ESTUDIO SOBRE LA HISTORIA DE LA MEDICINA EN LA REPUBLICA DE COLOMBIA DESDE EL DESCUBRIMIENTO HASTA NUESTROS DIAS í Trabajo encomendado por la Comisión Organizadora del 6? Congreso Médico Latino-Americano al Dr. RICARDO GUTIERREZ LEE •H Delegado por el Gobierno de la República de Colombia HABANA Imp. "ECHEMENDIA", de F. Verdugo San Ignacio No. 26 1922 ESTUDIO SOBRE LA HISTORIA DE LA MEDICINA EN LA REPUBLICA DE COLOMBIA. DESDE EL DESCUBRIMIENTO HASTA NUESTROS DIAS. Trabajo encomendado por la Comisión Organizadora del 6o Con- greso Médico Latino-Americano, al Dr. Ricardo Gutiérrez Lee, Delegado por el Gobierno de la República de Colombia. I Noticias Histórico-Geográficas. La región que hoy se llama República de Colombia, que desde el descubrimiento de la América hasta nuestros días ocu- pa puesto preferente, pues habitada esa región por los indios Chibchas, llamados por los Conquistadores, Muiscas o Moscas, por el inmenso número de ellos que se defendieron hasta pere- cer en mérito de ser conquistados con la crueldad propia de la Humanidad, pups en estos tiempos recibimos las mismas impre- siones de la muerte, por las guerras ya civiles como internacio- nales, nada tiene, que en esa época las crueldades de los con- quistadores fueran refinadas. Así, pues, los españoles establecieron su dominación y en el año de 1732 a 40, fué erigido en Virreinato, llamado NUEVO REINO DE GRANADA Y SANTA FE, cuya capital fué San- ta Fe. Más de tres siglos estuvo España en posesión de esa rica comarca hasta que el día 20 de Julio de 1810, dió el grito de Independencia, ayudándose mutua y fraternalmente los habi- tantes de la Capitanía General de Venezuela, logrando así afian- zar después de largos y cruentos sacrificios la emancipación, ce- lebrándose el Congreso General de Cúcuta que dió nacimiento y Constitución a la Gran República de Colombia. 3 En 1831, se dividió en tres fragmentes: la Capitanía Gene- ral de Venezuela; la presidencia de Quito y el Virreinato de Nueva Granada, erigiéndose en tres Repúblicas independientes, tomando ésta última el nombre de República Unitaria de la Nue- va Granada, que duró 36 añes. En 1861, se dividió en Estados Soberanos y tomó el nombre de Estados Unidos de Colombia, pero desde el año 1886, volvió de nuevo al régimen unitario formado por los Departamentos actuales. El número de habitantes es hoy de seis millones y medio. Su superficie de un millón doscientos mil quinientos kilómetros cuadrados, limitándose con el Atlántico y el Pacífico, con una costa de 1,500 km. utilizable para que una población útil la ocu- para. Posee todos los climas: desde el fría de Siberia hasta el ca- lor de Bengala, siempre en primavera perpetua y sólo se cono- cen la estación húmeda y la seca que es el verano. El suelo es de una fertilidad asombrosa y el subsuelo es tan rico que existe el platino, el oro, la plata, las esmeraldas, el co- bre, el plomo, el hierro, el mercurio, el antimonio, abunda el pe- tróleo y el carbón mineral, el feldespato, betún asfalto, el azufre nativo y la sílice, y para hacer conocer su inmensa riqueza en un golpe de vista, me he preguntado varias veces ¿qué harían los habitantes de esas regiones distantes trescientas veinte leguas del mar, o más, sin los medios de conseguir la sal para satisfacer la necesidad primera, con su uso ? Pues bien: la Naturaleza dió a esa región 30 kilómetros de cuadrados de sal Gemrna o cloruro de sodio, que antes de la conquista los indios utilizaban y hoy continúan utilizándola los habitantes del interior y hasta como renta del Gobierno. * * * Hemos descrito esas condiciones histórico-geográficas para que haya un conocimiento exacto o a lo menos se tenga en cuen- ta la verdadera situación de ese territorio seleccionado por la Naturaleza y com ose .trata del movimiento histórico de la Me- dicina, hemos creído oportuno también someter a la considera- ción del lector, el actual estado de la Instrucción Pública toma- do del informe del Ministerio de Instrucción Pública al Congre- so, del año actual. • 4 Posee la nación 5,249 establecimientos de Instrucción Pri- maria 283 establecimientos de Instrucción Secundaria, 10 esta- blecimientos de Instrucción Profesional, 2 establecimientos de Instrucción Artística, y en resumen: funcionan 5,549 con 400,000 estudiantes. II • í La primera expedición que descubrió la América, mandada por Cristóbal Colón, salió de Palos, en Andalucía, el día martes ■3 de Agosto de 1492, compuesta de tres veleros y el doce de Oc- tubre del mismo año, arribó este hombre extraordinario a la isla que los indios naturales de ella lamaban Guanahaní y que Colón llamó San Salvador, una de las Lucayas. Hábiles marineros formaban la tripulación y el nombre del médico García Fernández, fué el único Profesor de Medicina que figura en la Historia de sus viajes. Cristóbal Colón en su cuarto viaje y en 1498, descubrió las costas del territorio que hoy se llam aColombia y el 2 de No- viembre de 1502 completó ese reconocimiento hasta Chagres y Bahía de Limones, buscando la comunicación con el Océano Pa- cífico. Los Conquistadores Españoles, atraídos por las riquezas, invadieron su territorio y Alonso Ojeda se presentó el año 1499 y Juan de la Cosa en 1510, conquistando parte del territorio de les hoy departamentos de Magdalena y Bolívar. El 21 de Junio de 1525, el Adelantado Rodrigo Bastida, habilitado por dos bu- ques que le dió el Emperador Carlos V, reconoció las bocas del río Magdalena hasta Santa Marta y Cabo Agujas. En 1533, Pedro Heredia arribó a Calamar y fundó a Car- tagena y ayudado por Alfonso Heredia y Francisco César ter- minó la conquista de ese territorio. Francisco Benalcázar, Te- niente de Pizarro y separado de esas fuerzas sojuzgó las tribus ■que habitaban en el actual Departamento del Cauca en el sur. Ambrosio Alfinger (alemán) en la misma época, conquistó la parte del hoy Departamento de Santander, dejando páginas san- grientas y demostraciones de crueldad como lo sdemás conquis- tadores. Francisco César, Juan Vadillo y Jorge Robledo, hicie- ron su aparición conquistando la parte que es hoy departamen- to de Antioquía encontrando riquezas imponderables de oro, que 5 los indígenas conocían y haciendo uso de los crisoles, pero hasta el día 6 de abril del año 1536 la expedición mandada por Gonza- lo Jiménez de Quesada, salió de Santa Marta, compuesta de se- tecientos cinco hombres, dispuestos a conquistar las regiones del río Magdalena. Poco tiempo después, Quesada se enfermó y con un gran número de los acompañantes dispuso que los enfermos regresaran a Santa Marta a las órdenes de D. Juan Gallego, pues la expedición carecía de auxilios médicos y sanitarios y con tal motivo ésta quedó reducida a ciento sesenta y seis indi- viduos, con los cuales llegó a la sabana de Punza, fundando allí la ciudad de Santa Fe ell día 6 de agosto de 1538. La ciudad naciente, completa y formada por soldados per- tenecientes a las expediciones de Benalcázar, y Frederman, ca- recieron de servicios médicos y sanitarios, por lo menos cuaren- ta años después de la fundación de la ciudad. En 1563 los frai- les dominicos solicitaron de la Corte licencia para establecer en su convento una Universidad Pública con autorización para con- ferir títulos y grados académicos, proposición apoyada por don Andrés Díaz de Leiva, Gobernador del Nuevo Reino con el títu- lo de Presidente. En ese mismo año, 11 de abril, fué nombrado primer arzo- bispo de Santa Fe Fray Juan de los Barrios, que construyó la primera catedral y fundó el Hospital de San Pedro. Felipe II concedió la licencia en diciembre de 1595 para que los religio- sos de las órdenes de San Juan de Dios fundaran Hospitales, Asilos y años después Felipe III, ordenó la entrega del Hospital a la Orden de San Juan de Dios que debía cuidar los enfermos y administrar las rentas. En el año de 1566 apareció por prime- ra vez en Santa Fe la epidemia de viruela e hizo los mayores es- tragos en la raza indígena, desolando poblaciones florecientes en todo el territorio de la colonia. En 1587 otra vez el contagio de la viruela con mayo rintensidad que destruyó el noventa por ciento de los habitantes sobre todo indígenas en los tres años de su duración. Puede decirse que en toda esa época no existieron elementos cintíficos en el país, sino curanderos ,los más autoriza- dos hasta para dedicarsee a la cirugía menor. Por el año 1579 el Profesor Médico español Alvaro Auñol, fué el primero, que, graduado, ejerció por muchos años en la capital, Santa Fe, ocu- pando dignamente el puesto distinguido, con todas las clases so- 6 cíales. En ese mismo año falleció en la ciudad de Mariquita del mal de la lepra o elefntiasis de los griegos, el conquistador y fundador de la ciudad de Santa Fe Gonzalo Jiménez de Quesa- da. Se consideró como el primer caso de lepra presentado en la colonia, aunque en las memorias para la Historia de. la Nueva Granada, el doctor Plaza afirma que el primer caso de lepra ocu- rrió en 1664 en la persona del presbítero Diego Santibáñez Bro- chero y que dicha enfermedad era desconocida por los indios, siendo ésta la viruela y la sífilis de importación europea. El Ar- zobispo Bartolomé Lobo Guerrero obtuvo autorización real pa- ra fundar el colegio de San Bartolomé en 1592 que reemplazó al Seminario fundado en 1590. En dicho establecimiento se hicie- ron estudios médicos y varones ilustrés salieron de sus claustros. Los Jesuítas en 30 de diciembre de 1602 obtuvieron permiso pa- ra fundar otro colegio que fué erigido en Universidad, en 1604, y además se hicieron cargo del colegio de San Bartolomé, que- dando la enseñanza a su cuidado. El Papa Paulo V, en el año 1619, concedió al Convento de Santo Domingo, privilegio para conceder grados académicos en el nuevo Reino de Granada. Sufrió en esa época el país, sobre todo la capital, una epide- mia contagiosa que se llamó el "tabardillo", asolando poblacio- nes y regiones y en esa época murieron de ella el Arzobispo Ber- nardo Almansa, 85 clérigos religiosos, dos Alcaldes, cuatro Regi- dores y muchos nobles y plebeyos, así como los esclavos indios y mulatos cuya mortalidad fué extraordinaria. Los Jesuítas fueron en esa época los que prestaron servi- cios sanitarios y científicos y eran dueños de la única botica que existía. En 1639 parece que se reprodujo la misma epidemia, ha- ciendo muchísimas víctimas. En ese año llegó a la capital el doc- tor Diego Henríquez, médico español, con el honorífico título de Profo-Médico y con autorizaciones para graduar a los edu- candos y dar licencias para ejercer profesión, vigilar las farma- cias, practicando visitas y aun cuando tenía además el título de Catedrático en Medicina del Convento de Santo Domingo no dictó ningún curso y las funciones de Proto-Médico se redujeron a permitir a algunos curanderos, su ejercicio. En 1640 Fray Cristóbal Torres, Arzobispo, solicitó permiso para fundar un plantel de educación, a su costa, bajo el nom- bre de "Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario", cuya 7 acta de fundación y copia, conservamos en nuestro poder. Se- crearen las cátedras de Filosofía, Jurisprudencia y Medicina y fué en ese plantel en donde se dieron las primeras lecciones de- medicina en la Colonia, que principió a funcionar en 1651. Nueva epidemia llamada por los historiadores en esa época "peste que duró hasta 1688 causando numerosas víctimas; la absoluta falta de profesores médicos que no concurrieron a la marcha de la Conquista en los primeros años del dominio espa- ñol, las epidemias de viruelas, tabardillo y peste, la primera muerte de lepra griega, la llegada del primer médico creando el proto-medicato, la fundación del Hospital de San Pedro y de los. eolegios de San Bartolomé y del Rosario y de la Universidad to- mística del Convento de Santo Domingo y la primera botica,, fueren les más notables sucesos que tuvieron lugar para la His- toria de la Medicina en Colombia en los ciento sesenta y dos años- que siguieron de su fundación en 1538 a 1700. Por tercera vez en la ciudad de Santa Fe se presentó el azo te de la viruela, la que duró varios años e hizo en la ciudad y en sus alrededores siete mil víctimas, La plaza de protomédico vacante por la muerte del doctor don Diego Henríquez, fué ocu- pada por nombramiento del virrey Solís en 1758 a don Vicente Ramón Cancino, persona de excelentes condiciones, pero que só- lo tenía conocimientos médicos empíricos, les que para dar cum- plimiento a su cargo, dictó lecciones sin orden, método ni cons- tancia, pero sus discípulos aprovechados, coincidiendo con esto la llegada del sabio naturalista José Celestino Mutis, que acaba- ba de venir como médico del virrey don Pedro Mesa de la Cerda y cuya labor hizo ilustre su nombre por sus estudios y publica- ciones científicas asistieron a las lecciones prácticas de dicho sabio. El protomédico le concedió licencia de acuerdo con el Ca- bildo para el ejercicio profesional de Médico al doctor Juan José Cortés, francés, y profesor de la Facultad de Mompelier, primer médico extranjero que ejerció en Medellín en 1746. En 1763 se abrió la primea botica pública, propiedad del Convento de Predicadores y servida por los miembros de la Co- munidad. El Protomédico Román Cancino falleció en 1765 a los siete años de haber prestado sus servicios, y el doctor Cortés solicitó 8 del virrey y obtuvo el nombramiento para reemplazarle, obli- gándose a recibirse en la Universidad tomística para cumplir los Reglamentos; entre tanto crecían dificultades entre los ele- mentos afines que aspiraban a las plazas, por esto el doctor Cor- tés abandonó el país en 1767 y el doctor Sebastián López Ruiz, natural de Panamá y profesor de la Universidad de Lima se es- tableció en la capital, en donde sólo algunos curanderos con per- miso, ejercían, y el doctor Mutis era el encargado de la asisten- cia de los enfermes y con la existencia de dos boticas públicas. En 1768 el doctor Juan B. de Vargas, discípulo de la Uni- versidad Tomística abrió el curso de Prima de Medicina en el Colegio del Rosario, y careciendo de la debida preparación, al poco tiempo dejó ese trabajo, a pesar de haber sido el primero que obtuvo el diploma en el Nuevo Reino y que falleció poco tiempo después en la capital. En el año de 1776 por encargo del virrey Guirior, el Fiscal don Francisco Antonio Moreno, redactó un nuevo plan de estu- dies y no se modificó la Cátedra de Prima de Medicina, conti- nuándose ésta en los Colegios de San Bartolomé y Rosario. La cuarta epidemia de viruela apareció nuevamente en la capital, extendiéndose en toda la colonia y haciendo numerosas víctimas en el país, que carecía de los elementos curativos, sani- tarios y científicos. El virrey Flores, el año 1782, conocedor de los méritos cien- tíficos y publicaciones del doctor Celestino Mutis, le nombró, con el asentimiento del rey, Director de un Instituto Botánico que estudiase la Naturaleza del país. Fué laboriosa su existen- cia y el Gabinete de Historia Natural de Madrid recibía con fre- cuencia plantas desconocidas bien descritas, gomas, gomo-resi- nas, tintes, maderas, minerales e infinidad de productos recogi- dos por las manos científicas de los componentes de esa Institu- ción. El doctor Mutis, con laboriosidad sin igual, describió, ana- lizó y remitió a Europa el célebre Té de Bogotá. Buscó y reco- gió las cortezas de varias clases de quinas que se encuentran en el territorio colonial; trabajó asimismo en la flora de Bogotá du- rante varios años; estudió y estimó probable la curación de la elefancía de los griegos, enfermedad propagada en esa época de manera alarmante. Se asoció a varios jóvenes inteligentes e ilus- 9 traclcs como Francisco Antonio Zea, que hizo progresos en las ciencias naturales; Jorge Tadeo Lozano; que escribió la fauna cundinamarquesa; Salvador Mutis, José Joaquín Camacho, y Miguel Bonsox, Botánicos distinguidos, formaron parte del Ins- tituto. Enrique Umaña, superior en mineralogía, Francisco Cal- das, el sabio cuyas-obras completas poseemos y otros más que se incoíporaron a la expedición, por causas ajenas a la voluntad del señor Góngora, no pudo plantearse el plan de estudios para la Medicina en la Universidad Tomística, continuando los cole- gies de San Bartolomé y del Rosario con notable deficiencia, pe- ro la decidida voluntad de los educadores favorecía los adelantos que hicieron sus discípulos como más tarde se verá. En 1778 llegó a la capital el doctor Medicina, de Portugal, don Manuel Ignacio Froes de Carbalho, que fué autorizado para el ejercicio de la Profesión y lo nombraron visitador de las Bo- ticas, cargo que no cumplió. En 1792 el Gobierno aprobó varias providencias sobre la venta de Medicinas venenos y formó un catálogo arancelario, para evitar el precio exagerado de las drogas y prohibió a los Médicos formulasen en idioma extraño al país. Grandes fueron los servicios prestados al país por la Ad- ministración del señor Caballero Góngora, que tomó medidas preventivas para evitar la elefancía, ayudó al Hospicio, impulsó la instrucción pública, protegió la expedición botánica y fomen- tó las minas y pudo con las rentas del Arzobispado, remediar los males causados por el terremoto de 1785. En primero de agosto de 1789 tomó posesión del cargo de virrey don José Ezpeleta. Fueron notables los trabajos de la ex- pedición botánica, y Mutis dió a luz varios artículos sobre las quinas en el "Papel Periódico" de la ciudad de Santa Fe de Bo- gotá, el cual fué el primer diario que se publicó en el virreina- to redactado por don Manuel Socorro Rodríguez. En ese mismo tiempo el eco de la Revolución Francesa, de- jó oirse en las Colonias Españolas, y Antonio Nariño tradujo y publicó los Derechos ded Hombre. Las ideas así propagadas se consideraron subversivas y los catedráticos del Colegio de San Bartolomé y del Rosario fueron remitidos a España, en donde fueron absueltos. 10 Con la ausencia de esos y varios Profesores más, el curan- derismo se desarrolló en la Colonia de manera extraordinaria, permitiéndose el ejercicio de sus conocimientos. En 1797 fué reemplazado el virrey por D. Pedro Mendinue- ta. Este dedicó su preferente atención a los Hospitales de Caridad y Militares y ordenó castigar severamente a los que ejercieran la Medicina, Cirugía y la Farmacia sin título legal. Era lamentable el estado de la Medicina en la capital del virreinato y por consiguiente en toda la Colonia se reflejaba la triste situación. La población de 21,000 habitantes, tuvo épocas de no tener sino uno o dos Profesores, acudiendo los enfermos a les curanderos, ya españoles, o indígenas, a ]as parteras o comadronas, y a los barberos que también se aplicaban a recetar las pocas drogas conocidas como el crémor, el nitro fijo, baños fríos, cocimientos, etc., etc. El año de 1800 era deficientísimo el conocimiento científico de la medicina, no sólo en la capital sino en todo el territorio de la Colonia, que estaba invadido por cu- randeros y parteras que ejercían dentro de la ignorancia mayor y los estudios demorados en los Colegios por falta de Profesores, que contribuían con eso a que los estudiantes sufrieran pérdidas de tiempo y las ventajas de su aplicación no dieran resultados. El año de 1801 por Real Cédula se ordenó separar los estu- dies de Medicina y de Cirugía, considerándolos como profesio- nes distintas, pero con igual categoría. En esa misma época apa- recieron casos de viruela, y.ya conocida en Europa la aplicación del virus vacuno, el virrey Mendinueta lo consiguió en placas que recibieron de España y de Filadelfia y los esfuerzos de las autoridades hicieron desaparecer la epidemia. En ese mismo año y para dar cumplimiento a la Real Cédula, se hizo la aper- tura de los estudios de Medicina de acuerdo con las Facultades de España y rigió esto desde diciembre, curso que debía durar ocho años. Cinco de estudio teórico y tres de práctico, de acuer- do con el plan de estudios de la Metrópoli. Los Profesores Ce- lestino Mutis y el Padre La Isla, fueron los ejecutantes.de ese trabajo en que la perseverancia y labor de hacer conocer a las gentes que el vulgo reconocía como prácticos de la ciencia, a personas poco dignas como sólo eran. En el primer curso de 1802 se inscribieron siete jóvenes y el 18 de octubre de 1810 se abrió el curso con tres estudiantes más. 11 En esa épcca fueron asistidos 814 virolientcs, de 1( s cuales mu- rieren 330 y a la vez apareció un folleto titulado "Origen y des- cubrimiento de la vacuna" traducido en Madrid per el doctor Pedro Hernández, y reproducido en Santa Fe. El 30 de noviembre de ese año, solió de la Coruña una ex- pedición organizada por Carlos IV y su Ministro Godoy que te- nía por objeto propagar la vacuna en América. Companíanla va- rios Profesores de Medicina y algunos, niños para conservar el virus trasmitiéndolo de brazo a brazo. La expedición hizo escala en Canarias, Puerto Rico y Caracas y se dividió en dos seccio- nes. La una a cargo del doctor Francisco Javier Balines y la otra por el doctor Salvini y les doctores Grajales y Bolaños, to- caron en Cartagena, territorio de la actual República de Co- lombia; pero en las bocas del río Magdalena sufrieron un nau- fragio, salvándose todos y dedicándose después a vacunar las poblaciones ribereñas y para pasar al interior con la idea de reunirse en Santa Fe, lo que se hizo en 1804. Muchas fueron las disposiciones de la Metrópoli para evitar el abandono en que se hallaban las Facultades de Medicina y Farmacia en toda la América y se acordó establecer Subdelega- ciones de la Junta Gubernativa de Medicina, Cirugía y Farma- cia, de Madrid, que practicase exámenes; pero los acontecimien- tos políticos de 1810, dejaron sin cumplimiento lo dispuesto. En 1804 se abrió el tercer curso de Medicina por el Padre La Isla, dictándose lecciones de Anatomía Práctica y Teórica en el Hospital y en el Colegio del Rosario, Fisiología por Boherave sobre Instituciones Médicas, Patología General y Particular, Doctrina Hipocrática "De Morvis sanitate fuende y método me- dendi", Aforismos de Hipócrates, el Tratado de "aere lacis et aquis", prenotionen preditionen conse. Prenotionen de morvis virginum, de morbis mullierin, de morbis popularibus, de victus ratione in morbis divulneravibus capites. Cuarto año. Veribus medimentorum e Historia Médica, Química de Lavoisier, se pasaba luego al Hospital y se estudia- ban los aforismos de Boherave, de Cognocendis et curabis mor- bis, y varias obras de los sabios de la época y la Memoria de la Facultad de París. Por la Facultad de Cirugía se fijaron las obras de Heister, Gorter, Sidenhan, Hoffman, Morton, Rama- zini y el Diccionario de James. 