitos los esporos? .. y responde: "mi opinión es que los granitos son cocus". Las observaciones de Izquierdo no me parecen concluyentes; y al opinar así, no obedecemos a un espíritu egoísta, la ciencia es cosmopolita y, por lo mismo,nos alegraríamos de que las investigaciones de Izquierdo fueran positivas. Pero duda- mos, no de la exactitud de su observación, sino de la interpretación de ella, de su verdadera significación; tanto más cuanto que sus in- vestigaciones han sido hechas en tumores extraídos de un cadáver, macerados en alcohol y conservados así por algún tiempo. Aparte de estas circunstancias de suyo muy importantes para desvirtuar es- ta clase de investigaciones, existe la no menos atendible de que pa- ra llegar a una solución concluyente sería necesario é indispensable, hacer los cultivos é inoculaciones con dicho gérn en, pues esta es la única manera de comprobar la existencia y naturaleza de los mi" crobios que causan determinadas enfermedades. Nuestras dudas van más lejos. Creemos que el gérmen patóge- no de la verruga, solo puede estudiaiseen determinadas circunstan- cias; creemos que, á semejanza de lo que pasa en el paludismo, en que los hematozoarios sólo pueden encontrarse con facilidad en el momento de la pirexia ó un poco antes de ella, en la verruga solo puede observarse su microorganismo, en el estado de pirexia fran- ca; fuera de este momento, lo que se encuentra, tal vez no es el gér- men propiamente dicho. Tal aseveración, que desde luego no es sino una hipótesis, con- taría en su apoyo con lo que se ha observado en otras enfermedades telúricas, como la malaria, por ejemplo, en la que desde Lancizi se han hecho estudios para descubrir su gérmen patógeno; habiendo sido mecesario que transcurriesen muchos años y se sucediesen mu- chas investigaciones, para llegar a descubrir el hematozoario de La- veran. Antes de este resultado, Salisbury, Klebs, Marchiafava, To- masi, Crudelli, Golgi y otros han descrito microorganismos muy di- ferentes considerándolos como los verdaderos géimenes. ¿No puede suceder igual cosa con la bacteriología de la verruga? Nos fundamos además en que la verruga es una enfermedad te- lúrica, como la malaria, en que su desarrollo, á semejanza de lo que 306 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA pasa en aquella depende de condiciones especiales del terreno,y es ló- gico suponer que teniendo tales afinidades, las tenga también en lo que se lefiere a la naturaleza y modo de ser de sus gérmenes patóge- nos. Existe una semejanza más: la verruga, como la malaria, es ino- culable y, como ella, no es contagiosa. No tenemos habilidad ni afición para este género de investiga- ciones, y por lo tanto no podemos aportar nuestro pequeño contin- gente en labor tan necesaria é importante; pero, intuitivamente y deductivamente, nos inclinamos á pensar que este microorganismo debe ser de la misma especie que los hematozoarios del paludismo. Ojalá no tarde mucho el día de tan brillante conquista. Con lo expuesto queda sentado que la verruga es una enferme- dad telúrica, que tieme un origen microbiano, que las investigacio- nes hechas no han conseguido determinar el microorganismo, que e« una enfermedad incculable y que la pirexia llamada fiebre de la 0- roya y la verruga eruptiva tienen un origen común y único. Los me- dios donde se encuentran el gérmen de la verruga se supone que son el agua, el aire y la tierra. Las vías de absorción nos inclinamos fun- dadamente á pensar que son: la mucosa gastro intestinal, la mucosa pulmonar, y la piel siempre que tenga una solución de continuidad per donde penetren dichos gérmenes a la corriente linfática y sanguí- nea. De estas tres vías de penetración, la última es tal vez la más grave y peligrosa; pues los epitelios de dichas mucosas ponen en jue- go su peder fagocitósico y hacen el papel de filtros esterilizados. Bien se comprende que esta suposición no es absoluta. ANATOMIA PATOLOGICA Las alteraciones anatómicas de la verruga son múltiples, gene- ralizadas, difusas como la enfermedad misma; por lo tanto, no pue- de halagarnos la idea de encontrar una lesión, especial patognomó- nica, digamos así,de esta enfermedad. Los cadáveres de los verruco- sos presentan un tinte pálido terroso, subictérico, con algunas equi- mosis en el tegumento cutáneo. Las alteraciones viscerales están constituidas por pulmones anémicos, pleuras descoloridas, corazón pálido y blando,hígado aumentado de volúmen y más ó menos fria- ble, pálido unas veces y congestionado otras,con un color rojo bruno, el bazo hipertrofiado y casi siempre leblandecido. Conviene que ha- ga presente que algunos observadores consideran la atrofia del bazo y su reblandecimiento como una lesión constante de la verruga; pe- ro esta opinión sólo está fundada en escaso número de observacio- nes, y la mayoría de ellas manifiesta siempre la hipertrofia de este órgano. De parte de los intestinos, se ha señalado (Dr. José María BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PE UANA 307 Romero) la tumefacción de las placas de Peyer y de los folículos ce- rrados; hecho que no debe de extrañarnos si se considera que estas alteraciones se encuentran en un gran número de enfermedades in- fecciosas. Por lo que respecta a los ganglios mesentéricos y á los gan- glios linfáticos en general, se haya» siempre infartados y, en ciertos casos, en tan alta escala que algunos noscgrafistas han creído en la identidad de esta enfermedad con la linfadenia. De parte del cere- bro y de las meninges cerebrales, podemos decir que no hay lesiones bien apreciables, ni constantes, pues en unos casos se nota la anemia y en otros la hiperhemia de estes órganos. En los riñones pasa lo mis- mo. El tinte marcadamente pálido de los enfermos hace comprender que esta infección ataca grandemente los óiganos hematopoyéticos; lo cual confirman las lesiones del hígado, del bazo, de los ganglios y las alteraciones de los elementes figurados de la sangre. Por 1c que respecta á éstos, se nota una gran disminución en el número de los glóbulos rojos,que descienden hasta 1.500,000 por m.m. c.; dichos gló- bulos están hinchados, deformados y algunas veces destruidos; cir- cunstancia que hace suponer en ellos un escaso poder de fijación pa- ra el oxígeno, que indudablemente contribuye á hacer cada día más exagerado el tinte anémico; el número de los leucocitos se halla re- lativamente aumentado. No nos son conocidas las alteraciones de la médula de los huesos; pero teniendo en cuenta su función hemato- poyética, que se encuentra tan comprometida en la infección verru- cosa, podemos prejuzgar que deben ser graves las lesiones que pre- senta. Tal vez los dolores óseos, muy característicos en la verruga, se relacionan también con esas lesiones. Estas alteraciones patológicas son las que corresponden al pe- ríodo más agudo y grave de la infección. Las del período eruptivo son de otro orden. Aparte del infarto esplénico y hepático, con fria- bilidad y reblandecimiento marcados, se presenta en el tegumento cutáneo, en una gran extensión de él y, sobre todo, en determinadas regiones, tumores de número y dimensiones variables; los hay des- de el tamaño de un grano de mijo hasta el de un huevo de paloma, y se conocen con el nombre de Ver iras. La piel que recubre estos tumores por lo general está intacta; su color es rosado, violeta ó bruno. Estos tumores, cuando son cutáneos, están formados, se- gún Izquierdo, por una proliferación considerable de los elementos del tejido conjuntivo, y no por la hipertrofia del cuerpo papilar de la piel, como sucede en las verrugas vulgares. Son diversos los sitios en que se desarrollan los tumores. Cuando asientan en las capas superiores de la piel, se les observa en las papilas mismas, bajo la red de Malpighi, y son por lo general pequeños, esféricos y pediculados. 308 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA Si su desarrollo se verifica en las capas inferiores de la piel, son en- tonces más voluminosos, crecen hacia la superficie de ella, la adelga" zan poco á poco y concluyen por ulcerarla. Se desarrollan, también, en el tejido conectivo subcutáneo, en cuyo caso crecen considerable- mente, son de forma esférica ú ovoide, y elevan y adelgazan la piel sana á medida que se desarrollan de manera que se sienten perfec- tamente debajo de ésta. La estructura de la verruga está constituida, según Izquierdo, sólo á expensas del tejido conjuntivo, formándose por un gran nú- mero de células que se desarrollan por el crecimiento de las celdillas del tejido celular subcutáneo y de la piel. La disposición de estas cel- dillas y de la substancia intercelular es muy semejante al tejido de los sarcomas. En las verrugas de grandes dimensiones, se desarrolla hacia el centro y aun hacia la circunferencia, un tejido verdadera- mente cavernoso. Según algunos histologistas, estos tumores están rodeados de una cápsula compuesta de capas concéntricas de teji- do conjuntivo fibroso. Para otros, y entre ellos Cornil, no tienen membrana propia de envoltura, siendo sólo la piel más ó menos a- delgazada y con una coloración vinosa la que le sirve de cubierta. Algunos tumores son más duros y consistentes que otros; en ellos pre- domina el elemento fibroso y tienen toda la apariencia de los fibro- sarcomas. A pesar de su apariencia ó semejanza con estos tumores y los sarcomas, no pueden considerarse como tales, puesto que só- lo se forman a expensas del tejido conjuntivo proliferado, probable- mente por el estímulo del microorganismo patógeno. Los tumores verrucosos son ricos en vasos sanguíneos; innumerables capilares recorren su tejido en todas direcciones. Los vasos del centro son muy desarrollados y están llenos de corpúsculos sanguíneos rojos; en algunos puntos se encuentra un te- jido verdaderamente cavernoso, siendo en estos casos grande su se- mejanza con un angioma cavernoso. Algunas verrugas están forma- das exclusivamente por tejido cavernoso. Las verrugas también se presentan en las visceras. El Dr. Sa- lazar las ha encontrado en el hígado; y mis observaciones han con- firmado la verdad de esta afirmación: he encontrado verrugas en el hígado y en el bazo. Se refieren casos en los que se han presenta- do en los pulmones, y aún hay referencias más ó menos fundadas de su localización en el cerebro y sus meninges. En estos casos las ve- rrugas tienen dimensiones variables; las que he tenido ocasión de ver en el hígado y en el bazo, eran del tamaño de un guisante pequeño; su estructura y apariencia general en nada se diferencian de la ve- rruga cutánea. Se presenta también la verruga en las mucosas; v.g., en la conjuntiva, en la mucosa bronquial y laríngea; se señala ade- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 309 más su presencia en la mucosa del tubo digestivo, lo cual se mani- fiesta por diarreas á veces sanguinolentas, así como también, por ul- ceraciones intestinales; estas últimas han sido comprobadas por el Dr. Salazar, que las ha descrito en su magnífico trabajo publicado en el año de 1858. Estos son todos los datos que hasta hoy poseemos sobre la ana- tomía patológica de la verruga. No creemos que está completa; le- jos de esto, pensamos que todavía queda mucho por investigar, so- bre todo en la sangre, donde quizá se encuentre la clave que pueda explicar todas las alteraciones que se observan en esta grave enfer- medad. SINTOMATOLOGIA Hemos dicho que la fiebre de la Oroya y la erupción verrucosa son períodos distintos de una misma enfermedad; en tal virtud, las describiremos sucesivamente. Como toda enfermedad infecciosa, la verruga tiene un periodo de incubación; periodo que es difícil precisar, teniendo en cuenta que no es posible fijar el momento de penetración del germen mor- boso en el organismo humano. Grande es la discrepancia de los observadores á este respecto; pues mientras unos fijan este periodo en algunos setenarios, otros creen que puede durar meses y aún años. La solución de este proble- ma depende de la patología experimental; por fortuna contamos con un caso debido á la heroicidad de un antiguo alumno de esta Escue- la, y si bien es cierto que él no es suficiente para resolver esta cues- tión, por lo menos constituye un dato importante, que debe tomar- se en seria consideración hasta que nuevos trabajos nos conduzcan al terreno de la experimentación patológica, guiados por la prudente atenuación del virus ó germen patógeno de la verruga. Fundados en el único caso auténtico de inoculación, podemos fijar el periodo de incubación en tres a cuatro setenarios. Esto no obsta para que al- gunos casos, como se ha tenido ocasión de observar, se haga la incu- bación con más rapidez; pero de ninguna manera podemos aceptar que ella dure muchos meses y aún años, como han pensado algunos observadores; inclinándome a creer que en los pocos casos á que se refieren, ó han sufrido una equivocación, ó han confundido la incu- bación con los primeros síntomas de la