12 Varios estudiantes y algunos prácticos de los colegios men- cionados solicitaron permiso para asistir a los cursos y fueron admitidos por los Profesores, puesto que eran 10 jóvenes próxi- mos a terminar sus estudios y así el Profesorado se aumentaba para todo el país en esa época. Por rivalidades entre les Conventos y los Colegios donde se instruían a los jóvenes dedicados a las tres profesiones, ocurrían trastornos que retardaban los estudios. A pesar de esto, la pri- mera tesis que se imprimió fué la del joven Joaquín Cajiao, de inflamation et de febribus ingeneri" tesis patologique quas Deo juvante et preside D. D. Michele Isla, Medicine Cátedra Mode- ratori, regio tueri conabitur, Joaquín Cajiado. Astíera liberatun ac juris civilis Baccalareus. El 25 de junio de 1807 falleció el Padre y doctor La Isla, cuyos trabajos perseverantes y útiles en favor de la juventud estudiosa de esa época dejaron nota para devolverle un homena- je de respeto en todos los tiempos, y un recuerdo lleno de grati- tud por sus merecimientos, pues ocupó el cargo de Médico del Hospital el año de 1777, dió la cátedra de Medicina en el Cole- gio del Rosario, por muchos años y a su lado se formó el doctor Gil Tejada, Médico desde 1806 y fué nombrado sucesor del doc- tor Isla en el año de 1807 y confirmado por el Gobierno de la Metrópoli, sobresaliendo entre sus discípulos José Fernández Madrid, Pedro Lasso de la Vega y Manuela Hurtado, José Fé- liz Merizalde, Miguel Ibáñez, Francisco Quijano, José Joaquín García, José Zapata y Benito Ossorio, que como antiguo pasan- te de la Facultad, dictaba las clases bajo la dirección de la Isla y Mutis. Desde el día 8 de marzo de 1805 principió y salió de Santa Fe la expedición de la vacuna, visitando el interior de los hoy departamentos Tolima, Cauca y Cundinamarca, hasta las más re- motas poblaciones del sur. Consta por los documentos y relacio- nes obtenidas que se vacunaron más de cien mil personas y en ■esa época se publicó el Reglamento para la conservación de la vacuna, bajo la vigilancia de una Junta qu ese llamó Principal de Vacuna. En el semanario de la Nueva Granada', Caldas, su Director, escribió una Memoria sobre las serpientes. El 12 de septiembre de 1808 falleció en Santa Fe, el sabio 13 naturalista y matemático José Celestino Mutis y según la ex- presión de Linneo "nomen inmortale quad múllatelas unquam delebit". El señor Mutis era natural de Cádiz (España), nació en 1732, cursó sus estudios en el Colegio de San Fernando, se* graduó en Sevilla, pasó a Madrid y en aquella Corte sirvió co- mo suplente la Cátedra de Anatomía en 1757. Tres años des- pués pasó al Nuevo Reino como Médico del Virrey Mesa de la Cerda, Conde de Casa Flores, se dedicó al estudio de nuestra rica Naturaleza, procurando muestras de los minerales y nue- vas especies vegetales; fué nombrado en 1783 Director de la Ex- pedición Botánica y Astrónomo del Rey. Estableció su residen- cia en Santa Fe. Mutis descubrió las minas de mercurio de Iba- gué, y construyó el Observatorio Astronómico de Bogotá, mag- nífico edificio concluido el 21 de agosto de 1803, único entonces en la América y el más elevado del mundo. Se le nombró, protector y regente de los estudios de Medici- na en 1802 y con la colaboración del doctor La Isla, escribió va- rios estudios sobre la Quinología, que se han publicado en diver- sos periódicos nacionales y extranjeros. Describió la Psichotría liemética ipeca, la wuintera, grenetensis, la Alstonia theformis que da el té de Bogotá, la toluifera y la miroxelum, plantas de donde se extrae el bálsamo de tolú y del Perú. Además, escribió la historia de la planta el Guaco oloba y de la canela de los An- daquíes, trabajó cuarenta años en una grande obra científica de Botánica, La Flora de Bogotá, con descripción de plantas de to- das las temperaturas, con ricos herbarios y más de mil láminas. Fué amigo de Linneo y sostenía correspondencia con ese sabio, haciéndole circular en el mundo científico los trabajos del sabio español, abriéndose las puertas de la Universidad Upsalr de la Academia de Stokolmo. Humbolt y Bonpland le ofrecieron su amistad y a él dedicó Cabanillas sus trabajos científicos "in honorem sapientísimo bo- taniqorum in America, Princeps salutatun debelque etian Ínter primatus europeos collocari". En 1810 las Colonias tenían elementos materiales e intelec- tuales suficientes para emanciparse y en la capital como en las ciudades de las demás provincias coloniales, los hombres más distinguidos e ilustrados deseaban la Independencia. Al sentirse esta situación se disolvió el Instituto de la Ex- 14 ■pedición Botánica, sus miembros abandonaron los pacíficos tra- bajes para prestarse a la Revolución con el contingente de su pluma o de su espada. El huracán revolucionario llevó a los ilus- tres directores al patíbulo y los documentos, pinturas, herbarios ,y minerales recogidos por ellos, se mandaron a los museos de Madrid. Jorge Tadeo Lozano, insertó en el Semanario do la Nueva Granada, trabajos sobre la fauna cundinamarquesa y el doctor Joaquín Camacho escribió una memoria sobre la causa y cura- ción de los cotos "Bocio". El doctor José Fernández Madrid, también escribió sobre el coto y el doctor Gil Tejada hizo un es- tudio importante sobre la curación del mismo. Médicos-y naturalistas prestaron servicios a la causa de la Independencia y desde 1811 a 1824, se encierran hechos glorio- sos en que los grandes hombres de Colombia sostuvieron con los aguerridos ejércitos de España, vencedores en Pavía y Bailón, y vencidos por los patrióticos esfuerzos de todas las clases socia- les, empeñadas en conseguir la emancipación, sacrificándose por sus ideales. Los patriotas Francisco José de Caldas, sabio, ho- nor de su patria y de la América, Joaquín Camacho y Jorge Ta- deo Lozano, catedrático de Ciencias Naturales y Profesores del Colegio de San Bartolomé espiaron en el patíbulo en 1816 su amor por la patria y la libertad. Otros muchos profesores y naturalistas, sufrieron prisiones, vejámenes y destierros de su país natal, por las simpatías que sentían por la Independencia. El joven doctor Félix Merizalde, fundó en 1812 a sus expensas una cátedra en el Colegio de San Bartolomé y la desempeñó personalmente. Las cátedras del Ro- sario también continuaron bajo la Dirección del doctor Benito Osorio; pero los acontecimientos políticos hicieron suspender durante los años de 1813 a 1818, pero en 1819 se volvieron a .abrir. La ciudad de Bogotá sufrió en el año de 1814 una epidemia de coqueluche que hizo muchas víctimas y en 1815 los soldados que habían sitiado a Cartagena, importaron la viruela, produ- ciéndose ésta en todo el recinto de la colonia y haciendo vícti- mas a pesar de haberse usado y remitido el virus vacuno a esas localidades. Los profesores fueron obligados a prestar sus servicios y 15 destinados a los Hospitales Civiles y Militares, y don Pascual Enrile, segundo del pacificador Morillo, confiscó las rentas del Colegio Mayor del Rosario y destinó el edificio a prisión del Es- tado. En el año de 1816, en el mes de noviembre don Domingo Burgos, rector del colegio del Rosario solicitó del nuevo Virrey Montalvo, la devolución de las rentas y edificio, lo que consegui- do, se abrió el siguiente año, de nuevo, el curso de Medicina y el Jefe del Virreinato dispuso que los Facultativos se reunieran en la capital una vez al mes, en la Intendencia de la ciudad para conferenciar sobre Medicina, Cirugía y Farmacia a fin de per- feccionarse en los conocimientos científicos. En 1817 nació la primera Academia de Medicina y aunque duró poco tiempo, los trabajos se reducían a que uno de los miembros hiciera una conferencia sobre un punto de antemano señalado por el Director. Fueron miembros de ella ,Pedro Fer- nández de la Reguera, Director. Y José Joaquín García, Secre- tario, y miembros de ella, José Zapata, Benito Osorio, Félix Me- rizalde, Santos. González, Domingo Hernández, José Manuel Amaya, Mariano Barrios, Agustín Eucátegui y Agustín Silva, los dos últimos hermanos Religiosos de San Juan de Dios. La brillante batalla de Boyacá librada el día 7 de agosto de 1819, selló la independencia del Nuevo Reino de Granada, y por ella terminó la dominación española, sostenida en nues- tro país durante tres siglos. El Libertador Bolívar y el General Francisco de Paula Santander, recompensaron a todos los miem- bros del Cuerpo Médico por los servicios prestados, nombrándo- los profesores y dedicándoles a nuevos y más meritorios traba- jos donde se pudieran desenvolver con mayor auge. En esa época era poca la Biblioteca Médica que existía, se puede citar, la instrucción para curar el dolor de costado y el pulmón, tratamiento para curar las calenturas conocidas por ta- bardillo, cirugía por Acua Pendente, tratado de calentura por Piquer, terapéutica por Alibert, fisiología por Boherave y las obras de Gaster, Hoffman y Sidenany. Con la libertad de introducción de libros científicos no tar- las obras de Andral y de Broussais. De 1820 a 1830, la epidemia de sarampión se desarrolló intensamente, extendiéndose por todo el país y haciendo mu- 16 chas víctimas, ignorándose las medidas sanitarias que se emplea- do en importarse Diccionarios Modernos de Ciencias Médicas y ban para dominarla. Se propagó también en esa misma fecha y de manera alar- mante, el "bocio" y la sífilis, usándose para el primero el trata- miento ceniza de esponja como caramelo, y se hizo uso del aceite de sal y la sal de Anticquía y en cuanto a la sífilis la transportó el cuerpo de ejército procedente de Europa y propagándola igualmente y de una manera abundante. Al organizarse la República el Gobierno prestó preferente atención al fomento de la Instrucción Pública continuando las clases de Medicina, Cirugía y Farmacia en los colegies de San Bartolomé y del Rosario y presentándose a exámenes públicos los estudiantes el año 1822. Los profesores franceses Pedro Pablo Broc y Bernardo Das- te, llegaron a la capital el año 1823 y prestaron su concurso, dan- do clases de Anatomía el primero, y de cirugía el segundo. Algu- nos otros profesores extranjeros también prestaron su concur- so después, entre ellos el doctor Davoren y Dutley. partidarios de las doctrinas de Brown, famoso y audaz antagonista de Brou- ssais, cuyas teorías sustentaban los antiguos profesores. En 1824 llegó a las costas del Atlántico el doctor Man Ri- chard Chayne, profesor inglés, y se estableció en varios puntos de ella. Practicó por primera vez con éxito la talla perineal en la capital. Desde entonces los médicos nacionales, testigos pre- senciales de los adelantos y buenos sucesos de los Profesores ex- tranjeros, se dieron a las prácticas de las operaciones hasta en- tonces desconocidas, con toda actividad, estudio y perseveran- cia, sobresaliendo en eso los jóvenes educados y enseñados en las cátedras que a pesar de los movimientos políticos, se suspen- dían apareciendo éstas con más vigor y respondiendo al deseo de los maestros y al interés y aplicación de los discípulos que de- seaban obtener conocimientos profesionales. Las clases de Ana- tomía General y particular, Fisiología, Higiene, Patología Ge- neral y Particular, Terapéutica, Materia Médica, Clínica Médi- ca y Quirúrgica, Cirugía y Farmacia Práctica, la Obstetricia, Historia y Bibliografía de Ciencias Médicas, Medicina legal, y Anatomía Patológica eran los curses que se enseñaban en la sec- ción Universitaria de Medicina. 