enfermedad. El segundo periodo, periodo de invasión, está caracterizado por síntomas variables según se trate de la forma aguda, ó de la subaguda ó lenta. En la forma aguda se observa como fenómenos prodrómicos.mal 310 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA estar general, cansancio, ligeros cal< fríos seguidos de febrícula que bien puede tomarse por una fiebre palúdica de escasa significación; después de algunos días que pueden ser seis ú ocho, se presentan ca- lofríos más intensos y repetidos seguidos de fiebre alta, con gran que- brantamiento de cuerpo, sudores abundantes, dolores musculares, óseos y articulares, raquialgia; dichos dolores se exasperan por la noche y son más intensos en las rodillas ó en las pequeñas articu- laciones de las manos y de los pies. La fiebre reviste el tipo de una intermitente palúdica; se repi- te por algunos días, después de los cuales se nota gran postración, anorexia, síntomas de catarro gástrico y, sobre todo, un tinte pro- fundamente anémico que día á día se pronuncia más. La fiebre cam- bia de tipo; algunas veces se hace remisubcontinua, ó, lo que es más frecuente, se hace remitente. La temperatura puede alcanzar 38°5, 39°0. y aun 40°. En tales circunstancias, se marca más el estado ané- mico de los pacientes; su piel es pálido terrosa, subictérica; las mu- cosas se descoloran, adquieren el color de la cera; hay cefalalgia in- tensa, la lengua es ancha y saburrosa, la anorexia es absoluta, la sed viva; algunas veces hay náuseas y aún vómitos, vértigos, zumbidos de oídos, intolerancia por los ruidos; el paciente prefiere la media luz; hay exagerada sensibilidad en el epigastrio, dolor en la región espié- nica con notable tumefacción del bazo, exagerada sensibilidad en la región hepática, presentándose el hígado notablemente aumentado de volumen; el pulso es blando, frecuente, depresible y muchas ve- ces pequeño, hay palpitaciones cardiacas con soplo anémico, vio- lentos latidos en las carótidas; la respiración es ansiosa, anhelante, disneica; algunas veces suele heber ligera tosícula, revelando la aus- cultación la presencia del estertores mucosos que desaparecen fácil- mente; existe constipación al principio y, en los últimos días, suele presentarse a veces diarreas más ó menos fétidas; la orina es escasa, roja y sedimentosa; la anemia se hace más profunda; la fiebre sufre remisiones considerables, pudiendo alcanzar estas remisiones has- ta más de un grado, algunas veces llegan al grado normal o bajan más aún; este exagerado grado se nota sobre todo en los casos gra- ves y de terminación funesta; los dolores musculares, los óseos y articulares persisten, y se manifiestan ya expontáneamente, ya por la presión o los movimientos; la postración progresa, la voz se debi- lita, hay agitación é insomio y algunas veces subdelirio. Así perma- necen los enfermos durante 14 ó 20 días, al cabo de los cuales se ve que los dolores disminuyen ó desaparecen, la agitación se calma, el sueño vuelve, la temperatura baja á la normal,las fuerzas se levan- tan, el pulso gana en fuerza y pierde en frecuencia; en una palabra la convalescencia se establece, conservando al paciente por mucho BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 311 tiempo el tinte anémico característico, y apareciendo en una época más ó menos lejana la erupción verrucosa. En otros casos se vé to- do lo contrario; después de dos o tres setenarios los enfermos caen en una postración extrema, la anemia es profundísima, la temperatura desciende bajo lo normal, la agitación es grande, hay subdelirio y carfologia, la voz se debilita, hay incoordinación en las ideas, los vér- tigos redoblan su frecuencia, las palpitaciones cardiacas y los lati- dos arteriales se exageran, hay náuseas, vómitos y diarreas, dilata- ción de las pupilas, somnolencia y, finalmente, aparece el coma, en el cuál mueren los enfermos. Hay ocasiones en que los pacientes presentan en sus últimos momentos una respiración que reviste el tipo de la de Cheyne-Sto- kes, sucumbiendo por asfixia dinámica, por anoxemia? ¿por aglo- bulia? Conviene que llame la atención de ustedes sobre lo que sue- le acontecer en ciertos casos de infección aguda, y es, que después de haber evolucionado la enfermedad con sus síntomas más graves y haber llegado los enfermos no sólo a la convalecencia, sino casi á la sanidad, por decirlo así, se ha visto manifestarse la erupción ve- rrucosa en pequeña escala, y tras de esta erupción, desencadenarse nuevamente todos los síntomas graves de la forma aguda, hasta pro- ducir la muerte. Conservo vivo el recuerdo de uno de estos casos, que observé en mi servicio (Hospital "Dos de Mayo"), en cuya autop- sia encontré tumores verrucosos en el hígado (durante la vida solo se presentaron unas 6 ú 8 verrugas en las extremidades inferiores). Estos casos me suguieren la siguiente deducción: que la erupción verrucosa no debe mirarse siempre como un fenómeno crítico de la infección, y que el periodo agudo de esta es suceptible de recaída.- ¿Cómo explicar este fenómeno?-Probablemente se debe a que el gérmen aún no extinguido en el organismo, ha vuelto á adquirir ma- yor virulencia por efecto de alguna modificación, de algún cambio realizado en los líquidos orgánicos, que sirven así como de caldo de cultivo á estos gérmenes; cambios y modificaciones que probable- mente se realizan bajo la influencia de ciertas condiciones individua- les y cósmicas que escapan a nuestra observación. La forma subaguda ó lenta de la infección verrucosa puede se- guir á la forma aguda y grave que hemos descrito, ó presentarse co- mo tal desde el principio. En el primer caso, se observa que á los síntomas graves ya des- critos suceden: mal estar general, dolores musculares y articulares, cansancio, fiebre irregular, anorexia y otros síntomas, hasta que apa- rece una erupción discreta ó confluente, constituida por verrugas de forma y volúmen variados. 312 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA En el segundo caso, el período de incubación es más obscuro y difícil de determinar que en la forma aguda. El período de invasión está constituido por síntomas poco notables, presentándose como fenómenos prodrómicos, cierto mal estar, cansancio para el trabajo, apatía fisica y moral, anorexia, ligera cefalalgia y vértigos; fenó- menos que pueden tener una duración más ó menos larga. Algunos observadores, como Dounon, citados por Roux y Corre, en la descripción que de la verruga han hecho en sus magníficas mo- nografías sobre enfermedades de los países cálidos, señala entre los fenómenos prodrómicos la disfagia,síntoma que según él es de los más característicos de esta enfermedad. No dudamos que Dounon haya observado disfagia en algunos enfermos de verruga; pero nos llama la atención que los observadores del país, que han visto centenares de estaclasedeenfermos.no hayan señalado aquel síntoma prodrómico. Yo mismo, que tal vez he tenido oportunidad de obeservar más de un centenar de verrucosos, no he comprobado jamás la existencia de la disfagia. Posible es que los casos referidos por Dounon, no se haya verificado la erupción cutánea, sino la interna, digamos así, y que ésta á su vez se haya localizado en la mucosa faríngea, como muchos observadores han tenido ocasión de verlo, en cuyo caso bien se com- prende que la disfagia que con tal motivo sobreviene está muy le- jos de ser considerada como fenómeno prodrómico. A estos síntomas llamados prodrómicos sigue una febrícula lige- ra, de forma intermitente, que adquiere en algunos casos mayor in- tensidad, pudiendo a veces tomar el tipo remitente con exarcebacio- nes vespertinas; hay dolor en la región del bazo, presentándose es- te órgano aumentado de volúmen; el hígado está doloroso y conges- tionado; en ciertos casos los síntomas que se observan de parte de este órgano son tan pronunciados que en más de una ocasión han inducido á pensar en la existencia de una hepatitis. La anorexia se exagera, la lengua es saburrosa y húmeda, hay gran debilidad y pér- dida de fuerzas, los movimientos son lánguidos y sin presición; el color se altera profundamente, la piel toma un tinte pálido terroso; las mucosas palidecen; hay dolores reumatoides en los huesos lar- gos, sobre todo en las extremidades inferiores yen algunas articula- ciones; la cefalalgia adquiere en ciertos casos una intensidad insóli- ta, los vértigos no desaparecen. Este estado dura un tiempo más ó menos largo antes de verificarse la erupción; tiempo que para unos es de uno á dos setenarios y para otros de algunos meses. Según mis observaciones ambas opiniones están en la vía de la verdad, pues hay casos en que la erupción de la verruga se hace en poco tiempo, y olvidándose tal vez de los fenómenos prodrómicos que han presen- tado los enfermos, han sido considerados por algunos observadores BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 313 como caso de la verruga de m''y larga incubación. Debo hace pre- sente que en ocasiones la erupción verrucosa determina una remi- sión de los síntomas y una gran mejoría de la enfermedad. ¿Puede fijarse el tiempo en que deba tener lugar la erupción verrucosa?-No me parece posible; pues la rapidez ó lentitud del desarrollo de la erupción depende probablemente de las condiciones especiales de los organismos infectados, de su mayor ó menor re- ceptividad y de la manera como dichos organismos reaccionan y se defienden contra el germen morboso. Por otra parte, siendo el tu- mor verrucoso un verdadero neoplasma semejante á los sarcomas ó fibrosarcomas y debiendo su origen probablemente á la acción exi- tadora del microbio patógeno sobre el tejido conjuntivo, debe te- nerse en cuenta la intensidad de esa exitación y la rapidez ó lentitud de la proliferación del tejido conjuntivo, factores que puede de- cirse son los principales para el desarrollo de dichos tumores; y co- mo estos des factores están sujetos á diferencias individuales, se deduce que la erupción de la verruga se verifica más ó menos tarde según las condiciones orgánicas. Aparte de esas condiciones intrín- secas, digamos así, que influyen en la época de la erupción, se cree que hay otras extrínsecas; y entre éstas debe señalarse el frío y la ac- ción del agua,como puede uno convencerse por la dificultad con que brota la verruga en los lugares fríos y por la frecuencia con que los enfermos nos relatan que por haberse bañado no han salido las ve- rrugas, ó que habiendo principiado a brotar han desaparecido, yén- dose adentro, según su propia expresión. La explicación de éstos fe- nómenos se hallaría en la poca irrigación sanguínea, debida a la contracción de los vasos de la piel. La erupción verrucosa se manifiesta en toda la superficie del cuerpo, pero de preferencia en algunas regiones, como la cara, el cue- llo y las extremidades; en éstas, se le observa sobre todo en el lado de la extensión y en la vecindad de las articulaciones; puede observar- se también en el pecho, en el dorso y en el abdomen. Por lo que respecta al número de verrugas, es variable; hay ca- sos en que después de la infección verrucosa de forma aguda y gra- ve aparecen unas pocas verrugas, y muchas veces, una sola de gran- des dimensiones; en otros casos la erupción es numerosa. Lo mismo pasa en la infección de forma subaguda ó lenta; la erupción, repito, puede ser muy restringida en número, ó muy confluente, como pue- de verse en el caso que les presento. No obstante el gran número que ustedes ven, hay otros en que la erupción es general en casi toda la piel, y tan confluente que son muy pequeños los espacios que quedan libres. En cuanto al tamaño Jas hay de un huevo de palcma y mas grandes aún, del de una cere 314 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MED CIÑA PERUANA za, del de un guisante, y hay casos, en que las verrugas son tan pe- queñas como un grano de mijo; estas son las llamadas miliares, que pueden verlas en este otro enfermo, en el que la verruga se inició en la cara, con dimensiones tan pequeñas y de aspecto tal, que el in- terno del servicio la consideró el primer día como una erupción de sudámina. En este enfermo la erupción vino precedida de algo que quiero señalarles . Como ustedes ven, es un muchacho de 14 á 1 5 años, linfático; fue á mi servicio con un tumor en la parte anterior y me- dia del muslo derecho, tumor que tenía todas las apariencias de un ganglio estrumoso, sus dimensiones eran las de una nuez de regular tamaño; dicho tumor fue extirpado. Durante los primeros días de permanencia en el hospital el enfermo se mantuvo apirético, pero después tuvo fiebre de tipo intermitente, que sólo duró de ocho á diez días; su debilidad era grande, y su color pálido revelaba una a- nemia pronunciada; permaneció en tales condiciones por espacio de quince ó veinte días más, al cabo de los cuales se presentó en la cara la erupción verrucosa con los caracteres que acabo de indicar; erup- ción que se generalizó sin fiebre y casi sin molestia para el paciente. Este caso llama la atención por la forma como se inició la verruga y por la circunstancia de encontrarse en él reunidas verrugas de todos los tamaños; pués se vé desde las más voluminosas, llama- das de muía, como las que presenta en la rodilla izquierda y en el maléolo externo del mismo lado, hasta la miliar, como prin- cipió en la cara y de las que todavía se notan algunas muestras. En la región antero-externa de la pierna derecha se encuentra tan confluente y apiñada la erupción verrucosa que tiene á primera vis- ta la apariencia de la dermatosis conocida con el nombre de ele- fantiasis. Los tumores verruccsos pueden ser sésiles ó pediculados; y por lo que respecta á la forma de estos tumores, puede ser cilin- drica, cónica, globulosa, fungiforme, convexa o hemisférica. La verruga, como hemos dicho, no se presenta solo en la su- perficie de la piel, sí que también en sus capas más inferiores y en el tejido conectivo subcutáneo; en estos casos la verruga llega a adqui- rir un gran volúmen y tiene formas más ó menos redondeadas, dan- do al tacto la sensación de verdaderos nodulos más ó menos duros. También se presenta la erupción verrucosa en las membranas mu- cosas; se la ha visto,en las conjuntivas, en la mucosa bucal y faríngea, en la laringe en cuyo caso es de graves consecuencias para el enfer- mo, que puede asfixiarse por la obstrucción que produce dicho tu- mor en la laringe, ó por las hemorragias frecuentes á que da lugar, como se ha tenido ocasión de observar. Se desarrolla también la verruga en la mucosa gastro intestinal, explicando su presencia allí BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 315 los síntomas disentéricos qu< se observan muchas veces en estos enfermos. Se desarolla igualmente en algunas visceras, como el hígado, el bazo, los pulmones y con algún fundamento se afirma que puede desarrollarse en el cerebro y sus meninges. La erupción no se presenta simultáneamente en todo el cuerpo, sino de una ma- nera sucesiva. El aspecto de la verruga al principiar la erupción es el de pe- queñas manchitas de color rojizo ó el de vesiculitas brillantes pa- recidas á la sudámina. Poco á poco estas manchitas se engruesan, se elevan sobre la superficie de la piel y se transforman en pápulas que conservan su forma circular y adquieren un color rojo escar- lata. Cuando la erupción de verruga es subdérmica, se notan nodu- los más ó menos gruesos que ruedan bajo la piel, los cuales al desa- rrollarse toman un color violáceo, se ulceran después y dan salida á un licor sanguinolento, presentándose entonces el tumor verru- coso con el aspecto de fungosidades de color gris negruzco. Estos tumores así ulcerados exhalan un olor desagradable. No siempre nacen las verrugas con esta apariencia. Hay casos en los que se levantan en la superficie cutánea ligeras eminencias con un aspecto seco, casi córneo, de color rosa pálido ó gris claro, acompañando a la vez á este proceso eruptivo una ligera descama- ción furfurácea; puede decirse que la erupción se hace lánguida y que la verruga nace en estado regresivo. He tenido en estos días en mi servicio (Hospital "Dos de Mayo") un caso en el cual puedo decir que día á día iba viendo la erupción de la verruga en las con- diciones que acabo de señalar. Sucede algunas veces que las verrugas que han llegado á ad- quirir ciertas dimensiones presentan además de una superficie liza y un color rojo de lo más acentuado, una consistencia variable, pudiendo ser duras ó completamente blandas, como fluctuantes á la vez que ostentan en su superficie una red vascular bastante desarrollada. Durante la erupción los enfermos se quejan de dolores reuma- toides, de dolores musculares, de verdaderas raquialgias, de gran debilidad y postración de fuerzas, de dolor en los hipocondrios de- recho é izquierdo con notable infarto esplénico y hepático. Los vértigos, la anorexia, la anemia profunda, las palpitaciones cardia- cas, los fuertes latidos arteriales, las sufusiones serosas y la fiebre de carácter intermitente vespertino, son síntomas que no abando- nan al enfermo. En algunaos casos, hay náuseas, vómitos y aún diarreas. Recuerdo casos en los que he observado terribles cefalal- gias acompañadas de ligeras sacudidas de los miembros, de gritos semejantes á los hidroencefálicos, de fotofobia y náuseas; quedan- 316 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA do los enfermos después del estaño regresivo de la verruga con una amaurosis de lo más pronunciada, que concluye por disiparse al cabo de cierto tiempo. Acontece también que la erupción se hace con escasas mo- lestias para el enfermo, quién muchas veces no se apercibe de la infección sino cuando aparecen algunas verrugas. Los ganglios lin- fáticos se presentan infartados antes de la erupción y durante ella; la orina es poco densa (1.013), hay gran disminución de úrea, pre- senta gran cantidad de fosfatos, su reacción es alcalina, algunas ve- ces es albuminosa; no obstante que algunos observadores han se- ñalado la presencia de la glicosa y la del índigo, creo que estas po- cas observaciones no pueden servir para llegar á una conclusión. Una vez que hemos hablado de la erupción de la verruga, se me ocurre preguntar: ¿prodrá realizarse la infección del organismo por el gérmen verrucógeno sin que necesariamente llegue á presen- tarse la erupción? Debemos afirmar ante todo que la presencia de la erupción es la regla y que ella constituye, puede decirse, el sín- toma patognomónico de la enfermedad; sin embargo, la clínica nos manifiesta que hay casos en los que no se verifica la erución; v. g aquellos en que el individuo sucumbe antes que ella pueda realizar- se. Pero fuera de estos casos, creo que no es posible la ausencia de la erupción en la infección verrucosa. Basta fijarse en que puede suceder que la infección se extinga, que sus gérmenes se aniquilen antes que tenga lugar la lesión anatómica constituida por el neo- plasma verrucoso; extinción ó aniquilamiento que puede verifi- carlos la acción fagocitósica del organismo ó la terapeútica. Una vez que la verruga ha concluido su desarrollo, puede ter- minar ó desaparecer de vanos modos: Por regresión, en cuyo caso los tumores se vuelven pálidos, pierden su aspecto liso, se arrugan y se cubren de placas epidérmicas mortificadas que se desprenden incesantemente; en estas condiciones su consistencia cambia, se hacen más duros, su volúmen disminuye poco á poco, hasta que con- cluye por desaparecer dejando en su lugar una mancha bruna que termina por hacerse invisible; - Por ulceración, en estos casos su capa superficial se enrojece, se inflama y se ulcera, dando lugar á una hemorragia ligera ó intensa, presentando la verruga una super- ficie blanquecina llena de botones blandos indolentes que sangran al más ligero contacto y que dejan fluir constantemente un líqui- do grisáceo de olor fuerte y repugnante; en algunos casos, estas he- morragias y las sanies que de los tumores verrucosos mana produ- cen el agotamiento, el marasmo y la muerte; - Por transformación crustácea, en este caso la verruga ulcerada secreta un humor que se transforma en costras secas, adherentes, de color gris verdoso ó BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 317 amarillo, que se renuevan sin :esar, y que cubren completamente el tumor verrucoso. Algunos observadores, como Dounon, consideran que la supu- ración es una de las terminaciones de la verruga, que entonces se convierte en una absceso. Nada más aventurado y desprovisto de fundamento que esta opinión, tanto que nos inclinamos á creer que ella haya tenido por origen una falsa observación. Lo que si podemos asegurar es que la verruga tiene otra forma de terminación, sobre todo cuando es subdérmica y no ha llegado á ulcerarse, en- tonces termina por reabsorción, digamos así; pues se observa que poco á poco van disminuyendo los nodulos hasta que concluyen por desaparecer. MARCHA, DURACION, PATOGENIA. La marcha de la verruga es aguda, rápida, con síntomas alar- mantes y mortales en unos casos, y en otros, crónica, cronicidad que puede seguir al estado agudo ó iniciarse desde el principio. La duración de la verruga es variable, puede decirse que no tie- ne periodo bien determinado, lo que se comprende si se tiene en cuenta el gran numero de circunstancias, que pueden influir en su desarrollo; pero, de una manera general, su duración es larga. En la descripción de la verruga hemos señalado algunos sínto- mas especiales que pueden llamarse característicos y sobre los que voy á ensayar la manera de explicar su patogenia. Los dolores mus- culares, los oseos y los articulares pueden explicarse por la acción toxica que el agente infeccioso ejerce sobre el sistema nervioso, el cual, asi en fisiología normal, como en patológica, es el dominador del organismo. La anemia que es uno de los síntomas mas cul- minantes de la verruga, puede explicarse, por la lesión de los órga- nos hematopoiéticos, que es constante en esta infección, cuyo gér- men vive principal y exclusivamente en la sangre y tal vez a ex- pensas de sus elementos. Esta última circunstancia explica también el tinte subicterico de los enfermos; tinte que de ninguna manera se debe a la hipersecreción biliar, sino a la destrucción de los gló- bulos rojos. Las hemorragias serían determinadas ya por la riqueza vascular de los tumores verrucosos, ó ya por la delicadeza y fra- gilidad de sus vasos, que se rompen al más ligero roce ó exponta- neamente a consecuencia de alguna alteración de nutrición de sus paredes ó bajo la influencia de la acción física ó química de los mismos organismos ó sus toxinas. Hemos dicho que las verrugas se observan en las mucosas, pero de preferencia en la piel, lo que puede explicarse por la ten- 318 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA ciencia que tal vez tiene el germen de eliminarse por la piel, y como estos tumores aparecen en virtud del estímulo de dichos gérmenes sobre el tejido conjuntivo, es natural que allí se presenten en ma- yor número. Por otra parte, como el gérmen vive en la sangre, á expensas de ella, se concibe que las partes más irrigadas por este líquido sean en las que se desarrolle mayor número de verrugas, siendo esta también, la razón por las que se presentan en gran número en la cara y en las extremidades. Si no se observan del mis- mo modo en las mucosas,en el hígado y en otros órganos bastante vasculares es, sin duda, por el gran poder fagocitósico de dichos órganos. No conozco la microbiología de la verruga, pero hay funda- mentos para creer que su gérmen es aerobio, y es posible que a la vez que aire necesite luz para su desarrollo. Si esto fuera cierto que- daría explicado así el hecho de que la verruga se encuentre en ma- yor número y mejor desarrollada en las partes del cuerpo más expuestas a la luz, como son la cara, el cuello, las manos, etc. Esta suposición no carece de fundamento, pues hay micro-organismos que se desarrollan mejor bajo la influencia de los rayos luminosos, así Zort ha visto que la Beggiatoa Roseo-persicina se desarrolla mejor en la parte alumbrada del líquido nutritivo que en la parte que queda obscura y Arloing y Roux han visto disminuir rápida- mente la vitalidad de la bacteria del carbón bajo la acción de los rayos luminosos; estos hechos demuestran que es real la acción de la luz sobre la vitalidad de dicho micro-organismos. Si las ideas expuestas no explicaran satisfactoriamente el fenómeno en cuestión, podríamos aventurar otra, apoyándonos en las doctrinas de Hammer y Finsen acerca de la influencia de la luz solar sobre la piel humana; influencia que determina la lentitud de la circulación en los vasos capilares y la exageración de la diape- desis. Estos fenómenos puede decirse que son el principio de toda irritación nutritiva. Hemos dicho que la verruga es un neoplasma producido por la proliferación del tejido conjuntivo bajo el pro- bable estímulo del microbio patógeno. Posible es, pues que la pre- sencia de este micro-organismo en el tejido conjuntivo de la piel no sólo encuentre en la luz las condiciones de vitalidad y desarrollo que necesita, sino que esta misma luz contribuya a producir la hiperemia, la diapedesis y la karioquinesis indispensables para la formación de los elementos constitutivos de los tumores verru- cosos. En ciertos casos de verruga se nota una cefalalgia intensísima que difiere en mucho de las cefalalgias vulgares que se observan en las otras enfermedades infecciosas, la cual hace prorrumpir a los BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 319 pacientes en gritos parecidos a 1 >s hidroencefálicos y va acompa- ñada de ligeras sacudidas de las extremidades inferiores, de náuseas y de fotofobia; en algunos casos se declara una amaurosis. ¿Cómo explicar estos fenómenos? - Es posible que los primeros se relacio- nen con una inflamación o con una erupción verrucosa de las me- ninges o por lo menos, con un estado hiperhémico