17 El día 16- de marzo del mismo año celebró la Facultad de Medicina, en pleno, sesión solemne para festejar su completa organización, llenando desde entonces, los fines para que fué creada. Presentaron trabajes en ella el doctor Joaquín García, memoria que describe el carácter y método curativo de la disen- tería mecánica desconocida hasta hoy en la Historia de la Medi- cina. El doctor Manuel María Quijano, presentó también dos es- tudios científicos, el primero titulado "El Contraveneno de las Víboras" y el segundo sobre la salina de Cipaquirá. El detor Félix Merizalde, presentó memorias sobre la leche del árbol de vaca, y sobre el urao, trabajos de M. Reverant y Boussingoll, coincidiendo esto con un trabajo publicado en la Habana por el doctor José Fernández Madrid sobre el influjo de los climas que fué ventajosamente juzgado por los profeso- res habaneros, incorporándolo en esa fecha a la Real Academia. Por ley de 18 de abril de 1825 se abolió la injusta disposi- ción que impedía a los hijos ilegítimos optar a grados acadé- micos. El Congreso de 1826 por instancias del doctor Manuel Res- trepo, Secretario del Interior, votó una serie de disposiciones prácticas, para transformar la educación viciada con los hábitos coloniales y de ahí surgió la primera escuela universitaria don- de se dictaron los cursos mencionados anteriormente. El doctor Félix Merizalde, presentó un epítome de los ele- mentos de la Higiene y en ellos trataba de la bebida conocida en Colombia por la Chicha, bebida por fermentación del maíz, el guarapo, comparadas con las cervezas inglesas y alemanas y el pulque de México, tan consumido en esta Nación. También se ocupó de varios frutos del país, entre ellos de los arrayanes y en fin, tratando de los placeres del amor, dice que los débiles, convalecientes y enfermos del pecho, deben ser parcos en los pla- ceres y reprimir los movimientos de la carne, pues para ellos el escollo de los placeres del amor, es muy peligroso y por eso ha habido muchas muertes repentinas. En 1830 la Facultad de Medicina, publicó en folleto llama- do "Observaciones sobre la fiebre epidémica que se presentó durante el último cuatrimestre de 1830 y preceptos de Higiene, trabajo encaminado a propagar en el pueblo los principios cien- tíficos sobre la profilaxia, y tratamiento aplicable en las epide- 18 mias. Dicha comisión la formaron los doctores Quijano, Meri- zalde, Osorio, Herrera y Lombana, ocurriendo entonces una nueva epidemia de "croup" que fué dominada por las medidas que se tomaron oportunamente. En 1830, fecha infausta para la República que dió por re- sultado la disolución de la Gran Colombia, ocurriendo el asesi- nato del Gran Mariscal Ayacucho y la muerte del Libertador Simón Bolívar ocurrida el 17 de diciembre, descrita su enfer- medad por su médico de cabecera el doctor Lereveraind, titula- do el folleto "La intima enfermedad, los últimos momentos y funerales de Simón Bolívar, libertador de Colombia, Perú y Bo- livia ' Asimismo falleció en Beauny, cerca de Londres, el 28 de junio de 1830, el doctor José Fernández Madrid, hijo de Carta- gena de Indias, Doctor en Derecho y Medicina, habiéndose dis- tinguido por sus varios empleos en las diversas épocas coloniales y del terror, en la que le fué conmutada la pena de muerte por la de destierro a la Habana, en donde se dió a residir algún tiempo, haciendo conocer sus méritos por sus trabajos sobre los climas, y las fiebres, de cuyo testimonio de mérito la corporación científica Real Sociedad, le extendió el debido Diploma. II Período correspondiente a 1831-1841. Las disposiciones legislativas y los Decretos ejecutivos dic- tados anteriormente no sufrieron modificación alguna con la or- ganización del Gobierno de la República independiente de la Nueva Granada. Varios profesores, Médicos y Farmacéuticos obtuvieron li- cencias para establecer oficinas de Farmacia, quedando sujetas a un Reglamento y a un Arancel de precios, habiendo Comisio- nes de Inspectores para las boticas. En 1832 por excitación del Gobierno Nacional la Facultad de Medicina dictó Reglas y Reglamentos que debían seguirse con las cuarentenas de los buques que tocasen en los puertos a fin de evitar el contagio del cólera morbo que hacía millares de víctimas en Asia y Europa, aprobando esto la Cámara. 19 La elefantiasis que existía en 1832 tan abundante, la Fa- cultad puso en planta los medios concoides para evitar su pro- pagación y con tal destino comisionó a los doctores Quijano y Becerra para fundar un Lazareto en lugar cercano a la Ca- pital. En 1833 la facultad de Medicina excitó al Gobierno a que tomase medidas activas encaminadas a impedir a las personas que no tuviesen títulos o diplomas el ejercicio de la profesión médica y declaró que las autoridades no aceptarían los docu- mentos públicos y certificaciones autorizadas por profesores que no estuviesen revalidados o incorporados a la Facultad y desde entonces se publicó la lista de los Profesores que residían en la Capital, haciendo mención de algunos de otras ciudades perte- necientes a la República que por el escaso número de ellos y re- lativo atraso científico no se había extendido con el éxito de la capital, sobresaliendo en ellos el doctor Isidro Arroyo, que en 1809 hizo una disertación histórica sobre la fiebre amarilla y la epidemia que tuvo lugar en Panamá, su ciudad natal. Por pri- mera vez fueron habilitadas por la Facultad para ejercer la pro- fesión de parteras las señoras Juana Solórzano, Manuela Rodrí- guez e Isabel Cortés, las cuales no podían ejercer más acto pro- fesional que recibir la criatura y cortarle el cordón, disposi- ciones dictadas que evitaron graves males y los consejos de los profesores médicos autorizados, atendidos hoy han mejorado la situación de las parturientes. Fueron numerosas las publicaciones científicas que se hicie- ron de 1831 a 1833. El Gobierno, teniendo noticias de que la Isla de Cuba ha- bía sido invadida por el cólera morbo, advirtió a los Goberna- res de las provincias marítimas la vigilancia que deberían tener los buques que arribasen de las Antillas, sujetándolos a rigurosa cuarentena, y se imprimió el folleto titulado "Introducción Po- pular para preservarse del Contagio del Cólera". Traducido y publicado en Colombia y procedente de la Fa- cultad de París. El doctor Merizalde, publicó en esa época los elementos de Patología y la disertación sobre la elefancía. La Facultad de Medicina publicó a su vez una memoria sobre el tratamiento de la fiebre gástrica, epidemia que reinó hasta 1832. La misma Cor- 20 poración publicó otro tratamiento curativo de la coqueluche. "'El Constitucional", periódico de Cundinamarca, publicó un 'estudio o instrucción para precaverse del cólera, de Clioisset y Petit. El doctor José María Calvo, en 1834 publicó el ensayo ■sobre la curación de la elefancía y una memoria sobre el méto- do curativo del coto. En esa época se creó la oficina de vacunación nacional, repar- tiendo gratuitamente la vacuna y las instrucciones sobre ella. Se creó al mismo tiempo un Hospital de elefanciacos, publicándose también una memoria sobre establecimientos-lazaretos; ade- más, la Facultad de Medicina hizo varios trabajos y se ocu- pó del estudio de la susceptibilidad nerviosa de los habitantes de los climas cálidos. En el año 1834 el Ejecutivo Nacional declaró que la Facul- tad de Medicina no podía tener jurisdicción fuera del Distrito Universitario y dispuso que en Cartagena se estableciese otra Facultad denominada "Del Magdalena y del Istmo" y en defi- nitiva se resolvió a declarar vigente el decreto de enseñanza pu- blica de tres de octubre de 1826 de acuerdo con la ley de 30 de mayo de 1835, Por el artículo 215 en las ciudades que haya escuela de Me- dicina, los Profesores de ella, Médicos, Cirujanos y Farmacéu- ticos, podrán reunirse hasta en número de 15 y no menos de 7 y nombrarse entre sí Directores y Miembros de la Facultad du- rante dos años y un Secretario Perpetuo. Desde esa época los estudios de Medicina de la Facultad Universitaria han llevado una buena marcha. Las cátedras regenteadas por los profesores más acreditados, y es de notarse el civismo y desinterés de esos Profesores que como Merizalde y otros daban conferencias pú- blicas y gratuitas sobre Medicina legal y Osorio sobre Química Orgánica. Bajo la Administración del General José H. López, usando de las autorizaciones del Congreso, decretó la apertura de Cátedras en los establecimientos de educación oficial ya de Medicina, en las Universidades de Popayan, Magdalena e Itsmo. En el año de 1835 las poblaciones de la sabana de Bogotá y en la misma ciudad, hubo una epidemia catarral por la que el Jefe Político reunió a les facultativos que en Junta General redac- taron y publicaron el plan curativo y otra memoria sobre la in- flamación de la pleura y les pulmones. El año 1836 los profeso- 21 res franceses Eugenio Rampon e Hpólito Víllaret, se íncorpo-' raron a la Facultad Central para dedicarse al ejercicio de su profesión. Rampon adquirió fama y merecida reputación y ahora me1- rece esta honrosa mención, pues contribuyó con éxito decisivo a la enseñanza de las ciencias naturales y médicas, en el Labora- torio, en el anfiteatro y en los Hospitales. El día 22 de diciembre del año 1840 ocurrió nuevamente el primer caso de viruela y el contagio se hizo rápido y terrible. La Facultad de Medicina, y las Autoridades desarrollaron sus enérgicas medidas y pudieron atenuar en lo posible la marcha del mal. Se publicó entonces la memoria científica de la vi- ruela redactada por la Facultad. Esa epidemia ocasionó cinco, mil víctimas, pero las personas vacunadas excedieron de diez, mil, III Años 1841 a 50. ua Facultad de Ciencias Médicas creó los cursos de Veteri- naria e Historia y Bibliografía Médica y tanto el