del cerebro y sus envolturas. Por lo que respecta a la amaurosis, su génesis es algo obscura ¿Puede atribuirse a trastornos de la retina? - ¿Es originada por alguna alteración cerebral? - Se debe a una erup- ción verrucosa de la retina? - ¿Está ligada su existencia a la neu- ritis infecciosa tóxica? - Puntos son estos que conviene dilucidar; lamentando por mi parte el no haber recurrido al exámen oftalmos- cópico en los casos a que me refiero. Debo hacer presente que en uno de los citados casos la amaurosis duró mucho tiempo, persistiendo aún en el período regresivo de la verruga. Esta amaurosis se yuguló con el uso del jarabe de bromuro de potasio de Henry Mure; cir- cunstancia que podría justificar la intervención de una neuritis en la génesis de dicha amaurosis. No abrigo la pretensión de creer que satisfagan las explica- ciones que he dado sobre la génesis de ciertos síntomas de la ve- rruga; muy lejos de eso, creo que sólo he aventurado hipótesis, que desde luego someto a un criterio médico más ilustrado con el fin de llegar a la verdad. DIAGNOSTICO En vista del cuadro sintomático que hemos descrito, parecerá asunto muy fácil, el establecer el diagnóstico de la verruga. Sin embargo, nada más difícil que llegar a él, sobre todo si no se tiene el dato importantísimo de la procedencia del paciente, que desde luego debemos considerar como el principal elemento del diag- nóstico. La forma aguda de la verruga puede confundirse con la anemia perniciosa progresiva. Esta enfermedad, como tendremos ocasión de verlo, tiene mucha semejanza con la anemia de los verrucosos; pero se diferencia de él por el aspecto hidro-anémico de la cara, por la hemorragia retiniana, las hepistasis, metrorragias, petequías, hemorragias meníngeas, por la fiebre irregular que no se manifiesta desde el principio, y, finalmente, por su larga duración, síntomas que no se observan en la forma aguda de la verruga. Puede también confundirse con la leucocitemia; pero en esta enfermedad la fiebre no afecta ningún tipo determinado, y el exá- men microscópico de la sangre revela en la leucocitemia un aumento 320 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA constante de los glóbulos blancos sobre los rojos, mientras que en la verruga hay destrucción de los glóbulos rojos. La verruga puede confundirse con la anemia que produce el parásito intestinal conocido con el nombre de anquilostoma duo- denal, pero en este caso el síntoma principal es la hemorragia intes- tinal, que no se presenta en la verruga y aún cuando ocurra que una erupción verrucosa intestinal de lugar a diarreas sanguinolentas o a verdaderas enterorragias, como ha sucedido algunas veces, siempre sería fácil hacer del diagnóstico diferencial recurriendo al exámen de las deyecciones, en las que se descubre la presencia del parásito, como lo han probado los observadores de las mortíferas epidemias de San Gotardo, y como lo ha hecho últimamente entre nosotros el estimable médico italiano Dr. Agnoli que tuvo la for- tuna de encontrar dos muestras de esta interesante enfermedad parasitaria. Los síntomas de la anemia epidémica de los mineros tienen cierta semejanza con los de la infección verrucosa aguda, pero hay una gran diferencia entre ámbas, porque en la aneínia de los mine- ros, se observa cólicos violentos, meteorismo, diarreas verdes o negras, la cara es abotagada, la enfermedad tiene una marcha cró- nica y dura muchos meses, circunstancias que no se observan en la forma aguda de la verruga. Aparte de esto debemos hacer pre- sente que la anemia de los mineros parece que no existe entre no- sotros, al menos hasta el día que no han hecho mención de ella los médicos que residen en nuestros asientos minerales. Los que han observado la anemia febril de los ferrocarriles, so- bre todo la del itsmo de Panamá, hacen la descripción de ella en términos tales que se encuentra casi completa semejanza con la infección verrucosa aguda. No he tenido ocasión de observar ningún caso de esta fiebre y, por tal motivo, estoy desautorizado para discurrir con arreglo a observaciones personales; pero saliendo del terreno práctico puedo entrar en otro género de razonamientos. La fiebre de Panamá evidentemente es de naturaleza telúrica y por lo tanto se asemeja a la verruga, pero la prueba palpable que no son una misma cosa, de que no son manifestaciones de un agen- te morboso único, está en que nadie ha observado en la fiebre de Panamá la erupción de la verruga. La forma sub-aguda o lenta de la infección verrucosa puede confundirse en sus primeras manifestaciones febriles con las fie- bres intermitentes palúdicas, cosa que también puede acontecer en algunos casos de infección aguda; pero en estos casos debe tener- se presente en primer lugar la procedencia del enfermo (si viene de un lugar donde reina la verruga o el paludismo), en seguida hay BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 321 que ver si la periodicidad y la intermitencia son francas, así como la influencia de las preparaciones de quinina y, sobre todo, el exa- men microscópico de la sangre, que revelará en las fiebres malá- ricas, la presencia del hematozoano de Laverán. Los dolores musculares y articulares de la verruga pueden ha- cer creer en la existencia de un reumatismo muscular o articular, pero la procedencia del enfermo, el malestar general, el cansancio, la apatía física y moral, la postración de fueizas, la anemia profun- da, la forma con que se presentan los dolores, etc., son datos sufi- cientes para diferenciarlos aparte de la tumefacción y rubicundez que se observa en el reumatismo articular y no en la verruga, en la que más bien se presentan verdaderas artralgias. Los dolores óseos pueden hacer creer en una infección sifilítica, pero en estos casos debe tenerse en cuenta los antecedentes del enfermo; además en caso de infección venérea se descubre la puerta de entrada del germen y si esto no fuera posible, se podría insti- tuir al diagnóstico mediante el tratamiento. Durante la erupción, podría confundirse la verruga miliar con el sudor miliar, pero la ansiedad, la viva agitación, la transpiración abundante, la contracción al epigastrio, síntomas que inician el su- dor miliar y que faltan en la verruga, son suficientes datos para diferenciarlas. Por lo que respecta a la erupción misma, las peque- ñas vesículas del sudor miliar son precedidas por un exantema y por una pápula pequeña al principio que levanta la superficie cu- tánea y se transforma rápidamente en vesícula, cuya duración por lo general es de cuatro días, manifestándose la descamación desde el quinto día; circunstancias que no se observan en la verruga miliar. La verruga en su período eruptivo se ha confundido por algu- nos nosografistas europeos con la dermatosis conocida con el nom- bre de yaws o pian, proviniendo de esta confusión el que dichos no- sografistas crean que la verruga no es sólo oriunda del Perú, sino del Asia, del Africa y de algunos lugares de la América intertropical. Respecto a la etiología del yaws o pian, vemos que si bien es verdad que todavía permanece en tinieblas, por lo menos hay ciertos pun- tos bien conocidos, así, por ejemplo, está averiguado que es trans- misible y que su transmisión puede verificarse por contacto directo o indirecto y por inoculación; pues se ha observado que se contrae comiendo o bebiendo en la misma vasija, por el coito y hasta por los besos, lo cual no tiene lugar en la verruga. Aparte de estos datos conviene hacer presente que la verruga ataca a todas las razas y que el pian prefiere a los negros; que en la primera hay fiebre y en el segundo la hay también pero no está acompañada de dolores 322 biblioteca centenario de medicina peruana óseos ni articulares. La verruga se presenta en el dermis y en las mucosas bajo la forma de tumores que no siempre se ulceran, mien- tras que en el pian se observa siempre ulceraciones fungosas del dermis y de las mucosas. En la verruga hay tendencia a las hemorra- gias, en el yaws no. En la verruga hay gran postración de fuerzas y el estado general se presenta profundamente modificado, lo cual no se observa en el yaws.La verruga tiene duración larga e ilimitada; el yaws, por el contrario, tiene una duración determinada. La ve- rruga tiene un pronóstico grave y muchas veces fatal, el del yaws es siempre benigno. Todas estas circunstancias son más que suficien- tes para no creer que el pian del Asia o del Africa es una enferme- dad idéntica a la verruga peruana, y, por consiguiente, estamos au- torizados para decir que los nosografistas que han creído en tal identidad han incurrido en un grave error. No ha faltado médico que, como Bordier, haya notado cierta analogía entre la verruga y el grano de Alepo o de Biskra, analogía que no es aceptada por Nielly pues si bajo el punto de vista anatomo-patológico se nota en ambos casos la hiperplasia conjuntiva y la acumulación de células embrionarias, existe notables diferencias en los aparatos vasculares; y cuanto a la clínica, las diferencias son mayores si nos fijamos en la fiebre, el compromiso del estado general y todo el sinnúmero de fenómenos que se observan en la verruga y que faltan en el grano de Biskra. Cosa semejante sucede con la micosis fungoide o linfade nis cutánea; de la cual se diferencia notablemente bajo el punto de vista anatomo-patológico, por no encontrarse en la verruga tejido adenoide. Aquí conviene que haga mención del caso que Beau- manoir observó en Mauricio y que después ha creído que hubiese sido un caso de verruga. Estando probado que la verruga sólo es originaria del Perú, podemos decir que el caso de Beaumanoir no ha sido de verruga, sino más bien de linfadenia cutánea hemorrá- gica, enfermedad que tiene mucha analogía con la verruga, o tal vez, un caso de pian, dermatosis que, como hemos dicho, se ob- serva no sólo en Asia y Africa, sino también en algunos puntos de la América intertropical. PRONOSTICO De una manera general, el pronóstico de la verruga es grave. En la forma aguda, llamada fiebre de la Oroya, el pronóstico es casi siempre fatal. Apesar de que no hay estadísticas que señalen la mortalidad por esta enfermedad, podemos decir, en vista de los casos que hemos observado y de los que nos son conocidos, que la mortalidad puede fijarse aproximadamente en 85 a 90%, cifra BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 323 que es bastante elevada. En su período eruptivo la verruga es menos grave, arrojando una mortalidad que oscila entre 15 y 20%. TRATAMIENTO Siendo la verruga una enfermedad infecciosa, su tratamiento debería ser causal, es decir, fundado en el conocimiento de la natu- raleza del g.'rmen que la origina. Desgraciadamente, hasta el día no se conoce la naturaleza de este germen y apenas se ha llegado a presumir, digamos así, la existencia de un micro-organismo pató- geno. Casi en igual ignorancia estamos respecto de la mayor parte de las enfermedades infecciosas, siendo esta la razón por la que no podemos instituir una medicación causal. Tratándose de combatir la verruga, tenemos, pues, que conformarnos con la medicación más o menos empírica que se ha usado desde los tiempos primitivos y con la que la experiencia y la práctica fundada en el conocimiento de los procesos mórbidos infecciosos ha venido instituyendo contra esta grave enfermedad. El tratamiento que los indígenas del país han empleado para combatir la verruga consiste en el uso del coci- miento de maíz, conocido con el nombre de agua de mote. Usan tam- bién el cocimiento de una yerba que llaman huaccra-hauccra y que en la costa del Perú se conoce con el nombre de uña de gato. Emplean también el molle (simus molle), planta resinosa que con- tiene un aceite esencial parecido por su olor á la esencia de eucalip- tus y en algo recuerda también á la cubeba (piper cubeba). Los primeros médicos del país que tuvieron ocasión de observar la ve- rruga han seguido en su práctica el empleo de estas sustancias, ya solas, ya asociadas al vino de Burdeos. Han usado también el espí- ritu de Minderero, el acónito, el guayaco, y otros diaforéticos, como los baños de vapor y de subtancias aromáticas. Esta medicación que á primera vista parece empírica, tiene, no obtante, un fondo cien- tífico; pues si se tiene en cuenta que se trata de una enfermedad infecciosa y se considera además que de las indicadas subtancias unas son antisépticas y otras favorecen la diuresis y la diaforesis- funciones mediante las cuales suelen eliminarse los gérmenes infec- ciosos y sus toxinas-se comprenderá que es una medicación racional y científica. La quinina es otro de los medicamentos muy usados, no como antiperiódico, puesto que la verruga no es de naturaleza malárica, sino como antiséptico y antitérmico en determinados casos. Los antiguos médicos del hospital de San Bartolomé, guia- dos por la semejanza de los dolores óseos de la verruga con los os- teócopos de la sífilis, usaban el yoduro de potasio contra la verruga; la