Congreso co- mo el Ejecutivo, con frecuencia establecían ventajosas disposi- ciones para la enseñanza, de las ciencias Médicas, Quirúrgicas y Farmacéuticas. Se dictaron en esa poca disposiciones higiénicas sobre el depósito, conducción y sepultura de los cadáveres, so- bre la buena marcha de la oficina de Farmacia y dando a las parteras y sangradores la licencia y título que les correspon- dían. Por aquel tiempo la Facultad de Medicina tenía un cuerpo de Profesores bastante numeroso para la época, calculándose en 180 a 200 en toda la república. Los que pertenecían a la Univer- sidad y Colegio del Rosario y San Bartolomé, y los menos aun- que naturales del país, educados en Europa y revalidados y so- lamente cinco extranjeros revalidados. En mayo de 1850 la in- troducción de medidas democráticas radicales hizo sufrir a la enseñanza perjuicios de consideración, pues declarada libre la enseñanza en todos los ramos, y en las Ciencias y Artes todo era 22 libre y en la República ya no era necesario grado ni título eien- 'tífico para el ejercicio profesional, derogándose las prerrogati- vas de que gozaba la Facultad. Con esto se abrió ancho campo al curanderismo y hasta a la insuficiencia científica. A pesar de la anormal situación, producida por la errónea legislación decretada, la acción conjuntiva de los profesores y alumnos, mantuvieron en cuanto era dable la rigidez anterior a -ese suceso y en el Colegio del Rosario se creó la cátedra de Quí- mica General regenteada por el Profesor Miguel Levy contra- tado por el Gobierno, para que enseñara en la capital tan im- portante curso, utilizando el mejor laboratorio químico introdu- cido en el país, y que duró por algún tiempo, pero que fué des- truido en una de nuestras desastrosas luchas civiles. Después de tantas contrariedades por asuntes políticos, de- bido l la nueva organización y luchas creadas entre los intere- ses dejados por la Colonia y las nuevas manifestaciones de la vida política nacional, numerosas publicaciones médicas se die- ron a luz como la4'Memoria sobre el Cólera" escrita por la co- misión de la Academia de Medicina de Francia y traducida por el doctor Jorge Vargas. Un específico para curar el cólera. El doctor Vargas Reyes publicó su trabajo "disertación sobre el ■cólera asiático". El doctor Merizalde "Método curativo del có- lera asiático o celeste". El doctor Quijano estudió y publicó "El cólera asiático denominado "Morvo". Y el doctor Antorve- za dió a la prensa otro estudio: 4'Observaciones prácticas sobre el cólera". Se publicaron asimismo monografías, sobre el plan profiláxico y curativo de la viruela, por el doctor Joaquín Sar- miento ; tratamiento de las úlceras por la Comisión de la Facul- tad. El doctor José Joaquín García publicó interesante estudio sobre la Elefancía Griega y el doctor José Blag Borne también hizo otro: 44Publicación sobre la elefancía". El doctor Felipe Salas, publicó una exposición sobre la va- cuna y Vargas Reyes la memoria sobre las Quinas de la Nueva Granada. El doctor Vervalen las observaciones sobre la estructura anatómica, fisiológica y patológica de los dientes. En esa época falleció el ilustre sabio doctor Benito Osorio, que desde 1811 prestó sus servicios durante 34 años a los Hospitales civiles, mi- litares, y la humanidad entera de la ciudad y a la ciencia, con 23 sus escritos sobre las úlceras y además las observaciones atmos- féricas. Por los asuntos políticos ya mencionados, los cursos expli- cados en los Colegios sufrieron hasta algunos meses la clausura^ pero las disposiciones cívicas y patrióticas de los maestros, con laudable celo, dictaron lecciones de Medicina en los Colegios ofi- ciales y continuaron en un establecimiento particular , regentea- do por el señor Gutiérrez Célis, llamado Colegio de la Indepen- dencia, en donde se preparaban los jóvenes estudiantes a reci- bir las lecciones que necesitaban para llegar a ultimar su profe- sión. Hasta en las casas particulares generosamente recibían ex- plicaciones suficientes para interesarse en los estudios a que se aplicaban a ellos con tanta decisión. Desde 1851 hasta 1864, se distinguieron por sus conocimientos en el ejercicio de su profe- sión, y debida graduación titular, sesenta y ocho profesores, que daban sus consejos científicos y aliviaban a la humanidad en to- do el territorio nacional. En el año de 1853 el doctor Nicolás Mier, se incorporó al Colegio Real de Cirujanos de Londres, primer colombiano que recibió diploma de Profesor Médico en el extranjero. En el si- guiente año el doctor Rafael Grau se incorporó a la Facultad de Medicina de París. Fué interno de los Hospitales y obtuvo su cargo por concurso, y fué nombrado miembro de la Sociedad Anatómica de París. El doctor Joaquín Calvo y el doctor Joaquín Bengochea, presentó éste último una tesis sobre el ft-atamiento de los quistes ováricos y obtuvo la reválida. En 1863 el doctor Rafael Rocha Castilla, recibido en la Escuela de Medicina de París, escribió la tesis sobre los abscesos del hígado, y ocupó alto puesto en el Cuerpo Médico de la capital. Nombrado catedrático dictó leccio- nes de Anatomía descriptiva, de medicina operatoria, de patolo- gía externa, y en la Revista Médica de Bogotá y en la Gaceta Médica, publicó varios artículos científicos, entre ellos la pará- lisis asténica y difusa de los convalecientes. Etiología de las fiebres intermitentes y remitentes pernicio- sas del río Magdalena. En 1867 hizo parte de la Comisión nombrada para la con- servación del virus vacuno y vacunar gratuitamente a toda la población. 24 En ese mismo año falleció el doctor Manuel María Quijano, que prestó sus servicios a la causa de la independencia sufrien- do prisiones y penalidades, que no le privaron para que escri- biera sobre Higiene, Botánica, Mineralogía y Medicina. Sus es- tudios sobre la elefancía, ya mencionados, cólera morvo, contra- veneno, cultivo del tabaco, trigo, pimienta, espárrafos, dividivi, cuicliauchillo, zapote y además sobre los climas, vacunas, jabo- bones, aguas minerales, salinas, minas, lazaretos y gusanos de se- da en Casanare. En 1851 el doctor Pereira publicó el Compendio de Fism1 gía Humana, e hizo otra publicación sobre la Hidroterapia. Dos años después el célebre botánico doctor Triana publicó un inte- resante trabajo sobre nuevos géneros y especies de plantas y aparecieren además las operaciones practicadas quirúrgicamen- te, por les jóvenes doctores Uribe y Sánchez Fajardo. En 1858 el trabajo rendido por el doctor Quijano se dió a luz "Historia abreviada del Hibiscus Abelmoscus, datura arbó- rea, cedrón, agrass, zapote, y malambo como contraveneno. El doctor Parra hizo su primer trabajo sobre la naturale- za, asiento y curabilidad de la elefancía. El 1858 aparecieron copilados por el doctor Pereira Gam- ba los trabajes científicos generales del doctor Vargas Reyes, conjunto de estudies médicos, observaciones médicas y quirúrgi- cas, y el doctor Valcazar Amador, publicó la exposición sobre la curación de la elefancía. En 1860 a 63, se publicó una memoria sobre la historia del Estudio de la Botánica, interesante trabajo del doctor Florenti- no Vega. El doctor Riera publicó una memoria sobre la esteri- lidad de ambos sexos, y las enfermedades de las mujeres y el doctor Peregrino San Miguel, publicó las teorías de Homeopa- tía de Hanmann y el doctor Madiedo el Tratado Médico Ho- meopático. Los esfuerzos de los hombres de ciencia, no es posible olvi- darlos aun cuando éstos no hayan correspondido a los deseos de los iniciadores. El doctor San Miguel fué maestro de esa rama científica y desde 1835 recetó, propagó las doctrinas hamnianas, entonces desconocidas en el país, e hizo todos los esfuerzos, pres- tando libros, dando lecciones; así formó algunos profesores que han continuado debidamente el trabajo sobre esa materia pu- 25 blicando el periódico "La Homeopatía' 'que fué fundado y pu- blicado mensualmente. Algunos profesores alópatas se aproximaron con dedicación formando un Instituto que alcanzó entre les de la ciudad y pro- vincias, el número de cuarenta y siete, dando lugar a la publi- cación de los Anales de Homeopatía y aun continúan ejerciendo les profesores, con fervor a la especialidad a que se han dedi- cado. El doctor Parra publicó con el nombre de 11 Ensayo sobre el Saará de Moisés" y otro sobre la lepra, que se consideraron co- mo interesantes, y por ese año, invadió una epidemia de cólera, gran parte de la vecina república de Venezuela. El Gobierno nombró una comisión conjunta de Sanidad que se encargó de tomar las medidas profilácticas para evitar la propagación del horrible mal. Los notables profesores que la formaron cumplieron con sus deberes y esto dejó satisfechos los deseos del Gobierno, evi- tándose así la calamidad designada. Una nueva epidemia de viruela menos intensa que las an- teriores, sobrevino, por el virus vacuno que se usaba y aun cuando algún tiempo abandonada la vacunación se nombró una comisión denominada "Central de Propagación de la Vacu- na" con un Reglamento, haciéndolo cumplir ciudadanos nota- bles y profesores distinguidos, desvaneciéndose con esto lo que en anteriores brotes epidémicos causaban numerosas víctimas. Las oficinas de Farmacia que existían en corto número, y carecían la mayor parte de ellas de los elementos más necesa- rios, fueron creciendo en el ambiente de la República, y sus ade- lantos en todas las esferas, hasta en la de la guerra, que se uti- lizaba para darle crecimiento a esa rama del saber, a las farma- cias que con lujo, belleza y grandes depósitos de drogas, aumen- taron en la nación y se derramaron en las diversas ciudades de las provincias y pueblos, satisfaciendo así las necesidades sani- tarias, pues antes tenían que subsistir sin remedios. Es de notarse que los sucesos políticos ocurridos en las di- versas fechas, trastornaban la marcha regular y suspendían los cursos que se daban, pero la solidaridad profesional de los nota- bles y generosos profesores de esa época hacían estimular a la juventud que también se prestaba a obtener con su aplicación y constancia y labor el fruto de sus trabajos. 26 Era el año de 1874 y apareció una nueva epidemia de tifus que se dominó con las medidas sanitarias tomadas oportunamen- te, ocurriendo defunciones en los Hospitales de la Ciudad, y li- mitándose a ella sola. En los años de 1865 a 67, el doctor Antonio Vargas Reyes, deseando contribuir como patriota y evitar que los estudios de medicina continuasen así, y con los prestigios antiguos de su profesión y de sus relaciones y éxitos, reunió a los médicos más notables de la capital para que cooperasen a la creación de un instituto científico de carácter privado, para dar enseñanzas de Medicina, bien organizadas, facilitando de ese modo la forma- ción de profesores idóneos. La buena voluntad con que accedie- ron todos para la difícil tarea emprendida, se realizó, formando un consejo especial de profesores que fueron electos: Vargas Reyes, Sarmiento y Medina, llenando éste último las funciones de Tesorero Secretario. Apareció como órgano oficial de la Es- cuela "La Gaceta Médica", que reemplazó a la "Gaceta Médica de Colombia", y el redactor de "La Lanceta", doctor Vargas Vega, también tomó parte en la redacción de ese periódico. La Escuela se inauguró y principió a funcionar el día pri- mero de febrero de 1865 con más de veinte alumnos inscriptos, entre ellos estaba matriculado el que suscribe y con las clases de Botánica, Química, Zoología y Anatomía; y en el Colegio del Rosario se enseñaba la Patología Interna y la Obstetricia. Se montó nuevamente el anfiteatro y un laboratorio quími- co y el Colegio de la independencia se anexó a la escuela y por un contrato se unió al Hospital de Caridad. Todos los profesores prestaron su apoyo a la escuela y el Consejo otorgó grados a varios estudiantes que con anterioridad habían practicado sus estudios y se prestaron a los exámenes requeridos, graduándose seis jóvenes, entre ellos Gabriel J. Castañeda, que hizo sus es- tudios en Bogotá, fué practicante en el Hospital y en las Clíni- cas de varios doctores presentando una tesis sobre la muerte aparente, y prestando servicios como Secretario de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bogotá y en 1881, recibió el nombramiento de Catedrático de Patología e Higiene de la Infancia en la Universidad Nacional. Prosperaban los estudios de la escuela de Medicina, de ma- nera notable, pero habiendo expedido la Gobernación de Cundí- 27 namarca, un decreto para organizar de nuevo les estudios en el Colegio de San Bartolomé, alteraba el dominio que el Consejo de la Escuela tenía sobre el Hospital, por lo que se protestó y hasta se pretendió disolver la Escuela y suspender la Enseñan- za. Afortunadamente el Gobierno nacional, excitó al Consejo de la Escuela para que de acuerdo con el poder Ejecutivo se en- tendieran en la organización de una Escuela de Medicina Uni- versitaria, y desde entonces se pensó seriamente en la organiza- ción de la Universidad que hoy existe. Les beneméritos profesores que sostuvieron abierta y pa- trióticamente la Escuela de Medicina Privada, se recuerdan en la Historia y se les señala como ejemplo digno de imitarsre en sus funciones del saber y de la propaganda científica entre la ju- ventud nacional y los nombres de Aureliano Pesada, Nicolás Osorio, Francisco Bayón, Bernardino Medina, Liborio Cerda, Rafael Rocha Castilla, Antonio Vargas Reyes y Librado Rivas, serán imperecederos y se guardarán como reliquia de aquellos tiempos de abnegación y dificultades. En la "Gaceta Médica' de 1865 a 67 aparecieron trabajos notables del doctor Vargas Reyes sobre la medicina del pueblo. El doctor Nepomuceno Contreras, otro trabajo sobre el al- cohol, alcoholismo y la Pelagra. El doctor Montoya una memo- ria sobre el opio. El doctor Pereira considerando la enfermedad de la lepra como parasitaria. En 1876 se publicaron trabajos en defensa de la Escuela Homeopática dictadas por el doctor Ujueta y contestados y combatidos por Pedro Pablo Cervantes. El doctor Ordóñez pu- blicó en París un trabajo sobre el tejido fibroso, otro sobre la distinción de los sexos, sobre la trichina spiralis, no pudiendo dar publicación a los trabajos sobre Histología e Histoquímica realzado en la capital de Francia por el estudioso doctor, por carecer de los elementos precisos para ello y desapareciendo a su muerte dichos trabajos. En 1867 el benemérito doctor Feliz Merizalde se retiró del ejercicio profesional cargado de años y de merecimientos, hijo del profesor médico español doctor Miguel Ignacio Merizalde, que vino a las regiones colombianas para estudiar la manera de recoger y transportar fácilmente la corteza de la quina. Se relacionó con los elementes ilustrados del país, y quedándose en 28 él. Su hijo Félix, que hizo sus estudios en los Colegies de San Bartolomé y del Rosario y las lecciones que oyó, le hicieron dig- no sucesor con el tiempo, del fundador de los Estudies Médi- cos; ganándose les premies acordados. Hechos todos los curses recibió en 1810 el título de Doctor en Medicina, pero en 1808 y .a la edad de 21 años, contrajo matrimonio con la señorita Re- gina Vázquez y su feliz vida matrimonial duró sesenta años y *en el curso de ellos tuvo diez y echo hijos. Abrazó con entusiasmo la causa de la independencia; coo- peró con su esfuerzo al desarrollo revolucionario, y fué nombra- do e incorporado a los ejércitos colombianos, prestando sus ser- vicios lo mismo que a la Dirección General de los Hospitales. Desde 1812 que fundo la cátedra de Medicina en el Colegio de San Bartolomé, y terminada la guerra de emancipación, el doctor Merizalde se dedicó al ejercicio civil de su profesión, al Profesorado Médico, al servicio científico del Hospital Militar, y durante once años permaneció en él, renunciando por algún 'desacuerdo sobrevenido. El doctor Merizalde formó parte de numerosos cuerpos Co- legiados científicos perteneció a ellos con dedicación especial, fué miembro de la Corporación Municipal de la Cámara de la Pro- vincia de Bogotá, fué miembro ele la Cámara de Representantes y del Senado, del cual fué nombrado presidente en 1844. Sien- do Médico de la Sala destinada a las afecciones venéreas en 1849, hizo escribir sobre la puerta en grandes letras las siguien- tes palabras: "SI NO TEMES A DIOS TEMELE A LA SI- FILIS'". El número de sus publicaciones merece mencionarse. En 1822 escribió el origen de los papeles contra la secta masóni- <ca; en 1823 el empírico de Bogotá "Defensa al Honorable Cuer- po Médico", "una receta para la epidemia presente de la tos y la calentura". En 1824 el "Desengaño Anatómico"; en 1827 '"El Noticioso", periódico; en 1827 redactó el periódico "El Chasqui; en 1828 "Epítome de los elementos de Higiene"; en 1831 "Elementos de Patología General"; en 1836 "Disertacio- nes sobre la Elefancía"; en 1834 publicó los "Díceres, periódico de crítica y cuadres nosológiccs; en 1835 "La Historia Fúnebre de la Enfermedad y muerte del dcctor Castillo Rada"; en 1836 la Tirocelia, publicación encaminada a combatir la utilidad del uso del iodo en las enfermedades del cuerpo tiroides; y la Ti- 29 rocelia, un folleto que corrobora las ideas emitidas en el prime- ro que dió a luz. Además, nuevos ensayos sobre la elefancía, las recetas para curar el sarampión, en 1837. En 1840, el tratamiento de las viruelas; en 1841, diversos^ trabajos de estadística sobre la viruela y la vacunación publi- cados en el periódico oficial de la República. En 1849, el méto- do curativo del cólera asiático. Colaboró en varios otros periódi- cos literarios y políticos, abogando siempre por el adelanto mo- ral, intelectual y material del país. Se distinguió por su caridad, su generosidad y desinterés y después de 58 años de ejercicio profesional, llegó al invierno de la vida, carente de bienes de- fortuna, agobiado por el trabajo, y desplomándose el 19 de mar- zo de 1868, el mismo día que cumplía 81 años de peregrinación. He informado con detalles de los servicios cívicos, y patrió- ticos de ese venerable y benemérito ciudadano, que por su es- fuerzo propio realizó sus ideales y adquirió la profesión en la época en que los estudios y la enseñanza carecían de los medios fáciles de actualidad; y ya en posesión de ellos sirvió de com- pañero, de maestro, de Profesor Médico, de amigo y de protector para todos los que de él necesitaron. Dió prueba de su saber publicando sus observaciones, ense- ñando a la juventud con pruebas prácticas la conducta que debe guardar un profesor que tiene a su cuidado una parte de la Hu- manidad, IV ¡ Restauración de la Universidad Nacional. Por Ley expedida en 22 de septiembre de 1867, se creó la Universidad Nacional, apoyada por personalidades eminentes que contribuyeron con todas sus influencias al nacimiento de es- te Instituto que tantos y superiores frutos ha dado a la Repú- blica. En Octubre del mismo año, se designaron por Ley Nacio- nal, los edificios que debían ocupar las Escuelas Universitarias, y el Presidente sancionó la Ley. Las Escuelas marcharon con regularidad; la de Ciencias Naturales tuvo trece cátedras servidas por Profesores idóneos; la Escuela de Medicina dirigida por el Rector de ella, doctor An- 30 Ionio Vargas Reyes, se abrió con catorce cátedras servidas por los Profesores más acreditados; se ensanchó la enseñanza médi- ^ca con la creación de las cátedras de anatomía general y topo- gráfica. La de Histología, Histoquímica, y Química Orgánica, Materias Complementarias, de la Patología, Terapéutica y Me- dicina legal. Se creó la plaza de Director, se abrieron en el Hospital clí- nicas de partos y de enfermedades de niños. Los fundadores de la Universidad y el Jefe ejecutivo Na- tional, merecen el bien de la Patria por los servicios derivados y la buena organización que dieron a la Instrucción Pública. Y •deben mencionarse por su actuación perseverante y cumplida el doctor Santos Acosta, Presidente de la República y los doctores Manuel Plata Asuero, (cuyos trabajos fueron conocidos en todos los ámbitos del país, y en Francia y otras naciones de Europa recibió honores y plácemes, escribiendo la memoria sobre la úl- cera del estómago.) El doctor Vargas Vega, que desempeñó cargos en los Cole- gios de San Bartolomé y Rosario, dió cátedras en las escuelas universitarias y redactó el Reglamento orgánico del Instituto Universitario que le nombró su primer Rector. El doctor Var- gas Reyes, que había publicado los primeros periódicos de Me- dicina, años atrás, publicó un tratado de Nosología metódica, y desde 1868 se publicaron los Anales de la Universidad Nacio- nal, interesante revista científica mensual, reemplazada en 1880 por los anales de Instrucción Pública de los Estados Unidos de Colombia. El doctor Nicolás Osorio en 1889 describió una epidemia, o dolencia que apareció en la capital y sus alrededores a personas de todas edades, y en el ganado vacuno una epizootia sobre la fiebre carbundosa. Otros profesores más, prolongaron la lista de los trabajos que demuestra la rápida marcha y progreso de la Instrucción pública enseñada por ese centro. El estudio de las especialidades no fué abandonado, a pe- sar de la escasez de población en nuestras ciudades y pueblos. Mencionamos a la señorita Ana Gálvez, colombiana de ori- gen y que hizo sus estudios profesionales de Medicina en París, distinguiéndose por su especialidad en las enfermedades del 31 útero y sus anexos. En 1870 según los censos de la población;, existían 20 Profesores de Medicina por cada cien mil habitantes. La población ha aumentado y aumenta notablemente y año tras año los jóvenes médicos, salen de la Universidad a prestar sus servicios profesionales repartiéndose por la República. En 1872, con el nombre de "Academia de Ciencias Natura- les", se formó una Sociedad que tenía por objeto hacer especia- les estudies de ciencias naturales y formar colecciones minera- lógicas, zoológicas y el número de