idea que los guió es errónea indudablemente, puesto que es enor- 324 BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA me la diferencia entre estas dos enfermedades, pero los resultados fueron hasta cierto punto satisfactorios, y tanto que hoy mismo muchos de nuestros prácticos lo emplen en determinados casos; yo también lo he usado en mi servicio hospitalario, con relativo éxito. En la verruga, el yoduro no ejerce una acción específica como en la sífilis; por el hecho de ser una preparación yódica goza de pro- piedades antisépticas, y como tal, es racional su empleo en esta en- fermedad infecciosa, como lo es en otras, v. g. en la fiebre tifoidea, contra la que hemos visto recomendarlo como excelente. Se reco- mienda también centra la verruga el ácido salicílico y el salicilato de soda, medicamentos que los creemos racionales teniendo en cuenta su poder antiséptico y sus propiedades analgésicas, pero es necesario vigilar su acción,saber emplearlos y comprender cuando están contraindicados. Lo mismo decimos de la antipirina y demás substancias de su especie; ellas pueden ser útiles, manejadas con oportunidad y prudencia, pero no debe insistirse en su empleo, por su acción depresiva sobre el organismo y por las modificacio- nes que imprime á la sangre, razón por la que es conveniente aso- ciarlas á otros remedios estimulantes difusibles, como el espíritu aromático de amoniaco, ó á los exitantes nerviosos y cardiacos; en una palabra, su uso reclama sagacidad é ilustración por parte del médico. En el año de 1888 tuve ocasión de emplear la ergotina contra la verruga, medicación que usé guiado por las ideas de Bouchard sobre la influencia que las enfermedades infecciosas ejercen sobre el tejido muscular que es uno de los más comprometidos, razón por la que recomienda el uso de la ergotina cuya acción sobre la fibra muscular es bien conocida. Debo decir que el uso de este re- medio me ha prestado algunos servicios en los verrucosos, lo mismo que la trementina. Se emplea el hierro, medicación que puede lla- marse sintomática. También se emplea comunmente el oxígeno, cuyo uso creo discutible por más racional que parezca, pues la re- ducción numérica y las destrucción de los glóbulos rojos hace com- prender que faltan elementos de fijación para dicho gas. El alcohol es un medicamento bastante usado, y lo creo racional por cuanto favorece la diaforesis, aumenta la tención arterial, facilita la diu- resis, estimula el sistema nervioso y contribuye así á la eliminación de los gérmenes y sus toxinas. Se recomienda contra la verruga el yodoformo, remedio que me parece muy racional y que obra in- dudablemente en virtud de su poder antiséptico. Ultimamente he usado en mi servicio la quinina asociada al salol y la misma subs- tancia asociada al ácido fénico en inyecciones hipodérmicas, así como la solución arsenical de Fowler, y las soluciones de malato biblioteca centenario de medicina peruana 325 de hierro también en inyec .iones hipodérmicas, obteniendo con estos medicamentos resultados magníficos. En algunos casos de violenta cefalalgia con fotofobia he usado con éxito el bromuro de potasio. También he usado en éstos y en los casos en que se han presentado fuertes dolores osteócopos el opio y la morfina. En los casos de verruga con marcada anemia se ha aconsejado la trans- fusión de la sangre, recurso que he visto emplear en dos enfermos, en el año 1871 (época en que hubo una verdadera epidemia de fie- bre de la Oroya), de los cuales en uno fué favorable el éxito y fatal en el otro. Este recurso por muy racional que se le suponga está rodeado de grandes peligros, razón por la que constituye una in- dicación que está llamada á desaparecer; podría atreverme á decir que debe rechazarse, tanto más cuanto que hoy con el uso de las inyecciones de Hayem (suero artificial) se encuentra reemplazado con ventaja. Aparte de todos los remedios que hemos enumerado se reco- mienda también en la verruga los tónicos, los preparados de qui- nina, los estimulantes cardiacos, los del sistema nervioso, la buena alimentación, el uso de la leche, y la medicación tópica en la verruga eruptiva, que consiste en la ligadura de las verrugas muy grandes y pediculadas, en el uso de los estípticos en las que sangran, y de los desinfectantes cuando se ulceran y excretan abundantes sanies fétidas. Por lo que respecta á la profilaxis, no podemos decir nada, pues hasta el día no hay medicación ni medio capaz de prevenir la infección verrucosa. De desear sería que se ensayara en los lu- gares donde la verruga es endémica, el uso sistemático de la qui- nina, del arsénico, del yodoformo, del ácido salicílico ó de cual- quier otro remedio antiséptico, para ver si así es posible prevenir la enfermedad. Mientras tal no suceda, debe recomendarse como medida profiláctica el no visitar los lugares donde es endémica la verruga. Terminada la descripción de esta enfermedad, debo manifes- tar á ustedes que me he esforzado por hacerla de la manera más completa posible, cuidando de asociar á mis observaciones perso- nales los datos que se encuentran en los varios trabajos que sobre este tema se han publicado, y siento que la forma didáctica no pue- da reflejar todas las modalidades clínicas de la verruga. En esta tarea árdua puedo haber incurrido en repeticiones, dejados muchos vacíos y cometido errores de apreciación; pero los vacíos podrán ser llenados por observadores más diligentes, los errores disipados por criterios médicos más ilustrados, y las repeticiones disculpadas por la benevolencia de todos. Doctor Esteban Campodónico Nacido en Italia el año de 1867, se inscribió en la matrícula de la Facultad de Medicina de Lima el año de 1889, año en el cual ha- bía obtenido el Bachillerato en Ciencias Naturales sosteniendo al efecto una tésis titulada: "Psoralea glandulosa (Culen)". Bachiller en Medicina el año de 1894, presentando al efecto una tésis titulada Breves consideraciones sobre alguna casos de traumatismos medu- lares , obtuvo el título profesional el año de 1895. Al siguiente año obtuvo el grado académico de doctor en Medicina, con una tésis que llevaba por título "Consideraciones sobre algunos casos de em- barazo extrauterino Trasladado a Europa el doctor Campodónico perfeccionó sus conocimientos profesionales, especializándose en el ramo de la Oftalmología. En el cultivo de esta especialidad ha sido el Dr. Campodónico mantenedor de una tradición italiana de dicha especialidad en Lima que cuenta en sus anales con el recuerdo de Magni, de Regnoli, de Azzali, Mazzei, etc. Desde hace algunos años el doctor Campodónico ha sumado a su especialización oftalmológica aquella en el ramo de la Roentge- nología, contando en la actualidad con una rica instalación, la más completa existente en Lima. Miembro de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima, el doctor Campodónico ha desempeñado el cargo de Inspector de la Escuela Mixta de Enfermeros fundada por la Sociedad de Benefi- cencia Pública de Lima merced a las diligentes y perseverantes ges- tiones del Dr. Wenceslao F. Molina. Médico del Hospital Italiano de Lima, en el cual tiene estable- cido un Consultorio Oftalmológico, el Dr. Campodónico, dotado de una ejemplar laboriosidad, comparte su obra profesional intensa con el cultivo de idiomas, en que ha llegado a constituir un caso excep- cional, llegando a ser un formidable políglota. El Dr. Campodónico fué un distinguido alumno de la Facultad de Medicina de Lima, la que le concedió las contentas de bachiller y de doctor. Catedrático interino de Anatomía Descriptiva el año de 1919 desempeña en la actualidad el cargo de Catedrático principal inte- rino del curso de Radiología Clínica. El Dr. Campodónico cuenta entre sus títulos académicos el de la laurea de doctor en la Universidad de Bologna, ante cuyo claustro presentó una muy interesante tésis respecto a la enfermedad de Ca- 328 BIBLIOTECA CENTENARIO DF 'DICINA PERUANA rrión", que fué motivo de cálida feli< . que le hizo el jurado exa- minador. BIBL ?IA 1.-Herida por arma de fuego. C ónica Médica de Lima, 1894. 2.-Curioso caso de linforragia. Id. 1894. 3.-Caso interesante de verruga peruana o infecciosa. Id. 1895. 4.-Breves consideraciones sobre algunos casos de traumatismos modulares. Id. 1895. 5.-Revista de Oftalmología. Id. 1897. 6.- Verruga andina e febbre anemizzante della Oroya (malattia di Carrion), tesis del doctorado en Bologna, 1909. 7.-Algunas consideraciones acerca de la culi reacción de Von Pirquet en las enfermedades oculares. Crónica Médica, Lima. 1915. H. V. CASO INTERESANTE DE VERRUGA PE- RUANA O VERRUGA INFECCIOSA Por Esteban Campodonico.-"La Crónica Médica4'.-Lima.-1895. Hemos tenido la feliz oportunidad de observar en el hospital de Santa Ana (departamento del Dr. García) un caso de esta en- fermedad, importantísimo sobre todo bajo el punto de vista ana- tomo-patológico. Se trataba de un niño de dos meses y medio de edad, que fué conducido a la sala de San José del referido hospital el día 4 de noviembre de 1894. A juzgar por su aspecto, era bastante bien desarrollado y su nutrición, suficientemente buena; pero llamaba inmediatamente la atención su estado de anemia profunda y una erupción papulosa generalizada en la superficie cutánea, erupción que por su fisonomía es- pecial no dejaba duda alguna acerca de su diagnóstico -verruga peruana.-El niño nació en Cocachacra, lugar no muy distante de esta ciudad y reputado como uno de aquellos en que la verruga es endémica. Sus padres, del todo sanos, residían allá desde mucho tiempo, y se apercibieron de la enfermedad de su hijo un mes antes de ingresado en el hospital. Al examen que hicimos lo primero que notamos fué la erupción antedicha, constituida por pequeñas pápulas de tamaño variable desde la cabeza de un alfiler hasta la de un grano de pimienta. Estas pápulas se presentaban en toda la su- perficie cutánea sin exceptuar la palma de las manos y la planta de los pies, y eran más apiñadas en las extremidades que en el resto del cuerpo. Una de las pápulas se distinguía de las otras por su tamaño que era más o menos el de un garbanzo y por su prioridad de origen, pues había aparecido antes que las otras; hallábase en la mejilla derecha. Se presentaba también la erupción en la lengua, en la cara inter- na de las mejillas, en las fauces y en la conjuntiva ocular. La respiración era disneíca; la voz, o, mejor dicho, los gritos que a veces emitía el enfermito eran roncos y casi áfonos. El pulso era frecuente I 30 a 140 pulsaciones por minuto. El número de deposiciones era de tres o cuatro al día; hallábase cons- tituidas a veces por una materia pultácea negruzca, sin que se pudiera explicar esta coloración por la naturaleza de los medicamentos que ingería. El tinte general del cuerpo era anémico, el aspecto soñoliento y el decúbito de preferencia era supino. La auscultación del corazón no revelaba nada de particular, la zona de masicez pre- cordial era normal. Nada singular señalaba la percusión del tórax, permitiendo la auscultación oir algunos estertores húmedos difundidos en toda la caja torácica. El hígado sobrepasa un tanto el borde de las falsas costillas. El bazo estaba manifiestamente aumentado de volúmen. El peso del niño era de 5.500 (cinco mil quinientos) gramos. La respiración se verificaba solo por la boca, debido esto a la obstrucción de las fosas nasales por la erupción; la alimentación era también muy precaria, no pu- diéndose verificar la succión por idéntico motivo. 330 Bibloiteca Centenariio de '"dicina Peruana La temperatura rectal en los días qv era observación que fueron los de su permanencia en el hospital, no f a 38°, ni en la mañana, ni en la tarde. Solo el ultimo día notamos que ura matinal era de 38°2, veri- ficéndose la muerte del enfermo en la t 4ía. La autopsia, practicada bajo la c el Dr. Juan C. Castillo, profesor Patología interna, reveló particulariu, dignas de notarse, sobre todo bajo el punto de vista de la abundancia y universalidad de distribución, del neoplasma verrucoso. Para mayor claridad la describiremos como sigue: Mucosas. Además de la boca y el velo del paladar, existía la erupción en la mucosa del esófago, estómago, intestino delgado e intestino grueso. En la mucosa del intestino delgado había mayor número de verrugas que en la del intestino grue- so y su confluencia iba en aumento a medida que se acercaba a la terminación del intestino delgado. Algunas placas de Peyer estaban coronadas de verrugas y esas mismas placas hallábanse aumentadas de volumen, pero no ulceradas. Los folícu- los solitarios se manifiestan también bastante aparentes pero sin vestigio alguno de ulceración. Había una erupción bastante confluente en la mucosa nasal (cornetes y senos), lo que explicaba la dificultad con que respiraba el niño por la nariz durante la vida. Habían tumorcitos verrucosos en la mucosa bronquial y en la laringe (epiglotis, cuerdas vocales y senos de Morgagni.) Serosas.