profesores que se adhirieron fué numeroso. Muchos jóvenes con conocimientos avanzados y adquiridos en la Universidad, y otros con el objeto de adquirir en fuentes más adelantadas esos conocimientos, pudieron obte- ner diplomas de Doctor en la Facultad de París. El doctor Antonio J. Naranjo, publicó su tesis sobre la ac- ción fisiológica del cloroformo. Proto-Gómez, su tesis sobre las- heridas del ojo; Enrique Rodríguez, tesis sobre la embolia de- los vasos retiñíanos; Mauricio Tamayo se incorporó a la Facul- tad de Medicina de Bruselas, y en diversos años obtuvieron tam- bién títulos de Médicos en los Colegios de los Estados Unidos, Manuel Mesa, Ignacio Gutiérrez Ponce, Francisco Acosta, y Ju- lio Lamadrid, y finalmente ha obtenido diploma del Colegio de- Cirujanos de Londres el doctor Manuel Pío Rengifo, Ignacio Gutiérrez Ponce y Daniel E. Coronado. El distinguido Profesor José Vicente Uribe, Presidente dé- la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales, recibió su título de la Universidad de Pavía. Es justo recordar que varios profesores extranjeros coad- yuvaron al adelanto de las ciencias aplicadas a la Humanidad profesionalmente, enseñándolas en los Colegios, en las clínicas, hasta privadamente, y en las Universidades. Todos estos adelan- tos de la época, deben mencionarse. El doctor R. Cheine, Médico de Edimburgo, que desde 1824 permaneció en Colombia, se dedicó al estudio de las enfermeda- des endémicas del ardiente clima tropical; pasó a Bog®tá, en donde se granjeó la estimación de la Sociedad y adquirió buen nombre médico; formó una familia numerosa dotada de eleva- das cualidades morales, y se le consideró como un gran filántropo. El doctor Servoir, Médico Francés y los doctores Davoren y Dudley, Profesores Ingleses, con permiso de las autoridades 32 ejercieron y tuvieron voto consultivo favorable de la Facultad de Medicina, para su ejercicio. En ese año la angina gangrenosa hizo su aparición bajo la forma epidémica y al siguiente año, aparecieron las paperas en igual forma y además muchos casos de sarampión. Al referirme a la capital tengo que advertir que los pueblos limítrofes y vecinos relacionados con ella, fueron víctimas de es- tas relaciones que los unían, extendiéndose poi' todas las pro- vincias. En enero del mismo año la Sociedad de Medicina y Ciencias naturales volvió a sus primitivos trabajos y aparecieron publi- cados la tesis del doctor Juan de Dios Uribe "Estudio sobre las causas y mecanismos de las hemorragias intersticiales de los ór- ganos genitales de la mujer", publicado en París, "de las rela- ciones de la endocarditis subaguda en la hemiplegia puerperal" por el doctor Nicanor Insignares y del Carate, por Josué Gó- mez. En las tesis del Profesorado Nacional, llaman la atención las de los doctores Leopoldo Cervantes sobre la condición moral del Médico; Pablo Molina sobre la eclamsia puerperal; Samuel Durán, elefancía griega; Juan Tavera sobre la angina diftéri- ca; Abraham Aparicio "Estudio sobre Higiene Pública", y el doctor José Bellver, tradujo y publicó "La Higiene de los Ni- ños", de Orfila; el doctor Bernardino Medina principió la pu- blicación de la Revista Farmacéutica científica, dando las lec- ciones de los Profesores Nacionales, y enseñando la Farmacia y el arte de formular. El doctor Bayón publicó ensayo sobre la "Xilología", la- borioso estudio original y en el curso de su larga práctica pro- fesional y dedicación a la enseñanza científica, publicó trabajos, y otros inéditos sobre plantas útiles e importantes, que represen- tan el desconocimiento de nuestra vegetación: citando entre ellas la esponjilla, la momordica balsámica, la pacaranda mimosifo- lia, la persea grantísima, la familia de las hericacias, el manzani- llo, la necha, el curare, el cedrón, el hachón, la espigelia ame- loides y el palo santo. Su labor fué generosa, llena de caridad; prestó además úti- les servicios con sus consejos sanitarios al municipio y a la na- ción entera. El doctor Ricardo Parra dió a la prensa sus estu- dios sobre la elefancía de los griegos, así como su verdadera na- 33 turaleza, la consideró contagiosa, hereditaria y fácilmente en- rabie. Año de 1877 a 1882. Por ese tiempo varios jóvenes colombianos obtuvieron títu- los universitarios como Profesores de la Universidad de Fran- cia (París), doctor Luciano Laverde, cuya tesis fué sobre el bro- mhidrato de quinina y su empleo en las fiebres intermitentes, remitentes, neuralgias y otra safecciones. El doctor Ramón Aran- go una tesis sobre "la rabia en el hombre"; Enrique Padilla, " ' Investigaciones sobre el cloruro de sodio ' '; doctoi' Izaza, ' ' con- tribuciones al estudio de los síntomas vulvares de la Ataxia; Daniel Coronado "Estudio sobre las minas de Colombia" y so- bre el empleo de la ' ' cinchonidina ' '; Gutiérrez Ponce, '1 tesis so- bre la luxación de los tendones, de los músculos peroneales la- terales y en New York, publicó otra tesis sobre fiebre puerperal; ha publicado también en diversas fechas y ocasiones, algo sobre los productos naturales de Colombia y las voces técnicas usadas en Medicina. Una Memoria sobre los Muiscas primitivos habi- tantes de la Región colombiana; sobre la cochinilla, el añil y la vid; sobre Instrucción Primaria en Colombia; sobre la Higiene, la luz eléctrica, el teléfono, el fonógrafo, el "Brossimun galauc- todeudrom ' ' sobre el desarrollo científico moderno; apéndice re- lativo a la Raza, a la vegetación ,a los animales y a las produc- ciones minerales de Colombia. También publicó un tratado de "Anatomía y Fisiología Hu- mana" para las Escuelas Primarias e Higiene para los habitan- tes de la Zona Tropical; Anatomía Clínica aplicada a la prácti- ca; y varios otros estudios literarios y políticos dados a luz en los periódicos nacionales. El doctor Andrés Pardo publicó en Bruselas un folleto ti- tulado "Literatura gradual de las arterias"; el doctor Manri- que, que también hizo sus estudios en Bogotá, graduándose en la Universidad, ejerció en España e hizo publicaciones dirigidas a la "Revista Médica de Colombia" sobre los quistes del ovario; Ovariotomía y abonos humanos; publicó además un trabajo cien- tífico sobre Disección y embalsamamientos, muy útil para los es- tudiantes de Medicina; el doctor Liborio Cerda, Profesor y Ca- 34 tedrático en la Universidad de Colombia, fué miembro de todas las Sociedades Científicas del País, prestando los mayores ser- vicios a ellas con sus conocimientos, con sus consejos y enseñan- zas, y dando a la publicación importantes estudios, ya como co- laborador de los peródicos, ya como Redactor de ellos, presentó un estudio sobre la acción del alcohol como antídoto del veneno de la culebra; sobre la coca; un análisis de opio de Bogotá; mé- todo de blanquear y purificar los aceites grasos, análisis higro- métrico de las aguas potables de Bogotá; un tratado de Hipiá- trica medicinal del caballo y mejora de su raza; otro ensayo so- bre el cultivo del opio y análisis del mismo, obtenido en la Ha- cienda de la Compañía; determinación de la presencia del iodo en la pesca del río Punza; prácticas para fijar los tintes indíge- nas sobre telas de algodón y lana; análisis químico y estudio de las aplicaciones medicinales de varias aguas minerales de la Re- pública; Análisis químico e industrial de diez y seis muestras de hulla de la sabana de Bogotá, Cipaquirá y Río Hacha y con- sideraciones sobre la configuración geológica de su yacimiento; Geografía física o influencias lunares; hechos científicos sobre Física médica; análisis químico de varias muestras de calcáreo fosfatado del Departamento de Bolívar que pueden aplicarse co- mo abono; estudio químico sobre las disoluciones de la sal co- mún y relaciones entre el grado aerométrico, la densidad y la cantidad de sal que contienen dichas soluciones en peso o en vo- lúmenes y curvas que indican gráficamente esta relación; estu- dio de química toxicológica; análisis de muchas muestras de mi- neral de hierro; análisis de la sal compactada; Conferencias so- bre la armonía de las fuerzas físicas y la unidad de la materia; monografía sobre el caucho; opúsculo sobre el eucaliptus, glóbu- los y sus propiedades; el Dorado: estudio histórico, etnográfico y arqueológico de la primera raza Chibcha, publicado con lá- minas bien grabadas. Con justicia el gran Consejo Universita- rio premió sus largos estudios y esfuerzos y atendiendo a sus ap- titudes y méritos le escogió y nombró Rector de la Escuela de Medicina Universitaria, aprobando el Gobierno el expresado nombramiento. El dcctor Pío Rengifo publicó un estudio sobre los prime- ros sifilógrafos españoles; sobre la peritonitis en el curso de la 35 fiebre tifoidea; enfermedades convulsivas en las mujeres; cálcu- los en el Canal de Warton; además, estudio sobre el hidrato de doral y la paulinia o Guaraní. El doctor Nicolás Osorio, también apareció en la prensa médica y científica, con un estudio sobre la diferencia de la cir- culación vertical y horizontal; un tumor proviniente de la sus- tancia gris, céfalo-raquidiana; administración genera] de la asistencia pública en París; estudio sobre la Homeopatía; estu- dio sobre la inflamación del cerebro; método hipodérmico; una ojeada sobre la Cirugía desde su origen hasta el presente; ob- servación de un aneurisma de la arteria subclavia; estudio sobre las Cataratas; flemón de la órbita; gangrenas de los miembros inferiores como consecuencia de la fiebre tifoidea; cólico de plo- mo ; gangrena de la boca; tumores sifilíticos del cerebro; compli- caciones de la fiebre tifoidea; aguas sulfurosas de Tavio; hidro- terapia en Francia; lepra de los griegos; la peladera o pelagra atribuida al licor de maíz, bebida llamada chicha; mal de San Antonio; ligadura elástica en Cirugía; osteítis epificiaria; her- nia estrangulada; carate; hígado graso en los alcoholizados; va- leriana osori; enfermedad del cabello llamado en el Cauca "pie- dra"; anginas agudas; trazados termométnicos del tifus y de la fiebre tifoidea; nuevos estudios sobre las quinas de Colombia y una monografía sobre el café de la misma. Muchos profesores de las Universidades han escrito y coo- perado con gran diligencia y entusiasmo, al adelanto de los co- nocimientos y que la Instrucción Pública científica derramada por la gran voluntad de los hábiles y expertos Directores, que con patriótico civismo han procurado que la juventud nacional, tome las rutas más adecuadas, para adquirir y almacenar los adelantos de la ciencia. Otros más han acudido a Europa en las varias Univer- sidades del viejo mundo, y allí después de presentar sus títulos, que han sido revalidados, han escrito sus tesis sobre asuntos no- tables como Josué Gómez, sobre los Institutos patológicos de Ber- lín y Viena. El doctor Ujueta, "Guía de las Parturientes y Parteras"; Rafael Pérez, el itero en la pneumonía; Pablo Flores, "Metro- rragia de origen neurálgico". 