-Existían verrugas a bastante distancias una de otra en las pleuras visceral y parietal, en el peritoneo visceral y en el pericardio visceral. Las había también aunque en pequeño número en las leptomeníngeas cerebrales y plexos coroides del cerebro y en la túnica vaginal de los testículos. Músculos. - Se presentaban diseminadas en todos los músculos que se anali- zaron (músculos de las paredes abdominales, músculos y espinales, de los muslos y piernas, del brazo y antebrazo). El neoplasma estaba alojado en medio de las fi- bras musculares dando a esos órganos un aspecto punteado. No las hemos encontra- do en el músculo cardiaco. Huesos.-Existían en el periostio de todos los huesos que se examinaron (fé- mur, húmero, costillas, esternón, etc.). En el cráneo se presentaban las verrugas en- gastadas en el mismo tejido óseo y el epicráneo estaba completamente tachonado de ellas. Parenquimas.-Se presentaban algunas en el parenquima hepático, sobre todo en las vecindades de la cápsula de Glisson. Habían en el páncreas y en el teji- do pulmonar: eran bastante numerosas en el timo, en la glándula tiroides, en los ganglios linfáticos inguinales y axilares y en los testículos. En el bazo su número era realmente sorprendente: ese órgano parecía, si cabe la comparación un saco lleno de verrugas; dislacerando su tejido y examinándolo en el agua se veían flotar las ve- rrugas en el líquido a manera de globulitos miliares. En todos los órganos enumerados el volúmen del neoplasma verrucoso era casi del mismo, esto es, pequeños globulitos rojos miliares; lo que prueba hasta cierto punto que la aparición en ellos hubo de ser simultánea. Se vió también que, de un modo genera!, su número y abundancia era proporcional a la riqueza de los órganos en tejido conectivo. Así, era grande el número de verrugas en el tejido célulo-gra- soso subcutáneo, en el conectivo intermuscular, en el tejido célulo-adiposo retro- orbitario, en el areolo-grasoso laxo de la cavidad raquídea, en la atmósfera grasosa que rodea a los riñones, en la membrana adventicia de los vasos y en los cartílagos articulares- y, periarticuiares. Sin embargo, no hemos podido encontrar ninguna en la dura madre cerebro-raquídea, ni en la coroides ocular. Tampoco pudimos en- contrarlas en la cara interna de los vasos, en el parénquima renal, en la retina yen el sistema nervioso cerebro-espinal. Estos últimos son los únicos entre los órganos investigados en que no hallamos la verruga. -Será acaso por su pobreza relativa en tejido conjuntivo? Pero téngase presente que hay órganos esencialmente conjun- tivos, con la dura madre cerebro-espina!, en la cual tampoco pudimos encontrarlas. Por lo que acabamos de referir se ve que el caso descrito es im- portantísimo por doble motivo: Io. bajo el punto de vista etiológico, pues en el niño de que nos ocupamos los síntomas morbosos comen- zaron á hacerse suficientemente manifiestos para ser apreciados al mes y medio de nacido; por consiguiente el periodo de incubación hubo de ser relativamente corto, lo cual, dada la incolumidad de BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 331 ios padres del niño, invalida ir tanto la opinión de los que creen que este periodo de incubación dura mucho tiempo; 2°. bajo el punto de vista de la anatomía patológica y patogenia sintomática, pro- bando irrefutablemente la posibilidad de difusión verrucosa en casi todos los tejidos, explicando al mismo tiempo de un modo sa- tisfactorio muchos de los síntomas que es frecuente observar en los verrucosos, como son los dolores persistentes en la región del bazo, los dolores frecuentes en la región hepática, la tosícula muy común en los mismos pacientes, los dolores reumatoides en los hue- sos largos y en las articulaciones, la raquialgia, la cefalalgia y los vértigos. Todos estos fenómenos sintomáticos se pueden explicar por la presencia del neoplasma en los respectivos órganos ó por la irritación que precede á la proliferación neoplástica aun que la erup- ción no llegue después á verificarse. Es cierto que en los casos señalados hasta hoy y que constan en la literatura médica nacional, no se hace mensión alguna rela- tiva á la existencia de la erupción en los bronquios, en el pericardio, en las pleuras, en el peritoneo, en los músculos, en el periostio de los huesos, en los huesos mismos y en las articulaciones; sin embargo, el que nosotros hállamos sido más afortunados se explica tal vez por las facilidades de examen que ofrecía el caso que hemos narrado; aunque conservamos perfectamente vivo el recuerdo de una au- topsia de un verrucoso adulto, en la cual comprobamos de una manera completamente casual verrugas en los músculos y en otras partes importantes del organismo, sin que ha hese echo, desgracia- damente, le reconociésemos entonces toda la importancia que tenía, por hallarnos más atrazados en nuestros estudios médicos. Por ahora nos limitaremos á esperar que se presenten nue- vos hechos, que unidos a los ya observados completarán más y más la anatomía patolóqica de esta importante entidad morbosa. Tenemos fundada esperanza de ver reproducidos en otros casos las lesiones observadas en el presente; y de esta manera quedará ple- namente demostrado, que esta enfermedad, singular por lo cir- cunscrito de la zona geográfica en que se presenta, es más curiosa aún por la posible universalidad de su manifestación eruptiva en •1 organismo. Dr. Pablo Mimbela Nació en el departamento de Piara el año de 1870. Inscrito en la matrícula de la Facultad de Medicina de Lima el año de 1891, terminó sus estudios profesionales el año de 1897. Bachiller en Medi- cina el año de 1896, obtó tai grado académico sustentando una tésis titulada "La intervención quirúrgica preventiva en las fracturas del cráneo. Doctor en Medicina el año de 1889., para cuyo efecto presentó a la consideración de la Facultad de Lima un estudio del título: "La panhisterectomia abdominal en los fibromas uterinos". Adjunto por elección en la Facultad de Medicina de Lima el año de 1904, obtuvo el año de 1909 el cargo de Catedrático principal de Medicina Operatoria, por concurso. Durante sus prolongadas permanencias en Europa, el doctor Mimbela ha cuidado de seguir constantemente los cursos de los cul- tivadores de la Cirugía en el Viejo Mundo, en cuya República Sui- za desempeña el cargo de Ministro Plenipontenciario del Perú. De- legado de la Sociedad Médica "Unión Fernandina" ante el Congreso Internacional de Medicina celebrado en París el año de 1900, el Doc- tor Mimbela ha aceptado siempre de buen grado las delegaciones que tanto el Gobierno como las instituciones médicas peruanas le han encomendado. En el ejercicio profesional, el Dr. Mimbela ha dedicado su mayor devoción a la Cirugía ginecológica, habiendo desempeñado el año de 1903 la jefatura de dicha clínica en el Hospital de Santa Ana, en Lima. Alumno distinguido de la Facultad de Medicina de Lima, reci- bió de esta, el año de 1896, la Contenta de Doctor. El año de 1922 fué elegido Presidente del "Círculo Médico del Perú", en cuyos trabajos de organización se ha desempeñado con el mayor entusiasmo. BIBLIOGRAFIA 1.- Un caso de parálisis de origen histérico, Crónica Médica Li- ma, 1896. 2.-La panhisterectomia abdominal en los fibromas uterinos, en "Monitor Médico de Lima", vol. XIII, 1899, y "Crónica Médica de Lima, 1899. 3. Elogio de Carrión, Crónica Médica de Lima, 1898. 334 BIBLIOTECA CENTENARIO ' EDICINA PERUANA 4.- Tratamiento de la esteno? cuello uterino por la estoma- toplastía con resección comisura) 898. 5.-"La Maladie de Carriói,. ''.a bibliográfica, Id. 1899. 6.-Fisioterapia. Gaceta de los Hospitales, Lima, 1903. 7.-Memoria del Jefe de la Clínica Ginecológica. Crónica Mé- dica de Lima", 1903. 8.-Embarazo doble: miomatoso y fetal. Boletín de la Academia Nacional de Medicina de Lima, 1904. 9.-Lección inaugural del curso de Medicina Operatoria. Gaceta de los Hospitales, Lima, 1904. 10.-La operación de Freyer y la hipertrofia prostética. Crónica Médica de Lima. 1908. 1 1.-La peritonización y el drenaje en Ginecología. Gaceta de los Hospitales, Lima, 1910. 12.-Las jascias o aponeurósis perineal y pilórica en la mujer, comunicación al Congreso Pan Americano de Medicina de Lima, en colaboración con el Dr. J. Cameron, en "Actas" del Congreso, vol. VI, 1913. 13.-El corionepitelioma. Crónica Médica de Lima, 1914. 14.-Lección inaugural del curso de Propedéutica Quirúrgica Anales de la Facultad de Medicina de Lima, 1922. H. V. LA CURVA TERMICA DE LA ENFERME- DAD DE CARION Trabajo leído por el autor. Doctor Pablo S. Mimbela, en la Sociedad Mé- dica "Unión Fernandina'' de Lima, el 5 de octubre del año 1897. Publicado en "La Crónica Médica'' de Lima, año de 1897, p. 357 a 365. Han trascurrido 12 años desde el día en que la Medicina Na- cional resolvió uno de sus mas difíciles é importantes problemas, merced al heroico sacrificio de nuestro recordado consocio Daniel A. Carrion. Dominado por la idea de la unidad etiólogica entre la fiebre llamada de la Oroya y la verruga, se eligió él mismo para tan riesgosa prueba; y á trueque de su preciada vida, legó á la ciencia el fruto de sus investigaciones y experiencias personales. La "Unión Fernandina" que lo contó en su seno, hace suya la gloria de Carrion, cuyo nombre inmortal permanecerá unido á la enfermedad objeto de sus estudios. Obligado por la benevolencia del Señor Presidente á ocuparnos de esa entidad patológica, reclamo igual benevolencia de mis estimables consocios; y solo deseo que mis apuntes clinicos den una prueba más de mi buena voluntad hacia nuestra Sociedad. El periodo agudo febril llamado impropiamente fiebre de la Oroya y el periodo largo de erupción, constituyen las dos gran- des fases de la enfermedad de Carrion. Los estudios clínicos hechos son suficientemente exactos; vea- mos solamente algunas observaciones sugeridas por la marcha de la temperatura, expresada en la curva, así como la relación entre los cambios que sufre y las fases evolutivas de dicha enfermedad. La fiebre, en la enfermedad de Carrion, no afecta un solo tipo; por el contrario, experimenta oscilaciones en relación con el grado de infección y con el organismo que ha sido atacado. 336 BIBLIOTECA CENTENARI ÍDICINA PERUANA Las observaciones que se a la evolución verrucosa an medio de la apirexia, así con o intermitente en toda la en- fermedad, están en contradicción n los muchos casos observados por respetables maestros, los pocos que nos pertenecen. La inspección de la curva térmica en la fiebre grave de Carrion no se crea que pueda conducirnos al diagnóstico de la enfermedad; en cambio, nos indica el derrotero que sigue, los ataques que re- cibe el organismo y sus reacciones en la lucha con el germen pa- tógeno. Recorramos, en primer lugar, el ciclo térmico, e . sus tres pe- riodos: en segundo lugar, ocupémonos de los fenómenos principales coexistentes con dichos periodos; y al terminar establezcamos com- paración con algunas curvae principales ; a conocidas. P:_ riodo de ascención.- En este periodo la fiebre toma el tipo intermitente, la elevación térmica es brusca, asi como su acmé y descenso, repitiéndose en la misma forma y al mismo tiem- po, en periodos de uno ó más días; por lo que ordinariamente se le confunde con el paludismo. Este periodo pasando desapercibido ó presentándose los en- fermos después de él, no pedemos afirmar nada acerca de la dife- rencia entre el tipo intermitente palúdico y el de la fiebre de Carrion. La temperatura alcanza cifras muy elevadas, comprendidas de ordinario entre 40 y 41°., siendo precedida esta hipertermia de intenso escalofrío. Al descender, sobrevienen sudores profusos, y la curva va hasta la hipotermia muchas veces. Si el tipo intermitente es el principio de la forma aguda de la enfermedad de Carrion, en muchos puede repetirse en el curso de la enfermedad, y entonces puede seguir al periodo de estado, ó presentarse mucho después de verificada la erupción, anunciando un nuevo brote de esta. Respecto á la constancia de este primer periodo, asi lo testifi- can todos los pacientes, quienes en sus antecedentes nos señalan siempre las tercianas. Sin embargo, el cuadro térmico del mismo Carrion, no revela tal intermitencia. Señalamos el hecho, reser- vándonos algunas consideraciones al tratar de describir dicha curva. Finalmente, la duración de este periodo es muy variable, y si el minimum de los casos observados es de 4 setenarios, el máxi- mum no puede fijarse. En el segundo de los casos que presento, refiere el paciente haberse encontrado en Huaylas en el mes de mayo del 95, y sólo en el mes de marzo del 96 la fiebre se hizo continua. En todo ese in- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 337 tcrvalo de tiempo la fiebre fue intermitente, y apareció á las pocas semanas de dejar dicho 'ugar. Periodo de estado. - Pasado el tipo intermitente, en un período más avanzado de la infección, la fiebre se hace remiten- te, y de ordinario alcanza su máximo progresivamente; en muchos casos se notan elevaciones térmicas notables. Este hecho debe lla- mar la atención, pues una oscilación semejante en la temperatura es indicio casi seguro de que la erupción ha de verificarse; siendo de notarse que muchas veces la erupción que acompaña á tal tem- peratura en pleno periodo agudo, es fugaz. Constituye solo un de- rivativo, el organismo distrae sus fuerzas hacia el exterior, dismi- nuyendo su calor central. Este periodo de tipo remitente es de larga duración y sus re- misiones varían de uno y dos grados á algunos décimos, de tal modo que la fiebre toma un tipo subcontínuo. Los cuadros térmicos que á continución estudiamos nos darán una idea de este periodo, de las variaciones que sufre y de lo irre- gular en algunos casos. El 1°. que indudablemente debe interesarnos, es el que contie- ne la marcha de la temperatura del mismo Carrion, quien al em- pezar la descripción de su enfermedad, manifiesta: "que después de un intenso escalofío, se despertó una fiebre elevadísima, la que le produjo estupor y le impidió tomarse la temperatura'' Al amanecer tuvo sudores profusos, pero la temperatura siguió superior á la normal, continuó febril y, cosa notable, ni se observó el tipo intermitente del primer periodo, ni la temperatura siguió una marcha regular, en su periodo de fastigium. La temperatura mayor fué de 39°. 