36 En este año apareció una nueva epidemia de viruela que dué dominada por la Comisión Sanitaria, vacunándose y reva- cunándose a toda la población, tanto urbana como rústica, de- legándose en el doctor Uribe, que quedó como Jefe de la Vacu- nación Nacional. Muchos de los jóvenes Profesores Médicos graduados, se prestaron a esos trabajos, distinguiéndose por su perseverancia. Las Escuelas Universitarias de Medicina, Ciencias Natura- les y Farmacia, llevan una próspera y fecunda marcha, sosteni- da por el digno Profesorado, que con el entusiasmo y amor al es- tudio, derraman su saber en el núcleo social que lo recibe para su desenvolvimiento, como semilla que germinará y producirá :sus opimos frutos, traduciéndose éstos en numerosas ,y origina- les publicaciones y trabajos científicos. V Desde 1882 a 1922. ' V ■ La relación de las Leyes sobre Instrucción Pública, que ri- 'gieron en el país durante la Colonia y después con el régimen republicano, son numerosas. Las primeras impuestas desde 1589, señalando los particulares estudios en los colegios y Universida- des de Indias, formando Seminarios y disponiendo que los libros impresos pasasen a Indias con licencias aprobadas por ciertos Consejos; por todas esas dificultades y otras muchas, el estudio de la Medicina durante ese período colonial, no tuvo éxito como lo expliqué anteriormente. En cambio, de 1821 en que la orga- nización de la República, con todo empeño se esforzaba, por dar testimonio de su actuación en Instrucción Pública, vemos que, desde esa fecha memorable, todos los años el Congreso, el Eje- cutivo Nacional, las Asambleas constituyentes, las Cámaras Pro- vinciales o Departamentales, los Municipios en general, todos a porfía con el digno entusiasmo que les anima, expiden leyes y sancionan decretos, estableciendo los Institutos, enemigos acérri- mos de la ignorancia. 37 Cuenta hoy la República con seis Universidades; y en tres; de ellas existen escuelas universitarias de Medicina, Farmacia,. Cirugía, Ciencias Naturales y Veterinara, situada sen Bogotá,, (Universidad Nacional) ; la de Medellín en el Departamento de- Antióquia y la de Cartagena en el Departamento de Bolívar. Las otras tres son: la Universidad Líbre de la Capital, la de Popayan en el Departamento del Cauca y la de Pasto en el' Departamento de Nariño, establecimientos que enseñan las pro- fesiones liberales menos la Medicina. Nos ocuparemos de aquellos en que se estudia la Medicina,, y principiaremos por la Facultad de Medicina de Bogotá, que sostiene cuatro anfiteatros, siete laboratorios y diez y siete ser- vicios hospitalarios. Posee además Cámaras Frigoríficas para conservación de cadáveres; mesas anatómicas, gabinete de Ra- diología y Radiografía, dirigido competentemente. Las clínicas sostienen laboratorios químicos en donde los alumnos reciben las enseñanzas de la Bacteriología, en el Insti- tuto Central Bacteriológico y Química Clínica; cursos interesan- tes de Odontología y Oculística, que la Escuela Dental anexa, explica para el conocimiento de aquella especialidad. Además, por disposiciones dictadas con gran anticipación se estableció en las Escuelas de Medicina la enseñanza de Coma- dronas y Enfermeras, dándoles sus títulos correspondientes. Recordaremos, que por existencia de los Colegios de Ntra. Sra. del Rosario y San Bartolomé, se formaron los hombres que en marcha útil, progresiva y científica, dieron lugar a que na- ciera la Universidad el 8 de junio de 1592, autorizada por el Rey al señor Arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero. Su vida y marcha fué lenta, y llena de grandes dificultades por carecerse de expertos que la dirigieran y participar de la deficiencia y desorganización general en que vivía la Colonia. Pero a partir de la fecha de la aparición de la República, y con el brillante resurgimiento de la nueva Colombia, ya hemos visto que el pro- greso en la Instrucción Pública ha sido rápido y definitivo, y los hechos prácticos o mejor dicho, los resultados de la aplicación perseverante durante este nuevo período, han venido formándo- se los hombres de acción y saber y han prestado su interesante concurso, obteniendo hoy el resultado práctico, útil y patriótico, con las disposiciones que hoy rigen en los Establecimientos Do- 38 ceníes profesionales de la nación, dictándose medidas para la conservación de la salud pública e individual que se han señala- do y que se practican; publicándose en las revistas de higiene (Organos Oficiales de la Dirección Nacional de Higiene), así co- mo los Informes Semestrales de la misma Dirección. Ampliándose una compilación de leyes, decretos, acuerdos y resoluciones vigentes, sobre Higiene y Sanidad y teniendo la Dirección Nacional, las funciones de vigilar, reglamentar y ex- tender esas atribuciones a h s Directores Departamentales de Hi- giene. También dependen de esas Comisiones los servicios de Sa- nidad en los puertos marítimos y fluviales, en donde hay Profe- sores Médicos Sanitarios Oficiales. Las Juntas Departamentales ejercen su acción, también, en lo que respecta a las enfermedades infecciosas trasmisibles, y tu- berculosis; la "uncinariasis" está a cargo del Ministerio de Agricultura y Comercio y para instruir a los pueblos sobre la Profilaxia de esa enfermedad y así prepararlos para su trata- mientos, se dieron conferencias a las que asistieron doscientas cin- cuenta y ocho mil doscientas diez personas y se han distribuido 132,442 folletos; se han inspeccionado 73,300 casas y se han cons- truido 37,210 letrinas, dándosele el tratamiento a 37,060 en- fermos. Según el doctor Heisser, del Instituto Rochefeller, en nin- gún país del mundo se ha logrado tal cantidad de trabajo en el mismo tiempo. La lepra no ha sido olvidada. Hoy en los tres le- prosorios, hay 5,565 y han salido por defunciones en el año pa- gado 312, y por fuga 140. Se pretende traer a un profesor alemán, el doctor Erlich Martini, para que estudie la organización de nuestros leproso- rios como colonias, donde hay hospitales y asilos para los enfer- mos graves y los niños; y casas de nabitación para los que se ha- llen en condición de trabajar en agricultura o en industrias de productos que se consuman en los mismos establecimientos. Desde 1882, con ligeros intervalos que pasaron, fueron sus- pendidos algunos curses, pero en la primera oportunidad se re- produjeron, con mayor ahínco y entusiasmo; pero desde que la paz se cimentó ,en el espacio de cinco lustros que lleva, la mar- cha normal, regular y progresiva, de todos los elementos pro- ductores de la enseñanza y de la ciencia, va demostrándose por la 39 aparición de estudios, folletos, revistas y periódicos científicos de Medicina que revelan los trabajos y las ganancias útiles. r La ciudad de Cartagena en el Departamento de Bolívar, po- see su Universidad creada desde 1828, con las rentas departa- mentales, municipales, y la parte del tesoro nacional, que en el presupuesto existe. Continúa con su escuela universitaria de Medicina, del mismo sistema de la universidad Nacional y a la vez sostiene revistas mensuales, anales de la Universidad y otros; periódicos científicos. El Departamento de Antioquía, cuya capital es Medellín,. conserva su escuela de medicina universitaria con todos los ade- lantos propios a la nación y con rentas suficientes para llevar un progreso notable en su marcha, publicando también anales; y periódicos científicos. Las Universidades de Popayan y de Pasto tienen a su car- go la enseñanza de las demás profesiones menos de la de Medici- na, con rentas y vida independiente y holgada como las demás. Se han verificado cuatro congresos médicos nacionales, con éxitos bastantes para estimular a los profesionales a esas reunio- nes del saber, que dan resultados siempre útiles a la Sociedad en que se realizan. Los discípulos de esas facultades han asistido a los Congresos Científicos de otros países y a las Conferencias a que con tanta frecuencia son solicitados e invitados, siendo ob- jeto de frecuentes y sinceros homenajes. Reglamentado el ejercicio profesional se han establecido cursos de Radiología, un magnífico laboratorio oficial de Higie- ne, y por último, se han verificado convenciones sobre el ejerci- cio profesional con España, Perú, Chile, Ecuador, Venezuela, Ar- gentina y Uruguay y en vías de relacionarse más íntimamente con todas las demás naciones Latino-Americanas, dando a luz trabajos de observación ya particular, ya hospitalaria, ya de las diversas clínicas repartidas por toda la Nación que aceptan las deducciones científicas que les enseña la práctica, y están dispuestas a propagarlas haciéndolas nacionales y presentándo- las en las ciudades, villas y pueblos, que unidas a las prácticas higiénicas ya universalmente reconocidas, mejoran las condicio- nes del pueblo, que con esas aptitudes merece su mejoramiento, por la parte que toma en conllevarlas. 40 EPILOGO He aquí, señores Congresistas, el modesto trabajo que vues- tra atención se dignó confiarme y que si bien es cierto que pu- diera ofrecer algún interés, nunca constituirá un estudio com- pleto sobre la Historia de la Medicina Colombiana. Cincuenta y tres años lia, que falto de Colombia, y la pre- mura del plazo y la índole perentoria de mis ocupaciones, no han contribuido precisamente a facilitarme mi labor. Sin embargo, estoy satisfecho ,porque con los medios posi- bles que tenía a mi alcance, he tratado de poner en relieve las muchas vicisitudes y sacrificios que ha costado situar a mi Pa- tria entre las naciones cultas y adelantadas en la ciencia médi- ca, con un porvenir radiante y esplendoroso en perspectiva; y además de contribuir con mi grano de arena a los científicos y laudables fines de ese Congreso, he demostrado una vez más, el gran amor que profeso a mi patria y a cuanto con su prestigio y mayor auge pueda relacionarse. Un deber de gratitud me obliga a citar en primer término a las personas (pie amablemente me han facilitado datos biblio- gráficos y revistas que son los señores J. N. Corpas; Pedro M. Ibáñez, J. M. Royo, Rectorado de la Universidad Nacional, Rec- torado de Ntra. Sra. del Rosario; Rectorado de San Bartolomé; Rectorado de la Universidad de Cartagena y de la Escuela de .Medicina de Medellín. También debo de tributar un voto de admiración a la noble 41 y floreciente República de Cuba, en cuya capital este Congreso se reúne, con ideales y elevados fines; labor práctica que redun- f dará en beneficio de todas las Naciones representadas en él, que'^ al mismo tiempo admirarán los esfuerzos realizados en favor de las Ciencias y de la Instrucción Pública y que en tan cortos años haya logrado exterminar los gérmenes de las enfermedades tan trasmisibles como la fiebre amarilla, el paludismo, la virue- la, el farcino o muermo, el dengue epidémico y grave, la disen- tería y la fiebre tifoidea endémica y típica, que en épocas de la Colonia la colocaban entre uno de los países de más numerosa mortalidad. ¡ Honor a quien honor se debe! Habana, lo. de octubre de 1922. Ricardo Gutiérrez Lee. 42