6 y se observó al tercer día de la invación. Siguieron oscilaciones descendentes, con ligeras exa- cerbaciones vespertinas y grandes remisiones en la mañana, hasta el día sexto en que la apirexia se estableció para ser interrumpida la ante víspera del desenlace por una ascención del trazo a 37°. 7 y concluir por la hipotermia, 35°. 8. Esta curva irregular en su principio, periodo de estado y de terminación, pertenece al único caso de inoculación de la verruga. Con la penetración del gérmen infeccioso el organismo reacciona enérgicamente, pudiendo mantener la temperatura fisiológica desde el sexto día. Como explicarme lo irregular del trazo termométrico, el que ha- biendo oscilado entre límites normales, no por eso hizo menos grave el pronóstico y terminación? Si bien la defervescencia coincidió con la aparición de máculas sanguíneas y alivio en el estado general, tal mejoría fue muy transitoria y los dolores musculares, 338 biblioteca centenario -TNA peruana articulares, el insomnio, la a t iva, todo el cortejo de dicha fiebre anemizante iba organismo hasta vencer- lo finalmente. En resúmen, el germen patógc. , introducido violentamente en un terreno vigoroso, se desairolló y produjo el ascenso térmico tan luego se hubo generalizado. El organismo a su vez puso en juego su potencia fagocitósica hasta equilibrar la acción piretógena del agente infeccioso; ya sea por sí, ó estimulado y ayudado por la medicación, mantuvo dicho equilibrio y, por consiguiente, no había oscilaciones alarmantes en la temperatura; sin embargo, la lucha que sostenía el organismo era evidente, asi lo manifiesta la agravación de todos los signos ya anotados. El 2o. trazo corresponde a un individoo que tuvo una erupción polimorfa de verrugas, á distintos intervalos de tiempo y que fue seguido, desde el I 2 de abril del año pasado en el servicio del Dr. Odriozola, bajo cuya dirección he practicado mis observaciones. Este caso pertenece á la zona verrucógena de Huaylas y ofreció particularidades dignas de llamar la atención. Después de estar en el lugar indicado en el mes de mayo de 1895, cayó enfermo al poco tiempo y refería los dos tipos bien marcados del periodo agudo de su enfermedad: la fiebre fue intermitente al principio, y conti- nua según su expresión, posteriormente. Cuando ingresó al servicio de medicina ya referido, tenía una erupción subdérmica en las dos rodillas y en el codo izquierdo. Veamos la marcha de la temperatura: Desde su entrada al Hospital hasta el 10 de mayo la línea ter- mométrica, se hallaba comprendida entre 37 y 38°.8, que fué la mayor temperatura observada en ese periodo de tiempo. La cur- va sufrió remisiones matinales casi todos los días, 0o 5, á Io 5, que- dando muchas veces en la cifra fisiológica. Es de notar, como lo observaba nuestro jefe de servicio, que siempie que la temperatura se mantenía al mismo nivel algunos días y había defervescencia brusca era porque un nuevo golpe (pousée) eruptivo había de rea- lizarse. Así, en los dias 1, 2 y 3 de Mayo una línea recta marcaba la marcha de la temperatura, y al descender el día 4 hasta 37° 2 aparecieron dos verrugas gemelas en el codo derecho. En los días 4, 5 y 6 y demás hasta el 9, el acceso febril era intermitente, alcanzando en la tarde 38°5 á lo más, y volviendo en la mañana á la normal. El día 10 sobrevino la apirexia y una nueva actividad erup- tiva se manifestó en las piernas. Todas las verrugas pertenecían á la forma mular-, y una muy notable por las dimensiones que ad- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 339 quirió (las de una pequeña naranja) apareció también el mismo día en el dedo anular derecho, del L.do de la flexión, sobre la articulación de la primera y segunda falanges. El 20 del mismo mes hubo una ascención térmica, y el 24 llegó á 40° 5; siguieron dos días de apirexia y alcanzó nuevamente la t em- peratura de 40° para bajar de la normal el día siguiente, 36° 3; continuando con verdaderas intermitencias, volvió la curva el día 4 de junio á la apirexia; siguió apirético hasta el Io. de julio en q ue se repitieron las intermitencias en la temperatura. Sobrevenían escalofríos primero, en seguida elevación térmica, 40° algunas veces, y apirexia en la mañana del día siguiente. Las mulares iban disminuyendo, en cambio el día 10 de julio comenzó una erupción miliar, confluente, sobre todo en la cara. Desde entonces la apirexia se hizo durable y el enfermo notaba alivio en su estado general. Posteriormente se redujeron poco á poco las verrugas y fuera de la extirpación de una pediculada situada en el pómulo izquierdo, las demás siguieron un trabajo regresivo completo. Como se ve, este caso es muy interesante por su duración, polimorfismo de la erupción y también bajo el punto de vista grá- fico de la temperatura. La marcha termométrica descrita corresponde á la forma crónica, á la fase eruptiva de la Enfermedad de Carrion. Y si el trazo no pertenece al fastigium térmico, me he ocupado de él para seguir el orden de mis observaciones. No obstante haberse realizado la erupción, han existido nue- vas accesiones que tomaban ó bien el tipo remitente, como al prin- cipio, ó bien seguían el intermitente. Sometido nuestro enfermo á una infección enérgica, ó encon- trando el gérmen un terreno propicio preparado por varios ataques de paludismo que había sufrido, su organismo sólo pudo salir ven- cedor por el modo como hizo la defensa, dividiendo en varias ac- ciones el combate para contrarrestar los repetidos ataques del agente patógeno. La tercera observación corresponde á la fiebre grave de Ca- rrion. El enfermo en cuestión ocupó la cama N°. 32 en la Sala de San Roque, el día 3 de agosto de 1896. La curva desde el principio siguió el tipo remitente, y en este periodo ó fastigium del ciclo termométrico se ven ascenciones que vienen á formar otros tantos vértices. El primer setenario tiene un sólo vértice; el segundo empieza y acaba por elevaciones térmicas; en el tercero se nota hasta tres 340 BIBLIOTECA CENTENARIC CIÑA PERUANA vértices, siendo los dos últimos y coincidieron con la salida de pequeñas verrugas'en dades inferiores. En to- do ese tiempo las oscilaciones tenían lugcu entre 37° 5 y 39°. En el 4o setenario la temperatura subió mas y guardando siempre el tipo remitente, se mantuvo entre 39 y 40°. Siguió hiper- térmico durante el 5° setenario; el 5 de setiembre la fiebre alcanzó á 40° 3, lo mismo que el día 8, falleciendo el día 9. Como se ve la temperatura se mantuvo febril durante los 36 días que observamos nuestro enfermo. La erupción fué escasa y coincidió, como siempre, con una elevación térmica seguida de remisión considerable. Los trastornos de parte del aparato digestivo que tuvo nues- tro enfermo, asi como el activo trabajo de desasimilación durante el largo periodo febril, no le permitieron luchar ventajosamente contra el elemento morboso, que quedó dueño del campo una vez que el organismo agotado no pudo sostener la defensa. Es digna de notar la regularidad que se observa en la curva que acabamos de describir. El tipo remitente se marca claramente en los 3 primeros setenarios y los 2 últimos que forman el periodo terminal se distinguen por la ascención gradual de la temperatura y los límites estrechos de sus oscilaciones diarias. Finalmente voy á presentaros el cuadro de temperatura de ctro enfermo que actualmente es asistido por el doctor Odriozola, en la cama N°. 51 de la sala de San Roque, en el Hospital "Dos de Mayo". Llama á primera vista la atención el gráfico de la temperatura en dicho enfermo. El acusa haber tenido fiebres intermitentes desde los primeros días del mes de julio, pero sólo lo observamos desde el 26 de agosto. Al principio, en el primer setenario, habiendo alcanzado la temperatura 39° 5 experimenta, en seguida, oscilaciones descen- dentes muy regulares, y las ascenciones de la tarde van disminu- yendo un décimo de grado cada día. Vuelve á subir la curva el 2 y 3 de setiembre, se mantiene el 4 en 38° mañana y tarde, baja á 36° al día siguiente. Con tan brusca defervescencia aparece una brusca erupción que por su aspecto simula sudamina, bien visible en las extremi- dades superiores, y desaparece al día siguiente. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 341 A los dos días de la aparición de este exantema, la tempera- tura se eleva á 39°, sigue entre 37 y 38° hasta el 10 y, desde entonces, el tipo de la fiebre se hace casi intermitente, sobre todo el día 16, en que se le inyectó por la vía hipodérmica serum de hayem que tan buenos resultados produce en estot> casos. Siguió asi, alcanzando 40 y 40° 8 en los días 18 y 20. En los dias 23, 24 y 25 las inyecciones hipodérmicas fueron suspendidas y la temperatura bajó á la normal. En esos mismos días fue some- tido á la medicación quínica, y posteriormente con solo tónicos para eliminar cualesquiera causa de error, la temperatura se hizo intermitente, quedando asi hasta la fecha. Ente enfermo, fuera de la erupción en sudámina que desapareció rápidamente no tiene en la piel nada de la erupción verrucosa propiamente dicha. ¿A qué atribuir la irregularidad anotada en el trazo que he- mos seguido? Si los centros térmicos son impresionados distintamente según los individuos, según la fecha de la infección; de tal modo que si esta data de algún tiempo y el organismo está debilitado, la reac- ción se hace apenas y la fiebre será intermitente; por el contrario un organismo vigoroso reaccionando enérgicamente, la fiebre será continua. Eso dejando solo al organismo, pero si se le ayuda por una me- dicación ya antipirética, ya simplemente tónica, la curva será más caprichosa. En nuestro enfermo existen todas esas condiciones enumera- das para variar la curva termométrica. Su organismo se halla bas- tante gastado, y su medicación ya tónica ya antipirética tiene in- dudablemente que ejercer alguna influencia. Estando comprobada la erupción interna de la verruga, qué influencia puede tener en ¡as variaciones termométricas? Los nodulos formados por las verrugas, colocados en cuales- quiera viscera, no sólo deben producir trastornos locales, sino se- gún su importancia deben influir en el conjunto de sus funciones, y en la expresión de dichas alteraciones, la fiebre. Concluida la exposición de las curvas que me han parecido llamar la atención, resumiremos en algunas palabras lo que hay de mas notable durante el 2o periodo ó de fastigium que presenta la enfermedad de Carrion. Desde luego, aceptamos el tipo remitente, como constante en la forma aguda de la enfermedad de Carrion. Es necesario cada vez que el tipo intermitente siga presentándose, buscar si hay alguna relación con la medicación á que se ha sometido al paciente 342 BIBLIOTECA CENTENAR' PERUANA Este periodo de larga / medio, puede presen- tarse aun después de v^ .1, siempre con menor gravedad. Periodo final. de la fiebre de Carrion puede hacerse ya jotable en la temperatura; ya por defervescc ámente por caída brusca hasta la hipotermia. ¿Cual de estas t< íes es mas favorable? Si la temperatura Su ascendiendo y las remisiones son casi nulas el éxito es fatal; asi 10 manifiesta el cuadro que corresponde al 3o de los casos referidos. Si la hipotermia es constante y tenaz la terminación también se observa que es desfavorable; en el cuadro de Carrion el día de su muerte el termómetro marcó 35°8. Si la temperatura cae gradualmente ó si la cifra fisiológica se restablece pronto, coincidiendo con un estado general satisfac- torio es casi seguro un feliz desenlace. Los tres estados que hemos mencionado no se suceden siempre en el orden simple ó inmediato que han sido descritos. Fijándome en la enfermedad aguda de Carrion he hecho concluir el periodo final, tan luego empieza la erupción. Pero propiamente no es así; si verificada la erupción la apirexia se establece, esta es ordinaria- mente interrumpida por accesiones febriles intermitentes que pre- ceden una nueva erupción; ó mas raramente, la fiebre recrudece y afecta un tipo remitente igual al que hemos estudiado en el periodo agudo. Aquellas remitencias ó intermitencias febriles que se presentan en el periodo eruptivo, antes de que llega el periodo de deferves- cencia, constituyen un periodo 4o, que por su irregularidad es un verdadero periodo anfibólico. II Respecto a las relaciones que existe entre la curva térmica y la fiebre de Carrion, he ahí lo mas importante. Como dijimos al principio si la curva no es característica, es indispensable seguirla para darse cuenta de la marcha de la enfermedad. Establecer tales relaciones, aquivaldría el estudio completo de la verruga y nos extralimitaríamos sin provecho, pues las ricas mo- nografías hechas, asi como la que actualmente se escribe, son por la prolijidad y competencia de sus autores, suficientes y exactas. Busquemos los caracteres mas importantes de la evolución BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 343 verrucosa y tratemos de clasil.carlos entre los tipos observados de la temperatura. Al primer periodo (tipo intermitente) corresponden los fenó- menos prodrómicos de la enfermedad. Estos fenómenos son aná- logos á los que acompañan un acceso intermitente palúdico. Asi, de 12 á 2 de la tarde sobreviene un escalofrío intenso, con elevación de la temperatura, y sudores profusos á media noche. Esos accesos reproduciéndose periódicamente, han originado frecuentes erro- res de diagnóstico con el paludismo. La procedencia del enfermo nos proporciona un elemento im portante de diagnóstico. Este periodo preocupa poco á los enfermos, y solamente cuan- do la fiebre se hace diaria ó que los signos de la infección verruco- sa se pronuncian más, es que se ponen en asistencia médica seria. Asi es que el periodo febril de tipo intermitente, corresponde al periodo prodrómico de la enfermedad. Es el tipo remitente el mejor estudiado, y es tal la impresión de un enfermo de esa clase que es raro el caso que pase desaper- cibido en nuestros hospitales. En ese periodo la intoxicación verru- cosa ha hecho más estragos y su acción sobre los órganos hemopo- yéticos es mas manifiesta. El pulso frecuentemente sigue en paralelismo con la tempe- ratura, siempre hay aceleración y esto aun que la hipotermia persista; asi Carrion, el día de su muerte tuvo 35° 8 y su número de pulsaciones se mantuvo entre 180 y 120. La temperatura como hemos dicho, oscila entre 37 y 39° y, cualquiera oscilación mayor, si ella es rápida es fugáz también algún fenómeno concomitante. Si permanece por algunos días, el pronóstico se agrava y se hace fatal. He aqui por que es importante seguir las oscilaciones cuoti- dianas, establecer las relaciones que unen esas oscilaciones á los diversos periodos de la fiebre; ó, en otros términos, lo que es ca- racterístico no es la temperatura en sí misma, si no su marcha, sea en el sido entero de la enfermedad, sea en cada uno de sus estados. No se crea que á semejanza de las fiebres eruptivas, verifica- do el exantema, la curva sufre una declinación inmediata. Es un hecho bien observado que la erupción no es un fenómeno crítico. Recuerdo mucho un caso de un enfermo que conducido al hospital presentaba una abundante erupción, y eso no obstó para que la fiebre recrudeciese y tomando el tipo remitente se presen- tase con todo el cortejo de la forma aguda de Carrion. 344 BIBLIOTECA CENTE^ NA PERUANA La temperatura os' 5 durante 25 días, hasta que con la deferves' ;va erupción. Con el periodr. js ocupando,coinciden los fe- nómenos mas irr rmedad, los mismos que por su duración pom ta vida del enfermo. Si nos ' ¿ signos más resaltantes de este pe- riodo, bir lo también anemizante. El a - r ' j de Carrión, hecho el día 17° de su en- fermedad n i reducido número de 1.080.000 glóbulos rojos. En el 3o de , enfermos, cuya observación hemos hecho, el examen de la sangre de 26 %, mas ó menos 1.200.000 glóbulos rojos. En último de los casos referidos, cuyo examen de la sangre hizo también el Dr. Velasquez, se encontró 35 % de hemoglobina con el cromo citómetro de Bizzozero y 1,600.000 glóbulos. A este periodo corresponden muchos otros síntomas, aparte de los que obligadamente forman el cortejo de toda fiebre: las afec- ciones particulares sobre ciertas visceras (hígado, bazo, cerebro, pulmones, &.) que se traducen por otros tantos signos que deben fijar la atención del clínico y constituyen los grandes tormentos del paciente. Estudiar detalladamente esas alteraciones y manifestaciones sintomáticas está fuera de mi objeto, sigamos la curva termomé- trica en relación con algunos fenómenos sintomáticos. La temperatura continúa sus oscilaciones mas ó menos regu- lares, y si algún cambio brusco sobreviene, entonces algún fenómeno concomitante aparece. Asi vemos que la erupción va precedida ordinariamente, sobre todo si ha de ser abundante, de ascenciones térmicas bastante marcadas, para desaparecer una vez el golpe eruptivo realizado. La relación entre dichos cambios térmicos y la erupción, pue- de observarse en el caso 2o que hemos referido. La erupción polimorfa que tuvo, no apareció clandestinamen- te. Después de la verruga mular, vino nueva fiebre, malestar ge- neral y concluye por una erupción miliar confluente ^ue prolongó considerablemente la duración de la enfermedad. Llegamos asi al periodo terminal. Junto con este periodo, según la marcha de la temperatura, asi se observan sintomas que nos mantienen en guardia ó nos dan la seguridad del éxito. Una caída por debajo de la normal y resistiéndose a alcanzar la cifra fisiológica, nos hará temer funestas consecuencias. Lo mismo puede decirse si la temperatura habiendo aumenta- BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 345 do. se mantiene con oscilaciones pequeñas. De ambos casos teñe-' mos ejemplos en los ya citados. La historia de Carrión nos hact observar el dia mismo de su muerte, 35° 8 á las 12 del día, con lio oulsaciones y verdadero colapso. ' up En el enfermo del 3er. caso la temperatura subió en los dos últimos setenarios, y creció todavía á mas de 40" dos días antes de su muerte. rn Si el fin ha de ser favorable al enfermo, la temperatura des- ciende hasta la fisiológica, ó se mantiene temporalmente fuerá de ella. .alnsni Con este periodo coincide la erupción y durante esta la tempe* ratura sufre cambios que pueden compararse ya al tipo intermi- tente, y que hemos denominado periodo anfibólico. - b En resumen, considerados los tipos de la fibre en los estados del ciclo térmico en relación con los síntomas de la enfermedad, puede distribuirse así: : c i '.jnjushn ler. periodo - De tipo intermitente, periodo prodrómico ó pseudo palúdico. 2° - Periodo remitente, periodo anemizante y de alteraciones viscerales notables. . . 3° ■- Periodo final de la forma aguda en la enfermedad dé Carrión, con reagravación ó mejoramiento notable. Crítico eríd sentido de que en este periodo se puede dar un pronóstico decisivo. 4° -- Periodo anfibólico, periodo eruptivo, el mas largo-de to^-1 dos y el mas irregular, según la clase y la abundancia de la erupcióíi.' or: f ¡ai: s ouvis '.eob b-. neis i.\ ul .ssirl ab oibnol orí v ovsis as III cabrio ecsrn eov.LO éeoibioib erd .esbd ermoins sb cqmg nu ¿rjPar<a terminar, i veamos que comparación, cabe entre la fiebré que nos ocupa y otrasí.cuyas curvas son ya^conocidas, siempre bajo el. puntp de-jvist.ajgpáfico. ■ r-jónooct r¡oo v o /.-■ > Con el paludismo, la curva ofrece grandes semejanzas, ya sea en su forma inteimitente ó remitente, hasta el extremo que muchas vece&: se. ha hecho un diagnóstico erróneo. Si se trata del paludismo en la forma intermitente, hay que tener t.n, consideración datos anamnésicos muy importantes. La procedencia, como se sabe, ocupa el primer lugar. Los estudios de bacteriología sería decesivos y por eso anhelamos que la serie de investigaciones encaminadas ese fin sean coronadas por el mejor éxito. S el paludismo reviste su forma continua, se notan también remisiones; pero tal vez no sean tan regulares como en la fiebre 346 BIBLIOTECA CENTF -NA PERUANA de Carrión. Tienen luga i la tarde ó pueden com- pletamente faltar. El modo de def estante en el paludismo: es brusca, crítica, sob ¿os que han sido sometidos á quinina. En la enfe :i lo que hay de característico es el tipo interm.it o siempre al remitente y este bien marcado en la ma? casos. Este periodo que corresponde al fastigium, no siemt reda puramente remitente sino puede sufrir elevaciones térmica considerables, ya sea brusca ó gradual- mente, originando un fastigium de vértices en el primer caso; un fastigium de oscilaciones ascendentes, en el segundo. La declinación, ya la hemos manifestado en sus diversos modos de realizarse. Una defervescencia rápida, semejante á la del palu- dismo viene casi siempre acompañada de su mentís, la erupción. Finalmente, la duración de la verruga es muy larga y no es influenciada por las sales quínicas. Veamos lo que pasa en las fiebres eruptivas. El ciclo térmico de estas enfermedades ofrece particularidades que permiten diferenciarlo del que sigue la verruga. O bien el trazo sufre defervescencias bruscas, críticas, ó bien se mantiene durante la fase que va sin sufrir grandes variaciones. En todo caso su dura- ción es determinada y su marcha cíclica. Ya hemos dicho que en la enfermedad de Carrión la erupción no es un fenómeno crítico y si es cierto que se acompaña de caída en el trazo en su declinación no es difinitiva. El ascenso de la curva es grave y no tendió de larga duración y su desfervecencia no crítica. Entre un grupo de enfermedades, las tifoídicas cuyos trazos muy regulares pueden confundirse con el de la verruga peruana. En la fiebre de cuya ascención, el fastigium y declinación siguen una curva constante y corresponden á los setenarios que dura la evolución regular de dicha enfermedad. En el tifus exantemático, la temperatura se eleva brusca- mente, y en este estado la tendencia á la continuidad es mani- fiesta y su decadencia es brusca. En el tifus recurrente, la asención, la duración determinada de la gravedad de la apirexia, así como la recaída, no dan lugar á errores de verruga, cuya curva, si tiene verdaderas recaídas, no es tan regular su evolución en un lapso de tiempo fijo. BIBLIOTECA CENTENARIO DE MEDICINA PERUANA 347 Por lo expuesto he terminado el plan que ofrecí desarrollar en mis relaciones sobre la marcha ermométrica de la enfermedad de Carrión. No dudo que habré incurrido e. interpretaciones falsas ü ho- misiones, por los cuales solo culparéis $ mi deficiencia. En todo caso, impulsado por los n. ■'mos sentimientos que animan á mis consocios no he evadido mi modesto óbolo al con- memorarse una de las efemérides mas brillantes de nuestra So- ciedad. FIN INDICE z'_ -i '■ ■' • PAG. '' *1*1 ' '• ---- Introducción í . : 1 5. Doctor Tomas . Salazar . . ¡\ i\ cy. i r. ... J. .... 7. 'lHistoria de las verrugas j 12. Doctor Armando Velez ... 25. •'lDe las berrugas f. . 1. . .■?•.-. . 27. Doctor Enrique C. Basadre *.l . . . . . . . 31. Verrugas ; .< . r. 33 . Doctor Nicanor Pancorvo 39. .Fiebre de la Oroya ^-.7. 40. ^Sociedad de Medicina de Lima ... 47. Doctor Enrique Mestanza 51. Fiebre de la Oroya ó de Verruga '. . .'j1 52. Daniel A. Carrión 55. Doctor Leónidas Avendaño 57. Daniel A . Carrión. . . .: 64. La verruga 72. Doctor David Matto 87. Discurso 90. Doctor Mariano Alcedan 97. Enfermedad de Carrión 99. Doctor José A. de los Ríos 133. Las aguas de verrugas 135. Doctor Mariano L. Urquieta 141. Daniel A. Carrión 142. Doctor Casimiro Medina 147. Homenaje a Carrión 148. Doctor Ricardo Quiroga y Mena 157. Verruga cerebral 158. Doctor Julián Arce . 169 Fiebre de la Oroya ..-A 175. PAG. Doctor Pablo Patrón ... 215. De la verruga de los c» . 1 iO . 217. Doctor Manuel Iruj' 223. Palabras 224. Doctor Alfredo ' 225. Un caso de v ruga 227. Doctor Damas ' 229. Verruga perua ¿d de Carrión 230. Doctor Francisco a... 250. Un caso de verru; 254. Doctor Max. González Olaechea 259. Un caso de verruga infecciosa visceral 261 . Contribución a la terapéutica de la fiebre verrucosa aguda 264 Contribución a la terapéutica de la fiebre verrucosa a- guda o fiebre de la Oroya 271. Doctor Eduardo Bello 273. Verruga peruana 275. Un caso de verruga meningea 278. Doctor Ernesto Odriozola 281 . La erupción en la enfermedad de Carrión 291 . Doctor Juan C. Castillo 295. Verruga peruana 297. Doctor Esteban Campodonico 327. Caso interesante de verruga peiuana ó verruga infec- ciosa , 329. Doctor Pablo Mimbela 333. La curva térmica de la enfermedad de Carrión 335. SanniadLjÚa^ -SS241 ESTA OBRA TERMINO DE IMPRIMIRSE EL NUEVE EE DICIEMBRE DE MIL NOVECIENTOS VEINTISEIS